Categoría: Dioses y Religión

  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (II)

    El romano, en su autoafirmación y autocomplacencia, llega a confundir el “orbis terrarum” con el “orbis romanus”. Son innumerables también los textos y los hechos que pretenden asentar en los ciudadanos esta idea de que el mundo, al menos el interesante, es romano.

    Es lo que, por ejemplo, podemos apreciar en Cicerón, Rhetorica  Ad Herennium, 4,9,13:

    Un discurso será del estilo medio si, como he indicado antes, rebajamos ligeramente el tono sin descender sin embargo hasta el más bajo; por ejemplo:

    Estáis viendo, jueces, contra quiénes luchamos. Contra aliados que solían combatir a nuestro lado y defendían con su valor y esfuerzo nuestro imperio. Conocen sin duda sus propios recursos y tropas y, por la vecindad y las relaciones todo tipo con nosotros, podían igualmente conocer y evaluar todo el poder del pueblo romano. Cuando decidieron hacernos la guerra, decidme, en qué confiaban pata atacarnos, sabiendo que la mayoría casi absoluta de nuestros aliados permanecería fiel a sus obligaciones, viendo que no disponían de tropas abundantes, generales expertos, fondos públicos ni, en definitiva, nada de lo que se necesita para realizar una guerra. Incluso luchando contra algún vecino por una cuestión de fronteras o pensando resolver el conflicto en una sola batalla, habrían acudido al combate mejor armados y equipados. Mucho menos creíble es que intentaran con tan pocas tropas apoderarse del imperio que domina el mundo, un imperio que todos los pueblos, reyes y naciones han aceptado, unos por la fuerza, otros voluntariamente, vencidos por las armas o la generosidad del pueblo romano. Alguien se preguntará: '¿Y los habitantes de Fregelas?''. ¿Es que ellos no lo intentaron por su propia voluntad?’ Sí, y precisamente por ello no hubieran debido intentarlo, después de ver cómo los de Fregelas salieron malparados. La ignorancia hace caer fácilmente en el error a los pueblos que por falta de experiencia no pueden encontrar precedentes en su historia para cada cuestión. Por el contrario, los que conocen lo que les ha sucedido a otros pueden fácilmente obtener provecho propio de las experiencias ajenas. ¿Ningún motivo les indujo? ¿No tenían la menor esperanza cuando empeñaron las armas? ¿Quién creerá que alguien ha sido tan insensato como para atreverse a atacar el poder del pueblo romano sin el apoyo de alguna fuerza? Algún motivo, por tanto,  debió existir. Y ¿qué otro puede ser sino el que os digo?”
    (Traducción de Salvador Núñez. Editorial Gredos)

    In mediocri figura versabitur oratio, si haec, ut ante dixi, aliquantum demiserimus neque tamen ad infimum descenderimus, sic:

    «Quibuscum bellum gerimus, iudices, videtis: cum sociis, qui pro nobis pugnare et imperium nostrum nobiscum simul virtute et industria conservare soliti sunt. Ii cum se et opes suas et copiam necessario norunt, tum vero nihilominus propter propinquitatem et omnium rerum societatem, quid omnibus rebus populus Romanus posset, scire <et> existimare poterant. Ii, cum deliberassent nobiscum bellum gerere, quaeso, quae res erat, qua freti bellum suscipere conarentur, cum multo maximam partem sociorum in officio manere intellegerent? Cum sibi non multitudinem militum, non idoneos imperatores, non pecuniam publicam praesto esse viderent? Non denique ullam rem, quae res pertinet ad bellum administrandum? Si cum finitumis de finibus bellum gererent, si totum certamen in uno proelio positum putarent, tamen omnibus rebus instructiores et apparatiores venirent; nedum illi imperium orbis terrae, cui imperio omnes gentes, reges, nationes partim vi, partim voluntate consenserunt, cum aut armis aut liberalitate a populo Romano superati essent, ad se transferre tantulis viribus conarentur. Quaeret aliquis: Quid? Fregellani non sua sponte conati sunt? Eo quidem isti minus facile conarentur, quod illi quemadmodum discessent videbant. Nam rerum inperiti, qui unius cuiusque rei de rebus ante gestis exempla petere non possunt, ii per inprudentiam facillime deducuntur in fraudem: at ii, qui sciunt, quid aliis acciderit, facile ex aliorum eventis suis rationibus possunt providere. Nulla igitur re inducti, nulla spe freti arma sustulerunt? Quis hoc credet, tantam amentiam quemquam tenuisse, ut imperium populi Romani temptare auderet nullis copiis fretus? Ergo aliquid fuisse necessum est. Quid aliud, nisi id, quod dico, potest esse?»

    Es lo que en varias ocasiones dice Ovidio. Así   a propósito de las celebraciones del día 1 de Enero al dios Jano en Fasti,1,75 y ss.:

    ¿Ves cómo reluce el cielo con los fuegos perfumados y crepita la espiga cilicia al
    encender las hogueras? La llama reverbera con su brillo en el oro de los templos y esparce el resplandor tembloroso en lo alto del santuario. Van con las ropas intactas al alcázar de Tarpeya  y el pueblo lleva el mismo color que el color de su fiesta; ya marchan delante los nuevos mandos, nueva púrpura refulge y el marfil llamativo  siente pesos nuevos. Novillos exentos del trabajo, que la hierba falisca alimentó en sus campiñas ofrecen su cuello para  que los hieran. Júpiter, cuando mira a todo el orbe desde su alcázar, no encuentra nada que ver que no sea romano. ¡Salud, día bienhechor!: vuelve cada vez mejor, merecedor de que te honre el pueblo dueño del mundo. Mas con todo, ¿qué dios diré que eres tú, Jano biforme? Pues Grecia no tiene numen ninguno parejo a ti. Y a la vez revela el motivo por el que eres el único entre los celestiales que ves lo que está a la espalda y lo que está delante.

    cernis odoratis ut luceat ignibus aether,              
         et sonet accensis spica Cilissa focis?
    flamma nitore suo templorum verberat aurum,
         et tremulum summa spargit in aede iubar.
    vestibus intactis Tarpeias itur in arces,
         et populus festo concolor ipse suo est,              
    iamque novi praeeunt fasces, nova purpura fulget,
         et nova conspicuum pondera sentit ebur.
    colla rudes operum praebent ferienda iuvenci,
         quos aluit campis herba Falisca suis.
    Iuppiter arce sua totum cum spectet in orbem,              
         nil nisi Romanum quod tueatur habet.
    salve, laeta dies, meliorque revertere semper,
         a populo rerum digna potente coli.
    Quem tamen esse deum te dicam, Iane biformis?
         nam tibi par nullum Graecia numen habet.              
    ede simul causam, cur de caelestibus unus
         sitque quod a tergo sitque quod ante vides.

    Y luego, un poco más abajo: 

    "el espacio de la ciudad de Roma es el mismo que el del mundo".

    Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

    Fastos 2, 667 y ss.

    ¿Qué pasó cuando se construyó el nuevo Capitolio? Por supuesto, toda la legión de los dioses cedió ante Júpiter, haciéndole sitio. Término, según cuentan los antiguos, fue hallado en el templo, y allí se quedó, poseyéndolo junto con el gran Júpiter. Ahora además, para no ver por encima de sí nada que no sean las estrellas, el techo del templo tiene una pequeña claraboya. A partir de entonces no eres libre de levantarte, Término; quédate en el emplazamiento en que  te colocaron, y no cedas un átomo al vecino que te lo pida, para que no parezca que pones a un hombre delante de Júpiter. Ya te empujen con las rejas o con el rastrillo, grita: «Este campo es tuyo, aquél es suyo». Hay un camino  que lleva a la gente a los campos laurentes, el reino que el caudillo dardanio buscó en otro tiempo; en el sexto miliario desde la ciudad se celebra por ese camino una ceremonia por ti, Término, con las visceras de una oveja lanuda. Los demás pueblos tienen cada uno una tierra dada dentó de límites fijos; el espacio de la ciudad de Roma es el mismo que el del mundo.

    quid, nova cum fierent Capitolia? nempe deorum
         cuncta Iovi cessit turba locumque dedit;
    Terminus, ut veteres memorant, inventus in aede
         restitit et magno cum Iove templa tenet.               670
    nunc quoque, se supra ne quid nisi sidera cernat,
         exiguum templi tecta foramen habent.
    Termine, post illud levitas tibi libera non est:
         qua positus fueris in statione, mane;
    nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
         ne videare hominem praeposuisse Iovi:
    et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
         clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'
    est via quae populum Laurentes ducit in agros,
         quondam Dardanio regna petita duci:               680
    illa lanigeri pecoris tibi, Termine, fibris
         sacra videt fieri sextus ab Urbe lapis.
    gentibus est aliis tellus data limite certo:
         Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

    Los triunfos de Pompeyo de Oriente a Occidente confirman a los romanos que ellos son los dueños del mundo. Plutarco nos presenta el triple desfile triunfal de Pompeyo, en el que participa todo el imperio, toda la tierra que había conquistado.

    Plutarco, Pompeyo 45:

    A la grandeza de su triunfo, aunque se repartió en dos días, no bastó este tiempo, sino que muchos de los objetos que le decoraban pasaron sin ser vistos, pudiendo ser materia y ornato de otra pompa igual. En carteles que se llevaban delante iban escritas las naciones de quienes se triunfaba, siendo éstas: el Ponto, la Armenia, la Capadocia, la Paflagonia, la Media, la Cólquide, los Iberes, los Albanos, la Siria, la Cilicia, la Mesopotamia, las regiones de Fenicia y Palestina, la Judea, la Arabia, los piratas destruidos doquiera por la tierra y por el mar, y además los fuertes tomados, que no bajaban de mil; las ciudades, que eran muy pocas menos de novecientas; las naves de los piratas, ochocientas, y las ciudades repobladas, que eran treinta y nueve. Había dado sobre todo esto razón por escrito de que las rentas de la república eran antes cincuenta millones de dracmas, y las de los países que había conquistado montaban a ochenta millones y quinientas mil. En moneda acuñada y en alhajas de oro y plata habían entrado en el erario público veinte mil talentos, sin incluir lo que se había dado a los soldados, de los cuales el que menos había recibido mil quinientas dracmas. Los cautivos conducidos en la pompa, además de los jefes y caudillos de los piratas, fueron: el hijo de Tigranes, rey de Armenia, con su mujer y su hija; la mujer del mismo Tigranes, Zósima; el rey de los Judíos, Aristobulo; una hermana de Mitridates, con cinco hijos suyos y algunas mujeres escitas; los rehenes de los Albanos e Iberes y del rey de los Comagenos, y, finalmente, muchos trofeos, tantos en número como habían sido las batallas que había ganado, ya por sí mismo y ya por sus lugartenientes. Lo más grande para su gloria, y de lo que ningún Romano había disfrutado antes que él, fue haber obtenido este triunfo de la tercera parte del mundo; porque otros habían alcanzado antes tercer triunfo; pero él, habiendo conseguido el primero de África, el segundo de la Europa y este tercero del Asia, parecía en cierta manera que en sus tres triunfos había abarcado toda la tierra.

    Tenemos también información sobre las gestas de Pompeyo en Diodoro Sículo  40, 4

    Esta es una copia de la inscripción que Pompeyo colocó, registrando sus logros en Asia.
    Pompeyo Magno, hijo de Gnaeus, general (imperator), liberó las costas del mundo y todas las islas dentro del océano de los ataques de piratas. Rescató del asedio el reino de Ariobarzanes, Galacia y los territorios y provincias de más allá, Asia y Bitinia. Protegió Paflagonia, El Ponto, Armenia y Acaya, y también Iberia, la Cólquida, Mesopotamia, Sofene y Gordiene. Subyugó a Dario rey de los Medos, Artoles rey de los Ibéricos, Aristóbulo rey de los judíos, y Aretas rey de los árabes nabateos, y también Siria junto a Cilicia, Judea, Arabia, la provincia de Cyrenaica, Achaei, Iozygi, Soani y Heniochi y las otras tribus que habitan la costa entre Colchis y el lago Meotis, junto con los reyes de estas tribus, nueve en número, y todas las naciones que habitan entre el mar Póntico y el Mar Rojo. Extendió las fronteras del imperio hasta las fronteras del mundo. Mantuvo los ingresos de los romanos, y en algunos casos los aumentó. Retiró las estatuas y otras imágenes de los dioses, y todo el otro tesoro de los enemigos, y dedicó a la diosa (Minerva) 12.060 piezas de oro y 307 talentos de plata.

    Tal vez sea  Plinio el más exagerado en recordarnos los éxito de Pompeyo en todo el mundo romano, hasta concluir :

    Lo mas grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (según él mismo dijo públicamente en la asamblea, hablando de sus propias hazañas) que recibió Asia como la provincia más lejana y la devolvió a la patria como provincia interior.

    Veamos esta cita más amplia:

    Plinio, Historia Natural: 7, 95 (26), (27) y ss.

    Verdaderamente corresponde al honor del Imperio Romano, no solo al de Las hazañas un hombre, que se mencionen en este  lugar todos los títulos de las victorias y los triunfos de Pompeyo Magno, ya que el brillo de sus hazañas se iguala no solo con las de Alejandro Magno sino incluso casi con las de Hércules y las del padre Liber. Pues, una vez recuperada Sicilia, momento desde el que comenzó mostrándose primero partidario de Sila en la causa de la Republica, después de dominar África entera y someterla a su autoridad, por lo que recibió como trofeo de guerra el nombre de Magno, entró en carro triunfal, cosa que nadie había obtenido antes, siendo caballero romano, y pasando inmediatamente a Occidente, además de conseguir trofeos en los Pirineos, añadió a la victoria ochocientas setenta y seis poblaciones, desde los Alpes hasta los confines de la Hispania Ulterior, sometidas a su autoridad, y con gran magnanimidad guardó silencio sobre Sertorio y, después de poner fin a una guerra civil que concitaba a todos los enemigos extranjeros, de nuevo condujo los carros triunfales siendo caballero romano, tan frecuentemente general antes que soldado. Después, enviado a todos los mares y luego a Oriente, volvió trayendo a su patria estos títulos según la costumbre de los vencedores en las competiciones sagradas — en realidad
    no se coronan ellos mismos, sino que coronan a sus patrias—; por eso, en el santuario de Minerva, que dedicó con el dinero del botín, ofrecía estos honores a Roma:

    El GENERAL GNEO POMPEYO MAGNO, CONCLUIDA UNA GUERRA DE TREINTA ANOS, DISPERSADOS, PUESTOS EN FUGA, MUERTOS Y RENDIDOS DOCE MILLONES CIENTO OCHENTA Y TRES MIL HOMBRES, HUNDIDOS O CAPTURADOS OCHOCIENTOS CUARENTA Y SEIS BARCOS, TOMADAS BAJO PROTECCION MIL QUINIENTAS TREINTA Y OCHO POBLACIONES Y FORTALEZAS, Y SOMETIDOS LOS TERRITORIOS DESDE LOS MEOTAS HASTA EL MAR ROJO, CUMPLE SU VOTO, COMO DEBIA, A MINERVA.

    Esto es el compendio de su actuación en Oriente. Pero el preámbulo del triunfo que celebró el día tercero antes de las kalendas de octubre, siendo cónsules Marco Pisón y Marco Mesala era el siguiente:

    HABIENDO LIBERADO DE PIRATAS LA COSTA MARITIMA Y HABIENDO DEVUELTO EL IMPERIO DEL MAR AL PUEBLO ROMANO, CONSIGUIÓ HONORES DE TRIUNFO POR SUS VICTORIAS EN ASIA, EL PONTO, ARMENIA, PAFLAGONIA, CAPADOCIA, CILICIA, SIRIA, LOS ESCITAS, JUDIOS, ALBANOS, HIBERIA, LA ISLA DE CRETA, LOS BASTERNAS Y, ADEMAS DE ESTO, SOBRE EL REY MITRIDATES Y SOBRE TIGRANES.

    Lo más grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (según él mismo dijo públicamente en la asamblea, hablando de sus propias hazañas) que recibió Asia como la
    provincia más lejana y la devolvió a la patria como provincia interior. Si alguien por el contrario quisiera examinar de igual modo las hazañas de César, que se mostró más
    grande que aquel, debería enumerar el orbe de la tierra absolutamente entero, cosa que convendrá que es infinita.
    (Traducción de Encamacion del Barrio Sanz)

    Verum ad decus imperii Romani, non solum ad viri unius, pertinet victoriarum Pompei Magni titulos omnes triumphosque hoc in loco nuncupari, aequato non modo Alexandri Magni rerum fulgore, sed etiam Herculis prope ac Liberi patris.

    igitur Sicilia recuperata, unde primum Sullanus in rei publicae causa exoriens auspicatus est, Africa vero tota subacta et in dicionem redacta Magnique nomine in spolium inde capto, eques Romanus, id quod antea nemo, curru triumphali revectus et statim ad solis occasum transgressus, excitatis in Pyrenaeo tropaeis, oppida DCCCLXXVI ab Alpibus ad fines Hispaniae ulterioris in dicionem redacta victoriae suae adscripsit et maiore animo Sertorium tacuit, belloque civili, quod omnia externa conciebat, extincto iterum triumphales currus eques R. induxit, totiens imperator ante quam miles.

    postea ad tota maria et deinde solis ortus missus hos retulit patriae titulos more sacris certaminibus vincentium — neque enim ipsi coronantur, sed patrias suas coronant —, hos ergo honores urbi tribuit in delubro Minervae, quod ex manubiis dicabat:

    CN·POMPEIVS MAGNVS IMPERATOR BELLO XXX ANNORVM CONFECTO FVSIS FVGATIS OCCISIS IN DEDITIONEM ACCEPTIS HOMINVM CENTIENS VICIENS SEMEL LXXXIII DEPRESSIS AVT CAPTIS NAVIBVS DCCCXLVI OPPIDIS CASTELLIS MDXXXVIII IN FIDEM RECEPTIS TERRIS A MAEOTIS AD RVBRVM MARE SVBACTIS VOTVM MERITO MINERVAE.

    Hoc est breviarium eius ab oriente. triumphi vero, quem duxit a. d. III kal. Oct. M. Pisone M. Messala cos., praefatio haec fuit:

    CVM ORAM MARITIMAM PRAEDONIBVS LIBERASSET ET IMPERIVM MARIS POPVLO ROMANO RESTITVISSET EX ASIA PONTO ARMENIA PAPHLAGONIA CAPPADOCIA CILICIA SYRIA SCYTHIS IVDAEIS ALBANIS HIBERIA INSVLA CRETA BASTERNIS ET SVPER HAEC DE REGE MITHRIDATE ATQVE TIGRANE TRIVMPHAVIT.

    Summa summarum in illa gloria fuit (ut ipse in conditione dixit, cum de rebus suis disseret) Asiam ultimam provinciarum accepisse eandemque mediam patriae reddidisse. si quis e contrario simili modo velit percensere Caesaris res, qui maior ille apparuit, totum profecto terrarum orbem enumeret, quod infinitum esse conveniet.

    En numerosos pasajes Plinio va incluso más allá y justifica el imperialismo romano por sus efectos beneficiosos para la humanidad. En el libro 27 de su Historia Natural nos habla de las numerosas plantas  existentes en el mundo  que son recogias y transportadas desde cualquier lugar del mundo sólo por efecto de la Pax romana. Por eso los romanos son como una segunda luz, como un segundo sol para la humanidad, y también como una segunda naturaleza como dirá lugo en el libro 44.
    Transcribo ambos pasajes:

    Plinio, 27, 1 y ss:

    Ciertamente aumenta en mi interior la admiración de la Antigüedad conforme crece mi obra y cuanta más cantidad de hierbas me queda por describir, tanto más aumenta el deseo de valorar el cuidado de los antiguos a la hora de buscarlas y luego su bondad al transmitírnoslas. Y sin duda podría parecer que de este modo la magnificencia de la misma naturaleza de las cosas ha sido superada si su descubrimiento es propio de la obra humana.

    Sin embargo ahora parece que fue obra de los dioses  o ciertamente de inspiración divina, incluso aunque el hombre las haya encontrado, y que la misma madre de todas las cosas las ha engendrado y las ha mostrado, no habiendo ningún milagro mayor de la vida, si es que queremos confesar la verdad.  Las hierbas escíticas vienen de las lagunas Meóticas y la eufórbea del monte Atlas y de la otra parte de las columnas de Hércules desde el propio límite de las cosas de la naturaleza,y por la otra parte la británica  de las islas del Océano situadas más allá de la tierra y así mismo la Etiópica  de la región abrasada por las estrellas. Además otras se traen  de otras partes más lejos o más cerca por todo el mundo para la salud de los hombres, mostrando la inmensa majestad de la paz romana no solo hombres entre sí de  diferentes tierras y naciones, sino tambien montes y cumbres que se alzan hasta las nubes y sus productos y las hierbas que producen. Pido que este regalo de los dioses sea eterno. Hasta tal punto parece que nos han dado a los romanos como otra luz para  las cosas humanas.

    Crescit profecto apud me certe tractatu ipso admiratio antiquitatis, quantoque maior copia herbarum dicenda restat, tanto magis adorare priscorum in inveniendo curam, in tradendo benignitatem subit. nec dubie superata hoc modo posset videri etiam rerum naturae ipsius munificentia, si humani operis esset inventio.

    nunc vero deorum fuisse eam apparet aut certe divinam, etiam cum homo inveniret, eandemque omnium parentem et genuisse haec et ostendisse, nullo vitae miraculo maiore, si verum fateri volumus. Scythicam herbam a Maeotis paludibus et Euphorbeam e monte Atlante ultraque Herculis columnas ex ipso rerum naturae defectu, parte alia Britannicam ex oceani insulis extra terris positis,

    itemque Aethiopidem ab exusto sideribus axe, alias praeterea aliunde ultro citroque humanae saluti in toto orbe portari, inmensa Romanae pacis maiestate non homines modo diversis inter se terris gentibusque, verum etiam montes et excedentia in nubes iuga partusque eorum et herbas quoque invicem ostentante! aeternum, quaeso, deorum sit munus istud! adeo Romanos velut alteram lucem dedisse rebus humanis videntur.

    Plinio en 37, 77 (200) ss.  asimila  Roma a la propia naturaleza e Italia es la gobernadora y segunda madre del mundo; la primera es, evidentemente,  la propia naturaleza.

    Despúes de haber tratado de todas las obras de la Naturaleza, es oportuno ahora establecer una comparación entre los territorios y las diversas cosas que producen.

    Así pues, en todo el orbe, a dondequiera que se extienda la bóveda celeste, por las cosas que con todo merecimiento merecen el primer puesto de la Naturaleza, Italia es la más hermosa de todos los países, ella  que gobierna y es la segunda madre del mundo. Es así por sus hombres, por sus mujeres, por sus jefes militares, por sus soldados, por sus esclavos, por la superioridad de las artes, por los ejemplos de sus hombres ilustres. Y también por su situación, por la salubridad y suavidad de su clima; por el fácil acceso para todas las naciones, por sus costas abundantes en puertos, por el benigno soplo de sus vientos; lo que se debe por su posición, colocada en una parte muy favorable, en medio de la salida y la puesta del sol (entre Oriente y Occidente. Y también por la abundancia de agua, la salubridad de sus bosques, las intersecciones de sus montes, la inocuidad de sus animales salvajes, la fertilidad de su suelo y la riqueza de sus pastos.

    Etenim peractis omnibus naturae operibus discrimen quoddam rerum ipsarum atque terrarum facere conveniet.

    Ergo in toto orbe, quacumque caeli convexitas vergit, pulcherrima omnium est iis rebus, quae merito principatum naturae optinent, Italia, rectrix parensque mundi altera, viris feminis, ducibus militibus, servitiis, artium praestantia, ingeniorum claritatibus, iam situ ac salubritate caeli atque temperie, accessu cunctarum gentium facili, portuosis litoribus, benigno ventorum adflatu. quod contingit positione procurrentis in partem utilissimam et inter ortus occasusque mediam, aquarum copia, nemorum salubritate, montium articulis, ferorum animalium innocentia, soli fertilitate, pabuli ubertate.

    También Cicerón en Catilinarias 4, 11 (6) compara a Roma con la lux orbis terrarum.

    Si os conformáis con esta opinión, me daréis, ante la asamblea, un compañero a quien el pueblo es¬tima y quiere; si seguís el parecer de Silano, fácilmente nos libraremos vosotros y yo del cargo de crueldad, y aun demostraré que este parecer es el más benigno. Aunque para castigar tan horrible maldad, ¿habrá, pa¬dres conscriptos, algo que sea excesivamente cruel? Yo por mí juzgo. Porque así pueda gozar con vosotros de ver salvada y tranquila a la república, como es cier¬to que si soy algo enérgico en esta causa, no es por dureza de alma (¿quién la tiene más benigna que yo?), sino por pura humanidad y misericordia. Paréceme estar viendo a esta ciudad, lumbrera del mundo y fortaleza de todas las gentes, ser devorada repentinamente por el incendio: me figuro arruinada la patria, y sobre sus ruinas los insepultos cuerpos de desdichadísimos ciudadanos; tengo ante mis ojos la figura de Cetego satisfaciendo su furor y gozando con vuestra muerte, figuro arruinada la patria, y sobre sus ruinas los insepultos cuerpos de desdichadísimos ciudadanos; tengo ante mis ojos la figura de Cetego satisfaciendo su furor y gozando con vuestra muerte. (Traducción de Juan Bautista Calvo)

    Quam ob rem, sive hoc statueritis, dederitis mihi comitem ad contionem populo carum atque iucundum, sive Silani sententiam sequi malueritis, facile me atque vos a crudelitatis vituperatione populo Romano purgabo atque obtinebo eam multo leniorem fuisse. Quamquam, patres conscripti, quae potest esse in tanti sceleris inmanitate punienda crudelitas? Ego enim de meo sensu iudico. Nam ita mihi salva re publica vobiscum perfrui liceat, ut ego, quod in hac causa vehementior sum, non atrocitate animi moveor (quis enim est me mitior?), sed singulari quadam humanitate et misericordia. Videor enim mihi videre hanc urbem, lucem orbis terrarum atque arcem omnium gentium, subito uno incendio concidentem, cerno animo sepulta in patria miseros atque insepultos acervos civium, versatur mihi ante oculos aspectus Cethegi et furor in vestra caede bacchantis.

    La expresión concentrada y visual de todo el imperio se representa en el famoso “Mapa de Agripa”.
    Agripa ordenó construir un mapa de todo el mundo conocido que se colocó en el Pórtico que llevaba el nombre de su hermana Vipsania, en el Campo de Marte y cerca del Panteón, y que tenía como finalidad evidenciar que Roma era el centro del mundo.  Le podíamos, pues, considerar el  mapa del  Orbis Terrarum o representación de todo el mundo conocido. Hay quien piensa que se trataba simplemente de una lista de lugares con su dimensión y de la distancia entre ellos antes que de una representación del mundo. Y es que de la descripción del mapa tan solo tenemos algunos fragmentos escritos y podemos hacernos alguna idea por otros mapas posteriores. Podemos imaginarnos al ciudadano romano a punto de emprender un viaje o por mera curiosidad, observando este enorme mapa de países y carreteras.

    Se considera que las medidas eran de gran precisión, aunque Plinio observa algún error, por ejemplo cuando habla de Hispania y de la Bética:

    Plinio, Historia Natural, 3, 17 (3, 2, 17)

    La longitud actual de la Bética, desde la localidad de Cástulo hasta Gades, es de doscientos cincuenta mil pasos y desde Murgi, en la costa, veinticinco mil más. La anchura, de Carteya al Guadiana, por la costa doscientos treinta y cuatro mil pasos. .Quién creeria que Agripa, varon tan celoso y que tanto se esmeró en este trabajo, cuando fue a exponer la imagen del mundo a los ojos de Roma se equivocó, y con él el divino Augusto? Porque este fue el que llevo a término el pórtico que empezó a levantar la hermana de Agripa, en el que se albergaba ese plano del orbe, elaborado según el proyecto y los escritos de Marco Agripa. (Traducción de Antonio Fontán. Editorial Gredos).

    Baeticae longitudo nunc a Castulonis oppidi fine Gadix CCL et a Murgi maritima ora XXV p. amplior, latitudo a Carteia Anam ora CCXXXIIII p. Agrippam quidem in tanta viri diligentia praeterque in hoc opere cura, cum orbem terrarum orbi spectandum propositurus esset, errasse quis credat et cum eo Divum Augustum? is namque conplexam eum porticum ex destinatione et commentariis M. Agrippae a sorore eius inchoatam peregit.

    Vitrubio expresa la misma idea desde otro punto de vista: no existió otro mejor emplazamiento que el de Roma para conquistar el mundo:

    Vitrubio, VI,1, 10-11

    Siendo, pues, las naciones meridionales de ingenio agudísimo, y maravillosa sutileza en sus pensamientos, si emprenden acciones valerosas, salen vencidas, por haberles el calor del sol disipado el vigor del ánimo; pero los que nacen en regiones frías son mas a propósito para el rigor de las armas, y se arrojan sin temor valerosamente a la pelea; si bien, faltos de reflexión por lo tardo de su ingenio, lo hacen inconsideradamente y ciegas, siendo siempre rechazados en sus designios. Habiendo, pues, la naturaleza dispuesto las cosas en el mundo de manera que todas las naciones tienen diverso y desproporcionado temperamento, quiso que el pueblo Romano tuviese sus confines en medio de todas la partes y regiones del orbe de la tierra; y así las gentes en Italia son aptísimas para entrambos ministerios, de valor en sus cuerpos, y de agudeza en el ánimo. Porque así como el planeta Júpiter, corriendo entre Marte calidísimo y Saturno frígidísimo, goza un temperamento medio, del modo mismo la Italia, sita entre septentrión y mediodía, tiene la preeminencia de que con la mezcla de ambos temperamentos goza constitución templada : así que con el consejo rebate las fuerzas de los barbaros, y con el valor las astucias de los meridionales. En efecto, colocó Dios la capital del pueblo Romano en región tan templada y excelente, para que fuese dueña y señora del mundo. (Tradución de Joseph Ortiz y Sanz. 1787)

    Cum sint autem meridiane nationes animis acutissimis infinitaque sollertia consiliorum, simul ut ad fortitudinem ingrediuntur, ibi succumbunt, quod habent exsuctas ab sole animorum virtutes; qui vero refrigeratis nascuntur regionibus, ad armorum vehementiam paratiores sunt magnis virtutibus sine timore, sed tarditate animi sine considerantia inruentes sine sollertia suis consiliis refragantur. cum ergo haec ita sint ab natura rerum in mundo conlocata et omnes nationes inmoderatis mixtionibus disparatae, veros inter spatium totius orbis terrarum regionesque medio mundi populus Romanus possidet fines.
    Namque temperatissimae ad utramque partem et corporum membris animorumque vigoribus pro fortitudine sunt in Italia gentes. quemadmodum enim Iovis stella inter Martis ferventissimam et Saturni frigidissimam media currens temperatur, eadem ratione Italia inter septentrionalem meridianamque ab utraque parte mixtionibus temperatas et invictas habet laudes. itaque consiliis refringit barbarorum virtutes, forti manu meridianorum cogitationes. ita divina mens civitatem populi Romani egregia temperataque regione conlocavit, uti orbis terrarum imperii potiretur.

    Si el “orbis terrarum” es el “orbis romanorum” y Roma es un microcosmos, también Nerón, por ejemplo, pretende que su Domus Aurea sea un microcosmos, una reproducción a pequeña escala del “imperio romano”, incluyendo bosques, lagos y las obras maestras de todo el imperio. Nos lo confirman textos de Suetonio o Tácito  y tantos otros. :

    Suetonio, Vida de Nerón, (Vidas de los doce Césares, VI,31),31

    Pero en ningún asunto gasta tanto como en sus construcciones, pues edificó una casa que llegaba desde el Palatino hasta las Esquilias y a la que llamó primero “Transitoria” y luego, despues que fue consumida por un incendio y restaurada, “Dorada”.. Para hacerse una idea de sus dimemisries y esplendor bastara con referir lo siguiente. Tenia un vestibulo en el que se alzaba una estatua suya colosal, de ciento veinte pies de altura;  era tan espaciosa, que albergaba porticos de tres filas de coiumnas y mil pasos de largo, un estanque tan grande como un mar, rodeado de edificios que parecian ciudades, y, ademas, grandes extensiones de terreno, que incluian campos, viñedos, pastos y bosques, con una multitud de animales  domesticos y salvajes de todo tipo. Todas sus habitaciones estaban forradas de oro y adornadas con piedras preciosas y conchas de perlas; sus comedores estaban cubiertos por unos paneles de marfil movibles y perforados por tubos, para que se pudieran esparcir desde el techo flores o perfumes; el comedor principal era redondo, y giraba continuamente sobre si mismo, de dia y de noche, como el mundo; sus banos tenian agua corriente del mar y de los rnanantiales de Álbula. Cuando inauguró semejante mansión, una vez acabadas las obras, le dio su aprobación exclamando que por fin había empezado a vivir como un hombe.

    Non in alia re tamen damnosior quam in aedificando domum a Palatio Esquilias usque fecit, quam primo transitoriam, mox incendio absumptam restitutamque auream nominauit. de cuius spatio atque cultu suffecerit haec rettulisse. uestibulum eius fuit, in quo colossus CXX pedum staret ipsius effigie; tanta laxitas, ut porticus triplices miliarias haberet; item stagnum maris instar, circumsaeptum aedificiis ad urbium speciem; rura insuper aruis atque uinetis et pascuis siluisque uaria, cum multitudine omnis generis pecudum ac ferarum.

    in ceteris partibus cuncta auro lita, distincta gemmis unionumque conchis erant; cenationes laqueatae tabulis eburneis uersatilibus, ut flores, fistulatis, ut unguenta desuper spargerentur; praecipua cenationum rotunda, quae perpetuo diebus ac noctibus uice mundi circumageretur; balineae marinis et albulis fluentes aquis. eius modi domum cum absolutam dedicaret, hactenus comprobauit, ut se diceret “quasi hominem tandem habitare coepisse.”

    De similar manera Marcial, en su Libro de los Espectáculos, nos ofrece numerosos ejemplos de espectáculos en Roma con animales exóticos, traídos desde los confines del imperio, del que se sienten los dueños

    Marcial, Libro de los Espectáculos, 2.

    Aquí en donde el coloso sidéreo contempla muy de cerca las estrellas y se elevan en mitad de la vía altos andamiajes, irradiaban los atrios soberbios del fiero tirano y había ya una sola casa en toda Roma. Aquí en donde se eleva la augusta mole del hermoso anfiteatro estaban los estanques de Nerón. Aquí en donde admiramos las termas, obra prontamente acabada, un campo inmenso había expropiado las casas de los míseros ciudadanos. En donde el pórtico de Claudio proyecta sus amplias sombras, venían a terminar las últimas construcciones del palacio imperial. Roma ha sido devuelta a sí misma y, contigo en el trono, César, hace las delicias del pueblo lo que las hacía de su señor.  (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Hic ubi sidereus propius uidet astra colossus
         et crescunt media pegmata celsa uia,
    inuidiosa feri radiabant atria regis
         unaque iam tota stabat in urbe domus;
    hic ubi conspicui uenerabilis Amphitheatri              
         erigitur moles, stagna Neronis erant;
    hic ubi miramur uelocia munera thermas,
         abstulerat miseris tecta superbus ager;
    Claudia diffusas ubi porticus explicat umbras,
        ultima pars aulae deficientis erat.              
    Reddita Roma sibi est et sunt te preside, Caesar,
         deliciae populi, quae fuerant domini.

    Así en De spectaculis, 5

    Podéis creer que Pasífae se ha unido al toro de Creta: lo hemos visto nosotros, la antigua fábula ha recibido su confirmación. Que no se admire de sí misma, César, la longeva antigüedad: lo que la fama canta, lo presenta la arena ante tus ojos. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Iunctam Pasiphaen Dictaeo credite tauro:
         uidimus, accepit fabula prisca fidem.
    Nec se miretur, Caesar, longaeua uetustas:
         quidquid fama canit, praestat harena tibi.

    Y en el 6,b

    La fama ensalzaba un trabajo famoso y propio de Hércules: que el león había sido abatido en el vasto valle de Nemea. Calle la leyenda, porque después de tus juegos, oh César, declaramos que esto lo hace ya un Marte femenino. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Prostratum uasta Nemees in ualle leonem
         nobile et Herculeum fama canebat opus.
    Prisca fides taceat: nam post tua munera, Caesar,
         hoc iam femineo Marte fatemur agi.

    Y en  el 7

    Lo mismo que Prometeo, atado en las rocas de Escitia, alimentó con su hígado potente al águila puntual a su cita, así Lauréolo, colgado realmente en una cruz, presentó sus entrañas desnudas al oso de Caledonia. Sus músculos desgarrados palpitaban en sus miembros sangrantes, y en todo su cuerpo no había cuerpo por ninguna parte. Por fin recibió un castigo digno: él había clavado cruelmente el cuchillo en el cuello de su padre o de su dueño; había robado locamente el oro sagrado de los templos; te había aplicado a ti, Roma, las teas incendiarias; había superado el criminal las atrocidades referidas por la antigua leyenda, y por ello lo que era hasta entonces pura imaginación, se cumple en él realmente. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Qualiter in Scythica religatus rupe Prometheus
         adsiduam nimio pectore pauit auem,
    nuda Caledonia sic uiscera praebuit urso
         non falsa pendens in cruce Laureolus.
    Viuebant laceri membris stillantibus artus              
         inque omni nusquam corpore corpus erat.
    Denique supplicium dignum tulit: ille parentis
         uel domini iugulum foderat ense nocens,
    templa uel arcano demens spoliauerat auro,
         subdiderat saeuas uel tibi, Roma, faces.              
    Vicerat antiquae sceleratus crimina famae,
         in quo, quae fuerat fabula, poena fuit.

    y en el 8

    Dédalo, al sentirte devorado por el oso de Lucania, ¡cómo desearías haber tenido ahora tus alas! (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Daedale, Lucano cum sic lacereris ab urso,
         quam cuperes pinnas nunc habuisse tuas!

    Y en el 9

    Exhibido el rinoceronte por toda la arena, te ofreció, César, un espectáculo que no prometió. ¡Oh con qué bravura se enfureció incoerciblemente! ¡Qué grande era el toro, para quien un toro era un pelele! (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Praestitit exhibitus tota tibi, Caesar, harena
         quae non promisit proelia rhinoceros.
    O quam terribilis exarsit pronus in iras!
         Quantus erat taurus, cui pila taurus erat!

    Elefantes en el 17

    Esto de que, piadoso y suplicante, te adore, César, un elefante, éste que poco ha era tan temible para un toro, esto no lo hace mandado ni por maestramiento de ningún domador; créeme, también él reconoce a nuestro dios. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Quod pius et supplex elephas te, Caesar, adorat
         hic modo qui tauro tam metuendus erat,
    non facit hoc iussus, nulloque docente magistro,
         crede mihi, nostrum sentit et ille deum.

    Etc. etc.

    Hasta aquí algunos textos que documentan el status divino que adquirió  Roma en virtud de la fuerza y energía que de ella emanaba. Podría aportar otros muchos. Ello explica como la “urbe” por antonomasia, por excelencia, es Roma.

    Nota: antonomasia, palabra griega, ἀντονομασία, del verbo ἀντονομάζω ("antonomázo"), compuesto de antí-/ant-/anta-, con el significado de "en lugar de", "a cambio de", y el verbo ὀνομάζω ("onomázo"), que significa denominar, nombrar, derivado de ὄνομα "ónoma", nombre.  Designa a una figura retórica que consiste en nombrar a un sustantivo por el adjetivo que expresa su cualidad o viceversa porque en él se da esa cualidad de manera sobresaliente.

    (Continuará…)

  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (I)

    Esta expresión latina “urbi et orbi”, que significa “para la ciudad (Roma) y para el mundo”, se aplica hoy en día en sentido literal exclusivamente a las bendiciones que el obispo de Roma, es decir, el Papa, imparte para todos los fieles católicos del mundo concediéndoles indulgencia plenaria y remisión de los pecados. En sentido más amplio se utiliza para referirnos a cualquier tipo de mensaje dirigido de manera general a todos los habitantes de la tierra.

    Es su específico y predominante uso litúrgico el que ha llevado a considerar el origen de la expresión "urbi et orbi" en las bendiciones del  Papa Gregorio X  en los años 1272 a 1276. 

    Ahora bien, la expresión y su génesis tiene tras de sí una larga historia, porque para que tenga algún sentido necesitamos una ciudad que se diferencie del resto y un mundo o un imperio que hablase latín, y eso existió muchos siglos antes del Papa Gregorio X.

    En primer lugar, desde el punto de vista del contenido, la expresión se refiere a una ciudad especial, a Roma, la “urbe” por excelencia en cuanto es la cabeza o capital de un enorme Imperio, el orbe de los romanos. El famoso Vitruvio (c. 80-70 a. C.-15 a. C.) expresó perfectamente esta idea, que compartieron los romanos desde muy antiguo:

    Vitrubio, Sobre la arquitectura, VI,1, 10-11:

     "La mente divina ubicó la capital del pueblo romano en una región excelente y templada para que se adueñara de todo el mundo (orbis terrarum)". 

    ita divina mens civitatem populi Romani egregia temperataque regione conlocavit, uti orbis terrarum imperii potiretur.

    Desde el punto de vista de la forma lingüística inmediatamente salta al oído la semejanza entre “urbi” y “orbi”, tan sólo diferenciadas en un fonema, en este caso también en una letra. Esto es un juego de palabras. A esta figura literaria se le llama “paronomasia”.

    Que Roma es “la ciudad por excelencia”  es un concepto muy antiguo, compartido orgullosamente por los romanos, como decía más arriba. Recordemos  cómo la historia general que Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.) escribió sobre Roma se llama precisamente “Ab urbe condita”, “Desde la fundación de la ciudad”, y todo el mundo entiende que esa ciudad sólo puede ser Roma.

    Profundizaremos a continuación en este hecho e intentaré explicar brevemente cómo un pequeño villorrio con origen en el siglo VIII o VII antes de Cristo, junto al Tiber, con el tiempo se convirtió en la capital del Imperio antiguo mayor y más importante de la Antigüedad por sus consecuencias, y cómo el “orbe” de la tierra conocida se convierte en el “orbe romano”. La ciudad además acabó divinizada, como sus gobernantes, y recibiendo culto dirigido por unos sacerdotes especializados en ello.

    En segundo lugar también profundizaré un poco en el juego de palabras o la figura literaria citada de la paronomasia en “urbi et orbi”, figura que definimos como  “utilización de dos o más palabras, parecidas fonéticamente porque sólo se diferencian algún fonema, pero de distinto significado”. Esta paronomasia es también un recurso literario bien atestiguado en la literatura romana. Expondré más adelante algunos textos.

    Trataré primero de la ascensión de la pequeña Roma a “urbe” del “orbe” romano que es lo mismo que decir del "orbe mundial”.

    Según la historiografía y la mitología Roma fue fundada en el siglo VIII a.C; con más precisión en el año 753, y ajustando más el  21 de abril, día en que se ponen de acuerdo las diversas leyendas fundacionales.

    Pues bien con el paso del tiempo se convirtió en la capital de un enorme imperio, a la que conducían todos los caminos, como la urbe capital del orbe. Como ciudad fuerte y poderosa es respetada e incluso divinizada en un largo proceso en el que también fueron divinizados sus gobernantes, los emperadores.

    En el Oriente persa y egipcio y luego en el griego era ya tradición la divinización de los reyes, de los poderosos. Grecia fue conquistada por los romanos y declarada provincia romana en el año 197 a.C.  y la Roma vencedora pasó a ser considerada como ciudad poderosa y fuerte.

    Esta divinización, que se fue elaborando en Oriente, fue consagrada por el emperador Adriano en la primera mitad del siglo II d.C.; más aún, se identifica a Roma con el Imperio mismo, que como dios poderoso se articula en diferentes miembros coordinados.

    Sobre la etimología de la palabra Roma y Rómulo, relacionada con ella, no sólo no hay acuerdo sino propuestas diversas, varias de ellas relacionadas con el mundo etrusco. Pero para un griego, inevitablemente la palabra Roma les recordaría su palabra ῤώμη (rhòme), que significa fuerza. Ello ayudaría a deificarla como ciudad fuerte y habitada por hombres fuertes; la fuerza, la fortaleza es una propiedad de los dioses y seres asimilados; así que Roma, que ya es fuerte incluso en el nombre, algo debe tener en común con los dioses.

    Veamos en unos cuantos textos cómo se va elaborando esta idea de Roma y su imperio como divinidad poderosa, benefactora del género humano, desde su humilde origen.

    Plutarco hace referencia al nombre de Roma al comienzo de la biografía de Rómulo. Aprovecho para reproducir el relato detallado de Plutarco hasta enlazar con la leyenda más conocida sobre Rómulo y Remo:

    Plutarco, Vidas paralelas, Comienzo de la vida de Rómulo:

    Respecto al gran nombre de Roma,  que ha circulado con gloria en boca de todos los hombres, no hay acuerdo entre los escritores sobre la fecha y el motivo por el que lo ha recibido la ciudad, sino que, según unos, los pelasgos, después de viajar sin rumbo por casi todo el mundo habitado y de vencer a la mayoría de los hombres, se establecieron allí y, por su pujanza con las armas, así lamaron a la ciudad, pero, según otros, a raíz de la toma de Troya, algunos, que lograron escapar y consiguieron naves, arrastrados por los vientos arribaron a Tirrenia y fondearon a orillas del río Tíber.

    Mas a sus mujeres, que a duras penas soportaban ya el mar, les aconsejó una, que al parecer sobresalía en linaje y era la más sensata, llamada Roma, que quemaran los barcos. Hecho esto, al principio, los hombres montaron en cólera; pero, luego, cuando por necesidad se asentaron en el Palatino, como en poco tiempo iban consiguiendo más de lo que esperaban, al comprobar la calidad de la región y que sus vecinos los aceptaban, entre otros honores que tributaron a Roma, además tomaron el nombre para la ciudad de ella, como responsable.

    Y desde entonces dicen que se mantiene la costumbre de que las mujeres besen en la boca a los hombres de su familia y parientes, pues igualmente aquéllas, cuando incendiaron las naves, así besaban y acariciaban a sus hombres, suplicándoles y tratando de calmar su cólera.

