Categoría: Lengua y Literatura

  • Annum novum faustum felicem Feliz y próspero año nuevo

    Los antiguos romanos celebraban el comienzo de un nuevo año con fiestas muy especiales, como no podía ser de otra forma: no en vano es muy importante en el mundo clásico antiguo la idea o creencia del tiempo cíclico que acaba y renace constantemente. Vease: https://www.antiquitatem.com/que-es-un-siglo

    En los meses de diciembre y enero se celebraban  en Roma varias fiestas, (el calendario anual estaba plagado de ellas), las Saturnalia, Año Nuevo, … que han confluido y dejado su huella en nuestras fiestas de Navida y Año Nuevo. Véase artículo https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial

    Esta pervivencia nos ayuda sin duda a comprender mejor estos ritos antiguos, a pesar de las diferencias; piénsese que llevamos más de dos mil años celebrando de esta manera la llegada de un nuevo año.

    Como ocurre en nuestros días, estas fiestas tenían una dimensión pública y oficial (toma de posesión de los nuevos cónsules, expresión de la fidelidad al emperador haciendo votos por él y  haciéndole regalos que se llaman “strena” y que luego comentaré; hoy mensaje del rey o dirigente político, nuevos presupuestos, cabalgatas públicas, etc.) y otra de fiesta privada (visitas a las casas de familiares y amigos, felicitaciones mutuas, intercambio de abrazos, besos, regalos y votos de buenos deseos, todo ello con cierto valor ritual, …).

    En tres días de ritos, actos oficiales y privados y prácticas de purificación y augurales, los romanos cerraban el año ya vivido y abrían un nuevo tiempo bajo la protección de Iuppiter Optimus Maximus, Ianus bifronte y los dioses Lares (los dioses del hogar).

    Como decía, es esencial el comenzar las cosas bien: el buen comienzo es la premonición de un buen desarrollo posterior y por eso el primer nombre que se pronunciaba en una celebración solemne debía ser de buen agüero, el nombre del primer soldado reclutado debía expresar felicidad, el nombre de quienes conducían la víctima al sacrificio también debía significar felicidad, etc.  Por eso cualquier acción se suele empezar con la fórmula general “quod bonum, faustum, felix, fortunatumque esset”, “que sea bueno, favorable, feliz y próspero”.

    El primer día del año, cargado de una fuerza, de una “virtus” especial, también debía ser feliz como premonición determinante de un año lleno de bienes y por eso en esas fechas se hacían regalos y se deseaban un feliz año con la fórmula “annum novum faustum felicem (tibi, vobis precor, aqdprecor, …etc.), a veces con  “annum novum faustum felicem fortunatum”, similar a la fórmula general, que no son sino ritos y actos mágicos destinados a asegurar un futuro favorable.

    Tenemos constancia de esta fórmula en al menos dos cartas y en numerosísimos objetos, algunos de los cuales son precisamente los regalos que en estas fechas se intercambiaban, sobre todo lucernas o candiles, de los que inmediatamente hablaré.

    Además de una referencia explícita en Plinio, la fórmula aparece repetidamente en monedas y medallas imperiales y en la dedicación de algunos monumentos. Podemos de todo ello concluir que la fórmula “annum novum faustum felicem” era tan frecuente en estas fechas como nuestra “feliz y próspero año nuevo”.

    Las tablillas vindolandas son unas tablillas de madera del tamaño de una tarjetas postal con textos escritos con tinta, de los siglos I y II que aparecieron al pie del famoso Muro de Adriano que separa a las belicosas tribus del norte de Gran Bretaña de la parte dominada por las legiones. Aparecieron en el fuerte de Vindolanda y en ellas se reflejan asuntos militares y personales de la guarnición allí acampada. Se descubrieron en época tan reciente como el año 1973. Son 752 las tablillas (siguen apareciendo) que han sido traducidas y publicadas en el año 2010. Son los documentos más antiguos escritos en latín en las Islas Británicas.

    Nota: para quien tenga interés le ofrezco un enlace a la página web en la que puede encontrar información completa http://vindolanda.csad.ox.ac.uk/

    Pues bien, la tablilla número 261 es un testimonio del uso de la fórmula que nos ocupa.

    Hostilio Flaviano a su querido Cerealis, saludos. Feliz y próspero año nuevo.

      1  Hostilius Flauianus Cereali / 2  suo salutem / 3 / 4  annum nouom faustum felicem / . . . . . . .

    Probablemente este Hostilio Flaviano es un prefecto que en su carta a  Cerealis, a quien trata de “hermano”, se refiere a un sacrificio con motivo del nuevo año, como deducimos de la tablilla número 265, aunque nada autoriza a relacionar ambas tablillas,  que dice:

    … a su querido Cerealis, saludos. Hermano, tal como querías he consagrado el día de las Calendas con un sacrificio…

    1  ]..s Ceriali suo / 2  salutem / 3  ego, fráter, sacrificio diem / 4  Kalendarum sic- / 5  ut uoluerás dedi- / 6  traces / . . . . . . . .

    Con frecuencia con la expression “diem Kalendarum” , sin referencia al mes,  se refieren a las Kalendas por excelencia, las del Nuevo Año.

    Hay también una carta de Marco Cornelio Frontón, (aproximadamente vivió entre el 95 y 165), el mayor orador de su tiempo,  al César Marco Aurelio. en la que le felicita el nuevo año:

    Frontón: Ad M. Caesarem 5.45 [77 Hout; 1.228 Haines] (30)

    Mi señor:

    Te deseo un Nuevo Año feliz y próspero en todas las cosas que justamente deseas no sólo para ti  sino también para tu padre, nuestro señor y tu madre y tu esposa y tu hija y todas las otras personas a las que merecidamente amas.  Por mi parte yo temí, débil como todavía estoy de cuerpo, quedar expuesto a la turbamulta y la presión. Pero si los dioses me ayudan, mañana os veré pronunciando los votos.

    Adios, mi dulcísimo señor. Saluda a mi querida señora.

    Domino meo.
    Annum novum faustum tibi et ad omnia, quae recte cupis, prosperum cum tibi tum domino nostro patri tuo et matri et uxori et filiae ceterisque omnibus quos merito diligis, precor. Metui ego invalido adhuc corpore turbae et inpressioni me committere. Si dei juvabunt, perendie vos vota nuncupantis videbo.
    Vale, mi domine dulcissime. Dominam saluta.

    Plinio nos atestigua la costumbre de desearse un feliz año nuevo en Historia Natural, 28, 5 (22 )

    Para confirmar estas cosas,  quiero hacer una apelación  a la experiencia íntima de cada uno de nosotros. ¿Por qué, de hecho, nos deseamos unos a otros con alegres deseos que el primer día del nuevo año sea feliz?

    Libet hanc partem singulorum quoque conscientia coarguere. cur enim primum anni incipientis diem laetis precationibus invicem faustum ominamur?

    Tibulo relaciona el rito de quemar hojas de laurel y observar si crepitan en el fuego, buena señal, o no lo hacen, con el presagio de un nuevo año:

    Tibulo, II, 5, 79 ss.

    Pero tú ya sereno, Apolo, hunde los prodigios bajo las aguas desenfrenadas del mar
    y el laurel encendido con la llama sagrada crepite de buen augurio,
    un presagio con el que el año será sagrado y dichoso.

    (Traducción de Arturo Soler. Editorial Gredos)

    sed tu iam mitis, Apollo,
    prodigia indomitis merge sub aequoribus,
    et succensa sacris crepitet bene laurea flammis,
    omine quo felix et sacer annus erit.

    La felicitación de Año Nuevo viene acompañada de regalos especiales: se regalan dátiles, higos secos y miel, como todavía ocurre; todo ello productos dulces que he disfrutado sobre todo de niño, ahora ampliados con los inevitables turrones, como expresión de los mejores deseos.

    También se regalan monedas de bronce con la imagen bifronte del dios Jano, dios del final y del comienzo, dios que mira al pasado y al futuro y por lo tanto el que cierra el año viejo y abre el nuevo. Jano, Ianus, es precisamente el dios que da nombre al mes de Enero, Ianuarius, con el se abre el año romano desde el año 153 a.C. con motivo de las guerras celtibéricas; antes el año comenzaba en marzo.

    Este regalo de monedas tiene su continuidad en nuestro aguinaldo, palabra de cuyo origen dice textualmente el Diccionario de la Real Academia: “Quizá del lat. hoc in anno 'en este año'.”

    Estos regalos se llamaban strena, de donde deriva la española “estrena” que el Diccionario de la Real Academia define como “” Dádiva, alhaja o presente que se da en señal y demostración de gusto, felicidad o beneficio recibido”, y estrenar  y la francesa “étrenne”.

    La palabra latina strena, probablemente de origen  sabino, significa “buen presagio” y especialmente “regalo hecho como muestra de buen presagio”, en el sentido que dice Festo, 410, 21:

    Strenae: se llama así al regalo que se hacía en un día consagrado por la religión, en señal de buen presagio, del número con el que se significa que vendrá un segundo y un tercero de iguales ventajas, como si se dijera “trena”, anteponiéndole una “S”, como los antiguos solían hacer en las palabras loco (locus) y lite (litis).  ….

    Strenam vocamus, quae datur die religioso ominis boni gratia, a numero, quo significatur, alterum, tertiumque venturum similis commodi, veluti trenam, praeposita S littera, ut in loco, et lite solebant antiqui.

    Son muy especiales los regalos que por estas fechas se hacen a los emperadores en reconocimiento de su autoridad y gobierno. Sirva de ejemplo elsiguiente texto de Suetonio sobre Augusto.

    Suetonio, Vida de Augusto, 57:

    Fácilemente se aprecia cuán grande era el afecto que se le tenía por una conducta tan ejemplar. Dejo a un lado los senadoconsultos, pues pueden parecer forzados por la necesidad o por el miedo. Pero los caballeros romanos, por decisión propia y de común acuerdo, celebraron siempre durante dos días el nacimiento de Augusto. Todas las categorías sociales del Estado tiraban monedas al lago de Curcio cada año,  en cumplimiento de una promesa hecha por la salud del emperador.  Igualmente durante las calendas de enero, aun cuando estaba ausente, llevaban un aguinaldo al Capitolio. Con este dinero, Auusto compraba magníficas estatuas de dioses que consagraba en los distintos barrios, como el Apolo Sandaliario, Júpiter Tagedio y otros. Para ayudarle a reconstruir su casa del Palatino, arrasada por un incendio,los veteranos, las decurias, las tribus e incluso  gentes de todas las clases a título individual, aportaron voluntariamente sumas de dinero, proporcionales a sus posibilidades, pero él se contntó con tomar aquí y allá monedas de los montones que le ofrecían,sin aceptar más de un denario de cada uno. Cuando volvía de una provincia,era escoltado no sólo por aclamaciones de bienvenida sino también con canciones. Se tomó además por costumbre,el suprimir toda ejecución cada vez que él entraba en Roma. (Traducción de Francisco Luis Cardona y Juan Alsina. Edit. Bruguera)

    Pro quibus meritis quanto opere dilectus sit, facile est aestimare. Omitto senatus consulta, quia possunt videri vel necessitate expressa vel verecundia. Equites R. natalem eius sponte atque consensu biduo semper celebrarunt. Omnes ordines in lacum Curti quotannis ex voto pro salute eius stipem iaciebant, item Kal. Ian. strenam in Capitolio etiam absenti, ex qua summa pretiosissima deorum simulacra mercatus vicatim dedicabat, ut Apollinem Sandaliarium et Iovem Tragoedum aliaque. In restitutionem Palatinae domus incendio absumptae veterani, decuriae, tribus atque etiam singillatim e cetero genere hominum libentes ac pro facultate quisque pecunias contulerunt, delibante tantum modo eo summarum acervos neque ex quoquam plus denario auferente. Revertentem ex provincia non solum faustis ominibus, sed et modulatis carminibus prosequebantur. Observatum etiam est, ne quotiens introiret urbem, supplicium de quoquam sumeretur.

    Inscripción del pedestal de la escultura dedicada a Vulcano por Augusto con el dinero entregado en año nuevo (CIL 06, 00457) :

    Imp(erator) Caesar divi f(ilius) Augustus / pontifex maximus imp(erator) XIII
    co(n)s(ul) XI trib(unicia) potest(ate) XV / ex stipe quam populus
    Romanus / anno novo apsenti contulit / Nerone Claudio Druso
    co(n)s(ulibus) / T(ito) Quinctio Crispino / Volcano

    El emperador César Augusto, hijo del divino, pontífice máximo emperador por decimotercera vea, cónsul por úndecima, con poder tribunicio por decimoquinta, dedicó (esta estatua) a Vulcano con el dinero que el pueblo romano le regaló en año nuevo estando ausente, siendo cónsules Nerón Claudio Druso y Tito Quintio Crispino.

    Que la palabra strena probablemente es de origen Sabino lo afirma de alguna manera Símaco cuando atribuye la costumbre de hacer regalos al rey sabino Tacio. El texto aparece en algunas ediciones más antiguas como la carta número 28  o número 35, según la edición, del Libro X de sus cartas. Modernamente el texto aparece como el Informe 15 de su obra “Informes”. En él además se hace referencia a la costumbre que se mantiene tres siglos después de Augusto, de dar las “estrenas” al emperador.

    Symmachus. Epistulae, 10,  28 (al. 35), o Informes, 15:

    A nuestros señores Valentiniano, Teodosio y Arcadiosiempre augustos, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384)

    La práctica de las estrenas se desarrolló casi desde el nacimiento de la Urbe de Marte por el impulso del rey Tacio, quien fue el primero que aceptó unas ramas de un árbol fructífero del bosque sagrado de Estrenia como auspicio del año nuevo, señores emperadores. El nombre indica que las estrenas casan con los hombres estrenuos debido a su valor, y por eso se debe una distinción de esta clase a unos seres como vosotros, cuyo espíritu divino aguarda más bien un testimonio de su vigilancia que un presagio. Recibid por ello, defensores del bienestar público, unos modestos dones trabajados en oro, según la costumbre, no porque gocéis con una ofrenda de metal precioso, sino por atestiguar con nuestra entrega la opulencia de una época feliz. Consagramos unos dones bien adquiridos a unos príncipes buenos. Vosotros que condenais los pagos ocultos, recibid de los dignatarios una obsequiosidad manifiesta. Os ofrecemos con razón, por ser los númenes de nuestra incolumidad, las páteras tradicionales con cinco sueldos cada una. Con ellas no se ven abrumados ni vuestro pudor ni nuestras haciendas. Que persista largo tiempo esta práctica de consideración hacia vosotros y que una sucesión ingterminable de años renueve el homenaje de vuestra clemencia. La prefectura, que ha de ser otorgada a hombres estrenuos, satisfará de buen grado las estrenas tradicionales. (Traducción de José Antonio Valdés Gallego. Editorial Gredos)

    DD. VALENTINIANO, THEODOSIO ET ARCADIO SEMPER AUG. SYMMACHUS V. C. PRAEF. URB.
    Ab exortu pene urbis Martiae strenarum usus adolevit, auctoritate Tatii regis, qui verbenas felicis arboris ex luco Strenuae anni novi auspices primus accepit, DD. imperatores. Nomen indicio est viris strenuis haec convenire ob virtutem: atque ideo vobis hujusmodi insigne deberi; quorum divinus animus magis testimonium vigilantiae quam omen exspectat. Sumite igitur defensores publicae salutis solemniter auro ducta munuscula: non quia divitis metalli honore gaudetis, sed ut nostra devotio felicis saeculi testetur opulentiam. Bonis principibus bene parta libamus. Suscipite a judicibus aperta obsequia, qui pretia occulta damnatis. Merito vobis solemnes pateras, cum quinis solidis, ut numinibus integritatis offerimus: quibus nec vester pudor, nec noster census oneratur. Maneat aevum talis circa nos usus officii: et honorem clementiae vestrae interminus annorum recursus instauret. Libenter strenis solemnibus praefectura fungetur, strenuis deferendis.

    Sobre la costumbre de hacer  regalos, sobre todo a los comensales de los banquetes,  léanse el los artículo sobre las fiestas Saturnales https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial

    y para los regalos de Navidad https://www.antiquitatem.com/xenia-apophoreta-marcial-saturnales .

    En estos regalos a veces cargados de ironía podemos ver un precedente del “roscón de reyes” que tan extendido está en España. En el roscón se esconde una “haba”, legumbre cargada de profundo y extraña valor ritual para los romanos (los pitagóricos por ejemplo tienen prohibido comer habas), y se esconde también otra figura “positiva”, que puede ser un rey, recordándonos probablemente la figura de “rey del banquete”, que regulaba la ingesta del vino durante la celebración.

    Reproduzco un epigrama de Marcial en el que se hace referencia a la costumbre de hacer regalos en Navidad.

    Marcial, VIII, 33

    ¿Por qué ese regalo tan sutil? (Paulo envía a Marcial una copa de metal tan fino, que el poeta se ingenia para encontrarle Analogías)

    De tu corona pretoria, me envías, Paulo, un pétalo y me mandas tenerlo a título de escudilla. Con una pátina así, rebajada con un suave baño de rojo azafrán, se había recubierto recientemente tu impulsor. ¿O es más bien que la uña de un hábil sirviente ha despegado una fina lámina, que yo creo que es del pie de tu lecho?  Puede ella captar el vuelo lejano de un mosquito, o moverse con el ala de una minúscula mariposa. Se mantiene en el aire con el vaho de una lámpara mortecina, y se rompe con el golpe del vino suavemente escanciado. Con una binza así se envuelven los dátiles que en las calendas de Jano ofrece junto con un poco de mísera calderilla un cliente pobre. Menos flexibles crecen las colocasias de sutil filamento; más gruesos se marchitan por el exceso de sol los pétalos del lirio; y la araña no corre, vagando de aquí para allá, por una tela tan tenue, ni el gusano de seda realiza, suspendido en el aire, un trabajo tan fino. Más gruesa es la capa de afeites que hay en la cara de la vieja Fabula; más gruesa es la burbuja que se forma en el agua removida; más fuerte es tanto la redecilla que mantiene rizados los cabellos como la pomada bátava que tiñe las cabelleras latinas. Con una telilla así se reviste el pollo en el huevo de Leda, tales son las cintas que ciñen las frentes adornadas con una luneta. ¿Qué te importa a ti una escudilla, pudiendo enviarme un cazo, pudiendo enviarme incluso una cuchara —estoy hablando de cosas demasiado grandes—, pudiendo enviarme una cáscara de caracol, pudiendo, en fin, Paulo, no enviarme nada?  (Traducción de José Guillén. Institución Fernando el Católico. Zaragoza)

    De praetoricia folium mihi, Paule, corona
    Mittis et hoc phialae nomen habere iubes.
    Hac fuerat nuper nebula tibi pegma perunctum,
    Pallida quam rubri diluit unda croci.
    An magis astuti derasa est ungue ministri
    Brattea, de fulcro quam reor esse tuo?
    Illa potest culicem longe sentire volantem
    Et minimi pinna papilionis agi;
    Exiguae volitat suspensa vapore lucernae
    Et leviter fuso rumpitur icta mero.
    Hoc linitur sputo Iani caryota Kalendis,
    Quam fert cum parco sordidus asse cliens.
    Lenta minus gracili crescunt colocasia filo,
    Plena magis nimio lilia sole cadunt;
    Nec vaga tam tenui discurrit aranea tela,
    Tam leve nec bombyx pendulus urguet opus.
    Crassior in facie vetulae stat creta Fabullae,
    Crassior offensae bulla tumescit aquae;
    Fortior et tortos servat vesica capillos
    Et mutat Latias spuma Batava comas.
    Hac cute Ledaeo vestitur pullus in ovo,
    Talia lunata splenia fronte sedent.
    Quid tibi cum phiala, ligulam cum mittere possis,
    Mittere cum possis vel cocleare mihi, –
    Magna nimis loquimur – cocleam cum mittere possis,
    Denique cum possis mittere, Paule, nihil?

    San Agustin, criticando los abundantes dioses paganos, hace referencia a la diosa Strenia, citada en el texto anterior, y que hace fuertes a los hombres porque fuerte en latín se dice “strenuus”, en dos capítulos del libro IV de su obra, De civitate Dei: el 11 y el 16. Reproduzco el capítulo XVI:

    Agustín, De civitate Dei, IV, 16

    Los romanos han querido que el templo a la diosa Quietud estuviera fuera de las puertas de la ciudad. ¿Por qué razón, cuando a cada cosa y cada movimiento le tienen asignado un dios?
    Hay algo que me sorprende sobremanera en los paganos: a cada realidad y casi a cada obra le han asignado un dios: a la diosa Agenoria le asignaron el excitar a la acción; a la diosa Estímula, que estimulase a la actividad desmedida; a Murcia como la diosa que inmovilizase al hombre más de lo normal y lo hiciera, como dice Pomponio, «múrcido», es decir, perezoso e inactivo en demasía; a la diosa Strenia para que lo volviese vivaz. A todos estos dioses y diosas se comprometieron a ofrecerles un culto público. En cambio, a la diosa llamada Quietud, que tiene como misión conceder la tranquilidad, no la han querido aceptar oficialmente, puesto que tiene su templo fuera de la puerta Colina. ¿Qué quiere decir esto: que el romano, por su forma de ser, es inquieto, o más bien que todo el que se mantenga en el culto de esta caterva no digo de dioses, sino de demonios, jamás podrá alcanzar la paz del espíritu? A esta paz nos invita el verdadero Médico con estas palabras: Aprended de mí, que soy sencillo y humilde, y encontraréis la paz del espíritu
    (Mateo, 11,29). (http://www.augustinus.it/spagnolo/cdd/index2.htm)

    [XVI] Miror autem plurimum, quod, cum deos singulos singulis rebus et paene singulis motibus adtribuerent, uocauerunt deam Agenoriam, quae ad agendum excitaret, deam Stimulam, quae ad agendum ultra modum stimularet, deam Murciam, quae praeter modum non moueret ac faceret hominem, ut ait Pomponius, murcidum, id est nimis desidiosum et inactuosum, deam Streniam, quae faceret strenuum, his omnibus diis et deabus publica sacra facere susceperunt, Quietem uero appellantes, quae faceret quietum, cum aedem haberet extra portam Collinam, publice illam suscipere noluerunt. Vtrum indicium fuit animi inquieti, an potius ita significatum est, qui illam turbam colere perseueraret non plane deorum, sed daemoniorum, eum quietem habere non posse? ad quam uocat uerus medicus dicens: Discite a me, quoniam mitis sum et humilis corde, et inuenietis requiem animabus uestris.

    Nota: Al final de este artículo reproduzco lo que dice Covarrubias en su “Tesoro de la lengua castellana” a propósito de la palabra aguinaldo, porque sin duda contiene algunas curiosidades dignas de ser conocidas por quien tenga especial interés. 

    Pero el regalo más especial para la ocasión es una lucerna o lámpara de aceite, generalmente de cerámica, en la que aparece la inscripción que nos ocupa: novum annum faustum felicem (tibi,…).

    Este regalo está evidentemente en relación con el hecho de que el nuevo año los antiguos romanos lo celebraban el día 25 de diciembre, día del nacimiento del “Sol invicto”, es el “dies Solis natalis invicti”,  “el día del nacimiento del dios Sol invicto”.  Véase https://www.antiquitatem.com/mitraismo-cristianismo-solsticio

    La lámpara representa la “nueva luz”, el “nuevo Sol”, el “novum annum” que ese día comienza.

        

    Dos lucernas muy similares, una de terracota y otra de bronce. La de terracota está en el Museo de la ciudad de Milán. La expcional de bronce aparece a la venta en una página web de comercio o subastas, descontextualizada y sin especial valor histórico por haber desaparecido toda la información arqueológica referida al yacimiento.

    En ellas  aparecen una Victoria alada, con una espiga o palma en su mano, panes, nueces y la moneda de Jano bifronte, con el escudo en el que está inscrita la frase:

    Te deseo un feliz año annum novum felicem tibi

    Entre las numerosísimas inscripciones en lucernas reproduciré, además de las anteriores, tan sólo dos, una de ellas de España. Así esta de Hispania Citerior, (Madrid), de origen incierto:  CIL 02, 04969,03;  EDCS-20301000

    Annum / nov(u)m Faus/tum fel/icem mih(i) / hu(n)c

    O esta otra de Bruttium et Lucania, Eboli/Eburum:  CIL 10, 08053,005ª;  EDCS-22900527 en la que la inscripción aparece  en el escudo que sostiene la Victoria:

    Annum / nov(u)m fau/stum fel/icem mi/hi

    Se regalan también otros objetos, como este cristal grabado con los motivos acostumbrados: dátiles, higos, hojas de laurel, moneda con la imagen de Jano, un templo, etc

    Medallón de terracota con la inscripción de que tratamos y otro con los símbolos citados.

      

    En el siguiente texto de Ovidio se explican estas costumbres, que los ciudadanos de la época parecen no saber explicar. En el caso del regalo del as o moneda de bronce con Jano bifronte en el anverso y un barco en el reverso los contemporáneos de Ovidio parecen mostrar una absoluta falta de explicación. Reproduzco el texto, si bien elimino la parte correspondiente a este último detalle del barco en el reverso de  la moneda por no resultar excesivamente largo. En cualquier caso el lector interesado encontrará el texto con facilidad, o se lo puedo facilitar si me muestra su interés en ello.

        

    Ovidio, Fastos, I, v. 145 y ss.

    Dijo (el dios Jano), y con la cara expresó que no sería inasequible si yo quería preguntarle más. Tomé ánimo y di las gracias al dios sin asustarme, y mirando al suelo le hablé unas pocas palabras:

    “Dime, por favor, ¿por qué comienza el Año Nuevo con los fríos, cuando más bien debería comenzar en primavera? Todo florece entonces; entonces hay una fase nueva de tiempo y se hincha la yema nueva en la vid preñada; el árbol se cubre de hojas recién formadas y el tallo de la semilla asoma en la superficie del suelo;  los pájaros endulzan el aire tibio con sus cantos orquestados y los rebaños juegan y retozan en los prados. Entonces los rayos del sol son suaves y sale la golondrina exótica y fija en la viga alta su nido de barro; entonces permite el campo su cultivo y se renueva con el arado. Con justicia había que llamarlo el Año Nuevo”.

    Le había preguntado por extenso; él, sin detenerse mucho, redujo sus palabras a dos versos de la siguiente manera:

    “El invierno es lo primero del Año Nuevo y lo último del viejo; Febo y el año toman el mismo comienzo”.

    Después de lo cual seguía preguntando por qué el primer día no estaba libre de litigios.

    “Escucha el motivo –dijo Jano- : asigné el nacimiento del año a los quehaceres para que no fuese inhábil el año entero por causa de los auspicios. Por lo mismo, cada uno prueba sus aptitudes en la acción y no testimonia sino su obra acostumbrada”.

    A continuación le pregunté:

    “Por qué, Jano, aunque debo aplacar los númenes de los demás, te traigo a ti antes que a nadie el incienso y el vino puro?”

    Me dijo:

    “Para que puedas a través de mí, que guardo sus umbrales, tener acceso a cualesquiera dioses”

    “Pero, ¿por qué se dicen palabras de felicitación los días de tus calendas, y hacemos y recibimos votos recíprocamente?”

    Entonces el dios, apoyándose en el báculo que llevaba en la diestra, dijo:

    “Los augurios suelen hallarse en los principios. A la palabra primera dirigís vuestros oídos temerosos, y el ave que primero vio es la que toma en cuenta el augur; están abiertos los templos y los oídos de los dioses, ninguna lengua profiere votos perecederos y tienen peso las palabras”.

    Había terminado Jano, pero yo no guardé largo silencio, sino que con mis palabras empalmé sus últimas palabras:

    “Qué significado tienen los dátiles y los higos arrugados? –dije- ¿y la miel resplandeciente que se ofrece en un vaso blanco como la nieve?”

    “El motivo –dijo- es el augurio: que semejante sabor persevere en las cosas y que el dulce año termine su camino emprendido.”

    “Ya veo por qué se regalan cosas dulces. Añade la razón de la moneda, para que ninguna parte de su fiesta me quede sin confirmar.”

    Se rió y dijo:

    “¡Oh, qué poco entiendes a tu siglo, si piensas que la mieles más dulce que coger una moneda! Apenas vi yo a nadie cuando reinaba Saturno, a cuyo corazón no fuese dulce el lucro. Con el tiempo creció el deseo de tener, que ahora es sumo: apenas si tienen donde avanzar más. Las riquezas pueden ahora más que en los años del tiempo originario, cuando el pueblo era pobre y Roma era nueva, cuando una pequeña cabaña acogía al hijo de Marte, Quirino…  ”  (Traducción de Bartolomé Segura Ramos. Edit. Gredos.2001)

    Dixerat, et vultu, si plura requirere vellem,
      Se mihi difficilem non fore, fassus erat:
    Sumpsi animum, gratesque deo non territus egi,
      Verbaque sum spectans pauca locutus humum:
    Dic, age, frigoribus quare novus incipit annus,
      Qui melius per ver incipiendus erat?
    Omnia tunc florent, tunc est nova temporis aetas,
      Et nova de gravido palmite gemma tumet,
    Et modo formatis operitur frondibus arbos,
      Prodit et in summum seminis herba solum,
    Et tepidum volucres concentibus aëra mulcent,
      Ludit et in pratis luxuriatque pecus.
    Tum blandi soles, ignotaque prodit hirundo,
      Et luteum celsa sub trabe fingit opus.
    Tum patitur cultus ager, et renovatur aratro.
      Haec anni novitas jure vocanda fuit.
    Quaesieram multis: non multis ille moratus,
      Contulit in versus sic sua verba duos:
    Bruma novi prima est, veterisque novissima solis:
      Principium capiunt Phoebus et annus idem.
    Post ea mirabar, cur non sine litibus esset
      Prima dies. Causam percipe, Janus ait.
    Tempora commisi nascentia rebus agendis,
      Totus ab auspicio ne foret annus iners.
    Quisque suas artes ob idem delibat agendo,
      Nec plus quam solitum testificatur opus.
    Mox ego: Cur, quamvis aliorum numina placem,
      Jane, tibi primo tura merumque fero?
    Ut per me possis aditum, qui limina servo,
      Ad quoscumque voles, inquit, habere deos.
    At cur laeta tuis dicuntur verba Kalendis,
      Et damus alternas accipimusque preces?
    Tum deus incumbens baculo, quem dextra gerebat,
      Omina principiis, inquit, inesse solent.
    Ad primam vocem timidas advertitis aures,
      Et primum visam consulit augur avem.
    Templa patent auresque deûm, nec lingua caducas
      Concipit ulla preces, dictaque pondus habent.
    Desierat Janus: nec longa silentia feci,
      Sed tetigi verbis ultima verba meis:
    Quid vult palma sibi rugosaque carica, dixi,
      Et data sub niveo Candida mella cado?
    Omen, ait, causa est, ut res sapor ille sequatur,
      Et peragat coeptum dulcis ut annus iter.
    Dulcia cur dentur, video: stipis adjice causam,
      Pars mihi de festo ne labet ulla tuo.
    Risit, et, O quam te fallunt tua saecula, dixit,
      Qui stipe mel sumpta dulcius esse putes!
    Vix ego Saturno quemquam regnante videbam,
      Cujus non animo dulcia lucra forent.
    Tempore crevit amor, qui nunc est summus, habendi;
      Vix ultra, quo jam progrediatur, habet.
    Pluris opes nunc sunt, quam prisci temporis annis,
      Dum populus pauper, dura nova Roma fuit,
    Dum casa Martigenam capiebat parva Quirinum,

    Y sigue Ovidio cantando la feliz edad primera y explicando cómo ahora hay un excesivo deseo de riquezas y de oro…

    Séneca también hace referencia a los higos secos, enharinado, que siguen existiendo especialmente en Navidad, en su Epistula 87,3 dice:

    En lo que atañe a la comida, no se hubiese podido sacar nada de ella; fue preparada en no más de una hora, porque yo no voy a ninguna parte sin higos secos y sin tabletas para escribir. Los higos secos,si tengo pan, acompañan al pan, y si no lo tengo me hacen las veces de él. Los higos hacen de cada uno de mis días un día de Año Nuevo, que yo torno feliz y propicio por medio de buenos pensamientos y de sentimientos de grandeza de alma, que nunca son mayores que cuando el alma se ha desasido de toda cosa extraña a ella y se ha procurado la paz no temiendo nada, y la riqueza no deseando nada. (Traducción de Jaime Bofill Ferro. Edit.Iberia)

    De prandio nihil detrahi potuit; paratum fuit non magis hora, nusquam sine caricis, numquam sine pugillaribus. Illae, si panem habeo, pro pulmentario sunt, si non habeo, pro pane. Cotidie mihi annum novum faciunt, quem ego faustum et felicem reddo bonis cogitationibus et animi magnitudine, qui numquam maior est, quam ubi aliena seposuit et fecit sibi pacem nihil timendo, fecit sibi divitias nihil concupiscendo.

