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	<title>Historia Arqueología &#8211; Historia de Grecia y Roma</title>
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	<description>1001 anécdotas y curiosidades del mundo antiguo</description>
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	<title>Historia Arqueología &#8211; Historia de Grecia y Roma</title>
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		<title>Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (III)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Jul 2017 01:10:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
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		<category><![CDATA[Mitologí­a]]></category>
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					<description><![CDATA[La expresión “urbi et orbi” tuvo notable éxito por referirse a una “urbe” que se convirtió en la capital del “orbe” y también porque en sí misma la frase encierra un atractivo juego de palabras consistente en relacionar dos palabras de distinto significado pero que tan sólo se diferencian en un fonema o en una letra; es decir, porque “urbi et orbi” es una paronomasia.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>La expresión “urbi et orbi” tuvo notable éxito por referirse a una “urbe” que se convirtió en la capital del “orbe” y también porque en sí misma la frase encierra un atractivo juego de palabras consistente en relacionar dos palabras de distinto significado pero que tan sólo se diferencian en un fonema o en una letra; es decir, porque “urbi et orbi” es una paronomasia.</b></p>
<p><em>Varrón</em>, lógicamente no resiste&nbsp; la tentación de buscar una explicación o extraer una conclusión, (no importa si es acertada o no, que no parece serlo), de la proximidad entre los dos términos: <em>urbem </em>y <em>orbem</em>. Lo hace en su <em>De lingua Latina, V,143:</em></p>
<p><em><strong>Muchos fundadores levantaban en el Lacio ciudades siguiendo el rito etrusco, a saber: después de uncir dos animales vacunos, un toro y una vaca –que ocuparía lz posición interior-, trazaban con el arado un survo, para sentirse fortificados por un foso y una muralla. Naturalmente la operación laa realizaban un día en que, de acuerdo con la religión, los auspicios fueran favorables. El agujero resultante de extraer la tierra lo llamaban fossa: y la tierra&nbsp; arrojada tras él, murum (</strong></em>muralla<em><strong>). Después de ello, el círculo (</strong></em>orbis<em><strong>) que se obtenía era el comienzo de la ciudad (</strong></em>urbs, urbis<em><strong>); y, como ese círculo se encontraba detrás de la muralla (</strong></em>post murum<em><strong>), se denominaba post moerium: hasta aquí llegaba el lugar en que podían tomarse los auspicios de la ciudad. En torno a Aricia y a Roma aún están en pie los mojones del pomerio. Resumiendo: las ciudades cuyos límites eran trazados con un arado se llamaban urbes, nombre derivado de orbis (</strong></em>círculo<em><strong>) y urvum (</strong></em>cama del arado<em><strong>). Por este motivo, en los documentos antiguos todas nuestras colonias se regisgtran con la denominación de urbes, porque fueron fundadas del mismo modo que Roma; y por idéntica razón las colonias se fundan como ciudades, porque están colocadas dentro de un pomerio.</strong></em></p>
<p><em>Oppida condebant in Latio Etrusco ritu multi, id est, iunctis bobus, tauro et vacca interiore, aratro circumagebant sulcum (hoc faciebant religionis causa die auspicato), ut fossa et muro essent muniti. Terram unde exculpserant, fossam vocabant et introrsum iactam murum. Post ea qui fiebatorbis, urbis principium; qui quod erat post murum, postmoerium dictum, eo usque auspicia urbana finiuntur. Cippi pomeri stant et cirum Ariciam et circum Romam. Quare et oppida quae prius erant circumducta aratro ab orbe et urvo urbes; et ideo coloniae nostrae omnes in litterid antiquis scribunturt urbes, quod ítem conditae ut Roma; et ideo coloniae et urbes conduntur, quod intra pomerium ponuntur.</em></p>
<p>Presentaré algunos textos que ejemplifiquen la utilización en la <em>Antigüedad </em>de esta <em>paronomasia</em>.</p>
<p><em>Cornelio Nepote</em> (c. 100 a. C.- c. 25 a. C.) en la vida de <em>Atico </em>pone&nbsp; en contacto ambas palabras:</p>
<p><em>Nepote, Vida de Ático, 20,5</em></p>
<p><em><strong>Quán difícil sea esto, lo conocerá mas bien quien sea capaz de comprehender, cuanta cordura es menester para conservarse en el trato y amor de dos sujetos, que además de competir sobre intereses de la mayor inportancia, estaban tan opuestos y encontrados, como era forzoso&nbsp; lo estuviesen César y M.Antonio, deseando uno y otro mandar, no solo Roma, sino a todo el universo</strong></em>. (Traducción de Rodrigo de Oviedo)</p>
<p><em>hoc quale sit, facilius existimabit is, qui iudicare poterit, quantae sit sapientiae eorum retinere usum benivolentiamque, inter quos maximarum rerum non solum aemulatio, sed obtrectatio tanta intercedebat, quantam fuit incidere necesse inter Caesarem atque Antonium, cum se uterque principem non solum urbis Romae, sed orbis terrarum esse cuperet.</em></p>
<p>Así Ovidio, en su<em> Arte de Amar</em> comenta que los espectáculos públicos a los que asisten las mujeres son una buena ocasión para establecer algún tipo de relación. En este pasaje hace una interesante integración, una paronomasia entre “<em>urbe</em>” y “<em>orbis</em>”: <em><strong>atque ingens orbis in Urbe fuit</strong></em></p>
<p><em>Arte de amar, 1, 171 y ss.</em></p>
<p><em><strong>¿Y qué pasó, cuando últimamente César enfrentó las naves persas con las cecropias&nbsp; aparentando que se trataba de una batalla naval?&nbsp; Jóvenes y muchachas de uno y otro mar llegaron hasta aquí y una gran parte del orbe estuvo en la urbe. ¿Quién no encontró prenda que amar entre toda aquella muchedumbre?¡ay! a cuántos les hizo sufrir un amor llegado de lejos!</strong></em></p>
<p><em><strong>He aquí que el César se prepara para anexionarse lo que falta por conquistar del orbe: ahora, Oriente remoto, serás nuestro. Parto, sufrirás el castigo. ¡Alegraos vosotros, Craso y compañeros que estáis ya enterrados, y vosotras, enseñas que sufristeis en mala hora las manos de los bárbaros! Aquí está vuestro vengador, y promete ser general desde sus primeros años y, aunque sólo es un muchacho,&nbsp; lleva con acierto una guerra difícil de dirigir para un muchacho.&nbsp; </strong></em>(Traducción de Vicente Cristobal López)</p>
<p><em>quid, modo cum belli navalis imagine Caesar<br />
&nbsp;&nbsp; Persidas induxit Cecropiasque rates?<br />
nempe ab utroque mari iuvenes, ab utroque puellae<br />
&nbsp;&nbsp; Venere, atque ingens orbis in Urbe fuit.<br />
quis non invenit turba, quod amaret, in illa?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
&nbsp;&nbsp; eheu, quam multos advena torsit amor!<br />
ecce, parat Caesar domito quod defuit orbi<br />
&nbsp;&nbsp; addere: nunc, oriens ultime, noster eris.<br />
Parthe, dabis poenas: Crassi gaudete sepulti,<br />
signaque barbaricas non bene passa manus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
ultor adest, primisque ducem profitetur in annis,<br />
&nbsp;&nbsp; bellaque non puero tractat agenda puer.</em></p>
<p><em>Veleyo Paterculo (c. 19 a. C. &#8211; c. 31), Historia de Roma, 2,44</em></p>
<p><em><strong>Así, éste, siendo cónsul constituyó una sociedad de poder entre Gneo Pompeyo,&nbsp; Marco Craso y él, que fue nefasta para Roma y para el mundo (quae urbi orbique terrarum) y les acarreó consecuencias no menos fatales a cada uno en distintos momentos. Al secundar este proyecto, Pompeyo había tenido la intención de que su conducta en las provincias del otro lado del mar, que muchos, según hemos dicho, criticaban, fuera finalmente aprobada por medio del cónsul César; por su parte, César se daba cuenta de que cediendo ante la gloria de Pompeyo aumentaría la suya, y que al desviarse hacia éste los odios por el poder compartido, él iba a reforzar sus posibilidades; Craso, como no había podido conseguir él solo el principado, intentaba alcanzarlo por la autoridad de Pompeyo y los recursos de César. También se estableció un parentesco por matrimonio entre César y Pompeyo; pues Gneo Magno se casó con la hija de Gayo César.</strong></em> (Traducción de María Asunción Sánchez Manzano. Editorial Gredos)</p>
<p><em>Hoc igitur consule inter eum et Cn. Pompeium et M. Crassum inita potentiae societas, quae urbi orbique terrarum nec minus diverso cuique tempore ipsis exitiabilis fuit.&nbsp; Hoc consilium sequendi Pompeius causam habuerat, ut tandem acta in transmarinis provinciis, quibus, ut praediximus, multi obtrectabant, per Caesarem confirmarentur consulem, Caesar autem, quod animadvertebat se cedendo Pompei gloriae aucturum suam et invidia communis potentiae in illum relegata confirmaturum vires suas, Crassus, ut quem principatum solus adsequi non poterat, auctoritate Pompei, viribus teneret Caesaris,&nbsp; adfinitas etiam inter Caesarem Pompeiumque contracta nuptiis, quippe Iuliam, filiam C. Caesaris, Cn. Magnus duxit uxorem.</em></p>
<p><em>Tertuliano </em> (ca.160-ca.220), 40,1-4 en su <em>Apologeticum </em>pone en relación las dos palabras:</p>
<p><em><strong>quantae clades orbem et urbes ceciderunt!</strong></em></p>
<p><em><strong>Que las calamidades no suceden al mundo ni al imperio por ocasión de los cristianos, como dicen los gentiles. Antes por el contrario, el nombre de amotinados se debe acomodar a los que conspiran en odio de los buenos y honrados, a los que proclaman contra la sangre inocente, excusando el odio con pretexto de aquella frívola vanidad con que piensan, que toda común desdicha y las particulares descomodidades del pueblo suceden por causa de los cristianos . Si el Tíber sube a las murallas ; si el Nilo no llega a regar las vegas; si el cielo está sereno y no da lluvias; si la tierra tiembla o se estremece; si el hambre aflige; si la peste mata, luego grita el pueblo: arrójense los cristianos al león. ¿Un león para tantos?</strong></em></p>
<p><em><strong>Yo ruego que me digáis: ¿cuántas calamidades cayeron sobre el mundo y sobre Roma (quantae clades orbem et urbes ceciderunt! ) antes del imperio de Tiberio , esto es, antes de la venida de Cristo? Leemos que Hierápoli&nbsp; y las islas de Delon, Rodas&nbsp; y Coon, con muchos millares de hombres se hundieron.</strong></em></p>
<p><em>At e contrario illis nomen factionis accommodandum est, qui in odium bonorum et proborum conspirant, qui adversum sanguinem innocentium conclamant, praetexentes sane ad odii defensionem illam quoque vanitatem, quod existiment omnis publicae cladis, omnis popularis incommodi Christianos esse in causa[m].&nbsp; Si Tiberis ascendit in moenia, si Nilus non ascendit in arva, si caelum stetit, si terra movit, si fames, si lues, statim: «Christianos ad leonem!» acclamatur. Tantos ad unum?<br />
Oro vos, ante Tiberium, id est ante Christi adventum, quantae clades orbem et urbes ceciderunt! Legimus Hieran, Anaphen et Delon et Rhodon et Co insulas multis cum milibus hominum pessum abisse.</em></p>
<p><em>Sidonio Apolinar</em> (hacia el 430-489 d.C.) obispo de <em>Clermont Ferrand</em>, en <em>Carmina,7,</em> se sirve de esta paronomasia: <em><strong>captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet</strong></em> (verso 557)</p>
<p>El <em>Carmen 7</em> es un <em>panegírico </em>a su suegro <em>Avito </em>cuando fue nombrado emperador. En una reunión de los dioses <em>Roma </em>se queja de su decadencia; se pasa revista a su historia e interviene <em>Júpiter</em>. Luego Avito es proclamado emperador por los visigodos y por los galorromanos.</p>
<p><em>Sidonio Apolinar, Carmina, 7, 550 y ss.</em></p>
<p><em><strong>»Ahora te llama el destino supremo; en un tiempo azaroso&nbsp; no gobierna el Imperio un cobarde. Se deja de lado todo rodeo cuando una situación extrema requiere un hombre preclaro: tras las derrotas del Tesino y Trebia la república atemorizada acudió apresurada a Fabio. La elección de Livio hizo olvidar la célebre derrota de Cannas, a pesar de la fuga de Varrón, e hizo quebrar al fenicio, engreído por la&nbsp; muerte de los Escipiones.</strong></em></p>
<p><em><strong>»Dicen que el mundo yace cautivo en la urbe (captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet;) el emperador ha muerto; aquí tiene hoy una cabeza todo el imperio. Te lo pedimos, sube al tribunal, levanta a los que están decaídos;&nbsp; en esta situación, el momento no pide que algún otro ame más a Roma.</strong></em></p>
<p><em><strong>»No pienses que quizá no eres digno del mando: tú sabes que cuando los estandartes de Breno acosaban la roca Tarpeya, toda la república era Camilo, quien, obligado a vengar a la patria, cubrió los humeantes rescoldos con una matanza de enemigos.</strong></em></p>
<p><em><strong>»No han sido regalos al populacho los que han dispuesto a tu favor lascenturias, ni acuden a votarte tribus venales, sobornadas a punta de dinero. Nadie compra el voto del mundo. Eres elegido, aunque pobre; basta una sola cosa: eres rico en méritos. ¿Por qué tardas en aceptar la voluntad&nbsp; de la patria que te ordena tomar elmando? Éste es el pensamiento de todos: si tú te conviertes en señor, yo seré libre’</strong></em>.(Traducción de Agustín López Kindler. Editorial Gredos)</p>
<p><em>nunc iam summa vocant,&nbsp; dubio sub tempore regnum<br />
non regit ignavus, postponitur ambitus omnis<br />
ultima cum claros quaerunt: post damna Ticini<br />
ac Trebiae trepidans raptim respublica venit<br />
ad Fabium; Cannas celebres Varrone fugato<br />
Scipiadumque etiam turgentem funere Poenum<br />
Livius electus fregit, captivus, ut aiunt,<br />
orbis in urbe iacet; princeps perit, hic caput omne<br />
nunc habet imperium, petimus, conscende tribunal,&nbsp;<br />
erige collapsos; non hoc modo tempora poscunt,<br />
ut Romam plus alter amet. nec forte reare<br />
te regno non esse parem: cum Brennica signa<br />
Tarpeium premerent, scis, tum respublica nostra<br />
tota Camillus erat, patriae qui debitus ultor<br />
texit fumantes hostili strage favillas.<br />
non tibi centurias aurum populare paravit,<br />
nec modo venales numerosoque asse redemptae<br />
concurrunt ad puncta tribus; suffragia mundi<br />
nullus emit, pauper legeris ; quod sufficit unum,<br />
es meritis dives, patriae cur vota moraris,<br />
quae iubet ut iubeas ? haec est sententia cunctis :<br />
si dominus fis, liber ero.&#8217;</em></p>
<p><em>Flavio Cresconio Coripo (Flavius Cresconius Corippus</em>) que vivio aproximadamente del año 500 al 570 de nuestra era fue probablemente el último autor latino importante de la Antigüedad, de la época de los emperadores bizantinos <em>Justiniano I</em> y <em>Justino II</em>. Sus dos principales obras son el poema épico <em>Johannis </em>y el panegírico<em> In laudem Justini minoris</em>.</p>
<p>Es justamente en esta última en el que utiliza en varias ocasiones la fórmula “<em>urbis-orbis</em>”; precisamente es un rasgo de su estilo la repetición de palabras y conceptos y también el uso de <em>paronomasias </em>o palabras muy parecidas en la forma aunque distintas en el significado. Así</p>
<p><em>Verso I, 173 y ss.</em></p>
<p><em><strong>Todo el grupo, postrado y tendido ante sus pies, mientras así hablaba, dice al unísono: ≪Ten piedad, compadécete, santo varón, de quienes te suplican, ven a socorrernos en la adversidad. Pronto verás con la llegada del día que todo se habrá perdido, si el pueblo llega a percibir el vacío de poder, ante la pérdida del emperador. Por mucho que te conmueva el afecto por tu buen padre, que no sea el amor a la patria menor que el de tu progenitor. Tu mismo tío, moribundo, te ordenó con sus propias palabras que fueras tu quien conservara el cetro. Mira cuanta fue la previsión y solicitud del anciano para con nuestra ciudad y el mundo entero. (aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis)&nbsp; En tu favor hizo Dios todo lo que quiso que fuera realizado. Sube al trono paterno, príncipe&nbsp; valerosísimo, y gobierna el mundo que a ti se somete</strong></em>. (Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)</p>
<p><em>Talia dicentis pedibus prostrata iacensque<br />
omnis turba simul “pius es, miserere” perorat<br />
“supplicibus, vir sancte, tuis: succurre periclis.<br />
Omnia mox veniente die periisse videbis,<br />
si vacuam vulgussine príncipe senserit aulam.<br />
Quantumcumque boni moveat dilectio patris,<br />
non sit amor patriae patrio minor. Ipse tenere<br />
sceptra tuus moriens te iussit avunculus ore.<br />
aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis<br />
próvida cura seni. pro te deus omnia fecit,<br />
quae fieri voluit. solium conscende paternum<br />
et rege subiectum, prínceps fortissime, mundum</em></p>
<p>Y de nuevo en<em> Verso 244 y ss.</em></p>
<p><em><strong>Y no injustamente, creo, pues ¿iba a estar él, al morir, tan dichoso y con semblante tan lleno de bondad, si su alma, consciente del bien que llevo a cabo, no hubiera abandonado sus tranquilos miembros, volando hacia el cielo y no hubiera afianzado el imperio tras confirmar a un heredero? Cuando acudió allí el noble Justino, poniendo sus amorosos brazos en tomo al cuerpo sin&nbsp; vida, así hablo sollozando: ≪Luz de la ciudad y del universo, padre Justiniano, ¿abandonas tu amada corte y dejas a tus allegados, a tus sirvientes y a tantos súbditos? ¿Menosprecias la tierra? ¿No velas por el mundo extenuado? Aquí tienes a los ávares, a los amenazadores francos, a los gépides, a los getas y a tantas otras naciones que, tras poner en movimiento sus enseñas, provocan guerras por doquier. ¿Con qué empuje vamos a vencer a tantos enemigos si tú, firmeza de Roma, estás muerto?≫.</strong></em><br />
((Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)</p>
<p><em>Haud, reor, immerito sic laetus et ore benignus<br />
Ille foret moriens, nisi mens sibi conscia recti<br />
in caelum properans securos linqueret artus<br />
et tutum imperium firmato herede locaret.<br />
Huc ubi magnanimus sacra cum coniuge venit,<br />
cara per exanimum circumdans brachia corpus<br />
cum lacrimis Iustinus ait: “lux urbis et orbis,<br />
Iustiniane pater, dilectam deseris aulam?<br />
Cognatos fámulos et tantos linquis alumnos?<br />
Contemnis terras? Fesso non prospicis orbi?<br />
En Avares Francique truces Gepidesque Getaeque<br />
totque aliae gentes commotis undique ignis<br />
bella movent; qua vi tantos superabimos hostes,<br />
cum virtus Romana iacet?&#8230;</em></p>
<p>Y otra vez en <em>verso III, 72 y ss.:</em></p>
<p><em><strong>Organos, plectros y liras resonaron por toda la ciudad; se ofrecieron mil clases de espectáculos, mil festines, hubo danzas, risas, ajetreo, regocijo y aplausos. Desean larga vida a los emperadores entre alegres clamores. ≪Tras la vejez≫, afirman, ≪el mundo se regocija por su rejuvenecimiento y busca los principios de su aspecto originario. Desaparece ahora una edad de hierro y surge una edad de oro en tu época, Justino, esperanza de la ciudad y del mundo, resplandor del imperio romano, gloria añadida a todos los emperadores que te precedieron, cuya sabiduría victoriosa obtuvo la más alta cumbre del reino paterno≫. </strong></em>(Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)</p>
<p><em>Organa, plectra, lyrae totam insonuere per urbem.<br />
Mille voluptatum species, convicia mille,<br />
saltatus, risus, discursus, gaudia, plausus.<br />
Augustis vitam laetis clamoribus optant.<br />
post senium dicunt “sese iuvenescere mundus<br />
gaudet Et antiquae repetit&nbsp; primordia formae.<br />
Férrea nunc abeunt aurea saecula surgunt<br />
temporibus, Iustine, tuis, spes urbis et orbis,<br />
Romani iubar imperii, decus addite cunctis<br />
retro principibus, cuius sapientia victrix<br />
obtinuit patrii fastigia máxima regni.”</em></p>
<p>El resumen de todo esto, del contenido y de la figura literaria,&nbsp; lo personifica un verso feliz del poeta galo del <em>siglo V Rutilio Namaciano,</em> del que conservamos parte del único poema que sabemos que escribió, titulado <em>“De reditu suo” (Sobre el regreso).</em> En él canta la grandeza y antiguo esplendor de <em>Roma </em>y critica al <em>Cristianismo</em>. En el llamado<em> Himno a Roma,</em> que aparece personificada, encontramos el verso resumen al que me refería:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em><strong>&nbsp; &#8216;urbem fecisti quod prius orbis erat&#8217;<br />
“formaste una ciudad de lo que antes era un mundo”</strong></em></p>
<p><em><strong>“!Escucha, Roma, hermosisima reina de un mundo que<br />
es tuyo, acogida entre las celestes estrellas!<br />
!Escucha, engendradora de hombres y engendradora de dioses,<br />
gracias a tus templos no nos mantenemos alejados del cielo!<br />
A ti cantamos y siempre cantaremos mientras los hados lo permitan:<br />
nadie en vida puede olvidarte. Antes sepultaria yo el sol en impio olvido<br />
que apartar de mi corazon tu gloriosa fama,<br />
pues derramas tus favores como rayos de sol<br />
por donde se agita vacilante el envolvente Oceano.<br />
Por ti da vueltas Febo, que todo lo abarca,<br />
y en ti esconde los caballos que de ti habian salido.<br />
A ti no te detuvo Libia con sus ardientes arenas<br />
ni te arredro la Osa guarnecida de hielo.<br />
Cuanta extension comprende la naturaleza hasta las regiones habitables,<br />
otro tanto la tierra se convierte en camino accesible a tu valor.<br />
Formaste de pueblos distintos una unica patria;<br />
al imponer tu poder, beneficiaste a los vencidos,<br />
ignorantes de la justicia, y al ofrecerles compartir tus propias leyes,<br />
formaste una ciudad de lo que antes era un mundo.(</strong></em>&#8216;urbem fecisti quod prius orbis erat&#8217;)<br />
<strong><em>Como autores de tu linaje reconocemos a Venus y a Marte,<br />
la madre de los Eneadas y el padre de los Romulidas.<br />
Cuando vences, la clemencia ablanda tu brazo armado:<br />
en tu personalidad aunas la inspiracion de ambos dioses.<br />
De ahi tu gran satisfaccion en combatir y en perdonar:<br />
vences a quienes has temido, amas a quienes has vencido.</em></strong><br />
(Traducción de Alfonso Grcía-Torano Martínez. Editorial Gredos).</p>
<p><em>«exaudi, regina tui pulcherrima mundi,<br />
inter sidereos Roma recepta polos,<br />
exaudi, genetrix hominum genetrixque deorum,<br />
non procul a caelo per tua templa sumus:<br />
te canimus semperque, sinent dum fata, canemus:<br />
sospes nemo potest immemor esse tui.<br />
obruerint citius scelerata oblivia solem,<br />
quam tuus ex nostro corde recedat honos.<br />
nam solis radiis aequalia munera tendis,<br />
qua circumfusus fluctuat Oceanus.<br />
volvitur ipse tibi, qui continet omnia, Phoebus<br />
eque tuis ortos in tua condit equos.<br />
te non flammigeris Libye tardavit harenis,<br />
non armata suo reppulit Ursa gelu:<br />
quantum vitalis natura tetendit in axes,<br />
tantum virtuti pervia terrae tuae.<br />
fecisti patriam diversis gentibus unam:<br />
profuit iniustis te dominante capi.<br />
dumque offers victis proprii consortia iuris,<br />
urbem fecisti quod prius orbis erat.<br />
«auctores generis Venerem Martemque fatemur,<br />
Aeneadum matrem Romulidumque patrem:<br />
mitigat armatas victrix clementia vires,<br />
convenit in mores nomen utrumque tuos:<br />
hinc tibi certandi bona parcendique voluptas:<br />
quos timuit superat, quos superavit amat.</em></p>
<p>La <em>Iglesia Católica y Romana </em>es deudora de la antigua <em>Roma </em>en casi todo, en gran parte de sus mitos, creencias y dogmas, en sus ritos, en su expresión artística, en su estructura administrativa y jurídica, y por supuesto en su lengua oficial, que sigue siendo el latín. Esta expresión es una prueba más de ello. Si el <em>Papa Católico</em> hoy puede dirigirse “<em>a la ciudad y al mundo</em>” es precisamente porque él es “<em>el obispo de Roma</em>”, la <em>ciudad (urbs) que fue capital del mundo (orbis)</em></p>
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			</item>
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		<title>Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (II)</title>
		<link>https://www.antiquitatem.com/urbi-et-orbi-orbis-terrarum-orbis-romanu/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Jul 2017 02:06:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Dioses y Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[El romano, en su autoafirmación y autocomplacencia, llega a confundir el “orbis terrarum” con el “orbis romanus”.  Son innumerables también los textos y los hechos que pretenden asentar en los ciudadanos esta idea de que el mundo, al menos el interesante, es romano.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>El romano, en su autoafirmación y autocomplacencia, llega a confundir el “orbis terrarum” con el “orbis romanus”.  Son innumerables también los textos y los hechos que pretenden asentar en los ciudadanos esta idea de que el mundo, al menos el interesante, es romano.</b></p>
<p>
	Es lo que, por ejemplo, podemos apreciar en <em>Cicer&oacute;n, Rhetorica&nbsp; Ad Herennium, 4,9,13</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Un discurso ser&aacute; del estilo medio si, como he indicado antes, rebajamos ligeramente el tono sin descender sin embargo hasta el m&aacute;s bajo; por ejemplo:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Est&aacute;is viendo, jueces, contra qui&eacute;nes luchamos. Contra aliados que sol&iacute;an combatir a nuestro lado y defend&iacute;an con su valor y esfuerzo nuestro imperio. Conocen sin duda sus propios recursos y tropas y, por la vecindad y las relaciones todo tipo con nosotros, pod&iacute;an igualmente conocer y evaluar todo el poder del pueblo romano. Cuando decidieron hacernos la guerra, decidme, en qu&eacute; confiaban pata atacarnos, sabiendo que la mayor&iacute;a casi absoluta de nuestros aliados permanecer&iacute;a fiel a sus obligaciones, viendo que no dispon&iacute;an de tropas abundantes, generales expertos, fondos p&uacute;blicos ni, en definitiva, nada de lo que se necesita para realizar una guerra. Incluso luchando contra alg&uacute;n vecino por una cuesti&oacute;n de fronteras o pensando resolver el conflicto en una sola batalla, habr&iacute;an acudido al combate mejor armados y equipados. Mucho menos cre&iacute;ble es que intentaran con tan pocas tropas apoderarse del imperio que domina el mundo, un imperio que todos los pueblos, reyes y naciones han aceptado, unos por la fuerza, otros voluntariamente, vencidos por las armas o la generosidad del pueblo romano. Alguien se preguntar&aacute;: &#39;&iquest;Y los habitantes de Fregelas?&#39;&#39;. &iquest;Es que ellos no lo intentaron por su propia voluntad?&rsquo; S&iacute;, y precisamente por ello no hubieran debido intentarlo, despu&eacute;s de ver c&oacute;mo los de Fregelas salieron malparados. La ignorancia hace caer f&aacute;cilmente en el error a los pueblos que por falta de experiencia no pueden encontrar precedentes en su historia para cada cuesti&oacute;n. Por el contrario, los que conocen lo que les ha sucedido a otros pueden f&aacute;cilmente obtener provecho propio de las experiencias ajenas. &iquest;Ning&uacute;n motivo les indujo? &iquest;No ten&iacute;an la menor esperanza cuando empe&ntilde;aron las armas? &iquest;Qui&eacute;n creer&aacute; que alguien ha sido tan insensato como para atreverse a atacar el poder del pueblo romano sin el apoyo de alguna fuerza? Alg&uacute;n motivo, por tanto,&nbsp; debi&oacute; existir. Y &iquest;qu&eacute; otro puede ser sino el que os digo?&rdquo;</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Salvador N&uacute;&ntilde;ez. Editorial Gredos)</p>
<p>
	<em>In mediocri figura versabitur oratio, si haec, ut ante dixi, aliquantum demiserimus neque tamen ad infimum descenderimus, sic:</em></p>
<p>
	<em>&laquo;Quibuscum bellum gerimus, iudices, videtis: cum sociis, qui pro nobis pugnare et imperium nostrum nobiscum simul virtute et industria conservare soliti sunt. Ii cum se et opes suas et copiam necessario norunt, tum vero nihilominus propter propinquitatem et omnium rerum societatem, quid omnibus rebus populus Romanus posset, scire &lt;et&gt; existimare poterant. Ii, cum deliberassent nobiscum bellum gerere, quaeso, quae res erat, qua freti bellum suscipere conarentur, cum multo maximam partem sociorum in officio manere intellegerent? Cum sibi non multitudinem militum, non idoneos imperatores, non pecuniam publicam praesto esse viderent? Non denique ullam rem, quae res pertinet ad bellum administrandum? Si cum finitumis de finibus bellum gererent, si totum certamen in uno proelio positum putarent, tamen omnibus rebus instructiores et apparatiores venirent; nedum illi imperium orbis terrae, cui imperio omnes gentes, reges, nationes partim vi, partim voluntate consenserunt, cum aut armis aut liberalitate a populo Romano superati essent, ad se transferre tantulis viribus conarentur. Quaeret aliquis: Quid? Fregellani non sua sponte conati sunt? Eo quidem isti minus facile conarentur, quod illi quemadmodum discessent videbant. Nam rerum inperiti, qui unius cuiusque rei de rebus ante gestis exempla petere non possunt, ii per inprudentiam facillime deducuntur in fraudem: at ii, qui sciunt, quid aliis acciderit, facile ex aliorum eventis suis rationibus possunt providere. Nulla igitur re inducti, nulla spe freti arma sustulerunt? Quis hoc credet, tantam amentiam quemquam tenuisse, ut imperium populi Romani temptare auderet nullis copiis fretus? Ergo aliquid fuisse necessum est. Quid aliud, nisi id, quod dico, potest esse?&raquo;</em></p>
<p>
	Es lo que en varias ocasiones dice <em>Ovidio</em>. As&iacute;&nbsp;&nbsp; a prop&oacute;sito de las celebraciones del d&iacute;a 1 de Enero al dios Jano en <em>Fasti,1,75 y ss.:</em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;Ves c&oacute;mo reluce el cielo con los fuegos perfumados y crepita la espiga cilicia al<br />
	encender las hogueras? La llama reverbera con su brillo en el oro de los templos y esparce el resplandor tembloroso en lo alto del santuario. Van con las ropas intactas al alc&aacute;zar de Tarpeya&nbsp; y el pueblo lleva el mismo color que el color de su fiesta; ya marchan delante los nuevos mandos, nueva p&uacute;rpura refulge y el marfil llamativo&nbsp; siente pesos nuevos. Novillos exentos del trabajo, que la hierba falisca aliment&oacute; en sus campi&ntilde;as ofrecen su cuello para&nbsp; que los hieran. J&uacute;piter, cuando mira a todo el orbe desde su alc&aacute;zar, no encuentra nada que ver que no sea romano. &iexcl;Salud, d&iacute;a bienhechor!: vuelve cada vez mejor, merecedor de que te honre el pueblo due&ntilde;o del mundo. Mas con todo, &iquest;qu&eacute; dios dir&eacute; que eres t&uacute;, Jano biforme? Pues Grecia no tiene numen ninguno parejo a ti. Y a la vez revela el motivo por el que eres el &uacute;nico entre los celestiales que ves lo que est&aacute; a la espalda y lo que est&aacute; delante.</strong></em></p>
<p>
	<em>cernis odoratis ut luceat ignibus aether,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; et sonet accensis spica Cilissa focis?<br />
	flamma nitore suo templorum verberat aurum,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; et tremulum summa spargit in aede iubar.<br />
	vestibus intactis Tarpeias itur in arces,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; et populus festo concolor ipse suo est,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	iamque novi praeeunt fasces, nova purpura fulget,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; et nova conspicuum pondera sentit ebur.<br />
	colla rudes operum praebent ferienda iuvenci,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; quos aluit campis herba Falisca suis.<br />
	Iuppiter arce sua totum cum spectet in orbem,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; nil nisi Romanum quod tueatur habet.<br />
	salve, laeta dies, meliorque revertere semper,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; a populo rerum digna potente coli.<br />
	Quem tamen esse deum te dicam, Iane biformis?<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; nam tibi par nullum Graecia numen habet.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	ede simul causam, cur de caelestibus unus<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sitque quod a tergo sitque quod ante vides.</em></p>
<p>
	Y luego, un poco m&aacute;s abajo:&nbsp;</p>
<p>
	<em><strong>&quot;el espacio de la ciudad de Roma es el mismo que el del mundo&quot;</strong></em>.</p>
<p>
	<em>Romanae spatium est Urbis et orbis idem</em>.</p>
<p>
	<em>Fastos 2, 667 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;Qu&eacute; pas&oacute; cuando se construy&oacute; el nuevo Capitolio? Por supuesto, toda la legi&oacute;n de los dioses cedi&oacute; ante J&uacute;piter, haci&eacute;ndole sitio. T&eacute;rmino, seg&uacute;n cuentan los antiguos, fue hallado en el templo, y all&iacute; se qued&oacute;, posey&eacute;ndolo junto con el gran J&uacute;piter. Ahora adem&aacute;s, para no ver por encima de s&iacute; nada que no sean las estrellas, el techo del templo tiene una peque&ntilde;a claraboya. A partir de entonces no eres libre de levantarte, T&eacute;rmino; qu&eacute;date en el emplazamiento en que&nbsp; te colocaron, y no cedas un &aacute;tomo al vecino que te lo pida, para que no parezca que pones a un hombre delante de J&uacute;piter. Ya te empujen con las rejas o con el rastrillo, grita: &laquo;Este campo es tuyo, aqu&eacute;l es suyo&raquo;. Hay un camino&nbsp; que lleva a la gente a los campos laurentes, el reino que el caudillo dardanio busc&oacute; en otro tiempo; en el sexto miliario desde la ciudad se celebra por ese camino una ceremonia por ti, T&eacute;rmino, con las visceras de una oveja lanuda. Los dem&aacute;s pueblos tienen cada uno una tierra dada dent&oacute; de l&iacute;mites fijos; el espacio de la ciudad de Roma es el mismo que el del mundo.</strong></em></p>
<p>
	<em>quid, nova cum fierent Capitolia? nempe deorum<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; cuncta Iovi cessit turba locumque dedit;<br />
	Terminus, ut veteres memorant, inventus in aede<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; restitit et magno cum Iove templa tenet.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 670<br />
	nunc quoque, se supra ne quid nisi sidera cernat,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; exiguum templi tecta foramen habent.<br />
	Termine, post illud levitas tibi libera non est:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; qua positus fueris in statione, mane;<br />
	nec tu vicino quicquam concede roganti,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 675<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ne videare hominem praeposuisse Iovi:<br />
	et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; clamato &quot;tuus est hic ager, ille tuus&quot;.&#39;<br />
	est via quae populum Laurentes ducit in agros,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; quondam Dardanio regna petita duci:&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 680<br />
	illa lanigeri pecoris tibi, Termine, fibris<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sacra videt fieri sextus ab Urbe lapis.<br />
	gentibus est aliis tellus data limite certo:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Romanae spatium est Urbis et orbis idem.</em></p>
<p>
	Los triunfos de <em>Pompeyo </em>de <em>Oriente </em>a <em>Occidente </em>confirman a los romanos que ellos son los due&ntilde;os del mundo. <em>Plutarco </em>nos presenta el triple desfile triunfal de Pompeyo, en el que participa todo el imperio, toda la tierra que hab&iacute;a conquistado.</p>
<p>
	<em>Plutarco, Pompeyo 45:</em></p>
<p>
	<em><strong>A la grandeza de su triunfo, aunque se reparti&oacute; en dos d&iacute;as, no bast&oacute; este tiempo, sino que muchos de los objetos que le decoraban pasaron sin ser vistos, pudiendo ser materia y ornato de otra pompa igual. En carteles que se llevaban delante iban escritas las naciones de quienes se triunfaba, siendo &eacute;stas: el Ponto, la Armenia, la Capadocia, la Paflagonia, la Media, la C&oacute;lquide, los Iberes, los Albanos, la Siria, la Cilicia, la Mesopotamia, las regiones de Fenicia y Palestina, la Judea, la Arabia, los piratas destruidos doquiera por la tierra y por el mar, y adem&aacute;s los fuertes tomados, que no bajaban de mil; las ciudades, que eran muy pocas menos de novecientas; las naves de los piratas, ochocientas, y las ciudades repobladas, que eran treinta y nueve. Hab&iacute;a dado sobre todo esto raz&oacute;n por escrito de que las rentas de la rep&uacute;blica eran antes cincuenta millones de dracmas, y las de los pa&iacute;ses que hab&iacute;a conquistado montaban a ochenta millones y quinientas mil. En moneda acu&ntilde;ada y en alhajas de oro y plata hab&iacute;an entrado en el erario p&uacute;blico veinte mil talentos, sin incluir lo que se hab&iacute;a dado a los soldados, de los cuales el que menos hab&iacute;a recibido mil quinientas dracmas. Los cautivos conducidos en la pompa, adem&aacute;s de los jefes y caudillos de los piratas, fueron: el hijo de Tigranes, rey de Armenia, con su mujer y su hija; la mujer del mismo Tigranes, Z&oacute;sima; el rey de los Jud&iacute;os, Aristobulo; una hermana de Mitridates, con cinco hijos suyos y algunas mujeres escitas; los rehenes de los Albanos e Iberes y del rey de los Comagenos, y, finalmente, muchos trofeos, tantos en n&uacute;mero como hab&iacute;an sido las batallas que hab&iacute;a ganado, ya por s&iacute; mismo y ya por sus lugartenientes. Lo m&aacute;s grande para su gloria, y de lo que ning&uacute;n Romano hab&iacute;a disfrutado antes que &eacute;l, fue haber obtenido este triunfo de la tercera parte del mundo; porque otros hab&iacute;an alcanzado antes tercer triunfo; pero &eacute;l, habiendo conseguido el primero de &Aacute;frica, el segundo de la Europa y este tercero del Asia, parec&iacute;a en cierta manera que en sus tres triunfos hab&iacute;a abarcado toda la tierra.</strong></em></p>
<p>
	Tenemos tambi&eacute;n informaci&oacute;n sobre las gestas de <em>Pompeyo </em>en <em>Diodoro S&iacute;culo&nbsp; 40, 4</em></p>
<p>
	<em><strong>Esta es una copia de la inscripci&oacute;n que Pompeyo coloc&oacute;, registrando sus logros en Asia.<br />
	Pompeyo Magno, hijo de Gnaeus, general (imperator), liber&oacute; las costas del mundo y todas las islas dentro del oc&eacute;ano de los ataques de piratas. Rescat&oacute; del asedio el reino de Ariobarzanes, Galacia y los territorios y provincias de m&aacute;s all&aacute;, Asia y Bitinia. Protegi&oacute; Paflagonia, El Ponto, Armenia y Acaya, y tambi&eacute;n Iberia, la C&oacute;lquida, Mesopotamia, Sofene y Gordiene. Subyug&oacute; a Dario rey de los Medos, Artoles rey de los Ib&eacute;ricos, Arist&oacute;bulo rey de los jud&iacute;os, y Aretas rey de los &aacute;rabes nabateos, y tambi&eacute;n Siria junto a Cilicia, Judea, Arabia, la provincia de Cyrenaica, Achaei, Iozygi, Soani y Heniochi y las otras tribus que habitan la costa entre Colchis y el lago Meotis, junto con los reyes de estas tribus, nueve en n&uacute;mero, y todas las naciones que habitan entre el mar P&oacute;ntico y el Mar Rojo. Extendi&oacute; las fronteras del imperio hasta las fronteras del mundo. Mantuvo los ingresos de los romanos, y en algunos casos los aument&oacute;. Retir&oacute; las estatuas y otras im&aacute;genes de los dioses, y todo el otro tesoro de los enemigos, y dedic&oacute; a la diosa (Minerva) 12.060 piezas de oro y 307 talentos de plata.</strong></em></p>
<p>
	Tal vez sea&nbsp; <em>Plinio </em>el m&aacute;s exagerado en recordarnos los &eacute;xito de <em>Pompeyo </em>en todo el mundo romano, hasta concluir :</p>
<p>
	<em><strong>Lo mas grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (seg&uacute;n &eacute;l mismo dijo p&uacute;blicamente en la asamblea, hablando de sus propias haza&ntilde;as) que recibi&oacute; Asia como la provincia m&aacute;s lejana y la devolvi&oacute; a la patria como provincia interior.</strong></em></p>
<p>
	Veamos esta cita m&aacute;s amplia:</p>
<p>
	<em>Plinio, Historia Natural: 7, 95 (26), (27) y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Verdaderamente corresponde al honor del Imperio Romano, no solo al de Las haza&ntilde;as un hombre, que se mencionen en este&nbsp; lugar todos los t&iacute;tulos de las victorias y los triunfos de Pompeyo Magno, ya que el brillo de sus haza&ntilde;as se iguala no solo con las de Alejandro Magno sino incluso casi con las de H&eacute;rcules y las del padre Liber. Pues, una vez recuperada Sicilia, momento desde el que comenz&oacute; mostr&aacute;ndose primero partidario de Sila en la causa de la Republica, despu&eacute;s de dominar &Aacute;frica entera y someterla a su autoridad, por lo que recibi&oacute; como trofeo de guerra el nombre de Magno, entr&oacute; en carro triunfal, cosa que nadie hab&iacute;a obtenido antes, siendo caballero romano, y pasando inmediatamente a Occidente, adem&aacute;s de conseguir trofeos en los Pirineos, a&ntilde;adi&oacute; a la victoria ochocientas setenta y seis poblaciones, desde los Alpes hasta los confines de la Hispania Ulterior, sometidas a su autoridad, y con gran magnanimidad guard&oacute; silencio sobre Sertorio y, despu&eacute;s de poner fin a una guerra civil que concitaba a todos los enemigos extranjeros, de nuevo condujo los carros triunfales siendo caballero romano, tan frecuentemente general antes que soldado. Despu&eacute;s, enviado a todos los mares y luego a Oriente, volvi&oacute; trayendo a su patria estos t&iacute;tulos seg&uacute;n la costumbre de los vencedores en las competiciones sagradas &mdash; en realidad<br />
	no se coronan ellos mismos, sino que coronan a sus patrias&mdash;; por eso, en el santuario de Minerva, que dedic&oacute; con el dinero del bot&iacute;n, ofrec&iacute;a estos honores a Roma:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El GENERAL GNEO POMPEYO MAGNO, CONCLUIDA UNA GUERRA DE TREINTA ANOS, DISPERSADOS, PUESTOS EN FUGA, MUERTOS Y RENDIDOS DOCE MILLONES CIENTO OCHENTA Y TRES MIL HOMBRES, HUNDIDOS O CAPTURADOS OCHOCIENTOS CUARENTA Y SEIS BARCOS, TOMADAS BAJO PROTECCION MIL QUINIENTAS TREINTA Y OCHO POBLACIONES Y FORTALEZAS, Y SOMETIDOS LOS TERRITORIOS DESDE LOS MEOTAS HASTA EL MAR ROJO, CUMPLE SU VOTO, COMO DEBIA, A MINERVA.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Esto es el compendio de su actuaci&oacute;n en Oriente. Pero el pre&aacute;mbulo del triunfo que celebr&oacute; el d&iacute;a tercero antes de las kalendas de octubre, siendo c&oacute;nsules Marco Pis&oacute;n y Marco Mesala era el siguiente:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>HABIENDO LIBERADO DE PIRATAS LA COSTA MARITIMA Y HABIENDO DEVUELTO EL IMPERIO DEL MAR AL PUEBLO ROMANO, CONSIGUI&Oacute; HONORES DE TRIUNFO POR SUS VICTORIAS EN ASIA, EL PONTO, ARMENIA, PAFLAGONIA, CAPADOCIA, CILICIA, SIRIA, LOS ESCITAS, JUDIOS, ALBANOS, HIBERIA, LA ISLA DE CRETA, LOS BASTERNAS Y, ADEMAS DE ESTO, SOBRE EL REY MITRIDATES Y SOBRE TIGRANES.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Lo m&aacute;s grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (seg&uacute;n &eacute;l mismo dijo p&uacute;blicamente en la asamblea, hablando de sus propias haza&ntilde;as) que recibi&oacute; Asia como la<br />
	provincia m&aacute;s lejana y la devolvi&oacute; a la patria como provincia interior. Si alguien por el contrario quisiera examinar de igual modo las haza&ntilde;as de C&eacute;sar, que se mostr&oacute; m&aacute;s<br />
	grande que aquel, deber&iacute;a enumerar el orbe de la tierra absolutamente entero, cosa que convendr&aacute; que es infinita.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Encamacion del Barrio Sanz)</p>
<p>
	<em>Verum ad decus imperii Romani, non solum ad viri unius, pertinet victoriarum Pompei Magni titulos omnes triumphosque hoc in loco nuncupari, aequato non modo Alexandri Magni rerum fulgore, sed etiam Herculis prope ac Liberi patris.</em></p>
<p>
	<em>igitur Sicilia recuperata, unde primum Sullanus in rei publicae causa exoriens auspicatus est, Africa vero tota subacta et in dicionem redacta Magnique nomine in spolium inde capto, eques Romanus, id quod antea nemo, curru triumphali revectus et statim ad solis occasum transgressus, excitatis in Pyrenaeo tropaeis, oppida DCCCLXXVI ab Alpibus ad fines Hispaniae ulterioris in dicionem redacta victoriae suae adscripsit et maiore animo Sertorium tacuit, belloque civili, quod omnia externa conciebat, extincto iterum triumphales currus eques R. induxit, totiens imperator ante quam miles.</em></p>
<p>
	<em>postea ad tota maria et deinde solis ortus missus hos retulit patriae titulos more sacris certaminibus vincentium &mdash; neque enim ipsi coronantur, sed patrias suas coronant &mdash;, hos ergo honores urbi tribuit in delubro Minervae, quod ex manubiis dicabat:</em></p>
<p>
	<em>CN&middot;POMPEIVS MAGNVS IMPERATOR BELLO XXX ANNORVM CONFECTO FVSIS FVGATIS OCCISIS IN DEDITIONEM ACCEPTIS HOMINVM CENTIENS VICIENS SEMEL LXXXIII DEPRESSIS AVT CAPTIS NAVIBVS DCCCXLVI OPPIDIS CASTELLIS MDXXXVIII IN FIDEM RECEPTIS TERRIS A MAEOTIS AD RVBRVM MARE SVBACTIS VOTVM MERITO MINERVAE.</em></p>
<p>
	<em>Hoc est breviarium eius ab oriente. triumphi vero, quem duxit a. d. III kal. Oct. M. Pisone M. Messala cos., praefatio haec fuit:</em></p>
<p>
	<em>CVM ORAM MARITIMAM PRAEDONIBVS LIBERASSET ET IMPERIVM MARIS POPVLO ROMANO RESTITVISSET EX ASIA PONTO ARMENIA PAPHLAGONIA CAPPADOCIA CILICIA SYRIA SCYTHIS IVDAEIS ALBANIS HIBERIA INSVLA CRETA BASTERNIS ET SVPER HAEC DE REGE MITHRIDATE ATQVE TIGRANE TRIVMPHAVIT.</em></p>
<p>
	<em>Summa summarum in illa gloria fuit (ut ipse in conditione dixit, cum de rebus suis disseret) Asiam ultimam provinciarum accepisse eandemque mediam patriae reddidisse. si quis e contrario simili modo velit percensere Caesaris res, qui maior ille apparuit, totum profecto terrarum orbem enumeret, quod infinitum esse conveniet.</em></p>
<p>
	En numerosos pasajes Plinio va incluso m&aacute;s all&aacute; y justifica el imperialismo romano por sus efectos beneficiosos para la humanidad. En el <em>libro 27 de su Historia Natural</em> nos habla de las numerosas plantas&nbsp; existentes en el mundo&nbsp; que son recogias y transportadas desde cualquier lugar del mundo s&oacute;lo por efecto de la <em>Pax romana</em>. Por eso los romanos son como una <em>segunda luz</em>, como un <em>segundo sol</em> para la humanidad, y tambi&eacute;n como una <em>segunda naturaleza</em> como dir&aacute; lugo en el<em> libro 44.</em><br />
	Transcribo ambos pasajes:</p>
<p>
	<em>Plinio, 27, 1 y ss</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Ciertamente aumenta en mi interior la admiraci&oacute;n de la Antig&uuml;edad conforme crece mi obra y cuanta m&aacute;s cantidad de hierbas me queda por describir, tanto m&aacute;s aumenta el deseo de valorar el cuidado de los antiguos a la hora de buscarlas y luego su bondad al transmit&iacute;rnoslas. Y sin duda podr&iacute;a parecer que de este modo la magnificencia de la misma naturaleza de las cosas ha sido superada si su descubrimiento es propio de la obra humana.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Sin embargo ahora parece que fue obra de los dioses&nbsp; o ciertamente de inspiraci&oacute;n divina, incluso aunque el hombre las haya encontrado, y que la misma madre de todas las cosas las ha engendrado y las ha mostrado, no habiendo ning&uacute;n milagro mayor de la vida, si es que queremos confesar la verdad.&nbsp; Las hierbas esc&iacute;ticas vienen de las lagunas Me&oacute;ticas y la euf&oacute;rbea del monte Atlas y de la otra parte de las columnas de H&eacute;rcules desde el propio l&iacute;mite de las cosas de la naturaleza,y por la otra parte la brit&aacute;nica&nbsp; de las islas del Oc&eacute;ano situadas m&aacute;s all&aacute; de la tierra y as&iacute; mismo la Eti&oacute;pica&nbsp; de la regi&oacute;n abrasada por las estrellas. Adem&aacute;s otras se traen&nbsp; de otras partes m&aacute;s lejos o m&aacute;s cerca por todo el mundo para la salud de los hombres, mostrando la inmensa majestad de la paz romana no solo hombres entre s&iacute; de&nbsp; diferentes tierras y naciones, sino tambien montes y cumbres que se alzan hasta las nubes y sus productos y las hierbas que producen. Pido que este regalo de los dioses sea eterno. Hasta tal punto parece que nos han dado a los romanos como otra luz para&nbsp; las cosas humanas.</strong></em></p>
<p>
	<em>Crescit profecto apud me certe tractatu ipso admiratio antiquitatis, quantoque maior copia herbarum dicenda restat, tanto magis adorare priscorum in inveniendo curam, in tradendo benignitatem subit. nec dubie superata hoc modo posset videri etiam rerum naturae ipsius munificentia, si humani operis esset inventio.</em></p>
<p>
	<em>nunc vero deorum fuisse eam apparet aut certe divinam, etiam cum homo inveniret, eandemque omnium parentem et genuisse haec et ostendisse, nullo vitae miraculo maiore, si verum fateri volumus. Scythicam herbam a Maeotis paludibus et Euphorbeam e monte Atlante ultraque Herculis columnas ex ipso rerum naturae defectu, parte alia Britannicam ex oceani insulis extra terris positis,</em></p>
<p>
	<em>itemque Aethiopidem ab exusto sideribus axe, alias praeterea aliunde ultro citroque humanae saluti in toto orbe portari, inmensa Romanae pacis maiestate non homines modo diversis inter se terris gentibusque, verum etiam montes et excedentia in nubes iuga partusque eorum et herbas quoque invicem ostentante! aeternum, quaeso, deorum sit munus istud! adeo Romanos velut alteram lucem dedisse rebus humanis videntur.</em></p>
<p>
	<em>Plinio en 37, 77 (200) ss.&nbsp;</em> asimila&nbsp; <em>Roma </em>a la propia <em>naturaleza </em>e <em>Italia </em>es la gobernadora y segunda madre del mundo; la primera es, evidentemente,&nbsp; la propia naturaleza.</p>
<p>
	<em><strong>Desp&uacute;es de haber tratado de todas las obras de la Naturaleza, es oportuno ahora establecer una comparaci&oacute;n entre los territorios y las diversas cosas que producen.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>As&iacute; pues, en todo el orbe, a dondequiera que se extienda la b&oacute;veda celeste, por las cosas que con todo merecimiento merecen el primer puesto de la Naturaleza, Italia es la m&aacute;s hermosa de todos los pa&iacute;ses, ella&nbsp; que gobierna y es la segunda madre del mundo. Es as&iacute; por sus hombres, por sus mujeres, por sus jefes militares, por sus soldados, por sus esclavos, por la superioridad de las artes, por los ejemplos de sus hombres ilustres. Y tambi&eacute;n por su situaci&oacute;n, por la salubridad y suavidad de su clima; por el f&aacute;cil acceso para todas las naciones, por sus costas abundantes en puertos, por el benigno soplo de sus vientos; lo que se debe por su posici&oacute;n, colocada en una parte muy favorable, en medio de la salida y la puesta del sol (entre Oriente y Occidente. Y tambi&eacute;n por la abundancia de agua, la salubridad de sus bosques, las intersecciones de sus montes, la inocuidad de sus animales salvajes, la fertilidad de su suelo y la riqueza de sus pastos.</strong></em></p>
<p>
	<em>Etenim peractis omnibus naturae operibus discrimen quoddam rerum ipsarum atque terrarum facere conveniet.</em></p>
<p>
	<em>Ergo in toto orbe, quacumque caeli convexitas vergit, pulcherrima omnium est iis rebus, quae merito principatum naturae optinent, Italia, rectrix parensque mundi altera, viris feminis, ducibus militibus, servitiis, artium praestantia, ingeniorum claritatibus, iam situ ac salubritate caeli atque temperie, accessu cunctarum gentium facili, portuosis litoribus, benigno ventorum adflatu. quod contingit positione procurrentis in partem utilissimam et inter ortus occasusque mediam, aquarum copia, nemorum salubritate, montium articulis, ferorum animalium innocentia, soli fertilitate, pabuli ubertate.</em></p>
<p>
	Tambi&eacute;n <em>Cicer&oacute;n </em>en <em>Catilinarias 4, 11 (6)</em> compara a <em>Roma </em>con la <em>lux orbis terrarum.</em></p>
<p>
	<em><strong>Si os conform&aacute;is con esta opini&oacute;n, me dar&eacute;is, ante la asamblea, un compa&ntilde;ero a quien el pueblo es&not;tima y quiere; si segu&iacute;s el parecer de Silano, f&aacute;cilmente nos libraremos vosotros y yo del cargo de crueldad, y aun demostrar&eacute; que este parecer es el m&aacute;s benigno. Aunque para castigar tan horrible maldad, &iquest;habr&aacute;, pa&not;dres conscriptos, algo que sea excesivamente cruel? Yo por m&iacute; juzgo. Porque as&iacute; pueda gozar con vosotros de ver salvada y tranquila a la rep&uacute;blica, como es cier&not;to que si soy algo en&eacute;rgico en esta causa, no es por dureza de alma (&iquest;qui&eacute;n la tiene m&aacute;s benigna que yo?), sino por pura humanidad y misericordia. Par&eacute;ceme estar viendo a esta ciudad, lumbrera del mundo y fortaleza de todas las gentes, ser devorada repentinamente por el incendio: me figuro arruinada la patria, y sobre sus ruinas los insepultos cuerpos de desdichad&iacute;simos ciudadanos; tengo ante mis ojos la figura de Cetego satisfaciendo su furor y gozando con vuestra muerte, figuro arruinada la patria, y sobre sus ruinas los insepultos cuerpos de desdichad&iacute;simos ciudadanos; tengo ante mis ojos la figura de Cetego satisfaciendo su furor y gozando con vuestra muerte. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Juan Bautista Calvo)</p>
<p>
	<em>Quam ob rem, sive hoc statueritis, dederitis mihi comitem ad contionem populo carum atque iucundum, sive Silani sententiam sequi malueritis, facile me atque vos a crudelitatis vituperatione populo Romano purgabo atque obtinebo eam multo leniorem fuisse. Quamquam, patres conscripti, quae potest esse in tanti sceleris inmanitate punienda crudelitas? Ego enim de meo sensu iudico. Nam ita mihi salva re publica vobiscum perfrui liceat, ut ego, quod in hac causa vehementior sum, non atrocitate animi moveor (quis enim est me mitior?), sed singulari quadam humanitate et misericordia. Videor enim mihi videre hanc urbem, lucem orbis terrarum atque arcem omnium gentium, subito uno incendio concidentem, cerno animo sepulta in patria miseros atque insepultos acervos civium, versatur mihi ante oculos aspectus Cethegi et furor in vestra caede bacchantis.</em></p>
<p>
	La expresi&oacute;n concentrada y visual de todo el imperio se representa en el famoso &ldquo;<em>Mapa de Agripa&rdquo;</em>.<br />
	<em>Agripa </em>orden&oacute; construir un mapa de todo el mundo conocido que se coloc&oacute; en el <em>P&oacute;rtico </em>que llevaba el nombre de su hermana <em>Vipsania</em>, en el <em>Campo de Marte </em>y cerca del Pante&oacute;n, y que ten&iacute;a como finalidad evidenciar que <em>Roma </em>era el <em>centro del mundo</em>.&nbsp; Le pod&iacute;amos, pues, considerar el&nbsp; <em>mapa del&nbsp; Orbis Terrarum</em> o representaci&oacute;n de todo el mundo conocido. Hay quien piensa que se trataba simplemente de una lista de lugares con su dimensi&oacute;n y de la distancia entre ellos antes que de una representaci&oacute;n del mundo. Y es que de la descripci&oacute;n del mapa tan solo tenemos algunos fragmentos escritos y podemos hacernos alguna idea por otros mapas posteriores. Podemos imaginarnos al ciudadano romano a punto de emprender un viaje o por mera curiosidad, observando este enorme mapa de pa&iacute;ses y carreteras.</p>
<p>
	Se considera que las medidas eran de gran precisi&oacute;n, aunque <em>Plinio </em>observa alg&uacute;n error, por ejemplo cuando habla de <em>Hispania </em>y de la <em>B&eacute;tica</em>:</p>
<p>
	<em>Plinio, Historia Natural, 3, 17 (3, 2, 17)</em></p>
<p>
