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  • ¿El poeta nace o se hace? ¿La poesía, ¿don del cielo o trabajo de lima, “limae labor?

    La respuesta más ponderada a la pregunta de si el poeta nace o se hace afirmará que el poeta debe venir a este mundo provisto de unas especiales cualidades que el ejercicio diario y constante ha de desarrollar y consolidar. Probablemente así son las cosas pero el asunto admite alguna reflexión.

    En primer lugar la misma etimología de la palabra “poeta” nos puede ayudar a dilucidar el dilema. “Poeta”, del griego  ποιητής,  “poietés”,  es el creador, autor, fabricante, hacedor, poeta (hacedor de versos);  y, claro está,  no todo el mundo tiene capacidad creativa. Así que la poesía, desde su origen, está conectada con los dioses. La poesía es “un don de los dioses”.  El poeta es un ser “insanus” o loco, arrebatado  por el “furor poeticus”, por la “inspiración divina”.

    Recordemos asimismo cómo la palabra “carmen”  significa “poema, verso”, pero también “embrujo, canción, canto y encantamiento, profecía, predicción, embrujo, filtro mágico, fórmula religiosa, sentencia moral…”.

    También el poeta es llamado  “vate“ del latín “vates”, adivino, profeta, poeta inspirado por los dioses (por cierto, el Vaticano es la colina de los “vaticinios” o profecías según una etimología que no todos admiten, seamos precisos, pero que parece plausible).

    Así que el poeta es un ser tocado por la divinidad, que en su origen emitía “carmina”, poemas, versos, sentencias que son profecías y mensajes de los dioses. El poeta canta y produce encantamientos. Todo esto ya lo comenté hace algún tiempo en otro artículo; véase https://www.antiquitatem.com/aut-insanit-homo-aut-versus-facit-horaci

    Esta creencia se ha prolongado  a lo largo del tiempo y hasta nuestros días.  Recordemos a Cervantes y su referencia a la poesía como “la gracia que no quiso darme el cielo”.

    Yo, que siempre trabajo y me desvelo
    por parecer que tengo de poeta
    la gracia que no quiso darme el cielo […]

    (Viaje del Parnaso, vv. 25-27)

    Desde esta perspectiva es acertado afirmar que “el poeta nace”.

    Pero no todo el mundo opina igual  ya desde la Antigüedad. Así   Horacio no está de acuerdo  en su preceptiva literaria en forma de carta, Epistula ad Pisones 289-97,  con  Demócrito, que  exigía a los poetas cierta locura;  Horacio confía más en  el trabajo exigente del pulido y corrección, en la  “labor limae et mora”, en el trabajo y constancia de la lima:

    No sería el Lacio menos poderoso por su literatura
    como lo es por su valor y sus hazañas bélicas
    si los poetas no fueran tan impacientes
    y reacios a la labor de la lima.
    Vosotros, linaje de Pompilio, censurad un poema
    que no haya madurado con el tiempo
    y sufrido muchas tachaduras, hasta adquirir
    un pulimento perfecto; porque Demócrito cree
    que el talento natural es más afortunado que la pobre técnica
    y excluye del Helicón a los poetas sanos (que no están locos),
    una gran parte procura no cortarse las uñas
    ni la barba, busca los lugares apartados y
    no frecuenta los baños. Pues merecerá el nombre
    y la estimación de poeta el que nunca confió
    al barbero Licinio su cabeza, que no alcanzará a curar
    el eléboro de las tres Anticiras.

    Nota: El Helicón es un monte cercano al Parnaso dedicado al dios Apolo y a las Musas.
    Las tres Anticiras son tres ciudades griegas con este nombre en las que se supon que se criaba el eléboro, planta medicinal que se creía que curaba la locura.

    Nec virtute foret clarisve potentius armis,
    quam lingua Latium, si non offenderet unum
    quemque poetarum limae labor et mora. Vos, o
    Pompilius sanguis, Carmen reprehendite, quod non
    multa diez et multa litura coercuit atque
    praesectum decies non castigavit ad unguem.
    Ingenium misera quia fortunatius arte
    credit et excludit sanos Helicone poetas
    Democritus, bona pars non ungues ponere curat,
    non barbam, secreta petit loca, balnea vitat.
    Nanciscetur enim pretium nomenque poetae,
    si tribus Anticyris caput insanabile numquam
    tonsori Licinio commiserit.

    Algunos episodios y momentos de poetas  de época romana,  que lo fueron por la fuerza interna de su decisión, confirman la realidad de esta afirmación.

    En general ayer como hoy la tarea esta de la poesía gozaba de notable prestigio pero de escasa compensación económica. Son numerosos, ayer como hoy, los ejemplos de extraordinarios poetas incomprendidos por sus progenitores, que hubieran deseado para ellos empleos más lucrativos. Es el caso de Ovidio, de Marcial, etc.

    De Ovidio se cuenta una anécdota, apócrifa por cierto,  al respecto,  que resulta interesante. Hijo de una familia tradicional y terrateniente fue enviado a Roma con su hermano para estudiar retórica y convertirse en un buen abogado. Ovidio se mostró más interesado en la poesía que en el derecho. Su padre le recriminaba que se dedicara a una tarea que ya desde Homero, que murió en la pobreza, no producía ninguna ganancia.  Todo esto nos lo cuenta el propio Ovidio en su Tristia, IV, 10, 21-26  en la que nos proporciona unos cuantos detalles autobiográficos. 

    Reproduzco algunos versos y animo al lector a hacer una lectura completa.

    Muchas veces  me dijo mi padre: ¿por qué haces un esfuerzo inútil?
    El mismo Meónida (Homero) ninguna riqueza dejó.
    Quedaba yo afectado por estas palabras y olvidándome del Helicón
    intentaba escribir palabras libres de toda medida (en prosa),
    pero espontáneamente  me venía el poema con su adecuada medida,
    y todo lo que intentaba decir era verso

    Saepe pater dixit: “Studium quid inutile temptas?
    Maeonides nullas ipse reliquit opes”
    Motus eram dictis, totoque Helicone relicto
    Scribere conabar verba soluta modis.
    Sponte sua Carmen números veniebat ad aptos,
    Et quod temptabam dicere, versus erat.

    Pues bien, probablemente el verso  “quidquid temptabam dicere versus erat”  (todo lo que intentaba decir era verso)  es el que  dio origen a la anécdota apócrifa, aunque repetida hasta la saciedad  de manera poco exigente, que refiero a continuación. 

    Es una cita sin duda apócrifa (oculta, sin firma, que es lo que significa la palabra del griego  ἀπόκρυφος, ἀπό ,apó, lejos de, privado de, y κρυπτός , kryptos , oculto) que dice que a la reconvención paterna Ovidio respondió:

    Parce mihi, nunquam versificabo, pater!

    ¡Perdóname, padre!, nunca volveré a escribir versos

    Pero esta respuesta en sí misma era la negación de lo que afirmaba, porque resulta ser ella misma un verso.

    Confirma su carácter apócrifo de la anécdota alguna otra versión paralela, con alguna variación, facilitada precisamente por no encontrarse el citado verso entre los de Ovidio. Así

    Te juro, te juro, padre que nunca más compondré versos

    Iuro, iuro, pater numquam componere versus

    Iuro tibi pater numquam componere carmen

    Nunc tibi promitto nunquam componere uersus

    Horacio es también un buen ejemplo de la fuerza interna que con la que los dioses tocan a los poetas. Es verdad que su padre, un liberto que hizo alguna fortuna, se empeñó en que su hijo estudiara con los mejores profesores en Roma y luego en Grecia. Lo suyo, desde luego, eran las letras, aunque estando en Grecia participó en la batalla de Filippos en el ejército perdedor de Bruto, el republicano, uno de los asesinos de César. Vivió como pudo hasta que entró en el círculo del gran Mecenas y del propio Augusto, pero nunca dejó la poesía que le abrió la puerta de la inmortalidad.

    El texto anteriormente citado de la Epistula ad Pisones es clara expresión del trabajo que debe acompañar a toda inspiración.

    Otro ejemplo similar es el del  ingenioso, a veces ácido, a veces tierno, Marcial, que nació en Bilbilis junto a la actual Calatayud. Marcho a Roma, a la Urbe, para triunfar como poeta.  Harto de malvivir a la sombra de los poderosos,  volvió a su natal Bilbilis, acogido por una rica viuda.  Como detalle curioso diré que Plinio el Joven le proporcionó la ayuda necesaria para el viaje; ayuda que por eso recibe el nombre de viático, de "via", camino, carretera.  Pues bien, durante su estancia en Roma sus amigos le aconsejaron una y otra vez que se dedicara al “foro”, a los pleitos, que es lo que entonces como hoy dan dinero.

    El epigrama  que reproduzco dibuja perfectamente el duro ambiente romano en el que han de subsistir los poetas.

    Epigramas III, 38 a

    “—¿Qué motivo o qué confianza te trae a Roma, Sexto? ¿Qué esperas
    o qué vienes a buscar aquí? Dímelo.

    —Yo trataré causas, me respondes, con más elocuencia que el propio
    Cicerón, y no habrá quien me iguale en los tres foros.

    —Han intervenido en causas Atestino y Civis. A los dos los conocías.
    Pues bien, ninguno de los dos sacaba para pagar a la patrona.

    —Si por esa parte no hay salida, compondré poemas. Apenas los
    oigas, pensarás que son de Virgilio.

    —Estás loco. Todos esos que ves ahí con sus mantos heladores, son
    Ovidios y Virgilios.

    —Frecuentaré los atrios de las grandes casas.

    —Esto es solución para tres o cuatro. Todos los demás, una turba
    inmensa, se mueren de hambre.

    —¿Qué debo hacer? Dímelo, porque tengo decidido vivir en Roma.

    —Si eres bueno, será una casualidad que puedas vivir”.


    Quae te causa trahit vel quae fiducia Romam,
    Sexte? quid aut speras aut petis inde? refer.
    'Causas' inquis 'agam Cicerone disertior ipso
    Atque erit in triplici par mihi nemo foro.'
    Egit Atestinus causas et Civis—utrumque
    Noras—; sed neutri pensio tota fuit.
    'Si nihil hinc veniet, pangentur carmina nobis:
    Audieris, dices esse Maronis opus.'
    Insanis: omnes gelidis quicumque lacernis
    Sunt ibi, Nasones Vergiliosque vides.
    'Atria magna colam.' Vix tres aut quattuor ista
    Res aluit, pallet cetera turba fame.
    'Quid faciam? suade: nam certum est vivere Romae.'
    Si bonus es, casu vivere, Sexte, potes.

    Estos poetas y muchos otros son ejemplo de personas que sucumbieron  a la pasión interna que les consumía,  la poesía , y confirman la opinión de quien afirma que hay que nacer poeta para serlo pero también hay trabajar duro con la lima (labor limae et mora).