    La inscripción que comentamos con las iniciales A.N.F.F. , que hemos de transcribir  como Annum Novum Faustum Felicem, aparece también en monedas de varios emperadores, en concreto de Adriano, Antonino Pío y Alejandro Severo, generalmente con una guirnalda de laurel y a veces acompañada de las palabras OPTIMO PRINCIPI (a nuestro mejor príncipe). Recuérdese la costumbre de felicitar al emperador y ofrecerle las “strenae” como reconocimiento. La inscripción puede ser:

    S. P. Q. R. A. N. F. F. OPTIMO PRINCIPI (o HADRIANO AVG. P. P.),

    Senatus Populusque Romanus, Annum Novum Faustum Felicem Optimo Principi [i.e. adprecatur.]

    El Senado y el Pueblo Romano ruegan por un próspero y feliz año nuevo para elmejor príncipe.

    Fotografía extraída de la obra “Antonini Pii Augusti Nummus de Anni Novi Auspiciis explicatus. Romae, Typiis Iac. Dragondelli. 1676)

    Todos estos ritos y fórmulas, ampliados incluso con otros procedentes de las provincias conquistadas, como alguno celta como el  culto al dios-ciervo, se extendieron  por todo el Imperio y  han llegado hasta nuestros días de alguna manera,  a pesar sorprendentemente del choque con la celebración cristiana que inevitablemente se produjo cuando el Cristianismo se impuso. La experiencia pagana del “tiempo natural”  que se renueva todos los años choca con la concepción cristiana del tiempo que no espera nada del tiempo concreto en la espera de la vida eterna.  Los apologistas padres de la Iglesia, como San Ambrosio o Tertuliano, polemizan enérgicamente con el paganismo, y en parte obtuvieron éxito, aunque estos ritos y costumbres en buena parte han llegado hasta nuestros días.

    Así San Ambrosio (339-397) dice en su “Commentarium in Epistolam Beati Pauli ad Galatas, IV, versículo 10(Migne, P.L.XVII) :

    Guardais  los días  y los meses y las estaciones y los años (Galat.IV,v.10). Los elementos que antes ha citado, ahora los aclara. El sol hace el día, los transcursos de la luna los meses; las estaciones pues son la primavera, el verano, el otoño y el invierno; estas cuatro, una vez completado su propio número, hacen un año. Así pues los días los guardan los que dicen, por ejemplo, mañana no se puede viajar, pasado mañana no se debe comenzar ninguna cosa, y así suelen engañarse más y más. Dan culto sin embargo a los meses los que analizan los movimientos de la luna y dicen, por ejemplo, en la séptima luna no se deben construir instrumentos; y de nuevo en la novena luna, por ejemplo, no conviene llevar a casa un esclavo comprado; y con estas cosas acostumbran a cuidarse fácilmente de las adversidades. Guardan en cambio las estaciones cuando dicen: hoy es el comienzo de la primavera, hoy es día festivo; pasado mañana son las Vulcanalia (fiestas de Vulcano). Y dicen también estas cosas: es el día siguiente, no se puede salir de casa. Y así dan culto a los años cuando dicen, con las Calendas de Enero hay un nuevo año, como si los años no se fueran completando todos los días. Pero como mantienen el culto a la memoria de aquel famoso Jano bifronte, se siguen sirviendo de esta superstición, que debe estar lejos de los siervos de Dios. Pues si se ama a Dios de todo corazón, siendo él propicio, ningún temor debe existir, ni preocupación de estas cosas. Pues ha de ocurrir prósperamente todo lo que simplemente se hace bajo la devoción de Dios.

    “Dies observatis, et menses, et tempora, et annos” (Galat. IV) .  Quae elementa dixerit, nunc declarat.  Diem sol facit,menses cursus lunae; tempora vere sunt ver, aestas,autumnus, hiems: quatuor haec, completo numero proprio, faciunt annum. Dies ergo observant, qui dicunt, ut puta, crastino proficiscendum non est, post crastinum enim non debet aliquid inchoari, et sic solent magis decipi. Hi autem colunt menses, qui cursus perscrutantur lunae dicentes, ut puta, septima luna instrumenta confici non debent; nona iterum luna, ut puta emptum servum domum duci non oportet: et per haec facilius solent adversa provenire. (0263D) Tempora vero sic observant cum dicunt: Hodie veris initium est, festivitas est; post cras Vulcanalia sunt. Et talia iterum aiunt: Posterum est, domum egredi non licet. Annos sic colunt cum dicunt, Kalendis Ianuariis novus est annus quasi non quotidie anni impleantur. Sed ut Iani illius recolant memoriam  bifrontis, hac superstitione utuntur, quae longe debet esse a servis Dei. Si enim Deus ex toto corde diligitur, ipso propitio nulla debet esse formido, neque suspicio harum rerum. Prospere enim potest cedere, quidquid simpliciter sub Dei devotione fit.

    Du Cange, citando un texto de Maximo Taurinenesis, Homilia De Kalendis Ianuariis, en su Glossarium mediæ et infimæ latinitatis, en el término annus novus, dice:

    Annus Novus. S. Maximus Taurinensis Hom. de Kalendis Januariis :
    Gravi utique eorum cor est, atque omni impietate depressum, qui per sacrilegos logos divinis monitis illudentes, vana diligunt, et falsa sectantur, et post omnia ad offensionis plenitudinem dies ipsos Annum Novum vocant. Quamquam non inconvenienter secundum se, Novum appellant Annum : quoniam per nefandas ferias de honestate falsa turpitudo et perversitas innovatur. Novum vocant Annum, quasi novi aliquid aut cœlum tunc ostendat, aut terra. Novum Annum Januarias appellant Kalendas, cum vetusto semper errore et horrore sordescant.

    Año Nuevo. Máxio de Turín. Homilia para las Calendas de Enero:

    En grave y absoluta impiedad  ha caído el corazón de aquellos que despreciando las advertencias divinas con discursos sacrílegos, aman las vanidades y siguen las falsedades y además de todo para completar su ofensa llaman a unos días propios Año Nuevo. Aunque según ellos de manera conveniente, llaman Nuevo al Año, porque renuevan la desvergüenza y perversidad de una falsa honestidad con fiestas nefandas. Le llaman Nuevo al Año como si el cielo o la tierra manifestasen algo nuevo. Llaman Año Nuevo a las Calendas de Enero cuando se ensucian con error y horros siempre viejos.

    Tertuliano, por su parte,  se refiere a título de ejemplo a cuatro fiestas romanas, probablemente las más populares en su ciudad de Cartago,: las Saturnales, las calendas de enero, el solsticio de invierno y las Matronalia. Tertuliano no puede soportar que los cristianos participen en estas fiestas, a veces desbordadas y con cultos a dioses paganos. Nos dice en su De Idolatría, 14,:

    De la blasfemia

    Pero la mayor parte, pues, ya se ha convencido que se debe perdonar si alguna vez se actúa como los paganos para que no sea blasfemado el nombre (cristiano).  Más aún, la blasfemia, que debemos evitar por todos los medios, opino que es esto, si alguno de nosotros conduce a un pagano a una blasfemia con justo motivo por fraude o injusticia o ultraje o cualquier otra causa digna de querella, por la que el nombre (de cristiano) con razón fuese cuestionado, también el señor estaría indignado con razón. Por otra parte si se nos dice de toda blasfemia: por vuestra causa mi nombre es blasfemado, perecemos todos juntos,  cuando el circo entero ataca nuestro nombre injustamente con sus gritos criminales. Desistamos (de ser cristianos) y no se blasfemará.  Al contrario, que se blasfeme mientras estamos en la observación y no en el abandono de la regla, mientras somos aprobados y no reprobados. ¡Oh blasfemia próxima al martirio, que ahora atestiguas que yo soy cristiano, porque por ti se me  detesta! La bendición por guardar la fe es la maldición de mi nombre. El dijo, si quisiera agradar a los hombres, no sería servidor de Cristo. Pero el mismo (apostol) nos ordena en otro sitio que procuremos complacer a todos, como yo, dijo, complazco a todos por todos los medios. ¿No agradaba a los hombres celebrando las  Saturnales y las Calendas de Enero? ¿O era por su modestia, su paciencia, su seriedad, su humanidad, su integridad de vida? Por tanto cuando dice “me hecho todas las cosas para todos, para ganar a todos, ¿se ha hecho idólatra para los idólatras, paganos para los paganos, mundano para los mundanos? Pero aunque no nos prohibe converser con los idólatras y los adúlteros y los demás criminales diciendo: “por lo demás saldréis del mundo”, no nos empuja a distender las riendas de la conversación hasta el punto de que, como es necesario convivir y mezclarnos con los pecadores, podamos también pecar con ellos. Donde hay relación de vida, que el apóstol permite, allí hay pecado, que nadie permite. Se puede convivir con los paganos, pero no se puede morir con ellos. Convivamos con todos; alegrémonos juntamente por la unión de la naturaleza, no de la superstición. Somos iguales por el alma, pero no por nuestras creencias; estamos juntos como posesores del mundo, pero no del error. Porque si no tenemos ningún derecho de comunión de este tipo de cosas (las supersticiones) con los extraños,  ¡cuanto más criminal será celebrarlas con  los hermanos!¿Quién podría sostener o defender esto? El Espíritu Santo reprueba a los judíos sus días festivos. Les dice: mi alma odia vuestros sábados y lunas nuevas (numenias) y vuestras ceremonias. Y nosotros, para quienes son extraños los sábados y las nuevas lunas y las fiestas queridas alguna vez por Dios, ahora asistimos a las Saturnales y a las Fiestas de Enero, y a las de Invierno y a las de la Gran Madre, y nos hacemos presentes y regalos (strenae), y compartimos los juegos y celebramos banquetes. Oh, mejor la fe de las naciones en su propia creencia, que no reivindica para sí ninguna solemnidad cristiana. No comparten con nosotros el día del señor (domingo), ni pentecostés, aunque lo conocen. Temerían en cambio que parecieran cristianos. No temamos nosotros que no parezcamos paganos. Si alguna indulgencia se ha de conceder a la carne, no diré que sólo tienes tus días, sino muchos. Pues para los paganos sólo un día cada año es festivo, pero para ti cada ocho días. Coge todas las festividades de las naciones una a una y ponlas en fila: no podrán completar un pentecostés (cincuenta días)

    Sed enim plerique iam induxerunt animo ignoscendum esse, si quando, quae ethnici, faciunt, ne nomen blasphemetur. Porro blasphemia, quae nobis omni modo deuitanda est, haec opinor est, si qui nostrum ad iustam blasphemiam ethnicum deducat aut fraude aut iniuria aut contumelia aliaue materia dignae querelae, in qua nomen merito percutitur, ut merito irascatur et dominus. Ceterum si de omni blasphemia dictum est, uestra causa nomen meum blasphematur, perimus uniuersi, cum totus circus scelestis suffragiis nullo merito nomen lacessit. Desinamus, et non blasphemabitur. Immo blasphemetur, dum sumus in obseruatione, non in exorbitatione disciplinae, dum probamur, non dum reprobamur. O blasphemiam martyrii adfinem, quae tunc me testatur Christianum, cum propterea me detestatur ! Benedictio est nominis maledictio custoditae disciplinae. Si hominibus, inquit, uellem placere, seruus Christi non essem. Sed idem alibi iubet, omnibus placere curemus. Quemadmodum ego, inquit, omnibus per omnia placeo. Nimirum Saturnalia et Kalendas Ianuarias celebrans hominibus placebat ? An modestia et patientia ? An grauitate, an humanitate, an integritate ? Proinde cum dicit, omnibus omnia factus sum, ut omnes lucrifaciam: numquid idololatris idololatres ? Numquid ethnicis ethnicus ? Numquid saecularibus saecularis ? Sed etsi non prohibet nos conuersari cum idololatris et adulteris et ceteris criminosis dicens, ceterum de mundo exiretis, non utique eas habenas conuersationis inmittit, ut, quoniam necesse est et conuiuere nos et commisceri cum peccatoribus, idem et compeccare possimus. Vbi est commercium uitae, quod apostolus concedit, ibi ** peccare, quod nemo permittit. Licet conuiuere cum ethnicis, commori non licet. Conuiuamus cum omnibus; conlaetemur ex communione naturae, non superstitionis. Pares anima sumus, non disciplina, compossessores mundi, non erroris. Quod si nobis nullum ius est communionis in huiusmodi cum extraneis, quanto scelestius est haec inter fratres frequentare. Quis hoc sustinere aut defendere potest ? Iudaeis dies suos festos exprobrat spiritus sanctus. Sabbata, inquit, uestra et numenias et ceremonias odit anima mea. Nobis, quibus sabbata extranea sunt et numeniae et feriae a deo aliquando dilectae, Saturnalia et Ianuariae et Brumae et Matronales frequentantur, munera commeant et strenae, consonant lusus, conuiuia constrepunt. O melior fides nationum in suam sectam, quae nullam sollemnitatem Christianorum sibi uindicat ! Non dominicum diem, non pentecosten, etiamsi nossent, nobiscum communicassent ; timerent enim, ne Christiani uiderentur. Nos ne ethnici pronuntiemur, non ueremur. Si quid et carni indulgendum est, habes, non dicam tuos dies tantum, sed et plures. Nam ethnicis semel annuus dies quisque festus est, tibi octauo quoque die. Excerpe singulas sollemnitates nationum et in ordinem exsere : pentecosten implere non poterunt.

    Nota: alguna información y algunas imágenes han sido obtenidas en http://hortushesperidum.blogspot.com/2013/12/annum-novum-faustum-felicem-tibi.html

    Pues bien, en alguna medida la el Cristianismo triunfó en esta polémica, puesto que se impuso como religión oficial y única en el Imperio romano, acabando con la religión pagana, pero lo hizo al precio de mantener estas costumbres y tradiciones que no han dejado de celebrarse y muestran hoy en día una notable vitalidad, si bien bajo el ropaje de motivos tradicionales cristianos.
                    …………….
    Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana. AGUINALDO

    Nota: Ya indiqué cómo el Diccionario de la Real Academia da como probable origen etimológico de “aguinaldo” la expresión latina hoc in anno 'en este año', pero se han dado otras explicaciones más peregrinas. Citaré por ejemplo a Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana, adaptando la ortografía a los tiempos actuales, donde no se limita a ofrecer una mera información etimológica, sino que trata con cierta profundidad el tema:

    Covarrubias. Tesora de la lengua castellana.

    AGUINALDO, es lo que se presenta de cosas de comer,o vestir por la fiesta de Pascua de Navidad. Este presente llamaron los Latinos xenium, munus hospitibus dari solitum. Pues de esta palabra mudando la x en g se dijo genialdo, y añadiéndole el artículo agenialdo, y corrompido del todo, aguinaldo. Otros quieren se haya dicho del nombre genius hospitalitatis, voluptatis, et naturae Deus, y de llí se tomó aquella frasis, indulgere genio, comer, y beber, y holgarse. Casi en el mismo tiempo que nosotros usamos los aguinaldos, tenían los Gentiles sus días geniales, que eran por el mes de Diciembre, cuando unos a otros se enviaban presentes y regalos, de algunas cosas de comer, y pertenecientes a la mesa; y estos presentes que se daban a ese tiempo se llamaban apophoreta,id est, munera, quae dari solent in Saturnalibus, quem morem hodie quoque servant mense Decembri, in natali Salvatoris, et initio anni. Calepinus. Pero en el Concilio Altisiodorense, se manda que no se den los aguinaldos diabólicos, en el día de año nuevo, que se usaban en la Gentilidad, a título de geniales. También podríamos decir ser nombre Hebreo, compuesto de (letras hebreas) hag, que vale solemnitas, y del verbo (letras hebreas) nahal, haereditare (letras hebreas) hagnahal, agnaldo, aguinaldo, que valdrá enriquecer, donar y hacer presentes, en el día de la solemnidad; y esto tengo por cosa más cierta, porque consultando este vocablo con Diego de Urrea, dijo ser arábigo: guineldum, del verbo ganeye, que vale enriqecer,  y que los muchos dones hacen rico al que los recibe, pues de guineldum volvemos, guineldo, y guinaldo, con el artículo a aguinaldo y la lengua Arábiga es deducida de la Hebrea. Y por decir todo lo que han comunicado, un hombre docto, y curioso me dijo que este vocablo estaba corrompido de aglando, dicho así a glandibus, conviene saber bellotas,  porque en este tiempo diban a los niños bellotas o nueces con que jugasen, trayendo para esto el primer emblema de Alciato, o el prefacio y prólogo que dice asi:
    Dum pueros iuglans,iuvenes dum tessara fallit,
    Detinet et segnes chartula picta viros.
    Más a propósito parece ser otra etimología tomada del verbo Griego (letras griegas) ginomaei, nascor, y de ginome gininaldo, agimnaldo, y finalmente aguinaldo, por darse el día del natal y en el principio del año. Cuenta Suetonio, que en este tiempo admitían los reyes se les hiciesen algunos presentes en señal de reconocimiento, en la vida de Calíguloa ca. 42 y de Octavio Cesar, cap. 57 y hoy día a los señores acostumbran llevar sus vasallos el que llaman  presente,  por este mismo tiempo. Los presentes que se enviaban unos a otros en el mes de Diciembre se llamaron apophoreta, del verbo (letras griegas apoforein), que vale llevar, tienen alguna semejanza con los aguinaldos.

  • ¿El poeta nace o se hace? ¿La poesía, ¿don del cielo o trabajo de lima, “limae labor?

    La respuesta más ponderada a la pregunta de si el poeta nace o se hace afirmará que el poeta debe venir a este mundo provisto de unas especiales cualidades que el ejercicio diario y constante ha de desarrollar y consolidar. Probablemente así son las cosas pero el asunto admite alguna reflexión.

    En primer lugar la misma etimología de la palabra “poeta” nos puede ayudar a dilucidar el dilema. “Poeta”, del griego  ποιητής,  “poietés”,  es el creador, autor, fabricante, hacedor, poeta (hacedor de versos);  y, claro está,  no todo el mundo tiene capacidad creativa. Así que la poesía, desde su origen, está conectada con los dioses. La poesía es “un don de los dioses”.  El poeta es un ser “insanus” o loco, arrebatado  por el “furor poeticus”, por la “inspiración divina”.

    Recordemos asimismo cómo la palabra “carmen”  significa “poema, verso”, pero también “embrujo, canción, canto y encantamiento, profecía, predicción, embrujo, filtro mágico, fórmula religiosa, sentencia moral…”.

    También el poeta es llamado  “vate“ del latín “vates”, adivino, profeta, poeta inspirado por los dioses (por cierto, el Vaticano es la colina de los “vaticinios” o profecías según una etimología que no todos admiten, seamos precisos, pero que parece plausible).

    Así que el poeta es un ser tocado por la divinidad, que en su origen emitía “carmina”, poemas, versos, sentencias que son profecías y mensajes de los dioses. El poeta canta y produce encantamientos. Todo esto ya lo comenté hace algún tiempo en otro artículo; véase https://www.antiquitatem.com/aut-insanit-homo-aut-versus-facit-horaci

    Esta creencia se ha prolongado  a lo largo del tiempo y hasta nuestros días.  Recordemos a Cervantes y su referencia a la poesía como “la gracia que no quiso darme el cielo”.

    Yo, que siempre trabajo y me desvelo
    por parecer que tengo de poeta
    la gracia que no quiso darme el cielo […]

    (Viaje del Parnaso, vv. 25-27)

    Desde esta perspectiva es acertado afirmar que “el poeta nace”.

    Pero no todo el mundo opina igual  ya desde la Antigüedad. Así   Horacio no está de acuerdo  en su preceptiva literaria en forma de carta, Epistula ad Pisones 289-97,  con  Demócrito, que  exigía a los poetas cierta locura;  Horacio confía más en  el trabajo exigente del pulido y corrección, en la  “labor limae et mora”, en el trabajo y constancia de la lima:

    No sería el Lacio menos poderoso por su literatura
    como lo es por su valor y sus hazañas bélicas
    si los poetas no fueran tan impacientes
    y reacios a la labor de la lima.
    Vosotros, linaje de Pompilio, censurad un poema
    que no haya madurado con el tiempo
    y sufrido muchas tachaduras, hasta adquirir
    un pulimento perfecto; porque Demócrito cree
    que el talento natural es más afortunado que la pobre técnica
    y excluye del Helicón a los poetas sanos (que no están locos),
    una gran parte procura no cortarse las uñas
    ni la barba, busca los lugares apartados y
    no frecuenta los baños. Pues merecerá el nombre
    y la estimación de poeta el que nunca confió
    al barbero Licinio su cabeza, que no alcanzará a curar
    el eléboro de las tres Anticiras.

    Nota: El Helicón es un monte cercano al Parnaso dedicado al dios Apolo y a las Musas.
    Las tres Anticiras son tres ciudades griegas con este nombre en las que se supon que se criaba el eléboro, planta medicinal que se creía que curaba la locura.

    Nec virtute foret clarisve potentius armis,
    quam lingua Latium, si non offenderet unum
    quemque poetarum limae labor et mora. Vos, o
    Pompilius sanguis, Carmen reprehendite, quod non
    multa diez et multa litura coercuit atque
    praesectum decies non castigavit ad unguem.
    Ingenium misera quia fortunatius arte
    credit et excludit sanos Helicone poetas
    Democritus, bona pars non ungues ponere curat,
    non barbam, secreta petit loca, balnea vitat.
    Nanciscetur enim pretium nomenque poetae,
    si tribus Anticyris caput insanabile numquam
    tonsori Licinio commiserit.

    Algunos episodios y momentos de poetas  de época romana,  que lo fueron por la fuerza interna de su decisión, confirman la realidad de esta afirmación.

    En general ayer como hoy la tarea esta de la poesía gozaba de notable prestigio pero de escasa compensación económica. Son numerosos, ayer como hoy, los ejemplos de extraordinarios poetas incomprendidos por sus progenitores, que hubieran deseado para ellos empleos más lucrativos. Es el caso de Ovidio, de Marcial, etc.

    De Ovidio se cuenta una anécdota, apócrifa por cierto,  al respecto,  que resulta interesante. Hijo de una familia tradicional y terrateniente fue enviado a Roma con su hermano para estudiar retórica y convertirse en un buen abogado. Ovidio se mostró más interesado en la poesía que en el derecho. Su padre le recriminaba que se dedicara a una tarea que ya desde Homero, que murió en la pobreza, no producía ninguna ganancia.  Todo esto nos lo cuenta el propio Ovidio en su Tristia, IV, 10, 21-26  en la que nos proporciona unos cuantos detalles autobiográficos. 

    Reproduzco algunos versos y animo al lector a hacer una lectura completa.

    Muchas veces  me dijo mi padre: ¿por qué haces un esfuerzo inútil?
    El mismo Meónida (Homero) ninguna riqueza dejó.
    Quedaba yo afectado por estas palabras y olvidándome del Helicón
    intentaba escribir palabras libres de toda medida (en prosa),
    pero espontáneamente  me venía el poema con su adecuada medida,
    y todo lo que intentaba decir era verso

    Saepe pater dixit: “Studium quid inutile temptas?
    Maeonides nullas ipse reliquit opes”
    Motus eram dictis, totoque Helicone relicto
    Scribere conabar verba soluta modis.
    Sponte sua Carmen números veniebat ad aptos,
    Et quod temptabam dicere, versus erat.

    Pues bien, probablemente el verso  “quidquid temptabam dicere versus erat”  (todo lo que intentaba decir era verso)  es el que  dio origen a la anécdota apócrifa, aunque repetida hasta la saciedad  de manera poco exigente, que refiero a continuación. 

    Es una cita sin duda apócrifa (oculta, sin firma, que es lo que significa la palabra del griego  ἀπόκρυφος, ἀπό ,apó, lejos de, privado de, y κρυπτός , kryptos , oculto) que dice que a la reconvención paterna Ovidio respondió:

    Parce mihi, nunquam versificabo, pater!

    ¡Perdóname, padre!, nunca volveré a escribir versos

    Pero esta respuesta en sí misma era la negación de lo que afirmaba, porque resulta ser ella misma un verso.

    Confirma su carácter apócrifo de la anécdota alguna otra versión paralela, con alguna variación, facilitada precisamente por no encontrarse el citado verso entre los de Ovidio. Así

    Te juro, te juro, padre que nunca más compondré versos

    Iuro, iuro, pater numquam componere versus

    Iuro tibi pater numquam componere carmen

    Nunc tibi promitto nunquam componere uersus

    Horacio es también un buen ejemplo de la fuerza interna que con la que los dioses tocan a los poetas. Es verdad que su padre, un liberto que hizo alguna fortuna, se empeñó en que su hijo estudiara con los mejores profesores en Roma y luego en Grecia. Lo suyo, desde luego, eran las letras, aunque estando en Grecia participó en la batalla de Filippos en el ejército perdedor de Bruto, el republicano, uno de los asesinos de César. Vivió como pudo hasta que entró en el círculo del gran Mecenas y del propio Augusto, pero nunca dejó la poesía que le abrió la puerta de la inmortalidad.

    El texto anteriormente citado de la Epistula ad Pisones es clara expresión del trabajo que debe acompañar a toda inspiración.

    Otro ejemplo similar es el del  ingenioso, a veces ácido, a veces tierno, Marcial, que nació en Bilbilis junto a la actual Calatayud. Marcho a Roma, a la Urbe, para triunfar como poeta.  Harto de malvivir a la sombra de los poderosos,  volvió a su natal Bilbilis, acogido por una rica viuda.  Como detalle curioso diré que Plinio el Joven le proporcionó la ayuda necesaria para el viaje; ayuda que por eso recibe el nombre de viático, de "via", camino, carretera.  Pues bien, durante su estancia en Roma sus amigos le aconsejaron una y otra vez que se dedicara al “foro”, a los pleitos, que es lo que entonces como hoy dan dinero.

    El epigrama  que reproduzco dibuja perfectamente el duro ambiente romano en el que han de subsistir los poetas.

    Epigramas III, 38 a

    “—¿Qué motivo o qué confianza te trae a Roma, Sexto? ¿Qué esperas
    o qué vienes a buscar aquí? Dímelo.

    —Yo trataré causas, me respondes, con más elocuencia que el propio
    Cicerón, y no habrá quien me iguale en los tres foros.

    —Han intervenido en causas Atestino y Civis. A los dos los conocías.
    Pues bien, ninguno de los dos sacaba para pagar a la patrona.

    —Si por esa parte no hay salida, compondré poemas. Apenas los
    oigas, pensarás que son de Virgilio.

    —Estás loco. Todos esos que ves ahí con sus mantos heladores, son
    Ovidios y Virgilios.

    —Frecuentaré los atrios de las grandes casas.

    —Esto es solución para tres o cuatro. Todos los demás, una turba
    inmensa, se mueren de hambre.

    —¿Qué debo hacer? Dímelo, porque tengo decidido vivir en Roma.

    —Si eres bueno, será una casualidad que puedas vivir”.


    Quae te causa trahit vel quae fiducia Romam,
    Sexte? quid aut speras aut petis inde? refer.
    'Causas' inquis 'agam Cicerone disertior ipso
    Atque erit in triplici par mihi nemo foro.'
    Egit Atestinus causas et Civis—utrumque
    Noras—; sed neutri pensio tota fuit.
    'Si nihil hinc veniet, pangentur carmina nobis:
    Audieris, dices esse Maronis opus.'
    Insanis: omnes gelidis quicumque lacernis
    Sunt ibi, Nasones Vergiliosque vides.
    'Atria magna colam.' Vix tres aut quattuor ista
    Res aluit, pallet cetera turba fame.
    'Quid faciam? suade: nam certum est vivere Romae.'
    Si bonus es, casu vivere, Sexte, potes.

    Estos poetas y muchos otros son ejemplo de personas que sucumbieron  a la pasión interna que les consumía,  la poesía , y confirman la opinión de quien afirma que hay que nacer poeta para serlo pero también hay trabajar duro con la lima (labor limae et mora).

    Esta necesidad del trabajo constante de perfeccionamiento del texto poético nos lo confirma la vida del grandioso Virgilio.  Dedicó los últimos años de su vida a componer la Eneida,  el gran canto épico a la historia y grandeza del pueblo romano y  del emperador Augusto en cuya época vivió y que le protegió.

    Su método  consistía en dictar a su amanuense  y liberto Eros  por la mañana decenas de versos, que por la tarde dejaba reducidos a unas pocas unidades. Parece que tenía un guión en prosa más o menos definido de lo que sería la obra e iba completando los diversos libros según le venía la inspiración. Incluso dejaba versos incompletos para finalizar más tarde si el hemistiquio (medio verso) expresaba la idea completa.

    Nos lo cuenta Suetonio en la vida de Virgilio, una de las vidas de su De poetis, que a su vez forma parte de su De viris illustribus:

    Cuando estaba escribiendo las “Geórgicas”, se dice que acostumbraba todos los días a dictar por la mañana muchos versos inspirados y a lo largo del día, corrigiéndolos, los dejaba reducidos a muy pocos, diciendo no absurdamente que él “paría”  y daba forma al poema como la osa, lamiendo y lamiendo.  Decidió escribir  la Eneida resumida en doce libros primero en prosa y componerla en verso según le apetecía en cada caso sin guardar ningún orden establecido. Y para que la inspiración no le demorase, nos transmitió algunos versos imperfectos, algunos  los anunció con pocas palabras, que en  broma decía que colocaba como puntales  para sostener la obra, en tanto le llegaban las sólidas columnas.

    Cum "Georgica" scriberet, traditur cotidie meditatos mane plurimos versus dictare solitus ac per totum diem retractando ad paucissimos redigere, non absurde carmen se more ursae parere dicens et lambendo demum effingere. "Aeneida" prosa prius oratione formatam digestamque in XII libros particulatim componere instituit, prout liberet quidque, et nihil in ordinem arripiens. Ac ne quid impetum moraretur, quaedam inperfecta transmisit, alia levissimis verbis veluti fulsit, quae per iocum pro tibicinibus interponi aiebat ad sustinendum opus, donec solidae columnae advenirent.

    Aulo Gelio en XVII, 10  también recuerda la forma de producir sus versos

    Recuerdo que el filósofo Favorino, una vez que acudió durante el verano del año  a la villa de un amigo suyo en Anzio, y yo había venido de Roma para verlo, disertó poco más o menos  de la siguiente manera sobre los poetas Píndaro y Virgilio. Dijo que "los amigos y los íntimos de Publio Virgilio, en los  recuerdos  que la memoria nos ha dejado de su talento y su carácter, dicen que él solía declarar que paría los  de la forma y la manera de una osa, "
    Porque así como  la bestia da a luz a su cría sin figura y deforme, y luego lamiendo da figura y forma a lo que había parido, así los productos recientes de su mente también eran groseros en su figura e imperfectos,  pero después  trabajándolos y puliéndolos les daba las formas del rostro y de la expresión.

