Categoría: Costumbres

  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (III)

    La expresión “urbi et orbi” tuvo notable éxito por referirse a una “urbe” que se convirtió en la capital del “orbe” y también porque en sí misma la frase encierra un atractivo juego de palabras consistente en relacionar dos palabras de distinto significado pero que tan sólo se diferencian en un fonema o en una letra; es decir, porque “urbi et orbi” es una paronomasia.

    Varrón, lógicamente no resiste  la tentación de buscar una explicación o extraer una conclusión, (no importa si es acertada o no, que no parece serlo), de la proximidad entre los dos términos: urbem y orbem. Lo hace en su De lingua Latina, V,143:

    Muchos fundadores levantaban en el Lacio ciudades siguiendo el rito etrusco, a saber: después de uncir dos animales vacunos, un toro y una vaca –que ocuparía lz posición interior-, trazaban con el arado un survo, para sentirse fortificados por un foso y una muralla. Naturalmente la operación laa realizaban un día en que, de acuerdo con la religión, los auspicios fueran favorables. El agujero resultante de extraer la tierra lo llamaban fossa: y la tierra  arrojada tras él, murum (muralla). Después de ello, el círculo (orbis) que se obtenía era el comienzo de la ciudad (urbs, urbis); y, como ese círculo se encontraba detrás de la muralla (post murum), se denominaba post moerium: hasta aquí llegaba el lugar en que podían tomarse los auspicios de la ciudad. En torno a Aricia y a Roma aún están en pie los mojones del pomerio. Resumiendo: las ciudades cuyos límites eran trazados con un arado se llamaban urbes, nombre derivado de orbis (círculo) y urvum (cama del arado). Por este motivo, en los documentos antiguos todas nuestras colonias se regisgtran con la denominación de urbes, porque fueron fundadas del mismo modo que Roma; y por idéntica razón las colonias se fundan como ciudades, porque están colocadas dentro de un pomerio.

    Oppida condebant in Latio Etrusco ritu multi, id est, iunctis bobus, tauro et vacca interiore, aratro circumagebant sulcum (hoc faciebant religionis causa die auspicato), ut fossa et muro essent muniti. Terram unde exculpserant, fossam vocabant et introrsum iactam murum. Post ea qui fiebatorbis, urbis principium; qui quod erat post murum, postmoerium dictum, eo usque auspicia urbana finiuntur. Cippi pomeri stant et cirum Ariciam et circum Romam. Quare et oppida quae prius erant circumducta aratro ab orbe et urvo urbes; et ideo coloniae nostrae omnes in litterid antiquis scribunturt urbes, quod ítem conditae ut Roma; et ideo coloniae et urbes conduntur, quod intra pomerium ponuntur.

    Presentaré algunos textos que ejemplifiquen la utilización en la Antigüedad de esta paronomasia.

    Cornelio Nepote (c. 100 a. C.- c. 25 a. C.) en la vida de Atico pone  en contacto ambas palabras:

    Nepote, Vida de Ático, 20,5

    Quán difícil sea esto, lo conocerá mas bien quien sea capaz de comprehender, cuanta cordura es menester para conservarse en el trato y amor de dos sujetos, que además de competir sobre intereses de la mayor inportancia, estaban tan opuestos y encontrados, como era forzoso  lo estuviesen César y M.Antonio, deseando uno y otro mandar, no solo Roma, sino a todo el universo. (Traducción de Rodrigo de Oviedo)

    hoc quale sit, facilius existimabit is, qui iudicare poterit, quantae sit sapientiae eorum retinere usum benivolentiamque, inter quos maximarum rerum non solum aemulatio, sed obtrectatio tanta intercedebat, quantam fuit incidere necesse inter Caesarem atque Antonium, cum se uterque principem non solum urbis Romae, sed orbis terrarum esse cuperet.

    Así Ovidio, en su Arte de Amar comenta que los espectáculos públicos a los que asisten las mujeres son una buena ocasión para establecer algún tipo de relación. En este pasaje hace una interesante integración, una paronomasia entre “urbe” y “orbis”: atque ingens orbis in Urbe fuit

    Arte de amar, 1, 171 y ss.

    ¿Y qué pasó, cuando últimamente César enfrentó las naves persas con las cecropias  aparentando que se trataba de una batalla naval?  Jóvenes y muchachas de uno y otro mar llegaron hasta aquí y una gran parte del orbe estuvo en la urbe. ¿Quién no encontró prenda que amar entre toda aquella muchedumbre?¡ay! a cuántos les hizo sufrir un amor llegado de lejos!

    He aquí que el César se prepara para anexionarse lo que falta por conquistar del orbe: ahora, Oriente remoto, serás nuestro. Parto, sufrirás el castigo. ¡Alegraos vosotros, Craso y compañeros que estáis ya enterrados, y vosotras, enseñas que sufristeis en mala hora las manos de los bárbaros! Aquí está vuestro vengador, y promete ser general desde sus primeros años y, aunque sólo es un muchacho,  lleva con acierto una guerra difícil de dirigir para un muchacho.  (Traducción de Vicente Cristobal López)

    quid, modo cum belli navalis imagine Caesar
       Persidas induxit Cecropiasque rates?
    nempe ab utroque mari iuvenes, ab utroque puellae
       Venere, atque ingens orbis in Urbe fuit.
    quis non invenit turba, quod amaret, in illa?      
       eheu, quam multos advena torsit amor!
    ecce, parat Caesar domito quod defuit orbi
       addere: nunc, oriens ultime, noster eris.
    Parthe, dabis poenas: Crassi gaudete sepulti,
    signaque barbaricas non bene passa manus.      
    ultor adest, primisque ducem profitetur in annis,
       bellaque non puero tractat agenda puer.

    Veleyo Paterculo (c. 19 a. C. – c. 31), Historia de Roma, 2,44

    Así, éste, siendo cónsul constituyó una sociedad de poder entre Gneo Pompeyo,  Marco Craso y él, que fue nefasta para Roma y para el mundo (quae urbi orbique terrarum) y les acarreó consecuencias no menos fatales a cada uno en distintos momentos. Al secundar este proyecto, Pompeyo había tenido la intención de que su conducta en las provincias del otro lado del mar, que muchos, según hemos dicho, criticaban, fuera finalmente aprobada por medio del cónsul César; por su parte, César se daba cuenta de que cediendo ante la gloria de Pompeyo aumentaría la suya, y que al desviarse hacia éste los odios por el poder compartido, él iba a reforzar sus posibilidades; Craso, como no había podido conseguir él solo el principado, intentaba alcanzarlo por la autoridad de Pompeyo y los recursos de César. También se estableció un parentesco por matrimonio entre César y Pompeyo; pues Gneo Magno se casó con la hija de Gayo César. (Traducción de María Asunción Sánchez Manzano. Editorial Gredos)

    Hoc igitur consule inter eum et Cn. Pompeium et M. Crassum inita potentiae societas, quae urbi orbique terrarum nec minus diverso cuique tempore ipsis exitiabilis fuit.  Hoc consilium sequendi Pompeius causam habuerat, ut tandem acta in transmarinis provinciis, quibus, ut praediximus, multi obtrectabant, per Caesarem confirmarentur consulem, Caesar autem, quod animadvertebat se cedendo Pompei gloriae aucturum suam et invidia communis potentiae in illum relegata confirmaturum vires suas, Crassus, ut quem principatum solus adsequi non poterat, auctoritate Pompei, viribus teneret Caesaris,  adfinitas etiam inter Caesarem Pompeiumque contracta nuptiis, quippe Iuliam, filiam C. Caesaris, Cn. Magnus duxit uxorem.

    Tertuliano (ca.160-ca.220), 40,1-4 en su Apologeticum pone en relación las dos palabras:

    quantae clades orbem et urbes ceciderunt!

    Que las calamidades no suceden al mundo ni al imperio por ocasión de los cristianos, como dicen los gentiles. Antes por el contrario, el nombre de amotinados se debe acomodar a los que conspiran en odio de los buenos y honrados, a los que proclaman contra la sangre inocente, excusando el odio con pretexto de aquella frívola vanidad con que piensan, que toda común desdicha y las particulares descomodidades del pueblo suceden por causa de los cristianos . Si el Tíber sube a las murallas ; si el Nilo no llega a regar las vegas; si el cielo está sereno y no da lluvias; si la tierra tiembla o se estremece; si el hambre aflige; si la peste mata, luego grita el pueblo: arrójense los cristianos al león. ¿Un león para tantos?

    Yo ruego que me digáis: ¿cuántas calamidades cayeron sobre el mundo y sobre Roma (quantae clades orbem et urbes ceciderunt! ) antes del imperio de Tiberio , esto es, antes de la venida de Cristo? Leemos que Hierápoli  y las islas de Delon, Rodas  y Coon, con muchos millares de hombres se hundieron.

    At e contrario illis nomen factionis accommodandum est, qui in odium bonorum et proborum conspirant, qui adversum sanguinem innocentium conclamant, praetexentes sane ad odii defensionem illam quoque vanitatem, quod existiment omnis publicae cladis, omnis popularis incommodi Christianos esse in causa[m].  Si Tiberis ascendit in moenia, si Nilus non ascendit in arva, si caelum stetit, si terra movit, si fames, si lues, statim: «Christianos ad leonem!» acclamatur. Tantos ad unum?
    Oro vos, ante Tiberium, id est ante Christi adventum, quantae clades orbem et urbes ceciderunt! Legimus Hieran, Anaphen et Delon et Rhodon et Co insulas multis cum milibus hominum pessum abisse.

    Sidonio Apolinar (hacia el 430-489 d.C.) obispo de Clermont Ferrand, en Carmina,7, se sirve de esta paronomasia: captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet (verso 557)

    El Carmen 7 es un panegírico a su suegro Avito cuando fue nombrado emperador. En una reunión de los dioses Roma se queja de su decadencia; se pasa revista a su historia e interviene Júpiter. Luego Avito es proclamado emperador por los visigodos y por los galorromanos.

    Sidonio Apolinar, Carmina, 7, 550 y ss.

    »Ahora te llama el destino supremo; en un tiempo azaroso  no gobierna el Imperio un cobarde. Se deja de lado todo rodeo cuando una situación extrema requiere un hombre preclaro: tras las derrotas del Tesino y Trebia la república atemorizada acudió apresurada a Fabio. La elección de Livio hizo olvidar la célebre derrota de Cannas, a pesar de la fuga de Varrón, e hizo quebrar al fenicio, engreído por la  muerte de los Escipiones.

    »Dicen que el mundo yace cautivo en la urbe (captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet;) el emperador ha muerto; aquí tiene hoy una cabeza todo el imperio. Te lo pedimos, sube al tribunal, levanta a los que están decaídos;  en esta situación, el momento no pide que algún otro ame más a Roma.

    »No pienses que quizá no eres digno del mando: tú sabes que cuando los estandartes de Breno acosaban la roca Tarpeya, toda la república era Camilo, quien, obligado a vengar a la patria, cubrió los humeantes rescoldos con una matanza de enemigos.

    »No han sido regalos al populacho los que han dispuesto a tu favor lascenturias, ni acuden a votarte tribus venales, sobornadas a punta de dinero. Nadie compra el voto del mundo. Eres elegido, aunque pobre; basta una sola cosa: eres rico en méritos. ¿Por qué tardas en aceptar la voluntad  de la patria que te ordena tomar elmando? Éste es el pensamiento de todos: si tú te conviertes en señor, yo seré libre’.(Traducción de Agustín López Kindler. Editorial Gredos)

    nunc iam summa vocant,  dubio sub tempore regnum
    non regit ignavus, postponitur ambitus omnis
    ultima cum claros quaerunt: post damna Ticini
    ac Trebiae trepidans raptim respublica venit
    ad Fabium; Cannas celebres Varrone fugato
    Scipiadumque etiam turgentem funere Poenum
    Livius electus fregit, captivus, ut aiunt,
    orbis in urbe iacet; princeps perit, hic caput omne
    nunc habet imperium, petimus, conscende tribunal, 
    erige collapsos; non hoc modo tempora poscunt,
    ut Romam plus alter amet. nec forte reare
    te regno non esse parem: cum Brennica signa
    Tarpeium premerent, scis, tum respublica nostra
    tota Camillus erat, patriae qui debitus ultor
    texit fumantes hostili strage favillas.
    non tibi centurias aurum populare paravit,
    nec modo venales numerosoque asse redemptae
    concurrunt ad puncta tribus; suffragia mundi
    nullus emit, pauper legeris ; quod sufficit unum,
    es meritis dives, patriae cur vota moraris,
    quae iubet ut iubeas ? haec est sententia cunctis :
    si dominus fis, liber ero.’

    Flavio Cresconio Coripo (Flavius Cresconius Corippus) que vivio aproximadamente del año 500 al 570 de nuestra era fue probablemente el último autor latino importante de la Antigüedad, de la época de los emperadores bizantinos Justiniano I y Justino II. Sus dos principales obras son el poema épico Johannis y el panegírico In laudem Justini minoris.

    Es justamente en esta última en el que utiliza en varias ocasiones la fórmula “urbis-orbis”; precisamente es un rasgo de su estilo la repetición de palabras y conceptos y también el uso de paronomasias o palabras muy parecidas en la forma aunque distintas en el significado. Así

    Verso I, 173 y ss.

    Todo el grupo, postrado y tendido ante sus pies, mientras así hablaba, dice al unísono: ≪Ten piedad, compadécete, santo varón, de quienes te suplican, ven a socorrernos en la adversidad. Pronto verás con la llegada del día que todo se habrá perdido, si el pueblo llega a percibir el vacío de poder, ante la pérdida del emperador. Por mucho que te conmueva el afecto por tu buen padre, que no sea el amor a la patria menor que el de tu progenitor. Tu mismo tío, moribundo, te ordenó con sus propias palabras que fueras tu quien conservara el cetro. Mira cuanta fue la previsión y solicitud del anciano para con nuestra ciudad y el mundo entero. (aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis)  En tu favor hizo Dios todo lo que quiso que fuera realizado. Sube al trono paterno, príncipe  valerosísimo, y gobierna el mundo que a ti se somete. (Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

    Talia dicentis pedibus prostrata iacensque
    omnis turba simul “pius es, miserere” perorat
    “supplicibus, vir sancte, tuis: succurre periclis.
    Omnia mox veniente die periisse videbis,
    si vacuam vulgussine príncipe senserit aulam.
    Quantumcumque boni moveat dilectio patris,
    non sit amor patriae patrio minor. Ipse tenere
    sceptra tuus moriens te iussit avunculus ore.
    aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis
    próvida cura seni. pro te deus omnia fecit,
    quae fieri voluit. solium conscende paternum
    et rege subiectum, prínceps fortissime, mundum

    Y de nuevo en Verso 244 y ss.

    Y no injustamente, creo, pues ¿iba a estar él, al morir, tan dichoso y con semblante tan lleno de bondad, si su alma, consciente del bien que llevo a cabo, no hubiera abandonado sus tranquilos miembros, volando hacia el cielo y no hubiera afianzado el imperio tras confirmar a un heredero? Cuando acudió allí el noble Justino, poniendo sus amorosos brazos en tomo al cuerpo sin  vida, así hablo sollozando: ≪Luz de la ciudad y del universo, padre Justiniano, ¿abandonas tu amada corte y dejas a tus allegados, a tus sirvientes y a tantos súbditos? ¿Menosprecias la tierra? ¿No velas por el mundo extenuado? Aquí tienes a los ávares, a los amenazadores francos, a los gépides, a los getas y a tantas otras naciones que, tras poner en movimiento sus enseñas, provocan guerras por doquier. ¿Con qué empuje vamos a vencer a tantos enemigos si tú, firmeza de Roma, estás muerto?≫.
    ((Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

    Haud, reor, immerito sic laetus et ore benignus
    Ille foret moriens, nisi mens sibi conscia recti
    in caelum properans securos linqueret artus
    et tutum imperium firmato herede locaret.
    Huc ubi magnanimus sacra cum coniuge venit,
    cara per exanimum circumdans brachia corpus
    cum lacrimis Iustinus ait: “lux urbis et orbis,
    Iustiniane pater, dilectam deseris aulam?
    Cognatos fámulos et tantos linquis alumnos?
    Contemnis terras? Fesso non prospicis orbi?
    En Avares Francique truces Gepidesque Getaeque
    totque aliae gentes commotis undique ignis
    bella movent; qua vi tantos superabimos hostes,
    cum virtus Romana iacet?…

    Y otra vez en verso III, 72 y ss.:

    Organos, plectros y liras resonaron por toda la ciudad; se ofrecieron mil clases de espectáculos, mil festines, hubo danzas, risas, ajetreo, regocijo y aplausos. Desean larga vida a los emperadores entre alegres clamores. ≪Tras la vejez≫, afirman, ≪el mundo se regocija por su rejuvenecimiento y busca los principios de su aspecto originario. Desaparece ahora una edad de hierro y surge una edad de oro en tu época, Justino, esperanza de la ciudad y del mundo, resplandor del imperio romano, gloria añadida a todos los emperadores que te precedieron, cuya sabiduría victoriosa obtuvo la más alta cumbre del reino paterno≫. (Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

    Organa, plectra, lyrae totam insonuere per urbem.
    Mille voluptatum species, convicia mille,
    saltatus, risus, discursus, gaudia, plausus.
    Augustis vitam laetis clamoribus optant.
    post senium dicunt “sese iuvenescere mundus
    gaudet Et antiquae repetit  primordia formae.
    Férrea nunc abeunt aurea saecula surgunt
    temporibus, Iustine, tuis, spes urbis et orbis,
    Romani iubar imperii, decus addite cunctis
    retro principibus, cuius sapientia victrix
    obtinuit patrii fastigia máxima regni.”

    El resumen de todo esto, del contenido y de la figura literaria,  lo personifica un verso feliz del poeta galo del siglo V Rutilio Namaciano, del que conservamos parte del único poema que sabemos que escribió, titulado “De reditu suo” (Sobre el regreso). En él canta la grandeza y antiguo esplendor de Roma y critica al Cristianismo. En el llamado Himno a Roma, que aparece personificada, encontramos el verso resumen al que me refería:

                 ‘urbem fecisti quod prius orbis erat’
    “formaste una ciudad de lo que antes era un mundo”

    “!Escucha, Roma, hermosisima reina de un mundo que
    es tuyo, acogida entre las celestes estrellas!
    !Escucha, engendradora de hombres y engendradora de dioses,
    gracias a tus templos no nos mantenemos alejados del cielo!
    A ti cantamos y siempre cantaremos mientras los hados lo permitan:
    nadie en vida puede olvidarte. Antes sepultaria yo el sol en impio olvido
    que apartar de mi corazon tu gloriosa fama,
    pues derramas tus favores como rayos de sol
    por donde se agita vacilante el envolvente Oceano.
    Por ti da vueltas Febo, que todo lo abarca,
    y en ti esconde los caballos que de ti habian salido.
    A ti no te detuvo Libia con sus ardientes arenas
    ni te arredro la Osa guarnecida de hielo.
    Cuanta extension comprende la naturaleza hasta las regiones habitables,
    otro tanto la tierra se convierte en camino accesible a tu valor.
    Formaste de pueblos distintos una unica patria;
    al imponer tu poder, beneficiaste a los vencidos,
    ignorantes de la justicia, y al ofrecerles compartir tus propias leyes,
    formaste una ciudad de lo que antes era un mundo.(
    ‘urbem fecisti quod prius orbis erat’)
    Como autores de tu linaje reconocemos a Venus y a Marte,
    la madre de los Eneadas y el padre de los Romulidas.
    Cuando vences, la clemencia ablanda tu brazo armado:
    en tu personalidad aunas la inspiracion de ambos dioses.
    De ahi tu gran satisfaccion en combatir y en perdonar:
    vences a quienes has temido, amas a quienes has vencido.

    (Traducción de Alfonso Grcía-Torano Martínez. Editorial Gredos).

    «exaudi, regina tui pulcherrima mundi,
    inter sidereos Roma recepta polos,
    exaudi, genetrix hominum genetrixque deorum,
    non procul a caelo per tua templa sumus:
    te canimus semperque, sinent dum fata, canemus:
    sospes nemo potest immemor esse tui.
    obruerint citius scelerata oblivia solem,
    quam tuus ex nostro corde recedat honos.
    nam solis radiis aequalia munera tendis,
    qua circumfusus fluctuat Oceanus.
    volvitur ipse tibi, qui continet omnia, Phoebus
    eque tuis ortos in tua condit equos.
    te non flammigeris Libye tardavit harenis,
    non armata suo reppulit Ursa gelu:
    quantum vitalis natura tetendit in axes,
    tantum virtuti pervia terrae tuae.
    fecisti patriam diversis gentibus unam:
    profuit iniustis te dominante capi.
    dumque offers victis proprii consortia iuris,
    urbem fecisti quod prius orbis erat.
    «auctores generis Venerem Martemque fatemur,
    Aeneadum matrem Romulidumque patrem:
    mitigat armatas victrix clementia vires,
    convenit in mores nomen utrumque tuos:
    hinc tibi certandi bona parcendique voluptas:
    quos timuit superat, quos superavit amat.

    La Iglesia Católica y Romana es deudora de la antigua Roma en casi todo, en gran parte de sus mitos, creencias y dogmas, en sus ritos, en su expresión artística, en su estructura administrativa y jurídica, y por supuesto en su lengua oficial, que sigue siendo el latín. Esta expresión es una prueba más de ello. Si el Papa Católico hoy puede dirigirse “a la ciudad y al mundo” es precisamente porque él es “el obispo de Roma”, la ciudad (urbs) que fue capital del mundo (orbis)

  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (I)

    Esta expresión latina “urbi et orbi”, que significa “para la ciudad (Roma) y para el mundo”, se aplica hoy en día en sentido literal exclusivamente a las bendiciones que el obispo de Roma, es decir, el Papa, imparte para todos los fieles católicos del mundo concediéndoles indulgencia plenaria y remisión de los pecados. En sentido más amplio se utiliza para referirnos a cualquier tipo de mensaje dirigido de manera general a todos los habitantes de la tierra.

    Es su específico y predominante uso litúrgico el que ha llevado a considerar el origen de la expresión "urbi et orbi" en las bendiciones del  Papa Gregorio X  en los años 1272 a 1276. 

    Ahora bien, la expresión y su génesis tiene tras de sí una larga historia, porque para que tenga algún sentido necesitamos una ciudad que se diferencie del resto y un mundo o un imperio que hablase latín, y eso existió muchos siglos antes del Papa Gregorio X.

    En primer lugar, desde el punto de vista del contenido, la expresión se refiere a una ciudad especial, a Roma, la “urbe” por excelencia en cuanto es la cabeza o capital de un enorme Imperio, el orbe de los romanos. El famoso Vitruvio (c. 80-70 a. C.-15 a. C.) expresó perfectamente esta idea, que compartieron los romanos desde muy antiguo:

    Vitrubio, Sobre la arquitectura, VI,1, 10-11:

     "La mente divina ubicó la capital del pueblo romano en una región excelente y templada para que se adueñara de todo el mundo (orbis terrarum)". 

    ita divina mens civitatem populi Romani egregia temperataque regione conlocavit, uti orbis terrarum imperii potiretur.

    Desde el punto de vista de la forma lingüística inmediatamente salta al oído la semejanza entre “urbi” y “orbi”, tan sólo diferenciadas en un fonema, en este caso también en una letra. Esto es un juego de palabras. A esta figura literaria se le llama “paronomasia”.

    Que Roma es “la ciudad por excelencia”  es un concepto muy antiguo, compartido orgullosamente por los romanos, como decía más arriba. Recordemos  cómo la historia general que Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.) escribió sobre Roma se llama precisamente “Ab urbe condita”, “Desde la fundación de la ciudad”, y todo el mundo entiende que esa ciudad sólo puede ser Roma.

    Profundizaremos a continuación en este hecho e intentaré explicar brevemente cómo un pequeño villorrio con origen en el siglo VIII o VII antes de Cristo, junto al Tiber, con el tiempo se convirtió en la capital del Imperio antiguo mayor y más importante de la Antigüedad por sus consecuencias, y cómo el “orbe” de la tierra conocida se convierte en el “orbe romano”. La ciudad además acabó divinizada, como sus gobernantes, y recibiendo culto dirigido por unos sacerdotes especializados en ello.

    En segundo lugar también profundizaré un poco en el juego de palabras o la figura literaria citada de la paronomasia en “urbi et orbi”, figura que definimos como  “utilización de dos o más palabras, parecidas fonéticamente porque sólo se diferencian algún fonema, pero de distinto significado”. Esta paronomasia es también un recurso literario bien atestiguado en la literatura romana. Expondré más adelante algunos textos.

    Trataré primero de la ascensión de la pequeña Roma a “urbe” del “orbe” romano que es lo mismo que decir del "orbe mundial”.

    Según la historiografía y la mitología Roma fue fundada en el siglo VIII a.C; con más precisión en el año 753, y ajustando más el  21 de abril, día en que se ponen de acuerdo las diversas leyendas fundacionales.

    Pues bien con el paso del tiempo se convirtió en la capital de un enorme imperio, a la que conducían todos los caminos, como la urbe capital del orbe. Como ciudad fuerte y poderosa es respetada e incluso divinizada en un largo proceso en el que también fueron divinizados sus gobernantes, los emperadores.

    En el Oriente persa y egipcio y luego en el griego era ya tradición la divinización de los reyes, de los poderosos. Grecia fue conquistada por los romanos y declarada provincia romana en el año 197 a.C.  y la Roma vencedora pasó a ser considerada como ciudad poderosa y fuerte.

    Esta divinización, que se fue elaborando en Oriente, fue consagrada por el emperador Adriano en la primera mitad del siglo II d.C.; más aún, se identifica a Roma con el Imperio mismo, que como dios poderoso se articula en diferentes miembros coordinados.

    Sobre la etimología de la palabra Roma y Rómulo, relacionada con ella, no sólo no hay acuerdo sino propuestas diversas, varias de ellas relacionadas con el mundo etrusco. Pero para un griego, inevitablemente la palabra Roma les recordaría su palabra ῤώμη (rhòme), que significa fuerza. Ello ayudaría a deificarla como ciudad fuerte y habitada por hombres fuertes; la fuerza, la fortaleza es una propiedad de los dioses y seres asimilados; así que Roma, que ya es fuerte incluso en el nombre, algo debe tener en común con los dioses.

    Veamos en unos cuantos textos cómo se va elaborando esta idea de Roma y su imperio como divinidad poderosa, benefactora del género humano, desde su humilde origen.

    Plutarco hace referencia al nombre de Roma al comienzo de la biografía de Rómulo. Aprovecho para reproducir el relato detallado de Plutarco hasta enlazar con la leyenda más conocida sobre Rómulo y Remo:

    Plutarco, Vidas paralelas, Comienzo de la vida de Rómulo:

    Respecto al gran nombre de Roma,  que ha circulado con gloria en boca de todos los hombres, no hay acuerdo entre los escritores sobre la fecha y el motivo por el que lo ha recibido la ciudad, sino que, según unos, los pelasgos, después de viajar sin rumbo por casi todo el mundo habitado y de vencer a la mayoría de los hombres, se establecieron allí y, por su pujanza con las armas, así lamaron a la ciudad, pero, según otros, a raíz de la toma de Troya, algunos, que lograron escapar y consiguieron naves, arrastrados por los vientos arribaron a Tirrenia y fondearon a orillas del río Tíber.

    Mas a sus mujeres, que a duras penas soportaban ya el mar, les aconsejó una, que al parecer sobresalía en linaje y era la más sensata, llamada Roma, que quemaran los barcos. Hecho esto, al principio, los hombres montaron en cólera; pero, luego, cuando por necesidad se asentaron en el Palatino, como en poco tiempo iban consiguiendo más de lo que esperaban, al comprobar la calidad de la región y que sus vecinos los aceptaban, entre otros honores que tributaron a Roma, además tomaron el nombre para la ciudad de ella, como responsable.

    Y desde entonces dicen que se mantiene la costumbre de que las mujeres besen en la boca a los hombres de su familia y parientes, pues igualmente aquéllas, cuando incendiaron las naves, así besaban y acariciaban a sus hombres, suplicándoles y tratando de calmar su cólera.

    Otros dicen que fue Roma, hija de ftalo y Leucaria (para otros, de Télefo el de Heracles), casada con Eneas (según otros, con Ascanio el de Eneas), la que proporcionó su nombre a la ciudad. Otros, en cambio, que fundó la ciudad Romano, hijo de Odiseo y de Circe, otros, que Romo el de Ematión, expulsado de Troya por Diomedes, y otros, en fin, que Romis, tirano de los latinos, que rechazó a los tirrenos, los cuales habían llegado a Lidia desde Tesalia y desde Lidia a Italia.

    De todos modos, ni siquiera los que, de acuerdo con la versión más correcta, presentan a Rómulo como epónimo de la ciudad, se ponen de acuerdo sobre [su] linaje; pues, según unos, hijo de Eneas y Dexítea la de Forbante, siendo muy niño fue traído a Italia con su hermano Romo, y mientras que las demás embarcaciones fueron destruidas en el río a causa de una crecida, aquella en la que estaban los niños fue derivando poco a poco hacia una suave ribera, por lo que, salvados inesperadamente, le pusieron el nombre de Roma.

    Según otros, Roma, hija de la troyana aquella, casada con Latino el de Telémaco, dio a luz a Rómulo,  pero, según otros, fue Emilia la de Eneas y Lavinia, acostada con Ares.

    Otros ofrecen un relato completamente fabuloso sobre el nacimiento: Tarquecio, rey de los albanos muy arbitrario y cruel, tuvo en su casa una aparición sobrenatural,  pues del hogar salió de pronto un falo y allí permaneció durante muchos días. Había en Etruria un oráculo de Tetis, del que se le trajo a Tarquecio la prescripción de unir con el falo a una virgen, pues de ella nacería un hijo muy señalado, de extraordinaria virtud, fortuna y energía. Tarquecio reveló, entonces, la respuesta divina a una de sus hijas y le ordenó que se acostara con el falo; mas ella sintió repugnancia y envió a una criada. Cuando se enteró Tarquecio, indignado, las encerró a ambas con intención de matarlas, pero, al ver a Vesta que, en sueños, le prohibía el crimen, ordenó a las jóvenes que, en prisión, tejieran una tela, con la promesa de entregarlas en matrimonio cuando la terminaran. Pues bien, aquéllas, durante el día, tejían, mientras que otras, por la noche, deshacían la tela por orden de Tarquecio. Y  cuando del falo la criada dio a luz gemelos, Tarquecio los entregó a un tal Teracio y le ordenó matarlos. Pero aquél, llevándoselos, los depositó a orillas del río; entonces, una loba iba y venía a darles su ubre, y pájaros de toda clase, trayendo alimentos, se los ofrecían a las criaturas, hasta que un boyero lo vio y, maravillado, se atrevió a acercarse y recoger a los pequeños. Ocurrida así su salvación, cuando estuvieron criados, atacaron a Tarquecio y lo vencieron. Esta, en suma, es la versión que nos ha contado un tal Promación, autor de una Historia de Italia.

    Pero, del relato que más autoridad tiene y cuenta con mayor número de partidarios, la parte principal se la transmitió a los griegos, el primero, Diocles Peparecio, de quien depende, en su mayoría, Fabio Pictor.  Hay también sobre estas historias diversas variantes, pero, en síntesis, es como sigue:

    De los reyes de Alba descendientes de Eneas la sucesión vino a parar en dos hermanos, Numitor y Amulio. Y habiendo hecho Amulio dos lotes de toda la herencia, colocando frente a la corona las riquezas y el oro traído de Troya, escogió Numitor la corona. Entonces Amulio, al contar con las riquezas y gozar de mayor poder que Numitor gracias a ellas, fácilmente le arrebató la corona, y por miedo a que de su hija  nacieran niños, la designó sacerdotisa de Vesta, para que siempre viviera ajena al matrimonio y virgen. A ésta la llaman unos Ilia, otros Rea y otros Silvia.

    Mas, al cabo de no mucho tiempo, se descubrió que estaba embarazada, en contra de la ley establecida para las Vestales. Que no sufriera ésta lo irremediable lo consiguió la hija del rey, Anto, intercediendo ante su padre; pero fue encerrada y llevaba una vida de aislamiento, a fin de que a Amulio no le pasara inadvertido el parto.

    Dio a luz dos niños de extraordinaria estatura y belleza. Asustado por ello todavía más Amulio, ordenó a un sirviente que los cogiera y los despeñara. Algunos dicen que éste se llamaba Féstulo, y otros, que no éste, sino el que los recogió. Pues bien, depositando en una cesta a las criaturas, bajó al río con la intención de tirarlos, pero, al ver que bajaba con mucha corriente y turbulento, temió aproximarse y, poniéndolos cerca de la orilla, se alejó.

    Con la crecida del río, el flujo alcanzó la cesta y, trasladándola de sitio suavemente, la dejó en un lugar suficientemente tranquilo, que ahora llaman Cermalo y, antiguamente, Germano, al parecer porque, precisamente, a los hermanos los llaman “germanos”. (Traducción de Aurelio Pérez Jiménez. Editorial Gredos)

    Detengo aquí el relato de Plutarco, que continúa más allá.

    El poder que alcanzó siglos después esta pequeña ciudad  generó en las ciudades griegas una respuesta religiosa, otorgándo cultos a Roma y considerándola divina en sí o en algún aspecto concreto, porque no habían conocido otra ciudad con tal poder. Generalmente el culto es a la dea Roma, diosa Roma, pero también puede ir acompañado del culto al pueblo, al demos, a los romanos “benefactores”, “evergetes”, y luego por supuesto, al emperador gobernante.

    Nota:evergetes”, εὐεργέτης,es una palabra griega, de  εὐεργετέω, compuesta de εύ, eu,ev, que significa “bien” y εργετέω, que significa “hacer” y por tanto “hacer el bien” o “hacer buenas obras”. Es el título que acompañó a algunos mandatarios griegos.

    Al menos en una ocasión los artistas Dionisiacos  del Istmo ofrecen sacrificios a los Romanos como benefactores comunes. Queda atestiguado en una inscripción de Delfos, la signada en Sylloge Inscriptionum Graecarum, don el número 705

    SIG3 705B.45f  

    Rompieron la jurisdicción del gremio de Artistas; dieron algunos de los oficios sagrados que tenían como promesas, huyeron con dinero, ofrendas y coronas sagradas, que todavía  no han devuelto, ya que impidieron la realización de sacrificios y libaciones de acuerdo con las antiguas costumbres de nuestro gremio a Dionisos y a los otros dioses y a los romanos, nuestros patrones comunes.´(Traducció de acuerdo con la adaptación al inglés de A.Johnson, P.Coleman-Norton & F.Bourne, "Ancient Roman Statutes", no.49. ))

    En las excavaciones de Delfos apareció también una interesante inscripción en la que un historiador llamado Aristotheos de Troizen, (todos los estudiosos lo ubican a mediados del siglo II a.C.)  leyó públicamente en Delfos parte de su Historia y añadió su encomio de los Romanos como benefactores.

    El encomio, el panegírico, el discurso fúnebre (oratio funebris), las laudes o alabanzas son tipos de discursos en los que se ensalzan las virtudes de las personas excepcionales y cuando corresponde la grandeza de las ciudades y lugares. En las escuelas de Retórica se enseña lógicamente su creación.

    La inscripción conmemorativa de los honores concedidos a Aristoteos de Troizen dice:

    Fouilles De Delphes III 3 no. 124 (Syll.3 702)  FGrH 835 T 1
    Sylloge Inscriptionum Graecarum: 702

    Con buena suerte, fue resuelto por la ciudad de Delfos en asamblea plenaria con los votos prescritos por la ley; desde que Aristóteos hijo de Nikoteos de Troizen, el historiador, cuando se quedó en la ciudad se condujo de una manera digna del templo y de su patria, e hizo lecturas públicas de sus escritos durante varios días, y también leyó en público {Paranegnō} aclamaciones para los romanos, los benefactores comunes de los griegos; por lo tanto, los  proxeny de la ciudad les garantizaram a él y a sus descendientes prioridad en el acceso al oráculo, prioridad en recibir justicia, inviolabilidad, libertad de todos los impuestos, asiento privilegiado en todos los juegos que la ciudad tiene y los otros privilegios que se dan a los otros proxenoi y benefactores de la ciudad. (Traducción de la inglesa adaptada de R.Zelnick-Abramovitz, in "Between Orality and Literacy: Communication and Adaptation in Antiquity")

    Nota: proxenos (πρόξενος), plural proxenoi o proxeni (πρόξενοι), "en lugar de o a favor de un extranjero") o proxeinos (πρόξεινος) es el título y función que un estado concede a un ciudadano de otro para que cuide de los ciudadanos de ese estado; es una especie de cónsul honorario.

    Tenemos también el relato de Plutarco sobre las guerras de Flaminino en Grecia y sobre los honores que se le tributan, considerándolo poco menos que un dios puesto que se le empareja con Herakles o el mismísimo Apolo Delfinio. También se le daría culto a Julio César y a Augusto, como veremos más adelante. Tito Quincio Flaminino fue un político y militar de la República romana. Pese a la oposición de los veteranos a los que había dado tierras, fue elegido cónsul en 198 a. C. y enviado a dirigir las guerras macedónicas contra Filipo V de Macedonia.

    Plutarco: Flaminino 16: (Tito Quincio Flaminino)

    Los ruegos y súplicas en que más tuvo que contender y trabajar con Manio fueron los de los Calcidenses, que le tenían muy irritado con motivo del matrimonio que entre ellos contrajo Antíoco, movida ya la guerra: matrimonio desigual y fuera de tiempo por haberse enamorado un viejo de una mocita, la cual era hija de Cleoptólemo, y se tenía por la más hermosa de las doncellas de aquella era. Este hizo que los Calcidenses abrazasen con ardor el partido del rey, y que para la guerra fuese aquella ciudad su principal apoyo, y también cuando después de la batalla se abandonó a una precipitada fuga, en Calcis fue donde tocó, y tomando la mujer, el caudal y los amigos se embarcó para el Asia Tito, cuando Manio marchó irritado contra los Calcidenses, se fue en pos de él, y lo ablandó y dulcificó, y, por último, le persuadió y sosegó completamente a fuerza de súplicas con él mismo y con los demás jefes de los Romanos. Por lo tanto, salvos los Calcidenses por su intercesión, consagraron a Tito los más bellos y grandiosos monumentos que pudieron, de los cuales todavía se leen hoy las inscripciones siguientes: “El pueblo a Tito y a Heracles este Gimnasio”; y en otra parte, en la misma forma: “El pueblo a Tito y a Apolo el Delfinio.” También en esta edad se elige y consagra un sacerdote de Tito; a quien ofrecen sacrificio, y hechas las libaciones cantan un pean o himno de victoria en verso; del cual, dejando lo demás por ser demasiado difuso, transcribimos lo que cantan al fin del himno:

    Objeto es de este culto
    la fe de los Romanos,
    aquella fe sincera
    que guardarles juramos.
    Cantad, festivas ninfas,
    a Zeus el soberano,
    y en pos de Roma y Tito
    la fe de los Romanos.
    ¡Io peán, oh Tito,
    oh Tito nuestro amparo!

