Categoría: Hispania

  • Unos contratistas romanos de servicios públicos defraudadores

    En la antigua Roma, ya desde época Republicana, se arrendaba a particulares la explotación de los terrenos y recursos del Estado, que eran todos los conquistados por sus legiones, e incluso se constituyeron fuertes sociedades de inversores para ello. Esto generó un espacio de actividad en el que era fácil confundir lo privado con lo público y produjo algunos episodios de corrupción que en alguna medida recuerdan a hechos actuales.

    Voy a referirme a un episodio de la Segunda Guerra Púnica, salpicado además con una anécdota de corrupción, que explica cómo se fue generando este sistema.  Todas las guerras, las de antes y las de ahora son siempre ocasión y oportunidad para grandes negocios, a los que nada importa si los beneficios vienen o no manchados de sangre inocente.

    El episodio nos lo cuenta Tito Livio en su obra “Historia de Roma desde su origen” (Ab urbe condita), en el libro XXV, 3 y ss.

    Roma está definitivamente enfrentada a Cartago por su expansión en el Mediterráneo y por considerar a los púnicos o cartagineses una amenaza para su supervivencia. Esta guerra comienza desarrollándose en Hispania, en donde los cartagineses están ya bien asentados; se desarrolla luego en el propio territorio italiano, al que ha pasado Aníbal desde Hispania a través de los desfiladeros de los Alpes en invierno, y acabará definitivamente años después con la destrucción de Cartago. Las campañas victoriosas de Aníbal en Italia (Tesino, Trebia, Trasimeno, Cannas…) han generalizado el pánico entre los romanos. 

    Es precisamente la situación de necesidad de los Escipiones en Hispania lo que les obliga a dirigir una carta en el año 215 al Senado de Roma solicitando ayuda. Los gastos para la guerra son de tal magnitud que el Estado no tiene dinero suficiente para hacer frente a ellos y recurre en consecuencia a la colaboración de los “publicanos” o capitalistas que se vienen beneficiando de las contratas del Estado. Estos “publicani” o ciudadanos con recursos que se dedican a los negocios, constituyen tres sociedades para abastecer al ejército. Dadas las circunstancias de inseguridad del momento y las distancias a las que han de ser transportados algunos recursos, se incluye en el contrato una cláusula según la cual el riesgo de naufragio ha de correr por cuenta del Estado. Hay que imaginar la situación de pánico generalizado ante la presencia de Aníbal en la propia Italia y las sucesivas victorias con las que va machacando a los ejércitos romanos.

    En ese contexto hubo dos individuos, dos “publicani” que no contentos con las ganancias lícitas simularon un naufragio accidental de las naves cargadas de material de desecho y poco valor para cobrarlo como bueno.

    De todo lo anterior extraeremos importantes consecuencias sobre la constitución de estas sociedades, pero el episodio tiene una segunda parte muy reveladora. Cuando los defraudadores son descubiertos y denunciados al Senado, éste no actúa inmediatamente contra ellos, dada la afinidad y confluencia de intereses en muchos casos entre la clase y familias de senadores con los “publicanos”. Tuvo que ser el pueblo a través de sus representantes especiales, los “tribunos de la plebe”, (hoy diríamos "la acción popular"), quien exigió responsabilidades e inició las acciones judiciales.

    Estando reunida la asamblea popular, fue interrumpida por la acción violenta de los publicanos, dispuestos a evitar la condena de uno de sus miembros poderosos. Ante la evidencia de los cargos y el peligro de la situación, el Senado no tuvo más remedio que intervenir con más decisión.

    Diría como conclusión que resulta igual de escandaloso que unos contratistas defrauden al Estado a que el propio Estado no tenga ningún interés en castigar a los defraudadores.

    Dejamos para superespecialistas la cuestión de si estos arrendatarios eran realmente de la clase u “ordo” (orden) de los “publicanos”, así como sobre la historicidad de los contratos de aprovisionamiento para el ejército, porque esto parecer ser un caso aislado en el contexto histórico de finales del siglo III a.C.

    En todo caso, no hace falta ser muy imaginativo para establecer la semejanza con situaciones actuales en las que grandes delincuentes poderosos evitan la acción de la Justicia, gestionada en gran medida por personas afines a su grupo social. Es cierto que las situaciones antiguas y modernas no son exactamente iguales y no debemos exagerar en el parecido, pero una vez más podemos reafirmar el lema de este blog, “Nihil novum sub sole”, “Nada nuevo bajo el sol”.

    Como viene siendo exigencia de este blog, lo afirmado ha de ser constatado en los textos existentes, de los que no se juzga su valor como documentos históricos sino simplemente su existencia, y por ello nada mejor que reproducir lo escrito por Tito Livio:

    En un artículo posterior explicaré hasta qué punto los intereses de los particulares y sus empresas se confunden con los públicos y estatales.

    Ab Urbe condita, XXV,3: [25,3]

    Q. Fulvio Flaco y Ap. Claudio tomaron posesión del consulado, siendo éste el tercero de Fulvio. Los pretores sortearon sus provincias: P. Cornelio Sila obtuvo la jurisdicción de la ciudad y la de los extranjeros, que antes estaban separadas; Cn. Fulvio Flaco, la Apulia; C. Claudio Nerón Suesula y M. Junio Silano la Etruria. Los cónsules quedaron encargados de la guerra contra Aníbal, mandando cada uno dos legiones; debiendo recibirlas, el uno de Q. Fabio, cónsul del año anterior, y el otro, de Fulvio Centumalo. En cuanto a los pretores, Fulvio Flaco debía tener las legiones que se encontraban en Luceria bajo el mando del pretor Emilio; Claudio Nerón, las que servían a las órdenes de C. Terencio en el Piceno. Uno y otro estaban encargados de hacer nuevas levas para completar el ejército. M. Junio tuvo contra los etruscos las legiones urbanas del año anterior. T. Sempronio Graco y P. Sempronio Tuditano conservaron sus tropas y sus mandos, el uno en Lucania y el otro en la Galia. P. Léntulo conservó también la antigua provincia de Sicilia. M. Marcelo Siracusa y el reino de Hierón; T. Otacilio la flota; M. Valerio la Grecia; Q. Mucio Scévola, la Cerdeña, y los dos Escipiones las Españas.

    A los antiguos ejércitos se añadieron dos legiones urbanas que levantaron los cónsules, con las que se elevó en este año a veintitrés el número de las legiones. M. Postumio Pirgense se opuso a las levas que hacían los cónsules y produjo un movimiento que estuvo a punto de adquirir gravedad.

    Era Postumio un colector de impuestos que desde mucho tiempo no había tenido en la república igual para el fraude y la avidez, como no fuese T. Pomponio Veyetano, hecho prisionero en el año anterior por Hannón y los cartagineses, durante su temeraria expedición en Lucania. Como el Tesoro público respondía de las pérdidas en caso de tempestad en cuanto al material transportado para el ejército, supuso naufragios que no habían ocurrido, y hasta los verdaderos se debían al fraude y no a la casualidad. Cargaba con mercancías sin valor naves viejas inservibles y las hacía echar a pique en alta mar, cuidando de tener preparadas las barcas para salvar las tripulaciones; en seguida declaraba falsamente que las mercancías perdidas eran considerables.

    El pretor M. Atilio se enteró del fraude en el año anterior y lo denunció al Senado: sin embargo, no se dictó ningún senatus-consulto, no queriendo los senadores enemistarse en aquellas circunstancias con la clase entera de los publícanos. El pueblo castigó con más severidad aquel robo. Cierto día, los dos tribunos Sp. y L. Calvilio, excitados por sus quejas y viendo que estos amaños sublevaban la indignación y el desprecio de todos, condenaron a M. Postumio a una multa de doscientas mil piezas de moneda. El día en que el pueblo debía votar acerca de esta multa, fue tan numerosa la multitud que apenas cabía en la plaza del Capitolio. Oídos los defensores, parecía que Postumio no tenía más que un recurso, que C. Servilio Casca, pariente suyo y tribuno del pueblo, interviniese antes de que se llamase a votar las tribus. Cuando hubieron declarado los testigos, los tribunos mandaron retirarse al pueblo, y se llevó la urna (sitella allata) para que decidiese la suerte en qué orden habían de votar los latinos. Los publícanos estrechaban a Casca para que hiciese aplazar la decisión. El pueblo reclamaba, y Casca, que estaba sentado en el extremo del banco de los tribunos vacilaba entre la vergüenza y el temor. Viendo que no podían contar con él, los publícanos, para escapar a favor del tumulto, se precipitaron en el espacio que quedaba vacío y al que el pueblo no podía acercarse, disputando a la vez con el pueblo y los tribunos; y hubiese habido algún combate, si el cónsul Fulvio no hubiese exclamado dirigiéndose a éstos,  ¿No veis que tenéis que ceder y que es inminente una sedición si no os apresuráis a disolver la asamblea?» 

    Retiróse el pueblo y se convocó al Senado; los cónsules dieron cuenta de la violencia y audacia de los publícanos, que habían turbado la asamblea del pueblo. M. Furío Camilo, decían, a cuyo destierro siguió la ruina de Roma, se dejó condenar por sus conciudadanos irritados; antes que él, los decenviros, a quienes debe la república las leyes que la gobiernan, y otros muchos grandes ciudadanos, sufrieron el juicio del pueblo. Pero un Postumio Pirgense había querido forzar los votos populares; había obligado a disolverse una asamblea pública y a retirarse los tribunos; había presentado batalla al pueblo romano, tomado posición para impedirle que se comunicase con sus tribunos y a las tribus emitir sus votos. Si no había habido combate, si la sangre no había corrido, debíase a la moderación de los magistrados, que por un momento habían cedido al furor y la audacia de algunos individuos y porque se habían dejado vencer a la vez que el pueblo romano; que, en fin, para no dar ningún pretexto a los que solamente deseaban la lucha, habían disuelto, como quería Postumio, la asamblea del pueblo, que un acusado iba a imposibilitar por la violencia y las armas.» Todos los buenos ciudadanos que se encontraban en el Senado se declararon en el mismo sentido ante un hecho tan inaudito. El Senado declaró por un decreto que aquella tentativa era un ejemplo peligroso y un atentado contra la república. En el acto los dos Carvilios, tribunos del pueblo, prescindiendo de la multa, presentaron acusación capital contra Postumio, mandando a los lictores que le prendiesen si no presentaba caución y llevarle a las prisiones. Postumio dio caución y no compareció. A petición de los tribunos, el pueblo decidió que, «si M. Postumio no se presentaba antes de las kalendas de Mayo, si no contestaba este día cuando se leyese su nombre, o si no se admitían sus excusas, sería desterrado, vendidos sus bienes y se le prohibirían el agua y el fuego En seguida acusaron sucesivamente los tribunos de crimen capital a todos los que promovieron aquel tumulto y les obligaron a dar caución. Al principio los que no la dieron y después hasta los que podían darla fueron encarcelados; de manera que, para evitar este peligro, la mayor parte se desterraron. De esta manera se castigó el fraude de los publícanos y la audacia con que lo sostuvieron. Poco después se celebraron comicios para la elección de pontífice máximo, presidiéndolos el nuevo pontífice M. Cornelio Cethego. (Traducción de Francisco Navarro y Calvo. Madrid,1888)

    Q. Fulvius Flaccus tertium Appius Claudius consulatum ineunt.  et praetores provincias sortiti sunt, P. Cornelius Sulla urbanam et peregrinam, quae duorum ante sors fuerat, Cn. Fulvius Flaccus Apuliam, C. Claudius Nero Suessulam, M. Iunius Silanus Tuscos. consulibus bellum cum Hannibale et binae legiones decretae; alter a Q. Fabio superioris anni consule, alter a Fulvio Centumalo acciperet;  praetorum Fulvi Flacci quae Luceriae sub Aemilio praetore, Neronis Claudi quae in Piceno sub C. Terentio fuissent legiones essent; supplementum in eas ipsi scriberent sibi. M. Iunio in Tuscos legiones urbanae prioris anni datae. Ti. Sempronio Graccho et P. Sempronio Tuditano imperium provinciaeque Lucani et Gallia cum suis exercitibus prorogatae;  item P. Lentulo qua vetus provincia in Sicilia esset, M. Marcello Syracusae et qua Hieronis regnum fuisset; T. Otacilio classis, Graecia M. Valerio, Sardinia Q. Mucio Scaevolae, Hispaniae. et Cn. Corneliis. ad veteres exercitus duae urbanae legiones a consulibus scriptae, summaque trium et viginti legionum eo anno effecta est. dilectum consulum M. Postumii Pyrgensis cum magno prope motu rerum factum impediit. publicanus erat Postumius, qui multis annis parem fraude avaritiaque neminem in civitate habuerat praeter T. Pomponium Veientanum, quem populantem temere agros in Lucanis ductu Hannonis priore anno ceperant Carthaginienses. hi, quia publicum periculum erat a vi tempestatis in iis quae portarentur ad exercitus et ementiti erant falsa naufragia et ea ipsa quae vera renuntiaverant fraude ipsorum facta erant, non casu. in veteres quassasque naves paucis et parvi pretii rebus impositis, cum mersissent eas in alto exceptis in praeparatas scaphas nautis, multiplices fuisse merces ementiebantur. ea fraus indicata M. Aemilio praetori priore anno fuerat ac per eum ad senatum delata nec tamen ullo senatus  consulto notata, quia patres ordinem publicanorum3 in tali tempore offensum nolebant. populus severior vindex fraudis erat, excitatique tandem duo tribuni plebis, Spurius et L. Carvilii, cum rem invisam infamemque cernerent, ducentum milium aeris multam M. Postumio dixerunt. cui certandae cum dies advenisset, conciliumque tam frequens plebis adesset ut multitudinem area Capitolii vix caperet, perorata causa una spes videbatur esse si C. Servilius Casca tribunus plebis, qui propinquus cognatusque Postumio erat, priusquam ad suffragium tribus vocarentur, intercessisset.  testibus datis tribuni populum summoverunt, sitellaque lata est, ut sortirentur ubi Latini suffragium ferrent.  interim publicani Cascae instare ut concilio diem eximeret; populus reclamare; et forte in cornu primus sedebat Casca, cui simul metus pudorque animum versabat. cum in eo parum praesidii esset, turbandae rei causa publicani per vacuum summoto locum cuneo inruperunt iurgantes simul cum populo tribunisque.,  nec procul dimicatione res erat cum Fulvius consul tribunis “nonne videtis” inquit “vos in ordinem coactos esse et rem ad seditionem spectare, ni propere dimittitis plebis concilium?”. plebe dimissa senatus vocatur et consules referunt de concilio plebis turbato vi atque audacia publicanorum:  M. Furium Camillum, cuius exilium ruina urbis secutura fuerit, damnari se ab iratis civibus passum esse;  decemviros ante eum, quorum legibus ad eam diem viverent, multos postea principes civitatis iudicium de se populi passos:  Postumium Pyrgensem suffragium populo Romano extorsisse, concilium plebis sustulisse, tribunos in ordinem coegisse, contra populum Romanum aciem instruxisse, locum occupasse, ut tribunos a plebe intercluderet, tribus in suffragium vocari prohiberet. nihil aliud a caede ac dimicatione continuisse homines nisi patientiam magistratuum, quod cesserint inpraesentia furori atque audaciae paucorum vincique se ac populum Romanum passi sint et comitia,  quae reus vi atque armis prohibiturus erat, ne causa quaerentibus dimicationem daretur, voluntate ipsi sua sustulerint. haec cum ab optimo quoque pro atrocitate rei accepta essent, vimque eam contra rem publicam et pernicioso exemplo factam senatus decresset,  confestim Carvilii tribuni plebis omissa multae certatione rei capitalis diem Postumio dixerunt ac, ni vades daret, prendi a viatore atque in carcerem duci iusserunt.  Postumius vadibus datis non adfuit.  tribuni plebem rogaverunt plebesque ita scivit, si M. Postumius ante kal. maias non prodisset citatusque eo die non respondisset neque excusatus esset, videri eum in exilio esse bonaque eius venire, ipsi aqua et igni placere interdici.  singulis deinde eorum qui turbae ac tumultus concitatores fuerant, rei capitalis diem dicere ac vades poscere coeperunt.  primo non dantis, deinde etiam eos qui dare possent in—carcerem coiciebant; cuius rei periculum vitantes plerique in exilium abierunt.  hunc fraus publicanorum, deinde fraudem audacia protegens exitum habuit.  comitia inde pontifici maximo creando sunt habita; ea comitia novus pontifex M. Cornelius Cethegus habuit.

  • A las puertas del Imperio Romano/ A las puertas de Europa

    La Historia no se repite pero a veces ocurren hechos en momentos diferentes que tienen alguna semejanza. Por eso llamamos a la Historia Magistra vitae. Véase artículo https://www.antiquitatem.com/cervantes-dia-mundial-del-libro. En estos tiempos actuales aparecen de vez en cuando comparaciones entre la caída del Imperio Romano y los momentos actuales de tensiones entre el Oriente y el Occidente. Más en concreto se aprecian similitudes entre los acontecimientos del año 378 que acaban con la derrota de los romanos en Adrianópolis, actual ciudad de Edirne en la Turquía actual junto a las fronteras actuales de Grecia y Bulgaria, y la muerte del emperador Valente en la batalla, y las guerras de Iraq y Siria, que mueven de un sitio para otro a millones de desplazados fugitivos.

    No pretendo llevar la comparación hasta el  límite que algunos “ideólogos”, sin duda interesados, pretenden al afirmar que así como la admisión de los “bárbaros” acabó con el Imperio Romano, del mismo modo la admisión lde tantos fugitivos e inmigrantes, casi todos musulmanes, acabará con la “civilización occidental”. Es esta una conclusión exagerada, en muchos casos xenófoba, de rechazo al diferente.

    No seguiré yo por ese camino, sin desconocer por ello, los graves problemas que una intervención poco reflexionada de Occidente en Oriente, intervención en el  fondo egoísta e imperialista, ha ocasionado.

    Me limitaré a transcribir unos textos de la Historia de Amiano Marcelino, referidos a los años citados,  en los que la política errática y egoísta de los emperadores romanos respecto de la admisión de inmigrantes y fugitivos de la guerra, produce efectos que nos recuerdan con toda claridad a algunos episodios actuales.

    Las fronteras del Imperio están en el Danubio, llamado entonces Ister, que desde el centro de Europa va a desembocar al Mar Negro. Al otro lado habitan varias tribus godas y más al Este pueblos desconocidos, de los que se cuentan crueldades sin límite y formas de vida muy alejadas de la civilización occidental. Uno de estos pueblos es el de los alanos y otro el de los hunos, de los que corren todo tipo de rumores sobre su salvajismo y crueldad.

    Pues bien, los hunos se alían con los alanos, no menos rudos y salvajes, y empujan a los godos, más civilizados e incluso cristianizados (arrianos),  hasta la frontera del Danubio, río de un enorme caudal difícil de atravesar.

    Los godos piden al emperador que  les permita entrar en el Imperio y que  les asiente en ese espacio privilegiado de paz y de riqueza.

    Sería fácil traducir todo esto a un lenguaje moderno: los hunos y su crueldad son el ISIS o DAESH y sus vilezas, los godos son inmigrantes o refugiados que huyen de la guerra, el Imperio Romano es la Unión Europea, la política indecisa, contradictoria y egoísta del emperador es la de Bruselas y restantes países europeos, algunos detalles concretos, como los del transporte,  pretensiones de control de los fugitivos y corrupción en la gestión de la ayuda, son tan semejantes a los actuales que producen ciertamente asombro.

    Poco importa que estos hechos ocurran un poco más al norte que los actuales, en Tracia, en un territorio que hoy correspondería parte a Turquía y parte a Bulgaria. Ahora ocurren un poco más al sur y al este, entre Siria-Turquía y las islas griegas cercanas como Lesbos.

    Dejo a la consideración del lector el extraer alguna conclusión si es que se debe extraer, pero la Historia debería servir para no cometer los mismos errores en situaciones parecidas y para entender mejor algunos hechos y sus causas.

    Antigua Tracia proyectada sobre el mapa político actual. La línea azul corresponde al curso del Danubio y el punto rojo a la situación de Adrianópolis, en la actual Turquía, muy cerca de las fronteras griega y búlgara, es decir, en las puertas de Europa; en verde la isla griega de Lesbos.

    El que mejor nos lo cuenta  es Amiano Marcelino, escritor griego que nació hacia el año 330, aunque escribe en Latín,  en sus Historias (Rerum Gestarum Libri XXXI) en el libro 31.

    Nota: la traducción utilizada es la de María Luisa Harto Trujillo, en Editorial Akal.

    Comienza el libro con un  párrafo, que aligerado de la afición romana a los presagios, es ciertamente clarividente:

    31.1.1: Mientras tanto, la rápida rueda de la Fortuna, alternando como siempre desgracias y éxitos, armó tanto a Belona (diosa de la guerra) como a sus compañeras las Furias, y produjo en Oriente tristes calamidades, que fueron presagiadas clara y verazmente por augurios y portentos.

    31.2.1 Personalmente creemos que la semilla de todo este desastre y el origen de las distintas desgracias avivadas por Marte (dios de la guerra) –que encendió y agitó la situación con insólitas chispas- es el siguiente:

    El pueblo de los hunos, poco nombrado en las historias de la antigüedad, habita al otro lado de la pantanosa Meotis, junto a un helado océano, y sobrepasa todos los límites de la crueldad.

    Amiano, recogiendo la opinión popular, pinta a los hunos con los más terroríficos rasgos:

    31.2.3 Con aspecto humano a pesar de su rudeza, llevan una vida tan agreste que no precisan fuego, ni alimentos sabrosos, sino tan sólo raíces de hierbas salvajes. Se alimentan con carne de cualquier animal casi cruda, ya que tan sólo la calientan ligeramente colocándola entre sus piernas y los lomos de sus caballos.
    ….

    31.2.5 Se cubre con telas de lino o con pieles de ratones silvestres y llevan siempre la misma ropa…

    Los describe también como extraordinarios jinetes y duros guerreros sin temor por su propia vida y naturalmente, desleales, volubles, irracionales y sin respeto por los dioses:

    31.2.11 Son desleales y volubles en los acuerdos… Semejantes a animales irracionales, no distinguen en absoluto entre lo honesto y lo deshonesto. Sus palabras son ambiguas y enrevesadas, y jamás han respetado una creencia o religión….

    31.2.12 Este pueblo rudo e indomable, ávido de apoderarse de lo ajeno, gracias a sus rapiñas y a las matanzas de pueblos vecinos, a los que han hecho sucumbir, han extendido sus dominios hasta los alanos, llamados antiguamente masagetas.

    Describe a continuación a los numerosos pueblos que habitan al otro lado del Ister, de manera especial a los alanos, que se extienden hacia Oriente y “se dividen en naciones amplia y populosas” vagando de un sitio para otro con sus ganados y sus carretas, sin un lugar fijo donde aposentarse.

    De la fiereza de los “alanos” en la guerra puede darnos idea el siguiente párrafo:

    31.2.22 …. Además, cuando matan a un hombre, nada les enorgullece más como prenda triunfal que arrancarle la cabeza, cortarle el cuero cabelludo y colocarlo sobre sus caballos a modo de adornos de guerra.

    Pues bien, según nos relata Amiano se produce una terrible alianza: Estos pueblos provocan movimientos masivos de godos (que ya mantenían relaciones con los romanos e incluso habían sido cristianizados) hacia las fronteras romanas:

    31.3.8 …  Sin embargo, como entre los restantes godos se había extendido el rumor de que una nación desconocida hasta entonces, semejante a un alud de nieve que se precipita desde lo alto de las montañas, estaba destruyendo y saqueando todo lo que encontraba a su paso, la mayor parte de las gentes, que habían dejado ya solo a Atanarico debido a la escasez de productos necesarios, intentaron buscar un nuevo hogar alejado y desconocido por los bárbaros.

    Después de pensarse durante bastante tiempo el sitio al que irían, creyeron que Tracia sería una buena elección por dos razones: por la gran fertilidad de su suelo y porque, gracias a su anchura del curso de Danubio, estaba alejada de las tierras que estaban ya expuestas a los desastres de la guerra contra los bárbaros.

    Todos estuvieron de acuerdo con esta idea.

    Y ahora comienza el relato del terrible éxodo, que tantas similitudes tiene con la actualidad:

    31.4 La mayor parte de los godos conocidos como tervingos, expulsados de sus tierras, son conducidos por los romanos a Tracia con el consentimiento de Valente (el emperador) después de que prometen entregar a cambio recompensas y ayuda militar. También los godos gretungos atraviesan a escondidas el Íster sobre sus naves.

    31.4.1 Así pues, conducidos por Alavivo, ocuparon la orilla del Danubio y enviaron a Valente mensajeros que suplicaron humildemente ser recibidos, prometiendo que llevarían una vida tranquila y que, si la situación así lo exigía, le prestarían ayuda militar.

    31.4.2 Mientras se producían estos hechos en el exterior, rumores terribles difundieron que las gentes del norte estaban soportando calamidades insólitas y peores que las ocurridas hasta el momento. Y es que en toda la zona que se extiende desde los marcomanos y los cuados hasta el Ponto, una multitud bárbara de pueblos desconocidos, expulsados de su territorio por un ataque inesperado, se habían diseminado en torno al Íster junto con sus familias.