    Favorinum philosophum, cum in hospitis sui Antiatem villam aestu anni concessisset nosque ad eum videndum Roma venissemus, memini super Pindaro poeta et Vergilio in hunc ferme modum disserere:  “Amici,” inquit, “familiaresque P. Vergilii, in his quae de ingenio moribusque eius memoriae tradiderunt, dicere eum solitum ferunt parere se versus more atque ritu ursino. Namque
    ut illa bestia fetum ederet ineffigiatum informemque lambendoque id postea quod ita edidisset conformaret et fingeret, proinde ingenii quoque sui partus recentes rudi esse facie et inperfecta, sed deinceps tractando colendoque reddere iis se oris et vultus liniamenta
    .

    Nota: esta comparación con el lamer de la loba tuvo notable éxito y se utilizó naturalmente en nuestro Renacimiento y Barroco.

    En el añ 19 a.C. cuando ya la tenía acabada pero no definitivamente corregida, marchó a Atenas para revisarla. Allí se encontró con  Augusto, que le convenció para volver con él a Roma. Visitó Megara bajo un sol abrasador y cayó enfermo.  Apenas desembarcar en Brindis, murió el 21 de septiembre, a los 51 años.  Antes de morir, pidió las cajas con los manuscritos de la Eneida para quemarlos; con anterioridad ya lo había así dispuesto en su testamento y pedido a sus albaceas Vario y Tucca. Sin duda este deseo se debía a su pasión por la perfección.  Se dice que fue la intervención de Augusto la que impidió que se cumpliera el deseo del poeta y se salvara el poema para la posteridad que siempre lo ha tenido de modelo de poesía épica. A Virgilio no le parecía presentable; le faltaba la última mano.

    El primero que nos lo cuenta o la primera y principal fuente es Plinio en su  Naturalis Historia VII 114:

    El Divino Augusto prohibió que fueran quemados los poemas de Virgilio  en contra del respeto  de su testamento y proporcionó así al poeta mayor fama que si hubiera aprobado su petición.

    Divus Augustus carmina Vergili cremari contra testamenti eius verecundiam vetuit maiusque ita vati testimonium contigit quam si ipse sua probavisset.

    También Donato en su Vida de Virgilio, XIV, 52 recoge el hecho:

    Cuando sintió que se agravaba su salud con su enfermedad pidió muchas veces y con gran fuerza que le llevasen las cajas (con los rollos) porque quería quemar la Eneida. Como  no se los llevaron ordenó en su testamento que fuera quemada como obra sin corregir e imperfecta.

    Tiberius Claudius Donatus, Vita Publii Virgilii Maronis, XIV, 52

    Quo ut gravari morbo se sentiret scrinia saepe et magna instantia petivit
    crematurus Aeneida. Quibus negatis testamento comburi iussit ut rem inemendatam imperfectamque.

    Hay que añadir Gellio XVII 10.7, que después de comentar que el mismo poeta decía que perfeccionaba sus versos como las osas dan forma a sus cachorros, nos informa:

    La propia realidad demuestra que fue un hombre de extraordinario buen gusto el que dijo esto con honestidad y verdad. Pues  las partes que dejó perfectas y pulidas,  a las que  su juicio y  aprobación habían aplicado su última la mano,   disfrutar de toda alabanza por su belleza poética; pero aquellas partes que se  pospusieron, con la intención de revisarlas más tarde, pero que  no pudo terminar porque le adelantó la muerte, no son de ninguna manera dignas de la fama y el agrado de los más elegantes de los poetas. Y así,  cuando abatido por la enfermedad  que la muerte estaba cerca, pidió y rogó y rogó insistentemente a  sus mejores amigos que quemaran la Eneida, que todavía no había “limado” suficientemente.

    Hoc virum iudicii subtilissimi ingenue atque vere dixisse, res,” inquit, "indicium facit.  Nam quae reliquit perfecta expolitaque quibusque inposuit census atque dilectus sui supremam manum,  omni poeticae venustatis laude florent; sed quae procrastinata sunt ab eo, ut post recenserentur, et absolvi, quoniam mors praeverterat, nequiverunt, nequaquam poetarum elegantissimi nomine atque iudicio digna sunt. Itaque cum morbo obpressus adventare mortem viderat, petivit oravitque a suis amicissimis inpense, ut Aeneida, quam nondum satis elimavisset, adolerent.

    También Macrobio en sus Saturnales I,24,6:

    ¿Quién a la hora de morir legó su poema al fuego, porque quería sustraer a la posteridad las carencias de su buena fama?

    Qui enim  moriens poema suum legavit igni, quid nisí famae suae vulnera posteritati subtrahenda curavit?,

    También  Suetonio en su Vida de Virgilio. Aunque redundante, ofrezco el texto de Suetonio, que recoge todo lo anteriormente dicho al final del artículo. Nada sabemos del citado por Suetonio Sulpicio el Cartaginés, relacionado también en Anthologia Latina 653

    Por lo demás la anécdota también está en las vidas de Virgilio, en la llamada Vita Serviana, 26-28 B

    «Aeneidem…scripsit…,sed nec emendavit nec edidit: unde eam moriens praeccpit
    incendí.”

    y en la Probiana se repite también,lo mismo que en Donato y Servio:

    La Eneida fue conservada gracias a Augusto, aunque él mismo (Virgilio) en su testamento la había ordenado que no se conservase nada que él no hubiera editado:

    Aeneis servata ab Augusto, quamvis ipse testamento damnaverit, ne quid eorum quod non edidisset extaret

    Esta realidad descrita confirma la necesidad de trabajar incansablemente para que aparezcan como fluidos los versos que no son sino fruto de un enorme esfuerzo y tensión emocional. Así que firmaré también la definición con la que comenzaba el artículo: el poeta nace y se hace con un esfuerzo permanente, con un constante “labor limae”. Con ello no hago sino seguir el sabio consejo de Horacio  preceptiva literaria “Epistula ad Pisones”, v. 408-411:

    Se pregunta si el mérito de un poema
    depende de la naturaleza o del arte.
    Yo ni creo en el estudio sin inspiración,
    ni veo qué aprovecha un genio sin educar;
    una cosa necesita del auxilio de la otra
    y son perfectamente compatibles.

    Natura fieret laudabile Carmen an arte,
    quaesitum est: ego nec studium sine divite vena,
    nec rude quid prosit video ingenium; alterius sic
    altera poscit opem res et coniurat amice.

    Y si esto es así, ¿cómo es posible que modernos vates publiquen un libro de poemas al año e incluso al semestre? Probablemente porque ni fueron tocados por la divinidad ni aplican la diaria lima necesaria;  tan sólo emborronan versos con  sonidos vacíos de significado, flatus vocis, decían los antiguos. Y a ellos también se les debe aplicar el consejo del tan citado Horacio en Epistula ad Pisones, 445-450:

    El varón bueno y prudente hará como Aristarco,
    Censurará los versos flojos, rechazará los incorrectos
    Y con la pluma al revés trazará una señal negra sobre los mal medidos,
    Recortará los adornos afectados, obligará a esclarecer lo oscuro,
    Atacará lo dicho ambiguamente, señalará lo que hay que cambiar. 
    (Traducción de Helena Valentí. Edit. Bosch)

    vir bonus et prudens versus reprehendet inertis,
    culpabit duros, incomptis adlinet atrum
    transverso calamo signum, ambitiosa recidet
    ornamenta, parum claris lucem dare coget,
    arguet ambigue dictum, mutanda notabit:
    fiet Aristarchus;

           ………………

    Suetonio, Vida de Virgilio, 35 y ss.

    A los 51 años de edad (en el año quincuagésimo segundo), dispuesto a dar la última
    mano a su Eneida, decidió marcharse  a Grecia y a Asia, y durante  tres años continuos no hacer ninguna otra cosa  que corregirla, para estar libre  el resto de su vida sólo para la filosofía. Pero ya en el viaje se encontró en Atenas con Augusto, que regresaba a Roma desde Oriente, y decidió no separarse de él e incluso volver juntamente,  y mientras  conoció la ciudad vecina de Megara   bajo un sol muy ardiente, contrajo una enfermedad, que se aumentó durante  la navegación ininterrumpida,  de tal forma que alcanzó Brindis bastante más grave. Allí murió a los pocos días, el 21 de septiembre, siendo cónsules Cneo Sentio y Quinto Lucrecio.  Sus huesos fueron trasladados a Nápoles, y enterrados en un sepulcro que está en la vía Puteolana, dentro del segundo miliario, en el que (hay escrito) este dístico que él hizo:

    Mantua me engendró, los calabrenses me raptaron, ahora me tiene
    Parténope; canté los pastos, los campos, a los generales.

    Nombró herederos, de  la mitad  a Valerio Próculo, hermano de diferente padre; de la cuarta parte a Augusto; de la duodécima parte, a Mecenas; de lo restante a Lucio Vario y
    a Plocio Tuca, quienes revisaron su Eneida después de su muerte por orden el César.  Sobre  este asunto, quedan estos versos de Sulpicio el cartaginés:

    Había ordenado Virgilio que fueran destruidos en las rápidas llamas
    estos poemas, que cantaban al general frigio.
    Tuca y Vario lo impiden; al mismo tiempo tú, César máximo,
    no lo permites y velas por la historia del Lacio.
    La desgraciada  Pérgamo cayó junto al fuego doble,
    Y Troya casi fue quemada en otra hoguera.

    Antes de abandonar Italia, había tratado con Vario, que si le pasaba algo, quemara la Eneida; pero éste  había negado enérgicamente  que así lo haría;  así pues, al final de su salud pidió con insistencia sus cajas de libros para quemarlos él mismo. Pero, como no se los llevó nadie, no dispuso nada especial sobre ella (la Eneida)   Por lo demás, legó sus escritos al mismo Vario y también a Tuca, con la condición de que no publicaran nada, que no hubiera sido publicado por él.  Sin embargo Vario la publicó  con autorización de Augusto, aunque ligeramente enmendada,  de modo que incluso  dejó  los versos incompletos tal como estaban. Muchos pronto intentaron  completarlos, pero no pudieron hacerlo por su dificultad, porque casi todos los hemistiquios, en su caso, tienen  absoluto y perfecto sentido, excepto aquel: “quem tibi iam Troia”.

    Anno aetatis quinquagesimo secundo inpositurus "Aeneidi" summam manum statuit in Graeciam et in Asiam secedere triennioque continuo nihil amplius quam emendare, ut reliqua vita tantum philosophiae vacaret. Sed cum ingressus iter Athenis occurrisset Augusto ab Oriente Romam revertenti destinaretque non absistere atque etiam una redire, dum Megara vicinum oppidum ferventissimo sole cognoscit, languorem nactus est eumque non intermissa navigatione auxit ita ut gravior aliquanto Brundisium appelleret, ubi diebus paucis obiit XI Kal. Octobr. Cn. Sentio Q. Lucretio conss. Ossa eius Neapolim translata sunt tumuloque condita qui est via Puteolana intra lapidem secundum, in quo distichon fecit tale:

    "Mantua me genuit, Calabri rapuere, tenet nunc
    Parthenope; cecini pascua rura duces. "

    Heredes fecit ex dimidia parte Valerium Proculum fratrem alio patre, ex quarta Augustum, ex duodecima Maecenatem, ex reliqua L. Varium et Plotium Tuccam, qui eius "Aeneida" post obitum iussu Caesaris emendaverunt. De qua re Sulpicii Carthaginiensis exstant huiusmodi versus:

    "Iusserat haec rapidis aboleri carmina flammis
    Vergilius, Phrygium quae cecinere ducem.
    Tucca vetat Variusque; simul tu, maxime Caesar,
    Non sinis et Latiae consulis historiae.
    Infelix gemino cecidit prope Pergamon igni,
    Et paene est alio Troia cremata rogo."

    Egerat cum Vario, priusquam Italia decederet, ut siquid sibi accidisset, "Aeneida" combureret; at is ita facturum se pernegarat; igitur in extrema valetudine assidue scrinia desideravit, crematurus ipse; verum nemine offerente nihil quidem nominatim de ea cavit. Ceterum eidem Vario ac simul Tuccae scripta sua sub ea condicione legavit, ne quid ederent, quod non a se editum esset. Edidit autem auctore Augusto Varius, sed summatim emendata, ut qui versus etiam inperfectos sicut erant reliquerit; quos multi mox supplere conati non perinde valuerunt ob difficultatem, quod omnia fere apud eum hemistichia absoluto perfectoque sunt sensu, praeter illud: "quem tibi iam Troia."

  • Nerón inaugura un gran gimnasio y Demetrio le arruina el acto. (Intelectuales frente al poder III)

    Una de las mayores aportaciones de Roma a la civilización occidental fue la urbanización del territorio que fue conquistando con sus legiones. Roma construyó ciudades (urbs) e implantó un moderno sistema de vida ciudadano (civitas).

    En esa cultura era fundamental el agua, que utilizan con profusión. Tan necesaria era que a veces la transportan desde manantiales a decenas de kilómetros por acueductos y tuberías que nos siguen causando impresión.

    En la ciudad construida hay varios elementos esenciales: el foro o plaza, los templos, los edificios civiles de la administración como la basílica, y por supuesto las termas o baños o complejo deportivo y cultural amplio en el que junto a varias piscinas para satisfacer el deseo de placer del ciudadano hay también un gimnasio en el que entrenar y mantener en forma el cuerpo.

    Nota: “termas” significa “agua caliente”, del griego θερμός , thermos = caliente, nombre que también aplicamos al recipiente culinario que mantiene los alimentos, especialmente las bebidas,  calientes. “Baño” deriva de la latina balneum o balineum, que a su vez viene de la griega βαλανεῖον. El término primitivo latino para “baño” con el sentido de “excusado o retrete” era lavatrina, de donde nuestro “letrina”. "Piscina", naturalmente, deriva de la latina "piscis", que significa "pez", animal que de ordinario está en el agua.

    En todo ello fue fundamental la experiencia griega, que llevaba varios siglos de adelanto al inicialmente rudo romano. El arquitecto romano Vitruvio expone ampliamente en su obra De Architectura las condiciones de los edificios urbanos en su libro V especialmente.

    Nota curiosa: “gimnasio” es originariamente una palabra griega gymnasion, cedida al latín como “gimnasium. Procede de gymnos (γυμνός), que significa “desnudo”  y hace referencia a la costumbre de entrenarse físicamente y realizar los diversos entrenamientos deportivos desnudos de todo vestido. El que se entrena o practica el ejercicio del gimnasio es el “gimnasta”. De paso diré que esta desnudez permitía ungir o untar el cuerpo con tonificante aceite. Ese aceite, mezclado con el sudor natural y el polvo pegajoso del entrenamiento había luego de ser retirado con un rascador que en latín se llama “strigilis”. Recordemos la famosa estatua griega de Lisipo, el Apoxiomenos, en la que un atleta se está retirando el sudor utilizando el citado instrumento. Véase https://www.antiquitatem.com/adriano-termas-estrigil-lisipo-apoxiomen

    Como decía, las relajadas costumbres orientales y griegas pronto se asentaron en la Roma poderosa y fueron creándose termas y gimnasios cada vez más grandiosos. Vitruvio dedica todo el capítulo 9 del libro V de su obra De architectura a la construcción de estos edificios.

    Vitruvio 5.9.9  

    Como quiera que me parece que ya he expuesto todas estas cosas con suficiente detalle, ahora seguiré con las características de la disposición de los baños.

    Quoniam haec nobis satis videntur esse exposita, nunc insequentur balinearum dispositionum demonstrationes.

    Y  sigue especificando las condiciones en todo el capitulo 10.

    El primer complejo deportivo-cultural de estas características de grandes proporciones construido en Roma fue el que mandó hacer el emperador Nerón y que se inauguró el año 61.

    La construcción de estas termas y gimnasio la cuentan todos los historiadores de la época, reflejando su grandiosidad, que también impresionó a toda la sociedad. Marcial, que nació en Bilbilis, la actual Calatayud, en el año 40 y se marchó a Roma alrededor del año 64, para volver a su ciudad natal 34 años después, en donde murió 6 años más tarde) utiliza la referencia como tópico sinónimo de grandioso, como veremos a continuación.

    Leamos primero los textos que nos dan cuenta del evento pertenecientes a Tácito, Suetonio y Dion Casio.

    Tácito, XIV, 47

    Aquel año fue inaugurado un gimnasio por Nerón y ofreció el aceite a los caballeros y a los senadores según la costumbre griega.

    gymnasium eo anno dedicatum a Nerone praebitumque oleum equiti ac senatui Graeca facilitate.

    Suetonio, Nerón XII,3

    Implantó por primera vez en Roma un concurso quinquenal, triple según la costumbre griega; musical, gimnástico e hípico, al que dio el nombre de Neroniano. Después de inaugurar termas y un gimnasio, ofreció aceite incluso a los senadores y a los caballeros. Hizo presidir este concurso por exconsules, escogidos a suerte, ocupando el lugar de los pretores. Seguidamente bajo a situarse en la orquesta con los senadores. Aceptó la corona de la elocuencia y de la poesía latinas que se habían disputado los ciudadanos m´s honorables y que le cedieron de común acuerdo. Pero cuando los jueces le otorgaron la de los citaristas, se arrodilló y la hizo llevar ante la estatua de Augusto. (Traducción de Francisco Luis Cardona y Juan Alsina. Edit. Bruguera.1970)

    Instituit et quinquennale certamen primus omnium Romae more Graeco triplex, musicum gymnicum equestre, quod appellauit Neronia; dedicatisque thermis atque gymnasio senatui quoque et equiti oleum praebuit. magistros toto certamini praeposuit consulares sorte, sede praetorum. deinde in orchestram senatumque descendit et orationis quidem carminisque Latini coronam, de qua honestissimus quisque contenderat, ipsorum consensu concessam sibi recepit, citharae autem a iudicibus ad se delatam adorauit ferrique ad Augusti statuam iussit.

    Dión Casio, LXI, 21

    Entonces hizo estas cosas para celebrar el corte de su  barba; y para asegurar su continuidad en el poder, creó unos juegos quinquenales que llamó “Neronios” (Neronia). En honor de este evento hizo también construir un gimnasio y en su dedicación ofreció una distribución gratuita de aceite a los senadores y caballeros. Obtuvo, sin que nadie se opusiera, la corona al tocador de lira; todos los demás fueron descalificados, considerando que eran indignos de ser ganadores. E inmediatamente, llevando el uniforme de este grupo entró en el gimnasio para ser considerado como vencedor. Desde ese momento, se le enviaron todas las coronas de todos los concursos de citaristas, como si él fuera el único artista merecedor de la victoria.

    Marcial, VII, 34

    ¿Qué cómo puede ser, Severo, que la peor persona del mundo, Carino, haya
    hecho bien ni una sola cosa, preguntas? Te lo diré, pero rápido. ¿Qué peor que Nerón? Qué mejor que las termas neronianas? No falta al momento, ahí lo tienes, alguno de esos malvados que te habla así con su boca avinagrada: “¿Qué prefieres tú a tantos regalos de nuestro dios y señor?” —Prefiero las termas neronianas a los baños de un  maricón
    . (Traducción de José Guillén. Ed. Institución Fernando el Católico. Zaragoza)

    Quo possit fieri modo, Severe,
    Ut vir pessimus omnium Charinus
    Unam rem bene fecerit, requiris?
    Dicam, sed cito. Quid Nerone peius?
    Quid thermis melius Neronianis?
    Non deest protinus, ecce, de malignis,
    Qui sic rancidulo loquatur ore:
    'Quid tu tot domini deique nostri
    Praefers muneribus?' Neronianas
    Thermas praefero balneis cinaedi.

    Pues bien, hay una anécdota de curioso interés en relación con el acto de inauguración de este complejo. Se trata de la aparición en la escena de la inauguración de un famoso filósofo cínico contemporáneo, muy respetado por la intelectualidad del momento por su integridad moral, Demetrio. Este filósofo crítico con el poder, sin pelos en la lengua y con poca prudencia arruinó el acto inaugural pensado para mayor gloria del emperador. El texto, aunque vivo y descriptivo, no deja de ser frío y casi notarial. Es necesario que el lector realice un pequeño esfuerzo de imaginación, a lo que puede ayudar la comparación con eventos contemporáneos actuales pintorescos y grotescos, necesarios también de una voz “cinica” que reduzca el “ego” del gobernante.

    Nota: aunque sea bien sabido por la generalidad, permítame el lector informado, que comente que la palabra “ego” no es sino el pronombre personal de primera persona latino, que hemos de traducir por “yo”. De él derivan términos con significado bien evidente a partir de esta etimología, como egoísmo, egoísta, egocéntrico, egocentrismo. Tan conocido es el término que con frecuencia decimos de alguien bien pagado de sí mismo que tiene “un ego muy desarrollado”.

    Pues bien Demetrio criticó las famosas Termas que  Nerón inauguró en el año 61 por antihigiénicas y excesivamente caras y despilfarradoras en el mismo acto inaugural. En aquel momento escapó de la ira del Emperador, pero cuando un año más tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de Demetrio se consideraron la causa del derrumbe y Demetrio fue enviado al exilio por Tigelino, el prefecto del pretorio (el jefe superior de policía y brazo ejecutor) de Nerón.

    Pero será mejor que todo ello nos lo cuenten los propios textos antiguos:

    Del rayo nos dice Tácito en  Annales XV.22):

    Durante el mismo consulado fue golpeado el Gymnasio por un rayo y tirado al suelo; la estatua de Nerón, que en él había quedó fundida en un pedazo amorfo de bronce.

    Isdem consulibus gymnasium ictu fulminis conflagravit effigiesque in eo Neronis ad informe aes liquefacta.

    Filóstrato, Vida de Apolonio IV 42 (pongamos un poco de imaginación por nuestra parte para colorear el relato):

    Dado que Demetrio, que llegó después a Roma con la misma disposición de ánimo hacia él que he dicho en los capítulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio,mientras que arremetía contra Nerón, ello provocó en este hombre sospechas de una conspiración, y daba la impresión de que aquel había inducido a Demetrio a eso mismo. Mucho más cuando se llevó a término por Nerón el gimnasio más admirable de los de allí, y estaban celebrando el día festivo en él el propio Nerón, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero presentándose Demetrio en el propio gimnasio, pronunció un discurso contra los que se bañaban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. Así mismo, demostraba que tales cosas constituían un derroche excesivo. Lo libró de morir inmediatamente por ello el hecho de que Nerón cantó aquel día muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con sólo un ceñidor, como los más desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libró Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que tenía la espada de Nerón, lo expulsó de Roma, por haber arruinado la casa de baños con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,  para cuando también él dijera algo censurable e impurdente. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Es fácil imaginar la cara que se les pondría a toda la alta sociedad romana, con el emperador Nerón a la cabeza, escuchando al tábano cínico Demetrio (Socrátes, del que aprendió muchas cosas su discípulo Antístenes, fundador de la escuela cínica, se consideraba a sí mismo en la Apología, de Platón,  un tábano, mosca cojonera diríamos hoy en lenguaje más explícito) arruinarles el acto con dos críticas de peso: aquello es un despilfarro y además en los baños públicos lo único que puedes pillar es alguna enfermedad…

    Iniciado nuestro proceso imaginativo, podemos suponer que en el acto de inauguración no sólo se “cortó la cinta”, sino que los senadores y el resto de invitados se bañaron y embadurnaron de aceite. Nos da pie a ello la referencia explícita de los autores citados de que Nerón les concedió el aceite, a la manera griega.

    Es también motivo de reflexión la actitud del “policía” Tigelino respecto de Apolonio: espiarlo en secreto para pillarlo in fraganti y entonces…. castañazo..

    Sin duda alguna, hubiera sido muy oportuna en nuestro tiempo la presencia de algún cínico como Demetrio en la inauguración fantasmagórica de algún aeropuerto sin aviones, autopista sin coches o puente sin río.

                                  ……………..

    Nota postdata: En primer lugar la palabra “postdata” significa o se refiere a lo “ya ofrecido, ya dado, ya expuesto, nespecialmente la fecha o datación con la que se suele cerrar el documento”, y por eso se  adjetiva así esta nota, porque viene a continuación del texto del artículo.

    En segundo lugar con la nota quiero explicar el término “inaugurar”, con el que titulaba el artículo. Los romanos, como otros muchos pueblos y personas, no ejecutaban ninguna acción de importancia ni pública ni privada sin conectar con el sentir de los dioses. Los augures eran los sacerdotes, de origen etrusco, que “auguraban” o escrutaban la voluntad de los dioses o el futuro; el “augurio” favorable, averiguado por diversos caminos, como por ejemplo observar el vuelo de las aves, operación que se llama “auspicio”, de avis, ave, spicere, ver, significaba el acuerdo de los dioses. El augurio favorable era especialmente necesario a la hora de entablar una batalla, no olvidemos que Roma es un grandioso imperio fundamentado en la fuerza de sus legiones.

    Quien contó con unos “augurios” especialmente favorables fue el emperador César Octavio porque se le llama “Augusto”, que viene a ser algo así como “el favorecido por los dioses”. Por eso "augustus" en griego se trraduce por ἱερὸν, hieron, sagrado

  • Demetrio el Cínico y su relación con los emperadores Calígula, Claudio, Nerón, Vespasiano, Tito y ¿Domiciano? (Intelectuales frente al poder IV)

    Uno de los muchos intelectuales que sufrió las iras del poder fue Demetrio de Corinto (ca.7/10 d.C. –ca.90), prestigioso intelectual y filósofo cínico griego que vivió una larga vida de 80 años en época imperial romana llena de sinsabores. De él se conservan muchas ideas citadas por numerosos autores y tuvo una notable influencia en muchos romanos, como Séneca.

    Vivió  a la manera de los cínicos, sin lujos, sin apego a las riquezas ni al  poder. Como otros griegos, marchó Roma, centro del poder, siendo joven en época del emperador Calígula. Fue amigo de Séneca y se ganó el respeto de los intelectuales romanos, cuyos cenáculos recorrió pronunciando con notable éxito sus conferencias.

    Parte de su vida, reflejada en unos cuantos textos, nos permitirán recrear el ambiente de tiranía y opresión al que se ven sometidos los pensadores, los filósofos, los intelectuales cuando se atreven a expresar libremente sus opiniones y criticar la acción de los poderosos. Este ambiente de terror fue especialmente opresivo en tiempos de Domiciano.

    Reproduzco una carta de Séneca a su amigo Lucilio en la que deja constancia del cariño y respeto que le tiene: 

    Séneca, Cartas a Lucilio LXII

    Mienten quienes quieren que parezca que la cantidad de los negocios es un obstáculo para el estudio de las artes liberales; simulan ocupaciones y las multiplican y ellos mismos se llenan de ocupaciones. Yo estoy libre, querido Lucilio, estoy libre y donde quiera que estoy, allí soy mi dueño. Pues no me entrego a las cosas, sino que me acomodo y no  persigo las causas para perder el tiempo. Y en cualquier lugar en el que me detengo, allí me dedico a mis pensamientos y doy vueltas en mi cabeza a algo saludable.

    Cuando me dedico a mis amigos, no me distraigo de mi mismo, ni me entretengo con aquellos con los que alguna circunstancia me reunió o alguna causa surgida de un asunto civil, sino que estoy solo con los mejores; a ellos entrego mi alma en cualquier lugar en el que vivieron y  en cualquier momento en el existieron.

    Traigo conmigo a Demetrio, el mejor de los hombres y abandonando a los purpurados, hablo con él que va semidesnudo y le admiro. ¿Cómo no lo voy a admirar? Veo que no le falta nada. Uno puede despreciar todas las cosas, pero nadie puede tener todas las cosas. El camino más corto para las riquezas pasa por el desprecio de las riquezas. Pues nuestro querido Demetrio vive así, no como el que desprecia todo, sino como el que permite que los demás las tengan. Cuidate.

    Mentiuntur, qui sibi obstare ad studia liberali turbam negotiorum videri volunt; simulant occupationes et augent et ipsi se occupant. Vaco, Lucili, vaco et ubicumque sum, ibi meus sum. Rebus enim me non trado, sed commodo, nec consector perdendi temporis causas. Et quocumque constiti loco, ibi cogitationes meas tracto et aliquid in animo salutare  converso.

    Cum me amicis dedi non tamen mihi abduco, nec cum illis moror, quibus me tempus aliquod congregavit aut causa ex officio nata civili, sed cum optimo quoque sum; ad illos, in quocumque loco, in quocumque saeculo fuerunt, animum meum mitto.

    Demetrium, virorum optimum, mecum circumfero et relictis conchyliatis cum illo seminudo loquor, illum admiror. Quidni admirer? Vidi nihil ei deesse. Contemnere aliquis omnia potest, omnia habere nemo potest. Brevissima ad divitias per contemptum divitiarum via est. Demetrius autem noster sic vivit, non tamquam contempserit omnia, sed tamquam aliis habenda permiserit. Vale.

    Filóstrato lo presenta  en Corinto (hacia el año 61) y como amigo de Apolonio de Tiana,  pero esta fuente no resulta muy fiable para algunos, aunque también Luciano de Samosata atestigua su estancia en Corinto en “Contra la ignorancia, 19”:

    Filóstrato, Vida de Apolonio, IV, 25

    En Corinto practicaba precisamente por aquella época la filosofía Demetrio, hombre que había abarcado toda la vitalidad de la doctrina cínica. De él hace luego mención Favorino en muchos de sus discursos, y no sin generosidad. Le ocurrió respecto a Apolonio lo que dicen que le ocurrió a Antístenes respecto a la sabiduría de Sócrates; lo seguía, deseoso de ser su discípulo y pendiente de sus discursos, e incluso a los más estimados de sus seguidores los dirigió en pos de Apolonio. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Fue desterrado por primera vez por Tigelino, el prefecto del pretorio de Nerón en el año 62  por sus irónicos comentarios y su actitud crítica con la monarquía, con ocasión de la inauguración de un grandioso gimnasio por el emperador.  Véase https://www.antiquitatem.com/neron-inaugura-un-gimnasio-demetrio-

    En la misma época fue también desterrado otro cínico llamado Isidoro, que también comentaré.

    En una ocasión el emperador Calígula (reinó del 37 al 41) quiso hacerle un regalo con una pequeña cantidad de dinero qué el filósofo rechazó orgulloso. Nos lo cuenta Séneca, Sobre los deberes VII,11,1-2:

    Así pues, cuando Cayo César iba a regalarle  doscientos (sestrcios), los rechazó riéndose, considerando que no era una cantidad digna, ni siquiera para ser ensalzado por no aceptarla. ¡Dioses y diosas, con qué  ánimo más mezquino quiso o honrarle o corromperle! Debe darse testimonio de este hombre extraordinario. Le oí decir una cosa grandiosa al considerar que era una locura de Cayo el que hubiese pensado que él podía  cambiarse por tan poco.  Dijo: “Si había decidido probarme, me debía  haber tentado con todo el imperio”.

    Itaque cum C. Caesar illi ducenta donaret, ridens reiecit ne dignam quidem summam iudicans, qua non accepta gloriaretur. Di deaeque, quam pusillo animo illum aut honorare voluit aut corrumpere ! Reddendum egregio viro testimonium est ; ingentem rem ab illo dici audivi, cum miraretur Gai dementiam, quod se putasset tanti posse mutari. " Si temptare," inquit, " me constituerat, toto illi fui experiendus imperio."

    Demetrio criticó las famosas Termas o gimnasio que  Nerón inauguró en el año 61 por antihigiénicas y por suponer un gasto despilfarrador. Cuando un año más tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de Demetrio se consideraron la causa del derrumbe y Demetrio fue enviado al exilio por Tigelino, el prefecto del pretorio (el jefe superior de policía y brazo ejecutor) de Nerón. Nos lo cuenta Filóstrato, Vida de Apolonio IV 42.

    Dado que Demetrio, que llegó después a Roma con la misma disposición de ánimo hacia él que he dicho en los capítulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio, mientras que arremetía contra Nerón, ello provocó en este hombre sospechas de una conspiración, y daba la impresión de que aquel había inducido a Demetrio a eso mismo.

