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	<title>Mitologí­a &#8211; Historia de Grecia y Roma</title>
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	<description>1001 anécdotas y curiosidades del mundo antiguo</description>
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	<title>Mitologí­a &#8211; Historia de Grecia y Roma</title>
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	<item>
		<title>Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (III)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Jul 2017 01:10:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mitologí­a]]></category>
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					<description><![CDATA[La expresión “urbi et orbi” tuvo notable éxito por referirse a una “urbe” que se convirtió en la capital del “orbe” y también porque en sí misma la frase encierra un atractivo juego de palabras consistente en relacionar dos palabras de distinto significado pero que tan sólo se diferencian en un fonema o en una letra; es decir, porque “urbi et orbi” es una paronomasia.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>La expresión “urbi et orbi” tuvo notable éxito por referirse a una “urbe” que se convirtió en la capital del “orbe” y también porque en sí misma la frase encierra un atractivo juego de palabras consistente en relacionar dos palabras de distinto significado pero que tan sólo se diferencian en un fonema o en una letra; es decir, porque “urbi et orbi” es una paronomasia.</b></p>
<p><em>Varrón</em>, lógicamente no resiste&nbsp; la tentación de buscar una explicación o extraer una conclusión, (no importa si es acertada o no, que no parece serlo), de la proximidad entre los dos términos: <em>urbem </em>y <em>orbem</em>. Lo hace en su <em>De lingua Latina, V,143:</em></p>
<p><em><strong>Muchos fundadores levantaban en el Lacio ciudades siguiendo el rito etrusco, a saber: después de uncir dos animales vacunos, un toro y una vaca –que ocuparía lz posición interior-, trazaban con el arado un survo, para sentirse fortificados por un foso y una muralla. Naturalmente la operación laa realizaban un día en que, de acuerdo con la religión, los auspicios fueran favorables. El agujero resultante de extraer la tierra lo llamaban fossa: y la tierra&nbsp; arrojada tras él, murum (</strong></em>muralla<em><strong>). Después de ello, el círculo (</strong></em>orbis<em><strong>) que se obtenía era el comienzo de la ciudad (</strong></em>urbs, urbis<em><strong>); y, como ese círculo se encontraba detrás de la muralla (</strong></em>post murum<em><strong>), se denominaba post moerium: hasta aquí llegaba el lugar en que podían tomarse los auspicios de la ciudad. En torno a Aricia y a Roma aún están en pie los mojones del pomerio. Resumiendo: las ciudades cuyos límites eran trazados con un arado se llamaban urbes, nombre derivado de orbis (</strong></em>círculo<em><strong>) y urvum (</strong></em>cama del arado<em><strong>). Por este motivo, en los documentos antiguos todas nuestras colonias se regisgtran con la denominación de urbes, porque fueron fundadas del mismo modo que Roma; y por idéntica razón las colonias se fundan como ciudades, porque están colocadas dentro de un pomerio.</strong></em></p>
<p><em>Oppida condebant in Latio Etrusco ritu multi, id est, iunctis bobus, tauro et vacca interiore, aratro circumagebant sulcum (hoc faciebant religionis causa die auspicato), ut fossa et muro essent muniti. Terram unde exculpserant, fossam vocabant et introrsum iactam murum. Post ea qui fiebatorbis, urbis principium; qui quod erat post murum, postmoerium dictum, eo usque auspicia urbana finiuntur. Cippi pomeri stant et cirum Ariciam et circum Romam. Quare et oppida quae prius erant circumducta aratro ab orbe et urvo urbes; et ideo coloniae nostrae omnes in litterid antiquis scribunturt urbes, quod ítem conditae ut Roma; et ideo coloniae et urbes conduntur, quod intra pomerium ponuntur.</em></p>
<p>Presentaré algunos textos que ejemplifiquen la utilización en la <em>Antigüedad </em>de esta <em>paronomasia</em>.</p>
<p><em>Cornelio Nepote</em> (c. 100 a. C.- c. 25 a. C.) en la vida de <em>Atico </em>pone&nbsp; en contacto ambas palabras:</p>
<p><em>Nepote, Vida de Ático, 20,5</em></p>
<p><em><strong>Quán difícil sea esto, lo conocerá mas bien quien sea capaz de comprehender, cuanta cordura es menester para conservarse en el trato y amor de dos sujetos, que además de competir sobre intereses de la mayor inportancia, estaban tan opuestos y encontrados, como era forzoso&nbsp; lo estuviesen César y M.Antonio, deseando uno y otro mandar, no solo Roma, sino a todo el universo</strong></em>. (Traducción de Rodrigo de Oviedo)</p>
<p><em>hoc quale sit, facilius existimabit is, qui iudicare poterit, quantae sit sapientiae eorum retinere usum benivolentiamque, inter quos maximarum rerum non solum aemulatio, sed obtrectatio tanta intercedebat, quantam fuit incidere necesse inter Caesarem atque Antonium, cum se uterque principem non solum urbis Romae, sed orbis terrarum esse cuperet.</em></p>
<p>Así Ovidio, en su<em> Arte de Amar</em> comenta que los espectáculos públicos a los que asisten las mujeres son una buena ocasión para establecer algún tipo de relación. En este pasaje hace una interesante integración, una paronomasia entre “<em>urbe</em>” y “<em>orbis</em>”: <em><strong>atque ingens orbis in Urbe fuit</strong></em></p>
<p><em>Arte de amar, 1, 171 y ss.</em></p>
<p><em><strong>¿Y qué pasó, cuando últimamente César enfrentó las naves persas con las cecropias&nbsp; aparentando que se trataba de una batalla naval?&nbsp; Jóvenes y muchachas de uno y otro mar llegaron hasta aquí y una gran parte del orbe estuvo en la urbe. ¿Quién no encontró prenda que amar entre toda aquella muchedumbre?¡ay! a cuántos les hizo sufrir un amor llegado de lejos!</strong></em></p>
<p><em><strong>He aquí que el César se prepara para anexionarse lo que falta por conquistar del orbe: ahora, Oriente remoto, serás nuestro. Parto, sufrirás el castigo. ¡Alegraos vosotros, Craso y compañeros que estáis ya enterrados, y vosotras, enseñas que sufristeis en mala hora las manos de los bárbaros! Aquí está vuestro vengador, y promete ser general desde sus primeros años y, aunque sólo es un muchacho,&nbsp; lleva con acierto una guerra difícil de dirigir para un muchacho.&nbsp; </strong></em>(Traducción de Vicente Cristobal López)</p>
<p><em>quid, modo cum belli navalis imagine Caesar<br />
&nbsp;&nbsp; Persidas induxit Cecropiasque rates?<br />
nempe ab utroque mari iuvenes, ab utroque puellae<br />
&nbsp;&nbsp; Venere, atque ingens orbis in Urbe fuit.<br />
quis non invenit turba, quod amaret, in illa?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
&nbsp;&nbsp; eheu, quam multos advena torsit amor!<br />
ecce, parat Caesar domito quod defuit orbi<br />
&nbsp;&nbsp; addere: nunc, oriens ultime, noster eris.<br />
Parthe, dabis poenas: Crassi gaudete sepulti,<br />
signaque barbaricas non bene passa manus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
ultor adest, primisque ducem profitetur in annis,<br />
&nbsp;&nbsp; bellaque non puero tractat agenda puer.</em></p>
<p><em>Veleyo Paterculo (c. 19 a. C. &#8211; c. 31), Historia de Roma, 2,44</em></p>
<p><em><strong>Así, éste, siendo cónsul constituyó una sociedad de poder entre Gneo Pompeyo,&nbsp; Marco Craso y él, que fue nefasta para Roma y para el mundo (quae urbi orbique terrarum) y les acarreó consecuencias no menos fatales a cada uno en distintos momentos. Al secundar este proyecto, Pompeyo había tenido la intención de que su conducta en las provincias del otro lado del mar, que muchos, según hemos dicho, criticaban, fuera finalmente aprobada por medio del cónsul César; por su parte, César se daba cuenta de que cediendo ante la gloria de Pompeyo aumentaría la suya, y que al desviarse hacia éste los odios por el poder compartido, él iba a reforzar sus posibilidades; Craso, como no había podido conseguir él solo el principado, intentaba alcanzarlo por la autoridad de Pompeyo y los recursos de César. También se estableció un parentesco por matrimonio entre César y Pompeyo; pues Gneo Magno se casó con la hija de Gayo César.</strong></em> (Traducción de María Asunción Sánchez Manzano. Editorial Gredos)</p>
<p><em>Hoc igitur consule inter eum et Cn. Pompeium et M. Crassum inita potentiae societas, quae urbi orbique terrarum nec minus diverso cuique tempore ipsis exitiabilis fuit.&nbsp; Hoc consilium sequendi Pompeius causam habuerat, ut tandem acta in transmarinis provinciis, quibus, ut praediximus, multi obtrectabant, per Caesarem confirmarentur consulem, Caesar autem, quod animadvertebat se cedendo Pompei gloriae aucturum suam et invidia communis potentiae in illum relegata confirmaturum vires suas, Crassus, ut quem principatum solus adsequi non poterat, auctoritate Pompei, viribus teneret Caesaris,&nbsp; adfinitas etiam inter Caesarem Pompeiumque contracta nuptiis, quippe Iuliam, filiam C. Caesaris, Cn. Magnus duxit uxorem.</em></p>
<p><em>Tertuliano </em> (ca.160-ca.220), 40,1-4 en su <em>Apologeticum </em>pone en relación las dos palabras:</p>
<p><em><strong>quantae clades orbem et urbes ceciderunt!</strong></em></p>
<p><em><strong>Que las calamidades no suceden al mundo ni al imperio por ocasión de los cristianos, como dicen los gentiles. Antes por el contrario, el nombre de amotinados se debe acomodar a los que conspiran en odio de los buenos y honrados, a los que proclaman contra la sangre inocente, excusando el odio con pretexto de aquella frívola vanidad con que piensan, que toda común desdicha y las particulares descomodidades del pueblo suceden por causa de los cristianos . Si el Tíber sube a las murallas ; si el Nilo no llega a regar las vegas; si el cielo está sereno y no da lluvias; si la tierra tiembla o se estremece; si el hambre aflige; si la peste mata, luego grita el pueblo: arrójense los cristianos al león. ¿Un león para tantos?</strong></em></p>
<p><em><strong>Yo ruego que me digáis: ¿cuántas calamidades cayeron sobre el mundo y sobre Roma (quantae clades orbem et urbes ceciderunt! ) antes del imperio de Tiberio , esto es, antes de la venida de Cristo? Leemos que Hierápoli&nbsp; y las islas de Delon, Rodas&nbsp; y Coon, con muchos millares de hombres se hundieron.</strong></em></p>
<p><em>At e contrario illis nomen factionis accommodandum est, qui in odium bonorum et proborum conspirant, qui adversum sanguinem innocentium conclamant, praetexentes sane ad odii defensionem illam quoque vanitatem, quod existiment omnis publicae cladis, omnis popularis incommodi Christianos esse in causa[m].&nbsp; Si Tiberis ascendit in moenia, si Nilus non ascendit in arva, si caelum stetit, si terra movit, si fames, si lues, statim: «Christianos ad leonem!» acclamatur. Tantos ad unum?<br />
Oro vos, ante Tiberium, id est ante Christi adventum, quantae clades orbem et urbes ceciderunt! Legimus Hieran, Anaphen et Delon et Rhodon et Co insulas multis cum milibus hominum pessum abisse.</em></p>
<p><em>Sidonio Apolinar</em> (hacia el 430-489 d.C.) obispo de <em>Clermont Ferrand</em>, en <em>Carmina,7,</em> se sirve de esta paronomasia: <em><strong>captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet</strong></em> (verso 557)</p>
<p>El <em>Carmen 7</em> es un <em>panegírico </em>a su suegro <em>Avito </em>cuando fue nombrado emperador. En una reunión de los dioses <em>Roma </em>se queja de su decadencia; se pasa revista a su historia e interviene <em>Júpiter</em>. Luego Avito es proclamado emperador por los visigodos y por los galorromanos.</p>
<p><em>Sidonio Apolinar, Carmina, 7, 550 y ss.</em></p>
<p><em><strong>»Ahora te llama el destino supremo; en un tiempo azaroso&nbsp; no gobierna el Imperio un cobarde. Se deja de lado todo rodeo cuando una situación extrema requiere un hombre preclaro: tras las derrotas del Tesino y Trebia la república atemorizada acudió apresurada a Fabio. La elección de Livio hizo olvidar la célebre derrota de Cannas, a pesar de la fuga de Varrón, e hizo quebrar al fenicio, engreído por la&nbsp; muerte de los Escipiones.</strong></em></p>
<p><em><strong>»Dicen que el mundo yace cautivo en la urbe (captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet;) el emperador ha muerto; aquí tiene hoy una cabeza todo el imperio. Te lo pedimos, sube al tribunal, levanta a los que están decaídos;&nbsp; en esta situación, el momento no pide que algún otro ame más a Roma.</strong></em></p>
<p><em><strong>»No pienses que quizá no eres digno del mando: tú sabes que cuando los estandartes de Breno acosaban la roca Tarpeya, toda la república era Camilo, quien, obligado a vengar a la patria, cubrió los humeantes rescoldos con una matanza de enemigos.</strong></em></p>
<p><em><strong>»No han sido regalos al populacho los que han dispuesto a tu favor lascenturias, ni acuden a votarte tribus venales, sobornadas a punta de dinero. Nadie compra el voto del mundo. Eres elegido, aunque pobre; basta una sola cosa: eres rico en méritos. ¿Por qué tardas en aceptar la voluntad&nbsp; de la patria que te ordena tomar elmando? Éste es el pensamiento de todos: si tú te conviertes en señor, yo seré libre’</strong></em>.(Traducción de Agustín López Kindler. Editorial Gredos)</p>
<p><em>nunc iam summa vocant,&nbsp; dubio sub tempore regnum<br />
non regit ignavus, postponitur ambitus omnis<br />
ultima cum claros quaerunt: post damna Ticini<br />
ac Trebiae trepidans raptim respublica venit<br />
ad Fabium; Cannas celebres Varrone fugato<br />
Scipiadumque etiam turgentem funere Poenum<br />
Livius electus fregit, captivus, ut aiunt,<br />
orbis in urbe iacet; princeps perit, hic caput omne<br />
nunc habet imperium, petimus, conscende tribunal,&nbsp;<br />
erige collapsos; non hoc modo tempora poscunt,<br />
ut Romam plus alter amet. nec forte reare<br />
te regno non esse parem: cum Brennica signa<br />
Tarpeium premerent, scis, tum respublica nostra<br />
tota Camillus erat, patriae qui debitus ultor<br />
texit fumantes hostili strage favillas.<br />
non tibi centurias aurum populare paravit,<br />
nec modo venales numerosoque asse redemptae<br />
concurrunt ad puncta tribus; suffragia mundi<br />
nullus emit, pauper legeris ; quod sufficit unum,<br />
es meritis dives, patriae cur vota moraris,<br />
quae iubet ut iubeas ? haec est sententia cunctis :<br />
si dominus fis, liber ero.&#8217;</em></p>
<p><em>Flavio Cresconio Coripo (Flavius Cresconius Corippus</em>) que vivio aproximadamente del año 500 al 570 de nuestra era fue probablemente el último autor latino importante de la Antigüedad, de la época de los emperadores bizantinos <em>Justiniano I</em> y <em>Justino II</em>. Sus dos principales obras son el poema épico <em>Johannis </em>y el panegírico<em> In laudem Justini minoris</em>.</p>
<p>Es justamente en esta última en el que utiliza en varias ocasiones la fórmula “<em>urbis-orbis</em>”; precisamente es un rasgo de su estilo la repetición de palabras y conceptos y también el uso de <em>paronomasias </em>o palabras muy parecidas en la forma aunque distintas en el significado. Así</p>
<p><em>Verso I, 173 y ss.</em></p>
<p><em><strong>Todo el grupo, postrado y tendido ante sus pies, mientras así hablaba, dice al unísono: ≪Ten piedad, compadécete, santo varón, de quienes te suplican, ven a socorrernos en la adversidad. Pronto verás con la llegada del día que todo se habrá perdido, si el pueblo llega a percibir el vacío de poder, ante la pérdida del emperador. Por mucho que te conmueva el afecto por tu buen padre, que no sea el amor a la patria menor que el de tu progenitor. Tu mismo tío, moribundo, te ordenó con sus propias palabras que fueras tu quien conservara el cetro. Mira cuanta fue la previsión y solicitud del anciano para con nuestra ciudad y el mundo entero. (aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis)&nbsp; En tu favor hizo Dios todo lo que quiso que fuera realizado. Sube al trono paterno, príncipe&nbsp; valerosísimo, y gobierna el mundo que a ti se somete</strong></em>. (Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)</p>
<p><em>Talia dicentis pedibus prostrata iacensque<br />
omnis turba simul “pius es, miserere” perorat<br />
“supplicibus, vir sancte, tuis: succurre periclis.<br />
Omnia mox veniente die periisse videbis,<br />
si vacuam vulgussine príncipe senserit aulam.<br />
Quantumcumque boni moveat dilectio patris,<br />
non sit amor patriae patrio minor. Ipse tenere<br />
sceptra tuus moriens te iussit avunculus ore.<br />
aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis<br />
próvida cura seni. pro te deus omnia fecit,<br />
quae fieri voluit. solium conscende paternum<br />
et rege subiectum, prínceps fortissime, mundum</em></p>
<p>Y de nuevo en<em> Verso 244 y ss.</em></p>
<p><em><strong>Y no injustamente, creo, pues ¿iba a estar él, al morir, tan dichoso y con semblante tan lleno de bondad, si su alma, consciente del bien que llevo a cabo, no hubiera abandonado sus tranquilos miembros, volando hacia el cielo y no hubiera afianzado el imperio tras confirmar a un heredero? Cuando acudió allí el noble Justino, poniendo sus amorosos brazos en tomo al cuerpo sin&nbsp; vida, así hablo sollozando: ≪Luz de la ciudad y del universo, padre Justiniano, ¿abandonas tu amada corte y dejas a tus allegados, a tus sirvientes y a tantos súbditos? ¿Menosprecias la tierra? ¿No velas por el mundo extenuado? Aquí tienes a los ávares, a los amenazadores francos, a los gépides, a los getas y a tantas otras naciones que, tras poner en movimiento sus enseñas, provocan guerras por doquier. ¿Con qué empuje vamos a vencer a tantos enemigos si tú, firmeza de Roma, estás muerto?≫.</strong></em><br />
((Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)</p>
<p><em>Haud, reor, immerito sic laetus et ore benignus<br />
Ille foret moriens, nisi mens sibi conscia recti<br />
in caelum properans securos linqueret artus<br />
et tutum imperium firmato herede locaret.<br />
Huc ubi magnanimus sacra cum coniuge venit,<br />
cara per exanimum circumdans brachia corpus<br />
cum lacrimis Iustinus ait: “lux urbis et orbis,<br />
Iustiniane pater, dilectam deseris aulam?<br />
Cognatos fámulos et tantos linquis alumnos?<br />
Contemnis terras? Fesso non prospicis orbi?<br />
En Avares Francique truces Gepidesque Getaeque<br />
totque aliae gentes commotis undique ignis<br />
bella movent; qua vi tantos superabimos hostes,<br />
cum virtus Romana iacet?&#8230;</em></p>
<p>Y otra vez en <em>verso III, 72 y ss.:</em></p>
<p><em><strong>Organos, plectros y liras resonaron por toda la ciudad; se ofrecieron mil clases de espectáculos, mil festines, hubo danzas, risas, ajetreo, regocijo y aplausos. Desean larga vida a los emperadores entre alegres clamores. ≪Tras la vejez≫, afirman, ≪el mundo se regocija por su rejuvenecimiento y busca los principios de su aspecto originario. Desaparece ahora una edad de hierro y surge una edad de oro en tu época, Justino, esperanza de la ciudad y del mundo, resplandor del imperio romano, gloria añadida a todos los emperadores que te precedieron, cuya sabiduría victoriosa obtuvo la más alta cumbre del reino paterno≫. </strong></em>(Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)</p>
<p><em>Organa, plectra, lyrae totam insonuere per urbem.<br />
Mille voluptatum species, convicia mille,<br />
saltatus, risus, discursus, gaudia, plausus.<br />
Augustis vitam laetis clamoribus optant.<br />
post senium dicunt “sese iuvenescere mundus<br />
gaudet Et antiquae repetit&nbsp; primordia formae.<br />
Férrea nunc abeunt aurea saecula surgunt<br />
temporibus, Iustine, tuis, spes urbis et orbis,<br />
Romani iubar imperii, decus addite cunctis<br />
retro principibus, cuius sapientia victrix<br />
obtinuit patrii fastigia máxima regni.”</em></p>
<p>El resumen de todo esto, del contenido y de la figura literaria,&nbsp; lo personifica un verso feliz del poeta galo del <em>siglo V Rutilio Namaciano,</em> del que conservamos parte del único poema que sabemos que escribió, titulado <em>“De reditu suo” (Sobre el regreso).</em> En él canta la grandeza y antiguo esplendor de <em>Roma </em>y critica al <em>Cristianismo</em>. En el llamado<em> Himno a Roma,</em> que aparece personificada, encontramos el verso resumen al que me refería:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em><strong>&nbsp; &#8216;urbem fecisti quod prius orbis erat&#8217;<br />
“formaste una ciudad de lo que antes era un mundo”</strong></em></p>
<p><em><strong>“!Escucha, Roma, hermosisima reina de un mundo que<br />
es tuyo, acogida entre las celestes estrellas!<br />
!Escucha, engendradora de hombres y engendradora de dioses,<br />
gracias a tus templos no nos mantenemos alejados del cielo!<br />
A ti cantamos y siempre cantaremos mientras los hados lo permitan:<br />
nadie en vida puede olvidarte. Antes sepultaria yo el sol en impio olvido<br />
que apartar de mi corazon tu gloriosa fama,<br />
pues derramas tus favores como rayos de sol<br />
por donde se agita vacilante el envolvente Oceano.<br />
Por ti da vueltas Febo, que todo lo abarca,<br />
y en ti esconde los caballos que de ti habian salido.<br />
A ti no te detuvo Libia con sus ardientes arenas<br />
ni te arredro la Osa guarnecida de hielo.<br />
Cuanta extension comprende la naturaleza hasta las regiones habitables,<br />
otro tanto la tierra se convierte en camino accesible a tu valor.<br />
Formaste de pueblos distintos una unica patria;<br />
al imponer tu poder, beneficiaste a los vencidos,<br />
ignorantes de la justicia, y al ofrecerles compartir tus propias leyes,<br />
formaste una ciudad de lo que antes era un mundo.(</strong></em>&#8216;urbem fecisti quod prius orbis erat&#8217;)<br />
<strong><em>Como autores de tu linaje reconocemos a Venus y a Marte,<br />
la madre de los Eneadas y el padre de los Romulidas.<br />
Cuando vences, la clemencia ablanda tu brazo armado:<br />
en tu personalidad aunas la inspiracion de ambos dioses.<br />
De ahi tu gran satisfaccion en combatir y en perdonar:<br />
vences a quienes has temido, amas a quienes has vencido.</em></strong><br />
(Traducción de Alfonso Grcía-Torano Martínez. Editorial Gredos).</p>
<p><em>«exaudi, regina tui pulcherrima mundi,<br />
inter sidereos Roma recepta polos,<br />
exaudi, genetrix hominum genetrixque deorum,<br />
non procul a caelo per tua templa sumus:<br />
te canimus semperque, sinent dum fata, canemus:<br />
sospes nemo potest immemor esse tui.<br />
obruerint citius scelerata oblivia solem,<br />
quam tuus ex nostro corde recedat honos.<br />
nam solis radiis aequalia munera tendis,<br />
qua circumfusus fluctuat Oceanus.<br />
volvitur ipse tibi, qui continet omnia, Phoebus<br />
eque tuis ortos in tua condit equos.<br />
te non flammigeris Libye tardavit harenis,<br />
non armata suo reppulit Ursa gelu:<br />
quantum vitalis natura tetendit in axes,<br />
tantum virtuti pervia terrae tuae.<br />
fecisti patriam diversis gentibus unam:<br />
profuit iniustis te dominante capi.<br />
dumque offers victis proprii consortia iuris,<br />
urbem fecisti quod prius orbis erat.<br />
«auctores generis Venerem Martemque fatemur,<br />
Aeneadum matrem Romulidumque patrem:<br />
mitigat armatas victrix clementia vires,<br />
convenit in mores nomen utrumque tuos:<br />
hinc tibi certandi bona parcendique voluptas:<br />
quos timuit superat, quos superavit amat.</em></p>
<p>La <em>Iglesia Católica y Romana </em>es deudora de la antigua <em>Roma </em>en casi todo, en gran parte de sus mitos, creencias y dogmas, en sus ritos, en su expresión artística, en su estructura administrativa y jurídica, y por supuesto en su lengua oficial, que sigue siendo el latín. Esta expresión es una prueba más de ello. Si el <em>Papa Católico</em> hoy puede dirigirse “<em>a la ciudad y al mundo</em>” es precisamente porque él es “<em>el obispo de Roma</em>”, la <em>ciudad (urbs) que fue capital del mundo (orbis)</em></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Prodigios, milagros, maravillas, portentos, fenómenos, monstruos y (II)</title>
		<link>https://www.antiquitatem.com/superstiiones-antiguas-y-modernas/</link>
					<comments>https://www.antiquitatem.com/superstiiones-antiguas-y-modernas/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Jun 2017 23:13:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Dioses y Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mitologí­a]]></category>
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					<description><![CDATA[Entre los  prodigios que más impresionan a los romanos, sobresalen sobremanera los rayos que Júpiter maneja con profusión y las constantes apariciones de seres divinos a los humanos envueltos en luces y halos maravillosos. La aparición de alguna diosa a pequeños pastorcillos está ya documentada en un texto egipcio de la época del Imperio Medio, entre el 2.000 y el 1.800 a.C.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Entre los  prodigios que más impresionan a los romanos, sobresalen sobremanera los rayos que Júpiter maneja con profusión y las constantes apariciones de seres divinos a los humanos envueltos en luces y halos maravillosos. La aparición de alguna diosa a pequeños pastorcillos está ya documentada en un texto egipcio de la época del Imperio Medio, entre el 2.000 y el 1.800 a.C.</b></p>
<p>
	Sobresalen tambi&eacute;n acciones de las im&aacute;genes y de las estatuas o representaciones de los seres divinos, que se comportan como si fueran de carne y hueso y no de piedra, madera o metal. Especialmente atractivas son las estatuas que hablan y env&iacute;an mensajes a los humanos, o sudan, a veces&nbsp; sangre, o saltan y se mueven de su peana o iluminan la pupila de sus ojos con luz maravillosa.</p>
<p>
	Este comportamiento de las im&aacute;genes&nbsp; responde al car&aacute;cter difuso y confuso de estas estatuas que por una parte son meras representaciones de algo que no est&aacute; en este mundo y por otra parte son la propia divinidad materializada que vive con nosotros. Es decir, la famosa estatua crisoelefantina de <em>Atenea Parthenos, Virgen, de Atenas</em>, no es una mera representaci&oacute;n, sino la propia diosa materializada.</p>
<p>
	Y lo mismo ocurre hoy con las im&aacute;genes de santos y v&iacute;rgenes modernas, como revela el comportamiento popular que las venera, las toca, las invoca, les canta, les ruega, en contradicci&oacute;n con lo que dice la raz&oacute;n, incluso la teor&iacute;a teol&oacute;gica, que en realidad poco hace por informar debidamente al pueblo fiel.</p>
<p>
	Pues bien, estos efectos tan especiales son aprovechados frecuentemente por los poetas. Dar&eacute; tan s&oacute;lo dos ejemplos del indiscutible <em>Virgilio </em>y otro de nuestro poeta de origen hispano <em>Lucano</em>. Despu&eacute;s presentar&eacute; un famoso texto de <em>Plinio el Joven</em> sobre la aparici&oacute;n de una se&ntilde;ora de gran estatura y prestancia y de los fantasmas, al que tambi&eacute;n se refiere <em>T&aacute;ctio </em>en sus <em>Anales</em><br />
	Citar&eacute; tambi&eacute;n un pasaje de <em>La Ciudad de Dios</em> de <em>San Agust&iacute;n</em>, en el que se refiere y descalifica estas supersticiones.&nbsp;</p>
<p>
	En el caso de este&nbsp; &uacute;ltimo autor llama poderosamente la atenci&oacute;n la clarividencia con la que analiza las supercher&iacute;as de los ajenos y la seguridad con la que acepta las supercher&iacute;as propias; sin duda un lector ajeno a nuestra cultura no apreciar&iacute;a diferencia alguna entre las creencias de los <em>paganos </em>y las creencias de los <em>cristianos</em>; de hecho, hist&oacute;ricamente estas &uacute;ltimas se alimentan absolutamente de las primeras.</p>
<p>
	Hoy como ayer las estatuas de los seres divinos siguen llorando, iluminando sus pupilas, saltando de las peanas, apareci&eacute;ndose a los pastores, enviando mensajes, mucha veces encriptados a los mortales. Lean con atenci&oacute;n la prensa del d&iacute;a y encontrar&aacute;n que en alg&uacute;n lugar del mundo alguien afirma haber chocado con alg&uacute;n fen&oacute;meno de los descritos. En esa lucha entre la raz&oacute;n y el misterio, sigue en alto la confrontaci&oacute;n.</p>
<p>
	En la poes&iacute;a &eacute;pica griega y tambi&eacute;n en la romana, los dioses son actores en permanente relaci&oacute;n con los mortales, en cuyas disputas toman partido por unos o por otros.</p>
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	Presentar&eacute; primero un texto del poeta <em>hispano Lucano </em>en el que aprovecha al m&aacute;ximo la emoci&oacute;n que estos prodigios puede generar en sus cr&eacute;dulos lectores. El texto es un fragmento de su poema <em>Bellum Civile,</em> llamado luego &ldquo;<em>La Farsalia</em>&rdquo; por el nombre de la batalla decisiva en la guerra civil entre <em>C&eacute;sar </em>y <em>Pompeyo </em>previa a la imposici&oacute;n de un r&eacute;gimen personal y autoritario en <em>Roma</em>, acabando as&iacute; con el largo periodo republicano y dando entrada a la &eacute;poca imperial. En este fragmento, entre otros prodigios, los dioses derraman l&aacute;grimas y los dioses <em>Lares </em>sudan.</p>
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	<em>Marcus Annaeus Lucanus, Bellum Civile 1.1 verso 544 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>El feroz M&uacute;lciber abri&oacute; el cr&aacute;ter del Etna siciliano y no empuj&oacute; las llamas hacia el cielo, sino que, con la inclinaci&oacute;n de la c&uacute;spide, la lava ardiente cay&oacute; contra el flanco de Italia. La negra Caribdis volte&oacute; desde sus abismos un mar de sangre; lastimeros aullidos lanzaron los sa&ntilde;udos perros de Escila. Del altar de Vesta fue retirado el fuego, y su llama,&nbsp; que manifiesta el acabamiento de las ferias latinas se escinde en dos partes y se eleva en un doble &aacute;pice, imitando la pira tebana. Entonces la tierra se desplaz&oacute; de su eje y los Alpes, al tambalearse sus cimas, sacudieron a uno y otro lado sus nieves de siglos. Tetis, acreciendo el caudal de sus aguas, cubri&oacute; la hisp&aacute;nica Calpe y la cumbre del Atlas. Sabemos que lloraron las estatuas de los dioses indigetes&nbsp; y que las de los Lares, con su sudor, atestiguaron el apuro de la ciudad; que los exvotos cayeron al suelo en sus templos; que siniestras aves ensuciaron el d&iacute;a y que las fieras, dejando las selvas al anochecer, establecieron audaces sus cubiles en el centro de Roma. Adem&aacute;s hubo lenguas de animales con facilidad para pronunciar sonidos humanos; partos monstruosos entre los hombres por el n&uacute;mero y la dimensi&oacute;n de los miembros: a la madre le dio miedo su propio hijo; y los siniestros vaticinios de la profetisa de Cumas se divulgan entre el pueblo. Al tiempo, los sacerdotes con tajos en los brazos, a quienes agita la salvaje Belona&nbsp; proclaman los designios de los dioses, y los galos, haciendo girar su cabellera sanguinolenta, aullaron presagios funestos para las gentes. Urnas funerarias repletas de huesos all&iacute; enterrados emitieron lamentos. Entonces se oy&oacute; fragor de armas, y grandes gritos por los parajes intransitados de los bosques, y apariciones que se ven&iacute;an a las manos. Los que cultivan los campos pegados al borde de las murallas huyeron en desbandada: una Furia gigantesca daba vueltas a la ciudad, sacudiendo hacia abajo un pino con la punta encendida, a m&aacute;s de sus cabellos estridentes, cual la Eum&eacute;nide que empuj&oacute; a la tebana &Aacute;gave o la que volte&oacute; los dardos del cruel Licurgo, O como, por orden de Juno, rencorosamente injusta, Megera infundi&oacute; pavor al Alcida, por m&aacute;s que ya hubiera visto a Dite. Resonaron trompetas y, como es de enorme el griter&iacute;o de las cohortes que entrechocan, ese mismo estruendo despidi&oacute; la negra noche, pese al silencio de las auras. Pareciendo surgir de en medio del Campo de Marte, los manes de Sila vaticinaron funestos presagios y, a su vez, alzando su cabeza junto a las heladas aguas del Anio, hecho trizas su sepulcro, Mario puso en fuga a unos campesinos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>En vista de estos prodigios pareci&oacute; oportuno, conforme a una a&ntilde;eja costumbre, hacer venir adivinos etruscos. De ellos, el m&aacute;s entrado en a&ntilde;os, Arrunte, que habitaba el recinto amurallado de Luca, abandonada, bien instruido en los zigzagueos del rayo y en las venas a&uacute;n calientes de las v&iacute;sceras y en los avisos del vuelo que va y viene en el aire, ordena primeramente quitar de en medio los monstruos que la naturaleza, en desacuerdo con sus leyes, hab&iacute;a producido sin semilla alguna&nbsp; y quemar en infaustas llamas los fetos abominables de vientres est&eacute;riles. Luego, ordena a los amedrentados ciudadanos dar una vuelta completa a la ciudad y que, purificando los muros con solemne ceremonia lustral,&nbsp; den tambi&eacute;n la vuelta a todo lo largo del pomerio , por sus bordes extremos, los pont&iacute;fices, a quienes est&aacute; asignado el privilegio de las celebraciones rituales. Siguen multitud de sacerdotes de menor rango, ataviados al estilo gabino, y abre la fila de las Vestales, coronada de bandeletas, la sacerdotisa, la &uacute;nica a la que es l&iacute;cito contemplar la imagen de la Minerva Troyana. A continuaci&oacute;n los que custodian los hados divinos y los or&aacute;culos misteriosos y retiran la imagen de Cibeles, una vez ba&ntilde;ada en el exiguo Alm&oacute;n,&nbsp; y el augur, ducho en observar las aves que vuelan por la izquierda; y el sept&eacute;nviro, encargado de los banquetes rituales;; y la cofrad&iacute;a de los ticios; y el salio, que lleva a la espalda con alegr&iacute;a los escudos sagrados, y el flamen, que alza el &aacute;pice en su noble cabeza. Y mientras ellos desfilan en torno a la ciudad que se extiende en largas sinuosidades, Arrunte recoge los fuegos diseminados del rayo, 1os entierra musitando una l&uacute;gubre letan&iacute;a y asigna a aquellos lugares la protecci&oacute;n de una divinidad; luego, acerca a las sagradas<br />
	aras un toro de cerviz bien escogida. Ya hab&iacute;a comenzado a derramar el vino y a aplicar la harina salada con la hoja del cuchillo en sesgo, y la v&iacute;ctima, que opon&iacute;a larga resistencia a un sacrificio nada agradable, cuando los ministros del culto, recogi&eacute;ndose la ropa, sujetaron sus cuernos amenazantes, dobladas por fin las rodillas, ofrec&iacute;a su cuello vencido. Pero no salt&oacute; la sangre de costumbre, sino que de la ancha herida se desparram&oacute;, en lugar de sangre roja, un sucio flujo de mal ag&uuml;ero. Empalideci&oacute; Arrunte, pasmado ante el sacrificio funesto, e indag&oacute; la c&oacute;lera de los dioses en las entra&ntilde;as extra&iacute;das febrilmente. Ya el color mismo llen&oacute; de p&aacute;nico al adivino; en efecto, las v&iacute;sceras p&aacute;lidas, pero moteadas de negras manchas e infectadas por co&aacute;gulos sanguinosos, abigarraban con salpicaduras de sangre su extraordinaria lividez. Observa el h&iacute;gado empapado de podre y ve las venas amenazantes por la parte hostil.&nbsp; Queda oculta la fibra del pulm&oacute;n jadeante y una peque&ntilde;a fisura corta las zonas vitales. El coraz&oacute;n est&aacute; aplomado, las v&iacute;sceras expelen sangraza por unas grietas abiertas y los intestinos revelan sus ocultas cavidades. Y -prodigio funesto que nunca apareci&oacute; en las entra&ntilde;as impunemente- helo aqu&iacute;: observa que en la cabeza del h&iacute;gado ha crecido la protuberancia de otra cabeza; una parte cuelga enfermiza y fl&aacute;ccida, otra irradia salud y mueve sin compasi&oacute;n las venas con r&aacute;pidas pulsiones. Cuando por estos signos comprendi&oacute; la fatalidad de grandes desgracias, exclama: &ldquo;Apenas me es l&iacute;cito, oh dioses del cielo, revelar a las gentes todo lo que est&aacute;is maquinando; pues no he celebrado en tu honor, supremo J&uacute;piter, este sacrificio: los dioses infernales han venido al pecho de este toro inmolado. Indecibles calamidades tememos, pero sobrevendr&aacute;n mayores a&uacute;n de lo que tememos. &iexcl;Que los dioses tomen favorable lo que he visto y que no merezcan ning&uacute;n cr&eacute;dito las v&iacute;sceras, sino que eso sea una impostura de Tages, fundador de esta ciencia&rdquo;.&nbsp; As&iacute; vaticinaba el etrusco, envolviendo sus presagios en palabras sinuosas y vel&aacute;ndolos con m&uacute;ltiples ambages. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Antonio Holgado Redondo.Editorial Gredos)</p>
<p>
	<em>ora ferox Siculae laxauit Mulciber Aetnae,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	nec tulit in caelum flammas sed uertice prono<br />
	ignis in Hesperium cecidit latus. atra Charybdis<br />
	sanguineum fundo torsit mare; flebile saeui<br />
	latrauere canes. Vestali raptus ab ara<br />
	ignis, et ostendens confectas flamma Latinas&nbsp;&nbsp;<br />
	scinditur in partes geminoque cacumine surgit&nbsp;<br />
	Thebanos imitata rogos. tum cardine tellus&nbsp;<br />
	subsedit, ueteremque iugis nutantibus Alpes&nbsp;<br />
	discussere niuem. Tethys maioribus undis&nbsp;<br />
	Hesperiam Calpen summumque inpleuit Atlanta.&nbsp;&nbsp;<br />
	indigetes fleuisse deos, urbisque laborem&nbsp;<br />
	testatos sudore Lares, delapsaque templis&nbsp;<br />
	dona suis, dirasque diem foedasse uolucres&nbsp;<br />
	accipimus, siluisque feras sub nocte relictis&nbsp;<br />
	audaces media posuisse cubilia Roma.&nbsp;&nbsp;<br />
	tum pecudum faciles humana ad murmura linguae,&nbsp;<br />
	monstrosique hominum partus numeroque modoque&nbsp;<br />
	membrorum, matremque suus conterruit infans;&nbsp;<br />
	diraque per populum Cumanae carmina uatis&nbsp;<br />
	uolgantur. tum, quos sectis Bellona lacertis&nbsp;<br />
	saeua mouet, cecinere deos, crinemque rotantes&nbsp;<br />
	sanguineum populis ulularunt tristia Galli.&nbsp;<br />
	conpositis plenae gemuerunt ossibus urnae.<br />
	tum fragor armorum magnaeque per auia uoces<br />
	auditae nemorum et uenientes comminus umbrae.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	quique colunt iunctos extremis moenibus agros<br />
	diffugiunt: ingens urbem cingebat Erinys<br />
	excutiens pronam flagranti uertice pinum<br />
	stridentisque comas, Thebanam qualis Agauen<br />
	inpulit aut saeui contorsit tela Lycurgi&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	Eumenis, aut qualem iussu Iunonis iniquae<br />
	horruit Alcides uiso iam Dite Megaeram.<br />
	insonuere tubae et, quanto clamore cohortes<br />
	miscentur, tantum nox atra silentibus auris<br />
	edidit. e medio uisi consurgere Campo&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	tristia Sullani cecinere oracula manes,<br />
	tollentemque caput gelidas Anienis ad undas<br />
	agricolae fracto Marium fugere sepulchro.<br />
	haec propter placuit Tuscos de more uetusto<br />
	acciri uates.</em></p>
<p>	Resulta&nbsp; muy interesante el fragmento de la <em>Eneida </em>de <em>Virgilio </em>en el que relata la reacci&oacute;n de la imagen de <em>Palas</em>, el Paladi&oacute;n, que hab&iacute;a sido robada de su templo por <em>Ulises </em>y el hijo de <em>Tideo</em>. El texto nos puede servir tambi&eacute;n para comparar el tono &eacute;pico, elevado, solemne con el dramatismo y barroquismo de <em>Lucano</em>; pero este es otro tema.</p>
<p>
	<em>Publio Virgilio Mar&oacute;n: Eneida, 2, v. 162 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Toda la esperanza de los D&aacute;naos, y su confianza en la emprendida guerra, estribaron siempre en los auxilios de Palas; pero desde que el imp&iacute;o hijo de Tideo y Ulises, inventor de maldades, acometieron sustraer del sacro templo el fatal Paladi&oacute;n, despu&eacute;s de haber dado muerte a los guardias del sumo alc&aacute;zar, y arrebataron a la sacra efigie, y con ensangrentadas manos osaron tocar las virginales &iacute;nfulas de la deidad, empezaron a decaer y se desvanecieron aquellas esperanzas, y se quebrantaron sus fuerzas, apartada ya de ellos la protecci&oacute;n de la diosa.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pronto dio Tritonia manifiestas y horribles se&ntilde;ales de su c&oacute;lera; apenas se coloc&oacute; su estatua en el campamento, ardieron rechinantes llamas en sus ojos, clavados en nosotros, y por todos sus miembros corri&oacute; un sudor salado, y tres veces &iexcl;oh prodigio! se levant&oacute; por s&iacute; sola del suelo blandiendo el broquel y la tr&eacute;mula lanza. Al punto Calcas anuncia que es preciso cruzar los mares y huir, pues P&eacute;rgamo no puede ser debelado por las armas arg&oacute;licas, si no vuelven a Argos a renovar sus votos, y de nuevo se llevan al numen que trajeron consigo por el mar en sus huecas naves. Y ahora que, impelidos por el viento, han llegado al patrio suelo de Micenas, aprestan sus armas y solicitan el favor de los dioses para volver de improviso surcando nuevamente el mar; as&iacute; interpret&oacute; Calcas la voluntad de los n&uacute;menes. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Eugenio de Ochoa, 1815&ndash;1872)</p>
<p>
	<em>Omnis spes Danaum et coepti fiducia belli<br />
	Palladis auxiliis semper stetit. impius ex quo&nbsp;<br />
	Tydides sed enim scelerumque inuentor Vlixes,&nbsp;<br />
	fatale adgressi sacrato auellere templo&nbsp;&nbsp;<br />
	Palladium caesis summae custodibus arcis,&nbsp;<br />
	corripuere sacram effigiem manibusque cruentis&nbsp;<br />
	uirgineas ausi diuae contingere uittas,&nbsp;<br />
	ex illo fluere ac retro sublapsa referri&nbsp;<br />
	spes Danaum, fractae uires, auersa deae mens.&nbsp;<br />
	nec dubiis ea signa dedit Tritonia monstris.&nbsp;<br />
	uix positum castris simulacrum: arsere coruscae&nbsp;<br />
	luminibus flammae arrectis, salsusque per artus&nbsp;<br />
	sudor iit, terque ipsa solo (mirabile dictu)&nbsp;<br />
	emicuit parmamque ferens hastamque trementem.&nbsp;<br />
	extemplo temptanda fuga canit aequora Calchas,&nbsp;<br />
	nec posse Argolicis exscindi Pergama telis&nbsp;<br />
	omina ni repetant Argis numenque reducant&nbsp;<br />
	quod pelago et curuis secum auexere carinis.&nbsp;<br />
	et nunc quod patrias uento petiere Mycenas,&nbsp;&nbsp;<br />