    31.4.3. Al principio, los nuestros se mostraron reticentes a aceptar este pacto, porque en aquellas regiones so solían escucharse noticias de guerras lejanas hasta que estas habían terminado y se habían calmado ya.

    31.4.4 Pero cuando la noticia fue confirmándose y se vio reforzada, además, por la llegada de los legados extranjeros que suplicaban que recibiéramos a su pueblo en nuestra orilla del río, se produjo más alegría que temor. Además, aduladores expertos alababan la buena fortuna del príncipe, que había conseguido un contingente de tropas  tan numerosas y procedentes de tierras muy alejadas, de manera que, casi sin esperarlo, uniendo sus propias tropas y las extranjeras, tendría un ejército invencible.

    Y añadían que, aparte de la ayuda militar que las provincias aportarían anualmente, su tesoro se vería incrementado con una gran cantidad de oro.

    31.4.5. Movidos por la esperanza de alcanzar lo prometido,enviaron a varios oficiales con vehículos apropiados para transportar a esta salvaje nación. Y pusieron todo el empeño posible para que no quedara nadie que pudiera atacar en el futuro al pueblo romano, ni siquiera alguien afectado por una fatal enfermedad.

    Así pues, una vez que el emperador consintió que esa gente atravesara el Danubio y se asentara en regiones de Tracia, se les transportó apiñados durante varios días y noches a bordo de naves, barcas y troncos de árboles ahuecados.

    Pero como este río era, con mucho, el más peligroso de todos y, además, estaba crecido entonces por la gran cantidad de lluvia caída, su enorme caudal hizo que se ahogaran muchos que intentaban luchar contra la fuerza de las aguas.

    31.4.6 Lo cierto es que la avidez y el empuje de estos hombres fue causando de este modo la destrucción del mundo romano.

    Ahora bien, no es ni desconocido ni incierto que los infaustos encargados de transportar a este pueblo bárbaro intentaron en varias ocasiones contarlos, pero desistieron frustrados de este intento ya que, como menciona el famoso poeta: “El que quiera saber esto es como si quisiera saber cuántos granos de arena del desierto Libio son arrastrados por el Céfiro”. (Vigilio, Geórgicas, 2,106)

    31.4.7 Que recuerden historias antiguas cómo fueron conducidas a Grecia las tropas persas, pues mientras narran cómo levantaban puentes en el Helesponto y buscaban el mar a los pies del monte Atos mediante una construcción laboriosa (construyendo un canal) contando los batallones del ejército en Dorisco, toda la posteridad lo ha considerado como fábulas.

    31.4.8 Porque cuando ingentes muchedumbres se extendieron y se diseminaron por las provincias, asentándose en las amplias llanuras y llenando todos los valles y las cimas de las montañas, también entonces, con este nuevo ejemplo, se confirmó la veracidad de los relatos de la antigüedad.

    Primero fueron recibidos Frigiterno y Alavivo, a quienes elemperador había ordenado que se les entregaran alimentos para la ocasión y campos que cultivar.

    31.4.9 Durante este tiempo, cerradas ya las fronteras de nuestro territorio, mientras las tropas bárbaras se esparcían como cenizas del Etna, el difícil trance que estábamos viviendo reclamaba la presencia de personas de brillantez probada que remediaran la situación similar.

    Pero, como si les guiara una divinidad adversa, buscaron a hombres corruptos para ponerles al  frente del poder castrense. Entre ellos sobresalían Lupicino y Máximo, el uno comandante general en Tracia, el otro un líder criminal, pero ambos de igual temeridad.

    31.4.10 La peligrosa ambición de estos dos hombres  fue la causa de todos los males. Pues, para omitir otros delitos que, por causas funestas, o los cometieron ellos mismos, o bien permitieron que se cometieran contra extranjeros que llegaban sin culpa alguna, bastará mencionar un hecho lamentable e insólito que no tendría perdón ni siquiera si fueran ellos mismos quienes lo juzgaran.

    31.4.11 Y es que, cuando los bárbaros que habían sido conducidos a esas regiones lo estaban pasando mal por la falta de alimento, estos abominables generales planearon comerciar del siguiente modo: reunieron todos los perros que su ambición pudo hallar por cualquier parte y se los entregaron a cambio de obtener un esclavo por cada perro, dándose incluso el caso de que, entre éstos, figuraban hijos de los nobles bárbaros.

    31.4.12 Durante esos mismos días, Viterico, rey de los greutungo, así como Alateo y Saphrax, a cuya voluntad estaba sometido, además de Farnobio, al acercarse a la orilla del Danubio, enviaron rápidamente mensajeros al emperador para que le suplicaran que también ellos fueran acogidos y tratados con humanidad.

    31.4.13 Pero como los mensajeros no fueron recibidos, ya que ésta era la decisión que, según parecía, favorecía al bien común, se angustiaron sin saber bien qué hacer.
    …..
    31.5. Los tervingos, llevados por el hambre, la precariedad y los malos tratos recibidos, y comandados por Alavivo y Frigiterno, se rebelan contra Valente y se unen a Lupicino.

    31.5.1. En cuanto a los tervngos, a los que sí se les había permitido cruzar el río con anterioridad, se encontraban aún vagabundeando por los alrededores, ya que se encontraban con una doble dificultad: que, por la malvada actuación de los dos generales, no se les proporcionaban los víveres necesarios y, además, se veían inmersos en el abominable tráfico de esclavos antes mencionado.

    31.5.2 Al darse cuenta de su situación, ante los males que les atenazaban, empezaron a pensar que debían rebelarse. Pero Lupicino, temiendo esa posibilidad, envió soldados para que les obligaran a marchar con más rapidez.

    31.5.3 Los gretungos,entonces, aprovecharon esta oportunidad y, al ver que los soldados estaban ocupados en otra misión y que estaban varados los barcos que solían recorrer el río en ambas direcciones y que les prohibían cruzarlo, atravesaron la corriente en unas barcas rudimentarias y dispusieron su campamento muy lejos de Frigiterno.

    31.5.4 Pero éste, previsor como siempre y preparado frente a lo que pudiera suceder, intentó, por una parte, mantenerse leal al emperador, pero, por otra, seguir unido a los poderosos reyes godos, de manera que avanzó lentamente y, con esta treta llegó tarde a Marcianópolis. Allí se produjo otro hecho aún más atroz, que prendió ya las chispas del fuego que causaría la ruina general.

    31.5.5. Después de invitar a Alavivo y a Frigiterno a un banquete, Lupicino colocó soldados frente a la muchedumbre bárbara, manteniéndola así alejada de las murallas  y, cuando ésta pidió con súplicas una y otra vez que se les permitiera entrar para obtener los víveres necesarios, ya que se habían mostrado leales y sumisos a Roma, surgieron fuertes disputas entre los que estaban en el interior y los que estaban fuera, disputas que hicieron ya inevitable la lucha.

    Además, los bárbaros, furiosos y conscientes de que les estaban arrebatando a la fuerza a algunos de sus seres queridos, atacaron y mataron a un gran número de soldados.

    Bien, sigue Amiano describiendo la situación de miseria y desesperación que provoca revueltas y enfrentamientos.

    31.5.8 Cuando la Fama, esa malvada incitadora de rumores, difundió estos hechos, toda la nación de los tervingos ardió de ganas de luchar y, entre otros hechos temibles que presagiaban los mayores peligros, con los estandartes izados según la costumbre, rodeados ya por los tristes sones de las trompetas, se lanzaron en rabioso pillaje, saqueando villas, incendiándolas y llevando confusión y ruina a todos los lugares que hallarlo a su paso.

    Amiano nos cuenta cómo los godos, que habían sido acogidos anteriormente, se rebelan, matan a los habitantes de Adrianópolis, se unen a Frigiterno y se lanzan a saquear Tracia. En el saqueo se les van uniendo todos cuantos tenían una mala situación:

    31.6.5. … En este avance, aquellos a los que derrotaban o hacían prisioneros les mostraban ricos pueblos, sobre todo aquellos en los que se decía que había una gran abundancia de alimentos.

    Aparte de su confianza innata, les impulsaba otro hecho: y era que, cada día, se les iba uniendo una multitud de su propio pueblo, entre los que se encontraban gentes vendidas tiempo atrás por mercaderes, o aquellos que, cuando cruzaron por primera vez, y estaban medio muertos de hambre, habían sido intercambiados por un mal vino o por un insignificante pedazo de pan
    ….

    31.6.7. No es extraño que con tales guías no quedara nada intacto, con la excepción de los lugares inaccesibles y abruptos. Sin distinguir sexo o edad, toda aquella zona quedó devastada y fue presa de terribles incendios. Los hijos eran arrebatados del regazo de sus madres y asesinados. Se llevaron a madres, incluso después de que algunas hubieran quedado viudas y hubieran visto morir a sus maridos arrastrados entre los cadáveres de sus padres.

    31.6.8. Y, ya para terminar, muchos ancianos que clamaban que estaban ya hastiados de vivir, después de perder sus riquezas y a sus bellas esposas, eran arrastrados con las manos atadas a la espalda sobre las cenizas ardientes de sus propios hogares.
    ….

    Amiano nos narra con todo colorido las atrocidades propias de la guerra y cómo golpea sin piedad e indiscriminadamente a las personas y sus familias:

    31.8.7. Se vieron entonces hechos que producen horror sólo con verlos o contarlos: las mujeres, llenas de miedo, eran arrastradas a latigazos, a pesar de estar algunas de ellas incluso embarazadas y de tener que ver cómo sus fetos, antes de ver la luz, soportaban ya numerosas atrocidades. Se escuchaban lamentos de niños y de niñas de familias nobles que veían sus manos atadas en una terrible cautividad.

    31.8.8. Detrás de ellos venían jóvenes y castas doncellas que lloraban con gesto crispado y preferían morir torturadas antes que ver mancillado su honor. Entre ellas, arrastrado como una bestia, aparecía un hombre antes noble, rico y libre, que criticaba tu impiedad y tu crueldad, Fortuna, porque en un instante le habías arrancado sus riquezas, el cariño de sus seres queridos y su hogar, un hogar que vio envuelto en cenizas y destrucción, y porque, además, le consagraste a un sangriento vencedor, ya para que lo dilacerara por partes ya para servirle como esclavo entre latigazos y torturas.

    Creo que en nada desmerece la narración de Amiano de las crónicas y reportajes visuales que los cronistas de hoy nos ofrecen sobre episodios de la guerra de Siria.

    Invito al lector a que complete la lectura del resto del libro 31 de la Historia de Amiano, donde se relatan guerras y batallas de enorme crueldad, en esta y otras zonas de las fronteras, hasta llegar al final con la narración del episodio de mayor  gravedad y eco en la Antigüedad: llega el momento en que es el propio emperador, el Augusto Valente, el que interviene directamente en la lucha y precipita la batalla de Adrianópolis para no compartir el triunfo con su sobrino Graciano, que victorioso viene en su ayuda.  Valente pierde la batalla y muere quemado refugiado en una cabaña.  Para muchos historiadores esta es la evidencia del inicio de la inexorable “caída del Imperio”.

    Leamos cómo narra Amiano la muerte de Valente el día 9 de agosto del año 378:

    31.13.11 …. La oscuridad de esa noche, en la que no brillaba la luna, terminó con este desastre irreparable, que supuso una gran calamidad para los romanos.

    31.13.12 Parece que en los primeros momentos de oscuridad, aunque nadie afirma haberlo visto o haber estado allí cerca, el emperador, cuando se encontraba entre los soldados rasos, cayó herido de muerte por una flecha, después de lo cual lanzó un último suspiro y murió,si bien su cuerpo no fue hallado en parte alguna. Y es qu, como algunos enemigos permanecieron durante bastante tiempo en esa zona para desvalijar a los muertos, ninguno de los huidos o de los habitantes osó acudir allí.

    31.13.14 Otros dicen que Valente no murió enseguida, sino que fue conducido junto con unos pocos guardaespaldas y eunucos a una cabaña, que contaba con un segundo piso bien protegido. Y allí, mientras es atendido por manos inexpertas, rodeados por enemigos que ignoraban quién era él, se libró de la deshonra de la cautividad.

    31.13.15 Porque, cuando los que le perseguían intentaron romper las puertas, cerradas a cal y canto, fueron atacados con flechas disparadas desde un balcón de la casa.  Entonces, para que estademora no les hiciera perder ni un minuto en su intento de saqueo. Recogieron teas y leña, las amontonaron junto a la casa, prendieron fuego y, así, quemaron tanto el edificio como a sus moradores.

         (Traducción de María Luisa Harto Trujillo, Editorial Akal.)

    Las consecuencias fueron que en el año 382, cuatro años después de la batalla de Adrianópolis, Teodosio firmó un tratado que garantizaba a los godos el disfrutar de autonomía dentro del Imperio, y a pesar de ello en el año 395 atacaron Constantinopla, entre el 395 y 397 invadieron Macedonia, Tesalia, Grecia; entre el 401 y el 402 invaden Italia y en el 410 saquean Roma. En el año 456 entraron en Hispania, en el extremo occidental del Imperio.

    En el año 475 Rómulo Augústulo (el Pequeño Augusto, tan sólo tenía 15 años) fue depuesto por Odoacro, rey de los hérulos y con el acaba el Imperio de Occidente.

    Texto latino

    31.1.1: Inter haec  Fortunae volucris rota, adversa prosperis  semper alternans, Bellonam furiis in societatem adscitis, armabat, maestosque transtulit ad Orientem eventus, quos adventare praesagiorum fides clara monebat, et portentorum.

    31.2.1 Totius autem sementem exitii et cladum originem diversarum, quas Martius furor incendio insolito 1 miscendo cuncta concivit, hanc comperimus causam. Hunorum gens monumentis veteribus leviter nota, ultra paludes Maeoticas glacialem oceanum accolens, omnem modum feritatis excedit.

    31.2.3 In hominum autem figura, licet insuavi, ita victu  sunt asperi, ut neque igni neque saporatis indigeant cibis, sed radicibus herbarum agrestium, et semicruda cuiusvis pecoris carne vescantur, quam inter femora sua equorumque  terga subsertam, fotu calefaciunt brevi.
    ….
    31.2.5 Indumentis operiuntur linteis vel ex pellibus silvestrium murum consarcinatis; nec alia illis domestica vestis est, alia forensis.

    31.2.11 Per indutias infidi et inconstantes, ad omnem auram incidentis spei novae perquam mobiles, totum furori incitatissimo tribuentes. Inconsultorum animalium ritu, quid honestum inhonestumve sit, penitus ignorantes, flexiloqui et obscuri, nullius religionis vel superstitionis reverentia aliquando districti, …

    31.2.12 Hoc expeditum indomitumque hominum genus, externa praedandi aviditate flagrans immani, per rapinas finitimorum grassatum et caedes, ad usque Halanos pervenit, veteres Massagetas, …

    31.2.22 …nec quicquam est quod elatius iactent, quam homine quolibet occiso, proque exuviis gloriosis interfectorum, avulsis capitibus, detractas pelles pro phaleris iumentis accommodant bellatoriis.

    31.3.8 …  Fama tamen late serpente per Gothorum reliquas gentes, quod invisitatum  antehac hominum genus, modo, nivium ut turbo montibus celsis, ex abdito sinu coortum apposita quaeque convellit et corrumpit: populi pars maior, quae Athanaricum attenuata necessariorum penuria deseruerat, quaeritabat domicilium remotum ab omni notitia barbarorum, diuque deliberans, quas eligeret sedes, cogitavit Thraciae receptaculum gemina ratione sibi conveniens, quod et caespitis est feracissimi, et amplitudine fluentorum Histri distinguitur ab arvis patentibus iam peregrini fulminibus Martis: hoc quoque idem residui velut mente cogitavere communi.

    31.4.1 Itaque duce Alavivo ripas occupavere Danubii, missisque oratoribus ad Valentem, suscipi se humili prece poscebant, et quiete victuros se pollicentes, et daturos (si res flagitasset) auxilia.

    31.4.2 Dum aguntur haec in externis, novos maioresque solitis casus versare gentes arctoas, rumores terribiles diffuderunt: per omne quicquid ad Pontum a Marcomannis praetenditur et  Quadis, multitudinem barbaram abditarum nationum, vi subita sedibus pulsam, circa flumen Histrum, vagari cum caritatibus suis disseminantes.

    31.4.3. Quae res aspernanter a nostris inter initia ipsa accepta est, hanc ob causam, quod illis tractibus non nisi peracta aut sopita audiri procul agentibus consueverant bella.

    31.4.4 Verum pubescente fide gestorum, cui robur adventus gentilium addiderat legatorum, precibus et obtestatione petentium, citra flumen suscipi plebem extorrem: negotium laetitiae fuit potius quam timori, eruditis adulatoribus in maius fortunam principis extollentibus, quae  ex ultimis terris tot tirocinia trahens, ei nec opinanti offerret, ut collatis in unum suis et alienigenis viribus, invictum haberet exercitum, et pro militari supplemento, quod provinciatim annuum pendebatur, thesauris accederet auri cumulus magnus.

    31.4.5. Hacque spe mittuntur diversi, qui cum vehiculis plebem transferant truculentam. Et navabatur opera diligens, nequi Romanam rem eversurus relinqueretur, vel quassatus morbo letali. Proinde permissu imperatoris transeundi Danubium copiam, colendique adepti Thraciae partes, transfretabantur in dies et noctes, navibus ratibusque et cavatis arborum alveis agminatim impositi, atque per amnem longe omnium difficillimum, imbriumque crebritate tunc auctum, ob densitatem nimiam contra ictus aquarum nitentes quidam, et natare conati, hausti sunt plures.

    31.4.6 Ita turbido instantium studio orbis Romani pernicies ducebatur. Illud sane neque obscurum est neque incertum, infaustos transvehendi barbaram plebem ministros, numerum eius comprehendere calculo saepe temptantes, conquievisse frustratos, ut eminentissimus memorat vates,

    ‘Quem qui scire velit, Libyci velit aequoris idem
    Discere, quam multae zephyro truduntur 2 harenae. (Virg., Georg. II, 106 ff.)

    31.4.7 Resipiscant tandem memoriae veteres, Medicas acies ductantes ad Graeciam: quae dum Hellespontiacos pontes, et discidio quodam fabrili, mare sub imo Athonis pede quaesitum exponunt et turmatim apud Doriscum exercitus recensitos, concordante omni posteritate, ut fabulosae sunt lectae.

    31.4.8 Nam postquam innumerae gentium multitudines, per provincias circumfusae, pandentesque se in spatia ampla camporum, regiones omnes et cuncta opplevere montium iuga, fides quoque vetustatis recenti documento firmata est. Et primus cum Alavivo suscipitur Fritigernus, quibus et alimenta pro tempore, et subigendos agros tribui statuerat imperator.

    31.4.9 Per id tempus nostri limitis reseratis obicibus, atque (ut Aetnaeas favillas armatorum agmina diffundente barbaria), cum difficiles necessitatum articuli correctores rei militaris poscerent aliquos claritudine gestarum rerum notissimos: quasi laevo quodam numine deligente, in unum quaesiti potestatibus praefuere castrensibus homines maculosi: quibus Lupicinus antistabat et Maximus, alter per Thracias comes, dux alter exitiosus, aemulae ambo  temeritatis.

    31.4.10 Quorum insidiatrix aviditas materia malorum omnium fuit. Nam (ut alia omittamus, quae memorati vel certe, sinentibus eisdem, alii perditis rationibus in commeantes peregrinos adhuc innoxios deliquerunt) illud dicetur, quod nec apud sui periculi iudices absolvere ulla poterat venia, triste et inauditum.

    31.4.11 Cum traducti barbari victus inopia vexarentur, turpe commercium duces invisissimi cogitarunt, et quantos undique insatiabilitas colligere potuit canes, pro singulis dederunt  mancipiis, inter quae et filii  ducti sunt optimatum.

    31.4.12 Per hos dies interea etiam Vithericus Greuthungorum rex cum Alatheo et Saphrace, quorum arbitrio regebatur, itemque Farnobio, propinquans Histri marginibus, ut simili susciperetur humanitate, obsecravit imperatorem legatis propere missis.

    31.4.13 …..Quibus (ut communi rei conducere videbatur) repudiatis, et quid capesserent anxiis, …

    31.5.1. At vero Theruingi, iam dudum transire permissi, prope ripas etiam tum vagabantur, duplici impedimento adstricti, quod ducum dissimulatione perniciosa, nec victui congruis sunt adiuti, et tenebantur consulto nefandis nundinandi commerciis.

    31.5.2 Quo intellecto, ad perfidiam instantium malorum subsidium verti mussabant, et Lupicinus ne iam deficerent pertimescens, eos admotis militibus adigebat ocius proficisci.

    31.5.3 Id tempus opportunum nancti Greuthungi, cum alibi militibus occupatis, navigia ultro citroque discurrere solita, transgressum eorum prohibentia, quiescere perspexissent, ratibus transiere male contextis, castraque a Fritigerno locavere longissime.

    31.5.4 At ille genuina praevidendi sollertia, venturos muniens casus, ut et imperiis oboediret, et regibus validis iungeretur, incedens segnius, Marcianopolim tarde pervenit itineribus lentis. Ubi aliud accessit atrocius, quod arsuras in commune exitium faces furiales accendit.

    31.5.5. Alavivo et Fritigerno ad convivium corrogatis, Lupicinus ab oppidi moenibus barbaram plebem, opposito milite, procul arcebat, introire ad comparanda victui necessaria, ut dicioni nostrae obnoxiam et concordem, per preces assidue postulantem, ortisque maioribus iurgiis inter habitatores et vetitos, ad usque necessitatem pugnandi est ventum. Efferatique acrius barbari, cum necessitudines hostiliter rapi sentirent, spoliarunt interfectam militum magnam manum.

    31.5.8 Haec ubi fama rumorum nutrix maligna dispersit, urebatur dimicandi studio Theruingorum natio omnis, et inter metuenda multa periculorumque praevia maximorum, vexillis de more sublatis, auditisque triste sonantibus classicis, iam turmae praedatoriae concursabant, pilando villas et incendendo, vastisque cladibus quicquid inveniri poterat permiscentes.

    31.6.5. Laudato regis consilio, quem cogitatorum norant fore socium efficacem, per Thraciarum latus omne dispersi caute gradiebantur, dediticiis vel captivis vices uberes ostendentibus, eos praecipue, ubi alimentorum reperiri satias dicebatur, eo maxime adiumento, praeter genuinam erecti fiduciam, quod confluebat ad eos in dies ex eadem gente multitude, dudum a mercatoribus venundati, adiectis plurimis quos primo transgressu necati inedia vino exili vel panis frustis mutavere vilissimis.

    31.6.7. Nec quicquam nisi inaccessum et devium praeeuntibus eisdem mansit intactum. Sine distantia enim aetatis vel sexus, caedibus incendiorumque magnitudine cuncta flagrabant, abstractisque ab ipso uberum suctu parvulis et necatis, raptae sunt matres et viduatae maritis coniuges ante oculos caesis, et puberes adultique pueri per parentum cadavera tracti sunt.

    31.6.8. Senes denique multi, ad satietatem vixisse clamantes, post amissas opes cum speciosis feminis, manibus post terga contortis, defletisque gentilium favillis aedium ducebantur extorres.

    31.8.7. tunc erat spectare cum gemitu facta dictu visuque praedira, attonitas metu feminas flagris concrepantibus agitari, fetibus gravidas adhuc immaturis, antequam prodirent in lucem, impia tolerantibus multa, implicatos alios matribus parvulos, et puberum audire lamenta, puellarumque nobilium, quarum stringebat fera captivitas manus.

    31.8.8. Post quae  adulta virginitas, castitasque nuptarum, ore abiecto, flens ultima ducebatur, mox profanandum pudorem optans morte (licet cruciabili) praevenire. Inter quae cum beluae ritu traheretur ingenuus paulo ante dives et liber, de te, Fortuna, ut inclementi querebatur et caeca, quae eum puncto temporis brevi opibus exutum et dulcedine caritatum, domoque extorrem, quam concidisse vidit in cinerem et ruinas, aut lacerandum membratim, aut serviturum sub verberibus et tormentis crudo devovisti victori.

    31.13.11  … Diremit haec numquam pensabilia damna, quae magno rebus stetere Romanis, nullo splendore lunari nox fulgens.

    31.13.12 Primaque caligine tenebrarum, inter gregarios imperator, ut opinari dabatur (neque enim vidisse se quisquam vel praesto fuisse adseveravit), sagitta perniciose saucius ruit, spirituque mox consumpto decessit, nec postea repertus est usquam. Hostium enim paucis spoliandi gratia mortuos per ea loca diu versatis, nullus fugatorum vel accolarum illuc adire est ausus.

    31.13.14 Alii dicunt Valentem animam non exhalasse confestim, sed cum candidatis et spadonibus paucis, prope ad agrestem casam relatum, secunda contignatione fabre munitam, dum fovetur manibus imperitis, circumsessum ab hostibus, qui esset ignorantibus, dedecore captivitatis exemptum.

    31.13.15 Cum enim oppessulatas ianuas perrumpere conati qui secuti sunt, a parte pensili domus sagittis incesserentur, ne per moras inexpedibiles populandi amitterent copiam, congestis stipulae fascibus et lignorum, flammaque supposita, aedificium cum hominibus torruerunt.

  • Baños, vino, sexo machacan el cuerpo, pero…. (Balnea vina Venus corrumpunt corpora, sed…)

    Según el esquema moralista de los historiadores y educadores romanos, los antiguos habitantes de Roma eran agricultores y ganaderos austeros, que luego se aficionaron a los placeres y se corrompieron influidos por el lujo griego y asiático después de las Guerras Púnicas y de la conquista de Grecia y de Oriente.