    Mucho más cuando se llevó a término por Nerón el gimnasio más admirable de los de allí, y estaban celebrando el día festivo en él el propio Nerón, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero presentándose Demetrio en el propio gimnasio, pronunció un discurso contra los que se bañaban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. Así mismo, demostraba que tales cosas constituían un derroche excesivo.

    Lo libró de morir inmediatamente por ello el hecho de que Nerón cantó aquel día muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con sólo un ceñidor, como los más desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libró Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que tenía la espada de Nerón, lo expulsó de Roma, por haber arruinado la casa de baños con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,  para cuando también él dijera algo censurable e impurdente. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Es fácil imaginar la cara que se les pondría a toda la alta sociedad romana, con el emperador Nerón a la cabeza, escuchando al tábano cínico Demetrio (Socrátes, de quien aprendió muchas cosas Antístenes, creador de la escuela cínica, se consideraba a sí miso un tábano; mosca cojonera diríamos hoy en lenguaje más explícito) arruinarles el acto con dos críticas de peso: aquello es un despilfarro y además en los baños públicos lo único que puedes pillar es alguna enfermedad…

    Es también motivo de reflexión la actitud del “policía” Tigelino respecto de Apolonio: espiarlo en secreto para pillarlo in fraganti(delicto) y entonces…. castañazo.

    De nuevo Filóstrato nos da una extraña razón de por qué el emperador Nerón no condenó a muerte a Demetrio y otros sofistas. Nos lo dice en Vida de Apolonio VII 16:

    Emperador, los sofistas son una cosa que habla a la ligera, y su sabiduría, fanfarronadas. Y como no disfrutan de ninguna ventaja de laexistencia, anhelan la muerte, y no aguardan a que venga por sí misma, sino que se acarrean la muerte, provocando a quienes tienen espadas. Pienso que eso mismo es lo que pensaba Nerón, para no verse obligado por Demetrio a matarlo. Pues dado que se dio cuenta de que quería morir, no lo dispensó de la sentencia de muerte por compasión, sino por desprecio de matarlo. Y asimismo a Musonio, el etrusco, pese a su continua oposición a su poder,lo confinó en una isla llamada Giara. (en las Cícladas) (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Hay un relato también de Filóstrato que relaciona a Demetrio con Musonio Rufo, el maestro de Epicteto.  Con motivo de la conspiración de Pisón contra Nerón del año 65-66 Séneca fue obligado al suicidio abriéndose las venas junto a su esposa Pompeya Paulina y también su sobrino Lucano.  Por la misma razón fueron expulsados de Roma los filósofos, sobre todo los estoicos, y entre ellos Musonio Rufo, maestro de Epicteto. Filóstrato, fuente poco de fiar como ya dije según algunos autores, hace que los dos coincidan en Grecia: allí estaba Musonio condenado a excavar el Istmo de Corinto, como mil veces ha ocurrido con prisioneros y disidentes, condenados a trabajos forzados para la construcción de grandiosas y peligrosas obras públicas.

    La anécdota, a pesar de su curioso interés, no parece muy creíble a los historiadores, aunque no hay argumentos serios para dudarlo; en todo caso  leeremos el texto de Filóstrato, Vida de Apolonio V, 19:

    Una vez iniciado (Apolonio) en Atenas (en los misterios de Eleusis) –y lo inició el hierofante que él mismo le había vaticinado al anterior-, se encontró casualmente con Demetrio, el filósofo; pues después de lo del baño de Nerón y o que dijo acerca de él, Demetrio había residido en Atenas con tan noble valentía que ni durante el tiempo que Nerón los injurió, con motivo de los juegos, salió de Grecia. Aquél le dijo que también se había encontado a Musonio en el Istmo, aherrojado y forzado a participar en la excavación, y que lo había confortado como era natural, pero que el otro había tomado su azadón y lo había clavado violentamente en tierra y, tras erguirse, le había dicho:

    -¿Te aflige, Demetrio, que ande yo excavando el Istmo en beneficio de Grecia? Si me viras tocando la cítara, como a Nerón, ¿qué te ocurriría?.

    No obstante, dejemos las frases de Musonio –que hay más y más admirables- para que no parezca que me muestro arrogante con quien las pronunció sin calibrarlas. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Esa conspiración también ocasionó la condena a Bárea Sorano y a Trasea Peto, patricio, estoico, de quien era maestro Demetrio, que le consoló en el momento y día en que llegaba la condena.

    Trasea es quien según Epicteto pronunció la frase:

    ¡Mejor sería ser matado hoy que desterrado mañana”.

    Epicteto recomienda aceptar las cosas como vienen con sabio estoicismo. Discursos I,1, 21

    …Qué hay que tener a mano en semejantes circunstancias? ¿Qué otra cosa sino saber qué es lo mío y qué no es lo mío, y qué me está permitido y qué no me está permitido? He de morir. ¿Acaso ha de ser gimiendo? Ser llevado a prisión. ¿Acaso ha de ser lamentándome? Ser exiliado. ¿Habrá quien me impida hacerlo riendo, de buen humor y tranquilo?  “Dime lo que no debes decir”. No lo diré, porque eso depende de mí. “Pues te encadenaré”. ¿Qué dices, hombre? ¿A mí?  Encadenarás mi pierna, pero mi albedrío ni el propio Zeus puede vencerlo. “Te meteré en la cárcel”. A mí cuerpecito, será. “Te decapitaré”. ¿Pero te he dicho yo que mi cuello sea el único imposible de cortar? Sobre eso convendría que reflexionaran los que filosofan; sobre eso habrían de escribir a diario; en eso tendrían que ejercitarse.

    Trásea acostumbraba a decir: “Prefiero verme hoy muerto que mañana en el exilio”.  ¿Y qué le respondió Rufo? “Si lo eliges por ser más penoso, ¡qué locura de elección! Si por ser más leve, ¡quién te ha dado a elegir? ¿No quieres ejercitarte en que te  baste con lo que te ha sido dado?” (Traducción de  Paloma Ortiz García. Editorial Gredos)

    Transcribo la información que nos da Tácito en sus Anales sobre la sentencia y muerte de Trásea, un episodio que no puede por menos que conmovernos todavía hoy:

    Tácito, Anales, XVI, 21

    Después de haber asesinado a tantos hombres insignes, Nerón deseó incluso acabar con la virtud misma, matando a Trásea Peto y a Barea Sorano, a los que odiaba desde hacía tiempo; en el caso de Trásea se añadía a los motivos el que se ausentó del Senado cuando se trataba el asunto de Agripina, como ya he contado antes, y el que había prestado poco interés en la asistencia a los juegos de la juventud; y esta ofensa le había calado más profundamente porque el mismo Trásea había cantado vestido como trágico en Padua, de donde era oriundo, en los “juegos césticos” , instituidos por el troyano Antenor. Y también porque en el día en  el que el pretor Antistio era condenado a muerte por unos versos injuriosos contra Nerón, aconsejó y obtuvo un castigo más suave; y porque cuando se decretaron honores de dioses a Popea estuvo ausente conscientemente y no había intervenido en el funeral. Todas estas cosas no permitía que cayeran en el olvido Capitón Cossutiano, mala persona de espíritu inclinado a toda maldad, especialmente contra Trásea, porque había sido condenado por su autoridad cuando acusan a Capitón de cohecho con la ayuda de los embajadores de Cilicia.

    Entonces fue enviado a Trásea, que estaba moviéndose en su huerto, el cuestor del cónsul cuando el día ya atardecía. Había organizado una concurrida reunión de hombres y mujeres ilustres, y sobre todo prestaba atención a Demetrio, maestro de la escuela cínica, con el que trataba de la naturaleza del alma y de la separación del espíritu y del cuerpo, como se podía deducir de la atención de su rostro y de lo que se les oía cuando hablaban más alto, hasta que llegó Domicio Ceciliano, uno de sus íntimos amigos, y le expuso lo que el senado había decidido. Entonces Trásea apremia a los presentes que están llorando y quejándose a que se marchen rápidamente para no mezclar su peligro con la suerte de él ya condenado. Y a Arria, que pretendía unirse al destino de su marido y seguir el ejemplo de su madre, le pide que conserve la vida y no prive a su hija común de su único amparo.
    Entonces salió al corredor y allí le encontró el cuestor, cerca de estar alegre, porque había conocido que su yerno Helvidio sólo había sido condenado a alejarse de Italia. Una vez recibido el decreto del senado, hizo pasar a la habitación a Helvidio y a Demetrio. Tensó las venas de sus dos brazos, y cuando la sangre ya brotaba, esparciéndola por el suelo, llamando al cuestor para que se acercara, dijo: “Mira joven, estamos haciendo una libación a Júpiter Liberador; y que los dioses te alejen todo presagio, aunque has nacido en unos tiempos en los que te conviene reforzar tu espíritu con ejemplos de constancia”;  luego, como la lentitud de la salida le producía más tormento, vueltos (los ojos) hacia Demetrio…

    Trucidatis tot insignibus viris ad postremum Nero virtutem ipsam excindere concupivit interfecto Thrasea Paeto et Barea Sorano, olim utrisque infensus et accedentibus causis in Thraseam, quod senatu egressus est cum de Agrippina referretur, ut memoravi, quodque Iuvenalium ludicro parum spectabilem operam praebuerat; eaque offensio altius penetrabat, quia idem Thrasea Patavi, unde ortus erat, ludis †cetastis† a Troiano Antenore institutis habitu tragico cecinerat. die quoque quo praetor Antistius ob probra in Neronem composita ad mortem damnabatur, mitiora censuit obtinuitque; et cum deum honores Poppaeae decernuntur sponte absens, funeri non interfuerat. quae oblitterari non sinebat Capito Cossutianus, praeter animum ad flagitia praecipitem iniquus Thraseae quod auctoritate eius concidisset, iuvantis Cilicum legatos dum Capitonem repetundarum interrogant.

    XVI, 34
    Tum ad Thraseam in hortis agentem quaestor consulis missus vesperascente iam die. inlustrium virorum feminarumque coetus frequentis egerat, maxime intentus Demetrio Cynicae institutionis doctori, cum quo, ut coniectare erat intentione vultus et auditis, si qua clarius proloquebantur, de natura animae et dissociatione spiritus corporisque inquirebat, donec advenit Domitius Caecilianus ex intimis amicis et ei quid senatus censuisset exposuit. igitur flentis queritantisque qui aderant facessere propere Thrasea neu pericula sua miscere cum sorte damnati hortatur, Arriamque temptantem mariti suprema et exemplum Arriae matris sequi monet retinere vitam filiaeque communi subsidium unicum non adimere.

    XVI, 35
    Tum progressus in porticum illic a quaestore reperitur, laetitiae propior, quia Helvidium generum suum Italia tantum arceri cognoverat. accepto dehinc senatus consulto Helvidium et Demetrium in cubiculum inducit; porrectisque utriusque brachii venis, postquam cruorem effudit, humum super spargens, propius vocato quaestore 'libamus' inquit 'Iovi liberatori. specta, iuvenis; et omen quidem dii prohibeant, ceterum in ea tempora natus es quibus firmare animum expediat constantibus exemplis.' post lentitudine exitus gravis cruciatus adferente, obversis in Demetrium …

    Y aquí terminan los "Anales"; seguramente la muerte de su autor le impidió continuar y faltan unas cuantas líneas en el códice, que nos liberan así de asistir al finar de tan dramático episodio.

    Pero no privaré a los lectores interesados de otro fragmento de la obra de Suetonio, en que nos muestra la crueldad con la que Nerón ordenaba los suicidios . Nos lo cuenta  Suetonio, cuya obra, en la que se recogen fundamentalmente anécdotas, hay que leerla con espíritu crítico, aun sabiendo que como secretario de Adriano tuvo a su disposición los archivos oficiales.

    Suetonio, Nerón 37

    … Peto Trasea fue acusado de tener un rostro demasiado triste, como el de un maestro de escuela. Concedía solamente algunas horas  a los que recibían orden de morir y para prevenir cualquier retraso les enviaba médicos encargados de “cuidarlos” al momento en caso de que vacilasen. Esta era su expresión favorita para referirse a abrirse las venas para provocar la muerte. Se pretende incluso que quiso echar, para que los despedazara y devorara, hombres vivos a un antropófago egipcio habituado a comer carne cruda y todo lo que se le presentase. Henchido de orgullo por tan brillantes “éxitos”, declaró que ningún emperador se había dado cuenta del poder que realmente tenía…

    (37.1)…Paeto Thraseae tristior et paedagogi uultus.
    (37.2) mori iussis non amplius quam horarum spatium dabat; ac ne quid morae interueniret, medicos admouebat qui cunctantes continuo curarent: ita enim uocabatur uenas mortis gratia incidere. creditur etiam polyphago cuidam Aegypti generis crudam carnem et quidquid daretur mandere assueto, concupisse uiuos homines laniandos absumendosque obicere.
    (37.3)elatus inflatusque tantis uelut successibus negauit “quemquam principum scisse quid sibi liceret”,

    Pero frente a estos dictadores poderosos, hombres libres como Demetrio les pueden decir, como cuenta Arriano,  en Epicteto, Discursos I 25,21-23:

    Y en cuanto a la última vestimenta, esto es, el cuerpecito, nadie puede hacerme nada más allá de ella. Por eso le respondió Demetrio a Nerón: “Con la muerte me amenazas tú a mí, y a ti la naturaleza”. (Traducción de  Paloma Ortiz García. Editorial Gredos)

    En el año 75, bajo el emperador Vespasiano,  fue expulsado por segunda vez, junto con otros filósofos, a las islas Cícladas.  Algunos piensan que la expulsión fue en el año 71 de acuerdo con Dión Casio 65 (66)13 y Suetonio, Vespasiano 13.

    Leamos el texto de Dión Casio, Historia de Roma 65 (66) 12 y ss.

     Helvidio Prisco, el yerno de Trasea, había sido educado en las doctrinas de los estoicos e imitaba al hablar la franqueza de Trasea, a veces inoportunamente.  Por aquel entonces era pretor, pero no prestaba la honra debida al emperador, sino que en vez de ello le insultaba e injuriaba constantemente.   Por ello, en una ocasión los tribunos lo arrestaron y lo entregaron a los lictores; entonces  Vespasiano se emocionó abrumado y salió  llorando del Senado, repitiendo únicamente estas palabras: "Mi sucesor será mi hijo o ninguno otro".

    Como quiera que había  ya muchos otros, entre los que se encontraba también Demetrio el Cínico, que actuaban según los principios estoicos y se aprovechaban del prestigio de la filosofía para enseñar públicamente muchas doctrinas inadecuadas para aquellos tiempos, e iban corrompiendo así a otros varios de sus oyentes, Muciano, llevado  más por la ira que por el amor a la filosofía, dijo muchas cosas contra ellos a Vespasiano y le  convenció  para que expulsara de la ciudad a todos los de aquella secta.

    Ocurría que Muciano quería ser honrado por todos por encima de cualquier otro y por eso le molestaba no sólo que alguien le ofendiera, sino también que no se le dieran muestras de respeto. Por eso, de la misma manera que no tenía límites para agradecer a quien le hacía algún favor por pequeño que fuera, también trataba con el odio más grande a quien se comportaba de otra manera.

    Muciano le hizo a Vespasiano un gran número críticas extrañas contra los estoicos, afirmando, por ejemplo, que estaban llenos de jactancia vacía, que alguno  de ellos se deja crecer la barba larga, que arqueaba las cejas, que llevaba un grueso manto marrón  echado hacia atrás sobre el hombro y que iba descalzo, que en seguida proclamaba que él poseía la sabiduría, la valentía y la justicia, y se daba grandes ínfulas, aunque como dice el refrán, “ni supiera las letras ni tampoco cómo nadar”. Que ellos desprecian a todos y al hombre de buena familia le llaman malcriado, al de baja cuna corto de mente, a una persona guapa viciosa, a una persona fea un simplón, al hombre rico avaro, y al pobre servil.

    Y Vespasiano expulsó inmediatamente de Roma a todos los filósofos, excepto a Musonio. A  Demetrio y Hostiliano  incluso los deportó  a las islas. Pero Hostiliano, aunque de ninguna manera desistió de su actitud  cuando se le comunicó  la sentencia de exilio,  más aún, como estaba conversando con otra persona, sencillamente  arremetió con más dureza contra de la monarquía,  sin embargo regresó pronto del exilio.  Por el contrario,  a Demetrio, que tampoco cedió incluso entonces, Vespasiano ordenó que le dieran este mensaje:  "Tú haces todo lo que puedes para obligarme a matarte, pero yo no mato  a un perro ladrador".

    También quedó evidentemente claro que Vespasiano odiaba Helvidio Prisco, no tanto por él mismo o por sus amigos, a los que había agraviado, sino porque era un agitador  que se ganó el favor de la plebe y acusaba y denunciaba  siempre la realeza mientras elogiaba a la   democracia. Actuando en consecuencia con estas opiniones, Helvidio reunió  un grupo de partidarios, como si la función de la filosofía fuera la de insultar a los gobernantes, agitando a la multitud para derrocar el orden establecido de las cosas y  llevar a cabo una revolución.

    Éste fue yerno de Trásea e intentó emular su conducta, pero se quedó muy lejos de comportarse así. Pues mientras Trásea, a pesar de vivir en la época de Nerón y en desacuerdo con él, ni dijo ni hizo nada insultante para él, excepto que se segó a compartir sus hechos, Helvidio en cambio mantenía el rencor contra Vespasiano y no lo abandonaba ni en privado ni en público. Así, con su conducta se estaba buscando la muerte y estaba a punto de llegar el tiempo de recibir su castigo por sus intromisiones.

    Es curioso cuán semejante me resulta esta actitud temerosa del poder frente a cualquier a los movimientos y comportamientos sociales de aquel momento, con los que personalmente viví (ya tengo alguna edad) en las postrimerías de la dictadura de Franco: barba larga, vestimenta distinta a la convencional, llevan zapatillas, se las dan de listos, se meten con todo el mundo, convencen con su charla a la gente, etc.

    Suetonio nos pinta a Vespasiano como comprensivo y benevolente, contrario a la aplicación de castigos excesivos. A propósito de Demetrio y Vespasiano dice en Suetonio, Vespasiano 13:

    Demetrio el Cínico, cuando se cruzó en el camino con él después de haber sido condenado (al exilio) , no se dignó ponerse en pie ni saludarle, atreviéndose incluso a murmurar no sé qué contra él; Vespasiano, en cambio, se contentó con llamarle “perro”.

    Demetrium Cynicum in itinere obuium sibi post damnationem ac neque assurgere neque salutare se dignantem, oblatrantem etiam nescio quid, satis habuit canem appellare.

    Su relación con Tito parece haber sido mejor. Filóstrato nos cuenta cómo Apolonio recomendó a Tito que se sirviera de las enseñanzas del maestro Demetrio; nos lo dice en su citada Vida de Apolonio, VI, 31

    En cuanto a mí, -dijo Tito-, hombre de Tiana, ¿qué me recomiendas respecto al imperio y la realeza?

    -Lo mismo de lo que tú mismo estás convencido –repuso-, pues al someterte a tu padre, evidente es que te asemejarás a él. Yo además te diría ahora un dicho de Arquita, pues es noble y digno de aprenderse. Arquitas era un varón tarentino, sabio en las doctrinas de Pitágoras. Y él, en un escrito sobre la educación de los hijos, dice:”que el padre sea para los hijos modelo de virtud, porque también los padres caminarán más rectamente hacia las virtudes, si los hijos pretenden asemejárseles”. Por mi parte, te encomendaré a mi compañero Demetrio, que te atenderá en cuanto quieras, enseñándote qué es menester que haga el buen gobernante.

    -¿Y cuál es, Apolonio –le preguntó-, la sabiduría de ese hombre?

    -La sinceridad –contestó- y el ser veraz y no amilanarse por nadie, pues ello es cosa del coraje perruno.

    Y como Tito oía con desagrado mentar al perro, Apolonio añadió:

    -Con todo, a Homero le pareció que Telémaco, cuando era joven necesitaba dos perros, y se los da al jovencito por compañeros en el ágora de los de Ítaca, aunque eran irracionales. A ti te acompañará un perro que ladrará en tu defensa frente a los demás, y frente a ti mismo, si cometieras un error.

    -Dame, pus –repuso, ese perro por compañero. Y le permitiré incluso morderme si se diera cuenta de que cometo alguna injusticia.

    -Se le escribirá una carta –dijo-, pues se halla filosofando en Roma.

    -Que se le escriba –contestó-. Y quisiera que también a ti te escribiera alguien intercediendo por mí, para que compartieras nuestro camino hacia Roma.
    Iré –prometió- cuando sea mejor para ambos.

    (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Poco después, en Vida de Apolonio VI 33 nos ofrece la carta:

    La carta de Demetrio fue la siguiente:

       Apolonio, el filósofo, a Demetrio, el perro. Saludos.
    Te encomiendo al emperador Tito como su maestro, para el comportamiento de la realeza. Tu procura no dejarme por mentiroso ante él, y sélo todo para él, salvo la ira. Adios.
    (Traducción de Gredos de Alberto Bernabé Palares-)

    En el año 75 Tito pretendía casarse con la princesa judía Berenice, relación que el pueblo no veía con buenos ojos; un tal Diógenes el Sofista y un tal Heras criticaron en el teatro los vicios de los emperadores y esto alimentaba el enfado regio y por ello fueron castigados, como nos cuenta Dión Casio, Historia de Roma LXV 15, 3-5:

    Berenice estaba en la cúspide de su poder y por ello  vino también a Roma con su hermano Agripa.   A este se le concedió el cargo de pretor, mientras ella vivía en el palacio  con Tito.  Ella esperaba casarse con él y  se comportaba en todos los aspectos como si ya fuese su esposa; pero cuando él advirtió que la situación disgustaba a los romanos, la hizo marcharse, porque  además de los muchos rumores  que había, se añadió el hecho de que ciertos sofistas de la escuela cínica se las arreglaron para entrar subrepticiamente en la ciudad. Y Diógenes fue el primero que se  presentó  en el teatro cuando estaba lleno de público y les lanzó muchas invectivas  a la pareja en un insolente discurso, y por ello fue azotado. Luego, detrás de él, entró Heras, y pensando que no tendría un castigo no más duro que el anterior, se lanzó a gritarles al modo cínico muchas críticas intempestivas,  y por ello le cortaron la cabeza. 

    Demetrio quizás vivió hasta la época de Domiciano, que creó un buen ambiente de terror. A Domiciano se le adjudican dos expulsiones de filósofos (filosofar resultó ser una actividad de alto riesgo) y también de astrólogos y “matemáticos”, término con el que quizás se refieran a profesores en general. La primera tuvo lugar en el año 89 y la segunda, más violenta, en el 93/95. Veamos lo que dice Dion Casio en Historia de Roma LXVII 13,1:

    (Domiciano) tuvo también una notable actuación como censor.  Y así expulsó a Cecilio Rufino del Senado porque bailaba representando pantomimas, y devolvió a Claudio Pacato a su amo, aunque había sido un centurión, porque se demostró que era un esclavo.  Pero no fueron iguales los hechos que voy ahora a contara y que realizó  como emperador.  Porque mató a Aruleno Rústico porque filosofaba   y llamó santo (equivalente a “augusto”, ἱερὸν,  en griego)  a Trasea, y mató a Herenio Seneción porque, después de haber sido cuestor, no se presentó para ninguna otra magistratura en su larga vida y porque había escrito una biografía de Helvidio Prisco.

    Muchos otros también murieron como consecuencia de esta misma acusación de filosofar y todos los demás filósofos de Roma fueron expulsados de nuevo.  Sin embargo un tal Juvencio Celso,  que fue uno de los principales  junto a otros en una conjura contra él (Domiciano), y que había sido acusado por esto, salvó su vida de una manera sorprendente:  estando a punto de ser condenado, pidió que se le dejase decirle algo en privado al emperador y postrándose a continuación ante él, le llamó  "mi dueño y mi dios”, palabras con las que otros ya le saludaban,  y le dijo:  "Yo no he hecho nada de  esta clase; pero si  me permites vivir me infiltraré en todo y no solo te traeré a muchas acusados, sino que además lo probaré".  Con esto quedó en libertad,  pero no acusó a nadie poniendo unas veces una excusa y otras veces otras, y vivió hasta que Domiciano murió.

    El siguiente texto de Filóstrato describe perfectamente el ambiente de  preocupación y terror en el que tantas  veces se han encontrado numerosos intelectuales, esperando la decisión del tirano y dudando de la conveniencia de huir lejos para quedar a salvo.

    Filóstrato, Vida de Apolonio VII 10-12

    …(Apolonio) una vez que desembarcó en Corinto y celebró, al filo de mediodía, en honor del Sol, los ritos que acostumbraba, partió hacia Sicilia e Italia al atardecer. Gracias a que encontró una brisa favorable y una corriente que lo llevaba sobre el mar, llegó a Dicearquía al quinto día.

    Allí se encontró con Demetrio, que pasaba por ser el más audaz de los filósofos, porque vivía no lejos de Roma. Conociendo su aversión por el tirano, le dijo, por iniciar la conversación:

    -Te he sorprendido sumido en el lujo y viviendo en lo más feliz de la próspera Italia, si es que realmente es próspera; allí donde se dice que Ulises, cuando convivía con Calipso, se olvidó del humo de Ítaca y de su casa.

    Y Demetrio lo abrazó y, tras expresarle sus buenos augurios, le dijo:

    -¡Dioses! ¿Qué le ocurrirá a la filosofía ahora que corre peligro de perder a un hombre como éste?

    -¿Qué peligro es el que corre? –repuso-

    -Sin duda ese por cuya previsión vienes. Pues si ignoro tus intenciones, es que tampoco me conozco a mí mismo. Pero no hablemos aquí, sino vayamos a donde la conversación sea privada, y que esté presente también Damis, al que yo, ¡por Hércules” considero el Yolao de tus trabajos.

    Les iba conduciendo Demetrio, mientras decía estas palabras, hacia la villa que fue de Cicerón en su vejez, que se encuentra cerca de la ciudad. Se sentaron bajo un plátano, mientras las cigarras cantaban con el acompañamiento de la brisa. Y Demetrio, alzando su vista hacia ellas, les dijo:

    -¡Felices de vosotras y verdaderamente sabias, porque os enseñaron las Musas un canto que aún no se ha visto sometido a procesos o acusaciones; os hicieron superiores a vuestro vientre y apartaron vuestra morada de la envidia humana, en esos árboles en los que, dichosas, cantáis vuestra felicidad y la de las Musas.

    Apolonio comprendió a qué se referían tales palabras, pero, censurándolas, como demasiado indolentes para su profesión, le dijo:

    -¿Acaso tenías el propósito de desarrollar un elogio de las cigarras, pero no lo expusiese abiertamente sino te escondite aquí, como si hubiera alguna ley que prohibiera elogiar en público a las cigarras?

    -No he dicho eso como un elogio –respondió-, sino por poner de manifiesto que, mientras que a ellas las dejan en paz sus salas de concierto, nosotros no disponemos de  permiso ni para murmurar, sino que la sabiduría constituye un cargo contra uno. La acusación de Ánito y Meleto dice: “Sócrates comete injusticia porque corrompe a los jóvenes y trata de introducir nuevos dioses”. Pero a nosotros se nos acusa en estos términos: “Comete injusticia Fulano por ser sabio, justo, conocedor de los dioses, conocedor de los hombres y extremadamente experto en leyes”. Y en la medida en que tú eres más sabio que nosotros, tanto más prolija será la acusación que van a inventarse contra ti, pues Domiciano se propone hacerte partícipe de los cargos por los que están desterrados Nerva y los suyos.

    -¿Y por qué están desterrados? –preguntó.

    – Por la más grave de las acusaciones –contestó-, según el parecer del acusador; pues afirma que son convictos del intento de tomar el poder que él detenta, y que tú instigaste a esos hombres descuartizando, creo, a un niño.

    -¿Acaso es porque el gobierno será derrocado por un eunuco? –preguntó Apolonio.

    -No es por eso por lo que nos vemos falsamente acusados –aclaró-, sino que dicen que sacrificaste a un niño con objeto de conocer el vaticinio que revelan las entrañas de los animales jóvenes. Se hace también constar en la acusación tu forma de vestir y de vivir, así como el hecho de que haya gente por la que eres objeto de culto. Eso efectivamente se lo oí decir a Telesino, un buen amigo, tanto para mí como para ti.

    -Hallazgo inesperado sería –dijo- si nos encontráramos con Telesino, pues seguramente te refieres al filósofo que alcanzó el rango consular en época de Nerón.

    -A él en efecto me refiero –contestó-, mas ¿de qué modo podrías entrar en contacto con él? Pues las tiranías son muy suspicaces respecto a todos los que gozan de prestigio, si llegan a mantener conversaciones con los inculpados en lo mismo que tú ahora. Además,  Telesino emigró con motivo del edicto que se ha proclamado ahora respecto a toda clase de filosofía, por  preferir ser desterrado como filósofo antes que quedarse como cónsul.

    -Que no se vea en peligro, pues –dijo-, ese hombre por culpa mía. Que bastante peligro corre por culpa de la filosofía.

    -Pero dime una cosa, Demetrio –prosiguió Apolonio-. ¿Qué te parece que debo decir o hacer para calmar mi propio miedo?

    -No bromees –contestó- ni digas que temes ahora peligros de los que ya eras consciente. Pues si consideraras eso peligroso, te habrías marchado, con tal de librarte de un discurso en tu propia defensa.

    -¿Te habrían escapado tú –preguntó- si corrieras el mismo peligro que yo?

    -No, ¡por Atenea! –repuso-, si hubiera alguien para juzgarme, pero sí con la perspectiva de que no va a haber siquiera proceso, y de que o no voy a ser oído si me defendiera, o voy a ser oído, pero me matarán precisamente por no haber cometido delito. Y tú estarías de acuerdo conmigo en no elegir una muerte tan escalofriante y propia de un esclavo, en lugar de una adecuada para un filósofo. Y es que a la filosofía le es adecuado, creo, o bien morir por  liberar una ciudad o por defender a los padres, hijos, hermanos y el resto de la familia, o combatiendo por los amigos, que para los hombres sabios son más estimables que el parentesco, o por los que han conquistado por amor. Pero morir por falsas razones sutilmente inventadas  y ofrecerle al tirano la posibilidad de parecer sabio es mucho más penoso que si uno, como cuentan de Ixión, sufriera tortura por el aire sobre una rueda. Para ti supongo que será el comienzo de tu proceso el propio hecho de venir aquí. Pues tú lo justificas por la sanidad de tu conciencia y porque no te habrías atrevido a emprender el camino hasta aquí si hubieras cometido algún delito; pero Domiciano no pensará que lo has hecho por eso, sino que, por poseer algún poder secreto, te has aventurado tan resueltamente. Pues el hecho de haber sido citado no hace aún diez días, según dicen, y que tú te hayas presentado a juicio sin haber oído aún que vas a ser juzgado, conferirá sentido a la acusación, pues parecerá que lo sabías de antemano, y la historia acerca del niño ganará crédito. Mira además no sea que eso de las Moiras y el destino, sobre lo que dicen que tú hablaste en Jonia, no se vuelva contra ti y que, por tramar el destino algo insólito, tú te veas obligado a ir a su encuentro sin darte cuenta de que es siempre más sabio precaverse. Y si no se te ha olvidado la época de Nerón, sabes lo que pasó conmigo y que no mostré un comportamiento indigno de un hombre libre ante la muerte. Pero aquello tenía ciertos atenuantes. Pues en el caso de Nerón, su cítara parecía desentonar con el comportamiento adecuado a la realeza, pero respecto a lo demás, no estaba desagradablemente afinada, pues muchas veces traía por su mediación algunas treguas y lo apartaba de los crímenes. A mí por lo menos no me mató, aunque había atraído su espada contra mí por tus discursos y los míos, esos que pronuncié contra el establecimiento de baños. La causa de que no muriera fue un mejoramiento de voz que le vino entonces y el haber logrado una melodía que a él le pareció espléndida. Pero ahora, ¿en honor de qué mejora de voz, en honor de qué cítara vamos a ofrecer un sacrificio? Pues todo es ajeno a la música y está lleno de cólera, y éste no podría ser fascinado ni por ti ni por otros. Aunque Píndaro al elogiar la lira dice que fascina incluso al ánimo de Ares y lo aparta de los bélicos quehaceres, y si bien ese ha establecido aquí una competición musical y corona en público a los vencedores, hay algunos de ellos a los que mandó matar y que intervinieron, como se dice, en una competición de flauta o de canto por última vez. También debes pensar en los hombres que te siguen, pues los harás parecer también a ellos, tanto si te muestras atrevido, como si pronuncias palabras con las que no vas a convencer. Tu salvación la tienes a mano, pues hay aquí muchas naves, como ves; unas partirán hacia Libia, otras hacia Egipto, otras hacia Fenicia y Chipre; otras directamente a Cerdeña y otras más allá de Cerdeña. Lo mejor para ti es embarcar en una y marcharte a cualquiera de esos lugares, pues las tiranías son menos crueles con los hombres notorios si se dan cuenta de que prefieren no vivir en la notoriedad.