	arma deosque parant comites pelagoque remenso</em></p>
<p>
	Interesante es tambi&eacute;n el final que nos ofrece <em>Virgilio </em>del <em>libro I de sus Ge&oacute;rgicas</em>. Nos recuerda las se&ntilde;ales que anunciaron los pavorosos horrores de la <em>guerra civil </em>y ruega a los dioses que protejan a <em>Roma </em>y garanticen su &eacute;poca de paz y esplendor.</p>
<p>
	<em>Virgilio, Ge&oacute;rgicas, 1, v.463 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;Qui&eacute;n osar&aacute; llamar falaz al sol? Tambi&eacute;n muchas veces nos declara que amenazan secretos tumultos, que se fraguan ama&ntilde;os y ocultas guerras. Tambi&eacute;n se compadeci&oacute; de Roma, muerto C&eacute;sar, cuando vel&oacute; su n&iacute;tida cabeza con ferruginosa niebla y el imp&iacute;o siglo temi&oacute; una eterna noche. En aquel tiempo daban igualmente se&ntilde;ales la tierra y las aguas del mar, y los infaustos perros y las aves importunas. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces vimos al Etna, rotos sus hornos, derramar sus hirvientes olas por los campos de los C&iacute;clopes, vomitando globos de llamas y pe&ntilde;ascos derretidos! La Germania oy&oacute; por todo el cielo estruendo de armas; retemblaron los Alpes con ins&oacute;litos movimientos; tambi&eacute;n se oy&oacute; muchas veces una gran voz en medio de los callados bosques. y se vieron al anochecer p&aacute;lidos fantasmas de maravilloso aspecto, y hablaron las bestias, &iexcl;cosa horrible!, y se pararon las corrientes de los r&iacute;os y se entreabri&oacute; la tierra, y llor&oacute; en los templos el marfil desolado y sudaron los bronces. El Er&iacute;dano, rey de los r&iacute;os, arrastrando las selvas en furioso remolino, se derram&oacute; por las vegas, llev&aacute;ndose los ganados con sus majadas. En aquel tiempo, las entra&ntilde;as de las tristes v&iacute;ctimas sacrificadas no cesaron de presentar ag&uuml;eros amenazadores ni los pozos de manar sangre ni las ciudades de resonar por la noche con grandes aullidos de lobos. Jam&aacute;s cayeron de un cielo sereno tantos rayos ni ardieron tantos horribles cometas Por eso, los campos de Filipos vieron por segunda vez a las haces romanas cruzar en fiera lid sus armas fraternales; por eso consintieron los dioses que dos veces abonase nuestra sangre la Ematia y las dilatadas campi&ntilde;as del Hemo. D&iacute;a vendr&aacute; en que el labrador, al revolver la tierra con el corvo arado en aquellos confines, hallar&aacute; dardos corro&iacute;dos por el &aacute;spero or&iacute;n, y har&aacute; resonar con los pesados rastros yelmos vac&iacute;os, y se pasmar&aacute; al ver en los excavados sepulcros huesos giganteos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iexcl;Oh dioses patrios, oh dioses tutelares, oh R&oacute;mulo y oh madre Vesta, que velas por el toscano T&iacute;ber y los palacios romanos. no impid&aacute;is a lo menos que este mancebo venga en ayuda del revuelto siglo presente!, bastante hemos pagado, ya ha tiempo con nuestra sangre los perjuicios de Troya Laomedontea. Tiempo ha ya, &iexcl;oh C&eacute;sar!, que la mansi&oacute;n de los dioses te envidia a nosotros y se queja de que tengas en mucho los honores triunfales que te dan los hombres. Por doquiera andan confundidos lo l&iacute;cito y lo il&iacute;cito; todo es guerras en el mundo, los cr&iacute;menes son innumerables; deshonra parece manejar el arado; los campos est&aacute;n yermos, privados de sus labradores, y las corvas hoces se forjan para servir de terribles espadas. Aqu&iacute; el &Eacute;ufrates, all&iacute; la Germania, nos mueven guerra: las ciudades comarcanas, rotos los pactos, hacen armas unas contra otras; por todo el orbe derrama sus furores el imp&iacute;o Marte; tal, cuando se lanzan de la barrera las cuadrigas, cobran en el circo nuevo br&iacute;o, y tirando en vano de las riendas, el auriga se ve arrebatado por los caballos y el carro no obedece al freno. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Eugenio de Ochoa)</p>
<p>
	<em>&hellip;. Solem quis dicere falsum<br />
	audeat. Ille etiam caecos instare tumultus<br />
	saepe monet fraudemque et operta tumescere bella.<br />
	Ille etiam exstincto miseratus Caesare Romam,<br />
	cum caput obscura nitidum ferrugine texit<br />
	inpiaque aeternam timuerunt saecula noctem.<br />
	Tempore quamquam illo tellus quoque et aequora ponti<br />
	obscenaeque canes inportunaeque volucres<br />
	signa dabant. Quotiens Cyclopum effervere in agros<br />
	vidimus undantem ruptis fornacibus Aetnam<br />
	flammarumque globos liquefactaque volvere saxa!<br />
	Armorum sonitum toto Germania caelo<br />
	audiit, insolitis tremuerunt motibus Alpes.<br />
	Vox quoque per lucos volgo exaudita silentis<br />
	ingens et simulacra modis pallentia miris<br />
	visa sub obscurum noctis, pecudesque locutae,<br />
	infandum! sistunt amnes terraeque dehiscunt<br />
	et maestum inlacrimat templis ebur aeraque sudant.<br />
	Proluit insano contorquens vertice silvas<br />
	fluviorum rex Eridanus camposque per omnis<br />
	cum stabulis armenta tulit. Nec tempore eodem<br />
	tristibus aut extis fibrae adparere minaces<br />
	aut puteis manare cruor cessavit et altae<br />
	per noctem resonare lupis ululantibus urbes.<br />
	Non alias caelo ceciderunt plura sereno<br />
	fulgura nec diri totiens arsere cometae.<br />
	ergo inter sese paribus concurrere telis<br />
	Romanas acies iterum videre Philippi;<br />
	nec fuit indignum superis, bis sanguine nostro<br />
	Emathiam et latos Haemi pinguescere campos.<br />
	Scilicet et tempus veniet, cum finibus illis<br />
	agricola incurvo terram molitus aratro<br />
	exesa inveniet scabra robigine pila<br />
	aut gravibus rastris galeas pulsabit inanis<br />
	grandiaque effossis mirabitur ossa sepulchris.<br />
	Di patrii, Indigetes, et Romule Vestaque mater,<br />
	quae Tuscum Tiberim et Romana Palatia servas,<br />
	hunc saltem everso iuvenem succurrere saeclo<br />
	ne prohibete! Satis iam pridem sanguine nostro<br />
	Laomedonteae luimus periuria Troiae;<br />
	iam pridem nobis caeli te regia, Caesar,<br />
	invidet atque hominum queritur curare triumphos;<br />
	quippe ubi fas versum atque nefas: tot bella per orbem,<br />
	tam multae scelerum facies; non ullus aratro<br />
	dignus honos, squalent abductis arva colonis<br />
	et curvae rigidum falces conflantur in ensem.<br />
	Hinc movet Euphrates, illinc Germania bellum;<br />
	vicinae ruptis inter se legibus urbes<br />
	arma ferunt; saevit toto Mars inpius orbe;<br />
	ut cum carceribus sese effudere quadrigae,<br />
	addunt in spatia et frustra retinacula tendens<br />
	fertur equis auriga neque audit currus habenas.</em></p>
<p>
	Otros prodigio de gran impacto entre los antiguos son, como dije, las apariciones de los seres divinos. Como tambi&eacute;n dije, hay constancia de la aparici&oacute;n de una diosa egipcia a un pastor en un relato que tenemos incompleto de tan s&oacute;lo 25 l&iacute;neas; en &eacute;l el pastor cuenta a sus compa&ntilde;eros el encuentro con una mujer que no ten&iacute;a aspecto de mortal.. Este prodigio no ha dejado de repetirse peri&oacute;dicamente hasta nuestros d&iacute;as. En otro momento dedicar&eacute; un art&iacute;culo a este tema.</p>
<p>
	Pero quiero ahora referirme a otra aparici&oacute;n que puede recordarnos alguna moderna. Nos lo cuentan con total naturalidad <em>Plinio el Joven</em> en una famosa carta sobre la existencia o no de los fantasmas y el historiador <em>T&aacute;cito</em>. Me refiero a la aparici&oacute;n de &ldquo;<em>una mujer de estatura sobrehumana </em>a <em>Curcio Rufo</em> anunci&aacute;ndole que&nbsp; volver&iacute;a a <em>&Aacute;frica</em> como c&oacute;nsul electo.</p>
<p>
	Transcribo entera por su inter&eacute;s la carta de <em>Plinio el Joven: Epistula 7,27:</em></p>
<p>
	<em><strong>Gayo Plinio saluda a su amigo Sura.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La falta de ocupaciones me brinda a m&iacute; la oportunidad de aprender y a ti la de ense&ntilde;arme. De esta forma, me gustar&iacute;a much&iacute;simo saber si crees que los fantasmas existen y tienen forma propia, as&iacute; como alg&uacute;n tipo de voluntad, o, al contrario, si son sombras vac&iacute;as e irreales que toman forma por efecto de nuestro propio miedo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>A que crea que existen los fantasmas me mueve sobre todo esto que he o&iacute;do que le ocurri&oacute; a Curcio Rufo. Todav&iacute;a joven y desconocido hab&iacute;a formado parte del s&eacute;quito del nuevo gobernador de la provincia de &Aacute;frica. Al declinar el d&iacute;a paseaba por el p&oacute;rtico: le sale al paso la figura humana de una mujer muy alta y hermosa. Ante su estupor ella le dijo que era &Aacute;frica, mensajera de las cosas futuras. Le dijo tambi&eacute;n que &eacute;l ir&iacute;a a Roma, que llevar&iacute;a a cabo su carrera pol&iacute;tica y que volver&iacute;a a esta misma provincia con el poder supremo, donde finalmente morir&iacute;a.&nbsp; Todas estas cosas se cumplieron. Pasado el tiempo, cuando llegaba a Cartago y sal&iacute;a de la nave se cuenta que se le apareci&oacute; la misma figura en la playa. Como &eacute;l mismo hab&iacute;a sido presa de la enfermedad, tras augurar la adversidad que le esperaba en relaci&oacute;n con las cosas buenas ya cumplidas, abandon&oacute; su esperanza de curaci&oacute;n a pesar de que ninguno de los suyos la hab&iacute;a perdido.<br />
	&iquest;Pero no es acaso m&aacute;s terror&iacute;fico y no menos admirable lo que voy a exponer ahora, tal como me lo contaron?&nbsp; Hab&iacute;a en Atenas una casa espaciosa y profunda, pero tristemente c&eacute;lebre e insalubre. En el silencio de la noche se o&iacute;a un ruido y, si prestabas atenci&oacute;n, primero se escuchaba el estr&eacute;pito de unas cadenas a lo lejos, y luego ya muy cerca: a continuaci&oacute;n aparec&iacute;a una imagen, un anciano consumido por la flacura y la podredumbre, de larga barba y cabello erizado; llevaba grilletes en los pies y cadenas en las manos que agitaba y sacud&iacute;a. A consecuencia de esto, los que habitaban la casa pasaban en vela tristes y terribles noches a causa del temor; la enfermedad sobreven&iacute;a al insomnio y, al aumentar el miedo, la muerte, pues, aun en el espacio que separaba una noche de otra, si bien la imagen hab&iacute;a desaparecido, quedaba su memoria impresa en los ojos, de manera que el temor se prolongaba a&uacute;n m&aacute;s all&aacute; de sus propias causas. As&iacute; pues, la casa qued&oacute; desierta y condenada a la soledad, abandonada completamente a merced de aquel monstruo; a&uacute;n as&iacute; estaba puesta a la venta, por si alguien, no enterado de tama&ntilde;a calamidad, quisiera comprarla o tomarla en alquiler.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Llega a Atenas el fil&oacute;sofo Atenodoro, lee el cartel y una vez enterado del precio, como su baratura era sospechosa, le dan raz&oacute;n de todo lo que pregunta, y esto, lejos de disuadirle, le anima a&uacute;n m&aacute;s a alquilar la casa. Una vez comienza a anochecer, ordena que se le extienda el lecho en la parte delantera, pide tablillas para escribir, un estilo y una luz; a todos los suyos les aleja envi&aacute;ndoles a la parte interior, y &eacute;l mismo dispone su &aacute;nimo, ojos y mano al ejercicio de la escritura, para que su mente, desocupada, no se imaginara ruidos supuestos ni miedos sin fundamento. Al principio, como en cualquier parte, tan s&oacute;lo se percibe el silencio de la noche, pero despu&eacute;s la sacudida de un hierro y el movimiento de unas cadenas: el fil&oacute;sofo no levanta los ojos, ni tampoco deja su estilo, sino que pone resueltamente su voluntad por delante de sus o&iacute;dos. Despu&eacute;s se incrementa el ruido, se va acercando y ya se percibe en la puerta, ya dentro de la habitaci&oacute;n. Vuelve la vista y reconoce al espectro que le hab&iacute;an descrito.&nbsp; &Eacute;ste estaba all&iacute; de pie y hac&iacute;a con el dedo una se&ntilde;al como llam&aacute;ndole. El fil&oacute;sofo, por su parte, le indica con su mano que espere un poco, y de nuevo se pone a trabajar con sus tablillas y estilo, pero el espectro hac&iacute;a sonar las cadenas para atraer su atenci&oacute;n. &Eacute;ste vuelve de nuevo la cabeza y le ve haciendo la misma se&ntilde;a que antes, as&iacute; que ya sin hacerle esperar m&aacute;s coge el candil y le sigue. Iba el espectro con paso lento, como si le pesaran mucho las cadenas; despu&eacute;s baj&oacute; al patio de la casa y, de repente, tras desvanecerse, abandona a su acompa&ntilde;ante. El fil&oacute;sofo recoge hojas y hierbas y las coloca en el lugar donde ha sido abandonado, a manera de se&ntilde;al. Al d&iacute;a siguiente acude a los magistrados y les aconseja que ordenen cavar en aquel sitio. Se encuentran huesos insertos en cadenas y enredados, que el cuerpo, putrefacto por efecto del tiempo y de la tierra, hab&iacute;a dejado desnudos y descarnados junto a sus grilletes.&nbsp; Reunidos los huesos se entierran a costa del erario p&uacute;blico. Despu&eacute;s de esto la casa qued&oacute; al fin liberada del fantasma, una vez fueron enterrados sus restos convenientemente.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Doy cr&eacute;dito ciertamente a quienes me han confirmado estos hechos; yo mismo puedo confirmar otro suceso a los dem&aacute;s. Tengo un liberto no ajeno al cultivo de las letras. Con &eacute;l descansaba su hermano menor en el mismo lecho. A este le pareci&oacute; ver a alguien sentado en la cama, moviendo unas tijeras sobre su propia cabeza, y que incluso le cortaba algunos cabellos de la coronilla. Cuando amaneci&oacute;, &eacute;l mismo ten&iacute;a una tonsura en su coronilla y se encontraron sus cabellos cortados en el suelo.&nbsp; Poco tiempo despu&eacute;s, de nuevo un hecho similar al anterior confirm&oacute; lo que hab&iacute;a ocurrido. Uno de mis peque&ntilde;os esclavos dorm&iacute;a entre otros muchos ni&ntilde;os en la escuela. Llegaron a trav&eacute;s de las ventanas (as&iacute; nos lo cuenta) dos figuras vestidas con t&uacute;nicas blancas, cortaron el pelo al muchacho acostado y se retiraron por donde hab&iacute;an llegado. La luz del d&iacute;a muestra tambi&eacute;n a este ni&ntilde;o con la tonsura y los cabellos esparcidos en derredor.&nbsp; Nada memorable pas&oacute; despu&eacute;s, a no ser acaso que no llegu&eacute; a ser reo, si bien lo hubiera sido en caso de que Domiciano, bajo cuyo poder estas cosas ocurrieron, hubiera vivido m&aacute;s tiempo. En efecto, en su caja de documentos, se encontr&oacute; un escrito entregado por Caro que estaba referido a m&iacute;. De esto puede deducirse que, como es costumbre para los presos dejar crecer el pelo, los cabellos cortados de mis esclavos fueron se&ntilde;al de que el peligro que me acechaba hab&iacute;a sido abortado.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Por tanto, te ruego que hagas uso de tu erudici&oacute;n. Es asunto digno para que lo consideres largo y tendido, y yo no soy ciertamente indigno de que me hagas part&iacute;cipe de tu saber.&nbsp; Aunque sopeses los pros y los contras de las dos opiniones (como sueles), incl&iacute;nate m&aacute;s por uno de los dos lados, para no dejarme suspenso en la incertidumbre, dado que la raz&oacute;n de consultarte fue la de dejar de dudar. Saludos.</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de F. Garc&iacute;a Jurado)</p>
<p>
	<em>Et mihi discendi et tibi docendi facultatem otium praebet. Igitur perquam velim scire, esse phantasmata et habere propriam figuram numenque aliquod putes an inania et vana ex metu nostro imaginem accipere. Ego ut esse credam in primis eo ducor, quod audio accidisse Curtio Rufo. Tenuis adhuc et obscurus, obtinenti Africam comes haeserat. Inclinato die spatiabatur in porticu; offertur ei mulieris figura humana grandior pulchriorque. Perterrito Africam se futurorum praenuntiam dixit: iturum enim Romam honoresque gesturum, atque etiam cum summo imperio in eandem provinciam reversurum, ibique moriturum.&nbsp; Facta sunt omnia. Praeterea accedenti Carthaginem egredientique nave eadem figura in litore occurrisse narratur. Ipse certe implicitus morbo futura praeteritis, adversa secundis auguratus, spem salutis nullo suorum desperante proiecit.&nbsp; Iam illud nonne et magis terribile et non minus mirum est quod exponam ut accepi?&nbsp; Erat Athenis spatiosa et capax domus sed infamis et pestilens. Per silentium noctis sonus ferri, et si attenderes acrius, strepitus vinculorum longius primo, deinde e proximo reddebatur: mox apparebat idolon, senex macie et squalore confectus, promissa barba horrenti capillo; cruribus compedes, manibus catenas gerebat quatiebatque.&nbsp; Inde inhabitantibus tristes diraeque noctes per metum vigilabantur; vigiliam morbus et crescente formidine mors sequebatur. Nam interdiu quoque, quamquam abscesserat imago, memoria imaginis oculis inerrabat, longiorque causis timoris timor erat. Deserta inde et damnata solitudine domus totaque illi monstro relicta; proscribebatur tamen, seu quis emere seu quis conducere ignarus tanti mali vellet.&nbsp; Venit Athenas philosophus Athenodorus, legit titulum auditoque pretio, quia suspecta vilitas, percunctatus omnia docetur ac nihilo minus, immo tanto magis conducit. Ubi coepit advesperascere, iubet sterni sibi in prima domus parte, poscit pugillares stilum lumen, suos omnes in interiora dimittit; ipse ad scribendum animum oculos manum intendit, ne vacua mens audita simulacra et inanes sibi metus fingeret.&nbsp; Initio, quale ubique, silentium noctis; dein concuti ferrum, vincula moveri. Ille non tollere oculos, non remittere stilum, sed offirmare animum auribusque praetendere. Tum crebrescere fragor, adventare et iam ut in limine, iam ut intra limen audiri. Respicit, videt agnoscitque narratam sibi effigiem. Stabat innuebatque digito similis vocanti. Hic contra ut paulum exspectaret manu significat rursusque ceris et stilo incumbit. Illa scribentis capiti catenis insonabat. Respicit rursus idem quod prius innuentem, nec moratus tollit lumen et sequitur.&nbsp; Ibat illa lento gradu quasi gravis vinculis. Postquam deflexit in aream domus, repente dilapsa deserit comitem. Desertus herbas et folia concerpta signum loco ponit.&nbsp; Postero die adit magistratus, monet ut illum locum effodi iubeant. Inveniuntur ossa inserta catenis et implicita, quae corpus aevo terraque putrefactum nuda et exesa reliquerat vinculis; collecta publice sepeliuntur. Domus postea rite conditis manibus caruit.&nbsp; Et haec quidem affirmantibus credo; illud affirmare aliis possum. Est libertus mihi non illitteratus. Cum hoc minor frater eodem lecto quiescebat. Is visus est sibi cernere quendam in toro residentem, admoventemque capiti suo cultros, atque etiam ex ipso vertice amputantem capillos. Ubi illuxit, ipse circa verticem tonsus, capilli iacentes reperiuntur.&nbsp; Exiguum temporis medium, et rursus simile aliud priori fidem fecit. Puer in paedagogio mixtus pluribus dormiebat. Venerunt per fenestras &#8211; ita narrat &#8211; in tunicis albis duo cubantemque detonderunt et qua venerant recesserunt. Hunc quoque tonsum sparsosque circa capillos dies ostendit.&nbsp; Nihil notabile secutum, nisi forte quod non fui reus, futurus, si Domitianus sub quo haec acciderunt diutius vixisset. Nam in scrinio eius datus a Caro de me libellus inventus est; ex quo coniectari potest, quia reis moris est summittere capillum, recisos meorum capillos depulsi quod imminebat periculi signum fuisse.&nbsp; Proinde rogo, eruditionem tuam intendas. Digna res est quam diu multumque consideres; ne ego quidem indignus, cui copiam scientiae tuae facias.&nbsp; Licet etiam utramque in partem &#8211; ut soles &#8211; disputes, ex altera tamen fortius, ne me suspensum incertumque dimittas, cum mihi consulendi causa fuerit, ut dubitare desinerem. Vale.</em></p>
<p>
	<em>T&aacute;cito: Anales: 11, 21.</em></p>
<p>
	<em><strong>Del origen de Curcio Rufo, hijo, seg&uacute;n han dicho algunos, de un gladiator, no querr&iacute;a referir mentira, puesto que me averg&uuml;enzo de decir verdad. En llegando a edad juvenil, sigui&oacute; en &Aacute;frica al cuestor a quien toc&oacute; aquella provincia; y hall&aacute;ndose en Adrumeto al mediod&iacute;a, pase&aacute;ndose pensativo debajo de unos soportales, se le apareci&oacute; una sombra en figura de mujer mayor que humana, de quien o&iacute;a esta voz: T&uacute; eres Rufo, aquel que vendr&aacute; a ser proc&oacute;nsul en esta provincia. Con este ag&uuml;ero, hinchi&eacute;ndosele el coraz&oacute;n de grandes esperanzas, se volvi&oacute; a Roma, donde con la liberalidad de sus amigos y con su ingenio levantado alcanz&oacute; el oficio de cuestor; y, despu&eacute;s de esto, entre muchos nobles competidores, por voto del pr&iacute;ncipe la pretura; cubriendo Tiberio la bajeza de su nacimiento con estas mismas palabras: A m&iacute; me parece que Curcio Rufo es hijo de s&iacute; mismo. Con esto y con vivir despu&eacute;s muchos a&ntilde;os siempre maligno adulador con los mayores, arrogante con los inferiores y con los iguales insufrible, alcanz&oacute; el imperio consular, las insignias triunfales y a lo &uacute;ltimo el gobierno de &Aacute;frica, donde, muriendo, cumpli&oacute; el pron&oacute;stico fatal.</strong> (Traducci&oacute;n de Carlos Coloma)</em></p>
<p>
	<em>De origine Curtii Rufi, quem gladiatore genitum quidam prodidere, neque falsa prompserim et vera exequi pudet. postquam adolevit, sectator quaestoris, cui Africa obtigerat, dum in oppido Adrumeto vacuis per medium diei porticibus secretus agitat, oblata ei species muliebris ultra modum humanum et audita est vox &#39;tu es, Rufe, qui in hanc provinciam pro consule venies.&#39; tali omine in spem sublatus degressusque in urbem largitione amicorum, simul acri ingenio quaesturam et mox nobilis inter candidatos praeturam principis suffragio adsequitur, cum hisce verbis Tiberius dedecus natalium eius velavisset: &#39;Curtius Rufus videtur mihi ex se natus.&#39; longa post haec senecta, et adversus superiores tristi adulatione, adrogans minoribus, inter pares difficilis, consulare imperium, triumphi insignia ac postremo Africam obtinuit; atque ibi defunctus fatale praesagium implevit.</em></p>
<p>
	<em>San Agust&iacute;n</em>, en su <em>Ciudad de Dios</em>, se refiere a un prodigio bien famoso en la <em>Antig&uuml;edad</em>: las l&aacute;grimas que derram&oacute; la estatua de <em>Apolo en Cumas</em>, en la <em>Magna Grecia</em>, con ocasi&oacute;n de la guerra entre los romanos y los griegos, cuando Publio Craso muri&oacute; en una batalla con <em>Arist&oacute;nico</em>. Piensa S<em>an Agust&iacute;n </em>que estas son cosas de los demonios que los poetas nos presentan como ciertas, pero desde entonces hasta hoy y tambi&eacute;n mucho antes, muchas estatuas de dioses, v&iacute;rgenes y santos han llorado con frecuencia, doli&eacute;ndose de los errores de los hombres.</p>
<p>
	<em>Ciudad de Dios, III, 11</em></p>
<p>
	<em><strong>El llanto de la estatua de Apolo de Cumas se crey&oacute; anunciador del desastre de los griegos, a quienes no hab&iacute;a podido auxiliar. No hay otra raz&oacute;n que la que acabamos de exponer para la noticia de que el famoso Apolo de Cumas estuvo cuatro d&iacute;as llorando durante la guerra contra los aqueos y su rey Arist&oacute;nico. Los ar&uacute;spices, aterrados por tal prodigio, creyeron que era preciso arrojar al mar la estatua. Pero los ancianos de Cumas se opusieron a ello, aduciendo que un prodigio semejante hab&iacute;a aparecido en la misma estatua durante la guerra de Ant&iacute;oco y la de Perseo. Dieron fe, adem&aacute;s, de que en vista de la victoria de los romanos, el Senado, por decreto, envi&oacute; presentes a este mismo Apolo. Se hizo venir a otros agoreros, tenidos por m&aacute;s peritos. Respondieron &eacute;stos que las l&aacute;grimas de la estatua de Apolo eran venturosas para Roma, precisamente porque, siendo Cumas colonia griega, el Apolo envuelto en l&aacute;grimas era expresi&oacute;n de luto y desastre para su propio pa&iacute;s, de donde se le hab&iacute;a tra&iacute;do, es decir, para Grecia. Poco tiempo despu&eacute;s lleg&oacute; la noticia de que el rey Arist&oacute;nico hab&iacute;a sido derrotado y hecho prisionero. Esta victoria era evidentemente contraria a la voluntad de Apolo, y de ello se dol&iacute;a. Testimonio eran hasta las l&aacute;grimas de un &iacute;dolo de piedra.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Deducimos de este episodio c&oacute;mo los poetas no andan del todo descaminados de la realidad al escribir la conducta de los demonios en sus poemas, por m&aacute;s que sean pura f&aacute;bula. Diana, seg&uacute;n Virgilio, sinti&oacute; dolorosamente la suerte de Camila, y H&eacute;rcules llor&oacute; la inminente muerte de Palante. Por eso, quiz&aacute;, Numa Pompilio, disfrutando de su larga paz, ignoraba a qui&eacute;n la deb&iacute;a, y tampoco se preocupaba de ello cuando se preguntaba en su tranquila ociosidad a qu&eacute; dioses deb&iacute;a encomendar la salvaci&oacute;n de Roma y su soberan&iacute;a.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>No cre&iacute;a que el verdadero, todopoderoso y supremo Dios se preocupara de los bienes terrenos, y no olvidaba que los dioses tra&iacute;dos por Eneas de Troya no hab&iacute;an sido capaces de mantener por largo tiempo ni el reino de Troya ni el de Lavinio, fundado por el mismo Eneas. Se crey&oacute;, pues, en el deber de buscar otros dioses, a&ntilde;adi&eacute;ndolos a los anteriores, ya sean los que R&oacute;mulo hab&iacute;a introducido en Roma o bien los que hab&iacute;an de introducirse con la destrucci&oacute;n de Alba. Unos como guardianes de los fugitivos y otros como auxilio de los m&aacute;s d&eacute;biles.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Santos Santamarta del R&iacute;o, OSA y Miguel Fuertes Lanero, OSA)</p>
<p>
	<em>Neque enim aliunde Apollo ille Cumanus, cum adversus Achivos regemque Aristonicum bellaretur, quatriduo flevisse nuntiatus est ; quo prodigio haruspices territi cum id simulacrum in mare putavissent esse proiciendum, Cumani senes intercesserunt atque rettulerunt tale prodigium et Antiochi et Persis bello in eodem apparuisse figmento, et quia Romanis feliciter provenisset, ex senatus consulto eidem Apollini suo dona missa esse testati sunt. Tunc velut peritiores acciti haruspices responderunt simulacri Apollinis fletum ideo prosperum esse Romanis, quoniam Cumana colonia Graeca esset, suisque terris, unde accitus esset, id est ipsi Graeciae, luctum et cladem Apollinem significasse plorantem. Deinde mox regem Aristonicum victum et captum esse nuntiatum est, quem vinci utique Apollo nolebat et dolebat et hoc sui lapidis etiam lacrimis indicabat. Unde non usquequaque incongrue quamvis fabulosis, tamen veritati similibus mores daemonum describuntur carminibus poetarum. Nam Camillam Diana doluit apud Vergilium et Pallantem moriturum Hercules flevit . Hinc fortassis et Numa Pompilius pace abundans, sed quo donante nesciens nec requirens, cum cogitaret otiosus, quibusnam diis tuendam Romanam salutem regnumque committeret, nec verum illum atque omnipotentem summum Deum curare opinaretur ista terrena, atque recoleret Troianos deos, quos Aeneas advexerat, neque Troianum neque Laviniense ab ipso Aenea conditum regnum diu conservare potuisse: alios providendos existimavit, quos illis prioribus, qui sive cum Romulo iam Romam transierant, sive quandoque Alba eversa fuerant transituri, vel tamquam fugitivis custodes adhiberet vel tamquam invalidis adiutores.</em></p>
<p>
	Los ejemplos podr&iacute;an ser innumerables.</p>
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		<title>Prodigios, milagros, maravillas, portentos, fenómenos, monstruos (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 17 Jun 2017 08:20:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Dioses y Religión]]></category>
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					<description><![CDATA[Quizás algún lector se haya preguntado alguna vez de dónde nos viene esta tentación tan antigua y tan moderna de creer en hechos maravillosos e inexplicables, a los que con frecuencia se les concede la cualidad de milagros, hechos divinos, mensajes de la divinidad y del más allá.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Quizás algún lector se haya preguntado alguna vez de dónde nos viene esta tentación tan antigua y tan moderna de creer en hechos maravillosos e inexplicables, a los que con frecuencia se les concede la cualidad de milagros, hechos divinos, mensajes de la divinidad y del más allá.</b></p>
<p>
	En el presente art&iacute;culo encontrar&aacute;n decenas de milagros y hechos maravillosos e inexplicables que ya se produc&iacute;an en la <em>Antig&uuml;edad </em>y de los que se dejaba constancia en los textos escritos hace m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os. Y con toda seguridad esta debilidad de un ser tan racional como el hombre ven&iacute;a ya de un pasado de miles de a&ntilde;os antes, tantos como tiene la humanidad. De esta y otras debilidades se alimentan todo tipo de supersticiones y religiones.</p>
<p>
	Pero &iquest;qu&eacute; es un prodigio, un milagro, una maravilla, un portento, un fen&oacute;meno, un monstruo de la naturaleza?</p>
<p>
	De entrada nos serviremos de la etimolog&iacute;a y su fuerza significativa para explicar el significado de estos t&eacute;rminos y algunos otros:</p>
<p>
	<em>Prodigio</em>: del lat&iacute;n &ldquo;<em>Prodigium</em>&rdquo;,&nbsp; &ldquo;<em>Portento</em>&rdquo; del lat&iacute;n &ldquo;<em>portentum</em>&rdquo; y &ldquo;<em>presagio</em>&rdquo; del lat&iacute;n &ldquo;<em>praesagium</em>&rdquo;&nbsp; vienen a significar lo mismo en lat&iacute;n: <em>se&ntilde;al divina.</em></p>
<p>
	El <em>Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola</em> define &ldquo;<em>prodigio</em>&rdquo; como &ldquo;<em>Suceso extra&ntilde;o que excede los l&iacute;mites regulares de la naturaleza</em>&rdquo; . Y &ldquo;<em>portento</em>&rdquo; como&nbsp; &ldquo;C<em>osa, acci&oacute;n o suceso singular que por su extra&ntilde;eza o novedad causa admiraci&oacute;n o terror&rdquo;</em> , y &ldquo;<em>presagio</em>&rdquo; como:&nbsp; <em>&ldquo;1. Se&ntilde;al que indica, previene y anuncia un suceso.2. Especie de adivinaci&oacute;n o conocimiento de las cosas futuras por medio de se&ntilde;ales que se han visto o de intuiciones y sensaciones&rdquo;.</em></p>
<p>
	La etimolog&iacute;a de&nbsp; &ldquo;<em>prodigium</em>&rdquo; no es segura; se ha relacionado&nbsp; con &ldquo;<em>prod- agio</em>,&rdquo; y este con &ldquo;<em>aio</em>&rdquo; que significa <em>hablar, decir,</em> y por eso, tal vez err&oacute;neamente <em>Cicer&oacute;n </em>lo relaciona con &ldquo;<em>pro-dico</em>&rdquo;; pero m&aacute;s bien parece estar relacionado con &ldquo;<em>ago</em>&rdquo;, &ldquo;<em>llevar, empujar, conducir&rdquo;.</em></p>
<p>
	&ldquo;<em>Praesagium</em>&rdquo; se relaciona con &ldquo;<em>prae- &ldquo;ante, delante</em>&rdquo; y &ldquo;<em>sagire&quot;</em>, infinitivo de &quot;<em>sagio</em>&rdquo;, <em>percibir, sentir </em>,&nbsp; de d&oacute;nde deriva <em>sagax</em>, que ha dado nuestro &ldquo;<em>sagaz</em>&rdquo;. Por eso <em>Cicer&oacute;n </em>dice en su <em>De divinatione, 1,31,65:</em></p>
<p>	<em><strong>Ahora sagire significa &quot;tener una percepci&oacute;n aguda&quot;. Por eso, algunas ancianas se llaman sagae, (brujas) porque se supone que conocen mucho, y se dice que los perros son &laquo;sagaces&raquo;. Y as&iacute; el que tiene conocimiento de una cosa antes de que suceda se dice que &quot;presagia&quot;, es decir, percibe el futuro por adelantado.</strong></em></p>
<p>
	<em>&ldquo;sagire sentire acute est: ex quo sagae anus, quia multa scire volunt; et sagaces dicti canes. Is igitur, qui ante sagit quam oblata res est, dicitur praesagire, id est futura ante sentir&eacute;&rdquo;</em></p>
<p>
	M&aacute;s segura parece la de &ldquo;<em>portentum</em>&rdquo; con &ldquo;<em>pro</em>&#8211; (efecto de <em>met&aacute;tesis </em>o cambio de posici&oacute;n de alg&uacute;n fonema) y <em>tendo</em>:<em> dirigir, tender,..,</em> que define la <em>Real Academia</em> como <em>&ldquo;Cosa, acci&oacute;n o suceso singular que por su extra&ntilde;eza o novedad causa admiraci&oacute;n o terror&rdquo;.</em></p>
<p>
	<em>Maravilla</em>: es un &ldquo;<em>suceso o cosa extraordinarios que causan admiraci&oacute;n</em>&rdquo;. La palabra procede de la latina &ldquo;<em>mirabilia</em>&rdquo;, <em>cosas admirables</em>, que es el plural neutro de &ldquo;<em>mirabilis</em>&rdquo;, <em>admirable</em>, que se forma de la ra&iacute;z del verbo &ldquo;<em>mirari</em>&rdquo;, <em>admirar</em>, y del adjetivo &ldquo;<em>mirus, -a,-um</em>&rdquo;, <em>maravilloso, extra&ntilde;o, sorprendente</em>.</p>
<p>
	De la misma ra&iacute;z y palabras proceden <em>mirar, admira</em>r, y sus compuestos y tambi&eacute;n &ldquo;<em>milagro</em>&rdquo;, de &ldquo;<em>miraculum</em>&rdquo;, con <em>met&aacute;tesis </em>o cambio de posici&oacute;n las consonantes &ldquo;<em>r</em>&rdquo; y &ldquo;<em>l</em>&rdquo;. (como ocurre en &ldquo;<em>par&aacute;bola y palabra&rdquo;)</em></p>
<p>
	La<em> RAE</em> define <em>milagro </em>como: <em>&ldquo;1. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervenci&oacute;n sobrenatural de origen divino. 2. m. Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa.&rdquo;</em></p>
<p>
	De la misma ra&iacute;z proceden la francesa&nbsp; &ldquo;<em>miroir</em>&rdquo;,&nbsp; y la inglesa &ldquo;<em>mirror</em>&rdquo;, espejo. La espa&ntilde;ola &ldquo;<em>espejo</em>&rdquo; deriva de &ldquo;speculum&rdquo;, derivada de &ldquo;<em>spicere</em>&rdquo; que significa ver, mirar, observar, de donde &ldquo;<em>specto y spectaculum, espect&aacute;culo, etc..</em></p>
<p>
	<em>Fen&oacute;meno </em>es una palabra griega &phi;&alpha;&iota;&nu;ό&mu;&epsilon;&nu;&omicron;&nu; <em>phain&oacute;menon</em>, que nos ha llegado a trav&eacute;s del lat. tard&iacute;o <em>phaenomĕnon </em>;&nbsp; el verbo griego &phi;&alpha;&iota;&nu;&epsilon;ῖ&nu;, <em>phainein </em>significa&nbsp;&nbsp;<em> brillar, hacer brillar, aparecer; mostrar, hacer ver. </em>La <em>RAE </em>lo define como: &ldquo;<em>1. m. Toda manifestaci&oacute;n que se hace presente a la consciencia de un sujeto y aparece como objeto de su percepci&oacute;n. 2. m. Cosa extraordinaria y sorprendente. 3. m. coloq. Persona o animal monstruoso.&rdquo;</em></p>
<p>
	Con estos t&eacute;rminos est&aacute;n relacionados tambi&eacute;n &ldquo;<em>or&aacute;culo</em>&rdquo;,&nbsp; del lat&iacute;n <em>oraculum </em>y este de <em>orare</em>, <em>hablar</em>, que significa etimol&oacute;gicamente <em>mensaje</em>, <em>comunicado</em>, <em>parlamento</em>.</p>
<p>
	Y tambi&eacute;n&nbsp; &ldquo;<em>profec&iacute;a</em>&rdquo;, &ldquo;<em>predicci&oacute;n hecha en virtud de don sobrenatural.</em>&rdquo; Palabra griega que nos ha llegado como tantas otras a trav&eacute;s del lat&iacute;n: <em>propheta</em>, griego <em>proph&ecirc;t&ecirc;s</em>, &pi;&rho;&omicron;&phi;ή&tau;&eta;&sigmaf;,&nbsp; &quot;<em>que dice con anticipaci&oacute;n&quot;, de &gt; &pi;&rho;&omicron;- (pro-) (antes) y&nbsp; &phi;&eta;&mu;ί, phem&iacute;,&nbsp; hablar.</em></p>
<p>
	En todo caso en el mundo romano un &ldquo;<em>prodigio</em>&rdquo; es una se&ntilde;al de los dioses con la que anuncian a los hombres un suceso futuro, bueno o malo; incluye por tanto los <em>presagios </em>y los <em>augurios</em>.</p>
<p>
	<em>Augurio, augur, ar&uacute;spice</em>&nbsp; son t&eacute;rminos que merecen otro art&iacute;culo extenso. Sea suficiente ahora recordar que un &ldquo;<em>augur</em>&rdquo; es un sacerdote, en su origen <em>etrusco</em>, que observa el cielo y las se&ntilde;ales de los dioses, se&ntilde;ales que por eso se llaman &ldquo;augurios&rdquo;. Los <em>ar&uacute;spices</em>, tambi&eacute;n <em>etruscos</em>, analizan las entra&ntilde;as de los animales sacrificados a los dioses para observar en ellas los mensajes de la divinidad.</p>
<p>
	Con un sentido m&aacute;s restringido, prodigio se refiere a cualquier incidente extra&ntilde;o o aparici&oacute;n maravillosa que se supone que anuncia una desgracia y que por tanto suele aparecer en circunstancias calamitosas tanto para la sociedad colectiva como para el individuo.</p>
<p>
	El mismo <em>Cicer&oacute;n </em>nos dice en<em> De divinitatione, I, 42 (93)&nbsp; y ss.</em>&nbsp; que es sin&oacute;nimo de <em>ostentum</em>, <em>monstrum </em>y <em>portentum</em>&rdquo;:</p>
<p>
	<em><strong>porque, como se nos aparecen, se nos ponen por delante, se nos muestran y nos aportan predicciones, se llaman &lsquo;aparicio&not;nes&rsquo;, &lsquo;portentos&rsquo;, &lsquo;monstruos&rsquo; y &lsquo;prodigios&rsquo; .</strong></em></p>
<p>
	&ldquo;<em>Quia enim ostendunt, portendunt, monstrant, praedicunt; ostenta, portenta, monstra, prodigia dicuntur&rdquo;.</em></p>
<p>
	Ampl&iacute;o un poco la cita porque nos sirve de perfecta ambientaci&oacute;n de lo que estamos tratando. Pero antes quiero referirme al t&eacute;rmino &ldquo;<em>monstruo</em>&rdquo;, que derivado del verbro &ldquo;<em>monstrare</em>&rdquo;, <em>ense&ntilde;ar, mostrar</em>, no es sino &ldquo; <em>todo ser, fen&oacute;meno o suceso inesperado y fuera de lo acostumbrado que precisamente por ello produce una importante conmoci&oacute;n en quien lo ve o siente</em>&rdquo;, es decir, &ldquo;<strong>indica, muestra, advierte de algo especial</strong>&rdquo;. Hoy en castellano, la palabra &ldquo;<em>monstruo</em>&rdquo; tiene m&aacute;s frecuentemente un significado <em>peyorativo</em>, referido a algo malo o inadecuado, pero no siempre es as&iacute; y tambi&eacute;n mantiene el significado de algo especialmente positivo, como cuando decimos de un artista, cada uno elija a su &iacute;dolo, que es un &ldquo;<em>monstruo de la naturaleza</em>&rdquo;, como <em>Cervantes</em> defini&oacute; al autor de teatro del <em>Siglo de Oro Espa&ntilde;ol Lope de Vega y Carpio</em> impresionado por la facilidad del escritor para escribir comedias; en veinticuatro horas escrib&iacute;a una obra, seg&uacute;n confesi&oacute;n propia atribuida a &eacute;l mismo: &ldquo;<em>m&aacute;s de ciento, en horas veinticuatro/ pasaron de las Musas al teatro&rdquo;.</em></p>
<p>
	As&iacute; lo encontramos en la <em>Egloga a Claudio</em></p>
<p>
	<em><strong>Mil y quinientas f&aacute;bulas admira,<br />
	Que la mayor, el numero parece,<br />
	Verdad que desmerece,<br />
	Por parecer mentira,<br />
	Pues m&aacute;s de ciento en horas veinticuatro<br />
	Pasaron de las Musas al teatro.</strong></em></p>
<p>
	<em>Texto amplio de Divinatione I, 42 (93) y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Y a m&iacute;, al menos, me parece que la adopci&oacute;n de cada procedimiento adivinatorio ha dependido tambi&eacute;n del tipo de lugar que ocupaba, propiamente, cada colectividad. En<br />
	efecto: los egipcios, al igual que los babilonios, habitantes de extensiones llanas y abiertas, como no sobresal&iacute;a de la tierra nada que pudiera estorbarles para la contemplaci&oacute;n del cielo, pusieron toda su atenci&oacute;n en el conocimiento de los astros. Los etruscos, por su parte, puesto que, imbui&not;dos de su religi&oacute;n, inmolaban v&iacute;ctimas con gran dedicaci&oacute;n y frecuencia, se entregaron sobre todo al conocimiento de las entra&ntilde;as, convirti&eacute;ndose en ejercitad&iacute;simos int&eacute;rpretes de las apariciones, ya que, a causa de la densidad del aire, se produc&iacute;an entre ellos muchas descargas del cielo, y ya que, por esa misma causa, se originaban muchos fen&oacute;menos nunca vistos: procedentes del cielo, en parte, otros de la tie&not;rra, y algunos a ra&iacute;z incluso de la concepci&oacute;n y generaci&oacute;n de hombres y ganados. El car&aacute;cter de estas apariciones lo revelan adem&aacute;s &mdash; como t&uacute; sueles decir&mdash; los propios vocablos que les asignaron sabiamente nuestros mayores, por&not; que, como se nos aparecen, se nos ponen por delante, se nos muestran y nos aportan predicciones, se llaman &lsquo;aparicio&not;nes&rsquo;, &lsquo;portentos&rsquo;, &lsquo;monstruos&rsquo; y &lsquo;prodigios&rsquo; .</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Por su parte, los &aacute;rabes, los frigios y los cilicios, como recurren sobre todo al pastoreo de ganado, recorriendo los cam&not;pos y los montes en invierno y en verano, tuvieron por ello m&aacute;s f&aacute;cil el dejar constancia &laquo;de los cantos y de los vuelos de las aves. La misma motivaci&oacute;n hall&oacute; Pisidia, as&iacute; como esta Umbr&iacute;a nuestra. Por &uacute;ltimo, toda Caria y, principalmente, los de Telmeso que antes dije prefirieron prestar atenci&oacute;n a las apariciones, dado que habitan campi&ntilde;as ub&eacute;rrimas y sumamente f&eacute;rtiles, en las que, gracias a su fecundidad, puede formarse y desarrollarse una multitud de seres.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pues bien, &iquest;qui&eacute;n no advierte que, en todo Estado de pro, han tenido gran vigencia los auspicios y los dem&aacute;s tipos de adivinaci&oacute;n? &iquest;Acaso ha habido alg&uacute;n rey o alg&uacute;n pueblo<br />
	que no recurriera a las predicciones divinas? Y no s&oacute;lo en tiempo de paz, sino mucho m&aacute;s, incluso, en tiempo de gue&not;rra, por el hecho de que el peligro y el riesgo que corr&iacute;a la supervivencia eran mayores. Dejo a un lado a los nuestros, que no emprenden nada, en tiempo de guerra, sin consultar las entra&ntilde;as, y que nada preservan, sin consultar los auspicios, en tiempo de paz. Veamos lo del extranjero: resulta que los atenienses recurrieron siempre, para todas sus decisiones de car&aacute;cter p&uacute;blico, a unos sacerdotes adivinos a los que llamaban m&aacute;nteis ; los lacedemonios otorgaron a sus reyes un augur como consejero, y quisieron, asimismo, que un augur asistiese a &lsquo;los ancianos&rsquo; (porque as&iacute; llaman al consejo p&uacute;blico); y tambi&eacute;n recababan siempre un or&aacute;&not;culo de Delfos, del santuario de Ham&oacute;n o de Dodona para los asuntos de mayor importancia.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Licurgo al menos, quien se encarg&oacute; de regular el Estado de los lacedemonios, refrend&oacute; sus propias leyes mediante la autoridad del Apolo d&eacute;lfico; cuando Lisandro quiso cam&not;biarlas, se vio impedido por esa misma instancia religiosa. Pues bien, adem&aacute;s, quienes estaban al frente de los lacedemonios, no satisfechos con sus desvelos durante la vigilia, iban a acostarse al templete de Pas&iacute;fae &mdash; que se encuentra en la campi&ntilde;a pr&oacute;xima a su ciudad&mdash; para recabar sue&ntilde;os, ya que consideraban verdaderos aquellos or&aacute;culos que se les ofrec&iacute;an mientras reposaban.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Angel Escobar. Editorial Gredos)</p>