    Entre los diversos placeres a los que se acostumbraron destacan sin duda los baños, la buena mesa y el amor, es decir los placeres de la carne. De ellos en alguna medida, la palabra “baños” o “termas” es casi un sinónimo de “cultura romana”, porque no hay ciudad o conjunto urbano o privado de alguna importancia que no conste de unos buenos baños abastecidos por espectaculares acueductos.

    Son numerosos los textos literarios que cantan estos tres placeres tan humanos, para ensalzarlos o para criticar su práctica y abuso amoral, porque es muy distinto de las “mores” o costumbres antiguas. Pero el tópico de “baños, vino y Venus, (es decir, amor o sexo o mujeres en un frecuente lenguaje machista hoy inaceptable y duramente criticado), al que a veces se añade “la comida”,  se extendió por todas las clases sociales hasta convertirse en dicho popular, en una versión popular del famoso “carpe diem” de Horacio. Véase: https://www.antiquitatem.com/carpe-diem-horacio-oda-poesia-latina

    En el caso del “placer de la bebida”, vina, recordemos la famosa frase “felices hispani quibus vivere est bibere”, a la que ya dediqué un artículo. Véase: https://www.antiquitatem.com/felices-hispani-quibus-vivere-est-bibere

    Es muy conocido y citado  un dístico de un epitafio aparecido en Roma, referenciado en el Corpus Inscriptionum Latinarum (CIL) con el número 15258, o en Carmina Latina Epigraphica (CLE) con el número 1499, o en Inscriptiones Latinae Selectae (ILS) 8157 = CLE 1499 que sintetiza perfectamente esta propuesta “hedonista”. 

    Nota. Hedonismo, del griego ἡδονισμός (hedonismos), de ἡδονή (hedone),  placer,  y el sufijo  -ισμός (-ismos) cualidad, doctrina, sistema.

    Se trata de un ejemplo de lo que algunas antologías y preceptivas literarias llaman  “verso serpentino”, en el que el fin del verso o dístico es lo mismo que el principio, como la serpiente que se muerde la cola, como por ejemplo éste de Juvenal, 14, 139:

    El deseo de dinero aumenta cuanto aumenta el propio dinero

    Crescit amor nummi quantum ipsa pecunia crevit.

    Algunos también hablan en estas composiciones de “quiasmo” o composición en “X”, del griego χιασμός (chiasmos), del nombre griego de la letra χ, X, que se pronuncia “ji, qui, chi”.

    La inscripción citada corresponde a una lápida funeraria o epitafio del siglo primero aparecida en Roma que una tal Merope dedica a su compañero Tiberius Claudius Secundus, que vivió la nada despreciable cantidad de 52 años, con el siguiente dístico bien simpático:

    Los baños, los vinos, Venus (el amor, el sexo,) machacan nuestros cuerpos,
    Pero la vida nos la dan los baños, los vinos, el amor.

    “balnea vina Venus corrumpunt corpora nostra
    Sed vitam faciunt b(alnea) v(ina) V(enus)

    El epitafio completo dice:

    Vivió LII (52) años.
    A los dioses Manes
    de Tiberio Claudio Segundo.
    Aquí tiene consigo todas las cosas.
    Los baños, los vinos, el sexo
    machacan nuestros cuerpos,
    pero la vida nos la proporcionan
    los baños, los vinos, el sexo.
    Para su querido compañero
    la hizo Merope, liberta de César,
    y para ella, y para sus familiares y los descendientes de ellos.

    V(ixit) an(nos) LII
    d(is) M(anibus)
    Ti(beri) Claudi Secundi
    hic secum habet omnia
    balnea vina Venus
    corrumpunt corpora
    nostra se<d=T> vitam faciunt
    b(alnea) v(ina) V(enus)
    karo contubernal(i)
    fec(it) Merope Caes(aris)
    et sibi et suis p(osterisque) e(orum)

    Fotografía del texto tal como aparecer en el Corpus Inscriptionum Latinarum.

    Sin duda es una máxima bien popular en el mundo antiguo. Así por ejemplo aparece también en una inscripción bilingüe de Gallipoli, actual Turquía, en  una cuchara con el mismo hexámetro:  Carmina Latina Epigraphica (CLE) 1923; (CIL III 12274c); (en la edición de  Carmina Latina Epigraphica, post editam collectionem Buechelerianam in lucem prolata. Conlegit Einar Engstrom, 1912  pag.42, núm. 148 ):

    Los baños, los vinos, el sexo hacen que los hados se apresuren

    balnea vina Venus faciunt properantia fata.

    Otro epitafio del siglo III d.C., de Ostia, incluye también el dístico con alguna variación que expresa la autosatisfacción y complacencia o tal vez jactancia de quien ha tenido una buena vida. Piénsese que el hecho de que frecuentemente sea el difunto, en primera persona, el que se dirige a los todavía vivos, le añade cierto matiz sarcástico cuando no de humor negro.

    El epitafio es el correspondiente al CIL XIV, 914 (o CLE 01318)

    A los dioses Manes de Cayo Domicio Primo. En esta tumba estoy yo, el conocido y famoso Primo. He vivido a base de Lucrinias (ostras de Lucrino); en muchas ocasiones he bebido vino de Falerno.  Baños,  vino y  sexo han envejecido conmigo durante años. Si he conseguido esto, que ahora me sea la tierra ligera. Y mientras tanto,  que el Fenix (Ave Fenix) me guarde junto a los Manes en el altar, mientras espera renacer junto a mí.  Este lugar para el enterramiento de C. Domicio Primo fue dado por los tres Messios, Hermeros, Pia y Pío.

    D(is) M(anibus)
    C(aius) Domiti Primi
    hoc ego su(m) in tumulo Primus notissi
    mus ille vixi Lucrinis pota<v=B>i saepe Fa
    lernum baln<e=I>a vina Venus mecum
    senuere per annos hec(!) ego si potui
    sit mihi terra lebis(!) et tamen ad Ma
    nes foenix(!) me serbat(!) in ara qui me
    cum properat se reparare sibi
    l(ocus) d(atus) funeri C(ai) Domiti Primi a tribus Messis Hermerote Pia et Pio

     

    Transcripción y fotografía del texto en el CIL

    Nota: J.M. Stowasser, sugiere con buen criterio enmendar la lectura de algunas palabras para mejor comprensión del epitafio:  "illex" por "ille", "tenuere" por "senuere", "seposui" por "si posui", y  "arca" por "ara", en  "Über ein paar anapästische lateinische Inschriften," in Dreißigster Jahresbericht über das k. k. Franz Joseph-Gymnasium in Wien, Schuljahr 1903/1904 (Wien: Selbstverlag des Gymnasiums, 1904),

    L. Robert cita en “Aphrodisias,”, Hellenica 13 (1965): 189) otro texto con un sentmiento similar: en griego.

    Al que viaja (al Hades) le son muy queridas las flores; ni el baño, ni la bebida, ni la comida, ni el sexo, te lo puedes llevar abajo (al Hades).

    El hecho de que esta máxima aparezca en epitafios le confiere un valor añadido, porque podemos interpretarlo como la afirmación objetiva de un buen vividor o epicúreo, no exenta de humor negro.

    Estas últimas inscripciones añaden a los placeres de bañarse, beber y disfrutar del amor, el de comer, de alguna manera implícito en el de “beber”. Son también numerosos los ejemplos en los que se resalta el placer de comer y en general la invitación a la buena vida. Todo ello viene sin duda prolongado y acrecentado durante la Edad Media y después por la rigidez del Cristianismo, que intenta imponer el ayuno y abstinencia. La respuesta popular, escéptica, epicúrea o mejor hedonistas, es “comamos y bebamos, que mañana moriremos”. Pero esto exige un artículo propio, que en algún momento haré, porque los ejemplos de inscripciones a ello referidas son numerosos.

    En realidad esta maxima y las similares tienen su origen en el epigrama griego anónimo de la Anthologia Palatina, 10,112: (colección de poemas griegos, generalmente breves, desde la época clásica a la bizantina):

    El vino y los baños y la práctica sexual hacen más rápido el camino al Hades.

    Nota: la palabra “antología” deriva de las griegas ἄνθος 'flor' y λέγω 'seleccionar', por lo que significa “selección de flores”, exactamente que la latina “florilegium”, española “florilegio”.  ramillete).

    Como decía, la máxima sigue vigente en la Edad Media y hasta nuestros días. Curiosamente, parece que desde la Edad Media ha disminuido si no desaparecido la afición a los baños y sin duda a la higiene en general; placer que no parece recuperarse hasta tiempos bien contemporáneos con la proliferación de SPAs. Véase https://www.antiquitatem.com/spa-salutem-per-aquam-termas  Pero si desaparece la referencia a los baños, suelen estar presentes numerosas variaciones, que en muchos casos manifiestan una clara condena y una propuesta moralizante. Citaré tan solo un ejemplo en español de un compendio del siglo XVIII:

    FLORILEGIUM LATINUM, SÍVE HORTUS PROVERBIORUM, Phrasium, et Syntaxeosque Chrysolitus amoenissimus. NON MODO LATINITATIS PERFECTAE Intelligentiae candidatis perutile, & accommodátum , verum etiam quám maxime necessarium.
    PER D. JOANNEM DE LAMA, QUARTA IMPRESSION. Con las Licencias necesarias .
    En Madrid : En la Imprenta de Miguel Escribano.  Año de 1769.

    Dentro del apartado ELEGANTIAE, SIVE CATONIANA carmina memoria perpetuo tenenda, que comienza en la página 320, hay una serie a partir de la página 329 titulada In peccatorem (para el pecador). Pues bien, en la pág. 330 dedica unos cuantos dísticos a los pecados del amor y del vino; entre otros:

    Balnea , vina , Venus virtütis vera venena:
    Ut virtus vigeat : vadite , vina Venus.

    Los baños, el vino, Venus (el sexo) son los verdaderos venenos de la virtud.
    Para que la virtud este fuerte, huid vino y Venus

    Balnea , vina , Venus , corrumpunt corpora nostra:
    corpora noftra sanant balnea , vina , Venus.

    El baño, el vino, Venus, corrompen nuestros cuerpos:
    Pero nuestros cuerpos los sanan el baño, el vino, Venus

    Pero eliminado el componente del baño o de la higiene por agua, la conjunción vina y Venus, vino y amor (vino y mujeres en su versión más popular y más machista) se ha mantenido potente hasta nuestros días,  desde la frecuencia con que aparecen en numerosas óperas, hasta su uso en canciones populares menos artísticas.

    Citaré tan sólo tres ejemplos, entre ellos el famoso brindis de la Traviata:

    Alfredo
    Bebamos alegremente de este vaso
    Resplandeciente de belleza
    Y que la hora efímera
    Se embriague de deleite
    Bebamos con el dulce estremecimiento
    Que el amor despierta
    Puesto que estos bellos ojos
    Nos atraviesan el corazón
    Bebamos porque el vino
    Avivará los besos del amor

    Coro
    Ah! Bebamos porque el vino
    Avivará los besos del amor.

    Violeta
    Yo quiero, yo quiero compartir
    Mi alegría con todos vosotros
    Todo en la vida es locura salvo el placer.
    Alegrémonos, el amor es rápido y fugitivo
    Es una flor que nace y muere
    Y del cual no siempre se puede disfrutar.
    Alegrémonos pues
    Una voz encantadora, ferviente nos invita.

    Coro
    Disfrutemos.  El vino y los cantos
    Y las risas embellecen la noche
    Y que el nuevo día nos devolverá al paraíso
    .
    Violeta
    La vida solo es placer.
    Alfredo
    Para aquellos que no conocen el amor.
    Violeta
    No hablemos de quien lo ignora.
    Alfredo
    Es mi destino
    Coro
    Disfrutemos El vino, el vino
    Y los cantos y las risas embellecen la noche.
    Y que, y que el nuevo día
    Nos devolverá  al paraíso, ah! Ah!
    -nos devolverá al paraíso
    Ah! Nos devolverá al paraíso, ah!ah!!ah nos devolverá al paraíso

    Alfredo
    Libiamo, libiamo ne’lieti calici
    Che la belleza inflora.
    E la fuggevol, fuggevol ora
    S’inebri a voluttà.
    Libiami ne’dolce fremiti
    Che suscita l’amore,
    Poiché quell’occhio
    Al core omnipotente va.
    Libiamo,amore,
    Amor fra i calici
    Piu caldi baci avrá.
    Coro
    Ah! Libiam,amor,
    Fra’calici
    Piu caldi baci avrà.
    Violetta
    Tra voi, tra voi
    Saprò dividere
    Il tempo mio giocondo;
    Tutto è follia, follia nel mondo
    Ciò che non è piacer
    Godiam, fugace e rapido è il Gaudio dell’amore,
    È un flor che nasce e muore,
    Ne più si può goder
    Godiamo, c’invita.
    C’invit un férvido accento lusinghier.
    Coro
    Godamo, la tazza,
    La tazza e il cantico,
    La notte abella e il riso;
    In questo, in questo paradiso
    ne scopra il nuovo di.
    Violetta
    La vita è nel tripudio
    Alfredo
    Quando non s’ami ancora
    Violetta
    Nol dite a chil’ignora.
    Alfredo
    È il mio destin così…
    Tutti
    Godiamo, la tazza,
    La tazza e il cantico,
    La notte abbella e il riso;
    In questo, in questo
    Paradiso ne scopra il nuovo di.

    También citaré el brindis de la Zarzuela-Opera española de Arrieta llamada ”Marina”, del que recojo tan solo algunas estrofas:

    CORO (masculino)
    Hasta el borde las copas llenemos,
    A gozar, a beber, a beber;
    Su espumoso licor apuremos,
    Que en su fondo se encuentra el placer


    CORO
    A beber, a beber, a apurar
    La copa del licor,
    Que el vino hará aumentar
    Los goces del amor.

    Haré también referencia, como contraste,  al muy machista, insufrible, y casposo pasodoble de Manolo Escobar, de notable éxito en nuestro país en su momento, titulado “Mujeres y vino”, cuyo estribillo, afín con el contenido del artículo, me permito reproducir (me resulta imposible citar el resto de la letra de este pasodoble, incluso para rechazarla por absurda y de infame calidad literaria.):

    Nota: “infame” es palabra derivada del griego φημί, femi,decir, hablar; que por tanto significa etimológicamente “indecible, impronunciable, indigno de ser dicho”, y es que los sentimientos nobles, como el patriotismo, deben ser proclamados, pero de la manera adecuada y en el contexto adecuado, porque si no su dignidad queda menoscabada.

    Viva el vino y las mujeres
    y las rosas que calienta nuestro sol.
    Viva el vino y las mujeres,
    que por algo son regalo del Señor.
    Y vivan
    los cuatro puntos
    cardinales de mi patria.
    Que vivan los cuatro juntos,
    que forman nuestra bandera
    y el escudo de mi España.

    ¡Vaya mezcla!

  • Todos los caminos conducen a Roma(Omnes viae Romam ducunt)

    Hoy no, pero hace dos mil años ciertamente todos los caminos conducían a Roma, que era la capital de un enorme imperio. Más de 380 vías principales o calzadas con más de 80.000 kms., permitían a sus legiones, a sus funcionarios, a sus ciudadanos salir y acudir con facilidad a la capital, Roma. Es curioso constatar cómo la dirección de todas las carreteras marcaban Roma como destino final, como si de los rayos o radios de una enorme circunferencia se tratara. Se extienden desde las Columnas de Hércules en Hispania o el “muro de Adriano” en Escocia hasta el Éufrates en Mesopotamia, del norte de Alemania hasta el desierto norteafricano. De ahí el dicho todos los caminos conducen a Roma.

    Esas 380 vías principales, (algunos citan tal vez con más exactitud 372, que son las que relaciona el Itinerarium Antonini del que más adelante hablaré, 34 de ellas referidas a Hispania),  que solían recibir el nombre de su promotor, iban confluyendo unas en otras hasta llegar a la capital, Roma, en la que entran 19, diecinueve: Salaria y Nomentana que confluían ya dentro de la muralla Aureliana; Tiburtina, a la que se unía la Collatina; La Praenestina y Labicana que se unían a otras dos, las LatinaAppiaSacra; Ardeatina que se unía a la Ostiensis que venía del puerto; Septizonium; Portuensis; Aurelia que se unía a la Portuensis; y la Flaminia.

    mapas del mundo antiguo en época de Adriano
    Mapa general en época de Adriano (125)
    mapa de las antiguas calzadas romanas
    Mapa de las antiguas calzadas romanas

    Nota: se llaman también “calzadas”, con un término del latín vulgar,  *calciāta , que significa camino empedrado; “calciata” deriva de calx,-cis, que significa piedra caliza (en español existen también cal, calcáreo, cálcico,calcificar y calcificación, calcinar,(compuesto de calx, cal y cinis,-eris, ceniza,por extensión, convertir cualquier cosa en  cenizas.) encalar, cálculo… (véase: https://www.antiquitatem.com/calculo-numeracion-romana-calcular ) No debe relacionarse el término con calzado, sustantivo y también participio del verbo calzar, que deriva de calzeus, derivado a su vez de otro calx,-cis que significa “talón”, de donde calcaño y calcañar, parte posterior de la planta del pie.

    Las vías se llaman también “viae stratae”, carreteras constituidas por estratos superpuestos de distintos tipos de piedra y grava, que las han hecho eternas. Precisamente de este nombre de las vías derivan el   italiano “strada”, inglés street, alemán Straße, holandés straat, gallego y portugués estrada.

    Una curiosidad: “Carretera” deriva de carreta y esta de carro, que tal vez no es originariamente una palabra latina sino celta, “carros”. Esto nos remite a la consideración de la importancia del llamado “substrato celta” en muchos de los territorios dominados por Roma. Por otra parte el “celta” está muy relacionado con el Latín porque ambas son lenguas indoeuropeas. Precisamente la raíz indoeuropea de esta palabra podría ser “*kers» , de la que también derivan o están relacionadas currere, (correr), cursar, corcel, sucursal, acosar de un previo “accursus”, etc.
    En otra ocasión hablaremos de las vías en general y de las de Hispania en particular.

    mapa de las vías romanas en España
    Mapa de las vías romanas en España

    Nota: Diré hoy, como curiosidad, que una de las vías más famosas en España, utilizada o conservada todavía hoy en muchos tramos, es la conocida como “Vía de la Plata”, que iba de Mérida (Augusta Emerita) hasta Astorga (Asturica Augusta), cuyo nombre nada tiene que ver con el del mineral tan apreciado en el mundo antiguo; en latín se llamaba “argentum”, nombre que sin duda le recordará al lector algunos derivados (argentífero, argénteo…). El nombre deriva de la denominación en el árabe de la época andalusí vía al-Balat, camino empedrado.

    Pues bien, en esta enorme red las vías eran señalizadas con hitos o mojones que marcaban las distancias y de paso recordaban a los autores o favorecedores de la carretera para su mayor honra y gloria. Esos hitos se llamaban miliarios porque se colocaban cada mil pasos, (una milla equivale a 1481 metros aproximadamente), como hoy los kilómetros se colocan cada mil metros una vez que aplicamos el sistema métrico decimal.

    Miliarios romanos de la localidad de Carcaboso (Cáceres)
    Miliarios de la localidad de Carcaboso (Cáceres)

    Como las vías o carreteras partían o llegaban a Roma como los radios de una enorme circunferencia, allí estaba colocado el miliario “0” como punto central, como hoy existe en la Puerta del Sol de Madrid el Kilómetro “0”,  del que parten todas las carreteras radiales que llegan a los rincones de España.

    Es curioso constatar cómo los Estados centralizados tuvieron en la Antigüedad como tienen hoy una disposición y estructura radial: para ir de una ciudad a otra se ha de pasar por el centro, en el que confluyen todos los caminos.

    Ese miliario 0 romano no se llamaba realmente así, porque los romanos no manejaban el cero, sino que para remarcar su importancia central le llamaron milliarium aureum, miliario de oro,  porque era de bronce bañado en oro, y fue colocado en el Foro, junto al templo de Saturno,  por Augusto en el año 20 antes de Cristo. Debió tener 3,45 metros de alto y 1,15 de diámetro la columna.

    Las distancias se medían por referencia a él.  No se conoce la inscripción grabada en esa columna, tal vez tan sólo el nombre el emperador Augusto o los nombres de las ciudades importantes del Imperio y las distancias como dan por hecho numerosos autores sin suficiente fundamento influenciados por las costumbres actuales, o quizás los nombres de los encargados del mantenimiento de la red viaria o “curatores viarum”.

    Dion Casio recuerda cómo Augusto fue nombrado curator viarum e hizo erigir el milliarium aureum, en  54.8,4, coincidiendo con la celebración de su triunfo sobre los Partos:

    Dion Casio, 54,8,4

    Pero todas estas celebraciones con ocasión de la recuperación de los estandartes fueron ejecutadas más tarde. En el momento del que estamos hablando, fue nombrado procurador de las vías en el entorno de Roma, y con esta autoridad erigió el llamado “miliario de oro”, y designó para mantener estas vías a antiguos pretores con dos lictores cada uno.

    Quizás en el momento en que se erigió esta columna, este miliario, se creó la frase “Todos los caminos conducen a Roma”.

    Al miliario áureo hacen referencia Plutarch, Galba 24.4; Pliny, Naturalis Historia 3.66; Tacitus, Historiae 1.27; Suetonius, Otho 6.2.

    Plutarco hace una referencia también al miliario como punto final de todas las carreteras romanas en la ocasión en que Otón está a punto de ser nombrado emperador suplantando a Galba:

    Plutarco, Galba 24.4

    Hallábase éste presente, a espaldas de Galba, y estaba muy atento a lo que Umbricio decía y anunciaba; y como se asustase y tuviese con el miedo muchas alteraciones en el color, el liberto Onomasto, que estaba a su lado, le dijo que le buscaban y le estaban aguardando en casa los arquitectos: porque ésta era la seña convenida del momento en que debía presentarse a los soldados. Añadiendo, pues, él mismo que, habiendo comprado una casa vieja, quería mostrar a los destajeros aquellas piezas que necesitaban reparos, se marchó, y, bajando por la casa llamada de Tiberio, fue a la plaza al sitio donde está la columna de oro, en que van a rematar todas las carreteras principales de la Italia. (Traducción de Ranz Romanillos)

    Tácito en Historias,1,27  y Suetonio en vida de Otón,6 relatan el mismo episodio y también hacen referencia al miliario de oro.

    También Plinio el Viejo, que nos ofrece amplia información sobre vías y ciudades, hace una referencia interesante en un texto en el que encarece las dimensiones e importancia de Roma, ciudad sin parangón en el mundo.

    Plinio, Naturalis Historia, III, 66-67

    Rómulo dejó la urbe teniendo tres puertas o cuatro (por dar crédito a los que dicen que eran más). El conjunto de sus murallas en el año ochocientos veintiséis de su fundación, siendo emperadores y censores los Vespasianos, comprendía trece mil doscientos pasos de contorno. Abraza las siete colinas y se divide en catorce distritos y hay doscientas sesenta y cinco capillas de crucero de los dioses Lares. La extensión de la ciudad, trazando una línea recta desde el miliario colocado en la cabecera del Foro Romano hasta cada una de las puertas que hay hoy en número de treinta y siete (si se cuentan como una las llamadas doce, y se prescinde de las siete antiguas que han dejado de existir), arroja un total de  veinte mil setecientos sesenta y cinco pasos en línea recta. Pero hasta el final de las edificaciones, comprendido el campo de los pretorianos, desde el mismo miliario, y a través de los diversos distritos, la longitud de todas las vías públicas alcanza un poco más de sesenta mil pasos. Si a eso se añadiera la altura de los edificios, se obtendría un cálculo ciertamente adecuado y se proclamaría que no hay en todo el orbe ciudad ninguna cuyo tamaño pudiera comparársele. (Traducción de Antonio Fontán para Editorial Gredos. 1998)

    Plin. Nat. 3.30  (o 3.66-67)

    Urbem tris portas habentem Romulus reliquit aut, ut plurimas tradentibus credamus, IIII. moenia eius collegere ambitu imperatoribus censoribusque Vespasianis anno conditae DCCCXXVI m. p. XIII:CC, conplexa montes septem. ipsa dividitur in regiones XIIII, compita Larum CCLXV, eiusdem spatium mensura currente a miliario in capite Romani fori statuto ad singulas portas, quae sunt hodie numero XXXVII, ita ut XII portae semel numerentur praetereantur ex veteribus VII, quae esse desierunt, efficit passuum per directum XX:M:DCCLXV. ad extrema vero tectorum cum castris praetoriis ab eodem miliario per vicos omnium viarum mensura colligit paulo amplius LX p. quod si quis altitudinem tectorum addat, dignam profecto aestimationem concipiat fateaturque nullius urbis magnitudinem in toto orbe potuisse ei comparari.

    Tenemos mucha información sobre las vías romanas y su trazado, no sólo en textos escritos sino también fruto de los estudios arqueológicos. Hay dos documentos de los que en otra ocasión trataré, que son especialmente importantes: el Itinerarium Antonini, Itinerario de Antonino y la Tabula Peuntingeriana .