    Ganado Damis por las razones de Demetrio, dijo:…..

    El texto siguiente describe la angustia de quien, sintiéndose perseguido, teme comprometer a otras personas con su mero contacto y relación. Cúantas veces se habrán producido situaciones similares, ante la inacción de los restantes ciudadanos.

    Sigamos leyendo a Filóstrato VII, 14-15:

    (Apolonio)… Ya sé cuán hábil eres, Demetrio, para sacar conclusión a tus argumentos, por lo cual me parece que vas a decirme algo así como: “No vayas entonces con ellos, sino con hombres con los que aún no hayas tenido relación y te será más cómodo huir, pues pasarás inadvertido con mayor facilidad entre quienes no te conocen. Examinemos en qué medida ese argumento es convincente. Mi opinión al respecto es la siguiente: yo creo que el sabio no hace nada en privado ni por sí, y que no puede concebir nada con una falta tan absoluta de testigos, que no esté al menos él consigo mismo, y, tanto si la inscripción pítica (conócete a ti mismo) es del propio Apolo, como si es de un hombre que se conocía sanamente a sí mismo y por ello lo convirtió en máxima para todos, me parece que el sabio que no se conoce a sí mismo y toma su propia conciencia como acompañante, ni podría asustarse por lo mismo que la gente, ni atreverse a algo que otros no emprenden sin vergüenza. Pues siendo esclavos de las tiranías, se han precipitado incluso a traicionar a sus mejores amigos, en beneficio de ellas, temerosos de lo que no es temible en absoluto, y sin temor de lo que es preciso temer.

    Pero la sabiduría no condesciende con eso…

    Así pues, que la consciencia me pondrá en evidencia, tanto si voy con quienes me conocen, como con quienes no me conocen, si llegara a ser el traidor para estos hombres, creo que lo he dejado claramente demostrado, y que la verdad se pone de manifiesto. Así que no me traicionaré tampoco a mí mismo, sino combatiré contra el tirano, diciendo lo del noble Homero

         Común es Eníalo (Marte es imparcial

    Damis afirma que se sintió tan impresionado por estas palabras, que recobró su celo y su audacia, y que Demetrio ya no dio por perdido a nuestro hombre, sino que tras elogiarlo y darle la razón en lo que había dicho, invocó a los dioses en su ayuda, por el riesgo que iba a correr y en ayuda de la propia filosofía, en cuya defensa demostraba esa valentía. Asimismo dice Damis que los iba a llevar a donde se encontraba alojado, pero que Apolonio, rehusando dijo:

    -Es ya tarde y es menester que a la hora de prender las lámparas me dirija al puerto de Roma, pues esa es la hora acostumbrada para esas naves, Compartiremos la comida cuando lo mío esté solucionado, pues ahora podría fraguarse alguna acusación contra ti por haber compartido tu comida con el enemigo del emperador; así que no vayas siquiera al puerto con nosotros, no sea que incluso el haber conversado conmigo te acarree la acusación de que ha sido para secretos complots.

    Consintió Demetrio y, tras darles un abrazo, los dejó, pero volviéndose para mirarlos y derramando llanto.

    Demetrio murió en torno al año 90. Tuvo una larga vida; sin duda supo sortear con habilidad y la ayuda de la diosa Fortuna los escollos.

  • Todos los caminos conducen a Roma(Omnes viae Romam ducunt)

    Hoy no, pero hace dos mil años ciertamente todos los caminos conducían a Roma, que era la capital de un enorme imperio. Más de 380 vías principales o calzadas con más de 80.000 kms., permitían a sus legiones, a sus funcionarios, a sus ciudadanos salir y acudir con facilidad a la capital, Roma. Es curioso constatar cómo la dirección de todas las carreteras marcaban Roma como destino final, como si de los rayos o radios de una enorme circunferencia se tratara. Se extienden desde las Columnas de Hércules en Hispania o el “muro de Adriano” en Escocia hasta el Éufrates en Mesopotamia, del norte de Alemania hasta el desierto norteafricano. De ahí el dicho todos los caminos conducen a Roma.

    Esas 380 vías principales, (algunos citan tal vez con más exactitud 372, que son las que relaciona el Itinerarium Antonini del que más adelante hablaré, 34 de ellas referidas a Hispania),  que solían recibir el nombre de su promotor, iban confluyendo unas en otras hasta llegar a la capital, Roma, en la que entran 19, diecinueve: Salaria y Nomentana que confluían ya dentro de la muralla Aureliana; Tiburtina, a la que se unía la Collatina; La Praenestina y Labicana que se unían a otras dos, las LatinaAppiaSacra; Ardeatina que se unía a la Ostiensis que venía del puerto; Septizonium; Portuensis; Aurelia que se unía a la Portuensis; y la Flaminia.

    mapas del mundo antiguo en época de Adriano
    Mapa general en época de Adriano (125)
    mapa de las antiguas calzadas romanas
    Mapa de las antiguas calzadas romanas

    Nota: se llaman también “calzadas”, con un término del latín vulgar,  *calciāta , que significa camino empedrado; “calciata” deriva de calx,-cis, que significa piedra caliza (en español existen también cal, calcáreo, cálcico,calcificar y calcificación, calcinar,(compuesto de calx, cal y cinis,-eris, ceniza,por extensión, convertir cualquier cosa en  cenizas.) encalar, cálculo… (véase: https://www.antiquitatem.com/calculo-numeracion-romana-calcular ) No debe relacionarse el término con calzado, sustantivo y también participio del verbo calzar, que deriva de calzeus, derivado a su vez de otro calx,-cis que significa “talón”, de donde calcaño y calcañar, parte posterior de la planta del pie.

    Las vías se llaman también “viae stratae”, carreteras constituidas por estratos superpuestos de distintos tipos de piedra y grava, que las han hecho eternas. Precisamente de este nombre de las vías derivan el   italiano “strada”, inglés street, alemán Straße, holandés straat, gallego y portugués estrada.

    Una curiosidad: “Carretera” deriva de carreta y esta de carro, que tal vez no es originariamente una palabra latina sino celta, “carros”. Esto nos remite a la consideración de la importancia del llamado “substrato celta” en muchos de los territorios dominados por Roma. Por otra parte el “celta” está muy relacionado con el Latín porque ambas son lenguas indoeuropeas. Precisamente la raíz indoeuropea de esta palabra podría ser “*kers» , de la que también derivan o están relacionadas currere, (correr), cursar, corcel, sucursal, acosar de un previo “accursus”, etc.
    En otra ocasión hablaremos de las vías en general y de las de Hispania en particular.

    mapa de las vías romanas en España
    Mapa de las vías romanas en España

    Nota: Diré hoy, como curiosidad, que una de las vías más famosas en España, utilizada o conservada todavía hoy en muchos tramos, es la conocida como “Vía de la Plata”, que iba de Mérida (Augusta Emerita) hasta Astorga (Asturica Augusta), cuyo nombre nada tiene que ver con el del mineral tan apreciado en el mundo antiguo; en latín se llamaba “argentum”, nombre que sin duda le recordará al lector algunos derivados (argentífero, argénteo…). El nombre deriva de la denominación en el árabe de la época andalusí vía al-Balat, camino empedrado.

    Pues bien, en esta enorme red las vías eran señalizadas con hitos o mojones que marcaban las distancias y de paso recordaban a los autores o favorecedores de la carretera para su mayor honra y gloria. Esos hitos se llamaban miliarios porque se colocaban cada mil pasos, (una milla equivale a 1481 metros aproximadamente), como hoy los kilómetros se colocan cada mil metros una vez que aplicamos el sistema métrico decimal.

    Miliarios romanos de la localidad de Carcaboso (Cáceres)
    Miliarios de la localidad de Carcaboso (Cáceres)

    Como las vías o carreteras partían o llegaban a Roma como los radios de una enorme circunferencia, allí estaba colocado el miliario “0” como punto central, como hoy existe en la Puerta del Sol de Madrid el Kilómetro “0”,  del que parten todas las carreteras radiales que llegan a los rincones de España.

    Es curioso constatar cómo los Estados centralizados tuvieron en la Antigüedad como tienen hoy una disposición y estructura radial: para ir de una ciudad a otra se ha de pasar por el centro, en el que confluyen todos los caminos.

    Ese miliario 0 romano no se llamaba realmente así, porque los romanos no manejaban el cero, sino que para remarcar su importancia central le llamaron milliarium aureum, miliario de oro,  porque era de bronce bañado en oro, y fue colocado en el Foro, junto al templo de Saturno,  por Augusto en el año 20 antes de Cristo. Debió tener 3,45 metros de alto y 1,15 de diámetro la columna.

    Las distancias se medían por referencia a él.  No se conoce la inscripción grabada en esa columna, tal vez tan sólo el nombre el emperador Augusto o los nombres de las ciudades importantes del Imperio y las distancias como dan por hecho numerosos autores sin suficiente fundamento influenciados por las costumbres actuales, o quizás los nombres de los encargados del mantenimiento de la red viaria o “curatores viarum”.

    Dion Casio recuerda cómo Augusto fue nombrado curator viarum e hizo erigir el milliarium aureum, en  54.8,4, coincidiendo con la celebración de su triunfo sobre los Partos:

    Dion Casio, 54,8,4

    Pero todas estas celebraciones con ocasión de la recuperación de los estandartes fueron ejecutadas más tarde. En el momento del que estamos hablando, fue nombrado procurador de las vías en el entorno de Roma, y con esta autoridad erigió el llamado “miliario de oro”, y designó para mantener estas vías a antiguos pretores con dos lictores cada uno.

    Quizás en el momento en que se erigió esta columna, este miliario, se creó la frase “Todos los caminos conducen a Roma”.

    Al miliario áureo hacen referencia Plutarch, Galba 24.4; Pliny, Naturalis Historia 3.66; Tacitus, Historiae 1.27; Suetonius, Otho 6.2.

    Plutarco hace una referencia también al miliario como punto final de todas las carreteras romanas en la ocasión en que Otón está a punto de ser nombrado emperador suplantando a Galba:

    Plutarco, Galba 24.4

    Hallábase éste presente, a espaldas de Galba, y estaba muy atento a lo que Umbricio decía y anunciaba; y como se asustase y tuviese con el miedo muchas alteraciones en el color, el liberto Onomasto, que estaba a su lado, le dijo que le buscaban y le estaban aguardando en casa los arquitectos: porque ésta era la seña convenida del momento en que debía presentarse a los soldados. Añadiendo, pues, él mismo que, habiendo comprado una casa vieja, quería mostrar a los destajeros aquellas piezas que necesitaban reparos, se marchó, y, bajando por la casa llamada de Tiberio, fue a la plaza al sitio donde está la columna de oro, en que van a rematar todas las carreteras principales de la Italia. (Traducción de Ranz Romanillos)

    Tácito en Historias,1,27  y Suetonio en vida de Otón,6 relatan el mismo episodio y también hacen referencia al miliario de oro.

    También Plinio el Viejo, que nos ofrece amplia información sobre vías y ciudades, hace una referencia interesante en un texto en el que encarece las dimensiones e importancia de Roma, ciudad sin parangón en el mundo.

    Plinio, Naturalis Historia, III, 66-67

    Rómulo dejó la urbe teniendo tres puertas o cuatro (por dar crédito a los que dicen que eran más). El conjunto de sus murallas en el año ochocientos veintiséis de su fundación, siendo emperadores y censores los Vespasianos, comprendía trece mil doscientos pasos de contorno. Abraza las siete colinas y se divide en catorce distritos y hay doscientas sesenta y cinco capillas de crucero de los dioses Lares. La extensión de la ciudad, trazando una línea recta desde el miliario colocado en la cabecera del Foro Romano hasta cada una de las puertas que hay hoy en número de treinta y siete (si se cuentan como una las llamadas doce, y se prescinde de las siete antiguas que han dejado de existir), arroja un total de  veinte mil setecientos sesenta y cinco pasos en línea recta. Pero hasta el final de las edificaciones, comprendido el campo de los pretorianos, desde el mismo miliario, y a través de los diversos distritos, la longitud de todas las vías públicas alcanza un poco más de sesenta mil pasos. Si a eso se añadiera la altura de los edificios, se obtendría un cálculo ciertamente adecuado y se proclamaría que no hay en todo el orbe ciudad ninguna cuyo tamaño pudiera comparársele. (Traducción de Antonio Fontán para Editorial Gredos. 1998)

    Plin. Nat. 3.30  (o 3.66-67)

    Urbem tris portas habentem Romulus reliquit aut, ut plurimas tradentibus credamus, IIII. moenia eius collegere ambitu imperatoribus censoribusque Vespasianis anno conditae DCCCXXVI m. p. XIII:CC, conplexa montes septem. ipsa dividitur in regiones XIIII, compita Larum CCLXV, eiusdem spatium mensura currente a miliario in capite Romani fori statuto ad singulas portas, quae sunt hodie numero XXXVII, ita ut XII portae semel numerentur praetereantur ex veteribus VII, quae esse desierunt, efficit passuum per directum XX:M:DCCLXV. ad extrema vero tectorum cum castris praetoriis ab eodem miliario per vicos omnium viarum mensura colligit paulo amplius LX p. quod si quis altitudinem tectorum addat, dignam profecto aestimationem concipiat fateaturque nullius urbis magnitudinem in toto orbe potuisse ei comparari.

    Tenemos mucha información sobre las vías romanas y su trazado, no sólo en textos escritos sino también fruto de los estudios arqueológicos. Hay dos documentos de los que en otra ocasión trataré, que son especialmente importantes: el Itinerarium Antonini, Itinerario de Antonino y la Tabula Peuntingeriana .

    El primero, el Itinerarium Provinciarum Antonini Augusti, es un libro o guía de carreteras confeccionado a principios del siglo III de Cristo (217) en el que se relacionaban las rutas militares de la época de Caracalla, dando cuenta de las ciudades y las mansiones o ventas, similares a nuestras áreas de servicio,  y de las distancias entre ellas. El documento actual se basa en una copia del siglo IV y se publicó modernamente por primera vez en el año 1521.

    La segunda, la Tabula Peutingeriana, es una especie de mapa o mejor de esquema o dibujo plano que recoge las vías principales, señalando las ciudades y paradas de cada una desde la India a Gran Bretaña. Desgraciadamente se ha perdido la parte referida a Hispania, que ha de ser suplida con el Itinerarium Antonini. Se conserva  una copia del siglo XII de un documento del siglo IV o V, aunque pudo ser confeccionado antes. El documento actual se conserva en la Nationalbibliotek de Viena, que tiene una extensión de 6,8 metros de largo por 33 cm. de ancho dividido en 12 hojas. Recibe el nombre del humanista alemán que la descubrió, Konrad Peutinger.

    imagen de la Tabula Peutingeriana
    Segmentos V y VI de la Tabula Peutingeriana donde se representa a Italia, con la capital Roma, entre el mar Adriático y el Mediterráneo.

    Otros autores que nos dan abundante información sobre las carreteras y las ciudades por las que pasan son Plinio el Viejo y Estrabón.

    Así que la expresión “todos los caminos conducen a Roma” tendría en aquel momento un sentido real y geográfico. Podemos suponer, pues, que los habitantes del Imperio, desde Mesopotamia hasta Bretaña, desde Alemania al desierto africano, pronunciarían muchas veces en latín la frase “omnes viae ducunt Romam”, como hoy se sigue haciendo  en todas las lenguas occidentales desde su aparición.

    Decía que “podemos suponer” porque no está atestiguada la citada frase latina en ningún documento de época antigua. Pero la suposición es razonable si Roma atraía a ciudadanos de todo el mundo y los “mapas” de la época tienen como punto de partida y de llegada a Roma y se señaló con toda la grandeza romana el punto central con el famoso miliario de oro (milliarium aureum).

    Hasta donde sabemos hoy la frase aparece escrita por primera vez en la Edad Media, hacia el año 1175, en un texto de Alain de Lille,  (Alanus ab Insulis en latín), (c. 1128 – 1202/1203).  Alain de Lille escribió numerosas obras, las más famosas de contenido moral. Entre ellas escribió una titulada Liber Parabolarum, Libro de parábolas. En el capítulo V es en donde aparece la citada frase, si bien no exactamente tal como la he presentado, sino como Mille viae ducunt homines per saecula Romam (A thousand roads lead men forever to Rome).

    Nota: adviértase la agudeza de Alain de Lille a la hora de latinizar su nombre: Alanus por Alain resulta evidente, pero en el caso del apellido “de Lille” hace un curioso juego fonético: como “de Lille” en francés suena igual que “de l’île, “, de la isla, lo traduce al latín como “ab Insulis”, “de las Islas”.

    En ese capítulo V al que me refería titula una de sus “fabulas moralizantes»

    Mille viae ducunt hominem per saecula Romam

    Mil caminos conducen para siempre al hombre a Roma

    Ya aparece el título  en la edición impresa de Leipzig del año 1499 cuya fotografía presento; no se  hacía así en ediciones anteriores como la de Colonia de 1497. Desconozco cómo aparece en los manuscritos más antiguos. Pero en todo caso, utiliza la expresión citada y otra similar  en el comentario o explicación a su parábola:  multae viae ducunt hominem romam (Muchos caminos conducen al hombre a Roma) y  también mille viae ducunt homines romam per saecula  (mil caminos conducen a los hombres a Roma durante siglos) . (Mille viae ducunt homines Romam per saecula: qui volunt quaerere toto corde dominum: via est directa quae…)

    Presento la parábola completa, en la que la máxima tiene un sentido figurado, de los miles que puede tener y con los que se sigue utilizando en cualquier contexto actual.

    Mil caminos conducen al hombre para siempre a Roma
    Para quienes quieren buscar al señor con todo su corazón
    hay un camino que directo lo conduce por lo alto de los montes
    con sus cuestas cargado de zarzas y espinas.
    Y también alguna senda que la piedra áspera hace
    áspera y araña todos los días las plantas (de los pies).
    Hay también un camino por el mar,  un camino por el desierto,
    por los profundos valles, entre peñascos, por lugares duros para los pies.
    Por bosques  y lugares ocultos, por lugares que las fieras temibles recorren,
    entre espinas y abrojos,  por lugares llenos de lodo.

    Mille viae ducunt hominem per saecula Romam
    Qui dominum toto quaerere corde volunt
    Est via quae ducit montes directa per altos
    Vepribus et spinis arduitate gravis
    Est quoque nonnullus callis. quem calculus asper
    Asperat. et plantas quotidianas arat
    Est via per pontum. via per deserta. per imas
    Valles. per scopulos. per loca dura pedi
    Per nemus et latebras. per lustra timenda ferarum
    Per spinas tribulos. per luculenta vaga

    imagen de digitalizado por Münchener Digitalisierungszentrum
    Digitalizado por Münchener Digitalisierungszentrum

    El sentido, ya figurado, es evidente: son muchos los caminos que llevan al Señor, al Paraíso, a quienes lo buscan con todo su corazón, como eran muchas las carreteras que llevan a Roma. Es decir, se puede llegar a un determinado fin de maneras muy diversas.

    La frase la recoge  el germanista suizo Samuel Singer en su Thesaurus Proverbiorum Medii Aevi: Lexikon der Sprichwörter des Romanisch-germanischen Mittelalters en el término «Rom».

    Otro día hablaremos de la construcción y fábrica de las vías, mientras tanto ofrezco un enlace curioso con una curiosa página que permite conocer la distancia de cualquier punto de imperio a Roma según las vías romanas  http://www.omnesviae.org/ de  la Tabula Peutingeriana Itinerarium Antonini.

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  • La ninfa Calisto

    Quien disfrute leyendo o escuchando los coloridos relatos de la mitología grecolatina dispone de una obra esencial para ello: las Metamorfosis de Ovidio. En ella el prolífico poeta nos cuenta los muchos casos de transformación o metamorfosis de hombres, mujeres o personajes mitológicos en otros seres.

    Entre esas transformaciones son especialmente interesantes, entre otras cosas por la fuerza con la que perviven, las conversiones en astros o estrellas, los llamados catasterismos.

    Llamamos “catasterismo” a la conversión o la transformación  de dioses, seres heroicos,  hechos mitológicos, e incluso principios éticos más tarde, en astros, en cuerpos celestes del firmamento, en estrellas o conjuntos de estrellas.

    Se trata de un término técnico o culto griego, compuesto de la preposición kata, κατά (encima, abajo)  y el sustantivo  ἀστήρ, aster,  (estrella, astro).  El término se empleo como título de un librito atribuido al director de la Biblioteca de Alejandría, matemático, geógrafo, astrónomo, médico, filólogo, autor literario,  Eratóstenes.

    Dos de las constelaciones o conjunto de estrellas (eso es lo que significa la palabra constelación, cum stella..) más conocidas e importantes a lo largo de la historia en nuestro hemisferio son la “Osa Mayor”, fruto de la transformación de una ninfa, Calisto y el Boyero, Boötes, o guardián de la Osa, transformación de su hijo Arcas.

    Nos lo cuenta literariamente el citado poeta Ovidio en un largo relato de más de ciento cincuenta versos en Metamorfosis,  libro II, v. 401-550.

    Hoy me permito una pequeña licencia que a buen seguro no molestaría a Ovidio; en el mundo antiguo un mismo tema mitológico se rehace y modifica, se reduce o amplia una y otra vez por diversos autores.

    Me permito hacer, pues, una versión reducida del relato ovidiano que tal vez sea más fácil de leer que el texto original para posibles lectores actuales, si bien ofreceré al final para el lector interesado el propio texto del autor latino con su correspondiente traducción.

    LA  NINFA  CALISTO

    Júpiter, el dios todopoderoso, recorría vigilante el amplio y sereno cielo y observaba con desgana la tierra en la que los hombres viven. En sus viajes diarios por el firmamento se detuvo muchas veces en Arcadia, fértil región de la tierra especialmente querida para él, gobernada por  Licaón, rey culto y religioso, respetado por sus ciudadanos a los  que por fin civilizó obligándoles a abandonar  su  forma de vida  primitiva y ruda.

    Tenía Licaón numerosos hijos y entre ellos una hija que se llamaba Calisto. Su extraordinaria belleza atrajo la atención amorosa de Júpiter, que con excesiva frecuencia traicionaba a su esposa Juno.

    La hija de Licaón no gustaba de la vida muelle de palacio, ni ocupaba el tiempo en cardar la lana o perfumar su cuerpo de bellas formas. Sujetos sus cabellos desordenados con una blanca cinta y anudado su vestido con un ligero broche, armada con el curvo arco y las flechas puntiagudas al hombro, recorría los bosques frondosos acompañando a Diana, diosa virgen, libre y  certera cazadora.  

    Un caluroso día de verano, cuando el sol ya estaba a mitad de su carrera, descansaba  Calisto solitaria tendida en el verde suelo del bosque, reposando la cabeza sobre el carcaj multicolor. Cuando Júpiter la vio tan hermosa e indefensa, ardiendo de pasión como sólo los dioses pueden arder, pensó:

        — Mi esposa Juno no se enterará de este amor secreto

    Y tomando la figura de la diosa Diana se acercó a Calisto:

    — Hermosa doncella, hoy has cazado de manera extraordinaria y certera.

    Se levantó de ágil salto Calisto y respondió con palabras agradecidas:

    — Gracias, mi querida y amada diosa. Yo creo que eres más grande y poderosa que el mismo Júpiter, que no nos oye.

    Júpiter se sonrió al escucharla, la abrazó con fuerza contra su pecho poderoso y la colmó de besos lascivos, impropios de la diosa virgen cuya figura había suplantado.

    Quiso Calisto inútilmente soltarse del divino abrazo, consciente ya del engaño adúltero. Pero ¿quién puede vencer al poderoso Júpiter?

    Cuando Júpiter voló insensible al éter, Calisto recogió su aljaba y su arco y huyo veloz del bosque cómplice, para siempre odioso.

    Cierto día, después de una buena cacería, Diana, feliz y contenta, llama  a Calisto, que, temiendo fuera Júpiter de nuevo disfrazado, huye corriendo a esconderse en el frondoso bosque. Pero,  viendo a la diosa rodeada de sus ninfas que impedían el engaño, se acercó cabizbaja al grupo. El rubor de su semblante delataría su pudor herido a Diana, si la diosa no fuera  virgen inexperta.

    Fatigadas por la larga cacería, alcanzaron un fresco arroyo de aguas cristalinas. Diana apenas sumergió su virginal pie en el agua fresca que corría murmullosa y dijo amable:

      — Descansemos un rato. Nadie nos ve aquí; desnudémonos y refresquemos nuestros cuerpos en estas aguas cristalinas.

    Todas las ninfas se despojaron presto de sus vestidos de caza, pero Calisto, de nuevo ruborizada, dilataba su desnudez. Cuando por fin se quitó la ropa, apareció evidente en su cuerpo la culpa que inútilmente quería ocultar con sus manos.

    Irritada la diosa virgen gritó a la avergonzada ninfa:

    — Aléjate rápido de nosotras, traidora,  y no mancilles estas aguas  sagradas.

    Museo del Prado. Rubens: Calisto y Diana

    Pasó el tiempo necesario y nació el pequeño Arcas, fruto de aquella forzada unión. Juno, esposa de Júpiter hacía tiempo que conocía ya lo sucedido. Llegado ahora el momento propicio, no dilató por más tiempo su cruel castigo. Así dijo airada la diosa poderosa:

       — Sólo faltaba, adultera, que fueras fecunda y que un hijo tuyo testificase ante todos los dioses el ultraje vergonzoso de mi esposo Júpiter. Pronto te arrebataré la belleza de tu cuerpo con la que atrajiste a mi adúltero marido.  

    Y diciendo esto, la agarró de sus rubios cabellos y la arrojó al suelo con toda violencia. Tendía Calisto sus brazos suplicantes, que inapelablemente se cubrían de negros pelos; tendía sus manos que se convertían en garras retorcidas y su dulce boca, apetecida por Júpiter, se transformaba en deformes fauces animales. De su ronca garganta no surgen palabras suplicantes que conmoverían el corazón, sino un ronco rugido que llena de terror.

    Convertida en osa, conserva sin embargo su alma anterior, como atestiguan sus constantes gemidos de dolor y sus manos levantadas hacia lo alto, tal vez protestando la insensible ingratitud de Júpiter, el padre de los dioses que a todos amedrenta con sus rayos.

    Ahora Calisto anda errante en la soledad del bosque y de los campos peligrosos. Quien antes cazaba infatigable, ¡cuántas veces ahora se esconde perseguida por los ladridos de los perros y las flechas de los cazadores! Incluso siendo ahora una osa, siente miedo al ver a los fieros osos en lo alto de las peñas.

    Transcurrieron muchos años y Arcas, el hijo de Calisto a la que no conoció, persigue a las fieras por los desfiladeros y bosques del monte Erimanto, en la fértil Arcadia. Cierto día Arcas se topa  con su madre, que parece reconocerlo y fija en él su negros ojos. Cuando la madre se acerca insegura al hijo, a punto  está de morir atravesada por la flecha que Arcas coloca en su arco tensado, pero el todopoderoso Júpiter impidió el terrible sacrilegio. Arrebatados de la dura tierra, transportados a través del espacio los colocó en el cielo, transformados para siempre en dos constelaciones vecinas de brillantes estrellas, la “Osa Mayor” y "El Boyero" (Boötes o el guardián de la Osa).

    ……………….

    Versión completa del relato de Ovidio

    Calisto

    El padre omnipotente rodea las enormes murallas del cielo y examina si algo, debilitado por la fuerza del fuego, puede derrumbarse. Una vez que ve que están firmes y con toda su fortaleza, dirige su mirada a la tierra y a los penosos trabajos de los hombres. Su mayor motivo de preocupación es la Arcadia: restablece las fuentes y los ríos que todavía no se atrevían a correr, da césped a la tierra y hojas a los árboles, y ordena que los bosques dañados reverdezcan.

    Mientras vuelve allí una y otra vez, se queda prendado de una muchacha de Nonacris y el fuego recibido de la pasión ardió bajo sus huesos. Las ocupaciones de ella no eran ni cardar la lana para hacerla suave ni cambiar la forma de su peinado. Tan pronto el broche sujetaba su vestido y una cinta blanca sus cabellos sueltos, inmediatamente ya había cogido con su mano el ligero venablo o bien el arco y se presentaba semejante a Febe (Diana) y nunca muchacha alguna más querida que esta por la Trivia (Diana) pisó el monte Ménalo. Pero ninguna posibilidad es duradera.

    El sol alto ya ocupaba un espacio más allá de la mitad de su recorrido, cuando ella entró en el bosque que ninguna edad había talado. Se quitó entonces la aljaba de los hombros y distendió el arco flexible, y se tumbó en el suelo que cubría la hierba, y presionaba la aljaba de colores con su cabeza apoyada.

    Cuando Júpiter la vio cansada y libre de ningún vigilante, dijo: “ciertamente mi esposa no conocerá este robo y si se enterara sus reproches merecen, merecen sin duda la pena”. Inmediatamente se reviste del rostro y vestidos de Diana y dice:

    “Oh doncella, parte especial de mis acompañantes, en que montes has estado cazando?”. La muchacha se levanta del césped y dice: salud, diosa, en mi opinión mayor que Júpiter, aunque él mismo me oiga.”  Pero él se ríe y lo oye y se alegra de que sea el preferido y le da besos ni lo debidamente moderados ni que deban ser dados por una doncella.

    Cuando ella se disponía a contarle en qué bosque iba a cazar, se lo impide con su abrazo y se delata no sin un acto  criminal. Ella ciertamente se muestra contraria tanto cuanto apenas puede una mujer (ojalá la hubieras visto, Saturnia (Juno); serías ahora más benévola), lucha ella ciertamente, pero ¿a quién podría  vencer una muchacha? ¿quién podría vencer a Júpiter?.

    Victorioso, Júpiter se dirige al cielo divino: para ella en cambio  el bosque y la cómplice espesura son motivo de odio.   Al apartar de allí sus pies, casi olvidó recoger su aljaba con sus dardos y el arco que había dejado colgado.

    Mas he aquí que acompañada de su coro, Dictina (Diana) está entrando en el alto Ménalo y orgullosa por la matanza de las fieras, la ve y una vez vista la llama; pero huye cuando es llamada y al principio tiene miedo de que sea Júpiter en la figura de ella. Pero después que vio que a la par con ella marchaban las ninfas, comprendió que no había engaño y se sumó al grupo de ellas. Pero, ¡ay! qué difícil  es no delatar el crimen en el rostro!… Apenas levanta los ojos del suelo, ni, como antes acostumbraba, se une al lado de la diosa, ni es la primera de todo el grupo, sino que guarda silencio y da muestras con su rubor del pudor ultrajado. Y si Diana no fuera virgen, habría podido con mil detalles darse cuenta de la culpa; dicen que en cambio las ninfas si se dieron cuenta.