    Esta necesidad del trabajo constante de perfeccionamiento del texto poético nos lo confirma la vida del grandioso Virgilio.  Dedicó los últimos años de su vida a componer la Eneida,  el gran canto épico a la historia y grandeza del pueblo romano y  del emperador Augusto en cuya época vivió y que le protegió.

    Su método  consistía en dictar a su amanuense  y liberto Eros  por la mañana decenas de versos, que por la tarde dejaba reducidos a unas pocas unidades. Parece que tenía un guión en prosa más o menos definido de lo que sería la obra e iba completando los diversos libros según le venía la inspiración. Incluso dejaba versos incompletos para finalizar más tarde si el hemistiquio (medio verso) expresaba la idea completa.

    Nos lo cuenta Suetonio en la vida de Virgilio, una de las vidas de su De poetis, que a su vez forma parte de su De viris illustribus:

    Cuando estaba escribiendo las “Geórgicas”, se dice que acostumbraba todos los días a dictar por la mañana muchos versos inspirados y a lo largo del día, corrigiéndolos, los dejaba reducidos a muy pocos, diciendo no absurdamente que él “paría”  y daba forma al poema como la osa, lamiendo y lamiendo.  Decidió escribir  la Eneida resumida en doce libros primero en prosa y componerla en verso según le apetecía en cada caso sin guardar ningún orden establecido. Y para que la inspiración no le demorase, nos transmitió algunos versos imperfectos, algunos  los anunció con pocas palabras, que en  broma decía que colocaba como puntales  para sostener la obra, en tanto le llegaban las sólidas columnas.

    Cum "Georgica" scriberet, traditur cotidie meditatos mane plurimos versus dictare solitus ac per totum diem retractando ad paucissimos redigere, non absurde carmen se more ursae parere dicens et lambendo demum effingere. "Aeneida" prosa prius oratione formatam digestamque in XII libros particulatim componere instituit, prout liberet quidque, et nihil in ordinem arripiens. Ac ne quid impetum moraretur, quaedam inperfecta transmisit, alia levissimis verbis veluti fulsit, quae per iocum pro tibicinibus interponi aiebat ad sustinendum opus, donec solidae columnae advenirent.

    Aulo Gelio en XVII, 10  también recuerda la forma de producir sus versos

    Recuerdo que el filósofo Favorino, una vez que acudió durante el verano del año  a la villa de un amigo suyo en Anzio, y yo había venido de Roma para verlo, disertó poco más o menos  de la siguiente manera sobre los poetas Píndaro y Virgilio. Dijo que "los amigos y los íntimos de Publio Virgilio, en los  recuerdos  que la memoria nos ha dejado de su talento y su carácter, dicen que él solía declarar que paría los  de la forma y la manera de una osa, "
    Porque así como  la bestia da a luz a su cría sin figura y deforme, y luego lamiendo da figura y forma a lo que había parido, así los productos recientes de su mente también eran groseros en su figura e imperfectos,  pero después  trabajándolos y puliéndolos les daba las formas del rostro y de la expresión.

    Favorinum philosophum, cum in hospitis sui Antiatem villam aestu anni concessisset nosque ad eum videndum Roma venissemus, memini super Pindaro poeta et Vergilio in hunc ferme modum disserere:  “Amici,” inquit, “familiaresque P. Vergilii, in his quae de ingenio moribusque eius memoriae tradiderunt, dicere eum solitum ferunt parere se versus more atque ritu ursino. Namque
    ut illa bestia fetum ederet ineffigiatum informemque lambendoque id postea quod ita edidisset conformaret et fingeret, proinde ingenii quoque sui partus recentes rudi esse facie et inperfecta, sed deinceps tractando colendoque reddere iis se oris et vultus liniamenta
    .

    Nota: esta comparación con el lamer de la loba tuvo notable éxito y se utilizó naturalmente en nuestro Renacimiento y Barroco.

    En el añ 19 a.C. cuando ya la tenía acabada pero no definitivamente corregida, marchó a Atenas para revisarla. Allí se encontró con  Augusto, que le convenció para volver con él a Roma. Visitó Megara bajo un sol abrasador y cayó enfermo.  Apenas desembarcar en Brindis, murió el 21 de septiembre, a los 51 años.  Antes de morir, pidió las cajas con los manuscritos de la Eneida para quemarlos; con anterioridad ya lo había así dispuesto en su testamento y pedido a sus albaceas Vario y Tucca. Sin duda este deseo se debía a su pasión por la perfección.  Se dice que fue la intervención de Augusto la que impidió que se cumpliera el deseo del poeta y se salvara el poema para la posteridad que siempre lo ha tenido de modelo de poesía épica. A Virgilio no le parecía presentable; le faltaba la última mano.

    El primero que nos lo cuenta o la primera y principal fuente es Plinio en su  Naturalis Historia VII 114:

    El Divino Augusto prohibió que fueran quemados los poemas de Virgilio  en contra del respeto  de su testamento y proporcionó así al poeta mayor fama que si hubiera aprobado su petición.

    Divus Augustus carmina Vergili cremari contra testamenti eius verecundiam vetuit maiusque ita vati testimonium contigit quam si ipse sua probavisset.

    También Donato en su Vida de Virgilio, XIV, 52 recoge el hecho:

    Cuando sintió que se agravaba su salud con su enfermedad pidió muchas veces y con gran fuerza que le llevasen las cajas (con los rollos) porque quería quemar la Eneida. Como  no se los llevaron ordenó en su testamento que fuera quemada como obra sin corregir e imperfecta.

    Tiberius Claudius Donatus, Vita Publii Virgilii Maronis, XIV, 52

    Quo ut gravari morbo se sentiret scrinia saepe et magna instantia petivit
    crematurus Aeneida. Quibus negatis testamento comburi iussit ut rem inemendatam imperfectamque.

    Hay que añadir Gellio XVII 10.7, que después de comentar que el mismo poeta decía que perfeccionaba sus versos como las osas dan forma a sus cachorros, nos informa:

    La propia realidad demuestra que fue un hombre de extraordinario buen gusto el que dijo esto con honestidad y verdad. Pues  las partes que dejó perfectas y pulidas,  a las que  su juicio y  aprobación habían aplicado su última la mano,   disfrutar de toda alabanza por su belleza poética; pero aquellas partes que se  pospusieron, con la intención de revisarlas más tarde, pero que  no pudo terminar porque le adelantó la muerte, no son de ninguna manera dignas de la fama y el agrado de los más elegantes de los poetas. Y así,  cuando abatido por la enfermedad  que la muerte estaba cerca, pidió y rogó y rogó insistentemente a  sus mejores amigos que quemaran la Eneida, que todavía no había “limado” suficientemente.

    Hoc virum iudicii subtilissimi ingenue atque vere dixisse, res,” inquit, "indicium facit.  Nam quae reliquit perfecta expolitaque quibusque inposuit census atque dilectus sui supremam manum,  omni poeticae venustatis laude florent; sed quae procrastinata sunt ab eo, ut post recenserentur, et absolvi, quoniam mors praeverterat, nequiverunt, nequaquam poetarum elegantissimi nomine atque iudicio digna sunt. Itaque cum morbo obpressus adventare mortem viderat, petivit oravitque a suis amicissimis inpense, ut Aeneida, quam nondum satis elimavisset, adolerent.

    También Macrobio en sus Saturnales I,24,6:

    ¿Quién a la hora de morir legó su poema al fuego, porque quería sustraer a la posteridad las carencias de su buena fama?

    Qui enim  moriens poema suum legavit igni, quid nisí famae suae vulnera posteritati subtrahenda curavit?,

    También  Suetonio en su Vida de Virgilio. Aunque redundante, ofrezco el texto de Suetonio, que recoge todo lo anteriormente dicho al final del artículo. Nada sabemos del citado por Suetonio Sulpicio el Cartaginés, relacionado también en Anthologia Latina 653

    Por lo demás la anécdota también está en las vidas de Virgilio, en la llamada Vita Serviana, 26-28 B

    «Aeneidem…scripsit…,sed nec emendavit nec edidit: unde eam moriens praeccpit
    incendí.”

    y en la Probiana se repite también,lo mismo que en Donato y Servio:

    La Eneida fue conservada gracias a Augusto, aunque él mismo (Virgilio) en su testamento la había ordenado que no se conservase nada que él no hubiera editado:

    Aeneis servata ab Augusto, quamvis ipse testamento damnaverit, ne quid eorum quod non edidisset extaret

    Esta realidad descrita confirma la necesidad de trabajar incansablemente para que aparezcan como fluidos los versos que no son sino fruto de un enorme esfuerzo y tensión emocional. Así que firmaré también la definición con la que comenzaba el artículo: el poeta nace y se hace con un esfuerzo permanente, con un constante “labor limae”. Con ello no hago sino seguir el sabio consejo de Horacio  preceptiva literaria “Epistula ad Pisones”, v. 408-411:

    Se pregunta si el mérito de un poema
    depende de la naturaleza o del arte.
    Yo ni creo en el estudio sin inspiración,
    ni veo qué aprovecha un genio sin educar;
    una cosa necesita del auxilio de la otra
    y son perfectamente compatibles.

    Natura fieret laudabile Carmen an arte,
    quaesitum est: ego nec studium sine divite vena,
    nec rude quid prosit video ingenium; alterius sic
    altera poscit opem res et coniurat amice.

    Y si esto es así, ¿cómo es posible que modernos vates publiquen un libro de poemas al año e incluso al semestre? Probablemente porque ni fueron tocados por la divinidad ni aplican la diaria lima necesaria;  tan sólo emborronan versos con  sonidos vacíos de significado, flatus vocis, decían los antiguos. Y a ellos también se les debe aplicar el consejo del tan citado Horacio en Epistula ad Pisones, 445-450:

    El varón bueno y prudente hará como Aristarco,
    Censurará los versos flojos, rechazará los incorrectos
    Y con la pluma al revés trazará una señal negra sobre los mal medidos,
    Recortará los adornos afectados, obligará a esclarecer lo oscuro,
    Atacará lo dicho ambiguamente, señalará lo que hay que cambiar. 
    (Traducción de Helena Valentí. Edit. Bosch)

    vir bonus et prudens versus reprehendet inertis,
    culpabit duros, incomptis adlinet atrum
    transverso calamo signum, ambitiosa recidet
    ornamenta, parum claris lucem dare coget,
    arguet ambigue dictum, mutanda notabit:
    fiet Aristarchus;

           ………………

    Suetonio, Vida de Virgilio, 35 y ss.