    (Traducción de Antonio Ranz Romanillos)

    Así que entre la tradición deificadora de Oriente y el poderío inmenso de los romanos se llega a la deificación de Roma, de la ciudad victoriosa y de sus gobernantes.

    Tenemos numerosos documentos epigráficos, pero pocos literarios y por eso es muy valioso el llamado himno de Melimnos a Roma que con toda seguridad hay que enmarcar en la celebración de un acto de culto a la poderosa ciudad.

    Melimnos es una poetisa de Lesbos, cuyo poema está generalmente fechado a principios del siglo II d. C. Estobeo nos transmite este himno de Melimnos, en el que Roma es presentada como una diosa guerrera cuyo destino es eterno y único, en Stobaeus 3.7.12. o en  Diehl, Anthologia Lyrica Graeca, II: 315-316:

    Salve, Roma, hija de Ares,
    Reina guerrera coronada de oro
    Tú que vives en la tierra en el Olimpo sagrado,
    Para siempre indestructible.

    A ti solo, la más reverenciada, te tiene el Destino
    Concedida gloria real de poder inquebrantable,
    Para que, con tu poder soberano,
    Tú puedas dirigir el camino.
    Bajo tu control de fuertes correas de cuero,
    Los tesoros de la tierra y el mar gris
    Están estrechamente unidos entre sí; con  mano firme  gobiernas
    Las ciudades de tus pueblos.

    La eternidad más larga, que destruye  todo
    Y moldea el curso de la vida primero de esta manera, luego de esta otra,
    Sólo  no cambia el viento para ti,
    Que llena las velas del imperio.

    Porque solo tú das a luz
    Hombres fuertes, que manejan diestros las lanzas,
    Cuando nos envías  un plantel de hombres certeros
    Como  Deméter da sus frutos.

    Nota: (Estobeo, Ioannes Stobaeus V – siglo VI d.C), doxógrafo neoplatónico del siglo V-VI, hizo una antología de textos literarios de aproximadamente quinientos autores llamada Antología de extractos, sentencias y preceptos.

    Poco más tarde y sobre todo en el Imperio es frecuente la creación de templos dedicados a Roma y al emperador, como los de Ancyra (actual Ankara), Pérgamo o Lugdunum en Occidente dedicados a Roma y Augusto con sus correspondientes sacerdotes.

    Suetonio nos informa de la actitud de Augusto ante la erección de templos y estatuas en su nombre:

    Suetonio, Augusto 52

    Aunque sabía que se decretaban  anormalmente templos incluso a los procónsules, no los aceptó en ninguna provincia sino en nombre suyo y de Roma a la vez. Mas en Roma declinó con la mayor obstinación este honor, e incluso hizo fundir todas las estatuas de plata que se le habían erigido en otro tiempo, y con el producto obtenido de ellas consagró trípodes de oro a Apolo Palatino. En vista de que el pueblo le ofrecía con gran insistencia la dictadura, se postró de rodillas, dejó caer la toga de sus hombros, y con el pecho desnudo , le rogó que no se la impusieran. (Traducción de Rosa María Agudo Cubas. Editorial Gredos.)

    Templa, quamuis sciret etiam proconsulibus decerni solere, in nulla tamen prouincia nisi communi suo Romaeque nomine recepit. nam in urbe quidem pertinacissime abstinuit hoc honore; atque etiam argenteas statuas olim sibi positas conflauit omnis exque iis aureas cortinas Apollini Palatino dedicauit. Dictaturam magna ui offerente populo genu nixus deiecta ab umeris toga nudo pectore deprecatus est.

                         

    Templo a Roma y Augusto – Pérgamo      Altar a Roma y Augusto – Lugdudum          

    Tácito nos presenta a Tiberio rechazando tales honores, a diferencia de Augusto:

    Tácito Anales,4,37-38 ;

    En este tiempo la España ulterior envió embajada al Senado por licencia para poder edificar un templo a Tiberio y a su madre, como se había concedido a los de Asia. Con cuya ocasión, César, harto constante de suyo en menospreciar las honras excesivas que se le ofrecían, pareciéndole bien responder a los que le culpaban de que se había comenzado a inclinar a la ambición, habló de esta manera:

    Asegúrome, padres conscriptos, que de muchos seré tenido por fácil y mudable, no habiendo, poco ha, contradicho a las ciudades de Asia que me pedían esto mismo. Justificaré, pues, la causa del pasado silencio, y juntamente declararé lo que tengo determinado de hacer en lo porvenir. Porque el divo Augusto no prohibió que en Pérgamo se edificase un templo a él y a la ciudad deRoma, yo, que guardo y tengo por ley todos sus dichos y hechos, seguí tanto más prontamente su agradable ejemplo, cuanto con la honra que se me hacía se aumentaba más la veneración del Senado. En lo demás, así como parece excusable el haber aceptado una sola vez este honor, asimismo el consentir quede bajo de especie de deidad se consagre mi nombre por todas las provinciassería cosa ambiciosa y soberbia; fuera de que perdería mucho de sus quilates el honor de Augusto profanándole con la común adulación.

    Yo, padres conscriptos, sé que soy mortal, y que ni hago ni puedo hacer mayores obras que los otros hombres, contentándome, como desde ahora me contento, con poder satisfacer el lugar de príncipe que ocupo. Certifícoos de verdad, y sírvame esto también para los siglos venideros, que no me quedará más que desear, si desde ahora sé que los que desean eternizar mi memoria me tienen por digno de mis mayores, por próvido en vuestras cosas, por constante en los peligros, y que no temo incurrir en la malquerencia de los hombres donde se atraviesa el servicio y el bien de la República. Estas cosas me servirán de templo dentro de vuestros ánimos y de durables y hermosísimas estatuas. Porque las que se levantan de piedra, si el juicio de los venideros las convierte en aborrecimiento, como los sepulcros se menosprecian. Ruego, pues, a los confederados y a los ciudadanos, a los dioses y a las diosas, a éstos que me presten hasta el fin de mi vida un entendimiento quieto y capaz de la inteligencia de los derechos divinos y humanos, y a aquéllos que después de mi muerte favorezcan con loores y honrada recordación la fama de mis acciones y lamemoria de mi nombre.

    Continuó después hasta en las conversaciones más secretas en apartar de sí semejante veneración y culto, atribuyéndolo algunos a modestia, muchos a desconfianza y los más a bajeza de ánimo. Porque losmejores -decían ellos- y los más excelentes entre los mortales apetecieron siempre altísimas cosas. De esta manera Hércules y Baco entre los griegos, y Quirino entre nosotros, se agregaron al número de los dioses. Que lo había entendido mejor Augusto, pues aspiró a ello; que las demás cosas residen de ordinario en los príncipes, faltándoles sólo una a que continuamente deben aspirar, que es la prosperidad de su memoria, porque con el menosprecio de la fama quedan igualmente menospreciadas las virtudes. (Traducción de Carlos Coloma. 1794)

    Per idem tempus Hispania ulterior missis ad senatum legatis oravit ut exemplo Asiae delubrum Tiberio matrique eius extrueret. qua occasione Caesar, validus alioqui spernendis honoribus et respondendum ratus iis quorum rumore arguebatur in ambitionem flexisse, huiusce modi orationem coepit: 'scio, patres conscripti, constantiam meam a plerisque desideratam quod Asiae civitatibus nuper idem istud petentibus non sim adversatus. ergo et prioris silentii defensionem et quid in futurum statuerim simul aperiam. cum divus Augustus sibi atque urbi Romae templum apud Pergamum sisti non prohibuisset, qui omnia facta dictaque eius vice legis observem, placitum iam exemplum promptius secutus sum quia cultui meo veneratio senatus adiungebatur. ceterum ut semel recepisse veniam habuerit, ita per omnis provincias effigie numinum sacrari ambitiosum, superbum; et vanescet Augusti honor si promiscis adulationibus vulgatur.
    Ego me, patres conscripti, mortalem esse et hominum officia fungi satisque habere si locum principem impleam et vos testor et meminisse posteros volo; qui satis superque memoriae meae tribuent, ut maioribus meis dignum, rerum vestrarum providum, constantem in periculis, offensionum pro utilitate publica non pavidum credant. haec mihi in animis vestris templa, hae pulcherrimae effigies et mansurae. nam quae saxo struuntur, si iudicium posterorum in odium vertit, pro sepulchris spernuntur. proinde socios civis et deos ipsos precor, hos ut mihi ad finem usque vitae quietam et intellegentem humani divinique iuris mentem duint, illos ut, quandoque concessero, cum laude et bonis recordationibus facta atque famam nominis mei prosequantur.' perstititque posthac secretis etiam sermonibus aspernari talem sui cultum. quod alii modestiam, multi, quia diffideret, quidam ut degeneris animi interpretabantur. optumos quippe mortalium altissima cupere: sic Herculem et Liberum apud Graecos, Quirinum apud nos deum numero additos: melius Augustum, qui speraverit. cetera principibus statim adesse: unum insatiabiliter parandum, prosperam sui memoriam; nam contemptu famae contemni virtutes.

    Son significativos los discursos encomiásticos que algunos historiadores y oradores griegos hacen respecto de Roma. Así Elio Aristides (Αίλιος Αριστείδης; en latín, Aelius Aristides, 118 – 180) fue un eminente sofista de la Segunda Sofística y orador griego del siglo II d. C.4. Su discurso  más famoso fue "Discurso a  Roma" (Encomio de Roma), que pronunció ante el palacio  imperial en Roma y en el que Aristides glorifica el Imperio y la teoría que subyace detrás de él, particularmente la "Pax Romana" , y pinta un cuadro impresionante de los logros romanos, que sobresalen al compararlos con cualquier otro imperio o ciudad habida en la historia. Transcribo tan sólo una pequeña parte de esta importante obra, que por lo demás ha sido desigualmente valorada por los críticos que se han dedicado a ello.

    Elio Arístides, Discurso a Roma, 8 y ss.

    … (Traducción de Juan Manuel Cortés Copete. Editorial Gredos)Así pues, su nombre es como su sobrenombre, y no otra cosa sino la fuerza le es propia1. De manera que si alguien hubiese tenido la intención de desdoblarla limpiamente y de colocar, unas junto a otras, las ciudades que ahora están en el cielo, apoyándolas sobre la tierra, me parece que se llenaría todo el territorio de Italia que ahora esta vacío, y se formaría una única ciudad continua que se  extendería hasta el canal de Otranto. Puesto que la ciudad, a la que posiblemente yo no he descrito ahora suficientemente pero de la que mejor testimonio dan los ojos, es tan grande, no es posible decir lo mismo que se dice sobre otras ciudades: ≪allí esta sita≫. Ni tampoco lo que alguien dijo  sobre las ciudades de Atenas y de Esparta, cuando afirmaba, sobre la primera, que el tamaño era el doble que lo que le correspondía por su poder, sobre la segunda, que el tamaño parecía ser inferior, y en mucho, con respecto a su poder —y que no haya ninguna mala interpretación en el ejemplo—. Pero, de esta ciudad, grande en todos sus aspectos, nadie podría afirmar que no fue dotada de un poder concorde a su tamaño. Cuando se dirige la mirada hacia la totalidad del Imperio, es posible sentir admiración por la ciudad al pensar que una pequeña parte gobierna toda la tierra entera; pero cuando se mira a la propia ciudad y a sus límites, ya más no cabe admirarse de que toda la ecúmene  sea mandada por tal ciudad. Pues ahora se ha hecho realidad lo que cierto cronista dijo sobre Asia cuando afirmaba que un solo hombre gobernaba todo el territorio que el sol recorre —aunque no decía la verdad, a no ser que exceptuase toda África y Europa de las puestas y ortos solares—: el recorrido del sol es equivalente a vuestras posesiones y el sol recorre su camino a través de vuestros dominios. Pues ni los escollos marinos, ni las islas Quelidonias ni Cianeas sirven de límites a vuestro Imperio, ni la carrera que en un día pueda hacer un caballo hasta el mar, ni reináis sobre límites fijados, ni ningún otro ha ordenado públicamente hasta donde debéis gobernar, sino que el mar se extiende como una franja tanto en medio de la ecúmene como también de vuestro imperio.En torno a este los grandes continentes se han situado ocupando un gran espacio, ofreciéndoos siempre algo de lo que allí se produce. De toda la tierra y de todo el mar se traen los frutos de todas las estaciones y cuanto ofrecen todas las regiones, ríos, lagos y artes de los helenos y de los barbaros, de manera que, si alguien quisiera ver todas estas cosas, sería necesario que las contemplase, o bien recorriendo toda la ecúmene, o bien encontrándose en esta ciudad. Pues no es posible que no abunde siempre aquí cuanto se produce o cuanto se construye en cada uno de ellos. Tantas son las naves de carga que llegan trasportando todos los productos de todas partes durante todas las estaciones, incluso durante todo el equinoccio de otoño, que la ciudad  se parece al taller común de la tierra. 

    Nota 1: juega con el significado ya comentado de la palabr griega rhome que significa fuerza
              2. De nuevo la ciudad y el orbe del mundo puestos en relación.

    La relación establecida entre “orbis” y “urbis” ( la  Ciudad) lo que está indicando es la unión cultural y política de un mundo controlado y apropiado por Roma. Es más, la grandeza de Roma es la grandeza del Imperio. Roma es la ciudad y el mundo; incluso el mundo queda concebido como una ciudad; ambos conceptos son intercambiables.

    Los poetas latinos de la época de Augusto son bien conscientes de este papel que les ha tocado jugar a ellos y a su ciudad por designio de los dioses. Así, Tibulo, Ovidio, Virgilio, Horacio, etc.

    Ovidio Amores 2,9

    Hay muchos mozos que no aman y muchas jóvenes en la misma situación; tu triunfo sobre ellos te conquistaría grandes alabanzas. Si Roma no hubiese desplegado sus fuerzas en la inmensidad del orbe, no sería al presente más que un hacinado montón de pajizas cabañas. Harto de pelear, el soldado trabaja los campos que se le han distribuido, deja la espada y echa mano a las rudas estacas. Los puertos espaciosos resguardan las naves de la tempestad; el potro libre de su prisión corre a pacer en los prados; el viejo gladiador depone la espada y recibe la vara que asegura el resto de sus días, y yo que tantas veces milité en las filas de Cupido, bien merezco gozar al cabo una vida tranquila. Pero si un dios me dijese: «Vive por fin exento de cuitas», le disuadiría: ¡son tan dulces las penas del querer!. (Traducción de Germán Salinas.)

    Tot sine amore viri, tot sunt sine amore puellae! 
         Hinc tibi cum magna laude triumphus eat.
    Roma, nisi inmensum vires promosset in orbem,
         Stramineis esset nunc quoque tecta casis.
    Fessus in acceptos miles deducitur agros;
         Mittitur in saltus carcere liber equus;
    Longaque subductam celant navalia pinum,
         Tutaque deposito poscitur ense rudis.
    Me quoque, qui totiens merui sub amore puellae,
         Defunctum placide vivere tempus erat.
    'Vive' deus 'posito' siquis mihi dicat 'amore!'
         Deprecer — usque adeo dulce puella malum est.

    Tibulo relaciona directamente el futuro de Roma con su nombre profético: “Fatal, oh Roma, tu nombre será al mundo”

    Tibulo 2.5.39 y ss.

    Palabras de la Sibila
    Valiente Eneas que al huir de Troya
    Te llevas sus Penates, ya te asigna
    A ti Jove los campos de Laurento.
    Y ellos abrigo a tus Penates brindan,
    Y allí serás un dios cuando a los cielos
    Te lleve del Numicio la onda fría.
    Sobre tus buques la victoria vuela,
    Mientras una diosa a los de Troya auxilia.
    De los Rútulos arde el campamento;
    Ya, Turno cruel, tu muerte se aproxima;
    Veo a Laurento, de Lavinio el muro,
    Por Ascanio Alba Longa construida,
    Y a tí, que abandonaste a las Vestales
    Por serle grata a Marte, tierna Ilia,
    Tu oculta unión, tu cinto por el suelo,
    Y del Amor las armas en la orilla.
    ¡Oh toros! mientras Roma se construye,
    Paced la verde hierba en sus colinas;
    Fatal tu nombre, ¡oh Roma! será al mundo
    Dondequiera que campos Ceres mira,
    Desde Oriente hasta el río en cuyas ondas
    Hunde el Sol  ya cansada su cuadriga.
    Troya volverá a verse y de tus viajes
    Habrá de consolarse con tu dicha.
    Yo canto la verdad, laurel me nutra;
    Nunca mi castidad mire perdida.”
    Esto, ¡oh Febo! agitando sus cabellos
    Al llamarte cantó la profetisa.

    (Traducción de Joaquín D. Casasus)

    ‘Impiger Aenea, uolitantis frater Amoris,
    Troica qui profugis sacra uehis ratibus,
    iam tibi Laurentes adsignat Iuppiter agros,
    iam uocat errantes hospita terra Lares.
    illic sanctus eris cum te ueneranda Numici
    unda deum caelo miserit indigetem.
    ecce super fessas uolitat Victoria puppes;
    tandem ad Troianos diua superba uenit.
    ecce mihi lucent Rutulis incendia castris:
    iam tibi praedico, barbare Turne, necem.
    ante oculos Laurens castrum murusque Lauini est
    Albaque ab Ascanio condita Longa duce.
    te quoque iam uideo, Marti placitura sacerdos
    Ilia, Vestales deseruisse focos,
    concubitusque tuos furtim uittasque iacentes
    et cupidi ad ripas arma relicta dei.
    carpite nunc, tauri, de septem montibus herbas
    dum licet: hic magnae iam locus urbis erit.
    Roma, tuum nomen terris fatale regendis,
    qua sua de caelo prospicit arua Ceres,
    quaque patent ortus et qua fluitantibus undis
    Solis anhelantes abluit amnis equos.
    Troia quidem tunc se mirabitur et sibi dicet
    uos bene tam longa consuluisse uia.
    uera cano: sic usque sacras innoxia laurus
    uescar, et aeternum sit mihi uirginitas.’
    haec cecinit uates et te sibi, Phoebe, uocauit,

    Virgilio expresa en tres versos la conciencia que el romano tenía de su extraordinaria misión en este mundo. Virgilio pone en boca de Anquises, el padre que el héroe Eneas ha ido a buscar al Inframundo, al Infierno, a los espacios de abajo, la extraordinaria responsabilidad de los romanos. Nos dice en Eneida,6, versos 847 y ss.:

    Labrarán otros con más gracia bronces animados
    (no lo dudo), sacarán rostros vivos del mármol,
    dirán mejor sus discursos, y los caminos del cielo
    trazarán con su compás y describirán el orto de los astros:
    tú, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos
    (éstas serán tus artes), y a la paz ponerle normas,
    perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios.»
    Así, el padre Anquises,

    (Traducción de Rafael Fontán Barreiro. Edit. Alianza)

    Excudent alii spirantia mollius aera,
    credo equidem, vivos ducent de marmore voltus,
    orabunt causas melius, caelique meatus
    describent radio, et surgentia sidera dicent:                             850
    tu regere imperio populos, Romane, memento;
    hae tibi erunt artes; pacisque imponere morem,
    parcere subiectis, et debellare superbos.”

    Propercio también pone en relación urbs y orbis (septem urbs alta iugis, toto quae praesidet orbi) y canta henchido de orgullo el poder de Roma  en una elegía en que presenta el enfrentamiento entre Augusto y Cleopatra, que es lo mismo que decir el enfrentamiento entre dos culturas:

    Elegías, 3, 11, 55 y s.:

    «No debiste, Roma, temerme con este ciudadano tan grande» ;
    habló y su lengua quedó sepultada en continuas libaciones "'.
    La ciudad levantada sobre siete colinas, la que rige todo el
    orbe, temió, aterrorizada por Marte, las amenazas de una mujer.
    Los dioses fundaron estas murallas, los dioses también las
    protegen: César a salvo, Roma apenas puede temer a Júpiter.

    'Non hoc, Roma, fui tanto tibi cive verenda!'
    dixit et assiduo lingua sepulta mero.
    septem urbs alta iugis, toto quae praesidet orbi,
    femineas timuit territa Marte Minas
    (non humana deicienda manu).
    haec di condiderunt, haec di quoque moenia servant:
    vix timeat salvo Caesare Roma Iovem.

    Horacio ve en la propia fortaleza de Roma la razón de su propia ruina por las continuas guerras civiles, de las que está horrorizado; sólo Augusto la rescatará de la autodestrucción implantando la pax romana. En   Epodi 16.1-14:

    En Roma la guerra civil consumiendo ya está la segunda
    generacion: sola la ciudad derrúbase.
    A ella, a la cual destruir no fue dado a los Marsos vecinos
    ni a la amenazante tropa del etrusco
    Pórsena o Capua, que su émula fuera, ni a Espartaco el bravo
    ni a aquellos Alóbroges que fueron traidores
    para la rebelión; a la cual no venció la Germania y sus mozos
    de cerúleos ojos, ni Hánibal odiado
    por nuestros abuelos, perdémosla ahora los hijos impíos
    de sangre maldita. Las fieras su suelo
    poseerán otra vez. Sus cenizas, ¡ay, ay!, la herradura sonora
    pisará del bárbaro por la urbe. Los huesos
    de Qurino, guardados bien hoy contra el viento y el sol,- ¡insolente
    penosa visión!- dispersará.

    (Traducción Manuel Fernández Galiano)

    Altera iam teritur bellis civilibus aetas,
    suis et ipsa Roma viribus ruit.
    quam neque finitimi valuerunt perdere Marsi
    minacis aut Etrusca Porsenae manus,
    aemula nec virtus Capuae nec Spartacus acer
    novisque rebus infidelis Allobrox
    nec fera caerulea domuit Germania pube
    parentibusque abominatus Hannibal:
    inpia perdemus devoti sanguinis aetas
    ferisque rursus occupabitur solum:
    barbarus heu cineres insistet victor et Vrbem
    eques sonante verberabit ungula,
    quaeque carent ventis et solibus ossa Quirini,
    (nefas videre) dissipabit insolens.

    Para Cicerón es evidente que Roma es la ciudad más poderosa y dueña del mundo.
    Ver  Catilinarias 1.4.9.

    ¡Oh dioses inmortales! ¡Entre qué gentes estamos! ¡En qué ciudad vivimos! ¡Qué repú¬blica tenemos! Aquí, aquí están entre nosotros, padres conscriptos, en este consejo, el más sagrado y augus¬to del orbe entero, los que meditan acabar conmigo y con todos vosotros, y con nuestra ciudad y con todo el mundo. Los estoy viendo yo, el cónsul, y les pido su parecer sobre los negocios públicos, y cuando con¬viniera acabar con ellos a estocadas, ni aun con las palabras se les ofende. (Traducción de Juan Bautista Calvo)

    O di inmortales! ubinam gentium sumus? in qua urbe vivimus? quam rem publicam habemus? Hic, hic sunt in nostro numero, patres conscripti, in hoc orbis terrae sanctissimo gravissimoque consilio, qui de nostro omnium interitu, qui de huius urbis atque adeo de orbis terrarum exitio cogitent! Hos ego video consul et de re publica sententiam rogo et, quos ferro trucidari oportebat, eos nondum voce volnero!

    Pro Murena 9-10 (21-22)

    Pero, dejando esto a un lado y volviendo a la confrontación de profesiones y de ocupaciones, ¿cómo puede ponerse en duda que, para conseguir el consulado, confiere muchos más títulos la gloria militar que la que proviene del derecho civil? Tú estás en vela aun antes del amanecer para responder a los que te consultan; él, para llegar a tiempo, con el ejército, al punto de su destino; a ti te despierta el canto del gallo; a él, el toque de la trompeta; tú dispones la acción judicial; él pone las tropas en orden de batalla; tú cuidas de que tus clientes no sean sorprendidos; él, de que no lo sean las ciudades o sus campamentos; él sabe de memoria cómo se aleja a las tropas enemigas; tú, cómo se desvían las aguas producidas por la lluvia; él está adiestrado en ensanchar nuestras fronteras y tú en trazar sus límites. Y -pues debo decirlo como lo pienso- el mérito de la carrera militar aventaja al de las demás profesiones. Ese mérito es el que dio renombre al pueblo romano, el que consiguió para esta ciudad una gloria inmortal, el que obligó al mundo entero a someterse a nuestro poder. Toda la vida urbana, todas esas brillantes ocupaciones nuestras, esta gloria y esta actividad del foro viven bajo la tutela y al amparo del valor militar. Tan pronto ha sonado la sospecha de un levantamiento, al punto nuestras actividades todas van enmudeciendo. (Traducción de Jesús Aspa Cereza. Editorial Gredos.)

    Sed ut hoc omisso ad studiorum atque artium contentionem revertamur, qui potest dubitari quin ad consulatum adipiscendum multo plus adferat dignitatis rei militaris quam iuris civilis gloria? Vigilas tu de nocte ut tuis consultoribus respondeas, ille ut eo quo intendit mature cum exercitu perveniat; te gallorum, illum bucinarum cantus exsuscitat; tu actionem instituis, ille aciem instruit; tu caves ne tui consultores, ille ne urbes aut castra capiantur; ille tenet et scit ut hostium copiae, tu ut aquae pluviae arceantur; ille exercitatus est in propagandis finibus, tuque in regendis. Ac nimirum–dicendum est enim quod sentio–rei militaris virtus praestat ceteris omnibus. Haec nomen populo Romano, haec huic urbi aeternam gloriam peperit, haec orbem terrarum parere huic imperio coegit; omnes urbanae res, omnia haec nostra praeclara studia et haec forensis laus et industria latet in tutela ac praesidio bellicae virtutis. Simul atque increpuit suspicio tumultus, artes ilico nostrae conticiscunt. 

    Ad Familiares. 4.1.2. / 150 (IV 1)

    (En la finca de Cumas, 21 o 22 de abril de 49)1208
    Marco Ciceron saluda a Servio Sulpicio.1209
    Ya ves cual es el panorama: el mundo arde en guerra por un reparto de poder; sin leyes, sin tribunales, sin derecho y sin garantias, Roma ha quedado abandonada a la rapina y a los incendios. Asi pues, no solo no puedo imaginar que es lo que yo podria esperar, sino que apenas me hago ya una idea de que puedo atreverme a escoger.
    (Traducción de José A. Beltrán)

    Res vides quomodo se habeat: orbem terrarum imperiis distributis ardere bello; urbem sine legibus, sine iudiciis, sine iure, sine fide relictam direptioni et incendiis: itaque mihi venire in mentem nihil potest non modo, quod sperem, sed vix, iam quod audeam optare;


    Paradoxa Stoicorum. 2.18

    ¿Me amenazas por ventura con la muerte para que de todo me aparte de los hombres, o con el destierro para que me aparte de los malos? La muerte es terrible para aquellos a quienes todo se les acaba con la vida; mas no a aquellos cuya alabanza no puede perecer: el destierro atemoriza a aquellos que tienen como circunscripto y limitado el lugar de su morada; no a aquellos que creen que toda la redondez de la
    tierra es una sola ciudad
    . (Traducción de Manuel Valbuena)

    Mortemne mihi minitaris, ut omnino ab hominibus, an exilium, ut ab inprobis demigrandum sit? Mors terribilis iis, quorum cum vita omnia extinguuntur, non iis, quorum laus emori non potest, exilium autem illis, quibus quasi circumscriptus est habitandi locus, non iis, qui omnem orbem terrarum unam urbem esse ducunt.

    Y también para Nepote, en vida de  Atticus, 3.3

    Era su porte de una manera, que sabiendo ser pequeño con los pequeños, parecía grande con los grandes.  Por esto las Atenienses le dieron todos los honores que pudieron, y pretendieron hacerle su ciudadano. Mas él no quiso admitir este favor, porque algunos son de opinión de que se pierde el derecho de serlo de Roma, si se admite el de otra ciudad.

    El tiempo que estuvo allí, no quiso consentir que le erigiesen estatua; mas después que se ausentó, como ya no lo podía estorbar, le levantaron algunas en los lugares más sagrados Pnice y Pecile. Porque Ático, mientras estuvo allí, era el que resolvía y gobernaba todos los asuntos de la República. Fue pues don de la fortuna haber nacido en una ciudad que mandaba al orbe, y tener por patria a la señora universal del mundo, y fue también una gran prueba de la prudencia de Ático haberse hecho amar más que ninguno, en una ciudad como Atenas, superior a todas las otras por su antigüedad, cortesanía y sabiduría. (Traducción de Rodrigo de Oviedo)

    Hic autem sic se gerebat, ut communis infimis, par principibus videretur. quo factum est ut huic omnes honores, quos possent, publice haberent civemque facere studerent: quo beneficio ille uti noluit quod nonnulli ita interpretantur, amitti civitatem Romanam alia ascita. [2] quamdiu affuit, ne qua sibi statua poneretur, restitit, absens prohibere non potuit. itaque aliquot ipsi et Phidiae locis sanctissimis posuerunt: hunc enim in omni procuratione rei publicae actorem auctoremque habebant potissimum. [3] igitur primum illud munus fortunae, quod in ea urbe natus est, in qua domicilium orbis terrarum esset imperii, ut eandem et patriam haberet et domum; hoc specimen prudentiae, quod, cum in eam se civitatem contulisset, quae antiquitate, humanitate doctrinaque praestaret omnes, unus ei fuit carissimus.

    También  Tito Livio, que escribió una historia general de Roma desde sus orígenes, que en consecuencia tituló “Ab urbe condita” (Desde la fundación de la ciudad), nos explica por qué se atreve a abordar una obra de tal envergadura: sin duda el pueblo más poderoso jamas habido y su emperador, en el momento Augusto, se lo merecen. Nos dice en el Prefacio de su obra:

    Ignoro si aprovecharía mucho escribir la historia del pueblo romano desde su origen; y si no lo ignorase no me atrevería a decirlo, sobre todo cuando considero lo antiguos que son algunos hechos, y lo conocidos, merced a la muchedumbre de escritores que incesantemente se renuevan, y que pretenden, o presentarlos con mayor exactitud, o que oscurecen con las galas del estilo la ruda sencillez de la antigüedad. Pero sea como quiera, tendré al menos la satisfacción de haber contribuido a perpetuar la memoria de las grandes cosas llevadas a cabo por el pueblo más grande de la tierra; y si mi nombre desaparece entre tantos escritores, me consolarán el brillo y la fama de los que me obscurezcan. Es además labor inmensa consignar hechos realizados en un periodo de más de setecientos años, tomando por punto de partida los obscuros principios de Roma, y seguirla en su progreso hasta esta última época en que comienza a doblegarse bajo el peso de su misma grandeza; temo, por otra parte, que los principios de Roma y los periodos a ellos inmediatos tengan poco atractivo para los lectores, impacientes por llegar a las épocas modernas, en que el poderío por harto tiempo soberano, torna sus fuerzas contra si miso. Por ni parte, un provecho obtendré de este trabajo: el de abstraerme del espectáculo de los males que por tantos años ha presenciado nuestro tiempo, ocupando por completo mi atención en el estudio de la historia antigua y viéndome libre de los temores que, sin apartar de la verdad al escritor, consiguen sin embargo fatigarle. (Traducción de Francisco Navarro)

    facturusne operae pretium sim, si a primordio urbis res populi Romani perscripserim, nec satis scio nec,  si sciam, dicere ausim, quippe qui cum veterem tum vulgatam esse rem videam, dum novi semper scriptores aut in rebus certius aliquid allaturos se aut scribendi arte rudem vetustatem superaturos credunt. utcumque erit,  iuvabit tamen rerum gestarum memoriae principis terrarum populi pro virili parte et ipsum consuluisse; et si in tanta scriptorum turba mea fama in obscuro sit, nobilitate ac magnitudine eorum me, qui nomini officient meo, consoler.  res est praeterea et inmensi operis, ut quae supra septingentesimum annum repetatur et quae ab exiguis profecta initiis eo creverit, ut iam magnitudine laboret sua; et legentium plerisque haud dubito quin primae origines proximaque originibus minus praebitura voluptatis sint festinantibus ad haec nova, quibus iam pridem praevalentis populi vires se ipsae conficiunt;  ego contra hoc quoque laboris praemium petam, ut me a conspectu malorum, quae nostra tot per annos vidit aetas, tantisper certe, dum prisca illa tota mente repeto, avertam,  omnis expers curae, quae scribentis animum etsi non flectere a vero, sollicitum tamen efficere posset.

    Y poco después nos informa que así fue vaticinado, en Livio, 1,16,6-7, cuando nos narra la desaparición y previsible subida a los cielos de Rómulo,  y nos dice:

    Estaba la ciudad desazonada, porque echaba de menos al rey, y en contra de los senadores, cuando Proculo Julio, hombre de peso segun dicen, aunque avalase un acontecimiento fuera de lo comun, se presenta a los reunidos y dice: ≪Quirites: Rómulo, padre de esta ciudad, al rayar hoy el alba ha descendido, repentinamente del cielo y se me ha aparecido. Al ponerme en pie, sobrecogido de temor, dispuesto a venerarlo, rogándole que me fuese permitido mirarle cara a cara, me ha dicho: ‘Ve y anuncia a los romanos que es voluntad de los dioses que mi Roma sea la capital del orbe; que practiquen por consiguiente el arte militar; que sepan, y asi lo transmitan a sus descendientes, que ningun poder humano puede resistir a las armas romanas.’ Dicho esto —dijo—, desaparecio por los aires.≫ Es sorprendente el credito tan grande que se dio a aquel hombre al hacer esta comunicacion y lo que se mitigó, entre el pueblo y el ejercito, la anoranza de Romulo con la creencia en su inmortalidad. (Traducción de José Antonio Villar Vidal. Editorial Gredos.)

    manavit enim haec quoque sed perobscura fama; illam alteram admiratio viri et pavor praesens nobilitavit. [5] et consilio etiam unius hominis addita rei dicitur fides. namque Proculus Iulius, sollicita civitate desiderio regis et infensa patribus, gravis, ut traditur, quamvis magnae rei auctor, in contionem prodit. [6] “Romulus” inquit, “Quirites, parens urbis huius, prima hodierna luce caelo repente delapsus se mihi obvium dedit. cum perfusus horrore venerabundus3 adstitissem, petens precibus ut contra intueri fas esset, [7?] 'Abi, nuntia,' inquit 'Romanis caelestes ita velle ut mea Roma caput orbis terrarum sit; proinde rem militarem colant, sciantque et ita posteris tradant nullas opes humanas armis Romanis resistere posse.' haec,” inquit, “locutus sublimis abiit.” [8] mirum quantum illi viro nuntianti haec fides fuerit, quamque desiderium Romuli [p. 60] apud plebem exercitumque facta fide inmortalitatis4 lenitum sit.

    Lucano, en su Farsalia, nos presenta a César hablando a Roma deificada, coronada con la corona de torres:

    Lucano, Farsalia 1, 183 y ss.

    Ya César en su marcha había rebasado los helados Alpes y concebido en su espíritu grandes levantamientos y una guerra inminente. Cuando se llegó a las aguas del insignificante Rubicón, el general tuvo la visión de una gigantesca figura de la patria estremecida: brillante en la oscuridad de la noche y con una gran tristeza en el rostro, derramando sus blancos cabellos desde una cabeza coronada de torres, se erguía con la cabellera ajada y decía entrecortada de sollozo!;: ¿Hacia dónde seguís avanzando? ¿Adónde lleváis, guerreros, unas enseñas que son mías? Si marcháis con arreglo al derecho, si como ciudadanos, hasta aquí y sólo hasta aquí os está permitido.. Entonces un escalofrío sacudió los miembros del general, se le erizaron los cabellos y, estorbando su marcha, una miedosa vacilación paralizó sus pies al borde de la ribera. Luego, dijo: “¡Oh tú, señor del trueno, que desde lo alto de la roca Tarpeya contemplas las murallas de la Ciudad, y vosotros, Penates frigios de la familia Julia,  Quirino, misteriosamente arrebatado , Júpiter Laciar, que resides en la encumbrada Alba , fuegos de Vesta y tú, oh Roma, parigual de la divinidad suprema, favorece mis empresas! No te persigo con las armas de las Furias; heme aquí, aquí estoy yo, César, vencedor por tierra y por mar, soldado a tu servicio en todas partes (y, si se me permite, también ahora). Aquel, el culpable será aquel que me convirtiere en tu enemigo.” (Traducción de Antonio Holgado Redondo. Editorial Gredos.)

    iam gelidas Caesar cursu superauerat Alpes
    ingentisque animo motus bellumque futurum
    ceperat. ut uentum est parui Rubiconis ad undas,                 
    ingens uisa duci patriae trepidantis imago
    clara per obscuram uoltu maestissima noctem
    turrigero canos effundens uertice crines
    caesarie lacera nudisque adstare lacertis
    et gemitu permixta loqui: 'quo tenditis ultra?                 
    quo fertis mea signa, uiri? si iure uenitis,
    si ciues, huc usque licet.' tum perculit horror
    membra ducis, riguere comae gressumque coercens
    languor in extrema tenuit uestigia ripa.
    mox ait 'o magnae qui moenia prospicis urbis                 
    Tarpeia de rupe Tonans Phrygiique penates
    gentis Iuleae et rapti secreta Quirini
    et residens celsa Latiaris Iuppiter Alba
    Vestalesque foci summique o numinis instar
    Roma, faue coeptis. non te furialibus armis                 
    persequor: en, adsum uictor terraque marique
    Caesar, ubique tuus (liceat modo, nunc quoque) miles.
    ille erit ille nocens, qui me tibi fecerit hostem.'

    Y así podría continuar poniendo ejemplos.

    (continuará…)

  • Prodigios, milagros, maravillas, portentos, fenómenos, monstruos y (II)

    Entre los prodigios que más impresionan a los romanos, sobresalen sobremanera los rayos que Júpiter maneja con profusión y las constantes apariciones de seres divinos a los humanos envueltos en luces y halos maravillosos. La aparición de alguna diosa a pequeños pastorcillos está ya documentada en un texto egipcio de la época del Imperio Medio, entre el 2.000 y el 1.800 a.C.

