Categoría: Costumbres

  • Tirón, padre de la taquigrafía

    Nos resulta llamativa la imagen frecuente de unas funcionarias (la mayoría son mujeres) del Congreso de los Diputados, afanadas en transcribir en una cinta de papel la intervención oral de los señores diputados. Son las taquígrafas o veloces escribientes (en realidad son estenotipistas, como aclararemos más adelante).

    La imagen nos parece un anacronismo (del gr. ἀναχρονισμός, de ανα- , ana– = sobre, contra, y Χρονος, Chronos, tiempo), una situación impropia de nuestra época en que la técnica digital graba con toda facilidad imagen y sonido y hasta convierte en escritura los sonidos de una lengua; las modernas máquinas de taquigrafía superan las doscientas palabras por minuto, que no es poco. En realidad, nos choca el espectáculo del Congreso de los Diputados, porque la taquigrafía prácticamente ha desparecido.

    Llamamos taquigrafía al arte, técnica o habilidad de escribir con tal rapidez que se transcriben fielmente las palabras sonoras de una persona hablante. La palabra taquigrafía, como tantas otras técnicas, es griega, de ταχύς, tachis (léase “tajís”, pronto, rápido) y γραφία (grafía, escritura). No es una mera abreviatura o braquigrafía * (del gr. βραχύς, brachis, “breve” y γραφία,  grafía,  “escritura”) porque en la taquigrafía el objetivo no es ganar tiempo o espacio, sino reproducir el lenguaje hablado.* La braquigrafía  es la ciencia que estudia las abreviaturas, que son representaciones reducidas de palabras.

    En cambio la estenografía (del griego στενος, stenos, estrecho), γραφειν (grafein,  = escribir) es una palabra con un significado equivalente o muy parecido. En realidad la estenografía transcribe signos y no palabras completas. Pero no debemos confundirla  con la estenotipia (del griego στενος, stenosestrecho y  τύπος, typos, sello, marchamo, molde) que, si bien es muy parecida,  se basa en el uso de una máquina con un reducido número de teclas que pueden ser pulsadas simultáneamente y permite transcribir sílabas y palabras completas con el objetivo también de reproducir el discurso oral de un orador.  Las modernas máquinas de estenotipia son máquinas informáticas que permiten la grabación digital.

    No sabemos si el arte de escribir rápido lo utilizaron los griegos los primeros. Se atribuye a Jenofonte un sistema de alguna manera taquigráfico para tomar las notas que luego utilizó en sus Memorabilia, Recuerdos de Sócrates (Απομνημονεύματα; en latín, Memorabilia) para escribir la biografía del filósofo griego. Esto daría un gran valor a esas notas, dado que Sócrates no escribió texto alguno.  

    En todo caso los romanos lo utilizaron en la vida forense, en los juicios y discursos, y en la administración, desde el año 63 a.C. según información de Plutarco.

    Plut. Cato. Minor. 23.3:

    Se dice que éste es el único discurso de Catón que se ha conservado, y su conservación se debe al cónsul Cicerón, que había dado previamente a los empleados que se destacaron en escritura rápida, enseñanza en el uso de signos que, con  figuras pequeñas y cortas comprimía el contenido de muchas letras. Estos empleados se habían  distribuido después en varias partes de la sede del senado. Hasta  ese momento los romanos no habían empleado, ni siquiera poseían, lo que se llama taquígrafos, pero entonces, por primera vez, se nos dice, se dieron los primeros pasos hacia esta  práctica.

    Se trata de la famosa conjuración de Catalina, que Cicerón cónsul desbarata.

    Precisamente en la Antigüedad son famosas las llamadas “notas tironianas” (notae tironianae) con las que el secretario de Cicerón,  Marco Tulio Tirón, primero esclavo y luego liberto manumitido, transcribía los discursos del orador. Naturalmente, de él  reciben el nombre.  Tirón probablemente era un esclavo de la familia de Cicerón, que le sirvió de secretario, al que manumitió y trató como si de un miembro de la familia se tratase. Este Tirón fue también quien editó numerosos discursos del gran orador. Sus notas, que comento a continuación, se siguieron empleando, con diversas modificaciones, durante toda la Edad Media,  especialmente por los monjes copistas de manuscritos y documentos. De hecho sólo las conocemos por códices y textos medievales, puesto que no tenemos ningún documento original de época romana al respecto.

    Dion Casio en su Historia de Roma, 55.7.6 dice a propósito de Mecenas:

    El fue el primero que estableció en Roma un lugar para nadar en agua caliente y el primero también que imaginó las “notas” para escribir rápidamente e hizo que su liberto Aquila se las enseñase a otros.

    πρῶτός τε κολυμβήθραν θερμοῦ ὕδατος ἐν τῇ πόλει κατεσκεύασε, καὶ πρῶτος σημεῖά τινα γραμμάτων πρὸς τάχος ἐξεῦρε, καὶ αὐτὰ διὰ Ἀκύλου ἀπελευθέρου συχνοὺς ἐξεδίδαξε.

    Las notas tironianas  están  formadas de las letras del alfabeto, simplificadas y modificadas  para conseguir una mayor rapidez en su trazado. Tienen dos elementos: un radical o signo principal y una terminación o signo auxiliar que indicaba el tiempo verbal o el caso de los sustantivos y adjetivos.

    San Isidoro de Sevilla (Etimologías I, 22 y 23) se refiere a ellas:

    (22) Ennio fue el primero que creó mil cien notas vulgares. Se usaban las notas para que los copistas escribieran todo lo que se dijera en la asamblea o en los juicios, asistiendo varios al mismo tiempo, dividiéndose las partes entre sí, y cuantas palabras cada uno y en qué orden debían recogerlas. Tulio Tirón, liberto de Cicerón, fue el primero que en Roma comentó estas notas, pero solamente las de las preposiciones. Después de él, Vipsanio, Filargio y Aquila, liberto de Mecenas, agregaron otras cada uno. Después, Séneca, con el acuerdo de todos, las clasificó y aumentó su número llegando su obra a las cinco mil. Se llaman “notas”  porque anotaban las palabras y las sílabas con caracteres prefijados y las rehacían para conocimiento de los lectores. Quienes las aprendieron fueron llamados ya con toda propiedad “notarios”.

    XXII. DE NOTIS VVLGARIBVS. [1] Vulgares notas Ennius primus mille et centum invenit. Notarum usus erat ut, quidquid pro con[ten]tione aut [in] iudiciis diceretur, librarii scriberent conplures simul astantes, divisis inter se partibus, quot quisque verba et quo ordine exciperet. Romae primus Tullius Tiro Ciceronis libertus commentus est notas, sed tantum praepositionum. [2] Post eum Vipsanius, Philargius, et Aquila libertus Maecenatis alius alias addiderunt. Deinde Seneca, contractu omnium digestoque et aucto numero, opus efficit in quinque milia. Notae autem dictae eo, quod verba vel syllabas praefixis characteribus notent et ad notitiam legentium revocent; quas qui didicerunt proprie iam notarii appellantur.

    (23)En cambio en los libros de derecho ciertas letras son “notas” de sus palabras para hacer la escritura más rápida y más corta. Por ejemplo, se escribía B y F por “bonum factum”, S y C por “senatus  consultum”,  R y P por “republica”, P y R por “populus romanus”, D y T por “dumtaxat”,  la letra W hacia arriba por “mulier”, la P en su forma por “pupillus” y la P cabeza abajo por “pupilla”, una K por “caput”, dos KK juntas “calumniae causae”, I y E por “iudex esto”, D y M por “dolum malum”. En los libros antiguos encontramos muchísimas notas semejantes de este tipo. Los nuevos emperadores ordenaron abolir en los códices de leyes estas notas de derecho porque con ellas los de mente maliciosa engañaban a los ignorantes y por eso ordenaron que en las leyes se escribieran las letras para que no se origine ningún error, ninguna ambigüedad, y se muestre claramente lo que hay que cumplir y lo que hay que evitar.

    XXIII. DE NOTIS IVRIDICIS. [1] Quaedam autem litterae in libris iuris verborum suorum notae sunt, quo scriptio celeris breviorque fiat. Scribebatur enim verbi gratia per B et F "bonum factum" per S et C "senatus consultum" per R et P "respublica" per P et R "populus Romanus" per D et T "dumtaxat" per supinam W litteram "mulier" per P secundum naturam "pupillus" per P verso capite "pupilla" per unum K "caput" per duo KK iuncta "calumniae causa" per I et E "iudex esto" per D et M "dolum malum" [2] Cuius generis plurimas consimiles notas in libris antiquis invenimus. Has iuris notas novicii imperatores a codicibus legum abolendas sanxerunt, quia multos per haec callidi ingenio ignorantes decipiebant, atque ita iusserunt scribendas in legibus litteras, ut nullos errores, nullas ambages afferant, sed sequenda et vitanda aperte demonstrarent.

    Las notas tironianas, de las que tenemos el llamado Lexicon Tironianum, de época romana, pero del que sólo tenemos copias a partir de los siglos X,XI, eran unas cuatro mil, pero llegaron a ser más de 14.000 aproximadamente en época medieval.

      

    Imagen del comienzo de una edición de las “Notae Senecae”

    Forma y figura de algunas notas tironianas

    El comentario del signo &, cuyo origen está sin duda en las uniones de letras de las notas tironianas, nos ayuda a comprender  y acercarnos un poco a lo que estas notas han sido. El nombre de este signo en castellano es “et” porque es una forma gráfica alternativa a esta conjunción, de la que deriva nuestra copulativa “y”.  En inglés se llama “ampersand”, de la expresión “and per se and”, que significa “y por sí mismo, y”.

    Éstas son diversas formas que van de los siglos II-IV, cursiva romana,  a la minúscula carolingia del IX, y que evidencian el origen de la ligadura “et”:

    Otro ejemplo que evidencia cómo la forma enlazada deriva de la itálica “et”:

    En textos en español no se utiliza porque no supone ninguna economía respecto de “et”, pero en textos antiguos puede encontrarse la expresión &c. o &cetera como abreviación de &c. o &cetera, et caetera (y lo restante), de donde deriva nuestro etcétera.

    No comentamos el amplio uso que en los modernos lenguajes informáticos se hace del signo & = ampersand.

     

     

  • Las ciudades antiguas eran muy ruidosas.

    Con frecuencia desarrollamos nuestra ajetreada vida en un ambiente urbano excesivamente ruidoso. La propia vida en sociedad y urbana, la actividad laboral y algunos usos y costumbres sociales como la afición a grandes conciertos al aire libre, suelen producir un ruido excesivo nada acorde con la salud y tranquilidad de espíritu.

    El ruido se considera incluso como otra más de las contaminaciones que ensucian el medio ambiente natural. Desde hace unos pocos años se celebra en abril de cada año el “Día internacional de concienciación sobre el ruido”. Comenzó a celebrarse en Nueva York el 24 de abril de 1996.

    España tiene un triste segundo puesto, detrás de Japón, en el ranking de los países más ruidosos. 

    El ruido se mide en decibelios (dB). La OMS (Organización Mundial de la Salud) sugiere como adecuado un máximo de 50 dB al aire libre, 70 dB para el tráfico o 100 dB para un concierto.

    Podríamos pensar que este es un mal exclusivo de los tiempos modernos, pero recordemos los famosos versos de nuestro inmortal poeta Fray Luis de León (1527-1591)  de su Oda a la vida retirada:

    Que descansada vida
    La del que huye del mundanal ruido….

    El mundo antiguo estaba mucho menos habitado que el nuestro, el transporte de personas y mercancías era mucho menor, su vida menos ajetreada y la actividad laboral e industrial se producía con unas magnitudes sin comparación posible con los momentos actuales. Pero las ciudades antiguas, desde luego Roma, eran también muy ruidosas.

    La palabra “ruido” deriva de la latina “rugitus” de la que también procede la palabra culta “rugido”.  Estos dobletes léxicos son muy frecuentes en español (frío y frígido de lat. frigidus, caldo y cálido de lat. calidus…). El ruido es un sonido desagradable al oído y molesto para el espíritu.

    Los testimonios antiguos sobre los “rugitus” o ruidos  y su incomodidad son numerosos. Quizás dos de los más conocidos son un epigrama del poeta de origen hispano (nacido Bilbilis junto a Calatayud) Marcial (40-104)  y una carta del también hispano  Séneca (4 a.C.-65 d.C.) a su amigo Lucilio.

    Marcial nos dice que cuando se siente harto y cansado del ruido de la ciudad (Roma) se marcha a su pequeña finca en el campo. Séneca se queja también de los numerosos ruidos que ha de sufrir porque vive justamente encima de unos baños, pero su autocontrol y dominio interior le permiten ignorar el alboroto exterior. Transcribimos ambos documentos más abajo, en latín y en español, a pesar de que el de Séneca pueda resultar un poco largo, por no interrumpir ahora el relato.

    También otro satírico, Juvenal, en su Saturae, III, 236-237  se queja del ruido que los carros producen en las encrucijadas de las calles de Roma:

    ¿Qué pensión permite el sueño? En la ciudad (Roma) hay descanso para las grandes fortunas. Ahí está la causa de la enfermedad: el trasiego de las ruedas en la estrechez y cruce de las calles y el encuentro de las cuadrillas de carreteros arrebatará el sueño a Druso y a las vacas marinas (focas).

    Nota: Druso es el emperador famoso por su sueño profundo; algunos leen en el texto “urso” en vez de “Druso”, con lo que el sueño se arrebataría al oso, que tiene fama de dormir larga y profundamente.

    Nam quae meritoria somnum admittunt? Magnis opibus formitur in urbe. Inde caput morbi, raedarum transitus arto vicorum in flexu et stantis convicia mandrae eripient somnum Druso vitulisque marinis.

    Hubo incluso una incipiente legislación en alguna ocasión, que con término más técnico algún historiador llama protolegislación. Es muy temprano y curioso el caso de la ciudad de Síbaris, colonia griega en Italia, en el golfo de Tarento, fundada hacia el año 720 a.C.

    La realidad histórica y la fantasía popular han hecho de Síbaris una ciudad sumida en el lujo y el placer; sibarita es el adjetivo que designa a sus habitantes, pero el término pasó a referirse a las personas exquisitas de gustos refinados. 

    Los propios antiguos y luego algunos renacentistas ponían alguna reserva a las cosas que se contaban de los “sibaritas”, los habitantes de Síbaris; nosotros debemos ponerla también.