    A los 51 años de edad (en el año quincuagésimo segundo), dispuesto a dar la última
    mano a su Eneida, decidió marcharse  a Grecia y a Asia, y durante  tres años continuos no hacer ninguna otra cosa  que corregirla, para estar libre  el resto de su vida sólo para la filosofía. Pero ya en el viaje se encontró en Atenas con Augusto, que regresaba a Roma desde Oriente, y decidió no separarse de él e incluso volver juntamente,  y mientras  conoció la ciudad vecina de Megara   bajo un sol muy ardiente, contrajo una enfermedad, que se aumentó durante  la navegación ininterrumpida,  de tal forma que alcanzó Brindis bastante más grave. Allí murió a los pocos días, el 21 de septiembre, siendo cónsules Cneo Sentio y Quinto Lucrecio.  Sus huesos fueron trasladados a Nápoles, y enterrados en un sepulcro que está en la vía Puteolana, dentro del segundo miliario, en el que (hay escrito) este dístico que él hizo:

    Mantua me engendró, los calabrenses me raptaron, ahora me tiene
    Parténope; canté los pastos, los campos, a los generales.

    Nombró herederos, de  la mitad  a Valerio Próculo, hermano de diferente padre; de la cuarta parte a Augusto; de la duodécima parte, a Mecenas; de lo restante a Lucio Vario y
    a Plocio Tuca, quienes revisaron su Eneida después de su muerte por orden el César.  Sobre  este asunto, quedan estos versos de Sulpicio el cartaginés:

    Había ordenado Virgilio que fueran destruidos en las rápidas llamas
    estos poemas, que cantaban al general frigio.
    Tuca y Vario lo impiden; al mismo tiempo tú, César máximo,
    no lo permites y velas por la historia del Lacio.
    La desgraciada  Pérgamo cayó junto al fuego doble,
    Y Troya casi fue quemada en otra hoguera.

    Antes de abandonar Italia, había tratado con Vario, que si le pasaba algo, quemara la Eneida; pero éste  había negado enérgicamente  que así lo haría;  así pues, al final de su salud pidió con insistencia sus cajas de libros para quemarlos él mismo. Pero, como no se los llevó nadie, no dispuso nada especial sobre ella (la Eneida)   Por lo demás, legó sus escritos al mismo Vario y también a Tuca, con la condición de que no publicaran nada, que no hubiera sido publicado por él.  Sin embargo Vario la publicó  con autorización de Augusto, aunque ligeramente enmendada,  de modo que incluso  dejó  los versos incompletos tal como estaban. Muchos pronto intentaron  completarlos, pero no pudieron hacerlo por su dificultad, porque casi todos los hemistiquios, en su caso, tienen  absoluto y perfecto sentido, excepto aquel: “quem tibi iam Troia”.

    Anno aetatis quinquagesimo secundo inpositurus "Aeneidi" summam manum statuit in Graeciam et in Asiam secedere triennioque continuo nihil amplius quam emendare, ut reliqua vita tantum philosophiae vacaret. Sed cum ingressus iter Athenis occurrisset Augusto ab Oriente Romam revertenti destinaretque non absistere atque etiam una redire, dum Megara vicinum oppidum ferventissimo sole cognoscit, languorem nactus est eumque non intermissa navigatione auxit ita ut gravior aliquanto Brundisium appelleret, ubi diebus paucis obiit XI Kal. Octobr. Cn. Sentio Q. Lucretio conss. Ossa eius Neapolim translata sunt tumuloque condita qui est via Puteolana intra lapidem secundum, in quo distichon fecit tale:

    "Mantua me genuit, Calabri rapuere, tenet nunc
    Parthenope; cecini pascua rura duces. "

    Heredes fecit ex dimidia parte Valerium Proculum fratrem alio patre, ex quarta Augustum, ex duodecima Maecenatem, ex reliqua L. Varium et Plotium Tuccam, qui eius "Aeneida" post obitum iussu Caesaris emendaverunt. De qua re Sulpicii Carthaginiensis exstant huiusmodi versus:

    "Iusserat haec rapidis aboleri carmina flammis
    Vergilius, Phrygium quae cecinere ducem.
    Tucca vetat Variusque; simul tu, maxime Caesar,
    Non sinis et Latiae consulis historiae.
    Infelix gemino cecidit prope Pergamon igni,
    Et paene est alio Troia cremata rogo."

    Egerat cum Vario, priusquam Italia decederet, ut siquid sibi accidisset, "Aeneida" combureret; at is ita facturum se pernegarat; igitur in extrema valetudine assidue scrinia desideravit, crematurus ipse; verum nemine offerente nihil quidem nominatim de ea cavit. Ceterum eidem Vario ac simul Tuccae scripta sua sub ea condicione legavit, ne quid ederent, quod non a se editum esset. Edidit autem auctore Augusto Varius, sed summatim emendata, ut qui versus etiam inperfectos sicut erant reliquerit; quos multi mox supplere conati non perinde valuerunt ob difficultatem, quod omnia fere apud eum hemistichia absoluto perfectoque sunt sensu, praeter illud: "quem tibi iam Troia."

  • Homo homini lupus (Man to man is an arrant wolf) / Homo homini deus (Man to man is a kind of God)

    Usually the phrase «homo homini lupus» is attributed to the English philosopher Thomas Hobbes (1588 – 1679), author among other works of Leviathan, essential work on the development of political philosophy in the modern age and of liberal thought.

    According to Hobbes man advances, from the «state of nature«,of  «war of all against all» (bellum omnium contra omnes), to an organized society; first to a state of «natural law» that prevents man threatening life and then to a state of positive law, the result of social pact.

    So, with Locke and his «Two Treatises of Government» and Rousseau and his «Social Contract»  he addresses  in modern times the origin of society. Also ancient thinkers as Plato in his Republic and Aristotle raised this issue, but that deserves a lengthy article that on occasion I will.

    Isn’t Hobbes the author of the famous phrase homo homini lupus

    Well, it is true that Hobbes used the expression «Homo homini lupus» in a given context, but never he claimed the paternity, which does not apply to him, but he has probably been the one who has contributed more to its size and knowledge in modern era.

    But if Hobbes did not create that sentence, then who did?

    Some time ago  good friends of renowned intellectual prestige raised the issue in one of the most widespread social networks. It suggested me the possibility to dig a little deeper into the origin and meaning of that phrase.

    First it is convenient to know a little more detail on Hobbes‘s phrase in context, or at least in the paragraph in which it is immersed.

    Hobbes used the phrase at the beginning of the work «De cive», «On the citizen» in the dedication to the Earl of Devonshire. Actually the initial and full title was «Elementa Philosophica de Cive», «Philosophical elements about the citizen.»

    Since the book begins with a general assessment of ancient Rome and its empire, and this blog is specifically about  the Antiquity, I would reproduce a more extensive part than the mere reproduction of the phrase in question. In passing the reader will see how until  into the twentieth century all intellectual and thinker was a connoisseur of classical Antiquity; it is now when  we move towards a quasi absolute ignorance that deprive young people of knowledge of much of their own identity.

    The work was written in Latin, the international language of science and thought even then, and published in 1642 in Paris and the translation into English appeared in 1651  with the title  Philosophicall rudiments Concerning government and society  So I will offer the texts in the  two versions.

    To the Right Honourable, William, Earle of Devonshire,

    My most honoured Lord
    May it please your Lordship,
    It was the speech of the Roman people (to whom the name of King had been render’d odious, as well by the tyrannie of the Tarquins, as by the Genius and Decretals of that City) ‘Twas the speech I say of the publick, however pronounced from a private mouth, (if yet Cato the Censor were no more than such) That all Kings are to be reckon’d amongst ravenous Beasts.  But what a Beast of prey was the Roman people, whilst with its conquering Eagles it erected its proud Trophees so far and wide over the world, bringing the Africans, the Asiaticks, the Macedonians, and the Achaeans, with many other despoyled Nations, into a specious bondage, with the pretence of preferring them to be Denizens of Rome? So that if Cato’s saying were a wise one, ‘twas every whit as wise that of Pontius Telesinus; who flying about with open mouth through all the Companies of his Army, (in that famous encounter which he had with Sylla) cryed out, That Rome her selfe, as well as Sylla, was to be raz’d; for that there would alwayes be Wolves and Depraedatours of their Liberty, unlesse the Forrest that lodg’d them were grubb’d up by the roots. To speak impartially, both sayings are very true; That Man to Man is a kind of God; and that Man to Man is an arrant Wolfe. The first is true, if we compare Citizens amongst themselves; and the second, if we compare Cities. In the one, there’s some analogie of similitude with the Deity, to wit, Justice and Charity, the twin-sisters of peace: But in the other, Good men must defend themselves by taking to them for a Sanctuary the two daughters of War, Deceipt and Violence: that is in plaine termes a meer brutall Rapacity: which although men object to one another as a reproach, by an inbred custome which they have of beholding their own actions in the persons of other men, wherein, as in a Mirroir, all things on the left side appeare to be on the right, & all things on the right side to be as plainly on the left; yet the naturall right of preservation which we all receive from the uncontroulable Dictates of Necessity, will not admit it to be a Vice, though it confesse it to be an Unhappinesse. Now that with Cato himselfe, (a person of so great a renowne for wisdome) Animosity should so prevaile instead of Judgement, and partiality instead of Reason, that the very same thing which he thought equall in his popular State, he should censure as unjust in a Monarchical, other men perhaps may have leisure to admire. But I have been long since of this opinion, That there was never yet any more than vulgar prudence that had the luck of being acceptable to the Giddy people; but either it hath not been understood, or else having been so, hath been levell’d and cryed downe.

    Populi Romani,memoria Tarquiniorum, et civitatis instituto, Regibus iniqui, vox erat (Excellentiss.Domine) prolata ore Marci Catonis Censoris, Reges omnes de genere esse bestiarum rapacium. Ipse autem Populus Romanus, qui per Africanos, Asiaticos,Macedonicos, Achaicos, caeterosque a spoliatis gentibus cognominatos cives, totum fere orbem terrarum diripuerat, qualis bellua erat? Non minus ergo quam Cato, sapienter dixit Pontius Telesinus.Is praelio ad Portam Collinam contra Syllam circumvolans ordines exercitus fui; vociferatusque, eruendam delendamque ipsam Romam, adiiciebat, numquam defuturos Raptores Italicae libertatis Lupos, nisi sylva, in quam refugere solerent, esset excisa.
    Profecto utrumque vere dictum est, Homo homini Deus, et Homo homini Lupus. Illud, si concives inter se; Hoc, si civitates comparemus. Illic iustitia et charitate, virtutibus pacis, ad similittudinem Dei acceditur; Hic propter malorum pravitatem, recurrendum etiam bonis est, si se tueri volunt, ad virtutes Bellicas,vim et dolum, id est, ad ferinam rapacitatem. Quam etsi hominess pro convitio invicem obiiciant, more innato, facta sua in personis alioru, tanquam in speculo,sinistra dextra; dextra sinistra existimantes; vitium tamen esse non sinit profectum a necessitate conservationis propriae ius naturale. Quod autem Catoni,viro spientiae celebratissimae, odium pro iudicio, affectus pro ratione imponere in tantum potuit, ut quod aequum in populo suo, idem reges facere iniquum censeret, mirari fortasse alii poterunt, ego sane in ea opinione iam diu sum,neque egregiam sententiam unquam fuisse quae placuit populo, neque sapientiam vulgari maiorem vulgo agnosci posse; quipped quam vel non intelligent, vel intelligentes aequant.

