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  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (III)

    La expresión “urbi et orbi” tuvo notable éxito por referirse a una “urbe” que se convirtió en la capital del “orbe” y también porque en sí misma la frase encierra un atractivo juego de palabras consistente en relacionar dos palabras de distinto significado pero que tan sólo se diferencian en un fonema o en una letra; es decir, porque “urbi et orbi” es una paronomasia.

    Varrón, lógicamente no resiste  la tentación de buscar una explicación o extraer una conclusión, (no importa si es acertada o no, que no parece serlo), de la proximidad entre los dos términos: urbem y orbem. Lo hace en su De lingua Latina, V,143:

    Muchos fundadores levantaban en el Lacio ciudades siguiendo el rito etrusco, a saber: después de uncir dos animales vacunos, un toro y una vaca –que ocuparía lz posición interior-, trazaban con el arado un survo, para sentirse fortificados por un foso y una muralla. Naturalmente la operación laa realizaban un día en que, de acuerdo con la religión, los auspicios fueran favorables. El agujero resultante de extraer la tierra lo llamaban fossa: y la tierra  arrojada tras él, murum (muralla). Después de ello, el círculo (orbis) que se obtenía era el comienzo de la ciudad (urbs, urbis); y, como ese círculo se encontraba detrás de la muralla (post murum), se denominaba post moerium: hasta aquí llegaba el lugar en que podían tomarse los auspicios de la ciudad. En torno a Aricia y a Roma aún están en pie los mojones del pomerio. Resumiendo: las ciudades cuyos límites eran trazados con un arado se llamaban urbes, nombre derivado de orbis (círculo) y urvum (cama del arado). Por este motivo, en los documentos antiguos todas nuestras colonias se regisgtran con la denominación de urbes, porque fueron fundadas del mismo modo que Roma; y por idéntica razón las colonias se fundan como ciudades, porque están colocadas dentro de un pomerio.

    Oppida condebant in Latio Etrusco ritu multi, id est, iunctis bobus, tauro et vacca interiore, aratro circumagebant sulcum (hoc faciebant religionis causa die auspicato), ut fossa et muro essent muniti. Terram unde exculpserant, fossam vocabant et introrsum iactam murum. Post ea qui fiebatorbis, urbis principium; qui quod erat post murum, postmoerium dictum, eo usque auspicia urbana finiuntur. Cippi pomeri stant et cirum Ariciam et circum Romam. Quare et oppida quae prius erant circumducta aratro ab orbe et urvo urbes; et ideo coloniae nostrae omnes in litterid antiquis scribunturt urbes, quod ítem conditae ut Roma; et ideo coloniae et urbes conduntur, quod intra pomerium ponuntur.

    Presentaré algunos textos que ejemplifiquen la utilización en la Antigüedad de esta paronomasia.

    Cornelio Nepote (c. 100 a. C.- c. 25 a. C.) en la vida de Atico pone  en contacto ambas palabras:

    Nepote, Vida de Ático, 20,5

    Quán difícil sea esto, lo conocerá mas bien quien sea capaz de comprehender, cuanta cordura es menester para conservarse en el trato y amor de dos sujetos, que además de competir sobre intereses de la mayor inportancia, estaban tan opuestos y encontrados, como era forzoso  lo estuviesen César y M.Antonio, deseando uno y otro mandar, no solo Roma, sino a todo el universo. (Traducción de Rodrigo de Oviedo)

    hoc quale sit, facilius existimabit is, qui iudicare poterit, quantae sit sapientiae eorum retinere usum benivolentiamque, inter quos maximarum rerum non solum aemulatio, sed obtrectatio tanta intercedebat, quantam fuit incidere necesse inter Caesarem atque Antonium, cum se uterque principem non solum urbis Romae, sed orbis terrarum esse cuperet.

    Así Ovidio, en su Arte de Amar comenta que los espectáculos públicos a los que asisten las mujeres son una buena ocasión para establecer algún tipo de relación. En este pasaje hace una interesante integración, una paronomasia entre “urbe” y “orbis”: atque ingens orbis in Urbe fuit

    Arte de amar, 1, 171 y ss.

    ¿Y qué pasó, cuando últimamente César enfrentó las naves persas con las cecropias  aparentando que se trataba de una batalla naval?  Jóvenes y muchachas de uno y otro mar llegaron hasta aquí y una gran parte del orbe estuvo en la urbe. ¿Quién no encontró prenda que amar entre toda aquella muchedumbre?¡ay! a cuántos les hizo sufrir un amor llegado de lejos!

    He aquí que el César se prepara para anexionarse lo que falta por conquistar del orbe: ahora, Oriente remoto, serás nuestro. Parto, sufrirás el castigo. ¡Alegraos vosotros, Craso y compañeros que estáis ya enterrados, y vosotras, enseñas que sufristeis en mala hora las manos de los bárbaros! Aquí está vuestro vengador, y promete ser general desde sus primeros años y, aunque sólo es un muchacho,  lleva con acierto una guerra difícil de dirigir para un muchacho.  (Traducción de Vicente Cristobal López)

    quid, modo cum belli navalis imagine Caesar
       Persidas induxit Cecropiasque rates?
    nempe ab utroque mari iuvenes, ab utroque puellae
       Venere, atque ingens orbis in Urbe fuit.
    quis non invenit turba, quod amaret, in illa?      
       eheu, quam multos advena torsit amor!
    ecce, parat Caesar domito quod defuit orbi
       addere: nunc, oriens ultime, noster eris.
    Parthe, dabis poenas: Crassi gaudete sepulti,
    signaque barbaricas non bene passa manus.      
    ultor adest, primisque ducem profitetur in annis,
       bellaque non puero tractat agenda puer.

    Veleyo Paterculo (c. 19 a. C. – c. 31), Historia de Roma, 2,44

    Así, éste, siendo cónsul constituyó una sociedad de poder entre Gneo Pompeyo,  Marco Craso y él, que fue nefasta para Roma y para el mundo (quae urbi orbique terrarum) y les acarreó consecuencias no menos fatales a cada uno en distintos momentos. Al secundar este proyecto, Pompeyo había tenido la intención de que su conducta en las provincias del otro lado del mar, que muchos, según hemos dicho, criticaban, fuera finalmente aprobada por medio del cónsul César; por su parte, César se daba cuenta de que cediendo ante la gloria de Pompeyo aumentaría la suya, y que al desviarse hacia éste los odios por el poder compartido, él iba a reforzar sus posibilidades; Craso, como no había podido conseguir él solo el principado, intentaba alcanzarlo por la autoridad de Pompeyo y los recursos de César. También se estableció un parentesco por matrimonio entre César y Pompeyo; pues Gneo Magno se casó con la hija de Gayo César. (Traducción de María Asunción Sánchez Manzano. Editorial Gredos)

    Hoc igitur consule inter eum et Cn. Pompeium et M. Crassum inita potentiae societas, quae urbi orbique terrarum nec minus diverso cuique tempore ipsis exitiabilis fuit.  Hoc consilium sequendi Pompeius causam habuerat, ut tandem acta in transmarinis provinciis, quibus, ut praediximus, multi obtrectabant, per Caesarem confirmarentur consulem, Caesar autem, quod animadvertebat se cedendo Pompei gloriae aucturum suam et invidia communis potentiae in illum relegata confirmaturum vires suas, Crassus, ut quem principatum solus adsequi non poterat, auctoritate Pompei, viribus teneret Caesaris,  adfinitas etiam inter Caesarem Pompeiumque contracta nuptiis, quippe Iuliam, filiam C. Caesaris, Cn. Magnus duxit uxorem.

    Tertuliano (ca.160-ca.220), 40,1-4 en su Apologeticum pone en relación las dos palabras:

    quantae clades orbem et urbes ceciderunt!

    Que las calamidades no suceden al mundo ni al imperio por ocasión de los cristianos, como dicen los gentiles. Antes por el contrario, el nombre de amotinados se debe acomodar a los que conspiran en odio de los buenos y honrados, a los que proclaman contra la sangre inocente, excusando el odio con pretexto de aquella frívola vanidad con que piensan, que toda común desdicha y las particulares descomodidades del pueblo suceden por causa de los cristianos . Si el Tíber sube a las murallas ; si el Nilo no llega a regar las vegas; si el cielo está sereno y no da lluvias; si la tierra tiembla o se estremece; si el hambre aflige; si la peste mata, luego grita el pueblo: arrójense los cristianos al león. ¿Un león para tantos?

    Yo ruego que me digáis: ¿cuántas calamidades cayeron sobre el mundo y sobre Roma (quantae clades orbem et urbes ceciderunt! ) antes del imperio de Tiberio , esto es, antes de la venida de Cristo? Leemos que Hierápoli  y las islas de Delon, Rodas  y Coon, con muchos millares de hombres se hundieron.

    At e contrario illis nomen factionis accommodandum est, qui in odium bonorum et proborum conspirant, qui adversum sanguinem innocentium conclamant, praetexentes sane ad odii defensionem illam quoque vanitatem, quod existiment omnis publicae cladis, omnis popularis incommodi Christianos esse in causa[m].  Si Tiberis ascendit in moenia, si Nilus non ascendit in arva, si caelum stetit, si terra movit, si fames, si lues, statim: «Christianos ad leonem!» acclamatur. Tantos ad unum?
    Oro vos, ante Tiberium, id est ante Christi adventum, quantae clades orbem et urbes ceciderunt! Legimus Hieran, Anaphen et Delon et Rhodon et Co insulas multis cum milibus hominum pessum abisse.

    Sidonio Apolinar (hacia el 430-489 d.C.) obispo de Clermont Ferrand, en Carmina,7, se sirve de esta paronomasia: captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet (verso 557)

    El Carmen 7 es un panegírico a su suegro Avito cuando fue nombrado emperador. En una reunión de los dioses Roma se queja de su decadencia; se pasa revista a su historia e interviene Júpiter. Luego Avito es proclamado emperador por los visigodos y por los galorromanos.

    Sidonio Apolinar, Carmina, 7, 550 y ss.

    »Ahora te llama el destino supremo; en un tiempo azaroso  no gobierna el Imperio un cobarde. Se deja de lado todo rodeo cuando una situación extrema requiere un hombre preclaro: tras las derrotas del Tesino y Trebia la república atemorizada acudió apresurada a Fabio. La elección de Livio hizo olvidar la célebre derrota de Cannas, a pesar de la fuga de Varrón, e hizo quebrar al fenicio, engreído por la  muerte de los Escipiones.

    »Dicen que el mundo yace cautivo en la urbe (captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet;) el emperador ha muerto; aquí tiene hoy una cabeza todo el imperio. Te lo pedimos, sube al tribunal, levanta a los que están decaídos;  en esta situación, el momento no pide que algún otro ame más a Roma.

    »No pienses que quizá no eres digno del mando: tú sabes que cuando los estandartes de Breno acosaban la roca Tarpeya, toda la república era Camilo, quien, obligado a vengar a la patria, cubrió los humeantes rescoldos con una matanza de enemigos.

    »No han sido regalos al populacho los que han dispuesto a tu favor lascenturias, ni acuden a votarte tribus venales, sobornadas a punta de dinero. Nadie compra el voto del mundo. Eres elegido, aunque pobre; basta una sola cosa: eres rico en méritos. ¿Por qué tardas en aceptar la voluntad  de la patria que te ordena tomar elmando? Éste es el pensamiento de todos: si tú te conviertes en señor, yo seré libre’.(Traducción de Agustín López Kindler. Editorial Gredos)

    nunc iam summa vocant,  dubio sub tempore regnum
    non regit ignavus, postponitur ambitus omnis
    ultima cum claros quaerunt: post damna Ticini
    ac Trebiae trepidans raptim respublica venit
    ad Fabium; Cannas celebres Varrone fugato
    Scipiadumque etiam turgentem funere Poenum
    Livius electus fregit, captivus, ut aiunt,
    orbis in urbe iacet; princeps perit, hic caput omne
    nunc habet imperium, petimus, conscende tribunal, 
    erige collapsos; non hoc modo tempora poscunt,
    ut Romam plus alter amet. nec forte reare
    te regno non esse parem: cum Brennica signa
    Tarpeium premerent, scis, tum respublica nostra
    tota Camillus erat, patriae qui debitus ultor
    texit fumantes hostili strage favillas.
    non tibi centurias aurum populare paravit,
    nec modo venales numerosoque asse redemptae
    concurrunt ad puncta tribus; suffragia mundi
    nullus emit, pauper legeris ; quod sufficit unum,
    es meritis dives, patriae cur vota moraris,
    quae iubet ut iubeas ? haec est sententia cunctis :
    si dominus fis, liber ero.’

    Flavio Cresconio Coripo (Flavius Cresconius Corippus) que vivio aproximadamente del año 500 al 570 de nuestra era fue probablemente el último autor latino importante de la Antigüedad, de la época de los emperadores bizantinos Justiniano I y Justino II. Sus dos principales obras son el poema épico Johannis y el panegírico In laudem Justini minoris.

    Es justamente en esta última en el que utiliza en varias ocasiones la fórmula “urbis-orbis”; precisamente es un rasgo de su estilo la repetición de palabras y conceptos y también el uso de paronomasias o palabras muy parecidas en la forma aunque distintas en el significado. Así

    Verso I, 173 y ss.

    Todo el grupo, postrado y tendido ante sus pies, mientras así hablaba, dice al unísono: ≪Ten piedad, compadécete, santo varón, de quienes te suplican, ven a socorrernos en la adversidad. Pronto verás con la llegada del día que todo se habrá perdido, si el pueblo llega a percibir el vacío de poder, ante la pérdida del emperador. Por mucho que te conmueva el afecto por tu buen padre, que no sea el amor a la patria menor que el de tu progenitor. Tu mismo tío, moribundo, te ordenó con sus propias palabras que fueras tu quien conservara el cetro. Mira cuanta fue la previsión y solicitud del anciano para con nuestra ciudad y el mundo entero. (aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis)  En tu favor hizo Dios todo lo que quiso que fuera realizado. Sube al trono paterno, príncipe  valerosísimo, y gobierna el mundo que a ti se somete. (Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

    Talia dicentis pedibus prostrata iacensque
    omnis turba simul “pius es, miserere” perorat
    “supplicibus, vir sancte, tuis: succurre periclis.
    Omnia mox veniente die periisse videbis,
    si vacuam vulgussine príncipe senserit aulam.
    Quantumcumque boni moveat dilectio patris,
    non sit amor patriae patrio minor. Ipse tenere
    sceptra tuus moriens te iussit avunculus ore.
    aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis
    próvida cura seni. pro te deus omnia fecit,
    quae fieri voluit. solium conscende paternum
    et rege subiectum, prínceps fortissime, mundum

    Y de nuevo en Verso 244 y ss.

    Y no injustamente, creo, pues ¿iba a estar él, al morir, tan dichoso y con semblante tan lleno de bondad, si su alma, consciente del bien que llevo a cabo, no hubiera abandonado sus tranquilos miembros, volando hacia el cielo y no hubiera afianzado el imperio tras confirmar a un heredero? Cuando acudió allí el noble Justino, poniendo sus amorosos brazos en tomo al cuerpo sin  vida, así hablo sollozando: ≪Luz de la ciudad y del universo, padre Justiniano, ¿abandonas tu amada corte y dejas a tus allegados, a tus sirvientes y a tantos súbditos? ¿Menosprecias la tierra? ¿No velas por el mundo extenuado? Aquí tienes a los ávares, a los amenazadores francos, a los gépides, a los getas y a tantas otras naciones que, tras poner en movimiento sus enseñas, provocan guerras por doquier. ¿Con qué empuje vamos a vencer a tantos enemigos si tú, firmeza de Roma, estás muerto?≫.
    ((Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

    Haud, reor, immerito sic laetus et ore benignus
    Ille foret moriens, nisi mens sibi conscia recti
    in caelum properans securos linqueret artus
    et tutum imperium firmato herede locaret.
    Huc ubi magnanimus sacra cum coniuge venit,
    cara per exanimum circumdans brachia corpus
    cum lacrimis Iustinus ait: “lux urbis et orbis,
    Iustiniane pater, dilectam deseris aulam?
    Cognatos fámulos et tantos linquis alumnos?
    Contemnis terras? Fesso non prospicis orbi?
    En Avares Francique truces Gepidesque Getaeque
    totque aliae gentes commotis undique ignis
    bella movent; qua vi tantos superabimos hostes,
    cum virtus Romana iacet?…

    Y otra vez en verso III, 72 y ss.:

    Organos, plectros y liras resonaron por toda la ciudad; se ofrecieron mil clases de espectáculos, mil festines, hubo danzas, risas, ajetreo, regocijo y aplausos. Desean larga vida a los emperadores entre alegres clamores. ≪Tras la vejez≫, afirman, ≪el mundo se regocija por su rejuvenecimiento y busca los principios de su aspecto originario. Desaparece ahora una edad de hierro y surge una edad de oro en tu época, Justino, esperanza de la ciudad y del mundo, resplandor del imperio romano, gloria añadida a todos los emperadores que te precedieron, cuya sabiduría victoriosa obtuvo la más alta cumbre del reino paterno≫. (Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

    Organa, plectra, lyrae totam insonuere per urbem.
    Mille voluptatum species, convicia mille,
    saltatus, risus, discursus, gaudia, plausus.
    Augustis vitam laetis clamoribus optant.
    post senium dicunt “sese iuvenescere mundus
    gaudet Et antiquae repetit  primordia formae.
    Férrea nunc abeunt aurea saecula surgunt
    temporibus, Iustine, tuis, spes urbis et orbis,
    Romani iubar imperii, decus addite cunctis
    retro principibus, cuius sapientia victrix
    obtinuit patrii fastigia máxima regni.”

    El resumen de todo esto, del contenido y de la figura literaria,  lo personifica un verso feliz del poeta galo del siglo V Rutilio Namaciano, del que conservamos parte del único poema que sabemos que escribió, titulado “De reditu suo” (Sobre el regreso). En él canta la grandeza y antiguo esplendor de Roma y critica al Cristianismo. En el llamado Himno a Roma, que aparece personificada, encontramos el verso resumen al que me refería:

                 ‘urbem fecisti quod prius orbis erat’
    “formaste una ciudad de lo que antes era un mundo”

    “!Escucha, Roma, hermosisima reina de un mundo que
    es tuyo, acogida entre las celestes estrellas!
    !Escucha, engendradora de hombres y engendradora de dioses,
    gracias a tus templos no nos mantenemos alejados del cielo!
    A ti cantamos y siempre cantaremos mientras los hados lo permitan:
    nadie en vida puede olvidarte. Antes sepultaria yo el sol en impio olvido
    que apartar de mi corazon tu gloriosa fama,
    pues derramas tus favores como rayos de sol
    por donde se agita vacilante el envolvente Oceano.
    Por ti da vueltas Febo, que todo lo abarca,
    y en ti esconde los caballos que de ti habian salido.
    A ti no te detuvo Libia con sus ardientes arenas
    ni te arredro la Osa guarnecida de hielo.
    Cuanta extension comprende la naturaleza hasta las regiones habitables,
    otro tanto la tierra se convierte en camino accesible a tu valor.
    Formaste de pueblos distintos una unica patria;
    al imponer tu poder, beneficiaste a los vencidos,
    ignorantes de la justicia, y al ofrecerles compartir tus propias leyes,
    formaste una ciudad de lo que antes era un mundo.(
    ‘urbem fecisti quod prius orbis erat’)
    Como autores de tu linaje reconocemos a Venus y a Marte,
    la madre de los Eneadas y el padre de los Romulidas.
    Cuando vences, la clemencia ablanda tu brazo armado:
    en tu personalidad aunas la inspiracion de ambos dioses.
    De ahi tu gran satisfaccion en combatir y en perdonar:
    vences a quienes has temido, amas a quienes has vencido.

    (Traducción de Alfonso Grcía-Torano Martínez. Editorial Gredos).

    «exaudi, regina tui pulcherrima mundi,
    inter sidereos Roma recepta polos,
    exaudi, genetrix hominum genetrixque deorum,
    non procul a caelo per tua templa sumus:
    te canimus semperque, sinent dum fata, canemus:
    sospes nemo potest immemor esse tui.
    obruerint citius scelerata oblivia solem,
    quam tuus ex nostro corde recedat honos.
    nam solis radiis aequalia munera tendis,
    qua circumfusus fluctuat Oceanus.
    volvitur ipse tibi, qui continet omnia, Phoebus
    eque tuis ortos in tua condit equos.
    te non flammigeris Libye tardavit harenis,
    non armata suo reppulit Ursa gelu:
    quantum vitalis natura tetendit in axes,
    tantum virtuti pervia terrae tuae.
    fecisti patriam diversis gentibus unam:
    profuit iniustis te dominante capi.
    dumque offers victis proprii consortia iuris,
    urbem fecisti quod prius orbis erat.
    «auctores generis Venerem Martemque fatemur,
    Aeneadum matrem Romulidumque patrem:
    mitigat armatas victrix clementia vires,
    convenit in mores nomen utrumque tuos:
    hinc tibi certandi bona parcendique voluptas:
    quos timuit superat, quos superavit amat.

    La Iglesia Católica y Romana es deudora de la antigua Roma en casi todo, en gran parte de sus mitos, creencias y dogmas, en sus ritos, en su expresión artística, en su estructura administrativa y jurídica, y por supuesto en su lengua oficial, que sigue siendo el latín. Esta expresión es una prueba más de ello. Si el Papa Católico hoy puede dirigirse “a la ciudad y al mundo” es precisamente porque él es “el obispo de Roma”, la ciudad (urbs) que fue capital del mundo (orbis)

  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (II)

    El romano, en su autoafirmación y autocomplacencia, llega a confundir el “orbis terrarum” con el “orbis romanus”. Son innumerables también los textos y los hechos que pretenden asentar en los ciudadanos esta idea de que el mundo, al menos el interesante, es romano.

    Es lo que, por ejemplo, podemos apreciar en Cicerón, Rhetorica  Ad Herennium, 4,9,13:

    Un discurso será del estilo medio si, como he indicado antes, rebajamos ligeramente el tono sin descender sin embargo hasta el más bajo; por ejemplo:

    Estáis viendo, jueces, contra quiénes luchamos. Contra aliados que solían combatir a nuestro lado y defendían con su valor y esfuerzo nuestro imperio. Conocen sin duda sus propios recursos y tropas y, por la vecindad y las relaciones todo tipo con nosotros, podían igualmente conocer y evaluar todo el poder del pueblo romano. Cuando decidieron hacernos la guerra, decidme, en qué confiaban pata atacarnos, sabiendo que la mayoría casi absoluta de nuestros aliados permanecería fiel a sus obligaciones, viendo que no disponían de tropas abundantes, generales expertos, fondos públicos ni, en definitiva, nada de lo que se necesita para realizar una guerra. Incluso luchando contra algún vecino por una cuestión de fronteras o pensando resolver el conflicto en una sola batalla, habrían acudido al combate mejor armados y equipados. Mucho menos creíble es que intentaran con tan pocas tropas apoderarse del imperio que domina el mundo, un imperio que todos los pueblos, reyes y naciones han aceptado, unos por la fuerza, otros voluntariamente, vencidos por las armas o la generosidad del pueblo romano. Alguien se preguntará: '¿Y los habitantes de Fregelas?''. ¿Es que ellos no lo intentaron por su propia voluntad?’ Sí, y precisamente por ello no hubieran debido intentarlo, después de ver cómo los de Fregelas salieron malparados. La ignorancia hace caer fácilmente en el error a los pueblos que por falta de experiencia no pueden encontrar precedentes en su historia para cada cuestión. Por el contrario, los que conocen lo que les ha sucedido a otros pueden fácilmente obtener provecho propio de las experiencias ajenas. ¿Ningún motivo les indujo? ¿No tenían la menor esperanza cuando empeñaron las armas? ¿Quién creerá que alguien ha sido tan insensato como para atreverse a atacar el poder del pueblo romano sin el apoyo de alguna fuerza? Algún motivo, por tanto,  debió existir. Y ¿qué otro puede ser sino el que os digo?”
    (Traducción de Salvador Núñez. Editorial Gredos)

    In mediocri figura versabitur oratio, si haec, ut ante dixi, aliquantum demiserimus neque tamen ad infimum descenderimus, sic:

    «Quibuscum bellum gerimus, iudices, videtis: cum sociis, qui pro nobis pugnare et imperium nostrum nobiscum simul virtute et industria conservare soliti sunt. Ii cum se et opes suas et copiam necessario norunt, tum vero nihilominus propter propinquitatem et omnium rerum societatem, quid omnibus rebus populus Romanus posset, scire <et> existimare poterant. Ii, cum deliberassent nobiscum bellum gerere, quaeso, quae res erat, qua freti bellum suscipere conarentur, cum multo maximam partem sociorum in officio manere intellegerent? Cum sibi non multitudinem militum, non idoneos imperatores, non pecuniam publicam praesto esse viderent? Non denique ullam rem, quae res pertinet ad bellum administrandum? Si cum finitumis de finibus bellum gererent, si totum certamen in uno proelio positum putarent, tamen omnibus rebus instructiores et apparatiores venirent; nedum illi imperium orbis terrae, cui imperio omnes gentes, reges, nationes partim vi, partim voluntate consenserunt, cum aut armis aut liberalitate a populo Romano superati essent, ad se transferre tantulis viribus conarentur. Quaeret aliquis: Quid? Fregellani non sua sponte conati sunt? Eo quidem isti minus facile conarentur, quod illi quemadmodum discessent videbant. Nam rerum inperiti, qui unius cuiusque rei de rebus ante gestis exempla petere non possunt, ii per inprudentiam facillime deducuntur in fraudem: at ii, qui sciunt, quid aliis acciderit, facile ex aliorum eventis suis rationibus possunt providere. Nulla igitur re inducti, nulla spe freti arma sustulerunt? Quis hoc credet, tantam amentiam quemquam tenuisse, ut imperium populi Romani temptare auderet nullis copiis fretus? Ergo aliquid fuisse necessum est. Quid aliud, nisi id, quod dico, potest esse?»

    Es lo que en varias ocasiones dice Ovidio. Así   a propósito de las celebraciones del día 1 de Enero al dios Jano en Fasti,1,75 y ss.:

    ¿Ves cómo reluce el cielo con los fuegos perfumados y crepita la espiga cilicia al
    encender las hogueras? La llama reverbera con su brillo en el oro de los templos y esparce el resplandor tembloroso en lo alto del santuario. Van con las ropas intactas al alcázar de Tarpeya  y el pueblo lleva el mismo color que el color de su fiesta; ya marchan delante los nuevos mandos, nueva púrpura refulge y el marfil llamativo  siente pesos nuevos. Novillos exentos del trabajo, que la hierba falisca alimentó en sus campiñas ofrecen su cuello para  que los hieran. Júpiter, cuando mira a todo el orbe desde su alcázar, no encuentra nada que ver que no sea romano. ¡Salud, día bienhechor!: vuelve cada vez mejor, merecedor de que te honre el pueblo dueño del mundo. Mas con todo, ¿qué dios diré que eres tú, Jano biforme? Pues Grecia no tiene numen ninguno parejo a ti. Y a la vez revela el motivo por el que eres el único entre los celestiales que ves lo que está a la espalda y lo que está delante.

    cernis odoratis ut luceat ignibus aether,              
         et sonet accensis spica Cilissa focis?
    flamma nitore suo templorum verberat aurum,
         et tremulum summa spargit in aede iubar.
    vestibus intactis Tarpeias itur in arces,
         et populus festo concolor ipse suo est,              
    iamque novi praeeunt fasces, nova purpura fulget,
         et nova conspicuum pondera sentit ebur.
    colla rudes operum praebent ferienda iuvenci,
         quos aluit campis herba Falisca suis.
    Iuppiter arce sua totum cum spectet in orbem,              
         nil nisi Romanum quod tueatur habet.
    salve, laeta dies, meliorque revertere semper,
         a populo rerum digna potente coli.
    Quem tamen esse deum te dicam, Iane biformis?
         nam tibi par nullum Graecia numen habet.              
    ede simul causam, cur de caelestibus unus
         sitque quod a tergo sitque quod ante vides.

    Y luego, un poco más abajo: 

    "el espacio de la ciudad de Roma es el mismo que el del mundo".

    Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

    Fastos 2, 667 y ss.

    ¿Qué pasó cuando se construyó el nuevo Capitolio? Por supuesto, toda la legión de los dioses cedió ante Júpiter, haciéndole sitio. Término, según cuentan los antiguos, fue hallado en el templo, y allí se quedó, poseyéndolo junto con el gran Júpiter. Ahora además, para no ver por encima de sí nada que no sean las estrellas, el techo del templo tiene una pequeña claraboya. A partir de entonces no eres libre de levantarte, Término; quédate en el emplazamiento en que  te colocaron, y no cedas un átomo al vecino que te lo pida, para que no parezca que pones a un hombre delante de Júpiter. Ya te empujen con las rejas o con el rastrillo, grita: «Este campo es tuyo, aquél es suyo». Hay un camino  que lleva a la gente a los campos laurentes, el reino que el caudillo dardanio buscó en otro tiempo; en el sexto miliario desde la ciudad se celebra por ese camino una ceremonia por ti, Término, con las visceras de una oveja lanuda. Los demás pueblos tienen cada uno una tierra dada dentó de límites fijos; el espacio de la ciudad de Roma es el mismo que el del mundo.

    quid, nova cum fierent Capitolia? nempe deorum
         cuncta Iovi cessit turba locumque dedit;
    Terminus, ut veteres memorant, inventus in aede
         restitit et magno cum Iove templa tenet.               670
    nunc quoque, se supra ne quid nisi sidera cernat,
         exiguum templi tecta foramen habent.
    Termine, post illud levitas tibi libera non est:
         qua positus fueris in statione, mane;
    nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
         ne videare hominem praeposuisse Iovi:
    et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
         clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'
    est via quae populum Laurentes ducit in agros,
         quondam Dardanio regna petita duci:               680
    illa lanigeri pecoris tibi, Termine, fibris
         sacra videt fieri sextus ab Urbe lapis.
    gentibus est aliis tellus data limite certo:
         Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

    Los triunfos de Pompeyo de Oriente a Occidente confirman a los romanos que ellos son los dueños del mundo. Plutarco nos presenta el triple desfile triunfal de Pompeyo, en el que participa todo el imperio, toda la tierra que había conquistado.

    Plutarco, Pompeyo 45:

    A la grandeza de su triunfo, aunque se repartió en dos días, no bastó este tiempo, sino que muchos de los objetos que le decoraban pasaron sin ser vistos, pudiendo ser materia y ornato de otra pompa igual. En carteles que se llevaban delante iban escritas las naciones de quienes se triunfaba, siendo éstas: el Ponto, la Armenia, la Capadocia, la Paflagonia, la Media, la Cólquide, los Iberes, los Albanos, la Siria, la Cilicia, la Mesopotamia, las regiones de Fenicia y Palestina, la Judea, la Arabia, los piratas destruidos doquiera por la tierra y por el mar, y además los fuertes tomados, que no bajaban de mil; las ciudades, que eran muy pocas menos de novecientas; las naves de los piratas, ochocientas, y las ciudades repobladas, que eran treinta y nueve. Había dado sobre todo esto razón por escrito de que las rentas de la república eran antes cincuenta millones de dracmas, y las de los países que había conquistado montaban a ochenta millones y quinientas mil. En moneda acuñada y en alhajas de oro y plata habían entrado en el erario público veinte mil talentos, sin incluir lo que se había dado a los soldados, de los cuales el que menos había recibido mil quinientas dracmas. Los cautivos conducidos en la pompa, además de los jefes y caudillos de los piratas, fueron: el hijo de Tigranes, rey de Armenia, con su mujer y su hija; la mujer del mismo Tigranes, Zósima; el rey de los Judíos, Aristobulo; una hermana de Mitridates, con cinco hijos suyos y algunas mujeres escitas; los rehenes de los Albanos e Iberes y del rey de los Comagenos, y, finalmente, muchos trofeos, tantos en número como habían sido las batallas que había ganado, ya por sí mismo y ya por sus lugartenientes. Lo más grande para su gloria, y de lo que ningún Romano había disfrutado antes que él, fue haber obtenido este triunfo de la tercera parte del mundo; porque otros habían alcanzado antes tercer triunfo; pero él, habiendo conseguido el primero de África, el segundo de la Europa y este tercero del Asia, parecía en cierta manera que en sus tres triunfos había abarcado toda la tierra.

    Tenemos también información sobre las gestas de Pompeyo en Diodoro Sículo  40, 4

    Esta es una copia de la inscripción que Pompeyo colocó, registrando sus logros en Asia.
    Pompeyo Magno, hijo de Gnaeus, general (imperator), liberó las costas del mundo y todas las islas dentro del océano de los ataques de piratas. Rescató del asedio el reino de Ariobarzanes, Galacia y los territorios y provincias de más allá, Asia y Bitinia. Protegió Paflagonia, El Ponto, Armenia y Acaya, y también Iberia, la Cólquida, Mesopotamia, Sofene y Gordiene. Subyugó a Dario rey de los Medos, Artoles rey de los Ibéricos, Aristóbulo rey de los judíos, y Aretas rey de los árabes nabateos, y también Siria junto a Cilicia, Judea, Arabia, la provincia de Cyrenaica, Achaei, Iozygi, Soani y Heniochi y las otras tribus que habitan la costa entre Colchis y el lago Meotis, junto con los reyes de estas tribus, nueve en número, y todas las naciones que habitan entre el mar Póntico y el Mar Rojo. Extendió las fronteras del imperio hasta las fronteras del mundo. Mantuvo los ingresos de los romanos, y en algunos casos los aumentó. Retiró las estatuas y otras imágenes de los dioses, y todo el otro tesoro de los enemigos, y dedicó a la diosa (Minerva) 12.060 piezas de oro y 307 talentos de plata.

    Tal vez sea  Plinio el más exagerado en recordarnos los éxito de Pompeyo en todo el mundo romano, hasta concluir :

    Lo mas grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (según él mismo dijo públicamente en la asamblea, hablando de sus propias hazañas) que recibió Asia como la provincia más lejana y la devolvió a la patria como provincia interior.

    Veamos esta cita más amplia:

    Plinio, Historia Natural: 7, 95 (26), (27) y ss.

    Verdaderamente corresponde al honor del Imperio Romano, no solo al de Las hazañas un hombre, que se mencionen en este  lugar todos los títulos de las victorias y los triunfos de Pompeyo Magno, ya que el brillo de sus hazañas se iguala no solo con las de Alejandro Magno sino incluso casi con las de Hércules y las del padre Liber. Pues, una vez recuperada Sicilia, momento desde el que comenzó mostrándose primero partidario de Sila en la causa de la Republica, después de dominar África entera y someterla a su autoridad, por lo que recibió como trofeo de guerra el nombre de Magno, entró en carro triunfal, cosa que nadie había obtenido antes, siendo caballero romano, y pasando inmediatamente a Occidente, además de conseguir trofeos en los Pirineos, añadió a la victoria ochocientas setenta y seis poblaciones, desde los Alpes hasta los confines de la Hispania Ulterior, sometidas a su autoridad, y con gran magnanimidad guardó silencio sobre Sertorio y, después de poner fin a una guerra civil que concitaba a todos los enemigos extranjeros, de nuevo condujo los carros triunfales siendo caballero romano, tan frecuentemente general antes que soldado. Después, enviado a todos los mares y luego a Oriente, volvió trayendo a su patria estos títulos según la costumbre de los vencedores en las competiciones sagradas — en realidad
    no se coronan ellos mismos, sino que coronan a sus patrias—; por eso, en el santuario de Minerva, que dedicó con el dinero del botín, ofrecía estos honores a Roma:

    El GENERAL GNEO POMPEYO MAGNO, CONCLUIDA UNA GUERRA DE TREINTA ANOS, DISPERSADOS, PUESTOS EN FUGA, MUERTOS Y RENDIDOS DOCE MILLONES CIENTO OCHENTA Y TRES MIL HOMBRES, HUNDIDOS O CAPTURADOS OCHOCIENTOS CUARENTA Y SEIS BARCOS, TOMADAS BAJO PROTECCION MIL QUINIENTAS TREINTA Y OCHO POBLACIONES Y FORTALEZAS, Y SOMETIDOS LOS TERRITORIOS DESDE LOS MEOTAS HASTA EL MAR ROJO, CUMPLE SU VOTO, COMO DEBIA, A MINERVA.

    Esto es el compendio de su actuación en Oriente. Pero el preámbulo del triunfo que celebró el día tercero antes de las kalendas de octubre, siendo cónsules Marco Pisón y Marco Mesala era el siguiente:

    HABIENDO LIBERADO DE PIRATAS LA COSTA MARITIMA Y HABIENDO DEVUELTO EL IMPERIO DEL MAR AL PUEBLO ROMANO, CONSIGUIÓ HONORES DE TRIUNFO POR SUS VICTORIAS EN ASIA, EL PONTO, ARMENIA, PAFLAGONIA, CAPADOCIA, CILICIA, SIRIA, LOS ESCITAS, JUDIOS, ALBANOS, HIBERIA, LA ISLA DE CRETA, LOS BASTERNAS Y, ADEMAS DE ESTO, SOBRE EL REY MITRIDATES Y SOBRE TIGRANES.

    Lo más grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (según él mismo dijo públicamente en la asamblea, hablando de sus propias hazañas) que recibió Asia como la
    provincia más lejana y la devolvió a la patria como provincia interior. Si alguien por el contrario quisiera examinar de igual modo las hazañas de César, que se mostró más
    grande que aquel, debería enumerar el orbe de la tierra absolutamente entero, cosa que convendrá que es infinita.
    (Traducción de Encamacion del Barrio Sanz)

    Verum ad decus imperii Romani, non solum ad viri unius, pertinet victoriarum Pompei Magni titulos omnes triumphosque hoc in loco nuncupari, aequato non modo Alexandri Magni rerum fulgore, sed etiam Herculis prope ac Liberi patris.

    igitur Sicilia recuperata, unde primum Sullanus in rei publicae causa exoriens auspicatus est, Africa vero tota subacta et in dicionem redacta Magnique nomine in spolium inde capto, eques Romanus, id quod antea nemo, curru triumphali revectus et statim ad solis occasum transgressus, excitatis in Pyrenaeo tropaeis, oppida DCCCLXXVI ab Alpibus ad fines Hispaniae ulterioris in dicionem redacta victoriae suae adscripsit et maiore animo Sertorium tacuit, belloque civili, quod omnia externa conciebat, extincto iterum triumphales currus eques R. induxit, totiens imperator ante quam miles.

    postea ad tota maria et deinde solis ortus missus hos retulit patriae titulos more sacris certaminibus vincentium — neque enim ipsi coronantur, sed patrias suas coronant —, hos ergo honores urbi tribuit in delubro Minervae, quod ex manubiis dicabat:

    CN·POMPEIVS MAGNVS IMPERATOR BELLO XXX ANNORVM CONFECTO FVSIS FVGATIS OCCISIS IN DEDITIONEM ACCEPTIS HOMINVM CENTIENS VICIENS SEMEL LXXXIII DEPRESSIS AVT CAPTIS NAVIBVS DCCCXLVI OPPIDIS CASTELLIS MDXXXVIII IN FIDEM RECEPTIS TERRIS A MAEOTIS AD RVBRVM MARE SVBACTIS VOTVM MERITO MINERVAE.

    Hoc est breviarium eius ab oriente. triumphi vero, quem duxit a. d. III kal. Oct. M. Pisone M. Messala cos., praefatio haec fuit:

    CVM ORAM MARITIMAM PRAEDONIBVS LIBERASSET ET IMPERIVM MARIS POPVLO ROMANO RESTITVISSET EX ASIA PONTO ARMENIA PAPHLAGONIA CAPPADOCIA CILICIA SYRIA SCYTHIS IVDAEIS ALBANIS HIBERIA INSVLA CRETA BASTERNIS ET SVPER HAEC DE REGE MITHRIDATE ATQVE TIGRANE TRIVMPHAVIT.

    Summa summarum in illa gloria fuit (ut ipse in conditione dixit, cum de rebus suis disseret) Asiam ultimam provinciarum accepisse eandemque mediam patriae reddidisse. si quis e contrario simili modo velit percensere Caesaris res, qui maior ille apparuit, totum profecto terrarum orbem enumeret, quod infinitum esse conveniet.

    En numerosos pasajes Plinio va incluso más allá y justifica el imperialismo romano por sus efectos beneficiosos para la humanidad. En el libro 27 de su Historia Natural nos habla de las numerosas plantas  existentes en el mundo  que son recogias y transportadas desde cualquier lugar del mundo sólo por efecto de la Pax romana. Por eso los romanos son como una segunda luz, como un segundo sol para la humanidad, y también como una segunda naturaleza como dirá lugo en el libro 44.
    Transcribo ambos pasajes:

    Plinio, 27, 1 y ss:

    Ciertamente aumenta en mi interior la admiración de la Antigüedad conforme crece mi obra y cuanta más cantidad de hierbas me queda por describir, tanto más aumenta el deseo de valorar el cuidado de los antiguos a la hora de buscarlas y luego su bondad al transmitírnoslas. Y sin duda podría parecer que de este modo la magnificencia de la misma naturaleza de las cosas ha sido superada si su descubrimiento es propio de la obra humana.

    Sin embargo ahora parece que fue obra de los dioses  o ciertamente de inspiración divina, incluso aunque el hombre las haya encontrado, y que la misma madre de todas las cosas las ha engendrado y las ha mostrado, no habiendo ningún milagro mayor de la vida, si es que queremos confesar la verdad.  Las hierbas escíticas vienen de las lagunas Meóticas y la eufórbea del monte Atlas y de la otra parte de las columnas de Hércules desde el propio límite de las cosas de la naturaleza,y por la otra parte la británica  de las islas del Océano situadas más allá de la tierra y así mismo la Etiópica  de la región abrasada por las estrellas. Además otras se traen  de otras partes más lejos o más cerca por todo el mundo para la salud de los hombres, mostrando la inmensa majestad de la paz romana no solo hombres entre sí de  diferentes tierras y naciones, sino tambien montes y cumbres que se alzan hasta las nubes y sus productos y las hierbas que producen. Pido que este regalo de los dioses sea eterno. Hasta tal punto parece que nos han dado a los romanos como otra luz para  las cosas humanas.