	<em><strong>La longitud actual de la B&eacute;tica, desde la localidad de C&aacute;stulo hasta Gades, es de doscientos cincuenta mil pasos y desde Murgi, en la costa, veinticinco mil m&aacute;s. La anchura, de Carteya al Guadiana, por la costa doscientos treinta y cuatro mil pasos. .Qui&eacute;n creeria que Agripa, varon tan celoso y que tanto se esmer&oacute; en este trabajo, cuando fue a exponer la imagen del mundo a los ojos de Roma se equivoc&oacute;, y con &eacute;l el divino Augusto? Porque este fue el que llevo a t&eacute;rmino el p&oacute;rtico que empez&oacute; a levantar la hermana de Agripa, en el que se albergaba ese plano del orbe, elaborado seg&uacute;n el proyecto y los escritos de Marco Agripa. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Antonio Font&aacute;n. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>Baeticae longitudo nunc a Castulonis oppidi fine Gadix CCL et a Murgi maritima ora XXV p. amplior, latitudo a Carteia Anam ora CCXXXIIII p. Agrippam quidem in tanta viri diligentia praeterque in hoc opere cura, cum orbem terrarum orbi spectandum propositurus esset, errasse quis credat et cum eo Divum Augustum? is namque conplexam eum porticum ex destinatione et commentariis M. Agrippae a sorore eius inchoatam peregit.</em></p>
<p>
	Vitrubio expresa la misma idea desde otro punto de vista: <em>no existi&oacute; otro mejor emplazamiento que el de Roma para conquistar el mundo:</em></p>
<p>
	<em>Vitrubio, VI,1, 10-11</em></p>
<p>
	<em><strong>Siendo, pues, las naciones meridionales de ingenio agud&iacute;simo, y maravillosa sutileza en sus pensamientos, si emprenden acciones valerosas, salen vencidas, por haberles el calor del sol disipado el vigor del &aacute;nimo; pero los que nacen en regiones fr&iacute;as son mas a prop&oacute;sito para el rigor de las armas, y se arrojan sin temor valerosamente a la pelea; si bien, faltos de reflexi&oacute;n por lo tardo de su ingenio, lo hacen inconsideradamente y ciegas, siendo siempre rechazados en sus designios. Habiendo, pues, la naturaleza dispuesto las cosas en el mundo de manera que todas las naciones tienen diverso y desproporcionado temperamento, quiso que el pueblo Romano tuviese sus confines en medio de todas la partes y regiones del orbe de la tierra; y as&iacute; las gentes en Italia son apt&iacute;simas para entrambos ministerios, de valor en sus cuerpos, y de agudeza en el &aacute;nimo. Porque as&iacute; como el planeta J&uacute;piter, corriendo entre Marte calid&iacute;simo y Saturno fr&iacute;gid&iacute;simo, goza un temperamento medio, del modo mismo la Italia, sita entre septentri&oacute;n y mediod&iacute;a, tiene la preeminencia de que con la mezcla de ambos temperamentos goza constituci&oacute;n templada : as&iacute; que con el consejo rebate las fuerzas de los barbaros, y con el valor las astucias de los meridionales. En efecto, coloc&oacute; Dios la capital del pueblo Romano en regi&oacute;n tan templada y excelente, para que fuese due&ntilde;a y se&ntilde;ora del mundo. </strong></em>(Traduci&oacute;n de Joseph Ortiz y Sanz. 1787)</p>
<p>
	<em>Cum sint autem meridiane nationes animis acutissimis infinitaque sollertia consiliorum, simul ut ad fortitudinem ingrediuntur, ibi succumbunt, quod habent exsuctas ab sole animorum virtutes; qui vero refrigeratis nascuntur regionibus, ad armorum vehementiam paratiores sunt magnis virtutibus sine timore, sed tarditate animi sine considerantia inruentes sine sollertia suis consiliis refragantur. cum ergo haec ita sint ab natura rerum in mundo conlocata et omnes nationes inmoderatis mixtionibus disparatae, veros inter spatium totius orbis terrarum regionesque medio mundi populus Romanus possidet fines.<br />
	Namque temperatissimae ad utramque partem et corporum membris animorumque vigoribus pro fortitudine sunt in Italia gentes. quemadmodum enim Iovis stella inter Martis ferventissimam et Saturni frigidissimam media currens temperatur, eadem ratione Italia inter septentrionalem meridianamque ab utraque parte mixtionibus temperatas et invictas habet laudes. itaque consiliis refringit barbarorum virtutes, forti manu meridianorum cogitationes. ita divina mens civitatem populi Romani egregia temperataque regione conlocavit, uti orbis terrarum imperii potiretur.</em></p>
<p>
	Si el &ldquo;<em>orbis terrarum</em>&rdquo; es el &ldquo;<em>orbis romanorum</em>&rdquo; y <em>Roma </em>es un microcosmos, tambi&eacute;n <em>Ner&oacute;n</em>, por ejemplo, pretende que su Domus Aurea sea un microcosmos, una reproducci&oacute;n a peque&ntilde;a escala del &ldquo;<em>imperio romano</em>&rdquo;, incluyendo bosques, lagos y las obras maestras de todo el imperio. Nos lo confirman textos de <em>Suetonio </em>o <em>T&aacute;cito&nbsp; </em>y tantos otros. :</p>
<p>
	<em>Suetonio, Vida de Ner&oacute;n, (Vidas de los doce C&eacute;sares, VI,31),31</em></p>
<p>
	<em><strong>Pero en ning&uacute;n asunto gasta tanto como en sus construcciones, pues edific&oacute; una casa que llegaba desde el Palatino hasta las Esquilias y a la que llam&oacute; primero &ldquo;Transitoria&rdquo; y luego, despues que fue consumida por un incendio y restaurada, &ldquo;Dorada&rdquo;.. Para hacerse una idea de sus dimemisries y esplendor bastara con referir lo siguiente. Tenia un vestibulo en el que se alzaba una estatua suya colosal, de ciento veinte pies de altura;&nbsp; era tan espaciosa, que albergaba porticos de tres filas de coiumnas y mil pasos de largo, un estanque tan grande como un mar, rodeado de edificios que parecian ciudades, y, ademas, grandes extensiones de terreno, que incluian campos, vi&ntilde;edos, pastos y bosques, con una multitud de animales&nbsp; domesticos y salvajes de todo tipo. Todas sus habitaciones estaban forradas de oro y adornadas con piedras preciosas y conchas de perlas; sus comedores estaban cubiertos por unos paneles de marfil movibles y perforados por tubos, para que se pudieran esparcir desde el techo flores o perfumes; el comedor principal era redondo, y giraba continuamente sobre si mismo, de dia y de noche, como el mundo; sus banos tenian agua corriente del mar y de los rnanantiales de &Aacute;lbula. Cuando inaugur&oacute; semejante mansi&oacute;n, una vez acabadas las obras, le dio su aprobaci&oacute;n exclamando que por fin hab&iacute;a empezado a vivir como un hombe.</strong></em></p>
<p>
	<em>Non in alia re tamen damnosior quam in aedificando domum a Palatio Esquilias usque fecit, quam primo transitoriam, mox incendio absumptam restitutamque auream nominauit. de cuius spatio atque cultu suffecerit haec rettulisse. uestibulum eius fuit, in quo colossus CXX pedum staret ipsius effigie; tanta laxitas, ut porticus triplices miliarias haberet; item stagnum maris instar, circumsaeptum aedificiis ad urbium speciem; rura insuper aruis atque uinetis et pascuis siluisque uaria, cum multitudine omnis generis pecudum ac ferarum.</em></p>
<p>
	<em>in ceteris partibus cuncta auro lita, distincta gemmis unionumque conchis erant; cenationes laqueatae tabulis eburneis uersatilibus, ut flores, fistulatis, ut unguenta desuper spargerentur; praecipua cenationum rotunda, quae perpetuo diebus ac noctibus uice mundi circumageretur; balineae marinis et albulis fluentes aquis. eius modi domum cum absolutam dedicaret, hactenus comprobauit, ut se diceret &ldquo;quasi hominem tandem habitare coepisse.&rdquo;</em></p>
<p>
	De similar manera <em>Marcial</em>, en su <em>Libro de los Espect&aacute;culos</em>, nos ofrece numerosos ejemplos de espect&aacute;culos en <em>Roma </em>con animales ex&oacute;ticos, tra&iacute;dos desde los confines del imperio, del que se sienten los due&ntilde;os</p>
<p>
	<em>Marcial, Libro de los Espect&aacute;culos, 2.</em></p>
<p>
	<em><strong>Aqu&iacute; en donde el coloso sid&eacute;reo contempla muy de cerca las estrellas y se elevan en mitad de la v&iacute;a altos andamiajes, irradiaban los atrios soberbios del fiero tirano y hab&iacute;a ya una sola casa en toda Roma. Aqu&iacute; en donde se eleva la augusta mole del hermoso anfiteatro estaban los estanques de Ner&oacute;n. Aqu&iacute; en donde admiramos las termas, obra prontamente acabada, un campo inmenso hab&iacute;a expropiado las casas de los m&iacute;seros ciudadanos. En donde el p&oacute;rtico de Claudio proyecta sus amplias sombras, ven&iacute;an a terminar las &uacute;ltimas construcciones del palacio imperial. Roma ha sido devuelta a s&iacute; misma y, contigo en el trono, C&eacute;sar, hace las delicias del pueblo lo que las hac&iacute;a de su se&ntilde;or.</strong></em>&nbsp; (Traducci&oacute;n de Jose Guill&eacute;n. Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico)</p>
<p>
	<em>Hic ubi sidereus propius uidet astra colossus<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; et crescunt media pegmata celsa uia,<br />
	inuidiosa feri radiabant atria regis<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; unaque iam tota stabat in urbe domus;<br />
	hic ubi conspicui uenerabilis Amphitheatri&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; erigitur moles, stagna Neronis erant;<br />
	hic ubi miramur uelocia munera thermas,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; abstulerat miseris tecta superbus ager;<br />
	Claudia diffusas ubi porticus explicat umbras,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp; ultima pars aulae deficientis erat.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	Reddita Roma sibi est et sunt te preside, Caesar,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; deliciae populi, quae fuerant domini.</em></p>
<p>
	As&iacute; en <em>De spectaculis, 5</em></p>
<p>
	<strong><em>Pod&eacute;is creer que Pas&iacute;fae se ha unido al toro de Creta: lo hemos visto nosotros, la antigua f&aacute;bula ha recibido su confirmaci&oacute;n. Que no se admire de s&iacute; misma, C&eacute;sar, la longeva antig&uuml;edad: lo que la fama canta, lo presenta la arena ante tus ojos. </em></strong>(Traducci&oacute;n de Jose Guill&eacute;n. Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico)</p>
<p>
	<em>Iunctam Pasiphaen Dictaeo credite tauro:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; uidimus, accepit fabula prisca fidem.<br />
	Nec se miretur, Caesar, longaeua uetustas:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; quidquid fama canit, praestat harena tibi.</em></p>
<p>
	<em>Y en el 6,b</em></p>
<p>
	<em><strong>La fama ensalzaba un trabajo famoso y propio de H&eacute;rcules: que el le&oacute;n hab&iacute;a sido abatido en el vasto valle de Nemea. Calle la leyenda, porque despu&eacute;s de tus juegos, oh C&eacute;sar, declaramos que esto lo hace ya un Marte femenino.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Jose Guill&eacute;n. Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico)</p>
<p>
	<em>Prostratum uasta Nemees in ualle leonem<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; nobile et Herculeum fama canebat opus.<br />
	Prisca fides taceat: nam post tua munera, Caesar,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; hoc iam femineo Marte fatemur agi.</em></p>
<p>
	<em>Y en&nbsp; el 7</em></p>
<p>
	<em><strong>Lo mismo que Prometeo, atado en las rocas de Escitia, aliment&oacute; con su h&iacute;gado potente al &aacute;guila puntual a su cita, as&iacute; Laur&eacute;olo, colgado realmente en una cruz, present&oacute; sus entra&ntilde;as desnudas al oso de Caledonia. Sus m&uacute;sculos desgarrados palpitaban en sus miembros sangrantes, y en todo su cuerpo no hab&iacute;a cuerpo por ninguna parte. Por fin recibi&oacute; un castigo digno: &eacute;l hab&iacute;a clavado cruelmente el cuchillo en el cuello de su padre o de su due&ntilde;o; hab&iacute;a robado locamente el oro sagrado de los templos; te hab&iacute;a aplicado a ti, Roma, las teas incendiarias; hab&iacute;a superado el criminal las atrocidades referidas por la antigua leyenda, y por ello lo que era hasta entonces pura imaginaci&oacute;n, se cumple en &eacute;l realmente</strong></em>. (Traducci&oacute;n de Jose Guill&eacute;n. Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico)</p>
<p>
	<em>Qualiter in Scythica religatus rupe Prometheus<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; adsiduam nimio pectore pauit auem,<br />
	nuda Caledonia sic uiscera praebuit urso<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; non falsa pendens in cruce Laureolus.<br />
	Viuebant laceri membris stillantibus artus&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; inque omni nusquam corpore corpus erat.<br />
	Denique supplicium dignum tulit: ille parentis<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; uel domini iugulum foderat ense nocens,<br />
	templa uel arcano demens spoliauerat auro,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; subdiderat saeuas uel tibi, Roma, faces.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	Vicerat antiquae sceleratus crimina famae,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; in quo, quae fuerat fabula, poena fuit.</em></p>
<p>
	<em>y en el 8</em></p>
<p>
	<em>D&eacute;dalo, al sentirte devorado por el oso de Lucania, &iexcl;c&oacute;mo desear&iacute;as haber tenido ahora tus alas! </em>(Traducci&oacute;n de Jose Guill&eacute;n. Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico)</p>
<p>
	Daedale, Lucano cum sic lacereris ab urso,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; quam cuperes pinnas nunc habuisse tuas!</p>
<p>
	<em>Y en el 9</em></p>
<p>
	<em><strong>Exhibido el rinoceronte por toda la arena, te ofreci&oacute;, C&eacute;sar, un espect&aacute;culo que no prometi&oacute;. &iexcl;Oh con qu&eacute; bravura se enfureci&oacute; incoerciblemente! &iexcl;Qu&eacute; grande era el toro, para quien un toro era un pelele</strong></em>! (Traducci&oacute;n de Jose Guill&eacute;n. Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico)</p>
<p>
	<em>Praestitit exhibitus tota tibi, Caesar, harena<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; quae non promisit proelia rhinoceros.<br />
	O quam terribilis exarsit pronus in iras!<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quantus erat taurus, cui pila taurus erat!</em></p>
<p>
	<em>Elefantes en el 17</em></p>
<p>
	<strong><em>Esto de que, piadoso y suplicante, te adore, C&eacute;sar, un elefante, &eacute;ste que poco ha era tan temible para un toro, esto no lo hace mandado ni por maestramiento de ning&uacute;n domador; cr&eacute;eme, tambi&eacute;n &eacute;l reconoce a nuestro dios.</em></strong> (Traducci&oacute;n de Jose Guill&eacute;n. Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico)</p>
<p>
	<em>Quod pius et supplex elephas te, Caesar, adorat<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; hic modo qui tauro tam metuendus erat,<br />
	non facit hoc iussus, nulloque docente magistro,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; crede mihi, nostrum sentit et ille deum.</em></p>
<p>
	Etc. etc.</p>
<p>
	Hasta aqu&iacute; algunos textos que documentan el <em>status </em>divino que adquiri&oacute;&nbsp; <em>Roma </em>en virtud de la fuerza y energ&iacute;a que de ella emanaba. Podr&iacute;a aportar otros muchos. Ello explica como la &ldquo;<em>urbe</em>&rdquo; por <em>antonomasia</em>, <em>por excelencia, es Roma.</em></p>
<p>
	<em>Nota</em>: <em>antonomasia</em>, palabra griega, ἀ&nu;&tau;&omicron;&nu;&omicron;&mu;&alpha;&sigma;ί&alpha;, del verbo ἀ&nu;&tau;&omicron;&nu;&omicron;&mu;ά&zeta;&omega; (&quot;<em>antonom&aacute;zo</em>&quot;), compuesto de ant&iacute;-/ant-/anta-, con el significado de &quot;<em>en lugar de&quot;, &quot;a cambio de</em>&quot;, y el verbo ὀ&nu;&omicron;&mu;ά&zeta;&omega; (&quot;<em>onom&aacute;zo</em>&quot;), que significa <em>denominar, nombrar</em>, derivado de ὄ&nu;&omicron;&mu;&alpha; <em>&quot;&oacute;noma&quot;, nombre</em>.&nbsp; Designa a una figura ret&oacute;rica que consiste en nombrar a un sustantivo por el adjetivo que expresa su cualidad o viceversa porque en &eacute;l se da esa cualidad de manera sobresaliente.</p>
<p>
	(Continuar&aacute;&hellip;)</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Jul 2017 01:16:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
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		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
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					<description><![CDATA[Esta expresión latina “urbi et orbi”, que significa “para la ciudad (Roma) y para el mundo”, se aplica  hoy en día en sentido literal exclusivamente a las bendiciones que el obispo de Roma, es decir, el Papa, imparte para todos los fieles católicos del mundo concediéndoles indulgencia plenaria y remisión de los pecados. En sentido más amplio se utiliza para referirnos a cualquier tipo de mensaje dirigido de manera general a todos los habitantes de la tierra.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Esta expresión latina “urbi et orbi”, que significa “para la ciudad (Roma) y para el mundo”, se aplica  hoy en día en sentido literal exclusivamente a las bendiciones que el obispo de Roma, es decir, el Papa, imparte para todos los fieles católicos del mundo concediéndoles indulgencia plenaria y remisión de los pecados. En sentido más amplio se utiliza para referirnos a cualquier tipo de mensaje dirigido de manera general a todos los habitantes de la tierra.</b></p>
<p>
	Es su espec&iacute;fico y predominante uso lit&uacute;rgico el que ha llevado a considerar el origen de la expresi&oacute;n &quot;<em>urbi et orbi</em>&quot; en las bendiciones del&nbsp; <em>Papa Gregorio X</em>&nbsp; en los a&ntilde;os 1272 a 1276.&nbsp;</p>
<p>
	Ahora bien, la expresi&oacute;n y su g&eacute;nesis tiene tras de s&iacute; una larga historia, porque para que tenga alg&uacute;n sentido necesitamos una <em>ciudad </em>que se diferencie del resto y un mundo o un <em>imperio </em>que hablase lat&iacute;n, y eso existi&oacute; muchos siglos antes del Papa Gregorio X.</p>
<p>
	En primer lugar, desde el punto de vista del contenido, la expresi&oacute;n se refiere a una ciudad especial, a <em>Roma</em>, la &ldquo;<em>urbe</em>&rdquo; por excelencia en cuanto es la cabeza o capital de un enorme Imperio, el <em>orbe de los romanos</em>. El famoso <em>Vitruvio </em>(c. 80-70 a. C.-15 a. C.) expres&oacute; perfectamente esta idea, que compartieron los romanos desde muy antiguo:</p>
<p>
	<em>Vitrubio, Sobre la arquitectura, VI,1, 10-11:</em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&quot;La mente divina ubic&oacute; la capital del pueblo romano en una regi&oacute;n excelente y templada para que se adue&ntilde;ara de todo el mundo (orbis terrarum)&quot;.&nbsp;</strong></em></p>
<p>
	<em>ita divina mens civitatem populi Romani egregia temperataque regione conlocavit, uti orbis terrarum imperii potiretur.</em></p>
<p>
	Desde el punto de vista de la forma ling&uuml;&iacute;stica inmediatamente salta al o&iacute;do la semejanza entre &ldquo;<em>urbi</em>&rdquo; y &ldquo;<em>orbi</em>&rdquo;, tan s&oacute;lo diferenciadas en un fonema, en este caso tambi&eacute;n en una letra. Esto es un <em>juego de palabras.</em> A esta figura literaria se le llama &ldquo;<em>paronomasia</em>&rdquo;.</p>
<p>
	Que Roma es <em>&ldquo;la ciudad por excelencia&rdquo;</em>&nbsp; es un concepto muy antiguo, compartido orgullosamente por los romanos, como dec&iacute;a m&aacute;s arriba. Recordemos&nbsp; c&oacute;mo la historia general que <em>Tito Livio (</em>59 a.C.-17 d.C.) escribi&oacute; sobre Roma se llama precisamente &ldquo;<em>Ab urbe condita</em>&rdquo;, &ldquo;<em>Desde la fundaci&oacute;n de la ciudad</em>&rdquo;, y todo el mundo entiende que esa ciudad s&oacute;lo puede ser Roma.</p>
<p>
	Profundizaremos a continuaci&oacute;n en este hecho e intentar&eacute; explicar brevemente c&oacute;mo un peque&ntilde;o villorrio con origen en el siglo VIII o VII antes de <em>Cristo</em>, junto al <em>Tiber</em>, con el tiempo se convirti&oacute; en la capital del Imperio antiguo mayor y m&aacute;s importante de la <em>Antig&uuml;edad </em>por sus consecuencias, y c&oacute;mo el &ldquo;<em>orbe</em>&rdquo; de la tierra conocida se convierte en el &ldquo;<em>orbe romano</em>&rdquo;. La ciudad adem&aacute;s acab&oacute; <em>divinizada</em>, como sus gobernantes, y recibiendo culto dirigido por unos sacerdotes especializados en ello.</p>
<p>
	En segundo lugar tambi&eacute;n profundizar&eacute; un poco en el <em>juego de palabras</em> o la figura literaria citada de la <em>paronomasia </em>en &ldquo;<em>urbi et orbi</em>&rdquo;, figura que definimos como&nbsp; <em>&ldquo;utilizaci&oacute;n de dos o m&aacute;s palabras, parecidas fon&eacute;ticamente porque s&oacute;lo se diferencian alg&uacute;n fonema, pero de distinto significado&rdquo;</em>. Esta paronomasia es tambi&eacute;n un recurso literario bien atestiguado en la literatura romana. Expondr&eacute; m&aacute;s adelante algunos textos.</p>
<p>
	Tratar&eacute; primero de la ascensi&oacute;n de la peque&ntilde;a <em>Roma </em>a &ldquo;<em>urbe</em>&rdquo; del &ldquo;<em>orbe</em>&rdquo; romano que es lo mismo que decir del <em>&quot;orbe mundial&rdquo;.</em></p>
<p>
	Seg&uacute;n la historiograf&iacute;a y la mitolog&iacute;a <em>Roma </em>fue fundada en el <em>siglo VIII a.C</em>; con m&aacute;s precisi&oacute;n en el <em>a&ntilde;o 753</em>, y ajustando m&aacute;s el&nbsp;<em> 21 de abril,</em> d&iacute;a en que se ponen de acuerdo las diversas leyendas fundacionales.</p>
<p>
	Pues bien con el paso del tiempo se convirti&oacute; en la capital de un enorme imperio, a la que conduc&iacute;an todos los caminos, como la<em> urbe capital del orbe.</em> Como ciudad fuerte y poderosa es respetada e incluso divinizada en un largo proceso en el que tambi&eacute;n fueron divinizados sus gobernantes, los emperadores.</p>
<p>
	<em>En el Oriente persa y egipcio y luego en el griego era ya tradici&oacute;n la divinizaci&oacute;n de los reyes, de los poderosos. Grecia </em>fue conquistada por los romanos y declarada <em>provincia romana</em> en el a&ntilde;o 197 a.C.&nbsp; y la Roma vencedora pas&oacute; a ser considerada como ciudad poderosa y fuerte.</p>
<p>
	Esta divinizaci&oacute;n, que se fue elaborando en <em>Oriente</em>, fue consagrada por el emperador <em>Adriano </em>en la primera mitad del siglo II d.C.; m&aacute;s a&uacute;n, se identifica a Roma con el Imperio mismo, que como dios poderoso se articula en diferentes miembros coordinados.</p>
<p>
	Sobre la etimolog&iacute;a de la palabra <em>Roma y R&oacute;mulo</em>, relacionada con ella, no s&oacute;lo no hay acuerdo sino propuestas diversas, varias de ellas relacionadas con el mundo etrusco. Pero para un griego, inevitablemente la palabra <em>Roma</em> les recordar&iacute;a su palabra ῤώ&mu;&eta; (<em>rh&ograve;me</em>), que significa <em>fuerza</em>. Ello ayudar&iacute;a a deificarla como ciudad fuerte y habitada por hombres fuertes; la fuerza, la fortaleza es una propiedad de los dioses y seres asimilados; as&iacute; que <em>Roma</em>, que ya es fuerte incluso en el nombre, algo debe tener en com&uacute;n con los dioses.</p>
<p>
	Veamos en unos cuantos textos c&oacute;mo se va elaborando esta idea de Roma y su imperio como divinidad poderosa, benefactora del g&eacute;nero humano, desde su humilde origen.</p>
<p>
	<em>Plutarco </em>hace referencia al nombre de <em>Roma </em>al comienzo de la <em>biograf&iacute;a de R&oacute;mulo</em>. Aprovecho para reproducir el relato detallado de <em>Plutarco </em>hasta enlazar con la leyenda m&aacute;s conocida sobre <em>R&oacute;mulo y Remo:</em></p>
<p>
	<em>Plutarco, Vidas paralelas, Comienzo de la vida de R&oacute;mulo:</em></p>
<p>
	<em><strong>Respecto al gran nombre de Roma,&nbsp; que ha circulado con gloria en boca de todos los hombres, no hay acuerdo entre los escritores sobre la fecha y el motivo por el que lo ha recibido la ciudad, sino que, seg&uacute;n unos, los pelasgos, despu&eacute;s de viajar sin rumbo por casi todo el mundo habitado y de vencer a la mayor&iacute;a de los hombres, se establecieron all&iacute; y, por su pujanza con las armas, as&iacute; lamaron a la ciudad, pero, seg&uacute;n otros, a ra&iacute;z de la toma de Troya, algunos, que lograron escapar y consiguieron naves, arrastrados por los vientos arribaron a Tirrenia y fondearon a orillas del r&iacute;o T&iacute;ber.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Mas a sus mujeres, que a duras penas soportaban ya el mar, les aconsej&oacute; una, que al parecer sobresal&iacute;a en linaje y era la m&aacute;s sensata, llamada Roma, que quemaran los barcos. Hecho esto, al principio, los hombres montaron en c&oacute;lera; pero, luego, cuando por necesidad se asentaron en el Palatino, como en poco tiempo iban consiguiendo m&aacute;s de lo que esperaban, al comprobar la calidad de la regi&oacute;n y que sus vecinos los aceptaban, entre otros honores que tributaron a Roma, adem&aacute;s tomaron el nombre para la ciudad de ella, como responsable.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y desde entonces dicen que se mantiene la costumbre de que las mujeres besen en la boca a los hombres de su familia y parientes, pues igualmente aqu&eacute;llas, cuando incendiaron las naves, as&iacute; besaban y acariciaban a sus hombres, suplic&aacute;ndoles y tratando de calmar su c&oacute;lera.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Otros dicen que fue Roma, hija de ftalo y Leucaria (para otros, de T&eacute;lefo el de Heracles), casada con Eneas (seg&uacute;n otros, con Ascanio el de Eneas), la que proporcion&oacute; su nombre a la ciudad. Otros, en cambio, que fund&oacute; la ciudad Romano, hijo de Odiseo y de Circe, otros, que Romo el de Emati&oacute;n, expulsado de Troya por Diomedes, y otros, en fin, que Romis, tirano de los latinos, que rechaz&oacute; a los tirrenos, los cuales hab&iacute;an llegado a Lidia desde Tesalia y desde Lidia a Italia.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>De todos modos, ni siquiera los que, de acuerdo con la versi&oacute;n m&aacute;s correcta, presentan a R&oacute;mulo como ep&oacute;nimo de la ciudad, se ponen de acuerdo sobre [su] linaje; pues, seg&uacute;n unos, hijo de Eneas y Dex&iacute;tea la de Forbante, siendo muy ni&ntilde;o fue tra&iacute;do a Italia con su hermano Romo, y mientras que las dem&aacute;s embarcaciones fueron destruidas en el r&iacute;o a causa de una crecida, aquella en la que estaban los ni&ntilde;os fue derivando poco a poco hacia una suave ribera, por lo que, salvados inesperadamente, le pusieron el nombre de Roma.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Seg&uacute;n otros, Roma, hija de la troyana aquella, casada con Latino el de Tel&eacute;maco, dio a luz a R&oacute;mulo,&nbsp; pero, seg&uacute;n otros, fue Emilia la de Eneas y Lavinia, acostada con Ares.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Otros ofrecen un relato completamente fabuloso sobre el nacimiento: Tarquecio, rey de los albanos muy arbitrario y cruel, tuvo en su casa una aparici&oacute;n sobrenatural,&nbsp; pues del hogar sali&oacute; de pronto un falo y all&iacute; permaneci&oacute; durante muchos d&iacute;as. Hab&iacute;a en Etruria un or&aacute;culo de Tetis, del que se le trajo a Tarquecio la prescripci&oacute;n de unir con el falo a una virgen, pues de ella nacer&iacute;a un hijo muy se&ntilde;alado, de extraordinaria virtud, fortuna y energ&iacute;a. Tarquecio revel&oacute;, entonces, la respuesta divina a una de sus hijas y le orden&oacute; que se acostara con el falo; mas ella sinti&oacute; repugnancia y envi&oacute; a una criada. Cuando se enter&oacute; Tarquecio, indignado, las encerr&oacute; a ambas con intenci&oacute;n de matarlas, pero, al ver a Vesta que, en sue&ntilde;os, le prohib&iacute;a el crimen, orden&oacute; a las j&oacute;venes que, en prisi&oacute;n, tejieran una tela, con la promesa de entregarlas en matrimonio cuando la terminaran. Pues bien, aqu&eacute;llas, durante el d&iacute;a, tej&iacute;an, mientras que otras, por la noche, deshac&iacute;an la tela por orden de Tarquecio. Y&nbsp; cuando del falo la criada dio a luz gemelos, Tarquecio los entreg&oacute; a un tal Teracio y le orden&oacute; matarlos. Pero aqu&eacute;l, llev&aacute;ndoselos, los deposit&oacute; a orillas del r&iacute;o; entonces, una loba iba y ven&iacute;a a darles su ubre, y p&aacute;jaros de toda clase, trayendo alimentos, se los ofrec&iacute;an a las criaturas, hasta que un boyero lo vio y, maravillado, se atrevi&oacute; a acercarse y recoger a los peque&ntilde;os. Ocurrida as&iacute; su salvaci&oacute;n, cuando estuvieron criados, atacaron a Tarquecio y lo vencieron. Esta, en suma, es la versi&oacute;n que nos ha contado un tal Promaci&oacute;n, autor de una Historia de Italia.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pero, del relato que m&aacute;s autoridad tiene y cuenta con mayor n&uacute;mero de partidarios, la parte principal se la transmiti&oacute; a los griegos, el primero, Diocles Peparecio, de quien depende, en su mayor&iacute;a, Fabio Pictor.&nbsp; Hay tambi&eacute;n sobre estas historias diversas variantes, pero, en s&iacute;ntesis, es como sigue:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>De los reyes de Alba descendientes de Eneas la sucesi&oacute;n vino a parar en dos hermanos, Numitor y Amulio. Y habiendo hecho Amulio dos lotes de toda la herencia, colocando frente a la corona las riquezas y el oro tra&iacute;do de Troya, escogi&oacute; Numitor la corona. Entonces Amulio, al contar con las riquezas y gozar de mayor poder que Numitor gracias a ellas, f&aacute;cilmente le arrebat&oacute; la corona, y por miedo a que de su hija&nbsp; nacieran ni&ntilde;os, la design&oacute; sacerdotisa de Vesta, para que siempre viviera ajena al matrimonio y virgen. A &eacute;sta la llaman unos Ilia, otros Rea y otros Silvia.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Mas, al cabo de no mucho tiempo, se descubri&oacute; que estaba embarazada, en contra de la ley establecida para las Vestales. Que no sufriera &eacute;sta lo irremediable lo consigui&oacute; la hija del rey, Anto, intercediendo ante su padre; pero fue encerrada y llevaba una vida de aislamiento, a fin de que a Amulio no le pasara inadvertido el parto.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Dio a luz dos ni&ntilde;os de extraordinaria estatura y belleza. Asustado por ello todav&iacute;a m&aacute;s Amulio, orden&oacute; a un sirviente que los cogiera y los despe&ntilde;ara. Algunos dicen que &eacute;ste se llamaba F&eacute;stulo, y otros, que no &eacute;ste, sino el que los recogi&oacute;. Pues bien, depositando en una cesta a las criaturas, baj&oacute; al r&iacute;o con la intenci&oacute;n de tirarlos, pero, al ver que bajaba con mucha corriente y turbulento, temi&oacute; aproximarse y, poni&eacute;ndolos cerca de la orilla, se alej&oacute;.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Con la crecida del r&iacute;o, el flujo alcanz&oacute; la cesta y, traslad&aacute;ndola de sitio suavemente, la dej&oacute; en un lugar suficientemente tranquilo, que ahora llaman Cermalo y, antiguamente, Germano, al parecer porque, precisamente, a los hermanos los llaman &ldquo;germanos&rdquo;. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Aurelio P&eacute;rez Jim&eacute;nez. Editorial Gredos)</p>
<p>
	Detengo aqu&iacute; el relato de <em>Plutarco</em>, que contin&uacute;a m&aacute;s all&aacute;.</p>
<p>
	El poder que alcanz&oacute; siglos despu&eacute;s esta peque&ntilde;a ciudad&nbsp; gener&oacute; en las ciudades griegas una respuesta religiosa, otorg&aacute;ndo cultos a <em>Roma </em>y consider&aacute;ndola divina en s&iacute; o en alg&uacute;n aspecto concreto, porque no hab&iacute;an conocido otra ciudad con tal poder. Generalmente el culto es a la <em>dea Roma</em>, <em>diosa Roma</em>, pero tambi&eacute;n puede ir acompa&ntilde;ado del culto al <em>pueblo</em>, al <em>demos</em>, a los <em>romanos &ldquo;benefactores</em>&rdquo;, &ldquo;<em>evergetes</em>&rdquo;, y luego por supuesto, al emperador gobernante.</p>
<p>
	<em>Nota:</em> &ldquo;<em>evergetes</em>&rdquo;, &epsilon;ὐ&epsilon;&rho;&gamma;έ&tau;&eta;&sigmaf;,es una palabra griega, de&nbsp; &epsilon;ὐ&epsilon;&rho;&gamma;&epsilon;&tau;έ&omega;, compuesta de &epsilon;ύ, eu,ev, que significa &ldquo;<em>bien</em>&rdquo; y &epsilon;&rho;&gamma;&epsilon;&tau;έ&omega;, que significa &ldquo;<em>hacer&rdquo; y por tanto &ldquo;hacer el bien&rdquo; o &ldquo;hacer buenas obras</em>&rdquo;. Es el t&iacute;tulo que acompa&ntilde;&oacute; a algunos mandatarios griegos.</p>
<p>
	Al menos en una ocasi&oacute;n los artistas <em>Dionisiacos&nbsp; </em>del Istmo ofrecen sacrificios a los <em>Romanos </em>como benefactores comunes. Queda atestiguado en una inscripci&oacute;n de <em>Delfos</em>, la signada en <em>Sylloge Inscriptionum Graecarum, don el n&uacute;mero 705</em></p>
<p>
	<em>SIG3 705B.45f&nbsp;&nbsp;</em></p>
<p>
	<em><strong>Rompieron la jurisdicci&oacute;n del gremio de Artistas; dieron algunos de los oficios sagrados que ten&iacute;an como promesas, huyeron con dinero, ofrendas y coronas sagradas, que todav&iacute;a&nbsp; no han devuelto, ya que impidieron la realizaci&oacute;n de sacrificios y libaciones de acuerdo con las antiguas costumbres de nuestro gremio a Dionisos y a los otros dioses y a los romanos, nuestros patrones comunes.</strong></em>&acute;(Traducci&oacute; de acuerdo con la adaptaci&oacute;n al ingl&eacute;s de A.Johnson, P.Coleman-Norton &amp; F.Bourne, &quot;Ancient Roman Statutes&quot;, no.49. ))</p>
<p>
	En las excavaciones de <em>Delfos </em>apareci&oacute; tambi&eacute;n una interesante inscripci&oacute;n en la que un historiador llamado <em>Aristotheos de Troizen</em>, (todos los estudiosos lo ubican a mediados del siglo II a.C.)&nbsp; ley&oacute; p&uacute;blicamente en <em>Delfos</em> parte de su <em>Historia </em>y a&ntilde;adi&oacute; su <em>encomio de los Romanos como benefactores.</em></p>
<p>
	El <em>encomio</em>, el <em>paneg&iacute;rico</em>, el <em>discurso f&uacute;nebre (oratio funebris), las laudes o alabanzas</em> son tipos de discursos en los que se ensalzan las virtudes de las personas excepcionales y cuando corresponde la grandeza de las ciudades y lugares. En las escuelas de <em>Ret&oacute;rica </em>se ense&ntilde;a l&oacute;gicamente su creaci&oacute;n.</p>
<p>
	La inscripci&oacute;n conmemorativa de los honores concedidos a <em>Aristoteos de Troizen</em> dice:</p>
<p>
	<em>Fouilles De Delphes III 3 no. 124 (Syll.3 702)&nbsp; FGrH 835 T 1<br />
	Sylloge Inscriptionum Graecarum: 702</em></p>
<p>
	<em><strong>Con buena suerte, fue resuelto por la ciudad de Delfos en asamblea plenaria con los votos prescritos por la ley; desde que Arist&oacute;teos hijo de Nikoteos de Troizen, el historiador, cuando se qued&oacute; en la ciudad se condujo de una manera digna del templo y de su patria, e hizo lecturas p&uacute;blicas de sus escritos durante varios d&iacute;as, y tambi&eacute;n ley&oacute; en p&uacute;blico {Paranegnō} aclamaciones para los romanos, los benefactores comunes de los griegos; por lo tanto, los&nbsp; proxeny de la ciudad les garantizaram a &eacute;l y a sus descendientes prioridad en el acceso al or&aacute;culo, prioridad en recibir justicia, inviolabilidad, libertad de todos los impuestos, asiento privilegiado en todos los juegos que la ciudad tiene y los otros privilegios que se dan a los otros proxenoi y benefactores de la ciudad.</strong></em> (Traducci&oacute;n de la inglesa adaptada de R.Zelnick-Abramovitz, in &quot;Between Orality and Literacy: Communication and Adaptation in Antiquity&quot;)</p>
<p>
	<em>Nota</em>: <em>proxenos </em>(&pi;&rho;ό&xi;&epsilon;&nu;&omicron;&sigmaf;), plural <em>proxenoi </em>o <em>proxeni </em>(&pi;&rho;ό&xi;&epsilon;&nu;&omicron;&iota;), &quot;<em>en lugar de o a favor de un extranjero&quot;</em>) o <em>proxeinos </em>(&pi;&rho;ό&xi;&epsilon;&iota;&nu;&omicron;&sigmaf;) es el t&iacute;tulo y funci&oacute;n que un estado concede a un ciudadano de otro para que cuide de los ciudadanos de ese estado; es una especie de <em>c&oacute;nsul honorario</em>.</p>
<p>
	Tenemos tambi&eacute;n el relato de <em>Plutarco </em>sobre las guerras de <em>Flaminino </em>en <em>Grecia </em>y sobre los honores que se le tributan, consider&aacute;ndolo poco menos que un dios puesto que se le empareja con <em>Herakles </em>o el mism&iacute;simo <em>Apolo</em> Delfinio. Tambi&eacute;n se le dar&iacute;a culto a <strong>Julio C&eacute;sar y a Augusto</strong>, como veremos m&aacute;s adelante. Tito Quincio Flaminino fue un pol&iacute;tico y militar de la <em>Rep&uacute;blica romana</em>. Pese a la oposici&oacute;n de los veteranos a los que hab&iacute;a dado tierras, fue elegido c&oacute;nsul en 198 a. C. y enviado a dirigir las guerras maced&oacute;nicas contra <em>Filipo V de Macedonia.</em></p>
<p>
	<em>Plutarco: Flaminino 16: (Tito Quincio Flaminino)</em></p>
<p>
	<em><strong>Los ruegos y s&uacute;plicas en que m&aacute;s tuvo que contender y trabajar con Manio fueron los de los Calcidenses, que le ten&iacute;an muy irritado con motivo del matrimonio que entre ellos contrajo Ant&iacute;oco, movida ya la guerra: matrimonio desigual y fuera de tiempo por haberse enamorado un viejo de una mocita, la cual era hija de Cleopt&oacute;lemo, y se ten&iacute;a por la m&aacute;s hermosa de las doncellas de aquella era. Este hizo que los Calcidenses abrazasen con ardor el partido del rey, y que para la guerra fuese aquella ciudad su principal apoyo, y tambi&eacute;n cuando despu&eacute;s de la batalla se abandon&oacute; a una precipitada fuga, en Calcis fue donde toc&oacute;, y tomando la mujer, el caudal y los amigos se embarc&oacute; para el Asia Tito, cuando Manio march&oacute; irritado contra los Calcidenses, se fue en pos de &eacute;l, y lo abland&oacute; y dulcific&oacute;, y, por &uacute;ltimo, le persuadi&oacute; y soseg&oacute; completamente a fuerza de s&uacute;plicas con &eacute;l mismo y con los dem&aacute;s jefes de los Romanos. Por lo tanto, salvos los Calcidenses por su intercesi&oacute;n, consagraron a Tito los m&aacute;s bellos y grandiosos monumentos que pudieron, de los cuales todav&iacute;a se leen hoy las inscripciones siguientes: &ldquo;El pueblo a Tito y a Heracles este Gimnasio&rdquo;; y en otra parte, en la misma forma: &ldquo;El pueblo a Tito y a Apolo el Delfinio.&rdquo; Tambi&eacute;n en esta edad se elige y consagra un sacerdote de Tito; a quien ofrecen sacrificio, y hechas las libaciones cantan un pean o himno de victoria en verso; del cual, dejando lo dem&aacute;s por ser demasiado difuso, transcribimos lo que cantan al fin del himno:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Objeto es de este culto<br />
	la fe de los Romanos,<br />
	aquella fe sincera<br />
	que guardarles juramos.<br />
	Cantad, festivas ninfas,<br />
	a Zeus el soberano,<br />
	y en pos de Roma y Tito<br />
	la fe de los Romanos.<br />
	&iexcl;Io pe&aacute;n, oh Tito,<br />
	oh Tito nuestro amparo!</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Antonio Ranz Romanillos)</p>
<p>
	As&iacute; que entre la tradici&oacute;n deificadora de <em>Oriente </em>y el poder&iacute;o inmenso de los romanos se llega a la deificaci&oacute;n de <em>Roma</em>, de la ciudad victoriosa y de sus gobernantes.</p>
<p>
	Tenemos numerosos documentos epigr&aacute;ficos, pero pocos literarios y por eso es muy valioso el llamado <em>himno de Melimnos a Roma </em>que con toda seguridad hay que enmarcar en la celebraci&oacute;n de un acto de culto a la poderosa ciudad.</p>
<p>
	<em>Melimnos </em>es una poetisa de Lesbos, cuyo poema est&aacute; generalmente fechado a principios del siglo II d. C. <em>Estobeo</em> nos transmite este himno de <em>Melimnos</em>, en el que <em>Roma </em>es presentada como una <em>diosa guerrera</em> cuyo destino es eterno y &uacute;nico, en <em>Stobaeus 3.7.12. o en&nbsp; Diehl, Anthologia Lyrica Graeca, II: 315-316:</em></p>
<p>
	<em><strong>Salve, Roma, hija de Ares,<br />
	Reina guerrera coronada de oro<br />
	T&uacute; que vives en la tierra en el Olimpo sagrado,<br />
	Para siempre indestructible.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>A ti solo, la m&aacute;s reverenciada, te tiene el Destino<br />
	Concedida gloria real de poder inquebrantable,<br />
	Para que, con tu poder soberano,<br />
	T&uacute; puedas dirigir el camino.<br />
	Bajo tu control de fuertes correas de cuero,<br />
	Los tesoros de la tierra y el mar gris<br />
	Est&aacute;n estrechamente unidos entre s&iacute;; con&nbsp; mano firme&nbsp; gobiernas<br />
	Las ciudades de tus pueblos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La eternidad m&aacute;s larga, que destruye&nbsp; todo<br />
	Y moldea el curso de la vida primero de esta manera, luego de esta otra,<br />
	S&oacute;lo&nbsp; no cambia el viento para ti,<br />
	Que llena las velas del imperio.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Porque solo t&uacute; das a luz<br />
	Hombres fuertes, que manejan diestros las lanzas,<br />
	Cuando nos env&iacute;as&nbsp; un plantel de hombres certeros<br />
	Como&nbsp; Dem&eacute;ter da sus frutos.</strong></em></p>
<p>
	<em>Nota</em>:<em> (Estobeo, Ioannes Stobaeus V &#8211; siglo VI d.C)</em>, dox&oacute;grafo <em>neoplat&oacute;nico </em>del siglo V-VI, hizo una antolog&iacute;a de textos literarios de aproximadamente quinientos autores llamada <em>Antolog&iacute;a de extractos, sentencias y preceptos.</em></p>
<p>
	Poco m&aacute;s tarde y sobre todo en el Imperio es frecuente la creaci&oacute;n de templos dedicados a Roma y al emperador, como los de <em>Ancyra </em>(actual <em>Ankara</em>), <em>P&eacute;rgamo </em>o <em>Lugdunum </em>en Occidente dedicados a <em>Roma y Augusto</em> con sus correspondientes sacerdotes.</p>
<p>
	<em>Suetonio </em>nos informa de la actitud de <em>Augusto </em>ante la erecci&oacute;n de templos y estatuas en su nombre:</p>
<p>
	<em>Suetonio, Augusto 52</em></p>
<p>
	<em><strong>Aunque sab&iacute;a que se decretaban&nbsp; anormalmente templos incluso a los proc&oacute;nsules, no los acept&oacute; en ninguna provincia sino en nombre suyo y de Roma a la vez. Mas en Roma declin&oacute; con la mayor obstinaci&oacute;n este honor, e incluso hizo fundir todas las estatuas de plata que se le hab&iacute;an erigido en otro tiempo, y con el producto obtenido de ellas consagr&oacute; tr&iacute;podes de oro a Apolo Palatino. En vista de que el pueblo le ofrec&iacute;a con gran insistencia la dictadura, se postr&oacute; de rodillas, dej&oacute; caer la toga de sus hombros, y con el pecho desnudo , le rog&oacute; que no se la impusieran.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Rosa Mar&iacute;a Agudo Cubas. Editorial Gredos.)</p>
<p>
	<em>Templa, quamuis sciret etiam proconsulibus decerni solere, in nulla tamen prouincia nisi communi suo Romaeque nomine recepit. nam in urbe quidem pertinacissime abstinuit hoc honore; atque etiam argenteas statuas olim sibi positas conflauit omnis exque iis aureas cortinas Apollini Palatino dedicauit. Dictaturam magna ui offerente populo genu nixus deiecta ab umeris toga nudo pectore deprecatus est.</em></p>
<p>
	<img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/templo_roma1.jpg" />&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp; <img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/temploroma2.png" /></p>
<p>
	<em>Templo a Roma y Augusto &#8211; <em>P&eacute;rgamo&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; Altar a Roma y Augusto &ndash; Lugdudum</em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em></p>
<p>
	T&aacute;cito nos presenta a <em>Tiberio </em>rechazando tales honores, a diferencia de <em>Augusto</em>:</p>
<p>
	<em>T&aacute;cito Anales,4,37-38</em> ;</p>
<p>
	<em><strong>En este tiempo la Espa&ntilde;a ulterior envi&oacute; embajada al Senado por licencia para poder edificar un templo a Tiberio y a su madre, como se hab&iacute;a concedido a los de Asia. Con cuya ocasi&oacute;n, C&eacute;sar, harto constante de suyo en menospreciar las honras excesivas que se le ofrec&iacute;an, pareci&eacute;ndole bien responder a los que le culpaban de que se hab&iacute;a comenzado a inclinar a la ambici&oacute;n, habl&oacute; de esta manera:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Aseg&uacute;rome, padres conscriptos, que de muchos ser&eacute; tenido por f&aacute;cil y mudable, no habiendo, poco ha, contradicho a las ciudades de Asia que me ped&iacute;an esto mismo. Justificar&eacute;, pues, la causa del pasado silencio, y juntamente declarar&eacute; lo que tengo determinado de hacer en lo porvenir. Porque el divo Augusto no prohibi&oacute; que en P&eacute;rgamo se edificase un templo a &eacute;l y a la ciudad deRoma, yo, que guardo y tengo por ley todos sus dichos y hechos, segu&iacute; tanto m&aacute;s prontamente su agradable ejemplo, cuanto con la honra que se me hac&iacute;a se aumentaba m&aacute;s la veneraci&oacute;n del Senado. En lo dem&aacute;s, as&iacute; como parece excusable el haber aceptado una sola vez este honor, asimismo el consentir quede bajo de especie de deidad se consagre mi nombre por todas las provinciasser&iacute;a cosa ambiciosa y soberbia; fuera de que perder&iacute;a mucho de sus quilates el honor de Augusto profan&aacute;ndole con la com&uacute;n adulaci&oacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Yo, padres conscriptos, s&eacute; que soy mortal, y que ni hago ni puedo hacer mayores obras que los otros hombres, content&aacute;ndome, como desde ahora me contento, con poder satisfacer el lugar de pr&iacute;ncipe que ocupo. Certif&iacute;coos de verdad, y s&iacute;rvame esto tambi&eacute;n para los siglos venideros, que no me quedar&aacute; m&aacute;s que desear, si desde ahora s&eacute; que los que desean eternizar mi memoria me tienen por digno de mis mayores, por pr&oacute;vido en vuestras cosas, por constante en los peligros, y que no temo incurrir en la malquerencia de los hombres donde se atraviesa el servicio y el bien de la Rep&uacute;blica. Estas cosas me servir&aacute;n de templo dentro de vuestros &aacute;nimos y de durables y hermos&iacute;simas estatuas. Porque las que se levantan de piedra, si el juicio de los venideros las convierte en aborrecimiento, como los sepulcros se menosprecian. Ruego, pues, a los confederados y a los ciudadanos, a los dioses y a las diosas, a &eacute;stos que me presten hasta el fin de mi vida un entendimiento quieto y capaz de la inteligencia de los derechos divinos y humanos, y a aqu&eacute;llos que despu&eacute;s de mi muerte favorezcan con loores y honrada recordaci&oacute;n la fama de mis acciones y lamemoria de mi nombre.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Continu&oacute; despu&eacute;s hasta en las conversaciones m&aacute;s secretas en apartar de s&iacute; semejante veneraci&oacute;n y culto, atribuy&eacute;ndolo algunos a modestia, muchos a desconfianza y los m&aacute;s a bajeza de &aacute;nimo. Porque losmejores -dec&iacute;an ellos- y los m&aacute;s excelentes entre los mortales apetecieron siempre alt&iacute;simas cosas. De esta manera H&eacute;rcules y Baco entre los griegos, y Quirino entre nosotros, se agregaron al n&uacute;mero de los dioses. Que lo hab&iacute;a entendido mejor Augusto, pues aspir&oacute; a ello; que las dem&aacute;s cosas residen de ordinario en los pr&iacute;ncipes, falt&aacute;ndoles s&oacute;lo una a que continuamente deben aspirar, que es la prosperidad de su memoria, porque con el menosprecio de la fama quedan igualmente menospreciadas las virtudes.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Carlos Coloma. 1794)</p>
<p>
	<em>Per idem tempus Hispania ulterior missis ad senatum legatis oravit ut exemplo Asiae delubrum Tiberio matrique eius extrueret. qua occasione Caesar, validus alioqui spernendis honoribus et respondendum ratus iis quorum rumore arguebatur in ambitionem flexisse, huiusce modi orationem coepit: &#39;scio, patres conscripti, constantiam meam a plerisque desideratam quod Asiae civitatibus nuper idem istud petentibus non sim adversatus. ergo et prioris silentii defensionem et quid in futurum statuerim simul aperiam. cum divus Augustus sibi atque urbi Romae templum apud Pergamum sisti non prohibuisset, qui omnia facta dictaque eius vice legis observem, placitum iam exemplum promptius secutus sum quia cultui meo veneratio senatus adiungebatur. ceterum ut semel recepisse veniam habuerit, ita per omnis provincias effigie numinum sacrari ambitiosum, superbum; et vanescet Augusti honor si promiscis adulationibus vulgatur.<br />
	Ego me, patres conscripti, mortalem esse et hominum officia fungi satisque habere si locum principem impleam et vos testor et meminisse posteros volo; qui satis superque memoriae meae tribuent, ut maioribus meis dignum, rerum vestrarum providum, constantem in periculis, offensionum pro utilitate publica non pavidum credant. haec mihi in animis vestris templa, hae pulcherrimae effigies et mansurae. nam quae saxo struuntur, si iudicium posterorum in odium vertit, pro sepulchris spernuntur. proinde socios civis et deos ipsos precor, hos ut mihi ad finem usque vitae quietam et intellegentem humani divinique iuris mentem duint, illos ut, quandoque concessero, cum laude et bonis recordationibus facta atque famam nominis mei prosequantur.&#39; perstititque posthac secretis etiam sermonibus aspernari talem sui cultum. quod alii modestiam, multi, quia diffideret, quidam ut degeneris animi interpretabantur. optumos quippe mortalium altissima cupere: sic Herculem et Liberum apud Graecos, Quirinum apud nos deum numero additos: melius Augustum, qui speraverit. cetera principibus statim adesse: unum insatiabiliter parandum, prosperam sui memoriam; nam contemptu famae contemni virtutes.</em></p>
<p>
	Son significativos los discursos encomi&aacute;sticos que algunos historiadores y oradores griegos hacen respecto de <em>Roma</em>. As&iacute; <em>Elio Aristides</em> (&Alpha;ί&lambda;&iota;&omicron;&sigmaf; &Alpha;&rho;&iota;&sigma;&tau;&epsilon;ί&delta;&eta;&sigmaf;; en lat&iacute;n,<em> Aelius Aristides</em>, 118 &#8211; 180) fue un eminente sofista de la <em>Segunda Sof&iacute;stica</em> y orador griego del siglo II d. C.4. Su discurso&nbsp; m&aacute;s famoso fue &quot;<em>Discurso a&nbsp; Roma&quot; (Encomio de Roma),</em> que pronunci&oacute; ante el palacio&nbsp; imperial en <em>Roma </em>y en el que <em>Aristides </em>glorifica el <em>Imperio </em>y la teor&iacute;a que subyace detr&aacute;s de &eacute;l, particularmente la <em>&quot;Pax Romana</em>&quot; , y pinta un cuadro impresionante de los logros romanos, que sobresalen al compararlos con cualquier otro imperio o ciudad habida en la historia. Transcribo tan s&oacute;lo una peque&ntilde;a parte de esta importante obra, que por lo dem&aacute;s ha sido desigualmente valorada por los cr&iacute;ticos que se han dedicado a ello.</p>
<p>
	<em>Elio Ar&iacute;stides, Discurso a Roma, 8 y ss.</em></p>
<p>
	&hellip; (Traducci&oacute;n de Juan Manuel Cort&eacute;s Copete. Editorial Gredos)<em><strong>As&iacute; pues, su nombre es como su sobrenombre, y no otra cosa sino la fuerza le es propia1. De manera que si alguien hubiese tenido la intenci&oacute;n de desdoblarla limpiamente y de colocar, unas junto a otras, las ciudades que ahora est&aacute;n en el cielo, apoy&aacute;ndolas sobre la tierra, me parece que se llenar&iacute;a todo el territorio de Italia que ahora esta vac&iacute;o, y se formar&iacute;a una &uacute;nica ciudad continua que se&nbsp; extender&iacute;a hasta el canal de Otranto. Puesto que la ciudad, a la que posiblemente yo no he descrito ahora suficientemente pero de la que mejor testimonio dan los ojos, es tan grande, no es posible decir lo mismo que se dice sobre otras ciudades: ≪all&iacute; esta sita≫. Ni tampoco lo que alguien dijo&nbsp; sobre las ciudades de Atenas y de Esparta, cuando afirmaba, sobre la primera, que el tama&ntilde;o era el doble que lo que le correspond&iacute;a por su poder, sobre la segunda, que el tama&ntilde;o parec&iacute;a ser inferior, y en mucho, con respecto a su poder &mdash;y que no haya ninguna mala interpretaci&oacute;n en el ejemplo&mdash;. Pero, de esta ciudad, grande en todos sus aspectos, nadie podr&iacute;a afirmar que no fue dotada de un poder concorde a su tama&ntilde;o. Cuando se dirige la mirada hacia la totalidad del Imperio, es posible sentir admiraci&oacute;n por la ciudad al pensar que una peque&ntilde;a parte gobierna toda la tierra entera; pero cuando se mira a la propia ciudad y a sus l&iacute;mites, ya m&aacute;s no cabe admirarse de que toda la ec&uacute;mene&nbsp; sea mandada por tal ciudad. Pues ahora se ha hecho realidad lo que cierto cronista dijo sobre Asia cuando afirmaba que un solo hombre gobernaba todo el territorio que el sol recorre &mdash;aunque no dec&iacute;a la verdad, a no ser que exceptuase toda &Aacute;frica y Europa de las puestas y ortos solares&mdash;: el recorrido del sol es equivalente a vuestras posesiones y el sol recorre su camino a trav&eacute;s de vuestros dominios. Pues ni los escollos marinos, ni las islas Quelidonias ni Cianeas sirven de l&iacute;mites a vuestro Imperio, ni la carrera que en un d&iacute;a pueda hacer un caballo hasta el mar, ni rein&aacute;is sobre l&iacute;mites fijados, ni ning&uacute;n otro ha ordenado p&uacute;blicamente hasta donde deb&eacute;is gobernar, sino que el mar se extiende como una franja tanto en medio de la ec&uacute;mene como tambi&eacute;n de vuestro imperio.</strong></em><em><strong>En torno a este los grandes continentes se han situado ocupando un gran espacio, ofreci&eacute;ndoos siempre algo de lo que all&iacute; se produce. De toda la tierra y de todo el mar se traen los frutos de todas las estaciones y cuanto ofrecen todas las regiones, r&iacute;os, lagos y artes de los helenos y de los barbaros, de manera que, si alguien quisiera ver todas estas cosas, ser&iacute;a necesario que las contemplase, o bien recorriendo toda la ec&uacute;mene, o bien encontr&aacute;ndose en esta ciudad. Pues no es posible que no abunde siempre aqu&iacute; cuanto se produce o cuanto se construye en cada uno de ellos. Tantas son las naves de carga que llegan trasportando todos los productos de todas partes durante todas las estaciones, incluso durante todo el equinoccio de oto&ntilde;o, que la ciudad&nbsp; se parece al taller com&uacute;n de la tierra.&nbsp;</strong></em></p>
<p>
	<em>Nota</em> 1: juega con el significado ya comentado de la palabr griega <em>rhome </em>que significa <em>fuerza</em><br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 2. De nuevo la <em>ciudad y el orbe del mundo</em> puestos en relaci&oacute;n.</p>
<p>
	La relaci&oacute;n establecida entre &ldquo;<em>orbis&rdquo; y &ldquo;urbis&rdquo; ( la&nbsp; Ciudad)</em> lo que est&aacute; indicando es la uni&oacute;n cultural y pol&iacute;tica de un mundo controlado y apropiado por <em>Roma</em>. Es m&aacute;s, la grandeza de <em>Roma </em>es la grandeza del <em>Imperio</em>. Roma es la ciudad y el mundo; incluso el mundo queda concebido como una ciudad; ambos conceptos son intercambiables.</p>
<p>
	Los poetas latinos de la &eacute;poca de <em>Augusto </em>son bien conscientes de este papel que les ha tocado jugar a ellos y a su ciudad por designio de los dioses. As&iacute;, <em>Tibulo, Ovidio, Virgilio, Horacio, </em>etc.</p>
<p>
	<em>Ovidio Amores 2,9</em></p>
<p>
	<em><strong>Hay muchos mozos que no aman y muchas j&oacute;venes en la misma situaci&oacute;n; tu triunfo sobre ellos te conquistar&iacute;a grandes alabanzas. Si Roma no hubiese desplegado sus fuerzas en la inmensidad del orbe, no ser&iacute;a al presente m&aacute;s que un hacinado mont&oacute;n de pajizas caba&ntilde;as. Harto de pelear, el soldado trabaja los campos que se le han distribuido, deja la espada y echa mano a las rudas estacas. Los puertos espaciosos resguardan las naves de la tempestad; el potro libre de su prisi&oacute;n corre a pacer en los prados; el viejo gladiador depone la espada y recibe la vara que asegura el resto de sus d&iacute;as, y yo que tantas veces milit&eacute; en las filas de Cupido, bien merezco gozar al cabo una vida tranquila. Pero si un dios me dijese: &laquo;Vive por fin exento de cuitas&raquo;, le disuadir&iacute;a: &iexcl;son tan dulces las penas del querer!.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Germ&aacute;n Salinas.)</p>
<p>
	<em>Tot sine amore viri, tot sunt sine amore puellae!&nbsp;<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hinc tibi cum magna laude triumphus eat.<br />
	Roma, nisi inmensum vires promosset in orbem,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Stramineis esset nunc quoque tecta casis.<br />
	Fessus in acceptos miles deducitur agros;<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mittitur in saltus carcere liber equus;<br />
	Longaque subductam celant navalia pinum,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tutaque deposito poscitur ense rudis.<br />
