Categoría: Lengua y Literatura

  • Ovidio entre los bárbaros del Ponto Euxino. (Ovidio III)

    El año 8 de nuestra era el alegre y mundano poeta latino Ovidio se encontraba en la isla de Elba en compañía de su amigo Máximo cuyo nombre completo era Marco Aurelio Cota Máximo, hijo de Marco Valerio Mesala Corvino, el protector de algunos literatos. Allí Ovidio recibió del emperador Augusto como un mazazo una carta con la acusación de graves crímenes y la orden de comparecer rápidamente en Roma, en donde recibió la condena fulminante de destierro a las fronteras del Imperio.

    Antes de finalizar el año debía salir de Roma y de Italia  a las costas del Ponto Euxino, a  la ciudad de Tomis o Tomos, actual Constanza en Rumanía, en la frontera de los Getas y Sármatas. Un soldado le acompañó sólo en el viaje de ida. Había nacido el 20 de febrero del año 43 a.C., al siguiente del asesinato de Julio César; tenía, pues, 52 años.  Allí murió  9 años después, en el 17, triste y melancólico porque nunca consiguió el perdón de Augusto ni tampoco de Tiberio para regresar a Roma o salir al menos de aquel destino tan inhóspito.

    En una carta a su amigo Cota Máximo, años después, recogida en Pónticas, II, 3,83-90, nos recuerda el día en que recibió la infausta noticia:

    La Etalia Elba fue la última que me vio contigo y recibió las lágrimas que caían de mis tristes mejillas, cuando tú me preguntaste si era cierta la noticia que había extendido la perversa Fama de mi culpa; yo permanecía indeciso entre confesarlo o negarlo, revelando el temor signos de miedo y, como la nieve que derrite el austro lluvioso, una lágrima brotaba y caía por mis mejillas estupefactas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    ultima me tecum vidit maestisque cadentes
    excepit lacrimas Aethalis Ilva  genis :
    cum tibi quaerenti, num verus nuntius esset,
    attulerat culpae quem mala fama meae,
    inter confessum dubie dubieque negantem
    haerebam, pavidas dante timore notas,
    exemploque nivis, quam mollit aquaticus Auster,
    gutta per attonitas ibat oborta genas.

    Como ya dije en un artículo anterior, no conocemos con precisión el día exacto de su muerte, que debió ser en invierno,  y el año lo sabemos por la información que San Jerónimo incluye en su libro de las Crónicas de Eusebio, en Chronicon 2033, que  lo hace corresponder con el  año 18 de Cristo, con la Olimpiada 199, con el 4 del reinado de Herodes y con el 4 también de Tiberio. Curiosamente en ese mismo año murió también Tito Livio, pero en su patria Patavium, la Padua de hoy. En consecuencia se cumplen ahora 2.000 años, dos milenios, de su muerte. 

    Dice Jerónimo en Chronicon 2033:

    El poeta Ovidio murió en el exilio y está enterrado junto a la ciudad de Tomis

    Ovidius poeta in exsilio perit, et juxta oppidum Tomos sepelitur”

    Allí escribió Ovidio uno de los poemas más famosos de la literatura latina: aquel en el que recuerda su último día en Roma, que ha sido además motivo de estudio y ejercicio para todo estudiante de latín durante siglos; me refiero a la Elegía 3 del libro I de sus Tristia, que reproduciré completa al final del artículo,  porque no es excesivamente larga, tan sólo 102 versos, para ser exactos.

    Ovidio no se dedicó al foro o la retórica, como su padre pretendía, sino a la poesía para la que estaba especialmente dotado. En Roma llevaba la vida propia de los miembros de una sociedad adinerada, despreocupada y dispuesta a vivir en el ocio y diversión permanente.

    En consonancia con este tipo de vida, escribió primero poemas o elegías amorosas o más bien eróticas, puesto que se refieren al amor físico y carnal y no al idealizado y romántico. Amores, El Arte de amar (Ars amandi o Ars Amatoria), Remedios Amorosos (Remedia amoris)  y Cosméticos para el rostro femenino (Medicamina faciei feminae) son las obras de esta época y de esta temática. Luego abordará otros temas de más enjundia como Las Metamorfosis, su obra principal, y Los Fastos, obra no exenta de ironía. De todo ello he hablado brevemente en el artículo anterior: https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-tristia-ponto-euxino

    Pues bien, las obras de contenido erótico-amoroso impactaron sin duda en la sociedad romana y chocaron con la política imperial de moralización de la vida pública y del matrimonio que Augusto pretendía desarrollar, de acuerdo con el mos maiorum o costumbres de los antepasados. Estos libros le granjearon pronto la fama de “inmoralidad”, que ya no le ha abandonado hasta nuestros días. A ello contribuyó decisivamente el juicio severo del Cristianismo que se iba imponiendo como religión del Imperio.

    Pero, ¿fue realmente Ovidio un  “inmoral”? Una y otra vez nos dice que su vida fue intachable.

    Pero entonces,  ¿qué delito había cometido para sufrir el duro castigo? El mismo poeta nos da algunas pistas en sus propias obras y desde la antigüedad hasta nuestros días se sigue hurgando en los textos para encontrar la causa, que en realidad desconocemos. En realidad la información más valiosa es la que él mismo poeta aporta en sus Tristes (Tristezas) y en sus Pónticas (Cartas desde el Ponto, Epistulae ex Ponto) y es en ellas donde se ha buscado una y otra vez.

    En estas obras repite hasta la saciedad y monotonía tres ideas: la descripción de su penosa situación, entre numerosos peligros y falto de toda comodidad para producir en sus familiares y amigos la sensación de absoluto abandono; la confesión de que fue culpable, pero tan solo de un error y estupidez que no de un delito o comportamiento malintencionado; y la alabanza de la majestad y benevolencia del emperador y de su familia para esperar el perdón.

    El mismo poeta es consciente y conoce la crítica que se le hace por repetir una y otra vez lo mismo: su petición de perdón al emperador. Así en Pónticas III,9, 39-45 dice:

    Me dices, Bruto, que no sé quién critica mis poemas porque hay en estos librillos siempre el mismo pensamiento, que no pido otra cosa, sino poder disfrutar de una tierra más cercana, y que no hablo sino de que estoy rodeado por numerosos enemigos. ¡Oh, cómo entre tantos defectos  se me reprende tan solo uno! Si sólo esta falta comete mi Musa, está bien. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Quod sit in his eadem sententia, Brute, libellis,
          Carmina nescio quem carpere nostra refers:
    Nil nisi me terra fruar ut propiore rogare,
          Et quam sim denso cinctus ab hoste loqui.
    O, quam de multis uitium reprehenditur unum!
    Hoc peccat solum si mea Musa, bene est.

    En varias ocasiones nos describe su penosa situación en el destierro. Es suficientemente expresiva la referencia que hace en Tristia V,7,1-24, elegía que algunas ediciones titulan precisamente “Ovidio entre los bárbaros”. Dice allí en una carta de fecha incierta y dirigida también a un destinatario no conocido por nosotros:

    La carta que lees te llega desde la tierra en que el ancho Histro desemboca en las aguas del mar. Si a ti te ha tocado en suerte una vida con buena salud, permanece favorable aún una parte de mi fortuna. A saber, tú me preguntas, como siempre, queridísimo amigo, cómo lo paso, si bien eso lo puedes saber, aunque yo no te lo diga. Soy desgraciado (éste es el resumen de mis males) y lo será todo el que viva tras haber ofendido al César.

    ¿Deseas saber cómo es la gente de esta región de Tomos y en medio de qué costumbres vivo? Aunque esta región es una mezcla de griegos y getas, está dominada por los mal pacificados getas. Un número bastante elevado de sármatas y getas va y viene a caballo por los caminos. No hay ninguno entre ellos que no lleve carcaj, arco y flechas impregnadas de veneno amarillento de serpiente. Su voz es fiera, el rostro salvaje, fiel imagen de Marte; ninguna mano ha cortado su cabello ni su barba; su diestra no es tarda en herir clavando el cuchillo, que todo bárbaro lleva pegado al costado.

    En medio de tales gentes, ¡ay!, vive ahora, amigo mío, tu poeta, olvidado de sus poemas de tema amoroso; a estas gentes es a las que ve y a éstas a las que oye. ¡Ojalá viva, pero que no vaya a morir entre ellos, sino que al menos su sombra se aleje de estos odiosos lugares! (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Quam legis, ex ilia tibi venit epistula terra,
    latus ubi aequoreis additur Hister aquis.
    si tibi contingit cum dulci vita salute,
    candida fortunae pars manet una meae,
    scilicet, ut semper, quid agam, carissime, quaeris,
    quamvis hoc vel me scire tacente potes.
    sum miser; haec brevisest nostrorum summa malorum,
    quisquis et offenso Caesare vivit ? erit.
    turba Tomitanae quae sit regionis et inter
    quos habitem mores, discere cura tibi est ?
    mixta sit haec quamvis inter Graecosque Getasque,
    a male pacatis plus trahit ora Getis.
    Sarmaticae maior Geticaeque frequentia gentis
    per medias in equis itque reditque vias.
    in quibus est nemo, qui non coryton et arcum
    telaque vipereo lurida felle gerat.
    vox fera, trux vultus, verissima Martis imago,
    non coma, non ulla barba resecta manu,
    dextera non segnis fixo dare vulnera cultro,
    quem iunctum lateri barbarus omnis habet.
    vivit in his heu nunc, lusorum oblitus amorum,
    hos videt, hos vates audit, amice, tuus :
    atque utinam vivat non et moriatur in illis,
    absit ab invisis et tamen umbra locis.

    Y luego en Pónticas I, 3, 57-60 completa la descripción de la lamentable situación, aunque ciertamente parece estar exagerando la realidad porque las costas del Mar Negro son hoy día un destino veraniego apetecible por muchas personas de los países limítrofes:

    Pero pensaba que, privado de la tierra donde nací, me había correspondido en suerte, al menos, vivir en un lugar humano: sin embargo, yazgo abandonado en las arenas del extremo del mundo, donde la tierra está cubierta de perpetuas nieves. Aquí el campo no produce frutos, ni dulces racimos de uvas; no verdean sauces en sus riberas, ni encinas en sus montañas. Ni el mar merece más alabanzas que la tierra: sus aguas, privadas de sol, están siempre hinchadas por el furor de los vientos. Adondequiera que mires, se extienden llanuras sin cultivar y vastos labrantíos que nadie reclama. Se presenta el terrible enemigo por la derecha y por la izquierda, y por el miedo a su cercanía aterra a uno y otro lado: una parte habrá de sentir las lanzas bistonias y la otra las flechas lanzadas por la mano de los sármatas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at, puto, qua genitus fueram, tellure carenti
    in tamen humano contigit esse loco,
    orbis in extremi iaceo desertus harenis,
    fert ubi perpetuas obruta terra nives.
    non ager hic pomum, non dulces educat uvas, 
    non salices ripa, robora monte virent.
    neve fretum laudes terra magis, aequora semper
    ventorum rabie solibus orba tument.
    quocumque aspicies,  campi cultore carentes
    vastaque, quae nemo vindicat, arva iacent.
    hostis adest dextra laevaque a parte timendus,
    vicinoque metu terret utrumque latus.
    altera Bistonias pars est sensura sarisas,
    altera Sarmatica spicula missa manu.

    En diversos pasajes achaca su condena a un “error” y a una indiscreción. Por ejemplo en Tristia II, 207 y ss.:

    Concedamos que me han perdido dos delitos: un poema y un error; sobre la culpabilidad del segundo de estos dos delitos es mejor que calle, pues yo no valgo tanto la pena como para reabrir tus heridas, César, y ya es más que demasiado que hayas sufrido una sola vez. Queda el otro delito, por el que se me acusa de haberme convertido con mi obsceno poema en maestro del impúdico adulterio. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    perdiderint cum me duo crimina, carmen et error,
    alterius facti culpa silenda mihi :
    nam non sum tanti, renovem ut tua vulnera, Caesar,
    quem nimio plus est indoluisse semel.
    altera pars superest, qua turpi carmine factus
    arguor obsceni doctor adulterii.

    Así ya en su época, como informa el mismo Ovidio, se le conoce como “maestro del impúdico adulterio”, y esto chocaba directamente con el programa de moralización de Augusto  y las  Leges Iuliae que pretendían la defensa de la familia y las tradiciones antiguas, castigando el adulterio con del exilio y multando a las que no tenían hijos.  Pero él se defiende afirmando la diferencia entre la literatura y la vida, que una cosa es escribir y otra distinta el mantener determinado comportamiento. En la elegía dirigida a un amigo orador, dice en Tristia I,9,55 y ss:

    Mejor hubiera sido que mi obra no hubiera brillado por su celebridad, y así como las graves disciplinas, elocuente amigo, te están dando provecho, así un arte diferente a ellas me ha perjudicado. Sin embargo mi vida te es conocida; tú sabes que las costumbres de su autor se apartaron de tales artes; y sabes que ese viejo poema fue compuesto en mi juventud y que tales poemas, aunque no son precisamente dignos de elogio, con todo no son sino bagatelas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at nostrum tenebris utinam latuisset in imis !
    expediit studio lumen abesse meo.
    utque tibi prosunt artes, facunde, severae,
    dissimiles illis sic nocuere mihi.
    vita tamen tibi nota mea est. scis artibus illis
    auctoris mores abstinuisse sui :
    scis vetus hoc iuveni lusum mihi carmen, et istos
    ut non laudandos, sic tamen esse iocos.

    ¿Pudo ser entonces la causa del destierro este libro, Ars Amandi, que además llevaba ya más de ocho años circulando por Roma?

    Más bien parece una excusa añadida a otro motivo de más enjundia, a la indiscreción a la que poco después, en el mismo libro II, 103 y ss. hace referencia:

    ¿Por qué tuve yo que ver algo? ¿Por qué torné culpables mis ojos? ¿Por qué, ¡imprudente de mí! tuve yo conocimiento de aquel delito? Sin pretenderlo, Acteón contempló desnuda a Diana y, sin embargo, no por ello fue menos presa de sus propios perros; y es que a los ojos de los dioses, hasta el azar hay que expiarlo y un hecho casual no obtiene el perdón, si ha sido ofendida una divinidad. Aquel mismo día en que me perdió un mal error, cayó la ruina sobre mi casa, modesta ciertamente, pero sin tacha; (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Cur aliquid uidi? cur noxia lumina feci?
          Cur imprudenti cognita culpa mihi?
    Inscius Actaeon uidit sine ueste Dianam:
          Praeda fuit canibus non minus ille suis.
    Scilicet in superis etiam fortuna luenda est,
          Nec ueniam laeso numine casus habet.
    Illa nostra die, qua me malus abstulit error,
          Parua quidem periit, sed sine labe domus:

    La alusión al mito de Acteón, que vio desnuda a Diana o Artemis, la diosa virgen de la caza y fue transformado en ciervo  devorado por sus propios perros, desató las especulaciones e hizo pensar a varios autores que Ovidió vio algo que ofendió al emperador, tal a Livia, su esposa; o tal vez vio alguna ceremonia de los cultos a la Buena Diosa o Isis, vedados a los hombres. Se han propuesto, pues, varias explicaciones o soluciones al enigma de qué es lo que Ovidio vio, cuál fue su indiscreción. Se ha pensado que tal vez  Ovidio fuera conocedor o partícipe de algún escabroso episodio de la familia imperial, concretamente de su hija, o su nieta, o del propio emperador; o viera en algún momento desnuda a la esposa de Augusto; o que incluso tuviera algún affaire amoroso con la hija del emperador; o fuera conocedor y partícipe de alguna reunión  de algún grupo poco partidario de Augusto, o de partidarios de Germánico y no de Tiberio en la sucesión en el contexto de las rivalidades entre los “Julios” y los “Claudios”. Todo ello son hipótesis poco fundadas, que en cualquier caso no han sido confirmadas.

    Hay incluso una suposición un tanto disparatada que no merecería ser citada sino fuera obra de una persona experta y famosa en el estudio de la historia  romana, Jerôme Carcopino (1881-1970), miembro de la Academia Francesa entre otros muchos títulos.

    Según la imaginativa propuesta de este autor, Ovidio pertenecería de forma activa a una especie de secta secreta neopitagórica que celebra reuniones donde utilizando  el poder mágico de los números conspiran o intentan perjudicar a Augusto.

    No quiero profundizar más en esta cuestión, porque dejo para otro artículo próximo el análisis de las posibles causas y de una propuesta realmente la llamativa aparecida a principios del siglo XX y que ha resurgido más recientemente con cierta fuerza: me refiero a la posible inexistencia del exilio tan famoso, que no habría sido sino una ficción más de un poeta creativo que tantas cosas ficcionó o imaginó, como las Heroidas o cartas de mujeres mitológicas a sus amantes.

    En diversos pasajes insiste en el hecho culpable de haber visto algo que no debió ver, pero nunca lo aclara y nos quedamos sin saberlo a pesar de los esfuerzos que los estudiosos han realizado desde entonces hasta hoy.

    El propio poeta también nos explica las condiciones legales de su condena, en Tristia, II, 121 y ss.

    Se arruinó, pues, esta casa querida por las Musas, derrumbada bajo el peso de un solo delito, si bien no pequeño; pero ha caído de tal manera que podría levantarse, si la cólera del Cesar ofendido se calmara. Su clemencia en la asignación del castigo fue tan grande que resultó ser más suave de lo que yo me temía. La vida se me concedió y tu cólera se detuvo más acá de la muerte, ¡oh Príncipe que has usado tan parcamente de tu poder!  Además hay que añadir el hecho de que no me has privado de mi patrimonio, como si la vida fuera un regalo pequeño. No condenaste mis delitos con un decreto del Senado, ni mi exilio ha sido ordenado por un jurado especial; zahiriéndome con amargas palabras (eso es lo digno de u Príncipe) te has vengado, como conviene, de las ofensas cometidas contra ti. Además, el edicto, aunque riguroso y amenazador, sin embargo, ha sido suave en la designación del castigo, ya que soy declarado en él relegado y no desterrado, y contiene términos suaves para mi suerte. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Corruit haec igitur Musis accepta, sub uno
          Sed non exiguo crimine lapsa domus:
    Atque ea sic lapsa est, ut surgere, si modo laesi
          Ematuruerit Caesaris ira, queat.
    Cuius in euentu poenae clementia tanta est,
          Venerit ut nostro lenior illa metu.
    Vita data est, citraque necem tua constitit ira,
          O princeps parce uiribus use tuis!
    Insuper accedunt, te non adimente, paternae,
          Tamquam uita parum muneris esset, opes.
    Nec mea decreto damnasti facta senatus,
          Nec mea selecto iudice iussa fuga est.
    Tristibus inuectus uerbis (ita principe dignum)
          Vltus es offensas, ut decet, ipse tuas.
    Adde quod edictum, quamuis immite minaxque,
          Attamen in poenae nomine lene fuit:
    Quippe relegatus, non exul, dicor in illo,
          Priuaque fortunae sunt ibi uerba meae.

    La misma idea de que él no fue declarado "exul", es decir, “desterrado” con pérdida de derechos, sino "relegatus" (relegado, expulsado del país manteniendo los derechos fundamentales)  la reitera y casi en los mismos términos en el Libro V, 2bis, 11 y ss.; evito por ello lo que sería una mera redundancia. Así que el poeta, sin proceso alguno, no fue en realidad exiliado sino confinado en Tomis, sin confiscación de bienes ni pérdida de ningún otro derecho.

    Como decía más arriba, camino del exilio y en el propio destierro siguió escribiendo poemas y encontrando en ello el  único consuelo. En aquella aldea, lejos de Roma, de clima duro e inhóspito, habitada por Getas y Sármatas, que hablan una lengua ininteligible para un romano o griego, escribió Ovidio sus famosos poemas “Tristes”, “Tristezas”  “Tristia” en latín; sus Cartas desde el Ponto o Pónticas (Ex Ponto) dirigidas a su mujer y amigos en Roma y también a algún enemigo, y en ellas algunos de los versos más emocionantes de la literatura latina.  Allí también escribió una dura invectiva, Ibis, contra un individuo que perjudicaba su situación en el exilio.

    Algunos críticos literarios, excesivamente crueles, consideran estas obras como un mero ejercicio de retórica vacía y servil petición de clemencia. Pero son absolutamente injustos, porque entre estas elegías se encuentra uno de los poemas más hermosos y emocionantes de la poesía latina, que no pueden empañar algunos recursos literarios y retóricos más fríos y formales.

    Me refiero en concreto al poema tercero del primer libro de sus “Tristia”,  en el que nos recuerda su última noche en su casa de Roma y su partida para el exilio. Hay otros muchos pasajes en el que muestra un sentido amor y agradecimiento a su esposa, que ha quedado en Roma, para no sufrir las penalidades de una tierra hostil y cuidar de la casa familiar; o el consuelo que le proporciona la poesía, que ha de declamar en solitario al viento para no olvidar el latín, su lengua, porque allí nadie lo habla. Incluso aprendió la lengua de aquellos bárbaros y en ella compuso algún poema. O el pequeño consuelo que le proporciona el hecho de que sus padres hayan muerto y no hayan visto la desgracia de su hijo.

    Los pasajes y momentos de interés son muchos.  Voy a reproducir, cumpliendo el objetivo de este blog, la citada tercera elegía completa,  en la que recuerda la última noche que pasó en Roma y el momento triste de la partida. Esta elegía  ha hecho emocionarse a miles de estudiantes de latín que hubieron de traducirla y comentarla como ejercicio escolar. Parafraseando al poeta, diré yo también, que “cuando recuerdo aquellos años en los que hube de traducir este poema, todavía siento la emoción de aquel momento”. Ojalá que esta elegía anime al lector a una lectura más amplia de las obras de Ovidio

    Tristia I, 3

    Cuando me viene al recuerdo la funesta imagen de aquella noche, en la que transcurrieron mis últimos momentos en Roma, cuando recuerdo la noche en la que abandoné a tantos seres queridos, todavía ahora se me escurren las lágrimas de los. ojos.

    Ya se acercaba el día en que el César me había ordenado que abandonara los confines de Ausonia. Yo no tuve ni el tiempo ni la tranquilidad suficiente para hacer los preparativos: mis facultades se habían entorpecido debido a la larga espera. No me había ocupado ni de los esclavos ni de escoger compañeros de viaje, ni me había cuidado del vestido o existencias apropiadas para un desterrado.
    Me quedé pasmado de la misma manera que aquel que, herido por el rayo de Júpiter, sigue con vida, aunque ni él mismo tiene conciencia de su propia vida.

    Pero cuando el propio dolor hubo disipado la nube que envolvía mi espíritu y empezó a despertarse por fin mi sensibilidad, a punto ya de salir hablo por última vez a mis afligidos amigos de los que, entre los muchos que había tenido, sólo quedaba uno que otro. Mi amante esposa, llorando ella misma más amargamente que yo, me abrazaba mientras yo también lloraba, hasta el punto de que una verdadera lluvia de lágrimas caía sin cesar sobre sus mejillas que no lo merecían. Mi hija se hallaba ausente, lejos, en las costas africanas, y no pudo saber nada de mi aciago destino. Adondequiera que dirigieras la mirada no se oían sino gemidos de dolor, y el interior de la casa ofrecía el aspecto de un funeral ruidoso. Mujeres y hombres y hasta los siervos lloran por mi muerte y en el interior no hay rincón que no esté arrasado por las lágrimas. Si está permitido emplear grandes ejemplos en los pequeños sucesos, ése era el aspecto de Troya cuando fue tomada.

    Ya se iban acallando las voces de los hombres y de los perros, y la Luna, en lo alto del cielo, conducía sus caballos nocturnos. Mirándola con los ojos hacia arriba y contemplando a su luz el Capitolio, que en vano estaba cercano a mi casa, digo: «Divinidades que habitáis estas moradas vecinas, templos que mis ojos no contemplarán ya nunca más, dioses que he de abandonar, a los que honra la elevada ciudad de Quirino, ¡recibid mi adiós para siempre! Y aunque tomo tarde el escudo, después de caer herido, descargad al menos mi huida del peso del odio; y al divino varón decidle qué error me sedujo, no vaya a pensar que hay maldad donde sólo hay una equivocación; que el autor de mi castigo sienta vuestra misma convicción; una vez aplacado este dios, yo podría dejar de ser desgraciado».

    Con esta súplica me dirigí yo a los dioses; mi mujer con muchas más, aunque sus palabras quedaban entrecortadas por los sollozos. Ella incluso, postrada de hinojos ante los Lares, con el pelo desgreñado, besó con su boca  temblorosa el fuego ya apagado, y a los Penates, que
    teníamos enfrente, dirigió muchas palabras que habrían de resultar inútiles en favor de su llorado esposo. 

    Ya la noche que tocaba a su fin impedía todo retraso y la constelación de la Osa Parrasia había dado la vuelta sobre su eje. ¿Qué debía yo hacer? El dulce amor a la patria me retenía; pero aquella era la última noche antes del exilio que se me había decretado. ¡Ah! ¡Cuántas veces,
    al ver que alguno se apresuraba a hacer los preparativos, dije: «¿Por qué te das tanta prisa? Piensa en el lugar hacia donde te apresuras a marchar y en el que abandonas». ¡Ah! ¡Cuántas veces fingí haber fijado de antemano, como más indicada, una hora para mi marcha! Por tres veces llegué a pisar el umbral y por tres veces se me hizo volver, y hasta mi propio pie, indulgente con mi ánimo, era reacio a marchar. Muchas veces, después de haberme despedido, comencé a hablar de nuevo largo rato y, como si estuviera marchándome, di los últimos besos. Muchas veces hice las mismas recomendaciones y me engañé a mí mismo, volviéndome a mirar una y otra con mis propios ojos las prendas de mi amor. Por último, digo: <<¿Por qué me apresuro? Es a la Escitia adonde se me envía y Roma la que he de abandonar: una y otra son un justo motivo para mi tardanza. Estando aún con vida se me niega para siempre a mi esposa que vive aún, mi casa y el dulce afecto de sus fieles miembros, así como los amigos a los que quise con amor fraternal, ¡oh vosotros, corazones que habéis estado unidos a mí con una fidelidad como la de Teseo! Mientras me esté permitido, os abrazaré; tal vez, no me sea posible hacerlo nunca más; el tiempo que se me concede debo considerarlo como gracia». Sin retraso alguno ya, no termino ni de hablar, abrazando a todos los que me son más queridos.

    Mientras hablo y lloramos todos, había aparecido brillando en lo alto del cielo Lucífero, estrella funesta para mi. Me separo como si abandonara mis propios miembros, y una parte de mi cuerpo parecía que era arrancada de la otra. Así fue el dolor de Metio cuando unos caballos
    lanzados en sentido contrario fueron los vengadores de su traición. Entonces estalla el clamor y los gemidos de los míos y las manos de aquellos desgraciados se golpean los pechos desnudos. Entonces mi esposa, aferrándose a mis hombros mientras ya partía, mezcló con mis lágrimas estas tristes palabras: «Tú no puedes serme arrancado; juntos nos iremos de aquí, juntos», dijo; «te seguiré y así seré la esposa desterrada de un desterrado. También a mí se me ha impuesto la marcha y a mí también me recibe el confín del mundo; yo seré una ligera carga para tu nave de prófugo. A ti ha sido la cólera del César la que te ha ordenado abandonar tu patria, a mí el amor conyugal: este amor será mi César». Tales cosas eran las que intentaba ella conseguir, como lo habia intentado ya antes, y a duras penas cedió ante el interés de su permanencia en Roma.

