Categoría: Dioses y Religión

  • Octavio Augusto estuvo tres veces en Hispania

    Por fin el cálido verano ha dado paso al más dulce otoño. El verano se extiende de Junio, el mes de la diosa Juno, la homóloga romana de la griega Hera, a Septiembre, el més séptimo de un inicial año de diez meses. Entre el mes inicial y el final del verano se desgranan día a día los meses de Julio y Agosto. Julio se llamó primeramente “quintilis”, es decir, el mes quinto y Agosto “sextilis”, es decir, el mes sexto. El general o “imperator” Julio César dio su nombre al quinto y su sobrino y primer emperador Octavio Augusto dio el nombre al sexto.

    Octavio nació en septiembre del año 63 a.C.  y murió en agosto del año 14 d.C., (prescindiendo de la  exactitud cronológica dificultada por los cambios, adaptaciones y reajustes del calendario, que su tío Julio César ya reformó, hasta el día de hoy). Así que acaban de cumplirse 2.000 años y puede ser esta una buena ocasión para comentar algún detalle.

    "Augusto" fue uno de los numerosos títulos honoríficos que César Octavio acumuló en su persona. La palabra está relacionada con “augeo” que significa aumentar, crecer, ganar fuerza y “augurio” u “observación e interpretación de los mensajes favorables de los dioses”, por lo que “augusto” viene a significar  “consagrado por los augurios, con augurios favorables,santo, venerable, el elegido o favorecido por la divinidad”. Todavía hoy en italiano se emplea la palabra  “auguri” para expresar “los mejores deseos” para alguien. Hasta Octavio,el término “augustus” sólo se aplicaba a las cosas y no a las personas.

    El poeta Ovidio nos ilustra sobre el significado  del término. Al cantar la festividad y las ceremonias del día 13 de Enero dedicadas a Augusto, nos dice  en sus Fastos 1. 607 y ss.

    Sin embargo todos son celebrados con honores humanos;
    Sólo éste (Augusto) tiene un nombre asociado al supremo Júpiter.
    Los patricios a las cosas sagradas las llaman augustas; augustos son llamados
    los templos dedicados ritualmente por la mano de los sacerdotes.
    Tambien “augurio”  tiene su origen en esta palabra,
    y  todo lo que Júpiter engrandece con su poder.
    ¡Que engrandezca el imperio de nuestro guía, que aumente sus años
    y proteja vuestro umbral con la corona de encina.
    Y que el heredero de tan gran apellido con los auspicios de los dioses
    cargue con el peso del mundo con el mismo favor divino que su padre!

    sed tamen humanis celebrantur honoribus omnes:
    hic socium summo cum Iove nomen habet,
    sancta vocant augusta patres, augusta vocantur
    templa sacerdotum rite dicata manu;
    huius et augurium dependet origine verbi,
    et quodcumque sua Iuppiter auget ope.
    augeat imperium nostri ducis, augeat annos,
    protegat et vestras querna corona fores,
    auspicibusque deis tanti cognominis heres
    omine suscipiat, quo pater, orbis onus 

    Según las fuentes, al menos las que yo conozco, Augusto estuvo tres veces en Hispania y de las tres quedan algunos hechos relevantes y  alguna anécdota.

    El primer viaje tuvo lugar el año 45 a.C., cuando apenas contaba 18 años. Debía haber viajado antes con su tío, pero una enfermedad le impidió la marcha. Así que vino sólo para encontrarse en Tarragona con Julio César. En el viaje  naufragó y cuando llegó, su tío ya no estaba allí por lo que hubo de marchar por terreno enemigo y hostil hacia la Bética en donde se encontraba luchando en la guerra civil contra los hijos de Pompeyo.

    Nos lo cuenta Nicolás de Damasco en su  Vida de Augusto, FGrH F 127, …(10-11)

    (10) …Había muchos que querían acompañarle porque ya era una gran promesa, pero rechazó a todos, incluida su propia madre. Seleccionó al  más rápido y más fuerte de sus siervos e inició rápidamente  su viaje y cubriendo el largo camino con una increíble marcha  llegó junto a César, que ya había completado toda la guerra en el espacio de siete meses.

    (11) Cuando Octavio llegó a Tarraco, pareció difícil creer que había logrado llegar en medio de tantas dificultades propias de la guerra. Al no encontrar a César allí, tuvo que afrontar  más problemas y peligros. Alcanzó a César en España, cerca de la ciudad de Calpiá. César lo abrazó como a un hijo y le dio la bienvenida, porque él lo había dejado en casa, enfermo, y ahora lo veía inesperadamente a salvo de tantos enemigos y  bandidos. De hecho, ya no le dejó apartarse de él, sino que lo acogió  en sus propias dependencias militares. Elogió su celo e inteligencia, ya que él fue el primero en llegar de los que habían salido de Roma . Conversaba con él y le hacía preguntas porque quería hacerse una opinión correcta de su entendimiento. Se dio cuenta de  que era sagaz, inteligente y conciso en sus respuestas, que  siempre contestó inmediatamente, y aumentó  su estima y afecto por él. Después de esto tuvieron que navegar hasta Carthago Nova (Cartagena) para hacer acuerdos.  Octavio se embarcó en el mismo barco que César, con cinco esclavos, pero, además de los esclavos eligió a tres de sus compañeros a bordó y temía  que César se enfadara al descubrirlo. Sin embargo, currió todo lo contrario, y a César  le agradó que Octavio sintiera  cariño por  sus compañeros y lo elogió porque a él también  le gustaba tener siempre  con él hombres atentos y deseosos de de alcanzar la excelencia; y porque él ya daba no poca importancia a ganar una buena reputación en su patria.

    La rapidez y valentía con la que acudió el joven Octavio y el sentido común y responsabilidad con la que actuó durante la estancia en Hispania impresionaron favorablemente a Julio César, que probablemente comenzó a pensar en él como su heredero, como luego se descubrió en la apertura de su testamento que había custodiado la sacerdotisa vestal Máxima.

    También recoge esta información  Suetonio en su Vida de Augusto VIII:

    Poco después marchó  a Hispania junto a su tío materno, que luchaba contra los hijos de C. Pompeyo, apenas recuperado de una grave enfermedad, marchando a través de caminos infestados de enemigos, con unos pocos acompañantes incluso después de haber naufragado. Por todo esto se ganó su gran agradecimiento (César) y también por la sobriedad de sus costumbres, que pronto demostró, además de por su actuación durante el viaje.

    profectum mox auunculum in Hispanias aduersus Cn. Pompei liberos uixdum firmus a graui ualitudine per infestas hostibus uias paucissimis comitibus naufragio etiam facto subsecutus, magno opere demeruit, approbata cito etiam morum indole super itineris industriam.

    Y también Veleyo Patérculo, 2.59.3  nos recuerda cómo su tío César se lo llevó a Hispania con dieciocho años y lo mantuvo con él, montandolo incluso su carro.

    Aunque se había criado en la casa de su padrastro, Filipo, Cayo César, su tío abuelo, amaba a este niño como su propio hijo. A la edad de dieciocho años se lo llevó como compañero a la guerra de Hispania, y nunca tuvo otro hospedaje que el suyo ni vaijó en otro vehículo,  y aunque todavía un niño, lo honró con el sacerdocio del pontificado

    Quem C. Caesar, maior eius avunculus, educatum apud Philippum vitricum dilexit ut suum, natumque annos duodeviginti Hispaniensis militiae adsecutum se postea comitem habuit, numquam aut alio usum hospitio quam suo aut alio vectum vehiculo, pontificatusque sacerdotio puerum honoravit.

    El segundo viaje lo realizó entre los años 27 y 24 a.C. y acudió a Hispania para dirigir personalmente la guerra contra los cántabros y astures. En el año 26 se retiró enfermo a Tarraco, habiendo sufrido antes un percance de enorme importancia para un romano.

    Durante una marcha nocturna, (Augusto prefería viajar por la noche) se desencadenó una fuerte tormenta y un rayo, lanzado sin duda por el poderoso Júpiter, mató a uno de los porteadores de su litera, dejando tal vez inconsciente o gravemente afectado al propio Octavio. Este rayó le dejó para siempre secuelas, al parecer una especie de tembleque que de vez en cuando se le hacía presente.
    Suetonio nos informa de cómo consagró un templo a Júpiter Tonante en el Capitolio por haberle librado de este rayo. Tonante es precisamente el adjetivo que expresa el terror supersticioso que Júpiter producía en los romanos con sus truenos y rayos.

    “Consagró un templo a Júpiter Tonante, porque le  libró del peligro, cuando en una expedición contra los cántabros, durante la noche, un rayó rozó  ligeramente su litera y mató a un esclavo que iba delante para alumbrarle”. (Vida de Augusto, 29, 3)

    Tonanti Iovi aedem consecravit liberatus periculo,cum   expeditione Cantabrica per nocturnum iter lecticam eius fulgur praestrinxisset servumque praelucentem exanimasset.

    A la enfermedad que le apartó a Tarraco, consecuencia tal vez del rayo que estuvo a punto de matarlo, hace referencia Suetonio en Vida de Augusto, 81, 1:

    “A lo largo de toda su vida sufrió un buen  número de enfermedades graves y peligrosas. Sobre todo una, después de dominar Cantabria, cuando los flujos del hígado enfermo le llevaron a la desesperación y le obligaron necesariamente a recurrir a un tratamiento médico contrario e incierto: como los tratamientos  calientes no surtían efecto, se vio obligado a tratarse con   fríos, siguiendo la indicación de Antonio Musa (su médico)”.

    Graues et periculosas ualitudines per omnem uitam aliquot expertus est; praecipue Cantabria domita, cum etiam destillationibus iocinere uitiato ad desperationem redactus contrariam et ancipitem rationem medendi necessario subiit: quia calida fomenta non proderant, frigidis curari coactus auctore Antonio Musa

    Dion Casio en Historia de Roma 53, 25 nos recuerda la venida de Augusto a Hispania desde la Galia “para restablecer el orden” en el año 27 a.C. y cómo dirigió personalmente la guerra:

    Llevó a cabo el censo de los Galos y reguló su estado civil y político. Desde allí pasó a Hispania e igualmente organizó esta provincia.
    ….
    Augusto, en el momento de marchar con su ejército a Bretaña (los bretones no habían querido aceptar sus condiciones), fue retenido por los Salassos, que se levantaron contra él, y por los cántabros y Asturias que le hicieron la guerra.  El primero de estos dos pueblos vive al pie de los Alpes, como he dicho antes; los otros dos, a los pies de los Pirineos, en la parte más fuerte de la costa de Hispania y en la llanura debajo de la montaña.
    ….
    Augusto en persona marchó contra los Astures y contra los cántabros a la vez; como quiera que rechazaban rendirse por la seguridad que les inspiraba la fuerza de sus posiciones y tampoco entablaban combate porque eran inferiores en número; como por otra parte la mayoría estaban armados con jabalinas y le hostigaban en cuanto hacía algún movimiento, siempre situados delante en los lugares elevados y emboscados en lugares escondidos y en los bosques, Augusto se encontró en gran aprieto

    La fatiga y las preocupaciones habían alterado su salud y se retiró a Tarraco, donde cayó enfermo; entretanto, C.Antistio combatió a estos pueblos y obtuvo muchos éxitos, no porque fuera mejor general que Augusto, sino porque los bárbaros, despreciándole, se lanzaron en masa contra los Romanos y fueron derrotados. Así que él se apoderó de unos pocos lugares y luego T.Carisio se apoderó de Lancia, la ciudad más fuerte de los Astures, que había sido abandonada y redujo a un gran número de otras a su poder.

    Otros historiadores como Floro, en su Epitome Rerum Romanorum 2,33,12, 46 ss.  y Orosio en su “Historia adversus paganos”  6, 20-21 recuerdan también las Guerras Cántabras y cómo una vez finalizadas, a criterio de Augusto en el año 24 aunque se prolongaron hasta el 19 a.C., se cerraron después de doscientos años las puertas del templo de Jano en Roma, que debían permanecer abiertas en tiempos de guerra. Comenzaba así la llamada “paz de Augusto” (pax augusta)..

    Precisamente durante este viaje nos cuenta Dion Casio cómo el año 25 a.C. licenció a los soldados veteranos y fundo Augusta Emerita, la actual ciudad de Mérida.

    Dion 53, 26, 1

    Una vez acabada esta guerra, Augusto licenció a los soldados de más edad y les permitió fundar en Lusitania una ciudad llamada Augusta Emerita; a los que todavía estaban en edad en edad de servir en el ejército les ofreció en el propio campo algunos espectáculos bajo la dirección de Tiberio y Marcelo, como si fueran los ediles”.

    El tercer viaje tuvo lugar entre los años 16 y 13 a.C..  Primero fue a la Galia y dese allí a Hispania.
    En Narbona, en febrero del año 15 a.C. publicó los edictos referidos a los “Paemeiobrigenses” y a los “Aiiobrigiaecinos", ambos en el Bierzo, que aparecen en la  llamada “tessera Paemeiobrigensis” o Edicto del Bierzo. En ellos se recompensa a los pueblos que le permanecieron fieles en las guerras cántabras. Sin duda estos decretos y otras muchas medidas referidas a la promoción del estatus de numerosas ciudades de Hispania en estos años están en relación con el hecho de que viniera a Hispania por tercera vez, aunque las fuentes no lo atestiguan directamente. 

    Precisamente a la vuelta a Roma, el Senado decidió construir un altar a la paz, la  famosa Ara Pacis, a la que  parece referirse Dion Casio en su Historia de Roma, 54, 25:

    Después de poner todo en orden en  la Galia, en Germania y en Hispania, gastando mucho para algunas ciudades por separado,  recibiendo mucho de otras,  dando a unas la libertad y el derecho de ciudadanía y privando de él a otras, Auguste dejó a Druso en Alemania y regresó a Roma en el consulado de Tiberio y  Quintilio Varo. La noticia de su llegada, extendida por toda Roma, coincidió con los días en que Cornelio Balbo ofrecía unos espectáculos por la dedicación del teatro que todavía hoy lleva su nombre; Balbo se sintió tan orgulloso como si hubiera sido él el que había hecho volver a  Augusto,  aunque el agua desbordada del Tíber le  impidió llegar a su teatro sino en barco,  y también porque, en honor a su teatro, Tiberio le dio el primer turno de palabra. El Senado, de hecho, se reunió a continuación, y, entre otros acuerdos, decidió que, con motivo del regreso de Augusto, fuera erigido un altar en la propia Curia, en el que los suplicantes, cuando el príncipe estuviera  en el interior del  Pomoerium, debían encontrar  impunidad.

    El propio Augusto hace referencia  en sus Res Gestae divi Augusti (Monumnetum Ancyranum), 12:

    Cuando desde Hispania y la Galia regresé a Roma, después de haber realizado felizmente mis acciones en esas provincias, bajo el consulado de Tiberio Nerón y de Publio Quintilio, el senado decretó que se debía consagrar en honor de mi regreso el “Ara pacis de Augusto”  junto al Campo de Marte, y ordenó que los magistrados, sacerdotes y vírgenes Vestales celebrasen en ella cada año un sacrificio.

    Cum ex Hispania Gallaque, rebus in iis provincis prospere gestis, Romam redi Ti. Nerone P. Quintilio consulibus, aram Pacis Augustae senatus pro reditu meo consacrandam censuit ad campum Martium, in qua magistratus et sacerdotes et virgines Vestales  anniversarium sacrificium facere iussit.

    Ovidio también se hace eco de la fundación del Ara pacis en Fasti 1, 709 ss. Se refiere a los fastos del día 30 de Enero. Estos versos finales del libro son un canto a la paz, que me permito reproducir:

    El propio poema nos ha llevado al altar de la Paz.
    Este será el penúltimo día del mes.
    Con tus cabellos peinados y rodeada de las ramas de Accio,(1)
    acude, Paz, y quédate dulce en todo el orbe.
    Mientras falten enemigos, faltará también motivo para el triunfo,
    pero tú serás mayor motivo de gloria que la guerra para los generales.
    Que sólo el soldado lleve las armas con las que vencer a las armas,
    y  que la fiera trompeta no resuene sino en el desfile.
    Que el mundo cercano y el más lejano se asuste de los hijos de Eneas;
    Si alguna tierra temía un poco a Roma, que ahora la ame.
    Vosotros, sacerdotes, echad inciensos en las llamas de la paz.
    Y que una blanca víctima caiga muerta golpeada en su frente
    y rogad a los dioses, favorables a las peticiones piadosas,
    que la casa que trabaja por la paz, perdure en paz.

    (1) Se refiere a las ramas de laurel de la victoria de la batalla de Accio frente a Marco Antonio.

    Ipsum nos carmen deduxit Pacis ad aram.
    haec erit a mensis fine secunda dies.
    frondibus Actiacis comptos redimita capillos,
    Pax, ades et toto mitis in orbe mane. 
    dum desint hostes, desit quoque causa triumphi:
    tu ducibus bello gloria maior eris.
    sola gerat miles, quibus arma coerceat, arma,
    canteturque fera nil nisi pompa tuba.
    horreat Aeneadas et primus et ultimus orbis:
    si qua parum Romam terra timebat, amet.
    tura, sacerdotes, pacalibus addite flammis,
    albaque percussa victima fronte cadat,
    utque domus, quae praestat eam, cum pace perennet
    ad pia propensos vota rogate deos.