    Note how the Latin phrase «profecto utrumque vere dictum est …» «truly it has been said ...»  implies that Hobbes is not the creator, but the phrase existed when it was said.

    What is the origin of the phrase homo homini lupus?

    Since antiquity it is cited as probable origin and Latin sentence, closer to quote of Hobbes, a passage from the comedy of Plautus (254-184 BC) Asinaria (The Comedy of Asses). It is a typical comedy in which it is developed a complicated tangle between a father, his authoritarian and rich wife, a  son in love and their slaves scheming for their masters.

    The argument is summarized at the beginning of the work itself:

    ARGUMENT

    An old gentleman, whose wife is the head of the household,
    desires to give his son financial support in a love affair.
    He therefore had some money, brought to Saurea in payment
    for some asses, counted out to a certain rascally servant of
    his own, Leonida. This money goes to the young fellow’s
    mistress, and he concedes his father an evening with her.
    A rival of his, beside himself at being deprived of the
    girl, sends word, by a parasite, to the old gentleman’s
    wife, of the whole matter. In rushes the wife and drags her
    husband from the house of vice.
    (Translation by Paul Nixon. ambridge, Massachusetts Harvard University Press. London William Heinemannn Ltd.           First printed 1916)

    ARGVMENTVM
    Amanti argento filio auxiliarier
    Sub imperio vivens volt senex uxorio.
    Itaque ob asinos relatum pretium Saureae
    Numerari iussit servolo Leonidae.
    Ad amicam id fertur. cedit noctem filius.
    Rivalis amens ob praereptam mulierem,
    Is rem omnem uxori per parasitum nuntiat.
    Accurrit uxor ac virum e lustris rapit.

    Was Plautus the creator of the phrase?

    The phrase in question appears in a passage in which the Leonid’s slave pretends to be the house manager for a merchant give him the money from the sale of some asses and he give it to the boy to turn he can give it to the girl and her matchmaker or Celestina, only hungry for money. But the merchant is not fooled.

    Plautus, Asinaria Act II, scene IV, v. 484 y ss.

    LEONIDA: How now, whip-knave? How say you, hang-dog? Do you suppose that we shall run away from our master? Go this instant then to our master, where you were citing us just now, and where you were wishing to go.

    THE ASS-DEALER: What, now at last? Still, you shall never get a coin of money away from me, unless Demænetus shall order me to give it.

    LEONIDA:Do so. Come, move on then. Are you to offer insults to another person, and are they not to be repeated to yourself? I’m a man as much as you are.

    THE ASS-DEALER: No doubt such is the fact.

    LEONIDA: Follow me this way, then. With your good leave10 I would now say this: not a person has ever accused me by reason of my deserving it, nor is there in Athens one other individual, this day, whom they would think they could as safely trust.

    THE ASS-DEALER: Perhaps so: but still, you shall never this day persuade me to entrust to you, whom I don’t know, this money A man to a man is a wolf11, not a man, when the other doesn’t know of what character he is.

    LEONIDA: Now at last you are appeasing me12: I was sure that this day you would give satisfaction to this poor head of mine; although I’m in mean garb, still, I’m well to do, nor can an estimate of my means be formed from it.

    THE ASS-DEALER: Perhaps so.

    LEONIDA: Still more then I tell you: Periphanes, a merchant of Rhodes, a rich man, in the absence of my master, himself alone paid over to me, in private, a talent of silver, and trusted me, nor was he deceived in it.

    THE ASS-DEALER: Perhaps so.

    LEONIDA: And you, too, yourself, as well, if you had enquired about me of other people, would, i’ faith, I’m quite sure, have entrusted to me what you now have with you.

    THE ASS-DEALER: I don’t deny it. (Exeunt.) 
    (The Comedies of Plautus. Henry Thomas Riley. London. G. Bell and Sons. 1912.  Translation by Henry Thomas Riley)

    LEONIDA. Quid, verbero? ain tu, furcifer? erum nos fugitare censes?
    ei nunciam ad erum, quo vocas, iam dudum quo volebas.  

    MERCATOR. Nunc demum? tamen numquam hinc feres argenti nummum, nisi me
    dare iusserit Demaenetus.

    LEONIDA. Ita facito, age ambula ergo.
    tu contumeliam alteri facias, tibi non dicatur?
    tam ego homo sum quam tu.

    MERCATOR. Scilicet. ita res est.

    LEONIDA. Sequere hac ergo.
    praefiscini hoc nunc dixerim: nemo etiam me accusavit
    merito meo, neque me alter est Athenis hodie quisquam,
    cui credi recte aeque putent.

    MERCATOR. Fortassis. sed tamen me
    numquam hodie induces, ut tibi credam hoc argentum ignoto.
    lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit.

    LEONIDA. Iam nunc secunda mihi facis. scibam huic te capitulo hodie
    facturum satis pro iniuria; quamquam ego sum sordidatus,
    frugi tamen sum, nec potest peculium enumerari.

    MERCATOR. Fortasse.

    LEONIDA. Etiam ~ nunc dico Periphanes Rhodo mercator dives
    absente ero solus mihi talentum argenti soli
    adnumeravit et mihi credidit, nequest deceptus in eo.

    MERCATOR. Fortasse.

    LEONIDA. Atque etiam tu quoque ipse, si esses percontatus
    me ex aliis, scio pol crederes nunc quod fers.

    MERCATOR. Haud negassim.—

    Exactly in verse 495 it is said: «Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit» , that  can be translated literally as

    «Wolf is the man for man, and not man, when he does not know  who is the other»

    and with a less literal translation as

    When a person is unknown for you, he is for you as a wolf, not a man.

    So the phrase does not appear in Plautus with the transcendence that it is used later when acquires the category of sentence, maxim, proverb, etc .; rather, it is used in a context of personal relationships and in a comic scene of inconsequential matter. This is a very important difference with Hobbes, where it refers the previous state of nature of men, before the establishment of human society.

    Having said all this, we can ask too, was Plautus the creator of the phrase?

    Plautus is the most important comedy writer  in Latin. Like almost all Latin  literature and culture, the theater is also indebted to the Greeks. Plautus is not only inspired by Greek on comedies but sometimes practically he translates and adapts them to the new Roman scene. He sometimes uses several Greek comedies to compose one Latin work;  this mixture  was called «contaminatio”, and this practice generated considerable discussion on what might be called «literary criticism«.

    Well, the comedy «Asinaria» is a translation from  a Greek comedy called «The carrier» Onagos, οναγός, as it is  told in the preface to the same work that usually accompanies the edition:

    Preface, v.6 ss.

    Enough enough! Sit down–and be sure you put that in your bill! (to audience) Now I shall say why I have come out before you here and what I wished: I have come to acquaint you with the name of this play. For as far as the plot is concerned, that is quite simple.

    Now I shall say what I said I wished to say: the Greek name of this play is ONAGOS: Demophilus wrote it: Maccus translated it into a foreign tongue. He wishes to call it THE COMEDY OF ASSES, by your leave. It is a clever comedy,full of drollery and laughable situations. Do oblige me by being attentive, that now too, as in other days, Mars may be with you. (Translation by Henry Thomas Riley)

    nunc quid processerim huc et quid mihi voluerim
    dicam: ut sciretis nomen huius fabulae;
    nam quod ad argumentum attinet, sane brevest.
    nunc quod me dixi velle vobis dicere,
    dicam: huic nomen graece Onagos fabulae;               10
    Demophilus scripsit, Maccus vortit barbare;
    Asinariam volt esse, si per vos licet.
    inest lepos ludusque in hac comoedia,
    ridicula res est. date benigne operam mihi,
    ut vos, ut alias, pariter nunc Mars adiuvet. 

    Does he took the book? Therefore does Plautus took from  the Greek work the phrase which then, with a little modification,  has become so famous? Most likely this occurred; it is very likely that the phrase was already on comedy of Demophilus, but we don’t have an undeniable knowledge of it.

    Used by Demophilus or by other Greeks, the phrase sound more or less as is stated many years later in Erasmus: Ἄνθρωπος ἀνθρώπου λύκος (ánthroposs anthropou Lykos).

    Homo homini deus, man is a god to man

    In any case, in the Greek world is well and often known a phrase that is precisely the opposite of the above: ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον (anthropos anthropou daemon), on Latin it has produced «homo homini deus» and on English Man to man is a kind of God”.

    This is precisely the phrase that appears in Hobbes opposed to «man is a wolf to man«, although it is precisely this that has won more fortune.

    ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον (anthropos anthropos daimonion) is a sentence or phrase common in Greek and testified on numerous occasions and of course also its correspondent on Latin «Homo homini deus«.

    In Greek, for example, it appears on the «Corpus paroemiographorum graecorum» at least four times: in the case of Zenobios, I, 91; in Diogenianus or pseudo Diogenianus, I, 80 and I, 46; Michael Apostolios, III, 10, and Gregory of Cyprus I, 50.

    In Latin, the comic poet Ceecilius (ca 280-ca.168 BC) used a verse that is preserved through the appointment of Symmachus, the fourth century author, who uses it in a letter of thanks:

    Symmachus, Letters IX,114:

    Playwright Ceecilius correctly  said: man is a god to man, if he knows his duty. »
    Recte Caecilius comicus inquit

       Homo homini deus est, si suum officium sciat.

    Caecilius seems imbued with Stoic philosophy and pro-Hellenic  Circle of Scipions. Recall that Terence had written in his Heautontimorumenos, v. 77, the famous phrase

    «homo sum, humani nihil a me alienum puto»,

    I am a man, and nothing that concerns a man do I deem a matter of indifference to me (The Comedies of Terence. Henry Thomas Riley. Ney York. Harper and Brothers. 1874).

    But it is convenient produce the whole letter, very short letter, moreover, because it helps us to understand the extent in the use of this phrase and the reason for its use

    Playwright Ceecilius correctly  said: man is to man a god when he recognizes his duty I can say that this sentence agrees with you, who has selflessly applied vigilant attention to our affairs. Since then the memory lives in our hearts, the praise in our mouths and the glory of your action and your interest not only flourishes momentarily but it will live forever as my reason promises me. Now even it would be appropriate a neater speech to thank it, if I don’t feared to give the impression of having paid once all I have to owe. He does not support receiving a benefit who is quick to liberate the link and he does not seem to accept mutual aid as a friend if he blushes by a delay in showing gratitude. But the nature of my character is different: I hasten to pay pecuniary interest and I desire to owe  for a long time testing the repayment  of evidences of consideration. Good luck.