    Otros dicen que fue Roma, hija de ftalo y Leucaria (para otros, de Télefo el de Heracles), casada con Eneas (según otros, con Ascanio el de Eneas), la que proporcionó su nombre a la ciudad. Otros, en cambio, que fundó la ciudad Romano, hijo de Odiseo y de Circe, otros, que Romo el de Ematión, expulsado de Troya por Diomedes, y otros, en fin, que Romis, tirano de los latinos, que rechazó a los tirrenos, los cuales habían llegado a Lidia desde Tesalia y desde Lidia a Italia.

    De todos modos, ni siquiera los que, de acuerdo con la versión más correcta, presentan a Rómulo como epónimo de la ciudad, se ponen de acuerdo sobre [su] linaje; pues, según unos, hijo de Eneas y Dexítea la de Forbante, siendo muy niño fue traído a Italia con su hermano Romo, y mientras que las demás embarcaciones fueron destruidas en el río a causa de una crecida, aquella en la que estaban los niños fue derivando poco a poco hacia una suave ribera, por lo que, salvados inesperadamente, le pusieron el nombre de Roma.

    Según otros, Roma, hija de la troyana aquella, casada con Latino el de Telémaco, dio a luz a Rómulo,  pero, según otros, fue Emilia la de Eneas y Lavinia, acostada con Ares.

    Otros ofrecen un relato completamente fabuloso sobre el nacimiento: Tarquecio, rey de los albanos muy arbitrario y cruel, tuvo en su casa una aparición sobrenatural,  pues del hogar salió de pronto un falo y allí permaneció durante muchos días. Había en Etruria un oráculo de Tetis, del que se le trajo a Tarquecio la prescripción de unir con el falo a una virgen, pues de ella nacería un hijo muy señalado, de extraordinaria virtud, fortuna y energía. Tarquecio reveló, entonces, la respuesta divina a una de sus hijas y le ordenó que se acostara con el falo; mas ella sintió repugnancia y envió a una criada. Cuando se enteró Tarquecio, indignado, las encerró a ambas con intención de matarlas, pero, al ver a Vesta que, en sueños, le prohibía el crimen, ordenó a las jóvenes que, en prisión, tejieran una tela, con la promesa de entregarlas en matrimonio cuando la terminaran. Pues bien, aquéllas, durante el día, tejían, mientras que otras, por la noche, deshacían la tela por orden de Tarquecio. Y  cuando del falo la criada dio a luz gemelos, Tarquecio los entregó a un tal Teracio y le ordenó matarlos. Pero aquél, llevándoselos, los depositó a orillas del río; entonces, una loba iba y venía a darles su ubre, y pájaros de toda clase, trayendo alimentos, se los ofrecían a las criaturas, hasta que un boyero lo vio y, maravillado, se atrevió a acercarse y recoger a los pequeños. Ocurrida así su salvación, cuando estuvieron criados, atacaron a Tarquecio y lo vencieron. Esta, en suma, es la versión que nos ha contado un tal Promación, autor de una Historia de Italia.

    Pero, del relato que más autoridad tiene y cuenta con mayor número de partidarios, la parte principal se la transmitió a los griegos, el primero, Diocles Peparecio, de quien depende, en su mayoría, Fabio Pictor.  Hay también sobre estas historias diversas variantes, pero, en síntesis, es como sigue:

    De los reyes de Alba descendientes de Eneas la sucesión vino a parar en dos hermanos, Numitor y Amulio. Y habiendo hecho Amulio dos lotes de toda la herencia, colocando frente a la corona las riquezas y el oro traído de Troya, escogió Numitor la corona. Entonces Amulio, al contar con las riquezas y gozar de mayor poder que Numitor gracias a ellas, fácilmente le arrebató la corona, y por miedo a que de su hija  nacieran niños, la designó sacerdotisa de Vesta, para que siempre viviera ajena al matrimonio y virgen. A ésta la llaman unos Ilia, otros Rea y otros Silvia.

    Mas, al cabo de no mucho tiempo, se descubrió que estaba embarazada, en contra de la ley establecida para las Vestales. Que no sufriera ésta lo irremediable lo consiguió la hija del rey, Anto, intercediendo ante su padre; pero fue encerrada y llevaba una vida de aislamiento, a fin de que a Amulio no le pasara inadvertido el parto.

    Dio a luz dos niños de extraordinaria estatura y belleza. Asustado por ello todavía más Amulio, ordenó a un sirviente que los cogiera y los despeñara. Algunos dicen que éste se llamaba Féstulo, y otros, que no éste, sino el que los recogió. Pues bien, depositando en una cesta a las criaturas, bajó al río con la intención de tirarlos, pero, al ver que bajaba con mucha corriente y turbulento, temió aproximarse y, poniéndolos cerca de la orilla, se alejó.

    Con la crecida del río, el flujo alcanzó la cesta y, trasladándola de sitio suavemente, la dejó en un lugar suficientemente tranquilo, que ahora llaman Cermalo y, antiguamente, Germano, al parecer porque, precisamente, a los hermanos los llaman “germanos”. (Traducción de Aurelio Pérez Jiménez. Editorial Gredos)

    Detengo aquí el relato de Plutarco, que continúa más allá.

    El poder que alcanzó siglos después esta pequeña ciudad  generó en las ciudades griegas una respuesta religiosa, otorgándo cultos a Roma y considerándola divina en sí o en algún aspecto concreto, porque no habían conocido otra ciudad con tal poder. Generalmente el culto es a la dea Roma, diosa Roma, pero también puede ir acompañado del culto al pueblo, al demos, a los romanos “benefactores”, “evergetes”, y luego por supuesto, al emperador gobernante.

    Nota:evergetes”, εὐεργέτης,es una palabra griega, de  εὐεργετέω, compuesta de εύ, eu,ev, que significa “bien” y εργετέω, que significa “hacer” y por tanto “hacer el bien” o “hacer buenas obras”. Es el título que acompañó a algunos mandatarios griegos.

    Al menos en una ocasión los artistas Dionisiacos  del Istmo ofrecen sacrificios a los Romanos como benefactores comunes. Queda atestiguado en una inscripción de Delfos, la signada en Sylloge Inscriptionum Graecarum, don el número 705

    SIG3 705B.45f  

    Rompieron la jurisdicción del gremio de Artistas; dieron algunos de los oficios sagrados que tenían como promesas, huyeron con dinero, ofrendas y coronas sagradas, que todavía  no han devuelto, ya que impidieron la realización de sacrificios y libaciones de acuerdo con las antiguas costumbres de nuestro gremio a Dionisos y a los otros dioses y a los romanos, nuestros patrones comunes.´(Traducció de acuerdo con la adaptación al inglés de A.Johnson, P.Coleman-Norton & F.Bourne, "Ancient Roman Statutes", no.49. ))

    En las excavaciones de Delfos apareció también una interesante inscripción en la que un historiador llamado Aristotheos de Troizen, (todos los estudiosos lo ubican a mediados del siglo II a.C.)  leyó públicamente en Delfos parte de su Historia y añadió su encomio de los Romanos como benefactores.

    El encomio, el panegírico, el discurso fúnebre (oratio funebris), las laudes o alabanzas son tipos de discursos en los que se ensalzan las virtudes de las personas excepcionales y cuando corresponde la grandeza de las ciudades y lugares. En las escuelas de Retórica se enseña lógicamente su creación.

    La inscripción conmemorativa de los honores concedidos a Aristoteos de Troizen dice:

    Fouilles De Delphes III 3 no. 124 (Syll.3 702)  FGrH 835 T 1
    Sylloge Inscriptionum Graecarum: 702

    Con buena suerte, fue resuelto por la ciudad de Delfos en asamblea plenaria con los votos prescritos por la ley; desde que Aristóteos hijo de Nikoteos de Troizen, el historiador, cuando se quedó en la ciudad se condujo de una manera digna del templo y de su patria, e hizo lecturas públicas de sus escritos durante varios días, y también leyó en público {Paranegnō} aclamaciones para los romanos, los benefactores comunes de los griegos; por lo tanto, los  proxeny de la ciudad les garantizaram a él y a sus descendientes prioridad en el acceso al oráculo, prioridad en recibir justicia, inviolabilidad, libertad de todos los impuestos, asiento privilegiado en todos los juegos que la ciudad tiene y los otros privilegios que se dan a los otros proxenoi y benefactores de la ciudad. (Traducción de la inglesa adaptada de R.Zelnick-Abramovitz, in "Between Orality and Literacy: Communication and Adaptation in Antiquity")

    Nota: proxenos (πρόξενος), plural proxenoi o proxeni (πρόξενοι), "en lugar de o a favor de un extranjero") o proxeinos (πρόξεινος) es el título y función que un estado concede a un ciudadano de otro para que cuide de los ciudadanos de ese estado; es una especie de cónsul honorario.

    Tenemos también el relato de Plutarco sobre las guerras de Flaminino en Grecia y sobre los honores que se le tributan, considerándolo poco menos que un dios puesto que se le empareja con Herakles o el mismísimo Apolo Delfinio. También se le daría culto a Julio César y a Augusto, como veremos más adelante. Tito Quincio Flaminino fue un político y militar de la República romana. Pese a la oposición de los veteranos a los que había dado tierras, fue elegido cónsul en 198 a. C. y enviado a dirigir las guerras macedónicas contra Filipo V de Macedonia.

    Plutarco: Flaminino 16: (Tito Quincio Flaminino)

    Los ruegos y súplicas en que más tuvo que contender y trabajar con Manio fueron los de los Calcidenses, que le tenían muy irritado con motivo del matrimonio que entre ellos contrajo Antíoco, movida ya la guerra: matrimonio desigual y fuera de tiempo por haberse enamorado un viejo de una mocita, la cual era hija de Cleoptólemo, y se tenía por la más hermosa de las doncellas de aquella era. Este hizo que los Calcidenses abrazasen con ardor el partido del rey, y que para la guerra fuese aquella ciudad su principal apoyo, y también cuando después de la batalla se abandonó a una precipitada fuga, en Calcis fue donde tocó, y tomando la mujer, el caudal y los amigos se embarcó para el Asia Tito, cuando Manio marchó irritado contra los Calcidenses, se fue en pos de él, y lo ablandó y dulcificó, y, por último, le persuadió y sosegó completamente a fuerza de súplicas con él mismo y con los demás jefes de los Romanos. Por lo tanto, salvos los Calcidenses por su intercesión, consagraron a Tito los más bellos y grandiosos monumentos que pudieron, de los cuales todavía se leen hoy las inscripciones siguientes: “El pueblo a Tito y a Heracles este Gimnasio”; y en otra parte, en la misma forma: “El pueblo a Tito y a Apolo el Delfinio.” También en esta edad se elige y consagra un sacerdote de Tito; a quien ofrecen sacrificio, y hechas las libaciones cantan un pean o himno de victoria en verso; del cual, dejando lo demás por ser demasiado difuso, transcribimos lo que cantan al fin del himno:

    Objeto es de este culto
    la fe de los Romanos,
    aquella fe sincera
    que guardarles juramos.
    Cantad, festivas ninfas,
    a Zeus el soberano,
    y en pos de Roma y Tito
    la fe de los Romanos.
    ¡Io peán, oh Tito,
    oh Tito nuestro amparo!

    (Traducción de Antonio Ranz Romanillos)

    Así que entre la tradición deificadora de Oriente y el poderío inmenso de los romanos se llega a la deificación de Roma, de la ciudad victoriosa y de sus gobernantes.

    Tenemos numerosos documentos epigráficos, pero pocos literarios y por eso es muy valioso el llamado himno de Melimnos a Roma que con toda seguridad hay que enmarcar en la celebración de un acto de culto a la poderosa ciudad.

    Melimnos es una poetisa de Lesbos, cuyo poema está generalmente fechado a principios del siglo II d. C. Estobeo nos transmite este himno de Melimnos, en el que Roma es presentada como una diosa guerrera cuyo destino es eterno y único, en Stobaeus 3.7.12. o en  Diehl, Anthologia Lyrica Graeca, II: 315-316:

    Salve, Roma, hija de Ares,
    Reina guerrera coronada de oro
    Tú que vives en la tierra en el Olimpo sagrado,
    Para siempre indestructible.

    A ti solo, la más reverenciada, te tiene el Destino
    Concedida gloria real de poder inquebrantable,
    Para que, con tu poder soberano,
    Tú puedas dirigir el camino.
    Bajo tu control de fuertes correas de cuero,
    Los tesoros de la tierra y el mar gris
    Están estrechamente unidos entre sí; con  mano firme  gobiernas
    Las ciudades de tus pueblos.

    La eternidad más larga, que destruye  todo
    Y moldea el curso de la vida primero de esta manera, luego de esta otra,
    Sólo  no cambia el viento para ti,
    Que llena las velas del imperio.

    Porque solo tú das a luz
    Hombres fuertes, que manejan diestros las lanzas,
    Cuando nos envías  un plantel de hombres certeros
    Como  Deméter da sus frutos.

    Nota: (Estobeo, Ioannes Stobaeus V – siglo VI d.C), doxógrafo neoplatónico del siglo V-VI, hizo una antología de textos literarios de aproximadamente quinientos autores llamada Antología de extractos, sentencias y preceptos.

    Poco más tarde y sobre todo en el Imperio es frecuente la creación de templos dedicados a Roma y al emperador, como los de Ancyra (actual Ankara), Pérgamo o Lugdunum en Occidente dedicados a Roma y Augusto con sus correspondientes sacerdotes.

    Suetonio nos informa de la actitud de Augusto ante la erección de templos y estatuas en su nombre:

    Suetonio, Augusto 52

    Aunque sabía que se decretaban  anormalmente templos incluso a los procónsules, no los aceptó en ninguna provincia sino en nombre suyo y de Roma a la vez. Mas en Roma declinó con la mayor obstinación este honor, e incluso hizo fundir todas las estatuas de plata que se le habían erigido en otro tiempo, y con el producto obtenido de ellas consagró trípodes de oro a Apolo Palatino. En vista de que el pueblo le ofrecía con gran insistencia la dictadura, se postró de rodillas, dejó caer la toga de sus hombros, y con el pecho desnudo , le rogó que no se la impusieran. (Traducción de Rosa María Agudo Cubas. Editorial Gredos.)

    Templa, quamuis sciret etiam proconsulibus decerni solere, in nulla tamen prouincia nisi communi suo Romaeque nomine recepit. nam in urbe quidem pertinacissime abstinuit hoc honore; atque etiam argenteas statuas olim sibi positas conflauit omnis exque iis aureas cortinas Apollini Palatino dedicauit. Dictaturam magna ui offerente populo genu nixus deiecta ab umeris toga nudo pectore deprecatus est.

                         

    Templo a Roma y Augusto – Pérgamo      Altar a Roma y Augusto – Lugdudum          

    Tácito nos presenta a Tiberio rechazando tales honores, a diferencia de Augusto:

    Tácito Anales,4,37-38 ;

    En este tiempo la España ulterior envió embajada al Senado por licencia para poder edificar un templo a Tiberio y a su madre, como se había concedido a los de Asia. Con cuya ocasión, César, harto constante de suyo en menospreciar las honras excesivas que se le ofrecían, pareciéndole bien responder a los que le culpaban de que se había comenzado a inclinar a la ambición, habló de esta manera:

    Asegúrome, padres conscriptos, que de muchos seré tenido por fácil y mudable, no habiendo, poco ha, contradicho a las ciudades de Asia que me pedían esto mismo. Justificaré, pues, la causa del pasado silencio, y juntamente declararé lo que tengo determinado de hacer en lo porvenir. Porque el divo Augusto no prohibió que en Pérgamo se edificase un templo a él y a la ciudad deRoma, yo, que guardo y tengo por ley todos sus dichos y hechos, seguí tanto más prontamente su agradable ejemplo, cuanto con la honra que se me hacía se aumentaba más la veneración del Senado. En lo demás, así como parece excusable el haber aceptado una sola vez este honor, asimismo el consentir quede bajo de especie de deidad se consagre mi nombre por todas las provinciassería cosa ambiciosa y soberbia; fuera de que perdería mucho de sus quilates el honor de Augusto profanándole con la común adulación.

    Yo, padres conscriptos, sé que soy mortal, y que ni hago ni puedo hacer mayores obras que los otros hombres, contentándome, como desde ahora me contento, con poder satisfacer el lugar de príncipe que ocupo. Certifícoos de verdad, y sírvame esto también para los siglos venideros, que no me quedará más que desear, si desde ahora sé que los que desean eternizar mi memoria me tienen por digno de mis mayores, por próvido en vuestras cosas, por constante en los peligros, y que no temo incurrir en la malquerencia de los hombres donde se atraviesa el servicio y el bien de la República. Estas cosas me servirán de templo dentro de vuestros ánimos y de durables y hermosísimas estatuas. Porque las que se levantan de piedra, si el juicio de los venideros las convierte en aborrecimiento, como los sepulcros se menosprecian. Ruego, pues, a los confederados y a los ciudadanos, a los dioses y a las diosas, a éstos que me presten hasta el fin de mi vida un entendimiento quieto y capaz de la inteligencia de los derechos divinos y humanos, y a aquéllos que después de mi muerte favorezcan con loores y honrada recordación la fama de mis acciones y lamemoria de mi nombre.

    Continuó después hasta en las conversaciones más secretas en apartar de sí semejante veneración y culto, atribuyéndolo algunos a modestia, muchos a desconfianza y los más a bajeza de ánimo. Porque losmejores -decían ellos- y los más excelentes entre los mortales apetecieron siempre altísimas cosas. De esta manera Hércules y Baco entre los griegos, y Quirino entre nosotros, se agregaron al número de los dioses. Que lo había entendido mejor Augusto, pues aspiró a ello; que las demás cosas residen de ordinario en los príncipes, faltándoles sólo una a que continuamente deben aspirar, que es la prosperidad de su memoria, porque con el menosprecio de la fama quedan igualmente menospreciadas las virtudes. (Traducción de Carlos Coloma. 1794)

    Per idem tempus Hispania ulterior missis ad senatum legatis oravit ut exemplo Asiae delubrum Tiberio matrique eius extrueret. qua occasione Caesar, validus alioqui spernendis honoribus et respondendum ratus iis quorum rumore arguebatur in ambitionem flexisse, huiusce modi orationem coepit: 'scio, patres conscripti, constantiam meam a plerisque desideratam quod Asiae civitatibus nuper idem istud petentibus non sim adversatus. ergo et prioris silentii defensionem et quid in futurum statuerim simul aperiam. cum divus Augustus sibi atque urbi Romae templum apud Pergamum sisti non prohibuisset, qui omnia facta dictaque eius vice legis observem, placitum iam exemplum promptius secutus sum quia cultui meo veneratio senatus adiungebatur. ceterum ut semel recepisse veniam habuerit, ita per omnis provincias effigie numinum sacrari ambitiosum, superbum; et vanescet Augusti honor si promiscis adulationibus vulgatur.
    Ego me, patres conscripti, mortalem esse et hominum officia fungi satisque habere si locum principem impleam et vos testor et meminisse posteros volo; qui satis superque memoriae meae tribuent, ut maioribus meis dignum, rerum vestrarum providum, constantem in periculis, offensionum pro utilitate publica non pavidum credant. haec mihi in animis vestris templa, hae pulcherrimae effigies et mansurae. nam quae saxo struuntur, si iudicium posterorum in odium vertit, pro sepulchris spernuntur. proinde socios civis et deos ipsos precor, hos ut mihi ad finem usque vitae quietam et intellegentem humani divinique iuris mentem duint, illos ut, quandoque concessero, cum laude et bonis recordationibus facta atque famam nominis mei prosequantur.' perstititque posthac secretis etiam sermonibus aspernari talem sui cultum. quod alii modestiam, multi, quia diffideret, quidam ut degeneris animi interpretabantur. optumos quippe mortalium altissima cupere: sic Herculem et Liberum apud Graecos, Quirinum apud nos deum numero additos: melius Augustum, qui speraverit. cetera principibus statim adesse: unum insatiabiliter parandum, prosperam sui memoriam; nam contemptu famae contemni virtutes.

    Son significativos los discursos encomiásticos que algunos historiadores y oradores griegos hacen respecto de Roma. Así Elio Aristides (Αίλιος Αριστείδης; en latín, Aelius Aristides, 118 – 180) fue un eminente sofista de la Segunda Sofística y orador griego del siglo II d. C.4. Su discurso  más famoso fue "Discurso a  Roma" (Encomio de Roma), que pronunció ante el palacio  imperial en Roma y en el que Aristides glorifica el Imperio y la teoría que subyace detrás de él, particularmente la "Pax Romana" , y pinta un cuadro impresionante de los logros romanos, que sobresalen al compararlos con cualquier otro imperio o ciudad habida en la historia. Transcribo tan sólo una pequeña parte de esta importante obra, que por lo demás ha sido desigualmente valorada por los críticos que se han dedicado a ello.

    Elio Arístides, Discurso a Roma, 8 y ss.

    … (Traducción de Juan Manuel Cortés Copete. Editorial Gredos)Así pues, su nombre es como su sobrenombre, y no otra cosa sino la fuerza le es propia1. De manera que si alguien hubiese tenido la intención de desdoblarla limpiamente y de colocar, unas junto a otras, las ciudades que ahora están en el cielo, apoyándolas sobre la tierra, me parece que se llenaría todo el territorio de Italia que ahora esta vacío, y se formaría una única ciudad continua que se  extendería hasta el canal de Otranto. Puesto que la ciudad, a la que posiblemente yo no he descrito ahora suficientemente pero de la que mejor testimonio dan los ojos, es tan grande, no es posible decir lo mismo que se dice sobre otras ciudades: ≪allí esta sita≫. Ni tampoco lo que alguien dijo  sobre las ciudades de Atenas y de Esparta, cuando afirmaba, sobre la primera, que el tamaño era el doble que lo que le correspondía por su poder, sobre la segunda, que el tamaño parecía ser inferior, y en mucho, con respecto a su poder —y que no haya ninguna mala interpretación en el ejemplo—. Pero, de esta ciudad, grande en todos sus aspectos, nadie podría afirmar que no fue dotada de un poder concorde a su tamaño. Cuando se dirige la mirada hacia la totalidad del Imperio, es posible sentir admiración por la ciudad al pensar que una pequeña parte gobierna toda la tierra entera; pero cuando se mira a la propia ciudad y a sus límites, ya más no cabe admirarse de que toda la ecúmene  sea mandada por tal ciudad. Pues ahora se ha hecho realidad lo que cierto cronista dijo sobre Asia cuando afirmaba que un solo hombre gobernaba todo el territorio que el sol recorre —aunque no decía la verdad, a no ser que exceptuase toda África y Europa de las puestas y ortos solares—: el recorrido del sol es equivalente a vuestras posesiones y el sol recorre su camino a través de vuestros dominios. Pues ni los escollos marinos, ni las islas Quelidonias ni Cianeas sirven de límites a vuestro Imperio, ni la carrera que en un día pueda hacer un caballo hasta el mar, ni reináis sobre límites fijados, ni ningún otro ha ordenado públicamente hasta donde debéis gobernar, sino que el mar se extiende como una franja tanto en medio de la ecúmene como también de vuestro imperio.En torno a este los grandes continentes se han situado ocupando un gran espacio, ofreciéndoos siempre algo de lo que allí se produce. De toda la tierra y de todo el mar se traen los frutos de todas las estaciones y cuanto ofrecen todas las regiones, ríos, lagos y artes de los helenos y de los barbaros, de manera que, si alguien quisiera ver todas estas cosas, sería necesario que las contemplase, o bien recorriendo toda la ecúmene, o bien encontrándose en esta ciudad. Pues no es posible que no abunde siempre aquí cuanto se produce o cuanto se construye en cada uno de ellos. Tantas son las naves de carga que llegan trasportando todos los productos de todas partes durante todas las estaciones, incluso durante todo el equinoccio de otoño, que la ciudad  se parece al taller común de la tierra. 

    Nota 1: juega con el significado ya comentado de la palabr griega rhome que significa fuerza
              2. De nuevo la ciudad y el orbe del mundo puestos en relación.

    La relación establecida entre “orbis” y “urbis” ( la  Ciudad) lo que está indicando es la unión cultural y política de un mundo controlado y apropiado por Roma. Es más, la grandeza de Roma es la grandeza del Imperio. Roma es la ciudad y el mundo; incluso el mundo queda concebido como una ciudad; ambos conceptos son intercambiables.

    Los poetas latinos de la época de Augusto son bien conscientes de este papel que les ha tocado jugar a ellos y a su ciudad por designio de los dioses. Así, Tibulo, Ovidio, Virgilio, Horacio, etc.

    Ovidio Amores 2,9

    Hay muchos mozos que no aman y muchas jóvenes en la misma situación; tu triunfo sobre ellos te conquistaría grandes alabanzas. Si Roma no hubiese desplegado sus fuerzas en la inmensidad del orbe, no sería al presente más que un hacinado montón de pajizas cabañas. Harto de pelear, el soldado trabaja los campos que se le han distribuido, deja la espada y echa mano a las rudas estacas. Los puertos espaciosos resguardan las naves de la tempestad; el potro libre de su prisión corre a pacer en los prados; el viejo gladiador depone la espada y recibe la vara que asegura el resto de sus días, y yo que tantas veces milité en las filas de Cupido, bien merezco gozar al cabo una vida tranquila. Pero si un dios me dijese: «Vive por fin exento de cuitas», le disuadiría: ¡son tan dulces las penas del querer!. (Traducción de Germán Salinas.)

    Tot sine amore viri, tot sunt sine amore puellae! 
         Hinc tibi cum magna laude triumphus eat.
    Roma, nisi inmensum vires promosset in orbem,
         Stramineis esset nunc quoque tecta casis.
    Fessus in acceptos miles deducitur agros;
         Mittitur in saltus carcere liber equus;
    Longaque subductam celant navalia pinum,
         Tutaque deposito poscitur ense rudis.
    Me quoque, qui totiens merui sub amore puellae,
         Defunctum placide vivere tempus erat.
    'Vive' deus 'posito' siquis mihi dicat 'amore!'
         Deprecer — usque adeo dulce puella malum est.

    Tibulo relaciona directamente el futuro de Roma con su nombre profético: “Fatal, oh Roma, tu nombre será al mundo”

    Tibulo 2.5.39 y ss.

    Palabras de la Sibila
    Valiente Eneas que al huir de Troya
    Te llevas sus Penates, ya te asigna
    A ti Jove los campos de Laurento.
    Y ellos abrigo a tus Penates brindan,
    Y allí serás un dios cuando a los cielos
    Te lleve del Numicio la onda fría.
    Sobre tus buques la victoria vuela,
    Mientras una diosa a los de Troya auxilia.
    De los Rútulos arde el campamento;
    Ya, Turno cruel, tu muerte se aproxima;
    Veo a Laurento, de Lavinio el muro,
    Por Ascanio Alba Longa construida,
    Y a tí, que abandonaste a las Vestales
    Por serle grata a Marte, tierna Ilia,
    Tu oculta unión, tu cinto por el suelo,
    Y del Amor las armas en la orilla.
    ¡Oh toros! mientras Roma se construye,
    Paced la verde hierba en sus colinas;
    Fatal tu nombre, ¡oh Roma! será al mundo
    Dondequiera que campos Ceres mira,
    Desde Oriente hasta el río en cuyas ondas
    Hunde el Sol  ya cansada su cuadriga.
    Troya volverá a verse y de tus viajes
    Habrá de consolarse con tu dicha.
    Yo canto la verdad, laurel me nutra;
    Nunca mi castidad mire perdida.”
    Esto, ¡oh Febo! agitando sus cabellos
    Al llamarte cantó la profetisa.

    (Traducción de Joaquín D. Casasus)

    ‘Impiger Aenea, uolitantis frater Amoris,
    Troica qui profugis sacra uehis ratibus,
    iam tibi Laurentes adsignat Iuppiter agros,
    iam uocat errantes hospita terra Lares.
    illic sanctus eris cum te ueneranda Numici
    unda deum caelo miserit indigetem.
    ecce super fessas uolitat Victoria puppes;
    tandem ad Troianos diua superba uenit.
    ecce mihi lucent Rutulis incendia castris:
    iam tibi praedico, barbare Turne, necem.
    ante oculos Laurens castrum murusque Lauini est
    Albaque ab Ascanio condita Longa duce.
    te quoque iam uideo, Marti placitura sacerdos
    Ilia, Vestales deseruisse focos,
    concubitusque tuos furtim uittasque iacentes
    et cupidi ad ripas arma relicta dei.
    carpite nunc, tauri, de septem montibus herbas
    dum licet: hic magnae iam locus urbis erit.
    Roma, tuum nomen terris fatale regendis,
    qua sua de caelo prospicit arua Ceres,
    quaque patent ortus et qua fluitantibus undis
    Solis anhelantes abluit amnis equos.
    Troia quidem tunc se mirabitur et sibi dicet
    uos bene tam longa consuluisse uia.
    uera cano: sic usque sacras innoxia laurus
    uescar, et aeternum sit mihi uirginitas.’
    haec cecinit uates et te sibi, Phoebe, uocauit,

    Virgilio expresa en tres versos la conciencia que el romano tenía de su extraordinaria misión en este mundo. Virgilio pone en boca de Anquises, el padre que el héroe Eneas ha ido a buscar al Inframundo, al Infierno, a los espacios de abajo, la extraordinaria responsabilidad de los romanos. Nos dice en Eneida,6, versos 847 y ss.:

    Labrarán otros con más gracia bronces animados
    (no lo dudo), sacarán rostros vivos del mármol,
    dirán mejor sus discursos, y los caminos del cielo
    trazarán con su compás y describirán el orto de los astros:
    tú, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos
    (éstas serán tus artes), y a la paz ponerle normas,
    perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios.»
    Así, el padre Anquises,

    (Traducción de Rafael Fontán Barreiro. Edit. Alianza)

    Excudent alii spirantia mollius aera,
    credo equidem, vivos ducent de marmore voltus,
    orabunt causas melius, caelique meatus
    describent radio, et surgentia sidera dicent:                             850
    tu regere imperio populos, Romane, memento;
    hae tibi erunt artes; pacisque imponere morem,
    parcere subiectis, et debellare superbos.”

    Propercio también pone en relación urbs y orbis (septem urbs alta iugis, toto quae praesidet orbi) y canta henchido de orgullo el poder de Roma  en una elegía en que presenta el enfrentamiento entre Augusto y Cleopatra, que es lo mismo que decir el enfrentamiento entre dos culturas:

    Elegías, 3, 11, 55 y s.:

    «No debiste, Roma, temerme con este ciudadano tan grande» ;
    habló y su lengua quedó sepultada en continuas libaciones "'.
    La ciudad levantada sobre siete colinas, la que rige todo el
    orbe, temió, aterrorizada por Marte, las amenazas de una mujer.
    Los dioses fundaron estas murallas, los dioses también las
    protegen: César a salvo, Roma apenas puede temer a Júpiter.

    'Non hoc, Roma, fui tanto tibi cive verenda!'
    dixit et assiduo lingua sepulta mero.
    septem urbs alta iugis, toto quae praesidet orbi,
    femineas timuit territa Marte Minas
    (non humana deicienda manu).
    haec di condiderunt, haec di quoque moenia servant:
    vix timeat salvo Caesare Roma Iovem.

    Horacio ve en la propia fortaleza de Roma la razón de su propia ruina por las continuas guerras civiles, de las que está horrorizado; sólo Augusto la rescatará de la autodestrucción implantando la pax romana. En   Epodi 16.1-14:

    En Roma la guerra civil consumiendo ya está la segunda
    generacion: sola la ciudad derrúbase.
    A ella, a la cual destruir no fue dado a los Marsos vecinos
    ni a la amenazante tropa del etrusco
    Pórsena o Capua, que su émula fuera, ni a Espartaco el bravo
    ni a aquellos Alóbroges que fueron traidores
    para la rebelión; a la cual no venció la Germania y sus mozos
    de cerúleos ojos, ni Hánibal odiado
    por nuestros abuelos, perdémosla ahora los hijos impíos
    de sangre maldita. Las fieras su suelo
    poseerán otra vez. Sus cenizas, ¡ay, ay!, la herradura sonora
    pisará del bárbaro por la urbe. Los huesos
    de Qurino, guardados bien hoy contra el viento y el sol,- ¡insolente
    penosa visión!- dispersará.

    (Traducción Manuel Fernández Galiano)

    Altera iam teritur bellis civilibus aetas,
    suis et ipsa Roma viribus ruit.
    quam neque finitimi valuerunt perdere Marsi
    minacis aut Etrusca Porsenae manus,
    aemula nec virtus Capuae nec Spartacus acer
    novisque rebus infidelis Allobrox
    nec fera caerulea domuit Germania pube
    parentibusque abominatus Hannibal:
    inpia perdemus devoti sanguinis aetas
    ferisque rursus occupabitur solum:
    barbarus heu cineres insistet victor et Vrbem
    eques sonante verberabit ungula,
    quaeque carent ventis et solibus ossa Quirini,
    (nefas videre) dissipabit insolens.

    Para Cicerón es evidente que Roma es la ciudad más poderosa y dueña del mundo.
    Ver  Catilinarias 1.4.9.

    ¡Oh dioses inmortales! ¡Entre qué gentes estamos! ¡En qué ciudad vivimos! ¡Qué repú¬blica tenemos! Aquí, aquí están entre nosotros, padres conscriptos, en este consejo, el más sagrado y augus¬to del orbe entero, los que meditan acabar conmigo y con todos vosotros, y con nuestra ciudad y con todo el mundo. Los estoy viendo yo, el cónsul, y les pido su parecer sobre los negocios públicos, y cuando con¬viniera acabar con ellos a estocadas, ni aun con las palabras se les ofende. (Traducción de Juan Bautista Calvo)

    O di inmortales! ubinam gentium sumus? in qua urbe vivimus? quam rem publicam habemus? Hic, hic sunt in nostro numero, patres conscripti, in hoc orbis terrae sanctissimo gravissimoque consilio, qui de nostro omnium interitu, qui de huius urbis atque adeo de orbis terrarum exitio cogitent! Hos ego video consul et de re publica sententiam rogo et, quos ferro trucidari oportebat, eos nondum voce volnero!

    Pro Murena 9-10 (21-22)

    Pero, dejando esto a un lado y volviendo a la confrontación de profesiones y de ocupaciones, ¿cómo puede ponerse en duda que, para conseguir el consulado, confiere muchos más títulos la gloria militar que la que proviene del derecho civil? Tú estás en vela aun antes del amanecer para responder a los que te consultan; él, para llegar a tiempo, con el ejército, al punto de su destino; a ti te despierta el canto del gallo; a él, el toque de la trompeta; tú dispones la acción judicial; él pone las tropas en orden de batalla; tú cuidas de que tus clientes no sean sorprendidos; él, de que no lo sean las ciudades o sus campamentos; él sabe de memoria cómo se aleja a las tropas enemigas; tú, cómo se desvían las aguas producidas por la lluvia; él está adiestrado en ensanchar nuestras fronteras y tú en trazar sus límites. Y -pues debo decirlo como lo pienso- el mérito de la carrera militar aventaja al de las demás profesiones. Ese mérito es el que dio renombre al pueblo romano, el que consiguió para esta ciudad una gloria inmortal, el que obligó al mundo entero a someterse a nuestro poder. Toda la vida urbana, todas esas brillantes ocupaciones nuestras, esta gloria y esta actividad del foro viven bajo la tutela y al amparo del valor militar. Tan pronto ha sonado la sospecha de un levantamiento, al punto nuestras actividades todas van enmudeciendo. (Traducción de Jesús Aspa Cereza. Editorial Gredos.)

    Sed ut hoc omisso ad studiorum atque artium contentionem revertamur, qui potest dubitari quin ad consulatum adipiscendum multo plus adferat dignitatis rei militaris quam iuris civilis gloria? Vigilas tu de nocte ut tuis consultoribus respondeas, ille ut eo quo intendit mature cum exercitu perveniat; te gallorum, illum bucinarum cantus exsuscitat; tu actionem instituis, ille aciem instruit; tu caves ne tui consultores, ille ne urbes aut castra capiantur; ille tenet et scit ut hostium copiae, tu ut aquae pluviae arceantur; ille exercitatus est in propagandis finibus, tuque in regendis. Ac nimirum–dicendum est enim quod sentio–rei militaris virtus praestat ceteris omnibus. Haec nomen populo Romano, haec huic urbi aeternam gloriam peperit, haec orbem terrarum parere huic imperio coegit; omnes urbanae res, omnia haec nostra praeclara studia et haec forensis laus et industria latet in tutela ac praesidio bellicae virtutis. Simul atque increpuit suspicio tumultus, artes ilico nostrae conticiscunt. 

    Ad Familiares. 4.1.2. / 150 (IV 1)

    (En la finca de Cumas, 21 o 22 de abril de 49)1208
    Marco Ciceron saluda a Servio Sulpicio.1209
    Ya ves cual es el panorama: el mundo arde en guerra por un reparto de poder; sin leyes, sin tribunales, sin derecho y sin garantias, Roma ha quedado abandonada a la rapina y a los incendios. Asi pues, no solo no puedo imaginar que es lo que yo podria esperar, sino que apenas me hago ya una idea de que puedo atreverme a escoger.
    (Traducción de José A. Beltrán)

    Res vides quomodo se habeat: orbem terrarum imperiis distributis ardere bello; urbem sine legibus, sine iudiciis, sine iure, sine fide relictam direptioni et incendiis: itaque mihi venire in mentem nihil potest non modo, quod sperem, sed vix, iam quod audeam optare;


    Paradoxa Stoicorum. 2.18

    ¿Me amenazas por ventura con la muerte para que de todo me aparte de los hombres, o con el destierro para que me aparte de los malos? La muerte es terrible para aquellos a quienes todo se les acaba con la vida; mas no a aquellos cuya alabanza no puede perecer: el destierro atemoriza a aquellos que tienen como circunscripto y limitado el lugar de su morada; no a aquellos que creen que toda la redondez de la
    tierra es una sola ciudad
    . (Traducción de Manuel Valbuena)

    Mortemne mihi minitaris, ut omnino ab hominibus, an exilium, ut ab inprobis demigrandum sit? Mors terribilis iis, quorum cum vita omnia extinguuntur, non iis, quorum laus emori non potest, exilium autem illis, quibus quasi circumscriptus est habitandi locus, non iis, qui omnem orbem terrarum unam urbem esse ducunt.

    Y también para Nepote, en vida de  Atticus, 3.3

    Era su porte de una manera, que sabiendo ser pequeño con los pequeños, parecía grande con los grandes.  Por esto las Atenienses le dieron todos los honores que pudieron, y pretendieron hacerle su ciudadano. Mas él no quiso admitir este favor, porque algunos son de opinión de que se pierde el derecho de serlo de Roma, si se admite el de otra ciudad.

    El tiempo que estuvo allí, no quiso consentir que le erigiesen estatua; mas después que se ausentó, como ya no lo podía estorbar, le levantaron algunas en los lugares más sagrados Pnice y Pecile. Porque Ático, mientras estuvo allí, era el que resolvía y gobernaba todos los asuntos de la República. Fue pues don de la fortuna haber nacido en una ciudad que mandaba al orbe, y tener por patria a la señora universal del mundo, y fue también una gran prueba de la prudencia de Ático haberse hecho amar más que ninguno, en una ciudad como Atenas, superior a todas las otras por su antigüedad, cortesanía y sabiduría. (Traducción de Rodrigo de Oviedo)

    Hic autem sic se gerebat, ut communis infimis, par principibus videretur. quo factum est ut huic omnes honores, quos possent, publice haberent civemque facere studerent: quo beneficio ille uti noluit quod nonnulli ita interpretantur, amitti civitatem Romanam alia ascita. [2] quamdiu affuit, ne qua sibi statua poneretur, restitit, absens prohibere non potuit. itaque aliquot ipsi et Phidiae locis sanctissimis posuerunt: hunc enim in omni procuratione rei publicae actorem auctoremque habebant potissimum. [3] igitur primum illud munus fortunae, quod in ea urbe natus est, in qua domicilium orbis terrarum esset imperii, ut eandem et patriam haberet et domum; hoc specimen prudentiae, quod, cum in eam se civitatem contulisset, quae antiquitate, humanitate doctrinaque praestaret omnes, unus ei fuit carissimus.

    También  Tito Livio, que escribió una historia general de Roma desde sus orígenes, que en consecuencia tituló “Ab urbe condita” (Desde la fundación de la ciudad), nos explica por qué se atreve a abordar una obra de tal envergadura: sin duda el pueblo más poderoso jamas habido y su emperador, en el momento Augusto, se lo merecen. Nos dice en el Prefacio de su obra:

    Ignoro si aprovecharía mucho escribir la historia del pueblo romano desde su origen; y si no lo ignorase no me atrevería a decirlo, sobre todo cuando considero lo antiguos que son algunos hechos, y lo conocidos, merced a la muchedumbre de escritores que incesantemente se renuevan, y que pretenden, o presentarlos con mayor exactitud, o que oscurecen con las galas del estilo la ruda sencillez de la antigüedad. Pero sea como quiera, tendré al menos la satisfacción de haber contribuido a perpetuar la memoria de las grandes cosas llevadas a cabo por el pueblo más grande de la tierra; y si mi nombre desaparece entre tantos escritores, me consolarán el brillo y la fama de los que me obscurezcan. Es además labor inmensa consignar hechos realizados en un periodo de más de setecientos años, tomando por punto de partida los obscuros principios de Roma, y seguirla en su progreso hasta esta última época en que comienza a doblegarse bajo el peso de su misma grandeza; temo, por otra parte, que los principios de Roma y los periodos a ellos inmediatos tengan poco atractivo para los lectores, impacientes por llegar a las épocas modernas, en que el poderío por harto tiempo soberano, torna sus fuerzas contra si miso. Por ni parte, un provecho obtendré de este trabajo: el de abstraerme del espectáculo de los males que por tantos años ha presenciado nuestro tiempo, ocupando por completo mi atención en el estudio de la historia antigua y viéndome libre de los temores que, sin apartar de la verdad al escritor, consiguen sin embargo fatigarle. (Traducción de Francisco Navarro)

    facturusne operae pretium sim, si a primordio urbis res populi Romani perscripserim, nec satis scio nec,  si sciam, dicere ausim, quippe qui cum veterem tum vulgatam esse rem videam, dum novi semper scriptores aut in rebus certius aliquid allaturos se aut scribendi arte rudem vetustatem superaturos credunt. utcumque erit,  iuvabit tamen rerum gestarum memoriae principis terrarum populi pro virili parte et ipsum consuluisse; et si in tanta scriptorum turba mea fama in obscuro sit, nobilitate ac magnitudine eorum me, qui nomini officient meo, consoler.  res est praeterea et inmensi operis, ut quae supra septingentesimum annum repetatur et quae ab exiguis profecta initiis eo creverit, ut iam magnitudine laboret sua; et legentium plerisque haud dubito quin primae origines proximaque originibus minus praebitura voluptatis sint festinantibus ad haec nova, quibus iam pridem praevalentis populi vires se ipsae conficiunt;  ego contra hoc quoque laboris praemium petam, ut me a conspectu malorum, quae nostra tot per annos vidit aetas, tantisper certe, dum prisca illa tota mente repeto, avertam,  omnis expers curae, quae scribentis animum etsi non flectere a vero, sollicitum tamen efficere posset.

    Y poco después nos informa que así fue vaticinado, en Livio, 1,16,6-7, cuando nos narra la desaparición y previsible subida a los cielos de Rómulo,  y nos dice:

    Estaba la ciudad desazonada, porque echaba de menos al rey, y en contra de los senadores, cuando Proculo Julio, hombre de peso segun dicen, aunque avalase un acontecimiento fuera de lo comun, se presenta a los reunidos y dice: ≪Quirites: Rómulo, padre de esta ciudad, al rayar hoy el alba ha descendido, repentinamente del cielo y se me ha aparecido. Al ponerme en pie, sobrecogido de temor, dispuesto a venerarlo, rogándole que me fuese permitido mirarle cara a cara, me ha dicho: ‘Ve y anuncia a los romanos que es voluntad de los dioses que mi Roma sea la capital del orbe; que practiquen por consiguiente el arte militar; que sepan, y asi lo transmitan a sus descendientes, que ningun poder humano puede resistir a las armas romanas.’ Dicho esto —dijo—, desaparecio por los aires.≫ Es sorprendente el credito tan grande que se dio a aquel hombre al hacer esta comunicacion y lo que se mitigó, entre el pueblo y el ejercito, la anoranza de Romulo con la creencia en su inmortalidad. (Traducción de José Antonio Villar Vidal. Editorial Gredos.)

    manavit enim haec quoque sed perobscura fama; illam alteram admiratio viri et pavor praesens nobilitavit. [5] et consilio etiam unius hominis addita rei dicitur fides. namque Proculus Iulius, sollicita civitate desiderio regis et infensa patribus, gravis, ut traditur, quamvis magnae rei auctor, in contionem prodit. [6] “Romulus” inquit, “Quirites, parens urbis huius, prima hodierna luce caelo repente delapsus se mihi obvium dedit. cum perfusus horrore venerabundus3 adstitissem, petens precibus ut contra intueri fas esset, [7?] 'Abi, nuntia,' inquit 'Romanis caelestes ita velle ut mea Roma caput orbis terrarum sit; proinde rem militarem colant, sciantque et ita posteris tradant nullas opes humanas armis Romanis resistere posse.' haec,” inquit, “locutus sublimis abiit.” [8] mirum quantum illi viro nuntianti haec fides fuerit, quamque desiderium Romuli [p. 60] apud plebem exercitumque facta fide inmortalitatis4 lenitum sit.

    Lucano, en su Farsalia, nos presenta a César hablando a Roma deificada, coronada con la corona de torres:

    Lucano, Farsalia 1, 183 y ss.