	Me quoque, qui totiens merui sub amore puellae,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Defunctum placide vivere tempus erat.<br />
	&#39;Vive&#39; deus &#39;posito&#39; siquis mihi dicat &#39;amore!&#39;<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Deprecer &mdash; usque adeo dulce puella malum est.</em></p>
<p>
	<em>Tibulo </em>relaciona directamente el futuro de <em>Roma </em>con su nombre prof&eacute;tico: &ldquo;<em>Fatal, oh Roma, tu nombre ser&aacute; al mundo&rdquo;</em></p>
<p>
	<em>Tibulo 2.5.39 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Palabras de la Sibila<br />
	Valiente Eneas que al huir de Troya<br />
	Te llevas sus Penates, ya te asigna<br />
	A ti Jove los campos de Laurento.<br />
	Y ellos abrigo a tus Penates brindan,<br />
	Y all&iacute; ser&aacute;s un dios cuando a los cielos<br />
	Te lleve del Numicio la onda fr&iacute;a.<br />
	Sobre tus buques la victoria vuela,<br />
	Mientras una diosa a los de Troya auxilia.<br />
	De los R&uacute;tulos arde el campamento;<br />
	Ya, Turno cruel, tu muerte se aproxima;<br />
	Veo a Laurento, de Lavinio el muro,<br />
	Por Ascanio Alba Longa construida,<br />
	Y a t&iacute;, que abandonaste a las Vestales<br />
	Por serle grata a Marte, tierna Ilia,<br />
	Tu oculta uni&oacute;n, tu cinto por el suelo,<br />
	Y del Amor las armas en la orilla.<br />
	&iexcl;Oh toros! mientras Roma se construye,<br />
	Paced la verde hierba en sus colinas;<br />
	Fatal tu nombre, &iexcl;oh Roma! ser&aacute; al mundo<br />
	Dondequiera que campos Ceres mira,<br />
	Desde Oriente hasta el r&iacute;o en cuyas ondas<br />
	Hunde el Sol&nbsp; ya cansada su cuadriga.<br />
	Troya volver&aacute; a verse y de tus viajes<br />
	Habr&aacute; de consolarse con tu dicha.<br />
	Yo canto la verdad, laurel me nutra;<br />
	Nunca mi castidad mire perdida.&rdquo;<br />
	Esto, &iexcl;oh Febo! agitando sus cabellos<br />
	Al llamarte cant&oacute; la profetisa.</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Joaqu&iacute;n D. Casasus)</p>
<p>
	<em>&lsquo;Impiger Aenea, uolitantis frater Amoris,<br />
	Troica qui profugis sacra uehis ratibus,<br />
	iam tibi Laurentes adsignat Iuppiter agros,<br />
	iam uocat errantes hospita terra Lares.<br />
	illic sanctus eris cum te ueneranda Numici<br />
	unda deum caelo miserit indigetem.<br />
	ecce super fessas uolitat Victoria puppes;<br />
	tandem ad Troianos diua superba uenit.<br />
	ecce mihi lucent Rutulis incendia castris:<br />
	iam tibi praedico, barbare Turne, necem.<br />
	ante oculos Laurens castrum murusque Lauini est<br />
	Albaque ab Ascanio condita Longa duce.<br />
	te quoque iam uideo, Marti placitura sacerdos<br />
	Ilia, Vestales deseruisse focos,<br />
	concubitusque tuos furtim uittasque iacentes<br />
	et cupidi ad ripas arma relicta dei.<br />
	carpite nunc, tauri, de septem montibus herbas<br />
	dum licet: hic magnae iam locus urbis erit.<br />
	Roma, tuum nomen terris fatale regendis,<br />
	qua sua de caelo prospicit arua Ceres,<br />
	quaque patent ortus et qua fluitantibus undis<br />
	Solis anhelantes abluit amnis equos.<br />
	Troia quidem tunc se mirabitur et sibi dicet<br />
	uos bene tam longa consuluisse uia.<br />
	uera cano: sic usque sacras innoxia laurus<br />
	uescar, et aeternum sit mihi uirginitas.&rsquo;<br />
	haec cecinit uates et te sibi, Phoebe, uocauit,</em></p>
<p>
	<em>Virgilio </em>expresa en tres versos la conciencia que el romano ten&iacute;a de su extraordinaria misi&oacute;n en este mundo. <em>Virgilio </em>pone en boca de <em>Anquises</em>, el padre que el h&eacute;roe <em>Eneas </em>ha ido a buscar al <em>Inframundo</em>, al <em>Infierno</em>, a l<em>os espacios de abajo,</em> la extraordinaria responsabilidad de los romanos. Nos dice en <em>Eneida,6, versos 847 y ss.:</em></p>
<p>
	<em><strong>Labrar&aacute;n otros con m&aacute;s gracia bronces animados<br />
	(no lo dudo), sacar&aacute;n rostros vivos del m&aacute;rmol,<br />
	dir&aacute;n mejor sus discursos, y los caminos del cielo<br />
	trazar&aacute;n con su comp&aacute;s y describir&aacute;n el orto de los astros:<br />
	t&uacute;, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos<br />
	(&eacute;stas ser&aacute;n tus artes), y a la paz ponerle normas,<br />
	perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios.&raquo;<br />
	As&iacute;, el padre Anquises,</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de Rafael Font&aacute;n Barreiro. Edit. Alianza)</p>
<p>
	<em>Excudent alii spirantia mollius aera,<br />
	credo equidem, vivos ducent de marmore voltus,<br />
	orabunt causas melius, caelique meatus<br />
	describent radio, et surgentia sidera dicent:&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 850<br />
	tu regere imperio populos, Romane, memento;<br />
	hae tibi erunt artes; pacisque imponere morem,<br />
	parcere subiectis, et debellare superbos.&rdquo;</em></p>
<p>
	<em>Propercio </em>tambi&eacute;n pone en relaci&oacute;n <em>urbs y orbis (septem urbs alta iugis, toto quae praesidet orbi)</em> y canta henchido de orgullo el poder de Roma&nbsp; en una eleg&iacute;a en que presenta el enfrentamiento entre <em>Augusto </em>y <em>Cleopatra</em>, que es lo mismo que decir el enfrentamiento entre dos culturas:</p>
<p>
	<em>Eleg&iacute;as, 3, 11, 55 y s.:</em></p>
<p>
	<em><strong>&laquo;No debiste, Roma, temerme con este ciudadano tan grande&raquo; ;<br />
	habl&oacute; y su lengua qued&oacute; sepultada en continuas libaciones &quot;&#39;.<br />
	La ciudad levantada sobre siete colinas, la que rige todo el<br />
	orbe, temi&oacute;, aterrorizada por Marte, las amenazas de una mujer.<br />
	Los dioses fundaron estas murallas, los dioses tambi&eacute;n las<br />
	protegen: C&eacute;sar a salvo, Roma apenas puede temer a J&uacute;piter.</strong></em></p>
<p>
	<em>&#39;Non hoc, Roma, fui tanto tibi cive verenda!&#39;<br />
	dixit et assiduo lingua sepulta mero.<br />
	septem urbs alta iugis, toto quae praesidet orbi,<br />
	femineas timuit territa Marte Minas<br />
	(non humana deicienda manu).<br />
	haec di condiderunt, haec di quoque moenia servant:<br />
	vix timeat salvo Caesare Roma Iovem.</em></p>
<p>
	<em>Horacio </em>ve en la propia fortaleza de Roma la raz&oacute;n de su propia ruina por las continuas guerras civiles, de las que est&aacute; horrorizado; s&oacute;lo <em>Augusto </em>la rescatar&aacute; de la autodestrucci&oacute;n implantando la <em>pax romana</em>. En&nbsp;&nbsp; <em>Epodi 16.1-14:</em></p>
<p>
	<em><strong>En Roma la guerra civil consumiendo ya est&aacute; la segunda<br />
	generacion: sola la ciudad derr&uacute;base.<br />
	A ella, a la cual destruir no fue dado a los Marsos vecinos<br />
	ni a la amenazante tropa del etrusco<br />
	P&oacute;rsena o Capua, que su &eacute;mula fuera, ni a Espartaco el bravo<br />
	ni a aquellos Al&oacute;broges que fueron traidores<br />
	para la rebeli&oacute;n; a la cual no venci&oacute; la Germania y sus mozos<br />
	de cer&uacute;leos ojos, ni H&aacute;nibal odiado<br />
	por nuestros abuelos, perd&eacute;mosla ahora los hijos imp&iacute;os<br />
	de sangre maldita. Las fieras su suelo<br />
	poseer&aacute;n otra vez. Sus cenizas, &iexcl;ay, ay!, la herradura sonora<br />
	pisar&aacute; del b&aacute;rbaro por la urbe. Los huesos<br />
	de Qurino, guardados bien hoy contra el viento y el sol,- &iexcl;insolente<br />
	penosa visi&oacute;n!- dispersar&aacute;.</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n Manuel Fern&aacute;ndez Galiano)</p>
<p>
	<em>Altera iam teritur bellis civilibus aetas,<br />
	suis et ipsa Roma viribus ruit.<br />
	quam neque finitimi valuerunt perdere Marsi<br />
	minacis aut Etrusca Porsenae manus,<br />
	aemula nec virtus Capuae nec Spartacus acer<br />
	novisque rebus infidelis Allobrox<br />
	nec fera caerulea domuit Germania pube<br />
	parentibusque abominatus Hannibal:<br />
	inpia perdemus devoti sanguinis aetas<br />
	ferisque rursus occupabitur solum:<br />
	barbarus heu cineres insistet victor et Vrbem<br />
	eques sonante verberabit ungula,<br />
	quaeque carent ventis et solibus ossa Quirini,<br />
	(nefas videre) dissipabit insolens.</em></p>
<p>
	Para <em>Cicer&oacute;n </em>es evidente que <em>Roma </em>es la ciudad m&aacute;s poderosa y due&ntilde;a del mundo.<br />
	Ver&nbsp; <em>Catilinarias 1.4.9.</em></p>
<p>
	<em><strong>&iexcl;Oh dioses inmortales! &iexcl;Entre qu&eacute; gentes estamos! &iexcl;En qu&eacute; ciudad vivimos! &iexcl;Qu&eacute; rep&uacute;&not;blica tenemos! Aqu&iacute;, aqu&iacute; est&aacute;n entre nosotros, padres conscriptos, en este consejo, el m&aacute;s sagrado y augus&not;to del orbe entero, los que meditan acabar conmigo y con todos vosotros, y con nuestra ciudad y con todo el mundo. Los estoy viendo yo, el c&oacute;nsul, y les pido su parecer sobre los negocios p&uacute;blicos, y cuando con&not;viniera acabar con ellos a estocadas, ni aun con las palabras se les ofende.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Juan Bautista Calvo)</p>
<p>
	O di inmortales! ubinam gentium sumus? in qua urbe vivimus? quam rem publicam habemus? Hic, hic sunt in nostro numero, patres conscripti, in hoc orbis terrae sanctissimo gravissimoque consilio, qui de nostro omnium interitu, qui de huius urbis atque adeo de orbis terrarum exitio cogitent! Hos ego video consul et de re publica sententiam rogo et, quos ferro trucidari oportebat, eos nondum voce volnero!</p>
<p>
	<em>Pro Murena 9-10 (21-22)</em></p>
<p>
	<em><strong>Pero, dejando esto a un lado y volviendo a la confrontaci&oacute;n de profesiones y de ocupaciones, &iquest;c&oacute;mo puede ponerse en duda que, para conseguir el consulado, confiere muchos m&aacute;s t&iacute;tulos la gloria militar que la que proviene del derecho civil? T&uacute; est&aacute;s en vela aun antes del amanecer para responder a los que te consultan; &eacute;l, para llegar a tiempo, con el ej&eacute;rcito, al punto de su destino; a ti te despierta el canto del gallo; a &eacute;l, el toque de la trompeta; t&uacute; dispones la acci&oacute;n judicial; &eacute;l pone las tropas en orden de batalla; t&uacute; cuidas de que tus clientes no sean sorprendidos; &eacute;l, de que no lo sean las ciudades o sus campamentos; &eacute;l sabe de memoria c&oacute;mo se aleja a las tropas enemigas; t&uacute;, c&oacute;mo se desv&iacute;an las aguas producidas por la lluvia; &eacute;l est&aacute; adiestrado en ensanchar nuestras fronteras y t&uacute; en trazar sus l&iacute;mites. Y -pues debo decirlo como lo pienso- el m&eacute;rito de la carrera militar aventaja al de las dem&aacute;s profesiones. Ese m&eacute;rito es el que dio renombre al pueblo romano, el que consigui&oacute; para esta ciudad una gloria inmortal, el que oblig&oacute; al mundo entero a someterse a nuestro poder. Toda la vida urbana, todas esas brillantes ocupaciones nuestras, esta gloria y esta actividad del foro viven bajo la tutela y al amparo del valor militar. Tan pronto ha sonado la sospecha de un levantamiento, al punto nuestras actividades todas van enmudeciendo.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Jes&uacute;s Aspa Cereza. Editorial Gredos.)</p>
<p>
	<em>Sed ut hoc omisso ad studiorum atque artium contentionem revertamur, qui potest dubitari quin ad consulatum adipiscendum multo plus adferat dignitatis rei militaris quam iuris civilis gloria? Vigilas tu de nocte ut tuis consultoribus respondeas, ille ut eo quo intendit mature cum exercitu perveniat; te gallorum, illum bucinarum cantus exsuscitat; tu actionem instituis, ille aciem instruit; tu caves ne tui consultores, ille ne urbes aut castra capiantur; ille tenet et scit ut hostium copiae, tu ut aquae pluviae arceantur; ille exercitatus est in propagandis finibus, tuque in regendis. Ac nimirum&#8211;dicendum est enim quod sentio&#8211;rei militaris virtus praestat ceteris omnibus. Haec nomen populo Romano, haec huic urbi aeternam gloriam peperit, haec orbem terrarum parere huic imperio coegit; omnes urbanae res, omnia haec nostra praeclara studia et haec forensis laus et industria latet in tutela ac praesidio bellicae virtutis. Simul atque increpuit suspicio tumultus, artes ilico nostrae conticiscunt.&nbsp;</em></p>
<p>
	<em>Ad Familiares. 4.1.2. / 150 (IV 1)</em></p>
<p>
	<em><strong>(En la finca de Cumas, 21 o 22 de abril de 49)1208<br />
	Marco Ciceron saluda a Servio Sulpicio.1209<br />
	Ya ves cual es el panorama: el mundo arde en guerra por un reparto de poder; sin leyes, sin tribunales, sin derecho y sin garantias, Roma ha quedado abandonada a la rapina y a los incendios. Asi pues, no solo no puedo imaginar que es lo que yo podria esperar, sino que apenas me hago ya una idea de que puedo atreverme a escoger.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Jos&eacute; A. Beltr&aacute;n)</p>
<p>
	<em>Res vides quomodo se habeat: orbem terrarum imperiis distributis ardere bello; urbem sine legibus, sine iudiciis, sine iure, sine fide relictam direptioni et incendiis: itaque mihi venire in mentem nihil potest non modo, quod sperem, sed vix, iam quod audeam optare;</em></p>
<p>
	<br />
	<em>Paradoxa Stoicorum. 2.18</em></p>
<p>	<em><strong>&iquest;Me amenazas por ventura con la muerte para que de todo me aparte de los hombres, o con el destierro para que me aparte de los malos? La muerte es terrible para aquellos a quienes todo se les acaba con la vida; mas no a aquellos cuya alabanza no puede perecer: el destierro atemoriza a aquellos que tienen como circunscripto y limitado el lugar de su morada; no a aquellos que creen que toda la redondez de la<br />
	tierra es una sola ciudad</strong></em>. (Traducci&oacute;n de Manuel Valbuena)</p>
<p>
	<em>Mortemne mihi minitaris, ut omnino ab hominibus, an exilium, ut ab inprobis demigrandum sit? Mors terribilis iis, quorum cum vita omnia extinguuntur, non iis, quorum laus emori non potest, exilium autem illis, quibus quasi circumscriptus est habitandi locus, non iis, qui omnem orbem terrarum unam urbem esse ducunt.</em></p>
<p>
	Y tambi&eacute;n para <em>Nepote</em>, en <em>vida de&nbsp; Atticus, 3.3</em></p>
<p>
	<em><strong>Era su porte de una manera, que sabiendo ser peque&ntilde;o con los peque&ntilde;os, parec&iacute;a grande con los grandes.&nbsp; Por esto las Atenienses le dieron todos los honores que pudieron, y pretendieron hacerle su ciudadano. Mas &eacute;l no quiso admitir este favor, porque algunos son de opini&oacute;n de que se pierde el derecho de serlo de Roma, si se admite el de otra ciudad. </strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El tiempo que estuvo all&iacute;, no quiso consentir que le erigiesen estatua; mas despu&eacute;s que se ausent&oacute;, como ya no lo pod&iacute;a estorbar, le levantaron algunas en los lugares m&aacute;s sagrados Pnice y Pecile. Porque &Aacute;tico, mientras estuvo all&iacute;, era el que resolv&iacute;a y gobernaba todos los asuntos de la Rep&uacute;blica. Fue pues don de la fortuna haber nacido en una ciudad que mandaba al orbe, y tener por patria a la se&ntilde;ora universal del mundo, y fue tambi&eacute;n una gran prueba de la prudencia de &Aacute;tico haberse hecho amar m&aacute;s que ninguno, en una ciudad como Atenas, superior a todas las otras por su antig&uuml;edad, cortesan&iacute;a y sabidur&iacute;a.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Rodrigo de Oviedo)</p>
<p>
	<em>Hic autem sic se gerebat, ut communis infimis, par principibus videretur. quo factum est ut huic omnes honores, quos possent, publice haberent civemque facere studerent: quo beneficio ille uti noluit quod nonnulli ita interpretantur, amitti civitatem Romanam alia ascita. [2] quamdiu affuit, ne qua sibi statua poneretur, restitit, absens prohibere non potuit. itaque aliquot ipsi et Phidiae locis sanctissimis posuerunt: hunc enim in omni procuratione rei publicae actorem auctoremque habebant potissimum. [3] igitur primum illud munus fortunae, quod in ea urbe natus est, in qua domicilium orbis terrarum esset imperii, ut eandem et patriam haberet et domum; hoc specimen prudentiae, quod, cum in eam se civitatem contulisset, quae antiquitate, humanitate doctrinaque praestaret omnes, unus ei fuit carissimus.</em></p>
<p>
	Tambi&eacute;n&nbsp; <em>Tito Livio</em>, que escribi&oacute; una historia general de <em>Roma </em>desde sus or&iacute;genes, que en consecuencia titul&oacute; &ldquo;<em>Ab urbe condita&rdquo; (Desde la fundaci&oacute;n de la ciudad)</em>, nos explica por qu&eacute; se atreve a abordar una obra de tal envergadura: sin duda el pueblo m&aacute;s poderoso jamas habido y su emperador, en el momento <em>Augusto</em>, se lo merecen. Nos dice en el <em>Prefacio de su obra</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Ignoro si aprovechar&iacute;a mucho escribir la historia del pueblo romano desde su origen; y si no lo ignorase no me atrever&iacute;a a decirlo, sobre todo cuando considero lo antiguos que son algunos hechos, y lo conocidos, merced a la muchedumbre de escritores que incesantemente se renuevan, y que pretenden, o presentarlos con mayor exactitud, o que oscurecen con las galas del estilo la ruda sencillez de la antig&uuml;edad. Pero sea como quiera, tendr&eacute; al menos la satisfacci&oacute;n de haber contribuido a perpetuar la memoria de las grandes cosas llevadas a cabo por el pueblo m&aacute;s grande de la tierra; y si mi nombre desaparece entre tantos escritores, me consolar&aacute;n el brillo y la fama de los que me obscurezcan. Es adem&aacute;s labor inmensa consignar hechos realizados en un periodo de m&aacute;s de setecientos a&ntilde;os, tomando por punto de partida los obscuros principios de Roma, y seguirla en su progreso hasta esta &uacute;ltima &eacute;poca en que comienza a doblegarse bajo el peso de su misma grandeza; temo, por otra parte, que los principios de Roma y los periodos a ellos inmediatos tengan poco atractivo para los lectores, impacientes por llegar a las &eacute;pocas modernas, en que el poder&iacute;o por harto tiempo soberano, torna sus fuerzas contra si miso. Por ni parte, un provecho obtendr&eacute; de este trabajo: el de abstraerme del espect&aacute;culo de los males que por tantos a&ntilde;os ha presenciado nuestro tiempo, ocupando por completo mi atenci&oacute;n en el estudio de la historia antigua y vi&eacute;ndome libre de los temores que, sin apartar de la verdad al escritor, consiguen sin embargo fatigarle.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Francisco Navarro)</p>
<p>
	<em>facturusne operae pretium sim, si a primordio urbis res populi Romani perscripserim, nec satis scio nec,&nbsp; si sciam, dicere ausim, quippe qui cum veterem tum vulgatam esse rem videam, dum novi semper scriptores aut in rebus certius aliquid allaturos se aut scribendi arte rudem vetustatem superaturos credunt. utcumque erit,&nbsp; iuvabit tamen rerum gestarum memoriae principis terrarum populi pro virili parte et ipsum consuluisse; et si in tanta scriptorum turba mea fama in obscuro sit, nobilitate ac magnitudine eorum me, qui nomini officient meo, consoler.&nbsp; res est praeterea et inmensi operis, ut quae supra septingentesimum annum repetatur et quae ab exiguis profecta initiis eo creverit, ut iam magnitudine laboret sua; et legentium plerisque haud dubito quin primae origines proximaque originibus minus praebitura voluptatis sint festinantibus ad haec nova, quibus iam pridem praevalentis populi vires se ipsae conficiunt;&nbsp; ego contra hoc quoque laboris praemium petam, ut me a conspectu malorum, quae nostra tot per annos vidit aetas, tantisper certe, dum prisca illa tota mente repeto, avertam,&nbsp; omnis expers curae, quae scribentis animum etsi non flectere a vero, sollicitum tamen efficere posset.</em></p>
<p>
	Y poco despu&eacute;s nos informa que as&iacute; fue vaticinado, en <em>Livio, 1,16,6-7,</em> cuando nos narra la desaparici&oacute;n y previsible subida a los cielos de <em>R&oacute;mulo</em>,&nbsp; y nos dice:</p>
<p>
	<em><strong>Estaba la ciudad desazonada, porque echaba de menos al rey, y en contra de los senadores, cuando Proculo Julio, hombre de peso segun dicen, aunque avalase un acontecimiento fuera de lo comun, se presenta a los reunidos y dice: ≪Quirites: R&oacute;mulo, padre de esta ciudad, al rayar hoy el alba ha descendido, repentinamente del cielo y se me ha aparecido. Al ponerme en pie, sobrecogido de temor, dispuesto a venerarlo, rog&aacute;ndole que me fuese permitido mirarle cara a cara, me ha dicho: &lsquo;Ve y anuncia a los romanos que es voluntad de los dioses que mi Roma sea la capital del orbe; que practiquen por consiguiente el arte militar; que sepan, y asi lo transmitan a sus descendientes, que ningun poder humano puede resistir a las armas romanas.&rsquo; Dicho esto &mdash;dijo&mdash;, desaparecio por los aires.≫ Es sorprendente el credito tan grande que se dio a aquel hombre al hacer esta comunicacion y lo que se mitig&oacute;, entre el pueblo y el ejercito, la anoranza de Romulo con la creencia en su inmortalidad.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Antonio Villar Vidal. Editorial Gredos.)</p>
<p>
	<em>manavit enim haec quoque sed perobscura fama; illam alteram admiratio viri et pavor praesens nobilitavit. [5] et consilio etiam unius hominis addita rei dicitur fides. namque Proculus Iulius, sollicita civitate desiderio regis et infensa patribus, gravis, ut traditur, quamvis magnae rei auctor, in contionem prodit. [6] &ldquo;Romulus&rdquo; inquit, &ldquo;Quirites, parens urbis huius, prima hodierna luce caelo repente delapsus se mihi obvium dedit. cum perfusus horrore venerabundus3 adstitissem, petens precibus ut contra intueri fas esset, [7?] &#39;Abi, nuntia,&#39; inquit &#39;Romanis caelestes ita velle ut mea Roma caput orbis terrarum sit; proinde rem militarem colant, sciantque et ita posteris tradant nullas opes humanas armis Romanis resistere posse.&#39; haec,&rdquo; inquit, &ldquo;locutus sublimis abiit.&rdquo; [8] mirum quantum illi viro nuntianti haec fides fuerit, quamque desiderium Romuli [p. 60] apud plebem exercitumque facta fide inmortalitatis4 lenitum sit.</em></p>
<p>
	<em>Lucano</em>, en su <em>Farsalia</em>, nos presenta a <em>C&eacute;sar </em>hablando a <em>Roma deificad</em>a, coronada con la corona de torres:</p>
<p>
	<em>Lucano, Farsalia 1, 183 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Ya C&eacute;sar en su marcha hab&iacute;a rebasado los helados Alpes y concebido en su esp&iacute;ritu grandes levantamientos y una guerra inminente. Cuando se lleg&oacute; a las aguas del insignificante Rubic&oacute;n, el general tuvo la visi&oacute;n de una gigantesca figura de la patria estremecida: brillante en la oscuridad de la noche y con una gran tristeza en el rostro, derramando sus blancos cabellos desde una cabeza coronada de torres, se ergu&iacute;a con la cabellera ajada y dec&iacute;a entrecortada de sollozo!;: &iquest;Hacia d&oacute;nde segu&iacute;s avanzando? &iquest;Ad&oacute;nde llev&aacute;is, guerreros, unas ense&ntilde;as que son m&iacute;as? Si march&aacute;is con arreglo al derecho, si como ciudadanos, hasta aqu&iacute; y s&oacute;lo hasta aqu&iacute; os est&aacute; permitido.. Entonces un escalofr&iacute;o sacudi&oacute; los miembros del general, se le erizaron los cabellos y, estorbando su marcha, una miedosa vacilaci&oacute;n paraliz&oacute; sus pies al borde de la ribera. Luego, dijo: &ldquo;&iexcl;Oh t&uacute;, se&ntilde;or del trueno, que desde lo alto de la roca Tarpeya contemplas las murallas de la Ciudad, y vosotros, Penates frigios de la familia Julia,&nbsp; Quirino, misteriosamente arrebatado , J&uacute;piter Laciar, que resides en la encumbrada Alba , fuegos de Vesta y t&uacute;, oh Roma, parigual de la divinidad suprema, favorece mis empresas! No te persigo con las armas de las Furias; heme aqu&iacute;, aqu&iacute; estoy yo, C&eacute;sar, vencedor por tierra y por mar, soldado a tu servicio en todas partes (y, si se me permite, tambi&eacute;n ahora). Aquel, el culpable ser&aacute; aquel que me convirtiere en tu enemigo.&rdquo;</strong></em> (Traducci&oacute;n de Antonio Holgado Redondo. Editorial Gredos.)</p>
<p>
	<em>iam gelidas Caesar cursu superauerat Alpes<br />
	ingentisque animo motus bellumque futurum<br />
	ceperat. ut uentum est parui Rubiconis ad undas,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	ingens uisa duci patriae trepidantis imago<br />
	clara per obscuram uoltu maestissima noctem<br />
	turrigero canos effundens uertice crines<br />
	caesarie lacera nudisque adstare lacertis<br />
	et gemitu permixta loqui: &#39;quo tenditis ultra?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	quo fertis mea signa, uiri? si iure uenitis,<br />
	si ciues, huc usque licet.&#39; tum perculit horror<br />
	membra ducis, riguere comae gressumque coercens<br />
	languor in extrema tenuit uestigia ripa.<br />
	mox ait &#39;o magnae qui moenia prospicis urbis&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	Tarpeia de rupe Tonans Phrygiique penates<br />
	gentis Iuleae et rapti secreta Quirini<br />
	et residens celsa Latiaris Iuppiter Alba<br />
	Vestalesque foci summique o numinis instar<br />
	Roma, faue coeptis. non te furialibus armis&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	persequor: en, adsum uictor terraque marique<br />
	Caesar, ubique tuus (liceat modo, nunc quoque) miles.<br />
	ille erit ille nocens, qui me tibi fecerit hostem.&#39;</em></p>
<p>
	Y as&iacute; podr&iacute;a continuar poniendo ejemplos.</p>
<p>
	(continuar&aacute;&#8230;)</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Prodigios, milagros, maravillas, portentos, fenómenos, monstruos y (II)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Jun 2017 23:13:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Dioses y Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[Entre los  prodigios que más impresionan a los romanos, sobresalen sobremanera los rayos que Júpiter maneja con profusión y las constantes apariciones de seres divinos a los humanos envueltos en luces y halos maravillosos. La aparición de alguna diosa a pequeños pastorcillos está ya documentada en un texto egipcio de la época del Imperio Medio, entre el 2.000 y el 1.800 a.C.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Entre los  prodigios que más impresionan a los romanos, sobresalen sobremanera los rayos que Júpiter maneja con profusión y las constantes apariciones de seres divinos a los humanos envueltos en luces y halos maravillosos. La aparición de alguna diosa a pequeños pastorcillos está ya documentada en un texto egipcio de la época del Imperio Medio, entre el 2.000 y el 1.800 a.C.</b></p>
<p>
	Sobresalen tambi&eacute;n acciones de las im&aacute;genes y de las estatuas o representaciones de los seres divinos, que se comportan como si fueran de carne y hueso y no de piedra, madera o metal. Especialmente atractivas son las estatuas que hablan y env&iacute;an mensajes a los humanos, o sudan, a veces&nbsp; sangre, o saltan y se mueven de su peana o iluminan la pupila de sus ojos con luz maravillosa.</p>
<p>
	Este comportamiento de las im&aacute;genes&nbsp; responde al car&aacute;cter difuso y confuso de estas estatuas que por una parte son meras representaciones de algo que no est&aacute; en este mundo y por otra parte son la propia divinidad materializada que vive con nosotros. Es decir, la famosa estatua crisoelefantina de <em>Atenea Parthenos, Virgen, de Atenas</em>, no es una mera representaci&oacute;n, sino la propia diosa materializada.</p>
<p>
	Y lo mismo ocurre hoy con las im&aacute;genes de santos y v&iacute;rgenes modernas, como revela el comportamiento popular que las venera, las toca, las invoca, les canta, les ruega, en contradicci&oacute;n con lo que dice la raz&oacute;n, incluso la teor&iacute;a teol&oacute;gica, que en realidad poco hace por informar debidamente al pueblo fiel.</p>
<p>
	Pues bien, estos efectos tan especiales son aprovechados frecuentemente por los poetas. Dar&eacute; tan s&oacute;lo dos ejemplos del indiscutible <em>Virgilio </em>y otro de nuestro poeta de origen hispano <em>Lucano</em>. Despu&eacute;s presentar&eacute; un famoso texto de <em>Plinio el Joven</em> sobre la aparici&oacute;n de una se&ntilde;ora de gran estatura y prestancia y de los fantasmas, al que tambi&eacute;n se refiere <em>T&aacute;ctio </em>en sus <em>Anales</em><br />
	Citar&eacute; tambi&eacute;n un pasaje de <em>La Ciudad de Dios</em> de <em>San Agust&iacute;n</em>, en el que se refiere y descalifica estas supersticiones.&nbsp;</p>
<p>
	En el caso de este&nbsp; &uacute;ltimo autor llama poderosamente la atenci&oacute;n la clarividencia con la que analiza las supercher&iacute;as de los ajenos y la seguridad con la que acepta las supercher&iacute;as propias; sin duda un lector ajeno a nuestra cultura no apreciar&iacute;a diferencia alguna entre las creencias de los <em>paganos </em>y las creencias de los <em>cristianos</em>; de hecho, hist&oacute;ricamente estas &uacute;ltimas se alimentan absolutamente de las primeras.</p>
<p>
	Hoy como ayer las estatuas de los seres divinos siguen llorando, iluminando sus pupilas, saltando de las peanas, apareci&eacute;ndose a los pastores, enviando mensajes, mucha veces encriptados a los mortales. Lean con atenci&oacute;n la prensa del d&iacute;a y encontrar&aacute;n que en alg&uacute;n lugar del mundo alguien afirma haber chocado con alg&uacute;n fen&oacute;meno de los descritos. En esa lucha entre la raz&oacute;n y el misterio, sigue en alto la confrontaci&oacute;n.</p>
<p>
	En la poes&iacute;a &eacute;pica griega y tambi&eacute;n en la romana, los dioses son actores en permanente relaci&oacute;n con los mortales, en cuyas disputas toman partido por unos o por otros.</p>
<p>
	Presentar&eacute; primero un texto del poeta <em>hispano Lucano </em>en el que aprovecha al m&aacute;ximo la emoci&oacute;n que estos prodigios puede generar en sus cr&eacute;dulos lectores. El texto es un fragmento de su poema <em>Bellum Civile,</em> llamado luego &ldquo;<em>La Farsalia</em>&rdquo; por el nombre de la batalla decisiva en la guerra civil entre <em>C&eacute;sar </em>y <em>Pompeyo </em>previa a la imposici&oacute;n de un r&eacute;gimen personal y autoritario en <em>Roma</em>, acabando as&iacute; con el largo periodo republicano y dando entrada a la &eacute;poca imperial. En este fragmento, entre otros prodigios, los dioses derraman l&aacute;grimas y los dioses <em>Lares </em>sudan.</p>
<p>
	<em>Marcus Annaeus Lucanus, Bellum Civile 1.1 verso 544 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>El feroz M&uacute;lciber abri&oacute; el cr&aacute;ter del Etna siciliano y no empuj&oacute; las llamas hacia el cielo, sino que, con la inclinaci&oacute;n de la c&uacute;spide, la lava ardiente cay&oacute; contra el flanco de Italia. La negra Caribdis volte&oacute; desde sus abismos un mar de sangre; lastimeros aullidos lanzaron los sa&ntilde;udos perros de Escila. Del altar de Vesta fue retirado el fuego, y su llama,&nbsp; que manifiesta el acabamiento de las ferias latinas se escinde en dos partes y se eleva en un doble &aacute;pice, imitando la pira tebana. Entonces la tierra se desplaz&oacute; de su eje y los Alpes, al tambalearse sus cimas, sacudieron a uno y otro lado sus nieves de siglos. Tetis, acreciendo el caudal de sus aguas, cubri&oacute; la hisp&aacute;nica Calpe y la cumbre del Atlas. Sabemos que lloraron las estatuas de los dioses indigetes&nbsp; y que las de los Lares, con su sudor, atestiguaron el apuro de la ciudad; que los exvotos cayeron al suelo en sus templos; que siniestras aves ensuciaron el d&iacute;a y que las fieras, dejando las selvas al anochecer, establecieron audaces sus cubiles en el centro de Roma. Adem&aacute;s hubo lenguas de animales con facilidad para pronunciar sonidos humanos; partos monstruosos entre los hombres por el n&uacute;mero y la dimensi&oacute;n de los miembros: a la madre le dio miedo su propio hijo; y los siniestros vaticinios de la profetisa de Cumas se divulgan entre el pueblo. Al tiempo, los sacerdotes con tajos en los brazos, a quienes agita la salvaje Belona&nbsp; proclaman los designios de los dioses, y los galos, haciendo girar su cabellera sanguinolenta, aullaron presagios funestos para las gentes. Urnas funerarias repletas de huesos all&iacute; enterrados emitieron lamentos. Entonces se oy&oacute; fragor de armas, y grandes gritos por los parajes intransitados de los bosques, y apariciones que se ven&iacute;an a las manos. Los que cultivan los campos pegados al borde de las murallas huyeron en desbandada: una Furia gigantesca daba vueltas a la ciudad, sacudiendo hacia abajo un pino con la punta encendida, a m&aacute;s de sus cabellos estridentes, cual la Eum&eacute;nide que empuj&oacute; a la tebana &Aacute;gave o la que volte&oacute; los dardos del cruel Licurgo, O como, por orden de Juno, rencorosamente injusta, Megera infundi&oacute; pavor al Alcida, por m&aacute;s que ya hubiera visto a Dite. Resonaron trompetas y, como es de enorme el griter&iacute;o de las cohortes que entrechocan, ese mismo estruendo despidi&oacute; la negra noche, pese al silencio de las auras. Pareciendo surgir de en medio del Campo de Marte, los manes de Sila vaticinaron funestos presagios y, a su vez, alzando su cabeza junto a las heladas aguas del Anio, hecho trizas su sepulcro, Mario puso en fuga a unos campesinos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>En vista de estos prodigios pareci&oacute; oportuno, conforme a una a&ntilde;eja costumbre, hacer venir adivinos etruscos. De ellos, el m&aacute;s entrado en a&ntilde;os, Arrunte, que habitaba el recinto amurallado de Luca, abandonada, bien instruido en los zigzagueos del rayo y en las venas a&uacute;n calientes de las v&iacute;sceras y en los avisos del vuelo que va y viene en el aire, ordena primeramente quitar de en medio los monstruos que la naturaleza, en desacuerdo con sus leyes, hab&iacute;a producido sin semilla alguna&nbsp; y quemar en infaustas llamas los fetos abominables de vientres est&eacute;riles. Luego, ordena a los amedrentados ciudadanos dar una vuelta completa a la ciudad y que, purificando los muros con solemne ceremonia lustral,&nbsp; den tambi&eacute;n la vuelta a todo lo largo del pomerio , por sus bordes extremos, los pont&iacute;fices, a quienes est&aacute; asignado el privilegio de las celebraciones rituales. Siguen multitud de sacerdotes de menor rango, ataviados al estilo gabino, y abre la fila de las Vestales, coronada de bandeletas, la sacerdotisa, la &uacute;nica a la que es l&iacute;cito contemplar la imagen de la Minerva Troyana. A continuaci&oacute;n los que custodian los hados divinos y los or&aacute;culos misteriosos y retiran la imagen de Cibeles, una vez ba&ntilde;ada en el exiguo Alm&oacute;n,&nbsp; y el augur, ducho en observar las aves que vuelan por la izquierda; y el sept&eacute;nviro, encargado de los banquetes rituales;; y la cofrad&iacute;a de los ticios; y el salio, que lleva a la espalda con alegr&iacute;a los escudos sagrados, y el flamen, que alza el &aacute;pice en su noble cabeza. Y mientras ellos desfilan en torno a la ciudad que se extiende en largas sinuosidades, Arrunte recoge los fuegos diseminados del rayo, 1os entierra musitando una l&uacute;gubre letan&iacute;a y asigna a aquellos lugares la protecci&oacute;n de una divinidad; luego, acerca a las sagradas<br />
	aras un toro de cerviz bien escogida. Ya hab&iacute;a comenzado a derramar el vino y a aplicar la harina salada con la hoja del cuchillo en sesgo, y la v&iacute;ctima, que opon&iacute;a larga resistencia a un sacrificio nada agradable, cuando los ministros del culto, recogi&eacute;ndose la ropa, sujetaron sus cuernos amenazantes, dobladas por fin las rodillas, ofrec&iacute;a su cuello vencido. Pero no salt&oacute; la sangre de costumbre, sino que de la ancha herida se desparram&oacute;, en lugar de sangre roja, un sucio flujo de mal ag&uuml;ero. Empalideci&oacute; Arrunte, pasmado ante el sacrificio funesto, e indag&oacute; la c&oacute;lera de los dioses en las entra&ntilde;as extra&iacute;das febrilmente. Ya el color mismo llen&oacute; de p&aacute;nico al adivino; en efecto, las v&iacute;sceras p&aacute;lidas, pero moteadas de negras manchas e infectadas por co&aacute;gulos sanguinosos, abigarraban con salpicaduras de sangre su extraordinaria lividez. Observa el h&iacute;gado empapado de podre y ve las venas amenazantes por la parte hostil.&nbsp; Queda oculta la fibra del pulm&oacute;n jadeante y una peque&ntilde;a fisura corta las zonas vitales. El coraz&oacute;n est&aacute; aplomado, las v&iacute;sceras expelen sangraza por unas grietas abiertas y los intestinos revelan sus ocultas cavidades. Y -prodigio funesto que nunca apareci&oacute; en las entra&ntilde;as impunemente- helo aqu&iacute;: observa que en la cabeza del h&iacute;gado ha crecido la protuberancia de otra cabeza; una parte cuelga enfermiza y fl&aacute;ccida, otra irradia salud y mueve sin compasi&oacute;n las venas con r&aacute;pidas pulsiones. Cuando por estos signos comprendi&oacute; la fatalidad de grandes desgracias, exclama: &ldquo;Apenas me es l&iacute;cito, oh dioses del cielo, revelar a las gentes todo lo que est&aacute;is maquinando; pues no he celebrado en tu honor, supremo J&uacute;piter, este sacrificio: los dioses infernales han venido al pecho de este toro inmolado. Indecibles calamidades tememos, pero sobrevendr&aacute;n mayores a&uacute;n de lo que tememos. &iexcl;Que los dioses tomen favorable lo que he visto y que no merezcan ning&uacute;n cr&eacute;dito las v&iacute;sceras, sino que eso sea una impostura de Tages, fundador de esta ciencia&rdquo;.&nbsp; As&iacute; vaticinaba el etrusco, envolviendo sus presagios en palabras sinuosas y vel&aacute;ndolos con m&uacute;ltiples ambages. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Antonio Holgado Redondo.Editorial Gredos)</p>
<p>
	<em>ora ferox Siculae laxauit Mulciber Aetnae,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	nec tulit in caelum flammas sed uertice prono<br />
	ignis in Hesperium cecidit latus. atra Charybdis<br />
	sanguineum fundo torsit mare; flebile saeui<br />
	latrauere canes. Vestali raptus ab ara<br />
	ignis, et ostendens confectas flamma Latinas&nbsp;&nbsp;<br />
	scinditur in partes geminoque cacumine surgit&nbsp;<br />
	Thebanos imitata rogos. tum cardine tellus&nbsp;<br />
	subsedit, ueteremque iugis nutantibus Alpes&nbsp;<br />
	discussere niuem. Tethys maioribus undis&nbsp;<br />
	Hesperiam Calpen summumque inpleuit Atlanta.&nbsp;&nbsp;<br />
	indigetes fleuisse deos, urbisque laborem&nbsp;<br />
	testatos sudore Lares, delapsaque templis&nbsp;<br />
	dona suis, dirasque diem foedasse uolucres&nbsp;<br />
	accipimus, siluisque feras sub nocte relictis&nbsp;<br />
	audaces media posuisse cubilia Roma.&nbsp;&nbsp;<br />
	tum pecudum faciles humana ad murmura linguae,&nbsp;<br />
	monstrosique hominum partus numeroque modoque&nbsp;<br />
	membrorum, matremque suus conterruit infans;&nbsp;<br />
	diraque per populum Cumanae carmina uatis&nbsp;<br />
	uolgantur. tum, quos sectis Bellona lacertis&nbsp;<br />
	saeua mouet, cecinere deos, crinemque rotantes&nbsp;<br />
	sanguineum populis ulularunt tristia Galli.&nbsp;<br />
	conpositis plenae gemuerunt ossibus urnae.<br />
	tum fragor armorum magnaeque per auia uoces<br />
	auditae nemorum et uenientes comminus umbrae.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	quique colunt iunctos extremis moenibus agros<br />
	diffugiunt: ingens urbem cingebat Erinys<br />
	excutiens pronam flagranti uertice pinum<br />
	stridentisque comas, Thebanam qualis Agauen<br />
	inpulit aut saeui contorsit tela Lycurgi&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	Eumenis, aut qualem iussu Iunonis iniquae<br />
	horruit Alcides uiso iam Dite Megaeram.<br />
	insonuere tubae et, quanto clamore cohortes<br />
	miscentur, tantum nox atra silentibus auris<br />
	edidit. e medio uisi consurgere Campo&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	tristia Sullani cecinere oracula manes,<br />
	tollentemque caput gelidas Anienis ad undas<br />
	agricolae fracto Marium fugere sepulchro.<br />
	haec propter placuit Tuscos de more uetusto<br />
	acciri uates.</em></p>
<p>	Resulta&nbsp; muy interesante el fragmento de la <em>Eneida </em>de <em>Virgilio </em>en el que relata la reacci&oacute;n de la imagen de <em>Palas</em>, el Paladi&oacute;n, que hab&iacute;a sido robada de su templo por <em>Ulises </em>y el hijo de <em>Tideo</em>. El texto nos puede servir tambi&eacute;n para comparar el tono &eacute;pico, elevado, solemne con el dramatismo y barroquismo de <em>Lucano</em>; pero este es otro tema.</p>
<p>
	<em>Publio Virgilio Mar&oacute;n: Eneida, 2, v. 162 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Toda la esperanza de los D&aacute;naos, y su confianza en la emprendida guerra, estribaron siempre en los auxilios de Palas; pero desde que el imp&iacute;o hijo de Tideo y Ulises, inventor de maldades, acometieron sustraer del sacro templo el fatal Paladi&oacute;n, despu&eacute;s de haber dado muerte a los guardias del sumo alc&aacute;zar, y arrebataron a la sacra efigie, y con ensangrentadas manos osaron tocar las virginales &iacute;nfulas de la deidad, empezaron a decaer y se desvanecieron aquellas esperanzas, y se quebrantaron sus fuerzas, apartada ya de ellos la protecci&oacute;n de la diosa.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pronto dio Tritonia manifiestas y horribles se&ntilde;ales de su c&oacute;lera; apenas se coloc&oacute; su estatua en el campamento, ardieron rechinantes llamas en sus ojos, clavados en nosotros, y por todos sus miembros corri&oacute; un sudor salado, y tres veces &iexcl;oh prodigio! se levant&oacute; por s&iacute; sola del suelo blandiendo el broquel y la tr&eacute;mula lanza. Al punto Calcas anuncia que es preciso cruzar los mares y huir, pues P&eacute;rgamo no puede ser debelado por las armas arg&oacute;licas, si no vuelven a Argos a renovar sus votos, y de nuevo se llevan al numen que trajeron consigo por el mar en sus huecas naves. Y ahora que, impelidos por el viento, han llegado al patrio suelo de Micenas, aprestan sus armas y solicitan el favor de los dioses para volver de improviso surcando nuevamente el mar; as&iacute; interpret&oacute; Calcas la voluntad de los n&uacute;menes. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Eugenio de Ochoa, 1815&ndash;1872)</p>
<p>
	<em>Omnis spes Danaum et coepti fiducia belli<br />
	Palladis auxiliis semper stetit. impius ex quo&nbsp;<br />
	Tydides sed enim scelerumque inuentor Vlixes,&nbsp;<br />
	fatale adgressi sacrato auellere templo&nbsp;&nbsp;<br />
	Palladium caesis summae custodibus arcis,&nbsp;<br />
	corripuere sacram effigiem manibusque cruentis&nbsp;<br />
	uirgineas ausi diuae contingere uittas,&nbsp;<br />
	ex illo fluere ac retro sublapsa referri&nbsp;<br />
	spes Danaum, fractae uires, auersa deae mens.&nbsp;<br />
	nec dubiis ea signa dedit Tritonia monstris.&nbsp;<br />
	uix positum castris simulacrum: arsere coruscae&nbsp;<br />
	luminibus flammae arrectis, salsusque per artus&nbsp;<br />
	sudor iit, terque ipsa solo (mirabile dictu)&nbsp;<br />
	emicuit parmamque ferens hastamque trementem.&nbsp;<br />
	extemplo temptanda fuga canit aequora Calchas,&nbsp;<br />
	nec posse Argolicis exscindi Pergama telis&nbsp;<br />
	omina ni repetant Argis numenque reducant&nbsp;<br />
	quod pelago et curuis secum auexere carinis.&nbsp;<br />
	et nunc quod patrias uento petiere Mycenas,&nbsp;&nbsp;<br />
	arma deosque parant comites pelagoque remenso</em></p>
<p>
	Interesante es tambi&eacute;n el final que nos ofrece <em>Virgilio </em>del <em>libro I de sus Ge&oacute;rgicas</em>. Nos recuerda las se&ntilde;ales que anunciaron los pavorosos horrores de la <em>guerra civil </em>y ruega a los dioses que protejan a <em>Roma </em>y garanticen su &eacute;poca de paz y esplendor.</p>
<p>
	<em>Virgilio, Ge&oacute;rgicas, 1, v.463 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;Qui&eacute;n osar&aacute; llamar falaz al sol? Tambi&eacute;n muchas veces nos declara que amenazan secretos tumultos, que se fraguan ama&ntilde;os y ocultas guerras. Tambi&eacute;n se compadeci&oacute; de Roma, muerto C&eacute;sar, cuando vel&oacute; su n&iacute;tida cabeza con ferruginosa niebla y el imp&iacute;o siglo temi&oacute; una eterna noche. En aquel tiempo daban igualmente se&ntilde;ales la tierra y las aguas del mar, y los infaustos perros y las aves importunas. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces vimos al Etna, rotos sus hornos, derramar sus hirvientes olas por los campos de los C&iacute;clopes, vomitando globos de llamas y pe&ntilde;ascos derretidos! La Germania oy&oacute; por todo el cielo estruendo de armas; retemblaron los Alpes con ins&oacute;litos movimientos; tambi&eacute;n se oy&oacute; muchas veces una gran voz en medio de los callados bosques. y se vieron al anochecer p&aacute;lidos fantasmas de maravilloso aspecto, y hablaron las bestias, &iexcl;cosa horrible!, y se pararon las corrientes de los r&iacute;os y se entreabri&oacute; la tierra, y llor&oacute; en los templos el marfil desolado y sudaron los bronces. El Er&iacute;dano, rey de los r&iacute;os, arrastrando las selvas en furioso remolino, se derram&oacute; por las vegas, llev&aacute;ndose los ganados con sus majadas. En aquel tiempo, las entra&ntilde;as de las tristes v&iacute;ctimas sacrificadas no cesaron de presentar ag&uuml;eros amenazadores ni los pozos de manar sangre ni las ciudades de resonar por la noche con grandes aullidos de lobos. Jam&aacute;s cayeron de un cielo sereno tantos rayos ni ardieron tantos horribles cometas Por eso, los campos de Filipos vieron por segunda vez a las haces romanas cruzar en fiera lid sus armas fraternales; por eso consintieron los dioses que dos veces abonase nuestra sangre la Ematia y las dilatadas campi&ntilde;as del Hemo. D&iacute;a vendr&aacute; en que el labrador, al revolver la tierra con el corvo arado en aquellos confines, hallar&aacute; dardos corro&iacute;dos por el &aacute;spero or&iacute;n, y har&aacute; resonar con los pesados rastros yelmos vac&iacute;os, y se pasmar&aacute; al ver en los excavados sepulcros huesos giganteos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iexcl;Oh dioses patrios, oh dioses tutelares, oh R&oacute;mulo y oh madre Vesta, que velas por el toscano T&iacute;ber y los palacios romanos. no impid&aacute;is a lo menos que este mancebo venga en ayuda del revuelto siglo presente!, bastante hemos pagado, ya ha tiempo con nuestra sangre los perjuicios de Troya Laomedontea. Tiempo ha ya, &iexcl;oh C&eacute;sar!, que la mansi&oacute;n de los dioses te envidia a nosotros y se queja de que tengas en mucho los honores triunfales que te dan los hombres. Por doquiera andan confundidos lo l&iacute;cito y lo il&iacute;cito; todo es guerras en el mundo, los cr&iacute;menes son innumerables; deshonra parece manejar el arado; los campos est&aacute;n yermos, privados de sus labradores, y las corvas hoces se forjan para servir de terribles espadas. Aqu&iacute; el &Eacute;ufrates, all&iacute; la Germania, nos mueven guerra: las ciudades comarcanas, rotos los pactos, hacen armas unas contra otras; por todo el orbe derrama sus furores el imp&iacute;o Marte; tal, cuando se lanzan de la barrera las cuadrigas, cobran en el circo nuevo br&iacute;o, y tirando en vano de las riendas, el auriga se ve arrebatado por los caballos y el carro no obedece al freno. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Eugenio de Ochoa)</p>
<p>
	<em>&hellip;. Solem quis dicere falsum<br />
	audeat. Ille etiam caecos instare tumultus<br />
	saepe monet fraudemque et operta tumescere bella.<br />
	Ille etiam exstincto miseratus Caesare Romam,<br />
	cum caput obscura nitidum ferrugine texit<br />
	inpiaque aeternam timuerunt saecula noctem.<br />
	Tempore quamquam illo tellus quoque et aequora ponti<br />
	obscenaeque canes inportunaeque volucres<br />
	signa dabant. Quotiens Cyclopum effervere in agros<br />
	vidimus undantem ruptis fornacibus Aetnam<br />
	flammarumque globos liquefactaque volvere saxa!<br />
	Armorum sonitum toto Germania caelo<br />
	audiit, insolitis tremuerunt motibus Alpes.<br />
	Vox quoque per lucos volgo exaudita silentis<br />
	ingens et simulacra modis pallentia miris<br />
	visa sub obscurum noctis, pecudesque locutae,<br />
	infandum! sistunt amnes terraeque dehiscunt<br />
	et maestum inlacrimat templis ebur aeraque sudant.<br />
	Proluit insano contorquens vertice silvas<br />
	fluviorum rex Eridanus camposque per omnis<br />
	cum stabulis armenta tulit. Nec tempore eodem<br />
	tristibus aut extis fibrae adparere minaces<br />
	aut puteis manare cruor cessavit et altae<br />
	per noctem resonare lupis ululantibus urbes.<br />
	Non alias caelo ceciderunt plura sereno<br />
	fulgura nec diri totiens arsere cometae.<br />
	ergo inter sese paribus concurrere telis<br />
	Romanas acies iterum videre Philippi;<br />
	nec fuit indignum superis, bis sanguine nostro<br />
	Emathiam et latos Haemi pinguescere campos.<br />
	Scilicet et tempus veniet, cum finibus illis<br />
	agricola incurvo terram molitus aratro<br />
	exesa inveniet scabra robigine pila<br />
	aut gravibus rastris galeas pulsabit inanis<br />
	grandiaque effossis mirabitur ossa sepulchris.<br />
	Di patrii, Indigetes, et Romule Vestaque mater,<br />
	quae Tuscum Tiberim et Romana Palatia servas,<br />
	hunc saltem everso iuvenem succurrere saeclo<br />
	ne prohibete! Satis iam pridem sanguine nostro<br />
	Laomedonteae luimus periuria Troiae;<br />
	iam pridem nobis caeli te regia, Caesar,<br />
	invidet atque hominum queritur curare triumphos;<br />
	quippe ubi fas versum atque nefas: tot bella per orbem,<br />
	tam multae scelerum facies; non ullus aratro<br />
	dignus honos, squalent abductis arva colonis<br />
	et curvae rigidum falces conflantur in ensem.<br />
	Hinc movet Euphrates, illinc Germania bellum;<br />
	vicinae ruptis inter se legibus urbes<br />
	arma ferunt; saevit toto Mars inpius orbe;<br />
	ut cum carceribus sese effudere quadrigae,<br />
	addunt in spatia et frustra retinacula tendens<br />
	fertur equis auriga neque audit currus habenas.</em></p>
<p>
	Otros prodigio de gran impacto entre los antiguos son, como dije, las apariciones de los seres divinos. Como tambi&eacute;n dije, hay constancia de la aparici&oacute;n de una diosa egipcia a un pastor en un relato que tenemos incompleto de tan s&oacute;lo 25 l&iacute;neas; en &eacute;l el pastor cuenta a sus compa&ntilde;eros el encuentro con una mujer que no ten&iacute;a aspecto de mortal.. Este prodigio no ha dejado de repetirse peri&oacute;dicamente hasta nuestros d&iacute;as. En otro momento dedicar&eacute; un art&iacute;culo a este tema.</p>
<p>
	Pero quiero ahora referirme a otra aparici&oacute;n que puede recordarnos alguna moderna. Nos lo cuentan con total naturalidad <em>Plinio el Joven</em> en una famosa carta sobre la existencia o no de los fantasmas y el historiador <em>T&aacute;cito</em>. Me refiero a la aparici&oacute;n de &ldquo;<em>una mujer de estatura sobrehumana </em>a <em>Curcio Rufo</em> anunci&aacute;ndole que&nbsp; volver&iacute;a a <em>&Aacute;frica</em> como c&oacute;nsul electo.</p>
<p>
	Transcribo entera por su inter&eacute;s la carta de <em>Plinio el Joven: Epistula 7,27:</em></p>
<p>
	<em><strong>Gayo Plinio saluda a su amigo Sura.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La falta de ocupaciones me brinda a m&iacute; la oportunidad de aprender y a ti la de ense&ntilde;arme. De esta forma, me gustar&iacute;a much&iacute;simo saber si crees que los fantasmas existen y tienen forma propia, as&iacute; como alg&uacute;n tipo de voluntad, o, al contrario, si son sombras vac&iacute;as e irreales que toman forma por efecto de nuestro propio miedo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>A que crea que existen los fantasmas me mueve sobre todo esto que he o&iacute;do que le ocurri&oacute; a Curcio Rufo. Todav&iacute;a joven y desconocido hab&iacute;a formado parte del s&eacute;quito del nuevo gobernador de la provincia de &Aacute;frica. Al declinar el d&iacute;a paseaba por el p&oacute;rtico: le sale al paso la figura humana de una mujer muy alta y hermosa. Ante su estupor ella le dijo que era &Aacute;frica, mensajera de las cosas futuras. Le dijo tambi&eacute;n que &eacute;l ir&iacute;a a Roma, que llevar&iacute;a a cabo su carrera pol&iacute;tica y que volver&iacute;a a esta misma provincia con el poder supremo, donde finalmente morir&iacute;a.&nbsp; Todas estas cosas se cumplieron. Pasado el tiempo, cuando llegaba a Cartago y sal&iacute;a de la nave se cuenta que se le apareci&oacute; la misma figura en la playa. Como &eacute;l mismo hab&iacute;a sido presa de la enfermedad, tras augurar la adversidad que le esperaba en relaci&oacute;n con las cosas buenas ya cumplidas, abandon&oacute; su esperanza de curaci&oacute;n a pesar de que ninguno de los suyos la hab&iacute;a perdido.<br />
	&iquest;Pero no es acaso m&aacute;s terror&iacute;fico y no menos admirable lo que voy a exponer ahora, tal como me lo contaron?&nbsp; Hab&iacute;a en Atenas una casa espaciosa y profunda, pero tristemente c&eacute;lebre e insalubre. En el silencio de la noche se o&iacute;a un ruido y, si prestabas atenci&oacute;n, primero se escuchaba el estr&eacute;pito de unas cadenas a lo lejos, y luego ya muy cerca: a continuaci&oacute;n aparec&iacute;a una imagen, un anciano consumido por la flacura y la podredumbre, de larga barba y cabello erizado; llevaba grilletes en los pies y cadenas en las manos que agitaba y sacud&iacute;a. A consecuencia de esto, los que habitaban la casa pasaban en vela tristes y terribles noches a causa del temor; la enfermedad sobreven&iacute;a al insomnio y, al aumentar el miedo, la muerte, pues, aun en el espacio que separaba una noche de otra, si bien la imagen hab&iacute;a desaparecido, quedaba su memoria impresa en los ojos, de manera que el temor se prolongaba a&uacute;n m&aacute;s all&aacute; de sus propias causas. As&iacute; pues, la casa qued&oacute; desierta y condenada a la soledad, abandonada completamente a merced de aquel monstruo; a&uacute;n as&iacute; estaba puesta a la venta, por si alguien, no enterado de tama&ntilde;a calamidad, quisiera comprarla o tomarla en alquiler.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Llega a Atenas el fil&oacute;sofo Atenodoro, lee el cartel y una vez enterado del precio, como su baratura era sospechosa, le dan raz&oacute;n de todo lo que pregunta, y esto, lejos de disuadirle, le anima a&uacute;n m&aacute;s a alquilar la casa. Una vez comienza a anochecer, ordena que se le extienda el lecho en la parte delantera, pide tablillas para escribir, un estilo y una luz; a todos los suyos les aleja envi&aacute;ndoles a la parte interior, y &eacute;l mismo dispone su &aacute;nimo, ojos y mano al ejercicio de la escritura, para que su mente, desocupada, no se imaginara ruidos supuestos ni miedos sin fundamento. Al principio, como en cualquier parte, tan s&oacute;lo se percibe el silencio de la noche, pero despu&eacute;s la sacudida de un hierro y el movimiento de unas cadenas: el fil&oacute;sofo no levanta los ojos, ni tampoco deja su estilo, sino que pone resueltamente su voluntad por delante de sus o&iacute;dos. Despu&eacute;s se incrementa el ruido, se va acercando y ya se percibe en la puerta, ya dentro de la habitaci&oacute;n. Vuelve la vista y reconoce al espectro que le hab&iacute;an descrito.&nbsp; &Eacute;ste estaba all&iacute; de pie y hac&iacute;a con el dedo una se&ntilde;al como llam&aacute;ndole. El fil&oacute;sofo, por su parte, le indica con su mano que espere un poco, y de nuevo se pone a trabajar con sus tablillas y estilo, pero el espectro hac&iacute;a sonar las cadenas para atraer su atenci&oacute;n. &Eacute;ste vuelve de nuevo la cabeza y le ve haciendo la misma se&ntilde;a que antes, as&iacute; que ya sin hacerle esperar m&aacute;s coge el candil y le sigue. Iba el espectro con paso lento, como si le pesaran mucho las cadenas; despu&eacute;s baj&oacute; al patio de la casa y, de repente, tras desvanecerse, abandona a su acompa&ntilde;ante. El fil&oacute;sofo recoge hojas y hierbas y las coloca en el lugar donde ha sido abandonado, a manera de se&ntilde;al. Al d&iacute;a siguiente acude a los magistrados y les aconseja que ordenen cavar en aquel sitio. Se encuentran huesos insertos en cadenas y enredados, que el cuerpo, putrefacto por efecto del tiempo y de la tierra, hab&iacute;a dejado desnudos y descarnados junto a sus grilletes.&nbsp; Reunidos los huesos se entierran a costa del erario p&uacute;blico. Despu&eacute;s de esto la casa qued&oacute; al fin liberada del fantasma, una vez fueron enterrados sus restos convenientemente.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Doy cr&eacute;dito ciertamente a quienes me han confirmado estos hechos; yo mismo puedo confirmar otro suceso a los dem&aacute;s. Tengo un liberto no ajeno al cultivo de las letras. Con &eacute;l descansaba su hermano menor en el mismo lecho. A este le pareci&oacute; ver a alguien sentado en la cama, moviendo unas tijeras sobre su propia cabeza, y que incluso le cortaba algunos cabellos de la coronilla. Cuando amaneci&oacute;, &eacute;l mismo ten&iacute;a una tonsura en su coronilla y se encontraron sus cabellos cortados en el suelo.&nbsp; Poco tiempo despu&eacute;s, de nuevo un hecho similar al anterior confirm&oacute; lo que hab&iacute;a ocurrido. Uno de mis peque&ntilde;os esclavos dorm&iacute;a entre otros muchos ni&ntilde;os en la escuela. Llegaron a trav&eacute;s de las ventanas (as&iacute; nos lo cuenta) dos figuras vestidas con t&uacute;nicas blancas, cortaron el pelo al muchacho acostado y se retiraron por donde hab&iacute;an llegado. La luz del d&iacute;a muestra tambi&eacute;n a este ni&ntilde;o con la tonsura y los cabellos esparcidos en derredor.&nbsp; Nada memorable pas&oacute; despu&eacute;s, a no ser acaso que no llegu&eacute; a ser reo, si bien lo hubiera sido en caso de que Domiciano, bajo cuyo poder estas cosas ocurrieron, hubiera vivido m&aacute;s tiempo. En efecto, en su caja de documentos, se encontr&oacute; un escrito entregado por Caro que estaba referido a m&iacute;. De esto puede deducirse que, como es costumbre para los presos dejar crecer el pelo, los cabellos cortados de mis esclavos fueron se&ntilde;al de que el peligro que me acechaba hab&iacute;a sido abortado.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Por tanto, te ruego que hagas uso de tu erudici&oacute;n. Es asunto digno para que lo consideres largo y tendido, y yo no soy ciertamente indigno de que me hagas part&iacute;cipe de tu saber.&nbsp; Aunque sopeses los pros y los contras de las dos opiniones (como sueles), incl&iacute;nate m&aacute;s por uno de los dos lados, para no dejarme suspenso en la incertidumbre, dado que la raz&oacute;n de consultarte fue la de dejar de dudar. Saludos.</strong></em><br />