    SYMMACHUS . . . . . Recte Caecilius comicus: Homo, inquit, homini deus est, si suum officium sciat. Hanc ego in te dixerim sententiam convenire, qui nostris negotiis curam vigilem praestitisti. Hinc in pectore memoria, laus in ore versatur. Nec in praesentia modo floret facti et studii tui gloria, sed, ut mens augurat, aevum vigebit. Prolixior agendis gratiis sermo etiam nunc competeret, ni vererer, ne simul totum videar expunxisse, quod debeo. Impatiens est accepti beneficii, qui nexu properat liberari: nec videtur mutuam operam quasi amicus accipere, si erubescit ad moram gratiae. Alia mei ingenii ratio est. Pecuniae fenus accelero persolvere: officiorum vices diu opto debere. Vale.

    This is a letter of thanksgiving for a well-received  and in the ancient world it is widespread the idea that who does good, who does a benefit to someone, the benefactor, he is a god. This helps to understand the extent of the deification of rulers, because they are benefactors (some of them are called precisely so ,Evergetes, benefactor, such as Ptolemy III Euergetes, (Greek: Πτολεμαίος Ευεργέτης), who lived c. 282-222 BC, third pharaoh of the Ptolemaic dynasty) and also the extension and trivialization, if it is preferred, to  anyone who favors a similar person. It is therefore a sentence that is very used to recognize a favor for someone.

    Interestingly in the same comedy «Asinaria» this idea is used, although in a burlesque context, as it befits the comedy, when the slave requires a divine treatment for the favor of giving the money, in verse 712:

    Argyippus. How about it now? There’s a good fellow! Seeing you two have had your fill of sport with me, going to give us the money, are you?

    Libanus. Oh well, if you put me up an altar and statue, yes, and offer me up an ox here the same as a god: for I’m your goddess Salvation, I am.

    Leonida. Come, sir, get rid of that chap, won’t you, and apply to me in person, yes, and let me have those statues and supplications he ordered for himself.

    Argyrippus. Ah, and by what name does your godship pass?

    Leonida. Fortune, yes sir, Indulgent Fortune.
    (Translator Paul Nixon. The Project Gutenberg)

    ARGYRIPPUS. Quid nunc, amabo? quoniam, ut est libitum, nos delusistis,
    datisne argentum?
    LIBANUS. Si quidem mihi statuam et aram statuis
    atque ut deo mi hic immolas bovem: nam ego tibi Salus sum.
    LEONIDA: Etiam, tu, ere, istunc amoves abs te atque –ipse me adgredere atque illa, sibi quae hic iusserat,mihi statuis supplicasque?
    ARGYRIPPUS: Quem te autem divom nominem?
    LEONIDA: Fortunam, atque Obsequentem

    The Latin texts in which this idea of the divinity of benefactor man appears, are infinite. I just put two very significant examples.

    Virgil in the first of his famous Ecloges  thanks Augustus that their land don’t will be confiscated to give them to a soldier. Virgil considered him a «god«:

    Virigil, Ecloge I, v.6-8)

    TITYRUS
    O Meliboeus, ‘twas a god vouchsafed
    this ease to us, for him a god will I
    deem ever, and from my folds a tender lamb
    oft with its life-blood shall his altar stain.
    His gift it is that, as your eyes may see,
    my kine may roam at large, and I myself
    play on my shepherd’s pipe what songs I will.

    (Vergil. Eclogues. J. B. Greenough. Boston. Ginn & Co. 1895.)

    O Meliboee, deus nobis haec otia fecit.
    Namque erit ille mihi semper deus: illius aram
    Saepe tener nostris ab ovilibus imbuet agnus.
    Ille meas errare boves, ut cernis, et ipsum
    Ludere quae vellem calamo permisit agresti.

    Pliny says in his Naturalis Historia, 2,7.18-19

    Whereas in very deed, a god unto a man is he, that helpeth a man; ; and this is the true and direct pathway to everlasting glorie. In this way went the noble Romans in old time: and in this tract at this day goeth, with heavenlly pace, Vespasian Augustus, both he and his children: Vespasian, I say, the most mightie ruler of the whole world: whiles hee relieveth the afflicted State of the Romane Empire and Commonweale. And this is the most auncient manner of requitall to such benefactours, That they should be canonized gods. And hereof came the names as well of all other gods, as of the stars and planets (which I have mentioned before) in recognisance of mens good deserts.  (Translated into English by Philemon Holland)

    deus est mortali iuvare mortalem, et haec ad aeternam gloriam via. hac proceres iere Romani, hac nunc caelesti passu cum liberis suis vadit maximus omnis aevi rector Vespasianus Augustus fessis rebus subveniens.

    hic est vetustissimus referendi bene merentibus gratiam mos, ut tales numinibus adscribant. quippe et aliorum nomina deorum et quae supra retuli siderum ex hominum nata sunt meritis. Iovem quidem aut Mercurium aliterve alios inter se vocari et esse caelestem nomenclaturam,

    The  thought of Pliny concerning the gods is also here clearly implied: it is next to atheism: God is for a mortal to help mortals.

    The second, homo homini lupus, probably existed as opposed to the first, leading to the double sentence, which may exist in Demóphilus, or in other authors.

    The image of the wolf as particularly cruel animal man is without doubt on the relationship of the wolf with the dog, which incidentally is the  «faithful friend» of man, the man’s best friend,  and probably the first domesticated animal perhaps 40,000 years ago. The scientific names of both subspecies are «canis lupus» for the wolf and  «canis lupus familiaris» for the dog, due to  their genetic proximity.

    They are countless  passages in which the dog is the man’s best fried, (hominis canis optimus amicus); Recall for example the dog that recognized Ulysses, Argos, when he returns to Ithaca; or what about the dog as guardian of the master’s house when  throughout the Empire appears the famous phrase «Cave Canem», «beware of the dog» on the door of the property?. If domestic canis is the best, the wild canis is the worst in the popular imagination and experience.

    I’ll leave for another time any reference to the myth of «lycanthropy» or conversion of man into a wolf and the fact that he was precisely Licaón (man whom Zeus turned into a wolf) who gave laws to humans and make possible the abandonment of wildlife and the development of human society under rules of law.

    Among other Latin texts next to the phrase «homo homini lupus«, we have the verse of Ovid (43 B.C.-8 AD) in Tristia V, VII elegy, vv. 45-46:

    “Vix sunt homines hoc nomine digni. Quamquam lupi, saevae plus feritatis habent”

    Recall how Ovid, forced into exile in Pontus, on the edge of the Empire, beside the Black Sea, spends his days in sorrow and homesickness or nostalgia. Punished for a fault that has never known exactly, he was unable to come back to Rome that gave him so much glory. He wrote these «sad poems,» «Tristia«.

    Although the article is perhaps on too long with too many texts, I can not resist playing a few verses in which to frame the said and by the way they report us on how hard it is to be  exiled to a mundane poet of success in the world’s capital , Rome.

    He, asked by his friends how he spends his days, writes among other things:

    Tristia, V,VII ,  37 et ss:

    But yet I have no anxiety to be praised, and I have no care for future glory, which had, more to my comfort, better been obscured. I occupy my mind with my pursuits, and I beguile my sorrows ; I try, too, thereby to deceive my cares. What should I do, in preference, alone on these solitary shores ? or what occupation wouldst thou rather that I should endeavour to seek ? If I look at the place, it is odious ; and there cannot, in all the world, be one more wretched than it. If I look at the men : the men are hardly worthy of that name, and they have more savage ferocity than wolves.

    They regard not laws, but right yields to might, and justice, overcome, lies prostrate under the warlike sword. They poorly repel the cold, with skins and flowing trowsers ; and their faces are rough, covered with long hair. Yestiges of the Greek language are remaining, in a few words : this, too, has become barbarous, through the Getic pronunciation.

    There is no one among this people who can by chance translate into Latin, words in general use. I, ivho am a poet of Rome (pardon me, ye Muses), am compelled to say many things in the Sarmatian language. I am ashamed, I confess it ; for now, from long disuse, scarcely do the Latin expressions occur to me ; and I have no doubt but that there are no few barbarisms in this little work. That is not the fault of the man, but of the place. But, that I may not lose all acquaintance with the Ausonian tongue, and my voice become dumb in its native language, I talk to myself, and I run over the unaccustomed words, and repeat the unfortunate exponents 12 of my pursuits. (Translation by Henry T.Riley, B.A. London. MDCCCLI)

    nec  tamen, ut lauder, vigilo curamque futuri
    nominis, utilius quod latuisset, ago.
    detineo studiis animum falloque dolores,
    experior curis et dare verba meis.
    quid potius faciam desertis solus in oris,
    quamve malis aliam quaerere coner  opem?
    sive locum specto, locus est inamabilis, et quo
    esse nihil toto tristius orbe potest,
    sive homines, vix sunt homines hoc nomine digni,
    quamque lupi, saevae plus feritatis habent.
    non metuunt leges, sed cedit viribus aequum,
    victaque pugnaci iura sub ense iacent.
    pellibus et laxis arcent mala frigora bracis,
    oraque sunt longis horrida tecta comis,
    in paucis remanent Graecae vestigia linguae,
    haec quoque iam Getico barbara facta sono.
    unus in hoc nemo est populo,
    qui forte Latine quaelibet e medio reddere verba queat.
    ille ego Romanus vates—ignoscite, Musae!—
    Sarmatico cogor plurima more loqui.
    en pudet et fateor, iam desuetudine longa
    vix subeunt ipsi verba Latina mihi.
    nec dubito quin sint et in hoc non pauca libello
    barbara . non hominis culpa, sed ista loci.
    ne tamen Ausoniae perdam commercia linguae,
    et fiat patrio vox mea muta sono,
    ipse loquor mecum desuetaque verba retracto,
    et studii repeto signa sinistra mei.

    Seneca had expressed the wickedness of man without resorting to comparison with the wolf in his Epistle to Lucilius number 103, in which he notes the need of  to distrust men.

    As it is not too long , I will  transcribe it fully for  provide the reader  the knowledge of one of the 124 letters with moral advice that Seneca wrote to his friend Lucilius, although the specific phrase that refers to the matter at hand is:

    but it is from his fellow-man that a man’s everyday danger comes

    «Ab homine homini quotidianum periculum”.

    So the idea of potential evil of man to his fellow is a well-spread idea.

    Epistle to Lucilius number CIII. On the Dangers of Association with our Fellow-Men

    Why are you looking about for troubles which may perhaps come your way, but which may indeed not come your way at all? I mean fires, falling buildings, and other accidents of the sort that are mere events rather than plots against us. Rather beware and shun those troubles which dog our steps and reach out their hands against us. Accidents, though they may be serious, are few – such as being shipwrecked or thrown from one’s carriage; but it is from his fellow-man that a man’s everyday danger comes. Equip yourself against that; watch that with an attentive eye. There is no evil more frequent, no evil more persistent, no evil more insinuating. Even the storm, before it gathers, gives a warning; houses crack before they crash; and smoke is the forerunner of fire. But damage from man is instantaneous, and the nearer it comes the more carefully it is concealed.

    You are wrong to trust the countenances of those you meet. They have the aspect of men, but the souls of brutes; the difference is that only beasts damage you at the first encounter; those whom they have passed by they do not pursue. For nothing ever goads them to do harm except when need compels them: it is hunger or fear that forces them into a fight. But man delights to ruin man.