    Ya César en su marcha había rebasado los helados Alpes y concebido en su espíritu grandes levantamientos y una guerra inminente. Cuando se llegó a las aguas del insignificante Rubicón, el general tuvo la visión de una gigantesca figura de la patria estremecida: brillante en la oscuridad de la noche y con una gran tristeza en el rostro, derramando sus blancos cabellos desde una cabeza coronada de torres, se erguía con la cabellera ajada y decía entrecortada de sollozo!;: ¿Hacia dónde seguís avanzando? ¿Adónde lleváis, guerreros, unas enseñas que son mías? Si marcháis con arreglo al derecho, si como ciudadanos, hasta aquí y sólo hasta aquí os está permitido.. Entonces un escalofrío sacudió los miembros del general, se le erizaron los cabellos y, estorbando su marcha, una miedosa vacilación paralizó sus pies al borde de la ribera. Luego, dijo: “¡Oh tú, señor del trueno, que desde lo alto de la roca Tarpeya contemplas las murallas de la Ciudad, y vosotros, Penates frigios de la familia Julia,  Quirino, misteriosamente arrebatado , Júpiter Laciar, que resides en la encumbrada Alba , fuegos de Vesta y tú, oh Roma, parigual de la divinidad suprema, favorece mis empresas! No te persigo con las armas de las Furias; heme aquí, aquí estoy yo, César, vencedor por tierra y por mar, soldado a tu servicio en todas partes (y, si se me permite, también ahora). Aquel, el culpable será aquel que me convirtiere en tu enemigo.” (Traducción de Antonio Holgado Redondo. Editorial Gredos.)

    iam gelidas Caesar cursu superauerat Alpes
    ingentisque animo motus bellumque futurum
    ceperat. ut uentum est parui Rubiconis ad undas,                 
    ingens uisa duci patriae trepidantis imago
    clara per obscuram uoltu maestissima noctem
    turrigero canos effundens uertice crines
    caesarie lacera nudisque adstare lacertis
    et gemitu permixta loqui: 'quo tenditis ultra?                 
    quo fertis mea signa, uiri? si iure uenitis,
    si ciues, huc usque licet.' tum perculit horror
    membra ducis, riguere comae gressumque coercens
    languor in extrema tenuit uestigia ripa.
    mox ait 'o magnae qui moenia prospicis urbis                 
    Tarpeia de rupe Tonans Phrygiique penates
    gentis Iuleae et rapti secreta Quirini
    et residens celsa Latiaris Iuppiter Alba
    Vestalesque foci summique o numinis instar
    Roma, faue coeptis. non te furialibus armis                 
    persequor: en, adsum uictor terraque marique
    Caesar, ubique tuus (liceat modo, nunc quoque) miles.
    ille erit ille nocens, qui me tibi fecerit hostem.'

    Y así podría continuar poniendo ejemplos.

    (continuará…)

  • Prodigios, milagros, maravillas, portentos, fenómenos, monstruos y (II)

    Entre los prodigios que más impresionan a los romanos, sobresalen sobremanera los rayos que Júpiter maneja con profusión y las constantes apariciones de seres divinos a los humanos envueltos en luces y halos maravillosos. La aparición de alguna diosa a pequeños pastorcillos está ya documentada en un texto egipcio de la época del Imperio Medio, entre el 2.000 y el 1.800 a.C.

    Sobresalen también acciones de las imágenes y de las estatuas o representaciones de los seres divinos, que se comportan como si fueran de carne y hueso y no de piedra, madera o metal. Especialmente atractivas son las estatuas que hablan y envían mensajes a los humanos, o sudan, a veces  sangre, o saltan y se mueven de su peana o iluminan la pupila de sus ojos con luz maravillosa.

    Este comportamiento de las imágenes  responde al carácter difuso y confuso de estas estatuas que por una parte son meras representaciones de algo que no está en este mundo y por otra parte son la propia divinidad materializada que vive con nosotros. Es decir, la famosa estatua crisoelefantina de Atenea Parthenos, Virgen, de Atenas, no es una mera representación, sino la propia diosa materializada.

    Y lo mismo ocurre hoy con las imágenes de santos y vírgenes modernas, como revela el comportamiento popular que las venera, las toca, las invoca, les canta, les ruega, en contradicción con lo que dice la razón, incluso la teoría teológica, que en realidad poco hace por informar debidamente al pueblo fiel.

    Pues bien, estos efectos tan especiales son aprovechados frecuentemente por los poetas. Daré tan sólo dos ejemplos del indiscutible Virgilio y otro de nuestro poeta de origen hispano Lucano. Después presentaré un famoso texto de Plinio el Joven sobre la aparición de una señora de gran estatura y prestancia y de los fantasmas, al que también se refiere Táctio en sus Anales
    Citaré también un pasaje de La Ciudad de Dios de San Agustín, en el que se refiere y descalifica estas supersticiones. 

    En el caso de este  último autor llama poderosamente la atención la clarividencia con la que analiza las supercherías de los ajenos y la seguridad con la que acepta las supercherías propias; sin duda un lector ajeno a nuestra cultura no apreciaría diferencia alguna entre las creencias de los paganos y las creencias de los cristianos; de hecho, históricamente estas últimas se alimentan absolutamente de las primeras.

    Hoy como ayer las estatuas de los seres divinos siguen llorando, iluminando sus pupilas, saltando de las peanas, apareciéndose a los pastores, enviando mensajes, mucha veces encriptados a los mortales. Lean con atención la prensa del día y encontrarán que en algún lugar del mundo alguien afirma haber chocado con algún fenómeno de los descritos. En esa lucha entre la razón y el misterio, sigue en alto la confrontación.

    En la poesía épica griega y también en la romana, los dioses son actores en permanente relación con los mortales, en cuyas disputas toman partido por unos o por otros.

    Presentaré primero un texto del poeta hispano Lucano en el que aprovecha al máximo la emoción que estos prodigios puede generar en sus crédulos lectores. El texto es un fragmento de su poema Bellum Civile, llamado luego “La Farsalia” por el nombre de la batalla decisiva en la guerra civil entre César y Pompeyo previa a la imposición de un régimen personal y autoritario en Roma, acabando así con el largo periodo republicano y dando entrada a la época imperial. En este fragmento, entre otros prodigios, los dioses derraman lágrimas y los dioses Lares sudan.

    Marcus Annaeus Lucanus, Bellum Civile 1.1 verso 544 y ss.

    El feroz Múlciber abrió el cráter del Etna siciliano y no empujó las llamas hacia el cielo, sino que, con la inclinación de la cúspide, la lava ardiente cayó contra el flanco de Italia. La negra Caribdis volteó desde sus abismos un mar de sangre; lastimeros aullidos lanzaron los sañudos perros de Escila. Del altar de Vesta fue retirado el fuego, y su llama,  que manifiesta el acabamiento de las ferias latinas se escinde en dos partes y se eleva en un doble ápice, imitando la pira tebana. Entonces la tierra se desplazó de su eje y los Alpes, al tambalearse sus cimas, sacudieron a uno y otro lado sus nieves de siglos. Tetis, acreciendo el caudal de sus aguas, cubrió la hispánica Calpe y la cumbre del Atlas. Sabemos que lloraron las estatuas de los dioses indigetes  y que las de los Lares, con su sudor, atestiguaron el apuro de la ciudad; que los exvotos cayeron al suelo en sus templos; que siniestras aves ensuciaron el día y que las fieras, dejando las selvas al anochecer, establecieron audaces sus cubiles en el centro de Roma. Además hubo lenguas de animales con facilidad para pronunciar sonidos humanos; partos monstruosos entre los hombres por el número y la dimensión de los miembros: a la madre le dio miedo su propio hijo; y los siniestros vaticinios de la profetisa de Cumas se divulgan entre el pueblo. Al tiempo, los sacerdotes con tajos en los brazos, a quienes agita la salvaje Belona  proclaman los designios de los dioses, y los galos, haciendo girar su cabellera sanguinolenta, aullaron presagios funestos para las gentes. Urnas funerarias repletas de huesos allí enterrados emitieron lamentos. Entonces se oyó fragor de armas, y grandes gritos por los parajes intransitados de los bosques, y apariciones que se venían a las manos. Los que cultivan los campos pegados al borde de las murallas huyeron en desbandada: una Furia gigantesca daba vueltas a la ciudad, sacudiendo hacia abajo un pino con la punta encendida, a más de sus cabellos estridentes, cual la Euménide que empujó a la tebana Ágave o la que volteó los dardos del cruel Licurgo, O como, por orden de Juno, rencorosamente injusta, Megera infundió pavor al Alcida, por más que ya hubiera visto a Dite. Resonaron trompetas y, como es de enorme el griterío de las cohortes que entrechocan, ese mismo estruendo despidió la negra noche, pese al silencio de las auras. Pareciendo surgir de en medio del Campo de Marte, los manes de Sila vaticinaron funestos presagios y, a su vez, alzando su cabeza junto a las heladas aguas del Anio, hecho trizas su sepulcro, Mario puso en fuga a unos campesinos.

    En vista de estos prodigios pareció oportuno, conforme a una añeja costumbre, hacer venir adivinos etruscos. De ellos, el más entrado en años, Arrunte, que habitaba el recinto amurallado de Luca, abandonada, bien instruido en los zigzagueos del rayo y en las venas aún calientes de las vísceras y en los avisos del vuelo que va y viene en el aire, ordena primeramente quitar de en medio los monstruos que la naturaleza, en desacuerdo con sus leyes, había producido sin semilla alguna  y quemar en infaustas llamas los fetos abominables de vientres estériles. Luego, ordena a los amedrentados ciudadanos dar una vuelta completa a la ciudad y que, purificando los muros con solemne ceremonia lustral,  den también la vuelta a todo lo largo del pomerio , por sus bordes extremos, los pontífices, a quienes está asignado el privilegio de las celebraciones rituales. Siguen multitud de sacerdotes de menor rango, ataviados al estilo gabino, y abre la fila de las Vestales, coronada de bandeletas, la sacerdotisa, la única a la que es lícito contemplar la imagen de la Minerva Troyana. A continuación los que custodian los hados divinos y los oráculos misteriosos y retiran la imagen de Cibeles, una vez bañada en el exiguo Almón,  y el augur, ducho en observar las aves que vuelan por la izquierda; y el septénviro, encargado de los banquetes rituales;; y la cofradía de los ticios; y el salio, que lleva a la espalda con alegría los escudos sagrados, y el flamen, que alza el ápice en su noble cabeza. Y mientras ellos desfilan en torno a la ciudad que se extiende en largas sinuosidades, Arrunte recoge los fuegos diseminados del rayo, 1os entierra musitando una lúgubre letanía y asigna a aquellos lugares la protección de una divinidad; luego, acerca a las sagradas
    aras un toro de cerviz bien escogida. Ya había comenzado a derramar el vino y a aplicar la harina salada con la hoja del cuchillo en sesgo, y la víctima, que oponía larga resistencia a un sacrificio nada agradable, cuando los ministros del culto, recogiéndose la ropa, sujetaron sus cuernos amenazantes, dobladas por fin las rodillas, ofrecía su cuello vencido. Pero no saltó la sangre de costumbre, sino que de la ancha herida se desparramó, en lugar de sangre roja, un sucio flujo de mal agüero. Empalideció Arrunte, pasmado ante el sacrificio funesto, e indagó la cólera de los dioses en las entrañas extraídas febrilmente. Ya el color mismo llenó de pánico al adivino; en efecto, las vísceras pálidas, pero moteadas de negras manchas e infectadas por coágulos sanguinosos, abigarraban con salpicaduras de sangre su extraordinaria lividez. Observa el hígado empapado de podre y ve las venas amenazantes por la parte hostil.  Queda oculta la fibra del pulmón jadeante y una pequeña fisura corta las zonas vitales. El corazón está aplomado, las vísceras expelen sangraza por unas grietas abiertas y los intestinos revelan sus ocultas cavidades. Y -prodigio funesto que nunca apareció en las entrañas impunemente- helo aquí: observa que en la cabeza del hígado ha crecido la protuberancia de otra cabeza; una parte cuelga enfermiza y fláccida, otra irradia salud y mueve sin compasión las venas con rápidas pulsiones. Cuando por estos signos comprendió la fatalidad de grandes desgracias, exclama: “Apenas me es lícito, oh dioses del cielo, revelar a las gentes todo lo que estáis maquinando; pues no he celebrado en tu honor, supremo Júpiter, este sacrificio: los dioses infernales han venido al pecho de este toro inmolado. Indecibles calamidades tememos, pero sobrevendrán mayores aún de lo que tememos. ¡Que los dioses tomen favorable lo que he visto y que no merezcan ningún crédito las vísceras, sino que eso sea una impostura de Tages, fundador de esta ciencia”.  Así vaticinaba el etrusco, envolviendo sus presagios en palabras sinuosas y velándolos con múltiples ambages.
    (Traducción de Antonio Holgado Redondo.Editorial Gredos)

    ora ferox Siculae laxauit Mulciber Aetnae,                
    nec tulit in caelum flammas sed uertice prono
    ignis in Hesperium cecidit latus. atra Charybdis
    sanguineum fundo torsit mare; flebile saeui
    latrauere canes. Vestali raptus ab ara
    ignis, et ostendens confectas flamma Latinas  
    scinditur in partes geminoque cacumine surgit 
    Thebanos imitata rogos. tum cardine tellus 
    subsedit, ueteremque iugis nutantibus Alpes 
    discussere niuem. Tethys maioribus undis 
    Hesperiam Calpen summumque inpleuit Atlanta.  
    indigetes fleuisse deos, urbisque laborem 
    testatos sudore Lares, delapsaque templis 
    dona suis, dirasque diem foedasse uolucres 
    accipimus, siluisque feras sub nocte relictis 
    audaces media posuisse cubilia Roma.  
    tum pecudum faciles humana ad murmura linguae, 
    monstrosique hominum partus numeroque modoque 
    membrorum, matremque suus conterruit infans; 
    diraque per populum Cumanae carmina uatis 
    uolgantur. tum, quos sectis Bellona lacertis 
    saeua mouet, cecinere deos, crinemque rotantes 
    sanguineum populis ulularunt tristia Galli. 
    conpositis plenae gemuerunt ossibus urnae.
    tum fragor armorum magnaeque per auia uoces
    auditae nemorum et uenientes comminus umbrae.               
    quique colunt iunctos extremis moenibus agros
    diffugiunt: ingens urbem cingebat Erinys
    excutiens pronam flagranti uertice pinum
    stridentisque comas, Thebanam qualis Agauen
    inpulit aut saeui contorsit tela Lycurgi                 
    Eumenis, aut qualem iussu Iunonis iniquae
    horruit Alcides uiso iam Dite Megaeram.
    insonuere tubae et, quanto clamore cohortes
    miscentur, tantum nox atra silentibus auris
    edidit. e medio uisi consurgere Campo                
    tristia Sullani cecinere oracula manes,
    tollentemque caput gelidas Anienis ad undas
    agricolae fracto Marium fugere sepulchro.
    haec propter placuit Tuscos de more uetusto
    acciri uates.

    Resulta  muy interesante el fragmento de la Eneida de Virgilio en el que relata la reacción de la imagen de Palas, el Paladión, que había sido robada de su templo por Ulises y el hijo de Tideo. El texto nos puede servir también para comparar el tono épico, elevado, solemne con el dramatismo y barroquismo de Lucano; pero este es otro tema.

    Publio Virgilio Marón: Eneida, 2, v. 162 y ss.

    Toda la esperanza de los Dánaos, y su confianza en la emprendida guerra, estribaron siempre en los auxilios de Palas; pero desde que el impío hijo de Tideo y Ulises, inventor de maldades, acometieron sustraer del sacro templo el fatal Paladión, después de haber dado muerte a los guardias del sumo alcázar, y arrebataron a la sacra efigie, y con ensangrentadas manos osaron tocar las virginales ínfulas de la deidad, empezaron a decaer y se desvanecieron aquellas esperanzas, y se quebrantaron sus fuerzas, apartada ya de ellos la protección de la diosa.

    Pronto dio Tritonia manifiestas y horribles señales de su cólera; apenas se colocó su estatua en el campamento, ardieron rechinantes llamas en sus ojos, clavados en nosotros, y por todos sus miembros corrió un sudor salado, y tres veces ¡oh prodigio! se levantó por sí sola del suelo blandiendo el broquel y la trémula lanza. Al punto Calcas anuncia que es preciso cruzar los mares y huir, pues Pérgamo no puede ser debelado por las armas argólicas, si no vuelven a Argos a renovar sus votos, y de nuevo se llevan al numen que trajeron consigo por el mar en sus huecas naves. Y ahora que, impelidos por el viento, han llegado al patrio suelo de Micenas, aprestan sus armas y solicitan el favor de los dioses para volver de improviso surcando nuevamente el mar; así interpretó Calcas la voluntad de los númenes. (Traducción de Eugenio de Ochoa, 1815–1872)

    Omnis spes Danaum et coepti fiducia belli
    Palladis auxiliis semper stetit. impius ex quo 
    Tydides sed enim scelerumque inuentor Vlixes, 
    fatale adgressi sacrato auellere templo  
    Palladium caesis summae custodibus arcis, 
    corripuere sacram effigiem manibusque cruentis 
    uirgineas ausi diuae contingere uittas, 
    ex illo fluere ac retro sublapsa referri 
    spes Danaum, fractae uires, auersa deae mens. 
    nec dubiis ea signa dedit Tritonia monstris. 
    uix positum castris simulacrum: arsere coruscae 
    luminibus flammae arrectis, salsusque per artus 
    sudor iit, terque ipsa solo (mirabile dictu) 
    emicuit parmamque ferens hastamque trementem. 
    extemplo temptanda fuga canit aequora Calchas, 
    nec posse Argolicis exscindi Pergama telis 
    omina ni repetant Argis numenque reducant 
    quod pelago et curuis secum auexere carinis. 
    et nunc quod patrias uento petiere Mycenas,  
    arma deosque parant comites pelagoque remenso

    Interesante es también el final que nos ofrece Virgilio del libro I de sus Geórgicas. Nos recuerda las señales que anunciaron los pavorosos horrores de la guerra civil y ruega a los dioses que protejan a Roma y garanticen su época de paz y esplendor.

    Virgilio, Geórgicas, 1, v.463 y ss.

    ¿Quién osará llamar falaz al sol? También muchas veces nos declara que amenazan secretos tumultos, que se fraguan amaños y ocultas guerras. También se compadeció de Roma, muerto César, cuando veló su nítida cabeza con ferruginosa niebla y el impío siglo temió una eterna noche. En aquel tiempo daban igualmente señales la tierra y las aguas del mar, y los infaustos perros y las aves importunas. ¡Cuántas veces vimos al Etna, rotos sus hornos, derramar sus hirvientes olas por los campos de los Cíclopes, vomitando globos de llamas y peñascos derretidos! La Germania oyó por todo el cielo estruendo de armas; retemblaron los Alpes con insólitos movimientos; también se oyó muchas veces una gran voz en medio de los callados bosques. y se vieron al anochecer pálidos fantasmas de maravilloso aspecto, y hablaron las bestias, ¡cosa horrible!, y se pararon las corrientes de los ríos y se entreabrió la tierra, y lloró en los templos el marfil desolado y sudaron los bronces. El Erídano, rey de los ríos, arrastrando las selvas en furioso remolino, se derramó por las vegas, llevándose los ganados con sus majadas. En aquel tiempo, las entrañas de las tristes víctimas sacrificadas no cesaron de presentar agüeros amenazadores ni los pozos de manar sangre ni las ciudades de resonar por la noche con grandes aullidos de lobos. Jamás cayeron de un cielo sereno tantos rayos ni ardieron tantos horribles cometas Por eso, los campos de Filipos vieron por segunda vez a las haces romanas cruzar en fiera lid sus armas fraternales; por eso consintieron los dioses que dos veces abonase nuestra sangre la Ematia y las dilatadas campiñas del Hemo. Día vendrá en que el labrador, al revolver la tierra con el corvo arado en aquellos confines, hallará dardos corroídos por el áspero orín, y hará resonar con los pesados rastros yelmos vacíos, y se pasmará al ver en los excavados sepulcros huesos giganteos.

    ¡Oh dioses patrios, oh dioses tutelares, oh Rómulo y oh madre Vesta, que velas por el toscano Tíber y los palacios romanos. no impidáis a lo menos que este mancebo venga en ayuda del revuelto siglo presente!, bastante hemos pagado, ya ha tiempo con nuestra sangre los perjuicios de Troya Laomedontea. Tiempo ha ya, ¡oh César!, que la mansión de los dioses te envidia a nosotros y se queja de que tengas en mucho los honores triunfales que te dan los hombres. Por doquiera andan confundidos lo lícito y lo ilícito; todo es guerras en el mundo, los crímenes son innumerables; deshonra parece manejar el arado; los campos están yermos, privados de sus labradores, y las corvas hoces se forjan para servir de terribles espadas. Aquí el Éufrates, allí la Germania, nos mueven guerra: las ciudades comarcanas, rotos los pactos, hacen armas unas contra otras; por todo el orbe derrama sus furores el impío Marte; tal, cuando se lanzan de la barrera las cuadrigas, cobran en el circo nuevo brío, y tirando en vano de las riendas, el auriga se ve arrebatado por los caballos y el carro no obedece al freno. (Traducción de Eugenio de Ochoa)

    …. Solem quis dicere falsum
    audeat. Ille etiam caecos instare tumultus
    saepe monet fraudemque et operta tumescere bella.
    Ille etiam exstincto miseratus Caesare Romam,
    cum caput obscura nitidum ferrugine texit
    inpiaque aeternam timuerunt saecula noctem.
    Tempore quamquam illo tellus quoque et aequora ponti
    obscenaeque canes inportunaeque volucres
    signa dabant. Quotiens Cyclopum effervere in agros
    vidimus undantem ruptis fornacibus Aetnam
    flammarumque globos liquefactaque volvere saxa!
    Armorum sonitum toto Germania caelo
    audiit, insolitis tremuerunt motibus Alpes.
    Vox quoque per lucos volgo exaudita silentis
    ingens et simulacra modis pallentia miris
    visa sub obscurum noctis, pecudesque locutae,
    infandum! sistunt amnes terraeque dehiscunt
    et maestum inlacrimat templis ebur aeraque sudant.
    Proluit insano contorquens vertice silvas
    fluviorum rex Eridanus camposque per omnis
    cum stabulis armenta tulit. Nec tempore eodem
    tristibus aut extis fibrae adparere minaces
    aut puteis manare cruor cessavit et altae
    per noctem resonare lupis ululantibus urbes.
    Non alias caelo ceciderunt plura sereno
    fulgura nec diri totiens arsere cometae.
    ergo inter sese paribus concurrere telis
    Romanas acies iterum videre Philippi;
    nec fuit indignum superis, bis sanguine nostro
    Emathiam et latos Haemi pinguescere campos.
    Scilicet et tempus veniet, cum finibus illis
    agricola incurvo terram molitus aratro
    exesa inveniet scabra robigine pila
    aut gravibus rastris galeas pulsabit inanis
    grandiaque effossis mirabitur ossa sepulchris.
    Di patrii, Indigetes, et Romule Vestaque mater,
    quae Tuscum Tiberim et Romana Palatia servas,
    hunc saltem everso iuvenem succurrere saeclo
    ne prohibete! Satis iam pridem sanguine nostro
    Laomedonteae luimus periuria Troiae;
    iam pridem nobis caeli te regia, Caesar,
    invidet atque hominum queritur curare triumphos;
    quippe ubi fas versum atque nefas: tot bella per orbem,
    tam multae scelerum facies; non ullus aratro
    dignus honos, squalent abductis arva colonis
    et curvae rigidum falces conflantur in ensem.
    Hinc movet Euphrates, illinc Germania bellum;
    vicinae ruptis inter se legibus urbes
    arma ferunt; saevit toto Mars inpius orbe;
    ut cum carceribus sese effudere quadrigae,
    addunt in spatia et frustra retinacula tendens
    fertur equis auriga neque audit currus habenas.

    Otros prodigio de gran impacto entre los antiguos son, como dije, las apariciones de los seres divinos. Como también dije, hay constancia de la aparición de una diosa egipcia a un pastor en un relato que tenemos incompleto de tan sólo 25 líneas; en él el pastor cuenta a sus compañeros el encuentro con una mujer que no tenía aspecto de mortal.. Este prodigio no ha dejado de repetirse periódicamente hasta nuestros días. En otro momento dedicaré un artículo a este tema.

    Pero quiero ahora referirme a otra aparición que puede recordarnos alguna moderna. Nos lo cuentan con total naturalidad Plinio el Joven en una famosa carta sobre la existencia o no de los fantasmas y el historiador Tácito. Me refiero a la aparición de “una mujer de estatura sobrehumana a Curcio Rufo anunciándole que  volvería a África como cónsul electo.

    Transcribo entera por su interés la carta de Plinio el Joven: Epistula 7,27:

    Gayo Plinio saluda a su amigo Sura.

    La falta de ocupaciones me brinda a mí la oportunidad de aprender y a ti la de enseñarme. De esta forma, me gustaría muchísimo saber si crees que los fantasmas existen y tienen forma propia, así como algún tipo de voluntad, o, al contrario, si son sombras vacías e irreales que toman forma por efecto de nuestro propio miedo.

    A que crea que existen los fantasmas me mueve sobre todo esto que he oído que le ocurrió a Curcio Rufo. Todavía joven y desconocido había formado parte del séquito del nuevo gobernador de la provincia de África. Al declinar el día paseaba por el pórtico: le sale al paso la figura humana de una mujer muy alta y hermosa. Ante su estupor ella le dijo que era África, mensajera de las cosas futuras. Le dijo también que él iría a Roma, que llevaría a cabo su carrera política y que volvería a esta misma provincia con el poder supremo, donde finalmente moriría.  Todas estas cosas se cumplieron. Pasado el tiempo, cuando llegaba a Cartago y salía de la nave se cuenta que se le apareció la misma figura en la playa. Como él mismo había sido presa de la enfermedad, tras augurar la adversidad que le esperaba en relación con las cosas buenas ya cumplidas, abandonó su esperanza de curación a pesar de que ninguno de los suyos la había perdido.
    ¿Pero no es acaso más terrorífico y no menos admirable lo que voy a exponer ahora, tal como me lo contaron?  Había en Atenas una casa espaciosa y profunda, pero tristemente célebre e insalubre. En el silencio de la noche se oía un ruido y, si prestabas atención, primero se escuchaba el estrépito de unas cadenas a lo lejos, y luego ya muy cerca: a continuación aparecía una imagen, un anciano consumido por la flacura y la podredumbre, de larga barba y cabello erizado; llevaba grilletes en los pies y cadenas en las manos que agitaba y sacudía. A consecuencia de esto, los que habitaban la casa pasaban en vela tristes y terribles noches a causa del temor; la enfermedad sobrevenía al insomnio y, al aumentar el miedo, la muerte, pues, aun en el espacio que separaba una noche de otra, si bien la imagen había desaparecido, quedaba su memoria impresa en los ojos, de manera que el temor se prolongaba aún más allá de sus propias causas. Así pues, la casa quedó desierta y condenada a la soledad, abandonada completamente a merced de aquel monstruo; aún así estaba puesta a la venta, por si alguien, no enterado de tamaña calamidad, quisiera comprarla o tomarla en alquiler.

    Llega a Atenas el filósofo Atenodoro, lee el cartel y una vez enterado del precio, como su baratura era sospechosa, le dan razón de todo lo que pregunta, y esto, lejos de disuadirle, le anima aún más a alquilar la casa. Una vez comienza a anochecer, ordena que se le extienda el lecho en la parte delantera, pide tablillas para escribir, un estilo y una luz; a todos los suyos les aleja enviándoles a la parte interior, y él mismo dispone su ánimo, ojos y mano al ejercicio de la escritura, para que su mente, desocupada, no se imaginara ruidos supuestos ni miedos sin fundamento. Al principio, como en cualquier parte, tan sólo se percibe el silencio de la noche, pero después la sacudida de un hierro y el movimiento de unas cadenas: el filósofo no levanta los ojos, ni tampoco deja su estilo, sino que pone resueltamente su voluntad por delante de sus oídos. Después se incrementa el ruido, se va acercando y ya se percibe en la puerta, ya dentro de la habitación. Vuelve la vista y reconoce al espectro que le habían descrito.  Éste estaba allí de pie y hacía con el dedo una señal como llamándole. El filósofo, por su parte, le indica con su mano que espere un poco, y de nuevo se pone a trabajar con sus tablillas y estilo, pero el espectro hacía sonar las cadenas para atraer su atención. Éste vuelve de nuevo la cabeza y le ve haciendo la misma seña que antes, así que ya sin hacerle esperar más coge el candil y le sigue. Iba el espectro con paso lento, como si le pesaran mucho las cadenas; después bajó al patio de la casa y, de repente, tras desvanecerse, abandona a su acompañante. El filósofo recoge hojas y hierbas y las coloca en el lugar donde ha sido abandonado, a manera de señal. Al día siguiente acude a los magistrados y les aconseja que ordenen cavar en aquel sitio. Se encuentran huesos insertos en cadenas y enredados, que el cuerpo, putrefacto por efecto del tiempo y de la tierra, había dejado desnudos y descarnados junto a sus grilletes.  Reunidos los huesos se entierran a costa del erario público. Después de esto la casa quedó al fin liberada del fantasma, una vez fueron enterrados sus restos convenientemente.

    Doy crédito ciertamente a quienes me han confirmado estos hechos; yo mismo puedo confirmar otro suceso a los demás. Tengo un liberto no ajeno al cultivo de las letras. Con él descansaba su hermano menor en el mismo lecho. A este le pareció ver a alguien sentado en la cama, moviendo unas tijeras sobre su propia cabeza, y que incluso le cortaba algunos cabellos de la coronilla. Cuando amaneció, él mismo tenía una tonsura en su coronilla y se encontraron sus cabellos cortados en el suelo.  Poco tiempo después, de nuevo un hecho similar al anterior confirmó lo que había ocurrido. Uno de mis pequeños esclavos dormía entre otros muchos niños en la escuela. Llegaron a través de las ventanas (así nos lo cuenta) dos figuras vestidas con túnicas blancas, cortaron el pelo al muchacho acostado y se retiraron por donde habían llegado. La luz del día muestra también a este niño con la tonsura y los cabellos esparcidos en derredor.  Nada memorable pasó después, a no ser acaso que no llegué a ser reo, si bien lo hubiera sido en caso de que Domiciano, bajo cuyo poder estas cosas ocurrieron, hubiera vivido más tiempo. En efecto, en su caja de documentos, se encontró un escrito entregado por Caro que estaba referido a mí. De esto puede deducirse que, como es costumbre para los presos dejar crecer el pelo, los cabellos cortados de mis esclavos fueron señal de que el peligro que me acechaba había sido abortado.

    Por tanto, te ruego que hagas uso de tu erudición. Es asunto digno para que lo consideres largo y tendido, y yo no soy ciertamente indigno de que me hagas partícipe de tu saber.  Aunque sopeses los pros y los contras de las dos opiniones (como sueles), inclínate más por uno de los dos lados, para no dejarme suspenso en la incertidumbre, dado que la razón de consultarte fue la de dejar de dudar. Saludos.
    (Traducción de F. García Jurado)

    Et mihi discendi et tibi docendi facultatem otium praebet. Igitur perquam velim scire, esse phantasmata et habere propriam figuram numenque aliquod putes an inania et vana ex metu nostro imaginem accipere. Ego ut esse credam in primis eo ducor, quod audio accidisse Curtio Rufo. Tenuis adhuc et obscurus, obtinenti Africam comes haeserat. Inclinato die spatiabatur in porticu; offertur ei mulieris figura humana grandior pulchriorque. Perterrito Africam se futurorum praenuntiam dixit: iturum enim Romam honoresque gesturum, atque etiam cum summo imperio in eandem provinciam reversurum, ibique moriturum.  Facta sunt omnia. Praeterea accedenti Carthaginem egredientique nave eadem figura in litore occurrisse narratur. Ipse certe implicitus morbo futura praeteritis, adversa secundis auguratus, spem salutis nullo suorum desperante proiecit.  Iam illud nonne et magis terribile et non minus mirum est quod exponam ut accepi?  Erat Athenis spatiosa et capax domus sed infamis et pestilens. Per silentium noctis sonus ferri, et si attenderes acrius, strepitus vinculorum longius primo, deinde e proximo reddebatur: mox apparebat idolon, senex macie et squalore confectus, promissa barba horrenti capillo; cruribus compedes, manibus catenas gerebat quatiebatque.  Inde inhabitantibus tristes diraeque noctes per metum vigilabantur; vigiliam morbus et crescente formidine mors sequebatur. Nam interdiu quoque, quamquam abscesserat imago, memoria imaginis oculis inerrabat, longiorque causis timoris timor erat. Deserta inde et damnata solitudine domus totaque illi monstro relicta; proscribebatur tamen, seu quis emere seu quis conducere ignarus tanti mali vellet.  Venit Athenas philosophus Athenodorus, legit titulum auditoque pretio, quia suspecta vilitas, percunctatus omnia docetur ac nihilo minus, immo tanto magis conducit. Ubi coepit advesperascere, iubet sterni sibi in prima domus parte, poscit pugillares stilum lumen, suos omnes in interiora dimittit; ipse ad scribendum animum oculos manum intendit, ne vacua mens audita simulacra et inanes sibi metus fingeret.  Initio, quale ubique, silentium noctis; dein concuti ferrum, vincula moveri. Ille non tollere oculos, non remittere stilum, sed offirmare animum auribusque praetendere. Tum crebrescere fragor, adventare et iam ut in limine, iam ut intra limen audiri. Respicit, videt agnoscitque narratam sibi effigiem. Stabat innuebatque digito similis vocanti. Hic contra ut paulum exspectaret manu significat rursusque ceris et stilo incumbit. Illa scribentis capiti catenis insonabat. Respicit rursus idem quod prius innuentem, nec moratus tollit lumen et sequitur.  Ibat illa lento gradu quasi gravis vinculis. Postquam deflexit in aream domus, repente dilapsa deserit comitem. Desertus herbas et folia concerpta signum loco ponit.  Postero die adit magistratus, monet ut illum locum effodi iubeant. Inveniuntur ossa inserta catenis et implicita, quae corpus aevo terraque putrefactum nuda et exesa reliquerat vinculis; collecta publice sepeliuntur. Domus postea rite conditis manibus caruit.  Et haec quidem affirmantibus credo; illud affirmare aliis possum. Est libertus mihi non illitteratus. Cum hoc minor frater eodem lecto quiescebat. Is visus est sibi cernere quendam in toro residentem, admoventemque capiti suo cultros, atque etiam ex ipso vertice amputantem capillos. Ubi illuxit, ipse circa verticem tonsus, capilli iacentes reperiuntur.  Exiguum temporis medium, et rursus simile aliud priori fidem fecit. Puer in paedagogio mixtus pluribus dormiebat. Venerunt per fenestras – ita narrat – in tunicis albis duo cubantemque detonderunt et qua venerant recesserunt. Hunc quoque tonsum sparsosque circa capillos dies ostendit.  Nihil notabile secutum, nisi forte quod non fui reus, futurus, si Domitianus sub quo haec acciderunt diutius vixisset. Nam in scrinio eius datus a Caro de me libellus inventus est; ex quo coniectari potest, quia reis moris est summittere capillum, recisos meorum capillos depulsi quod imminebat periculi signum fuisse.  Proinde rogo, eruditionem tuam intendas. Digna res est quam diu multumque consideres; ne ego quidem indignus, cui copiam scientiae tuae facias.  Licet etiam utramque in partem – ut soles – disputes, ex altera tamen fortius, ne me suspensum incertumque dimittas, cum mihi consulendi causa fuerit, ut dubitare desinerem. Vale.

    Tácito: Anales: 11, 21.

    Del origen de Curcio Rufo, hijo, según han dicho algunos, de un gladiator, no querría referir mentira, puesto que me avergüenzo de decir verdad. En llegando a edad juvenil, siguió en África al cuestor a quien tocó aquella provincia; y hallándose en Adrumeto al mediodía, paseándose pensativo debajo de unos soportales, se le apareció una sombra en figura de mujer mayor que humana, de quien oía esta voz: Tú eres Rufo, aquel que vendrá a ser procónsul en esta provincia. Con este agüero, hinchiéndosele el corazón de grandes esperanzas, se volvió a Roma, donde con la liberalidad de sus amigos y con su ingenio levantado alcanzó el oficio de cuestor; y, después de esto, entre muchos nobles competidores, por voto del príncipe la pretura; cubriendo Tiberio la bajeza de su nacimiento con estas mismas palabras: A mí me parece que Curcio Rufo es hijo de sí mismo. Con esto y con vivir después muchos años siempre maligno adulador con los mayores, arrogante con los inferiores y con los iguales insufrible, alcanzó el imperio consular, las insignias triunfales y a lo último el gobierno de África, donde, muriendo, cumplió el pronóstico fatal. (Traducción de Carlos Coloma)

    De origine Curtii Rufi, quem gladiatore genitum quidam prodidere, neque falsa prompserim et vera exequi pudet. postquam adolevit, sectator quaestoris, cui Africa obtigerat, dum in oppido Adrumeto vacuis per medium diei porticibus secretus agitat, oblata ei species muliebris ultra modum humanum et audita est vox 'tu es, Rufe, qui in hanc provinciam pro consule venies.' tali omine in spem sublatus degressusque in urbem largitione amicorum, simul acri ingenio quaesturam et mox nobilis inter candidatos praeturam principis suffragio adsequitur, cum hisce verbis Tiberius dedecus natalium eius velavisset: 'Curtius Rufus videtur mihi ex se natus.' longa post haec senecta, et adversus superiores tristi adulatione, adrogans minoribus, inter pares difficilis, consulare imperium, triumphi insignia ac postremo Africam obtinuit; atque ibi defunctus fatale praesagium implevit.

    San Agustín, en su Ciudad de Dios, se refiere a un prodigio bien famoso en la Antigüedad: las lágrimas que derramó la estatua de Apolo en Cumas, en la Magna Grecia, con ocasión de la guerra entre los romanos y los griegos, cuando Publio Craso murió en una batalla con Aristónico. Piensa San Agustín que estas son cosas de los demonios que los poetas nos presentan como ciertas, pero desde entonces hasta hoy y también mucho antes, muchas estatuas de dioses, vírgenes y santos han llorado con frecuencia, doliéndose de los errores de los hombres.

    Ciudad de Dios, III, 11

    El llanto de la estatua de Apolo de Cumas se creyó anunciador del desastre de los griegos, a quienes no había podido auxiliar. No hay otra razón que la que acabamos de exponer para la noticia de que el famoso Apolo de Cumas estuvo cuatro días llorando durante la guerra contra los aqueos y su rey Aristónico. Los arúspices, aterrados por tal prodigio, creyeron que era preciso arrojar al mar la estatua. Pero los ancianos de Cumas se opusieron a ello, aduciendo que un prodigio semejante había aparecido en la misma estatua durante la guerra de Antíoco y la de Perseo. Dieron fe, además, de que en vista de la victoria de los romanos, el Senado, por decreto, envió presentes a este mismo Apolo. Se hizo venir a otros agoreros, tenidos por más peritos. Respondieron éstos que las lágrimas de la estatua de Apolo eran venturosas para Roma, precisamente porque, siendo Cumas colonia griega, el Apolo envuelto en lágrimas era expresión de luto y desastre para su propio país, de donde se le había traído, es decir, para Grecia. Poco tiempo después llegó la noticia de que el rey Aristónico había sido derrotado y hecho prisionero. Esta victoria era evidentemente contraria a la voluntad de Apolo, y de ello se dolía. Testimonio eran hasta las lágrimas de un ídolo de piedra.

    Deducimos de este episodio cómo los poetas no andan del todo descaminados de la realidad al escribir la conducta de los demonios en sus poemas, por más que sean pura fábula. Diana, según Virgilio, sintió dolorosamente la suerte de Camila, y Hércules lloró la inminente muerte de Palante. Por eso, quizá, Numa Pompilio, disfrutando de su larga paz, ignoraba a quién la debía, y tampoco se preocupaba de ello cuando se preguntaba en su tranquila ociosidad a qué dioses debía encomendar la salvación de Roma y su soberanía.

    No creía que el verdadero, todopoderoso y supremo Dios se preocupara de los bienes terrenos, y no olvidaba que los dioses traídos por Eneas de Troya no habían sido capaces de mantener por largo tiempo ni el reino de Troya ni el de Lavinio, fundado por el mismo Eneas. Se creyó, pues, en el deber de buscar otros dioses, añadiéndolos a los anteriores, ya sean los que Rómulo había introducido en Roma o bien los que habían de introducirse con la destrucción de Alba. Unos como guardianes de los fugitivos y otros como auxilio de los más débiles. (Traducción de Santos Santamarta del Río, OSA y Miguel Fuertes Lanero, OSA)

    Neque enim aliunde Apollo ille Cumanus, cum adversus Achivos regemque Aristonicum bellaretur, quatriduo flevisse nuntiatus est ; quo prodigio haruspices territi cum id simulacrum in mare putavissent esse proiciendum, Cumani senes intercesserunt atque rettulerunt tale prodigium et Antiochi et Persis bello in eodem apparuisse figmento, et quia Romanis feliciter provenisset, ex senatus consulto eidem Apollini suo dona missa esse testati sunt. Tunc velut peritiores acciti haruspices responderunt simulacri Apollinis fletum ideo prosperum esse Romanis, quoniam Cumana colonia Graeca esset, suisque terris, unde accitus esset, id est ipsi Graeciae, luctum et cladem Apollinem significasse plorantem. Deinde mox regem Aristonicum victum et captum esse nuntiatum est, quem vinci utique Apollo nolebat et dolebat et hoc sui lapidis etiam lacrimis indicabat. Unde non usquequaque incongrue quamvis fabulosis, tamen veritati similibus mores daemonum describuntur carminibus poetarum. Nam Camillam Diana doluit apud Vergilium et Pallantem moriturum Hercules flevit . Hinc fortassis et Numa Pompilius pace abundans, sed quo donante nesciens nec requirens, cum cogitaret otiosus, quibusnam diis tuendam Romanam salutem regnumque committeret, nec verum illum atque omnipotentem summum Deum curare opinaretur ista terrena, atque recoleret Troianos deos, quos Aeneas advexerat, neque Troianum neque Laviniense ab ipso Aenea conditum regnum diu conservare potuisse: alios providendos existimavit, quos illis prioribus, qui sive cum Romulo iam Romam transierant, sive quandoque Alba eversa fuerant transituri, vel tamquam fugitivis custodes adhiberet vel tamquam invalidis adiutores.

    Los ejemplos podrían ser innumerables.

  • Prodigios, milagros, maravillas, portentos, fenómenos, monstruos (I)

    Quizás algún lector se haya preguntado alguna vez de dónde nos viene esta tentación tan antigua y tan moderna de creer en hechos maravillosos e inexplicables, a los que con frecuencia se les concede la cualidad de milagros, hechos divinos, mensajes de la divinidad y del más allá.

    En el presente artículo encontrarán decenas de milagros y hechos maravillosos e inexplicables que ya se producían en la Antigüedad y de los que se dejaba constancia en los textos escritos hace más de dos mil años. Y con toda seguridad esta debilidad de un ser tan racional como el hombre venía ya de un pasado de miles de años antes, tantos como tiene la humanidad. De esta y otras debilidades se alimentan todo tipo de supersticiones y religiones.

    Pero ¿qué es un prodigio, un milagro, una maravilla, un portento, un fenómeno, un monstruo de la naturaleza?

    De entrada nos serviremos de la etimología y su fuerza significativa para explicar el significado de estos términos y algunos otros:

    Prodigio: del latín “Prodigium”,  “Portento” del latín “portentum” y “presagio” del latín “praesagium”  vienen a significar lo mismo en latín: señal divina.

    El Diccionario de la Real Academia Española define “prodigio” como “Suceso extraño que excede los límites regulares de la naturaleza” . Y “portento” como  “Cosa, acción o suceso singular que por su extrañeza o novedad causa admiración o terror” , y “presagio” como:  “1. Señal que indica, previene y anuncia un suceso.2. Especie de adivinación o conocimiento de las cosas futuras por medio de señales que se han visto o de intuiciones y sensaciones”.

    La etimología de  “prodigium” no es segura; se ha relacionado  con “prod- agio,” y este con “aio” que significa hablar, decir, y por eso, tal vez erróneamente Cicerón lo relaciona con “pro-dico”; pero más bien parece estar relacionado con “ago”, “llevar, empujar, conducir”.

    Praesagium” se relaciona con “prae- “ante, delante” y “sagire", infinitivo de "sagio”, percibir, sentir ,  de dónde deriva sagax, que ha dado nuestro “sagaz”. Por eso Cicerón dice en su De divinatione, 1,31,65:

    Ahora sagire significa "tener una percepción aguda". Por eso, algunas ancianas se llaman sagae, (brujas) porque se supone que conocen mucho, y se dice que los perros son «sagaces». Y así el que tiene conocimiento de una cosa antes de que suceda se dice que "presagia", es decir, percibe el futuro por adelantado.

    “sagire sentire acute est: ex quo sagae anus, quia multa scire volunt; et sagaces dicti canes. Is igitur, qui ante sagit quam oblata res est, dicitur praesagire, id est futura ante sentiré”

    Más segura parece la de “portentum” con “pro– (efecto de metátesis o cambio de posición de algún fonema) y tendo: dirigir, tender,.., que define la Real Academia como “Cosa, acción o suceso singular que por su extrañeza o novedad causa admiración o terror”.

    Maravilla: es un “suceso o cosa extraordinarios que causan admiración”. La palabra procede de la latina “mirabilia”, cosas admirables, que es el plural neutro de “mirabilis”, admirable, que se forma de la raíz del verbo “mirari”, admirar, y del adjetivo “mirus, -a,-um”, maravilloso, extraño, sorprendente.

    De la misma raíz y palabras proceden mirar, admirar, y sus compuestos y también “milagro”, de “miraculum”, con metátesis o cambio de posición las consonantes “r” y “l”. (como ocurre en “parábola y palabra”)

    La RAE define milagro como: “1. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. 2. m. Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa.”

    De la misma raíz proceden la francesa  “miroir”,  y la inglesa “mirror”, espejo. La española “espejo” deriva de “speculum”, derivada de “spicere” que significa ver, mirar, observar, de donde “specto y spectaculum, espectáculo, etc..

    Fenómeno es una palabra griega φαινόμενον phainómenon, que nos ha llegado a través del lat. tardío phaenomĕnon ;  el verbo griego φαινεῖν, phainein significa   brillar, hacer brillar, aparecer; mostrar, hacer ver. La RAE lo define como: “1. m. Toda manifestación que se hace presente a la consciencia de un sujeto y aparece como objeto de su percepción. 2. m. Cosa extraordinaria y sorprendente. 3. m. coloq. Persona o animal monstruoso.”

    Con estos términos están relacionados también “oráculo”,  del latín oraculum y este de orare, hablar, que significa etimológicamente mensaje, comunicado, parlamento.

    Y también  “profecía”, “predicción hecha en virtud de don sobrenatural.” Palabra griega que nos ha llegado como tantas otras a través del latín: propheta, griego prophêtês, προφήτης,  "que dice con anticipación", de > προ- (pro-) (antes) y  φημί, phemí,  hablar.

    En todo caso en el mundo romano un “prodigio” es una señal de los dioses con la que anuncian a los hombres un suceso futuro, bueno o malo; incluye por tanto los presagios y los augurios.