	(Traducci&oacute;n de F. Garc&iacute;a Jurado)</p>
<p>
	<em>Et mihi discendi et tibi docendi facultatem otium praebet. Igitur perquam velim scire, esse phantasmata et habere propriam figuram numenque aliquod putes an inania et vana ex metu nostro imaginem accipere. Ego ut esse credam in primis eo ducor, quod audio accidisse Curtio Rufo. Tenuis adhuc et obscurus, obtinenti Africam comes haeserat. Inclinato die spatiabatur in porticu; offertur ei mulieris figura humana grandior pulchriorque. Perterrito Africam se futurorum praenuntiam dixit: iturum enim Romam honoresque gesturum, atque etiam cum summo imperio in eandem provinciam reversurum, ibique moriturum.&nbsp; Facta sunt omnia. Praeterea accedenti Carthaginem egredientique nave eadem figura in litore occurrisse narratur. Ipse certe implicitus morbo futura praeteritis, adversa secundis auguratus, spem salutis nullo suorum desperante proiecit.&nbsp; Iam illud nonne et magis terribile et non minus mirum est quod exponam ut accepi?&nbsp; Erat Athenis spatiosa et capax domus sed infamis et pestilens. Per silentium noctis sonus ferri, et si attenderes acrius, strepitus vinculorum longius primo, deinde e proximo reddebatur: mox apparebat idolon, senex macie et squalore confectus, promissa barba horrenti capillo; cruribus compedes, manibus catenas gerebat quatiebatque.&nbsp; Inde inhabitantibus tristes diraeque noctes per metum vigilabantur; vigiliam morbus et crescente formidine mors sequebatur. Nam interdiu quoque, quamquam abscesserat imago, memoria imaginis oculis inerrabat, longiorque causis timoris timor erat. Deserta inde et damnata solitudine domus totaque illi monstro relicta; proscribebatur tamen, seu quis emere seu quis conducere ignarus tanti mali vellet.&nbsp; Venit Athenas philosophus Athenodorus, legit titulum auditoque pretio, quia suspecta vilitas, percunctatus omnia docetur ac nihilo minus, immo tanto magis conducit. Ubi coepit advesperascere, iubet sterni sibi in prima domus parte, poscit pugillares stilum lumen, suos omnes in interiora dimittit; ipse ad scribendum animum oculos manum intendit, ne vacua mens audita simulacra et inanes sibi metus fingeret.&nbsp; Initio, quale ubique, silentium noctis; dein concuti ferrum, vincula moveri. Ille non tollere oculos, non remittere stilum, sed offirmare animum auribusque praetendere. Tum crebrescere fragor, adventare et iam ut in limine, iam ut intra limen audiri. Respicit, videt agnoscitque narratam sibi effigiem. Stabat innuebatque digito similis vocanti. Hic contra ut paulum exspectaret manu significat rursusque ceris et stilo incumbit. Illa scribentis capiti catenis insonabat. Respicit rursus idem quod prius innuentem, nec moratus tollit lumen et sequitur.&nbsp; Ibat illa lento gradu quasi gravis vinculis. Postquam deflexit in aream domus, repente dilapsa deserit comitem. Desertus herbas et folia concerpta signum loco ponit.&nbsp; Postero die adit magistratus, monet ut illum locum effodi iubeant. Inveniuntur ossa inserta catenis et implicita, quae corpus aevo terraque putrefactum nuda et exesa reliquerat vinculis; collecta publice sepeliuntur. Domus postea rite conditis manibus caruit.&nbsp; Et haec quidem affirmantibus credo; illud affirmare aliis possum. Est libertus mihi non illitteratus. Cum hoc minor frater eodem lecto quiescebat. Is visus est sibi cernere quendam in toro residentem, admoventemque capiti suo cultros, atque etiam ex ipso vertice amputantem capillos. Ubi illuxit, ipse circa verticem tonsus, capilli iacentes reperiuntur.&nbsp; Exiguum temporis medium, et rursus simile aliud priori fidem fecit. Puer in paedagogio mixtus pluribus dormiebat. Venerunt per fenestras &#8211; ita narrat &#8211; in tunicis albis duo cubantemque detonderunt et qua venerant recesserunt. Hunc quoque tonsum sparsosque circa capillos dies ostendit.&nbsp; Nihil notabile secutum, nisi forte quod non fui reus, futurus, si Domitianus sub quo haec acciderunt diutius vixisset. Nam in scrinio eius datus a Caro de me libellus inventus est; ex quo coniectari potest, quia reis moris est summittere capillum, recisos meorum capillos depulsi quod imminebat periculi signum fuisse.&nbsp; Proinde rogo, eruditionem tuam intendas. Digna res est quam diu multumque consideres; ne ego quidem indignus, cui copiam scientiae tuae facias.&nbsp; Licet etiam utramque in partem &#8211; ut soles &#8211; disputes, ex altera tamen fortius, ne me suspensum incertumque dimittas, cum mihi consulendi causa fuerit, ut dubitare desinerem. Vale.</em></p>
<p>
	<em>T&aacute;cito: Anales: 11, 21.</em></p>
<p>
	<em><strong>Del origen de Curcio Rufo, hijo, seg&uacute;n han dicho algunos, de un gladiator, no querr&iacute;a referir mentira, puesto que me averg&uuml;enzo de decir verdad. En llegando a edad juvenil, sigui&oacute; en &Aacute;frica al cuestor a quien toc&oacute; aquella provincia; y hall&aacute;ndose en Adrumeto al mediod&iacute;a, pase&aacute;ndose pensativo debajo de unos soportales, se le apareci&oacute; una sombra en figura de mujer mayor que humana, de quien o&iacute;a esta voz: T&uacute; eres Rufo, aquel que vendr&aacute; a ser proc&oacute;nsul en esta provincia. Con este ag&uuml;ero, hinchi&eacute;ndosele el coraz&oacute;n de grandes esperanzas, se volvi&oacute; a Roma, donde con la liberalidad de sus amigos y con su ingenio levantado alcanz&oacute; el oficio de cuestor; y, despu&eacute;s de esto, entre muchos nobles competidores, por voto del pr&iacute;ncipe la pretura; cubriendo Tiberio la bajeza de su nacimiento con estas mismas palabras: A m&iacute; me parece que Curcio Rufo es hijo de s&iacute; mismo. Con esto y con vivir despu&eacute;s muchos a&ntilde;os siempre maligno adulador con los mayores, arrogante con los inferiores y con los iguales insufrible, alcanz&oacute; el imperio consular, las insignias triunfales y a lo &uacute;ltimo el gobierno de &Aacute;frica, donde, muriendo, cumpli&oacute; el pron&oacute;stico fatal.</strong> (Traducci&oacute;n de Carlos Coloma)</em></p>
<p>
	<em>De origine Curtii Rufi, quem gladiatore genitum quidam prodidere, neque falsa prompserim et vera exequi pudet. postquam adolevit, sectator quaestoris, cui Africa obtigerat, dum in oppido Adrumeto vacuis per medium diei porticibus secretus agitat, oblata ei species muliebris ultra modum humanum et audita est vox &#39;tu es, Rufe, qui in hanc provinciam pro consule venies.&#39; tali omine in spem sublatus degressusque in urbem largitione amicorum, simul acri ingenio quaesturam et mox nobilis inter candidatos praeturam principis suffragio adsequitur, cum hisce verbis Tiberius dedecus natalium eius velavisset: &#39;Curtius Rufus videtur mihi ex se natus.&#39; longa post haec senecta, et adversus superiores tristi adulatione, adrogans minoribus, inter pares difficilis, consulare imperium, triumphi insignia ac postremo Africam obtinuit; atque ibi defunctus fatale praesagium implevit.</em></p>
<p>
	<em>San Agust&iacute;n</em>, en su <em>Ciudad de Dios</em>, se refiere a un prodigio bien famoso en la <em>Antig&uuml;edad</em>: las l&aacute;grimas que derram&oacute; la estatua de <em>Apolo en Cumas</em>, en la <em>Magna Grecia</em>, con ocasi&oacute;n de la guerra entre los romanos y los griegos, cuando Publio Craso muri&oacute; en una batalla con <em>Arist&oacute;nico</em>. Piensa S<em>an Agust&iacute;n </em>que estas son cosas de los demonios que los poetas nos presentan como ciertas, pero desde entonces hasta hoy y tambi&eacute;n mucho antes, muchas estatuas de dioses, v&iacute;rgenes y santos han llorado con frecuencia, doli&eacute;ndose de los errores de los hombres.</p>
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	<em>Ciudad de Dios, III, 11</em></p>
<p>
	<em><strong>El llanto de la estatua de Apolo de Cumas se crey&oacute; anunciador del desastre de los griegos, a quienes no hab&iacute;a podido auxiliar. No hay otra raz&oacute;n que la que acabamos de exponer para la noticia de que el famoso Apolo de Cumas estuvo cuatro d&iacute;as llorando durante la guerra contra los aqueos y su rey Arist&oacute;nico. Los ar&uacute;spices, aterrados por tal prodigio, creyeron que era preciso arrojar al mar la estatua. Pero los ancianos de Cumas se opusieron a ello, aduciendo que un prodigio semejante hab&iacute;a aparecido en la misma estatua durante la guerra de Ant&iacute;oco y la de Perseo. Dieron fe, adem&aacute;s, de que en vista de la victoria de los romanos, el Senado, por decreto, envi&oacute; presentes a este mismo Apolo. Se hizo venir a otros agoreros, tenidos por m&aacute;s peritos. Respondieron &eacute;stos que las l&aacute;grimas de la estatua de Apolo eran venturosas para Roma, precisamente porque, siendo Cumas colonia griega, el Apolo envuelto en l&aacute;grimas era expresi&oacute;n de luto y desastre para su propio pa&iacute;s, de donde se le hab&iacute;a tra&iacute;do, es decir, para Grecia. Poco tiempo despu&eacute;s lleg&oacute; la noticia de que el rey Arist&oacute;nico hab&iacute;a sido derrotado y hecho prisionero. Esta victoria era evidentemente contraria a la voluntad de Apolo, y de ello se dol&iacute;a. Testimonio eran hasta las l&aacute;grimas de un &iacute;dolo de piedra.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Deducimos de este episodio c&oacute;mo los poetas no andan del todo descaminados de la realidad al escribir la conducta de los demonios en sus poemas, por m&aacute;s que sean pura f&aacute;bula. Diana, seg&uacute;n Virgilio, sinti&oacute; dolorosamente la suerte de Camila, y H&eacute;rcules llor&oacute; la inminente muerte de Palante. Por eso, quiz&aacute;, Numa Pompilio, disfrutando de su larga paz, ignoraba a qui&eacute;n la deb&iacute;a, y tampoco se preocupaba de ello cuando se preguntaba en su tranquila ociosidad a qu&eacute; dioses deb&iacute;a encomendar la salvaci&oacute;n de Roma y su soberan&iacute;a.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>No cre&iacute;a que el verdadero, todopoderoso y supremo Dios se preocupara de los bienes terrenos, y no olvidaba que los dioses tra&iacute;dos por Eneas de Troya no hab&iacute;an sido capaces de mantener por largo tiempo ni el reino de Troya ni el de Lavinio, fundado por el mismo Eneas. Se crey&oacute;, pues, en el deber de buscar otros dioses, a&ntilde;adi&eacute;ndolos a los anteriores, ya sean los que R&oacute;mulo hab&iacute;a introducido en Roma o bien los que hab&iacute;an de introducirse con la destrucci&oacute;n de Alba. Unos como guardianes de los fugitivos y otros como auxilio de los m&aacute;s d&eacute;biles.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Santos Santamarta del R&iacute;o, OSA y Miguel Fuertes Lanero, OSA)</p>
<p>
	<em>Neque enim aliunde Apollo ille Cumanus, cum adversus Achivos regemque Aristonicum bellaretur, quatriduo flevisse nuntiatus est ; quo prodigio haruspices territi cum id simulacrum in mare putavissent esse proiciendum, Cumani senes intercesserunt atque rettulerunt tale prodigium et Antiochi et Persis bello in eodem apparuisse figmento, et quia Romanis feliciter provenisset, ex senatus consulto eidem Apollini suo dona missa esse testati sunt. Tunc velut peritiores acciti haruspices responderunt simulacri Apollinis fletum ideo prosperum esse Romanis, quoniam Cumana colonia Graeca esset, suisque terris, unde accitus esset, id est ipsi Graeciae, luctum et cladem Apollinem significasse plorantem. Deinde mox regem Aristonicum victum et captum esse nuntiatum est, quem vinci utique Apollo nolebat et dolebat et hoc sui lapidis etiam lacrimis indicabat. Unde non usquequaque incongrue quamvis fabulosis, tamen veritati similibus mores daemonum describuntur carminibus poetarum. Nam Camillam Diana doluit apud Vergilium et Pallantem moriturum Hercules flevit . Hinc fortassis et Numa Pompilius pace abundans, sed quo donante nesciens nec requirens, cum cogitaret otiosus, quibusnam diis tuendam Romanam salutem regnumque committeret, nec verum illum atque omnipotentem summum Deum curare opinaretur ista terrena, atque recoleret Troianos deos, quos Aeneas advexerat, neque Troianum neque Laviniense ab ipso Aenea conditum regnum diu conservare potuisse: alios providendos existimavit, quos illis prioribus, qui sive cum Romulo iam Romam transierant, sive quandoque Alba eversa fuerant transituri, vel tamquam fugitivis custodes adhiberet vel tamquam invalidis adiutores.</em></p>
<p>
	Los ejemplos podr&iacute;an ser innumerables.</p>
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		<title>Que tu vida sea como tu discurso (talis oratio qualis vita) (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Jun 2017 23:50:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Lengua y Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[“El rostro es el espejo del alma”, “Por la forma de expresarte se conoce la forma de ser”, “que tu vida sea como tu discurso” o “piensa lo que dices y di lo que piensas” son expresiones e ideas que venimos utilizando desde la Antigüedad grecorromana en que los pensadores estoicos las generalizaron.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>“El rostro es el espejo del alma”, “Por la forma de expresarte se conoce la forma de ser”, “que tu vida sea como tu discurso” o “piensa lo que dices y di lo que piensas” son expresiones e ideas que venimos utilizando desde la Antigüedad grecorromana en que los pensadores estoicos las generalizaron.</b></p>
<p>
	De similar manera, creemos que el aspecto general y especialmente el vestido de una persona nos revela su forma interior de ser y de pensar. As&iacute; un aspecto desali&ntilde;ado es evidencia de una vida poco organizada.</p>
<p>
	<em>Lucio Anneo S&eacute;nea</em> emplea en la <em>carta n&uacute;mero 114</em>, dirigida a su amigo <em>Lucilio</em>, la expresi&oacute;n &ldquo;<em>talis hominibus fuit oratio qualis vita</em>&rdquo;, <em><strong>(para estos hombres, como fue su discurso, as&iacute; fue su vida) </strong></em>advirti&eacute;ndonos adem&aacute;s de que esta frase es ya una sentencia o frase hecha acu&ntilde;ada entre los griegos.</p>
<p>
	El significado que esta expresi&oacute;n tiene para los <em>estoicos</em>, como lo es <em>S&eacute;neca</em>, es que hay una estrecha relaci&oacute;n entre lo que se dice en el discurso, oral o escrito, y la vida; dicho de otra manera, que el escritor u orador escribe o habla de acuerdo con su vida. M&aacute;s todav&iacute;a, la conveniencia del acuerdo entre &ldquo;<em>lo que se dice y lo que se piensa</em>&rdquo; como elemento esencial de toda vida &iacute;ntegra y moral. Luego profundizar&eacute; un poco m&aacute;s en el sentido de estas frases.</p>
<p>
	Lo cierto es que la idea de que existe una perfecta relaci&oacute;n entre la forma de ser de una persona y la forma de expresarse es muy antigua y extendida en el <em>mundo griego</em>. La encontramos, por ejemplo,&nbsp; en <em>Plat&oacute;n</em>, en su di&aacute;logo sobre la<em> Rep&uacute;blica, III,11.400a y ss</em>. en qu&eacute; nos habla de la importancia de la m&uacute;sica en la educaci&oacute;n y de los diversos ritmos, acordes con la expresi&oacute;n de los diversos temas y acordes a su vez con la forma de ser de las personas; puede resultar un poco largo, pero introduce perfectamente la cuesti&oacute;n:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;&hellip;Siguiendo el camino trazado con las armon&iacute;as, trataremos ahora de los ritmos, no para encontrar en ellos variada complejidad o ritmos de todas clases, sino para comprobar cu&aacute;les son los ritmos apropiados a una vida ordenada y valerosa&hellip;<br />
	&hellip;.porque hay tres formas&hellip;.tambi&eacute;n se dan cuatro tonos de los que proceden todas las armon&iacute;as&hellip; No podr&iacute;a se&ntilde;alarte, sin embargo, qu&eacute; clase de vida se imita con ellos.<br />
	-Examinaremos luego con Dam&oacute;n &ndash;a&ntilde;ad&iacute;- con qu&eacute; medidas se expresa la vileza, la insolencia, la locura y todos los dem&aacute;s vicios, e igualmente qu&eacute; ritmos deber&aacute;n dejarse para las virtudes contrarias a aquellos.<br />
	&hellip;<br />
	-Pero la eurritmia y la arritmia se acomodar&aacute;n a la bella expresi&oacute;n y a su contraria, e igual ocurrir&aacute; con lo arm&oacute;nico y lo inarm&oacute;nico si, de acuerdo con lo que dec&iacute;amos hace poco, el ritmo y la armon&iacute;a siguen a la letra, y no &eacute;sta a aquellos.<br />
	&#8211; No hay duda &ndash;replic&oacute;- que deber&aacute;n seguir a la letra.<br />
	-&iquest;Y tanto la expresi&oacute;n como la palabra misma &ndash;pregunt&eacute;- no se ver&aacute;n afectadas por la disposici&oacute; de &aacute;nimo?<br />
	&#8211; &iquest;C&oacute;mo no?<br />
	&#8211; &iquest;No sigue todo lo dem&aacute;s a la expresi&oacute;n?<br />
	&#8211; S&iacute;.<br />
	&#8211; As&iacute;, pues, la bella dicci&oacute;n, la armon&iacute;a, la gracia y la euritmia est&aacute;n en relaci&oacute;n directa con la simplicidad de car&aacute;cter, aunque no por cierto con lo que corrientemente se entiende por estupidez, sino con esa simplicidad que es la propia de un car&aacute;cter en el que resplandecen la verdad y la belleza.<br />
	&#8211; Completamente de acuerdo &ndash;dijo.<br />
	-&iquest;y no necesitar&aacute;n nuestros j&oacute;venes perseguir esas cualidades por todas partes si quieren cumplir con sus deberes?<br />
	&#8211; Claro que s&iacute;.<br />
	-&hellip;.. Mas, tanto la falta de gracia como la arritmia y la carencia de armon&ntilde;ia est&aacute;n hermanadas con la fea expresi&oacute;n y las malas costumbres, mientras reflejan e imitan tambi&eacute;n el car&aacute;cter opuesto, sensato y bueno.<br />
	&#8211; As&iacute; es, indubitablemente &ndash;dijo.<br />
	&#8211; Por tanto, no s&oacute;lo debemos ejercer vigilancia sobre los poetas, forz&aacute;ndoles a que nos presenten en sus versos hombres de buen car&aacute;cter o a que dejen de servirse de la poes&iacute;a, sino que tambi&eacute;n hemos de vigilar a los dem&aacute;s artistas para impedirles que nos ofrezcan la maldad, el desenfreno, la groser&iacute;a o la falta de gracia en la representaci&oacute;n de seres vivos, en las edificaciones o en cualquier otro g&eacute;nero art&iacute;stico. &hellip;</strong></em> (Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Antonio Miguez. Editorial Aguilar)</p>
<p>
	En realidad esta es la idea que utiliza <em>Virgilio </em>cuando en su <em>Eglo VI</em> nos &iacute;ndica&nbsp; la necesidad de adaptar la forma po&eacute;tica de la poes&iacute;a buc&oacute;lica a los temas que le son propios:</p>
<p>
	<em>Virg. Eglog VI 1-12</em></p>
<p>
	<em><strong>Fue mi musa Tal&iacute;a quien primeramente se dign&oacute; componer en verso siracusano y no le caus&oacute; rubor vivir en los bosques. Cuando yo iba a cantar a los reyes y sus batallas, el dios Cintio (Apolo) me tir&oacute; de la oreja y me hizo esta advertencia: &ldquo;T&iacute;tiro, lo propio de un pastor es apacentar sus lustrosas ovejas y cantar poemas humildes&rdquo;.&nbsp; Por eso ahora yo extraer&eacute; de mi d&eacute;bil flauta un poema campestre, pues a ti, Varo, te sobrar&aacute;n quienes deseen cantar tus alabanzas y describir las tristes guerras. Yo no canto lo que no se me ha ordenado; con todo, si hay alguien que lea esto y lo lee con amor, te cantar&aacute;n, Varo, nuestros tamarindos y el bosque entero, pues ninguna p&aacute;gina es m&aacute;s agradable a Febo que aquella en la que se ha escrito primero el nombre de Varo.</strong></em></p>
<p>
	<em>Prima Syracosio dignata est ludere versu,<br />
	nostra nec erubuit silvas habitare Thalia.<br />
	Cum canerem reges et proelia, Cynthius aurem<br />
	vellit, et admonuit: &ldquo;Pastorem, Tityre, pinguis<br />
	pascere oportet ovis, deductum dicere carmen.&rdquo;<br />
	Nunc ego&mdash;namque super tibi erunt, qui dicere laudes,<br />
	Vare, tuas cupiant, et tristia condere bella&mdash;<br />
	agrestem tenui meditabor arundine Musam.<br />
	Non iniussa cano: si quis tamen haec quoque, si quis<br />
	captus amore leget, te nostrae, Vare, myricae,<br />
	te nemus omne canet; nec Phoebo gratior ulla est,<br />
	quam sibi quae Vari praescripsit pagina nomen.</em></p>
<p>
	As&iacute; que hay y debe haber una perfecta relaci&oacute;n entre lo que se dice, la forma de decirlo y la vida real de quien lo dice. Es lo que expresa perfectamente tambi&eacute;n la frase francesa&nbsp; muy repetida &ldquo;<em>Le style, c&rsquo;est l&rsquo;homme&nbsp; m&ecirc;me</em>&rdquo;.&nbsp; La frase est&aacute; tomada del <em>Discurso de ingreso de Buffon </em>en <em>l&rsquo;Acad&eacute;mie fran&ccedil;aise</em> en 1753 en el que intenta justificar y elogiar la originalidad de los grandes escritores; la frase se volvi&oacute; contra el propio <em>Buffon </em>al que se le critica su estilo pomposo y ampuloso.</p>
<p>
	Otro testimonio, este m&aacute;s breve porque es un fragmento, lo encontramos en el comedi&oacute;grafo griego <em>Menandro</em>, <em>Fragmento 143K</em>, que se identifica como perteneciente a la <em>Comedia &ldquo;El atormentador de s&iacute; mismo&rdquo;</em>, nombre que recibe&nbsp; la adaptaci&oacute;n al lat&iacute;n que luego hizo <em>Terencio </em>con su <em>Heautontimourumenos:</em></p>
<p>
	<em><strong>La forma de ser de una persona se conoce por su discurso</strong></em></p>
<p>
	<em>Terencio</em>, autor latino que se sirve del teatro de <em>Menandro </em>para escribir sus comedias en <em>lat&iacute;n</em>, emplea, como dec&iacute;a,&nbsp; una expresi&oacute;n parecida en una obra de la misma tem&aacute;tica a la que llama tambi&eacute;n <em>Heautontimourumenos,II,4,4&nbsp; (384/ en otras ediciones 392):</em></p>
<p>
	<em>ESCENA IV<br />
	BAQUIS, ANT&Iacute;FILA, CLINIA, SIRO<br />
	(Las dos mujeres entran con su acompa&ntilde;amiento sin ver a los personajes que est&aacute;n en escena.)</em></p>
<p>
	<em><strong>BAQUIS. &#8211; Por P&oacute;lux, mi querida Ant&iacute;fila, te alabo y te estimo dichosa puesto que has procurado que tus costumbres fueran del todo semejantes a tu hermosura. Y as&iacute; me amen los dioses como es verdad que no me extra&ntilde;o en absoluto de que cada cual te codicie para s&iacute;; pues tu lenguaje me ha revelado tu &iacute;ndole.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Juan Del Col)</p>
<p>
	<em>Bacchides.</em></p>
<p>
	<em>Edepol te, mea Antiphila, laudo et fortunatam iudico,<br />
	Id quum studuisti, isti formae ut mores consimiles forent:<br />
	Minimeque, ita me Di ament, miror, si te sibi quisque expetit.<br />
	Nam mihi quale ingenium haberes fuit indicio oratio.</em></p>
<p>
	La idea tambi&eacute;n la recoge <em>Cicer&oacute;n </em>en su <em>Brutus, 117</em></p>
<p>
	<strong>Y ya que hemos hecho menci&oacute;n de los Estoicos, no omitir&eacute; a Quinto Elio Tuberon, hijo de Paulo, que tuvo poco de orador, pero que en lo austero de su vida se ajust&oacute; bien con la doctrina que profesaba. Siendo triunviro sentenci&oacute;, contra el parecer de su t&iacute;o Escipi&oacute;n el Africano, que los augures no deb&iacute;an tener vacaciones mientras hubiere juicios. Fue as&iacute; en la vida como en los discursos, duro, h&oacute;rrido, inculto, y por esto no alcanz&oacute; los honores de sus antepasados. Por lo dem&aacute;s, bueno y constante ciudadano, grande adversario de Cayo Graco, como lo da a entender una oraci&oacute;n del mismo Graco contra &eacute;l. Tambi&eacute;n las hay de Tuberon contra Graco. fue mediano en el decir, habil&iacute;simo en la disputa.&raquo; </strong>(Traducci&oacute;n de Marcelino Men&eacute;ndez Pelayo)</p>
<p>
	<em>Et quoniam Stoicorum est facta mentio, Q. Aelius Tubero fuit illo tempore, L. Pauli nepos; nullo in oratorum numero sed vita severus et congruens cum ea disciplina quam colebat, paulo etiam durior; qui quidem in triumviratu iudicaverit contra P. Africani avunculi sui testimonium vacationem augures quo minus iudiciis operam darent non habere; sed ut vita sic oratione durus incultus horridus; itaque honoribus maiorum respondere non potuit. fuit autem constans civis et fortis et in primis Graccho molestus, quod indicat Gracchi in eum oratio; sunt etiam in Gracchum Tuberonis. is fuit mediocris in dicendo, doctissumus in disputando.</em></p>
<p>
	Y el mismo <em>Cicer&oacute;n </em>en <em>Tusculanae Disputationes, V, 47</em></p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;S&iacute;, pero los estoicos llaman preferibles o ventajosas las mismas cosas que &eacute;sos, bienes&rdquo;. Las llaman aquellos, en verdad, pero niegan que la vida dichosa pueda colmarse con ellas. &Eacute;stos, en cambio, juzgan que sin &eacute;stas es nula, o, si es dichosa, niegan ciertamnte que sea muy dichosa. Mas nosotros decimos que es muy dichosa y esto nos es confirmado por aquella socr&aacute;tica conclusi&oacute;n; as&iacute;, en efecto, disertaba aquel pr&iacute;ncipe de la filosof&iacute;a: que cual es la disposici&oacute;n&nbsp; de cada &aacute;nimo, tal es el hombre, y que cual es el hombre mismo, tal es su discurso; pero que los hechos son semejantes al discurso y la vida a los hechos; mas la disposici&oacute;n de &aacute;nimo en el buen var&oacute;n es laudable y, por consiguiente, honesta, porque es laudable: de lo cual se concluye que la vida de los buenos es dichosa.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Julio Pimentel Alvarez)</p>
<p>
	<em>At enim eadem Stoici &ldquo;praecipua&rdquo; vel &ldquo;producta&rdquo; dicunt, quae &ldquo;bona&rdquo; isti. dicunt illi quidem, sed is vitam beatam compleri negant; hi autem sine is esse nullam putant aut, si sit beata, beatissimam certe negant. nos autem volumus beatissimam, idque nobis Socratica illa conclusione confirmatur. sic enim princeps ille philosophiae disserebat: qualis cuiusque animi adfectus esset, talem esse hominem; qualis autem homo ipse esset, talem eius esse orationem; orationi autem facta similia, factis vitam. adfectus autem animi in bono viro laudabilis; et vita igitur laudabilis boni viri; et honesta ergo, quoniam laudabilis. ex quibus bonorum beatam vitam esse concluditur.</em></p>
<p>
	Y otra vez <em>Cicer&oacute;n</em>, refiri&eacute;ndose a <em>Cat&oacute;n el Viejo</em>, nos dice en <em>Rep&uacute;blica, II,1:</em></p>
<p>
	<em><strong>Cuando Escipi&oacute;n vio a todo sus amigos deseosos de escucharle, comenz&oacute; a hablar de esta manera:<br />
	ESCIPION: Comenzar&eacute; cit&aacute;ndoos unas palabras de Cat&oacute;n el Viejo, aquien, como sab&eacute;is, siempre he profesado cari&ntilde;o profundo y m&aacute;s profunda admiraci&oacute;n; a cuya influencia me entregu&eacute; por completo desde la juventud, tanto por consejo de mis padres, natural y adoptivo, como pro mi propio gusto, y a quien jam&aacute;s&nbsp; me cans&eacute; de escuchar. Tanta era su experiencia en los negocios p&uacute;blicos, que hab&iacute;a dirigido en paz y en guerra en otro tiempo y con tanta gloria; &iexcl;tan mesurado encontraba su lenguaje, grave y agudo a la vez, tan celoso de instrucci&oacute;n su esp&iacute;ritu y de propagar la instrucci&oacute;n y tan conforme su vida entera con sus palabras.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Francisco Navarro y Calvo. Ediciones Orbis).</p>
<p>
	<em>Cum omnes flagrarent cupiditate audiendi, ingressus est sic loqui Scipio: Catonis hoc senis est, quem, ut scitis, unice dilexi maximeque sum admiratus cuique vel patris utriusque iudicio vel etiam meo studio me totum ab adulescentia dedidi; cuius me numquam satiare potuit oratio; tantus erat in homine usus rei publicae, quam et domi et militiae cum optime, tum etiam diutissime gesserat, et modus in dicendo et gravitate mixtus lepos et summum vel discendi studium vel docendi et orationi vita admodum congruens.</em></p>
<p>
	<em>Plutarco </em>tambi&eacute;n se sirve de la idea al hablar tambi&eacute;n de <em>Cat&oacute;n el Viejo 7,1 y 2</em></p>
<p>
	<em><strong>Por este mismo t&eacute;rmino parece que era tambi&eacute;n el lenguaje de este hombre singular, porque era gracioso y vehemente, dulce y penetrante, adornado y grave, sentencioso y pol&eacute;mico; al modo que Plat&oacute;n pinta a S&oacute;crates, al parecer hombre vulgar, sat&iacute;rico y acre para los que por primera vez le trataban, pero por dentro lleno de solicitud y pensamientos &uacute;tiles, que arrancaban l&aacute;grimas a los oyentes y convert&iacute;an su coraz&oacute;n: de manera que no s&eacute; en qu&eacute; pudieron fundarse los que dijeron que el estilo de Cat&oacute;n era parecido al de Lisias; pero de esto juzgar&aacute;n los que se hallen m&aacute;s en estado de conocer la lengua romana; por lo que a m&iacute; hace, me contentar&eacute; con referir algunas de sus m&aacute;ximas; estando como estoy en la opini&oacute;n de que m&aacute;s se ven en ellas, que no en el rostro, las costumbres de cada uno.</strong></em> (Ranz Romanillos)</p>
<p>
	Y el mismo <em>Plutarco </em>en sus <em>Vidas</em>, en la <em>Comparaci&oacute;n entre Dem&oacute;stenes y Cicer&oacute;n, 1,</em> dice:</p>
<p>
	<em><strong>Acerca de Dem&oacute;stenes y Cicer&oacute;n, lo que dejamos escrito es cuanto ha llegado a nuestro conocimiento que sea digno de memoria, y aunque no es nuestro &aacute;nimo entrar en la comparaci&oacute;n de la facultad del decir del uno y del otro, nos parece no debe pasarse en silencio que Dem&oacute;stenes, cuanto talento tuvo, recibido de la naturaleza y acrecentado con el ejercicio, todo lo emple&oacute; en la oratoria, llegando a exceder en energ&iacute;a y vehemencia a todos los que compitieron con &eacute;l en la tribuna y en el foro; en gravedad y decoro, a los que cultivaron el g&eacute;nero demostrativo, y en diligencia y arte, a todos los sofistas. Mas Cicer&oacute;n, hombre muy instruido, y que a fuerza de estudio sobresali&oacute; en toda clase de estilos, no s&oacute;lo nos ha dejado muchos tratados filos&oacute;ficos al modo de la escuela acad&eacute;mica, sino que aun en las oraciones escritas para las causas y las contiendas del foro se ve claro su deseo de ostentar erudici&oacute;n. Pueden tambi&eacute;n deducirse las costumbres de uno y otro de sus mismas oraciones, pues Dem&oacute;stenes, aspirando a la vehemencia y a la gravedad, fuera de toda brillantez y lejos de chistes, no ol&iacute;a al aceite, como le motej&oacute; Piteas, sino que de lo que daba indicio era de beber mucha agua, de poner sumo trabajo y de austeridad y acrimonia en su conducta; y Cicer&oacute;n, inclinado a ser gracioso y decidor hasta hacerse juglar, usando muchas veces de iron&iacute;a en los negocios que ped&iacute;an diligencia y estudio, y empleando en las causas los chistes, sin atender a otra cosa que a sacar partido de ellos, sol&iacute;a desentenderse del decoro: como en la defensa de Celio, en la que dijo: &ldquo;no ser extra&ntilde;o que entre tanta opulencia y lujo se entregara a los placeres, porque no participar de lo que se tiene a la mano es una locura, especialmente cuando fil&oacute;sofos muy afamados ponen la felicidad en el placer&rdquo;. D&iacute;cese que acusando Cat&oacute;n a Murena, le defendi&oacute; Cicer&oacute;n siendo c&oacute;nsul, que por mortificar a Cat&oacute;n satiriz&oacute; largamente la secta estoica, a causa de sus proposiciones sentenciosas, llamadas paradojas, causando esto gran risa en el auditorio y aun en los jueces, y que Cat&oacute;n, sonri&eacute;ndose, dijo sin alterarse a los circunstantes: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; rid&iacute;culo c&oacute;nsul tenemos, ciudadanos!&rdquo; Parece que Cicer&oacute;n era naturalmente formado para las burlas y los chistes, y que su semblante mismo era festivo y risue&ntilde;o; mientras en el de Dem&oacute;stenes estaba pintada siempre la severidad y la meditaci&oacute;n, a las que, entregado una vez, no le fue ya dado mudar; por lo que sus enemigos, como dice &eacute;l mismo, le llamaban molesto e intratable.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Ranz Romanillos).</p>
<p>
	<em>S&eacute;neca </em>es probablemente el autor que m&aacute;s veces se sirve de esta idea. Como dec&iacute;a al principio, es el autor de la carta en que aparece la frase inicial. En esa carta se limita a establecer de manera muy elocuente una absoluta relaci&oacute;n de identidad entre la forma de vida del autor y el tipo de expresi&oacute;n y de construcci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que emplea. Y ejemplifica su tesis con el ejemplo de <em>Mecenas</em>. Reproduzco ahora los primeros p&aacute;rrafos de la carta, en los que aparece la frase citada,&nbsp; y dejo para el final la reproducci&oacute;n &iacute;ntegra de la <em>carta a Lucilio 114</em>, digna de ser le&iacute;da, aunque un tanto larga.</p>
<p>
	<em><strong>Me preguntas de d&oacute;nde procede que en ciertas &eacute;pocas haya aparecido una especie de habla corrupta y c&oacute;mo ha venido a suceder que ciertos esp&iacute;ritus se inclinasen a determinados vicios, de tal modo que unas veces vemos de moda, ya la difusi&oacute;n ampulosa, ya la frase quebrada y medida a manera de canto; y c&oacute;mo es que agradan a un mismo tiempo los sentimientos audaces e inveros&iacute;miles, y en otra &eacute;poca las sentencias bruscas o enigm&aacute;ticas en las cuales es menester entender m&aacute;s all&aacute; de lo que se oye; y por qu&eacute; raz&oacute;n ha habido &eacute;pocas en que la met&aacute;fora se ha usado sin continencia alguna. Es por aquello que se suele o&iacute;r de boca del pueblo y que entre los griegos convirti&oacute;se en proverbio: tal es la vida de los hombres, tal su lenguaje. As&iacute; como los actos de cada cual son semejantes a su manera de hablar, la manera de hablar imita en cada &eacute;poca las costumbres p&uacute;blicas: si la moral p&uacute;blica se ha relajado y la gente se ha entregado a los placeres, el lenguaje de los dirigentes deja mucho que desear en sinceridad y hasta en elegancia. La obscenidad del lenguaje es un indicio de inmoralidad p&uacute;blica, si no se presenta en uno o dos individuos solamente, sino que es aplaudida y aceptada. No es posible que el pensamiento nos presente un color y el alma otro. Si el alma es sana, ordenada, ponderada, atemperada, tambi&eacute;n el pensamiento es moderado y sobrio; si aqu&eacute;lla se vicia, &eacute;ste resulta al punto contagiado. &iquest;No ves c&oacute;mo, cuando languidece el alma, los miembros se entorpecen y los pies se mueven pesadamente; como si aqu&eacute;lla es afeminada, su molicie se maniﬁesta incluso en el caminar; c&oacute;mo si es en&eacute;rgica, &aacute;spera, los aires de la persona son m&aacute;s vivos; c&oacute;mo cuando enloquece o, cosa parecida a la locura, se encoleriza, el cuerpo se mueve desordenadamente, de tal manera que se halla inﬂuido por el alma? Por ella es modelado, a ella obedece, de ella torna su ley.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El tipo de vida que llevaba Mecenas es demasiado conocido para que deba explicarlo, como tambi&eacute;n su manera de caminar, su refinamiento, su af&aacute;n de exhibirse, y c&oacute;mo deseaba que sus vicios no permaneciesen ocultos. Y bien, &iquest;no es cierto que su estilo es desce&ntilde;ido como sus vestiduras, que sus palabras son tan pretenciosas como su acicalamiento, como su cortejo, como su casa, como su mujer? Habr&iacute;a sido un hombre de gran genio si hubiera procedido con mayor rectitud, si no hubiese gozado no dej&aacute;ndose entender, si sus palabras no hubieran sido superabundantes. En &eacute;l encontrar&aacute;s la elocuencia de un hombre ebrio : confusa, llena de divagaciones de licencia.&nbsp;</strong></em> (Traducci&oacute;n de Jaime Bofill y Ferro. Editorial Iberia).</p>
<p>	<em>Quare quibusdam temporibus provenerit corrupti generis oratio quaeris, et quomodo in quaedam vitia inclinatio ingeniorum facta sit, ut aliquando inflata explicatio vigeret, aliquando infracta et in morem cantici ducta ? Quare alias sensus audaces et fidem egressi placuerint, alias abruptae sententiae et suspiciosae, in quibus plus intellegendum esset quam audiendum ? Quare aliqua aetas fuerit, quae translationis iure uteretur inverecunde ? Hoc quod audire vulgo soles, quod apud Graecos in proverbium cessit: talis hominibus fuit oratio qualis vita.<br />
	Quemadmodum autem uniuscuiusque actio dicenti similis est, sic genus dicendi aliquando imitatur publicos mores, si 1 disciplina civitatis laboravit et se in delicias dedit. Argumentum est luxuriae publicae orationis lascivia, si modo non in uno aut in altero fuit, sed adprobata est et recepta.</em></p>
<p>
	<em>Non potest alius esse ingenio, alius animo color. Si ille sanus est, si compositus, gravis, temperans, ingenium quoque siccum ac sobrium est; illo vitiato hoc quoque adflatur. Non vides, si animus elanguit, trahi membra et pigre moveri pedes ? Si ille effeminatus est, in ipso incessu adparere mollitiam ? Si ille acer est et ferox, concitari gradum ? Si furit aut, quod furori simile est, irascitur, turbatum esse corporis motum nec ire, sed ferri ? </em></p>
<p>
	<em>Quanto hoc magis accidere ingenio putas, quod totum animo permixtum est; ab illo fingitur, illi paret, inde legem petit.</em></p>
<p>
	<em>Quomodo Maecenas vixerit notius est, quam ut narrari nunc debeat, quomodo ambulaverit, quam delicatus fuerit, quam cupierit videri, quam vitia sua latere noluerit. Quid ergo ? Non oratio eius aeque soluta est quam ipse discinctus ? Non tam insignita illius verba sunt quam cultus, quam comitatus, quam domus, quam uxor ? Magni vir ingenii fuerat, si illud egisset via rectiore, si non vitasset intellegi, si non etiam in oratione difflueret. videbis itaque eloquentiam ebrii hominis involutam et errantem et licentiae plenam.</em></p>
<p>
	Luego lo emplea, como dec&iacute;a, en numerosas ocasiones. As&iacute; en <em>Cartas, 40, 2</em></p>
<p>
	<em><strong>D&iacute;cesme que has o&iacute;do que, habiendo desembarcado en otro tiempo el fil&oacute;sofo Serapi&oacute;n en la comarca donde te encuentras, pronunciaba grandes discursos, precipitando excesivamente las palabras, porque se agolpaban tantas cosas &aacute; su mente, que no pod&iacute;a reproducirlas una voz sola. No apruebo esa manera en un fil&oacute;sofo, cuya palabra debe ser tan reposada como su vida; lo apresurado y precipitado siempre carece de orden. En Homero, la palabra impetuosa que se derrama espesa como la nieve, se atribuye al orador, y al anciano se concede la que es dulce y suave como la miel. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Francisco Navarro y Calvo)</p>
<p>
	<em>Audisse te scribis Serapionem philosophum, cum istuc adplicuisset: &quot; Solet magno cursu verba convellere, quae non effundit una, sed premit et urguet. Plura enim veniunt quam quibus vox una sufficiat.&quot; Hoc non probo in philosopho, cuius pronuntiatio quoque, sicut vita, debet esse conposita; nihil autem ordinatum est, quod praecipitatur et properat. Itaque oratio illa apud Homerum concitata et sine intermissione in morem nivis superveniens iuveniori&nbsp; oratori data est, lenis et melle dulcior seni profluit.</em></p>
<p>
	Y tambi&eacute;n en <em>Cartas, 40, 6</em></p>
<p>
	<em><strong>&hellip;y as&iacute; como basta ver una sola vez algunas cosas que se cre&iacute;an imposi-<br />
	bles, basta tambi&eacute;n oir un solo discurso de estos verbosos oradores. &iquest;Qu&eacute; se puede aprender&eacute; imitar? &iquest;qu&eacute; se puede juzgar siquiera de esas ersonas que hablan con tanta precipitaci&oacute;n y que no pueden contenerse?&nbsp; </strong></em>(Traducci&oacute;n de Francisco Navarro y Calvo)</p>
<p>
	<em>Sed ut pleraque, quae fieri posse non crederes, cognovisse satis est, ita istos, qui verba exercuerunt, abunde est semel audisse. Quid enim quis discere, quid imitari velit ? Quid de eorum animo iudicet, quorum oratio perturbata et inmissa est nec potest reprimi ?</em></p>
<p>
	Y en <em>75, 4:</em></p>
<p>
	<em><strong>No nos propongamos otra cosa que decir lo que pensamos y pensar lo que decimos. Que nuestra vida est&eacute; conforme con nuestras palabras. El hombre cumple su promesa si aparece igual cuando se le ve que cuando se le oye&hellip;</strong></em> (Traducci&oacute;n de Francisco Navarro y Calvo)</p>
<p>
	<em>Haec sit propositi nostri summa: quod sentimus loquamur, quod loquimur sentiamus; concordet sermo cum vita. Ille promissum suum inplevit, qui, et cum videas illum et cum audias, idem est.</em></p>
<p>
	Y en <em>107, 12:</em></p>
<p>
	<strong><em>As&iacute; es como es menester que vivamos, as&iacute; es como es menester que hablemos: es preciso que el Hado nos encuentre dispuestos y diligentes. He aqu&iacute; el alma grande que se abandona a &eacute;l; al contrario, el alma peque&ntilde;a y degenerada opone resistencia, acusa el orden del Universo y prefiere enmendar a los dioses que enmendarse a s&iacute; mismo. Cons&eacute;rvate bueno.</em></strong> (Traudcci&oacute;n de Jaime Bofill y Ferro. Editorial Iberia. 1965)</p>
<p>
	<em>Sic vivamus, sic loquamur; paratos nos inveniat atque inpigros fatum. Hic est magnus animus, qui se ei tradidit; at contra ille pusillus et degener, qui obluctatur et de ordine mundi male existimat et emendare mavult deos quam se. Vale.</em></p>
<p>
	Y en <em>115, 1-2.:</em></p>
<p>
	<em><strong>No querr&iacute;a, Lucilio, que te mostrases demasiado ansioso de las palabras y del estilo: tengo cosas m&aacute;s grandes adonde conducir tu atenci&oacute;n. Piensa en lo que tienes que escribir y no en la manera de escribirlo; y a&uacute;n m&aacute;s que escribir, procura sentir, a fin de aplic&aacute;rtelo especialmente a ti mismo y de imprimir tu sello en las cosas que sientas. De cualquiera que veas un discurso demasiado atildado y elegante, piensa que su alma no se aplica a cosas mucho mayores. El hobre grande no habla de una manera tan cuidada, pero s&iacute; m&aacute;s segura; en cualquier cosa que diga encontrar&aacute;s m&aacute;s aplomo que miramiento. Harto conoces esos j&oacute;venes tan cuidadosamente ataviados , de baba y cabellera relucientes, recien salidos de la caja: no guardes de ellos nada valeroso, nada s&oacute;lido. El lenguaje es el porte del alma; si es liso, afectado, artificioso en exceso, pone de manifiesto que tambi&eacute;n el alma anda falta de sinceridad, que esconde algo fingido. El amaneramiento no es un ornato viril.</strong></em>&nbsp;&nbsp; (Traudcci&oacute;n de Jaime Bofill y Ferro. Editorial Iberia. 1965)</p>
<p>
	<em>Nimis anxium esse te circa verba et compositionem, mi Lucili, nolo; habeo maiora, quae cures. Quaere, quid scribas, non quemadmodum; et hoc ipsum, non ut scribas, sed ut sentias, ut illa, quae senseris, magis adplices tibi et velut signes. Cuiuscumque orationem videris sollicitam et politam, scito animum quoque non minus esse pusillis occupatum.</em></p>
<p>
	<em>Magnus ille remissius loquitur et securius; quaecumque dicit, plus habent fiduciae quam curae.<br />
	Nosti comptulos&nbsp; iuvenes, barba et coma nitidos, de capsula totos; nihil ab illis speraveris forte, nihil solidum. Oratio cultus animi est: si circumtonsa est et&nbsp; fucata et manu facta, ostendit illum quoque non esse sincerum et habere aliquid fracti. Non est ornamentum virile concinnitas.</em></p>
<p>
	Esta idea y expresi&oacute;n les es de gran utilidad a los poetas sat&iacute;ricos, que&nbsp; como <em>Horacio</em>, <em>Persio </em>o <em>Juvenal</em> critican con contundencia los vicios de la sociedad romana de su tiempo y establecen una relaci&oacute;n entre la decadencia de la sociedad romana con sus nuevos vicios y la decadencia de la literatura; por eso su lengua es renovadora, porque se sienten romanos responsables que han de recuperar la vieja moral, mos maiorum.</p>
<p>
	<em>Juvenal </em>en su <em>S&aacute;tira IV, 81 y ss</em>. nos habla de <em>Crispo</em>, del que dice que es <em>&ldquo;un simp&aacute;tico anciano cuyas costumbres estaban a nivel de su elocuencia&rdquo;</em>. Transcribo el texto completo referido a &eacute;l:</p>
<p>
	<em><strong>Acudi&oacute; tambi&eacute;n Crispo, un simp&aacute;tico anciano, cuyas costumbres estaban al nivel de su elocuencia. Era un esp&iacute;ritu gentil. &iquest;Qu&eacute; consejero hubiera sido m&aacute;s &uacute;til al que gobernaba mares, tierras y pueblos (Vespasiano) si en tiempos de aquella peste, de aquella ruina, hubiera sido l&iacute;cito dar un consejo honrado y condenar la crueldad? &iquest;Pero qu&eacute; hay mas iracundo que el o&iacute;do de un tirano con quien un amigo no pod&iacute;a hablar de la lluvia, del calor estival o de lo h&uacute;meda que resultaba la primavera, sin arriesgar su vida? De modo que Crispo nunca nad&oacute; contra corriente, y no era ciudadano capaz de manifestar libremente lo que sent&iacute;a y de sacrificar la vida a la verdad.&nbsp; Y as&ntilde;i vivi&oacute; muchos inviernos y hasta ochenta solsticios de verano, pues incluso en aquella corte estas armas le protegieron.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Manuel Balasch. Editorial Gredos)</p>
<p>
	<em>uenit et Crispi iucunda senectus,<br />
	cuius erant mores qualis facundia, mite<br />
	ingenium. maria ac terras populosque regenti<br />
	quis comes utilior, si clade et peste sub illa<br />
	saeuitiam damnare et honestum adferre liceret&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	consilium? sed quid uiolentius aure tyranni,<br />
	cum quo de pluuiis aut aestibus aut nimboso<br />
	uere locuturi fatum pendebat amici?<br />
	ille igitur numquam derexit bracchia contra<br />
	torrentem, nec ciuis erat qui libera posset&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	uerba animi proferre et uitam inpendere uero.<br />
	sic multas hiemes atque octogensima uidit<br />
	solstitia, his armis illa quoque tutus in aula.</em></p>
<p>
	<em>S&eacute;neca el Viejo</em> insiste en estas ideas a prop&oacute;sito de la decadencia de la elocuencia. El texto que ofrezco, tal vez demasiado largo, nos sirve tambi&eacute;n para documentar la existencia,&nbsp; ya en la Antig&uuml;edad, de la llamada <em>&ldquo;lucha generacional&rdquo;.</em></p>
<p>
	<em>S&eacute;neca el Viejo, en Controversiae, I, Praefatio, 6 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>En segundo lugar, podr&eacute;is daros cuenta de c&oacute;mo escasean cada d&iacute;a m&aacute;s los buenos talentos y de c&oacute;mo ha ido a menos la elocuencia por no se sabe que desequilibrio de la naturaleza. Todo cuanto tiene la oratoria romana para igualar o aventajar a la altanera Grecia, floreci&oacute; ya en tiempos de Cicer&oacute;n; todos los talentos que aportaron brillo a nuestros estudios nacieron entonces. Despu&eacute;s, las cosas han ido cada d&iacute;a a peor. Tal vez se deba a los excesos de nuestra &eacute;poca, pues nada hay tan letal para el talento como el lujo; tal vez a que, al tenerse en menos estima esta noble ocupaci&oacute;n, toda ocasi&oacute;n de competir se ha convertido en una actividad s&oacute;rdida que procura gran prestigio y beneficios; o tal vez, en fin, a una cierta fatalidad cuya ley, malvada, eterna y universal, hace que lo que ha llegado a la cima vuelva a caer al fondo mucho m&aacute;s r&aacute;pidamente de lo que hab&iacute;a ascendido.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Fijaos en lo embotadas que est&aacute;n las mentes de esta juventud perezosa por no dedicar sus desvelos al cultivo de la &uacute;nica actividad honorable. El sue&ntilde;o, la vagancia y, lo que es m&aacute;s vergonzoso a&uacute;n que el sue&ntilde;o y la vagancia, una constante depravaci&oacute;n han invadido su esp&iacute;ritu, apoder&aacute;ndose de estos afeminados una pasi&oacute;n indecente por cantar y bailar. Rizarse el pelo, hablar con un hilito de voz para imitar el encanto femenino, competir con las mujeres en gracilidad corporal y arreglarse de la manera m&aacute;s indecorosa, &eacute;se es el modelo que siguen nuestros j&oacute;venes.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;A qu&eacute; joven de vuestra generaci&oacute;n puedo citar que sea, no ya lo bastante inteligente o lo bastante trabajador, sino lo bastante hombre? Endebles y debiles de nacimiento, lo siguen siendo mal que les pese, corrompen la inocencia de otros y echan a perder la suya.&nbsp; No consientan los dioses la terrible desgracia de que la elocuencia caiga en manos de j&oacute;venes como estos; no tendr&iacute;a yo a la elocuencia en tan alta consideraci&oacute;n, si ella no seleccionara las personas a las que se entrega. Os equivoc&aacute;is, queridos muchachos, al creer que cierto dicho famoso es de Marco Cat&oacute;n y no de un or&aacute;culo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Porque, &iquest;qu&eacute; es un or&aacute;culo? Es, indudablemente, la voluntad divina puesta en boca de un hombre. &iquest;Y pudo la divinidad, no ya para aconsejar al g&eacute;nero humano, sino para reprenderlo, hallar un sacerdote m&aacute;s respetable que Marco Cat&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; es, pues, lo que dijo ese gran hombre? ≪Un orador, Marco, hijo m&iacute;o, es un hombre de bien, experto en el arte de hablar≫. * Id y buscad oradores entre esos tipos depilados, lustrados, que no son hombres salvo en sus vicios. Es natural que sigan unos modelos acordes a su inteligencia. &iquest;Hay alguno que se preocupe por el recuerdo que va a dejar? .Hay alguno que sea apreciado, no digo por unas grandes cualidades, sino sencillamente por las que posee? En medio de esta dejadez generalizada, f&aacute;cilmente pueden hacer pasar por suyas sentencias que pronunciaron los oradores m&aacute;s elocuentes y, de este modo, est&aacute;n continuamente profanando el divino arte de una elocuencia a la que no pueden aspirar.</strong></em></p>
<p>
	* Se trata de la famosa definici&oacute;n de <em>Cat&oacute;n el Censor</em>, citada tambi&eacute;n&nbsp; por Quintiliano , y reiterada luego.<em>Instituciones oratoriae XII 1, 1 </em></p>
<p>
	<em>Deinde ut possitis aestimare, in quantum cotidie ingenia decrescant et nescio qua iniquitate naturae eloquentia se retro tulerit: quidquid Romana facundia habet quod insolenti Graeciae aut opponat aut praeferat circa Ciceronem effloruit; omnia ingenia quae lucem studiis nostris adtulerunt tunc nata sunt. In deterius deinde cotidie data res est, siue luxu temporum &mdash; nihil enim tam mortiferum ingeniis quam luxuria est &mdash; siue, cum praemium pulcherrimae rei cecidisset, translatum est omne certamen ad turpia multo honore quaestuque uigentia, siue fato quodam cuius maligna perpetuaque in rebus omnibus lex est, ut ad summum perducta rursus ad infimum, uelocius quidem quam ascenderant, relabantur. Torpent ecce ingenia desidiosae iuuentutis nec in unius honestae rei labore uigilatur: somnus languorque ac somno et languore turpior malarum rerum industria inuasit animos, cantandi saltandique obscena studia effeminatos tenent, et capillum frangere et ad muliebres blanditias extenuare uocem, mollitia corporis certare cum feminis et immundissimis se expolire munditiis nostrorum adolescentium specimen est. Quis aequalium uestrorum, quid dicam satis ingeniosus, satis studiosus, immo quis satis uir est? emolliti eneruesque quod nati sunt inuiti manent, expugnatores alienae pudicitiae, neglegentes suae. In hos ne dii tantum mali ut cadat eloquentia: quam non mirarer, nisi animos in quos se conferret eligeret. erratis, optimi iuuenes, nisi illam uocem non M. Catonis, sed oraculi creditis. Quid enim est oraculum? nempe uoluntas diuina hominis ore enuntiata; et quem tandem antistitem sanctiorem sibi inuenire diuinitas potuit quam M. Catonem, per quem humano generi non praeciperet, sed conuitium faceret? ille ergo uir quid ait? &lsquo;orator est, Marce fili, uir bonus dicendi peritus.&rsquo;&nbsp; Ite nunc et in istis uulsis atque expolitis et nusquam nisi in libidine uiris quaerite oratores. Merito talia habent exempla qualia ingenia. Quis est qui memoriae studeat? quis qui, non dico magnis uirtutibus, sed suis placeat? sententias a disertissimis uiris iactatas facile in tanta hominum desidia pro suis dicunt et sic sacerrimam eloquentiam quam praestare non possunt, uiolare non desinunt.</em></p>
<p>
	<em>Persio</em>, en su <em>S&aacute;tira I </em>critica la falta de gusto literario de los poetas de su &eacute;poca, que seg&uacute;n &eacute;l no es sino un reflejo de su degradaci&oacute;n moral. El estilo es un reflejo de la vida. La <em>S&aacute;tira </em>es digna de ser le&iacute;da, sobre todo por quien se sienta con fuerzas para intentar la creaci&oacute;n literaria. Su excesiva longitud me impide reproducirla en este momento, pero la <em>S&aacute;tira </em>desarrolla ampliamente la idea que estamos comentando.</p>
<p>
	<em>Quintiliano</em>, como no pod&iacute;a ser de otra forma, repite varias veces la idea en su&nbsp; <em>Institutiones Oratoriae, XI,1,30:</em></p>
<p>
	<em><strong>Porque por lo com&uacute;n la oraci&oacute;n manifiesta las costumbres y descubre los secretos del coraz&oacute;n. Y no sin causa los griegos dejaron escrito que cada uno perora tambi&eacute;n seg&uacute;n la vida que tiene. M&aacute;s despreciables vicios son todav&iacute;a la vil adulaci&oacute;n, la afectada charlataner&iacute;a, la abominable desverg&uuml;enza en las cosas y palabras poco modestas y decentes, y la autoridad iespreciada en todo negocio, los cuales se hallan las m&aacute;s veces en aquellos que quieren ser &oacute; demasiado lisonjeros &oacute; rid&iacute;culos. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Ignacio Rodr&iacute;guez&nbsp; y Pedro Sandier)</p>
<p>
	<em>profert enim mores plerumque oratio et animi secret detegit. nec sine causa Graeci prodiderunt, ut vivat, quemque etiam dicere. humiliora illa vitia: summissa adulatio, adfectata scurrilitas, in rebus ac verbis parum modestis ac pudicis vilis pudor, in omni negotio neglecta auctoritas; quae fere accidunt iis, qui nimium aut blandi esse aut ridiculi volunt.</em></p>
<p>
	Los vestidos pueden representar un estado mental, como vemos en&nbsp; <em>Quintiliano VIII, Proemio,20:</em></p>