    Crescit profecto apud me certe tractatu ipso admiratio antiquitatis, quantoque maior copia herbarum dicenda restat, tanto magis adorare priscorum in inveniendo curam, in tradendo benignitatem subit. nec dubie superata hoc modo posset videri etiam rerum naturae ipsius munificentia, si humani operis esset inventio.

    nunc vero deorum fuisse eam apparet aut certe divinam, etiam cum homo inveniret, eandemque omnium parentem et genuisse haec et ostendisse, nullo vitae miraculo maiore, si verum fateri volumus. Scythicam herbam a Maeotis paludibus et Euphorbeam e monte Atlante ultraque Herculis columnas ex ipso rerum naturae defectu, parte alia Britannicam ex oceani insulis extra terris positis,

    itemque Aethiopidem ab exusto sideribus axe, alias praeterea aliunde ultro citroque humanae saluti in toto orbe portari, inmensa Romanae pacis maiestate non homines modo diversis inter se terris gentibusque, verum etiam montes et excedentia in nubes iuga partusque eorum et herbas quoque invicem ostentante! aeternum, quaeso, deorum sit munus istud! adeo Romanos velut alteram lucem dedisse rebus humanis videntur.

    Plinio en 37, 77 (200) ss.  asimila  Roma a la propia naturaleza e Italia es la gobernadora y segunda madre del mundo; la primera es, evidentemente,  la propia naturaleza.

    Despúes de haber tratado de todas las obras de la Naturaleza, es oportuno ahora establecer una comparación entre los territorios y las diversas cosas que producen.

    Así pues, en todo el orbe, a dondequiera que se extienda la bóveda celeste, por las cosas que con todo merecimiento merecen el primer puesto de la Naturaleza, Italia es la más hermosa de todos los países, ella  que gobierna y es la segunda madre del mundo. Es así por sus hombres, por sus mujeres, por sus jefes militares, por sus soldados, por sus esclavos, por la superioridad de las artes, por los ejemplos de sus hombres ilustres. Y también por su situación, por la salubridad y suavidad de su clima; por el fácil acceso para todas las naciones, por sus costas abundantes en puertos, por el benigno soplo de sus vientos; lo que se debe por su posición, colocada en una parte muy favorable, en medio de la salida y la puesta del sol (entre Oriente y Occidente. Y también por la abundancia de agua, la salubridad de sus bosques, las intersecciones de sus montes, la inocuidad de sus animales salvajes, la fertilidad de su suelo y la riqueza de sus pastos.

    Etenim peractis omnibus naturae operibus discrimen quoddam rerum ipsarum atque terrarum facere conveniet.

    Ergo in toto orbe, quacumque caeli convexitas vergit, pulcherrima omnium est iis rebus, quae merito principatum naturae optinent, Italia, rectrix parensque mundi altera, viris feminis, ducibus militibus, servitiis, artium praestantia, ingeniorum claritatibus, iam situ ac salubritate caeli atque temperie, accessu cunctarum gentium facili, portuosis litoribus, benigno ventorum adflatu. quod contingit positione procurrentis in partem utilissimam et inter ortus occasusque mediam, aquarum copia, nemorum salubritate, montium articulis, ferorum animalium innocentia, soli fertilitate, pabuli ubertate.

    También Cicerón en Catilinarias 4, 11 (6) compara a Roma con la lux orbis terrarum.

    Si os conformáis con esta opinión, me daréis, ante la asamblea, un compañero a quien el pueblo es¬tima y quiere; si seguís el parecer de Silano, fácilmente nos libraremos vosotros y yo del cargo de crueldad, y aun demostraré que este parecer es el más benigno. Aunque para castigar tan horrible maldad, ¿habrá, pa¬dres conscriptos, algo que sea excesivamente cruel? Yo por mí juzgo. Porque así pueda gozar con vosotros de ver salvada y tranquila a la república, como es cier¬to que si soy algo enérgico en esta causa, no es por dureza de alma (¿quién la tiene más benigna que yo?), sino por pura humanidad y misericordia. Paréceme estar viendo a esta ciudad, lumbrera del mundo y fortaleza de todas las gentes, ser devorada repentinamente por el incendio: me figuro arruinada la patria, y sobre sus ruinas los insepultos cuerpos de desdichadísimos ciudadanos; tengo ante mis ojos la figura de Cetego satisfaciendo su furor y gozando con vuestra muerte, figuro arruinada la patria, y sobre sus ruinas los insepultos cuerpos de desdichadísimos ciudadanos; tengo ante mis ojos la figura de Cetego satisfaciendo su furor y gozando con vuestra muerte. (Traducción de Juan Bautista Calvo)

    Quam ob rem, sive hoc statueritis, dederitis mihi comitem ad contionem populo carum atque iucundum, sive Silani sententiam sequi malueritis, facile me atque vos a crudelitatis vituperatione populo Romano purgabo atque obtinebo eam multo leniorem fuisse. Quamquam, patres conscripti, quae potest esse in tanti sceleris inmanitate punienda crudelitas? Ego enim de meo sensu iudico. Nam ita mihi salva re publica vobiscum perfrui liceat, ut ego, quod in hac causa vehementior sum, non atrocitate animi moveor (quis enim est me mitior?), sed singulari quadam humanitate et misericordia. Videor enim mihi videre hanc urbem, lucem orbis terrarum atque arcem omnium gentium, subito uno incendio concidentem, cerno animo sepulta in patria miseros atque insepultos acervos civium, versatur mihi ante oculos aspectus Cethegi et furor in vestra caede bacchantis.

    La expresión concentrada y visual de todo el imperio se representa en el famoso “Mapa de Agripa”.
    Agripa ordenó construir un mapa de todo el mundo conocido que se colocó en el Pórtico que llevaba el nombre de su hermana Vipsania, en el Campo de Marte y cerca del Panteón, y que tenía como finalidad evidenciar que Roma era el centro del mundo.  Le podíamos, pues, considerar el  mapa del  Orbis Terrarum o representación de todo el mundo conocido. Hay quien piensa que se trataba simplemente de una lista de lugares con su dimensión y de la distancia entre ellos antes que de una representación del mundo. Y es que de la descripción del mapa tan solo tenemos algunos fragmentos escritos y podemos hacernos alguna idea por otros mapas posteriores. Podemos imaginarnos al ciudadano romano a punto de emprender un viaje o por mera curiosidad, observando este enorme mapa de países y carreteras.

    Se considera que las medidas eran de gran precisión, aunque Plinio observa algún error, por ejemplo cuando habla de Hispania y de la Bética:

    Plinio, Historia Natural, 3, 17 (3, 2, 17)

    La longitud actual de la Bética, desde la localidad de Cástulo hasta Gades, es de doscientos cincuenta mil pasos y desde Murgi, en la costa, veinticinco mil más. La anchura, de Carteya al Guadiana, por la costa doscientos treinta y cuatro mil pasos. .Quién creeria que Agripa, varon tan celoso y que tanto se esmeró en este trabajo, cuando fue a exponer la imagen del mundo a los ojos de Roma se equivocó, y con él el divino Augusto? Porque este fue el que llevo a término el pórtico que empezó a levantar la hermana de Agripa, en el que se albergaba ese plano del orbe, elaborado según el proyecto y los escritos de Marco Agripa. (Traducción de Antonio Fontán. Editorial Gredos).

    Baeticae longitudo nunc a Castulonis oppidi fine Gadix CCL et a Murgi maritima ora XXV p. amplior, latitudo a Carteia Anam ora CCXXXIIII p. Agrippam quidem in tanta viri diligentia praeterque in hoc opere cura, cum orbem terrarum orbi spectandum propositurus esset, errasse quis credat et cum eo Divum Augustum? is namque conplexam eum porticum ex destinatione et commentariis M. Agrippae a sorore eius inchoatam peregit.

    Vitrubio expresa la misma idea desde otro punto de vista: no existió otro mejor emplazamiento que el de Roma para conquistar el mundo:

    Vitrubio, VI,1, 10-11

    Siendo, pues, las naciones meridionales de ingenio agudísimo, y maravillosa sutileza en sus pensamientos, si emprenden acciones valerosas, salen vencidas, por haberles el calor del sol disipado el vigor del ánimo; pero los que nacen en regiones frías son mas a propósito para el rigor de las armas, y se arrojan sin temor valerosamente a la pelea; si bien, faltos de reflexión por lo tardo de su ingenio, lo hacen inconsideradamente y ciegas, siendo siempre rechazados en sus designios. Habiendo, pues, la naturaleza dispuesto las cosas en el mundo de manera que todas las naciones tienen diverso y desproporcionado temperamento, quiso que el pueblo Romano tuviese sus confines en medio de todas la partes y regiones del orbe de la tierra; y así las gentes en Italia son aptísimas para entrambos ministerios, de valor en sus cuerpos, y de agudeza en el ánimo. Porque así como el planeta Júpiter, corriendo entre Marte calidísimo y Saturno frígidísimo, goza un temperamento medio, del modo mismo la Italia, sita entre septentrión y mediodía, tiene la preeminencia de que con la mezcla de ambos temperamentos goza constitución templada : así que con el consejo rebate las fuerzas de los barbaros, y con el valor las astucias de los meridionales. En efecto, colocó Dios la capital del pueblo Romano en región tan templada y excelente, para que fuese dueña y señora del mundo. (Tradución de Joseph Ortiz y Sanz. 1787)

    Cum sint autem meridiane nationes animis acutissimis infinitaque sollertia consiliorum, simul ut ad fortitudinem ingrediuntur, ibi succumbunt, quod habent exsuctas ab sole animorum virtutes; qui vero refrigeratis nascuntur regionibus, ad armorum vehementiam paratiores sunt magnis virtutibus sine timore, sed tarditate animi sine considerantia inruentes sine sollertia suis consiliis refragantur. cum ergo haec ita sint ab natura rerum in mundo conlocata et omnes nationes inmoderatis mixtionibus disparatae, veros inter spatium totius orbis terrarum regionesque medio mundi populus Romanus possidet fines.
    Namque temperatissimae ad utramque partem et corporum membris animorumque vigoribus pro fortitudine sunt in Italia gentes. quemadmodum enim Iovis stella inter Martis ferventissimam et Saturni frigidissimam media currens temperatur, eadem ratione Italia inter septentrionalem meridianamque ab utraque parte mixtionibus temperatas et invictas habet laudes. itaque consiliis refringit barbarorum virtutes, forti manu meridianorum cogitationes. ita divina mens civitatem populi Romani egregia temperataque regione conlocavit, uti orbis terrarum imperii potiretur.

    Si el “orbis terrarum” es el “orbis romanorum” y Roma es un microcosmos, también Nerón, por ejemplo, pretende que su Domus Aurea sea un microcosmos, una reproducción a pequeña escala del “imperio romano”, incluyendo bosques, lagos y las obras maestras de todo el imperio. Nos lo confirman textos de Suetonio o Tácito  y tantos otros. :

    Suetonio, Vida de Nerón, (Vidas de los doce Césares, VI,31),31

    Pero en ningún asunto gasta tanto como en sus construcciones, pues edificó una casa que llegaba desde el Palatino hasta las Esquilias y a la que llamó primero “Transitoria” y luego, despues que fue consumida por un incendio y restaurada, “Dorada”.. Para hacerse una idea de sus dimemisries y esplendor bastara con referir lo siguiente. Tenia un vestibulo en el que se alzaba una estatua suya colosal, de ciento veinte pies de altura;  era tan espaciosa, que albergaba porticos de tres filas de coiumnas y mil pasos de largo, un estanque tan grande como un mar, rodeado de edificios que parecian ciudades, y, ademas, grandes extensiones de terreno, que incluian campos, viñedos, pastos y bosques, con una multitud de animales  domesticos y salvajes de todo tipo. Todas sus habitaciones estaban forradas de oro y adornadas con piedras preciosas y conchas de perlas; sus comedores estaban cubiertos por unos paneles de marfil movibles y perforados por tubos, para que se pudieran esparcir desde el techo flores o perfumes; el comedor principal era redondo, y giraba continuamente sobre si mismo, de dia y de noche, como el mundo; sus banos tenian agua corriente del mar y de los rnanantiales de Álbula. Cuando inauguró semejante mansión, una vez acabadas las obras, le dio su aprobación exclamando que por fin había empezado a vivir como un hombe.

    Non in alia re tamen damnosior quam in aedificando domum a Palatio Esquilias usque fecit, quam primo transitoriam, mox incendio absumptam restitutamque auream nominauit. de cuius spatio atque cultu suffecerit haec rettulisse. uestibulum eius fuit, in quo colossus CXX pedum staret ipsius effigie; tanta laxitas, ut porticus triplices miliarias haberet; item stagnum maris instar, circumsaeptum aedificiis ad urbium speciem; rura insuper aruis atque uinetis et pascuis siluisque uaria, cum multitudine omnis generis pecudum ac ferarum.

    in ceteris partibus cuncta auro lita, distincta gemmis unionumque conchis erant; cenationes laqueatae tabulis eburneis uersatilibus, ut flores, fistulatis, ut unguenta desuper spargerentur; praecipua cenationum rotunda, quae perpetuo diebus ac noctibus uice mundi circumageretur; balineae marinis et albulis fluentes aquis. eius modi domum cum absolutam dedicaret, hactenus comprobauit, ut se diceret “quasi hominem tandem habitare coepisse.”

    De similar manera Marcial, en su Libro de los Espectáculos, nos ofrece numerosos ejemplos de espectáculos en Roma con animales exóticos, traídos desde los confines del imperio, del que se sienten los dueños

    Marcial, Libro de los Espectáculos, 2.

    Aquí en donde el coloso sidéreo contempla muy de cerca las estrellas y se elevan en mitad de la vía altos andamiajes, irradiaban los atrios soberbios del fiero tirano y había ya una sola casa en toda Roma. Aquí en donde se eleva la augusta mole del hermoso anfiteatro estaban los estanques de Nerón. Aquí en donde admiramos las termas, obra prontamente acabada, un campo inmenso había expropiado las casas de los míseros ciudadanos. En donde el pórtico de Claudio proyecta sus amplias sombras, venían a terminar las últimas construcciones del palacio imperial. Roma ha sido devuelta a sí misma y, contigo en el trono, César, hace las delicias del pueblo lo que las hacía de su señor.  (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Hic ubi sidereus propius uidet astra colossus
         et crescunt media pegmata celsa uia,
    inuidiosa feri radiabant atria regis
         unaque iam tota stabat in urbe domus;
    hic ubi conspicui uenerabilis Amphitheatri              
         erigitur moles, stagna Neronis erant;
    hic ubi miramur uelocia munera thermas,
         abstulerat miseris tecta superbus ager;
    Claudia diffusas ubi porticus explicat umbras,
        ultima pars aulae deficientis erat.              
    Reddita Roma sibi est et sunt te preside, Caesar,
         deliciae populi, quae fuerant domini.

    Así en De spectaculis, 5

    Podéis creer que Pasífae se ha unido al toro de Creta: lo hemos visto nosotros, la antigua fábula ha recibido su confirmación. Que no se admire de sí misma, César, la longeva antigüedad: lo que la fama canta, lo presenta la arena ante tus ojos. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Iunctam Pasiphaen Dictaeo credite tauro:
         uidimus, accepit fabula prisca fidem.
    Nec se miretur, Caesar, longaeua uetustas:
         quidquid fama canit, praestat harena tibi.

    Y en el 6,b

    La fama ensalzaba un trabajo famoso y propio de Hércules: que el león había sido abatido en el vasto valle de Nemea. Calle la leyenda, porque después de tus juegos, oh César, declaramos que esto lo hace ya un Marte femenino. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Prostratum uasta Nemees in ualle leonem
         nobile et Herculeum fama canebat opus.
    Prisca fides taceat: nam post tua munera, Caesar,
         hoc iam femineo Marte fatemur agi.

    Y en  el 7

    Lo mismo que Prometeo, atado en las rocas de Escitia, alimentó con su hígado potente al águila puntual a su cita, así Lauréolo, colgado realmente en una cruz, presentó sus entrañas desnudas al oso de Caledonia. Sus músculos desgarrados palpitaban en sus miembros sangrantes, y en todo su cuerpo no había cuerpo por ninguna parte. Por fin recibió un castigo digno: él había clavado cruelmente el cuchillo en el cuello de su padre o de su dueño; había robado locamente el oro sagrado de los templos; te había aplicado a ti, Roma, las teas incendiarias; había superado el criminal las atrocidades referidas por la antigua leyenda, y por ello lo que era hasta entonces pura imaginación, se cumple en él realmente. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Qualiter in Scythica religatus rupe Prometheus
         adsiduam nimio pectore pauit auem,
    nuda Caledonia sic uiscera praebuit urso
         non falsa pendens in cruce Laureolus.
    Viuebant laceri membris stillantibus artus              
         inque omni nusquam corpore corpus erat.
    Denique supplicium dignum tulit: ille parentis
         uel domini iugulum foderat ense nocens,
    templa uel arcano demens spoliauerat auro,
         subdiderat saeuas uel tibi, Roma, faces.              
    Vicerat antiquae sceleratus crimina famae,
         in quo, quae fuerat fabula, poena fuit.

    y en el 8

    Dédalo, al sentirte devorado por el oso de Lucania, ¡cómo desearías haber tenido ahora tus alas! (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Daedale, Lucano cum sic lacereris ab urso,
         quam cuperes pinnas nunc habuisse tuas!

    Y en el 9

    Exhibido el rinoceronte por toda la arena, te ofreció, César, un espectáculo que no prometió. ¡Oh con qué bravura se enfureció incoerciblemente! ¡Qué grande era el toro, para quien un toro era un pelele! (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Praestitit exhibitus tota tibi, Caesar, harena
         quae non promisit proelia rhinoceros.
    O quam terribilis exarsit pronus in iras!
         Quantus erat taurus, cui pila taurus erat!

    Elefantes en el 17

    Esto de que, piadoso y suplicante, te adore, César, un elefante, éste que poco ha era tan temible para un toro, esto no lo hace mandado ni por maestramiento de ningún domador; créeme, también él reconoce a nuestro dios. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Quod pius et supplex elephas te, Caesar, adorat
         hic modo qui tauro tam metuendus erat,
    non facit hoc iussus, nulloque docente magistro,
         crede mihi, nostrum sentit et ille deum.

    Etc. etc.

    Hasta aquí algunos textos que documentan el status divino que adquirió  Roma en virtud de la fuerza y energía que de ella emanaba. Podría aportar otros muchos. Ello explica como la “urbe” por antonomasia, por excelencia, es Roma.

    Nota: antonomasia, palabra griega, ἀντονομασία, del verbo ἀντονομάζω ("antonomázo"), compuesto de antí-/ant-/anta-, con el significado de "en lugar de", "a cambio de", y el verbo ὀνομάζω ("onomázo"), que significa denominar, nombrar, derivado de ὄνομα "ónoma", nombre.  Designa a una figura retórica que consiste en nombrar a un sustantivo por el adjetivo que expresa su cualidad o viceversa porque en él se da esa cualidad de manera sobresaliente.

    (Continuará…)

  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (I)

    Esta expresión latina “urbi et orbi”, que significa “para la ciudad (Roma) y para el mundo”, se aplica hoy en día en sentido literal exclusivamente a las bendiciones que el obispo de Roma, es decir, el Papa, imparte para todos los fieles católicos del mundo concediéndoles indulgencia plenaria y remisión de los pecados. En sentido más amplio se utiliza para referirnos a cualquier tipo de mensaje dirigido de manera general a todos los habitantes de la tierra.

    Es su específico y predominante uso litúrgico el que ha llevado a considerar el origen de la expresión "urbi et orbi" en las bendiciones del  Papa Gregorio X  en los años 1272 a 1276. 

    Ahora bien, la expresión y su génesis tiene tras de sí una larga historia, porque para que tenga algún sentido necesitamos una ciudad que se diferencie del resto y un mundo o un imperio que hablase latín, y eso existió muchos siglos antes del Papa Gregorio X.

    En primer lugar, desde el punto de vista del contenido, la expresión se refiere a una ciudad especial, a Roma, la “urbe” por excelencia en cuanto es la cabeza o capital de un enorme Imperio, el orbe de los romanos. El famoso Vitruvio (c. 80-70 a. C.-15 a. C.) expresó perfectamente esta idea, que compartieron los romanos desde muy antiguo:

    Vitrubio, Sobre la arquitectura, VI,1, 10-11:

     "La mente divina ubicó la capital del pueblo romano en una región excelente y templada para que se adueñara de todo el mundo (orbis terrarum)". 

    ita divina mens civitatem populi Romani egregia temperataque regione conlocavit, uti orbis terrarum imperii potiretur.

    Desde el punto de vista de la forma lingüística inmediatamente salta al oído la semejanza entre “urbi” y “orbi”, tan sólo diferenciadas en un fonema, en este caso también en una letra. Esto es un juego de palabras. A esta figura literaria se le llama “paronomasia”.

    Que Roma es “la ciudad por excelencia”  es un concepto muy antiguo, compartido orgullosamente por los romanos, como decía más arriba. Recordemos  cómo la historia general que Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.) escribió sobre Roma se llama precisamente “Ab urbe condita”, “Desde la fundación de la ciudad”, y todo el mundo entiende que esa ciudad sólo puede ser Roma.

    Profundizaremos a continuación en este hecho e intentaré explicar brevemente cómo un pequeño villorrio con origen en el siglo VIII o VII antes de Cristo, junto al Tiber, con el tiempo se convirtió en la capital del Imperio antiguo mayor y más importante de la Antigüedad por sus consecuencias, y cómo el “orbe” de la tierra conocida se convierte en el “orbe romano”. La ciudad además acabó divinizada, como sus gobernantes, y recibiendo culto dirigido por unos sacerdotes especializados en ello.

    En segundo lugar también profundizaré un poco en el juego de palabras o la figura literaria citada de la paronomasia en “urbi et orbi”, figura que definimos como  “utilización de dos o más palabras, parecidas fonéticamente porque sólo se diferencian algún fonema, pero de distinto significado”. Esta paronomasia es también un recurso literario bien atestiguado en la literatura romana. Expondré más adelante algunos textos.

    Trataré primero de la ascensión de la pequeña Roma a “urbe” del “orbe” romano que es lo mismo que decir del "orbe mundial”.

    Según la historiografía y la mitología Roma fue fundada en el siglo VIII a.C; con más precisión en el año 753, y ajustando más el  21 de abril, día en que se ponen de acuerdo las diversas leyendas fundacionales.

    Pues bien con el paso del tiempo se convirtió en la capital de un enorme imperio, a la que conducían todos los caminos, como la urbe capital del orbe. Como ciudad fuerte y poderosa es respetada e incluso divinizada en un largo proceso en el que también fueron divinizados sus gobernantes, los emperadores.

    En el Oriente persa y egipcio y luego en el griego era ya tradición la divinización de los reyes, de los poderosos. Grecia fue conquistada por los romanos y declarada provincia romana en el año 197 a.C.  y la Roma vencedora pasó a ser considerada como ciudad poderosa y fuerte.

    Esta divinización, que se fue elaborando en Oriente, fue consagrada por el emperador Adriano en la primera mitad del siglo II d.C.; más aún, se identifica a Roma con el Imperio mismo, que como dios poderoso se articula en diferentes miembros coordinados.

    Sobre la etimología de la palabra Roma y Rómulo, relacionada con ella, no sólo no hay acuerdo sino propuestas diversas, varias de ellas relacionadas con el mundo etrusco. Pero para un griego, inevitablemente la palabra Roma les recordaría su palabra ῤώμη (rhòme), que significa fuerza. Ello ayudaría a deificarla como ciudad fuerte y habitada por hombres fuertes; la fuerza, la fortaleza es una propiedad de los dioses y seres asimilados; así que Roma, que ya es fuerte incluso en el nombre, algo debe tener en común con los dioses.

    Veamos en unos cuantos textos cómo se va elaborando esta idea de Roma y su imperio como divinidad poderosa, benefactora del género humano, desde su humilde origen.

    Plutarco hace referencia al nombre de Roma al comienzo de la biografía de Rómulo. Aprovecho para reproducir el relato detallado de Plutarco hasta enlazar con la leyenda más conocida sobre Rómulo y Remo:

    Plutarco, Vidas paralelas, Comienzo de la vida de Rómulo:

    Respecto al gran nombre de Roma,  que ha circulado con gloria en boca de todos los hombres, no hay acuerdo entre los escritores sobre la fecha y el motivo por el que lo ha recibido la ciudad, sino que, según unos, los pelasgos, después de viajar sin rumbo por casi todo el mundo habitado y de vencer a la mayoría de los hombres, se establecieron allí y, por su pujanza con las armas, así lamaron a la ciudad, pero, según otros, a raíz de la toma de Troya, algunos, que lograron escapar y consiguieron naves, arrastrados por los vientos arribaron a Tirrenia y fondearon a orillas del río Tíber.

    Mas a sus mujeres, que a duras penas soportaban ya el mar, les aconsejó una, que al parecer sobresalía en linaje y era la más sensata, llamada Roma, que quemaran los barcos. Hecho esto, al principio, los hombres montaron en cólera; pero, luego, cuando por necesidad se asentaron en el Palatino, como en poco tiempo iban consiguiendo más de lo que esperaban, al comprobar la calidad de la región y que sus vecinos los aceptaban, entre otros honores que tributaron a Roma, además tomaron el nombre para la ciudad de ella, como responsable.

    Y desde entonces dicen que se mantiene la costumbre de que las mujeres besen en la boca a los hombres de su familia y parientes, pues igualmente aquéllas, cuando incendiaron las naves, así besaban y acariciaban a sus hombres, suplicándoles y tratando de calmar su cólera.

    Otros dicen que fue Roma, hija de ftalo y Leucaria (para otros, de Télefo el de Heracles), casada con Eneas (según otros, con Ascanio el de Eneas), la que proporcionó su nombre a la ciudad. Otros, en cambio, que fundó la ciudad Romano, hijo de Odiseo y de Circe, otros, que Romo el de Ematión, expulsado de Troya por Diomedes, y otros, en fin, que Romis, tirano de los latinos, que rechazó a los tirrenos, los cuales habían llegado a Lidia desde Tesalia y desde Lidia a Italia.

    De todos modos, ni siquiera los que, de acuerdo con la versión más correcta, presentan a Rómulo como epónimo de la ciudad, se ponen de acuerdo sobre [su] linaje; pues, según unos, hijo de Eneas y Dexítea la de Forbante, siendo muy niño fue traído a Italia con su hermano Romo, y mientras que las demás embarcaciones fueron destruidas en el río a causa de una crecida, aquella en la que estaban los niños fue derivando poco a poco hacia una suave ribera, por lo que, salvados inesperadamente, le pusieron el nombre de Roma.

    Según otros, Roma, hija de la troyana aquella, casada con Latino el de Telémaco, dio a luz a Rómulo,  pero, según otros, fue Emilia la de Eneas y Lavinia, acostada con Ares.

    Otros ofrecen un relato completamente fabuloso sobre el nacimiento: Tarquecio, rey de los albanos muy arbitrario y cruel, tuvo en su casa una aparición sobrenatural,  pues del hogar salió de pronto un falo y allí permaneció durante muchos días. Había en Etruria un oráculo de Tetis, del que se le trajo a Tarquecio la prescripción de unir con el falo a una virgen, pues de ella nacería un hijo muy señalado, de extraordinaria virtud, fortuna y energía. Tarquecio reveló, entonces, la respuesta divina a una de sus hijas y le ordenó que se acostara con el falo; mas ella sintió repugnancia y envió a una criada. Cuando se enteró Tarquecio, indignado, las encerró a ambas con intención de matarlas, pero, al ver a Vesta que, en sueños, le prohibía el crimen, ordenó a las jóvenes que, en prisión, tejieran una tela, con la promesa de entregarlas en matrimonio cuando la terminaran. Pues bien, aquéllas, durante el día, tejían, mientras que otras, por la noche, deshacían la tela por orden de Tarquecio. Y  cuando del falo la criada dio a luz gemelos, Tarquecio los entregó a un tal Teracio y le ordenó matarlos. Pero aquél, llevándoselos, los depositó a orillas del río; entonces, una loba iba y venía a darles su ubre, y pájaros de toda clase, trayendo alimentos, se los ofrecían a las criaturas, hasta que un boyero lo vio y, maravillado, se atrevió a acercarse y recoger a los pequeños. Ocurrida así su salvación, cuando estuvieron criados, atacaron a Tarquecio y lo vencieron. Esta, en suma, es la versión que nos ha contado un tal Promación, autor de una Historia de Italia.

    Pero, del relato que más autoridad tiene y cuenta con mayor número de partidarios, la parte principal se la transmitió a los griegos, el primero, Diocles Peparecio, de quien depende, en su mayoría, Fabio Pictor.  Hay también sobre estas historias diversas variantes, pero, en síntesis, es como sigue:

    De los reyes de Alba descendientes de Eneas la sucesión vino a parar en dos hermanos, Numitor y Amulio. Y habiendo hecho Amulio dos lotes de toda la herencia, colocando frente a la corona las riquezas y el oro traído de Troya, escogió Numitor la corona. Entonces Amulio, al contar con las riquezas y gozar de mayor poder que Numitor gracias a ellas, fácilmente le arrebató la corona, y por miedo a que de su hija  nacieran niños, la designó sacerdotisa de Vesta, para que siempre viviera ajena al matrimonio y virgen. A ésta la llaman unos Ilia, otros Rea y otros Silvia.

    Mas, al cabo de no mucho tiempo, se descubrió que estaba embarazada, en contra de la ley establecida para las Vestales. Que no sufriera ésta lo irremediable lo consiguió la hija del rey, Anto, intercediendo ante su padre; pero fue encerrada y llevaba una vida de aislamiento, a fin de que a Amulio no le pasara inadvertido el parto.

    Dio a luz dos niños de extraordinaria estatura y belleza. Asustado por ello todavía más Amulio, ordenó a un sirviente que los cogiera y los despeñara. Algunos dicen que éste se llamaba Féstulo, y otros, que no éste, sino el que los recogió. Pues bien, depositando en una cesta a las criaturas, bajó al río con la intención de tirarlos, pero, al ver que bajaba con mucha corriente y turbulento, temió aproximarse y, poniéndolos cerca de la orilla, se alejó.

    Con la crecida del río, el flujo alcanzó la cesta y, trasladándola de sitio suavemente, la dejó en un lugar suficientemente tranquilo, que ahora llaman Cermalo y, antiguamente, Germano, al parecer porque, precisamente, a los hermanos los llaman “germanos”. (Traducción de Aurelio Pérez Jiménez. Editorial Gredos)

    Detengo aquí el relato de Plutarco, que continúa más allá.

    El poder que alcanzó siglos después esta pequeña ciudad  generó en las ciudades griegas una respuesta religiosa, otorgándo cultos a Roma y considerándola divina en sí o en algún aspecto concreto, porque no habían conocido otra ciudad con tal poder. Generalmente el culto es a la dea Roma, diosa Roma, pero también puede ir acompañado del culto al pueblo, al demos, a los romanos “benefactores”, “evergetes”, y luego por supuesto, al emperador gobernante.

    Nota:evergetes”, εὐεργέτης,es una palabra griega, de  εὐεργετέω, compuesta de εύ, eu,ev, que significa “bien” y εργετέω, que significa “hacer” y por tanto “hacer el bien” o “hacer buenas obras”. Es el título que acompañó a algunos mandatarios griegos.

    Al menos en una ocasión los artistas Dionisiacos  del Istmo ofrecen sacrificios a los Romanos como benefactores comunes. Queda atestiguado en una inscripción de Delfos, la signada en Sylloge Inscriptionum Graecarum, don el número 705

    SIG3 705B.45f  

    Rompieron la jurisdicción del gremio de Artistas; dieron algunos de los oficios sagrados que tenían como promesas, huyeron con dinero, ofrendas y coronas sagradas, que todavía  no han devuelto, ya que impidieron la realización de sacrificios y libaciones de acuerdo con las antiguas costumbres de nuestro gremio a Dionisos y a los otros dioses y a los romanos, nuestros patrones comunes.´(Traducció de acuerdo con la adaptación al inglés de A.Johnson, P.Coleman-Norton & F.Bourne, "Ancient Roman Statutes", no.49. ))

    En las excavaciones de Delfos apareció también una interesante inscripción en la que un historiador llamado Aristotheos de Troizen, (todos los estudiosos lo ubican a mediados del siglo II a.C.)  leyó públicamente en Delfos parte de su Historia y añadió su encomio de los Romanos como benefactores.

    El encomio, el panegírico, el discurso fúnebre (oratio funebris), las laudes o alabanzas son tipos de discursos en los que se ensalzan las virtudes de las personas excepcionales y cuando corresponde la grandeza de las ciudades y lugares. En las escuelas de Retórica se enseña lógicamente su creación.

    La inscripción conmemorativa de los honores concedidos a Aristoteos de Troizen dice:

    Fouilles De Delphes III 3 no. 124 (Syll.3 702)  FGrH 835 T 1
    Sylloge Inscriptionum Graecarum: 702

    Con buena suerte, fue resuelto por la ciudad de Delfos en asamblea plenaria con los votos prescritos por la ley; desde que Aristóteos hijo de Nikoteos de Troizen, el historiador, cuando se quedó en la ciudad se condujo de una manera digna del templo y de su patria, e hizo lecturas públicas de sus escritos durante varios días, y también leyó en público {Paranegnō} aclamaciones para los romanos, los benefactores comunes de los griegos; por lo tanto, los  proxeny de la ciudad les garantizaram a él y a sus descendientes prioridad en el acceso al oráculo, prioridad en recibir justicia, inviolabilidad, libertad de todos los impuestos, asiento privilegiado en todos los juegos que la ciudad tiene y los otros privilegios que se dan a los otros proxenoi y benefactores de la ciudad. (Traducción de la inglesa adaptada de R.Zelnick-Abramovitz, in "Between Orality and Literacy: Communication and Adaptation in Antiquity")

    Nota: proxenos (πρόξενος), plural proxenoi o proxeni (πρόξενοι), "en lugar de o a favor de un extranjero") o proxeinos (πρόξεινος) es el título y función que un estado concede a un ciudadano de otro para que cuide de los ciudadanos de ese estado; es una especie de cónsul honorario.

    Tenemos también el relato de Plutarco sobre las guerras de Flaminino en Grecia y sobre los honores que se le tributan, considerándolo poco menos que un dios puesto que se le empareja con Herakles o el mismísimo Apolo Delfinio. También se le daría culto a Julio César y a Augusto, como veremos más adelante. Tito Quincio Flaminino fue un político y militar de la República romana. Pese a la oposición de los veteranos a los que había dado tierras, fue elegido cónsul en 198 a. C. y enviado a dirigir las guerras macedónicas contra Filipo V de Macedonia.

    Plutarco: Flaminino 16: (Tito Quincio Flaminino)

    Los ruegos y súplicas en que más tuvo que contender y trabajar con Manio fueron los de los Calcidenses, que le tenían muy irritado con motivo del matrimonio que entre ellos contrajo Antíoco, movida ya la guerra: matrimonio desigual y fuera de tiempo por haberse enamorado un viejo de una mocita, la cual era hija de Cleoptólemo, y se tenía por la más hermosa de las doncellas de aquella era. Este hizo que los Calcidenses abrazasen con ardor el partido del rey, y que para la guerra fuese aquella ciudad su principal apoyo, y también cuando después de la batalla se abandonó a una precipitada fuga, en Calcis fue donde tocó, y tomando la mujer, el caudal y los amigos se embarcó para el Asia Tito, cuando Manio marchó irritado contra los Calcidenses, se fue en pos de él, y lo ablandó y dulcificó, y, por último, le persuadió y sosegó completamente a fuerza de súplicas con él mismo y con los demás jefes de los Romanos. Por lo tanto, salvos los Calcidenses por su intercesión, consagraron a Tito los más bellos y grandiosos monumentos que pudieron, de los cuales todavía se leen hoy las inscripciones siguientes: “El pueblo a Tito y a Heracles este Gimnasio”; y en otra parte, en la misma forma: “El pueblo a Tito y a Apolo el Delfinio.” También en esta edad se elige y consagra un sacerdote de Tito; a quien ofrecen sacrificio, y hechas las libaciones cantan un pean o himno de victoria en verso; del cual, dejando lo demás por ser demasiado difuso, transcribimos lo que cantan al fin del himno:

    Objeto es de este culto
    la fe de los Romanos,
    aquella fe sincera
    que guardarles juramos.
    Cantad, festivas ninfas,
    a Zeus el soberano,
    y en pos de Roma y Tito
    la fe de los Romanos.
    ¡Io peán, oh Tito,
    oh Tito nuestro amparo!

    (Traducción de Antonio Ranz Romanillos)

    Así que entre la tradición deificadora de Oriente y el poderío inmenso de los romanos se llega a la deificación de Roma, de la ciudad victoriosa y de sus gobernantes.

    Tenemos numerosos documentos epigráficos, pero pocos literarios y por eso es muy valioso el llamado himno de Melimnos a Roma que con toda seguridad hay que enmarcar en la celebración de un acto de culto a la poderosa ciudad.

    Melimnos es una poetisa de Lesbos, cuyo poema está generalmente fechado a principios del siglo II d. C. Estobeo nos transmite este himno de Melimnos, en el que Roma es presentada como una diosa guerrera cuyo destino es eterno y único, en Stobaeus 3.7.12. o en  Diehl, Anthologia Lyrica Graeca, II: 315-316:

    Salve, Roma, hija de Ares,
    Reina guerrera coronada de oro
    Tú que vives en la tierra en el Olimpo sagrado,
    Para siempre indestructible.

    A ti solo, la más reverenciada, te tiene el Destino
    Concedida gloria real de poder inquebrantable,
    Para que, con tu poder soberano,
    Tú puedas dirigir el camino.
    Bajo tu control de fuertes correas de cuero,
    Los tesoros de la tierra y el mar gris
    Están estrechamente unidos entre sí; con  mano firme  gobiernas
    Las ciudades de tus pueblos.

    La eternidad más larga, que destruye  todo
    Y moldea el curso de la vida primero de esta manera, luego de esta otra,
    Sólo  no cambia el viento para ti,
    Que llena las velas del imperio.

    Porque solo tú das a luz
    Hombres fuertes, que manejan diestros las lanzas,
    Cuando nos envías  un plantel de hombres certeros
    Como  Deméter da sus frutos.

    Nota: (Estobeo, Ioannes Stobaeus V – siglo VI d.C), doxógrafo neoplatónico del siglo V-VI, hizo una antología de textos literarios de aproximadamente quinientos autores llamada Antología de extractos, sentencias y preceptos.

    Poco más tarde y sobre todo en el Imperio es frecuente la creación de templos dedicados a Roma y al emperador, como los de Ancyra (actual Ankara), Pérgamo o Lugdunum en Occidente dedicados a Roma y Augusto con sus correspondientes sacerdotes.

    Suetonio nos informa de la actitud de Augusto ante la erección de templos y estatuas en su nombre:

    Suetonio, Augusto 52

    Aunque sabía que se decretaban  anormalmente templos incluso a los procónsules, no los aceptó en ninguna provincia sino en nombre suyo y de Roma a la vez. Mas en Roma declinó con la mayor obstinación este honor, e incluso hizo fundir todas las estatuas de plata que se le habían erigido en otro tiempo, y con el producto obtenido de ellas consagró trípodes de oro a Apolo Palatino. En vista de que el pueblo le ofrecía con gran insistencia la dictadura, se postró de rodillas, dejó caer la toga de sus hombros, y con el pecho desnudo , le rogó que no se la impusieran. (Traducción de Rosa María Agudo Cubas. Editorial Gredos.)

    Templa, quamuis sciret etiam proconsulibus decerni solere, in nulla tamen prouincia nisi communi suo Romaeque nomine recepit. nam in urbe quidem pertinacissime abstinuit hoc honore; atque etiam argenteas statuas olim sibi positas conflauit omnis exque iis aureas cortinas Apollini Palatino dedicauit. Dictaturam magna ui offerente populo genu nixus deiecta ab umeris toga nudo pectore deprecatus est.

                         

    Templo a Roma y Augusto – Pérgamo      Altar a Roma y Augusto – Lugdudum          

    Tácito nos presenta a Tiberio rechazando tales honores, a diferencia de Augusto:

    Tácito Anales,4,37-38 ;

    En este tiempo la España ulterior envió embajada al Senado por licencia para poder edificar un templo a Tiberio y a su madre, como se había concedido a los de Asia. Con cuya ocasión, César, harto constante de suyo en menospreciar las honras excesivas que se le ofrecían, pareciéndole bien responder a los que le culpaban de que se había comenzado a inclinar a la ambición, habló de esta manera:

    Asegúrome, padres conscriptos, que de muchos seré tenido por fácil y mudable, no habiendo, poco ha, contradicho a las ciudades de Asia que me pedían esto mismo. Justificaré, pues, la causa del pasado silencio, y juntamente declararé lo que tengo determinado de hacer en lo porvenir. Porque el divo Augusto no prohibió que en Pérgamo se edificase un templo a él y a la ciudad deRoma, yo, que guardo y tengo por ley todos sus dichos y hechos, seguí tanto más prontamente su agradable ejemplo, cuanto con la honra que se me hacía se aumentaba más la veneración del Senado. En lo demás, así como parece excusable el haber aceptado una sola vez este honor, asimismo el consentir quede bajo de especie de deidad se consagre mi nombre por todas las provinciassería cosa ambiciosa y soberbia; fuera de que perdería mucho de sus quilates el honor de Augusto profanándole con la común adulación.

    Yo, padres conscriptos, sé que soy mortal, y que ni hago ni puedo hacer mayores obras que los otros hombres, contentándome, como desde ahora me contento, con poder satisfacer el lugar de príncipe que ocupo. Certifícoos de verdad, y sírvame esto también para los siglos venideros, que no me quedará más que desear, si desde ahora sé que los que desean eternizar mi memoria me tienen por digno de mis mayores, por próvido en vuestras cosas, por constante en los peligros, y que no temo incurrir en la malquerencia de los hombres donde se atraviesa el servicio y el bien de la República. Estas cosas me servirán de templo dentro de vuestros ánimos y de durables y hermosísimas estatuas. Porque las que se levantan de piedra, si el juicio de los venideros las convierte en aborrecimiento, como los sepulcros se menosprecian. Ruego, pues, a los confederados y a los ciudadanos, a los dioses y a las diosas, a éstos que me presten hasta el fin de mi vida un entendimiento quieto y capaz de la inteligencia de los derechos divinos y humanos, y a aquéllos que después de mi muerte favorezcan con loores y honrada recordación la fama de mis acciones y lamemoria de mi nombre.