    Podía ser esta frase, utque domus, quae praestat pacem, cum pace perennet, la versión clásica y antigua de la máxima: “si quieres la paz, trabaja por la paz”.
     

  • Biblioteca de Alejandría (y 6): La Biblia en griego de los Setenta

    En la populosa ciudad de Alejandría existió una comunidad hebrea muy numerosa. Los judíos formaban ya numerosos grupos en todo el mundo griego, hasta el punto de que muchos de ellos apenas si entendían el arameo o el hebreo.

    Los reyes grecomacedonios de Egipto, los Ptolomeos, que gobernaban desde Alejandría, mantuvieron buenas relaciones con la comunidad judía, muy influyente. Tuvieron mucha menos consideración con los egipcios autóctonos, que por cierto tampoco tenían buenas relaciones con los judíos.

    Como decía, eran muchos los judíos grecoparlantes que cada vez entendían menos el hebreo, lengua religiosa por excelencia de los judíos y el arameo que era lo que se hablaba en Judea. Esto obligó a que se fueran traduciendo los libros religiosos judíos al griego.

    Por otra parte es bien conocido el objetivo de la famosa biblioteca de Alejandría de coleccionar “todos” los libros de todas las lenguas existentes en el mundo. Así que al interés de los griegos por todos los libros del mundo, incluidos los hebreos, se unía el interés de los judíos por hacer  ver que sus leyes no eran incompatibles con el mundo helenístico.

    Estas dos circunstancias conformaron el ambiente adecuado para que un judío interesado creara siglo y medio o dos siglos después de la creación de Alejandría una versión fantástica de la traducción del Pentateuco al griego.

    Piénsese que el texto de un libro sagrado, transmitido de manera maravillosa por la divinidad, tiene un valor ritual en sí mismo y por lo tanto es reacio a ser traducido a cualquier otro idioma. Pues bien, en esta época aparece la famosa “Carta de Aristeas” que narra el proceso por el que se llevó a cabo esta traducción. Se trata de un documento muy probablemente del siglo II a.C., atribuido a un tal Aristeas, judío que se presenta como griego.

    El objetivo es sin duda enaltecer la importancia de la comunidad judía en el mundo griego y  explicar por qué fue necesario traducir los libros sagrados judíos al griego. El documento, falso evidentemente, tuvo notable fortuna en su trasmisión en el mundo antiguo y medieval.

    En síntesis nos cuenta cómo Ptolomeo II, por consejo de Demetrios de Falera, encarga a 72 hombres sabios,6 por cada una de las 12 tribus de Israel, ofrecido por el  Sumo Sacerdote de Jerusalén, Eleazar (en realidad parece empresa casi imposible encontrar 6 expertos por tribu para una traducción correcta al griego),   la primera traducción del Pentateuco al griego (probablemente existieron algunas traducciones anteriores de algunos textos judíos).  Los traductores fueron encerrados por parejas en 36 celdas aisladas. Emplearon exactamente 72 días y coincidieron absolutamente en los términos. Obsérvese cómo los 72 expertos se redondean y reducen a 70,cifra más acorde con la importancia del número 7 en la tradición semítica en general.

    Nota: sin duda la importancia del número siete está en relación con el ciclo lunar y sus fases de siete días cada una precisamente.

    Luego, esta traducción de los Setenta  (la Septuaginta) fue prontamente adoptad por los cristianos como propia.

    Leamos alguno de los fragmentos más significativos de este relato fantástico del que un somero análisis de las propias contradicciones y anacronismos revela su falsedad, asunto que no analizo en esta ocasión:

    [9] Encargado de la biblioteca del Rey, Demetrio de Fáleron, recibió grandes sumas de dinero, para reunir, de ser ello posible, todos los libros del orbe; y realizando compras y transcripciones, llevó a feliz término en el menor plazo que pudo la encomienda real. [10] Habiéndosele demandado, en mi presencia: «¿Cuántas decenas de millares de libros hay?», respondió: «Más de veinte, oh Rey; y me afano para completar en breve lo que falta para los quinientos mil. Por cierto, que se me ha anunciado además que las leyes de los judíos son dignas de transcripción y de hallarse en tu biblioteca». [11] «¿Qué es lo que te impide —dijo el Rey— realizar esta tarea, puesto que se te ha provisto de todo lo necesario?». Demetrio dijo: «Se necesita una traducción: en Judea se sirven de sus propios caracteres; tienen, del mismo modo que los egipcios, tanto una escritura como una lengua propias. Corre la fama de que utilizan el siríaco;(8) pero no es cierto, se trata de algo distinto». El Rey, después que hubo recibido noticia puntual de todo, ordenó se escribiera al sumo sacerdote de los judíos, a fin de llevar a buen término el proyecto.
    …..
    He aquí la copia del informe: [29] «Al gran Rey, de parte de Demetrio. Según tu encargo, oh Rey, con respecto a los libros que faltan para completar la biblioteca, de qué modo han de ser reunidos y de la conveniente restauración de los que fueron maltratados por azares de fortuna, tras ocuparme, y no a la ligera, de tales asuntos, vengo en someter a tu consideración el informe siguiente. [30] Faltan, junto con otros pocos, los libros de la Ley de los judíos. Se hallan escritos en letras y lengua  hebreas, traducidos  a descuido y no como conviene, al parecer de los competentes; pues no han gozado del cuidado real. [31] Preciso es que también éstos se hallen junto a ti, en una versión cuidada, por ser Ley henchida de sabiduría y muy pura, como que es divina. Por ello se han abstenido escritores, poetas y la pléyade de historiadores de hacer memoria de los antedichos libros y de los hombres que por ellos se han regido: porque su doctrina es augusta y sagrada, como sostiene Hecateo de Abdera. [32] Si te parece bien, oh Rey, se escribirá al sumo sacerdote de Jerusalén para que nos envíe hombres de vida irreprochable, Ancianos avanzados en años, expertos en la materia de sus leyes, seis por cada tribu, a fin de que, examinando el acuerdo de la mayoría y adoptando una interpretación precisa, constituyamos con evidencia una versión digna del argumento y de tus intenciones. Que seas feliz en todo».

    [35] «El Rey Ptolomeo al Sumo Sacerdote Eleazar, salud y alegría.
    ….
    Queriendo hacer algo grato a ellos, a todos los judíos del orbe y a sus descendientes, hemos decidido traducir vuestra Ley, de la lengua que llamáis hebraica, al griego, a fin de que se halle también en nuestra biblioteca, con los otros libros reales. [39] Obrarías magnánimamente y de un modo digno de nuestra solicitud si eliges hombres de vida irreprochable, Ancianos expertos en la Ley, capaces de traducirla, seis por cada tribu, de modo que se descubra el acuerdo de la mayoría, visto que la investigación versa sobre algo de altísima importancia. Pues pensamos que, cumplida esta tarea, nos reportará gran gloria.

    [41] A esta carta respondió dignamente Eleazar lo siguiente: «Eleazar, Sumo Sacerdote, saluda al Rey Ptolomeo, su amigo de corazón. Salud a ti, a la reina Arsínoe, tu hermana, y a vuestros hijos.
    ….
    [46] En presencia de todos escogimos hombres nobles, Ancianos, seis por cada tribu, a los que despachamos custodiando la Ley. Bien obrarás, oh Rey justo, tomando previsiones para que, una vez ejecutada la traducción de los libros, estos varones regresen a nosotros con seguridad. Salud».
    …..
    [121] Eleazar eligió a los mejores varones, y por su cultura excelentes, como nacidos de padres prestigiosos, en posesión no sólo de las letras judías; antes bien, se habían dedicado, asimismo, y no a la ligera, a la instrucción helénica;
    ….
    [301] Después de tres días, Demetrio los tomó consigo, y tras recorrer el dique de mar de siete estadios hasta la isla [de Faros], cruzó el puente y, avanzando hacia la parte norte, les congregó en una mansión bien dispuesta junto a la playa, de gran belleza, e inmersa en una paz profunda; y les exhortó a llevar a término la traducción, pues que estaban bien provistos de todo lo que precisaran. [302] Y la ejecutaron, poniéndose de acuerdo mediante confrontaciones entre ellos acerca de cada punto; el resultado quedaba fijado oportunamente por escrito, a cargo de Demetrio. [303] Hasta la hora nona se prolongaba la sesión; después se separaban para dedicarse a los cuidados del cuerpo, facilitándoseles con espléndida provisión cuanto pudieran desear.
    ……
    [307] Tal como lo he dicho, cada día, congregados en este lugar, que hacían tan deleitoso la calma y luminosidad, llevaban a cabo la tarea fijada. Y acaeció que la traducción fue completada en setenta y dos días, como si hubiese sucedido por una suerte de premeditación. [308] Cuando se llegó al cumplimiento, reunió Demetrio a la comunidad de los judíos  en aquel lugar donde la traducción había sido realizada, y se la leyó a todos, en presencia de los Traductores, que se granjearon una recepción magnífica también por parte del pueblo, como responsables de magníficos bienes. [309] Tal acogieron a Demetrio también, exhortándole a entregar a los rectores de su comunidad una copia de toda la Ley. [310] Después de leídos los rollos, en pie los sacerdotes y los Ancianos de los Traductores y los rectores del común proclamaron: «Puesto que ha sido traducida hermosamente y con piedad, y con exactitud plena, bien está que permanezca como ella es y que no se produzca la menor alteración». [311] Todos aclamaron tales dichos y les exhortaron a lanzar una maldición, según es usanza entre ellos, contra cualquiera que alterase, añadiendo, modificando o suprimiendo, el tenor de lo escrito; bien obraron, a fin de que fuera preservado incólume perpetuamente.
    [312] Comunicadas al Rey estas nuevas, se alegró grandemente; pues reputó que la intención que había tenido se había realizado a satisfacción. Una vez que todo le fue leído, admiró en extremo la sabiduría del legislador y preguntó a Demetrio: «¿Cómo es que, con una perfección semejante, acaeció que jamás ningún historiador o poeta hiciera de ella memoria?». [313] Aquél le dijo: «Porque la Ley es sagrada y de Dios procede; algunos que lo intentaron, heridos por la mano de Dios, renunciaron al intento». [314] Y le dijo haber oído contar a Teopompo  que cuando estaba a punto de insertar en sus Historias ciertos pasajes traducidos de la Ley de un modo asaz imprudente, sufrió una perturbación de la mente durante más de treinta días; en una tregua imploró a Dios que le revelara cuál era la causa de su infortunio. [315] Habiéndosele manifestado en sueños que el haber querido insensatamente comunicar las cosas divinas a los profanos, renunció a ello y recobró la salud. [316] «Y del propio Teodecto, el poeta trágico, he escuchado yo mismo que, en el punto de introducir algo de la Biblia  en un drama suyo, sus ojos sufrieron un glaucoma; como sospechase que por esta razón le sobrevino la desgracia, invocando a Dios se curó, al cabo de muchos días».

    Es muy interesante la versión del obispo Epifanio(circa 310-403), básicamente coincidente, con alguna aportación, que evito reproducir en su integridad. Quien tenga interés puede localizar el texto de Epifanio en la red, si bien en inglés; no conozco versión al castellano. Puede encontrarlo por ejemplo en http://www.tertullian.org/fathers/epiphanius_weights_03_text.htm#C2

    Epifanio de Salamis o de Salamina:  De mensuris et ponderibus, 9:

      …Y los primeros traductores  de 80 de las divinas Escrituras del hebreo al griego eran setenta y dos hombres en número , los que hicieron la primera traducción en los días de Ptolomeo Filadelfo . Ellos fueron escogidos de las doce tribus de Israel, seis hombres de cada tribu , como Aristeas ha transmitido en su work.81 Y sus nombres son los siguientes: 82 en primer lugar, de la tribu de Rubén, Josefo , Ezequías , Zacarías , Johanán , …
    Estos son los nombres , como ya hemos dicho, de las setenta y dos traductores .

    Y sigue con el relato…

    Tambén Flavio Josefo, el historiador judío que escribió en griego, cuya obra conservaron los romanos, también cuenta tan interesante cuestión en sus Antiguedades Judias, Lib. 12, 2, 1 ss:

    “Alejandro reinó durante doce años, y después de  él Ptolomeo Sóter durante  cuarenta. Después  subió  al trono de Egipto Filadelfo, que reinó durante treinta y nueve años; éste mandó  traducir la ley judía y liberó  de la esclavitud a ciento veinte mil  judíos.
    Demetrio de Faleras, director  de la biblioteca del rey, pretendía  reunir todos los libros del mundo si era posible, comprando todos los escritos que fueran famosos o fueran dignos de estudio o de interés; imitaba  en esto  al propio rey que era también muy aficionado a los libros.
    Un día le preguntó Ptolomeo cuántos miles de libros había reunido ya; le respondió que tenía ya cerca de doscientos mil, y  que dentro de poco llegaría a los quinientos mil. Añadió que se le había informado que  los judíos tenían  varios libros con sus leyes dignos de estudio y de la biblioteca regia; pero que  estaban  escritos con unas letras e idioma propios de ellos y que supondría un gran esfuerzo su traducción al griego”.

    Y sigue relatándonos el episodio de Aristeas, que evito al lector por estar básicamente narrado ya.

    Esta apología y encomio de la milagrosa y fantástica traducción  fue compartida por los primeros padres cristianos que la encontraron compatible con la tradición cristiana y es el asunto central cuando hablan de la Biblioteca de Alejandría y de los libros en general..

    Así además de los citados, Tertuliano en Apologético, 18,5:

    “El más erudito de los Ptolomeos, a quien llaman Filadelfo, expertísimo en todo tipo de literatura, creo que competía  con Pisístrato en la afición a las bibliotecas, entre otros  documentos históricos, cuya antigüedad o algún interés curioso  exigía su conservación,  por consejo de Demetrio de Falero,  el más considerado de los gramáticos de entonces,  al que había encargado la dirección (de la biblioteca), solicitó libros también a los judíos, que ellos solos tenían en sus propias y antiguas letras”.

    (y sigue comentando el párrafo de la Carta de Aristeas).

    [5] Ptolemaeorum eruditissimus, quem Philadelphum supernominant, et omnis litteraturae sagacissimus, cum studio bibliothecarum Pisistratum, opinor, aemularetur, inter cetera memoriarum, quibus aut vetustas aut curiositas aliqua ad famam patrocinabatur, ex suggestu Demetri<i> Phalerei, grammaticorum tunc probatissimi, cui praefecturam mandaverat, libros a Iudaeis quoque postulavit, proprias atque vernaculas litteras, quas soli habebant

    Pero San Jerónimo, que traduce directamente del hebreo que conoce,  es crítico con la versión de los LXX y así, por ejemplo, en la carta XXXIV (a Marcela) rechaza la traducción que los LXX hacen de "Pan de aflicción"  por l "Pan de los ídolos", así como otros casos.

    Naturalmente, la científica Filología choca con la intransigente permanencia de los “textos sagrados”, a fin de cuentas obra de hombres.

    Un resumen tardío de todo ello lo encontramos en San Isidoro en sus Etimologías, VI, 3 y 4:, capítulos titulados  De bibliothecisDe interpretibus respectivamente:

    Libro VI. Sobre las bibliotecas, 3, 5

    Luego Alejandro Magno y sus sucesores se aplicaron  con toda  su alma  en dotar a las bibliotecas de todos los libros. Sobre todo  Ptolomeo, de sobrenombre Filadelfo, el mejor conocedor de toda la literatura, tratando de emular a Pisístrato en su afición por las bibliotecas, dotó a su biblioteca no sólo de los escritos de los gentiles, sino también de las Sagradas Escrituras. Así pues, en su época se encontraban en Alejandría setenta mil libros.

    Lib. VI, cap. 3, 5: (De bibliothecis)
    Dehinc magnus Alexander, vel succesores eius instruendis ómnium librorum bibliothecis animam intenderunt, maxime Ptolomeus cognomento Philadelphus omnis litteraturae sagacissimus, cum studio bibliothecarum Pisistratum aemularetur, non solum gentium scripturas, sed etiam et divinas literas in bibliothecam suam contulit. Nam septuaginta milia librorum huius temproibus Alexandriae inventa sunt.

    Libro VI, cap. 4, 1-5  Sobre los intérpretes

    1. Este (Ptolomeo Filadelfo) pidió también al sagrado pontífice Eleazar las escrituras del Antiguo Testamento y se ocupó de que se tradujeran de la lengua hebrea a la griega por obra de setenta intérpretes, y las guardó en la biblioteca alejandrina.
    2. Pues bien, separados de uno en uno en celdas individuales, interpretaron por obra del Espíritu Santo todos los textos de tal manera que no se encontró en el cuaderno de ninguno de ellos algo que no estuviera en los otros o discrepara incluso en el orden de las palabras.
    3. Hubo también otros intérpretes que tradujeron de lalengua Hebrea a la griega las Sagradas Escrituras , como  Aquila, Símmaco y Teodoción; asi como también  existe aquella  traducción Vulgar (en lengua vulgar, en latín), cuyo autor no se conoce, y que por esto, se le llama Quinta Edición, sin nombre  de intérprete.
    4. Además, Orígenes, en un trabajo admirable, realizó una sexta y una séptima edición, que comparó  con las otras ediciones.
    5. También el presbítero Jerónimo, experto en las tres lenguas, tradujo del hebreo a la lengua latina  esas mismas Escrituras y las trasladó con gran perfección. Con todo merecimiento se antepone la  traducción de este intérprete a las demás, porque es no sólo la  más precisa  en las palabras, sino también la más clara en la comprensión de  las frases.