    You must, however, reflect thus what danger you run at the hand of man, in order that you may deduce what is the duty of man. Try, in your dealings with others, to harm not, in order that you be not harmed. You should rejoice with all in their joys and sympathize with them in their troubles, remembering what you should offer and what you should withhold.  And what may you attain by living such a life? Not necessarily freedom from harm at their hands, but at least freedom from deceit. In so far, however, as you are able, take refuge with philosophy: she will cherish you in her bosom, and in her sanctuary you shall be safe, or, at any rate, safer than before. People collide only when they are travelling the same path.  But this very philosophy must never be vaunted by you; for philosophy when employed with insolence and arrogance has been perilous to many. Let her strip off your faults, rather than assist you to decry the faults of others. Let her not hold aloof from the customs of mankind, nor make it her business to condemn whatever she herself does not do. A man may be wise without parade and without arousing enmity. Farewell.
    (Translated by Richard Mott Gummere, A Loeb Classical Library edition 1925)

    Quid ista circumspicis, quae tibi possunt fortasse evenire, sed possunt et non evenire ? Incendium dico, ruinam, alia, quae  nobis incidunt, non insidiantur; illa potius vide, illa devita, quae  nos observant, quae captant. Rariores sunt casus, etiam si graves, naufragium facere, vehiculo everti; ab homine homini cotidianum periculum. Adversus hoc te expedi, hoc intentis oculis intuere. Nullum est malum frequentius, nullum pertinacius, nullum blandius.

    Ac  tempestas minatur antequam surgat, crepant aedificia antequam corruant, praenuntiat fumus incendium; subita est ex homine pernicies et eo diligentius tegitur, quo propius accedit.
    Erras, si istorum tibi qui occurrunt vultibus credis; hominum effigies habent, animos ferarum, nisi quod illarum perniciosus  est primus incursus; quos transiere, non quaerunt. Numquam enim illas ad nocendum nisi necessitas incitat; aut  fame aut timore coguntur ad pugnam; homini perdere hominem libet.

    Tu tamen ita cogita, quod ex homine periculum sit, ut cogites, quod sit hominis officium. Alterum intuere, ne laedaris, alterum ne laedas. Commodis omnium laeteris, movearis incommodis et memineris, quae praestare debeas, quae cavere.

    Sic vivendo quid consequaris ? Non te ne noceant, sed ne fallant. Quantum potes autem, in philosophiam recede: illa te sinu  suo proteget, in huius sacrario eris aut tutus aut tutior. Non arietant inter se nisi in eadem ambulantes via. Ipsam autem philosophiam non debebis iactare; multis fuit periculi causa insolenter tractata et contumaciter.

    Tibi vitia detrahat, non aliis exprobret. Non abhorreat a publicis moribus nec hoc agat, ut quicquid non facit, damnare videatur. Licet sapere sine pompa, sine invidia. Vale.

    But he also wrote «Man is a sacred thing for man«, «Homo homini res sacra«, in the letter 95.33.

    he letter is long and with it Seneca  lashes  against gluttony and waste, origin of many diseases of body and soul. Here I will simply transcribe the paragraph in which the phrase appears, advising the reader the full reading of this «epistula«.

    Epistle to Lucilius number  XCV, 33:

    33. One needs the rapid hand, the master-craft.

    Men seek pleasure from every source. No vice remains within its limits; luxury is precipitated into greed. We are overwhelmed with forgetfulness of that which is honourable. Nothing that has an attractive value, is base. Man, an object of reverence in the eyes of man, is now slaughtered for jest and sport; and those whom it used to be unholy to train for the purpose of inflicting and enduring wounds, are thrust forth exposed and defenceless; and it is a satisfying spectacle to see a man made a corpse.
    (Translated by Richard Mott Gummere, A Loeb Classical Library edition 1925)

    [33] …voluptas ex omni quaeritur. Nullum intra se manet vitium; in avaritiam luxuria praeceps est. Honesti oblivio invasit. Nihil turpest, cuius placet pretium. Homo, sacra res homini, iam per lusum ac iocum occiditur et quem erudiri ad inferenda accipiendaque vulnera nefas erat, is iam nudus inermisque producitur satisque spectaculi ex homine mors est.

    Many years later the Spanish Dominican Francisco de Vitoria (1483-1546), who made a remarkable contribution to the  international law and whose name it bears today a Spanish private university of conservative orientation, refers to these verses of Ovid when he writes:

    It is against natural law that man rejects man without cause, because man is not a wolf to man, as Ovid said, but a man (Relección primera. De los Indios,III,3ª ed. a cura de T.Urdanoz. Madrid 1960,p.709).

    “Contra ius naturale est, ut homo hominem sine aliqua causa aversetur. “non enim homini homo lupus est, ut ait Ovidius, sed homo”.

    At the same period of Vitoria, a famous humanist, Erasmus of Rotterdam (1466-1536) used the same phrase, contrasting the two terms and he does it precisely on one of his most famous works, in Adagia,  which was printed not less than twenty times prior to De Cive of Hobbes; The Adagia  were published  first time in 1508.

    Actually Erasmus starts from the Greek proverb of Zósimus, though he does not say, an he  devotes to the subject  two adages, numbers 69 and 70 of the First Chiliade.  The first is dedicated to comment on the phrase «Homo homini deus» and the second to «Homo homini lupus».

    Note: Chiliade is a word derived from Greek kilo” (thousand)  an it means «thousand»
    The first, the adage 69, that he spent to  Ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον, «Homo homini deus,» is very long. It begins with a long reference to the «deification» among the ancients.

    I,I,70  Homo homini deus. Man is a god to man

    Not far from this is the phrase Ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον, Man is a god to man, usually said abount one who has conferred sudden and unlooked for salvation, or who has brought help by some great benefaction. To be a god, thought the ancients, was simply and solely of value to mortal men;

    Non admodum hinc abludit et illud:Ἄνθρωπος ἀνθρώπου δαιμόνιον, id est
    Homo homini deus, quod dici solet de eo, qui subitam atque insperatam attulit
    salutem aut qui magno quopiam beneficio juvit. Antiquitas, enim nihil aliud
    existimabat esse deum quam prodesse mortalibus…

    So «homo homini deus» is a saying, an adage,  that men are wont to say. The ancient believed that to be god is nothing but to be beneficial to mortals.

    Erasmus is then based on the authority of Homer and Hesiod and Strabo and Horace and Juvenal and Pliny and Virgil and Ovid and Plutarch and St. Paul and Gregory of Nyssa, to give examples of benefactors who are gods or considered as such. He ends clarifying under what conditions a Christian can use the expression without offending God.

    Certainly Pliny, with his phrase «Deus est mortali iuvare mortalem«, discussed above, shows his inclination towards atheism and his little reverence for the gods, as the own Erasmus takes charge of  highlight in this adage. Pliny does not admit a supreme deity to take care of men, but he believes that it is the world itself or some Nature which  directs everything:

    Pliny in the Natural History, book 2, is more clearly referring to the Greek proverb, but speaks as irreverently about the gods as he does a little later about the immortality of souls and foolish about the resurrection of bodies. For after gibing at the multiplicity of gods, and utterly refusing to attribute the care of mortals to the one supreme divinity which he takes to be either the world or some kind of Nature, he says: ‘To be a god is to bring aid to a mortal, though mortal oneself. And this is the way to eternal glory. (Translated by Margaret Mann Phillips. University of Toronto Press)

    Plinius Secundus libro Naturalis historiae secundo manifestius Graecam παροιμίαν
    indicavit, sed tam impie sentiens de diis quam paulo post de animarum
    immortalitate deque corporum resurrectione desipienter. Nam cum et multitudinem
    deorum irrisisset et uni illi summo, quem aut mundum hunc aut naturam nescio
    quam esse putat, prorsus ademisset curam mortalium, Deus est, inquit, mortali
    iuvare mortalem. Et haec ad aeternam gloriam via.

    The second adage, 70, is much shorter

    I,I,70  Homo homini lupus  Man is a wolf to man

    Ἄνθρωπος ἀνθρώπου λύκος. Man is a wolf to man. Almost the opposite of the foregoing, and in a way derived from it apparently, is the phrase of Plautus in the Asinaria, ‘Man is a wolf to man.’ Here we are warned not to trust ourselves to an unknown person, but to beware of him as of a wolf. ‘A man is a wolf and not a man,’ he says, ‘to the one who knows nothing of his character.’  (Translated by Margaret Mann Phillips. University of Toronto Press)

    Ἄνθρωπος ἀνθρώπου λύκος, id est Homo homini lupus. Superiori quasi
    diversum est ac velut hinc effictum videtur, quod usurpavit Plautus in Asinaria, Homo homini lupus. Quo monemur, ne quid fidamus homini ignoto, sed perinde atque a lupo caveamus:

         Lupus est (inquit) homo homini, non homo, qui qualis sit non novit.  (Plauto, Asinaria 495)

    And  Francis Bacon (1561-1616), who operates on a subject on Justice and State, as Hobbes, says in his Instauratio Magna, in De dignitate et augmentis Scientiarum, in Liber VI, C.iii . Exempla antithetorum XX,:

    It is owing to justice that man to man is a god, not a wolf. (Editor: Joseph Devey)

    “Iustitia debetur, quod homo homini sit Deus, non lupus”

    Note: François Tricaud, in his article: «Homo homini Deus», «Homo homini lupus» :Sources de Recherches de deux Formules Hobbes «, doesn’t know this quote; he states that Bacon is  doesn’t  use the double formula: “. … deus… lupus”.

    And also the same Bacon, in a similar context in Liber VIII, caput II, in the parable XXV, which he called «Fons turbatus pede, et vena corrupta,  est iustus cadens coram impio» and in that he warns  it is necessary to  avoid unjust trial because the injustice of judge corrupts the sources of the law:

    XXV.—: A just man falling before the wicked, is a troubled fountain and a corrupted spring
    This is a caution to states, that they should have a capital regard to the passing an unjust or infamous sentence in any great and weighty cause, where not only the guilty is acquitted, but the innocent condemned. To countenance private injuries, indeed, disturbs and pollutes the clear streams of justice, as it were, in the brook; but unjust and great public sentences, which are afterward drawn into precedents, infect and defile the very fountain of justice. For when once the court goes on the side of injustice, the law becomes a public robber, and one man really a wolf to another.
    (Editor: Joseph Devey)

    25. Fons turbatus pede, et vena corrupta, est justus cadens coram impio.
    EXPLICATIO. Praecipit Parabola, rebuspublicis ante omnia cavendum esse de iniquo et infami judicio, in caussa aliqua celebri et gravi; praesertim ubi non absolvitur noxius, sed condemnatur insons. Etenim injuriae inter privatos grassantes turbant quidem et polluunt latices justitiae, sed tanquam in rivulis; verum judicia iniqua qualia diximus, a quibus exempla petuntur, fontes ipsos justitiae inficiunt et inquinant. Postquam enim tribunal cesserit in partes injustitiae, status rerum vertitur tanquam in latrocinium publicum: fitque plane, ut homo homini sit lupus.