    Salgo, o más bien aquello era ser llevado al sepulcro sin haber muerto, escuálido, con el pelo desgreñado sobre mi intonso rostro. Ella, enloquecida por el dolor (según se me ha dicho), perdidos los sentidos, cayó desvanecida en medio de la casa. Cuando volvió en sí, con los cabellos afeados por el sucio polvo, y levantó sus miembros del frío suelo, dicen que prorrumpió en lamentos por ella misma, por los Penates abandonados, y que invocó repetidas veces el nombre del esposo que se le había arrebatado, y que se lamentó como si hubiese visto colocados sobre la pira los cadáveres de su hija y su marido juntos; que deseó morir, y muriendo perder sus sentidos, pero que no murió por consideración hacia mí. ¡Que viva! Que viva y, puesto que así lo han querido los hados, me sostenga continuamente con su ayuda en mi ausencia. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos)

    Cum subit illius tristissima noctis imago,
          Qua mihi supremum tempus in urbe fuit,
    Cum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui,
          Labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.
    Iam prope lux aderat, qua me discedere Caesar
          Finibus extremae iusserat Ausoniae.
    Nec spatium nec mens fuerat satis apta parandi:
          Torquerant longa pectora nostra mora.
    Non mihi seruorum, comites non cura legendi,
          Non aptae profugo uestis opisue fuit.
    Non aliter stupui, quam qui Iouis ignibus ictus
          Viuit et est uitae nescius ipse suae.
    Vt tamen hanc animi nubem dolor ipse remouit,
          Et tandem sensus conualuere mei,
    Alloquor extremum maestos abiturus amicos,
          Qui modo de multis unus et alter erat.
    Vxor amans flentem flens acrius ipsa tenebat,
          Imbre per indignas usque cadente genas.
    Nata procul Libycis aberat diuersa sub oris,
          Nec poterat fati certior esse mei.
    Quocumque aspiceres, luctus gemitusque sonabant,
          Formaque non taciti funeris intus erat.
    Femina uirque meo, pueri quoque funere maerent,
          Inque domo lacrimas angulus omnis habet.
    Si licet exemplis in paruis grandibus uti,
          Haec facies Troiae, cum caperetur, erat.
    Iamque quiescebant uoces hominumque canumque,
          Lunaque nocturnos alta regebat equos.
    Hanc ego suspiciens et ad hanc Capitolia cernens,
          Quae nostro frustra iuncta fuere Lari,
    "Numina uicinis habitantia sedibus," inquam,
          "Iamque oculis numquam templa uidenda meis,
    Dique relinquendi, quos urbs habet alta Quirini,
          Este salutati tempus in omne mihi.
    Et quamquam sero clipeum post uulnera sumo,
          Attamen hanc odiis exonerate fugam,
    Caelestique uiro, quis me deceperit error,
          Dicite, pro culpa ne scelus esse putet.
    Vt quod uos scitis, poenae quoque sentiat auctor,
         Placato possum non miser esse deo."
    Hac prece adoraui superos ego: pluribus uxor,
          Singultu medios impediente sonos.
    Illa etiam ante lares passis astrata capillis
          Contigit exstinctos ore tremente focos,
    Multaque in aduersos effudit uerba Penates
          Pro deplorato non ualitura uiro.
    Iamque morae spatium nox praecipitata negabat,
          Versaque ab axe suo Parrhasis Arctos erat.
    Quid facerem? blando patriae retinebar amore:
          Vltima sed iussae nox erat illa fugae.
    A! quotiens aliquo dixi properante "quid urges?
          Vel quo festinas ire, uel unde, uide."
    A! quotiens certam me sum mentitus habere
          Horam, propositae quae foret apta uiae.
    Ter limen tetigi, ter sum reuocatus, et ipse
          Indulgens animo pes mihi tardus erat.
    Saepe "uale" dicto rursus sum multa locutus,
          Et quasi discedens oscula summa dedi.
    Saepe eadem mandata dedi meque ipse fefelli,
          Respiciens oculis pignora cara meis.
    Denique "quid propero? Scythia est, quo mittimur," inquam
          "Roma relinquenda est. utraque iusta mora est.
    Vxor in aeternum uiuo mihi uiua negatur,
          Et domus et fidae dulcia membra domus,
    Quosque ego dilexi fraterno more sodales,
          O mihi Thesea pectora iuncta fide!
    Dum licet, amplectar: numquam fortasse licebit
          Amplius. in lucro est quae datur hora mihi."
    Nec mora, sermonis uerba imperfecta relinquo.
          Complectens animo proxima quaeque meo.
    Dum loquor et flemus, caelo nitidissimus alto,
          Stella grauis nobis, Lucifer ortus erat.
    Diuidor haud aliter, quam si mea membra relinquam,
          Et pars abrumpi corpore uisa suo est.
    Sic doluit Mettus tunc cum in contraria uersos
          Vltores habuit proditionis equos.
    Tum uero exoritur clamor gemitusque meorum,
          Et feriunt maestae pectora nuda manus.
    Tum uero coniunx umeris abeuntis inhaerens
          Miscuit haec lacrimis tristia uerba meis:
    "Non potes auelli. simul hinc, simul ibimus:" inquit,
          "Te sequar et coniunx exulis exul ero.
    Et mihi facta uia est, et me capit ultima tellus:
          Accedam profugae sarcina parua rati.
    Te iubet e patria discedere Caesaris ira,
          Me pietas. pietas haec mihi Caesar erit."
    Talia temptabat, sicut temptauerat ante,
          Vixque dedit uictas utilitate manus.
    Egredior, siue illud erat sine funere ferri,
          Squalidus immissis hirta per ora comis.
    Illa dolore amens tenebris narratur obortis
          Semianimis media procubuisse domo:
    Vtque resurrexit foedatis puluere turpi
          Crinibus et gelida membra leuauit humo,
    Se modo, desertos modo complorasse Penates.
          Nomen et erepti saepe uocasse uiri,
    Nec gemuisse minus, quam si nataeque uirique
          Vidisset structos corpus habere rogos,
    Et uoluisse mori, moriendo ponere sensus,
          Respectuque tamen non periisse mei.
    Viuat, et absentem, quoniam sic fata tulerunt.
          Viuat ut auxilio subleuet usque suo.

  • Ovidio, autobiografía

    El poeta latino Publio Ovidio Nasón murió en el exilio, desesperado y enfermo, en el año 17 de nuestra era en Tomis, la actual Constanza, en Rumania, junto al mar Negro, entonces llamado Mar Euxino (mar favorable) aunque de ninguna manera era nada bueno. Había nacido el 20 de marzo del año 43 a.C., al año siguiente al asesinato de Julio César, en la ciudad de Sulmona, en el centro de Italia, al este de Roma y a unos 130 kilómetros de ella, de una vieja y rica familia; tenía, pues, 60 años cuando murió, muchos menos que su padre que murió a los 90.

    El poeta Ovidio murió en el exilio y está enterrado junto a la ciudad de Tomis

    Como corresponde a la vida de un exiliado olvidado, no conocemos con precisión el día exacto de su muerte, que probablemente ocurrió en el invierno. Han transcurrido desde el día en que marchó al Hades  2.000 años según la información que San Jerónimo incluye en su libro de las Crónicas de Eusebio en Chronicon 2033, que lo hace corresponder con el  año 18 de Cristo, con la Olimpiada 199, con el 4 del reinado de Herodes y con el 4 también de Tiberio. Curiosamente en ese mismo año murió también el historiador Tito Livio, pero en su patria Patavium, la Padua de hoy. Dice Jerónimo en Chronicon 2033:

    Ovidius poeta in exsilio perit, et juxta oppidum Tomos sepelitur”

    según la edición utilizada en http://www.documentacatholicaomnia.eu/04z/z_0347-0420__Hieronymus__Chronicun__MLT.pdf.html

    y con una pequeña variación en la edición de https://web.archive.org/web/20091113053637/http:/www.tertullian.org/fathers/jerome_chronicle_06_latin_part2.htm

    «Ovidius poeta in exilio diem obiit et iuxta oppidum Tomos sepelitur»

    Junto con Virgilio y Horacio son los tres grandes poetas de la época de Augusto, que  triunfaron al amparo de grandes protectores como Cayo Clinio Mecenas, cuyo nombre ha pasado a denominar a todo protector de las artes, y Marco Valerio Mesala Corvino, amigo de la familia de Ovidio y protector suyo especialmente.

    Los tres, aun siendo distintos, son figuras máximas de la poesía clásica y  han tenido una importancia decisiva en la configuración de la cultura occidental. Tal vez  el más leído, imitado e influyente en todas las artes y no sólo en la literatura, es Ovidio, aunque sea éste el menos valorado literariamente.

    Ovidio fue poco valorado literariamente

    Sin duda con excesivo rigor y juzgándole con criterios de gusto moderno J. Bayet  en su famosa Littérature Latine dice de él:

    al leer sus poemas de seguido, resultan monótonos”,

    a lire ses poemes de suite, on les trouve monotones” .

    Paladini y Castorina en su Storia della letteratura latina:

    “Ovidio, en definitiva, aparece como un gran versificador pero un poeta mediocre, si exceptuamos algunas elegías de “Amores” y de los “Tristia” y algunas partes de las “Metamorfosis”.

    (Ovidio, in definitiva, appare un gran verseggiatore e un mediocre poeta, ove si eccettuino alcune elegie degli «Amores» e dei «Tristia», più qualche parte delle «Metamorfosi»).

    Con criterios menos severos han de valorarse positivamente su facilidad para versificar y la abundancia de recursos formales, su creatividad, el conocimiento exhaustivo que el poeta muestra de la mitología, de  la tradición literaria y sus tópicos, su espíritu lúdico, irónico y juguetón, su sincero sentimiento personal en algunos de sus poemas.

    Algunos datos biográficos recogidos en sus obras

    Pues bien, de Ovidio tenemos datos biográficos dispersos en sus obras y sobre todo una “autobiografía”, que sin ser completa y exhaustiva, sí nos ofrece numerosos datos de interés que el poeta quiere transcribir durante  su exilio, al final de su vida. Más abajo la reproduciré íntegramente.

    Tenemos de Ovidio también dos importantes anécdotas: una feliz, cual es la facilidad  con la que componía versos, sobre la que escribí en su momento un artículo en este mismo blog, poesía don del cielo.

    La otra es algo más que una anécdota: en el año 8 de nuestra era el emperador Augusto, irritado no sabemos exactamente por qué, desterró sin remisión al poeta y le obligó a abandonar la ciudad, la Urbe, Roma, para siempre; acompañado de un soldado emprendió el viaje antes de finalizar el año hacia Tomis, en el Ponto Euxino, en el confín del Imperio, en la frontera con pueblos bárbaros; y allí murió triste.

    Se han dedicado infinitos esfuerzos durante siglos a encontrar la causa concreta de la decisión cruel de un dictador, que por otra parte parece que tenía hasta buen sentido del humor. En otro artículo trataré esta cuestión un poco más extensamente. Será suficiente en esta ocasión con decir que desde el exilio envió a Roma, a su esposa y a sus amigos –alguna también a sus enemigos-, numerosas cartas que conservamos bajo el título de Pónticas o Ex Ponto, y escribió cinco libros de elegías, algunas realmente emocionantes, a los que la tradición terminó por poner el nombre de “Tristia” (Tristezas, cosas tristes, poemas tristes, como prefiera interpretar el lector). Es precisamente en el libro IV en donde se incluye la citada autobiografía que más abajo reproduciré en español y en latín.

    Pero antes quiero relacionar sus obras y hacer una pequeña referencia a su importancia en la cultura de occidente.

    La primera,  Amores (conjunto de 50 poemas, escritos en  “dístico elegiaco” o estrofa de dos versos (δίστιχον , di-stichon, =dos líneas, filas), un hexámetro y un pentámetro, la escribió y recito a los 18 años. Canta los amores imaginados, que no reales, con su querida Corina y son un reflejo de la vida social y amorosa de los romanos y romanas en la época de Augusto.

    Arte de amar (Ars amandi o Ars amatoria), se propone en los dos primeros libros enseñar a los hombres a conquistar a las mujeres amadas y en el tercero a enseñar a las mujeres cómo conseguir a su amado. Pensaríamos hoy que fue un intento de buscar la igualdad de los dos sexos, al menos en los lances amatorios. Diríamos hoy que es una especie de “manual para ligar”. Es también un retrato de la sociedad romana. Parece ser que esta obra sirvió a Augusto como pretexto para condenar al poeta al exilio, a pesar de que estuvo circulando antes varios años, siete u ocho, por Roma.

    Remedia amoris pretende justamente lo contrario de Ars amandi, es decir, liberar y sanar a los enfermos de amor. Tal vez lo escribió para contentar a quienes se sintieron especialmente molestos con el atrevimiento del anterior.

    Cosméticos para el rostro femenino (Medicamina faciei feminae) es una pequeña rareza del que apenas se conservan 100 versos, dedicada a ofrecer recetas y remedios para conservar el buen tono, también espiritual, de las mujeres enamoradas. Parece como si Ovidio sospechase ya la extraordinaria importancia que con el paso del tiempo tendría la industria de la cosmética.

    Estas obras son las que le dieron  la injusta fama de poeta y hombre disoluto y si bien es verdad que cuando habla de “amor” no se refiere al platónico y romántico, sino al físico y carnal, su tono jocoso, desenvuelto, no justifican el juicio moral que el cristianismo, que luego se impuso, ha dictado de él como poeta “obsceno”, a pesar de que su influjo en la Edad Media y en el Renacimiento cristianos” fue enorme.

    Las Heroidas son una colección de 21 cartas de amor de mujeres protagonistas de la mitología que el poeta hace salir de su boca, estilete o cálamo.   Ovidio se autoproclama inventor de este curioso género literario, del que naturalmente, existía algún precedente, como la carta de Aretusa a su marido Licotas, que Propercio ofrece en su Elegía IV,6.  Como curiosidad comentaré que una de las cartas es de la poetisa Safo, único personaje no mitológico; y tres son contestaciones de los hombres amados. Son muchos los críticos a los que les resultan monótonas, a pesar del esfuerzo de imaginación que hace el poeta.

    Medea es una tragedia que no se conserva, muy valorada por el propio Ovidio y por autores antiguos como Quintiliano o Tácito. La trágica historia de esta mujer, sacerdotisa, maga, locamente enamorada de Jasón, que una vez abandonada es capaz de dar muerte al fruto habido de ese amor, impresionó a Eurípides, Séneca y a infinitos autores desde entonces.

    Se han perdido también una Gigantomaquia o poema épico sobre la lucha de los gigantes y una traducción abreviada de los Fenómenos de Aratonos de Arato, que también había traducido Cicerón y luego Germánico., que también había traducido Cicerón y luego Germánico.

    Las metamorfosis es sin duda su gran creación

    Las metamorfosis (Metamorphoseis,del griego μεταμόρφωσις, ‘transformación‘), es sin duda su gran creación y una de las obras maestras de la literatura latina, cuya lectura puede fascinar al lector. Versifica en 11.991 hexámetros las  transformaciones en estrellas, plantas, animales de 250 mitos grecolatinos que siguen cierto orden cronológico desde la creación del mundo hasta Augusto. Abandona en esta obra la elegía amorosa y sus características y mezcla características de la épica otras líricas, bucólicas o trágicas. En este libro, convertido en manual de mitología, se inspiraron pintores como Velázquez, Tiziano o Rubens y se siguen inspirando artistas actuales.

    Los Fastos, una de sus grandes obras que dejó incompleta

    Los Fastos se debieron escribir antes del destierro, aunque se publicaron hacia el año 12. En los seis libros que escribió se comentan día a día las fiestas y mitos romanos de los seis primeros meses, teniendo previsto completar el año. La palabra latina “fasti” en plural designa a listas de eventos religiosos o de personas basadas en el orden cronológico del calendario. El gramático del siglo II Paulo Festo, 78.4-5 L nos los define cuando dice:

    se llaman libros de Fastos a aquellos en los que se hace una descripción de todo el año. Los días fastos son pues los días festivos”

    Fastorum libri appellantur, in quibus totius anni fit descriptio; fasti enim dies festi sunt

    Se publicó esta primera parte en el año 8, año del exilio y no se sintió luego con fuerzas o facilidad suficiente para completar la obra, que es de un interés histórico y documental excepcional. Desde el punto de vista literario intenta en algún sentido emular la Eneida de Virgilio y servir a la mayor gloria y honra del emperador Augusto, de quien en todo caso ni consiguió el perdón ni el permiso para salir de Tomis, como tampoco lo consiguió luego de Tiberio.

    Obras de Ovidio mientras vivía en el destierro

    A su época en el destierro corresponden los tres libros que comento a continuación:

    Ibis es una invectiva o poema elegiaco de 644 versos, escrito durante el exilio, en el que sirviéndose de historias míticas maldice y ataca a un individuo que le está perjudicando y haciendo daño al que le desea los terribles castigos de los mitos.

    A los poemas Tristes (Tristia) y Cartas del Ponto o Pónticas (Epistulae ex Ponto) ya he hecho referencia al comienzo del artículo.  Son obras constituidas por cartas a sus familiares y amigos en las que pide que intercedan ante el emperador para conseguir el perdón y describe también su vida entre los escitas, entre los sármatas y getas, pueblo nómada relacionado con los dacios y tracios.

    Tristes (Tristia), el nombre es suficientemente expresivo, son cinco libros que giran en torno a la tristeza que le produjo el destierro y a la petición insistente al emperador de que le perdone. Algunos de los pasajes, como el de la última noche en Roma, son los más conocidos y valorados del poeta.

    Las Cartas desde el Ponto son epístolas a su mujer y amigos en Roma, en las que se repiten los temas de los Tristia y la petición de clemencia. La forma poética de estas cartas y su propio contenido es lo que le mantiene vivo en una tierra hostil y peligrosa, de dura naturaleza en la que carece de todas las comodidades que el amó, incluida persona alguna con la que hablar en latín o griego.

    Se conservan también unas cuantas obras  que fueron atribuidas a Ovidio y que hoy se consideran espurias: La Consolación de Livia (Consolatio ad Liviam) , Sobre la pesca (Halieutica) , La Nuez, El Sueño.

    No puedo sino aconsejar la lectura de esta inmensa producción que desde hace dos milenios viene interesando e influyendo en toda la cultura occidental. Influyó en autores latinos que le siguieron como Séneca, Lucano, Estacio… aunque pesó sobre él el juicio moral de sus obras eróticas y para los cristianos es el poeta pagano por excelencia. La Edad Media, ya desde época carolingia veneró a Ovidio, sobre todo las Metamorfosis y sus libros eróticos, hasta el punto de que al siglo XII se le llamó “Aetas Ovidiana”; en esta época los poetas lo consideran el gran maestro del amor al que imitar, como el Chrétien de Troyes de hacia 1160; pero también se sirven de Ovidio para manifestar el rechazo a la sexualidad, la reprobatio amoris, a partir de su Remedia amoris.

    Resultó, pues, indispensable en la Edad Media y en el Renacimiento, si bien convenía no solo expurgarlo de algunos elementos sino incluso encontrar en él referencias bien claras a la religión cristiana,  y para ello se crea a principios del siglo XIV el famoso L’Ovide moralisé, adaptación cristianizada en francés de las Metamorfosis nada menos que en 72.000 versos octosílabos.

    Boccaccio, Dante, Tasso, Cervantes, Lope de Vega, CalderónCamoens fueron atraídos por las obras de Ovidio, que no han dejado de seguir presentes hasta nuestros días.

    Tal vez el propio poeta previó la importancia de su obra y su perenne influencia cuando nos dice al final de las Metamorfosis, en en libro XV,  871-879 :

    Ya he dado fin a una obra que no podrán aniquilar ni la cólera de Júpiter ni el fuego ni el hierro ni wl tiepo devorador. Que ese día  que no tiene derecho a otra cosa más que a mi cuerpo acabe cuando quiera con el transcurso de mi vida incierta ; pero en la mejor parte de mí yo viajaré inmortal por encima de los astros de las alturas, y mi nombre será indestructible, y por donde se extiende el poder de Roma sobre la tierra subyugada, la gente me leerá de viva voz, y gracias a la fama, si algo de verídico tienen los presentimientos de los poetas, viviré por todos los siglos. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Edit. Alma Mater. 1994)

    Iamque opus exegi, quod nec Iovis ira nec ignis
    nec poterit ferrum nec edax abolere vetustas.
    Cum volet, illa dies, quae nil nisi corporis huius
    ius habet, incerti spatium mihi finiat aevi :
    parte tamen meliore mei super alta perennis
    astra ferar, nomenque erit indelebile nosgtrum,
    quaque patet domitis Romana potentia terris.
    Ore legar populi perque omnia saecula fama,
    siquid habent veri vatum presagia, vivam

    La tristeza fue protagonista en sus escritos en el exilio

    Por lo demás la tristeza y melancolía de sus escritos desde Tomis han inspirado a otros muchos autores que también han sufrido el exilio, como Cesare Pavese (1908-1950) con su Tierra de exilio (Terra d’esilio, 1936) desde su residencia de Brancaleone, en la Calabria a donde fue confinado por actividades antifascistas,   y Ossip Mandelstam (1891-1938), deportado por Stalin al Gulag, muerto en Vladivostock, que escribió precisamente una obra titulada precisamente “Tristia” en 1922.

    Su autobiografía en la Elegía 10 del libro IV de los Tristia

    La Elegía 10 del libro IV de los Tristia es una autobiografía que en poco más de 130 versos hace un recorrido desde su infancia a su vejez. Es, desde luego, la mejor fuente de datos para conocer la vida del poeta. Es esta una obra muy peculiar de Ovidio, en dísticos elegiacos (un hexámetro más un pentámetro), similar en su estructura a una pieza retórica, escrita desde el exilio, casi al final de su vida,  de la que no hay precedentes en la historia de la Literatura Latina.

    En la primera parte hace una descripción de su familia : sus padres, su hermano, sus esposas, su hija, su hijastra, sus parientes, sus amigos literatos, su actividad políticoadministrativa o « cursus honorum » que pronto abandonó. Luego, hasta el final, se refiere una y otra vez al « error » cometido que le supuso el destierro y su estancia en Tomis.

    El exceso de elementos retóricos, propio del estilo de Ovidio, que a veces le hacen un tanto oscuro, su monotonia y su tono general de poeta mundano preocupado tan solo por una vida cómoda y muelle, le han hecho acreedor con frecuencia de críticas negativas, como dije al principio de este artículo ; pero también tiene poemas de un profundo sentimiento y lirismo, como la Elegía tercera del libro I de las Tristes, que comentaré en un artículo posterior.

    TRISTES, IV, 10

    ¡Entérate, posteridad, si quieres saber quién he sido yo, el famoso poeta cantor de tiernos amores que estás leyendo! Tengo por patria Sulmona, abundante en frescas aguas, que dista de Roma noventa millas. Aquí nací yo y, para que no dejes de saber cuándo, el año en que fatalmente cayeron ambos cónsules.

    Si ello significa algo, tengo una larga ascendencia de antepasados de mi clase, no he Llegado a caballero por ningún don reciente de fortuna. Pero no he sido el primogénito:me engendraron cuando ya mi hermano había nacido, cosa que había sucedido doce meses antes. El mismo Lucero presidió el nacimiento de ambos: un mismo día había celebración, con dos tartas de aniversario. Es uno de los cinco días de las fiestas de Minerva armada: el primero de los que
    suelen ensangrentarse con la lucha. Empezó nuestra educación aún niños y, por iniciativa de mi padre, asistimos en la ciudad a las clases de hombres distinguidos en las artes liberales. Mi hermano se inclinaba a la oratoria desde temprana edad: había nacido para las duras lides del foro parlanchero. En cambio a mí, ya desde niño, me gustaban los divinos sacrificios y la Musa me arrastraba furtivamente a sus tareas. Con frecuencia me decía mi padre: <<¿Por qué emprendes una afición inútil? Ni siquiera el mismo Homero dejó fortuna»

    Aquellas razones me conmovían y, abandonando por completo el Helicón, intentaba escribir palabras carentes de ritmo. Por su propia iniciativa acudía el poema en patrones métricos y cuanto intentaba decir resultaba verso.

    Entre tanto, una vez los años se fueron deslizando con paso quedo, mi hermano y yo tomamos la toga que nos iba a dar mayor libertad: la púrpura en ancha franja nos ciñó los hombros y persistió en nosotros igual inclinación que anteriormente.

    Ya mi hermano había duplicado la decena de años cuando murió y empecé a echar en falta una parte de mí mismo.

    Ejercí los primeros cargos políticos de juventud y un tiempo fui uno de los triunviros. Me faltaba el senado: yo dejé estrecha la dimensión de mi franja; aquello era una carga superior a mis fuerzas. No tuve ni un cuerpo endurecido ni un espíritu dispuesto a la competitividad. Yo era un desertor de la inquieta ambición y las hermanas Aonias me aconsejaban sus ocios retirados, que mi talante siempre amó. Trate a los poetas de aquella época y cultivé su amistad; y cualquiera de los que tenía ante mí me hacía pensar que estaban allí los dioses.

    Con frecuencia Emilio Macer, algo mayor que yo, me leía de sus aves, de la serpiente dañina, de la hierba benéfica; con frecuencia solía Propercio recitarme sus fuegos, por derecho de amistad, en la que estábamos unidos. Póntico, que destacaba en la poesía épica, y Baso, en la yámbica, fueron miembros amables de mi círculo. Y también el armonioso Horacio cautivó nuestros oídos cuando recitaba sus refinados poemas acompañado de la lira Ausonia. A Virgilio tan sólo lo vi; y el destino avariento no concedió tiempo a mi amistad con Tibulo, que fue tu sucesor, Galo, como Propercio lo fue de Virgilio. Yo mismo he sido el cuarto del grupo, en orden cronológico. Y, al igual que yo honraba a los mayores, los más jóvenes lo hacían conmigo: no tardó en darse a conocer mi Talía.

    Cuando empecé a leer en público mis poemas juveniles me había rasurado la barba tan sólo dos veces, o una sola quizá. Me había inspirado la que sería cantada por toda la Ciudad y que llamé con el nombre ficticio de Corinna. Desde luego he escrito mucho, pero aquello que he juzgado mediocre lo he entregado yo mismo al fuego para que lo corrija. Incluso en el momento de partir al destierro queme alguna cosa, que pudo haber gustado, sólo por enojo contra mi propia inclinación y mis poemas.

    Mi corazón era tierno y no era precisamente inexpugnable ante los dardos de Cupido: lo movía la más liviana pasión. Con todo, aun estando aquí y pudiendo encenderme a la menor chispa, no corrió ningún chisme a cuenta de mi nombre.

    Siendo casi un chiquillo me dieron una esposa que no fue ni adecuada ni útil y que estuvo poco tiempo casada conmigo. A ésta sucedió una mujer que, aunque irreprochable, no iba a ser la definitiva en mi lecho. La última, que permaneció conmigo hasta los años tardíos, soportó el ser la mujer de un desterrado.

    Mi hija, en su primera juventud fecunda, me hizo abuelo dos veces, pero no con el mismo marido. Ya entonces mi padre había cerrado el ciclo de su vida, después de completar nueve lustros con otros nueve. No lloré ni más ni menos de lo que hubiera llorado él de haber desaparecido yo. Rendí pronto los últimos honores a mi madre. ¡Felices ambos y enterrados a tiempo, porque murieron antes de llegar al día de mi condena! ¡Feliz yo también, porque me llega la desgracia cuando ellos no están vivos y no han tenido que sufrir por mí.  Sin embargo, si algo queda dc los muertos aparte del nombre, y, si una sombra venturosa escapa de la pira; si os llegase mi fama, oh sombras paternas, y mis delitos se hallan ante los tribunales Estigios, sabed, os lo ruego,  – y no puedo engañaros a vosotros que se ha ordenado mi destierro por un error, no por un crimen.