    Augurio, augur, arúspice  son términos que merecen otro artículo extenso. Sea suficiente ahora recordar que un “augur” es un sacerdote, en su origen etrusco, que observa el cielo y las señales de los dioses, señales que por eso se llaman “augurios”. Los arúspices, también etruscos, analizan las entrañas de los animales sacrificados a los dioses para observar en ellas los mensajes de la divinidad.

    Con un sentido más restringido, prodigio se refiere a cualquier incidente extraño o aparición maravillosa que se supone que anuncia una desgracia y que por tanto suele aparecer en circunstancias calamitosas tanto para la sociedad colectiva como para el individuo.

    El mismo Cicerón nos dice en De divinitatione, I, 42 (93)  y ss.  que es sinónimo de ostentum, monstrum y portentum”:

    porque, como se nos aparecen, se nos ponen por delante, se nos muestran y nos aportan predicciones, se llaman ‘aparicio¬nes’, ‘portentos’, ‘monstruos’ y ‘prodigios’ .

    Quia enim ostendunt, portendunt, monstrant, praedicunt; ostenta, portenta, monstra, prodigia dicuntur”.

    Amplío un poco la cita porque nos sirve de perfecta ambientación de lo que estamos tratando. Pero antes quiero referirme al término “monstruo”, que derivado del verbro “monstrare”, enseñar, mostrar, no es sino “ todo ser, fenómeno o suceso inesperado y fuera de lo acostumbrado que precisamente por ello produce una importante conmoción en quien lo ve o siente”, es decir, “indica, muestra, advierte de algo especial”. Hoy en castellano, la palabra “monstruo” tiene más frecuentemente un significado peyorativo, referido a algo malo o inadecuado, pero no siempre es así y también mantiene el significado de algo especialmente positivo, como cuando decimos de un artista, cada uno elija a su ídolo, que es un “monstruo de la naturaleza”, como Cervantes definió al autor de teatro del Siglo de Oro Español Lope de Vega y Carpio impresionado por la facilidad del escritor para escribir comedias; en veinticuatro horas escribía una obra, según confesión propia atribuida a él mismo: “más de ciento, en horas veinticuatro/ pasaron de las Musas al teatro”.

    Así lo encontramos en la Egloga a Claudio

    Mil y quinientas fábulas admira,
    Que la mayor, el numero parece,
    Verdad que desmerece,
    Por parecer mentira,
    Pues más de ciento en horas veinticuatro
    Pasaron de las Musas al teatro.

    Texto amplio de Divinatione I, 42 (93) y ss.

    Y a mí, al menos, me parece que la adopción de cada procedimiento adivinatorio ha dependido también del tipo de lugar que ocupaba, propiamente, cada colectividad. En
    efecto: los egipcios, al igual que los babilonios, habitantes de extensiones llanas y abiertas, como no sobresalía de la tierra nada que pudiera estorbarles para la contemplación del cielo, pusieron toda su atención en el conocimiento de los astros. Los etruscos, por su parte, puesto que, imbui¬dos de su religión, inmolaban víctimas con gran dedicación y frecuencia, se entregaron sobre todo al conocimiento de las entrañas, convirtiéndose en ejercitadísimos intérpretes de las apariciones, ya que, a causa de la densidad del aire, se producían entre ellos muchas descargas del cielo, y ya que, por esa misma causa, se originaban muchos fenómenos nunca vistos: procedentes del cielo, en parte, otros de la tie¬rra, y algunos a raíz incluso de la concepción y generación de hombres y ganados. El carácter de estas apariciones lo revelan además — como tú sueles decir— los propios vocablos que les asignaron sabiamente nuestros mayores, por¬ que, como se nos aparecen, se nos ponen por delante, se nos muestran y nos aportan predicciones, se llaman ‘aparicio¬nes’, ‘portentos’, ‘monstruos’ y ‘prodigios’ .

    Por su parte, los árabes, los frigios y los cilicios, como recurren sobre todo al pastoreo de ganado, recorriendo los cam¬pos y los montes en invierno y en verano, tuvieron por ello más fácil el dejar constancia «de los cantos y de los vuelos de las aves. La misma motivación halló Pisidia, así como esta Umbría nuestra. Por último, toda Caria y, principalmente, los de Telmeso que antes dije prefirieron prestar atención a las apariciones, dado que habitan campiñas ubérrimas y sumamente fértiles, en las que, gracias a su fecundidad, puede formarse y desarrollarse una multitud de seres.

    Pues bien, ¿quién no advierte que, en todo Estado de pro, han tenido gran vigencia los auspicios y los demás tipos de adivinación? ¿Acaso ha habido algún rey o algún pueblo
    que no recurriera a las predicciones divinas? Y no sólo en tiempo de paz, sino mucho más, incluso, en tiempo de gue¬rra, por el hecho de que el peligro y el riesgo que corría la supervivencia eran mayores. Dejo a un lado a los nuestros, que no emprenden nada, en tiempo de guerra, sin consultar las entrañas, y que nada preservan, sin consultar los auspicios, en tiempo de paz. Veamos lo del extranjero: resulta que los atenienses recurrieron siempre, para todas sus decisiones de carácter público, a unos sacerdotes adivinos a los que llamaban mánteis ; los lacedemonios otorgaron a sus reyes un augur como consejero, y quisieron, asimismo, que un augur asistiese a ‘los ancianos’ (porque así llaman al consejo público); y también recababan siempre un orá¬culo de Delfos, del santuario de Hamón o de Dodona para los asuntos de mayor importancia.

    Licurgo al menos, quien se encargó de regular el Estado de los lacedemonios, refrendó sus propias leyes mediante la autoridad del Apolo délfico; cuando Lisandro quiso cam¬biarlas, se vio impedido por esa misma instancia religiosa. Pues bien, además, quienes estaban al frente de los lacedemonios, no satisfechos con sus desvelos durante la vigilia, iban a acostarse al templete de Pasífae — que se encuentra en la campiña próxima a su ciudad— para recabar sueños, ya que consideraban verdaderos aquellos oráculos que se les ofrecían mientras reposaban. (Traducción de Angel Escobar. Editorial Gredos)

    Ac mihi quidem videntur e locis quoque ipsis, qui  a quibusque incolebantur, divinationum oportunitates esse ductae. Etenim Aegyptii et Babylonii in camporum patentium aequoribus habitantes, cum ex terra nihil emineret, quod contemplationi caeli officere posset, omnem curam in siderum cognitione posuerunt, Etrusci autem, quod religione inbuti studiosius et crebrius hostias immolabant, extorum cognitioni se maxume dediderunt, quodque propter aëris crassitudinem  de caelo apud eos multa fiebant, et quod ob eandem causam multa invisitata partim e caelo, alia ex terra oriebantur, quaedam etiam ex hominum pecudumve conceptu et satu, ostentorum exercitatissimi interpretes exstiterunt. Quorum quidem vim, ut tu soles dicere, verba ipsa prudenter a maioribus posita declarant. Quia enim ostendunt, portendunt, monstrant, praedicunt, ostenta, portenta, monstra, prodigia dicuntur. Arabes autem et Phryges et Cilices, quod pastu pecudum maxume utuntur campos et montes hieme et aestate peragrantes, propterea facilius cantus avium et volatus notaverunt; eademque et Pisidiae causa fuit  et huic nostrae Umbriae. Tum Caria tota praecipueque Telmesses, quos ante dixi, quod agros uberrumos maximeque fertiles incolunt, in quibus multa propter fecunditatem fingi gignique possunt, in ostentis animadvertendis diligentes fuerunt. 
      Quis vero non videt in optuma quaque re publica plurimum auspicia et reliqua divinandi genera valuisse? Quis rex umquam fuit, quis populus, qui non uteretur praedictione divina? neque solum in pace, sed in bello multo etiam magis, quo maius erat certamen et discrimen salutis. Omitto nostros, qui nihil in bello sine extis agunt, nihil sine auspiciis domi [habent auspicia]; externa videamus: Namque et Athenienses omnibus semper publicis consiliis divinos quosdam sacerdotes, quos μάντεις vocant, adhibuerunt, et Lacedaemonii regibus suis augurem adsessorem dederunt, itemque senibus (sic enim consilium publicum appellant) augurem interesse voluerunt, iidemque de rebus maioribus semper aut Delphis oraclum aut ab Hammone aut a Dodona petebant. Lycurgus quidem, qui Lacedaemoniorum rem publicam temperavit, leges suas auctoritate Apollinis Delphici confirmavit; quas cum vellet Lysander commutare, eadem est prohibitus religione. Atque etiam qui praeerant Lacedaemoniis, non contenti vigilantibus curis in Pasiphaae fano,  quod est in agro propter urbem, somniandi causa excubabant, quia vera quietis oracla ducebant. Ad nostra iam redeo. Quotiens senatus decemviros ad libros ire iussit! quantis in rebus quamque saepe responsis haruspicum paruit! Nam et cum duo visi soles sunt et cum tres lunae et cum faces, et cum sol nocte visus est, et cum e caelo fremitus auditus, et cum caelum discessisse visum est atque in eo animadversi globi, delata etiam ad senatum labe agri Privernatis, cum  ad infinitam altitudinem terra desedisset Apuliaque maximis terrae motibus conquassata esset (quibus portentis magna populo Romano bella perniciosaeque seditiones denuntiabantur; inque his omnibus responsa haruspicum cum Sibyllae versibus congruebant); quid? cum Cumis Apollo sudavit, Capuae Victoria? quid?  ortus androgyni nonne fatale quoddam monstrum fuit? quid? cum fluvius Atratus sanguine fluxit? quid? cum saepe lapidum, sanguinis non numquam, terrae interdum, quondam etiam lactis imber defluxit? quid? cum in Capitolio ictus Centaurus e caelo est, in Aventino portae et homines, Tusculi aedes Castoris et Pollucis Romaeque Pietatis: nonne et haruspices ea responderunt, quae evenerunt, et in Sibyllae libris eaedem repertae praedictiones sunt? 

    Naturalmente se cree que el catastrófico anuncio puede ser evitado mediante las ofrendas y ritos adecuados que reviertan el presagio.

    Los ritos son recogidos y explicados en ”libros de prácticas” necesarias para el efecto. que son de origen etrusco. Si el fenómeno es especialmente grave se ha de recurrir a algún adivino de reconocido prestigio, a los Libros Sibilinos o los oráculos famosos como el de Delfos. De las Sibilas hablaremos en otra ocasión.

    Falta también en inglés, pero puede ser interesante reproducir el texto de Ovidio, Metamorfosis XV, 552 y ss. en donde nos cuenta cómo aparece Teages y enseña a los etruscos a revelar el futuro..

    Los antiguos en general y de manera especial los romanos eran muy supersticiosos, y por ello toda su vida social, religiosa y cultura está plagada de ritos y prevenciones de todo tipo.

    Tanto les atraen e importan estos fenómenos diríamos hoy “paranormales”, que existen unos colegios sacerdotales especializados en la interpretación de ellos; son los augures que observan permanentemente el cielo y el vuelo de las aves y los arúspices que analizan permanentemente las entrañas de los animales que tan frecuentemente sacrifican a su dioses, como anteriormente comenté.

    El poeta Ovidio nos cuenta en sus Metamorfosis (por lo demás obra plagada de prodigios) cómo aparece Teages, que enseña a los etruscos a revelar el futuro según las señales anteriormente referidas:

    Metamorfosis XV, 547 y ss.

    Pero las calamidades ajenas no son capaces de aliviar la aflicción de Egeria (esposa del rey Numa Pompilio); y tendida en la parte más baja de la falda de un monte se deshace en lágrimas hasta que la hermana de Febo (Diana), impresionada por la piedad de la apenada, hizo de su cuerpo una helada fuente y adelgazó sus miembros hasta convertirlos en inagotables aguas.

    El prodigio maravilló a las ninfas y también el hijo de la Amazona (Hipólito) se quedó  no de otro modo atónico que el labrador tirreno cuando en mitad del campo vio cómo un terrón marcado por el destino se movía, por sí mismo al principio y sin que nadie lo empujara, y en seguida tomó forma de hombre y perdía la tierra y abría la flamante boca para pronunciar el destino venidero: los nativos lo llamaron Tages, y fue el primero que enseñó al pueblo etrusco a revelar los sucesos futuros; o a la manera como Rómulo vio antaño que de repente se cubría de hojas su lanza clavada en la colina palatina, y que se erguía sobre una raíz antes inexistente y no ya sobre el hierro hincado en tierra, y, sin ser ya un arma, sino un árbol, una flexible mimbrera, ofrecía insospechada sombra a los admirados espectadores. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater.CSIC.)

    Non tamen Egeriae luctus aliena levare
    damna valent, montisque iacens radicibus imis
    liquitur in lacrimas, donec pietate dolentis
    mota soror Phoebi gelidum de corpore fontem
    fecit et aeternas artus tenuavit in undas.
    Et nymphas tetigit nova res, et Amazone natus
    haud aliter stupuit, quam cum Tyrrhenus arator
    fatalem glaebam mediis adspexit in arvis
    sponte sua primum nulloque agitante moveri,
    sumere mox hominis terraeque amittere formam
    oraque venturis aperire recentia fatis
    (indigenae dixere Tagen, qui primus Etruscam
    edocuit gentem casus aperire futuros);
    utve Palatinis haerentem collibus olim
    cum subito vidit frondescere Romulus hastam,
    quae radice nova, non ferro stabat adacto
    et iam non telum, sed lenti viminis arbor
    non exspectatas dabat admirantibus umbras;

    E incluso elaboran amplias listas, índices y libros en los que se recogen esas “maravillas”, los “mirabilia”. Son las paradoxografías.  Naturalmente, fueron los griegos los primeros en hacerlo y dentro de ellos el primero del que tenemos noticia cierta que escribe un libro específico al respecto es Calímaco (310 a. C. – 240 a. C.). Su desarrollo tiene lugar en la época helenística en conexión con la creación de las grandes bibliotecas y centros de investigación como Alejadría o Pérgamo.

    Quienes sean proclives a creer en prodigios y milagros encontrará en el mundo grecorromano cientos de ejemplos de hechos maravillosos, que según algunos siguen produciéndose en abundancia en nuestro mundo tan científicamente estudiado. El conocimiento de estos “milagros” tan antiguos que con tanta frecuencia se producen, debería al menos servir a tantas personas crédulas para cuestionar el presunto carácter de estos hechos prodigiosos, muchos de ellos explicables por el conocimiento y otros simplemente creaciones fantásticas del propio hombre; como pintó Goya, “el sueño de la razón produce monstruos”.

    Presentaré en una pequeña serie de artículos algunos textos de Tito Livio, en cuya historia siempre están presentes los prodigios; de los poetas Lucano y Virgilio,; de Plinio el Joven y Tácito  sobre la aparición de una “mujer de estatura sobrehumana” y de San Agustín y su Ciudad de Dios

    Tito Livio, historiador que vivió en tiempos del emperador Augusto, escribió una historia de Roma desde su misma fundación; por eso le llama “Ab urbe condita”, “Desde la fundación de la ciudad”. Su relato está plagado de referencias a estos milagros, portentos y monstruos; son decenas los pasajes en los que refiere decenas y aun centenas de hechos “maravillosos”, de presagios de todo tipo. A este asunto han dedicado algunos investigadores importantes artículos.

    El crédulo Livio parece recoger los prodigios tal como se los ofrecen las fuentes sin  más consideración, pero diferencia entre prodigios mayores y menores, públicos y privados, en Roma o fuera de Roma. Presentaré más adelante una incompleta clasificación que nos dará idea de la variedad de prodigios.

    Un momento de especial tensión y por tanto propicio para la aparición de “prodigios” es el tiempo cuando en la Segunda Guerra Púnica entre romanos y cartagineses, Anibal sale desde Hispania y lleva la confrontación a Italia, atravesando los Alpes en invierno con sus elefantes, un gran temor y preocupación se extiende entre los romanos. Esas circunstancias son un buen ambiente para que se multipliquen los rumores de prodigios de todo tipo. Algunos de ellos se siguen produciendo de vez en cuando hoy en día.

    Citaré tan sólo dos pasajes de Tito Livio de las decenas posibles como muestra suficiente y ofreceré también una relación más amplia con la referencia a la ubicación del texto correspondiente por si el lector quisiera ampliar sus lecturas.

    En la relación de prodigios encontraremos rayos, meteoros y lenguas, de fuego halos y coronas luminosas, multiplicación de soles y de lunas ; hendiduras y hundimientos de la tierra ; resplandores extraños en el cielo; lluvia de sangre, de piedras, de tierra, de leche; ríos que arrastran agua sanguinolenta; erupciones volcánicas, transpiración del bronce o del mármol de las estatuas; seres híbridos o monstruosos, como caballos de cinco patas, cerdos con cabeza de hombre, animales bicéfalos; animales o infantes que hablan, etc., etc.

    Pues bien, estos efectos tan especiales son aprovechados frecuentemente por los poetas. Daré tan sólo dos ejemplos, uno del indiscutible Virgilio y otro de nuestro poeta de origen hispano Lucano. Reproduciré un texto famoso de Plinio el Joven y Tácito sobre las apariciones de seres de gran estatura o fantasmas.

    Citaré también un pasaje de La Ciudad de Dios de San Agustín, en el que se refiere y descalifica estas supersticiones.

    En el caso de este último autor llama poderosamente la atención la clarividencia con la que analiza las supercherías de los ajenos y la seguridad con la que acepta las supercherías propias; sin duda un lector ajeno a nuestra cultura no apreciaría diferencia alguna entre las creencias de los paganos y las creencias de los cristianos; de hecho, históricamente estas últimas se alimentan absolutamente de las primeras.

    Como decía, las referencias a prodigios son innumerables en la obra de Tito Livio. Veremos algunos ejemplos y al final daré una relación incompleta, con alguna clasificación, que nos permitirá hacernos una idea aproximada de su importancia. Un asunto de interés es analizar hasta qué punto Tito Livio cree en estos prodigios y las fuentes de las que los toma, entre ellas  los libros pontificales y los Annales oficiales en que se reflejan siguiendo la costumbre etrusca.

    T.Livio: Ab urbe condita, XXII,1,8 y ss.

    Aumentaba más y más el temor con los prodigios que referían de muchos puntos a la
    vez. En Sicilia, los venablos de algunos soldados se habían inflamado en sus manos, y de la misma manera en Cerdeña el bastón de un caballero que hacía la ronda en las murallas; en la playa habían brillado muchos fuegos; dos escudos habían sudado sangre; algunos soldados habían sido heridos por el rayo y había parecido que el disco del sol se apequeñaba. En Prenesto habían caído del cielo piedras abrasadoras; en Arpis habíanse visto escudos en el aire, y al sol luchando con la luna; en Capena habían aparecido dos lunas en pleno día; en Cerea habían arrastrado sangre las aguas, y en la fuente  de Hércules habían  aparecido manchas sangrientas; en Anzio habían caído espigas ensangrentadas en la cesta de un segador; en Faleria se había abierto en el cielo ancho desgarrón , por el que brotó intensa luz; las suertes se habían contraído por sí mismas, y había caído una con estas palabras: «Marte blande su lanza.» En el mismo tiempo habíanse visto en Roma, la estatua de Marte en la vía Apia, y la de los lobos, cubierta de sudor. En Capua, en fin, habíase visto el fenómeno del cielo ardiendo y la luna cayendo con la lluvia. En seguida se creyó en prodigios mucho menos graves: el pelo de algunas cabras se había trocado en lana, gallinas en gallos y gallos en gallinas.

    Habiéndose expuesto estos hechos, según se habían anunciado, e introducidos en el Senado los testigos, el cónsul abrió discusión acerca de la cuestión religiosa. Decretóse que estos prodigios se expiarían en parte con víctimas mayores y en parte con menores, y que delante de todos íos altares se celebrarían, durante tres días, solemnes rogativas; que para lo demás, los decenviros consultarían los libros sagrados , y que se haría también lo que ordenasen los dioses por medio de los cantos de la Sibila. Por consejo de los decenviros decidióse que se ofrecería á Júpiter un rayo de oro de cinco libras de peso, y dones de plata a Juno y á Minerva; que se inmolarían víctimas mayores a Juno Reina, sobre el Aventino, y a Juno Sospita, en Lanuvio; que las señoras romanas, contribuyendo cada una según sus fuerzas, llevarían una ofrenda a Juno Reina, sobre el Aventino, y que se celebraría un lectisterno ; en'fin, que l a s mismas libertas reunirían medios para ofrecer un don á la diosa
    Feronia .  Después de estas expiaciones, los decenviros inmolaron víctimas mayores en el foro de Ardea. En el mes de diciembre anterior se había hecho un sacrificio en Roma; en el templo de Saturno habíase ordenado un lectisterno y dispuesto el lecho para los senadores; habíase celebrado un festín público; en fin, toda la ciudad había repetido durante un día y una noche el grito de las saturnales, y habíase decretado que el pueblo conservaría y celebraría en lo venidero este día festivo.

    augebant metum prodigia ex pluribus simul locis nuntiata: in Sicilia militibus aliquot spicula, in Sardinia autem in muro circumeunti vigilias equiti scipionem quem manu tenuerat arsisse, et litora crebris ignibus fulsisse, et scuta duo sanguine sudasse, et milites quosdam ictos fulminibus,  et solis orbem minui visum, et Praeneste ardentes lapides caelo cecidisse, et Arpis parmas in caelo visas pugnantemque cum luna solem,  et Capenae duas interdiu lunas ortas, et aquas Caeretes sanguine mixtas fluxisse fontemque ipsum Herculis cruentis manasse respersum maculis, et Antii8 metentibus cruentas in corbem spicas cecidisse,  et Faleriis caelum findi velut magno hiatu visum, quaque patuerit ingens lumen effulsisse; sortes adtenuatas unamque sua  sponte excidisse ita scriptam: “mavors telum suum concutit;”  et per idem tempus Romae signum Martis Appia via ac simulacra luporum sudasse, et Capuae speciem caeli ardentis fuisse lunaeque inter imbrem cadentis.  inde minoribus etiam dictu prodigiis fides habitat: capras lanatas quibusdam factas, et gallinam in marem, gallum in feminam sese vertisse.
     his sicut erant nuntiata expositis auctoribusque in curiam introductis consul de religione patres consuluit. decretum ut ea prodigia partim maioribus hostiis, partim lactentibus procurarentur, et uti supplicatio per triduum ad omnia pulvinaria haberetur; cetera, cum decemviri libros inspexissent, ut ita fierent quem ad modum cordi esse divis e carminibus praefarentur.  decemvirorum monitu decretum est Iovi primum donum fulmen aureum pondo quinquaginta fieret et Iunoni14 Minervaeque ex argento dona darentur et Iunoni reginae in Aventino Iunonique Sospitae Lanuvii maioribus hostiis sacrificaretur matronaeque pecunia conlata,  quantum conferre cuique commodum esset, donum Iunoni reginae in Aventinum ferrent lectisterniumque fieret,et ut libertinae et ipsae, unde Feroniae  donum daretur, pecuniam pro facultatibus suis16 conferrent.
    haec ubi facta, decemviri Ardeae in foro maioribus hostiis sacrificarunt. postremo Decembri iam mense ad aedem Saturni Romae immolatum est lectisterniumque imperatum—eum lectum senatores straverunt—et convivium publicum,  ac per urbem Saturnalia diem ac noctem clamata, populusque eum diem festum habere ac servare in perpetuum iussus.

    Otro ejemplo de prodigios diversos en Tito Livio, 24,10:

    Aquel año corrieron noticias de numerosos hechos portentosos; cuanto más crédito les daban las gentes sencillas y supersticiosas, más se multiplicaban los rumores: en Lanuvio habían anidado unos cuervos en el interior del templo de Juno Sóspita; en Apulia había ardido una palmera verde; en Mantua había aparecido ensangrentada una laguna, consecuencia de un desbordamiento del río Mincio; además había llovido arcilla en Cales, y sangre en Roma en el mercado de ganado, y en el barrio Insteyo había brotado bajo tierra un manantial con tanta fuerza en el agua que había arrastrado con el ímpetu de un torrente los cántaros y toneles que allí había; cayeron rayos en un atrio público en el Capitolio, en el templo de Vulcano del campo de Marte, en el de Vacuna en la Sabina, y en una vía pública, un muro y una puerta en Gabios. Circulaban ahora  rumores de otros hechos extraordinarios: la lanza de Marte en Preneste se había movido sola, en Sicilia había hablado un buey; en el claustro materno un niño exclamó «¡Viva, triunfo!» en el país de los marrucinos; en Espoleto, una mujer se había transformado en hombre; en Adria habían visto un altar en el cielo y figuras humanas en torno a él vestidas de blanco. Es más, incluso en Roma, en la propia ciudad, inmediatamente después de verse un enjambre de abejas en el foro, lo cual es sorprendente por lo inusual, algunos aseguraban estar viendo legiones armadas en el Janículo, con lo cual concitaron a las armas a la población, mientras que los que estaban en el Janículo decían que por allí no había aparecido nadie aparte de los ocupantes habituales de la colina. Estos portentos fueron conjurados, por indicación de los arúspices, con víctimas mayores, y se decretó una rogativa pública a todos los dioses que tenían cojines sagrados en Roma.

    prodigia eo anno multa nuntiata sunt, quae quo magis credebant simplices ac religiosi homines, eo plura nuntiabantur: Lanuvi in aede intus Sospitae Iunonis corvos nidum fecisse; in Apulia palmam viridem arsisse; Mantuae stagnum effusum Mincio amni cruentum visum; et Calibus creta et Romae in foro bovario sanguine pluvisse;  et in vico Insteio fontem sub terra tanta vi aquarum fluxisse ut serias doliaque quae in eo loco erant provoluta velut impetus torrentis tulerit;  tacta de caelo atrium publicum in Capitolio, aedem in campo Volcani, Vacunae in Sabinis publicamque viam, murum ac portam Gabiis.  iam alia vulgata miracula erant:  hastam Martis Praeneste sua sponte promotam; bovem in Sicilia locutum; infantem in utero matris in Marrucinis “io triumphe” clamasse; ex muliere Spoleti virum factum; Hadriae aram in caelo speciesque hominum circum eam cum candida veste visas esse.  quin Romae quoque in ipsa urbe, secundum apum examen in foro visum—quod mirabile est, quia rarum—adfirmantes quidam legiones se armatas in Ianiculo videre concitaverunt civitatem ad arma,  cum qui in Ianiculo essent negarent quemquam ibi praeter adsuetos collis eius cultores adparuisse.  haec prodigia hostiis maioribus procurata sunt ex haruspicum responso, et supplicatio omnibus deis quorum pulvinaria Romae essent indicta est.

    Relación y clasificación incompleta de los prodigios aparecidos en la obra de Tito Livio:

    Celestes
    – Eclipses de sol: 7,28,7 / 30,38,8 / 37,4,4 / 38,36,4
    – Eclipses de luna: 44,37,8-9 / 26,5,9
    – Pluralidad de soles, de lunas, etc.: 28,11,3/ 29,14,3/ 41,21,12/ 22,1,9/ 22/1/10/ 30,38,8/  30,2,11-12/ 38,36,4
    – Sol de color de sangre: 25,7,8/ 31,12,5
    – Otros prodigios celestes:
         – Cielo que arde: 3,9,14/ 3,10,6/ 7,28,7/ 22,1,12/ 30,2,12/ 31,12,5/ 32,9,3/ 39,22,3/
         – Enorme antorcha ardiendo: 30,2,12/ 43,13,3/ 45,16,5
         – Figura de naves ardiendo en el cielo: 21,62,4/ 42,2,4/
          – Escudos volando por los aires: 22,1,9
          – El sol luchando con la luna: 22,1,9/
          – El cielo rasgado y una gran luz refulgiendo: 22,1,11/
          – La luna cayendo entre la lluvia: 22,1,12
          – Una piedra enorme volando: 23,7,8
          – Aparición de una luz por la noche: 28,11,3/ 29,14,3/ 32,29,2/
          – Lluvia deTierra
          – Piedra que cae del cielo: 41,9,5/
          – Movimientos sísmicos: 3,10,6/
          – Tempestades: 2,62,2/ 26,11,2/ 40,58,6/
          – Rayos: dice Luterbacher, recogido por Jose Jiménez Delgado en Helmántica, 12, 1961, que   28 rayos cayeron en los templos, 18 en murallas, 3 en estatuas, además de los que caen en hombres, animales, plantas, seres inanimados. Algunos ejemplos: 1,3,9 (a Rómulo)/ 10,31,8/ 22,1,8/ 25,7,8/ 27,7,7/ 27,11,12/ 27,,7,2/ 27/37,2/ 24,10,9/ 24,44,7/  27,37,2/ 32,1,10/ 32,9,2/ 36,37,3/ 27,23,3/ 37,37,2/ 28,11,2/ 28,11,4/ 32,1,10/ 32,29,1/ 40,2,4/ 45,16,5/  21,62,4/ 25,7,7/ 27,11,2/ 24,10,9/ 42,20,1/ 32,9,2/ 26,23,4/ 33,26,8/ 42,20,1/ 27,4,11/ 30,38,9/ 41,13,1/ 27,37,2/ 22,1,8/ 24,44,8/ 26,223,5/ 27,11,2/27,23,3/ 29,14,3/ 30,38,9/ 35,21,4/ 37,3,2/ 45,16,5/ 25,7,8/ 32,9,2/ 32,29,2/ 36,37,3/ 32,1,12/ 35,9,3/ 45,16,5/ 30,38,9/ 36,37,3/ 42,20,5/
          – Lluvias prodigiosas: tierra 10,1,8/ 34,45,6-7/ piedras ardiendo 22,1,9/ piedras 25,7,7/ 39,22,3/ 37,3,2/ 27,11,5/ sangre 34,45,6-7/ 39,46,5/ 42,20,5/ 24,10,7/ carne 3,10,6/ cal 24,10,7/ Leche 27,11,5/
        – 7, 28; 10, 31; 21, 62; 22, 36; 23, 31; 26, 23; 27, 32; 29, 10; 29, 14; 35, 21; 37, 3; 39, 56;
        – 40, 19; 42, 2; 43, 15; 44, 18; 45, 16.
        – Otros muchos menos frecuentes o importantes
    Terrestres
        – Sangre en fuentes y ríos: 22,1,10/ 24,10,7/ 24,44,8/ 27,11,3/  27,23,4/ 27,37,3/ 45,16,5/
        –  Imágenes que lloran o sudan: 22,1,12/ 22,36,7/ 23,31,15/ 27,4,14/ 28,11,4/ 40,19,2/ 43,13,4/
        –  Bosques sagrados: 27,4,12-14/ 27,37,2/ 41,9,4/
        – Enjambres de abejas: 21,46,1/ 24,10,11/ 27,23,2/ 35,9,4/
        – Presencia de lobos: 3,29,6-9/ 10,27,8/ 21,46,1/ 21,62,5/ 27,37,3/ 32,29,2/ 33,26,9/
        – Serpientes: 1,56,4/ 7,17,3/ 25,16,2/ 26,19,7/ 27,4,13/ 28,11,2/ 41,9,6/ 41,21,13/ 43,13,4
        – Aves de bueno y mal augurio: 10,40,14/ 21,62,4/ 22,1,13/ 24,10,6/ 27,4,12/ 30,2,9/
        – Llamas y nimbos misteriosos: arde la cabeza de Servio Tulio 1,39,1/ dardos inflamados 22,1,8/ palmera inflamada 24,10,7/ cabeza en llamas  25,39,16/ cabeza de Vulcano 34,45,7/
       – Espigas sangrando:  22,1,10/ 28,11,2/
       – Escudos sangrando: 25,39,10/
       – Ratones que roen el oro del templo: 27,23,2
       – Engendros monstruosos:
       –  Andrógino: 27,11,4/ sin definir sexo 27,37,5/ 31,12,6 /
       –  Niños sin ojos y nariz y manos: 35,21,3

    – Animales monstruosos
       –  Cabras con lana: 22,113/
       –  Vaca que pare un potro: 23,31,15/
       –  Cerdo con dos cabezas:28,11,3/ cerdo con rostro humano: 27,4,14/ 32,9,3/
       – Nace un cordero con una ubre llena de leche: 27,4,11/
       – En Reate pario una mula 26,23,5
       – Cordero macho y hembra a la vez: 28,11,3/
       – Cordero con dos cabezas: 32,9,3/
       – Potro con cinco patas: 31,12,7/ 32,1,11/
       – Tres pollos con tres patas cada uno: 32,1,11/ una polla con lana
       – Cabra que pare seis cabritos: 35,21,3/
       – Mula que pare: 37,3,3/ Mula con tres patas: 40,45,5/ 42,20,5/
       –  Asno con gres patas: 42,20,5
       – Animales que hablan:  Una vaca que habla: 3,10,6/ 43,13,3/ 27,11,4/ 28,11,4/ 35,21,4/
       – Niños que hablan: de seis meses: 21,62,2/ en el vientre de su madre: 24,10,10/
        – Buey que sube al tercer piso y se arroja desde él /21,62,3/  bueyes que suben al tejado: 36,37,2/
       – Vaca de bronce fecundada: 41,13,2
    – voces misteriosas:  enorme voz: 1,31,3/ 2,7,2/ más que humana: 5,32,6/ 6,33,5/
    – Visiones, sueños: sueño de Anibal: 21,22,6/

    Si alguno de los lectores de este blog creía que los milagros eran propios y exclusivos de su propia creencia, estaba muy equivocado: una vez más “Nihil novum sub sole”.

    Quedan para otro artículos los restantes textos anunciados.

  • Ovidio en el Museo del Prado (Ovidio V)

    De los tres poetas latinos más famosos de la época de Augusto, Virgilio, Horacio y Ovidio, sin duda el más influyente de todos ellos en la cultura occidental ha sido Ovidio, aunque no sea el mejor valorado por la crítica literaria. La influencia de Ovidio se ha dejado sentir desde la propia Antigüedad, durante la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días en todas las artes, en las literarias por supuesto, pero también de manera especial en la pintura y hasta en la música. Este es un tema muy atendido por los estudiosos y al que quizás debiera por mi parte dedicar algún amplio comentario en algún momento. Algo de ello he dicho en alguno de los artículos que he publicado al hilo de la celebración del bimilenario de la muerte del poeta.

    Me referiré brevemente, sin embargo, a su influjo en la pintura del Museo del Prado de Madrid. Ovidio está presente en todos los museos importantes del mundo (Museo del Louvre o la  National Gallery (Londres) o la   Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo, etc. etc.) a través de su influjo en los pintores, sobre todo del Renacimiento y Barroco (Rubens, Velázquez, Tiziano…)  pero también contemporáneos, como Picasso.

    El influjo es sobre todo el de su libro de mitología Las Metamorfosis o transformación de unos seres en otros, generalmente humanos o dioses en animales, árboles o estrellas, verdadero tratado de mitografía.

    Me referiré de manera exclusiva y breve a su presencia en el Museo del Prado de Madrid. En realidad es absolutamente aconsejable a quien visite este importante museo, una de las “pinacotecas” más importantes del mundo, que lo hagan tras una lectura previa de la obra de Ovidio las Metamorfosis o de alguna de las guías y publicaciones que sobre el tema existen o de una visita a la página web del propio museo

    https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=metamorfosis&ordenarPor=pm:relevance

    Nota: la palabra “pinacoteca” nos ha llegado a través de la latina “pinacotheca", pero en realidad es de origen griego: πινακοθήκη, pinakotheke, palabra a su vez compuesta de πινακος, pinakos,  genitivo de πίναξ, pinax, que significa “cuadro” y θήκη, thêke,  “caja, armario, estantería) y por extensión colección de cosas y objetos en ellas depositadas.

    La consulta a este enlace en el momento de la publicación de este artículo ofrece la referencia inmediata de 158 obras, alguna de ellas de las más famosas de las que alberga el Museo. Bien es cierto que no todas ellas son deudoras exclusivamente de Ovidio, pero sí la enorme mayoría. Me limitaré presentar tan sólo tres con el correspondiente texto de Ovidio y a citar algunas de las restantes para animar al lector a que busque por sí mismo las correspondencias, experiencia que puede extender a cualquier otro museo, como al Museo del Louvre o la  National Gallery (Londres) o la   Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo, etc. etc.

    El lector puede encontrar amplia información en numerosos libros y artículos publicados sobre ello, de manera general en la obra de  Amalia Fernández: Diosesy mitos. Una aproximación literaria a la pintura mitológica del Museo del Prado, Madrid, 1998); o en la de Rosa López Torrijos (Mitología e Historia en las obras maestras del Prado, Madrid, 1998) o de manera más concreta en  Mª. Cruz García Fuentes: Mitos de las Metamorfosis de Ovidio en la Iconografía del Museo del Prado, Madrid, Edit. C. E. R. S. A., 2013.

    Me limitaré a relacionar, como decía, a título de ejemplo, tres o cuatro grandes obras del Museo, del centenar y medio expuestas, con el correspondiente texto de las Metamorfosis de Ovidio. Espero que ello sea suficiente aliciente para que el lector localice y ambiente la visita al Museo con la lectura de Ovidio:

    El pintor Pedro Pablo Rubens (1577-1640) está ampliamente representado en el Museo del Prado con pinturas de tema mitológico, cuyo encargo recibió del rey Felipe IV para decorar la “Torre de la Parada”. La mayor parte de las escenas mitológicas de las pasiones de los dioses se inspiraron en la descripción que Ovido hace en las Metamorfosis.

    Sirvan como ejemplo: 

    Deucalión y Pirra. (1636 – 1637. Óleo sobre tabla, 26,4 x 41,7 cm.)

    En la mitología grecorromana existe también un diluvio con el que Júpiter castiga la maldad de la raza humana, que debe perecer. Sólo Deucalión, hijo de Prometeo, y su esposa Pirra se salvan del castigo en su arca, que quedó varada en el monte Parnaso, en el Peloponeso griego. Esta pareja dará origen a una nueva raza de hombres.

    Aunque el cuadro de Rubens se refiere sólo a la creación de los nuevos hombres, retomaré el relato desde la aparición de Deucalión en el poema de Ovidio.

    Ovidio nos relata el episodio del diluvio y la supervivencia de Deucalión y Pirra en Metamorfosis, I, 309-430:

    La incontenible avalancha del océano había cubierto ya las colinas, y olas inéditas golpeaban las cimas de los montes. La mayor parte de los mortales fue arrebatada por las olas; aquellos a quienes las olas perdonan perecen de inanición tras prolongado ayuno.
    La Fócide separa las campiñas aonias de las acgteas, gtierra feraz mientras era tierra, pero en aquel momento era una parte del mar, una dilatada llanura de aguas repentinas. Un elevado monte se yergue allí hacia los asgtros en dos cimas; se llama el “Parnaso “ y sus cumbres se levantan por encima de las nubes. Cuando a aquel paraje, único que las aguas no habían cubierto, arribó Deucalion, conducido, con la esposa que compartía su lecho, por una pequeña embarcación, ambos rindieron tributo de adoración a las ninfas coricidas, a las divinidades de la montaña y a la profética Temis que entonces se encargaba de los oráculos. No ha habido hombre más excelente ni más amante de la justicia que Deucalion, ni tampoco mujer alguna mas temerosa de los dioses que la suya. Cuando Júpiter vio que el mundo estaba cubierto de una líquida sabana formando un inmenso estanque, y que un solo varón quedaba de tantos miles y que una sola mujer quedaba de tantos miles, inocentes ambos, adoradores de la divinidad ambos, dispersó los nubarrones, hizo, valiéndose del aquílón, que las lluvias cesasen, y mostró al cielo la tierra y el empireo a la tierra. No persiste tampoco la cólera del mar, y el soberano del piélago abandona su arma de tres puntas, apacigua las aguas, llama al azul Tritón que se erguia sobre el abismo con los hombros cubiertos de su nativa púrpura, y le ordena que sople en su sonora concha y que haga retirarse, dando la oportuna señal, a las olas y a los ríos. Toma él entonces su hueca trompa, que en espiral va aumentando de tamaño conforme sube desde su voluta inferior, trompa que, cuando en mitad del ponto recibe el aéreo soplo, colma de su sonido las playas que se extienden bajo ambos soles. También entonces, tan pronto como tocó el rostro del dios, que chorreaba por su barba empapada, y emitió, al recibir el soplo, la señal de retirada conforme a lo ordenado, fue oida por todas las aguas de tierra y de mar, y a todas las aguas que la oyeron impuso su freno. Ya tiene ribera el mar, el cauce contiene toda su corriente, descienden los rios y se advierte que van sobresaliendo las colinas; aparece la tierra, se van ensanchando los parajes al decrecer las aguas, y tras el largo lapso enseñan las selvas sus copas ya desnudas y sostienen el fango que ha quedado entre las hojas.

    El mundo estaba restaurado; pero al verlo Deucalion vacío y al ver las tierras desoladas y sumidas en profundo silencio, habló asi a Pirra con lagrimas en los ojos: “Oh hermana, oh esposa, oh mujer única superviviente, que, unida a mi por la consanguinidad, por el lazo de hermandad de nuestros padres, y después por el matrimonio, ahora lo estas por los peligros mismos; de toda la tierra que contemplan el ocaso y el orto nosotros dos somos la única población; todo lo demás está en poder del ponto. Incluso ahora no tenemos todavia suficiente seguridad ni garantia para nuestra vida; aún los nubarrones aterrorizan mi alma. ¿Cual sería tu estado de animo ahora, infeliz, si hubieras sido arrancada a la muerte sin mi? ¿De qué modo hubieras podido soportar el miedo? ¿Quién proporcionaria consuelo a tu dolor? Porque yo mismo, creerne, si a ti te poseyera también el ponto, yo te seguiría, esposa, y también a mi me poseeria el ponto. |Ojalá pudiera yo restablecer la población del mundo con las facultades de mi padre y derramar vida en la tierra después de modelarla. Pero en nosotros dos está todo lo que queda de la estirpe mortal; asi lo han decidido los dioses, y subsistimos como ejemplares únicos de humanidad. Acabó de hablar y ambos lloraban. Acordaron dirigir sus plegarias a los poderes celestiales y pedir auxilio valiéndose del oráculo sagrado. Sin la menor tardanza acuden juntos a las aguas del Cefiso, que si aún no estaban limpidas, al menos atravesaban ya sus habituales parajes. De alli tomaron unas gotas con las que rociaron sus ropas y cabezas, tras de lo cual encaminan sus pasos al santuario de la diosa augusta, cuyos tejados verdeaban cubiertos de sucio musgo y cuyos altares estaban desprovistos de fuego. Cuando alcanzaron las gradas del templo se prosternaron ambos en tierra y besaron, llenos de temor, la fria piedra; y hablaron así: “Si las deidades se ablandan. desarmadas, por las preces de los justos, si se doblega la cólera de los dioses, di, Temis, por qué medios podria repararse la pérdida de nuestra raza, y, en tu extraordinaria clemencia, socorre a un mundo sumergido”. Conmovida la diosa dio esta respuesta: “Alejaos del templo, cubríos la cabeza, soltad los lazos que sujetan vuestras ropas, y arrojad a vuestra espalda los huesos de la gran madre." Mucho tiempo quedaron confusos, hasta que fue Pirra la primera que rompió el silencio con su voz, rehusando obedecer las órdenes de la diosa; con palabras trémulas le pide perdón y se espanta ante la idea de ultrajar las sombras de su madre arrojando sus huesos. Mientras, vuelven a meditar sobre las palabras oscuras, de insoluble maraña, del oráculo de la diosa, y les dan vueltas y mas vueltas. Hasta que el Prometida tranquiliza a la Epímétide con palabras reconfortantes diciéndole: “O me engaña mi inteligencia, o el oráculo es santo y no nos aconseja ningún crimen. La gran madre es la tierra; me parece que los huesos de que en él se habla son las piedras en el cuerpo de la tierra; éstas son las que se nos ordena arrojar a nuestras espaldas."

    Aunque esta interpretación de su esposo produjo impresión en la Titania“, sus esperanzas, sin embargo, vacilan todavia; hasta ese punto desconfían ambos de las órdenes divinas; pero ¿qué mal habra en probar? Se alejan, cubren sus cabezas, se desciñen las túnicas, y van tirando sobre sus huellas las piedras prescritas. Los pedruscos (¿quién lo creeria si no lo atestiguara la antigua tradición?) empezaron a despojarse de su dureza y de su rigidez, a ablandarse conforme pasaba el tiempo, y, una vez ablandados, a tomar forma. Después, cuando crecieron y adquirieron una naturaleza más suave, podía ya parecer aquello un algo de figura humana, aunque todavia no resultaba evidente, sino que era como una obra empezada en mármol, no bien terminada aún y semejante a las estatuas a medio hacer. Ahora bien, todo lo que en aquellas piedras habia de húmedo o tenía algún jugo o era de tierra se convirtio en carne para formar el cuerpo; lo que habia de solido y que no podia doblarse se transformó en huesos; lo que era vena permaneció con el mismo nombre; y asi en breve espacio, por voluntad de los dioses, los pedruscos lanzados por las manos del hombre cobraron aspecto de hombres, mientras la mujer fue recreada por las que la mujer arrojaba. Por eso somos una raza dura, que soporta penalidades, y exhibìmos pruebas de cuál es el principio de que nacimos.

    Los demas animales, con sus formas diversas, los produjo la tierra por sí misma, una vez que la humedad que aún conservaba se calentó con el ardor del sol, una vez que el cieno y las húmedas charcas se hincharon con el calor, y los gérmenes fecundos de la naturaleza, alimentados por un suelo vivificante, como en el seno de una madre, crecieron y tomaron con el tiempo alguna forma determinada. También de este modo, cuando el Nilo, el río de los siete desagües, abandona los campos empapados… y devuelve a su antiguo cauce su caudalosa corriente, y el limo fresco se calienta bajo el astro celeste, son muchisimos los animales que encuentran los labradores al levantar los terrones; de entre aquellos hay unos que estan apenas empezados puesto que estan naciendo en aquel momento, otros se ven a medio hacer aún y desprovistos de sus organos, y con frecuencia en un mismo cuerpo hay una parte que tiene ya vida, mientras otra es todavía tierra inerte. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Edit. CSIC.Madrid)

    Nota: por ser unos textos un tanto extensos, reproduciré los textos latinos al final del artículo.

    El rapto de Europa

    Según el relato mítico, Europa era hija del rey de Tiro Agenor; de ella se anamoró el dios Zeus, que ordenó a Hermes traer junto al río a las vacas del rey; Zeus se transformó en un toro blanco para ganarse la confianza de Europa, que se montó en sus lomos; en ese momento el toro arrancó veloz, se internó en el mar Mediterráneo y llegó a Creta. Allí el dios se mostró en su divinidad y sedujo a la joven.