<p>
	<em>Ac mihi quidem videntur e locis quoque ipsis, qui&nbsp; a quibusque incolebantur, divinationum oportunitates esse ductae. Etenim Aegyptii et Babylonii in camporum patentium aequoribus habitantes, cum ex terra nihil emineret, quod contemplationi caeli officere posset, omnem curam in siderum cognitione posuerunt, Etrusci autem, quod religione inbuti studiosius et crebrius hostias immolabant, extorum cognitioni se maxume dediderunt, quodque propter a&euml;ris crassitudinem&nbsp; de caelo apud eos multa fiebant, et quod ob eandem causam multa invisitata partim e caelo, alia ex terra oriebantur, quaedam etiam ex hominum pecudumve conceptu et satu, ostentorum exercitatissimi interpretes exstiterunt. Quorum quidem vim, ut tu soles dicere, verba ipsa prudenter a maioribus posita declarant. Quia enim ostendunt, portendunt, monstrant, praedicunt, ostenta, portenta, monstra, prodigia dicuntur. Arabes autem et Phryges et Cilices, quod pastu pecudum maxume utuntur campos et montes hieme et aestate peragrantes, propterea facilius cantus avium et volatus notaverunt; eademque et Pisidiae causa fuit&nbsp; et huic nostrae Umbriae. Tum Caria tota praecipueque Telmesses, quos ante dixi, quod agros uberrumos maximeque fertiles incolunt, in quibus multa propter fecunditatem fingi gignique possunt, in ostentis animadvertendis diligentes fuerunt.&nbsp;<br />
	&nbsp; Quis vero non videt in optuma quaque re publica plurimum auspicia et reliqua divinandi genera valuisse? Quis rex umquam fuit, quis populus, qui non uteretur praedictione divina? neque solum in pace, sed in bello multo etiam magis, quo maius erat certamen et discrimen salutis. Omitto nostros, qui nihil in bello sine extis agunt, nihil sine auspiciis domi [habent auspicia]; externa videamus: Namque et Athenienses omnibus semper publicis consiliis divinos quosdam sacerdotes, quos &mu;ά&nu;&tau;&epsilon;&iota;&sigmaf; vocant, adhibuerunt, et Lacedaemonii regibus suis augurem adsessorem dederunt, itemque senibus (sic enim consilium publicum appellant) augurem interesse voluerunt, iidemque de rebus maioribus semper aut Delphis oraclum aut ab Hammone aut a Dodona petebant. Lycurgus quidem, qui Lacedaemoniorum rem publicam temperavit, leges suas auctoritate Apollinis Delphici confirmavit; quas cum vellet Lysander commutare, eadem est prohibitus religione. Atque etiam qui praeerant Lacedaemoniis, non contenti vigilantibus curis in Pasiphaae fano,&nbsp; quod est in agro propter urbem, somniandi causa excubabant, quia vera quietis oracla ducebant. Ad nostra iam redeo. Quotiens senatus decemviros ad libros ire iussit! quantis in rebus quamque saepe responsis haruspicum paruit! Nam et cum duo visi soles sunt et cum tres lunae et cum faces, et cum sol nocte visus est, et cum e caelo fremitus auditus, et cum caelum discessisse visum est atque in eo animadversi globi, delata etiam ad senatum labe agri Privernatis, cum&nbsp; ad infinitam altitudinem terra desedisset Apuliaque maximis terrae motibus conquassata esset (quibus portentis magna populo Romano bella perniciosaeque seditiones denuntiabantur; inque his omnibus responsa haruspicum cum Sibyllae versibus congruebant); quid? cum Cumis Apollo sudavit, Capuae Victoria? quid?&nbsp; ortus androgyni nonne fatale quoddam monstrum fuit? quid? cum fluvius Atratus sanguine fluxit? quid? cum saepe lapidum, sanguinis non numquam, terrae interdum, quondam etiam lactis imber defluxit? quid? cum in Capitolio ictus Centaurus e caelo est, in Aventino portae et homines, Tusculi aedes Castoris et Pollucis Romaeque Pietatis: nonne et haruspices ea responderunt, quae evenerunt, et in Sibyllae libris eaedem repertae praedictiones sunt?&nbsp;</em></p>
<p>
	Naturalmente se cree que el catastr&oacute;fico anuncio puede ser evitado mediante las ofrendas y ritos adecuados que reviertan el presagio.</p>
<p>
	Los ritos son recogidos y explicados en &rdquo;<em>libros de pr&aacute;cticas&rdquo;</em> necesarias para el efecto. que son de origen etrusco. Si el fen&oacute;meno es especialmente grave se ha de recurrir a alg&uacute;n adivino de reconocido prestigio, a los <em>Libros Sibilinos</em> o los <em>or&aacute;culos </em>famosos como el de <em>Delfos</em>. De las <em>Sibilas </em>hablaremos en otra ocasi&oacute;n.</p>
<p>
	Falta tambi&eacute;n en ingl&eacute;s, pero puede ser interesante reproducir el texto de Ovidio, Metamorfosis XV, 552 y ss. en donde nos cuenta c&oacute;mo aparece Teages y ense&ntilde;a a los etruscos a revelar el futuro..</p>
<p>
	Los antiguos en general y de manera especial los <em>romanos </em>eran muy supersticiosos, y por ello toda su vida social, religiosa y cultura est&aacute; plagada de ritos y prevenciones de todo tipo.</p>
<p>
	Tanto les atraen e importan estos fen&oacute;menos dir&iacute;amos hoy &ldquo;<em>paranormales</em>&rdquo;, que existen unos colegios sacerdotales especializados en la interpretaci&oacute;n de ellos; son los <em>augures </em>que observan permanentemente el cielo y el vuelo de las aves y los <em>ar&uacute;spices </em>que analizan permanentemente las entra&ntilde;as de los animales que tan frecuentemente sacrifican a su dioses, como anteriormente coment&eacute;.</p>
<p>
	El poeta Ovidio nos cuenta en sus Metamorfosis (por lo dem&aacute;s obra plagada de prodigios) c&oacute;mo aparece Teages, que ense&ntilde;a a los etruscos a revelar el futuro seg&uacute;n las se&ntilde;ales anteriormente referidas:</p>
<p>
	<em>Metamorfosis XV, 547 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Pero las calamidades ajenas no son capaces de aliviar la aflicci&oacute;n de Egeria (esposa del rey Numa Pompilio); y tendida en la parte m&aacute;s baja de la falda de un monte se deshace en l&aacute;grimas hasta que la hermana de Febo (Diana), impresionada por la piedad de la apenada, hizo de su cuerpo una helada fuente y adelgaz&oacute; sus miembros hasta convertirlos en inagotables aguas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El prodigio maravill&oacute; a las ninfas y tambi&eacute;n el hijo de la Amazona (Hip&oacute;lito) se qued&oacute;&nbsp; no de otro modo at&oacute;nico que el labrador tirreno cuando en mitad del campo vio c&oacute;mo un terr&oacute;n marcado por el destino se mov&iacute;a, por s&iacute; mismo al principio y sin que nadie lo empujara, y en seguida tom&oacute; forma de hombre y perd&iacute;a la tierra y abr&iacute;a la flamante boca para pronunciar el destino venidero: los nativos lo llamaron Tages, y fue el primero que ense&ntilde;&oacute; al pueblo etrusco a revelar los sucesos futuros; o a la manera como R&oacute;mulo vio anta&ntilde;o que de repente se cubr&iacute;a de hojas su lanza clavada en la colina palatina, y que se ergu&iacute;a sobre una ra&iacute;z antes inexistente y no ya sobre el hierro hincado en tierra, y, sin ser ya un arma, sino un &aacute;rbol, una flexible mimbrera, ofrec&iacute;a insospechada sombra a los admirados espectadores.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater.CSIC.)</p>
<p>
	<em>Non tamen Egeriae luctus aliena levare<br />
	damna valent, montisque iacens radicibus imis<br />
	liquitur in lacrimas, donec pietate dolentis<br />
	mota soror Phoebi gelidum de corpore fontem<br />
	fecit et aeternas artus tenuavit in undas.<br />
	Et nymphas tetigit nova res, et Amazone natus<br />
	haud aliter stupuit, quam cum Tyrrhenus arator<br />
	fatalem glaebam mediis adspexit in arvis<br />
	sponte sua primum nulloque agitante moveri,<br />
	sumere mox hominis terraeque amittere formam<br />
	oraque venturis aperire recentia fatis<br />
	(indigenae dixere Tagen, qui primus Etruscam<br />
	edocuit gentem casus aperire futuros);<br />
	utve Palatinis haerentem collibus olim<br />
	cum subito vidit frondescere Romulus hastam,<br />
	quae radice nova, non ferro stabat adacto<br />
	et iam non telum, sed lenti viminis arbor<br />
	non exspectatas dabat admirantibus umbras;</em></p>
<p>
	E incluso elaboran amplias listas, &iacute;ndices y libros en los que se recogen esas &ldquo;<em>maravillas</em>&rdquo;, los &ldquo;<em>mirabilia</em>&rdquo;. Son las <em>paradoxograf&iacute;as</em>.&nbsp; Naturalmente, fueron los griegos los primeros en hacerlo y dentro de ellos el primero del que tenemos noticia cierta que escribe un libro espec&iacute;fico al respecto es <em>Cal&iacute;maco </em>(310 a. C. &#8211; 240 a. C.). Su desarrollo tiene lugar en la &eacute;poca <em>helen&iacute;stica </em>en conexi&oacute;n con la creaci&oacute;n de las grandes bibliotecas y centros de investigaci&oacute;n como <em>Alejadr&iacute;a </em>o <em>P&eacute;rgamo</em>.</p>
<p>
	Quienes sean proclives a creer en prodigios y milagros encontrar&aacute; en el mundo grecorromano cientos de ejemplos de hechos maravillosos, que seg&uacute;n algunos siguen produci&eacute;ndose en abundancia en nuestro mundo tan cient&iacute;ficamente estudiado. El conocimiento de estos &ldquo;<em>milagros</em>&rdquo; tan antiguos que con tanta frecuencia se producen, deber&iacute;a al menos servir a tantas personas cr&eacute;dulas para cuestionar el presunto car&aacute;cter de estos hechos prodigiosos, muchos de ellos explicables por el conocimiento y otros simplemente creaciones fant&aacute;sticas del propio hombre; como pint&oacute; <em>Goya</em>, &ldquo;<em>el sue&ntilde;o de la raz&oacute;n produce monstruos&rdquo;</em>.</p>
<p>
	Presentar&eacute; en una peque&ntilde;a serie de art&iacute;culos algunos textos de <em>Tito Livio,</em> en cuya historia siempre est&aacute;n presentes los prodigios; de los poetas <em>Lucano </em>y <em>Virgilio</em>,; de <em>Plinio el Joven y T&aacute;cito&nbsp;</em> sobre la aparici&oacute;n de una &ldquo;<em>mujer de estatura sobrehumana&rdquo;</em> y de <em>San Agust&iacute;n</em> y su <em>Ciudad de Dios</em>.&nbsp;</p>
<p>
	Tito Livio, historiador que vivi&oacute; en tiempos del emperador <em>Augusto</em>, escribi&oacute; una historia de <em>Roma</em> desde su misma fundaci&oacute;n; por eso le llama &ldquo;Ab urbe condita&rdquo;, &ldquo;<em>Desde la fundaci&oacute;n de la ciudad</em>&rdquo;. Su relato est&aacute; plagado de referencias a estos milagros, portentos y monstruos; son decenas los pasajes en los que refiere decenas y aun centenas de hechos &ldquo;<em>maravillosos</em>&rdquo;, de presagios de todo tipo. A este asunto han dedicado algunos investigadores importantes art&iacute;culos.</p>
<p>
	El cr&eacute;dulo Livio parece recoger los prodigios tal como se los ofrecen las fuentes sin&nbsp; m&aacute;s consideraci&oacute;n, pero diferencia entre <em>prodigios mayores y menores, p&uacute;blicos y privados</em>, en <em>Roma </em>o <em>fuera de Roma</em>. Presentar&eacute; m&aacute;s adelante una incompleta clasificaci&oacute;n que nos dar&aacute; idea de la variedad de prodigios.</p>
<p>
	Un momento de especial tensi&oacute;n y por tanto propicio para la aparici&oacute;n de &ldquo;<em>prodigios</em>&rdquo; es el tiempo cuando en la <em>Segunda Guerra P&uacute;nica</em> entre romanos y cartagineses, <em>Anibal </em>sale desde <em>Hispania </em>y lleva la confrontaci&oacute;n a <em>Italia</em>, atravesando los <em>Alpes </em>en invierno con sus elefantes, un gran temor y preocupaci&oacute;n se extiende entre los romanos. Esas circunstancias son un buen ambiente para que se multipliquen los rumores de prodigios de todo tipo. Algunos de ellos se siguen produciendo de vez en cuando hoy en d&iacute;a.</p>
<p>
	Citar&eacute; tan s&oacute;lo dos pasajes de <em>Tito Livio</em> de las decenas posibles como muestra suficiente y ofrecer&eacute; tambi&eacute;n una relaci&oacute;n m&aacute;s amplia con la referencia a la ubicaci&oacute;n del texto correspondiente por si el lector quisiera ampliar sus lecturas.</p>
<p>
	En la relaci&oacute;n de prodigios encontraremos rayos, meteoros y lenguas, de fuego halos y coronas luminosas, multiplicaci&oacute;n de soles y de lunas ; hendiduras y hundimientos de la tierra ; resplandores extra&ntilde;os en el cielo; lluvia de sangre, de piedras, de tierra, de leche; r&iacute;os que arrastran agua sanguinolenta; erupciones volc&aacute;nicas, transpiraci&oacute;n del bronce o del m&aacute;rmol de las estatuas; seres h&iacute;bridos o monstruosos, como caballos de cinco patas, cerdos con cabeza de hombre, animales bic&eacute;falos; animales o infantes que hablan, etc., etc.</p>
<p>
	Pues bien, estos efectos tan especiales son aprovechados frecuentemente por los poetas. Dar&eacute; tan s&oacute;lo dos ejemplos, uno del indiscutible <em>Virgilio </em>y otro de nuestro poeta de origen hispano <em>Lucano</em>. Reproducir&eacute; un texto famoso de <em>Plinio el Joven y T&aacute;cito</em> sobre las apariciones de seres de gran estatura o fantasmas.</p>
<p>
	Citar&eacute; tambi&eacute;n un pasaje de <em>La Ciudad de Dios de San Agust&iacute;n,</em> en el que se refiere y descalifica estas supersticiones.</p>
<p>
	En el caso de este &uacute;ltimo autor llama poderosamente la atenci&oacute;n la clarividencia con la que analiza las supercher&iacute;as de los ajenos y la seguridad con la que acepta las supercher&iacute;as propias; sin duda un lector ajeno a nuestra cultura no apreciar&iacute;a diferencia alguna entre las creencias de los paganos y las creencias de los cristianos; de hecho, hist&oacute;ricamente estas &uacute;ltimas se alimentan absolutamente de las primeras.</p>
<p>
	Como dec&iacute;a, las referencias a prodigios son innumerables en la obra de Tito Livio. Veremos algunos ejemplos y al final dar&eacute; una relaci&oacute;n incompleta, con alguna clasificaci&oacute;n, que nos permitir&aacute; hacernos una idea aproximada de su importancia. Un asunto de inter&eacute;s es analizar hasta qu&eacute; punto <em>Tito Livio </em>cree en estos prodigios y las fuentes de las que los toma, entre ellas&nbsp; los libros pontificales y los <em>Annales </em>oficiales en que se reflejan siguiendo la costumbre etrusca.</p>
<p>
	<em>T.Livio: Ab urbe condita, XXII,1,8 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Aumentaba m&aacute;s y m&aacute;s el temor con los prodigios que refer&iacute;an de muchos puntos a la<br />
	vez. En Sicilia, los venablos de algunos soldados se hab&iacute;an inflamado en sus manos, y de la misma manera en Cerde&ntilde;a el bast&oacute;n de un caballero que hac&iacute;a la ronda en las murallas; en la playa hab&iacute;an brillado muchos fuegos; dos escudos hab&iacute;an sudado sangre; algunos soldados hab&iacute;an sido heridos por el rayo y hab&iacute;a parecido que el disco del sol se apeque&ntilde;aba. En Prenesto hab&iacute;an ca&iacute;do del cielo piedras abrasadoras; en Arpis hab&iacute;anse visto escudos en el aire, y al sol luchando con la luna; en Capena hab&iacute;an aparecido dos lunas en pleno d&iacute;a; en Cerea hab&iacute;an arrastrado sangre las aguas, y en la fuente&nbsp; de H&eacute;rcules hab&iacute;an&nbsp; aparecido manchas sangrientas; en Anzio hab&iacute;an ca&iacute;do espigas ensangrentadas en la cesta de un segador; en Faleria se hab&iacute;a abierto en el cielo ancho desgarr&oacute;n , por el que brot&oacute; intensa luz; las suertes se hab&iacute;an contra&iacute;do por s&iacute; mismas, y hab&iacute;a ca&iacute;do una con estas palabras: &laquo;Marte blande su lanza.&raquo; En el mismo tiempo hab&iacute;anse visto en Roma, la estatua de Marte en la v&iacute;a Apia, y la de los lobos, cubierta de sudor. En Capua, en fin, hab&iacute;ase visto el fen&oacute;meno del cielo ardiendo y la luna cayendo con la lluvia. En seguida se crey&oacute; en prodigios mucho menos graves: el pelo de algunas cabras se hab&iacute;a trocado en lana, gallinas en gallos y gallos en gallinas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Habi&eacute;ndose expuesto estos hechos, seg&uacute;n se hab&iacute;an anunciado, e introducidos en el Senado los testigos, el c&oacute;nsul abri&oacute; discusi&oacute;n acerca de la cuesti&oacute;n religiosa. Decret&oacute;se que estos prodigios se expiar&iacute;an en parte con v&iacute;ctimas mayores y en parte con menores, y que delante de todos &iacute;os altares se celebrar&iacute;an, durante tres d&iacute;as, solemnes rogativas; que para lo dem&aacute;s, los decenviros consultar&iacute;an los libros sagrados , y que se har&iacute;a tambi&eacute;n lo que ordenasen los dioses por medio de los cantos de la Sibila. Por consejo de los decenviros decidi&oacute;se que se ofrecer&iacute;a &aacute; J&uacute;piter un rayo de oro de cinco libras de peso, y dones de plata a Juno y &aacute; Minerva; que se inmolar&iacute;an v&iacute;ctimas mayores a Juno Reina, sobre el Aventino, y a Juno Sospita, en Lanuvio; que las se&ntilde;oras romanas, contribuyendo cada una seg&uacute;n sus fuerzas, llevar&iacute;an una ofrenda a Juno Reina, sobre el Aventino, y que se celebrar&iacute;a un lectisterno ; en&#39;fin, que l a s mismas libertas reunir&iacute;an medios para ofrecer un don &aacute; la diosa<br />
	Feronia .&nbsp; Despu&eacute;s de estas expiaciones, los decenviros inmolaron v&iacute;ctimas mayores en el foro de Ardea. En el mes de diciembre anterior se hab&iacute;a hecho un sacrificio en Roma; en el templo de Saturno hab&iacute;ase ordenado un lectisterno y dispuesto el lecho para los senadores; hab&iacute;ase celebrado un fest&iacute;n p&uacute;blico; en fin, toda la ciudad hab&iacute;a repetido durante un d&iacute;a y una noche el grito de las saturnales, y hab&iacute;ase decretado que el pueblo conservar&iacute;a y celebrar&iacute;a en lo venidero este d&iacute;a festivo.</strong></em></p>
<p>
	augebant metum prodigia ex pluribus simul locis nuntiata: in Sicilia militibus aliquot spicula, in Sardinia autem in muro circumeunti vigilias equiti scipionem quem manu tenuerat arsisse, et litora crebris ignibus fulsisse, et scuta duo sanguine sudasse, et milites quosdam ictos fulminibus,&nbsp; et solis orbem minui visum, et Praeneste ardentes lapides caelo cecidisse, et Arpis parmas in caelo visas pugnantemque cum luna solem,&nbsp; et Capenae duas interdiu lunas ortas, et aquas Caeretes sanguine mixtas fluxisse fontemque ipsum Herculis cruentis manasse respersum maculis, et Antii8 metentibus cruentas in corbem spicas cecidisse,&nbsp; et Faleriis caelum findi velut magno hiatu visum, quaque patuerit ingens lumen effulsisse; sortes adtenuatas unamque sua&nbsp; sponte excidisse ita scriptam: &ldquo;mavors telum suum concutit;&rdquo;&nbsp; et per idem tempus Romae signum Martis Appia via ac simulacra luporum sudasse, et Capuae speciem caeli ardentis fuisse lunaeque inter imbrem cadentis.&nbsp; inde minoribus etiam dictu prodigiis fides habitat: capras lanatas quibusdam factas, et gallinam in marem, gallum in feminam sese vertisse.<br />
	&nbsp;his sicut erant nuntiata expositis auctoribusque in curiam introductis consul de religione patres consuluit. decretum ut ea prodigia partim maioribus hostiis, partim lactentibus procurarentur, et uti supplicatio per triduum ad omnia pulvinaria haberetur; cetera, cum decemviri libros inspexissent, ut ita fierent quem ad modum cordi esse divis e carminibus praefarentur.&nbsp; decemvirorum monitu decretum est Iovi primum donum fulmen aureum pondo quinquaginta fieret et Iunoni14 Minervaeque ex argento dona darentur et Iunoni reginae in Aventino Iunonique Sospitae Lanuvii maioribus hostiis sacrificaretur matronaeque pecunia conlata,&nbsp; quantum conferre cuique commodum esset, donum Iunoni reginae in Aventinum ferrent lectisterniumque fieret,et ut libertinae et ipsae, unde Feroniae&nbsp; donum daretur, pecuniam pro facultatibus suis16 conferrent.<br />
	haec ubi facta, decemviri Ardeae in foro maioribus hostiis sacrificarunt. postremo Decembri iam mense ad aedem Saturni Romae immolatum est lectisterniumque imperatum&mdash;eum lectum senatores straverunt&mdash;et convivium publicum,&nbsp; ac per urbem Saturnalia diem ac noctem clamata, populusque eum diem festum habere ac servare in perpetuum iussus.</p>
<p>
	Otro ejemplo de prodigios diversos en Tito Livio, 24,10:</p>
<p>
	<em><strong>Aquel a&ntilde;o corrieron noticias de numerosos hechos portentosos; cuanto m&aacute;s cr&eacute;dito les daban las gentes sencillas y supersticiosas, m&aacute;s se multiplicaban los rumores: en Lanuvio hab&iacute;an anidado unos cuervos en el interior del templo de Juno S&oacute;spita; en Apulia hab&iacute;a ardido una palmera verde; en Mantua hab&iacute;a aparecido ensangrentada una laguna, consecuencia de un desbordamiento del r&iacute;o Mincio; adem&aacute;s hab&iacute;a llovido arcilla en Cales, y sangre en Roma en el mercado de ganado, y en el barrio Insteyo hab&iacute;a brotado bajo tierra un manantial con tanta fuerza en el agua que hab&iacute;a arrastrado con el &iacute;mpetu de un torrente los c&aacute;ntaros y toneles que all&iacute; hab&iacute;a; cayeron rayos en un atrio p&uacute;blico en el Capitolio, en el templo de Vulcano del campo de Marte, en el de Vacuna en la Sabina, y en una v&iacute;a p&uacute;blica, un muro y una puerta en Gabios. Circulaban ahora&nbsp; rumores de otros hechos extraordinarios: la lanza de Marte en Preneste se hab&iacute;a movido sola, en Sicilia hab&iacute;a hablado un buey; en el claustro materno un ni&ntilde;o exclam&oacute; &laquo;&iexcl;Viva, triunfo!&raquo; en el pa&iacute;s de los marrucinos; en Espoleto, una mujer se hab&iacute;a transformado en hombre; en Adria hab&iacute;an visto un altar en el cielo y figuras humanas en torno a &eacute;l vestidas de blanco. Es m&aacute;s, incluso en Roma, en la propia ciudad, inmediatamente despu&eacute;s de verse un enjambre de abejas en el foro, lo cual es sorprendente por lo inusual, algunos aseguraban estar viendo legiones armadas en el Jan&iacute;culo, con lo cual concitaron a las armas a la poblaci&oacute;n, mientras que los que estaban en el Jan&iacute;culo dec&iacute;an que por all&iacute; no hab&iacute;a aparecido nadie aparte de los ocupantes habituales de la colina. Estos portentos fueron conjurados, por indicaci&oacute;n de los ar&uacute;spices, con v&iacute;ctimas mayores, y se decret&oacute; una rogativa p&uacute;blica a todos los dioses que ten&iacute;an cojines sagrados en Roma.</strong></em></p>
<p>
	prodigia eo anno multa nuntiata sunt, quae quo magis credebant simplices ac religiosi homines, eo plura nuntiabantur: Lanuvi in aede intus Sospitae Iunonis corvos nidum fecisse; in Apulia palmam viridem arsisse; Mantuae stagnum effusum Mincio amni cruentum visum; et Calibus creta et Romae in foro bovario sanguine pluvisse;&nbsp; et in vico Insteio fontem sub terra tanta vi aquarum fluxisse ut serias doliaque quae in eo loco erant provoluta velut impetus torrentis tulerit;&nbsp; tacta de caelo atrium publicum in Capitolio, aedem in campo Volcani, Vacunae in Sabinis publicamque viam, murum ac portam Gabiis.&nbsp; iam alia vulgata miracula erant:&nbsp; hastam Martis Praeneste sua sponte promotam; bovem in Sicilia locutum; infantem in utero matris in Marrucinis &ldquo;io triumphe&rdquo; clamasse; ex muliere Spoleti virum factum; Hadriae aram in caelo speciesque hominum circum eam cum candida veste visas esse.&nbsp; quin Romae quoque in ipsa urbe, secundum apum examen in foro visum&mdash;quod mirabile est, quia rarum&mdash;adfirmantes quidam legiones se armatas in Ianiculo videre concitaverunt civitatem ad arma,&nbsp; cum qui in Ianiculo essent negarent quemquam ibi praeter adsuetos collis eius cultores adparuisse.&nbsp; haec prodigia hostiis maioribus procurata sunt ex haruspicum responso, et supplicatio omnibus deis quorum pulvinaria Romae essent indicta est.</p>
<p>
	<em>Relaci&oacute;n y clasificaci&oacute;n incompleta de los prodigios aparecidos en la obra de Tito Livio:</em></p>
<p>
	Celestes<br />
	&#8211; Eclipses de sol: 7,28,7 / 30,38,8 / 37,4,4 / 38,36,4<br />
	&#8211; Eclipses de luna: 44,37,8-9 / 26,5,9<br />
	&#8211; Pluralidad de soles, de lunas, etc.: 28,11,3/ 29,14,3/ 41,21,12/ 22,1,9/ 22/1/10/ 30,38,8/&nbsp; 30,2,11-12/ 38,36,4<br />
	&#8211; Sol de color de sangre: 25,7,8/ 31,12,5<br />
	&#8211; Otros prodigios celestes:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Cielo que arde: 3,9,14/ 3,10,6/ 7,28,7/ 22,1,12/ 30,2,12/ 31,12,5/ 32,9,3/ 39,22,3/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Enorme antorcha ardiendo: 30,2,12/ 43,13,3/ 45,16,5<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Figura de naves ardiendo en el cielo: 21,62,4/ 42,2,4/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Escudos volando por los aires: 22,1,9<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; El sol luchando con la luna: 22,1,9/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; El cielo rasgado y una gran luz refulgiendo: 22,1,11/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; La luna cayendo entre la lluvia: 22,1,12<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Una piedra enorme volando: 23,7,8<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Aparici&oacute;n de una luz por la noche: 28,11,3/ 29,14,3/ 32,29,2/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Lluvia deTierra<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Piedra que cae del cielo: 41,9,5/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Movimientos s&iacute;smicos: 3,10,6/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Tempestades: 2,62,2/ 26,11,2/ 40,58,6/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Rayos: dice Luterbacher, recogido por Jose Jim&eacute;nez Delgado en Helm&aacute;ntica, 12, 1961, que&nbsp;&nbsp; 28 rayos cayeron en los templos, 18 en murallas, 3 en estatuas, adem&aacute;s de los que caen en hombres, animales, plantas, seres inanimados. Algunos ejemplos: 1,3,9 (a R&oacute;mulo)/ 10,31,8/ 22,1,8/ 25,7,8/ 27,7,7/ 27,11,12/ 27,,7,2/ 27/37,2/ 24,10,9/ 24,44,7/&nbsp; 27,37,2/ 32,1,10/ 32,9,2/ 36,37,3/ 27,23,3/ 37,37,2/ 28,11,2/ 28,11,4/ 32,1,10/ 32,29,1/ 40,2,4/ 45,16,5/&nbsp; 21,62,4/ 25,7,7/ 27,11,2/ 24,10,9/ 42,20,1/ 32,9,2/ 26,23,4/ 33,26,8/ 42,20,1/ 27,4,11/ 30,38,9/ 41,13,1/ 27,37,2/ 22,1,8/ 24,44,8/ 26,223,5/ 27,11,2/27,23,3/ 29,14,3/ 30,38,9/ 35,21,4/ 37,3,2/ 45,16,5/ 25,7,8/ 32,9,2/ 32,29,2/ 36,37,3/ 32,1,12/ 35,9,3/ 45,16,5/ 30,38,9/ 36,37,3/ 42,20,5/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Lluvias prodigiosas: tierra 10,1,8/ 34,45,6-7/ piedras ardiendo 22,1,9/ piedras 25,7,7/ 39,22,3/ 37,3,2/ 27,11,5/ sangre 34,45,6-7/ 39,46,5/ 42,20,5/ 24,10,7/ carne 3,10,6/ cal 24,10,7/ Leche 27,11,5/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; 7, 28; 10, 31; 21, 62; 22, 36; 23, 31; 26, 23; 27, 32; 29, 10; 29, 14; 35, 21; 37, 3; 39, 56;<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; 40, 19; 42, 2; 43, 15; 44, 18; 45, 16.<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Otros muchos menos frecuentes o importantes<br />
	Terrestres<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Sangre en fuentes y r&iacute;os: 22,1,10/ 24,10,7/ 24,44,8/ 27,11,3/&nbsp; 27,23,4/ 27,37,3/ 45,16,5/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211;&nbsp; Im&aacute;genes que lloran o sudan: 22,1,12/ 22,36,7/ 23,31,15/ 27,4,14/ 28,11,4/ 40,19,2/ 43,13,4/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211;&nbsp; Bosques sagrados: 27,4,12-14/ 27,37,2/ 41,9,4/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Enjambres de abejas: 21,46,1/ 24,10,11/ 27,23,2/ 35,9,4/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Presencia de lobos: 3,29,6-9/ 10,27,8/ 21,46,1/ 21,62,5/ 27,37,3/ 32,29,2/ 33,26,9/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Serpientes: 1,56,4/ 7,17,3/ 25,16,2/ 26,19,7/ 27,4,13/ 28,11,2/ 41,9,6/ 41,21,13/ 43,13,4<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Aves de bueno y mal augurio: 10,40,14/ 21,62,4/ 22,1,13/ 24,10,6/ 27,4,12/ 30,2,9/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Llamas y nimbos misteriosos: arde la cabeza de Servio Tulio 1,39,1/ dardos inflamados 22,1,8/ palmera inflamada 24,10,7/ cabeza en llamas&nbsp; 25,39,16/ cabeza de Vulcano 34,45,7/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Espigas sangrando:&nbsp; 22,1,10/ 28,11,2/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Escudos sangrando: 25,39,10/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Ratones que roen el oro del templo: 27,23,2<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Engendros monstruosos:<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211;&nbsp; Andr&oacute;gino: 27,11,4/ sin definir sexo 27,37,5/ 31,12,6 /<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211;&nbsp; Ni&ntilde;os sin ojos y nariz y manos: 35,21,3</p>
<p>
	&#8211; Animales monstruosos<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211;&nbsp; Cabras con lana: 22,113/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211;&nbsp; Vaca que pare un potro: 23,31,15/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211;&nbsp; Cerdo con dos cabezas:28,11,3/ cerdo con rostro humano: 27,4,14/ 32,9,3/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Nace un cordero con una ubre llena de leche: 27,4,11/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; En Reate pario una mula 26,23,5<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Cordero macho y hembra a la vez: 28,11,3/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Cordero con dos cabezas: 32,9,3/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Potro con cinco patas: 31,12,7/ 32,1,11/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Tres pollos con tres patas cada uno: 32,1,11/ una polla con lana<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Cabra que pare seis cabritos: 35,21,3/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Mula que pare: 37,3,3/ Mula con tres patas: 40,45,5/ 42,20,5/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211;&nbsp; Asno con gres patas: 42,20,5<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Animales que hablan:&nbsp; Una vaca que habla: 3,10,6/ 43,13,3/ 27,11,4/ 28,11,4/ 35,21,4/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Ni&ntilde;os que hablan: de seis meses: 21,62,2/ en el vientre de su madre: 24,10,10/<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Buey que sube al tercer piso y se arroja desde &eacute;l /21,62,3/&nbsp; bueyes que suben al tejado: 36,37,2/<br />
	&nbsp;&nbsp; &#8211; Vaca de bronce fecundada: 41,13,2<br />
	&#8211; voces misteriosas:&nbsp; enorme voz: 1,31,3/ 2,7,2/ m&aacute;s que humana: 5,32,6/ 6,33,5/<br />
	&#8211; Visiones, sue&ntilde;os: sue&ntilde;o de Anibal: 21,22,6/</p>
<p>
	Si alguno de los lectores de este blog cre&iacute;a que los milagros eran propios y exclusivos de su propia creencia, estaba muy equivocado: una vez m&aacute;s &ldquo;Nihil novum sub sole&rdquo;.</p>
<p>
	Quedan para otro art&iacute;culos los restantes textos anunciados.</p>
]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>Antiguos mitos intentan explicar las diversas formas de relación sexual entre las personas</title>
		<link>https://www.antiquitatem.com/homoerotismo-en-grecia-roma-itis-iante/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 May 2017 03:34:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Mitologí­a]]></category>
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					<description><![CDATA[Fedro explica en una fábula por qué existe el homoerotiso u homosexualidad, tanto masculina como femenina; Ovidio también lo hace con su relato de Ifis e Iante. Platón también lo hizo en su diálogo El Banquete, como comenté en su momento. Incluso sin entenderlo muy bien, intentaron explicar la transexualidad y el transgénero.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Fedro explica en una fábula por qué existe el homoerotiso u homosexualidad, tanto masculina como femenina; Ovidio también lo hace con su relato de Ifis e Iante. Platón también lo hizo en su diálogo El Banquete, como comenté en su momento. Incluso sin entenderlo muy bien, intentaron explicar la transexualidad y el transgénero.</b></p>
<p>
	No&nbsp; cuestionan los antiguos la <em>heterosexualidad</em>, es decir, el orden y moral social aceptada de manera general, pero reconocen la realidad natural de que algunas mujeres pueden sentir y querer&nbsp; vivir como hombres y algunos hombres como mujeres.</p>
<p>
	Dos mil a&ntilde;os despu&eacute;s, hay pa&iacute;ses de legislaci&oacute;n avanzada en este reconocimiento de una realidad natural, frente a otros que incluso castigan muy duramente estos hechos tanto de <em>homosexualidad </em>femenina cuanto de <em>transg&eacute;nero </em>o <em>transexualidad</em>.</p>
<p>
	La homosexualidad femenina, que una mujer ame como mujer a otra de su mismo sexo,&nbsp; es dif&iacute;cilmente comprendida como posible y muy poco visible en el mundo antiguo, aunque no inexistente.</p>
<p>
	Existe ciertamente, aunque pr&aacute;cticamente invisibilizada tambi&eacute;n, la homosexualidad de una mujer que asume el papel de un hombre para relacionarse con otra mujer, es decir la <em>masculinizaci&oacute;n </em>de su comportamiento.&nbsp; Es la llamada <em>tr&iacute;bade</em>, mujer de comportamiento homoer&oacute;tico, que busca la relaci&oacute;n sexual con otra mujer,&nbsp; o m&aacute;s espec&iacute;ficamente, mujer que en la relaci&oacute;n homoer&oacute;tica femenina asume el papel dominante, el papel masculinizado; proviene del griego&nbsp; &tau;&rho;&iota;&beta;ά&sigmaf;, <em>tribas</em>, derivado del verbo &tau;&rho;&iota;&beta;&eta;&iota;&nu;, <em>tribein</em>, que significa <em>frotar, restregar o masturbar.</em></p>
<p>
	Esta pr&aacute;ctica homosexual u homoer&oacute;tica femenina es rechazada socialmente de manera general por cuanto supone una transgresi&oacute;n de la pr&aacute;ctica considerada normal, la heterosexual, pero en cualquier caso, en el mundo antiguo se reconoce su existencia al reconocer la complejidad y diversidad de la relaci&oacute;n social entre los seres humanos; m&aacute;s a&uacute;n, no s&oacute;lo no se esconde sino que se aborda su explicaci&oacute;n con cierta naturalidad, aunque sea recurriendo al mito.</p>
<p>
	Es lo que hizo <em>Plat&oacute;n </em>como coment&eacute; en el art&iacute;culo <a href="https://www.antiquitatem.com/homosexualidad-gay-lesbianismo-androgino">https://www.antiquitatem.com/homosexualidad-gay-lesbianismo-androgino</a></p>
<p>
	Es lo que tambi&eacute;n hacen por ejemplo <em>Fedro </em>en su <em>f&aacute;bula IV, 16</em>, eliminada junto con <em>la 15</em> anterior de numerosas ediciones,&nbsp; y <em>Ovidio </em>en el <em>Libro IX de las Metamorfosis</em> al narrar la historia de <em>Ifis e Iante</em>. Ambos textos han sido ampliamente estudiados&nbsp; y comentados por investigadores interesados en el conocimientos de los comportamientos sexuales en la Antig&uuml;edad; yo s&oacute;lo pretendo ahora dar cuenta de la existencia de estos textos para conocimiento del lector interesado.</p>
<p>
	<em>Fedro, IV,16</em></p>
<p>
	<em><strong>Pregunt&oacute; el otro qu&eacute; causa explicaba la creaci&oacute;n de las lesbianas y de los hombres afeminados. El anciano (</strong></em>Esopo<em><strong>) lo explic&oacute;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;El mismo Prometeo, el autor de los hombres de barro, que tan pronto chocan con la mala Fortuna se rompen, hab&iacute;a modelado durante todo el d&iacute;a por separado las partes de la naturaleza que el pudor oculta con los vestidos, para adaptarlas tan pronto pudiera a sus respectivos cuerpos. Pero fue invitado a cenar inesperadamente por Liber. Despu&eacute;s de haber regado bien sus venas con el mucho n&eacute;ctar, regres&oacute; a casa ya tarde con pie tambaleante. Entonces con su cabeza medio dormida y equivocada por la borrachera, coloc&oacute; el sexo de mujer en el g&eacute;nero&nbsp; masculino y los miembros masculinos a las mujeres. Y por eso ahora disfrutan del placer con depravado gozo.</strong></em></p>
<p>
	<em>Nota</em>:1.Liber es el dios Dkionisos o Baco, dios del vino. 2.Seg&uacute;n el <em>Pseudo Apoolodoro</em>, en su&nbsp; <em>Biblioteca mitol&oacute;gica, 1,7,1&nbsp; Prometeo</em> fue el creador de los hombres, haci&eacute;ndolos de barro y por ello fue castigado por <em>Zeus</em>; en otras versiones <em>Prometeo </em>es s&oacute;lo el benefactor, pero no el creador de la humanidad:</p>
<p>
	<em><strong>Prometeo molde&oacute; a los hombres de agua y de tierra y les dio tambi&eacute;n sin que Zeus lo supiera, el fuego que hab&iacute;a escondido,&nbsp; en una ca&ntilde;a de hinojo. Pero cuando Zeus se enter&oacute;, orden&oacute; a Hefesto encadenar su cuerpo en el monte C&aacute;ucaso, que es una monta&ntilde;a de Escitia. En &eacute;l Prometeo fue encadenado y mantenido atado por muchos a&ntilde;os. Toos los d&iacute;as un &aacute;guila se abalanzaba sobre &eacute;l y devoraba una parte de su h&iacute;gado, que volv&iacute;a a crecer&nbsp; por la noche. Ese fue el castigo que Prometeo pag&oacute; por robar el fuego hasta que H&eacute;rcules lo liber&oacute; m&aacute;s tarde&#8230;</strong></em></p>
<p>
	<em>Rogavit alter, tribadas et molles mares<br />
	Quae ratio procreasset? Exposuit senex:</em></p>
<p>
	<em>&laquo;Idem Prometheus, auctor vulgi fictilis<br />
	Qui simul offendit ad fortunam frangitur,<br />
	Naturae partis veste quas celat pudor,<br />
	Cum separatim toto finxisset die,<br />
	Aptare mox ut posset corporibus suis,<br />
	Ad cenam est invitatus subito a Libero.<br />
	Ubi irrigatus multo venas nectare<br />
	Sero domum est reversus titubanti pede.<br />
	Tum semisomno corde et errore ebrio<br />
	Applicuit virginale generi masculo<br />
	Et masculina membra applicuit feminis.<br />
	Ita nunc libido pravo fruitur gaudio&raquo;.</em></p>
<p>
	<em>Nota</em>: de la f&aacute;bula se deduce que la homosexualidad, tanto la masculina como la femenina, es fruto de un error y por lo tanto est&aacute; en desacuerdo con el comportamiento normal, que es el heterosexual, pero el error es del mismoa creador de la &ldquo;raza&rdquo; humana y por tanto es &ldquo;natural&rdquo; y permanente, no una &ldquo;enfermedad&rdquo; que pueda ser curada, y como tal se intenta explicar con el mito.</p>
<p>
	<em>Ovidio </em>por su parte narra en su obra m&aacute;s importante, <em>Las Metamorfosis</em>, diversos mitos referidos al comportamiento sexual de los hombres y las mujeres. El mito de <em>Ifis </em>e <em>Iante </em>aborda la realidad de algunas personas cuyo sentimiento y comportamiento psicol&oacute;gico no coinciden con su sexo f&iacute;sico.</p>
<p>
	<em>Ovidio </em>describe la realidad de una muchacha, f&iacute;sicamente mujer pues,&nbsp; que siente como un hombre y se enamora de otra mujer. La realidad observada plantea sin duda un problema en la sociedad antigua en la que no se concibe un matrimonio entre mujeres. La finalidad principal del matrimonio era procrear hijos para la propia familia y para la sociedad. La soluci&oacute;n, acorde con la norma social imperante, es convertir a la ni&ntilde;a en ni&ntilde;o, aunque esa conversi&oacute;n sea debida a la poderosa diosa Isis y no al arte humano de la moderna cirug&iacute;a.</p>
<p>
	En el <em>libro IX Ovidio</em>, despu&eacute;s de narrar el amor imposible de <em>Biblis </em>por su hermano <em>Cauno</em>,&nbsp; nos cuenta&nbsp; la historia de <em>Ifis e Iante.</em></p>
<p>
	<em>Metamorfosis IX, 666-798</em></p>
<p>