    El primero, el Itinerarium Provinciarum Antonini Augusti, es un libro o guía de carreteras confeccionado a principios del siglo III de Cristo (217) en el que se relacionaban las rutas militares de la época de Caracalla, dando cuenta de las ciudades y las mansiones o ventas, similares a nuestras áreas de servicio,  y de las distancias entre ellas. El documento actual se basa en una copia del siglo IV y se publicó modernamente por primera vez en el año 1521.

    La segunda, la Tabula Peutingeriana, es una especie de mapa o mejor de esquema o dibujo plano que recoge las vías principales, señalando las ciudades y paradas de cada una desde la India a Gran Bretaña. Desgraciadamente se ha perdido la parte referida a Hispania, que ha de ser suplida con el Itinerarium Antonini. Se conserva  una copia del siglo XII de un documento del siglo IV o V, aunque pudo ser confeccionado antes. El documento actual se conserva en la Nationalbibliotek de Viena, que tiene una extensión de 6,8 metros de largo por 33 cm. de ancho dividido en 12 hojas. Recibe el nombre del humanista alemán que la descubrió, Konrad Peutinger.

    imagen de la Tabula Peutingeriana
    Segmentos V y VI de la Tabula Peutingeriana donde se representa a Italia, con la capital Roma, entre el mar Adriático y el Mediterráneo.

    Otros autores que nos dan abundante información sobre las carreteras y las ciudades por las que pasan son Plinio el Viejo y Estrabón.

    Así que la expresión “todos los caminos conducen a Roma” tendría en aquel momento un sentido real y geográfico. Podemos suponer, pues, que los habitantes del Imperio, desde Mesopotamia hasta Bretaña, desde Alemania al desierto africano, pronunciarían muchas veces en latín la frase “omnes viae ducunt Romam”, como hoy se sigue haciendo  en todas las lenguas occidentales desde su aparición.

    Decía que “podemos suponer” porque no está atestiguada la citada frase latina en ningún documento de época antigua. Pero la suposición es razonable si Roma atraía a ciudadanos de todo el mundo y los “mapas” de la época tienen como punto de partida y de llegada a Roma y se señaló con toda la grandeza romana el punto central con el famoso miliario de oro (milliarium aureum).

    Hasta donde sabemos hoy la frase aparece escrita por primera vez en la Edad Media, hacia el año 1175, en un texto de Alain de Lille,  (Alanus ab Insulis en latín), (c. 1128 – 1202/1203).  Alain de Lille escribió numerosas obras, las más famosas de contenido moral. Entre ellas escribió una titulada Liber Parabolarum, Libro de parábolas. En el capítulo V es en donde aparece la citada frase, si bien no exactamente tal como la he presentado, sino como Mille viae ducunt homines per saecula Romam (A thousand roads lead men forever to Rome).

    Nota: adviértase la agudeza de Alain de Lille a la hora de latinizar su nombre: Alanus por Alain resulta evidente, pero en el caso del apellido “de Lille” hace un curioso juego fonético: como “de Lille” en francés suena igual que “de l’île, “, de la isla, lo traduce al latín como “ab Insulis”, “de las Islas”.

    En ese capítulo V al que me refería titula una de sus “fabulas moralizantes»

    Mille viae ducunt hominem per saecula Romam

    Mil caminos conducen para siempre al hombre a Roma

    Ya aparece el título  en la edición impresa de Leipzig del año 1499 cuya fotografía presento; no se  hacía así en ediciones anteriores como la de Colonia de 1497. Desconozco cómo aparece en los manuscritos más antiguos. Pero en todo caso, utiliza la expresión citada y otra similar  en el comentario o explicación a su parábola:  multae viae ducunt hominem romam (Muchos caminos conducen al hombre a Roma) y  también mille viae ducunt homines romam per saecula  (mil caminos conducen a los hombres a Roma durante siglos) . (Mille viae ducunt homines Romam per saecula: qui volunt quaerere toto corde dominum: via est directa quae…)

    Presento la parábola completa, en la que la máxima tiene un sentido figurado, de los miles que puede tener y con los que se sigue utilizando en cualquier contexto actual.

    Mil caminos conducen al hombre para siempre a Roma
    Para quienes quieren buscar al señor con todo su corazón
    hay un camino que directo lo conduce por lo alto de los montes
    con sus cuestas cargado de zarzas y espinas.
    Y también alguna senda que la piedra áspera hace
    áspera y araña todos los días las plantas (de los pies).
    Hay también un camino por el mar,  un camino por el desierto,
    por los profundos valles, entre peñascos, por lugares duros para los pies.
    Por bosques  y lugares ocultos, por lugares que las fieras temibles recorren,
    entre espinas y abrojos,  por lugares llenos de lodo.

    Mille viae ducunt hominem per saecula Romam
    Qui dominum toto quaerere corde volunt
    Est via quae ducit montes directa per altos
    Vepribus et spinis arduitate gravis
    Est quoque nonnullus callis. quem calculus asper
    Asperat. et plantas quotidianas arat
    Est via per pontum. via per deserta. per imas
    Valles. per scopulos. per loca dura pedi
    Per nemus et latebras. per lustra timenda ferarum
    Per spinas tribulos. per luculenta vaga

    imagen de digitalizado por Münchener Digitalisierungszentrum
    Digitalizado por Münchener Digitalisierungszentrum

    El sentido, ya figurado, es evidente: son muchos los caminos que llevan al Señor, al Paraíso, a quienes lo buscan con todo su corazón, como eran muchas las carreteras que llevan a Roma. Es decir, se puede llegar a un determinado fin de maneras muy diversas.

    La frase la recoge  el germanista suizo Samuel Singer en su Thesaurus Proverbiorum Medii Aevi: Lexikon der Sprichwörter des Romanisch-germanischen Mittelalters en el término «Rom».

    Otro día hablaremos de la construcción y fábrica de las vías, mientras tanto ofrezco un enlace curioso con una curiosa página que permite conocer la distancia de cualquier punto de imperio a Roma según las vías romanas  http://www.omnesviae.org/ de  la Tabula Peutingeriana Itinerarium Antonini.

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  • El rapto de Hylas representado en un mosaico de Itálica muy peculiar

    En la mitología griega son muy frecuentes los casos en que dioses poderosos se enamoran de bellas mortales y procrean con ellas héroes, en su mitad inmortales y en su mitad mortales. También las diosas se enamoran a veces de hombres, que son mortales. Así por ejemplo Venus es la madre de Eneas, habido del mortal Anquises, de quien desciende la estirpe de los julios (Julio César, Augusto, etc.).

    Un episodio muchas veces utilizado en el arte y en la literatura antigua es el del rapto de Hylas por unas Ninfas, diosas de las aguas:

    Hylas es un miembro de la expedición de los Argonautas en busca del vellocino de oro; en determinado momento, en que han tocado tierra en el país de Cío para pasar la noche, sale a buscar agua para la cena; las Ninfas de las aguas del río, enamoradas del joven guerrero, lo raptan y sumergen en las aguas; sus compañeros, especialmente su amigo Hércules prendado de su hermosura, salen a buscarle, pero no lo encuentran; la nave sigue su rumbo, abandonando a Hércules en tierra que luego fue a pie a la Colquide; más tarde conocerán la verdad de lo sucedido, que Hylas, raptado por las Ninfas,  se había convertido en un ser divino.

    Este mito de las Ninfas, Ondinas, Náyades, Nereidas, danzando en el agua en la que viven o en las praderas cercanas, y que arrebatan a los mortales que tienen la desgracia de verlas, ha llegado incluso a nuestro tiempo en creencias o en el folclore,  como las Xanas asturianas.

    El mito aparece ya en la literatura griega del siglo V a.C. y se populariza en la época helenística. Son muy conocidas las versiones de Teócrito en el Idilio XIII y de Apolonio de Rodas en Las Argonáuticas. Curiosamente no aparece en las pinturas de los vasos griegos áticos o sicilianos.

    Reproduzco la versión de Teócrito y dejo para el final del artículo la versión, muy interesante, de Apolonio para aligerar el texto.

    Teócrito, Idiio XIII

    La divinidad, sea cual fuere, de quien nació tal hijo, no engendró a Amor para nosotros solos, Nicias, como pensábamos; no somos  los primeros a los que lo hermoso hermoso les parece, nosotros, que somos mortales, que el mañana no vemos. También el guerrero de corazón de bronce, el hijo de Anfitrión, el que afrontó al león terrible, se prendió de un doncel, del adorable Hilas, que lucía  su rizosa melena. Enseñábale, cual hace un padre con su querido hijo, todos los conocimientos que a él le habían servido para ser un héroe celebrado. Nunca lo dejaba, ni al llegar el mediodía, ni cuando la Aurora de albos corceles se remontaba a los dominios de Zeus, ni cuando los polluelos piando miraban al nido mientras su madre agitaba las alas en la ahumada percha, pendiente siempre de que el doncel acabara formado según su designio y de que por su propio esfuerzo se convirtiera en un verdadero hombre. Y así, cuando Jasón Esónida se disponía a navegar en busca del vellocino de oro e iban a acompañarle los paladines elegidos en todas las ciudades para prestar ayuda en la empresa, llegó también a la opulenta Yolco el hombre de los penosos trabajos (Heracles), el hijo de Alcmena, heroína de Midea, y con él se dirigió Hilas a Argo, la nave de fuertes bancos que no tocó las azules Rocas Chocadoras, sino que pasó entre ellas y corrió rumbo al profundo Fasis, cual águila al espacioso mar; por ello quedaron desde entonces fijos estos escollos.

    Cuando se levantan las Pléyades y en las alzadas pacen los jóvenes corderos, al declinar ya la primavera, aquel divino grupo de héroes escogidos se hizo a la mar, y a bordo de la cóncava Argo llegaron al Helesponto en tres días con el Viento del Sur. Tomaron puerto dentro de la Propóntide, donde los bueyes del país de Cío desgastan los arados abriendo anchos surcos. Desembarcaron en la playa y al atardecer pusiéronse por parejas a preparar la cena, y, aunque eran muchos, dispusieron un solo lecho, pues había una pradera que les ofrecía mucho servicio para sus yacijas. En ella cortaron agudo carex y altas juncias.

    El rubio Hilas fue con una vasija de bronce a buscar agua para la cena del propio Heracles y del intrépido Telamón, ya que estos dos amigos compartían siempre la misma mesa. Pronto advirtió una fuente en una hondonada, a cuyo alrededor abundaban los juncos, la obscura celidonia, el verde culantrillo, el florido apio y la reptante grama. En medio del agua danzaban las Ninfas en corro, las Ninfas que nunca duermen, deidades terribles para los campesinos: Éunica y Málide, de ojos de primavera. Fue el mancebo con prisa a hundir la grande jarra en la fontana, mas ellas lo asieron todas de la mano, que a todas el tierno corazón les rindió Amor con el deseo del muchacho argivo. Cayó él de golpe en el agua obscura, como cuando del cielo cae una encendida estrella de golpe al mar, y dice el marinero a sus iguales: “Largad velas, muchachos, que se levanta el viento”.

    Tenían las Ninfas al lloroso mancebo en su regazo y lo consolaban con palabras tiernas. El hijo de Anfitrion, acongojado, había salido en busca del doncel,con su arco, bien corvado a la manera escita, y su clava, que siempre le pendía de la diestra. “¡Hilas!”, gritó tres veces cuanto pudo con su fuerte garganta; tres veces el doncel le respondió, pero su voz salió tenue del agua, y, estando tan cerca, lejos parecía. Cuando un cervato bala por los montes, el león carnicero corre de su cubil en busca de la comida ya segura. Tal se agitaba Heracles, que añorab a al doncel, por breñas no pisadas, recorriendo gran trecho. ¡Cuitados los amantes! ¡Cuánto penó por montes y maleza! La empresa de Jasón no le importaba ya.

    Hallábase la nave tripulada por todos los presentes, los aparejos estaban izados, y los héroes en mitad de la noche, aprestaban las velas aguardando a Heracles; mas él iba enloquecido a donde sus pies lo condujeran, pues un dios cruel le desgarraba por dentro las entrañas. Así entre los bienaventurados se encuentra ahora el bellísimo Hilas.

    A Heracles, en cambio, reprochábanle los héroes haber abandonado la nave, pus que dejó a Argo, la nao de treinta bancos, y llegó a pie a la Cólquide y al inhóspito Fasis. (Traducción de Manuel García Teijeiro y Mª Teresa Molinos Tejada, Editorial Gredos, 1986)

    Son muy numerosos los textos y referencias antiguas a este mito; reproduciré alguno de ellos :
    Apolonio de Rodas nos lo cuenta en  Las Argonáuticas, I, 1171-1357: Lo reproduzco, como decía, al final de este artículo. Es un texto muy interesante que nos da una versión ligeramente diferente.

    Virgilio hace una rápida referencia en la Egloga VI, 40 y ss.:

    Refirióse luego a las piedras lanzadas por Pirro, al reino de Saturno, a las aves del Cáucaso y al robo de Prometeo. Cantó después en qué fuente dejaron los navegantes a Hylas, y cómo le llamaban a grandes gritos, sin que respondiesen por doquiera más que los ecos: “¡Hilas”, ¡Hilas”.

    Hinc lapides Pyrrhae iactos, Saturnia regna,
    Caucasiasque refert volucres, furtumque Promethei:
    his adiungit, Hylan nautae quo fonte relictum
    clamassent, ut litus “Hyla, Hyla!” omne sonaret.

    Ovidio tambén en su Ars amandi, II, 109

    Aunque seas como el Nereo cantado por el antiguo Homero,
    y tan encantador como Hylas, arrebatado por las Náyades criminales,
    para retener a tu amada y no extrañarte de quedar abandonado,
    añade las dotes de la inteligencia a las bondades de tu cuerpo.

    Sis licet antiquo Nireus adamatus Homero,
         Naïadumque tener crimine raptus Hylas,
    Ut dominam teneas, nec te mirere relictum,
         Ingenii dotes corporis adde bonis.

    Propercio, (inspirándose en Apolonio y Teócrito) escribe el siguiente poema, Elegías, I, 20:

    Esto te advierto, Galo, por mi fiel amistad (que no se pierda en tu animo distraído), a menudo la mala suerte le sale al paso al enamorado incauto: el cruel Ascanio podría decírselo a los Minias. Tú tienes un amor de no inferior belleza ni de nombre desigual al de Hylas, el hijo de Teodamante. A éste, bien vayas recorriendo los arroyos del bosque sombrío, ya moje tus pies la onda del Anio, ya recorras la costa de los Gigante, o en cualquier rincón por el movible cobijo del río, defiéndelo siempre del rapto codicioso de las ninfas (pues no esmenor el amor de las itálicas que el de las Adríadas). Que no tengas, Galo, que ir a los duros monte y a las frías peñas, y a los lagos nunca conocidos; lo cual, habiéndolo sufrido Hércules en su desventurado viaje por desconocidas riberas, tuvo que llorar ante el Ascanio indómito.

    Pues cuentan que antaño la nave Argo, salida del astillero de Pagasa, recorría el remoto rumbo de Fasis, y ya después de pasar las olas de la hija de Atamas, arribó a los escollos de los misios. Allí, el grupo de los héroes, cuando arribó a las serenas orillas, cubrió el risueño litoral de muelle ramaje. Pero el compañero del invencible mancebo avanzó más allá a buscar la rara agua de una fuente apartada. Dos jóvenes lo persiguieron, descendencia de Aquilón. Lo perseguía desde lo alto Zetes, lo perseguía desde lo alto Cálais, querían robarle sus besos extendiendo sus manos, y arrebatárselos desde arriba en alternativa huida. El, en vilo, busca refugio bajo su propio brazo y con una rama espanta las asechanzas que vuelan. Y ya se había retirado la estirpe de Orithya Pandónide, pero ¡ay dolor!, Hylas caminaba, caminaba hacia las Hamadríadas. Allí había una fuete en la ladera del monte Arganto, húmeda morada, grata a las niñas de Tinia, encima de la cual pendían, sin que se debieran a cuidado alguno, frescas manzanas de árboles abandonados; en torno, en el fresco prado, crecían lirios blancos entremezclados con adormideras purpúreas. E Hylas,ora cortándolas puerilmente con sus delicadas uñas, prefería la flor al deber que se había impuesto, ora echándose ignorante sobre las hermosas aguas, entretenía su descuido con tiernas imágenes. Al cabo se dispone a beber del río metiendo en él las manos y libando el agua recostado en su hombro derecho, por cuya blancura como arrobadas las doncellas Dríadas, dejaron asombradas sus acostumbradas danzas, y como resbalara, fácilmente lo arrastraron con el blando líquido: Hylas, al ser robado su cuerpo, dio un grito. A éste desde lejos Alcides repitió respuestas, mas sólo el aura le devolvió el nombre dese la lejana fuente.

    Aleccionado con estos ejemplos, Galo, guardarás tu amor, pues parece que has confiado el hermoso Hylas a las ninfas. (Traducción de Antonio Tovar y MaríaT.Belfiore Mártire. Ediciones Alma Mater. 1963)

    Hoc pro continuo te, Galle, monemus amore,
    quod tibi ne vacuo defluat ex animo:
    saepe imprudenti fortuna occurrit amanti:
    crudelis Minyis sic erat Ascanius.
    est tibi non infra specie, non nomine dispar,
    Theiodamanteo proximus ardor Hylae:
    huic tu, sive leges Umbrae rate flumina silvae,
    sive Aniena tuos tinxerit unda pedes,
    sive Gigantei spatiabere litoris ora,
    sive ubicumque vago fluminis hospitio,
    Nympharum semper cupidas defende rapinas
    (non minor Ausoniis est amor Adryasin);
    ne tibi sit duros montes et frigida saxa,
    Galle, neque expertos semper adire lacus.
    quae miser ignotis error perpessus in oris
    Herculis indomito fleverat Ascanio.
    namque ferunt olim Pagasae navalibus Argo
    egressam longe Phasidos isse viam,
    et iam praeteritis labentem Athamantidos undis
    Mysorum scopulis applicuisse ratem.
    hic manus heroum, placidis ut constitit oris,
    mollia composita litora fronde tegit.
    at comes invicti iuvenis processerat ultra
    raram sepositi quaerere fontis aquam.
    hunc duo sectati fratres, Aquilonia proles
    (nunc superat Zetes, nunc superat Calais),
    oscula suspensis instabant carpere plantis,
    oscula et alterna ferre supina fuga.
    ille sed extrema pendentes ludit in ala
    et volucris ramo summovet insidias.
    iam Pandioniae cessit genus Orithyiae:
    ah dolor! ibat Hylas, ibat Hamadryasin.
    hic erat Arganthi Pege sub vertice montis,
    grata domus Nymphis umida Thyniasin,
    quam supra nulli pendebant debita curae
    roscida desertis poma sub arboribus,
    et circum irriguo surgebant lilia prato
    candida purpureis mixta papaveribus.
    quae modo decerpens tenero pueriliter ungui
    proposito florem praetulit officio,
    et modo formosis incumbens nescius undis
    errorem blandis tardat imaginibus.
    tandem haurire parat demissis flumina palmis
    innixus dextro plena trahens umero.
    cuius ut accensae Dryades candore puellae
    miratae solitos destituere choros
    prolapsum et leviter facili traxere liquore,
    tum sonitum rapto corpore fecit Hylas.
    cui procul Alcides ter 'Hyla!' respondet: at illi
    nomen ab extremis montibus aura refert.
    his, o Galle, tuos monitus servabis amores,
    formosum ni vis perdere rursus Hylan.

    La version de Apolonio, que más abajo reproduciré, inspiró a varios poetas de la época Flavia. Así Valerio Flaco, III, 545-564;  Marcial VI, 68,9; VII,15,1-1; IX, 65,14. Estacio, Silvas,I, 5,22; III,4, 42-43.

    Valerio Flaco, Argonáuticas, III, 545-564:

    Así habló y levanta un ciervo veloz entre la maleza del bosque sin caminos
    y ofrece al muchacho su cabeza altiva con sus cuernos,
    que retardando su decisión de huir y deteniéndose largo tiempo,
    le solicita e invita a competir en igual carrera.

    Hylas lo cree (al alcance) e incendiado por el fuego de la cercana presa,
    lo persigue. Mientras Alcides observándole le anima con sus gritos;
    y ya uno y otro desaparecen de sus ojos,
    cuando el cuadrúpedo conduce lejos al joven que le persigue
    y le amenaza con los dardos en su mano cansada
    junto a al manantial de una límpida fuente
    y él mismo ligero huye sobre las aguas sin tocarlas.

    Perdió el muchacho de esta manera la esperanza
    y no porfía en perseguirle más allá; y como el sudor
    había empapado sus miembros y su agitado pecho,
    se echa ávido en las agradables aguas.
    Brillan las aguas con la luz que se proyecta
    como cuando Cintia se ve en el cielo
    o pasa la rueda brillante de Febo en mitad de su carrera:
    así un destello se difundió sobre las aguas.

    Nada le impresionan ni la sombra ni el cabello ni el sonido
    de la Ninfa que surge para besarle.
    Ella  le echa sus ávidas manos y arrastra al joven que pide,
    ay, demasiado tarde auxilio y pronuncia el nombre de su gran amigo;
    pues la propia fuerza de su peso le proyecta hacia abajo.

    sic ait et celerem frondosa per avia cervum
    suscitat ac iuveni sublimem cornibus offert.
    ille animos tardusque fugae longumque resistens
    sollicitat suadetque pari contendere cursu.
    credit Hylas praedaeque ferox ardore propinquae
    550insequitur; simul Alcides hortatibus urget
    prospiciens; iamque ex oculis aufertur uterque,
    cum puerum instantem quadripes fessaque minantem
    tela manu procul ad nitidi spiracula fontis
    ducit et intactas levis ipse superfugit undas.
    555hoc pueri spes lusa18 modo est, nec tendere certat
    amplius; utque artus et concita pectora sudor
    diluerat, gratos avidus procumbit ad amnes.19
    stagna vaga sic luce micant, ubi Cynthia caelo
    prospicit aut medii transit rota candida Phoebi:
    560tale iubar diffundit aquis; nil umbra comaeque
    turbavitque sonus surgentis ad oscula Nymphae.
    illa avidas iniecta manus heu sera cientem
    auxilia et magni referentem nomen amici
    detrahit; adiutae prono nam pondere vires.

    También hace referencia Marcial en varias ocasiones, por ejemplo en VI, 68

    A un niño ahogado en Bayas

    Llorad vuestro crimen, pero lloradlo por todo el Lucrino, Náyades, y que la misma Tetis sienta vuestros lamentos. Arrebatado entre las aguas de Bayas ha muerto el famoso niño Eutico, tu lado más dulce, Cástrico. Éste era el compañero y el dulce alivio de tus preocupaciones; éste  era tu amor y éste, el Alexis de nuestro poeta. Acaso te vio desnudo bajo las aguas cristalinas una ninfa lasciva y ha devuelto Hilas al Alcida? ¿O  la diosa desprecia ya al afeminado Hermafrodita deseosa del abrazo de un tierno varón? Sea ello lo que sea y cualquiera que sea la causa de este súbito rapto, ruego que tanto la tierra como el agua te sean suaves.

    Flete nefas vestrum, sed toto flete Lucrino,
    Naides, et luctus sentiat ipsa Thetis.
    Inter Baianas raptus puer occidit undas
    Eutychos ille, tuum, Castrice, dulce latus.
    5Hic tibi curarum socius blandumque levamen,
    Hic amor, hic nostri vatis Alexis erat.
    Numquid te vitreis nudum lasciva sub undis
    Vidit et Alcidae nympha remisit Hylan?
    An dea femineum iam neglegit Hermaphroditum
    10Amplexu teneri sollicitata viri?
    Quidquid id est, subitae, quaecumque est causa rapinae,
    Sit, precor, et tellus mitis et unda tibi.

    Marcial, VII,15

    Joven precavido

    ¿Quién es este joven que se aparte de las transparentes aguas del Yantis. ¿Huyó acaso Hilas de la Náyade, su deñora? ¡Qué bien!, que el Tirintio es venerado en ese bosque y que guarda tan cerca las aguas amorosas! Argino, puedes seguro guardar estas fuentes. Nada te harán las Ninfas. Pero ten cuidado, no te desee él mismo (el dios).

    Quis puer hic nitidis absistit Ianthidos undis?
    Effugit dominam Naida numquid Hylas?
    O bene, quod silva colitur Tirynthius ista
    Et quod amatrices tam prope servat aquas!
    Securus licet hos fontes, Argynne, ministres:
    Nil facient Nymphae: ne velit ipse, cave.

    Estacio también lo cuenta en sus Silvas I, 5,22;  y III,4, 42-43.