    Later also in J. Owen (died 1793):

    “Homo homini lupus, homo homini deus” (Epigrammata,1606,III,23),

    There are works such as the Dictionary of the Proverbs in England in the 16th and 17th Centuries, of MP Tilley in which numerous references are given prior to Hobbes.

    Baruch Spinoza (1632-1677) in his Ethica, IV, scholium of the second corollary of Proposition XXXV, says, thinking on Hobbes, that the phrase «Homo homini Deus» «was almost in all mouths» (omnibus fere in ore ), thus indicating the frequency and knowledge of the sentence in question.

    Montaigne (1533-1592) in France, said in referring to marriage in Essais, III, ch.IV:

    It is a convention to which it is referred timely manner  what is said,  , homo homini o Deus o lupus”

    “C’est une convention à laquelle se raporte bien à point ce qu’on dict, homo homini o Deus o lupus”

    Montaigne also, therefore, presents the sentence as something that often is said.

    And in Spain Baltasar Gracian (1601-1658) in his Criticón, I, IV, page 32 of the edition of the Austral collection Espasa-Calpe, referring to men also used:

    «Everyone is a wolf to the another»

    “cada uno es un lobo para el otro”

    At this point, after all these quotes, which  may seem too many to some readers, we can ask ourselves again: Did you read Hobbes the comedy of Plautus?

    He could  read it, but if the words of Plautus had become a sentence and its dissemination was so extensive that it was almost on everyone’s lips, as Spinoza said and it was included in the collections of proverbs or phrases, Hobbes did not need the full knowledge of the Comedy of Plautus. Indeed it is likely that Hobbes  knew it from Erasmus, given the fame of his Adagia, or more likely from Bacon, with him Hobbes lived  even a few months; therefore he never demand   the authorship.

    With this long exposure I have tried to deepen the origin of the phrase in question. We would now deepen the meaning of the phrases in each author and context, their proverbial use in Greek, on  Demophilus, ?, ¿Plautus, Caecilius, Virgil, Pliny and other Latin authors, Erasmus, Hobbes, etc.

    I will not now thinking about the contents of sentences; I leave the reader the task; but instead I do want to leave a few open issues to the reader’s consideration.

    The first question is the widespread belief in the ancient world according to which the gods are benefactors of the men  and hence the man who helps his fellow man is a god or similar to gods.

    Man who favors his fellow man is also a god

    This is also also in relation to  the «evergetism» (from  Greek εύεργετέω and  ευεργετισμός, meaning «doing good«, «to do good, to do  good works») or benefactor function  of governors, rich and powerful, and to the deification of kings and leaders.

    Is Pliny, contemptuous of the traditional gods, saying us that the only god who  exists for man is another man when he does good to his fellow men?

    If the English translation of Hobbes «Homo homini lupus» is translated as «Man to Man is a kind of God«, are you saying that man is God, a god or something similar to God, something divine?
    Or Is Hobbes saying something similar to what Pliny said, when he joins  in one sentence  «homo homini lupus» and «homo homini deus? That is, is Hobbes saying us  that man ceases to be a wolf to become God when he creates the state and social institutions that guarantee its survival and the bourgeois ideal of survival and reciprocity? That is, is Hobbes  more revolutionary  in the fund with the phrase homo homini deus than  his most successful phrase homo homini lupus might make believe?

    In the author in whom  there is no doubt of the meaning of the phrase Homo homini deus est is the materialist Ludwig Feuerbach (1804-1872), for whom the idea of God is nothing but the alienated man projected towards a fictional being and far from humanity itself.

    I think there are already many questions, there are several more, to finish an article too long. So I leave the answers to the will of the wise reader.

    I shall exemplified a similar proverb with which the Spanish writer and philosopher Miguel de Unamuno, slightly changing the form  (there is also homo homini canis) and meaning  (the man, some men are like lapdogs in the service of another man) published in the Spanish magazine «Sphere» number 106, an article entitled «Homo hominis canis«, in which he said verbatim:

    «Homo homini lupus, man is a wolf to man, Hobbes said, but it could very well be changed the aphorism and say: Homo hominis canis, man is a dog of man. And there are more canine or doggy men than or not lupins or wolfish men”.

    “Homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre, dijo Hobbes, pero podría muy bien cambiarse el aforismo y decir: Homo hominis canis, el hombre es un perro del hombre.Y hay más hombres caninos o perrunos que no lupinos o lobunos”.

  • Nerón inaugura un gran gimnasio y Demetrio le arruina el acto. (Intelectuales frente al poder III)

    Una de las mayores aportaciones de Roma a la civilización occidental fue la urbanización del territorio que fue conquistando con sus legiones. Roma construyó ciudades (urbs) e implantó un moderno sistema de vida ciudadano (civitas).

    En esa cultura era fundamental el agua, que utilizan con profusión. Tan necesaria era que a veces la transportan desde manantiales a decenas de kilómetros por acueductos y tuberías que nos siguen causando impresión.

    En la ciudad construida hay varios elementos esenciales: el foro o plaza, los templos, los edificios civiles de la administración como la basílica, y por supuesto las termas o baños o complejo deportivo y cultural amplio en el que junto a varias piscinas para satisfacer el deseo de placer del ciudadano hay también un gimnasio en el que entrenar y mantener en forma el cuerpo.

    Nota: “termas” significa “agua caliente”, del griego θερμός , thermos = caliente, nombre que también aplicamos al recipiente culinario que mantiene los alimentos, especialmente las bebidas,  calientes. “Baño” deriva de la latina balneum o balineum, que a su vez viene de la griega βαλανεῖον. El término primitivo latino para “baño” con el sentido de “excusado o retrete” era lavatrina, de donde nuestro “letrina”. "Piscina", naturalmente, deriva de la latina "piscis", que significa "pez", animal que de ordinario está en el agua.

    En todo ello fue fundamental la experiencia griega, que llevaba varios siglos de adelanto al inicialmente rudo romano. El arquitecto romano Vitruvio expone ampliamente en su obra De Architectura las condiciones de los edificios urbanos en su libro V especialmente.

    Nota curiosa: “gimnasio” es originariamente una palabra griega gymnasion, cedida al latín como “gimnasium. Procede de gymnos (γυμνός), que significa “desnudo”  y hace referencia a la costumbre de entrenarse físicamente y realizar los diversos entrenamientos deportivos desnudos de todo vestido. El que se entrena o practica el ejercicio del gimnasio es el “gimnasta”. De paso diré que esta desnudez permitía ungir o untar el cuerpo con tonificante aceite. Ese aceite, mezclado con el sudor natural y el polvo pegajoso del entrenamiento había luego de ser retirado con un rascador que en latín se llama “strigilis”. Recordemos la famosa estatua griega de Lisipo, el Apoxiomenos, en la que un atleta se está retirando el sudor utilizando el citado instrumento. Véase https://www.antiquitatem.com/adriano-termas-estrigil-lisipo-apoxiomen

    Como decía, las relajadas costumbres orientales y griegas pronto se asentaron en la Roma poderosa y fueron creándose termas y gimnasios cada vez más grandiosos. Vitruvio dedica todo el capítulo 9 del libro V de su obra De architectura a la construcción de estos edificios.

    Vitruvio 5.9.9  

    Como quiera que me parece que ya he expuesto todas estas cosas con suficiente detalle, ahora seguiré con las características de la disposición de los baños.

    Quoniam haec nobis satis videntur esse exposita, nunc insequentur balinearum dispositionum demonstrationes.

    Y  sigue especificando las condiciones en todo el capitulo 10.

    El primer complejo deportivo-cultural de estas características de grandes proporciones construido en Roma fue el que mandó hacer el emperador Nerón y que se inauguró el año 61.

    La construcción de estas termas y gimnasio la cuentan todos los historiadores de la época, reflejando su grandiosidad, que también impresionó a toda la sociedad. Marcial, que nació en Bilbilis, la actual Calatayud, en el año 40 y se marchó a Roma alrededor del año 64, para volver a su ciudad natal 34 años después, en donde murió 6 años más tarde) utiliza la referencia como tópico sinónimo de grandioso, como veremos a continuación.

    Leamos primero los textos que nos dan cuenta del evento pertenecientes a Tácito, Suetonio y Dion Casio.

    Tácito, XIV, 47

    Aquel año fue inaugurado un gimnasio por Nerón y ofreció el aceite a los caballeros y a los senadores según la costumbre griega.

    gymnasium eo anno dedicatum a Nerone praebitumque oleum equiti ac senatui Graeca facilitate.

    Suetonio, Nerón XII,3

    Implantó por primera vez en Roma un concurso quinquenal, triple según la costumbre griega; musical, gimnástico e hípico, al que dio el nombre de Neroniano. Después de inaugurar termas y un gimnasio, ofreció aceite incluso a los senadores y a los caballeros. Hizo presidir este concurso por exconsules, escogidos a suerte, ocupando el lugar de los pretores. Seguidamente bajo a situarse en la orquesta con los senadores. Aceptó la corona de la elocuencia y de la poesía latinas que se habían disputado los ciudadanos m´s honorables y que le cedieron de común acuerdo. Pero cuando los jueces le otorgaron la de los citaristas, se arrodilló y la hizo llevar ante la estatua de Augusto. (Traducción de Francisco Luis Cardona y Juan Alsina. Edit. Bruguera.1970)

    Instituit et quinquennale certamen primus omnium Romae more Graeco triplex, musicum gymnicum equestre, quod appellauit Neronia; dedicatisque thermis atque gymnasio senatui quoque et equiti oleum praebuit. magistros toto certamini praeposuit consulares sorte, sede praetorum. deinde in orchestram senatumque descendit et orationis quidem carminisque Latini coronam, de qua honestissimus quisque contenderat, ipsorum consensu concessam sibi recepit, citharae autem a iudicibus ad se delatam adorauit ferrique ad Augusti statuam iussit.

    Dión Casio, LXI, 21

    Entonces hizo estas cosas para celebrar el corte de su  barba; y para asegurar su continuidad en el poder, creó unos juegos quinquenales que llamó “Neronios” (Neronia). En honor de este evento hizo también construir un gimnasio y en su dedicación ofreció una distribución gratuita de aceite a los senadores y caballeros. Obtuvo, sin que nadie se opusiera, la corona al tocador de lira; todos los demás fueron descalificados, considerando que eran indignos de ser ganadores. E inmediatamente, llevando el uniforme de este grupo entró en el gimnasio para ser considerado como vencedor. Desde ese momento, se le enviaron todas las coronas de todos los concursos de citaristas, como si él fuera el único artista merecedor de la victoria.