    Con ello basta a los Manes: vuelvo con vosotros, corazones que anheláis saber los hechos de mi vida. Despedidos mis mejores años, ya me habían llegado las canas y se habían mezclado con mi antiguo color de cabello; y, después de mi nacimiento coronado por ramas de olivo de Pisa, se había premiado diez veces al jinete vencedor cuando el enojo de un príncipe ofendido me ordenó marchar a Tomi, situada en la margen izquierda del mar Euxino. La causa de mi caída es ya demasiado conocida: no tengo que dar razón de ella con mis propias palabras. ¿Para qué recordar la iniquidad de unos amigos y a unos esclavos insidiosos? Mucho tuve que soportar, no más leve que el mismo destierro.

    Mi espíritu se resistió a sucumbir frente a la desgracia y aguantó invencible, gracias a sus propios esfuerzos; y, olvidándome de mí mismo y de la vida de ocio que había llevado, armé a la ventura mi mano inexperta. Y, por tierra y por mar, he soportado tantos avatares como estrellas hay entre el nadir y el cenit. Por fin, tras dar muchos tumbos, alcancé las costas cercanas al pueblo de los arqueros Sármatas y de los Getas. En tal lugar yo, aun oyendo enderredor el estrépito cercano de las armas, aligero como puedo mis destinos por medio de la poesía; porque, aun no habiendo nadie que le preste oídos, sin embargo, así empleo y voy engañando el tiempo.

    Así pues, si sigo viviendo y hago frente a penosos sufrimientos y no se adueña de mí la desidia de las nimiedades diarias, a ti te lo agradezco, Musa: pues tú me proporcionas tus consuelos, tú el alivio a mis temores, tú la medicina de mis males. Tú eres mi jefe y compañera, tú me sacas del Histro y me proporcionas un lugar en medio del Helicón; tú me has dado, cosa inusual en vida, un nombre famoso, lo cual suele otorgar la fama después de las exéquias. Ni siquiera la Envidia, que empequeñece cuanto tiene ante sí, ha mordido con su diente malévolo ninguna de mis obras. Pues, aun habiéndonos traído nuestra época grandes poetas, la fama no se ha puesto de mal talante con mi ingenio y, aunque yo pongo a muchos por encima de mí, no se me considera inferior a ellos y por todo el mundo soy muy leído.

    Así pues, si algo hay de verdad en los vaticinios, cuando muera no seré totalmente tuyo, tierra.

    Bien si he recibido esta fama por tu fervor o bien si la alcancé con mi calidad poética, intachable lector, en justicia te doy las gracias.”
    (Traducción de José Ignacio Ciruelo, Edit.Bosch. 1979)

    Tristia, IV, 10
    Ille ego qui fuerim, tenerorum lusor amorum,
    quem legis, ut noris, accipe posteritas.
    Sulmo mihi patria est, gelidis uberrimus undis,
    milia qui novies distat ab urbe decem.
    editus hic ego sum, nec non, ut tempora noris,
    cum cecidit fato consul uterque pari
    si quid id est, usque a proavis  vetus ordinis heres
    non modo fortunae munere factus eques,
    nec stirps prima fui; genito sum fratre creatus,
    qui tribus ante quater mensibus ortus erat.
    Lucifer amborum natalibus affuit idem:
    una celebrata est per duo liba dies;
    haec est armiferae  festis de quinque Minervae,
    quae fieri pugna prima cruenta solet.
    protinus excolimur teneri curaque parentis
    imus ad insignes urbis ab arte viros.
    frater ad eloquium viridi tendebat ab aevo,
    fortia verbosi natus ad arma fori,
    at mihi iam puero caelestia sacra placebant,
    inque suum furtim Musa trahebat opus.
    saepe pater dixit ‘studium quid inutile temptas :
    Maeonides nullas ipse reliquit opes.’
    motus eram dictis, totoque Helicone relicto
    scribere temptabam  verba soluta modis.
    sponte sua carmen numeros veniebat ad aptos,
    et quod temptabam scribere  versus erat.
    interea tacito passu labentibus annis
    liberior fratri sumpta mihique toga est,
    induiturque umeris  cum lato purpura clavo,
    et studium nobis, quod fuit ante, manet.
    iamque decem vitae frater geminaverat annos,
    cum perit, et coepi parte carere mei.
    cepimus et tenerae primos aetatis honores,
    eque  viris quondam pars tribus una fui.
    curia restabat . clavi mensura coacta est,
    maius erat nostris viribus illud onus.
    nec patiens corpus, nec mens fuit apta labori,
    sollicitaeque fugax ambitionis eram,
    et petere Aoniae suadebant tuta sorores
    otia, iudicio semper amata meo.
    temporis illius colui fovique poëtas,
    quotque aderant vates, rebar adesse deos.
    saepe suas volucres legit mihi grandior aevo,
    quaeque nocet  serpens, quae iuvat  herba. Macer.
    saepe suos solitus recitare Propertius ignes,
    iure sodalicii, quo  mihi iunctus erat.
    Ponticus heroo, Bassus quoque clarus iambis
    dulcia convictus membra fuere mei.
    et tenuit nostras numerosus Horatius aures;
    dum ferit Ausonia carmina culta lyra.
    Vergilium vidi tantum : nec avara Tibullo
    tempus amicitiae fata dedere meae.
    successor fuit hic tibi, Galle, Propertius illi;
    quartus ab his sene temporis ipse fui.
    utque ego maiores, sic me coluere minores,
    notaque non tarde facta Thalia mea est.
    carmina cum primum populo iuvenalia legi,
    barba resecta mihi bisve semelve fuit.
    moverat ingenium totam cantata per urbem
    nomine non vero dicta Corinna mihi.
    multa quidem scripsi, sed, quae vitiosa putavi,
    emendaturis ignibus ipse dedi.
    tunc quoque, cum fugerem, quaedam placitura cremavi,
    iratus studio carminibusque meis.
    molle Cupidineis nec inexpugnabile telis
    cor mihi, quodque levis causa moveret, erat.
    cum tamen hic essem minimoque accenderer igni,
    nomine sub nostro fabula nulla fuit.
    paene mihi puero nec digna nec utilis uxor
    est data, quae tempus per breve nupta fuit.
    illi successit, quamvis sine crimine coniunx,
    non tamen in nostro firma futura toro.
    ultima, quae mecum seros permansit in annos;
    sustinuit coniunx exulis esse viri.
    filia me mea bis prima fecunda iuventa,
    sed non ex uno coniuge, fecit avum.
    et iam complerat genitor sua fata novemque
    addiderat lustris altera lustra novem.
    non aliter flevi, quam me fleturus ademptum
    ille fuit. Matri  proxima busta tuli.
    felices ambo tempestiveque sepulti,
    ante diem poenae quod periere
    meae! me quoque felicem, quod non viventibus illis
    sum miser, et de me quod doluere nihil!
    si tamen extinctis aliquid nisi nomina restat,
    et gracilis structas effugit umbra rogos,
    fama, parentales, si vos mea contigit, umbrae,
    et sunt in Stygio crimina nostra foro,
    scite, precor, causam (nec vos mihi fallere fas est)
    errorem iussae, non scelus, esse fugae.
    Manibus hoc satis est: ad vos, studiosa, revertor,
    pectora, quae vitae quaeritis acta meae.
    iam mihi canities pulsis melioribus annis
    venerat, antiquas miscueratque comas,
    postque meos ortus Pisaea vinctus oliva
    abstulerat deciens praemia victor eques,
    cum maris Euxini positos ad laeva Tomitas
    quaerere me laesi principis ira iubet.
    causa meae cunctis nimium quoque nota ruinae
    indicio non est testificanda meo.
    quid referam comitumque nefas famulosque nocentes?
    Ipsa  multa tuli non leviora fuga.
    indignata malis mens est succumbere seque
    praestitit invictam viribus usa suis;
    oblitusque mei ductaeque per otia vitae
    insolita cepi temporis arma manu;
    totque tuli terra casus pelagoque quot inter
    occultum stellae conspicuumque polum.
    tacta mihi tandem longis erroribus acto
    iuncta pharetratis Sarmatis ora Getis.
    hic ego, finitimis quamvis circumsoner armis,
    tristia, quo possum, carmine fata levo.
    quod quamvis nemo est, cuius referatur ad aures,
    sic tamen absumo decipioque diem.
    ergo quod vivo duosque laboribus obsto,
    nec me sollicitae taedia lucis habent,
    gratia. Musa, tibi: nam tu solacia praebes,
    tu curae requies, tu medicina venis.
    tu dux et comes es, tu nos abducis ab Histro,
    in medioque mihi das Helicone locum;
    tu mihi, quod rarum est, vivo sublime dedisti
    nomen, ab exequiis quod dare fama solet,
    nec, qui detractat praesentia, Livor iniquo
    ullum de nostris dente momordit opus.
    nam tulerint magnos cum saecula nostra poetas,
    non fuit ingenio fama maligna meo,
    cumque ego praeponam multos mihi, non minor illis
    dicor et in toto plurimus orbe legor.
    si quid habent igitur vatum praesagia veri,
    protinus ut moriar, non ero, terra, tuus.
    sive favore tuli, sive hanc ego carmine famam,
    iure tibi grates, candide lector, ago.

  • La poesía es medicina del alma.( Ovidio I)

    El día 21 de marzo de cada año se celebra el Día mundial de la poesía”. Es un día para cantar las excelencias del quehacer poético. En este blog son numerosas las ocasiones en que de poesía he hablado.

    Recordaré tan sólo un par de ártículos:https://www.antiquitatem.com/poesia-don-del-cielo-carmen-vate-ovidio

    https://www.antiquitatem.com/aut-insanit-homo-aut-versus-facit-horaci

    Pues bien, este año 2017 se conmemora el bimilenario de la muerte del poeta latino Ovidio en su destierro de Tomis, en las costas del Ponto Euxino, luego el Mar Negro. Allí fue expulsado por un severo emperador Augusto, disgustado con el poeta.

    Como detalle curioso diré también que Ovidio había nacido un 20 de marzo del año 43 a.C., el año anterior al asesinato de Julio César, la víspera del día que mucho después, en 1999, fijo la UNESCO para celebrar a los poetas del mundo y su capacidad creativa.

    Una y otra vez nos dice Ovidio en sus poemas, que escribió en el destierro, en sus Tristezas (Tristia) y Cartas desde el Ponto (Ponticas o Ex Ponto), que una de las causas de su condena fue haber escrito un librito de poesías eróticas, su célebre Arte de Amar (Ars Amandi). La otra causa, sin duda más grave, fue cierta indiscreción o visión de algo prohibido que no aclara.

    En aquel destierro entre pueblos bárbaros semisalvajes en donde carece de todas las comodidades de su vida de Roma, sólo le queda el consuelo de la poesía, como él mismo confiesa. Así que si la poesía fue la causa de su ruina, también fue su consuelo en los momentos difíciles. Como dice el refrán popular: “quien canta sus males espanta”, recogido también por Cervantes en su Quijote, I, 22.

    El cual era un mozo de hasta edad de veinte y cuatro años, y dijo que era natural de Piedrahíta. Lo mesmo preguntó don Quijote al segundo, el cual no respondió palabra, según iba de triste y malencónico; mas respondió por él el primero, y dijo:
    –éste, señor, va por canario; digo, por músico y cantor.
    –Sí, señor –respondió el galeote–, que no hay peor cosa que cantar en el ansia.
    –Antes, he yo oído decir –dijo don Quijote– que quien canta sus males espanta.
    –Acá es al revés –dijo el galeote–, que quien canta una vez llora toda la vida.
    –No lo entiendo –dijo don Quijote.
    Mas una de las guardas le dijo:
    –Señor caballero, cantar en el ansia se dice, entre esta gente non santa, confesar en el tormento.

    Esta idea la reitera Ovidio una y otra vez en sus poemas, pero tiene uno especialmente centrado en esta cuestión, la elegía primera del libro IV de sus Tristia o Tristezas.

    Como gran parte de la poesía de Ovidio, resulta un tanto retórica, plagada además de referencias a la mitología grecolatina, que puede hacer su lectura un tanto difícil y pesada para los tiempos modernos. Pero me parece una buena manera de conmemorar este año 2017 el Día Mundial de la poesía celebrando también el “bimilenario” de la muerte de Ovidio.

    Transcribo, pues, íntegra la elegía Tristia, IV, 1 que titulan las ediciones “El poeta entre los getas” (pueblo semibárbaro del Ponto Euxino), con las suficientes notas para aclarar el sentido aun a riesgo de destrozar el poema; todo ello según la traducción de José González Vázquez para Editorial Gredos, 2001.:

    EL POETA ENTRE LOS GETAS

    Si algunas imperfecciones hubiera, como las habrá, en mis libritos, excúsalas, lector, en atención a sus circunstancias. Estaba exiliado y busqué el descanso, no la fama, a fin de que mi mente no estuviese tan absorta en sus desgracias. Esta es la razón por la que también canta el condenado a cavar sujeto con grillos, cuando suaviza con una rústica melodía su penoso trabajo. Canta también, apoyándose en la limosa arena y con el cuerpo inclinado hacia adelante, aquel que arrastra contra corriente la lenta balsa; y aquel que lleva y trae al pecho los flexibles remos, a la vez que los demás remeros, bate el agua con el impulso rítmico de sus brazos. Cuando el pastor fatigado se apoya sobre el bastón o se sienta sobre la roca, deleita a sus ovejas con el canto de la flauta. El quehacer de la esclava que canta a la vez que hila la tarea encomendada, se engaña y olvida. Se dice que, entristecido Aquiles al serle arrebatada la joven de Lirneso, alivió sus cuitas con la lira hemonia(1).  Orfeo, mientras atraía con su canto a las selvas y las duras rocas, estaba afligido por haber perdido dos veces a su esposa(2). 

    También a mí, que voy a los lugares del Ponto que se me han impuesto, me consuela la Musa: ella es la única compañera de destierro que me ha quedado; es la única que no teme las emboscadas, ni la espada del soldado síntico(3) , ni el mar, ni los vientos, ni la barbarie. Sabe también, en el momento en que se produjo mi ruina, qué error me engañó y que en mi actuación hubo culpa pero no delito; seguramente por esto mismo hoy me es favorable, porque en otro tiempo me fue nociva, cuando fue acusada conmigo de un delito común.

    Verdaderamente querría, ya que habrían de perjudicarme, no haber puesto mis manos en los misterios de las Piérides(4).  Pero ahora, ¿qué puedo hacer? La fuerza misma de su culto me posee y, como un loco, amo la poesía que me ha herido. Así el desconocido loto, saboreado por el paladar duliquio, fue con su sabor al mismo tiempo agradable y nocivo(5). El amante casi siempre siente lo que le hace daño y, sin embargo, se apega a ello y persigue el objeto de su falta. A mí también mis libritos, aunque me han hecho daño, me deleitan, y amo el arma que me causó las heridas. Acaso esta afición puede parecer locura, pero esta locura tiene una cierta utilidad: evita que mi mente esté siempre ocupada en la contemplación de sus desgracias y le hace olvidar su suerte actual. Y así como la bacante herida no siente su dolor, mientras se halla delirante tras haber prorrumpido en alaridos con ritmos ideos(6), del mismo modo cuando mi pecho arde, excitado por el verde tirso, mi espíritu se halla muy por encima de las desgracias humanas. No siente éste ni el exilio, ni las costas del Ponto escítico, ni la cólera de los dioses; y como si bebiera copas de la soporífera Lete(7), así se aleja de mí el sentido de la adversidad. Con justicia venero, pues, a las diosas que alivian mis males, que han venido solicitas desde el Helicón(8) como compañeras de mi destierro, y que se han dignado, en parte por mar y en parte por tierra, seguir mis huellas en nave o a pie. Ruego que éstas, al menos, me sean propicias, ya que la restante muchedumbre de los dioses está de parte del gran César, y me colman de tantas desgracias como arenas tiene la playa, peces el mar y huevos el pez.

    Antes podrías contar las flores en primavera, las espigas en verano, los frutos en otoño y los copos de nieve en invierno9, que los males que yo sufro zarandeado por el mundo entero, mientras me dirijo, ¡desdichado de mí!, a los siniestros litorales del Ponto Euxino. Ni se vaya a pensar que, desde que llegué, se ha hecho más llevadera mi mala fortuna: también hasta aquí ha seguido el destino mi camino; aquí también conozco los hilos de mi natalicio, hilos hechos para mí de negro vellón. Y sin referirme a los riesgos y peligros que corre mi vida, reales en verdad, pero más difíciles de creer, ¡que desgracia es vivir entre los besos y los getas(10) para aquel que siempre estuvo en boca del pueblo! ¡Qué desgracia es proteger su vida con una puerta y una muralla y apenas hallarse defendido por las fuerzas del lugar!

    Joven hui  de los duros combates de la milicia y no he manejado armas con mi mano sino para jugar; ahora, ya anciano, tengo la espada en el costado, el escudo en la mano izquierda y el yelmo sobre mis blancos cabellos. Pues tan pronto como el centinela da la señal de alarma desde lo alto de su atalaya, tomamos inmediatamente las armas con mano temblorosa. El enemigo, armado con arcos y flechas envenenadas, ronda las murallas con ademán terrible sobre su jadeante caballo; y así como el lobo raptor lleva arrastrando por sembrados y bosques a la oveja que no se refugió en el redil, de la misma manera el bárbaro enemigo captura a aquel que encuentra en el campo por no haberse puesto aún al abrigo de las puertas: o es llevado prisionero encadenado por el cuello, o muere de una flecha envenenada.

    Aquí es donde yo, nuevo habitante de este inquieto lugar de residencia, me escondo: ¡ay, curso demasiado lento de mi destino! Y, sin embargo, la Musa, que me visita en medio de tantas desgracias, me ayuda a volver a los versos y a su antiguo culto. Pero ni hay nadie a quien recite mis poemas ni quien entienda con sus oídos palabras latinas. Yo mismo (pues ¿qué otra cosa puedo hacer?) escribo y leo para mí, y mis escritos están a salvo de la crítica. Sin embargo, me dije a menudo: «¿Para quién trabaja ahora este afán? ¿Es que van a leer mis escritos los sármatas o los getas?›› Muchas veces lloré también al escribir y las letras se humedecieron con mi llanto; mi corazón siente sus antiguas heridas como nuevas y sobre mi seno resbala una lluvia de afligidas lágrimas. Cuando por mi cambio de suerte recuerdo quién soy y quién fui y pienso a dónde y de dónde me ha llevado el azar, con frecuencia mi mano, arrebata por la locura y airada con sus aficiones y consigo misma, echó mis poemas al fuego con la intención de quemarlos. Y así, puesto que de los muchos versos que había no quedan más que unos pocos, cuando leas éstos, quienquiera que seas, hazlo con benevolencia. Tú también, Roma, prohibida para mí, admite como bueno este poema, que no es mejor de lo que lo son las circunstancias en que vivo. (Traducción de José González Vázquez para Editorial Gredos, 2001).:

    Notas:
    1.  Briseida era hija de Brises, sacerdote de la ciudad de Lirneso. Esclava y botín de Aquiles, le fue arrebatada por Agamenón; Aquiles, enfadado, abandonó la lucha ante el sitio de Troya. Se llama “hemonia” a la lira porque Hemonia era una provincia de Tracia y fue el regalo de Hermes al tracio Orfeo.

    2. Orfeo es el músico y cantor por excelencia, que con su lira y cítara atraía a las fieras y las plantas y rocas se inclinaban a su paso. Bajó a los infiernos en busca de su amada Eurídice, muerta por la picadura de una serpiente cuando huía del acoso de Aristeo. Hades y  Perséfone acceden a entregarle su esposa con la condición de que Orfeo vaya delante en su salida del infierno y no vuelva la vista para verla hasta la llegada a la tierra; pero Orfeo duda de si su esposa le sigue y se vuelve para verla. En ese momento Eurídice muere de nuevo, vuelve al Infierno y Orfeo ya no puede recuperarla.

    3. Los “sintos” son unos habitantes de Macedonia y por extensión designa también a los tracios.

    4. Las Musas.

    5. Alusión al episodio de la Odisea IX, 82 y ss. en que Ulises u Odiseo y sus compañeros se detienen en el país de los lotófagos, o comedores de loto, planta que hace olvidar. Duiliquio era una isla vecina a Itaca y por eso se le llama así a Ulises y sus compañeros.

    6. Por la relación del monte frigio Ida con los ritos del culto a Cibeles.

    7. El Lete o Leteo (de donde deriva “letal”) es un río de los Infiernos, cuyas aguas hacían olvidar a los muertos su vida anterior.

    8. Es el monte sagrado en el que viven las Musas.

    9. Son ejemplos de “adynata” o hechos imposibles (del griego…bbbbbb). Son recursos retóricos a los que tan aficionado es el poeta.

    10. Dos de los pueblos bárbaros del Ponto.

    Tristia, IV 1

    Siqua meis fuerint, ut erunt, vitiosa libellis,
    excusata suo tempore, lector, habe.
    exul eram, requiesque mihi, non fama petita est,
    mens intenta suis ne foret usque malis.
    hoc est cur cantet vinctus quoque compede fossor,
    indocili numero cum grave mollit opus.
    cantat et innitens limosae pronus harenae,
    adverso tardam qui trahit amne ratem;
    quique refert pariter lentos ad pectora remos,
    in numerum pulsa brachia pulsat aqua.
    fessus ubi incubuit baculo saxove resedit
    pastor, harundineo carmine mulcet oves.
    cantantis pariter, pariter data pensa trahentis,
    fallitur ancillae decipiturque labor.
    fertur et abducta Lyrneside tristis Achilles
    Haemonia curas attenuasse lyra.
    cum traheret silvas Orpheus et dura canendo
    saxa, bis amissa coniuge maestus erat.
    me quoque Musa levat Ponti loca iussa petentem.
    sola comes nostrae perstitit illa fugae;
    sola nec insidias, Sinti nec 2 militis ensem,
    nec mare nec ventos barbariamque timet.
    scit quoque, cum perii, quis me deceperit error,
    et culpam in facto, non scelus, esse meo,
    scilicet hoc ipso nunc aequa, quod obfuit ante,
    cum mecum iuncti criminis acta rea est.
    non equidem vellem, quoniam nocitura fuerunt,
    Pieridum sacris inposuisse manum,
    sed nunc quid faciam? vis me tenet ipsa sacrorum,
    et carmen demens carmine laesus amo.
    sic nova Dulichio lotos gustata palato
    illo, quo nocuit, grata sapore fuit.
    sentit amans sua damna fere, tamen haeret in illis,
    materiam culpae persequiturque suae.
    nos quoque delectant, quamvis nocuere, libelli,
    quodque mihi telum vulnera fecit, amo.
    forsitan hoc studium possit furor esse videri,
    sed quiddam furor hic utilitatis habet,
    semper in obtutu mentem vetat esse malorum,
    praesentis casus inmemoremque facit,
    utque suum Bacche non sentit saucia vulnus,
    dum stupet Idaeis exululata modis,
    sic ubi mota calent viridi mea pectora thyrso,
    altior humano spiritus ille malo est.
    ille nec exilium, Scythici nec litora ponti,
    ille nec iratos sentit habere deos.
    utque soporiferae biberem si pocula Lethes,
    temporis adversi sic mihi sensus abest. 
    iure deas igitur veneror mala nostra levantes,
    50sollicitae  comites ex Helicone fugae,
    et partim pelago partim vestigia terra
    vel rate dignatas vel pede nostra sequi,
    sint, precor, haec saltem faciles mihi! namque deorum
    cetera cum magno Caesare turba facit,
    meque tot adversis cumulant, quot litus harenas,
    quotque fretum pisces, ovaque piscis habet,
    vere prius flores, aestu numerabis aristas,
    poma per autumnum frigoribusque nives,
    quam mala, quae toto patior iactatus in orbe,
    dum miser Euxini litora laeva peto.
    nec tamen, ut veni, levior fortuna malorum est :
    huc quoque sunt nostras fata secuta vias.
    hic quoque cognosco natalis stamina nostri,
    stamina de nigro vellere facta mihi.
    utque neque insidias capitisque pericula narrem,
    vera quidem, veri  sed graviora fide,
    vivere quam miserum est inter Bessosque Getasque
    illum, qui populi semper in ore ruit .
    quam miserum est, porta vitam muroque tueri,
    vixque sui tutum viribus esse loci!
    aspera militiae iuvenis certamina fugi,
    nec nisi lusura movimus arma manu;
    nunc senior gladioque latus scutoque sinistram,
    canitiem galeae subicioque meam.
    nam dedit e specula custos ubi signa tumultus,
    induimus trepida protinus arma manu.
    hostis, habens arcus imbutaque tela venenis, 
    saevus anhelanti moenia lustrat equo,
    utque rapax pecudem, quae se non texit ovili,
    per sata, per silvas fertque trahitque lupus,
    sic, siquem nondum portarum saepe  receptum
    barbarus in campis repperit hostis, habet:
    aut sequitur captus coniectaque vincula collo
    accipit, aut telo virus habente perit.
    hic ego sollicitae lateo novus incola sedis .
    heu nimium fati tempora longa  mei!
    et tamen ad numeros antiquaque sacra reverti
    sustinet in tantis hospita Musa malis,
    sed neque cui recitem quisquam est mea carmina, nec qui
    auribus accipiat verba Latina suis.
    ipse mihi—quid enim faciam?—scriboque legoque,
    tutaque iudicio littera nostra suo est.
    saepe tamen dixi cui nunc haec cura laborat?
    an mea Sauromatae scripta Getaeque legent?
    saepe etiam lacrimae me sunt scribente profusae,
    umidaque est fletu littera facta meo,
    corque vetusta meum, tamquam nova, vulnera novit,
    inque sinum maestae labitur imber aquae,
    cum vice mutata, qui sim fuerimque, recordor,
    et, tulerit quo me casus et unde, subit,
    saepe manus demens, studiis irata sibique,
    misit in arsuros carmina nostra focos,
    atque ita 10 de multis quoniam non multa supersunt,
    cum venia facito, quisquis es, ista legas.
    tu quoque non melius, quam sunt mea tempora, carmen,
    interdicta mihi, consule. Roma, boni.

  • Caligrama τεχνοπαíγνια (technopaignia) carmina figurata Poema-figura Poema visual Poesía concreta

    Llamamos caligrama o poema visual a aquel que con la disposición de sus versos y palabras dibuja en el texto escrito la figura a la que el contenido del poema se refiere. Es, pues, un poema visual hermoso, que eso es lo que significa “caligrama”.

    Caligrama es una palabra moderna, derivada del francés calligramme, creada por el poeta Guillaume Apollinaire,  en su obra titulad “Calligrammes. Poèmes de la Paix et de la Guerre  1913-1916”. La palabra resulta de la composición del adjetivo griego καλός ,kalós, que significa bello, hermoso, bueno y el sustantivo  γράμμα, gramma, que significa letra, escrito. Así que propiamente significa “letra, escrito bello”.

    Technopaígnia  la empleó por primera vez Ausonio en su obra XII,1 para referirse a un poema en hexámetros en que cada verso termina con el monosílabo con el que empieza el siguiente. Es una palabra griega compuesta de  τέχνη, techne, arte y παἱγνιον, paígnionjuego, significando por tanto “juego de arte”, refiriéndose a la especial habilidad del poeta, sin que todavía tuviera el significado que ahora le adjudicamos.