    Cap. 4 (De interpretibus).:

    1. Hic etiam ab Eleazaro sacro pontífice petens scripturas veteris testamenti, in Graecam vocem ex Hebraica lingua per septuaginta interpretes transferre curavit, quas in Alexandrina biblioteca habuit.
    2. Siquidem singuli in singulis cellis separati ita omnia per Spiritum sanctum interpretati sunt, ut nihil in alicuius eorum codice inventum esset, quod in ceteris vel in verborum ordine discreparet.
    3. Fuerunt et alii interpretes, qui ex Hebraica lingua in Graecam sacra eloquia transtulerunt, sicut Aquila, Symmachus et Theodotion, sicut etiam Vulgaris illa interpretation, cuius auctor non apparet et ob hoc sine nomine interpretis Quinta edition nuncupatur.
    4. Praeterea sextam et septimam editionem Origenes miro labore reperit, et cum caeteris editionibus comparavit.
    5.  Presbyter quoque Hieronymus trium linguarum peritus ex Hebraeo in Latinum eloquium easdem scrpturas convertit, eloquenterque transfudit. Cuis interpretati merito caeteris antgefertur. Nam est et verborum tenacior, et perspicuitate sententiae clarior.

    En todo caso no todos los judíos celebraron la traducción del Pentateuco al griego. Algunos  consideraron poco adecuado, cuando no sacrílego, compartir el mensaje sagrado de una lengua sagrada con todos cuantos gentiles o judíos hablasen griego.

    Filón de Alejandría (vivió aproximadamente del 15 a.C. al 50 d.C.),  cuenta cómo en su época se celebraba cada año en la isla de Faros una fiesta para conmemorar esta traducción. Pero no todos recordaban el hecho con la misma alegría; el Talmud lo recuerda como «día de ayuno y duelo, para expiar el pecado cometido al divulgar la Torah en la lengua de los Goyim (naciones extranjeras)»

    Y en la crónica  “Megillat Ta'anit”  escrita en arameo, podemos leer:

    “En el octavo (V), el siete de Tebet (diciembre-enero) se escribió la ley en griego en los días del rey Ptolomeo, y las tinieblas cayeron sobre el mundo durante tres días”.

    Así que no deja de ser curioso que los judíos rechacen la traducción y sean los cristianos posteriores los que la acojan sin reservas.

    Es evidente que la traducción expropiaba al Antiguo Testamento como propiedad exclusiva de los judíos a la vez que era la prueba evidente de la división de los judíos entre los que hablaban hebreo o arameo y los que sólo hablaban griego.

    Los santos padres y escritores cristianos Justino, Ireneo de Lión, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Julio el Africano, Eusebio, Hilario de Poitiers, Cirilo de Jerusalén, Ambrosio van preparando la leyenda que Epifanio, obispo de Salamina en Chipre  (310-403) construye por completo: la traducción es obra de la inspiración divina.

    Luego, cuando Roma es omnipresente y casi omnipotente, la biblia hubo de ser traducida al latín y así lo hace San Jerónimo con la llamada “La Vulgata”  porque el latín es la lengua del vulgo, del pueblo, frente al griego, lengua erudita.

    A su vez, de la Vulgata proceden otras muchas traducciones a lenguas europeas modernas, que tardaron en producirse por la razón antes aducida de la tendencia de los textos sagrados a su permanencia e inalterabilidad y a mantenerse como textos rituales que no han de estar al alcance de todos los mortales. Este es otro tema, pero recordemos el episodio referente a San Luis de León que sufrió persecución por traducir libros de la biblia o a Lutero, que la tradujo por primera vez al alemán para ponerla a disposición de los fieles y de paso reafirmar con un importante documento escrito la lengua alemana.
     

  • Las fiestas Saturnales romanas y la Navidad

    La palabra “Navidad”, con la que designamos la fiesta del nacimiento de Jesús, deriva de la latina “nativitatem” que significa precisamente “nacimiento”

    En los primeros siglos del Cristianismo, el nacimiento de Jesús y su bautismo se celebró el día seis de Enero, día de la Epifanía (del griego επιφάνεια que significa: "manifestación, aparición" y todavía se sigue celebrando en esa fecha en oriente en la iglesia ortodoxa. En Occidente el día seis de enero celebramos la curiosa fiesta de los “reyes magos”, que según el evangelio de San Mateo acudieron a ofrecer sus regalos al niño Jesús recién nacido en Judea. En recuerdo e imitación de ello se regalan juguetes a los niños en algunos países como España.

    La primera referencia escrita a la Epifanía como fiesta cristiana aparece en el año 361 en Arriano Marcelino, XXI, 2,5,:

    Y con el fin de ocultar entretanto estas cosas (que había renunciado al cristianismo),  el día de la fiesta, que los cristianos celebran en el mes de enero y  llaman  la Epifanía , fue a la iglesia de ellos, y se marchó después de ofrecer solemnemente una oración a su deidad.

    En su versión latina:

    Et ut haec interim celarentur, feriarum die, quem celebrantes mense Ianuario Christiani Epiphania dictitant, progressus in eorum ecclesiam, sollemniter numine orato discessit.

    Epifanio de Salamina concreta que el nacimiento de Cristo fue el día 6 de Enero en Panarion, LI, 27, 4:

    la Epifanía del Señor, el 5 de enero, en la madrugada del 6 de enero y el undécimo del mes egipcio Tybi

    Por otra parte, el nacimiento del dios Mitra, el dios solar persa, se celebraba el día 25 de Diciembre, día del solsticio de invierno porque en ese día el sol comienza a aparecer antes, es decir, nace de nuevo dando lugar a un nuevo año solar.

    La palabra “solsticio” deriva de la latina solstitĭum,   solis statum (stare o sistere, pararse, detenerse) , por la aparente quietud o movimiento lento del sol al llegar a los trópicos. Hasta ese momento  el día o espacio de luz ha ido decreciendo pero a partir de ese momento el día crece y crece como un recién nacido.

    El Mitraísmo fue una religión muy extendida en todo el Imperio por las legiones romanas y como religión de salvación fue claramente competidora con el Cristianismo. Como en tantas otras ocasiones,  se cristianizó la fecha trasladando la celebración  del nacimiento de Jesús a la fecha del nacimiento de Mitra.

    En muchas culturas el nacimiento del nuevo año va asociado al nacimiento de un niño divino, al nacimiento de un dios solar.

    Por otra parte, el calendario romano,   fijaba las fechas de las numerosas festividades religiosas de los habitantes del Lacio  en honor de sus dioses. En diciembre se celebraban varias que  tienen su reflejo en el calendario actual precisamente en nuestra fiesta de la Navidad.

    En realidad, durante el Imperio se celebraban en diciembre tres fiestas que coincidían en algunos de los siete días en que se celebran: las Saturnalia, las Opalia y las Sigillaria.

    Las “sigillaria” se llaman así de sigilla, u  oscilla, pequeñas figuras de cerámica. Para esta fiesta  se montaban puestos comerciales a manera de mercadillo con figuras de cerámica que se regalaban a los niños como juguetes. Estas pequeñas imágenes de barro son el recuerdo de rituales antiquísimos de sacrificio en los que la víctima era sustituida por la figurilla de barro.

    En estas fiestas romanas encontramos, pues, elementos de nuestras actuales Navidades y Carnavales.

    A finales del mes de diciembre se celebraban sobretodo las “Saturnalia”, la fiesta de Saturno, dios al que atribuían la introducción de la agricultura y de la vida civilizada. Saturno es uno de los viejos dioses del Lacio y su culto y fiesta parece haber decaído y renacido en varias ocasiones a lo largo de la historia latina.

    En tiempos de Augusto se celebraba la fiesta durante tres días,  el 17, 18 y 19 de diciembre. Alguien, no sabemos quién, añadió un cuarto, luego Calígula añadió un quinto al que llamó Iuvenalis (de la juventud), que más tarde confirmó Claudio.

    Suetonio, Caligula, XVII:

    En el segundo (consulado)  distribuyó a los hombres vestidos de ciudad, a las mujeres y a los niños cintas rojas y teñidas de púrpura, y para prolongar para siempre la alegría pública, añadió un día a las fiestas Saturnales y lo llamó “día de la juventud”.

    posteriore epulo forensia insuper uiris, feminis ac pueris fascias purpurae ac conchylii distribuit. et ut laetitiam publicam in perpetuum quoque augeret, adiecit diem Saturnalibus appellauitque Iuuenalem.

    En algunos textos se habla hasta de siete días; por ejemplo Marcial, en uno de los epigramas, el 72, del libro XIV, que dedica íntegramente a los regalos que se hacían en el banquete de las fiestas y que por eso llama Apophoreta,que  significa “regalo para llevar”  (del griego ἀπό  apo- de, desde y φορεῖν, llevar),nos dice:

    Salchicha   

    Esta salchicha que  te llega a ti en la mitad del tiempo de la bruma (invierno), me había  llegado a mí antes de los siete días de Saturno.

    Botulus

    Qui venit botulus mediae tibi tempore brumae,
    Saturni septem venerat ante dies.

    Macrobio es un gramático latino que vivió a caballo entre los siglos IV y V de Cristo. Su obra más importante es precisamente las Saturnalia (Saturnales), en la que se celebra un banquete literario en el marco de las Saturnalias en la que varios senadores dialogan sobre varios temas históricos, mitológicos, antigüedades, gramática y sobre todo sobre Virgilio. El primer libro está dedicado a investigar el origen de las Saturnales precisamente. 

    Al finalizar el año, una vez que acaban las tareas agrícolas y se esperaba para la sementera del siguiente (Según Varrón, Saturno deriva de satur y este de sero,  que  significa sembrar), celebraban una especie de fiesta de la cosecha, de alegría incontenible y de relajación de las rígidas costumbres sociales. Durante estas fiestas se paralizaban los negocios, los escolares tenían vacaciones, los tribunales de justicia no funcionaban y no se podía castigar a los malhechores. Es especialmente interesante y curiosa la inversión del orden social que se establece entre los esclavos y el señor y que recuerda la mítica Edad de Oro en la que todo era abundancia, igualdad y armonía.

    En ese día los esclavos se dirigían a sus señores con toda libertad de expresión y participaban en un banquete vestidos como sus señores, que les servían en la mesa.  Vestían también  el pileus,un gorro de fieltro rojo que  se ponían los libertos como símbolo de la libertad. El pileus es pues el símbolo de la libertad general de estos días.

    (Nota: Probablemente el gorro frigio de los participantes en la Revolución Francesa,  tiene su origen en este píleo romano, que usan los esclavos durante las Saturnales).

    Así lo reflejan, entre numerosos textos, estos de Marcial y Horacio:

    Marcial, XI,6:

    A Roma
    Me permites, Roma, cubierta con el pileo, que juegue con versos poco serios en estos  días amables del viejo de la hoz ( Saturno),  en los que impera como rey el cubilete del juego; te has sonreído; luego  me lo permites y no me lo prohíbes.

    …..
    Unctis falciferi senis diebus,
    Regnator quibus imperat fritillus,
    Versu ludere non laborioso
    Permittis, puto, pilleata Roma.
    Risisti; licet ergo, non vetamur.

    Hor. Sat. II, 7,5;

    Davo:           Hace un rato  que te escucho, y  aunque esclavo deseo
                         decirte algunas cosas, pero tengo miedo.
    Horacio.:     ¿Eres Davo?
    Davo:           Así es. Davo, el esclavo
                         amigo de su señor y honrado
                          lo que es bastante
                          Esto es, que lo consideres vital.
    Horacio:      Venga, usa  de la libertad de diciembre
                          como lo quisieron así nuestros antepasados.
                          Habla.

    Iamdudum ausculto, et cupiens tibi dicere servus
    pauca, reformido. 'Davusne?' Ita. Davus, amicum
    mancipium domino, et frugi, quod sit satis ; hoc est,
    ut vitale putes. ' Age, libertate Decembri,
    quando ita majores voluerunt, utere : narra.'

    Los siguiente epigramas de Marcial recogen varias de las características llamativas de estas fiestas: vestido desenfadado, tocado con el pileus, juego de dados permitido, premios y regalos en el banquete, borrachera y francachela. Los ciudadanos se quitan la toga  y se ponen un vestido suelto llamado síntesis de andar por casa, se ponen el pileus, lo que nos recuerda los disfraces y máscaras de carnaval, y máscaras

    Marcial,  XIV,1;

    [Al lector, sobre las Saturnales]

    Mientras el caballero y el senador y señor se divierten vestidos de vaqueros*, y
    mientras ponerse el pileo** le queda bien a nuestro Júpiter,  y el esclavo de la casa  no teme que el edil le vea agitando el cubilete***, aunque vea tan cerca los estanques helados****.  recibe la suertes alternativa del rico y del pobre*****: que cada uno dé su premio a su invitado. “Son bagatelas y fruslerías  o incluso  algo de menos valor que eso si lo hubiera”. ¿Quién no lo conoce? ¿O quién niega cosas tan manifiestas? Pero, ¿qué voy a hacer más interesante, Saturno, en estos días húmedos******, que tu propio hijo te ha concedido en lugar del cielo?******* ¿Quieres que escriba sobre Tebas o Troya o a la malvada  Micenas?2973 —“Me dices, juega a las nueces”.
    —Pues yo no quiero perder mis nueces.

    Notas:
    * la síntesis era una prenda informal para andar por casa que es la habitual en las Saturnales
    ** Hasta el mismo Domiciano se ponía el pileo, símbolo de la libertad de estos días
    *** En estos días estaba permitido el juego, prohibido el resto.
    **** Una broma de estos días consistía en arrojar a alguien al lago, al pilón helado
    ***** alternaban los regalos del banquete valiosos con los ridículos
    ****** por las borracheras
    ******* Porque Júpiter destronó a Saturno

    Synthesibus dum gaudet eques dominusque senator
    Dumque decent nostrum pillea sumpta Iovem;
    Nec timet aedilem moto spectare fritillo,
    Cum videat gelidos tam prope verna lacus:
    Divitis alternas et pauperis accipe sortes:
    Praemia convivae dent sua quisque suo.
    'Sunt apinae tricaeque et si quid vilius istis.'
    Quis nescit? vel quis tam manifesta negat?
    Sed quid agam potius madidis, Saturne, diebus,
    Quos tibi pro caelo filius ipse dedit?
    Vis scribam Thebas Troiamve malasve Mycenas?
    'Lude,' inquis, 'nucibus'. Perdere nolo nuces.

     

    Las referencias de Marcial, que como dije dedicó un libro entero a los regalos de las Saturnales, el XIV, además de las citadas, son numerosas, todas llenas de ingenio y mordacidad. Si alguien tiene curiosidad las encontrará en 2,85/ 4.88/ 5.19/ 5.84/7.53/10.29/11.2/  11.15/12.81/14.182

    Suetonio, Vida de Augusto, 75

    Celebraba los días de fiesta y solemnes  con gran suntuosidad  y a veces sólo con simples  juegos. Para las Saturnales y cuando le apetecía en cualquier ocasión,  unas veces  distribuía regalos, vestidos, objetos de oro y  plata, otras veces monedas de todas las acuñaciones, incluso  antiguas del tiempo de los reyes y extranjeras, a veces simplemente una tela basta, esponjas, espátulas*, pinzas y otros objetos de este tipo, con etiquetas  oscuras y de doble sentido. Solía  también poner en venta, durante  la cena, lotes  de objetos de valor muy desigual y pinturas en madera vueltas del revés,  para frustrar o cumplir según la incierta casualidad las esperanzas  de los compradores. Del mismo modo organizaba subastas en cada una de las mesas  y cada uno  comunicaba sus ganancias y sus pérdidas.

    (Nota: rutabula tiene un doble significado con el que juega Augusto, porque significa también “miembro viril”.)

    Festos et sollemnes dies profusissime, nonnumquam tantum ioculariter celebrabat. Saturnalibus, et si quando alias libuisset, modo munera diuidebat, uestem et aurum et argentum, modo nummos omnis notae, etiam ueteres regios ac peregrinos, interdum nihil praeter cilicia et spongias et rutabula et forpices atque alia id genus titulis obscuris et ambiguis. solebat et inaequalissimarum rerum sortes et auersas tabularum picturas in conuiuio uenditare incertoque casu spem mercantium uel frustrari uel explere, ita ut per singulos lectos licitatio fieret et seu iactura seu lucrum communicaretur.

    Otras referencias  pertinentes las podemos encontrar en Seneca: Epistolas a Lucilio. 18;   Plinio: Epistolas. IV 9; Servius: Ad Virgili  Aeneidam, III, 407.; Tacito: Annales XIII, 15; Arriano: Dissertatines.Epictet. I, 25; Luciano de Samosata:  Saturnalia, 4

      Todas las clases sociales participaban de la fiesta y las calles se llenaban de gente que gritaba “Io Saturnalia”, “viva las Saturnales” y ofrecían sacrificios con la cabeza descubierta; los amigos se intercambiaban regalos; entre los más humildes el regalo más común son velas de cera (cerei), quefueron probablemente empleados como se emplean ahora los moccoli o moccoletti  en la última noche del carnaval italiano. El valor material podía ser escaso, pero su significado simbólico y religioso era evidentemente muy importante para la consolidación de la sociedad. Las velas o cirios simbolizan la luz que acabo con la oscuridad del Caos y anuncia una nueva luz o nuevo año.