    En cualquier caso se cuenta de ellos cómo prohibieron hacia el año 600 antes de Cristo realizar  en el interior de la ciudad oficios de herreros, caldereros y otros que producían ruido para no perturbar el descanso de sus habitantes; incluso no permitieron en la ciudad la cría de los gallos, que tienen la extraña costumbre de anunciar muy temprano  la llegada del nuevo día.

    Nos lo cuenta, por ejemplo,   Ateneo de Náucratis (siglo II-III d. J.C.), en su libro Los Deipnosofistas o El Banquete de los sofistas, o El Banquete de los eruditos (que con estos títulos se conoce y cita).  Nos lo cuenta en XII 518 C-D:

    "Los primeros habitantes de Síbaris no permitieron sobre todo que se establecieran en la ciudad oficios productores de ruido, como los herreros, constructores  y similares, para que no se les molestara el sueño de ninguna manera; ni siquiera estaba permitido  criar  gallos en la ciudad. Cuenta Timeo sobre ellos que un sibarita contaba que había  marchado una vez  al campo y había visto personalmente cómo unos  trabajadores cavaban una zanja, y que uno de los que le escuchaban contestó al que lo contaba: «Sólo de oirlo contar me ha entrado dolor de costillas».

    No es, pues, de extrañar que en este contexto los “sibaritas” pasen por ser personas entregadas al lujo y al placer. Sería este el primer caso del que tenemos noticias de protolegislación que limita el ruido en las ciudades. Pero a estos comodones parece no importarles demasiado el efecto que el ruido del martillo produciría en los oídos de los artesanos herreros o caldereros.

    En este sentido,  se dice que Plinio el Viejo (23-79), el científico que murió precisamente como consecuencia de la erupción del Vesubio que arrasó Pompeya, en su Historia Natural (Naturalis Historia), hace referencia a los problemas  acústicos que aquejaban a quienes viven en las proximidades de las cataratas del Nilo. Esta sería  la primera referencia que tenemos a los efectos perniciosos del ruido sobre la audición.

    Lo dicen centenares, millares de libros, artículos, blogs, instituciones,etc. que actualmente se refieren a los problemas auditivos o a la contaminación ambiental. Todos citan a Plinio, pero ninguno da la referencia exacta, el libro y párrafo de la Historia Natural de Plinio en la que se hace esta afirmación.

    Sí he encontrado lo que el naturalista dice de las cataratas del Nilo en  Naturalis Historia, 5,9,54, pero en este pasaje no hace referencia   en absoluto a la presunta sordera generalizada.

    Luego tras chocar con  unas islas, e interrumpido por tantos obstáculos, finalmente encerrado por los montes, empujado como un torrente, con las aguas aceleradas hasta el lugar de los Etíopes, que se llaman Catadupas (cataratas), de nuevo por un canal encerrado entre peñascos, se cree que no fluye sino que se despeña con inmenso fragor. Luego, tranquilo y controlada la violencia, esparcidas sus aguas, un tanto cansado por el recorrido, desemboca por numerosas bocas en el mar egipcio; desparramado en ciertos días con una gran crecida por todo todo Egipto, lo anega fecundando la tierra.

    “subinde insulis impactus, totidem incitatus inritamentis, postremo inclusus montibus, nec aliunde torrentior, vectus aquis properantibus ad locum Aethiopum, qui Catadupi vocantur, novissimo catarracte inter occursantes scopulos non fluere inmenso fragore creditur, sed ruere. postea lenis et confractis aquis domitaque violentia, aliquid et spatio fessus, multis quamvis faucibus in Aegyptium mare se evomat, certis tamen diebus auctu magno per totam spatiatus Aegyptum fecundus innatat terrae”.

    Tengo la sospecha de que Plinio no afirmó que los habitantes de la zona eran sordos y que esta es una de las citas erróneas tan  frecuentes.  Afianza mi sospecha el hecho de que en el año 1637 se publicaba en Venecia el libro de abate Don Secondo LancellottiFarfalloni de gli antichi historici”  (Despropósitos de los historiadores antiguos).

    En él anota como segundo error a erradicar  precisamente la afirmación de que “todos los habitantes junto a las cataratas del Nilo estaban aquejados de sordera por el ruido de las cataratas”. Dice textualmente :

    Despropósito II  Que los pueblos que habitan junto a las cataratas del Nilo son todos sordos.

    Los antiguos historiadores han conseguido tanta reputación entre los posteriores que no solamente de Pitágoras, sino de la mayor parte de ellos, casi es suficiente el “ipse dixit”. Ha dicho esta o aquella cosa éste o aquel autor, por tanto es verdad y no se mire ninguno más. Y así sus despropósitos son admirados, citados y transcritos como grandes maravillas.

    Farfallone II  Che que’ popoli, c’habitano appresso le Catadupe del Nilo sieno tutti sordi
    Acquistano gli Scrittori Antichi tanta riputatione appresso i posteri, e persevera in modo, che non solamente di Pittagora, ma della maggior parte d’essi, par quasi che basti l’ Ipse dixit.  Ha detto questa o quella cosa questo o quell’Autore, dunque vera, non si cerchi più oltre.  E cosí i loro FARFALLONI sono ammirati, citati, trascritti per marauiglie grandi.

    Lancellotti  no hace referencia a esta cita de Plinio sino a la conocida de Cicerón en el famoso “Somnium Scipionis” (Sueño de Escipión) que aparece al final de la obra de “De Republica”. Cicerón  vivió del 106 a.C. al 43 a.C., y por tanto es anterior al Plinio.

    Hablando Cicerón del sonido que produce el movimiento de las esferas del cielo, dice que no podemos oírlo nosotros, porque, debido a su frecuencia,  nuestros oídos  se han vuelto sordos y que de todos los sentidos el del oído es el más grosero y obtuso. Y pone como ejemplo para confirmarlo el de las gentes que viven junto a las cataratas del Nilo, que se han quedado sin oído debido al estrépito de la caída del río. Dice textualmente:

    Saturados los oídos de los hombres con este sonido, ensordecieron; pues no hay en  vosotros sentido más torpe, como allí donde el Nilo, se precipita desde las altas montañas en las que se llaman cataratas, la gente que habita aquel lugar, carece del sentido de la audición por el fragor del ruido.

    Hoc sonitu oppletae aures hominum obsurduerunt; nec est ullus hebetior sensus in vobis, sicut, ubi Nilus ad illa, quae Catadupa nominantur, praecipitat ex altissimis montibus, ea gens, quae illum locum adcolit, propter magnitudinem sonitus sensu audiendi caret.  (De Republica, 6, 19 (Somnium  Scipionis))

    Lo curioso es que esta presunta afirmación de Plinio sobre la sordera de los habitantes del entorno de las cataratas del Nilo es citada en decenas, centenas, millares de artículos, blogs, páginas web y hasta en algunas Tesis doctorales sobre el ruido o los problemas auditivos.

    También Seneca  (4 a.C.-65 d. C.), filósofo y naturalista nos describe las cataratas del Nilo e insiste en el ruido ensordecedor que obligó a una guarnición a buscar otro emplazamiento, en Quaestiones Naturales,. 4,2,5:

    … finalmente, superados los obstáculos, sin terreno, cae en una enorme profundidad con enorme estrépito del lugar. Unas gentes, colocadas allí por los Persas, no pudieron soportar el ruido ni con sus oídos taponados, por lo que hubieron de ser traslados a otro lugar más tranquilo.”

    …tandemque eluctatus obstantia in uastam altitudinem subito destitutus cadit cum ingenti circumiacentium regionum strepitu. Quem perferre gens ibi a Persis collocata non potuit obtusis assiduo fragore auribus et ob hoc sedibus ad quietiora translatis.

    El mismo Plinio, en  Natualis Historia, lib. VI, 35, 181 hace referenica al fragor del Nilo al caer por las cataratas, que priva de la audición a los habitantes, pero de ninguna manera lo hace en los términos en los que se expresa la cita que estoy comentando. Dice exactamente:

    Este conquistó ciudades …..Attena, Stadisse, en donde el Nilo, precipitándose, quita con su fragor a sus habitantes la audición. También conquistó Napata.

    is oppida expugnavit … Attenam, Stadissim, ubi Nilus praecipitans se fragore auditum accolis aufert. Diripuit et Napata.

    Concluiremos que, ciertamente, en el mundo antiguo, al menos entre los cultos del mundo antiguo, existe la creencia, o al menos la cita, de que los habitantes de las regiones de las cataratas del Nilo son sordos. Esta referencia, repetida en múltiples ocasiones, es la prueba de la importancia que para los antigus tenía el exceso de molesto ruido; la propia exageración de la creencia, lejos de toda lógica, avala esa preocupación. Pero esto es una cosa y otra bien distinta, repetir y dar por supuesta una cita textual que no se corresponde con la realidad.

     

    Marcial, Libro 12, Epigrama 57

    ¿Quieres saber por qué con frecuencia me marcho a mi pequeña finca y a mi pobre casa de la seca Nomento? En esta ciudad (Roma), Esparso, el pobre ni puede pensar ni pude descansar.

    Por la mañana no te dejan vivir los maestros de escuela, por la tarde los panaderos y durante todo el día los caldereros. Por aquí el ocioso cambista golpea su sucia mesa con las monedas con la efigie de Nerón; por allí el batihoja de polvo de oro hispano golpea la roca machacada con su brillante martillo.

    Ni para la turba frenética de Bellona (los soldados), ni el charlatán náufrago con su cuerpo vendado; ni el judío enseñado por su madre a mendigar, ni el legañoso vendedor de fósforos.

    ¿Quién puede contar los perjuicios de un pobre sueño? Podrá decir cuántas manos en la ciudad golpean los vasos de bronce, cuando amenaza la luna recortada por la varita mágica de la Cólquida. (ahuyentar los hechizos de la luna golpeando con bronce)

    Tú, Esparso, ni conoces ni puedes conocer estas cosas, protegido en tu reino de Petilio, y a quien tu alta casa ofrece la vista de los altos montes. Tú que tienes un campo en la ciudad y produces vino en Roma, para quien no es mejor el otoño de Falerno y recorres los límites de tu finca en tu carro.

    Para ti sí hay un sueño profundo, y ningún descanso es molestado por los gritos ni el día entra en tu casa hasta que tú quieras. A mí me despiertan las risas de la multitud que pasa y Roma está junto a mi tugurio. Agotado de tedio, cuando quiero dormir, me voy a mi finca.   

       Liber XII, Epigrammaton LVII

    Cur saepe sicci parva rura Nomenti
    Laremque villae sordidum petam, quaeris?
    Nec cogitandi, Sparse, nec quiescendi
    In urbe locus est pauperi. Negant vitam
    Ludi magistri mane, nocte pistores,
    Aerariorum marculi die toto;
    Hinc otiosus sordidam quatit mensam
    Neroniana nummularius massa,
    Illinc balucis malleator Hispanae
    Tritum nitenti fuste verberat saxum;
    Nec turba cessat entheata Bellonae,
    Nec fasciato naufragus loquax trunco,
    A matre doctus nec rogare Iudaeus,
    Nec sulphuratae lippus institor mercis.
    Numerare pigri damna quis potest somni?
    Dicet quot aera verberent manus urbis,
    Cum secta Colcho Luna vapulat rhombo.
    Sparse, nescis ista, nec potes scire,
    Petilianis delicatus in regnis,
    Cui plana summos despicit domus montis,
    Et rus in urbe est vinitorque Romanus
    Nec in Falerno colle maior autumnus,
    Intraque limen latus essedo cursus,
    Et in profundo somnus, et quies nullis
    Offensa linguis, nec dies nisi admissus. 
    Nos transeuntis risus excitat turbae,
    Et ad cubile est Roma. Taedio fessis
    Dormire quotiens libuit, imus ad villam.


    Epístola LVI de Seneca a Lucilio

    Séneca a su querido Lucilio: salud
    Que me muera, si el silencio es tan necesario como parece para el que se retira  al estudio.
    Mira por dónde el más variado griterío suena a mi alrededor por todas partes.  Vivo justamente encima de unos baños. Figúrate todos los tipos de voces que te pueden hacer odiar los oídos:  cuando los  más fuertes ejercitan sus manos cargadas de plomo, cuando se esfuerzan o aparentan que se esfuerzan , oigo sus  gemidos; y cada vez que expiran  el aire  contenido,  y sus silbidos y sus dificilísimas respiraciones;  cuando me encuentro con algún desmadejado contento con el aceitado  plebeyo, oigo el chasquido de la mano que golpea en sus  espaldas, que cambia de sonido según  caiga plana o cóncava.  Si llega un jugador de pelota y se pone a contar los puntos, se acabó.  Añade todavía al camorrista, y al ladrón pillado, y al que le agrada su voz en el baño; añade a estos a los que saltan a la piscina con gran ruido  del agua golpeada. Además de estos, cuyas voces, al menos, son naturales, imagínate al depilador, que saca  de vez en cuando una voz aguda y chillona, para hacerse más de notar y que no calla nunca, salvo cuando depila unas axilas, y hace gritar a otro en lugar de él; y los diversos gritos del cantinero, y al  salchicero y al pastelero y a todos los proveedores de las tabernas que venden su  mercancía con su propia y característica cantinela.

    Me dirás “o tú eres de hierro o eres sordo, tú que mantienes tu cabeza entre tantos gritos tan diversos y tan disonantes, cuando en cambio los acostumbrados saludos (de sus clientes) llevan a nuestro querido Crisipo a la muerte”.  Pero por Hércules, todo este estruendo no me molesta más que una ola o la caída del agua, aunque he oído que para cierto pueblo esta fue la causa de trasladar su ciudad, porque no pudo soportar el ruido de la caída del Nilo.  Me parece  que la voz humana nos atrae más que el ruido, porque aquella  se dirige al espíritu, mientras que éste tan sólo llena y golpea los oídos. Entre los ruidos que suenan a mi alrededor sin llamar mi atención, pongo los carros que pasan por la calle, y el artesano que vive en  mi casa como inquilino, y mi vecino el serrador, y este  que  al lado de Meta Sudans (una fuente monumental junto al Coliseo)  ensaya sus  trompetas y flautas, y que no  canta, sino que grita. Ahora también es más molesto para mí el sonido que se interrumpe de vez en cuando que el continuo. Pero ya me he acostumbrado a todo esto de tal manera que podría oir hasta a un capataz de galeras marcando el ritmo a los remeros con su voz ronca.