    En latín se llaman carmina figurata y naturalmente abundan dada la tendencia del romano a imitar todo lo griego.

    Poema-figura es una buena denominación en español creada por el profesor García Teijeiro  Mª Teresa Molinos,cuya traducción y notas en la edición de Editorial Gredos luego utilizaré.

    Poesía visual y poesía concreta son dos términos modernos para referirse a un tipo de poesía en la que lo visual y el espacio colaboran con la rima y el ritmo a la representación objetiva (objetuación) de las ideas abstractas.

    Este tipo de poemas son de alguna manera  puestos en valor modernamente por Guillaume Apollinair(1880-1918),  y el poeta chileno Vicente Huidobro(1893-1948) , hasta el punto de que habrá muchas personas que los consideren los creadores sin conocer que ya los griegos como Simias de Rodas, autor del siglo IV a.C., vivió hacia el 300 a.C. , famoso porque de él se conservan los primeros en nuestra tradición occidental y Teócrito, el poeta de los Idilios, ya los escribieron. En nuestro orgullo moderno tampoco debemos desconocer que en el mundo árabe también se dibujaron poemas aprovechando la belleza gráfica de los signos que los árabes emplean en su escritura.

    Los technopaígnia o poemas-figura griegos antiguos son seis: De Simias de Rodas conservamos tres que no han dejado de asombrar desde la Antigüedad, que se titulan Las Alas, El Hacha y El Huevo. De Teócrito se conserva el poema llamado la Siringa. De Dosiadas, contemporáneo de los anteriores conservamos “El altar dórico” y de un tal Besantino, que se ha querido identificar con el lexicógrafo latino del siglo II d.C., Lucio Julio Vestino, contemporáneo de Adriano, el poema “El altar jónico”. “Besantino” sería una corrupción del nombre “Vestino” a través de “Bestino”.  Pero todas estas autorías han sido en algún momento cuestionadas; de estos autores sólo nos es bien conocido Teócrito.

    Naturalmente, hubo poemas similares en latín en época romana. Así Levio, en el siglo I, los utiliza en su Pterygium Phoenicis (“Las alas del Fénix”),  y en el IV el poeta Publilio Porfirio Optaciano escribe unos poemas titulados también Siringa y el Altar y un Organo de agua, prueba evidente de que conocía bien los griegos. Venancio Fortunato, en el siglo VI y más tarde Rábano Mauro en época de Carlo Magno también escribieron poemas-figura.

    A partir del Renacimiento tuvieron un gran desarrollo en toda Europa; en realidad en España fue menor porque nuestro Humanismo tuvo un menor conocimiento del griego.

    Moderna y actualmente su desarrollo es enorme, dada la importancia que todo lo visual y el diseños de las cosas tiene en nuestra cultura, divulgada por eficaces medios de comunicación de masas.

    Generalmente los seis griegos se han conservado en los manuscritos unidos al final de la obra de Teócrito ya desde la Antigüedad y en el siglo X fueron incluidos por el recopilador bizantino en la Antología Griega como libro número XV. Pero son estos detalles eruditos que no nos interesan por el momento.

    Sobre el origen de estas formas poéticas se ha pensado, tal vez sin excesivo fundamento, que se trataba de poemas para ser grabados en el objeto que describen, porque ciertamente existen numerosos objetos con inscripciones alusivas. Así el “hacha” estaría inscrito en un “hacha”, el “alas” en las alas de una estatua de Eros, etc..

    Con menos fundamento aún que su origen estaría en fórmulas mágicas. Probablemente su origen está en el manierismo de los poetas cultos helenísticos, interesados en su eruditismo por las inscripciones antiguas, cuando la poesía ha dejado de ser oral y cumplir una función social siendo cantada o recitada en determinadas ocasiones para convertirse en una creación puramente libresca orientada a la mera lectura.

    Hay que tener en cuenta que los manuscritos nos presentan frecuentemente dos disposiciones de los versos: la disposición que conforma la figura a la que se refiere y la disposición de los versos en el orden en el que han de ser leídos. En este último caso, no coinciden todos los estudiosos con lo que transmiten los manuscritos: generalmente se respeta el orden en Alas, Siringa y en los dos Altares, pero no con el Huevo o el Hacha.

    Otra cuestión a tener en cuenta es que tanto la métrica griega como la latina y sus diversos tipos de versos se basan en la cantidad o duración de las sílabas y no en su número, por lo que tienen una dificultad añadida a la hora de realizar las formas visuales. Lo solucionan utilizando y mezclando diversos tipos de versos para ajustar su forma visual.

    Ofreceré la versión de Manuel García Teijeiro y Mª Teresa Molinos Tejada, la primera en español, que además intenta también mantener la forma o dibujo del objeto sobre el que versa el poema, excepto en el caso del “Huevo” por su dificultad y porque tampoco se conoce con exactitud la forma que le dio Simias. Al “Hacha” le da también una forma diferente, de hacha simple y no doble como la original. En todo caso es sin duda un esfuerzo muy meritorio el de los  profesores citados, que hemos de agradecer.

    Ofreceré también la impresión de estos poemas tal como aparece en la edición de Jean Crispin de 1570, conformando las figuras correspondientes y con su versión latina en el caso de El Hacha, La Siringa, Las Alas y el Huevo:

    Theokritou Syrakoisiou Eidyllia kai epigrammata sozomena. Simmiou Rodiou, Moschou Syrakosiou, Bionos Smyrnaiou = Theocriti, Simmiae, Moschi, & Bionis Eidyllia & Epigrammata quae supersunt, cum Musaei poemario, omnia graecolatina & exposita. Genevae : apud J(ean) Crispinum.1570:

    Simias: el Hacha

    Nota: Epeo consagra a la diosa Atenea el hacha con la que construyó el famoso caballo de Troya.

           

    Nota:  en la edición de Loeb Classical Library, The Greek Antohology, vol V, traducción de W.R.Paton. London. 1918 aparece con esta forma que facilita su lectura.

    Nota: La lectura se haría formando una espiral desde los versos exteriores 1-2  de la izquierda hacia los interiores 11-12, según propuesta formulada por P.E. Legrand. El doble hacha, llamada labrys griego λάβρυς es propia ya de la cultura cretense; luego los griegos llamaron al hacha de doble filo pelekys (πέλεκυς) y los romanos bipennis, palabra que ha pasado al español como término técnico histórico-arqueológico

    Simias: las alas

     

    Nota: se supone grabado en las alas de una estatua de Eros. Se figura a un Eros joven y viejo a la vez. Eros es el dios de la atracción amorosa y sexual, pero también es el dios cosmológico que surgió del huevo puesto por la Noche tras el Caos original y pone orden en el Cosmos.

    Simias el huevo

    Nota: Es un poema de difícil traducción y de difícil lectura, que se ha de hacer según algunos estudiosos del primer verso al último, del segundo hasta el penúltimo y así sucesivamente hasta llegar al centro; pero Legrand propone otra lectura desde el centro a la periferia. Se establece la comparación con un huevo de ruiseñor, que crece al ritmo que el dios Hermes marca con su pie. Luego se compara el ritmo creciente con el corretear de un cervatillo en busca de su madre. Parece que el poeta se está refiriendo al hecho mismo de la creación poética: el poeta es un ruiseñor, identificación frecuente en la Antigüedad, y por tanto hace un poema como el huevo que haría el ave. Pero hay quien le da una interpretación más trascendente y cosmológica, poniéndolo en relación con el poema de las alas de Eros y refiriéndolo al huevo cósmico.

    De gárrula madre, de ruiseñor dorio, aquí tienes esta labor nueva. Propicio de corazón acéptala, que entre sonoros ayes la trajo al mundo una madre pura. El clamoroso Hermes, vocero de los dioses, fue a cogerla bajo las alas de su madre para traerla a los hombres, y mandó que a partir de un solo pie se acrecentara el verso hasta alcanzar la década de pasos ordenando los ritmos. Con rápidos compases, en lo alto, fue él marcando el cabeceo de los distintos metros que descendía oblicuo con presteza, al medir batiendo con su pie [      ] el canto multivario de las Piérides unísono. Movía sus piernas cual los pintados veloces cervatillos, hijos de ciervos patirrápidos, que con deseo siempre vivo corren con ligereza a la ubre anhelada de su querida madre, y cruzan todos con presuroso pie las altas crestas tras la que solícita los cría. Por los pastaderos de los montes, ricos en ganado, por las grutas de las esbeltas Ninfas pasan sus balidos las ovejas. Capta sus vibraciones prontamente alguna fiera de crudo corazón, allá en el más remoto recoveco de su guarida, deja el cubil rocoso y ágil se precipita ansiosa de cazar la extraviada cría de moteada madre. En pos de los gritos que percibe, se apresura rauda por la cañada boscosa de los montes nevados. Igual que aquellos, la ilustre deidad batía el suelo con veloces pies dando impulso a los complejos metros de este canto.

    Teócrito:  La siringa

    Nota: Teócrito ofrece una siringa al dios Pan. Con ella tocará dulcemente a Eco, su ninfa amada. Curiosamente el poema dibuja una siringa o flauta pastoril en el que las cañas van disminuyendo, cuando la figura que tenemos de ella por dibujos o relieves es de todas las cañas iguales, cuyo tubo se tapaban con cera a diferente distancia para conseguir diferente sonido.

    Nota: Es un texto difícil de leer sin las notas que aclaren tantos juegos de palabras en griego y en la meritoria traducción de los traductores citados. Los escoliastas o comentaristas antiguos ya dedicaron buenos esfuerzos a esta tarea. Este poema está plagado, como el siguiente de El Altar dórico, de adivinanzas o “griphos” que ha que resolver para poder entenderlo:

    – La “consorte de Ninguno” es Penélope, porque “Ninguno” es el nombre con el que Odiseo se presentó al Ciclope en Odisea 9.366. El “luchador distante” es Telémaco, palabra compuesta de “tele” que significa “lejos” y “makhosluchador. “Una piedra por él” es Júpiter, porque Rea, su madre, entregó a Crono una piedra envuelta en pañales para engañarle. Copetón es la traducción de “Kerastes”, derivado de Keras, cuerno, que sustituye a Comatas, derivado de kome, cabellera (como cometa); “hija del toro” porque se creía que las abejas nacían de las entrañas de los toros. “Borde de escudo”, porque si a itys (escudo) le añadimos una “p” tenemos Pitys, que significa “Pino” y también es el nombre de una Ninfa amada por el dios Pan. “Todo” porque eso es lo que significa el adjetivo griego “pan”. “Biforme” porque Pan es  hombre y macho cabrío. “Eco” es el eco de la voz y el nombre de la Ninfa. Llama a la flauta “herida” porque sýrinx significa “fístula herida” y también es el nombre de la Ninfa que huyendo de Pan se transformó en caña y con ella Pan fabricó la “flauta”.  “La altanería homónima del abuelicida” es la soberbia persa; Pan ayudó a los griegos contra los persas;  pero persa suena parecido a Perseo que mató sin querer a su abuelo. La “tiria” porque con la intervención de Pan se salvó Europa, que además del nombre del continente es también el nombre de una heroína fenicia. Los pastores son “portaciegos”, porque llevan zurrón, que en griego se llama “pera” y suena parecido a “perós”, que significa “lisiado” y los ciegos son lisiados. “Pisahombres” porque Pan anda por pedregales y “laosgente suena parecido a “laas”, piedra y además después del diluvio Deucalión hizo nacer hombres arrojando piedras por encima de su hombro. “Aguijón de la zagala saeta” equivale a “pasión de la mujer de Lidia” haciendo referencia al amor de Ónfale, reina de Lidia, por Pan. “Padreladrón” porque Pan sería hijo de Hermes, dios de los ladrones. “A-padre” porque si lo engendró de Penélope, o no tenía propiamente padre o si fue Odiseo, éste se hizo llamar “Ninguno”. “Cofrimembre” porque Pan tiene pezuñas y la palabra griega para pezuña, khele, recuerda a khelos, cofre,que es sinónimo de larnax y por eso Pan es Larnakógulos, cofimembre.

    Dosiadas:  El altar dórico.

    El poema se presenta a sí mismo como inscrito en el altar, que hizo Jasón; Filoctetes es mordido por una serpiente mientras lo contempla y sufre terribles dolores hasta que van a buscarle Odiseo y Diomedes para conquistar Troya.

    Notas explicativas: resulta también un poema ininteligible sin las notas aclaratorias, que tomo de la misma edición de Gredos. “La mujer vestida como hombre" es Medea”, que huyó de Atenas disfrazada de hombre. No nombra a Jasón, su esposo, sino diciendo que no fue Aquiles, que nació de Tetis que se transformó muchas veces como el fantasma Empusa. “se acostó con las brasas” porque su madre lo metió en el fuego excepto por el talón, que quedó vulnerable. El “vaquero troyano” es Paris; la “perra” su madre Hécuba porque se transformó en perra tras la caída de Troya. La frase “víctima del vaquero troyano y ruina del hijo de la perra” parece significar “víctima de Paris (que le hirió en el talón) y matador de Héctor”. Crisa es una diosa del norte del Egeo. “Cuecehombres” es Medea que coció a Pelias con la promesa falsa de devolverle la juventud. “El guardián de bronce” es el autómata Talos, construido por Hefesto, el “a-padre”,poque había nacido sólo de Hera, “de las dos esposas” por  Aglaya y Afrodita;  y “el arrojado por su madre”, porque lo arrojó del cielo su madre. Filoctetes es el héroe que a Teócrito dio muerte”, es decir a Paris, y que preparó pira de Heracles, que es “el hombre de tres noches” porque al engendrarlo Zeus prolongó la noche hasta el triple de su duración normal. “Arrastra-el-vientre” y “echa-la-vejez” es la serpiente que se arrastra y echa la piel vieja. La madre de Pan es Penélope, cuyo esposo es Odiseo (v. la Siringa); “ladrón” porque había robado el Palladium o imagen de Palas que protegía a Troya. “El que vivió dos  vidas” porque bajo al Hades y regresó vivo. “El hijo de Comehombres” es Diomedes, hijo de Tideo que había devorado la cabeza de Melanipo.

    El profesor Angel Martínez Fernandez, profesor de la Universidad de la Laguna, nos da una versión prafraseada inteligible en su artículo “Consideraciones Generales sobre la Poesía Visual en la antigua Grecia”

    El esposo de Medea, la que huyó vestida con ropa de hombre, Jasón, al que Medea rejuveneció hirviéndolo, me construyó, no Aquiles, al que de niño su madre tendió sobre el fuego para hacerlo inmoral, el hijo de Tetis, al que mató Paris, hijo de Hécuba, sino Jasón, el amado de  Crisa, cuando Medea destruyó a Talo, al que nacido sin un padre, marido de dos esposas y arrojado por su madre Hera,Hefesto, había forjado.”

    Y en la segunda parte: “Cuando Filoctetes, el matador de Paris, el que encendió la hoguera de Heracles, quien fue concebido en una triple noche, se acercó para contemplarme, gritó de dolor, pues le hirió con su veneno la serpiente que se rejuvenece cambiando de piel. Pero cuando se lamentaba Lemnos, Odiseo, el que robó el Paladión, el que fue al Hades y pudo regresar vivo y Diomedes, el hijo de Tideo, le condujeron a Troya, la que fue destruida por tres veces”

    Besantino, tal vez Iulius Vestinus: Altar jónico:

    Nota: No es un altar normal manchado por la sangre de las víctimas, sino el altar de las Musas al que pueden venir los poetas a hacer sus ofrendas, sin serpientes como el altar de Jasón.

    Nota: Leídas verticalmente las iniciales de cada verso en griego forman una frase acróstica que se puede traducir como “Puedas, Olímpico, sacrificar muchos años”.  “Olímpico” era uno de los títulos de Adriano, por lo que parece que el autor es contemporáneo suyo. Las descendientes del Cielo son las Gracias. Las nueve hijas de la Tierra son las Musas. El hijo de Gorgona es Pegaso, que hizo brotar de una coz en el monte Helicón la fuente Hipocrene (Fuente del Caballo) , que por eso es la fuente de los poetas. “Las hijas de Himeto” son las abejas. “Tripadre” es una interpretación de  Tritogéneia, epíteto  de Atenea, cuyo significado desconocemos.   

    Sírvannos estos ejemplos y explicaciones para imaginar el eruditismo, manierismo y esteticismo al que llegaron los griegos de época helenística. Una vez más, todo, casi todo lo encontraron o inventaron los griegos.

    Ya indiqué cómo esta práctica manierista y erudita continuó al final de la época romana, durante la Edad Media, en el Renacimiento, cuando se editan con profusión y en época moderna.

    Sirva como ejemplo del Renacimiento esta referencia de Michel de Montaigne en sus Ensayos:

    Montaigne:  Ensayos, Capítulo 54:  De las vanas sutilidades

    Existen sutilezas frívolas y vanas, mediante las cuales buscan a veces las personas el renombre, como por ejemplo, los poetas que logran obras enteras cuyos versos comienzan todos con una misma letra; vemos también huevos, esferas, alas y hachas, que los griegos componían antiguamente con versos rimados, alargándolos o acortándolos de manera que representaran tal o cual fi gura; no era otra la ciencia del que se entretuvo en contar de cuántos modos podían colocarse las letras del alfabeto, el cual encontró inverosímil el número que se lee en Plutarco.

    Des Vaines Subtilitez
    Il est de ces subtilitez frivoles et vaines, par le moyen desquelles les hommes cherchent quelquesfois de la recommandation: comme les poetes qui font des ouvrages entiers de vers commençans par une mesme lettre: nous voyons des oeufs, des boules, des aisles, des haches façonnées anciennement par les Grecs avec la mesure de leurs vers, en les alongeant ou accoursissant, en maniere qu'ils viennent à représenter telle ou telle figure. Telle estoit la science de celuy qui s'amusa à conter en combien de sortes se pouvoient renger les lettres de l'alphabet, et y en trouva ce nombre incroiable qui se void dans Plutarque.

    Los ejemplos modernos son incontables y la imaginación de los artistas exuberante. Ofreceré tan sólo dos o tres:

    Este del citado Apollinaire, que representa la torre Eiffel y que dice en francés y en español:

     

    Salut monde dont je suis la langue èloquente que sa bouche o Paris tire et tirera toujours aux allemands.

    "Hola mundo, del que yo soy la lengua elocuente que su boca oh París saca y sacará a los alemanes"

    O este de Vicente Huidobro, en el que define lo que es leer:

    O este con el poema Tristes Guerras de Miguel Hernández, realizado en 2010  para celebrar el primer cententario de su nacimiento. 

    Tristes guerras
    si no es amor la empresa.
    Tristes, tristes.

    Tristes armas
    si no son las palabras.
    Tristes, tristes.

    Tristes hombres
    si no mueren de amores.
    Tristes, tristes.

  • Baños, vino, sexo machacan el cuerpo, pero…. (Balnea vina Venus corrumpunt corpora, sed…)

    Según el esquema moralista de los historiadores y educadores romanos, los antiguos habitantes de Roma eran agricultores y ganaderos austeros, que luego se aficionaron a los placeres y se corrompieron influidos por el lujo griego y asiático después de las Guerras Púnicas y de la conquista de Grecia y de Oriente.

    Entre los diversos placeres a los que se acostumbraron destacan sin duda los baños, la buena mesa y el amor, es decir los placeres de la carne. De ellos en alguna medida, la palabra “baños” o “termas” es casi un sinónimo de “cultura romana”, porque no hay ciudad o conjunto urbano o privado de alguna importancia que no conste de unos buenos baños abastecidos por espectaculares acueductos.

    Son numerosos los textos literarios que cantan estos tres placeres tan humanos, para ensalzarlos o para criticar su práctica y abuso amoral, porque es muy distinto de las “mores” o costumbres antiguas. Pero el tópico de “baños, vino y Venus, (es decir, amor o sexo o mujeres en un frecuente lenguaje machista hoy inaceptable y duramente criticado), al que a veces se añade “la comida”,  se extendió por todas las clases sociales hasta convertirse en dicho popular, en una versión popular del famoso “carpe diem” de Horacio. Véase: https://www.antiquitatem.com/carpe-diem-horacio-oda-poesia-latina

    En el caso del “placer de la bebida”, vina, recordemos la famosa frase “felices hispani quibus vivere est bibere”, a la que ya dediqué un artículo. Véase: https://www.antiquitatem.com/felices-hispani-quibus-vivere-est-bibere

    Es muy conocido y citado  un dístico de un epitafio aparecido en Roma, referenciado en el Corpus Inscriptionum Latinarum (CIL) con el número 15258, o en Carmina Latina Epigraphica (CLE) con el número 1499, o en Inscriptiones Latinae Selectae (ILS) 8157 = CLE 1499 que sintetiza perfectamente esta propuesta “hedonista”. 

    Nota. Hedonismo, del griego ἡδονισμός (hedonismos), de ἡδονή (hedone),  placer,  y el sufijo  -ισμός (-ismos) cualidad, doctrina, sistema.

    Se trata de un ejemplo de lo que algunas antologías y preceptivas literarias llaman  “verso serpentino”, en el que el fin del verso o dístico es lo mismo que el principio, como la serpiente que se muerde la cola, como por ejemplo éste de Juvenal, 14, 139:

    El deseo de dinero aumenta cuanto aumenta el propio dinero

    Crescit amor nummi quantum ipsa pecunia crevit.

    Algunos también hablan en estas composiciones de “quiasmo” o composición en “X”, del griego χιασμός (chiasmos), del nombre griego de la letra χ, X, que se pronuncia “ji, qui, chi”.

    La inscripción citada corresponde a una lápida funeraria o epitafio del siglo primero aparecida en Roma que una tal Merope dedica a su compañero Tiberius Claudius Secundus, que vivió la nada despreciable cantidad de 52 años, con el siguiente dístico bien simpático:

    Los baños, los vinos, Venus (el amor, el sexo,) machacan nuestros cuerpos,
    Pero la vida nos la dan los baños, los vinos, el amor.

    “balnea vina Venus corrumpunt corpora nostra
    Sed vitam faciunt b(alnea) v(ina) V(enus)

    El epitafio completo dice:

    Vivió LII (52) años.
    A los dioses Manes
    de Tiberio Claudio Segundo.
    Aquí tiene consigo todas las cosas.
    Los baños, los vinos, el sexo
    machacan nuestros cuerpos,
    pero la vida nos la proporcionan
    los baños, los vinos, el sexo.
    Para su querido compañero
    la hizo Merope, liberta de César,
    y para ella, y para sus familiares y los descendientes de ellos.

    V(ixit) an(nos) LII
    d(is) M(anibus)
    Ti(beri) Claudi Secundi
    hic secum habet omnia
    balnea vina Venus
    corrumpunt corpora
    nostra se<d=T> vitam faciunt
    b(alnea) v(ina) V(enus)
    karo contubernal(i)
    fec(it) Merope Caes(aris)
    et sibi et suis p(osterisque) e(orum)

    Fotografía del texto tal como aparecer en el Corpus Inscriptionum Latinarum.

    Sin duda es una máxima bien popular en el mundo antiguo. Así por ejemplo aparece también en una inscripción bilingüe de Gallipoli, actual Turquía, en  una cuchara con el mismo hexámetro:  Carmina Latina Epigraphica (CLE) 1923; (CIL III 12274c); (en la edición de  Carmina Latina Epigraphica, post editam collectionem Buechelerianam in lucem prolata. Conlegit Einar Engstrom, 1912  pag.42, núm. 148 ):

    Los baños, los vinos, el sexo hacen que los hados se apresuren

    balnea vina Venus faciunt properantia fata.

    Otro epitafio del siglo III d.C., de Ostia, incluye también el dístico con alguna variación que expresa la autosatisfacción y complacencia o tal vez jactancia de quien ha tenido una buena vida. Piénsese que el hecho de que frecuentemente sea el difunto, en primera persona, el que se dirige a los todavía vivos, le añade cierto matiz sarcástico cuando no de humor negro.

    El epitafio es el correspondiente al CIL XIV, 914 (o CLE 01318)

    A los dioses Manes de Cayo Domicio Primo. En esta tumba estoy yo, el conocido y famoso Primo. He vivido a base de Lucrinias (ostras de Lucrino); en muchas ocasiones he bebido vino de Falerno.  Baños,  vino y  sexo han envejecido conmigo durante años. Si he conseguido esto, que ahora me sea la tierra ligera. Y mientras tanto,  que el Fenix (Ave Fenix) me guarde junto a los Manes en el altar, mientras espera renacer junto a mí.  Este lugar para el enterramiento de C. Domicio Primo fue dado por los tres Messios, Hermeros, Pia y Pío.

    D(is) M(anibus)
    C(aius) Domiti Primi
    hoc ego su(m) in tumulo Primus notissi
    mus ille vixi Lucrinis pota<v=B>i saepe Fa
    lernum baln<e=I>a vina Venus mecum
    senuere per annos hec(!) ego si potui
    sit mihi terra lebis(!) et tamen ad Ma
    nes foenix(!) me serbat(!) in ara qui me
    cum properat se reparare sibi
    l(ocus) d(atus) funeri C(ai) Domiti Primi a tribus Messis Hermerote Pia et Pio

     

    Transcripción y fotografía del texto en el CIL

    Nota: J.M. Stowasser, sugiere con buen criterio enmendar la lectura de algunas palabras para mejor comprensión del epitafio:  "illex" por "ille", "tenuere" por "senuere", "seposui" por "si posui", y  "arca" por "ara", en  "Über ein paar anapästische lateinische Inschriften," in Dreißigster Jahresbericht über das k. k. Franz Joseph-Gymnasium in Wien, Schuljahr 1903/1904 (Wien: Selbstverlag des Gymnasiums, 1904),

    L. Robert cita en “Aphrodisias,”, Hellenica 13 (1965): 189) otro texto con un sentmiento similar: en griego.

    Al que viaja (al Hades) le son muy queridas las flores; ni el baño, ni la bebida, ni la comida, ni el sexo, te lo puedes llevar abajo (al Hades).

    El hecho de que esta máxima aparezca en epitafios le confiere un valor añadido, porque podemos interpretarlo como la afirmación objetiva de un buen vividor o epicúreo, no exenta de humor negro.

    Estas últimas inscripciones añaden a los placeres de bañarse, beber y disfrutar del amor, el de comer, de alguna manera implícito en el de “beber”. Son también numerosos los ejemplos en los que se resalta el placer de comer y en general la invitación a la buena vida. Todo ello viene sin duda prolongado y acrecentado durante la Edad Media y después por la rigidez del Cristianismo, que intenta imponer el ayuno y abstinencia. La respuesta popular, escéptica, epicúrea o mejor hedonistas, es “comamos y bebamos, que mañana moriremos”. Pero esto exige un artículo propio, que en algún momento haré, porque los ejemplos de inscripciones a ello referidas son numerosos.

    En realidad esta maxima y las similares tienen su origen en el epigrama griego anónimo de la Anthologia Palatina, 10,112: (colección de poemas griegos, generalmente breves, desde la época clásica a la bizantina):

    El vino y los baños y la práctica sexual hacen más rápido el camino al Hades.

    Nota: la palabra “antología” deriva de las griegas ἄνθος 'flor' y λέγω 'seleccionar', por lo que significa “selección de flores”, exactamente que la latina “florilegium”, española “florilegio”.  ramillete).