    También Catulo hace referencia a los regalos y al día de fiesta en su poema  14:
    …..
    ¡Grandes  dioses,  qué  horrible y execrable 
    librito! Sin duda tú se lo enviaste
    a tu querido  Catulo para que muera
    a lo largo de este día,
    el dia de los Saturnales,
    el mejor de los días….

    Di magni, horribilem et sacrum libellum!
    Quem tu scilicet ad tuum Catullum
    Misti, continuo ut die periret,
    Saturnalibus, optimo dierum!

    En resumen, en Las Saturnales encontramos elementos de nuestros actuales Carnaval y Navidad cristiana: celebración del final del año viejo y comienzo de uno nuevo, regeneración en consecuencia del tiempo y de la vida,  fiesta burlesca, ambiente desenfrenado que recuerda el Caos original;  inversión del orden social en la familia invirtiendo los papeles del amo y los esclavos por un día para finalmente volver todo al orden establecido al acabar la fiesta , cuando el Caos es otra vez un Cosmos o espacio organizado,  el banquete o cena, el intercambio de regalos, la inversión de las costumbres propia del carnaval, la permisividad para celebrar juegos de cartas prohibidos durante mucho tiempo por costumbres más rígidas (nótese como por ejemplo, en Semana Santa, próxima a los carnavales, se permitía un día o se era más tolerante con el juego de cartas argumentando piadosamente que se hacía en recuerdo del reparto de la túnica de Jesús por los soldados que lo tenían detenido…), el mercadillo con figuras de cerámica para regalo de juguetes a los niños.

    Y en lo más profundo las fiestas cumplen la importante función social de reinaugurar permanentemente los ciclos naturales del tiempo y regenerar en coincidencia anual el orden social. Lo curioso es que hoy no vivimos con menos ardor e ilusión estos finales e inicios del ciclo anual, de la noche vieja y del día de año nuevo.

     

     

  • Perseo y Andrómeda

    El mito de Perseo y Andrómeda es uno de los más conocidos y de más larga pervivencia; en realidad, vestido con otro ropaje, llega hasta nuestros días.

    En torno al héroe Perseo se articulan varios mitos y elementos, algunos muy antiguos que se remontan a la Prehistoria, a la época de los cazadores paleolíticos, y otros más recientes del Neolítico y de las primeras monarquías. Si su origen es muy antiguo, su pervivencia llega hasta nuestros días,  en algunos mitos como por ejemplo el famoso de “San Jorge  y el dragón”  y otros  germanos y sajones (Beowulf, Sigfrido…). En él se acumulan muchos de los elementos  frecuentes en mitos y cuentos populares de monstruos, princesas cautivas y héroes salvadores.

    Resumimos brevemente el mito primero, luego proponemos una lectura del mito rehecho fundamentalmente sobre la versión de Ovidio en su Metamorfosis y finalmente haré algunas anotaciones, que más que ofrecer una explicación del relato, lo que hacen es entreabrir las puertas a la complejidad polivalente que todo mito encierra.

    Resumen: se vaticina a un rey que será precisamente su descendiente quien acabe con su vida; para impedirlo encierra en una cámara a su hija, que a pesar de ello concibe  un hijo de un dios;  madre e hijo son arrojados a las aguas, pero sobreviven y son criados por su salvador en otro país; una vez adulto el héroe ha de cumplir un trabajo o empresa imposible para evitar el capricho deseo del rey del lugar que desea apoderarse de su madre; consigue con la ayuda de otros dioses cumplir la tarea; en el viaje de regreso libera a una doncella, hija del rey de Etiopía,  que un monstruo marino tiene encadenada y acaba  así con  la amenaza y desolación permanente que el  monstruo ocasiona al país de la doncella; en recompensa recibe la mano de la princesa; luego participando en unos juegos atléticos lanza el disco que golpea mortalmente a su abuelo, cumpliéndose así la ineludible profecía inicial.

    Relato mítico:

    Acrisio, rey de la poderosa ciudad de Argos, en la antigua Grecia, deseaba ardientemente tener descendencia y preguntó al oráculo, que  anuncia el futuro,  cómo podría tener hijos. Pero el dios del oráculo, el apuesto y resplandeciente Apolo, le respondió enigmático:

    Tu hija Dánae te dará un nieto, fuerte y valeroso, que será el causante de tu propia muerte.

    Asustado Acrisio construyó una cámara subterránea de bronce en la que encerró a su hija Dánae, pretendiendo  impedir el cumplimiento del terrible anuncio.

    Pero de nada sirven las medidas y cautelas de los hombres que se oponen al designio de los dioses. Dánae fue fecundada por el propio Zeus o Júpiter, padre de los dioses, transformado en lluvia de oro y dio a luz un hermoso niño. La lluvia del metal que  compra los corazones y abre todas las puertas, penetró también por las rendijas de la cámara de bronce, aparentemente inaccesible, y el seductor dios todopoderoso, infiel una vez más a su esposa, la diosa Juno, procreó en la muchacha  argiva al héroe Perseo, pues tal categoría de héroe tienen los descendientes de dioses y mortales.

    Nacido en el secreto de la cámara subterránea, el niño creció sano y robusto durante algunos meses sin que su abuelo se percatase de su existencia. Un día, el niño juguetón profirió un grito que Acrisio oyó desconcertado. Pero pronto, sabedor de lo ocurrido y consciente del futuro peligro, no quiso admitir la intervención divina del seductor Zeus, encerró en un cofre de madera a su hija Dánae y a su nieto Perseo y los arrojó al mar. El cofre, zarandeado por las olas, fue a parar a la isla de Sérifos. El pescador Díctis, hermano de Polidectes, el rey de la isla,  acogió en su casa a los pobres náufragos. Dictis educó como a  un hijo a Perseo, que se convirtió en un hermoso adolescente de extraordinario valor.

    Mientras tanto el rey Polidectes se había enamorado ardientemente de la hermosa Dánae, pero el joven Perseo, protector de su madre, le impedía satisfacer su loca pasión. Cierto día el rey celebró un banquete e invitó a la mesa a sus nobles amigos y al propio Perseo. Preguntados por el rey sobre qué regalo pensaban ofrecerle los comensales, todos opinaron que el obsequio más adecuado para un rey era un caballo, pero el joven Perseo, ufano y atrevido, contestó fanfarrón:

    –  No es obsequio cualquiera un veloz y ágil caballo, pero yo traería a mi soberano  la cabeza de la mismísima  Gorgona si preciso fuera.

    Al día siguiente todos los nobles príncipes llevaron al rey el caballo prometido mientras el imprudente Perseo acudió con las manos vacías. Irritado Polidectes le ordenó que marchase inmediatamente en busca de la cabeza de la Gorgona y añadió

    De lo contrario, si vuelves sin la cabeza del terrible monstruo, me apoderaré de tu madre Dánae por la fuerza.

    La empresa era muy difícil, más bien imposible de realizar, incluso para un héroe como Perseo. Pero los dioses Hermes y Atenea, solícitos con el retoño de Zeus y por lo tanto hermano suyo de padre, acudieron en su ayuda y le indicaron la forma de conseguir su propósito.

    Por consejo de los dioses Perseo fue en busca de las tres Grayas (Enio, Pefredo y Dino)  hijas del dios marino Forcis que nacieron ya “viejas” y nunca fueron jóvenes y vivían en el país de la noche, donde nunca alumbra el sol . Tenían las Fórcides un solo ojo y un solo diente para las tres que utilizaban por turno, que Perseo les robó con habilidad y se negó a devolverles hasta que no le mostrasen el camino que le conduciría hasta el palacio de las “Ninfas”, poseedoras de objetos mágicos que le serían muy útiles  y que le revelarían el procedimiento para acabar con la terrible Gorgona.

    Recibió el héroe Perseo de las ninfas sus sandalias aladas y una alforja o zurrón, así como el casco de Hades que hacía invisible a quien lo llevaba protegiendo su cabeza. Hermes le proporcionó también una hoz de pedernal dura y cortante.

    Equipado de esta manera, acudió Perseo volando a la mansión de las tres Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa), junto al azulado Océano, en la costa atlántica de España. Eran éstas monstruos terribles de ojos brillantes, con serpientes rodeando su cabeza, con colmillos enormes similares a los de jabalí, con una lengua enorme  que salía de sus bocas y duras escamas de dragón protegiendo su cuello. Sus manos eran de bronce brillante y tenían alas de oro  que les permitían volar de un lado para otro. Su sola mirada convertía en piedra a quienes osaban mirarlas de frente. De las tres hermanas sólo Medusa era mortal.

    Parecía la empresa imposible si Perseo no hubiera contado con la ayuda divina. Se aproximó sigiloso siempre de espaldas y volando con sus aladas sandalias y las encontró profundamente dormidas y confiadas. Atenea acudió en ayuda del héroe y sostuvo en la posición adecuada su escudo de bruñido bronce en el que Perseo vio reflejado el rostro de Medusa como en un espejo, evitando así la mirada directa que le hubiera petrificado  y con certero tajo cercenó su cabeza con la cortante hoz de pedernal. De su cuello herido surgieron al instante Pegaso, el caballo alado, y el gigante Crisaor, “el de la espada de oro”, hijos ambos de la cópula con el dios Posidón cuando Gorgona era hermosa en un templo de Atenea. La profanación del templo sagrado fue  castigada con su terrible apariencia.

    Recogió veloz Perseo la cabeza de la Gorgona Medusa  y la introdujo en la alforja, evitando en todo momento cruzar su mirada con la del monstruo decapitado y emprendió el regreso, protegido por el casco de Hades que le hacía invisible para las dos hermanas que furiosas le buscaban.

    Emprendió Perseo rápidamente el largo camino de  vuelta, que le llevó primero al país donde reinaba Atlas, en el extremo Occidente, en donde se encontraba el huerto de las manzanas de oro, las manzanas de las Hespérides , las Occidentales. El gigante Atlas se enfrentó a  Perseo temiendo que  se llevase las manzanas de oro e intentó expulsarle. Perseo extrajo del saco la cabeza de Medusa que aun después de muerta conservaba su poder petrificador y vuelto de espaldas la muestra a Atlas, que al momento quedó convertido en la cordillera montañosa del Atlas, en el noroeste de Africa. Esta montaña sostiene desde entonces el cielo con sus astros.

    En su camino de vuelta,  mientras surcaba el denso aire, al pasar por la tórrida Etiopia, advertido por desgarradores gritos que pedían auxilio, divisó desde lo alto a una hermosa joven de rubia cabellera atada a una roca junto a la costa, expuesta a los peligros del profundo y violento mar. Sensible el héroe a los encantos de la bella joven, giró el rumbo de su viaje y se acercó con decisión, impelido por la pasión que surgía en su corazón.

    ¿Cuál es tu nombre, hermosa muchacha con el que tus padres y vecinos te reconocen entre todas? ¿Quién  ha atado con tanta crueldad y dureza tus frágiles brazos a esa roca desnuda y te expone a los peligros de los monstruos que habitan el profundo mar? ¿Qué motivo puede existir para castigo tan desmesurado, olvidando tu belleza y juventud? –

    preguntó ansioso Perseo y escuchó impaciente una voz quejumbrosa y apenada  que le decía:

    Soy Andrómeda, hija de Cefeo y Casiopea, reyes de este ardiente país que se llama Etiopia. Te ruego que no aumentes mi dolor y sufrimiento con tanta pregunta inútil. Sólo te diré que pago, por castigo de los dioses, una culpa que no es mia.

    Suspiró el cercano Cefeo, a quien, aun conservando su apostura real,  se le humedecieron los ojos de tristeza, abrazado a su hermosa esposa Casiopea, cuya extraordinaria belleza fue la causa de tantas desgracias.

    En efecto, la imprudente y vanidosa  reina Casiopea, orgullosa  de su belleza , se jactó de  superar en hermosura ella misma y su hija a todas las Nereidas, las cincuenta hijas de Nereo, nietas del Océano, todas bellísimas, que habitan en el fondo del mar y se divierten nadando entre las olas con sus cabellos al viento. Pretendió en su locura ser más hermosa que Tetis, la madre de Aquiles, o Anfitrite la esposa de Posidón o la gentil Galatea. Celosas las Nereidas , pidieron a Posidón, dios de los mares, que recorre los océanos agitando las aguas con su carro, que vengase tal insulto y tan orgullosa pretensión.

    Y el dios envió a un terrible monstruo marino, un cetáceo de enormes dimensiones:

    Ve, Cetáceo,  al país de Casiopea, devasta sus tierras, inunda su costa y  mata a sus gentes y su ganado.

    Así lo hizo el monstruo una y otra vez. El pueblo, asustado, pedía al rey que les salvara. Cefeo consultó el oráculo y éste le comunicó:

    Rey desgraciado, sólo hay una posible salvación. Debes ofrecer a tu hija Andrómeda en sacrificio como víctima propiciatoria. Deberá ser encadenada junto al mar y esperar la llegada del monstruo terrible para devorarla.

    Conocedor Perseo de lo sucedido e inflamado de amor su corazón, propuso a Cefeo:

    Desgraciado, yo libertaré a tu hija Andrómeda y la salvaré del monstruo que ya se divisa a lo lejos si me concedes que sea mi esposa.

    Accedió Cefeo de inmediato y Perseo se dispuso presto a la lucha. Apareció a lo lejos el monstruo Cetáceo, irguiendo su cabeza entre las olas y nadaba ya veloz hacia la costa. Se elevó Perseo ágilmente  con sus aladas sandalias para proyectarse sobre él y clavar una y otra vez su espada mortífera  en el lomo escamoso. La sangre tiño las aguas de rojo. Con rápido movimiento ascendente esquivo el ataque del fiero dragón y cayó de nuevo para hundir profundamente la espada en su corazón. Herido mortalmente, el monstruo Cetáceo se hundió para siempre en las profundidades marinas, quedando libres Andrómeda y su país de la anunciada destrucción.

    Cefeo, en cumplimiento de lo pactado, entregó  su hija al héroe Perseo. Pero la dulce Andrómeda estaba destinada con anterioridad a casarse con su tío Fineo, que no aceptó la boda y se enfrentó con furia al héroe. Perseo se defendió con valentía y ante el elevado número de enemigos que le atacaban extrajo de su saco la cabeza de la terrible Medusa e inmediatamente quedaron transformados en piedra quienes incautamente la miraron.

    Perseo se dirigió con su esposa Andrómeda a Sérifos, para encontrarse con Dánae, su madre. Polidectes, incapaz de reprimir sus deseos, quiso apoderarse por la fuerza finalmente de Dánae, que se vio obligada a refugiarse junto al altar inviolable. Perseo se vengó de Polidectes y sus amigos, a quienes la visión de Medusa convirtió también en estatuas de piedra.

    Entregó el reino de Sérifos a su padre adoptivo Dictis, devolvió las sandalias aladas a Hermes, y el saco y el casco de Hades que le hacía invisible, a las Ninfas. La diosa Atenea, que generalmente está armada de pies a cabeza, colocó por su parte la cabeza de Medusa en el centro de su égida o escudo, costumbre que por cierto han imitado desde entonces los valerosos soldados a fin de petrificar a quienes se enfrentan en la lucha.

    Marchó después Perseo junto con Andrómeda a Argos su patria para reencontrarse con su abuelo Acrisio, que temiendo el cumplimiento del oráculo que anunció su muerte a manos de su nieto había huido al país vecino de los pelasgos. Su rey había organizado unos juegos fúnebres en honor de su padre difunto.

    El joven héroe Perseo por su parte acudió para participar en los juegos buscando el honor de la victoria. Cuando llegó su turno tensó sus músculos, fuertes y flexibles, giró veloz sobre sí mismo y proyecto con fuerza el disco a lo lejos, con tan mala fortuna que golpeó a su abuelo Acrisio, sentado entre los espectadores de los juegos, provocándole su muerte y cumpliéndose así el indefectible oráculo al que nadie puede sustraerse.

    Rindió honores a su abuelo, pero no queriendo volver a Argos cambió su trono por el de Tirinto, donde reinaba su primo Megapentes. Perseo, que todavía vivió largos años en compañía de Andrómeda,  fundó y fortificó la ciudad de Micenas, cuyas murallas construyeron los Cíclopes con grandes piedras. Su primer hijo, Perse dio origen al pueblo de los Persas.

    Por lo extraordinario de su nacimiento y por su gloriosas hazañas Perseo fue elevado al firmamento por la diosa Atenea y allí sigue aún, sosteniendo en su mano la cabeza monstruosa de Medusa, que petrifica a quien la mira, con su ojo, la estrella Algol,  parpadeante,  luciendo intermitentemente. Junto a él Atenea honró también a la dulce Andrómeda con un lugar entre las estrellas.

    Cetáceo, el monstruo marino, se encuentra también allí, esperando y  persiguiendo eternamente a Andromeda, a quien protege Perseo. 

    Posidón quiso también honrar a Cefeo y a su imprudente esposa Casiopea, a la vista de los mortales, que han de tomar buena cuenta de las consecuencias de los comportamientos inadecuados.