    Así pues obligo a mi espíritu a que se concentre en sí mismo y no atienda a las llamadas externas; nada importa que fuera todo resuene con tal de que  dentro no haya ningún tumulto, con tal de que  de ninguna manera riñan entre sí el deseo y el temor, con tal de que la avaricia y la lujuria no disientan  ni la una moleste a la otra. Pues, ¿de qué sirve el silencio de toda una región si mis pasiones se agitan?

    "Durante la noche todo estaba en calma y en profundo reposo"

    Es falso: no hay ningún plácido descanso sino el que la razón proporciona; la noche callada nos trae molestias, no nos las quita, y preocupaciones. Pues los insomnios de los que duermen son también tan turbulentos como el día: la verdadera tranquilidad es aquella en la que se despliega una buena conciencia. Mira aquel que busca el sueño en el silencio de su amplia casa; para que ningún sonido moleste sus oídos, toda la legión de sus esclavos guarda silencio, y el pie de los que se acercan se pone de puntillas; acaso se dé la vuelta a un lado y a otro, agarrando el sueño ligero entre sus dolencias; y se queja de haber oído lo que no ha oído.  ¿Qué crees que es la causa? Su espíritu es el que le hace ruido. Este es el que ha de ser tranquilizado y su agitación la que ha de ser reprimida; no consideres que alguien está tranquilo porque su cuerpo esté acostado; Muchas veces la tranquilidad es intranquila; y por eso nos hemos de lanzar a la acción de las cosas y nos hemos de ocupar en la realización de las buenas artes cuantas veces se apodera de nosotros  la inercia y la impaciencia. Los grandes generales, cuando ven que el soldado mal obedece, los contienen con algún tra bajo y los entretienen con alguna expedición: el divertirse nunca viene mal a los que están molestos y nada es tan cierto como corregir  los vicios del ocio con la ocupación. Muchas veces puede parecer que nos retiramos por el aburrimiento de los asuntos civiles y por la molestia de una posición desgraciada y desagradable; sin embargo a veces  en ese refugio al que nos empujó el temor y el cansancio se reaviva la ambición  pues no quedó  arrancada, sino cansada y también irritada por las cosas poco favorables.  Y lo mismo digo de la molicie, que alguna  vez parece que ha desaparecido, pero que luego nos tienta de nuevo aun habiendo prometidod frugalidad y en medio de la moderación  nos empuja a los placeres, no condenados sino simplemente abandonados, y esto ciertamente con  más vehemencia cuanto más ocultos. Pues todos los vicios son más ligeros si están a la vista; también las enfermedades avanzan hacia la salud una vez que rompen desde el interior oculto y manifiestan su fuerza. Debes saber que la avaricia y la ambición y los restantes males de la mente humana son especialmente peligrosas cuando se esconden en una salud simulada. Parecemos tranquilos, pero no lo estamos. Si estamos, pues, de buena fe, si hemos tocado a retirada, si hemos despreciado las falsas apariencias, como poco antes he dicho, ningún asunto nos llamará la atención, ninguna melodía ni de hombres ni de pájaros interrumpirá nuestros buenos pensamientos, ya firmes y ciertos. Pobre es el espíritu e incapaz de recogerse en su interior si se preocupa por una voz o por cosas imprevistas; tiene dentro algo de inquietud y tiene algo de miedo adquirido que le vuelve receloso, como dijo nuestro gran Virgilio:

    “y yo, a quien antes no le movían ni los dardos que me arrojaban ni los griegos formados en escuadrón hostil, ahora me asusta cualquier movimiento del viento y cualquier ruido me deja paralizado y temeroso de lo que llevo y de quien me acompaña”.

    El primer sabio es aquel a quien no asustan ni los dardos vibrantes, ni las armas del compacto escuadrón que chocan entre si, ni el fragor de una ciudad golpeada: en cambio  este otro es un desorientado, que asustado por cualquier ruido teme por sus bienes, a quien cualquier voz interpretada como estruendo le derriba, a quien el más ligero movimiento lo deja sin aliento, su equipaje le hace asustadizo. A cualquiera que veas de esos  felices, que arrastran tantas cosas, que llevan consigo tantas cosas, lo verás  “temeroso de lo que llevo y de quien me acompaña”.  En consecuencia debes saber que sólo serás una persona que se controla cuando ningún grito te afecte, cuando ninguna voz te agite, ni si te acaricia, ni si te amenza ni te grita en vano por todas partes con su sonido inútil. ¿Qué pues?  ¿no es más cómodo algunas veces estar libre de alborotos? Confieso que sí y por eso me marcharé de este lugar. Lo he querido experimentar y realizar; ¿qué necesidad hay de atormentarme por más tiempo, cuando Ulises encontró un remedio tan fácil contra las Sirenas para sus compañeros. Que te vaya bien.

    Peream si est tam necessarium quam videtur silentium in studia seposito. Ecce undique me varius clamor circumsonat: supra ipsum balneum habito. Propone nunc tibi omnia genera vocum quae in odium possunt aures adducere: cum fortiores exercentur et manus plumbo graves iactant, cum aut laborant aut laborantem imitantur, gemitus audio, quotiens retentum spiritum remiserunt, sibilos et acerbissimas respirationes; cum in aliquem inertem et hac plebeia unctione contentum incidi, audio crepitum illisae manus umeris, quae prout plana pervenit aut concava, ita sonum mutat. Si vero pilicrepus supervenit et numerare coepit pilas, actum est.  Adice nunc scordalum et furem deprensum et illum cui vox sua in balineo placet, adice nunc eos qui in piscinam cum ingenti impulsae aquae sono saliunt. Praeter istos quorum, si nihil aliud, rectae voces sunt, alipilum cogita tenuem et stridulam vocem quo sit notabilior subinde exprimentem nec umquam tacentem nisi dum vellit alas et alium pro se clamare cogit; iam biberari varias exclamationes et botularium et crustularium et omnes popinarum institores mercem sua quadam et insignita modulatione vendentis.
    'O te' inquis 'ferreum aut surdum, cui mens inter tot clamores tam varios, tam dissonos constat, cum Chrysippum nostrum assidua salutatio perducat ad mortem.' At mehercules ego istum fremitum non magis curo quam fluctum aut deiectum aquae, quamvis audiam cuidam genti hanc unam fuisse causam urbem suam transferendi, quod fragorem Nili cadentis ferre non potuit.  Magis mihi videtur vox avocare quam crepitus; illa enim animum adducit, hic tantum aures implet ac verberat. In his quae me sine avocatione circumstrepunt essedas transcurrentes pono et fabrum inquilinum et serrarium vicinum, aut hunc qui ad Metam Sudantem tubulas experitur et tibias, nec cantat sed exclamat:  etiam nunc molestior est mihi sonus qui intermittitur subinde quam qui continuatur. Sed iam me sic ad omnia ista duravi ut audire vel pausarium possim voce acerbissima remigibus modos dantem. Animum enim cogo sibi intentum esse nec avocari ad externa; omnia licet foris resonent, dum intus nihil tumultus sit, dum inter se non rixentur cupiditas et timor, dum avaritia luxuriaque non dissideant nec altera alteram vexet. Nam quid prodest totius regionis silentium, si affectus fremunt?
    Omnia noctis erant placida composta quiete.
    Falsum est: nulla placida est quies nisi quam ratio composuit; nox exhibet molestiam, non tollit, et sollicitudines muta. Nam dormientium quoque insomnia tam turbulenta sunt quam dies: illa tranquillitas vera est in quam bona mens explicatur.  Aspice illum cui somnus laxae domus silentio quaeritur, cuius aures ne quis agitet sonus, omnis servorum turba conticuit et suspensum accedentium propius vestigium ponitur: huc nempe versatur atque illuc, somnum inter aegritudines levem captans; quae non audit audisse se queritur.  Quid in causa putas esse? Animus illi obstrepit. Hic placandus est, huius compescenda seditio est, quem non est quod existimes placidum, si iacet corpus: interdum quies inquieta est; et ideo ad rerum actus excitandi ac tractatione bonarum artium occupandi sumus, quotiens nos male habet inertia sui impatiens.  Magni imperatores, cum male parere militem vident, aliquo labore compescunt et expeditionibus detinent: numquam vacat lascivire districtis, nihilque tam certum est quam otii vitia negotio discuti. Saepe videmur taedio rerum civilium et infelicis atque ingratae stationis paenitentia secessisse; tamen in illa latebra in quam nos timor ac lassitudo coniecit interdum recrudescit ambitio. Non enim excisa desit, sed fatigata aut etiam obirata rebus parum sibi cedentibus.  Idem de luxuria dico, quae videtur aliquando cessisse, deinde frugalitatem professos sollicitat atque in media parsimonia voluptates non damnatas sed relictas petit, et quidem eo vehementius quo occultius. Omnia enim vitia in aperto leniora sunt; morbi quoque tunc ad sanitatem inclinant cum ex abdito erumpunt ac vim sui proferunt. Et avaritiam itaque et ambitionem et cetera mala mentis humanae tunc perniciosissima scias esse cum simulata sanitate subsidunt. Otiosi videmur, et non sumus. Nam si bona fide sumus, si receptui cecinimus, si speciosa contempsimus, ut paulo ante dicebam, nulla res nos avocabit, nullus hominum aviumque concentus interrumpet cogitationes bonas, solidasque iam et certas.  Leve illud ingenium est nec sese adhuc reduxit introsus quod ad vocem et accidentia erigitur; habet intus aliquid sollicitudinis et habet aliquid concepti pavoris quod illum curiosum facit, ut ait Vergilius noster:
    Et me, quem dudum non ulla iniecta movebant
    tela neque adverso glomerati e agmine Grai,
    nunc omnes terrent aurae, sonus excitat omnis
    suspensum et pariter comitique onerique timentem.
    Prior ille sapiens est, quem non tela vibrantia, non arietata inter arma agminis densi, non urbis impulsae fragor territat: hic alter imperitus est, rebus suis timet ad omnem crepitum expavescens, quem una quaelibet vox pro fremitu accepta deiecit, quem motus levissimi exanimant; timidum illum sarcinae faciunt.  Quemcumque ex istis felicibus elegeris, multa trahentibus, multa portantibus, videbis illum 'comitique onerique timentem'. Tunc ergo te scito esse compositum cum ad te nullus clamor pertinebit, cum te nulla vox tibi excutiet, non si blandietur, non si minabitur, non si inani sono vana circumstrepet. 'Quid ergo? non aliquando commodius est et carere convicio?' Fateor; itaque ego ex hoc loco migrabo. Experiri et exercere me volui: quid necesse est diutius torqueri, cum tam facile remedium Ulixes sociis etiam adversus Sirenas invenerit Vale.

     

  • No hay libro tan malo que no aproveche en alguna parte. (Nullum esse librum tam malum, ut non in aliqua parte prodesset) Plinio el Joven, Epist.3,5,10

    Puede ser esta una buena frase para celebrar el Día Mundial del Libro, que de acuerdo con la UNESCO se celebra cada 23 de abril de cada año desde 1995. En ese día, en 1616, murieron Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el poeta Garcilaso de la Vega, El Inca.

    La frase aparece por primera vez en una carta de Plinio el Joven a Bebio Macro. En la carta  se la adjudica a su tío, el famoso naturalista Plinio el Viejo, que murió en la erupción del Vesubio en aras de la ciencia.

    Plinio Epistolas,3,5,10:

    Solía decir que no hay libro tan malo que no aproveche en alguna parte

    Dicere etiam solebat nullum esse librum tam malum ut non aliqua parte prodesset”.

    Luego puede aparecer con alguna ligera variante, como por ejemplo:

    Nullus est liber tam malus, ut non aliqua parte prosit

    Reproduzco un pequeño fragmento de la carta, para contextualizar la frase :

    C. Plinio saluda a su estimado Bebio Macro

    Me resulta muy agradable que leas con tanta atención los libros de mi tío, y que quieras tenerlos todos  y que me preguntes cuáles son todos. Desempeñaré la función de un índice e incluso te haré sabedor de en qué orden fueron escritos: pues para los estudiosos es también agradable el conocimiento de estas cosas.
    …..

    Una vez que había regresado a casa, dedicaba el tiempo que le quedaba a los  estudios. Muchas veces, después de la comida (que tomaba ligera  y sencilla según costumbre de los antiguos), en verano, si tenía algún momento de ocio, se tumbaba al sol, se le leía un libro y lo anotaba y extractaba. Pues no leyó nada que no extractara. También solía decir que no había libro tan malo que no aprovechara en alguna parte. Después del sol, muchas veces se lavaba con agua fría. Luego comía y dormía muy poco: inmediatamente trabajaba como si de otro día se tratase hasta la hora de la cena. Después de esta, se le leía un libro y  lo anotaba a toda velocidad. Recuerdo que  en una ocasión, como quiera que un lector había pronunciado mal alguna parte,   uno de sus amigos le llamó la atención y le obligó a repetirlo; mi tío le dijo a éste: “¿lo habías entendido ya?; como le dijera que sí, le contestó: “entonces ¿por qué le has llamado la atención?. Con tu interrupción hemos perdido más de diez líneas”.  Tanto era el aprovechamiento del tiempo.

    C.Plinius Baebio Macro Suo S(alutem)

    Pergratum est mihi quod tam diligenter libros avunculi mei lectitas, ut habere omnes velis quaerareque qui sint omnes. Fungar indicis partibus, atque  etiam quo sint ordine scripti notum tibi faciam: est enim haec quoque studiosis non iniucunda cogniti.
    ….
    Reversus domum, quod reliquum temporis, studiis reddebat. Post cibum saepe, quem interdiu levem et facile veterum more sumebat, aestate,si quid otii, iacebat in sole, liber legebatur, adnotabat excerpebatque. Nihil enim legit quod non excerperet. Dicere etiam solebat nullum esse librum tam malum, ut non aliqua parte prodesset. Post solem plerumque frigida lavabatur: deinde gustabat dormiebatque minimum:mox quasi alio die studebat in cenae tempus. Super hanc liber legebatur, adnotabatur, et quidem cursim.
    Memini quondam ex amicis cum lector quaedam perperam pronuntiasset, revocasse et repeti coegisse; huic avunculum meum dixisse “intellexeras nempe?” cum ille adnuisset, “cur ergo revocabas? Decem amplius versus hac tua interpellatione perdidimus.”  Tanta erat parsimonia temporis.


    La frase se convirtió en un tópico o lugar común en el Renacimiento y no hay autor que no la utilice en alguna ocasión. Es frecuente su uso en los prólogos o prefacios para, curándose en salud, justificar los presuntos escasos méritos de una obra.