<p>
	<strong><em>Un adorno moderado , y acompa&ntilde;a do de magnificencia, , como dice un verso griego, da al hombre autoridad: pero si es afeminado, &oacute; con demas&iacute;a, no adorna el cuerpo, y descubre el poco seso de la persona. A este modo aquel estilo especioso y relumbrante que muchos usan, afemina aquellas ideas, y pensamientos , que est&aacute;n vestidos de semejantes expresi&oacute;nes. Digo pues, que en&nbsp; las palabras debe ponerse cuidado;&nbsp; pero en los pensamientos singular esmero.</em></strong> (Traducci&oacute;n de Ignacio Rodr&iacute;guez&nbsp; y Pedro Sandier)</p>
<p>
	<em>Et cultus concessus atque magnificus addit hominibus, ut Graeco versu testatum est, auctoritatem; at muliebris et luxuriosus non corpus exornat, sed detegit mentem. similiter illa translucida et versicolor quorundam elocutio res ipsas effeminat, quae illo verborum habitu vestiantur. curam ergo verborum, rerum volo esse sollicitudinem.</em></p>
<p>
	Del mismo modo que el rostro es el reflejo de los pensamientos, frase convertida ya en proverbio o m&aacute;xima bajo la f&oacute;rmula &ldquo;el rostro es el espejo del alma&rdquo;, que&nbsp; nos recuerda por ejemplo <em>Cicer&oacute;n </em>en su&nbsp;<em> In Pisonem 1:</em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;No ves, monstruo, no comprendes que todos los hombres se quejan de tu aspecto? Nadie lamenta que un no s&eacute; cu&aacute;l Syro de la nueva grey haya sido hecho c&oacute;nsul. No nos enga&ntilde;&oacute; ni el color de este servil, ni sus velludas mejillas, ni sus podridos dientes; los ojos, las cejas, la frente, todo el rostro, en fin, int&eacute;rprete mudo de los sentimientos del alma, es lo que inclin&oacute; a los hombres en tu favor, lo que ilusion&oacute;, sedujo e ipuls&oacute; a los que no te conoc&iacute;an. Pocos &eacute;ramos los enterados de tus sucios vicios; pocos los que sab&iacute;amos la obscuridad de tu ingenio, tu estupidez, la torpeza de tu lengua.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Nunca se hab&iacute;a o&iacute;do tu voz en el foro; no se conoc&iacute;a ning&uacute;n consejo tuyo en los peligros, ni hecho alguno civil o militar que fuera, no ya ilustre, sino notorio. Has logrado los honores vali&eacute;ndote del error de los hobres y de la recomendaci&oacute;n de esos retratos ahumados, a los cuales te pareces en el color.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Juan Bautista Calvo)</p>
<p>
	<em>iamne vides, belua, iamne sentis quae sit hominum querela frontis tuae? nemo queritur Syrum nescio quem de grege noviciorum factum esse consulem. non enim nos color iste servilis, non pilosae genae, non dentes putridi deceperunt; oculi, supercilia, frons, voltus denique totus, qui sermo quidam tacitus mentis est, hic in fraudem homines impulit, hic eos quibus erat ignotus decepit, fefellit, induxit. pauci ista tua lutulenta vitia noramus, pauci tarditatem ingeni, stuporem debilitatemque linguae. numquam erat audita vox in foro, numquam periculum factum consili, nullum non modo inlustre sed ne notum quidem factum aut militiae aut domi. obrepsisti ad honores errore hominum, commendatione fumosarum imaginum, quarum simile habes nihil praeter colorem.</em></p>
<p>
	Ahora bien, llevados estos principios a sus &uacute;ltimas consecuencias, &iquest;quiere esto decir que la obra literaria, toda obra literaria, es un reflejo del pensamiento y del alma del escritor?</p>
<p>
	Esto nos exige tambi&eacute;n profundizar un poco en ello; pero esto parece ya tema de otro art&iacute;culo.</p>
<p>
	&#8230;.<br />
	<em>S&eacute;neca, Cartas a Lucilio, 114.</em></p>
<p>
	<em>Origen de la corrupci&oacute;n del lenguaje</em></p>
<p>
	<em><strong>Me preguntas de d&oacute;nde procede que en ciertas &eacute;pcas haya aparecido una especie de habla corrupta y c&oacute;mo ha venido a suceder que ciertos esp&iacute;ritus se inclinasen a determinados vicios, de tal modo que unas veces vemos de moda, ya la difusi&oacute;n ampulosa, ya la frase quebrada y medida a manera de canto; y c&oacute;mo es que agradan a un mismo tiempo los sentimientos audaces e inveros&iacute;miles, y en otra &eacute;poca las sentencias bruscas o enigm&aacute;ticas en las cuales es menester entender m&aacute;s all&aacute; de lo que se oye; y por qu&eacute; raz&oacute;n ha habido &eacute;pocas en que la met&aacute;fora se ha usado sin continencia alguna. Es por aquello que se suele o&iacute;r de boca del pueblo y que entre los griegos convirti&oacute;se en proverbio: tal es la vida de los hombres, tal su lenguaje. As&iacute; como los actos de cada cual son semejantes a su manera de hablar, la manera de hablar imita en cada &eacute;poca las costumbres p&uacute;blicas: si la moral p&uacute;blica se ha relajado y la gente se ha entregado a los placeres, el lenguaje de los dirigentes deja mucho que desear en sinceridad y hasta en elegancia. La obscenidad del lenguaje es un indicio de inmoralidad p&uacute;blica, si no se presenta en uno o dos individuos solamente, sino que es aplaudida y aceptada. No es posible que el pensamiento nos presente un color y el alma otro. Si el alma es sana, ordenada, ponderada, atemperada, tambi&eacute;n el pensamiento es moderado y sobrio; si aqu&eacute;lla se vicia, &eacute;ste resulta al punto contagiado. &iquest;No ves c&oacute;mo, cuando languidece el alma, los miembros se entorpecen y los pies se mueven pesadamente; como si aqu&eacute;lla es afeminada, su molicie se maniﬁesta incluso en el caminar; c&oacute;mo si es en&eacute;rgica, &aacute;spera, los aires de la persona son m&aacute;s vivos; c&oacute;mo cuando enloquece o, cosa parecida a la locura, se encoleriza, el cuerpo se mueve desordenadamente, de tal manera que se halla inﬂuido por el alma? Por ella es modelado, a ella obedece, de ella torna su ley.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El tipo de vida que llevaba Mecenas es demasiado conocido para que deba explicarlo, como tambi&eacute;n su manera de caminar, su refinamiento, su af&aacute;n de exhibirse, y c&oacute;mo deseaba que sus vicios no permaneciesen ocultos. Y bien, &iquest;no es cierto que su estilo es desce&ntilde;ido como sus vestiduras, que sus palabras son tan pretenciosas como su acicalamiento, como su cortejo, como su casa, como su mujer? Habr&iacute;a sido un hombre de gran genio si hubiera procedido con mayor rectitud, si no hubiese gozado no dej&aacute;ndose entender, si sus palabras no hubieran sido superabundantes. En &eacute;l encontrar&aacute;s la elocuencia de un hombre ebrio : confusa, llena de divagaciones de licencia. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s insoportable que &laquo;un r&iacute;o las riberas del cual est&aacute;n tocadas con bosques? Mira c&oacute;mo &laquo;las barquitas aran su lecho y, siguiendo el curso, abandonan los huertos&raquo;. &iquest;Y qu&eacute; diremos de aquella &laquo;mujer de los rizos encrespados y de los labios besuqueadores, que observa suspirando &laquo;c&oacute;mo los tiranos de la selva languidecen, ca&iacute;da la cabeza&rsaquo;&rsaquo;? &laquo;Facci&oacute;n irremediable, si insin&uacute;an con festines, tientan a las familias con botellas, y de la esperanza sacan la muerte.&rdquo; &laquo;Un genio apenas testimonio de su ﬁesta. Los hilos de una cara adelgazada y un pastel de sal crepitante. La madre o la esposa ci&ntilde;en el hogar.&rsaquo;&rsaquo; Leyendo estas cosas, &iquest;no te viene al punto al pensamiento c&oacute;mo era aquel hombre que caminaba por la ciudad con las t&uacute;nicas siempre desce&ntilde;idas -pues hasta cuando supl&iacute;a los oﬁcios de C&eacute;sar ausente, este ir desce&ntilde;ido serv&iacute;a de contrase&ntilde;a- ; aquel que en el tribunal, en la tribuna p&uacute;blica y en toda reuni&oacute;n del pueblo aparec&iacute;a con la cabeza cubierta por un capuz que le dejaba fuera ambas orejas, de manera semejante a como en los mimos suele aparecer el rico fugitivo; aquel a quien entre el gran fragor de las guerras civiles, cuando la ciudad estaba ansiosa y armada, se le ve&iacute;a p&uacute;blicamente acompa&ntilde;ado de sus eunucos, sea como fuere m&aacute;s hombres que &eacute;l; aquel que se cas&oacute; mil veces no habiendo tenido m&aacute;s que una mujer? Aquellas palabras tan violentamente construidas, tan negligentemente sueltas, ordenadas tan contra la costumbre, ponen igualmente de manifiesto unas costumbres no menos nuevas, depravadas y excepcionales. Se le tributan grandes elogios por su car&aacute;cter pac&iacute;ﬁco; no us&oacute; la espada, se abstuvo de verter sangre, y s&oacute;lo en el desenfreno demostr&oacute; de lo que era capaz. Pero aquel m&eacute;rito fue estropeado por las extravagantes delicadezas de su estilo, pues por &eacute;stas aparece manifiesto que aquello no fue mansedumbre, sino molicie. Tales dupliciclades en el estilo, tales palabras de sentido alterado, los sentimientos verdaderamente grandes, pero enervados por la expresi&oacute;n que encontramos a menudo, revelan a cualquiera que una felicidad excesiva le habia trastornado el seso. Unos males que unas veces son del hombre y otras de la &eacute;poca. Cuando la prosperidad propaga ampliamente la molicie, al principio se comienza por un cuidado m&aacute;s meticuloso del cuerpo; despu&eacute;s, aquella solicitud se aplica a los muebles; m&aacute;s tarde, hasta a las casas, procurando que se ensanchen por la vastedad de los campos, que reluzcan en los muros m&aacute;rmoles tra&iacute;dos de allende el mar, que los techos aparezcan adornados con variedad de oro, y que los artesonados correspondan al brillo de los pavimentos. Despu&eacute;s la opulencia es llevada a los festines, donde es buscado el elogio por medio de la novedad y del cambio del orden normal, haciendo que sean presentados primero los platos que acostumbran cerrar el fest&iacute;n y que se den a los que entran los presentes que se daban a los que sal&iacute;an. Cuando el esp&iacute;ritu se ha acostumbrado a desde&ntilde;ar las cosas acostumbradas, hasta el punto que todo lo usual se convierte en vil, se busca tambi&eacute;n la novedad en el habla, y ya se sueltan y resucitan palabras antiguas fuera de uso, ya se componen otras muy desconocidas y por lo tanto alteran a capricho el sentido de las frases, ya tienen por cosa culta la met&aacute;fora audaz y frecuente, lo cual &uacute;ltimamente ha estado en gran favor. Hay gentes que cortan el sentido de la frase y esperan que les quedaremos agradecidos del favor de dejarla colgada a ﬁn de que el oyente pueda adivinar lo que signiﬁca; otros la prolongan y hacen difusa; y no faltan los que no llegan hasta el defecto&nbsp; -cosa vedada a quien intenta una gran obra -, pero gustan de &eacute;l. Siempre, pues, que veas que gusta la corrupci&oacute;n del lenguaje, no abrigues duda alguna que las costumbres se han apartado de la rectitud. As&iacute; como la opulencia de los banquetes y los vestidos son indicios de que el esp&iacute;ritu p&uacute;blico es malsano, tambi&eacute;n la licencia del lenguaje, si es un hecho general, demuestra la ca&iacute;da de las almas de las cuales brotan aquellas palabras. No debe extra&ntilde;arte que esta corrupci&oacute;n sea aceptada, no s&oacute;lo por el auditorio m&aacute;s abyecto, sino por otro p&uacute;blico m&aacute;s culto : es por las togas, no por el juicio, por lo que se distinguen. Antes deber&iacute;as extr&ntilde;arte que no solamente fuesen alabadas las cosas viciosas, sino los vicios. Pues aquello siempre ha existido : no ha habido genio que por gustar no deba ser tratado con alguna indulgencia. Menci&oacute;name el hombre que quieras de gran fama, y te dir&eacute; lo que hubo de perdonarle su &eacute;poca, lo que hubo de disimularle a sabiendas. Te mencionar&eacute; a muchos a quienes los vicios no perjudicaron, y a algunos a quienes fueron beneficiosos. Te digo que te mencionar&eacute; a algunos entre los de m&aacute;s fama y tenidos por admirables que si los quisieras corregir los anular&iacute;as; pues en ellos se hallan mezclados de tal manera los vicios con las virtudes, que no los har&iacute;as seguir sin ellas. A&ntilde;ade a&uacute;n que el lenguaje no tiene una regla segura: las costumbres del pueblo, que no se mantienen mucho tiempo en el mismo estado, lo modiﬁcan. Muchos van a buscar el lenguaje a otro siglo: usan el idioma de las Doce Tablas. Graco y Craso y Curi&oacute;n les parecen demasiado reﬁnados y modernos y quieren tornar a Apio, y aun a Coruncanio. Otros, al contrario, no queriendo nada que no sea habitual y familiar, caen en ordinariez. Una cosa y otra no son m&aacute;s que corrupci&oacute;n, aunque en sentido diferente, as&iacute; como, &iexcl;por H&eacute;rcules !, pretender no usar m&aacute;s que frases brillantes, sonoras, po&eacute;ticas, evitando las indispensables y de uso corriente. Te dir&eacute; que igual peca &eacute;ste que aqu&eacute;l; uno es m&aacute;s atildado de lo que fuera menester; el otro, m&aacute;s descuidado; &eacute;ste se depila hasta las piernas; aqu&eacute;l, ni siquiera las axilas. Pasemos ahora a la construcci&oacute;n. &iexcl;Cu&aacute;ntos g&eacute;neros te mencionar&eacute; en los cuales se cae en formas viciosas! Unos la recomiendan &aacute;spera y quebrada; enturbian a sabiendas todo lo que mana naturalmente; no quieren transici&oacute;n alguna sin sacudida; creen viril y vigoroso cuanto hiere desigualniente el oido. En otros no hay construcci&oacute;n, sino melod&iacute;a, de tal manera se desliza la palabra lisa y blandainente. &iquest;Qu&eacute; te dir&eacute; de aquel estilo en que ciertas palabras aparecen diferidas y no vienen hasta el ﬁnal de la cl&aacute;usula, despu&eacute;s de mucho aguardarlas? &iquest;Y de aquella frase, como la de Cicer&oacute;n, que se resuelve con tanta lentitud, que ﬂuye, pero es muellernente retardada, que responde mediante reglas ﬁjas a su car&aacute;cter y medida? En el estilo sentencioso no s&oacute;lo puede tenerse por defecto que las sentencias sean mezquinas, pueriles o desvergonzadas y m&aacute;s arriesgadas de lo que permite el pudor, sino tambi&eacute;n cuando son demasiado ﬂoridas y en exceso dulces, si resultan varias y no buscan otro efecto que el sonido que hacen llegar a nuestros o&iacute;dos. Estos defectos pueden ser introducidos por un individuo &aacute;rbitro de la elocuencia de su tiempo ; los otros le imitan, y el mal va contagi&aacute;ndose. As&iacute;, cuando el prestigio era de Salustio, el refinamiento consist&iacute;a en las sentencias mutiladas, en palabras que aparec&iacute;an inesperadamente y en una obscura concisi&oacute;n. L. Arruncio, hombre de una rara sobriedad, que escribiera la historia de las Guerras Punicas, fue de la escuela de Salustio e hizo esfuerzos para imitar su estilo. Encontramos en Salustio: &laquo;Hizo un ej&eacute;rcito con plata&raquo;. Es decir, lo prepar&oacute; con dinero. Arruncio comenz&oacute; a interesarse por esta manera y la us&oacute; en todas sus p&aacute;ginas. En un lugar dice : &laquo;Hicieron huir a los nuestros&raquo;. Y en otro lugar: &laquo;Hieron, rey de los siracusanos, hizo la guerra&raquo;. Y en otro: &laquo;Estas nuevas hicieron que los panormitanos se entregasen a la gente romana&raquo;. Te he querido dar algo para probarlo, pero todo el libro est&aacute; tejido de cosas semejantes. Aquello que en Salustio era una cosa rara, en Arruncio es frecuente y casi continuo; y no sin causa maniﬁesta, pues aqu&eacute;l ca&iacute;a en estas cosas, pero &eacute;ste las buscaba. Ya ves, pues, lo que sucede cuando alguien toma un vicio por ejemplo. Dijo Salustio: &laquo;lnvernando las aguas&raquo;. Arruncio dice en el primer libro de la Guerra P&uacute;nica: &laquo;De pronto, la tempestad invern&oacute; al tiempo&raquo;. Y en otro lugar, al querer decir que el a&ntilde;o hab&iacute;a sido frio, dijo: &ldquo;Todo el a&ntilde;o invern&oacute;&raquo;. Y en otro lugar a&uacute;n: &laquo;De all&iacute; envi&oacute; sesenta barcas ligeras, sin contar los soldados y la tripulaci&oacute;n necesaria, mientras invernaba el Aquil&oacute;n&raquo;. En todo lugar entromet&iacute;a esta palabra. Dice Salustio en cierto lugar : &laquo;Mientras, entre las guerras civiles aspiraba a la fama de justo y bueno&raquo;. Arruncio no pudo contenerse y al punto hubo de insertar inmediatamente en el primer libro, &laquo;que eran muy grandes las famas de R&eacute;gulo&raquo;. Este y otros vicios semejantes, que la imitaci&oacute;n ha contagiado a alguien, no son indicios de decadencia ni de corrupci&oacute;n de esp&iacute;ritu; es menester que sean propios y nacidos de uno mismo para poder formarse un juicio cabal de sus pasiones; el habla del hombre enfadado es airada, la del hombre apasionado es agitada, la del afeminado es tierna y ﬂoja. Tal como aquellos hombres que se depilan la barba, toda o en parte, que se afeitan alrededor de los labios, dejando crecer el resto, que se ponen mantos de colores extravagantes, o togas transparentes, estos hombres que no quieren hacer nada que pase inadvertido a los dern&aacute;s y que reclaman para si mismos la atenci&oacute;n, pasan porque s&oacute;lo al verlos se les censure; tal es el estilo de Mecenas y de todos los dem&aacute;s que incurren en faltas a sabiendas y queri&eacute;ndolo. Esto nace de un mal muy grave del alma. As&iacute; como en la embriaguez la lengua no balbucea sin que la raz&oacute;n se haya obscurecido, ande enferma o se haya desvanecido por entero, de igual manera este mal del lenguaje, no muy diferente de la embriaguez, no ataca a nadie si antes no ha vacilado su alma. Es &eacute;sta, por lo tanto, la que es preciso curar; de ella brotan los sentimientos y las palabras; de ella nos vienen las costumbres, la fisonom&iacute;a, el porte. Mientras el alma est&eacute; sana y vigorosa, el lenguaje es robusto, fuerte y viril; pero si ella enferma, todo el resto sigue a su ca&iacute;da. &laquo;Mientras el rey est&eacute; vivo, todos tienen un solo pensamiento; muerto &eacute;l, todo el mundo falta a la palabra.&rsaquo;&rsaquo; Nuestro rey es el alma; en tanto que &eacute;sta permanece ﬁrine, todo el resto sigue ﬁel a su deber, todos son obedientes, sumisos; por esto cuando ella pierde su estabilidad vacilan todos; y si se abandona al placer, tambi&eacute;n sus potencias y sus actos languidecen y todo esfuerzo resulta desfallecido y ﬂojo. Y ya que me he servido de esta imagen, seguir&eacute; con ella: nuestra alma unas veces es un rey, otras un tirano. Es un rey cuando atiende a lo honesto, cuando cuida del cuerpo que se le ha encomendado y no le ordena nada bajo ni que envilezca; pero cuando es insolente, codiciosa y afeminada, merece un caliﬁcativo odioso y cruel: se convierte en un tirano. Entonces se apoderan de ella y la maltratan pasiones desenfrenadas, que al principio satisfacen, de manera semejante a lo que acontece con el pueblo, que, saciado de momento por las perjudiciales larguezas del Erario p&uacute;blico, echa a perder todo lo que puede engullir. Pero cuando la enfermedad ha minado poco a poco todas las fuerzas y las delicias se han infiltrado en la medula y los nervios, el alma s&oacute;lo halla placer en contemplar aquellas cosas parfa las cuales una golosiner&iacute;a excesiva le ha hecho in&uacute;til; en lugar de sus placeres, tiene el espect&aacute;culo de los ajenos, proveedora y testimonio de los desenfrenos cuyo abuso le ha privado de llevar a cabo los mismos. Y no le procura tanto gozo la abundancia de las cosas placenteras como tristeza el ver que no puede hacer pasar por su garganta y por su vientre todo aquel c&uacute;mulo de delicias y no puede revolcarse en aquella abundancia de mujeres y muchachos, y se siente desencantado al ver que la mayor parte de su felicidad se le escapa por impotencia del cuerpo. &iquest;No es verdad, querido Lucilio, que es locura que ninguno de nosotros piense en su mortalidad, en que es d&eacute;bil, y, lo que es m&aacute;s a&uacute;n, que ninguno de nosotros atine en que no es m&aacute;s que uno? Mira nuestras cocinas y nuestros cocineros circulando entre los fuegos : &iquest;te parece que es para un solo vientre para lo que se prepara la comida con tanto alboroto? Mira nuestras bodegas y nuestros silos llenos de las cosechas de muchos a&ntilde;os : &iquest;te parece que es para un solo vientre para lo que se conservan los vinos de tantos Consulados y de tantos pa&iacute;ses? Mira en cu&aacute;ntas regiones se remueve la tierra, cu&aacute;ntos miles de colonos la aran y la cavan: &iquest;te parece que es para un solo vientre para lo que se siembra en Sicilia y en &Aacute;frica? Pondremos buen juicio y desearemos cosas moderadas si cada cual cuenta para uno solo y al mismo tiempo mide su cuerpo, si cada uno sabe que no puede alcanzar mucho ni por mucho tiempo. Pero nada te ser&aacute; tan &uacute;til para mostrar temperancia en todas las cosas como la frecuente consideraci&oacute;n de la brevedad y la incertidumbre de esta vida. En cualquier cosa que hagas, pon tus ojos en la muerte. Cons&eacute;rvate bueno.&nbsp;</strong></em> (Traducci&oacute;n de Jaime Bofill y Ferro. Editorial Iberia)</p>
<p>
	<em>Quare quibusdam temporibus provenerit corrupti generis oratio quaeris, et quomodo in quaedam vitia inclinatio ingeniorum facta sit, ut aliquando inflata explicatio vigeret, aliquando infracta et in morem cantici ducta ? Quare alias sensus audaces et fidem egressi placuerint, alias abruptae sententiae et suspiciosae, in quibus plus intellegendum esset quam audiendum ? Quare aliqua aetas fuerit, quae translationis iure uteretur inverecunde ? Hoc quod audire vulgo soles, quod apud Graecos in proverbium cessit: talis hominibus fuit oratio qualis vita.</em></p>
<p>
	<em>Quemadmodum autem uniuscuiusque actio dicenti similis est, sic genus dicendi aliquando imitatur publicos mores, si 1 disciplina civitatis laboravit et se in delicias dedit. Argumentum est luxuriae publicae orationis lascivia, si modo non in uno aut in altero fuit, sed adprobata est et recepta. Non potest alius esse ingenio, alius animo color. Si ille sanus est, si compositus, gravis, temperans, ingenium quoque siccum ac sobrium est; illo vitiato hoc quoque adflatur. Non vides, si animus elanguit, trahi membra et pigre moveri pedes ? Si ille effeminatus est, in ipso incessu adparere mollitiam ? Si ille acer est et ferox, concitari gradum ? Si furit aut, quod furori simile est, irascitur, turbatum esse corporis motum nec ire, sed ferri ? Quanto hoc magis accidere ingenio putas, quod totum animo permixtum est; ab illo fingitur, illi paret, inde legem petit.</em></p>
<p>
	<em>Quomodo Maecenas vixerit notius est, quam ut narrari nunc debeat, quomodo ambulaverit, quam delicatus fuerit, quam cupierit videri, quam vitia sua latere noluerit. Quid ergo ? Non oratio eius aeque soluta est quam ipse discinctus ? Non tam insignita illius verba sunt quam cultus, quam comitatus, quam domus, quam uxor ? Magni vir ingenii fuerat, si illud egisset via rectiore, si non vitasset intellegi, si non etiam in oratione difflueret. videbis itaque eloquentiam ebrii hominis involutam et errantem et licentiae plenam. Quid turpius &quot; amne silvisque ripa comantibus ? &quot; vide ut &quot; alveum lintribus arent versoque vado&nbsp; remittant hortos.&quot; Quid ? Si quis &quot; feminae cinno crispat et labris columbatur incipitque suspirans, ut cervice lassa fanantur nemoris tyranni.&quot; &quot; Inremediabilis factio rimantur epulis lagonaque temptant domos et spe mortem exigunt.&quot; &quot; Genium festo vix suo testem. Tenuisve cerei fila et crepacem molam Focum mater aut uxor investiunt.&quot;</em></p>
<p>
	<em>Non statim, cum haec legeris, hoc tibi occurret, hunc esse, qui solutis tunicis in urbe semper incesserit ? Nam etiam cum absentis Caesaris partibus fungeretur, signum a discincto petebatur. Hunc esse qui in 1 tribunali, in rostris, in omni publico coetu sic apparuerit, ut pallio velaretur caput exclusis utrimque auribus, non aliter quam in mimo fugitivi divitis solent ? Hunc esse, cui tunc maxime civilibus bellis strepentibus et sollicita urbe et armata comitatus hic fuerit in publico spadones duo, magis tamen viri quam ipse ? Hunc esse, qui uxorem milliens duxi, cum unam habuerit ? Haec verba tam improbe structa, tam neglegenter abiecta, tam contra consuetudinem omnium posita ostendunt mores quoque non minus novos et pravos et singulares fuisse. Maxima laus illi tribuitur mansuetudinis, pepercit gladio, sanguine abstinuit nec ulla alia re, quid posset, quam licentia ostendit; hanc ipsam laudem suam corrupit istis orationis portentosissimae deliciis. Apparet enim mollem fuisse, non mitem. Hoc istae ambages compositionis, hoc verba transversa, hoc sensus miri, 1 magni quidem saepe, sed enervati dum exeunt, cuivis manifestum facient. Motum illi felicitate nimia caput. Quod vitium hominis esse interdum, interdum temporis solet.</em></p>
<p>
	<em>Ubi luxuriam late felicitas fudit, cultus&nbsp; primum corporum esse diligentior incipit. Deinde supellectili laboratur. Deinde in ipsas domos&quot; inpenditur cura, ut in laxitatem ruris excurrant, ut parietes advectis trans m</p>
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		<title>Los que…/ las que..  (Qui…Quae..)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 May 2017 07:07:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Costumbres]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
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					<description><![CDATA[Es una cuestión bien evidente y establecida que la mujer en general en el mundo antiguo, en Grecia y en Roma, apenas si juega papel alguno público , social y políticamente, permaneciendo en gran medida invisible, incluso en estancias diferentes dento de la propia casa; así llamamos “gineceo”,  γυναικεῖον, a las habitaciones de la casa de uso exclusivo de las mujeres; el “andrón”, Ἀνδρῶν, es la parte de la casa reservada a los hombres.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Es una cuestión bien evidente y establecida que la mujer en general en el mundo antiguo, en Grecia y en Roma, apenas si juega papel alguno público , social y políticamente, permaneciendo en gran medida invisible, incluso en estancias diferentes dento de la propia casa; así llamamos “gineceo”,  γυναικεῖον, a las habitaciones de la casa de uso exclusivo de las mujeres; el “andrón”, Ἀνδρῶν, es la parte de la casa reservada a los hombres.</b></p>
<p>
	Es verdad que cualquier afirmaci&oacute;n sobre el mundo antiguo necesita muchas matizaciones y conocimientos m&aacute;s profundos. As&iacute; no es igual la situaci&oacute;n de la mujer griega que la de la romana y esta &uacute;ltima en los primeros siglos que al final de la <em>Rep&uacute;blica </em>o durante el <em>Imperio</em>, cuando su &ldquo;<em>status</em>&rdquo; social y jur&iacute;dico ha sufrido importantes modificacioes.</p>
<p>
	Incluso es llamativo el hecho de que si bien socialmente su papel relevante es el de <em>matrona </em>de la casa, hablamos de las mujeres libres de las familias nobles romanas, en cambio en el &ldquo;<em>pante&oacute;n</em>&rdquo; grecorromano las diosas, semidiosas, hero&iacute;nas tienen una presencia importante y si <em>Zeus-J&uacute;piter</em> responde al paradigma paternalista del <em>dios-padre</em>, la virginal <em>&Aacute;rtemis </em>o <em>Diana </em>representa a la mujer aut&oacute;noma, libre y rompedora con el sistema patriarcal dominante.</p>
<p>
	Tambi&eacute;n en el arte en general y en la epigraf&iacute;a funeraria, por ejemplo, las mujeres est&aacute;n bien presentes y representadas.</p>
<p>
	Quiero decir con todo ello que cualquier afirmaci&oacute;n sobre el mundo antiguo, que solemos verlo con ojos del presente, necesita de matizaciones y an&aacute;lisis fino.</p>
<p>
	Pero no quiero referirme a ello sino a un asunto bien actual, el del <em>sexismo </em>en el lenguaje.</p>
<p>
	Tanto el griego como el lat&iacute;n son lenguas flexivas, muy flexivas; es decir, las palabras admiten diversas formas, generalmente terminaciones diferentes para expresar los diversos &ldquo;<em>accidentes gramaticales</em>&rdquo;.</p>
<p>
	Decimos que el <em>espa&ntilde;ol</em>, como otras varias lenguas actuales, son derivadas del lat&iacute;n. Podr&iacute;amos decir tambi&eacute;n que estas lenguas no son sino un lat&iacute;n evolucionado a lo largo de los a&ntilde;os sometido a la influencia del substrato de otras lenguas y factores diversos. Esa relaci&oacute;n se aprecia por el que no es especialista en lenguas sobre todo en el l&eacute;xico o conjunto de palabras, pero tambi&eacute;n en las estructuras sint&aacute;cticas, a pesar de las variaciones. Hay algunas otras cuestiones menos evidentes y menos esperadas.</p>
<p>
	As&iacute; por ejemplo en lat&iacute;n hay dos n&uacute;meros gramaticales, <em>singular </em>y <em>plural </em>y dos hay tambi&eacute;n en espa&ntilde;ol; (en realidad queda en lat&iacute;n alg&uacute;n resto de un tercero llamado <em>dual </em>que se aplicaba a los seres u objetos que generalmente aparecen de dos en dos, como las dos manos, los dos ojos, las dos orejas, etc.).</p>
<p>
	En lat&iacute;n hay tres g&eacute;neros, <em>masculino, femenino y neutro</em>. En espa&ntilde;ol el neutro ha desaparecido, tan s&oacute;lo queda alg&uacute;n resto en el art&iacute;culo &ldquo;<em>lo</em>&rdquo;, en el pronombre &ldquo;<em>ello</em>&rdquo;, etc. por lo que resultan tan s&oacute;lo operativos el masculino y el femenino.</p>
<p>
	Pues bien, la utilizaci&oacute;n de los g&eacute;neros gramaticales en espa&ntilde;ol ha generado adem&aacute;s de las cuestiones puramente ling&uuml;&iacute;sticas, otras de tipo social y hasta pol&iacute;tico cuando &ldquo;<em>g&eacute;nero gramatical</em>&rdquo; se identifica con <em>&quot;sexo f&iacute;sico&rdquo;.</em> Resulta que la lengua, como otras actividades humanas, funciona con un invisible principio de &ldquo;<strong>econom&iacute;a de medios</strong>&rdquo; y as&iacute; generalmente utiliza nombres sustantivos o adjetivos &ldquo;<em>masculinos</em>&rdquo; para referirse tanto a hombres como a mujeres, es decir, a <em>masculinos </em>y <em>femeninos</em>. As&iacute; cuando afirmamos &ldquo;<em>el hombre es un ser dotado de inteligencia</em>&rdquo; nos referimos naturalmente al &ldquo;<em>hombre y la mujer</em>&rdquo;, sin excluir a estas &uacute;ltimas. En t&eacute;rminos m&aacute;s ingu&iuml;sticos dir&iacute;amos que el espa&ntilde;ol &ldquo;<em>marca</em>&rdquo; el t&eacute;rmino femenino, pero no el masculino, que al no estar &ldquo;<em>marcado</em>&rdquo; puede emplearse para referirse a los dos g&eacute;neros.</p>
<p>
	En ello ha influido naturalmente la propia conformaci&oacute;n hist&oacute;rica de la sociedad, acertadamente definida como &ldquo;<em>patriarcal</em>&rdquo; dado el papel preponderante que en la vida civil y social ha tenido y en buena medida tiene el &ldquo;pater&rdquo;, el <em>padre</em>, y no la <em>madre</em>, relegada de manera general y durante muchos a&ntilde;os al interior del hogar y sus funciones.</p>
<p>
	Pero las funciones de los hombres y las mujeres en la sociedad&nbsp; han cambiado notablemente en un proceso de equiparaci&oacute;n que desde luego no ha finalizado. Este proceso en buena medida no ha sido amable, sino que ha provocado grandes pol&eacute;micas entre personas &ldquo;<em>patriarcales</em>&rdquo;, &ldquo;<em>machistas</em>&rdquo; en terminolog&iacute;a popular, y &ldquo;<em>feministas</em>&rdquo;. Este proceso de equiparaci&oacute;n se ha extendido y generalizado a todos los sectores de la sociedad. As&iacute; en los pa&iacute;ses democr&aacute;ticos se ha conseguido una igualdad en las leyes, que ya no amparan la discriminaci&oacute;n a la hora de gozar de derechos en funci&oacute;n del g&eacute;nero o sexo de las personas. La equiparaci&oacute;n real en la sociedad evidentemente no se ha conseguido&nbsp; todav&iacute;a y queda a&uacute;n gran camino por andar. Por ejemplo las leyes que regulan el trabajo y las relaciones laborales no son discriminatorias, pero en nuestro pa&iacute;s es una triste realidad que las mujeres en muchas ocasiones&nbsp; cobran un salario inferior al del hombre a&uacute;n realizando el mismo trabajo.</p>
<p>
	Pues bien, hay quien considera que ese lenguaje en el que algunos&nbsp; t&eacute;rminos de g&eacute;nero m&aacute;sculino se utilizan para referirse conjuntamente a seres masculinos y femeninos es discriminatorio y &ldquo;<em>sexista</em>&rdquo;, es decir, exalta el g&eacute;nero o sexo masculino en detrimento del femenino. As&iacute; el lenguaje es tambi&eacute;n un campo de enfrentamiento entre los que se agarran a los usos tradicionales y quienes exigen una renovaci&oacute;n que no oculte la realida de que la mitad aproximadamente de los seres humanos que habitan el planeta tierra son mujeres.</p>
<p>
	Las soluciones que se han propuesta son diversas y su aceptaci&oacute;n general es poco menos que imposible. As&iacute; se propone sustituir los t&eacute;rminos de g&eacute;nero concreto por otros de significado m&aacute;s abstracto, por ejemplo emplear &ldquo;<em>la humanidad</em>&rdquo; en vez de &ldquo;<em>los hombres</em>&rdquo;, o &ldquo;<em>la ciudadan&iacute;a&rdquo;</em> en vez de &ldquo;<em>ciudadanos</em>&rdquo; y &ldquo;<em>ciudadanas</em>&rdquo;, o utilizar indistinta o alternativamente uno u otro, as&iacute; dir&iacute;amos unas veces &ldquo;l<em>os hombres</em>&rdquo; y otras &ldquo;<em>las mujeres</em>&rdquo;; &rdquo;l<em>os chicos</em>&rdquo; y &ldquo;&rdquo;<em>las chicas</em>&rdquo;;&nbsp; o utilizar simult&aacute;neamente los dos, as&iacute; &ldquo;<em>los hombres y las mujeres&rdquo;</em>, &ldquo;l<em>os compa&ntilde;eros y las compa&ntilde;eras</em>&rdquo;, &ldquo;<em>los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as</em>&rdquo;,etc.</p>
<p>
	Esta cuesti&oacute;n del lenguaje sexista no est&aacute; definitivamente resuelta, a pesar de los esfuerzos normativos de algunas instituciones. Es m&aacute;s, la cuesti&oacute;n genera a veces notables pol&eacute;micas, como la recientemente surgida entre dos acad&eacute;micos de nuestra Real Academia Espa&ntilde;ola que ha derivado en varios art&iacute;culos de r&eacute;plicas y contrarr&eacute;plicas cargadas de argumentos <em>ad hominem</em>.</p>
<p>
	A estas alturas del art&iacute;culo, m&aacute;s de un lector se preguntar&aacute; &iquest;a cuento o raz&oacute;n de qu&eacute; viene toda esta exposici&oacute;n en un blog dedicado al mundo antiguo grecorromano?</p>
<p>
	Pues bien, no puedo afirmar que esta cuesti&oacute;n del uso &ldquo;<em>sexista</em>&rdquo; del lenguaje se planteara en el mundo antiguo, pero existen pruebas tan antiguas como la <em>Iliada </em>griega en la que en determinado momento se especifican y emplean simult&aacute;neamente el t&eacute;rmino masculino y el femenino. Fue precisamente una relectura reciente de la <em>Iliada </em>la que me hizo tropezar con el <em>verso 350 del libro XV</em> y la que motiv&oacute; este art&iacute;culo con tan larga introducci&oacute;n.</p>
<p>
	Dice <em>Homero </em>en <em>Iliada, XV, 346-351:</em></p>
<p>
	<em><strong>Y H&eacute;ctor exhortaba a los teucros, diciendo a voz en grito:<br />
	&mdash;Arrojaos a las naves y dejad los cruentos despojos. Al que encuentre lejos de los bajeles, all&iacute; mismo le dar&eacute; muerte, y luego sus hermanos y hermanas no le entregar&aacute;n a las llamas, sino que le despedazar&aacute;n los perros fuera de la ciudad. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Luis Segal&aacute; y Estalella. 1910)</p>
<p>
	En una traducci&oacute;n m&aacute;s reciente se dice:</p>
<p>
	<em><strong>H&eacute;ctor areng&oacute; a los troyanos con recia voz:<br />
	&ldquo;&iexcl;Atacad las naves y dejad los ensangrentados despojos!<br />
	Al que yo vea en otro sitio que no sea junto a las naves,<br />
	all&iacute; mismo me las ingeniar&eacute; para matarlo, y quiz&aacute; no le hagan<br />
	part&iacute;cipe del fuego tras la muerte sus parientes y parientas,</strong></em><br />
	sino que los perros lo arrastrar&aacute;n delante de nuestra ciudad.&rdquo;&nbsp; (Traducci&oacute;n de Emilio Crespo G&uuml;emes. Editorial Gredos.1991)</p>
<p>
	En esta ocasi&oacute;n citar&eacute; tambi&eacute;n el texto en griego para que pueda comprobarse por parte del lector que el uso de &ldquo;<em>parientes </em>y <em>parientas</em>&rdquo; no es mero efecto de la traducci&oacute;n, sino que as&iacute; se ve en el original: &gamma;&nu;&omega;&tau;&omicron;ί y &gamma;&nu;&omega;&tau;&alpha;ί son la forma masculina y femenina de la misma palabra:</p>
<p>
	Ἕ&kappa;&tau;&omega;&rho; &delta;ὲ &Tau;&rho;ώ&epsilon;&sigma;&sigma;&iota;&nu; ἐ&kappa;έ&kappa;&lambda;&epsilon;&tau;&omicron; &mu;&alpha;&kappa;&rho;ὸ&nu; ἀΰ&sigma;&alpha;&sigmaf;<br />
	&nu;&eta;&upsilon;&sigma;ὶ&nu; ἐ&pi;&iota;&sigma;&sigma;&epsilon;ύ&epsilon;&sigma;&theta;&alpha;&iota;, ἐᾶ&nu; &delta;&#39; ἔ&nu;&alpha;&rho;&alpha; &beta;&rho;&omicron;&tau;ό&epsilon;&nu;&tau;&alpha;&middot;<br />
	ὃ&nu; &delta;&#39; ἂ&nu; ἐ&gamma;ὼ&nu; ἀ&pi;ά&nu;&epsilon;&upsilon;&theta;&epsilon; &nu;&epsilon;ῶ&nu; ἑ&tau;έ&rho;&omega;&theta;&iota; &nu;&omicron;ή&sigma;&omega;,<br />
	&alpha;ὐ&tau;&omicron;ῦ &omicron;ἱ &theta;ά&nu;&alpha;&tau;&omicron;&nu; &mu;&eta;&tau;ί&sigma;&omicron;&mu;&alpha;&iota;, &omicron;ὐ&delta;έ &nu;&upsilon; &tau;ό&nu; &gamma;&epsilon;<br />
	&gamma;&nu;&omega;&tau;&omicron;ί &tau;&epsilon; &gamma;&nu;&omega;&tau;&alpha;ί &tau;&epsilon; &pi;&upsilon;&rho;ὸ&sigmaf; &lambda;&epsilon;&lambda;ά&chi;&omega;&sigma;&iota; &theta;&alpha;&nu;ό&nu;&tau;&alpha;,&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	ἀ&lambda;&lambda;ὰ &kappa;ύ&nu;&epsilon;&sigmaf; ἐ&rho;ύ&omicron;&upsilon;&sigma;&iota; &pi;&rho;ὸ ἄ&sigma;&tau;&epsilon;&omicron;&sigmaf; ἡ&mu;&epsilon;&tau;έ&rho;&omicron;&iota;&omicron;.</p>
<p>
	Fij&eacute;monos ahora en&nbsp; este otro ejemplo de <em>Pausanias</em>, (ochocientos a&ntilde;os le separan del texto anterior, que en su <em>Descripci&oacute;n de Grecia</em>, al hablar de <em>Delfos</em>, refiri&eacute;ndose a <em>Homero </em>y <em>P&iacute;ndaro </em>y a la fuente <em>Cas&oacute;tide</em>, dice en <em>10, 24,2:</em></p>
<p>
	<em><strong>Se puede contemplar tambi&eacute;n una estatua en bronce de Homero en una columna y en esta se lee el or&aacute;culo que dicen le fue dado a Homero:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Feliz y desgraciado, naciste para ambas cosas,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; preguntas por tu patria. Pero tienes matria y no patria,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La isla de &Iacute;os es patria de tu madre y a t&iacute; cuando mueras<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; te acoger&aacute;; pero de los ni&ntilde;os el enigma guarda.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Los de &Iacute;os muestran la tumba de Homero en su isla y en otro sitio de la misma la de Cl&iacute;mene que dicen fue la madre de Homero.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Los de Chipre, que reivindican tambi&eacute;n para s&iacute; a Homero dicen que su madre fue una mujer de la isla, Temist&oacute;, y dicen que Euclo profetiz&oacute; el nacimiento de Homero en estos versos:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces en la mar&iacute;tima Chipre habr&aacute; un gran cantor<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; a quien Temist&oacute;, divina entre las mujeres, parir&aacute; en el campo,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; lejos dela rica Salamina., y &eacute;l ser&aacute; glorioso.<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dejar&aacute; Chipre y ser&aacute; llevado por las olas<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; a cantar el primero las desgracias de la ancha Grecia,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y ser&aacute; inmortal y siempre joven por todos los tiempos.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Esto lo hab&iacute;a yo o&iacute;do y lo conoc&iacute;a por haber le&iacute;do los or&aacute;culos, pero no le atribuyo ninguna relaci&oacute;n con la patria ni la &eacute;poca de Homero. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Antonio Tovar. Editoral Orbis.)</p>
<p>
	Ya coment&eacute; algo al respecto de esta cuesti&oacute;n en <a href="https://www.antiquitatem.com/educacion-de-la-mujer-griega-platon">https://www.antiquitatem.com/educacion-de-la-mujer-griega-platon</a></p>
<p>
	Pero quiero ahora resaltar un hecho curioso y significativo.</p>
<p>
	De manera especial y repetida se utiliz&oacute; en ocasiones el doblete <em>masculino/femenino</em> en el mundo legislativo romano. Hay momentos en los que el legislador quiere dejar bien claro ling&uuml;&iacute;sticamente que se refiere a &ldquo;<em>hombres y mujeres</em>&rdquo; de manera no discriminatoria. El jurista romano ha optado por la soluci&oacute;n de utilizar conjuntamente los t&eacute;rminos masculinos y el correspondiente femenino; es decir, por la soluci&oacute;n, <em>&ldquo;los/las&rdquo;, &ldquo;los cuales/las cuales&rdquo;, &ldquo;libertos/libertas&rdquo;, &ldquo;esclavos/esclavas&rdquo;,</em> etc. en clara semejanza a algunos usos actuales.</p>
<p>
	Lo he encontrado tambi&eacute;n en una reciente visita al <em>Museo Arqueol&oacute;gico Nacional de Madrid</em>, en la conocida como <em>&ldquo;Ley Salpensana</em>&rdquo;, que regula la vida ciudadana de la localidad de <em>Salpensa</em>,&nbsp; actual <em>Facialc&aacute;zar</em>, poblaci&oacute;n cercana a&nbsp; <em>Utrera</em>,&nbsp; en la <em>B&eacute;tica Hispana </em>de la &eacute;poca Imperial de <em>Domiciano</em>.</p>
<p>
	Sabido es que el &ldquo;<em>Derecho Romano</em>&rdquo; es el conjunto de leyes que regulan exclusivamente la vida del &ldquo;<em>ciudadano romano</em>&rdquo;. Ahora bien, no todos los habitantes del Imperio Romano son &ldquo;<em>ciudadanos</em>&rdquo; (<em>cives</em>), algunos son afines pero no ciudadanos romanos, como los &ldquo;latini&rdquo;, otros son amigos extranjeros, pero no ciudadanos, los <em>peregrini </em>cuyas relaciones con los romanos vienen determinadas por el <em>ius gentium</em>; muchos de ellos son esclavos, es decir, hombres sin derechos. Cada grupo tiene sus propios derechos, hasta que en el a&ntilde;o 212 con la llamada <em>Constitutio Antoniniana</em> el emperador <em>Caracalla</em> considera ciudadanos romanos a todos los habitantes libres del imperio, entre ellos a los de <em>Hispania</em>, naturalmente .<br />
	De manera similar, los romanos van asimilando los territorios y ciudades que van conquistando y van creando otras muchas con diversas entidad jur&iacute;dica, tales como las &ldquo;<em>colonias</em>&rdquo; o los &ldquo;<em>municipios</em>&rdquo;. Es m&aacute;s, se aplica la diversa calificaci&oacute;n jur&iacute;dica en funci&oacute;n de la calidad de sus ciudadanos y de su asimilaci&oacute;n a <em>Roma</em>.</p>
<p>
	El emperador <em>Tito Flavio Domiciano</em> ( 51 &ndash;&nbsp; 96) va asimilando desde el a&ntilde;o 73 las ciudades hispanas a la condici&oacute;n de &ldquo;<em>latinas</em>&rdquo;; as&iacute; promulg&oacute; y concedi&oacute; entre los a&ntilde;os 81 y 84 al municipio de <em>Salpensa </em>una ley con la que les conced&iacute;a el &ldquo;<em>ius Latii</em>&rdquo;, el derecho del <em>Lacio</em>, el<em> Derecho Latino</em>, de inferior categor&iacute;a y menos beneficiosa que el &ldquo;<em>ius romanum</em>&rdquo;. De esta ley se conervan tan s&oacute;lo 9 cap&iacute;tulos de una plancha de las varias de que debi&oacute; constar, de acuerdo con otras leyes semejantes, como la&nbsp; <em>Lex Flavia Malacitana</em>,&nbsp; y&nbsp; la <em>Lex Irnitana</em>.</p>
<p>
	Sobre estas leyes y su significado he de escribir en su momento alg&uacute;n art&iacute;culo, pero hoy me limitar&eacute; a la constataci&oacute;n de esa precisi&oacute;n lingu&iuml;stica que diferencia en&nbsp; la lengua escrita, en este caso de una ley, entre los seres de g&eacute;nero y sexo m&aacute;sculino y femenino. Desde luego no lo hace por considerar la formula generalista como sexista sino por razones de <em>precisi&oacute;n jur&iacute;dica</em>, pero &iquest;qui&eacute;n nos iba a decir que esta f&oacute;rmula que entre nosotros ha servido&nbsp; y sirve de confrontaci&oacute;n cuando no de ejercicios de dudoso humor (recordemos el afamado &ldquo;<em>miembros y miembras</em>&rdquo; adjudicado a cierta persona de&nbsp; significada funci&oacute;n pol&iacute;tica), qui&eacute;n nos iba a decir que ya tuvo acomodo en un texto de hace dos mil a&ntilde;os?<br />
	&iquest;No podr&iacute;amos pensar,&nbsp; tal vez con alguna exageraci&oacute;n, que ya&nbsp; en &eacute;poca de los emperadores romanos las mujeres, de manera especial las&nbsp; de <em>Hispania</em>, exig&iacute;an un papel m&aacute;s igual al de los hombres y en todo caso un mismo tratamiento en los textos jur&iacute;dicos de sus ciudades?</p>
<p>
	<img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/lex_salpensana2.jpg" style="width: 555px; height: 441px;" /></p>
<p>
	<em>Museo Arqueol&oacute;gico Nacional. Madrid</em></p>
<p>
	Reproduzco tan s&oacute;lo las cinco <em>r&uacute;bricas </em>en las que aparecen estos usos en lat&iacute;n y en su traducci&oacute;n en castellano, dejando para otra ocasi&oacute;n el comentario y significado, no exento de dificultad. Duplico tambi&eacute;n en la traducci&oacute;n las formas masculina y femenina. Me baso para las traducciones en el meritorio trabajo del grupo ue conforma el llamado <em>Proyecto de Innovaci&oacute;n Docente UCM 23/2014 de la Universidad Complutense de Madrid</em>, accesible en la direcci&oacute;n web <a href="https://www.ucm.es/derecho-romano/lex-salpensana-on-line">https://www.ucm.es/derecho-romano/lex-salpensana-on-line</a></p>
<p>
	<em>Nota</em>: La palabra &ldquo;<em>r&uacute;brica</em>&rdquo;&nbsp; deriva de la latina <em>ruber,rubra,rubrum</em>, que significa &ldquo;<em>rojo</em>&rdquo;.&nbsp; Seg&uacute;n el diccionario de la <em>Real Academia Espa&ntilde;ola</em>, en sus dos primeras acepciones significa:</p>
<p>
	<em><strong>1. f. Rasgo o conjunto de rasgos, realizados siempre de la misma manera, que suele&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
	ponerse en la firma despu&eacute;s del nombre y que a veces la sustituye.<br />
	2. f. Ep&iacute;grafe o r&oacute;tulo.</strong></em></p>
<p>
	En la quinta, que ya advierte que est&aacute; en desuso, significa:</p>
<p>
	<em><strong>5. f. desus. Se&ntilde;al encarnada o roja.</strong></em></p>
<p>
	Y es precisamente esta quinta la que nos explica el significado de las anteriores. En los antiguos textos, sobre todo legales, el comienzo o t&iacute;tulo del p&aacute;rrafo se presentaba de color&nbsp; &ldquo;<em>rojo</em>&rdquo;, y de ah&iacute; los significados derivados.</p>
<p>
	<em>Texto</em>s:</p>
<p>	<em>R&uacute;brica 21</em>&nbsp;</p>
<p>
	<em><strong>Para que los magistrados obtengan la ciudadan&iacute;a romana: 21 .- Quienes por esta ley sean nombrados duunviros o ediles o cuestores, que sean ciudadanos romanos cuando despu&eacute;s de un a&ntilde;o abandonen la magistratura, junto con sus padres y c&oacute;nyuges y los hijos concebidos en leg&iacute;timas nupcias y que est&eacute;n sujetos a la potestad de los padres, as&iacute; como los nietos y nietas nacidos y nacidas del hijo, los cuales y las cuales est&eacute;n bajo potestad de los padres, mientras no haya m&aacute;s ciudadanos romanos que los que por esta ley conviene que sean nombrados magistrados.</strong></em></p>
<p>
	<em>R. Ut magistratus civitatem Romanam consequantur. [XXI. . . Qui llvir aedilis quaestor ex hac lege factus erit cives Romani sunto cum post annum magistratu] | abierint cum parentibus coniugibusque {h}ac liberi(s) qui legitumis nuptis quae l siti in potestatem parentium fuerunt item nepotibus ac neptibus filio I nat{al}is [natabus] qui quaeque in potestate parentium fuerint dum ne plures c(ives) R(omani) I&nbsp; sint qua(m) quod ex h(ac) l(ege) magistratus creare oportet. &hellip;&hellip;</em></p>
<p>
	<em>R&uacute;brica 22</em></p>
<p>
	<em><strong>Que quienes consigan la ciudadan&iacute;a romana, mantengan su mancipium, pleno dominio y patria potestad.<br />
	El que y la que por esta ley o por el edicto del emperador C&eacute;sar Augusto Vespasiano, del emperador Tito C&eacute;sar Augusto o del emperador C&eacute;sar Augusto Domiciano, padre de la patria, vaya a conseguir la ciudadan&iacute;a romana: que el que la que&nbsp; haya sido (a &eacute;l a ella) por esta ley conserve su patria potestad, pleno dominio y mancipium, que debiera tener si no hubiera cambiado cambiada a la ciudadan&iacute;a romana y que tenga el derecho de elegir un tutor, que tendr&iacute;a si hubiese nacido nacida de un ciudadano romano y no hubiera cambiado cambiada a la ciudadan&iacute;a.</strong></em></p>
<p>	<em>R. Ut qui civitat(em) Roman(am) consequantur, maneant in eorundem m(ancipio) m(anu) potestate.<br />
	XXII. Qui quaeque ex h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Vespasiani, imp(eratoris)ve Titi Caesaris Aug(usti), aut imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Domitiani, p(atris) p(atriae), civitatem Roman(am) consecutus consecuta erit. Is ea in eius, qui c(ivis) R(omanus) h(ac) l(ege) factus erit, potestate manu mancipio, cuius esse deberet, si civitate Romana mutatus mutata non esset, esto idque ius tutoris optandi habeto, quod haberet si a cive Romano ortus orta neq(ue) civitate mutatus mutata esset.</em></p>
<p>
	<em>Rubrica 23</em></p>
<p>
	<em><strong>R&uacute;brica para que quienes obtengan la ciudadan&iacute;a romana mantengan los derechos sobre los libertos.<br />
	Que el que o la que&nbsp; a partir de esta ley o por un edicto del emperador C&eacute;sar Vespasiano Augusto, del emperador Tito C&eacute;sar Vespasiano Augusto o del emperador C&eacute;sar Domiciano Augusto haya obtenido la ciudadan&iacute;a romana, respecto a los libertos y libertas suyos y suyas paternos y paternas, los cuales y las cuales no habr&iacute;an accedido a la ciudadan&iacute;a romana, y sobre los bienes de &eacute;stos y de &eacute;stas y las cosas que fueron impuestas a causa de la libertad, tenga el mismo derecho y condici&oacute;n que tendr&iacute;a si no hubiese sido cambiado cambiada de ciudadan&iacute;a.</strong></em></p>
<p>
	<em>R. Ut qui c(ivitatem) R(omanam) consequentur, iura Iiberatorum retineant.<br />
	XXIII. Qui quaeve [ex] h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caes(aris) Vesp(asiani) Aug(usti), imp(eratoris)ve Titi Caes(aris) Vespasian(i) Au(gusti) I aut imp(eratoris) Caes(aris) Dom&iacute;tiani Aug(usti) c(ivitatem) R(omanam) consecutus consecuta erit: is in | libertos libertasve suos suas paternos paternas, qui quae in c(vitatem) R(omanam) non | venerit, deque bonis eorum earum et is, quae libertatis causa inposita | sunt, idem ius eademque condicio esto, quae esset, si c&igrave;vitate mutatus I mutata non esset. </em></p>
<p>
	<em>R&uacute;brica 28.</em></p>
<p>
	<em><strong>R&uacute;brica. Sobre los esclavos que han de ser manumitidos ante los duunviros.<br />
	Si alg&uacute;n ciudadano del municipio Flavio Salpensano, que fuese Latino, ante los duunviros que presiden la jurisdicci&oacute;n del municipio, manumitiera a su esclavo o esclava de la servidumbre a la libertad y le ordenara que fuese libre (liberado,liberada), siempre y cuando ning&uacute;n muchacho, doncella o mujer, sin autorizaci&oacute;n del tutor, al que y a la que manumita&nbsp; ordene que alguien sea libre (liberado liberada); el que as&iacute; sea manumitido y al la que se ordene ser libre, sea libre, y la que as&iacute; sea manumitida y a la que se ordene ser libre, sea libre, quienes, como libertos latinos, son o ser&aacute;n libres de pleno derecho. El que sea menor de veinte a&ntilde;os, por el contrario, que manumita &uacute;nicamente si el n&uacute;mero de decur&iacute;ones que aprobaron los decretos acordes con esta ley juzgara que la causa es justa.</strong></em></p>
<p>	<em>R. De servis aput IIvir(um) manumittendis. XXVIII. Si quis municeps munici Flavi Salpensani, qui Latinus erit, aput Ilvir(os), | qui iure dicundo praeerunt eius municipi, servom suom servamve suam | ex servitute in libertate[m] manumiserit, liberum liberamve esse iusserit, | dum ne quis pupillus neve quae virgo mulierve sine tutore auctore | quem quamve manumittat, liberum liberamve esse iubeat: qui ita | manumissus liberve esse iussus erit, liber esto, quaeque ita manumissa | liberave [esse] iussa erit, libera esto, uti qui optum[o] iure Latini libertin&iacute; li Iberi sunt erunt; dum is qui minor XX annorum erit ita manumittat, | si causam manumittendi iusta[m] esse is numerus decur&iacute;onum, per quem | decreta h(ac) l(ege) facta rata sunt, censuerit.&nbsp;</em></p>
<p>
	<em>R&uacute;brica 29</em></p>
<p>
	<em><strong>R&uacute;brica: de la asignaci&oacute;n de tutor<br />
	Al que no tenga tutor o le sea incierto, si &eacute;l o ella fuere ciudadano del municipio ﬂavio salpensano y no fueren pupilos o pupilas y pidiera a los duoviros, que gobiernan en el municipio administrando justicia, que le asignen, el tutor y que nombren a aqu&eacute;l a que quiera asignarle. Entonces &eacute;ste [magistrado], a quien se ha hecho la petici&oacute;n, una vez conocida la causa, tanto si tiene uno o muchos colegas, en relaci&oacute;n con el parecer de todos los colegas, que est&eacute;n en este municipio o dentro de los l&iacute;mites de este municipio, si les pareciera [a ellos], otorgue como tutor a &eacute;ste que haya sido nombrado. Si aquel o aquella en cuyo nombre se haya pedido asi, fuera pupilo o pupila, o si aquel a quien se haya solicitado, no tuviera colega o no hubiese ning&uacute;n colega en este municipio o dentro de los limites de este municipio, entonces aquel, a quien se haya solicitado as&iacute;, conocida la causa, en los diez dias inmediatos, por decreto de los decuriones, siendo propicia no menos de dos partes de los decuriones, d&eacute; como tutor a aquel que fuera nombrado, a fin de que la tutela no se aieje de un tutor leg&iacute;timo. Quien por esta ley sea dado como tutor, &eacute;ste sea entonces tutor leg&iacute;timo para aqu&eacute;l, para quien se ha dado, a fin de que la tutela no se aleje de un tutor legitimo tanto si este tutor fuese ciudadano romano como si fuese su agnado inmediato, tambi&eacute;n ciudadano romano.</strong></em></p>
<p>
	<em>Cui tutor non erit incertusve erit, si is eave municeps municipi Flavi Salpensani erit, et pupilli pupillaeve non erunt, et ab IIviris, qui iure dicundo praeerunt eius municipi, postulaverit, uti sibi tutorem det, et eum, quem dare volet, nominaverit: tum is, a quo postulatum erit, sive unum sive plures collegas habebit, de omnium collegarum sententia, qui tum in eo municipio intrave fines municipi eius erunt, causa cognita, si ei videbitur, eum qui nominatus erit tutorem dato. Sive is eave, cuius nomine ita postulatum erit, pupillus pupillave erit, sive is, a quo postulatum erit, non habebit collegam, collegave eius in eo municipio intrave fines eius municipi nemo erit: tum is, a quo ita postulatum erit, causa cognita in diebus X proximis, ex decreto decurionum, quod cum duae partes decurionum non minus adfuerint, factum erit, eum, qui nominatus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, ei tutorem dato. Qui tutor hac lege datus erit, is ei, cui datus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, tam iustus tutor esto, quam si is civis Romanus et ei adgnatus proximus civis Romanus tutor esset.</em></p>
<p>
	Expresiones similares aparecen en las otras leyes de contenido tambi&eacute;n similar y que por ello evito repetir.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Los ciudadanos de Capua fueron consultados</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 May 2017 01:34:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[Como es bien sabido, los Atenienses inventaron allá por el siglo V a.C. la democracia o sistema político en el que los ciudadanos, el pueblo , el “demos”, elegían a sus gobernantes. Este hecho grandioso cuyo desarrollo más avanzado sólo existe en unos pocos países occidentales actuales, no nos permite desconocer la gran limitación de aquella democracia original: sólo los ciudadanos, una minoría en el conjunto de habitantes de Atenas, tenían esos derechos; ni las mujeres, ni los esclavos, ni los extranjeros podían votar.