	<em><strong>La fama del inaudito prodigio habr&iacute;a invadido quiz&aacute; las ciudades de Creta, si Creta no hubiese sufrido poco hac&iacute;a un portento m&aacute;s cercano con la transformaci&oacute;n de Iﬁs. En efecto, la tierra de Festo, inmediata al reino de Cnoso, hab&iacute;a dado nacimiento a un hombre oscuro llamado Ligdo, de condici&oacute;n libre pero humilde, y los bienes de que dispon&iacute;a no eran mayores que su alcurnia, pero su vida y honradez eran intachables. El cual se dirigi&oacute; a los o&iacute;dos de su esposa, que estaba encinta, y cuando ya se acercaba el momento del parto, haci&eacute;ndole estas advertencias: &ldquo;Dos cosas hay que yo solicitar&iacute;a de la divinidad: que te veas libre de esto con el menor dolor, y que des a luz un var&oacute;n. La otra condici&oacute;n es m&aacute;s gravosa, y la fortuna le niega las fuerzas. Yo rechazo este presagio; de manera que si llega a suceder que de tu parto sea alumbrada una hembra (a disgusto te lo encargo; perdoname, afecto paternal), d&eacute;sele muerte&quot;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>As&iacute; habl&oacute;, y un torrente de l&aacute;grimas ba&ntilde;&oacute; los rostros tanto de quien hacia el encargo como de aqu&eacute;lla a quien se le hac&iacute;a. Pero a&uacute;n as&iacute; Teletusa importuna constantemente a su marido con in&uacute;tiles s&uacute;plicas de que no le estreche as&iacute; las esperanzas. La decisi&oacute;n de Ligdo es ﬁrme. Y ya ven&iacute;a ella llevando y sosteniendo un vientre cargado de un peso ya llegado a saz&oacute;n, cuando en mitad de la noche y en forma de visi&oacute;n de sue&ntilde;o se alz&oacute; la In&aacute;quide (Isis), o as&iacute; se lo pareci&oacute; a Teletusa, delante de su lecho y acompa&ntilde;ada por el cortejo de sus misterios. En la frente ten&iacute;a los cuernos de luna con espigas rubias de fulgurante oro, y tambi&eacute;n el ornamento real; con ella estaba el ladrador Anubis,&nbsp; la santa Bubastis, Apis salpicado de diferentes colores, y tambi&eacute;n el que reprime la voz y ordena silencio con el dedo; tambi&eacute;n se encontraban all&iacute; los sistros y el nunca suﬁcientemente buscado Osiris, y la extranjera serpiente llena de somn&iacute;feros venenos. Entonces pareci&oacute; como si Teletusa fuese despertada de su sue&ntilde;o y estuviese viendo claramente, y la diosa le habl&oacute; as&iacute;: &ldquo;Oh Teletusa, que formas parte de las que me son ﬁeles, abandona tus penosas preocupaciones y desatiende el encargo de tu marido. Y no dudes, cuando Lucina te exonere haci&eacute;ndote dar a luz, en criar lo que alumbres, sea lo que sea. Yo soy la diosa del socorro, y otorgo mi ayuda cuando se me invoca; y no te lamentar&aacute;s de haber venerado a una divinidad ingrata&rdquo;. As&iacute; le aconsej&oacute;, y se alej&oacute; de la alcoba.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Alegre se levanta del lecho la cretense, y alzando a los astros sus manos inocentes reza porque su sue&ntilde;o se realice. Cuando aumentaron los dolores, y la carga se expuls&oacute; a si misma saliendo a los aires, y naci&oacute; una hembra sin que el padre se enterara, la madre orden&oacute; que la criaran aﬁrmando falsamente que era un ni&ntilde;o. Fue cre&iacute;do el aserto, y s&oacute;lo la nodriza estaba enterada del enga&ntilde;o. El padre cumple sus votos y le pone el nombre del abuelo: Iﬁs se hab&iacute;a llamado el abuelo. La madre se alegr&oacute; del nombre porque era com&uacute;n a los dos sexos, y con su uso nadie podr&iacute;a quejarse de fraude. As&iacute; empez&oacute; la supercher&iacute;a, que sigui&oacute; estando oculta bajo una piadosa falsedad. El atav&iacute;o era de ni&ntilde;o; el rostro, tal, que lo mismo si se atribu&iacute;a a una ni&ntilde;a que a un ni&ntilde;o, ambos resultaban hermosos. Y ya un tercer a&ntilde;o hab&iacute;a sucedido al d&eacute;cimo cuando tu padre, Iﬁs, te otorga como prometida a la rubia Iante, que era la muchacha m&aacute;s admirada entre las de Festo por el don de la belleza, y nacida de Telestes el del Dicte. La misma edad ten&iacute;an ambas, la misma belleza, y de los mismos maestros recibieron la primera ense&ntilde;anza o rudimentos propios de su edad. As&iacute; se origin&oacute; el que el amor tocase el inexperto coraz&oacute;n de ambas y produjese en las dos igual herida, pero las esperanzas eran dispares: lante cuenta con el matrimonio y con el momento de la realizaci&oacute;n de la alianza, y cree que ser&aacute; su marido la que ella cree ser un hombre; Iﬁs ama a aquella de quien no espera poder gozar, y esto mismo acrecienta sus ardores, y se abrasa, doncella, por una doncella, y, conteniendo apenas las l&aacute;grimas, dice:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; fin me espera a m&iacute;, que estoy pose&iacute;da de un ansia que nadie ha conocido, de un ansia monstruosa y cuyo objeto es un amor inaudito? Si los dioses quisieron salvarme, debieron salvarme; si no, y si por el contrario perderme, que me hubieran dado al menos una enfermedad natural y corriente. Ni la vaca se siente inflamada por el amor de una vaca, ni las yeguas por el de las yeguas; inflama el carnero a las ovejas, tras el ciervo va su hembra. Tambi&eacute;n las aves se aparean as&iacute;, y entre todos los animales no hay ninguna hembra que sea arrebatada por la pasi&oacute;n hacia una hembra. Quisiera no serlo yo. Sin embargo, y para que Creta no sea vea privada de producir toda clase de monstruosidades, la hija del Sol am&oacute; a un toro, pero en todo caso era una hembra que amaba a un macho. Mi amor, si he de decir verdad, es m&aacute;s fren&eacute;tico que aqu&eacute;l. Ella, por lo menos, fue tras de la esperanza de los placeres del amor; ella, por lo menos, y gracias a la falaz apariencia de vaca, recibi&oacute; al bovino semental, y tuvo as&iacute; un gal&aacute;n a quien enga&ntilde;ar. Aunque confluya aqu&iacute; la inventiva del mundo entero, aunque D&eacute;dalo regresara aqu&iacute; volando con sus alas de cera, &iquest;qu&eacute; va a hacer? &iquest;Me va a convertir de doncella en muchacho con su ingeniosa t&eacute;cnica? &iquest;Te va a transformar a ti, lante? &iquest;Por qu&eacute;, Iﬁs, no fortaleces tu alma y te recuperas a ti misma, y arrojas esos ardores necios y desprovistos de raz&oacute;n? Mira lo que has nacido, a menos que te enga&ntilde;es tambi&eacute;n a ti misma, y aspira a lo que te es l&iacute;cito, y ama lo que debes amar siendo hembra. La esperanza es lo que puede provocar el amor, y la esperanza lo que puede alimentarlo. Y a ti la realidad te priva de la esperanza, No es una guardia lo que te aparta del anhelado abrazo, ni la vigilancia de un marido prevenido, ni la dureza de un padre, no es ella quien reh&uacute;sa entregarse a tus solicitaciones, y sin embargo no te ser&aacute; posible llegar a poseerla, ni podr&iacute;as ser feliz aunque todo te fuera favorable, aunque en ello se esforzaran los dioses y los hombres. Incluso en este momento, de los anhelos que tengo formulados s&oacute;lo hay una parte que no sea una realidad, y los dioses, propicios para m&iacute;, me han dado cuanto han podido; y lo que yo quiero lo quiere mi padre, lo quiere ella y tambi&eacute;n mi futuro suegro. Pero no lo quiere la naturaleza, m&aacute;s poderosa que todos ellos, y que es la &uacute;nica que me perjudica. Y he aqu&iacute; que es inminente el ansiado momento, se aproxima el d&iacute;a de mis nupcias y Iante va a ser m&iacute;a enseguida&#8230; y no la tendr&eacute;: pasar&eacute; sed en medio de las aguas. Oh Juno que patrocinas a las novias y oh Himeneo, &iquest;para qu&eacute; ven&iacute;s a esta ceremonia en la que no hay novio que tome esposa y en la que ambas somos novias?&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Con estas palabras interrumpi&oacute; su mon&oacute;logo. Tampoco la otra joven se abrasa con m&aacute;s moderaci&oacute;n, y reza, Himeneo, para que vengas con presteza. Lo que ella pide lo teme Teletusa, y unas veces aplaza la fecha, otras gana tiempo ﬁngi&eacute;ndose enferma, y con frecuencia pretexta presagios y visiones. Pero ya hab&iacute;a agotado todas las posibilidades de invenci&oacute;n, era inminente el aplazado momento de la solemnidad nupcial, y s&oacute;lo un d&iacute;a faltaba. Entonces la madre quita a su hija de la cabeza, y a s&iacute; misma, la redecilla, y con cabellos sueltos y abrazando el altar dijo: &ldquo;Isis, que habitas los campos paretonios y mare&oacute;ticos, y tambi&eacute;n Faro y el Nilo distribuido en siete canales: soc&oacute;rrenos, te lo suplico, y l&iacute;branos de nuestro temor. A ti, diosa, te vi yo en otro tiempo, y vi estos s&iacute;mbolos tuyos, y todos los reconoc&iacute;, el ruido de los sistros y el cortejo y las antorchas, y tom&eacute; buena nota de tus &oacute;rdenes en mi alma que no las ha olvidado. Si ella ve la luz, si yo no he sufrido castigo, todo eso t&uacute; lo planeaste y a ti te lo debo; compad&eacute;cete de las dos y pr&eacute;stame tu auxilio&rdquo;. Las l&aacute;grimas siguieron a sus palabras. Pareci&oacute; que la diosa mov&iacute;a su altar (y lo movi&oacute;), y temblaron las puertas del templo, resplandecieron los cuernos que semejan la luna, y repiquete&oacute; el sonoro sistro. Sali&oacute; del templo la madre no sin inquietud todav&iacute;a, pero s&iacute; confortada por el favorable presagio. Conforme camina la madre, va Iﬁs a su lado acompa&ntilde;&aacute;ndola con pasos mayores de lo que acostumbraba, y no subsiste la blancura de su rostro, y sus fuerzas van aumentando, y su misma ﬁsonom&iacute;a es m&aacute;s en&eacute;rgica, y m&aacute;s corta la longitud de sus cabellos, ahora en desorden, y dispone de mayor robustez que la que ten&iacute;a siendo mujer. &iexcl;Porque t&uacute;, que hace un momento eras mujer, eres un muchacho! &iexcl;Ofreced presentes a los templos y regocijaos con conﬁanza exenta de temor! Ofrecen presentes a los templos y a&ntilde;aden una inscripci&oacute;n; la inscripci&oacute;n conten&iacute;a una breve f&oacute;rmula: &ldquo;Siendo un muchacho ha entregado Iﬁs los dones que prometi&oacute; cuando era mujer&rdquo;. El siguiente d&iacute;a hab&iacute;a iluminado con sus rayos el ancho mundo, cuando Venus y Juno y el Himeneo se re&uacute;nen para celebrar las antorchas de la uni&oacute;n nupcial, y el joven Iﬁs entra en posesi&oacute;n de su Iante.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Antonio Ruiz de Elvira. CSIC)</p>
<p>
	<em>Fama noui centum Cretaeas forsitan urbes<br />
	Inplesset monstri, si non miracula nuper<br />
	Iphide mutata Crete propiora tulisset.<br />
	Proxima Gnosiaco nam quondam Phaestia regno<br />
	Progenuit tellus ignotum nomine Ligdum,<br />
	Ingenua de plebe uirum; nec census in illo<br />
	Nobilitate sua maior, sed uita fidesque<br />
	Inculpata fuit. grauidae qui coniugis aures<br />
	Vocibus his monuit, cum iam prope partus adesset:<br />
	&quot;Quae uoueam, duo sunt: minimo ut releuere dolore,<br />
	Vtque marem parias. onerosior altera sors est,<br />
	Et uires fortuna negat: quod abominor, ergo,<br />
	Edita forte tuo fuerit si femina partu,<br />
	(Inuitus mando: pietas, ignosce) necetur.&quot;<br />
	Dixerat, et lacrimis uultum lauere profusis<br />
	Tam qui mandabat, quam cui mandata dabantur;<br />
	Sed tamen usque suum uanis Telethusa maritum<br />
	Sollicitat precibus, ne spem sibi ponat in arto;<br />
	Certa sua est Ligdo sententia. iamque ferendo<br />
	Vix erat illa grauem maturo pondere uentrem,<br />
	Cum medio noctis spatio sub imagine somni<br />
	Inachis ante torum pompa comitata sacrorum<br />
	Aut stetit aut uisa est: inerant lunaria fronti<br />
	Cornua cum spicis nitido flauentibus auro<br />
	Et regale decus; cum qua latrator Anubis<br />
	Sanctaque Bubastis uariusque coloribus Apis,<br />
	Quique premit uocem digitoque silentia suadet;<br />
	Sistraque erant, numquamque satis quaesitus Osiris<br />
	Plenaque somniferis serpens peregrina uenenis.<br />
	Tum uelut excussam somno et manifesta uidentem<br />
	Sic adfata dea est: &quot;pars o Telethusa mearum,<br />
	Pone graues curas mandataque falle mariti;<br />
	Nec dubita, cum te partu Lucina leuarit,<br />
	Tollere, quidquid erit. dea sum auxiliaris opemque<br />
	Exorata fero, nec te coluisse quereris<br />
	Ingratum numen.&quot; monuit thalamoque recessit.<br />
	Laeta toro surgit purasque ad sidera supplex<br />
	Cressa manus tollens, rata sint sua uisa, precatur.<br />
	Vt dolor increuit seque ipsum pondus in auras<br />
	Expulit et nata est ignaro femina patre,<br />
	Iussit ali mater puerum mentita; fidemque<br />
	Res habuit, neque erat ficti nisi conscia nutrix.<br />
	Vota pater soluit nomenque inponit auitum:<br />
	Iphis auus fuerat, gauisa est nomine mater,<br />
	Quod commune foret nec quemquam falleret illo.<br />
	Inde incepta pia mendacia fraude latebant:<br />
	Cultus erat pueri, facies, quam siue puellae<br />
	Siue dares puero, fieret formosus uterque.<br />
	Tertius interea decimo successerat annus,<br />
	Cum pater, Iphi, tibi flauam despondit Ianthen,<br />
	Inter Phaestiadas quae laudatissima formae<br />
	Dote fuit uirgo, Dictaeo nata Teleste.<br />
	Par aetas, par forma fuit, primasque magistris<br />
	Accepere artes, elementa aetatis, ab isdem;<br />
	Hinc amor ambarum tetigit rude pectus et aequum<br />
	Vulnus utrique dedit, sed erat fiducia dispar:<br />
	Coniugium pactaeque exspectat tempora taedae,<br />
	Quamque uirum putat esse, uirum fore credit Ianthe;<br />
	Iphis amat, qua posse frui desperat, et auget<br />
	Hoc ipsum flammas ardetque in uirgine uirgo,<br />
	Vixque tenens lacrimas &quot;quis me manet exitus&quot; inquit,<br />
	&quot;Cognita quam nulli, quam prodigiosa nouaeque<br />
	Cura tenet Veneris? si di mihi parcere uellent,<br />
	Parcere debuerant; si non, et perdere uellent,<br />
	Naturale malum saltem et de more dedissent!<br />
	Nec uaccam uaccae, nec equas amor urit equarum;<br />
	Vrit oues aries, sequitur sua femina ceruum;<br />
	Sic et aues coeunt, interque animalia cuncta<br />
	Femina femineo correpta cupidine nulla est.<br />
	Vellem nulla forem! ne non tamen omnia Crete<br />
	Monstra ferat, taurum dilexit filia Solis,<br />
	Femina nempe marem: meus est furiosior illo,<br />
	Si uerum profitemur, amor; tamen illa secuta est<br />
	Spem Veneris, tamen illa dolis et imagine uaccae<br />
	Passa bouem est, et erat, qui deciperetur, adulter.<br />
	Huc licet e toto sollertia confluat orbe,<br />
	Ipse licet reuolet ceratis Daedalus alis,<br />
	Quid faciet? num me puerum de uirgine doctis<br />
	Artibus efficiet? num te mutabit, Ianthe?<br />
	Quin animum firmas teque ipsa reconligis, Iphi,<br />
	Consiliique inopes et stultos excutis ignes?<br />
	Quid sis nata, uide, nisi te quoque decipis ipsam,<br />
	Et pete, quod fas est, et ama, quod femina debes.<br />
	Spes est, quae capiat, spes est, quae pascit amorem;<br />
	Hanc tibi res adimit: non te custodia caro<br />
	Arcet ab amplexu nec cauti cura mariti,<br />
	Non patris asperitas, non se negat ipsa roganti;<br />
	Nec tamen est potiunda tibi, nec, ut omnia fiant,<br />
	Esse potes felix, ut dique hominesque laborent.<br />
	Nunc quoque uotorum nulla est pars uana meorum,<br />
	Dique mihi faciles, quidquid ualuere, dederunt,<br />
	Quodque ego, uult genitor, uult ipsa socerque futurus;<br />
	At non uult natura, potentior omnibus istis,<br />
	Quae mihi sola nocet. uenit ecce optabile tempus,<br />
	Luxque iugalis adest, et iam mea fiet Ianthe &#8211;<br />
	Nec mihi continget: mediis sitiemus in undis.<br />
	Pronuba quid Iuno, quid ad haec, Hymenaee, uenitis<br />
	Sacra, quibus qui ducat abest, ubi nubimus ambae?&quot;<br />
	Pressit ab his uocem, nec lenius altera uirgo<br />
	Aestuat, utque celer uenias, Hymenaee, precatur.<br />
	Quod petit haec, Telethusa timens modo tempora differt,<br />
	Nunc ficto languore moram trahit, omina saepe<br />
	Visaque causatur; sed iam consumpserat omnem<br />
	Materiam ficti, dilataque tempora taedae<br />
	Institerant, unusque dies restabat: at illa<br />
	Crinalem capiti uittam nataeque sibique<br />
	Detrahit et passis aram complexa capillis<br />
	&quot;Isi, Paraetonium Mareoticaque arua Pharonque<br />
	Quae colis et septem digestum in cornua Nilum,<br />
	Fer, precor&quot;, inquit &quot;opem nostroque medere timori!<br />
	Te, dea, te quondam tuaque haec insignia uidi<br />
	Cunctaque cognoui, sonitum comitesque facesque&#8230;<br />
	Sistrorum memorique animo tua iussa notaui.<br />
	Quod uidet haec lucem, quod non ego punior, ecce<br />
	Consilium munusque tuum est: miserere duarum<br />
	Auxilioque iuua.&quot; lacrimae sunt uerba secutae.<br />
	Visa dea est mouisse suas (et mouerat) aras,<br />
	Et templi tremuere fores imitataque lunam<br />
	Cornua fulserunt crepuitque sonabile sistrum.<br />
	Non secura quidem, fausto tamen omine laeta<br />
	Mater abit templo, sequitur comes Iphis euntem,<br />
	Quam solita est, maiore gradu; nec candor in ore<br />
	Permanet, et uires augentur, et acrior ipse est<br />
	Vultus et incomptis breuior mensura capillis,<br />
	Plusque uigoris adest, habuit quam femina. nam quae<br />
	Femina nuper eras, puer es. date munera templis,<br />
	Nec timida gaudete fide! dant munera templis,<br />
	Addunt et titulum, titulus breue carmen habebat:<br />
	&quot;Dona puer solvit quae f&eacute;mina voverat Iphis.&quot;<br />
	Postera lux radiis latum patefecerat orbem,<br />
	Cum Venus et Iuno sociusque Hymenaeus ad ignes<br />
	Conueniunt, potiturque sua puer Iphis Ianthe.</em></p>
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			</item>
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		<title>Ovidio en el Museo del Prado (Ovidio V)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Apr 2017 08:20:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Dioses y Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Mitologí­a]]></category>
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					<description><![CDATA[De los tres poetas latinos más famosos de la época de Augusto, Virgilio, Horacio y Ovidio, sin duda el más influyente de todos ellos en la cultura occidental ha sido Ovidio, aunque no sea el mejor  valorado por la crítica literaria. La influencia de Ovidio se ha dejado sentir desde la propia Antigüedad, durante la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días en todas las artes, en las literarias por supuesto, pero también de manera especial en la pintura y hasta en la música. Este es un tema muy atendido por los estudiosos y al que quizás debiera por mi parte dedicar algún amplio comentario en algún momento.  Algo de ello he dicho en alguno de los artículos que he publicado al hilo de la celebración del bimilenario de la muerte del poeta.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>De los tres poetas latinos más famosos de la época de Augusto, Virgilio, Horacio y Ovidio, sin duda el más influyente de todos ellos en la cultura occidental ha sido Ovidio, aunque no sea el mejor  valorado por la crítica literaria. La influencia de Ovidio se ha dejado sentir desde la propia Antigüedad, durante la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días en todas las artes, en las literarias por supuesto, pero también de manera especial en la pintura y hasta en la música. Este es un tema muy atendido por los estudiosos y al que quizás debiera por mi parte dedicar algún amplio comentario en algún momento.  Algo de ello he dicho en alguno de los artículos que he publicado al hilo de la celebración del bimilenario de la muerte del poeta.</b></p>
<p>
	Me referir&eacute; brevemente, sin embargo, a su influjo en la pintura del <em>Museo del Prado</em> de <em>Madrid</em>. <strong>Ovidio </strong>est&aacute; presente en todos los museos importantes del mundo (<em>Museo del Louvre o la&nbsp; National Gallery (Londres) o la&nbsp;&nbsp; Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo</em>, etc. etc.) a trav&eacute;s de su influjo en los pintores, sobre todo del <em>Renacimiento </em>y <em>Barroco </em>(<em>Rubens, Vel&aacute;zquez, Tiziano</em>&hellip;)&nbsp; pero tambi&eacute;n contempor&aacute;neos, como <em>Picasso</em>.</p>
<p>
	El influjo es sobre todo el de su libro de mitolog&iacute;a Las Metamorfosis o transformaci&oacute;n de unos seres en otros, generalmente humanos o dioses en animales, &aacute;rboles o estrellas, verdadero tratado de <em>mitograf&iacute;a</em>.</p>
<p>
	Me referir&eacute; de manera exclusiva y breve a su presencia en el<em> Museo del Prado de Madrid</em>. En realidad es absolutamente aconsejable a quien visite este importante museo, una de las &ldquo;pinacotecas&rdquo; m&aacute;s importantes del mundo, que lo hagan tras una lectura previa de la obra de Ovidio las <em>Metamorfosis</em> o de alguna de las gu&iacute;as y publicaciones que sobre el tema existen o de una visita a la p&aacute;gina web del propio museo</p>
<p>
	<a href="https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=metamorfosis&amp;ordenarPor=pm:relevance">https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=metamorfosis&amp;ordenarPor=pm:relevance</a></p>
<p>
	<em>Nota</em>: la palabra &ldquo;<em>pinacoteca</em>&rdquo; nos ha llegado a trav&eacute;s de la latina &ldquo;<em>pinacotheca</em>&quot;, pero en realidad es de origen griego: &pi;&iota;&nu;&alpha;&kappa;&omicron;&theta;ή&kappa;&eta;, <em>pinakotheke</em>, palabra a su vez compuesta de &pi;&iota;&nu;&alpha;&kappa;&omicron;&sigmaf;, <em>pinakos</em>,&nbsp; genitivo de &pi;ί&nu;&alpha;&xi;, <em>pinax</em>, que significa &ldquo;cuadro&rdquo; y &theta;ή&kappa;&eta;, <em>th&ecirc;ke</em>,&nbsp; &ldquo;<em>caja, armario, estanter&iacute;a</em>) y por extensi&oacute;n colecci&oacute;n de cosas y objetos en ellas depositadas.</p>
<p>
	La consulta a este enlace en el momento de la publicaci&oacute;n de este art&iacute;culo ofrece la referencia inmediata de 158 obras, alguna de ellas de las m&aacute;s famosas de las que alberga el <em>Museo</em>. Bien es cierto que no todas ellas son deudoras exclusivamente de <em>Ovidio</em>, pero s&iacute; la enorme mayor&iacute;a. Me limitar&eacute; presentar tan s&oacute;lo tres con el correspondiente texto de Ovidio y a citar algunas de las restantes para animar al lector a que busque por s&iacute; mismo las correspondencias, experiencia que puede extender a cualquier otro museo, como al<em> Museo del Louvre o la&nbsp; National Gallery (Londres) o la&nbsp;&nbsp; Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo, etc. etc.</em></p>
<p>
	El lector puede encontrar amplia informaci&oacute;n en numerosos libros y art&iacute;culos publicados sobre ello, de manera general en la obra de&nbsp; <em>Amalia Fern&aacute;ndez:</em> <em>Diosesy mitos. Una aproximaci&oacute;n literaria a la pintura mitol&oacute;gica del Museo del Prado, Madrid, 1998)</em>; o en la de <em>Rosa L&oacute;pez Torrijos (Mitolog&iacute;a e Historia en las obras maestras del Prado, Madrid, 1998)</em> o de manera m&aacute;s concreta en&nbsp; <em>M&ordf;. Cruz Garc&iacute;a Fuentes: Mitos de las Metamorfosis de Ovidio en la Iconograf&iacute;a del Museo del Prado, Madrid, Edit. C. E. R. S. A., 2013.</em></p>
<p>
	Me limitar&eacute; a relacionar, como dec&iacute;a, a t&iacute;tulo de ejemplo, tres o cuatro grandes obras del <em>Museo</em>, del centenar y medio expuestas, con el correspondiente texto de las <em>Metamorfosis de Ovidio</em>. Espero que ello sea suficiente aliciente para que el lector localice y ambiente la visita al Museo con la lectura de Ovidio:</p>
<p>
	El pintor <em>Pedro Pablo Rubens </em>(1577-1640) est&aacute; ampliamente representado en el <em>Museo del Prado</em> con pinturas de tema mitol&oacute;gico, cuyo encargo recibi&oacute; del rey Felipe IV para decorar la &ldquo;T<em>orre de la Parada&rdquo;</em>. La mayor parte de las escenas mitol&oacute;gicas de las pasiones de los dioses se inspiraron en la descripci&oacute;n que <em>Ovido </em>hace en las <em>Metamorfosis</em>.</p>
<p>
	Sirvan como ejemplo:&nbsp;</p>
<p>
	<em>Deucali&oacute;n y Pirra. (1636 &#8211; 1637. &Oacute;leo sobre tabla, 26,4 x 41,7 cm.)</em></p>
<p>
	<img fetchpriority="high" decoding="async" alt="" height="190" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/deucalion.jpg" width="340" /></p>
<p>
	En la mitolog&iacute;a grecorromana existe tambi&eacute;n un <em>diluvio </em>con el que <em>J&uacute;piter </em>castiga la maldad de la raza humana, que debe perecer. S&oacute;lo <em>Deucali&oacute;n</em>, hijo de <em>Prometeo</em>, y su esposa <em>Pirra </em>se salvan del castigo en su arca, que qued&oacute; varada en el monte <em>Parnaso</em>, en el <em>Peloponeso</em> griego. Esta pareja dar&aacute; origen a una nueva raza de hombres.</p>
<p>
	Aunque el cuadro de <em>Rubens </em>se refiere s&oacute;lo a la creaci&oacute;n de los nuevos hombres, retomar&eacute; el relato desde la aparici&oacute;n de Deucali&oacute;n en el poema de Ovidio.</p>
<p>
	<em>Ovidio </em>nos relata el episodio del diluvio y la supervivencia de <em>Deucali&oacute;n </em>y <em>Pirra </em>en <em>Metamorfosis, I, 309-430</em>:</p>
<p>
	<em><strong>La incontenible avalancha del oc&eacute;ano hab&iacute;a cubierto ya las colinas, y olas in&eacute;ditas golpeaban las cimas de los montes. La mayor parte de los mortales fue arrebatada por las olas; aquellos a quienes las olas perdonan perecen de inanici&oacute;n tras prolongado ayuno.<br />
	La F&oacute;cide separa las campi&ntilde;as aonias de las acgteas, gtierra feraz mientras era tierra, pero en aquel momento era una parte del mar, una dilatada llanura de aguas repentinas. Un elevado monte se yergue all&iacute; hacia los asgtros en dos cimas; se llama el &ldquo;Parnaso &ldquo; y sus cumbres se levantan por encima de las nubes. Cuando a aquel paraje, &uacute;nico que las aguas no hab&iacute;an cubierto, arrib&oacute; Deucalion, conducido, con la esposa que compart&iacute;a su lecho, por una peque&ntilde;a embarcaci&oacute;n, ambos rindieron tributo de adoraci&oacute;n a las ninfas coricidas, a las divinidades de la monta&ntilde;a y a la prof&eacute;tica Temis que entonces se encargaba de los or&aacute;culos. No ha habido hombre m&aacute;s excelente ni m&aacute;s amante de la justicia que Deucalion, ni tampoco mujer alguna mas temerosa de los dioses que la suya. Cuando J&uacute;piter vio que el mundo estaba cubierto de una l&iacute;quida sabana formando un inmenso estanque, y que un solo var&oacute;n quedaba de tantos miles y que una sola mujer quedaba de tantos miles, inocentes ambos, adoradores de la divinidad ambos, dispers&oacute; los nubarrones, hizo, vali&eacute;ndose del aqu&iacute;l&oacute;n, que las lluvias cesasen, y mostr&oacute; al cielo la tierra y el empireo a la tierra. No persiste tampoco la c&oacute;lera del mar, y el soberano del pi&eacute;lago abandona su arma de tres puntas, apacigua las aguas, llama al azul Trit&oacute;n que se erguia sobre el abismo con los hombros cubiertos de su nativa p&uacute;rpura, y le ordena que sople en su sonora concha y que haga retirarse, dando la oportuna se&ntilde;al, a las olas y a los r&iacute;os. Toma &eacute;l entonces su hueca trompa, que en espiral va aumentando de tama&ntilde;o conforme sube desde su voluta inferior, trompa que, cuando en mitad del ponto recibe el a&eacute;reo soplo, colma de su sonido las playas que se extienden bajo ambos soles. Tambi&eacute;n entonces, tan pronto como toc&oacute; el rostro del dios, que chorreaba por su barba empapada, y emiti&oacute;, al recibir el soplo, la se&ntilde;al de retirada conforme a lo ordenado, fue oida por todas las aguas de tierra y de mar, y a todas las aguas que la oyeron impuso su freno. Ya tiene ribera el mar, el cauce contiene toda su corriente, descienden los rios y se advierte que van sobresaliendo las colinas; aparece la tierra, se van ensanchando los parajes al decrecer las aguas, y tras el largo lapso ense&ntilde;an las selvas sus copas ya desnudas y sostienen el fango que ha quedado entre las hojas.</strong></em></p>
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	<em><strong>El mundo estaba restaurado; pero al verlo Deucalion vac&iacute;o y al ver las tierras desoladas y sumidas en profundo silencio, habl&oacute; asi a Pirra con lagrimas en los ojos: &ldquo;Oh hermana, oh esposa, oh mujer &uacute;nica superviviente, que, unida a mi por la consanguinidad, por el lazo de hermandad de nuestros padres, y despu&eacute;s por el matrimonio, ahora lo estas por los peligros mismos; de toda la tierra que contemplan el ocaso y el orto nosotros dos somos la &uacute;nica poblaci&oacute;n; todo lo dem&aacute;s est&aacute; en poder del ponto. Incluso ahora no tenemos todavia suﬁciente seguridad ni garantia para nuestra vida; a&uacute;n los nubarrones aterrorizan mi alma. &iquest;Cual ser&iacute;a tu estado de animo ahora, infeliz, si hubieras sido arrancada a la muerte sin mi? &iquest;De qu&eacute; modo hubieras podido soportar el miedo? &iquest;Qui&eacute;n proporcionaria consuelo a tu dolor? Porque yo mismo, creerne, si a ti te poseyera tambi&eacute;n el ponto, yo te seguir&iacute;a, esposa, y tambi&eacute;n a mi me poseeria el ponto. |Ojal&aacute; pudiera yo restablecer la poblaci&oacute;n del mundo con las facultades de mi padre y derramar vida en la tierra despu&eacute;s de modelarla. Pero en nosotros dos est&aacute; todo lo que queda de la estirpe mortal; asi lo han decidido los dioses, y subsistimos como ejemplares &uacute;nicos de humanidad. Acab&oacute; de hablar y ambos lloraban. Acordaron dirigir sus plegarias a los poderes celestiales y pedir auxilio vali&eacute;ndose del or&aacute;culo sagrado. Sin la menor tardanza acuden juntos a las aguas del Cefiso, que si a&uacute;n no estaban limpidas, al menos atravesaban ya sus habituales parajes. De alli tomaron unas gotas con las que rociaron sus ropas y cabezas, tras de lo cual encaminan sus pasos al santuario de la diosa augusta, cuyos tejados verdeaban cubiertos de sucio musgo y cuyos altares estaban desprovistos de fuego. Cuando alcanzaron las gradas del templo se prosternaron ambos en tierra y besaron, llenos de temor, la fria piedra; y hablaron as&iacute;: &ldquo;Si las deidades se ablandan. desarmadas, por las preces de los justos, si se doblega la c&oacute;lera de los dioses, di, Temis, por qu&eacute; medios podria repararse la p&eacute;rdida de nuestra raza, y, en tu extraordinaria clemencia, socorre a un mundo sumergido&rdquo;. Conmovida la diosa dio esta respuesta: &ldquo;Alejaos del templo, cubr&iacute;os la cabeza, soltad los lazos que sujetan vuestras ropas, y arrojad a vuestra espalda los huesos de la gran madre.&quot; Mucho tiempo quedaron confusos, hasta que fue Pirra la primera que rompi&oacute; el silencio con su voz, rehusando obedecer las &oacute;rdenes de la diosa; con palabras tr&eacute;mulas le pide perd&oacute;n y se espanta ante la idea de ultrajar las sombras de su madre arrojando sus huesos. Mientras, vuelven a meditar sobre las palabras oscuras, de insoluble mara&ntilde;a, del or&aacute;culo de la diosa, y les dan vueltas y mas vueltas. Hasta que el Prometida tranquiliza a la Ep&iacute;m&eacute;tide con palabras reconfortantes dici&eacute;ndole: &ldquo;O me enga&ntilde;a mi inteligencia, o el or&aacute;culo es santo y no nos aconseja ning&uacute;n crimen. La gran madre es la tierra; me parece que los huesos de que en &eacute;l se habla son las piedras en el cuerpo de la tierra; &eacute;stas son las que se nos ordena arrojar a nuestras espaldas.&quot;</strong></em></p>
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	<em><strong>Aunque esta interpretaci&oacute;n de su esposo produjo impresi&oacute;n en la Titania&ldquo;, sus esperanzas, sin embargo, vacilan todavia; hasta ese punto desconf&iacute;an ambos de las &oacute;rdenes divinas; pero &iquest;qu&eacute; mal habra en probar? Se alejan, cubren sus cabezas, se desci&ntilde;en las t&uacute;nicas, y van tirando sobre sus huellas las piedras prescritas. Los pedruscos (&iquest;qui&eacute;n lo creeria si no lo atestiguara la antigua tradici&oacute;n?) empezaron a despojarse de su dureza y de su rigidez, a ablandarse conforme pasaba el tiempo, y, una vez ablandados, a tomar forma. Despu&eacute;s, cuando crecieron y adquirieron una naturaleza m&aacute;s suave, pod&iacute;a ya parecer aquello un algo de ﬁgura humana, aunque todavia no resultaba evidente, sino que era como una obra empezada en m&aacute;rmol, no bien terminada a&uacute;n y semejante a las estatuas a medio hacer. Ahora bien, todo lo que en aquellas piedras habia de h&uacute;medo o ten&iacute;a alg&uacute;n jugo o era de tierra se convirtio en carne para formar el cuerpo; lo que habia de solido y que no podia doblarse se transform&oacute; en huesos; lo que era vena permaneci&oacute; con el mismo nombre; y asi en breve espacio, por voluntad de los dioses, los pedruscos lanzados por las manos del hombre cobraron aspecto de hombres, mientras la mujer fue recreada por las que la mujer arrojaba. Por eso somos una raza dura, que soporta penalidades, y exhib&igrave;mos pruebas de cu&aacute;l es el principio de que nacimos.</strong></em></p>
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	<em><strong>Los demas animales, con sus formas diversas, los produjo la tierra por s&iacute; misma, una vez que la humedad que a&uacute;n conservaba se calent&oacute; con el ardor del sol, una vez que el cieno y las h&uacute;medas charcas se hincharon con el calor, y los g&eacute;rmenes fecundos de la naturaleza, alimentados por un suelo viviﬁcante, como en el seno de una madre, crecieron y tomaron con el tiempo alguna forma determinada. Tambi&eacute;n de este modo, cuando el Nilo, el r&iacute;o de los siete desag&uuml;es, abandona los campos empapados&hellip; y devuelve a su antiguo cauce su caudalosa corriente, y el limo fresco se calienta bajo el astro celeste, son muchisimos los animales que encuentran los labradores al levantar los terrones; de entre aquellos hay unos que estan apenas empezados puesto que estan naciendo en aquel momento, otros se ven a medio hacer a&uacute;n y desprovistos de sus organos, y con frecuencia en un mismo cuerpo hay una parte que tiene ya vida, mientras otra es todav&iacute;a tierra inerte. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Antonio Ruiz de Elvira. Edit. CSIC.Madrid)</p>
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	<em>Nota</em>: por ser unos textos un tanto extensos, reproducir&eacute; los textos latinos al final del art&iacute;culo.</p>
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	<em>El rapto de Europa</em></p>
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	Seg&uacute;n el relato m&iacute;tico, <em>Europa </em>era hija del rey de <em>Tiro Agenor</em>; de ella se anamor&oacute; el dios <em>Zeus</em>, que orden&oacute; a <em>Hermes </em>traer junto al r&iacute;o a las vacas del rey; <em>Zeus </em>se transform&oacute; en un toro blanco para ganarse la confianza de <em>Europa</em>, que se mont&oacute; en sus lomos; en ese momento el toro arranc&oacute; veloz, se intern&oacute; en el mar <em>Mediterr&aacute;neo </em>y lleg&oacute; a Creta. All&iacute; el dios se mostr&oacute; en su divinidad y sedujo a la joven.</p>
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	Es este uno de los mitos m&aacute;s representados desde &eacute;poca antigua, pues tenemos representaciones desde el siglo VI a.C.&nbsp; <em>Tiziano </em>pinto entre 1559 y 1562 un oleo sobre este mito que se expone en el Museo del Prado. Pedro Pablo Rubens copi&oacute; este cuadro en 1628-1629. Luego el mismo <em>Rubens </em>repiti&oacute; otra vez el tema para la <em>Torre de la Parada</em> pero de forma muy distinta distinta (se conserva el boceto en el mismo museo) y a su vez poco despu&eacute;s <em>Jan Erasmus Quelinus</em> pinto sobre este boceto el cuadro que tambi&eacute;n se conserva tambi&eacute;n en el Prado.</p>
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	<img decoding="async" alt="" height="351" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/europa.jpg" width="387" /></p>
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	<em>Pedro Pablo Rubens. Rubens,&nbsp; (Copia de Tiziano, Vecellio di Gregorio)</em></p>
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	<img decoding="async" alt="" height="299" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/europa2..jpg" width="218" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/europa3.jpg" style="width: 211px; height: 302px;" /></p>
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	<em>El rapto de Europa . Boceto de Pedro Pablo Rubens 1636 &#8211; 1637. &Oacute;leo sobre tabla, 18,9 x 13,7 cm. y &oacute;leo de Jan Erasmjus Quelinus.</em></p>
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	Nos lo cuenta <em>Ovidio en Metamorfosis II, 833-875:</em></p>
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	<em><strong>Una vez que el Atlantiada (Mercurio) impuso este castigo a sus palabras y alma sacrilega, abandona las tierras que han tomado de Palas su nombre, y agitando sus alas penetra en el cielo. Lo llama aparte su padre y, sin declarar que es el amor lo que le mueve, le dice: &ldquo;Fiel ejecutor de mis ordenes, hijo, omite toda dilaci&oacute;n y desciende en veloz carrera como acostumbras; encaminate a la tierra que mira a tu madre por la izquierda -&laquo;sus habitantes le dan el nombre de tierra de Sid&oacute;n-, y haz que aquel reba&ntilde;o real que ves pacer a lo lejos la hierba de la monta&ntilde;a se dirija a la playa&rdquo;. Dijo, e inmediatamente los toros, echados de la monta&ntilde;a, se encaminan, conforme a lo ordenado, a la playa, en donde la hija de un gran rey solia distraerse acompa&ntilde;ada por j&oacute;venes de Tiro. No son muy compatibles ni habitan en un mismo domicilio la majestad y el amor; abandonando la gravedad de su cetro, el ilustre padre y soberano de los dioses, cuya diestra esta armada de los fuegos de tres puntas, que con una cabezada sacude el mundo, se viste la apariencia de un toro, muge mezclado a los novillos y va de un lado para otro espl&eacute;ndido, por la blanda hierba. Y en efecto, su color es el de la nieve que ni han pisado las plantas de un duro pie ni ha fundido el lluvioso Austro. En su cuello sobresalen los m&uacute;sculos, sobre los brazos le cae la papada; sus cuernos son peque&ntilde;os, si, pero se podria asegurar que son obra de artesania y son m&aacute;s luminosos que una perla sin tacha. No hay en su testuz amenaza alguna ni inspira terror su mirada. Su semblante es de paz. Se maravilla la hija de Ag&eacute;nor de que sea tan hermoso, de que no amenace con ataque alguno; pero, con todo lo manso que era, al principio no se atreve a tocarlo. Despu&eacute;s se acerca y le ofrece flores en la blanca boca. Se fregocija el enamorado y, en tanto llega el placer que espera, le da besos en las manos; y apenas, apenas puede ya aplazar lo dem&aacute;s. Tan pronto retoza y salta en la verde hierba, como apoya el costado de nieve en la rojiza arena; y habi&eacute;ndole quitado el miedo poco a poco, ya le ofrece el pecho para que le d&eacute; golpecitos su mano de virgen, ya los cuernos para que en ellos le entrelace guirnaldas de frescas flores. Se at revi&oacute; tambi&eacute;n la regia doncella, sin saber a quien montaba, a sentarse en la espalda del toro, y a partir de entonces el dios se va alejando insensiblemente de la tierra y de la parte seca de la playa, poniendo primero en el borde del agua las falsas plantgas de sus patas y progresando despu&eacute;s hasta llevarse su bot&iacute;n a trav&eacute;s de las l&iacute;quidas llanuras del mar abierto. Ella est&aacute; asustada, mira atr&aacute;s a la playa que ha dejado al ser raptada, y con la mano derecha se agarra a los cuernos mientras apoya la otra en el lomo: sus ropas tr&eacute;mulas ondlan al soplo de la brisa.</strong></em></p>
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	<em>Orfeo y Eur&iacute;dice</em></p>
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	El tema de la pareja m&iacute;tica <em>Orfeo </em>y <em>Eur&iacute;dice </em>es el del descenso al mundo inferior, al infierno, al mundo de los muertos, al mundo donde reinan <em>Plut&oacute;n </em>y <em>Pros&eacute;rpina</em>; en griego se llama a este descenso &kappa;&alpha;&tau;&alpha;&beta;ᾴ&sigma;&epsilon;&iota;&sigmaf;, <em>katabaseis</em>,&nbsp; o &kappa;ά&theta;&omicron;&delta;&omicron;&iota;, <em>kathodoi</em>, y se adjudican a <em>H&eacute;rcules</em>, <em>Ulises, Eneas, Teseo, Pir&iacute;too</em> y sobre todo a <em>Orfeo</em>, que acude en busca de su esposa, fallecida por el veneno de una serpiente,&nbsp; y cuyo final no anticipo para no minorar el inter&eacute;s de la lectura del texto de <em>Ovidio</em>, que sin duda inspir&oacute; las numerosas representaciones pict&oacute;ricas que del mito se hicieron.&nbsp; Lo presento&nbsp; en un cuadro tambi&eacute;n de <em>Pedro Pablo Rubens</em></p>
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	<em>Orfeo y Eur&iacute;dice. 1636 &#8211; 1638. &Oacute;leo sobre lienzo, 196,5 x 247,5 cm.<br />
	Pedro Pablo Rubens</em></p>
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	<img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/orfeo.jpg" /></p>
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	<em>Virgilio </em>nos relata tambi&eacute;n el mito en su obrita <em>Culex </em>y luego en sus famosas <em>Ge&oacute;rgicas</em>. <em>Ovidio </em>deb&iacute;a conocer esta versi&oacute;n virgiliana y es el&nbsp; relato de <em>Ovidio </em>que encontramos al principio del <em>Libro X de sus Metamorfosis, versos del 1 al 77</em>. el que ahora transcribo:</p>
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	<em><strong>De all&iacute; se aleja el Himeneo, cubierto por azafranado manto, atravesando el cielo inmenso, yse dirigi&oacute; a la regi&oacute;n de los C&iacute;cones, y en vano lo llama la voz de Orfeo. Presente estuvo, s&iacute;, pero ni llev&oacute; all&iacute; palabras rituales ni rostro gozoso ni favorable presagio. Incluso la antorcha que sosten&iacute;a no dej&oacute; de chisporrotear produciendo un humo que hac&iacute;a brotar las l&aacute;grimas, y no logr&oacute;, por m&aacute;s que se la movi&oacute;, dar llama alguna. El resultado fue a&uacute;n m&aacute;s grave que el augurio: pues la reci&eacute;n casada, durante un paseo en el que iba acompa&ntilde;ada por un tropel de N&aacute;yades, sucumbi&oacute; de la mordedura de una serpiente en un tobillo. La llor&oacute; mucho el artista rodopeo en los aires de arriba, tras de lo cual, para no dejar de probar tambi&eacute;n con las sombras, se atrevi&oacute; a descender a la Estige por la puerta del T&eacute;naro, y, atravesando multitudes ingr&aacute;vidas y espectros que hab&iacute;an recibido sepultura, se present&oacute; ante Pers&eacute;fone y ante el soberano que gobierna el repulsivo reino de las sombras, y pulsando las cuerdas en acompa&ntilde;amiento a su canto dijo as&iacute;: &ldquo;Oh divinidades del mundo situado bajo tierra, al que venimos a caer cuantos somos engendradas mortales, si es licito y vosotros permitis que yo diga la verdad omitiendo los rodeos propios de una boca mentirosa, no he descendidoaqu&iacute; para ver el oscuro T&aacute;rtaro, ni para encadenar las tres gargantas, provistas de culebras en vez de vello, del monsgtruo Meduseo; el motivo de mi viaje es mi esposa, en la que una v&iacute;bora, al ser pisada, introdujo su veneno, y le arrebat&acute;&acute;o sus a&ntilde;os en crecimiento. Yo quise ser capaz de sop&oacute;rtalo, y no negar&eacute; que le he intentado; el Amor ha vencido. Es un dios bien conocido en las regiones de arriba; yo no s&eacute; si tambi&eacute;n lo es aqu&iacute;, pero sospecho que s&iacute; lo es tambi&eacute;n, y si la fama del antiguo rapta no ha mentido, tambi&eacute;n a vosotros os uni&oacute; el Amor. Por estos lugares llenos de espanto, por este inmenso Caos y por el silencio de vasto territorio yo os lo pido: volved a tejer el prematuro destino de Eur&iacute;dice. Todos los seres os somos debido, y tras breve demora, m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano, marchamos velozmente al mismo sitio. Aqu&iacute; nos encaminamos todos, &eacute;sta es la &uacute;ltima morada, y vosotros pose&eacute;is los m&aacute;s dilatados territorios habitados por la raza humana. Tambi&eacute;n Euridice ser&aacute; de vuestra propiedad cuando en saz&oacute;n haya cumplido los a&ntilde;os que le corresponden; os pido su disfrute como un obsequio; y si los hados niegan esta concesi&oacute;n para mi esposa, yo tengo tomada mi ﬁrme resoluci&oacute;n de no volver: gozad con la muerte de los dos&rdquo;. lmentras &eacute;l hablaba as&iacute; y hac&iacute;a vibrar las cuerdas acompa&ntilde;ando a sus palabras, lo lloraban las almas sin sangre; T&aacute;ntalo no trat&oacute; de alcanzar el agua que se le escapaba, qued&oacute; paralizada la rueda de Ix&iacute;on, las aves no hicieron presa en el h&iacute;gado, y t&uacute;, Sisifo, te sentaste en tu pe&ntilde;a. Entonces se dice que por primera vez las mejillas de las Eum&eacute;nides, subyugadas por el canto, se humedecieron de l&aacute;grimas, y ni la regia consorte ni el que gobierna los abismos fueron capaces de decir que no al suplicante, y llaman a Eur&iacute;dice. Se encontraba ella entre las sombras reci&eacute;n llegadas, y avanz&oacute; con paso lento por la herida. El rodopio Orfeo la recibi&oacute;, al mismo tiempo que la condici&oacute;n de no volver atr&aacute;s los ojos hasta que hubiera salido de los valles de Averno; en otro caso quedar&iacute;a anulada la gracia.</strong></em></p>