    Como no podía ser de otra manera la utiliza Erasmo en sus Adagios, pero no como uno de ellos, sino con ocasión de una curiosa polémica con Luigi Ricchieri 1453 o 1469 – 1525, Celio Rodigino en castellano y    Caelius Rhodiginus en latín. profesor de Latín y griego y autor de una gran enciclopedia titulada “Antiquae Lectiones” en la que pretendía recoger todo el saber antiguo a la manera de las Noctes Atticae de Aulo  Gelio.

    Parece ser que Caelius Rhodiginius estaba componiendo también una colección de adagios o sentencias latinas pero salió antes la obra de Erasmo así que suspendió la suya, si bien utilizó el material acumulado en su enciclopedia y en otras obras. Pues bien, Rodigino  bebió en la obra de Erasmo y Erasmo también bebió en la obra de Rodigino, aunque ninguno de los dos lo econozca. En los casos en que uno se servía del otro no citaban la fuente. Erasmo se queja de plagio (furtum, hurto, robo)en la carta dirigida a todos los filólogos, prólogo a la edición de los Adagia de Basilea de 1533 y es en esa carta en donde utiliza la frasecita en cuestión:

    Desiderio Erasmo de  Roterdam saluda a todos los filólogos

    Consideraría estas cosas indignas de ser recordadas si no hubiera visto que se trataban en serio por parte de algunos, que querían parecer a los otros que eran los primeros en haber considerado este ejemplo, sin  que pareciera que habían tomado algo de mis “quiliadas” sino que habían realizado toda la obra  con sus solos medios y con su Marte (su trabajo). Pero si  recogen lo que publican de los autores antiguos,  como quiera que en ellos se encuentra cantidad infinita de proverbios, que yo paso por alto, ¿por qué  pasadas por alto estos cogen tantos publicados por mí y añaden tan pocos no tratados por mi? ¿Por qué citan tan raramente autores no citados por mí?  Y si añaden algo nuevo, ¿acaso creen  que con ello disimulan bien el robo, si a las ollas viejas les ponen asas nuevas? Si no han leído mi selección, ¿con qué cara confiesan que nada tienen en común conmigo? Si la han leído pero quieren disimular, ciertamente lo deberían haber llevado a cabo con más diligencia y destreza de ejecución para que no hubiese sospecha. Yo ciertamente, aunque parezco versado en los buenos autores, que no necesito robar a escondidas en las  mezclas de los más recientes, sin embargo no considero que haya hoy un autor tan trivial que no sea digno de leerse, si publica un libro de adagios, porque es verdad el dicho de que no hay libro tan malo de donde no puedas sacar algo de bueno. Que yo no quiera leer los que tratan un argumento común con el tuyo, es propio de una vergonzosa arrogancia; disimular tú que los has leído, es propio de una vergonzosa ambición; negar el beneficio es propio de la más vergonzosa ingratitud.

    Desiderius Erasmus Roterodamus philologis ómnibus S.D.
    Haec indigna ducerem quae commemorentur, nisi uiderem hoc a quibusdam agi
    serio, ut primi hoc exemplum induxisse uideantur, ab aliis, ne quid ex meis
    Chiliadibus uideantur sumpsisse mutuo, sed rem totam suis auspiciis suoque
    Marte confecisse. Atqui si decerpunt ex uetustis autoribus quae produnt, quum in
    his resideat infinita prouerbiorum copia quae nos praetermisimus, quur his
    praeteritis tam multa congerunt a nobis prodita, tam pauca adferunt nobis
    intacta? Quur tam raro citant autores a nobis non citatos? Et si quid paululum
    nouent, an credunt ilico bene dissimulatum furtum, si ueteribus ollis nouas
    affigant ansas? Si nostra non legerunt, qua fronte profitentur se nihil habere
    mecum commune? Si legerunt ac dissimulandum putant, certe diligentia et
    dexteritate tractandi perficiendum erat, ne cui suboleret fucus. Ego sane
    quanquam ita uersatus uideor in bonis autoribus, ut non magnopere sit opus ex
    recentiorum miscellaneis suffurari, tamen nullus est hodie literator tam triuialis
    quin, si libellum aederet adagia pollicentem, dignaturus sim eum lectione, quod
    uere dictum sit nullum esse librum tam malum unde non aliquid boni possis
    decerpere. Nollem legere eos qui tractant argumentum commune tecum, turpis est
    arrogantiae: dissimulare quum legeris, turpioris est ambitionis: inficiari
    beneficium, turpissimae ingratitudinis.

    Otro ejemplo es el uso que de ella hace Gabriel Alonso de Herrera, que  escribió a instancias de Cisneros un libro para mejora la práctica agrícola de su tiempo titulado “Agricultura General que trata de la labranza del campo y sus particularidades” (1513). Curándose en salud, afronta la crítica que alguien pueda hacerle de qué utilidad puede tener tal libro para agricultores generalmente iletrados, responde con Plinio la famosa frase:

    “No hay libro tan malo que en alguna parte no sea provechoso, siquiera para ocupar los ociosos algún poco de tiempo, para que no ejerciten vicios dedonde suelen resultar muchos escándalos y pecados”

    Pero probablemente las citas más famosas que se hacen en castellano son la del Lazarillo de Tormes, la de Mateo Alemán en el Guzmán de Alfarache y las dos que hace Cervantes en la II parte del Quijote.

    En el prólogo del Lazarillo la utiliza Diego de Mendoza usando la autoridad de Plinio en el sentido indicado de prudente presentación justificándose ante quien pueda sentir algún recelo:

    “Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos, y no se entierren en la sepultura del olvido; pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite; y a este propósito dice Plinio “que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena” mayormente que los gustos no son todos unos, mas lo que uno no come, otro se pierde por ello.”

    En Guzmán de Alfarache I,33:

    Bien veo de mi rudo ingenio y cortos estudios fuera muy justo temer la carrera y haber sido esta libertad y licencia demasiada; mas considerando no haber libro tan malo donde no se halle algo bueno, será posible que en lo que faltó el ingenio supla el celo de aprovechar que tuve, haciendo algún virtuoso efecto, que sería bastante premio de mayores trabajos y digno del perdón de tal atrevimiento.

    Cervantes en el capítulo 3 de la II parte:

    La historia es como cosa sagrada, porque ha de ser verdadera, y donde está la verdad, está Dios, en cuanto a verdad; pero, no obstante esto, hay algunos que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos

    —No hay libro tan malo —dijo el bachiller—, que no tenga algo bueno.

    —No hay duda en eso —replicó don Quijote—, pero muchas veces acontece que los que tenían méritamente granjeada y alcanzada gran fama por sus escritos, en dándolos a la estampa la perdieron del todo o la menoscabaron en algo.

    Y de nuevo en el capítulo 59 de la misma II parte:

    —Por vida de vuestra merced, señor don Jerónimo, que en tanto que traen la cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha.

    Apenas oyó su nombre don Quijote, cuando se puso en pie y con oído alerto escuchó lo que dél trataban y oyó que el tal don Jerónimo referido respondió:

    —¿Para qué quiere vuestra merced, señor don Juan, que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de la historia de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda?

    —Con todo eso —dijo el don Juan—, será bien leerla, pues no hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena. Lo que a mí en este más desplace es que pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso

    Oyendo lo cual don Quijote, lleno de ira y de despecho alzó la voz y dijo:

    —Quienquiera que dijere que don Quijote de la Mancha ha olvidado ni puede olvidar a Dulcinea del Toboso, yo le haré entender con armas iguales que va muy lejos de la verdad; porque la sin par Dulcinea del Toboso ni puede ser olvidada, ni en don Quijote puede caber olvido: su blasón es la firmeza, y su profesión, el guardarla con suavidad y sin hacerse fuerza alguna.


    Los ejemplos modernos son infinitos. Sirva como muestra de su uso internacional la cita que hace el famoso historiador Edward Emily Gibbon (1737-1794), autor de la gran obra The History of the Decline and Fall of the Roman Empire ( Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano). Dice Gibbon en sus  Memoirs of My Life and writings

    …and that I soon adopted the tolerating maxim of the elder Pliny, “nullum esse librum tam malum ut no ex aliqua parte  prodesset”.
       
    Oscar Wilde, modificó la frase, pero dándole un sentido moral desplazando la posible maldad  del contenido moral al lector, en el Prefacio de "El retrato de Dorian Gray".: 

    "No hay libros morales ni inmorales. Los libros están bien escritos o no lo están."

      La frase siempre me ha generado pensamientos enfrentados: por una parte cierto atractivo, casi fetichista, por el libro, por la letra impresa me impide despreciar y mucho más destruir cualquier texto; por otra encuentro que son muchos los libros verdaderamente deleznables, esencialmente malos, entre los cuales se cuentan la mayor parte de los modernos bestsellers. Encuentro libros de historia absolutamente falsos y faltos de rigor, encuentro publicitados bestsellers dignos de todo rechazo, encuentro libros moralmente (y no me refiero a la temática sexual) negativos.  Recuerdo con simpatía una vieja columna de una vieja revista de humor en los años duros de la dictadura, La Codorniz; en ella había una sección llamada “La cárcel de papel”  en la que eran recluidos los autores y escritos especialmente disparatados o falsos o malos de solemnidad. La verdad es que mucha de la letra impresa en forma de libro merecen si no la pena de muerte, contra la que me manifiesto contrario, sí una cadena perpetua en esa “cárcel, naturalmente de papel”.

    Al margen de todo ello el mismo Plinio nos dejó un buen consejo para lectores compulsivos:

    “Hay que leer mucho, no muchas cosas”  Plinio, Epistolas, 7,9,16 que viene a querer decir "hay que leer muchas veces un libro, no muchos libros"

    Multum legendum esse,  non multa

  • Un chiste actual de hace 2.000 años

    Hace unos días, en una charla de café o de cervecería, y a propósito de una conversación informal sobre el parecido físico entre algunas personas, un buen amigo, que ha vivido muchos años en Hispanoamérica, contó un chiste localizado en Venezuela:

    Un acaudalado terrateniente visitaba a caballo su enorme finca. Se encontró con un humilde operario, con la vista baja. Levantó el obrero su cabeza y quedaron ambos, patrón y operario, sorprendidos por el extraordinario parecido físico entre ellos. Curioso,  preguntó el patrón:
    – ¿ha estado su madre alguna vez en Caracas?
    Le contestó el  obrero:
    – Mi  mamá nunca, pero mi papá ha estado muchas veces.

    Respondió con toda sencillez y picardía el obrero, dándole al patrón una adecuada dosis de su propia medicina a quien pretendía poner en entredicho la honra de su madre.

    Pues bien, este chiste de hoy sólo tiene, al menos, 2.100 años.  Este es uno de los chistes, facetiae,  graciosidades, ocurrencias, agudezas  apophtegmatha antiguas que más éxito han tenido y que han perdurado hasta nuestros días.

    véase.:  https://www.antiquitatem.com/apotegma-aforismo-axioma-dicta-aurea

    Macrobio nos  cuenta esta “facetia” referida al emperador Augusto en su libro Saturnales, II  4, 19-20:

    Normalmente, en el caso de Augusto, admiro más las chanzas que soportó que las que él mismo profirió, porque mayor timbre de gloria hay en la paciencia que en la elocuencia, sobre todo cada vez que sobrellevó con ánimo sereno hasta sarcasmos que rebasaban la simple broma. Se hizo célebre la chanza mordaz de un fulano de provincia. Este hombrfe, de un parecido sorprendente con el César, había venido a Roma y todas las miradas se habían vuelto hacia él. Augusto ordenó que fuera conducido a su presencia y, tras verlo, le preguntó lo siguiente: “Dime, joven, ¿estuvo alguna vez tu madre en Roma?”. Respondió que no,y sin contenerse, añadió: “Pero mi padre muchas veces”.

    Soleo in Augusto magis mirari quos pertulit iocos quam ipse quos protulit, qui maior est patientiae quam facundiae laus, maxime cum aequanimiter aliqua etiam iocis mordaciora pertulerit. 20 Cuiusdam provincialis iocus asper innotuit. Intraverat Romam simillimus Caesari et in se omnium ora converterat. Augustus perduci ad se hominem iussit, visumque hoc modo interrogavit: Dic mihi, adolescens, fuit aliquando mater tua Romae? Negavit ille, nec contentus adiecit: Sed pater meus saepe.

    Pero este chiste ya lo había contado antes el historiador del s. I a.C. Valerio Máximo en sus Hechos y dichos memorables IX  14,3:

    Aquel hombre, en cambio, que todo el mundo en Sicilia estaba de acuerdo en que era sumamente parecido al gobernador de la provincia, era de espíritu insolente. En efecto,como el procónsul le dijera que le asombraba que fuera tan parecido a él, dado que su padre nunca había venido a Sicilia, aquél replicó: “Pero el mío sí que fue a Roma”. Con esta broma vengó la castidad ultrajada de su madre arrojando, a su vez, la sospecha sobre la madre de aquel, con más audacia de la que convenía en alguien sometido a las varas y segures.

     Ille uero, quem in Sicilia prouinciae <rect>oris admodum similem fuisse constat, petulantis animi: pro consule enim dicente mirari se quapropter sui tam similis esset, cum pater suus in eam prouinciam numquam accessisset, "at meus" inquit "Romam accessit:" ioco namque lacessitam matris suae pudicitiam inuicem suspicione in matrem eius reiecta audacius quam uirgis et securibus subiecto conueniebat ultus est.

    Así que hemos de suponer que la historia corría por la Antigúedad, tal vez procedente de Oriente.  Se repitió una y otra vez en la Edad Media, en el Renacimiento siguiendo la versión de Macrobio, y aún después, llegando hasta nosotros y atravesando sin dificultad alguna el océano Atlántico, como hemos visto.