    Continuó después hasta en las conversaciones más secretas en apartar de sí semejante veneración y culto, atribuyéndolo algunos a modestia, muchos a desconfianza y los más a bajeza de ánimo. Porque losmejores -decían ellos- y los más excelentes entre los mortales apetecieron siempre altísimas cosas. De esta manera Hércules y Baco entre los griegos, y Quirino entre nosotros, se agregaron al número de los dioses. Que lo había entendido mejor Augusto, pues aspiró a ello; que las demás cosas residen de ordinario en los príncipes, faltándoles sólo una a que continuamente deben aspirar, que es la prosperidad de su memoria, porque con el menosprecio de la fama quedan igualmente menospreciadas las virtudes. (Traducción de Carlos Coloma. 1794)

    Per idem tempus Hispania ulterior missis ad senatum legatis oravit ut exemplo Asiae delubrum Tiberio matrique eius extrueret. qua occasione Caesar, validus alioqui spernendis honoribus et respondendum ratus iis quorum rumore arguebatur in ambitionem flexisse, huiusce modi orationem coepit: 'scio, patres conscripti, constantiam meam a plerisque desideratam quod Asiae civitatibus nuper idem istud petentibus non sim adversatus. ergo et prioris silentii defensionem et quid in futurum statuerim simul aperiam. cum divus Augustus sibi atque urbi Romae templum apud Pergamum sisti non prohibuisset, qui omnia facta dictaque eius vice legis observem, placitum iam exemplum promptius secutus sum quia cultui meo veneratio senatus adiungebatur. ceterum ut semel recepisse veniam habuerit, ita per omnis provincias effigie numinum sacrari ambitiosum, superbum; et vanescet Augusti honor si promiscis adulationibus vulgatur.
    Ego me, patres conscripti, mortalem esse et hominum officia fungi satisque habere si locum principem impleam et vos testor et meminisse posteros volo; qui satis superque memoriae meae tribuent, ut maioribus meis dignum, rerum vestrarum providum, constantem in periculis, offensionum pro utilitate publica non pavidum credant. haec mihi in animis vestris templa, hae pulcherrimae effigies et mansurae. nam quae saxo struuntur, si iudicium posterorum in odium vertit, pro sepulchris spernuntur. proinde socios civis et deos ipsos precor, hos ut mihi ad finem usque vitae quietam et intellegentem humani divinique iuris mentem duint, illos ut, quandoque concessero, cum laude et bonis recordationibus facta atque famam nominis mei prosequantur.' perstititque posthac secretis etiam sermonibus aspernari talem sui cultum. quod alii modestiam, multi, quia diffideret, quidam ut degeneris animi interpretabantur. optumos quippe mortalium altissima cupere: sic Herculem et Liberum apud Graecos, Quirinum apud nos deum numero additos: melius Augustum, qui speraverit. cetera principibus statim adesse: unum insatiabiliter parandum, prosperam sui memoriam; nam contemptu famae contemni virtutes.

    Son significativos los discursos encomiásticos que algunos historiadores y oradores griegos hacen respecto de Roma. Así Elio Aristides (Αίλιος Αριστείδης; en latín, Aelius Aristides, 118 – 180) fue un eminente sofista de la Segunda Sofística y orador griego del siglo II d. C.4. Su discurso  más famoso fue "Discurso a  Roma" (Encomio de Roma), que pronunció ante el palacio  imperial en Roma y en el que Aristides glorifica el Imperio y la teoría que subyace detrás de él, particularmente la "Pax Romana" , y pinta un cuadro impresionante de los logros romanos, que sobresalen al compararlos con cualquier otro imperio o ciudad habida en la historia. Transcribo tan sólo una pequeña parte de esta importante obra, que por lo demás ha sido desigualmente valorada por los críticos que se han dedicado a ello.

    Elio Arístides, Discurso a Roma, 8 y ss.

    … (Traducción de Juan Manuel Cortés Copete. Editorial Gredos)Así pues, su nombre es como su sobrenombre, y no otra cosa sino la fuerza le es propia1. De manera que si alguien hubiese tenido la intención de desdoblarla limpiamente y de colocar, unas junto a otras, las ciudades que ahora están en el cielo, apoyándolas sobre la tierra, me parece que se llenaría todo el territorio de Italia que ahora esta vacío, y se formaría una única ciudad continua que se  extendería hasta el canal de Otranto. Puesto que la ciudad, a la que posiblemente yo no he descrito ahora suficientemente pero de la que mejor testimonio dan los ojos, es tan grande, no es posible decir lo mismo que se dice sobre otras ciudades: ≪allí esta sita≫. Ni tampoco lo que alguien dijo  sobre las ciudades de Atenas y de Esparta, cuando afirmaba, sobre la primera, que el tamaño era el doble que lo que le correspondía por su poder, sobre la segunda, que el tamaño parecía ser inferior, y en mucho, con respecto a su poder —y que no haya ninguna mala interpretación en el ejemplo—. Pero, de esta ciudad, grande en todos sus aspectos, nadie podría afirmar que no fue dotada de un poder concorde a su tamaño. Cuando se dirige la mirada hacia la totalidad del Imperio, es posible sentir admiración por la ciudad al pensar que una pequeña parte gobierna toda la tierra entera; pero cuando se mira a la propia ciudad y a sus límites, ya más no cabe admirarse de que toda la ecúmene  sea mandada por tal ciudad. Pues ahora se ha hecho realidad lo que cierto cronista dijo sobre Asia cuando afirmaba que un solo hombre gobernaba todo el territorio que el sol recorre —aunque no decía la verdad, a no ser que exceptuase toda África y Europa de las puestas y ortos solares—: el recorrido del sol es equivalente a vuestras posesiones y el sol recorre su camino a través de vuestros dominios. Pues ni los escollos marinos, ni las islas Quelidonias ni Cianeas sirven de límites a vuestro Imperio, ni la carrera que en un día pueda hacer un caballo hasta el mar, ni reináis sobre límites fijados, ni ningún otro ha ordenado públicamente hasta donde debéis gobernar, sino que el mar se extiende como una franja tanto en medio de la ecúmene como también de vuestro imperio.En torno a este los grandes continentes se han situado ocupando un gran espacio, ofreciéndoos siempre algo de lo que allí se produce. De toda la tierra y de todo el mar se traen los frutos de todas las estaciones y cuanto ofrecen todas las regiones, ríos, lagos y artes de los helenos y de los barbaros, de manera que, si alguien quisiera ver todas estas cosas, sería necesario que las contemplase, o bien recorriendo toda la ecúmene, o bien encontrándose en esta ciudad. Pues no es posible que no abunde siempre aquí cuanto se produce o cuanto se construye en cada uno de ellos. Tantas son las naves de carga que llegan trasportando todos los productos de todas partes durante todas las estaciones, incluso durante todo el equinoccio de otoño, que la ciudad  se parece al taller común de la tierra. 

    Nota 1: juega con el significado ya comentado de la palabr griega rhome que significa fuerza
              2. De nuevo la ciudad y el orbe del mundo puestos en relación.

    La relación establecida entre “orbis” y “urbis” ( la  Ciudad) lo que está indicando es la unión cultural y política de un mundo controlado y apropiado por Roma. Es más, la grandeza de Roma es la grandeza del Imperio. Roma es la ciudad y el mundo; incluso el mundo queda concebido como una ciudad; ambos conceptos son intercambiables.

    Los poetas latinos de la época de Augusto son bien conscientes de este papel que les ha tocado jugar a ellos y a su ciudad por designio de los dioses. Así, Tibulo, Ovidio, Virgilio, Horacio, etc.

    Ovidio Amores 2,9

    Hay muchos mozos que no aman y muchas jóvenes en la misma situación; tu triunfo sobre ellos te conquistaría grandes alabanzas. Si Roma no hubiese desplegado sus fuerzas en la inmensidad del orbe, no sería al presente más que un hacinado montón de pajizas cabañas. Harto de pelear, el soldado trabaja los campos que se le han distribuido, deja la espada y echa mano a las rudas estacas. Los puertos espaciosos resguardan las naves de la tempestad; el potro libre de su prisión corre a pacer en los prados; el viejo gladiador depone la espada y recibe la vara que asegura el resto de sus días, y yo que tantas veces milité en las filas de Cupido, bien merezco gozar al cabo una vida tranquila. Pero si un dios me dijese: «Vive por fin exento de cuitas», le disuadiría: ¡son tan dulces las penas del querer!. (Traducción de Germán Salinas.)

    Tot sine amore viri, tot sunt sine amore puellae! 
         Hinc tibi cum magna laude triumphus eat.
    Roma, nisi inmensum vires promosset in orbem,
         Stramineis esset nunc quoque tecta casis.
    Fessus in acceptos miles deducitur agros;
         Mittitur in saltus carcere liber equus;
    Longaque subductam celant navalia pinum,
         Tutaque deposito poscitur ense rudis.
    Me quoque, qui totiens merui sub amore puellae,
         Defunctum placide vivere tempus erat.
    'Vive' deus 'posito' siquis mihi dicat 'amore!'
         Deprecer — usque adeo dulce puella malum est.

    Tibulo relaciona directamente el futuro de Roma con su nombre profético: “Fatal, oh Roma, tu nombre será al mundo”

    Tibulo 2.5.39 y ss.

    Palabras de la Sibila
    Valiente Eneas que al huir de Troya
    Te llevas sus Penates, ya te asigna
    A ti Jove los campos de Laurento.
    Y ellos abrigo a tus Penates brindan,
    Y allí serás un dios cuando a los cielos
    Te lleve del Numicio la onda fría.
    Sobre tus buques la victoria vuela,
    Mientras una diosa a los de Troya auxilia.
    De los Rútulos arde el campamento;
    Ya, Turno cruel, tu muerte se aproxima;
    Veo a Laurento, de Lavinio el muro,
    Por Ascanio Alba Longa construida,
    Y a tí, que abandonaste a las Vestales
    Por serle grata a Marte, tierna Ilia,
    Tu oculta unión, tu cinto por el suelo,
    Y del Amor las armas en la orilla.
    ¡Oh toros! mientras Roma se construye,
    Paced la verde hierba en sus colinas;
    Fatal tu nombre, ¡oh Roma! será al mundo
    Dondequiera que campos Ceres mira,
    Desde Oriente hasta el río en cuyas ondas
    Hunde el Sol  ya cansada su cuadriga.
    Troya volverá a verse y de tus viajes
    Habrá de consolarse con tu dicha.
    Yo canto la verdad, laurel me nutra;
    Nunca mi castidad mire perdida.”
    Esto, ¡oh Febo! agitando sus cabellos
    Al llamarte cantó la profetisa.

    (Traducción de Joaquín D. Casasus)

    ‘Impiger Aenea, uolitantis frater Amoris,
    Troica qui profugis sacra uehis ratibus,
    iam tibi Laurentes adsignat Iuppiter agros,
    iam uocat errantes hospita terra Lares.
    illic sanctus eris cum te ueneranda Numici
    unda deum caelo miserit indigetem.
    ecce super fessas uolitat Victoria puppes;
    tandem ad Troianos diua superba uenit.
    ecce mihi lucent Rutulis incendia castris:
    iam tibi praedico, barbare Turne, necem.
    ante oculos Laurens castrum murusque Lauini est
    Albaque ab Ascanio condita Longa duce.
    te quoque iam uideo, Marti placitura sacerdos
    Ilia, Vestales deseruisse focos,
    concubitusque tuos furtim uittasque iacentes
    et cupidi ad ripas arma relicta dei.
    carpite nunc, tauri, de septem montibus herbas
    dum licet: hic magnae iam locus urbis erit.
    Roma, tuum nomen terris fatale regendis,
    qua sua de caelo prospicit arua Ceres,
    quaque patent ortus et qua fluitantibus undis
    Solis anhelantes abluit amnis equos.
    Troia quidem tunc se mirabitur et sibi dicet
    uos bene tam longa consuluisse uia.
    uera cano: sic usque sacras innoxia laurus
    uescar, et aeternum sit mihi uirginitas.’
    haec cecinit uates et te sibi, Phoebe, uocauit,

    Virgilio expresa en tres versos la conciencia que el romano tenía de su extraordinaria misión en este mundo. Virgilio pone en boca de Anquises, el padre que el héroe Eneas ha ido a buscar al Inframundo, al Infierno, a los espacios de abajo, la extraordinaria responsabilidad de los romanos. Nos dice en Eneida,6, versos 847 y ss.:

    Labrarán otros con más gracia bronces animados
    (no lo dudo), sacarán rostros vivos del mármol,
    dirán mejor sus discursos, y los caminos del cielo
    trazarán con su compás y describirán el orto de los astros:
    tú, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos
    (éstas serán tus artes), y a la paz ponerle normas,
    perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios.»
    Así, el padre Anquises,

    (Traducción de Rafael Fontán Barreiro. Edit. Alianza)

    Excudent alii spirantia mollius aera,
    credo equidem, vivos ducent de marmore voltus,
    orabunt causas melius, caelique meatus
    describent radio, et surgentia sidera dicent:                             850
    tu regere imperio populos, Romane, memento;
    hae tibi erunt artes; pacisque imponere morem,
    parcere subiectis, et debellare superbos.”

    Propercio también pone en relación urbs y orbis (septem urbs alta iugis, toto quae praesidet orbi) y canta henchido de orgullo el poder de Roma  en una elegía en que presenta el enfrentamiento entre Augusto y Cleopatra, que es lo mismo que decir el enfrentamiento entre dos culturas:

    Elegías, 3, 11, 55 y s.:

    «No debiste, Roma, temerme con este ciudadano tan grande» ;
    habló y su lengua quedó sepultada en continuas libaciones "'.
    La ciudad levantada sobre siete colinas, la que rige todo el
    orbe, temió, aterrorizada por Marte, las amenazas de una mujer.
    Los dioses fundaron estas murallas, los dioses también las
    protegen: César a salvo, Roma apenas puede temer a Júpiter.

    'Non hoc, Roma, fui tanto tibi cive verenda!'
    dixit et assiduo lingua sepulta mero.
    septem urbs alta iugis, toto quae praesidet orbi,
    femineas timuit territa Marte Minas
    (non humana deicienda manu).
    haec di condiderunt, haec di quoque moenia servant:
    vix timeat salvo Caesare Roma Iovem.

    Horacio ve en la propia fortaleza de Roma la razón de su propia ruina por las continuas guerras civiles, de las que está horrorizado; sólo Augusto la rescatará de la autodestrucción implantando la pax romana. En   Epodi 16.1-14:

    En Roma la guerra civil consumiendo ya está la segunda
    generacion: sola la ciudad derrúbase.
    A ella, a la cual destruir no fue dado a los Marsos vecinos
    ni a la amenazante tropa del etrusco
    Pórsena o Capua, que su émula fuera, ni a Espartaco el bravo
    ni a aquellos Alóbroges que fueron traidores
    para la rebelión; a la cual no venció la Germania y sus mozos
    de cerúleos ojos, ni Hánibal odiado
    por nuestros abuelos, perdémosla ahora los hijos impíos
    de sangre maldita. Las fieras su suelo
    poseerán otra vez. Sus cenizas, ¡ay, ay!, la herradura sonora
    pisará del bárbaro por la urbe. Los huesos
    de Qurino, guardados bien hoy contra el viento y el sol,- ¡insolente
    penosa visión!- dispersará.

    (Traducción Manuel Fernández Galiano)

    Altera iam teritur bellis civilibus aetas,
    suis et ipsa Roma viribus ruit.
    quam neque finitimi valuerunt perdere Marsi
    minacis aut Etrusca Porsenae manus,
    aemula nec virtus Capuae nec Spartacus acer
    novisque rebus infidelis Allobrox
    nec fera caerulea domuit Germania pube
    parentibusque abominatus Hannibal:
    inpia perdemus devoti sanguinis aetas
    ferisque rursus occupabitur solum:
    barbarus heu cineres insistet victor et Vrbem
    eques sonante verberabit ungula,
    quaeque carent ventis et solibus ossa Quirini,
    (nefas videre) dissipabit insolens.

    Para Cicerón es evidente que Roma es la ciudad más poderosa y dueña del mundo.
    Ver  Catilinarias 1.4.9.

    ¡Oh dioses inmortales! ¡Entre qué gentes estamos! ¡En qué ciudad vivimos! ¡Qué repú¬blica tenemos! Aquí, aquí están entre nosotros, padres conscriptos, en este consejo, el más sagrado y augus¬to del orbe entero, los que meditan acabar conmigo y con todos vosotros, y con nuestra ciudad y con todo el mundo. Los estoy viendo yo, el cónsul, y les pido su parecer sobre los negocios públicos, y cuando con¬viniera acabar con ellos a estocadas, ni aun con las palabras se les ofende. (Traducción de Juan Bautista Calvo)

    O di inmortales! ubinam gentium sumus? in qua urbe vivimus? quam rem publicam habemus? Hic, hic sunt in nostro numero, patres conscripti, in hoc orbis terrae sanctissimo gravissimoque consilio, qui de nostro omnium interitu, qui de huius urbis atque adeo de orbis terrarum exitio cogitent! Hos ego video consul et de re publica sententiam rogo et, quos ferro trucidari oportebat, eos nondum voce volnero!

    Pro Murena 9-10 (21-22)

    Pero, dejando esto a un lado y volviendo a la confrontación de profesiones y de ocupaciones, ¿cómo puede ponerse en duda que, para conseguir el consulado, confiere muchos más títulos la gloria militar que la que proviene del derecho civil? Tú estás en vela aun antes del amanecer para responder a los que te consultan; él, para llegar a tiempo, con el ejército, al punto de su destino; a ti te despierta el canto del gallo; a él, el toque de la trompeta; tú dispones la acción judicial; él pone las tropas en orden de batalla; tú cuidas de que tus clientes no sean sorprendidos; él, de que no lo sean las ciudades o sus campamentos; él sabe de memoria cómo se aleja a las tropas enemigas; tú, cómo se desvían las aguas producidas por la lluvia; él está adiestrado en ensanchar nuestras fronteras y tú en trazar sus límites. Y -pues debo decirlo como lo pienso- el mérito de la carrera militar aventaja al de las demás profesiones. Ese mérito es el que dio renombre al pueblo romano, el que consiguió para esta ciudad una gloria inmortal, el que obligó al mundo entero a someterse a nuestro poder. Toda la vida urbana, todas esas brillantes ocupaciones nuestras, esta gloria y esta actividad del foro viven bajo la tutela y al amparo del valor militar. Tan pronto ha sonado la sospecha de un levantamiento, al punto nuestras actividades todas van enmudeciendo. (Traducción de Jesús Aspa Cereza. Editorial Gredos.)

    Sed ut hoc omisso ad studiorum atque artium contentionem revertamur, qui potest dubitari quin ad consulatum adipiscendum multo plus adferat dignitatis rei militaris quam iuris civilis gloria? Vigilas tu de nocte ut tuis consultoribus respondeas, ille ut eo quo intendit mature cum exercitu perveniat; te gallorum, illum bucinarum cantus exsuscitat; tu actionem instituis, ille aciem instruit; tu caves ne tui consultores, ille ne urbes aut castra capiantur; ille tenet et scit ut hostium copiae, tu ut aquae pluviae arceantur; ille exercitatus est in propagandis finibus, tuque in regendis. Ac nimirum–dicendum est enim quod sentio–rei militaris virtus praestat ceteris omnibus. Haec nomen populo Romano, haec huic urbi aeternam gloriam peperit, haec orbem terrarum parere huic imperio coegit; omnes urbanae res, omnia haec nostra praeclara studia et haec forensis laus et industria latet in tutela ac praesidio bellicae virtutis. Simul atque increpuit suspicio tumultus, artes ilico nostrae conticiscunt. 

    Ad Familiares. 4.1.2. / 150 (IV 1)

    (En la finca de Cumas, 21 o 22 de abril de 49)1208
    Marco Ciceron saluda a Servio Sulpicio.1209
    Ya ves cual es el panorama: el mundo arde en guerra por un reparto de poder; sin leyes, sin tribunales, sin derecho y sin garantias, Roma ha quedado abandonada a la rapina y a los incendios. Asi pues, no solo no puedo imaginar que es lo que yo podria esperar, sino que apenas me hago ya una idea de que puedo atreverme a escoger.
    (Traducción de José A. Beltrán)

    Res vides quomodo se habeat: orbem terrarum imperiis distributis ardere bello; urbem sine legibus, sine iudiciis, sine iure, sine fide relictam direptioni et incendiis: itaque mihi venire in mentem nihil potest non modo, quod sperem, sed vix, iam quod audeam optare;


    Paradoxa Stoicorum. 2.18

    ¿Me amenazas por ventura con la muerte para que de todo me aparte de los hombres, o con el destierro para que me aparte de los malos? La muerte es terrible para aquellos a quienes todo se les acaba con la vida; mas no a aquellos cuya alabanza no puede perecer: el destierro atemoriza a aquellos que tienen como circunscripto y limitado el lugar de su morada; no a aquellos que creen que toda la redondez de la
    tierra es una sola ciudad
    . (Traducción de Manuel Valbuena)

    Mortemne mihi minitaris, ut omnino ab hominibus, an exilium, ut ab inprobis demigrandum sit? Mors terribilis iis, quorum cum vita omnia extinguuntur, non iis, quorum laus emori non potest, exilium autem illis, quibus quasi circumscriptus est habitandi locus, non iis, qui omnem orbem terrarum unam urbem esse ducunt.

    Y también para Nepote, en vida de  Atticus, 3.3

    Era su porte de una manera, que sabiendo ser pequeño con los pequeños, parecía grande con los grandes.  Por esto las Atenienses le dieron todos los honores que pudieron, y pretendieron hacerle su ciudadano. Mas él no quiso admitir este favor, porque algunos son de opinión de que se pierde el derecho de serlo de Roma, si se admite el de otra ciudad.

    El tiempo que estuvo allí, no quiso consentir que le erigiesen estatua; mas después que se ausentó, como ya no lo podía estorbar, le levantaron algunas en los lugares más sagrados Pnice y Pecile. Porque Ático, mientras estuvo allí, era el que resolvía y gobernaba todos los asuntos de la República. Fue pues don de la fortuna haber nacido en una ciudad que mandaba al orbe, y tener por patria a la señora universal del mundo, y fue también una gran prueba de la prudencia de Ático haberse hecho amar más que ninguno, en una ciudad como Atenas, superior a todas las otras por su antigüedad, cortesanía y sabiduría. (Traducción de Rodrigo de Oviedo)

    Hic autem sic se gerebat, ut communis infimis, par principibus videretur. quo factum est ut huic omnes honores, quos possent, publice haberent civemque facere studerent: quo beneficio ille uti noluit quod nonnulli ita interpretantur, amitti civitatem Romanam alia ascita. [2] quamdiu affuit, ne qua sibi statua poneretur, restitit, absens prohibere non potuit. itaque aliquot ipsi et Phidiae locis sanctissimis posuerunt: hunc enim in omni procuratione rei publicae actorem auctoremque habebant potissimum. [3] igitur primum illud munus fortunae, quod in ea urbe natus est, in qua domicilium orbis terrarum esset imperii, ut eandem et patriam haberet et domum; hoc specimen prudentiae, quod, cum in eam se civitatem contulisset, quae antiquitate, humanitate doctrinaque praestaret omnes, unus ei fuit carissimus.

    También  Tito Livio, que escribió una historia general de Roma desde sus orígenes, que en consecuencia tituló “Ab urbe condita” (Desde la fundación de la ciudad), nos explica por qué se atreve a abordar una obra de tal envergadura: sin duda el pueblo más poderoso jamas habido y su emperador, en el momento Augusto, se lo merecen. Nos dice en el Prefacio de su obra:

    Ignoro si aprovecharía mucho escribir la historia del pueblo romano desde su origen; y si no lo ignorase no me atrevería a decirlo, sobre todo cuando considero lo antiguos que son algunos hechos, y lo conocidos, merced a la muchedumbre de escritores que incesantemente se renuevan, y que pretenden, o presentarlos con mayor exactitud, o que oscurecen con las galas del estilo la ruda sencillez de la antigüedad. Pero sea como quiera, tendré al menos la satisfacción de haber contribuido a perpetuar la memoria de las grandes cosas llevadas a cabo por el pueblo más grande de la tierra; y si mi nombre desaparece entre tantos escritores, me consolarán el brillo y la fama de los que me obscurezcan. Es además labor inmensa consignar hechos realizados en un periodo de más de setecientos años, tomando por punto de partida los obscuros principios de Roma, y seguirla en su progreso hasta esta última época en que comienza a doblegarse bajo el peso de su misma grandeza; temo, por otra parte, que los principios de Roma y los periodos a ellos inmediatos tengan poco atractivo para los lectores, impacientes por llegar a las épocas modernas, en que el poderío por harto tiempo soberano, torna sus fuerzas contra si miso. Por ni parte, un provecho obtendré de este trabajo: el de abstraerme del espectáculo de los males que por tantos años ha presenciado nuestro tiempo, ocupando por completo mi atención en el estudio de la historia antigua y viéndome libre de los temores que, sin apartar de la verdad al escritor, consiguen sin embargo fatigarle. (Traducción de Francisco Navarro)

    facturusne operae pretium sim, si a primordio urbis res populi Romani perscripserim, nec satis scio nec,  si sciam, dicere ausim, quippe qui cum veterem tum vulgatam esse rem videam, dum novi semper scriptores aut in rebus certius aliquid allaturos se aut scribendi arte rudem vetustatem superaturos credunt. utcumque erit,  iuvabit tamen rerum gestarum memoriae principis terrarum populi pro virili parte et ipsum consuluisse; et si in tanta scriptorum turba mea fama in obscuro sit, nobilitate ac magnitudine eorum me, qui nomini officient meo, consoler.  res est praeterea et inmensi operis, ut quae supra septingentesimum annum repetatur et quae ab exiguis profecta initiis eo creverit, ut iam magnitudine laboret sua; et legentium plerisque haud dubito quin primae origines proximaque originibus minus praebitura voluptatis sint festinantibus ad haec nova, quibus iam pridem praevalentis populi vires se ipsae conficiunt;  ego contra hoc quoque laboris praemium petam, ut me a conspectu malorum, quae nostra tot per annos vidit aetas, tantisper certe, dum prisca illa tota mente repeto, avertam,  omnis expers curae, quae scribentis animum etsi non flectere a vero, sollicitum tamen efficere posset.

    Y poco después nos informa que así fue vaticinado, en Livio, 1,16,6-7, cuando nos narra la desaparición y previsible subida a los cielos de Rómulo,  y nos dice:

    Estaba la ciudad desazonada, porque echaba de menos al rey, y en contra de los senadores, cuando Proculo Julio, hombre de peso segun dicen, aunque avalase un acontecimiento fuera de lo comun, se presenta a los reunidos y dice: ≪Quirites: Rómulo, padre de esta ciudad, al rayar hoy el alba ha descendido, repentinamente del cielo y se me ha aparecido. Al ponerme en pie, sobrecogido de temor, dispuesto a venerarlo, rogándole que me fuese permitido mirarle cara a cara, me ha dicho: ‘Ve y anuncia a los romanos que es voluntad de los dioses que mi Roma sea la capital del orbe; que practiquen por consiguiente el arte militar; que sepan, y asi lo transmitan a sus descendientes, que ningun poder humano puede resistir a las armas romanas.’ Dicho esto —dijo—, desaparecio por los aires.≫ Es sorprendente el credito tan grande que se dio a aquel hombre al hacer esta comunicacion y lo que se mitigó, entre el pueblo y el ejercito, la anoranza de Romulo con la creencia en su inmortalidad. (Traducción de José Antonio Villar Vidal. Editorial Gredos.)

    manavit enim haec quoque sed perobscura fama; illam alteram admiratio viri et pavor praesens nobilitavit. [5] et consilio etiam unius hominis addita rei dicitur fides. namque Proculus Iulius, sollicita civitate desiderio regis et infensa patribus, gravis, ut traditur, quamvis magnae rei auctor, in contionem prodit. [6] “Romulus” inquit, “Quirites, parens urbis huius, prima hodierna luce caelo repente delapsus se mihi obvium dedit. cum perfusus horrore venerabundus3 adstitissem, petens precibus ut contra intueri fas esset, [7?] 'Abi, nuntia,' inquit 'Romanis caelestes ita velle ut mea Roma caput orbis terrarum sit; proinde rem militarem colant, sciantque et ita posteris tradant nullas opes humanas armis Romanis resistere posse.' haec,” inquit, “locutus sublimis abiit.” [8] mirum quantum illi viro nuntianti haec fides fuerit, quamque desiderium Romuli [p. 60] apud plebem exercitumque facta fide inmortalitatis4 lenitum sit.

    Lucano, en su Farsalia, nos presenta a César hablando a Roma deificada, coronada con la corona de torres:

    Lucano, Farsalia 1, 183 y ss.

    Ya César en su marcha había rebasado los helados Alpes y concebido en su espíritu grandes levantamientos y una guerra inminente. Cuando se llegó a las aguas del insignificante Rubicón, el general tuvo la visión de una gigantesca figura de la patria estremecida: brillante en la oscuridad de la noche y con una gran tristeza en el rostro, derramando sus blancos cabellos desde una cabeza coronada de torres, se erguía con la cabellera ajada y decía entrecortada de sollozo!;: ¿Hacia dónde seguís avanzando? ¿Adónde lleváis, guerreros, unas enseñas que son mías? Si marcháis con arreglo al derecho, si como ciudadanos, hasta aquí y sólo hasta aquí os está permitido.. Entonces un escalofrío sacudió los miembros del general, se le erizaron los cabellos y, estorbando su marcha, una miedosa vacilación paralizó sus pies al borde de la ribera. Luego, dijo: “¡Oh tú, señor del trueno, que desde lo alto de la roca Tarpeya contemplas las murallas de la Ciudad, y vosotros, Penates frigios de la familia Julia,  Quirino, misteriosamente arrebatado , Júpiter Laciar, que resides en la encumbrada Alba , fuegos de Vesta y tú, oh Roma, parigual de la divinidad suprema, favorece mis empresas! No te persigo con las armas de las Furias; heme aquí, aquí estoy yo, César, vencedor por tierra y por mar, soldado a tu servicio en todas partes (y, si se me permite, también ahora). Aquel, el culpable será aquel que me convirtiere en tu enemigo.” (Traducción de Antonio Holgado Redondo. Editorial Gredos.)

    iam gelidas Caesar cursu superauerat Alpes
    ingentisque animo motus bellumque futurum
    ceperat. ut uentum est parui Rubiconis ad undas,                 
    ingens uisa duci patriae trepidantis imago
    clara per obscuram uoltu maestissima noctem
    turrigero canos effundens uertice crines
    caesarie lacera nudisque adstare lacertis
    et gemitu permixta loqui: 'quo tenditis ultra?                 
    quo fertis mea signa, uiri? si iure uenitis,
    si ciues, huc usque licet.' tum perculit horror
    membra ducis, riguere comae gressumque coercens
    languor in extrema tenuit uestigia ripa.
    mox ait 'o magnae qui moenia prospicis urbis                 
    Tarpeia de rupe Tonans Phrygiique penates
    gentis Iuleae et rapti secreta Quirini
    et residens celsa Latiaris Iuppiter Alba
    Vestalesque foci summique o numinis instar
    Roma, faue coeptis. non te furialibus armis                 
    persequor: en, adsum uictor terraque marique
    Caesar, ubique tuus (liceat modo, nunc quoque) miles.
    ille erit ille nocens, qui me tibi fecerit hostem.'

    Y así podría continuar poniendo ejemplos.

    (continuará…)

  • Citemos correctamente las frases latinas, tan concisas y expresivas, y que tanto prestigio cultural dan.

    “Urbi et orbi” es una frase latina constituida por dos palabras relacionadas entre sí por una conjunción copulativa, es decir unidas. Resulta que muchas palabras latinas, entre ellas los sustantivos, tienen diversas formas o casos que se diferencian por su terminación; “”casus” a fin de cuentas viene a significar “caída, terminación”. En concreto estas dos palabras acaban en –i y por ello decimos que están en caso “dativo”.

    Todo esto es gramática latina elemental y cualquiera que conozca esto y nada más que esto puede entender que si modificamos las terminaciones de algunas palabras, los sustantivos entre ellas, estamos cambiando la función y en consecuencia el significado.

    Pues bien, la frase "urbi et orbi" significa “para la ciudad (que es Roma) y para el orbe (que es el mundo restante)” y ese es su significado porque las dos acaban en –i.

    La frase se aplica literalmente a alguno de los mensajes que emite el Papa, que es el obispo de Roma y Padre de toda la cristiandad, cuando los dirige a los fieles de Roma y de todo el mundo y les da indulgencia plenaria por sus pecados. Pero en realidad la frase se aplica por extensión a todo mensaje emitido por cualquiera y dirigido a todos los hombres. En un segundo artículo comentaré algo más del origen de esta expresión.

    Pues bien, es muy agradable para quien ama y disfruta con la lengua latina encontrarse con personas que utilizan frases latinas  en todo tipo de escritos, comentarios y conversaciones. Cervantes las llamó “latinicos” en el prólogo de la primera parte de su obra “Vida del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” y hay quien las llama con cierto tono despectivo “latinajos”.

    Ahora bien, en la misma proporción es profundamente desagradable encontrarse con frases latinas mal construidas,  que cometen elementales errores lingüísticos y gramaticales, como por ejemplo el de no respetar la terminación adecuada.

    Hace pocos días escuchaba en boca de un frecuente y abundante tertuliano de una de las diversas cadenas de televisión de España pronunciar con el aplomo de los ignorantes “urbi et orbe”, así, acabada la última en –e. Y el mismo error a los pocos días lo encontré en la pluma de un conocido comentarista, joven promesa, de un importante periódico español. (Creo que los autores extranjeros son más cuidadosos a la hora de hacer citas latinas). Pero esa frase mal construida ya no significa lo que pretenden quienes la utilizan, si es que ahora puede significar algo.

    Naturalmente, el error procede de la ignorancia, sin duda; facilitado por el hecho de que en español existe el sustantivo “orbe” y eso les induce a la equivocación a estos “latinistas” poco cuidadosos.

    Si no es posible exigir a todos los ciudadanos que conozcan el latín elemental, por muy deseable que eso fuera, sí podemos exigir a quienes se sirven de prestigiosas expresiones latinas, que se asesoren mínimamente, es decir, que busquen cualquiera de los instrumentos de contraste que hoy están al alcance de cualquiera.

    Pero puesto que hoy vamos de reconvenciones gramaticales aprovecho para advertir de otros errores muy frecuentes, tan chocantes como el anterior:

    – Se dice “sensu stricto” y no “sensu strictu”: 
    – “motu proprio” y no “motu propio”: propius, sin la -r-  significa más cerca
    – “in dubio pro reo” y no “in dubium pro reo”
    – “veni, vidi, vici” y no “vini,vidi,vinci”
    – “morituri te salutant” y no “morituri te salutan” o “morituri te salutam”
    – “sine nobilitate” (1) y no “sine nobilitatis”

    Aún no había acabado este artículo y recibo de otro amante del latín, via twitter, la información de otro error, nuevo para mí hasta el momento, que ahora perpreta todo un ayuntamiento, el de Guadalupe, con un bando en el aviso de una festividad muy arraigada en España, la del “Corpus Christi” que el cartel ha transformado en “Corpus Christis”, cuya pronunciación sonaría más bien al nombre de una famosa casa de subastas inglesa, “Christie’s”, pero que no podrá referirse a la creencia de los cristianos de que  la “hostia” de pan consagrada es en realidad el cuerpo de Cristo.

    (1.) Diré como curiosidad, que precisamente de la expresión latina “sine nobilitate” procede el término inglés ”snob”, s(ine) nob(ilitate), según explicó Ortega y Gasset en “La rebelión de las masas”, aunque los diccionarios ingleses, como el de Oxford no admiten este origen y se buscan uno más autóctono.

    Reproduzco el párrafo de Ortega en el que se refiere al término “snob”, en el que  además utiliza otro “latinico”, “idola fori”. Lo hace en "La revolución de las masas. Prólogo para franceses III, 1937)

    Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas «internacionales». Más que un hombre, es sólo un caparazón de hombre constituido por meros idola fori; carece de un «dentro», de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga -sine nobilitate-, snob.

    Nota: En Inglaterra las listas de vecinos indicaban junto a cada nombre el oficio y rango de la persona. Por eso, junto al nombre de los simples burgueses aparecía la abreviatura s. nob., es decir, sin nobleza. Este es el origen de la palabra snob.

    Por cierto, “idola fori” es una expresión acuñada por Francis Bacon en su obra Novum Organum para referirse a la correspondencia imperfecta entre las definiciones expresadas en palabras en una lengua y la cosa real que definen.

    Podríamos ampliar sin fin la lista de errores chocantes si observásemos la desbordada imaginación de quienes sobre una primitiva frase latina bien construida crean ellos otras sin tener consideración alguna para con las reglas de la concordancia gramatical.

    Así sobre la famosa expresión con la que el muy conservador y nacionalista Catón dicen que acababa todos sus discursos, viniese a cuento o no, “delenda est Carthago” hay quien crea otras similares del tipo “delenda est parlamento” (o lo que sea) cuando al menos podía haber dicho con poca imaginación “delendum est parlamentum”.

    O quien sobre “condicio (o conditio) sine qua non”, expresión típicamente  jurídica, acuña otras de cualquier sentido, como “elementos, instrumentos, circunstancias… sine qua non” cuando el relativo “qua” es singular y femenino, correspondiéndose mal con “elementos y otros”.

    Aprovecho de paso para explicar que en latín “condicio” y “conditio” son palabras de origen distinto, aunque en latín tardío la palabra “conditio”, que en latín clásico significa “fundación”,  adquirió el sentido de “condición”; como quiera que la expresión “conditio sine qua non” es propia del latín tardío, pasó con esa forma a las lenguas modernas; en realidad “condicio sine qua non” , correcta desde el punto de vista del significado, resulta ser un anacronismo o incluso hipercultismo por convertir una palabra de determinada época a la correspondiente de otra.

    No puedo tampoco dejar pasar la ocasión para advertir de otros errores que se producen en la acentuación de las palabras latinas, en las que inevitablemente el no experto en latín, tiende a acentuar como si fueran españolas. A ello ayuda el hecho de que en latín no se emplea el acento gráfico o tilde; no es que no existe acento prosódico o tónico  (de prosodia de πρὸς- (pros = al lado, cerca de), la raíz ᾠδή, oide = canción), que se carga en una sílaba o en otra en función de su cantidad o duración (hay sílabas largas y breves) y esto que diferenciaban bien los antiguos en algunos momentos, para nosotros no es significativo.

    Así que conviene advertir que se dice “cármina burana” y no “carmína burana”, que se dice “álea iacta est” y no “aléa iacta est”, “curriculum vítae” y no “curriculum vitáe” por referirme tan sólo a algunos de los errores que con cierta frecuencia oímos. Este último de acentuar la -a- del diptongo –ae en posición final de palabra está muy generalizado, vulnerando la regla de que en latín no existen palabras agudas, es decir, con acento en la última sílaba.

    Recuerdo que en mi juventud había en España una interesante revista satírica llamada “La Codorniz” y en ella una sección titulada “La cárcel de papel” a la que se condenaba a quien destrozaba el lenguaje con sus disparates. Allí irían a parar, cuando menos, los infractores de la gramática latina, condena siempre más llevadera que los “leones” del anfiteatro a los que probablemente hubieran sido enviados en tiempos de algún emperador maniático del lenguaje como Claudio, que llegó a inventar tres letras para transcribir algunos sonidos griegos, aunque con poco éxito, porque tras su muerte dejaron de utilizarse.

    Quizás he de pedir disculpas, por mi parte, para evitar el enfado de quienes tienen buenos y precisos conocimientos de latín por corregir errores tan elementales, pero no por ello infrecuentes y enervantes. Sabrán sin duda disculparme

  • Prodigios, milagros, maravillas, portentos, fenómenos, monstruos y (II)

    Entre los prodigios que más impresionan a los romanos, sobresalen sobremanera los rayos que Júpiter maneja con profusión y las constantes apariciones de seres divinos a los humanos envueltos en luces y halos maravillosos. La aparición de alguna diosa a pequeños pastorcillos está ya documentada en un texto egipcio de la época del Imperio Medio, entre el 2.000 y el 1.800 a.C.

    Sobresalen también acciones de las imágenes y de las estatuas o representaciones de los seres divinos, que se comportan como si fueran de carne y hueso y no de piedra, madera o metal. Especialmente atractivas son las estatuas que hablan y envían mensajes a los humanos, o sudan, a veces  sangre, o saltan y se mueven de su peana o iluminan la pupila de sus ojos con luz maravillosa.

    Este comportamiento de las imágenes  responde al carácter difuso y confuso de estas estatuas que por una parte son meras representaciones de algo que no está en este mundo y por otra parte son la propia divinidad materializada que vive con nosotros. Es decir, la famosa estatua crisoelefantina de Atenea Parthenos, Virgen, de Atenas, no es una mera representación, sino la propia diosa materializada.

    Y lo mismo ocurre hoy con las imágenes de santos y vírgenes modernas, como revela el comportamiento popular que las venera, las toca, las invoca, les canta, les ruega, en contradicción con lo que dice la razón, incluso la teoría teológica, que en realidad poco hace por informar debidamente al pueblo fiel.

    Pues bien, estos efectos tan especiales son aprovechados frecuentemente por los poetas. Daré tan sólo dos ejemplos del indiscutible Virgilio y otro de nuestro poeta de origen hispano Lucano. Después presentaré un famoso texto de Plinio el Joven sobre la aparición de una señora de gran estatura y prestancia y de los fantasmas, al que también se refiere Táctio en sus Anales
    Citaré también un pasaje de La Ciudad de Dios de San Agustín, en el que se refiere y descalifica estas supersticiones. 

    En el caso de este  último autor llama poderosamente la atención la clarividencia con la que analiza las supercherías de los ajenos y la seguridad con la que acepta las supercherías propias; sin duda un lector ajeno a nuestra cultura no apreciaría diferencia alguna entre las creencias de los paganos y las creencias de los cristianos; de hecho, históricamente estas últimas se alimentan absolutamente de las primeras.

    Hoy como ayer las estatuas de los seres divinos siguen llorando, iluminando sus pupilas, saltando de las peanas, apareciéndose a los pastores, enviando mensajes, mucha veces encriptados a los mortales. Lean con atención la prensa del día y encontrarán que en algún lugar del mundo alguien afirma haber chocado con algún fenómeno de los descritos. En esa lucha entre la razón y el misterio, sigue en alto la confrontación.

    En la poesía épica griega y también en la romana, los dioses son actores en permanente relación con los mortales, en cuyas disputas toman partido por unos o por otros.

    Presentaré primero un texto del poeta hispano Lucano en el que aprovecha al máximo la emoción que estos prodigios puede generar en sus crédulos lectores. El texto es un fragmento de su poema Bellum Civile, llamado luego “La Farsalia” por el nombre de la batalla decisiva en la guerra civil entre César y Pompeyo previa a la imposición de un régimen personal y autoritario en Roma, acabando así con el largo periodo republicano y dando entrada a la época imperial. En este fragmento, entre otros prodigios, los dioses derraman lágrimas y los dioses Lares sudan.