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	<em><strong>Emprenden la marcha a trav&eacute;s de parajes de silenciosa quietud y siguiendo una senda ompinada, abrupta, oscura, pre&ntilde;ada de negras tinieblas, y llegaron cerca del l&iacute;mite de la tierra de arriba. All&iacute;, por temor a que ella desfalleciese, y ansioso de verla, volvi&oacute; el enamorado los ojos, y en el acto ella cay&oacute; de nuevo al abismo. Y extendiendo ella los brazos y esforz&aacute;ndose por ser abrazada y por abrazar, no agarra la desventurada otra cosa que el aire que se le escapa, y al morir ya por segunda vez no profiri&oacute; queja alguna de su esposo (&iquest;pues de qu&eacute; se iba a auejar sino de que la hab&iacute;a amado?), y dici&eacute;ndole un &uacute;ltimo adi&oacute;s, que apenas pudieron percibir los o&iacute;dos de Orfeo, descendi&oacute; de nuevo al lugar de donde partiera. Con la doble muerte de su esposa qued&oacute; Orfeo no menos agturdido que el que vio asustado los tres cuellos del perro, de los cuales el central llevaba las cadenas; a aquel hombre no le abandon&oacute; el p&aacute;nico antes que su anterior naturaleza, pues la piedra le invadi&acute;po el cuerpo. O que &Oacute;leno, que se ech&oacute; la culpa y quiso pasar por convito, o que t&uacute;, desdichada Letea, ensoberbecida de tu belleza, corazones ambos unid&iacute;simo en otro tiempo, hoy pe&ntilde;as que desansan sobre el h&uacute;medo Ida.</strong></em></p>
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	<em><strong>Suplic&oacute; Orfeo, y en vano quiso volver a pasar; el barquero lo rechaz&oacute;, y aun as&iacute; durante siete d&iacute;as permaneci&oacute; &eacute;l sentado en la orilla, desali&ntilde;ado y ayuno del don de Ceres; la angustia y la pena de su alma y las l&aacute;grimas fueron su alimento. Despu&eacute;s de lamentarse llamando crueles a los dioses del &Eacute;rebo, se retir&oacute; al elevado R&oacute;dope y al Hemo batido por los aquilones.</strong></em></p>
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	<em>Atalanta e Hipomenes</em></p>
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	<em>Hip&oacute;menes y Atalanta 1618 &#8211; 1619. &Oacute;leo sobre lienzo, 206 x 297 cm.<br />
	Reni, Guido, pintor barroco bolo&ntilde;es.</em></p>
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	<img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/sin_título.jpg" /></p>
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	Hace alg&uacute;n tiempo reh&iacute;ce el relato de la famosa carrera de <em>Atalanta </em>e <em>Hipomenes </em>en este mismo blog adaptando directamente el texto de <em>Ovidio</em>. El mito narra la historia de Atalanta, la hija del rey de <em>Arcadia</em>, que se ofreci&oacute; en matrimonio a quien fuera capaz de vencerla en la carrera; quienes fueran derrotados ser&iacute;an castigados con la muerte. El apuesto <em>Hipomenes </em>le gan&oacute; la carrera sirvi&eacute;ndose de la ayuda de la diosa <em>Venus</em>, que le sugiri&oacute; una estratagema.</p>
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	Remito a la p&aacute;gina <a href="https://www.antiquitatem.com/atalanta-mitologia-palacio-del-infantado">https://www.antiquitatem.com/atalanta-mitologia-palacio-del-infantado</a>&nbsp; para obtener un comentario m&aacute;s amplio del relato, pero ofrezco no obstante el texto, ahora a la vista de uno de los cuadros del Prado, el correspondiente a Guido Reni.</p>
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	Quien desee una lectura completa del texto de <em>Ovidio </em>debe acudir a <em>Metamorfosis, VIII, 281 y ss</em>. para el episodio de <em>Meleagro </em>y la caza del jabal&iacute; de <em>Calid&oacute;n </em>y&nbsp; <em>Metamorfosis X,560-704</em> para la carrera con <em>Hipomenes</em>.</p>
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	<em><strong>Cuando Atalanta naci&oacute;, su padre, el rey de Arcadia, enfurecido porque s&oacute;lo deseaba un hijo var&oacute;n, la abandon&oacute; falto de toda piedad en lo alto de una monta&ntilde;a para que muriera de hambre o devorada por las feroces bestias. La diosa Artemisa, que casualmente cazaba en aquellos lugares, se apiad&oacute; de la ni&ntilde;a indefensa y le envi&oacute; una enorme osa que d&oacute;cil la amamant&oacute; con su leche. Con el tiempo y adoptada como hija por la diosa, se convirti&oacute; en una certera cazadora y en la mujer m&aacute;s veloz del mundo y emulando a su patrona prometi&oacute; que tampoco ella se casar&iacute;a nunca.</strong></em></p>
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	<em><strong>Cuando siendo una cazadora famosa recibi&oacute; como trofeo la piel del jabal&iacute; que asolaba el reino de Calid&oacute;n en cuya cacer&iacute;a ella particip&oacute;, se reconcili&oacute; con su padre, que le insist&iacute;a una y otra vez en la necesidad de contraer matrimonio y ofrecerle un heredero futuro para su trono.</strong></em></p>
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	<em><strong>La esquiva Atalanta consult&oacute; el or&aacute;culo de los dioses sobre su esposo y escuch&oacute; estas confusas palabras:</strong></em></p>
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	<em><strong>&#8212; Para nada necesitas un esposo, Atalanta; evita tener un marido. Y a&uacute;n as&iacute; no escapar&aacute;s y ni estando viva te ver&aacute;s privada de ti misma.</strong></em></p>
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	<em><strong>Asustada por estas palabras dif&iacute;ciles de entender procura vivir soltera en los bosques, lejos de sus muchos pretendientes, a los que quiere ahuyentar con una extra&ntilde;a propuesta:</strong></em></p>
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	<em><strong>&#8212; S&oacute;lo me poseer&aacute; aquel de vosotros que me venza en veloz carrera, ese ser&aacute; mi esposo. En cambio el vencido habr&aacute; de morir en castigo a sus pretensiones. Esta es mi propuesta definitiva.&nbsp;</strong></em></p>
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	<em><strong>Es tal la hermosura de la veloz Atalanta que fueron muchos los j&oacute;venes incautos que osaron competir con la mujer m&aacute;s veloz del mundo y perdieron gimiendo y llorando la carrera y con ella la vida inestimable. Por eso el joven Hipomenes, que tan s&oacute;lo hab&iacute;a o&iacute;do hablar de la bella Atalanta, consideraba excesivo el riesgo que habr&iacute;a de correr para conseguirla como esposa. Pero tan pronto vio el espl&eacute;ndido cuerpo de la&nbsp; joven muchacha&nbsp; que hab&iacute;a retirado el velo de su rostro, qued&oacute; prendado y seducido de inmediato.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211;Probar&eacute; yo tambi&eacute;n suerte; el premio merece correr el riesgo mortal. Los dioses ayudan a los valientes. -dice inflamado. Y loco de amor prosigue:</strong></em></p>
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	<em><strong>&nbsp; &#8212; Bella Atalanta, has vencido f&aacute;cilmente y sin esfuerzo a esos pobres muchachos, pero m&iacute;dete conmigo, que soy hijo de Megareo. Si te venzo, no ser&aacute; una derrota deshonrosa para t&iacute; y si ganas t&uacute; la carrera, habr&aacute;s vencido a Hipomenes, el biznieto de Neptuno, dios de las aguas.</strong></em></p>
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	<em><strong>Atalanta levanta sus bellos ojos luminosos y lo mira con ternura.</strong></em></p>
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	<em><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8212; &iquest;Por qu&eacute; quieres insensato poner en peligro tu vida preciosa, t&uacute; todav&iacute;a un ni&ntilde;o? Eres hermoso y valiente, pues no te asusta la muerte. &iquest;Tanto me amas y deseas que est&aacute;s dispuesto a morir&hellip;? Huye mientras puedas, hermoso joven; otras muchachas hermosas querr&aacute;n casarse felices contigo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y tal vez tocada por vez primera por el dulce sentimiento del amor,&nbsp; la inexperta y arisca Atalanta suaviza su decisi&oacute;n implacable y piensa en lo &iacute;ntimo de su coraz&oacute;n:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp; &#8212; &iquest;Por qu&eacute; ha de morir este infeliz inmerecidamente como premio a su amor? Ojal&aacute; desdichado no me hubieras visto nunca. Si la virginidad no fuera mi destino eterno, t&uacute; ser&iacute;as el &uacute;nico con quien yo compartir&iacute;a mi lecho nupcial. Ojal&aacute;, loco, fueras m&aacute;s veloz que yo misma.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pero ya Hipomenes urge la carrera, no sin antes encomendarse a la diosa del amor y pedir su ayuda divina:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp; &#8212; Tu, diosa, que has inspirado mi pasi&oacute;n ciega, ayuda a mi osad&iacute;a.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Acudi&oacute; Venus a la llamada envuelta en una blanca nube, tan s&oacute;lo visible para Hipomenes,&nbsp; y le entreg&oacute; tres manzanas amarillas, brillantes como el sol, que deber&iacute;a utilizar en la carrera de una determinada manera.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Las trompetas dieron la se&ntilde;al de salida. All&aacute; van los dos contendientes tan veloces que parecen&nbsp; volar. Atalanta, rehusando pasar al muchacho, se sit&uacute;a a la par y contempla embelesada su rostro virginal. Arroja entonces Hipomenes una de las tres brillantes manzanas, que atrae de inmediato la mirada y el inter&eacute;s de Atalanta. Refrena pues su marcha y mientras recoge curiosa del suelo la fruta de oro, es adelantada por Hipomenes. Recupera veloz Atalanta el espacio perdido y de nuevo sobrepasa al joven con facilidad. Arroja el joven&nbsp; una segunda fruta y una vez m&aacute;s se entretiene la muchacha, que pronto recupera tambi&eacute;n el tiempo perdido. Tan s&oacute;lo queda el &uacute;ltimo tramo antes de la meta final. Ahora el joven lanza con fuerza la tercera manzana lejos del camino. Atalanta duda, pero confiada en sus veloces pies, acude a recoger a lo lejos el dorado fruto. Pero calcul&oacute; mal su rapidez o tal vez el incipiente amor refren&oacute; su marcha, que ahora resulta perdedora. Hipomenes ha alcanzado mientras tanto la meta final y con ello su ansiado premio merecido, el matrimonio con la joven virgen.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Incomprensiblemente, el joven Hipomenes olvid&oacute; a Venus y no supo agradecer su ayuda. La diosa se sinti&oacute; por ello despreciada y ofendida.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cierto d&iacute;a pasaban junto al templo de Cibeles, la Madre de los dioses, y decidieron descansar del largo camino. Se apoder&oacute; de Hipomenes un repentino e irrefrenable deseo de yacer con Atalanta, suscitado sin duda por la vengativa Venus. All&iacute; mismo, en la cueva sagrada, a la vista de las divinas im&aacute;genes, profanan el&nbsp; santuario con su obsceno amor.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La Madre Cibeles castig&oacute; su lujuria con su divina severidad: unas largas y feroces melenas cubren sus humanos cuellos, las manos se transforman en garras, una larga cola surge de su espalda, elevan fieros su orgullosa cabeza de&nbsp; le&oacute;n y&nbsp; sus fauces emiten rugidos que amedrentan a los restantes animales. Compadecida luego la diosa, unce a la pareja de leones con fuertes correas de flexible cuero a su majestuoso carro, del que han de tirar incansables por toda la eternidad.</strong></em></p>
<p>
	Sirvan estos tres o cuatro ejemplos de c&oacute;mo <em>Ovidio </em>puede facilitarnos la visita a <em>Museos </em>tales como el del <em>Prado </em>y facilitarnos la comprensi&oacute;n de decenas de&nbsp; obras all&iacute; expuestas.</p>
<p>
	<em>Textos Latinos</em></p>
<p>
	<em>Deucali&oacute;n y Pirra. Ovidio, Metamorfosis, I, 309-430:</em></p>
<p>
	<em>Obruerat tumulos inmensa licentia ponti,<br />
	Pulsabantque noui montana cacumina fluctus.<br />
	Maxima pars unda rapitur: quibus unda pepercit,<br />
	Illos longa domant inopi ieiunia uictu.<br />
	Separat Aonios Oetaeis Phocis ab aruis,&nbsp;<br />
	Terra ferax, dum terra fuit, sed tempore in illo<br />
	Pars maris et latus subitarum campus aquarum;<br />
	Mons ibi uerticibus petit arduus astra duobus,<br />
	Nomine Parnasus, superantque cacumina nubes:<br />
	Hic ubi Deucalion (nam cetera texerat aequor)<br />
	Cum consorte tori parua rate uectus adhaesit,<br />
	Corycidas nymphas et numina montis adorant<br />
	Fatidicamque Themin, quae tunc oracla tenebat:<br />
	Non illo melior quisquam nec amantior aequi<br />
	Vir fuit aut illa metuentior ulla deorum.<br />
	Iuppiter ut liquidis stagnare paludibus orbem<br />
	Et superesse uirum de tot modo milibus unum<br />
	Et superesse uidet de tot modo milibus unam,<br />
	Innocuos ambo, cultores numinis ambo,<br />
	Nubila disiecit nimbisque aquilone remotis<br />
	Et caelo terras ostendit et aethera terris.<br />
	Nec maris ira manet, positoque tricuspide telo<br />
	Mulcet aquas rector pelagi supraque profundum<br />
	Exstantem atque umeros innato murice tectum<br />
	Caeruleum Tritona uocat conchaeque sonanti<br />
	Inspirare iubet fluctusque et flumina signo<br />
	Iam reuocare dato: caua bucina sumitur illi,<br />
	Tortilis, in latum quae turbine crescit ab imo,<br />
	Bucina, quae medio concepit ubi aera ponto,<br />
	Litora uoce replet sub utroque iacentia Phoebo.<br />
	Tunc quoque, ut ora dei madida rorantia barba<br />
	Contigit et cecinit iussos inflata receptus,<br />
	Omnibus audita est telluris et aequoris undis<br />
	Et, quibus est undis audita, coercuit omnes.<br />
	Iam mare litus habet, plenos capit alueus amnes,<br />
	Flumina subsidunt collesque exire uidentur,<br />
	Surgit humus, crescunt loca decrescentibus undis,<br />
	Postque diem longam nudata cacumina siluae<br />
	Ostendunt limumque tenent in fronde relictum.<br />
	Redditus orbis erat; quem postquam uidit inanem<br />
	Et desolatas agere alta silentia terras,<br />
	Deucalion lacrimis ita Pyrrham adfatur obortis:<br />
	&quot;O soror, o coniunx, o femina sola superstes,<br />
	Quam commune mihi genus et patruelis origo,<br />
	Deinde torus iunxit, nunc ipsa pericula iungunt,<br />
	Terrarum, quascumque uident occasus et ortus,<br />
	Nos duo turba sumus: possedit cetera pontus.<br />
	Haec quoque adhuc uitae non est fiducia nostrae<br />
	Certa satis; terrent etiam nunc nubila mentem.<br />
	Quis tibi, si sine me fatis erepta fuisses,<br />
	Nunc animus, miseranda, foret? quo sola timorem<br />
	Ferre modo posses? quo consolante doleres?<br />
	Namque ego, crede mihi, si te quoque pontus haberet,<br />
	Te sequerer, coniunx, et me quoque pontus haberet.<br />
	O utinam possim populos reparare paternis<br />
	Artibus atque animas formatae infundere terrae!<br />
	Nunc genus in nobis restat mortale duobus<br />
	(Sic uisum superis) hominumque exempla manemus.&quot;<br />
	Dixerat, et flebant; placuit caeleste precari<br />
	Numen et auxilium per sacras quaerere sortes.<br />
	Nulla mora est: adeunt pariter Cephisidas undas,<br />
	Vt nondum liquidas, sic iam uada nota secantes.<br />
	Inde ubi libatos inrorauere liquores<br />
	Vestibus et capiti, flectunt uestigia sanctae<br />
	Ad delubra deae, quorum fastigia turpi<br />
	Pallebant musco stabantque sine ignibus arae.<br />
	Vt templi tetigere gradus, procumbit uterque<br />
	Pronus humi gelidoque pauens dedit oscula saxo,<br />
	Atque ita &quot;si precibus&quot; dixerunt &quot;numina iustis<br />
	Victa remollescunt, si flectitur ira deorum,<br />
	Dic, Themi, qua generis damnum reparabile nostri<br />
	Arte sit, et mersis fer opem, mitissima, rebus.&quot;<br />
	Mota dea est sortemque dedit: &quot;discedite templo<br />
	Et uelate caput cinctasque resoluite uestes<br />
	Ossaque post tergum magnae iactate parentis.&quot;<br />
	Obstipuere diu, rumpitque silentia uoce<br />
	Pyrrha prior iussisque deae parere recusat,<br />
	Detque sibi ueniam, pauido rogat ore pauetque<br />
	Laedere iactatis maternas ossibus umbras.<br />
	Interea repetunt caecis obscura latebris<br />
	Verba datae sortis secum inter seque uolutant.<br />
	Inde Promethides placidis Epimethida dictis<br />
	Mulcet et &quot;aut fallax&quot; ait &quot;est sollertia nobis,<br />
	Aut (pia sunt nullumque nefas oracula suadent)<br />
	Magna parens terra est: lapides in corpore terrae<br />
	Ossa reor dici; iacere hos post terga iubemur.&quot;<br />
	Coniugis augurio quamquam Titania mota est,<br />
	Spes tamen in dubio est: adeo caelestibus ambo<br />
	Diffidunt monitis. sed quid temptare nocebit?<br />
	Discedunt uelantque caput tunicasque recingunt<br />
	Et iussos lapides sua post uestigia mittunt.<br />
	Saxa (quis hoc credat, nisi sit pro teste uetustas?)<br />
	Ponere duritiem coepere suumque rigorem<br />
	Mollirique mora mollitaque ducere formam.<br />
	Mox ubi creuerunt naturaque mitior illis<br />
	Contigit, ut quaedam, sic non manifesta uideri<br />
	Forma potest hominis, sed, uti de marmore coepta,<br />
	Non exacta satis rudibusque simillima signis.<br />
	Quae tamen ex illis aliquo pars umida suco<br />
	Et terrena fuit, uersa est in corporis usum;<br />
	Quod solidum est flectique nequit, mutatur in ossa;<br />
	Quae modo uena fuit, sub eodem nomine mansit;<br />
	Inque breui spatio superorum numine saxa<br />
	Missa uiri manibus faciem traxere uirorum,<br />
	Et de femineo reparata est femina iactu.<br />
	Inde genus durum sumus experiensque laborum<br />
	Et documenta damus, qua simus origine nati.<br />
	Cetera diuersis tellus animalia formis<br />
	Sponte sua peperit, postquam uetus umor ab igne<br />
	Percaluit solis caenumque udaeque paludes<br />
	Intumuere aestu fecundaque semina rerum<br />
	Viuaci nutrita solo ceu matris in aluo<br />
	Creuerunt faciemque aliquam cepere morando.<br />
	Sic, ubi deseruit madidos septemfluus agros<br />
	Nilus et antiquo sua flumina reddidit alueo<br />
	Aetherioque recens exarsit sidere limus,<br />
	Plurima cultores uersis animalia glaebis<br />
	Inueniunt et in his quaedam modo coepta per ipsum<br />
	Nascendi spatium, quaedam inperfecta suisque<br />
	Trunca uident numeris, et eodem in corpore saepe<br />
	Altera pars uiuit, rudis est pars altera tellus.</em></p>
<p>
	&#8230;&#8230;</p>
<p>
	<em>Rapto de Europa. Ovidio, Metamorfosis II, 833-875:</em></p>
<p>
	<em>Has ubi uerborum poenas mentisque profanae<br />
	Cepit Atlantiades, dictas a Pallade terras<br />
	Linquit et ingreditur iactatis aethera pennis.<br />
	Seuocat hinc genitor nec causam fassus amoris:<br />
	&quot;Fide minister&quot; ait &quot;iussorum, nate, meorum,<br />
	Pelle moram solitoque celer delabere cursu<br />
	Quaeque tuam matrem tellus a parte sinistra<br />
	Suspicit (indigenae Sidonida nomine dicunt),<br />
	Hanc pete, quodque procul montano gramine pasci<br />
	Armentum regale uides, ad litora uerte&quot;.<br />
	Dixit et expulsi iamdudum monte iuuenci<br />
	Litora iussa petunt, ubi magni filia regis<br />
	Ludere uirginibus Tyriis comitata solebat.<br />
	Non bene conueniunt nec in una sede morantur<br />
	Maiestas et amor; sceptri grauitate relicta,<br />
	Ille pater rectorque deum, cui dextra trisulcis<br />
	Ignibus armata est, qui nutu concutit orbem,<br />
	Induitur faciem tauri mixtusque iuuencis<br />
	Mugit et in teneris formosus obambulat herbis.<br />
	Quippe color niuis est, quam nec uestigia duri<br />
	Calcauere pedis nec soluit aquaticus Auster.<br />
	Colla toris exstant, armis palearia pendent;<br />
	Cornua parua quidem, sed quae contendere possis<br />
	Facta manu puraque magis perlucida gemma.<br />
	Nullae in fronte minae nec formidabile lumen;<br />
	Pacem uultus habet. miratur Agenore nata<br />
	Quod tam formosus, quod proelia nulla minetur;<br />
	Sed quamuis mitem, metuit contingere primo.<br />
	Mox adit et flores ad candida porrigit ora.<br />
	Gaudet amans et, dum ueniat sperata uoluptas,<br />
	Oscula dat manibus; uix iam, uix cetera differt.<br />
	Et nunc alludit uiridique exsultat in herba<br />
	Nunc latus in fuluis niueum deponit harenis;<br />
	Paulatimque metu dempto, modo pectora praebet<br />
	Virginea plaudenda manu, modo cornua sertis<br />
	Impedienda nouis. ausa est quoque regia uirgo,<br />
	Nescia quem premeret, tergo considere tauri,<br />
	Cum deus a terra siccoque a litore sensim<br />
	Falsa pedum primo uestigia ponit in undis,<br />
	Inde abit ulterius mediique per aequora ponti<br />
	Fert praedam. pauet haec litusque ablata relictum<br />
	Respicit et dextra cornum tenet, altera dorso<br />
	Imposita est; tremulae sinuantur flamine uestes.</em></p>
<p>
	&nbsp; &#8230;.</p>
<p>
	<em>Orfeo y Eur&iacute;dice. &nbsp; Ovidio, Metamorfosis, X, versos del 1 al 77.</em></p>
<p>
	I<em>nde per immensum croceo uelatus amictu<br />
	Aethera digreditur Ciconumque Hymenaeus ad oras<br />
	Tendit et Orphea nequiquam uoce uocatur.<br />
	Adfuit ille quidem, sed nec sollemnia uerba<br />
	Nec laetos uultus nec felix attulit omen;<br />
	Fax quoque, quam tenuit, lacrimoso stridula fumo<br />
	Vsque fuit nullosque inuenit motibus ignes.<br />
	Exitus auspicio grauior. nam nupta per herbas<br />
	Dum noua naiadum turba comitata uagatur,<br />
	Occidit in talum serpentis dente recepto.<br />
	Quam satis ad superas postquam Rhodopeius auras<br />
	Defleuit uates, ne non temptaret et umbras,<br />
	Ad Styga Taenaria est ausus descendere porta<br />
	Perque leues populos simulacraque functa sepulcro<br />
	Persephonen adiit inamoenaque regna tenentem<br />
	Vmbrarum dominum pulsisque ad carmina neruis<br />
	Sic ait: &quot;o positi sub terra numina mundi,<br />
	In quem reccidimus, quidquid mortale creamur,<br />
	Si licet et falsi positis ambagibus oris<br />
	Vera loqui sinitis, non huc, ut opaca uiderem<br />
	Tartara, descendi, nec uti uillosa colubris<br />
	Terna Medusaei uincirem guttura monstri;<br />
	Causa uiae est coniunx, in quam calcata uenenum<br />
	Vipera diffudit crescentesque abstulit annos.<br />
	Posse pati uolui nec me temptasse negabo:<br />
	Vicit Amor. supera deus hic bene notus in ora est;<br />
	An sit et hic, dubito. sed et hic tamen auguror esse,<br />
	Famaque si ueteris non est mentita rapinae,<br />
	Vos quoque iunxit Amor. per ego haec loca plena timoris,<br />
	Per Chaos hoc ingens uastique silentia regni,<br />
	Eurydices, oro, properata retexite fata!<br />
	Omnia debentur uobis paulumque morati<br />
	Serius aut citius sedem properamus ad unam.<br />
	Tendimus huc omnes, haec est domus ultima, uosque<br />
	Humani generis longissima regna tenetis.<br />
	Haec quoque, cum iustos matura peregerit annos,<br />
	Iuris erit uestri: pro munere poscimus usum.<br />
	Quod si fata negant ueniam pro coniuge, certum est<br />
	Nolle redire mihi: leto gaudete duorum.&quot;<br />
	Talia dicentem neruosque ad uerba mouentem<br />
	Exsangues flebant animae: nec Tantalus undam<br />
	Captauit refugam stupuitque Ixionis orbis,<br />
	Nec carpsere iecur uolucres, urnisque uacarunt<br />
	Belides, inque tuo sedisti, Sisyphe, saxo.<br />
	Tunc primum lacrimis uictarum carmine fama est<br />
	Eumenidum maduisse genas, nec regia coniunx<br />
	Sustinet oranti nec, qui regit ima, negare<br />
	Eurydicenque uocant. umbras erat illa recentes<br />
	Inter et incessit passu de uulnere tardo.<br />
	Hanc simul et legem Rhodopeius accipit Orpheus,<br />
	Ne flectat retro sua lumina, donec Auernas<br />
	Exierit ualles; aut irrita dona futura.<br />
	Carpitur adcliuis per muta silentia trames,<br />
	Arduus, obscurus, caligine densus opaca.<br />
	Nec procul abfuerant telluris margine summae:<br />
	Hic, ne deficeret, metuens auidusque uidendi<br />
	Flexit amans oculos: et protinus illa relapsa est<br />
	Bracchiaque intendens prendique et prendere certans<br />
	Nil nisi cedentes infelix adripit auras.<br />
	Iamque iterum moriens non est de coniuge quicquam<br />
	Questa suo (quid enim nisi se quereretur amatam?)<br />
	Supremumque &quot;uale&quot;, quod iam uix auribus ille<br />
	Acciperet, dixit reuolutaque rursus eodem est.<br />
	Non aliter stupuit gemina nece coniugis Orpheus,<br />
	Quam tria qui timidus, medio portante catenas,<br />
	Colla canis uidit; quem non pauor ante reliquit,<br />
	Quam natura prior, saxo per corpus oborto;<br />
	Quique in se crimen traxit uoluitque uideri<br />
	Olenos esse nocens, tuque, o confisa figurae,<br />
	Infelix Lethaea, tuae, iunctissima quondam<br />
	Pectora, nunc lapides, quos umida sustinet Ide.<br />
	Orantem frustraque iterum transire uolentem<br />
	Portitor arcuerat; septem tamen ille diebus<br />
	Squalidus in ripa Cereris sine munere sedit:<br />
	Cura dolorque animi lacrimaeque alimenta fuere.<br />
	Esse deos Erebi crudeles questus in altam<br />
	Se recipit Rhodopen pulsumque aquilonibus Haemum.</em></p>
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		<title>Corona de laurel</title>
		<link>https://www.antiquitatem.com/corona-de-laurel-oraculo-poesia-guerra/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Feb 2016 11:27:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
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					<description><![CDATA[Las hojas de laurel coronan a los mejores poetas y también a los más aguerridos soldados. Es verdad que “las armas y las letras” con alguna frecuencia van unidas, pero no deja de ser curioso que el mismo elemento decorativo y simbólico que premia a la inteligencia y el arte sirva también de reconocimiento al valor y arrojo militar. El laurel tiene además otros valores que conviene conocer, pero ¿por qué?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Las hojas de laurel coronan a los mejores poetas y también a los más aguerridos soldados. Es verdad que “las armas y las letras” con alguna frecuencia van unidas, pero no deja de ser curioso que el mismo elemento decorativo y simbólico que premia a la inteligencia y el arte sirva también de reconocimiento al valor y arrojo militar. El laurel tiene además otros valores que conviene conocer, pero ¿por qué?</b></p>
<p>
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <img loading="lazy" decoding="async" alt="" height="104" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/laurel_3recortado.jpg" width="113" /></p>
<p>
	Los &aacute;rboles, las plantas en general, juegan un papel muy importante en la vida simb&oacute;lica y religiosa de todos los pueblos. En muchos casos y lugares son elementos sagrados; as&iacute; hay&nbsp; bosques sagrados en los que se esconde el numen o fuerza sagrada de la divinidad y &aacute;rboles sagrados, habitados por los dioses, consagrados o identificados con ellos. Cada especie o tipo est&aacute; relacionada con una divinidad y con una determinada funci&oacute;n.</p>
<p>
	Sus elementos, tales como hojas o ramas, se utilizan como s&iacute;mbolos o simplemente como elementos decorativos. As&iacute;, por ejemplo, se utilizan coronas de diverso tipo en funci&oacute;n de su significado.</p>
<p>
	Sabido es c&oacute;mo <em>Atenea</em>, la <em>Minerva </em>de los romanos, dio a <em>Atenas </em>su nombre y su &aacute;rbol, el olivo. El &aacute;rbol de <em>Dionisos </em>o <em>Baco</em>, dios del vino, l&oacute;gicamente ha de ser la vid y tambi&eacute;n la yedra. El mirto o array&aacute;n es el de <em>Venus</em>, diosa del amor.</p>
<p>
	Claramente lo expresa <em>Virgilio</em>, por ejemplo, en sus <em>Buc&oacute;licas, VII, 61-64</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Muy grato es el &aacute;lamo a Alcides, la vid a Baco,<br />
	el mirto a la hermosa Venus, su laurel a Febo.<br />
	AFilis le gustan los avellanos y mientras Filis los prefiera,<br />
	ni el mirto ni el laurel de Febo vencer&aacute;n a los avellanos.</strong></em></p>
<p>
	<em>Populus Alcidae gratissima, uitis Iaccho,<br />
	Formosae myrtus Ueneri, sua laurea Phoebo;<br />
	Phylis amat corylos; illas dum Phyllis amabit,<br />
	Nec myrtus uincet corylos, nec laurea Phoebi.</em></p>
<p>
	El laurel es el &aacute;rbol de <em>Apolo </em>o <em>Febo</em>, dios solar,&nbsp; dios de la sabidur&iacute;a, de la creaci&oacute;n art&iacute;stica, de la poes&iacute;a, de la m&uacute;sica y de las artes adivinatorias. El laurel es el &aacute;rbol en el que se transform&oacute; la ninfa virgen <em>Dafne</em>, perseguida por <em>Apolo</em>, para huir del dios.</p>
<p>
	El laurel, de color siempre verde, es un &aacute;rbol que se asocia, pues, al fuego del sol y a la profec&iacute;a.<br />
	<em>Apolo </em>emit&iacute;a <em>or&aacute;culos</em>* a los hombres que se lo solicitaban. En su famoso santuario de <em>Delfos</em>, destino obligado de los griegos, para conocer el futuro, los emit&iacute;a&nbsp; a trav&eacute;s de una sacerdotisa o m&eacute;dium, la <em>Pithia </em>o <em>Pitonisa</em>**.</p>
<p>
	* <em>del lat&iacute;n oraculum y este de orare, hablar, significa etimol&oacute;gicamente mensaje, comunicado, parlamento.</em></p>
<p>
	<em>** En Delfos Apolo mat&oacute; a la serpiente Pit&oacute;n o Pyton; de ah&iacute; que el t&eacute;rmino se aplique tambi&eacute;n a una poderosa y temible serpiente constrictora que mata a sus v&iacute;ctimas por asfixia enrosc&aacute;ndose entorno.</em></p>
<p>
	Parece que tambi&eacute;n se obten&iacute;a el or&aacute;culo arrojando al fuego hojas de laurel, que si&nbsp; crepitababan y chisporreaban eran buena se&ntilde;al y si no la se&ntilde;al era mala. Quienes obten&iacute;an un buen or&aacute;culo regresaban a su casa coronados de laurel. Adem&aacute;s el laurel provocaba sue&ntilde;os premonitorios.</p>
<p>
	En el <em>Renacimiento</em>, nos recuerda <em>Alciato </em>en su <em>Emblema CCX&nbsp; (CCXI en otras ediciones) </em>que el laurel conoce el futuro y que colocado cerca produce sue&ntilde;os premonitorios:</p>
<p>
	<em>Alciati Emblematum liber<br />
	Emblema CCXI<br />
	Laurus</em></p>
<p>
	<em><img loading="lazy" decoding="async" alt="" height="182" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/alciato_laurel._recortadojpg.jpg" width="174" /></em></p>
<p>
	<em><strong>El laurel nos da se&ntilde;ales evidentes de lo que la salud nos depara.<br />
	Colocado bajo la almohada nos produce sue&ntilde;os verdaderos.</strong></em></p>
<p>
	<em>Praescia venturae laurus fert signa salutis:<br />
	Subdita pulvillo somnia vera facit</em></p>
<p>
	En el mismo libro de emblemas os recuerda una cita de <em>Tibulo </em>sobre la misma cuesti&oacute;n:</p>
<p>
	<em>Tibulo, Libro II, 5, v. 79 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Esto ocurri&oacute; en otro tiempo; pero tu, favorable Apolo,<br />
	sumerge ya los prodigios bajo las aguas ind&oacute;mitas.<br />
	Y que el laurel crepite favorable incendiado por las sagradas llamas.<br />
	Con ese presagio el a&ntilde;o ser&aacute; feliz y sagrado.<br />
	Cuando el laurel ha dado buenas se&ntilde;ales, alegraos colonos:<br />
	Ceres llenar&aacute; los h&oacute;rreos colmados de espigas&hellip;</strong></em></p>
<p>
	<em>Haec fuerant olim; sed tu iam mitis, Apollo,<br />
	prodigia indomitis merge sub aequoribu.<br />
	Et succensa sacris creepitet bene laurea flammis<br />
	Omine quo felix et sacer annus erit.<br />
	Laurus ubi bona signa dedit, gaudete coloni:<br />
	Distendet spicis horrea plena Ceres&hellip;</em></p>
<p>
	Y otra de <em>Propercio, Lib. II, 28, 35</em></p>
<p>
	<strong><em>Caen los rombos que giran con un canto m&aacute;gico<br />
	y el laurel queda quemado una&nbsp; vez apagado el fuego.</em></strong></p>
<p>
	<em>Deficiunt m&aacute;gico torti sub carmine rhombi,<br />
	Et iacet extincto laurus adusta foco</em></p>
<p>
	Y tambi&eacute;n <em>Lucrecio </em>en su <em>De rerum natura, VI, 154-155</em></p>
<p>
	<strong><em>Y no hay ninguna otra cosa que arde en la llama crepitante<br />
	con sonido m&aacute;s terrible que el laurel de Delfos consagrado a Febo</em></strong> (Apolo)</p>
<p>
	<em>Nec res ulla magis quam Phoebi Delphica laurus<br />
	Terribili sonitu flamma crepitante crematur</em></p>
<p>
	El laurel es s&iacute;mbolo de la gloria; la palma lo es la de la victoria y el olivo de la paz. Las hojas de diversas plantas se utilizan para coronar a los triunfadores.</p>
<p>
	Una corona es un adorno circular de hojas, ramas de &aacute;rbol, flores hierbas o de metal que se coloca alrededor de la cabeza como reconocimiento o recuerdo del especial valor de una persona por su inteligencia, por su arte o por sus m&eacute;ritos militares.</p>
<p>
	En la <em>Grecia </em>antigua probablemente se utilizaron en un principio como un elemento decorativo y m&aacute;s tarde se utilizan en el mundo de los<em> juegos atl&eacute;ticos</em> (por ejemplo los <em>ol&iacute;mpicos</em>) como premio a los vencedores y tambi&eacute;n en los <em>po&eacute;ticos</em>. Recordemos que junto a los juegos atl&eacute;ticos se celebraban tambi&eacute;n competiciones po&eacute;ticas y literarias.</p>
<p>
	Del mundo de la competici&oacute;n deportiva pas&oacute; sin duda al mundo de la guerra (del que por cierto proceden los juegos atl&eacute;ticos) y de <em>Grecia </em>pas&oacute; a <em>Roma</em>. Aunque hoy lo que verdaderamente se estima en realidad son los premios econ&oacute;micos, se sigue utilizando la corona o alg&uacute;n elemento similar como s&iacute;mbolo del triunfo.</p>
<p>
	Como dec&iacute;a m&aacute;s arriba, probablemente se comenz&oacute; a utilizar como elemento meramente ornamental y pronto sirvieron para coronar a los vencedores en los juegos po&eacute;ticos o literarios que se desarrollaban de manera paralela a los juegos&nbsp; atl&eacute;ticos, de los que las <em>Olimpiadas </em>son el mejor exponente, pero tambi&eacute;n los &ldquo;<em>p&iacute;ticos</em>&rdquo; en honor de <em>Apolo </em>y los &ldquo;<em>&iacute;stmicos</em>&rdquo; en honor de <em>Neptuno</em>. Podemos incluso pensar que en el caso de los juegos <em>P&iacute;ticos </em>en un principio se celebrar&iacute;an s&oacute;lo competiciones art&iacute;sticas, como corresponder&iacute;a al dios <em>Apolo</em>, y con el tiempo se a&ntilde;adir&iacute;an competiciones atl&eacute;ticas como en <em>Olimpia</em>, en honor de <em>Zeus</em>. Y a su vez en <em>Olimpia </em>se introducir&iacute;an competiciones art&iacute;sticas, a semejanza de los &ldquo;<em>p&iacute;ticos</em>&rdquo;.</p>
<p>
	A prop&oacute;sito de los juegos <em>p&iacute;ticos </em>y el laurel podemos citar unos versos de <em>Ovidio </em>en el siglo I antes y despu&eacute;s de Cristo, por tanto muy alejados de su origen, pero que son ilustrativos. <em>Ovidio</em> recuerda en su poema la victoria del dios <em>Apolo </em>sobre la serpiente <em>Pit&oacute;n</em>.</p>
<p>
	<em>Ovidio, Metamorfosis I, 445-</em></p>
<p>
	<em><strong>Y para que el paso del tiempo no pueda&nbsp; borrar el recuerdo de la haza&ntilde;a, instituy&oacute; unos juegos sagrados acompa&ntilde;ados de concurridos cert&aacute;menes, llamados Pitia por el nombre de la serpiente que destruy&oacute;. En ellos, todo joven que, ya fuera con sus pu&ntilde;os, ya con los pies o las ruedas, hab&iacute;a obtenido la victoria recib&iacute;a una condecoraci&oacute;n de hojas de encina; todav&iacute;a no exist&iacute;a el laurel, y Febo (Apolo) se ce&ntilde;&iacute;a con hojas de cualquier &aacute;rbol las sienes que embellec&iacute;a su larga cabellera.</strong></em></p>
<p>
	<em>Neve operis famam posset delere vetustas,<br />
	instituit sacros celebri certamine ludos,<br />
	Pythia perdomitae serpentis nomine dictos.<br />
	Hic iuvenum quicumque manu pedibusve rotave<br />
	vicerat, aesculeae capiebat frondis honorem:<br />
	nondum laurus erat, longoque decentia crine<br />
	tempora cingebat de qualibet arbore Phoebus.</em></p>
<p>
	As&iacute; que pronto significaron tambi&eacute;n el triunfo de los grandes atletas, que tanto honor confer&iacute;an a sus ciudades natales.</p>
<p>
	Como quiera que los juegos atl&eacute;ticos, a su vez, est&aacute;n claramente relacionados con las tareas militares de los primitivos guerreros arist&oacute;cratas de Grecia, f&aacute;cilmente pudo trasladarse el significado del laurel al mundo militar y acreditar as&iacute; la gloria militar. Este significado se desarroll&oacute; especialmente entre los romanos, que pr&aacute;cticamente siempre estuvieron en guerra a lo largo de su historia. Con el laurel se corona a los generales invictos y a los emperadores, y con laurel se adornan las armas victoriosas, como las lanzas,&nbsp; las proas de las naves o las cartas y tablillas que tra&iacute;an las noticias de victoria.</p>
<p>
	As&iacute; los generales romanos en la ceremonia del triunfo, que adem&aacute;s llevan en la mano una rama de laurel, y los lictores y los soldados que desfilan en la procesi&oacute;n.</p>
<p>
	Aunque sea una peque&ntilde;a digresi&oacute;n, comentar&eacute; que los romanos desarrollaron enormemente la tipolog&iacute;a de las coronas como s&iacute;mbolos de funciones muy concretas; en otra ocasi&oacute;n lo comentar&eacute; con m&aacute;s detalle. Sea suficiente ahora un apresurado cat&aacute;logo de coronas: <em>obsidionalis</em> (por romper el&nbsp; asedio de una ciudad), <em>civica </em>(por salvar la vida de un ciudadano romano), <em>navalis </em>(por ser el primero en el abordaje o por una victoria naval), <em>muralis </em>(por ser el primero en escalar una muralla), <em>castrensis </em>(por entrar en el campamento enemigo), <em>triunphalis </em>(el triunfo es la mayor recompensa al general vencedor),etc. Adem&aacute;s existen la <em>convivalis </em>(del banquete), la <em>funebris </em>(no necesita explicaci&oacute;n), la <strong>nuptialis </strong>(de boda), la <em>natalitia </em>(por nacimiento: de olivo si era ni&ntilde;o, de lana si era ni&ntilde;a), etc.</p>
<p>
	Volviendo a la primitiva <em>Grecia</em>, <em>P&iacute;ndaro </em>(518?-438 a.C.), por ejemplo, nos dice c&oacute;mo se corona al vencedor con hojas de olivo con motivo de la carrera de carros del a&ntilde;o 452 a.C. en&nbsp; <em>Ol&iacute;mpicas IV, 11ss.</em>, dedicada a su amigo <em>Psaumis de Camarina</em>:</p>
<p>
	<em>Sigue al carro de Psaumis coronado de hojas de olivo de Pisa; Psaumis, impaciente pro proyectar su gloria sobre Camarina.</em></p>
<p>
	Y <em>Plinio</em>, que describe los diversos tipos de laurel, nos recuerda c&oacute;mo&nbsp; es propiamente el laurel el elemento decorativo en&nbsp; <em>Historia Natural, XV, 39 (127):</em></p>
<p>
	<em><strong>El laurel se dedica espec&iacute;ficamente para los triunfos y es grat&iacute;simo en las casas, adorna la entrada de las de los C&eacute;sares y Pont&iacute;fices; solo ella adorna estas casas y crece en el umbral. Cat&oacute;n nos informa de que hay dos clases: la d&eacute;lfica y la chipriota. Pompeyo Leneo a&ntilde;ade&nbsp; una que llama mustacea porque se pon&iacute;a debajo de los pasteles (llamados mustaces): este tipo es de hoja muy grande, fl&aacute;cida y tirando a blancas. La d&eacute;lfica, de color uniforme, es la m&aacute;s verde, de bayas muy grandes de color rojo tirando a verde y esta es la que corona a los vencedores en Delfos y a los triunfadores en Roma. La chipriota es de hoja peque&ntilde;a, negra, veteada y acanalada en los m&aacute;rgenes.</strong></em></p>
<p>
	<em>Laurus triumphis proprie dicatur, vel gratissima domibus, ianitrix Caesarum pontificumque. sola et domos exornat et ante limina excubat .&nbsp; duo eius genera tradidit Cato, Delphicam et Cypriam. Pompeius Lenaeus adiecit quam mustacem appellavit, quoniam mustaceis subiceretur: hanc esse folio maximo flaccidoque et albicante; Delphicam aequali colore viridiorem, maximis bacis atque e viridi rubentibus ac victores Delphis coronare ut triumphantes Romae; Cypriam esse folio brevi, nigro, per margines imbricato crispam.</em></p>
<p>
	<em>Virgilio </em>recuerda c&oacute;mo los marineros colocan coronas de flores (y de laurel) en las proas de los barcos en se&ntilde;al de victoria y paz en sus <em>Ge&oacute;rgicas</em>, <em>I, 303-304 :</em></p>
<p>
	<em><strong>Como cuando las naves cargadas han tocado ya puerto,<br />
	y los marineros alegres colocan&nbsp; coronas en las popas.</strong></em></p>
<p>
	<em>Ceu pressae cum j am portum tetigere carinae,<br />
	Puppibus et laeti nautae imposuere coronas</em></p>
<p>
	Que <em>Fray Luis de Le&oacute;n</em> traduce as&iacute;:</p>
<p>
	<em><strong>como cuando con viento al fin derecho<br />
	entran el puerto dulce y deseado<br />
	cargados los nav&iacute;os de provecho,<br />
	alegres con laurel los marineros<br />
	coronan a los &aacute;rboles veleros.</strong></em></p>
<p>
	Lo que tambi&eacute;n nos recuerda <em>Plinio en Historia Natural XV, 40 (133)</em>:</p>
<p>	<em><strong>Es s&iacute;mbolo de la paz de tal manera que el mostrarlo es se&ntilde;al de paz incluso entre enemigos armados. Los Romanos principalmente lo a&ntilde;aden como mensajero de alegr&iacute;a y de victoria a las cartas y a las lanzas y dardos de los soldados y adorna las fasces de los generales.</strong></em></p>
<p>
	<em>Ipsa pacifera, ut quam praetendi etiam inter armatos hostes quietis sit indicium. Romanis praecipue laetitiae victoriarumque nuntia additur litteris et militum lanceis pilisque, fasces imperatorum decorat.</em></p>
<p>