Tampoco debemos ignorar la facilidad con la que el pueblo fue “manipulado”, impresionado, para tomar acuerdos perjudiciales incluso contra la propia democracia, cuando surgen los “demagogos” que incluso imponen a “tiranos”.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>Como es bien sabido, los Atenienses inventaron allá por el siglo V a.C. la democracia o sistema político en el que los ciudadanos, el pueblo , el “demos”, elegían a sus gobernantes. Este hecho grandioso cuyo desarrollo más avanzado sólo existe en unos pocos países occidentales actuales, no nos permite desconocer la gran limitación de aquella democracia original: sólo los ciudadanos, una minoría en el conjunto de habitantes de Atenas, tenían esos derechos; ni las mujeres, ni los esclavos, ni los extranjeros podían votar.<br />
Tampoco debemos ignorar la facilidad con la que el pueblo fue “manipulado”, impresionado, para tomar acuerdos perjudiciales incluso contra la propia democracia, cuando surgen los “demagogos” que incluso imponen a “tiranos”.</b></p>
<p>
	Recordemos algo tan sabido como es la etimolog&iacute;a de <em>democracia</em>, <em>demagogia</em>, <em>tiran&iacute;a</em>:</p>
<p>
	<em>Democracia</em>: de los sustantivos griegos &delta;ῆ&mu;&omicron;&sigmaf;, (<em>demos = pueblo</em>)&nbsp; y &kappa;&rho;ά&tau;&omicron;&sigmaf; (<em>kr&aacute;tos = poder): gobierno del pueblo.</em></p>
<p>
	<em>Demagogia</em>: del griego &delta;ῆ&mu;&omicron;&sigmaf; &#8211;<em>dēmos-, pueblo</em> y ἄ&gamma;&omega; &#8211;<em>ago-, dirigir</em>. Seg&uacute;n el <em>Diccionario de la RAE</em>:&nbsp;</p>
<p>
	<em><strong>Pr&aacute;ctica pol&iacute;tica consistente en ganarse con halagos el favor popular y tambi&eacute;n&nbsp; Degeneraci&oacute;n de la democracia, consistente en que los pol&iacute;ticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.</strong></em></p>
<p>
	<em>Tiran&iacute;a</em>: del griego &tau;ύ&rho;&alpha;&nu;&nu;&omicron;&sigmaf; <em>(tyrannos)</em> que significa &quot;<em>se&ntilde;or</em>&quot; o &quot;<em>amo</em>&quot;; parece ser un t&eacute;rmino <em>lidio </em>no <em>indoeuropeo</em>; se ha relacionado tambi&eacute;n con el t&eacute;rmino <em>etrusco </em>&ldquo;<em>turan</em>&rdquo;, que significa <em>se&ntilde;ora </em>o dama aplicado a <em>Venus</em>. Seg&uacute;n la<em> RAE</em>:</p>
<p>
	<em><strong>&nbsp; &ldquo; persona que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad&rdquo;</strong></em> ; y tambi&eacute;n: &ldquo;<em><strong> persona que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y tambi&eacute;n simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	V&eacute;ase <a href="https://www.antiquitatem.com/tirania-democracia-tucidides-dictadura">https://www.antiquitatem.com/tirania-democracia-tucidides-dictadura</a></p>
<p>
	Pues bien, voy a contar un episodio ocurrido en la <em>Italia </em>por la que se mueve Anibal, durante la <em>Segunda Guerra P&uacute;nica</em>, venciendo y aniquilando a los ej&eacute;rcitos latinos y ocupando una tras otras numerosas ciudades, generando una sensaci&oacute;n de p&aacute;nico y miedo total entre todos los romanos.</p>
<p>
	Concretamente ocurre en <em>Capua</em>, capital de la <em>Campania </em>a unos treinta kil&oacute;metros de N&aacute;poles, al sur de Italia, una de las ciudades m&aacute;s pr&oacute;speras y ricas e incluso m&aacute;s&nbsp; lujosa que la famosa S&iacute;baris o Crotona a juzgar por el testimonio d<em>e Polibio , Historias, VII,1; y III,91,6; Cicer&oacute;n en De Lege Agraria, II, 95; o Estrab&oacute;n, V, 4,3</em>;&nbsp; <em>Capua </em>estaba comunicada con <em>Roma </em>por la famosa <em>V&iacute;a Apia</em> desde el a&ntilde;o 312 a.C.</p>
<p>
	De <em>S&iacute;baris </em>o Crotona hemos tratado alguna vez en este mismo blog. V&eacute;ase:</p>
<p>
	<a href="https://www.antiquitatem.com/lecho-de-rosas--princesa-del-guisante">https://www.antiquitatem.com/lecho-de-rosas&#8211;princesa-del-guisante</a></p>
<p>
	<a href="https://www.antiquitatem.com/zeuxis-muchachas-de-crotona-imitacion">https://www.antiquitatem.com/zeuxis-muchachas-de-crotona-imitacion</a></p>
<p>
	En este episodio observaremos la facilidad con la que es manejada la maleable &ldquo;<em>masa</em>&rdquo; de ciudadanos por un h&aacute;bil individuo y lo que puede ocurrir cuando se enfrenta al pueblo en su conjunto y a cada uno de sus miembros con su propia responsabilidad.</p>
<p>
	Los ciudadanos de <em>Capua </em>&ldquo;<em>odiaban</em>&rdquo; a sus senadores que se comportaban altaneramente sin consideraci&oacute;n y ni siquiera manten&iacute;an contacto con ellos, pero, cuando tuvieron ocasi&oacute;n de acabar con ellos, fueron incapaces de ponerse de acuerdo y proponer sustitutos de aquellos a quienes deseaban hacer desaparecer.&nbsp; Reproduzco un comienzo tal vez demasiado largo, pero necesario para situar los hechos en su contexto.</p>
<p>
	Texto de <em>Tito Livio, de su Historia de Roma desde sus or&iacute;genes, libro 23, cap&iacute;tulos 1-4.</em></p>
<p>
	<em><strong>Habiendo tomado y saqueado los campamentos, An&iacute;bal, despu&eacute;s de la batalla de Cannas, march&oacute; en seguida de la Apulia al Samnio: Stacio, que le promet&iacute;a entregarle Compsa, le llamaba al territorio de los hirpinos. Trebio Stacio era uno de los ciudadanos m&aacute;s distinguidos de Compsa, pero se ve&iacute;a obligado a ceder ante el partido de los Mopsinos, familia poderosa por la protecci&oacute;n de los romanos. A la noticia de la batalla de Cannas, al rumor de la llegada de An&iacute;bal, que por todas partes extend&iacute;a Trebio, los Mopsinos hab&iacute;an salido de la ciudad. Compsa se rindi&oacute; por consiguiente sin resistencia al cartagin&eacute;s y recibi&oacute; guarnici&oacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Dej&oacute; all&iacute; An&iacute;bal su bot&iacute;n y todos los bagajes, y dividiendo su ej&eacute;rcito en dos cuerpos, encarg&oacute; a Mag&oacute;n que recibiese la sumisi&oacute;n de aquellas ciudades del territorio que abandonasen la causa de Roma y de apoderarse de las que se resistieran. El mismo atraves&oacute; el territorio campanio, dirigi&eacute;ndose hacia el mar inferior, con intenci&oacute;n de sitiar a N&aacute;poles para asegurarse de una ciudad mar&iacute;tima. En cuanto atraves&oacute; la frontera napolitana, embosc&oacute; una parte de los n&uacute;midas en los parajes que le parecieron convenientes para su plan, abundando aquel pa&iacute;s en caminos profundos y desfiladeros impenetrables. En seguida manda a los dem&aacute;s que lleven delante ostensiblemente los ganados que hab&iacute;an arrebatado en la campi&ntilde;a y llegar con sus caballos hasta las puertas de la ciudad Al verles tan poco numerosos y tan desordenados, sali&oacute; un grupo de jinetes; los n&uacute;midas retrocedieron de intento delante de ellos atray&eacute;ndoles a la emboscada, donde fueron rodeados, y ni uno solo hubiese escapado, si la proximidad del mar y algunas barcas, la mayor parte pescadoras, que ve&iacute;an muy cerca de la orilla, no hubiesen ofrecido refugio a los que sab&iacute;an nadar. Algunos j&oacute;venes distinguidos fueron capturados o muertos, entre ellos Hegeas, jefe de aquellos jinetes, que pereci&oacute; persiguiendo con demasiado ardor a los fugitivos. An&iacute;bal renunci&oacute; al sitio de la ciudad al ver sus murallas, muy dif&iacute;ciles de asaltar.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Desde all&iacute; dirigi&oacute; su marcha &aacute; Capua, ciudad enervada por larga prosperidad, por los favores de la fortuna y m&aacute;s que todo por el libertinaje del pueblo, que, en medio de la corrupci&oacute;n general, gozaba de libertad sin freno. Pacuvio Calavio hab&iacute;a sometido el Senado a su voluntad y a la del pueblo. Aunque noble y popular a la vez, deb&iacute;a su poder a malos medios. En el mismo a&ntilde;o en que los romanos fueron vencidos en el Trasimeno, encontr&aacute;base primer magistrado de la ciudad. Sab&iacute;a bien que el pueblo, enemigo del Senado desde mucho antes, aprovechar&iacute;a aquella ocasi&oacute;n para sublevarse, y que si se presentaba An&iacute;bal al frente de un ej&eacute;rcito victorioso, no retroceder&iacute;a ante un gran crimen y exterminar&iacute;a a los senadores para entregar Capua al cartagin&eacute;s. Pacuvio era malo, pero no completamente depravado: prefer&iacute;a ejercer su autoridad sobre Capua a ejercerla sobre sus ruinas, y sab&iacute;a que no es posible la existencia de una ciudad privada de consejo p&uacute;blico. Imagin&oacute;, pues, un medio de conservar el Senado y hacerlo al mismo tiempo esclavo de su voluntad y de la del pueblo. Convoc&oacute; a los senadores y comenz&oacute; por declarar que no aprobar&iacute;a una sublevaci&oacute;n contra Roma sino en cuanto fuese necesaria; que ten&iacute;a hijos de la hija de Apio Claudio, y que su propia hija estaba casada en la ciudad con Livio; pero que les amenazaba otra calamidad mucho m&aacute;s terrible; que el pueblo no pensaba sublevarse para quitar el poder al Senado, sino para exterminarlo y entregar a An&iacute;bal y los cartagineses una ciudad sin gobierno;&nbsp; que puede, sin embargo, salvarles del peligro si se entregan a &eacute;l, y prescindiendo de todo debate pol&iacute;tico, prestar fe a su palabra. Dominados por el terror, todos consienten, y entonces dijo: &quot;os encerrar&eacute; en la curia, y como si yo mismo tomase parte en la conspiraci&oacute;n, aprobando un crimen al que en vano me opondr&iacute;a, encontrar&eacute; medio de salvaros. Recibir&eacute;is de m&iacute; cuantas garant&iacute;as quer&aacute;is.&raquo; Habiendo empe&ntilde;ado de esta manera su palabra, mand&oacute; cerrar la curia, y dej&oacute; en el vest&iacute;bulo una guardia que no hab&iacute;a de permitir entrar ni salir a nadie sin orden suya. En seguida convoc&oacute; una asamblea del pueblo. &laquo;Campanios, dijo, muchas veces hab&eacute;is deseado castigar ese &iacute;mprobo y detestable Senado; hoy pod&eacute;is hacerlo sin obst&aacute;culo ni peligro, sin exponeros a los riesgos de una sublevaci&oacute;n en la que tendr&iacute;ais que asaltar la casa de cada uno, defendidas por sus clientes y esclavos. Yo os los entrego a todos encerrados en la curia, solos y desarmados, y no tendr&eacute;is que obrar con precipitaci&oacute;n y a la casualidad. Os dar&eacute; el derecho de decidir acerca de la suerte de cada uno de ellos, a fin de que sufran los suplicios merecidos. Pero ante todo, no puede satisfacerse vuestra c&oacute;lera sino a condici&oacute;n de posponerla &aacute; vuestra conservaci&oacute;n, a vuestro propio inter&eacute;s. Detest&aacute;is a esos senadores, pero creo que no dese&aacute;is abolir completamente el Senado; porque necesit&aacute;is un rey (&iexcl;autoridad abominable!) o un Senado, &uacute;nico consejo de un estado libre. Ten&eacute;is por consiguiente dos cosas que hacer al mismo tiempo: destruir el Senado antiguo, y crear uno nuevo. Voy a hacer llamar sucesivamente &aacute; todos los senadores; os consultar&eacute; acerca de la suerte de cada cual y se ejecutar&aacute; lo que decid&aacute;is. Pero en el puesto del condenado elegir&eacute;is otro senador, var&oacute;n animoso y honrado, antes de que el culpable sea entregado al suplicio.&raquo;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Sent&oacute;se entonces, hizo colocar los nombres en una urna y manda sacar de la curia y llevar ante el pueblo aquel que design&oacute; en primer lugar la suerte. En cuanto se oy&oacute; el nombre, todos exclamaron que era un malvado, un miserable digno del suplicio. Entonces dijo Pacuvio: &laquo;Veo que decid&iacute;s acerca de &eacute;l. Ahora, para el puesto de ese malvado, de ese miserable, nombrad un senador honrado y virtuoso.&raquo; Al pronto hubo un momento de silencio; no encontraban uno mejor para reemplazarle. Al fin se atrevi&oacute; uno a pronunciar un nombre al azar, y un grito mucho m&aacute;s fuerte se alz&oacute; en eI acto : dec&iacute;an unos que no le conoc&iacute;an, otros le censuraban sus acciones deshonrosas, su baja estofa, su vergonzosa pobreza, su oficio, sus infames lucros. La escena se renov&oacute; con mucha m&aacute;s intensidad cuando se cit&oacute; otro y otro nombre; era evidente que no quer&iacute;an a los senadores, pero no encontraban con quienes reemplazarles. No pod&iacute;an proponer a los que ya hab&iacute;an sido nombrados sin oirles abrumar de injurias, y en cuanto a los otros, eran mucho m&aacute;s despreciables, mucho m&aacute;s obscuros que aquellos cuyos nombres se citaron primero. En vista de esto, separ&oacute;se el pueblo diciendo que el mal conocido era m&aacute;s soportable, y Pacuvio orden&oacute; que se pusiese en libertad &aacute; los senadores. Salvando Pacuvio de esta manera la vida a los senadores, les hizo suyos mucho m&aacute;s que del pueblo, y sin violencia, por consentimiento un&aacute;nime, dominaba en absoluto. Desde entonces, abandonando los senadores todo recuerdo de honor y libertad, comenzaron a adular al pueblo, a saludar a todos, a invitarles con bondad y a ofrecerles magn&iacute;ficos festines. La causa de que se encargaban, el partido que favorec&iacute;an, las decisiones a que inclinaban a los jueces, era siempre la m&aacute;s popular, la m&aacute;s a prop&oacute;sito para conquistar la benevolencia de la multitud. En el Senado nada se hac&iacute;a que no se hubiese hecho en asamblea del pueblo. Inclinada en todo tiempo a la mayor molicie, no solamente por la depravaci&oacute;n de los &aacute;nimos, sino que tambi&eacute;n por las dulzuras y la acci&oacute;n enervante de las delicias que le ofrec&iacute;an el mar y la tierra, Capua entonces, gracias a la baja complacencia de los ciudadanos principales, a la licencia del populacho, se abandonaba con tal furor a todos los excesos, que no hab&iacute;a l&iacute;mites para sus caprichos ni para sus gastos. A este desprecio de las leyes, de los magistrados y del Senado, a&ntilde;ad&iacute;ase, despu&eacute;s de la batalla de Cannas, el desprecio en que cay&oacute; el poder romano, &uacute;nico freno respetado hasta entonces. Exist&iacute;a sin embargo un obst&aacute;culo que les hab&iacute;a impedido declararse inmediatamente contra Roma: y eran los antiguos matrimonios que hab&iacute;an unido familias romanas con nobles y poderosas familias de Capua, y adem&aacute;s el lazo poderoso de muchos compatriotas suyos que serv&iacute;an en el ej&eacute;rcito romano y de trescientos caballeros, de los m&aacute;s nobles de la Campania, quienes, por expresa elecci&oacute;n, hab&iacute;an sido enviados a guarnecer las ciudades de Sicilia. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Francisco Navarro y Calvo)</p>
<p>
	&nbsp;<em>Hannibal post Cannensem pugnam castraque capta ac direpta confestim ex Apulia in Samnium moverat, accitus in Hirpinos a Statio Trebio pollicente se Compsam traditurum. compsanus erat Trebius nobilis inter suos; sed premebat eum Mopsiorum factio, familiae per gratiam Romanorum potentis.&nbsp; post famam Cannensis pugnae volgatumque Trebi sermonibus adventum Hannibalis cum Mopsiani urbe excessissent, sine certamine tradita urbs Poeno praesidiumque acceptum est. ibi praeda omni atque impedimentis relictis, exercitu partito Magonem regionis eius urbes aut deficientis ab Romanis accipere aut detractantis cogere ad defectionem iubet, ipse per agrum Campanum mare inferum petit, oppugnaturus Neapolim, ut urbem maritimam haberet. ubi fines Neapolitanorum intravit, Numidas partim in insidiis&mdash;et pleraeque cavae sunt viae sinusque occulti&mdash;quacumque apte poterat disposuit, alios prae se actam praedam ex agris ostentantis obequitare portis iussit.&nbsp; in quos, quia nec multi et incompositi videbantur, cum turma equitum erupisset, ab cedentibus consulto tracta in insidias circumventa est;&nbsp; nec evasisset quisquam, ni mare propinquum et haud procul litore naves, piscatoriae pleraeque, conspectae peritis nandi dedissent effugium.&nbsp; aliquot tamen eo proelio nobiles iuvenes capti caesique, inter quos et Hegeas, praefectus equitum, intemperantius cedentes secutus cecidit.&nbsp; ab urbe oppugnanda Poenum absterruere conspecta moenia haudquaquam prompta oppugnanti.<br />
	inde Capuam flectit iter luxuriantem longa felicitate atque indulgentia fortunae, maxime tamen inter corrupta omnia licentia plebis sine modo libertatem exercentis.&nbsp; senatum et sibi et plebi obnoxium Pacuvius Calavius fecerat, nobilis idem ac popularis homo, ceterum malis artibus nanctus opes. is cum eo forte anno quo res male gesta ad Trasumennum est in summo magistratu esset, iam diu infestam senatui plebem ratus per occasionem novandi res magnum ausuram facinus ut, si in ea loca Hannibal cum victore exercitu venisset, trucidato senatu traderet&nbsp; Capuam Poenis, inprobus homo sed non ad extremum perditus, cum mallet incolumi quam eversa re publica dominari, nullam autem incolumem esse orbatam publico consilio crederet, rationem iniit qua et senatum servaret et obnoxium sibi ac plebi faceret. vocato senatu cum sibi defectionis ab Romanis consilium placiturum nullo modo, nisi necessarium fuisset,&nbsp; praefatus esset, quippe qui liberos ex Appii Claudii filia haberet filiamque Romam nuptum M. Livio dedisset; ceterum maiorem multo rem magisque timendam instare; non enim per defectionem ad tollendum ex civitate senatum plebem spectare, sed per caedem senatus vacuam rem publicam tradere Hannibali ac Poenis velle; eo se periculo posse liberare eos, si permittant sibi et certaminum in re publica obliti credant,&mdash;cum omnes victi metu permitterent,&nbsp; &ldquo;claudam&rdquo; inquit &ldquo;in curia vos et, tamquam et ipse cogitati facinoris particeps, adprobando consilia quibus nequiquam adversarer, viam saluti vestrae inveniam. in hoc , fidem, quam voltis ipsi, accipite.&rdquo; fide data egressus claudi curiam iubet, praesidiumque in vestibulo relinquit, ne quis adire curiam iniussu suo neve inde egredi possit.<br />
	tum vocato ad contionem populo &ldquo;quod saepe&rdquo; inquit &ldquo;optastis, Campani, ut supplicii sumendi vobis ex improbo ac detestabili senatu potestas esset, eam non per tumultum expugnantes domos singulorum, quas praesidiis clientium servorumque tuentur, cum summo vestro periculo; sed tutam habetis ac liberam; clausos omnis in curia accipite, solos, inermis. nec quicquam raptim aut forte temere egeritis; de singulorum capite vobis ius sententiae dicendae faciam, ut quas quisque meritus est poenas pendat; sed ante omnia ita vos irae indulgere oportet, ut potiorem ira salutem atque utilitatem vestram habeatis. etenim hos, ut opinor, odistis senatores, non senatum omnino habere non voltis; quippe aut rex, quod abominandum, aut, quod unum liberae civitatis consilium est, senatus habendus est. itaque duae res simul agendae vobis sunt, ut et veterem senatum tollatis et novum cooptetis.&nbsp; citari singulos senatores iubebo de quorum capite vos consulam; quod de quoque censueritis fiet; sed prius in eius locum virum fortem ac strenuum novum senatorem cooptabitis quam de noxio supplicium sumatur.&rdquo;&nbsp; inde consedit et nominibus in urnam coniectis citari quod primum sorte nomen excidit ipsumque e curia produci iussit ubi auditum est nomen, malum et inprobum pro se quisque clamare et supplicio dignum.&nbsp; tum Pacuvius &ldquo;video quae de hoc sententia sit; date igitur pro malo atque inprobo bonum senatorem et iustum.&rdquo; primo silentium erat inopia potioris subiciundi; deinde cum aliquis omissa verecundia quempiam nominasset, multo maior extemplo clamor oriebatur, cum alii negarent nosse, alii nunc probra nunc humilitatem sordidamque inopiam et pudendae artis aut quaestus genus obicerent. hoc multo magis in secundo ac tertio citato senatore est factum, ut ipsius paenitere homines appareret, quem autem in eius substituerent locum deesse, quia nec eosdem nominari attinebat, nihil aliud quam ad audienda probra nominatos, et multo humiliores obscurioresque ceteri erant eis qui primi memoriae occurrerant. ita dilabi homines, notissimum quodque malum maxime tolerabile dicentes esse iubentesque senatum ex custodia dimitti. </em></p>
<p>
	<em>hoc modo Pacuvius cum obnoxium vitae beneficio senatum multo sibi magis quam plebi fecisset, sine armis iam omnibus concedentibus dominabatur.&nbsp; hinc senatores omissa dignitatis libertatisque memoria plebem &#39;adulari; salutare, benigne invitare, apparatis accipere epulis,&nbsp; eas causas suscipere, ei semper parti adesse, secundum eam litem iudices dare quae magis popularis aptiorque in volgus favori conciliando esset;&nbsp; iam vero nihil in senatu agi aliter quam si plebis ibi esset concilium. prona semper civitas in luxuriam non ingeniorum modo vitio sed afluenti copia voluptatium et inlecebris omnis amoenitatis maritimae terrestrisque,&nbsp; tum vero&nbsp; ita obsequio principum et licentia plebei lascivire ut nec libidini nec sumptibus modus esset. ad contemptum legum, magistratuum, senatus accessit tum, post Cannensem cladem, ut, cuius aliqua verecundia erat, Romanum quoque spernerent imperium.&nbsp; id modo erat in mora ne extemplo deficerent, quod conubium vetustum multas familias claras ac potentis Romanis miscuerat,&nbsp; et cum militarent aliquot apud Romanos, maximum vinculum erant trecenti equites, nobilissimus quisque Campanorum, in praesidia Sicularum urbium delecti ab Romanis ac missi.</em></p>
<p>
	En fin, <em>Capua </em>cay&oacute; en manos de <em>Anibal</em>, que all&iacute; fijo el campamento de su ej&eacute;rcito durante el invierno,&nbsp; pero el lujo y las comodidades de la vida en esta lujosa ciudad debilitaron de tal manera a su ej&eacute;rcito y relajaron su disciplina que tan pronto pasaron los fr&iacute;os lo sac&oacute; inmediatamente para restablecer el esp&iacute;ritu de sacrificio que ha de acompa&ntilde;ar a todo buen soldado.</p>
<p>
	Nos lo recuerda <em>Cicer&oacute;n </em>en el texto cuya referencia cit&eacute; anteriormente:</p>
<p>
	<em><strong>Segudo discurso sobre la Ley Agraria pronunciado en el Senado contra P.Srvilio Rulo, Tribuno de la plebe.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Los campanios siempre se sintieron orgullosos de la excelencia de su tierra, de la magnitud de sus cultivos, de la salud, de la posici&oacute;n y de la belleza de su ciudad. De esa abundancia, y&nbsp; afluencia de todas las cosas&nbsp; se originaron, en primer lugar, la arrogancia que exig&iacute;a a nuestros antepasados la elecci&oacute;n de uno de los c&oacute;nsules de Capua; y, en segundo lugar, aquel lujo que conquist&oacute; con el placer a An&iacute;bal, que hasta entonces hab&iacute;a sido invencible por las armas.</strong></em></p>
<p>
	<em>DE LEGE AGRARIA ORATIO SECVUNDA CONTRA P. SERVILIVM RVLLVM TR. PLEB. IN SENATV<br />
	Cicero Leg. Agr. II. 95</em></p>
<p>
	<em>Campani semper superbi bonitate agrorum et fructuum magnitudine, urbis salubritate, descriptione, pulchritudine. Ex hac copia atque omnium rerum adfluentia primum illa nata est adrogantia qua a maioribus nostris alterum Capua consulem postularunt, deinde ea luxuries quae ipsum Hannibalem armis etiam tum invictum voluptate vicit.</em></p>
<p>
	Pero esto es otro tema.</p>
<p>
	En todo caso, la an&eacute;cdota de los ciudadanos que malquer&iacute;an a sus senadores tal vez pueda mover a alguna reflexi&oacute;n a dirigentes actuales populistas dispuestos a consultar al pueblo siempre que lo presuponen coincidentes con sus objetivos. En nuestras sociedades actuales la democracia es representativa, es decir, los ciudadanos eligen a sus representantes en quienes delegan su derecho de participaci&oacute;n en la vida pol&iacute;tica en algunos aspectos. S&oacute;lo en contadas ocasiones de especial importancia se recurre al &ldquo;<em>refer&eacute;ndum</em>&rdquo; o consulta a todos los ciudadanos con derecho a participar.</p>
<p>
	<em>Nota</em>: &ldquo;<em>refer&eacute;ndum</em>&rdquo; es una forma verbal llamada &ldquo;<em>gerundivo</em>&rdquo; que significa &ldquo;<em>obligaci&oacute;n de</em>&hellip;&rdquo; del verbo <em>re-fero, re-ferre</em>, compuesto de <em>re</em>&#8211; (<em>de nuevo, hacia atr&aacute;s,) </em>y<em> fero, llevar</em>. En consecuencia significa &ldquo;<em>consultar</em>&rdquo;.</p>
<p>
	En el contexto pol&iacute;tico se refiere, pues, al procedimiento por el que una cuesti&oacute;n o asunto &ldquo; <em>ha de ser llevado o devuelto&hellip;.al pueblo&rdquo;</em>, es decir, consultada al conjunto de los ciudadanos que son los que detentan la soberan&iacute;a para su ratificaci&oacute;n.</p>
<p>
	La <em>RAE</em>, con su plausible concisi&oacute;n, lo define como:</p>
<p>
	<em><strong>&ldquo;Procedimiento por el que se someten al voto popular leyes o decisiones pol&iacute;ticas con car&aacute;cter decisorio o consultivo&rdquo;</strong></em>.</p>
<p>
	<em>Plebiscito </em>es un t&eacute;rmino sin&oacute;nimo de sabor absolutamente latino. Est&aacute; formado de &ldquo;<em>plebis</em>&rdquo;, genitivo de &ldquo;<em>plebs</em>&rdquo;, que significa, <em>plebe, pueblo</em> (recordemos la divisi&oacute;n inicial de los ciudadanos romanos entre &ldquo;<em>patricios</em>&rdquo;, con todos los derechos y &ldquo;<em>plebeyos</em>&rdquo; que los hubieron de conseguir con una larga lucha por la igualdad, y &ldquo;scitum&rdquo;, del verbo <em>scio, scire, saber</em>, y su compuesto incoativo &ldquo;<em>sciscere</em>&rdquo;, que inicialmente significa <em>informarse, tratar de saber</em>,&nbsp; y secundariamente <em>deliberar, votar, decretar, resolver, ordenar.</em><br />
	As&iacute; dice <em>Cicer&oacute;n en Fil&iacute;picas I, 10,26:</em></p>
<p>
	&ldquo;<em>Consules iure populum rogaverunt, populusque iure scivit</em>&rdquo;,</p>
<p>
	que traducido dice:</p>
<p>
	&ldquo;<em><strong>los c&oacute;nsules conforme a derecho consultaron al pueblo y el pueblo resolvi&oacute; conforme a derecho&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	El Diccionario de la RAE lo define con toda claridad y precisi&oacute;n de la siguiente manera:</p>
<p>
	<em><strong>Del lat. plebiscītum.<br />
	1. m. Resoluci&oacute;n tomada por todo un pueblo por mayor&iacute;a de votos.<br />
	2. m. Consulta que los poderes p&uacute;blicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica o legal.<br />
	3. m. En la antigua Roma, ley que la plebe establec&iacute;a a propuesta de su tribuno, separadamente de las clases superiores de la rep&uacute;blica, y que oblig&oacute; al principio solo a los plebeyos, pero m&aacute;s tarde a todo el pueblo.</strong></em></p>
<p>
	Evito por mi parte la discusi&oacute;n <em>leguleya</em>, nunca mejor denominada, de la diferencia t&eacute;cnica entre plebiscito y refer&eacute;ndum, que ha producido no pocos art&iacute;culos.</p>
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		<title>Ovidio en el Museo del Prado (Ovidio V)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Apr 2017 08:20:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Dioses y Religión]]></category>
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		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
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					<description><![CDATA[De los tres poetas latinos más famosos de la época de Augusto, Virgilio, Horacio y Ovidio, sin duda el más influyente de todos ellos en la cultura occidental ha sido Ovidio, aunque no sea el mejor  valorado por la crítica literaria. La influencia de Ovidio se ha dejado sentir desde la propia Antigüedad, durante la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días en todas las artes, en las literarias por supuesto, pero también de manera especial en la pintura y hasta en la música. Este es un tema muy atendido por los estudiosos y al que quizás debiera por mi parte dedicar algún amplio comentario en algún momento.  Algo de ello he dicho en alguno de los artículos que he publicado al hilo de la celebración del bimilenario de la muerte del poeta.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>De los tres poetas latinos más famosos de la época de Augusto, Virgilio, Horacio y Ovidio, sin duda el más influyente de todos ellos en la cultura occidental ha sido Ovidio, aunque no sea el mejor  valorado por la crítica literaria. La influencia de Ovidio se ha dejado sentir desde la propia Antigüedad, durante la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días en todas las artes, en las literarias por supuesto, pero también de manera especial en la pintura y hasta en la música. Este es un tema muy atendido por los estudiosos y al que quizás debiera por mi parte dedicar algún amplio comentario en algún momento.  Algo de ello he dicho en alguno de los artículos que he publicado al hilo de la celebración del bimilenario de la muerte del poeta.</b></p>
<p>
	Me referir&eacute; brevemente, sin embargo, a su influjo en la pintura del <em>Museo del Prado</em> de <em>Madrid</em>. <strong>Ovidio </strong>est&aacute; presente en todos los museos importantes del mundo (<em>Museo del Louvre o la&nbsp; National Gallery (Londres) o la&nbsp;&nbsp; Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo</em>, etc. etc.) a trav&eacute;s de su influjo en los pintores, sobre todo del <em>Renacimiento </em>y <em>Barroco </em>(<em>Rubens, Vel&aacute;zquez, Tiziano</em>&hellip;)&nbsp; pero tambi&eacute;n contempor&aacute;neos, como <em>Picasso</em>.</p>
<p>
	El influjo es sobre todo el de su libro de mitolog&iacute;a Las Metamorfosis o transformaci&oacute;n de unos seres en otros, generalmente humanos o dioses en animales, &aacute;rboles o estrellas, verdadero tratado de <em>mitograf&iacute;a</em>.</p>
<p>
	Me referir&eacute; de manera exclusiva y breve a su presencia en el<em> Museo del Prado de Madrid</em>. En realidad es absolutamente aconsejable a quien visite este importante museo, una de las &ldquo;pinacotecas&rdquo; m&aacute;s importantes del mundo, que lo hagan tras una lectura previa de la obra de Ovidio las <em>Metamorfosis</em> o de alguna de las gu&iacute;as y publicaciones que sobre el tema existen o de una visita a la p&aacute;gina web del propio museo</p>
<p>
	<a href="https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=metamorfosis&amp;ordenarPor=pm:relevance">https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=metamorfosis&amp;ordenarPor=pm:relevance</a></p>
<p>
	<em>Nota</em>: la palabra &ldquo;<em>pinacoteca</em>&rdquo; nos ha llegado a trav&eacute;s de la latina &ldquo;<em>pinacotheca</em>&quot;, pero en realidad es de origen griego: &pi;&iota;&nu;&alpha;&kappa;&omicron;&theta;ή&kappa;&eta;, <em>pinakotheke</em>, palabra a su vez compuesta de &pi;&iota;&nu;&alpha;&kappa;&omicron;&sigmaf;, <em>pinakos</em>,&nbsp; genitivo de &pi;ί&nu;&alpha;&xi;, <em>pinax</em>, que significa &ldquo;cuadro&rdquo; y &theta;ή&kappa;&eta;, <em>th&ecirc;ke</em>,&nbsp; &ldquo;<em>caja, armario, estanter&iacute;a</em>) y por extensi&oacute;n colecci&oacute;n de cosas y objetos en ellas depositadas.</p>
<p>
	La consulta a este enlace en el momento de la publicaci&oacute;n de este art&iacute;culo ofrece la referencia inmediata de 158 obras, alguna de ellas de las m&aacute;s famosas de las que alberga el <em>Museo</em>. Bien es cierto que no todas ellas son deudoras exclusivamente de <em>Ovidio</em>, pero s&iacute; la enorme mayor&iacute;a. Me limitar&eacute; presentar tan s&oacute;lo tres con el correspondiente texto de Ovidio y a citar algunas de las restantes para animar al lector a que busque por s&iacute; mismo las correspondencias, experiencia que puede extender a cualquier otro museo, como al<em> Museo del Louvre o la&nbsp; National Gallery (Londres) o la&nbsp;&nbsp; Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo, etc. etc.</em></p>
<p>
	El lector puede encontrar amplia informaci&oacute;n en numerosos libros y art&iacute;culos publicados sobre ello, de manera general en la obra de&nbsp; <em>Amalia Fern&aacute;ndez:</em> <em>Diosesy mitos. Una aproximaci&oacute;n literaria a la pintura mitol&oacute;gica del Museo del Prado, Madrid, 1998)</em>; o en la de <em>Rosa L&oacute;pez Torrijos (Mitolog&iacute;a e Historia en las obras maestras del Prado, Madrid, 1998)</em> o de manera m&aacute;s concreta en&nbsp; <em>M&ordf;. Cruz Garc&iacute;a Fuentes: Mitos de las Metamorfosis de Ovidio en la Iconograf&iacute;a del Museo del Prado, Madrid, Edit. C. E. R. S. A., 2013.</em></p>
<p>
	Me limitar&eacute; a relacionar, como dec&iacute;a, a t&iacute;tulo de ejemplo, tres o cuatro grandes obras del <em>Museo</em>, del centenar y medio expuestas, con el correspondiente texto de las <em>Metamorfosis de Ovidio</em>. Espero que ello sea suficiente aliciente para que el lector localice y ambiente la visita al Museo con la lectura de Ovidio:</p>
<p>
	El pintor <em>Pedro Pablo Rubens </em>(1577-1640) est&aacute; ampliamente representado en el <em>Museo del Prado</em> con pinturas de tema mitol&oacute;gico, cuyo encargo recibi&oacute; del rey Felipe IV para decorar la &ldquo;T<em>orre de la Parada&rdquo;</em>. La mayor parte de las escenas mitol&oacute;gicas de las pasiones de los dioses se inspiraron en la descripci&oacute;n que <em>Ovido </em>hace en las <em>Metamorfosis</em>.</p>
<p>
	Sirvan como ejemplo:&nbsp;</p>
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	<em>Deucali&oacute;n y Pirra. (1636 &#8211; 1637. &Oacute;leo sobre tabla, 26,4 x 41,7 cm.)</em></p>
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	<img fetchpriority="high" decoding="async" alt="" height="190" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/deucalion.jpg" width="340" /></p>
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	En la mitolog&iacute;a grecorromana existe tambi&eacute;n un <em>diluvio </em>con el que <em>J&uacute;piter </em>castiga la maldad de la raza humana, que debe perecer. S&oacute;lo <em>Deucali&oacute;n</em>, hijo de <em>Prometeo</em>, y su esposa <em>Pirra </em>se salvan del castigo en su arca, que qued&oacute; varada en el monte <em>Parnaso</em>, en el <em>Peloponeso</em> griego. Esta pareja dar&aacute; origen a una nueva raza de hombres.</p>
<p>
	Aunque el cuadro de <em>Rubens </em>se refiere s&oacute;lo a la creaci&oacute;n de los nuevos hombres, retomar&eacute; el relato desde la aparici&oacute;n de Deucali&oacute;n en el poema de Ovidio.</p>
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	<em>Ovidio </em>nos relata el episodio del diluvio y la supervivencia de <em>Deucali&oacute;n </em>y <em>Pirra </em>en <em>Metamorfosis, I, 309-430</em>:</p>
<p>
	<em><strong>La incontenible avalancha del oc&eacute;ano hab&iacute;a cubierto ya las colinas, y olas in&eacute;ditas golpeaban las cimas de los montes. La mayor parte de los mortales fue arrebatada por las olas; aquellos a quienes las olas perdonan perecen de inanici&oacute;n tras prolongado ayuno.<br />
	La F&oacute;cide separa las campi&ntilde;as aonias de las acgteas, gtierra feraz mientras era tierra, pero en aquel momento era una parte del mar, una dilatada llanura de aguas repentinas. Un elevado monte se yergue all&iacute; hacia los asgtros en dos cimas; se llama el &ldquo;Parnaso &ldquo; y sus cumbres se levantan por encima de las nubes. Cuando a aquel paraje, &uacute;nico que las aguas no hab&iacute;an cubierto, arrib&oacute; Deucalion, conducido, con la esposa que compart&iacute;a su lecho, por una peque&ntilde;a embarcaci&oacute;n, ambos rindieron tributo de adoraci&oacute;n a las ninfas coricidas, a las divinidades de la monta&ntilde;a y a la prof&eacute;tica Temis que entonces se encargaba de los or&aacute;culos. No ha habido hombre m&aacute;s excelente ni m&aacute;s amante de la justicia que Deucalion, ni tampoco mujer alguna mas temerosa de los dioses que la suya. Cuando J&uacute;piter vio que el mundo estaba cubierto de una l&iacute;quida sabana formando un inmenso estanque, y que un solo var&oacute;n quedaba de tantos miles y que una sola mujer quedaba de tantos miles, inocentes ambos, adoradores de la divinidad ambos, dispers&oacute; los nubarrones, hizo, vali&eacute;ndose del aqu&iacute;l&oacute;n, que las lluvias cesasen, y mostr&oacute; al cielo la tierra y el empireo a la tierra. No persiste tampoco la c&oacute;lera del mar, y el soberano del pi&eacute;lago abandona su arma de tres puntas, apacigua las aguas, llama al azul Trit&oacute;n que se erguia sobre el abismo con los hombros cubiertos de su nativa p&uacute;rpura, y le ordena que sople en su sonora concha y que haga retirarse, dando la oportuna se&ntilde;al, a las olas y a los r&iacute;os. Toma &eacute;l entonces su hueca trompa, que en espiral va aumentando de tama&ntilde;o conforme sube desde su voluta inferior, trompa que, cuando en mitad del ponto recibe el a&eacute;reo soplo, colma de su sonido las playas que se extienden bajo ambos soles. Tambi&eacute;n entonces, tan pronto como toc&oacute; el rostro del dios, que chorreaba por su barba empapada, y emiti&oacute;, al recibir el soplo, la se&ntilde;al de retirada conforme a lo ordenado, fue oida por todas las aguas de tierra y de mar, y a todas las aguas que la oyeron impuso su freno. Ya tiene ribera el mar, el cauce contiene toda su corriente, descienden los rios y se advierte que van sobresaliendo las colinas; aparece la tierra, se van ensanchando los parajes al decrecer las aguas, y tras el largo lapso ense&ntilde;an las selvas sus copas ya desnudas y sostienen el fango que ha quedado entre las hojas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El mundo estaba restaurado; pero al verlo Deucalion vac&iacute;o y al ver las tierras desoladas y sumidas en profundo silencio, habl&oacute; asi a Pirra con lagrimas en los ojos: &ldquo;Oh hermana, oh esposa, oh mujer &uacute;nica superviviente, que, unida a mi por la consanguinidad, por el lazo de hermandad de nuestros padres, y despu&eacute;s por el matrimonio, ahora lo estas por los peligros mismos; de toda la tierra que contemplan el ocaso y el orto nosotros dos somos la &uacute;nica poblaci&oacute;n; todo lo dem&aacute;s est&aacute; en poder del ponto. Incluso ahora no tenemos todavia suﬁciente seguridad ni garantia para nuestra vida; a&uacute;n los nubarrones aterrorizan mi alma. &iquest;Cual ser&iacute;a tu estado de animo ahora, infeliz, si hubieras sido arrancada a la muerte sin mi? &iquest;De qu&eacute; modo hubieras podido soportar el miedo? &iquest;Qui&eacute;n proporcionaria consuelo a tu dolor? Porque yo mismo, creerne, si a ti te poseyera tambi&eacute;n el ponto, yo te seguir&iacute;a, esposa, y tambi&eacute;n a mi me poseeria el ponto. |Ojal&aacute; pudiera yo restablecer la poblaci&oacute;n del mundo con las facultades de mi padre y derramar vida en la tierra despu&eacute;s de modelarla. Pero en nosotros dos est&aacute; todo lo que queda de la estirpe mortal; asi lo han decidido los dioses, y subsistimos como ejemplares &uacute;nicos de humanidad. Acab&oacute; de hablar y ambos lloraban. Acordaron dirigir sus plegarias a los poderes celestiales y pedir auxilio vali&eacute;ndose del or&aacute;culo sagrado. Sin la menor tardanza acuden juntos a las aguas del Cefiso, que si a&uacute;n no estaban limpidas, al menos atravesaban ya sus habituales parajes. De alli tomaron unas gotas con las que rociaron sus ropas y cabezas, tras de lo cual encaminan sus pasos al santuario de la diosa augusta, cuyos tejados verdeaban cubiertos de sucio musgo y cuyos altares estaban desprovistos de fuego. Cuando alcanzaron las gradas del templo se prosternaron ambos en tierra y besaron, llenos de temor, la fria piedra; y hablaron as&iacute;: &ldquo;Si las deidades se ablandan. desarmadas, por las preces de los justos, si se doblega la c&oacute;lera de los dioses, di, Temis, por qu&eacute; medios podria repararse la p&eacute;rdida de nuestra raza, y, en tu extraordinaria clemencia, socorre a un mundo sumergido&rdquo;. Conmovida la diosa dio esta respuesta: &ldquo;Alejaos del templo, cubr&iacute;os la cabeza, soltad los lazos que sujetan vuestras ropas, y arrojad a vuestra espalda los huesos de la gran madre.&quot; Mucho tiempo quedaron confusos, hasta que fue Pirra la primera que rompi&oacute; el silencio con su voz, rehusando obedecer las &oacute;rdenes de la diosa; con palabras tr&eacute;mulas le pide perd&oacute;n y se espanta ante la idea de ultrajar las sombras de su madre arrojando sus huesos. Mientras, vuelven a meditar sobre las palabras oscuras, de insoluble mara&ntilde;a, del or&aacute;culo de la diosa, y les dan vueltas y mas vueltas. Hasta que el Prometida tranquiliza a la Ep&iacute;m&eacute;tide con palabras reconfortantes dici&eacute;ndole: &ldquo;O me enga&ntilde;a mi inteligencia, o el or&aacute;culo es santo y no nos aconseja ning&uacute;n crimen. La gran madre es la tierra; me parece que los huesos de que en &eacute;l se habla son las piedras en el cuerpo de la tierra; &eacute;stas son las que se nos ordena arrojar a nuestras espaldas.&quot;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Aunque esta interpretaci&oacute;n de su esposo produjo impresi&oacute;n en la Titania&ldquo;, sus esperanzas, sin embargo, vacilan todavia; hasta ese punto desconf&iacute;an ambos de las &oacute;rdenes divinas; pero &iquest;qu&eacute; mal habra en probar? Se alejan, cubren sus cabezas, se desci&ntilde;en las t&uacute;nicas, y van tirando sobre sus huellas las piedras prescritas. Los pedruscos (&iquest;qui&eacute;n lo creeria si no lo atestiguara la antigua tradici&oacute;n?) empezaron a despojarse de su dureza y de su rigidez, a ablandarse conforme pasaba el tiempo, y, una vez ablandados, a tomar forma. Despu&eacute;s, cuando crecieron y adquirieron una naturaleza m&aacute;s suave, pod&iacute;a ya parecer aquello un algo de ﬁgura humana, aunque todavia no resultaba evidente, sino que era como una obra empezada en m&aacute;rmol, no bien terminada a&uacute;n y semejante a las estatuas a medio hacer. Ahora bien, todo lo que en aquellas piedras habia de h&uacute;medo o ten&iacute;a alg&uacute;n jugo o era de tierra se convirtio en carne para formar el cuerpo; lo que habia de solido y que no podia doblarse se transform&oacute; en huesos; lo que era vena permaneci&oacute; con el mismo nombre; y asi en breve espacio, por voluntad de los dioses, los pedruscos lanzados por las manos del hombre cobraron aspecto de hombres, mientras la mujer fue recreada por las que la mujer arrojaba. Por eso somos una raza dura, que soporta penalidades, y exhib&igrave;mos pruebas de cu&aacute;l es el principio de que nacimos.</strong></em></p>
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	<em><strong>Los demas animales, con sus formas diversas, los produjo la tierra por s&iacute; misma, una vez que la humedad que a&uacute;n conservaba se calent&oacute; con el ardor del sol, una vez que el cieno y las h&uacute;medas charcas se hincharon con el calor, y los g&eacute;rmenes fecundos de la naturaleza, alimentados por un suelo viviﬁcante, como en el seno de una madre, crecieron y tomaron con el tiempo alguna forma determinada. Tambi&eacute;n de este modo, cuando el Nilo, el r&iacute;o de los siete desag&uuml;es, abandona los campos empapados&hellip; y devuelve a su antiguo cauce su caudalosa corriente, y el limo fresco se calienta bajo el astro celeste, son muchisimos los animales que encuentran los labradores al levantar los terrones; de entre aquellos hay unos que estan apenas empezados puesto que estan naciendo en aquel momento, otros se ven a medio hacer a&uacute;n y desprovistos de sus organos, y con frecuencia en un mismo cuerpo hay una parte que tiene ya vida, mientras otra es todav&iacute;a tierra inerte. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Antonio Ruiz de Elvira. Edit. CSIC.Madrid)</p>
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	<em>Nota</em>: por ser unos textos un tanto extensos, reproducir&eacute; los textos latinos al final del art&iacute;culo.</p>
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	<em>El rapto de Europa</em></p>
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	Seg&uacute;n el relato m&iacute;tico, <em>Europa </em>era hija del rey de <em>Tiro Agenor</em>; de ella se anamor&oacute; el dios <em>Zeus</em>, que orden&oacute; a <em>Hermes </em>traer junto al r&iacute;o a las vacas del rey; <em>Zeus </em>se transform&oacute; en un toro blanco para ganarse la confianza de <em>Europa</em>, que se mont&oacute; en sus lomos; en ese momento el toro arranc&oacute; veloz, se intern&oacute; en el mar <em>Mediterr&aacute;neo </em>y lleg&oacute; a Creta. All&iacute; el dios se mostr&oacute; en su divinidad y sedujo a la joven.</p>
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	Es este uno de los mitos m&aacute;s representados desde &eacute;poca antigua, pues tenemos representaciones desde el siglo VI a.C.&nbsp; <em>Tiziano </em>pinto entre 1559 y 1562 un oleo sobre este mito que se expone en el Museo del Prado. Pedro Pablo Rubens copi&oacute; este cuadro en 1628-1629. Luego el mismo <em>Rubens </em>repiti&oacute; otra vez el tema para la <em>Torre de la Parada</em> pero de forma muy distinta distinta (se conserva el boceto en el mismo museo) y a su vez poco despu&eacute;s <em>Jan Erasmus Quelinus</em> pinto sobre este boceto el cuadro que tambi&eacute;n se conserva tambi&eacute;n en el Prado.</p>
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	<img decoding="async" alt="" height="351" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/europa.jpg" width="387" /></p>
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	<em>Pedro Pablo Rubens. Rubens,&nbsp; (Copia de Tiziano, Vecellio di Gregorio)</em></p>
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	<img decoding="async" alt="" height="299" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/europa2..jpg" width="218" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/europa3.jpg" style="width: 211px; height: 302px;" /></p>
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	<em>El rapto de Europa . Boceto de Pedro Pablo Rubens 1636 &#8211; 1637. &Oacute;leo sobre tabla, 18,9 x 13,7 cm. y &oacute;leo de Jan Erasmjus Quelinus.</em></p>
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	Nos lo cuenta <em>Ovidio en Metamorfosis II, 833-875:</em></p>
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	<em><strong>Una vez que el Atlantiada (Mercurio) impuso este castigo a sus palabras y alma sacrilega, abandona las tierras que han tomado de Palas su nombre, y agitando sus alas penetra en el cielo. Lo llama aparte su padre y, sin declarar que es el amor lo que le mueve, le dice: &ldquo;Fiel ejecutor de mis ordenes, hijo, omite toda dilaci&oacute;n y desciende en veloz carrera como acostumbras; encaminate a la tierra que mira a tu madre por la izquierda -&laquo;sus habitantes le dan el nombre de tierra de Sid&oacute;n-, y haz que aquel reba&ntilde;o real que ves pacer a lo lejos la hierba de la monta&ntilde;a se dirija a la playa&rdquo;. Dijo, e inmediatamente los toros, echados de la monta&ntilde;a, se encaminan, conforme a lo ordenado, a la playa, en donde la hija de un gran rey solia distraerse acompa&ntilde;ada por j&oacute;venes de Tiro. No son muy compatibles ni habitan en un mismo domicilio la majestad y el amor; abandonando la gravedad de su cetro, el ilustre padre y soberano de los dioses, cuya diestra esta armada de los fuegos de tres puntas, que con una cabezada sacude el mundo, se viste la apariencia de un toro, muge mezclado a los novillos y va de un lado para otro espl&eacute;ndido, por la blanda hierba. Y en efecto, su color es el de la nieve que ni han pisado las plantas de un duro pie ni ha fundido el lluvioso Austro. En su cuello sobresalen los m&uacute;sculos, sobre los brazos le cae la papada; sus cuernos son peque&ntilde;os, si, pero se podria asegurar que son obra de artesania y son m&aacute;s luminosos que una perla sin tacha. No hay en su testuz amenaza alguna ni inspira terror su mirada. Su semblante es de paz. Se maravilla la hija de Ag&eacute;nor de que sea tan hermoso, de que no amenace con ataque alguno; pero, con todo lo manso que era, al principio no se atreve a tocarlo. Despu&eacute;s se acerca y le ofrece flores en la blanca boca. Se fregocija el enamorado y, en tanto llega el placer que espera, le da besos en las manos; y apenas, apenas puede ya aplazar lo dem&aacute;s. Tan pronto retoza y salta en la verde hierba, como apoya el costado de nieve en la rojiza arena; y habi&eacute;ndole quitado el miedo poco a poco, ya le ofrece el pecho para que le d&eacute; golpecitos su mano de virgen, ya los cuernos para que en ellos le entrelace guirnaldas de frescas flores. Se at revi&oacute; tambi&eacute;n la regia doncella, sin saber a quien montaba, a sentarse en la espalda del toro, y a partir de entonces el dios se va alejando insensiblemente de la tierra y de la parte seca de la playa, poniendo primero en el borde del agua las falsas plantgas de sus patas y progresando despu&eacute;s hasta llevarse su bot&iacute;n a trav&eacute;s de las l&iacute;quidas llanuras del mar abierto. Ella est&aacute; asustada, mira atr&aacute;s a la playa que ha dejado al ser raptada, y con la mano derecha se agarra a los cuernos mientras apoya la otra en el lomo: sus ropas tr&eacute;mulas ondlan al soplo de la brisa.</strong></em></p>
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	<em>Orfeo y Eur&iacute;dice</em></p>
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	El tema de la pareja m&iacute;tica <em>Orfeo </em>y <em>Eur&iacute;dice </em>es el del descenso al mundo inferior, al infierno, al mundo de los muertos, al mundo donde reinan <em>Plut&oacute;n </em>y <em>Pros&eacute;rpina</em>; en griego se llama a este descenso &kappa;&alpha;&tau;&alpha;&beta;ᾴ&sigma;&epsilon;&iota;&sigmaf;, <em>katabaseis</em>,&nbsp; o &kappa;ά&theta;&omicron;&delta;&omicron;&iota;, <em>kathodoi</em>, y se adjudican a <em>H&eacute;rcules</em>, <em>Ulises, Eneas, Teseo, Pir&iacute;too</em> y sobre todo a <em>Orfeo</em>, que acude en busca de su esposa, fallecida por el veneno de una serpiente,&nbsp; y cuyo final no anticipo para no minorar el inter&eacute;s de la lectura del texto de <em>Ovidio</em>, que sin duda inspir&oacute; las numerosas representaciones pict&oacute;ricas que del mito se hicieron.&nbsp; Lo presento&nbsp; en un cuadro tambi&eacute;n de <em>Pedro Pablo Rubens</em></p>
<p>
	<em>Orfeo y Eur&iacute;dice. 1636 &#8211; 1638. &Oacute;leo sobre lienzo, 196,5 x 247,5 cm.<br />
	Pedro Pablo Rubens</em></p>
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	<img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/orfeo.jpg" /></p>
<p>
	<em>Virgilio </em>nos relata tambi&eacute;n el mito en su obrita <em>Culex </em>y luego en sus famosas <em>Ge&oacute;rgicas</em>. <em>Ovidio </em>deb&iacute;a conocer esta versi&oacute;n virgiliana y es el&nbsp; relato de <em>Ovidio </em>que encontramos al principio del <em>Libro X de sus Metamorfosis, versos del 1 al 77</em>. el que ahora transcribo:</p>
<p>