    Estacio, Silvas, I,5

    Venid, oh diosas glaucas, mostradme vuestros rostros transparentes, ornada vuestros cabellos cristalinos con tiernos racimos de hiedra; venid sin veste alguna, cual emergéis de las profundas fuentes y con vuestra presencia atormentáis a los amantes Sátiros. No pretendo atraeros a vosotras, las que con vuestra culpa enturbiasteis el brillo de las aguas: lejos de aquí Salmácide con su fuente engañosa; lejos las  linfas, secas por el llanto, de la hija de Cebrene abandonada; atrás la que raptó al alumno de Hércules. Venid vosotras, las ninfas que pobláis el Lacio y las siete colinas, las que el Tíber nutrís con caudal nuevo, y a las que regocijan las cascadas del Anio y el Agua virgen, que acogerá a los nadadores, y el Agua Marcia, que nos trae la frescura de las nieves marsas, cuyo caudal errante se acrecienta en un alto recinto y circula, sostenido sobre innúmeros arcos: vuestra es la obra que me propongo cantar y vuestra la moradas cuyas puertas abro con mis versos festivos.  (Traducción de Francisco Torrent Rodríguez. Editorial Gredos)

    ite. deae virides, liquidosque advertite vultus
    et vitreum teneris crimen redimite corymbis,
    veste nihil tectae, quales emergitis altis
    fontibus et visu Satyros torquetis amantes,
    Non vos, quae culpa decus infamastis aquarum,
    quae culpa decus infamastis aquarum. 3 4 [p. 60]
    20sollicitare iuvat: procul hinc et fonte doloso
    Salmacis et viduae Cebrenidos arida luctu
    flumina et Herculei praedatrix cedat alumni,
    vos mihi, quae Latium septenaque culmina, nymphae,
    incolitis Thybrimque novis attollitis undis,
    25quas praeceps Anien atque exceptura natatus
    Virgo iuvat Marsasque nives et frigora ducens
    Marcia, praecelsis quarum vaga molibus unda
    crescit et innumero pendens transmittitur arcu—:

    Estacio, Silvae III, 4, 40 ss.

    Ante ti cederá el hijo del Latmo y el del Sangario y a aquel a quien perdió la vana imagen de una fuente y su estéril amor. La Náyade azulada te habría preferido y asiéndose a tu urna te habría retenido con más fuerza. Tú, hijo mío, ante todos; tan solo es más hermoso aquel a quien serás ofrendado”. Tras estas palabras, lo alzó consigo por las auras ligeras y le ordenó sentarse en su biga de cisnes. (Traducción de Francisco Torrent Rodríguez. Editorial Gredos)

    …     cedet tibi Latmius ultro 
    Sangariusque puer quemque irrita fontis imago
    et sterilis consumpsit amor. te caerula Nais
    mallet et adprensa traxisset fortius urna.
    tu, puer, ante omnis; solus formosior ille,
    cui daberis.’ sic orsa leves secum ipsa per auras
    tollit olorinaque iubet considere biga.

    Aunque, como he dicho, este motivo de Hilas no aparece en las pinturas de los vasos griegos del Atica o de Sicilia, sí aparece en cambio profusamente en pinturas murales, en relieves escultóricos, relieves de estuco, en obras de orfebrería y sobre todo en mosaicos, que se han conservado mejor.  Todas estas representaciones están repartidas por varios sitios aparecen entre el comienzo del imperio y el siglo V, sumando no menos de cuarenta. Desde luego fue un motivo muy repetido en los mosaicos que adornaban las mansiones de los ricos de la época. Lo encontramos en Italia,  Africa, Hispania, la Galia.

    Hay más de quince  en el entorno de Pompeya y Herculano y Estabias, (en donde se dan especialmente las pinturas murales).   Aparecen mosaicos Saint Colombe en Francia, en Thina, Cartago, Constantina y Djemila en Argelia, en Volubilis en Marruecos, en varios puntos de Roma (Via Appia, Basílica de Iunius Bassus, Via Flaminia en la tumba de los Nasoni. Aparecen relieves escultóricos, monedas, etc.

    Que fue motivo de los cuadros de algunos pintores lo deducimos también de Petronio en su Satiricón, 83, en donde se describe una pintura del pintor griego Apeles con este motivo, aunque bien pudiera ser simplemente una creación literaria sin que hubiera existido una pintura de la que no sabemos nada más:

    Petronio, Satiricón, 83:

    Llegué a una galería de pintura muy notable por la variedad de los cuadros. Vi obras de la mano de Zeuxis, todavía no estropeadas por la antigüedad, y examiné no sin cierto escalofrío bocetos de Protógenes que competían en realismo con la propia naturaleza. Me extasié también ante la obra de Apeles que lleva en griego el nombre de ‘monocnemon” (quizás porque representaba una estatua apoyada en una sola pierna). Con tanta nitidez estaban rematadas las figuras según el natural que podía creerse que tenían también espíritu. En este lado un águila levantaba al cielo al garzón de Ida (Ganimedes), allá el honesto Hylas rechazaba a una Náyade desvergonzada. Condenaba Apolo sus manos criminales y decoraba su lira depuesta con una flor que acababa de abrirse. Entre los retratos de estos amantes, como si estuviese en soledad, dije en voz alta:
    – Así pues también el amor toca a los dioses. Júpiter en su cielo encontró a quien amar, y sin embargo cuando decidió pecar en la tierra a nadie hizo injuria. La ninfa que raptó a Hylas habría reprimido su arrebato si hubiera sospechado que Hércules llegaría a reclamar su propiedad. Apolo convirtió en una flor la sombra de su amado (el Jacinto), y todas las leyendas de la misma manera acabaron en caricias sin rivales. Yo, en cambio, acogí como amigo a un compañero de viaje más desalmado que Licurgo
    . (Traducción de Manuel C. Díaz y Díaz. Ediciones Alma Mater, 1969)

    In pinacothecam perveni vario genere tabularum mirabilem. Nam et Zeuxidos manus vidi nondum vetustatis iniuria victas, et Protogenis rudimenta cum ipsius naturae veritate certantia non sine quodam horrore tractavi. Jam vero Apellis quam Graeci mon(kthmon appellant, etiam adoravi. Tanta enim subtilitate extremitates imaginum erant ad similitudinem praecisae, ut crederes etiam animorum esse picturam. Hinc aquila ferebat caelo sublimis Idaeum, illinc candidus Hylas repellebat improbam Naida. Damnabat Apollo noxias manus lyramque resolutam modo nato flore honorabat. Inter quos etiam pictorum amantium vultus tanquam in solitudine exclamavi: "Ergo amor etiam deos tangit. Iuppiter in caelo suo non invenit quod diligeret, sed peccaturus in terris nemini tamen iniuriam fecit. Hylan Nympha praedata temperasset amori suo, si venturum ad interdictum Herculem credidisset. Apollo pueri umbram revocavit in florem, et omnes fabulae quoque sine aemulo habuerunt complexus. At ego in societatem recepi hospitem Lycurgo crudeliorem."

    Los mosaicos suelen decorar las estancias de acuerdo con lo que representan. Así es lógico que las musas o las gracias adornen espacios dedicados al deleite literario o artístico, que mosaicos con escenas de caza adornen grandes salones de ricos y ociosos latifundistas; que pinturas o mosaicos referidos al amor adornen espacios más íntimos, como los dormitorios.

    Del rapto de Hylas por las ninfas se han dado varias interpretaciones. La más evidente si no la única parece desde luego la del rapto amoroso; a Hylas lo arrebatan por amor, por pasión. Es más, en varias ocasiones aparece este tema junto a otros de cierta similitud: Artemisa y Acteo, Píramo y Tisbe, Amymone y Poseidón, Narciso, Ninfas y sátiros, Selene y Endymion, etc. Este fue un lugar común en la Antigüedad hasta el punto que los primeros apologistas y padres de la Iglesia, como diré más adelante, los critican y agrupan con frecuencia.  Claro que si aparece la escena en un sarcófago parece más lógico interpretarlo como el rapto por las divinidades de ultratumba, como el paso de la vida al mundo de los muertos.

    En su representación pictórica o musivaria hay numerosas variantes, pero también cierta unidad iconográfica y compositiva cuasi fosilizada: Hylas con el cántaro a orillas del rio o lago,  una rodilla totalmente doblada, apoyada sobre una roca, mientras que la otra pierna, estirada, está ya dentro del agua, anticipando el momento de la caída, las ninfas cogiéndole de los brazos, en otras ocasiones de las piernas o del torso.

                              
     

    En España han aparecido varios mosaicos representando el mito en Los Villares, cerca de la Bañeza en León, en Carranque y en Itálica. A este último dedicaré especialmente mi atención por sus especiales características.

    Mosaico de Hylas y las Ninfas. Quintana del Marco (Museo Arqueológico Provincial de León)

    Villa Romana de Carranque (Toledo)

    En Itálica el mito aparece como emblema central de un mosaico geométrico de gran dimensión. Se interpretó primero como el dios Neptuno o Nereo y luego García Bellido lo identificó definitivamente como el rapto de Hylas. En 1962 fue trasladado al Museo Arqueológico de Sevilla, en donde continúa.

    Aunque no está claro el plano de la casa en la que aparece, está desde luego en una zona de cierta intimidad porque no está abierta al peristilo, lejos de los salones de reuniones, en el centro de un mosaico grande geométrico de meandros formando esvásticas, tal vez en la zona de entrada a los dormitorios o cubicula. Esto avalaría su interpretación erótico-amorosa.

                          

    En este mosaico de Itálica el motivo iconográfico central es el rapto de Hylas. A la izquierda aparecen tres ninfas, que agarran al héroe, que aparece desnudo con chlamys, lanza y ánfora o cántaro para recoger el agua. A la derecha aparece la figura masculina de Heracles con el brazo  derecho levantado y con el manto y clava en la izquierda. Por la ambientación de fondo de penumbra y los tonos oscuros (el mito transcurre en un bosque al anochecer), el agua delicadamente sugerida, los árboles desprovistos de hojas y la disposición de los personajes, este mosaico parece ser la trasposición de un modelo pictórico que a su vez siga algún modelo helenístico. La composición es muy dramática: las tres Ninfas, Hylas a punto de desaparecer en el agua, al otro lado alarmado Heracles en el momento que se supone inmediatamente posterior a la sumersión de Hylas. A semejanza de algunas pinturas pompeyanas y a diferencia de la mayoría, la figura de Hylas aparece descentrada. Como en casi todos los mosaicos, se le representa con una rodilla doblada apoyada en una roca y la otra pierna ya sobre el agua. Los comentaristas suelen resaltar como el rasgo más excepcional  la aparición de Heracles, que no suele aparecer en ninguno, excepto en Iálica, porque se centran en el motivo esencial del mito:el rapto. Quizás la proximidad a las "columnas de Hércules" del estrecho motivó su aparición en este mosaico tan peculiar.

    Sin embargo hay un detalle excepcional que no se resalta. De manera general las Ninfas agarran a Hilas de los brazos, de las piernas e incluso del torso. En este mosaico excepcionalmente, una de las Ninfas le agarra precisamente de su miembro viril, lo que avala su interpretación erótico-festiva. 

    No conozco  otra representación similar. Si este fuera un caso único, habría que relacionarlo tal vez con el viejo y extraordinario sentido del humor que las tierras del sur de Hispania ya tenían desarrollado cuando todavía no se llamaban Andalucía sino Baetica.

    Por eso resulta más incomprensible la mojigatería del Museo Arqueológico de Sevilla que lo reproduce en una postal de recuerdo o merchanding, pero sólo de cintura para arriba. Pero poner algunas puertas o velos en Andalucía parece un sinsentido y una empresa imposible.

    El mito tiene un evidente sentido erótico y eso explica que con frecuencia y como ocurre en el caso de Itálica, estos mosaicos aparezcan lejos del peristilo central de las casas romanas y más bien en alguna área más escondida, con frecuencia en los accesos al cubiculum o dormitorio. Confirma este sentido erótico el hecho de que con frecuencia también aparezca asociado a otros mitos, tanto en los textos literarios como en las representaciones pictóricas o musivarias,  tales como el rapto de Ganímedes (“el más bello de los mortales” según Iliada, XX,231º 265  por Júpiter, Jacinto muerto aqccidentalmente por Apolo enamorado de él,  Acteón observando a Diana en el baño, Narciso reflejando su bello rostro en el agua, con un resultado similar al de Hilas,  …

    Algunos escritores cristianos ya observaron que Ganimedes, Jacinto e Hilas coincidían en el carácter homosexual que despertaron en los dioses (Hilas, aunque raptado por las Ninfas, era amado por Hércules). Así Clemente de Alejandría en Protrepticus II,33,5:

    Heracles es el hijo de Zeus, engendrado en esta larga noche. Y él es un verdadero hijo; así como largo y pesado fue el tiempo en el que llevó a cabo sus doce trabajos, sin embargo, en una sola noche sedujo a las cincuenta hijas de Testio, convirtiéndose a la vez en novio y adúltero de todas estas doncellas. No sin razón, entonces, los poetas le apodan “abandonado” y "autor de hechos malvados."  Sería una larga historia contar sus diversos  adulterios y su corrupción de los jóvenes. Vuestros dioses no se abstienen de muchachos. Uno [Heracles] amó a Hylas, otro [Apolo] a Jacinto, otro [Poseidon] a Crisipo, otro [Zeus] a Ganímedes.

    Estos son los dioses a los que han de adorar vuestras esposas! Ellas mismas deben orar por sus propios maridos para que ocurra, modelos similares de la virtud, – que ellos puedan ser como los dioses aspirando después igualmente a tan altos ideales! Permitid que  éstos sean a los que vuestros jóvenes aprendan a venerar,  para que puedan crecer hasta la edad adulta como un manifiesto ejemplo ante ellos  de fornicación!

    Pero tal vez son sólo los dioses masculinos los que  corren  indulgentes con impaciencia tras los placeres sexuales.

    También Firmicus Maternus en su  De errore profanarum religionum 12,2;

    A alguno le gusta el adulterio; mira a Júpiter y ahí  encuentra incentivos para su pasión. Aprueba, imita, y alaba el hecho de que su dios engañe en la figura de un cisne, rapte en la de un toro, se divierta en la de un sátiro, y como si  acostumbrara a ser generoso en sus fechorías  el hecho de que seduzca a una virgen real encerrada cayendo como  oro generoso. A otros les gustan los abrazos de los jóvenes muchachos: así, que mire a Ganímedes en el seno de Júpiter, que vea a  Hércules buscando a Hylas con impaciente, que aprende de Apolo arrebatado por el deseo de Jacinto,  otro que vea Crisipo  y otro a Pelope,  de modo que le este permitido decir por sus dioses lo que hoy se castiga severísimamente por las leyes romanas.

    Adulterio delectatur aliquis: Iovem respicit, et inde cupiditatis suae fomenta conquirit; Probat imitatur et laudat, quod deus sus in cygno fallit, in tauro rapit ludit in satyro, et ut liberalis in flagitiis esse consuescat, quod inclusam regiam virginem auro largiter fluente corruperit. Puerorum aliquis delectatur amplexibus: Ganymedem in sinu Iovis quaerat, Herculem videat Hylam impatiente amore quaerentem, Hyacinthi desiderio captum Apollinem discat, Chrysippum alius, alius  Pelopem videat, ut per deos suos sibi licere dicat quicquid hodie severissime Romanis legibus vindicatur.

    Y También Arnobius, Adversus Nationes,  IV,26,10.

    Así que no contentos con haber atribuido a los dioses amores con el  género femenino, ¿añadis que eran amados por ellos los de genero masculino? No sé quien ama a Hilas, otro está ocupado con Jacinto, aquel arde de deseo por Pélops, este otro suspira ardientemente por Crisipo, Catamito (Ganimedes) fue raptado para ser el favorito y copero, y Fabio, como si se llamara el pollo*  de Júpiter, se quema en sus partes muelles y queda marcado con el sello en su trasero.

    Quid quod non contenti feminei generis adtribuisse diis curas etiam sexus adiungitis adamatos ab his mares? Hylam nescio quis diligit, Hyacintho est alius occupatus, ille Pelopis desideriis flagrat, hic in Chrysippum suspirat ardentius, Catamitus rapitur deliciarum futurus et poculorum custos, et ut Iovis dicatur pullus, in partibus Fabius aduritur mollibus obsignaturque posticis..

    * Nota. Traduzco “pullus” por su significado más evidente, “pollo”, pero esto necesita una explicación. Con la palabra “pullus” designamos a la cría de cualquier animal e incluso el rejeton de una planta. Se refería, pues, también a nuestro “pollo” o cría de un ave, significado reducido con el que ha pasado generalmente al español (o al francés como “poulet”). No hay que descartar que su origen este en la palabra “puer”, que traducimos al español como “niño”, a través de la evolución puer > puerulus > puellulus > pullus; también hay que considerar que en griego existe la palabra   , que significa precisamente “pollo”. En todo caso se utiliza en el lenguaje erótico con un significado que nos explica el gramático latino Festo (285,3):

    “el niño que era amado obscenamente por alguien, era llamado el “pollo” de aquel por el que era amado. De donde Quinto Fabio, que tenía el apodo de “Ebúrneo” por su blancura, fue llamado el pollo de Júpiter, porque sus nalgas fueron golpeadas por un rayo.

    Todavía en español “pollo, pollita, pollito” se usan con el sentido de joven, tierno, cría… El Diccionario de la RAE da como una de sus acepciones “5. m. coloq. p. us. Hombre joven, aludido o invocado por persona de mayor edad.”

    Así que la palabra “pullus” podríamos traducirla, con una traducción explicativa como “el pollito, el pichoncito, el niño, el niñito, el amante, el cariño, las delicias, etc. Todo ello es bien significativo de las dificultades que encierra toda traducción y por qué con frecuencia son necesarias las notas explicativas, aún a riesgo de entorpecer el valor literario.

    Festus, 285, 3 (p. 244,ed.Müller): puer, qui obscene ab aliquo amabatur,eius a quo amatus esset pullus dicebatur. Unde Q.Fabius, cui Eburno cognomen erat proter candorem, quod eius natis fulmine icta erat, pullus Iovis appellatus est.


    Quizas puer, puerus,puerulus, pullus coincide con el griego polos.

    Y Luciano  de Samósata en Verdadera Histora II,17

    …Vi también a Sócrates, hijo de Sofronisco, charlando con Néstor y Palamedes; en torno suyo estaban Jacinto de Esparta, Narciso de Tespias, Hilas y otros jóvenes hermosos. A mi parecer tenía amores con Jacinto, pues era a él a quien más recientemente refutaba.

    Por lo demás el mito ha tenido y sigue teniendo un notable éxito hasta nuestros días. Sin duda los hombres bellos también ocupan la imaginación y los sueños de las mujeres.

    En este blog no suelo utilizar imágenes, sobre todo de manera abusiva; en esta ocasión reproduzco unas cuantas, quizás demasiadas, después del texto de Apolonio para demostrar  la fuerza y vigor que este mito (y la mitología grecolatina en general)  presenta hasta nuestros días.

    Apolonio de Rodas, Viaje de los Argonautas, I, 1200-1357:

    Entre tanto Hilas, con un cántaro de bronce, aparte del grupo buscaba el sagrado curso de una fuente, para sacar con prontitud agua para la cena, y prepararle pronto a su compañero todas las demás cosas a gusto cuando regresara.

    Pues le había educado con estas costumbres, desde que Heracles lo arrebató muy niño de la casa de su padre, el destructor Teodamante, al que mató entre los Dríopes, sin pidedad, combatiendo por un buey de labranza. En aquella ocasión Teodamante se hallaba abriendo con el arado los surcos del campo, cuando fue alcanzado por la desgracia. Porque Heracles lo mandó que le entrgara el buey del arado y no accedió. Buscaba sin duda un feroz pretexto de guerra para arrojar contra los Dríopes, que vivían sin cuidarse en nada de la justicia. Pero tales relatos me harían errar muy lejos de mi canto.

    De repente Hilas llegó a una fuente que los habitantes de los campos vecinos llaman Pegas (Fuentes). Los coros de las ninfas estaban sin duda allí, ya que era ocupación de tods ellas, las que habitaban en torno aquel amable promontorio, celebrar a Artemis una y otra vez con sus cantos nocturnos. Las que dominan las cumbres de los montes y las grutas, venían en ordenada procesión a través del bosque. Pero de la fuente, su hermosa morada, acababa de emerger una ninfa acuática. Le vio de cerca, a Hilas, enrojecido con su hermosura y sus delicados encantos, pues además le envolvía en su brillo la luna llena brillante en el aire sereno. La Cipria Afrodita turbó el corazón de la ninfa, y apenas pudo recobrarse de la perplejidad en su ánimo.  En el preciso momento en que él hundió el cántaro en la corriente, agachándose hacia un lado, mientras chasqueaba el agua con fuerza al penetrar contra el resonante bronce, entonces ella le echó de abajo arriba u brazo izquierdo al cuello, ansiosa de besar su boca suave, y con la mano derecha lo atrajo por el codo. Y lo hundió en medio de un remolino.

    Tan sólo entre sus compañeros uno pudo oír el grito de Hilas,, el héroe Polifemo Ilátida, que marchaba en avanzada por el camino, y que allí esperaba encontrar al paso al formidable Heracles a su regreso. Enseguida desenvainó aquel su gran espada y empezó a correr, temiendo que hubiera sido presa de fieras o que, como estaba solo, algunos le hubieran tendido una emboscada, y se lo llevaran como escogido botín. Llegó a grandes saltos cerca de la fuente Pegas, como una fiera salvaje a la que de lejos le alcanza el sonido de los corderos, y ardiendo de hambre se dirige hacia ellos, pero no consigue alcanzar el rebaño, pues ya antes los pastores lo han encerrado en los establos. Y ruge incontenible de dolor, hasta que se fatiga. Así entonces el Ilárida sollozó a grandes voces, y recorría dando gritos el terreno de alrededor, y lastimoso era su vocerío. Entonces encontró por el sendero a Heracles, cuando agitaba su desnuda espada en la mano, y a pesar de la tiniebla reconoció bien al que avanzaba de regreso a la nave, afligido en ánimo y jadeando.

    “Desgraciado, voy a ser el primero en decirte una pena terrible para ti. Pues Hilas no ha regresado salvo, después de marchar a la fuente, sino que acaso los piratas se lo llevan preso a o las fieras lo destrozan. Yo le he oído gritar”

    Así dijo. Al escucharle, a Heracles comenzó a brotarle abundante sudor de las sienes y la sangre le hervía negra en sus entrañas. Afligido tiró por tierra el remo, y corría por el sendero en la dirección que le llevaban precipitado sus pies. Como cuando un toro atormentado por un tábano se desboca, abandona pastos y praderas, y no se cuida de los pastores ni del rebaño, y unas veces corre sin descanso su carrera, y otras, deteniéndose y alzando su ancho cuello lanza un mugido, herido por el terrible aguijón. Del mismo modo él, enloquecido, unas veces movía sus rápidas rodillas sin parar, y otras en cambio abandonando su ardor gritaba con su enorme voz que penetraba a lo lejos.
    Entonces sobrevino sobre las más altas cumbres la estrella matutina, y con ella llegaron los vientos. Rápidamente ordenó Tifis embarcar y aprovechar el viento. Ellos subieron a la nave con presura, ansiosos, y tras recoger a bordo del barco las piedras de anclaje, tensaron los cables. Se hinchó la vela en su centro, y lejos de la costa surcaban alegres el mar frente al monte de Poseidón. En el momento en que desde el cielo resplandece la clara aurora, que regresa del oeste, y verdean los senderos y los prados brillan con l esplendor chispeantge del rocío, entonces se dieron cuenta de que sin saberlo, los habían dejado. Entre ellos se entablço una vilenta discusión, y un vocerío inmenso, sobre si iban a marcharse abandonando almejor de sus compañeros. El Esónida, abrumado por las dificultades,  no decía ni esto ni aquello, sino que permanecía sentado consumiendo su ánimo por dentro con la pesada desgracia. La cólera se apoderó de Telamón, y le habló así:

    “¡Quédate así tranquilo” Sin duda, que para ti mejor es dejar a Heracles. De ti ha salido este plan, a fin de que no te haga sombra la gloria de aquél a lo largo de Grecia, si los dioses nos conceden el viaje de regreso a la patria. ¿Pero qué ganancia obtengo de mis palabras? Porque también yo me iré lejos de los compañeros tuyos que han maquinado esta trampa.”

    Dijo. Y avanzó hacia Tifis el Hagníada, sus ojos le relucían como las chispas del fuego devorador. Sin duda hubiera vuelto atrás de nuevo a la tierra de los Misios, forzando la distancia y el soplo incesante del viento, si no hubieran detenido al Eácida los dos hijos del Tracio Bóreas con duras palabras. ¡Infelices” Sí que tuvieron más tarde un odioso castigo bajo las manos de Heracles, al que impidieron buscar. Pues al regresar de los juegos por la muerte de Pelias, en Tenos, rodeada por el mar, aquel los mató. Y amontonó la tierra en torno de ellos y dejó encima dos estelas, de las que una, prodeigio divino ala vista de los hombres, se bambolea bajo el soplo de Bóreas resonante. En fin, esto iba a cumplirse con el tiempo.

    Pero del rugiente mar surgió a su vista Glauco, muy sabio intérprete del divino Nereo. Emergiendo su rizosa cabeza y el pecho hasta sus flancos, tendió su robusta mano  sobre el costado de la nave, y gritó a los agitados héroes:

    “¿Por qué, en contra de la voluntad del gran Zeus, persistis en conducir al fuerte Heracles a la ciudad de Eetes´Su destino es realizar en Argos con fatiga todos sus doce trabajos a órdenes del cruel Euristeo.  Y habitar como familiar de los Inmortales, cuando cumpla los pocos restantes. Así que no sintáis nostalgia de él. Del mismo modo a Polifemo le está destinado fundar,junto a los afluentes del Cíos, una famosa ciudad de los Misios y acabar su desitno en la tierra ilimitada de los Cálibes. Por otra parte a Hilas por amor una diosa ninfa le ha hecho su esposo, a él por cuya causa andan errantes y abandonados.”