	Tambi&eacute;n <em>San Isidoro</em> considera el laurel como s&iacute;mbolo de la gloria y victoria. En su <em>Etimolog&iacute;as XVII,7,2 </em>hace derivar su nombre del vocablo laus (alabanza), y explica por qu&eacute; corona la cabeza de los vencedores:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Se llama &ldquo;laurel&rdquo; (laurus) de la palabra laudis (alabanza); pues con este &aacute;rbol se coronaban con alabanzas las cabezas de los vencedores. Entre los antiguos se dec&iacute;a laudea; luego se suprimi&oacute; la letra D y al sustituirla por R se llam&oacute; laurus, como ocurre con auriculis (orejas) que al principio se pronunciaba audiculae, y medidies (mediod&iacute;a)&nbsp; que ahora se dice meridies. A este &aacute;rbol los griegos le llaman (daphne)&nbsp; &delta;ά&phi;&nu;&eta;&nu;, porque nunca pierde su verdor; por eso los vencedores son coronados con &eacute;l. El vulgo cree que este es el &uacute;nico &aacute;rbol que no puede ser fulminado por el rayo.</strong></em></p>
<p>
	<em>Laurus a verbo laudis dicta; hac enim cum laudibus victorum capita coronabantur. Apud antiquos autem laudea nominabatur; postea D littera sublata et subrogata R dicta est laurus; ut in auriculis, quae initio audiculae dictae sunt, et medidies, quae nunc meridies dicitur. Hanc arborem Graeci &delta;ά&phi;&nu;&eta;&nu;&nbsp; (dafnen) vocant, quod numquam deponat viriditatem; inde illa potius victores coronantur. Sola quoque haec arbor vulgo fulminari minime creditur.</em></p>
<p>
	<em>Apolo</em>, cuyo &aacute;rbol es el laurel,&nbsp; es el dios protector de la poes&iacute;a, de la m&uacute;sica y de las artes en general. Su perenne color verde es el mejor s&iacute;mbolo del valor imperecedero de la poes&iacute;a y del arte.Una mayor especializaci&oacute;n parece exigir el laurel para la poes&iacute;a &eacute;pica que canta a los h&eacute;roes victoriosos y el mirto para la poes&iacute;a l&iacute;rica y buc&oacute;lica:</p>
<p>
	<em>Virgilio, Buc&oacute;lica: VIII,11-3:</em></p>
<p>
	<em><strong>Recibe estos versos<br />
	por ti ordenados y permite que esta hiedra rodee<br />
	tus sienes entre los victoriosos laureles.</strong></em></p>
<p>
	<em>&#8230;accipe iussis<br />
	Carmina coepta tuis, atque hanc sine tempora circum<br />
	Inter uictrices hederam tibi serpere laurus.</em></p>
<p>
	<em>Fay Luis de Le&oacute;n</em> lo tradujo con m&aacute;s libertad y tambi&eacute;n con m&aacute;s acierto:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;&laquo;al vencedor laurel, que resplandece</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>en torno de tu frente y la hermosea,</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;consiente que, allegada y como asida,</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>aquesta&nbsp; yedra vaya entretejida&raquo;</strong></em></p>
<p>
	Este valor simb&oacute;lico de la gloria literaria pervivi&oacute; en la <em>Edad Media</em>, cobr&oacute; nueva importancia en el <em>Renacimiento </em>y perdura en nuestros d&iacute;as.</p>
<p>
	Sobre todo ha sido utilizada, apropiada, traducida, recreada la famosa<em> f&aacute;bula o mito de Apolo y Dafne. Dafne, &delta;&alpha;&phi;&nu;&eta;,</em> es precisamente el nombre griego del laurel El mito lo divulg&oacute; <em>Ovidio </em>en sus <em>Metamorfosis, I, 452 et ss.:</em></p>
<p>
	<strong><em>Apolo, orgullosos de su victoria sobre la sierpe Pit&oacute;n, se burl&oacute; de Cupido, que siendo un ni&ntilde;o utilizaba armas de un adulto; Cupido se veng&oacute; hiri&eacute;ndole con una flecha de oro e inflamando su coraz&oacute;n de un irresistible amor por la ninfa Dafne mientras a &eacute;sta la hiri&oacute; con una flecha de plomo, que generaba aversi&oacute;n y rechazo. De nada sirvieron los ruegos&nbsp; de Apolo, que no ablandaron el coraz&oacute;n de la ninfa; Apolo, desesperado, la persigue por el bosque y est&aacute; a punto de alcanzarla, cuando Dafne implora la ayuda de su padre, el r&iacute;o Peneo, que la convierte en laurel; Apolo se abraza desesperado y lloroso al &aacute;rbol, del que hizo su emblema y su &aacute;rbol. As&iacute; el laurel es tambi&eacute;n el s&iacute;mbolo del amor no correspondido y triste.</em></strong></p>
<p>
	Pues bien, no hay autor literario <em>medieval </em>o del <em>Renacimiento </em>o <em>Barroco </em>que no recuerde, imite o reproduzca este mito.</p>
<p>
	Comentar&eacute; un detalle curioso.&nbsp; Con frecuencia, junto a un personaje &eacute;pico o l&iacute;rico aparece un elemento c&oacute;mico que relativiza la magnificencia del anterior. Esto ocurre con el laurel: dado su valor culinario para aderezar los<em> guisos y cocidos</em>, no es raro que en el <em>Barroco </em>de los contrastes aparezcan versiones burlescas del valor del laurel. Sirvan como muestra estos versos de<em> Pedro Li&ntilde;&aacute;n de Riaza</em>, en un romance acerca de los embustes de los buenos y de los malos poetas</p>
<p>
	<em><strong>A los poetas vengamos:<br />
	a &eacute;stos, damas, hacedles<br />
	una cruz porque sus coplas<br />
	vayan arredro y no os tienten.<br />
	A vosotras, &iquest;qu&eacute; os importa<br />
	que en el Parnaso eminente<br />
	haya de versos concilio<br />
	entre las divinas nueve,<br />
	ni que el doctor don Apolo<br />
	all&aacute; en Delfos respondiese<br />
	a todas las cosicosas<br />
	que inventan sus bachilleres?<br />
	Si dicen que lauros sacros<br />
	ci&ntilde;eron sus doctas sienes,<br />
	decidles que ya el laurel<br />
	ci&ntilde;e cualquiera escabeche.</strong></em></p>
<p>
	<em>Lope de Vega</em>, bajo el nombre de su heter&oacute;nimo <em>Tom&eacute; de Burguillos</em>, es autor de este estupendo soneto donde ridiculiza el af&aacute;n de los poetas por recibir laureles y galardones:</p>
<p>
	<em><strong>Llev&oacute;me Febo a su Parnaso un d&iacute;a,<br />
	y vi por el cristal de unos canceles<br />
	a Homero y a Virgilio con doseles,<br />
	leyendo filos&oacute;fica poes&iacute;a<br />
	Vi luego la importuna infanter&iacute;a<br />
	de poetas fant&aacute;sticos noveles,<br />
	pidiendo por principios m&aacute;s laureles<br />
	que anima Dafne y que Apolo cr&iacute;a.<br />
	Pedile yo tambi&eacute;n por estudiante,<br />
	y d&iacute;jome un bedel: &ldquo;Burguillos, quedo:<br />
	que no sois digno de laurel triunfante&rdquo;<br />
	&ldquo;&iquest;Por qu&eacute;?&rdquo;, le dije; y respondi&oacute; sin miedo:<br />
	&ldquo;Porque los lleva todos un tratante<br />
	para hacer escabeches en Laredo.&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	Este contraste c&oacute;mico entre las dos funciones del laurel, la excelsa de coronar la testa de los poetas y la prosaico de ali&ntilde;o culinario, sigue siendo una reflexi&oacute;n continuada hasta hoy. As&iacute;, por ejemplo, el escritor, articulista,periodita <em>Manuel Vicent</em> nos recuerda en su art&iacute;culo en el <em>Diario El Pa&iacute;s</em> &ldquo;<em>La gloria</em>&rdquo; de <em>22 de julio de 2001</em>:</p>
<p>
	<em><strong>&hellip;As&iacute; te quieren ellos, dedicado a los versos en la villa horaciana, entre gallinas y lechugas, tu contemplando el crep&uacute;sculo y ellos llenando el saco. El laurel tiene dos destinos: la cabeza del h&eacute;roe o el estofado. Tal vez un d&iacute;a fuiste un rebelde: fue aquel d&iacute;a en que estuviste dispuesto a morir por no doblegarte. Ese es el minuto de gloria que te corresponde.</strong></em></p>
<p>
	Pero el laurel no agota su virtualidad en esta labor simb&oacute;lica; sus ramas sirven tambi&eacute;n como escudo contra los rayos, lo que acrecienta la idea de s&iacute;mbolo de la inmortalidad. <em>Plinio </em>nos comenta c&oacute;mo <em>Tiberio </em>se coronaba de laurel cuando hab&iacute;a tormenta:</p>
<p>
	<em>Historia natural, lib. XV, cap. 40 (134-135):</em></p>
<p>
	<em><strong>&hellip; Y porque de todos los &aacute;rboles que se plantan y se ponen con la mano del hombre s&oacute;lo este no es golpeado por el rayo que cae en las casas. &hellip;.. Se dice que el pr&iacute;ncipe Tiberio, cuando tronaba el cielo, se sol&iacute;a coronar de &eacute;l (laurel) contra el miedo de los rayos.</strong></em></p>
<p>
	<em>et quia manu satarum receptarumque in domos fulmine sola non icitur. ..Tiberium principem tonante caelo coronari ea solitum ferunt contra fulminum metus.</em></p>
<p>
	<em>San Isidoro</em> recogi&oacute; la creencia en sus <em>Etimolog&iacute;as (XVII, 7, 1):</em></p>
<p>
	<strong><em>Cree el vulgo que s&oacute;lo este &aacute;rbol de ninguna manera es fulminado*</em></strong> (por el rayo)</p>
<p>
	<em>Sola quoque haec arbor vulgo fulminari minime creditur</em></p>
<p>
	En realidad <em>&ldquo;fulminado por el rayo</em>&rdquo; es una redundancia innecesaria, puesto que &ldquo;<em>fulminari</em>&rdquo; es un verbo creado precisamente sobre &ldquo;<em>fulmen</em>&rdquo;, que significa <em>rayo</em>.</p>
<p>
	Todav&iacute;a hoy en algunos pueblos, se colocan en los balcones ramas de laurel para ahuyentar el peligro del rayo.</p>
<p>
	As&iacute; que <em>Francesco Petrarca</em> ten&iacute;a f&aacute;cil el juego de palabras con el nombre de su inmortal amada, <em>Laura</em>, &ldquo;<em>Laurel</em>&rdquo;, en numerosos poemas de su <em>Cancionero</em>; as&iacute;,&nbsp; <em>Canci&oacute;n XXIX</em>:&nbsp;</p>
<p>
	<strong><em>&ldquo;que es una estrella en la tierra<br />
	y&nbsp; guarda verde el precio de su honestidad,&nbsp;<br />
	como la hoja del laurel,<br />
	donde no caen rayos<br />
	ni el viento enemigo jam&aacute;s la tronchar&aacute;&rdquo;.</em></strong></p>
<p>
	<em>ch&#39;&egrave; stella in terra, et come in lauro foglia<br />
	conserva verde il pregio d&#39;onestade,<br />
	ove non spira folgore, n&eacute; indegno<br />
	vento mai che l&#39;aggrave.</em></p>
<p>
	O en&nbsp; la<em> canci&oacute;n CXXIX</em></p>
<p>
	<em><strong>En donde se oye el aura<br />
	de un fresco y odor&iacute;fero laurecillo</strong></em></p>
<p>
	<em>&laquo;ove l&#39;aura si sente /<br />
	d&#39;un fresco et odorifero laureto&raquo;</em></p>
<p>
	Tambi&eacute;n el laurel es un elemento frecuente en los jardines ideales (<em>locus amoenus</em>), ideales escenarios , valga la redundancia, para el amor. As&iacute; lo hace ya <em>Petronio</em>&nbsp; en su <em>Satiric&oacute;n, cap. CXXXI,8:</em></p>
<p>
	<em><strong>El movedizo pl&aacute;tano hab&iacute;a extendido sus sombras estivales y Dafne, coronada de bayas, y los tr&eacute;mulos cipreses y los pinos de contorno recortado con su&nbsp; copa ondulante. Por en medio un arroyuelo&nbsp; retozaba son sus aguas vagantes cubierto de espuma&nbsp; y bat&iacute;a la arena&nbsp; con sus quejumbrosas ondas. Rinc&oacute;n hecho&nbsp; para el amor</strong></em>.&nbsp; (Traducci&oacute;n de Manuel C. D&iacute;az y D&iacute;az. Ed. Alma Mater)</p>
<p>
	<em>Mobilis aestiuas platanus diffuderat umbras<br />
	et bacis redimita Daphne tremulaeque cupressus<br />
	et circum tonsae trepidanti uertice pinus.<br />
	Has inter ludebat aquis errantibus amnis<br />
	spumeus, et querulo uexabat rore lapillos.<br />
	Dignus amore locus &hellip;</em></p>
<p>
	E incluso ocasionalmente puede aparecer en entornos funerarios, recordando la gloria perenne del difunto. En fin, tan s&oacute;lo el olivo puede competir en el mundo antiguo en valor simb&oacute;lico con el laurel.</p>
<p>
	As&iacute; que el significado del laurel como s&iacute;mbolo del triunfo art&iacute;stico y b&eacute;lico se conserv&oacute;&nbsp; durante toda la <em>Edad Media </em>y por supuesto en el <em>Renacimiento</em>, en el que adem&aacute;s puede ser s&iacute;mbolo del triunfo en el amor, dadas las semejanzas con las que los poetas presentan los dos combates, el b&eacute;lico y el amoroso,&nbsp; y en el <em>Barroco </em>y as&iacute;&nbsp; hasta nuestros d&iacute;as. Las citas son innumerables. E incluso queda alg&uacute;n resto de su valor m&aacute;gico en la costumbre de colocar ramas en los balcones, costumbre ahora generalmente ahora cristianizada al colocar ramas de olivo el <em>Domingo de Ramos.</em></p>
<p>
	Transcribir&eacute; a t&iacute;tulo de ejemplo la segunda parte del emblema de <em>Alciato ya citado&nbsp; </em>dirigido a <em>Carlos V</em> por su campa&ntilde;a de <em>T&uacute;nez </em>y dos citas de <em>Cervantes </em>en el <em>Quijote </em>con evidente tono ir&oacute;nico:</p>
<p>
	<em>Alciato, Libro de los Emblemas.<br />
	Emblema 211</em></p>
<p>
	<strong><em>A Carlos (V) se le debe el laurel por haber vencido a los p&uacute;nicos (los tunecinos):&nbsp; que esas guirnaldas adornen sus cabellos victoriosos</em></strong>.</p>
<p>
	<em>Debetur Carolo superatis Laurea Poenis:<br />
	&nbsp; Victrices ornent talia serta comas.</em></p>
<p>
	<em>Quijote (II, 18)</em>:&nbsp;&nbsp;</p>
<p>
	<em><strong>&iexcl;Viven los cielos donde m&aacute;s altos est&aacute;n, mancebo generoso, que sois el mejor poeta del orbe, y que merec&eacute;is estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta, como dijo un poeta que Dios perdone, sino por las academias de Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de Par&iacute;s, Bolonia y Salamanca! Plega al cielo que los jueces que os quitaren el premio primero, Febo los asaetee y las Musas jam&aacute;s atraviesen los umbrales de sus casas.</strong></em></p>
<p>
	<em>Quijote (II, 55):<br />
	(dirigi&eacute;ndose a su asno):</em></p>
<p>
	<em><strong>Perd&oacute;name y pide a la fortuna, en el mejor modo que supieres, que nos saque deste miserable trabajo en que estamos puestos los dos; que yo prometo de ponerte una corona de laurel en la cabeza, que no parezcas sino un laureado poeta, y de darte los piensos doblados.</strong></em></p>
<p>
	<em>Nota etimol&oacute;gic</em>a: <em>laureado</em>, naturalmente, significa coronado de laurel. Quienes realizan estudios de ense&ntilde;anza secundaria son<em> laureados con la bacca</em>, que seg&uacute;n el <em>Diccionario de la Real Academia</em>&nbsp; es el fruto o baya del laurel; por eso son <em>bacca laureat</em>i, es decir &ldquo;<em>bachilleres</em>&rdquo; (<em>bachillerato </em>deriva de &ldquo;<em>baccalaureatus</em>&rdquo;).</p>
<p>
	Ofrezco a continuaci&oacute;n una larga cita de <em>Plinio</em>,al final del<em> libro XV</em> sobre el laurel, sus clases, su simbolismo y maravillas. Ello nos da idea de la importancia que el laurel tuvo en el mundo antiguo y del detalle con el que se estudia.</p>
<p>
	<em>Plinio, Historia Natural, 30 (39) y 31 (40)</em></p>
<p>
	<em>El laurel y sus trece clases</em></p>
<p>
	<em><strong>El laurel es el que propiamente se dedica a los triunfos y el predilecto de las casas, como portero que es de la de los c&eacute;sares y los pont&iacute;fices. S&oacute;lo &eacute;l adorna y hace guardia ante sus puertas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Dos clases de laurel dijo Cat&oacute;n que eran los cultivados, el d&eacute;lfico y el chipriota. Pompeyo Leneo a&ntilde;adi&oacute; otro, que llam&oacute; mustace porque parece que se pon&iacute;a bajo las must&aacute;ceas (1), e indic&oacute; que &eacute;ste era de hoja muy grande, lacia y adem&aacute;s tirando a blanca; que el d&eacute;lfico era de un solo color, pero algo m&aacute;s verdoso, de bayas muy grandes que pasaban del verde al rojo, y que con &eacute;l se coronaban en Delfos los vencedores igual que en Roma los que recib&iacute;an el triunfo. Con respecto al chipriota, que era encrespado, con su hoja peque&ntilde;a, negra y abarquillada por los bordes.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Despu&eacute;s se sumaron m&aacute;s clases: el tino &ndash;algunos lo consideran un laurel silvestre y otros un &aacute;rbol de una clase propia- se diferencia por el color, pues es de baya azulada. Se sum&oacute; tambi&eacute;n el laurel real, que empez&oacute; a ser llamado aug&uacute;steo, el mayor de todos tanto por el porte como por la hoja, provisto de unas bayas que tampoco son desagradables al paladar. Algunos autores dicen que no son el mismo &aacute;rbol y establecen la correspondiente clase del laurel real por sus hojas m&aacute;s largas y m&aacute;s anchas. Estos mismos, dentro de otra clase diferente, le dan el nombre de bacalia precisamente al m&aacute;s com&uacute;n y m&aacute;s rico en bayas y, en cambio, al est&eacute;ril&nbsp; -que es lo que m&aacute;s llama la atenci&oacute;n-, el de triunfal, afirmando que lo utilizaban los que obten&iacute;an el triunfo;&nbsp; pero esto comenz&oacute; con el Divino Augusto, como mostraremos, por aquel laurel que le fue enviado desde el cielo, de muy escasa altura, de hoja encrespada y corta, y, adem&aacute;s, dif&iacute;cil de encontrar.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Se suma, en la jardiner&iacute;a, el de Tasos, con una especie de peque&ntilde;a excrecencia de hoja que le nace en medio de las hojas, as&iacute; como, sin ella, el &ldquo;eunuco&rdquo;, que aguanta extraordinariamente la sombra y por eso puebla todo el terreno por sombr&iacute;o que sea.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Tambi&eacute;n est&aacute; el camedafne, un arbusto silvestre y el alejandrino, que algunos llaman del ida, otros hipoglotio, otros D&aacute;nae, otros carpofilo&nbsp; y otros hip&eacute;late. Este echa de la ra&iacute;z ramas esparcidas de un dodrante, apropiadas para la confecci&oacute;n de coronas, de hoja m&aacute;s puntiaguda que la del mirto as&iacute; como m&aacute;s blanda y m&aacute;s blanca, de mayor tama&ntilde;o, con una baya roja en medio de sus hojas, muy abundante en el Ida y cerca de la Heraclea P&oacute;ntica, si bien en terrenos monta&ntilde;osos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Asimismo, esa otra case de laurel que se denomina dafnoide tiene un c&uacute;mulo de nombres, pues unos lo llaman pelasgo, otros eup&eacute;talo y otros &ldquo;corona de Alejandro&rdquo;. Y tambi&eacute;n es un arbusto ramoso, de hoja m&aacute;s gruesa y blanda que el laurel, que al probarlo quema la boca, y con bayas que pasan del negro al rojo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Advirtieron los antiguos que en C&oacute;rcega no hab&iacute;a ninguna clase de laurel, pero ahora plant&aacute;ndolo tambi&eacute;n se da all&iacute;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Es por esencia pacificador hasta el punto de que mostrarlo, incluso en medio de los enemigos armados, es se&ntilde;al de paz. Entre los romanos, como principal portavoz que es de alegr&iacute;a y de victorias, se pone en las cartas y tambi&eacute;n en las lanzas y dardos de los soldados, y adorna los fasces imperiales. Una rama cogida de &eacute;stos se deposita en el regazo de J&uacute;piter &Oacute;ptimo M&aacute;ximo siempre que una nueva victoria da una alegr&iacute;a, y eso no es porque siempre est&eacute; verde ni porque sea pacificador&nbsp; -por ambas razones habr&iacute;a de preferirse el olivo-,&nbsp; sino porque es el &aacute;rbol m&aacute;s admirado del monte Parnaso y precisamente por eso se considera predilecto de Apolo, pues era ya costumbre de los reyes de Roma enviar all&iacute; ofrendas y solicitar sus or&aacute;culos, seg&uacute;n lo atestigua Lucio Bruto y quiz&aacute; tambi&eacute;n da prueba de ello, ya que &eacute;l habr&iacute;a logrado all&iacute; la libertad del pueblo besando, de acuerdo con la respuesta del or&aacute;culo, aquella tierra productora de laureles, y, adem&aacute;s, porque es el &uacute;nico &aacute;rbol, entre los plantados por la mano del hombre y aceptados en las casas, que no es alcanzado por el rayo. Por estas causas sin duda considerar&iacute;a yo que se le ha concedido el honor de figurar en los triunfos, m&aacute;s que porque sirva de sahumerio y de purificador por haber dado muerte al enemigo, como relata Masurio. Adem&aacute;s, es sacr&iacute;lego mancillar con usos profanos el laurel y el olivo hasta el punto de que ni siquiera debe prenderse fuego con ellos en los altares o en las aras para aplacar a los dioses.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El laurel, desde luego, reniega del fuego con su claro crepitar y aun con otro testimonio, dado que su madera llega a retorcer incluso sus entra&ntilde;as y sus fibras da&ntilde;adas. Cuentan que el emperador Tiberio, cuando tronaba, sol&iacute;a ponerse una corona de laurel por miedo a los rayos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Tambi&eacute;n hay sucesos en torno al Divino Augusto dignos de ser recordados. De hecho, a Livia Drusila, que despu&eacute;s recibi&oacute; por matrimonio el nombre de Augusta, cuando estaba prometida al emperador, un &aacute;guila desde lo alto le ech&oacute; en el regazo, mientras estaba sentada, una gallina de llamativa blancura, ilesa y, cuando ella tuvo el valor de mirarla, sucedi&oacute; otro milagro. Como sujetaba en el pico una rama de laurel cargada de bayas, los ar&uacute;spices ordenaron cuidar el ave y su descendencia, y, adem&aacute;s, que se plantase aquella rama y que se cultivara ritualmente. Y as&iacute; se hizo en la propiedad de los C&eacute;sares situada en la ribera del T&iacute;ber junto al noveno miliario de la v&iacute;a Flaminia, que por esa raz&oacute;n se llama &ldquo;junto a las Gallinas&rdquo;, y, adem&aacute;s, all&iacute; asombrosamente surgi&oacute; un bosque. De ese bosque, despu&eacute;s, el emperador en la celebraci&oacute;n del triunfo tom&oacute; en su mano una rama de laurel y la corona que ci&ntilde;&oacute; en su cabeza, como posteriormente todos los C&eacute;sares emperadores. Y es tradici&oacute;n plantar las ramas que ellos llevaron, y a&uacute;n quedan bosques que se distinguen por los nombres de ellos&nbsp; -acaso por esa raz&oacute;n se sustituyeron los laureles triunfales.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Es el &uacute;nico &aacute;rbol cuyo nombre se puede poner en lat&iacute;n a los varones, el &uacute;nico cuyo follaje se distingue con una denominaci&oacute;n propia, pues lo llamamos l&aacute;urea. Incluso perdura en Roma su nombre, que se le puso a un lugar, pues se llama Loreto, en el Aventino, el lugar donde hubo un bosque de laurel. Dicho &aacute;rbol se emplea en las purificaciones; y quede claro, de paso, que se puede plantar tambi&eacute;n por estaca, ya que Dem&oacute;crito y Teofrasto llegaron a dudarlo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>A continuaci&oacute;n expondremos las caracter&iacute;sticas de los &aacute;rboles silvestres.</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n y nota de A.M&ordf;. Moure Casas. Editorial Gredos. 2010)</p>
<p>
	<br />
	<em>Nota</em> <em>1</em>:<em> las must&aacute;ceas o &ldquo;pasteles de mosto&rdquo; se preparaban con harina rociada con mosto y queso, aromatizados con an&iacute;s y comino, y envueltos en hojas de laurel, ya mencionados por Cat&oacute;n 121. Su nombre, como el del laurel de hoja ancha adecuado para prepararlas, deriva de mustum &ldquo;mosto&rdquo;. En una de las recetas de Ateneo, Deipnosofistas, 647, entraba tambi&eacute;n el vino con miel. En Roma eran t&iacute;picos de las bodas, cf. Juvenal, VI 202.</em></p>
<p>
	<em>Naturalis Historia, XV, 39-40:</em></p>
<p>
	<em>Laurus triumphis proprie dicatur, vel gratissima domibus, ianitrix Caesarum pontificumque. sola et domos exornat et ante limina excubat. duo eius genera tradidit Cato, Delphicam et Cypriam. Pompeius Lenaeus adiecit quam mustacem appellavit, quoniam mustaceis subiceretur: hanc esse folio maximo flaccidoque et albicante; Delphicam aequali colore viridiorem, maximis bacis atque e viridi rubentibus ac victores Delphis coronare ut triumphantes Romae; Cypriam esse folio brevi, nigro, per margines imbricato crispam.&nbsp; postea accessere genera: tinus &mdash; hanc silvestrem laurum aliqui intellegunt, nonnulli sui generis arborem &mdash; differt colore; est enim caerulea baca.&nbsp; accessit et regia, quae coepit Augusta appellari, amplissima et arbore et folio, bacis gustatu quoque non asperis. aliqui negant eandem esse et suum genus regiae faciunt longioribus foliis latioribusque. iidem in alio genere bacaliam appellant hanc quae vulgatissima est bacarumque fertilissima, sterilem vero earum, quod maxime miror, triumphalem eaque dicunt triumphantes uti, nisi id a Divo Augusto coepit, ut docebimus, ex ea lauru quae ei missa e caelo est, minima altitudine, folio crispo, brevi, inventu rara. accedit in topiario opere Thasia, excrescente in medio folio parvola veluti lacinia folii, et sine ea spadonina, mira opacitatis patientia, itaque quantalibeat sub umbra solum implet. est et chamaedaphne silvestris frutex et Alexandrina, quam aliqui Idaeam, alii hypoglottion, alii danaen, alii carpophyllon, alii hypelaten vocant. ramos spargit a radice dodrantales, coronarii operis, folio acutiore quam myrti ac molliore et candidiore, maiore, semine inter folia rubro, plurima in Ida et circa Heracleam Ponti, nec nisi in montuosis.&nbsp; id quoque quod daphnoides vocatur genus in nominum ambitu est; alii enim Pelasgum, alii eupetalon, alii stephanon Alexandri vocant. et hic frutex est ramosus, crassiore ac molliore quam laurus folio, cuius gustatu accendatur os, bacis e nigro rufis. notatum antiquis, nullum genus laurus in Corsica fuisse, quod nunc satum et ibi provenit.</p>
<p>	Ipsa pacifera, ut quam praetendi etiam inter armatos hostes quietis sit indicium. Romanis praecipue laetitiae victoriarumque nuntia additur litteris et militum lanceis pilisque, fasces imperatorum decorat. ex iis in gremio Iovis optimi maximique deponitur, quotiens laetitiam nova victoria adtulit, idque non quia perpetuo viret nec quia pacifera est, praeferenda ei utroque olea, sed quia spectatissima in monte Parnaso ideoque etiam grata Apollini visa, adsuetis eo dona mittere, oracula inde repetere iam et regibus Romanis teste L. Bruto, fortassis etiam in argumentum, quoniam ibi libertatem publicam is meruisset lauriferam tellurem illam osculatus ex responso et quia manu satarum receptarumque in domos fulmine sola non icitur. ob has causas equidem crediderim honorem ei habitum in triumphis potius quam quia suffimentum sit caedis hostium et purgatio, ut tradit Masurius, adeoque in profanis usibus pollui laurum et oleam fas non est, ut ne propitiandis quidem numinibus accendi ex iis altaria araeve debeant. laurus quidem manifesto abdicat ignes crepitu et quadam detestatione, interna eorum etiam vitia et nervorum ligno torquente. Ti. principem tonante caelo coronari ea solitum ferunt contra fulminum metus.&nbsp; Sunt et circa Divum Augustum eventa eius digna memoratu. namque Liviae Drusillae, quae postea Augusta matrimonii nomen accepit, cum pacta esset illa Caesari, gallinam conspicui candoris sedenti aquila ex alto abiecit in gremium inlaesam, intrepideque miranti accessit miraculum. quoniam teneret in rostro laureum ramum onustum suis bacis, conservari alitem et subolem iussere haruspices ramumque eum seri ac rite custodiri:&nbsp; quod factum est in villa Caesarum fluvio Tiberi inposita iuxta nonum lapidem Flaminiae viae, quae ob id vocatur Ad Gallinas, mireque silva provenit. ex ea triumphans postea Caesar laurum in manu tenuit coronamque capite gessit, ac deinde imperatores Caesares cuncti. traditusque mos est ramos quos tenuerunt serendi, et durant silvae nominibus suis discretae, fortassis ideo mutatis triumphalibus.&nbsp;&nbsp; unius arborum Latina lingua nomen inponitur viris, unius folia distinguntur appellatione; lauream enim vocamus. durat et in urbe inpositum loco, quando Loretum in Aventino vocatur ubi silva laurus fuit. eadem purificationibus adhibetur, testatumque sit obiter et ramo eam seri, quoniam dubitavere Democritus atque Theophrastus.<br />
	Nunc dicemus silvestrium naturas.</em></p>
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		<title>Píramo y Tisbe: una antigua historia de amor trágico, como la de Romeo y Julieta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Feb 2016 04:40:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[Es difícil eludir la celebración de “San Valentín, día de los enamorados”. Una poderosa tradición que hunde sus raíces en la Antigüedad y Edad Media y es afianzada en la actualidad  por los intereses mercantiles de poderosas corporaciones y organizaciones comerciales, parece imponerse sin freno.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Es difícil eludir la celebración de “San Valentín, día de los enamorados”. Una poderosa tradición que hunde sus raíces en la Antigüedad y Edad Media y es afianzada en la actualidad por los intereses mercantiles de poderosas corporaciones y organizaciones comerciales, parece imponerse sin freno.</p>
<p>El asunto no carece de interés pero he de dejar para otro momento profundizar un poco en el origen de la festividad, en la inexistencia del santo mártir <em>San Valentín</em> o en los poderosos argumentos para dudar de su existencia, en la cristianización de una fiesta de las fiestas paganas más importantes del mes de febrero, <strong>las <em>Lupercalia</em></strong>. Todo ello es de gran interés, pero prefiero aplazar su estudio. Quiero limitarme ahora a reproducir una de las más bellas historias de amor de la Antigüedad que nos relata <strong><em>Ovidio </em>en sus <em>Metamorfosis</em></strong>, la t<strong>rágica historia de amor de Píramo y Tisbe</strong>, dos enamorados muertos por un trágico error.</p>
<h2>Píramo y Tisbe, dos enamorados muertos por un trágico error</h2>
<p>La historia o cuento, bien conocida desde la Antigüedad, tuvo tanto éxito a partir del <em>Renacimiento </em>que no es sino aquella de la que parece surgir la tragedia más famosa de <em>Shakespeare</em>,<em> Romeo y Julieta</em>, que también la usa en <em>El sueño de una noche de verano</em>.</p>
<p>Es cierto que <em>Higinio</em>, contemporáneo aunque un poco mayor que <em>Ovidio</em>,  ((64 a. C. – 17d.C.) hace una simple referencia a la historia de <em>Píramo y Tisbe</em> en sus <em>Fábulas</em>. <em>Higinio </em>es un escritor oriundo de <em>Valencia</em>, según <em>Luis Vives</em>, aunque otros autores dudan del lugar de su nacimiento. (véase <a href="https://www.antiquitatem.com/eclipses-en-la-antiguedad-geminus-">https://www.antiquitatem.com/eclipses-en-la-antiguedad-geminus- )</a></p>
<p>Dice al respecto en sus<em> Fabulas, 242 y 243:</em></p>
<p><em><strong>Los que se mataron a sí mismos<br />
Pyramo se mató a sí mismo en Babilonia por culpa del amor de Tisbe</strong></em></p>
<p><em>CCXLII Qui se ipsi interfecerunt<br />
…..Pyramus in Babylonia ob amorem Thisbes ipse se occidit…</em></p>
<p><em><strong>Las que se mataron a sí mismas<br />
La babilonia Tisbe se mató a sí misma, porque Píramo se había matado a sí mismo.</strong></em></p>
<p><em>CCXLIII Quae se ipsae interfecerunt<br />
….. Thisbe Babylonia propter Pyramum quod ipse se interfecerat.</em></p>
<p>Pero es el poeta <em>Ovidio </em>quien nos relata esta historia en el libro IV de su obra <em>Metamorfosis</em>. No conocemos ningún autor que la contara con anterioridad y son escasos los que lo hacen después, algunos con alguna variación. La historia es sin duda de origen oriental, como ya pone de manifiesto su localización en <em>Babilonia</em>.</p>
<p>Sin duda a partir de <em>Ovidio </em>la historia tuvo notable éxito y fue bien conocida; antes parece que no lo fue a juzgar por las propias palabras de <em>Ovidio</em>: <em>“vulgaris fabula non est</em>”, “<em>no es una historia popular</em>”. En la tardía <em>Antigüedad </em>hay una versión ligeramente diferente de <em>Nono</em>, <em>Nonnus</em>, autor latino tardío de finales del siglo IV o principios del V que en su <em>Dyonisiaca XII, 84 y ss</em>. la sitúa en <em>Cilicia </em>y no en <em>Babilonia</em>.</p>
<p><em>San Agustín</em> nos la presenta como uno de los temas frecuentes que los estudiantes han de desarrollar como ejercicio de sus estudios de retórica; lo que quiere decir que el tema ya era muy conocido. Así nos dice, refiriéndose al muro interpuesto entre <strong><em>Píramo y Tisbe</em></strong>,  en su <em>De ordine, 1,3,8:</em></p>
<p><em>Te digo, que me irrito contigo cuando te veo andar cantando y sufriendo con estos versos de todo tipo que levantan entre ti y la verdad un muro más grueso que el que se esforzaban en levantar entre tus amantes; pues ellos se comunicaban por una delgada fisura. El intentaba entonces cantar a Píramo.</em></p>
<p><em>Irritor, inquam, abs te versus istos tuos omni metrorum genere cantando et ululando insectari, qui inter te atque veritatem immaniorem murum quam inter amantes tuos conantur  erigere”. ; nam in se illi vel inolita rimula respirabant. Pyramum enim ille tum canere instituerat</em>.</p>
<p>Y luego en el mismo<em> De ordine, 1,5,12</em></p>
<p><em>Te lo digo aunque me llames odioso, pues ciertamente no puedo no serlo si te he atacado cuando hablabas con Píramo y Tisbe&#8230;</em></p>
<p><em>Cui ego licet, inquam, me odiosum percontatorem voces; vix enim possum non esse,qui  expugnavi me cum Pyramo et Thisbe coloqueris</em></p>
<p>En la <em>Edad Media</em> es un lugar común como referencia de “<em>amor desgraciado</em>”. El mito aparece en todas las literaturas europeas medievales: en <em>España </em>aparece ya en<em> La fazienda de ultramar</em>, obra probablemente del año 1153. En <em>Francia </em>hay numerosos ejemplos; sea suficiente el de <em>Chrétien de Troyes</em> en su<em> Conte de la Charrette</em>. En Inglaterra <em>Chaucer </em>contó la historia en su<em> The Legend of Good Women</em>. En <em>Italia</em>, <em>Boccaccio </em>hace un resumen de la fábula en su <em>De claris mulieribus</em>, aunque no aparecen los nombres de<em> Píramo y Tisbe</em>.</p>
<h2>Decenas de poetas y autores literarios replicaron la leyenda</h2>
<p>En <em>España </em>tiene una menor presencia en la<em> Edad Media</em> por el desconocimiento general de <em>Ovidio</em>, aunque parece ser que el <em>Marqués de Santillana</em> y <em>Gómez Manrique</em> poseían una traducción de las <em>Metamorfosis</em>. Pero a partir del <em>Renacimiento </em>son decenas los poetas y autores literarios que de una otra forma replican la leyenda, de la que quedan también numerosos romances novelescos que se cantaban en <em>España </em>y <em>Portugal</em>. Las numerosas ediciones y traducciones de <em>Ovidio </em>a partir del <em>Renacimiento </em>facilitaron la relación directa de los autores con esta leyenda.</p>
<p>De todos los autores españoles quiero tan sólo destacar a dos de ellos sin profundizar en el asunto, porque mi interés en este momento es ofrecer a los lectores el texto directo de <em>Ovidio</em> para que puedan disfrutar de un emocionante relato literario. Estos dos autores son <em>Cervantes</em>, que en su <em>Quijote </em>hace tres referencias a los amores desgraciados: la historia de <em>Cardenio y Luscinda</em> en la <em>Primera Parte (I,23-24)</em>, y en la <em>Segunda </em>el <em>soneto de Lorenzo Miranda,</em> hijo del <em>Caballero del Verde Gabán (II,16-18)</em> y el episodio de las<em> bodas de Camacho (II, 19,20 y 21)</em> con la inversión cómica de los amores funestos.</p>
<p>Reproduzco, por ser más breve el <em>soneto de Lorenzo Miranda</em>:</p>
<p><strong><em>El muro rompe la doncella hermosa<br />
que de Píramo abrió el gallardo pecho;<br />
parte el Amor de Chipre y va derecho<br />
a ver la quiebra estrecha y prodigiosa.</em></strong></p>
<p><strong><em>Habla el silencio allí, porque no osa<br />
La voz entrar por tan estrecho estrecho;<br />
las almas sí, que amor suele de hecho<br />
facilitar la más difícil cosa</em></strong></p>
<p><strong><em>Saltó el deseo de compás y el paso<br />
de la imprudente virgen solicita<br />
por su gusto su muerte. Ved qué historia;</em></strong></p>
<p><strong><em>Que a entrambos en un punto, ¡oh extraño caso!,<br />
los mata, los encubre y resucita<br />
una espada, un sepulcro, una memoria.</em></strong></p>
<p>El otro es <em>Góngora</em>, que reescribió el relato, si bien de tono humorístico, o para ser más exactos, de difícil interpretación, que hoy conocemos como <em>Ilustración y Defensa de la Fábula de Píramo y Tisbe</em> (1618). <em>Góngora </em>ya había aludido con anterioridad al tema de <em>Píramo y Tisbe </em>en una de las <em>Letrilla</em>s en las que repite el estribillo popular “<em>ríase la gente</em>”:</p>
<p><em><strong>Pues amor es tan cruel<br />
que de Píramo y su amada<br />
hace tálamo una espada,<br />
do se junten ella y él,<br />
sea mi Tisbe un pastel<br />
ya la espada sea mi diente<br />
y ríase la gente.</strong></em></p>
<h2>Romeo y Julieta de Shakespeare pudo estar inspirado en Píramo y Tisbe</h2>
<p><strong><em>Shakespeare</em></strong>, por su parte, rememora el cuento en la famosa tragedia <strong><em>Romeo y Julieta</em></strong> y con un tono irónico en <em>“<strong>El sueño de una noche de verano</strong>”,</em> aunque los especialistas en el autor inglés afirman que no le influyó directamente la obra de <em>Ovidio</em>, sino que el influjo le vino de autores italianos indirectamente a partir del poema de <em>Arthur Brooke The Tragical Historye of Romeus and Juliet</em> y de la traducción de <em>William Painter “Rhomeo and Julietta”</em>; estos autores se sirvieron de una versión <em>francesa </em>de <em>Pierre Boaiastou</em> que se basaba en un <em>Romeo e Giuletta de Mateo Bandello</em>  y en un <em>Giuletta e Romeo</em> de<em> Luigi da Porto.</em></p>
<p>Pero <em>Shakespeare </em>no tendría ninguna dificultad en conocer un tema tan popular ya en toda <em>Europa</em>: <em>Golding </em>había traducido en 1567 <em>Las metamorfosis</em>.</p>
<p>Por supuesto el tema fue de interés para otros artistas, además de los literatos, como los <em>pintores </em>y los <em>músicos</em>, desde la propia Antigüedad hasta nuestros días.</p>
<p>Ofrezco tan sólo cuatro ejemplos de pintura sobre el tema: una del<em> siglo I de Pompeya</em>, otra de un <em>capitel románico</em> del siglo XII en <em>Basilea</em>,otra del XVIII-XIX y otra absolutamente contemporánea.</p>
<figure style="width: 193px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/píramo_1_recotada.jpg" alt="Lienzo del siglo I sobre Píramo y Tisbe" width="193" height="217" /><figcaption class="wp-caption-text">Lienzo del siglo I sobre Píramo y Tisbe</figcaption></figure>
<p><em>Píramo y Tisbe representados en un fresco de la Casa de Octavio Cuartión (Pompeya). S. I d. C.</em></p>
<figure style="width: 191px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/píramo_2_recortada.jpg" alt="Imágenes de un Capitel románico del siglo XII" width="191" height="262" /><figcaption class="wp-caption-text">Capitel románico del siglo XII con Píramo y Tisbe representados</figcaption></figure>
<p><em>Claustro de la catedral de Basilea, finales del siglo XII (con una interpretación cristiana moralizante)</em></p>
<figure style="width: 184px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" src=" https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/píramo_3_recortada.jpg" alt="Lienzo sobre los protagonistas de la leyenda del siglo XVIII-XIX" width="184" height="145" /><figcaption class="wp-caption-text">Lienzo sobre los protagonistas de la leyenda del siglo XVIII-XIX</figcaption></figure>
<p><em>Pierre-Claude Gautherot, (1769-1825),</em></p>
<figure style="width: 175px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/píramo_4_recortada.jpg" alt="Lienzo contemporáneo de Píramo y Tisbe" width="175" height="174" /><figcaption class="wp-caption-text">Lienzo contemporáneo de Píramo y Tisbe</figcaption></figure>
<p><em>Gabriel Alonso y publicada por la editorial digital UNO Y CERO (http://unoyceroediciones.com/)</em></p>
<p>En música los ejemplos van desde la <em>ópera <strong>El sueño de una noche de verano</strong></em>, obra de <em>Benjamin Britten </em>basada en <em>El sueño de una noche de verano</em> de <em>Shakespeare West Side Story</em> basada en <em>Romeo y Julieta</em> hasta la adaptación de los Beatles, en la que <em>Paul McCartney</em> era <em>Piramo</em>, <em>John Lennon</em> era <em>Tisbe</em>, <em>George Harrison</em> era la <em>Luna </em>y<em> Ringo Starr</em> era el <em>león</em>.</p>
<p>Pero dejémonos de consideraciones más o menos eruditas y curiosidades intranscendentes y permitamos que sea el poeta  <em><strong>Ovidio</strong> </em>el que nos relate con detalle la desgraciada historia.</p>
<p><em><strong>Matamorfosis</strong>, IV, 42…..54;  55-166</em></p>
<p><em>Aprueban sus palabras las hermanas y le piden que sea ella la primera en contar. Se pone ella a pensar qué relato, de entre muchos, va a escoger, pues eran innumerables los que sabía,  y duda si contar tu historia, babilonia Dércetis, de quien creen los palestinos que, transformada y con escamas cubriendo sus miembros, agitó las aguas de un lago.<br />
…..<br />
O de cómo el árbol que antes daba frutos blancos, los da ahora negros por haber sido tocado por sangre. Esto último es lo que prefiere; esta narración, por no ser del dominio común, la empieza  de la siguiente manera, mientras la lana va tras de sus hilos:<br />
“Píramo  y Tisbe, el uno el más bello de los jóvenes, la otra sobresaliente entre las muchachas que tenía el Oriente,  ocupaban dos casas contiguas, allí donde se dice que Semíramis ciñó de muros de tierra cocida su elevada ciudad. La vecindad les hizo conocerse y dar los primeros pasos; con el tiempo creció el amor; ellos habrían querido celebrar la legítima unión de la antorcha nupcial, pero se opusieron los padres; mas, y a eso no podían oponerse, por igual ardían ambos con cautivos corazones. Ningún confidente hay entre ellos, por señas y por gestos se hablan, y cuanto más ocultan el fuego, más se enardece el fuego oculto. La pared medianera de ambas casas estaba hendida por una delgada grieta que se había producido antaño, durante su construcción. El defecto, que nadie había observado a lo largo de los siglos -¿qué no notará el amor?- vosotros, amantes, fuisteis los primeros en verlo, y lo hicisteis camino de vuestra voz; y así solían pasar seguras a su través, y en tenue cuchicheo, vuestras ternezas. Muchas veces, cuando de una parte estaba Tisbe y de la otra Píramo, y habían ellos percibido mutuamente la respiración de sus bocas, decían: “Pared envidiosa, ¿por qué te alzas como obstáculo entre dos amantes? ¿Qué te costaba permitirnos unir por entero nuestros cuerpos, o, si eso es demasiado, ofrecer al menos una abertura para nuestros besos? Pero no somos ingratos; confesamos que te debemos el que se haya dado a nuestras palabras paso hasta los oídos amigos.”</em></p>