    Algunas notas explicativas o meramente sugerentes:

    Algunos de los elementos  se remontarían a la época de los cazadores paleolíticos  y la cultura del tótem, como el yelmo de Hades que hace invisible, como corresponde al reino de los muertos, al reino de las sombras;  ninfas que enseñan el camino, monstruos a la entrada del infierno, instrumentos mágicos, etc.

    Otros como el monstruo que asola las tierras y cosechas de Etiopía corresponderían a la época de la agricultura.

    A la época heroica de las familias guerreras corresponderían elementos tales como la princesa encerrada, el hijo criado a escondidas, la cuestión sucesoria, etc.

    Son elementos típicos de estos relatos  el asunto del  héroe que debe realizar una gran empresa o empresa difícil: frecuentemente el viaje a un lugar que desconoce (generalmente el viaje hacia el otro mundo); los  intermediarios que le ayudan con instrumentos mágicos para llevar a cabo su empresa (el yelmo de Hades dios del infierno que hace invisible, el saco, el escudo, la segur que le proporcionan las ninfas), la ayuda de alguien que  enseña el camino  (las Grayas), seres monstruosos (en este caso con un ojo y un diente y de aspecto feroz)  protegiendo e impidiendo el acceso al mundo de los muertos.

    Al asunto anterior se añade otro relato mítico en forma de  segunda parte, cuyo  asunto es la liberación de la princesa y el enamoramiento de la muchacha o hija del rey y el matrimonio con ella como premio, previa  liberación al país de las fauces del monstruo (marino en este caso y por tanto también conectado con el ultramundo). Este tema de la liberación de la princesa es de origen oriental; en Grecia no aparece hasta els.VI a.C.

    Generalmente el héroe al casarse ocupa del trono del padre de su esposa (el trono se transmite por línea materna); a veces como en este mito vuelve a hacerse cargo del trono de su patria con su nueva esposa. En todo caso se plantea así y se soluciona la sustitución del rey anciano que ha perdido sus poderes (mágicos).

    Que la muerte del rey se anuncie con un oráculo refleja una etapa posterior a aquella en la que la muerte del rey anciano era un hecho preestablecido, pero ahora cuando el poder pasa de padre a hijo, su muerte resulta antinatural…

    El tema del rapto por un monstruo  se halla en un principio estrechamente ligado a la caza como base económica fundamental, de la que nace este motivo: el raptor se lleva a la raptada. Aquí en cambio le es entregada. Las formas de esta entrega corresponden al rito de la presentación de las doncellas a los demonios del agua y a los dioses, con la finalidad de influir en la fertilización del país.

    El dragón, el monstruo marino, animales fabulosos y fantásticos  (dragón o serpiente, esfinge egipcia, centauros, etc.) representan  un fenómeno más reciente; estos animales fantásticos son producto de una cultura tardía e incluso urbana, cuando ya el hombre había empezado a perder su vinculación íntima y orgánica con los animales, aunque ya antes se pueden encontrar  formas embrionarias de animales compuestos.

    La serpiente, el dragón, aparece poco más o menos junto con los dioses antropomorfos. El antepasado totémico de tipo animal no es un dios en el sentido en que lo es el antropomorfo Zeus o el amorfo Espíritu Santo. La divinidad se desarrolla a partir del animal.

    Con la aparición de la agricultura y de las ciudades el variopinto mundo animal de origen totémico comienza a perder su realidad. Se verifica un proceso de antropomorfización. Las cosas van cambiando con el paso a la agricultura regular, a la cría de ganado y a la formación del Estado primitivo. Los dioses antropomorfos se crean en esta fase. Para el agricultor es importante que sus dioses rijan las aguas y sus dioses tienen aspecto humano.

    Los  animales van adquiriendo  cuerpo de  hombre; en algunos casos lo último en desaparecer es el morro del animal (Anubis con cabeza de lobo, Orus de halcón…). También  las almas de los difuntos se representan como pájaros con  cabeza humana.

    El proceso de antropomorfización está ya casi realizado en la figura de ciertos héroes como Hermes o Mercurio, que mantiene  unas pequeñas  alas en los pies  hasta que por último el animal se transforma en atributo del dios: así Zeus es representado con un águila.

    Los sacrificios humanos, muy antiguos,(tema relacionado con el del tributo de carne humana)  subsistieron incluso en época clásica griega y romana, aunque los sacrificados sean ahora  los prisioneros de guerra.

    Pero los sacrificios humanos entran  en conflicto con las formas de la agricultura  y con las formas de vida social que se han desarrollado y de relaciones familiares correspondientes a ellas. Chocan también  con las formas de la religión que ya ha comenzado a crear los dioses.

    Por otra parte, con la aparición de la propiedad de la tierra nace una nueva forma de relaciones familiares. El amor de los padres no admite el sacrificio de un hijo y para evitarlo  aparece el héroe forastero que libera a la doncella.  (Perseo, Andrómeda).

    La interpretación alegórica más elemental del episodio de  Zeus fertilizando a Danae consiste en identificar a Júpiter con la lluvia y  Dánae, encerrada en el subsuelo,  es la tierra fertilizada.  Los etnólogos Frazer y Sternberg demostraron hace tiempo  que las relaciones sexuales entre un ser humano y una divinidad servían para aumentar el rendimiento de la tierra.

    Con frecuencia se simboliza con este mito también el poder omnipotente del dinero, que abre las puertas más férreamente cerradas, haciendo del mito una lectura moralizante.

    Se han hecho lecturas del mito más complejas, como la psicológica, siguiendo a Jung, en la que el caballero lucharía consigo mismo para rescatar su lado inconsciente femenino.

     El dragón puede significar también el espacio de naturaleza salvaje y agreste frente al espacio civilizado de la ciudad. A veces el dragón es sometido y conducido como una animal doméstico e integrado en el orden urbano, como ocurre con  santa Marta, que con agua bendita dominó  al dragón Tarasca y lo condujo a la ciudad atado con su propio cinturón (nos lo cuenta Jacobo de la Vorágine en su Legenda aurea (Leyenda dorada).

    Por lo demás,  Andrómeda, conocida también como la doncella encadenada, fue una de las más antiguas constelaciones, que probablemente recibió el nombre en la región de Mesopotamia. Está rodeada al norte por Casiopea y Perseo; al este por Perseo, al sur por los Peces y el Triángulo y al oeste por Lacerta y Pegasus, como señal y guía para los marineros con sus blancos brazos extendidos en el firmamento.

    El ojo de la cabeza de Medusa es Algol, el demonio en árabe, que brilla intermitentemente al ser oscurecida por otra estrella próxima.

    Cetus, Cetáceo , es también en la antigua Mesopotamia el dragón cósmico Tiamat que se enfrenta al héroe.

    Cefeo, el rey, es también una de las más viejas constelaciones. Los chinos   lo ven como el famoso cochero  aproximadamente en el año 950 a.C. Los nómadas árabes lo ven como un pastor con su perro y ganado.

    Casiopea es conocida también como la “W”  o “M”  celestes. Otra versión cuenta que fue encadenada al trono por su vanidad y colocada hacia la estrella polar, aunque  a veces queda colgada al revés, en una posición poco digna como advertencia para todos.  Curiosamente los romanos la conocían como “la mujer del Carro” y los árabes como “mujer en el carro”. 

    Pegaso, el caballo alado, fue elevado por Atenea   como una constelación.  Pegaso interviene en varios mitos, en el de Perseo y sobre todo en el de Belerofonte. En el mito de Perseo o bien nace del cuello seccionado de Gorgona o de la tierra fecundada por la sangre de Gorgona al caer de la cabeza que Perseo transportaba en su alforja después de darle muerte.

    Respecto de Belerofonte, Atenea condujo al caballo por la brida hasta Belerofonte. Gracias a este caballo Belerofonte pudo matar a la Quimera (monstruo con parte de león y parte de cabra que despide llamas por la boca) y vencer a las Amazonas (pueblo de mujeres que descienden de Ares, dios de la guerra y de Harmonía; (α-μαζών, a-mazon = la que no tiene seno).

    Tras la muerte de Belerofonte, Pegaso volvió al Olimpo, la morada de los dioses. Cuando el concurso de canto que enfrentó a las hijas de Piero (Piérides) con las Musas, en el monte  Helicón, éste, contento, fue hinchándose hasta amenazar llegar al cielo. Por orden de Posidón Pegaso golpeó la montaña con uno de sus cascos para ordenarle que volviera a sus dimensiones ordinarias. El Helicón obedeció, pero en el lugar en que Pegaso le había dado el golpe brotó una fuente, Hipocrene, o Fuente del Caballo, que es la fuente de toda inspiración poética.

    Atlas es el gigante mítico, convertido en la cordillera del Atlas que sostiene el firmamento. Se le suele representar con su figura humano-divina, sosteniendo el cielo sobre sus hombros. Por eso llamamos “atlas” a los mapas celestes y por extensión a los terrestres y demás gráficos.

    El oráculo es la contestación que las pitonisas y sacerdotes  pronunciaban como dada por el dios Apolo a las consultas que  se le hacían.  Los oráculos son ineludibles, siempre se cumplen, pero frecuentemente el hombre trata de evitar su realización, en un intento humano irracional o absurdo, porque, como plantea Ruiz Elvira, o los oráculos son verídicos y entonces no se pueden evitar o no lo son y entonces no deben merecer crédito y no hay que hacer nada para evitarlos. Pero la irracionalidad de intentar evitarlos es muy humana, y el hombre desconfiando de la lógica se somete ciegamente al deseo y a la voluntad de que no ocurra lo anunciado como si la sola voluntad pudiese más que el destino, es decir a la esperanza que le hace actuar. (es decir, nos queda un importante componente irracional…)

    Como curiosidad citaremos también a las Perseidas o lluvia de estrellas Como cada año en agosto, llega la lluvia de meteoros denominada las Perseidas. En esta ocasión, el espectáculo parece asegurado. Las Perseidas tiene su origen en el cometa Swift-Tuttle cuya cola corta la órbita de la Tierra. Son los resto de la cola los que, al entrar en la atmósfera terrestre,  producen este interesante fenómeno. Las predicciones indican que se verán uno o dos meteoros por minuto en el máximo. Por supuesto, los fragmentos son de pequeño tamaño y masa, y no representan ningún peligro.

    Muchos elementos de este mito o mitos tienen sin duda su origen en Mesopotamia. Es evidente el parecido con la monstruosa Tiamat, con la que lucha Marduk.

    En la mitología griega hay otros seres también monstruosos, como Tifón, pero esta leyenda de Perseo y Andrómeda ha tenido una enorme presencia en todos los siglos y tiempos en el interés de los ciudadanos, en la literatura y en el arte.

    Así en época romana Flavio Josefo, Plinio, Estrabón, San Jerónimo localizan el salvamento de Andrómeda en Jaffa (Iope) en Palestina.

    Plinio nos dice que Marco Escauro en el año 58 a.C. trajo a Roma los huesos de la fiera que iba a devorar a Andrómeda y que su tamaño era de unos 13 metros, con costillas mayores que colmillos de elefantes y columna vertebral de 45 centímetros de grosor. No es difícil ver en estos huesos elementos fósiles de seres realmente existentes, como dinosaurios o elefantes antiguos, que alimentaban la credulidad o imaginación de los antiguos. Naturalmente, siguen apareciendo restos fósiles de reptiles gigantescos, como el del pliosaurio que medía quince metros y pesaba 45 toneladas.

     La leyenda tiene su prolongación hagiográfica en la de San Jorge y el dragón, aunque son muchos los desconocedores del mito de Andrómeda y no identifican su origen y relación. Jacobo de la Vorágine en el siglo XIII nos ofrece en su  “Legenda Sanctorum” (Lecturas sobre santos)  que pasará a ser conocida como “Legenda aurea” (Leyenda dorada) la versión más exacta, que tuvo un enorme éxito en el ambiente caballeresco de la Edad Media. San Jorge es el paradigma del caballero medieval que lucha o defiende a una doncella.

    Su éxito y popularidad explica su importancia y presencia en todas las artes hasta el día de hoy, incluido naturalmente el cine.

  • El mito de Atalanta e Hipomenes

    Atalanta es un personaje femenino de la mitología griega con ciertas singularidades que le hacen especialmente interesante. En realidad toda la mitología griega está incrustada en la cultura occidental.

    Son dos los mitos referidos a Atalanta que los narradores antiguos (la mitología es en gran parte obra de poetas) funden en uno porque en lo esencial no son contradictorios.

    Atalanta es hija de reyes, del arcadio Iaso en una versión o del beocio Esteneo en otra. En una es una vigorosa y diestra cazadora que, amada por Meleagro, participa en la cacería del jabalí de Calidón y acompaña o quiere acompañar como única mujer a los Argonautas en el viaje a la búsqueda del vellocino de oro; en la otra, invencible corredora casada con Hipomenes o Hipomedonte.

    Según el mito su padre deseaba un descendiente varón por lo que Atalanta fue abandonada en el monte, en donde la amamantó una osa hasta que fue recogida por unos cazadores. Criada pues en la salvaje naturaleza, es fiel seguidora de la diosa cazadora Diana tras decidir permanecer virgen después de recibir la respuesta del oráculo, siempre difícil de interpretar, a la pregunta de si debía casarse.

    Le dijo Apolo con su oráculo que no debía casarse, pero se casaría y “viva carecería de sí misma”; lo que parece una referencia a que sería transformada, metamorfoseada. Vuelta a casa, su padre le pide que se case y ella, que se sabe veloz, decide que sólo lo hará con quien le venza en la carrera, mientras que matará a los pretendientes que sean vencidos.

    Hipomenes, ayudado por la diosa Venus y utilizando el ardid de arrojar sucesivamente tres manzanas de oro que retrasan la marcha de Atalanta, consigue vencerla. Se casan, pues, Atalanta e Hipomenes pero desairan a la diosa Ceres o Cibeles por haber mantenido relaciones sexuales profanando su templo y por ello son transformados en los dos leones que tiran del carro; por cierto león y leona condenados a no aparearse entre sí, de acuerdo con la creencia también antigua de que los leones se aparean con los leopardos, pero no entre ellos mismos.

    Hasta aquí el resumen aproximado del mito prescindiendo de muchos detalles de interés. Al final de este artículo recrearé esta parte del mito sobre la base del relato de Ovidio en Metamorfosis.
    El mito se presta a numerosos comentarios, algunos de los cuales esbozaré rápidamente.

    De alguna manera, su convivencia en el monte con la osa nos retrotrae a la época de los hombres cazadores. El oso, presente en otros muchos mitos, es un animal en ocasiones totémicos de determinados grupos. Por otra parte la abstención de relaciones sexuales propicia la caza, por lo que las diosas de la caza son vírgenes,

    Frente a ella están los urbanitas Meleagro Hipomenes, en un caso el héroe guerrero que ha de realizar una gran empresa y en el otro el del príncipe enamorado que sólo alcanza a la princesa amada tras realizar alguna acción notable. Por medio queda el asunto de la sucesión masculina al trono que curiosamente se transmite por vía femenina y el voto de castidad o virginidad, incomprensiblemente justificado en un incomprensible oráculo, pero que como decía más arriba es propiciatorio de una caza favorable.

    Ya en la propia Antigüedad y luego en la Edad Media y posteriormente en el Humanismo y Renacimiento se han buscado explicaciones racionales a los mitos. El modelo más frecuentemente utilizado es el de la alegoría que suele acabar con una conclusión moralizante.

    Así se dice que el final de este mito corresponde al castigo de los dioses por la falta de respeto al lugar sagrado y por la falta de agradecimiento a los beneficios de los dioses.

    En ocasiones se ha interpretado también el triunfo de Hipomenes y derrota de Atalanta como el triunfo de la pasión carnal y la venalidad del temperamento femenino, siempre ambicioso, dispuesto a aceptar el valioso oro a cambio.

    A ello da pie modernamente la famosa pintura de Guido Reni, (Bolonia, 1575-1642). en la que los dos protagonistas aparecen desnudos con su mórbida y proporcionada apariencia.

    Con frecuencia se interpretó la superioridad de Atalanta como consecuencia de la cesión masculina antes las mujeres. Leemos por ejemplo en un grabado del XVII “Robora femineis s(a)epe virilia cedunt”, “Con frecuencia las fuerzas masculinas ceden ante las femeninas”.

    Más recientemente, se ha valorado por parte de personas o grupos feministas la singularidad de Atalanta, de vida propia independiente y al margen de las pretensiones masculinas de su padre. Pero también en sentido contrario se resalta su derrota final y la imposición del orden establecido, naturalmente masculino.

    El mito ha servido de motivo a diversos artistas, entre otros a Rómulo Cincinato (ca. 1540-1597), pintor florentino afincado en España al servicio de Felipe II, que también decoró diversas salas en el Palacio del Infantado de Guadalajara, entre ellas una con el motivo de la carrera de Atalanta e Hipomenes.

    El autor y cronista de Guadalajara Antonio Herrera Casado interpreta en un libro reciente la carrera de Atalanta como  la carrera veloz e inexorable del tiempo, en coherencia con la interpretación general que hace del palacio gótico-renacentista y de los diversos elementos decorativos y ornamentales, todos ellos conducentes a propagar y garantizar la fama de los Hurtado de Mendoza, Duques del Infantado entre otros títulos.