    Marcus Annaeus Lucanus, Bellum Civile 1.1 verso 544 y ss.

    El feroz Múlciber abrió el cráter del Etna siciliano y no empujó las llamas hacia el cielo, sino que, con la inclinación de la cúspide, la lava ardiente cayó contra el flanco de Italia. La negra Caribdis volteó desde sus abismos un mar de sangre; lastimeros aullidos lanzaron los sañudos perros de Escila. Del altar de Vesta fue retirado el fuego, y su llama,  que manifiesta el acabamiento de las ferias latinas se escinde en dos partes y se eleva en un doble ápice, imitando la pira tebana. Entonces la tierra se desplazó de su eje y los Alpes, al tambalearse sus cimas, sacudieron a uno y otro lado sus nieves de siglos. Tetis, acreciendo el caudal de sus aguas, cubrió la hispánica Calpe y la cumbre del Atlas. Sabemos que lloraron las estatuas de los dioses indigetes  y que las de los Lares, con su sudor, atestiguaron el apuro de la ciudad; que los exvotos cayeron al suelo en sus templos; que siniestras aves ensuciaron el día y que las fieras, dejando las selvas al anochecer, establecieron audaces sus cubiles en el centro de Roma. Además hubo lenguas de animales con facilidad para pronunciar sonidos humanos; partos monstruosos entre los hombres por el número y la dimensión de los miembros: a la madre le dio miedo su propio hijo; y los siniestros vaticinios de la profetisa de Cumas se divulgan entre el pueblo. Al tiempo, los sacerdotes con tajos en los brazos, a quienes agita la salvaje Belona  proclaman los designios de los dioses, y los galos, haciendo girar su cabellera sanguinolenta, aullaron presagios funestos para las gentes. Urnas funerarias repletas de huesos allí enterrados emitieron lamentos. Entonces se oyó fragor de armas, y grandes gritos por los parajes intransitados de los bosques, y apariciones que se venían a las manos. Los que cultivan los campos pegados al borde de las murallas huyeron en desbandada: una Furia gigantesca daba vueltas a la ciudad, sacudiendo hacia abajo un pino con la punta encendida, a más de sus cabellos estridentes, cual la Euménide que empujó a la tebana Ágave o la que volteó los dardos del cruel Licurgo, O como, por orden de Juno, rencorosamente injusta, Megera infundió pavor al Alcida, por más que ya hubiera visto a Dite. Resonaron trompetas y, como es de enorme el griterío de las cohortes que entrechocan, ese mismo estruendo despidió la negra noche, pese al silencio de las auras. Pareciendo surgir de en medio del Campo de Marte, los manes de Sila vaticinaron funestos presagios y, a su vez, alzando su cabeza junto a las heladas aguas del Anio, hecho trizas su sepulcro, Mario puso en fuga a unos campesinos.

    En vista de estos prodigios pareció oportuno, conforme a una añeja costumbre, hacer venir adivinos etruscos. De ellos, el más entrado en años, Arrunte, que habitaba el recinto amurallado de Luca, abandonada, bien instruido en los zigzagueos del rayo y en las venas aún calientes de las vísceras y en los avisos del vuelo que va y viene en el aire, ordena primeramente quitar de en medio los monstruos que la naturaleza, en desacuerdo con sus leyes, había producido sin semilla alguna  y quemar en infaustas llamas los fetos abominables de vientres estériles. Luego, ordena a los amedrentados ciudadanos dar una vuelta completa a la ciudad y que, purificando los muros con solemne ceremonia lustral,  den también la vuelta a todo lo largo del pomerio , por sus bordes extremos, los pontífices, a quienes está asignado el privilegio de las celebraciones rituales. Siguen multitud de sacerdotes de menor rango, ataviados al estilo gabino, y abre la fila de las Vestales, coronada de bandeletas, la sacerdotisa, la única a la que es lícito contemplar la imagen de la Minerva Troyana. A continuación los que custodian los hados divinos y los oráculos misteriosos y retiran la imagen de Cibeles, una vez bañada en el exiguo Almón,  y el augur, ducho en observar las aves que vuelan por la izquierda; y el septénviro, encargado de los banquetes rituales;; y la cofradía de los ticios; y el salio, que lleva a la espalda con alegría los escudos sagrados, y el flamen, que alza el ápice en su noble cabeza. Y mientras ellos desfilan en torno a la ciudad que se extiende en largas sinuosidades, Arrunte recoge los fuegos diseminados del rayo, 1os entierra musitando una lúgubre letanía y asigna a aquellos lugares la protección de una divinidad; luego, acerca a las sagradas
    aras un toro de cerviz bien escogida. Ya había comenzado a derramar el vino y a aplicar la harina salada con la hoja del cuchillo en sesgo, y la víctima, que oponía larga resistencia a un sacrificio nada agradable, cuando los ministros del culto, recogiéndose la ropa, sujetaron sus cuernos amenazantes, dobladas por fin las rodillas, ofrecía su cuello vencido. Pero no saltó la sangre de costumbre, sino que de la ancha herida se desparramó, en lugar de sangre roja, un sucio flujo de mal agüero. Empalideció Arrunte, pasmado ante el sacrificio funesto, e indagó la cólera de los dioses en las entrañas extraídas febrilmente. Ya el color mismo llenó de pánico al adivino; en efecto, las vísceras pálidas, pero moteadas de negras manchas e infectadas por coágulos sanguinosos, abigarraban con salpicaduras de sangre su extraordinaria lividez. Observa el hígado empapado de podre y ve las venas amenazantes por la parte hostil.  Queda oculta la fibra del pulmón jadeante y una pequeña fisura corta las zonas vitales. El corazón está aplomado, las vísceras expelen sangraza por unas grietas abiertas y los intestinos revelan sus ocultas cavidades. Y -prodigio funesto que nunca apareció en las entrañas impunemente- helo aquí: observa que en la cabeza del hígado ha crecido la protuberancia de otra cabeza; una parte cuelga enfermiza y fláccida, otra irradia salud y mueve sin compasión las venas con rápidas pulsiones. Cuando por estos signos comprendió la fatalidad de grandes desgracias, exclama: “Apenas me es lícito, oh dioses del cielo, revelar a las gentes todo lo que estáis maquinando; pues no he celebrado en tu honor, supremo Júpiter, este sacrificio: los dioses infernales han venido al pecho de este toro inmolado. Indecibles calamidades tememos, pero sobrevendrán mayores aún de lo que tememos. ¡Que los dioses tomen favorable lo que he visto y que no merezcan ningún crédito las vísceras, sino que eso sea una impostura de Tages, fundador de esta ciencia”.  Así vaticinaba el etrusco, envolviendo sus presagios en palabras sinuosas y velándolos con múltiples ambages.
    (Traducción de Antonio Holgado Redondo.Editorial Gredos)

    ora ferox Siculae laxauit Mulciber Aetnae,                
    nec tulit in caelum flammas sed uertice prono
    ignis in Hesperium cecidit latus. atra Charybdis
    sanguineum fundo torsit mare; flebile saeui
    latrauere canes. Vestali raptus ab ara
    ignis, et ostendens confectas flamma Latinas  
    scinditur in partes geminoque cacumine surgit 
    Thebanos imitata rogos. tum cardine tellus 
    subsedit, ueteremque iugis nutantibus Alpes 
    discussere niuem. Tethys maioribus undis 
    Hesperiam Calpen summumque inpleuit Atlanta.  
    indigetes fleuisse deos, urbisque laborem 
    testatos sudore Lares, delapsaque templis 
    dona suis, dirasque diem foedasse uolucres 
    accipimus, siluisque feras sub nocte relictis 
    audaces media posuisse cubilia Roma.  
    tum pecudum faciles humana ad murmura linguae, 
    monstrosique hominum partus numeroque modoque 
    membrorum, matremque suus conterruit infans; 
    diraque per populum Cumanae carmina uatis 
    uolgantur. tum, quos sectis Bellona lacertis 
    saeua mouet, cecinere deos, crinemque rotantes 
    sanguineum populis ulularunt tristia Galli. 
    conpositis plenae gemuerunt ossibus urnae.
    tum fragor armorum magnaeque per auia uoces
    auditae nemorum et uenientes comminus umbrae.               
    quique colunt iunctos extremis moenibus agros
    diffugiunt: ingens urbem cingebat Erinys
    excutiens pronam flagranti uertice pinum
    stridentisque comas, Thebanam qualis Agauen
    inpulit aut saeui contorsit tela Lycurgi                 
    Eumenis, aut qualem iussu Iunonis iniquae
    horruit Alcides uiso iam Dite Megaeram.
    insonuere tubae et, quanto clamore cohortes
    miscentur, tantum nox atra silentibus auris
    edidit. e medio uisi consurgere Campo                
    tristia Sullani cecinere oracula manes,
    tollentemque caput gelidas Anienis ad undas
    agricolae fracto Marium fugere sepulchro.
    haec propter placuit Tuscos de more uetusto
    acciri uates.

    Resulta  muy interesante el fragmento de la Eneida de Virgilio en el que relata la reacción de la imagen de Palas, el Paladión, que había sido robada de su templo por Ulises y el hijo de Tideo. El texto nos puede servir también para comparar el tono épico, elevado, solemne con el dramatismo y barroquismo de Lucano; pero este es otro tema.

    Publio Virgilio Marón: Eneida, 2, v. 162 y ss.

    Toda la esperanza de los Dánaos, y su confianza en la emprendida guerra, estribaron siempre en los auxilios de Palas; pero desde que el impío hijo de Tideo y Ulises, inventor de maldades, acometieron sustraer del sacro templo el fatal Paladión, después de haber dado muerte a los guardias del sumo alcázar, y arrebataron a la sacra efigie, y con ensangrentadas manos osaron tocar las virginales ínfulas de la deidad, empezaron a decaer y se desvanecieron aquellas esperanzas, y se quebrantaron sus fuerzas, apartada ya de ellos la protección de la diosa.

    Pronto dio Tritonia manifiestas y horribles señales de su cólera; apenas se colocó su estatua en el campamento, ardieron rechinantes llamas en sus ojos, clavados en nosotros, y por todos sus miembros corrió un sudor salado, y tres veces ¡oh prodigio! se levantó por sí sola del suelo blandiendo el broquel y la trémula lanza. Al punto Calcas anuncia que es preciso cruzar los mares y huir, pues Pérgamo no puede ser debelado por las armas argólicas, si no vuelven a Argos a renovar sus votos, y de nuevo se llevan al numen que trajeron consigo por el mar en sus huecas naves. Y ahora que, impelidos por el viento, han llegado al patrio suelo de Micenas, aprestan sus armas y solicitan el favor de los dioses para volver de improviso surcando nuevamente el mar; así interpretó Calcas la voluntad de los númenes. (Traducción de Eugenio de Ochoa, 1815–1872)

    Omnis spes Danaum et coepti fiducia belli
    Palladis auxiliis semper stetit. impius ex quo 
    Tydides sed enim scelerumque inuentor Vlixes, 
    fatale adgressi sacrato auellere templo  
    Palladium caesis summae custodibus arcis, 
    corripuere sacram effigiem manibusque cruentis 
    uirgineas ausi diuae contingere uittas, 
    ex illo fluere ac retro sublapsa referri 
    spes Danaum, fractae uires, auersa deae mens. 
    nec dubiis ea signa dedit Tritonia monstris. 
    uix positum castris simulacrum: arsere coruscae 
    luminibus flammae arrectis, salsusque per artus 
    sudor iit, terque ipsa solo (mirabile dictu) 
    emicuit parmamque ferens hastamque trementem. 
    extemplo temptanda fuga canit aequora Calchas, 
    nec posse Argolicis exscindi Pergama telis 
    omina ni repetant Argis numenque reducant 
    quod pelago et curuis secum auexere carinis. 
    et nunc quod patrias uento petiere Mycenas,  
    arma deosque parant comites pelagoque remenso

    Interesante es también el final que nos ofrece Virgilio del libro I de sus Geórgicas. Nos recuerda las señales que anunciaron los pavorosos horrores de la guerra civil y ruega a los dioses que protejan a Roma y garanticen su época de paz y esplendor.

    Virgilio, Geórgicas, 1, v.463 y ss.

    ¿Quién osará llamar falaz al sol? También muchas veces nos declara que amenazan secretos tumultos, que se fraguan amaños y ocultas guerras. También se compadeció de Roma, muerto César, cuando veló su nítida cabeza con ferruginosa niebla y el impío siglo temió una eterna noche. En aquel tiempo daban igualmente señales la tierra y las aguas del mar, y los infaustos perros y las aves importunas. ¡Cuántas veces vimos al Etna, rotos sus hornos, derramar sus hirvientes olas por los campos de los Cíclopes, vomitando globos de llamas y peñascos derretidos! La Germania oyó por todo el cielo estruendo de armas; retemblaron los Alpes con insólitos movimientos; también se oyó muchas veces una gran voz en medio de los callados bosques. y se vieron al anochecer pálidos fantasmas de maravilloso aspecto, y hablaron las bestias, ¡cosa horrible!, y se pararon las corrientes de los ríos y se entreabrió la tierra, y lloró en los templos el marfil desolado y sudaron los bronces. El Erídano, rey de los ríos, arrastrando las selvas en furioso remolino, se derramó por las vegas, llevándose los ganados con sus majadas. En aquel tiempo, las entrañas de las tristes víctimas sacrificadas no cesaron de presentar agüeros amenazadores ni los pozos de manar sangre ni las ciudades de resonar por la noche con grandes aullidos de lobos. Jamás cayeron de un cielo sereno tantos rayos ni ardieron tantos horribles cometas Por eso, los campos de Filipos vieron por segunda vez a las haces romanas cruzar en fiera lid sus armas fraternales; por eso consintieron los dioses que dos veces abonase nuestra sangre la Ematia y las dilatadas campiñas del Hemo. Día vendrá en que el labrador, al revolver la tierra con el corvo arado en aquellos confines, hallará dardos corroídos por el áspero orín, y hará resonar con los pesados rastros yelmos vacíos, y se pasmará al ver en los excavados sepulcros huesos giganteos.

    ¡Oh dioses patrios, oh dioses tutelares, oh Rómulo y oh madre Vesta, que velas por el toscano Tíber y los palacios romanos. no impidáis a lo menos que este mancebo venga en ayuda del revuelto siglo presente!, bastante hemos pagado, ya ha tiempo con nuestra sangre los perjuicios de Troya Laomedontea. Tiempo ha ya, ¡oh César!, que la mansión de los dioses te envidia a nosotros y se queja de que tengas en mucho los honores triunfales que te dan los hombres. Por doquiera andan confundidos lo lícito y lo ilícito; todo es guerras en el mundo, los crímenes son innumerables; deshonra parece manejar el arado; los campos están yermos, privados de sus labradores, y las corvas hoces se forjan para servir de terribles espadas. Aquí el Éufrates, allí la Germania, nos mueven guerra: las ciudades comarcanas, rotos los pactos, hacen armas unas contra otras; por todo el orbe derrama sus furores el impío Marte; tal, cuando se lanzan de la barrera las cuadrigas, cobran en el circo nuevo brío, y tirando en vano de las riendas, el auriga se ve arrebatado por los caballos y el carro no obedece al freno. (Traducción de Eugenio de Ochoa)

    …. Solem quis dicere falsum
    audeat. Ille etiam caecos instare tumultus
    saepe monet fraudemque et operta tumescere bella.
    Ille etiam exstincto miseratus Caesare Romam,
    cum caput obscura nitidum ferrugine texit
    inpiaque aeternam timuerunt saecula noctem.
    Tempore quamquam illo tellus quoque et aequora ponti
    obscenaeque canes inportunaeque volucres
    signa dabant. Quotiens Cyclopum effervere in agros
    vidimus undantem ruptis fornacibus Aetnam
    flammarumque globos liquefactaque volvere saxa!
    Armorum sonitum toto Germania caelo
    audiit, insolitis tremuerunt motibus Alpes.
    Vox quoque per lucos volgo exaudita silentis
    ingens et simulacra modis pallentia miris
    visa sub obscurum noctis, pecudesque locutae,
    infandum! sistunt amnes terraeque dehiscunt
    et maestum inlacrimat templis ebur aeraque sudant.
    Proluit insano contorquens vertice silvas
    fluviorum rex Eridanus camposque per omnis
    cum stabulis armenta tulit. Nec tempore eodem
    tristibus aut extis fibrae adparere minaces
    aut puteis manare cruor cessavit et altae
    per noctem resonare lupis ululantibus urbes.
    Non alias caelo ceciderunt plura sereno
    fulgura nec diri totiens arsere cometae.
    ergo inter sese paribus concurrere telis
    Romanas acies iterum videre Philippi;
    nec fuit indignum superis, bis sanguine nostro
    Emathiam et latos Haemi pinguescere campos.
    Scilicet et tempus veniet, cum finibus illis
    agricola incurvo terram molitus aratro
    exesa inveniet scabra robigine pila
    aut gravibus rastris galeas pulsabit inanis
    grandiaque effossis mirabitur ossa sepulchris.
    Di patrii, Indigetes, et Romule Vestaque mater,
    quae Tuscum Tiberim et Romana Palatia servas,
    hunc saltem everso iuvenem succurrere saeclo
    ne prohibete! Satis iam pridem sanguine nostro
    Laomedonteae luimus periuria Troiae;
    iam pridem nobis caeli te regia, Caesar,
    invidet atque hominum queritur curare triumphos;
    quippe ubi fas versum atque nefas: tot bella per orbem,
    tam multae scelerum facies; non ullus aratro
    dignus honos, squalent abductis arva colonis
    et curvae rigidum falces conflantur in ensem.
    Hinc movet Euphrates, illinc Germania bellum;
    vicinae ruptis inter se legibus urbes
    arma ferunt; saevit toto Mars inpius orbe;
    ut cum carceribus sese effudere quadrigae,
    addunt in spatia et frustra retinacula tendens
    fertur equis auriga neque audit currus habenas.

    Otros prodigio de gran impacto entre los antiguos son, como dije, las apariciones de los seres divinos. Como también dije, hay constancia de la aparición de una diosa egipcia a un pastor en un relato que tenemos incompleto de tan sólo 25 líneas; en él el pastor cuenta a sus compañeros el encuentro con una mujer que no tenía aspecto de mortal.. Este prodigio no ha dejado de repetirse periódicamente hasta nuestros días. En otro momento dedicaré un artículo a este tema.

    Pero quiero ahora referirme a otra aparición que puede recordarnos alguna moderna. Nos lo cuentan con total naturalidad Plinio el Joven en una famosa carta sobre la existencia o no de los fantasmas y el historiador Tácito. Me refiero a la aparición de “una mujer de estatura sobrehumana a Curcio Rufo anunciándole que  volvería a África como cónsul electo.

    Transcribo entera por su interés la carta de Plinio el Joven: Epistula 7,27:

    Gayo Plinio saluda a su amigo Sura.

    La falta de ocupaciones me brinda a mí la oportunidad de aprender y a ti la de enseñarme. De esta forma, me gustaría muchísimo saber si crees que los fantasmas existen y tienen forma propia, así como algún tipo de voluntad, o, al contrario, si son sombras vacías e irreales que toman forma por efecto de nuestro propio miedo.

    A que crea que existen los fantasmas me mueve sobre todo esto que he oído que le ocurrió a Curcio Rufo. Todavía joven y desconocido había formado parte del séquito del nuevo gobernador de la provincia de África. Al declinar el día paseaba por el pórtico: le sale al paso la figura humana de una mujer muy alta y hermosa. Ante su estupor ella le dijo que era África, mensajera de las cosas futuras. Le dijo también que él iría a Roma, que llevaría a cabo su carrera política y que volvería a esta misma provincia con el poder supremo, donde finalmente moriría.  Todas estas cosas se cumplieron. Pasado el tiempo, cuando llegaba a Cartago y salía de la nave se cuenta que se le apareció la misma figura en la playa. Como él mismo había sido presa de la enfermedad, tras augurar la adversidad que le esperaba en relación con las cosas buenas ya cumplidas, abandonó su esperanza de curación a pesar de que ninguno de los suyos la había perdido.
    ¿Pero no es acaso más terrorífico y no menos admirable lo que voy a exponer ahora, tal como me lo contaron?  Había en Atenas una casa espaciosa y profunda, pero tristemente célebre e insalubre. En el silencio de la noche se oía un ruido y, si prestabas atención, primero se escuchaba el estrépito de unas cadenas a lo lejos, y luego ya muy cerca: a continuación aparecía una imagen, un anciano consumido por la flacura y la podredumbre, de larga barba y cabello erizado; llevaba grilletes en los pies y cadenas en las manos que agitaba y sacudía. A consecuencia de esto, los que habitaban la casa pasaban en vela tristes y terribles noches a causa del temor; la enfermedad sobrevenía al insomnio y, al aumentar el miedo, la muerte, pues, aun en el espacio que separaba una noche de otra, si bien la imagen había desaparecido, quedaba su memoria impresa en los ojos, de manera que el temor se prolongaba aún más allá de sus propias causas. Así pues, la casa quedó desierta y condenada a la soledad, abandonada completamente a merced de aquel monstruo; aún así estaba puesta a la venta, por si alguien, no enterado de tamaña calamidad, quisiera comprarla o tomarla en alquiler.

    Llega a Atenas el filósofo Atenodoro, lee el cartel y una vez enterado del precio, como su baratura era sospechosa, le dan razón de todo lo que pregunta, y esto, lejos de disuadirle, le anima aún más a alquilar la casa. Una vez comienza a anochecer, ordena que se le extienda el lecho en la parte delantera, pide tablillas para escribir, un estilo y una luz; a todos los suyos les aleja enviándoles a la parte interior, y él mismo dispone su ánimo, ojos y mano al ejercicio de la escritura, para que su mente, desocupada, no se imaginara ruidos supuestos ni miedos sin fundamento. Al principio, como en cualquier parte, tan sólo se percibe el silencio de la noche, pero después la sacudida de un hierro y el movimiento de unas cadenas: el filósofo no levanta los ojos, ni tampoco deja su estilo, sino que pone resueltamente su voluntad por delante de sus oídos. Después se incrementa el ruido, se va acercando y ya se percibe en la puerta, ya dentro de la habitación. Vuelve la vista y reconoce al espectro que le habían descrito.  Éste estaba allí de pie y hacía con el dedo una señal como llamándole. El filósofo, por su parte, le indica con su mano que espere un poco, y de nuevo se pone a trabajar con sus tablillas y estilo, pero el espectro hacía sonar las cadenas para atraer su atención. Éste vuelve de nuevo la cabeza y le ve haciendo la misma seña que antes, así que ya sin hacerle esperar más coge el candil y le sigue. Iba el espectro con paso lento, como si le pesaran mucho las cadenas; después bajó al patio de la casa y, de repente, tras desvanecerse, abandona a su acompañante. El filósofo recoge hojas y hierbas y las coloca en el lugar donde ha sido abandonado, a manera de señal. Al día siguiente acude a los magistrados y les aconseja que ordenen cavar en aquel sitio. Se encuentran huesos insertos en cadenas y enredados, que el cuerpo, putrefacto por efecto del tiempo y de la tierra, había dejado desnudos y descarnados junto a sus grilletes.  Reunidos los huesos se entierran a costa del erario público. Después de esto la casa quedó al fin liberada del fantasma, una vez fueron enterrados sus restos convenientemente.

    Doy crédito ciertamente a quienes me han confirmado estos hechos; yo mismo puedo confirmar otro suceso a los demás. Tengo un liberto no ajeno al cultivo de las letras. Con él descansaba su hermano menor en el mismo lecho. A este le pareció ver a alguien sentado en la cama, moviendo unas tijeras sobre su propia cabeza, y que incluso le cortaba algunos cabellos de la coronilla. Cuando amaneció, él mismo tenía una tonsura en su coronilla y se encontraron sus cabellos cortados en el suelo.  Poco tiempo después, de nuevo un hecho similar al anterior confirmó lo que había ocurrido. Uno de mis pequeños esclavos dormía entre otros muchos niños en la escuela. Llegaron a través de las ventanas (así nos lo cuenta) dos figuras vestidas con túnicas blancas, cortaron el pelo al muchacho acostado y se retiraron por donde habían llegado. La luz del día muestra también a este niño con la tonsura y los cabellos esparcidos en derredor.  Nada memorable pasó después, a no ser acaso que no llegué a ser reo, si bien lo hubiera sido en caso de que Domiciano, bajo cuyo poder estas cosas ocurrieron, hubiera vivido más tiempo. En efecto, en su caja de documentos, se encontró un escrito entregado por Caro que estaba referido a mí. De esto puede deducirse que, como es costumbre para los presos dejar crecer el pelo, los cabellos cortados de mis esclavos fueron señal de que el peligro que me acechaba había sido abortado.

    Por tanto, te ruego que hagas uso de tu erudición. Es asunto digno para que lo consideres largo y tendido, y yo no soy ciertamente indigno de que me hagas partícipe de tu saber.  Aunque sopeses los pros y los contras de las dos opiniones (como sueles), inclínate más por uno de los dos lados, para no dejarme suspenso en la incertidumbre, dado que la razón de consultarte fue la de dejar de dudar. Saludos.
    (Traducción de F. García Jurado)

    Et mihi discendi et tibi docendi facultatem otium praebet. Igitur perquam velim scire, esse phantasmata et habere propriam figuram numenque aliquod putes an inania et vana ex metu nostro imaginem accipere. Ego ut esse credam in primis eo ducor, quod audio accidisse Curtio Rufo. Tenuis adhuc et obscurus, obtinenti Africam comes haeserat. Inclinato die spatiabatur in porticu; offertur ei mulieris figura humana grandior pulchriorque. Perterrito Africam se futurorum praenuntiam dixit: iturum enim Romam honoresque gesturum, atque etiam cum summo imperio in eandem provinciam reversurum, ibique moriturum.  Facta sunt omnia. Praeterea accedenti Carthaginem egredientique nave eadem figura in litore occurrisse narratur. Ipse certe implicitus morbo futura praeteritis, adversa secundis auguratus, spem salutis nullo suorum desperante proiecit.  Iam illud nonne et magis terribile et non minus mirum est quod exponam ut accepi?  Erat Athenis spatiosa et capax domus sed infamis et pestilens. Per silentium noctis sonus ferri, et si attenderes acrius, strepitus vinculorum longius primo, deinde e proximo reddebatur: mox apparebat idolon, senex macie et squalore confectus, promissa barba horrenti capillo; cruribus compedes, manibus catenas gerebat quatiebatque.  Inde inhabitantibus tristes diraeque noctes per metum vigilabantur; vigiliam morbus et crescente formidine mors sequebatur. Nam interdiu quoque, quamquam abscesserat imago, memoria imaginis oculis inerrabat, longiorque causis timoris timor erat. Deserta inde et damnata solitudine domus totaque illi monstro relicta; proscribebatur tamen, seu quis emere seu quis conducere ignarus tanti mali vellet.  Venit Athenas philosophus Athenodorus, legit titulum auditoque pretio, quia suspecta vilitas, percunctatus omnia docetur ac nihilo minus, immo tanto magis conducit. Ubi coepit advesperascere, iubet sterni sibi in prima domus parte, poscit pugillares stilum lumen, suos omnes in interiora dimittit; ipse ad scribendum animum oculos manum intendit, ne vacua mens audita simulacra et inanes sibi metus fingeret.  Initio, quale ubique, silentium noctis; dein concuti ferrum, vincula moveri. Ille non tollere oculos, non remittere stilum, sed offirmare animum auribusque praetendere. Tum crebrescere fragor, adventare et iam ut in limine, iam ut intra limen audiri. Respicit, videt agnoscitque narratam sibi effigiem. Stabat innuebatque digito similis vocanti. Hic contra ut paulum exspectaret manu significat rursusque ceris et stilo incumbit. Illa scribentis capiti catenis insonabat. Respicit rursus idem quod prius innuentem, nec moratus tollit lumen et sequitur.  Ibat illa lento gradu quasi gravis vinculis. Postquam deflexit in aream domus, repente dilapsa deserit comitem. Desertus herbas et folia concerpta signum loco ponit.  Postero die adit magistratus, monet ut illum locum effodi iubeant. Inveniuntur ossa inserta catenis et implicita, quae corpus aevo terraque putrefactum nuda et exesa reliquerat vinculis; collecta publice sepeliuntur. Domus postea rite conditis manibus caruit.  Et haec quidem affirmantibus credo; illud affirmare aliis possum. Est libertus mihi non illitteratus. Cum hoc minor frater eodem lecto quiescebat. Is visus est sibi cernere quendam in toro residentem, admoventemque capiti suo cultros, atque etiam ex ipso vertice amputantem capillos. Ubi illuxit, ipse circa verticem tonsus, capilli iacentes reperiuntur.  Exiguum temporis medium, et rursus simile aliud priori fidem fecit. Puer in paedagogio mixtus pluribus dormiebat. Venerunt per fenestras – ita narrat – in tunicis albis duo cubantemque detonderunt et qua venerant recesserunt. Hunc quoque tonsum sparsosque circa capillos dies ostendit.  Nihil notabile secutum, nisi forte quod non fui reus, futurus, si Domitianus sub quo haec acciderunt diutius vixisset. Nam in scrinio eius datus a Caro de me libellus inventus est; ex quo coniectari potest, quia reis moris est summittere capillum, recisos meorum capillos depulsi quod imminebat periculi signum fuisse.  Proinde rogo, eruditionem tuam intendas. Digna res est quam diu multumque consideres; ne ego quidem indignus, cui copiam scientiae tuae facias.  Licet etiam utramque in partem – ut soles – disputes, ex altera tamen fortius, ne me suspensum incertumque dimittas, cum mihi consulendi causa fuerit, ut dubitare desinerem. Vale.

    Tácito: Anales: 11, 21.

    Del origen de Curcio Rufo, hijo, según han dicho algunos, de un gladiator, no querría referir mentira, puesto que me avergüenzo de decir verdad. En llegando a edad juvenil, siguió en África al cuestor a quien tocó aquella provincia; y hallándose en Adrumeto al mediodía, paseándose pensativo debajo de unos soportales, se le apareció una sombra en figura de mujer mayor que humana, de quien oía esta voz: Tú eres Rufo, aquel que vendrá a ser procónsul en esta provincia. Con este agüero, hinchiéndosele el corazón de grandes esperanzas, se volvió a Roma, donde con la liberalidad de sus amigos y con su ingenio levantado alcanzó el oficio de cuestor; y, después de esto, entre muchos nobles competidores, por voto del príncipe la pretura; cubriendo Tiberio la bajeza de su nacimiento con estas mismas palabras: A mí me parece que Curcio Rufo es hijo de sí mismo. Con esto y con vivir después muchos años siempre maligno adulador con los mayores, arrogante con los inferiores y con los iguales insufrible, alcanzó el imperio consular, las insignias triunfales y a lo último el gobierno de África, donde, muriendo, cumplió el pronóstico fatal. (Traducción de Carlos Coloma)

    De origine Curtii Rufi, quem gladiatore genitum quidam prodidere, neque falsa prompserim et vera exequi pudet. postquam adolevit, sectator quaestoris, cui Africa obtigerat, dum in oppido Adrumeto vacuis per medium diei porticibus secretus agitat, oblata ei species muliebris ultra modum humanum et audita est vox 'tu es, Rufe, qui in hanc provinciam pro consule venies.' tali omine in spem sublatus degressusque in urbem largitione amicorum, simul acri ingenio quaesturam et mox nobilis inter candidatos praeturam principis suffragio adsequitur, cum hisce verbis Tiberius dedecus natalium eius velavisset: 'Curtius Rufus videtur mihi ex se natus.' longa post haec senecta, et adversus superiores tristi adulatione, adrogans minoribus, inter pares difficilis, consulare imperium, triumphi insignia ac postremo Africam obtinuit; atque ibi defunctus fatale praesagium implevit.

    San Agustín, en su Ciudad de Dios, se refiere a un prodigio bien famoso en la Antigüedad: las lágrimas que derramó la estatua de Apolo en Cumas, en la Magna Grecia, con ocasión de la guerra entre los romanos y los griegos, cuando Publio Craso murió en una batalla con Aristónico. Piensa San Agustín que estas son cosas de los demonios que los poetas nos presentan como ciertas, pero desde entonces hasta hoy y también mucho antes, muchas estatuas de dioses, vírgenes y santos han llorado con frecuencia, doliéndose de los errores de los hombres.

    Ciudad de Dios, III, 11

    El llanto de la estatua de Apolo de Cumas se creyó anunciador del desastre de los griegos, a quienes no había podido auxiliar. No hay otra razón que la que acabamos de exponer para la noticia de que el famoso Apolo de Cumas estuvo cuatro días llorando durante la guerra contra los aqueos y su rey Aristónico. Los arúspices, aterrados por tal prodigio, creyeron que era preciso arrojar al mar la estatua. Pero los ancianos de Cumas se opusieron a ello, aduciendo que un prodigio semejante había aparecido en la misma estatua durante la guerra de Antíoco y la de Perseo. Dieron fe, además, de que en vista de la victoria de los romanos, el Senado, por decreto, envió presentes a este mismo Apolo. Se hizo venir a otros agoreros, tenidos por más peritos. Respondieron éstos que las lágrimas de la estatua de Apolo eran venturosas para Roma, precisamente porque, siendo Cumas colonia griega, el Apolo envuelto en lágrimas era expresión de luto y desastre para su propio país, de donde se le había traído, es decir, para Grecia. Poco tiempo después llegó la noticia de que el rey Aristónico había sido derrotado y hecho prisionero. Esta victoria era evidentemente contraria a la voluntad de Apolo, y de ello se dolía. Testimonio eran hasta las lágrimas de un ídolo de piedra.

    Deducimos de este episodio cómo los poetas no andan del todo descaminados de la realidad al escribir la conducta de los demonios en sus poemas, por más que sean pura fábula. Diana, según Virgilio, sintió dolorosamente la suerte de Camila, y Hércules lloró la inminente muerte de Palante. Por eso, quizá, Numa Pompilio, disfrutando de su larga paz, ignoraba a quién la debía, y tampoco se preocupaba de ello cuando se preguntaba en su tranquila ociosidad a qué dioses debía encomendar la salvación de Roma y su soberanía.

    No creía que el verdadero, todopoderoso y supremo Dios se preocupara de los bienes terrenos, y no olvidaba que los dioses traídos por Eneas de Troya no habían sido capaces de mantener por largo tiempo ni el reino de Troya ni el de Lavinio, fundado por el mismo Eneas. Se creyó, pues, en el deber de buscar otros dioses, añadiéndolos a los anteriores, ya sean los que Rómulo había introducido en Roma o bien los que habían de introducirse con la destrucción de Alba. Unos como guardianes de los fugitivos y otros como auxilio de los más débiles. (Traducción de Santos Santamarta del Río, OSA y Miguel Fuertes Lanero, OSA)

    Neque enim aliunde Apollo ille Cumanus, cum adversus Achivos regemque Aristonicum bellaretur, quatriduo flevisse nuntiatus est ; quo prodigio haruspices territi cum id simulacrum in mare putavissent esse proiciendum, Cumani senes intercesserunt atque rettulerunt tale prodigium et Antiochi et Persis bello in eodem apparuisse figmento, et quia Romanis feliciter provenisset, ex senatus consulto eidem Apollini suo dona missa esse testati sunt. Tunc velut peritiores acciti haruspices responderunt simulacri Apollinis fletum ideo prosperum esse Romanis, quoniam Cumana colonia Graeca esset, suisque terris, unde accitus esset, id est ipsi Graeciae, luctum et cladem Apollinem significasse plorantem. Deinde mox regem Aristonicum victum et captum esse nuntiatum est, quem vinci utique Apollo nolebat et dolebat et hoc sui lapidis etiam lacrimis indicabat. Unde non usquequaque incongrue quamvis fabulosis, tamen veritati similibus mores daemonum describuntur carminibus poetarum. Nam Camillam Diana doluit apud Vergilium et Pallantem moriturum Hercules flevit . Hinc fortassis et Numa Pompilius pace abundans, sed quo donante nesciens nec requirens, cum cogitaret otiosus, quibusnam diis tuendam Romanam salutem regnumque committeret, nec verum illum atque omnipotentem summum Deum curare opinaretur ista terrena, atque recoleret Troianos deos, quos Aeneas advexerat, neque Troianum neque Laviniense ab ipso Aenea conditum regnum diu conservare potuisse: alios providendos existimavit, quos illis prioribus, qui sive cum Romulo iam Romam transierant, sive quandoque Alba eversa fuerant transituri, vel tamquam fugitivis custodes adhiberet vel tamquam invalidis adiutores.

    Los ejemplos podrían ser innumerables.

  • Prodigios, milagros, maravillas, portentos, fenómenos, monstruos (I)

    Quizás algún lector se haya preguntado alguna vez de dónde nos viene esta tentación tan antigua y tan moderna de creer en hechos maravillosos e inexplicables, a los que con frecuencia se les concede la cualidad de milagros, hechos divinos, mensajes de la divinidad y del más allá.

    En el presente artículo encontrarán decenas de milagros y hechos maravillosos e inexplicables que ya se producían en la Antigüedad y de los que se dejaba constancia en los textos escritos hace más de dos mil años. Y con toda seguridad esta debilidad de un ser tan racional como el hombre venía ya de un pasado de miles de años antes, tantos como tiene la humanidad. De esta y otras debilidades se alimentan todo tipo de supersticiones y religiones.

    Pero ¿qué es un prodigio, un milagro, una maravilla, un portento, un fenómeno, un monstruo de la naturaleza?

    De entrada nos serviremos de la etimología y su fuerza significativa para explicar el significado de estos términos y algunos otros:

    Prodigio: del latín “Prodigium”,  “Portento” del latín “portentum” y “presagio” del latín “praesagium”  vienen a significar lo mismo en latín: señal divina.

    El Diccionario de la Real Academia Española define “prodigio” como “Suceso extraño que excede los límites regulares de la naturaleza” . Y “portento” como  “Cosa, acción o suceso singular que por su extrañeza o novedad causa admiración o terror” , y “presagio” como:  “1. Señal que indica, previene y anuncia un suceso.2. Especie de adivinación o conocimiento de las cosas futuras por medio de señales que se han visto o de intuiciones y sensaciones”.

    La etimología de  “prodigium” no es segura; se ha relacionado  con “prod- agio,” y este con “aio” que significa hablar, decir, y por eso, tal vez erróneamente Cicerón lo relaciona con “pro-dico”; pero más bien parece estar relacionado con “ago”, “llevar, empujar, conducir”.

    Praesagium” se relaciona con “prae- “ante, delante” y “sagire", infinitivo de "sagio”, percibir, sentir ,  de dónde deriva sagax, que ha dado nuestro “sagaz”. Por eso Cicerón dice en su De divinatione, 1,31,65:

    Ahora sagire significa "tener una percepción aguda". Por eso, algunas ancianas se llaman sagae, (brujas) porque se supone que conocen mucho, y se dice que los perros son «sagaces». Y así el que tiene conocimiento de una cosa antes de que suceda se dice que "presagia", es decir, percibe el futuro por adelantado.

    “sagire sentire acute est: ex quo sagae anus, quia multa scire volunt; et sagaces dicti canes. Is igitur, qui ante sagit quam oblata res est, dicitur praesagire, id est futura ante sentiré”

    Más segura parece la de “portentum” con “pro– (efecto de metátesis o cambio de posición de algún fonema) y tendo: dirigir, tender,.., que define la Real Academia como “Cosa, acción o suceso singular que por su extrañeza o novedad causa admiración o terror”.

    Maravilla: es un “suceso o cosa extraordinarios que causan admiración”. La palabra procede de la latina “mirabilia”, cosas admirables, que es el plural neutro de “mirabilis”, admirable, que se forma de la raíz del verbo “mirari”, admirar, y del adjetivo “mirus, -a,-um”, maravilloso, extraño, sorprendente.

    De la misma raíz y palabras proceden mirar, admirar, y sus compuestos y también “milagro”, de “miraculum”, con metátesis o cambio de posición las consonantes “r” y “l”. (como ocurre en “parábola y palabra”)

    La RAE define milagro como: “1. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. 2. m. Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa.”

    De la misma raíz proceden la francesa  “miroir”,  y la inglesa “mirror”, espejo. La española “espejo” deriva de “speculum”, derivada de “spicere” que significa ver, mirar, observar, de donde “specto y spectaculum, espectáculo, etc..

    Fenómeno es una palabra griega φαινόμενον phainómenon, que nos ha llegado a través del lat. tardío phaenomĕnon ;  el verbo griego φαινεῖν, phainein significa   brillar, hacer brillar, aparecer; mostrar, hacer ver. La RAE lo define como: “1. m. Toda manifestación que se hace presente a la consciencia de un sujeto y aparece como objeto de su percepción. 2. m. Cosa extraordinaria y sorprendente. 3. m. coloq. Persona o animal monstruoso.”

    Con estos términos están relacionados también “oráculo”,  del latín oraculum y este de orare, hablar, que significa etimológicamente mensaje, comunicado, parlamento.

    Y también  “profecía”, “predicción hecha en virtud de don sobrenatural.” Palabra griega que nos ha llegado como tantas otras a través del latín: propheta, griego prophêtês, προφήτης,  "que dice con anticipación", de > προ- (pro-) (antes) y  φημί, phemí,  hablar.

    En todo caso en el mundo romano un “prodigio” es una señal de los dioses con la que anuncian a los hombres un suceso futuro, bueno o malo; incluye por tanto los presagios y los augurios.

    Augurio, augur, arúspice  son términos que merecen otro artículo extenso. Sea suficiente ahora recordar que un “augur” es un sacerdote, en su origen etrusco, que observa el cielo y las señales de los dioses, señales que por eso se llaman “augurios”. Los arúspices, también etruscos, analizan las entrañas de los animales sacrificados a los dioses para observar en ellas los mensajes de la divinidad.

    Con un sentido más restringido, prodigio se refiere a cualquier incidente extraño o aparición maravillosa que se supone que anuncia una desgracia y que por tanto suele aparecer en circunstancias calamitosas tanto para la sociedad colectiva como para el individuo.

    El mismo Cicerón nos dice en De divinitatione, I, 42 (93)  y ss.  que es sinónimo de ostentum, monstrum y portentum”:

    porque, como se nos aparecen, se nos ponen por delante, se nos muestran y nos aportan predicciones, se llaman ‘aparicio¬nes’, ‘portentos’, ‘monstruos’ y ‘prodigios’ .