    Sobresalen también acciones de las imágenes y de las estatuas o representaciones de los seres divinos, que se comportan como si fueran de carne y hueso y no de piedra, madera o metal. Especialmente atractivas son las estatuas que hablan y envían mensajes a los humanos, o sudan, a veces  sangre, o saltan y se mueven de su peana o iluminan la pupila de sus ojos con luz maravillosa.

    Este comportamiento de las imágenes  responde al carácter difuso y confuso de estas estatuas que por una parte son meras representaciones de algo que no está en este mundo y por otra parte son la propia divinidad materializada que vive con nosotros. Es decir, la famosa estatua crisoelefantina de Atenea Parthenos, Virgen, de Atenas, no es una mera representación, sino la propia diosa materializada.

    Y lo mismo ocurre hoy con las imágenes de santos y vírgenes modernas, como revela el comportamiento popular que las venera, las toca, las invoca, les canta, les ruega, en contradicción con lo que dice la razón, incluso la teoría teológica, que en realidad poco hace por informar debidamente al pueblo fiel.

    Pues bien, estos efectos tan especiales son aprovechados frecuentemente por los poetas. Daré tan sólo dos ejemplos del indiscutible Virgilio y otro de nuestro poeta de origen hispano Lucano. Después presentaré un famoso texto de Plinio el Joven sobre la aparición de una señora de gran estatura y prestancia y de los fantasmas, al que también se refiere Táctio en sus Anales
    Citaré también un pasaje de La Ciudad de Dios de San Agustín, en el que se refiere y descalifica estas supersticiones. 

    En el caso de este  último autor llama poderosamente la atención la clarividencia con la que analiza las supercherías de los ajenos y la seguridad con la que acepta las supercherías propias; sin duda un lector ajeno a nuestra cultura no apreciaría diferencia alguna entre las creencias de los paganos y las creencias de los cristianos; de hecho, históricamente estas últimas se alimentan absolutamente de las primeras.

    Hoy como ayer las estatuas de los seres divinos siguen llorando, iluminando sus pupilas, saltando de las peanas, apareciéndose a los pastores, enviando mensajes, mucha veces encriptados a los mortales. Lean con atención la prensa del día y encontrarán que en algún lugar del mundo alguien afirma haber chocado con algún fenómeno de los descritos. En esa lucha entre la razón y el misterio, sigue en alto la confrontación.

    En la poesía épica griega y también en la romana, los dioses son actores en permanente relación con los mortales, en cuyas disputas toman partido por unos o por otros.

    Presentaré primero un texto del poeta hispano Lucano en el que aprovecha al máximo la emoción que estos prodigios puede generar en sus crédulos lectores. El texto es un fragmento de su poema Bellum Civile, llamado luego “La Farsalia” por el nombre de la batalla decisiva en la guerra civil entre César y Pompeyo previa a la imposición de un régimen personal y autoritario en Roma, acabando así con el largo periodo republicano y dando entrada a la época imperial. En este fragmento, entre otros prodigios, los dioses derraman lágrimas y los dioses Lares sudan.

    Marcus Annaeus Lucanus, Bellum Civile 1.1 verso 544 y ss.

    El feroz Múlciber abrió el cráter del Etna siciliano y no empujó las llamas hacia el cielo, sino que, con la inclinación de la cúspide, la lava ardiente cayó contra el flanco de Italia. La negra Caribdis volteó desde sus abismos un mar de sangre; lastimeros aullidos lanzaron los sañudos perros de Escila. Del altar de Vesta fue retirado el fuego, y su llama,  que manifiesta el acabamiento de las ferias latinas se escinde en dos partes y se eleva en un doble ápice, imitando la pira tebana. Entonces la tierra se desplazó de su eje y los Alpes, al tambalearse sus cimas, sacudieron a uno y otro lado sus nieves de siglos. Tetis, acreciendo el caudal de sus aguas, cubrió la hispánica Calpe y la cumbre del Atlas. Sabemos que lloraron las estatuas de los dioses indigetes  y que las de los Lares, con su sudor, atestiguaron el apuro de la ciudad; que los exvotos cayeron al suelo en sus templos; que siniestras aves ensuciaron el día y que las fieras, dejando las selvas al anochecer, establecieron audaces sus cubiles en el centro de Roma. Además hubo lenguas de animales con facilidad para pronunciar sonidos humanos; partos monstruosos entre los hombres por el número y la dimensión de los miembros: a la madre le dio miedo su propio hijo; y los siniestros vaticinios de la profetisa de Cumas se divulgan entre el pueblo. Al tiempo, los sacerdotes con tajos en los brazos, a quienes agita la salvaje Belona  proclaman los designios de los dioses, y los galos, haciendo girar su cabellera sanguinolenta, aullaron presagios funestos para las gentes. Urnas funerarias repletas de huesos allí enterrados emitieron lamentos. Entonces se oyó fragor de armas, y grandes gritos por los parajes intransitados de los bosques, y apariciones que se venían a las manos. Los que cultivan los campos pegados al borde de las murallas huyeron en desbandada: una Furia gigantesca daba vueltas a la ciudad, sacudiendo hacia abajo un pino con la punta encendida, a más de sus cabellos estridentes, cual la Euménide que empujó a la tebana Ágave o la que volteó los dardos del cruel Licurgo, O como, por orden de Juno, rencorosamente injusta, Megera infundió pavor al Alcida, por más que ya hubiera visto a Dite. Resonaron trompetas y, como es de enorme el griterío de las cohortes que entrechocan, ese mismo estruendo despidió la negra noche, pese al silencio de las auras. Pareciendo surgir de en medio del Campo de Marte, los manes de Sila vaticinaron funestos presagios y, a su vez, alzando su cabeza junto a las heladas aguas del Anio, hecho trizas su sepulcro, Mario puso en fuga a unos campesinos.

    En vista de estos prodigios pareció oportuno, conforme a una añeja costumbre, hacer venir adivinos etruscos. De ellos, el más entrado en años, Arrunte, que habitaba el recinto amurallado de Luca, abandonada, bien instruido en los zigzagueos del rayo y en las venas aún calientes de las vísceras y en los avisos del vuelo que va y viene en el aire, ordena primeramente quitar de en medio los monstruos que la naturaleza, en desacuerdo con sus leyes, había producido sin semilla alguna  y quemar en infaustas llamas los fetos abominables de vientres estériles. Luego, ordena a los amedrentados ciudadanos dar una vuelta completa a la ciudad y que, purificando los muros con solemne ceremonia lustral,  den también la vuelta a todo lo largo del pomerio , por sus bordes extremos, los pontífices, a quienes está asignado el privilegio de las celebraciones rituales. Siguen multitud de sacerdotes de menor rango, ataviados al estilo gabino, y abre la fila de las Vestales, coronada de bandeletas, la sacerdotisa, la única a la que es lícito contemplar la imagen de la Minerva Troyana. A continuación los que custodian los hados divinos y los oráculos misteriosos y retiran la imagen de Cibeles, una vez bañada en el exiguo Almón,  y el augur, ducho en observar las aves que vuelan por la izquierda; y el septénviro, encargado de los banquetes rituales;; y la cofradía de los ticios; y el salio, que lleva a la espalda con alegría los escudos sagrados, y el flamen, que alza el ápice en su noble cabeza. Y mientras ellos desfilan en torno a la ciudad que se extiende en largas sinuosidades, Arrunte recoge los fuegos diseminados del rayo, 1os entierra musitando una lúgubre letanía y asigna a aquellos lugares la protección de una divinidad; luego, acerca a las sagradas
    aras un toro de cerviz bien escogida. Ya había comenzado a derramar el vino y a aplicar la harina salada con la hoja del cuchillo en sesgo, y la víctima, que oponía larga resistencia a un sacrificio nada agradable, cuando los ministros del culto, recogiéndose la ropa, sujetaron sus cuernos amenazantes, dobladas por fin las rodillas, ofrecía su cuello vencido. Pero no saltó la sangre de costumbre, sino que de la ancha herida se desparramó, en lugar de sangre roja, un sucio flujo de mal agüero. Empalideció Arrunte, pasmado ante el sacrificio funesto, e indagó la cólera de los dioses en las entrañas extraídas febrilmente. Ya el color mismo llenó de pánico al adivino; en efecto, las vísceras pálidas, pero moteadas de negras manchas e infectadas por coágulos sanguinosos, abigarraban con salpicaduras de sangre su extraordinaria lividez. Observa el hígado empapado de podre y ve las venas amenazantes por la parte hostil.  Queda oculta la fibra del pulmón jadeante y una pequeña fisura corta las zonas vitales. El corazón está aplomado, las vísceras expelen sangraza por unas grietas abiertas y los intestinos revelan sus ocultas cavidades. Y -prodigio funesto que nunca apareció en las entrañas impunemente- helo aquí: observa que en la cabeza del hígado ha crecido la protuberancia de otra cabeza; una parte cuelga enfermiza y fláccida, otra irradia salud y mueve sin compasión las venas con rápidas pulsiones. Cuando por estos signos comprendió la fatalidad de grandes desgracias, exclama: “Apenas me es lícito, oh dioses del cielo, revelar a las gentes todo lo que estáis maquinando; pues no he celebrado en tu honor, supremo Júpiter, este sacrificio: los dioses infernales han venido al pecho de este toro inmolado. Indecibles calamidades tememos, pero sobrevendrán mayores aún de lo que tememos. ¡Que los dioses tomen favorable lo que he visto y que no merezcan ningún crédito las vísceras, sino que eso sea una impostura de Tages, fundador de esta ciencia”.  Así vaticinaba el etrusco, envolviendo sus presagios en palabras sinuosas y velándolos con múltiples ambages.
    (Traducción de Antonio Holgado Redondo.Editorial Gredos)

    ora ferox Siculae laxauit Mulciber Aetnae,                
    nec tulit in caelum flammas sed uertice prono
    ignis in Hesperium cecidit latus. atra Charybdis
    sanguineum fundo torsit mare; flebile saeui
    latrauere canes. Vestali raptus ab ara
    ignis, et ostendens confectas flamma Latinas  
    scinditur in partes geminoque cacumine surgit 
    Thebanos imitata rogos. tum cardine tellus 
    subsedit, ueteremque iugis nutantibus Alpes 
    discussere niuem. Tethys maioribus undis 
    Hesperiam Calpen summumque inpleuit Atlanta.  
    indigetes fleuisse deos, urbisque laborem 
    testatos sudore Lares, delapsaque templis 
    dona suis, dirasque diem foedasse uolucres 
    accipimus, siluisque feras sub nocte relictis 
    audaces media posuisse cubilia Roma.  
    tum pecudum faciles humana ad murmura linguae, 
    monstrosique hominum partus numeroque modoque 
    membrorum, matremque suus conterruit infans; 
    diraque per populum Cumanae carmina uatis 
    uolgantur. tum, quos sectis Bellona lacertis 
    saeua mouet, cecinere deos, crinemque rotantes 
    sanguineum populis ulularunt tristia Galli. 
    conpositis plenae gemuerunt ossibus urnae.
    tum fragor armorum magnaeque per auia uoces
    auditae nemorum et uenientes comminus umbrae.               
    quique colunt iunctos extremis moenibus agros
    diffugiunt: ingens urbem cingebat Erinys
    excutiens pronam flagranti uertice pinum
    stridentisque comas, Thebanam qualis Agauen
    inpulit aut saeui contorsit tela Lycurgi                 
    Eumenis, aut qualem iussu Iunonis iniquae
    horruit Alcides uiso iam Dite Megaeram.
    insonuere tubae et, quanto clamore cohortes
    miscentur, tantum nox atra silentibus auris
    edidit. e medio uisi consurgere Campo                
    tristia Sullani cecinere oracula manes,
    tollentemque caput gelidas Anienis ad undas
    agricolae fracto Marium fugere sepulchro.
    haec propter placuit Tuscos de more uetusto
    acciri uates.

    Resulta  muy interesante el fragmento de la Eneida de Virgilio en el que relata la reacción de la imagen de Palas, el Paladión, que había sido robada de su templo por Ulises y el hijo de Tideo. El texto nos puede servir también para comparar el tono épico, elevado, solemne con el dramatismo y barroquismo de Lucano; pero este es otro tema.

    Publio Virgilio Marón: Eneida, 2, v. 162 y ss.

    Toda la esperanza de los Dánaos, y su confianza en la emprendida guerra, estribaron siempre en los auxilios de Palas; pero desde que el impío hijo de Tideo y Ulises, inventor de maldades, acometieron sustraer del sacro templo el fatal Paladión, después de haber dado muerte a los guardias del sumo alcázar, y arrebataron a la sacra efigie, y con ensangrentadas manos osaron tocar las virginales ínfulas de la deidad, empezaron a decaer y se desvanecieron aquellas esperanzas, y se quebrantaron sus fuerzas, apartada ya de ellos la protección de la diosa.

    Pronto dio Tritonia manifiestas y horribles señales de su cólera; apenas se colocó su estatua en el campamento, ardieron rechinantes llamas en sus ojos, clavados en nosotros, y por todos sus miembros corrió un sudor salado, y tres veces ¡oh prodigio! se levantó por sí sola del suelo blandiendo el broquel y la trémula lanza. Al punto Calcas anuncia que es preciso cruzar los mares y huir, pues Pérgamo no puede ser debelado por las armas argólicas, si no vuelven a Argos a renovar sus votos, y de nuevo se llevan al numen que trajeron consigo por el mar en sus huecas naves. Y ahora que, impelidos por el viento, han llegado al patrio suelo de Micenas, aprestan sus armas y solicitan el favor de los dioses para volver de improviso surcando nuevamente el mar; así interpretó Calcas la voluntad de los númenes. (Traducción de Eugenio de Ochoa, 1815–1872)

    Omnis spes Danaum et coepti fiducia belli
    Palladis auxiliis semper stetit. impius ex quo 
    Tydides sed enim scelerumque inuentor Vlixes, 
    fatale adgressi sacrato auellere templo  
    Palladium caesis summae custodibus arcis, 
    corripuere sacram effigiem manibusque cruentis 
    uirgineas ausi diuae contingere uittas, 
    ex illo fluere ac retro sublapsa referri 
    spes Danaum, fractae uires, auersa deae mens. 
    nec dubiis ea signa dedit Tritonia monstris. 
    uix positum castris simulacrum: arsere coruscae 
    luminibus flammae arrectis, salsusque per artus 
    sudor iit, terque ipsa solo (mirabile dictu) 
    emicuit parmamque ferens hastamque trementem. 
    extemplo temptanda fuga canit aequora Calchas, 
    nec posse Argolicis exscindi Pergama telis 
    omina ni repetant Argis numenque reducant 
    quod pelago et curuis secum auexere carinis. 
    et nunc quod patrias uento petiere Mycenas,  
    arma deosque parant comites pelagoque remenso

    Interesante es también el final que nos ofrece Virgilio del libro I de sus Geórgicas. Nos recuerda las señales que anunciaron los pavorosos horrores de la guerra civil y ruega a los dioses que protejan a Roma y garanticen su época de paz y esplendor.

    Virgilio, Geórgicas, 1, v.463 y ss.

    ¿Quién osará llamar falaz al sol? También muchas veces nos declara que amenazan secretos tumultos, que se fraguan amaños y ocultas guerras. También se compadeció de Roma, muerto César, cuando veló su nítida cabeza con ferruginosa niebla y el impío siglo temió una eterna noche. En aquel tiempo daban igualmente señales la tierra y las aguas del mar, y los infaustos perros y las aves importunas. ¡Cuántas veces vimos al Etna, rotos sus hornos, derramar sus hirvientes olas por los campos de los Cíclopes, vomitando globos de llamas y peñascos derretidos! La Germania oyó por todo el cielo estruendo de armas; retemblaron los Alpes con insólitos movimientos; también se oyó muchas veces una gran voz en medio de los callados bosques. y se vieron al anochecer pálidos fantasmas de maravilloso aspecto, y hablaron las bestias, ¡cosa horrible!, y se pararon las corrientes de los ríos y se entreabrió la tierra, y lloró en los templos el marfil desolado y sudaron los bronces. El Erídano, rey de los ríos, arrastrando las selvas en furioso remolino, se derramó por las vegas, llevándose los ganados con sus majadas. En aquel tiempo, las entrañas de las tristes víctimas sacrificadas no cesaron de presentar agüeros amenazadores ni los pozos de manar sangre ni las ciudades de resonar por la noche con grandes aullidos de lobos. Jamás cayeron de un cielo sereno tantos rayos ni ardieron tantos horribles cometas Por eso, los campos de Filipos vieron por segunda vez a las haces romanas cruzar en fiera lid sus armas fraternales; por eso consintieron los dioses que dos veces abonase nuestra sangre la Ematia y las dilatadas campiñas del Hemo. Día vendrá en que el labrador, al revolver la tierra con el corvo arado en aquellos confines, hallará dardos corroídos por el áspero orín, y hará resonar con los pesados rastros yelmos vacíos, y se pasmará al ver en los excavados sepulcros huesos giganteos.

    ¡Oh dioses patrios, oh dioses tutelares, oh Rómulo y oh madre Vesta, que velas por el toscano Tíber y los palacios romanos. no impidáis a lo menos que este mancebo venga en ayuda del revuelto siglo presente!, bastante hemos pagado, ya ha tiempo con nuestra sangre los perjuicios de Troya Laomedontea. Tiempo ha ya, ¡oh César!, que la mansión de los dioses te envidia a nosotros y se queja de que tengas en mucho los honores triunfales que te dan los hombres. Por doquiera andan confundidos lo lícito y lo ilícito; todo es guerras en el mundo, los crímenes son innumerables; deshonra parece manejar el arado; los campos están yermos, privados de sus labradores, y las corvas hoces se forjan para servir de terribles espadas. Aquí el Éufrates, allí la Germania, nos mueven guerra: las ciudades comarcanas, rotos los pactos, hacen armas unas contra otras; por todo el orbe derrama sus furores el impío Marte; tal, cuando se lanzan de la barrera las cuadrigas, cobran en el circo nuevo brío, y tirando en vano de las riendas, el auriga se ve arrebatado por los caballos y el carro no obedece al freno. (Traducción de Eugenio de Ochoa)

    …. Solem quis dicere falsum
    audeat. Ille etiam caecos instare tumultus
    saepe monet fraudemque et operta tumescere bella.
    Ille etiam exstincto miseratus Caesare Romam,
    cum caput obscura nitidum ferrugine texit
    inpiaque aeternam timuerunt saecula noctem.
    Tempore quamquam illo tellus quoque et aequora ponti
    obscenaeque canes inportunaeque volucres
    signa dabant. Quotiens Cyclopum effervere in agros
    vidimus undantem ruptis fornacibus Aetnam
    flammarumque globos liquefactaque volvere saxa!
    Armorum sonitum toto Germania caelo
    audiit, insolitis tremuerunt motibus Alpes.
    Vox quoque per lucos volgo exaudita silentis
    ingens et simulacra modis pallentia miris
    visa sub obscurum noctis, pecudesque locutae,
    infandum! sistunt amnes terraeque dehiscunt
    et maestum inlacrimat templis ebur aeraque sudant.
    Proluit insano contorquens vertice silvas
    fluviorum rex Eridanus camposque per omnis
    cum stabulis armenta tulit. Nec tempore eodem
    tristibus aut extis fibrae adparere minaces
    aut puteis manare cruor cessavit et altae
    per noctem resonare lupis ululantibus urbes.
    Non alias caelo ceciderunt plura sereno
    fulgura nec diri totiens arsere cometae.
    ergo inter sese paribus concurrere telis
    Romanas acies iterum videre Philippi;
    nec fuit indignum superis, bis sanguine nostro
    Emathiam et latos Haemi pinguescere campos.
    Scilicet et tempus veniet, cum finibus illis
    agricola incurvo terram molitus aratro
    exesa inveniet scabra robigine pila
    aut gravibus rastris galeas pulsabit inanis
    grandiaque effossis mirabitur ossa sepulchris.
    Di patrii, Indigetes, et Romule Vestaque mater,
    quae Tuscum Tiberim et Romana Palatia servas,
    hunc saltem everso iuvenem succurrere saeclo
    ne prohibete! Satis iam pridem sanguine nostro
    Laomedonteae luimus periuria Troiae;
    iam pridem nobis caeli te regia, Caesar,
    invidet atque hominum queritur curare triumphos;
    quippe ubi fas versum atque nefas: tot bella per orbem,
    tam multae scelerum facies; non ullus aratro
    dignus honos, squalent abductis arva colonis
    et curvae rigidum falces conflantur in ensem.
    Hinc movet Euphrates, illinc Germania bellum;
    vicinae ruptis inter se legibus urbes
    arma ferunt; saevit toto Mars inpius orbe;
    ut cum carceribus sese effudere quadrigae,
    addunt in spatia et frustra retinacula tendens
    fertur equis auriga neque audit currus habenas.

    Otros prodigio de gran impacto entre los antiguos son, como dije, las apariciones de los seres divinos. Como también dije, hay constancia de la aparición de una diosa egipcia a un pastor en un relato que tenemos incompleto de tan sólo 25 líneas; en él el pastor cuenta a sus compañeros el encuentro con una mujer que no tenía aspecto de mortal.. Este prodigio no ha dejado de repetirse periódicamente hasta nuestros días. En otro momento dedicaré un artículo a este tema.

    Pero quiero ahora referirme a otra aparición que puede recordarnos alguna moderna. Nos lo cuentan con total naturalidad Plinio el Joven en una famosa carta sobre la existencia o no de los fantasmas y el historiador Tácito. Me refiero a la aparición de “una mujer de estatura sobrehumana a Curcio Rufo anunciándole que  volvería a África como cónsul electo.

    Transcribo entera por su interés la carta de Plinio el Joven: Epistula 7,27:

    Gayo Plinio saluda a su amigo Sura.

    La falta de ocupaciones me brinda a mí la oportunidad de aprender y a ti la de enseñarme. De esta forma, me gustaría muchísimo saber si crees que los fantasmas existen y tienen forma propia, así como algún tipo de voluntad, o, al contrario, si son sombras vacías e irreales que toman forma por efecto de nuestro propio miedo.

    A que crea que existen los fantasmas me mueve sobre todo esto que he oído que le ocurrió a Curcio Rufo. Todavía joven y desconocido había formado parte del séquito del nuevo gobernador de la provincia de África. Al declinar el día paseaba por el pórtico: le sale al paso la figura humana de una mujer muy alta y hermosa. Ante su estupor ella le dijo que era África, mensajera de las cosas futuras. Le dijo también que él iría a Roma, que llevaría a cabo su carrera política y que volvería a esta misma provincia con el poder supremo, donde finalmente moriría.  Todas estas cosas se cumplieron. Pasado el tiempo, cuando llegaba a Cartago y salía de la nave se cuenta que se le apareció la misma figura en la playa. Como él mismo había sido presa de la enfermedad, tras augurar la adversidad que le esperaba en relación con las cosas buenas ya cumplidas, abandonó su esperanza de curación a pesar de que ninguno de los suyos la había perdido.
    ¿Pero no es acaso más terrorífico y no menos admirable lo que voy a exponer ahora, tal como me lo contaron?  Había en Atenas una casa espaciosa y profunda, pero tristemente célebre e insalubre. En el silencio de la noche se oía un ruido y, si prestabas atención, primero se escuchaba el estrépito de unas cadenas a lo lejos, y luego ya muy cerca: a continuación aparecía una imagen, un anciano consumido por la flacura y la podredumbre, de larga barba y cabello erizado; llevaba grilletes en los pies y cadenas en las manos que agitaba y sacudía. A consecuencia de esto, los que habitaban la casa pasaban en vela tristes y terribles noches a causa del temor; la enfermedad sobrevenía al insomnio y, al aumentar el miedo, la muerte, pues, aun en el espacio que separaba una noche de otra, si bien la imagen había desaparecido, quedaba su memoria impresa en los ojos, de manera que el temor se prolongaba aún más allá de sus propias causas. Así pues, la casa quedó desierta y condenada a la soledad, abandonada completamente a merced de aquel monstruo; aún así estaba puesta a la venta, por si alguien, no enterado de tamaña calamidad, quisiera comprarla o tomarla en alquiler.

    Llega a Atenas el filósofo Atenodoro, lee el cartel y una vez enterado del precio, como su baratura era sospechosa, le dan razón de todo lo que pregunta, y esto, lejos de disuadirle, le anima aún más a alquilar la casa. Una vez comienza a anochecer, ordena que se le extienda el lecho en la parte delantera, pide tablillas para escribir, un estilo y una luz; a todos los suyos les aleja enviándoles a la parte interior, y él mismo dispone su ánimo, ojos y mano al ejercicio de la escritura, para que su mente, desocupada, no se imaginara ruidos supuestos ni miedos sin fundamento. Al principio, como en cualquier parte, tan sólo se percibe el silencio de la noche, pero después la sacudida de un hierro y el movimiento de unas cadenas: el filósofo no levanta los ojos, ni tampoco deja su estilo, sino que pone resueltamente su voluntad por delante de sus oídos. Después se incrementa el ruido, se va acercando y ya se percibe en la puerta, ya dentro de la habitación. Vuelve la vista y reconoce al espectro que le habían descrito.  Éste estaba allí de pie y hacía con el dedo una señal como llamándole. El filósofo, por su parte, le indica con su mano que espere un poco, y de nuevo se pone a trabajar con sus tablillas y estilo, pero el espectro hacía sonar las cadenas para atraer su atención. Éste vuelve de nuevo la cabeza y le ve haciendo la misma seña que antes, así que ya sin hacerle esperar más coge el candil y le sigue. Iba el espectro con paso lento, como si le pesaran mucho las cadenas; después bajó al patio de la casa y, de repente, tras desvanecerse, abandona a su acompañante. El filósofo recoge hojas y hierbas y las coloca en el lugar donde ha sido abandonado, a manera de señal. Al día siguiente acude a los magistrados y les aconseja que ordenen cavar en aquel sitio. Se encuentran huesos insertos en cadenas y enredados, que el cuerpo, putrefacto por efecto del tiempo y de la tierra, había dejado desnudos y descarnados junto a sus grilletes.  Reunidos los huesos se entierran a costa del erario público. Después de esto la casa quedó al fin liberada del fantasma, una vez fueron enterrados sus restos convenientemente.

    Doy crédito ciertamente a quienes me han confirmado estos hechos; yo mismo puedo confirmar otro suceso a los demás. Tengo un liberto no ajeno al cultivo de las letras. Con él descansaba su hermano menor en el mismo lecho. A este le pareció ver a alguien sentado en la cama, moviendo unas tijeras sobre su propia cabeza, y que incluso le cortaba algunos cabellos de la coronilla. Cuando amaneció, él mismo tenía una tonsura en su coronilla y se encontraron sus cabellos cortados en el suelo.  Poco tiempo después, de nuevo un hecho similar al anterior confirmó lo que había ocurrido. Uno de mis pequeños esclavos dormía entre otros muchos niños en la escuela. Llegaron a través de las ventanas (así nos lo cuenta) dos figuras vestidas con túnicas blancas, cortaron el pelo al muchacho acostado y se retiraron por donde habían llegado. La luz del día muestra también a este niño con la tonsura y los cabellos esparcidos en derredor.  Nada memorable pasó después, a no ser acaso que no llegué a ser reo, si bien lo hubiera sido en caso de que Domiciano, bajo cuyo poder estas cosas ocurrieron, hubiera vivido más tiempo. En efecto, en su caja de documentos, se encontró un escrito entregado por Caro que estaba referido a mí. De esto puede deducirse que, como es costumbre para los presos dejar crecer el pelo, los cabellos cortados de mis esclavos fueron señal de que el peligro que me acechaba había sido abortado.

    Por tanto, te ruego que hagas uso de tu erudición. Es asunto digno para que lo consideres largo y tendido, y yo no soy ciertamente indigno de que me hagas partícipe de tu saber.  Aunque sopeses los pros y los contras de las dos opiniones (como sueles), inclínate más por uno de los dos lados, para no dejarme suspenso en la incertidumbre, dado que la razón de consultarte fue la de dejar de dudar. Saludos.
    (Traducción de F. García Jurado)

    Et mihi discendi et tibi docendi facultatem otium praebet. Igitur perquam velim scire, esse phantasmata et habere propriam figuram numenque aliquod putes an inania et vana ex metu nostro imaginem accipere. Ego ut esse credam in primis eo ducor, quod audio accidisse Curtio Rufo. Tenuis adhuc et obscurus, obtinenti Africam comes haeserat. Inclinato die spatiabatur in porticu; offertur ei mulieris figura humana grandior pulchriorque. Perterrito Africam se futurorum praenuntiam dixit: iturum enim Romam honoresque gesturum, atque etiam cum summo imperio in eandem provinciam reversurum, ibique moriturum.  Facta sunt omnia. Praeterea accedenti Carthaginem egredientique nave eadem figura in litore occurrisse narratur. Ipse certe implicitus morbo futura praeteritis, adversa secundis auguratus, spem salutis nullo suorum desperante proiecit.  Iam illud nonne et magis terribile et non minus mirum est quod exponam ut accepi?  Erat Athenis spatiosa et capax domus sed infamis et pestilens. Per silentium noctis sonus ferri, et si attenderes acrius, strepitus vinculorum longius primo, deinde e proximo reddebatur: mox apparebat idolon, senex macie et squalore confectus, promissa barba horrenti capillo; cruribus compedes, manibus catenas gerebat quatiebatque.  Inde inhabitantibus tristes diraeque noctes per metum vigilabantur; vigiliam morbus et crescente formidine mors sequebatur. Nam interdiu quoque, quamquam abscesserat imago, memoria imaginis oculis inerrabat, longiorque causis timoris timor erat. Deserta inde et damnata solitudine domus totaque illi monstro relicta; proscribebatur tamen, seu quis emere seu quis conducere ignarus tanti mali vellet.  Venit Athenas philosophus Athenodorus, legit titulum auditoque pretio, quia suspecta vilitas, percunctatus omnia docetur ac nihilo minus, immo tanto magis conducit. Ubi coepit advesperascere, iubet sterni sibi in prima domus parte, poscit pugillares stilum lumen, suos omnes in interiora dimittit; ipse ad scribendum animum oculos manum intendit, ne vacua mens audita simulacra et inanes sibi metus fingeret.  Initio, quale ubique, silentium noctis; dein concuti ferrum, vincula moveri. Ille non tollere oculos, non remittere stilum, sed offirmare animum auribusque praetendere. Tum crebrescere fragor, adventare et iam ut in limine, iam ut intra limen audiri. Respicit, videt agnoscitque narratam sibi effigiem. Stabat innuebatque digito similis vocanti. Hic contra ut paulum exspectaret manu significat rursusque ceris et stilo incumbit. Illa scribentis capiti catenis insonabat. Respicit rursus idem quod prius innuentem, nec moratus tollit lumen et sequitur.  Ibat illa lento gradu quasi gravis vinculis. Postquam deflexit in aream domus, repente dilapsa deserit comitem. Desertus herbas et folia concerpta signum loco ponit.  Postero die adit magistratus, monet ut illum locum effodi iubeant. Inveniuntur ossa inserta catenis et implicita, quae corpus aevo terraque putrefactum nuda et exesa reliquerat vinculis; collecta publice sepeliuntur. Domus postea rite conditis manibus caruit.  Et haec quidem affirmantibus credo; illud affirmare aliis possum. Est libertus mihi non illitteratus. Cum hoc minor frater eodem lecto quiescebat. Is visus est sibi cernere quendam in toro residentem, admoventemque capiti suo cultros, atque etiam ex ipso vertice amputantem capillos. Ubi illuxit, ipse circa verticem tonsus, capilli iacentes reperiuntur.  Exiguum temporis medium, et rursus simile aliud priori fidem fecit. Puer in paedagogio mixtus pluribus dormiebat. Venerunt per fenestras – ita narrat – in tunicis albis duo cubantemque detonderunt et qua venerant recesserunt. Hunc quoque tonsum sparsosque circa capillos dies ostendit.  Nihil notabile secutum, nisi forte quod non fui reus, futurus, si Domitianus sub quo haec acciderunt diutius vixisset. Nam in scrinio eius datus a Caro de me libellus inventus est; ex quo coniectari potest, quia reis moris est summittere capillum, recisos meorum capillos depulsi quod imminebat periculi signum fuisse.  Proinde rogo, eruditionem tuam intendas. Digna res est quam diu multumque consideres; ne ego quidem indignus, cui copiam scientiae tuae facias.  Licet etiam utramque in partem – ut soles – disputes, ex altera tamen fortius, ne me suspensum incertumque dimittas, cum mihi consulendi causa fuerit, ut dubitare desinerem. Vale.

    Tácito: Anales: 11, 21.

    Del origen de Curcio Rufo, hijo, según han dicho algunos, de un gladiator, no querría referir mentira, puesto que me avergüenzo de decir verdad. En llegando a edad juvenil, siguió en África al cuestor a quien tocó aquella provincia; y hallándose en Adrumeto al mediodía, paseándose pensativo debajo de unos soportales, se le apareció una sombra en figura de mujer mayor que humana, de quien oía esta voz: Tú eres Rufo, aquel que vendrá a ser procónsul en esta provincia. Con este agüero, hinchiéndosele el corazón de grandes esperanzas, se volvió a Roma, donde con la liberalidad de sus amigos y con su ingenio levantado alcanzó el oficio de cuestor; y, después de esto, entre muchos nobles competidores, por voto del príncipe la pretura; cubriendo Tiberio la bajeza de su nacimiento con estas mismas palabras: A mí me parece que Curcio Rufo es hijo de sí mismo. Con esto y con vivir después muchos años siempre maligno adulador con los mayores, arrogante con los inferiores y con los iguales insufrible, alcanzó el imperio consular, las insignias triunfales y a lo último el gobierno de África, donde, muriendo, cumplió el pronóstico fatal. (Traducción de Carlos Coloma)

    De origine Curtii Rufi, quem gladiatore genitum quidam prodidere, neque falsa prompserim et vera exequi pudet. postquam adolevit, sectator quaestoris, cui Africa obtigerat, dum in oppido Adrumeto vacuis per medium diei porticibus secretus agitat, oblata ei species muliebris ultra modum humanum et audita est vox 'tu es, Rufe, qui in hanc provinciam pro consule venies.' tali omine in spem sublatus degressusque in urbem largitione amicorum, simul acri ingenio quaesturam et mox nobilis inter candidatos praeturam principis suffragio adsequitur, cum hisce verbis Tiberius dedecus natalium eius velavisset: 'Curtius Rufus videtur mihi ex se natus.' longa post haec senecta, et adversus superiores tristi adulatione, adrogans minoribus, inter pares difficilis, consulare imperium, triumphi insignia ac postremo Africam obtinuit; atque ibi defunctus fatale praesagium implevit.

    San Agustín, en su Ciudad de Dios, se refiere a un prodigio bien famoso en la Antigüedad: las lágrimas que derramó la estatua de Apolo en Cumas, en la Magna Grecia, con ocasión de la guerra entre los romanos y los griegos, cuando Publio Craso murió en una batalla con Aristónico. Piensa San Agustín que estas son cosas de los demonios que los poetas nos presentan como ciertas, pero desde entonces hasta hoy y también mucho antes, muchas estatuas de dioses, vírgenes y santos han llorado con frecuencia, doliéndose de los errores de los hombres.

    Ciudad de Dios, III, 11

    El llanto de la estatua de Apolo de Cumas se creyó anunciador del desastre de los griegos, a quienes no había podido auxiliar. No hay otra razón que la que acabamos de exponer para la noticia de que el famoso Apolo de Cumas estuvo cuatro días llorando durante la guerra contra los aqueos y su rey Aristónico. Los arúspices, aterrados por tal prodigio, creyeron que era preciso arrojar al mar la estatua. Pero los ancianos de Cumas se opusieron a ello, aduciendo que un prodigio semejante había aparecido en la misma estatua durante la guerra de Antíoco y la de Perseo. Dieron fe, además, de que en vista de la victoria de los romanos, el Senado, por decreto, envió presentes a este mismo Apolo. Se hizo venir a otros agoreros, tenidos por más peritos. Respondieron éstos que las lágrimas de la estatua de Apolo eran venturosas para Roma, precisamente porque, siendo Cumas colonia griega, el Apolo envuelto en lágrimas era expresión de luto y desastre para su propio país, de donde se le había traído, es decir, para Grecia. Poco tiempo después llegó la noticia de que el rey Aristónico había sido derrotado y hecho prisionero. Esta victoria era evidentemente contraria a la voluntad de Apolo, y de ello se dolía. Testimonio eran hasta las lágrimas de un ídolo de piedra.

    Deducimos de este episodio cómo los poetas no andan del todo descaminados de la realidad al escribir la conducta de los demonios en sus poemas, por más que sean pura fábula. Diana, según Virgilio, sintió dolorosamente la suerte de Camila, y Hércules lloró la inminente muerte de Palante. Por eso, quizá, Numa Pompilio, disfrutando de su larga paz, ignoraba a quién la debía, y tampoco se preocupaba de ello cuando se preguntaba en su tranquila ociosidad a qué dioses debía encomendar la salvación de Roma y su soberanía.

    No creía que el verdadero, todopoderoso y supremo Dios se preocupara de los bienes terrenos, y no olvidaba que los dioses traídos por Eneas de Troya no habían sido capaces de mantener por largo tiempo ni el reino de Troya ni el de Lavinio, fundado por el mismo Eneas. Se creyó, pues, en el deber de buscar otros dioses, añadiéndolos a los anteriores, ya sean los que Rómulo había introducido en Roma o bien los que habían de introducirse con la destrucción de Alba. Unos como guardianes de los fugitivos y otros como auxilio de los más débiles. (Traducción de Santos Santamarta del Río, OSA y Miguel Fuertes Lanero, OSA)

    Neque enim aliunde Apollo ille Cumanus, cum adversus Achivos regemque Aristonicum bellaretur, quatriduo flevisse nuntiatus est ; quo prodigio haruspices territi cum id simulacrum in mare putavissent esse proiciendum, Cumani senes intercesserunt atque rettulerunt tale prodigium et Antiochi et Persis bello in eodem apparuisse figmento, et quia Romanis feliciter provenisset, ex senatus consulto eidem Apollini suo dona missa esse testati sunt. Tunc velut peritiores acciti haruspices responderunt simulacri Apollinis fletum ideo prosperum esse Romanis, quoniam Cumana colonia Graeca esset, suisque terris, unde accitus esset, id est ipsi Graeciae, luctum et cladem Apollinem significasse plorantem. Deinde mox regem Aristonicum victum et captum esse nuntiatum est, quem vinci utique Apollo nolebat et dolebat et hoc sui lapidis etiam lacrimis indicabat. Unde non usquequaque incongrue quamvis fabulosis, tamen veritati similibus mores daemonum describuntur carminibus poetarum. Nam Camillam Diana doluit apud Vergilium et Pallantem moriturum Hercules flevit . Hinc fortassis et Numa Pompilius pace abundans, sed quo donante nesciens nec requirens, cum cogitaret otiosus, quibusnam diis tuendam Romanam salutem regnumque committeret, nec verum illum atque omnipotentem summum Deum curare opinaretur ista terrena, atque recoleret Troianos deos, quos Aeneas advexerat, neque Troianum neque Laviniense ab ipso Aenea conditum regnum diu conservare potuisse: alios providendos existimavit, quos illis prioribus, qui sive cum Romulo iam Romam transierant, sive quandoque Alba eversa fuerant transituri, vel tamquam fugitivis custodes adhiberet vel tamquam invalidis adiutores.