    Es este uno de los mitos más representados desde época antigua, pues tenemos representaciones desde el siglo VI a.C.  Tiziano pinto entre 1559 y 1562 un oleo sobre este mito que se expone en el Museo del Prado. Pedro Pablo Rubens copió este cuadro en 1628-1629. Luego el mismo Rubens repitió otra vez el tema para la Torre de la Parada pero de forma muy distinta distinta (se conserva el boceto en el mismo museo) y a su vez poco después Jan Erasmus Quelinus pinto sobre este boceto el cuadro que también se conserva también en el Prado.

    Pedro Pablo Rubens. Rubens,  (Copia de Tiziano, Vecellio di Gregorio)

        

    El rapto de Europa . Boceto de Pedro Pablo Rubens 1636 – 1637. Óleo sobre tabla, 18,9 x 13,7 cm. y óleo de Jan Erasmjus Quelinus.

    Nos lo cuenta Ovidio en Metamorfosis II, 833-875:

    Una vez que el Atlantiada (Mercurio) impuso este castigo a sus palabras y alma sacrilega, abandona las tierras que han tomado de Palas su nombre, y agitando sus alas penetra en el cielo. Lo llama aparte su padre y, sin declarar que es el amor lo que le mueve, le dice: “Fiel ejecutor de mis ordenes, hijo, omite toda dilación y desciende en veloz carrera como acostumbras; encaminate a la tierra que mira a tu madre por la izquierda -«sus habitantes le dan el nombre de tierra de Sidón-, y haz que aquel rebaño real que ves pacer a lo lejos la hierba de la montaña se dirija a la playa”. Dijo, e inmediatamente los toros, echados de la montaña, se encaminan, conforme a lo ordenado, a la playa, en donde la hija de un gran rey solia distraerse acompañada por jóvenes de Tiro. No son muy compatibles ni habitan en un mismo domicilio la majestad y el amor; abandonando la gravedad de su cetro, el ilustre padre y soberano de los dioses, cuya diestra esta armada de los fuegos de tres puntas, que con una cabezada sacude el mundo, se viste la apariencia de un toro, muge mezclado a los novillos y va de un lado para otro espléndido, por la blanda hierba. Y en efecto, su color es el de la nieve que ni han pisado las plantas de un duro pie ni ha fundido el lluvioso Austro. En su cuello sobresalen los músculos, sobre los brazos le cae la papada; sus cuernos son pequeños, si, pero se podria asegurar que son obra de artesania y son más luminosos que una perla sin tacha. No hay en su testuz amenaza alguna ni inspira terror su mirada. Su semblante es de paz. Se maravilla la hija de Agénor de que sea tan hermoso, de que no amenace con ataque alguno; pero, con todo lo manso que era, al principio no se atreve a tocarlo. Después se acerca y le ofrece flores en la blanca boca. Se fregocija el enamorado y, en tanto llega el placer que espera, le da besos en las manos; y apenas, apenas puede ya aplazar lo demás. Tan pronto retoza y salta en la verde hierba, como apoya el costado de nieve en la rojiza arena; y habiéndole quitado el miedo poco a poco, ya le ofrece el pecho para que le dé golpecitos su mano de virgen, ya los cuernos para que en ellos le entrelace guirnaldas de frescas flores. Se at revió también la regia doncella, sin saber a quien montaba, a sentarse en la espalda del toro, y a partir de entonces el dios se va alejando insensiblemente de la tierra y de la parte seca de la playa, poniendo primero en el borde del agua las falsas plantgas de sus patas y progresando después hasta llevarse su botín a través de las líquidas llanuras del mar abierto. Ella está asustada, mira atrás a la playa que ha dejado al ser raptada, y con la mano derecha se agarra a los cuernos mientras apoya la otra en el lomo: sus ropas trémulas ondlan al soplo de la brisa.

    Orfeo y Eurídice

    El tema de la pareja mítica Orfeo y Eurídice es el del descenso al mundo inferior, al infierno, al mundo de los muertos, al mundo donde reinan Plutón y Prosérpina; en griego se llama a este descenso καταβᾴσεις, katabaseis,  o κάθοδοι, kathodoi, y se adjudican a Hércules, Ulises, Eneas, Teseo, Pirítoo y sobre todo a Orfeo, que acude en busca de su esposa, fallecida por el veneno de una serpiente,  y cuyo final no anticipo para no minorar el interés de la lectura del texto de Ovidio, que sin duda inspiró las numerosas representaciones pictóricas que del mito se hicieron.  Lo presento  en un cuadro también de Pedro Pablo Rubens

    Orfeo y Eurídice. 1636 – 1638. Óleo sobre lienzo, 196,5 x 247,5 cm.
    Pedro Pablo Rubens

    Virgilio nos relata también el mito en su obrita Culex y luego en sus famosas Geórgicas. Ovidio debía conocer esta versión virgiliana y es el  relato de Ovidio que encontramos al principio del Libro X de sus Metamorfosis, versos del 1 al 77. el que ahora transcribo:

    De allí se aleja el Himeneo, cubierto por azafranado manto, atravesando el cielo inmenso, yse dirigió a la región de los Cícones, y en vano lo llama la voz de Orfeo. Presente estuvo, sí, pero ni llevó allí palabras rituales ni rostro gozoso ni favorable presagio. Incluso la antorcha que sostenía no dejó de chisporrotear produciendo un humo que hacía brotar las lágrimas, y no logró, por más que se la movió, dar llama alguna. El resultado fue aún más grave que el augurio: pues la recién casada, durante un paseo en el que iba acompañada por un tropel de Náyades, sucumbió de la mordedura de una serpiente en un tobillo. La lloró mucho el artista rodopeo en los aires de arriba, tras de lo cual, para no dejar de probar también con las sombras, se atrevió a descender a la Estige por la puerta del Ténaro, y, atravesando multitudes ingrávidas y espectros que habían recibido sepultura, se presentó ante Perséfone y ante el soberano que gobierna el repulsivo reino de las sombras, y pulsando las cuerdas en acompañamiento a su canto dijo así: “Oh divinidades del mundo situado bajo tierra, al que venimos a caer cuantos somos engendradas mortales, si es licito y vosotros permitis que yo diga la verdad omitiendo los rodeos propios de una boca mentirosa, no he descendidoaquí para ver el oscuro Tártaro, ni para encadenar las tres gargantas, provistas de culebras en vez de vello, del monsgtruo Meduseo; el motivo de mi viaje es mi esposa, en la que una víbora, al ser pisada, introdujo su veneno, y le arrebat´´o sus años en crecimiento. Yo quise ser capaz de sopórtalo, y no negaré que le he intentado; el Amor ha vencido. Es un dios bien conocido en las regiones de arriba; yo no sé si también lo es aquí, pero sospecho que sí lo es también, y si la fama del antiguo rapta no ha mentido, también a vosotros os unió el Amor. Por estos lugares llenos de espanto, por este inmenso Caos y por el silencio de vasto territorio yo os lo pido: volved a tejer el prematuro destino de Eurídice. Todos los seres os somos debido, y tras breve demora, más tarde o más temprano, marchamos velozmente al mismo sitio. Aquí nos encaminamos todos, ésta es la última morada, y vosotros poseéis los más dilatados territorios habitados por la raza humana. También Euridice será de vuestra propiedad cuando en sazón haya cumplido los años que le corresponden; os pido su disfrute como un obsequio; y si los hados niegan esta concesión para mi esposa, yo tengo tomada mi firme resolución de no volver: gozad con la muerte de los dos”. lmentras él hablaba así y hacía vibrar las cuerdas acompañando a sus palabras, lo lloraban las almas sin sangre; Tántalo no trató de alcanzar el agua que se le escapaba, quedó paralizada la rueda de Ixíon, las aves no hicieron presa en el hígado, y tú, Sisifo, te sentaste en tu peña. Entonces se dice que por primera vez las mejillas de las Euménides, subyugadas por el canto, se humedecieron de lágrimas, y ni la regia consorte ni el que gobierna los abismos fueron capaces de decir que no al suplicante, y llaman a Eurídice. Se encontraba ella entre las sombras recién llegadas, y avanzó con paso lento por la herida. El rodopio Orfeo la recibió, al mismo tiempo que la condición de no volver atrás los ojos hasta que hubiera salido de los valles de Averno; en otro caso quedaría anulada la gracia.

    Emprenden la marcha a través de parajes de silenciosa quietud y siguiendo una senda ompinada, abrupta, oscura, preñada de negras tinieblas, y llegaron cerca del límite de la tierra de arriba. Allí, por temor a que ella desfalleciese, y ansioso de verla, volvió el enamorado los ojos, y en el acto ella cayó de nuevo al abismo. Y extendiendo ella los brazos y esforzándose por ser abrazada y por abrazar, no agarra la desventurada otra cosa que el aire que se le escapa, y al morir ya por segunda vez no profirió queja alguna de su esposo (¿pues de qué se iba a auejar sino de que la había amado?), y diciéndole un último adiós, que apenas pudieron percibir los oídos de Orfeo, descendió de nuevo al lugar de donde partiera. Con la doble muerte de su esposa quedó Orfeo no menos agturdido que el que vio asustado los tres cuellos del perro, de los cuales el central llevaba las cadenas; a aquel hombre no le abandonó el pánico antes que su anterior naturaleza, pues la piedra le invadi´po el cuerpo. O que Óleno, que se echó la culpa y quiso pasar por convito, o que tú, desdichada Letea, ensoberbecida de tu belleza, corazones ambos unidísimo en otro tiempo, hoy peñas que desansan sobre el húmedo Ida.

    Suplicó Orfeo, y en vano quiso volver a pasar; el barquero lo rechazó, y aun así durante siete días permaneció él sentado en la orilla, desaliñado y ayuno del don de Ceres; la angustia y la pena de su alma y las lágrimas fueron su alimento. Después de lamentarse llamando crueles a los dioses del Érebo, se retiró al elevado Ródope y al Hemo batido por los aquilones.

    Atalanta e Hipomenes

    Hipómenes y Atalanta 1618 – 1619. Óleo sobre lienzo, 206 x 297 cm.
    Reni, Guido, pintor barroco boloñes.

    Hace algún tiempo rehíce el relato de la famosa carrera de Atalanta e Hipomenes en este mismo blog adaptando directamente el texto de Ovidio. El mito narra la historia de Atalanta, la hija del rey de Arcadia, que se ofreció en matrimonio a quien fuera capaz de vencerla en la carrera; quienes fueran derrotados serían castigados con la muerte. El apuesto Hipomenes le ganó la carrera sirviéndose de la ayuda de la diosa Venus, que le sugirió una estratagema.

    Remito a la página https://www.antiquitatem.com/atalanta-mitologia-palacio-del-infantado  para obtener un comentario más amplio del relato, pero ofrezco no obstante el texto, ahora a la vista de uno de los cuadros del Prado, el correspondiente a Guido Reni.

    Quien desee una lectura completa del texto de Ovidio debe acudir a Metamorfosis, VIII, 281 y ss. para el episodio de Meleagro y la caza del jabalí de Calidón Metamorfosis X,560-704 para la carrera con Hipomenes.

    Cuando Atalanta nació, su padre, el rey de Arcadia, enfurecido porque sólo deseaba un hijo varón, la abandonó falto de toda piedad en lo alto de una montaña para que muriera de hambre o devorada por las feroces bestias. La diosa Artemisa, que casualmente cazaba en aquellos lugares, se apiadó de la niña indefensa y le envió una enorme osa que dócil la amamantó con su leche. Con el tiempo y adoptada como hija por la diosa, se convirtió en una certera cazadora y en la mujer más veloz del mundo y emulando a su patrona prometió que tampoco ella se casaría nunca.

    Cuando siendo una cazadora famosa recibió como trofeo la piel del jabalí que asolaba el reino de Calidón en cuya cacería ella participó, se reconcilió con su padre, que le insistía una y otra vez en la necesidad de contraer matrimonio y ofrecerle un heredero futuro para su trono.

    La esquiva Atalanta consultó el oráculo de los dioses sobre su esposo y escuchó estas confusas palabras:

    — Para nada necesitas un esposo, Atalanta; evita tener un marido. Y aún así no escaparás y ni estando viva te verás privada de ti misma.

    Asustada por estas palabras difíciles de entender procura vivir soltera en los bosques, lejos de sus muchos pretendientes, a los que quiere ahuyentar con una extraña propuesta:

    — Sólo me poseerá aquel de vosotros que me venza en veloz carrera, ese será mi esposo. En cambio el vencido habrá de morir en castigo a sus pretensiones. Esta es mi propuesta definitiva. 

    Es tal la hermosura de la veloz Atalanta que fueron muchos los jóvenes incautos que osaron competir con la mujer más veloz del mundo y perdieron gimiendo y llorando la carrera y con ella la vida inestimable. Por eso el joven Hipomenes, que tan sólo había oído hablar de la bella Atalanta, consideraba excesivo el riesgo que habría de correr para conseguirla como esposa. Pero tan pronto vio el espléndido cuerpo de la  joven muchacha  que había retirado el velo de su rostro, quedó prendado y seducido de inmediato.

    –Probaré yo también suerte; el premio merece correr el riesgo mortal. Los dioses ayudan a los valientes. -dice inflamado. Y loco de amor prosigue:

      — Bella Atalanta, has vencido fácilmente y sin esfuerzo a esos pobres muchachos, pero mídete conmigo, que soy hijo de Megareo. Si te venzo, no será una derrota deshonrosa para tí y si ganas tú la carrera, habrás vencido a Hipomenes, el biznieto de Neptuno, dios de las aguas.

    Atalanta levanta sus bellos ojos luminosos y lo mira con ternura.

        — ¿Por qué quieres insensato poner en peligro tu vida preciosa, tú todavía un niño? Eres hermoso y valiente, pues no te asusta la muerte. ¿Tanto me amas y deseas que estás dispuesto a morir…? Huye mientras puedas, hermoso joven; otras muchachas hermosas querrán casarse felices contigo.

    Y tal vez tocada por vez primera por el dulce sentimiento del amor,  la inexperta y arisca Atalanta suaviza su decisión implacable y piensa en lo íntimo de su corazón:

       — ¿Por qué ha de morir este infeliz inmerecidamente como premio a su amor? Ojalá desdichado no me hubieras visto nunca. Si la virginidad no fuera mi destino eterno, tú serías el único con quien yo compartiría mi lecho nupcial. Ojalá, loco, fueras más veloz que yo misma.

    Pero ya Hipomenes urge la carrera, no sin antes encomendarse a la diosa del amor y pedir su ayuda divina:

       — Tu, diosa, que has inspirado mi pasión ciega, ayuda a mi osadía.

    Acudió Venus a la llamada envuelta en una blanca nube, tan sólo visible para Hipomenes,  y le entregó tres manzanas amarillas, brillantes como el sol, que debería utilizar en la carrera de una determinada manera.

    Las trompetas dieron la señal de salida. Allá van los dos contendientes tan veloces que parecen  volar. Atalanta, rehusando pasar al muchacho, se sitúa a la par y contempla embelesada su rostro virginal. Arroja entonces Hipomenes una de las tres brillantes manzanas, que atrae de inmediato la mirada y el interés de Atalanta. Refrena pues su marcha y mientras recoge curiosa del suelo la fruta de oro, es adelantada por Hipomenes. Recupera veloz Atalanta el espacio perdido y de nuevo sobrepasa al joven con facilidad. Arroja el joven  una segunda fruta y una vez más se entretiene la muchacha, que pronto recupera también el tiempo perdido. Tan sólo queda el último tramo antes de la meta final. Ahora el joven lanza con fuerza la tercera manzana lejos del camino. Atalanta duda, pero confiada en sus veloces pies, acude a recoger a lo lejos el dorado fruto. Pero calculó mal su rapidez o tal vez el incipiente amor refrenó su marcha, que ahora resulta perdedora. Hipomenes ha alcanzado mientras tanto la meta final y con ello su ansiado premio merecido, el matrimonio con la joven virgen.

    Incomprensiblemente, el joven Hipomenes olvidó a Venus y no supo agradecer su ayuda. La diosa se sintió por ello despreciada y ofendida.

    Cierto día pasaban junto al templo de Cibeles, la Madre de los dioses, y decidieron descansar del largo camino. Se apoderó de Hipomenes un repentino e irrefrenable deseo de yacer con Atalanta, suscitado sin duda por la vengativa Venus. Allí mismo, en la cueva sagrada, a la vista de las divinas imágenes, profanan el  santuario con su obsceno amor.

    La Madre Cibeles castigó su lujuria con su divina severidad: unas largas y feroces melenas cubren sus humanos cuellos, las manos se transforman en garras, una larga cola surge de su espalda, elevan fieros su orgullosa cabeza de  león y  sus fauces emiten rugidos que amedrentan a los restantes animales. Compadecida luego la diosa, unce a la pareja de leones con fuertes correas de flexible cuero a su majestuoso carro, del que han de tirar incansables por toda la eternidad.

    Sirvan estos tres o cuatro ejemplos de cómo Ovidio puede facilitarnos la visita a Museos tales como el del Prado y facilitarnos la comprensión de decenas de  obras allí expuestas.

    Textos Latinos

    Deucalión y Pirra. Ovidio, Metamorfosis, I, 309-430:

    Obruerat tumulos inmensa licentia ponti,
    Pulsabantque noui montana cacumina fluctus.
    Maxima pars unda rapitur: quibus unda pepercit,
    Illos longa domant inopi ieiunia uictu.
    Separat Aonios Oetaeis Phocis ab aruis, 
    Terra ferax, dum terra fuit, sed tempore in illo
    Pars maris et latus subitarum campus aquarum;
    Mons ibi uerticibus petit arduus astra duobus,
    Nomine Parnasus, superantque cacumina nubes:
    Hic ubi Deucalion (nam cetera texerat aequor)
    Cum consorte tori parua rate uectus adhaesit,
    Corycidas nymphas et numina montis adorant
    Fatidicamque Themin, quae tunc oracla tenebat:
    Non illo melior quisquam nec amantior aequi
    Vir fuit aut illa metuentior ulla deorum.
    Iuppiter ut liquidis stagnare paludibus orbem
    Et superesse uirum de tot modo milibus unum
    Et superesse uidet de tot modo milibus unam,
    Innocuos ambo, cultores numinis ambo,
    Nubila disiecit nimbisque aquilone remotis
    Et caelo terras ostendit et aethera terris.
    Nec maris ira manet, positoque tricuspide telo
    Mulcet aquas rector pelagi supraque profundum
    Exstantem atque umeros innato murice tectum
    Caeruleum Tritona uocat conchaeque sonanti
    Inspirare iubet fluctusque et flumina signo
    Iam reuocare dato: caua bucina sumitur illi,
    Tortilis, in latum quae turbine crescit ab imo,
    Bucina, quae medio concepit ubi aera ponto,
    Litora uoce replet sub utroque iacentia Phoebo.
    Tunc quoque, ut ora dei madida rorantia barba
    Contigit et cecinit iussos inflata receptus,
    Omnibus audita est telluris et aequoris undis
    Et, quibus est undis audita, coercuit omnes.
    Iam mare litus habet, plenos capit alueus amnes,
    Flumina subsidunt collesque exire uidentur,
    Surgit humus, crescunt loca decrescentibus undis,
    Postque diem longam nudata cacumina siluae
    Ostendunt limumque tenent in fronde relictum.
    Redditus orbis erat; quem postquam uidit inanem
    Et desolatas agere alta silentia terras,
    Deucalion lacrimis ita Pyrrham adfatur obortis:
    "O soror, o coniunx, o femina sola superstes,
    Quam commune mihi genus et patruelis origo,
    Deinde torus iunxit, nunc ipsa pericula iungunt,
    Terrarum, quascumque uident occasus et ortus,
    Nos duo turba sumus: possedit cetera pontus.
    Haec quoque adhuc uitae non est fiducia nostrae
    Certa satis; terrent etiam nunc nubila mentem.
    Quis tibi, si sine me fatis erepta fuisses,
    Nunc animus, miseranda, foret? quo sola timorem
    Ferre modo posses? quo consolante doleres?
    Namque ego, crede mihi, si te quoque pontus haberet,
    Te sequerer, coniunx, et me quoque pontus haberet.
    O utinam possim populos reparare paternis
    Artibus atque animas formatae infundere terrae!
    Nunc genus in nobis restat mortale duobus
    (Sic uisum superis) hominumque exempla manemus."
    Dixerat, et flebant; placuit caeleste precari
    Numen et auxilium per sacras quaerere sortes.
    Nulla mora est: adeunt pariter Cephisidas undas,
    Vt nondum liquidas, sic iam uada nota secantes.
    Inde ubi libatos inrorauere liquores
    Vestibus et capiti, flectunt uestigia sanctae
    Ad delubra deae, quorum fastigia turpi
    Pallebant musco stabantque sine ignibus arae.
    Vt templi tetigere gradus, procumbit uterque
    Pronus humi gelidoque pauens dedit oscula saxo,
    Atque ita "si precibus" dixerunt "numina iustis
    Victa remollescunt, si flectitur ira deorum,
    Dic, Themi, qua generis damnum reparabile nostri
    Arte sit, et mersis fer opem, mitissima, rebus."
    Mota dea est sortemque dedit: "discedite templo
    Et uelate caput cinctasque resoluite uestes
    Ossaque post tergum magnae iactate parentis."
    Obstipuere diu, rumpitque silentia uoce
    Pyrrha prior iussisque deae parere recusat,
    Detque sibi ueniam, pauido rogat ore pauetque
    Laedere iactatis maternas ossibus umbras.
    Interea repetunt caecis obscura latebris
    Verba datae sortis secum inter seque uolutant.
    Inde Promethides placidis Epimethida dictis
    Mulcet et "aut fallax" ait "est sollertia nobis,
    Aut (pia sunt nullumque nefas oracula suadent)
    Magna parens terra est: lapides in corpore terrae
    Ossa reor dici; iacere hos post terga iubemur."
    Coniugis augurio quamquam Titania mota est,
    Spes tamen in dubio est: adeo caelestibus ambo
    Diffidunt monitis. sed quid temptare nocebit?
    Discedunt uelantque caput tunicasque recingunt
    Et iussos lapides sua post uestigia mittunt.
    Saxa (quis hoc credat, nisi sit pro teste uetustas?)
    Ponere duritiem coepere suumque rigorem
    Mollirique mora mollitaque ducere formam.
    Mox ubi creuerunt naturaque mitior illis
    Contigit, ut quaedam, sic non manifesta uideri
    Forma potest hominis, sed, uti de marmore coepta,
    Non exacta satis rudibusque simillima signis.
    Quae tamen ex illis aliquo pars umida suco
    Et terrena fuit, uersa est in corporis usum;
    Quod solidum est flectique nequit, mutatur in ossa;
    Quae modo uena fuit, sub eodem nomine mansit;
    Inque breui spatio superorum numine saxa
    Missa uiri manibus faciem traxere uirorum,
    Et de femineo reparata est femina iactu.
    Inde genus durum sumus experiensque laborum
    Et documenta damus, qua simus origine nati.
    Cetera diuersis tellus animalia formis
    Sponte sua peperit, postquam uetus umor ab igne
    Percaluit solis caenumque udaeque paludes
    Intumuere aestu fecundaque semina rerum
    Viuaci nutrita solo ceu matris in aluo
    Creuerunt faciemque aliquam cepere morando.
    Sic, ubi deseruit madidos septemfluus agros
    Nilus et antiquo sua flumina reddidit alueo
    Aetherioque recens exarsit sidere limus,
    Plurima cultores uersis animalia glaebis
    Inueniunt et in his quaedam modo coepta per ipsum
    Nascendi spatium, quaedam inperfecta suisque
    Trunca uident numeris, et eodem in corpore saepe
    Altera pars uiuit, rudis est pars altera tellus.

    ……

    Rapto de Europa. Ovidio, Metamorfosis II, 833-875:

    Has ubi uerborum poenas mentisque profanae
    Cepit Atlantiades, dictas a Pallade terras
    Linquit et ingreditur iactatis aethera pennis.
    Seuocat hinc genitor nec causam fassus amoris:
    "Fide minister" ait "iussorum, nate, meorum,
    Pelle moram solitoque celer delabere cursu
    Quaeque tuam matrem tellus a parte sinistra
    Suspicit (indigenae Sidonida nomine dicunt),
    Hanc pete, quodque procul montano gramine pasci
    Armentum regale uides, ad litora uerte".
    Dixit et expulsi iamdudum monte iuuenci
    Litora iussa petunt, ubi magni filia regis
    Ludere uirginibus Tyriis comitata solebat.
    Non bene conueniunt nec in una sede morantur
    Maiestas et amor; sceptri grauitate relicta,
    Ille pater rectorque deum, cui dextra trisulcis
    Ignibus armata est, qui nutu concutit orbem,
    Induitur faciem tauri mixtusque iuuencis
    Mugit et in teneris formosus obambulat herbis.
    Quippe color niuis est, quam nec uestigia duri
    Calcauere pedis nec soluit aquaticus Auster.
    Colla toris exstant, armis palearia pendent;
    Cornua parua quidem, sed quae contendere possis
    Facta manu puraque magis perlucida gemma.
    Nullae in fronte minae nec formidabile lumen;
    Pacem uultus habet. miratur Agenore nata
    Quod tam formosus, quod proelia nulla minetur;
    Sed quamuis mitem, metuit contingere primo.
    Mox adit et flores ad candida porrigit ora.
    Gaudet amans et, dum ueniat sperata uoluptas,
    Oscula dat manibus; uix iam, uix cetera differt.
    Et nunc alludit uiridique exsultat in herba
    Nunc latus in fuluis niueum deponit harenis;
    Paulatimque metu dempto, modo pectora praebet
    Virginea plaudenda manu, modo cornua sertis
    Impedienda nouis. ausa est quoque regia uirgo,
    Nescia quem premeret, tergo considere tauri,
    Cum deus a terra siccoque a litore sensim
    Falsa pedum primo uestigia ponit in undis,
    Inde abit ulterius mediique per aequora ponti
    Fert praedam. pauet haec litusque ablata relictum
    Respicit et dextra cornum tenet, altera dorso
    Imposita est; tremulae sinuantur flamine uestes.

      ….

    Orfeo y Eurídice.   Ovidio, Metamorfosis, X, versos del 1 al 77.

    Inde per immensum croceo uelatus amictu
    Aethera digreditur Ciconumque Hymenaeus ad oras
    Tendit et Orphea nequiquam uoce uocatur.
    Adfuit ille quidem, sed nec sollemnia uerba
    Nec laetos uultus nec felix attulit omen;
    Fax quoque, quam tenuit, lacrimoso stridula fumo
    Vsque fuit nullosque inuenit motibus ignes.
    Exitus auspicio grauior. nam nupta per herbas
    Dum noua naiadum turba comitata uagatur,
    Occidit in talum serpentis dente recepto.
    Quam satis ad superas postquam Rhodopeius auras
    Defleuit uates, ne non temptaret et umbras,
    Ad Styga Taenaria est ausus descendere porta
    Perque leues populos simulacraque functa sepulcro
    Persephonen adiit inamoenaque regna tenentem
    Vmbrarum dominum pulsisque ad carmina neruis
    Sic ait: "o positi sub terra numina mundi,
    In quem reccidimus, quidquid mortale creamur,
    Si licet et falsi positis ambagibus oris
    Vera loqui sinitis, non huc, ut opaca uiderem
    Tartara, descendi, nec uti uillosa colubris
    Terna Medusaei uincirem guttura monstri;
    Causa uiae est coniunx, in quam calcata uenenum
    Vipera diffudit crescentesque abstulit annos.
    Posse pati uolui nec me temptasse negabo:
    Vicit Amor. supera deus hic bene notus in ora est;
    An sit et hic, dubito. sed et hic tamen auguror esse,
    Famaque si ueteris non est mentita rapinae,
    Vos quoque iunxit Amor. per ego haec loca plena timoris,
    Per Chaos hoc ingens uastique silentia regni,
    Eurydices, oro, properata retexite fata!
    Omnia debentur uobis paulumque morati
    Serius aut citius sedem properamus ad unam.
    Tendimus huc omnes, haec est domus ultima, uosque
    Humani generis longissima regna tenetis.
    Haec quoque, cum iustos matura peregerit annos,
    Iuris erit uestri: pro munere poscimus usum.
    Quod si fata negant ueniam pro coniuge, certum est
    Nolle redire mihi: leto gaudete duorum."
    Talia dicentem neruosque ad uerba mouentem
    Exsangues flebant animae: nec Tantalus undam
    Captauit refugam stupuitque Ixionis orbis,
    Nec carpsere iecur uolucres, urnisque uacarunt
    Belides, inque tuo sedisti, Sisyphe, saxo.
    Tunc primum lacrimis uictarum carmine fama est
    Eumenidum maduisse genas, nec regia coniunx
    Sustinet oranti nec, qui regit ima, negare
    Eurydicenque uocant. umbras erat illa recentes
    Inter et incessit passu de uulnere tardo.
    Hanc simul et legem Rhodopeius accipit Orpheus,
    Ne flectat retro sua lumina, donec Auernas
    Exierit ualles; aut irrita dona futura.
    Carpitur adcliuis per muta silentia trames,
    Arduus, obscurus, caligine densus opaca.
    Nec procul abfuerant telluris margine summae:
    Hic, ne deficeret, metuens auidusque uidendi
    Flexit amans oculos: et protinus illa relapsa est
    Bracchiaque intendens prendique et prendere certans
    Nil nisi cedentes infelix adripit auras.
    Iamque iterum moriens non est de coniuge quicquam
    Questa suo (quid enim nisi se quereretur amatam?)
    Supremumque "uale", quod iam uix auribus ille
    Acciperet, dixit reuolutaque rursus eodem est.
    Non aliter stupuit gemina nece coniugis Orpheus,
    Quam tria qui timidus, medio portante catenas,
    Colla canis uidit; quem non pauor ante reliquit,
    Quam natura prior, saxo per corpus oborto;
    Quique in se crimen traxit uoluitque uideri
    Olenos esse nocens, tuque, o confisa figurae,
    Infelix Lethaea, tuae, iunctissima quondam
    Pectora, nunc lapides, quos umida sustinet Ide.
    Orantem frustraque iterum transire uolentem
    Portitor arcuerat; septem tamen ille diebus
    Squalidus in ripa Cereris sine munere sedit:
    Cura dolorque animi lacrimaeque alimenta fuere.
    Esse deos Erebi crudeles questus in altam
    Se recipit Rhodopen pulsumque aquilonibus Haemum.

  • Corona de laurel

    Las hojas de laurel coronan a los mejores poetas y también a los más aguerridos soldados. Es verdad que “las armas y las letras” con alguna frecuencia van unidas, pero no deja de ser curioso que el mismo elemento decorativo y simbólico que premia a la inteligencia y el arte sirva también de reconocimiento al valor y arrojo militar. El laurel tiene además otros valores que conviene conocer, pero ¿por qué?

                                                  

    Los árboles, las plantas en general, juegan un papel muy importante en la vida simbólica y religiosa de todos los pueblos. En muchos casos y lugares son elementos sagrados; así hay  bosques sagrados en los que se esconde el numen o fuerza sagrada de la divinidad y árboles sagrados, habitados por los dioses, consagrados o identificados con ellos. Cada especie o tipo está relacionada con una divinidad y con una determinada función.

    Sus elementos, tales como hojas o ramas, se utilizan como símbolos o simplemente como elementos decorativos. Así, por ejemplo, se utilizan coronas de diverso tipo en función de su significado.

    Sabido es cómo Atenea, la Minerva de los romanos, dio a Atenas su nombre y su árbol, el olivo. El árbol de Dionisos o Baco, dios del vino, lógicamente ha de ser la vid y también la yedra. El mirto o arrayán es el de Venus, diosa del amor.

    Claramente lo expresa Virgilio, por ejemplo, en sus Bucólicas, VII, 61-64:

    Muy grato es el álamo a Alcides, la vid a Baco,
    el mirto a la hermosa Venus, su laurel a Febo.
    AFilis le gustan los avellanos y mientras Filis los prefiera,
    ni el mirto ni el laurel de Febo vencerán a los avellanos.

    Populus Alcidae gratissima, uitis Iaccho,
    Formosae myrtus Ueneri, sua laurea Phoebo;
    Phylis amat corylos; illas dum Phyllis amabit,
    Nec myrtus uincet corylos, nec laurea Phoebi.

    El laurel es el árbol de Apolo o Febo, dios solar,  dios de la sabiduría, de la creación artística, de la poesía, de la música y de las artes adivinatorias. El laurel es el árbol en el que se transformó la ninfa virgen Dafne, perseguida por Apolo, para huir del dios.

    El laurel, de color siempre verde, es un árbol que se asocia, pues, al fuego del sol y a la profecía.
    Apolo emitía oráculos* a los hombres que se lo solicitaban. En su famoso santuario de Delfos, destino obligado de los griegos, para conocer el futuro, los emitía  a través de una sacerdotisa o médium, la Pithia o Pitonisa**.

    * del latín oraculum y este de orare, hablar, significa etimológicamente mensaje, comunicado, parlamento.

    ** En Delfos Apolo mató a la serpiente Pitón o Pyton; de ahí que el término se aplique también a una poderosa y temible serpiente constrictora que mata a sus víctimas por asfixia enroscándose entorno.

    Parece que también se obtenía el oráculo arrojando al fuego hojas de laurel, que si  crepitababan y chisporreaban eran buena señal y si no la señal era mala. Quienes obtenían un buen oráculo regresaban a su casa coronados de laurel. Además el laurel provocaba sueños premonitorios.

    En el Renacimiento, nos recuerda Alciato en su Emblema CCX  (CCXI en otras ediciones) que el laurel conoce el futuro y que colocado cerca produce sueños premonitorios:

    Alciati Emblematum liber
    Emblema CCXI
    Laurus

    El laurel nos da señales evidentes de lo que la salud nos depara.
    Colocado bajo la almohada nos produce sueños verdaderos.

    Praescia venturae laurus fert signa salutis:
    Subdita pulvillo somnia vera facit

    En el mismo libro de emblemas os recuerda una cita de Tibulo sobre la misma cuestión:

    Tibulo, Libro II, 5, v. 79 y ss.

    Esto ocurrió en otro tiempo; pero tu, favorable Apolo,
    sumerge ya los prodigios bajo las aguas indómitas.
    Y que el laurel crepite favorable incendiado por las sagradas llamas.
    Con ese presagio el año será feliz y sagrado.
    Cuando el laurel ha dado buenas señales, alegraos colonos:
    Ceres llenará los hórreos colmados de espigas…

    Haec fuerant olim; sed tu iam mitis, Apollo,
    prodigia indomitis merge sub aequoribu.
    Et succensa sacris creepitet bene laurea flammis
    Omine quo felix et sacer annus erit.
    Laurus ubi bona signa dedit, gaudete coloni:
    Distendet spicis horrea plena Ceres…

    Y otra de Propercio, Lib. II, 28, 35

    Caen los rombos que giran con un canto mágico
    y el laurel queda quemado una  vez apagado el fuego.

    Deficiunt mágico torti sub carmine rhombi,
    Et iacet extincto laurus adusta foco

    Y también Lucrecio en su De rerum natura, VI, 154-155

    Y no hay ninguna otra cosa que arde en la llama crepitante
    con sonido más terrible que el laurel de Delfos consagrado a Febo
    (Apolo)

    Nec res ulla magis quam Phoebi Delphica laurus
    Terribili sonitu flamma crepitante crematur

    El laurel es símbolo de la gloria; la palma lo es la de la victoria y el olivo de la paz. Las hojas de diversas plantas se utilizan para coronar a los triunfadores.

    Una corona es un adorno circular de hojas, ramas de árbol, flores hierbas o de metal que se coloca alrededor de la cabeza como reconocimiento o recuerdo del especial valor de una persona por su inteligencia, por su arte o por sus méritos militares.

    En la Grecia antigua probablemente se utilizaron en un principio como un elemento decorativo y más tarde se utilizan en el mundo de los juegos atléticos (por ejemplo los olímpicos) como premio a los vencedores y también en los poéticos. Recordemos que junto a los juegos atléticos se celebraban también competiciones poéticas y literarias.

    Del mundo de la competición deportiva pasó sin duda al mundo de la guerra (del que por cierto proceden los juegos atléticos) y de Grecia pasó a Roma. Aunque hoy lo que verdaderamente se estima en realidad son los premios económicos, se sigue utilizando la corona o algún elemento similar como símbolo del triunfo.

    Como decía más arriba, probablemente se comenzó a utilizar como elemento meramente ornamental y pronto sirvieron para coronar a los vencedores en los juegos poéticos o literarios que se desarrollaban de manera paralela a los juegos  atléticos, de los que las Olimpiadas son el mejor exponente, pero también los “píticos” en honor de Apolo y los “ístmicos” en honor de Neptuno. Podemos incluso pensar que en el caso de los juegos Píticos en un principio se celebrarían sólo competiciones artísticas, como correspondería al dios Apolo, y con el tiempo se añadirían competiciones atléticas como en Olimpia, en honor de Zeus. Y a su vez en Olimpia se introducirían competiciones artísticas, a semejanza de los “píticos”.

    A propósito de los juegos píticos y el laurel podemos citar unos versos de Ovidio en el siglo I antes y después de Cristo, por tanto muy alejados de su origen, pero que son ilustrativos. Ovidio recuerda en su poema la victoria del dios Apolo sobre la serpiente Pitón.

    Ovidio, Metamorfosis I, 445-

    Y para que el paso del tiempo no pueda  borrar el recuerdo de la hazaña, instituyó unos juegos sagrados acompañados de concurridos certámenes, llamados Pitia por el nombre de la serpiente que destruyó. En ellos, todo joven que, ya fuera con sus puños, ya con los pies o las ruedas, había obtenido la victoria recibía una condecoración de hojas de encina; todavía no existía el laurel, y Febo (Apolo) se ceñía con hojas de cualquier árbol las sienes que embellecía su larga cabellera.

    Neve operis famam posset delere vetustas,
    instituit sacros celebri certamine ludos,
    Pythia perdomitae serpentis nomine dictos.
    Hic iuvenum quicumque manu pedibusve rotave
    vicerat, aesculeae capiebat frondis honorem:
    nondum laurus erat, longoque decentia crine
    tempora cingebat de qualibet arbore Phoebus.

    Así que pronto significaron también el triunfo de los grandes atletas, que tanto honor conferían a sus ciudades natales.

    Como quiera que los juegos atléticos, a su vez, están claramente relacionados con las tareas militares de los primitivos guerreros aristócratas de Grecia, fácilmente pudo trasladarse el significado del laurel al mundo militar y acreditar así la gloria militar. Este significado se desarrolló especialmente entre los romanos, que prácticamente siempre estuvieron en guerra a lo largo de su historia. Con el laurel se corona a los generales invictos y a los emperadores, y con laurel se adornan las armas victoriosas, como las lanzas,  las proas de las naves o las cartas y tablillas que traían las noticias de victoria.

    Así los generales romanos en la ceremonia del triunfo, que además llevan en la mano una rama de laurel, y los lictores y los soldados que desfilan en la procesión.

    Aunque sea una pequeña digresión, comentaré que los romanos desarrollaron enormemente la tipología de las coronas como símbolos de funciones muy concretas; en otra ocasión lo comentaré con más detalle. Sea suficiente ahora un apresurado catálogo de coronas: obsidionalis (por romper el  asedio de una ciudad), civica (por salvar la vida de un ciudadano romano), navalis (por ser el primero en el abordaje o por una victoria naval), muralis (por ser el primero en escalar una muralla), castrensis (por entrar en el campamento enemigo), triunphalis (el triunfo es la mayor recompensa al general vencedor),etc. Además existen la convivalis (del banquete), la funebris (no necesita explicación), la nuptialis (de boda), la natalitia (por nacimiento: de olivo si era niño, de lana si era niña), etc.

    Volviendo a la primitiva Grecia, Píndaro (518?-438 a.C.), por ejemplo, nos dice cómo se corona al vencedor con hojas de olivo con motivo de la carrera de carros del año 452 a.C. en  Olímpicas IV, 11ss., dedicada a su amigo Psaumis de Camarina:

    Sigue al carro de Psaumis coronado de hojas de olivo de Pisa; Psaumis, impaciente pro proyectar su gloria sobre Camarina.

    Y Plinio, que describe los diversos tipos de laurel, nos recuerda cómo  es propiamente el laurel el elemento decorativo en  Historia Natural, XV, 39 (127):

    El laurel se dedica específicamente para los triunfos y es gratísimo en las casas, adorna la entrada de las de los Césares y Pontífices; solo ella adorna estas casas y crece en el umbral. Catón nos informa de que hay dos clases: la délfica y la chipriota. Pompeyo Leneo añade  una que llama mustacea porque se ponía debajo de los pasteles (llamados mustaces): este tipo es de hoja muy grande, flácida y tirando a blancas. La délfica, de color uniforme, es la más verde, de bayas muy grandes de color rojo tirando a verde y esta es la que corona a los vencedores en Delfos y a los triunfadores en Roma. La chipriota es de hoja pequeña, negra, veteada y acanalada en los márgenes.

    Laurus triumphis proprie dicatur, vel gratissima domibus, ianitrix Caesarum pontificumque. sola et domos exornat et ante limina excubat .  duo eius genera tradidit Cato, Delphicam et Cypriam. Pompeius Lenaeus adiecit quam mustacem appellavit, quoniam mustaceis subiceretur: hanc esse folio maximo flaccidoque et albicante; Delphicam aequali colore viridiorem, maximis bacis atque e viridi rubentibus ac victores Delphis coronare ut triumphantes Romae; Cypriam esse folio brevi, nigro, per margines imbricato crispam.

    Virgilio recuerda cómo los marineros colocan coronas de flores (y de laurel) en las proas de los barcos en señal de victoria y paz en sus Geórgicas, I, 303-304 :

    Como cuando las naves cargadas han tocado ya puerto,
    y los marineros alegres colocan  coronas en las popas.

    Ceu pressae cum j am portum tetigere carinae,
    Puppibus et laeti nautae imposuere coronas

    Que Fray Luis de León traduce así:

    como cuando con viento al fin derecho
    entran el puerto dulce y deseado
    cargados los navíos de provecho,
    alegres con laurel los marineros
    coronan a los árboles veleros.

    Lo que también nos recuerda Plinio en Historia Natural XV, 40 (133):

    Es símbolo de la paz de tal manera que el mostrarlo es señal de paz incluso entre enemigos armados. Los Romanos principalmente lo añaden como mensajero de alegría y de victoria a las cartas y a las lanzas y dardos de los soldados y adorna las fasces de los generales.

    Ipsa pacifera, ut quam praetendi etiam inter armatos hostes quietis sit indicium. Romanis praecipue laetitiae victoriarumque nuntia additur litteris et militum lanceis pilisque, fasces imperatorum decorat.

    También San Isidoro considera el laurel como símbolo de la gloria y victoria. En su Etimologías XVII,7,2 hace derivar su nombre del vocablo laus (alabanza), y explica por qué corona la cabeza de los vencedores:

    “Se llama “laurel” (laurus) de la palabra laudis (alabanza); pues con este árbol se coronaban con alabanzas las cabezas de los vencedores. Entre los antiguos se decía laudea; luego se suprimió la letra D y al sustituirla por R se llamó laurus, como ocurre con auriculis (orejas) que al principio se pronunciaba audiculae, y medidies (mediodía)  que ahora se dice meridies. A este árbol los griegos le llaman (daphne)  δάφνην, porque nunca pierde su verdor; por eso los vencedores son coronados con él. El vulgo cree que este es el único árbol que no puede ser fulminado por el rayo.

    Laurus a verbo laudis dicta; hac enim cum laudibus victorum capita coronabantur. Apud antiquos autem laudea nominabatur; postea D littera sublata et subrogata R dicta est laurus; ut in auriculis, quae initio audiculae dictae sunt, et medidies, quae nunc meridies dicitur. Hanc arborem Graeci δάφνην  (dafnen) vocant, quod numquam deponat viriditatem; inde illa potius victores coronantur. Sola quoque haec arbor vulgo fulminari minime creditur.

    Apolo, cuyo árbol es el laurel,  es el dios protector de la poesía, de la música y de las artes en general. Su perenne color verde es el mejor símbolo del valor imperecedero de la poesía y del arte.Una mayor especialización parece exigir el laurel para la poesía épica que canta a los héroes victoriosos y el mirto para la poesía lírica y bucólica:

    Virgilio, Bucólica: VIII,11-3:

    Recibe estos versos
    por ti ordenados y permite que esta hiedra rodee
    tus sienes entre los victoriosos laureles.

    …accipe iussis
    Carmina coepta tuis, atque hanc sine tempora circum
    Inter uictrices hederam tibi serpere laurus.

    Fay Luis de León lo tradujo con más libertad y también con más acierto:

    “«al vencedor laurel, que resplandece

    en torno de tu frente y la hermosea,

     consiente que, allegada y como asida,

    aquesta  yedra vaya entretejida»

    Este valor simbólico de la gloria literaria pervivió en la Edad Media, cobró nueva importancia en el Renacimiento y perdura en nuestros días.

    Sobre todo ha sido utilizada, apropiada, traducida, recreada la famosa fábula o mito de Apolo y Dafne. Dafne, δαφνη, es precisamente el nombre griego del laurel El mito lo divulgó Ovidio en sus Metamorfosis, I, 452 et ss.:

    Apolo, orgullosos de su victoria sobre la sierpe Pitón, se burló de Cupido, que siendo un niño utilizaba armas de un adulto; Cupido se vengó hiriéndole con una flecha de oro e inflamando su corazón de un irresistible amor por la ninfa Dafne mientras a ésta la hirió con una flecha de plomo, que generaba aversión y rechazo. De nada sirvieron los ruegos  de Apolo, que no ablandaron el corazón de la ninfa; Apolo, desesperado, la persigue por el bosque y está a punto de alcanzarla, cuando Dafne implora la ayuda de su padre, el río Peneo, que la convierte en laurel; Apolo se abraza desesperado y lloroso al árbol, del que hizo su emblema y su árbol. Así el laurel es también el símbolo del amor no correspondido y triste.

    Pues bien, no hay autor literario medieval o del Renacimiento o Barroco que no recuerde, imite o reproduzca este mito.