    Pero esta interpretación resulta novedosa y, si bien coherente con el esquema general del palacio, no está fundamentada en ningún otro dato que al menos yo conozca.

    Sin duda que todo el palacio y su decoración es un canto a la grandeza de los Mendoza, a su virtud, virtus, y cómo consecuencia grande ha de ser su fama, que las generaciones futuras han de recordar permanentemente y por lo tanto ha de superar o trascender al tiempo. 

    Pero todo esto no exige interpretar la carrera de Atalanta como la “carrera del tiempo”. En realidad los Mendoza, como toda persona o colectivo que busca la fama, en realidad lo que hace es exaltar sus virtudes, de acuerdo con la creencia antigua y también humanista  de que la fama no se busca, acompaña por sí sola a la virtud, que es lo que hay que practicar; quien busca la fama no la consigue y quien la desprecia la alcanza.

    Los pasajes antiguos al respecto son numerosos; así a título de ejemplo éste de Salustio referido a Catón en De coniuratione Catilinae, 54, 6:

    “…así cuanto menos buscaba la gloria, tanto más a él lo perseguía”

    “… ita quo minus petebat gloriam, eo magis illum sequebatur”.

    Gracián parece inspirarse directamente en el pasaje de Salustio, cuando dice en El Criticón, II,11:

    Y lo peor es que cuanto más lo piensan conseguir, entonces la alcanzan menos, perdiendo tal vez la vida y cuanto hay.”

    Así que el tema central de la decoración del palacio no es propagar la fama de los Mendoza sino exaltar sus virtudes, manifestadas sobre todo en sus muchas victorias en numerosas batallas.

    Se puede simplemente interpretar la carrera como el símbolo y resumen de la historia de los Mendoza, una carrera de obstáculos, que consiguen ganar con su energía, su astucia y la ayuda de los dioses. Pero claro está, una empresa de este tipo no está exenta de algunos pecados. Así que los Mendoza no serán elevados a la categoría de los dioses pero sí les acompañarán eternamente a su servicio.

    Es interesante conocer que en el plano que de las pinturas del palacio del Infantado hace el maestro de obras Acacio Orejón, al referirse al cuadro central de la sala de Atalanta escribe como guía “Pintura de Atalanta que corre con Hipomenes. Libo 10. Obidio, meatamorfosis/ libro 8 de atalanta y Meleagro”. Es decir, cita los dos pasajes en los que Ovidio recrea el episodio de la carrera con Hipomenes (libro X) y el de la cacería del jabalí de Calidón (libro VIII). Luego el Duque deseaba la pintura de Atalanta pero no sabe al principio qué episodio reflejar.

    La cuestión estriba, pues, en conocer primero por qué desea que se le represente a Atalanta y en segundo lugar por qué prefiere precisamente el episodio de la carrera y no el de la cacería.

    Bien, no dejan de tener cierto interés nuestras suposiciones, pero en el fondo quizás sean todas estas elucubraciones hasta cierto punto gratuitas, porque tal vez el Duque pide a Cincinato que represente el mito de Atalanta tan sólo porque su pariente Diego Hurtado de Mendoza, (1503- 1575), hijo del Conde de Tendilla, tiene entre sus poesías una que destaca, precisamente la “Fábula de Hipomenes y Atalanta”.  

    Ofrezco a continuación una recreación de la fábula basada en Ovidio. Quien desee una lectura completa del texto latino debe acudir a Metamorfosis, VIII, 281 y ss. para el episodio de Meleagro y la caza del jabalí de Calidón y  Metamorfosis X,560-704 para la carrera con Hipomenes.


    ATALANTA


    Cuando Atalanta nació, su padre, el rey de Arcadia, enfurecido porque sólo deseaba un hijo varón, la abandonó falto de toda piedad en lo alto de una montaña para que muriera de hambre o devorada por las feroces bestias. La diosa Artemisa, que casualmente cazaba en aquellos lugares, se apiadó de la niña indefensa y le envió una enorme osa que dócil la amamantó con su leche. Con el tiempo y adoptada como hija por la diosa, se convirtió en una certera cazadora y en la mujer más veloz del mundo y emulando a su patrona prometió que tampoco ella se casaría nunca.

    Cuando siendo una cazadora famosa recibió como trofeo la piel del jabalí que asolaba el reino de Calidón en cuya cacería ella participó, se reconcilió con su padre, que le insistía una y otra vez en la necesidad de contraer matrimonio y ofrecerle un heredero futuro para su trono.

    La esquiva Atalanta consultó el oráculo de los dioses sobre su esposo y escuchó estas confusas palabras:

    — Para nada necesitas un esposo, Atalanta; evita tener un marido. Y aún así no escaparás y ni estando viva te verás privada de ti misma.

    Asustada por estas palabras difíciles de entender procura vivir soltera en los bosques, lejos de sus muchos pretendientes, a los que quiere ahuyentar con una extraña propuesta:

    — Sólo me poseerá aquel de vosotros que me venza en veloz carrera, ese será mi esposo. En cambio el vencido habrá de morir en castigo a sus pretensiones. Esta es mi propuesta definitiva.  

    Es tal la hermosura de la veloz Atalanta que fueron muchos los jóvenes incautos que osaron competir con la mujer más veloz del mundo y perdieron gimiendo y llorando la carrera y con ella la vida inestimable.

    Por eso el joven Hipomenes, que tan sólo había oído hablar de la bella Atalanta, consideraba excesivo el riesgo que habría de correr para conseguirla como esposa. Pero tan pronto vio el espléndido cuerpo de la  joven muchacha  que había retirado el velo de su rostro, quedó prendado y seducido de inmediato.

    –Probaré yo también suerte; el premio merece correr el riesgo mortal. Los dioses ayudan a los valientes. -dice inflamado. Y loco de amor prosigue:

      — Bella Atalanta, has vencido fácilmente y sin esfuerzo a esos pobres muchachos, pero mídete conmigo, que soy hijo de Megareo. Si te venzo, no será una derrota deshonrosa para tí y si ganas tú la carrera, habrás vencido a Hipomenes, el biznieto de Neptuno, dios de las aguas.

    Atalanta levanta sus bellos ojos luminosos y lo mira con ternura.

        — ¿Por qué quieres insensato poner en peligro tu vida preciosa, tú todavía un niño? Eres hermoso y valiente, pues no te asusta la muerte. ¿Tanto me amas y deseas que estás dispuesto a morir…? Huye mientras puedas, hermoso joven; otras muchachas hermosas querrán casarse felices contigo.

    Y tal vez tocada por vez primera por el dulce sentimiento del amor,  la inexperta y arisca Atalanta suaviza su decisión implacable y piensa en lo íntimo de su corazón:

       — ¿Por qué ha de morir este infeliz inmerecidamente como premio a su amor? Ojalá desdichado no me hubieras visto nunca. Si la virginidad no fuera mi destino eterno, tú serías el único con quien yo compartiría mi lecho nupcial. Ojalá, loco, fueras más veloz que yo misma.

    Pero ya Hipomenes urge la carrera, no sin antes encomendarse a la diosa del amor y pedir su ayuda divina:

       — Tu, diosa, que has inspirado mi pasión ciega, ayuda a mi osadía.

    Acudió Venus a la llamada envuelta en una blanca nube, tan sólo visible para Hipomenes,  y le entregó tres manzanas amarillas, brillantes como el sol, que debería utilizar en la carrera de una determinada manera.

    Las trompetas dieron la señal de salida. Allá van los dos contendientes tan veloces que parecen  volar. Atalanta, rehusando pasar al muchacho, se sitúa a la par y contempla embelesada su rostro virginal. Arroja entonces Hipomenes una de las tres brillantes manzanas, que atrae de inmediato la mirada y el interés de Atalanta. Refrena pues su marcha y mientras recoge curiosa del suelo la fruta de oro, es adelantada por Hipomenes. Recupera veloz Atalanta el espacio perdido y de nuevo sobrepasa al joven con facilidad. Arroja el joven  una segunda fruta y una vez más se entretiene la muchacha, que pronto recupera también el tiempo perdido. Tan sólo queda el último tramo antes de la meta final. Ahora el joven lanza con fuerza la tercera manzana lejos del camino. Atalanta duda, pero confiada en sus veloces pies, acude a recoger a lo lejos el dorado fruto. Pero calculó mal su rapidez o tal vez el incipiente amor refrenó su marcha, que ahora resulta perdedora. Hipomenes ha alcanzado mientras tanto la meta final y con ello su ansiado premio merecido, el matrimonio con la joven virgen.

    Incomprensiblemente, el joven Hipomenes olvidó a Venus y no supo agradecer su ayuda. La diosa se sintió por ello despreciada y ofendida.

    Cierto día pasaban junto al templo de Cibeles, la Madre de los dioses, y decidieron descansar del largo camino. Se apoderó de Hipomenes un repentino e irrefrenable deseo de yacer con Atalanta, suscitado sin duda por la vengativa Venus. Allí mismo, en la cueva sagrada, a la vista de las divinas imágenes, profanan el  santuario con su obsceno amor.

    La Madre Cibeles castigó su lujuria con su divina severidad: unas largas y feroces melenas cubren sus humanos cuellos, las manos se transforman en garras, una larga cola surge de su espalda, elevan fieros su orgullosa cabeza de  león y  sus fauces emiten rugidos que amedrentan a los restantes animales. Compadecida luego la diosa, unce a la pareja de leones con fuertes correas de flexible cuero a su majestuoso carro, del que han de tirar incansables por toda la eternidad.
     

  • Los nombres de los meses son romanos

    Entre las muchas cosas que nos han legado los romanos no es la de menor importancia el calendario con el nombre de los meses, los días y las estaciones. Para comprender la lógica y coherencia de los nombres “september =septiembre; october =octubre; november= noviembre y december =diciembre”, que significan etimológicamente “séptimo, octavo, noveno y décimo” hemos de conocer que el primitivo año romano tenía diez meses y comenzaba en marzo.

    Se atribuye al mítico rey Rómulo la fundación  de Roma en el año 753 y la creación del primer calendario solar de 304 días al año. La misma tradición atribuye al rey Numa, que gobernó  del 715 al 673 a.C,  una reforma que probablemente corresponde a la realizada a mediados del s.V a.C.  y que fundamentalmente consistió en añadir dos meses más, con lo que se formaba un calendario de doce meses, que toman su nombre de dioses y de festividades religiosas:

    Ianuarius, (enero) dedicado a Jano, dios de las puertas y de los comienzos y también del comienzo del año en la luna creciente después del solsticio de invierno del 25 de diciembre.

    Februarius, (febrero) mes en el que se celebraban las fiestas de purificación llamadas “februa”, palabra etrusca que significa precisamente purificación.

    Martius (marzo), dedicado al dios de la guerra Marte. En este mes comenzaba el mandato de los cónsules y  las campañas militares.

    Aprilis (abril), palabra que algunos relacionan con aperire = abrir, para referirse al momento en que la naturaleza, en primavera, florece. Otros la consideran de origen etrusco tomada del griego y relacionada con  Aphro-dite o Afrodita, la diosa del amor.

    Maius (mayo) que toma el nombre de Maia, la diosa del crecimiento.

    Iunius (junio) en honor de la diosa Juno, esposa de Júpiter, diosa entre otras cosas del matrimonio.

    Quintilis  (quinto mes), cuando el año comenzaba en marzo,  luego llamado Iulius  (julio) en honor de Julio César tras su muerte violenta.

    Sextilis  (sexto mes), luego llamado Augustus  (agosto) en honor de Octavio Augusto todavía en vida.

    September  (séptimo mes; septiembre)

    October  (octavo mes; octubre)

    November  (noveno mes; noviembre)

    December  (décimo mes; diciembre)

    El año comenzaba en un principio en Marzo, lo que explica como hemos dicho, el nombre de los meses a partir de septiembre. En marzo comenzaba también el mandato de los cónsules y las campañas militares de los romanos por el Lacio y por Italia.

    Pero cuando las guerras han de librarse fuera de Italia, el comienzo de la campaña en marzo supone un grave inconveniente por el tiempo que tarda el ejército en trasladarse al punto de conflicto. Esto quedó en evidencia en las Guerras Celtíberas en Hispania. Dada la gran distancia el Senado traslado el comienzo del año consular del 153 a.C. al 1 de Enero para que el cónsul Quinto Fulvio Nobilior tuviera tiempo de acudir a Hispania, donde por cierto fue vencido  por las tribus celtiberas de belos, titos y arévacos en agosto de ese año.

    Julio César estuvo en Egipto con la famosa reina Cleopatra, de la que parece ser que tuvo a su hijo Cesarión. Allí conoció  el calendario solar y comprendió las ventajas de su implantación en Roma.
    A su muerte se dio su nombre, Iulius, a lo que en el calendario primitivo era Quintilis, el quinto mes. Luego se llamó Augustus al mes siguiente en honor y todavía en  vida de Octavio Augusto. A otros meses también se les dio el nombre de algún emperador, pero esta nominación no tuvo éxito perdurable en ningún otro caso.

    Todos los meses no tuvieron entonces  la misma duración, que va de los 28 o 29 de febrero a los 30 de noviembre, abril, junio, septiembre y a los 31 de enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre y diciembre.  Esta disparidad, debida en origen a festividades, tabúes  y supersticiones religiosas, la arrastramos hasta nuestros días.

    Como ocurre con  los días de la semana, los nombres de los meses han perdurado en las lenguas latinas y también se han impuesto en los países de lenguas sajonas y germanas. La intensa cristianización de las creencias y costumbres paganas no logró imponerse tampoco en la denominación de estos doce períodos en que se divide el año.

  • Aut insanit homo aut versus facit (el hombre o está loco o hace versos)

    “Aut insanit homo aut versus facit” es uno de los muchos “tópicos” del poeta latino Quinto Horacio Flaco; tópico en el sentido etimológico de “lugar”, pasaje, cita, del gr. τόπος, lugar, país, pasaje de un libro. El verso, convertido en sentencia o máxima, es citado por muchas personas con sentido y en contextos muy diversos.

    La sentencia aparece en sus Satiras, lib. II, 7, v, 117. Conocida es la facilidad con la que autores antiguos, de manera especial Horacio, crean frases y sentencias redondas, preñadas de sentido, que pronto escapan del “texto”, ( tejido),  inicial y adquieren una larga vida autónoma.

    Horacio es el autor de sentencias (alguna ya la hemos comentado en este mismo blog)  tales como:
    –  “carpe diem” (Odas, lib. I, 11,8aprovecha el momento, https://www.antiquitatem.com/carpe-diem-horacio-oda-poesia-latina

    – "la Grecia conquistada conquisto a su fiero  conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio.". "Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio." ( Epístolas II, 1, 156-157).   https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard

    Dulce y honroso es morir por la patria "Dulce et decorum est pro patria mori."  (Odas, 3,2,13)

    Dorada moderación  en los versos  “Auream quisquis mediocritatem /diligit” ( Todo el que elige la dorada moderación…”(Odas, II,10,5-6)

    – y otras muchas…

    Una vez que la frase adquiere su autonomía,  son los hablantes que de ella se sirven, quienes la rellenan de contenido y la dotan de matices, que en ocasiones poco tienen que ver con su significado inicial. Este podría ser el caso a la vista del uso que de la frase hacen centenas y aun millares de personas.  Por  eso me voy  a permitir una pequeña exploración de la cuestión.

    Horacio es de las escasas personas, y menos aún literatos,  que con envidiable sentido del humor y con notable madurez, se presenta ante sus lectores con todos sus pequeños vicios y defectos, tal como es. Para ello aprovecha las fiestas anuales de las Saturnalia en las que en la sociedad romana se invertía el orden social establecido. Durante esos días los esclavos eran los señores y los señores soportaban las impertinencias de los esclavos, que incluso vestían con la ropa de su dueño. En esos días, sintiéndose libres, podían dirigirse a su “dominus” en  términos inadmisibles en otro momento. (el asunto es realmente interesante desde el punto de vista sociológico, etnológico y psicológico, aunque no sea este el momento).

    Pues bien, esto es lo que hace el esclavo Davus, el esclavo de Horacio,  con su señor,  al que entre otras lindezas le  llama  inconstante y caprichoso (si está en Roma quiere ir al campo, si está en el campo echa en falta Roma), servil con quien le invita, glotón,  borracho, dormilón, perezoso, esclavo de mujeres casadas de manera ilícita, esclavo de muchos otros más,  etc. (En el fondo lo que nos está diciendo Horacio por boca de su esclavo es que el único hombre verdaderamente libre es el sabio y no el tonto, el inconstante o el que depende de mil caprichos, algunos peligrosos), Pues bien, después de esta  larga retahíla, el poeta no soporta más tanto atrevimiento y le dice airado:

    Horacio¿Dónde tengo una piedra?
    Davo:       ¿Para qué la necesitas?
    Horacio¿Dónde están las flechas?
    Davo:       Este hombre o está rabiando o haciendo versos.
    HoracioSi no te largas de aquí a toda prisa, tú servirás de  noveno trabajador en mi finca 
                     Sabina.