    Quia enim ostendunt, portendunt, monstrant, praedicunt; ostenta, portenta, monstra, prodigia dicuntur”.

    Amplío un poco la cita porque nos sirve de perfecta ambientación de lo que estamos tratando. Pero antes quiero referirme al término “monstruo”, que derivado del verbro “monstrare”, enseñar, mostrar, no es sino “ todo ser, fenómeno o suceso inesperado y fuera de lo acostumbrado que precisamente por ello produce una importante conmoción en quien lo ve o siente”, es decir, “indica, muestra, advierte de algo especial”. Hoy en castellano, la palabra “monstruo” tiene más frecuentemente un significado peyorativo, referido a algo malo o inadecuado, pero no siempre es así y también mantiene el significado de algo especialmente positivo, como cuando decimos de un artista, cada uno elija a su ídolo, que es un “monstruo de la naturaleza”, como Cervantes definió al autor de teatro del Siglo de Oro Español Lope de Vega y Carpio impresionado por la facilidad del escritor para escribir comedias; en veinticuatro horas escribía una obra, según confesión propia atribuida a él mismo: “más de ciento, en horas veinticuatro/ pasaron de las Musas al teatro”.

    Así lo encontramos en la Egloga a Claudio

    Mil y quinientas fábulas admira,
    Que la mayor, el numero parece,
    Verdad que desmerece,
    Por parecer mentira,
    Pues más de ciento en horas veinticuatro
    Pasaron de las Musas al teatro.

    Texto amplio de Divinatione I, 42 (93) y ss.

    Y a mí, al menos, me parece que la adopción de cada procedimiento adivinatorio ha dependido también del tipo de lugar que ocupaba, propiamente, cada colectividad. En
    efecto: los egipcios, al igual que los babilonios, habitantes de extensiones llanas y abiertas, como no sobresalía de la tierra nada que pudiera estorbarles para la contemplación del cielo, pusieron toda su atención en el conocimiento de los astros. Los etruscos, por su parte, puesto que, imbui¬dos de su religión, inmolaban víctimas con gran dedicación y frecuencia, se entregaron sobre todo al conocimiento de las entrañas, convirtiéndose en ejercitadísimos intérpretes de las apariciones, ya que, a causa de la densidad del aire, se producían entre ellos muchas descargas del cielo, y ya que, por esa misma causa, se originaban muchos fenómenos nunca vistos: procedentes del cielo, en parte, otros de la tie¬rra, y algunos a raíz incluso de la concepción y generación de hombres y ganados. El carácter de estas apariciones lo revelan además — como tú sueles decir— los propios vocablos que les asignaron sabiamente nuestros mayores, por¬ que, como se nos aparecen, se nos ponen por delante, se nos muestran y nos aportan predicciones, se llaman ‘aparicio¬nes’, ‘portentos’, ‘monstruos’ y ‘prodigios’ .

    Por su parte, los árabes, los frigios y los cilicios, como recurren sobre todo al pastoreo de ganado, recorriendo los cam¬pos y los montes en invierno y en verano, tuvieron por ello más fácil el dejar constancia «de los cantos y de los vuelos de las aves. La misma motivación halló Pisidia, así como esta Umbría nuestra. Por último, toda Caria y, principalmente, los de Telmeso que antes dije prefirieron prestar atención a las apariciones, dado que habitan campiñas ubérrimas y sumamente fértiles, en las que, gracias a su fecundidad, puede formarse y desarrollarse una multitud de seres.

    Pues bien, ¿quién no advierte que, en todo Estado de pro, han tenido gran vigencia los auspicios y los demás tipos de adivinación? ¿Acaso ha habido algún rey o algún pueblo
    que no recurriera a las predicciones divinas? Y no sólo en tiempo de paz, sino mucho más, incluso, en tiempo de gue¬rra, por el hecho de que el peligro y el riesgo que corría la supervivencia eran mayores. Dejo a un lado a los nuestros, que no emprenden nada, en tiempo de guerra, sin consultar las entrañas, y que nada preservan, sin consultar los auspicios, en tiempo de paz. Veamos lo del extranjero: resulta que los atenienses recurrieron siempre, para todas sus decisiones de carácter público, a unos sacerdotes adivinos a los que llamaban mánteis ; los lacedemonios otorgaron a sus reyes un augur como consejero, y quisieron, asimismo, que un augur asistiese a ‘los ancianos’ (porque así llaman al consejo público); y también recababan siempre un orá¬culo de Delfos, del santuario de Hamón o de Dodona para los asuntos de mayor importancia.

    Licurgo al menos, quien se encargó de regular el Estado de los lacedemonios, refrendó sus propias leyes mediante la autoridad del Apolo délfico; cuando Lisandro quiso cam¬biarlas, se vio impedido por esa misma instancia religiosa. Pues bien, además, quienes estaban al frente de los lacedemonios, no satisfechos con sus desvelos durante la vigilia, iban a acostarse al templete de Pasífae — que se encuentra en la campiña próxima a su ciudad— para recabar sueños, ya que consideraban verdaderos aquellos oráculos que se les ofrecían mientras reposaban. (Traducción de Angel Escobar. Editorial Gredos)

    Ac mihi quidem videntur e locis quoque ipsis, qui  a quibusque incolebantur, divinationum oportunitates esse ductae. Etenim Aegyptii et Babylonii in camporum patentium aequoribus habitantes, cum ex terra nihil emineret, quod contemplationi caeli officere posset, omnem curam in siderum cognitione posuerunt, Etrusci autem, quod religione inbuti studiosius et crebrius hostias immolabant, extorum cognitioni se maxume dediderunt, quodque propter aëris crassitudinem  de caelo apud eos multa fiebant, et quod ob eandem causam multa invisitata partim e caelo, alia ex terra oriebantur, quaedam etiam ex hominum pecudumve conceptu et satu, ostentorum exercitatissimi interpretes exstiterunt. Quorum quidem vim, ut tu soles dicere, verba ipsa prudenter a maioribus posita declarant. Quia enim ostendunt, portendunt, monstrant, praedicunt, ostenta, portenta, monstra, prodigia dicuntur. Arabes autem et Phryges et Cilices, quod pastu pecudum maxume utuntur campos et montes hieme et aestate peragrantes, propterea facilius cantus avium et volatus notaverunt; eademque et Pisidiae causa fuit  et huic nostrae Umbriae. Tum Caria tota praecipueque Telmesses, quos ante dixi, quod agros uberrumos maximeque fertiles incolunt, in quibus multa propter fecunditatem fingi gignique possunt, in ostentis animadvertendis diligentes fuerunt. 
      Quis vero non videt in optuma quaque re publica plurimum auspicia et reliqua divinandi genera valuisse? Quis rex umquam fuit, quis populus, qui non uteretur praedictione divina? neque solum in pace, sed in bello multo etiam magis, quo maius erat certamen et discrimen salutis. Omitto nostros, qui nihil in bello sine extis agunt, nihil sine auspiciis domi [habent auspicia]; externa videamus: Namque et Athenienses omnibus semper publicis consiliis divinos quosdam sacerdotes, quos μάντεις vocant, adhibuerunt, et Lacedaemonii regibus suis augurem adsessorem dederunt, itemque senibus (sic enim consilium publicum appellant) augurem interesse voluerunt, iidemque de rebus maioribus semper aut Delphis oraclum aut ab Hammone aut a Dodona petebant. Lycurgus quidem, qui Lacedaemoniorum rem publicam temperavit, leges suas auctoritate Apollinis Delphici confirmavit; quas cum vellet Lysander commutare, eadem est prohibitus religione. Atque etiam qui praeerant Lacedaemoniis, non contenti vigilantibus curis in Pasiphaae fano,  quod est in agro propter urbem, somniandi causa excubabant, quia vera quietis oracla ducebant. Ad nostra iam redeo. Quotiens senatus decemviros ad libros ire iussit! quantis in rebus quamque saepe responsis haruspicum paruit! Nam et cum duo visi soles sunt et cum tres lunae et cum faces, et cum sol nocte visus est, et cum e caelo fremitus auditus, et cum caelum discessisse visum est atque in eo animadversi globi, delata etiam ad senatum labe agri Privernatis, cum  ad infinitam altitudinem terra desedisset Apuliaque maximis terrae motibus conquassata esset (quibus portentis magna populo Romano bella perniciosaeque seditiones denuntiabantur; inque his omnibus responsa haruspicum cum Sibyllae versibus congruebant); quid? cum Cumis Apollo sudavit, Capuae Victoria? quid?  ortus androgyni nonne fatale quoddam monstrum fuit? quid? cum fluvius Atratus sanguine fluxit? quid? cum saepe lapidum, sanguinis non numquam, terrae interdum, quondam etiam lactis imber defluxit? quid? cum in Capitolio ictus Centaurus e caelo est, in Aventino portae et homines, Tusculi aedes Castoris et Pollucis Romaeque Pietatis: nonne et haruspices ea responderunt, quae evenerunt, et in Sibyllae libris eaedem repertae praedictiones sunt? 

    Naturalmente se cree que el catastrófico anuncio puede ser evitado mediante las ofrendas y ritos adecuados que reviertan el presagio.

    Los ritos son recogidos y explicados en ”libros de prácticas” necesarias para el efecto. que son de origen etrusco. Si el fenómeno es especialmente grave se ha de recurrir a algún adivino de reconocido prestigio, a los Libros Sibilinos o los oráculos famosos como el de Delfos. De las Sibilas hablaremos en otra ocasión.

    Falta también en inglés, pero puede ser interesante reproducir el texto de Ovidio, Metamorfosis XV, 552 y ss. en donde nos cuenta cómo aparece Teages y enseña a los etruscos a revelar el futuro..

    Los antiguos en general y de manera especial los romanos eran muy supersticiosos, y por ello toda su vida social, religiosa y cultura está plagada de ritos y prevenciones de todo tipo.

    Tanto les atraen e importan estos fenómenos diríamos hoy “paranormales”, que existen unos colegios sacerdotales especializados en la interpretación de ellos; son los augures que observan permanentemente el cielo y el vuelo de las aves y los arúspices que analizan permanentemente las entrañas de los animales que tan frecuentemente sacrifican a su dioses, como anteriormente comenté.

    El poeta Ovidio nos cuenta en sus Metamorfosis (por lo demás obra plagada de prodigios) cómo aparece Teages, que enseña a los etruscos a revelar el futuro según las señales anteriormente referidas:

    Metamorfosis XV, 547 y ss.

    Pero las calamidades ajenas no son capaces de aliviar la aflicción de Egeria (esposa del rey Numa Pompilio); y tendida en la parte más baja de la falda de un monte se deshace en lágrimas hasta que la hermana de Febo (Diana), impresionada por la piedad de la apenada, hizo de su cuerpo una helada fuente y adelgazó sus miembros hasta convertirlos en inagotables aguas.

    El prodigio maravilló a las ninfas y también el hijo de la Amazona (Hipólito) se quedó  no de otro modo atónico que el labrador tirreno cuando en mitad del campo vio cómo un terrón marcado por el destino se movía, por sí mismo al principio y sin que nadie lo empujara, y en seguida tomó forma de hombre y perdía la tierra y abría la flamante boca para pronunciar el destino venidero: los nativos lo llamaron Tages, y fue el primero que enseñó al pueblo etrusco a revelar los sucesos futuros; o a la manera como Rómulo vio antaño que de repente se cubría de hojas su lanza clavada en la colina palatina, y que se erguía sobre una raíz antes inexistente y no ya sobre el hierro hincado en tierra, y, sin ser ya un arma, sino un árbol, una flexible mimbrera, ofrecía insospechada sombra a los admirados espectadores. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater.CSIC.)

    Non tamen Egeriae luctus aliena levare
    damna valent, montisque iacens radicibus imis
    liquitur in lacrimas, donec pietate dolentis
    mota soror Phoebi gelidum de corpore fontem
    fecit et aeternas artus tenuavit in undas.
    Et nymphas tetigit nova res, et Amazone natus
    haud aliter stupuit, quam cum Tyrrhenus arator
    fatalem glaebam mediis adspexit in arvis
    sponte sua primum nulloque agitante moveri,
    sumere mox hominis terraeque amittere formam
    oraque venturis aperire recentia fatis
    (indigenae dixere Tagen, qui primus Etruscam
    edocuit gentem casus aperire futuros);
    utve Palatinis haerentem collibus olim
    cum subito vidit frondescere Romulus hastam,
    quae radice nova, non ferro stabat adacto
    et iam non telum, sed lenti viminis arbor
    non exspectatas dabat admirantibus umbras;

    E incluso elaboran amplias listas, índices y libros en los que se recogen esas “maravillas”, los “mirabilia”. Son las paradoxografías.  Naturalmente, fueron los griegos los primeros en hacerlo y dentro de ellos el primero del que tenemos noticia cierta que escribe un libro específico al respecto es Calímaco (310 a. C. – 240 a. C.). Su desarrollo tiene lugar en la época helenística en conexión con la creación de las grandes bibliotecas y centros de investigación como Alejadría o Pérgamo.

    Quienes sean proclives a creer en prodigios y milagros encontrará en el mundo grecorromano cientos de ejemplos de hechos maravillosos, que según algunos siguen produciéndose en abundancia en nuestro mundo tan científicamente estudiado. El conocimiento de estos “milagros” tan antiguos que con tanta frecuencia se producen, debería al menos servir a tantas personas crédulas para cuestionar el presunto carácter de estos hechos prodigiosos, muchos de ellos explicables por el conocimiento y otros simplemente creaciones fantásticas del propio hombre; como pintó Goya, “el sueño de la razón produce monstruos”.

    Presentaré en una pequeña serie de artículos algunos textos de Tito Livio, en cuya historia siempre están presentes los prodigios; de los poetas Lucano y Virgilio,; de Plinio el Joven y Tácito  sobre la aparición de una “mujer de estatura sobrehumana” y de San Agustín y su Ciudad de Dios

    Tito Livio, historiador que vivió en tiempos del emperador Augusto, escribió una historia de Roma desde su misma fundación; por eso le llama “Ab urbe condita”, “Desde la fundación de la ciudad”. Su relato está plagado de referencias a estos milagros, portentos y monstruos; son decenas los pasajes en los que refiere decenas y aun centenas de hechos “maravillosos”, de presagios de todo tipo. A este asunto han dedicado algunos investigadores importantes artículos.

    El crédulo Livio parece recoger los prodigios tal como se los ofrecen las fuentes sin  más consideración, pero diferencia entre prodigios mayores y menores, públicos y privados, en Roma o fuera de Roma. Presentaré más adelante una incompleta clasificación que nos dará idea de la variedad de prodigios.

    Un momento de especial tensión y por tanto propicio para la aparición de “prodigios” es el tiempo cuando en la Segunda Guerra Púnica entre romanos y cartagineses, Anibal sale desde Hispania y lleva la confrontación a Italia, atravesando los Alpes en invierno con sus elefantes, un gran temor y preocupación se extiende entre los romanos. Esas circunstancias son un buen ambiente para que se multipliquen los rumores de prodigios de todo tipo. Algunos de ellos se siguen produciendo de vez en cuando hoy en día.

    Citaré tan sólo dos pasajes de Tito Livio de las decenas posibles como muestra suficiente y ofreceré también una relación más amplia con la referencia a la ubicación del texto correspondiente por si el lector quisiera ampliar sus lecturas.

    En la relación de prodigios encontraremos rayos, meteoros y lenguas, de fuego halos y coronas luminosas, multiplicación de soles y de lunas ; hendiduras y hundimientos de la tierra ; resplandores extraños en el cielo; lluvia de sangre, de piedras, de tierra, de leche; ríos que arrastran agua sanguinolenta; erupciones volcánicas, transpiración del bronce o del mármol de las estatuas; seres híbridos o monstruosos, como caballos de cinco patas, cerdos con cabeza de hombre, animales bicéfalos; animales o infantes que hablan, etc., etc.

    Pues bien, estos efectos tan especiales son aprovechados frecuentemente por los poetas. Daré tan sólo dos ejemplos, uno del indiscutible Virgilio y otro de nuestro poeta de origen hispano Lucano. Reproduciré un texto famoso de Plinio el Joven y Tácito sobre las apariciones de seres de gran estatura o fantasmas.

    Citaré también un pasaje de La Ciudad de Dios de San Agustín, en el que se refiere y descalifica estas supersticiones.

    En el caso de este último autor llama poderosamente la atención la clarividencia con la que analiza las supercherías de los ajenos y la seguridad con la que acepta las supercherías propias; sin duda un lector ajeno a nuestra cultura no apreciaría diferencia alguna entre las creencias de los paganos y las creencias de los cristianos; de hecho, históricamente estas últimas se alimentan absolutamente de las primeras.

    Como decía, las referencias a prodigios son innumerables en la obra de Tito Livio. Veremos algunos ejemplos y al final daré una relación incompleta, con alguna clasificación, que nos permitirá hacernos una idea aproximada de su importancia. Un asunto de interés es analizar hasta qué punto Tito Livio cree en estos prodigios y las fuentes de las que los toma, entre ellas  los libros pontificales y los Annales oficiales en que se reflejan siguiendo la costumbre etrusca.

    T.Livio: Ab urbe condita, XXII,1,8 y ss.

    Aumentaba más y más el temor con los prodigios que referían de muchos puntos a la
    vez. En Sicilia, los venablos de algunos soldados se habían inflamado en sus manos, y de la misma manera en Cerdeña el bastón de un caballero que hacía la ronda en las murallas; en la playa habían brillado muchos fuegos; dos escudos habían sudado sangre; algunos soldados habían sido heridos por el rayo y había parecido que el disco del sol se apequeñaba. En Prenesto habían caído del cielo piedras abrasadoras; en Arpis habíanse visto escudos en el aire, y al sol luchando con la luna; en Capena habían aparecido dos lunas en pleno día; en Cerea habían arrastrado sangre las aguas, y en la fuente  de Hércules habían  aparecido manchas sangrientas; en Anzio habían caído espigas ensangrentadas en la cesta de un segador; en Faleria se había abierto en el cielo ancho desgarrón , por el que brotó intensa luz; las suertes se habían contraído por sí mismas, y había caído una con estas palabras: «Marte blande su lanza.» En el mismo tiempo habíanse visto en Roma, la estatua de Marte en la vía Apia, y la de los lobos, cubierta de sudor. En Capua, en fin, habíase visto el fenómeno del cielo ardiendo y la luna cayendo con la lluvia. En seguida se creyó en prodigios mucho menos graves: el pelo de algunas cabras se había trocado en lana, gallinas en gallos y gallos en gallinas.

    Habiéndose expuesto estos hechos, según se habían anunciado, e introducidos en el Senado los testigos, el cónsul abrió discusión acerca de la cuestión religiosa. Decretóse que estos prodigios se expiarían en parte con víctimas mayores y en parte con menores, y que delante de todos íos altares se celebrarían, durante tres días, solemnes rogativas; que para lo demás, los decenviros consultarían los libros sagrados , y que se haría también lo que ordenasen los dioses por medio de los cantos de la Sibila. Por consejo de los decenviros decidióse que se ofrecería á Júpiter un rayo de oro de cinco libras de peso, y dones de plata a Juno y á Minerva; que se inmolarían víctimas mayores a Juno Reina, sobre el Aventino, y a Juno Sospita, en Lanuvio; que las señoras romanas, contribuyendo cada una según sus fuerzas, llevarían una ofrenda a Juno Reina, sobre el Aventino, y que se celebraría un lectisterno ; en'fin, que l a s mismas libertas reunirían medios para ofrecer un don á la diosa
    Feronia .  Después de estas expiaciones, los decenviros inmolaron víctimas mayores en el foro de Ardea. En el mes de diciembre anterior se había hecho un sacrificio en Roma; en el templo de Saturno habíase ordenado un lectisterno y dispuesto el lecho para los senadores; habíase celebrado un festín público; en fin, toda la ciudad había repetido durante un día y una noche el grito de las saturnales, y habíase decretado que el pueblo conservaría y celebraría en lo venidero este día festivo.

    augebant metum prodigia ex pluribus simul locis nuntiata: in Sicilia militibus aliquot spicula, in Sardinia autem in muro circumeunti vigilias equiti scipionem quem manu tenuerat arsisse, et litora crebris ignibus fulsisse, et scuta duo sanguine sudasse, et milites quosdam ictos fulminibus,  et solis orbem minui visum, et Praeneste ardentes lapides caelo cecidisse, et Arpis parmas in caelo visas pugnantemque cum luna solem,  et Capenae duas interdiu lunas ortas, et aquas Caeretes sanguine mixtas fluxisse fontemque ipsum Herculis cruentis manasse respersum maculis, et Antii8 metentibus cruentas in corbem spicas cecidisse,  et Faleriis caelum findi velut magno hiatu visum, quaque patuerit ingens lumen effulsisse; sortes adtenuatas unamque sua  sponte excidisse ita scriptam: “mavors telum suum concutit;”  et per idem tempus Romae signum Martis Appia via ac simulacra luporum sudasse, et Capuae speciem caeli ardentis fuisse lunaeque inter imbrem cadentis.  inde minoribus etiam dictu prodigiis fides habitat: capras lanatas quibusdam factas, et gallinam in marem, gallum in feminam sese vertisse.
     his sicut erant nuntiata expositis auctoribusque in curiam introductis consul de religione patres consuluit. decretum ut ea prodigia partim maioribus hostiis, partim lactentibus procurarentur, et uti supplicatio per triduum ad omnia pulvinaria haberetur; cetera, cum decemviri libros inspexissent, ut ita fierent quem ad modum cordi esse divis e carminibus praefarentur.  decemvirorum monitu decretum est Iovi primum donum fulmen aureum pondo quinquaginta fieret et Iunoni14 Minervaeque ex argento dona darentur et Iunoni reginae in Aventino Iunonique Sospitae Lanuvii maioribus hostiis sacrificaretur matronaeque pecunia conlata,  quantum conferre cuique commodum esset, donum Iunoni reginae in Aventinum ferrent lectisterniumque fieret,et ut libertinae et ipsae, unde Feroniae  donum daretur, pecuniam pro facultatibus suis16 conferrent.
    haec ubi facta, decemviri Ardeae in foro maioribus hostiis sacrificarunt. postremo Decembri iam mense ad aedem Saturni Romae immolatum est lectisterniumque imperatum—eum lectum senatores straverunt—et convivium publicum,  ac per urbem Saturnalia diem ac noctem clamata, populusque eum diem festum habere ac servare in perpetuum iussus.

    Otro ejemplo de prodigios diversos en Tito Livio, 24,10:

    Aquel año corrieron noticias de numerosos hechos portentosos; cuanto más crédito les daban las gentes sencillas y supersticiosas, más se multiplicaban los rumores: en Lanuvio habían anidado unos cuervos en el interior del templo de Juno Sóspita; en Apulia había ardido una palmera verde; en Mantua había aparecido ensangrentada una laguna, consecuencia de un desbordamiento del río Mincio; además había llovido arcilla en Cales, y sangre en Roma en el mercado de ganado, y en el barrio Insteyo había brotado bajo tierra un manantial con tanta fuerza en el agua que había arrastrado con el ímpetu de un torrente los cántaros y toneles que allí había; cayeron rayos en un atrio público en el Capitolio, en el templo de Vulcano del campo de Marte, en el de Vacuna en la Sabina, y en una vía pública, un muro y una puerta en Gabios. Circulaban ahora  rumores de otros hechos extraordinarios: la lanza de Marte en Preneste se había movido sola, en Sicilia había hablado un buey; en el claustro materno un niño exclamó «¡Viva, triunfo!» en el país de los marrucinos; en Espoleto, una mujer se había transformado en hombre; en Adria habían visto un altar en el cielo y figuras humanas en torno a él vestidas de blanco. Es más, incluso en Roma, en la propia ciudad, inmediatamente después de verse un enjambre de abejas en el foro, lo cual es sorprendente por lo inusual, algunos aseguraban estar viendo legiones armadas en el Janículo, con lo cual concitaron a las armas a la población, mientras que los que estaban en el Janículo decían que por allí no había aparecido nadie aparte de los ocupantes habituales de la colina. Estos portentos fueron conjurados, por indicación de los arúspices, con víctimas mayores, y se decretó una rogativa pública a todos los dioses que tenían cojines sagrados en Roma.

    prodigia eo anno multa nuntiata sunt, quae quo magis credebant simplices ac religiosi homines, eo plura nuntiabantur: Lanuvi in aede intus Sospitae Iunonis corvos nidum fecisse; in Apulia palmam viridem arsisse; Mantuae stagnum effusum Mincio amni cruentum visum; et Calibus creta et Romae in foro bovario sanguine pluvisse;  et in vico Insteio fontem sub terra tanta vi aquarum fluxisse ut serias doliaque quae in eo loco erant provoluta velut impetus torrentis tulerit;  tacta de caelo atrium publicum in Capitolio, aedem in campo Volcani, Vacunae in Sabinis publicamque viam, murum ac portam Gabiis.  iam alia vulgata miracula erant:  hastam Martis Praeneste sua sponte promotam; bovem in Sicilia locutum; infantem in utero matris in Marrucinis “io triumphe” clamasse; ex muliere Spoleti virum factum; Hadriae aram in caelo speciesque hominum circum eam cum candida veste visas esse.  quin Romae quoque in ipsa urbe, secundum apum examen in foro visum—quod mirabile est, quia rarum—adfirmantes quidam legiones se armatas in Ianiculo videre concitaverunt civitatem ad arma,  cum qui in Ianiculo essent negarent quemquam ibi praeter adsuetos collis eius cultores adparuisse.  haec prodigia hostiis maioribus procurata sunt ex haruspicum responso, et supplicatio omnibus deis quorum pulvinaria Romae essent indicta est.

    Relación y clasificación incompleta de los prodigios aparecidos en la obra de Tito Livio:

    Celestes
    – Eclipses de sol: 7,28,7 / 30,38,8 / 37,4,4 / 38,36,4
    – Eclipses de luna: 44,37,8-9 / 26,5,9
    – Pluralidad de soles, de lunas, etc.: 28,11,3/ 29,14,3/ 41,21,12/ 22,1,9/ 22/1/10/ 30,38,8/  30,2,11-12/ 38,36,4
    – Sol de color de sangre: 25,7,8/ 31,12,5
    – Otros prodigios celestes:
         – Cielo que arde: 3,9,14/ 3,10,6/ 7,28,7/ 22,1,12/ 30,2,12/ 31,12,5/ 32,9,3/ 39,22,3/
         – Enorme antorcha ardiendo: 30,2,12/ 43,13,3/ 45,16,5
         – Figura de naves ardiendo en el cielo: 21,62,4/ 42,2,4/
          – Escudos volando por los aires: 22,1,9
          – El sol luchando con la luna: 22,1,9/
          – El cielo rasgado y una gran luz refulgiendo: 22,1,11/
          – La luna cayendo entre la lluvia: 22,1,12
          – Una piedra enorme volando: 23,7,8
          – Aparición de una luz por la noche: 28,11,3/ 29,14,3/ 32,29,2/
          – Lluvia deTierra
          – Piedra que cae del cielo: 41,9,5/
          – Movimientos sísmicos: 3,10,6/
          – Tempestades: 2,62,2/ 26,11,2/ 40,58,6/
          – Rayos: dice Luterbacher, recogido por Jose Jiménez Delgado en Helmántica, 12, 1961, que   28 rayos cayeron en los templos, 18 en murallas, 3 en estatuas, además de los que caen en hombres, animales, plantas, seres inanimados. Algunos ejemplos: 1,3,9 (a Rómulo)/ 10,31,8/ 22,1,8/ 25,7,8/ 27,7,7/ 27,11,12/ 27,,7,2/ 27/37,2/ 24,10,9/ 24,44,7/  27,37,2/ 32,1,10/ 32,9,2/ 36,37,3/ 27,23,3/ 37,37,2/ 28,11,2/ 28,11,4/ 32,1,10/ 32,29,1/ 40,2,4/ 45,16,5/  21,62,4/ 25,7,7/ 27,11,2/ 24,10,9/ 42,20,1/ 32,9,2/ 26,23,4/ 33,26,8/ 42,20,1/ 27,4,11/ 30,38,9/ 41,13,1/ 27,37,2/ 22,1,8/ 24,44,8/ 26,223,5/ 27,11,2/27,23,3/ 29,14,3/ 30,38,9/ 35,21,4/ 37,3,2/ 45,16,5/ 25,7,8/ 32,9,2/ 32,29,2/ 36,37,3/ 32,1,12/ 35,9,3/ 45,16,5/ 30,38,9/ 36,37,3/ 42,20,5/
          – Lluvias prodigiosas: tierra 10,1,8/ 34,45,6-7/ piedras ardiendo 22,1,9/ piedras 25,7,7/ 39,22,3/ 37,3,2/ 27,11,5/ sangre 34,45,6-7/ 39,46,5/ 42,20,5/ 24,10,7/ carne 3,10,6/ cal 24,10,7/ Leche 27,11,5/
        – 7, 28; 10, 31; 21, 62; 22, 36; 23, 31; 26, 23; 27, 32; 29, 10; 29, 14; 35, 21; 37, 3; 39, 56;
        – 40, 19; 42, 2; 43, 15; 44, 18; 45, 16.
        – Otros muchos menos frecuentes o importantes
    Terrestres
        – Sangre en fuentes y ríos: 22,1,10/ 24,10,7/ 24,44,8/ 27,11,3/  27,23,4/ 27,37,3/ 45,16,5/
        –  Imágenes que lloran o sudan: 22,1,12/ 22,36,7/ 23,31,15/ 27,4,14/ 28,11,4/ 40,19,2/ 43,13,4/
        –  Bosques sagrados: 27,4,12-14/ 27,37,2/ 41,9,4/
        – Enjambres de abejas: 21,46,1/ 24,10,11/ 27,23,2/ 35,9,4/
        – Presencia de lobos: 3,29,6-9/ 10,27,8/ 21,46,1/ 21,62,5/ 27,37,3/ 32,29,2/ 33,26,9/
        – Serpientes: 1,56,4/ 7,17,3/ 25,16,2/ 26,19,7/ 27,4,13/ 28,11,2/ 41,9,6/ 41,21,13/ 43,13,4
        – Aves de bueno y mal augurio: 10,40,14/ 21,62,4/ 22,1,13/ 24,10,6/ 27,4,12/ 30,2,9/
        – Llamas y nimbos misteriosos: arde la cabeza de Servio Tulio 1,39,1/ dardos inflamados 22,1,8/ palmera inflamada 24,10,7/ cabeza en llamas  25,39,16/ cabeza de Vulcano 34,45,7/
       – Espigas sangrando:  22,1,10/ 28,11,2/
       – Escudos sangrando: 25,39,10/
       – Ratones que roen el oro del templo: 27,23,2
       – Engendros monstruosos:
       –  Andrógino: 27,11,4/ sin definir sexo 27,37,5/ 31,12,6 /
       –  Niños sin ojos y nariz y manos: 35,21,3

    – Animales monstruosos
       –  Cabras con lana: 22,113/
       –  Vaca que pare un potro: 23,31,15/
       –  Cerdo con dos cabezas:28,11,3/ cerdo con rostro humano: 27,4,14/ 32,9,3/
       – Nace un cordero con una ubre llena de leche: 27,4,11/
       – En Reate pario una mula 26,23,5
       – Cordero macho y hembra a la vez: 28,11,3/
       – Cordero con dos cabezas: 32,9,3/
       – Potro con cinco patas: 31,12,7/ 32,1,11/
       – Tres pollos con tres patas cada uno: 32,1,11/ una polla con lana
       – Cabra que pare seis cabritos: 35,21,3/
       – Mula que pare: 37,3,3/ Mula con tres patas: 40,45,5/ 42,20,5/
       –  Asno con gres patas: 42,20,5
       – Animales que hablan:  Una vaca que habla: 3,10,6/ 43,13,3/ 27,11,4/ 28,11,4/ 35,21,4/
       – Niños que hablan: de seis meses: 21,62,2/ en el vientre de su madre: 24,10,10/
        – Buey que sube al tercer piso y se arroja desde él /21,62,3/  bueyes que suben al tejado: 36,37,2/
       – Vaca de bronce fecundada: 41,13,2
    – voces misteriosas:  enorme voz: 1,31,3/ 2,7,2/ más que humana: 5,32,6/ 6,33,5/
    – Visiones, sueños: sueño de Anibal: 21,22,6/

    Si alguno de los lectores de este blog creía que los milagros eran propios y exclusivos de su propia creencia, estaba muy equivocado: una vez más “Nihil novum sub sole”.

    Quedan para otro artículos los restantes textos anunciados.

  • Que tu vida sea como tu discurso (talis oratio qualis vita) (II). ¿Realmente los escritos son el reflejo evidente de la vida del autor?

    Si aceptamos absolutamente el principio estoico de la estrecha relación entre la vida y el lenguaje y lo aplicamos absolutamente a la creación literaria, nos veremos obligados a juzgar la vida del escritor en relación con sus escritos: si sus escritos son elevados, su vida será moralmente elevada, si sus escritos son escabrosos y escandalosa, su vida será igualmente escandalosa.

    Esto encierra el enorme peligro de confundir la realidad con la ficción y valorar injustamente a las personas. Considerando que la literatura, la palabra en general, es un poderoso instrumento de comunicación y de influencia en las personas, es fácil comprender cómo en numerosas ocasiones se ha condenado en sus diversas formas al disidente en función de su obra literaria.

    Ocurre ahora con frecuencia, pero también ocurrió en la Antigüedad: hubo quien consideró inmorales algunos de los escritos de Ovidio y en consecuencia quien juzgó a Ovidio como inmoral en su vida, y así pasó a la posteridad como “poeta inmoral” por escribir un par de libros eróticos. Y lo mismo ocurrió con Catulo y Marcial y tantos otros.

    Pero hay quien por el contrario entiende que el escritor o el orador tiene una enorme capacidad de crear una ficción, una obra imaginada que nada tenga que ver con la realidad existente. De ello se puede deducir que no se podrá deducir del contenido moral de un escrito la condición moral de un autor.

    Por ejemplo, Estratón de Sardes fue un griego autor de epigramas del que no sabemos con precisión la época en la que vivió, aunque generalmente se le enmarque en el siglo II de nuestra era. Sus epigramas fueron todos de tema homoerótico, la mayor parte de ellos referidos a la “pederastia” griega, y fueron recogidos en el libro XII de la Antología Palatina, o recopilación de poemas griegos desde el período clásico al bizantino.

      La crudeza con la que describe el amor físico homosexual hizo que fuera considerado como “autor inmoral” y sus poemas ocultados en muchos manuscritos. Pues bien, él mismo nos aclara en el epigrama 258 con que cierra el citado libro XII de la Antología Palatina, que los sentimientos que canta no son propios, sino que hace poemas para otros dada su facilidad para componer versos:

    Tal vez alguien en los años futuros, escuchando estos poemas míos informales, piense que estas penas de amor fueron todas mías. ¡No! Yo siempre garabateo esto o aquello para este o aquel amantede los jóvenes, ya que algún dios me ha dado este regalo (de hacer versos).

    Me limitaré ahora a presentar tan sólo algunos ejemplos en que “literatura erótica”, casi siempre jocosa, alegre, desinhibida, pero también crítica y amarga, choca con comportamientos de moral más rígida, a veces, como decía, evidentemente hipócrita.

    El asunto es más chocante cuando autores generalmente respetables y respetados se han permitido escribir alguna cosa de tono “más subido” que no se esperaba de ellos; ejemplos modernos de ello pueden ser en español el dramaturgo Nicolás Fernández de Moratín y su “Arte de las putas” o Félix María de Samaniego y su “Jardín de Venus”, el escatológico Quevedo y su “Gracias y desgracias del ojo del culo” o mucho más rediente el el Académico de la Real Academia Española y Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela y su “La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona”. El lector más beligerante e intransigente moralmente tiende a confundir y utilizar como arma la identificación de lo expresado en el texto, que puede ser una absoluta ficción, con la vida real del autor.

    Refiriéndonos al mundo antiguo, la obscenidad erótica en Roma, es un tema frecuente al que recurren los escritores satíricos latinos en su objetivo de  criticar los vicios de su sociedad. Lo vimos en el artículo anterior https://www.antiquitatem.com/talis-oratio-qualis-vita

    Los griegos en cambio, a los que los autores moralistas romanos atribuyen gran parte de la culpa, son mucho más permisivos en la crítica de los comportamientos obscenos.

    La obscenidad de los escritos eróticos choca con la “gravitas” y “severitas” o “seriedad” de las antiguas “mores maiorum” de la República primitiva, o comportamiento moral de los antepasados, y es una fuente de corrupción moral, sobre todo de los jóvenes, y se puede interpretar como un signo de vida inmoral del propio escritor, que es el tema de este artículo.

    Así ha pasado desde la antigüedad a nuestros días, como decía.  Esta cuestión de la influencia de la obscenidad, hoy diríamos pornografía, en la formación, educación y conducta de las personas sigue siendo un asunto de absoluta actualidad.

    Entre los  ejemplos antiguos, citaré los de los tres famosos poetas latinos citados anteriormente, que se vieron obligados a reivindicar su rectitud de vida personal frente a la alegría procaz de sus poemas, que algunos de sus lectores parecen no admitir.

    El primero de los tres en el tiempo es Catulo (h. 84 a. C.-Roma, h. 57 a. C.).

    El poema 16 de Catulo es un poema complejo, a cuya interpretación se han dedicado muchas páginas porque en él se reflejan algunas de las características de la sexualidad de los romanos hasta el punto de haber sido considerado como expresión de la identidad masculina en toda su fuerza: el “vir romanus” puede ser homosexual y recibir  la “fellatio” sólo si  es activo y dominador y no pasivo. Parece también que a Catulo le ha molestado enormemente que se le considere “poco hombre” porque pide miles de besos a su amada (en la condición del “vir” romano está el tomar y no pedir a un ser inferior como es considerada la mujer).

    Pero no me interesa ahora analizar estas cuestiones sino el hecho de que Catulo contrapone la inventiva literaria, la persona poética, a la persona real, negando así el principio estoico de talis oratio qualis vita (el discurso ha de ser acorde con la vida) que al menos obliga a guardar las apariencias y cómo reivindica cierta libertad para la literatura si ha de resultar atractiva.

    "Os joderé y me la chupareis,
    bujarrón Aurelio y marica Furio,
    que me habéis creído poco decente
    porque mis versos son voluptuosos.
    Pues el buen poeta debe ser casto,
    pero no sus versos que no lo necesitan.
    Que estos sólo tienen sal y encanto
    si son algo voluptuosos y poco púdicos
    y si pueden encender los ánimos,
    no diré yo de los muchachos, sino de esos velludos
    varones que no menean ya sus duros lomos.
    Y vosotros, porque leísteis tantos miles
    de besos ¿me juzgáis poco hombre?
    Os joderé y me la chuparéis."

    (Traduccion de L.A. de Villena)

    Pedicabo ego vos et irrumabo,
    Aureli pathice et cinaede Furi,
    qui me ex versiculis meis putastis,
    quod sunt molliculi, parum pudicum.
    Nam castum esse decet pium poetam
    ipsum, versiculos nihil necesse est;
    qui tum denique habent salem ac leporem,
    si sunt molliculi ac parum pudici,
    et quod pruriat incitare possunt,
    non dico pueris, sed his pilosis
    qui duros nequeunt movere lumbos.
    Vos, quod milia multa basiorum
    legistis, male me marem putatis?
    Pedicabo ego vos et irrumabo

    Otro ejemplo posterior en el tiempo es el de Ovidio (43 a.C.-17 d.C.). Acusado de “inmoral” en su tiempo y para toda la posteridad con la colaboración decisiva del emperador Augusto, que utilizo su famoso Arte de Amar como excusa para condenarlo al exilio en los confines del Imperio, y del Cristianismo que lo calificó de poeta “absolutamente pagano e inmoral”, tuvo que reivindicar una y otra vez la honorabilidad de su vida personal explicando la diferencia entre la creación literaria  y la vida real.

    En la elegía dirigida a un amigo orador, dice en Tristia I,9,55 y ss:

    Mejor hubiera sido que mi obra no hubiera brillado por su celebridad, y así como las graves disciplinas, elocuente amigo, te están dando provecho, así un arte diferente a ellas me ha perjudicado. Sin embargo mi vida te es conocida; tú sabes que las costumbres de su autor se apartaron de tales artes; y sabes que ese viejo poema fue compuesto en mi juventud y que tales poemas, aunque no son precisamente dignos de elogio, con todo no son sino bagatelas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at nostrum tenebris utinam latuisset in imis !
    expediit studio lumen abesse meo.
    utque tibi prosunt artes, facunde, severae,
    dissimiles illis sic nocuere mihi.
    vita tamen tibi nota mea est. scis artibus illis
    auctoris mores abstinuisse sui :
    scis vetus hoc iuveni lusum mihi carmen, et istos
    ut non laudandos, sic tamen esse iocos.

    Ovidio aclara las cosas en  Tristia II, 345 y ss. :

    Este libertinaje es el que me ha hecho odioso ante ti por culpa de mi Arte, del que tú piensas que incita a las alcobas veladas. Pero ni bajo mi magisterio las esposas aprendieron a ser infieles, ni nadie puede enseñar lo que poco conoce. Yo he compuesto versos divertidos y poemas amorosos de manera que ninguna habladuría atentara contra mi reputación. Y no hay ni siquiera marido alguno entre el pueblo llano, cuya paternidad se ponga en duda por mi culpa. Créeme, mis costumbres son distintas de mi poesía (mi vida es honesta, mi Musa divertida) y gran parte de mis obras es falsa y fingida: se han permitido decir más de lo que su propio autor se propuso. Mi libro no es expresión de mi espíritu, sino la inocente intención de ofrecer muchos temas apropiados para deleitar los oídos. De lo contrario Accio sería cruel, Terencio un parásito y los que cantan fieros combates serían belicosos. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Haec tibi me inuisum lasciuia fecit, ob Artes,
          Quis ratus es uetitos sollicitare toros.
    Sed neque me nuptae didicerunt furta magistro,
          Quodque parum nouit, nemo docere potest.
    Sic ego delicias et mollia carmina feci,
          Strinxerit ut nomen fabula nulla meum.
    Nec quisquam est adeo media de plebe maritus,
          Vt dubius uitio sit pater ille meo.
    Crede mihi, distant mores a carmine nostro
          (Vita uerecunda est, Musa iocosa mea)
    Magnaque pars mendax operum est et ficta meorum:
          Plus sibi permisit compositore suo.
    Nec liber indicium est animi, sed honesta uoluntas:
          Plurima mulcendis auribus apta feres.
    Accius esset atrox, conuiua Terentius esset,
          Essent pugnaces qui fera bella canunt.