    Comentaré un detalle curioso.  Con frecuencia, junto a un personaje épico o lírico aparece un elemento cómico que relativiza la magnificencia del anterior. Esto ocurre con el laurel: dado su valor culinario para aderezar los guisos y cocidos, no es raro que en el Barroco de los contrastes aparezcan versiones burlescas del valor del laurel. Sirvan como muestra estos versos de Pedro Liñán de Riaza, en un romance acerca de los embustes de los buenos y de los malos poetas

    A los poetas vengamos:
    a éstos, damas, hacedles
    una cruz porque sus coplas
    vayan arredro y no os tienten.
    A vosotras, ¿qué os importa
    que en el Parnaso eminente
    haya de versos concilio
    entre las divinas nueve,
    ni que el doctor don Apolo
    allá en Delfos respondiese
    a todas las cosicosas
    que inventan sus bachilleres?
    Si dicen que lauros sacros
    ciñeron sus doctas sienes,
    decidles que ya el laurel
    ciñe cualquiera escabeche.

    Lope de Vega, bajo el nombre de su heterónimo Tomé de Burguillos, es autor de este estupendo soneto donde ridiculiza el afán de los poetas por recibir laureles y galardones:

    Llevóme Febo a su Parnaso un día,
    y vi por el cristal de unos canceles
    a Homero y a Virgilio con doseles,
    leyendo filosófica poesía
    Vi luego la importuna infantería
    de poetas fantásticos noveles,
    pidiendo por principios más laureles
    que anima Dafne y que Apolo cría.
    Pedile yo también por estudiante,
    y díjome un bedel: “Burguillos, quedo:
    que no sois digno de laurel triunfante”
    “¿Por qué?”, le dije; y respondió sin miedo:
    “Porque los lleva todos un tratante
    para hacer escabeches en Laredo.”

    Este contraste cómico entre las dos funciones del laurel, la excelsa de coronar la testa de los poetas y la prosaico de aliño culinario, sigue siendo una reflexión continuada hasta hoy. Así, por ejemplo, el escritor, articulista,periodita Manuel Vicent nos recuerda en su artículo en el Diario El PaísLa gloria” de 22 de julio de 2001:

    …Así te quieren ellos, dedicado a los versos en la villa horaciana, entre gallinas y lechugas, tu contemplando el crepúsculo y ellos llenando el saco. El laurel tiene dos destinos: la cabeza del héroe o el estofado. Tal vez un día fuiste un rebelde: fue aquel día en que estuviste dispuesto a morir por no doblegarte. Ese es el minuto de gloria que te corresponde.

    Pero el laurel no agota su virtualidad en esta labor simbólica; sus ramas sirven también como escudo contra los rayos, lo que acrecienta la idea de símbolo de la inmortalidad. Plinio nos comenta cómo Tiberio se coronaba de laurel cuando había tormenta:

    Historia natural, lib. XV, cap. 40 (134-135):

    … Y porque de todos los árboles que se plantan y se ponen con la mano del hombre sólo este no es golpeado por el rayo que cae en las casas. ….. Se dice que el príncipe Tiberio, cuando tronaba el cielo, se solía coronar de él (laurel) contra el miedo de los rayos.

    et quia manu satarum receptarumque in domos fulmine sola non icitur. ..Tiberium principem tonante caelo coronari ea solitum ferunt contra fulminum metus.

    San Isidoro recogió la creencia en sus Etimologías (XVII, 7, 1):

    Cree el vulgo que sólo este árbol de ninguna manera es fulminado* (por el rayo)

    Sola quoque haec arbor vulgo fulminari minime creditur

    En realidad “fulminado por el rayo” es una redundancia innecesaria, puesto que “fulminari” es un verbo creado precisamente sobre “fulmen”, que significa rayo.

    Todavía hoy en algunos pueblos, se colocan en los balcones ramas de laurel para ahuyentar el peligro del rayo.

    Así que Francesco Petrarca tenía fácil el juego de palabras con el nombre de su inmortal amada, Laura, “Laurel”, en numerosos poemas de su Cancionero; así,  Canción XXIX

    “que es una estrella en la tierra
    y  guarda verde el precio de su honestidad, 
    como la hoja del laurel,
    donde no caen rayos
    ni el viento enemigo jamás la tronchará”.

    ch'è stella in terra, et come in lauro foglia
    conserva verde il pregio d'onestade,
    ove non spira folgore, né indegno
    vento mai che l'aggrave.

    O en  la canción CXXIX

    En donde se oye el aura
    de un fresco y odorífero laurecillo

    «ove l'aura si sente /
    d'un fresco et odorifero laureto»

    También el laurel es un elemento frecuente en los jardines ideales (locus amoenus), ideales escenarios , valga la redundancia, para el amor. Así lo hace ya Petronio  en su Satiricón, cap. CXXXI,8:

    El movedizo plátano había extendido sus sombras estivales y Dafne, coronada de bayas, y los trémulos cipreses y los pinos de contorno recortado con su  copa ondulante. Por en medio un arroyuelo  retozaba son sus aguas vagantes cubierto de espuma  y batía la arena  con sus quejumbrosas ondas. Rincón hecho  para el amor.  (Traducción de Manuel C. Díaz y Díaz. Ed. Alma Mater)

    Mobilis aestiuas platanus diffuderat umbras
    et bacis redimita Daphne tremulaeque cupressus
    et circum tonsae trepidanti uertice pinus.
    Has inter ludebat aquis errantibus amnis
    spumeus, et querulo uexabat rore lapillos.
    Dignus amore locus …

    E incluso ocasionalmente puede aparecer en entornos funerarios, recordando la gloria perenne del difunto. En fin, tan sólo el olivo puede competir en el mundo antiguo en valor simbólico con el laurel.

    Así que el significado del laurel como símbolo del triunfo artístico y bélico se conservó  durante toda la Edad Media y por supuesto en el Renacimiento, en el que además puede ser símbolo del triunfo en el amor, dadas las semejanzas con las que los poetas presentan los dos combates, el bélico y el amoroso,  y en el Barroco y así  hasta nuestros días. Las citas son innumerables. E incluso queda algún resto de su valor mágico en la costumbre de colocar ramas en los balcones, costumbre ahora generalmente ahora cristianizada al colocar ramas de olivo el Domingo de Ramos.

    Transcribiré a título de ejemplo la segunda parte del emblema de Alciato ya citado  dirigido a Carlos V por su campaña de Túnez y dos citas de Cervantes en el Quijote con evidente tono irónico:

    Alciato, Libro de los Emblemas.
    Emblema 211

    A Carlos (V) se le debe el laurel por haber vencido a los púnicos (los tunecinos):  que esas guirnaldas adornen sus cabellos victoriosos.

    Debetur Carolo superatis Laurea Poenis:
      Victrices ornent talia serta comas.

    Quijote (II, 18):  

    ¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el mejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta, como dijo un poeta que Dios perdone, sino por las academias de Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia y Salamanca! Plega al cielo que los jueces que os quitaren el premio primero, Febo los asaetee y las Musas jamás atraviesen los umbrales de sus casas.

    Quijote (II, 55):
    (dirigiéndose a su asno):

    Perdóname y pide a la fortuna, en el mejor modo que supieres, que nos saque deste miserable trabajo en que estamos puestos los dos; que yo prometo de ponerte una corona de laurel en la cabeza, que no parezcas sino un laureado poeta, y de darte los piensos doblados.

    Nota etimológica: laureado, naturalmente, significa coronado de laurel. Quienes realizan estudios de enseñanza secundaria son laureados con la bacca, que según el Diccionario de la Real Academia  es el fruto o baya del laurel; por eso son bacca laureati, es decir “bachilleres” (bachillerato deriva de “baccalaureatus”).

    Ofrezco a continuación una larga cita de Plinio,al final del libro XV sobre el laurel, sus clases, su simbolismo y maravillas. Ello nos da idea de la importancia que el laurel tuvo en el mundo antiguo y del detalle con el que se estudia.

    Plinio, Historia Natural, 30 (39) y 31 (40)

    El laurel y sus trece clases

    El laurel es el que propiamente se dedica a los triunfos y el predilecto de las casas, como portero que es de la de los césares y los pontífices. Sólo él adorna y hace guardia ante sus puertas.

    Dos clases de laurel dijo Catón que eran los cultivados, el délfico y el chipriota. Pompeyo Leneo añadió otro, que llamó mustace porque parece que se ponía bajo las mustáceas (1), e indicó que éste era de hoja muy grande, lacia y además tirando a blanca; que el délfico era de un solo color, pero algo más verdoso, de bayas muy grandes que pasaban del verde al rojo, y que con él se coronaban en Delfos los vencedores igual que en Roma los que recibían el triunfo. Con respecto al chipriota, que era encrespado, con su hoja pequeña, negra y abarquillada por los bordes.

    Después se sumaron más clases: el tino –algunos lo consideran un laurel silvestre y otros un árbol de una clase propia- se diferencia por el color, pues es de baya azulada. Se sumó también el laurel real, que empezó a ser llamado augústeo, el mayor de todos tanto por el porte como por la hoja, provisto de unas bayas que tampoco son desagradables al paladar. Algunos autores dicen que no son el mismo árbol y establecen la correspondiente clase del laurel real por sus hojas más largas y más anchas. Estos mismos, dentro de otra clase diferente, le dan el nombre de bacalia precisamente al más común y más rico en bayas y, en cambio, al estéril  -que es lo que más llama la atención-, el de triunfal, afirmando que lo utilizaban los que obtenían el triunfo;  pero esto comenzó con el Divino Augusto, como mostraremos, por aquel laurel que le fue enviado desde el cielo, de muy escasa altura, de hoja encrespada y corta, y, además, difícil de encontrar.

    Se suma, en la jardinería, el de Tasos, con una especie de pequeña excrecencia de hoja que le nace en medio de las hojas, así como, sin ella, el “eunuco”, que aguanta extraordinariamente la sombra y por eso puebla todo el terreno por sombrío que sea.

    También está el camedafne, un arbusto silvestre y el alejandrino, que algunos llaman del ida, otros hipoglotio, otros Dánae, otros carpofilo  y otros hipélate. Este echa de la raíz ramas esparcidas de un dodrante, apropiadas para la confección de coronas, de hoja más puntiaguda que la del mirto así como más blanda y más blanca, de mayor tamaño, con una baya roja en medio de sus hojas, muy abundante en el Ida y cerca de la Heraclea Póntica, si bien en terrenos montañosos.

    Asimismo, esa otra case de laurel que se denomina dafnoide tiene un cúmulo de nombres, pues unos lo llaman pelasgo, otros eupétalo y otros “corona de Alejandro”. Y también es un arbusto ramoso, de hoja más gruesa y blanda que el laurel, que al probarlo quema la boca, y con bayas que pasan del negro al rojo.

    Advirtieron los antiguos que en Córcega no había ninguna clase de laurel, pero ahora plantándolo también se da allí.

    Es por esencia pacificador hasta el punto de que mostrarlo, incluso en medio de los enemigos armados, es señal de paz. Entre los romanos, como principal portavoz que es de alegría y de victorias, se pone en las cartas y también en las lanzas y dardos de los soldados, y adorna los fasces imperiales. Una rama cogida de éstos se deposita en el regazo de Júpiter Óptimo Máximo siempre que una nueva victoria da una alegría, y eso no es porque siempre esté verde ni porque sea pacificador  -por ambas razones habría de preferirse el olivo-,  sino porque es el árbol más admirado del monte Parnaso y precisamente por eso se considera predilecto de Apolo, pues era ya costumbre de los reyes de Roma enviar allí ofrendas y solicitar sus oráculos, según lo atestigua Lucio Bruto y quizá también da prueba de ello, ya que él habría logrado allí la libertad del pueblo besando, de acuerdo con la respuesta del oráculo, aquella tierra productora de laureles, y, además, porque es el único árbol, entre los plantados por la mano del hombre y aceptados en las casas, que no es alcanzado por el rayo. Por estas causas sin duda consideraría yo que se le ha concedido el honor de figurar en los triunfos, más que porque sirva de sahumerio y de purificador por haber dado muerte al enemigo, como relata Masurio. Además, es sacrílego mancillar con usos profanos el laurel y el olivo hasta el punto de que ni siquiera debe prenderse fuego con ellos en los altares o en las aras para aplacar a los dioses.

    El laurel, desde luego, reniega del fuego con su claro crepitar y aun con otro testimonio, dado que su madera llega a retorcer incluso sus entrañas y sus fibras dañadas. Cuentan que el emperador Tiberio, cuando tronaba, solía ponerse una corona de laurel por miedo a los rayos.

    También hay sucesos en torno al Divino Augusto dignos de ser recordados. De hecho, a Livia Drusila, que después recibió por matrimonio el nombre de Augusta, cuando estaba prometida al emperador, un águila desde lo alto le echó en el regazo, mientras estaba sentada, una gallina de llamativa blancura, ilesa y, cuando ella tuvo el valor de mirarla, sucedió otro milagro. Como sujetaba en el pico una rama de laurel cargada de bayas, los arúspices ordenaron cuidar el ave y su descendencia, y, además, que se plantase aquella rama y que se cultivara ritualmente. Y así se hizo en la propiedad de los Césares situada en la ribera del Tíber junto al noveno miliario de la vía Flaminia, que por esa razón se llama “junto a las Gallinas”, y, además, allí asombrosamente surgió un bosque. De ese bosque, después, el emperador en la celebración del triunfo tomó en su mano una rama de laurel y la corona que ciñó en su cabeza, como posteriormente todos los Césares emperadores. Y es tradición plantar las ramas que ellos llevaron, y aún quedan bosques que se distinguen por los nombres de ellos  -acaso por esa razón se sustituyeron los laureles triunfales.

    Es el único árbol cuyo nombre se puede poner en latín a los varones, el único cuyo follaje se distingue con una denominación propia, pues lo llamamos láurea. Incluso perdura en Roma su nombre, que se le puso a un lugar, pues se llama Loreto, en el Aventino, el lugar donde hubo un bosque de laurel. Dicho árbol se emplea en las purificaciones; y quede claro, de paso, que se puede plantar también por estaca, ya que Demócrito y Teofrasto llegaron a dudarlo.

    A continuación expondremos las características de los árboles silvestres.
    (Traducción y nota de A.Mª. Moure Casas. Editorial Gredos. 2010)


    Nota 1: las mustáceas o “pasteles de mosto” se preparaban con harina rociada con mosto y queso, aromatizados con anís y comino, y envueltos en hojas de laurel, ya mencionados por Catón 121. Su nombre, como el del laurel de hoja ancha adecuado para prepararlas, deriva de mustum “mosto”. En una de las recetas de Ateneo, Deipnosofistas, 647, entraba también el vino con miel. En Roma eran típicos de las bodas, cf. Juvenal, VI 202.

    Naturalis Historia, XV, 39-40:

    Laurus triumphis proprie dicatur, vel gratissima domibus, ianitrix Caesarum pontificumque. sola et domos exornat et ante limina excubat. duo eius genera tradidit Cato, Delphicam et Cypriam. Pompeius Lenaeus adiecit quam mustacem appellavit, quoniam mustaceis subiceretur: hanc esse folio maximo flaccidoque et albicante; Delphicam aequali colore viridiorem, maximis bacis atque e viridi rubentibus ac victores Delphis coronare ut triumphantes Romae; Cypriam esse folio brevi, nigro, per margines imbricato crispam.  postea accessere genera: tinus — hanc silvestrem laurum aliqui intellegunt, nonnulli sui generis arborem — differt colore; est enim caerulea baca.  accessit et regia, quae coepit Augusta appellari, amplissima et arbore et folio, bacis gustatu quoque non asperis. aliqui negant eandem esse et suum genus regiae faciunt longioribus foliis latioribusque. iidem in alio genere bacaliam appellant hanc quae vulgatissima est bacarumque fertilissima, sterilem vero earum, quod maxime miror, triumphalem eaque dicunt triumphantes uti, nisi id a Divo Augusto coepit, ut docebimus, ex ea lauru quae ei missa e caelo est, minima altitudine, folio crispo, brevi, inventu rara. accedit in topiario opere Thasia, excrescente in medio folio parvola veluti lacinia folii, et sine ea spadonina, mira opacitatis patientia, itaque quantalibeat sub umbra solum implet. est et chamaedaphne silvestris frutex et Alexandrina, quam aliqui Idaeam, alii hypoglottion, alii danaen, alii carpophyllon, alii hypelaten vocant. ramos spargit a radice dodrantales, coronarii operis, folio acutiore quam myrti ac molliore et candidiore, maiore, semine inter folia rubro, plurima in Ida et circa Heracleam Ponti, nec nisi in montuosis.  id quoque quod daphnoides vocatur genus in nominum ambitu est; alii enim Pelasgum, alii eupetalon, alii stephanon Alexandri vocant. et hic frutex est ramosus, crassiore ac molliore quam laurus folio, cuius gustatu accendatur os, bacis e nigro rufis. notatum antiquis, nullum genus laurus in Corsica fuisse, quod nunc satum et ibi provenit.

    Ipsa pacifera, ut quam praetendi etiam inter armatos hostes quietis sit indicium. Romanis praecipue laetitiae victoriarumque nuntia additur litteris et militum lanceis pilisque, fasces imperatorum decorat. ex iis in gremio Iovis optimi maximique deponitur, quotiens laetitiam nova victoria adtulit, idque non quia perpetuo viret nec quia pacifera est, praeferenda ei utroque olea, sed quia spectatissima in monte Parnaso ideoque etiam grata Apollini visa, adsuetis eo dona mittere, oracula inde repetere iam et regibus Romanis teste L. Bruto, fortassis etiam in argumentum, quoniam ibi libertatem publicam is meruisset lauriferam tellurem illam osculatus ex responso et quia manu satarum receptarumque in domos fulmine sola non icitur. ob has causas equidem crediderim honorem ei habitum in triumphis potius quam quia suffimentum sit caedis hostium et purgatio, ut tradit Masurius, adeoque in profanis usibus pollui laurum et oleam fas non est, ut ne propitiandis quidem numinibus accendi ex iis altaria araeve debeant. laurus quidem manifesto abdicat ignes crepitu et quadam detestatione, interna eorum etiam vitia et nervorum ligno torquente. Ti. principem tonante caelo coronari ea solitum ferunt contra fulminum metus.  Sunt et circa Divum Augustum eventa eius digna memoratu. namque Liviae Drusillae, quae postea Augusta matrimonii nomen accepit, cum pacta esset illa Caesari, gallinam conspicui candoris sedenti aquila ex alto abiecit in gremium inlaesam, intrepideque miranti accessit miraculum. quoniam teneret in rostro laureum ramum onustum suis bacis, conservari alitem et subolem iussere haruspices ramumque eum seri ac rite custodiri:  quod factum est in villa Caesarum fluvio Tiberi inposita iuxta nonum lapidem Flaminiae viae, quae ob id vocatur Ad Gallinas, mireque silva provenit. ex ea triumphans postea Caesar laurum in manu tenuit coronamque capite gessit, ac deinde imperatores Caesares cuncti. traditusque mos est ramos quos tenuerunt serendi, et durant silvae nominibus suis discretae, fortassis ideo mutatis triumphalibus.   unius arborum Latina lingua nomen inponitur viris, unius folia distinguntur appellatione; lauream enim vocamus. durat et in urbe inpositum loco, quando Loretum in Aventino vocatur ubi silva laurus fuit. eadem purificationibus adhibetur, testatumque sit obiter et ramo eam seri, quoniam dubitavere Democritus atque Theophrastus.
    Nunc dicemus silvestrium naturas.

  • Píramo y Tisbe: una antigua historia de amor trágico, como la de Romeo y Julieta

    Es difícil eludir la celebración de “San Valentín, día de los enamorados”. Una poderosa tradición que hunde sus raíces en la Antigüedad y Edad Media y es afianzada en la actualidad por los intereses mercantiles de poderosas corporaciones y organizaciones comerciales, parece imponerse sin freno.

    El asunto no carece de interés pero he de dejar para otro momento profundizar un poco en el origen de la festividad, en la inexistencia del santo mártir San Valentín o en los poderosos argumentos para dudar de su existencia, en la cristianización de una fiesta de las fiestas paganas más importantes del mes de febrero, las Lupercalia. Todo ello es de gran interés, pero prefiero aplazar su estudio. Quiero limitarme ahora a reproducir una de las más bellas historias de amor de la Antigüedad que nos relata Ovidio en sus Metamorfosis, la trágica historia de amor de Píramo y Tisbe, dos enamorados muertos por un trágico error.

    Píramo y Tisbe, dos enamorados muertos por un trágico error

    La historia o cuento, bien conocida desde la Antigüedad, tuvo tanto éxito a partir del Renacimiento que no es sino aquella de la que parece surgir la tragedia más famosa de Shakespeare, Romeo y Julieta, que también la usa en El sueño de una noche de verano.

    Es cierto que Higinio, contemporáneo aunque un poco mayor que Ovidio,  ((64 a. C. – 17d.C.) hace una simple referencia a la historia de Píramo y Tisbe en sus Fábulas. Higinio es un escritor oriundo de Valencia, según Luis Vives, aunque otros autores dudan del lugar de su nacimiento. (véase https://www.antiquitatem.com/eclipses-en-la-antiguedad-geminus- )

    Dice al respecto en sus Fabulas, 242 y 243:

    Los que se mataron a sí mismos
    Pyramo se mató a sí mismo en Babilonia por culpa del amor de Tisbe

    CCXLII Qui se ipsi interfecerunt
    …..Pyramus in Babylonia ob amorem Thisbes ipse se occidit…

    Las que se mataron a sí mismas
    La babilonia Tisbe se mató a sí misma, porque Píramo se había matado a sí mismo.

    CCXLIII Quae se ipsae interfecerunt
    ….. Thisbe Babylonia propter Pyramum quod ipse se interfecerat.

    Pero es el poeta Ovidio quien nos relata esta historia en el libro IV de su obra Metamorfosis. No conocemos ningún autor que la contara con anterioridad y son escasos los que lo hacen después, algunos con alguna variación. La historia es sin duda de origen oriental, como ya pone de manifiesto su localización en Babilonia.

    Sin duda a partir de Ovidio la historia tuvo notable éxito y fue bien conocida; antes parece que no lo fue a juzgar por las propias palabras de Ovidio: “vulgaris fabula non est”, “no es una historia popular”. En la tardía Antigüedad hay una versión ligeramente diferente de Nono, Nonnus, autor latino tardío de finales del siglo IV o principios del V que en su Dyonisiaca XII, 84 y ss. la sitúa en Cilicia y no en Babilonia.

    San Agustín nos la presenta como uno de los temas frecuentes que los estudiantes han de desarrollar como ejercicio de sus estudios de retórica; lo que quiere decir que el tema ya era muy conocido. Así nos dice, refiriéndose al muro interpuesto entre Píramo y Tisbe,  en su De ordine, 1,3,8:

    Te digo, que me irrito contigo cuando te veo andar cantando y sufriendo con estos versos de todo tipo que levantan entre ti y la verdad un muro más grueso que el que se esforzaban en levantar entre tus amantes; pues ellos se comunicaban por una delgada fisura. El intentaba entonces cantar a Píramo.

    Irritor, inquam, abs te versus istos tuos omni metrorum genere cantando et ululando insectari, qui inter te atque veritatem immaniorem murum quam inter amantes tuos conantur  erigere”. ; nam in se illi vel inolita rimula respirabant. Pyramum enim ille tum canere instituerat.

    Y luego en el mismo De ordine, 1,5,12

    Te lo digo aunque me llames odioso, pues ciertamente no puedo no serlo si te he atacado cuando hablabas con Píramo y Tisbe…

    Cui ego licet, inquam, me odiosum percontatorem voces; vix enim possum non esse,qui  expugnavi me cum Pyramo et Thisbe coloqueris

    En la Edad Media es un lugar común como referencia de “amor desgraciado”. El mito aparece en todas las literaturas europeas medievales: en España aparece ya en La fazienda de ultramar, obra probablemente del año 1153. En Francia hay numerosos ejemplos; sea suficiente el de Chrétien de Troyes en su Conte de la Charrette. En Inglaterra Chaucer contó la historia en su The Legend of Good Women. En Italia, Boccaccio hace un resumen de la fábula en su De claris mulieribus, aunque no aparecen los nombres de Píramo y Tisbe.

    Decenas de poetas y autores literarios replicaron la leyenda

    En España tiene una menor presencia en la Edad Media por el desconocimiento general de Ovidio, aunque parece ser que el Marqués de Santillana y Gómez Manrique poseían una traducción de las Metamorfosis. Pero a partir del Renacimiento son decenas los poetas y autores literarios que de una otra forma replican la leyenda, de la que quedan también numerosos romances novelescos que se cantaban en España y Portugal. Las numerosas ediciones y traducciones de Ovidio a partir del Renacimiento facilitaron la relación directa de los autores con esta leyenda.

    De todos los autores españoles quiero tan sólo destacar a dos de ellos sin profundizar en el asunto, porque mi interés en este momento es ofrecer a los lectores el texto directo de Ovidio para que puedan disfrutar de un emocionante relato literario. Estos dos autores son Cervantes, que en su Quijote hace tres referencias a los amores desgraciados: la historia de Cardenio y Luscinda en la Primera Parte (I,23-24), y en la Segunda el soneto de Lorenzo Miranda, hijo del Caballero del Verde Gabán (II,16-18) y el episodio de las bodas de Camacho (II, 19,20 y 21) con la inversión cómica de los amores funestos.

    Reproduzco, por ser más breve el soneto de Lorenzo Miranda:

    El muro rompe la doncella hermosa
    que de Píramo abrió el gallardo pecho;
    parte el Amor de Chipre y va derecho
    a ver la quiebra estrecha y prodigiosa.

    Habla el silencio allí, porque no osa
    La voz entrar por tan estrecho estrecho;
    las almas sí, que amor suele de hecho
    facilitar la más difícil cosa

    Saltó el deseo de compás y el paso
    de la imprudente virgen solicita
    por su gusto su muerte. Ved qué historia;

    Que a entrambos en un punto, ¡oh extraño caso!,
    los mata, los encubre y resucita
    una espada, un sepulcro, una memoria.

    El otro es Góngora, que reescribió el relato, si bien de tono humorístico, o para ser más exactos, de difícil interpretación, que hoy conocemos como Ilustración y Defensa de la Fábula de Píramo y Tisbe (1618). Góngora ya había aludido con anterioridad al tema de Píramo y Tisbe en una de las Letrillas en las que repite el estribillo popular “ríase la gente”:

    Pues amor es tan cruel
    que de Píramo y su amada
    hace tálamo una espada,
    do se junten ella y él,
    sea mi Tisbe un pastel
    ya la espada sea mi diente
    y ríase la gente.

    Romeo y Julieta de Shakespeare pudo estar inspirado en Píramo y Tisbe

    Shakespeare, por su parte, rememora el cuento en la famosa tragedia Romeo y Julieta y con un tono irónico en El sueño de una noche de verano”, aunque los especialistas en el autor inglés afirman que no le influyó directamente la obra de Ovidio, sino que el influjo le vino de autores italianos indirectamente a partir del poema de Arthur Brooke The Tragical Historye of Romeus and Juliet y de la traducción de William Painter “Rhomeo and Julietta”; estos autores se sirvieron de una versión francesa de Pierre Boaiastou que se basaba en un Romeo e Giuletta de Mateo Bandello  y en un Giuletta e Romeo de Luigi da Porto.

    Pero Shakespeare no tendría ninguna dificultad en conocer un tema tan popular ya en toda Europa: Golding había traducido en 1567 Las metamorfosis.

    Por supuesto el tema fue de interés para otros artistas, además de los literatos, como los pintores y los músicos, desde la propia Antigüedad hasta nuestros días.

    Ofrezco tan sólo cuatro ejemplos de pintura sobre el tema: una del siglo I de Pompeya, otra de un capitel románico del siglo XII en Basilea,otra del XVIII-XIX y otra absolutamente contemporánea.

    Lienzo del siglo I sobre Píramo y Tisbe
    Lienzo del siglo I sobre Píramo y Tisbe

    Píramo y Tisbe representados en un fresco de la Casa de Octavio Cuartión (Pompeya). S. I d. C.

    Imágenes de un Capitel románico del siglo XII
    Capitel románico del siglo XII con Píramo y Tisbe representados

    Claustro de la catedral de Basilea, finales del siglo XII (con una interpretación cristiana moralizante)

    Lienzo sobre los protagonistas de la leyenda del siglo XVIII-XIX
    Lienzo sobre los protagonistas de la leyenda del siglo XVIII-XIX

    Pierre-Claude Gautherot, (1769-1825),

    Lienzo contemporáneo de Píramo y Tisbe
    Lienzo contemporáneo de Píramo y Tisbe

    Gabriel Alonso y publicada por la editorial digital UNO Y CERO (http://unoyceroediciones.com/)

    En música los ejemplos van desde la ópera El sueño de una noche de verano, obra de Benjamin Britten basada en El sueño de una noche de verano de Shakespeare West Side Story basada en Romeo y Julieta hasta la adaptación de los Beatles, en la que Paul McCartney era Piramo, John Lennon era Tisbe, George Harrison era la Luna y Ringo Starr era el león.

    Pero dejémonos de consideraciones más o menos eruditas y curiosidades intranscendentes y permitamos que sea el poeta  Ovidio el que nos relate con detalle la desgraciada historia.

    Matamorfosis, IV, 42…..54;  55-166

    Aprueban sus palabras las hermanas y le piden que sea ella la primera en contar. Se pone ella a pensar qué relato, de entre muchos, va a escoger, pues eran innumerables los que sabía,  y duda si contar tu historia, babilonia Dércetis, de quien creen los palestinos que, transformada y con escamas cubriendo sus miembros, agitó las aguas de un lago.
    …..
    O de cómo el árbol que antes daba frutos blancos, los da ahora negros por haber sido tocado por sangre. Esto último es lo que prefiere; esta narración, por no ser del dominio común, la empieza  de la siguiente manera, mientras la lana va tras de sus hilos:
    “Píramo  y Tisbe, el uno el más bello de los jóvenes, la otra sobresaliente entre las muchachas que tenía el Oriente,  ocupaban dos casas contiguas, allí donde se dice que Semíramis ciñó de muros de tierra cocida su elevada ciudad. La vecindad les hizo conocerse y dar los primeros pasos; con el tiempo creció el amor; ellos habrían querido celebrar la legítima unión de la antorcha nupcial, pero se opusieron los padres; mas, y a eso no podían oponerse, por igual ardían ambos con cautivos corazones. Ningún confidente hay entre ellos, por señas y por gestos se hablan, y cuanto más ocultan el fuego, más se enardece el fuego oculto. La pared medianera de ambas casas estaba hendida por una delgada grieta que se había producido antaño, durante su construcción. El defecto, que nadie había observado a lo largo de los siglos -¿qué no notará el amor?- vosotros, amantes, fuisteis los primeros en verlo, y lo hicisteis camino de vuestra voz; y así solían pasar seguras a su través, y en tenue cuchicheo, vuestras ternezas. Muchas veces, cuando de una parte estaba Tisbe y de la otra Píramo, y habían ellos percibido mutuamente la respiración de sus bocas, decían: “Pared envidiosa, ¿por qué te alzas como obstáculo entre dos amantes? ¿Qué te costaba permitirnos unir por entero nuestros cuerpos, o, si eso es demasiado, ofrecer al menos una abertura para nuestros besos? Pero no somos ingratos; confesamos que te debemos el que se haya dado a nuestras palabras paso hasta los oídos amigos.”

    Y después de hablar así en vano y separados como estaban, al llegar la noche se dijeron adiós, y dio cada uno a su parte besos que no llegaron al otro lado. La aurora siguiente había ahuyentado las nocturnas luminarias, y el sol había secado con sus rayos las hierbas cubiertas de escarcha; se reunieron en el lugar de costumbre. Y entonces, después de muchos lamentos murmurados en voz baja, acuerdan hacer en el silencio de la noche la tentativa de engañar a sus guardianes y salir de sus puertas, y, una vez que estén fuera de sus hogares, abandonar también los edificios de la ciudad; y, para evitar el riesgo de extraviarse en su marcha por los anchos campos, reunirse junto al sepulcro de Nino (rey fundador de Nínive) y ocultarse a la sombra del árbol. Un árbol había allí, cuajado de frutos blancos como la nieve, un erguido moral, situado en las proximidades de un frío manantial. Este plan adoptan; y la luz del día, que les pareció tardar en alejarse, se arroja a las aguas, y de las mismas aguas sale la noche. Hábilmente en medio de las tinieblas hace Tisbe girar la puerta en su quicio, sale, engaña a los suyos, con la cara tapada llega a la tumba, y se sienta bajo el árbol convenido; el amor la hacía atrevida. He aquí que llega una leona con el hocico espumeante embadurnado de sangre de unos bueyes que acaba de matar, y con la intención de apagar su sed en las aguas de la vecina fuente. La babilonia Tisbe la vio de lejos, a los rayos de la luna, y con pasos asustados huyó a una oscura cueva; y al huir, cayó de su espalda un velo que dejó abandonado. Una vez que la feroz leona hubo aplacado con abundante agua su sed, al volver al bosque se encontró el tenue velo sin su dueña, y con su boca ensangrentada lo desgarró.

    Píramo salió más tarde, vio en el espeso polvo huellas seguras de una fiera, y palideció su semblante entero; pero cuando encontró también la prenda teñida en sangre, dijo: “Una sola noche acabará con los enamorados; de los dos, ella era la más digna de una larga vida, mientras que mi alma es culpable; yo he sido quien te he perdido, infortunada, yo que te he mandado venir de noche a un lugar terrorífico, y no he venido aquí el primero. Despedazad mi cuerpo y devorad a fieros mordiscos estas vísceras criminales, oh leones todos que habitáis bajo esta roca. Pero es de cobardes desear la muerte”.

    Coge del suelo el velo de Tisbe, lo lleva consigo a la sombra del árbol de la cita, y después de dar lágrimas y besos a la conocida prenda, dice: “Recibe ahora también la bebida de mi sangre”. Y hundió en sus ijares el hierro que llevaba al cinto, y sin tardanza se lo arrancó, moribundo ya, de la ardiente herida, quedando tendido en tierra boca arriba; la sangre salta a gran altura, no de otro modo que cuando en un tubo de plomo deteriorado se abre una hendidura, que por el estrecho agujero que silba lanza chorros de agua y rasga el aire con su persecución. Los frutos del árbol toman, por las cruentas salpicaduras, un tinte oscuro, y la raíz, humedecida en sangre, matiza el color de púrpura las moras que cuelgan.
    He aquí que, sin estar libre de miedo todavía, pero para no hacer defección a su amante, vuelve ella, busca al joven con los ojos y con el alma, y arde en deseos de contarle el enorme peligro de que se ha librado; y si bien reconoce el lugar y la forma del árbol que ha visto, con todo la hace dudar el color del fruto; quédase perpleja sobre si será el mismo árbol. Mientras vacila, ve que unos miembros temblorosos palpitan sobre el suelo ensangrentado; retrocedió, y con el semblante más pálido que el boj sufrió un estremecimiento semejante al del mar que susurra cuando una leve brisa roza su superficie. Mas una vez que, poco después, reconoció a su amor, se maltrata con sonoros golpes los brazos que lo merecían, se arranca los cabellos, y abrazando el cuerpo amado inundó de lágrimas sus heridas y mezcló su llanto con la sangre; y estampando sus besos en el rostro helado gritó: “Píramo, ¿qué desventura me ha dejado sin ti? Píramo, respóndeme; es tu adorada Tisbe quien te llama; escúchame y yergue tu cabeza abatida”. Al nombre de Tisbe levantó Píramo los ojos, sobre los que gravitaba ya la muerte, y después de verla a ella los volvió a cerrar. Cuando ella reconoció su prenda, y vi el marfil desprovisto de su espada, exclamó: “¡Tu propia mano te ha dado muerte y tu propio amor, infortunado! Para esto sólo tengo yo también una mano fuerte, y tengo amor que me dará fuerzas para herirme. Iré tras de ti que ya has perecido, y de tu muerte se dirá que he sido yo trágica causa y compañera; y tú, a quien sólo la muerte ¡ay! Podía arrancarme, ni aun la muerte podrá arrancarte de mí. Una cosa sin embargo os han de pedir las súplicas de los dos, oh infelicísimos padres mío y suyo, que a aquellos a quienes unió un fiel amor y la última hora, no les rehuséis ser sepultados en la misma tumba. Y tú, árbol que con tus ramas das sombra ahora al pobre cuerpo de uno solo, pero pronto la darás a los de dos, conserva las señales de nuestra ruina, y ten siempre frutos negros y propios para el luto, en memoria de nuestra doble sangre”. Dijo, y colocando la punta de la espada bien por debajo de su pecho, se dejó caer sobre el hierro que aun estaba tibio de la otra sangre. Sus súplicas conmovieron a los dioses, conmovieron a los padres; pues el color del fruto, una vez que está bien maduro, es negruzco, y lo que resta de sus piras descansa en una única urna”.

    Había terminado; transcurrió un breve intervalo, y empezó a hablar Leucónoe; guardaron silencio sus hermanas. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira, C.S.I.C. Alma Mater)

    Dicta probant primamque iubent narrare sorores.
    Illa, quid e multis referat (nam plurima norat),
    cogitat et dubia est, de te, Babylonia, narret,
    Derceti, quam versa squamis velantibus artus
    stagna Palaestini credunt motasse figura;
    ……
    an, quae poma alba ferebat,
    ut nunc nigra ferat contactu sanguinis arbor.
    Hoc placet, hanc, quoniam vulgaris fabula non est,
    talibus orsa modis, lana sua fila sequente:
    …..
    55-168
    Pyramus et Thisbe.
    “Pyramus et Thisbe, iuvenum pulcherrimus alter,
    altera, quas oriens habuit, praelata puellis,
    contiguas tenuere domos, ubi dicitur altam
    coctilibus muris cinxisse Semiramis urbem.
    Notitiam primosque gradus vicinia fecit:
    tempore crevit amor. Taedae quoque iure coissent:
    sed vetuere patres. Quod non potuere vetare,
    ex aequo captis ardebant mentibus ambo.
    Conscius omnis abest: nutu signisque loquuntur,
    quoque magis tegitur, tectus magis aestuat ignis.
    Fissus erat tenui rima, quam duxerat olim,
    cum fieret paries domui communis utrique.
    Id vitium nulli per saecula longa notatum
    (quid non sentit amor?) primi vidistis amantes,
    et vocis fecistis iter; tutaeque per illud
    murmure blanditiae minimo transire solebant.
    Saepe, ubi constiterant hinc Thisbe, Pyramus illinc,
    inque vices fuerat captatus anhelitus oris,
    “invide” dicebant “paries, quid amantibus obstas?
    quantum erat, ut sineres toto nos corpore iungi,
    aut hoc si nimium est, vel ad oscula danda pateres?
    Nec sumus ingrati: tibi nos debere fatemur,
    quod datus est verbis ad amicas transitus aures.”
    Talia diversa nequiquam sede locuti
    sub noctem dixere ”vale” partique dedere
    oscula quisque suae non pervenientia contra.
    Postera nocturnos aurora removerat ignes,
    solque pruinosas radiis siccaverat herbas:
    ad solitum coiere locum. Tum murmure parvo
    multa prius questi, statuunt, ut nocte silenti
    fallere custodes foribusque excedere temptent,
    cumque domo exierint, urbis quoque tecta relinquant;
    neve sit errandum lato spatiantibus arvo,
    conveniant ad busta Nini lateantque sub umbra
    arboris. Arbor ibi, niveis uberrima pomis
    ardua morus, erat, gelido contermina fonti.
    Pacta placent. Et lux, tarde discedere visa,
    praecipitatur aquis, et aquis nox exit ab isdem.
    Callida per tenebras versato cardine Thisbe
    egreditur fallitque suos, adopertaque vultum
    pervenit ad tumulum, dictaque sub arbore sedit.
    Audacem faciebat amor. Venit ecce recenti
    caede leaena boum spumantes oblita rictus,
    depositura sitim vicini fontis in unda.
    Quam procul ad lunae radios Babylonia Thisbe
    vidit et obscurum timido pede fugit in antrum,
    dumque fugit, tergo velamina lapsa reliquit.
    Ut lea saeva sitim multa conpescuit unda,
    dum redit in silvas, inventos forte sine ipsa
    ore cruentato tenues laniavit amictus.
    Serius egressus vestigia vidit in alto
    pulvere certa ferae totoque expalluit ore
    Pyramus: ut vero vestem quoque sanguine tinctam
    repperit, “una duos” inquit “nox perdet amantes.
    E quibus illa fuit longa dignissima vita,
    nostra nocens anima est: ego te, miseranda, peremi,
    in loca plena metus qui iussi nocte venires,
    nec prior huc veni. Nostrum divellite corpus,
    et scelerata fero consumite viscera morsu,
    o quicumque sub hac habitatis rupe, leones.
    Sed timidi est optare necem.” Velamina Thisbes
    tollit et ad pactae secum fert arboris umbram;
    utque dedit notae lacrimas, dedit oscula vesti,
    “accipe nunc” inquit “nostri quoque sanguinis haustus!”
    quoque erat accinctus, demisit in ilia ferrum,
    nec mora, ferventi moriens e vulnere traxit.
    Ut iacuit resupinus humo: cruor emicat alte,
    non aliter quam cum vitiato fistula plumbo
    scinditur et tenui stridente foramine longas
    eiaculatur aquas atque ictibus aera rumpit.
    Arborei fetus adspergine caedis in atram
    vertuntur faciem, madefactaque sanguine radix
    purpureo tingit pendentia mora colore.
    Ecce metu nondum posito, ne fallat amantem,
    illa redit iuvenemque oculis animoque requirit,
    quantaque vitarit narrare pericula gestit.
    Utque locum et visa cognoscit in arbore formam,
    sic facit incertam pomi color: haeret, an haec sit.
    Dum dubitat, tremebunda videt pulsare cruentum
    membra solum, retroque pedem tulit, oraque buxo
    pallidiora gerens exhorruit aequoris instar,
    quod tremit, exigua cum summum stringitur aura.
    Sed postquam remorata suos cognovit amores,
    percutit indignos claro plangore lacertos,
    et laniata comas amplexaque corpus amatum
    vulnera supplevit lacrimis fletumque cruori
    miscuit et gelidis in vultibus oscula figens
    “Pyrame” clamavit “quis te mihi casus ademit?
    Pyrame, responde: tua te carissima Thisbe
    nominat: exaudi vultusque attolle iacentes!”
    Ad nomen Thisbes oculos iam morte gravatos
    Pyramus erexit, visaque recondidit illa.
    Quae postquam vestemque suam cognovit et ense
    vidit ebur vacuum, “tua te manus” inquit “amorque
    perdidit, infelix. Est et mihi fortis in unum
    hoc manus, est et amor: dabit hic in vulnera vires.
    Persequar exstinctum letique miserrima dicar
    causa comesque tui; quique a me morte revelli
    heu sola poteras, poteris nec morte revelli.
    Hoc tamen amborum verbis estote rogati,
    o multum miseri meus illiusque parentes,
    ut quos certus amor, quos hora novissima iunxit,
    conponi tumulo non invideatis eodem.
    At tu quae ramis arbor miserabile corpus
    nunc tegis unius, mox es tectura duorum,
    signa tene caedis pullosque et luctibus aptos
    semper habe fetus, gemini monimenta cruoris.”
    Dixit, et aptato pectus mucrone sub imum
    incubuit ferro, quod adhuc a caede tepebat.
    Vota tamen tetigere deos, tetigere parentes:
    nam color in pomo est, ubi permaturuit, ater,
    quodque rogis superest, una requiescit in urna.”
    Desierat, mediumque fuit breve tempus, et orsa est
    dicere Leuconoe: vocem tenuere sorores.

  • Annum novum faustum felicem Feliz y próspero año nuevo

    Los antiguos romanos celebraban el comienzo de un nuevo año con fiestas muy especiales, como no podía ser de otra forma: no en vano es muy importante en el mundo clásico antiguo la idea o creencia del tiempo cíclico que acaba y renace constantemente. Vease: https://www.antiquitatem.com/que-es-un-siglo

    En los meses de diciembre y enero se celebraban  en Roma varias fiestas, (el calendario anual estaba plagado de ellas), las Saturnalia, Año Nuevo, … que han confluido y dejado su huella en nuestras fiestas de Navida y Año Nuevo. Véase artículo https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial

    Esta pervivencia nos ayuda sin duda a comprender mejor estos ritos antiguos, a pesar de las diferencias; piénsese que llevamos más de dos mil años celebrando de esta manera la llegada de un nuevo año.

    Como ocurre en nuestros días, estas fiestas tenían una dimensión pública y oficial (toma de posesión de los nuevos cónsules, expresión de la fidelidad al emperador haciendo votos por él y  haciéndole regalos que se llaman “strena” y que luego comentaré; hoy mensaje del rey o dirigente político, nuevos presupuestos, cabalgatas públicas, etc.) y otra de fiesta privada (visitas a las casas de familiares y amigos, felicitaciones mutuas, intercambio de abrazos, besos, regalos y votos de buenos deseos, todo ello con cierto valor ritual, …).

    En tres días de ritos, actos oficiales y privados y prácticas de purificación y augurales, los romanos cerraban el año ya vivido y abrían un nuevo tiempo bajo la protección de Iuppiter Optimus Maximus, Ianus bifronte y los dioses Lares (los dioses del hogar).

    Como decía, es esencial el comenzar las cosas bien: el buen comienzo es la premonición de un buen desarrollo posterior y por eso el primer nombre que se pronunciaba en una celebración solemne debía ser de buen agüero, el nombre del primer soldado reclutado debía expresar felicidad, el nombre de quienes conducían la víctima al sacrificio también debía significar felicidad, etc.  Por eso cualquier acción se suele empezar con la fórmula general “quod bonum, faustum, felix, fortunatumque esset”, “que sea bueno, favorable, feliz y próspero”.

    El primer día del año, cargado de una fuerza, de una “virtus” especial, también debía ser feliz como premonición determinante de un año lleno de bienes y por eso en esas fechas se hacían regalos y se deseaban un feliz año con la fórmula “annum novum faustum felicem (tibi, vobis precor, aqdprecor, …etc.), a veces con  “annum novum faustum felicem fortunatum”, similar a la fórmula general, que no son sino ritos y actos mágicos destinados a asegurar un futuro favorable.

    Tenemos constancia de esta fórmula en al menos dos cartas y en numerosísimos objetos, algunos de los cuales son precisamente los regalos que en estas fechas se intercambiaban, sobre todo lucernas o candiles, de los que inmediatamente hablaré.

    Además de una referencia explícita en Plinio, la fórmula aparece repetidamente en monedas y medallas imperiales y en la dedicación de algunos monumentos. Podemos de todo ello concluir que la fórmula “annum novum faustum felicem” era tan frecuente en estas fechas como nuestra “feliz y próspero año nuevo”.