	<em><strong>De all&iacute; se aleja el Himeneo, cubierto por azafranado manto, atravesando el cielo inmenso, yse dirigi&oacute; a la regi&oacute;n de los C&iacute;cones, y en vano lo llama la voz de Orfeo. Presente estuvo, s&iacute;, pero ni llev&oacute; all&iacute; palabras rituales ni rostro gozoso ni favorable presagio. Incluso la antorcha que sosten&iacute;a no dej&oacute; de chisporrotear produciendo un humo que hac&iacute;a brotar las l&aacute;grimas, y no logr&oacute;, por m&aacute;s que se la movi&oacute;, dar llama alguna. El resultado fue a&uacute;n m&aacute;s grave que el augurio: pues la reci&eacute;n casada, durante un paseo en el que iba acompa&ntilde;ada por un tropel de N&aacute;yades, sucumbi&oacute; de la mordedura de una serpiente en un tobillo. La llor&oacute; mucho el artista rodopeo en los aires de arriba, tras de lo cual, para no dejar de probar tambi&eacute;n con las sombras, se atrevi&oacute; a descender a la Estige por la puerta del T&eacute;naro, y, atravesando multitudes ingr&aacute;vidas y espectros que hab&iacute;an recibido sepultura, se present&oacute; ante Pers&eacute;fone y ante el soberano que gobierna el repulsivo reino de las sombras, y pulsando las cuerdas en acompa&ntilde;amiento a su canto dijo as&iacute;: &ldquo;Oh divinidades del mundo situado bajo tierra, al que venimos a caer cuantos somos engendradas mortales, si es licito y vosotros permitis que yo diga la verdad omitiendo los rodeos propios de una boca mentirosa, no he descendidoaqu&iacute; para ver el oscuro T&aacute;rtaro, ni para encadenar las tres gargantas, provistas de culebras en vez de vello, del monsgtruo Meduseo; el motivo de mi viaje es mi esposa, en la que una v&iacute;bora, al ser pisada, introdujo su veneno, y le arrebat&acute;&acute;o sus a&ntilde;os en crecimiento. Yo quise ser capaz de sop&oacute;rtalo, y no negar&eacute; que le he intentado; el Amor ha vencido. Es un dios bien conocido en las regiones de arriba; yo no s&eacute; si tambi&eacute;n lo es aqu&iacute;, pero sospecho que s&iacute; lo es tambi&eacute;n, y si la fama del antiguo rapta no ha mentido, tambi&eacute;n a vosotros os uni&oacute; el Amor. Por estos lugares llenos de espanto, por este inmenso Caos y por el silencio de vasto territorio yo os lo pido: volved a tejer el prematuro destino de Eur&iacute;dice. Todos los seres os somos debido, y tras breve demora, m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano, marchamos velozmente al mismo sitio. Aqu&iacute; nos encaminamos todos, &eacute;sta es la &uacute;ltima morada, y vosotros pose&eacute;is los m&aacute;s dilatados territorios habitados por la raza humana. Tambi&eacute;n Euridice ser&aacute; de vuestra propiedad cuando en saz&oacute;n haya cumplido los a&ntilde;os que le corresponden; os pido su disfrute como un obsequio; y si los hados niegan esta concesi&oacute;n para mi esposa, yo tengo tomada mi ﬁrme resoluci&oacute;n de no volver: gozad con la muerte de los dos&rdquo;. lmentras &eacute;l hablaba as&iacute; y hac&iacute;a vibrar las cuerdas acompa&ntilde;ando a sus palabras, lo lloraban las almas sin sangre; T&aacute;ntalo no trat&oacute; de alcanzar el agua que se le escapaba, qued&oacute; paralizada la rueda de Ix&iacute;on, las aves no hicieron presa en el h&iacute;gado, y t&uacute;, Sisifo, te sentaste en tu pe&ntilde;a. Entonces se dice que por primera vez las mejillas de las Eum&eacute;nides, subyugadas por el canto, se humedecieron de l&aacute;grimas, y ni la regia consorte ni el que gobierna los abismos fueron capaces de decir que no al suplicante, y llaman a Eur&iacute;dice. Se encontraba ella entre las sombras reci&eacute;n llegadas, y avanz&oacute; con paso lento por la herida. El rodopio Orfeo la recibi&oacute;, al mismo tiempo que la condici&oacute;n de no volver atr&aacute;s los ojos hasta que hubiera salido de los valles de Averno; en otro caso quedar&iacute;a anulada la gracia.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Emprenden la marcha a trav&eacute;s de parajes de silenciosa quietud y siguiendo una senda ompinada, abrupta, oscura, pre&ntilde;ada de negras tinieblas, y llegaron cerca del l&iacute;mite de la tierra de arriba. All&iacute;, por temor a que ella desfalleciese, y ansioso de verla, volvi&oacute; el enamorado los ojos, y en el acto ella cay&oacute; de nuevo al abismo. Y extendiendo ella los brazos y esforz&aacute;ndose por ser abrazada y por abrazar, no agarra la desventurada otra cosa que el aire que se le escapa, y al morir ya por segunda vez no profiri&oacute; queja alguna de su esposo (&iquest;pues de qu&eacute; se iba a auejar sino de que la hab&iacute;a amado?), y dici&eacute;ndole un &uacute;ltimo adi&oacute;s, que apenas pudieron percibir los o&iacute;dos de Orfeo, descendi&oacute; de nuevo al lugar de donde partiera. Con la doble muerte de su esposa qued&oacute; Orfeo no menos agturdido que el que vio asustado los tres cuellos del perro, de los cuales el central llevaba las cadenas; a aquel hombre no le abandon&oacute; el p&aacute;nico antes que su anterior naturaleza, pues la piedra le invadi&acute;po el cuerpo. O que &Oacute;leno, que se ech&oacute; la culpa y quiso pasar por convito, o que t&uacute;, desdichada Letea, ensoberbecida de tu belleza, corazones ambos unid&iacute;simo en otro tiempo, hoy pe&ntilde;as que desansan sobre el h&uacute;medo Ida.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Suplic&oacute; Orfeo, y en vano quiso volver a pasar; el barquero lo rechaz&oacute;, y aun as&iacute; durante siete d&iacute;as permaneci&oacute; &eacute;l sentado en la orilla, desali&ntilde;ado y ayuno del don de Ceres; la angustia y la pena de su alma y las l&aacute;grimas fueron su alimento. Despu&eacute;s de lamentarse llamando crueles a los dioses del &Eacute;rebo, se retir&oacute; al elevado R&oacute;dope y al Hemo batido por los aquilones.</strong></em></p>
<p>
	<em>Atalanta e Hipomenes</em></p>
<p>
	<em>Hip&oacute;menes y Atalanta 1618 &#8211; 1619. &Oacute;leo sobre lienzo, 206 x 297 cm.<br />
	Reni, Guido, pintor barroco bolo&ntilde;es.</em></p>
<p>
	<img decoding="async" alt="" src="https://www.antiquitatem.com/imgs/arts/sin_título.jpg" /></p>
<p>
	Hace alg&uacute;n tiempo reh&iacute;ce el relato de la famosa carrera de <em>Atalanta </em>e <em>Hipomenes </em>en este mismo blog adaptando directamente el texto de <em>Ovidio</em>. El mito narra la historia de Atalanta, la hija del rey de <em>Arcadia</em>, que se ofreci&oacute; en matrimonio a quien fuera capaz de vencerla en la carrera; quienes fueran derrotados ser&iacute;an castigados con la muerte. El apuesto <em>Hipomenes </em>le gan&oacute; la carrera sirvi&eacute;ndose de la ayuda de la diosa <em>Venus</em>, que le sugiri&oacute; una estratagema.</p>
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	Remito a la p&aacute;gina <a href="https://www.antiquitatem.com/atalanta-mitologia-palacio-del-infantado">https://www.antiquitatem.com/atalanta-mitologia-palacio-del-infantado</a>&nbsp; para obtener un comentario m&aacute;s amplio del relato, pero ofrezco no obstante el texto, ahora a la vista de uno de los cuadros del Prado, el correspondiente a Guido Reni.</p>
<p>
	Quien desee una lectura completa del texto de <em>Ovidio </em>debe acudir a <em>Metamorfosis, VIII, 281 y ss</em>. para el episodio de <em>Meleagro </em>y la caza del jabal&iacute; de <em>Calid&oacute;n </em>y&nbsp; <em>Metamorfosis X,560-704</em> para la carrera con <em>Hipomenes</em>.</p>
<p>
	<em><strong>Cuando Atalanta naci&oacute;, su padre, el rey de Arcadia, enfurecido porque s&oacute;lo deseaba un hijo var&oacute;n, la abandon&oacute; falto de toda piedad en lo alto de una monta&ntilde;a para que muriera de hambre o devorada por las feroces bestias. La diosa Artemisa, que casualmente cazaba en aquellos lugares, se apiad&oacute; de la ni&ntilde;a indefensa y le envi&oacute; una enorme osa que d&oacute;cil la amamant&oacute; con su leche. Con el tiempo y adoptada como hija por la diosa, se convirti&oacute; en una certera cazadora y en la mujer m&aacute;s veloz del mundo y emulando a su patrona prometi&oacute; que tampoco ella se casar&iacute;a nunca.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cuando siendo una cazadora famosa recibi&oacute; como trofeo la piel del jabal&iacute; que asolaba el reino de Calid&oacute;n en cuya cacer&iacute;a ella particip&oacute;, se reconcili&oacute; con su padre, que le insist&iacute;a una y otra vez en la necesidad de contraer matrimonio y ofrecerle un heredero futuro para su trono.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La esquiva Atalanta consult&oacute; el or&aacute;culo de los dioses sobre su esposo y escuch&oacute; estas confusas palabras:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8212; Para nada necesitas un esposo, Atalanta; evita tener un marido. Y a&uacute;n as&iacute; no escapar&aacute;s y ni estando viva te ver&aacute;s privada de ti misma.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Asustada por estas palabras dif&iacute;ciles de entender procura vivir soltera en los bosques, lejos de sus muchos pretendientes, a los que quiere ahuyentar con una extra&ntilde;a propuesta:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8212; S&oacute;lo me poseer&aacute; aquel de vosotros que me venza en veloz carrera, ese ser&aacute; mi esposo. En cambio el vencido habr&aacute; de morir en castigo a sus pretensiones. Esta es mi propuesta definitiva.&nbsp;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Es tal la hermosura de la veloz Atalanta que fueron muchos los j&oacute;venes incautos que osaron competir con la mujer m&aacute;s veloz del mundo y perdieron gimiendo y llorando la carrera y con ella la vida inestimable. Por eso el joven Hipomenes, que tan s&oacute;lo hab&iacute;a o&iacute;do hablar de la bella Atalanta, consideraba excesivo el riesgo que habr&iacute;a de correr para conseguirla como esposa. Pero tan pronto vio el espl&eacute;ndido cuerpo de la&nbsp; joven muchacha&nbsp; que hab&iacute;a retirado el velo de su rostro, qued&oacute; prendado y seducido de inmediato.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&#8211;Probar&eacute; yo tambi&eacute;n suerte; el premio merece correr el riesgo mortal. Los dioses ayudan a los valientes. -dice inflamado. Y loco de amor prosigue:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp; &#8212; Bella Atalanta, has vencido f&aacute;cilmente y sin esfuerzo a esos pobres muchachos, pero m&iacute;dete conmigo, que soy hijo de Megareo. Si te venzo, no ser&aacute; una derrota deshonrosa para t&iacute; y si ganas t&uacute; la carrera, habr&aacute;s vencido a Hipomenes, el biznieto de Neptuno, dios de las aguas.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Atalanta levanta sus bellos ojos luminosos y lo mira con ternura.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8212; &iquest;Por qu&eacute; quieres insensato poner en peligro tu vida preciosa, t&uacute; todav&iacute;a un ni&ntilde;o? Eres hermoso y valiente, pues no te asusta la muerte. &iquest;Tanto me amas y deseas que est&aacute;s dispuesto a morir&hellip;? Huye mientras puedas, hermoso joven; otras muchachas hermosas querr&aacute;n casarse felices contigo.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Y tal vez tocada por vez primera por el dulce sentimiento del amor,&nbsp; la inexperta y arisca Atalanta suaviza su decisi&oacute;n implacable y piensa en lo &iacute;ntimo de su coraz&oacute;n:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp; &#8212; &iquest;Por qu&eacute; ha de morir este infeliz inmerecidamente como premio a su amor? Ojal&aacute; desdichado no me hubieras visto nunca. Si la virginidad no fuera mi destino eterno, t&uacute; ser&iacute;as el &uacute;nico con quien yo compartir&iacute;a mi lecho nupcial. Ojal&aacute;, loco, fueras m&aacute;s veloz que yo misma.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pero ya Hipomenes urge la carrera, no sin antes encomendarse a la diosa del amor y pedir su ayuda divina:</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp; &#8212; Tu, diosa, que has inspirado mi pasi&oacute;n ciega, ayuda a mi osad&iacute;a.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Acudi&oacute; Venus a la llamada envuelta en una blanca nube, tan s&oacute;lo visible para Hipomenes,&nbsp; y le entreg&oacute; tres manzanas amarillas, brillantes como el sol, que deber&iacute;a utilizar en la carrera de una determinada manera.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Las trompetas dieron la se&ntilde;al de salida. All&aacute; van los dos contendientes tan veloces que parecen&nbsp; volar. Atalanta, rehusando pasar al muchacho, se sit&uacute;a a la par y contempla embelesada su rostro virginal. Arroja entonces Hipomenes una de las tres brillantes manzanas, que atrae de inmediato la mirada y el inter&eacute;s de Atalanta. Refrena pues su marcha y mientras recoge curiosa del suelo la fruta de oro, es adelantada por Hipomenes. Recupera veloz Atalanta el espacio perdido y de nuevo sobrepasa al joven con facilidad. Arroja el joven&nbsp; una segunda fruta y una vez m&aacute;s se entretiene la muchacha, que pronto recupera tambi&eacute;n el tiempo perdido. Tan s&oacute;lo queda el &uacute;ltimo tramo antes de la meta final. Ahora el joven lanza con fuerza la tercera manzana lejos del camino. Atalanta duda, pero confiada en sus veloces pies, acude a recoger a lo lejos el dorado fruto. Pero calcul&oacute; mal su rapidez o tal vez el incipiente amor refren&oacute; su marcha, que ahora resulta perdedora. Hipomenes ha alcanzado mientras tanto la meta final y con ello su ansiado premio merecido, el matrimonio con la joven virgen.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Incomprensiblemente, el joven Hipomenes olvid&oacute; a Venus y no supo agradecer su ayuda. La diosa se sinti&oacute; por ello despreciada y ofendida.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Cierto d&iacute;a pasaban junto al templo de Cibeles, la Madre de los dioses, y decidieron descansar del largo camino. Se apoder&oacute; de Hipomenes un repentino e irrefrenable deseo de yacer con Atalanta, suscitado sin duda por la vengativa Venus. All&iacute; mismo, en la cueva sagrada, a la vista de las divinas im&aacute;genes, profanan el&nbsp; santuario con su obsceno amor.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>La Madre Cibeles castig&oacute; su lujuria con su divina severidad: unas largas y feroces melenas cubren sus humanos cuellos, las manos se transforman en garras, una larga cola surge de su espalda, elevan fieros su orgullosa cabeza de&nbsp; le&oacute;n y&nbsp; sus fauces emiten rugidos que amedrentan a los restantes animales. Compadecida luego la diosa, unce a la pareja de leones con fuertes correas de flexible cuero a su majestuoso carro, del que han de tirar incansables por toda la eternidad.</strong></em></p>
<p>
	Sirvan estos tres o cuatro ejemplos de c&oacute;mo <em>Ovidio </em>puede facilitarnos la visita a <em>Museos </em>tales como el del <em>Prado </em>y facilitarnos la comprensi&oacute;n de decenas de&nbsp; obras all&iacute; expuestas.</p>
<p>
	<em>Textos Latinos</em></p>
<p>
	<em>Deucali&oacute;n y Pirra. Ovidio, Metamorfosis, I, 309-430:</em></p>
<p>
	<em>Obruerat tumulos inmensa licentia ponti,<br />
	Pulsabantque noui montana cacumina fluctus.<br />
	Maxima pars unda rapitur: quibus unda pepercit,<br />
	Illos longa domant inopi ieiunia uictu.<br />
	Separat Aonios Oetaeis Phocis ab aruis,&nbsp;<br />
	Terra ferax, dum terra fuit, sed tempore in illo<br />
	Pars maris et latus subitarum campus aquarum;<br />
	Mons ibi uerticibus petit arduus astra duobus,<br />
	Nomine Parnasus, superantque cacumina nubes:<br />
	Hic ubi Deucalion (nam cetera texerat aequor)<br />
	Cum consorte tori parua rate uectus adhaesit,<br />
	Corycidas nymphas et numina montis adorant<br />
	Fatidicamque Themin, quae tunc oracla tenebat:<br />
	Non illo melior quisquam nec amantior aequi<br />
	Vir fuit aut illa metuentior ulla deorum.<br />
	Iuppiter ut liquidis stagnare paludibus orbem<br />
	Et superesse uirum de tot modo milibus unum<br />
	Et superesse uidet de tot modo milibus unam,<br />
	Innocuos ambo, cultores numinis ambo,<br />
	Nubila disiecit nimbisque aquilone remotis<br />
	Et caelo terras ostendit et aethera terris.<br />
	Nec maris ira manet, positoque tricuspide telo<br />
	Mulcet aquas rector pelagi supraque profundum<br />
	Exstantem atque umeros innato murice tectum<br />
	Caeruleum Tritona uocat conchaeque sonanti<br />
	Inspirare iubet fluctusque et flumina signo<br />
	Iam reuocare dato: caua bucina sumitur illi,<br />
	Tortilis, in latum quae turbine crescit ab imo,<br />
	Bucina, quae medio concepit ubi aera ponto,<br />
	Litora uoce replet sub utroque iacentia Phoebo.<br />
	Tunc quoque, ut ora dei madida rorantia barba<br />
	Contigit et cecinit iussos inflata receptus,<br />
	Omnibus audita est telluris et aequoris undis<br />
	Et, quibus est undis audita, coercuit omnes.<br />
	Iam mare litus habet, plenos capit alueus amnes,<br />
	Flumina subsidunt collesque exire uidentur,<br />
	Surgit humus, crescunt loca decrescentibus undis,<br />
	Postque diem longam nudata cacumina siluae<br />
	Ostendunt limumque tenent in fronde relictum.<br />
	Redditus orbis erat; quem postquam uidit inanem<br />
	Et desolatas agere alta silentia terras,<br />
	Deucalion lacrimis ita Pyrrham adfatur obortis:<br />
	&quot;O soror, o coniunx, o femina sola superstes,<br />
	Quam commune mihi genus et patruelis origo,<br />
	Deinde torus iunxit, nunc ipsa pericula iungunt,<br />
	Terrarum, quascumque uident occasus et ortus,<br />
	Nos duo turba sumus: possedit cetera pontus.<br />
	Haec quoque adhuc uitae non est fiducia nostrae<br />
	Certa satis; terrent etiam nunc nubila mentem.<br />
	Quis tibi, si sine me fatis erepta fuisses,<br />
	Nunc animus, miseranda, foret? quo sola timorem<br />
	Ferre modo posses? quo consolante doleres?<br />
	Namque ego, crede mihi, si te quoque pontus haberet,<br />
	Te sequerer, coniunx, et me quoque pontus haberet.<br />
	O utinam possim populos reparare paternis<br />
	Artibus atque animas formatae infundere terrae!<br />
	Nunc genus in nobis restat mortale duobus<br />
	(Sic uisum superis) hominumque exempla manemus.&quot;<br />
	Dixerat, et flebant; placuit caeleste precari<br />
	Numen et auxilium per sacras quaerere sortes.<br />
	Nulla mora est: adeunt pariter Cephisidas undas,<br />
	Vt nondum liquidas, sic iam uada nota secantes.<br />
	Inde ubi libatos inrorauere liquores<br />
	Vestibus et capiti, flectunt uestigia sanctae<br />
	Ad delubra deae, quorum fastigia turpi<br />
	Pallebant musco stabantque sine ignibus arae.<br />
	Vt templi tetigere gradus, procumbit uterque<br />
	Pronus humi gelidoque pauens dedit oscula saxo,<br />
	Atque ita &quot;si precibus&quot; dixerunt &quot;numina iustis<br />
	Victa remollescunt, si flectitur ira deorum,<br />
	Dic, Themi, qua generis damnum reparabile nostri<br />
	Arte sit, et mersis fer opem, mitissima, rebus.&quot;<br />
	Mota dea est sortemque dedit: &quot;discedite templo<br />
	Et uelate caput cinctasque resoluite uestes<br />
	Ossaque post tergum magnae iactate parentis.&quot;<br />
	Obstipuere diu, rumpitque silentia uoce<br />
	Pyrrha prior iussisque deae parere recusat,<br />
	Detque sibi ueniam, pauido rogat ore pauetque<br />
	Laedere iactatis maternas ossibus umbras.<br />
	Interea repetunt caecis obscura latebris<br />
	Verba datae sortis secum inter seque uolutant.<br />
	Inde Promethides placidis Epimethida dictis<br />
	Mulcet et &quot;aut fallax&quot; ait &quot;est sollertia nobis,<br />
	Aut (pia sunt nullumque nefas oracula suadent)<br />
	Magna parens terra est: lapides in corpore terrae<br />
	Ossa reor dici; iacere hos post terga iubemur.&quot;<br />
	Coniugis augurio quamquam Titania mota est,<br />
	Spes tamen in dubio est: adeo caelestibus ambo<br />
	Diffidunt monitis. sed quid temptare nocebit?<br />
	Discedunt uelantque caput tunicasque recingunt<br />
	Et iussos lapides sua post uestigia mittunt.<br />
	Saxa (quis hoc credat, nisi sit pro teste uetustas?)<br />
	Ponere duritiem coepere suumque rigorem<br />
	Mollirique mora mollitaque ducere formam.<br />
	Mox ubi creuerunt naturaque mitior illis<br />
	Contigit, ut quaedam, sic non manifesta uideri<br />
	Forma potest hominis, sed, uti de marmore coepta,<br />
	Non exacta satis rudibusque simillima signis.<br />
	Quae tamen ex illis aliquo pars umida suco<br />
	Et terrena fuit, uersa est in corporis usum;<br />
	Quod solidum est flectique nequit, mutatur in ossa;<br />
	Quae modo uena fuit, sub eodem nomine mansit;<br />
	Inque breui spatio superorum numine saxa<br />
	Missa uiri manibus faciem traxere uirorum,<br />
	Et de femineo reparata est femina iactu.<br />
	Inde genus durum sumus experiensque laborum<br />
	Et documenta damus, qua simus origine nati.<br />
	Cetera diuersis tellus animalia formis<br />
	Sponte sua peperit, postquam uetus umor ab igne<br />
	Percaluit solis caenumque udaeque paludes<br />
	Intumuere aestu fecundaque semina rerum<br />
	Viuaci nutrita solo ceu matris in aluo<br />
	Creuerunt faciemque aliquam cepere morando.<br />
	Sic, ubi deseruit madidos septemfluus agros<br />
	Nilus et antiquo sua flumina reddidit alueo<br />
	Aetherioque recens exarsit sidere limus,<br />
	Plurima cultores uersis animalia glaebis<br />
	Inueniunt et in his quaedam modo coepta per ipsum<br />
	Nascendi spatium, quaedam inperfecta suisque<br />
	Trunca uident numeris, et eodem in corpore saepe<br />
	Altera pars uiuit, rudis est pars altera tellus.</em></p>
<p>
	&#8230;&#8230;</p>
<p>
	<em>Rapto de Europa. Ovidio, Metamorfosis II, 833-875:</em></p>
<p>
	<em>Has ubi uerborum poenas mentisque profanae<br />
	Cepit Atlantiades, dictas a Pallade terras<br />
	Linquit et ingreditur iactatis aethera pennis.<br />
	Seuocat hinc genitor nec causam fassus amoris:<br />
	&quot;Fide minister&quot; ait &quot;iussorum, nate, meorum,<br />
	Pelle moram solitoque celer delabere cursu<br />
	Quaeque tuam matrem tellus a parte sinistra<br />
	Suspicit (indigenae Sidonida nomine dicunt),<br />
	Hanc pete, quodque procul montano gramine pasci<br />
	Armentum regale uides, ad litora uerte&quot;.<br />
	Dixit et expulsi iamdudum monte iuuenci<br />
	Litora iussa petunt, ubi magni filia regis<br />
	Ludere uirginibus Tyriis comitata solebat.<br />
	Non bene conueniunt nec in una sede morantur<br />
	Maiestas et amor; sceptri grauitate relicta,<br />
	Ille pater rectorque deum, cui dextra trisulcis<br />
	Ignibus armata est, qui nutu concutit orbem,<br />
	Induitur faciem tauri mixtusque iuuencis<br />
	Mugit et in teneris formosus obambulat herbis.<br />
	Quippe color niuis est, quam nec uestigia duri<br />
	Calcauere pedis nec soluit aquaticus Auster.<br />
	Colla toris exstant, armis palearia pendent;<br />
	Cornua parua quidem, sed quae contendere possis<br />
	Facta manu puraque magis perlucida gemma.<br />
	Nullae in fronte minae nec formidabile lumen;<br />
	Pacem uultus habet. miratur Agenore nata<br />
	Quod tam formosus, quod proelia nulla minetur;<br />
	Sed quamuis mitem, metuit contingere primo.<br />
	Mox adit et flores ad candida porrigit ora.<br />
	Gaudet amans et, dum ueniat sperata uoluptas,<br />
	Oscula dat manibus; uix iam, uix cetera differt.<br />
	Et nunc alludit uiridique exsultat in herba<br />
	Nunc latus in fuluis niueum deponit harenis;<br />
	Paulatimque metu dempto, modo pectora praebet<br />
	Virginea plaudenda manu, modo cornua sertis<br />
	Impedienda nouis. ausa est quoque regia uirgo,<br />
	Nescia quem premeret, tergo considere tauri,<br />
	Cum deus a terra siccoque a litore sensim<br />
	Falsa pedum primo uestigia ponit in undis,<br />
	Inde abit ulterius mediique per aequora ponti<br />
	Fert praedam. pauet haec litusque ablata relictum<br />
	Respicit et dextra cornum tenet, altera dorso<br />
	Imposita est; tremulae sinuantur flamine uestes.</em></p>
<p>
	&nbsp; &#8230;.</p>
<p>
	<em>Orfeo y Eur&iacute;dice. &nbsp; Ovidio, Metamorfosis, X, versos del 1 al 77.</em></p>
<p>
	I<em>nde per immensum croceo uelatus amictu<br />
	Aethera digreditur Ciconumque Hymenaeus ad oras<br />
	Tendit et Orphea nequiquam uoce uocatur.<br />
	Adfuit ille quidem, sed nec sollemnia uerba<br />
	Nec laetos uultus nec felix attulit omen;<br />
	Fax quoque, quam tenuit, lacrimoso stridula fumo<br />
	Vsque fuit nullosque inuenit motibus ignes.<br />
	Exitus auspicio grauior. nam nupta per herbas<br />
	Dum noua naiadum turba comitata uagatur,<br />
	Occidit in talum serpentis dente recepto.<br />
	Quam satis ad superas postquam Rhodopeius auras<br />
	Defleuit uates, ne non temptaret et umbras,<br />
	Ad Styga Taenaria est ausus descendere porta<br />
	Perque leues populos simulacraque functa sepulcro<br />
	Persephonen adiit inamoenaque regna tenentem<br />
	Vmbrarum dominum pulsisque ad carmina neruis<br />
	Sic ait: &quot;o positi sub terra numina mundi,<br />
	In quem reccidimus, quidquid mortale creamur,<br />
	Si licet et falsi positis ambagibus oris<br />
	Vera loqui sinitis, non huc, ut opaca uiderem<br />
	Tartara, descendi, nec uti uillosa colubris<br />
	Terna Medusaei uincirem guttura monstri;<br />
	Causa uiae est coniunx, in quam calcata uenenum<br />
	Vipera diffudit crescentesque abstulit annos.<br />
	Posse pati uolui nec me temptasse negabo:<br />
	Vicit Amor. supera deus hic bene notus in ora est;<br />
	An sit et hic, dubito. sed et hic tamen auguror esse,<br />
	Famaque si ueteris non est mentita rapinae,<br />
	Vos quoque iunxit Amor. per ego haec loca plena timoris,<br />
	Per Chaos hoc ingens uastique silentia regni,<br />
	Eurydices, oro, properata retexite fata!<br />
	Omnia debentur uobis paulumque morati<br />
	Serius aut citius sedem properamus ad unam.<br />
	Tendimus huc omnes, haec est domus ultima, uosque<br />
	Humani generis longissima regna tenetis.<br />
	Haec quoque, cum iustos matura peregerit annos,<br />
	Iuris erit uestri: pro munere poscimus usum.<br />
	Quod si fata negant ueniam pro coniuge, certum est<br />
	Nolle redire mihi: leto gaudete duorum.&quot;<br />
	Talia dicentem neruosque ad uerba mouentem<br />
	Exsangues flebant animae: nec Tantalus undam<br />
	Captauit refugam stupuitque Ixionis orbis,<br />
	Nec carpsere iecur uolucres, urnisque uacarunt<br />
	Belides, inque tuo sedisti, Sisyphe, saxo.<br />
	Tunc primum lacrimis uictarum carmine fama est<br />
	Eumenidum maduisse genas, nec regia coniunx<br />
	Sustinet oranti nec, qui regit ima, negare<br />
	Eurydicenque uocant. umbras erat illa recentes<br />
	Inter et incessit passu de uulnere tardo.<br />
	Hanc simul et legem Rhodopeius accipit Orpheus,<br />
	Ne flectat retro sua lumina, donec Auernas<br />
	Exierit ualles; aut irrita dona futura.<br />
	Carpitur adcliuis per muta silentia trames,<br />
	Arduus, obscurus, caligine densus opaca.<br />
	Nec procul abfuerant telluris margine summae:<br />
	Hic, ne deficeret, metuens auidusque uidendi<br />
	Flexit amans oculos: et protinus illa relapsa est<br />
	Bracchiaque intendens prendique et prendere certans<br />
	Nil nisi cedentes infelix adripit auras.<br />
	Iamque iterum moriens non est de coniuge quicquam<br />
	Questa suo (quid enim nisi se quereretur amatam?)<br />
	Supremumque &quot;uale&quot;, quod iam uix auribus ille<br />
	Acciperet, dixit reuolutaque rursus eodem est.<br />
	Non aliter stupuit gemina nece coniugis Orpheus,<br />
	Quam tria qui timidus, medio portante catenas,<br />
	Colla canis uidit; quem non pauor ante reliquit,<br />
	Quam natura prior, saxo per corpus oborto;<br />
	Quique in se crimen traxit uoluitque uideri<br />
	Olenos esse nocens, tuque, o confisa figurae,<br />
	Infelix Lethaea, tuae, iunctissima quondam<br />
	Pectora, nunc lapides, quos umida sustinet Ide.<br />
	Orantem frustraque iterum transire uolentem<br />
	Portitor arcuerat; septem tamen ille diebus<br />
	Squalidus in ripa Cereris sine munere sedit:<br />
	Cura dolorque animi lacrimaeque alimenta fuere.<br />
	Esse deos Erebi crudeles questus in altam<br />
	Se recipit Rhodopen pulsumque aquilonibus Haemum.</em></p>
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			</item>
		<item>
		<title>¿Fue real el exilio de Ovidio o fue una mera ficción literaria? (Ovidio IV)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 16 Apr 2017 03:15:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Fue real el exilio que alimenta parte de la poesía de Ovidio o fue tan sólo una ficción poética con la que el creativo poeta nos ha tenido engañados dos mil años?

La cuestión puede parecer una exageración moderna, propia de estudiosos que buscan la notoriedad a cualquier precio. Pero no es así y merece la pena dedicarle algún tiempo a este tema que ya se planteó a principios del siglo XX, y al que desde entonces se han dedicado reflexiones y estudios serios.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>¿Fue real el exilio que alimenta parte de la poesía de Ovidio o fue tan sólo una ficción poética con la que el creativo poeta nos ha tenido engañados dos mil años?</p>
<p>La cuestión puede parecer una exageración moderna, propia de estudiosos que buscan la notoriedad a cualquier precio. Pero no es así y merece la pena dedicarle algún tiempo a este tema que ya se planteó a principios del siglo XX, y al que desde entonces se han dedicado reflexiones y estudios serios.</b></p>
<p>
	El a&ntilde;o 8 de nuestra era <em>Ovidio </em>fue desterrado fulminantemente por <em>Augusto </em>a <em>Tomis</em>, la actual <em>Constanza</em>, en <em>Ruman&iacute;a</em>, en las costas del <em>Ponto Euxio, el Mar Negro</em>. Escribi&oacute; tres obras desde el exilio: sus famosos <em>Tristia, (Tristezas, Poemas tristes), Epistulae ex Ponto (Cartas desde el Ponto o Ponticas)</em> y una invectiva contra un enemigo suyo que le perjudica en Roma titulado <em>Ibis</em>. En ellas se encuentran algunos de los poemas m&aacute;s famosos del poeta. V&eacute;anse los art&iacute;culos anteriores dedicados al poeta en este blog.</p>
<p>
	La mera posibilidad de que el exilio que motiva estas obras sea una ficci&oacute;n produce al menos cierta inquietud y choque sentimental en quienes desde j&oacute;venes sentimos la carga emocional de algunos de los poemas que el poeta escribi&oacute; en el exilio.</p>
<p>
	A principios del siglo XX, en 1923, <em>J.J. Hartman</em> cuestion&oacute; la realidad del exilio de <em>Ovidio </em>y afirm&oacute; que todas sus referencias al destierro en <em>Tomis </em>no fueron sino un ejercicio de imaginativa ficci&oacute;n humor&iacute;stica; que el &ldquo;<em>yo</em>&rdquo; del poema nada tiene que ver con el &ldquo;<em>yo</em>&rdquo; real del poeta. El tema fue debatido en las d&eacute;cadas siguientes con alguna insistencia, hasta que en el a&ntilde;o 1985 <em>A.D.Fitton Brown</em> public&oacute; un art&iacute;culo en la revista <em>Liverpool Classical Monthly, 10.2 (1985), 18-22</em> titulado &ldquo;<em>La irrealidad del exilio de Ovidio en Tomis (The unreality of Ovid&#39;s Tomitan exile)</em>, que obtuvo la consideraci&oacute;n y atenci&oacute;n de numerosos estudiosos. Luego peri&oacute;dicamente aparecen estudios y art&iacute;culos posicionados en un sentido o en otro. En <em>Espa&ntilde;a</em>, recientemente, en el a&ntilde;o 2008, el profesor <em>E. Berchez Castro</em> hizo su tesis doctoral en la<em> Universidad de Barcelona</em> sobre el tema:<em> Realidad y ficci&oacute;n del destierro de Ovidio en Tomis</em>. Basada en ella ha publicado el libro &ldquo;<em>El destierro de Ovidio en Tomis: realidad y ficci&oacute;n.</em></p>
<p>
	Los argumentos que&nbsp; Fitton Brown y luego <em>Berchez </em>de forma m&aacute;s detallada y exhaustiva esgrimen para negar o al menos dudar seriamente de la realidad del exilio del poeta podemos agruparlos b&aacute;sicamente en seis o siete grupos:</p>
<p>
	<strong>1</strong>. La informaci&oacute;n que tenemos sobre el exilio de <em>Ovidio </em>es b&aacute;sicamente la que el <em>propio poeta </em>nos da en sus poemas y est&aacute; llena de lagunas, imprecisiones y contradicciones. V&eacute;ase su autobiograf&iacute;a en el art&iacute;culo <a href="https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-tristia-ponto-euxino">https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-tristia-ponto-euxino</a> y su descripci&oacute;n del exilio en <a href="https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-destierro-ponto-euxin">https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-destierro-ponto-euxin </a></p>
<p>
	<em>Hasta el siglo IV</em> no aparece ninguna menci&oacute;n a este exilio, a excepci&oacute;n de una de <em>Plinio el Viejo</em>, que resulta dudosa,&nbsp; y otra de <em>Estacio </em>(vivi&oacute; en 45-96).</p>
<p>
	De la cita de <em>Plinio </em>lo &uacute;nico que puede deducirse con seguridad es que conoc&iacute;a la obra de <em>Ovidio </em>y que &eacute;ste estuvo los &uacute;ltimos a&ntilde;os en el <em>Ponto</em>, pero no hace ning&uacute;n comentario m&aacute;s a ello.</p>
<p>
	<em>Plinio, Naturalis Historia 32, 152 (54)</em></p>
<p>
	<em><strong>A la enumeraci&oacute;n anterior a&ntilde;adiremos algunos animales citados por Ovidio, que no se encuentran en ning&uacute;n otro escritos, y que son probablemente peculiares del Ponto, en donde comenz&oacute; su obra al final ya de su vida:&nbsp; el buey de mar, el cercyrus, que vive entre las rocas &#8230;</strong></em></p>
<p>
	<em>Naturalis Historia XXXII 152&nbsp; (LIV)</em></p>
<p>
	<em>his adiciemus ab Ovidio posita animalia, quae apud neminem alium reperiuntur, sed fortassis in Ponto nascentia, ubi id volumen supremis suis temporibus inchoavit:&nbsp; bovem, cercyrum in scopulis vivente&hellip;</em></p>
<p>
	<em>Estacio </em>por su parte tan s&oacute;lo escribi&oacute; en <em>Silvas I 2, 254-255:</em></p>
<p>
	<em><strong>&hellip;cantad poemas dignos de esta fiesta nupcial. El propio Filitas, con el aplauso de su isla de Cos, y el viejo Cal&iacute;maco y Propercio desde su gruta de umbr&iacute;a habr&iacute;an rivalizado para ensalzar este d&iacute;a, y Nas&oacute;n, aunque en Tomos, habr&iacute;a depuesto su tristeza, y Tibulo, ante su hogar encendido, se habr&iacute;a sentido rico.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Francisco Torrent Rodr&iacute;guez. Editorial Gredos.)</p>
<p>
	<em>date carmina festis<br />
	digna toris, hunc ipse Coo plaudente Philetas<br />
	Callimachusque senex Umbroque Propertius antro<br />
	ambissent laudare diem, nec tristis in ipsis<br />
	Naso Tomis divesque foco lucente Tibullus.</em></p>
<p>
	Pero de ello no puede deducirse que hubiera sido realmente exiliado a Tomis.</p>
<p>
	Especialmente llamativo resulta que ni <em>Suetonio</em>, que tantas cosas y cotilleos nos cuenta de <em>Augusto</em>, ni <em>T&aacute;cito </em>se refieran al asunto, cuando informan con detalle de los castigos de otros escritores de la misma &eacute;poca.</p>
<p>
	Ya en el siglo IV lo mecionan <em>Aurelio V&iacute;ctor</em> (c. 320 &#8211; c. 390) y <em>San Jer&oacute;nimo</em> (340 &ndash;420) que en&nbsp; su <em>Chronicon 2033</em> nos informaba del a&ntilde;o de su muerte, como vimos en el art&iacute;culo anterior de esta serie sobre el bimilenario de Ovidio:</p>
<p>
	<em><strong>El poeta Ovidio muri&oacute; en el exilio y est&aacute; sepultado junto a la ciudad de Tomis</strong></em></p>
<p>
	<em>Ovidius poeta in exilio diem obiit et iuxta oppidum Tomos sepelitur</em></p>
<p>
	y tambi&eacute;n brevemente en&nbsp; <em>Epitome de Caesaribus I, 24:</em></p>
<p>
	<em><strong>Pues (Augusto) castig&oacute; con el exilio al poeta Ovidio, conocido tambi&eacute;n como Nas&oacute;n, porque escribi&oacute; tres libritos sobre el &ldquo;arte de amar&rdquo;.</strong></em></p>
<p>
	&nbsp;<em>&quot;Nam [Augustus] poetam Ovidium, qui et Naso, pro eo, quod tres libellos amatoriae artis conscripsit, exilio damnavit&quot;</em></p>
<p>
	Estas citas, evidentemente son muy tard&iacute;as ya.</p>
<p>
	<strong>2.</strong> <em>Las causas de su exilio nos son desconocidas</em>, a pesar de las numerosas referencia a ellas que el propio poeta hace y de los infinitos esfuerzos de los numeros&iacute;simos estudiosos hechos desde entonces. Coment&eacute; algo al respecto en el art&iacute;culo anteriormente citado. Tambi&eacute;n resulta desconocido e <em>inexplicado el motivo</em> por el que fue elegido tal destino: <em>Tomis </em>en el <em>Ponto Euxino.</em></p>
<p>
	En diversos pasajes achaca su condena a un &ldquo;<em>error</em>&rdquo; y a una &quot;<em>indiscreci&oacute;n&quot;</em>. Por ejemplo de manera muy clara en T<em>ristia II, 207 y ss.:</em></p>
<p>
	<em><strong>Concedamos que me han perdido dos delitos: un poema y un error; sobre la culpabilidad del segundo de estos dos delitos es mejor que calle, pues yo no valgo tanto la pena como para reabrir tus heridas, C&eacute;sar, y ya es m&aacute;s que demasiado que hayas sufrido una sola vez. Queda el otro delito, por el que se me acusa de haberme convertido con mi obsceno poema en maestro del imp&uacute;dico adulterio. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>perdiderint cum me duo crimina, carmen et error,<br />
	alterius facti culpa silenda mihi :<br />
	nam non sum tanti, renovem ut tua vulnera, Caesar,<br />
	quem nimio plus est indoluisse semel.<br />
	altera pars superest, qua turpi carmine factus<br />
	arguor obsceni doctor adulterii.</em></p>
<p>
	As&iacute; ya en su &eacute;poca, como informa el mismo <em>Ovidio</em>, se le conoce como &ldquo;<em>maestro del imp&uacute;dico adulterio</em>&rdquo;, y esto chocaba directamente con el programa de moralizaci&oacute;n de <em>Augusto&nbsp; </em>y las&nbsp; <em>Leges Iuliae del 18 a.C. al 9 d.C</em>. que pretend&iacute;an la defensa de la familia y las tradiciones antiguas, castigando el adulterio con del exilio y multando a las que no ten&iacute;an hijos. Se trata en concreto de la&nbsp; <em>lex Iulia de adulteriis coercendis, la lex Julia de maritandis ordinibus y la lex Papia Poppaea</em>.</p>
<p>
	Est&aacute; claro que su <em>error </em>fue escribir el &ldquo;<em>Arte de amar&rdquo; (Ars amandi)</em>, como ya deja bien claro en el poema que sirve de presentaci&oacute;n a sus <em>Tristia: I,1, 67-68</em> y luego en m&uacute;ltiples ocasiones:</p>
<p>
	<em><strong>Mira mi t&iacute;tulo: esto no son lecciones de amor; aquella obra pag&oacute; ya el castigo que merec&iacute;a</strong></em>.</p>
<p>
	<em>&#39;inspice&#39; dic &#39;titulum. non sum praeceptor amoris;<br />
	quas meruit, poenas iam dedit illud opus&#39;.</em></p>
<p>
	Pero &eacute;l se defiende afirmando la diferencia entre la literatura y la vida, que una cosa es escribir y otra distinta el mantener determinado comportamiento. En la eleg&iacute;a dirigida a un amigo orador, dice en <em>Tristia I,9,55 y ss</em>:</p>
<p>
	<em><strong>Mejor hubiera sido que mi obra no hubiera brillado por su celebridad, y as&iacute; como las graves disciplinas, elocuente amigo, te est&aacute;n dando provecho, as&iacute; un arte diferente a ellas me ha perjudicado. Sin embargo mi vida te es conocida; t&uacute; sabes que las costumbres de su autor se apartaron de tales artes; y sabes que ese viejo poema fue compuesto en mi juventud y que tales poemas, aunque no son precisamente dignos de elogio, con todo no son sino bagatelas. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos)<em><strong><em><strong>.</strong></em></strong></em></p>
<p>
	<em>at nostrum tenebris utinam latuisset in imis !<br />
	expediit studio lumen abesse meo.<br />
	utque tibi prosunt artes, facunde, severae,<br />
	dissimiles illis sic nocuere mihi.<br />
	vita tamen tibi nota mea est. scis artibus illis<br />
	auctoris mores abstinuisse sui :<br />
	scis vetus hoc iuveni lusum mihi carmen, et istos<br />
	ut non laudandos, sic tamen esse iocos.</em></p>
<p>
	Esta idea de que fue un error y no un delito la falta que &eacute;l cometi&oacute;, la repite al menos en otras seis o siete ocasiones adem&aacute;s de la citada: <em>Tristia I,1,51-52; II,109; III,1,7-8; III,14,5-6; III,7,29-30; IV,1,24;&nbsp;&nbsp; IV,10, 99 y ss.; en P&oacute;nticas II,2,15-16; II,3,91-94; III,3,71-72</em></p>
<p>
	Como tuvieron que defenderse&nbsp; antes tambi&eacute;n <em>Catulo </em>con sus poemas y luego <em>Marcial </em>con algunos de sus epigramas,&nbsp; y tantos otros escritores desde entonces,&nbsp; <em>Ovidio </em>aclara las cosas en <em>Tristia,&nbsp; II, 345 y ss. </em>:</p>
<p>
	<em><strong>Este libertinaje es el que me ha hecho odioso ante ti por culpa de mi Arte, del que t&uacute; piensas que incita a las alcobas veladas. Pero ni bajo mi magisterio las esposas aprendieron a ser infieles, ni nadie puede ense&ntilde;ar lo que poco conoce. Yo he compuesto versos divertidos y poemas amorosos de manera que ninguna habladur&iacute;a atentara contra mi reputaci&oacute;n. Y no hay ni siquiera marido alguno entre el pueblo llano, cuya paternidad se ponga en duda por mi culpa. Cr&eacute;eme, mis costumbres son distintas de mi poes&iacute;a (mi vida es honesta, mi Musa divertida) y gran parte de mis obras es falsa y fingida: se han permitido decir m&aacute;s de lo que su propio autor se propuso. Mi libro no es expresi&oacute;n de mi esp&iacute;ritu, sino la inocente intenci&oacute;n de ofrecer muchos temas apropiados para deleitar los o&iacute;dos. De lo contrario Accio ser&iacute;a cruel, Terencio un par&aacute;sito y los que cantan fieros combates ser&iacute;an belicosos. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>haec tibi me invisum lascivia fecit, ob artes,<br />
	quis ratus es vetitos sollicitare toros.<br />
	sed neque me nuptae didicerunt furta magistro,<br />
	quodque parum novit, nemo docere potest.<br />
	sic ego delicias et mollia carmina feci,<br />
	strinxerit ut nomen fabula nulla meum.<br />
	nec quisquam est adeo media de plebe maritus,<br />
	ut dubius vitio sit pater ille meo.<br />
	crede mihi, distant mores a carmine nostro<br />
	-vita verecunda est, Musa iocosa mea-<br />
	magnaque pars mendax operum est et ficta meorum :<br />
	plus sibi permisit compositore suo.<br />
	nec liber indicium est animi, sed honesta voluntas<br />
	plurima mulcendis auribus apta ferens.<br />
	Accius esset atrox, conviva Terentius esset,<br />
	essent pugnaces qui fera bella canunt.</em></p>
<p>
	En este libro <em>Tristia II, 237 y ss</em>. le dice al emperador <strong>Augusto</strong>, ocupado en las importantes tareas de gobierno de un imperio tan grande, que &eacute;l no es responsable del mal uso de sus poemas:</p>
<p>
	<em><strong>&iquest;Me voy a sorprender, pues, de que abrumado por el peso de asuntos tan importantes, no hayas hojeado nunca mis bromas po&eacute;ticas? Pero si por casualidad, cosa que yo preferir&iacute;a,&nbsp; hubieses tenido tiempo libre para hacerlo, no habr&iacute;as le&iacute;do nada delictivo en mi Arte. Confieso, en verdad, que no es una obra de apariencia seria ni digna de ser le&iacute;da por un Pr&iacute;ncipe tan grande, pero, sin embargo, no por ello es contraria a los dict&aacute;menes de las leyes ni pretende ense&ntilde;ar a las j&oacute;venes romanas. Y para que no quepa duda acerca de para qui&eacute;n escribo yo estos libros, he aqu&iacute; cuatro versos contenidos en uno de los tres libros*: &ldquo;&iexcl;Lejos de aqu&iacute; peque&ntilde;as cintas, distintivo del pudor, y t&uacute; largo volante que cubres la mitad de los pies!** No cantar&eacute; sino lo permitido por las leyes y los amores clandestinos autorizados y en mi poema no habr&aacute; ning&uacute;n delito. &iquest;Acaso no alej&eacute; un tanto rigurosamente de este Arte a todas aquellas a las que por llevar estola y cinta est&aacute; prohibido tocar? &ldquo;Pero una dama honesta puede utilizar artes ense&ntilde;adas a otras y tiene donde aprender, aunque no sea a ella a la que se ense&ntilde;e&rdquo;. Que no lea, pues, nada la matrona, ya que de cualquier poema puede salir mejor preparada para delinquir. Tome en sus manos la obra que tome, si es propensa al mal, sacar&aacute; de ella instrucciones que orienten sus costumbres al vicio: que tome los Anales (nada hay m&aacute;s tosco que ellos), pues bien, leer&aacute; c&oacute;mo Ilia*** lleg&oacute; a ser madre; que toma el poema que comienza con &ldquo;Madre de los En&eacute;adas&rdquo;, indagar&aacute; c&oacute;mo Venus Nutricia llega a ser la madre de los En&eacute;adas****. Proseguir&eacute; m&aacute;s adelante, si se me permite exponerlo, con la demostraci&oacute;n de que cualquier tipo de poes&iacute;a puede ser perjudicial para los esp&iacute;ritus. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	Y a fe que lo hace, repasando en muchos versos los episodios m&aacute;s escabrosos de la mitolog&iacute;a grecolatina, ante los que puede palidecer los consejos de su <em>Arte de amar.</em></p>
<p>
	<em>Notas</em>:<br />
	* Los versos parecen ser los de&nbsp; <em>Arte de Amar, I 31-34&nbsp; y Remedios de Amor 285-86</em><br />
	* * Las cintas son los lazos con los que se atan el cabello las mujeres romanas de condijo libre y el volante de p&uacute;rpura lo llevan las matronas en la estola, que es su vestido caracter&iacute;stico. Nos est&aacute; diciendo el poeta que su obra no es para muchachas romanas libres ni matronas, sino para esclavas y profesionales del amor.<br />
	***<em>Ilia </em>o<em> Rea Silvia</em> era una sacerdotisa vestal, por lo tanto con voto de castidad, que qued&oacute; embarazada del dios <em>Marte </em>y dio a luz a los gemelos romanos m&aacute;s famosos, <em>R&oacute;mulo y Remo</em>.<br />
	****La diosa <em>Venus </em>o <em>Afrodita</em>, esposa de Hefaistos o Vulcano, se enamor&oacute; del mortal Anquises, se le present&oacute; como la hija de Otreo, rey de Frigia y de &eacute;l naci&oacute; Eneas.</p>
<p>
	<em><em>mirer in hoc igitur tantarum pondere rerum<br />
	te numquam nostros evoluisse iocos ?<br />
	at si, quod mallem, vacuum tibi forte fuisset,<br />
	nullum legisses crimen in Arte mea.<br />
	illa quidem fateor frontis non esse severae<br />
	scripta, nec a tanto principe digna legi :<br />
	non tamen idcirco legum contraria iussis<br />
	sunt ea Romanas erudiuntque nurus.<br />
	neve, quibus scribam, possis dubitare, libellos,<br />
	quattuor hos versus e tribus unus habet :<br />
	&quot; este procul, vittae tenues, insigne pudoris,<br />
	quaeque tegis medios instita longa pedes !<br />
	nil nisi legitimum concessaque furta canemus,<br />
	inque meo nullum carmine crimen erit.&quot;<br />
	ecquid ab hac omnes rigide summovimus Arte,<br />
	quas stola contingi vittaque sumpta vetat ?<br />
	&quot; at matrona potest alienis artibus uti,<br />
	quodque trahat, quamvis non doceatur, habet.&quot;<br />
	nil igitur matrona legat, quia carmine ab omni<br />
	ad delinquendum doctior esse potest.<br />
	quodcumque attigerit, siqua est studiosa sinistri,<br />
	ad vitium mores instruet inde suos.<br />
	sumpserit Annales -nihil est hirsutius illis-<br />
	facta sit unde parens Ilia, nempe leget.<br />
	sumpserit Aeneadum genetrix ubi prima, requiret,<br />
	Aeneadum genetrix unde sit alma Venus,<br />
	persequar inferius, modo si licet ordine ferri,<br />
	posse nocere animis carminis omne genus.</em></em></p>
<p>
	Es la idea que reitera tambi&eacute;n en <em>P&oacute;nticas III, 3, 49 y ss</em>. hablando imaginativamente con <em>Eros </em>que se le ha aparecido en sue&ntilde;os:</p>
<p>
	<em><strong>Sabes, sin embargo, y lo puedes afirmar claramente jur&aacute;ndolo, que yo no he atentado nunca contra los matrimonios leg&iacute;timos. Escrib&iacute; esto para aquellas cuyos p&uacute;dicos cabellos no ci&ntilde;e la venda, ni el largo vestido cubre sus pies. Di, te lo ruego, &iquest;alguna vez aprendiste a seducir a las mujeres casadas y a hacer incierta la descendencia por medio de mis mandatos? &iquest;O acaso no fue apartada en&eacute;rgicamente de estos librillos toda aquella a la que la ley proh&iacute;be tener amantes secretos? &iquest;De qu&eacute; me sirve esto, sin embargo, si se cree que compuse escritos de adulterio, delito prohibido por una ley severa?</strong></em> (Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>scis tamen, et liquido iuratus dicere possis,<br />
	non me legitimos sollicitasse toros.<br />
	scripsimus haec illis, quarum nee vitta pudicos<br />
	contingit crines nee stola longa pedes.<br />
	die, precor, ecquando didicisti fallere nuptas,<br />
	et facere incertum per mea iussa genus ?<br />
	an sit ab his omnis rigide summota libellis,<br />
	quam lex furtivos arcet habere viros ?<br />
	quid tamen hoc prodest, vetiti si lege severa<br />
	credor adulterii composuisse notas ?</em></p>
<p>
	Insiste en la misma idea poco despu&eacute;s, <em>Tristia II, 303 y ss</em>.</p>
<p>
	<em><strong>Adem&aacute;s, la primera p&aacute;gina aleja las manos virtuosas de mi Arte, escrito solamente para cortesanas. Toda aquella que irrumpe en un lugar adonde el sacerdote no permite la entrada, inmediatamente se convierte en culpable de un delito del que el sacerdote queda absuelto.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>No es, por tanto, un delito hojear versos de tema amoroso, pues a las mujeres les est&aacute; permitido leer muchas cosas que, sin embargo, han de evitar hacer. Con frecuencia una matrona de severa expresi&oacute;n ve mujeres desnudas y preparadas para todo tipo de experiencia amorosa; los ojos de las Vestales contemplan los cuerpos de las prostitutas*, sin que esto haya sido motivo de castigo para su jefe.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Pero &iquest;por qu&eacute; en nuestra poes&iacute;a hay demasiado libertinaje o por qu&eacute; mi libro incita a todos a amar? No es sino un error y (hay que reconocerlo) una falta manifiesta: me arrepiento de mi inspiraci&oacute;n y de mi juicio. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>Nota</em>:* Porque asist&iacute;an a las fiestas de <em>Floralia </em>entre el 28 de abril y el 3 de mayo en que las prostitutas&nbsp; se exhib&iacute;an desnudas seg&uacute;n la obra tambi&eacute;n de<em> Ovidio Fastos V, 159-378.</em></p>
<p>
	<em>et procul a scripta solis meretricibus Arte<br />
	summovet ingenuas pagina prima manus.<br />
	quaecumque erupit, qua non sinit ire sacerdos,<br />
	protinus huic dempti criminis ipsa rea est.<br />
	nec tamen est facinus versus evolvere mollis ;<br />
	multa licet castae non facienda legant.<br />
	saepe supercilii nudas matrona severi<br />
	et veneris stantis ad genus omne videt.<br />
	corpora Vestales oculi meretricia cernunt,<br />
	nec domino poenae res ea causa fuit.<br />
	at cur in nostra nimia est lascivia Musa,<br />
	curve meus cuiquam suadet amare liber ?<br />
	nil nisi peccatum manifestaque culpa fatenda est :<br />
	paenitet ingenii iudiciique mei.</em></p>
<p>
	Todo el <em>libro II </em>es en realidad una defensa de su poes&iacute;a, que en absoluto pretende ser un est&iacute;mulo para la inmoralidad de las matronas romanas, porque no va dirigida a ellas. Por otra parte sus presuntas inmoralidades no desentonan en el contexto&nbsp; cultural, religioso y social grecorromano, en el contexto de su mitolog&iacute;a, plagada de episodios escabrosos, y de su forma de vida.</p>
<p>
	Ya al comienzo de este <em>libro II, verso 1 y ss. nos dice:</em></p>
<p>
	<em><strong>&iquest;Qu&eacute; puedo hacer yo con vosotros, libritos, afici&oacute;n funesta, yo que, &iexcl;desgraciado de m&iacute;!, perec&iacute; v&iacute;ctima de mi propia inspiraci&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; vuelvo a las Musas poco ha condenadas, objeto de mi delito? &iquest;Acaso es poco haber merecido ya una vez el castigo? Mis poemas han hecho que mujeres y hombres quisieran conocerme por mi infausta estrella; mis poemas hicieron que el C&eacute;sar condenara mi persona y mis costumbres a causa de Arte, cuya desaparici&oacute;n ha sido ya ordenada. Qu&iacute;tame esta pasi&oacute;n y suprimir&aacute;s tambi&eacute;n los delitos de mi vida&rdquo;. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>Quid mihi vobiscum est, infelix cura, libelli,<br />
	ingenio perii qui miser ipse meo ?<br />
	cur modo damnatas repeto, mea crimina, Musas ?<br />
	an semel est poenam commeruisse parum ?<br />
	carmina fecerunt, ut me cognoscere vellet<br />
	omine non fausto femina virque meo :<br />
	carmina fecerunt, ut me moresque notaret<br />
	iam demi iussa Caesar ab Arte mea.<br />
	deme mihi studium, vitae quoque crimina demes ;</em></p>
<p>
	Pero a pesar de los problemas que sus poemas le han ocasionado, la poes&iacute;a es una pasi&oacute;n a la que no puede renunciar. Esa pasi&oacute;n es la que le hizo desoir los consejos de su padre. V&eacute;ase el art&iacute;culo de este mismo blog en el que cito el famoso verso &ldquo;<em><strong>todo lo que dec&iacute;a me sal&iacute;a en verso</strong></em>&rdquo; &ldquo;<em>quod temptabam dicere versus erat&rdquo;</em>: <a href="https://www.antiquitatem.com/poesia-don-del-cielo-carmen-vate-ovidio">https://www.antiquitatem.com/poesia-don-del-cielo-carmen-vate-ovidio</a></p>
<p>
	De manera expresiva y sentida nos explica por qu&eacute; recurre a la poes&iacute;a en su destierro. Dice en <em>Tristes, IV, 1, 19 y s.:</em></p>
<p>
	<em><strong>Tambi&eacute;n a m&iacute;, que voy a los lugares del Ponto que se me han impuesto, me consuela la Musa: ella es la &uacute;nica compa&ntilde;era de destierro que me ha quedado; es la &uacute;nica que no teme las emboscadas, ni la espada del soldado s&iacute;ntico, ni el mar, ni los vientos, ni la barbarie.&nbsp;<br />
	&hellip;..<br />
	Verdaderamente querr&iacute;a, ya que habr&iacute;an de perjudicarme, no haber puesto mis manos en los misterios de las Pi&eacute;rides (las Musas) . Pero ahora, &iexcl;qu&eacute; puedo hacer? La fuerza misma de su culto me posee y, como un loco, amo la poes&iacute;a que me ha herido.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>me quoque Musa levat Ponti loca iussa petentem :<br />
	sola comes nostrae perstitit ilia fugae ;<br />
	sola nee insidias, Sinti nec&nbsp; militis ensem,<br />
	nec mare nec ventos barbariamque timet.<br />
	&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;&hellip;.<br />
	non equidem vellem, quoniam nocitura fuerunt,</em></p>
<p>
	<em>Pieridum sacris inposuisse manum.<br />
	sed nunc quid faciam ? vis me tenet ipsa sacrorum,<br />
	et carmen demens carmine laesus amo.</em></p>
<p>
	&iquest;Pudo ser entonces la causa del destierro este libro,<em> Ars Amandi</em>, que adem&aacute;s llevaba ya m&aacute;s de ocho a&ntilde;os circulando por <em>Roma</em>? El mismo poeta se extra&ntilde;a de que el castigo le haya llegado tan tarde. Nos dice en <em>Tristia. II, 539&ndash;546:</em></p>