    Los ejemplos podrían ser innumerables.

  • Prodigios, milagros, maravillas, portentos, fenómenos, monstruos (I)

    Quizás algún lector se haya preguntado alguna vez de dónde nos viene esta tentación tan antigua y tan moderna de creer en hechos maravillosos e inexplicables, a los que con frecuencia se les concede la cualidad de milagros, hechos divinos, mensajes de la divinidad y del más allá.

    En el presente artículo encontrarán decenas de milagros y hechos maravillosos e inexplicables que ya se producían en la Antigüedad y de los que se dejaba constancia en los textos escritos hace más de dos mil años. Y con toda seguridad esta debilidad de un ser tan racional como el hombre venía ya de un pasado de miles de años antes, tantos como tiene la humanidad. De esta y otras debilidades se alimentan todo tipo de supersticiones y religiones.

    Pero ¿qué es un prodigio, un milagro, una maravilla, un portento, un fenómeno, un monstruo de la naturaleza?

    De entrada nos serviremos de la etimología y su fuerza significativa para explicar el significado de estos términos y algunos otros:

    Prodigio: del latín “Prodigium”,  “Portento” del latín “portentum” y “presagio” del latín “praesagium”  vienen a significar lo mismo en latín: señal divina.

    El Diccionario de la Real Academia Española define “prodigio” como “Suceso extraño que excede los límites regulares de la naturaleza” . Y “portento” como  “Cosa, acción o suceso singular que por su extrañeza o novedad causa admiración o terror” , y “presagio” como:  “1. Señal que indica, previene y anuncia un suceso.2. Especie de adivinación o conocimiento de las cosas futuras por medio de señales que se han visto o de intuiciones y sensaciones”.

    La etimología de  “prodigium” no es segura; se ha relacionado  con “prod- agio,” y este con “aio” que significa hablar, decir, y por eso, tal vez erróneamente Cicerón lo relaciona con “pro-dico”; pero más bien parece estar relacionado con “ago”, “llevar, empujar, conducir”.

    Praesagium” se relaciona con “prae- “ante, delante” y “sagire", infinitivo de "sagio”, percibir, sentir ,  de dónde deriva sagax, que ha dado nuestro “sagaz”. Por eso Cicerón dice en su De divinatione, 1,31,65:

    Ahora sagire significa "tener una percepción aguda". Por eso, algunas ancianas se llaman sagae, (brujas) porque se supone que conocen mucho, y se dice que los perros son «sagaces». Y así el que tiene conocimiento de una cosa antes de que suceda se dice que "presagia", es decir, percibe el futuro por adelantado.

    “sagire sentire acute est: ex quo sagae anus, quia multa scire volunt; et sagaces dicti canes. Is igitur, qui ante sagit quam oblata res est, dicitur praesagire, id est futura ante sentiré”

    Más segura parece la de “portentum” con “pro– (efecto de metátesis o cambio de posición de algún fonema) y tendo: dirigir, tender,.., que define la Real Academia como “Cosa, acción o suceso singular que por su extrañeza o novedad causa admiración o terror”.

    Maravilla: es un “suceso o cosa extraordinarios que causan admiración”. La palabra procede de la latina “mirabilia”, cosas admirables, que es el plural neutro de “mirabilis”, admirable, que se forma de la raíz del verbo “mirari”, admirar, y del adjetivo “mirus, -a,-um”, maravilloso, extraño, sorprendente.

    De la misma raíz y palabras proceden mirar, admirar, y sus compuestos y también “milagro”, de “miraculum”, con metátesis o cambio de posición las consonantes “r” y “l”. (como ocurre en “parábola y palabra”)

    La RAE define milagro como: “1. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. 2. m. Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa.”

    De la misma raíz proceden la francesa  “miroir”,  y la inglesa “mirror”, espejo. La española “espejo” deriva de “speculum”, derivada de “spicere” que significa ver, mirar, observar, de donde “specto y spectaculum, espectáculo, etc..

    Fenómeno es una palabra griega φαινόμενον phainómenon, que nos ha llegado a través del lat. tardío phaenomĕnon ;  el verbo griego φαινεῖν, phainein significa   brillar, hacer brillar, aparecer; mostrar, hacer ver. La RAE lo define como: “1. m. Toda manifestación que se hace presente a la consciencia de un sujeto y aparece como objeto de su percepción. 2. m. Cosa extraordinaria y sorprendente. 3. m. coloq. Persona o animal monstruoso.”

    Con estos términos están relacionados también “oráculo”,  del latín oraculum y este de orare, hablar, que significa etimológicamente mensaje, comunicado, parlamento.

    Y también  “profecía”, “predicción hecha en virtud de don sobrenatural.” Palabra griega que nos ha llegado como tantas otras a través del latín: propheta, griego prophêtês, προφήτης,  "que dice con anticipación", de > προ- (pro-) (antes) y  φημί, phemí,  hablar.

    En todo caso en el mundo romano un “prodigio” es una señal de los dioses con la que anuncian a los hombres un suceso futuro, bueno o malo; incluye por tanto los presagios y los augurios.

    Augurio, augur, arúspice  son términos que merecen otro artículo extenso. Sea suficiente ahora recordar que un “augur” es un sacerdote, en su origen etrusco, que observa el cielo y las señales de los dioses, señales que por eso se llaman “augurios”. Los arúspices, también etruscos, analizan las entrañas de los animales sacrificados a los dioses para observar en ellas los mensajes de la divinidad.

    Con un sentido más restringido, prodigio se refiere a cualquier incidente extraño o aparición maravillosa que se supone que anuncia una desgracia y que por tanto suele aparecer en circunstancias calamitosas tanto para la sociedad colectiva como para el individuo.

    El mismo Cicerón nos dice en De divinitatione, I, 42 (93)  y ss.  que es sinónimo de ostentum, monstrum y portentum”:

    porque, como se nos aparecen, se nos ponen por delante, se nos muestran y nos aportan predicciones, se llaman ‘aparicio¬nes’, ‘portentos’, ‘monstruos’ y ‘prodigios’ .

    Quia enim ostendunt, portendunt, monstrant, praedicunt; ostenta, portenta, monstra, prodigia dicuntur”.

    Amplío un poco la cita porque nos sirve de perfecta ambientación de lo que estamos tratando. Pero antes quiero referirme al término “monstruo”, que derivado del verbro “monstrare”, enseñar, mostrar, no es sino “ todo ser, fenómeno o suceso inesperado y fuera de lo acostumbrado que precisamente por ello produce una importante conmoción en quien lo ve o siente”, es decir, “indica, muestra, advierte de algo especial”. Hoy en castellano, la palabra “monstruo” tiene más frecuentemente un significado peyorativo, referido a algo malo o inadecuado, pero no siempre es así y también mantiene el significado de algo especialmente positivo, como cuando decimos de un artista, cada uno elija a su ídolo, que es un “monstruo de la naturaleza”, como Cervantes definió al autor de teatro del Siglo de Oro Español Lope de Vega y Carpio impresionado por la facilidad del escritor para escribir comedias; en veinticuatro horas escribía una obra, según confesión propia atribuida a él mismo: “más de ciento, en horas veinticuatro/ pasaron de las Musas al teatro”.

    Así lo encontramos en la Egloga a Claudio

    Mil y quinientas fábulas admira,
    Que la mayor, el numero parece,
    Verdad que desmerece,
    Por parecer mentira,
    Pues más de ciento en horas veinticuatro
    Pasaron de las Musas al teatro.

    Texto amplio de Divinatione I, 42 (93) y ss.

    Y a mí, al menos, me parece que la adopción de cada procedimiento adivinatorio ha dependido también del tipo de lugar que ocupaba, propiamente, cada colectividad. En
    efecto: los egipcios, al igual que los babilonios, habitantes de extensiones llanas y abiertas, como no sobresalía de la tierra nada que pudiera estorbarles para la contemplación del cielo, pusieron toda su atención en el conocimiento de los astros. Los etruscos, por su parte, puesto que, imbui¬dos de su religión, inmolaban víctimas con gran dedicación y frecuencia, se entregaron sobre todo al conocimiento de las entrañas, convirtiéndose en ejercitadísimos intérpretes de las apariciones, ya que, a causa de la densidad del aire, se producían entre ellos muchas descargas del cielo, y ya que, por esa misma causa, se originaban muchos fenómenos nunca vistos: procedentes del cielo, en parte, otros de la tie¬rra, y algunos a raíz incluso de la concepción y generación de hombres y ganados. El carácter de estas apariciones lo revelan además — como tú sueles decir— los propios vocablos que les asignaron sabiamente nuestros mayores, por¬ que, como se nos aparecen, se nos ponen por delante, se nos muestran y nos aportan predicciones, se llaman ‘aparicio¬nes’, ‘portentos’, ‘monstruos’ y ‘prodigios’ .

    Por su parte, los árabes, los frigios y los cilicios, como recurren sobre todo al pastoreo de ganado, recorriendo los cam¬pos y los montes en invierno y en verano, tuvieron por ello más fácil el dejar constancia «de los cantos y de los vuelos de las aves. La misma motivación halló Pisidia, así como esta Umbría nuestra. Por último, toda Caria y, principalmente, los de Telmeso que antes dije prefirieron prestar atención a las apariciones, dado que habitan campiñas ubérrimas y sumamente fértiles, en las que, gracias a su fecundidad, puede formarse y desarrollarse una multitud de seres.

    Pues bien, ¿quién no advierte que, en todo Estado de pro, han tenido gran vigencia los auspicios y los demás tipos de adivinación? ¿Acaso ha habido algún rey o algún pueblo
    que no recurriera a las predicciones divinas? Y no sólo en tiempo de paz, sino mucho más, incluso, en tiempo de gue¬rra, por el hecho de que el peligro y el riesgo que corría la supervivencia eran mayores. Dejo a un lado a los nuestros, que no emprenden nada, en tiempo de guerra, sin consultar las entrañas, y que nada preservan, sin consultar los auspicios, en tiempo de paz. Veamos lo del extranjero: resulta que los atenienses recurrieron siempre, para todas sus decisiones de carácter público, a unos sacerdotes adivinos a los que llamaban mánteis ; los lacedemonios otorgaron a sus reyes un augur como consejero, y quisieron, asimismo, que un augur asistiese a ‘los ancianos’ (porque así llaman al consejo público); y también recababan siempre un orá¬culo de Delfos, del santuario de Hamón o de Dodona para los asuntos de mayor importancia.

    Licurgo al menos, quien se encargó de regular el Estado de los lacedemonios, refrendó sus propias leyes mediante la autoridad del Apolo délfico; cuando Lisandro quiso cam¬biarlas, se vio impedido por esa misma instancia religiosa. Pues bien, además, quienes estaban al frente de los lacedemonios, no satisfechos con sus desvelos durante la vigilia, iban a acostarse al templete de Pasífae — que se encuentra en la campiña próxima a su ciudad— para recabar sueños, ya que consideraban verdaderos aquellos oráculos que se les ofrecían mientras reposaban. (Traducción de Angel Escobar. Editorial Gredos)

    Ac mihi quidem videntur e locis quoque ipsis, qui  a quibusque incolebantur, divinationum oportunitates esse ductae. Etenim Aegyptii et Babylonii in camporum patentium aequoribus habitantes, cum ex terra nihil emineret, quod contemplationi caeli officere posset, omnem curam in siderum cognitione posuerunt, Etrusci autem, quod religione inbuti studiosius et crebrius hostias immolabant, extorum cognitioni se maxume dediderunt, quodque propter aëris crassitudinem  de caelo apud eos multa fiebant, et quod ob eandem causam multa invisitata partim e caelo, alia ex terra oriebantur, quaedam etiam ex hominum pecudumve conceptu et satu, ostentorum exercitatissimi interpretes exstiterunt. Quorum quidem vim, ut tu soles dicere, verba ipsa prudenter a maioribus posita declarant. Quia enim ostendunt, portendunt, monstrant, praedicunt, ostenta, portenta, monstra, prodigia dicuntur. Arabes autem et Phryges et Cilices, quod pastu pecudum maxume utuntur campos et montes hieme et aestate peragrantes, propterea facilius cantus avium et volatus notaverunt; eademque et Pisidiae causa fuit  et huic nostrae Umbriae. Tum Caria tota praecipueque Telmesses, quos ante dixi, quod agros uberrumos maximeque fertiles incolunt, in quibus multa propter fecunditatem fingi gignique possunt, in ostentis animadvertendis diligentes fuerunt. 
      Quis vero non videt in optuma quaque re publica plurimum auspicia et reliqua divinandi genera valuisse? Quis rex umquam fuit, quis populus, qui non uteretur praedictione divina? neque solum in pace, sed in bello multo etiam magis, quo maius erat certamen et discrimen salutis. Omitto nostros, qui nihil in bello sine extis agunt, nihil sine auspiciis domi [habent auspicia]; externa videamus: Namque et Athenienses omnibus semper publicis consiliis divinos quosdam sacerdotes, quos μάντεις vocant, adhibuerunt, et Lacedaemonii regibus suis augurem adsessorem dederunt, itemque senibus (sic enim consilium publicum appellant) augurem interesse voluerunt, iidemque de rebus maioribus semper aut Delphis oraclum aut ab Hammone aut a Dodona petebant. Lycurgus quidem, qui Lacedaemoniorum rem publicam temperavit, leges suas auctoritate Apollinis Delphici confirmavit; quas cum vellet Lysander commutare, eadem est prohibitus religione. Atque etiam qui praeerant Lacedaemoniis, non contenti vigilantibus curis in Pasiphaae fano,  quod est in agro propter urbem, somniandi causa excubabant, quia vera quietis oracla ducebant. Ad nostra iam redeo. Quotiens senatus decemviros ad libros ire iussit! quantis in rebus quamque saepe responsis haruspicum paruit! Nam et cum duo visi soles sunt et cum tres lunae et cum faces, et cum sol nocte visus est, et cum e caelo fremitus auditus, et cum caelum discessisse visum est atque in eo animadversi globi, delata etiam ad senatum labe agri Privernatis, cum  ad infinitam altitudinem terra desedisset Apuliaque maximis terrae motibus conquassata esset (quibus portentis magna populo Romano bella perniciosaeque seditiones denuntiabantur; inque his omnibus responsa haruspicum cum Sibyllae versibus congruebant); quid? cum Cumis Apollo sudavit, Capuae Victoria? quid?  ortus androgyni nonne fatale quoddam monstrum fuit? quid? cum fluvius Atratus sanguine fluxit? quid? cum saepe lapidum, sanguinis non numquam, terrae interdum, quondam etiam lactis imber defluxit? quid? cum in Capitolio ictus Centaurus e caelo est, in Aventino portae et homines, Tusculi aedes Castoris et Pollucis Romaeque Pietatis: nonne et haruspices ea responderunt, quae evenerunt, et in Sibyllae libris eaedem repertae praedictiones sunt? 

    Naturalmente se cree que el catastrófico anuncio puede ser evitado mediante las ofrendas y ritos adecuados que reviertan el presagio.

    Los ritos son recogidos y explicados en ”libros de prácticas” necesarias para el efecto. que son de origen etrusco. Si el fenómeno es especialmente grave se ha de recurrir a algún adivino de reconocido prestigio, a los Libros Sibilinos o los oráculos famosos como el de Delfos. De las Sibilas hablaremos en otra ocasión.

    Falta también en inglés, pero puede ser interesante reproducir el texto de Ovidio, Metamorfosis XV, 552 y ss. en donde nos cuenta cómo aparece Teages y enseña a los etruscos a revelar el futuro..

    Los antiguos en general y de manera especial los romanos eran muy supersticiosos, y por ello toda su vida social, religiosa y cultura está plagada de ritos y prevenciones de todo tipo.

    Tanto les atraen e importan estos fenómenos diríamos hoy “paranormales”, que existen unos colegios sacerdotales especializados en la interpretación de ellos; son los augures que observan permanentemente el cielo y el vuelo de las aves y los arúspices que analizan permanentemente las entrañas de los animales que tan frecuentemente sacrifican a su dioses, como anteriormente comenté.

    El poeta Ovidio nos cuenta en sus Metamorfosis (por lo demás obra plagada de prodigios) cómo aparece Teages, que enseña a los etruscos a revelar el futuro según las señales anteriormente referidas:

    Metamorfosis XV, 547 y ss.

    Pero las calamidades ajenas no son capaces de aliviar la aflicción de Egeria (esposa del rey Numa Pompilio); y tendida en la parte más baja de la falda de un monte se deshace en lágrimas hasta que la hermana de Febo (Diana), impresionada por la piedad de la apenada, hizo de su cuerpo una helada fuente y adelgazó sus miembros hasta convertirlos en inagotables aguas.

    El prodigio maravilló a las ninfas y también el hijo de la Amazona (Hipólito) se quedó  no de otro modo atónico que el labrador tirreno cuando en mitad del campo vio cómo un terrón marcado por el destino se movía, por sí mismo al principio y sin que nadie lo empujara, y en seguida tomó forma de hombre y perdía la tierra y abría la flamante boca para pronunciar el destino venidero: los nativos lo llamaron Tages, y fue el primero que enseñó al pueblo etrusco a revelar los sucesos futuros; o a la manera como Rómulo vio antaño que de repente se cubría de hojas su lanza clavada en la colina palatina, y que se erguía sobre una raíz antes inexistente y no ya sobre el hierro hincado en tierra, y, sin ser ya un arma, sino un árbol, una flexible mimbrera, ofrecía insospechada sombra a los admirados espectadores. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater.CSIC.)

    Non tamen Egeriae luctus aliena levare
    damna valent, montisque iacens radicibus imis
    liquitur in lacrimas, donec pietate dolentis
    mota soror Phoebi gelidum de corpore fontem
    fecit et aeternas artus tenuavit in undas.
    Et nymphas tetigit nova res, et Amazone natus
    haud aliter stupuit, quam cum Tyrrhenus arator
    fatalem glaebam mediis adspexit in arvis
    sponte sua primum nulloque agitante moveri,
    sumere mox hominis terraeque amittere formam
    oraque venturis aperire recentia fatis
    (indigenae dixere Tagen, qui primus Etruscam
    edocuit gentem casus aperire futuros);
    utve Palatinis haerentem collibus olim
    cum subito vidit frondescere Romulus hastam,
    quae radice nova, non ferro stabat adacto
    et iam non telum, sed lenti viminis arbor
    non exspectatas dabat admirantibus umbras;

    E incluso elaboran amplias listas, índices y libros en los que se recogen esas “maravillas”, los “mirabilia”. Son las paradoxografías.  Naturalmente, fueron los griegos los primeros en hacerlo y dentro de ellos el primero del que tenemos noticia cierta que escribe un libro específico al respecto es Calímaco (310 a. C. – 240 a. C.). Su desarrollo tiene lugar en la época helenística en conexión con la creación de las grandes bibliotecas y centros de investigación como Alejadría o Pérgamo.

    Quienes sean proclives a creer en prodigios y milagros encontrará en el mundo grecorromano cientos de ejemplos de hechos maravillosos, que según algunos siguen produciéndose en abundancia en nuestro mundo tan científicamente estudiado. El conocimiento de estos “milagros” tan antiguos que con tanta frecuencia se producen, debería al menos servir a tantas personas crédulas para cuestionar el presunto carácter de estos hechos prodigiosos, muchos de ellos explicables por el conocimiento y otros simplemente creaciones fantásticas del propio hombre; como pintó Goya, “el sueño de la razón produce monstruos”.

    Presentaré en una pequeña serie de artículos algunos textos de Tito Livio, en cuya historia siempre están presentes los prodigios; de los poetas Lucano y Virgilio,; de Plinio el Joven y Tácito  sobre la aparición de una “mujer de estatura sobrehumana” y de San Agustín y su Ciudad de Dios

    Tito Livio, historiador que vivió en tiempos del emperador Augusto, escribió una historia de Roma desde su misma fundación; por eso le llama “Ab urbe condita”, “Desde la fundación de la ciudad”. Su relato está plagado de referencias a estos milagros, portentos y monstruos; son decenas los pasajes en los que refiere decenas y aun centenas de hechos “maravillosos”, de presagios de todo tipo. A este asunto han dedicado algunos investigadores importantes artículos.

    El crédulo Livio parece recoger los prodigios tal como se los ofrecen las fuentes sin  más consideración, pero diferencia entre prodigios mayores y menores, públicos y privados, en Roma o fuera de Roma. Presentaré más adelante una incompleta clasificación que nos dará idea de la variedad de prodigios.

    Un momento de especial tensión y por tanto propicio para la aparición de “prodigios” es el tiempo cuando en la Segunda Guerra Púnica entre romanos y cartagineses, Anibal sale desde Hispania y lleva la confrontación a Italia, atravesando los Alpes en invierno con sus elefantes, un gran temor y preocupación se extiende entre los romanos. Esas circunstancias son un buen ambiente para que se multipliquen los rumores de prodigios de todo tipo. Algunos de ellos se siguen produciendo de vez en cuando hoy en día.

    Citaré tan sólo dos pasajes de Tito Livio de las decenas posibles como muestra suficiente y ofreceré también una relación más amplia con la referencia a la ubicación del texto correspondiente por si el lector quisiera ampliar sus lecturas.

    En la relación de prodigios encontraremos rayos, meteoros y lenguas, de fuego halos y coronas luminosas, multiplicación de soles y de lunas ; hendiduras y hundimientos de la tierra ; resplandores extraños en el cielo; lluvia de sangre, de piedras, de tierra, de leche; ríos que arrastran agua sanguinolenta; erupciones volcánicas, transpiración del bronce o del mármol de las estatuas; seres híbridos o monstruosos, como caballos de cinco patas, cerdos con cabeza de hombre, animales bicéfalos; animales o infantes que hablan, etc., etc.

    Pues bien, estos efectos tan especiales son aprovechados frecuentemente por los poetas. Daré tan sólo dos ejemplos, uno del indiscutible Virgilio y otro de nuestro poeta de origen hispano Lucano. Reproduciré un texto famoso de Plinio el Joven y Tácito sobre las apariciones de seres de gran estatura o fantasmas.

    Citaré también un pasaje de La Ciudad de Dios de San Agustín, en el que se refiere y descalifica estas supersticiones.

    En el caso de este último autor llama poderosamente la atención la clarividencia con la que analiza las supercherías de los ajenos y la seguridad con la que acepta las supercherías propias; sin duda un lector ajeno a nuestra cultura no apreciaría diferencia alguna entre las creencias de los paganos y las creencias de los cristianos; de hecho, históricamente estas últimas se alimentan absolutamente de las primeras.

    Como decía, las referencias a prodigios son innumerables en la obra de Tito Livio. Veremos algunos ejemplos y al final daré una relación incompleta, con alguna clasificación, que nos permitirá hacernos una idea aproximada de su importancia. Un asunto de interés es analizar hasta qué punto Tito Livio cree en estos prodigios y las fuentes de las que los toma, entre ellas  los libros pontificales y los Annales oficiales en que se reflejan siguiendo la costumbre etrusca.

    T.Livio: Ab urbe condita, XXII,1,8 y ss.

    Aumentaba más y más el temor con los prodigios que referían de muchos puntos a la
    vez. En Sicilia, los venablos de algunos soldados se habían inflamado en sus manos, y de la misma manera en Cerdeña el bastón de un caballero que hacía la ronda en las murallas; en la playa habían brillado muchos fuegos; dos escudos habían sudado sangre; algunos soldados habían sido heridos por el rayo y había parecido que el disco del sol se apequeñaba. En Prenesto habían caído del cielo piedras abrasadoras; en Arpis habíanse visto escudos en el aire, y al sol luchando con la luna; en Capena habían aparecido dos lunas en pleno día; en Cerea habían arrastrado sangre las aguas, y en la fuente  de Hércules habían  aparecido manchas sangrientas; en Anzio habían caído espigas ensangrentadas en la cesta de un segador; en Faleria se había abierto en el cielo ancho desgarrón , por el que brotó intensa luz; las suertes se habían contraído por sí mismas, y había caído una con estas palabras: «Marte blande su lanza.» En el mismo tiempo habíanse visto en Roma, la estatua de Marte en la vía Apia, y la de los lobos, cubierta de sudor. En Capua, en fin, habíase visto el fenómeno del cielo ardiendo y la luna cayendo con la lluvia. En seguida se creyó en prodigios mucho menos graves: el pelo de algunas cabras se había trocado en lana, gallinas en gallos y gallos en gallinas.

    Habiéndose expuesto estos hechos, según se habían anunciado, e introducidos en el Senado los testigos, el cónsul abrió discusión acerca de la cuestión religiosa. Decretóse que estos prodigios se expiarían en parte con víctimas mayores y en parte con menores, y que delante de todos íos altares se celebrarían, durante tres días, solemnes rogativas; que para lo demás, los decenviros consultarían los libros sagrados , y que se haría también lo que ordenasen los dioses por medio de los cantos de la Sibila. Por consejo de los decenviros decidióse que se ofrecería á Júpiter un rayo de oro de cinco libras de peso, y dones de plata a Juno y á Minerva; que se inmolarían víctimas mayores a Juno Reina, sobre el Aventino, y a Juno Sospita, en Lanuvio; que las señoras romanas, contribuyendo cada una según sus fuerzas, llevarían una ofrenda a Juno Reina, sobre el Aventino, y que se celebraría un lectisterno ; en'fin, que l a s mismas libertas reunirían medios para ofrecer un don á la diosa
    Feronia .  Después de estas expiaciones, los decenviros inmolaron víctimas mayores en el foro de Ardea. En el mes de diciembre anterior se había hecho un sacrificio en Roma; en el templo de Saturno habíase ordenado un lectisterno y dispuesto el lecho para los senadores; habíase celebrado un festín público; en fin, toda la ciudad había repetido durante un día y una noche el grito de las saturnales, y habíase decretado que el pueblo conservaría y celebraría en lo venidero este día festivo.

    augebant metum prodigia ex pluribus simul locis nuntiata: in Sicilia militibus aliquot spicula, in Sardinia autem in muro circumeunti vigilias equiti scipionem quem manu tenuerat arsisse, et litora crebris ignibus fulsisse, et scuta duo sanguine sudasse, et milites quosdam ictos fulminibus,  et solis orbem minui visum, et Praeneste ardentes lapides caelo cecidisse, et Arpis parmas in caelo visas pugnantemque cum luna solem,  et Capenae duas interdiu lunas ortas, et aquas Caeretes sanguine mixtas fluxisse fontemque ipsum Herculis cruentis manasse respersum maculis, et Antii8 metentibus cruentas in corbem spicas cecidisse,  et Faleriis caelum findi velut magno hiatu visum, quaque patuerit ingens lumen effulsisse; sortes adtenuatas unamque sua  sponte excidisse ita scriptam: “mavors telum suum concutit;”  et per idem tempus Romae signum Martis Appia via ac simulacra luporum sudasse, et Capuae speciem caeli ardentis fuisse lunaeque inter imbrem cadentis.  inde minoribus etiam dictu prodigiis fides habitat: capras lanatas quibusdam factas, et gallinam in marem, gallum in feminam sese vertisse.
     his sicut erant nuntiata expositis auctoribusque in curiam introductis consul de religione patres consuluit. decretum ut ea prodigia partim maioribus hostiis, partim lactentibus procurarentur, et uti supplicatio per triduum ad omnia pulvinaria haberetur; cetera, cum decemviri libros inspexissent, ut ita fierent quem ad modum cordi esse divis e carminibus praefarentur.  decemvirorum monitu decretum est Iovi primum donum fulmen aureum pondo quinquaginta fieret et Iunoni14 Minervaeque ex argento dona darentur et Iunoni reginae in Aventino Iunonique Sospitae Lanuvii maioribus hostiis sacrificaretur matronaeque pecunia conlata,  quantum conferre cuique commodum esset, donum Iunoni reginae in Aventinum ferrent lectisterniumque fieret,et ut libertinae et ipsae, unde Feroniae  donum daretur, pecuniam pro facultatibus suis16 conferrent.
    haec ubi facta, decemviri Ardeae in foro maioribus hostiis sacrificarunt. postremo Decembri iam mense ad aedem Saturni Romae immolatum est lectisterniumque imperatum—eum lectum senatores straverunt—et convivium publicum,  ac per urbem Saturnalia diem ac noctem clamata, populusque eum diem festum habere ac servare in perpetuum iussus.

    Otro ejemplo de prodigios diversos en Tito Livio, 24,10:

    Aquel año corrieron noticias de numerosos hechos portentosos; cuanto más crédito les daban las gentes sencillas y supersticiosas, más se multiplicaban los rumores: en Lanuvio habían anidado unos cuervos en el interior del templo de Juno Sóspita; en Apulia había ardido una palmera verde; en Mantua había aparecido ensangrentada una laguna, consecuencia de un desbordamiento del río Mincio; además había llovido arcilla en Cales, y sangre en Roma en el mercado de ganado, y en el barrio Insteyo había brotado bajo tierra un manantial con tanta fuerza en el agua que había arrastrado con el ímpetu de un torrente los cántaros y toneles que allí había; cayeron rayos en un atrio público en el Capitolio, en el templo de Vulcano del campo de Marte, en el de Vacuna en la Sabina, y en una vía pública, un muro y una puerta en Gabios. Circulaban ahora  rumores de otros hechos extraordinarios: la lanza de Marte en Preneste se había movido sola, en Sicilia había hablado un buey; en el claustro materno un niño exclamó «¡Viva, triunfo!» en el país de los marrucinos; en Espoleto, una mujer se había transformado en hombre; en Adria habían visto un altar en el cielo y figuras humanas en torno a él vestidas de blanco. Es más, incluso en Roma, en la propia ciudad, inmediatamente después de verse un enjambre de abejas en el foro, lo cual es sorprendente por lo inusual, algunos aseguraban estar viendo legiones armadas en el Janículo, con lo cual concitaron a las armas a la población, mientras que los que estaban en el Janículo decían que por allí no había aparecido nadie aparte de los ocupantes habituales de la colina. Estos portentos fueron conjurados, por indicación de los arúspices, con víctimas mayores, y se decretó una rogativa pública a todos los dioses que tenían cojines sagrados en Roma.

    prodigia eo anno multa nuntiata sunt, quae quo magis credebant simplices ac religiosi homines, eo plura nuntiabantur: Lanuvi in aede intus Sospitae Iunonis corvos nidum fecisse; in Apulia palmam viridem arsisse; Mantuae stagnum effusum Mincio amni cruentum visum; et Calibus creta et Romae in foro bovario sanguine pluvisse;  et in vico Insteio fontem sub terra tanta vi aquarum fluxisse ut serias doliaque quae in eo loco erant provoluta velut impetus torrentis tulerit;  tacta de caelo atrium publicum in Capitolio, aedem in campo Volcani, Vacunae in Sabinis publicamque viam, murum ac portam Gabiis.  iam alia vulgata miracula erant:  hastam Martis Praeneste sua sponte promotam; bovem in Sicilia locutum; infantem in utero matris in Marrucinis “io triumphe” clamasse; ex muliere Spoleti virum factum; Hadriae aram in caelo speciesque hominum circum eam cum candida veste visas esse.  quin Romae quoque in ipsa urbe, secundum apum examen in foro visum—quod mirabile est, quia rarum—adfirmantes quidam legiones se armatas in Ianiculo videre concitaverunt civitatem ad arma,  cum qui in Ianiculo essent negarent quemquam ibi praeter adsuetos collis eius cultores adparuisse.  haec prodigia hostiis maioribus procurata sunt ex haruspicum responso, et supplicatio omnibus deis quorum pulvinaria Romae essent indicta est.

    Relación y clasificación incompleta de los prodigios aparecidos en la obra de Tito Livio:

    Celestes
    – Eclipses de sol: 7,28,7 / 30,38,8 / 37,4,4 / 38,36,4
    – Eclipses de luna: 44,37,8-9 / 26,5,9
    – Pluralidad de soles, de lunas, etc.: 28,11,3/ 29,14,3/ 41,21,12/ 22,1,9/ 22/1/10/ 30,38,8/  30,2,11-12/ 38,36,4
    – Sol de color de sangre: 25,7,8/ 31,12,5
    – Otros prodigios celestes:
         – Cielo que arde: 3,9,14/ 3,10,6/ 7,28,7/ 22,1,12/ 30,2,12/ 31,12,5/ 32,9,3/ 39,22,3/
         – Enorme antorcha ardiendo: 30,2,12/ 43,13,3/ 45,16,5
         – Figura de naves ardiendo en el cielo: 21,62,4/ 42,2,4/
          – Escudos volando por los aires: 22,1,9
          – El sol luchando con la luna: 22,1,9/
          – El cielo rasgado y una gran luz refulgiendo: 22,1,11/
          – La luna cayendo entre la lluvia: 22,1,12
          – Una piedra enorme volando: 23,7,8
          – Aparición de una luz por la noche: 28,11,3/ 29,14,3/ 32,29,2/
          – Lluvia deTierra
          – Piedra que cae del cielo: 41,9,5/
          – Movimientos sísmicos: 3,10,6/
          – Tempestades: 2,62,2/ 26,11,2/ 40,58,6/
          – Rayos: dice Luterbacher, recogido por Jose Jiménez Delgado en Helmántica, 12, 1961, que   28 rayos cayeron en los templos, 18 en murallas, 3 en estatuas, además de los que caen en hombres, animales, plantas, seres inanimados. Algunos ejemplos: 1,3,9 (a Rómulo)/ 10,31,8/ 22,1,8/ 25,7,8/ 27,7,7/ 27,11,12/ 27,,7,2/ 27/37,2/ 24,10,9/ 24,44,7/  27,37,2/ 32,1,10/ 32,9,2/ 36,37,3/ 27,23,3/ 37,37,2/ 28,11,2/ 28,11,4/ 32,1,10/ 32,29,1/ 40,2,4/ 45,16,5/  21,62,4/ 25,7,7/ 27,11,2/ 24,10,9/ 42,20,1/ 32,9,2/ 26,23,4/ 33,26,8/ 42,20,1/ 27,4,11/ 30,38,9/ 41,13,1/ 27,37,2/ 22,1,8/ 24,44,8/ 26,223,5/ 27,11,2/27,23,3/ 29,14,3/ 30,38,9/ 35,21,4/ 37,3,2/ 45,16,5/ 25,7,8/ 32,9,2/ 32,29,2/ 36,37,3/ 32,1,12/ 35,9,3/ 45,16,5/ 30,38,9/ 36,37,3/ 42,20,5/
          – Lluvias prodigiosas: tierra 10,1,8/ 34,45,6-7/ piedras ardiendo 22,1,9/ piedras 25,7,7/ 39,22,3/ 37,3,2/ 27,11,5/ sangre 34,45,6-7/ 39,46,5/ 42,20,5/ 24,10,7/ carne 3,10,6/ cal 24,10,7/ Leche 27,11,5/
        – 7, 28; 10, 31; 21, 62; 22, 36; 23, 31; 26, 23; 27, 32; 29, 10; 29, 14; 35, 21; 37, 3; 39, 56;
        – 40, 19; 42, 2; 43, 15; 44, 18; 45, 16.
        – Otros muchos menos frecuentes o importantes
    Terrestres
        – Sangre en fuentes y ríos: 22,1,10/ 24,10,7/ 24,44,8/ 27,11,3/  27,23,4/ 27,37,3/ 45,16,5/
        –  Imágenes que lloran o sudan: 22,1,12/ 22,36,7/ 23,31,15/ 27,4,14/ 28,11,4/ 40,19,2/ 43,13,4/
        –  Bosques sagrados: 27,4,12-14/ 27,37,2/ 41,9,4/
        – Enjambres de abejas: 21,46,1/ 24,10,11/ 27,23,2/ 35,9,4/
        – Presencia de lobos: 3,29,6-9/ 10,27,8/ 21,46,1/ 21,62,5/ 27,37,3/ 32,29,2/ 33,26,9/
        – Serpientes: 1,56,4/ 7,17,3/ 25,16,2/ 26,19,7/ 27,4,13/ 28,11,2/ 41,9,6/ 41,21,13/ 43,13,4
        – Aves de bueno y mal augurio: 10,40,14/ 21,62,4/ 22,1,13/ 24,10,6/ 27,4,12/ 30,2,9/
        – Llamas y nimbos misteriosos: arde la cabeza de Servio Tulio 1,39,1/ dardos inflamados 22,1,8/ palmera inflamada 24,10,7/ cabeza en llamas  25,39,16/ cabeza de Vulcano 34,45,7/
       – Espigas sangrando:  22,1,10/ 28,11,2/
       – Escudos sangrando: 25,39,10/
       – Ratones que roen el oro del templo: 27,23,2
       – Engendros monstruosos:
       –  Andrógino: 27,11,4/ sin definir sexo 27,37,5/ 31,12,6 /
       –  Niños sin ojos y nariz y manos: 35,21,3

    – Animales monstruosos
       –  Cabras con lana: 22,113/
       –  Vaca que pare un potro: 23,31,15/
       –  Cerdo con dos cabezas:28,11,3/ cerdo con rostro humano: 27,4,14/ 32,9,3/
       – Nace un cordero con una ubre llena de leche: 27,4,11/
       – En Reate pario una mula 26,23,5
       – Cordero macho y hembra a la vez: 28,11,3/
       – Cordero con dos cabezas: 32,9,3/
       – Potro con cinco patas: 31,12,7/ 32,1,11/
       – Tres pollos con tres patas cada uno: 32,1,11/ una polla con lana
       – Cabra que pare seis cabritos: 35,21,3/
       – Mula que pare: 37,3,3/ Mula con tres patas: 40,45,5/ 42,20,5/
       –  Asno con gres patas: 42,20,5
       – Animales que hablan:  Una vaca que habla: 3,10,6/ 43,13,3/ 27,11,4/ 28,11,4/ 35,21,4/
       – Niños que hablan: de seis meses: 21,62,2/ en el vientre de su madre: 24,10,10/
        – Buey que sube al tercer piso y se arroja desde él /21,62,3/  bueyes que suben al tejado: 36,37,2/
       – Vaca de bronce fecundada: 41,13,2
    – voces misteriosas:  enorme voz: 1,31,3/ 2,7,2/ más que humana: 5,32,6/ 6,33,5/
    – Visiones, sueños: sueño de Anibal: 21,22,6/

    Si alguno de los lectores de este blog creía que los milagros eran propios y exclusivos de su propia creencia, estaba muy equivocado: una vez más “Nihil novum sub sole”.