    Las tablillas vindolandas son unas tablillas de madera del tamaño de una tarjetas postal con textos escritos con tinta, de los siglos I y II que aparecieron al pie del famoso Muro de Adriano que separa a las belicosas tribus del norte de Gran Bretaña de la parte dominada por las legiones. Aparecieron en el fuerte de Vindolanda y en ellas se reflejan asuntos militares y personales de la guarnición allí acampada. Se descubrieron en época tan reciente como el año 1973. Son 752 las tablillas (siguen apareciendo) que han sido traducidas y publicadas en el año 2010. Son los documentos más antiguos escritos en latín en las Islas Británicas.

    Nota: para quien tenga interés le ofrezco un enlace a la página web en la que puede encontrar información completa http://vindolanda.csad.ox.ac.uk/

    Pues bien, la tablilla número 261 es un testimonio del uso de la fórmula que nos ocupa.

    Hostilio Flaviano a su querido Cerealis, saludos. Feliz y próspero año nuevo.

      1  Hostilius Flauianus Cereali / 2  suo salutem / 3 / 4  annum nouom faustum felicem / . . . . . . .

    Probablemente este Hostilio Flaviano es un prefecto que en su carta a  Cerealis, a quien trata de “hermano”, se refiere a un sacrificio con motivo del nuevo año, como deducimos de la tablilla número 265, aunque nada autoriza a relacionar ambas tablillas,  que dice:

    … a su querido Cerealis, saludos. Hermano, tal como querías he consagrado el día de las Calendas con un sacrificio…

    1  ]..s Ceriali suo / 2  salutem / 3  ego, fráter, sacrificio diem / 4  Kalendarum sic- / 5  ut uoluerás dedi- / 6  traces / . . . . . . . .

    Con frecuencia con la expression “diem Kalendarum” , sin referencia al mes,  se refieren a las Kalendas por excelencia, las del Nuevo Año.

    Hay también una carta de Marco Cornelio Frontón, (aproximadamente vivió entre el 95 y 165), el mayor orador de su tiempo,  al César Marco Aurelio. en la que le felicita el nuevo año:

    Frontón: Ad M. Caesarem 5.45 [77 Hout; 1.228 Haines] (30)

    Mi señor:

    Te deseo un Nuevo Año feliz y próspero en todas las cosas que justamente deseas no sólo para ti  sino también para tu padre, nuestro señor y tu madre y tu esposa y tu hija y todas las otras personas a las que merecidamente amas.  Por mi parte yo temí, débil como todavía estoy de cuerpo, quedar expuesto a la turbamulta y la presión. Pero si los dioses me ayudan, mañana os veré pronunciando los votos.

    Adios, mi dulcísimo señor. Saluda a mi querida señora.

    Domino meo.
    Annum novum faustum tibi et ad omnia, quae recte cupis, prosperum cum tibi tum domino nostro patri tuo et matri et uxori et filiae ceterisque omnibus quos merito diligis, precor. Metui ego invalido adhuc corpore turbae et inpressioni me committere. Si dei juvabunt, perendie vos vota nuncupantis videbo.
    Vale, mi domine dulcissime. Dominam saluta.

    Plinio nos atestigua la costumbre de desearse un feliz año nuevo en Historia Natural, 28, 5 (22 )

    Para confirmar estas cosas,  quiero hacer una apelación  a la experiencia íntima de cada uno de nosotros. ¿Por qué, de hecho, nos deseamos unos a otros con alegres deseos que el primer día del nuevo año sea feliz?

    Libet hanc partem singulorum quoque conscientia coarguere. cur enim primum anni incipientis diem laetis precationibus invicem faustum ominamur?

    Tibulo relaciona el rito de quemar hojas de laurel y observar si crepitan en el fuego, buena señal, o no lo hacen, con el presagio de un nuevo año:

    Tibulo, II, 5, 79 ss.

    Pero tú ya sereno, Apolo, hunde los prodigios bajo las aguas desenfrenadas del mar
    y el laurel encendido con la llama sagrada crepite de buen augurio,
    un presagio con el que el año será sagrado y dichoso.

    (Traducción de Arturo Soler. Editorial Gredos)

    sed tu iam mitis, Apollo,
    prodigia indomitis merge sub aequoribus,
    et succensa sacris crepitet bene laurea flammis,
    omine quo felix et sacer annus erit.

    La felicitación de Año Nuevo viene acompañada de regalos especiales: se regalan dátiles, higos secos y miel, como todavía ocurre; todo ello productos dulces que he disfrutado sobre todo de niño, ahora ampliados con los inevitables turrones, como expresión de los mejores deseos.

    También se regalan monedas de bronce con la imagen bifronte del dios Jano, dios del final y del comienzo, dios que mira al pasado y al futuro y por lo tanto el que cierra el año viejo y abre el nuevo. Jano, Ianus, es precisamente el dios que da nombre al mes de Enero, Ianuarius, con el se abre el año romano desde el año 153 a.C. con motivo de las guerras celtibéricas; antes el año comenzaba en marzo.

    Este regalo de monedas tiene su continuidad en nuestro aguinaldo, palabra de cuyo origen dice textualmente el Diccionario de la Real Academia: “Quizá del lat. hoc in anno 'en este año'.”

    Estos regalos se llamaban strena, de donde deriva la española “estrena” que el Diccionario de la Real Academia define como “” Dádiva, alhaja o presente que se da en señal y demostración de gusto, felicidad o beneficio recibido”, y estrenar  y la francesa “étrenne”.

    La palabra latina strena, probablemente de origen  sabino, significa “buen presagio” y especialmente “regalo hecho como muestra de buen presagio”, en el sentido que dice Festo, 410, 21:

    Strenae: se llama así al regalo que se hacía en un día consagrado por la religión, en señal de buen presagio, del número con el que se significa que vendrá un segundo y un tercero de iguales ventajas, como si se dijera “trena”, anteponiéndole una “S”, como los antiguos solían hacer en las palabras loco (locus) y lite (litis).  ….

    Strenam vocamus, quae datur die religioso ominis boni gratia, a numero, quo significatur, alterum, tertiumque venturum similis commodi, veluti trenam, praeposita S littera, ut in loco, et lite solebant antiqui.

    Son muy especiales los regalos que por estas fechas se hacen a los emperadores en reconocimiento de su autoridad y gobierno. Sirva de ejemplo elsiguiente texto de Suetonio sobre Augusto.

    Suetonio, Vida de Augusto, 57:

    Fácilemente se aprecia cuán grande era el afecto que se le tenía por una conducta tan ejemplar. Dejo a un lado los senadoconsultos, pues pueden parecer forzados por la necesidad o por el miedo. Pero los caballeros romanos, por decisión propia y de común acuerdo, celebraron siempre durante dos días el nacimiento de Augusto. Todas las categorías sociales del Estado tiraban monedas al lago de Curcio cada año,  en cumplimiento de una promesa hecha por la salud del emperador.  Igualmente durante las calendas de enero, aun cuando estaba ausente, llevaban un aguinaldo al Capitolio. Con este dinero, Auusto compraba magníficas estatuas de dioses que consagraba en los distintos barrios, como el Apolo Sandaliario, Júpiter Tagedio y otros. Para ayudarle a reconstruir su casa del Palatino, arrasada por un incendio,los veteranos, las decurias, las tribus e incluso  gentes de todas las clases a título individual, aportaron voluntariamente sumas de dinero, proporcionales a sus posibilidades, pero él se contntó con tomar aquí y allá monedas de los montones que le ofrecían,sin aceptar más de un denario de cada uno. Cuando volvía de una provincia,era escoltado no sólo por aclamaciones de bienvenida sino también con canciones. Se tomó además por costumbre,el suprimir toda ejecución cada vez que él entraba en Roma. (Traducción de Francisco Luis Cardona y Juan Alsina. Edit. Bruguera)

    Pro quibus meritis quanto opere dilectus sit, facile est aestimare. Omitto senatus consulta, quia possunt videri vel necessitate expressa vel verecundia. Equites R. natalem eius sponte atque consensu biduo semper celebrarunt. Omnes ordines in lacum Curti quotannis ex voto pro salute eius stipem iaciebant, item Kal. Ian. strenam in Capitolio etiam absenti, ex qua summa pretiosissima deorum simulacra mercatus vicatim dedicabat, ut Apollinem Sandaliarium et Iovem Tragoedum aliaque. In restitutionem Palatinae domus incendio absumptae veterani, decuriae, tribus atque etiam singillatim e cetero genere hominum libentes ac pro facultate quisque pecunias contulerunt, delibante tantum modo eo summarum acervos neque ex quoquam plus denario auferente. Revertentem ex provincia non solum faustis ominibus, sed et modulatis carminibus prosequebantur. Observatum etiam est, ne quotiens introiret urbem, supplicium de quoquam sumeretur.

    Inscripción del pedestal de la escultura dedicada a Vulcano por Augusto con el dinero entregado en año nuevo (CIL 06, 00457) :

    Imp(erator) Caesar divi f(ilius) Augustus / pontifex maximus imp(erator) XIII
    co(n)s(ul) XI trib(unicia) potest(ate) XV / ex stipe quam populus
    Romanus / anno novo apsenti contulit / Nerone Claudio Druso
    co(n)s(ulibus) / T(ito) Quinctio Crispino / Volcano

    El emperador César Augusto, hijo del divino, pontífice máximo emperador por decimotercera vea, cónsul por úndecima, con poder tribunicio por decimoquinta, dedicó (esta estatua) a Vulcano con el dinero que el pueblo romano le regaló en año nuevo estando ausente, siendo cónsules Nerón Claudio Druso y Tito Quintio Crispino.

    Que la palabra strena probablemente es de origen Sabino lo afirma de alguna manera Símaco cuando atribuye la costumbre de hacer regalos al rey sabino Tacio. El texto aparece en algunas ediciones más antiguas como la carta número 28  o número 35, según la edición, del Libro X de sus cartas. Modernamente el texto aparece como el Informe 15 de su obra “Informes”. En él además se hace referencia a la costumbre que se mantiene tres siglos después de Augusto, de dar las “estrenas” al emperador.

    Symmachus. Epistulae, 10,  28 (al. 35), o Informes, 15:

    A nuestros señores Valentiniano, Teodosio y Arcadiosiempre augustos, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384)

    La práctica de las estrenas se desarrolló casi desde el nacimiento de la Urbe de Marte por el impulso del rey Tacio, quien fue el primero que aceptó unas ramas de un árbol fructífero del bosque sagrado de Estrenia como auspicio del año nuevo, señores emperadores. El nombre indica que las estrenas casan con los hombres estrenuos debido a su valor, y por eso se debe una distinción de esta clase a unos seres como vosotros, cuyo espíritu divino aguarda más bien un testimonio de su vigilancia que un presagio. Recibid por ello, defensores del bienestar público, unos modestos dones trabajados en oro, según la costumbre, no porque gocéis con una ofrenda de metal precioso, sino por atestiguar con nuestra entrega la opulencia de una época feliz. Consagramos unos dones bien adquiridos a unos príncipes buenos. Vosotros que condenais los pagos ocultos, recibid de los dignatarios una obsequiosidad manifiesta. Os ofrecemos con razón, por ser los númenes de nuestra incolumidad, las páteras tradicionales con cinco sueldos cada una. Con ellas no se ven abrumados ni vuestro pudor ni nuestras haciendas. Que persista largo tiempo esta práctica de consideración hacia vosotros y que una sucesión ingterminable de años renueve el homenaje de vuestra clemencia. La prefectura, que ha de ser otorgada a hombres estrenuos, satisfará de buen grado las estrenas tradicionales. (Traducción de José Antonio Valdés Gallego. Editorial Gredos)

    DD. VALENTINIANO, THEODOSIO ET ARCADIO SEMPER AUG. SYMMACHUS V. C. PRAEF. URB.
    Ab exortu pene urbis Martiae strenarum usus adolevit, auctoritate Tatii regis, qui verbenas felicis arboris ex luco Strenuae anni novi auspices primus accepit, DD. imperatores. Nomen indicio est viris strenuis haec convenire ob virtutem: atque ideo vobis hujusmodi insigne deberi; quorum divinus animus magis testimonium vigilantiae quam omen exspectat. Sumite igitur defensores publicae salutis solemniter auro ducta munuscula: non quia divitis metalli honore gaudetis, sed ut nostra devotio felicis saeculi testetur opulentiam. Bonis principibus bene parta libamus. Suscipite a judicibus aperta obsequia, qui pretia occulta damnatis. Merito vobis solemnes pateras, cum quinis solidis, ut numinibus integritatis offerimus: quibus nec vester pudor, nec noster census oneratur. Maneat aevum talis circa nos usus officii: et honorem clementiae vestrae interminus annorum recursus instauret. Libenter strenis solemnibus praefectura fungetur, strenuis deferendis.

    Sobre la costumbre de hacer  regalos, sobre todo a los comensales de los banquetes,  léanse el los artículo sobre las fiestas Saturnales https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial

    y para los regalos de Navidad https://www.antiquitatem.com/xenia-apophoreta-marcial-saturnales .

    En estos regalos a veces cargados de ironía podemos ver un precedente del “roscón de reyes” que tan extendido está en España. En el roscón se esconde una “haba”, legumbre cargada de profundo y extraña valor ritual para los romanos (los pitagóricos por ejemplo tienen prohibido comer habas), y se esconde también otra figura “positiva”, que puede ser un rey, recordándonos probablemente la figura de “rey del banquete”, que regulaba la ingesta del vino durante la celebración.

    Reproduzco un epigrama de Marcial en el que se hace referencia a la costumbre de hacer regalos en Navidad.

    Marcial, VIII, 33

    ¿Por qué ese regalo tan sutil? (Paulo envía a Marcial una copa de metal tan fino, que el poeta se ingenia para encontrarle Analogías)

    De tu corona pretoria, me envías, Paulo, un pétalo y me mandas tenerlo a título de escudilla. Con una pátina así, rebajada con un suave baño de rojo azafrán, se había recubierto recientemente tu impulsor. ¿O es más bien que la uña de un hábil sirviente ha despegado una fina lámina, que yo creo que es del pie de tu lecho?  Puede ella captar el vuelo lejano de un mosquito, o moverse con el ala de una minúscula mariposa. Se mantiene en el aire con el vaho de una lámpara mortecina, y se rompe con el golpe del vino suavemente escanciado. Con una binza así se envuelven los dátiles que en las calendas de Jano ofrece junto con un poco de mísera calderilla un cliente pobre. Menos flexibles crecen las colocasias de sutil filamento; más gruesos se marchitan por el exceso de sol los pétalos del lirio; y la araña no corre, vagando de aquí para allá, por una tela tan tenue, ni el gusano de seda realiza, suspendido en el aire, un trabajo tan fino. Más gruesa es la capa de afeites que hay en la cara de la vieja Fabula; más gruesa es la burbuja que se forma en el agua removida; más fuerte es tanto la redecilla que mantiene rizados los cabellos como la pomada bátava que tiñe las cabelleras latinas. Con una telilla así se reviste el pollo en el huevo de Leda, tales son las cintas que ciñen las frentes adornadas con una luneta. ¿Qué te importa a ti una escudilla, pudiendo enviarme un cazo, pudiendo enviarme incluso una cuchara —estoy hablando de cosas demasiado grandes—, pudiendo enviarme una cáscara de caracol, pudiendo, en fin, Paulo, no enviarme nada?  (Traducción de José Guillén. Institución Fernando el Católico. Zaragoza)

    De praetoricia folium mihi, Paule, corona
    Mittis et hoc phialae nomen habere iubes.
    Hac fuerat nuper nebula tibi pegma perunctum,
    Pallida quam rubri diluit unda croci.
    An magis astuti derasa est ungue ministri
    Brattea, de fulcro quam reor esse tuo?
    Illa potest culicem longe sentire volantem
    Et minimi pinna papilionis agi;
    Exiguae volitat suspensa vapore lucernae
    Et leviter fuso rumpitur icta mero.
    Hoc linitur sputo Iani caryota Kalendis,
    Quam fert cum parco sordidus asse cliens.
    Lenta minus gracili crescunt colocasia filo,
    Plena magis nimio lilia sole cadunt;
    Nec vaga tam tenui discurrit aranea tela,
    Tam leve nec bombyx pendulus urguet opus.
    Crassior in facie vetulae stat creta Fabullae,
    Crassior offensae bulla tumescit aquae;
    Fortior et tortos servat vesica capillos
    Et mutat Latias spuma Batava comas.
    Hac cute Ledaeo vestitur pullus in ovo,
    Talia lunata splenia fronte sedent.
    Quid tibi cum phiala, ligulam cum mittere possis,
    Mittere cum possis vel cocleare mihi, –
    Magna nimis loquimur – cocleam cum mittere possis,
    Denique cum possis mittere, Paule, nihil?

    San Agustin, criticando los abundantes dioses paganos, hace referencia a la diosa Strenia, citada en el texto anterior, y que hace fuertes a los hombres porque fuerte en latín se dice “strenuus”, en dos capítulos del libro IV de su obra, De civitate Dei: el 11 y el 16. Reproduzco el capítulo XVI:

    Agustín, De civitate Dei, IV, 16

    Los romanos han querido que el templo a la diosa Quietud estuviera fuera de las puertas de la ciudad. ¿Por qué razón, cuando a cada cosa y cada movimiento le tienen asignado un dios?
    Hay algo que me sorprende sobremanera en los paganos: a cada realidad y casi a cada obra le han asignado un dios: a la diosa Agenoria le asignaron el excitar a la acción; a la diosa Estímula, que estimulase a la actividad desmedida; a Murcia como la diosa que inmovilizase al hombre más de lo normal y lo hiciera, como dice Pomponio, «múrcido», es decir, perezoso e inactivo en demasía; a la diosa Strenia para que lo volviese vivaz. A todos estos dioses y diosas se comprometieron a ofrecerles un culto público. En cambio, a la diosa llamada Quietud, que tiene como misión conceder la tranquilidad, no la han querido aceptar oficialmente, puesto que tiene su templo fuera de la puerta Colina. ¿Qué quiere decir esto: que el romano, por su forma de ser, es inquieto, o más bien que todo el que se mantenga en el culto de esta caterva no digo de dioses, sino de demonios, jamás podrá alcanzar la paz del espíritu? A esta paz nos invita el verdadero Médico con estas palabras: Aprended de mí, que soy sencillo y humilde, y encontraréis la paz del espíritu
    (Mateo, 11,29). (http://www.augustinus.it/spagnolo/cdd/index2.htm)

    [XVI] Miror autem plurimum, quod, cum deos singulos singulis rebus et paene singulis motibus adtribuerent, uocauerunt deam Agenoriam, quae ad agendum excitaret, deam Stimulam, quae ad agendum ultra modum stimularet, deam Murciam, quae praeter modum non moueret ac faceret hominem, ut ait Pomponius, murcidum, id est nimis desidiosum et inactuosum, deam Streniam, quae faceret strenuum, his omnibus diis et deabus publica sacra facere susceperunt, Quietem uero appellantes, quae faceret quietum, cum aedem haberet extra portam Collinam, publice illam suscipere noluerunt. Vtrum indicium fuit animi inquieti, an potius ita significatum est, qui illam turbam colere perseueraret non plane deorum, sed daemoniorum, eum quietem habere non posse? ad quam uocat uerus medicus dicens: Discite a me, quoniam mitis sum et humilis corde, et inuenietis requiem animabus uestris.

    Nota: Al final de este artículo reproduzco lo que dice Covarrubias en su “Tesoro de la lengua castellana” a propósito de la palabra aguinaldo, porque sin duda contiene algunas curiosidades dignas de ser conocidas por quien tenga especial interés. 

    Pero el regalo más especial para la ocasión es una lucerna o lámpara de aceite, generalmente de cerámica, en la que aparece la inscripción que nos ocupa: novum annum faustum felicem (tibi,…).

    Este regalo está evidentemente en relación con el hecho de que el nuevo año los antiguos romanos lo celebraban el día 25 de diciembre, día del nacimiento del “Sol invicto”, es el “dies Solis natalis invicti”,  “el día del nacimiento del dios Sol invicto”.  Véase https://www.antiquitatem.com/mitraismo-cristianismo-solsticio

    La lámpara representa la “nueva luz”, el “nuevo Sol”, el “novum annum” que ese día comienza.

        

    Dos lucernas muy similares, una de terracota y otra de bronce. La de terracota está en el Museo de la ciudad de Milán. La expcional de bronce aparece a la venta en una página web de comercio o subastas, descontextualizada y sin especial valor histórico por haber desaparecido toda la información arqueológica referida al yacimiento.

    En ellas  aparecen una Victoria alada, con una espiga o palma en su mano, panes, nueces y la moneda de Jano bifronte, con el escudo en el que está inscrita la frase:

    Te deseo un feliz año annum novum felicem tibi

    Entre las numerosísimas inscripciones en lucernas reproduciré, además de las anteriores, tan sólo dos, una de ellas de España. Así esta de Hispania Citerior, (Madrid), de origen incierto:  CIL 02, 04969,03;  EDCS-20301000

    Annum / nov(u)m Faus/tum fel/icem mih(i) / hu(n)c

    O esta otra de Bruttium et Lucania, Eboli/Eburum:  CIL 10, 08053,005ª;  EDCS-22900527 en la que la inscripción aparece  en el escudo que sostiene la Victoria:

    Annum / nov(u)m fau/stum fel/icem mi/hi

    Se regalan también otros objetos, como este cristal grabado con los motivos acostumbrados: dátiles, higos, hojas de laurel, moneda con la imagen de Jano, un templo, etc

    Medallón de terracota con la inscripción de que tratamos y otro con los símbolos citados.

      

    En el siguiente texto de Ovidio se explican estas costumbres, que los ciudadanos de la época parecen no saber explicar. En el caso del regalo del as o moneda de bronce con Jano bifronte en el anverso y un barco en el reverso los contemporáneos de Ovidio parecen mostrar una absoluta falta de explicación. Reproduzco el texto, si bien elimino la parte correspondiente a este último detalle del barco en el reverso de  la moneda por no resultar excesivamente largo. En cualquier caso el lector interesado encontrará el texto con facilidad, o se lo puedo facilitar si me muestra su interés en ello.

        

    Ovidio, Fastos, I, v. 145 y ss.

    Dijo (el dios Jano), y con la cara expresó que no sería inasequible si yo quería preguntarle más. Tomé ánimo y di las gracias al dios sin asustarme, y mirando al suelo le hablé unas pocas palabras:

    “Dime, por favor, ¿por qué comienza el Año Nuevo con los fríos, cuando más bien debería comenzar en primavera? Todo florece entonces; entonces hay una fase nueva de tiempo y se hincha la yema nueva en la vid preñada; el árbol se cubre de hojas recién formadas y el tallo de la semilla asoma en la superficie del suelo;  los pájaros endulzan el aire tibio con sus cantos orquestados y los rebaños juegan y retozan en los prados. Entonces los rayos del sol son suaves y sale la golondrina exótica y fija en la viga alta su nido de barro; entonces permite el campo su cultivo y se renueva con el arado. Con justicia había que llamarlo el Año Nuevo”.

    Le había preguntado por extenso; él, sin detenerse mucho, redujo sus palabras a dos versos de la siguiente manera:

    “El invierno es lo primero del Año Nuevo y lo último del viejo; Febo y el año toman el mismo comienzo”.

    Después de lo cual seguía preguntando por qué el primer día no estaba libre de litigios.

    “Escucha el motivo –dijo Jano- : asigné el nacimiento del año a los quehaceres para que no fuese inhábil el año entero por causa de los auspicios. Por lo mismo, cada uno prueba sus aptitudes en la acción y no testimonia sino su obra acostumbrada”.

    A continuación le pregunté:

    “Por qué, Jano, aunque debo aplacar los númenes de los demás, te traigo a ti antes que a nadie el incienso y el vino puro?”

    Me dijo:

    “Para que puedas a través de mí, que guardo sus umbrales, tener acceso a cualesquiera dioses”

    “Pero, ¿por qué se dicen palabras de felicitación los días de tus calendas, y hacemos y recibimos votos recíprocamente?”

    Entonces el dios, apoyándose en el báculo que llevaba en la diestra, dijo:

    “Los augurios suelen hallarse en los principios. A la palabra primera dirigís vuestros oídos temerosos, y el ave que primero vio es la que toma en cuenta el augur; están abiertos los templos y los oídos de los dioses, ninguna lengua profiere votos perecederos y tienen peso las palabras”.

    Había terminado Jano, pero yo no guardé largo silencio, sino que con mis palabras empalmé sus últimas palabras:

    “Qué significado tienen los dátiles y los higos arrugados? –dije- ¿y la miel resplandeciente que se ofrece en un vaso blanco como la nieve?”

    “El motivo –dijo- es el augurio: que semejante sabor persevere en las cosas y que el dulce año termine su camino emprendido.”

    “Ya veo por qué se regalan cosas dulces. Añade la razón de la moneda, para que ninguna parte de su fiesta me quede sin confirmar.”

    Se rió y dijo:

    “¡Oh, qué poco entiendes a tu siglo, si piensas que la mieles más dulce que coger una moneda! Apenas vi yo a nadie cuando reinaba Saturno, a cuyo corazón no fuese dulce el lucro. Con el tiempo creció el deseo de tener, que ahora es sumo: apenas si tienen donde avanzar más. Las riquezas pueden ahora más que en los años del tiempo originario, cuando el pueblo era pobre y Roma era nueva, cuando una pequeña cabaña acogía al hijo de Marte, Quirino…  ”  (Traducción de Bartolomé Segura Ramos. Edit. Gredos.2001)

    Dixerat, et vultu, si plura requirere vellem,
      Se mihi difficilem non fore, fassus erat:
    Sumpsi animum, gratesque deo non territus egi,
      Verbaque sum spectans pauca locutus humum:
    Dic, age, frigoribus quare novus incipit annus,
      Qui melius per ver incipiendus erat?
    Omnia tunc florent, tunc est nova temporis aetas,
      Et nova de gravido palmite gemma tumet,
    Et modo formatis operitur frondibus arbos,
      Prodit et in summum seminis herba solum,
    Et tepidum volucres concentibus aëra mulcent,
      Ludit et in pratis luxuriatque pecus.
    Tum blandi soles, ignotaque prodit hirundo,
      Et luteum celsa sub trabe fingit opus.
    Tum patitur cultus ager, et renovatur aratro.
      Haec anni novitas jure vocanda fuit.
    Quaesieram multis: non multis ille moratus,
      Contulit in versus sic sua verba duos:
    Bruma novi prima est, veterisque novissima solis:
      Principium capiunt Phoebus et annus idem.
    Post ea mirabar, cur non sine litibus esset
      Prima dies. Causam percipe, Janus ait.
    Tempora commisi nascentia rebus agendis,
      Totus ab auspicio ne foret annus iners.
    Quisque suas artes ob idem delibat agendo,
      Nec plus quam solitum testificatur opus.
    Mox ego: Cur, quamvis aliorum numina placem,
      Jane, tibi primo tura merumque fero?
    Ut per me possis aditum, qui limina servo,
      Ad quoscumque voles, inquit, habere deos.
    At cur laeta tuis dicuntur verba Kalendis,
      Et damus alternas accipimusque preces?
    Tum deus incumbens baculo, quem dextra gerebat,
      Omina principiis, inquit, inesse solent.
    Ad primam vocem timidas advertitis aures,
      Et primum visam consulit augur avem.
    Templa patent auresque deûm, nec lingua caducas
      Concipit ulla preces, dictaque pondus habent.
    Desierat Janus: nec longa silentia feci,
      Sed tetigi verbis ultima verba meis:
    Quid vult palma sibi rugosaque carica, dixi,
      Et data sub niveo Candida mella cado?
    Omen, ait, causa est, ut res sapor ille sequatur,
      Et peragat coeptum dulcis ut annus iter.
    Dulcia cur dentur, video: stipis adjice causam,
      Pars mihi de festo ne labet ulla tuo.
    Risit, et, O quam te fallunt tua saecula, dixit,
      Qui stipe mel sumpta dulcius esse putes!
    Vix ego Saturno quemquam regnante videbam,
      Cujus non animo dulcia lucra forent.
    Tempore crevit amor, qui nunc est summus, habendi;
      Vix ultra, quo jam progrediatur, habet.
    Pluris opes nunc sunt, quam prisci temporis annis,
      Dum populus pauper, dura nova Roma fuit,
    Dum casa Martigenam capiebat parva Quirinum,

    Y sigue Ovidio cantando la feliz edad primera y explicando cómo ahora hay un excesivo deseo de riquezas y de oro…

    Séneca también hace referencia a los higos secos, enharinado, que siguen existiendo especialmente en Navidad, en su Epistula 87,3 dice:

    En lo que atañe a la comida, no se hubiese podido sacar nada de ella; fue preparada en no más de una hora, porque yo no voy a ninguna parte sin higos secos y sin tabletas para escribir. Los higos secos,si tengo pan, acompañan al pan, y si no lo tengo me hacen las veces de él. Los higos hacen de cada uno de mis días un día de Año Nuevo, que yo torno feliz y propicio por medio de buenos pensamientos y de sentimientos de grandeza de alma, que nunca son mayores que cuando el alma se ha desasido de toda cosa extraña a ella y se ha procurado la paz no temiendo nada, y la riqueza no deseando nada. (Traducción de Jaime Bofill Ferro. Edit.Iberia)

    De prandio nihil detrahi potuit; paratum fuit non magis hora, nusquam sine caricis, numquam sine pugillaribus. Illae, si panem habeo, pro pulmentario sunt, si non habeo, pro pane. Cotidie mihi annum novum faciunt, quem ego faustum et felicem reddo bonis cogitationibus et animi magnitudine, qui numquam maior est, quam ubi aliena seposuit et fecit sibi pacem nihil timendo, fecit sibi divitias nihil concupiscendo.

    La inscripción que comentamos con las iniciales A.N.F.F. , que hemos de transcribir  como Annum Novum Faustum Felicem, aparece también en monedas de varios emperadores, en concreto de Adriano, Antonino Pío y Alejandro Severo, generalmente con una guirnalda de laurel y a veces acompañada de las palabras OPTIMO PRINCIPI (a nuestro mejor príncipe). Recuérdese la costumbre de felicitar al emperador y ofrecerle las “strenae” como reconocimiento. La inscripción puede ser:

    S. P. Q. R. A. N. F. F. OPTIMO PRINCIPI (o HADRIANO AVG. P. P.),

    Senatus Populusque Romanus, Annum Novum Faustum Felicem Optimo Principi [i.e. adprecatur.]

    El Senado y el Pueblo Romano ruegan por un próspero y feliz año nuevo para elmejor príncipe.

    Fotografía extraída de la obra “Antonini Pii Augusti Nummus de Anni Novi Auspiciis explicatus. Romae, Typiis Iac. Dragondelli. 1676)

    Todos estos ritos y fórmulas, ampliados incluso con otros procedentes de las provincias conquistadas, como alguno celta como el  culto al dios-ciervo, se extendieron  por todo el Imperio y  han llegado hasta nuestros días de alguna manera,  a pesar sorprendentemente del choque con la celebración cristiana que inevitablemente se produjo cuando el Cristianismo se impuso. La experiencia pagana del “tiempo natural”  que se renueva todos los años choca con la concepción cristiana del tiempo que no espera nada del tiempo concreto en la espera de la vida eterna.  Los apologistas padres de la Iglesia, como San Ambrosio o Tertuliano, polemizan enérgicamente con el paganismo, y en parte obtuvieron éxito, aunque estos ritos y costumbres en buena parte han llegado hasta nuestros días.

    Así San Ambrosio (339-397) dice en su “Commentarium in Epistolam Beati Pauli ad Galatas, IV, versículo 10(Migne, P.L.XVII) :

    Guardais  los días  y los meses y las estaciones y los años (Galat.IV,v.10). Los elementos que antes ha citado, ahora los aclara. El sol hace el día, los transcursos de la luna los meses; las estaciones pues son la primavera, el verano, el otoño y el invierno; estas cuatro, una vez completado su propio número, hacen un año. Así pues los días los guardan los que dicen, por ejemplo, mañana no se puede viajar, pasado mañana no se debe comenzar ninguna cosa, y así suelen engañarse más y más. Dan culto sin embargo a los meses los que analizan los movimientos de la luna y dicen, por ejemplo, en la séptima luna no se deben construir instrumentos; y de nuevo en la novena luna, por ejemplo, no conviene llevar a casa un esclavo comprado; y con estas cosas acostumbran a cuidarse fácilmente de las adversidades. Guardan en cambio las estaciones cuando dicen: hoy es el comienzo de la primavera, hoy es día festivo; pasado mañana son las Vulcanalia (fiestas de Vulcano). Y dicen también estas cosas: es el día siguiente, no se puede salir de casa. Y así dan culto a los años cuando dicen, con las Calendas de Enero hay un nuevo año, como si los años no se fueran completando todos los días. Pero como mantienen el culto a la memoria de aquel famoso Jano bifronte, se siguen sirviendo de esta superstición, que debe estar lejos de los siervos de Dios. Pues si se ama a Dios de todo corazón, siendo él propicio, ningún temor debe existir, ni preocupación de estas cosas. Pues ha de ocurrir prósperamente todo lo que simplemente se hace bajo la devoción de Dios.

    “Dies observatis, et menses, et tempora, et annos” (Galat. IV) .  Quae elementa dixerit, nunc declarat.  Diem sol facit,menses cursus lunae; tempora vere sunt ver, aestas,autumnus, hiems: quatuor haec, completo numero proprio, faciunt annum. Dies ergo observant, qui dicunt, ut puta, crastino proficiscendum non est, post crastinum enim non debet aliquid inchoari, et sic solent magis decipi. Hi autem colunt menses, qui cursus perscrutantur lunae dicentes, ut puta, septima luna instrumenta confici non debent; nona iterum luna, ut puta emptum servum domum duci non oportet: et per haec facilius solent adversa provenire. (0263D) Tempora vero sic observant cum dicunt: Hodie veris initium est, festivitas est; post cras Vulcanalia sunt. Et talia iterum aiunt: Posterum est, domum egredi non licet. Annos sic colunt cum dicunt, Kalendis Ianuariis novus est annus quasi non quotidie anni impleantur. Sed ut Iani illius recolant memoriam  bifrontis, hac superstitione utuntur, quae longe debet esse a servis Dei. Si enim Deus ex toto corde diligitur, ipso propitio nulla debet esse formido, neque suspicio harum rerum. Prospere enim potest cedere, quidquid simpliciter sub Dei devotione fit.

    Du Cange, citando un texto de Maximo Taurinenesis, Homilia De Kalendis Ianuariis, en su Glossarium mediæ et infimæ latinitatis, en el término annus novus, dice:

    Annus Novus. S. Maximus Taurinensis Hom. de Kalendis Januariis :
    Gravi utique eorum cor est, atque omni impietate depressum, qui per sacrilegos logos divinis monitis illudentes, vana diligunt, et falsa sectantur, et post omnia ad offensionis plenitudinem dies ipsos Annum Novum vocant. Quamquam non inconvenienter secundum se, Novum appellant Annum : quoniam per nefandas ferias de honestate falsa turpitudo et perversitas innovatur. Novum vocant Annum, quasi novi aliquid aut cœlum tunc ostendat, aut terra. Novum Annum Januarias appellant Kalendas, cum vetusto semper errore et horrore sordescant.

    Año Nuevo. Máxio de Turín. Homilia para las Calendas de Enero:

    En grave y absoluta impiedad  ha caído el corazón de aquellos que despreciando las advertencias divinas con discursos sacrílegos, aman las vanidades y siguen las falsedades y además de todo para completar su ofensa llaman a unos días propios Año Nuevo. Aunque según ellos de manera conveniente, llaman Nuevo al Año, porque renuevan la desvergüenza y perversidad de una falsa honestidad con fiestas nefandas. Le llaman Nuevo al Año como si el cielo o la tierra manifestasen algo nuevo. Llaman Año Nuevo a las Calendas de Enero cuando se ensucian con error y horros siempre viejos.

    Tertuliano, por su parte,  se refiere a título de ejemplo a cuatro fiestas romanas, probablemente las más populares en su ciudad de Cartago,: las Saturnales, las calendas de enero, el solsticio de invierno y las Matronalia. Tertuliano no puede soportar que los cristianos participen en estas fiestas, a veces desbordadas y con cultos a dioses paganos. Nos dice en su De Idolatría, 14,:

    De la blasfemia

    Pero la mayor parte, pues, ya se ha convencido que se debe perdonar si alguna vez se actúa como los paganos para que no sea blasfemado el nombre (cristiano).  Más aún, la blasfemia, que debemos evitar por todos los medios, opino que es esto, si alguno de nosotros conduce a un pagano a una blasfemia con justo motivo por fraude o injusticia o ultraje o cualquier otra causa digna de querella, por la que el nombre (de cristiano) con razón fuese cuestionado, también el señor estaría indignado con razón. Por otra parte si se nos dice de toda blasfemia: por vuestra causa mi nombre es blasfemado, perecemos todos juntos,  cuando el circo entero ataca nuestro nombre injustamente con sus gritos criminales. Desistamos (de ser cristianos) y no se blasfemará.  Al contrario, que se blasfeme mientras estamos en la observación y no en el abandono de la regla, mientras somos aprobados y no reprobados. ¡Oh blasfemia próxima al martirio, que ahora atestiguas que yo soy cristiano, porque por ti se me  detesta! La bendición por guardar la fe es la maldición de mi nombre. El dijo, si quisiera agradar a los hombres, no sería servidor de Cristo. Pero el mismo (apostol) nos ordena en otro sitio que procuremos complacer a todos, como yo, dijo, complazco a todos por todos los medios. ¿No agradaba a los hombres celebrando las  Saturnales y las Calendas de Enero? ¿O era por su modestia, su paciencia, su seriedad, su humanidad, su integridad de vida? Por tanto cuando dice “me hecho todas las cosas para todos, para ganar a todos, ¿se ha hecho idólatra para los idólatras, paganos para los paganos, mundano para los mundanos? Pero aunque no nos prohibe converser con los idólatras y los adúlteros y los demás criminales diciendo: “por lo demás saldréis del mundo”, no nos empuja a distender las riendas de la conversación hasta el punto de que, como es necesario convivir y mezclarnos con los pecadores, podamos también pecar con ellos. Donde hay relación de vida, que el apóstol permite, allí hay pecado, que nadie permite. Se puede convivir con los paganos, pero no se puede morir con ellos. Convivamos con todos; alegrémonos juntamente por la unión de la naturaleza, no de la superstición. Somos iguales por el alma, pero no por nuestras creencias; estamos juntos como posesores del mundo, pero no del error. Porque si no tenemos ningún derecho de comunión de este tipo de cosas (las supersticiones) con los extraños,  ¡cuanto más criminal será celebrarlas con  los hermanos!¿Quién podría sostener o defender esto? El Espíritu Santo reprueba a los judíos sus días festivos. Les dice: mi alma odia vuestros sábados y lunas nuevas (numenias) y vuestras ceremonias. Y nosotros, para quienes son extraños los sábados y las nuevas lunas y las fiestas queridas alguna vez por Dios, ahora asistimos a las Saturnales y a las Fiestas de Enero, y a las de Invierno y a las de la Gran Madre, y nos hacemos presentes y regalos (strenae), y compartimos los juegos y celebramos banquetes. Oh, mejor la fe de las naciones en su propia creencia, que no reivindica para sí ninguna solemnidad cristiana. No comparten con nosotros el día del señor (domingo), ni pentecostés, aunque lo conocen. Temerían en cambio que parecieran cristianos. No temamos nosotros que no parezcamos paganos. Si alguna indulgencia se ha de conceder a la carne, no diré que sólo tienes tus días, sino muchos. Pues para los paganos sólo un día cada año es festivo, pero para ti cada ocho días. Coge todas las festividades de las naciones una a una y ponlas en fila: no podrán completar un pentecostés (cincuenta días)

    Sed enim plerique iam induxerunt animo ignoscendum esse, si quando, quae ethnici, faciunt, ne nomen blasphemetur. Porro blasphemia, quae nobis omni modo deuitanda est, haec opinor est, si qui nostrum ad iustam blasphemiam ethnicum deducat aut fraude aut iniuria aut contumelia aliaue materia dignae querelae, in qua nomen merito percutitur, ut merito irascatur et dominus. Ceterum si de omni blasphemia dictum est, uestra causa nomen meum blasphematur, perimus uniuersi, cum totus circus scelestis suffragiis nullo merito nomen lacessit. Desinamus, et non blasphemabitur. Immo blasphemetur, dum sumus in obseruatione, non in exorbitatione disciplinae, dum probamur, non dum reprobamur. O blasphemiam martyrii adfinem, quae tunc me testatur Christianum, cum propterea me detestatur ! Benedictio est nominis maledictio custoditae disciplinae. Si hominibus, inquit, uellem placere, seruus Christi non essem. Sed idem alibi iubet, omnibus placere curemus. Quemadmodum ego, inquit, omnibus per omnia placeo. Nimirum Saturnalia et Kalendas Ianuarias celebrans hominibus placebat ? An modestia et patientia ? An grauitate, an humanitate, an integritate ? Proinde cum dicit, omnibus omnia factus sum, ut omnes lucrifaciam: numquid idololatris idololatres ? Numquid ethnicis ethnicus ? Numquid saecularibus saecularis ? Sed etsi non prohibet nos conuersari cum idololatris et adulteris et ceteris criminosis dicens, ceterum de mundo exiretis, non utique eas habenas conuersationis inmittit, ut, quoniam necesse est et conuiuere nos et commisceri cum peccatoribus, idem et compeccare possimus. Vbi est commercium uitae, quod apostolus concedit, ibi ** peccare, quod nemo permittit. Licet conuiuere cum ethnicis, commori non licet. Conuiuamus cum omnibus; conlaetemur ex communione naturae, non superstitionis. Pares anima sumus, non disciplina, compossessores mundi, non erroris. Quod si nobis nullum ius est communionis in huiusmodi cum extraneis, quanto scelestius est haec inter fratres frequentare. Quis hoc sustinere aut defendere potest ? Iudaeis dies suos festos exprobrat spiritus sanctus. Sabbata, inquit, uestra et numenias et ceremonias odit anima mea. Nobis, quibus sabbata extranea sunt et numeniae et feriae a deo aliquando dilectae, Saturnalia et Ianuariae et Brumae et Matronales frequentantur, munera commeant et strenae, consonant lusus, conuiuia constrepunt. O melior fides nationum in suam sectam, quae nullam sollemnitatem Christianorum sibi uindicat ! Non dominicum diem, non pentecosten, etiamsi nossent, nobiscum communicassent ; timerent enim, ne Christiani uiderentur. Nos ne ethnici pronuntiemur, non ueremur. Si quid et carni indulgendum est, habes, non dicam tuos dies tantum, sed et plures. Nam ethnicis semel annuus dies quisque festus est, tibi octauo quoque die. Excerpe singulas sollemnitates nationum et in ordinem exsere : pentecosten implere non poterunt.

    Nota: alguna información y algunas imágenes han sido obtenidas en http://hortushesperidum.blogspot.com/2013/12/annum-novum-faustum-felicem-tibi.html

    Pues bien, en alguna medida la el Cristianismo triunfó en esta polémica, puesto que se impuso como religión oficial y única en el Imperio romano, acabando con la religión pagana, pero lo hizo al precio de mantener estas costumbres y tradiciones que no han dejado de celebrarse y muestran hoy en día una notable vitalidad, si bien bajo el ropaje de motivos tradicionales cristianos.
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    Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana. AGUINALDO

    Nota: Ya indiqué cómo el Diccionario de la Real Academia da como probable origen etimológico de “aguinaldo” la expresión latina hoc in anno 'en este año', pero se han dado otras explicaciones más peregrinas. Citaré por ejemplo a Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana, adaptando la ortografía a los tiempos actuales, donde no se limita a ofrecer una mera información etimológica, sino que trata con cierta profundidad el tema:

    Covarrubias. Tesora de la lengua castellana.

    AGUINALDO, es lo que se presenta de cosas de comer,o vestir por la fiesta de Pascua de Navidad. Este presente llamaron los Latinos xenium, munus hospitibus dari solitum. Pues de esta palabra mudando la x en g se dijo genialdo, y añadiéndole el artículo agenialdo, y corrompido del todo, aguinaldo. Otros quieren se haya dicho del nombre genius hospitalitatis, voluptatis, et naturae Deus, y de llí se tomó aquella frasis, indulgere genio, comer, y beber, y holgarse. Casi en el mismo tiempo que nosotros usamos los aguinaldos, tenían los Gentiles sus días geniales, que eran por el mes de Diciembre, cuando unos a otros se enviaban presentes y regalos, de algunas cosas de comer, y pertenecientes a la mesa; y estos presentes que se daban a ese tiempo se llamaban apophoreta,id est, munera, quae dari solent in Saturnalibus, quem morem hodie quoque servant mense Decembri, in natali Salvatoris, et initio anni. Calepinus. Pero en el Concilio Altisiodorense, se manda que no se den los aguinaldos diabólicos, en el día de año nuevo, que se usaban en la Gentilidad, a título de geniales. También podríamos decir ser nombre Hebreo, compuesto de (letras hebreas) hag, que vale solemnitas, y del verbo (letras hebreas) nahal, haereditare (letras hebreas) hagnahal, agnaldo, aguinaldo, que valdrá enriquecer, donar y hacer presentes, en el día de la solemnidad; y esto tengo por cosa más cierta, porque consultando este vocablo con Diego de Urrea, dijo ser arábigo: guineldum, del verbo ganeye, que vale enriqecer,  y que los muchos dones hacen rico al que los recibe, pues de guineldum volvemos, guineldo, y guinaldo, con el artículo a aguinaldo y la lengua Arábiga es deducida de la Hebrea. Y por decir todo lo que han comunicado, un hombre docto, y curioso me dijo que este vocablo estaba corrompido de aglando, dicho así a glandibus, conviene saber bellotas,  porque en este tiempo diban a los niños bellotas o nueces con que jugasen, trayendo para esto el primer emblema de Alciato, o el prefacio y prólogo que dice asi:
    Dum pueros iuglans,iuvenes dum tessara fallit,
    Detinet et segnes chartula picta viros.
    Más a propósito parece ser otra etimología tomada del verbo Griego (letras griegas) ginomaei, nascor, y de ginome gininaldo, agimnaldo, y finalmente aguinaldo, por darse el día del natal y en el principio del año. Cuenta Suetonio, que en este tiempo admitían los reyes se les hiciesen algunos presentes en señal de reconocimiento, en la vida de Calíguloa ca. 42 y de Octavio Cesar, cap. 57 y hoy día a los señores acostumbran llevar sus vasallos el que llaman  presente,  por este mismo tiempo. Los presentes que se enviaban unos a otros en el mes de Diciembre se llamaron apophoreta, del verbo (letras griegas apoforein), que vale llevar, tienen alguna semejanza con los aguinaldos.