<p><em>Y después de hablar así en vano y separados como estaban, al llegar la noche se dijeron adiós, y dio cada uno a su parte besos que no llegaron al otro lado. La aurora siguiente había ahuyentado las nocturnas luminarias, y el sol había secado con sus rayos las hierbas cubiertas de escarcha; se reunieron en el lugar de costumbre. Y entonces, después de muchos lamentos murmurados en voz baja, acuerdan hacer en el silencio de la noche la tentativa de engañar a sus guardianes y salir de sus puertas, y, una vez que estén fuera de sus hogares, abandonar también los edificios de la ciudad; y, para evitar el riesgo de extraviarse en su marcha por los anchos campos, reunirse junto al sepulcro de Nino (rey fundador de Nínive) y ocultarse a la sombra del árbol. Un árbol había allí, cuajado de frutos blancos como la nieve, un erguido moral, situado en las proximidades de un frío manantial. Este plan adoptan; y la luz del día, que les pareció tardar en alejarse, se arroja a las aguas, y de las mismas aguas sale la noche. Hábilmente en medio de las tinieblas hace Tisbe girar la puerta en su quicio, sale, engaña a los suyos, con la cara tapada llega a la tumba, y se sienta bajo el árbol convenido; el amor la hacía atrevida. He aquí que llega una leona con el hocico espumeante embadurnado de sangre de unos bueyes que acaba de matar, y con la intención de apagar su sed en las aguas de la vecina fuente. La babilonia Tisbe la vio de lejos, a los rayos de la luna, y con pasos asustados huyó a una oscura cueva; y al huir, cayó de su espalda un velo que dejó abandonado. Una vez que la feroz leona hubo aplacado con abundante agua su sed, al volver al bosque se encontró el tenue velo sin su dueña, y con su boca ensangrentada lo desgarró.</em></p>
<p><em>Píramo salió más tarde, vio en el espeso polvo huellas seguras de una fiera, y palideció su semblante entero; pero cuando encontró también la prenda teñida en sangre, dijo: “Una sola noche acabará con los enamorados; de los dos, ella era la más digna de una larga vida, mientras que mi alma es culpable; yo he sido quien te he perdido, infortunada, yo que te he mandado venir de noche a un lugar terrorífico, y no he venido aquí el primero. Despedazad mi cuerpo y devorad a fieros mordiscos estas vísceras criminales, oh leones todos que habitáis bajo esta roca. Pero es de cobardes desear la muerte”.</em></p>
<p><em>Coge del suelo el velo de Tisbe, lo lleva consigo a la sombra del árbol de la cita, y después de dar lágrimas y besos a la conocida prenda, dice: “Recibe ahora también la bebida de mi sangre”. Y hundió en sus ijares el hierro que llevaba al cinto, y sin tardanza se lo arrancó, moribundo ya, de la ardiente herida, quedando tendido en tierra boca arriba; la sangre salta a gran altura, no de otro modo que cuando en un tubo de plomo deteriorado se abre una hendidura, que por el estrecho agujero que silba lanza chorros de agua y rasga el aire con su persecución. Los frutos del árbol toman, por las cruentas salpicaduras, un tinte oscuro, y la raíz, humedecida en sangre, matiza el color de púrpura las moras que cuelgan.<br />
He aquí que, sin estar libre de miedo todavía, pero para no hacer defección a su amante, vuelve ella, busca al joven con los ojos y con el alma, y arde en deseos de contarle el enorme peligro de que se ha librado; y si bien reconoce el lugar y la forma del árbol que ha visto, con todo la hace dudar el color del fruto; quédase perpleja sobre si será el mismo árbol. Mientras vacila, ve que unos miembros temblorosos palpitan sobre el suelo ensangrentado; retrocedió, y con el semblante más pálido que el boj sufrió un estremecimiento semejante al del mar que susurra cuando una leve brisa roza su superficie. Mas una vez que, poco después, reconoció a su amor, se maltrata con sonoros golpes los brazos que lo merecían, se arranca los cabellos, y abrazando el cuerpo amado inundó de lágrimas sus heridas y mezcló su llanto con la sangre; y estampando sus besos en el rostro helado gritó: “Píramo, ¿qué desventura me ha dejado sin ti? Píramo, respóndeme; es tu adorada Tisbe quien te llama; escúchame y yergue tu cabeza abatida”. Al nombre de Tisbe levantó Píramo los ojos, sobre los que gravitaba ya la muerte, y después de verla a ella los volvió a cerrar. Cuando ella reconoció su prenda, y vi el marfil desprovisto de su espada, exclamó: “¡Tu propia mano te ha dado muerte y tu propio amor, infortunado! Para esto sólo tengo yo también una mano fuerte, y tengo amor que me dará fuerzas para herirme. Iré tras de ti que ya has perecido, y de tu muerte se dirá que he sido yo trágica causa y compañera; y tú, a quien sólo la muerte ¡ay! Podía arrancarme, ni aun la muerte podrá arrancarte de mí. Una cosa sin embargo os han de pedir las súplicas de los dos, oh infelicísimos padres mío y suyo, que a aquellos a quienes unió un fiel amor y la última hora, no les rehuséis ser sepultados en la misma tumba. Y tú, árbol que con tus ramas das sombra ahora al pobre cuerpo de uno solo, pero pronto la darás a los de dos, conserva las señales de nuestra ruina, y ten siempre frutos negros y propios para el luto, en memoria de nuestra doble sangre”. Dijo, y colocando la punta de la espada bien por debajo de su pecho, se dejó caer sobre el hierro que aun estaba tibio de la otra sangre. Sus súplicas conmovieron a los dioses, conmovieron a los padres; pues el color del fruto, una vez que está bien maduro, es negruzco, y lo que resta de sus piras descansa en una única urna”.</em></p>
<p><em>Había terminado; transcurrió un breve intervalo, y empezó a hablar Leucónoe; guardaron silencio sus hermanas.</em> (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira, C.S.I.C. Alma Mater)</p>
<p><em>Dicta probant primamque iubent narrare sorores.<br />
Illa, quid e multis referat (nam plurima norat),<br />
cogitat et dubia est, de te, Babylonia, narret,<br />
Derceti, quam versa squamis velantibus artus<br />
stagna Palaestini credunt motasse figura;<br />
……<br />
an, quae poma alba ferebat,<br />
ut nunc nigra ferat contactu sanguinis arbor.<br />
Hoc placet, hanc, quoniam vulgaris fabula non est,<br />
talibus orsa modis, lana sua fila sequente:<br />
…..<br />
55-168<br />
Pyramus et Thisbe.<br />
“Pyramus et Thisbe, iuvenum pulcherrimus alter,<br />
altera, quas oriens habuit, praelata puellis,<br />
contiguas tenuere domos, ubi dicitur altam<br />
coctilibus muris cinxisse Semiramis urbem.<br />
Notitiam primosque gradus vicinia fecit:<br />
tempore crevit amor. Taedae quoque iure coissent:<br />
sed vetuere patres. Quod non potuere vetare,<br />
ex aequo captis ardebant mentibus ambo.<br />
Conscius omnis abest: nutu signisque loquuntur,<br />
quoque magis tegitur, tectus magis aestuat ignis.<br />
Fissus erat tenui rima, quam duxerat olim,<br />
cum fieret paries domui communis utrique.<br />
Id vitium nulli per saecula longa notatum<br />
(quid non sentit amor?) primi vidistis amantes,<br />
et vocis fecistis iter; tutaeque per illud<br />
murmure blanditiae minimo transire solebant.<br />
Saepe, ubi constiterant hinc Thisbe, Pyramus illinc,<br />
inque vices fuerat captatus anhelitus oris,<br />
“invide” dicebant “paries, quid amantibus obstas?<br />
quantum erat, ut sineres toto nos corpore iungi,<br />
aut hoc si nimium est, vel ad oscula danda pateres?<br />
Nec sumus ingrati: tibi nos debere fatemur,<br />
quod datus est verbis ad amicas transitus aures.”<br />
Talia diversa nequiquam sede locuti<br />
sub noctem dixere ”vale” partique dedere<br />
oscula quisque suae non pervenientia contra.<br />
Postera nocturnos aurora removerat ignes,<br />
solque pruinosas radiis siccaverat herbas:<br />
ad solitum coiere locum. Tum murmure parvo<br />
multa prius questi, statuunt, ut nocte silenti<br />
fallere custodes foribusque excedere temptent,<br />
cumque domo exierint, urbis quoque tecta relinquant;<br />
neve sit errandum lato spatiantibus arvo,<br />
conveniant ad busta Nini lateantque sub umbra<br />
arboris. Arbor ibi, niveis uberrima pomis<br />
ardua morus, erat, gelido contermina fonti.<br />
Pacta placent. Et lux, tarde discedere visa,<br />
praecipitatur aquis, et aquis nox exit ab isdem.<br />
Callida per tenebras versato cardine Thisbe<br />
egreditur fallitque suos, adopertaque vultum<br />
pervenit ad tumulum, dictaque sub arbore sedit.<br />
Audacem faciebat amor. Venit ecce recenti<br />
caede leaena boum spumantes oblita rictus,<br />
depositura sitim vicini fontis in unda.<br />
Quam procul ad lunae radios Babylonia Thisbe<br />
vidit et obscurum timido pede fugit in antrum,<br />
dumque fugit, tergo velamina lapsa reliquit.<br />
Ut lea saeva sitim multa conpescuit unda,<br />
dum redit in silvas, inventos forte sine ipsa<br />
ore cruentato tenues laniavit amictus.<br />
Serius egressus vestigia vidit in alto<br />
pulvere certa ferae totoque expalluit ore<br />
Pyramus: ut vero vestem quoque sanguine tinctam<br />
repperit, “una duos” inquit “nox perdet amantes.<br />
E quibus illa fuit longa dignissima vita,<br />
nostra nocens anima est: ego te, miseranda, peremi,<br />
in loca plena metus qui iussi nocte venires,<br />
nec prior huc veni. Nostrum divellite corpus,<br />
et scelerata fero consumite viscera morsu,<br />
o quicumque sub hac habitatis rupe, leones.<br />
Sed timidi est optare necem.” Velamina Thisbes<br />
tollit et ad pactae secum fert arboris umbram;<br />
utque dedit notae lacrimas, dedit oscula vesti,<br />
“accipe nunc” inquit “nostri quoque sanguinis haustus!”<br />
quoque erat accinctus, demisit in ilia ferrum,<br />
nec mora, ferventi moriens e vulnere traxit.<br />
Ut iacuit resupinus humo: cruor emicat alte,<br />
non aliter quam cum vitiato fistula plumbo<br />
scinditur et tenui stridente foramine longas<br />
eiaculatur aquas atque ictibus aera rumpit.<br />
Arborei fetus adspergine caedis in atram<br />
vertuntur faciem, madefactaque sanguine radix<br />
purpureo tingit pendentia mora colore.<br />
Ecce metu nondum posito, ne fallat amantem,<br />
illa redit iuvenemque oculis animoque requirit,<br />
quantaque vitarit narrare pericula gestit.<br />
Utque locum et visa cognoscit in arbore formam,<br />
sic facit incertam pomi color: haeret, an haec sit.<br />
Dum dubitat, tremebunda videt pulsare cruentum<br />
membra solum, retroque pedem tulit, oraque buxo<br />
pallidiora gerens exhorruit aequoris instar,<br />
quod tremit, exigua cum summum stringitur aura.<br />
Sed postquam remorata suos cognovit amores,<br />
percutit indignos claro plangore lacertos,<br />
et laniata comas amplexaque corpus amatum<br />
vulnera supplevit lacrimis fletumque cruori<br />
miscuit et gelidis in vultibus oscula figens<br />
“Pyrame” clamavit “quis te mihi casus ademit?<br />
Pyrame, responde: tua te carissima Thisbe<br />
nominat: exaudi vultusque attolle iacentes!”<br />
Ad nomen Thisbes oculos iam morte gravatos<br />
Pyramus erexit, visaque recondidit illa.<br />
Quae postquam vestemque suam cognovit et ense<br />
vidit ebur vacuum, “tua te manus” inquit “amorque<br />
perdidit, infelix. Est et mihi fortis in unum<br />
hoc manus, est et amor: dabit hic in vulnera vires.<br />
Persequar exstinctum letique miserrima dicar<br />
causa comesque tui; quique a me morte revelli<br />
heu sola poteras, poteris nec morte revelli.<br />
Hoc tamen amborum verbis estote rogati,<br />
o multum miseri meus illiusque parentes,<br />
ut quos certus amor, quos hora novissima iunxit,<br />
conponi tumulo non invideatis eodem.<br />
At tu quae ramis arbor miserabile corpus<br />
nunc tegis unius, mox es tectura duorum,<br />
signa tene caedis pullosque et luctibus aptos<br />
semper habe fetus, gemini monimenta cruoris.”<br />
Dixit, et aptato pectus mucrone sub imum<br />
incubuit ferro, quod adhuc a caede tepebat.<br />
Vota tamen tetigere deos, tetigere parentes:<br />
nam color in pomo est, ubi permaturuit, ater,<br />
quodque rogis superest, una requiescit in urna.”<br />
Desierat, mediumque fuit breve tempus, et orsa est<br />
dicere Leuconoe: vocem tenuere sorores.</em></p>
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		<title>La ninfa Calisto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Nov 2015 02:00:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mitologí­a]]></category>
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					<description><![CDATA[Quien disfrute leyendo o escuchando los coloridos relatos de la mitología grecolatina dispone de una obra esencial para ello: las Metamorfosis de Ovidio. En ella el prolífico poeta nos cuenta los muchos casos de transformación o metamorfosis de hombres, mujeres o personajes mitológicos en otros seres.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Quien disfrute leyendo o escuchando los coloridos relatos de la mitología grecolatina dispone de una obra esencial para ello: las Metamorfosis de Ovidio. En ella el prolífico poeta nos cuenta los muchos casos de transformación o metamorfosis de hombres, mujeres o personajes mitológicos en otros seres.</b></p>
<p>
	Entre esas transformaciones son especialmente interesantes, entre otras cosas por la fuerza con la que perviven, las conversiones en astros o estrellas, los llamados <em>catasterismos</em>.</p>
<p>
	Llamamos &ldquo;<em>catasterismo</em>&rdquo; a la conversi&oacute;n o la transformaci&oacute;n&nbsp; de dioses, seres heroicos,&nbsp; hechos mitol&oacute;gicos, e incluso principios &eacute;ticos m&aacute;s tarde, en astros, en cuerpos celestes del firmamento, en estrellas o conjuntos de estrellas.</p>
<p>
	Se trata de un t&eacute;rmino t&eacute;cnico o culto griego, compuesto de la preposici&oacute;n <em>kata</em>, &kappa;&alpha;&tau;ά (<em>encima, abajo</em>)&nbsp; y el sustantivo&nbsp; ἀ&sigma;&tau;ή&rho;, <em>aster,&nbsp; (estrella, astro).</em>&nbsp; El t&eacute;rmino se empleo como t&iacute;tulo de un librito atribuido al director de la <em>Biblioteca de Alejandr&iacute;a</em>, matem&aacute;tico, ge&oacute;grafo, astr&oacute;nomo, m&eacute;dico, fil&oacute;logo, autor literario,&nbsp; <em>Erat&oacute;stenes</em>.</p>
<p>
	Dos de las <em>constelaciones </em>o <em>conjunto de estrellas</em> (eso es lo que significa la palabra constelaci&oacute;n, <em>cum stella.</em>.) m&aacute;s conocidas e importantes a lo largo de la historia en nuestro hemisferio son la &ldquo;<em>Osa Mayor</em>&rdquo;, fruto de la transformaci&oacute;n de una ninfa, <em>Calisto </em>y el Boyero, Bo&ouml;tes, o guardi&aacute;n de la <em>Osa</em>, transformaci&oacute;n de su hijo <em>Arcas</em>.</p>
<p>
	Nos lo cuenta literariamente el citado poeta <em>Ovidio </em>en un largo relato de m&aacute;s de ciento cincuenta versos en <em>Metamorfosis,&nbsp; libro II, v. 401-550.</em></p>
<p>
	Hoy me permito una peque&ntilde;a licencia que a buen seguro no molestar&iacute;a a <em>Ovidio</em>; en el mundo antiguo un mismo tema mitol&oacute;gico se rehace y modifica, se reduce o amplia una y otra vez por diversos autores.</p>
<p>
	Me permito hacer, pues, una versi&oacute;n reducida del relato ovidiano que tal vez sea m&aacute;s f&aacute;cil de leer que el texto original para posibles lectores actuales, si bien ofrecer&eacute; al final para el lector interesado el propio texto del autor latino con su correspondiente traducci&oacute;n.</p>
<p>
	<em><strong>LA&nbsp; NINFA&nbsp; CALISTO</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>J&uacute;piter, el dios todopoderoso, recorr&iacute;a vigilante el amplio y sereno cielo y observaba con desgana la tierra en la que los hombres viven. En sus viajes diarios por el firmamento se detuvo muchas veces en Arcadia, f&eacute;rtil regi&oacute;n de la tierra especialmente querida para &eacute;l, gobernada por&nbsp; Lica&oacute;n, rey culto y religioso, respetado por sus ciudadanos a los&nbsp; que por fin civiliz&oacute; oblig&aacute;ndoles a abandonar&nbsp; su&nbsp; forma de vida&nbsp; primitiva y ruda.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ten&iacute;a Lica&oacute;n numerosos hijos y entre ellos una hija que se llamaba Calisto. Su extraordinaria belleza atrajo la atenci&oacute;n amorosa de J&uacute;piter, que con excesiva frecuencia traicionaba a su esposa Juno.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La hija de Lica&oacute;n no gustaba de la vida muelle de palacio, ni ocupaba el tiempo en cardar la lana o perfumar su cuerpo de bellas formas. Sujetos sus cabellos desordenados con una blanca cinta y anudado su vestido con un ligero broche, armada con el curvo arco y las flechas puntiagudas al hombro, recorr&iacute;a los bosques frondosos acompa&ntilde;ando a Diana, diosa virgen, libre y&nbsp; certera cazadora.&nbsp;&nbsp;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Un caluroso d&iacute;a de verano, cuando el sol ya estaba a mitad de su carrera, descansaba&nbsp; Calisto solitaria tendida en el verde suelo del bosque, reposando la cabeza sobre el carcaj multicolor. Cuando J&uacute;piter la vio tan hermosa e indefensa, ardiendo de pasi&oacute;n como s&oacute;lo los dioses pueden arder, pens&oacute;:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8212; Mi esposa Juno no se enterar&aacute; de este amor secreto</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y tomando la figura de la diosa Diana se acerc&oacute; a Calisto:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8212; Hermosa doncella, hoy has cazado de manera extraordinaria y certera.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Se levant&oacute; de &aacute;gil salto Calisto y respondi&oacute; con palabras agradecidas:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8212; Gracias, mi querida y amada diosa. Yo creo que eres m&aacute;s grande y poderosa que el mismo J&uacute;piter, que no nos oye.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>J&uacute;piter se sonri&oacute; al escucharla, la abraz&oacute; con fuerza contra su pecho poderoso y la colm&oacute; de besos lascivos, impropios de la diosa virgen cuya figura hab&iacute;a suplantado.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Quiso Calisto in&uacute;tilmente soltarse del divino abrazo, consciente ya del enga&ntilde;o ad&uacute;ltero. Pero &iquest;qui&eacute;n puede vencer al poderoso J&uacute;piter?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cuando J&uacute;piter vol&oacute; insensible al &eacute;ter, Calisto recogi&oacute; su aljaba y su arco y huyo veloz del bosque c&oacute;mplice, para siempre odioso.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cierto d&iacute;a, despu&eacute;s de una buena cacer&iacute;a, Diana, feliz y contenta, llama&nbsp; a Calisto, que, temiendo fuera J&uacute;piter de nuevo disfrazado, huye corriendo a esconderse en el frondoso bosque. Pero,&nbsp; viendo a la diosa rodeada de sus ninfas que imped&iacute;an el enga&ntilde;o, se acerc&oacute; cabizbaja al grupo. El rubor de su semblante delatar&iacute;a su pudor herido a Diana, si la diosa no fuera&nbsp; virgen inexperta.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Fatigadas por la larga cacer&iacute;a, alcanzaron un fresco arroyo de aguas cristalinas. Diana apenas sumergi&oacute; su virginal pie en el agua fresca que corr&iacute;a murmullosa y dijo amable:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp; &#8212; Descansemos un rato. Nadie nos ve aqu&iacute;; desnud&eacute;monos y refresquemos nuestros cuerpos en estas aguas cristalinas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Todas las ninfas se despojaron presto de sus vestidos de caza, pero Calisto, de nuevo ruborizada, dilataba su desnudez. Cuando por fin se quit&oacute; la ropa, apareci&oacute; evidente en su cuerpo la culpa que in&uacute;tilmente quer&iacute;a ocultar con sus manos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Irritada la diosa virgen grit&oacute; a la avergonzada ninfa:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8212; Al&eacute;jate r&aacute;pido de nosotras, traidora,&nbsp; y no mancilles estas aguas&nbsp; sagradas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong><img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/calisto_1recortado.jpg" /></strong></em></p>
<p>
	<em>Museo del Prado. Rubens: Calisto y Diana</em></p>
<p>
	<em><strong>Pas&oacute; el tiempo necesario y naci&oacute; el peque&ntilde;o Arcas, fruto de aquella forzada uni&oacute;n. Juno, esposa de J&uacute;piter hac&iacute;a tiempo que conoc&iacute;a ya lo sucedido. Llegado ahora el momento propicio, no dilat&oacute; por m&aacute;s tiempo su cruel castigo. As&iacute; dijo airada la diosa poderosa:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp; &#8212; S&oacute;lo faltaba, adultera, que fueras fecunda y que un hijo tuyo testificase ante todos los dioses el ultraje vergonzoso de mi esposo J&uacute;piter. Pronto te arrebatar&eacute; la belleza de tu cuerpo con la que atrajiste a mi ad&uacute;ltero marido.&nbsp;&nbsp;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y diciendo esto, la agarr&oacute; de sus rubios cabellos y la arroj&oacute; al suelo con toda violencia. Tend&iacute;a Calisto sus brazos suplicantes, que inapelablemente se cubr&iacute;an de negros pelos; tend&iacute;a sus manos que se convert&iacute;an en garras retorcidas y su dulce boca, apetecida por J&uacute;piter, se transformaba en deformes fauces animales. De su ronca garganta no surgen palabras suplicantes que conmover&iacute;an el coraz&oacute;n, sino un ronco rugido que llena de terror.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Convertida en osa, conserva sin embargo su alma anterior, como atestiguan sus constantes gemidos de dolor y sus manos levantadas hacia lo alto, tal vez protestando la insensible ingratitud de J&uacute;piter, el padre de los dioses que a todos amedrenta con sus rayos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ahora Calisto anda errante en la soledad del bosque y de los campos peligrosos. Quien antes cazaba infatigable, &iexcl;cu&aacute;ntas veces ahora se esconde perseguida por los ladridos de los perros y las flechas de los cazadores! Incluso siendo ahora una osa, siente miedo al ver a los fieros osos en lo alto de las pe&ntilde;as.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Transcurrieron muchos a&ntilde;os y Arcas, el hijo de Calisto a la que no conoci&oacute;, persigue a las fieras por los desfiladeros y bosques del monte Erimanto, en la f&eacute;rtil Arcadia. Cierto d&iacute;a Arcas se topa&nbsp; con su madre, que parece reconocerlo y fija en &eacute;l su negros ojos. Cuando la madre se acerca insegura al hijo, a punto&nbsp; est&aacute; de morir atravesada por la flecha que Arcas coloca en su arco tensado, pero el todopoderoso J&uacute;piter impidi&oacute; el terrible sacrilegio. Arrebatados de la dura tierra, transportados a trav&eacute;s del espacio los coloc&oacute; en el cielo, transformados para siempre en dos constelaciones vecinas de brillantes estrellas, la &ldquo;Osa Mayor&rdquo; y &quot;El Boyero&quot; (Bo&ouml;tes o el guardi&aacute;n de la Osa).</strong></em></p>
<p>
	<em><strong><img decoding="async" alt="" src=" https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/calisto_2recortada.jpg" style="width: 210px; height: 160px;" /></strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.</strong></em></p>
<p>
	<em>Versi&oacute;n completa del relato de Ovidio</em></p>
<p>
	<em><strong>Calisto</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El padre omnipotente rodea las enormes murallas del cielo y examina si algo, debilitado por la fuerza del fuego, puede derrumbarse. Una vez que ve que est&aacute;n firmes y con toda su fortaleza, dirige su mirada a la tierra y a los penosos trabajos de los hombres. Su mayor motivo de preocupaci&oacute;n es la Arcadia: restablece las fuentes y los r&iacute;os que todav&iacute;a no se atrev&iacute;an a correr, da c&eacute;sped a la tierra y hojas a los &aacute;rboles, y ordena que los bosques da&ntilde;ados reverdezcan.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Mientras vuelve all&iacute; una y otra vez, se queda prendado de una muchacha de Nonacris y el fuego recibido de la pasi&oacute;n ardi&oacute; bajo sus huesos. Las ocupaciones de ella no eran ni cardar la lana para hacerla suave ni cambiar la forma de su peinado. Tan pronto el broche sujetaba su vestido y una cinta blanca sus cabellos sueltos, inmediatamente ya hab&iacute;a cogido con su mano el ligero venablo o bien el arco y se presentaba semejante a Febe (Diana) y nunca muchacha alguna m&aacute;s querida que esta por la Trivia (Diana) pis&oacute; el monte M&eacute;nalo. Pero ninguna posibilidad es duradera.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El sol alto ya ocupaba un espacio m&aacute;s all&aacute; de la mitad de su recorrido, cuando ella entr&oacute; en el bosque que ninguna edad hab&iacute;a talado. Se quit&oacute; entonces la aljaba de los hombros y distendi&oacute; el arco flexible, y se tumb&oacute; en el suelo que cubr&iacute;a la hierba, y presionaba la aljaba de colores con su cabeza apoyada.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cuando J&uacute;piter la vio cansada y libre de ning&uacute;n vigilante, dijo: &ldquo;ciertamente mi esposa no conocer&aacute; este robo y si se enterara sus reproches merecen, merecen sin duda la pena&rdquo;. Inmediatamente se reviste del rostro y vestidos de Diana y dice:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Oh doncella, parte especial de mis acompa&ntilde;antes, en que montes has estado cazando?&rdquo;. La muchacha se levanta del c&eacute;sped y dice: salud, diosa, en mi opini&oacute;n mayor que J&uacute;piter, aunque &eacute;l mismo me oiga.&rdquo;&nbsp; Pero &eacute;l se r&iacute;e y lo oye y se alegra de que sea el preferido y le da besos ni lo debidamente moderados ni que deban ser dados por una doncella.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cuando ella se dispon&iacute;a a contarle en qu&eacute; bosque iba a cazar, se lo impide con su abrazo y se delata no sin un acto&nbsp; criminal. Ella ciertamente se muestra contraria tanto cuanto apenas puede una mujer (ojal&aacute; la hubieras visto, Saturnia (Juno); ser&iacute;as ahora m&aacute;s ben&eacute;vola), lucha ella ciertamente, pero &iquest;a qui&eacute;n podr&iacute;a&nbsp; vencer una muchacha? &iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a vencer a J&uacute;piter?.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Victorioso, J&uacute;piter se dirige al cielo divino: para ella en cambio&nbsp; el bosque y la c&oacute;mplice espesura son motivo de odio.&nbsp;&nbsp; Al apartar de all&iacute; sus pies, casi olvid&oacute; recoger su aljaba con sus dardos y el arco que hab&iacute;a dejado colgado.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Mas he aqu&iacute; que acompa&ntilde;ada de su coro, Dictina (Diana) est&aacute; entrando en el alto M&eacute;nalo y orgullosa por la matanza de las fieras, la ve y una vez vista la llama; pero huye cuando es llamada y al principio tiene miedo de que sea J&uacute;piter en la figura de ella. Pero despu&eacute;s que vio que a la par con ella marchaban las ninfas, comprendi&oacute; que no hab&iacute;a enga&ntilde;o y se sum&oacute; al grupo de ellas. Pero, &iexcl;ay! qu&eacute; dif&iacute;cil&nbsp; es no delatar el crimen en el rostro!&#8230; Apenas levanta los ojos del suelo, ni, como antes acostumbraba, se une al lado de la diosa, ni es la primera de todo el grupo, sino que guarda silencio y da muestras con su rubor del pudor ultrajado. Y si Diana no fuera virgen, habr&iacute;a podido con mil detalles darse cuenta de la culpa; dicen que en cambio las ninfas si se dieron cuenta.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Los cuernos de la luna reaparec&iacute;an en su novena &oacute;rbita (en el noveno mes), cuando la diosa, cansada de cazar bajo las llamas de su hermano (el Sol), alcanz&oacute; un bosque fresco, por el que corr&iacute;a un arroyo desliz&aacute;ndose entre murmullos y revolv&iacute;a las l&iacute;mpidas arenas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong><em><strong>Como quiera que alab&oacute; el lugar, (le gust&oacute;), toc&oacute; las aguas con su pie: alabadas tambi&eacute;n &eacute;stas, dijo: todo testigo est&aacute; lejos;&nbsp; sumerjamos nuestros cuerpos desnudos en las aguas transparentes&rdquo;. La Parr&aacute;side (Calisto) enrojeci&oacute;. Todas se quitan sus vestidos; una sola busca retrasarlo. Le quitan el&nbsp; vestido a la vacilante; y una vez quitado, con su cuerpo desnudo, qued&oacute; patente su falta criminal. A quien at&oacute;nita quer&iacute;a esconder su vientre con sus manos, le dijo la Cintia (Diana): &ldquo;vete lejos de aqu&iacute; y no manches las sagradas fuentes&rdquo;, y le orden&oacute; separarse de su grupo.</strong></em></strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Hac&iacute;a tiempo que la esposa del gran Tonante (J&uacute;piter) se hab&iacute;a enterado de todo esto y hab&iacute;a aplazado un duro castigo para el momento adecuado. Ning&uacute;n motivo hab&iacute;a ya para la demora, pues ya el ni&ntilde;o Arcas hab&iacute;a nacido de su rival; esto mismo doli&oacute; tambi&eacute;n a Juno. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Tan pronto como dirigi&oacute; a &eacute;l su mirada y su cruel intenci&oacute;n,dijo: &ldquo;precisamente s&oacute;lo me faltaba ya&nbsp; esto, ad&uacute;ltera, que fueras f&eacute;rtil y con tu parto fuera conocido el agravio y quedase bien atestiguado el deshonor de mi J&uacute;piter. No lo llevar&aacute;s sin castigo: pues te quitar&eacute; la figura con la que te complaces a ti misma, pero tambi&eacute;n con la que inoportuna complaces a mi marido&rdquo;.<br />
	Dijo, y colocada frente a ella, cogi&eacute;ndola por los cabellos, la arroj&oacute; boca abajo al suelo. Tend&iacute;a ella suplicante sus brazos; pero sus brazos comenzaron a erizarse de negros pelos&nbsp; y sus manos a curvarse y a prolongarse con ganchudas u&ntilde;as, ofreci&eacute;ndole la funci&oacute;n de los pies, y su boca, en otro tiempo alabada por J&uacute;piter, a deformarse con su ancho hocico. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y le arrebata el poder hablar para que ni los ruegos ni las palabras suplicantes dobleguen su coraz&oacute;n.&nbsp; Sale de su ronca garganta una voz irritada y amenazadora y llena de terror. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Sin embargo permanece en ella su mente anterior incluso convertida en osa, y manifestando su dolor con su constante gemido, levanta sus manos cual ahora son al cielo y a las estrellas y aunque no puede decirlo, siente que J&uacute;piter es un ingrato. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iexcl;Ah! &iexcl;Cu&aacute;ntas&nbsp; veces, no atrevi&eacute;ndose a descansar en el bosque solitario, anduvo errante delante de su casa y en los campos en otro tiempo suyos! &iexcl;Ay! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces ha sido empujada entre las rocas por los ladridos de los perros y ella, que fue cazadora, huye ahora asustada por el miedo a los cazadores!</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Muchas veces se ocult&oacute; de la vista de las fieras, olvidando lo que era, y siendo una osa se asust&oacute; de ver osos en los montes, y tuvo miedo de los lobos, aunque su padre (Lica&oacute;n) se encontraba entre ellos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y he aqu&iacute; que llega Arcas, hijo de la Licaonia, que desconoce a su madre, cumplidos ya casi sus quince a&ntilde;os. Mientras persigue a las fieras y mientras elige los bosques adecuados y rodea con densas redes los bosques de Erimanto, se encuentra con su madre, que se detuvo al ver a Arcas, y pareci&oacute; como que le conoc&iacute;a.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El huy&oacute; e ignorante tuvo miedo de la que manten&iacute;a fijos los ojos sin fin en &eacute;l y cuando ella intent&oacute; avanzar m&aacute;s cerca, estuvo a punto de atravesar su pecho con un dardo mort&iacute;fero. Lo impidi&oacute; el todopoderoso y los detuvo al mismo tiempo a ellos dos y al criminal acto, y arrebatados por un r&aacute;pido viento a trav&eacute;s del espacio&nbsp; vac&iacute;o los coloc&oacute; en el cielo y los hizo constelaciones vecinas (la Osa Mayor y Artofilacte o Arturo, el Guardi&aacute;n de la Osa, el Boyero).</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Se enfureci&oacute; Juno, cuando su rival brillaba entre las estrellas, y descendi&oacute; a la superficie del mar para ver a la blanca Tetis y al anciano Oc&eacute;ano, cuyo respeto obliga con frecuencia a los dioses, y les expone cuando le preguntan la causa de su viaje.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pregunt&aacute;is por qu&eacute; yo, la reina de la morada de los dioses, estoy aqu&iacute;?&nbsp; Otra es la que tiene el cielo en vez de m&iacute;. Mentir&iacute;a si cuando la noche haya hecho oscuro el cielo,&nbsp; no veis honradas hace poco en lo alto del cielo, mis ultrajes, como estrellas all&iacute;, en donde el &uacute;ltimo c&iacute;rculo y de m&aacute;s corto recorrido rodea la parte &uacute;ltima del eje.&nbsp; &iquest;Hay pues motivo por el que alguien no quiera insultar a Juno o me tema ofender a m&iacute;, que soy la &uacute;nica que perjudicando a alguien le favorezco?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iexcl;Oh! &iexcl;cu&aacute;ntas cosas grandes he hecho! &iexcl;Cu&aacute;n grande es mi poder! Prohib&iacute; que fuese un ser humano y se la ha hecho diosa. As&iacute; impongo yo el castigo a los culpables, as&iacute; es mi gran poder. &iexcl;Que le restituya&nbsp; su antigua apariencia y que le quite su rostro de fiera, como ya hizo antes con la arg&oacute;lica For&oacute;nide (Io)! &iquest;Por qu&eacute; no se casa con ella expulsando a Juno y la coloca en mi lecho y toma a Lica&oacute;n como suegro?</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pero vosotros, si os afecta el desprecio de la que criasteis ahora ultrajada, apartad a los&nbsp; Siete Triones (la Osa Mayor) del azul abismo y rechazad a estas estrellas recibidas&nbsp; en el cielo, como recompensa del adulterio para que una concubina no se ba&ntilde;e en vuestras aguas puras.&rdquo;</strong></em></p>
<p>
	&#8230;.</p>
<p>
	<em>t pater omnipotens ingentia moenia caeli<br />
	circuit et ne quid labefactum viribus ignis<br />
	corruat explorat. Quae postquam firma suique<br />
	roboris esse videt terras hominumque labores<br />
	perspicit. Arcadiae tamen est impensior illi<br />
	cura suae: fontes et nondum audentia labi<br />
	flumina restituit dat terrae gramina, frondes<br />
	arboribus, laesasque iubet revirescere silvas.<br />
	Dum redit itque frequens, In virgine Nonacrina<br />
	haesit et accepti caluere sub ossibus ignes.<br />
	Non erat huius opus lanam mollire trahendo<br />
	nec positu variare comas; ubi fibula vestem,<br />
	vitta coercuerat neglectos alba capillos,<br />
	et modo leve manu iaculum, modo sumpserat arcum,<br />
	miles erat Phoebes: nec Maenalon attigit ulla<br />
	gratior hac Triviae. Sed nulla potentia longa est.<br />
	Ulterius medio spatium sol altus habebat,<br />
	cum subit illa nemus, quod nulla ceciderat aetas.<br />
	Exuit hic umero pharetram lentosque retendit<br />
	arcus, inque solo, quod texerat herba, iacebat<br />
	et pictam posita pharetram cervice premebat.<br />
	Iuppiter ut vidit fessam et custode vacantem,<br />
	&ldquo;hoc certe furtum coniunx mea nesciet&rdquo; inquit,<br />
	&ldquo;aut si rescierit sunt o sunt iurgia tanti.&rdquo;<br />
	Protinus induitur faciem cultumque Dianae<br />
	atque ait: &ldquo;O comitum, virgo, pars una mearum,<br />
	in quibus es venata iugis?&rdquo; De caespite virgo<br />
	se levat et &ldquo;salve numen, me indice&rdquo;, dixit<br />
	&ldquo;audiat ipse licet maius Iove.&rdquo; Ridet et audit,<br />
	et sibi praeferri se gaudet et oscula iungit<br />
	nec moderata satis nec sic a virgine danda.<br />
	Qua venata foret silva, narrare parantem<br />
	impedit amplexu, nec se sine crimine prodit.<br />
	Illa quidem contra, quantum modo femina possit<br />
	(adspiceres utinam, Saturnia: mitior esses !),<br />
	illa quidem pugnat: sed quem superare puella,<br />
	quisve Iovem poterat? &mdash; Superum petit aethera victor<br />
	Iuppiter: huic odio nemus est et conscia silva.<br />
	Unde pedem referens paene est oblita pharetram<br />
	tollere cum telis et quem suspenderat arcum.<br />
	Ecce, suo comitata choro Dictynna per altum<br />
	Maenalon ingrediens et caede superba ferarum<br />
	adspicit hanc visamque vocat: clamata refugit,<br />
	et timuit primo, ne Iuppiter esset in illa.<br />
	Sed postquam pariter nymphas incedere vidit,<br />
	sensit abesse dolos numerumque accessit ad harum.<br />
	Heu quam difficile est crimen non prodere vultu!<br />
	Vix oculos attollit humo, nec, ut ante solebat,<br />
	iuncta deae lateri, nec toto est agmine prima,<br />
	sed silet et laesi dat signa rubore pudoris;<br />
	et nisi quod virgo est poterat sentire Diana<br />
	mille notis culpam; nymphae sensisse feruntur.<br />
	Orbe resurgebant lunaria cornua nono,<br />
	cum dea venatu, fraternis languida flammis,<br />
	nacta nemus gelidum, de quo cum murmure labens<br />
	ibat et attritas versabat rivus harenas.<br />
	Ut loca laudavit, summas pede contigit undas:<br />
	his quoque laudatis &ldquo;procul est&rdquo; ait &ldquo;arbiter omnis;<br />
	nuda superfusis tingamus corpora lymphis.&rdquo;<br />
	Parrhasis erubuit. Cunctae velamina ponunt:<br />
	una moras quaerit. Dubitanti vestis adempta est;<br />
	qua posita nudo patuit cum corpore crimen.<br />
	Attonitae manibusque uterum celare volenti<br />
	&ldquo;i procul hinc&rdquo; dixit &ldquo;nec sacros pollue fontes&rdquo;<br />
	Cynthia; deque suo iussit secedere coetu.<br />
	Senserat hoc olim magni matrona Tonantis<br />
	distuleratque graves in idonea tempora poenas.<br />
	Causa morae nulla est, et iam puer Arcas (id ipsum<br />
	indoluit Iuno) fuerat de paelice natus.<br />
	Quo simul obvertit saevam cum lumine mentem,<br />
	&ldquo;scilicet hoc etiam restabat, adultera&rdquo; dixit,<br />
	&ldquo;ut fecunda fores, fieretque iniuria partu<br />
	nota, Iovisque mei testatum dedecus esset.<br />
	Haud impune feres: adimam tibi nempe figuram,<br />
	qua tibi, quaque places nostro, importuna, marito.&rdquo;<br />
	Dixit et adversa prensis a fronte capillis<br />
	stravit humi pronam. Tendebat bracchia supplex:<br />
	bracchia coeperunt nigris horrescere villis<br />
	curvarique manus et aduncos crescere in ungues<br />
	officioque pedum fungi, laudataque quondam<br />
	ora Iovi lato fieri deformia rictu.<br />
	Neve preces animos et verba precantia flectant<br />
	posse loqui eripitur; vox iracunda minaxque<br />
	plenaque terroris rauco de gutture fertur.<br />
	Mens antiqua tamen facta quoque mansit in ursa,<br />
	adsiduoque suos gemitu testata dolores<br />
	qualescumque manus ad caelum et sidera tollit<br />
	ingratumque Iovem, nequeat cum dicere, sentit.<br />
	A quotiens, sola non ausa quiescere silva,<br />
	ante domum quondamque suis erravit in agris!<br />
	A quotiens per saxa canum latratibus acta est<br />
	venatrixque metu venantum territa fugit!<br />
	Saepe feris latuit visis, oblita quid esset,<br />
	ursaque conspectos in montibus horruit ursos<br />
	pertimuitque lupos, quamvis pater esset in illis.<br />
	Ecce, Lycaoniae proles, ignara parentis,<br />
	Arcas adest, ter quinque fere natalibus actis:<br />
	dumque feras sequitur, dum saltus eligit aptos<br />
	nexilibusque plagis silvas Erymanthidas ambit,<br />
	incidit in matrem; quae restitit Arcade viso<br />
	et cognoscenti similis fuit. Ille refugit<br />
	inmotosque oculos in se sine fine tenentem<br />
	nescius extimuit propiusque accedere aventi<br />
	vulnifico fuerat fixurus pectora telo.<br />
	Arcuit omnipotens pariterque ipsosque nefasque<br />
	sustulit, et celeri raptos per inania vento<br />
	imposuit caelo vicinaque sidera fecit.<br />
	Intumuit Iuno, postquam inter sidera paelex<br />
	fulsit et ad canam descendit in aequora Tethyn<br />
	Oceanumque senem, quorum reverentia movit<br />
	saepe deos, causamque viae scitantibus infit:<br />
	&ldquo;Quaeritis, aetheriis quare regina deorum<br />
	sedibus huc adsim? pro me tenet altera caelum.<br />
	Mentiar, obscurum nisi nox cum fecerit orbem,<br />
	nuper honoratas summo, mea vulnera, caelo<br />
	videritis stellas illic, ubi circulus axem<br />
	ultimus extremum spatioque brevissimus ambit.<br />
	Est vero, cur quis Iunonem laedere nolit<br />
	offensamque tremat, quae prosum sola nocendo?<br />
	O ego quantum egi! quam vasta potentia nostra est!<br />
	Esse hominem vetui: facta est dea. Sic ego poenas<br />
	sontibus impono, sic est mea magna potestas.<br />
	Vindicet antiquam faciem vultusque ferinos<br />
	detrahat, Argolica quod in ante Phoronide fecit.<br />
	Cur non et pulsa ducit Iunone meoque<br />
	collocat in thalamo socerumque Lycaona sumit?<br />
	At vos si laesae tangit contemptus alumnae,<br />
	gurgite caeruleo septem prohibete triones<br />
	sideraque in caelo, stupri mercede, recepta<br />
	pellite, ne puro tingatur in aequore paelex.&rdquo;</em></p>
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		<title>Hombres, mujeres, andróginos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Jun 2015 12:11:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mitologí­a]]></category>
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					<description><![CDATA[En estas fechas en torno al solsticio de verano, cuando los días son más largos y las noches más cortas, proliferan las celebraciones y manifestaciones del llamado “orgullo gay” en las que homosexuales, gays, lesbianas y transexuales exhiben la bandera arcoíris y afirman el derecho a tener una sexualidad diferente a la heterosexual, que hasta hace bien poco era la única canonizada y defendida por las leyes y costumbres, mientras las otras eran condenadas y perseguidas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>En estas fechas en torno al solsticio de verano, cuando los días son más largos y las noches más cortas, proliferan las celebraciones y manifestaciones del llamado “orgullo gay” en las que homosexuales, gays, lesbianas y transexuales exhiben la bandera arcoíris y afirman el derecho a tener una sexualidad diferente a la heterosexual, que hasta hace bien poco era la única canonizada y defendida por las leyes y costumbres, mientras las otras eran condenadas y perseguidas.</b></p>