    Quedan para otro artículos los restantes textos anunciados.

  • Que tu vida sea como tu discurso (talis oratio qualis vita) (II). ¿Realmente los escritos son el reflejo evidente de la vida del autor?

    Si aceptamos absolutamente el principio estoico de la estrecha relación entre la vida y el lenguaje y lo aplicamos absolutamente a la creación literaria, nos veremos obligados a juzgar la vida del escritor en relación con sus escritos: si sus escritos son elevados, su vida será moralmente elevada, si sus escritos son escabrosos y escandalosa, su vida será igualmente escandalosa.

    Esto encierra el enorme peligro de confundir la realidad con la ficción y valorar injustamente a las personas. Considerando que la literatura, la palabra en general, es un poderoso instrumento de comunicación y de influencia en las personas, es fácil comprender cómo en numerosas ocasiones se ha condenado en sus diversas formas al disidente en función de su obra literaria.

    Ocurre ahora con frecuencia, pero también ocurrió en la Antigüedad: hubo quien consideró inmorales algunos de los escritos de Ovidio y en consecuencia quien juzgó a Ovidio como inmoral en su vida, y así pasó a la posteridad como “poeta inmoral” por escribir un par de libros eróticos. Y lo mismo ocurrió con Catulo y Marcial y tantos otros.

    Pero hay quien por el contrario entiende que el escritor o el orador tiene una enorme capacidad de crear una ficción, una obra imaginada que nada tenga que ver con la realidad existente. De ello se puede deducir que no se podrá deducir del contenido moral de un escrito la condición moral de un autor.

    Por ejemplo, Estratón de Sardes fue un griego autor de epigramas del que no sabemos con precisión la época en la que vivió, aunque generalmente se le enmarque en el siglo II de nuestra era. Sus epigramas fueron todos de tema homoerótico, la mayor parte de ellos referidos a la “pederastia” griega, y fueron recogidos en el libro XII de la Antología Palatina, o recopilación de poemas griegos desde el período clásico al bizantino.

      La crudeza con la que describe el amor físico homosexual hizo que fuera considerado como “autor inmoral” y sus poemas ocultados en muchos manuscritos. Pues bien, él mismo nos aclara en el epigrama 258 con que cierra el citado libro XII de la Antología Palatina, que los sentimientos que canta no son propios, sino que hace poemas para otros dada su facilidad para componer versos:

    Tal vez alguien en los años futuros, escuchando estos poemas míos informales, piense que estas penas de amor fueron todas mías. ¡No! Yo siempre garabateo esto o aquello para este o aquel amantede los jóvenes, ya que algún dios me ha dado este regalo (de hacer versos).

    Me limitaré ahora a presentar tan sólo algunos ejemplos en que “literatura erótica”, casi siempre jocosa, alegre, desinhibida, pero también crítica y amarga, choca con comportamientos de moral más rígida, a veces, como decía, evidentemente hipócrita.

    El asunto es más chocante cuando autores generalmente respetables y respetados se han permitido escribir alguna cosa de tono “más subido” que no se esperaba de ellos; ejemplos modernos de ello pueden ser en español el dramaturgo Nicolás Fernández de Moratín y su “Arte de las putas” o Félix María de Samaniego y su “Jardín de Venus”, el escatológico Quevedo y su “Gracias y desgracias del ojo del culo” o mucho más rediente el el Académico de la Real Academia Española y Premio Nobel de Literatura Camilo José Cela y su “La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona”. El lector más beligerante e intransigente moralmente tiende a confundir y utilizar como arma la identificación de lo expresado en el texto, que puede ser una absoluta ficción, con la vida real del autor.

    Refiriéndonos al mundo antiguo, la obscenidad erótica en Roma, es un tema frecuente al que recurren los escritores satíricos latinos en su objetivo de  criticar los vicios de su sociedad. Lo vimos en el artículo anterior https://www.antiquitatem.com/talis-oratio-qualis-vita

    Los griegos en cambio, a los que los autores moralistas romanos atribuyen gran parte de la culpa, son mucho más permisivos en la crítica de los comportamientos obscenos.

    La obscenidad de los escritos eróticos choca con la “gravitas” y “severitas” o “seriedad” de las antiguas “mores maiorum” de la República primitiva, o comportamiento moral de los antepasados, y es una fuente de corrupción moral, sobre todo de los jóvenes, y se puede interpretar como un signo de vida inmoral del propio escritor, que es el tema de este artículo.

    Así ha pasado desde la antigüedad a nuestros días, como decía.  Esta cuestión de la influencia de la obscenidad, hoy diríamos pornografía, en la formación, educación y conducta de las personas sigue siendo un asunto de absoluta actualidad.

    Entre los  ejemplos antiguos, citaré los de los tres famosos poetas latinos citados anteriormente, que se vieron obligados a reivindicar su rectitud de vida personal frente a la alegría procaz de sus poemas, que algunos de sus lectores parecen no admitir.

    El primero de los tres en el tiempo es Catulo (h. 84 a. C.-Roma, h. 57 a. C.).

    El poema 16 de Catulo es un poema complejo, a cuya interpretación se han dedicado muchas páginas porque en él se reflejan algunas de las características de la sexualidad de los romanos hasta el punto de haber sido considerado como expresión de la identidad masculina en toda su fuerza: el “vir romanus” puede ser homosexual y recibir  la “fellatio” sólo si  es activo y dominador y no pasivo. Parece también que a Catulo le ha molestado enormemente que se le considere “poco hombre” porque pide miles de besos a su amada (en la condición del “vir” romano está el tomar y no pedir a un ser inferior como es considerada la mujer).

    Pero no me interesa ahora analizar estas cuestiones sino el hecho de que Catulo contrapone la inventiva literaria, la persona poética, a la persona real, negando así el principio estoico de talis oratio qualis vita (el discurso ha de ser acorde con la vida) que al menos obliga a guardar las apariencias y cómo reivindica cierta libertad para la literatura si ha de resultar atractiva.

    "Os joderé y me la chupareis,
    bujarrón Aurelio y marica Furio,
    que me habéis creído poco decente
    porque mis versos son voluptuosos.
    Pues el buen poeta debe ser casto,
    pero no sus versos que no lo necesitan.
    Que estos sólo tienen sal y encanto
    si son algo voluptuosos y poco púdicos
    y si pueden encender los ánimos,
    no diré yo de los muchachos, sino de esos velludos
    varones que no menean ya sus duros lomos.
    Y vosotros, porque leísteis tantos miles
    de besos ¿me juzgáis poco hombre?
    Os joderé y me la chuparéis."

    (Traduccion de L.A. de Villena)

    Pedicabo ego vos et irrumabo,
    Aureli pathice et cinaede Furi,
    qui me ex versiculis meis putastis,
    quod sunt molliculi, parum pudicum.
    Nam castum esse decet pium poetam
    ipsum, versiculos nihil necesse est;
    qui tum denique habent salem ac leporem,
    si sunt molliculi ac parum pudici,
    et quod pruriat incitare possunt,
    non dico pueris, sed his pilosis
    qui duros nequeunt movere lumbos.
    Vos, quod milia multa basiorum
    legistis, male me marem putatis?
    Pedicabo ego vos et irrumabo

    Otro ejemplo posterior en el tiempo es el de Ovidio (43 a.C.-17 d.C.). Acusado de “inmoral” en su tiempo y para toda la posteridad con la colaboración decisiva del emperador Augusto, que utilizo su famoso Arte de Amar como excusa para condenarlo al exilio en los confines del Imperio, y del Cristianismo que lo calificó de poeta “absolutamente pagano e inmoral”, tuvo que reivindicar una y otra vez la honorabilidad de su vida personal explicando la diferencia entre la creación literaria  y la vida real.

    En la elegía dirigida a un amigo orador, dice en Tristia I,9,55 y ss:

    Mejor hubiera sido que mi obra no hubiera brillado por su celebridad, y así como las graves disciplinas, elocuente amigo, te están dando provecho, así un arte diferente a ellas me ha perjudicado. Sin embargo mi vida te es conocida; tú sabes que las costumbres de su autor se apartaron de tales artes; y sabes que ese viejo poema fue compuesto en mi juventud y que tales poemas, aunque no son precisamente dignos de elogio, con todo no son sino bagatelas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at nostrum tenebris utinam latuisset in imis !
    expediit studio lumen abesse meo.
    utque tibi prosunt artes, facunde, severae,
    dissimiles illis sic nocuere mihi.
    vita tamen tibi nota mea est. scis artibus illis
    auctoris mores abstinuisse sui :
    scis vetus hoc iuveni lusum mihi carmen, et istos
    ut non laudandos, sic tamen esse iocos.

    Ovidio aclara las cosas en  Tristia II, 345 y ss. :

    Este libertinaje es el que me ha hecho odioso ante ti por culpa de mi Arte, del que tú piensas que incita a las alcobas veladas. Pero ni bajo mi magisterio las esposas aprendieron a ser infieles, ni nadie puede enseñar lo que poco conoce. Yo he compuesto versos divertidos y poemas amorosos de manera que ninguna habladuría atentara contra mi reputación. Y no hay ni siquiera marido alguno entre el pueblo llano, cuya paternidad se ponga en duda por mi culpa. Créeme, mis costumbres son distintas de mi poesía (mi vida es honesta, mi Musa divertida) y gran parte de mis obras es falsa y fingida: se han permitido decir más de lo que su propio autor se propuso. Mi libro no es expresión de mi espíritu, sino la inocente intención de ofrecer muchos temas apropiados para deleitar los oídos. De lo contrario Accio sería cruel, Terencio un parásito y los que cantan fieros combates serían belicosos. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Haec tibi me inuisum lasciuia fecit, ob Artes,
          Quis ratus es uetitos sollicitare toros.
    Sed neque me nuptae didicerunt furta magistro,
          Quodque parum nouit, nemo docere potest.
    Sic ego delicias et mollia carmina feci,
          Strinxerit ut nomen fabula nulla meum.
    Nec quisquam est adeo media de plebe maritus,
          Vt dubius uitio sit pater ille meo.
    Crede mihi, distant mores a carmine nostro
          (Vita uerecunda est, Musa iocosa mea)
    Magnaque pars mendax operum est et ficta meorum:
          Plus sibi permisit compositore suo.
    Nec liber indicium est animi, sed honesta uoluntas:
          Plurima mulcendis auribus apta feres.
    Accius esset atrox, conuiua Terentius esset,
          Essent pugnaces qui fera bella canunt.

    Insiste en la misma idea en Tristia II, 303 y ss.

    Además, la primera página aleja las manos virtuosas de mi Arte, escrito solamente para cortesanas. Toda aquella que irrumpe en un lugar adonde el sacerdote no permite la entrada, inmediatamente se convierte en culpable de un delito del que el sacerdote queda absuelto.

    No es, por tanto, un delito hojear versos de tema amoroso, pues a las mujeres les está permitido leer muchas cosas que, sin embargo, han de evitar hacer. Con frecuencia una matrona de severa expresión ve mujeres desnudas y preparadas para todo tipo de experiencia amorosa; los ojos de las Vestales contemplan los cuerpos de las prostitutas*, sin que esto haya sido motivo de castigo para su jefe.

    Pero ¿por qué en nuestra poesía hay demasiado libertinaje o por qué mi libro incita a todos a amar? No es sino un error y (hay que reconocerlo) una falta manifiesta: me arrepiento de mi inspiración y de mi juicio. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    * Porque asistían a las fiestas de Floralia entre el 28 de abril y el 3 de mayo en que las prostitutas se exhibían desnudas según la obra también de Ovidio Fastos V, 159-378.

    et procul a scripta solis meretricibus Arte
    summovet ingenuas pagina prima manus.
    quaecumque erupit, qua non sinit ire sacerdos,
    protinus huic dempti criminis ipsa rea est.
    nec tamen est facinus versus evolvere mollis ;
    multa licet castae non facienda legant.
    saepe supercilii nudas matrona severi
    et veneris stantis ad genus omne videt.
    corpora Vestales oculi meretricia cernunt,
    nec domino poenae res ea causa fuit.
    at cur in nostra nimia est lascivia Musa,
    curve meus cuiquam suadet amare liber ?
    nil nisi peccatum manifestaque culpa fatenda est :
    paenitet ingenii iudiciique mei.

    También en Tristia 3, 2, 5-9

    Ni a mí me sirve de nada el hecho de haber compuesto poesías sin delito real alguno y el que mi Musa haya sido más licenciosa que mi propia vida, sino que, tras haber sufrido incontables peligros por tierra y por mar, me tiene prisionero el Ponto abrasado por el persistente frío. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Nec mihi, quod lusi uero sine crimine, prodest,
          Quodque magis uita Musa iocata mea est:
    Plurima sed pelago terraque pericula passum
          Vstus ab assiduo frigore Pontus habet.

    De Marcial (40 d.C.-104), el poeta hispano de Bilbilis (Calatayud) que marchó como tantos otros a Roma, a la Urbe, al centro del mundo, nos quedan unos 1.550 epigramas; de ellos unos 100 pueden considerarse obscenos aplicando criterios de moral contemporánea: son los que se refieren o mencionan el cunnilingus másculino y femenino, la fellatio y la sodomía.

    Marcial tiene también que repetir la misma aclaración y casi con las mismas palabras que los poetas anteriores, sobre la diferencia entre la literatura y la vida:

    Martial I,4:

    Si por casualidad te topas, César, con mis libritos, deja de fruncir tu entrecejo
    señor del mundo. Vuestros triunfos acostumbran también a tolerar las bromas, y no siente pudor un general por ser materia de chistes. Te ruego que leas mis obras con esa misma frente con que contemplas a Timele y al payaso Latino. La censura puede permitir unas inocentes chanzas: mis páginas son licenciosas; mi vida, honesta.
    (Traducción de José Guillén)

    Contigeris nostros, Caesar, si forte libellos,
    Terrarum dominum pone supercilium.
    Consuevere iocos vestri quoque ferre triumphi,
    Materiam dictis nec pudet esse ducem.
    Qua Thymelen spectas derisoremque Latinum,
    Illa fronte precor carmina nostra legas.
    Innocuos censura potest permittere lusus:
    Lasciva est nobis pagina, vita proba.

    También en la presentación del Libro VIII y en el primer epigrama de ese libro aborda la cuestión del lenguaje de sus poemitas:

    AL EMPERADOR DOMICIANO CÉSAR AUGUSTO GERMÁNICO DÁCICO, VALERIO MARCIAL, SALUD
    Todos mis libritos, ciertamente, señor, a los que tú has dado fama esto es, vida, se ponen bajo tu protección y gracias a ello, pienso, serán leídos. Pero éste, que lleva por título el octavo de mi obra, disfruta de más frecuentes ocasiones de manifestarte mi piedad filial. Hube, por consiguiente, de esforzarme menos en las agudezas, cuyo lugar había ocupado la materia, a la que, desde luego, he tratado de darle variedad con alguna inserción de vez en cuando de mis chanzas, para que no todos los versos aportaran a tu divina modestia elogios que más fácilmente podrían cansarte a ti que saciarme a mí. Pero aunque hasta los hombres más severos y de mayor fortuna han escrito los epigramas con tal estilo que parecen haber emulado el lenguaje licencioso de los mimos, yo, sin embargo, no les he permitido hablar tan licenciosamente como suelen. Siendo así que una parte del libro no sólo la mayor, sino también la mejorestá ligada a la majestad de tu sagrado nombre, recuérdese que, a no ser purificados con una lustración religiosa, no se debe acceder a los templos. Esto, para que quienes van a leerme sepan que lo guardaré fielmente, en el mismo umbral del presente librito, he tenido a bien declararlo con un brevísimo epigrama.

    I
    Propósito
    Libro, que te dispones a entrar a los penates ornados de laurel de nuestro
    señor, aprende a hablar más honestamente con una lengua respetuosa. Retírate, desnuda Venus; no es el tuyo este librito. Ven tú en mi ayuda, tú, Palas del César.
    (Traducción de José Guillén)

    Imperatori Domitiano Caesari Augusto Germanico Dacico Valerius Martialis S.
    Omnes quidem libelli mei, domine, quibus tu fa-
    mam, id est vitam, dedisti, tibi supplicant; et, puto,
    propter hoc legentur. Hic tamen, qui operis nostri octa-
    vus inscribitur, occasione pietatis frequentius fruitur.
    Minus itaque ingenio laborandum fuit, in cuius locum
    materia successerat: quam quidem subinde aliqua ioco-
    rum mixtura variare temptavimus, ne caelesti verecun-
    diae tuae laudes suas, quae facilius te fatigare possint,
    quam nos satiare, omnis versus ingereret. Quamvis
    autem epigrammata a severissimis quoque et summae
    fortunae viris ita scripta sint, ut mimicam verborum
    licentiam adfectasse videantur, ego tamen illis non per-
    misi tam lascive loqui quam solent. Cum pars libri et
    maior et melior ad maiestatem sacri nominis tui alli-
    gata sit, meminerit non nisi religiosa purificatione
    lustratos accedere ad templa debere. Quod ut custo-
    diturum me lecturi sciant, in ipso libelli huius limine
    profiteri brevissimo placuit epigrammate.

    I

    Laurigeros domini, liber, intrature penates
    Disce verecundo sanctius ore loqui.
    Nuda recede Venus; non est tuus iste libellus:
    Tu mihi, tu Pallas Caesariana, veni.

    Marcial I, 35 XXXV

    No pidas recato a mis epigramas
    Te lamentas, Cornelio, de que escribo unos versos poco serios y que no puede comentar el maestro en la escuela. Pero estos libritos, como los maridos a sus mujeres, no pueden deleitar si están capados. ¿Qué, si me mandas que entone un epitalamio sin las palabras del epitalamio? ¿Quién pone vestidos a los juegos Florales o permite a las meretrices el pudor de la estola?  Tal es la norma que se les ha dado a los versos jocosos: que no pueden agradar si no son picantes. Por ello, abandonada tu severidad, te ruego que tengas consideración con mis retozos y juegos y no te empeñes en castrar mis libritos. No hay cosa más torpe que un Príapo capón.
    (Traducción de José Guillén)

    Versus scribere me parum severos
    Nec quos praelegat in schola magister,
    Corneli, quereris: sed hi libelli,
    Tamquam coniugibus suis mariti,
    Non possunt sine mentula placere.
    Quid si me iubeas talassionem
    Verbis dicere non talassionis?
    Quis Floralia vestit et stolatum
    Permittit meretricibus pudorem?
    Lex haec carminibus data est iocosis,
    Ne possint, nisi pruriant, iuvare.
    Quare deposita severitate
    Parcas lusibus et iocis rogamus,
    Nec castrare velis meos libellos.
    Gallo turpius est nihil Priapo.

    Lo mismo en 9, 28

    El mimo Latino
    Honor amable de la escena, gloria de los juegos públicos, yo soy el famoso
    Latino —tus aplausos y tus delicias— que fui capaz de convertir a Catón en
    espectador, de relajar la seriedad de los Curios y Fabricios . Pero mi vida no ha
    copiado nada de nuestro teatro y me guío tan sólo por las normas escénicas. Y no podría agradar a nuestro señor sin moralidad: ese dios escudriña bien adentro de los corazones. Vosotros llamadme parásito del laureado Febo, con tal que Roma sepa que soy el servidor de su Júpiter.
    (Traducción de José Guillén)

    Dulce decus scaenae, ludorum fama, Latinus
    Ille ego sum, plausus deliciaeque tuae,
    Qui spectatorem potui fecisse Catonem,
    Solvere qui Curios Fabriciosque graves.
    Sed nihil a nostro sumpsit mea vita theatro,
    Et sola tantum scaenicus arte feror:
    Nec poteram gratus domino sine moribus esse;
    Interius mentes inspicit ille deus.
    Vos me laurigeri parasitum dicite Phoebi,
    Roma sui famulum dum sciat esse Iovis.

    Y en Libro 11, 15

    Mis páginas son lascivas; pero mi vida, honrada
    Tengo páginas que podrían leer la esposa de Catón y las horribles sabinas2309;
    pero quiero que este libro sonría todo él y que sea más atrevido que mis otros libros. Éste, que se empape en vino y que no le dé rubor estar sucio de los aceites cosmianos, que juegue con los chicos, que ame a las chicas  y que no hable con rodeos de aquella de la que todos nacemos, la madre de todos, a la que el venerable Numa llamaba picha. Estos versos, sin embargo, acuérdate que son saturnales, Apolinar: este librito no refleja mis costumbres.
    (Traducción de José Guillén)

    Sunt chartae mihi, quas Catonis uxor
    Et quas horribiles legant Sabinae:
    Hic totus volo rideat libellus
    Et sit nequior omnibus libellis.
    Qui vino madeat nec erubescat
    Pingui sordidus esse Cosmiano,
    Ludat cum pueris, amet puellas,
    Nec per circuitus loquatur illam,
    Ex qua nascimur, omnium parentem,
    Quam sanctus Numa mentulam vocabat.
    Versus hos tamen esse tu memento
    Saturnalicios, Apollinaris:
    Mores non habet hic meos libellus.

    Plinio el Joven hace referencia al uso de palabras crudas en los poemitas para darles su gracia. Reproduzco íntegra la Epistula 4, 14:

    Gayo Plinio a Paterno
    Tal vez tú reclamas y esperas, según la costumbre, un  discurso mío, pero yo te envío mis entretenimientos poéticos como si se tratase de una mercancía exótica y refinada. Recibirás con esta carta algunos de mis endecasílabos, con  los que he recreado el tiempo libre en los viajes, en los baños, en las comidas. En ellos puedes encontrar mis bromas y [3] juegos, mis amores, lamentos, quejas y enfados, y descripciones, a veces algo más concisas, a veces algo más elevadas; y con su propia variedad pretendemos conseguir que unos agraden a unos, otros tal vez a todos. Sin embargo, si [4] alguno de ellos te parece poco delicado, tu erudición te permitirá recordar que aquellos ilustres y serios escritores, que cultivaron tales géneros, no sólo no evitaron la escabrosidad de los temas, sino que ni siquiera se abstuvieron de emplear palabras crudas, que nosotros rehuimos, no porque seamos más estrictos que ellos (¿de dónde acá?), sino porque somos más tímidos. Por otra parte, sé que la regla más auténtica de[5] estas piezas cortas es la que Catulo expresó con estas palabras: «En verdad el poeta virtuoso debe ser él mismo puro, pero no es necesario que lo sean sus versos; pues, sólo si son lascivos y algo desvergonzados, entonces tienen por fin gracia y encanto»

    Puedes valorar en cuánto estimo tu [6] opinión sobre todo por el hecho de que he preferido someter a tu juicio la totalidad de la obra a que elogies algunos pasajes seleccionados, y por otra parte los versos más excelentes [7] dejan de parecerlo cuando encuentras otros análogos. Además, un lector inteligente y sutil no debe comparar unos pasajes con otros diferentes, sino juzgar cada uno en sí mismo, y no considerar uno, que es perfecto en su género, inferior a otro. [8] ¿Pero, para qué seguir? Pues utilizar un largo prefacio para excusar o recomendar mis majaderías, resulta el colmo de la majadería. Me parece que debo decirte aún una cosa más: observa que yo he titulado estas bagatelas mías «endecasílabos», título que hace referencia solamente al metro [9]en el que están escritas. Por todo ello, puedes llamarlas epigramas o idilios o églogas o, como hace la mayoría, poemas cortos, o de cualquier otra forma que prefieras; pero yo[10] mantendré la denominación de endecasílabos. Espero de tu franqueza que me digas a mí lo que estás dispuesto a decir a otros sobre mi libro, y creo que no es pedirte demasiado. Pues si este pequeño trabajo nuestro fuese el mejor o el único de mi producción tal vez resultase cruel decirme: «Intenta hacer otra cosa»; pero es gentil y humano que me digas: «Tienes algo mejor que hacer». Adiós. (Traducción de JuliánnGonzález Fernández.Edit. Gredos)

    C. PLINIUS [DECIMO] PATERNO SUO S.
    Tu fortasse orationem, ut soles, et flagitas et exspectas; at ego quasi ex aliqua peregrina delicataque merce lusus meos tibi prodo.  Accipies cum hac epistula hendecasyllabos nostros, quibus nos in vehiculo in balineo inter cenam oblectamus otium temporis.  His iocamur ludimus amamus dolemus querimur irascimur, describimus aliquid modo pressius modo elatius, atque ipsa varietate temptamus efficere, ut alia aliis quaedam fortasse omnibus placeant.  Ex quibus tamen si non nulla tibi petulantiora paulo videbuntur, erit eruditionis tuae cogitare summos illos et gravissimos viros qui talia scripserunt non modo lascivia rerum, sed ne verbis quidem nudis abstinuisse; quae nos refugimus, non quia severiores – unde enim? -, sed quia timidiores sumus.  Scimus alioqui huius opusculi illam esse verissimam legem, quam Catullus expressit:
    Nam castum esse decet pium poetam
    ipsum, versiculos nihil necesse est,
    qui tunc denique habent salem et leporem
    si sunt molliculi et parum pudici.
    Ego quanti faciam iudicium tuum, vel ex hoc potes aestimare, quod malui omnia a te pensitari quam electa laudari. Et sane quae sunt commodissima desinunt videri, cum paria esse coeperunt.  Praeterea sapiens subtilisque lector debet non diversis conferre diversa, sed singula expendere, nec deterius alio putare quod est in suo genere perfectum. Sed quid ego plura? Nam longa praefatione vel excusare vel commendare ineptias ineptissimum est. Unum illud praedicendum videtur, cogitare me has meas nugas ita inscribere 'hendecasyllabi', qui titulus sola metri lege constringitur.  Proinde, sive epigrammata sive idyllia sive eclogas sive, ut multi, poematia seu quod aliud vocare malueris, licebit voces; ego tantum hendecasyllabos praesto.  A simplicitate tua peto, quod de libello meo dicturus es alii, mihi dicas; neque est difficile quod postulo. Nam si hoc opusculum nostrum aut potissimum esset aut solum, fortasse posset durum videri dicere: 'Quaere quod agas'; molle et humanum est: 'Habes quod agas.' Vale.

    También Apuleyo nos da una valiosa información en su Apología, o discurso sobre la magia, en defensa propia.

    Apología, 11:

    Pero, si seré necio, que trato estos temas incluso ante un tribunal. ¿O es que, más bien, sois vosotros unos acusadores de mala fe, por presentar tales cargos en una acusación, como si el entretenerse haciendo versos constituyera una prueba irrefutable sobre el valor moral de quien los hace? :No habéis leído, desde luego, los versos en los que Catulo  responde así a los malintencionados:

    Conviene, en efecto, que el poeta piadoso observe
    una conducta personal intachable, pero sus versos no
    tienen por qué ser también castos.

    El divino Adriano, como honrase con sus versos la tumba del poeta Voconio, amigo suyo, escribió sobre ella este epitafio:

    Tus versos eran lascivos, pero tu mente era pura.

    Nunca habría dicho tales palabras, si unos poemas, por ser un tanto voluptuosos, debieran interpretarse como prueba inequívoca de conducta licenciosa. Recuerdo haber leído también muchas poesías de este género compuestas por el propio emperador Adriano*. Atrévete, si quieres, Emiliano, a decir que no está bien hacer lo que el divino Adriano, emperador y, por tanto, censor, no sólo hizo, sino que, una vez hecho, legó a la posteridad. ¿Pero es que piensas acaso que Máximo va a condenar mis poemas, sabiendo que los he compuesto siguiendo el ejemplo de Platón? Los versos que acabo de citar de este filósofo son tanto más puros, cuanto mds sinceros; su obra poética es tanto más casta, cuanto menos artificiosamente ha sido expresada. En realidad, el disimular y ocultar estas cosas y todas las de este género es propio de quien tiene conciencia de culpabilidad; el expresarlas con sinceridad y el publicarlas es, por el contrario, un simple pasatiempo literario. La naturaleza, en efecto, ha asignado a la inocencia el atributo de la palabra y al mal, en cambio, el del silencio.

    No quisiera citar este profundo pensamiento del divino Platón, ya que son muy raros los hombres piadosos que lo ignoran, aunque sea desconocido por todos los profanos; dice Platón que la diosa Venus posee dos naturalezas, que cada una de ellas personifica un tipo peculiar de amor y que ambas reinan sobre amantes  diferentes. … (Traducción de Santiago Segura Munguía. Editorial Gredos)

    * Elio Espartiano en Scriptores historiae Augustae, XIV,  asegura que el emperador Adriano compuso varios poemas amatorios: Et de suis dilectis multa versibus composuit, amatoria carmina scripsit.

    ** Platón en su diálogo El Banquete 180C opone la Afrodita Pandemos a la Afrodita Urania.

    Sed sumne ego ineptus, qui haec etiam in iudicio? an uos potius calumniosi, qui etiam haec in accusatione, quasi ullum specimen morum sit uersibus ludere? Catullum ita respondentem maliuolis non legistis:

    nam castum esse decet pium poetam
    ipsum, uersiculos nihil necesse est?

    Diuus Adrianus cum Voconi amici sui poetae tumulum uorsibus muneraretur, ita scripsit: ‘lasciuus uersu, mente pudicus eras,’ quod nunquam ita dixisset, si forent lepidiora carmina argumentum impudicitiae habenda. ipsius etiam diui Adriani multa id genus legere me memini. aude sis, Aemiliane, dicere male id fieri, quod imperator et censor diuus Adrianus fecit et factum memoriae reliquit. ceterum Maximum quicquam putas culpaturum, quod sciat Platonis exemplo a me factum? cuius uersus quos nunc percensui tanto sanctiores sunt, quanto apertiores, tanto pudicius compositi, quanto simplicius professi; namque haec et id genus omnia dissimulare et occultare peccantis, profiteri et promulgare ludentis est; quippe natura uox innocentiae, silentium maleficio distributa.

    mitto enim dicere alta illa et diuina Platonica, rarissimo cuique piorum ignara, ceterum omnibus profanis incognita:  geminam esse Venerem deam, proprio quamque amore et diuersis amatoribus pollentis;

    earum alteram uulgariam, quae sit percita populari amore, non modo humanis animis, uerum etiam pecuinis et ferinis ad libidinem imperitare ui immodica trucique perculsorum animalium serua corpora complexu uincientem: alteram uero caelitem Venerem, praeditam quae sit optimati amore, solis hominibus et eorum paucis curare, nullis ad turpitudinem stimulis uel illecebris sectatores suos percellentem; quippe amorem eius non amoenum et lasciuum, sed contra incomitum et serium pulchritudine honestatis uirtutes amatoribus suis conciliare, et si quando decora corpora commendet, a contumelia eorum procul absterrere; neque enim quicquam aliud in corporum forma diligendum quam quod ammoneant diuinos animos eius pulchritudinis, quam prius ueram et sinceram inter deos uidere. quapropter, ut semper, eleganter Afranius hoc scriptum relinquat: ‘amabit sapiens, cupient ceteri,’ tamen si uerum uelis, Aemiliane, uel si haec intellegere unquam potes, non tam amat sapiens quam recordatur.

    Citaré para finalizar esta larga serie de textos la última parte del Centón Nupcial, Cento Nuptialis, de Ausonio, poeta de Burdeos, que vivió entre los años 310 y 395 y fue preceptor del emperador Graciano en su niñez.

    Ausonio escribió un poema muy famoso llamado Centón Nupcial (Cento Nuptialis) que nos desconcierta con un erotismo, pornografía tal vez para algunos, que de ninguna forma esperaríamos en este poeta.

    Debemos aclarar que un Centón es un poema confeccionado con versos diversos extraídos de otro autor que se integran en un conjunto distinto en el que adquieren otro significado distinto. Ausonio confeccionó un poema sobre el matrimonio precisamente con versos de Virgilio, el poeta más puro del que se hacían juegos de palabra con su nombre Virgilio relacionándolo con “virgen”, calificándolo pues de “virginal”.

    En otro momento dedicaré un artículo a este poema, del que ahora tan sólo quiero citar la última parte, Cento Nuptialis,10, (Aus. Cent. Nupt. 8,132 y ss. en otras ediciones) en la que justifica su texto recordando precisamente lo dicho y hecho por otros muchos autores, entre otros los citados en este mismo artículo.

    Date por contento, qerido Paulo,
      con esta página, Paulo, lasciva:
    que rías, nada más te pido.

    Mas cuando la hayas leído, ayúdame con esos que, como dice Juvenal, “fingen ser Curios y viven Bacanales”, no sea que crean que mis costumbres son como mi poema.
    “Lasciva es mi página, honrada mi vida”, como dice Marcial. Que recuerden también, pues además son eruditos, al más que honrado Plinio, que introdujo la lascivia en sus poemas, la limpieza en sus costumbres; que la obrita de Sulpicia ardía de prurito, mas su frente estaba fruncida; que Apuleyo fue en su vida un filósofo, en sus epigramas un erótico; que hay en todos los preceptos de Tulio severidad, más en sus cartas a Cerelia había un fondo de descaro; que el Banquete de Platón contiene epilios compuestos para efebos. ¿Y qué diré de los Fesceninos de Aniano, qué de los libros del Erotopaegnion del vetusto poeta Levio? ¿Y qué de Eveno, a quien Menandro llamó sabio? ¿Qué del propio Menandro? ¿Qué de los cómicos todos? Su vida es severa y su profesión, de contenido festivo. ¿Qué de Marón, llamado “Partenio” (virginal) a causa de su recato? En el octavo libro de la Eneida, cuando describía el coito de Venus y Vulcano introdujo “verdulerías” de un modo decente. ¿Y qué? En el libro tercero de las Geórgicas, ¿acaso no veló al tratar de los machos sueltos en la vacada el obsceno asunto con un honesto cambio de palabras? Y, si la severidad que viste a algunos hombres, condena algo en nuestro juego, que sepa que todo se ha tomado de Virgilio. Así pues, a quien no le guste nuestro juego, que no lo lea, y si lo ha leído, que lo olvide, y si no lo olvida que lo perdone. Al fin y al cabo es la historia de una boda y, quiera o no quiera, estas solemnidades no son de otra manera.
    (Traducción de Antonio Alvar Ezquerra. Edit. Gredos)

    Notas:
    Sulpicia es una de las escasas escritoras romanas de la que conocemos su nombre, que cita Marcial en el libro X, 35 y 38; parece que escribió epigramas eróticos dirigidos a su marido; podría también ser un personaje ficitio creado por Marcial. Aniano, autor del siglo II, escribió unos Fescennini versi. Se trata de versos de contenido obsceno. El nonbre deriva de “fascinum” y su función está relacionada con la evitación del “mal de ojo”.  Véase https://www.antiquitatem.com/fascinar-mal-de-ojo-falo-apotropaico
    De Virgilio se dice en Donatus, Vita Vergilii,6, (11): Por lo demas es conocido que en su vida fue tan honesto en su rostro y en su alma que en Nápoles se le llamaba “Parthenias” (virginal). Cetera sane vita et ore et animo tam probum fuisse constat ut Neapoli Parthenias appellaretur; La palabra griega παρθένος, parthenos, significa “virgen” (Recordemos que el famoso Parthenon es el templo a la Virgen Atenea, patrona de Atenas) .

    Contentus esto, Paule mi,
    lasciva, Paule, pagina:
    ridere, nil ultra, expeto.
    Sed cum legeris, adesto mihi adversum eos, qui,
    ut Iuvenalis  ait, ‘Curios simulant et Bacchanalia
    vivunt,’ ne fortasse mores meos spectent de carmine.
    ‘Lasciva est nobis pagina, vita proba,’
    ut Martialis  dicit, meminerint autem, quippe eruditi,
    probissimo viro Plinio in poematiis  lasciviam,
    in moribus constitisse censuram; prurire opusculum
    Sulpiciae, frontem caperare; esse Appuleium in vita
    philosophum, in epigrammatis amatorem; in praeceptis
    Ciceronis extare severitatem, in epistulis ad
    Caerelliam subesse petulantiam; Platonis Symposion
    composita in ephebos epyllia continere, nam quid
    Anniani Fescenninos, quid antiquissimi poetae Laevii
    Erotopaegnion libros loquar? quid Evenum, quem
    Menander sapientem vocavit? quid ipsum Menandrum?
    quid comicos omnes, quibus severa vita est
    et laeta materia? quid etiam Maronem Parthenien
    dictum causa pudoris, qui in octavo Aeneidos, cum
    describeret coitum Veneris atque Vulcani, atque αἰσχροσεμνίαν
    decenter immiscuit? quid? in tertio Georgicorum
    de summissis in gregem maritis nonne obscenam
    significationem honesta verborum translatione
    velavit? et si quid in nostro ioco aliquorum hominum
    severitas vestita condemnat, de Vergilio arcessitum
    sciat, igitur cui hic ludus noster non placet, ne
    legerit, aut cum legerit, obliviscatur, aut non oblitus
    ignoscat, etenim fabula de nuptiis est et, velit nolit,
    aliter haec sacra non constant.

    Sirvan también las palabras fnales de Ausonio como final perfecto para este artículo.

    Tan sólo me queda añadir que en consecuencia no tiene por qué existir una real y absoluta coincidencia entre lo que el poeta o autor literario escribe y su forma de vida; dejemos un amplio campo a la creatividad e imaginación del autor. Incluso puede ocurrir que el objetivo del escritor sea sencillamente engañar al lector.

    En este caso deberemos admitir también la posibilidad de que autores de escritos de elevado y rígido tono moral  lleven una vida personal poco edificante. ¿Pero añade algo a la densa obra del autor cristiano a marchamartillo saber que visitaba con asiduidad los prostíbulos madrileños o murió de cirrosis etílica? ¿Debemos caer en esos cotilleos?

    Pero también habremos de concluir que también son muchos los casos en los que la literatura es un reflejo de la vida real del autor y en los que el propio estilo literario está en relación directa con la forma de ser del autor. Todo ello obliga siempre a una lectura atenta, informada y crítica de cualquier obra literaria.