    La anécdota   la recoge de Macrobio en el siglo XII Juan de Salisbury en su  Policraticus. Petrarca recoge también las dos versiones, (la de Valerio Máximo y la de Macrobio)  en su Rerum memorandarum libri III (Los Cuatro Libros de las cosas dignas de ser recordadas), Lib. III, 3, 2

    Sobre la agudeza o las graciosidades. (Ejemplos) de fuera (de Roma)
    Un cierto joven
    Vino a Roma un joven extranjero, tan parecido en la forma de su cuerpo a Augusto, que todo el mundo quedaba sorprendido:  cuando Augusto se enteró de esto, viendo al joven que había llamado y reconociendo su imagen en el rostro de él, le hizo la siguiente pregunta: “Joven, ¿no ha estado tu madre alguna vez en Roma?  El joven se percató de lo pretendía y le dijo: “mi madre nunca, pero mi padre muchas veces”.  Rechazó con su agudeza la sospecha lanzada y motivó otra nueva. Esta historia se cuenta en los “Saturnalia”.  Ahora bien, Valerio Máximolo cuenta no de Augusto sino de un pretor anónimo y no de la madre, sino de los dos padres, y además recuerda dice que se le preguntó y respondió no en Roma sino en Sicilia, cuando un magistrado romano le preguntó a una persona de aquella provincia, muy parecido en la forma del cuerpo, diciéndole que estaba maravillado, de dónde venía tanta semejanza cuando su padre nunca había estado en Sicilia. Pero el joven le respondió: mi padre fue a Roma muchas veces.  ¿Cuál es  la versión más veraz y más fiel?  ¿Qué la fe, como se dice, quede en manos de cada autor!

    De dicacitate sive  facetiis, Externi
    Quidam iuvenis
    Iuvenis alienígena Romam venit, forma corporis tam similis Augusto, ut omnem populum spectaculi admiratione suspenderet: Augustus re audita, ad se iuvenem evocatum cernens, effigiemque suam in illius facie recognoscens, in hanc sententiam interrogavit: Fuit ne unquam o adoescens mater tua Romae?. Sensit ille quo pergeret. Et minime (inquit) mater, at pater meus saepe. Facete et illatam suspitionem repulit, et novam peperit: et haec quidem historia sic in Saturnalibus tradita est. Valerius autem Maximus: non Augusti, sed innominati praetoris,neque matris, sed duorum patrum mentionem facit, praeterea non Romae, sed in Sicilia interrogatum, responsumve commemorat. Percunctante enim magistratu  Romano quendam eius provinciae, sibi forma corporis simillimum, et mirari se dicente, unde haec tanta similitudo cum pater suus numquam in Sicilia fuisset. At ille respondit: Pater meus saepe Romam venit, quaenam sane verior, fideliorque narratio , fides (ut aiunt) apud autores maneat.

    En el siglo XV lo recoge la Mensa Philosophica. Mensa philosophica es una obra anónima publicada por primera vez en 1470, que fue un bestseller . El libro IV es una antología de 241 breves facetiae ofrecidas como tema de conversación para el  banquete. Es una mezcla de chistes antiguos y exempla (ejemplos). El mismo compilador reconoce la deuda con Macrobio y establece que la broma es necesaria para el relax de la mente y que los buenos chistes son necesarios para la mesa tanto como el buen vino.

    En la sección 5, De los emperadores, recoge la anécdota que estamos considerando:

    Vino a Roma cierto joven muy parecido a César  y cuando lo vio le pregunto: ¿estuvo tu madre alguna vez en Roma? El adolescente le respondió: “No, pero mi padre frecuentemente”.

    Intravit quídam Romam simillimus Cesari quem cum vidisset quaesivit a iuvene. Fuit ne mater tua quandoque Romae. Cui adolescens ille.Non sed pater frequenter.

    También lo recoge Johannes Pauli de Macrobio en  su colección de anécdotas que llama en alemán "Schimpf (Scherz) und Ernst"  (Bromas y veras) de inicios del XVI,

    Por supuesto lo recoge Erasmo de Rotterdam, sin reconocer ninguna fuente, en sus Apophthegmata (IV Augusto, 33):

    Tal como Augusto disfrutaba bromeando con chanzas amables a costa de otros, de igual modo soportó con suma paciencia que las lanzaran contra él o se las devolvieran, a veces harto pesadas. Un joven de provincia había venido a Roma, con un rostro tan maravillosamente parecido a Augusto, que atraía hacia sí la mirada de todo el pueblo. Oído esto, el César ordenó traerlo ante sí, y tras contemplarlo, le preguntó de este tenor: “Dime, joven, ¿estuvo alguna vez tu madre en Roma?” Respondió que no, y percatándose de la chanza, la devolvió, añadiendo: “Pero mi padre muchas veces”. Augusto bromeando proyectaba cierta sospecha hacia la madre del joven,  dando a entender que había sido deshonrada por él; pero  el joven desvió raudo la sospecha hacia la madre del César, o hacia su hermana. Pues el parecido lo mismo probaba que él era hijo del César, como que era su hermano o sobrino.

    Quemadmodum Augustus gaudebat iocis liberalibus in alios ludere, ita in se iactos aut retortos  interdum liberius, patientissime tulit.  Adolescens quídam provincialis Romam venerat,oris similitudine tam mirifice referens Augustum,  ut in se populi totius oculos converteret. Caesar hoc audito iussit ad se perduci, eumque contemplatus, hunc in modum percontatus est;  Dic mihi, adolescens, fuit ne aliquando mater tua Romae? Negavit ille, ac sentiens iocum retorsit, adiiciens; sed patermeus saepe. Augustus ludens suspicionem intendebat in matrem adolescentis, velut ab ipso stupratam: at adolescens protinus eam suspicionem retorsit in matrem Caesaris, aut in sororem. Nam oris similitude non magis arguebat, illum esse Caesaris filium quam fratrem aut nepotem

    En castellano son varios los autores de la época que lo recogen, como  el humanista y cronista de Carlos V Pedro Mexía (1497-15519) en su Silva de varia lección (1540), Parte 1, capítulo XLI:

    También le pasó a Octaviano César otra graciosa cosa con un mancebo que vino a Roma en el tiempo en que él imperaba en ella. Fue ésta: que vino a Roma un mancebo que parecía tanto al mismo Octaviano en el gesto, que a maravilla era mirado por todos; y siendo avisado de esto Octaviano, luego lo hizo traer ante sí, donde se notó y certificó más la grande similitud que había entre ellos. El emperador, como era de dulce conversación y se preciaba de decir algunas veces cosas agudas y graciosas, viendo que todos decían que le parecía mucho, le dijo al mancebo: “Dime, hermano, ¿vino tu madre alguna vez a Roma?” El mozo entendió la malicia y respondióle: “Mi madre, señor, nunca vino a Roma; pero mi padre vino muchas veces”, motejándole a él de lo que él había sido tocado.

    También Timoneda lo recoge con alguna ligera variación en su Sobremesa, Parte 2, cuento XLII:

    Fue avisado un rey que un mancebo  de su mesma estatura y edad le parescía en grandíssima manera. Deseoso el Rey de ver si era así, mandóle llamar, y conociendo ser verdad, preguntóle: “Dime, mancebo: ¿acuérdaste si por dicha tu madre por algún tiempo estuvo en esta mi casa?” Respondió: “Señor, mi madre no; pero mi padre sí”.

    El cuento, anécdota o chiste se encuentra, como es lógico en las colecciones de cuentos  y chistes clásicos de cualquier otro país. Así en Nouvelles récréations et joyeux devis  de Bonaventure des Périers (circa 1510-circa 1544);  en los Dreihundert gemeyner  Sprichwörter  (Trescientos refranes frecuentes)  de Johan Agrícola. Ludovico Domenichi, en su Historia varia, se lo aplica al papa Bonifacio VIII y a un peregrino.

    Así que el chiste se ha repetido durante todos los siglos desde el primero al vigésimo, como hace, por ejemplo Freud, que lo recuerda en su Jokes and their Relation to the Unconscious, que en la versión inglesa de James Strachev, Nueva York, 1963, pág. 68-69 dice:

    “Serenissimus” is touring the provinces. Seeing in the crowd a man who bears a close resemblance to himself, he inquires, “Was your mother at one time in service at the palace?” “No, your Highness”, was the reply, “but my father was”.

    "Su serenísma" estba de gira por las provincias. Al ver entre la multitud a un hombre que tenía  un gran parecido con él  mismo, le preguntó: "¿Estuvo  tu madre alguna vez en el servicio de  palacio?" "No, su Alteza", fue la respuesta, "pero mi padre sí estuvo".

    Nota: “Serenissimus” es un nombre convencional  para los personajes reales en los cuentos en Alemania.

    Incluso la historia también se conocía en la literatura oriental árabe o persa; podemos preguntarnos por ello si el origen no estará precisamente en Oriente. La referencia se encuentra en  el cuento muy similar que  Jonathan Scott  nos ofrece en la pág. 300 de su obra “Tales, anecdotes and letters translated from the Arabis and Persian”,(Cuentos, anécdotas y cartas traducidas del árabe y del persa) editado en 1800 en Londres.

    Las siguientes anécdotas son traducción de un manuscrito titulado UZZULLEAUT UBBEED ZAKKAUNEE, mencionado en la introducción.
    Habiendo oído un sultán que un hombre  de ingenio era reconocido como una persona muy parecida a él mismo, se mostró curioso por verlo y envió para que lo llevaran a la corte.  Una vez introducido a su presencia, le dijo: “Recuerdo bien a tu madre. Era una hermosa mujer que acostumbraba a atender  a los  harams (¿malos deseos, prohibidos, ?) del sultán  y a los miembros de la nobleza con sus riquezas y joyas, como una dullalla (¿vendedora?) sacando gran beneficio  de su honrosa  visita. El hombre ingenioso, comprendiendo la alusión del sultán, le contestó:  “No es así; mi madre era una mujer solitaria, que nunca dejó su casa, y nada sabía de comerciar; pero mi padre fue un extraordinario diseñador, que era llamado frecuentemente  a los jardines de palacio real y al noble harams, para diseñar, sembrar flores y plantar árboles.”  El sultán admiró su ingenio y le hizo uno de sus más íntimos cortesanos.

    THE FOLLOWING ANECDOTES ARE TRANSLATED FROM A MANUSCRIPT INTITLED  UZZULLEAUT UBBEED ZAKKAUNEE, MENTIONED IN THE ADVERTISEMENT
    A CERTAIN sultaun hearing that a man of wit was reckoned in person very like himself, was curious to see him, and sent for him to court. Upon his introduction, he said, “I remernber your mother well. She  was a handsome woman, and used to  attend the harams of the sultaun and
    nobility with rich goods and jewellery, as a dullalla,  reaping much profit from her honourable calling." The wit, understanding the sultaun's allusion, replied, " Not so; my mother was a secluded woman, who never left her house,   and knew nothing of trade; but my father was an eminent designer,  who was frequently called to  the gardens of the royal and noble  harams, to lay out, sow flowers, and plant trees." The sultaun admired his wit, and made him one of his intimate courtiers.

    Nota: dullalla  =  comerciante

    En resumen, un chiste con notable éxito temporal y geográfico.  Lo que no me aclaró el amigo, cuyo relato ha dado origen a este artículo, es si el terrateniente venezolano se tomó la respuesta del obrero con la misma deportividad que el emperador Augusto.
     

  • Más que poetas, plagiarios caraduras

    El plagio y el robo de creaciones artísticas, intelectuales, etc. es muy antiguo y a veces difícil de detectar. Hoy sin duda es mucho mayor dada la enorme producción intelectual y la capacidad de los modernos instrumentos informáticos que han reducido el trabajo de la copia y plagio al “copia y pega” de los procesadores de textos. Claro que estos modernos instrumentos también son eficaces para detectar y localizar al plagiador.

    Así se descubren a veces plagios notables; en los últimos meses hemos asistido a la obligada renuncia de algunas personalidades políticas al descubrirse que las tesis doctorales con las que avalaban su formación no eran sino un simple robo del trabajo y el esfuerzo de otros.

    Tampoco son infrecuentes hoy día las polémicas generadas por algunas obras de autores famosos que recuerdan excesivamente a otras o la concesión de premios literarios sin excesivo rigor.

    Pues bien, Vitruvio nos cuenta el caso de un certamen poético en la famosa Biblioteca de Alejandría en la que un experto bibliotecario, Aristófanes de Bizancio, conocedor de los fondos de la biblioteca y su colocación en los estantes, descubre el plagio de un poeta desaprensivo que pretendía pasar como original lo que no era sino copia de una de las obras colocadas en su estantería. Esto sólo fue posible, además de por la extraordinaria mente de Aristófanes, también por la perfecta organización y ordenación de la Biblioteca de Alejandría.

    Para mejor comprensión del texto reproduciré íntegros tres párrafos del Prefacio del libro VII de su obra De Architectura.

    Vitruvio, VII, pref. 4-7

    Los reyes Atálicos (de la casa de Atalo), inducidos por el gran placer de la literatura, crearon en Pérgamo una excelente biblioteca para el disfrute de sus ciudadanos. Asimismo al mismo tiempo Ptolomeo animado del mismo celo infinito y deseo de placer se lanzó a llevar a cabo la misma empresa con no menor esfuerzo en Alejandría. Aunque lo hizo con la mayor diligencia, creyó que aquello no era suficiente si no se preocupaba de aumentar su obra sembrando la semilla de la propagación. Por eso creó unos concursos dedicados a las Musas y a Apolo, a semejanza de los juegos deportivos, y estableció unos premios y honores para los vencedores de las diversas obras escritas.
    Una vez, pues, organizados, llegado el momento de celebrarlos, había que elegir a los jueces literarios que juzgaran las obras. El rey había elegido ya a seis personas de la ciudad, pero no encontraba tan fácilmente a un séptimo que fuese adecuado. Se dirigió entonces a quienes estaban al frente de la biblioteca y les preguntó si conocían a alguien preparado para aquella función. Le dijeron entonces que había un tal Aristófanes que todos los días leía con gran afición y extraordinaria dedicación todos los libros según su orden. Así en la sesión del concurso, una vez que se habían reservado los asientos para los jueces, Aristófanes, convocado con los demás, se sentó en el lugar que le había sido asignado.
    Una vez se hubo comenzado en primer lugar con los poetas y recitaron sus escritos, el pueblo entero advertía a los jueces con su aplauso lo que debían aprobar. Y así cuando se les preguntó la opinión a cada uno,  seis coincidieron en dar el premio al que observaron que más había complacido a la multitud y el segundo al siguiente. Pero Aristófanes, cuando se le pidió su veredicto, ordenó que  fuera proclamado primero el que menos había agradado al pueblo.

    Como quiera que el rey y todos los demás manifestaran su indignación, se levantó y rogó que se le permitiera hablar.  Y así, se hizo silencio y declaró que solo uno de aquellos era poeta, los otros habían recitado poemas ajenos; que lo adecuado era que los jueces no dieran su aprobación a un robo sino a la obra original.  Mientras el  pueblo estaba admirado y el rey dubitativo,  confiado en su memoria  extrajo de determinadas estanterías un buen número de volúmenes  y comparándolos  con lo que habían recitado les obligó a los propios ladrones a confesar su plagio. Y así el rey ordenó que se les acusara de robo y los expulsó condenados con toda ignominia. En cambio a Aristófanes lo honró  con magníficos regalos y lo puso al frente de la biblioteca.