    Insiste en la misma idea en Tristia II, 303 y ss.

    Además, la primera página aleja las manos virtuosas de mi Arte, escrito solamente para cortesanas. Toda aquella que irrumpe en un lugar adonde el sacerdote no permite la entrada, inmediatamente se convierte en culpable de un delito del que el sacerdote queda absuelto.

    No es, por tanto, un delito hojear versos de tema amoroso, pues a las mujeres les está permitido leer muchas cosas que, sin embargo, han de evitar hacer. Con frecuencia una matrona de severa expresión ve mujeres desnudas y preparadas para todo tipo de experiencia amorosa; los ojos de las Vestales contemplan los cuerpos de las prostitutas*, sin que esto haya sido motivo de castigo para su jefe.

    Pero ¿por qué en nuestra poesía hay demasiado libertinaje o por qué mi libro incita a todos a amar? No es sino un error y (hay que reconocerlo) una falta manifiesta: me arrepiento de mi inspiración y de mi juicio. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    * Porque asistían a las fiestas de Floralia entre el 28 de abril y el 3 de mayo en que las prostitutas se exhibían desnudas según la obra también de Ovidio Fastos V, 159-378.

    et procul a scripta solis meretricibus Arte
    summovet ingenuas pagina prima manus.
    quaecumque erupit, qua non sinit ire sacerdos,
    protinus huic dempti criminis ipsa rea est.
    nec tamen est facinus versus evolvere mollis ;
    multa licet castae non facienda legant.
    saepe supercilii nudas matrona severi
    et veneris stantis ad genus omne videt.
    corpora Vestales oculi meretricia cernunt,
    nec domino poenae res ea causa fuit.
    at cur in nostra nimia est lascivia Musa,
    curve meus cuiquam suadet amare liber ?
    nil nisi peccatum manifestaque culpa fatenda est :
    paenitet ingenii iudiciique mei.

    También en Tristia 3, 2, 5-9

    Ni a mí me sirve de nada el hecho de haber compuesto poesías sin delito real alguno y el que mi Musa haya sido más licenciosa que mi propia vida, sino que, tras haber sufrido incontables peligros por tierra y por mar, me tiene prisionero el Ponto abrasado por el persistente frío. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Nec mihi, quod lusi uero sine crimine, prodest,
          Quodque magis uita Musa iocata mea est:
    Plurima sed pelago terraque pericula passum
          Vstus ab assiduo frigore Pontus habet.

    De Marcial (40 d.C.-104), el poeta hispano de Bilbilis (Calatayud) que marchó como tantos otros a Roma, a la Urbe, al centro del mundo, nos quedan unos 1.550 epigramas; de ellos unos 100 pueden considerarse obscenos aplicando criterios de moral contemporánea: son los que se refieren o mencionan el cunnilingus másculino y femenino, la fellatio y la sodomía.

    Marcial tiene también que repetir la misma aclaración y casi con las mismas palabras que los poetas anteriores, sobre la diferencia entre la literatura y la vida:

    Martial I,4:

    Si por casualidad te topas, César, con mis libritos, deja de fruncir tu entrecejo
    señor del mundo. Vuestros triunfos acostumbran también a tolerar las bromas, y no siente pudor un general por ser materia de chistes. Te ruego que leas mis obras con esa misma frente con que contemplas a Timele y al payaso Latino. La censura puede permitir unas inocentes chanzas: mis páginas son licenciosas; mi vida, honesta.
    (Traducción de José Guillén)

    Contigeris nostros, Caesar, si forte libellos,
    Terrarum dominum pone supercilium.
    Consuevere iocos vestri quoque ferre triumphi,
    Materiam dictis nec pudet esse ducem.
    Qua Thymelen spectas derisoremque Latinum,
    Illa fronte precor carmina nostra legas.
    Innocuos censura potest permittere lusus:
    Lasciva est nobis pagina, vita proba.

    También en la presentación del Libro VIII y en el primer epigrama de ese libro aborda la cuestión del lenguaje de sus poemitas:

    AL EMPERADOR DOMICIANO CÉSAR AUGUSTO GERMÁNICO DÁCICO, VALERIO MARCIAL, SALUD
    Todos mis libritos, ciertamente, señor, a los que tú has dado fama esto es, vida, se ponen bajo tu protección y gracias a ello, pienso, serán leídos. Pero éste, que lleva por título el octavo de mi obra, disfruta de más frecuentes ocasiones de manifestarte mi piedad filial. Hube, por consiguiente, de esforzarme menos en las agudezas, cuyo lugar había ocupado la materia, a la que, desde luego, he tratado de darle variedad con alguna inserción de vez en cuando de mis chanzas, para que no todos los versos aportaran a tu divina modestia elogios que más fácilmente podrían cansarte a ti que saciarme a mí. Pero aunque hasta los hombres más severos y de mayor fortuna han escrito los epigramas con tal estilo que parecen haber emulado el lenguaje licencioso de los mimos, yo, sin embargo, no les he permitido hablar tan licenciosamente como suelen. Siendo así que una parte del libro no sólo la mayor, sino también la mejorestá ligada a la majestad de tu sagrado nombre, recuérdese que, a no ser purificados con una lustración religiosa, no se debe acceder a los templos. Esto, para que quienes van a leerme sepan que lo guardaré fielmente, en el mismo umbral del presente librito, he tenido a bien declararlo con un brevísimo epigrama.

    I
    Propósito
    Libro, que te dispones a entrar a los penates ornados de laurel de nuestro
    señor, aprende a hablar más honestamente con una lengua respetuosa. Retírate, desnuda Venus; no es el tuyo este librito. Ven tú en mi ayuda, tú, Palas del César.
    (Traducción de José Guillén)

    Imperatori Domitiano Caesari Augusto Germanico Dacico Valerius Martialis S.
    Omnes quidem libelli mei, domine, quibus tu fa-
    mam, id est vitam, dedisti, tibi supplicant; et, puto,
    propter hoc legentur. Hic tamen, qui operis nostri octa-
    vus inscribitur, occasione pietatis frequentius fruitur.
    Minus itaque ingenio laborandum fuit, in cuius locum
    materia successerat: quam quidem subinde aliqua ioco-
    rum mixtura variare temptavimus, ne caelesti verecun-
    diae tuae laudes suas, quae facilius te fatigare possint,
    quam nos satiare, omnis versus ingereret. Quamvis
    autem epigrammata a severissimis quoque et summae
    fortunae viris ita scripta sint, ut mimicam verborum
    licentiam adfectasse videantur, ego tamen illis non per-
    misi tam lascive loqui quam solent. Cum pars libri et
    maior et melior ad maiestatem sacri nominis tui alli-
    gata sit, meminerit non nisi religiosa purificatione
    lustratos accedere ad templa debere. Quod ut custo-
    diturum me lecturi sciant, in ipso libelli huius limine
    profiteri brevissimo placuit epigrammate.

    I

    Laurigeros domini, liber, intrature penates
    Disce verecundo sanctius ore loqui.
    Nuda recede Venus; non est tuus iste libellus:
    Tu mihi, tu Pallas Caesariana, veni.

    Marcial I, 35 XXXV

    No pidas recato a mis epigramas
    Te lamentas, Cornelio, de que escribo unos versos poco serios y que no puede comentar el maestro en la escuela. Pero estos libritos, como los maridos a sus mujeres, no pueden deleitar si están capados. ¿Qué, si me mandas que entone un epitalamio sin las palabras del epitalamio? ¿Quién pone vestidos a los juegos Florales o permite a las meretrices el pudor de la estola?  Tal es la norma que se les ha dado a los versos jocosos: que no pueden agradar si no son picantes. Por ello, abandonada tu severidad, te ruego que tengas consideración con mis retozos y juegos y no te empeñes en castrar mis libritos. No hay cosa más torpe que un Príapo capón.
    (Traducción de José Guillén)

    Versus scribere me parum severos
    Nec quos praelegat in schola magister,
    Corneli, quereris: sed hi libelli,
    Tamquam coniugibus suis mariti,
    Non possunt sine mentula placere.
    Quid si me iubeas talassionem
    Verbis dicere non talassionis?
    Quis Floralia vestit et stolatum
    Permittit meretricibus pudorem?
    Lex haec carminibus data est iocosis,
    Ne possint, nisi pruriant, iuvare.
    Quare deposita severitate
    Parcas lusibus et iocis rogamus,
    Nec castrare velis meos libellos.
    Gallo turpius est nihil Priapo.

    Lo mismo en 9, 28

    El mimo Latino
    Honor amable de la escena, gloria de los juegos públicos, yo soy el famoso
    Latino —tus aplausos y tus delicias— que fui capaz de convertir a Catón en
    espectador, de relajar la seriedad de los Curios y Fabricios . Pero mi vida no ha
    copiado nada de nuestro teatro y me guío tan sólo por las normas escénicas. Y no podría agradar a nuestro señor sin moralidad: ese dios escudriña bien adentro de los corazones. Vosotros llamadme parásito del laureado Febo, con tal que Roma sepa que soy el servidor de su Júpiter.
    (Traducción de José Guillén)

    Dulce decus scaenae, ludorum fama, Latinus
    Ille ego sum, plausus deliciaeque tuae,
    Qui spectatorem potui fecisse Catonem,
    Solvere qui Curios Fabriciosque graves.
    Sed nihil a nostro sumpsit mea vita theatro,
    Et sola tantum scaenicus arte feror:
    Nec poteram gratus domino sine moribus esse;
    Interius mentes inspicit ille deus.
    Vos me laurigeri parasitum dicite Phoebi,
    Roma sui famulum dum sciat esse Iovis.

    Y en Libro 11, 15

    Mis páginas son lascivas; pero mi vida, honrada
    Tengo páginas que podrían leer la esposa de Catón y las horribles sabinas2309;
    pero quiero que este libro sonría todo él y que sea más atrevido que mis otros libros. Éste, que se empape en vino y que no le dé rubor estar sucio de los aceites cosmianos, que juegue con los chicos, que ame a las chicas  y que no hable con rodeos de aquella de la que todos nacemos, la madre de todos, a la que el venerable Numa llamaba picha. Estos versos, sin embargo, acuérdate que son saturnales, Apolinar: este librito no refleja mis costumbres.
    (Traducción de José Guillén)

    Sunt chartae mihi, quas Catonis uxor
    Et quas horribiles legant Sabinae:
    Hic totus volo rideat libellus
    Et sit nequior omnibus libellis.
    Qui vino madeat nec erubescat
    Pingui sordidus esse Cosmiano,
    Ludat cum pueris, amet puellas,
    Nec per circuitus loquatur illam,
    Ex qua nascimur, omnium parentem,
    Quam sanctus Numa mentulam vocabat.
    Versus hos tamen esse tu memento
    Saturnalicios, Apollinaris:
    Mores non habet hic meos libellus.

    Plinio el Joven hace referencia al uso de palabras crudas en los poemitas para darles su gracia. Reproduzco íntegra la Epistula 4, 14:

    Gayo Plinio a Paterno
    Tal vez tú reclamas y esperas, según la costumbre, un  discurso mío, pero yo te envío mis entretenimientos poéticos como si se tratase de una mercancía exótica y refinada. Recibirás con esta carta algunos de mis endecasílabos, con  los que he recreado el tiempo libre en los viajes, en los baños, en las comidas. En ellos puedes encontrar mis bromas y [3] juegos, mis amores, lamentos, quejas y enfados, y descripciones, a veces algo más concisas, a veces algo más elevadas; y con su propia variedad pretendemos conseguir que unos agraden a unos, otros tal vez a todos. Sin embargo, si [4] alguno de ellos te parece poco delicado, tu erudición te permitirá recordar que aquellos ilustres y serios escritores, que cultivaron tales géneros, no sólo no evitaron la escabrosidad de los temas, sino que ni siquiera se abstuvieron de emplear palabras crudas, que nosotros rehuimos, no porque seamos más estrictos que ellos (¿de dónde acá?), sino porque somos más tímidos. Por otra parte, sé que la regla más auténtica de[5] estas piezas cortas es la que Catulo expresó con estas palabras: «En verdad el poeta virtuoso debe ser él mismo puro, pero no es necesario que lo sean sus versos; pues, sólo si son lascivos y algo desvergonzados, entonces tienen por fin gracia y encanto»

    Puedes valorar en cuánto estimo tu [6] opinión sobre todo por el hecho de que he preferido someter a tu juicio la totalidad de la obra a que elogies algunos pasajes seleccionados, y por otra parte los versos más excelentes [7] dejan de parecerlo cuando encuentras otros análogos. Además, un lector inteligente y sutil no debe comparar unos pasajes con otros diferentes, sino juzgar cada uno en sí mismo, y no considerar uno, que es perfecto en su género, inferior a otro. [8] ¿Pero, para qué seguir? Pues utilizar un largo prefacio para excusar o recomendar mis majaderías, resulta el colmo de la majadería. Me parece que debo decirte aún una cosa más: observa que yo he titulado estas bagatelas mías «endecasílabos», título que hace referencia solamente al metro [9]en el que están escritas. Por todo ello, puedes llamarlas epigramas o idilios o églogas o, como hace la mayoría, poemas cortos, o de cualquier otra forma que prefieras; pero yo[10] mantendré la denominación de endecasílabos. Espero de tu franqueza que me digas a mí lo que estás dispuesto a decir a otros sobre mi libro, y creo que no es pedirte demasiado. Pues si este pequeño trabajo nuestro fuese el mejor o el único de mi producción tal vez resultase cruel decirme: «Intenta hacer otra cosa»; pero es gentil y humano que me digas: «Tienes algo mejor que hacer». Adiós. (Traducción de JuliánnGonzález Fernández.Edit. Gredos)

    C. PLINIUS [DECIMO] PATERNO SUO S.
    Tu fortasse orationem, ut soles, et flagitas et exspectas; at ego quasi ex aliqua peregrina delicataque merce lusus meos tibi prodo.  Accipies cum hac epistula hendecasyllabos nostros, quibus nos in vehiculo in balineo inter cenam oblectamus otium temporis.  His iocamur ludimus amamus dolemus querimur irascimur, describimus aliquid modo pressius modo elatius, atque ipsa varietate temptamus efficere, ut alia aliis quaedam fortasse omnibus placeant.  Ex quibus tamen si non nulla tibi petulantiora paulo videbuntur, erit eruditionis tuae cogitare summos illos et gravissimos viros qui talia scripserunt non modo lascivia rerum, sed ne verbis quidem nudis abstinuisse; quae nos refugimus, non quia severiores – unde enim? -, sed quia timidiores sumus.  Scimus alioqui huius opusculi illam esse verissimam legem, quam Catullus expressit:
    Nam castum esse decet pium poetam
    ipsum, versiculos nihil necesse est,
    qui tunc denique habent salem et leporem
    si sunt molliculi et parum pudici.
    Ego quanti faciam iudicium tuum, vel ex hoc potes aestimare, quod malui omnia a te pensitari quam electa laudari. Et sane quae sunt commodissima desinunt videri, cum paria esse coeperunt.  Praeterea sapiens subtilisque lector debet non diversis conferre diversa, sed singula expendere, nec deterius alio putare quod est in suo genere perfectum. Sed quid ego plura? Nam longa praefatione vel excusare vel commendare ineptias ineptissimum est. Unum illud praedicendum videtur, cogitare me has meas nugas ita inscribere 'hendecasyllabi', qui titulus sola metri lege constringitur.  Proinde, sive epigrammata sive idyllia sive eclogas sive, ut multi, poematia seu quod aliud vocare malueris, licebit voces; ego tantum hendecasyllabos praesto.  A simplicitate tua peto, quod de libello meo dicturus es alii, mihi dicas; neque est difficile quod postulo. Nam si hoc opusculum nostrum aut potissimum esset aut solum, fortasse posset durum videri dicere: 'Quaere quod agas'; molle et humanum est: 'Habes quod agas.' Vale.

    También Apuleyo nos da una valiosa información en su Apología, o discurso sobre la magia, en defensa propia.

    Apología, 11:

    Pero, si seré necio, que trato estos temas incluso ante un tribunal. ¿O es que, más bien, sois vosotros unos acusadores de mala fe, por presentar tales cargos en una acusación, como si el entretenerse haciendo versos constituyera una prueba irrefutable sobre el valor moral de quien los hace? :No habéis leído, desde luego, los versos en los que Catulo  responde así a los malintencionados:

    Conviene, en efecto, que el poeta piadoso observe
    una conducta personal intachable, pero sus versos no
    tienen por qué ser también castos.

    El divino Adriano, como honrase con sus versos la tumba del poeta Voconio, amigo suyo, escribió sobre ella este epitafio:

    Tus versos eran lascivos, pero tu mente era pura.

    Nunca habría dicho tales palabras, si unos poemas, por ser un tanto voluptuosos, debieran interpretarse como prueba inequívoca de conducta licenciosa. Recuerdo haber leído también muchas poesías de este género compuestas por el propio emperador Adriano*. Atrévete, si quieres, Emiliano, a decir que no está bien hacer lo que el divino Adriano, emperador y, por tanto, censor, no sólo hizo, sino que, una vez hecho, legó a la posteridad. ¿Pero es que piensas acaso que Máximo va a condenar mis poemas, sabiendo que los he compuesto siguiendo el ejemplo de Platón? Los versos que acabo de citar de este filósofo son tanto más puros, cuanto mds sinceros; su obra poética es tanto más casta, cuanto menos artificiosamente ha sido expresada. En realidad, el disimular y ocultar estas cosas y todas las de este género es propio de quien tiene conciencia de culpabilidad; el expresarlas con sinceridad y el publicarlas es, por el contrario, un simple pasatiempo literario. La naturaleza, en efecto, ha asignado a la inocencia el atributo de la palabra y al mal, en cambio, el del silencio.

    No quisiera citar este profundo pensamiento del divino Platón, ya que son muy raros los hombres piadosos que lo ignoran, aunque sea desconocido por todos los profanos; dice Platón que la diosa Venus posee dos naturalezas, que cada una de ellas personifica un tipo peculiar de amor y que ambas reinan sobre amantes  diferentes. … (Traducción de Santiago Segura Munguía. Editorial Gredos)

    * Elio Espartiano en Scriptores historiae Augustae, XIV,  asegura que el emperador Adriano compuso varios poemas amatorios: Et de suis dilectis multa versibus composuit, amatoria carmina scripsit.

    ** Platón en su diálogo El Banquete 180C opone la Afrodita Pandemos a la Afrodita Urania.

    Sed sumne ego ineptus, qui haec etiam in iudicio? an uos potius calumniosi, qui etiam haec in accusatione, quasi ullum specimen morum sit uersibus ludere? Catullum ita respondentem maliuolis non legistis:

    nam castum esse decet pium poetam
    ipsum, uersiculos nihil necesse est?

    Diuus Adrianus cum Voconi amici sui poetae tumulum uorsibus muneraretur, ita scripsit: ‘lasciuus uersu, mente pudicus eras,’ quod nunquam ita dixisset, si forent lepidiora carmina argumentum impudicitiae habenda. ipsius etiam diui Adriani multa id genus legere me memini. aude sis, Aemiliane, dicere male id fieri, quod imperator et censor diuus Adrianus fecit et factum memoriae reliquit. ceterum Maximum quicquam putas culpaturum, quod sciat Platonis exemplo a me factum? cuius uersus quos nunc percensui tanto sanctiores sunt, quanto apertiores, tanto pudicius compositi, quanto simplicius professi; namque haec et id genus omnia dissimulare et occultare peccantis, profiteri et promulgare ludentis est; quippe natura uox innocentiae, silentium maleficio distributa.

    mitto enim dicere alta illa et diuina Platonica, rarissimo cuique piorum ignara, ceterum omnibus profanis incognita:  geminam esse Venerem deam, proprio quamque amore et diuersis amatoribus pollentis;

    earum alteram uulgariam, quae sit percita populari amore, non modo humanis animis, uerum etiam pecuinis et ferinis ad libidinem imperitare ui immodica trucique perculsorum animalium serua corpora complexu uincientem: alteram uero caelitem Venerem, praeditam quae sit optimati amore, solis hominibus et eorum paucis curare, nullis ad turpitudinem stimulis uel illecebris sectatores suos percellentem; quippe amorem eius non amoenum et lasciuum, sed contra incomitum et serium pulchritudine honestatis uirtutes amatoribus suis conciliare, et si quando decora corpora commendet, a contumelia eorum procul absterrere; neque enim quicquam aliud in corporum forma diligendum quam quod ammoneant diuinos animos eius pulchritudinis, quam prius ueram et sinceram inter deos uidere. quapropter, ut semper, eleganter Afranius hoc scriptum relinquat: ‘amabit sapiens, cupient ceteri,’ tamen si uerum uelis, Aemiliane, uel si haec intellegere unquam potes, non tam amat sapiens quam recordatur.

    Citaré para finalizar esta larga serie de textos la última parte del Centón Nupcial, Cento Nuptialis, de Ausonio, poeta de Burdeos, que vivió entre los años 310 y 395 y fue preceptor del emperador Graciano en su niñez.

    Ausonio escribió un poema muy famoso llamado Centón Nupcial (Cento Nuptialis) que nos desconcierta con un erotismo, pornografía tal vez para algunos, que de ninguna forma esperaríamos en este poeta.

    Debemos aclarar que un Centón es un poema confeccionado con versos diversos extraídos de otro autor que se integran en un conjunto distinto en el que adquieren otro significado distinto. Ausonio confeccionó un poema sobre el matrimonio precisamente con versos de Virgilio, el poeta más puro del que se hacían juegos de palabra con su nombre Virgilio relacionándolo con “virgen”, calificándolo pues de “virginal”.

    En otro momento dedicaré un artículo a este poema, del que ahora tan sólo quiero citar la última parte, Cento Nuptialis,10, (Aus. Cent. Nupt. 8,132 y ss. en otras ediciones) en la que justifica su texto recordando precisamente lo dicho y hecho por otros muchos autores, entre otros los citados en este mismo artículo.

    Date por contento, qerido Paulo,
      con esta página, Paulo, lasciva:
    que rías, nada más te pido.

    Mas cuando la hayas leído, ayúdame con esos que, como dice Juvenal, “fingen ser Curios y viven Bacanales”, no sea que crean que mis costumbres son como mi poema.
    “Lasciva es mi página, honrada mi vida”, como dice Marcial. Que recuerden también, pues además son eruditos, al más que honrado Plinio, que introdujo la lascivia en sus poemas, la limpieza en sus costumbres; que la obrita de Sulpicia ardía de prurito, mas su frente estaba fruncida; que Apuleyo fue en su vida un filósofo, en sus epigramas un erótico; que hay en todos los preceptos de Tulio severidad, más en sus cartas a Cerelia había un fondo de descaro; que el Banquete de Platón contiene epilios compuestos para efebos. ¿Y qué diré de los Fesceninos de Aniano, qué de los libros del Erotopaegnion del vetusto poeta Levio? ¿Y qué de Eveno, a quien Menandro llamó sabio? ¿Qué del propio Menandro? ¿Qué de los cómicos todos? Su vida es severa y su profesión, de contenido festivo. ¿Qué de Marón, llamado “Partenio” (virginal) a causa de su recato? En el octavo libro de la Eneida, cuando describía el coito de Venus y Vulcano introdujo “verdulerías” de un modo decente. ¿Y qué? En el libro tercero de las Geórgicas, ¿acaso no veló al tratar de los machos sueltos en la vacada el obsceno asunto con un honesto cambio de palabras? Y, si la severidad que viste a algunos hombres, condena algo en nuestro juego, que sepa que todo se ha tomado de Virgilio. Así pues, a quien no le guste nuestro juego, que no lo lea, y si lo ha leído, que lo olvide, y si no lo olvida que lo perdone. Al fin y al cabo es la historia de una boda y, quiera o no quiera, estas solemnidades no son de otra manera.
    (Traducción de Antonio Alvar Ezquerra. Edit. Gredos)

    Notas:
    Sulpicia es una de las escasas escritoras romanas de la que conocemos su nombre, que cita Marcial en el libro X, 35 y 38; parece que escribió epigramas eróticos dirigidos a su marido; podría también ser un personaje ficitio creado por Marcial. Aniano, autor del siglo II, escribió unos Fescennini versi. Se trata de versos de contenido obsceno. El nonbre deriva de “fascinum” y su función está relacionada con la evitación del “mal de ojo”.  Véase https://www.antiquitatem.com/fascinar-mal-de-ojo-falo-apotropaico
    De Virgilio se dice en Donatus, Vita Vergilii,6, (11): Por lo demas es conocido que en su vida fue tan honesto en su rostro y en su alma que en Nápoles se le llamaba “Parthenias” (virginal). Cetera sane vita et ore et animo tam probum fuisse constat ut Neapoli Parthenias appellaretur; La palabra griega παρθένος, parthenos, significa “virgen” (Recordemos que el famoso Parthenon es el templo a la Virgen Atenea, patrona de Atenas) .

    Contentus esto, Paule mi,
    lasciva, Paule, pagina:
    ridere, nil ultra, expeto.
    Sed cum legeris, adesto mihi adversum eos, qui,
    ut Iuvenalis  ait, ‘Curios simulant et Bacchanalia
    vivunt,’ ne fortasse mores meos spectent de carmine.
    ‘Lasciva est nobis pagina, vita proba,’
    ut Martialis  dicit, meminerint autem, quippe eruditi,
    probissimo viro Plinio in poematiis  lasciviam,
    in moribus constitisse censuram; prurire opusculum
    Sulpiciae, frontem caperare; esse Appuleium in vita
    philosophum, in epigrammatis amatorem; in praeceptis
    Ciceronis extare severitatem, in epistulis ad
    Caerelliam subesse petulantiam; Platonis Symposion
    composita in ephebos epyllia continere, nam quid
    Anniani Fescenninos, quid antiquissimi poetae Laevii
    Erotopaegnion libros loquar? quid Evenum, quem
    Menander sapientem vocavit? quid ipsum Menandrum?
    quid comicos omnes, quibus severa vita est
    et laeta materia? quid etiam Maronem Parthenien
    dictum causa pudoris, qui in octavo Aeneidos, cum
    describeret coitum Veneris atque Vulcani, atque αἰσχροσεμνίαν
    decenter immiscuit? quid? in tertio Georgicorum
    de summissis in gregem maritis nonne obscenam
    significationem honesta verborum translatione
    velavit? et si quid in nostro ioco aliquorum hominum
    severitas vestita condemnat, de Vergilio arcessitum
    sciat, igitur cui hic ludus noster non placet, ne
    legerit, aut cum legerit, obliviscatur, aut non oblitus
    ignoscat, etenim fabula de nuptiis est et, velit nolit,
    aliter haec sacra non constant.

    Sirvan también las palabras fnales de Ausonio como final perfecto para este artículo.

    Tan sólo me queda añadir que en consecuencia no tiene por qué existir una real y absoluta coincidencia entre lo que el poeta o autor literario escribe y su forma de vida; dejemos un amplio campo a la creatividad e imaginación del autor. Incluso puede ocurrir que el objetivo del escritor sea sencillamente engañar al lector.

    En este caso deberemos admitir también la posibilidad de que autores de escritos de elevado y rígido tono moral  lleven una vida personal poco edificante. ¿Pero añade algo a la densa obra del autor cristiano a marchamartillo saber que visitaba con asiduidad los prostíbulos madrileños o murió de cirrosis etílica? ¿Debemos caer en esos cotilleos?

    Pero también habremos de concluir que también son muchos los casos en los que la literatura es un reflejo de la vida real del autor y en los que el propio estilo literario está en relación directa con la forma de ser del autor. Todo ello obliga siempre a una lectura atenta, informada y crítica de cualquier obra literaria.

  • May your life be like your speech (talis oratio qualis vita) (I)

    «The face is the mirror of the soul», «By the way of expressing yourself, we know the way of being yourself», «May your life be like your speech» or «think that you say and say that you think» are expressions and ideas that we have been using it since Greco-Roman antiquity in which Stoic thinkers generalized them.

    In a similar way, we believe that the general appearance and especially the dress of a person reveals his inner form of being and thinking. Thus a disheveled aspect is evidence of an unorganized life
    Lucius Annaeus Seneca uses in the letter number 114, addressed to his friend Lucilius, the expression "talis hominibus fuit oratio qualis vita" (for these men his speech was like his life), warning us that this sentence is already a sentence or phrase made coined by the Greeks.

    The meaning that this expression has for the Stoics,  Seneca is one of them, is that there is a close relationship between what is said in speech, oral or written, and life; In other words, that the writer or speaker writes or speaks according to his life. Moreover, the convenience of the agreement between "what is said and what is thought" as an essential element of honest and moral life. Then I will go a little deeper in the sense of these sentences.

    The truth is that the idea that there is a perfect relationship between a person's way of being and the way of expressing himself is very ancient and widespread in the Greek world. We find it, for example, in Plato, in his dialogue on the Republic, III, 11. 399e et seq. where  he talks us about the importance of music  and of the various rhythms in education, according to the expression of the various themes and in line with the way people are; it can be a little long, but it introduces perfectly the question:

    “For upon harmonies would follow the consideration of rhythms: we must not pursue complexity nor great variety in the basic movements, but must observe what are the rhythms of a life that is orderly and brave,…
    …For that there are some three forms from which the feet are combined, just as there are four in the notes of the voice whence come all harmonies,… But which are imitations of which sort of life, I am unable to say.”
    “Well,” said I, “on this point we will take counsel with Damon, too, as to which are the feet appropriate to illiberality, and insolence or madness or other evils, and what rhythms we must leave for their opposites;

    And, further, that good rhythm and bad rhythm accompany, the one fair diction, assimilating itself thereto, and the other the opposite, and so of the apt and the unapt, if, as we were just now saying, the rhythm and harmony follow the words and not the words these.” “They certainly must follow the speech,” he said. “And what of the manner of the diction, and the speech?” said I. “Do they not follow and conform to the disposition of the soul?” “Of course.” “And all the rest to the diction?” “Yes.” “Good speech, then, good accord, and good grace,

    and good rhythm wait upon good disposition, not that weakness of head which we euphemistically style goodness of heart, but the truly good and fair disposition of the character and the mind.” “By all means,” he said. “And must not our youth pursue these everywhere if they are to do what it is truly theirs to do?” “They must indeed.”
    ……
    …And gracelessness and evil rhythm and disharmony are akin to evil speaking and the evil temper but the opposites are the symbols and the kin of the opposites, the sober and good disposition.” “Entirely so,” he said.
    “Is it, then, only the poets that we must supervise and compel to embody in their poems the semblance of the good character or else not write poetry among us, or must we keep watch over the other craftsmen, and forbid them to represent the evil disposition, the licentious, the illiberal, the graceless, either in the likeness of living creatures or in buildings or in any other product of their art,…..
    (Translated by Paul Shorey. Cambridge, MA, Harvard University Press; London, William Heinemann Ltd. 1969.)

    In fact, this is the idea used by Virgil when in his Eclogue  VI he indicates the need to adapt the poetic form of bucolic poetry to the themes that are its own:

    Viril Eclogues VI 1-12:

    first my Thalia stooped in sportive mood
    to Syracusan strains, nor blushed within
    the woods to house her. When I sought to tell
    of battles and of kings, the Cynthian god
    plucked at mine ear and warned me: “Tityrus,
    beseems a shepherd-wight to feed fat sheep,
    but sing a slender song.” Now, Varus, I—
    for lack there will not who would laud thy deeds,
    and treat of dolorous wars—will rather tune
    to the slim oaten reed my silvan lay.
    I sing but as vouchsafed me; yet even this
    if, if but one with ravished eyes should read,
    of thee, O Varus, shall our tamarisks
    and all the woodland ring; nor can there be
    a page more dear to Phoebus, than the page
    where, foremost writ, the name of Varus stands
    .
    (Translated by J. B. Greenough. Boston. Ginn & Co. 1895.)

    Prima Syracosio dignata est ludere versu,
    nostra nec erubuit silvas habitare Thalia.
    Cum canerem reges et proelia, Cynthius aurem
    vellit, et admonuit: “Pastorem, Tityre, pinguis
    pascere oportet ovis, deductum dicere carmen.”
    Nunc ego—namque super tibi erunt, qui dicere laudes,
    Vare, tuas cupiant, et tristia condere bella—
    agrestem tenui meditabor arundine Musam.
    Non iniussa cano: si quis tamen haec quoque, si quis
    captus amore leget, te nostrae, Vare, myricae,
    te nemus omne canet; nec Phoebo gratior ulla est,
    quam sibi quae Vari praescripsit pagina nomen.

    So there is and must be a perfect relationship between what is said, how it is said and the real life whom says it. It is also perfectly expressed by the very repeated French phrase "Le style, c'est l'homme même". The phrase is taken from the Address of entrance of Buffon in l'Académie française in 1753 in which it tries to justify and to praise the originality of the great writers. The phrase turned against Buffon himself who is criticized for his pompous and bombastic style.

    Another testimony, this shorter because it is a fragment, is found in the Greek playwrighter   Menander, Fragment 143K, that is  identified as belonging to the Comedy "The self-tormentor", name that it receives also the adaptation to the Latin that soon Terence did with his Heautontimourumenos:

    A man's character discovers itself in his speech.

    Terence, a Latin author who uses Menander's theater to write his comedies in Latin, employs, as I said, a similar expression in a work on the same theme which he also calls Heautontimourumenos; this is in II, 4,4 (384 / in others Editions 392):

    BACCHIS.
    Upon my word, my dear Antiphila, I commend you, and think you fortunate in having made it your study that your manners should be conformable to those good looks of yours: and so may the Gods bless me, I do not at all wonder if every man is in love with you. For your discourse has been a proof to me what kind of disposition you possess.
    (Translated by Henry Thomas Riley. Ney York. Harper and Brothers. 1874.

    Bacchides.

    Edepol te, mea Antiphila, laudo et fortunatam iudico,
    Id quum studuisti, isti formae ut mores consimiles forent:
    Minimeque, ita me Di ament, miror, si te sibi quisque expetit.
    Nam mihi quale ingenium haberes fuit indicio oratio.

    The idea is also taken up by Cicero in his Brutus, 117:

    As I have mentioned the Stoics, I must take some notice of Q. Aelius Tubero, the grandson of L. Paullus, who made his appearance at the time we are speaking of. He was never esteemed an orator, but was a man of the most rigid virtue, and strictly conformable to the doctrine he professed: but, in truth, he was rather too crabbed. When he was triumvir, he declared, contrary to the opinion of P. Africanus his uncle, that the augurs had no right of exemption from sitting in the courts of justice: and as in his temper, so in his manner of speaking, he was harsh, unpolished, and austere; on which account, he could never raise himself to the honourable ports which were enjoyed by his ancestors. But he was a brave and steady citizen, and a warm opposer of Gracchus, as appears from an oration of Gracchus against him: we have likewise some of Tubero's speeches against Gracchus. He was not indeed a shining orator: but he was a learned, and a very skilful disputant." Translated by E.Jones (1776)

    Et quoniam Stoicorum est facta mentio, Q. Aelius Tubero fuit illo tempore, L. Pauli nepos; nullo in oratorum numero sed vita severus et congruens cum ea disciplina quam colebat, paulo etiam durior; qui quidem in triumviratu iudicaverit contra P. Africani avunculi sui testimonium vacationem augures quo minus iudiciis operam darent non habere; sed ut vita sic oratione durus incultus horridus; itaque honoribus maiorum respondere non potuit. fuit autem constans civis et fortis et in primis Graccho molestus, quod indicat Gracchi in eum oratio; sunt etiam in Gracchum Tuberonis. is fuit mediocris in dicendo, doctissumus in disputando.

    And the same Cicero in Tusculanae Disputationes, V, 47

    The Stoics give the name of excellent and choice to what the others call good: They call them so, indeed ; but they do not allow them to complete a happy life. But these others think that there is no life happy without them ;or, admitting it to be happy, they deny it to be the most happy. But our opinión is, that it is the most happy; and we prove it from that conclusión of Socrates. For thus that autor of philosophy argued that as the disposition of a man's mind is, so is the man; such as the man is, such will be his discourse; his actions will correspond with his discourse, and his life with his actions. But the disposition of a good man's mind is laudable ; the life, therefore, of a good Man is laudable ; it is honorable, therefore, because laudable ; the unavoidable conclusión from which is that the life of good men is happy. (Translated by C.D. Yonge)

    At enim eadem Stoici1 “praecipua” vel “producta” dicunt, quae “bona” isti. dicunt illi quidem, sed is vitam beatam compleri negant; hi autem sine is esse nullam putant aut, si sit beata, beatissimam certe negant. nos autem volumus beatissimam, idque nobis Socratica illa conclusione confirmatur. sic enim princeps ille philosophiae disserebat: qualis cuiusque animi adfectus esset, talem esse hominem; qualis autem homo ipse esset, talem eius esse orationem; orationi autem facta similia, factis vitam. adfectus autem animi in bono [p. 426] viro laudabilis; et vita igitur laudabilis boni viri; et honesta ergo, quoniam laudabilis. ex quibus bonorum beatam vitam esse concluditur.

    And again Cicero, referring to Cato the Elder, tells us in Republic, II, 1:

    [When, therefore, he observed all his friends kindled with the de]sire of hearing him, Scipio thus opened the discussion. I will commence, said Scipio, with a sentiment of old Cato, whom, as you know,I singularly loved and exceedingly admired, and to whom, in compliance with the judgment of both my parents, and also by my own desire, I was entirely devoted during my youth; of whose discourse, indeed, I could never have enough, so much experience did he possess as a statesman respecting the republic which he had so long governed, both in peace and war, with so much success. There was also an admirable propriety in his style of conversation, in which wit was tempered with gravity; a wonderful aptitude for acquiring, and at the same time communicating,information; and his life was in perfect correspondence and unison with his language. (Translated by C.C. Yonge)

    Cum omnes flagrarent cupiditate audiendi, ingressus est sic loqui Scipio: Catonis hoc senis est, quem, ut scitis, unice dilexi maximeque sum admiratus cuique vel patris utriusque iudicio vel etiam meo studio me totum ab adulescentia dedidi; cuius me numquam satiare potuit oratio; tantus erat in homine usus rei publicae, quam et domi et militiae cum optime, tum etiam diutissime gesserat, et modus in dicendo et gravitate mixtus lepos et summum vel discendi studium vel docendi et orationi vita admodum congruens.

    Plutarch also uses the idea when he speaks also about Cato the Elder 7,1 and 2

    Much the same traits are revealed in the man's oratory. It was at once graceful and powerful, pleasant and compelling, facetious and severe, sententious and belligerent. So Plato says of Socrates that from the outside he impressed his associates as rude, uncouth, and wanton; but within he was full of earnestness, and of matters that moved his hearers to tears and wrung their hearts.

    Wherefore I know not what they can mean who say that Cato's oratory most resembled that of Lysias. However, such questions must be decided by those who are more capable than I am of discerning the traits of Roman oratory, and I shall now record a few of his famous sayings, believing that men's characters are revealed much more by their speech than, as some think, by their looks. (Translation by Bernadotte Perrin. Cambridge, MA. Harvard University Press. London. William Heinemann Ltd. 1914.)

    And the same Plutarch in his Lives, in the comparison between Demosthenes and Cicero, 1, says:

    These, then, are the memorable incidents in the recorded careers of Demosthenes and Cicero which have come to our knowledge. And though I have renounced the comparison of their oratorical styles, yet this, I think, ought not to be left unsaid, namely, that Demosthenes devoted to the rhetorical art all the powers of speech which he possessed by nature or acquired by practice, surpassing in force and effectiveness his rivals in forensic and judicial pleading, in pomp and majesty of utterance the professional declaimers, and in precision and skill the sophists; Cicero, on the other hand, became widely learned and had a variety of interest in the pursuit of letters, and left behind him not a few philosophical treatises of his own conforming to the fashion of the Academy; indeed, even in the speeches which he wrote for the forum and the courts he clearly desires to display by the way a considerable acquaintance with letters.

    It is possible, too, to get a glimpse of the character of each in his style of speaking. For that of Demosthenes, which had no prettiness or pleasantry, and was condensed with a view to power and earnestness, did not smell of lamp-wicks, as Pytheas scoffingly said, but of water-drinking and anxious thought, and of what men called the bitterness and sullenness of his disposition; whereas Cicero was often carried away by his love of jesting into scurrility, and when, to gain his ends in his cases, he treated matters worthy of serious attention with ironical mirth and pleasantry, he was careless of propriety. Thus, in his defence of Caelius, he said that his client, surrounded as he was by great luxury and extravagance, did nothing out of the way when indulging in pleasures; for not to enjoy what is in one's possession was madness, he said, particularly when the most eminent philosophers assert that true happiness consists in pleasure.

    And we are told that when Cato prosecuted Murena, Cicero, who was then consul, defended him, and because of Cato's beliefs made much fun of the Stoic sect, in view of the absurdities of their so-called paradoxes; and when loud laughter spread from the audience to the jurors, Cato, with a quiet smile, said to those who sat by: ‘What a funny man we have, my friends, for consul!’

    And it would seem that Cicero was naturally prone to laughter and fond of jesting; his face, too, was smiling and peaceful. But in that of Demosthenes there was always a certain intense seriousness, and this look of thoughtfulness and anxiety he did not easily lay aside. For this reason his enemies, as he himself says, called him morose and ill-mannered. (Translated by Bernadotte Perrin, 1919)

    Seneca is probably the author who more often uses this idea. As I said at the beginning he is the author of the letter in which the initial quoted sentence appears. In that letter he merely establishes in an eloquent way an absolute relation of identity between the form of life of the author and the type of expression and linguistic construction that he uses. And he exemplifies his thesis with the example of Maecenas. I now reproduce the first paragraphs of the letter, in which the phrase quoted appears, and I leave till the end the whole reproduction of the letter 114, worthy of being read, although somewhat long.

    On Style as a Mirror of Character
    You have been asking me why, during certain periods, a degenerate style of speech comes to the fore, and how it is that men's wits have gone downhill into certain vices – in such a way that exposition at one time has taken on a kind of puffed-up strength, and at another has become mincing and modulated like the music of a concert piece. You wonder why sometimes bold ideas – bolder than one could believe – have been held in favour, and why at other times one meets with phrases that are disconnected and full of innuendo, into which one must read more meaning than was intended to meet the ear. Or why there have been epochs which maintained the right to a shameless use of metaphor. For answer, here is a phrase which you are wont to notice in the popular speech – one which the Greeks have made into a proverb: "Man's speech is just like his life." Exactly as each individual man's actions seem to speak, so people's style of speaking often reproduces the general character of the time, if the morale of the public has relaxed and has given itself over to effeminacy. Wantonness in speech is proof of public luxury, if it is popular and fashionable, and not confined to one or two individual instances.  A man's ability cannot possibly be of one sort and his soul of another. If his soul be wholesome, well-ordered, serious, and restrained, his ability also is sound and sober. Conversely, when the one degenerates, the other is also contaminated. Do you not see that if a man's soul has become sluggish, his limbs drag and his feet move indolently? If it is womanish, that one can detect the effeminacy by his very gait? That a keen and confident soul quickens the step? That madness in the soul, or anger (which resembles madness), hastens our bodily movements from walking to rushing?