    Los cuernos de la luna reaparecían en su novena órbita (en el noveno mes), cuando la diosa, cansada de cazar bajo las llamas de su hermano (el Sol), alcanzó un bosque fresco, por el que corría un arroyo deslizándose entre murmullos y revolvía las límpidas arenas.

    Como quiera que alabó el lugar, (le gustó), tocó las aguas con su pie: alabadas también éstas, dijo: todo testigo está lejos;  sumerjamos nuestros cuerpos desnudos en las aguas transparentes”. La Parráside (Calisto) enrojeció. Todas se quitan sus vestidos; una sola busca retrasarlo. Le quitan el  vestido a la vacilante; y una vez quitado, con su cuerpo desnudo, quedó patente su falta criminal. A quien atónita quería esconder su vientre con sus manos, le dijo la Cintia (Diana): “vete lejos de aquí y no manches las sagradas fuentes”, y le ordenó separarse de su grupo.

    Hacía tiempo que la esposa del gran Tonante (Júpiter) se había enterado de todo esto y había aplazado un duro castigo para el momento adecuado. Ningún motivo había ya para la demora, pues ya el niño Arcas había nacido de su rival; esto mismo dolió también a Juno.

    Tan pronto como dirigió a él su mirada y su cruel intención,dijo: “precisamente sólo me faltaba ya  esto, adúltera, que fueras fértil y con tu parto fuera conocido el agravio y quedase bien atestiguado el deshonor de mi Júpiter. No lo llevarás sin castigo: pues te quitaré la figura con la que te complaces a ti misma, pero también con la que inoportuna complaces a mi marido”.
    Dijo, y colocada frente a ella, cogiéndola por los cabellos, la arrojó boca abajo al suelo. Tendía ella suplicante sus brazos; pero sus brazos comenzaron a erizarse de negros pelos  y sus manos a curvarse y a prolongarse con ganchudas uñas, ofreciéndole la función de los pies, y su boca, en otro tiempo alabada por Júpiter, a deformarse con su ancho hocico.

    Y le arrebata el poder hablar para que ni los ruegos ni las palabras suplicantes dobleguen su corazón.  Sale de su ronca garganta una voz irritada y amenazadora y llena de terror.

    Sin embargo permanece en ella su mente anterior incluso convertida en osa, y manifestando su dolor con su constante gemido, levanta sus manos cual ahora son al cielo y a las estrellas y aunque no puede decirlo, siente que Júpiter es un ingrato.

    ¡Ah! ¡Cuántas  veces, no atreviéndose a descansar en el bosque solitario, anduvo errante delante de su casa y en los campos en otro tiempo suyos! ¡Ay! ¡Cuántas veces ha sido empujada entre las rocas por los ladridos de los perros y ella, que fue cazadora, huye ahora asustada por el miedo a los cazadores!

    Muchas veces se ocultó de la vista de las fieras, olvidando lo que era, y siendo una osa se asustó de ver osos en los montes, y tuvo miedo de los lobos, aunque su padre (Licaón) se encontraba entre ellos.

    Y he aquí que llega Arcas, hijo de la Licaonia, que desconoce a su madre, cumplidos ya casi sus quince años. Mientras persigue a las fieras y mientras elige los bosques adecuados y rodea con densas redes los bosques de Erimanto, se encuentra con su madre, que se detuvo al ver a Arcas, y pareció como que le conocía.

    El huyó e ignorante tuvo miedo de la que mantenía fijos los ojos sin fin en él y cuando ella intentó avanzar más cerca, estuvo a punto de atravesar su pecho con un dardo mortífero. Lo impidió el todopoderoso y los detuvo al mismo tiempo a ellos dos y al criminal acto, y arrebatados por un rápido viento a través del espacio  vacío los colocó en el cielo y los hizo constelaciones vecinas (la Osa Mayor y Artofilacte o Arturo, el Guardián de la Osa, el Boyero).

    Se enfureció Juno, cuando su rival brillaba entre las estrellas, y descendió a la superficie del mar para ver a la blanca Tetis y al anciano Océano, cuyo respeto obliga con frecuencia a los dioses, y les expone cuando le preguntan la causa de su viaje.

    Preguntáis por qué yo, la reina de la morada de los dioses, estoy aquí?  Otra es la que tiene el cielo en vez de mí. Mentiría si cuando la noche haya hecho oscuro el cielo,  no veis honradas hace poco en lo alto del cielo, mis ultrajes, como estrellas allí, en donde el último círculo y de más corto recorrido rodea la parte última del eje.  ¿Hay pues motivo por el que alguien no quiera insultar a Juno o me tema ofender a mí, que soy la única que perjudicando a alguien le favorezco?

    ¡Oh! ¡cuántas cosas grandes he hecho! ¡Cuán grande es mi poder! Prohibí que fuese un ser humano y se la ha hecho diosa. Así impongo yo el castigo a los culpables, así es mi gran poder. ¡Que le restituya  su antigua apariencia y que le quite su rostro de fiera, como ya hizo antes con la argólica Forónide (Io)! ¿Por qué no se casa con ella expulsando a Juno y la coloca en mi lecho y toma a Licaón como suegro?

    Pero vosotros, si os afecta el desprecio de la que criasteis ahora ultrajada, apartad a los  Siete Triones (la Osa Mayor) del azul abismo y rechazad a estas estrellas recibidas  en el cielo, como recompensa del adulterio para que una concubina no se bañe en vuestras aguas puras.”

    ….

    t pater omnipotens ingentia moenia caeli
    circuit et ne quid labefactum viribus ignis
    corruat explorat. Quae postquam firma suique
    roboris esse videt terras hominumque labores
    perspicit. Arcadiae tamen est impensior illi
    cura suae: fontes et nondum audentia labi
    flumina restituit dat terrae gramina, frondes
    arboribus, laesasque iubet revirescere silvas.
    Dum redit itque frequens, In virgine Nonacrina
    haesit et accepti caluere sub ossibus ignes.
    Non erat huius opus lanam mollire trahendo
    nec positu variare comas; ubi fibula vestem,
    vitta coercuerat neglectos alba capillos,
    et modo leve manu iaculum, modo sumpserat arcum,
    miles erat Phoebes: nec Maenalon attigit ulla
    gratior hac Triviae. Sed nulla potentia longa est.
    Ulterius medio spatium sol altus habebat,
    cum subit illa nemus, quod nulla ceciderat aetas.
    Exuit hic umero pharetram lentosque retendit
    arcus, inque solo, quod texerat herba, iacebat
    et pictam posita pharetram cervice premebat.
    Iuppiter ut vidit fessam et custode vacantem,
    “hoc certe furtum coniunx mea nesciet” inquit,
    “aut si rescierit sunt o sunt iurgia tanti.”
    Protinus induitur faciem cultumque Dianae
    atque ait: “O comitum, virgo, pars una mearum,
    in quibus es venata iugis?” De caespite virgo
    se levat et “salve numen, me indice”, dixit
    “audiat ipse licet maius Iove.” Ridet et audit,
    et sibi praeferri se gaudet et oscula iungit
    nec moderata satis nec sic a virgine danda.
    Qua venata foret silva, narrare parantem
    impedit amplexu, nec se sine crimine prodit.
    Illa quidem contra, quantum modo femina possit
    (adspiceres utinam, Saturnia: mitior esses !),
    illa quidem pugnat: sed quem superare puella,
    quisve Iovem poterat? — Superum petit aethera victor
    Iuppiter: huic odio nemus est et conscia silva.
    Unde pedem referens paene est oblita pharetram
    tollere cum telis et quem suspenderat arcum.
    Ecce, suo comitata choro Dictynna per altum
    Maenalon ingrediens et caede superba ferarum
    adspicit hanc visamque vocat: clamata refugit,
    et timuit primo, ne Iuppiter esset in illa.
    Sed postquam pariter nymphas incedere vidit,
    sensit abesse dolos numerumque accessit ad harum.
    Heu quam difficile est crimen non prodere vultu!
    Vix oculos attollit humo, nec, ut ante solebat,
    iuncta deae lateri, nec toto est agmine prima,
    sed silet et laesi dat signa rubore pudoris;
    et nisi quod virgo est poterat sentire Diana
    mille notis culpam; nymphae sensisse feruntur.
    Orbe resurgebant lunaria cornua nono,
    cum dea venatu, fraternis languida flammis,
    nacta nemus gelidum, de quo cum murmure labens
    ibat et attritas versabat rivus harenas.
    Ut loca laudavit, summas pede contigit undas:
    his quoque laudatis “procul est” ait “arbiter omnis;
    nuda superfusis tingamus corpora lymphis.”
    Parrhasis erubuit. Cunctae velamina ponunt:
    una moras quaerit. Dubitanti vestis adempta est;
    qua posita nudo patuit cum corpore crimen.
    Attonitae manibusque uterum celare volenti
    “i procul hinc” dixit “nec sacros pollue fontes”
    Cynthia; deque suo iussit secedere coetu.
    Senserat hoc olim magni matrona Tonantis
    distuleratque graves in idonea tempora poenas.
    Causa morae nulla est, et iam puer Arcas (id ipsum
    indoluit Iuno) fuerat de paelice natus.
    Quo simul obvertit saevam cum lumine mentem,
    “scilicet hoc etiam restabat, adultera” dixit,
    “ut fecunda fores, fieretque iniuria partu
    nota, Iovisque mei testatum dedecus esset.
    Haud impune feres: adimam tibi nempe figuram,
    qua tibi, quaque places nostro, importuna, marito.”
    Dixit et adversa prensis a fronte capillis
    stravit humi pronam. Tendebat bracchia supplex:
    bracchia coeperunt nigris horrescere villis
    curvarique manus et aduncos crescere in ungues
    officioque pedum fungi, laudataque quondam
    ora Iovi lato fieri deformia rictu.
    Neve preces animos et verba precantia flectant
    posse loqui eripitur; vox iracunda minaxque
    plenaque terroris rauco de gutture fertur.
    Mens antiqua tamen facta quoque mansit in ursa,
    adsiduoque suos gemitu testata dolores
    qualescumque manus ad caelum et sidera tollit
    ingratumque Iovem, nequeat cum dicere, sentit.
    A quotiens, sola non ausa quiescere silva,
    ante domum quondamque suis erravit in agris!
    A quotiens per saxa canum latratibus acta est
    venatrixque metu venantum territa fugit!
    Saepe feris latuit visis, oblita quid esset,
    ursaque conspectos in montibus horruit ursos
    pertimuitque lupos, quamvis pater esset in illis.
    Ecce, Lycaoniae proles, ignara parentis,
    Arcas adest, ter quinque fere natalibus actis:
    dumque feras sequitur, dum saltus eligit aptos
    nexilibusque plagis silvas Erymanthidas ambit,
    incidit in matrem; quae restitit Arcade viso
    et cognoscenti similis fuit. Ille refugit
    inmotosque oculos in se sine fine tenentem
    nescius extimuit propiusque accedere aventi
    vulnifico fuerat fixurus pectora telo.
    Arcuit omnipotens pariterque ipsosque nefasque
    sustulit, et celeri raptos per inania vento
    imposuit caelo vicinaque sidera fecit.
    Intumuit Iuno, postquam inter sidera paelex
    fulsit et ad canam descendit in aequora Tethyn
    Oceanumque senem, quorum reverentia movit
    saepe deos, causamque viae scitantibus infit:
    “Quaeritis, aetheriis quare regina deorum
    sedibus huc adsim? pro me tenet altera caelum.
    Mentiar, obscurum nisi nox cum fecerit orbem,
    nuper honoratas summo, mea vulnera, caelo
    videritis stellas illic, ubi circulus axem
    ultimus extremum spatioque brevissimus ambit.
    Est vero, cur quis Iunonem laedere nolit
    offensamque tremat, quae prosum sola nocendo?
    O ego quantum egi! quam vasta potentia nostra est!
    Esse hominem vetui: facta est dea. Sic ego poenas
    sontibus impono, sic est mea magna potestas.
    Vindicet antiquam faciem vultusque ferinos
    detrahat, Argolica quod in ante Phoronide fecit.
    Cur non et pulsa ducit Iunone meoque
    collocat in thalamo socerumque Lycaona sumit?
    At vos si laesae tangit contemptus alumnae,
    gurgite caeruleo septem prohibete triones
    sideraque in caelo, stupri mercede, recepta
    pellite, ne puro tingatur in aequore paelex.”

  • Ecfrasis, Écfrasis, Ékfrasis. Ut pictura poesis (Horacio): La poesía es como la pintura

    “Ecfrasis” es una palabra griega: ἔκφρασιϛ,( ek y phrasis, ‘fuera’ y ‘hablar’) ,(procedente a su vez del verbo ἐκφράζο, ekphraso, de ek,fuera, y phraso, explicar con signos y palabras) que significa, pues, “exposición en detalle, explicación, descripción desde fuera o desde el principio o hasta el final”, hacer inteligible, descubir, destapar, hacer ver….

    El término designa en la Antigüedad a una figura retórica. Por ejemplo, Hermógenes de Tarso  (h. 160 – h. 225) la define en  su Ecphrasis Progymnasmata como la  «descripción extendida, detallada, vívida, que permitía presentar el objeto ante los ojos». 

    En el mundo antiguo el vocablo écfrasis  se refería a cualquier descripción vívida, llena de energeia, de energía, de fuerza,   de obras de arte, objetos, paisajes y personas que los pone con palabras ante los ojos del oyente o lector.

    Con el tiempo este sentido general se fue limitando a la representación verbal de un objeto plástico, generalmente una pintura o escultura, que sería lo más frecuente en los ejercicios retóricos.

    Fue precisamente Filóstrato Lemnio el que ayudo  a fijar este sentido más restringido en su obra Imagines I,1:

    “Quien desdeña la pintura, delinque contra la verdad, delinque también contra toda esa sabiduría que debemos a los poetas -ya que poetas y pintores contribuyen por igual a nuestro conocimiento de las gestas y del aspecto de los héroes- y desdeña la proporción, gracias a cuyo ejercicio el arte participa de la razón”. (Trad. de Francesca Mestre, Madrid, Gredos, 1996.)

    Este es el sentido que se ha impuesto modernamente. Asi  Umberto Eco (2003: 110):

    «cuando un texto verbal describe una obra de arte visual, la tradición clásica habla de écfrasis». 

    O Leo Spitzer : “la descripción poética de una obra de arte pictórica o escultórica” (1962, 72); 

    o James Heffernan: “la representación verbal de una representación visual” (1993, 3), 

    o Claus Clüver“la representación verbal de un texto real o ficticio compuesto en un sistema sígnico no verbal” (1994, 26). 

    Es, pues, una descripción detallada, desde el principio, que es lo que significa la palabra “de- scribere: escribir de, desde el principio; y es también una re-presentación o segunda presentación en cuanto representa a otro objeto, la pintura, que es también representación primera del objeto.

    Nota: progymnasmata  (de pro y gymnasmata)  designa a los ejercicios previos que hacían  los alumnos de retórica para saber utilizar los topoi, loci o lugares comunes  en los discursos.

    En tanto en cuanto se trata de una descripción vívida, animada, emotiva coincide con el significado de  hipotiposis, (del griego: úποτúπωσις, esbozo, bosquejo, colocar un bosquejo ante los ojos de alguien),  o narración especialmente emotiva para excitar la imaginación del público oyente

    Hay quien matiza más, en el sentido de que en la hipotiposis se parte de un texto y se va hacia la imagen y en la ecfrasis, al contrario, se parte de la imagen y se va hacia el texto. En realidad, las matizaciones son varias, porque no hay una definición exacta de los términos. Curiosamente el Diccionario de la Real Academia Española  no recoge el término écfrasis y en cambio sí recoge el de hipotiposis, que define así:

    (Del gr. ὑποτύπωσις). 1. f. Ret. Descripción viva y eficaz de alguien o algo por medio del lenguaje.

    Nota: El retrato es la descripción del aspecto físico y de las características espirituales de una persona; la prosopografía o prosopopeya  es el retrato del físico mientras que la etopeya lo es del aspecto interior.Topografía es la descripción del terreno.. Otros términos más especializados como pragmatografía o topofesía exceden el interés de este artículo.

    La teorización sobre la ecfrasis se enmarca en la amplísima teorización sobre la relación de las artes entre sí y de manera especial de la pintura y la literatura, análogas y complementarias: las artes plásticas se inscriben en el espacio estáticamente y las artes verbales se desarrollan en el tiempo: la pintura intenta romper el estatismo, la poesía busca la materialidad del espacio.

    Se atribuye a Simónides de Ceos  (c. 556 a.C.- c. 468 a.C.)  el haber planteado esta relación entre arte y literatura de acuerdo con la frase “la pintura es poesía muda y la poesía pintura
    verbal
    ”, que tanto éxito tuvo después.

    Así  en la ecfrasis la expresión literaria, que es capaza de expresar el movimiento y el tiempo, imita la quietud de la pintura; la pintura por su parte en muchas ocasiones aspira, siendo estática,  a expresar el movimiento y el tiempo.

    ¿Vale más una imagen que mil palabras? Tal vez en algunos casos, pero las palabras pueden hacer  ver, excitando la imaginación y utilizando las metáforas. A su vez se puede dar voz a la imagen.

    Hoy la discusión se amplía a la relación de lo verbal y lo visual en el nuevo contexto digital porque los productos video textuales admiten una enorme variedad de formatos..

    A estos tema ya se refirió Platón cuando trata de lo bello y la mímesis o imitación. La mímesis es representación, interpretación y recreación.

    A propósito de la imitación dice Aristóteles en su Poética, 1448 b,

    “…los seres humanos son sumamente imitativos y realizan sus primeros aprendizajes mediante la imitación…” (traducción de Salvador Mas, Madrid, Biblioteca Nueva, 2002,).

    En este sentido y en relación con la mimesis, la écfrasis es representación, pero también interpretación y recreación, porque naturalmente, el poeta nos ofrece su visión e interpretacón de la obra visual. Incluso el poeta puede crear el objeto visual, inexistente antes de su descripción, como ocurre con la descripción del escudo de Aquiles, que más abajo reproduzco,

    Dice Platón. relacionando la poesía con la pintura en República, libro X, 601a:

    Diremos también, creo yo, que el poeta no sabemás que imitar, pero de una manera tal, que emplea colores de cada una de las artes, con los nombres y expresiones adecuados, hasta el punto de que aquellos otros que fían de las palabras estiman en mucho su disertación… (Traducción de José Antonio Míguez, para Edit. Aguilar. 1969)

    Y Aristóteles en  su Poética, 1460b :

    “Puesto que el poeta es un imitador como el pintor o cualquier otro que haga imágines, por fuerza ha de imitar siempre de una de estas tres maneras: o como era o es, o según se habla de ello y la opinión que se tiene, o como debe ser (Traducción de Paloma Ortiz García. Edit.Dykinson. Madrid 2011)
        
    La frase que resume sentenciosamente la cuestión es la famosa de Horacio “ut pictura poesis” , “La poesía es como la pintura ”,  en su Epistula ad Pisones, v.  361

    Precisamente comenzaba esta obra sobre preceptiva literaria, Epistula ad Pisones, recurriendo a la comparación de la poesía con la pintura:  (v. 1-10)

    Si a una cabeza humana un pintor quisiera unir un cuello de caballo y, juntando miembros de toda especie adornarlos con plumas de distintos colores, de manera que una mujer hermosa de medio cuerpo arriba terminara en un pez horriblemente disforme, invitados a contemplar tal figura, ¿contendríais la risa, amigos? Creed, pues, Pisones, que muy semejante a este cuadro resultaría un libro cuyas inconsistentes imágines, cual pesadillas de enfermo, fueran construidas de modo que ni el pie ni la cabeza se fundieran en una sola forma. Los pintores, igual que los poetas, han tenido siempre el derecho de atreverse a todo. (, traducción de Helena Valentí, Barcelona, Bosch, 1961)

    Humano capiti cervicem pictor equinam
    iungere si velit et varias inducere plumas,
    undique collatis membris, ut turpiter atrum
    desinat in piscem mulier Formosa superne:
    spectatum admissi risum teneatis, amici?
    Credite, Pisones, isti tabulae fore librum
    persimilem, cuis, velut aegri somnia, vanae
    fingentur species, ut nec pes nec caput uni
    reddatur formae. Pictoribus atque poetis
    quidlibet audendi simper fuit aequa potestas.

    La ecfrasis o descripción vívida y detallada una obra, precisamente interrelaciona las dos artes y sirve de enlace  entre lo verbal y lo visual.

    Ovidio es el poeta que con gran frecuencia y detalle describe cuadros pictóricos y ha generado a su vez obras pictóricas a lo largo de todos los tiempos. Plagados están los museos de pinturas que recrean alguno de los mitos o personajes mitológicos descritos por Ovidio.

    Ovidio por cierto, en este contexto de relación entre lo textual y lo visual y el arte y la imitación, mímesis y reproducción de la realidad había dicho en Metamorfosis, Libro III, 155 y ss.   “La naturaleza con su ingenio había imitado al arte”,

    Había un valle cuajado de pinos y de puntiagudos cipreses, conocido por Gargafia, consagrado a Diana, la de corto vestido, y en cuyo más apartado rincón hay una gruta, rodeada de selva y en la que nada es obra del arte;  la naturaleza con sus propias habilidades había imitado al arte;  y así, con piedra pómez viva y con ligeras tobas había trazado un arco natural. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater.CSIC.Madrid)

    Vallis erat piceis et acuta densa cupressu,
    nomine Gargaphie, succintae sacra Dianae,
    cuius in extremo est antrum nemorale recessu
    arte laboratum nulla; simulaverat artem
    ingenio natura suo; nam pumice vivo
    et levibus tofis nativum duxerat arcum.

    Siglos más tarde Oscar Wilde remachó la afirmación :

    " La vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida ",“Life imitates art far more than arts imitates life” en The Decay of Lying.

    Los ejemplos en autores de toda lengua, son numerosísimos. Probablemente el más famoso de la Antigüedad es la famosa descripción que en el canto XVIII de la Iliada se hace del escudo de Aquiles fabricado por Hefesto.  Su influencia ha sido enorme en toda la poesía, especialmente en la épica. A pesar de su dimensión, reproduzco más abajo el fragmento.

    Ofreceré algunos otros  ejemplos de los numerosísimos existentes.

    Así la visión de una pintura que un tal Zoilo tiene en el comedor de su casa en Tréveris es lo que origina el famoso poema en 103 hexámetros de Ausonio (310-395) titulado “Cupido torturado(Cupidus cruciatus) en el que se describe cómo unas mujeres están crucificando a Cupido, el dios del amor.

    El poema, con el que Ausonio envía un saludo a su hijo Gregorio, comienza  así:

    ¿Has visto alguna vez una nube pintada en la pared? La has visto indudablemente y te acuerdas bien. Lo cierto es que en Tréveris, en el comedor de Zoilo, está pintada esta escena: unas mujeres enamoradas están clavando en una cruz a Cupido, y no son precisamente de nuestros días, que cometen sus faltas de buen grado, sino aquellas famosas heroínas, que se perdonan a sí mismas y castigan al dios. A algunas de ellas las cuenta nuestro Marón entre los Campos de lágrimas. Yo he contemplado con admiración este cuadro, tanto por su calidad como por su tema. Después el sentimiento  de admiración se me convirtió en necio deseo de componer un poema…(Ausonio, Cupido crucificado 1, 1-7)

    En umquam vidisti tabulam 1 pictam in pariete? vidisti utique et meministi. Treveris quippe in triclinio Zoili fucata est pictura haec: Cupidinem cruci adfigunt mulieres amatrices, non istae de nostro saeculo, quae sponte peccant, sed illae heroicae, quae sibi ignoscunt et plectunt deum. quarum partem in lugentibus campis Maro noster enumerat. hanc ego imaginem specie et argumento miratus sum. Deinde mirandi stuporem transtuli ad ineptiam poetandi.
    Sigue a continuación la descripción del cuadro.

    El poeta cristiano Prudencio , (348 d. C. – c. 410), de Calahorra, utiliza esta figura en varios de sus poemas en los que canta las muertes de algunos mártires. Reproduzco también dos textos correspondientes a los poemas IX sobre Casiano y XI sobre Hipólito. En ambos casos narra el suplicio describiendo las pinturas que ilustran las tumbas de los mártires. Ya hice referencia a ellos en otros artículos de este blog. Véase: 

    https://www.antiquitatem.com/martires-cristianismo-paganismo-casiano-

    https://www.antiquitatem.com/hipolito-fedra-martirio-prudencio-seneca

     Prudencio,IX, sobre el martirio de Casiano, v. 7-20:

    Mientras lloraba, meditando las heridas, agudos dolores y trabajos de mi vida y levantaba mi rostro al cielo, surgió, delante de mí, la imagen del mártir pintada en colores vivos.

    Tenía mil llagas, toda  su piel desgarrada y agujereada por diminutos picotazos todo su cuerpo. Alrededor multitud de niños de odioso aspecto clavaban en su cuerpo pequeños estilos, * como es costumbre escribir, en las tablillas de cera al dictado de las escuelas.

    Consultado el conservador de la sepultura, me dijo: “Lo que ves, viajero, no es cosa vana ni cuento de viejas. Refiere la pintura la historia que transmitida por libros nos comprueba la viva fe de aquel antiguo tiempo.
    ….

    dum lacrimans mecum reputo mea vulnera et omnes
    vitae labores ac dolorum acumina,
    erexi ad caelum faciem, stetit obvia contra
    fucis colorum picta imago martyris
    plagas mille gerens, totos lacerata per artus,
    ruptam minutis praeferens punctis cutem,
    innumeri circum pueri, miserabile visu,
    confossa parvis membra figebant stilis,
    unde pugillares soliti percurrere ceras
    scholare murmur adnotantes scripserant.
    aedituus consultus ait: ‘quod prospicis, hospes,
    non est inanis aut anilis fabula;
    historiam pictura refert, quae tradita libris
    veram vetusti temporis monstrat fidem.

    Y al final del poema, versos  93-94 resume:

    “Estas son,viajero, las cosas que ves pintadas a lo vivo; y la gloria de Casiano.

    haec sunt, quae liquidis expressa coloribus, hospes, 
    miraris, ista est Cassiani gloria,

    Pasaje del poema XI  de Prudencio sobre Hipólito, versos 123-152:

    Una  pared pintada al fresco ofrece la representación del crimen,
    En la que la pintura multicolor ha dibujado todo el crimen;
    La figura pintada sobre la tumba aumenta su fuerza del contraste de las sombras,
    Dibujando los miembros ensangrentados del hombre que había sido arrastrado.
    Yo he visto, buen padre, las crestas de las rocas cubiertas de rocío
    y manchas de púrpura dejadas en los abrojos.
    Una mano experta en representar los verdes espinos imitándolos
    había dibujado la roja sangre con minio.
    Se podía ver, con las articulaciones destrozadas, sin orden alguno,
    Cómo los miembros estaban desparramados por  el variado terreno.
    Había añadido a los amigos que le seguían con su paso y con sus lágrimas,
    por donde la desviada senda mostraba el camino destrozado.
    Marchaban sobrecogidos por la tristeza con los ojos abiertos
    y llenaban los pliegues de sus vestidos con sus vísceras desgarradas.
    Aquel abraza su nívea cabeza
    y la protégé venerable en su suave pecho.
    Este recoge los hombros  y las manos arrancadas y los brazos y los codos
    las rodillas y los fragmentos desnudos de las piernas.
    Con pequeños paños se secan también las arenas empapadas
    Y ni siquiera una gota de rocío queda  en el polvo sucio.
    Si alguna gota de sangre queda en las espinas
    Con la reciente aspersión,  toda ella se recoge empapada en una esponja.
    Ya el denso bosque nada retiene del sagrado cuerpo
    Ni le priva de unas completas exequias.
    Hecho el recuento de las partes, cuando se recogió el numero
    que había sido el del cuerpo intacto,
    y limpios los lugares escabrosos  con su vegetadicón y
    con sus peñascos revisados que  no tenían ningún trozo más de todo el hombre,
    se busca un lugar para erigir la tumba, se abandona las bocas (del Tiber, ostia),
    Roma es un buen lugar para guardar las santas cenizas.

    Exemplar sceleris paries habet illitus, in quo
    multicolor fucus digerit omne nefas ;
    picta super tumulum species liquidis uiget umbris,
    effigians tracti membra cruenta uiri.
    Rorantes saxorum apices uidi, optime papa,
    purpureasque notas uepribus impositas.
    Docta manus uirides imitando effingere dumos
    luserat et minio russeolam saniem.
    Cernere erat, ruptis compagibus, ordine nullo,
    membra per incertos sparsa iacere situs.
    Addiderat caros gressu lacrimisque sequentes,
    deuia quo fractum semita monstrat iter.
    Mærore adtoniti atque oculis rimantibus ibant
    implebantque sinus uisceribus laceris.
    Ille caput niueum complectitur ac reuerendam
    canitiem molli confouet in gremio ;
    hic humeros truncasque manus et brachia et ulnas
    et genua et crurum fragmina nuda legit.
    Palliolis etiam bibulæ siccantur harenæ,
    ne quis in infecto puluere ros maneat.
    Si quis et in sudibus recalenti aspergine sanguis
    insidet, hunc omnem spongia pressa rapit.
    Nec iam densa sacro quidquam de corpore silua
    obtinet aut plenis fraudat ab exsequiis.
    Cumque recensitis constaret partibus ille
    corporis integri qui fuerat numerus,
    nec purgata aliquid deberent auia, toto
    ex homine extersis frondibus et scopulis,
    metando eligitur tumulo locus, ostia linquunt,
    Roma placet, sanctos quæ teneat cineres.

    Iliada, canto XVIII, v. 478 y ss.

    Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas tenía el escudo, y en la superior grabó el dios muchas artísticas figuras, con sabia inteligencia.

    Allí puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; allí las estrellas que el cielo coronan, las Pléyades, las Híades, el robusto Orión y la Osa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira a Orión y es la única que deja de bañarse en el Océano.

    Allí representó también dos ciudades de hombres dotados de palabra. En la una se celebraban bodas y festines: las novias salían de sus habitaciones y eran acompañadas por la ciudad a la luz de antorchas encendidas, oíanse repetidos cantos de himeneo, jóvenes danzantes formaban ruedos, dentro de los cuales sonaban flautas y cítaras, y las matronas admiraban el espectáculo desde los vestíbulos de las casas. — Los hombres estaban reunidos en el foro, pues se había suscitado una contienda entre dos varones acerca de la multa que debía pagarse por un homicidio: el uno declarando ante el pueblo, afirmaba que ya la tenía satisfecha; el otro, negaba haberla recibido, y ambos deseaban terminar el pleito presentando testigos. El pueblo se hallaba dividido en dos bandos que aplaudían sucesivamente a cada litigante; los heraldos aquietaban a la muchedumbre, y los ancianos, sentados sobre pulimentadas piedras en sagrado círculo, tenían en las manos los cetros de los heraldos, de voz potente, y levantándose uno tras otro publicaban el juicio que habían formado. En el centro estaban los dos talentos de oro que debían darse al que mejor demostrara la justicia de su causa.