    Reges Attalici magnis philologiae dulcedinibus inducti cum egregiam bybliothecam Pergami ad communem delectationem instituissent, tunc item Ptolomaeus infinito zelo cupiditatisque incitatus studio non minoribus industriis ad eundem modum contenderat Alexandriae comparare. cum autem summa diligentia perfecisset, non putavit id satis esse, nisi propagationibus inseminando curaret augendam. itaque Musis et Apollini ludos dedicavit et, quemadmodum athletarum, sic communium scriptorum victoribus praemia et honores constituit.
    His ita institutis, cum ludi adessent, iudices litterati, qui ea probarent, erant legendi. rex, cum iam sex civitatis lectos habuisset nec tam cito septumum idoneum inveniret, retulit ad eos, qui supra bybliothecam fuerunt, et quaesiit, si quem novissent ad id expeditum. tunc ei dixerunt esse quendam Aristophanen, qui summo studio summaque diligentia cotidie omnes libros ex ordine perlegeret. itaque conventu ludorum, cum secretae sedes iudicibus essent distributae, cum ceteris Aristophanes citatus, quemadmodum fuerat locus ei designatus, sedit.
    Primo poetarum ordine ad certationem inducto cum recitarentur scripta, populus cunctus significando monebat iudices, quod probarent. itaque, cum ab singulis sententiae sunt rogatae, sex una dixerunt et, quem maxime animadverterunt multitudini placuisse, ei primum praemium, insequenti secundum tribuerunt. Aristophanes vero, cum ab eo sententia rogaretur, eum primum renuntiari iussit, qui minime populo placuisset.
    Cum autem rex et universi vehementer indignarentur, surrexit et rogando impetravit, ut paterentur se dicere. itaque silentio facto docuit unum ex his eum esse poetam, ceteros aliena recitavisse; oportere autem iudicantes non furta sed scripta probare. admirante populo et rege dubitante, fretus memoriae certis armariis infinita volumina eduxit et ea cum recitatis conferendo coegit ipsos furatos de se confiteri. itaque rex iussit cum his agi furti condemnatosque cum ignominia dimisit, Aristophanen vero amplissimis muneribus ornavit et supra bybliothecam constituit.

     

  • Las Médulas son la evidencia de la “ruina montium”

    Como comenta Plinio en su Naturalis Historia, libro 33, dedicado a los metales, existió en la Antigüedad una verdadera fiebre del oro. Véase https://www.antiquitatem.com/oro-en-la-antiguedad-mineria-romana

    A Hispania llegaron a principios del primer milenio antes de Cristo los fenicios, luego  cartagineses y los griegos atraídos precisamente por su riqueza minera. A partir del siglo III a.C, los romanos comienzan su extensión desde el Levante y la Bética hacia el interior, las dos mesetas y el noroeste atraídos por sus minas.

    Estrabón dedica el libro III de su Geografía a Iberia y nos dice en su capítulo 2,8 refiriéndose a la Turdetania (en otros pasajes se refiere al Noroeste peninsular):

    A tanta riqueza como tiene esta comarca se añade la abundancia de minerales. Ello constituye un motivo de admiración; pues si bien toda la tierra de los íberos está llena de ellos, no todas las regiones son a la vez tan fértiles y ricas, y con más razón las que tienen abundancia de minerales, ya que es raro se den ambas cosas a un tiempo, y raro es también que en una pequeña región se halle toda clase de metales. Pero la Turdetanía y las regiones comarcanas abundan de ambas cosas, y no hay palabra digna para alabar justamente esta virtud. Hasta ahora, ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierro nativos se han hallado en ninguna parte de la tierra tan abundantes y excelentes.

    La misma opinión nos transmite Plinio el Viejo en un fragmento del libro 33 de su Naturalis Historia, 33,25 (78) referido ahora al Noroeste de Hispania (Asturias, Galicia, Lusitania):

    dicen que  Asturias, Galicia y Lusitania proporcionaron en un año  veinte mil libras de peso. Así  Asturias es la que más produce. Esta fertilidad no ha durado tanto ni en ninguna parte ni durante tantos siglos.

    vicena milia pondo ad hunc modum annis singulis asturiam atque callaeciam et lusitaniam praestare quidam prodiderunt, ita ut plurimum Asturia gignat. neque in alia terrarum parte tot saeculis perseverat haec fertilitas.

    En el mismo pasaje que estábamos citando, Estrabón nos da noticia de los métodos de extracción del oro:

    El oro no se extrae únicamente de las minas, sino también por lavado. Los ríos y torrentes arrastran arenas auríferas. Otros muchos lugares desprovistos de agua las contienen también; el oro, empero, no se advierte en ellos, pero sí en los lugares regados, donde el placer (¡qué nombre tan apropiado!) de oro se ve relucir; cuando el lugar es seco, basta irrigarlo para que el placer reluzca; abriendo pozos, o por otros medios, se lava la arena y se obtiene el oro; actualmente son más numerosos los lavaderos de oro que las minas. Según los galátai, sus minas del monte Kémmenon (actuales montes Cevenes en el Ródano) y las que tiene al pie del Pyréne son más importantes; sin embargo, son más preciados los metales de allí. Dícese que a veces se encuentran entre los placeres del oro lo que llaman “palas”, pepitas de un “hemilitron”,(media libra) que se purifican con poco trabajo. Se dice también que al hendir las rocas suelen hallarse pepitas menores semejantes a ubres. Sometido el oro a una cocción y purificado por medio de cierta tierra aluminosa, se obtiene un residuo que es el “eléktron” (aleación de 4/5 de oro y 1/5 de plata). Éste, cuando va mezclado de plata y oro, se cuece de nuevo; la plata entonces se quema y queda el oro, pues siendo de naturaleza grasa, se puede licuar sin trabajo. En efecto, el oro se funde con facilidad mayor por medio de la paja, ya que su llama es más floja y se adapta mejor a su fin, fundiendo el metal fácilmente, Por el contrario, el carbón, con la vehemencia de su fuego, liquida el metal demasiado pronto, consumiéndolo. En los ríos, el oro se extrae y se lava allí cerca, en pilas o en pozos abiertos al efecto y a los que se lleva la arena para su lavado. Los hornos de la plata se hacen altos, con el fin de que los vapores pesados que desprende la masa mineral se volatilicen, ya que son gases densos y deletéreos. A algunas de las minas de cobre se las suele llamar áureas, pues se supone que de ellas se obtenía antes oro.

    También Plinio nos describe  con más detalle  el método y las penosas condiciones de explotación. Dedica  el libro 33 de su Historia Naturales a los metales y en él nos da valiosa información.  Léase https://www.antiquitatem.com/oro-en-la-antiguedad-mineria-romana

    Dada la codicia y hambre de oro (sacra fames , hambre sagrada, le llama Virgilio y Plinio) de los romanos, es fácilmente comprensible la justificación que el historiador Floro nos da sobre la Guerra contra los cántabros de Augusto y la fundación de Asturica Augusta. Nos dice en el Epitome Rerum Romanorum , 2.33.12.60:

    “Ayudaba a esta decisión,( la de fundar la ciudad de Astúrica Augusta), la naturaleza de la región, rica en oro en todo su entorno  y  rica en malaquita , minio y abundante en  productos de otros colores. En consecuencia ordenó que se explotase el suelo. Así los astures comenzaron a conocer sus recursos y sus riquezas trabajando con esfuerzo  en las profundidades  mientras las buscaban para otros.”

    Favebat consilio natura regionis; circa enim omnis aurifera 2est et chrysocoliae 3miniique et aliorum colorum ferax. Itaque exerceri solum iussit. Sic Astures 4nitentes in profundo opes suas atque divitias, dum aliis quaerunt, nosse coeperunt.

    Así que el Noroeste de Hispania fue ampliamente prospectado y explotado por los romanos. De estas explotaciones mineras nos ha quedado una huella indeleble en el paisaje y en la retina de todo viajero que tiene la suerte de contemplarla: las Médulas, junto a Ponferrada, en la provincia de León, la mayor explotación minera romana de oro a cielo abierto… porque lo abrieron, abrieron el monte, como explicaré. 

    (Sobre el nombre no hay acuerdo: hay quien lo relaciona con el latino “metalla”, metales , y quien lo relaciona con el nombre de un monte mítico en los enfrentamientos entre cántabros y romanos, el Mons  Medulius. Si así fuera nos quedaría el problema de explicar el origen o significado de Medulius.)

    Nota bene: La actual ciudad de León recibe su nombre no del fiero animal de la sabana africana sino de la Legio Septima Gemina acampada precisamente ahí para protección y control de la zona del  Noroeste peninsular, de indudable interés estratégico, dada su riqueza minera y la presencia de lugareños siempre belicosos. (de legionem deriva León, La Legión)

    Es un paisaje arruinado de tal belleza y un testigo de la historia de tanta importancia que la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1997.

    Fotografía de Patrimonio Natural de Castilla y León

      Autor: Håkan Svensson (Xauxa)

    Algunos estudiosos, Antonio García Bellido, por ejemplo, han calculado que se removieron 500 millones de m³ y suponiendo un rendimiento de 3 gramos por tonelada (las explotaciones actuales de la zona dan de 1,8 a 2,8 gramos) durante 250 años de explotación darían la extraordinaria cifra de 1.635.000 kg. Recordemos que Plinio informaba que producían 20.000 libras al año en toda la zona.

    El precio, siempre oscilante, del oro a fecha 17 de julio de 2013 es de 31,39 euros en Londres. Aplicando este precio a lo extraído obtenemos la difícilmente inteligible cifra de 51.322.650.000 €.  Es este un ejercicio un tanto absurdo, ahistórico y acientífico, pero sirve para imaginar la importancia que estas minas tuvieron para atender la insaciable hambre de oro (sacra famis le llama Plinio) de Roma.

    En las Médulas trabajaron permanentemente de 10.000 a 20.000 personas, esclavos primero y luego manumitidos, en las terribles condiciones que nos describe Plinio (véase articulo sobre la fiebre del oro citado anteriormente). Curiosamente y contra la opinión general, en esta zona del Imperio los trabajadores de las minas son libres y no esclavos, a diferencia de otros lugares.

    Plinio nos comenta las diversas formas de extracción del oro;  así dice en Naturalis Historia XXXIII,22:

    No hay oro más perfecto, que el pulido por el propio río y por la fricción del agua. Otro modo consiste en extraerlo con excavación de pozos o buscándolo con la destrucción del monte. En segundo lugar se busca  por la excavación de los pozos para extraerlo, o  en lel desplome de los montes.

    nec ullum absolutius aurum est, ut cursu ipso attrituque perpolitum. alio modo puteorum scrobibus effoditur aut in ruina montium quaeritur;

    Así pues, el oro se extrae de las tierras de aluvión mediante el sistema llamado  “ruina montium” ,  “derrumbe o caída de los montes”, porque el monte se venía abajo literalmente, basándose en la fuerza del agua.

    La palabra “ruina” es el sustantivo de la misma raíz que el verbo  latino “ruo, ruere”, que significa precipitarse, derrumbarse, lanzarse, desplomarse.

    Nos lo describe perfectamente Plinio el Viejo en  Libro 33, 72 y 73: (33,25)

    El tercer método  supera al trabajo de los Gigantes; los montes son minados en   grandes espacios  mediante galerías hechas a la luz de las lámparas. Su duración es la misma que la de los turnos  y en muchos meses no se ve la luz del día. Este tipo de explotación se llama ”arrugias". De repente  se producen grietas y los derrumbes aplastan  a los trabajadores, de tal forma que parece menos arriesgado buscar perlas y caracoles  de púrpura en el  fondo del mar; ¡hasta tal punto   hemos hecho más peligrosa  a la tierra (que al mar)! Se dejan, pues,  numerosas bóvedas para sostener los montes.

    El obstáculo en uno y otro método son las rocas, que se fragmentan con fuego y vinagre. Pero como esto satura de vapor y humo las galerías, muchas veces las rompen con martillos rompedores de hierro de ciento cincuenta libras y las sacan sobre sus hombros día y noche en la oscuridad pasándolas de mano en mano. Los últimos ven la luz. Si la roca parece más ancha, se sigue el lado de la veta y se ahonda. Sin embargo el trabajo en la roca se considera un tanto fácil.

    Existe,  pues,  una tierra de cierto tipo de arcilla mezclada con guijarros, la llaman 'gangadia", casi irrompible. Se la ataca con cuñas de hierro y con los mismos mazos y piensan que nada es más duro, sino aquello que es más duro  que todas las cosas, la avidez de oro.

    Acabado el trabajo  se derriban los apeos de los arcos desde el último; se da la señal del  derrumbe y sólo la percibe el vigía colocado en la cima de ese monte. Este con sus voces y gestos da órdenes de que se avise a los trabajadores y él mismo igualmente baja volando. La montaña, resquebrajada, se derrumba por si misma a lo largo  con un estruendo que la mente humana no puede imaginar y con una explosión  increíble.

    Victoriosos contemplan el derrumbe de la Naturaleza.Y sin embargo todavía no hay oro ni sabían si lo había cuando cavaban.  Esperar lo que deseaban fue causa suficiente para tan grandes peligros y gastos.