    And how much more do you think that this affects one's ability, which is entirely interwoven with the soul, – being moulded thereby, obeying its commands, and deriving therefrom its laws! 4. How Maecenas lived is too well-known for present comment. We know how he walked, how effeminate he was, and how he desired to display himself; also, how unwilling he was that his vices should escape notice. What, then? Does not the looseness of his speech match his ungirt attire? Are his habits, his attendants, his house, his wife, any less clearly marked than his words? He would have been a man of great powers, had he set himself to his task by a straight path, had he not shrunk from making himself understood, had he not been so loose in his style of speech also. You will therefore see that his eloquence was that of an intoxicated man – twisting, turning, unlimited in its slackness. (translated by Richard Mott Gummere)

    Quare quibusdam temporibus provenerit corrupti generis oratio quaeris, et quomodo in quaedam vitia inclinatio ingeniorum facta sit, ut aliquando inflata explicatio vigeret, aliquando infracta et in morem cantici ducta ? Quare alias sensus audaces et fidem egressi placuerint, alias abruptae sententiae et suspiciosae, in quibus plus intellegendum esset quam audiendum ? Quare aliqua aetas fuerit, quae translationis iure uteretur inverecunde ? Hoc quod audire vulgo soles, quod apud Graecos in proverbium cessit: talis hominibus fuit oratio qualis vita.

    Quemadmodum autem uniuscuiusque actio dicenti similis est, sic genus dicendi aliquando imitatur publicos mores, si 1 disciplina civitatis laboravit et se in delicias dedit. Argumentum est luxuriae publicae orationis lascivia, si modo non in uno aut in altero fuit, sed adprobata est et recepta.

    Non potest alius esse ingenio, alius animo color. Si ille sanus est, si compositus, gravis, temperans, ingenium quoque siccum ac sobrium est; illo vitiato hoc quoque adflatur. Non vides, si animus elanguit, trahi membra et pigre moveri pedes ? Si ille effeminatus est, in  ipso incessu adparere mollitiam ? Si ille acer est et ferox, concitari gradum ? Si furit aut, quod furori simile est, irascitur, turbatum esse corporis motum nec ire, sed ferri ?

    Quanto hoc magis accidere ingenio putas, quod totum animo permixtum est; ab illo fingitur, illi paret, inde legem petit.

    Quomodo Maecenas vixerit notius est, quam ut narrari nunc debeat, quomodo ambulaverit, quam delicatus fuerit, quam cupierit videri, quam vitia sua latere noluerit. Quid ergo ? Non oratio eius aeque soluta est quam ipse discinctus ? Non tam insignita illius verba sunt quam cultus, quam comitatus, quam domus, quam uxor ? Magni vir ingenii fuerat, si illud egisset via rectiore, si non vitasset intellegi, si non etiam in oratione difflueret. videbis itaque eloquentiam ebrii hominis involutam et errantem et licentiae plenam.

    Then he uses it, as I said, on numerous occasions. Thus in Letters, 40, 2:

    You write me that you heard a lecture by the philosopher Serapio, when he landed at your present place of residence. "He is wont," you say, "to wrench up his words with a mighty rush, and he does not let them flow forth one by one, but makes them crowd and dash upon each other. For the words come in such quantity that a single voice is inadequate to utter them." I do not approve of this in a philosopher; his speech, like his life, should be composed; and nothing that rushes headlong and is hurried is well ordered. That is why, in Homer, the rapid style, which sweeps down without a break like a snow-squall, is assigned to the younger speaker; from the old man eloquence flows gently, sweeter than honey.(Translated by Richard Mott Gummere)

    Audisse te scribis Serapionem philosophum, cum istuc adplicuisset: " Solet magno cursu verba convellere, quae non effundit una, sed premit et urguet. Plura enim veniunt quam quibus vox una sufficiat." Hoc non probo in philosopho, cuius pronuntiatio quoque, sicut vita, debet esse conposita; nihil autem ordinatum est, quod praecipitatur et properat. Itaque oratio illa apud Homerum concitata et sine intermissione in morem nivis superveniens iuveniori  oratori data est, lenis et melle dulcior seni profluit.

    And also in Letters, 40, 6

    No; but just as you are well satisfied, in the majority of cases, to have seen through tricks which you did not think could possibly be done, so in the case of these Word-gymnasts, -to have Heard them once in amply sufficient. For what can a man desire to learn or to imitate in them? What is he to think of their souls, when their seech is sent into charge in utter disorder, and cannot be kept in hand? ( translated by Richard Mott Gummere

    Sed ut pleraque, quae fieri posse non crederes, cognovisse satis est, ita istos, qui verba exercuerunt, abunde est semel audisse. Quid enim quis discere, quid imitari velit ? Quid de eorum animo iudicet, quorum oratio perturbata et inmissa est nec potest reprimi ?

    And in 75, 4:

    Let this be the kernel of my idea: let us say what we feel, and feel what we say; let speech harmonize with life. That man has fulfilled his promise who is the same person both when you see him and when you hear him. (Translated by Richard Mott Gummere)

    Haec sit propositi nostri summa: quod sentimus loquamur, quod loquimur sentiamus; concordet sermo cum vita. Ille promissum suum inplevit, qui, et cum videas illum et cum audias, idem est.

    And in 107, 12:

    Le tus live thus, and speak thus; let Fate find us ready and alert. Here is your great soul –the man who has given himself over to Fate; on the other hand, that man is a weakling and a degenerate who struggles and maligns the order of the universo and would rather reform the gods tan reform himself. Farewell. (translated by Richard Mott Gummere).

    Sic vivamus, sic loquamur; paratos nos inveniat atque inpigros fatum. Hic est magnus animus, qui se ei tradidit; at contra ille pusillus et degener, qui obluctatur et de ordine mundi male existimat et emendare mavult deos quam se. Vale.

    And in 115, 1-2:

    I wish, my dear Lucilius, that you would not be too particular with revard to words and their arrangemente; I have greater matters tan these to commend to your care. You should seek what to write, rather tan how to write it –and even that not for the purpose of writing but of feeling it, that you may thus make what you have felt more your own and, as it were, set a seal on it. Whenever you notice a style that is too careful and too polished, you may be sure that the mind also is no less absorbed in petty thingss. The really great man speaks informally and easily; whatever he says,  he speaks with assurance rather tan with pains.

    You are familiar with the Young dandies, natty as to their beards and locks, fresh from the bandbox; you can never expect from them any strength or any soundness. Style is the garb of thought: if it be trimmed, or dyed, or treagted, it shows that there are defects and a certain amount of flaws in the mind. Elaborate elegance is not a manly garb. (translated by Richard Mott Gummere)

    Nimis anxium esse te circa verba et compositionem, mi Lucili, nolo; habeo maiora, quae cures. Quaere, quid scribas, non quemadmodum; et hoc ipsum, non ut scribas, sed ut sentias, ut illa, quae senseris, magis adplices tibi et velut signes. Cuiuscumque orationem videris sollicitam et politam, scito animum quoque non minus esse pusillis occupatum.

    Magnus ille remissius loquitur et securius; quaecumque dicit, plus habent fiduciae quam curae.
    Nosti comptulos  iuvenes, barba et coma nitidos, de capsula totos; nihil ab illis speraveris forte, nihil solidum. Oratio cultus animi est: si circumtonsa est et  fucata et manu facta, ostendit illum quoque non esse sincerum et habere aliquid fracti. Non est ornamentum virile concinnitas.

    This idea and expression is of great usefulness  for the satirical poets who, like Horace, Persius or Juvenal, strongly criticize the vices of Roman society of their time and establish a relation between the decadence of Roman society and its new vices and Decadence of literature; that is why their language is renewing, because they feel responsible Romans who have to recover the old morality, the mos maiorum.

    Juvenal in his Satire IV, 81 et seq. speaks about Crispus, and he says that he is "a nice old man whose customs were at the level of his eloquence." I transcribe the full text referred to him:

    Next to come in was the aged, genial Crispus, 9 whose gentle soul well matched his style of eloquence. No better adviser than he for the ruler of lands and seas and nations had he been free, under that scourge and plague, to denounce cruelties and proffer honest counsels. But what can be more dangerous than the ear of a tyrant on whose caprice hangs the life of a friend who has come to talk of the rain or the heat or the showery spring weather? So Crispus never struck out against the torrent, nor was he one to speak freely the thoughts of his heart, and stake his life upon the truth. Thus was it that he lived through many winters and saw his eightieth solstice, protected, even in that Court, by weapons such as these. [Translated by G. G. Ramsay].

    uenit et Crispi iucunda senectus,
    cuius erant mores qualis facundia, mite
    ingenium. maria ac terras populosque regenti
    quis comes utilior, si clade et peste sub illa
    saeuitiam damnare et honestum adferre liceret            
    consilium? sed quid uiolentius aure tyranni,
    cum quo de pluuiis aut aestibus aut nimboso
    uere locuturi fatum pendebat amici?
    ille igitur numquam derexit bracchia contra
    torrentem, nec ciuis erat qui libera posset          
    uerba animi proferre et uitam inpendere uero.
    sic multas hiemes atque octogensima uidit
    solstitia, his armis illa quoque tutus in aula.

    Seneca the Elder insists on these ideas on the decadence of eloquence. The text I offer, perhaps too long, also serves to document the existence, in ancient times, of the so-called "generational struggle".

    Seneca, the Elder, Declamations (Controversiae), I, Praefatio, 6 et s.

    Then you will be able to think how the good talents  diminishe every day, and, by some sort of disfavour of nature, eloquence has retrogressed: all that Roman eloquence can put beside or above the proud Greece, flourished towards in Cicero’s time; Then all the talents, which brought brilliance to our studies,  were born then. Then things have got worse every day. Perhaps it is due to the excesses of our time, – nothing is as lethal for talent as luxury-; perhaps because, when this noble occupation is less esteemed, every opportunity to compete has become a sordid activity that seeks great prestige and benefits; or perhaps, finally, by a certain fatality whose law, evil, eternal and universal, requires that all that has reached the summit, falls to the bottom, and it falls faster than it had ascended.

    Behold, the spirits of this lazy youth become stupid in indleness by not devoting their efforts to the cultivation of the only honorable activity, eloquence. Sleep, indolence, and, that is more shameful than sleep and indolence, a constant depravity has invaded their spirit and indecent passion for singing and dancing has filled the soul of these effeminate young persons. To curl their hair, to speak with a little voice to imitate feminine charm, to compete with women in body graciousness and to dress in the most indecent manner, this is the ideal model that our young people follow.
    What young man of your generation can I quote who  is not intelligent enough or hard enough, but man enough? Endurable and annoyed from birth, they continue being it all their lives, corrupt the innocence and modesty of others and they spoil theirs.

    May the gods not allow the terrible misfortune, that eloquence falls into the hands of these people; I would not have the eloquence in such high regard, if she did not select the people to whom she is surrendered. You are mistaken, dear boys, if you believe that the famous saying is of M. Cato and not of an oracle.

    What is, in fact, an oracle? It is, undoubtedly, the  will of a God spoken by the mouth of a man. And could the divinity, not to advise the human race, but to rebuke him, to choose a priest more respectable than Marcus Cato? What, then, is this great man saying? "The orator, my son Marcus, is a good man, an expert in the art of speaking". *

    Go now and look for speakers among those polished men with shaved hair, who are  men only  for their vices. It is natural that they follow some models according to their intelligence.
    Is there anyone who is worried about the memory he will leave? Is there anyone who is appreciated, I say not by great qualities, but simply by the qualities which he possesses? In the midst of this generalized neglect, they can easily appropriate the sentences pronounced by the most eloquent orators and, thus, they are continually defiling the divine art of an eloquence which they can not acquire.

    * This is the famous definition of Cato the Censor, also quoted by Quintilian, Institution oratory XII 1, 1 and repeated later again and again.

    Deinde ut possitis aestimare, in quantum cotidie ingenia decrescant et nescio qua iniquitate naturae eloquentia se retro tulerit: quidquid Romana facundia habet quod insolenti Graeciae aut opponat aut praeferat circa Ciceronem effloruit; omnia ingenia quae lucem studiis nostris adtulerunt tunc nata sunt. In deterius deinde cotidie data res est, siue luxu temporum — nihil enim tam mortiferum ingeniis quam luxuria est — siue, cum praemium pulcherrimae rei cecidisset, translatum est omne certamen ad turpia multo honore quaestuque uigentia, siue fato quodam cuius maligna perpetuaque in rebus omnibus lex est, ut ad summum perducta rursus ad infimum, uelocius quidem quam ascenderant, relabantur. Torpent ecce ingenia desidiosae iuuentutis nec in unius honestae rei labore uigilatur: somnus languorque ac somno et languore turpior malarum rerum industria inuasit animos, cantandi saltandique obscena studia effeminatos tenent, et capillum frangere et ad muliebres blanditias extenuare uocem, mollitia corporis certare cum feminis et immundissimis se expolire munditiis nostrorum adolescentium specimen est. Quis aequalium uestrorum, quid dicam satis ingeniosus, satis studiosus, immo quis satis uir est? emolliti eneruesque quod nati sunt inuiti manent, expugnatores alienae pudicitiae, neglegentes suae. In hos ne dii tantum mali ut cadat eloquentia: quam non mirarer, nisi animos in quos se conferret eligeret. erratis, optimi iuuenes, nisi illam uocem non M. Catonis, sed oraculi creditis. Quid enim est oraculum? nempe uoluntas diuina hominis ore enuntiata; et quem tandem antistitem sanctiorem sibi inuenire diuinitas potuit quam M. Catonem, per quem humano generi non praeciperet, sed conuitium faceret? ille ergo uir quid ait? ‘orator est, Marce fili, uir bonus dicendi peritus.’  Ite nunc et in istis uulsis atque expolitis et nusquam nisi in libidine uiris quaerite oratores. Merito talia habent exempla qualia ingenia. Quis est qui memoriae studeat? quis qui, non dico magnis uirtutibus, sed suis placeat? sententias a disertissimis uiris iactatas facile in tanta hominum desidia pro suis dicunt et sic sacerrimam eloquentiam quam praestare non possunt, uiolare non desinunt

    Persius, in his Satire I criticizes the lack of literary taste of the poets of his time, which according to him is but a reflection of his moral degradation. Style is a reflection of life. The Satire is worth reading, especially for those who feel the strength to try the literary creation. Its excessive length prevents me from reproducing it at this time.

    Quintilian, as it could not be otherwise, repeats several times the idea in his Institutiones Oratoriae; so in XI, 1,30

    For a man's character is generally revealed and the secrets of his heart are laid bare by his manner of speaking, and there is good ground for the Greek aphorism that, “as a man lives, so will he speak.” The following vices are of a meaner type: grovelling flattery, affected buffoonery, immodesty in dealing with things or words which are unseemly or obscene, and disregard of authority on all and every occasion. They are faults which, as a rule, are found in those who are over-anxious either to please or amuse. ((Translation by Harold Edgeworth Butler. Cambridge. Cambridge, Mass., Harvard University Press; London, William Heinemann, Ltd. 1922).)

    profert enim mores plerumque oratio et animi secret detegit. nec sine causa Graeci prodiderunt, ut vivat, quemque etiam dicere. humiliora illa vitia: summissa adulatio, adfectata scurrilitas, in rebus ac verbis parum modestis ac pudicis vilis pudor, in omni negotio neglecta auctoritas; quae fere accidunt iis, qui nimium aut blandi esse aut ridiculi volunt.

    The dresses can represent a mental state, as we see in Quintilian VIII, Proem, 20:

    Again, a tasteful and magnificent dress, as the Greek poet tells us, lends added dignity to its wearer: but effeminate and luxurious apparel fails to adorn the body and merely reveals the foulness of the mind. Similarly, a translucent and iridescent style merely serves to emasculate the subject which it arrays with such pomp of words. Therefore I would have the orator, while careful in his choice of words, be even more concerned about his subject matter. (Translation by Harold Edgeworth Butler. Cambridge. Cambridge, Mass., Harvard University Press; London, William Heinemann, Ltd. 1922).

     Et cultus concessus atque magnificus addit hominibus, ut Graeco versu testatum est, auctoritatem; at muliebris et luxuriosus non corpus exornat, sed detegit mentem. similiter illa translucida et versicolor quorundam elocutio res ipsas effeminat, quae illo verborum habitu vestiantur. curam ergo verborum, rerum volo esse sollicitudinem.

    In the same way like the face is the reflection of the thoughts, a phrase already converted into a proverb under the formula "the face is the mirror of the soul", which reminds us, for example, Cicero in his In Pisonem 1:

    Do you not see now, do you not feel, O you beast, what complaints men make of your impudence? No one complains that a Syrian, that a man whom nobody knows, that some one of that body of lately emancipated slaves, was made consul. For that complexion, like that of slaves, and those hairy cheeks and discoloured teeth, did not deceive us: your eyes, your eyebrows, your brow, in short your whole countenance, which is, as it were, a sort of silent language of the mind, led men into error, this it was which led those to whom this man was unknown into mistake and error, and blunders. There were but few of us who were acquainted with those foul vices of yours; few of us who knew the deficiency of your abilities, your stolid manner, and your embarrassed way of speaking. Your voice had never been heard in the forum; no one had had any experience of your wisdom in counsel: you had not only never performed any, I will not say illustrious exploit, but any action at all that was known of either in war or at home. You crept into honours through men's blunders, by the recommendation of some old smoke-dried images, though there is nothing in you at all resembling them except your colour. (Translated by. D. Yonge, 1891)

    iamne vides, belua, iamne sentis quae sit hominum querela frontis tuae? nemo queritur Syrum nescio quem de grege noviciorum factum esse consulem. non enim nos color iste servilis, non pilosae genae, non dentes putridi deceperunt; oculi, supercilia, frons, voltus denique totus, qui sermo quidam tacitus mentis est, hic in fraudem homines impulit, hic eos quibus erat ignotus decepit, fefellit, induxit. pauci ista tua lutulenta vitia noramus, pauci tarditatem ingeni, stuporem debilitatemque linguae. numquam erat audita vox in foro, numquam periculum factum consili, nullum non modo inlustre sed ne notum quidem factum aut militiae aut domi. obrepsisti ad honores errore hominum, commendatione fumosarum imaginum, quarum simile habes nihil praeter colorem.

    Now, having carried these principles to its ultimate consequences, does this mean that the literary work, every literary work, is a reflection of the thought and soul of the writer?

      This also requires us to delve a little into it; but this seems already the subject of another article.
    ……….
    Seneca, Epistulae, 114

    On Style as a Mirror of Character

    You have been asking me why, during certain periods, a degenerate style of speech comes to the fore, and how it is that men's wits have gone downhill into certain vices – in such a way that exposition at one time has taken on a kind of puffed-up strength, and at another has become mincing and modulated like the music of a concert piece. You wonder why sometimes bold ideas – bolder than one could believe – have been held in favour, and why at other times one meets with phrases that are disconnected and full of innuendo, into which one must read more meaning than was intended to meet the ear. Or why there have been epochs which maintained the right to a shameless use of metaphor. For answer, here is a phrase which you are wont to notice in the popular speech – one which the Greeks have made into a proverb: "Man's speech is just like his life."  Exactly as each individual man's actions seem to speak, so people's style of speaking often reproduces the general character of the time, if the morale of the public has relaxed and has given itself over to effeminacy. Wantonness in speech is proof of public luxury, if it is popular and fashionable, and not confined to one or two individual instances.  A man's ability cannot possibly be of one sort and his soul of another. If his soul be wholesome, well-ordered, serious, and restrained, his ability also is sound and sober. Conversely, when the one degenerates, the other is also contaminated. Do you not see that if a man's soul has become sluggish, his limbs drag and his feet move indolently? If it is womanish, that one can detect the effeminacy by his very gait? That a keen and confident soul quickens the step? That madness in the soul, or anger (which resembles madness), hastens our bodily movements from walking to rushing?

    And how much more do you think that this affects one's ability, which is entirely interwoven with the soul, – being moulded thereby, obeying its commands, and deriving therefrom its laws!  How Maecenas lived is too well-known for present comment. We know how he walked, how effeminate he was, and how he desired to display himself; also, how unwilling he was that his vices should escape notice. What, then? Does not the looseness of his speech match his ungirt attire? Are his habits, his attendants, his house, his wife, any less clearly marked than his words? He would have been a man of great powers, had he set himself to his task by a straight path, had he not shrunk from making himself understood, had he not been so loose in his style of speech also. You will therefore see that his eloquence was that of an intoxicated man – twisting, turning, unlimited in its slackness.
    What is more unbecoming than the words: "A stream and a bank covered with long-tressed woods"? And see how "men plough the channel with boats and, turning up the shallows, leave gardens behind them." Or, "He curls his lady-locks, and bills and coos, and starts a-sighing, like a forest lord who offers prayers with down-bent neck." Or, "An unregenerate crew, they search out people at feasts, and assail households with the wine-cup, and, by hope, exact death." Or, "A Genius could hardly bear witness to his own festival"; or "threads of tiny tapers and crackling meal"; "mothers or wives clothing the hearth."

    Can you not at once imagine, on reading through these words, that this was the man who always paraded through the city with a flowing tunic? For even if he was discharging the absent emperor's duties, he was always in undress when they asked him for the countersign. Or that this was the man who, as judge on the bench, or as an orator, or at any public function, appeared with his cloak wrapped about his head, leaving only the ears exposed,  like the millionaire's runaway slaves in the farce? Or that this was the man who, at the very time when the state was embroiled in civil strife, when the city was in difficulties and under martial law, was attended in public by two eunuchs – both of them more men than himself? Or that this was the man who had but one wife, and yet was married countless times? These words of his, put together so faultily, thrown off so carelessly, and arranged in such marked contrast to the usual practice, declare that the character of their writer was equally unusual, unsound, and eccentric. To be sure, we bestow upon him the highest praise for his humanity; he was sparing with the sword and refrained from bloodshed; and he made a show of his power only in the course of his loose living; but he spoiled, by such preposterous finickiness of style, this genuine praise, which was his due.  For it is evident that he was not really gentle, but effeminate, as is proved by his misleading word-order, his inverted expressions, and the surprising thoughts which frequently contain something great, but in finding expression have become nerveless. One would say that his head was turned by too great success.

    This fault is due sometimes to the man, and sometimes to his epoch.  When prosperity has spread luxury far and wide, men begin by paying closer attention to their personal appearance. Then they go crazy over furniture. Next, they devote attention to their houses – how to take up more space with them, as if they were country-houses, how to make the walls glitter with marble that has been imported over seas, how to adorn a roof with gold, so that it may match the brightness of the inlaid floors. After that, they transfer their exquisite taste to the dinner-table, attempting to court approval by novelty and by departures from the customary order of dishes, so that the courses which we are accustomed to serve at the end of the meal may be served first, and so that the departing guests may partake of the kind of food which in former days was set before them on their arrival.
    When the mind has acquired the habit of scorning the usual things of life, and regarding as mean that which was once customary, it begins to hunt for novelties in speech also; now it summons and displays obsolete and old-fashioned words; now it coins even unknown words or misshapes them; and now a bold and frequent metaphorical usage is made a special feature of style, according to the fashion which has just become prevalent.  Some cut the thoughts short, hoping to make a good impression by leaving the meaning in doubt and causing the hearer to suspect his own lack of wit. Some dwell upon them and lengthen them out. Others, too, approach just short of a fault – for a man must really do this if he hopes to attain an imposing effect – but actually love the fault for its own sake. In short, whenever you notice that a degenerate style pleases the critics, you may be sure that character also has deviated from the right standard.

    Just as luxurious banquets and elaborate dress are indications of disease in the state, similarly a lax style, if it be popular, shows that the mind (which is the source of the word) has lost its balance. Indeed you ought not to wonder that corrupt speech is welcomed not merely by the more squalid mob but also by our more cultured throng; for it is only in their dress and not in their judgments that they differ.  You may rather wonder that not only the effects of vices, but even vices themselves, meet with approval. For it has ever been thus: no man's ability has ever been approved without something being pardoned. Show me any man, however famous; I can tell you what it was that his age forgave in him, and what it was that his age purposely overlooked. I can show you many men whose vices have caused them no harm, and not a few who have been even helped by these vices. Yes, I will show you persons of the highest reputation, set up as models for our admiration; and yet if you seek to correct their errors, you destroy them; for vices are so intertwined with virtues that they drag the virtues along with them.  Moreover, style has no fixed laws; it is changed by the usage of the people, never the same for any length of time. Many orators hark back to earlier epochs for their vocabulary, speaking in the language of the Twelve Tables. Gracchus, Crassus, and Curio, in their eyes, are too refined and too modern; so back to Appius and Coruncanius! Conversely, certain men, in their endeavour to maintain nothing but well-worn and common usages, fall into a humdrum style.  These two classes, each in its own way, are degenerate; and it is no less degenerate to use no words except those which are conspicuous, high-sounding, and poetical, avoiding what is familiar and in ordinary usage. One is, I believe, as faulty as the other: the one class are unreasonably elaborate, the other are unreasonably negligent; the former depilate the leg, the latter not even the armpit.

    Let us now turn to the arrangement of words. In this department, what countless varieties of fault I can show you! Some are all for abruptness and unevenness of style, purposely disarranging anything which seems to have a smooth flow of language. They would have jolts in all their transitions; they regard as strong and manly whatever makes an uneven impression on the ear. With some others it is not so much an "arrangement" of words as it is a setting to music; so wheedling and soft is their gliding style.  And what shall I say of that arrangement in which words are put off and, after being long waited for, just manage to come in at the end of a period? Or again of that softly-concluding style, Cicero-fashion, with a gradual and gently poised descent always the same and always with the customary arrangement of the rhythm! Nor is the fault only in the style of the sentences, if they are either petty and childish, or debasing, with more daring than modesty should allow, or if they are flowery and cloying, or if they end in emptiness, accomplishing mere sound and nothing more.
    Some individual makes these vices fashionable – some person who controls the eloquence of the day; the rest follow his lead and communicate the habit to each other. Thus when Sallust was in his glory, phrases were lopped off, words came to a close unexpectedly, and obscure conciseness was equivalent to elegance. L. Arruntius, a man of rare simplicity, author of a historical work on the Punic War, was a member and a strong supporter of the Sallust school. There is a phrase in Sallust: exercitum argento fecit, meaning thereby that he recruited an army by means of money. Arruntius began to like this idea; he therefore inserted the verb facio all through his book. Hence, in one passage, fugam nostris fecere; in another, Hiero, rex Syracusanorum, bellum fecit; and in another, quae audita Panhormitanos dedere Romanis fecere.  I merely desired to give you a taste; his whole book is interwoven with such stuff as this. What Sallust reserved for occasional use, Arruntius makes into a frequent and almost continual habit – and there was a reason: for Sallust used the words as they occurred to his mind, while the other writer went afield in search of them. So you see the results of copying another man's vices.  Again, Sallust said: aquis hiemantibus. Arruntius, in his first book on the Punic War, uses the words: repente hiemavit tempestas. And elsewhere, wishing to describe an exceptionally cold year, he says: totus hiemavit annus. And in another passage: inde sexaginta onerarias leves praeter militem et necessarios nautarum hiemante aquilone misit; and he continues to bolster many passages with this metaphor. In a certain place, Sallust gives the words: inter arma civilia aequi bonique famas petit; and Arruntius cannot restrain himself from mentioning at once, in the first book, that there were extensive "reminders" concerning Regulus.

    These and similar faults, which imitation stamps upon one's style, are not necessarily indications of loose standards or of debased mind; for they are bound to be personal and peculiar to the writer, enabling one to judge thereby of a particular author's temperament; just as an angry man will talk in an angry way, an excitable man in a flurried way, and an effeminate man in a style that is soft and unresisting.  You note this tendency in those who pluck out, or thin out, their beards, or who closely shear and shave the upper lip while preserving the rest of the hair and allowing it to grow, or in those who wear cloaks of outlandish colours, who wear transparent togas, and who never deign to do anything which will escape general notice; they endeavour to excite and attract men's attention, and they put up even with censure, provided that they can advertise themselves. That is the style of Maecenas and all the others who stray from the path, not by hazard, but consciously and voluntarily.  This is the result of great evil in the soul. As in the case of drink, the tongue does not trip until the mind is overcome beneath its load and gives way or betrays itself; so that intoxication of style – for what else than this can I call it? – never gives trouble to anyone unless the soul begins to totter. Therefore, I say, take care of the soul; for from the soul issue our thoughts, from the soul our words, from the soul our dispositions, our expressions, and our very gait. When the soul is sound and strong, the style too is vigorous, energetic, manly; but if the soul lose its balance, down comes all the rest in ruins.

    If but the king be safe, your swarm will live Harmonious; if he die, the bees revolt. The soul is our king. If it be safe, the other functions remain on duty and serve with obedience; but the slightest lack of equilibrium in the soul causes them to waver along with it. And when the soul has yielded to pleasure, its functions and actions grow weak, and any undertaking comes from a nerveless and unsteady source.  To persist in my use of this simile – our soul is at one time a king, at another a tyrant. The king, in that he respects things honourable, watches over the welfare of the body which is entrusted to his charge, and gives that body no base, no ignoble commands. But an uncontrolled, passionate, and effeminate soul changes kingship into that most dread and detestable quality – tyranny; then it becomes a prey to the uncontrolled emotions, which dog its steps, elated at first, to be sure, like a populace idly sated with a largess which will ultimately be its undoing, and spoiling what it cannot consume.  But when the disease has gradually eaten away the strength, and luxurious habits have penetrated the marrow and the sinews, such a soul exults at the sight of limbs which, through its overindulgence, it has made useless; instead of its own pleasures, it views those of others; it becomes the go-between and witness of the passions which, as the result of self-gratification, it can no longer feel. Abundance of delights is not so pleasing a thing to that soul as it is bitter, because it cannot send all the dainties of yore down through the over-worked throat and stomach, because it can no longer whirl in the maze of eunuchs and mistresses, and it is melancholy because a great part of its happiness is shut off, through the limitations of the body.

    Now is it not madness, Lucilius, for none of us to reflect that he is mortal? Or frail? Or again that he is but one individual? Look at our kitchens, and the cooks, who bustle about over so many fires; is it, think you, for a single belly that all this bustle and preparation of food takes place? Look at the old brands of wine and store-houses filled with the vintages of many ages; is it, think you, a single belly that is to receive the stored wine, sealed with the names of so many consuls, and gathered from so many vineyards? Look, and mark in how many regions men plough the earth, and how many thousands of farmers are tilling and digging; is it, think you, for a single belly that crops are planted in Sicily and Africa?  We should be sensible, and our wants more reasonable, if each of us were to take stock of himself, and to measure his bodily needs also, and understand how little he can consume, and for how short a time! But nothing will give you so much help toward moderation as the frequent thought that life is short and uncertain here below; whatever you are doing, have regard to death. Farewell. (translated by Richard Mott Gummere)

    Quare quibusdam temporibus provenerit corrupti generis oratio quaeris, et quomodo in quaedam vitia inclinatio ingeniorum facta sit, ut aliquando inflata explicatio vigeret, aliquando infracta et in morem cantici ducta ? Quare alias sensus audaces et fidem egressi placuerint, alias abruptae sententiae et suspiciosae, in quibus plus intellegendum esset quam audiendum ? Quare aliqua aetas fuerit, quae translationis iure uteretur inverecunde ? Hoc quod audire vulgo soles, quod apud Graecos in proverbium cessit: talis hominibus fuit oratio qualis vita.

    Quemadmodum autem uniuscuiusque actio dicenti similis est, sic genus dicendi aliquando imitatur publicos mores, si  disciplina civitatis laboravit et se in delicias dedit. Argumentum est luxuriae publicae orationis lascivia, si modo non in uno aut in altero fuit, sed adprobata est et recepta.

    Non potest alius esse ingenio, alius animo color. Si ille sanus est, si compositus, gravis, temperans, ingenium quoque siccum ac sobrium est; illo vitiato hoc quoque adflatur. Non vides, si animus elanguit, trahi membra et pigre moveri pedes ? Si ille effeminatus est, in  ipso incessu adparere mollitiam ? Si ille acer est et ferox, concitari gradum ? Si furit aut, quod furori simile est, irascitur, turbatum esse corporis motum nec ire, sed ferri ? Quanto hoc magis accidere ingenio putas, quod totum animo permixtum est; ab illo fingitur, illi paret, inde legem petit.

    Quomodo Maecenas vixerit notius est, quam ut narrari nunc debeat, quomodo ambulaverit, quam delicatus fuerit, quam cupierit videri, quam vitia sua latere noluerit. Quid ergo ? Non oratio eius aeque soluta est quam ipse discinctus ? Non tam insignita illius verba sunt quam cultus, quam comitatus, quam domus, quam uxor ? Magni vir ingenii fuerat, si illud egisset via rectiore, si non vitasset intellegi, si non etiam in oratione difflueret. videbis itaque eloquentiam ebrii hominis involutam et errantem et licentiae plenam.
    Quid turpius " amne silvisque ripa comantibus ? " vide ut " alveum lintribus arent versoque vado  remittant hortos." Quid ? Si quis " feminae cinno crispat et labris columbatur incipitque suspirans, ut cervice lassa fanantur nemoris tyranni." " Inremediabilis factio rimantur epulis lagonaque temptant domos et spe mortem exigunt." " Genium festo vix suo testem. Tenuisve cerei fila et crepacem molam Focum mater aut uxor investiunt."

    Non statim, cum haec legeris, hoc tibi occurret, hunc esse, qui solutis tunicis in urbe semper incesserit ? Nam etiam cum absentis Caesaris partibus fungeretur, signum a discincto petebatur. Hunc esse qui in  tribunali, in rostris, in omni publico coetu sic apparuerit, ut pallio velaretur caput exclusis utrimque auribus, non aliter quam in mimo fugitivi divitis solent ? Hunc esse, cui tunc maxime civilibus bellis strepentibus et sollicita urbe et armata comitatus hic fuerit in publico spadones duo, magis tamen viri quam ipse ? Hunc esse, qui uxorem milliens duxi, cum unam habuerit ? Haec verba tam improbe structa, tam neglegenter abiecta, tam contra consuetudinem omnium posita ostendunt mores quoque non minus novos et pravos et singulares fuisse.

    Maxima laus illi tribuitur mansuetudinis, pepercit gladio, sanguine abstinuit nec ulla alia re, quid posset, quam licentia ostendit; hanc ipsam laudem suam corrupit istis orationis portentosissimae deliciis.
    Apparet enim mollem fuisse, non mitem. Hoc istae ambages compositionis, hoc verba transversa, hoc sensus miri,  magni quidem saepe, sed enervati dum  exeunt, cuivis manifestum facient. Motum illi felicitate nimia caput.

    Quod vitium hominis esse interdum, interdum temporis solet. Ubi luxuriam late felicitas fudit, cultus  primum corporum esse diligentior incipit. Deinde supellectili laboratur. Deinde in ipsas domos" inpenditur cura, ut in laxitatem ruris excurrant, ut parietes advectis trans maria marmoribus fulgeant, ut tecta varientur auro, ut lacunaribus pavimentorum respondeat nitor. Deinde ad cenas lautitia transfertur, et illic commendatio ex novitate et soliti ordinis commutatione captatur, ut ea, quae includere solent cenam, prima ponantur, ut quae advenientibus dabantur, exeuntibus dentur.

    Cum adsuevit animus fastidire, quae ex more sunt, et illi pro sordidis solita sunt, etiam in oratione, quod novum est, quaerit et modo antiqua verba atque exsoleta revocat ac profert, modo fingit et ignota ac deflectit, modo, id quod nuper increbruit, pro cultu habetur audax translatio ac frequens.
    Sunt qui sensus praecidant et hoc gratiam sperent, si sententia pependerit et audienti suspicionem sui fecerit. Sunt qui illos  detineant et porrigant. Sunt qui non usque ad vitium accedant, necesse est enim hoc  facere aliquid grande temptanti, sed qui ipsum vitium ament. Itaque ubicumque videris orationem corruptam placere, ibi mores quoque a recto descivisse non erit dubium.

    Quomodo conviviorum luxuria, quomodo vestium aegrae civitatis indicia sunt, sic orationis licentia, si modo frequens est, ostendit animos quoque, a quibus verba exeunt, procidisse. Mirari quidem non debes corrupta excipi non tantum a  corona sordidiore, sed ab hac quoque turba cultiore, togis enim inter se isti, non iudiciis distant. Hoc magis mirari potes, quod non tantum vitiosa, sed vitia laudentur. Nam illud semper factum est: nullum sine venia placuit ingenium. Da mihi quemcumque vis, magni nominis virum  ; dicam, quid illi aetas sua ignoverit, quid in illo sciens dissimulaverit. Multos tibi dabo, quibus vitia non nocuerint, quosdam, quibus profuerint. Dabo, inquam, maximae famae et inter admiranda propositos, quos si quis corrigit, delet; sic enim vitia virtutibus inmissa sunt, ut illas secum fractura sint.

    Adice nunc, quod oratio certam regulam non habet; consuetudo illam civitatis, quae numquam in eodem diu stetit, versat. Multi ex alieno saeculo petunt verba, duodecim tabulas loquuntur. Gracchus illis et Crassus et Curio nimis culti et recentes sunt, ad Appium usque et Coruncanium redeunt. Quidam contra, dum nihil nisi tritum et usitatum volunt, in sordes incidunt.

    Utrumque diverso genere corruptum est, tam mehercules quam nolle nisi splendidis uti ac sonantibus et poeticis, necessaria atque in usu

  • Los que…/ las que.. (Qui…Quae..)

    Es una cuestión bien evidente y establecida que la mujer en general en el mundo antiguo, en Grecia y en Roma, apenas si juega papel alguno público , social y políticamente, permaneciendo en gran medida invisible, incluso en estancias diferentes dento de la propia casa; así llamamos “gineceo”, γυναικεῖον, a las habitaciones de la casa de uso exclusivo de las mujeres; el “andrón”, Ἀνδρῶν, es la parte de la casa reservada a los hombres.

    Es verdad que cualquier afirmación sobre el mundo antiguo necesita muchas matizaciones y conocimientos más profundos. Así no es igual la situación de la mujer griega que la de la romana y esta última en los primeros siglos que al final de la República o durante el Imperio, cuando su “status” social y jurídico ha sufrido importantes modificacioes.

    Incluso es llamativo el hecho de que si bien socialmente su papel relevante es el de matrona de la casa, hablamos de las mujeres libres de las familias nobles romanas, en cambio en el “panteón” grecorromano las diosas, semidiosas, heroínas tienen una presencia importante y si Zeus-Júpiter responde al paradigma paternalista del dios-padre, la virginal Ártemis o Diana representa a la mujer autónoma, libre y rompedora con el sistema patriarcal dominante.

    También en el arte en general y en la epigrafía funeraria, por ejemplo, las mujeres están bien presentes y representadas.

    Quiero decir con todo ello que cualquier afirmación sobre el mundo antiguo, que solemos verlo con ojos del presente, necesita de matizaciones y análisis fino.

    Pero no quiero referirme a ello sino a un asunto bien actual, el del sexismo en el lenguaje.

    Tanto el griego como el latín son lenguas flexivas, muy flexivas; es decir, las palabras admiten diversas formas, generalmente terminaciones diferentes para expresar los diversos “accidentes gramaticales”.

    Decimos que el español, como otras varias lenguas actuales, son derivadas del latín. Podríamos decir también que estas lenguas no son sino un latín evolucionado a lo largo de los años sometido a la influencia del substrato de otras lenguas y factores diversos. Esa relación se aprecia por el que no es especialista en lenguas sobre todo en el léxico o conjunto de palabras, pero también en las estructuras sintácticas, a pesar de las variaciones. Hay algunas otras cuestiones menos evidentes y menos esperadas.

    Así por ejemplo en latín hay dos números gramaticales, singular y plural y dos hay también en español; (en realidad queda en latín algún resto de un tercero llamado dual que se aplicaba a los seres u objetos que generalmente aparecen de dos en dos, como las dos manos, los dos ojos, las dos orejas, etc.).

    En latín hay tres géneros, masculino, femenino y neutro. En español el neutro ha desaparecido, tan sólo queda algún resto en el artículo “lo”, en el pronombre “ello”, etc. por lo que resultan tan sólo operativos el masculino y el femenino.

    Pues bien, la utilización de los géneros gramaticales en español ha generado además de las cuestiones puramente lingüísticas, otras de tipo social y hasta político cuando “género gramatical” se identifica con "sexo físico”. Resulta que la lengua, como otras actividades humanas, funciona con un invisible principio de “economía de medios” y así generalmente utiliza nombres sustantivos o adjetivos “masculinos” para referirse tanto a hombres como a mujeres, es decir, a masculinos y femeninos. Así cuando afirmamos “el hombre es un ser dotado de inteligencia” nos referimos naturalmente al “hombre y la mujer”, sin excluir a estas últimas. En términos más inguïsticos diríamos que el español “marca” el término femenino, pero no el masculino, que al no estar “marcado” puede emplearse para referirse a los dos géneros.

    En ello ha influido naturalmente la propia conformación histórica de la sociedad, acertadamente definida como “patriarcal” dado el papel preponderante que en la vida civil y social ha tenido y en buena medida tiene el “pater”, el padre, y no la madre, relegada de manera general y durante muchos años al interior del hogar y sus funciones.

    Pero las funciones de los hombres y las mujeres en la sociedad  han cambiado notablemente en un proceso de equiparación que desde luego no ha finalizado. Este proceso en buena medida no ha sido amable, sino que ha provocado grandes polémicas entre personas “patriarcales”, “machistas” en terminología popular, y “feministas”. Este proceso de equiparación se ha extendido y generalizado a todos los sectores de la sociedad. Así en los países democráticos se ha conseguido una igualdad en las leyes, que ya no amparan la discriminación a la hora de gozar de derechos en función del género o sexo de las personas. La equiparación real en la sociedad evidentemente no se ha conseguido  todavía y queda aún gran camino por andar. Por ejemplo las leyes que regulan el trabajo y las relaciones laborales no son discriminatorias, pero en nuestro país es una triste realidad que las mujeres en muchas ocasiones  cobran un salario inferior al del hombre aún realizando el mismo trabajo.