    Dijo, y se sumergió bajo las incesantes ondas. A su alrededor el agua de oscuros reflejos cubrióse de espuma, agitada en remolinos, y el flujo del mar batió con chasquido la cóncava nave.
    Los héroes se llenaron de alegría. El Eácida Telamón avanzó entonces con apresuramiento hasta Jasón, le estrechó la mano en la suya, le abrazó y le dijo:

    “¿Esónida, no vayas por favor a enojarte conmigo, si me irrité en unos momentos de locura y la pena me forzó a dirigirte palabras de excesivo orgullo e insoportables! Demos, pues, a los vientos tal ofensa, y quedemos tan amigos como antes.”

    Le contestó luego el hijo de Esón, sensatamente:

    “Amigo mío, de verdad que me has ofendido con un grave insulto, al acusarme ante todos los presentes de causar el abandono de tan firme compañero. Pero no voy a guardar por más tiempo un amargo rencor contra ti, por mucho que me haya dolido. Porque no te enfureciste disputando por unas cabezas de ganado ni por piezas de botín, sino por un camarada, y confío que del mismo modo disputarías tú con otro a favor de mí, si algo semejante me ocurriese alguna vez.”

    Así habló, y puestos de acuerdo como antes ocuparon sus asientos.

    En cuanto a los dos que quedaron allí, el uno Polifemo Ilítida, iba a fundar entre los Misios una ciudad a la que puso nombre del río vecino, y Heracles de nuevo marchaba a realizar las pruebas impuestas  por Euristeo.

    Pero amenazó Heracles con devastar Misia, si sus habitantes no descubrían el destino de Hilas, estuviera vivo o muerto. Ellos ofrecieron rehenes por él, escogiendo a los mejores jóvenes de su pueblo y le ofrecieron juramentos de Cíos preguntan por Hilas, el hijo de Teodamante.  Y se cuidan de Traquis, puesto que allí dejó Heracles establecerse a los muchachos que le habían permitido llevarse como rehenes.

    Un viento que sopló con ímpetu llevó la nave durante todo el día y toda la noche. Pero al despuntar la aurora, sólo suave brisa corría. Los Argonautas avistaron un saliente de tierra, de anchuroso aspecto, que sobresalía en medio de una bahía, y arribaron bogando con sus remos a la salida del sol. (Traducción de Carlos García Gual. Editora Nacional. Madrid.1975)

    Pompeya VII, 4, 62. Museo Nazionale di Napoli    
    Pompeya VII, 4, 62. Museo Nazionale  di Napoli

    In the northern Greek city of Amphipolis

    Saint Colombe (Francia). Museo de Grenoble. 3rd. century

    Opus sectile. Basílica de Iunius Bassus en la colina del Esquilino

    Tor Bella Monaca. Museo Nazionale Romano

    Museo de Constantina

    Djemila (Argelia). Museo

    Hylas A Nymphis Raptus (Hylas Captured by the Nymphs), after Giulio Romano

    Bertel Thorvaldsen (1770-1844)-Hylas and the Water Nymphs-Thorvaldsens Museum

    Carl Ferdinand Sohn, 1805-1867- Der Raub Des Hylas

     

    Victorian Sculpture

    Duncan Grant (1885-1978)

    Hylas and the Nymphs- Karl Bryullov, 1827

    Según el anterior

    Hylas stolen by the Nymphs, from an antique painting by Santi Bartoli-Giovanni Battista Piranesi

    Henrietta Rae (1859–1928)

    Hylas And The Water Nymps. by David Neaves

    James Stenhouse

    Hylas and the Water Nymphs by Edouard Theophile Blanchard

    HYLAS RESCUED FROM THE RIVER BY THE NYMPHS' (31), by Joshua Cristall, (1767-1847) in the East Anteroom at Attingham Park

    by doomed-echo

    by RevolverWinds

    ECLECTICLANZ – Artwork

    Atley Loughridge as Dyrope and Justin Blanchard as Hylas in the Shakespeare Theatre Company’s production of Argonautika, written and directed by Mary Zimmerman. Photo by Carol Rosegg.

    Hylas and the Nymphs by KatiaST

    http://antidepresivo.net/wp-content/…ylasNymphs.jpg

  • El Humanismo clásico de Cervantes

    El día 23 de abril de cada año se celebra el “Día mundial del libro y del derecho de autor”. Alguna curiosa circunstancia hizo coincidir la muerte de Cervantes en España, Shakespeare en Inglaterra, el Inca Garcilaso de la Vega en ese día. La Unesco lo consideró muy adecuado para celebrar la existencia de los libros y promocionar la lectura y así se viene haciendo desde el año 1995.

    En un blog sobre el ”mundo antiguo” como éste, parece conveniente en estas fechas dedicar algún comentario a la relación entre la literatura grecolatina  y Cervantes y más en concreto en su magna obra “Don Quijote de la Mancha”. Y a eso dedicaré unas líneas.

    La vida de Cervantes y toda su obra se desarrolla en el marco del Siglo de Oro y del Humanismo español, como corresponde a las fechas de su vida. Así que todo él está impregnado de clasicismo. No hay un solo capítulo del Quijote en el que no se encuentre una referencia directa o indirecta a un autor o personaje clásico antiguo.

    Pero no sólo se trata de recoger mecánicamente las citas textuales, a las que a continuación me referiré, sino de detectar los infinitos detalles de esa influencia y sintonía general y averiguar en qué medida afectaron a Cervantes.

    Así  Cervantes no es sin duda un filólogo latino, pero sí es un amplio conocedor de toda la literatura tópica clásica del momento que utiliza profusamente. Así por ejemplo cuando en Quijote, 9, habla de los historiadores, construye su definición de “historia” a partir de la tópica y famosa de Cicerón, de la que generalmente sólo se conoce y cita la parte más elemental “Historia magistra vitae, la Historia es la maestra de la vida”:

    Quijote, I, 9

    …habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, no les haga torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir.

    Cicerón en De oratore, IX, 36

    Historia vero testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis

    Su primera novela, la Galatea, que el propio Cervantes considera una “égloga” virgiliana, es heredera directa del bucolismo grecolatino,  su “Los trabajos de Persiles y Segismunda” es imitación de la novela “Etiópicas”,( que imita la Odisea de Homero) del griego Heliodoro que vivió en los siglos III o IV. 

    Más evidente aún resulta su deuda en sus obras de teatro, especialmente la Numancia, que naturalmente se ambienta en la época. Los preceptos de la retórica y poéticas antiguas, desde Aristóteles a Cicerón y Horacio, marcan las pautas de la creatividad de Cervantes. El conocimiento de la historia antigua, las discusiones sobre las relaciones entre las armas y las letras, entre la poesía y la historia, se plantean en numerosas ocasiones. Innumerables sentencias, aforismos, preceptos morales, refranes que se vienen usando como topoi desde la Antigüedad, referencias a la mitología clásica, salpican por doquier la vida del loco cuerdo.

    Más aún, hay autores que creen que Cervantes intenta imitar el proceso de creación que algunos ven en el propio Virgilio, que comenzó escribiendo su poesía pastoril, las Églogas, luego poesía didáctica, las Geórgicas y finalmente poesía épica, la Eneida.

    A este proceso en la Edad Media se le llamó la “rota Virgilii” o “rueda de Virgilio” que se representaba como tres círculos concéntricos. Los círculos se corresponden con los tres estilos de la retórica antigua, humilde (humilis), medio (mediocris) y sublime (gravis). Este debería ser el proceso de todo buen poeta. La Galatea, el Quijote y los Trabajos de Persiles y Segismunda serían los tres pasos o círculos de la “rota” que Cervantes habría completado. Pero no tenemos ninguna evidencia de que este fuera el plan de Cervantes, aunque ciertamente era conocedor de esta llamada “rota virgilii” y Virgilio sea uno el autor clásico más citado en El Quijote.

    Dedicaré este primer artículo a reproducir tan sólo la idea que Cervantes tiene por boca de sus personajes de la importancia de los estudios clásicos grecolatinos. En un segundo artículo me referiré, a título de ejemplo, al mito de las “edades del hombre” y en tercer y último lugar (en algún momento hay que variar de asunto) al famoso episodio del ataque del “caballero” a un numeroso y fiero ejército de mansas ovejas, que tiene algún parecido con lo que nos cuentan Homero y Sófocles del héroe griego en la guerra de Troya Ayax, de gran fuerza y de notable persistencia o cabezonería en sus decisiones. 

    Los estudios de los filólogos dedicados a estas cuestiones de la relación de Cervantes, y más en concreto el Quijote, con la literatura clásica son numerosísimos. Me permito citar la tesis doctoral de Antonio Barnés Vázquez “Yo he leído en Virgilio. Análisis sincrónico de la tradición clásica en el Quijote. Granada, 2008), de la que extraigo algunos de los datos que ofrezco a continuación.

    Antonio Barnés constata en El Quijote 1274 referencias al mundo clásico, 531 en la primera parte y 743 en la segunda. De todas ellas 472 se refieren a algún autor griego o romano. Según Barnés aparecen 62 autores griegos o romanos, 37 latinos y 25 griegos. Los más representados son: Virgilio 94 veces, Ovidio 58, Homero 47, Aristóteles 46, Horacio 45, Platón 32, Cicerón 31, Plinio el Viejo 30, Séneca 19, Plutarco 12, Tito Livio 10, Esopo y Catón 9, César 8; Ptolomeo y Quintiliano 6; Luciano,Aulo Gelio y Juvenal 5; Demóstenes, Isócrates, Apuleyo, Marcial, Suetonio 4; Hipócrates, Jenofonte,Pitágoras, Fedro, Quinto Curcio, Tácito, Terencio 3; Heródoto, Boecio, Claudio Donato, Lucano, Macrobio, Plauto 2; Aquiles Tacio,Arriano, Demócrito, Estrabón, Heliodoro, Hesiodo, Píndaro, Sexto Empírico,Sócrates, Teopompo, Tirteo, Zoilo, Apio Claudio, Catulo, Frontino, Higinio, Nepote, Papiniano, Persio, Plinio el Joven, Pomponio Mela, Propercio, Publilio Siro, Salustio, Tibulo una.

    Y todo esto sólo en El Quijote. Así que el campo en el que el curioso lector puede espigar es inmenso.

    Por eso, a  manera de síntesis reproduzco el capítulo XVI de la II parte en que Cervantes nos deja su visión de la importancia de los estudios humanísticos:

    Desta última razón de don Quijote tomó barruntos el caminante de que don Quijote debía de ser algún mentecato, y aguardaba que con otras lo confirmase; pero, antes que se divertiesen en otros razonamientos, don Quijote le rogó le dijese quién era, pues él le había dado parte de su condición y de su vida. A lo que respondió el del Verde Gabán:

    –Yo, señor Caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido. Soy más que medianamente rico y es mi nombre don Diego de Miranda; paso la vida con mi mujer, y con mis hijos, y con mis amigos; mis ejercicios son el de la caza y pesca, pero no mantengo ni halcón ni galgos, sino algún perdigón manso, o algún hurón atrevido. Tengo hasta seis docenas de libros, cuáles de romance y cuáles de latín, de historia algunos y de devoción otros; los de caballerías aún no han entrado por los umbrales de mis puertas. Hojeo más los que son profanos que los devotos, como sean de honesto entretenimiento, que deleiten con el lenguaje y admiren y suspendan con la invención, puesto que déstos hay muy pocos en España. Alguna vez como con mis vecinos y amigos, y muchas veces los convido; son mis convites limpios y aseados, y no nada escasos; ni gusto de murmurar, ni consiento que delante de mí se murmure; no escudriño las vidas ajenas, ni soy lince de los hechos de los otros; oigo misa cada día; reparto de mis bienes con los pobres, sin hacer alarde de las buenas obras, por no dar entrada en mi corazón a la hipocresía y vanagloria, enemigos que blandamente se apoderan del corazón más recatado; procuro poner en paz los que sé que están desavenidos; soy devoto de nuestra Señora, y confío siempre en la misericordia infinita de Dios nuestro Señor.

    Atentísimo estuvo Sancho a la relación de la vida y entretenimientos del hidalgo; y, pareciéndole buena y santa y que quien la hacía debía de hacer milagros, se arrojó del rucio, y con gran priesa le fue a asir del estribo derecho, y con devoto corazón y casi lágrimas le besó los pies una y muchas veces. Visto lo cual por el hidalgo, le preguntó:

    –¿Qué hacéis, hermano? ¿Qué besos son éstos?

    –Déjenme besar –respondió Sancho–, porque me parece vuesa merced el primer santo a la jineta que he visto en todos los días de mi vida.

    –No soy santo –respondió el hidalgo–, sino gran pecador; vos sí, hermano, que debéis de ser bueno, como vuestra simplicidad lo muestra.

    Volvió Sancho a cobrar la albarda, habiendo sacado a plaza la risa de la profunda malencolía de su amo y causado nueva admiración a don Diego. Preguntóle don Quijote que cuántos hijos tenía, y díjole que una de las cosas en que ponían el sumo bien los antiguos filósofos, que carecieron del verdadero conocimiento de Dios, fue en los bienes de la naturaleza, en los de la fortuna, en tener muchos amigos y en tener muchos y buenos hijos.

    –Yo, señor don Quijote –respondió el hidalgo–, tengo un hijo, que, a no tenerle, quizá me juzgara por más dichoso de lo que soy; y no porque él sea malo, sino porque no es tan bueno como yo quisiera. Será de edad de diez y ocho años: los seis ha estado en Salamanca, aprendiendo las lenguas latina y griega; y, cuando quise que pasase a estudiar otras ciencias, halléle tan embebido en la de la poesía, si es que se puede llamar ciencia, que no es posible hacerle arrostrar la de las leyes, que yo quisiera que estudiara, ni de la reina de todas, la teología. Qu[i]siera yo que fuera corona de su linaje, pues vivimos en siglo donde nuestros reyes premian altamente las virtuosas y buenas letras; porque letras sin virtud son perlas en el muladar. Todo el día se le pasa en averiguar si dijo bien o mal Homero en tal verso de la Ilíada; si Marcial anduvo deshonesto, o no, en tal epigrama; si se han de entender de una manera o otra tales y tales versos de Virgilio. En fin, todas sus conversaciones son con los libros de los referidos poetas, y con los de Horacio, Persio, Juvenal y Tibulo; que de los modernos romancistas no hace mucha cuenta; y, con todo el mal cariño que muestra tener a la poesía de romance, le tiene agora desvanecidos los pensamientos el hacer una glosa a cuatro versos que le han enviado de Salamanca, y pienso que son de justa literaria.
    A todo lo cual respondió don Quijote:

    –Los hijos, señor, son pedazos de las entrañas de sus padres, y así, se han de querer, o buenos o malos que sean, como se quieren las almas que nos dan vida; a los padres toca el encaminarlos desde pequeños por los pasos de la virtud, de la buena crianza y de las buenas y cristianas costumbres, para que cuando grandes sean báculo de la vejez de sus padres y gloria de su posteridad; y en lo de forzarles que estudien esta o aquella ciencia no lo tengo por acertado, aunque el persuadirles no será dañoso; y cuando no se ha de estudiar para pane lucrando, siendo tan venturoso el estudiante que le dio el cielo padres que se lo dejen, sería yo de parecer que le dejen seguir aquella ciencia a que más le vieren inclinado; y, aunque la de la poesía es menos útil que deleitable, no es de aquellas que suelen deshonrar a quien las posee. La poesía, señor hidalgo, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad, y en todo estremo hermosa, a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio; hala de tener, el que la tuviere, a raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias, o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo. Y así, el que con los requisitos que he dicho tratare y tuviere a la poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo. Y a lo que decís, señor, que vuestro hijo no estima mucho la poesía de romance, doyme a entender que no anda muy acertado en ello, y la razón es ésta: el grande Homero no escribió en latín, porque era griego, ni Virgilio no escribió en griego, porque era latino. En resolución, todos los poetas antiguos escribieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las estranjeras para declarar la alteza de sus conceptos. Y, siendo esto así, razón sería se estendiese esta costumbre por todas las naciones, y que no se desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcaíno, que escribe en la suya. Pero vuestro hijo, a lo que yo, señor, imagino, no debe de estar mal con la poesía de romance, sino con los poetas que son meros romancistas, sin saber otras lenguas ni otras ciencias que adornen y despierten y ayuden a su natural impulso; y aun en esto puede haber yerro; porque, según es opinión verdadera, el poeta nace: quieren decir que del vientre de su madre el poeta natural sale poeta; y, con aquella inclinación que le dio el cielo, sin más estudio ni artificio, compone cosas, que hace verdadero al que dijo: est Deus in nobis…, etcétera. También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte quisiere serlo; la razón es porque el arte no se aventaja a la naturaleza, sino perficiónala; así que, mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfetísimo poeta. Sea, pues, la conclusión de mi plática, señor hidalgo, que vuesa merced deje caminar a su hijo por donde su estrella le llama; que, siendo él tan buen estudiante como debe de ser, y habiendo ya subido felicemente el primer escalón de las esencias, que es el de las lenguas, con ellas por sí mesmo subirá a la cumbre de las letras humanas, las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada, y así le adornan, honran y engrandecen, como las mitras a los obispos, o como las garnachas a los peritos jurisconsultos. Riña vuesa merced a su hijo si hiciere sátiras que perjudiquen las honras ajenas, y castíguele, y rómpaselas, pero si hiciere sermones al modo de Horacio, donde reprehenda los vicios en general, como tan elegantemente él lo hizo, alábele: porque lícito es al poeta escribir contra la invidia, y decir en sus versos mal de los invidiosos, y así de los otros vicios, con que no señale persona alguna; pero hay poetas que, a trueco de decir una malicia, se pondrán a peligro que los destierren a las islas de Ponto. Si el poeta fuere casto en sus costumbres, lo será también en sus versos; la pluma es lengua del alma: cuales fueren los conceptos que en ella se engendraren, tales serán sus escritos; y cuando los reyes y príncipes veen la milagrosa ciencia de la poesía en sujetos prudentes, virtuosos y graves, los honran, los estiman y los enriquecen, y aun los coronan con las hojas del árbol a quien no ofende el rayo, como en señal que no han de ser ofendidos de nadie los que con tales coronas veen honrados y adornadas sus sienes.

    Admirado quedó el del Verde Gabán del razonamiento de don Quijote, y tanto, que fue perdiendo de la opinión que con él tenía, de ser mentecato. Pero, a la mitad desta plática, Sancho, por no ser muy de su gusto, se había desviado del camino a pedir un poco de leche a unos pastores que allí junto estaban ordeñando unas ovejas; y, en esto, ya volvía a renovar la plática el hidalgo, satisfecho en estremo de la discreción y buen discurso de don Quijote, cuando, alzando don Quijote la cabeza, vio que por el camino por donde ellos iban venía un carro lleno de banderas reales; y, creyendo que debía de ser alguna nueva aventura, a grandes voces llamó a Sancho que viniese a darle la celada. El cual Sancho, oyéndose llamar, dejó a los pastores, y a toda priesa picó al rucio, y llegó donde su amo estaba, a quien sucedió una espantosa y desatinada aventura.

  • Ciclópeo, colosal, hercúleo, gigantesco, titánico, faraónico, monstruoso, enorme, obra magna, obra de romanos

    El hombre antes de “sapiens” fue “faber”, “hombre que hace (al principio toscos instrumentos de piedra), que construye, que produce, que fabrica…”. Así que llevamos sobre la tierra muchos miles de años haciendo obras, generalmente de proporciones adecuadas a las fuerzas y limitada capacidad del hombre.

    Pero de vez en cuando el hombre ejecuta obras que se salen de lo común, de lo normal, de lo habitual. Para calificarlas disponemos de algunos adjetivos poco expresivos, generalmente expresando un concepto negativo, o mejor, negando uno positivo (descomunal, extraordinario, enorme…) y de otros cuantos con más fuerza calificativa y semántica (ciclópeo, colosal, hercúleo, titánico…).

    Curiosamente estos últimos derivan del nombre de algunos seres mitológicos antiguos de los que reciben precisamente su riqueza expresiva. Así que una vez más podemos concluir que es mucho, en todos los aspectos, lo que debemos a los griegos y sus creaciones culturales. Si decimos “extraordinario” queremos decir que se sale de lo ordinario; si decimos “ciclópeo” decimos mucho más.

    Así hablamos de “obra ciclópea” para referirnos por ejemplo a murallas de algunas ciudades o poblados antiguos, como las de Micenas o Tirinto o Tarragona en España,  construidas conr bloques de piedra enormes que parecen imposibles de ser manejados por hombres normales.

    El adjetivo  deriva de “cíclope”, del griego  Κύκλωπες Kýklopes, de κύκλος kyklos, ‘rueda’, ‘círculo’ y ὤψ ops, ‘ojo’. Los Cíclopes son seres mitológicos gigantescos y brutos con un solo ojo en la frente. Los de la primera generación eran hijos de Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra).

    El más conocido es el de segunda generación llamado Polifemo, Πολύφημος Polyphêmos, ‘de muchas palabras’, hijo de Poseidón y la ninfa Toosa. Es muy conocido el episodio narrado en la Odisea en el que los griegos que habían entrado en su cueva han de valerse de un ardid para escapar de la voracidad antropófaga del monstruo; el Cíclope Polifemo era capaz de levantar y arrojar enormes piedras a los griegos que huían en su barco, pero con poco tino por haber perdido la visión de su único ojo. Nos lo cuenta Homero en Odisea, IX. A lo largo de muchos versos; en los número 536 y ss. dice:

    Así habló rogando y le escuchó el dios de cabellera cerúlea. Después cogió el Ciclope un peñasco mayor que el de antes, y lo lanzó  volteándolo  con fuerza inmensa, y lo arrojó contra  nuestro barco de azulada proa, y  faltó poco para darnos  en la punta del gobernalle. Se agitó el mar por la caída del peñasco, y las olas, empujando la nave  hacia adelante, la hicieron llegar a tierra firme.    

    Los propios antiguos ya utilizaron la palabra ciclópeo con este significado. Así por ejemplo Virgilio en  Eneida I, v. 201

    Vosotros también habéis visto de cerca el furor de Escila
    y sus escollos ensordecedores y conocéis también las rocas ciclópeas:
    reunid vuestro valor y deponed el triste temor;
    quizás algún día os producirá placer recordar estas cosas.

    Vos et Scyllaeam rabiem penitusque sonantis
    accestis scopulos, vos et Cyclopea saxa
    experti: revocate animos, maestumque timorem
    mittite: forsan et haec olim meminisse iuvabit.

    No en vano el geógrafo Estrabón y Pausanias, autor de la primera guía de viajes de la que tenemos noticias, recogen la opinión extendida de las murallas de grandes piedras eran obra de los Cíclopes.

    Estrabón, VIII, 6,11:

    Parece que Tirinto sirvió de base de operaciones al rey Proteo y que fue fortificada por las propias manos de los Cíclopes.

    También Plinio en Historia Natural, VII, 56 (195) nos dice:

    Cinira, hijo de Agriopas inventó el azulejo y descubrió las minas de cobre, las dos cosas en la isla de Chipre; inventó también las tenazas, el martillo, la palanca y el yunque: Dánao trajo los pozos de Egipto  a la parte de Grecia que antes se llamaba Argos Dipsion (la Seca). Cadmo las canteras de piedra en Tebas o, según Teofrasto en Fenicia. Trason las murallas; según Aristóteles, los Cíclopes las torres, pero según Teofrasto los Tirintios.

    tegulas invenit Cinyra, Agriopae filius, et metalla aeris, utrumque in insula Cypro, item forcipem, martulum, vectem, incudem; puteos Danaus ex Aegypto advectus in Graeciam qua vocabatur Argos Dipsion; lapicidinas Cadmus Thebis aut, ut Theophrastus, in Phoenice; Thrason muros; turres, ut Aristoteles, Cyclopes, Tirynthii, ut Theophrastus;

    Pausanias, en varios pasajes, entre otros en Descripción de Grecia, II, 25,8

    (Tirinto) Se dice que  las murallas, que es lo único que queda de las ruinas, son obra de  los Cíclopes y  están construidas de piedras que son tan grandes que un par de mulas no pueden mover ni un milímetro ni las más pequeñas. A lo largo de ellas se meten pequeñas piedras  entre las grandes, de forma que no queda ningún hueco y los grandes bloques quedan firmemente unidos. 

    Colosal es otro adjetivo sinónimo para calificar a estas obras extraordinarias derivado del sustantivo griego κολοσσός (kolossos),  con el que los helenos designaban a las estatuas grandes. El coloso por antonomasia es el Coloso de Rodas, dedicado a Helios, el Sol, construida en el año 292 a.C.  y destruida en 226 a.C. por un terremoto. Tan famosa en la Antigüedad como para ser considerada una de las Siete Maravillas, aparece en numerosísimos textos antiguos. Plinio,  por ejemplo, nos da información de ella en Historia Natural, lib. 34, 18,(41):

    Pero el más admirado de todos fue el Coloso del Sol, en Rodas, que había hecho Cares el Lindio, alumno del Lisipo  mencionado antes. Esta estatua medía 70 codos de altura. Después de 66 años un terremoto la derribó, pero incluso yacente es digna de admirar. Pocos pueden abrazar su dedo  pulgar, sus dedos son mayores  que la mayoría de las estatuas. En sus miembros fracturados se abren grandes cavernas. En el interior se ven rocas de grandes dimensiones, con cuyo peso lo habían estabilizado al levantarlo. Dicen que lo hicieron en doce años y costó 300 talentos, que se consiguieron del equipamiento  de guerra del rey Demetrio abandonado por la larga duración del  asedio de Rodas.