    La otra ciudad aparecía cercada por dos ejércitos cuyos individuos, revestidos de lucientes armaduras, no estaban acordes; los del primero deseaban arruinar la plaza y los otros querían dividir en dos partes cuantas riquezas encerraba la hermosa población. Pero los ciudadanos aún no se rendían, y preparaban secretamente una emboscada. Mujeres, niños y ancianos, subidos en la muralla, la defendían. Los sitiados marchaban, llevando al frente a Ares y a Palas Atenea, ambos de oro y con áureas vestiduras, hermosos, grandes, armados y distinguidos, como dioses; pues los hombres eran de estatura menor. Luego, en el lugar escogido para la emboscada, que era a orillas de un río y cerca de un abrevadero que utilizaba todo el ganado, sentábanse, cubiertos de reluciente bronce, y ponían dos centinelas avanzados para que les avisaran la llegada de las ovejas y de los bueyes de retorcidos cuernos. Pronto se presentaban los rebaños con dos pastores que se recreaban tocando la zampoña, sin presentir la asechanza. Cuando los emboscados los veían venir, corrían a su encuentro, se apoderaban de los rebaños de bueyes y de los magníficos hatos de blancas ovejas y mataban a los guardianes. Los sitiadores, que se hallaban reunidos en junta, oían el vocerío que se alzaba en torno de los bueyes, y montando ágiles corceles, acudían presurosos. Pronto se trababa a orillas del río una batalla, en la cual heríanse unos a otros con broncíneas lanzas. Allí se agitaban la Discordia, el Tumulto y la funesta Parca, que a un tiempo cogía a un guerrero con vida aún, pero recientemente herido, dejaba ileso a otro y arrastraba, asiéndole de los pies, por el campo de la batalla a un tercero que la muerte recibiera; y el ropaje que cubría su espalda estaba teñido de sangre humana. Movíanse todos como hombres vivos, peleaban y retiraban los muertos.

    Representó también una blanda tierra noval, un campo fértil y vasto que se labraba por tercera vez: acá y allá muchos labradores guiaban las yuntas, y al llegar al confín del campo, un hombre les salía al encuentro y les daba una copa de dulce vino; y ellos volvían atrás, abriendo nuevos surcos, y deseaban llegar al otro extremo del noval profundo. Y la tierra que dejaban a su espalda negreaba y parecía labrada, siendo toda de oro; lo cual constituía una singular maravilla.

    Grabó asimismo un campo de crecidas mieses que los jóvenes segaban con hoces afiladas: muchos manojos caían al suelo a lo largo del surco, y con ellos formaban gavillas los atadores. Tres eran éstos y unos rapaces cogían los manojos y se los llevaban abrazados. En medio, de pie en un surco, estaba el rey sin desplegar los labios, con el corazón alegre y el cetro en la mano. Debajo de una encina, los heraldos preparaban para el banquete un corpulento buey que habían matado. Y las mujeres aparejaban la comida de los trabajadores haciendo abundantes puches de blanca harina.

    También entalló una hermosa viña de oro cuyas cepas, cargadas de negros racimos, estaban sostenidas por rodrigones de plata. Rodeábanla un foso de negruzco acero y un seto de estaño, y conducía a ella un solo camino por donde pasaban los acarreadores ocupados en la vendimia. Doncellas y mancebos pensando en cosas tiernas, llevaban el dulce fruto en cestos de mimbre; un muchacho tañía suavemente la armoniosa cítara y entonaba con tenue voz el hermoso canto de Lino, y todos le acompañaban cantando profiriendo voces de júbilo y golpeando con los pies el suelo.

    Representó luego un rebaño de vacas de erguida cornamenta: los animales eran de oro y estaño y salían del establo mugiendo, para pastar a orillas de un sonoro río junto a un flexible cañaveral. Cuatro pastores de oro guiaban a las vacas y nueve canes de pies ligeros los seguían. Entre las primeras vacas, dos terribles leones habían sujetado y conducían a un toro que daba fuertes mugidos. Perceguíanlos mancebos y perros. Pero los leones lograban desgarrar la piel del animal y tragaban los intestinos y la negra sangre; mientras los pastores intentaban, aunque inútilmente, estorbarlo, y azuzaban a los ágiles canes: éstos se apartaban de los leones sin morderlos, ladraban desde cerca: rehuían el encuentro de las fieras.

    Hizo también el ilustre Cojo de ambos pies un gran prado en hermoso valle, donde pacían las cándidas ovejas, con establos, chozas techadas y apriscos.

    El ilustre Cojo de ambos pies puso luego una danza como la que Dédalo concertó en la vasta Cnoso en obsequio de Ariadna, la de lindas trenzas. Mancebos y doncellas hermosas, cogidos de las manos, se divertían bailando: éstas llevaban vestidos de sutil lino y bonitas guirnaldas, y aquéllos, túnicas bien tejidas y algo lustrosas, como frotadas con aceite, y sables de oro suspendidos de argénteos tahalíes. Unas veces, moviendo los diestros pies, daban vueltas a la redonda con la misma facilidad con que el alfarero aplica su mano al torno y lo prueba para ver si corre, y en otras ocasiones se colocaban por hileras y bailaban separadamente. Gentío inmenso rodeaba el baile, y se holgaba en contemplarlo. Un divino aedo cantaba, acompañándose con la cítara; y en cuanto se oía el preludio, dos saltadores hacían cabriolas en medio de la muchedumbre.

    En la orla del sólido escudo representó la poderosa corriente del río Océano.
    Después que construyó el grande y fuerte escudo, hizo para Aquileo una coraza más reluciente que el resplandor del fuego; un sólido casco, hermoso, labrado, de áurea cimera, que a sus sienes se adaptara, y unas grebas de dúctil estaño.

    Cuando el ilustre Cojo de ambos pies hubo fabricado las armas, entrególas a la madre de Aquileo. Y Tetis saltó, como un gavilán, desde el nevado Olimpo, llevando la reluciente armadura que Hefesto había construido.
    Traducción de Luis Segalá y Estalella – 1910

  • Mundus/ cosmos: la creación de un nuevo lenguaje científico en Latín

    La fundación legendaria y mítica de Roma se fecha en el año 753 a.C.; para entonces los griegos ya recitaban los dos grandes poemas épicos de Occidente, la Ilíada y la Odisea. Ciento cincuenta años después de la muerte de Alejandro Magno los romanos conquistan Grecia y la declaran provincia romana. Entre las aportraciones culturales de Grecia a los romanos destaca la Filososfía. Pero el latín carece de la terminología científica suficiente.

    Ya sabemos de acuerdo con el feliz verso de Horacio que a la postre fue Grecia la que dominó a los romanos con su cultura y civilización, que a fin de cuentas es la nuestra:

    Horacio, Epistolas II,1,156-157:

    La Grecia conquistada conquistó a su fiero conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio.

    Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio.

    Véase: https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard

    Pues bien, en ese proceso de aculturación, los romanos se encontraron con una enorme carencia a la hora de traducir e integrar en el latín la terminología científica y especializada que los griegos habían acuñado. El latín no disponía de términos técnicos adecuados a la invasión de nuevos conocimientos.

    Los autores latinos respondieron al problema de las dos maneras posibles: intentando traducir y buscar el término latino equivalente o simplemente transcribiendo el término griego al latín adaptando su grafía. Así que los numerosísimo términos griegos existentes en las lenguas romances o derivadas del latín no proceden directamente del griego sino a través de su forma latina.

    De este problema fueron muy conscientes los autores latinos. Así Lucrecio escribe un grandioso tratado de ciencias, de física, química, ciencias naturales en verso, en un poema de 7415 hexámetros.

    Lo titula “Sobre la naturaleza de las cosas”, “De rerum natura”, y en él expone las teorías de Epicuro, del que nos han quedado escasos textos. Es precisamente Lucrecio la principal fuente para conocer el pensamiento de Epicuro, que por cierto poco tiene que ver con la caricatura que ya desde la propia Antigüedad se hizo de él.

    Pues bien, nos dice Lucrecio, consciente de la dificultad lingüística de la empresa y planteando perfectamente la cuestión, en los versos del libro I, 136-145:

    Es difícil, no se me oculta, ilustrar en versos latinos los oscuros descubrimientos de los griegos, máxime porque en muchos casos hay que echar mano de nuevos vocablos, por la pobreza de la lengua y la novedad de los temas; pero, con todo, tus merecimientos y el esperado deleite de tu dulce amistad me animan a soportar cualquier fatiga y me inducen a pasar en vela las noches serenas, buscando con qué palabras y versos podría inundar por fin tu mente de una brillante luz, con la que puedas escudriñar hasta el fondo las cosas más ocultas. (Traducción de Eduardo Valentí Fiol, Edit. Bosch, 1976)

    Nec me animi fallit Graiorum obscura reperta
    difficile inlustrare Latinis versibus esse,
    multa novis verbis praesertim cum sit agendum
    propter egestatem linguae et rerum novitatem;
    sed tua me virtus tamen et sperata voluptas
    suavis amicitiae quemvis efferre laborem
    suadet et inducit noctes vigilare serenas
    quaerentem dictis quibus et quo carmine demum
    clara tuae possim praepandere lumina menti,
    res quibus occultas penitus convisere possis.

    Quizás algún amable lector se pregunte con curiosidad por qué escribió este tratado de ciencia en versos hexámetros. La respuesta está en parte en relación con lo comentado anteriormente. El asunto de la naturaleza de las cosas se merecer un tratamiento adecuado, grandioso, cargado de prestigio y tono elevado. En ese momento no existe todavía una prosa científica lo suficientemente desarrollada; así que se recurre a lo ya prestigiado, el verso épico, el hexámetro, aunque ahora aplicado a una obra cuyo objetivo es eminentemente didáctico.

    También Cicerón es consciente de la importancia de la empresa de traducir los textos griegos al latín en su “Sobre la naturaleza de los dioses”, I,4,7-8:

    Si por otra parte, alguien pregunta qué motivo ha podido impulsarme tan tarde a dejar por escrito tales preceptos, no hay nada que me sea más fácil de explicar que esto. Yo estaba, en efecto, languideciendo en un retiro ocioso, y la situación de los asuntos públicos era tal que una forma autocrática de gobierno se había hecho ya inevitable. En estas circunstancias pensé en primer lugar que explicar la filosofía a mis compatriotas era en aquellos momentos para mí un deber en beneficio de la propia república, considerando que había de contribuir grandemente al honor y a la gloria de la ciudad el poseer, redactadas también en lengua latina, pensamientos tan importantes y tan luminosos.

    Y me arrepiento tanto menos de mi empresa cuanto que puedo ver claramente cuán grande es el número de mis lectores que se han sentido estimulados no solamente al estudio sino también a escribir ellos mismos por su cuenta. Gran número, en efecto, de gentes muy conocedoras de las enseñanzas griegas eran incapaces de compartir sus conocimientos con sus conciudadanos, porque desconfiaban de la posibilidad de expresar en latín las enseñanzas que habían recibido de los griegos; y ciertamente en la cuestión de la expresión o el vocabulario creo que hemos hecho tales progresos que ni aun en riqueza de vocabulario nos superan los griegos. (Traduccion de Francisco de P. Samaranch. Ed. Aguilar)

    Sin autem quis requirit quae causa nos inpulerit ut haec tam sero litteris mandaremus, nihil est quod expedire tam facile possimus. Nam cum otio langueremus et is esset rei publicae status ut eam unius consilio atque cura gubernari necesse esset, primum ipsius rei publicae causa philosophiam nostris hominibus explicandam putavi, magni existimans interesse ad decus et ad laudem civitatis res tam gravis tamque praeclaras Latinis etiam litteris contineri.

    Eoque me minus instituti mei paenitet, quod facile sentio quam multorum non modo discendi sed etiam scribendi studia commoverim. complures enim Graecis institutionibus eruditi ea quae didicerant cum civibus suis communicare non poterant, quod illa quae a Graecis accepissent Latine dici posse diffiderent; quo in genere tantum profecisse videmur, ut a Graecis ne verborum quidem copia vinceremur.

    El mismo Cicerón se queja amargamente también de sus compatriotas que desprecian las obras en latín aunque sean una traducción directa del griego en “Del supremo bien y del supremo mal”, De finibus bonorum et malorum, I,2,4

    “Más difícil es responder satisfactoriamente a los que afectan despreciar las obras escritas en Latín. Lo que me admira en estos, sobre todo, es por qué no les agrada la lengua materna en materias de altísima importancia, siendo así que leen con agrado obras de teatro latinas traducidas literalmente de otras griegas. Y ¿quién es tan enemigo del nombre romano, por así decirlo, que desprecie o rechace la Medea de Ennio o la Antíope de Pacuvio, con el pretexto de que le encantan estas piezas si son las de Eurípides, pero le hastían escritas en latín? (Traducción de Victor José Herrero Llorente. Edit. Gredos. 1987)

    Iis igitur est difficilius satis facere, qui se Latina scripta dicunt contemnere. in quibus hoc primum est in quo admirer, cur in gravissimis rebus non delectet eos sermo patrius, cum idem fabellas Latinas ad verbum e Graecis expressas non inviti legant. quis enim tam inimicus paene nomini Romano est, qui Ennii Medeam aut Antiopam Pacuvii spernat aut reiciat, quod se isdem Euripidis fabulis delectari dicat, Latinas litteras oderit?….

    Sigue Cicerón contraponiendo las dos lenguas en este pasaje durante un largo texto y de nuevo en esta misma obra (De finibus bonorum et malorum) en II,4,12  y III,2 4

    Quiero ahora concretar y ejemplizar este asunto con el término “kosmos” "cosmos", que traducen en latín por “mundus”.

    Kosmos, κόσμος ,  en griego significa orden, lo arreglado, lo hermoso, limpio; el término latino “mundus” no es sino su traducción que significa lo mismo. Quien no haya caído en ello que reflexione sobre el significado de “in-mundo”, que es la negación del concepto anterior, es decir, “lo sucio, desordenado, feo” o en "mondar", del latín mundare que significa "limpiar".

    Por extensión cosmos y mundo se refieren al orden grandioso del universo y por lo tanto significan universo, cielo luminoso, cosmos y mundo, conjunto de cuerpos celestes.

    Más aún, cuando Cicerón ha de traducir κόσμιος , kosmios, lo regular, bien ordenado, moderado, lo hace por “mundanus”, por ejemplo en Tusculanae, 5,3,108.

    También Plinio comienza su libro II, que precisamente dedica a la astronomía con el término “mundum

    Libro II, 1.

    El mundo y todo aquello que con otra denominación se convino en llamar cielo, en cuyo seno transcurren todas las cosas, hay que creer que es igual a la divinidad, eterno, inconmensurable y que no ha sido engendrado ni jamás va a perecer. Indagar más allá de él no tiene interés para el hombre ni cabe en las conjeturas de la mente humana. (Traducción Ana María Moure Casas. Edit. Gredos,1995)

    Liber II, 1

    Mundum et hoc quodcumque nomine alio caelum appellare libuit, cuius circumflexu degunt cuncta, numen esse credi par est, aeternum, inmensum, neque genitum neque interiturum umquam. huius extera indagare nec interest hominum nec capit humanae coniectura mentis.

    Luego, un poco más abajo, en el mismo libro nos explica con toda claridad por qué al universo se le llama “mundus” en latín:

    Plinio, Lib. II,(4) 8

    Yo desde luego me dejo guiar también por el consenso de los pueblos, pues los griegos lo designaron “cosmos” κόσμον,  con la palabra de la belleza, como también nosotros lo llamamos mundo por su perfecta y absoluta hermosura. Y al cielo le hemos puesto tal nombre por razón de que, sin ninguna duda, ha sido cincelado, como interpreta Marco Varrón. Lo corrobora el orden de las cosas, una vez descrito el círculo que se denomina zodiacal con los signos de doce seres vivos, y, por añadidura, la correspondencia del curso del sol a través de ellos a lo largo de tantos siglos. (Traducción Ana María Moure Casas. Edit. Gredos,1995)

    equidem et consensu gentium moveor; nam quem  κόσμοn Graeci nomine ornamenti appellavere eum et nos a perfecta absolutaque elegantia mundum. caelum quidem haud dubie caelati argumento diximus, ut interpretatur M. Varro. 9 adiuvat rerum ordo discripto circulo qui signifer vocatur in duodecim animalium effigies et per illas solis cursus congruens tot saeculis ratio.

    Pero Plinio parece citar de memoria a Varrón al establecer la relación entre caelum (cielo) y caelare (cincelar). Varrón está citando a su maestro Elio Estilón, que es quien establecer la relación, que el propio Varrón no comparte.

    En realidad dice Varrón en su “De lingua Latina” V, 18

    Elio escribe que el cielo (caelum) se denomina así porque está cincelado (caelatum); o por antífrasis, porque está oculto (celatum), lo que en realidad está patente. Pero no: se trata de un error, porque precisamente los últimos vocablos son los que derivan de caelum mejor que caelum de celare (ocultar) o caelare (cincelar). Pero no es menos probable que, de ambas etimologías, la que lo hace derivar de celare pudo haberse expresado a partir de que, en efecto, la  bóveda celeste se halla oculta (celatur) durante el día, mientras que durante la noche no lo está (non celatur)

    Caelum dictum scribir Aelius, quod est caelatum, aut contrario nomine,celatum quod apertum est; non, male: quod postriora multo potius a caelo quam caelum a celando vel caelando. Sed non minus illud alterum de celando ab eo potuit dici, quod interdiu celatur, quam quod noctu non celatur.

    Más adelante S. Isidoro vuelve a repetir estas explicaciones en sus Etimologías, XIII,4:

    El cielo (caelum) se denomina así porque es como un vaso cincelado (caelatum) en el que, como adornos, están impresos los brillos de las estrellas, pues se dice que un vaso está cincelado cuando resplandece con labores primorosas. Distinguió Dios al cielo y lo llenó de radiantes luces, como son el sol y el disco refulgente de la luna; adornólo además con los luminosos signos de los resplandecientes astros. [No obstante según algunos, el nombre viene de “ocultar” (caelare) lo más elevado] (Traducción de José Oroz y Manuel-A Marcos. BAC,20049.

    Caelum vocatum eo quod, tamquam caelatum vas, inpressa lumna habeat stellarum veluti signa. Nam caelatum dicitur vas quod signis eminentioribus refulget. Distinxit enim eum Deus claris luminibus, et inplevit; sole scilicet et lunae orbe fulgenti et astrorum micantium splendentibus signis adornavit. [Alias autem a superiora calenado].

    Naturalmente la científica filología moderna no acepta estas etimologías simplonas de “cielo”, más bien propias de la imaginación popular elemental. Tampoco acepta otra ya antigua, que hace derivar “caelum” del griego κοῖλον , (koilon) ´´cóncavo´´,´´hueco´´, ´´vacío´´,  que permite transcribirlo a veces, tardíamente,  como “coelum”  porque la bóveda celeste parece una concavidad inmensa. También a veces se escribe “celum” según “celare”.

    Pero la filología no encuentra el origen del término latino. Se ha pensado también en que deriva del verbo “caedo”, “cortar”, significando el espacio que corta o delimita el augur para observar las señales de los dioses.  Todo ello son meras hipótesis un tanto descabelladas. A lo sumo se sospecha la existencia de un primitivo término indoeuropeo *kaid-slo-, de una raiz que significaría “brillante, claro” que deja rastrearse en Germánico y Báltico.

    El término mundus es muy utilizado por Lucrecio, sobre todo en el libro V, casi siempre con el sentido extenso de “universo”, incluyendo el cielo y la tierra. Cicerón también lo utiliza con el mismo sentido. Otras veces los autores romanos lo utilizan como “tierra” o como “cielo”. La reducción del significado de “mundo” a   “mundo terrestre, tierra, habitante de la tierra se produjo a partir de la época imperial.

    Luego incluso sufrió una restricción más en el lenguaje de la Iglesia, contraponiéndose “el mundo” al “cielo”, pasando a ser junto con “el demonio” y “la carne” como objeto de la incontinencia sexual uno de los tres enemigos del alma.

    Estas polivalencias han pasado a las lenguas romances, siendo el contexto el que ha de aclarar el significado concreto.

    En todo caso universum en realidad es la forma neutra del adjetivo universus-a-um, que significa “todo”; etimológicamente compuesto de unus y versus, vuelto hacia un solo punto, uno. Con el término “universos” traduce Cicerón la palabra griega τὸ ὅλον, to holon, que significa todo, entero, completo y por lo tanto universo viene a significar “el todo, conjunto de todas las cosas”.

    Pues bien, volviendo a la cuestión inicial, la traducción de cosmos por mundus, si de cosmos deriva cosmético,-a,  κοσμητικός ,como producto de belleza o arte de aplicar productos para la belleza del cuerpo, especialmente de la cara ocultando lo que de feo pueda tener, conviene saber que también en latín se llama “mundus” a los objetos o estuches de tocador de las muchachas y señoras sin que neguemos la posibilidad de que pueda existir un tocador de señores.

    Terminaré este largo artículo diciendo que “mundo” pronto dejó de percibirse como término técnico o científico para referirse al cosmos o conjunto de todas las cosas perfectamente ordenado. Esa percepción y origen etimológico resulta hoy mucho menos evidente. Desde luego nadie identificaría en este momento la “cosmología” con la “mundología”, por ejemplo.

  • Summum ius summa iniuria, “La extrema justicia es extrema injusticia”

    El sentido de esta frase latina, convertida en proverbio, es advertir de cómo una aplicación de la ley con todo rigor al pie de la letra puede devenir en una enorme injusticia.

    Es una máxima latina con notable arraigo en Occidente porque se ha convertido en un proverbio o frase o sentencia latina, como otras muchas que en su concisión y brevedad están cargadas de contenido.

    Son muchos los ciudadanos que rechazan  una aplicación mecánica y rigorista de la ley,  que como recoge los Digesta Iustiniani,40, 9,12 en otra sentencia también lapidaria, siempre es dura: Dura lex, sed lex, La Ley es dura, pero es la ley.

    Son también  muchos los partidarios de una dura aplicación. Tal vez sin un conocimiento suficiente de la situación, tengo la impresión personal de que la ley tiene una aplicación más rigorista en EEUU, a pesar de que la tradición anglosajona del derecho basado en la experiencia de la aplicación, que se aplica en Gran Bretaña, parecería aconsejar todo lo contrario.

    El origen de esta frase no parece estar en el propio mundo del derecho teórico, porque encierra en sí una contradicción o autonegación de la propia ley. Parece más bien recoger el valor de la experiencia en la aplicación, que aconseja tener en cuenta las circunstancias concretas del incumplimiento de la norma y de la aplicación de la pena.

    Desde el punto de vista retórico sería una especie de oxímoron ((del gr. ὀξύμωρον) o unión de dos ideas de significación contradictoria o “absurdo ingenioso” como le llaman los griegos, o en latín “contradictio in terminis” (contradicción en los términos –linguísticos-), que se explica por el contexto. La palabra oxímoron procede de las griegas ὀξύς (oxýs: ‘agudo, punzante’) y μωρός (morós: ‘fofo, romo, tonto’); así que la misma palabra es un ejemplo de oxímoron.

    También puede considerarse como un caso de “figura etimológica” o utilización de varias formas derivadas de un mismo lexema en tanto en cuanto “iniuria” deriva o niega a “ius”.

    La frase como tal “súmmum ius, summa iniuria”  sólo aparece en Cicerón en su obra Sobre los Deberes  (De officiis I, 33), que más adelante comentaré.

    Se cita como precedente un texto de una comedia de Terencio, que es muy similar. Emplea Terencio en  su Heautontimorumenos (El atormentador de sí mismo) la expresión  “ius súmmum saepe summa’st malitia”, “la suma justicia muchas veces es un sumo mal”.

    El autor de comedias latino Terencio se inspira directamente, cuando no traduce literalmente, en las comedias del autor griego Menandro. Este hecho y la influencia griega que también tiene en gran medida el propio Cicerón, permite pensar que el origen de la frase estaría en el mundo griego, pero no conservamos la obra de Menandro para comprobarlo.

    En todo caso si es cierto que en el mundo griego surge la cuestión de la relación entre la justicia,  dikaion  (δίκαιον), la ley (νόμος) nomos,  y la equidad , ἐπιείκεια, epiqueya.

    Observemos que en la aplicación del derecho del Atica se prefiere el arbitraje y las propuestas conciliadoras que la actuación exclusiva de los tribunales.

    Cicerón, recogiendo sin duda más  una opinión y sentimiento ciudadano extendido, rechaza o advierte de la rigidez formalista y literal del Derecho Romano, como se deduce de los ejemplos que aduce en el texto que inmediatamente transcribiré, sin pretender por ello que la sentencia en cuestión formara parte del corpus iuridicum en sí.

    Epiqueya”, ἐπιείκεια, (equidad), es un término griego, de valor jurídico, que se refiere a la aplicación concreta de una ley, que siempre es general, a los casos concretos que son los reales. Se trata de una virtud moral que permite a una persona no aplicar la observación literal de una norma positiva para respetar o ser fiel al sentido o espíritu auténtico de la propia norma. El Diccionario de la Real Academia Española lo define como: 1. f. Interpretación moderada y prudente de la ley, según las circunstancias de tiempo, lugar y persona.

    Los antiguos (Platón, Aristóteles,…) dedicaron mucho tiempo a este tema  de la “epiqueya” y por tanto del significado y valor de la ley y del derecho como instrumento para su aplicación.  Sin duda merece un artículo que en su momento realizaré.

    Así que el primer texto latino,  corresponde  Terencio,  que, como decía  en su Heautontimorumenos (El atormentador de sí mismo), Acto IV, Escena 5,48 ( v. 796) emplea la expresión  “ius súmmum saepe summa’st malitia”.

    Nota: la comedia de Terencio, copia o simple traducción de una similar de Menandro, se representó por primera vez en el año 163 a.C.  En ella Menedemo, un padre anciano, se atormenta y lamenta de haber sido un padre demasiado severo que obligó a su hijo Clinias a escaparse de casa y alistarse en un ejército extranjero. Luego la obra se desarrolla en torno a un enredo amoroso típico de estas comedias.

    HEAVTON TIMORVMENOS 795 (Acto4,Escena 5,48)


    SIRO. – Por otra parte, Cremes, yo hago eso como  justo y bueno.

    CREMES. – Y yo  deseo sobre todo que te decidas a hacerlo, pero por otro camino.

    SIRO. – Hágase; hablemos de otra cosa. Aquello que te dije del dinero que esa le debe a Baquis,  hay que devolvérselo ahora a ella. Y tú, naturalmente,  no te refugies en aquello: “¿Qué tiene que ver conmigo? ¿Acaso me lo dieron a mí? ¿Acaso lo ordené yo? ¿Acaso podía ella dar en prenda a mi hija sin mi consentimiento?” Es verdad, Cremes, lo que dicen: “La más estricta justicia es a menudo la mayor maldad”

    CREMES. – No lo haré.

    SIRO. – Ciertamente si a otros les está permitido, a ti no te está permitido: todos creen que tú estás en una situación limpia y bien hecha.

    SYRUS: Caeterum equidem istuc, Chrene,
    Aequi bonique facio.

    CHREMES  atqui quam maxume
    volo te dare operam ut fiat, verum alia via.

    SYRUS (Servus). fiat, quaeratur aliquid. sed illud quod tibi     
    dixi de argento quod ista debet Bacchidi,
    id nunc reddendumst illi: neque tu scilicet
    illuc confugies: "quid mea? num mihi datumst?
    num iussi? num illa oppignerare filiam
    meam me invito potuit?" verum illuc, Chreme,      
    dicunt: "ius summum saepe summast malitia."

    CHREMES. haud faciam.

    SYRUS. immo aliis si licet, tibi non licet:
    omnes te in lauta et bene acta parte putant.

    La forma de Cicerón es la única que aparece como tal en la literatura latina. Aparece, como dije, en su obra Sobre los Deberes (De officiis) lib.I,33.

    Muchas  veces existen también injusticias derivadas de alguna calumnia y de una interpretación demasiado astuta y maliciosa del derecho. Por lo que se ha hecho ya corriente en la conversación aquel proverbio “la extrema justicia es extrema injusticia”. Y en este tipo se peca también mucho en los asuntos públicos, comoaquel , que, habiendo hecho con el enemigo una tregua de treinta días, por la noche devastaba los campos, porque la tregua era de días, no de noches.

    Ni tampoco puede ser aprobado nuestro compatriota, si es verdad que Quinto Fabio Labieno o cualquiera otro –no lo conozco sino de oídas-  nombrado por el senado árbitro para tratar de los límites entre los habitantes de Nola y los de Nápoles, cuando llegó al lugar, habló por separado con unos y otros para que no se comportaran con ambición ni con codicia y que prefirieran retrotraer sus límites a adelantarlos. Como las dos partes lo hicieron así, quedó en medio una parte de campo. En consecuencia él fijó los límites como ellos mismos habían dicho; el campo que había quedado en medio lo adjudicó al pueblo romano. Esto es engañar, no juzgar. Por ello en toda ocasión hay que huir de tales sutilezas.

    Hay también algunos deberes que han de ser observados con aquellos de quienes has recibido una injusticia. Hay, pues,  un límite para la venganza y para el castigo; y no sé si es suficiente que aquel que ha ofendido, se arrepienta de su injustica, de forma que él mismo no haga nada semejante de nuevo y los demás sean más remisos para cometer injusticias.

    Y en los asuntos públicos se han de respetar sobre todo los derechos de la guerra. Pues habiendo dos tipos de dejar de luchar, uno mediante la negociación y otro mediante la fuerza, y siendo aquel más propio del hombre y este de los animales, se habrá de recurrir a este último si no se puede utilizar el primero.

    Nota: la historia de la tregua de los días y no de las noches se cuenta de Cleomenes, rey de Esparta (520-491 a.C.) en la guerra que con Argos. Lo cuenta Plutarco, en su Apophthegmata Laconica, 223A, “Máximas de espartanos”

    DE OFFICIIS LIBER PRIMVS 33

    Existunt etiam saepe iniuriae calumnia quadam et nimis callida sed malitiosa iuris interpretatione. Ex quo illud "summum ius summa iniuria" factum est iam tritum sermone proverbium. Quo in genere etiam in re publica multa peccantur, ut ille, qui, cum triginta dierum essent cum hoste indutiae factae, noctu populabatur agros, quod dierum essent pactae, non noctium indutiae. Ne noster quidem probandus, si verum est Q. Fabium Labeonem seu quem alium–nihil enim habeo praeter auditum –arbitrum Nolanis et Neapolitanis de finibus a senatu datum, cum ad locum venisset, cum utrisque separatim locutum, ne cupide quid agerent, ne appetenter, atque ut regredi quam progredi mallent. Id cum utrique fecissent, aliquantum agri in medio relictum est. Itaque illorum finis sic, ut ipsi dixerant, terminavit; in medio relictum quod erat, populo Romano adiudicavit. Decipere hoc quidem est, non iudicare. Quocirca in omni est re fugienda talis sollertia.

    .Sunt autem quaedam officia etiam adversus eos servanda, a quibus iniuriam acceperis. Est enim ulciscendi et puniendi modus; atque haud scio an satis sit eum, qui lacessierit, iniuriae suae paenitere, ut et ipse ne quid tale posthac et ceteri sint ad iniuriam tardiores.

    Atque in re publica maxime conservanda sunt iura belli. Nam cum sint duo genera decertandi, unum per disceptationem, alterum per vim, cumque illud proprium sit hominis, hoc beluarum, confugiendum est ad posterius, si uti non licet superiore.

    Curiosamente encontramos una cita en Columela, autor de una obra sobre la agricultura, referida a la relación del señor y dueño de las tierras con sus colonos;  dice en De re rustica, libro I,7:

    Una vez aceptadas y dispuestas todas estas cosas de esta manera, se requiere la principal preocupación del señor para las restantes cosas, especialmente para con los hombres. Estos pueden ser o colonos o esclavos, y estos o sueltos o atados con cadenas.  Actúe suavemente con los colonos y se muestre asequible. Exija con más empeño el trabajo que los pagos, porque esto ofende menos, y sin embargo en conjunto es más beneficioso. Pues cuando un campo se cultiva con diligencia, siempre aporta ganancias y nunca pérdidas, excepto en caso de fuerza mayor como el tiempo o el robo, y por ello el colono no se atreve a pedir la condonación.