<p>
	<em>Nota</em>: <em>homosexual&nbsp; </em>es una palabra compuesta de la griega&nbsp; ὅ&mu;&omicron;&iota;&omicron;&sigmaf;,<em> homoyos</em>, que significa &ldquo;<em>igual</em>&rdquo; y la latina <em>sexualis</em>, de <em>sexus</em>, <em>sexual</em>, <em>sexo</em>. Por lo tanto se refiere a los amores entre personas del mismo y sexo. Nada tiene que ver su origen pues con la palabra latina &ldquo;<em>homo</em>&rdquo; que significa hombre. Al amor entre personas de g&eacute;nero masculino se le suele llamar, m&aacute;s espec&iacute;ficamente &ldquo;<em>gay</em>&rdquo;, t&eacute;rmino ingl&eacute;s que en principio significa &ldquo;<em>alegre</em>&rdquo;; al amor entre mujeres, como queda indicado, se le llama &ldquo;<em>s&aacute;fico</em>&rdquo; o &ldquo;<em>l&eacute;sbico</em>&rdquo;, por ser <em>Lesbos </em>el nombvre de la isla griega en la que vivi&oacute; la poetisa <em>Safo</em>, que cant&oacute; el amor entre mujeres.&nbsp; Estos t&eacute;rminos parece que comenzaron a emplearse en la <em>Francia Ilustrada</em> del siglo XVIII. <em>Transexual </em>se refiere a quienes han &ldquo;<em>transformado</em>&rdquo; su sexo inicial o aparente hacia aquel con el que realmente se identifican.</p>
<p>
	Pues bien, cu&aacute;ntas lecciones podemos extraer de los antiguos griegos y romanos. Quienes tenemos alguna edad, hemos contemplado impotentes la persecuci&oacute;n irrefrenada de quienes no segu&iacute;an el comportamiento sexual dominante, impuesto por la religi&oacute;n y las normas sociales, aunque actuaban&nbsp; tan s&oacute;lo como su naturaleza les exig&iacute;a.</p>
<p>
	Tambi&eacute;n hemos asistido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os a una actitud de la sociedad y sus normas mucho m&aacute;s abierta, aceptando simplemente lo que la naturaleza crea. Esta actitud, que se va plasmando en normas y leyes de comportamiento social, desgraciadamente no se ha generalizo ni en todos los pa&iacute;ses, (son numerosos los que persiguen con dureza incomprensible los comportamientos <em>homosexuales</em>), ni en todas las personas, que por razones religiosas o por inercia cultural manifiestan un rechazo inaceptable que no produce sino dolor y sufrimiento a muchas personas.</p>
<p>
	Quiz&aacute;s pueda ayudarnos a mantener una actitud absolutamente abierta conocer la normalidad con la que los antiguos aceptaban lo que la naturaleza engendraba.</p>
<p>
	Conocida es la presencia e importancia que el amor <em>homosexual</em>, sobre todo el masculino, ten&iacute;a en la antigua Grecia.&nbsp; En otro momento tratar&eacute; de ello y de la llamada &ldquo;<em>pederastia</em>&rdquo;, que nada tiene que ver con la &ldquo;<em>corrupci&oacute;n </em>o <em>relaci&oacute;n sexual con menores</em>&rdquo;, entonces prohibida y hoy duramente perseguida y castigada por las leyes con toda justicia.</p>
<p>
	Reproducir&eacute; un mito que <em>Plat&oacute;n </em>crea o recrea en su di&aacute;logo <em>El banquete</em>, subtitulado &quot;Sobre el amor&quot;, en el que analiza &iquest;<em>qu&eacute; es el amor?</em>, y que en realidad se refiere casi en exclusiva al amor homosexual.</p>
<p>
	Plat&oacute;n recurre, como en otras ocasiones,&nbsp; a un mito para explicar la realidad existente: hay&nbsp; hombres que buscan a otros hombres, mujeres a otras mujeres y hombres y mujeres que buscan su complemento en seres del otro sexo. Si las cosas son as&iacute;, simplemente habr&aacute; que buscar alguna explicaci&oacute;n:</p>
<p>
	<em>Plat&oacute;n, El Banquete o del Amor,188c y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Voy a intentar daros a conocer el poder del Amor, y queda a vuestro cargo ense&ntilde;ar a los dem&aacute;s lo que aprend&aacute;is de m&iacute;. Pero es preciso comenzar por decir cu&aacute;l es la naturaleza del hombre, y las modificaciones que ha sufrido.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&raquo;En otro tiempo la naturaleza humana era muy diferente de lo que es hoy. Primero hab&iacute;a tres clases de hombres: los dos sexos que hoy existen, y uno tercero compuesto de estos dos, el cual ha desaparecido conserv&aacute;ndose s&oacute;lo el nombre. Este animal formaba una especie particular, y se llamaba andr&oacute;gino, porque reun&iacute;a el sexo masculino y el femenino; pero ya no existe y su nombre est&aacute; en descr&eacute;dito. En segundo lugar, todos los hombres ten&iacute;an formas redondas, la espalda y los costados colocados en c&iacute;rculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonom&iacute;as, unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reun&iacute;a estos dos semblantes opuestos entre s&iacute;, dos orejas, dos &oacute;rganos de la generaci&oacute;n, y todo lo dem&aacute;s en esta misma proporci&oacute;n. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Marchaban rectos como nosotros, y sin tener necesidad de volverse para tomar el camino que quer&iacute;an. Cuando deseaban caminar ligeros, se apoyaban sucesivamente sobre sus ocho miembros, y avanzaban con rapidez mediante un movimiento circular, como los que hacen la rueda con los pies al aire. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La diferencia, que se encuentra entre estas tres especies de hombres, nace de la que hay entre sus principios. El sol produce el sexo masculino, la tierra el femenino, y la luna el compuesto de ambos, que participa de la tierra y del sol. De estos principios recibieron su forma y su manera de moverse, que es esf&eacute;rica. Los cuerpos eran robustos y vigorosos y de coraz&oacute;n animoso, y por esto concibieron la atrevida idea de escalar el cielo, y combatir con los dioses, como dice Homero de Efialtes y de Oto.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>J&uacute;piter examin&oacute; con los dioses el partido que deb&iacute;a tomarse. El negocio no carec&iacute;a de dificultad; los dioses no quer&iacute;an anonadar a los hombres, como en otro tiempo a los gigantes, fulminando contra ellos sus rayos, porque entonces desaparecer&iacute;an el culto y los sacrificios que los hombres les ofrec&iacute;an; pero, por otra parte, no pod&iacute;an sufrir semejante insolencia. En fin, despu&eacute;s de largas reflexiones, J&uacute;piter se expres&oacute; en estos t&eacute;rminos: </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Creo haber encontrado un medio de conservar los hombres y hacerlos m&aacute;s circunspectos, y consiste en disminuir sus fuerzas. Los separar&eacute; en dos; as&iacute; se har&aacute;n d&eacute;biles y tendremos otra ventaja, que ser&aacute; la de aumentar el n&uacute;mero de los que nos sirvan; marchar&aacute;n rectos sosteni&eacute;ndose en dos piernas s&oacute;lo, y si despu&eacute;s de este castigo conservan su imp&iacute;a audacia y no quieren permanecer en reposo, los dividir&eacute; de nuevo, y se ver&aacute;n precisados a marchar sobre un solo pi&eacute;, como los que bailan sobre odres en la fiesta de Caco.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&raquo;Despu&eacute;s de esta declaraci&oacute;n, el dios hizo la separaci&oacute;n que acababa de resolver, y la hizo lo mismo que cuando se cortan huevos para salarlos, o como cuando con un cabello se los divide en dos partes iguales. En seguida mand&oacute; a Apolo que curase las heridas y colocase el semblante y la mitad del cuello del lado donde se hab&iacute;a hecho la separaci&oacute;n, a fin de que la vista de este castigo los hiciese m&aacute;s modestos. Apolo puso el semblante del lado indicado, y reuniendo los cortes de la piel sobre lo que hoy se llama vientre, los cosi&oacute; a manera de una bolsa que se cierra, no dejando m&aacute;s que una abertura en el centro, que se llama ombligo. En cuanto a los otros pliegues, que eran numerosos, los puli&oacute;, y arregl&oacute; el pecho con un instrumento semejante a aquel de que se sirven los zapateros para suavizar la piel de los zapatos sobre la horma, y s&oacute;lo dej&oacute; algunos pliegues sobre el vientre y el ombligo, como en recuerdo del antiguo castigo. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Hecha esta divisi&oacute;n, cada mitad hacia esfuerzos para encontrar la otra mitad de que hab&iacute;a sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se un&iacute;an, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con un ardor tal, que abrazadas perec&iacute;an de hambre e inacci&oacute;n, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Cuando la una de las dos mitades perec&iacute;a, la que sobreviv&iacute;a buscaba otra, a la que se un&iacute;a de nuevo, ya fuese la mitad de una mujer entera, lo que ahora llamamos una mujer, ya fuese una mitad de hombre; y de esta manera la raza iba extingui&eacute;ndose.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>J&uacute;piter, movido a compasi&oacute;n, imagina otro expediente: pone delante los &oacute;rganos de la generaci&oacute;n, por que antes estaban detr&aacute;s, y se conceb&iacute;a y se derramaba el semen, no el uno en el otro, sino en tierra como las cigarras. J&uacute;piter puso los &oacute;rganos en la parte anterior y de esta manera la concepci&oacute;n se hace mediante la uni&oacute;n del var&oacute;n y la hembra. entonces, si se verificaba la uni&oacute;n del hombre y la mujer, el fruto de la misma eran los hijos; y si el var&oacute;n se un&iacute;a al var&oacute;n, la saciedad los separaba bien pronto y los restitu&iacute;a a sus trabajos y dem&aacute;s cuidados de la vida. De aqu&iacute; procede el amor que tenemos naturalmente los unos a los otros; el nos recuerda nuestra naturaleza primitiva y hace esfuerzos para reunir las dos mitades y para restablecernos en nuestra antigua perfecci&oacute;n. Cada uno de nosotros no es m&aacute;s que una mitad de hombre, que ha sido separada de su todo, como se divide una hoja en dos. Estas mitades buscan siempre sus mitades. Los hombres que provienen de la separaci&oacute;n de estos seres compuestos, que se llaman andr&oacute;ginos, aman las mujeres; y la mayor parte de los ad&uacute;lteros pertenecen a esta especie, as&iacute; como tambi&eacute;n las mujeres que aman a los hombres y violan las leyes del himeneo. Pero a las mujeres, que provienen de la separaci&oacute;n de las mujeres primitivas, no llaman la atenci&oacute;n los hombres y se inclinan m&aacute;s a las mujeres; a esta especie pertenecen las tribactes. Del mismo modo los hombres, que provienen de la separaci&oacute;n de los hombres primitivos, buscan el sexo masculino. Mientras son j&oacute;venes aman a los hombres; se complacen en dormir con ellos&nbsp; y estar en sus brazos; son los primeros entre los adolescentes y los adultos, como que son de una naturaleza mucho m&aacute;s varonil. Sin raz&oacute;n se les echa en cara que viven sin pudor, porque no es la falta de este lo que les hace obrar as&iacute;, sino que dotados de alma fuerte, valor varonil y car&aacute;cter viril, buscan sus semejantes; y lo prueba que con el tiempo son m&aacute;s aptos que los dem&aacute;s para servir al Estado. Hechos hombres a su vez aman los j&oacute;venes, y si se casan y tienen familia, no es porque la naturaleza los incline a ello, sino porque la ley los obliga. Lo que prefieren es pasar la vida los unos con los otros en el celibato. El &uacute;nico objeto de los hombres de este car&aacute;cter, amen o sean amados, es reunirse a quienes se les asemeja. Cuando el que ama a los j&oacute;venes o a cualquier otro llega a encontrar su mitad, la simpat&iacute;a, la amistad, el amor los une de una manera tan maravillosa, que no quieren en ning&uacute;n concepto separarse ni por un momento. Estos mismos hombres, que pasan toda la vida juntos, no pueden decir lo que quieren el uno del otro, porque si encuentran tanto gusto en vivir de esta suerte, no es de creer que sea la causa de esto el placer de los sentidos. Evidentemente su alma desea otra cosa, que ella no puede expresar, pero que adivina y da a entender. Y si cuando est&aacute;n el uno en brazos del otro, Vulcano se apareciese con los instrumentos de su arte, y les dijese:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#39;&iexcl;Oh hombres!, &iquest;qu&eacute; es lo que os exig&iacute;s rec&iacute;procamente?&#39;, y si vi&eacute;ndoles perplejos, continuase interpel&aacute;ndoles de esta manera: &#39;lo que quer&eacute;is, &iquest;no es estar de tal manera unidos, que ni de d&iacute;a ni de noche est&eacute;is el uno sin el otro? Si es esto lo que dese&aacute;is, voy a fundiros y mezclaros de tal manera, que no ser&eacute;is ya dos personas, sino una sola; y que mientras viv&aacute;is, viv&aacute;is una vida com&uacute;n como una sola persona, y que cuando hay&aacute;is muerto, en la muerte misma os reun&aacute;is de manera que no se&aacute;is dos personas sino una sola. Ved ahora si es esto lo que dese&aacute;is, y si esto&nbsp; os puede hacer completamente felices.&#39; </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Es bien seguro, que si Vulcano les dirigiera este discurso, ninguno de ellos negar&iacute;a, ni responder&iacute;a, que deseaba otra cosa, persuadido de que el dios acababa de expresar lo que en todos los momentos estaba en el fondo de su alma; esto es, el deseo de estar unido y confundido con el objeto amado, hasta no formar m&aacute;s que un solo ser con &eacute;l. La causa de esto es que nuestra naturaleza primitiva era una, y que &eacute;ramos un todo completo, y se da el nombre de amor al deseo y prosecuci&oacute;n de este antiguo estado. Primitivamente, como he dicho, nosotros &eacute;ramos uno; pero despu&eacute;s en castigo de nuestra iniquidad nos separ&oacute; J&uacute;piter, como los arcadios lo fueron por los lacedemonios. Debemos procurar no cometer ninguna falta contra los dioses, por temor de exponernos a una segunda divisi&oacute;n, y no ser como las figuras presentadas de perfil en los bajorrelieves, que no tienen m&aacute;s que medio semblante, o como los dados cortados en dos. Es preciso que todos nos exhortemos mutuamente a honrar a los dioses, para evitar un nuevo castigo, y volver a nuestra unidad primitiva bajo los auspicios y la direcci&oacute;n del Amor. Que nadie se ponga en guerra con el Amor, porque ponerse en guerra con &eacute;l es atraerse el odio de los dioses. Tratemos, pues, de merecer la benevolencia y el favor de este dios, y nos proporcionar&aacute; la otra mitad de nosotros mismos, felicidad que alcanzan muy pocos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Que Eriximaco no critique estas &uacute;ltimas palabras, como si hicieran alusi&oacute;n a Pausanias y a Agaton, porque quiz&aacute; estos son de este peque&ntilde;o n&uacute;mero, y pertenecen ambos a la naturaleza masculina. Sea lo que quiera, estoy seguro de que todos seremos&nbsp; dichosos, hombres y mujeres, si, gracias al Amor, encontramos cada uno nuestra mitad, y si volvemos a la unidad de nuestra naturaleza primitiva. Ahora bien, si este antiguo estado era el mejor, necesariamente tiene que ser tambi&eacute;n mejor el que m&aacute;s se le aproxime en este mundo, que es el de poseer a la persona que se ama seg&uacute;n se desea. Si debemos alabar al dios que nos procura esta felicidad, alabemos al Amor, que no s&oacute;lo nos sirve mucho en esta vida, procur&aacute;ndonos lo que nos conviene, sino tambi&eacute;n porque nos da poderosos motivos para esperar, que si cumplimos fielmente con los deberes para con los dioses, nos restituir&aacute; &eacute;l a nuestra primera naturaleza despu&eacute;s de esta vida, curar&aacute; nuestras debilidades y nos dar&aacute; la felicidad en toda su pureza. He aqu&iacute;, Eriximaco, mi discurso sobre el Amor. Difiere del tuyo, pero te conjuro a que no te burles, para que podamos o&iacute;r los de los otros dos, porque a&uacute;n no han hablado Agaton y S&oacute;crates.&raquo;</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Patricio de Azc&aacute;rate: Obras completas de Plat&oacute;n, tomo 5, Medina y Navarro, Madrid 1871)</p>
<p>
	<em>Nota</em>:<br />
	1. <em>andr&oacute;gino </em>es una palabra compuesta de dos griegas <em>andr&oacute;s </em>(hombre) y <em>gyn&eacute; </em>(mujer), de donde deriva por ejemplo &ldquo;<em>ginecolog&iacute;a</em>&rdquo;, seg&uacute;n el Diccionario de la RAE &quot;<em>Parte de la medicina que trata de las enfermedades propias de la mujer&quot;.</em><br />
	2. <em>Parm&eacute;nides </em>consideraba el <em>Sol </em>como el elemento masculino del universo, la Luna como el femenino y la Tierra como el resultado de la uni&oacute;n de ambos.</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Unos discípulos muy crueles</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2015 21:56:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Dioses y Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Mitologí­a]]></category>
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					<description><![CDATA[El poeta cristiano Prudencio escribió una serie de himnos en los que canta la muerte de numerosos mártires cristianos. Llamó a su obra “Peristephanon” o “Libro de las coronas”. Prudencio, conocedor de la retórica y literatura latina clásica, intenta integrar la tradición pagana con las ideas cristianas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>El poeta cristiano Prudencio escribió una serie de himnos en los que canta la muerte de numerosos mártires cristianos. Llamó a su obra “Peristephanon” o “Libro de las coronas”. Prudencio, conocedor de la retórica y literatura latina clásica, intenta integrar la tradición pagana con las ideas cristianas.</b></p>
<p>
	En el <em>poema n&uacute;mero XI Prudencio </em>canta el martirio de <em>Hip&oacute;lito</em>, que sufri&oacute; una muerte similar a la del m&iacute;tico <em>Hip&oacute;lito</em>, despedazado por unos caballos. Nos dice <em>Prudencio </em>adem&aacute;s que en su poema est&aacute; describiendo la pintura que sobre la tumba de <em>Hip&oacute;lito </em>representa su muerte. Es un ejemplo de <em>&eacute;cfrasis </em>o descripci&oacute;n con palabras, verbalmente, de una obra visual, en este caso la pintura. Ver <a href="https://www.antiquitatem.com/hipolito-fedra-martirio-prudencio-seneca">https://www.antiquitatem.com/hipolito-fedra-martirio-prudencio-seneca</a> .</p>
<p>
	Pues bien, en el <em>poema n&uacute;mero IX</em> tambi&eacute;n <em>Prudencio </em>nos narra la muerte de otro m&aacute;rtir, <em>Casiano de Imola</em>, inspirada sin duda en otro suplicio de la &eacute;poca m&iacute;tico-legendaria de <em>Roma</em>, la muerte del maestro de <em>Falerias </em>a manos de sus disc&iacute;pulos.</p>
<p>
	<em>Casiano </em>es un maestro de escuela, especializado en taquigraf&iacute;a, m&aacute;rtir que sufre una dolorosa muerte a manos tambi&eacute;n de sus propis disc&iacute;pulos, castigado por no aceptar dar culto a los dioses paganos. Al horror de la descripci&oacute;n del suplicio se une el sinsabor de que sean precisamente los j&oacute;venes y tiernos alumnos los que paguen as&iacute; los desvelos del maestro.</p>
<p>
	Y como en el caso de <em>Hip&oacute;lito</em>, tambi&eacute;n ahora nos dice describir la pintura que en la tumba representa la muerte del m&aacute;rtir, que curiosamente acaeci&oacute; tambi&eacute;n un <em>13 de agosto, </em>como la de <em>Hip&oacute;lito</em>. Es, pues, otro ejemplo de <em>&eacute;cfrasis </em>o <em>ecfrasis</em>.</p>
<p>
	La descripci&oacute;n de la pintura no es menos truculenta y barroca en este caso que la del <em>poema XI </em>sobre <em>Hip&oacute;lito</em>, respondiendo sin duda al modelo literario de la &eacute;poca y al deseo de conmover a un p&uacute;blico devoto, pero f&aacute;cilmente impresionable por el detallado y prolongado sufrimiento, que aqu&iacute; se impone a la muerte gloriosa de todo m&aacute;rtir por raz&oacute;n de sus creencias. Curiosamente, <em>Prudencio </em>se entretiene con todo detalle, dir&iacute;amos morboso, en la descripci&oacute;n del tormento, pero no comenta la actitud y de c&oacute;mo lo sufre <em>Casiano</em>, de cuyas sensaciones nada nos dice.</p>
<p>
	M&aacute;s abajo ofrezco el texto &iacute;ntegro del <em>Poema IX de Prudencio.</em></p>
<p>
	<em>San Casiano</em>, pues, sufre una pena fantasiosa, pero curiosamente relacionada con una tradici&oacute;n literaria pagana.&nbsp; El historiador latino <em>Tito Livio</em> nos describe en su <em>Ab urbe condita (Historia desde la fundaci&oacute;n de la ciudad &ndash;Roma-</em>) un episodio m&iacute;tico legendario en el que sin duda se inspira <em>Prudencio</em> para recrear el martirio de <em>Casiano</em>.</p>
<p>
	Nos cuenta <em>Livio en 5, 27</em> c&oacute;mo un maestro de escuela de unos ni&ntilde;os <em>faliscos</em>, simulando que sal&iacute;an al campo fuera de las murallas, los llev&oacute; a los romanos, con los que peleaban, ofreci&eacute;ndolos como instrumento para conseguir la rendici&oacute;n de los faliscos; los romanos de aquella &eacute;poca, hombres de honor, no aceptaron tal ofrecimiento sino que entregaron al maestro a los faliscos y a sus hijos para que fueran estos quienes le aplicaran el castigo merecido; los faliscos, impresionados por la virtud de los romanos, firmaron inmediatamente la rendici&oacute;n y la paz.</p>
<p>
	Como dec&iacute;a, <em>Prudencio </em>se habr&iacute;a inspirado en este episodio legendario de <em>Roma</em>. Ahora bien, este episodio, si bien se pierde en la niebla de la leyenda de principios del siglo IV antes de Cristo, parece m&aacute;s veros&iacute;mil y cre&iacute;ble que la reproducci&oacute;n de <em>Prudencio </em>del siglo IV-V despu&eacute;s de Cristo. Ofrezco tambi&eacute;n m&aacute;s abajo el texto de <em>Tito Livio.</em></p>
<p>
	En cualquier caso la tradici&oacute;n m&iacute;tica pagana sirvi&oacute; de repertorio y modelo para modelar algunas historias de m&aacute;rtires cristianos.</p>
<p>
	<img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/cassianofimola.jpg" style="width: 400px; height: 189px;" /></p>
<p>
	<em>Martirio de San Casiano de Imola. Pintura de comienzos del siglo XVI realizada por Innocenzo Francucci</em></p>
<p>
	Dice el poema de <em>Prudencio </em>en la traducci&oacute;n de <em>M.Jos&eacute; Bayo </em>para&nbsp; <em>Editorial&nbsp; Hernando. A&ntilde;o 1943:</em></p>
<p>
	<em><strong>PASION DE SAN CASIANO, FORO CORNELIENSE</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cornelio Sila construy&oacute; el foro y por eso, los italianos llaman a la ciudad por el mismo nombre del fundador. Al visitarte, oh Roma, grande entre todas, me naci&oacute; aqu&iacute; la esperanza del triunfo de Cristo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>De rodillas daba vueltas al t&uacute;mulo de Casiano que se exorna con sus restos. Mientras lloraba, meditando las heridas, agudos dolores y trabajos de mi vida y levantaba mi rostro al cielo, surgi&oacute;, delante de m&iacute;, la imagen del m&aacute;rtir pintada en colores vivos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ten&iacute;a mil llagas, toda&nbsp; su piel desgarrada y agujereada por diminutos picotazos todo su cuerpo. Alrededor multitud de ni&ntilde;os de odioso aspecto clavaban en su cuerpo peque&ntilde;os estilos, * como es costumbre escribir, en las tablillas de cera al dictado de las escuelas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Consultado el conservador de la sepultura, me dijo: &ldquo;Lo que ves, viajero, no es cosa vana ni cuento de viejas. Refiere la pintura la historia que transmitida por libros nos comprueba la viva fe de aquel antiguo tiempo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Casiano dirig&iacute;a las tareas infantiles y se sentaba en su c&aacute;tedra como maestro de primeras letras, para ense&ntilde;ar a retener las palabras en breves notas y seguir con rasgos firmes las palabras que vuelan.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Alguna vez sus duros castigos y su seria cara hab&iacute;an llenado de ira y miedo a la tropa infantil: siempre el maestro es amargo para el efebo y no hay disciplina que sea dulce para la infancia.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La horrible tormenta opresora de la fe ca&iacute;a sobre el pueblo consagrado al Cristo. Fue apartado Casiano, el educador de la muchachada de alumnos, de sus clases porque hab&iacute;ase negado a rendir culto en los altares paganos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Buscaba el art&iacute;fice de los tormentos alguno, que desconociera&nbsp; este var&oacute;n de alto esp&iacute;ritu rebelde; le informan: &ldquo;dirige a una grey infantil a la que ense&ntilde;a a escribir al dictado&rdquo;<br />
	&ldquo;Tra&eacute;dmelo, clama, traedme al prisionero para entreg&aacute;rselo a los ni&ntilde;os mismos como verdugos; que se mofen de el, a su gusto, que le desgarren cuanto quieran y ti&ntilde;an sus alegres manos de sangre del maestro.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Ser&aacute; divertido juego, para los disc&iacute;pulos, entregarles a su serio profesor que demasiado tiempo los tuvo cohibidos&rdquo; Las manos a la espalda y despojado del manto fue entregado Casiano al batall&oacute;n de muchachos armados de agudos estiletes.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cada uno deja escapar con ansia, al cabo, la hiel a rienda suelta y el odio, que hab&iacute;a ido almacenando en ira silenciosa. Lanzan y rompen, contra su cara,&nbsp; pizarras fr&aacute;giles y el puntero salta al chocar contra su frente.<br />
	Chascan disparadas contra sus mejillas las tablillas de cera de la escritura y las p&aacute;ginas partidas y h&uacute;medas quedan rojas de sangre. Hacen otros vibrar en sus manos estiletes y punzones de hierro con cuya punta, trazando surcos, se escribe en la cera; de la cual, borrando los rasgos trazados, queda la rugosa plana de nuevo con la superficie brillante.<br />
	Unos atraviesan al confesor de Cristo y otros, all&iacute;, le mutilan. Unos penetran en alguna v&iacute;scera, otros le arrancan la piel.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Doscientas manos pinchan, a la vez, su cuerpo y otras tantas gotas destilan simult&aacute;neamente sus heridas. En verdad que era peor verdugo el ni&ntilde;o que perforaba su piel que el que penetraba hasta las v&iacute;sceras &iacute;ntimas; aquel, no propin&aacute;ndole golpe de muerte, conoce con su ligero herir el secreto de hacerse cruel; este, en cambio, cuanto m&aacute;s se adentra en las escondidas causas de la vida, en realidad proporciona m&aacute;s medicina, la de buscarle la muerte con ah&iacute;nco.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Os lo ruego, sed fuertes, superad vuestros escasos a&ntilde;os; &iexcl;lo que falte a la edad suplidlo con refinamiento!&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>En vano se esfuerzan en el intento d&eacute;bil: los tormentos crecen hasta fatigar al propio verdugo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;&iquest;De qu&eacute; te quejas? &ndash;dice uno-. T&uacute; mismo nos entregaste el punz&oacute;n y armaste de &eacute;l nuestras manos. Ahora te devolvemos los muchos miles de se&ntilde;ales que recibimos durante la ense&ntilde;anza. No podr&aacute;s irritarte de que escribamos. Nos ense&ntilde;abas que nuestra mano derecha nunca deb&iacute;a tener quieto el estilo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iexcl;Pedimos tantas veces vacaciones negadas por ti, avaro maestro para nuestros trabajos!<br />
	Nos divierte llenarte de punzadas unir surcos a surcos y encadenar las rayas dobladas.<br />
	Anda, enmienda si quieres los renglones, si por acaso alguna mano los torci&oacute; equivoc&aacute;ndose; Ejerce tu autoridad; tienes derecho a castigar al disc&iacute;pulo que escriba m&aacute;s perezosamente&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Los ni&ntilde;os se divert&iacute;an as&iacute; con el cuerpo de su maestro y aun se alargaba el ya largo tormento. Por fin compadeci&oacute; el Cristo, desde cielo, de su luchador, suelta la armaz&oacute;n del pecho y libera al alma de congojoso trabajo, afloja los lazos que la atan a la tierra y deja escapar el misterio de la vida.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>De la m&aacute;s profunda fuente de las venas abandona la sangre, sus entra&ntilde;as, por camino de par en par abierto; y el calor de la vida que bulle en ellas sale por los numerosos boquetes de su taladrado cuerpo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Estas son, viajero, las cosas que ves pintadas a lo vivo; y la gloria de Casiano. Si tienes alg&uacute;n deseo justo, que te sea muy querido, si esperas algo con&nbsp; ansiedad, si te arde algo por dentro, &iexcl;expr&eacute;salo!</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cr&eacute;eme, el m&aacute;rtir, en su prosperada vida, atiende todos los ruegos y nos devuelve conseguidos los&nbsp; aprobables. Yo obedezco; abrazo el t&uacute;mulo; vierto tambi&eacute;n l&aacute;grimas. Se caldea el altar de mi aliento y la piedra con mi pecho.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Medito entonces en mis ansiedades secretas y murmuro lo que deseo: A mis espaldas abandon&eacute; mi patria bajo dudosa fortuna y vacilaba mi esperanza sobre el bien futuro.<br />
	Me dirijo a la ciudad. He sido o&iacute;do. Tengo buenas noticias. Voy a volver a mi patria. Delante llevar&eacute; siempre el nombre de Casiano.</strong></em></p>
<p>
	<em>Nota:</em> * estilete o punz&oacute;n utilizado para escribir en las tablillas de cera, como el mismo poeta aclara.</p>
<p>
	<em>PASSIO SANCTI CASSIANI FOROCORNELIENSISI<br />
	Sylla Forum statuit Cornelius; hoc Itali urbem<br />
	uocant ab ipso conditoris nomine.<br />
	Hic mihi, cum peterem te, rerum maxima Roma,<br />
	spes est oborta prosperum Christum fore.<br />
	Stratus humi tumulo aduoluebar, quem sacer ornat<br />
	martyr dicato Cassianus corpore.<br />
	Dum lacrimans mecum reputo mea uulnera et omnes<br />
	uitae labores ac dolorum acumina,<br />
	erexi ad caelum faciem, stetit obuia contra<br />
	fucis colorum picta imago martyris<br />
	plagas mille gerens, totos lacerata per artus,<br />
	ruptam minutis praeferens punctis cutem.<br />
	Innumeri circum pueri&#8212;miserabile uisu&#8212;<br />
	confossa paruis membra ligebant stilis,<br />
	unde pugillares soliti percurrere ceras<br />
	scholare murmur adnotantes scripserant.<br />
	Aedituus consultus ait: &#39;quod prospicis, hospes,<br />
	non est inanis aut anilis fabula;<br />
	historiam pictura refert, quae tradita libris<br />
	ueram uetusti temporis monstrat fidem.<br />
	Praefuerat studiis puerilibus et grege multo<br />
	saeptus magister litterarum sederat,<br />
	uerba notis breuibus conprendere cuncta peritus<br />
	raptimque punctis dicta praepetibus sequi.<br />
	Aspera nonnumquam praecepta et tristia uisa<br />
	inpube uulgus mouerant ira et metu;<br />
	doctor amarus enim discenti semper efybo<br />
	nec dulcis ulli disciplina infantiae est.<br />
	Ecce fidem quatiens tempestas saeua premebat<br />
	plebem dicatam christianae gloriae.<br />
	Extrahitur coetu e medio moderator alumni<br />
	gregis, quod aris supplicare spreuerat.<br />
	Poenarum artifici quaerenti, quod genus artis<br />
	uir nosset alto tam rebellis spiritu,<br />
	respondent: &#39;agmen tenerum ac puerile gubernat<br />
	fictis notare uerba signis inbuens.&#39;<br />
	&#39;Ducite&#39;, conclamat, &#39;captiuum ducite, et ultro<br />
	donetur ipsis uerberator paruulis.<br />
	Vt libet, inludant, lacerent inpune manusque<br />
	tinguant magistri feriatas sanguine;<br />
	ludum discipulis uolupe est ut praebeat ipse<br />
	doctor seuerus, quos nimis coercuit.&#39;<br />
	Vincitur post terga manus spoliatus amictu,<br />
	adest acutis agmen armatum stilis.<br />
	Quantum quisque odii tacita conceperat ira,<br />
	effundit ardens felle tandem libero.<br />
	Coniciunt alii fragiles inque ora tabellas<br />
	frangunt, relisa fronte lignum dissilit,<br />
	buxa crepant cerata genis inpacta cruentis<br />
	rubetquc ab ictu curta et umens pagina.<br />
	Inde alii stimulos et acumina ferrea uibrant,<br />
	qua parte aratis cera sulcis scribitur,<br />
	et qua secti apices abolentur et aequoris hyrti<br />
	rursus nitescens innouatur area.<br />
	Hinc foditur Christi confessor et inde secatur,<br />
	pars uiscus intrat molle, pars scindit cutem.<br />
	Omnia membra manus pariter fixere ducente<br />
	totidemque guttae uulnerum stillant simul.<br />
	Major tortor erat, qui summa pupugerat infans,<br />
	quam qui profuuda perforarat uiscera,<br />
	ille leuis, quoniam percussor morte negata<br />
	saeuire solis scit dolorum spiculis,<br />
	hic, quanto interius uitalia condita pulsat.<br />
	plus dat medellae, dum necem prope applicat.<br />
	&#39;Este, precor, fortes et uincite uiribus annos,<br />
	quod defit aeuo, suppleat crudelitas!&#39;<br />
	Sed male conatus tener infirmusque laborat,<br />
	tormenta crescunt, dum fatiscit carnifex.<br />
	&#39;Quid gemis?&#39; exclamat quidam, &#39;tute ipse magister<br />
	istud dedisti ferrum et armasti manus.<br />
	Reddimus ecce tibi tam milia multa notarum,<br />
	quam stando, flendo te docente excepimus.<br />
	Non potes irasci, quod scribimus; ipse iubebas,<br />
	numquam quietum dextera ut ferret stilum.<br />
	Non petimus totiens te praeceptore negatas,<br />
	auare doctor, iam scholarum ferias.<br />
	Pangere puncta libet sulcisque intexere sulcos,<br />
	flexas catenis inpedire uirgulas.<br />
	Emendes licet inspectos longo ordine uersus,<br />
	mendosa forte si quid errauit manus,<br />
	exerce imperium, ius est tibi plectere culpam,<br />
	si quis tuorum te notauit segnius.&#39;<br />
	Talia ludebant pueri per membra magistri<br />
	nec longa fessum poena soluebat uirum.<br />
	Tandem luctantis miseratus ab aethere Christus<br />
	iubet resolui pectoris ligamina<br />
	difficilesque moras animae ac retinacula uitae<br />
	relaxat artas et latebras expedit.<br />
	Sanguis ab interno uenarum fonte patentes<br />
	uias secutus deserit praecordia<br />
	totque foraminibus penetrati corporis exit<br />
	fibrarum anhelans ille uitalis calor.<br />
	&#39;Haec sunt, quae liquidis expressa coloribus, hospes,<br />
	miraris, ista est Cassiani gloria.<br />
	Suggere, si quod habes iustum uel amabile uotum,<br />
	spes si qua tibi est, si quid intus aestuas!<br />
	Audit, crede, preces martyr prosperrimus omnes<br />
	ratasque reddit, quas uidet probabiles.&#39;<br />
	Pareo: conplector tumulum, lacrimas quoque fundo,<br />
	altar tepescit ore, saxum pectore.<br />
	Tunc arcana mei percenseo cuncta laboris,<br />
	tunc, quod petebarn, quod timebam, murmuro:<br />
	et post terga domum dubia sub sorte relictam<br />
	et spem futuri forte nutantem boni.<br />
	Audior, &#39;urbem adeo, dextris successibus utor,<br />
	domum reuertor, Cassianum praedico.</em></p>
<p>
	<em>Dice Titlo Livio, 5, 27</em></p>
<p>
	<em><strong>Ten&iacute;an los Faliscos la costumbre servirse de la misma persona como maestro y acompa&ntilde;ante de sus hijos y al mismo tiempo encomendar al cuidado de una sola persona a muchos ni&ntilde;os, lo que todav&iacute;a hoy se sigue haciendo en Grecia. Como ocurre de ordinario, ense&ntilde;aba a los hijos de las personas principales el que parec&iacute;a sobresalir por su ciencia. Este hombre, en &eacute;poca de paz, se hab&iacute;a acostumbrado a sacar a los ni&ntilde;os fuera&nbsp; de la ciudad para jugar y para hacer ejercicios. Como la costumbre no se hab&iacute;a interrumpido en tiempos de guerra, llev&aacute;ndolos jugando y con enga&ntilde;osas palabras desde la puerta unas veces a distancia m&aacute;s corta y otras m&aacute;s larga, llev&oacute; el asunto m&aacute;s all&aacute; de lo acostumbrado y avanzando entre las posiciones de los enemigos, los condujo al campamento romano y al Pretorio ante Camilo. All&iacute; a&ntilde;adi&oacute; a su acci&oacute;n criminal unas palabras m&aacute;s criminales a&uacute;n. Que &eacute;l hab&iacute;a entregado los Faliscos a los romanos en sus manos, cuando les entregaba a su poder aquellos ni&ntilde;os cuyos padres eran all&iacute; los jefes de todas las cosas. Cuando Camilo oy&oacute; estas cosas le dijo: gran criminal no has venido ante alguien semejante a ti, ni pueblo ni general con un regalo criminal. No tenemos con los Faliscos ninguna uni&oacute;n que se haga con un pacto humano; pero tenemos ambos y tendremos&nbsp; la unidad que produce la propia naturaleza; hay derechos propios de la guerra como los hay de la paz y hemos aprendido a llevar a cabo aquellos con no menos justicia que valent&iacute;a. Disponemos de armas no contra esta edad que tambi&eacute;n se perdona cuando se conquistan las ciudades, sino contra los que est&aacute;n armados como nosotros mismos, y que ni ofendidos ni provocados por nosotros, atacaron el campamento romano junto a Veyes. T&uacute; los has vencido a estos en maldad con un nuevo crimen como el que hay en ti. Yo los vencer&eacute; con las artes romanas, con el esfuerzo el trabajo y las armas, como venc&iacute; a Veyes. Luego desnudo y con las manos atadas a la espalda lo entreg&oacute; a los ni&ntilde;os para que lo condujeran de vuelta a Faleria, y les dio unos bastones con los empujarle d&aacute;ndole golpes hasta la ciudad. En primer lugar acudi&oacute; el pueblo a este espect&aacute;culo y despu&eacute;s de convocado el senado por los magistrados sobre la nueva situaci&oacute;n, se produjo tal cambio de parecer en sus &aacute;nimos que los poco antes enfurecidos por el odio y la ira prefer&iacute;an sufrir el final de Veyes antes que disfrutar de la paz de los de Capena, ahora ped&iacute;an la paz con toda la ciudad. Se alaban en el foro y en la curia el honor romano y la justicia de su general; con el acuerdo de todos marchan legados a Camilo al campamento y desde all&iacute; con el permiso de Camilo al Senado de Roma para entregar Faleria. Introducidos en el Senado, hablaron de esta manera: &ldquo;padres conscriptos, vencidos por vosotros&nbsp; y por vuestro general&nbsp; con una victoria que ni dios ni hombre alguno pueden ver negativamente,&nbsp; nos entregamos a vosotros, pensando, y nada puede haber m&aacute;s hermoso para el vencedor, que es mejor vivir bajo vuestro mando que bajo nuestras leyes. Con ocasi&oacute;n&nbsp; de esta guerra se han mostrado dos ejemplos muy saludables para el g&eacute;nero humano: vosotros hab&eacute;is preferido el honor en la guerra que una victoria al alcance de la mano; nosotros, movidos por vuestro honor os hemos dado de buen grado la victoria; estamos a vuestra disposici&oacute;n; enviad a quienes reciban nuestras armas, quienes reciban nuestros rehenes, quienes reciban nuestra ciudad con las puertas abiertas. Y no nos arrepentiremos ni vosotros de nuestra fidelidad ni nosotros de vuestro gobierno&rdquo;. Se dieron las gracias a Camila por parte de los enemigos y por parte de sus ciudadanos. Se exigi&oacute; a los Faliscos dinero para la paga de los soldados de aquel a&ntilde;o para que el pueblo romano se viese libre de impuestos, y una vez concedida a paz, el ej&eacute;rcito romano se volvi&oacute; a Roma.</strong></em></p>
<p>
	&nbsp;<em>mos erat Faliscis eodem magistro liberorum et comite uti, simulque plures pueri, quod hodie quoque in Graecia manet, unius curae demandabantur. principum liberos, sicut fere fit, qui scientia videbatur praecellere erudiebat.&nbsp; is cum in pace instituisset pueros ante urbem lusus exercendique causa producere, nihil eo more per belli tempus intermisso, modo brevioribus modo longioribus spatiis trahendo eos a porta lusu sermonibusque variatis, longius solito ubi res dedit progressus inter stationes eos hostium castraque inde Romana in praetorium ad Camillum perduxit.&nbsp; ibi scelesto facinori scelestiorem sermonem addit,&nbsp; Falerios se in manus Romanis tradidisse, quando eos pueros quorum parentes capita ibi rerum sint in potestatem dediderit.&nbsp; quae ubi Camillus audivit, &ldquo;non ad similem&rdquo; inquit &ldquo;tui nec populum nec imperatorem scelestus ipse cum scelesto munere venisti.&nbsp; nobis cum Faliscis&nbsp; quae pacto fit humano societas non est: quam ingeneravit natura utrisque est eritque. sunt et belli sicut pacis iura, iusteque ea non minus quam fortiter didicimus gerere.&nbsp; arma habemus non adversus eam aetatem cui etiam captis urbibus parcitur, sed adversus armatos et ipsos, qui nec laesi nec lacessiti a nobis castra Romana ad Veios oppugnarunt.&nbsp; eos tu quantum in te fuit novo scelere vicisti: ego Romanis artibus, virtute opere armis, sicut Veios vincam.&rdquo;&nbsp; denudatum deinde eum manibus post tergum inligatis reducendum Falerios pueris tradidit, virgasque eis quibus proditorem agerent in urbem verberantes dedit.&nbsp; ad quod spectaculum concursu populi primum facto, deinde a magistratibus de re nova vocato senatu tanta mutatio animis est iniecta ut qui modo efferati odio iraque Veientium exitum paene quam Capenatium pacem mallent, apud eos pacem universa posceret civitas.&nbsp; fides Romana, iustitia imperatoris in foro et curia celebrantur; consensuque omnium legati ad Camillum in castra, atque inde permissu Camilli Romam ad senatum, qui dederent Falerios proficiscuntur.&nbsp; introducti ad senatum ita locuti traduntur: &ldquo;patres conscripti, victoria cui nec deus nec homo quisquam invideat victi a vobis et&nbsp; imperatore vestro dedimus nos vobis, rati, quo nihil victori4 pulchrius est, melius nos sub imperio vestro quam legibus nostris victuros.&nbsp; eventu huius belli duo salutaria exempla prodita humano generi sunt: vos fidem in bello quam praesentem victoriam maluistis; nos fide provocati victoriam ultro detulimus.&nbsp; sub dicione vestra sumus; mittite qui arma, qui obsides, qui urbem patentibus portis accipiant.&nbsp; nec vos fidei nostrae nec nos imperii vestri paenitebit.&rdquo; Camillo et ab hostibus et a civibus gratiae actae. Faliscis in stipendium militum eius anni, ut populus Romanus tributo vacaret, pecunia imperata. pace data exercitus Romam reductus.</em></p>
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