    (Trabajar en el campo -en la granja de Sabina- era bastante más duro que servir en la casa del señor)

    Horatius:  unde mihi lapidem?                             
    Davus:   quorsum est opus?                                 
    Horatius: unde sagitas?
    Davus  aut insanit homo aut versus facit  /     
    Horatius: ocius hinc te ni rapis, accedes opera agro nona Sabino     

    Bien, el significado en su contexto parece claro y en principio limitado a un solo suceso. Pero es necesario conocer que Horacio ha jugado con un detalle contextual de gran importancia, también para el futuro de la frase. En realidad está relacionando la “insania” del poeta con la opinión común en la Antigüedad de que los poetas son arrebatados por cierto “furor poeticus”, por la “inspiración divina”,  por cierta locura que los señala y aparta del común de los mortales.

    El mismo Horacio no está de acuerdo  en su Epistula ad Pisones 295-97  con  Demócrito, que  exigía a los poetas cierta locura, mientras Horacio exige el trabajo exigente del pulido y corrección:

    Porque Demócrito cree que el talento natural
    es más afortunado que la pobre técnica
    y excluye del Helicón a los poetas sanos
    (que no están locos).

    (Nota: el Helicón es un monte cercano al Parnaso dedicado al dios Apolo y a las Musas)

    Ingenium misera quia fortunatius arte
    Credit et excludit sanos Helicone poetas
    Democritus,…

    Recordemos asimismo cómo la palabra “carmen”  significa “poema, verso”, pero también “embrujo, canción, canto y encantamiento, profecía, predicción, embrujo, filtro mágico, fórmula religiosa, sentencia moral…”.

    Asimismo “poeta”, del griego  del gr. ποιητής,  “poietés”,  es el creador, autor, fabricante, hacedor, poeta (hacedor de versos) también es llamado  “vate“ del latín “vates”, adivino, profeta, poeta inspirado por los dioses (por cierto, el Vaticano es la colina de los “vaticinios” o profecías según una etimología que no todos admiten, seamos precisos, pero que parece plausible).

    Esta característica del poeta como individuo especial en la colectividad tocado por los dioses ha transcurrido por la Edad Media, Moderna (recordemos a Cervantes y su referencia a la poesía como “la gracia que no quiso darme el cielo”),  y Contemporánea y de alguna manera ha llegado a nuestros días.

    Al poeta se le sigue viendo  como un “loco”  o insanus, no peligroso (a veces lo es o puede serlo), por cierto,  sino como persona afortunada por los dioses o la madre naturaleza, capaz de penetrar en las cosas o de sentir la realidad con más intensidad que el común de los mortales.

    Quizás en algunos casos alguien cargue de mayor contenido peyorativo el adjetivo “insanus”, loco, arrebatado, llevado tal vez de la envidia de alguien que está mejor dotado para percibir y expresar sus sentimientos.

    No entiendo muy bien la absoluta generalización del sentido de la frase, que aplicada con exactitud descalificaría a la enorme mayoría de seres humanos, que desde luego ni hacen versos ni tienen capacidad alguna para hacerlos aunque quisieran.

    Tal vez podríamos admitir cierta generalización en el sentido de que es una auténtica locura para la humanidad reducir la vida de las personas a una exclusiva preocupación por las cuestiones económicas. Quienes así viven están locos, no están sanos, que es lo que significa en sí el término in-(preverbio negativo) sanus.

    La alternativa a este estado de alienación humana, desde luego, es la poesía, al menos un poco de poesía, en el sentido de percibir y disfrutar de una vida plena de sentimientos, matices y experiencias. En esta tarea es esencial la educación de las personas, la educación integral y no la educación para la competitividad.

    Pero este desde luego no era el sentido que Horacio dio a su famoso verso, aunque nos venga bien utilizarlo y nos agrade ampliar su sentido.
     

  • Tres veces tres

    En general los romanos son muy supersticiosos y muy ritualistas. Su concepción del mundo, que podríamos llamar en cierto sentido animista porque creen que todo está impregnado de una fuerza divina que justifica su desarrollo y virtualidad, les empuja a estar pendientes permanentemente de los signos que manifiestan la voluntad de los dioses o anuncian el futuro. Y esto obliga a su vez a celebrar constantemente ritos y ceremonias que descubren ese futuro o evidencian la voluntad de los dioses y espíritus para poder propiciar su favor o detener su ira. Por ello no emprenden ninguna acción sin consultar esos signos.

    Esta idea la expresa coherentemente Plinio el Joven al comienzo de su Panegírico de Trajano 1,1:

    Correcta y sabiamente, senadores, instituyeron nuestros antepasados que  las acciones y  los discursos comenzaran con preces, porque para ninguna cosa  pueden los hombres recibir los auspicios  legalmente, para nada prudentemente, sin la ayuda, sin el consejo y sin la gloria de los dioses inmortales.

    Bene ac sapienter, patres conscripcti, maiores  instituerunt ut rerum agendarum ita dicendi a precationibus capere, quod nihil rite, nihil providenter homines sine deorum inmortalium ope, consilio, honore auspicarentur.

    Los propios romanos se consideran a sí mismos el pueblo más religioso de todos, como dice el propio Cicerón en su De Natura Deorum (Sobre la naturaleza de los dioses) 2.8

    Y si queremos comparar nuestras cosas con las de los extranjeros, veremos que en los otros aspectos somos iguales o incluso inferiores, pero en la religión, es decir, en el culto de los dioses somos muy superiores.

    et si conferre volumus nostra cum externis, ceteris rebús aut pares aut etiam inferiores reperiemur, religione id est cultu deorum multo superiores.

    Si por religioso entendemos “practicante de ritos” hemos de compartir la afirmación de Cicerón.

    Sobre los ritos romanos hablaré en otra ocasión más extensamente, pero conviene conocer ahora un ejemplo resumido para  valorar su importancia en la religión romana. Se trata del ritual que el paterfamilias (el padre y jefe de la familia romana)  ha de realizar en las fiestas  de los difuntos llamadas Lemuria, rito del que en su época se ha perdido toda comprensión pero que se sigue practicando “religiosamente” como hicieron sus antepasados, nunca mejor aplicado este adverbio,  y que el poeta Ovidio nos relata en sus Fasti, 5, 419-492:

    A media noche se levanta el padre (paterfamilias), marcha con los pies descalzos y chasca el pulgar con los otros dedos para ahuyentar a los fantasmas; se lava tres veces las manos en una fuente; introduce en su boca habas negras que luego tira detrás de sí diciendo nueve veces ‘yo tiro estas habas; con ellas me rescato a mi y a los míos’ sin volverse hacia atrás; toca otra vez el agua, hace sonar un objeto de bronce y pide a la sombra (del difunto) que salga de su casa diciéndole  nueve veces ‘Manes de mis padres, salid’. Así se queda tranquilo.

    (Reparemos entre otras cosas en las veces que repite las cosas, tres o nueve).

    Julio César, que entre las muchas funciones y títulos que detentó, figuraba también el de Pontifex Maximus (Máximo Pontífice), es decir, una de las autoridades religiosas de mayor rango, no fue especialmente devoto ni respetuoso con los hados y los augurios cuando suponían un obstáculo en sus proyectos:  ni escuchó al adivino ciego (es curios que en muchas ocasiones ciegos físicos tengan una gran clarividencia de futuro) que le advirtió que se cuidase de los Idus de Marzo ni atendió al sueño premonitorio de su esposa Calpurnia el día que fue asesinado.

    Pero eso no significa que no fuera tan supersticioso como sus conciudadanos. Plinio nos cuenta en HN 28,4(21) cómo pronunciaba una fórmula mágica siempre que montaba en un carro de combate a raíz de un percance que tuvo en una ocasión:

    Se dice que el dictador César,  después de haber tenido un percance con su vehículo, siempre, antes de sentarse, lo que ahora sabemos que hacen muchos, solía buscar su seguridad repitiendo tres veces un conjuro.

    Caesarem dictatorem post unum ancipitem vehiculi casum ferunt semper, ut primum consedisset, id quod plerosque nunc facere scimus, carmine ter repetito securitatem itinerum aucupari solitum. Plin. Naturalis Historia, Lib. 28, 4 (21).

    No siempre debió ser eficaz el conjuro porque  Dion Casio nos cuenta cómo al celebrar su primer triunfo, de los cuatro que obtuvo, el correspondiente a sus victorias en las Galias, se rompió el eje del carro y tuvo que esperar la llegada de otro de repuesto. Fue un mal augurio, una mala señal que César procuró corregir subiendo de rodillas la escalinata del Templo de Júpiter a dónde el general victorioso finalizaba su desfile. Nos lo cuenta así Dion Casio, Historia de Roma 43, 21, 1-2

    El primer día de triunfo tuvo un mal presagio: se rompió el eje del carro triunfal justamente enfrente del Templo de la Fortuna construido por Lúculo, por lo que tuvo que completar el resto del trayecto en otro. Luego  subió las escaleras del Capitolio de rodillas, sin prestar atención al carro que había sido consagrado a Júpiter en su honor ni a la imagen del mundo habitado que había bajo sus pies ni a la inscripción que había en  ella; pero más tarde hizo borrar de la inscripción el término "semidiós".

    Tal vez alguien piense que estas prácticas rituales y supersticiosas eran exclusivas de las religiones antiguas, pero a poco que reflexione notará cómo el número tres sigue estando presente en nuestras costumbres y ritos actuales.

    Probablemente el valor mágico, místico, del tres le viene conferido por representar la unión de los contrarios: frente al uno y su opuesto el dos, el tres resulta ser la síntesis.

    Sabida también es la importancia del “tres”  en las culturas indoeuropeas, en las que las sociedades se estructuran en tres estamentos o partes: sacerdotes, guerreros, artesanos y que tiene su reflejo histórico en todas las culturas desde Europa a la India.

    Reflejo de ello es también la agrupación de las divinidades en triadas o grupos de tres dioses: Júpiter, Juno, Minerva en Roma;  Brahma, Vishnu, Shiva en la India.

    ¿Habrá alguna relación entre esta costumbre religiosa de las triadas y la aceptación de la Trinidad cristiana?

    Pero volviendo al rito, ¿no repiten también muchas personas actuales tres veces algunas oraciones o fórmulas como el “Ave María” o la señal de la cruz? ¿no bendice el papa o el sacerdote tres veces a sus fieles? ¿Acaso no sería  igual de eficaz una sentida oración que su repetición hasta tres  veces?

    Y qué decir del número nueve que servía de pauta al paterfamilias en la ceremonia de las Lemuria?  Nueve es tres veces tres. Seguimos recordando a nuestros difuntos de manera muy especial a los nueve días con una novena por no referirnos a las que frecuentemente se celebran en honor de nuestros santos o vírgenes de diversa advocación.

    Podemos recordar en este momento lo ya comentado en este mismo blog en  https://www.antiquitatem.com/pocima-de-amor-elixir-pitonisa-conjurohablando del conjuro para evitar un amor esquivo:

    Pero la nodriza, mezclando en un recipiente plano azufre
    narciso y casia, quema plantas aromáticas
    y envolviéndole tres por nueve veces (27)
    con una venda de tres colores distintos
    dice “muchacha, escupe tres veces en tu seno conmigo;
    escupe tres veces, muchacha; el dios se alegra con un número impar.

    "At nutrix patula componens sulpura testa
    narcissum casiamque herbas incendit olentis
    terque novena ligans triplici diversa colore
    fila «ter in gremium mecum» inquit «despue, virgo,
    despue ter, virgo: numero deus impare gaudet.»:

    Y todo ello es más chocante en una cultura en la que la base decimal de contar está absolutamente impuesta y generalizada, pero que para algunas cosas utiliza contabilidades más antiguas: triduos, semanas, novenas, docenas…

    Finalmente, quien haya visitado algún famoso santuario de los numerosos que hay no sólo en Iberia  sino en Europa y allende el mar océano y haya visto las filas de devotos caminantes de rodillas, no extrañarán la forma en que César intentó conjurar sus malos augurios. Todavía hoy, algunos fieles y devotos marchan de rodillas de vez en cuando en las procesiones para expiar una falta o para conseguir un beneficio de la divinidad. Es la realización del principio “do ut des” (te doy para que me des; te doy, en este caso un esfuerzo, para que me des lo que te pido) que es un elemento central de la religión romana y que  pervive actualmente en la religiosidad de muchas personas.

    Los romanos no entendían ya el sentido de muchos ritos antiguos, aunque sí creían en su eficacia mágica. ¿Acaso entendemos nosotros por fin los nuestros, que no son sino la pervivencia de los suyos? Ciertamente no los entendemos, pero no por ello  dejamos de practicarlos.
     

  • Un puente de Italia a Grecia

    Hoy existen puentes grandiosos que nos llenan de asombro por su longitud: el Akashi-Kaikyo de 1991 mts. en Japón; o el Great Belt East de 1624mts. en Dinamarca, o el Runyang de 1490 mts. en China. Son los mayores puentes atirantados del mundo. En la Antigüedad los romanos fueron grandes constructores de puentes.

    Toda gran ciudad está bañada por un gran río atravesado por numerosos puentes como expresión de su poderío. Roma es un ejemplo de ello. Su  río, esencial en su historia, es el Tíber. Debió ser muy importante el primer puente, el Pons Sublicius, de la época del rey Anco Marcio,  construido completamente de madera con instrumentos de madera, porque un tabú impedía el contacto con instrumentos de metal.

    Tan importante debía ser y tan necesaria la ayuda de los dioses que a la máxima autoridad religiosa romana se le llama “pontifex maximus” (el hacedor del puente) según la tradicional explicación del término que nos da Varrón, quien también sugiere otra: de posse y facere (el que puede hacer..); hay quien explica que el nombre le viene por ser puente de comunicación entre los dioses del cielo y los mortales. Por cierto que este título lo sigue ostentando el “papa” de la Iglesia Católica de manera oficial, porque así lo asumieron al desaparecer la religión pagana e imponerse la cristiana como oficial. La desaparición, como se ve, no fue completa ni radical.

    En  Roma los puentes eran muy numerosos: el Puente Emilio, hoy roto; el Fabricio y el Cestio en la Isla Tiberina (pequeña isla en mitad del río); el Puente de Agripa, el Puente de Calígula, el de Nerón, el Puente Triunfal, el famoso Puente Elio o de Adriano conocido hoy como Ponte Sant’Angelo, el no menos famoso Puente Milvio en el que tuvo lugar el enfrentamiento entre  Majencio y Constantino cuando tuvo la visión de la Cruz con la frase “in hoc signo vinces” (con esta enseña vencerás), etc.

    Además los puentes romanos, desafiando el paso del tiempo, están diseminados por todas las vías del Imperio Romano que conducían a Roma, a la urbe, a la ciudad por antonomasia. No son tan largos como los modernos reseñados, pero de momento han durado mucho más tiempo,

    Pues bien, en la Antigüedad hubo un proyecto, una idea mejor, porque no llegó a proyecto, de unir el sur de Italia con el norte de Grecia con un puente grandioso. Nos lo cuenta Plinio el Viejo en su enciclopedia Naturalis Historia, III,(XI) 100 y ss. al describir Italia:

    Desde Tarento, en el interior, se encuentran las ciudades de Varia (actual Oria), llamada apellidada “de Apulia”, de Mesapia (Mesagna) y de Aletio (Santa Maria dell' Alizza) . En la costa en cambio están Senum, Calípolis (Gallipoli) a  sententa y cinco mil pasos de Tarento, que ahora es Anxa. Luego,  a treinta y tres mil pasos está el promontorio llamado Acra Iapigia (Capo di Santa Maria di Leuca), el punto en el que Italia se adentra más en el mar. Desde él  están las ciudades de Basta (Vaste) e Hydrunto (Otranto), a diez y nueve mil pasos, en el punto de separación de los mares Adriático y Jónico; desde aquí se da el paso más breve a Grecia; en frente está la ciudad de Apolloniato (Apolloniates)( Pallina or Pollona) y aquí el estrecho no tiene más de cincuenta mil pasos.  Pirro, rey de Epiro, fue el primero que pensó cubrir este espacio a pie con unos puentes  y después de él Marco Varrón, cuando comandaba la flota de Pompeyo en la guerra  contra los piratas. A los dos se lo  impidieron  otras preocupaciones."

    Oppida per continentem a Tarento Uria, cui cognomen ob Apulam Messapiae , Aletium, in ora vero Senum, Callipolis, quae nunc est Anxa, LXXV a Tarento. inde XXXIII promunturium quod Acran Iapygiam vocant, quo longissime in maria excurrit Italia. ab eo Basta oppidum et Hydruntum decem ac novem milia passuum, ad discrimen Ionii et Hadriatici maris, qua in Graeciam brevissimus transitus, ex adverso Apolloniatum oppidi latitudine intercurrentis freti L non amplius. hoc intervallum pedestri continuare transitu pontibus iactis primum Pyrrus Epiri rex cogitavit, post eum M. Varro, cum classibus Pompei piratico bello praeesset; utrumque aliae inpedivere curae

    Hydrunte es Otranto en la Magna Grecia, en Italia; Apollonia está en la Iliria antigua. Desde estas ciudades se pasaba a Grecia y viceversa y también a Dyrrachium más al norte.  Nos dice por ejemplo Cicerón en su  libro XVI de las cartas, (Ad famiiares) Epistola 9 ad Tironem;

    El día décimo quinto antes de las kalendas (día 16) continuamos ciento veinte estadios hasta Casiopea, al puerto de Corcira. Allí estuvimos retenidos por  los vientos hasta el día noveno antes de las kalendas (el día 22). Muchos de los que impacientemente se marcharon en este intervalo sufrieron naufragios. Nosotros, ese día, después de cenar, soltamos amarras. Desde allí, con un suavísimo viento del sur y un cielo sereno con esa noche y el día siguiente llegamos animadísimos a Italia, a Hydrunte (Otranto)y con el mismo viento, al día siguiente, era el día séptimo antes de las kalendas de diciembre (24 de noviembre), a la cuarta hora (10:00 h) llegamos a Brundisium, y justamente al mismo tiempo que nosotros entraba en la ciudad Terencia, (esposa de Cicerón), que tantísimo te aprecia.