  • Los que…/ las que.. (Qui…Quae..)

    Es una cuestión bien evidente y establecida que la mujer en general en el mundo antiguo, en Grecia y en Roma, apenas si juega papel alguno público , social y políticamente, permaneciendo en gran medida invisible, incluso en estancias diferentes dento de la propia casa; así llamamos “gineceo”, γυναικεῖον, a las habitaciones de la casa de uso exclusivo de las mujeres; el “andrón”, Ἀνδρῶν, es la parte de la casa reservada a los hombres.

    Es verdad que cualquier afirmación sobre el mundo antiguo necesita muchas matizaciones y conocimientos más profundos. Así no es igual la situación de la mujer griega que la de la romana y esta última en los primeros siglos que al final de la República o durante el Imperio, cuando su “status” social y jurídico ha sufrido importantes modificacioes.

    Incluso es llamativo el hecho de que si bien socialmente su papel relevante es el de matrona de la casa, hablamos de las mujeres libres de las familias nobles romanas, en cambio en el “panteón” grecorromano las diosas, semidiosas, heroínas tienen una presencia importante y si Zeus-Júpiter responde al paradigma paternalista del dios-padre, la virginal Ártemis o Diana representa a la mujer autónoma, libre y rompedora con el sistema patriarcal dominante.

    También en el arte en general y en la epigrafía funeraria, por ejemplo, las mujeres están bien presentes y representadas.

    Quiero decir con todo ello que cualquier afirmación sobre el mundo antiguo, que solemos verlo con ojos del presente, necesita de matizaciones y análisis fino.

    Pero no quiero referirme a ello sino a un asunto bien actual, el del sexismo en el lenguaje.

    Tanto el griego como el latín son lenguas flexivas, muy flexivas; es decir, las palabras admiten diversas formas, generalmente terminaciones diferentes para expresar los diversos “accidentes gramaticales”.

    Decimos que el español, como otras varias lenguas actuales, son derivadas del latín. Podríamos decir también que estas lenguas no son sino un latín evolucionado a lo largo de los años sometido a la influencia del substrato de otras lenguas y factores diversos. Esa relación se aprecia por el que no es especialista en lenguas sobre todo en el léxico o conjunto de palabras, pero también en las estructuras sintácticas, a pesar de las variaciones. Hay algunas otras cuestiones menos evidentes y menos esperadas.

    Así por ejemplo en latín hay dos números gramaticales, singular y plural y dos hay también en español; (en realidad queda en latín algún resto de un tercero llamado dual que se aplicaba a los seres u objetos que generalmente aparecen de dos en dos, como las dos manos, los dos ojos, las dos orejas, etc.).

    En latín hay tres géneros, masculino, femenino y neutro. En español el neutro ha desaparecido, tan sólo queda algún resto en el artículo “lo”, en el pronombre “ello”, etc. por lo que resultan tan sólo operativos el masculino y el femenino.

    Pues bien, la utilización de los géneros gramaticales en español ha generado además de las cuestiones puramente lingüísticas, otras de tipo social y hasta político cuando “género gramatical” se identifica con "sexo físico”. Resulta que la lengua, como otras actividades humanas, funciona con un invisible principio de “economía de medios” y así generalmente utiliza nombres sustantivos o adjetivos “masculinos” para referirse tanto a hombres como a mujeres, es decir, a masculinos y femeninos. Así cuando afirmamos “el hombre es un ser dotado de inteligencia” nos referimos naturalmente al “hombre y la mujer”, sin excluir a estas últimas. En términos más inguïsticos diríamos que el español “marca” el término femenino, pero no el masculino, que al no estar “marcado” puede emplearse para referirse a los dos géneros.

    En ello ha influido naturalmente la propia conformación histórica de la sociedad, acertadamente definida como “patriarcal” dado el papel preponderante que en la vida civil y social ha tenido y en buena medida tiene el “pater”, el padre, y no la madre, relegada de manera general y durante muchos años al interior del hogar y sus funciones.

    Pero las funciones de los hombres y las mujeres en la sociedad  han cambiado notablemente en un proceso de equiparación que desde luego no ha finalizado. Este proceso en buena medida no ha sido amable, sino que ha provocado grandes polémicas entre personas “patriarcales”, “machistas” en terminología popular, y “feministas”. Este proceso de equiparación se ha extendido y generalizado a todos los sectores de la sociedad. Así en los países democráticos se ha conseguido una igualdad en las leyes, que ya no amparan la discriminación a la hora de gozar de derechos en función del género o sexo de las personas. La equiparación real en la sociedad evidentemente no se ha conseguido  todavía y queda aún gran camino por andar. Por ejemplo las leyes que regulan el trabajo y las relaciones laborales no son discriminatorias, pero en nuestro país es una triste realidad que las mujeres en muchas ocasiones  cobran un salario inferior al del hombre aún realizando el mismo trabajo.

    Pues bien, hay quien considera que ese lenguaje en el que algunos  términos de género másculino se utilizan para referirse conjuntamente a seres masculinos y femeninos es discriminatorio y “sexista”, es decir, exalta el género o sexo masculino en detrimento del femenino. Así el lenguaje es también un campo de enfrentamiento entre los que se agarran a los usos tradicionales y quienes exigen una renovación que no oculte la realida de que la mitad aproximadamente de los seres humanos que habitan el planeta tierra son mujeres.

    Las soluciones que se han propuesta son diversas y su aceptación general es poco menos que imposible. Así se propone sustituir los términos de género concreto por otros de significado más abstracto, por ejemplo emplear “la humanidad” en vez de “los hombres”, o “la ciudadanía” en vez de “ciudadanos” y “ciudadanas”, o utilizar indistinta o alternativamente uno u otro, así diríamos unas veces “los hombres” y otras “las mujeres”; ”los chicos” y “”las chicas”;  o utilizar simultáneamente los dos, así “los hombres y las mujeres”, “los compañeros y las compañeras”, “los niños y las niñas”,etc.

    Esta cuestión del lenguaje sexista no está definitivamente resuelta, a pesar de los esfuerzos normativos de algunas instituciones. Es más, la cuestión genera a veces notables polémicas, como la recientemente surgida entre dos académicos de nuestra Real Academia Española que ha derivado en varios artículos de réplicas y contrarréplicas cargadas de argumentos ad hominem.

    A estas alturas del artículo, más de un lector se preguntará ¿a cuento o razón de qué viene toda esta exposición en un blog dedicado al mundo antiguo grecorromano?

    Pues bien, no puedo afirmar que esta cuestión del uso “sexista” del lenguaje se planteara en el mundo antiguo, pero existen pruebas tan antiguas como la Iliada griega en la que en determinado momento se especifican y emplean simultáneamente el término masculino y el femenino. Fue precisamente una relectura reciente de la Iliada la que me hizo tropezar con el verso 350 del libro XV y la que motivó este artículo con tan larga introducción.

    Dice Homero en Iliada, XV, 346-351:

    Y Héctor exhortaba a los teucros, diciendo a voz en grito:
    —Arrojaos a las naves y dejad los cruentos despojos. Al que encuentre lejos de los bajeles, allí mismo le daré muerte, y luego sus hermanos y hermanas no le entregarán a las llamas, sino que le despedazarán los perros fuera de la ciudad.
    (Traducción de Luis Segalá y Estalella. 1910)

    En una traducción más reciente se dice:

    Héctor arengó a los troyanos con recia voz:
    “¡Atacad las naves y dejad los ensangrentados despojos!
    Al que yo vea en otro sitio que no sea junto a las naves,
    allí mismo me las ingeniaré para matarlo, y quizá no le hagan
    partícipe del fuego tras la muerte sus parientes y parientas,

    sino que los perros lo arrastrarán delante de nuestra ciudad.”  (Traducción de Emilio Crespo Güemes. Editorial Gredos.1991)

    En esta ocasión citaré también el texto en griego para que pueda comprobarse por parte del lector que el uso de “parientes y parientas” no es mero efecto de la traducción, sino que así se ve en el original: γνωτοί y γνωταί son la forma masculina y femenina de la misma palabra:

    Ἕκτωρ δὲ Τρώεσσιν ἐκέκλετο μακρὸν ἀΰσας
    νηυσὶν ἐπισσεύεσθαι, ἐᾶν δ' ἔναρα βροτόεντα·
    ὃν δ' ἂν ἐγὼν ἀπάνευθε νεῶν ἑτέρωθι νοήσω,
    αὐτοῦ οἱ θάνατον μητίσομαι, οὐδέ νυ τόν γε
    γνωτοί τε γνωταί τε πυρὸς λελάχωσι θανόντα,   
    ἀλλὰ κύνες ἐρύουσι πρὸ ἄστεος ἡμετέροιο.

    Fijémonos ahora en  este otro ejemplo de Pausanias, (ochocientos años le separan del texto anterior, que en su Descripción de Grecia, al hablar de Delfos, refiriéndose a Homero y Píndaro y a la fuente Casótide, dice en 10, 24,2:

    Se puede contemplar también una estatua en bronce de Homero en una columna y en esta se lee el oráculo que dicen le fue dado a Homero:

                               Feliz y desgraciado, naciste para ambas cosas,
                               preguntas por tu patria. Pero tienes matria y no patria,
                               La isla de Íos es patria de tu madre y a tí cuando mueras
                               te acogerá; pero de los niños el enigma guarda.

    Los de Íos muestran la tumba de Homero en su isla y en otro sitio de la misma la de Clímene que dicen fue la madre de Homero.

    Los de Chipre, que reivindican también para sí a Homero dicen que su madre fue una mujer de la isla, Temistó, y dicen que Euclo profetizó el nacimiento de Homero en estos versos:

                  Entonces en la marítima Chipre habrá un gran cantor
                  a quien Temistó, divina entre las mujeres, parirá en el campo,
                  lejos dela rica Salamina., y él será glorioso.
                  Dejará Chipre y será llevado por las olas
                a cantar el primero las desgracias de la ancha Grecia,
                y será inmortal y siempre joven por todos los tiempos.

    Esto lo había yo oído y lo conocía por haber leído los oráculos, pero no le atribuyo ninguna relación con la patria ni la época de Homero. (Traducción de Antonio Tovar. Editoral Orbis.)

    Ya comenté algo al respecto de esta cuestión en https://www.antiquitatem.com/educacion-de-la-mujer-griega-platon

    Pero quiero ahora resaltar un hecho curioso y significativo.

    De manera especial y repetida se utilizó en ocasiones el doblete masculino/femenino en el mundo legislativo romano. Hay momentos en los que el legislador quiere dejar bien claro lingüísticamente que se refiere a “hombres y mujeres” de manera no discriminatoria. El jurista romano ha optado por la solución de utilizar conjuntamente los términos masculinos y el correspondiente femenino; es decir, por la solución, “los/las”, “los cuales/las cuales”, “libertos/libertas”, “esclavos/esclavas”, etc. en clara semejanza a algunos usos actuales.

    Lo he encontrado también en una reciente visita al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, en la conocida como “Ley Salpensana”, que regula la vida ciudadana de la localidad de Salpensa,  actual Facialcázar, población cercana a  Utrera,  en la Bética Hispana de la época Imperial de Domiciano.

    Sabido es que el “Derecho Romano” es el conjunto de leyes que regulan exclusivamente la vida del “ciudadano romano”. Ahora bien, no todos los habitantes del Imperio Romano son “ciudadanos” (cives), algunos son afines pero no ciudadanos romanos, como los “latini”, otros son amigos extranjeros, pero no ciudadanos, los peregrini cuyas relaciones con los romanos vienen determinadas por el ius gentium; muchos de ellos son esclavos, es decir, hombres sin derechos. Cada grupo tiene sus propios derechos, hasta que en el año 212 con la llamada Constitutio Antoniniana el emperador Caracalla considera ciudadanos romanos a todos los habitantes libres del imperio, entre ellos a los de Hispania, naturalmente .
    De manera similar, los romanos van asimilando los territorios y ciudades que van conquistando y van creando otras muchas con diversas entidad jurídica, tales como las “colonias” o los “municipios”. Es más, se aplica la diversa calificación jurídica en función de la calidad de sus ciudadanos y de su asimilación a Roma.

    El emperador Tito Flavio Domiciano ( 51 –  96) va asimilando desde el año 73 las ciudades hispanas a la condición de “latinas”; así promulgó y concedió entre los años 81 y 84 al municipio de Salpensa una ley con la que les concedía el “ius Latii”, el derecho del Lacio, el Derecho Latino, de inferior categoría y menos beneficiosa que el “ius romanum”. De esta ley se conervan tan sólo 9 capítulos de una plancha de las varias de que debió constar, de acuerdo con otras leyes semejantes, como la  Lex Flavia Malacitana,  y  la Lex Irnitana.

    Sobre estas leyes y su significado he de escribir en su momento algún artículo, pero hoy me limitaré a la constatación de esa precisión linguïstica que diferencia en  la lengua escrita, en este caso de una ley, entre los seres de género y sexo másculino y femenino. Desde luego no lo hace por considerar la formula generalista como sexista sino por razones de precisión jurídica, pero ¿quién nos iba a decir que esta fórmula que entre nosotros ha servido  y sirve de confrontación cuando no de ejercicios de dudoso humor (recordemos el afamado “miembros y miembras” adjudicado a cierta persona de  significada función política), quién nos iba a decir que ya tuvo acomodo en un texto de hace dos mil años?
    ¿No podríamos pensar,  tal vez con alguna exageración, que ya  en época de los emperadores romanos las mujeres, de manera especial las  de Hispania, exigían un papel más igual al de los hombres y en todo caso un mismo tratamiento en los textos jurídicos de sus ciudades?

    Museo Arqueológico Nacional. Madrid

    Reproduzco tan sólo las cinco rúbricas en las que aparecen estos usos en latín y en su traducción en castellano, dejando para otra ocasión el comentario y significado, no exento de dificultad. Duplico también en la traducción las formas masculina y femenina. Me baso para las traducciones en el meritorio trabajo del grupo ue conforma el llamado Proyecto de Innovación Docente UCM 23/2014 de la Universidad Complutense de Madrid, accesible en la dirección web https://www.ucm.es/derecho-romano/lex-salpensana-on-line

    Nota: La palabra “rúbrica”  deriva de la latina ruber,rubra,rubrum, que significa “rojo”.  Según el diccionario de la Real Academia Española, en sus dos primeras acepciones significa:

    1. f. Rasgo o conjunto de rasgos, realizados siempre de la misma manera, que suele     
    ponerse en la firma después del nombre y que a veces la sustituye.
    2. f. Epígrafe o rótulo.

    En la quinta, que ya advierte que está en desuso, significa:

    5. f. desus. Señal encarnada o roja.

    Y es precisamente esta quinta la que nos explica el significado de las anteriores. En los antiguos textos, sobre todo legales, el comienzo o título del párrafo se presentaba de color  “rojo”, y de ahí los significados derivados.

    Textos:

    Rúbrica 21 

    Para que los magistrados obtengan la ciudadanía romana: 21 .- Quienes por esta ley sean nombrados duunviros o ediles o cuestores, que sean ciudadanos romanos cuando después de un año abandonen la magistratura, junto con sus padres y cónyuges y los hijos concebidos en legítimas nupcias y que estén sujetos a la potestad de los padres, así como los nietos y nietas nacidos y nacidas del hijo, los cuales y las cuales estén bajo potestad de los padres, mientras no haya más ciudadanos romanos que los que por esta ley conviene que sean nombrados magistrados.

    R. Ut magistratus civitatem Romanam consequantur. [XXI. . . Qui llvir aedilis quaestor ex hac lege factus erit cives Romani sunto cum post annum magistratu] | abierint cum parentibus coniugibusque {h}ac liberi(s) qui legitumis nuptis quae l siti in potestatem parentium fuerunt item nepotibus ac neptibus filio I nat{al}is [natabus] qui quaeque in potestate parentium fuerint dum ne plures c(ives) R(omani) I  sint qua(m) quod ex h(ac) l(ege) magistratus creare oportet. ……

    Rúbrica 22

    Que quienes consigan la ciudadanía romana, mantengan su mancipium, pleno dominio y patria potestad.
    El que y la que por esta ley o por el edicto del emperador César Augusto Vespasiano, del emperador Tito César Augusto o del emperador César Augusto Domiciano, padre de la patria, vaya a conseguir la ciudadanía romana: que el que la que  haya sido (a él a ella) por esta ley conserve su patria potestad, pleno dominio y mancipium, que debiera tener si no hubiera cambiado cambiada a la ciudadanía romana y que tenga el derecho de elegir un tutor, que tendría si hubiese nacido nacida de un ciudadano romano y no hubiera cambiado cambiada a la ciudadanía.

    R. Ut qui civitat(em) Roman(am) consequantur, maneant in eorundem m(ancipio) m(anu) potestate.
    XXII. Qui quaeque ex h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Vespasiani, imp(eratoris)ve Titi Caesaris Aug(usti), aut imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Domitiani, p(atris) p(atriae), civitatem Roman(am) consecutus consecuta erit. Is ea in eius, qui c(ivis) R(omanus) h(ac) l(ege) factus erit, potestate manu mancipio, cuius esse deberet, si civitate Romana mutatus mutata non esset, esto idque ius tutoris optandi habeto, quod haberet si a cive Romano ortus orta neq(ue) civitate mutatus mutata esset.

    Rubrica 23

    Rúbrica para que quienes obtengan la ciudadanía romana mantengan los derechos sobre los libertos.
    Que el que o la que  a partir de esta ley o por un edicto del emperador César Vespasiano Augusto, del emperador Tito César Vespasiano Augusto o del emperador César Domiciano Augusto haya obtenido la ciudadanía romana, respecto a los libertos y libertas suyos y suyas paternos y paternas, los cuales y las cuales no habrían accedido a la ciudadanía romana, y sobre los bienes de éstos y de éstas y las cosas que fueron impuestas a causa de la libertad, tenga el mismo derecho y condición que tendría si no hubiese sido cambiado cambiada de ciudadanía.

    R. Ut qui c(ivitatem) R(omanam) consequentur, iura Iiberatorum retineant.
    XXIII. Qui quaeve [ex] h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caes(aris) Vesp(asiani) Aug(usti), imp(eratoris)ve Titi Caes(aris) Vespasian(i) Au(gusti) I aut imp(eratoris) Caes(aris) Domítiani Aug(usti) c(ivitatem) R(omanam) consecutus consecuta erit: is in | libertos libertasve suos suas paternos paternas, qui quae in c(vitatem) R(omanam) non | venerit, deque bonis eorum earum et is, quae libertatis causa inposita | sunt, idem ius eademque condicio esto, quae esset, si cìvitate mutatus I mutata non esset.

    Rúbrica 28.

    Rúbrica. Sobre los esclavos que han de ser manumitidos ante los duunviros.
    Si algún ciudadano del municipio Flavio Salpensano, que fuese Latino, ante los duunviros que presiden la jurisdicción del municipio, manumitiera a su esclavo o esclava de la servidumbre a la libertad y le ordenara que fuese libre (liberado,liberada), siempre y cuando ningún muchacho, doncella o mujer, sin autorización del tutor, al que y a la que manumita  ordene que alguien sea libre (liberado liberada); el que así sea manumitido y al la que se ordene ser libre, sea libre, y la que así sea manumitida y a la que se ordene ser libre, sea libre, quienes, como libertos latinos, son o serán libres de pleno derecho. El que sea menor de veinte años, por el contrario, que manumita únicamente si el número de decuríones que aprobaron los decretos acordes con esta ley juzgara que la causa es justa.

    R. De servis aput IIvir(um) manumittendis. XXVIII. Si quis municeps munici Flavi Salpensani, qui Latinus erit, aput Ilvir(os), | qui iure dicundo praeerunt eius municipi, servom suom servamve suam | ex servitute in libertate[m] manumiserit, liberum liberamve esse iusserit, | dum ne quis pupillus neve quae virgo mulierve sine tutore auctore | quem quamve manumittat, liberum liberamve esse iubeat: qui ita | manumissus liberve esse iussus erit, liber esto, quaeque ita manumissa | liberave [esse] iussa erit, libera esto, uti qui optum[o] iure Latini libertiní li Iberi sunt erunt; dum is qui minor XX annorum erit ita manumittat, | si causam manumittendi iusta[m] esse is numerus decuríonum, per quem | decreta h(ac) l(ege) facta rata sunt, censuerit. 

    Rúbrica 29

    Rúbrica: de la asignación de tutor
    Al que no tenga tutor o le sea incierto, si él o ella fuere ciudadano del municipio flavio salpensano y no fueren pupilos o pupilas y pidiera a los duoviros, que gobiernan en el municipio administrando justicia, que le asignen, el tutor y que nombren a aquél a que quiera asignarle. Entonces éste [magistrado], a quien se ha hecho la petición, una vez conocida la causa, tanto si tiene uno o muchos colegas, en relación con el parecer de todos los colegas, que estén en este municipio o dentro de los límites de este municipio, si les pareciera [a ellos], otorgue como tutor a éste que haya sido nombrado. Si aquel o aquella en cuyo nombre se haya pedido asi, fuera pupilo o pupila, o si aquel a quien se haya solicitado, no tuviera colega o no hubiese ningún colega en este municipio o dentro de los limites de este municipio, entonces aquel, a quien se haya solicitado así, conocida la causa, en los diez dias inmediatos, por decreto de los decuriones, siendo propicia no menos de dos partes de los decuriones, dé como tutor a aquel que fuera nombrado, a fin de que la tutela no se aieje de un tutor legítimo. Quien por esta ley sea dado como tutor, éste sea entonces tutor legítimo para aquél, para quien se ha dado, a fin de que la tutela no se aleje de un tutor legitimo tanto si este tutor fuese ciudadano romano como si fuese su agnado inmediato, también ciudadano romano.

    Cui tutor non erit incertusve erit, si is eave municeps municipi Flavi Salpensani erit, et pupilli pupillaeve non erunt, et ab IIviris, qui iure dicundo praeerunt eius municipi, postulaverit, uti sibi tutorem det, et eum, quem dare volet, nominaverit: tum is, a quo postulatum erit, sive unum sive plures collegas habebit, de omnium collegarum sententia, qui tum in eo municipio intrave fines municipi eius erunt, causa cognita, si ei videbitur, eum qui nominatus erit tutorem dato. Sive is eave, cuius nomine ita postulatum erit, pupillus pupillave erit, sive is, a quo postulatum erit, non habebit collegam, collegave eius in eo municipio intrave fines eius municipi nemo erit: tum is, a quo ita postulatum erit, causa cognita in diebus X proximis, ex decreto decurionum, quod cum duae partes decurionum non minus adfuerint, factum erit, eum, qui nominatus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, ei tutorem dato. Qui tutor hac lege datus erit, is ei, cui datus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, tam iustus tutor esto, quam si is civis Romanus et ei adgnatus proximus civis Romanus tutor esset.

    Expresiones similares aparecen en las otras leyes de contenido también similar y que por ello evito repetir.

  • El mirlo blanco y el cisne negro son «una rara avis», es decir «dos raras aves»

    “Rara avis”, “mirlo blanco”, “cuervo blanco”, “cisne negro” son expresiones antiguas que nos sirven para expresar la rareza y escasa o excepcional existencia de un ser, persona, animal, objeto e incluso idea y pensamiento. La antigüedad de la expresión “rara avis” (rara ave, extraña ave) podemos afirmarla a partir de la antigüedad de su lengua, el latín, pero también “mirlo blanco” y “cisne negro” y hasta “cuervo blanco” se vienen usando desde la Antigüedad grecolatina hasta nuestros días.

    Desde el punto de vista de la “Estilística” podemos hablar de ejemplos de la figura retórica denominada adýnaton o impossibile, en plural adýnata o impossibilia, con la que hacemos referencia a seres o hechos imposibles porque contradicen las leyes de la Naturaleza.

    Nota: ἀδυνατον (adynaton, "una imposibilidad"), a partir de α- (a-, "sin") + δύναμαι (dynamai, "soy poderoso, soy capaz")

    Los griegos ya utilizaban como expresión proverbial “ver un cuervo blanco”, λευκὸν ἰδεῖν κόρακα,  (leukòn ideîn kóraka) como algo imposible o adýnaton; nos lo atestigua Antología Palatina11 (11. 417).

    Anónimo
    Sobre una mujer vieja que  molesta a un hombre joven.
    Agita las bellotas de otro roble, Menesthion; Así como yo no acepto manzanas arrugadas más allá de su estación, desea tú siempre la fruta en su mejor momento como yo; porque  ¿para qué tratar de ver un cuervo blanco?

    Nota; Es decir, te va a ser tan difícil tenerme a mí como  encontrarte con un cuervo blanco

    Nota: La Antología Palatina es una compilación de epigramas de todo tipo (funerarios, votivos, amorosos, etc.)  de autor desconocido, redactada hacia el año 980 d. C. Recibe el nombre de la Biblioteca Palatina de Heidelberg, adonde fue a parar a finales del siglo XVI.

    De “mirlo blanco” encontramos referencias ya entre los griegos; podemos suponer que se utilizaba ya con sentido proverbial.

    Aristóteles (384 a.C.-322ª.C.) no fue sólo un filósofo, profesión por la que es mejor identificado por los lectores actuales, sino un científico variado que tocó todos los temas de su época y que ha tenido una enorme influencia en la cultura occidental hasta los tiempos modernos. Entre los numerosos tratados de ciencia que escribió, (muchos no se conservan) algunos son de “biología”. Uno de estos últimos tiene por título  “Historia de los animales”, en su versión latina “Historia animalium”. Aristóteles describió más de 500 seres vivientes. Sin entrar en consideraciones sobre la autoría real o no de Aristóteles de algunas partes de esta obra, lo cierto es que en el libro IX, 617a (19) se  nos habla de los “mirlos” y nos dice:

    Hay dos variedades de mirlos: uno es negro y se encuentra en todos los sitios, y el otro blanco, de tamaño igual al primero y su voz allá se va con la de aquel. Este último se encuentra en Cilene de Arcadia y en ningún otro sitio más. Semejante al citado mirlo negro es el izquierdo (lectura insegura), pero de tamaño un poco más pequeño. Este pasa el tiempo en las rocas y en los tejados, pero el pico no lo tiene rojo como el mirlo. (Traducción de José Vara Donado, para Editorial Akal)

    Nota: Cilene es la segunda montaña más alta del Peloponeso en Grecia, frontera entre la regiones de Arcadia y Acaya, que alcanza los 2.374 metros.

    El Pseudo-Aristóteles,   nos dice en  “De las cosas maravillosas oídas”,  en latín “de Mirabilibus Auscultationibus15, 831b 14”:

    Dicen que en Cilene en Arcadia los mirlos son blancos, pero no existen en ningún otro lugar, y que tienen voces armoniosas y salen a la luz de la luna; Y que si alguien intentara pillarlos de día, son muy difíciles de atrapar.

    Nota: El “de mirabilibus auscultationibus” es una colección de anécdotas de diversos temas generalmente relacionados con la naturaleza, plantas, animales, minerales, clima, geografía, etc. Tradicionalmente esta obra  se atribuyó erróneamente a Aristóteles y es un ejemplo de Paradoxografía o relato de  anécdotas o fenómenos anormales o inexplicables.

    Plinio el Viejo (23 d. C.- 79 d. C.), el naturalista que murió durante la erupción del Vesubio recoge esta peculiaridad de algunos mirlos en su obra Historia Natural (Naturalis Historia) X ,87,:

    Los mirlos en Cilene en la Arcadia y en ningún otro lugar nacen blancos. El ibis en Pelusio sólo es negro mientras que en todos los restantes lugares es blanco.

    merulae circa Cyllenen Arcadiae, nec usque aliubi, candidae nascuntur. ibis circa Pelusium tantum nigra est, ceteris omnibus locis candida.

    También nos habla de ello Pausanias, el viajero griego de la época imperial de Adriano que nos legó una auténtica guía turística de Grecia, que se titula “Descripción de Grecia”. Precisamente fue hojeando este guía para preparar un reciente viaje a Grecia cuando encontré la referencia a los “mirlos blancos”, que me ha sugerido este artículo.
    La referencia la hace en el libro VIII al describir la Arcadia, paisaje abrupto y duro que nada o poco tiene que ver con la visión idealizada, tópica e idílica construida por Virgilio, mil veces repetida luego, especialmente en el Renacimiento.

    Pues bien dice Pausanias en Descripción de Grecia, VIII, 17,3-4:

    También presenta Cilene la maravilla de que en él los mirlos son blancos. Las aves a las que los beocios dan este nombre son de otra especie que no canta. Hay águilas llamadas cicnias, semejantes a los cisnes en su blancura, las vi en Sípilo junto a la laguna que llaman de Tántalo; jabalíes blancos y osos blancos de Tracia fueron adquiridos por algunos particulares. Liebres las hay en Libia que tienen crías blancas, y ciervas las vi blancas en Roma, pero no pude averiguar si habían sido llevadas del continente o de las islas. Digo estas cosas a propósito de los mirlos de Cilene, para que nadie dude de ser verdad lo que acerca de su color he dicho.

    Claudio Eliano o Eliano (en latín, Claudius Aelianus en griego: Κλαύδιος Αἰλιανός), Praeneste, ca. 175 – ca. 235) fue un de retórica y escritor romano que hablaba el griego perfectamente y escribió sus obras en  griego.  En su “ Historia de los animales”,  V, 27, nos dice:

    “Las siguientes características de los animales son propias de un determinado número y distintas de las que poseen los demás miembros de la especie. Teopompo dice las liebres del país de los bisaltas tienen dos hígados. Istro dice que las gallinas de Ginea (Numida meleagris) no reciben  ningún daño de las aves de rapiña. Aristóteles asegura que los bueyes del país de los neuros tienen los cuernos sobre las paletillas, y Agatárquides que las cerdas de Etiopía tienen cuernos. Sósgrato dice que todos los mirlos de Cilene son blancos. Alejandro de Mindos asegura que las ovejas de la región del Ponto engordan a base del ajenjo más amargo. El mismo autor dice que las cabras nacidas en Mimante no beben agua en seis meses, sino que únicamente miran al mar con la boca abierta y que así aspiran la brisa marina. Estoy enterado de que las cabras de Iliria tienen la pezuña entera, no hendida. Teofrasto cuenta lo que parece un milagro: que en Babilonia los peces muchas veces salen del río y se ponen a pastar en tierra firme. (Traducción de José Vara Donado, para Editorial Akal)

    Obsérvese cómo en la información o desinformación de Eliano son blancos ya todos los mirlos de Cilene, sin espacio ni oportunidad alguna para los negros. Es esto lo que suele pasar en la transmisión poco cuidadosa de mensajes: en cada transmisión se modifica y deforma más el mensaje inicial.

    Yo nunca he tenido la oportunidad de ver alguna vez un “mirlo blanco”, pues todos con los que me he encontrado han sido negros con el pico anaranjado. Dudaba y sigo dudando de que existan los mirlos blancos. La ciencia seria nos dice que el nombre “mirlo” deriva del latino “merula”, que es un pájaro de unos 25 centímetros, que los machos son enteramente negros con el pico anaranjado y la hembra es de color pardo oscuro; que es capaz de aprender y repetir sonidos. Ninguna referencia seria se hace a la existencia de “mirlos blancos”, como no sea como consecuencia de alguna anomalía genética.

    Cicerón utiliza en una de sus cartas la expresión “avis alba”, con el mismo significado, sustituyendo el concreto “mirlo” por el genérico “ave”. Parece una extraña mezcla o contaminación de la expresión griega originaria “mirlo blanco” con la más latina “rara avis” que comentaré a continuación.

    Lo emplea Cicerón en una carta del año 45 o 46 a.C., es decir en el 707 o 708 desde la fundación de la Ciudad (Roma), en una carta a Curión, que ha decidido marchar a Grecia para dedicarse a los negocios. Aprovecha una vez más, dada su elevada autoestima, para autoconsiderarse un “una blanca ave”, es decir, un escaso buen ciudadano de buen criterio y opinión. Nótese cómo en la traducción del famoso humanista español de Alcaraz, en Albacete, se traduce “avem albam” por “cuervo blanco”.

    Dada la longitud no excesiva de la carta, me permito reproducirla completa, aprovechando así la oportunidad de leer por quien lo desee una de las más de ochocientas cartas que conservamos de Cicerón.

    Cicerón, Epistulade ad Familiares, VII, 28

    CICERÓN A CURIÓN. Año 707.

    Yo me acuerdo que un tiempo te tenía por loco, porque querías más vivir entre esa gente que en nuestra compañía. Porque para tu afable condición y dulce trato era más conveniente habitación esta ciudad (cuando ella era ciudad) que no toda la Morea cuanto más Patraso. Pero ahora veo que fuiste muy prudente en haberte ido a vivir a Grecia viendo las cosas de Roma casi sin esperanza de remedio; y vea también que el día de hoy en estar ausente de aquí, no solamente eres sabio, pero aun dichoso. Aunque, ¿qué hombre que algún poco de buen seso tenga se puede decir hoy día dichoso? Pero lo que tú, porque lo podías hacer así, has ganado por tus pies, que es estar en tierra donde no veas los hechos de estos poderosos…, ya me entiendes lo demás que quiero decir, esto mismo procuro yo alcanzar por otros medios. Porque después de haber empleado parte del día en visitar a mis amigos, lo cual ahora hago más a menudo que solía, porque les parece que hoy día ver un ciudadano que tenga buena opinión y parecer es como ver un cuervo blanco, enciérrome en mi librería, donde yo hago tantas obras cuantas tú por ventura sentirás. Porque de una tu conversación en que reprendías mi tristeza y poca confianza, entendí que decías a los de tu casa que no mostraba yo en mi vivir aquel ánimo que en mis libros parecía. Pero entonces lloraba yo la caída de la República, la cual quería yo y amaba mucho, no solamente por las buenas obras que ella me había hecho a mí, pero aun también por las grandes cosas que yo había hecho en su servicio: y aun el día de hoy, aunque ya no solamente me da consuelo la razón, la cual debe ser de mucha importancia, pero aun también el discurso del tiempo, que es el consuelo de los necios; con todo eso tengo grande sentimiento de ver el bien común tan arruinado y postrado, que no hay ni un aliento de esperanza de que algún día tendrá mejor asiento. De lo cual ahora no tiene la culpa aquel en cuyo poder está todo: si ya de esto no le damos culpa, y nos parece que no fuera razón que todo estuviera en poder de uno; pero parte ha sucedido de esta manera por desgracia, y parte por nuestra culpa, de manera que no hay ya para qué pensar en lo pasado ni quejarnos de ello. Para lo venidero no veo esperanza ninguna. Y así me vuelvo a lo que dije al principio. Que si por tu propio consejo te fuiste de aquí, has sido muy sabio; y si acaso, has sido muy dichoso. Ten salud.  (Traducción de Pedro Simón Abril. 1530-1595)

    Scr. Romae in. m. Sext. a. 708 (46) M. CICERO S. D. CVRIO. .
    Epistulae, 7.28
    memini cum mihi desipere videbare, quod cum istis potius viveres quam nobiscum. erat enim multo domicilium huius urbis, cum quidem haec urbs, aptius humanitati et suavitati tuae quam tota Peloponnesus, nedum Patrae. nunc contra et vidisse mihi multum videris, cum prope desperatis his rebus te in Graeciam contulisti, et hoc tempore non solum sapiens, qui hinc absis, sed etiam beatus. quamquam quis, qui aliquid sapiat, nunc esse beatus potest?
    sed quod tu cui licebat, pedibus es consecutus ut ibi esses, 'ubi nec Pelopidarum' (nosti cetera), nos idem prope modum consequimur alia ratione. Cum enim salutationi nos dedimus amicorum, quae fit hoc etiam frequentius quam solebat, quod quasi avem albam videntur bene sentientem civem videre, abdo me in bibliothecam. itaque opera efficio tanta quanta fortasse tu senties; intellexi enim ex tuo sermone quodam, cum meam maestitiam et desperationem accusares domi tuae, discere te ex meis libris animum meum desiderare.

    sed me hercule et tum rem publicam lugebam, quae non solum suis erga me sed etiam meis erga se beneficiis erat mihi vita mea carior, et hoc tempore, quamquam me non ratio solum consolatur, quae plurimum debet valere, sed etiam dies, quae stultis quoque mederi solet, tamen doleo ita rem communem esse dilapsam ut ne spes quidem melius aliquando fore relinquatur. nec vero nunc quidem culpa in eo est in cuius potestate omnia sunt (nisi forte id ipsum esse non debuit), sed alia casu, alia etiam nostra culpa sic acciderunt ut de praeteritis non sit querendum. reliquam spem nullam video. qua re ad prima redeo: sapienter haec reliquisti, si consilio, feliciter. si casu.

    La expresión, pues, solo sirve para referirse a una cosa rara, y esto desde la antigüedad y en varias lenguas como también ocurre  en francés , en donde por ejemplo existe, con el mismo significado, la expresión “merle blanc”. En italiano parece que prefieren “mosca bianca”, mosca blanca, relacionado tal vez con el ciceroniano “avis alba”, que he comentado anteriormente. En alemán emplean una expresión parecida a “mirlo blanco”, “ein weisser Rabe”, un cuervo blanco.

    En inglés no conozco expresión propia, habiéndose generalizado entre el ciudadano culto la expresión “rara avis”, que comento a continuación.

    “Rara avis” es una expresión latina bien extendida como proverbio, que ya utiliza Horacio (65 a.C-8 a.C.) en su Sátira II,2, en la que ensalza la vida sobria y la frugalidad que en el comer llega hasta la extravagancia en los manjares empujados por la moda y la vanidad. En esta Sátira el viejo campesino Ofelo, con su sabiduría popular, es el que expone las ventajas de la frugalidad frente al lujo sin sentido.

    Ciertamente, Horacio no utiliza la frase en el mismo sentido que aquí estamos comentando, pero utiliza la frase “rara avis” como tal.

    Dice Horacio en Sátiras, II, 2, 23 y ss:

    Y sin embargo a duras penas podré disuadirte de que, si te sirven un pavo (real), prefieras mimarte el gusto con él que con una gallina, corrompido como estás por las vanidades, porque aquella ave rara se vende a precio de oro y despliega el colorido espectacular de su cola; como si eso tuviera que ver con lo que nos importa. ¿Te comes acaso esas plumas que tanto encareces? ¿Es que una vez guisado conserva la misma belleza? (Traducción de José Luis Moralejo, para Editorial Gredos. 2010)

    vix tamen eripiam, posito pavone velis quin
    hoc potius quam gallina tergere palatum,
    corruptus vanis rerum, quia veneat auro      
    rara avis et picta pandat spectacula cauda:
    tamquam ad rem attineat quidquam. num vesceris ista,
    quam laudas, pluma? cocto num adest honor idem?