    Nota: Se mantuvo en el lugar donde fue derribada durante casi 900 años, hasta el año 653 d. C, cuando Moavia, califa de los sarracenos, tras la captura de Rodas, vendió los materiales; se dice que se requirieron novecientos camellos para retirar los restos.

    Ante omnes autem in admiratione fuit Solis colossus Rhodi, quem fecerat Chares Lindius, Lysippi supra dicti discipulus. LXX cubitorum altitudinis fuit hoc simulacrum, post LXVI annum terrae motu prostratum, sed iacens quoque miraculo est. pauci pollicem eius amplectuntur, maiores sunt digiti quam pleraeque statuae. Vasti specus hiant defractis membris; spectantur intus magnae molis saxa, quorum pondere stabiliverat eum constituens. Duodecim annis tradunt effectum CCC talentis, quae contigerant ex apparatu regis Demetrii relicto morae taedio obsessa Rhodo.

    Hubo numerosas estatuas gigantescas y por lo tanto muchos “colosos”. Una de estas estatuas colosales era la que representaba a Nerón, situada en su Domus aurea, casa de oro,  cerca del anfiteatro Flavio, al que llamaban por eso Amphiteatrum Colosseum o Colossei, el anfiteatro del Coliseo. De ahí que Coloseo pasó a designar al propio anfiteatro, edificio que como saben era dedicado a celebrar luchas de gladiadores, con otros gladiadores o con animales salvajes. Todavía hoy el esqueleto en pie de este colosal edificio asombra al turista que visita Roma y que bien podría haberse llamado así por las enormes dimensiones que tiene con capacidad para 40.000 espectadores, que además pueden desalojarlo en pocos minutos por los numerosos, estratégicos y bien diseñados “vomitoria” o accesos a las gradas.

    La estatua de Nerón se convirtió en estatua del Sol después de la destrucción de la Domus aurea y finalmente fue retirada en tiempos del emperador Adriano para construir el Templo de Venus y Roma, necesitándose para ello 24 elefantes, como nos cuenta Espartiano en la Historia Augusta.

    HISTORIA AUGUSTA. DE VITA HADRIANI AELII SPARTIANI XIX, 12 ss.

    Se trasladó también el coloso que estaba colocado por el arquitecto Decriano de aquel lugar en el que ahora está el templo de la Ciudad, con su enorme dimensión, de tal forma que necesitó para la operación veinticuatro elefantes. Y como quiera que esta estatua, que primero tenía el rostro de Nerón, al que estaba dedicada, se consagró al Sol, se le encargó hacer otra dedicada a la Luna al arquitecto Apolodoro.

    Transtulit et colossum stantem atque suspensum per Decrianum architectum de eo loco, in quo nunc templum Urbis est, ingenti molimine, ita ut operi etiam elephantos viginti quattuor exhiberet. 13 Et cum hoc simulacrum post Neronis vultum, cui antea dicatum fuerat, Soli consecrasset, aliud tale Apollodoro architecto auctore facere Lunae molitus est.

    Curiosamente de coliseo deriva la palabra coso, que en España y países influenciados por su cultura designa a las circulares plazas de toros, en que se celebran sus corridas, herencia moderna sin duda de las antiguas luchas de hombres con animales salvajes que se celebraron en el Anfiteatro Coliseo.

    Hercúleo,-a es otra palabra apropiada a las dimensiones y grandiosidad de estas obras. Hércules, en griego  Ἡρακλῆς, Hēraklḗs, Heracles, hijo de Zeus y de la mortal Alcmena, es el más célebre de los héroes griegos, de extraordinaria fuerza. Hubo de realizar 12 difíciles trabajos.  Ya de pequeño dio pruebas de su fortaleza: poco después de nacer Hera le envió dos serpientes mientras dormía para matarlo, pero las estranguló con sus solas manos.

    Luego de adulto muy fuerte debía de ser para separar Europa de Africa y colocar las famosas columnas. El décimo trabajo consistía en robar los bueyes o vacas del pastor Gerión, monstruo de tres cuerpos que vivía en Occidente, en la actual Cádiz,  y transportarlos vivos a Micenas. Al llegar al final del mar Mediterráneo encontró el camino del mar cerrado, por lo que abrió el estrecho de Gibraltar para comunicar los dos mares y colocó las columnas, una en Gibraltar y la otra en el monte Hacho de Ceuta (otras  versiones proponen otra localización africana).

    Más allá de esas columnas los navegantes fenicios, griegos y romanos no se atrevían a navegar por el “mare ignotum” o “mare tenebrosum”. Por eso se acompañan de la inscripción “non plus ultra”,  “no más allá”, como seria advertencia, leyenda superada cuando a finales del siglo XV Colón y los españoles descubren América. Carlos V eliminó el “non” de la leyenda convirtiéndola en el lema     “plus ultra”, “más allá”.

    El geógrafo  Pomponio Mela, que nació curiosamente en Tingentera, identificada con Iulia Traducta, y con las modernas Algeciras o Tarifa, y por lo tanto de la zona del Estrecho,  escribió al respecto en su Chorographia, I, 23:

    Más allá hay un monte muy alto, y frente a él, en Hispania hay otro que alcanza su atura: a éste le llaman Abila, a aquel Calpe y a los dos las Columnas de Hércules. La tradición nos cuenta la fábula de su nombre: el mismo Hércules separó los dos montes unidos en otro tiempo por una cordillera continua, y así el Océano, cerrado antes por la mole de los montes tuvo entrada a las tierras que ahora inunda. Aquí ahora el mar se desparrama más anchamente y cae  con gran fuerza a lo ancho sobre las tierras que han retrocedido. Por lo demás la región es pobre, y sin suerte de tener algo importante está habitada por pequeños pueblos; produce pequeños ríos, más valiosa por su suelo que por sus hombres y oscura por el poco  valor de sus gentes. 

    Deinde est mons praealtus, ei quem ex adverso Hispania adtollit obiectus: hunc Abilam, illum Calpen vocant, Columnas Herculis utrumque. Addit fama nominis fabulam, Herculem ipsum iunctos olim perpetuo iugo diremisse colles, atque ita exclusum antea mole montium oceanum ad quae nunc inundat admissum. Hic iam mare latius funditur, submotasque vastius terras magno impetu inflectit. ceterum regio ignobilis et vix quicquam inlustre sortita parvis oppidis habitatur, parva flumina emittit, solo quam viris melior et segnitia gentis obscura.

    Entre otros muchos textos, por ejemplo Estrabáon,3,5,2, Plinio en su Historia Naturalis, 3,1 (4), y Séneca, en  su tragedia Hércules Furioso pasa revista a sus trabajos y entre ellos al episodio de las vacas de Gerión. Reproduzco Hercules furens, versos  232-238:

    Entre los remotos rebaños del pueblo hesperio, fue matado el pastor de tres cuerpos de la costa tartesia; y el botín fue traído desde los confines de Occidente;  y el ganado, conocido por el  Océano pastó luego en el Citereón (monte del interior de Grecia) .

    Cuando se le mandó que penetrara en las regiones del sol estival y en los requemados reinos que abrasa el mediodía, separó los dos montes a uno y otro lado, y rota esta barrera abrió un ancho camino para que se precipitara el Océano.

    inter remotos gentis Hesperiae greges
    pastor triformis litoris Tartesii
    peremptus, acta est praeda ab occasu ultimo;
    notum Cithaeron pavit Oceano pecus.
    penetrare iussus solis aestivi plagas
    et adusta medius regna quae torret dies
    utrimque montes solvit ac rupto obice
    latam ruenti fecit Oceano viam.

    Titánico también califica adecuadamente a estas obras de esfuerzos excepcionales, por lo infrecuentes. Los Titanes son primitivos dioses dela mitología griega, hijos de Urano y Gea, anteriores a los dioses olímpicos. En la Titanomaquia o Guerra de los Titanes fueron vencidos por Zeus y los olímpicos y encerrados en el Tártaro. Hesiodo nos narra la terrible batalla en su Teogonía, de la que reproduzco un pequeño fragmento.

    Hesiodo, Teogonía, 674 y ss.

    Ellos, entonces, en cruel batalla, se enfrentaron a los Titanes con enormes piedras en sus robustas manos. Los Titanes, desde el otro lado, fortificaban sus filas con prontitud; ambos mostraban a la vez el poder de sus manos y de su violencia. Terrible resonó el inmenso mar; la tierra produjo un gran estruendo; el ancho cielo agitándose se lamentó; el inmenso Olimpo desde su base vibró por el ímpetu de los inmortales; llegó al umbroso Tártaro el pesado ruido de pies y el profundo griterío del inmenso tumulto y de los fuertes disparos. ¡De ese modo lanzaban funestos dardos unos contra otros!; la voz de unos y otros exhortándose llegó al estrellado Cielo, y ellos confluyeron con un gran alalá. (Traducción de Adelaida Martín Sánchez y María Angeles Martín Sánchez. Alianza Editorial, 2005)

    Gigantesco,-a refleja a la perfección una obra muy grande. Los  Γίγαντες (gigantes) son seres de gran tamaño, como los cíclopes, nacidos de  Gea, la Tierra y la sangre de Urano, el Cielo, como relata Hesiodo en su Teogonía, 183 y ss.: 

    (Cuando Crono mutila a su padre Urano) …Estos verdaderamente no en vano escaaron de su mano, pues cuantas gotas de sangre desprendieron, todas las recogió Gea y, transcurrido el tiempo, dio a luz a las poderosas Erinias, a los grandes Gigantes, resplandecientes con el brillo de sus armas, con largas lanzas en sus manos, y a las Ninfas que llaman Melias en la inmensa tierra.

    Los Gigantes también lucharon con los dioses. Nos lo cuenta, entre otros muchos, Apolodoro en su Biblioteca I 6,1:

    Gea, irritada por lo acontecido a los Titanes, genera con Urano a los Gigantes, insuperables por la magnitud de sus cuerpos e invencibles por su potencia física, presentaban espantosa apariencia, de su cabeza y mentón pendía espesa pelambrera y tenían por pies escamas de dragón. Nacieron según dicen unos en Flegra, pero según otros en Palene.
    ….
    Pero los dioses estaban en posesión de un vaticinio según el cual ningún Gigante podría perecer a manos de los dioses, mientras que si un mortal luchaba en su bando moriría. Zeus por medio de Atenea llamó en su ayuda a Heracles.

    Faraónico podríamos incluir en esta serie de adjetivos, significando también obra enorme o descomunal, derivado naturalmente de las grandes pirámides y otras enormes esculturas y templos construidos en el Egipto antiguo.

    Y por supuesto y con toda justicia la expresión “obra de romanos”, porque algunos puentes, vías y murallas sobre todo de época romana nos asombran por sus dimensiones o dificultad.  

    Mastodóntico, que añade   al sustantivo correspondiente la magnitud propia de los grandes elefantes antiguos, de los que de vez en cuando aparecen restos llamativos.

    Frente a estos adjetivos, que acumulan en su significado los detalles de su mito o historia, disponemos de una serie muy numerosa de términos menos significativos; quizás sea tan numerosa la serie por el significado general y abstracto y el escaso valor semántico que encierran. Muchos de ellos expresan un mero concepto negativo o la negación de un concepto.

    extraordinario: Fuera del orden o regla natural o común.

    enorme: fuera de norma

    Desmedido: fuera de medida

    Descomunal. fuera de lo común

    Inmenso: sin medida

    Más contenido tienen por ejemplo

    Magna opera: magnus,-a significa grande; opera obra; por lo tanto “gran obra

    Ingente: palabra latina que significa “muy grande”, relacionado tal vez con la misma raíz del griego “gigas”, gigante. El latino “ingens” cayó en desuso y curiosamente lo hemos recuperado como cultismo.

    Magnífico y magnífica obra: compuesto de “magnus”, grande, y “facere”, hacer”: que produce grandeza

    Monumental:  propio de un monumento y por tanto digno de ser recordado

    Monstruoso: relacionado con el anterior, significando que avisa, que advierte de algo dada su excepcionalidad.

    Fenomenal, de significado semejante al anterior; proviene del griego φαινομένον, phainomenon, fenómeno,de φαινεῖν, fainein,  = brillar, hacer brillar, aparecer; mostrar, hacer ver,  que literalmente significa ''lo que se muestra''  y fenomenal lo que por sus características tiene y se merece gran visibilidad.

    Maravilloso expresa algo semejante. Maravilla deriva del latín mirabilia, cosas admirables o dignas de ser admiradas o sorprendentes, del verbo mirari, admirar. De la misma raíz es “milagro”,miraculum en latín.

    Formidable: del latín formido, miedo, temor: con cierta relación con los anteriores: que produce temor, aunque ahora haya perdido absolutamente sus connotaciones negativas

    Imponente: relacionado con los anteriores: que pone asombro o temor

    Excelente y excelso:  significa “sobresaliente”; de ex y celsus, elevado, superior, de una raíz indoeuropea, cel, que significa culmen, altura.

    En fin, no hemos agotado el listado pero estos términos pueden ser suficientes. De alguna manera, como sinónimos nunca perfectos, todos coinciden en el carácter sobrehumano de las acciones a las que califican. Ciertamente los personajes mitológicos de los que derivan no son hombres, son dioses o como mínimo héroes (mitad hombres –mitad dioses).

    En fin, los mitos griegos y todo lo con ellos relacionado está absolutamente integrado en nuestro acervo cultural y por tanto lingüístico, aunque no seamos conscientes al emplearlos.

  • Octavio Augusto estuvo tres veces en Hispania

    Por fin el cálido verano ha dado paso al más dulce otoño. El verano se extiende de Junio, el mes de la diosa Juno, la homóloga romana de la griega Hera, a Septiembre, el més séptimo de un inicial año de diez meses. Entre el mes inicial y el final del verano se desgranan día a día los meses de Julio y Agosto. Julio se llamó primeramente “quintilis”, es decir, el mes quinto y Agosto “sextilis”, es decir, el mes sexto. El general o “imperator” Julio César dio su nombre al quinto y su sobrino y primer emperador Octavio Augusto dio el nombre al sexto.

    Octavio nació en septiembre del año 63 a.C.  y murió en agosto del año 14 d.C., (prescindiendo de la  exactitud cronológica dificultada por los cambios, adaptaciones y reajustes del calendario, que su tío Julio César ya reformó, hasta el día de hoy). Así que acaban de cumplirse 2.000 años y puede ser esta una buena ocasión para comentar algún detalle.

    "Augusto" fue uno de los numerosos títulos honoríficos que César Octavio acumuló en su persona. La palabra está relacionada con “augeo” que significa aumentar, crecer, ganar fuerza y “augurio” u “observación e interpretación de los mensajes favorables de los dioses”, por lo que “augusto” viene a significar  “consagrado por los augurios, con augurios favorables,santo, venerable, el elegido o favorecido por la divinidad”. Todavía hoy en italiano se emplea la palabra  “auguri” para expresar “los mejores deseos” para alguien. Hasta Octavio,el término “augustus” sólo se aplicaba a las cosas y no a las personas.

    El poeta Ovidio nos ilustra sobre el significado  del término. Al cantar la festividad y las ceremonias del día 13 de Enero dedicadas a Augusto, nos dice  en sus Fastos 1. 607 y ss.

    Sin embargo todos son celebrados con honores humanos;
    Sólo éste (Augusto) tiene un nombre asociado al supremo Júpiter.
    Los patricios a las cosas sagradas las llaman augustas; augustos son llamados
    los templos dedicados ritualmente por la mano de los sacerdotes.
    Tambien “augurio”  tiene su origen en esta palabra,
    y  todo lo que Júpiter engrandece con su poder.
    ¡Que engrandezca el imperio de nuestro guía, que aumente sus años
    y proteja vuestro umbral con la corona de encina.
    Y que el heredero de tan gran apellido con los auspicios de los dioses
    cargue con el peso del mundo con el mismo favor divino que su padre!

    sed tamen humanis celebrantur honoribus omnes:
    hic socium summo cum Iove nomen habet,
    sancta vocant augusta patres, augusta vocantur
    templa sacerdotum rite dicata manu;
    huius et augurium dependet origine verbi,
    et quodcumque sua Iuppiter auget ope.
    augeat imperium nostri ducis, augeat annos,
    protegat et vestras querna corona fores,
    auspicibusque deis tanti cognominis heres
    omine suscipiat, quo pater, orbis onus 

    Según las fuentes, al menos las que yo conozco, Augusto estuvo tres veces en Hispania y de las tres quedan algunos hechos relevantes y  alguna anécdota.

    El primer viaje tuvo lugar el año 45 a.C., cuando apenas contaba 18 años. Debía haber viajado antes con su tío, pero una enfermedad le impidió la marcha. Así que vino sólo para encontrarse en Tarragona con Julio César. En el viaje  naufragó y cuando llegó, su tío ya no estaba allí por lo que hubo de marchar por terreno enemigo y hostil hacia la Bética en donde se encontraba luchando en la guerra civil contra los hijos de Pompeyo.

    Nos lo cuenta Nicolás de Damasco en su  Vida de Augusto, FGrH F 127, …(10-11)

    (10) …Había muchos que querían acompañarle porque ya era una gran promesa, pero rechazó a todos, incluida su propia madre. Seleccionó al  más rápido y más fuerte de sus siervos e inició rápidamente  su viaje y cubriendo el largo camino con una increíble marcha  llegó junto a César, que ya había completado toda la guerra en el espacio de siete meses.

    (11) Cuando Octavio llegó a Tarraco, pareció difícil creer que había logrado llegar en medio de tantas dificultades propias de la guerra. Al no encontrar a César allí, tuvo que afrontar  más problemas y peligros. Alcanzó a César en España, cerca de la ciudad de Calpiá. César lo abrazó como a un hijo y le dio la bienvenida, porque él lo había dejado en casa, enfermo, y ahora lo veía inesperadamente a salvo de tantos enemigos y  bandidos. De hecho, ya no le dejó apartarse de él, sino que lo acogió  en sus propias dependencias militares. Elogió su celo e inteligencia, ya que él fue el primero en llegar de los que habían salido de Roma . Conversaba con él y le hacía preguntas porque quería hacerse una opinión correcta de su entendimiento. Se dio cuenta de  que era sagaz, inteligente y conciso en sus respuestas, que  siempre contestó inmediatamente, y aumentó  su estima y afecto por él. Después de esto tuvieron que navegar hasta Carthago Nova (Cartagena) para hacer acuerdos.  Octavio se embarcó en el mismo barco que César, con cinco esclavos, pero, además de los esclavos eligió a tres de sus compañeros a bordó y temía  que César se enfadara al descubrirlo. Sin embargo, currió todo lo contrario, y a César  le agradó que Octavio sintiera  cariño por  sus compañeros y lo elogió porque a él también  le gustaba tener siempre  con él hombres atentos y deseosos de de alcanzar la excelencia; y porque él ya daba no poca importancia a ganar una buena reputación en su patria.

    La rapidez y valentía con la que acudió el joven Octavio y el sentido común y responsabilidad con la que actuó durante la estancia en Hispania impresionaron favorablemente a Julio César, que probablemente comenzó a pensar en él como su heredero, como luego se descubrió en la apertura de su testamento que había custodiado la sacerdotisa vestal Máxima.

    También recoge esta información  Suetonio en su Vida de Augusto VIII:

    Poco después marchó  a Hispania junto a su tío materno, que luchaba contra los hijos de C. Pompeyo, apenas recuperado de una grave enfermedad, marchando a través de caminos infestados de enemigos, con unos pocos acompañantes incluso después de haber naufragado. Por todo esto se ganó su gran agradecimiento (César) y también por la sobriedad de sus costumbres, que pronto demostró, además de por su actuación durante el viaje.

    profectum mox auunculum in Hispanias aduersus Cn. Pompei liberos uixdum firmus a graui ualitudine per infestas hostibus uias paucissimis comitibus naufragio etiam facto subsecutus, magno opere demeruit, approbata cito etiam morum indole super itineris industriam.

    Y también Veleyo Patérculo, 2.59.3  nos recuerda cómo su tío César se lo llevó a Hispania con dieciocho años y lo mantuvo con él, montandolo incluso su carro.

    Aunque se había criado en la casa de su padrastro, Filipo, Cayo César, su tío abuelo, amaba a este niño como su propio hijo. A la edad de dieciocho años se lo llevó como compañero a la guerra de Hispania, y nunca tuvo otro hospedaje que el suyo ni vaijó en otro vehículo,  y aunque todavía un niño, lo honró con el sacerdocio del pontificado

    Quem C. Caesar, maior eius avunculus, educatum apud Philippum vitricum dilexit ut suum, natumque annos duodeviginti Hispaniensis militiae adsecutum se postea comitem habuit, numquam aut alio usum hospitio quam suo aut alio vectum vehiculo, pontificatusque sacerdotio puerum honoravit.

    El segundo viaje lo realizó entre los años 27 y 24 a.C. y acudió a Hispania para dirigir personalmente la guerra contra los cántabros y astures. En el año 26 se retiró enfermo a Tarraco, habiendo sufrido antes un percance de enorme importancia para un romano.

    Durante una marcha nocturna, (Augusto prefería viajar por la noche) se desencadenó una fuerte tormenta y un rayo, lanzado sin duda por el poderoso Júpiter, mató a uno de los porteadores de su litera, dejando tal vez inconsciente o gravemente afectado al propio Octavio. Este rayó le dejó para siempre secuelas, al parecer una especie de tembleque que de vez en cuando se le hacía presente.
    Suetonio nos informa de cómo consagró un templo a Júpiter Tonante en el Capitolio por haberle librado de este rayo. Tonante es precisamente el adjetivo que expresa el terror supersticioso que Júpiter producía en los romanos con sus truenos y rayos.

    “Consagró un templo a Júpiter Tonante, porque le  libró del peligro, cuando en una expedición contra los cántabros, durante la noche, un rayó rozó  ligeramente su litera y mató a un esclavo que iba delante para alumbrarle”. (Vida de Augusto, 29, 3)

    Tonanti Iovi aedem consecravit liberatus periculo,cum   expeditione Cantabrica per nocturnum iter lecticam eius fulgur praestrinxisset servumque praelucentem exanimasset.

    A la enfermedad que le apartó a Tarraco, consecuencia tal vez del rayo que estuvo a punto de matarlo, hace referencia Suetonio en Vida de Augusto, 81, 1:

    “A lo largo de toda su vida sufrió un buen  número de enfermedades graves y peligrosas. Sobre todo una, después de dominar Cantabria, cuando los flujos del hígado enfermo le llevaron a la desesperación y le obligaron necesariamente a recurrir a un tratamiento médico contrario e incierto: como los tratamientos  calientes no surtían efecto, se vio obligado a tratarse con   fríos, siguiendo la indicación de Antonio Musa (su médico)”.

    Graues et periculosas ualitudines per omnem uitam aliquot expertus est; praecipue Cantabria domita, cum etiam destillationibus iocinere uitiato ad desperationem redactus contrariam et ancipitem rationem medendi necessario subiit: quia calida fomenta non proderant, frigidis curari coactus auctore Antonio Musa

    Dion Casio en Historia de Roma 53, 25 nos recuerda la venida de Augusto a Hispania desde la Galia “para restablecer el orden” en el año 27 a.C. y cómo dirigió personalmente la guerra:

    Llevó a cabo el censo de los Galos y reguló su estado civil y político. Desde allí pasó a Hispania e igualmente organizó esta provincia.
    ….
    Augusto, en el momento de marchar con su ejército a Bretaña (los bretones no habían querido aceptar sus condiciones), fue retenido por los Salassos, que se levantaron contra él, y por los cántabros y Asturias que le hicieron la guerra.  El primero de estos dos pueblos vive al pie de los Alpes, como he dicho antes; los otros dos, a los pies de los Pirineos, en la parte más fuerte de la costa de Hispania y en la llanura debajo de la montaña.
    ….
    Augusto en persona marchó contra los Astures y contra los cántabros a la vez; como quiera que rechazaban rendirse por la seguridad que les inspiraba la fuerza de sus posiciones y tampoco entablaban combate porque eran inferiores en número; como por otra parte la mayoría estaban armados con jabalinas y le hostigaban en cuanto hacía algún movimiento, siempre situados delante en los lugares elevados y emboscados en lugares escondidos y en los bosques, Augusto se encontró en gran aprieto

    La fatiga y las preocupaciones habían alterado su salud y se retiró a Tarraco, donde cayó enfermo; entretanto, C.Antistio combatió a estos pueblos y obtuvo muchos éxitos, no porque fuera mejor general que Augusto, sino porque los bárbaros, despreciándole, se lanzaron en masa contra los Romanos y fueron derrotados. Así que él se apoderó de unos pocos lugares y luego T.Carisio se apoderó de Lancia, la ciudad más fuerte de los Astures, que había sido abandonada y redujo a un gran número de otras a su poder.

    Otros historiadores como Floro, en su Epitome Rerum Romanorum 2,33,12, 46 ss.  y Orosio en su “Historia adversus paganos”  6, 20-21 recuerdan también las Guerras Cántabras y cómo una vez finalizadas, a criterio de Augusto en el año 24 aunque se prolongaron hasta el 19 a.C., se cerraron después de doscientos años las puertas del templo de Jano en Roma, que debían permanecer abiertas en tiempos de guerra. Comenzaba así la llamada “paz de Augusto” (pax augusta)..