    Como decía, la máxima sigue vigente en la Edad Media y hasta nuestros días. Curiosamente, parece que desde la Edad Media ha disminuido si no desaparecido la afición a los baños y sin duda a la higiene en general; placer que no parece recuperarse hasta tiempos bien contemporáneos con la proliferación de SPAs. Véase https://www.antiquitatem.com/spa-salutem-per-aquam-termas  Pero si desaparece la referencia a los baños, suelen estar presentes numerosas variaciones, que en muchos casos manifiestan una clara condena y una propuesta moralizante. Citaré tan solo un ejemplo en español de un compendio del siglo XVIII:

    FLORILEGIUM LATINUM, SÍVE HORTUS PROVERBIORUM, Phrasium, et Syntaxeosque Chrysolitus amoenissimus. NON MODO LATINITATIS PERFECTAE Intelligentiae candidatis perutile, & accommodátum , verum etiam quám maxime necessarium.
    PER D. JOANNEM DE LAMA, QUARTA IMPRESSION. Con las Licencias necesarias .
    En Madrid : En la Imprenta de Miguel Escribano.  Año de 1769.

    Dentro del apartado ELEGANTIAE, SIVE CATONIANA carmina memoria perpetuo tenenda, que comienza en la página 320, hay una serie a partir de la página 329 titulada In peccatorem (para el pecador). Pues bien, en la pág. 330 dedica unos cuantos dísticos a los pecados del amor y del vino; entre otros:

    Balnea , vina , Venus virtütis vera venena:
    Ut virtus vigeat : vadite , vina Venus.

    Los baños, el vino, Venus (el sexo) son los verdaderos venenos de la virtud.
    Para que la virtud este fuerte, huid vino y Venus

    Balnea , vina , Venus , corrumpunt corpora nostra:
    corpora noftra sanant balnea , vina , Venus.

    El baño, el vino, Venus, corrompen nuestros cuerpos:
    Pero nuestros cuerpos los sanan el baño, el vino, Venus

    Pero eliminado el componente del baño o de la higiene por agua, la conjunción vina y Venus, vino y amor (vino y mujeres en su versión más popular y más machista) se ha mantenido potente hasta nuestros días,  desde la frecuencia con que aparecen en numerosas óperas, hasta su uso en canciones populares menos artísticas.

    Citaré tan sólo tres ejemplos, entre ellos el famoso brindis de la Traviata:

    Alfredo
    Bebamos alegremente de este vaso
    Resplandeciente de belleza
    Y que la hora efímera
    Se embriague de deleite
    Bebamos con el dulce estremecimiento
    Que el amor despierta
    Puesto que estos bellos ojos
    Nos atraviesan el corazón
    Bebamos porque el vino
    Avivará los besos del amor

    Coro
    Ah! Bebamos porque el vino
    Avivará los besos del amor.

    Violeta
    Yo quiero, yo quiero compartir
    Mi alegría con todos vosotros
    Todo en la vida es locura salvo el placer.
    Alegrémonos, el amor es rápido y fugitivo
    Es una flor que nace y muere
    Y del cual no siempre se puede disfrutar.
    Alegrémonos pues
    Una voz encantadora, ferviente nos invita.

    Coro
    Disfrutemos.  El vino y los cantos
    Y las risas embellecen la noche
    Y que el nuevo día nos devolverá al paraíso
    .
    Violeta
    La vida solo es placer.
    Alfredo
    Para aquellos que no conocen el amor.
    Violeta
    No hablemos de quien lo ignora.
    Alfredo
    Es mi destino
    Coro
    Disfrutemos El vino, el vino
    Y los cantos y las risas embellecen la noche.
    Y que, y que el nuevo día
    Nos devolverá  al paraíso, ah! Ah!
    -nos devolverá al paraíso
    Ah! Nos devolverá al paraíso, ah!ah!!ah nos devolverá al paraíso

    Alfredo
    Libiamo, libiamo ne’lieti calici
    Che la belleza inflora.
    E la fuggevol, fuggevol ora
    S’inebri a voluttà.
    Libiami ne’dolce fremiti
    Che suscita l’amore,
    Poiché quell’occhio
    Al core omnipotente va.
    Libiamo,amore,
    Amor fra i calici
    Piu caldi baci avrá.
    Coro
    Ah! Libiam,amor,
    Fra’calici
    Piu caldi baci avrà.
    Violetta
    Tra voi, tra voi
    Saprò dividere
    Il tempo mio giocondo;
    Tutto è follia, follia nel mondo
    Ciò che non è piacer
    Godiam, fugace e rapido è il Gaudio dell’amore,
    È un flor che nasce e muore,
    Ne più si può goder
    Godiamo, c’invita.
    C’invit un férvido accento lusinghier.
    Coro
    Godamo, la tazza,
    La tazza e il cantico,
    La notte abella e il riso;
    In questo, in questo paradiso
    ne scopra il nuovo di.
    Violetta
    La vita è nel tripudio
    Alfredo
    Quando non s’ami ancora
    Violetta
    Nol dite a chil’ignora.
    Alfredo
    È il mio destin così…
    Tutti
    Godiamo, la tazza,
    La tazza e il cantico,
    La notte abbella e il riso;
    In questo, in questo
    Paradiso ne scopra il nuovo di.

    También citaré el brindis de la Zarzuela-Opera española de Arrieta llamada ”Marina”, del que recojo tan solo algunas estrofas:

    CORO (masculino)
    Hasta el borde las copas llenemos,
    A gozar, a beber, a beber;
    Su espumoso licor apuremos,
    Que en su fondo se encuentra el placer


    CORO
    A beber, a beber, a apurar
    La copa del licor,
    Que el vino hará aumentar
    Los goces del amor.

    Haré también referencia, como contraste,  al muy machista, insufrible, y casposo pasodoble de Manolo Escobar, de notable éxito en nuestro país en su momento, titulado “Mujeres y vino”, cuyo estribillo, afín con el contenido del artículo, me permito reproducir (me resulta imposible citar el resto de la letra de este pasodoble, incluso para rechazarla por absurda y de infame calidad literaria.):

    Nota: “infame” es palabra derivada del griego φημί, femi,decir, hablar; que por tanto significa etimológicamente “indecible, impronunciable, indigno de ser dicho”, y es que los sentimientos nobles, como el patriotismo, deben ser proclamados, pero de la manera adecuada y en el contexto adecuado, porque si no su dignidad queda menoscabada.

    Viva el vino y las mujeres
    y las rosas que calienta nuestro sol.
    Viva el vino y las mujeres,
    que por algo son regalo del Señor.
    Y vivan
    los cuatro puntos
    cardinales de mi patria.
    Que vivan los cuatro juntos,
    que forman nuestra bandera
    y el escudo de mi España.

    ¡Vaya mezcla!

  • Alfa privativa, ἀ-, -ἀν; a- , -an

    Alfa privativa, ἀ-, a- privativa es un prefijo de la lengua griega con origen en el Indoeuropeo, que expresa la negación del concepto significado por el término al que se adosa. Naturalmente pasó al Latin como α prīvātīvum y de aquí al resto de lenguas romances.

    El español es una lengua hablada hoy por más de 560 millones de personas, el mayor número de ellos, más de 120 millones en México. Es la segunda lengua más hablada por nativos detrás del chino mandarín.

    En sus tres cuartas partes, es decir, en un 75% aproximadamente,  se ha formado a partir de la lengua latina, de la lengua de los romanos, que la implantaron en su imperio, al menos en la parte occidental.

    Pero en la formación del español han intervenido e intervienen otros muchos componentes: las lenguas indígenas que eran el substrato sobre el que se implantó la nueva, el euskera, el germánico (que dejó escasos restos porque los visigodos ya hablaban latín cuando llegan a Hispania), el árabe (con presencia muy importante), el hebreo, el francés, el inglés, el italiano, lenguas de América, etc.etc.

    El griego también es una lengua muy importante en la conformación del español. En primer lugar porque muchas palabras de forma latina en realidad son originariamente palabras griegas. Recordemos cómo la cultura griega empapa toda la vida romana. Véase: https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard 

    En segundo lugar porque el griego, también el latín, se han mostrado y lo siguen siendo, muy productivos a la hora de crear palabras nuevas, sobre todo en el ámbito científico y culto.

    Todo esto son cosas elementales que todo el mundo conoce, como sin duda también conoce lo que voy a sintetizar a continuación.

    Quiero mostrar cómo un simple conocimiento del significado de las preposiciones y algunos preverbios (componente de una palabra que aparece a su inicio y matiza el significado) griegos más utilizadas nos permite conocer con facilidad, o nos ayuda a ello, el significado de tecnicismos y palabras cultas de significado aparentemente abstruso. Así que haré una pequeña relación, sin ánimo de ser exhaustivo, por supuesto, sino relacionando las más comunes y algunas técnicas que sirvan de ejemplo. 

    En este caso, poco a poco completaremos la serie, daré las que comienzan por a- ,  griego ἀ- a-, o –an, gr. ἀν-  (si el término al que se une comienza por vocal), la llamada alfa privativa (primera letra del alfabeto griego). No es propiamente, una preposición, pero tanto en griego y latín como en numerosas lenguas modernas sirve para negar o indicar la falta o privación del término al que viene apuesto.

    Relaciono solamente palabras griegas, no latinas, ni tampoco otras en cuya composición interviene la a-, pero no la alfa privativa. Tiempo habrá para otros listados.

    Abiogénesisἀ-(a-) (sin) βιο-(bio-) (vida)- γένεσις (genesis) (origen, principio o proceso de formación): Generación espontánea, a partir de la materia sin vida.

    abismo y abisal: ἄ-(a-) (sin) -βυθός (byzós) fondosin fondo; perteneciente al abismo; fauna que vive en las profundidades del mar.

    Abulia : ἀ-βουλία (a-boulia), de  βουλὴ (boule) (voluntad) y éste de βούλομαι (boulomai) (querer): sin voluntad; indolente, desinterés, sin interés.

    Acefalia y acéfaloἀ -κεφαλῇ (a-kefale) (cabeza), ἀ-κέφαλος (aképhalos): Sin cabeza

    Acinesiaἀκινησία (akinēsía); de κίνησις (kinesis), movimiento, y esta de κiνέο (kineo), moverse: inmovilidad, sin movimiento, parálisis.

    Acracia y ácrata: ἀκρατία (akratía ) (intemperancia), de ἀ-κράτος (a-kratos) (poder, autoridad)  Doctrina que propugna la supresión de toda autoridad; Perteneciente o relativo a la acracia. Partidario de la acracia. 

    Acromía y Acromático: χρῶμα, -ατος (croma,-atos) (color): sin color.

    Afasia: ἀφασία (aphasía), de ἀ- φημί (femi, phemi) (hablar): imposibilidad de hablar, pérdida del habla.

    Afonía, Afónico, áfono: ἀφωνία (aphōnía),de φωνή (phoné) (sonido). Falta de voz; sin voz.

    Agenesia: ἀγενησία (agenēsía), de α- γένος (a-genos) (origen, nacimiento, raza,formación): cualidad de increado, cualidad de ingénito; imposibilidad de engendrar.

    Agerasia: ἀγηρασία (agērasía), de α-γῆρας (a-geras)(vejez)Vejez exenta de los achaques propios de esta edad.

    Agnosis, agnóstico y agnosticismo : αγνῶσις  (agnôsis)de α-γνῶσις (conocimiento). αγνωμαζει (agnōstikós) de α-γνωστικός (relativo al conocimiento), de γιγνώσκω (ginnosko) (conocer). Incapacidad de reconocer los objetos por medio de los sentidos.  Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia. o de los sentidos.

    Alexia: ἀ- (a-)' y λέξις (léxis)('habla, dicción), de λέγω (lego) (decir, expresar,lerr): Imposibilidad de leer causada por una lesión del cerebro o comprender las ideas expresadas con palabras escritas.

    Amazona: Αμαζών (Amazṓn). Su etimología no es absolutamente clara, pero popularmente se le ha hecho derivar de α (a-) y μαζός (mazós) (pecho), porque se decía que estas guerreras se amputaban o quemaban el pecho derecho para disparar mejor el arco. Mas científicamente se ha propuesto que el nombre deriva del nombre de una tribu iraní llamada *ha-mazan, los guerreros".

    Marco Juniano Justino o Justino Frontino recoge la fantástica versión en sus  "Historiae Phillippicae ex Trogo Pompeio", Liber II, 4:

    Las jóvenes se ejercitaban en las armas, equitación y caza y quemaban el pecho derecho de las niñas para que no fueran un obstáculo para arrojar flechas;  y por eso se les llama Amazonas.

    "Virgines (…) armis, equis, venationibus exercebant, inustis infantum dexterioribus mammis, ne sagittarum iactus impediantur; unde dictae Amazones."

    Ambrosía: ἀμβροσία ambrosía,  de α- αν- ἄμ-βροτος ám brotos 'in-mortal', no humano, 'divino. Bebida constituida entre otras cosas por miel ´propia de los dioses porque confería a inmortalidad.

    Amenorreaἀ- a-, μήν, μηνός mḗn, mēnós ('mes) y -ρροια -rroia '-rroia', de ῥέω reo: correr, fluir. Ausencia de flujo menstrual.

    Analfabeto: ἀναλφάβητος analphábētos, de ἀν-ἄλφα  βέτα alfa, beta (primeras letras del alfabeto griego) :Que no sabe leer ni escribir.

    Analgesia, Analgésico: ἀναλγησία analgēsía, ἂν-ἄλγος an-algos, dolor. Falta o disminución de las sensaciones dolorosas; insensibilidad. 

    Anarquía, anarquismo, anarquista: ἀναρχία anarchía, de ἂν-, an-, ἄρχω, archo, mandar, ἀρχὴ, arché, origen,mando, poder: falta de gobierno, Doctrina que propugna la supresión del Estado y la eliminación de todo poder que constriña la libertad individual.

    Anemia: ἀναιμία anaimía, de ἂν-, an-,  αἷμα, aima, sangre: carencia de sangre

    Anerosia: ἂν-,an-, ἔρως, eros, amor: falta de amor.

    Anestesia y anestésico: ἀναισθησία anaisthēsía, ἀν-, an-, αἰσθήσεις, theseis, sensación, percepción, de αἰσθάνομαι, aisthanomai, percibir: insensibilidad, sin sensibilidad.

    Anhidro: ἄνυδρος ánydros, de ἀν-, an,  ὕδωρ, hidor, agua : que no tiene agua.

    Anhídrido: ἄνυδρος ánydros, de ἀν-, an,  ὕδωρ, hidor, agua, εἶδος, eidos, aspecto: cuerpo resultante de la combinación de oxígeno y un elemento no metálico que al reaccionar con el agua da un ácido.

    Anhidrosis ἀνίδρωσις anídrōsis, de ἀν-, an-, ἱδρόω, hidroo, sudar, de ἱδρώς, hidrós, sudor: sin sudor, disminución del sudor.

    Anhipniaἀν-, an,  ὕπνος, hipnos, sueño,:  falta de sueño.

    Anodinia y anodino: ἀνωδυνία anōdynía, ἀνώδυνος, anodinos, de ἀν- ὀδύνη, odyne, dolor; de ὀδυνἀω, odynao, causar dolor. Falta de dolor. 

    Anomalía: ἀνωμαλία anōmalía,  de  ἀν-ὁμαλὸς, omalós, igual.Desviación o discrepancia de una regla o de un uso, irregular, extraño.

    Anomia: ἀνομία anomía. de ἀ-νόμος, nomos, uso, costumbre, leyAusencia de ley.

    Anónimo: ἀνώνυμος anṓnymos, de ἀν-ὄνομα, ónoma: De nombre desconocido o que se oculta; sin nombre.

    Anopsia y anopia: ἀνοψίη anopsíē , de ἀν- (an-), ὄψις (opsis) vista: Ceguera,sin vista .

    Anorexia: ἀνορεξία anorexia, de  ἀν-ὄρεξίς, orexis, apetito, de ὀρέγω, orego, desear,tender: inapetencia, falta de apetito.

    Anuria: anuria, ἀν- οὖρον, ouron, orina, de ουρέω, oureo, orinarCesación total de la secreción urinaria.

    Aoristo: ἀόριστος aoristos, de a- ὁριστός, determinado, definido, de ὁρίζω, oridso, limitar, delimitar: indefinido.

    Apatía y apático: de ἀ-πάθος, pathos, pasión, sensación,: impasible de ánimo, sin pasiones, indolencia, falta de vigor o energía.

    Apátrida: ἄπατρις, -ιδος ápatris, -idos, ἀ-πατρίς, patris, patriaQue carece de nacionalidad.

    Apneade  ἄπνοια ápnoia, ἀ-πνοια, pnoia, respiración, de πνέω, pneo, respirar: Falta o suspensión de la respiración. Ahogo.

    Áptero: ἄπτερος ápteros, de ἄ-πτερὸν, pteron, ala, pluma Que carece de alas. Insecto ápteroDicho de un edificio, especialmente de un templo clásico: Que carece de columnas en sus fachadas laterales.

    Arritmia: ἀρρυθμία arrythmía, de ἀ-ῥυθμός, rythmos, ritmo, regularidad.: Irregularidad y desigualdad en las contracciones del corazón.

    Asepsia y aséptico: de  ἀ-σῆψίς sepsis, putrefacción, de σήπω, podrir, pudrirAusencia de materia séptica, estado libre de infección; conjunto de procedimientos científicos destinados a preservar de gérmenes infecciosos el organismo, aplicados principalmente a la esterilización del material quirúrgico.

    Asfixiaἀσφυξία asphyxía, de ἄσφυκτος ásphyktos, de σφύξις, pulsación, palpitación.: Suspensión o dificultad en la respiración.

    Asimetría y asimétrico: ἀσυμμετρία asymmetría, de ἀ-συν, sin, con, junto a, μέτρον, metron, medida: sin medida; falta de simetría.

    Asíndetonἀσύνδετον asýndeton; de ἀ-συν, sin, con, junto a,  δέω, deo, atar, συνδέω, unir: propiamente desligado; figura gramatical que consiste en suprimir las conjunciones. Sin conjunciones. Omisión de las conjunciones en un texto para dar viveza o energía a aquello que se expresa, como en la famosa frase de César “llegué, vi, vencí”, veni, vidi, vici.

    Nota: la famosa frase la refieren Plutarco en César, 50,3  y en Moralia, 206e  y Suetonio Vida de Julio César, 37

    Asintómatico: ἀ-σύμ-πτωμα sýmptōma, de ἀ- (sin)- σύν-, con, πίπτειν, caer, incidir,: sin  coincidencia:  Sin síntoma, es decir, sin manifestación reveladora de una enfermedad o sin señal o indicio de algo que está sucediendo o va a suceder.

    Asíntota: [γραμμή] ἀσύμπτωτος [grammḗ] asýmptōtos, de de ἀ- (sin)- σύν-, con, πίπτειν, piptein, o πίπτω, pipto, caer, incidir: [línea] que no coincide. En geometría.  Línea recta que, prolongada indefinidamente, se acerca de continuo a una curva, sin llegar nunca a encontrarla.

    Astatoἄστατον ástaton, , de α’- στα- de τι’θημι, poner, colocar: inestable: Elemento químico radiactivo, de número atómico. 85, obtenido artificialmente, de propiedades químicas similares a las del yodo y cuyos isótopos son inestables

    Astenia: ἀσθένεια asthéneia, de   ἀ-σθένος, fuerza,: sin fuerza, debilidad.

    Astigmatismo:   ἀ-στίγμα, -ατος stígma, -atos ,punto, pinta, e –ismo: Defecto de visión debido a una curvatura irregular de la superficie de la córnea y el cristalino.  En óptica,  defecto de un sistema óptico que reproduce un punto como una pequeña área difusa.

    Atanasia: ἀθανασία athanasía , de  ἀ-θάνατος , muerte,: sin muerte, inmortalidad. Nombre propio.

    Ataraxia: ἀταραξία ataraxia, de ἀ-ταράσσω, tarasso, agitar, turbarimperturbabilidad, serenidad.

    Ataxia: ἀταξία ataxía, de ἀ- ταξις , tasis, orden: En medicina, desorden, irregularidad, perturbación de las funciones del sistema nervioso; imposibilidad de regir ordenadamente los órganos locomotores.

    Ateísmo, ateode ἄ-θεος á-theos, θεὸς, theos, dios: negación de la existencia de cualquier dios.

    Atérmico: ἄ- θέρμη, thérmē, calor e ‒ico: sin calor, que no deja pasar el calor.

    Atípicoτύπος, de ἀ- τύπος, tipos, figura, modelo, imagen: Que por sus caracteres se aparta de los modelos representativos o de los tipos conocidos.

    átomo, atómico: ἄτομον átomon, de ἄ- τομος átomos, de τομὴ, tomé, corte : sin corfte, que no se puede cortar, indivisible.

    atonía, atonoἀτονία atonía, de τόνος, tonos, cuerda, tensión, acento, de  τείνειν , teínein, estirar, ceder : Falta de energía, vigor o fuerza. Atonía mental.  Falta de tono y de vigor, o debilidad de los tejidos orgánicos, particularmente de los contráctiles.

    Atrofia: ἀτροφία atrophía, τροφὴ, nutrición: desnutrición, falta de desarrollo de un órgano..

  • ¿La pintura ha de ser imitación de la naturaleza o creación del intelecto?

    El arte de la pintura fue muy importante en la Antigüedad, aunque de ella apenas si nos queda algún resto por la propia naturaleza del soporte en que se suele hacer.

    Nos quedan alguna pintura en algún muro de edificios, sobre todo en Pompeya aunque también en otros puntos aislados, alguna tabla excepcionalmente bien conservada en el clima cálido del desierto egipcio y poco más. Se conservan en cambio numerosos mosaicos que sin duda reproducen muchas pinturas o intentan imitarlas.

    Y nos quedan también numerosos textos que a este arte hacen referencia. Entre ellos, por ejemplo, un tratadito de Luciano de Samósata y sobre todo el libro XXXV de Plinio, que en su enciclopédica Historia Natural escribió de casi  todo.

    Pues bien en Hitoria Natural,  XXXV, cap. 36 (60). nos relata, aunque sucintamente, una anécdota muy conocida en la Antigüedad y reproducida hasta la saciedad a partir del Renacimiento, sobre el método para pintar a partir de un modelo natural.

    La anécdota la cuenta con más detalle y ambientada de otra manera Cicerón en una de sus obras menores sobre retórica, en su De inventione rhetorica, Sobre la invención retórica, II, 1, 1-4

    La anécdota ha tenido una especial importancia en toda la historia del arte posterior. Plantea la cuestión de la búsqueda de la belleza a partir de un modelo natural y el asunto enlaza con la doctrina platónica de las ideas generales, porque, cuando un pintor dibuja el rostro de un hombre o de una mujer o de cualquier otro ser,  ¿qué es lo que realmente plasma en el lienzo o en la tabla, el rostro que está viendo o la representación ideal que del rostro bello ha creado en su mente, es decir, la idea general?

    Leeremos estos dos textos y haré también tres referencias posteriores a la anécdota, una del humanista Leon Battista Alberti, otra del pintor  Rafael de Sanzio y otra de Francisco Pacheco (1564-1644) , el maestro y suegro de  Velázquez, que naturalmente no pudo sustraerse a su cita. 

    Cicerón (106a.C.-43a.C.) escribió su manual de retórica titulado De inventione, Sobre la invención retórica, siendo muy joven, hacia el año 86, con unos 20 años. Sólo conservamos dos de los cuatro libros iniciales de que debía constar. Como obra de juventud, el Cicerón orador maduro no estaba muy orgulloso de ella, según él mismo nos dice en su De oratore, , (Lib.I . 5)  y también Quintilian (Institutio Oratoria, III. 1, 20.)

    Pues bien nos dice Cicerón en “Sobre la invención retórica”, Libro II, 1,1-4:

    En cierta ocasión los habitantes de Crotona, que poseían toda clase de recursos y se contaban entre los más ricos de Italia, quisieron enriquecer con pinturas excepcionales el templo de Juno, por el cual sentían una veneración especial. Así pues, contrataron por una enorme suma de dinero a Zeuxis de Heraclea, que en ese momento pasaba por ser el mejor de todos los pintores. Éste pintó muchos cuadros, algunos de los cuales se han conservado hasta nuestros días por la veneración de que ese templo ha sido objeto y, para fijar en una imagen muda el modelo perfecto de belleza femenina, les dijo que quería reproducir la figura de Helena.

    Los crotoniatas, que habían oído decir a menudo que superaba a todos en la representación de la figura femenina, se entusiasmaron con la idea. Pensaron, en efecto, que si desplegabasu talento en el género en que era el mejor, les dejaría en aquel templo una obra maestra.

    No se vieron defraudadas sus esperanzas. En efecto, Zeuxis les preguntó inmediatamente cuáles eran las más bellas jóvenes que allí vivían. Condujeron al pintor directamente al gimnasio y le mostraron muchos jóvenes dotados de gran belleza. Pues efectivamente hubo un tiempo en que los crotoniatas superaron a todos por la fuerza y belleza de sus cuerpos y proporcionaron a su patria en las pruebas de atletismo las victorias más honrosas y las mayores distinciones. Y mientras Zeuxis admiraba extasiado la belleza de sus cuerpos, le dijeron: «En casa están las hermanas de estos jóvenes; por ellos puedes hacerte una idea de su belleza)).

    «Por favor)), les contestó, ((enviadme a las más bellas de esas muchachas mientras pinto lo que os he prometido, para que la verdadera belleza de estos modelos vivos pase a un cuadro mudo)).

    Entonces los ciudadanos de Crotona, tras una deliberación pública, reunieron a las jóvenes en un mismo lugar y permitieron al pintor elegir la que prefiriese.  Él, sin embargo, eligió cinco jóvenes cuyos nombres nos han transmitido muchos poetas porque les dio su aprobación quien, en lo referente a la belleza, tenía sin duda el juicio más seguro. En efecto, creía que no podría encontrar en un solo cuerpo todas las cualidades que buscaba para representar la belleza ideal: la naturaleza, como si temiera carecer de dones para conceder a otras personas si los otorgara todos a una, ofrece a cada una diferentes cualidades a la vez que le añade algún defecto.

    De manera parecida, cuando quise escribir un tratado de retórica no me propuse imitar un único modelo al cual debería seguir en todos los detalles, con sus cualidades y defectos, sino que, después de reunir todo lo escrito sobre la materia, cogí de cada autor los preceptos que me parecieron más apropiados, eligiendo así lo más sobresaliente de sus diferentes talentos.  (Traducción de Salvador Núñez. Edit. Gredos)

    Crotoniatae quondam, cum florerent omnibus copiis et in Italia cum primis beati numerarentur, templum Iunonis, quod religiosissime colebant, egregiis picturis locupletare voluerunt. itaque Heracleoten Zeuxin, qui tum longe ceteris excellere pictoribus existimabatur, magno pretio conductum adhibuerunt. is et ceteras conplures tabulas pinxit, quarum nonnulla pars usque ad nostram memoriam propter fani religionem remansit, et, ut excellentem muliebris formae pulchritudinem muta in se imago contineret, Helenae pingere simulacrum velle dixit; quod Crotoniatae, qui eum muliebri in corpore pingendo plurimum aliis praestare saepe accepissent, libenter audierunt. putaverunt enim, si, quo in genere plurimum posset, in eo magno opere elaborasset, egregium sibi opus illo in fano relicturum.

    neque tum eos illa opinio fefellit. nam Zeuxis ilico quaesivit ab iis, quasnam virgines formosas haberent. illi autem statim hominem deduxerunt in palaestram atque ei pueros ostenderunt multos, magna praeditos dignitate. etenim quodam tempore Crotoniatae multum omnibus corporum viribus et dignitatibus antisteterunt atque honestissimas ex gymnico certamine victorias domum cum laude maxima rettulerunt. cum puerorum igitur formas et corpora magno hic opere miraretur: ‘Horum,’ inquiunt illi, ‘sorores sunt apud nos virgines. quare, qua sint illae dignitate, potes ex his suspicari.’ ‘Praebete igitur mihi, quaeso,’ inquit, ‘ex istis virginibus formonsissimas, dum pingo id, quod pollicitus sum vobis, ut mutum in simulacrum ex animali exemplo veritas transferatur.’ tum Crotoniatae publico de con- silio virgines unum in locum conduxerunt et pictori quam vellet eligendi potestatem dederunt. ille autem quinque delegit; quarum nomina multi poetae memoriae prodiderunt, quod eius essent iudicio probatae, qui pulchritudinis habere verissimum iudicium de- buisset. neque enim putavit omnia, quae quaereret ad venustatem, uno se in corpore reperire posse ideo, quod nihil simplici in genere omnibus ex partibus perfectum natura expolivit. itaque, tamquam ceteris non sit habitura quod largiatur, si uni cuncta concesserit, aliud alii commodi aliquo adiuncto incommodo muneratur.