  • Unos discípulos muy crueles

    El poeta cristiano Prudencio escribió una serie de himnos en los que canta la muerte de numerosos mártires cristianos. Llamó a su obra “Peristephanon” o “Libro de las coronas”. Prudencio, conocedor de la retórica y literatura latina clásica, intenta integrar la tradición pagana con las ideas cristianas.

    En el poema número XI Prudencio canta el martirio de Hipólito, que sufrió una muerte similar a la del mítico Hipólito, despedazado por unos caballos. Nos dice Prudencio además que en su poema está describiendo la pintura que sobre la tumba de Hipólito representa su muerte. Es un ejemplo de écfrasis o descripción con palabras, verbalmente, de una obra visual, en este caso la pintura. Ver https://www.antiquitatem.com/hipolito-fedra-martirio-prudencio-seneca .

    Pues bien, en el poema número IX también Prudencio nos narra la muerte de otro mártir, Casiano de Imola, inspirada sin duda en otro suplicio de la época mítico-legendaria de Roma, la muerte del maestro de Falerias a manos de sus discípulos.

    Casiano es un maestro de escuela, especializado en taquigrafía, mártir que sufre una dolorosa muerte a manos también de sus propis discípulos, castigado por no aceptar dar culto a los dioses paganos. Al horror de la descripción del suplicio se une el sinsabor de que sean precisamente los jóvenes y tiernos alumnos los que paguen así los desvelos del maestro.

    Y como en el caso de Hipólito, también ahora nos dice describir la pintura que en la tumba representa la muerte del mártir, que curiosamente acaeció también un 13 de agosto, como la de Hipólito. Es, pues, otro ejemplo de écfrasis o ecfrasis.

    La descripción de la pintura no es menos truculenta y barroca en este caso que la del poema XI sobre Hipólito, respondiendo sin duda al modelo literario de la época y al deseo de conmover a un público devoto, pero fácilmente impresionable por el detallado y prolongado sufrimiento, que aquí se impone a la muerte gloriosa de todo mártir por razón de sus creencias. Curiosamente, Prudencio se entretiene con todo detalle, diríamos morboso, en la descripción del tormento, pero no comenta la actitud y de cómo lo sufre Casiano, de cuyas sensaciones nada nos dice.

    Más abajo ofrezco el texto íntegro del Poema IX de Prudencio.

    San Casiano, pues, sufre una pena fantasiosa, pero curiosamente relacionada con una tradición literaria pagana.  El historiador latino Tito Livio nos describe en su Ab urbe condita (Historia desde la fundación de la ciudad –Roma-) un episodio mítico legendario en el que sin duda se inspira Prudencio para recrear el martirio de Casiano.

    Nos cuenta Livio en 5, 27 cómo un maestro de escuela de unos niños faliscos, simulando que salían al campo fuera de las murallas, los llevó a los romanos, con los que peleaban, ofreciéndolos como instrumento para conseguir la rendición de los faliscos; los romanos de aquella época, hombres de honor, no aceptaron tal ofrecimiento sino que entregaron al maestro a los faliscos y a sus hijos para que fueran estos quienes le aplicaran el castigo merecido; los faliscos, impresionados por la virtud de los romanos, firmaron inmediatamente la rendición y la paz.

    Como decía, Prudencio se habría inspirado en este episodio legendario de Roma. Ahora bien, este episodio, si bien se pierde en la niebla de la leyenda de principios del siglo IV antes de Cristo, parece más verosímil y creíble que la reproducción de Prudencio del siglo IV-V después de Cristo. Ofrezco también más abajo el texto de Tito Livio.

    En cualquier caso la tradición mítica pagana sirvió de repertorio y modelo para modelar algunas historias de mártires cristianos.

    Martirio de San Casiano de Imola. Pintura de comienzos del siglo XVI realizada por Innocenzo Francucci

    Dice el poema de Prudencio en la traducción de M.José Bayo para  Editorial  Hernando. Año 1943:

    PASION DE SAN CASIANO, FORO CORNELIENSE

    Cornelio Sila construyó el foro y por eso, los italianos llaman a la ciudad por el mismo nombre del fundador. Al visitarte, oh Roma, grande entre todas, me nació aquí la esperanza del triunfo de Cristo.

    De rodillas daba vueltas al túmulo de Casiano que se exorna con sus restos. Mientras lloraba, meditando las heridas, agudos dolores y trabajos de mi vida y levantaba mi rostro al cielo, surgió, delante de mí, la imagen del mártir pintada en colores vivos.

    Tenía mil llagas, toda  su piel desgarrada y agujereada por diminutos picotazos todo su cuerpo. Alrededor multitud de niños de odioso aspecto clavaban en su cuerpo pequeños estilos, * como es costumbre escribir, en las tablillas de cera al dictado de las escuelas.

    Consultado el conservador de la sepultura, me dijo: “Lo que ves, viajero, no es cosa vana ni cuento de viejas. Refiere la pintura la historia que transmitida por libros nos comprueba la viva fe de aquel antiguo tiempo.

    Casiano dirigía las tareas infantiles y se sentaba en su cátedra como maestro de primeras letras, para enseñar a retener las palabras en breves notas y seguir con rasgos firmes las palabras que vuelan.

    Alguna vez sus duros castigos y su seria cara habían llenado de ira y miedo a la tropa infantil: siempre el maestro es amargo para el efebo y no hay disciplina que sea dulce para la infancia.

    La horrible tormenta opresora de la fe caía sobre el pueblo consagrado al Cristo. Fue apartado Casiano, el educador de la muchachada de alumnos, de sus clases porque habíase negado a rendir culto en los altares paganos.

    Buscaba el artífice de los tormentos alguno, que desconociera  este varón de alto espíritu rebelde; le informan: “dirige a una grey infantil a la que enseña a escribir al dictado”
    “Traédmelo, clama, traedme al prisionero para entregárselo a los niños mismos como verdugos; que se mofen de el, a su gusto, que le desgarren cuanto quieran y tiñan sus alegres manos de sangre del maestro.

    Será divertido juego, para los discípulos, entregarles a su serio profesor que demasiado tiempo los tuvo cohibidos” Las manos a la espalda y despojado del manto fue entregado Casiano al batallón de muchachos armados de agudos estiletes.

    Cada uno deja escapar con ansia, al cabo, la hiel a rienda suelta y el odio, que había ido almacenando en ira silenciosa. Lanzan y rompen, contra su cara,  pizarras frágiles y el puntero salta al chocar contra su frente.
    Chascan disparadas contra sus mejillas las tablillas de cera de la escritura y las páginas partidas y húmedas quedan rojas de sangre. Hacen otros vibrar en sus manos estiletes y punzones de hierro con cuya punta, trazando surcos, se escribe en la cera; de la cual, borrando los rasgos trazados, queda la rugosa plana de nuevo con la superficie brillante.
    Unos atraviesan al confesor de Cristo y otros, allí, le mutilan. Unos penetran en alguna víscera, otros le arrancan la piel.

    Doscientas manos pinchan, a la vez, su cuerpo y otras tantas gotas destilan simultáneamente sus heridas. En verdad que era peor verdugo el niño que perforaba su piel que el que penetraba hasta las vísceras íntimas; aquel, no propinándole golpe de muerte, conoce con su ligero herir el secreto de hacerse cruel; este, en cambio, cuanto más se adentra en las escondidas causas de la vida, en realidad proporciona más medicina, la de buscarle la muerte con ahínco.

    “Os lo ruego, sed fuertes, superad vuestros escasos años; ¡lo que falte a la edad suplidlo con refinamiento!”.

    En vano se esfuerzan en el intento débil: los tormentos crecen hasta fatigar al propio verdugo.

    “¿De qué te quejas? –dice uno-. Tú mismo nos entregaste el punzón y armaste de él nuestras manos. Ahora te devolvemos los muchos miles de señales que recibimos durante la enseñanza. No podrás irritarte de que escribamos. Nos enseñabas que nuestra mano derecha nunca debía tener quieto el estilo.

    ¡Pedimos tantas veces vacaciones negadas por ti, avaro maestro para nuestros trabajos!
    Nos divierte llenarte de punzadas unir surcos a surcos y encadenar las rayas dobladas.
    Anda, enmienda si quieres los renglones, si por acaso alguna mano los torció equivocándose; Ejerce tu autoridad; tienes derecho a castigar al discípulo que escriba más perezosamente”.

    Los niños se divertían así con el cuerpo de su maestro y aun se alargaba el ya largo tormento. Por fin compadeció el Cristo, desde cielo, de su luchador, suelta la armazón del pecho y libera al alma de congojoso trabajo, afloja los lazos que la atan a la tierra y deja escapar el misterio de la vida.

    De la más profunda fuente de las venas abandona la sangre, sus entrañas, por camino de par en par abierto; y el calor de la vida que bulle en ellas sale por los numerosos boquetes de su taladrado cuerpo.

    “Estas son, viajero, las cosas que ves pintadas a lo vivo; y la gloria de Casiano. Si tienes algún deseo justo, que te sea muy querido, si esperas algo con  ansiedad, si te arde algo por dentro, ¡exprésalo!

    Créeme, el mártir, en su prosperada vida, atiende todos los ruegos y nos devuelve conseguidos los  aprobables. Yo obedezco; abrazo el túmulo; vierto también lágrimas. Se caldea el altar de mi aliento y la piedra con mi pecho.

    Medito entonces en mis ansiedades secretas y murmuro lo que deseo: A mis espaldas abandoné mi patria bajo dudosa fortuna y vacilaba mi esperanza sobre el bien futuro.
    Me dirijo a la ciudad. He sido oído. Tengo buenas noticias. Voy a volver a mi patria. Delante llevaré siempre el nombre de Casiano.

    Nota: * estilete o punzón utilizado para escribir en las tablillas de cera, como el mismo poeta aclara.

    PASSIO SANCTI CASSIANI FOROCORNELIENSISI
    Sylla Forum statuit Cornelius; hoc Itali urbem
    uocant ab ipso conditoris nomine.
    Hic mihi, cum peterem te, rerum maxima Roma,
    spes est oborta prosperum Christum fore.
    Stratus humi tumulo aduoluebar, quem sacer ornat
    martyr dicato Cassianus corpore.
    Dum lacrimans mecum reputo mea uulnera et omnes
    uitae labores ac dolorum acumina,
    erexi ad caelum faciem, stetit obuia contra
    fucis colorum picta imago martyris
    plagas mille gerens, totos lacerata per artus,
    ruptam minutis praeferens punctis cutem.
    Innumeri circum pueri—miserabile uisu—
    confossa paruis membra ligebant stilis,
    unde pugillares soliti percurrere ceras
    scholare murmur adnotantes scripserant.
    Aedituus consultus ait: 'quod prospicis, hospes,
    non est inanis aut anilis fabula;
    historiam pictura refert, quae tradita libris
    ueram uetusti temporis monstrat fidem.
    Praefuerat studiis puerilibus et grege multo
    saeptus magister litterarum sederat,
    uerba notis breuibus conprendere cuncta peritus
    raptimque punctis dicta praepetibus sequi.
    Aspera nonnumquam praecepta et tristia uisa
    inpube uulgus mouerant ira et metu;
    doctor amarus enim discenti semper efybo
    nec dulcis ulli disciplina infantiae est.
    Ecce fidem quatiens tempestas saeua premebat
    plebem dicatam christianae gloriae.
    Extrahitur coetu e medio moderator alumni
    gregis, quod aris supplicare spreuerat.
    Poenarum artifici quaerenti, quod genus artis
    uir nosset alto tam rebellis spiritu,
    respondent: 'agmen tenerum ac puerile gubernat
    fictis notare uerba signis inbuens.'
    'Ducite', conclamat, 'captiuum ducite, et ultro
    donetur ipsis uerberator paruulis.
    Vt libet, inludant, lacerent inpune manusque
    tinguant magistri feriatas sanguine;
    ludum discipulis uolupe est ut praebeat ipse
    doctor seuerus, quos nimis coercuit.'
    Vincitur post terga manus spoliatus amictu,
    adest acutis agmen armatum stilis.
    Quantum quisque odii tacita conceperat ira,
    effundit ardens felle tandem libero.
    Coniciunt alii fragiles inque ora tabellas
    frangunt, relisa fronte lignum dissilit,
    buxa crepant cerata genis inpacta cruentis
    rubetquc ab ictu curta et umens pagina.
    Inde alii stimulos et acumina ferrea uibrant,
    qua parte aratis cera sulcis scribitur,
    et qua secti apices abolentur et aequoris hyrti
    rursus nitescens innouatur area.
    Hinc foditur Christi confessor et inde secatur,
    pars uiscus intrat molle, pars scindit cutem.
    Omnia membra manus pariter fixere ducente
    totidemque guttae uulnerum stillant simul.
    Major tortor erat, qui summa pupugerat infans,
    quam qui profuuda perforarat uiscera,
    ille leuis, quoniam percussor morte negata
    saeuire solis scit dolorum spiculis,
    hic, quanto interius uitalia condita pulsat.
    plus dat medellae, dum necem prope applicat.
    'Este, precor, fortes et uincite uiribus annos,
    quod defit aeuo, suppleat crudelitas!'
    Sed male conatus tener infirmusque laborat,
    tormenta crescunt, dum fatiscit carnifex.
    'Quid gemis?' exclamat quidam, 'tute ipse magister
    istud dedisti ferrum et armasti manus.
    Reddimus ecce tibi tam milia multa notarum,
    quam stando, flendo te docente excepimus.
    Non potes irasci, quod scribimus; ipse iubebas,
    numquam quietum dextera ut ferret stilum.
    Non petimus totiens te praeceptore negatas,
    auare doctor, iam scholarum ferias.
    Pangere puncta libet sulcisque intexere sulcos,
    flexas catenis inpedire uirgulas.
    Emendes licet inspectos longo ordine uersus,
    mendosa forte si quid errauit manus,
    exerce imperium, ius est tibi plectere culpam,
    si quis tuorum te notauit segnius.'
    Talia ludebant pueri per membra magistri
    nec longa fessum poena soluebat uirum.
    Tandem luctantis miseratus ab aethere Christus
    iubet resolui pectoris ligamina
    difficilesque moras animae ac retinacula uitae
    relaxat artas et latebras expedit.
    Sanguis ab interno uenarum fonte patentes
    uias secutus deserit praecordia
    totque foraminibus penetrati corporis exit
    fibrarum anhelans ille uitalis calor.
    'Haec sunt, quae liquidis expressa coloribus, hospes,
    miraris, ista est Cassiani gloria.
    Suggere, si quod habes iustum uel amabile uotum,
    spes si qua tibi est, si quid intus aestuas!
    Audit, crede, preces martyr prosperrimus omnes
    ratasque reddit, quas uidet probabiles.'
    Pareo: conplector tumulum, lacrimas quoque fundo,
    altar tepescit ore, saxum pectore.
    Tunc arcana mei percenseo cuncta laboris,
    tunc, quod petebarn, quod timebam, murmuro:
    et post terga domum dubia sub sorte relictam
    et spem futuri forte nutantem boni.
    Audior, 'urbem adeo, dextris successibus utor,
    domum reuertor, Cassianum praedico.

    Dice Titlo Livio, 5, 27

    Tenían los Faliscos la costumbre servirse de la misma persona como maestro y acompañante de sus hijos y al mismo tiempo encomendar al cuidado de una sola persona a muchos niños, lo que todavía hoy se sigue haciendo en Grecia. Como ocurre de ordinario, enseñaba a los hijos de las personas principales el que parecía sobresalir por su ciencia. Este hombre, en época de paz, se había acostumbrado a sacar a los niños fuera  de la ciudad para jugar y para hacer ejercicios. Como la costumbre no se había interrumpido en tiempos de guerra, llevándolos jugando y con engañosas palabras desde la puerta unas veces a distancia más corta y otras más larga, llevó el asunto más allá de lo acostumbrado y avanzando entre las posiciones de los enemigos, los condujo al campamento romano y al Pretorio ante Camilo. Allí añadió a su acción criminal unas palabras más criminales aún. Que él había entregado los Faliscos a los romanos en sus manos, cuando les entregaba a su poder aquellos niños cuyos padres eran allí los jefes de todas las cosas. Cuando Camilo oyó estas cosas le dijo: gran criminal no has venido ante alguien semejante a ti, ni pueblo ni general con un regalo criminal. No tenemos con los Faliscos ninguna unión que se haga con un pacto humano; pero tenemos ambos y tendremos  la unidad que produce la propia naturaleza; hay derechos propios de la guerra como los hay de la paz y hemos aprendido a llevar a cabo aquellos con no menos justicia que valentía. Disponemos de armas no contra esta edad que también se perdona cuando se conquistan las ciudades, sino contra los que están armados como nosotros mismos, y que ni ofendidos ni provocados por nosotros, atacaron el campamento romano junto a Veyes. Tú los has vencido a estos en maldad con un nuevo crimen como el que hay en ti. Yo los venceré con las artes romanas, con el esfuerzo el trabajo y las armas, como vencí a Veyes. Luego desnudo y con las manos atadas a la espalda lo entregó a los niños para que lo condujeran de vuelta a Faleria, y les dio unos bastones con los empujarle dándole golpes hasta la ciudad. En primer lugar acudió el pueblo a este espectáculo y después de convocado el senado por los magistrados sobre la nueva situación, se produjo tal cambio de parecer en sus ánimos que los poco antes enfurecidos por el odio y la ira preferían sufrir el final de Veyes antes que disfrutar de la paz de los de Capena, ahora pedían la paz con toda la ciudad. Se alaban en el foro y en la curia el honor romano y la justicia de su general; con el acuerdo de todos marchan legados a Camilo al campamento y desde allí con el permiso de Camilo al Senado de Roma para entregar Faleria. Introducidos en el Senado, hablaron de esta manera: “padres conscriptos, vencidos por vosotros  y por vuestro general  con una victoria que ni dios ni hombre alguno pueden ver negativamente,  nos entregamos a vosotros, pensando, y nada puede haber más hermoso para el vencedor, que es mejor vivir bajo vuestro mando que bajo nuestras leyes. Con ocasión  de esta guerra se han mostrado dos ejemplos muy saludables para el género humano: vosotros habéis preferido el honor en la guerra que una victoria al alcance de la mano; nosotros, movidos por vuestro honor os hemos dado de buen grado la victoria; estamos a vuestra disposición; enviad a quienes reciban nuestras armas, quienes reciban nuestros rehenes, quienes reciban nuestra ciudad con las puertas abiertas. Y no nos arrepentiremos ni vosotros de nuestra fidelidad ni nosotros de vuestro gobierno”. Se dieron las gracias a Camila por parte de los enemigos y por parte de sus ciudadanos. Se exigió a los Faliscos dinero para la paga de los soldados de aquel año para que el pueblo romano se viese libre de impuestos, y una vez concedida a paz, el ejército romano se volvió a Roma.

     mos erat Faliscis eodem magistro liberorum et comite uti, simulque plures pueri, quod hodie quoque in Graecia manet, unius curae demandabantur. principum liberos, sicut fere fit, qui scientia videbatur praecellere erudiebat.  is cum in pace instituisset pueros ante urbem lusus exercendique causa producere, nihil eo more per belli tempus intermisso, modo brevioribus modo longioribus spatiis trahendo eos a porta lusu sermonibusque variatis, longius solito ubi res dedit progressus inter stationes eos hostium castraque inde Romana in praetorium ad Camillum perduxit.  ibi scelesto facinori scelestiorem sermonem addit,  Falerios se in manus Romanis tradidisse, quando eos pueros quorum parentes capita ibi rerum sint in potestatem dediderit.  quae ubi Camillus audivit, “non ad similem” inquit “tui nec populum nec imperatorem scelestus ipse cum scelesto munere venisti.  nobis cum Faliscis  quae pacto fit humano societas non est: quam ingeneravit natura utrisque est eritque. sunt et belli sicut pacis iura, iusteque ea non minus quam fortiter didicimus gerere.  arma habemus non adversus eam aetatem cui etiam captis urbibus parcitur, sed adversus armatos et ipsos, qui nec laesi nec lacessiti a nobis castra Romana ad Veios oppugnarunt.  eos tu quantum in te fuit novo scelere vicisti: ego Romanis artibus, virtute opere armis, sicut Veios vincam.”  denudatum deinde eum manibus post tergum inligatis reducendum Falerios pueris tradidit, virgasque eis quibus proditorem agerent in urbem verberantes dedit.  ad quod spectaculum concursu populi primum facto, deinde a magistratibus de re nova vocato senatu tanta mutatio animis est iniecta ut qui modo efferati odio iraque Veientium exitum paene quam Capenatium pacem mallent, apud eos pacem universa posceret civitas.  fides Romana, iustitia imperatoris in foro et curia celebrantur; consensuque omnium legati ad Camillum in castra, atque inde permissu Camilli Romam ad senatum, qui dederent Falerios proficiscuntur.  introducti ad senatum ita locuti traduntur: “patres conscripti, victoria cui nec deus nec homo quisquam invideat victi a vobis et  imperatore vestro dedimus nos vobis, rati, quo nihil victori4 pulchrius est, melius nos sub imperio vestro quam legibus nostris victuros.  eventu huius belli duo salutaria exempla prodita humano generi sunt: vos fidem in bello quam praesentem victoriam maluistis; nos fide provocati victoriam ultro detulimus.  sub dicione vestra sumus; mittite qui arma, qui obsides, qui urbem patentibus portis accipiant.  nec vos fidei nostrae nec nos imperii vestri paenitebit.” Camillo et ab hostibus et a civibus gratiae actae. Faliscis in stipendium militum eius anni, ut populus Romanus tributo vacaret, pecunia imperata. pace data exercitus Romam reductus.

  • Los eclipses anuncian sucesos extraordinarios II)

    Ya hemos visto más en la prinmera parte de este largo artículo cómo creen algunos que los astros caen por efecto de alguna bruja. Pero también hay quien intenta una explicación más científica.

    Por ejemplo, concebidos los astros como seres vivos, se puede pensar que tienen enfermedades, se debilitan y hasta pueden morir. Así lo explica por ejemplo Lucrecio  (99-ca. 55 a.C.) en su poema De rerum natura V, vv. 751-770):

    Debes pensar igualmente que son diversas las causas que pueden explicar los eclipses del sol y los ocultamientos de la luna. Pues, ¿por qué la luna ha de ser capaz de interceptarnos la luz del sol, interponiendo su alta cabeza entre éste y la tierra, y oponiendo su oscuro disco a los ardientes rayos, y no puede hacer lo mismo y en el mismo momento un cuerpo distinto que se deslizara por el cielo, privado siempre de luz?

    Y el sol, ¿no podría en un momento dado perder, agotado, sus fuegos para crear de nuevo su lumbre, cuando entra en regiones de la atmósfera enemigas de las llamas, que extinguieran e hicieran perecer sus fuegos?

    Y ¿por qué la tierra ha de poder despojar a su vez de lumbre la luna y, estando ella encima, retener el sol sujeto, mientras la luna en su curso mensual se desliza entre los tajantes límites del cono de sombra, y no ha de poder otro cuerpo, en el mismo momento, oponerse a la luna o pasar por sobre el disco del sol interrumpiendo sus rayos y la difusión de su  luz? Y por otra parte, si es cierto que la luna brilla con su propio resplandor, ¿por qué no puede desfallecer en determinada parte del firmamento, mientras pasa por lugares hostiles a sus propias luces? (Traducción de Eduard Valentí Fiol, Editorial Bosch, 1976)

    Solis item quoque defectus lunaeque latebras
    pluribus e causis fieri tibi posse putandumst.
    nam cur luna queat terram secludere solis
    lumine et a terris altum caput obstruere ei,
    obiciens caecum radiis ardentibus orbem,
    tempore eodem aliut facere id non posse putetur
    corpus, quod cassum labatur lumine semper?
    solque suos etiam dimittere languidus ignis
    tempore cur certo nequeat recreareque lumen,
    cum loca praeteriit flammis infesta per auras,
    quae faciunt ignis interstingui atque perire?
    et cur terra queat lunam spoliare vicissim
    lumine et oppressum solem super ipsa tenere,
    menstrua dum rigidas coni perlabitur umbras,
    tempore eodem aliud nequeat succurrere lunae
    corpus vel supra solis perlabier orbem,
    quod radios inter rumpat lumenque profusum?
    et tamen ipsa suo si fulget luna nitore,
    cur nequeat certa mundi languescere parte,
    dum loca luminibus propriis inimica per exit?
    menstrua dum rigidas coni perlabitur umbras.

    Una idea parecida es la que Diógenes Laercio adjudica al filósofo Leucipo en Vida y opiniones de los Filósofos ilustres, IX, 33

    “…El Sol se eclipsa raras veces, la luna constantemente, por ser desiguales sus órbitas. Y así como hay nacimientos del mundo, hay también crecimientos y menguas y destrucciones, según cierta necesidad; pero en qué consiste ésta, no lo aclara”.

    Es curiosa la opinión de Manilio, poeta astronómico,  cuando afirma que los astros pierden su fuerza con ocasión de los eclipses, en sus Astronómica, IV, vv 841-852:

    La razón es clara porque, al sufrir eclipse la luna en algunos signos, privada de su hermano [Febo, el sol] y sumergida en las tinieblas de la noche, cuando la tierra, situada en medio, intercepta los rayos de Febo y Delia [la luna] no atrae la luz con la que brilla normalmente, también esos signos [zodiacales, vg. su eficacia] languidecen junto con su planeta [la luna] y, arqueándose al mismo tiempo y perdiendo su acostumbrado poder, lloran a Febe en sus exequias, como si estuviera en su funeral. La propia razón se pone de manifiesto en su nombre: los antiguos los llamaron signos “eclípticos”. Ahora bien, los signos sufren al mismo tiempo de dos en dos, y no los que son vecinos, sino los que brillan en lugares opuestos, al igual que la luna ve eclipsado su círculo solamente cuando no ve a Febo que corre en el signo opuesto. (Traducción de Francisco Calero y Mª José Echarte. Editorial Gredos)

    causa patet, quod, Luna quibus defecit in astris
    orba sui fratris noctisque immersa tenebris,
    cum medius Phoebi radios intercipit orbis
    nec trahit assuetum quo fulget Delia lumen,
    haec quoque signa suo pariter cum sidere languent             
    incurvata simul solitoque exempta vigori
    et velut elatam Phoeben in funere lugent.
    ipsa docet titulo se causa: ecliptica signa
    dixere antiqui. pariter sed bina laborant,
    nec vicina loco sed quae contraria fulgent,                
    sicut Luna suo tum tantum deficit orbe
    cum Phoebum adversis currentem non videt astris.

    Naturalmente, algunos encontraron la explicación científica, que nos ofrecen con toda claridad: los eclipses se deben a la interposición de la luna o de la tierra entre el sol y el astro que se eclipsa.  Esta es la teoría dominante en la antigüedad y por tanto son muchos los autores que la exponen. Citaremos algunos:

    Aristóteles se sirve de esta teoría para probar que los astros son esféricos, porque en la sombra que proyecta la tierra sobre la luna se aprecia esa forma; en su "Acerca del cielo",  De caelo, II,11, 291b24:

    Por otra parte los argumentos astronómicos dan una confirmación adicional; porqueninguna otra hipótesis explica la forma de disco creciente de los eclipses de sol. Por consiguiente, si uno de los astros cualquiera es esférico, es necesario evidentemente que los restantes astros lo sean.

    También.Gémino (s. I a.C.), en su Introducción a los Fenómenos (de Arato), en el capítulo X nos hbla de los eclipses de sol y en el XI de los de luna:

    Gémino, Introducción a los Fenómenos, X, XI:

    X
    Los eclipses de Sol tienen lugar por la interposición de la Luna. Pues al circular el Sol más alto y la Luna más baja, cuando el Sol y la Luna se hallan en el mismo grado, la Luna al pasar por debajo del Sol se interpone a los rayos del Sol que vienen en nuestra dirección. Por eso no hay que llamarlos propiamente eclipses, sino interposiciones. En efecto, nunca se eclipsa una sola parte del Sol;  se torna invisible para nosotros gracias a la interposición de la Luna.
    ….
    De que el Sol se eclipsa por interposición de la Luna, es la mayor prueba el hecho de que los eclipses no tienen lugar en otro día, sino en el 30 exclusivamente, cuando la Luna está en conjunción con el Sol,  y que desde entonces la magnitud de los eclipses está en razón de los lugares geográficos.
    ……….
    XI
    Los eclipses de Luna están provocados por la incidencia de la Luna en la sombra proyectada por la Tierra. Lo mismo que los restantes  cuerpos iluminados por el Sol proyectan sombras, así también la Tierra, iluminada por el Sol, proyecta una sombra. Además sucede que, a causa de la dimensión de la Tierra, la sombra es manifiesta y profunda.
    Cuando la Luna se halla diametralmente opuesta al Sol, entonces la sombra proyectada por la Tierra es también diametralmente opuesta al Sol; por lo cual la Luna, al circular a una distancia inferior que la sombra, incide, lógicamente, en la sombra proyectada por la Tierra. La parte de la Luna que incide en la sombra de la Tierra queda siempre privada de la luz del Sol a causa de la interposición de la Tierra; pues en este momento se encuentran en la misma recta el Sol, la Tierra, la sombra de la Tierra y la Luna. Por esta causa, los eclipses de Luna no tienen lugar en otro día, sino en el plenilunio; pues entonces la Luna está diametralmente opuesta al Sol.
    (Traducción de Esteban Calderón Dorda.Editorial Gredos).

    Higino , (64 a.C.-17 d.C.) hispano latino que según Luis Vives nació en Valencia*  y  que ha dado su nombre a uno de los cráteres lunares, también propone esta teoría en su De Astronomía, IV, 14, 3:

    * Nota: Luis  Vives no dice exactamente que naciera en Valencia sino que le llama "conterraneus", es decir, "paisano"; dada la precisión con la que Vives utiliza el latín se puede interpretar razonablemente que con "conterraneus" no se refiere tanto a "hispano" cuanto a "valenciano".

    También se puede comprender lo que sucede. Así como si alguien acerca su mano plana hacia sus ojos, cuanto más la acerca, tanto menos podrá ver y cuanto más lejos la aparte de él, tanto más se le podrán aparecer todas las cosas, del mismo modo cuando la luna llega a la posición del sol, entonces parece que está cerca de él y que obstruye sus rayos, de tal forma que no puede expulsar su luz. Sin embargo, cuando la luna está lejos de ese lugar, entonces el sol proyecta su luz, y así viene a dar en nuestros cuerpos.

    El eclipse de luna, pues, tiene lugar cuando la luna esta cerca por su dimensión y el sol se marcha por debajo de la tierra. De este modo, si trazaras una línea recta  por mitad de la tierra, podría tocar el sol bajo la tierra y la luna por encima de la tierra. Cuando esto ocurre así, necesariamente  los rayos del sol, por la magnitud de la tierra, son desviados, de tal modo que su luz, con la que luce la luna, no pueda llegar a ella, y así se cree que se produce el eclipse de luna.

    Quod evenire sic etiam potest intellegi. Ut si quis alicui manum planam ad oculos admoverit, quanto magis sic fecerit, hoc minus ille videre poterit; et quanto longius ab eo discesserit, hoc magis illi omnia poterunt apparere. Simili ratione cum luna ad solis locum pervenit, tunc proxima eius videtur esse et radios eius obturare, ut lumen eicere non possit. Cum autem luna ab eo loco discesserit, tunc sol lumen eicit, et ita ad corpora nostra adicit.

    Lunae autem eclipsis sic evenit, cum prope dimensione sit luna, cum abierit sol sub terram, dumtaxat hoc modo, ut per mediam terram si quid directum traieceris, contingere possit solem sub terra, lunam autem supra terram; quod cum ita evenit, necesse est solis radios propter magnitudinem terrae ita esse dimissos, ut lumen eius, quo luna lucet, non possit ad eam pervenire, et ita existimatur fieri eclipsis lunae.

    También Plinio el Viejo (62-113 d.C.), en su Historia natural, II, 7, 47 nos da esta explicación:

    Efectivamente, es cierto que el sol se eclipsa por la interposición de la luna, la luna por la intercalación de la tierra, y ambos eclipses son equivalentes, ya que con su respectiva interposición la luna quita a la tierra (y la tierra a la luna) los mismos rayos de sol; también, que al introducirse la luna, se originan inmediatamente las tinieblas, y a su vez, el tal astro se oscurece por la sombra de la tierra, asimismo, que la noche no es otra cosa que la sombra de la tierra, pues la forma de la sombra es similar a un cono o a una peonza con el pico hacia arriba, porque cae sobre la luna exclusivamente por su punta y no excede su altura, siendo así que ningún otro astro se oscurece del mismo modo y que una figura como ésa siempre termina en punta.

    Quippe manifestum est solem interuentu lunae occultari lunamque terrae obiectu ac uices reddi, eosdem solis radios luna interpositu suo auferente terrae terraque lunae. Hac subeunte repentinas obduci tenebras rursumque illius umbra sidus hebetari. Neque aliud esse noctem quam terrae umbram, figuram autem umbrae similem metae ac turbini inuerso, quando mucrone tantum ingruat neque lunae excedat altitudinem, quoniam nullum aliud sidus eodem modo obscuretur et talis figura semper mucrone deficiat.

    Los antiguos fueron conscientes del peligro que entrañaba observar directamente los eclipses de sol, que puede producir ceguera irreversible. Así Platón (ca. 427-347 a.C.) en su diálogo Fedón, 99d nos dice:

    SÓCRATES: ….¿Quieres que te exponga, Cebes, la segunda navegación que en busca de la causa he realizado?
    -Lo deseo extraordinariamente-respondió
    -Pues bien-dijo Sócrates-; después de esto, y una vez que me había cansado de investigar las cosas, creí que debía prevenirme de que no me ocurriera lo que les pasa a los que contemplan y examinan el sol durante un eclipse. En efecto, hay algunos que pierden la vista si no contemplan la imagen del astro en el agua o en algún otro objeto similar. Tal fue, más o menos, lo que yo pensé, y se apoderó de mí el temor de quedarme completamente ciego de alma si miraba a las cosas con los ojos y pretendía alcanzarlas con cada uno de los sentidos.
    (Traducción de Luis Gil).

    También Séneca nos recuerda cómo hemos de observar el eclipse de sol:

    Cuando queremos observar un eclipse de sol, colocamos recipientes que llenamos  de aceite o de pez, porque un líquido espeso se agita menos fácilmente y por lo tanto retiene  las imágenes que recibe, pues las imágenes no pueden reflejarse sino en un líquido inmóvil. Entonces solemos observar cómo la luna se opone al sol y cómo él se esconde tanto más cuanto es el cuerpo interpuesto, unas veces en parte si ocurre que se opone solamente en un lado y otras veces por completo; se llama eclipse total  aquel que hace aparecer las estrellas e intercepta la luz, y tiene lugar cuando los dos centros   se encuentran en la misma línea recta.

    [12,1] Quotiens defectionem solis uolumus deprehendere, ponimus pelues, quas aut oleo aut pice implemus, quia pinguis umor minus facile turbatur et ideo quas recipit imagines seruat; apparere autem imagines non possunt nisi in liquido et immoto. Tunc solemus notare, quemadmodum luna soli se opponat et illum tanto maiorem obiecto corpore abscondat, modo ex parte, si ita competit, ut in latus eius incurreret, modo totum; haec dicitur perfecta defectio, quae stellas quoque ostendit et intercipit lucem, tunc scilicet cum uterque orbis sub eodem libramento stetit.

    Dicen que Tales fue el primero en predecir un eclipse que habría tenido lugar en el año 585 a.C. pero lo había anunciado un año antes. Los astrónomos actuales consideran esta predicción imposible y la noticia como fruto de una visión un tanto hagiográfica de Tales.

    Nos lo cuenta Herodoto (ca. 639-ca. 547 a.C.) en el libro I de sus Historia, los reyes de Lidia y Media, aterrorizados por el mismo eclipse, firmaron un armisticio cuando ya sus ejércitos estaban listos para acometerse.Ambos monarcas interpretaron la oscuridad del sol como una señal del cielo para acabar con las hostilidades.

    Heródoto, Historias, I, 74

    De este principio, no queriendo despues Alyattes entregar los Escitas á pesar de las reclamaciones de Cyaxares, se originó entre Lydios y Medos una guerra que duró cinco años, en cuyo tiempo la victoria se declaró alternativamente por unos y otros. En las diferentes batallas que se dieron, hubo una nocturna en el año sexto de la guerra que ambas naciones proseguían con igual suceso, porque en medio de la batalla misma se les convirtió el dia repentinamente en noche; mutacion que Thales Milesio habia predicho á los Jonios, fijando el término de ella en aquel año mismo en que sucedió. Entónces Lydios y Medos, viendo el dia convertido en noche, no solo dejaron la batalla comenzada, sino que tanto los unos como los otros se apresuraron á poner fin á sus discordias con un tratado de paz. (Traducción de Bartolomé Pou [1727-1802])

    Fue esta cuestión de la predictibilidad una cuestión que sin duda apasionó a los antiguos.
    Al principio del artículo comentaba el hallazgo del famoso ciclo de “saros”, que los griegos tomaron de los babilonios,  y presentaba dos textos, de Plinio y Ptolomeo, para corroborar su conocimiento.
    Plinio se refería a Hiparco (ca.190-120 a.C.) como el astrónomo que comprendió estos ciclos. Estrabón en su Geografía,I,1, 13 dice de Hiparco:

    (12) Muchos han manifestado que el estudio de la geografía  requiere una gran variedad  de conocimientos;  Hiparco especialmente, en Crítica de la Geografía de Eratóstenes, hizo notar con toda razón "que nadie podrá adquirir el conocimiento de la ya sea como persona particular o como profesor erudito , sin un conocimiento preliminar de astronomía, y sin la práctica de las reglas del cálclo de los eclipses. Por ejemplo, ¿cómo se podrá  decir si la Alejandría de Egipto está más al norte o más al sur de Babilonia, y a qué distancia puede estar,  sin recurrir al método del clima (observar la latitud). Además, ¿cómo saber exactamente si tal país está más adelante hacia el oriente y tal otro hacia el occidente, si no es por la comparación de los eclipses de sol y de luna?  Así se explica Hiparco a este respecto.

    Cicerón (106-43 a.C.) también dice que los eclipses (de luna) eran previstos con antelación  estudiando los movimientos regulares de la Luna en De divinatione II, 17

    "¿Cómo se puede prever que  va a suceder algo que ni tiene causa alguna conocida ni se sabe por qué ha de ocurrir? Los eclipses del sol y también los de la luna se predijeron cen para muchos años por los hombres que persiguen los movimientos de los astros con las matemáticas, pues predicen cosas que la ley necesaria de la naturaleza tiene que ejecutar.

    A partir del movimiento siempre constante de la luna ven cuándo ella, desde la región frente al sol, entra en la sombra de la tierra, que es el cono de la noche, para que necesariamente se oscurezca; cuándo la misma luna por debajo y opuesta al sol oculta su luz a nuestros ojos, en qué signo y en que momento se encontrara cada una de las estrellas errantes (los planetas); también en qué día tendrán lugar el orto y el ocaso de cada signo (del zodiaco, cada constelación). Ves ahora qué razonamiento siguen aquellos que predicen estas cosas.

    [17] Qui potest provideri quicquam futurum esse, quod neque causam habet ullam neque notam, cur futurum sit? Solis defectiones itemque lunae praedicuntur in multos annos ab iis, qui siderum motus numeris persequuntur; ea praedicunt enim, quae naturae necessitas perfectura est. Vident ex constantissimo motu lunae, quando illa e regione solis facta incurrat in umbram terrae, quae est meta noctis, ut eam obscurari necesse sit, quandoque eadem luna subiecta atque opposita soli nostris oculis eius lumen obscuret, quo in signo quaeque errantium stellarum quoque tempore futura sit, qui exortus quoque die signi alicuius aut qui occasus futurus sit. Haec qui ante dicunt, quam rationem sequantur, vides.

    El famoso artilugio mecánico conocido como mecanismo de Anticitera, datado en el 87 a.C.,  del que hablaremos en otra ocasión, es una especie de calculadora a base de engranajes para prever la posición del Sol, de la Luna y de algunos planetas. Permitía calcular el ciclo de “saros”, del que hablaba al principio y por tanto ayudaba a prever la existencia de los eclipses.

    La determinación de estos ciclos como el de “saros”,  la observación milenaria de los movimientos, la creación de instrumentos para reproducir los movimientos de las estrellas, todo ello les proporcionó gran experiencia y les hizo caminar en la buena dirección ya desde Mesopotamia, sobre todo referido a los de luna; pero coinciden los expertos en afirmar que con los instrumentos de que disponían no podían fijar con anterioridad y con exactitud la aparición de un eclipse. Sólo muy recientemente se ha conseguido gran precisión al respecto.

    En todo caso, la astronomía (astrología) gozó de un enorme reconocimiento en la Antigüedad. Ciertamente, los intentos de explicación de los astros y sus movimientos, las elucubraciones teóricas y prácticas, que incorporan y desarrollan el conocimiento de la matemática y  geometría, suponen un verdadero esfuerzo científico.

    Plinio, a quien hemos citado varias veces, ensalza la ciencia y valentía de los hombres que intentan averiguar las causas de las cosas. En el pasaje citado anteriormente en el que se refiere a Sulpicio Galo antes de la batalla de Pidna, sigue comentando:

    Plinio, Historia Natural II, 9 (12) (54)

    “Hombres aquellos extraordinarios y sobrehumanos por haber comprendido la ley de tan importantes númenes y haber liberado por fin del miedo a la pobre mente humana que en los eclipses veía con temor crímenes o algún tipo de muerte de los astros (es notorio que en medio de este temor por el eclipse de sol sonaron las palabras sublimes de los vates Píndaro y Estesícoro) o bien el hombre mortal veía hechizos en el de la luna y por eso le ayudaba con un ruido desacompasado. Por este miedo, al desconocer la causa, Nicias, general de los atenienses, temiendo sacar la flota del puerto, perdió sus tropas.
    ¡Sed gloriosos por vuestra inteligencia, sabios que abarcáis el cielo y la naturaleza física, descubridores de la razón por la que os habéis impuesto a los hombres y a  los dioses!
    ¿Quién contemplando este espectáculo, así como los trances regulares de los astros (porque así se convino en llamarlos) no perdonaría que seamos mortales por una ley ineludible?

    viri ingentes supraque mortalia, tantorum numinum lege deprehensa et misera hominum mente iam soluta, in defectibus scelera aut mortem aliquam siderum pavente — quo in metu fuisse Stesichori et Pindari vatum sublimia ora palam est deliquio solis — aut in luna veneficia arguente mortalitate et ob id crepitu dissono auxiliante — quo pavore ignarus causae Nicias Atheniensium imperator veritus classem portu educere opes eorum adflixit —: macte ingenio este, caeli interpretes rerumque naturae capaces, argumenti repertores,

     quo deos hominesque vicistis! quis enim haec cernens et statos siderum (quoniam ita appellare placuit) labores non suae necessitati mortales genitos ignoscat?

    Nunc confessa de iisdem breviter atque capitulatim attingam ratione admodum necessariis locis strictimque reddita, nam neque instituti operis talis argumentatio est neque omnium rerum afferri posse causas minus mirum est quam constare in aliquis.

    Ovidio también valora también el extraordinario valor de quienes estudiaron las estrellas en Fastos, I, 297 y ss.:

    ¿Quién nos impide hablar también de las estrellas, cómo sale y se pone cada una? Esto es parte de mi promesa. ¡Felices las almas que fueron las primeras en ocuparse de conocer esats cosas y ascender a las mansiones de arriba! Se puede creer que aquellos sacaron la cabeza por encima tanto de los vicios como de los lugares humanos. Ni Venus ni el vino, el deber del foro o las fatigas de las campañas, quebraron sus pechos sublimes. No les tentaron ni la ambición ligera ni la gloria revestida de oropel ni el ansia de grandes riquezas. Acercaron a nuestros ojos las lejanas estrellas y sometieron el firmamento a su genio. Así es como se alcanza el cielo, sin necesidad de que el Olimpo se lleve al Osa y la cima del Pelio toque las más altas estrellas. Nosotros también, bajo la guía de ellos, mediremos el cielo y asignaremos sus días a cada astro errante. (Traducción de Bartolomé Segura Ramos, Edit. Gredos)

    Quis vetat et stellas, ut quaeque oriturque caditque,
    dicere? promissi pars fuit ista mei.
    felices animae, quibus haec cognoscere primis
    inque domus superas scandere cura fuit!
    credibile est illos pariter vitiisque locisque
    300 altius humanis exeruisse caput.
    non Venus et vinum sublimia pectora fregit
    officiumque fori militiaeve labor;
    nec levis ambitio perfusaque gloria fuco
    magnarumque fames sollicitavit opum.
    305 admovere oculis distantia sidera nostris
    aetheraque ingenio supposuere suo.
    sic petitur caelum: non ut ferat Ossan Olympus,
    summaque Peliacus sidera tangat apex.
    nos quoque sub ducibus caelum metabimur illis
    310 ponemusque suos ad vaga signa dies.

    En los textos clásicos hay numerosas referencias a eclipses realmente habidos. Según recojo del artículo “La explicación de los eclipses en la Antigüedad Grecolatina”, de los autores Roberto Casazza Alejandro Gangui de la Universidad de Buenos Aires que a su vez citan a Couderc, 1969: 128-134, se consideran históricos o descritos por fuentes históricas fiables a los siguientes:: eclipse del canon asirio (15 de junio del 763 a.C.); eclipse de Asurbanipal (27 de junio del 661 a.C.); eclipse de Arquíloco (6 de abril del 648 a.C.); eclipse de Tales (28 de mayo del 585 a.C. –hay densas discusiones sobre este eclipse–); eclipse de Píndaro (30 de abril del 463 a.C.); eclipse de Tucídides (3 de agosto del 431 a.C.); eclipse de Agatocles (15 de agosto del 310 a.C.); eclipse de Hiparco (20 de noviembre del 129 a.C.); eclipse de Flegón (24 de noviembre del 29 d.C.); eclipse de Plutarco (20 de marzo del 71 d.C.); eclipse de Teón (16 de junio del 364 d.C. –aquí también quedan dudas–). citado por Couderc, 1969: 128-134.