    Pues bien, hay quien considera que ese lenguaje en el que algunos  términos de género másculino se utilizan para referirse conjuntamente a seres masculinos y femeninos es discriminatorio y “sexista”, es decir, exalta el género o sexo masculino en detrimento del femenino. Así el lenguaje es también un campo de enfrentamiento entre los que se agarran a los usos tradicionales y quienes exigen una renovación que no oculte la realida de que la mitad aproximadamente de los seres humanos que habitan el planeta tierra son mujeres.

    Las soluciones que se han propuesta son diversas y su aceptación general es poco menos que imposible. Así se propone sustituir los términos de género concreto por otros de significado más abstracto, por ejemplo emplear “la humanidad” en vez de “los hombres”, o “la ciudadanía” en vez de “ciudadanos” y “ciudadanas”, o utilizar indistinta o alternativamente uno u otro, así diríamos unas veces “los hombres” y otras “las mujeres”; ”los chicos” y “”las chicas”;  o utilizar simultáneamente los dos, así “los hombres y las mujeres”, “los compañeros y las compañeras”, “los niños y las niñas”,etc.

    Esta cuestión del lenguaje sexista no está definitivamente resuelta, a pesar de los esfuerzos normativos de algunas instituciones. Es más, la cuestión genera a veces notables polémicas, como la recientemente surgida entre dos académicos de nuestra Real Academia Española que ha derivado en varios artículos de réplicas y contrarréplicas cargadas de argumentos ad hominem.

    A estas alturas del artículo, más de un lector se preguntará ¿a cuento o razón de qué viene toda esta exposición en un blog dedicado al mundo antiguo grecorromano?

    Pues bien, no puedo afirmar que esta cuestión del uso “sexista” del lenguaje se planteara en el mundo antiguo, pero existen pruebas tan antiguas como la Iliada griega en la que en determinado momento se especifican y emplean simultáneamente el término masculino y el femenino. Fue precisamente una relectura reciente de la Iliada la que me hizo tropezar con el verso 350 del libro XV y la que motivó este artículo con tan larga introducción.

    Dice Homero en Iliada, XV, 346-351:

    Y Héctor exhortaba a los teucros, diciendo a voz en grito:
    —Arrojaos a las naves y dejad los cruentos despojos. Al que encuentre lejos de los bajeles, allí mismo le daré muerte, y luego sus hermanos y hermanas no le entregarán a las llamas, sino que le despedazarán los perros fuera de la ciudad.
    (Traducción de Luis Segalá y Estalella. 1910)

    En una traducción más reciente se dice:

    Héctor arengó a los troyanos con recia voz:
    “¡Atacad las naves y dejad los ensangrentados despojos!
    Al que yo vea en otro sitio que no sea junto a las naves,
    allí mismo me las ingeniaré para matarlo, y quizá no le hagan
    partícipe del fuego tras la muerte sus parientes y parientas,

    sino que los perros lo arrastrarán delante de nuestra ciudad.”  (Traducción de Emilio Crespo Güemes. Editorial Gredos.1991)

    En esta ocasión citaré también el texto en griego para que pueda comprobarse por parte del lector que el uso de “parientes y parientas” no es mero efecto de la traducción, sino que así se ve en el original: γνωτοί y γνωταί son la forma masculina y femenina de la misma palabra:

    Ἕκτωρ δὲ Τρώεσσιν ἐκέκλετο μακρὸν ἀΰσας
    νηυσὶν ἐπισσεύεσθαι, ἐᾶν δ' ἔναρα βροτόεντα·
    ὃν δ' ἂν ἐγὼν ἀπάνευθε νεῶν ἑτέρωθι νοήσω,
    αὐτοῦ οἱ θάνατον μητίσομαι, οὐδέ νυ τόν γε
    γνωτοί τε γνωταί τε πυρὸς λελάχωσι θανόντα,   
    ἀλλὰ κύνες ἐρύουσι πρὸ ἄστεος ἡμετέροιο.

    Fijémonos ahora en  este otro ejemplo de Pausanias, (ochocientos años le separan del texto anterior, que en su Descripción de Grecia, al hablar de Delfos, refiriéndose a Homero y Píndaro y a la fuente Casótide, dice en 10, 24,2:

    Se puede contemplar también una estatua en bronce de Homero en una columna y en esta se lee el oráculo que dicen le fue dado a Homero:

                               Feliz y desgraciado, naciste para ambas cosas,
                               preguntas por tu patria. Pero tienes matria y no patria,
                               La isla de Íos es patria de tu madre y a tí cuando mueras
                               te acogerá; pero de los niños el enigma guarda.

    Los de Íos muestran la tumba de Homero en su isla y en otro sitio de la misma la de Clímene que dicen fue la madre de Homero.

    Los de Chipre, que reivindican también para sí a Homero dicen que su madre fue una mujer de la isla, Temistó, y dicen que Euclo profetizó el nacimiento de Homero en estos versos:

                  Entonces en la marítima Chipre habrá un gran cantor
                  a quien Temistó, divina entre las mujeres, parirá en el campo,
                  lejos dela rica Salamina., y él será glorioso.
                  Dejará Chipre y será llevado por las olas
                a cantar el primero las desgracias de la ancha Grecia,
                y será inmortal y siempre joven por todos los tiempos.

    Esto lo había yo oído y lo conocía por haber leído los oráculos, pero no le atribuyo ninguna relación con la patria ni la época de Homero. (Traducción de Antonio Tovar. Editoral Orbis.)

    Ya comenté algo al respecto de esta cuestión en https://www.antiquitatem.com/educacion-de-la-mujer-griega-platon

    Pero quiero ahora resaltar un hecho curioso y significativo.

    De manera especial y repetida se utilizó en ocasiones el doblete masculino/femenino en el mundo legislativo romano. Hay momentos en los que el legislador quiere dejar bien claro lingüísticamente que se refiere a “hombres y mujeres” de manera no discriminatoria. El jurista romano ha optado por la solución de utilizar conjuntamente los términos masculinos y el correspondiente femenino; es decir, por la solución, “los/las”, “los cuales/las cuales”, “libertos/libertas”, “esclavos/esclavas”, etc. en clara semejanza a algunos usos actuales.

    Lo he encontrado también en una reciente visita al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, en la conocida como “Ley Salpensana”, que regula la vida ciudadana de la localidad de Salpensa,  actual Facialcázar, población cercana a  Utrera,  en la Bética Hispana de la época Imperial de Domiciano.

    Sabido es que el “Derecho Romano” es el conjunto de leyes que regulan exclusivamente la vida del “ciudadano romano”. Ahora bien, no todos los habitantes del Imperio Romano son “ciudadanos” (cives), algunos son afines pero no ciudadanos romanos, como los “latini”, otros son amigos extranjeros, pero no ciudadanos, los peregrini cuyas relaciones con los romanos vienen determinadas por el ius gentium; muchos de ellos son esclavos, es decir, hombres sin derechos. Cada grupo tiene sus propios derechos, hasta que en el año 212 con la llamada Constitutio Antoniniana el emperador Caracalla considera ciudadanos romanos a todos los habitantes libres del imperio, entre ellos a los de Hispania, naturalmente .
    De manera similar, los romanos van asimilando los territorios y ciudades que van conquistando y van creando otras muchas con diversas entidad jurídica, tales como las “colonias” o los “municipios”. Es más, se aplica la diversa calificación jurídica en función de la calidad de sus ciudadanos y de su asimilación a Roma.

    El emperador Tito Flavio Domiciano ( 51 –  96) va asimilando desde el año 73 las ciudades hispanas a la condición de “latinas”; así promulgó y concedió entre los años 81 y 84 al municipio de Salpensa una ley con la que les concedía el “ius Latii”, el derecho del Lacio, el Derecho Latino, de inferior categoría y menos beneficiosa que el “ius romanum”. De esta ley se conervan tan sólo 9 capítulos de una plancha de las varias de que debió constar, de acuerdo con otras leyes semejantes, como la  Lex Flavia Malacitana,  y  la Lex Irnitana.

    Sobre estas leyes y su significado he de escribir en su momento algún artículo, pero hoy me limitaré a la constatación de esa precisión linguïstica que diferencia en  la lengua escrita, en este caso de una ley, entre los seres de género y sexo másculino y femenino. Desde luego no lo hace por considerar la formula generalista como sexista sino por razones de precisión jurídica, pero ¿quién nos iba a decir que esta fórmula que entre nosotros ha servido  y sirve de confrontación cuando no de ejercicios de dudoso humor (recordemos el afamado “miembros y miembras” adjudicado a cierta persona de  significada función política), quién nos iba a decir que ya tuvo acomodo en un texto de hace dos mil años?
    ¿No podríamos pensar,  tal vez con alguna exageración, que ya  en época de los emperadores romanos las mujeres, de manera especial las  de Hispania, exigían un papel más igual al de los hombres y en todo caso un mismo tratamiento en los textos jurídicos de sus ciudades?

    Museo Arqueológico Nacional. Madrid

    Reproduzco tan sólo las cinco rúbricas en las que aparecen estos usos en latín y en su traducción en castellano, dejando para otra ocasión el comentario y significado, no exento de dificultad. Duplico también en la traducción las formas masculina y femenina. Me baso para las traducciones en el meritorio trabajo del grupo ue conforma el llamado Proyecto de Innovación Docente UCM 23/2014 de la Universidad Complutense de Madrid, accesible en la dirección web https://www.ucm.es/derecho-romano/lex-salpensana-on-line

    Nota: La palabra “rúbrica”  deriva de la latina ruber,rubra,rubrum, que significa “rojo”.  Según el diccionario de la Real Academia Española, en sus dos primeras acepciones significa:

    1. f. Rasgo o conjunto de rasgos, realizados siempre de la misma manera, que suele     
    ponerse en la firma después del nombre y que a veces la sustituye.
    2. f. Epígrafe o rótulo.

    En la quinta, que ya advierte que está en desuso, significa:

    5. f. desus. Señal encarnada o roja.

    Y es precisamente esta quinta la que nos explica el significado de las anteriores. En los antiguos textos, sobre todo legales, el comienzo o título del párrafo se presentaba de color  “rojo”, y de ahí los significados derivados.

    Textos:

    Rúbrica 21 

    Para que los magistrados obtengan la ciudadanía romana: 21 .- Quienes por esta ley sean nombrados duunviros o ediles o cuestores, que sean ciudadanos romanos cuando después de un año abandonen la magistratura, junto con sus padres y cónyuges y los hijos concebidos en legítimas nupcias y que estén sujetos a la potestad de los padres, así como los nietos y nietas nacidos y nacidas del hijo, los cuales y las cuales estén bajo potestad de los padres, mientras no haya más ciudadanos romanos que los que por esta ley conviene que sean nombrados magistrados.

    R. Ut magistratus civitatem Romanam consequantur. [XXI. . . Qui llvir aedilis quaestor ex hac lege factus erit cives Romani sunto cum post annum magistratu] | abierint cum parentibus coniugibusque {h}ac liberi(s) qui legitumis nuptis quae l siti in potestatem parentium fuerunt item nepotibus ac neptibus filio I nat{al}is [natabus] qui quaeque in potestate parentium fuerint dum ne plures c(ives) R(omani) I  sint qua(m) quod ex h(ac) l(ege) magistratus creare oportet. ……

    Rúbrica 22

    Que quienes consigan la ciudadanía romana, mantengan su mancipium, pleno dominio y patria potestad.
    El que y la que por esta ley o por el edicto del emperador César Augusto Vespasiano, del emperador Tito César Augusto o del emperador César Augusto Domiciano, padre de la patria, vaya a conseguir la ciudadanía romana: que el que la que  haya sido (a él a ella) por esta ley conserve su patria potestad, pleno dominio y mancipium, que debiera tener si no hubiera cambiado cambiada a la ciudadanía romana y que tenga el derecho de elegir un tutor, que tendría si hubiese nacido nacida de un ciudadano romano y no hubiera cambiado cambiada a la ciudadanía.

    R. Ut qui civitat(em) Roman(am) consequantur, maneant in eorundem m(ancipio) m(anu) potestate.
    XXII. Qui quaeque ex h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Vespasiani, imp(eratoris)ve Titi Caesaris Aug(usti), aut imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Domitiani, p(atris) p(atriae), civitatem Roman(am) consecutus consecuta erit. Is ea in eius, qui c(ivis) R(omanus) h(ac) l(ege) factus erit, potestate manu mancipio, cuius esse deberet, si civitate Romana mutatus mutata non esset, esto idque ius tutoris optandi habeto, quod haberet si a cive Romano ortus orta neq(ue) civitate mutatus mutata esset.

    Rubrica 23

    Rúbrica para que quienes obtengan la ciudadanía romana mantengan los derechos sobre los libertos.
    Que el que o la que  a partir de esta ley o por un edicto del emperador César Vespasiano Augusto, del emperador Tito César Vespasiano Augusto o del emperador César Domiciano Augusto haya obtenido la ciudadanía romana, respecto a los libertos y libertas suyos y suyas paternos y paternas, los cuales y las cuales no habrían accedido a la ciudadanía romana, y sobre los bienes de éstos y de éstas y las cosas que fueron impuestas a causa de la libertad, tenga el mismo derecho y condición que tendría si no hubiese sido cambiado cambiada de ciudadanía.

    R. Ut qui c(ivitatem) R(omanam) consequentur, iura Iiberatorum retineant.
    XXIII. Qui quaeve [ex] h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caes(aris) Vesp(asiani) Aug(usti), imp(eratoris)ve Titi Caes(aris) Vespasian(i) Au(gusti) I aut imp(eratoris) Caes(aris) Domítiani Aug(usti) c(ivitatem) R(omanam) consecutus consecuta erit: is in | libertos libertasve suos suas paternos paternas, qui quae in c(vitatem) R(omanam) non | venerit, deque bonis eorum earum et is, quae libertatis causa inposita | sunt, idem ius eademque condicio esto, quae esset, si cìvitate mutatus I mutata non esset.

    Rúbrica 28.

    Rúbrica. Sobre los esclavos que han de ser manumitidos ante los duunviros.
    Si algún ciudadano del municipio Flavio Salpensano, que fuese Latino, ante los duunviros que presiden la jurisdicción del municipio, manumitiera a su esclavo o esclava de la servidumbre a la libertad y le ordenara que fuese libre (liberado,liberada), siempre y cuando ningún muchacho, doncella o mujer, sin autorización del tutor, al que y a la que manumita  ordene que alguien sea libre (liberado liberada); el que así sea manumitido y al la que se ordene ser libre, sea libre, y la que así sea manumitida y a la que se ordene ser libre, sea libre, quienes, como libertos latinos, son o serán libres de pleno derecho. El que sea menor de veinte años, por el contrario, que manumita únicamente si el número de decuríones que aprobaron los decretos acordes con esta ley juzgara que la causa es justa.

    R. De servis aput IIvir(um) manumittendis. XXVIII. Si quis municeps munici Flavi Salpensani, qui Latinus erit, aput Ilvir(os), | qui iure dicundo praeerunt eius municipi, servom suom servamve suam | ex servitute in libertate[m] manumiserit, liberum liberamve esse iusserit, | dum ne quis pupillus neve quae virgo mulierve sine tutore auctore | quem quamve manumittat, liberum liberamve esse iubeat: qui ita | manumissus liberve esse iussus erit, liber esto, quaeque ita manumissa | liberave [esse] iussa erit, libera esto, uti qui optum[o] iure Latini libertiní li Iberi sunt erunt; dum is qui minor XX annorum erit ita manumittat, | si causam manumittendi iusta[m] esse is numerus decuríonum, per quem | decreta h(ac) l(ege) facta rata sunt, censuerit. 

    Rúbrica 29

    Rúbrica: de la asignación de tutor
    Al que no tenga tutor o le sea incierto, si él o ella fuere ciudadano del municipio flavio salpensano y no fueren pupilos o pupilas y pidiera a los duoviros, que gobiernan en el municipio administrando justicia, que le asignen, el tutor y que nombren a aquél a que quiera asignarle. Entonces éste [magistrado], a quien se ha hecho la petición, una vez conocida la causa, tanto si tiene uno o muchos colegas, en relación con el parecer de todos los colegas, que estén en este municipio o dentro de los límites de este municipio, si les pareciera [a ellos], otorgue como tutor a éste que haya sido nombrado. Si aquel o aquella en cuyo nombre se haya pedido asi, fuera pupilo o pupila, o si aquel a quien se haya solicitado, no tuviera colega o no hubiese ningún colega en este municipio o dentro de los limites de este municipio, entonces aquel, a quien se haya solicitado así, conocida la causa, en los diez dias inmediatos, por decreto de los decuriones, siendo propicia no menos de dos partes de los decuriones, dé como tutor a aquel que fuera nombrado, a fin de que la tutela no se aieje de un tutor legítimo. Quien por esta ley sea dado como tutor, éste sea entonces tutor legítimo para aquél, para quien se ha dado, a fin de que la tutela no se aleje de un tutor legitimo tanto si este tutor fuese ciudadano romano como si fuese su agnado inmediato, también ciudadano romano.

    Cui tutor non erit incertusve erit, si is eave municeps municipi Flavi Salpensani erit, et pupilli pupillaeve non erunt, et ab IIviris, qui iure dicundo praeerunt eius municipi, postulaverit, uti sibi tutorem det, et eum, quem dare volet, nominaverit: tum is, a quo postulatum erit, sive unum sive plures collegas habebit, de omnium collegarum sententia, qui tum in eo municipio intrave fines municipi eius erunt, causa cognita, si ei videbitur, eum qui nominatus erit tutorem dato. Sive is eave, cuius nomine ita postulatum erit, pupillus pupillave erit, sive is, a quo postulatum erit, non habebit collegam, collegave eius in eo municipio intrave fines eius municipi nemo erit: tum is, a quo ita postulatum erit, causa cognita in diebus X proximis, ex decreto decurionum, quod cum duae partes decurionum non minus adfuerint, factum erit, eum, qui nominatus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, ei tutorem dato. Qui tutor hac lege datus erit, is ei, cui datus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, tam iustus tutor esto, quam si is civis Romanus et ei adgnatus proximus civis Romanus tutor esset.

    Expresiones similares aparecen en las otras leyes de contenido también similar y que por ello evito repetir.

  • El mirlo blanco y el cisne negro son «una rara avis», es decir «dos raras aves»

    “Rara avis”, “mirlo blanco”, “cuervo blanco”, “cisne negro” son expresiones antiguas que nos sirven para expresar la rareza y escasa o excepcional existencia de un ser, persona, animal, objeto e incluso idea y pensamiento. La antigüedad de la expresión “rara avis” (rara ave, extraña ave) podemos afirmarla a partir de la antigüedad de su lengua, el latín, pero también “mirlo blanco” y “cisne negro” y hasta “cuervo blanco” se vienen usando desde la Antigüedad grecolatina hasta nuestros días.

    Desde el punto de vista de la “Estilística” podemos hablar de ejemplos de la figura retórica denominada adýnaton o impossibile, en plural adýnata o impossibilia, con la que hacemos referencia a seres o hechos imposibles porque contradicen las leyes de la Naturaleza.

    Nota: ἀδυνατον (adynaton, "una imposibilidad"), a partir de α- (a-, "sin") + δύναμαι (dynamai, "soy poderoso, soy capaz")

    Los griegos ya utilizaban como expresión proverbial “ver un cuervo blanco”, λευκὸν ἰδεῖν κόρακα,  (leukòn ideîn kóraka) como algo imposible o adýnaton; nos lo atestigua Antología Palatina11 (11. 417).

    Anónimo
    Sobre una mujer vieja que  molesta a un hombre joven.
    Agita las bellotas de otro roble, Menesthion; Así como yo no acepto manzanas arrugadas más allá de su estación, desea tú siempre la fruta en su mejor momento como yo; porque  ¿para qué tratar de ver un cuervo blanco?

    Nota; Es decir, te va a ser tan difícil tenerme a mí como  encontrarte con un cuervo blanco

    Nota: La Antología Palatina es una compilación de epigramas de todo tipo (funerarios, votivos, amorosos, etc.)  de autor desconocido, redactada hacia el año 980 d. C. Recibe el nombre de la Biblioteca Palatina de Heidelberg, adonde fue a parar a finales del siglo XVI.

    De “mirlo blanco” encontramos referencias ya entre los griegos; podemos suponer que se utilizaba ya con sentido proverbial.

    Aristóteles (384 a.C.-322ª.C.) no fue sólo un filósofo, profesión por la que es mejor identificado por los lectores actuales, sino un científico variado que tocó todos los temas de su época y que ha tenido una enorme influencia en la cultura occidental hasta los tiempos modernos. Entre los numerosos tratados de ciencia que escribió, (muchos no se conservan) algunos son de “biología”. Uno de estos últimos tiene por título  “Historia de los animales”, en su versión latina “Historia animalium”. Aristóteles describió más de 500 seres vivientes. Sin entrar en consideraciones sobre la autoría real o no de Aristóteles de algunas partes de esta obra, lo cierto es que en el libro IX, 617a (19) se  nos habla de los “mirlos” y nos dice:

    Hay dos variedades de mirlos: uno es negro y se encuentra en todos los sitios, y el otro blanco, de tamaño igual al primero y su voz allá se va con la de aquel. Este último se encuentra en Cilene de Arcadia y en ningún otro sitio más. Semejante al citado mirlo negro es el izquierdo (lectura insegura), pero de tamaño un poco más pequeño. Este pasa el tiempo en las rocas y en los tejados, pero el pico no lo tiene rojo como el mirlo. (Traducción de José Vara Donado, para Editorial Akal)

    Nota: Cilene es la segunda montaña más alta del Peloponeso en Grecia, frontera entre la regiones de Arcadia y Acaya, que alcanza los 2.374 metros.

    El Pseudo-Aristóteles,   nos dice en  “De las cosas maravillosas oídas”,  en latín “de Mirabilibus Auscultationibus15, 831b 14”:

    Dicen que en Cilene en Arcadia los mirlos son blancos, pero no existen en ningún otro lugar, y que tienen voces armoniosas y salen a la luz de la luna; Y que si alguien intentara pillarlos de día, son muy difíciles de atrapar.

    Nota: El “de mirabilibus auscultationibus” es una colección de anécdotas de diversos temas generalmente relacionados con la naturaleza, plantas, animales, minerales, clima, geografía, etc. Tradicionalmente esta obra  se atribuyó erróneamente a Aristóteles y es un ejemplo de Paradoxografía o relato de  anécdotas o fenómenos anormales o inexplicables.

    Plinio el Viejo (23 d. C.- 79 d. C.), el naturalista que murió durante la erupción del Vesubio recoge esta peculiaridad de algunos mirlos en su obra Historia Natural (Naturalis Historia) X ,87,:

    Los mirlos en Cilene en la Arcadia y en ningún otro lugar nacen blancos. El ibis en Pelusio sólo es negro mientras que en todos los restantes lugares es blanco.

    merulae circa Cyllenen Arcadiae, nec usque aliubi, candidae nascuntur. ibis circa Pelusium tantum nigra est, ceteris omnibus locis candida.

    También nos habla de ello Pausanias, el viajero griego de la época imperial de Adriano que nos legó una auténtica guía turística de Grecia, que se titula “Descripción de Grecia”. Precisamente fue hojeando este guía para preparar un reciente viaje a Grecia cuando encontré la referencia a los “mirlos blancos”, que me ha sugerido este artículo.
    La referencia la hace en el libro VIII al describir la Arcadia, paisaje abrupto y duro que nada o poco tiene que ver con la visión idealizada, tópica e idílica construida por Virgilio, mil veces repetida luego, especialmente en el Renacimiento.

    Pues bien dice Pausanias en Descripción de Grecia, VIII, 17,3-4:

    También presenta Cilene la maravilla de que en él los mirlos son blancos. Las aves a las que los beocios dan este nombre son de otra especie que no canta. Hay águilas llamadas cicnias, semejantes a los cisnes en su blancura, las vi en Sípilo junto a la laguna que llaman de Tántalo; jabalíes blancos y osos blancos de Tracia fueron adquiridos por algunos particulares. Liebres las hay en Libia que tienen crías blancas, y ciervas las vi blancas en Roma, pero no pude averiguar si habían sido llevadas del continente o de las islas. Digo estas cosas a propósito de los mirlos de Cilene, para que nadie dude de ser verdad lo que acerca de su color he dicho.

    Claudio Eliano o Eliano (en latín, Claudius Aelianus en griego: Κλαύδιος Αἰλιανός), Praeneste, ca. 175 – ca. 235) fue un de retórica y escritor romano que hablaba el griego perfectamente y escribió sus obras en  griego.  En su “ Historia de los animales”,  V, 27, nos dice:

    “Las siguientes características de los animales son propias de un determinado número y distintas de las que poseen los demás miembros de la especie. Teopompo dice las liebres del país de los bisaltas tienen dos hígados. Istro dice que las gallinas de Ginea (Numida meleagris) no reciben  ningún daño de las aves de rapiña. Aristóteles asegura que los bueyes del país de los neuros tienen los cuernos sobre las paletillas, y Agatárquides que las cerdas de Etiopía tienen cuernos. Sósgrato dice que todos los mirlos de Cilene son blancos. Alejandro de Mindos asegura que las ovejas de la región del Ponto engordan a base del ajenjo más amargo. El mismo autor dice que las cabras nacidas en Mimante no beben agua en seis meses, sino que únicamente miran al mar con la boca abierta y que así aspiran la brisa marina. Estoy enterado de que las cabras de Iliria tienen la pezuña entera, no hendida. Teofrasto cuenta lo que parece un milagro: que en Babilonia los peces muchas veces salen del río y se ponen a pastar en tierra firme. (Traducción de José Vara Donado, para Editorial Akal)

    Obsérvese cómo en la información o desinformación de Eliano son blancos ya todos los mirlos de Cilene, sin espacio ni oportunidad alguna para los negros. Es esto lo que suele pasar en la transmisión poco cuidadosa de mensajes: en cada transmisión se modifica y deforma más el mensaje inicial.

    Yo nunca he tenido la oportunidad de ver alguna vez un “mirlo blanco”, pues todos con los que me he encontrado han sido negros con el pico anaranjado. Dudaba y sigo dudando de que existan los mirlos blancos. La ciencia seria nos dice que el nombre “mirlo” deriva del latino “merula”, que es un pájaro de unos 25 centímetros, que los machos son enteramente negros con el pico anaranjado y la hembra es de color pardo oscuro; que es capaz de aprender y repetir sonidos. Ninguna referencia seria se hace a la existencia de “mirlos blancos”, como no sea como consecuencia de alguna anomalía genética.

    Cicerón utiliza en una de sus cartas la expresión “avis alba”, con el mismo significado, sustituyendo el concreto “mirlo” por el genérico “ave”. Parece una extraña mezcla o contaminación de la expresión griega originaria “mirlo blanco” con la más latina “rara avis” que comentaré a continuación.

    Lo emplea Cicerón en una carta del año 45 o 46 a.C., es decir en el 707 o 708 desde la fundación de la Ciudad (Roma), en una carta a Curión, que ha decidido marchar a Grecia para dedicarse a los negocios. Aprovecha una vez más, dada su elevada autoestima, para autoconsiderarse un “una blanca ave”, es decir, un escaso buen ciudadano de buen criterio y opinión. Nótese cómo en la traducción del famoso humanista español de Alcaraz, en Albacete, se traduce “avem albam” por “cuervo blanco”.

    Dada la longitud no excesiva de la carta, me permito reproducirla completa, aprovechando así la oportunidad de leer por quien lo desee una de las más de ochocientas cartas que conservamos de Cicerón.

    Cicerón, Epistulade ad Familiares, VII, 28

    CICERÓN A CURIÓN. Año 707.

    Yo me acuerdo que un tiempo te tenía por loco, porque querías más vivir entre esa gente que en nuestra compañía. Porque para tu afable condición y dulce trato era más conveniente habitación esta ciudad (cuando ella era ciudad) que no toda la Morea cuanto más Patraso. Pero ahora veo que fuiste muy prudente en haberte ido a vivir a Grecia viendo las cosas de Roma casi sin esperanza de remedio; y vea también que el día de hoy en estar ausente de aquí, no solamente eres sabio, pero aun dichoso. Aunque, ¿qué hombre que algún poco de buen seso tenga se puede decir hoy día dichoso? Pero lo que tú, porque lo podías hacer así, has ganado por tus pies, que es estar en tierra donde no veas los hechos de estos poderosos…, ya me entiendes lo demás que quiero decir, esto mismo procuro yo alcanzar por otros medios. Porque después de haber empleado parte del día en visitar a mis amigos, lo cual ahora hago más a menudo que solía, porque les parece que hoy día ver un ciudadano que tenga buena opinión y parecer es como ver un cuervo blanco, enciérrome en mi librería, donde yo hago tantas obras cuantas tú por ventura sentirás. Porque de una tu conversación en que reprendías mi tristeza y poca confianza, entendí que decías a los de tu casa que no mostraba yo en mi vivir aquel ánimo que en mis libros parecía. Pero entonces lloraba yo la caída de la República, la cual quería yo y amaba mucho, no solamente por las buenas obras que ella me había hecho a mí, pero aun también por las grandes cosas que yo había hecho en su servicio: y aun el día de hoy, aunque ya no solamente me da consuelo la razón, la cual debe ser de mucha importancia, pero aun también el discurso del tiempo, que es el consuelo de los necios; con todo eso tengo grande sentimiento de ver el bien común tan arruinado y postrado, que no hay ni un aliento de esperanza de que algún día tendrá mejor asiento. De lo cual ahora no tiene la culpa aquel en cuyo poder está todo: si ya de esto no le damos culpa, y nos parece que no fuera razón que todo estuviera en poder de uno; pero parte ha sucedido de esta manera por desgracia, y parte por nuestra culpa, de manera que no hay ya para qué pensar en lo pasado ni quejarnos de ello. Para lo venidero no veo esperanza ninguna. Y así me vuelvo a lo que dije al principio. Que si por tu propio consejo te fuiste de aquí, has sido muy sabio; y si acaso, has sido muy dichoso. Ten salud.  (Traducción de Pedro Simón Abril. 1530-1595)

    Scr. Romae in. m. Sext. a. 708 (46) M. CICERO S. D. CVRIO. .
    Epistulae, 7.28
    memini cum mihi desipere videbare, quod cum istis potius viveres quam nobiscum. erat enim multo domicilium huius urbis, cum quidem haec urbs, aptius humanitati et suavitati tuae quam tota Peloponnesus, nedum Patrae. nunc contra et vidisse mihi multum videris, cum prope desperatis his rebus te in Graeciam contulisti, et hoc tempore non solum sapiens, qui hinc absis, sed etiam beatus. quamquam quis, qui aliquid sapiat, nunc esse beatus potest?
    sed quod tu cui licebat, pedibus es consecutus ut ibi esses, 'ubi nec Pelopidarum' (nosti cetera), nos idem prope modum consequimur alia ratione. Cum enim salutationi nos dedimus amicorum, quae fit hoc etiam frequentius quam solebat, quod quasi avem albam videntur bene sentientem civem videre, abdo me in bibliothecam. itaque opera efficio tanta quanta fortasse tu senties; intellexi enim ex tuo sermone quodam, cum meam maestitiam et desperationem accusares domi tuae, discere te ex meis libris animum meum desiderare.

    sed me hercule et tum rem publicam lugebam, quae non solum suis erga me sed etiam meis erga se beneficiis erat mihi vita mea carior, et hoc tempore, quamquam me non ratio solum consolatur, quae plurimum debet valere, sed etiam dies, quae stultis quoque mederi solet, tamen doleo ita rem communem esse dilapsam ut ne spes quidem melius aliquando fore relinquatur. nec vero nunc quidem culpa in eo est in cuius potestate omnia sunt (nisi forte id ipsum esse non debuit), sed alia casu, alia etiam nostra culpa sic acciderunt ut de praeteritis non sit querendum. reliquam spem nullam video. qua re ad prima redeo: sapienter haec reliquisti, si consilio, feliciter. si casu.

    La expresión, pues, solo sirve para referirse a una cosa rara, y esto desde la antigüedad y en varias lenguas como también ocurre  en francés , en donde por ejemplo existe, con el mismo significado, la expresión “merle blanc”. En italiano parece que prefieren “mosca bianca”, mosca blanca, relacionado tal vez con el ciceroniano “avis alba”, que he comentado anteriormente. En alemán emplean una expresión parecida a “mirlo blanco”, “ein weisser Rabe”, un cuervo blanco.

    En inglés no conozco expresión propia, habiéndose generalizado entre el ciudadano culto la expresión “rara avis”, que comento a continuación.

    “Rara avis” es una expresión latina bien extendida como proverbio, que ya utiliza Horacio (65 a.C-8 a.C.) en su Sátira II,2, en la que ensalza la vida sobria y la frugalidad que en el comer llega hasta la extravagancia en los manjares empujados por la moda y la vanidad. En esta Sátira el viejo campesino Ofelo, con su sabiduría popular, es el que expone las ventajas de la frugalidad frente al lujo sin sentido.

    Ciertamente, Horacio no utiliza la frase en el mismo sentido que aquí estamos comentando, pero utiliza la frase “rara avis” como tal.

    Dice Horacio en Sátiras, II, 2, 23 y ss:

    Y sin embargo a duras penas podré disuadirte de que, si te sirven un pavo (real), prefieras mimarte el gusto con él que con una gallina, corrompido como estás por las vanidades, porque aquella ave rara se vende a precio de oro y despliega el colorido espectacular de su cola; como si eso tuviera que ver con lo que nos importa. ¿Te comes acaso esas plumas que tanto encareces? ¿Es que una vez guisado conserva la misma belleza? (Traducción de José Luis Moralejo, para Editorial Gredos. 2010)

    vix tamen eripiam, posito pavone velis quin
    hoc potius quam gallina tergere palatum,
    corruptus vanis rerum, quia veneat auro      
    rara avis et picta pandat spectacula cauda:
    tamquam ad rem attineat quidquam. num vesceris ista,
    quam laudas, pluma? cocto num adest honor idem?

    Con el sentido que aquí se comenta se suele citar como primer texto latino escrito uno de Juvenal, que inmediatamente comentaré, pero Juvenal nacía precisamente cuando Persio moría y éste ya emplea en una de sus sátiras la expresión  "rara avis"

    Perrsio (Aulo Persio Flaco, 34 d. C. – Roma, 62 d. C.) es un poeta satírico latino que murió muy joven cuando apenas tenía 28 años. De moral estoica y rígida, critica los vicios de la sociedad de Nerón. Escribió seis Sátiras; en la primera critica la literatura de la época, por ejemplo a los poetas sus contemporáneos que pretenden agradar al público con una poesía altisonante hueca vacía de contenido. En este contexto en un ficticio diálogo en el que un poeta reconoce que a veces le sale algo digno de consideración, dice Persio en Sátira I, v. 43 y ss.

    ¿Oh tú, quienquiera que seas, a quien ahora mismo he movido a hablar contra mí! Sí, cuando escribo me sale, por puro azar, algo un poco aceptable. Pero, ¿cuándo ocurre? Es una rara ave; con todo, si me ha salido algo aceptable no me darán miedo las alabanzas, puesto que no soy de piedra. (Traducción de Manuel Balasch para Editorial Gredos, 2001)

    Ahí tenemos el primer testimonio escrito en latín de la expresión “rara avis”, que inmediatamente empleará también el otro gran satírico latino, Juvenal, en su Sátira VI. En esta ocasión se refiere a un individuo que pretende casarse y aprovecha la ocasión para criticar los vicios de las señoras y señores en relación con su matrimonio y dice a propósito de la mujer casta:

     Satira VI, 162 y ss.:

    “Y en medio de tantos hatajos de mujeres, ¿ninguna te parece digna de ti?”
    “Que sea hermosa, decente, rica, fecunda, que en sus pórticos alinee las vetustas figuras de sus antepasados, más intacta que aquellas sabinas que con sus cabellos sueltos impidieron una guerra: ave rara en esta tierra, muy semejante a un cisne negro… ¿Quién soportará a una mujer que no tenga defectos?
    (Traducción de Manuel Balasch para Editorial Gredos, 2001)

    ‘Nullane de tantis gregibus tibi digna videtur? ’
    sit formosa decens dives fecunda, vetustos
    porticibus disponat avos, intactior omni
    crinibus effusis bellum dirimente Sabina,
    165rara avis in terris nigroque simillima cycno:
    quis feret uxorem cui constant omnia?

    El mismo Juvenal, en la Sátira VII, 189 y ss. utiliza también la expresión “cuervo blanco”, similar a la de “mirlo blanco”, con la que iniciaba este artículo. ¿Serán el mismo pájaro el mirlo y el cuervo? Téngase en cuenta que la precisión antigua en la denominación y clasificación de los seres vivos, en este caso las aves, está muy lejos de la científica taxonomía moderna. Dice el texto de Juvenal en este pasaje, al hablar de la fortuna:

    “No atiendas a los casos de un hado excepcional. El hombre de suerte es bello y talentudo, el hombre de suerte es prudente, generoso y noble, puede atarse por encima del cuero negro (del calzado) una media luna; el hombre de suerte es buen orador y óptimo acusador; por ronca que tenga la voz, canta bien. Pues hay su diferencia según la estrella que te acoja cuando, rojizo aún del vientre de tu madre, empieces a emitir tus primeros vagidos. Si la Fortuna lo decide, de retórico llegarás a cónsul, y si ella misma lo resuelve uno que sea cónsul descenderá a retórico. ¿Pues qué prueba Ventidio? ¿Qué Tulio? ¿Acaso algo que no sea el ejemplo de su estrella y del poder mismo del destino? Los hados pueden dar reinos a los esclavos y la pompa triunfal a los cautivos. Sin embargo un hombre con una fortuna así es algo más raro que un cuervo blanco”.
    (Traducción de Manuel Balasch para Editorial Gredos, 2001)

    Nota: Ventidio, de prisionero de guerra con Pompeyo, llegó a cónsul. Tulio es el rey Servio Tulio, de origen humilde.

    exempla novorum
    fatorum transi: felix et pulcer et acer,
    felix et sapiens et nobilis et generosus
    adpositam nigrae lunam subtexit alutae;
    felix orator quoque maximus et iaculator,
    et si perfrixit, cantat bene. distat enim quae
    sidera te excipiant modo primos incipientem
    edere vagitus et adhuc a matre rubentem.
    si Fortuna volet, fies11 de rhetore consul;
    si volet haec eadem, fiet de consule rhetor.
    Ventidius quid enim? quid Tullius? anne aliud quam
    sidus et occulti miranda potentia fati?
    servis regna dabunt, captivis fata triumphum.
    felix ille tamen corvo quoque rarior albo.

    Juvenal unía en el primer texto aquí reproducido la expresión “ave rara” a otra de similar significado, “cisne negro”, utilizada desde la antigüedad con el mismo significado.

    Evidentemente, en la Antigüedad se daba por hecho que todos los cisnes habían de ser blancos y que por lo tanto no existían cisnes negros. Parece como si la expresión fuera el resultado de la conversión en proverbio del asunto que el científico Lucrecio plantea en el libro II de su “Sobre la naturaleza de las cosas”, v. 817  y ss. a propósito de los colores:

    Además, puesto que a cada forma determinada no le corresponde un determinado color, sino que todas las configuraciones de átomos pueden entrar en un tono cualquiera, ¿por qué los cuerpos que constan de ellos aparecen teñidos de todos los visos, sea cual sea su especie? Consecuente sería que a veces bandadas de cuervos despidieran un blanco color de su blanco plumaje, y que de gérmenes negros nacieran cisnes negros o de otro ti te cualquiera, uniforme o polícromo. (Traducción de Eduard Valentí Fiol para Editorial Bosch. 1976)

    Praeterea quoniam non certis certa figuris
    est natura coloris et omnia principioru
    formamenta queunt in quovis ese nitore,
    cur ea quae constant ex illis non pariter sunt
    omne genus perfusa coloribus in genere omni?
    conveniebat enim corvos quoque saepe volantis
    ex albis álbum pinnis iactare colorem
    et nigros fieri nigro de semine cycnos
    aut alio quovis uno varioque colore.

    Ovidio en una carta dirigida a Fabio Máximo, recogida en Pónticas III, 3, 95 y ss. hace una referencia al cisne negro:

    Si dudara de que tú, Maximo, apruebas estas palabras, creería que los cisnes son del color de Memnón. Pero ni la leche se cambia en negra pez, ni se convierte en terebinto lo que era marfil de brillante blancura.

    Nota: Memnón era rey de los etíopes y por tanto de color negro. La madera de terebinto es de color oscuro, según Plinio tan negra como el ébano.

    No nos puede extrañar que muchos años después un padre de la iglesia, tan misógino como Jerónimo (340 – 420) recoja la expresión de Juvenal y su opinión sobre la castidad de las mujeres; es ciertamente plausible que Jerónimo conociera a Juvenal y su famosa VI Sátira. Jerónimo emplea la expresión proverbial con alguna frecuencia; así lo hace en   De perpetua virginitate B. Mariae Liber, 20 (Adversus Helvidium) y en Dialogus adversus Pelagianos.Lib. II, 11; pero es en la referencia que hace a Teofrasto y su libro De nuptiis en su Adversus Iovianum, LIb. I, 47 donde lo emplea en el mismo sentido que Juvenal. Dicé allí:

    Pero si ella misma está mal, debemos caer enferma con ella y nunca apartarnos de su cama. O si ella es una esposa buena y agradable (¡lo que es una “rara avis”!), tenemos que compartir sus gemidos cuando está de parto y sufrir tortura cuando está en peligro. Un hombre sabio nunca puede estar solo.

    Quod si ipsa languerit,coegrotandum est, et numquam ab eius lectulo recedendum. Aut si bona fuerit et suavis uxor (quae tamen rara avis est), cum parturiente gemimus, cum periclitante torquemur. Sapiens autem numquam solus esse potest.

    Desde entonces a hoy no han dejado de utilizarse estas expresiones proverbiales.

    Pero ocurrió que en 1697, los ingleses trajeron de Australia a Inglaterra unos cisnes negros, (cygnus atratus) y este hecho produjo una notable conmoción en la sociedad inglesa y europea, acostumbrada a ver cisnes sólo blancos y que ahora habían de admitir la existencia de “cisnes negros”. Si la frase hasta ahora había servido para referirse a una persona o hecho especialmente raro o imposible ahora podría servir para referirse a la necesidad de explicación de un hecho cuya posibilidad de existencia no se contemplaba con anterioridad porque los hechos no lo hacían previsible.

    En fin, en cualquier caso es llamativo el hecho de que estas frases convertidas en proverbio soportan muy bien el paso de tiempo y aun de una lengua a otra con las necesarias adaptaciones.