    Con el sentido que aquí se comenta se suele citar como primer texto latino escrito uno de Juvenal, que inmediatamente comentaré, pero Juvenal nacía precisamente cuando Persio moría y éste ya emplea en una de sus sátiras la expresión  "rara avis"

    Perrsio (Aulo Persio Flaco, 34 d. C. – Roma, 62 d. C.) es un poeta satírico latino que murió muy joven cuando apenas tenía 28 años. De moral estoica y rígida, critica los vicios de la sociedad de Nerón. Escribió seis Sátiras; en la primera critica la literatura de la época, por ejemplo a los poetas sus contemporáneos que pretenden agradar al público con una poesía altisonante hueca vacía de contenido. En este contexto en un ficticio diálogo en el que un poeta reconoce que a veces le sale algo digno de consideración, dice Persio en Sátira I, v. 43 y ss.

    ¿Oh tú, quienquiera que seas, a quien ahora mismo he movido a hablar contra mí! Sí, cuando escribo me sale, por puro azar, algo un poco aceptable. Pero, ¿cuándo ocurre? Es una rara ave; con todo, si me ha salido algo aceptable no me darán miedo las alabanzas, puesto que no soy de piedra. (Traducción de Manuel Balasch para Editorial Gredos, 2001)

    Ahí tenemos el primer testimonio escrito en latín de la expresión “rara avis”, que inmediatamente empleará también el otro gran satírico latino, Juvenal, en su Sátira VI. En esta ocasión se refiere a un individuo que pretende casarse y aprovecha la ocasión para criticar los vicios de las señoras y señores en relación con su matrimonio y dice a propósito de la mujer casta:

     Satira VI, 162 y ss.:

    “Y en medio de tantos hatajos de mujeres, ¿ninguna te parece digna de ti?”
    “Que sea hermosa, decente, rica, fecunda, que en sus pórticos alinee las vetustas figuras de sus antepasados, más intacta que aquellas sabinas que con sus cabellos sueltos impidieron una guerra: ave rara en esta tierra, muy semejante a un cisne negro… ¿Quién soportará a una mujer que no tenga defectos?
    (Traducción de Manuel Balasch para Editorial Gredos, 2001)

    ‘Nullane de tantis gregibus tibi digna videtur? ’
    sit formosa decens dives fecunda, vetustos
    porticibus disponat avos, intactior omni
    crinibus effusis bellum dirimente Sabina,
    165rara avis in terris nigroque simillima cycno:
    quis feret uxorem cui constant omnia?

    El mismo Juvenal, en la Sátira VII, 189 y ss. utiliza también la expresión “cuervo blanco”, similar a la de “mirlo blanco”, con la que iniciaba este artículo. ¿Serán el mismo pájaro el mirlo y el cuervo? Téngase en cuenta que la precisión antigua en la denominación y clasificación de los seres vivos, en este caso las aves, está muy lejos de la científica taxonomía moderna. Dice el texto de Juvenal en este pasaje, al hablar de la fortuna:

    “No atiendas a los casos de un hado excepcional. El hombre de suerte es bello y talentudo, el hombre de suerte es prudente, generoso y noble, puede atarse por encima del cuero negro (del calzado) una media luna; el hombre de suerte es buen orador y óptimo acusador; por ronca que tenga la voz, canta bien. Pues hay su diferencia según la estrella que te acoja cuando, rojizo aún del vientre de tu madre, empieces a emitir tus primeros vagidos. Si la Fortuna lo decide, de retórico llegarás a cónsul, y si ella misma lo resuelve uno que sea cónsul descenderá a retórico. ¿Pues qué prueba Ventidio? ¿Qué Tulio? ¿Acaso algo que no sea el ejemplo de su estrella y del poder mismo del destino? Los hados pueden dar reinos a los esclavos y la pompa triunfal a los cautivos. Sin embargo un hombre con una fortuna así es algo más raro que un cuervo blanco”.
    (Traducción de Manuel Balasch para Editorial Gredos, 2001)

    Nota: Ventidio, de prisionero de guerra con Pompeyo, llegó a cónsul. Tulio es el rey Servio Tulio, de origen humilde.

    exempla novorum
    fatorum transi: felix et pulcer et acer,
    felix et sapiens et nobilis et generosus
    adpositam nigrae lunam subtexit alutae;
    felix orator quoque maximus et iaculator,
    et si perfrixit, cantat bene. distat enim quae
    sidera te excipiant modo primos incipientem
    edere vagitus et adhuc a matre rubentem.
    si Fortuna volet, fies11 de rhetore consul;
    si volet haec eadem, fiet de consule rhetor.
    Ventidius quid enim? quid Tullius? anne aliud quam
    sidus et occulti miranda potentia fati?
    servis regna dabunt, captivis fata triumphum.
    felix ille tamen corvo quoque rarior albo.

    Juvenal unía en el primer texto aquí reproducido la expresión “ave rara” a otra de similar significado, “cisne negro”, utilizada desde la antigüedad con el mismo significado.

    Evidentemente, en la Antigüedad se daba por hecho que todos los cisnes habían de ser blancos y que por lo tanto no existían cisnes negros. Parece como si la expresión fuera el resultado de la conversión en proverbio del asunto que el científico Lucrecio plantea en el libro II de su “Sobre la naturaleza de las cosas”, v. 817  y ss. a propósito de los colores:

    Además, puesto que a cada forma determinada no le corresponde un determinado color, sino que todas las configuraciones de átomos pueden entrar en un tono cualquiera, ¿por qué los cuerpos que constan de ellos aparecen teñidos de todos los visos, sea cual sea su especie? Consecuente sería que a veces bandadas de cuervos despidieran un blanco color de su blanco plumaje, y que de gérmenes negros nacieran cisnes negros o de otro ti te cualquiera, uniforme o polícromo. (Traducción de Eduard Valentí Fiol para Editorial Bosch. 1976)

    Praeterea quoniam non certis certa figuris
    est natura coloris et omnia principioru
    formamenta queunt in quovis ese nitore,
    cur ea quae constant ex illis non pariter sunt
    omne genus perfusa coloribus in genere omni?
    conveniebat enim corvos quoque saepe volantis
    ex albis álbum pinnis iactare colorem
    et nigros fieri nigro de semine cycnos
    aut alio quovis uno varioque colore.

    Ovidio en una carta dirigida a Fabio Máximo, recogida en Pónticas III, 3, 95 y ss. hace una referencia al cisne negro:

    Si dudara de que tú, Maximo, apruebas estas palabras, creería que los cisnes son del color de Memnón. Pero ni la leche se cambia en negra pez, ni se convierte en terebinto lo que era marfil de brillante blancura.

    Nota: Memnón era rey de los etíopes y por tanto de color negro. La madera de terebinto es de color oscuro, según Plinio tan negra como el ébano.

    No nos puede extrañar que muchos años después un padre de la iglesia, tan misógino como Jerónimo (340 – 420) recoja la expresión de Juvenal y su opinión sobre la castidad de las mujeres; es ciertamente plausible que Jerónimo conociera a Juvenal y su famosa VI Sátira. Jerónimo emplea la expresión proverbial con alguna frecuencia; así lo hace en   De perpetua virginitate B. Mariae Liber, 20 (Adversus Helvidium) y en Dialogus adversus Pelagianos.Lib. II, 11; pero es en la referencia que hace a Teofrasto y su libro De nuptiis en su Adversus Iovianum, LIb. I, 47 donde lo emplea en el mismo sentido que Juvenal. Dicé allí:

    Pero si ella misma está mal, debemos caer enferma con ella y nunca apartarnos de su cama. O si ella es una esposa buena y agradable (¡lo que es una “rara avis”!), tenemos que compartir sus gemidos cuando está de parto y sufrir tortura cuando está en peligro. Un hombre sabio nunca puede estar solo.

    Quod si ipsa languerit,coegrotandum est, et numquam ab eius lectulo recedendum. Aut si bona fuerit et suavis uxor (quae tamen rara avis est), cum parturiente gemimus, cum periclitante torquemur. Sapiens autem numquam solus esse potest.

    Desde entonces a hoy no han dejado de utilizarse estas expresiones proverbiales.

    Pero ocurrió que en 1697, los ingleses trajeron de Australia a Inglaterra unos cisnes negros, (cygnus atratus) y este hecho produjo una notable conmoción en la sociedad inglesa y europea, acostumbrada a ver cisnes sólo blancos y que ahora habían de admitir la existencia de “cisnes negros”. Si la frase hasta ahora había servido para referirse a una persona o hecho especialmente raro o imposible ahora podría servir para referirse a la necesidad de explicación de un hecho cuya posibilidad de existencia no se contemplaba con anterioridad porque los hechos no lo hacían previsible.

    En fin, en cualquier caso es llamativo el hecho de que estas frases convertidas en proverbio soportan muy bien el paso de tiempo y aun de una lengua a otra con las necesarias adaptaciones.

  • Antiguos mitos intentan explicar las diversas formas de relación sexual entre las personas

    Fedro explica en una fábula por qué existe el homoerotiso u homosexualidad, tanto masculina como femenina; Ovidio también lo hace con su relato de Ifis e Iante. Platón también lo hizo en su diálogo El Banquete, como comenté en su momento. Incluso sin entenderlo muy bien, intentaron explicar la transexualidad y el transgénero.

    No  cuestionan los antiguos la heterosexualidad, es decir, el orden y moral social aceptada de manera general, pero reconocen la realidad natural de que algunas mujeres pueden sentir y querer  vivir como hombres y algunos hombres como mujeres.

    Dos mil años después, hay países de legislación avanzada en este reconocimiento de una realidad natural, frente a otros que incluso castigan muy duramente estos hechos tanto de homosexualidad femenina cuanto de transgénero o transexualidad.

    La homosexualidad femenina, que una mujer ame como mujer a otra de su mismo sexo,  es difícilmente comprendida como posible y muy poco visible en el mundo antiguo, aunque no inexistente.

    Existe ciertamente, aunque prácticamente invisibilizada también, la homosexualidad de una mujer que asume el papel de un hombre para relacionarse con otra mujer, es decir la masculinización de su comportamiento.  Es la llamada tríbade, mujer de comportamiento homoerótico, que busca la relación sexual con otra mujer,  o más específicamente, mujer que en la relación homoerótica femenina asume el papel dominante, el papel masculinizado; proviene del griego  τριβάς, tribas, derivado del verbo τριβηιν, tribein, que significa frotar, restregar o masturbar.

    Esta práctica homosexual u homoerótica femenina es rechazada socialmente de manera general por cuanto supone una transgresión de la práctica considerada normal, la heterosexual, pero en cualquier caso, en el mundo antiguo se reconoce su existencia al reconocer la complejidad y diversidad de la relación social entre los seres humanos; más aún, no sólo no se esconde sino que se aborda su explicación con cierta naturalidad, aunque sea recurriendo al mito.

    Es lo que hizo Platón como comenté en el artículo https://www.antiquitatem.com/homosexualidad-gay-lesbianismo-androgino

    Es lo que también hacen por ejemplo Fedro en su fábula IV, 16, eliminada junto con la 15 anterior de numerosas ediciones,  y Ovidio en el Libro IX de las Metamorfosis al narrar la historia de Ifis e Iante. Ambos textos han sido ampliamente estudiados  y comentados por investigadores interesados en el conocimientos de los comportamientos sexuales en la Antigüedad; yo sólo pretendo ahora dar cuenta de la existencia de estos textos para conocimiento del lector interesado.

    Fedro, IV,16

    Preguntó el otro qué causa explicaba la creación de las lesbianas y de los hombres afeminados. El anciano (Esopo) lo explicó.

    “El mismo Prometeo, el autor de los hombres de barro, que tan pronto chocan con la mala Fortuna se rompen, había modelado durante todo el día por separado las partes de la naturaleza que el pudor oculta con los vestidos, para adaptarlas tan pronto pudiera a sus respectivos cuerpos. Pero fue invitado a cenar inesperadamente por Liber. Después de haber regado bien sus venas con el mucho néctar, regresó a casa ya tarde con pie tambaleante. Entonces con su cabeza medio dormida y equivocada por la borrachera, colocó el sexo de mujer en el género  masculino y los miembros masculinos a las mujeres. Y por eso ahora disfrutan del placer con depravado gozo.

    Nota:1.Liber es el dios Dkionisos o Baco, dios del vino. 2.Según el Pseudo Apoolodoro, en su  Biblioteca mitológica, 1,7,1  Prometeo fue el creador de los hombres, haciéndolos de barro y por ello fue castigado por Zeus; en otras versiones Prometeo es sólo el benefactor, pero no el creador de la humanidad:

    Prometeo moldeó a los hombres de agua y de tierra y les dio también sin que Zeus lo supiera, el fuego que había escondido,  en una caña de hinojo. Pero cuando Zeus se enteró, ordenó a Hefesto encadenar su cuerpo en el monte Cáucaso, que es una montaña de Escitia. En él Prometeo fue encadenado y mantenido atado por muchos años. Toos los días un águila se abalanzaba sobre él y devoraba una parte de su hígado, que volvía a crecer  por la noche. Ese fue el castigo que Prometeo pagó por robar el fuego hasta que Hércules lo liberó más tarde…

    Rogavit alter, tribadas et molles mares
    Quae ratio procreasset? Exposuit senex:

    «Idem Prometheus, auctor vulgi fictilis
    Qui simul offendit ad fortunam frangitur,
    Naturae partis veste quas celat pudor,
    Cum separatim toto finxisset die,
    Aptare mox ut posset corporibus suis,
    Ad cenam est invitatus subito a Libero.
    Ubi irrigatus multo venas nectare
    Sero domum est reversus titubanti pede.
    Tum semisomno corde et errore ebrio
    Applicuit virginale generi masculo
    Et masculina membra applicuit feminis.
    Ita nunc libido pravo fruitur gaudio».

    Nota: de la fábula se deduce que la homosexualidad, tanto la masculina como la femenina, es fruto de un error y por lo tanto está en desacuerdo con el comportamiento normal, que es el heterosexual, pero el error es del mismoa creador de la “raza” humana y por tanto es “natural” y permanente, no una “enfermedad” que pueda ser curada, y como tal se intenta explicar con el mito.

    Ovidio por su parte narra en su obra más importante, Las Metamorfosis, diversos mitos referidos al comportamiento sexual de los hombres y las mujeres. El mito de Ifis e Iante aborda la realidad de algunas personas cuyo sentimiento y comportamiento psicológico no coinciden con su sexo físico.

    Ovidio describe la realidad de una muchacha, físicamente mujer pues,  que siente como un hombre y se enamora de otra mujer. La realidad observada plantea sin duda un problema en la sociedad antigua en la que no se concibe un matrimonio entre mujeres. La finalidad principal del matrimonio era procrear hijos para la propia familia y para la sociedad. La solución, acorde con la norma social imperante, es convertir a la niña en niño, aunque esa conversión sea debida a la poderosa diosa Isis y no al arte humano de la moderna cirugía.

    En el libro IX Ovidio, después de narrar el amor imposible de Biblis por su hermano Cauno,  nos cuenta  la historia de Ifis e Iante.

    Metamorfosis IX, 666-798

    La fama del inaudito prodigio habría invadido quizá las ciudades de Creta, si Creta no hubiese sufrido poco hacía un portento más cercano con la transformación de Ifis. En efecto, la tierra de Festo, inmediata al reino de Cnoso, había dado nacimiento a un hombre oscuro llamado Ligdo, de condición libre pero humilde, y los bienes de que disponía no eran mayores que su alcurnia, pero su vida y honradez eran intachables. El cual se dirigió a los oídos de su esposa, que estaba encinta, y cuando ya se acercaba el momento del parto, haciéndole estas advertencias: “Dos cosas hay que yo solicitaría de la divinidad: que te veas libre de esto con el menor dolor, y que des a luz un varón. La otra condición es más gravosa, y la fortuna le niega las fuerzas. Yo rechazo este presagio; de manera que si llega a suceder que de tu parto sea alumbrada una hembra (a disgusto te lo encargo; perdoname, afecto paternal), désele muerte".

    Así habló, y un torrente de lágrimas bañó los rostros tanto de quien hacia el encargo como de aquélla a quien se le hacía. Pero aún así Teletusa importuna constantemente a su marido con inútiles súplicas de que no le estreche así las esperanzas. La decisión de Ligdo es firme. Y ya venía ella llevando y sosteniendo un vientre cargado de un peso ya llegado a sazón, cuando en mitad de la noche y en forma de visión de sueño se alzó la Ináquide (Isis), o así se lo pareció a Teletusa, delante de su lecho y acompañada por el cortejo de sus misterios. En la frente tenía los cuernos de luna con espigas rubias de fulgurante oro, y también el ornamento real; con ella estaba el ladrador Anubis,  la santa Bubastis, Apis salpicado de diferentes colores, y también el que reprime la voz y ordena silencio con el dedo; también se encontraban allí los sistros y el nunca suficientemente buscado Osiris, y la extranjera serpiente llena de somníferos venenos. Entonces pareció como si Teletusa fuese despertada de su sueño y estuviese viendo claramente, y la diosa le habló así: “Oh Teletusa, que formas parte de las que me son fieles, abandona tus penosas preocupaciones y desatiende el encargo de tu marido. Y no dudes, cuando Lucina te exonere haciéndote dar a luz, en criar lo que alumbres, sea lo que sea. Yo soy la diosa del socorro, y otorgo mi ayuda cuando se me invoca; y no te lamentarás de haber venerado a una divinidad ingrata”. Así le aconsejó, y se alejó de la alcoba.

    Alegre se levanta del lecho la cretense, y alzando a los astros sus manos inocentes reza porque su sueño se realice. Cuando aumentaron los dolores, y la carga se expulsó a si misma saliendo a los aires, y nació una hembra sin que el padre se enterara, la madre ordenó que la criaran afirmando falsamente que era un niño. Fue creído el aserto, y sólo la nodriza estaba enterada del engaño. El padre cumple sus votos y le pone el nombre del abuelo: Ifis se había llamado el abuelo. La madre se alegró del nombre porque era común a los dos sexos, y con su uso nadie podría quejarse de fraude. Así empezó la superchería, que siguió estando oculta bajo una piadosa falsedad. El atavío era de niño; el rostro, tal, que lo mismo si se atribuía a una niña que a un niño, ambos resultaban hermosos. Y ya un tercer año había sucedido al décimo cuando tu padre, Ifis, te otorga como prometida a la rubia Iante, que era la muchacha más admirada entre las de Festo por el don de la belleza, y nacida de Telestes el del Dicte. La misma edad tenían ambas, la misma belleza, y de los mismos maestros recibieron la primera enseñanza o rudimentos propios de su edad. Así se originó el que el amor tocase el inexperto corazón de ambas y produjese en las dos igual herida, pero las esperanzas eran dispares: lante cuenta con el matrimonio y con el momento de la realización de la alianza, y cree que será su marido la que ella cree ser un hombre; Ifis ama a aquella de quien no espera poder gozar, y esto mismo acrecienta sus ardores, y se abrasa, doncella, por una doncella, y, conteniendo apenas las lágrimas, dice:

    “¿Qué fin me espera a mí, que estoy poseída de un ansia que nadie ha conocido, de un ansia monstruosa y cuyo objeto es un amor inaudito? Si los dioses quisieron salvarme, debieron salvarme; si no, y si por el contrario perderme, que me hubieran dado al menos una enfermedad natural y corriente. Ni la vaca se siente inflamada por el amor de una vaca, ni las yeguas por el de las yeguas; inflama el carnero a las ovejas, tras el ciervo va su hembra. También las aves se aparean así, y entre todos los animales no hay ninguna hembra que sea arrebatada por la pasión hacia una hembra. Quisiera no serlo yo. Sin embargo, y para que Creta no sea vea privada de producir toda clase de monstruosidades, la hija del Sol amó a un toro, pero en todo caso era una hembra que amaba a un macho. Mi amor, si he de decir verdad, es más frenético que aquél. Ella, por lo menos, fue tras de la esperanza de los placeres del amor; ella, por lo menos, y gracias a la falaz apariencia de vaca, recibió al bovino semental, y tuvo así un galán a quien engañar. Aunque confluya aquí la inventiva del mundo entero, aunque Dédalo regresara aquí volando con sus alas de cera, ¿qué va a hacer? ¿Me va a convertir de doncella en muchacho con su ingeniosa técnica? ¿Te va a transformar a ti, lante? ¿Por qué, Ifis, no fortaleces tu alma y te recuperas a ti misma, y arrojas esos ardores necios y desprovistos de razón? Mira lo que has nacido, a menos que te engañes también a ti misma, y aspira a lo que te es lícito, y ama lo que debes amar siendo hembra. La esperanza es lo que puede provocar el amor, y la esperanza lo que puede alimentarlo. Y a ti la realidad te priva de la esperanza, No es una guardia lo que te aparta del anhelado abrazo, ni la vigilancia de un marido prevenido, ni la dureza de un padre, no es ella quien rehúsa entregarse a tus solicitaciones, y sin embargo no te será posible llegar a poseerla, ni podrías ser feliz aunque todo te fuera favorable, aunque en ello se esforzaran los dioses y los hombres. Incluso en este momento, de los anhelos que tengo formulados sólo hay una parte que no sea una realidad, y los dioses, propicios para mí, me han dado cuanto han podido; y lo que yo quiero lo quiere mi padre, lo quiere ella y también mi futuro suegro. Pero no lo quiere la naturaleza, más poderosa que todos ellos, y que es la única que me perjudica. Y he aquí que es inminente el ansiado momento, se aproxima el día de mis nupcias y Iante va a ser mía enseguida… y no la tendré: pasaré sed en medio de las aguas. Oh Juno que patrocinas a las novias y oh Himeneo, ¿para qué venís a esta ceremonia en la que no hay novio que tome esposa y en la que ambas somos novias?”

    Con estas palabras interrumpió su monólogo. Tampoco la otra joven se abrasa con más moderación, y reza, Himeneo, para que vengas con presteza. Lo que ella pide lo teme Teletusa, y unas veces aplaza la fecha, otras gana tiempo fingiéndose enferma, y con frecuencia pretexta presagios y visiones. Pero ya había agotado todas las posibilidades de invención, era inminente el aplazado momento de la solemnidad nupcial, y sólo un día faltaba. Entonces la madre quita a su hija de la cabeza, y a sí misma, la redecilla, y con cabellos sueltos y abrazando el altar dijo: “Isis, que habitas los campos paretonios y mareóticos, y también Faro y el Nilo distribuido en siete canales: socórrenos, te lo suplico, y líbranos de nuestro temor. A ti, diosa, te vi yo en otro tiempo, y vi estos símbolos tuyos, y todos los reconocí, el ruido de los sistros y el cortejo y las antorchas, y tomé buena nota de tus órdenes en mi alma que no las ha olvidado. Si ella ve la luz, si yo no he sufrido castigo, todo eso tú lo planeaste y a ti te lo debo; compadécete de las dos y préstame tu auxilio”. Las lágrimas siguieron a sus palabras. Pareció que la diosa movía su altar (y lo movió), y temblaron las puertas del templo, resplandecieron los cuernos que semejan la luna, y repiqueteó el sonoro sistro. Salió del templo la madre no sin inquietud todavía, pero sí confortada por el favorable presagio. Conforme camina la madre, va Ifis a su lado acompañándola con pasos mayores de lo que acostumbraba, y no subsiste la blancura de su rostro, y sus fuerzas van aumentando, y su misma fisonomía es más enérgica, y más corta la longitud de sus cabellos, ahora en desorden, y dispone de mayor robustez que la que tenía siendo mujer. ¡Porque tú, que hace un momento eras mujer, eres un muchacho! ¡Ofreced presentes a los templos y regocijaos con confianza exenta de temor! Ofrecen presentes a los templos y añaden una inscripción; la inscripción contenía una breve fórmula: “Siendo un muchacho ha entregado Ifis los dones que prometió cuando era mujer”. El siguiente día había iluminado con sus rayos el ancho mundo, cuando Venus y Juno y el Himeneo se reúnen para celebrar las antorchas de la unión nupcial, y el joven Ifis entra en posesión de su Iante. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. CSIC)

    Fama noui centum Cretaeas forsitan urbes
    Inplesset monstri, si non miracula nuper
    Iphide mutata Crete propiora tulisset.
    Proxima Gnosiaco nam quondam Phaestia regno
    Progenuit tellus ignotum nomine Ligdum,
    Ingenua de plebe uirum; nec census in illo
    Nobilitate sua maior, sed uita fidesque
    Inculpata fuit. grauidae qui coniugis aures
    Vocibus his monuit, cum iam prope partus adesset:
    "Quae uoueam, duo sunt: minimo ut releuere dolore,
    Vtque marem parias. onerosior altera sors est,
    Et uires fortuna negat: quod abominor, ergo,
    Edita forte tuo fuerit si femina partu,
    (Inuitus mando: pietas, ignosce) necetur."
    Dixerat, et lacrimis uultum lauere profusis
    Tam qui mandabat, quam cui mandata dabantur;
    Sed tamen usque suum uanis Telethusa maritum
    Sollicitat precibus, ne spem sibi ponat in arto;
    Certa sua est Ligdo sententia. iamque ferendo
    Vix erat illa grauem maturo pondere uentrem,
    Cum medio noctis spatio sub imagine somni
    Inachis ante torum pompa comitata sacrorum
    Aut stetit aut uisa est: inerant lunaria fronti
    Cornua cum spicis nitido flauentibus auro
    Et regale decus; cum qua latrator Anubis
    Sanctaque Bubastis uariusque coloribus Apis,
    Quique premit uocem digitoque silentia suadet;
    Sistraque erant, numquamque satis quaesitus Osiris
    Plenaque somniferis serpens peregrina uenenis.
    Tum uelut excussam somno et manifesta uidentem
    Sic adfata dea est: "pars o Telethusa mearum,
    Pone graues curas mandataque falle mariti;
    Nec dubita, cum te partu Lucina leuarit,
    Tollere, quidquid erit. dea sum auxiliaris opemque
    Exorata fero, nec te coluisse quereris
    Ingratum numen." monuit thalamoque recessit.
    Laeta toro surgit purasque ad sidera supplex
    Cressa manus tollens, rata sint sua uisa, precatur.
    Vt dolor increuit seque ipsum pondus in auras
    Expulit et nata est ignaro femina patre,
    Iussit ali mater puerum mentita; fidemque
    Res habuit, neque erat ficti nisi conscia nutrix.
    Vota pater soluit nomenque inponit auitum:
    Iphis auus fuerat, gauisa est nomine mater,
    Quod commune foret nec quemquam falleret illo.
    Inde incepta pia mendacia fraude latebant:
    Cultus erat pueri, facies, quam siue puellae
    Siue dares puero, fieret formosus uterque.
    Tertius interea decimo successerat annus,
    Cum pater, Iphi, tibi flauam despondit Ianthen,
    Inter Phaestiadas quae laudatissima formae
    Dote fuit uirgo, Dictaeo nata Teleste.
    Par aetas, par forma fuit, primasque magistris
    Accepere artes, elementa aetatis, ab isdem;
    Hinc amor ambarum tetigit rude pectus et aequum
    Vulnus utrique dedit, sed erat fiducia dispar:
    Coniugium pactaeque exspectat tempora taedae,
    Quamque uirum putat esse, uirum fore credit Ianthe;
    Iphis amat, qua posse frui desperat, et auget
    Hoc ipsum flammas ardetque in uirgine uirgo,
    Vixque tenens lacrimas "quis me manet exitus" inquit,
    "Cognita quam nulli, quam prodigiosa nouaeque
    Cura tenet Veneris? si di mihi parcere uellent,
    Parcere debuerant; si non, et perdere uellent,
    Naturale malum saltem et de more dedissent!
    Nec uaccam uaccae, nec equas amor urit equarum;
    Vrit oues aries, sequitur sua femina ceruum;
    Sic et aues coeunt, interque animalia cuncta
    Femina femineo correpta cupidine nulla est.
    Vellem nulla forem! ne non tamen omnia Crete
    Monstra ferat, taurum dilexit filia Solis,
    Femina nempe marem: meus est furiosior illo,
    Si uerum profitemur, amor; tamen illa secuta est
    Spem Veneris, tamen illa dolis et imagine uaccae
    Passa bouem est, et erat, qui deciperetur, adulter.
    Huc licet e toto sollertia confluat orbe,
    Ipse licet reuolet ceratis Daedalus alis,
    Quid faciet? num me puerum de uirgine doctis
    Artibus efficiet? num te mutabit, Ianthe?
    Quin animum firmas teque ipsa reconligis, Iphi,
    Consiliique inopes et stultos excutis ignes?
    Quid sis nata, uide, nisi te quoque decipis ipsam,
    Et pete, quod fas est, et ama, quod femina debes.
    Spes est, quae capiat, spes est, quae pascit amorem;
    Hanc tibi res adimit: non te custodia caro
    Arcet ab amplexu nec cauti cura mariti,
    Non patris asperitas, non se negat ipsa roganti;
    Nec tamen est potiunda tibi, nec, ut omnia fiant,
    Esse potes felix, ut dique hominesque laborent.
    Nunc quoque uotorum nulla est pars uana meorum,
    Dique mihi faciles, quidquid ualuere, dederunt,
    Quodque ego, uult genitor, uult ipsa socerque futurus;
    At non uult natura, potentior omnibus istis,
    Quae mihi sola nocet. uenit ecce optabile tempus,
    Luxque iugalis adest, et iam mea fiet Ianthe –
    Nec mihi continget: mediis sitiemus in undis.
    Pronuba quid Iuno, quid ad haec, Hymenaee, uenitis
    Sacra, quibus qui ducat abest, ubi nubimus ambae?"
    Pressit ab his uocem, nec lenius altera uirgo
    Aestuat, utque celer uenias, Hymenaee, precatur.
    Quod petit haec, Telethusa timens modo tempora differt,
    Nunc ficto languore moram trahit, omina saepe
    Visaque causatur; sed iam consumpserat omnem
    Materiam ficti, dilataque tempora taedae
    Institerant, unusque dies restabat: at illa
    Crinalem capiti uittam nataeque sibique
    Detrahit et passis aram complexa capillis
    "Isi, Paraetonium Mareoticaque arua Pharonque
    Quae colis et septem digestum in cornua Nilum,
    Fer, precor", inquit "opem nostroque medere timori!
    Te, dea, te quondam tuaque haec insignia uidi
    Cunctaque cognoui, sonitum comitesque facesque…
    Sistrorum memorique animo tua iussa notaui.
    Quod uidet haec lucem, quod non ego punior, ecce
    Consilium munusque tuum est: miserere duarum
    Auxilioque iuua." lacrimae sunt uerba secutae.
    Visa dea est mouisse suas (et mouerat) aras,
    Et templi tremuere fores imitataque lunam
    Cornua fulserunt crepuitque sonabile sistrum.
    Non secura quidem, fausto tamen omine laeta
    Mater abit templo, sequitur comes Iphis euntem,
    Quam solita est, maiore gradu; nec candor in ore
    Permanet, et uires augentur, et acrior ipse est
    Vultus et incomptis breuior mensura capillis,
    Plusque uigoris adest, habuit quam femina. nam quae
    Femina nuper eras, puer es. date munera templis,
    Nec timida gaudete fide! dant munera templis,
    Addunt et titulum, titulus breue carmen habebat:
    "Dona puer solvit quae fémina voverat Iphis."
    Postera lux radiis latum patefecerat orbem,
    Cum Venus et Iuno sociusque Hymenaeus ad ignes
    Conueniunt, potiturque sua puer Iphis Ianthe.

  • Amor lésbico en la antigua Grecia y la antigua Roma

    El día 26 de abril de cada año se celebra el Día de la visibilidad Lésbica para exigir en muchas partes del mundo la igualdad de derechos para las “lesbianas”. Sin entrar en consideraciones morales, el texto que aquí se comenta, uno de los Diálogos de las Heteras o Cortesanas que Luciano de Samósata escribió, es un documento que considero interesante.

    Recientemente algunos países, como España y otros varios, cada vez más, tienen legislación avanzada muy respetuosa con la realidad de género y sexo de las personas, incluidas las transexuales y transgénero.

    Lamentablemente estos temas generan actitudes poco comprensivas y permisivas con esta realidad en sectores de la sociedad occidental muy apegadas a la tradición, aun siendo la sociedad y cultura occidentales las más permisivas, frente a otras como la islámica abiertamente beligerante. No son pocos los países en los que la homosexualidad y otros comportamientos diferentes a la norma heterosexual son causa de graves penas y persecuciones.

    Pues bien, sin duda existen personas que sitúan esta realidad exclusivamente en los tiempos modernos sin conocer la realidad histórica.

    Sabido es cómo en la Antigüedad, sobre todo en Grecia pero también en la Roma de finales de la República e Imperial, se disfruta del sexo en general con una actitud más jovial, lúdica y desinhibida que en los tiempos posteriores, en los que entre otros componentes se va imponiendo una moral judeocristiana para la que el “sexo” y su disfrute es un elemento de pecado y descontrol. El antiguo griego y romano, de manera general, disfruta con alegría del sexo como un elemento más de la vida natural, sin adjudicarle ninguna connotación pecaminosa. Esto les permite tener una actitud mucho más abierta y tolerante con las diversas modalidades en las que los humanos se relacionan carnalmente.

    Así sabido es que el mundo antiguo grecorromano aceptaba con gran facilidad la homosexualidad masculina en determinadas circunstancias que no cuestionaban el orden social establecido. Es el caso de la llamada “pederastia” griega en la que un adulto acoge a un joven para su educación llamémosla “cívica” hasta que acaba su adolescencia o mejor, hasta le sale en su cuerpo el “vello varonil”.

    O la facilidad con la que el romano admite la homosexualidad activa del ciudadano frente a la pasiva que se rechaza como impropia e inmoral. El romano ve en la práctica sexual un instrumento más de dominación y por lo tanto perfectamente admisible en el caso en el que el ciudadano somete a sodomización a un esclavo y en general a un no-ciudadano.

    Por otra parte, no se admite socialmente la homosexualidad femenina, que resulta inexplicable y prácticamente invisible en una sociedad fuertemente paternalista; lo que no quiere decir que no exista. Es más, en las ocasiones en que se hace visible, como en algunos escritos de autores satíricos como Juvenal o Marcial, el comportamiento sexual de una de las mujeres es masculinizado, intentando con ello hacer comprensible ese comportamiento y no cuestionar el orden moral establecido.

    Todas estas son cuestiones hoy ampliamente estudiadas que necesitan un tratamiento más extenso y profundo que no puedo hacer en esta ocasión.

    Quiero ahora tan sólo reflejar en un par de artículos (éste es el primero) la actitud mucho más abierta, , comprensiva e inteligente de los antiguos, que observan con naturalidad la realidad compleja de la sexualidad y el comportamiento de los seres humanos, que una vez admitida por real,  intentan explicar y comprender.

    Hace ya algún tiempo publiqué a este respecto un artículo titulado   Hombres, mujeres, andróginos, https://www.antiquitatem.com/homosexualidad-gay-lesbianismo-androgino

    También hace tiempo publiqué alguna cosa sobre la poetisa Safo, que nos puede ayudar e informar sobre estas cuestiones: https://www.antiquitatem.com/safo

    Quiero ahora comentar un texto de Luciano de Samósata, de su Diálogo de las Hetairas, en el que nos descubre con toda claridad la realidad no sólo de la homosexualidad femenina o lesbianismo, casi invisible en el mundo antiguo y también en el moderno, sino también la realidad de una persona cuya vivencia de género no coincide con su realidad físico sexual. El relato merece también un amplio estudio que en otro momento abordaré. Hoy es suficiente con su lectura.

    Luciano de Samósata (125 – 181)  es un humorista sirio que escribe en griego, o mejor, un griego nacido en Siria. La lectura de su obra, extensa y diversa, sorprenderá a más de un lector actual.

    Es posible que el texto resulte escandaloso e inadecuado a algunas personas, pero así es la realidad histórica y de la misma manera que no parece adecuado desconocer o negar la realidad de una sexualidad de los seres humanos diversa y compleja, tampoco parece adecuado desconocer los textos que ya desde antiguo reflejaron y aceptaron con mejor talante esa realidad natural.

    Son varias las ediciones en diversas lenguas en que los diálogos más llamativos y chocantes con la moral del momento, como este “quinto” que ahora transcribo, eran pudorosamente eliminados de la edición.

    De hecho la traducción  que ofrezco en la versión inglesa de este blog  corresponde a la primera completa que se hizo en esa lengua del Diálogo de las Heteras o Cortesanas (The Dialogues of Courtesans) , una traducción privada de 250 ejemplares  hecha expresamente en 1895 para la Sociedad Ateniense (Athenian Society); se hizo a partir del texto griego editado por C. Jacobitz.

    Tal vez podamos pensar ahora que si los antiguos abordaron estos temas con evidente naturalidad, permisividad y jovialidad, ¿por qué han de existir en nuestra época actitudes intolerantes, agresivas y hasta violentas con la persona  considerada diferente?

    Aunque para ser más exacto deberíamos también tener en cuenta que no todos los autores antiguos tienen una aceptación tan tranquila de la homosexualidad femenina como podemos deducir del texto de Luciano. Los autores satíricos romanos como Juvenal o Marcial, por ejemplo,  relacionan la decadencia de la antigua fortaleza romana con la depravación de las costumbres y la pérdida del “mos maiorum”, la moral de los antiguos, producida desde la victoria en las Guerras Púnicas, la conquista de Grecia y Oriente y la afluencia de grandes riquezas a Roma. Entre la depravación de las costumbres, critican con toda dureza los comportamientos sexuales que cuestionan el orden establecido en una sociedad tan patriarcal y dentro de ese comportamiento rechazan la homosexuaidad pasiva del ciudadano romano y la homosexualidad femenina u homoerotismo femenino de manera especial; en el caso de Juvenal, es un dato a tener en cuenta su evidente y declarada misoginia.

    Nota: misoginia: μισογυνία; ‘odio a la mujer’ o desprecio a la mujer;   del griego  μισόγυνος, misoginos, y este  de μισέω (miseo), «detestar, odiar«, y  γυνή (gyné), «mujer«.