    Precisamente durante este viaje nos cuenta Dion Casio cómo el año 25 a.C. licenció a los soldados veteranos y fundo Augusta Emerita, la actual ciudad de Mérida.

    Dion 53, 26, 1

    Una vez acabada esta guerra, Augusto licenció a los soldados de más edad y les permitió fundar en Lusitania una ciudad llamada Augusta Emerita; a los que todavía estaban en edad en edad de servir en el ejército les ofreció en el propio campo algunos espectáculos bajo la dirección de Tiberio y Marcelo, como si fueran los ediles”.

    El tercer viaje tuvo lugar entre los años 16 y 13 a.C..  Primero fue a la Galia y dese allí a Hispania.
    En Narbona, en febrero del año 15 a.C. publicó los edictos referidos a los “Paemeiobrigenses” y a los “Aiiobrigiaecinos", ambos en el Bierzo, que aparecen en la  llamada “tessera Paemeiobrigensis” o Edicto del Bierzo. En ellos se recompensa a los pueblos que le permanecieron fieles en las guerras cántabras. Sin duda estos decretos y otras muchas medidas referidas a la promoción del estatus de numerosas ciudades de Hispania en estos años están en relación con el hecho de que viniera a Hispania por tercera vez, aunque las fuentes no lo atestiguan directamente. 

    Precisamente a la vuelta a Roma, el Senado decidió construir un altar a la paz, la  famosa Ara Pacis, a la que  parece referirse Dion Casio en su Historia de Roma, 54, 25:

    Después de poner todo en orden en  la Galia, en Germania y en Hispania, gastando mucho para algunas ciudades por separado,  recibiendo mucho de otras,  dando a unas la libertad y el derecho de ciudadanía y privando de él a otras, Auguste dejó a Druso en Alemania y regresó a Roma en el consulado de Tiberio y  Quintilio Varo. La noticia de su llegada, extendida por toda Roma, coincidió con los días en que Cornelio Balbo ofrecía unos espectáculos por la dedicación del teatro que todavía hoy lleva su nombre; Balbo se sintió tan orgulloso como si hubiera sido él el que había hecho volver a  Augusto,  aunque el agua desbordada del Tíber le  impidió llegar a su teatro sino en barco,  y también porque, en honor a su teatro, Tiberio le dio el primer turno de palabra. El Senado, de hecho, se reunió a continuación, y, entre otros acuerdos, decidió que, con motivo del regreso de Augusto, fuera erigido un altar en la propia Curia, en el que los suplicantes, cuando el príncipe estuviera  en el interior del  Pomoerium, debían encontrar  impunidad.

    El propio Augusto hace referencia  en sus Res Gestae divi Augusti (Monumnetum Ancyranum), 12:

    Cuando desde Hispania y la Galia regresé a Roma, después de haber realizado felizmente mis acciones en esas provincias, bajo el consulado de Tiberio Nerón y de Publio Quintilio, el senado decretó que se debía consagrar en honor de mi regreso el “Ara pacis de Augusto”  junto al Campo de Marte, y ordenó que los magistrados, sacerdotes y vírgenes Vestales celebrasen en ella cada año un sacrificio.

    Cum ex Hispania Gallaque, rebus in iis provincis prospere gestis, Romam redi Ti. Nerone P. Quintilio consulibus, aram Pacis Augustae senatus pro reditu meo consacrandam censuit ad campum Martium, in qua magistratus et sacerdotes et virgines Vestales  anniversarium sacrificium facere iussit.

    Ovidio también se hace eco de la fundación del Ara pacis en Fasti 1, 709 ss. Se refiere a los fastos del día 30 de Enero. Estos versos finales del libro son un canto a la paz, que me permito reproducir:

    El propio poema nos ha llevado al altar de la Paz.
    Este será el penúltimo día del mes.
    Con tus cabellos peinados y rodeada de las ramas de Accio,(1)
    acude, Paz, y quédate dulce en todo el orbe.
    Mientras falten enemigos, faltará también motivo para el triunfo,
    pero tú serás mayor motivo de gloria que la guerra para los generales.
    Que sólo el soldado lleve las armas con las que vencer a las armas,
    y  que la fiera trompeta no resuene sino en el desfile.
    Que el mundo cercano y el más lejano se asuste de los hijos de Eneas;
    Si alguna tierra temía un poco a Roma, que ahora la ame.
    Vosotros, sacerdotes, echad inciensos en las llamas de la paz.
    Y que una blanca víctima caiga muerta golpeada en su frente
    y rogad a los dioses, favorables a las peticiones piadosas,
    que la casa que trabaja por la paz, perdure en paz.

    (1) Se refiere a las ramas de laurel de la victoria de la batalla de Accio frente a Marco Antonio.

    Ipsum nos carmen deduxit Pacis ad aram.
    haec erit a mensis fine secunda dies.
    frondibus Actiacis comptos redimita capillos,
    Pax, ades et toto mitis in orbe mane. 
    dum desint hostes, desit quoque causa triumphi:
    tu ducibus bello gloria maior eris.
    sola gerat miles, quibus arma coerceat, arma,
    canteturque fera nil nisi pompa tuba.
    horreat Aeneadas et primus et ultimus orbis:
    si qua parum Romam terra timebat, amet.
    tura, sacerdotes, pacalibus addite flammis,
    albaque percussa victima fronte cadat,
    utque domus, quae praestat eam, cum pace perennet
    ad pia propensos vota rogate deos.

    Podía ser esta frase, utque domus, quae praestat pacem, cum pace perennet, la versión clásica y antigua de la máxima: “si quieres la paz, trabaja por la paz”.
     

  • Adriano, un emperador muy popular

    Los baños públicos o termas son un elemento indispensable en el concepto de ciudad, de urbe, (del latín urbs, ciudad) de los romanos. Construyeron muchas ciudades en el territorio de su Imperio y en todas ellas no faltaban ni el Foro o plaza, algún templo, la basílica o palacio de usos múltiples, el teatro o anfiteatro y los baños o termas.

    Adriano, el emperador viajero, hispano de origen, es uno de los considerados como “buenos emperadores”.  Entre las virtudes que le acompañaban estaban la simpatía y cercanía al pueblo, a la plebe.

    Dicen sus biógrafos que solía acudir a los baños públicos como un ciudadano más y se cuenta una anécdota al respecto que paso a relatar, no sin antes hacer una pequeña reflexión.

    Adriano es un emperador culto, de ideas mezcla de estoicismo y epicureísmo, como muchos otros romanos,  con cierta chispa o gracia, como refleja la anécdota.

    La segunda consideración es la afirmación de que los baños eran un elemento importante en la cohesión social, abiertos a todos los ciudadanos que dispusieran de una pequeña cantidad para pagar el tiket  de entrada.

    Dice la anécdota, cien veces repetida, generalmente sin ofrecer la fuente antigua que ahora sí pongo a disposición del lector:

    Historia Augusta;  Aelius Spartianus: De vita Hadriani, 17:

    Superó a todos los reyes por sus regalos.  Se bañó frecuentemente y con todos. De ello se hizo famosa una graciosa anécdota surgida en los baños: en cierta ocasión vio a cierto soldado veterano que había conocido en el ejército, frotándose en la pared la espalda y el resto del cuerpo. Le preguntó por qué se dedicaba a rascarse en el mármol. Cuando oyó que hacía esto precisamente porque no tenía esclavo, le regaló unos esclavos con todos sus gastos. Pero cuando al otro día muchos ancianos se restregaban en la pared para provocar la generosidad del emperador, mandó llamarlos y les dijo que se frotaran mutuamente  unos a otros.

    omnes reges muneribus suis vicit. publice frequenter et cum omnibus lavit.  ex quo ille iocus balnearis innotuit: nam cum quodam tempore veteranum quendam notum sibi in militia dorsum et ceteram partem corporis vidisset adterere parieti, percontatus, cur se marmoribus destringendum daret, ubi audivit hoc idcirco fieri quod servum non haberet, et servis eum donavit et sumptibus.  verum alia die cum plures senes ad provocandam liberalitatem principis parieti se adtererent, evocari eos iussit et alium ab alio invicem defricari.

    Ayer como hoy, siempre hay un numeroso grupo de individuos que esperan de los demás lo que podrían conseguir con su esfuerzo y organización. Aunque Adriano sin duda no lo pretendió, este es un buen mensaje para todos aquellos que esperan de los poderosos la solución de sus problemas.

    Nota 1: La palabra  termas  viene del latín thermae (baños públicos) y esta del griego θερμός (thermos = caliente).  A su vez la palabra griega θερμός viene de la raíz indoeuropea *gwher , que dio  por ejemplo fornus, de donde “horno”. 

    Nota 2: Entenderemos mejor el texto si conocemos que las termas antiguas o baños, de las que en otra ocasión hablaré más extensamente, eran también un gimnasio y  lugar de masajes, que se aplicaban con aceite.  La capa de aceite más las células muertas de la piel eran retiradas con un raspador o rascador llamado en latín strigilis, en castellano estrígil, en forma de pequeño cuchillo curvo. El soldado de la anécdota, sin esclavo que le pasase el estrígil, se rascaba en la pared. Tan frecuente era su uso que quedó inmortalizado en la famosa estatua de Lisipo (escultor de la corte de Alejandro) conocida como “Apoxiomenos” , ἀποξυόμενος , el Raspador,  (del griego  ἀποξὐω / apoxúô, "raspar", ).

    Aunque en este blog apenas si utilizo imágnes, convencido de la fuerza evocadora de la palabra, reproduzco una imagen de la copia romana en mármol del famoso “Apoxiomenos” existente en el Museo Pio-Clementino de Roma ; el original en bronce, como tantos otros se perdió. La ota fotografá es de un estrígil o rascador.

                     

     

  • Las Médulas son la evidencia de la “ruina montium”

    Como comenta Plinio en su Naturalis Historia, libro 33, dedicado a los metales, existió en la Antigüedad una verdadera fiebre del oro. Véase https://www.antiquitatem.com/oro-en-la-antiguedad-mineria-romana

    A Hispania llegaron a principios del primer milenio antes de Cristo los fenicios, luego  cartagineses y los griegos atraídos precisamente por su riqueza minera. A partir del siglo III a.C, los romanos comienzan su extensión desde el Levante y la Bética hacia el interior, las dos mesetas y el noroeste atraídos por sus minas.

    Estrabón dedica el libro III de su Geografía a Iberia y nos dice en su capítulo 2,8 refiriéndose a la Turdetania (en otros pasajes se refiere al Noroeste peninsular):

    A tanta riqueza como tiene esta comarca se añade la abundancia de minerales. Ello constituye un motivo de admiración; pues si bien toda la tierra de los íberos está llena de ellos, no todas las regiones son a la vez tan fértiles y ricas, y con más razón las que tienen abundancia de minerales, ya que es raro se den ambas cosas a un tiempo, y raro es también que en una pequeña región se halle toda clase de metales. Pero la Turdetanía y las regiones comarcanas abundan de ambas cosas, y no hay palabra digna para alabar justamente esta virtud. Hasta ahora, ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierro nativos se han hallado en ninguna parte de la tierra tan abundantes y excelentes.

    La misma opinión nos transmite Plinio el Viejo en un fragmento del libro 33 de su Naturalis Historia, 33,25 (78) referido ahora al Noroeste de Hispania (Asturias, Galicia, Lusitania):

    dicen que  Asturias, Galicia y Lusitania proporcionaron en un año  veinte mil libras de peso. Así  Asturias es la que más produce. Esta fertilidad no ha durado tanto ni en ninguna parte ni durante tantos siglos.

    vicena milia pondo ad hunc modum annis singulis asturiam atque callaeciam et lusitaniam praestare quidam prodiderunt, ita ut plurimum Asturia gignat. neque in alia terrarum parte tot saeculis perseverat haec fertilitas.

    En el mismo pasaje que estábamos citando, Estrabón nos da noticia de los métodos de extracción del oro:

    El oro no se extrae únicamente de las minas, sino también por lavado. Los ríos y torrentes arrastran arenas auríferas. Otros muchos lugares desprovistos de agua las contienen también; el oro, empero, no se advierte en ellos, pero sí en los lugares regados, donde el placer (¡qué nombre tan apropiado!) de oro se ve relucir; cuando el lugar es seco, basta irrigarlo para que el placer reluzca; abriendo pozos, o por otros medios, se lava la arena y se obtiene el oro; actualmente son más numerosos los lavaderos de oro que las minas. Según los galátai, sus minas del monte Kémmenon (actuales montes Cevenes en el Ródano) y las que tiene al pie del Pyréne son más importantes; sin embargo, son más preciados los metales de allí. Dícese que a veces se encuentran entre los placeres del oro lo que llaman “palas”, pepitas de un “hemilitron”,(media libra) que se purifican con poco trabajo. Se dice también que al hendir las rocas suelen hallarse pepitas menores semejantes a ubres. Sometido el oro a una cocción y purificado por medio de cierta tierra aluminosa, se obtiene un residuo que es el “eléktron” (aleación de 4/5 de oro y 1/5 de plata). Éste, cuando va mezclado de plata y oro, se cuece de nuevo; la plata entonces se quema y queda el oro, pues siendo de naturaleza grasa, se puede licuar sin trabajo. En efecto, el oro se funde con facilidad mayor por medio de la paja, ya que su llama es más floja y se adapta mejor a su fin, fundiendo el metal fácilmente, Por el contrario, el carbón, con la vehemencia de su fuego, liquida el metal demasiado pronto, consumiéndolo. En los ríos, el oro se extrae y se lava allí cerca, en pilas o en pozos abiertos al efecto y a los que se lleva la arena para su lavado. Los hornos de la plata se hacen altos, con el fin de que los vapores pesados que desprende la masa mineral se volatilicen, ya que son gases densos y deletéreos. A algunas de las minas de cobre se las suele llamar áureas, pues se supone que de ellas se obtenía antes oro.

    También Plinio nos describe  con más detalle  el método y las penosas condiciones de explotación. Dedica  el libro 33 de su Historia Naturales a los metales y en él nos da valiosa información.  Léase https://www.antiquitatem.com/oro-en-la-antiguedad-mineria-romana

    Dada la codicia y hambre de oro (sacra fames , hambre sagrada, le llama Virgilio y Plinio) de los romanos, es fácilmente comprensible la justificación que el historiador Floro nos da sobre la Guerra contra los cántabros de Augusto y la fundación de Asturica Augusta. Nos dice en el Epitome Rerum Romanorum , 2.33.12.60:

    “Ayudaba a esta decisión,( la de fundar la ciudad de Astúrica Augusta), la naturaleza de la región, rica en oro en todo su entorno  y  rica en malaquita , minio y abundante en  productos de otros colores. En consecuencia ordenó que se explotase el suelo. Así los astures comenzaron a conocer sus recursos y sus riquezas trabajando con esfuerzo  en las profundidades  mientras las buscaban para otros.”

    Favebat consilio natura regionis; circa enim omnis aurifera 2est et chrysocoliae 3miniique et aliorum colorum ferax. Itaque exerceri solum iussit. Sic Astures 4nitentes in profundo opes suas atque divitias, dum aliis quaerunt, nosse coeperunt.

    Así que el Noroeste de Hispania fue ampliamente prospectado y explotado por los romanos. De estas explotaciones mineras nos ha quedado una huella indeleble en el paisaje y en la retina de todo viajero que tiene la suerte de contemplarla: las Médulas, junto a Ponferrada, en la provincia de León, la mayor explotación minera romana de oro a cielo abierto… porque lo abrieron, abrieron el monte, como explicaré. 

    (Sobre el nombre no hay acuerdo: hay quien lo relaciona con el latino “metalla”, metales , y quien lo relaciona con el nombre de un monte mítico en los enfrentamientos entre cántabros y romanos, el Mons  Medulius. Si así fuera nos quedaría el problema de explicar el origen o significado de Medulius.)

    Nota bene: La actual ciudad de León recibe su nombre no del fiero animal de la sabana africana sino de la Legio Septima Gemina acampada precisamente ahí para protección y control de la zona del  Noroeste peninsular, de indudable interés estratégico, dada su riqueza minera y la presencia de lugareños siempre belicosos. (de legionem deriva León, La Legión)

    Es un paisaje arruinado de tal belleza y un testigo de la historia de tanta importancia que la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1997.

    Fotografía de Patrimonio Natural de Castilla y León

      Autor: Håkan Svensson (Xauxa)

    Algunos estudiosos, Antonio García Bellido, por ejemplo, han calculado que se removieron 500 millones de m³ y suponiendo un rendimiento de 3 gramos por tonelada (las explotaciones actuales de la zona dan de 1,8 a 2,8 gramos) durante 250 años de explotación darían la extraordinaria cifra de 1.635.000 kg. Recordemos que Plinio informaba que producían 20.000 libras al año en toda la zona.

    El precio, siempre oscilante, del oro a fecha 17 de julio de 2013 es de 31,39 euros en Londres. Aplicando este precio a lo extraído obtenemos la difícilmente inteligible cifra de 51.322.650.000 €.  Es este un ejercicio un tanto absurdo, ahistórico y acientífico, pero sirve para imaginar la importancia que estas minas tuvieron para atender la insaciable hambre de oro (sacra famis le llama Plinio) de Roma.

    En las Médulas trabajaron permanentemente de 10.000 a 20.000 personas, esclavos primero y luego manumitidos, en las terribles condiciones que nos describe Plinio (véase articulo sobre la fiebre del oro citado anteriormente). Curiosamente y contra la opinión general, en esta zona del Imperio los trabajadores de las minas son libres y no esclavos, a diferencia de otros lugares.

    Plinio nos comenta las diversas formas de extracción del oro;  así dice en Naturalis Historia XXXIII,22:

    No hay oro más perfecto, que el pulido por el propio río y por la fricción del agua. Otro modo consiste en extraerlo con excavación de pozos o buscándolo con la destrucción del monte. En segundo lugar se busca  por la excavación de los pozos para extraerlo, o  en lel desplome de los montes.

    nec ullum absolutius aurum est, ut cursu ipso attrituque perpolitum. alio modo puteorum scrobibus effoditur aut in ruina montium quaeritur;

    Así pues, el oro se extrae de las tierras de aluvión mediante el sistema llamado  “ruina montium” ,  “derrumbe o caída de los montes”, porque el monte se venía abajo literalmente, basándose en la fuerza del agua.

    La palabra “ruina” es el sustantivo de la misma raíz que el verbo  latino “ruo, ruere”, que significa precipitarse, derrumbarse, lanzarse, desplomarse.

    Nos lo describe perfectamente Plinio el Viejo en  Libro 33, 72 y 73: (33,25)

    El tercer método  supera al trabajo de los Gigantes; los montes son minados en   grandes espacios  mediante galerías hechas a la luz de las lámparas. Su duración es la misma que la de los turnos  y en muchos meses no se ve la luz del día. Este tipo de explotación se llama ”arrugias". De repente  se producen grietas y los derrumbes aplastan  a los trabajadores, de tal forma que parece menos arriesgado buscar perlas y caracoles  de púrpura en el  fondo del mar; ¡hasta tal punto   hemos hecho más peligrosa  a la tierra (que al mar)! Se dejan, pues,  numerosas bóvedas para sostener los montes.

    El obstáculo en uno y otro método son las rocas, que se fragmentan con fuego y vinagre. Pero como esto satura de vapor y humo las galerías, muchas veces las rompen con martillos rompedores de hierro de ciento cincuenta libras y las sacan sobre sus hombros día y noche en la oscuridad pasándolas de mano en mano. Los últimos ven la luz. Si la roca parece más ancha, se sigue el lado de la veta y se ahonda. Sin embargo el trabajo en la roca se considera un tanto fácil.

    Existe,  pues,  una tierra de cierto tipo de arcilla mezclada con guijarros, la llaman 'gangadia", casi irrompible. Se la ataca con cuñas de hierro y con los mismos mazos y piensan que nada es más duro, sino aquello que es más duro  que todas las cosas, la avidez de oro.

    Acabado el trabajo  se derriban los apeos de los arcos desde el último; se da la señal del  derrumbe y sólo la percibe el vigía colocado en la cima de ese monte. Este con sus voces y gestos da órdenes de que se avise a los trabajadores y él mismo igualmente baja volando. La montaña, resquebrajada, se derrumba por si misma a lo largo  con un estruendo que la mente humana no puede imaginar y con una explosión  increíble.

    Victoriosos contemplan el derrumbe de la Naturaleza.Y sin embargo todavía no hay oro ni sabían si lo había cuando cavaban.  Esperar lo que deseaban fue causa suficiente para tan grandes peligros y gastos.

    Pero queda otro trabajo igual o de mayor coste: llevar ríos de agua para lavar los escombros desde la cumbre de los montes muchas veces desde cien millas de distancia.
                      …..
    Con el método anterior se extrae la tierra con enorme trab ajo para que no colmate los pozos; con este sistema la arrastra el agua. El oro obtenido mediante la arrugia no se funde sino que ya al instante  es oro propio. Así pues se encuentran fuera de los pozos bloques que pasan de las diez libras; unos las llaman “palagas” y otros “palacurnas” y a lo que es grano lo llaman “baluce”; el ulex se seca y se quema y sus cenizas se lavan en un lecho de césped herboso, para que el oro deposite.

    tertia ratio opera vicerit gigantum. cuniculis per magna spatia actis cavantur montes lucernarum ad lumina; eadem mensura vigiliarum est, multisque mensibus non cernitur dies. arrugias id genus vocant. siduntque rimae subito et opprimunt operatos, ut iam minus temerarium videatur e profundo maris petere margaritas atque purpuras. tanto nocentiores fecimus terras! relinquuntur itaque fornices crebri montibus sustinendis. occursant in utroque genere silices; hos igne et aceto rumpunt, saepius vero, quoniam id cuniculos vapore et fumo strangulat, caedunt fractariis cl libras ferri habentibus egeruntque umeris noctibus ac diebus per tenebras proximis tradentes; lucem novissimi cernunt. si longior videtur silex, latus sequitur fossor ambitque. et tamen in silice facilior existimatur opera; est namque terra ex quodam argillae genere glarea mixta – gangadiam vocant – prope inexpugnabilis. cuneis eam ferreis adgrediuntur et isdem malleis nihilque durius putant, nisi quod inter omnia auri fames durissima est. peracto opere cervices fornicum ab ultimo caedunt. dat signum ruina, eamque solus intellegit in cacumine eius montis vigil. hic voce, nutu evocari iubet operas pariterque ipse devolat. mons fractus cadit ab sese longe fragore qui concipi humana mente non possit, aeque et flatu incredibili. spectant victores ruinam naturae. nec tamen adhuc aurum est nec sciere esse, cum foderent, tantaque ad pericula et inpendia satis causae fuit sperare quod cuperent. alius par labor ac vel maioris inpendii: flumina ad lavandam hanc ruinam iugis montium obiter duxere a centesimo plerumque lapide;
                                                  ……
    in priore genere quae exhauriuntur inmenso labore, ne occupent puteos, in hoc rigantur. aurum arrugia quaesitum non coquitur, sed statim suum est. inveniuntur ita massae, nec non in puteis, et denas excedentes libras; palagas, alii palacurnas, iidem quod minutum est balucem vocant. ulex siccatur, uritur, et cinis eius lavatur substrato caespite herboso, ut sidat aurum.

    En realidad lo que hacen es recoger el agua de los manantiales, de la lluvia y de la nieve  en grandes embalses, y conducirla por gravedad desde largas distancias con  un sistema de canales hasta  las minas. En los estratos estériles se excavan  a muchos  muchos metros de profundidad varias galerías que se superponen a las capas de conglomerado aurífero. Se abren  las compuertas de las presas y enormes cantidades de agua fluyen por  las galerías de diverso diámetro de luz, que están cerradas en sus extremos. La enorme presión acumulada hace estallar las rocas y las arrastra a varios kilómetros creando enormes áreas para el lavado. Este  proceso es claramente evidente en el aspecto de la zona  principal de Las Médulas. El sistema de canales y conducciones de agua alcanzaba al menos 100 Km.

    Curiosamente este principio de la presurización del agua es el utilizado actualmente por las modernas máquinas de corte por chorro de agua, más precisas y versátiles que el corte por laser, plasma o descarga eléctrica para trabajar con todo tipo de material. La técnica ciertamente ha evolucionado pero el principio general es el utilizado por los especialistas romanos.

    En resumen y como se reconoce en la propia documentación de la Unesco, “La Zona Arqueológica de Las Médulas es así un magnífico ejemplo de proceso histórico en el que los elementos naturales y la intervención humana aparecen constantemente entrelazados”.

    Ciertamente, lo único que les faltó a los romanos fue el desarrollo de alguna de las técnicas modernas más sofisticadas, como la  lixiviación con cianuro o la fusión del arsénico aurífero, técnicas que modernas empresas extractivas emplean precisamente hoy en día en la misma zona del Noroeste hispano.  Pero estas explotaciones suelen contar con la oposición de los habitantes de la zona y de grupos de defensores del medio ambiente por las grave contaminación que suele llevar parejo el movimiento de millones de toneladas de escombros. Claro que en la Antigüedad los romanos establecieron todo una campamento y una legión, la Legio VII Gemina"  (la Legíon Septima Gemela) para controlar la zona. Por algo sería…

    Pero la fiebre del oro sigue siendo todavía muy alta y los obstáculos a su extracción suelen ser fácilmente superados, precisamente por el propio oro transformado en papel moneda o dinero digital, más moderno todavía.