    Ni tampoco el señor debe ser pesado en exigir su derecho en cada una de las cosas con las que el colono está obligado, como en las fechas de los pagos o en exigir  la leña y las restantes pequeñas aportaciones cuyo cumplimiento acarrea a los campesinos más molestia que gasto. Ni por supuesto se debe reclamar todo lo que nos está permitido, pues ya los antiguos consideraban  a la justicia extrema como una extrema cruz (extremo castigo o sufrimiento)


     His omnibus ita vel acceptis vel compositis, praecipua cura domini requiritur, cum in ceteris rebus, tum maxime in hominibus. Atque hi vel coloni vel servi sunt, soluti aut vincti. Comiter agat cum colonis, facilemque se praebeat. Avarius opus exigat quam pensiones, quoniam et minus id offendit, et tamen in universum magis prodest. Nam ubi sedulo colitur ager, plerumque compendium, numquam (nisi si caeli maior vis aut praedonis accessit) detrimentum affert, eoque remissionem colonus petere non audet. Sed nec dominus in unaquaque re, cum colonum obligaverit, tenax esse iuris debet, sicut in diebus pecuniarum, ut lignis et ceteris parvis accessionibus exigendis, quarum cura maiorem molestiam quam impensam rusticis licet. Nec sane est vindicandum nobis quidquid licet. Nam summum ius antiqui summam putabant crucem.

    Nótese que Columela ha sustituido “iniuria” por “crucem”,  cruz con el sentido de castigo, lo que aleja también la expresión del lenguaje técnico jurídico.

    Existe también otra cita curiosa en la primera de las cartas de San Jerónimo (c.340-420),  que en este caso dirige a su compañero Inocencio. En ella relata la historia milagrosa de una muchacha cristiana acusada falsamente por su marido de adulterio. La joven niega la acusación confiando en la ayuda de Dios. El verdugo intenta seis veces en vano ajusticiarla; cada vez que descarga el golpe de su espada sobre el cuello de la joven, la espada se detiene al contacto con la carne. Un segundo verdugo  consigue por fin al séptimo intento dar muerte a la joven, que pronto vuelve a la vida con la ayuda divina. Mientras tanto ha muerto otra mujer, que sustituye a la primera en la tumba; la resucitada es escondida en una granja cercana. Pero he aquí que un funcionario celoso sospecha algo y pide ver de nuevo el cuerpo de la joven. Es entonces cuando San Jerónimo exclama en el parágrafo 14:

    La mujer es ocultada en casa lejos apartada del odio del verdugo confuso, y para que las frecuentes visitas del médico a la Iglesia no levantaran sospechas, la trasladaron en compañía de algunas jóvenes muchachas a una pequeña casa de campo más escondida con el pelo cortado. Allí cambiado también su vestido por uno masculino, poco a poco van cicatrizando sus heridas. Incluso después de tantos milagros, todavía se siguen ensañando las leyes. Ciertamente, “la suma justicia es el sumo mal”.  

    Tali invidia carnifice confuso clam domi mulier fodiatur et, ne forte creber ad ecclesiam medici commeatus suspicionis panderet viam, eum quibusdam virginibus ad secretiorem villulam secto crine transmittitur. Ibi paulatim virili habitu veste mutata in cicatricem vulnus obducitur. Et—‘ O vere ius summum summa malitia! ’—post tanta miracula adhuc saeviunt leges.

    Curiosamente, San Jerónimo utiliza la expresión de Terencio summa malitia” y no la de Cicerónsúmma iniuria”, que es la que posteriormente se ha generalizado, probablemente por la vistosa y retórica contraposición “ius/in-iuria”.

    En resumen, el proverbio, nos advierte de que la aplicación rigurosamente estricta y literal de la ley positiva, puede producir grandes daños jurídicos, por lo que el juez o el agente judicial ha de actuar aconsejado por la equidad; de lo contrario el Derecho, la ley, la justicia puede devenir irónicamente en injusticia.

    Esto explica lo que el Código Civil Español dice en su artículo 3:

    Artículo 3.
    1. Las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos, y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas.
    2. La equidad habrá de ponderarse en la aplicación de las normas, si bien las resoluciones de los Tribunales sólo podrán descansar de manera exclusiva en ella cuando la ley expresamente lo permita.

    El proverbio, por lo demás, se ha generalizado en todas las lenguas, como por ejemplo: en inglés:  Rigorous law is often rigorous injustice./ Extreme law, extreme injustice; en italiano: il sommo diritto è somma ingiustizia o Gran giustizia, grande offesa; en francés: Excès de justice, excès d’injustice; en alemán: Das strengste Recht, das grösste Unrecht.

  • Sagrada Safo, coronada de violetas, sonrisa de miel

    Safo fue la primera poetisa importante de Occidente y una de las creadoras de la poesía lírica, personal e intimista.

    Sáfico y lésbico son dos adjetivos con los que nombramos al amor homosexual entre mujeres. El origen de estos términos está en el nombre de la más famosa poetisa griega de toda la Antigüedad, Safo, y en el nombre de la isla en la que  vivió la mayor parte de su tiempo, Lesbos, a finales del siglo VII a.C. en una familia aristocrática.

    Algunos otros de los escasos datos biográficos que nos ofrecen las fuentes antiguas, nada seguras y firmes, son que estuvo casada con un comerciante, que tuvo una hija llamada Cleis, que vivió algún tiempo exiliada en Sicilia y que tuvo tres hermanos, uno de ellos arruinado por su loco amor por  una prostituta (a ello se refieren algunos poemas). Algunos otros detalles interesantes los podemos deducir de sus propios poemas.

    Por cierto, de Lesbos era  también Alceo, el otro gran poeta lírico primitivo, y a veces se representan juntos a estos dos grandes poetas.

    El origen de la palabra homosexual

    Homosexual  es una palabra compuesta de la griega  ὅμοιος, homoyos, que significa “igual” y la latina sexualis, de sexus, sexual, sexo. Por lo tanto se refiere a los amores entre personas del mismo sexo. Nada tiene que ver su origen pues con la palabra latina “homo” que significa hombre. Al amor entre personas de género masculino se le suele llamar, más específicamente “gay”, término inglés que en principio significa “alegre”; al amor entre mujeres, como queda indicado, se le llama “sáfico” o “lésbico”.  Estos términos parece que comenzaron a emplearse en la Francia Ilustrada del siglo XVIII.

    Safo, la primera y mejor poetisa griega

    De Safo de Lesbos desconocemos casi todo e incluso mucho de  lo que con poco sentido crítico se afirma de ella se debe a una opinión y  tradición negativa ya desde la propia Antigüedad, acrecentada luego por la moral cristiana.

    Y sin embargo en lo que sí hay acuerdo general es en que fue la primera y mejor poetisa griega, cuya fama se vio reconocida desde la propia Antigüedad. (Hubo otras poetisas menos conocidas como Corina, Telesila, Praxila, Cleobulina, Beo, Erina, Nóside, …)

    Escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones de bodas, elegías, himnos a las diosas y dioses. Pero  tan sólo conocemos de todo esto siete  poemas extensos que podríamos considerar cuasi completos o menos destruidos, y unos cuantos fragmentos, 264 en total, la mayor parte citas, a veces de una sola palabra, de gramáticos y comentaristas antiguos. De hecho, 63 están formados por un solo verso; 21 por una estrofa y como decía,7  poemas están cuasi completos.

    Se dice que dirigió una escuela de jóvenes poetisas

    Casi todo en su vida es enigmático y fascinante y raramente probado. Se ha dicho, sin suficiente fundamento, que Safo tenía y dirigía una escuela o grupo de jóvenes muchachas (parthenoi, doncellas), círculo de hetairai o «compañeras»,tal vez a semejanza de los grupos masculinos.

    La discusión sobre la naturaleza de este grupo o “thiasos” θίασος,  ha sido abundante. Las muchachas acudían a su casa, a la que llamaba “Morada de las servidoras de las Musas , como se refleja en el fragmento  101,  tal vez para recibir cierta formación y cultivar el espíritu, componiendo y cantando poemas al amor, a la belleza, al pudor de las muchachas vírgenes, aprendiendo gimnasia, música y danza, adorno personal,  como si de una escuela de señoritas se tratara; tal vez como preparación al matrimonio; tal vez para  rendir culto a Afrodita o Eros, como otras asociaciones o “thiasos”, θίασος,  similares. Tal vez para un poco de todo esto.  En todo caso se trataría de  una agrupación de amigas que se reúnen  para festejar con cantos y danzas, también con banquetes,  su amistad, como hacían los hombres.  Pero si esto es así, ¿para qué se necesita hacerla directora de una especie de “academia” para señoritas de buena familia?

    Las discusiones y matizaciones sobre el tipo de relaciones que se establecían en el thiasos han sido muy numerosas y siguen siéndolo hoy en día en que intervienen también diversos grupos feministas con ideas diversas sobre el papel, situación y relaciones de la mujer en la sociedad.

    La opinión,  expresada sin ningún rigor, de que su casa  era simplemente un prostíbulo está absolutamente desacreditada. Séneca, bien es cierto que despreciando el saber inútil al que muchos se entregan, hace una referencia a ello en su Carta a Lucilio, LXXXVIII, 37:

    El gramático Dídimo escribió cuatro mil libros:  ¡me daría pena si él hubiera leído tantas cosas inútiles! En estos libros se pregunta por la patria de Homero, de la verdadera madre de Eneas, si Anacreonte en su vida fue más lujurioso que borracho, si Safo fue una mujer pública, y otras cosas que si las hubieras aprendido tendrías que desaprenderlas. Y ahora niega que la vida sea larga.

    Quattuor milia librorum Didymus grammaticus scripsit: misererer si tam multa supervacua legisset. In his libris de patria Homeri quaeritur, in his de Aeneae matre vera, in his libidinosior Anacreon an ebriosior vixerit, in his an Sappho publica fuerit, et alia quae erant dediscenda si scires. I nunc et longam esse vitam nega!

    Safo es una de las creadoras de la poesía lírica

    Safo es una de las creadoras de la poesía lírica, que no canta los hechos y hazañas épicas de los héroes griegos que representan el espíritu colectivo, sino los sencillos y refinados sentimientos personales de las delicadas y educadas muchachas de Lesbos, especialmente el amor entre las personas. Canta a las diosas de las artes, de la belleza, del amor, de la voluptuosidad: Eros, Afrodita, las Musas.

    Claramente expresa su desinterés por la épica y su interés por su mundo  personal  femenino y delicado en estos versos:

    Unos dicen que las huestes de jinetes, otros que las de infantería
    Otros que una flota de barcos
    Pero yo digo que lo más hermoso sobre la oscura tierra
    Es aquello que uno ama

    Esta poesía de los sentimientos personales, del amor sobre todo,  frente a los grandes ideales heroicos hoy  no nos llama la atención, pero piénsese que estamos hablando de los orígenes,  de la primera vez que esto ocurre y esto sí debió ser chocante entonces.

    Es una poesía para ser cantada al son de la lira (curiosamente, aunque sin fundamento, se le atribuye a Safo el invento del plectro o púa que se utiliza para hacer vibrar las cuerdas de los instrumentos musicales). La  musicalidad y sonoridad es precisamente una de sus características más valiosas.

    Nota: Precisamente por el acompañamiento del instrumento musical, la lira,  se llama a esta poesía “lírica”. La palabra épica  proviene del adjetivo griego ἐπικός (epikos), de  ἔπος (epos palabra, discurso, relato, canto, noticia,sentencia).

    Otras características, que provocan una fuerte emoción, son la sencillez de las palabras (usa el lenguaje cotidiano, el nombre de las cosas), la naturalidad de los sentimientos y la frescura de  de una poesía fuertemente sensual de expresión directa e inteligible, sin adornos ni afectación, tan lejos de tantos poetas antiguos y modernos saturados de retoricismo o empalagoso lenguaje incomprensible. Su sencillez está, pues,  en las palabras, en la expresión y en la sonoridad.

    La estrofa sáfica está formada  por tres versos endecasílabos y otro llamado adonio de cinco sílabas. Aunque se sigue basando esta métrica en la duración de las sílabas, el hecho de que sean versos de un determinado número de sílabas, la aproxima a nuestro sistema de versificación. Safo  popularizó esta estrofa y de ella recibe el nombre.

    Sin duda no es un hecho irrelevante que la isla de Lesbos se encuentre en frente y próxima a las costas de la sensual Asía  y no junto a las más severas y rígidas de la Grecia continental.
    Aunque se haya querido ocultar durante mucho tiempo, desconociendo a veces la correcta interpretación del texto, en sus poemas, dirigidos a las jóvenes muchachas servidoras de las Musas” expresando los sentimientos de amor, ternura, celos, rechazo…, se evidencia un amor homosexual que probablemente fue real:

    En blandos lechos tendida
    pudiste colmar tu deseo” 
       (fragmento 54)

    Así la cita de Horacio en Carmen II, XIII, 24-25 lo da por hecho:

    A Safo con la lira de los eolios,
    llorar de amor por las muchachas de su pueblo.

    Aeolibus fidiibus  quaerentem
    Sappho puellis de popularibus

    Y el mismo Horacio en la Epístola 19 del libro I, verso 28 se refiere a ella como “mascula Sappho”, “masculina Safo”.

    Yo fui el primero que mostró al Lacio
    los yambos de Paros, siguiendo la métrica y el espíritu
    de Arquíloco, mientras los hechos y las palabras seguían a Lycambe.
    Pero no me corones por ello con menos hojas (de laurel),
    porque no me atreví a cambiar sus  metros y el arte de su poesía.
    La masculina Safo acomoda  su Musa al verso de Arquíloco;
    la  acomoda  también Alceo, aunque difiere en los hechos  y en su estructura.

    Parios ego primus iambos
    ostendi Latio, numeros animosque secutus
    25Archilochi, non res et agentia verba Lycamben.
    ac ne me foliis ideo brevi oribus ornes,
    quod timui mutare modos et carminis artem,
    temperat Archilochi Musam pede mascula Sappho,
    temperat Alcaeus, sed rebus et ordine dispar,

    Los moralistas antiguos construyeron una visión negativa de Safo por sus relaciones homosexuales

    Su condición de mujer, la dirección de un grupo de muchachas (thiasos), el cultivo de una poesía intimista que canta los sentimientos personales, especialmente dirigida a otras muchachas, (hasta quince: Atis, Anactoria, Cidro, Arquenasa, Girino, etc.) y que revela sus relaciones homosexuales, su devoción a Afrodita, diosa del amor, y al propio Eros, las acusaciones de inmoralidad… fueron los componentes esenciales con los que los moralistas ya antiguos construyeron una visión negativa de la gran poetisa, censurada, incomprendida y olvidada.  Desde luego su modelo de libertad y relaciones sexuales igualitarias entre las amantes chocaría sin duda con el modelo de amor de los hombres, en los que siempre hay un matiz de dominio de uno sobre otra o sobre otro (en el caso del amor pederasta a los jóvenes).

    Pero su obra se conservó por lo menos hasta el siglo III de nuestra era; lo que es prueba del aprecio de que gozó. Luego, como  consecuencia de su mala fama, lo que nos ha llegado de ellas son apenas unos retazos (218 fragmentos) de lo que fue su obra.

    En el paroxismo de la crítica moral, tanto se le achaca un incontenido apetito sexual que le llevó a tener innumerables amantes masculinos como se afirma que si hubiera sido más atractiva para los hombres no hubiera buscado la relación con mujeres. Hay obras de teatro con su nombre en las que así se la dibuja, como dominada por un fuerte apetito sexual.  Así en Aristófanes aparece el término “lesbiatsein”, verbo formado a partir de “Lesbos”, que viene a significar “hacer un lésbico”, cuyo significado el lector deducirá fácilmente de la comparación con otras modalidades de práctica amorosa a los que también se designa con el nombre del lugar, como “francés o griego”.

    Hay incluso algún texto que la describe como de baja estatura, morena y fea. Es curioso lo modernas que suenan algunas de estas afirmaciones, absolutamente machistas, referidas a mujeres homosexuales.

    La leyenda sobre su muerte

    Menandro creó una leyenda sobre su muerte, que también recrea y propala Ovidio en sus Heroidas, según la cual Safo se arrojó desde el acantilado de Leucade por el amor no correspondido del joven y hermoso Faón. Leucade es un mítico lugar, un alto promontorio y quien de él se arroja se libera de una pasión amorosa no correspondida.

    Aunque suponga una pequeña digresión comentaré que Ovidio escribió una  obra de cartas imaginarias en las que veintiuna heroínas griegas escriben a sus amados. Son las Heroidas. Todas las mujeres son personajes míticos, excepto Safo, personaje real, protagonista de la carta número XV, que envía a su amor Faón. Esta carta de Ovidio colaboró enormemente a difundir algunos de los tópicos que sobre Safo corrían ya en la Antigüedad. Así:

    –  el inflamado apetito sexual y lascivia de la poetisa, en los versos 9-10:

    Me abraso, como arde el fértil campo con sus trigales incendiados,
    cuando el Euro incontrolado aviva las llamas.

    Uror, ut, indomitus ignem exercentibus Euris,
    Fertilis accensis messibus ardet ager.

    También en Ars amatoria, III, 331 se pregunta retóricamente:

    mira a Safo: ¿qué más lascivo que ella?

    Nota sit et Sappho (quid enim lascivius illa?),

    la mala fama de su amor en el verso 201:

    Muchachas de Lesbos, que me habéis hecho infame por haberos amado…

    Lesbides, infamem quae me fecistis amatae

      el reconocimiento y fama que ya tenía, v. 29-30:

    Mi nombre es alabado en el orbe entero
    y ni el mismo Alceo, compañero de patria también poeta,
    es más alabado, aunque su canto resuene mejor.

    Nec plus Alcaeus, consors patriaeque lyraeque,
    Lausdis habet, quamvis grandius ille sonet

    su fealdad, baja estatura  y tez morena, 31-38

    Si la cruel naturaleza me negó la belleza,
    yo suplo con mi ingenio la falta de hermosura.
    Soy pequeña, pero tengo un nombre que llena toda la tierra.
    La estatura que tengo es la que mide mi nombre.
    No soy blanca, pero a  Perseo  le agradó Andrómeda,
    hija de Cefeo, morena con el color de su país.
    Muchas veces las blancas palomas se unen a las de muchos colores
    y la negra tórtola es amada por el ave de color verde (el loro)

    Si mihi difficilis formam natura negavit,
    Ingenio formae damna rependo meae.
    “Sum brevis; at nomen quod terras impleat omnes
    Est mihi; mensuram nominis ipsa fero.
    Candida si non sum, placuit Cepheia Perseo
    Andromede, patriae fusca colore suae.
    Et variis albae iunguntur saepe columbae;
    Et niger a viridi turtur amatur ave.

    En esta carta Ovidio creó un verso famoso, expresión del sentimiento amoroso. El v. 96

    No te pido que me ames, sino que me dejes amarte

    Non ut ames oro, verum ut amare sinas.

    O el verso 121, resumen de tanta conducta enamorada socialmente correcta:

    No marchan juntos el pudor y el amor

    Non veniunt in idem pudor atque amor:…

    La poesía de Safo fue reconocida por serios e importantes hombres antiguos

    Pero todo esto negativo choca con la opinión de serios e importantes hombres antiguos y con el reconocimiento de que fue objeto por su ciudad y por estos hombres, a pesar de que su labor y poesía queda encerrada exclusivamente en el mundo femenino.

    Dionisio de Halicarnaso, en su De Compositione Verborum XXIII, 173 la considera como la mejor representante  de la lírica, junto a Anacreonte. Es en ese pasaje en el que transcribe, y gracias a él se conserva, el prácticamente único poema completo, el Himno a Afrodita.

    Estobeo, autor bizantino de los siglos V-VI de una antología de textos, hace una cita de Aeliano en la que se cuenta una interesante anécdota referida  a la poetisa:

    Estobeo, Florilegio, 3.29.58: 

    Solón de Atenas escuchó de su sobrino Execestides una canción de Safo sobre el vino y tanto le gusto la canción que le pidió al muchacho que se la enseñara; cuando le preguntaron por qué razón quería aprenderla, contestó que para aprenderla y luego morir.

    Sócrates la consideraba también  como uno de los sabios de la antigua historia griega.

    A Platón se le atribuye el siguiente epigrama de la Antología Palatina, que recoge García Gual en su Antología de la poesía lírica antigua, en el que la llama nada menos que “la décima Musa”:

    Dicen algunos que son nueve las Musas.
    ¡Cuánto se engañan!
    Pues he aquí la décima Musa
    (Antología Palatina (16D))

    Y también unos atribuyen  a Platón y otros a Antípatro de Sidón otro epigrama llamado “Epitafio para Safo” en el que se llama “Musa mortal que cantaba con las Musas inmortales». Reproduzco la versión de  Manuel Fernández Galiano para Gredos. Antología Palatina, Epigrama Helenísticos (VII 14):

    Epitafio de Safo

    A Safo custodias, eólide tierra, a la Musa
    Mortal a quien las Musas divinas reconocen,
    Criada por Cipris y Eros, que siempre trenzaba
    Con Persuasión guirnaldas perennes de las Piérides,
    De la Hélade encanto y honor para ti. ¿Por qué, Moiras,
    Que torcéis el hilo triple con vuestros husos,
    vida infinita no hilasteis a aquella que trajo
    dones infinitos a las Heliconiades?

    Alceo, su compatriota, le dedicó un sentido y precioso verso:

    “Coronada de violetas, sonrisa de miel, sagrada Safo” (fragmento 63D), con el que he querido titular este artículo

    Dice también Estrabón en XIII,2,3:

    “en la misma época (que Pitaco y Alceo) vivio Safo; fue un ser extraordinario, porque no sabemos que en ningún otro tiempo, por más que nos remontemos al pasado, hubiese existido otra mujer que por poco que fuese pudiera comparársele en poesía”.

    Las referencias son numerosas. Estas contradicciones en la valoración llevaron a algunos antiguos a suponer o a inventar absurdamente la existencia de dos Safos, una la adorada poetisa y otra la de vida ligera y casquivana y amante de Faón.

    Safo, desde luego,  impresionó a Ovidio y a Catulo (vease el artículo https://www.antiquitatem.com/catulo

    en el que comento su poema 51, traslación del de Safo) y a Petrarca y a Leopardi y a Byron y a Baudelaire.

    Presentaré el Himno a Afrodita, muy interesante, aunque con alguna dificultad de comprensión para el lector poco conocedor del mundo antiguo, en una de las versiones de García Gual. Presentaré también el famoso poema , que inspiró a Catulo, pero  también a Plutarco, Longo, Horacio, y al mismo Lucrecio en su De rerum Natura III, 53-156 cuando habla de la relación entre el cuerpo  y el alma.

    Ofreceré también unos pocos fragmentos menores para que el lector compruebe el estado fragmentario en que nos ha quedado su obra y el enorme valor que de estos retazos se deduce.

    Nota: La mayoría de las traducciones son obra de Carlos Montemayor, publicadas en Editorial Trillas (Mexico).  Algunas son del maestro Carlos García Gual; una es del catedrático Manuel  Pérez. La numeración de los fragmentos es ciertamente complicada; en la medida de lo posible utilizo la numeración de Page y Campbell en la edición de The Loeb Classical Library o la de Voigt.
    ….
    1 (Page, Voigt)

    Himno a Afrodita

    A ti, en tu trono multicolor, inmortal Afrodita,
    Hija de Zeus, tejedora de ardides, yo te suplico
    ¡no me paralices, con melancolía y hastío,
    Oh soberana, el ánimo!

    Ven aquí, como hacías antaño,
    Cuando oyendo mi voz desde lejos
    Me escuchabas y abandonando la casa paterna
    Venías.

    Unciendo el carro dorado bellos y veloces gorriones,
    Te traían alrededor de la oscura tierra,
    Batiendo velozmente las alas en remolino, desde el cielo,
    A través del éter.

    Llegaban pronto y tú, bienaventurada, sonriendo
    Con tu inmortal rostro preguntabas
    Cuál era mi padecimiento y por qué
    Te llamaba nuevamente.

    Y que o que más deseara en mi corazón atormentado
    Lo tendría. ¿A quién pretendes que Peitho** conduzca hacia tu amor?
    ¿Quién, oh Safo,
    Te causa pena?
    ** el engaño, la persuasión

    Pues si ahora huye, pronto perseguirá,
    Si no acepta regalos,en cambio ella te los dará,
    Y si no ama, ¡pronto amará
    Aún contra su voluntad”

    ¡Ven hacia mí también ahora! ¡Líbrame
    De pensamientos tristes y haz
    Que se cumpla lo que mi corazón ansía1
    ¡Sé túmisma mi compañera de lucha!

    (Traducción de Carlos García Gual)

    31 (Voigt )

    Me parece igual a los dioses
    aquel hombre que enfrente de ti
    se sienta y de cerca tu dulce voz
    escucha
    y tu dulce reír. Eso, lo juro,
    el corazón en mi pecho con fuerza golpea,
    pues nada más que te miro, al instante, de voz
    nada me queda.
    Que la lengua se me quiebra, y un sutil
    fuego en seguida me recorre por debajo la piel.
    Con mis ojos no veo nada, y los oídos
    me zumban,
    y me recorre un frío sudor, y un temblor
    hace presa de mí toda, y más pálida que la hierba
    estoy. Y estar muerta por poco
    me parece…
    Pero todo se debe soportar…

    (Traducción de Manuel Pérez López, en “De lo subime”; Edit. Dykinson)

    2 (Voigt)

    . . .ven, Cipris,
    y delicadamente, en copas de oro,
    escancia el néctar mezclado
    con goces. 
    (Versión de García Gual)

    ….
    160 (Page)

    . . .ahora, para mis amigas,
    cantaré bellamente dulces cosas.

    37 (Page)

    . . .en mi dolor que fluye gota a gota

    36 (Voigt)

    Lo deseo ardientemente, y lo busco. . .

    15 (Page, Voigt)

    ¡Oh Cipris, sé para Dórica
    amarga! ¡Que no se vanaglorie
    diciendo que otra vez se aleja
    por un dulce amor!

    16 (Paage, Voigt)

    Algunos dicen que un ejército de caballería,
    o de infantería, o una escuadra de navíos,
    es lo más bello sobre la oscura tierra.
    Yo digo que lo que uno ama.
    5 Y muy fácil es que todos lo comprendan.
    Porque Helena, que conoció a los más bellos hombres,
    abandonó a su marido, el mejor de todos,
    por navegar a Troya,
    10 sin acordarse de hijos ni del cariño
    de los padres ¡Tan lejos desvió Cipris a la amante!
    Pues logra Cipris al corazón doblegar
    y al que ama que nunca levemente ame.
    15 Ahora me hace recordar a Anactoria,
    que no está conmigo,
    y a la que quisiera ver con su amoroso andar
    y la radiante luz de su rostro,
    mucho más que a los carros lidios o las armas
    20 con que combaten de pie sus guerreros.
    Y sé bien que nadie puede alcanzar
    la suprema dicha, pero desear tenerla, . . .
    repentinamentre.    (
    Versión de García Gual)

    23 (Page, Voigt)
    ………………..
    . . . ahora, querida
    ……………………
    pues como. . . al verte frente a mí
    . . .ni la misma Hermione fue tan bella
    . . .ni con la rubia Helena compararte
    sería inconveniente,
    si fuese justo a los mortales hacerlo, pues sabe
    que con tu belleza toda mi inquietud
    . . .goza. . .
    ……………….
    . . .el promontorio
    . . .a los
    Celebrando la noche entera.

    22 (Voigt).

    . . .te pido. . .
    que aparezcas, oh Gónguila, vestida con la túnica
    blanca como leche. El amor mismo
    se agita alrededor.
    de tu belleza, pues el deseo arrebata
    a quien apenas la mira. Y yo gozo
    porque esto te reprocha la misma
    Ciprigenia,
    a la que pido.
    esto
    . . . quiero. . .

    30 (Voigt)

    …………………………..
    ……………………………..
    ……………………………..
    noche. . .
    las muchachas ante la puerta
    pasamos la noche entera, oh afortunado esposo,
    cantando tu amor y a tu novia
    cubierta de violetas,
    pero despierta cuando brote la aurora
    y acude a tus amores
    . . . a todo cuanto. . .
    al sueño veamos

    47 (Page Voigt)

    Amor ha sacudido mis sentidos,

    como el viento que arremete en el monte a las encinas. (Versión de García Gual)

    48 (Page, Voigt)

    Hiciste bien en venir, pues te anhelaba
    y desfallecía por este deseo que incendia mi alma. (
    Versión de García Gual)

    50 (Voigt)

    Sólo mientras lo miran tiene belleza el que es bello.
    Ahora y siempre dignidad, el que es digno.

    46 (Voigt)

    . .Y yo, sobre un blando cojín,
    tienda mis miembros. . .

    55 (Voigt)

    Después de que mueras, yacerás sin que nadie te recuerde
    o por ti se duela, pues no gozaste las rosas de
    Pieria *. Ignorada también en la casa del Hades,
    flotarás errabunda entre los oscuros muertos. .
    .

    * la poesía

    82 (Page, Voigt)

    De más bello cuerpo es Mnasídica que la tierna Gyrinna. . .
    Y a ninguna he encontrado, oh adorable, más desdeñosa que
    tú. . .

    168B (Voigt)

    se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media noche; las
    horas avanzan, pero yo duermo sola.

    94 (Page, Voigt)

    De veras, estar muerta querría.
    Ella me dejaba y entre muchos sollozos
    Así me decía:
    “¡Ay,qué penas terribles pasamos,
    Ay, Safo, qué a mi pesar te abandono!”
    Y yo le respondía:
    “Alegre vete, y acuérdate
    De mí. Ya sabes cómo te quería.
    Y si no, quiero yo recordarte…
    Cuántas cosas hermosas juntas gozamos.
    Porque muchas coronas
    De violetas y rosas y flores de azafrán
    Estando conmigo pusiste en tu cabeza,
    Y muchas guirnaldas entretejidas,
    Hechas de flores variadas,
    Alrededor de tu cuello suave.
    Y ungías toda tu piel…
    Con un aceite perfumado de mirra
    Y digno de un rey
    Y sobre un mullido cobertor
    Junto a la suave…
    Suscitaste el deseo…
    Y no había baile ninguno
    Ni ceremonia sagrada
    Donde no estuviéramos nosotras,
    Ni bosquecillo sacro…
    …el repicar…
    …los cantos… 
      (Versión de García Gual)

    130 (Voigt)

    Otra vez el amor que deshace el cuerpo me atormenta,
    como una amarga y dulce fiera invencible.

    102 (Voigt)

    Dulce madre, no puedo ahora continuar mi tejido:
    ¡con el deseo de un muchacho me subyuga la tierna Afrodita!

    (Edmonds 158)

    Oh novia, tu cuerpo es hermoso; de miel
    son tus ojos y amor derrama tu delicado rostro!
    Con extraordinaria distinción te dotó, ciertamente, Afrodita.

    114 (Page, Voigt)

    (La joven desposada)
    – Doncellez, doncellez, ¿a dónde te vas y me dejas?
    (la doncellez)
    –  Ya no volveré a ti, querida, ya nunca más volveré.
    (Versión de García Gual)

    115 (Page, Voigt)

    ¿Con qué podré compararte, esposo?
    Con un esbelto y tierno junco.

    142 (Voigt)

    Latona y Níobe fueron amigas que se amaron tiernamente

    126 (Voigt)

    . . .duermes en el pecho de una tierna amiga. . .

    138 (Voigt)

    Quédate así, amigo, ante mí:
    déjame ver tu belleza

    Cita de Filóstrato

    . . .de melodiosa voz. . .
    «Y de muchas maneras se dirigía a las muchachas, como las de los
    brazos de rosas, las de ojos vivaces, las de hermosas mejillas o de
    melodiosa voz. Así, suavemente, Safo les hablaba.»

    119 (Bergk)

    Estas cenizas son de Timas, a quien muerta
    antes de sus bodas recibió el oscuro tálamo de Perséfone:
    todas sus compañeras, cuando ella murió, con recién afilados
    hierros sus hermosas cabelleras cortaron.