    [4] Quod quoniam nobis quoque voluntatis accidit, ut artem dicendi perscriberemus, non unum aliquod proposuimus exemplum, cuius omnes partes, quocumque essent in genere, exprimendae nobis necessarie vi- derentur; sed omnibus unum in locum coactis scriptoribus, quod quisque commodissime praecipere videbatur, excerpsimus et ex variis ingeniis excellentissima quaeque libavimus. ex iis enim, qui nomine et memoria digni sunt, nec nihil optime nec omnia prae- clarissime quisquam dicere nobis videbatur. quapropter stultitia visa est aut a bene inventis alicuius recedere, si quo in vitio eius offenderemur, aut ad vitia eius quoque accedere, cuius aliquo bene praecepto duceremur.

    Por lo demás, comprenderá fácilmente el lector cómo el asunto había de ser tema frecuente en la pintura a partir del Renacimiento y por supuesto en el barroco y neoclasicismo, tan amantes de los temas clásicos. Reproduzco también un par de ilustraciones sobre el contenido de los textos; la que viene a continuación  parece la representación de un moderno casting de selección de candidatas para una representación, como al pie de ella comento.

    Nota: la palabra inglesa "casting" con el significado de “reparto” en una película o comedia ha pasado al español como tal, “casting”, convirtiéndose en un anglicismo bien asentado.

    Obra deL pintor neoclásico François-André Vincent ( París, 1746-1816), “Zeuxis et les filles de Crotone”, “Zeuxis y las hijas de Crotona”  (3,23 m. x 4,15 m.), pintado en 1789. Museo del Louvre.

    En él cuadro, como si de un moderno “casting” se tratara, podemos apreciar la belleza de cada muchacha, la vergüenza de algunas por permanecer desnudas, el contento de las elegidas, los nervios de las que esperan, el enfado de las rechazadas… en fin, como si de un “casting” se tratara.

    Amplío un poco más el correspondiente texto de Plinio, en el que se refiere a una estatua de la diosa Juno, para incluir otra famosa anécdota referida a la rivalidad de Zeuxis y Parrasio,  a la que ya hice referencia en https://www.antiquitatem.com/zeuxis-parrasio-polignoto-pinturaantigua 

    En estas dos anécdotas se ejemplifica la discusión entre la teoría estética de la imitación exacta de la naturaleza hasta engañar al ojo, de donde viene el concepto de “trampantojo”, “trampa para el ojo”, y la de la imitación ideal, transcendiendo así la propia belleza de la naturaleza.

    Plinio, Naturalis Historia, XXXV, 36 (60)

    Ahora bien, en la Olimpiada 90 vivieron Aglaofon, Cefísoro, Erilo, Evenor, el padre y preceptor de Parrasio, el mayor pintor, del que hablaremos cuando lleguemos a sus años, todos ellos ya hombres ilustres, pero sin embargo no tales para que se deba detener esta exposición corriendo hacia las luminarias de est arte, entre las que el primero que brilló fue Apolodoro el Ateniense en la Olimpiada 93. Este fue el primero en decidir expresar las formas de las cosas y el primero en conseguir con todo derecho la gloria con sus pinceles. De él es el sacerdote orando y Ayax incendiado por el rayo, pinturas que hoy se ven en Pérgamo. Antes de él no se mostraba la pintura de ningún autor capaz de atraer los ojos.

    Por las puertas del arte abiertas por él entró Zeuxis de Heraclea en el cuarto año de la Olimpiada 95, y llevó el pincel, que ya se atrevía a algo más –de esto hablaremos luego- a la mayor gloria, aunque algunos lo sitúan falsamente en la Olimpiada 98, cuando necesariamente debieron vivir Demófilo de Himera y Nesea Tasio,  pues de uno de estos dos fue discípulo, aunque no se sabe de cuál. El antes citado Apolodoro escribió un poema contra él en el que dice que Zeuxis se llevó consigo el arte que les había robado a ellos.

    Adquirió tantas riquezas también, que por el deseo de ostentarlas  en Olimpia, mostró su nombre bordado con letras de oro en las piezas de su vestido. Luego decidió regalar sus obras, porque decía que no se podían vender por ningún precio suficientemente, y así a los Agrigentinos les dio una Alcmena y a Arquelao un dios Pan.  Hizo también una Penélope, en la que parece que había pintado la virtud en sí, y un atleta con el que hasta tal punto estaba contento  que escribió este  verso célebre por ello: “será más fácil que alguien me envidie a que me imite”. Su Júpiter en el trono rodeado de los dioses es también magnífico y Hércules niño estrangulando a las dos serpientes en presencia de su madre Alcmena y de Anfitrión.

    Sin embargo se le reprocha que era excesivamente exagerado con las cabezas y articulaciones, y por eso en otra ocasión puso tanta diligencia en hacer un cuadro para los Agrigentinos para que la dedicasen públicamente en el templo de Juno Lacinia, que examinó a sus jóvenes desnudas y eligió a cinco para poner en la pintura lo que de más bello hubiese en cada una.

    También hizo pinturas monocromas en blanco. Fueron contemporáneos suyos y sus seguidores Timantes, Andrócides, Eupompo y Parrasio.

    Se dice que éste participó en un concurso y que, mientras aquel presentó unas uvas pintadas con tanto éxisto que unos pájaros fueron volando al cuadro, él presentó una cortina pintada con tanta verosimilitud que Zeuxis, eufórico por el juicio de los pájaros, le pidió que retirase la cortina y mostrase la pintura y que reconocido su error, con toda modestia se le concediese la victoria, porque él había engañado a las aves pero Parrasio le había engañado a él que era un artista.

    Se cuenta también que después Zeuxis pintó a un niño llevando unas uvas a las que acudieron volando unos pájaros y que con la misma modestia se enfadó con su obra y dijo: he pintado mejor las uvas que el niño, pues si lo hubiera hecho perfecto, los pájaros le debería haber tenido miedo. Hizo también obras de arcilla, que solo dejó en Ambracia, cuando Fulvió Nobilior se llevó de allí las Musas a Roma. En Roma en los pórticos de Filipo queda de la mano de Zeuxis su Helena y en el templo de la Concordia un Marsias atado.

    LXXXX autem olympiade fuere Aglaophon, Cephisodorus, Erillus, Euenor, pater Parrhasii et praeceptor maximi pictoris, de quo suis annis dicemus, omnes iam inlustres, non tamen in quibus haerere expositio debeat festinans ad lumina artis, in quibus primus refulsit Apollodorus Atheniensis LXXXXIII olympiade. hic primus species exprimere instituit primusque gloriam penicillo iure contulit. eius est sacerdos adorans et Aiax fulmine incensus, quae Pergami spectatur hodie. neque ante eum tabula ullius ostenditur, quae teneat oculos.
    Ab hoc artis fores apertas Zeuxis Heracleotes intravit olympiadis LXXXXV anno quarto, audentemque iam aliquid penicillum — de hoc enim adhuc loquamur — ad magnam gloriam perduxit, a quibusdam falso in LXXXVIIII olympiade positus, cum fuisse necesse est Demophilum Himeraeum et Nesea Thasium, quoniam utrius eorum discipulus fuerit ambigitur.
    in eum Apollodorus supra scriptus versum fecit, artem ipsis ablatam Zeuxim ferre secum. opes quoque tantas adquisivit, ut in ostentatione earum Olympiae aureis litteris in palliorum tesseris intextum nomen suum ostentaret. postea donare opera sua instituit, quod nullo pretio satis digno permutari posse diceret, sicuti Alcmenam Agragantinis, Pana Archelao.

    fecit et Penelopen, in qua pinxisse mores videtur, et athletam adeoque in illo sibi placuit, ut versum subscriberet celebrem ex eo, invisurum aliquem facilius quam imitaturum. magnificus est et Iuppiter eius in throno adstantibus diis et Hercules infans dracones II strangulans Alcmena matre coram pavente et Amphitryone.

    reprehenditur tamen ceu grandior in capitibus articulisque, alioqui tantus diligentia, ut Agragantinis facturus tabulam, quam in templo Iunonis Laciniae publice dicarent, inspexerit virgines eorum nudas et quinque elegerit, ut quod in quaque laudatissimum esset pictura redderet. pinxit et monochromata ex albo. aequales eius et aemuli fuere Timanthes, Androcydes, Eupompus, Parrhasius.

    descendisse hic in certamen cum Zeuxide traditur et, cum ille detulisset uvas pictas tanto successu, ut in scaenam aves advolarent, ipse detulisse linteum pictum ita veritate repraesentata, ut Zeuxis alitum iudicio tumens flagitaret tandem remoto linteo ostendi picturam atque intellecto errore concederet palmam ingenuo pudore, quoniam ipse volucres fefellisset, Parrhasius autem se artificem.

    fertur et postea Zeuxis pinxisse puerum uvas ferentem, ad quas cum advolassent aves, eadem ingenuitate processit iratus operi et dixit: uvas melius pinxi quam puerum, nam si et hoc consumassem, aves timere debuerant. fecit et figlina opera, quae sola in Ambracia relicta sunt, cum inde Musas Fulvius Nobilior Romam transferret. Zeuxidis manu Romae Helena est in Philippi porticibus, et in Concordiae delubro Marsyas religatus.

    Como decía más arriba, la anécdota, bien conocida desde la propia Antigüedad es recordada, por ejemplo, por el gran humanista Leon Battista Alberti (1404 – 1472), que se dedicó como buen humanista a todas las artes y conocimientos de las más variadas disciplinas y fue el primer teórico del arte. 

    Escribió el tratado De pictura, Sobre la pintura, primero en latín y luego él mismo lo tradujo  al italiano. Ofrezco también en español lo que dice en el libro III, capítulo 56 a propósito de la anécdota de Zeuxis y la cuestión de pintar imitando o no a la naturaleza.

    Pero para que el estudio no sea  inútil y vano, se debe huir de esa costumbre de algunos necios, que buscan la alabanza en la pintura con su sola imaginación, sin seguir modelo alguno natural de la cosa ante sus ojos o mente. Estos, pues, no aprenden a pintar correctamente sino que se acostumbran a los errores. Así se aparta de estos ignorantes  esa idea de belleza que incluso los muy expertos apenas alcanzan a ver. Zeuxis, el pintor más famoso y más sabio y más experto de todos, para pintar hacer una tabla que se iba a dedicar públicamente por los habitantes de Crotona en el templo de Lucina, no confiando temerariamente en su solo ingenio, como casi todos los pintores hacen en este tiempo nuestro, se decidió a pintarla, pero porque pensaba que todas las cosas que se requieren para la belleza no sólo no pueden encontrarse en el solo ingenio, sino que ni siquiera buscadas en la naturaleza pueden encontrarse en un solo cuerpo, eligió en consecuencia de toda la juventud de la ciudad a las cinco muchachas más llamativas por su belleza,  para trasladar a la pintura aquello de belleza femenina  más alabado que se encontrase en cada una. Prudentemente actúa ciertamente este (Zeuxis),  pues como sucede facilmente a los pintores que no tienen ningún modelo ejemplar para imitar, cuando en cambio se apoyan sólo en su imaginación para alcanzar la alabanza de su belleza, que con su trabajo no consiguen la belleza que deben o buscar encontrar, sino que caen en las malas  maneras de pintar, que luego incluso queriéndolo apenas pueden dejar.  En cambio quien esté acostumbrado a tomar todas las cosas de la propia naturaleza, ese hará su mano tan experta que siempre todo lo que intente parecerá sacado de la propia naturaleza. Y vemos cuánto se desea en las pinturas esto, pues si en el cuadro hay un rostro de algún hombre conocido, aunque haya algunos otros detalles de mayor perfección, sin embargo el rostro conocido atrae hacia él los ojos de todos los espectadores, pues tan gran atractivo y fuerza tiene lo que tomamos de la naturaleza. Tomemos siempre, pues, de la propia naturaleza lo que vayamos a pintar y luego elijamos siempre lo más hermoso y más a propósito de ella.

    III, 56. Ma per non perdere studio e fatica si vuole fuggire quella consuetudine d'alcuni sciocchi, i quali presuntuosi di suo ingegno, senza avere essemplo alcuno dalla natura quale con occhi o mente seguano, studiano da sé a sé acquistare lode di dipignere. Questi non imparano ipignere bene, ma assuefanno sé a' suoi errori. Fugge gl'ingegni non periti quella idea delle bellezze, quale i bene essercitatissimi appena discernono. Zeusis, prestantissimo e fra gli altri essercitatissimo pittore, per fare una tavola qual pubblico pose nel tempio di Lucina appresso de' Crotoniati, non fidandosi pazzamente, quanto oggi ciascuno pittore, del suo ingegno, ma perché pensava non potere in uno solo corpo trovare quante bellezze egli ricercava, perché dalla natura non erano ad uno solo date, pertanto di tutta la gioventù di quella terra elesse cinque fanciulle le più belle, per torre da queste qualunque bellezza lodata in una femmina. Savio pittore, se conobbe che ad i pittori, ove loro sia niuno essemplo della natura quale elli seguitino, ma pure vogliono con suoi ingegni giugnere le lode della bellezza, ivi facile loro avverrà che non quale cercano bellezza con tanta fática troveranno, ma certo piglieranno sue pratiche non buone, quali poi ben volendo mai potranno lassare. Ma chi da essa natura s'auserà prendere qualunque facci cosa, costui renderà sua mano sì essercitata che sempre qualunque cosa farà parrà tratta dal naturale. Qual cosa quanto sia dal pittore a ricercarla si può intendere, ove poi che in una storia sarà uno viso di qualche conosciuto e degno uomo, bene che ivi sieno altre figure di arte molto più che questa perfette e grate, pure quel viso conosciuto a sé imprima trarrà tutti gli occhi di chi la storia raguardi: tanto si vede in sé tiene forza ciò che sia ritratto dalla natura. Per questo sempre ciò che vorremo dipignere piglieremo dalla natura, e sempre torremo le cose più belle.

    56. Sed quo sit studium non futile et cassum, fugienda est illa consuetudo nonnullorum qui suopte ingenio ad picturae laudem contendunt, nullam naturalem faciem eius rei oculis aut mente coram sequentes. Hi enim non recte pingere discount sed erroribus assuefiunt. Fugit enim imperitos ea pulchritudinis idea quam peritissimi vix discernunt. Zeuxis, praestantissimus et omnium doctissimus et peritissimus pictor, facturus tabulam quam in tempio Lucinae apud Crotoniates publice dicaret, non suo confisus ingenio temere, ut fere omnes hac aetate pictores, ad pingendum accessit, sed quod putabat omnia quae ad venustatem quaereret, ea non modo proprio ingenio non posse, sed ne a natura quidem petita uno posse in corpore reperiri, idcirco ex omni eius urbis iuventute delegit virgines quinque forma praestantiores, ut quod in quaque esset formae muliebris laudatissimum, id in pictura referret. Prudenter is quidem, nam pictoribus nullo proposito exemplari quod imitentur, ubi ingenio tantum pulchritudinis laudes captare enituntur, facile evenit ut eo labore non quam debent aut quaerunt pulchritudinem assequantur, sed plane in malos, quos vel volentes vix possunt dimittere, pingendi usus dilabantur. Qui vero ab ipsa natura omnia suscipere consueverit, is manum ita exercitatam reddet ut semper quicquid conetur naturam ipsam sapiat.  Quae res in picturis quam sit optanda videmus, nam in historia si adsit facies cogniti alicuius hominis, tametsi aliae nonnullae praestantioris artificii emineant, cognitus tamen vultus omnium spectantium oculos ad se rapit, tantam in se, quod sit a natura sumptum, et gratiam et vim habet. Ergo semper quae picturi sumus, ea a natura sumamus, semperque ex his quaeque pulcherrima et dignissima deligamus.

    Poco después el gran Rafael (1483 –1520), conocido también como Rafael de Sanzio o Rafael de Urbino, dice en una carta a Baltasar Castiglione, que se siente admirado por la pintura “Triunfo de Galatea”: 

    IV. Carta a Castiglione

    Señor conde: …Sobre la Galatea, me consideraría un gran maestro si hiciera la mitad de las cosas tan grandes que Vuestra Señoría me escribe. Pero en sus palabras reconozco el amor que me tiene: y le digo que para pintar a una bella necesitaría muchas bellas, con esta condición, que vuestra señoría se encontrase conmigo para elegir lo mejor. Pero habiendo escasez de buenos jueces y de bellas damas,  yo me sirvo de cierta idea que me viene a la mente. Si ésta tiene en sí alguna excelencia de arte, yo no lo sé; bien me afano en que la tenga. A lo que mande vuestra Señoría. Desde Roma”.

    IV. Lettera al Castiglione

    Signor conte….Della Galatea mi terrei un gran maestro se vi fossero la metà delle tante cose che V.S. mi scrive. Ma nelle sue parole riconosco l´amore che mi porta: et le dico che per dipingere una bella mi bisogneria veder più belle, con questa conditione, che V.S. si trovasse meco a far scelta del meglio», Ma, essendo carestia e di buoni giudici e di belle donne, io mi servo di certa idea che mi viene nella mente. Se questa ha in sé alcuna eccellenza d'arte, io non so; ben m'affatico di averla. Vostra Signoria mi comandi. Di Roma. 

    Esta opinión de Rafael de Sanzio la conoce Francisco Pacheco, el maestro de Velázquez, que en el capítulo 12 del libro I de su  Arte de la pintura, dice en las pàg. 216-118 de la edición de 1866 de Imprenta de Manuel Galiano.

    Y cuando esto faltare , ó no se hallare con la belleza que conviene, ó por incomodidad de lugar ó de tiempo, viene admirablemente el valerse de las hermosas ideas que tiene adquiridas el valiente artífice. Como lo dió á entender Rafael de Urbino escribiendo al Conde Baltasar Castellón, que le encareció mucho la figura de la Galatea que había pintado al fresco. Diciendo de esta manera : Ma essendo carestia, e de buoni giudecij et de belle dome, io mi servo di certa iddea, che mi viene nellamente ; si questa ha in se alcuna escellenza d'arte, io non so : ben me affatico di haberla. Quiere decir : « Mas careciendo de buen juicio y de hermosas mujeres , yo me sirvo de cierta idea que se me ofrece á la imaginación ; si esta tiene alguna excelencia en el arte , no lo sé ; pero bien me fatigo para alcanzarla, de manera que la perfección consiste en pasar de las ideas á lo natural , y de lo natural á las ideas : buscando siempre lo mejor y más seguro y perfecto.

    De manera que la perfección consiste en pasar de las ideas a lo natural , y de lo natural a las ideas : buscando siempre lo mejor y más seguro y perfecto. Así lo hacía también su maestro del mismo Rafael, Leonardo de Vinci, varón de sutilísimo ingenio , atendiendo á seguir los antiguos ; el cual primero que se pusiese á inventar cualquier historia, investigaba todos los efectos propios y naturales de cualquier figura , conforme á su idea. Y hacia luego diversos rasguños, después se iba donde sabia que se juntaban personas de la suerte que las había de pintar y observaba el modo de sus semblantes y vestidos y movimientos del cuerpo ; y hallando cosa que le agradase , conforme á su intento, lo dibujaba en el libreto que siempre llevaba consigo (veremos adelante sus palabras conforme a este intento ) y de esta manera acababa sus obras maravillosamente.

    Esto es finalmente lo que conviene hacer en este último grado, con el ejemplo del antiguo Zéusis , que para la bellísima Helena que se le ofreció pintar al pueblo de Agrigento, eligió cinco hermosas doncellas , y de cada una de ellas fue escogiendo lo más perfecto para hacer una figura igualmente acabadísima, aventajando la arte á la misma naturaleza: pues pintó en un sugeto la hermosura que apenas se hallaba en muchos.

    En cuanto a las numerosas representaciones pictóricas de la anécdota, además de la presentada anteriormente, muestro otra anterior en el tiempo, que es una ilustración de un manuscrito del Roman de la Rose, editado hacia el año 1525 en Rouen,  conservado en New York, The Pierpont Morgan Library, MS M.0948, folio 159.

  • Píramo y Tisbe: una antigua historia de amor trágico, como la de Romeo y Julieta

    Es difícil eludir la celebración de “San Valentín, día de los enamorados”. Una poderosa tradición que hunde sus raíces en la Antigüedad y Edad Media y es afianzada en la actualidad por los intereses mercantiles de poderosas corporaciones y organizaciones comerciales, parece imponerse sin freno.

    El asunto no carece de interés pero he de dejar para otro momento profundizar un poco en el origen de la festividad, en la inexistencia del santo mártir San Valentín o en los poderosos argumentos para dudar de su existencia, en la cristianización de una fiesta de las fiestas paganas más importantes del mes de febrero, las Lupercalia. Todo ello es de gran interés, pero prefiero aplazar su estudio. Quiero limitarme ahora a reproducir una de las más bellas historias de amor de la Antigüedad que nos relata Ovidio en sus Metamorfosis, la trágica historia de amor de Píramo y Tisbe, dos enamorados muertos por un trágico error.

    Píramo y Tisbe, dos enamorados muertos por un trágico error

    La historia o cuento, bien conocida desde la Antigüedad, tuvo tanto éxito a partir del Renacimiento que no es sino aquella de la que parece surgir la tragedia más famosa de Shakespeare, Romeo y Julieta, que también la usa en El sueño de una noche de verano.

    Es cierto que Higinio, contemporáneo aunque un poco mayor que Ovidio,  ((64 a. C. – 17d.C.) hace una simple referencia a la historia de Píramo y Tisbe en sus Fábulas. Higinio es un escritor oriundo de Valencia, según Luis Vives, aunque otros autores dudan del lugar de su nacimiento. (véase https://www.antiquitatem.com/eclipses-en-la-antiguedad-geminus- )

    Dice al respecto en sus Fabulas, 242 y 243:

    Los que se mataron a sí mismos
    Pyramo se mató a sí mismo en Babilonia por culpa del amor de Tisbe

    CCXLII Qui se ipsi interfecerunt
    …..Pyramus in Babylonia ob amorem Thisbes ipse se occidit…

    Las que se mataron a sí mismas
    La babilonia Tisbe se mató a sí misma, porque Píramo se había matado a sí mismo.

    CCXLIII Quae se ipsae interfecerunt
    ….. Thisbe Babylonia propter Pyramum quod ipse se interfecerat.

    Pero es el poeta Ovidio quien nos relata esta historia en el libro IV de su obra Metamorfosis. No conocemos ningún autor que la contara con anterioridad y son escasos los que lo hacen después, algunos con alguna variación. La historia es sin duda de origen oriental, como ya pone de manifiesto su localización en Babilonia.

    Sin duda a partir de Ovidio la historia tuvo notable éxito y fue bien conocida; antes parece que no lo fue a juzgar por las propias palabras de Ovidio: “vulgaris fabula non est”, “no es una historia popular”. En la tardía Antigüedad hay una versión ligeramente diferente de Nono, Nonnus, autor latino tardío de finales del siglo IV o principios del V que en su Dyonisiaca XII, 84 y ss. la sitúa en Cilicia y no en Babilonia.

    San Agustín nos la presenta como uno de los temas frecuentes que los estudiantes han de desarrollar como ejercicio de sus estudios de retórica; lo que quiere decir que el tema ya era muy conocido. Así nos dice, refiriéndose al muro interpuesto entre Píramo y Tisbe,  en su De ordine, 1,3,8:

    Te digo, que me irrito contigo cuando te veo andar cantando y sufriendo con estos versos de todo tipo que levantan entre ti y la verdad un muro más grueso que el que se esforzaban en levantar entre tus amantes; pues ellos se comunicaban por una delgada fisura. El intentaba entonces cantar a Píramo.

    Irritor, inquam, abs te versus istos tuos omni metrorum genere cantando et ululando insectari, qui inter te atque veritatem immaniorem murum quam inter amantes tuos conantur  erigere”. ; nam in se illi vel inolita rimula respirabant. Pyramum enim ille tum canere instituerat.

    Y luego en el mismo De ordine, 1,5,12

    Te lo digo aunque me llames odioso, pues ciertamente no puedo no serlo si te he atacado cuando hablabas con Píramo y Tisbe…

    Cui ego licet, inquam, me odiosum percontatorem voces; vix enim possum non esse,qui  expugnavi me cum Pyramo et Thisbe coloqueris

    En la Edad Media es un lugar común como referencia de “amor desgraciado”. El mito aparece en todas las literaturas europeas medievales: en España aparece ya en La fazienda de ultramar, obra probablemente del año 1153. En Francia hay numerosos ejemplos; sea suficiente el de Chrétien de Troyes en su Conte de la Charrette. En Inglaterra Chaucer contó la historia en su The Legend of Good Women. En Italia, Boccaccio hace un resumen de la fábula en su De claris mulieribus, aunque no aparecen los nombres de Píramo y Tisbe.

    Decenas de poetas y autores literarios replicaron la leyenda

    En España tiene una menor presencia en la Edad Media por el desconocimiento general de Ovidio, aunque parece ser que el Marqués de Santillana y Gómez Manrique poseían una traducción de las Metamorfosis. Pero a partir del Renacimiento son decenas los poetas y autores literarios que de una otra forma replican la leyenda, de la que quedan también numerosos romances novelescos que se cantaban en España y Portugal. Las numerosas ediciones y traducciones de Ovidio a partir del Renacimiento facilitaron la relación directa de los autores con esta leyenda.

    De todos los autores españoles quiero tan sólo destacar a dos de ellos sin profundizar en el asunto, porque mi interés en este momento es ofrecer a los lectores el texto directo de Ovidio para que puedan disfrutar de un emocionante relato literario. Estos dos autores son Cervantes, que en su Quijote hace tres referencias a los amores desgraciados: la historia de Cardenio y Luscinda en la Primera Parte (I,23-24), y en la Segunda el soneto de Lorenzo Miranda, hijo del Caballero del Verde Gabán (II,16-18) y el episodio de las bodas de Camacho (II, 19,20 y 21) con la inversión cómica de los amores funestos.

    Reproduzco, por ser más breve el soneto de Lorenzo Miranda:

    El muro rompe la doncella hermosa
    que de Píramo abrió el gallardo pecho;
    parte el Amor de Chipre y va derecho
    a ver la quiebra estrecha y prodigiosa.

    Habla el silencio allí, porque no osa
    La voz entrar por tan estrecho estrecho;
    las almas sí, que amor suele de hecho
    facilitar la más difícil cosa

    Saltó el deseo de compás y el paso
    de la imprudente virgen solicita
    por su gusto su muerte. Ved qué historia;

    Que a entrambos en un punto, ¡oh extraño caso!,
    los mata, los encubre y resucita
    una espada, un sepulcro, una memoria.