    A. d. xv K. in portum Corcyraeorum ad Cassiopen stadia cxx processimus. ibi retenti ventis sumus usque ad a. d. viiii K. interea, qui cupide profecti sunt, multi naufragia fecerunt. [2] nos eo die cenati solvimus ; inde austro lenissimo caelo sereno nocte illa et die postero in Italiam ad Hydruntem ludibundi pervenimus eodemque vento postridie (id erat a. d. vii K. Dec.) hora iiii Brundisium venimus, eodemque tempore simul nobiscum in oppidum introiit Terentia, quae te facit plurimi.

    Nota: Este Tirón es el famoso esclavo de Cicerón, luego manumitido, que le servía como secretario particular, anotando y revisando los discursos del orador con las llamadas notae tironianae, notas tironianas, especie de escritura taquigráfica usada por los monjes hasta la Edad Media. A veces se le llama el “padre de la taquigrafía”. Fue también editor de las obras de Cicerón.

    Durante algún tiempo Apolonia fue dominio de Pirro, rey de Epiro, (más famoso por su victoria en la forma, derrota en el fondo). Pirro no sólo fue un rey que tuvo en jaque a la poderosa Roma durante mucho tiempo, sino que tuvo ideas y sueños geniales como este de trazar un puente desde las costas de Italia a las de Grecia.

    Idea que recogió luego Varrón, cuando comandaba la flota de Pompeyo contra los piratas del Adriático. Amigo de Cicerón, escribió muchas obras de los temas más variados, aunque sólo se conserva completa su  De rerum rusticarum (Sobre las cosas del campo), incompleta  De lingua latina y fragmentos de algunas restantes.

    A ambos, según Plinio, les impidió realizar el sueño la guerra. La verdad es que la guerra ha consumido y consume innumerable tiempo y recursos que deberían dedicarse a otras tareas, por ejemplo construir puentes. Incluso la guerra va más allá, en su afán destructivo lo primero que suele destruir en el asedio u ocupación de un territorio son precisamente los puentes.

    Por lo demás hubo en la Antigüedad proyectos grandiosos  similares, tales como un puente que uniera Sicilia con Calabria. Con este puente soñaron los romanos (aunque fuera un puente de barcos), luego Carlomagno y los Normandos en el siglo XI  y Roger II en el XII y permanentemente hasta el día de hoy en que se sigue soñando. Ahora el inconveniente parece ser la oposición de los grupos de presión del entorno (léase mafia).

    A los romanos sin duda les sobraban guerras y les faltaban recursos técnicos. Hoy existen los recursos, pero a lo que parece faltar es la decisión o valentía política para llevar a cabo esta empresa milenaria.
     

  • Terminus es el dios garante de la propiedad privada del campo

    Terminus es un dios romano que marca los límites de los campos y de las ciudades y que se encuentra también en la encrucijada de los caminos. Se le representa como un bloque de piedra rectangular en cuya cúspide suele figurar la cabeza de Hermes o Mercurio. A veces también se le representa con los genitales masculinos, dado su carácter apotropaico o alejador de maleficios. Por eso se le llama Hermes.

    Sobre esta divinidad hemos hablado recientemente.  Véase   https://www.antiquitatem.com/hermes-termino-mercurio-pairon-fastos

    En esa ocasión hacíamos referencia a su función de garante de la propiedad privada. Ello quedaba evidenciado en el pasaje de los Fasti, de Ovidio, en que nos describe las ceremonias y sacrificios con que era honrado con motivo de las fiestas Terminalia, que se celebraban el 23 de Febrero, al final del año romano primitivo, por los dueños de los dos campos limítrofes.

    Quiero ahora insistir en el carácter de garante de la propiedad privada que tiene Terminus, añadiendo al texto de Ovidio, que reproduzco de nuevo, otro de Tito Livio, en su libro de Historia Ab urbe condita (Desde la fundación de la ciudad –naturalmente Roma-),  Lib. I, cap. 55.

    Nos cuenta Livio como cuando Tarquinio quiso construir el templo de Júpiter en el monte Tarpeyo tuvo que desacralizar y echar de allí a los dioses ya existentes en la zona y así se lo permitieron los augurios; pero hubo una excepción: allí había el mojón, el hito, Terminus, señalizando el lugar, y los augurios no permitían moverlo a otro sitio. Por eso la solución fue que Terminus compartiera el templo con Júpiter. La anécdota puede parecer inocente, pero no es así. En realidad está consagrando la inviolabilidad de los límites marcados por Terminus.

    Ovidio nos dice claramente que el dios garantiza los límites y propiedad de cada uno de los campos a sus propietarios y cómo sin él el conflicto en el campo sería permanente.

    Tú marcas los límites de los pueblos y de las ciudades y de los grandes reinos: 

    sin ti todos los campo serían motivo de conflicto.

    Tú no tienes ambición alguna ni te corrompes por ningún oro, 

    tú conservas con tu buena fe los campos a ti confiados. …

    'tu populos urbesque et regna ingentia finis:
         omnis erit sine te litigiosus ager.               660
    nulla tibi ambitio est, nullo corrumperis auro,
         legitima servas credita rura fide.

        ……
    Recuérdese con cuanta frecuencia en el campo mover un mojón es causa de conflicto, cuando no de tragedia. En la Roma primitiva quien movía un mojón era considerado maldito y podía ser asesinado, luego la pena de muerte fue sustituida por una multa.

    Poco después continúa Ovidio:

    Término, después de esto no tienes una libre movilidad;

    permanece en el lugar en que has sido colocado.

    Así que  no cedas nada a tu vecino aunque te lo ruegue,

    para que no parezca que antepones un hombre cualquiera a Júpiter:

    y ya seas golpeado con la reja del arado o con el rastrillo,

    grita “este es tu campo, aquel el tuyo”

    Termine, post illud levitas tibi libera non est:
         qua positus fueris in statione, mane;
    nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
         ne videare hominem praeposuisse Iovi:
    et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
         clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'

    Estos versos de Ovidio, como los anteriores, son de una innegable emotividad y elegancia: Terminus  es el mojón, la piedra que demarca los límites, pero también un dios con el que se puede hablar; a los dos se dirige coloquialmente el poeta: “piedra, dios, no te dejes mover; si el campesino mientras laborea te empuja con la reja del arado (tal vez intencionadamente) o con el rastrillo, tú no te muevas y grítale ‘este es tu campo, aquel es de otro’ ”.

    Y le dice más:  “si no cediste ante Júpiter cómo vas a ceder ante un hombre cualquiera”. Y esto nos lo explica perfectamente el texto de Tito Livio que ofrezco a continuación:

    Para que toda la zona del templo de Júpiter que se iba a ocupar estuviera libre de otros cultos, decidió  (Tarquinio) desacralizar las capillas y los terrenos sagrados , algunos de los cuales habían sido ofrecidos antes por el rey Tacio en el momento culminante de la batalla contra Rómulo y luego habían sido consagrados e inaugurados (en el sentido de recibir los augurios o bendición divina). Dice la tradición que, al comienzo de la construcción de estas obras, los dioses dieron  señales divinas para advertir la grandeza de tan gran  imperio, pues mientras que las aves (los auspicios) admitían  la desacralización de todos los  santuarios, no fueron favorables en el templo de Terminus

    Et ut libera a ceteris religionibus area esset tota Iovis templique eius quod inaedificaretur, exaugurare fana sacellaque statuit quae aliquot ibi, a Tatio rege primum in ipso discrimine adversus Romulum pugnae vota, consecrata inaugurataque postea fuerant. Inter principia condendi huius operis movisse numen ad indicandam tanti imperii molem traditur deos; nam cum omnium sacellorum exaugurationes admitterent aues, in Termini fano non addixere.

    Ahora entendemos mejor los versos de Ovidio. Los templos y capillas de los otros dioses pudieron ser desacralizados y movidos a otro sitio; el de Terminus no.

    Livio acepta la consecuencia de lo que el presagio y la aparición parecen certificar y que la tradición nacionalista romana viene repitiendo: que los límites del imperio romano, de la ciudad de Roma, serán fijos y eternos. Pero hay una segunda lectura de enorme importancia: lo que el relato certifica es que los límites marcados por Terminus son absolutamente inviolables, incluso para Júpiter, el padre de los dioses; nada hay por encima del derecho de propiedad que Terminus garantiza.

    Es un ejemplo clarificador del sentido práctico de los romanos, que afecta a toda su creación cultural, incluso la religión. Hé aquí, una creencia, un mito, un rito, con un sentido práctico y eficaz en la vida social: garantizar el derecho de propiedad del agricultor romano y evitar los conflictos.

    Ofrezco el capítulo de la obra de Livio completo, para una mejor contextualización de todos estos comentarios. Ab urbe condita, I, 55


    1.55] Después de la toma de Gabii, Tarquinio hizo la paz con la tribu de los  ecuos y renovó el tratado con los etruscos. Luego volvió su atención a los asuntos urbanos. De ellos el primero era el de dejar el templo de Júpiter en el monte Tarpeyo como recuerdo de su reinado y de su nombre;  de los dos reyes Tarquinios,  el padre lo había prometido, el hijo lo llevó a cabo. Para que toda la zona del templo de Júpiter que se iba a ocupar estuviera libre de otros cultos, decidió desacralizar las capillas y los terrenos sagrados , algunos de los cuales habían sido ofrecidos antes por el rey Tacio en el momento culminante de la batalla contra Rómulo y luego habían sido consagrados e inaugurados (en el sentido de recibir los augurios o bendición divina). Dice la tradición que, al comienzo de la construcción de estas obras, los dioses dieron  señales divinas para advertir la grandeza de tan gran  imperio, pues mientras que las aves (los auspicios) admitían  la desacralización de todos los  santuarios, no fueron favorables en el templo de Terminus . Esta señal sagrada y este augurio, que la sede de Terminus no fuera movida y que sólo el de los dioses no fuera removido de sus límites sagrados, presagiaba que todos los límites (del imperio romano) serían firmes y estables. Recibido este augurio de perpetuidad, siguió otro prodigio que anunciaba la grandeza del imperio: se dice que se apareció a los que estaban abriendo los cimientos del templo una cabeza humana con el rostro completo. Esta aparición presagiaba sin duda alguna que aquella sería la cumbre  y la cabeza de todas las cosas del imperio: así lo proclamaron todos los adivinos que había en la ciudad y los que habían sido llamados de Etruria para consultar este asunto.

    Gabiis receptis Tarquinius pacem cum Aequorum gente fecit, foedus cum Tuscis renovavit. Inde ad negotia urbana animum convertit; quorum erat primum ut Iovis templum in monte Tarpeio monumentum regni sui nominisque relinqueret: Tarquinios reges ambos patrem vovisse, filium perfecisse. Et ut libera a ceteris religionibus area esset tota Iovis templique eius quod inaedificaretur,exaugurare fana sacellaque statuit quae aliquot ibi, a Tatio rege primum in ipso discrimine adversus Romulum pugnae vota, consecrata inaugurataque postea fuerant.  Inter principia condendi huius operis movisse numen ad indicandam tanti imperii molem traditur deos; nam cum omnium sacellorum exaugurationes admitterent aues, in Termini fano non addixere; idque omen auguriumque ita acceptum est non motam Termini sedem unumque eum deorum non euocatum sacratis sibi finibus firma stabiliaque cuncta portendere.Hoc perpetuitatis auspicio accepto, secutum aliud magnitudinem imperii portendens prodigium est: caput humanum integra facie aperientibus fundamenta templi dicitur apparuisse. Quae visa species haud per ambages arcem eam imperii caputque rerum fore portendebat; idque ita cecinere uates quique in urbe erant quosque ad eam rem consultandam ex Etruria acciuerant.

    Texto de Ovidio, Fastos, 2, 639 y ss..

    Una vez que ha pasado la noche,  se celebra con el honor acostumbrado al dios que separa con su marca los campos de labor. O Termino, tanto si  eres una piedra  como si eres  un tronco enterrado en el campo, tú tienes poder divino desde los días antiguos. A ti te coronan  los dos dueños en los dos lados; a ti te traen  dos guirnaldas y la ofrenda de dos tortas.  Para ti se ha construido un altar: a él la rústica labradora en persona trae en un  roto  tiesto de barro  el fuego recogido del caliente hogar.   El anciano corta leña, y con habilidad  amontona los trozos cortados, y se esfuerza por  colocar  las ramas en la tierra sólida: entonces aviva las primeras llamas con corteza seca;  el muchacho queda de pie y sostiene en sus manos unas grandes canastas.  Luego cuando arroja tres veces los frutos de la tierra en medio del fuego, la pequeña hija  extiende sus manos con los panales cortados. Otros sostienen los vasos de vino: uno a uno se arrojan  en sacrificio a las llamas. El grupo, vestido de blanco, se queda mirando y guarda silencio. Término, en sus dos lados, es rociado con la sangre de un cordero sacrificado y no se queja cuando se le ofrece una cerda todavía lactante. Acuden los sencillos vecinos y celebran un banquete y cantan tus alabanzas, santo Término. Tú marcas los límites de los pueblos y de las ciudades y de los grandes reinos:  sin ti todos los campo serían motivo de conflicto. Tú no tienes ambición alguna ni te corrompes por ningún oro,  tú conservas con tu buena fe los campos a ti confiados.  Si en otro tiempo hubieses marcado tú la tierra de Tirea (en Laconia) no hubieran sido enviados a la muerte trescientos cuerpos ni   Otríades hubiera sido elegido por una lluvia de armas.  ¡O cuánta sangre entregó a su patria! ¿Y qué pasó cuando se construía el nuevo Capitolio? ¿Acaso todo el grupo de dioses no cedió ante Júpiter y te entregó el lugar? Término, como recuerdan los antiguos,  que se encontraba en el espacio sagrado , allí se quedó y comparte el templo con el gran Júpiter. Incluso ahora , el techo del templo tiene un pequeño agujero para que nada pueda verse por encima de él excepto las estrellas. Término, después de esto no tienes una libre movilidad; permanece en el lugar en que has sido colocado. Y no cedas nada a tu vecino aunque te lo ruegue, para que no parezca que antepones un hombre cualquiera a Júpiter: y ya seas golpeado con la reja del arado o con el rastrillo, grita “este es tu campo, aquel el tuyo”. Hay un camino que lleva a la gente a los campos Laurentinos, reinos buscados en otro tiempo por el jefe Dardanio (Eneas): el sexto mojón, Término, desde la ciudad ve cómo se te hacen sacrificios con las entrañas de un lanudo cordero.  Otros pueblos tienen una tierra marcada con unos límites fijos:  pero el espacio de la ciudad de Roma es el mismo orbe del mundo.


    Nox ubi transierit, solito celebretur honore
         separat indicio qui deus arva suo.
    Termine, sive lapis sive es defossus in agro
         stipes, ab antiquis tu quoque numen habes.
    te duo diversa domini de parte coronant,
         binaque serta tibi binaque liba ferunt.
    ara fit: huc ignem curto fert rustica testo               645
         sumptum de tepidis ipsa colona focis.
    ligna senex minuit concisaque construit arte,
         et solida ramos figere pugnat humo;
    tum sicco primas inritat cortice flammas;
         stat puer et manibus lata canistra tenet.               650
    inde ubi ter fruges medios immisit in ignes,
         porrigit incisos filia parva favos.
    vina tenent alii: libantur singula flammis;
         spectant, et linguis candida turba favet.
    spargitur et caeso communis Terminus agno,               655
         nec queritur lactans cum sibi porca datur.
    conveniunt celebrantque dapes vicinia simplex
         et cantant laudes, Termine sancte, tuas:
    'tu populos urbesque et regna ingentia finis:
         omnis erit sine te litigiosus ager.               660
    nulla tibi ambitio est, nullo corrumperis auro,
         legitima servas credita rura fide.
    si tu signasses olim Thyreatida terram,
         corpora non leto missa trecenta forent,
    nec foret Othryades congestis lectus in armis.               665
         o quantum patriae sanguinis ille dedit!
    quid, nova cum fierent Capitolia? nempe deorum
         cuncta Iovi cessit turba locumque dedit;
    Terminus, ut veteres memorant, inventus in aede
         restitit et magno cum Iove templa tenet.               670
    nunc quoque, se supra ne quid nisi sidera cernat,
         exiguum templi tecta foramen habent.
    Termine, post illud levitas tibi libera non est:
         qua positus fueris in statione, mane;
    nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
         ne videare hominem praeposuisse Iovi:
    et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
         clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'
    est via quae populum Laurentes ducit in agros,
         quondam Dardanio regna petita duci:               680
    illa lanigeri pecoris tibi, Termine, fibris
         sacra videt fieri sextus ab Urbe lapis.
    gentibus est aliis tellus data limite certo:
         Romanae spatium est Urbis et orbis idem.