    En realidad, estos escritores satíricos no hacen sino expresar el rechazo social de los comportamientos sexuales al margen del heterosexual, que en ningún caso llega a la calificación de los primeros padres cristianos, para quienes los que practican la  homosexualidad femenina se han de  sufrir castigo eterno en el infierno. El texto presentado a continuación, participando en el fondo de ese rechazo, no esconde su realidad; en los artículos citados se intenta incluso explicar el origen y su realidad. En eso es lo que podemos valorar positivamente la visión de los antiguos: en que aun rechazando social y moralmente estas prácticas al margen de la normal, no la esconden e incluso buscan su explicación, aunque sea mítica; ya sabemos que una de las funciones del “mito” es consolidar la situación social y cultural existente.

    Luciano de Samosata. Diálogo de las Heteras 5
    CLONARION Y LEENA

    CLONARION.- Oímos cosas nuevas acerca de ti, Leena,… que Megila de Lesbos, la rica Lesbia, está enamorada de ti como si fuese un hombre y que vivís juntas, y no sé qué os hacéis una a la otra. ¿En qué consiste? ¿Has enrojecido? ¡Ea!, dime si esto es verdad.

    LEENA.- Es verdad, Clonarion, y yo estoy avergonzada, porque es algo antinatural.

    CLONARION.- Por Afrodita, ¿de qué se trata? O ¿qué quiere la mujer? ¿Y qué hacéis cuando estáis juntas? ¿Lo ves? No me quieres, pues de otro modo no me ocultarías tales secretos.

    LEENA.- Te quiero más que a cualquier otra, pero ella es terriblemente varonil.

    CLONARION.- No entiendo bien lo que dices, a no ser que sea “una hetera de mujeres”, pues dicen que en Lesbos hay tal tipo de mujeres, con aspecto de hombres que no quieren tener experiencias con hombres, sino que se acercan a las mujeres como si fueran hombres.

    LEENA.-  Es algo así.

    CLONARION.- Entonces, Leena, explícamelo con detalle, cómo se insinuó la primera vez, cómo te dejaste tú también convencer y lo que vino después de eso.

    LEENA.- Ella y Demonasa, la corintia, rica como ella y de las mismas artes que Megila habían organizado juntas una fiesta, y me contrataron a mí para que les tocara la cítara. Cuando terminé de tocar y era ya una hora intempestiva y había que acostarse, y ellas estaban aún borrachas, me dijo Megila: ¡Ea, Leena! Ya es una buena hora de acostarse, duerme aquí con nosotras, en medio de las dos.

    CLONARION.- ¿Dormías? ¿Y qué pasó luego?

    LEENA.- Me besaban al principio como los hombres, no sólo ajustando sus labios a los míos, sino entreabriendo la boca, y me abrazaban y me apretaban los pechos. Demonas también me daba mordiscos a la vez que me colmaba de besos. Yo no podía interpretar lo que era aquello. Después de un tiempo, Megila que ya estaba un poco caliente, se quitó la peluca de la cabeza –llevaba una muy bien imitada y perfectamente ajustada-, y se mostró pelada al cero, rapada como los atletas muy varoniles. Y yo al verla me quedé turbada. Pero ella me dice: ¿Has visto alguna vez, Leena, a un jovencito tan hermoso? Yo no veo aquí, Megila, a ningún jovencito, le dije. No me tomes por mujer, dijo, pues yo me llamo Megilo y ya hace tiempo que me casé con Demonasa, ésta presente, y ella es mi mujer. En esto Clonarión, me eché a reír y dije: ¿Entonces tú, Megilo, nos has estado ocultando que eras un hombre, igual que dicen que Aquiles se ocultaba entre las doncellas, y tienes la virilidad propia de hombres y haces a Demonasa lo que los hombres hacen? No la tengo, Leena, dijo, ni la necesito en absoluto; verás que yo hago el amor de una manera especial, mucho más agradable. ¿Entonces no serás un Hermafrodito, dije yo, de los que se dice que hay muchos, que tienen ambos sexos? Porque yo, Clonarion, todavía ignoraba el tema. No, me dijo, soy un hombre completo. Oí contar, dije yo, a la flautista beocia Ismenodora que relataba historias tradicionales de su país, que en Tebas alguien se convirtió de mujer en hombre y que éste había llegado a ser un magnífico adivino, Tiresias se llamaba, creo. ¿Acaso a ti te ha ocurrido algo semejante?
    No, Leena, dijo ella, sino que nací igual que todas vosotras, pero mi pensamiento, mi deseo y todo lo demás lo tengo de hombre.
    ¿Y te basta con el deseo, dije yo? Dame una oportunidad, Leena, si no te fías de mí, me dijo, y te darás cuenta de que no me falta nada de lo que tienen los hombres, pues tengo algo a cambio de la virilidad. Pero dame una oportunidad y lo verás.
    Se la di, Clonarión, porque ella me lo suplicó mucho y me regaló un collar de los de mucho precio y vestidos de los muy finos. Luego yo la abracé como a un hombre y ella actuaba y me besaba y jadeaba y me parecía que sentía un placer de una manera exagerada.

    CLONARION.- ¿Y qué hacía, Leena, o de qué manera? Dime esto sobre todo.

    LEENA.- No me preguntes con tanto detalle, pues son cosas vergonzosas; así que, por Afrodita, no te lo podría decir.

    (Traducción de Marta Fernández Aller, en su tesis de Master “Homoerotismo femenino en la antigua Roma: sexualidad cuerpo y espacio” Oviedo, 20 de junio de 2016)

  • Ovidio entre los bárbaros del Ponto Euxino. (Ovidio III)

    El año 8 de nuestra era el alegre y mundano poeta latino Ovidio se encontraba en la isla de Elba en compañía de su amigo Máximo cuyo nombre completo era Marco Aurelio Cota Máximo, hijo de Marco Valerio Mesala Corvino, el protector de algunos literatos. Allí Ovidio recibió del emperador Augusto como un mazazo una carta con la acusación de graves crímenes y la orden de comparecer rápidamente en Roma, en donde recibió la condena fulminante de destierro a las fronteras del Imperio.

    Antes de finalizar el año debía salir de Roma y de Italia  a las costas del Ponto Euxino, a  la ciudad de Tomis o Tomos, actual Constanza en Rumanía, en la frontera de los Getas y Sármatas. Un soldado le acompañó sólo en el viaje de ida. Había nacido el 20 de febrero del año 43 a.C., al siguiente del asesinato de Julio César; tenía, pues, 52 años.  Allí murió  9 años después, en el 17, triste y melancólico porque nunca consiguió el perdón de Augusto ni tampoco de Tiberio para regresar a Roma o salir al menos de aquel destino tan inhóspito.

    En una carta a su amigo Cota Máximo, años después, recogida en Pónticas, II, 3,83-90, nos recuerda el día en que recibió la infausta noticia:

    La Etalia Elba fue la última que me vio contigo y recibió las lágrimas que caían de mis tristes mejillas, cuando tú me preguntaste si era cierta la noticia que había extendido la perversa Fama de mi culpa; yo permanecía indeciso entre confesarlo o negarlo, revelando el temor signos de miedo y, como la nieve que derrite el austro lluvioso, una lágrima brotaba y caía por mis mejillas estupefactas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    ultima me tecum vidit maestisque cadentes
    excepit lacrimas Aethalis Ilva  genis :
    cum tibi quaerenti, num verus nuntius esset,
    attulerat culpae quem mala fama meae,
    inter confessum dubie dubieque negantem
    haerebam, pavidas dante timore notas,
    exemploque nivis, quam mollit aquaticus Auster,
    gutta per attonitas ibat oborta genas.

    Como ya dije en un artículo anterior, no conocemos con precisión el día exacto de su muerte, que debió ser en invierno,  y el año lo sabemos por la información que San Jerónimo incluye en su libro de las Crónicas de Eusebio, en Chronicon 2033, que  lo hace corresponder con el  año 18 de Cristo, con la Olimpiada 199, con el 4 del reinado de Herodes y con el 4 también de Tiberio. Curiosamente en ese mismo año murió también Tito Livio, pero en su patria Patavium, la Padua de hoy. En consecuencia se cumplen ahora 2.000 años, dos milenios, de su muerte. 

    Dice Jerónimo en Chronicon 2033:

    El poeta Ovidio murió en el exilio y está enterrado junto a la ciudad de Tomis

    Ovidius poeta in exsilio perit, et juxta oppidum Tomos sepelitur”

    Allí escribió Ovidio uno de los poemas más famosos de la literatura latina: aquel en el que recuerda su último día en Roma, que ha sido además motivo de estudio y ejercicio para todo estudiante de latín durante siglos; me refiero a la Elegía 3 del libro I de sus Tristia, que reproduciré completa al final del artículo,  porque no es excesivamente larga, tan sólo 102 versos, para ser exactos.

    Ovidio no se dedicó al foro o la retórica, como su padre pretendía, sino a la poesía para la que estaba especialmente dotado. En Roma llevaba la vida propia de los miembros de una sociedad adinerada, despreocupada y dispuesta a vivir en el ocio y diversión permanente.

    En consonancia con este tipo de vida, escribió primero poemas o elegías amorosas o más bien eróticas, puesto que se refieren al amor físico y carnal y no al idealizado y romántico. Amores, El Arte de amar (Ars amandi o Ars Amatoria), Remedios Amorosos (Remedia amoris)  y Cosméticos para el rostro femenino (Medicamina faciei feminae) son las obras de esta época y de esta temática. Luego abordará otros temas de más enjundia como Las Metamorfosis, su obra principal, y Los Fastos, obra no exenta de ironía. De todo ello he hablado brevemente en el artículo anterior: https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-tristia-ponto-euxino

    Pues bien, las obras de contenido erótico-amoroso impactaron sin duda en la sociedad romana y chocaron con la política imperial de moralización de la vida pública y del matrimonio que Augusto pretendía desarrollar, de acuerdo con el mos maiorum o costumbres de los antepasados. Estos libros le granjearon pronto la fama de “inmoralidad”, que ya no le ha abandonado hasta nuestros días. A ello contribuyó decisivamente el juicio severo del Cristianismo que se iba imponiendo como religión del Imperio.

    Pero, ¿fue realmente Ovidio un  “inmoral”? Una y otra vez nos dice que su vida fue intachable.

    Pero entonces,  ¿qué delito había cometido para sufrir el duro castigo? El mismo poeta nos da algunas pistas en sus propias obras y desde la antigüedad hasta nuestros días se sigue hurgando en los textos para encontrar la causa, que en realidad desconocemos. En realidad la información más valiosa es la que él mismo poeta aporta en sus Tristes (Tristezas) y en sus Pónticas (Cartas desde el Ponto, Epistulae ex Ponto) y es en ellas donde se ha buscado una y otra vez.

    En estas obras repite hasta la saciedad y monotonía tres ideas: la descripción de su penosa situación, entre numerosos peligros y falto de toda comodidad para producir en sus familiares y amigos la sensación de absoluto abandono; la confesión de que fue culpable, pero tan solo de un error y estupidez que no de un delito o comportamiento malintencionado; y la alabanza de la majestad y benevolencia del emperador y de su familia para esperar el perdón.

    El mismo poeta es consciente y conoce la crítica que se le hace por repetir una y otra vez lo mismo: su petición de perdón al emperador. Así en Pónticas III,9, 39-45 dice:

    Me dices, Bruto, que no sé quién critica mis poemas porque hay en estos librillos siempre el mismo pensamiento, que no pido otra cosa, sino poder disfrutar de una tierra más cercana, y que no hablo sino de que estoy rodeado por numerosos enemigos. ¡Oh, cómo entre tantos defectos  se me reprende tan solo uno! Si sólo esta falta comete mi Musa, está bien. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Quod sit in his eadem sententia, Brute, libellis,
          Carmina nescio quem carpere nostra refers:
    Nil nisi me terra fruar ut propiore rogare,
          Et quam sim denso cinctus ab hoste loqui.
    O, quam de multis uitium reprehenditur unum!
    Hoc peccat solum si mea Musa, bene est.

    En varias ocasiones nos describe su penosa situación en el destierro. Es suficientemente expresiva la referencia que hace en Tristia V,7,1-24, elegía que algunas ediciones titulan precisamente “Ovidio entre los bárbaros”. Dice allí en una carta de fecha incierta y dirigida también a un destinatario no conocido por nosotros:

    La carta que lees te llega desde la tierra en que el ancho Histro desemboca en las aguas del mar. Si a ti te ha tocado en suerte una vida con buena salud, permanece favorable aún una parte de mi fortuna. A saber, tú me preguntas, como siempre, queridísimo amigo, cómo lo paso, si bien eso lo puedes saber, aunque yo no te lo diga. Soy desgraciado (éste es el resumen de mis males) y lo será todo el que viva tras haber ofendido al César.

    ¿Deseas saber cómo es la gente de esta región de Tomos y en medio de qué costumbres vivo? Aunque esta región es una mezcla de griegos y getas, está dominada por los mal pacificados getas. Un número bastante elevado de sármatas y getas va y viene a caballo por los caminos. No hay ninguno entre ellos que no lleve carcaj, arco y flechas impregnadas de veneno amarillento de serpiente. Su voz es fiera, el rostro salvaje, fiel imagen de Marte; ninguna mano ha cortado su cabello ni su barba; su diestra no es tarda en herir clavando el cuchillo, que todo bárbaro lleva pegado al costado.

    En medio de tales gentes, ¡ay!, vive ahora, amigo mío, tu poeta, olvidado de sus poemas de tema amoroso; a estas gentes es a las que ve y a éstas a las que oye. ¡Ojalá viva, pero que no vaya a morir entre ellos, sino que al menos su sombra se aleje de estos odiosos lugares! (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Quam legis, ex ilia tibi venit epistula terra,
    latus ubi aequoreis additur Hister aquis.
    si tibi contingit cum dulci vita salute,
    candida fortunae pars manet una meae,
    scilicet, ut semper, quid agam, carissime, quaeris,
    quamvis hoc vel me scire tacente potes.
    sum miser; haec brevisest nostrorum summa malorum,
    quisquis et offenso Caesare vivit ? erit.
    turba Tomitanae quae sit regionis et inter
    quos habitem mores, discere cura tibi est ?
    mixta sit haec quamvis inter Graecosque Getasque,
    a male pacatis plus trahit ora Getis.
    Sarmaticae maior Geticaeque frequentia gentis
    per medias in equis itque reditque vias.
    in quibus est nemo, qui non coryton et arcum
    telaque vipereo lurida felle gerat.
    vox fera, trux vultus, verissima Martis imago,
    non coma, non ulla barba resecta manu,
    dextera non segnis fixo dare vulnera cultro,
    quem iunctum lateri barbarus omnis habet.
    vivit in his heu nunc, lusorum oblitus amorum,
    hos videt, hos vates audit, amice, tuus :
    atque utinam vivat non et moriatur in illis,
    absit ab invisis et tamen umbra locis.

    Y luego en Pónticas I, 3, 57-60 completa la descripción de la lamentable situación, aunque ciertamente parece estar exagerando la realidad porque las costas del Mar Negro son hoy día un destino veraniego apetecible por muchas personas de los países limítrofes:

    Pero pensaba que, privado de la tierra donde nací, me había correspondido en suerte, al menos, vivir en un lugar humano: sin embargo, yazgo abandonado en las arenas del extremo del mundo, donde la tierra está cubierta de perpetuas nieves. Aquí el campo no produce frutos, ni dulces racimos de uvas; no verdean sauces en sus riberas, ni encinas en sus montañas. Ni el mar merece más alabanzas que la tierra: sus aguas, privadas de sol, están siempre hinchadas por el furor de los vientos. Adondequiera que mires, se extienden llanuras sin cultivar y vastos labrantíos que nadie reclama. Se presenta el terrible enemigo por la derecha y por la izquierda, y por el miedo a su cercanía aterra a uno y otro lado: una parte habrá de sentir las lanzas bistonias y la otra las flechas lanzadas por la mano de los sármatas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at, puto, qua genitus fueram, tellure carenti
    in tamen humano contigit esse loco,
    orbis in extremi iaceo desertus harenis,
    fert ubi perpetuas obruta terra nives.
    non ager hic pomum, non dulces educat uvas, 
    non salices ripa, robora monte virent.
    neve fretum laudes terra magis, aequora semper
    ventorum rabie solibus orba tument.
    quocumque aspicies,  campi cultore carentes
    vastaque, quae nemo vindicat, arva iacent.
    hostis adest dextra laevaque a parte timendus,
    vicinoque metu terret utrumque latus.
    altera Bistonias pars est sensura sarisas,
    altera Sarmatica spicula missa manu.

    En diversos pasajes achaca su condena a un “error” y a una indiscreción. Por ejemplo en Tristia II, 207 y ss.:

    Concedamos que me han perdido dos delitos: un poema y un error; sobre la culpabilidad del segundo de estos dos delitos es mejor que calle, pues yo no valgo tanto la pena como para reabrir tus heridas, César, y ya es más que demasiado que hayas sufrido una sola vez. Queda el otro delito, por el que se me acusa de haberme convertido con mi obsceno poema en maestro del impúdico adulterio. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    perdiderint cum me duo crimina, carmen et error,
    alterius facti culpa silenda mihi :
    nam non sum tanti, renovem ut tua vulnera, Caesar,
    quem nimio plus est indoluisse semel.
    altera pars superest, qua turpi carmine factus
    arguor obsceni doctor adulterii.

    Así ya en su época, como informa el mismo Ovidio, se le conoce como “maestro del impúdico adulterio”, y esto chocaba directamente con el programa de moralización de Augusto  y las  Leges Iuliae que pretendían la defensa de la familia y las tradiciones antiguas, castigando el adulterio con del exilio y multando a las que no tenían hijos.  Pero él se defiende afirmando la diferencia entre la literatura y la vida, que una cosa es escribir y otra distinta el mantener determinado comportamiento. En la elegía dirigida a un amigo orador, dice en Tristia I,9,55 y ss:

    Mejor hubiera sido que mi obra no hubiera brillado por su celebridad, y así como las graves disciplinas, elocuente amigo, te están dando provecho, así un arte diferente a ellas me ha perjudicado. Sin embargo mi vida te es conocida; tú sabes que las costumbres de su autor se apartaron de tales artes; y sabes que ese viejo poema fue compuesto en mi juventud y que tales poemas, aunque no son precisamente dignos de elogio, con todo no son sino bagatelas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at nostrum tenebris utinam latuisset in imis !
    expediit studio lumen abesse meo.
    utque tibi prosunt artes, facunde, severae,
    dissimiles illis sic nocuere mihi.
    vita tamen tibi nota mea est. scis artibus illis
    auctoris mores abstinuisse sui :
    scis vetus hoc iuveni lusum mihi carmen, et istos
    ut non laudandos, sic tamen esse iocos.

    ¿Pudo ser entonces la causa del destierro este libro, Ars Amandi, que además llevaba ya más de ocho años circulando por Roma?

    Más bien parece una excusa añadida a otro motivo de más enjundia, a la indiscreción a la que poco después, en el mismo libro II, 103 y ss. hace referencia:

    ¿Por qué tuve yo que ver algo? ¿Por qué torné culpables mis ojos? ¿Por qué, ¡imprudente de mí! tuve yo conocimiento de aquel delito? Sin pretenderlo, Acteón contempló desnuda a Diana y, sin embargo, no por ello fue menos presa de sus propios perros; y es que a los ojos de los dioses, hasta el azar hay que expiarlo y un hecho casual no obtiene el perdón, si ha sido ofendida una divinidad. Aquel mismo día en que me perdió un mal error, cayó la ruina sobre mi casa, modesta ciertamente, pero sin tacha; (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Cur aliquid uidi? cur noxia lumina feci?
          Cur imprudenti cognita culpa mihi?
    Inscius Actaeon uidit sine ueste Dianam:
          Praeda fuit canibus non minus ille suis.
    Scilicet in superis etiam fortuna luenda est,
          Nec ueniam laeso numine casus habet.
    Illa nostra die, qua me malus abstulit error,
          Parua quidem periit, sed sine labe domus:

    La alusión al mito de Acteón, que vio desnuda a Diana o Artemis, la diosa virgen de la caza y fue transformado en ciervo  devorado por sus propios perros, desató las especulaciones e hizo pensar a varios autores que Ovidió vio algo que ofendió al emperador, tal a Livia, su esposa; o tal vez vio alguna ceremonia de los cultos a la Buena Diosa o Isis, vedados a los hombres. Se han propuesto, pues, varias explicaciones o soluciones al enigma de qué es lo que Ovidio vio, cuál fue su indiscreción. Se ha pensado que tal vez  Ovidio fuera conocedor o partícipe de algún escabroso episodio de la familia imperial, concretamente de su hija, o su nieta, o del propio emperador; o viera en algún momento desnuda a la esposa de Augusto; o que incluso tuviera algún affaire amoroso con la hija del emperador; o fuera conocedor y partícipe de alguna reunión  de algún grupo poco partidario de Augusto, o de partidarios de Germánico y no de Tiberio en la sucesión en el contexto de las rivalidades entre los “Julios” y los “Claudios”. Todo ello son hipótesis poco fundadas, que en cualquier caso no han sido confirmadas.

    Hay incluso una suposición un tanto disparatada que no merecería ser citada sino fuera obra de una persona experta y famosa en el estudio de la historia  romana, Jerôme Carcopino (1881-1970), miembro de la Academia Francesa entre otros muchos títulos.

    Según la imaginativa propuesta de este autor, Ovidio pertenecería de forma activa a una especie de secta secreta neopitagórica que celebra reuniones donde utilizando  el poder mágico de los números conspiran o intentan perjudicar a Augusto.

    No quiero profundizar más en esta cuestión, porque dejo para otro artículo próximo el análisis de las posibles causas y de una propuesta realmente la llamativa aparecida a principios del siglo XX y que ha resurgido más recientemente con cierta fuerza: me refiero a la posible inexistencia del exilio tan famoso, que no habría sido sino una ficción más de un poeta creativo que tantas cosas ficcionó o imaginó, como las Heroidas o cartas de mujeres mitológicas a sus amantes.

    En diversos pasajes insiste en el hecho culpable de haber visto algo que no debió ver, pero nunca lo aclara y nos quedamos sin saberlo a pesar de los esfuerzos que los estudiosos han realizado desde entonces hasta hoy.

    El propio poeta también nos explica las condiciones legales de su condena, en Tristia, II, 121 y ss.

    Se arruinó, pues, esta casa querida por las Musas, derrumbada bajo el peso de un solo delito, si bien no pequeño; pero ha caído de tal manera que podría levantarse, si la cólera del Cesar ofendido se calmara. Su clemencia en la asignación del castigo fue tan grande que resultó ser más suave de lo que yo me temía. La vida se me concedió y tu cólera se detuvo más acá de la muerte, ¡oh Príncipe que has usado tan parcamente de tu poder!  Además hay que añadir el hecho de que no me has privado de mi patrimonio, como si la vida fuera un regalo pequeño. No condenaste mis delitos con un decreto del Senado, ni mi exilio ha sido ordenado por un jurado especial; zahiriéndome con amargas palabras (eso es lo digno de u Príncipe) te has vengado, como conviene, de las ofensas cometidas contra ti. Además, el edicto, aunque riguroso y amenazador, sin embargo, ha sido suave en la designación del castigo, ya que soy declarado en él relegado y no desterrado, y contiene términos suaves para mi suerte. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Corruit haec igitur Musis accepta, sub uno
          Sed non exiguo crimine lapsa domus:
    Atque ea sic lapsa est, ut surgere, si modo laesi
          Ematuruerit Caesaris ira, queat.
    Cuius in euentu poenae clementia tanta est,
          Venerit ut nostro lenior illa metu.
    Vita data est, citraque necem tua constitit ira,
          O princeps parce uiribus use tuis!
    Insuper accedunt, te non adimente, paternae,
          Tamquam uita parum muneris esset, opes.
    Nec mea decreto damnasti facta senatus,
          Nec mea selecto iudice iussa fuga est.
    Tristibus inuectus uerbis (ita principe dignum)
          Vltus es offensas, ut decet, ipse tuas.
    Adde quod edictum, quamuis immite minaxque,
          Attamen in poenae nomine lene fuit:
    Quippe relegatus, non exul, dicor in illo,
          Priuaque fortunae sunt ibi uerba meae.

    La misma idea de que él no fue declarado "exul", es decir, “desterrado” con pérdida de derechos, sino "relegatus" (relegado, expulsado del país manteniendo los derechos fundamentales)  la reitera y casi en los mismos términos en el Libro V, 2bis, 11 y ss.; evito por ello lo que sería una mera redundancia. Así que el poeta, sin proceso alguno, no fue en realidad exiliado sino confinado en Tomis, sin confiscación de bienes ni pérdida de ningún otro derecho.

    Como decía más arriba, camino del exilio y en el propio destierro siguió escribiendo poemas y encontrando en ello el  único consuelo. En aquella aldea, lejos de Roma, de clima duro e inhóspito, habitada por Getas y Sármatas, que hablan una lengua ininteligible para un romano o griego, escribió Ovidio sus famosos poemas “Tristes”, “Tristezas”  “Tristia” en latín; sus Cartas desde el Ponto o Pónticas (Ex Ponto) dirigidas a su mujer y amigos en Roma y también a algún enemigo, y en ellas algunos de los versos más emocionantes de la literatura latina.  Allí también escribió una dura invectiva, Ibis, contra un individuo que perjudicaba su situación en el exilio.

    Algunos críticos literarios, excesivamente crueles, consideran estas obras como un mero ejercicio de retórica vacía y servil petición de clemencia. Pero son absolutamente injustos, porque entre estas elegías se encuentra uno de los poemas más hermosos y emocionantes de la poesía latina, que no pueden empañar algunos recursos literarios y retóricos más fríos y formales.

    Me refiero en concreto al poema tercero del primer libro de sus “Tristia”,  en el que nos recuerda su última noche en su casa de Roma y su partida para el exilio. Hay otros muchos pasajes en el que muestra un sentido amor y agradecimiento a su esposa, que ha quedado en Roma, para no sufrir las penalidades de una tierra hostil y cuidar de la casa familiar; o el consuelo que le proporciona la poesía, que ha de declamar en solitario al viento para no olvidar el latín, su lengua, porque allí nadie lo habla. Incluso aprendió la lengua de aquellos bárbaros y en ella compuso algún poema. O el pequeño consuelo que le proporciona el hecho de que sus padres hayan muerto y no hayan visto la desgracia de su hijo.

    Los pasajes y momentos de interés son muchos.  Voy a reproducir, cumpliendo el objetivo de este blog, la citada tercera elegía completa,  en la que recuerda la última noche que pasó en Roma y el momento triste de la partida. Esta elegía  ha hecho emocionarse a miles de estudiantes de latín que hubieron de traducirla y comentarla como ejercicio escolar. Parafraseando al poeta, diré yo también, que “cuando recuerdo aquellos años en los que hube de traducir este poema, todavía siento la emoción de aquel momento”. Ojalá que esta elegía anime al lector a una lectura más amplia de las obras de Ovidio

    Tristia I, 3

    Cuando me viene al recuerdo la funesta imagen de aquella noche, en la que transcurrieron mis últimos momentos en Roma, cuando recuerdo la noche en la que abandoné a tantos seres queridos, todavía ahora se me escurren las lágrimas de los. ojos.

    Ya se acercaba el día en que el César me había ordenado que abandonara los confines de Ausonia. Yo no tuve ni el tiempo ni la tranquilidad suficiente para hacer los preparativos: mis facultades se habían entorpecido debido a la larga espera. No me había ocupado ni de los esclavos ni de escoger compañeros de viaje, ni me había cuidado del vestido o existencias apropiadas para un desterrado.
    Me quedé pasmado de la misma manera que aquel que, herido por el rayo de Júpiter, sigue con vida, aunque ni él mismo tiene conciencia de su propia vida.

    Pero cuando el propio dolor hubo disipado la nube que envolvía mi espíritu y empezó a despertarse por fin mi sensibilidad, a punto ya de salir hablo por última vez a mis afligidos amigos de los que, entre los muchos que había tenido, sólo quedaba uno que otro. Mi amante esposa, llorando ella misma más amargamente que yo, me abrazaba mientras yo también lloraba, hasta el punto de que una verdadera lluvia de lágrimas caía sin cesar sobre sus mejillas que no lo merecían. Mi hija se hallaba ausente, lejos, en las costas africanas, y no pudo saber nada de mi aciago destino. Adondequiera que dirigieras la mirada no se oían sino gemidos de dolor, y el interior de la casa ofrecía el aspecto de un funeral ruidoso. Mujeres y hombres y hasta los siervos lloran por mi muerte y en el interior no hay rincón que no esté arrasado por las lágrimas. Si está permitido emplear grandes ejemplos en los pequeños sucesos, ése era el aspecto de Troya cuando fue tomada.

    Ya se iban acallando las voces de los hombres y de los perros, y la Luna, en lo alto del cielo, conducía sus caballos nocturnos. Mirándola con los ojos hacia arriba y contemplando a su luz el Capitolio, que en vano estaba cercano a mi casa, digo: «Divinidades que habitáis estas moradas vecinas, templos que mis ojos no contemplarán ya nunca más, dioses que he de abandonar, a los que honra la elevada ciudad de Quirino, ¡recibid mi adiós para siempre! Y aunque tomo tarde el escudo, después de caer herido, descargad al menos mi huida del peso del odio; y al divino varón decidle qué error me sedujo, no vaya a pensar que hay maldad donde sólo hay una equivocación; que el autor de mi castigo sienta vuestra misma convicción; una vez aplacado este dios, yo podría dejar de ser desgraciado».

    Con esta súplica me dirigí yo a los dioses; mi mujer con muchas más, aunque sus palabras quedaban entrecortadas por los sollozos. Ella incluso, postrada de hinojos ante los Lares, con el pelo desgreñado, besó con su boca  temblorosa el fuego ya apagado, y a los Penates, que
    teníamos enfrente, dirigió muchas palabras que habrían de resultar inútiles en favor de su llorado esposo. 

    Ya la noche que tocaba a su fin impedía todo retraso y la constelación de la Osa Parrasia había dado la vuelta sobre su eje. ¿Qué debía yo hacer? El dulce amor a la patria me retenía; pero aquella era la última noche antes del exilio que se me había decretado. ¡Ah! ¡Cuántas veces,
    al ver que alguno se apresuraba a hacer los preparativos, dije: «¿Por qué te das tanta prisa? Piensa en el lugar hacia donde te apresuras a marchar y en el que abandonas». ¡Ah! ¡Cuántas veces fingí haber fijado de antemano, como más indicada, una hora para mi marcha! Por tres veces llegué a pisar el umbral y por tres veces se me hizo volver, y hasta mi propio pie, indulgente con mi ánimo, era reacio a marchar. Muchas veces, después de haberme despedido, comencé a hablar de nuevo largo rato y, como si estuviera marchándome, di los últimos besos. Muchas veces hice las mismas recomendaciones y me engañé a mí mismo, volviéndome a mirar una y otra con mis propios ojos las prendas de mi amor. Por último, digo: <<¿Por qué me apresuro? Es a la Escitia adonde se me envía y Roma la que he de abandonar: una y otra son un justo motivo para mi tardanza. Estando aún con vida se me niega para siempre a mi esposa que vive aún, mi casa y el dulce afecto de sus fieles miembros, así como los amigos a los que quise con amor fraternal, ¡oh vosotros, corazones que habéis estado unidos a mí con una fidelidad como la de Teseo! Mientras me esté permitido, os abrazaré; tal vez, no me sea posible hacerlo nunca más; el tiempo que se me concede debo considerarlo como gracia». Sin retraso alguno ya, no termino ni de hablar, abrazando a todos los que me son más queridos.

    Mientras hablo y lloramos todos, había aparecido brillando en lo alto del cielo Lucífero, estrella funesta para mi. Me separo como si abandonara mis propios miembros, y una parte de mi cuerpo parecía que era arrancada de la otra. Así fue el dolor de Metio cuando unos caballos
    lanzados en sentido contrario fueron los vengadores de su traición. Entonces estalla el clamor y los gemidos de los míos y las manos de aquellos desgraciados se golpean los pechos desnudos. Entonces mi esposa, aferrándose a mis hombros mientras ya partía, mezcló con mis lágrimas estas tristes palabras: «Tú no puedes serme arrancado; juntos nos iremos de aquí, juntos», dijo; «te seguiré y así seré la esposa desterrada de un desterrado. También a mí se me ha impuesto la marcha y a mí también me recibe el confín del mundo; yo seré una ligera carga para tu nave de prófugo. A ti ha sido la cólera del César la que te ha ordenado abandonar tu patria, a mí el amor conyugal: este amor será mi César». Tales cosas eran las que intentaba ella conseguir, como lo habia intentado ya antes, y a duras penas cedió ante el interés de su permanencia en Roma.

    Salgo, o más bien aquello era ser llevado al sepulcro sin haber muerto, escuálido, con el pelo desgreñado sobre mi intonso rostro. Ella, enloquecida por el dolor (según se me ha dicho), perdidos los sentidos, cayó desvanecida en medio de la casa. Cuando volvió en sí, con los cabellos afeados por el sucio polvo, y levantó sus miembros del frío suelo, dicen que prorrumpió en lamentos por ella misma, por los Penates abandonados, y que invocó repetidas veces el nombre del esposo que se le había arrebatado, y que se lamentó como si hubiese visto colocados sobre la pira los cadáveres de su hija y su marido juntos; que deseó morir, y muriendo perder sus sentidos, pero que no murió por consideración hacia mí. ¡Que viva! Que viva y, puesto que así lo han querido los hados, me sostenga continuamente con su ayuda en mi ausencia. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos)

    Cum subit illius tristissima noctis imago,
          Qua mihi supremum tempus in urbe fuit,
    Cum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui,
          Labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.
    Iam prope lux aderat, qua me discedere Caesar
          Finibus extremae iusserat Ausoniae.
    Nec spatium nec mens fuerat satis apta parandi:
          Torquerant longa pectora nostra mora.
    Non mihi seruorum, comites non cura legendi,
          Non aptae profugo uestis opisue fuit.
    Non aliter stupui, quam qui Iouis ignibus ictus
          Viuit et est uitae nescius ipse suae.
    Vt tamen hanc animi nubem dolor ipse remouit,
          Et tandem sensus conualuere mei,
    Alloquor extremum maestos abiturus amicos,
          Qui modo de multis unus et alter erat.
    Vxor amans flentem flens acrius ipsa tenebat,
          Imbre per indignas usque cadente genas.
    Nata procul Libycis aberat diuersa sub oris,
          Nec poterat fati certior esse mei.
    Quocumque aspiceres, luctus gemitusque sonabant,
          Formaque non taciti funeris intus erat.
    Femina uirque meo, pueri quoque funere maerent,
          Inque domo lacrimas angulus omnis habet.
    Si licet exemplis in paruis grandibus uti,
          Haec facies Troiae, cum caperetur, erat.
    Iamque quiescebant uoces hominumque canumque,
          Lunaque nocturnos alta regebat equos.
    Hanc ego suspiciens et ad hanc Capitolia cernens,
          Quae nostro frustra iuncta fuere Lari,
    "Numina uicinis habitantia sedibus," inquam,
          "Iamque oculis numquam templa uidenda meis,
    Dique relinquendi, quos urbs habet alta Quirini,
          Este salutati tempus in omne mihi.
    Et quamquam sero clipeum post uulnera sumo,
          Attamen hanc odiis exonerate fugam,
    Caelestique uiro, quis me deceperit error,
          Dicite, pro culpa ne scelus esse putet.
    Vt quod uos scitis, poenae quoque sentiat auctor,
         Placato possum non miser esse deo."
    Hac prece adoraui superos ego: pluribus uxor,
          Singultu medios impediente sonos.
    Illa etiam ante lares passis astrata capillis
          Contigit exstinctos ore tremente focos,
    Multaque in aduersos effudit uerba Penates
          Pro deplorato non ualitura uiro.
    Iamque morae spatium nox praecipitata negabat,
          Versaque ab axe suo Parrhasis Arctos erat.
    Quid facerem? blando patriae retinebar amore:
          Vltima sed iussae nox erat illa fugae.
    A! quotiens aliquo dixi properante "quid urges?
          Vel quo festinas ire, uel unde, uide."
    A! quotiens certam me sum mentitus habere
          Horam, propositae quae foret apta uiae.
    Ter limen tetigi, ter sum reuocatus, et ipse
          Indulgens animo pes mihi tardus erat.
    Saepe "uale" dicto rursus sum multa locutus,
          Et quasi discedens oscula summa dedi.
    Saepe eadem mandata dedi meque ipse fefelli,
          Respiciens oculis pignora cara meis.
    Denique "quid propero? Scythia est, quo mittimur," inquam
          "Roma relinquenda est. utraque iusta mora est.
    Vxor in aeternum uiuo mihi uiua negatur,
          Et domus et fidae dulcia membra domus,
    Quosque ego dilexi fraterno more sodales,
          O mihi Thesea pectora iuncta fide!
    Dum licet, amplectar: numquam fortasse licebit
          Amplius. in lucro est quae datur hora mihi."
    Nec mora, sermonis uerba imperfecta relinquo.
          Complectens animo proxima quaeque meo.
    Dum loquor et flemus, caelo nitidissimus alto,
          Stella grauis nobis, Lucifer ortus erat.
    Diuidor haud aliter, quam si mea membra relinquam,
          Et pars abrumpi corpore uisa suo est.
    Sic doluit Mettus tunc cum in contraria uersos
          Vltores habuit proditionis equos.
    Tum uero exoritur clamor gemitusque meorum,
          Et feriunt maestae pectora nuda manus.
    Tum uero coniunx umeris abeuntis inhaerens
          Miscuit haec lacrimis tristia uerba meis:
    "Non potes auelli. simul hinc, simul ibimus:" inquit,
          "Te sequar et coniunx exulis exul ero.
    Et mihi facta uia est, et me capit ultima tellus:
          Accedam profugae sarcina parua rati.
    Te iubet e patria discedere Caesaris ira,
          Me pietas. pietas haec mihi Caesar erit."
    Talia temptabat, sicut temptauerat ante,
          Vixque dedit uictas utilitate manus.
    Egredior, siue illud erat sine funere ferri,
          Squalidus immissis hirta per ora comis.
    Illa dolore amens tenebris narratur obortis
          Semianimis media procubuisse domo:
    Vtque resurrexit foedatis puluere turpi
          Crinibus et gelida membra leuauit humo,
    Se modo, desertos modo complorasse Penates.
          Nomen et erepti saepe uocasse uiri,
    Nec gemuisse minus, quam si nataeque uirique
          Vidisset structos corpus habere rogos,
    Et uoluisse mori, moriendo ponere sensus,
          Respectuque tamen non periisse mei.
    Viuat, et absentem, quoniam sic fata tulerunt.
          Viuat ut auxilio subleuet usque suo.