    Pero queda otro trabajo igual o de mayor coste: llevar ríos de agua para lavar los escombros desde la cumbre de los montes muchas veces desde cien millas de distancia.
                      …..
    Con el método anterior se extrae la tierra con enorme trab ajo para que no colmate los pozos; con este sistema la arrastra el agua. El oro obtenido mediante la arrugia no se funde sino que ya al instante  es oro propio. Así pues se encuentran fuera de los pozos bloques que pasan de las diez libras; unos las llaman “palagas” y otros “palacurnas” y a lo que es grano lo llaman “baluce”; el ulex se seca y se quema y sus cenizas se lavan en un lecho de césped herboso, para que el oro deposite.

    tertia ratio opera vicerit gigantum. cuniculis per magna spatia actis cavantur montes lucernarum ad lumina; eadem mensura vigiliarum est, multisque mensibus non cernitur dies. arrugias id genus vocant. siduntque rimae subito et opprimunt operatos, ut iam minus temerarium videatur e profundo maris petere margaritas atque purpuras. tanto nocentiores fecimus terras! relinquuntur itaque fornices crebri montibus sustinendis. occursant in utroque genere silices; hos igne et aceto rumpunt, saepius vero, quoniam id cuniculos vapore et fumo strangulat, caedunt fractariis cl libras ferri habentibus egeruntque umeris noctibus ac diebus per tenebras proximis tradentes; lucem novissimi cernunt. si longior videtur silex, latus sequitur fossor ambitque. et tamen in silice facilior existimatur opera; est namque terra ex quodam argillae genere glarea mixta – gangadiam vocant – prope inexpugnabilis. cuneis eam ferreis adgrediuntur et isdem malleis nihilque durius putant, nisi quod inter omnia auri fames durissima est. peracto opere cervices fornicum ab ultimo caedunt. dat signum ruina, eamque solus intellegit in cacumine eius montis vigil. hic voce, nutu evocari iubet operas pariterque ipse devolat. mons fractus cadit ab sese longe fragore qui concipi humana mente non possit, aeque et flatu incredibili. spectant victores ruinam naturae. nec tamen adhuc aurum est nec sciere esse, cum foderent, tantaque ad pericula et inpendia satis causae fuit sperare quod cuperent. alius par labor ac vel maioris inpendii: flumina ad lavandam hanc ruinam iugis montium obiter duxere a centesimo plerumque lapide;
                                                  ……
    in priore genere quae exhauriuntur inmenso labore, ne occupent puteos, in hoc rigantur. aurum arrugia quaesitum non coquitur, sed statim suum est. inveniuntur ita massae, nec non in puteis, et denas excedentes libras; palagas, alii palacurnas, iidem quod minutum est balucem vocant. ulex siccatur, uritur, et cinis eius lavatur substrato caespite herboso, ut sidat aurum.

    En realidad lo que hacen es recoger el agua de los manantiales, de la lluvia y de la nieve  en grandes embalses, y conducirla por gravedad desde largas distancias con  un sistema de canales hasta  las minas. En los estratos estériles se excavan  a muchos  muchos metros de profundidad varias galerías que se superponen a las capas de conglomerado aurífero. Se abren  las compuertas de las presas y enormes cantidades de agua fluyen por  las galerías de diverso diámetro de luz, que están cerradas en sus extremos. La enorme presión acumulada hace estallar las rocas y las arrastra a varios kilómetros creando enormes áreas para el lavado. Este  proceso es claramente evidente en el aspecto de la zona  principal de Las Médulas. El sistema de canales y conducciones de agua alcanzaba al menos 100 Km.

    Curiosamente este principio de la presurización del agua es el utilizado actualmente por las modernas máquinas de corte por chorro de agua, más precisas y versátiles que el corte por laser, plasma o descarga eléctrica para trabajar con todo tipo de material. La técnica ciertamente ha evolucionado pero el principio general es el utilizado por los especialistas romanos.

    En resumen y como se reconoce en la propia documentación de la Unesco, “La Zona Arqueológica de Las Médulas es así un magnífico ejemplo de proceso histórico en el que los elementos naturales y la intervención humana aparecen constantemente entrelazados”.

    Ciertamente, lo único que les faltó a los romanos fue el desarrollo de alguna de las técnicas modernas más sofisticadas, como la  lixiviación con cianuro o la fusión del arsénico aurífero, técnicas que modernas empresas extractivas emplean precisamente hoy en día en la misma zona del Noroeste hispano.  Pero estas explotaciones suelen contar con la oposición de los habitantes de la zona y de grupos de defensores del medio ambiente por las grave contaminación que suele llevar parejo el movimiento de millones de toneladas de escombros. Claro que en la Antigüedad los romanos establecieron todo una campamento y una legión, la Legio VII Gemina"  (la Legíon Septima Gemela) para controlar la zona. Por algo sería…

    Pero la fiebre del oro sigue siendo todavía muy alta y los obstáculos a su extracción suelen ser fácilmente superados, precisamente por el propio oro transformado en papel moneda o dinero digital, más moderno todavía.

  • La fiebre del oro en la Antigüedad

    Desde que los hombres descubrieron la utilidad de los metales, una de sus mayores preocupaciones ha sido localizar los yacimientos en los que se encuentra el oro, la plata, el hierro, el estaño, el cobre, el plomo…

    Una de las razones que explican el desarrollo y extensión imparable del Imperio Romano en las cuatro direcciones fue precisamente la detección de minas. Ese mismo motivo explica, por ejemplo, su extensión por la península Ibérica, rica en metales según relata Estrabón en el libro III de su Geografía dedicado a Hispania.

    Existió en la Antigüedad una auténtica fiebre del oro. Plinio dedica el libro XXXIII de su Naturalis  Historia a los metales y allí se refiere a esta fiebre que también se apoderó de los romanos.
    Nos dice Plinio que al principio había muy poco oro en Roma; los anillos eran de hierro y no de oro y no tenían ni brazaletes ni otros adornos de oro. A medida que fueron conquistando el mundo se fueron contaminando de ese afán por el lujo y por el metal que lo evidencia, el oro; su uso se fue generalizando: coronas, fíbulas,  brazaletes, las mujeres en todo el cuerpo, manos, brazos, pies, cintura… luego también los hombres y hasta algunos esclavos tenían anillos de oro.

    Pero, ¿por qué el oro? ¿Por qué esta fiebre, este deseo incontenible? Seguramente porque brilla y brilla porque no se oxida, porque es inalterable; y también es duro pero maleable.  Hoy además de en joyería se emplea  en numerosos aparatos como los teléfonos móviles, en las clavijas de sonido de alta fidelidad, en medicina, en la tecnología aerospacial y hasta en la comida de algunos excéntricos tan exigentes como los antiguos sibaritas.

    Plinio cree que el brillo  no es la razón de su valor, sino que no deja residuo en el fuego y que se puede estirar mucho y dividir en muchas láminas. Aunque reconoce también que:

    Además, no se oxida, ni hace cardenillo, no se altera la calidad o se reduce el peso. Es resistente a la acción de la sal y el vinagre, que doblegan todas las cosas, y finalmente ya se puede hilar y tejer como si fuera lana o sin lana”. (Naturalis Historia, 33, 20)

    super cetera non robigo ulla, non aerugo, non aliud ex ipso, quod consumat bonitatem minuatve pondus. iam contra salis et aceti sucos, domitores rerum, constantia superat omnia, superque netur ac texitur lanae modo vel sine lana

    Pero Plinio crítica esta ansia desmedida en el citado libro XXXIII, 3:

    ¡Ojalá fuese posible erradicar de nuestra vida para siempre esta maldita hambre de oro! Como han dicho los más celebres autores,  despreciado con todos los reproches por los mejores hombres, sólo fue descubierto para la ruina de la vida. ¡Cuanto más feliz el tiempo en el que las cosas mismas se intercambiaban entre sí, como ocurría en la época de Troya, si hemos de creer a Homero! Yo creo, en consecuencia, que el comercio se introdujo por las necesidades de la vida.

      utinamque posset e vita in totum abdicari [sacrum fame, ut celeberrimi auctores dixere] proscissum conviciis ab optimis quibusque et ad perniciem vitae repertum, quanto feliciore aevo, cum res ipsae permutabantur inter sese, sicut et Troianis temporibus factitatum Homero credi convenit! ita enim, ut opinor, commercia victus gratia invecta.

    Y para ello somos capaces de introducirnos en las profundidades de la tierra: (N.H. 33,1):


    Esas cosas (los metales, el oro) que  están escondidas y enterradas, que no se producen de repente, son las que nos empujan y nos llevan hasta los infiernos, de forma que nuestra mente, aplicada a lo inútil, evalúa cuál será el fin de la explotación después de todos los siglos y hasta dónde llegará nuestra codicia. ¡Qué inocente, qué feliz, incluso qué deliciosa sería la vida, si no deseásemos ninguna otra cosa sino lo que hay en la superficie de la tierra; en una palabra, nada si no  lo que se ofrece a nuestras manos! 

    illa nos peremunt, illa nos ad inferos agunt, quae occultavit atque demersit, illa, quae non nascuntur repente, ut mens ad inane evolans reputet, quae deinde futura sit finis omnibus saeculis exhauriendi eam, quo usque penetratura avaritia. quam innocens, quam beata, immo vero etiam delicata esset vita, si nihil aliunde quam supra terras concupisceret, breviterque, nisi quod secum est!

    Y luego arremete contra quien acuñó moneda de oro (N.H.33, 13):

    El segundo crimen contra la humanidad habría sido cometido por los que primero acuñaron monedas de oro, un crimen cuyo autor es desconocido. El Pueblo romano, antes de la derrota de Pirro,  no tenía moneda de plata.

    Proximum scelus fuit eius, qui primus ex auro denarium signavit, quod et ipsum latet auctore incerto. populus Romanus ne argento quidem signato ante Phyrrhum regem devictum usus est.

    Y poco después, Nat.Hist., 33,14:

    Pero el origen de la avaricia tuvo primeramente su origen en el dinero, en la usura indolente y el préstamo a interés; y rápidamente prendió con fuerte rabia no sólo ya la avaricia sino el hambre de oro, hasta tal punto que cuando Septimuleyo, amigo familiar de Cayo Graco, le llevó a Opimio su cabeza cortada a la que se le había puesto precio al peso, le echó plomo en la boca, añadiendo a su parricidio el fraude a la república. Y no se trata solo de un simple ciudadano, sino que infamado todo el nombre romano por su avaricia, el rey Mitrídates echó oro en la boca del general Aquilo al que había hecho prisionero. Esto es lo que genera el deseo de poseer.

    Sed a nummo prima origo avaritiae faenore excogitato quaestuosaque segnitia, nec paulatim: exarsit rabie quadam non iam avaritia, sed fames auri, utpote cum Septumuleius, C. Gracchi familiaris, auro rependendum caput eius abscisum ad Opimium tulerit plumboque in os addito parricidio suo rem p. etiam circumscripserit; nec iam Quiritium aliquis, sed universo nomine Romano infami rex Mithridates Aquilio duci capto aurum in os infudit. Haec parit habendi Cupido!

    Ya antes el poeta Virgilio había descrito de manera lapidaria y magistral las consecuencias de esta maldita sed de oro en Eneida, 3, 357:

    ¿A qué no obligas a los mortales corazones, maldita sed del oro?

    Quid non mortalia pectora cogis,
    auri sacra fames?

    De entonces a hoy no ha decaído un ápice el ansia y afán de oro.

    Plinio también nos da información sobre el sistema de explotación y penalidades del trabajo en la mina. En otro artículo hablaremos de la  ruina montium  de Las Médulas.

    Plinio nos da más información sobre los diversos yacimientos de oro, las diversas formas de explotación, las técnicas para su extracción y sobre sus usos. Podemos decir que emplearon técnicas muy avanzadas, algunas enormemente laboriosas. Quienes estén interesados en estos temas deben leer el libro 33 de la Naturalis Historia. Sólo les faltaron a los romanos algunas técnicas modernas como la lixiviación con cianuro o la fusión del arsénico aurífero, actualmente empleadas por compañías internacionales en el Noroeste español, precisamente en la misma área que los antiguos romanos prospectaron, evaluaron y explotaron con extraordinario resultado.

    Ahora bien, estas técnicas modernas suscitan con frecuencia y con toda razón el rechazo de la población por los perjuicios medioambientales que suelen llevar parejas producidos por millones de toneladas de escombros.

    Tampoco conocían los romanos que todo el oro del mundo tiene su origen en cataclismos cósmicos, en la colisión de estrellas de neutrones, como acaban de averiguar los actuales astrofísicos.

    En todo caso hoy como ayer la fiebre del oro sigue siendo muy alta y los numerosos obstáculos materiales y técnicos a su extracción o la oposición de grupos y ciudadanos preocupados por la conservación del medio ambiente son fácilmente superables, precisamente por el propio oro, convertido en papel moneda o en dinero digital, más moderno todavía y acorde con los tiempos.

  • Fósiles de dinosaurios en la Antigüedad

    En la Mitología grecolatina, como en casi todas, son frecuentes los seres monstruosos y los animales fantásticos. A veces estos monstruos son animales de grandes dimensiones, otras son resultado de la mezcla de varios diferentes e incluso en ocasiones de la mezcla de seres humanos y animales.

    Dragones, grifos, esfinges, centauros, monstruos marinos, pegasos, dioses de forma humana con cabeza de animal como en Egipto,…  pueblan todas las mitologías y cosmogonías del mundo y nos retrotraen a una etapa muy primitiva del ser humano: algunos a la época de los cazadores y otros también a la época neolítica.

    Algunas personas piensan que la creación de estos seres monstruosos se debe a la aparición en la propia Antigüedad de restos fósiles de dinosaurios y otros animales extinguidos en aquel entonces. Es un intento de explicación racionalista de los mitos. A esta teoría de explicación mitológica se le llama “evemerismo”, del nombre de su presunto creador Evemero de Mesene, en el siglo IV a.C., del que apenas se conservan algunos resúmenes  y citas.

    Según Evémero los dioses no son sino personajes históricos, reyes de especial relevancia, engrandecidos por la tradición. Esta teoría tuvo cierto éxito entre algunos autores antiguos, especialmente entre los antiguos padres de la Iglesia, que la utilizaron para desacreditar los mitos antiguos pero que no aplicaron a los propios.

    Por muy atractivas que parezcan estas teorías de racionalización de los mitos, la realidad es que el ser humano es enormemente complejo y en su afán de explicar el mundo que le rodea recurre con su inteligencia, su imaginación, sus sueños e imaginaciones, su concepción unitaria del mundo a formas de explicación simbólica y mítica. Utiliza así experiencias físicas para expresar realidades de otro orden.

    En la Antigüedad ciertamente aparecen restos fósiles y estos hallazgos están documentados. No cabe duda que estos fósiles alimentaron a veces la imaginación de los antiguos y también ayudan a explicar,  justificar o reforzar la existencia de sus animales fantásticos.

    Hay un texto muy interesante de Plinio en el que se cuenta cómo el edil Marco Escauro, en el año 58 a.C.,  llevó a Roma y exhibió los restos fósiles de un monstruo aparecidos en Jope, la actual Jaffa, junto a Tel-Aviv. En Jope situaban tradicionalmente los antiguos el episodio del mito de Perseo y Andrómeda.  (véase en este mismo blog  https://www.antiquitatem.com/andromeda-perseo-medusa-danae-zeus). Allí sitúan también el episodio,  o dicen que afloraban de la roca restos de las cadenas de Andrómeda, Estrabón, XVI,2,28 (759); Mela, I,11/64; Plinio NH V, 13/69; Josefo, Bello Iudaico, III,9,3 (420); Pausanias, IV, 35,6; Jerónimo, Comm. Ad Ion., I,3    Casi todos ellos mencionan que sobre la roca de Jope afloraban restos de las cadenas de Andrómeda.