    El otro es Góngora, que reescribió el relato, si bien de tono humorístico, o para ser más exactos, de difícil interpretación, que hoy conocemos como Ilustración y Defensa de la Fábula de Píramo y Tisbe (1618). Góngora ya había aludido con anterioridad al tema de Píramo y Tisbe en una de las Letrillas en las que repite el estribillo popular “ríase la gente”:

    Pues amor es tan cruel
    que de Píramo y su amada
    hace tálamo una espada,
    do se junten ella y él,
    sea mi Tisbe un pastel
    ya la espada sea mi diente
    y ríase la gente.

    Romeo y Julieta de Shakespeare pudo estar inspirado en Píramo y Tisbe

    Shakespeare, por su parte, rememora el cuento en la famosa tragedia Romeo y Julieta y con un tono irónico en El sueño de una noche de verano”, aunque los especialistas en el autor inglés afirman que no le influyó directamente la obra de Ovidio, sino que el influjo le vino de autores italianos indirectamente a partir del poema de Arthur Brooke The Tragical Historye of Romeus and Juliet y de la traducción de William Painter “Rhomeo and Julietta”; estos autores se sirvieron de una versión francesa de Pierre Boaiastou que se basaba en un Romeo e Giuletta de Mateo Bandello  y en un Giuletta e Romeo de Luigi da Porto.

    Pero Shakespeare no tendría ninguna dificultad en conocer un tema tan popular ya en toda Europa: Golding había traducido en 1567 Las metamorfosis.

    Por supuesto el tema fue de interés para otros artistas, además de los literatos, como los pintores y los músicos, desde la propia Antigüedad hasta nuestros días.

    Ofrezco tan sólo cuatro ejemplos de pintura sobre el tema: una del siglo I de Pompeya, otra de un capitel románico del siglo XII en Basilea,otra del XVIII-XIX y otra absolutamente contemporánea.

    Lienzo del siglo I sobre Píramo y Tisbe
    Lienzo del siglo I sobre Píramo y Tisbe

    Píramo y Tisbe representados en un fresco de la Casa de Octavio Cuartión (Pompeya). S. I d. C.

    Imágenes de un Capitel románico del siglo XII
    Capitel románico del siglo XII con Píramo y Tisbe representados

    Claustro de la catedral de Basilea, finales del siglo XII (con una interpretación cristiana moralizante)

    Lienzo sobre los protagonistas de la leyenda del siglo XVIII-XIX
    Lienzo sobre los protagonistas de la leyenda del siglo XVIII-XIX

    Pierre-Claude Gautherot, (1769-1825),

    Lienzo contemporáneo de Píramo y Tisbe
    Lienzo contemporáneo de Píramo y Tisbe

    Gabriel Alonso y publicada por la editorial digital UNO Y CERO (http://unoyceroediciones.com/)

    En música los ejemplos van desde la ópera El sueño de una noche de verano, obra de Benjamin Britten basada en El sueño de una noche de verano de Shakespeare West Side Story basada en Romeo y Julieta hasta la adaptación de los Beatles, en la que Paul McCartney era Piramo, John Lennon era Tisbe, George Harrison era la Luna y Ringo Starr era el león.

    Pero dejémonos de consideraciones más o menos eruditas y curiosidades intranscendentes y permitamos que sea el poeta  Ovidio el que nos relate con detalle la desgraciada historia.

    Matamorfosis, IV, 42…..54;  55-166

    Aprueban sus palabras las hermanas y le piden que sea ella la primera en contar. Se pone ella a pensar qué relato, de entre muchos, va a escoger, pues eran innumerables los que sabía,  y duda si contar tu historia, babilonia Dércetis, de quien creen los palestinos que, transformada y con escamas cubriendo sus miembros, agitó las aguas de un lago.
    …..
    O de cómo el árbol que antes daba frutos blancos, los da ahora negros por haber sido tocado por sangre. Esto último es lo que prefiere; esta narración, por no ser del dominio común, la empieza  de la siguiente manera, mientras la lana va tras de sus hilos:
    “Píramo  y Tisbe, el uno el más bello de los jóvenes, la otra sobresaliente entre las muchachas que tenía el Oriente,  ocupaban dos casas contiguas, allí donde se dice que Semíramis ciñó de muros de tierra cocida su elevada ciudad. La vecindad les hizo conocerse y dar los primeros pasos; con el tiempo creció el amor; ellos habrían querido celebrar la legítima unión de la antorcha nupcial, pero se opusieron los padres; mas, y a eso no podían oponerse, por igual ardían ambos con cautivos corazones. Ningún confidente hay entre ellos, por señas y por gestos se hablan, y cuanto más ocultan el fuego, más se enardece el fuego oculto. La pared medianera de ambas casas estaba hendida por una delgada grieta que se había producido antaño, durante su construcción. El defecto, que nadie había observado a lo largo de los siglos -¿qué no notará el amor?- vosotros, amantes, fuisteis los primeros en verlo, y lo hicisteis camino de vuestra voz; y así solían pasar seguras a su través, y en tenue cuchicheo, vuestras ternezas. Muchas veces, cuando de una parte estaba Tisbe y de la otra Píramo, y habían ellos percibido mutuamente la respiración de sus bocas, decían: “Pared envidiosa, ¿por qué te alzas como obstáculo entre dos amantes? ¿Qué te costaba permitirnos unir por entero nuestros cuerpos, o, si eso es demasiado, ofrecer al menos una abertura para nuestros besos? Pero no somos ingratos; confesamos que te debemos el que se haya dado a nuestras palabras paso hasta los oídos amigos.”

    Y después de hablar así en vano y separados como estaban, al llegar la noche se dijeron adiós, y dio cada uno a su parte besos que no llegaron al otro lado. La aurora siguiente había ahuyentado las nocturnas luminarias, y el sol había secado con sus rayos las hierbas cubiertas de escarcha; se reunieron en el lugar de costumbre. Y entonces, después de muchos lamentos murmurados en voz baja, acuerdan hacer en el silencio de la noche la tentativa de engañar a sus guardianes y salir de sus puertas, y, una vez que estén fuera de sus hogares, abandonar también los edificios de la ciudad; y, para evitar el riesgo de extraviarse en su marcha por los anchos campos, reunirse junto al sepulcro de Nino (rey fundador de Nínive) y ocultarse a la sombra del árbol. Un árbol había allí, cuajado de frutos blancos como la nieve, un erguido moral, situado en las proximidades de un frío manantial. Este plan adoptan; y la luz del día, que les pareció tardar en alejarse, se arroja a las aguas, y de las mismas aguas sale la noche. Hábilmente en medio de las tinieblas hace Tisbe girar la puerta en su quicio, sale, engaña a los suyos, con la cara tapada llega a la tumba, y se sienta bajo el árbol convenido; el amor la hacía atrevida. He aquí que llega una leona con el hocico espumeante embadurnado de sangre de unos bueyes que acaba de matar, y con la intención de apagar su sed en las aguas de la vecina fuente. La babilonia Tisbe la vio de lejos, a los rayos de la luna, y con pasos asustados huyó a una oscura cueva; y al huir, cayó de su espalda un velo que dejó abandonado. Una vez que la feroz leona hubo aplacado con abundante agua su sed, al volver al bosque se encontró el tenue velo sin su dueña, y con su boca ensangrentada lo desgarró.

    Píramo salió más tarde, vio en el espeso polvo huellas seguras de una fiera, y palideció su semblante entero; pero cuando encontró también la prenda teñida en sangre, dijo: “Una sola noche acabará con los enamorados; de los dos, ella era la más digna de una larga vida, mientras que mi alma es culpable; yo he sido quien te he perdido, infortunada, yo que te he mandado venir de noche a un lugar terrorífico, y no he venido aquí el primero. Despedazad mi cuerpo y devorad a fieros mordiscos estas vísceras criminales, oh leones todos que habitáis bajo esta roca. Pero es de cobardes desear la muerte”.

    Coge del suelo el velo de Tisbe, lo lleva consigo a la sombra del árbol de la cita, y después de dar lágrimas y besos a la conocida prenda, dice: “Recibe ahora también la bebida de mi sangre”. Y hundió en sus ijares el hierro que llevaba al cinto, y sin tardanza se lo arrancó, moribundo ya, de la ardiente herida, quedando tendido en tierra boca arriba; la sangre salta a gran altura, no de otro modo que cuando en un tubo de plomo deteriorado se abre una hendidura, que por el estrecho agujero que silba lanza chorros de agua y rasga el aire con su persecución. Los frutos del árbol toman, por las cruentas salpicaduras, un tinte oscuro, y la raíz, humedecida en sangre, matiza el color de púrpura las moras que cuelgan.
    He aquí que, sin estar libre de miedo todavía, pero para no hacer defección a su amante, vuelve ella, busca al joven con los ojos y con el alma, y arde en deseos de contarle el enorme peligro de que se ha librado; y si bien reconoce el lugar y la forma del árbol que ha visto, con todo la hace dudar el color del fruto; quédase perpleja sobre si será el mismo árbol. Mientras vacila, ve que unos miembros temblorosos palpitan sobre el suelo ensangrentado; retrocedió, y con el semblante más pálido que el boj sufrió un estremecimiento semejante al del mar que susurra cuando una leve brisa roza su superficie. Mas una vez que, poco después, reconoció a su amor, se maltrata con sonoros golpes los brazos que lo merecían, se arranca los cabellos, y abrazando el cuerpo amado inundó de lágrimas sus heridas y mezcló su llanto con la sangre; y estampando sus besos en el rostro helado gritó: “Píramo, ¿qué desventura me ha dejado sin ti? Píramo, respóndeme; es tu adorada Tisbe quien te llama; escúchame y yergue tu cabeza abatida”. Al nombre de Tisbe levantó Píramo los ojos, sobre los que gravitaba ya la muerte, y después de verla a ella los volvió a cerrar. Cuando ella reconoció su prenda, y vi el marfil desprovisto de su espada, exclamó: “¡Tu propia mano te ha dado muerte y tu propio amor, infortunado! Para esto sólo tengo yo también una mano fuerte, y tengo amor que me dará fuerzas para herirme. Iré tras de ti que ya has perecido, y de tu muerte se dirá que he sido yo trágica causa y compañera; y tú, a quien sólo la muerte ¡ay! Podía arrancarme, ni aun la muerte podrá arrancarte de mí. Una cosa sin embargo os han de pedir las súplicas de los dos, oh infelicísimos padres mío y suyo, que a aquellos a quienes unió un fiel amor y la última hora, no les rehuséis ser sepultados en la misma tumba. Y tú, árbol que con tus ramas das sombra ahora al pobre cuerpo de uno solo, pero pronto la darás a los de dos, conserva las señales de nuestra ruina, y ten siempre frutos negros y propios para el luto, en memoria de nuestra doble sangre”. Dijo, y colocando la punta de la espada bien por debajo de su pecho, se dejó caer sobre el hierro que aun estaba tibio de la otra sangre. Sus súplicas conmovieron a los dioses, conmovieron a los padres; pues el color del fruto, una vez que está bien maduro, es negruzco, y lo que resta de sus piras descansa en una única urna”.

    Había terminado; transcurrió un breve intervalo, y empezó a hablar Leucónoe; guardaron silencio sus hermanas. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira, C.S.I.C. Alma Mater)

    Dicta probant primamque iubent narrare sorores.
    Illa, quid e multis referat (nam plurima norat),
    cogitat et dubia est, de te, Babylonia, narret,
    Derceti, quam versa squamis velantibus artus
    stagna Palaestini credunt motasse figura;
    ……
    an, quae poma alba ferebat,
    ut nunc nigra ferat contactu sanguinis arbor.
    Hoc placet, hanc, quoniam vulgaris fabula non est,
    talibus orsa modis, lana sua fila sequente:
    …..
    55-168
    Pyramus et Thisbe.
    “Pyramus et Thisbe, iuvenum pulcherrimus alter,
    altera, quas oriens habuit, praelata puellis,
    contiguas tenuere domos, ubi dicitur altam
    coctilibus muris cinxisse Semiramis urbem.
    Notitiam primosque gradus vicinia fecit:
    tempore crevit amor. Taedae quoque iure coissent:
    sed vetuere patres. Quod non potuere vetare,
    ex aequo captis ardebant mentibus ambo.
    Conscius omnis abest: nutu signisque loquuntur,
    quoque magis tegitur, tectus magis aestuat ignis.
    Fissus erat tenui rima, quam duxerat olim,
    cum fieret paries domui communis utrique.
    Id vitium nulli per saecula longa notatum
    (quid non sentit amor?) primi vidistis amantes,
    et vocis fecistis iter; tutaeque per illud
    murmure blanditiae minimo transire solebant.
    Saepe, ubi constiterant hinc Thisbe, Pyramus illinc,
    inque vices fuerat captatus anhelitus oris,
    “invide” dicebant “paries, quid amantibus obstas?
    quantum erat, ut sineres toto nos corpore iungi,
    aut hoc si nimium est, vel ad oscula danda pateres?
    Nec sumus ingrati: tibi nos debere fatemur,
    quod datus est verbis ad amicas transitus aures.”
    Talia diversa nequiquam sede locuti
    sub noctem dixere ”vale” partique dedere
    oscula quisque suae non pervenientia contra.
    Postera nocturnos aurora removerat ignes,
    solque pruinosas radiis siccaverat herbas:
    ad solitum coiere locum. Tum murmure parvo
    multa prius questi, statuunt, ut nocte silenti
    fallere custodes foribusque excedere temptent,
    cumque domo exierint, urbis quoque tecta relinquant;
    neve sit errandum lato spatiantibus arvo,
    conveniant ad busta Nini lateantque sub umbra
    arboris. Arbor ibi, niveis uberrima pomis
    ardua morus, erat, gelido contermina fonti.
    Pacta placent. Et lux, tarde discedere visa,
    praecipitatur aquis, et aquis nox exit ab isdem.
    Callida per tenebras versato cardine Thisbe
    egreditur fallitque suos, adopertaque vultum
    pervenit ad tumulum, dictaque sub arbore sedit.
    Audacem faciebat amor. Venit ecce recenti
    caede leaena boum spumantes oblita rictus,
    depositura sitim vicini fontis in unda.
    Quam procul ad lunae radios Babylonia Thisbe
    vidit et obscurum timido pede fugit in antrum,
    dumque fugit, tergo velamina lapsa reliquit.
    Ut lea saeva sitim multa conpescuit unda,
    dum redit in silvas, inventos forte sine ipsa
    ore cruentato tenues laniavit amictus.
    Serius egressus vestigia vidit in alto
    pulvere certa ferae totoque expalluit ore
    Pyramus: ut vero vestem quoque sanguine tinctam
    repperit, “una duos” inquit “nox perdet amantes.
    E quibus illa fuit longa dignissima vita,
    nostra nocens anima est: ego te, miseranda, peremi,
    in loca plena metus qui iussi nocte venires,
    nec prior huc veni. Nostrum divellite corpus,
    et scelerata fero consumite viscera morsu,
    o quicumque sub hac habitatis rupe, leones.
    Sed timidi est optare necem.” Velamina Thisbes
    tollit et ad pactae secum fert arboris umbram;
    utque dedit notae lacrimas, dedit oscula vesti,
    “accipe nunc” inquit “nostri quoque sanguinis haustus!”
    quoque erat accinctus, demisit in ilia ferrum,
    nec mora, ferventi moriens e vulnere traxit.
    Ut iacuit resupinus humo: cruor emicat alte,
    non aliter quam cum vitiato fistula plumbo
    scinditur et tenui stridente foramine longas
    eiaculatur aquas atque ictibus aera rumpit.
    Arborei fetus adspergine caedis in atram
    vertuntur faciem, madefactaque sanguine radix
    purpureo tingit pendentia mora colore.
    Ecce metu nondum posito, ne fallat amantem,
    illa redit iuvenemque oculis animoque requirit,
    quantaque vitarit narrare pericula gestit.
    Utque locum et visa cognoscit in arbore formam,
    sic facit incertam pomi color: haeret, an haec sit.
    Dum dubitat, tremebunda videt pulsare cruentum
    membra solum, retroque pedem tulit, oraque buxo
    pallidiora gerens exhorruit aequoris instar,
    quod tremit, exigua cum summum stringitur aura.
    Sed postquam remorata suos cognovit amores,
    percutit indignos claro plangore lacertos,
    et laniata comas amplexaque corpus amatum
    vulnera supplevit lacrimis fletumque cruori
    miscuit et gelidis in vultibus oscula figens
    “Pyrame” clamavit “quis te mihi casus ademit?
    Pyrame, responde: tua te carissima Thisbe
    nominat: exaudi vultusque attolle iacentes!”
    Ad nomen Thisbes oculos iam morte gravatos
    Pyramus erexit, visaque recondidit illa.
    Quae postquam vestemque suam cognovit et ense
    vidit ebur vacuum, “tua te manus” inquit “amorque
    perdidit, infelix. Est et mihi fortis in unum
    hoc manus, est et amor: dabit hic in vulnera vires.
    Persequar exstinctum letique miserrima dicar
    causa comesque tui; quique a me morte revelli
    heu sola poteras, poteris nec morte revelli.
    Hoc tamen amborum verbis estote rogati,
    o multum miseri meus illiusque parentes,
    ut quos certus amor, quos hora novissima iunxit,
    conponi tumulo non invideatis eodem.
    At tu quae ramis arbor miserabile corpus
    nunc tegis unius, mox es tectura duorum,
    signa tene caedis pullosque et luctibus aptos
    semper habe fetus, gemini monimenta cruoris.”
    Dixit, et aptato pectus mucrone sub imum
    incubuit ferro, quod adhuc a caede tepebat.
    Vota tamen tetigere deos, tetigere parentes:
    nam color in pomo est, ubi permaturuit, ater,
    quodque rogis superest, una requiescit in urna.”
    Desierat, mediumque fuit breve tempus, et orsa est
    dicere Leuconoe: vocem tenuere sorores.

  • Tesoro, erario, fisco, arca, bolsa, hucha: dinero (II)

    Tesoro, arca o caja de caudales, hucha, son tres instrumentos concebidos para guardar riqueza. Son muy antiguos y siguen existiendo. Esto nos permite algunos comentarios históricos y también lingüísticos.

    La hucha es una cajita pequeña, generalmente de barro, para guardar monedas que ha de ser rota para recuperarlas. El nombre parece derivar del francés huche, de huge  (del latín medieval hutica = arca) con influencia de la voz alemana hüten (guardar).   Se me antoja una relación evidente con el vasco o euskera “kutxa” (pronúnciese /cucha/) que significa “caja”, sin que eso signifique que el término primitivo sea el vasco, porque podría estar relacionado con el latín “capsa”, caja.

    Pues bien, los antiguos, los romanos regalaban huchas a sus niños o adultos por año nuevo. Hasta este punto nos impregnó la cultura y forma de vida de unos pocos romanos que se impuso a todo un enorme imperio incluso en los más pequeños detalles. Porque esta costumbre de regalar huchas a los niños sigue vigente, aunque sin duda en retroceso, hoy en día. Con ello se pretende fomentar la virtud del ahorro en los niños.

    Pero tal vez  resultaría un cruel sarcasmos aconsejar a nuestros hijos que ahorren para el día de mañana, cuando sus míseros salarios que un cruel sistema económico reduce hasta el límite, apenas si dan para la subsistencia diaria en un entorno fieramente consumista. Así que regalarles una hucha se me antoja tan cruel como aconsejarles un “plan de pensiones” con una entidad cuya única finalidad es ganar dinero cueste lo que cueste.

    Los romanos la llamaban loculus , locellus, loculamentum, es decir, lugarcito, cajita, bolsita, y aulula. Son estos términos genéricos que se aplican en consecuencia a numerosos objetos pequeños, a veces divididos en numerosos compartimentos. En realidad estas palabras designan a los compartimentos de una caja o cofre y por extensión a la caja misma.

    Estos objetos son  fácilmente transportables, a diferencia de la más pesada “arca”, palabra también latina con la que a veces parece corresponderse, aunque un texto de Juvenal en sus Sátiras I, 81 y ss. diferencia perfectamente la hucha o bolsa (luculus)  de la “caja fuerte” (arca):

    Desde que Deucalión, cuando las lluvias torrenciales elevaron las aguas, escaló con su nave la cima para consultar el oráculo, desde que los peñascos se ablandaron y recibieron poco a poco el calor de la vida y Pirra exhibió a los hombres las muchachas desnudas, lo que desde entonces ocupa a los hombres, el deseo, el temor, la ira, el placer, los goces, los discursos, todo ello se revuelve en este libro.¿Cuándo fue más copiosa la abundancia de vicios? ¿Cuándo la avaricia mostró un regazo mayor? ¿Cuándo el juego de azar agitó más los ánimos? Pues no se acude ya a la mesa de azar con una simple bolsa: se apuesta con el arca al lado.¡Qué grandes batallas verás allí! El que suministra las armas es el cajero. ¿No es una locura perder cien mil sestercios y no dar una túnica a un esclavo yerto de frío?. (Traducción de Manuel Balsch. Edit. Gredos)

    Ex quo Deucalion nimbis tollentibus aequor
    navigio montem ascendit sortesque poposcit,
    paulatimque anima caluerunt mollia saxa
    et maribus nudas ostendit Pyrrha puellas,
    85quidquid agunt homines, votum timor ira voluptas
    gaudia discursus, nostri farrago libelli est.
    et quando uberior vitiorum copia? quando
    maior avaritiae patuit sinus? alea quando
    hos animos? neque enim loculis comitantibus itur
    90ad casum tabulae, posita sed luditur arca.
    proelia quanta illic dispensatore videbis
    armigero! simplexne furor sestertia centum
    perdere et horrenti tunicam non reddere servo?

    Arca de Turiaso (probablemente del siglo I). Museo de Zaragoza.

    Estas cajitas tan simpáticas, las huchas, han aparecido con cierta frecuencia en las excavaciones,  generalmente de barro, por lo que han de ser rotas para extraer las monedas. Son de diversas formas, siendo probablemente la más común la de un cilindro acabado en un cono con una ranura para introducir las monedas, aunque también las hay de otra forma, cuadrada, redonda, ovalada…

    Hé aquí un ejemplar del siglo II-III después de Cristo comprada en Roma o en Nápoles en 1906-9 actualmente en el Johns Hopkins Archaeological Museum de Baltimore, Maryland.

      

    Está decorada con la figura de Mercurio, que sostiene el caduceo o bastón, con gorro alado y una bolsa de dinero; hay también un cordero. En la parte trasera lleva la marca del alfarero fabricante,  BASAUGU, tal vez Bassienus Augurinus.

    Es curiosa la figura que recuerda en su forma a los de los tholoi primitivos, si bien reducidos a una miniatura.

    Han aparecido unas veinte de este tipo. Generalmente están adornadas con las figuras de Mercurio, Venus, la Foruna o cuadrigas.

    Hé aquí otra de origen desconocid, recogida por Caylus en su  Recueil d’antiquités égyptiennes, étrusques, grecques et romaines, Paris 1752-1757, T. IV, p. 270, tav. 82, 3.

    O esta otra  tomada de Graeven, H. 1901. Die thönerne Sparbüchse im Altertum,fig. 5.

    O esta otra tomada de W. HABEREY, Kornspeicher und M'Jnzspartopf. Bonner Jb. 159

    O éstas encontradas en Apulum (Rumanía), más parecidas a las actuales.

    Estas otras son más parecidas a las actuales, sobre todo la segunda.

    El prestigioso  Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines de Daremberg et Saglio nos dice en el término “loculus”, pág. 1293: 

    Uno de los documentos más interesantes de este tipo es el que tuvo lugar en 1812 en las Termas de Tiro: allí se encontró una hucha redonda, de cerámica roja, adornada con las figuras de tres divinidades,  todavía llena de las moneda que en ella se habían introducido; contenía en efecto 251 denarios, los más antiguos de la República y los más recientes del comienzo del reinado de Trajano. Fea (un anticuario), que nos ha hecho conocer este descubrimiento, no nos ha dejado el dibujo de este pequeño monumento hoy perdido.

     Uno de los descubrimientos más importantes de este tipo es el que tuvo lugar en 1812 en las Termas de Tito: allí se encontró una hucha redonda, de barro cocido rojo, adornada con las figuras de tres divinidades, todavía llena de las monedas que se habían introducido en ella; contenía en efecto 125 denarios, los más antiguos de la época de la República y los más recientes del comienzo del reinado de Trajano. Fea (un anticuario), que nos ha permitido conocer el descubrimiento, no nos ha dejado el dibujo de este pequeño monumento hoy perdido.

    “Une des découvertes les plus intéressantes en ce genre est cele qui fut faite en 1812 aux thermes de Titus: on y trouva une tirelire ronde, en terre cuite rouge, ornée des figures de trois divinités, pleine encoré des pièces qu’on y avait introduites; elle contenait en effet 251 deniers, les plus anciens étant de la République, les plus recents du commencement du règne de Trajan. Fea, qui nous fait connaitre cette découverte, ne nous a pas laissé le dessin de ce petit monument aujourd’hui perdu”

    En fin, estos simpáticos instrumentos pueden colaborar a desarrollar el vicio de la avaricia, aunque más bien son muy adecuados para desarrollar la virtud del ahorro y la valoración del dinero que a la mayoría de los mortales les cuesta mucho esfuerzo conseguir.

    A veces en ellos se acumulan importantes cantidades, haciendo verdad la frase de Tertuliano en un pasaje en el que critica la ambición de riquezas y el lujo exagerado en algunas mujeres, en   De Cultu Feminarum, 1,91,19:

    De brevissimis loculis patrimonium  grande profertur

    De pequeñísimas huchas se extrae un gran patrimonio,

    Reproduzco el texto para conocer de paso las críticas que algunos moralistas estoicos y cristianos hacen del lujo inmoderado, tan escandaloso entonces como hoy en día:

    Así pues, como cada una de las cosas que han sido repartidas por Dios por cada una de las tierras y por cada una de las regiones del mar, son extrañas a su vez unas con otras,  raras para los extranjeros y lógicamente para los del propio lugar porque o las desprecian o no las apetecen, porque entre los que las tienen a mano  no es tan grande la apetencia de una fría vanagloria. Pero por la distribución de los bienes que Dios ordenó como él quiso, la rareza y extranjería, que siempre encuentran atractivo entre los extraños por la simple razón de no tener lo que Dios colocó en otro lugar, engendra el deseo de tenerlo.

    De este deseo nace otro vicio, el deseo de poseer sin medida, pues aun suponiendo que se debe poseer, sin embargo debemos tener moderación.  Este segundo vicio es la ambición.  De donde su nombre ha de ser explicado porque nace de la concupiscencia instalada en nuestro espíritu con el objetivo de satisfacer la vanagloria,  es decir, un gran deseo porque, como he dicho, no lo produce ni la naturaleza ni la verdad, sino una pasión viciosa del espíritu  y los fuertes vicios de la ambición y de la gloria. Y así también eleva los precios de las cosas para elevarse a sí mismo como deseo, pues tanto mayor es la concupiscencia cuanto más grande es lo que se desea.

    De cajas pequeñísimas se extrae un enorme patrimonio; en un pequeño paño se guardan diez mil sestercios; un tierno cuello lleva alrededor bosques e islas; los pequeños lóbulos de las orejas agotan una fortuna y la mano izquierda  juega con sacos de oro en cada dedo. Esta es la fuerza de la ambición que el peso de tan grandes tesoros puede ser transportado por el cuerpecillo de una sola mujer.