<p>
	<em><strong>Yo tambi&eacute;n, hace tiempo, comet&iacute; la falta de escribir un poema por el estilo: y un delito que no era nuevo paga un castigo inusitado; y sin embargo , yo hab&iacute;a publicado esos versos cuando, sin haber dejado nunca de ser caballero, desfilaba tantas veces ante ti, siendo t&uacute; censor. De esta manera, los escritos de juventud que, por mi falta de prudencia, nunca pens&eacute; que me pudieran perjudicar, lo han hecho ahora en mi vejez. Tarde ha reca&iacute;do el castigo sobre mi viejo librito y la pena est&aacute; lejos del tiempo del delito que la mereci&oacute;. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	La verdad es que el poeta no era tan joven: ya ten&iacute;a 42 a&ntilde;os.</p>
<p>
	<em>nos quoque iam pridem scripto peccavimus isto:<br />
	supplicium patitur non nova culpa novum;<br />
	carminaque edideram, cum te delicta notantem<br />
	praeteriit totiens inreprehensus eques.<br />
	ergo quae iuvenis mihi non nocitura putavi<br />
	scripta parum prudens, nunc nocuere seni.<br />
	sera redundavit veteris vindicta libelli,<br />
	distat et a meriti tempore poena sui.</em></p>
<p>
	No parece, pues, que la causa real fuera haber escrito el<em> Ars Amandi</em>, sino otra de m&aacute;s enjundia y gravedad,&nbsp; como el mismo poeta refleja&nbsp; cuando le hace decir al propio Eros, al que ha recurrido para justificar su poes&iacute;a, en <em>Epistulae ex Ponto, III, 3, 65 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Esto me parec&iacute;a haber dicho al ni&ntilde;o alado y estas palabras son las que me pareci&oacute; que &eacute;l me respondi&oacute;: &ldquo;Por mis antorchas y por mis flechas, que son mis armas, por mi madre y por la vida del C&eacute;sar, juro que nada que no estuviera permitido aprend&iacute; de ti, mi maestro, y que en tu Arte no existe nada delictivo. &iexcl;Ojal&aacute; pudiera defender lo dem&aacute;s como esto! Sabes que hay otra cosa que te da&ntilde;&oacute; m&aacute;s. Sea lo que fuere (pues ni el propio dolor se debe recordar, ni puedes decir que est&eacute;s libre de culpa), aunque ocultes tu delito bajo la apariencia de error, la c&oacute;lera del juez no fue m&aacute;s rigurosa de lo que t&uacute; merec&iacute;as. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>haec ego visus eram puero dixisse volucri,<br />
	hos visus nobis ille dedisse sonos :<br />
	&quot; per mea tela, faces, et per mea tela, sagittas,<br />
	per inatrem iuro Caesareumque caput,<br />
	nil nisi concessum nos te didicisse magistro,<br />
	Artibus et nullum crimen inesse tuis.<br />
	utque hoc, sic utinam defendere cetera possem !<br />
	scis aliud, quod te laeserit, esse, magis.<br />
	quicquid id est (neque enim debet dolor ipse referri,<br />
	nee potes a culpa dicere abesse tua)<br />
	tu licet erroris sub imagine crimen obumbres,<br />
	non gravior merito iudicis ira fuit.</em></p>
<p>
	Hubo algo m&aacute;s grave, una <em>indiscreci&oacute;n </em>que tuvo que ver directamente con <em>Augusto</em>, a la que hace referencia claramente en el <em>libro II, 103 y ss.</em>:</p>
<p>
	<em><strong>&iquest;Por qu&eacute; tuve yo que ver algo? &iquest;Por qu&eacute; torn&eacute; culpables mis ojos? &iquest;Por qu&eacute;, &iexcl;imprudente de m&iacute;! tuve yo conocimiento de aquel delito? Sin pretenderlo, Acte&oacute;n contempl&oacute; desnuda a Diana y, sin embargo, no por ello fue menos presa de sus propios perros; y es que a los ojos de los dioses, hasta el azar hay que expiarlo y un hecho casual no obtiene el perd&oacute;n, si ha sido ofendida una divinidad. Aquel mismo d&iacute;a en que me perdi&oacute; un mal error, cay&oacute; la ruina sobre mi casa, modesta ciertamente, pero sin tacha; </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>Cur aliquid uidi? cur noxia lumina feci?<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cur imprudenti cognita culpa mihi?<br />
	Inscius Actaeon uidit sine ueste Dianam:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Praeda fuit canibus non minus ille suis.<br />
	Scilicet in superis etiam fortuna luenda est,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nec ueniam laeso numine casus habet.<br />
	Illa nostra die, qua me malus abstulit error,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Parua quidem periit, sed sine labe domus:</em></p>
<p>
	La alusi&oacute;n al mito de <em>Acte&oacute;n</em>, que vio desnuda a <em>Diana </em>o <em>Artemis</em>, la diosa virgen de la caza y fue transformado en ciervo&nbsp; devorado por sus propios perros, desat&oacute; las especulaciones e hizo pensar a varios autores que <em>Ovidi&oacute; </em>vio algo que ofendi&oacute; al emperador, tal a <em>Livia</em>, su esposa; o tal vez vio alguna ceremonia de los cultos a la <em>Buena Diosa</em> o <em>Isis</em>, vedados a los hombres.</p>
<p>
	Insiste en el hecho culpable de haber visto algo que no deb&iacute;a en <em>Tristia, III,5, 45 y ss.:</em></p>
<p>
	<em><strong>Yo no atent&eacute; contra la vida del C&eacute;sar, que era la cabeza del orbe, tratando de destruirlo todo; nada dije, ni mi lengua fue arrogante al hablar, ni se me escaparon palabras sacr&iacute;legas en los excesos del vino. Soy castigado porque mis ojos, inconscientemente, contemplaron un delito y mi culpa consiste en haber tenido ojos. No puedo, ciertamente rechazar todo reproche, pero buena parte de mi delito radica en un error. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>Non mihi quaerenti pessumdare cuncta petitum<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Caesareum caput est, quod caput orbis erat:<br />
	Non aliquid dixiue, elataue lingua loquendo est,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lapsaque sunt nimio uerba profana mero:<br />
	Inscia quod crimen uiderunt lumina, plector,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Peccatumque oculos est habuisse meum.<br />
	Non equidem totam possum defendere culpam:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sed partem nostri criminis error habet.</em></p>
<p>
	Y de nuevo en<em> Tristia III,6, 27 y ss.:</em></p>
<p>
	<em><strong>Ser&iacute;a prolijo y peligroso explicarte por qu&eacute; azar mis ojos resultaron ser testigos de un delito funesto: mi mente reh&uacute;sa recordar aquel momento, como si de sus propias heridas se tratara, y el propio dolor se renueva con el recuerdo; y todo aquello que puede causarme tanta verg&uuml;enza conviene que permanezca oculto cubierto por una oscura noche. Nada dir&eacute;, pues, sino que comet&iacute; una falta, pero que ning&uacute;n beneficio busqu&eacute; con ella, y que mi delito debe llamarse necedad, si quieres dar a mi acci&oacute;n su verdadero nombre. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>Nec breue nec tutum, quo sint mea, dicere, casu<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lumina funesti conscia facta mali:<br />
	Mensque reformidat, ueluti sua uulnera, tempus<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Illud, et admonitu fit nouus ipse pudor:<br />
	Sed quaecumque adeo possunt afferre pudorem,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Illa tegi caeca condita nocte decet.<br />
	Nil igitur referam nisi me peccasse, sed illo<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Praemia peccato nulla petita mihi,<br />
	Stultitiamque meum crimen debere uocari,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nomina si facto reddere uera uelis.</em></p>
<p>
	Visto y le&iacute;do todo este relato, aparentemente tan detallado y tantas veces repetido, no parece sino un intento de dejarlo todo en la m&aacute;s absoluta nebulosa y ambig&uuml;edad, y en consecuencia&nbsp; nos quedamos sin enterarnos realmente de la falta.</p>
<p>
	Como ya coment&eacute; en el art&iacute;culo anterior citado,&nbsp; se han propuesto varias explicaciones o soluciones al enigma de qu&eacute; es lo que <em>Ovidio </em>vio, cu&aacute;l fue su indiscreci&oacute;n, que evidentemente tuvo que ver directamente con <em>Augusto</em><br />
	Se ha pensado que tal vez&nbsp; Ovidio fuera conocedor o part&iacute;cipe de alg&uacute;n escabroso episodio de la familia imperial, concretamente de su hija <em>Julia </em>habida de <em>Escribonia</em>, o su nieta, <em>Julia </em>tambi&eacute;n hija de la misma <em>Escribonia </em>y <em>Agripa</em>, o incluso que el propio <em>Augusto </em>hubiera cometido incesto con ellas (recordemos que en el mismo a&ntilde;o que el poeta la <em>Joven Julia</em> fue desterrada a una remota isla probablemente por adulterio); o viera en alg&uacute;n momento desnuda a la esposa de Augusto, tal vez en el ba&ntilde;o; o viera algo prohibido a los hombres en las fiestas en honor de <em>Isis </em>o de la <em>Buena Diosa</em>;&nbsp; o que incluso tuviera alg&uacute;n affaire amoroso con la hija del emperador;&nbsp; o fuera conocedor y part&iacute;cipe de alguna reuni&oacute;n&nbsp; de alg&uacute;n grupo poco partidario de Augusto, o participara en la conspiraci&oacute;n de <em>Fabio M&aacute;ximo</em> en favor de la sucesi&oacute;n de <em>Agrippa Postumus</em>,nieto de Augusto y de partidarios de <em>Germ&aacute;nico </em>y no de <em>Tiberio </em>en la sucesi&oacute;n en el contexto de las rivalidades entre los &ldquo;<em>Julios</em>&rdquo; y los &ldquo;<em>Claudios</em>&rdquo;. Esta &uacute;ltima hip&oacute;tesis la han planteado numerosos y reconocidos estudiosos.&nbsp; Todo ello son hip&oacute;tesis poco fundadas, que en cualquier caso no han sido confirmadas.</p>
<p>
	Hay incluso una suposici&oacute;n un tanto disparatada que no merecer&iacute;a ser citada sino fuera obra de una persona experta y famosa en el estudio de la <em>Historia&nbsp; </em>romana, <em>Jer&ocirc;me Carcopino</em> (1881-1970), miembro de la <em>Academia Francesa </em>entre otros muchos t&iacute;tulos.</p>
<p>
	Seg&uacute;n la imaginativa propuesta de este autor, <em>Ovidio </em>pertenecer&iacute;a de forma activa a una especie de secta secreta <em>neopitag&oacute;rica </em>que celebra reuniones donde utilizando&nbsp; el poder m&aacute;gico de los n&uacute;meros conspiran o intentan perjudicar a <em>Augusto</em>; t&eacute;ngase en cuenta que <em>Augusto </em>tambi&eacute;n hab&iacute;a prohibido determinadas pr&aacute;cticas adivinatorias.</p>
<p>
	<strong>3.</strong> No casa bien su participaci&oacute;n en un complot contra el emperador y las caracter&iacute;sticas de la condena. Como el propio <em>Ovidio </em>nos cuenta en varias ocasiones, no fue <em>exiliado </em>sino <em>relegado </em>o confinado (<em>relegatus</em>) sin confiscaci&oacute;n de bienes ni p&eacute;rdida de otros derechos; aunque sus obras fueron retiradas de las bibliotecas y su lectura fue prohibida, Ovidio no sufri&oacute; una &ldquo;<em>damnatio memoriae&rdquo;</em> o eliminaci&oacute;n de cualquier referencia que mantuviera su recuerdo, porque sus obras nos han llegado casi en su totalidad; y todo esto tambi&eacute;n resulta un tanto contradictorio con la terquedad de <em>Augusto </em>y luego <em>Tiberio </em>en no concederle el perd&oacute;n,&nbsp; ni siquiera para acercar su destino a Italia o Roma:</p>
<p>
	<em>Tristia, II, 121 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>Se arruin&oacute;, pues, esta casa querida por las Musas, derrumbada bajo el peso de un solo delito, si bien no peque&ntilde;o; pero ha ca&iacute;do de tal manera que podr&iacute;a levantarse, si la c&oacute;lera del Cesar ofendido se calmara. Su clemencia en la asignaci&oacute;n del castigo fue tan grande que result&oacute; ser m&aacute;s suave de lo que yo me tem&iacute;a. La vida se me concedi&oacute; y tu c&oacute;lera se detuvo m&aacute;s ac&aacute; de la muerte, &iexcl;oh Pr&iacute;ncipe que has usado tan parcamente de tu poder!&nbsp; Adem&aacute;s hay que a&ntilde;adir el hecho de que no me has privado de mi patrimonio, como si la vida fuera un regalo peque&ntilde;o. No condenaste mis delitos con un decreto del Senado, ni mi exilio ha sido ordenado por un jurado especial; zahiri&eacute;ndome con amargas palabras (eso es lo digno de u Pr&iacute;ncipe) te has vengado, como conviene, de las ofensas cometidas contra ti. Adem&aacute;s, el edicto, aunque riguroso y amenazador, sin embargo, ha sido suave en la designaci&oacute;n del castigo, ya que soy declarado en &eacute;l relegado y no desterrado, y contiene t&eacute;rminos suaves para mi suerte. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>Corruit haec igitur Musis accepta, sub uno<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sed non exiguo crimine lapsa domus:<br />
	Atque ea sic lapsa est, ut surgere, si modo laesi<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ematuruerit Caesaris ira, queat.<br />
	Cuius in euentu poenae clementia tanta est,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Venerit ut nostro lenior illa metu.<br />
	Vita data est, citraque necem tua constitit ira,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; O princeps parce uiribus use tuis!<br />
	Insuper accedunt, te non adimente, paternae,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tamquam uita parum muneris esset, opes.<br />
	Nec mea decreto damnasti facta senatus,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nec mea selecto iudice iussa fuga est.<br />
	Tristibus inuectus uerbis (ita principe dignum)<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vltus es offensas, ut decet, ipse tuas.<br />
	Adde quod edictum, quamuis immite minaxque,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Attamen in poenae nomine lene fuit:<br />
	Quippe relegatus, non exul, dicor in illo,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Priuaque fortunae sunt ibi uerba meae.</em></p>
<p>
	La misma idea de que &eacute;l no fue declarado <em>exul</em>, es decir, &ldquo;<em>desterrado</em>&rdquo; con p&eacute;rdida de derechos, sino <em>relegatus</em> (relegado, expulsado del pa&iacute;s manteniendo los derechos fundamentales)&nbsp; la reitera y casi en los mismos t&eacute;rminos en el<em> Libro V, 2bis, 11 y ss</em>.; evito por ello lo que ser&iacute;a una mera redundancia.</p>
<p>
	Recordemos c&oacute;mo al principio de <em>Tristia II</em>,<em> en el verso 8</em>, citado anteriormente nos informa de que sus obras han sido retiradas:</p>
<p>
	<em><strong>Mis poemas hicieron que el C&eacute;sar condenara mi persona y mis costumbres a causa de mi Arte, cuya desaparici&oacute;n ha sido ya ordenada.</strong></em></p>
<p>
	En <em>Tristia III, 1, 65 y ss. </em>expone el mismo hecho de la exclusi&oacute;n de sus libros de las bibliotecas p&uacute;blicas de Roma. Es el propio libro, que acude a Roma y ha llegado al templo de <em>Apolo </em>en el que se exponen los libros, el que habla y nos lo cuenta:</p>
<p>
	<em><strong>Buscaba yo all&iacute; a mis hermanos, salvo aquellos, naturalmente, a los que su propio padre desear&iacute;a no haber engendrado; mientras los buscaba en vano, el guardi&aacute;n encargado de aquel templo me orden&oacute; salir de aquel lugar sagrado. Me dirijo a otros templos que est&aacute;n unidos a un teatro vecino: a estos tambi&eacute;n me est&aacute; prohibida la entrada. La Libertad no me dej&oacute; tocar su atrio, que fue el primero en abrirse a doctos libros.<br />
	La desventura de un autor desgraciado redunda en su producci&oacute;n y sus hijos sufrimos el mismo destierro que &eacute;l soport&oacute;. Puede ser que un d&iacute;a el C&eacute;sar, ablandado por el largo tiempo transcurrido, se vuelva menos severo para con nosotros y para con &eacute;l. &iexcl;Dioses, os lo suplico, y, sobre todo (pues no hay necesidad de implorar a todos), C&eacute;sar, la m&aacute;s grande de las divinidades, atiende a mis deseos! </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</p>
<p>
	<em>quaerebam fratres, exceptis scilicet illis,<br />
	quos suus optaret non genuisse pater,<br />
	quaerentem frustra custos e sedibus illis<br />
	praepositus sancto iussit abire loco,<br />
	altera templa peto, vicino iuncta theatro :<br />
	haec quoque erant pedibus non adeunda meis.<br />
	nec me, quae doctis patuerunt prima libellis,<br />
	atria Libertas tangere passa sua est.<br />
	in genus auctoris miseri fortuna redundat,<br />
	et patimur nati, quam tulit ipse, fugam.<br />
	forsitan et nobis olim minus asper et illi<br />
	evictus longo tempore Caesar erit.<br />
	di, precor, atque adeo neque enim mihi turba roganda est-<br />
	Caesar, ades voto, maxime dive, meo !</em></p>
<p>
	Y algo semejante en <em>Epistulae ex Ponto, I,1,1 y ss.:</em></p>
<p>
	<em><strong>Nas&oacute;n, que ya no es un habitante reci&eacute;n llegado de la tierra de Tomos, te env&iacute;a esta obra desde el litoral g&eacute;tico. Si dispones de tiempo, Bruto, recibe con hospitalidad estos librillos que llegan de tierra extranjera, y gu&aacute;rdalos en el sitio que sea. Ellos no se atreven a entrar en las bibliotecas p&uacute;blicas, por miedo a que su autor les haya cerrado este acceso. &iexcl;Ay! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces dije: &ldquo;En verdad que no ense&ntilde;&aacute;is nada indecente; id, est&aacute; abierto aquel lugar a los castos versos&rdquo;! A pesar de todo no se acercan, sino que como t&uacute; mismo ves, estiman m&aacute;s seguro ocultarse bajo un techo particular. </strong>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos).</em></p>
<p>
	<em>Naso Tomitanae iam non novus incola terrae<br />
	hoc tibi de Getico litore mittit opus,<br />
	si vacat, hospitio peregrinos, Brute, libellos<br />
	excipe, dumque aliquo, quolibet abde loco.<br />
	publica non audent intra monimenta venire,<br />
	ne suus hoc illis clauserit auctor iter.<br />
	a ! quotiens dixi &quot; certe nil turpe docetis :<br />
	ite, patet castis versibus ille locus ! &quot;<br />
	non tamen accedunt, sed, ut aspicis ipse, latere<br />
	sub Lare privato tutius esse putant. </em></p>
<p>
	<strong>4.</strong>&nbsp; Hay adem&aacute;s toda una serie de datos que el poeta aporta que podemos considerar poco compatibles con la realidad, como pueden ser <em>la &uacute;ltima noche en Roma </em>y su despedida, la descripci&oacute;n del <em>viaje</em>, el <em>punto de partid</em>a, la <em>tormenta </em>en el mar, la ruta seguida. todo parece plagado de elementos ret&oacute;ricos y t&oacute;picos literarios (el de la <em>tormenta</em> especialmente significativo y de larga tradici&oacute;n en la poes&iacute;a &eacute;pica), y en consecuencia todo parece exagerado,&nbsp; distorsionado, falso, dif&iacute;cilmente cre&iacute;ble para el lector.</p>
<p>
	Del viaje pr&aacute;cticamente desconocemos todos los datos que podr&iacute;amos considerar objetivos: no sabemos el punto exacto en el que embarc&oacute;: &iquest;<em>Ostia</em>, <em>Brind&iacute;s</em>, otro puerto m&aacute;s al norte?; la ruta no parece la adecuada para un barco mercante romano; la duraci&oacute;n parece excesivamente larga.</p>
<p>
	<strong>5</strong>.&nbsp; Los partidarios de la hip&oacute;tesis de la no realidad del exilio encuentran muchos argumentos que podemos considerar objetivos en la <em>descripci&oacute;n geogr&aacute;fica de Tomis</em> y su ubicaci&oacute;n, de su puerto, del paisaje &aacute;rido, de su clima siempre invernal que lo hace seg&uacute;n el poeta en un<em> locus horribilis</em> y que no coincide con lo que indican los modernos estudios paleoclim&aacute;ticos,&nbsp; del <em>Istria </em>o <em>Danubio </em>y sus aguas, de la err&oacute;nea ubicaci&oacute;n de la <em>Estrella Polar</em> que dice que est&aacute; sobre la cabeza de sus habitantes y que situar&iacute;a el lugar mucho m&aacute;s al norte. El lugar por otra parte ven&iacute;a siendo visitado desde muchos cientos de a&ntilde;os antes por comerciantes griegos y luego por romanos.</p>
<p>
	La descripci&oacute;n de <em>lugar tan horrible</em> la hace de manera especial en <em>Tristia III, 10</em>, poema dedicado precisamente a esta descripci&oacute;n, que todos los cr&iacute;ticos consideran exagerado y t&oacute;pico. Hasta el propio poeta debi&oacute; percatarse de sus exageraciones cuando en los versos&nbsp; <em>35 y ss.</em> nos advierte:</p>
<p>
	<em><strong>Seguramente, apenas se me creer&aacute;, pero, cuando no hay recompensa alguna para el enga&ntilde;o, el que da testimonio debe encontrar cr&eacute;dito.</strong></em></p>
<p>
	<em>vix equidem credar, sed, cum sint praemia falsi<br />
	nulla, ratam debet testis habere fidem :</em></p>
<p>
	Por lo dem&aacute;s los estudiosos han se&ntilde;alado c&oacute;mo esta descripci&oacute;n es deudora absolutamente de la descripci&oacute;n que <em>Virgilio </em>hace de la <em>Escitia </em>y de su clima en <em>Ge&oacute;rgicas, III, 349-366</em>. Evitar&eacute; reproducir los textos para no alargar m&aacute;s todav&iacute;a un art&iacute;culo ya excesivo. Curiosamente el propio <em>Ovidio </em>hace una r&aacute;pida referencia a <em>Escitia </em>helada al principio de su <em>Metamorfosis I, 61 y ss.</em></p>
<p>
	<em><strong>El Euro se retir&oacute; al pa&iacute;s de la Aurora, a los reinos nabateos, a Persia y a las cimas ba&ntilde;adas por los rayos de ala ma&ntilde;ana. El Occidente y las playas que se entibian por el sol poniente son vecinos del Z&eacute;firo. El espantoso B&oacute;reas ocup&oacute; la Escitia y los Siete Triones; la parte opuesta de la tierra se humedece con las constantes nubes que produce el lluvioso Austro</strong></em>.(Traducci&oacute;n de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater. CSIC)</p>
<p>
	<em>Eurus ad Auroram Nabataeaque regna recessit<br />
	Persidaque et radiis iuga subdita matutinis;<br />
	vesper et occiduo quae litora sole tepescunt,<br />
	proxima sunt Zephyro: Scythiam septemque triones<br />
	horrifer invasit Boreas: contraria tellus<br />
	nubibus adsiduis pluviaque madescit ab Austro.</em></p>
<p>
	Nota: El <em>B&oacute;reas </em>es el g&eacute;lido viento del norte y los <em>Siete Triones </em>(siete bueyes) es la constelaci&oacute;n de la <em>Osa Mayor</em> o <em>Carro</em>.</p>
<p>
	Seg&uacute;n estos autores, como <em>Beerchez</em>, en la elecci&oacute;n del destino, tan lejano, tan inh&oacute;spito, tan inexplicable, no busca el poeta sino aumentar el sentimiento de duelo en el lector.</p>
<p>
	<strong>6.</strong>&nbsp; Desconcierta tambi&eacute;n un tanto&nbsp; la descripci&oacute;n de sus habitantes, exageradamente feroces y semisalvajes, la mala diferenciaci&oacute;n de las diversas etnias, y sobre todo la afirmaci&oacute;n de que hubiera nadie con quien hablar en lat&iacute;n o griego y hubiera de hacerlo tan s&oacute;lo en g&eacute;tico o s&aacute;rmata, lenguas en las que nos dice que lleg&oacute; a componer poemas. Sin duda habr&iacute;a all&iacute; alg&uacute;n comerciante griego o alg&uacute;n funcionario romano.</p>
<p>
	En todo caso, si hemos de creer en la realidad del exilio, Ovidio estuvo dedicado plenamente a su pasi&oacute;n po&eacute;tica en ese ambiente tan adverso; all&iacute; escribi&oacute; sus <em>Tristia, Epistulae ex Ponto, Ibis, Nux, Halieutica</em> y es posible que continuara con la redacci&oacute;n de los <em>Fastos</em>, que s&oacute;lo hab&iacute;a completado para los seis primeros meses del a&ntilde;o. Todos estas obras fueron enviadas a Roma. Claro que el poeta nos presenta su tarea como una forma de olvidar y hacer soportable su desgracia. Nos lo dice en varios pasajes como <em>Tristia IV 10, 111-132, o&nbsp; en Tristia V, 7, 39 y ss</em>. que reproduzco:</p>
<p>
	<em><strong>Entretengo mi esp&iacute;ritu con el estudio y trato de olvidar mis sufrimientos y de enga&ntilde;ar mis preocupaciones. &iquest;Qu&eacute; puedo hacer mejor, solo en estas playas desiertas, o qu&eacute; otro consuelo intentar&eacute; buscar a mis males? Si miro el lugar, es un pa&iacute;s odioso y no puede haber en todo el mundo ning&uacute;n otro m&aacute;s triste; si miro a sus hombres, apenas si son personas dignas de este nombre, y son m&aacute;s fieros y crueles que los lobos. No temen las leyes, sino que la justicia cede su lugar a la fuerza y el derecho yace vencido bajo la combativa espada. Evitan el duro fr&iacute;o con pieles y anchos calzones y sus horribles rostros van cubiertos por largas cabelleras. En unos pocos quedan restos de la lengua griega, pero incluso &eacute;stos se han convertido ya en b&aacute;rbaros por el acento g&eacute;tico. No hay ni uno siquiera en este pueblo que por casualidad pueda decir algunas palabras usuales en lat&iacute;n.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Yo mismo, famoso poeta romano (&iexcl;perdonadme, Musas!), me veo obligado a hablar la mayor parte de las cosas en la lengua de los s&aacute;rmatas. He aqu&iacute; (me averg&uuml;enza, lo confieso) que, por el largo desuso, apenas si a m&iacute; me salen ya palabras latinas. Y no dudo de que incluso en este librito haya no pocas expresiones b&aacute;rbaras: la culpa no es del hombre, sino del lugar. No obstante, para no perder el manejo de la lengua ausonia y para que mi boca no se quede muda en el habla patria, hablo conmigo mismo y repaso las palabras menos usadas y vuelvo a los distintivos funestos de mi afici&oacute;n po&eacute;tica. As&iacute; ocupo el esp&iacute;ritu y el tiempo, as&iacute; me aparto y me alejo de la contemplaci&oacute;n de mi desgracia. Busco en los versos el olvido de mis desdichas: si con mi afici&oacute;n consigo esta recompensa, ser&aacute; suficiente. </strong></em>(Traducci&oacute;n de Jos&eacute; Gonz&aacute;lez V&aacute;zquez. Editorial Gredos)<em><strong><em><strong>.</strong></em></strong></em></p>
<p>
	<em>Detineo studiis animum falloque dolores,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Experior curis et dare uerba meis.<br />
	Quid potius faciam desertis solus in oris,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quamue malis aliam quaerere coner opem?<br />
	Siue locum specto, locus est inamabilis, et quo<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esse nihil toto tristius orbe potest,<br />
	Siue homines, uix sunt homines hoc nomine digni,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quamque lupi, saeuae plus feritatis habent.<br />
	Non metuunt leges, sed cedit uiribus aequum,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Victaque pugnaci iura sub ense iacent.<br />
	Pellibus et laxis arcent mala frigora bracis,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Oraque sunt longis horrida tecta comis.<br />
	In paucis remanent Graecae uestigia linguae,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Haec quoque iam Getico barbara facta sono.<br />
	Vnus in hoc nemo est populo, qui forte Latine<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quaelibet e medio reddere uerba queat.<br />
	Ille ego Romanus uates (ignoscite, Musae)<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sarmatico cogor plurima more loqui.<br />
	En pudet et fateor, iam desuetudine longa<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vix subeunt ipsi uerba Latina mihi.<br />
	Nec dubito quin sint et in hoc non pauca libello<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Barbara: non hominis culpa, sed ista loci.<br />
	Ne tamen Ausoniae perdam commercia linguae,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Et fiat patrio uox mea muta sono,<br />
	Ipse loquor mecum desuetaque uerba retracto,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Et studii repeto signa sinistra mei.<br />
	Sic animum tempusque traho, sic meque reduco<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A contemplatu summoueoque mali.<br />
	Carminibus quaero miserarum obliuia rerum:<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Praemia si studio consequar ista, sat est.</em></p>
<p>
	No parece, pues, que el lugar&nbsp; fuera tan &ldquo;<em>horribilis</em>&rdquo; como el poeta reiteradamente nos dibuja.</p>
<p>
	<strong>7.</strong> A todas estas razones, los autores que cuestionan la realidad del exilio a&ntilde;aden otras importantes que deducen del <em>estudio literario</em> de los propios textos. As&iacute; la informaci&oacute;n sobre el Ponto la ha podido obtener de diversas fuentes literarias a su alcance. Como he comentado, es indudable la influencia de <em>Virgilio </em>y la descripci&oacute;n que de la Escitia y su clima en <em>Ge&oacute;rgicas III, 349 y ss</em>.</p>
<p>
	Otras razones puramente literarias esgrimidas son la propia disposici&oacute;n y estructura de los <em>Tristia I</em>, como si fuera una pieza oratoria, las f&oacute;rmulas y reiteraciones utilizadas.</p>
<p>
	Se argumenta tambi&eacute;n que la eleg&iacute;a amorosa hab&iacute;a llegado a su agotamiento tras las obras de <em>Catulo</em>, <em>Propercio</em>, <em>Tibulo </em>y el propio <em>Ovidio</em>, que utiliza ahora su capacidad para crear obras de <em>ficci&oacute;n</em>,&nbsp; como hab&iacute;a hecho en sus <em>Heroidas </em>o cartas imaginarias de hero&iacute;nas m&iacute;ticas.</p>
<p>
	En esa labor creativa encuentra tambi&eacute;n que son muchas las posibilidades literarias que le ofrecen los recursos ret&oacute;ricos que tan bien maneja, como las oposiciones presente/pasado, amigos/soledad, civilizaci&oacute;n y seguridad romanas/barbarie, etc. Con todo ello crea una nueva poes&iacute;a muy atractiva, la poes&iacute;a del exilio, en la que a veces se mezcla y confunde la ficci&oacute;n con la realidad y que inspir&oacute; y sirvi&oacute; de modelo despu&eacute;s hasta nuestros d&iacute;as.</p>
<p>
	De todo ello deducen estos autores que no existi&oacute; el exilio de Ovidio o al menos no est&aacute; probado que existiera. Pero un estudio tambi&eacute;n cr&iacute;tico de todas estas razones nos obligar&iacute;an a concluir que tampoco son definitivas ni contundentes y todas pueden ser negadas desde la perspectiva de la verdad hist&oacute;rica del exilio. Tambi&eacute;n podemos preguntarnos &iquest;por qu&eacute; si el exilio no fue real, nadie lo hizo ver, nadie lo denunci&oacute;, nadie anot&oacute; que fue una ficci&oacute;n?</p>
<p>
	Para ser m&aacute;s exactos, todos excepto el argumento que podemos llamar <em>ex silentio</em>, es decir, el hecho realmente llamativo de que ni los poetas de su &eacute;poca y posteriores hasta el siglo IV ni los historiadores, especialmente <em>Suetonio </em>y <em>T&aacute;cito </em>hagan referencia a este exilio y castigo cuando en cambio s&iacute; reflejan las condenas a otros varios autores. Es probablemente &eacute;ste el argumento con m&aacute;s fuerza a favor de la posible no realidad del exilio.</p>
<p>
	En todo caso la duda sembrada es dif&iacute;cil de olvidar y una nueva lectura de estos poemas desde la perspectiva de su irrealidad es muy sugerente e inquietante. La amplia selecci&oacute;n de textos ofrecidos es sin duda suficiente para dejar abierta la cuesti&oacute;n.</p>
<p>
	Podemos anotar como curiosidad que el exilio de <em>Ovidio </em>ha sido alguna vez novelado en &eacute;poca moderna. A veces esta es una buena forma de acercarse a la realidad de la historia. Citar&eacute; tan s&oacute;lo tres:</p>
<p>
	<em>Dios ha nacido en el exilio</em> (1960),(<em> Dieu est n&eacute; en exil, Fayard,</em> Paris, 1960).de<em> Vintila Horia</em>, que recibi&oacute; el premio <em>Goncourt </em>en 1960 y tambi&eacute;n provoc&oacute; la pol&eacute;mica y reacci&oacute;n de la izquierda cultural capitaneada por <em>Sartre</em>.</p>
<p>
	Al austriaco <em>Christoph Ransmayr</em>&nbsp; le debemos <em>El &uacute;ltimo mundo (1989). Y a Pablo Montoy:&nbsp; Lejos de Roma </em>(2008; reeditada en 2016)</p>
<p>
	En todo caso y para acabar este art&iacute;culo reproducir&eacute; lo que se considera fue el epitafio que el propio poeta dej&oacute; escrito para s&iacute; mismo y encarg&oacute; a su mujer en <em>Tristia, III, 3, 73-76</em>; tal vez sea una broma m&aacute;s, fruto de su poderosa imaginaci&oacute;n, pero ello no ha de impedirnos, viajeros por sus obras dos mil a&ntilde;os despu&eacute;s, que est&eacute; donde est&eacute;, deseemos que &ldquo;<em>descanse tranquilamente en paz&rdquo;</em>.</p>
<p>
	<em><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo que yazgo aqu&iacute;, soy Nas&oacute;n,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; poeta que cant&eacute; los tiernos amores y mor&iacute; por mi propio ingenio.<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A ti, quien seas, que pasas por aqu&iacute;, a ti que has amado tambi&eacute;n,<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que no te sea molesto decir: que los huesos de Nas&oacute;n descansen en paz.</strong></em></p>
<p>
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; HIC EGO QUI IACEO TENERORVM LVSOR AMORUM<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; INGENIO PERII NASO POETA MEO<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; AT TIBI QVI TRANSIS NE SIT GRAVE QVISQVIS AMASTI<br />
	&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; DICERE NASONIS MOLLITER OSSA CVBENT</p>
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		<title>Unos contratistas romanos de servicios públicos defraudadores</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Grecia y Roma]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Apr 2017 00:16:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[Hispania]]></category>
		<category><![CDATA[Historia Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Polí­tica]]></category>
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					<description><![CDATA[En la antigua Roma, ya desde época Republicana, se arrendaba a particulares la explotación de los terrenos y recursos del Estado, que eran todos los conquistados por sus legiones, e incluso se constituyeron fuertes sociedades de inversores para ello. Esto generó un espacio de actividad en el que era fácil confundir lo privado con lo público y produjo algunos episodios de corrupción que en alguna medida recuerdan a hechos actuales.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><b>En la antigua Roma, ya desde época Republicana, se arrendaba a particulares la explotación de los terrenos y recursos del Estado, que eran todos los conquistados por sus legiones, e incluso se constituyeron fuertes sociedades de inversores para ello. Esto generó un espacio de actividad en el que era fácil confundir lo privado con lo público y produjo algunos episodios de corrupción que en alguna medida recuerdan a hechos actuales.</b></p>
<p>
	Voy a referirme a un episodio de la <em>Segunda Guerra P&uacute;nica</em>, salpicado adem&aacute;s con una an&eacute;cdota de corrupci&oacute;n, que explica c&oacute;mo se fue generando este sistema.&nbsp; Todas las guerras, las de antes y las de ahora son siempre ocasi&oacute;n y oportunidad para grandes negocios, a los que nada importa si los beneficios vienen o no manchados de sangre inocente.</p>
<p>
	El episodio nos lo cuenta <em>Tito Livio</em> en su obra &ldquo;<em>Historia de Roma desde su origen&rdquo; (Ab urbe condita), en el libro XXV, 3 y ss.</em></p>
<p>
	<em>Roma </em>est&aacute; definitivamente enfrentada a <em>Cartago </em>por su expansi&oacute;n en el <em>Mediterr&aacute;neo </em>y por considerar a los <em>p&uacute;nicos </em>o cartagineses una amenaza para su supervivencia. Esta guerra comienza desarroll&aacute;ndose en <em>Hispania</em>, en donde los cartagineses est&aacute;n ya bien asentados; se desarrolla luego en el propio territorio italiano, al que ha pasado <em>An&iacute;bal </em>desde <em>Hispania </em>a trav&eacute;s de los desfiladeros de los <em>Alpes </em>en invierno, y acabar&aacute; definitivamente a&ntilde;os despu&eacute;s con la destrucci&oacute;n de <em>Cartago</em>. Las campa&ntilde;as victoriosas de <em>An&iacute;bal </em>en Italia (<em>Tesino, Trebia, Trasimeno, Cannas&hellip;</em>) han generalizado el p&aacute;nico entre los romanos.&nbsp;</p>
<p>
	Es precisamente la situaci&oacute;n de necesidad de los Escipiones en <em>Hispania </em>lo que les obliga a dirigir una carta en el a&ntilde;o 215 al <em>Senado </em>de <em>Roma </em>solicitando ayuda. Los gastos para la guerra son de tal magnitud que el <em>Estado </em>no tiene dinero suficiente para hacer frente a ellos y recurre en consecuencia a la colaboraci&oacute;n de los &ldquo;<em>publicanos</em>&rdquo; o capitalistas que se vienen beneficiando de las contratas del Estado. Estos &ldquo;<em>publicani</em>&rdquo; o ciudadanos con recursos que se dedican a los negocios, constituyen tres sociedades para abastecer al ej&eacute;rcito. Dadas las circunstancias de inseguridad del momento y las distancias a las que han de ser transportados algunos recursos, se incluye en el contrato una cl&aacute;usula seg&uacute;n la cual el riesgo de naufragio ha de correr por cuenta del <em>Estado</em>. Hay que imaginar la situaci&oacute;n de p&aacute;nico generalizado ante la presencia de <em>An&iacute;bal </em>en la propia <em>Italia </em>y las sucesivas victorias con las que va machacando a los ej&eacute;rcitos romanos.</p>
<p>
	En ese contexto hubo dos individuos, dos &ldquo;<em>publicani</em>&rdquo; que no contentos con las ganancias l&iacute;citas simularon un naufragio accidental de las naves cargadas de material de desecho y poco valor para cobrarlo como bueno.</p>
<p>
	De todo lo anterior extraeremos importantes consecuencias sobre la constituci&oacute;n de estas sociedades, pero el episodio tiene una segunda parte muy reveladora. Cuando los defraudadores son descubiertos y denunciados al <em>Senado</em>, &eacute;ste no act&uacute;a inmediatamente contra ellos, dada la afinidad y confluencia de intereses en muchos casos entre la clase y familias de senadores con los &ldquo;<em>publicanos</em>&rdquo;. Tuvo que ser el pueblo a trav&eacute;s de sus representantes especiales, los <em>&ldquo;tribunos de la plebe&rdquo;</em>, (hoy dir&iacute;amos &quot;<em>la acci&oacute;n popular</em>&quot;), quien exigi&oacute; responsabilidades e inici&oacute; las acciones judiciales.</p>
<p>
	Estando reunida la asamblea popular, fue interrumpida por la acci&oacute;n violenta de los publicanos, dispuestos a evitar la condena de uno de sus miembros poderosos. Ante la evidencia de los cargos y el peligro de la situaci&oacute;n, el <em>Senado </em>no tuvo m&aacute;s remedio que intervenir con m&aacute;s decisi&oacute;n.</p>
<p>
	Dir&iacute;a como conclusi&oacute;n que resulta igual de escandaloso que unos contratistas defrauden al <em>Estado </em>a que el propio <em>Estado </em>no tenga ning&uacute;n inter&eacute;s en castigar a los defraudadores.</p>
<p>
	Dejamos para superespecialistas la cuesti&oacute;n de si estos arrendatarios eran realmente de la clase u &ldquo;<em>ordo</em>&rdquo; (<em>orden</em>) de los &ldquo;<em>publicanos</em>&rdquo;, as&iacute; como sobre la historicidad de los contratos de aprovisionamiento para el ej&eacute;rcito, porque esto parecer ser un caso aislado en el contexto hist&oacute;rico de finales del siglo III a.C.</p>
<p>
	En todo caso, no hace falta ser muy imaginativo para establecer la semejanza con situaciones actuales en las que grandes delincuentes poderosos evitan la acci&oacute;n de la Justicia, gestionada en gran medida por personas afines a su grupo social. Es cierto que las situaciones antiguas y modernas no son exactamente iguales y no debemos exagerar en el parecido, pero una vez m&aacute;s podemos reafirmar el lema de este blog, &ldquo;<em>Nihil novum sub sole&rdquo;, &ldquo;Nada nuevo bajo el sol&rdquo;.</em></p>
<p>
	Como viene siendo exigencia de este blog, lo afirmado ha de ser constatado en los textos existentes, de los que no se juzga su valor como documentos hist&oacute;ricos sino simplemente su existencia, y por ello nada mejor que reproducir lo escrito por Tito Livio:</p>
<p>
	En un art&iacute;culo posterior explicar&eacute; hasta qu&eacute; punto los intereses de los particulares y sus empresas se confunden con los p&uacute;blicos y estatales.</p>
<p>
	Ab Urbe condita, XXV,3: [25,3]</p>
<p>
	<em><strong>Q. Fulvio Flaco y Ap. Claudio tomaron posesi&oacute;n del consulado, siendo &eacute;ste el tercero de Fulvio. Los pretores sortearon sus provincias: P. Cornelio Sila obtuvo la jurisdicci&oacute;n de la ciudad y la de los extranjeros, que antes estaban separadas; Cn. Fulvio Flaco, la Apulia; C. Claudio Ner&oacute;n Suesula y M. Junio Silano la Etruria. Los c&oacute;nsules quedaron encargados de la guerra contra An&iacute;bal, mandando cada uno dos legiones; debiendo recibirlas, el uno de Q. Fabio, c&oacute;nsul del a&ntilde;o anterior, y el otro, de Fulvio Centumalo. En cuanto a los pretores, Fulvio Flaco deb&iacute;a tener las legiones que se encontraban en Luceria bajo el mando del pretor Emilio; Claudio Ner&oacute;n, las que serv&iacute;an a las &oacute;rdenes de C. Terencio en el Piceno. Uno y otro estaban encargados de hacer nuevas levas para completar el ej&eacute;rcito. M. Junio tuvo contra los etruscos las legiones urbanas del a&ntilde;o anterior. T. Sempronio Graco y P. Sempronio Tuditano conservaron sus tropas y sus mandos, el uno en Lucania y el otro en la Galia. P. L&eacute;ntulo conserv&oacute; tambi&eacute;n la antigua provincia de Sicilia. M. Marcelo Siracusa y el reino de Hier&oacute;n; T. Otacilio la flota; M. Valerio la Grecia; Q. Mucio Sc&eacute;vola, la Cerde&ntilde;a, y los dos Escipiones las Espa&ntilde;as.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>A los antiguos ej&eacute;rcitos se a&ntilde;adieron dos legiones urbanas que levantaron los c&oacute;nsules, con las que se elev&oacute; en este a&ntilde;o a veintitr&eacute;s el n&uacute;mero de las legiones. M. Postumio Pirgense se opuso a las levas que hac&iacute;an los c&oacute;nsules y produjo un movimiento que estuvo a punto de adquirir gravedad.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Era Postumio un colector de impuestos que desde mucho tiempo no hab&iacute;a tenido en la rep&uacute;blica igual para el fraude y la avidez, como no fuese T. Pomponio Veyetano, hecho prisionero en el a&ntilde;o anterior por Hann&oacute;n y los cartagineses, durante su temeraria expedici&oacute;n en Lucania. Como el Tesoro p&uacute;blico respond&iacute;a de las p&eacute;rdidas en caso de tempestad en cuanto al material transportado para el ej&eacute;rcito, supuso naufragios que no hab&iacute;an ocurrido, y hasta los verdaderos se deb&iacute;an al fraude y no a la casualidad. Cargaba con mercanc&iacute;as sin valor naves viejas inservibles y las hac&iacute;a echar a pique en alta mar, cuidando de tener preparadas las barcas para salvar las tripulaciones; en seguida declaraba falsamente que las mercanc&iacute;as perdidas eran considerables.</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>El pretor M. Atilio se enter&oacute; del fraude en el a&ntilde;o anterior y lo denunci&oacute; al Senado: sin embargo, no se dict&oacute; ning&uacute;n senatus-consulto, no queriendo los senadores enemistarse en aquellas circunstancias con la clase entera de los publ&iacute;canos. El pueblo castig&oacute; con m&aacute;s severidad aquel robo. Cierto d&iacute;a, los dos tribunos Sp. y L. Calvilio, excitados por sus quejas y viendo que estos ama&ntilde;os sublevaban la indignaci&oacute;n y el desprecio de todos, condenaron a M. Postumio a una multa de doscientas mil piezas de moneda. El d&iacute;a en que el pueblo deb&iacute;a votar acerca de esta multa, fue tan numerosa la multitud que apenas cab&iacute;a en la plaza del Capitolio. O&iacute;dos los defensores, parec&iacute;a que Postumio no ten&iacute;a m&aacute;s que un recurso, que C. Servilio Casca, pariente suyo y tribuno del pueblo, interviniese antes de que se llamase a votar las tribus. Cuando hubieron declarado los testigos, los tribunos mandaron retirarse al pueblo, y se llev&oacute; la urna (sitella allata) para que decidiese la suerte en qu&eacute; orden hab&iacute;an de votar los latinos. Los publ&iacute;canos estrechaban a Casca para que hiciese aplazar la decisi&oacute;n. El pueblo reclamaba, y Casca, que estaba sentado en el extremo del banco de los tribunos vacilaba entre la verg&uuml;enza y el temor. Viendo que no pod&iacute;an contar con &eacute;l, los publ&iacute;canos, para escapar a favor del tumulto, se precipitaron en el espacio que quedaba vac&iacute;o y al que el pueblo no pod&iacute;a acercarse, disputando a la vez con el pueblo y los tribunos; y hubiese habido alg&uacute;n combate, si el c&oacute;nsul Fulvio no hubiese exclamado dirigi&eacute;ndose a &eacute;stos,&nbsp; &iquest;No veis que ten&eacute;is que ceder y que es inminente una sedici&oacute;n si no os apresur&aacute;is a disolver la asamblea?&raquo;&nbsp;</strong></em></p>
<p>
	<em><strong>Retir&oacute;se el pueblo y se convoc&oacute; al Senado; los c&oacute;nsules dieron cuenta de la violencia y audacia de los publ&iacute;canos, que hab&iacute;an turbado la asamblea del pueblo. M. Fur&iacute;o Camilo, dec&iacute;an, a cuyo destierro sigui&oacute; la ruina de Roma, se dej&oacute; condenar por sus conciudadanos irritados; antes que &eacute;l, los decenviros, a quienes debe la rep&uacute;blica las leyes que la gobiernan, y otros muchos grandes ciudadanos, sufrieron el juicio del pueblo. Pero un Postumio Pirgense hab&iacute;a querido forzar los votos populares; hab&iacute;a obligado a disolverse una asamblea p&uacute;blica y a retirarse los tribunos; hab&iacute;a presentado batalla al pueblo romano, tomado posici&oacute;n para impedirle que se comunicase con sus tribunos y a las tribus emitir sus votos. Si no hab&iacute;a habido combate, si la sangre no hab&iacute;a corrido, deb&iacute;ase a la moderaci&oacute;n de los magistrados, que por un momento hab&iacute;an cedido al furor y la audacia de algunos individuos y porque se hab&iacute;an dejado vencer a la vez que el pueblo romano; que, en fin, para no dar ning&uacute;n pretexto a los que solamente deseaban la lucha, hab&iacute;an disuelto, como quer&iacute;a Postumio, la asamblea del pueblo, que un acusado iba a imposibilitar por la violencia y las armas.&raquo; Todos los buenos ciudadanos que se encontraban en el Senado se declararon en el mismo sentido ante un hecho tan inaudito. El Senado declar&oacute; por un decreto que aquella tentativa era un ejemplo peligroso y un atentado contra la rep&uacute;blica. En el acto los dos Carvilios, tribunos del pueblo, prescindiendo de la multa, presentaron acusaci&oacute;n capital contra Postumio, mandando a los lictores que le prendiesen si no presentaba cauci&oacute;n y llevarle a las prisiones. Postumio dio cauci&oacute;n y no compareci&oacute;. A petici&oacute;n de los tribunos, el pueblo decidi&oacute; que, &laquo;si M. Postumio no se presentaba antes de las kalendas de Mayo, si no contestaba este d&iacute;a cuando se leyese su nombre, o si no se admit&iacute;an sus excusas, ser&iacute;a desterrado, vendidos sus bienes y se le prohibir&iacute;an el agua y el fuego En seguida acusaron sucesivamente los tribunos de crimen capital a todos los que promovieron aquel tumulto y les obligaron a dar cauci&oacute;n. Al principio los que no la dieron y despu&eacute;s hasta los que pod&iacute;an darla fueron encarcelados; de manera que, para evitar este peligro, la mayor parte se desterraron. De esta manera se castig&oacute; el fraude de los publ&iacute;canos y la audacia con que lo sostuvieron. Poco despu&eacute;s se celebraron comicios para la elecci&oacute;n de pont&iacute;fice m&aacute;ximo, presidi&eacute;ndolos el nuevo pont&iacute;fice M. Cornelio Cethego.</strong></em> (Traducci&oacute;n de Francisco Navarro y Calvo. Madrid,1888)</p>
<p>
	<em>Q. Fulvius Flaccus tertium Appius Claudius consulatum ineunt.&nbsp; et praetores provincias sortiti sunt, P. Cornelius Sulla urbanam et peregrinam, quae duorum ante sors fuerat, Cn. Fulvius Flaccus Apuliam, C. Claudius Nero Suessulam, M. Iunius Silanus Tuscos. consulibus bellum cum Hannibale et binae legiones decretae; alter a Q. Fabio superioris anni consule, alter a Fulvio Centumalo acciperet;&nbsp; praetorum Fulvi Flacci quae Luceriae sub Aemilio praetore, Neronis Claudi quae in Piceno sub C. Terentio fuissent legiones essent; supplementum in eas ipsi scriberent sibi. M. Iunio in Tuscos legiones urbanae prioris anni datae. Ti. Sempronio Graccho et P. Sempronio Tuditano imperium provinciaeque Lucani et Gallia cum suis exercitibus prorogatae;&nbsp; item P. Lentulo qua vetus provincia in Sicilia esset, M. Marcello Syracusae et qua Hieronis regnum fuisset; T. Otacilio classis, Graecia M. Valerio, Sardinia Q. Mucio Scaevolae, Hispaniae. et Cn. Corneliis. ad veteres exercitus duae urbanae legiones a consulibus scriptae, summaque trium et viginti legionum eo anno effecta est. dilectum consulum M. Postumii Pyrgensis cum magno prope motu rerum factum impediit. publicanus erat Postumius, qui multis annis parem fraude avaritiaque neminem in civitate habuerat praeter T. Pomponium Veientanum, quem populantem temere agros in Lucanis ductu Hannonis priore anno ceperant Carthaginienses. hi, quia publicum periculum erat a vi tempestatis in iis quae portarentur ad exercitus et ementiti erant falsa naufragia et ea ipsa quae vera renuntiaverant fraude ipsorum facta erant, non casu. in veteres quassasque naves paucis et parvi pretii rebus impositis, cum mersissent eas in alto exceptis in praeparatas scaphas nautis, multiplices fuisse merces ementiebantur. ea fraus indicata M. Aemilio praetori priore anno fuerat ac per eum ad senatum delata nec tamen ullo senatus&nbsp; consulto notata, quia patres ordinem publicanorum3 in tali tempore offensum nolebant. populus severior vindex fraudis erat, excitatique tandem duo tribuni plebis, Spurius et L. Carvilii, cum rem invisam infamemque cernerent, ducentum milium aeris multam M. Postumio dixerunt. cui certandae cum dies advenisset, conciliumque tam frequens plebis adesset ut multitudinem area Capitolii vix caperet, perorata causa una spes videbatur esse si C. Servilius Casca tribunus plebis, qui propinquus cognatusque Postumio erat, priusquam ad suffragium tribus vocarentur, intercessisset.&nbsp; testibus datis tribuni populum summoverunt, sitellaque lata est, ut sortirentur ubi Latini suffragium ferrent.&nbsp; interim publicani Cascae instare ut concilio diem eximeret; populus reclamare; et forte in cornu primus sedebat Casca, cui simul metus pudorque animum versabat. cum in eo parum praesidii esset, turbandae rei causa publicani per vacuum summoto locum cuneo inruperunt iurgantes simul cum populo tribunisque.,&nbsp; nec procul dimicatione res erat cum Fulvius consul tribunis &ldquo;nonne videtis&rdquo; inquit &ldquo;vos in ordinem coactos esse et rem ad seditionem spectare, ni propere dimittitis plebis concilium?&rdquo;. plebe dimissa senatus vocatur et consules referunt de concilio plebis turbato vi atque audacia publicanorum:&nbsp; M. Furium Camillum, cuius exilium ruina urbis secutura fuerit, damnari se ab iratis civibus passum esse;&nbsp; decemviros ante eum, quorum legibus ad eam diem viverent, multos postea principes civitatis iudicium de se populi passos:&nbsp; Postumium Pyrgensem suffragium populo Romano extorsisse, concilium plebis sustulisse, tribunos in ordinem coegisse, contra populum Romanum aciem instruxisse, locum occupasse, ut tribunos a plebe intercluderet, tribus in suffragium vocari prohiberet. nihil aliud a caede ac dimicatione continuisse homines nisi patientiam magistratuum, quod cesserint inpraesentia furori atque audaciae paucorum vincique se ac populum Romanum passi sint et comitia,&nbsp; quae reus vi atque armis prohibiturus erat, ne causa quaerentibus dimicationem daretur, voluntate ipsi sua sustulerint. haec cum ab optimo quoque pro atrocitate rei accepta essent, vimque eam contra rem publicam et pernicioso exemplo factam senatus decresset,&nbsp; confestim Carvilii tribuni plebis omissa multae certatione rei capitalis diem Postumio dixerunt ac, ni vades daret, prendi a viatore atque in carcerem duci iusserunt.&nbsp; Postumius vadibus datis non adfuit.&nbsp; tribuni plebem rogaverunt plebesque ita scivit, si M. Postumius ante kal. maias non prodisset citatusque eo die non respondisset neque excusatus esset, videri eum in exilio esse bonaque eius venire, ipsi aqua et igni placere interdici.&nbsp; singulis deinde eorum qui turbae ac tumultus concitatores fuerant, rei capitalis diem dicere ac vades poscere coeperunt.&nbsp; primo non dantis, deinde etiam eos qui dare possent in&mdash;carcerem coiciebant; cuius rei periculum vitantes plerique in exilium abierunt.&nbsp; hunc fraus publicanorum, deinde fraudem audacia protegens exitum habuit.&nbsp; comitia inde pontifici maximo creando sunt habita; ea comitia novus pontifex M. Cornelius Cethegus habuit.</em></p>
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