    Naturalmente se identificaron los restos traídos por Escauro con los del monstruo marino que había de devorar a Andrómeda.

    Nos dice Plinio, NH IX, 4/11:

    Siendo edil, Marco Escauro expuso en Roma, traídos desde Jope, los huesos del monstruo al que se decía que había sido expuesta Andrómeda. Tenían de longitud 40 pies (unos 13 metros), la altitud de sus costillas superaba a los elefantes de la India, su espina dorsal tenía pie y medio de grosor (unos 45 centímetros).

    Beluae, cui dicebatur expósita fuisse Andromeda ossa Romae apportata ex oppido Iudaeae Ioppe ostendit inter reliqua miracula in aedilitate sua M. Scaurus longitudine pedum XL, altitudine costarum Indicos elephantos excedente, spinae crrassitudine sesquipedali.

    Tal vez se tratara de un pliosaurio como el aparecido recientemente en el mar Ártico, de 15 metros de longitud y 45 toneladas de peso; o tal vez fuera alguna ballena o cetáceo antiguos.

    Hay también una famosa pintura en un vaso griego, una crátera de mediados del siglo VI ahora en el Museo de Bellas Artes de Boston, en el que Heracles se enfrenta al monstruo que Poseidón envió a atacar a Troya en la que reinaba Laomedonte, que debía sacrificar a su hija Hesíone, en un mito similar al de Andrómeda. La pintura representa  con toda evidencia también  un resto fósil, probablemente de un tipo de jirafa antigua.

               

    Alguien ha explicado la ubicación de los Cíclopes en Sicilia por la aparición allí de restos de elefante antiguo: el agujero central se habría interpretado como un ojo único en mitad de su frente.

    La folclorista Adrienne Mayor  parece haber comprobado que en los lugares en que se ubican los mitos griegos de luchas entre dioses, monstruos y hombres, se encuentran abundantes fósiles. Así pone como ejemplo la isla de Samos en donde se sitúan los combates de las amazonas y en donde  aparecen frecuentes fósiles; o relaciona la aparición  de fósiles de dinasaurios en los desiertos de Asia central con un texto de Heródoto: Historiae, 4,13,1 en el que se habla de los Grifos:

    Otra historia se cuenta sobre este tema igualmente entre griegos y bárbaros. Un tal Aristeas, natural de Proconeso, hijo de Caistrobio y poeta, decía que por consejo de Febo había ido hasta los Isedones, y que más allá habitaban los Arimaspos, hombres de un solo ojo en la cara, y más allá de estos están los Grifos, que guardan el oro del país y que todavía más allá habitaban , hasta las costas del mar, los hiperbóreos. Según él, todos estos pueblos, excepto los hiperbóreos, especialmente los Arimaspos, siempre estaban en guerra con sus vecinos.

    Pero todas estas elucubraciones, como los vistosos y exitosos documentales sobre estos asuntos, han de ser  observados con agudo sentido crítico y científico.

    En todo caso la aparición de estos restos impresionó a los antiguos y hay indicios que nos permiten suponer que  algunos antiguos más curiosos buscaron y coleccionaron estos restos.

    Así Suetonio, hace también un referencia a restos fósiles de grandes animales cuando al referirse a las “villas” de Augusto, nos dice en Vida de Augusto, 72, 3

    En cuanto a las suyas (sus villas) sin embargo, aunque modestas, las embelleció no tanto con el adorno de estatuas y de pinturas cuanto con paseos arbolados y con bosquecillos y con cosas curiosas por su antigüedad y rareza, como son los miembros supergrandes de animales y fieras enormes de Capri, que dicen que son huesos de los gigantes y armas de los héroes.

    sua uero quamuis modica non tam statuarum tabularumque pictarum ornatu quam xystis et nemoribus excoluit rebusque uetustate ac raritate notabilibus, qualia sunt Capreis immanium beluarum ferarumque membra praegrandia, quae dicuntur gigantum ossa, et arma heroum.

    Sin embargo todo esto no nos autoriza a pensar que esta es la explicación de la proliferación de estos monstruos mitológicos. La curiosidad, la creatividad y la imaginación humanas, ayudadas también por ensoñaciones y visiones oníricas fueron suficientes.

    En todo caso resulta curioso e interesante comprobar cómo hace dos mil años ya impresionaban los dinosaurios, que tanto interés generan en nuestros días.

  • Un caso famoso de corrupción política en Atenas

    Si algo planea de manera insufrible sobre la vida política española es la corrupción. En realidad parece inherente a la condición de muchas personas y su sed insaciable de dinero. Por eso existe en todos los países, dependiendo su intensidad de la fuerza de la democracia y de la existencia de controles adecuados. Tampoco es exclusiva de nuestra época, sino de todos los tiempos.

    Por supuesto, existió la corrupción política en Grecia y en Roma y se legisló contra ella, sin mucho éxito, por supuesto. Ni siquiera dejó de existir en la “democracia recién inventada”,  de la que se sintieron tan orgullosos los atenienses.

    Aulo  Gelio, en sus Noctes Atticae, en el libro, XI, 9 nos ofrece un famoso ejemplo de corrupción  adjudicado al gran Demóstenes, el duro nacionalista ateniense que se opuso al avance de Filipo, el rey de Macedonia padre de Alejandro, con sus famosos y duros discursos que precisamente se llaman “Filípicas”.

    Nota: Precisamente este es el origen del término “filípica” significando, según la Real Academia, “invectiva, censura acre”

    Demóstenes, que fue siempre coherente en la defensa de Atenas frente al macedonio, cedió a veces en su labor como abogado al mejor pagador.  De él, pues, dice Aulo Gelio en Noches Áticas, XI,9:

    Historia sobre los embajadores de Mileto y el orador Demóstenes, que se encuentra en los libros de Critolao.

    Critolao escribió que llegaron a Atenas unos embajadores de Mileto por un asunto de estado, se diría que  para pedir ayuda. Entonces los abogados, que pareció que habían llamado para hablar en su favor, hablaron. como se les había ordenado, ante el pueblo a favor de los Milesios; Demóstenes respondió con dureza a las peticiones de los milesio, planteando que ni los milesios eran dignos de ayuda ni aquello fuese una cuestión de estado. El asunto se pospuso para el día siguiente. Los embajadores acudieron a casa de Demóstenes y le rogaron con gran insistencia que no hablase en contra; él (Demóstenes) les pidió dinero y recibió cuanto había pedido. Al día siguiente, cuando el asunto comenzó a tratarse de nuevo, Demóstenes se presentó ante el pueblo con el cuello y la garganta tapados con una gran bufanda alrededor y dijo que padecía  de  “anginas” (συνάνγκη,  synanje) y que por eso no podía hablar contra los milesios. Entonces uno del pueblo gritó que de lo que Demóstenes padecía no era de “anginas” (συνάνγκη,  synanje) sino de “argentina” ἀργυράγκη argyranje.*


    * Nota: “argentina”, derivado de “argentum”, plata, de la misma raíz que el griego ἄργυρος , argyros, plata, sobre el que se ha formado ἀργυράγκη; imitando el juego de palabras diríamos que “no padecía de angina sino de platagina”, refiriéndose a la plata o dinero que recibió.

    Historia de legatis Mileti ac Demosthene rhetore in libris Critolai reperta.

    Critolaus scripsit legatos Mileto publicae rei causa venisse Athenas, fortasse an dixerit auxilii petendi gratia. Tum qui pro sese verba facerent, quos visum erat advocavisse, advocatos, uti erat mandatum, verba pro Milesiis ad populum fecisse, Demosthenen Milesiorum postulatis acriter respondisse, neque Milesios auxilio dignos neque ex republica id esse contendisse. Rem in posterum diem prolatam. Legatos ad Demosthenen venisse magnoque opere orasse, uti contra ne diceret; eum pecuniam petivisse et, quantam petiverat, abstulisse. Postridie cum res agi denuo coepta esset, Demosthenen lana multa collum cervicesque circumvolutum ad populum prodisse et dixisse se synanchen pati; eo contra Milesios loqui non quire. Tum e populo unum exclamasse non synanchen, quod Demosthenes pateretur, sed argyranchen esse.

    Inmediatamente después Gelio finaliza el episodio con un párrafo que no hace sino confirmar y subrayar la desvergüenza del famoso Demóstenes y la aparente aceptación de la sociedad ateniense.

    El mismo Demóstenes, como el mismo Critolao cuenta, no ocultó después esto, sino que incluso se lo atribuyó a sí mismo como motivo de honra. Pues cuando preguntó a Aristodemo, actor de teatro, cuánto dinero había recibido por  actuar y Aristodemo le respondió “un talento”, le dijo: “pues yo recibí  más por callar”.

    Ipse etiam Demosthenes, ut idem Critolaus refert, non id postea concelavit, quin gloriae quoque hoc sibi adsignavit. Nam cum interrogasset Aristodemum, actorem fabularum, quantum mercedis, uti ageret, accepisset, et Aristodemus "talentum" respondisset: "at ego plus" inquit "accepi, ut tacerem".

    Plutarco cuenta esta misma anécdota en “Vida de Demóstenes, 25”  referida no a los embajadores de MIleto, sino a Hárpalo, fugitivo de Alejandro; en esta versión el orador habría sido sobornado con una copa de oro y veinte talentos.

    Aunque prácticamente coincidente, reproduzco también la narración de Plutarco, historiador griego que vivió aproximadamente entre el  46 y el  120 de nuestra era.  Su más famosa obra fue “Vidas paralelas”.  En ellas compara al orador griego Demóstenes con el romano Cicerón  y es precisamente en esa vida en la que narra la anécdota a que me refiero:

    Plutarco:Vida de Demóstenes, 25:  (En la buena versión al castellano que Ranz Romanillos (1759-1830) hizo de las “Vidas paralelas” a principios del siglo XIX poco antes de morir)

    De allí a poco vino del Asia a Atenas Harpalo, huyendo de Alejandro, ya porque realmente sus negocios se hallaban en mal estado a causa de su disposición y ya también por temer a éste, que se había hecho terrible a sus amigos. Acogiéndose, pues, al pueblo de Atenas,y poniéndose en sus manos con sus naves y sus bienes, al punto los demás oradores, puestos los ojos en la riqueza, estuvieron de su parte, y persuadían a los atenienses que le admitieran y salvaran a un refugiado; Demóstenes al principio aconsejaba que se hiciera salir a Harpalo, y se guardaran de precipitar a la ciudad en la guerra por un motivo no necesario e injusto, y al cabo de pocos días, habiéndose hecho el registro de los bienes que traía, viéndole Harpalo prendado de una copa de las del rey y que examinaba su hechura y su forma, le dijo que loa sopesara y viera el peso que tenía de oro. Admiróse Demóstenes de su peso y preguntando cuánto valía, sonriéndose Harpalo: “Para ti –le dijo- valdrá veinte talentos. Fue Harpalo muy perspicaz en descubrir en él su ánimo codicioso del oro por su semblante, por la viveza de sus ojos y por el modo de dirigir sus miradas. No pudo, pues, Demóstenes resistir a esta tentación; así, como plaza que admite guarnición, se rindió a Harpalo, y al día siguiente, arropándose muy bien el cuello con lana y con vendas, se presentó así en la junta pública. Decíanle que se levantara y hablase, y él por señas daba a entender que tenía cortada la voz; pero algunos burlones decían con malignidad que aquella noche ha bía sido acometido no de angina, sino de argentina, el orador.” 

    En fin, el propio Gelio, en Noches Áticas, XI, 10, nos da otra versión ligeramente diferente:  en esta ocasión es C. Graco el que atribuye la anécdota al orador Demades y no a Demóstenes. Pero este texto, que tiene un interés añadido para comprender el tema de la corrupción política en la Antigüedad, lo comentaré en un nuevo artículo.
     

  • Los ladrones de lo público

    La insufrible corrupción que parece dominar toda la vida pública está a punto de arruinar la confianza de los ciudadanos en la política. Tal vez alguno piense que este es un mal de los tiempos modernos y limitado a algunas sociedades en las que la democracia es más débil. Nada más lejos de la verdad histórica.

    Son muchos los ejemplos de corrupción de la Antigüedad y muchas las leyes que intentan controlarla. Algunos ciudadanos pueden pensar que en vano.

    Aulo Gelio, en su famosa obra “Noches Aticas”, libro XI, 18 hace unas consideraciones sobre los primitivos legisladores y el rigor con el que combaten el robo. En el parágrafo 18 de este capítulo de este libro dice algo que no puede sino crearnos una enorme desazón porque parecen palabras recién leidas en el periódico de hoy:

    “Sin embargo, M. Porcio Catón, en el discurso que escribió sobre “El reparto del botín a los soldados”, se queja con palabras enérgicas  y brillantes de la impunidad y licencia para la malversación de los fondos públicos.  Transcribo estas palabras porque nos impresionaron mucho. Dijo:

    “Los ladrones de robos  privados pasan la vida  en la cárcel y con cadenas; los ladrones de lo público, entre el oro y la púrpura”.

    Sed enim M. Cato in oratione, quam de Praeda militibus dividenda scripsit, vehementibus et inlustribus verbis de inpunitate peculatu atque licentia conqueritur. Ea verba, quoniam nobis inpense placuerant, adscripsimus: "Fures" inquit "privatorum furtorum in nervo atque in compedibus aetatem agunt, fures publici in auro atque in purpura".

    Han pasado 2.200 años desde que Catón pronunció la frase.Así eran  las cosas ayer como son hoy, aunque a decir verdad, en la actualidad la perversión es aún mayor,  porque la rapiña y robo de lo privado también queda impune en muchas ocasiones si  el ladrón, de guante blanco por supuesto, es poderoso.  ¿O no es privado el dinero que especuladores sin escrúpulos, promotores inmobiliarios sin escrúpulos, banqueros y  gestores de cajas de ahorro sin escrúpulos, han birlado a miles de particulares indefensos con bancarrotas, productos tóxicos, preferentes y productos bancarios incomprensibles?

    Todo esto no hace sino sumarse al robo de lo público y corrupción.

    Todo ello no hace sino alimentar  la decepción y la tristeza y alejar a los ciudadanos de la política. Pero la política, la buena política, la política democrática  no puede claudicar y darse por vencida,  porque en realidad es el único instrumento para hacer cara a tanto desmán.