    Nam ut quaeque rerum per singulas quasque terras et unamquamque regionem maris a Deo distributa sunt, inuicem sibi peregrina, apud exteros mutuo rara, apud suos iure si utique uel negleguntur uel appetuntur, quia non tantus est in illis gloriae feruor inter domesticos frigidae. Sed enim ex possessionum distributione quam Deus ut uoluit ordinauit, raritas et peregrinitas apud extraneos semper gratiam inueniens de simplici causa non habendi quae Deus alibi collocauit concupiscentiam concitat habendi.

    Ex hac uitium aliud extenditur, immoderate habendi, quod, etsi forte habendum sit, modus tamen debetur: haec erit ambitio. Vnde et nomen eius interpretandum est quod concupiscentia apud animum ambiente nascatur ad gloriae uotum, grande scilicet uotum quod, ut diximus, non natura nec ueritas sed uitiosa animi passio, concupiscentia, commendauit. Et alta uitia ambitionis et gloriae. Sic et pretia rebus inflammauit ut se quoque accenderet. [3] Nam tanto maior fit concupiscentia quanto magno fecit quod concupiit.

    De breuissimis loculis patrimonium grande profertur; uno lino decies sestertium inseritur; saltus et insulas tenera ceruix circumfert; graciles aurium cutes kalendarium expendunt et sinistra per singulos digitos de saccis singulis ludit. Hae sunt uires ambitionis tantarum usurarum substantiam uno et muliebri corpusculo baiulari.

    Hay otras cajas similares, pero que disponen de una puertecilla para extraer las monedas, por lo que no deberíamos llamarlas huchas.

    Existen también otros objetos distintos, en forma de tronco de árbol o caja, destinadas por ejemplo a recoger los donativos de los fieles en los templos, de manera similar a las existentes hoy en día en las iglesias de los llamados "cepillos". A este respecto nos comenta Flavio Josefo  esta existencia en el templo judío de Jerusalén de una hecha de un tronco de madera.  Flavio Josefo, Antigüedades Judías, IX, 8, 2.

    El rey de Jerusalén Joas tuvo un vivo deseo de reparar el templo del Señor. Por ello llamó al sumo sacerdote Joad y le ordenó que enviara a todos los países a los Levitas y sacerdotes para pedir medio siglo de plata por cabeza para la reconstrucción y reparación del templo, que Joram y Atalia habían dejado caer. Pero el Sumo Sacerdote no hizo nada de esto, pensando que nadie querría pagar esta contribución de buena gana. Pero en el vigésimo tercer año de su reinado, cuando Joas lo llamó a él y a los Levitas y se quejó de que no le habían obedecido y les ordenó de nuevo que se encargasen de la reconstrucción del templo, se sirvió de una estratagema para recolectar moneda con la que la gente estuviera  contenta. Hizo una caja de madera y la cerró por todas las partes, pero abrió una ranura en ella y la colocó en el templo junto al altar, y pidió a cada uno que metiera dentro de ella, a través de la ranura, lo que quisiera para la reparación del templo. Pero el sumo sacerdote no hizo esto, como la conclusión de que nadie estaría dispuesto a pagar ese dinero; pero en el vigésimo tercer año del reinado de Jehová, cuando envió el rey para él y los levitas, y se quejó de que no habían obedecido lo que les ordena, y todavía les mandó a cuidar de la reconstrucción del templo, usó esta estratagema para recoger el dinero, con el que la multitud estaba contento. Hizo un cofre de madera, y la cerró rápidamente por todos los lados, pero abrió un agujero en él; luego lo puso en el templo junto al altar, y pidió a cada uno de echar en ella, a través del agujero, lo que quisiera, para la reparación del templo. Este artilugio gozó del favor del pueblo y uno con otro se animaron a llevar sus ofrendas y reunieron  una gran cantidad de plata y de oro;  el escriba y el sacerdote encargado del tesoro vaciaban la caja y contaban el dinero en presencia del rey y luego la volvían a colocar en su lugar anterior y esto lo hacían cada día. Cuando pareció que la multitud había echado en la caja suficiente  dinero, el Sumo Sacerdote Joad y el rey Joas enviaron a buscar canteros y carpinteros  y comprar grandes piezas de madera de las más curiosas especies.  Cuando hubieron reparado el templo, hicieron uso del oro y plata sobrantes, que no era poco, para crateras y vasos y copas y otros utensilios  y no dejaron de llenar de grasa el altar con los valiosos sacrificios de todos los días. Y estas cosas se hicieron con todo cuidado durante todo el tiempo que vivió Joás.

    Marcial hace referencia a estas cajitas o huchas en  su libro de Epigramas XIV, 12 y 13 (titulado Apophoreta o Regalos;

    12. Cajitas de marfil

    Llenar estas cajitas, como no sea de moneda amarilla, no está bien: la plata,
    guárdenla maderas baratas.

    Loculi eborei
    Hos nisi de flava loculos implere moneta
    Non decet: argentum vilia ligna ferant.

    13.Cajitas de madera

    Si todavía queda algo en el fondo de mi cajita, será un regalo. —No hay nada.
    —La propia cajita lo será.

    Loculi lignei
    Si quid adhuc superest in nostri faece locelli,
    Munus erit. Nihil est: ipse locellus erit.

    aulula” evidentemente está en relación con la palabra “Aulularia”, que es precisamente el título de una comedia de Plauto en la que el dinero se esconde en una ollita o caja cerámica.  Un viejo avaro, Euclión, encuentra una “ollita” llena de dinero y vive permanentemente asustado pensando que se la van a quitar.


    Por lo demás se llaman también loculus a las cajitas para guardar los medicamentos, similares a nuestros pastilleros de hoy en día. Frecuentemente son de marfil, pero hay otras de bronce.

    Dibujo extraído de  Le Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines de Daremberg et Saglio, ( http://dagr.univ-tlse2.fr/) pág. 1294 en la que aparecen Esculapio e Higía, la Salud, su hija, (nombre del que por cierto deriva “higiene”), con sus atributos. Conservada primero como relicario en la iglesia de Sainte-Valerie, está en el museo de Sion en Valais.   Hay cajas similares de bronce.

    Texto de Ovidio, Fastos, VI, 749:

    Al instante sacó unas hierbas de una arqueta de marfil (hierbas que habían servido antes a los manes de Glauco, cuando el augur se refugió en las hierbas que había observado y una serpiente se auxilió con otra serpiente (Traducción de Bartolomé Segura Ramos. Edit.Gredos)

    Gramina continuo loculis depromit eburnis:
      Profuerant Glauci Manibus illa prius:
    Tunc, quum observatas augur descendit in herbas,
      Usus et auxilio est anguis ab angue dato.

    También se llaman así las cajas de médicos con instrumentos quirúrgicos

    Hay también numerosas formas de cajitas de toilette, que en griego se llaman píxis, (píxides)  cajitas de cerámica con imágenes de la vida femenina, en el gineceo, de hilado, de boda…   Como este pixis o píxide del llamado Pintor de la Boda (470 A.C) del Museo del Louvre.

    Algunas de formas realmente imaginativas, como estas tomadas del Diccionario Daremberg-Saglio en forma de paloma o de pie con compartimentos para coloretes, colirios o afeites. Se encontraron en Preneste.

    Hay también loculi o cajitas para guardar joyas, llaves, vestidos, papeles. Como esta para anillos a la que se refiere Marcial en el libro XI, poema 59, y a la que llama “dactiloteca”, del griego δάκτυλος , dactylosdedo.

    Marcial, Epigrammata, libro XI, 59

    Carino lleva seis anillos en cada uno de todos sus dedos y no se los quita ni por la noche ni siquiera para lavarse. ¿Preguntáis cuál es el motivo? —No tiene “estuche de anillos” (dactiloteca)

    Senos Charinus omnibus digitis gerit,
    Nec nocte ponit anulos,
    Nec cum lavatur. Causa quae sit, quaeritis?
    Dactyliothecam non habet.

    O esta de madera, hueso y bronce del siglo I del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

    O esta otra

    Mers-les-Bains (80); Paris, Cabinet des Médailles de la BnF.; dim. 125 x 46mm.

    Loculus son también el Loculus Archimedius, los nichos de un columbario, las celdas de una colmena, los compartimentos de una sepultura, el ataudl, lugar de la bodega o celda o cueva para poner los toneles, la urna para votar, las estanterías de una biblioteca, el comedero para los caballos, piscinas divididas en compartimentos  piscinae loculatae, pequeñas cajas para higos secos… Incluso se llama así también a la bolsa o carpeta de los escolares.

    En fin toda una colección de utensilios tan semejantes a los nuestros que una vez más afirmamos con rotundidad nihil novum sub sole incluso en los detalles más pequeños.

    En fin, como he dicho “arcae loculatae” son las cajas de pinturas con compartimentos para albergar las pinturas sin mezclarse. Varrón dice del pintor Pausias Re Rustica III, 17,4….

    Porque así como Pausias y los otros pintores de su mismo estilo tienen grandes cajas con compartimentos en los que hay ceras de diferentes colores, así estas personas tienen estanques con compartimentos para mantener las variedades de peces por separado, como si fueran sagrados y más inviolables que los de Lidia de los que tú decías,  Varrón, que habían acudido en manada a ti al son de la flauta cuando hacías un sacrificio hasta el borde de la orilla y del altar, porque nadie se atrevía atraparlos, en el mismo tiempo en que tú  veías allí las islas χορευούσας  (danzantes) de los lidiosí, y así ningún cocinero se atrevía a poner en salsa  a estos peces.

    Nam ut Pausias et ceteri pictores eiusdem generis loculatas magnas habent arculas, ubi discolores sint cerae, sic hi loculatas habent piscinas, ubi dispares disclusos habeant pisces, quos, proinde ut sacri sint ac sanctiores quam illi in Lydia, quos sacrificanti tibi, Varro, ad tibicinem gregatim venisse dicebas ad extremum litus atque aram, quod eos capere auderet nemo, cum eodem tempore insulas Lydorum ibi χορευούσας vidisses, sic hos piscis nemo cocus in ius vocare audet.

  • Tesoro, erario, fisco, arca, bolsa, hucha: dinero (I)

    Durante muchos milenios el hombre empleaba toda su energía en reponer la energía que gastaba buscando alimento y comida. Luego fue capaz de acumular riqueza cuando fue capaz de cultivar la tierra y controlar a los animales domesticándolos aprovechando su multiplicación. La riqueza acumulada hubo de guardarla a buen recaudo de diversos enemigos y para ello los reyes y los estados crearon los llamados “tesoros”. Algunas cantidades más pequeñas o personales se guardaban en protegidas “arcas” o “cajas de caudales”. Cantidades todavía más pequeñas y fáciles de transportar se guardaban en cajas más pequeñas también, en las bolsas o “huchas”.

    Tesoro, arca o caja de caudales, hucha, son tres instrumentos concebidos para guardar riqueza. Son muy antiguos y siguen existiendo. Esto nos permite algunos comentarios históricos y también lingüísticos.

    Tesoro: es una palabra griega θησαυρός, thesaurus en latín,  de origen por cierto desconocido, tal vez sea un préstamo egipcio o semita. Hay quien la relaciona con el verbo griego τίθημι, tithemi, colocar, poner, (de donde derivan también tema o tesis), pero no parece excesivamente justificado. Su significado puede ser muy general: depósito, almacén (en los papiros egipcios se refiere con frecuencia a los depósitos de trigo), cofre, caja, bolsa, tesoro.

    Así que sobre todo el término designa una habitación en la que se almacenan y guardan todo tipo de objetos valiosos, desde joyas a  víveres y por metonimia, del continente pasa a referirse al contenido: dinero, objetos preciosos, metales….  

    Luego puede incluso referirse a personas o genéricamente a cosas consideradas de gran valor. Incluso a los diccionarios o antologías que encierran palabras y textos de  valor para la lengua.  O incluso a todo conjunto de monedas, joyas u objetos valiosos escondidos , sobre todo en las “islas del tesoro”, que alimentan sin cesar los sueños de muchos visionarios.

    En la Antigüedad en las casas particulares se trata de una cámara abovedada, generalmente subterránea similar a nuestras bodegas. Se llaman también así las casas-tesoro que en época histórica cada Estado griego mantenía dentro del recinto sagrado de un santuario panhelénico, como Olimpia o Delfos, en el que se almacenaban las ofrendas de los ciudadanos a sus dioses. (Es curiosa la pervivencia de estas ofrendas a los dioses en sus templos). También esta “casa del tesoro” podía estar ubicada en el ágora o plaza pública de la ciudad.

    Se llaman también tesoros, tal vez con cierta impropiedad, a tumbas subterráneas en forma de tholos o colmena, propias de la remota antigüedad griega. La palabra griega tholos, θόλος , significa bóveda, rotonda, cámara redonda. Probablemente el más célebre de estos tholos o tumbas sea el llamado “Tesoro de Atreo” de Micenas, que se fecha en tiempos más o menos cercanos a los de la famosa Guerra de Troya. Parte de dintel de la puerta, como diversos elementos del Partenón, han acabado en el Museo Británico, tema que periódicamente genera una interesante controversia, como el lector bien conoce. No existe acuerdo entre los investigadores si estas construcciones fueron realmente “casas de tesoro”, es decir, albergaron riquezas, metales, armas, joyas, etc. o fueron simplemente tumbas.

    En Roma al tesoro público y por tanto al dinero público se le llama Aerarium, de donde nuestro “erario público”. Una vez desaparecida la monarquía, se utilizó el templo de Saturno para guardar el dinero público hasta los últimos tiempos del Imperio. Nos lo explica Sexto Pompeyo Festo, en su De significatione verborum, I, “aerarii tribuni”:

    Tribunos del Erario. Se llaman así por “aes” (el as, moneda de cobre) y “tribuere” ( dar, entregar, atribuir). El Pueblo Romano guardó su tesoro en el templo de Saturno.

    Aerarii Tribuni a tribuendo aere fiunt. Aerarium populus Romanus in aede Saturni habuit.

    En este templo se guardan otros objetos, como por ejemplo los estandartes de las legiones, como certifica por ejemplo Livio en III,69; IV,22 y VII,23. Ofrezco algunos textos:

    Livio,III,69:

    Todo esto se llevó a cabo con tal rapidez, según nos dice la tradición, que aquel mismo día los cuestores sacaron del Tesoro público las enseñas y las llevaron al Campo de Marte, y a las diez de la mañana se emprendió la marcha desde el Campo de Marte, y el nuevo ejército, seguido por algunas cohortes de veteranos voluntarios, hizo alto en el miliario diez. (Traducción de José Antonio Villar Vidal. Editorial Gredos)

    haec omnia adeo mature perfecta accepimus ut signa, eo ipso die a quaestoribus ex aerario prompta delataque in campum, quarta diei hora mota ex campo sint, exercitusque nouus, paucis cohortibus ueterum militum uoluntate sequentibus, manserit ad decimum lapidem.

    Y en Livio,  IV,22:

    Los estandartes fueron trasladados rápidamente desde el Tesoro hasta donde estaba el dictador.

    signa ex aerario prompta feruntur ad dictatorem.

    Se guardan también las leyes grabadas en bronce, como dice Suetonio, César 28:

    …la ley estaba ya grabada en bronce y depositada en el tesoro;

    ac mox lege iam in aes incisa et in aerarium condita

    Y los  decretos del Senado grabados en libros, mientras los originales se guardaban en el templo de Céres bajo la custodia de los ediles, segun Flavio Josefo  Antigüedades Judías, XIV, 9:

    Después de la muerte de César, Marco Antonio y Publio Dolabella, que eran los cónsules, reunieron al Senado e introdujeron en él a los embajadores de Hircano, discutieron sobre sus demandas e hicieron un tratado de amistad con ellos. El Senado acordó que se les concediese todo lo que deseaban.  Cito este decreto para que los lectores de esta historia puedan tener ante sus ojos la prueba de la verdad de lo que digo. El decreto fue este:
    “Senado Consulto sacado del Tesoro, copiado de las tablas públicas de la Cuestura, cuando fueron cuestores urbanos Quinto Rutilio y Cayo Cornelio, sacado de la tabla segunda de la primera tableta, tres días antes de los Idus de abril, en el templo de la Concordia, estando presentes en la redacción Lucio Calpurnio Pisón, hijo de Lucio, de la tribu Menenia, Servio Papinius…Quintus, de la tribu Lemonia".

    De Plutarco, Catón el Menor 16-17, se deduce que en el Tesoro se guardaban los documentos como si de una “notaría” o archivo de registro público se tratara.

    Y de Ciceron De legibus,  III,4 la necesidad de que los presidentes de las asambleas publiquen las decisiones exhibiéndolas en el Tesoro:

    Que los presidentes observen los auspicios, obedezcan al augur público; que publiquen las decisiones promulgadas en el Tesoro.

    Qui agent auspicia servanto, auguri publico parento,promulgata proposita in aerario cognita agunto.

    Y Tácito informa de que los Decretos del Senado  no se trasladen al Erario antes del día décimo, es decir, después de nueve días. En Annales III,51.

    Sólamente Rubelio Blando de entre los consulares estuvo de acuerdo con Lépido: todos los demás siguieron el voto de Agripa y en consecuencia Prisco fue conducido a la cárcel e inmediatamente muerto.  Tiberio criticó esto en el Senado con sus acostumbrados rodeos de palabras, expresando que valoraba la piedad de los que castigaban con dureza las injurias al príncipe, incluso las más pequeñas, pero pedía que no se aplicasen penas tan precipitadas por sólo palabras, y alababa a Lépido y no reprendía a Agripa.

    En consecuencia se decretó un senatus consultum para que los decretos de los padres no se llevasen al Erario antes del décimo día y así se prorrogase el espacio de vida de los condenados. Pero ni el Senado tenía libertad para arrepentirse ni Tiberio se suavizaba con el paso del tiempo.

    Solus Lepido Rubellius Blandus e consularibus adsensit: ceteri sententiam Agrippae secuti, ductusque in carcerem Priscus ac statim exanimatus. id Tiberius solitis sibi ambagibus apud senatum incusavit, cum extolleret pietatem quamvis modicas principis iniurias acriter ulciscentium, deprecaretur tam praecipitis verborum poenas, laudaret Lepidum neque Agrippam argueret. igitur factum senatus consultum ne decreta patrum ante diem decimum ad aerarium deferrentur idque vitae spatium damnatis prorogaretur. sed non senatui libertas ad paenitendum erat neque Tiberius interiectu temporis mitigabatur.

    En el Erario se custodiaban también otros documentos públicos, informes y despachos de generales, gobernadores de las provincias, los nombres de los embajadores extranjeros.

    Durante la República el aerarium se dividió en dos partes: el tesoro común en el que se guardaban las tasas regulares (tributum; vectigalia)  de donde e extraía el dinero para el funcionamiento ordinario del estado y el tesoro sagrado  (aerarium sanctum o sanctius), que sólo se tocaba en caso de peligro extraordinario.  Nos informan Livio, XXVII,10; Julio César en su De Bello Civili, I, 14; Floro IV,2;  Ciceron Ad Att.VII,21,2). Reproduzco algunos textos:

    (Livio, XXVII,10;

    Mientras los cónsules se ocupaban de los preparativos que eran necesarios para la guerra, se decidió que se cogiera el “oro vicesimario” que se guardaba en el erario más sagrado para casos de urgencia. Se cogieron cerca de cuatro mil libras de oro.

    cetera expedientibus quae ad bellum opus erant, consulibus aurum vicensimarium, quod in sanctiore aerario ad ultimos casus servabatur, promi placuit. prompta ad quattuor milia pondo auri.

    Y Julio César en su De Bello Civili, I, 14:

    Cuando llegó a Roma noticia de estos acontecimientos cundió al momento una alarma tal, que el cónsul Léntulo, llegado para abrir el erario y sacar dinero para Pompeyo según el senadoconsulto, inmediatamente de abierta la parte más reservada del erario huyó de la ciudad.

    Quibus rebús Romam nuntiatis, tantum repente terror invaist, ut, cum Lentulus consul ad aperiendum aerarium venisset ad pecuniamque Pompeio ex senates cojsulto proferendam, protinus aperto sanctiore aerario ex urbe profugeret.

    Y Ciceron Ad Att.VII,21,2 (carta número 145 de la edición de Gredos):

    El 7 de fe brero llegó a Capua el tribuno de la plebe Gayo Cassio, transmitió a los cónsules la orden de que fueran a Roma, retiraran todo el dinero del tesoro sagrado y salieran inmediatamente. (Traducción de Miguel Rodrïguez-Pantoja Márquez)

    vii Idus Febr. Capuam C. Cassius tribunus pl. venit, adtulit mandata ad consules ut Romam venirent, pecuniam de sanctiore aerario auferrent, statim exirent.

    Este Tesoro sagrado, además de formarse con parte de las inmensas riquezas que los romanos ganaron con sus conquistas, está formado también, de acuerdo con la Ley Manlia, del año 357 a.C., ratificada por el Senado, con el 5% (vicésima) del valor del esclavo manumitido, lo que se llama “aurum vicesimarium” o “Vicesima Libertatis”. La cita Tito Livio en VII, 16, 7:

    Nada digno de mención fue hecho por el otro cónsul, excepto el hecho de que presentó en el campamento por tribus en Sutrio una ley  gravando con un cinco por ciento el valor de aquellos que fueran manumitidos. Los senadores la aprobaron porque con esa ley se añadía al pobre erario una cantidad no pequeña. Pero los tribunos de la plebe, preocupados no tanto por  la ley como por el precedente, lo consideraron un crimen capital para que nadie en adelante  convocase al pueblo. Pues si esto fuera lícito, no habría nada, por perjudicial que fuera para el pueblo, que no pudiese ser aprobado por los soldados  atados por el juramento a las órdenes del cónsul.

    ab altero consule nihil memorabile gestum,   nisi quod legem novo exemplo ad Sutrium in castris tributim de vicesima eorum, qui manu mitterentur, tulit. patres, quia ea lege haud parvum vectigal inopi aerario additum esset, auctores fuerunt;  ceterum tribuni plebis non tam lege quam exemplo moti, ne quis postea populum sevocaret, capite sanxerunt; nihil enim non per milites iuratos in consulis verba quamvis perniciosum populo, si id liceret, ferri posse.

    Es curiosa la similitud con diversas medidas extraordinarias que  a veces todavía hoy toman los diversos gobiernos en circunstancias especiales.

    Luego en el Imperio, tras la división de Augusto de las provincias  en senatoriales e imperiales, la aportación de las imperiales, administradas por el emperador, se llamó Fiscus, fisco.

    El erario pues recibió las tasas de las provincias senatoriales,  muchas de las tasas ya existentes en Italia como por ejemplo ingresos de los terrenos públicos,  las tasas de las manumisiones, derechos de aduanas, tarifas de aguas por el uso del agua de los acueductos, tasas de alcantarillado…

    Además del aerarium y el fiscus, Augusto creó otro tercer tesoro para los gastos militares, el llamado aerarium militare para atender a los gastos del ejército, entre otros los de jubilación de los legionarios.  Augusto, cuando lo creó contribuyó con una gran suma y prometió hacerlo todos los años.

    El Monumentum Ancyranum (Monumento de Ankara), también conocido como Res Gestae Divi Augusti (Hechos del Divino Augusto) es el templo de Augusto y Roma en el que apareció una inscripción en latín y griego que es la mejor copia que tenemos de la inscripción en bronce frente al Mausoleo de Augusto en Roma que recogía las obras y milagros de Augusto. En él se dice en el  párrafo 17.2 :

    Y durante el consulado de M. Lépido y de L. Arruncio, ingresé procedente de mi propio patrimonio en el tesoro militar , que se organizó siguiendo mi consejo para pagar de él las primas a los soldados que habían servido durante veinte años o más, ciento setenta millones de sestercios. (Traducción de Antonio Alvar)

    Et M.Lepido et L.Arruntio consulibus in aerarium militare quod ex consilio meo constitutum est, ex quo praemia darentur militibus qui vicena aut plura stipendia emeruissent, HS (sestertium) milliens et septuagentiens ex patrimonio meo detuli.

    También hay noticia de la creación de Augusto en Dion Casio, IV, 23,24,25,32 y en Suetonio, Vida de Augusto 49. Ofrezco esta última referencia:

    Para poder encontrar en todo momento y sin dificultad el dinero necesario para sostener y recompensar a las tropas, creó una caja militar nutrida por nuevos impuestos.

    utque perpetuo ac sine difficultate sumptus ad tuendos eos prosequendosque suppeteret, aerarium militare cum uectigalibus nouis constituit.

    La más importante fue la vicésima hereditatum et legatorum, es decir, el cinco por ciento por las herencias y legados, con algunas excepciones según el grado de parentesco o la cantidad que se legara. De ello nos dan noticias Dion Casio  LV,25;  LVI 18, LXXVII,9; LXXVIII, 129; Julio Capitolino en Marco Antonio, 11 y  Plinio el Joven, que especifica las exenciones existentes según el grado de parentesco, en su Panegírico de Trajano, 37-40, de lo que ofrezco una parte:

    Las cargas del imperio han obligado a instituir muchos impuestos, tan útiles para a comunidad como gravosos para los particulares. Para ello fue inventada la vigésima, tributo tolerable y leve tan sólo para los herederos que no son de casa, pero gravoso para estos. Por eso se impuso a aquellos y se perdonó a estos…
    …Por ello estableció tu padre que por cuanto heredasen los hijos de los bienes de su madre o la madre de sus hijos, aunque al conseguir la ciudadanía, no obtuvieran los derechos de la consanguinidad, no tributaran la vigésima. Y esa misma exención atribuyó al hijo en los  bienes paternos, si es que se hallaba bajo la potestad paterna…

    Onera imperii pleraque vectigalia institui, ut pro utilitate communi, ita singulorum iniuriis coegerunt. His Vicesima reperta est, tributum tolerabile et facile heredibus dumtaxat extraneis, domesticis grave. Itaque illis irrogatum est, his remissum:….
    Igitur pater tuus sanxit, ut, quod ex matris ad liberos, ex liberorum bonis pervenisset ad matrem, etiamsi cognationum iura non recepissent, quum civitatem adipiscerentur, eius Vicesimam ne darent. Eandem immunitatem in paternis bonis filio tribuit, si modo reductus esset in patris potestatem: …..

    En ocasiones incluso se anuló por completo, como consta en Codex Iustinianus, 6,tit.33,s.3)
    Las variaciones fueron constantes a lo largo de la historia de los emperadores.  Conforme la administración se fue concentrando en manos del emperador, el erario también cayó bajo su control y desapareció la diferencia entre el aerarium y el fiscus.  Baste con estos ejemplos. Todo esto es muy complejo e interesante y nos revela la complejidad de la administración de un imperio tan grande. Sea suficiente por ahora con lo dicho. Quien tenga interés en estos temas encontrará abundante bibliografía en la web.

    Estas tasas impositivas son en realidad muy pequeñas en comparación con las de los estados modernos. Tenemos que recordar la animadversión con la que los romanos veían el pago de impuestos al Estado, porque ellos se sabían dueños del mundo y eran los vencidos los que debían pagar tributos. Por eso se recurre a estos tipos de tasas.

    Todos estos términos y accione de la administración romana se han prolongado hasta nuestros días: tesoro, erario, fisco, tasas, etc… Quizás el más extendido sea “impuestos”, pero su etimología u origen parece bien evidente, porque seguramente se trata de una aportación a la “res publica” bien impuesta, de la que a pesar de ello ciudadanos nada ejemplares intentan zafarse.

    Pero los romanos también manejan permanentemente cantidades más pequeñas de dinero, y para ello tienen pequeñas cajas y huchas. Pero esto lo veremos en otro artículo.