    Marcial, VII, 34

    ¿Qué cómo puede ser, Severo, que la peor persona del mundo, Carino, haya
    hecho bien ni una sola cosa, preguntas? Te lo diré, pero rápido. ¿Qué peor que Nerón? Qué mejor que las termas neronianas? No falta al momento, ahí lo tienes, alguno de esos malvados que te habla así con su boca avinagrada: “¿Qué prefieres tú a tantos regalos de nuestro dios y señor?” —Prefiero las termas neronianas a los baños de un  maricón
    . (Traducción de José Guillén. Ed. Institución Fernando el Católico. Zaragoza)

    Quo possit fieri modo, Severe,
    Ut vir pessimus omnium Charinus
    Unam rem bene fecerit, requiris?
    Dicam, sed cito. Quid Nerone peius?
    Quid thermis melius Neronianis?
    Non deest protinus, ecce, de malignis,
    Qui sic rancidulo loquatur ore:
    'Quid tu tot domini deique nostri
    Praefers muneribus?' Neronianas
    Thermas praefero balneis cinaedi.

    Pues bien, hay una anécdota de curioso interés en relación con el acto de inauguración de este complejo. Se trata de la aparición en la escena de la inauguración de un famoso filósofo cínico contemporáneo, muy respetado por la intelectualidad del momento por su integridad moral, Demetrio. Este filósofo crítico con el poder, sin pelos en la lengua y con poca prudencia arruinó el acto inaugural pensado para mayor gloria del emperador. El texto, aunque vivo y descriptivo, no deja de ser frío y casi notarial. Es necesario que el lector realice un pequeño esfuerzo de imaginación, a lo que puede ayudar la comparación con eventos contemporáneos actuales pintorescos y grotescos, necesarios también de una voz “cinica” que reduzca el “ego” del gobernante.

    Nota: aunque sea bien sabido por la generalidad, permítame el lector informado, que comente que la palabra “ego” no es sino el pronombre personal de primera persona latino, que hemos de traducir por “yo”. De él derivan términos con significado bien evidente a partir de esta etimología, como egoísmo, egoísta, egocéntrico, egocentrismo. Tan conocido es el término que con frecuencia decimos de alguien bien pagado de sí mismo que tiene “un ego muy desarrollado”.

    Pues bien Demetrio criticó las famosas Termas que  Nerón inauguró en el año 61 por antihigiénicas y excesivamente caras y despilfarradoras en el mismo acto inaugural. En aquel momento escapó de la ira del Emperador, pero cuando un año más tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de Demetrio se consideraron la causa del derrumbe y Demetrio fue enviado al exilio por Tigelino, el prefecto del pretorio (el jefe superior de policía y brazo ejecutor) de Nerón.

    Pero será mejor que todo ello nos lo cuenten los propios textos antiguos:

    Del rayo nos dice Tácito en  Annales XV.22):

    Durante el mismo consulado fue golpeado el Gymnasio por un rayo y tirado al suelo; la estatua de Nerón, que en él había quedó fundida en un pedazo amorfo de bronce.

    Isdem consulibus gymnasium ictu fulminis conflagravit effigiesque in eo Neronis ad informe aes liquefacta.

    Filóstrato, Vida de Apolonio IV 42 (pongamos un poco de imaginación por nuestra parte para colorear el relato):

    Dado que Demetrio, que llegó después a Roma con la misma disposición de ánimo hacia él que he dicho en los capítulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio,mientras que arremetía contra Nerón, ello provocó en este hombre sospechas de una conspiración, y daba la impresión de que aquel había inducido a Demetrio a eso mismo. Mucho más cuando se llevó a término por Nerón el gimnasio más admirable de los de allí, y estaban celebrando el día festivo en él el propio Nerón, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero presentándose Demetrio en el propio gimnasio, pronunció un discurso contra los que se bañaban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. Así mismo, demostraba que tales cosas constituían un derroche excesivo. Lo libró de morir inmediatamente por ello el hecho de que Nerón cantó aquel día muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con sólo un ceñidor, como los más desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libró Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que tenía la espada de Nerón, lo expulsó de Roma, por haber arruinado la casa de baños con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,  para cuando también él dijera algo censurable e impurdente. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Es fácil imaginar la cara que se les pondría a toda la alta sociedad romana, con el emperador Nerón a la cabeza, escuchando al tábano cínico Demetrio (Socrátes, del que aprendió muchas cosas su discípulo Antístenes, fundador de la escuela cínica, se consideraba a sí mismo en la Apología, de Platón,  un tábano, mosca cojonera diríamos hoy en lenguaje más explícito) arruinarles el acto con dos críticas de peso: aquello es un despilfarro y además en los baños públicos lo único que puedes pillar es alguna enfermedad…

    Iniciado nuestro proceso imaginativo, podemos suponer que en el acto de inauguración no sólo se “cortó la cinta”, sino que los senadores y el resto de invitados se bañaron y embadurnaron de aceite. Nos da pie a ello la referencia explícita de los autores citados de que Nerón les concedió el aceite, a la manera griega.

    Es también motivo de reflexión la actitud del “policía” Tigelino respecto de Apolonio: espiarlo en secreto para pillarlo in fraganti y entonces…. castañazo..

    Sin duda alguna, hubiera sido muy oportuna en nuestro tiempo la presencia de algún cínico como Demetrio en la inauguración fantasmagórica de algún aeropuerto sin aviones, autopista sin coches o puente sin río.

                                  ……………..

    Nota postdata: En primer lugar la palabra “postdata” significa o se refiere a lo “ya ofrecido, ya dado, ya expuesto, nespecialmente la fecha o datación con la que se suele cerrar el documento”, y por eso se  adjetiva así esta nota, porque viene a continuación del texto del artículo.

    En segundo lugar con la nota quiero explicar el término “inaugurar”, con el que titulaba el artículo. Los romanos, como otros muchos pueblos y personas, no ejecutaban ninguna acción de importancia ni pública ni privada sin conectar con el sentir de los dioses. Los augures eran los sacerdotes, de origen etrusco, que “auguraban” o escrutaban la voluntad de los dioses o el futuro; el “augurio” favorable, averiguado por diversos caminos, como por ejemplo observar el vuelo de las aves, operación que se llama “auspicio”, de avis, ave, spicere, ver, significaba el acuerdo de los dioses. El augurio favorable era especialmente necesario a la hora de entablar una batalla, no olvidemos que Roma es un grandioso imperio fundamentado en la fuerza de sus legiones.

    Quien contó con unos “augurios” especialmente favorables fue el emperador César Octavio porque se le llama “Augusto”, que viene a ser algo así como “el favorecido por los dioses”. Por eso "augustus" en griego se trraduce por ἱερὸν, hieron, sagrado

  • Demetrio el Cínico y su relación con los emperadores Calígula, Claudio, Nerón, Vespasiano, Tito y ¿Domiciano? (Intelectuales frente al poder IV)

    Uno de los muchos intelectuales que sufrió las iras del poder fue Demetrio de Corinto (ca.7/10 d.C. –ca.90), prestigioso intelectual y filósofo cínico griego que vivió una larga vida de 80 años en época imperial romana llena de sinsabores. De él se conservan muchas ideas citadas por numerosos autores y tuvo una notable influencia en muchos romanos, como Séneca.

    Vivió  a la manera de los cínicos, sin lujos, sin apego a las riquezas ni al  poder. Como otros griegos, marchó Roma, centro del poder, siendo joven en época del emperador Calígula. Fue amigo de Séneca y se ganó el respeto de los intelectuales romanos, cuyos cenáculos recorrió pronunciando con notable éxito sus conferencias.

    Parte de su vida, reflejada en unos cuantos textos, nos permitirán recrear el ambiente de tiranía y opresión al que se ven sometidos los pensadores, los filósofos, los intelectuales cuando se atreven a expresar libremente sus opiniones y criticar la acción de los poderosos. Este ambiente de terror fue especialmente opresivo en tiempos de Domiciano.

    Reproduzco una carta de Séneca a su amigo Lucilio en la que deja constancia del cariño y respeto que le tiene: 

    Séneca, Cartas a Lucilio LXII

    Mienten quienes quieren que parezca que la cantidad de los negocios es un obstáculo para el estudio de las artes liberales; simulan ocupaciones y las multiplican y ellos mismos se llenan de ocupaciones. Yo estoy libre, querido Lucilio, estoy libre y donde quiera que estoy, allí soy mi dueño. Pues no me entrego a las cosas, sino que me acomodo y no  persigo las causas para perder el tiempo. Y en cualquier lugar en el que me detengo, allí me dedico a mis pensamientos y doy vueltas en mi cabeza a algo saludable.

    Cuando me dedico a mis amigos, no me distraigo de mi mismo, ni me entretengo con aquellos con los que alguna circunstancia me reunió o alguna causa surgida de un asunto civil, sino que estoy solo con los mejores; a ellos entrego mi alma en cualquier lugar en el que vivieron y  en cualquier momento en el existieron.

    Traigo conmigo a Demetrio, el mejor de los hombres y abandonando a los purpurados, hablo con él que va semidesnudo y le admiro. ¿Cómo no lo voy a admirar? Veo que no le falta nada. Uno puede despreciar todas las cosas, pero nadie puede tener todas las cosas. El camino más corto para las riquezas pasa por el desprecio de las riquezas. Pues nuestro querido Demetrio vive así, no como el que desprecia todo, sino como el que permite que los demás las tengan. Cuidate.

    Mentiuntur, qui sibi obstare ad studia liberali turbam negotiorum videri volunt; simulant occupationes et augent et ipsi se occupant. Vaco, Lucili, vaco et ubicumque sum, ibi meus sum. Rebus enim me non trado, sed commodo, nec consector perdendi temporis causas. Et quocumque constiti loco, ibi cogitationes meas tracto et aliquid in animo salutare  converso.

    Cum me amicis dedi non tamen mihi abduco, nec cum illis moror, quibus me tempus aliquod congregavit aut causa ex officio nata civili, sed cum optimo quoque sum; ad illos, in quocumque loco, in quocumque saeculo fuerunt, animum meum mitto.

    Demetrium, virorum optimum, mecum circumfero et relictis conchyliatis cum illo seminudo loquor, illum admiror. Quidni admirer? Vidi nihil ei deesse. Contemnere aliquis omnia potest, omnia habere nemo potest. Brevissima ad divitias per contemptum divitiarum via est. Demetrius autem noster sic vivit, non tamquam contempserit omnia, sed tamquam aliis habenda permiserit. Vale.

    Filóstrato lo presenta  en Corinto (hacia el año 61) y como amigo de Apolonio de Tiana,  pero esta fuente no resulta muy fiable para algunos, aunque también Luciano de Samosata atestigua su estancia en Corinto en “Contra la ignorancia, 19”:

    Filóstrato, Vida de Apolonio, IV, 25

    En Corinto practicaba precisamente por aquella época la filosofía Demetrio, hombre que había abarcado toda la vitalidad de la doctrina cínica. De él hace luego mención Favorino en muchos de sus discursos, y no sin generosidad. Le ocurrió respecto a Apolonio lo que dicen que le ocurrió a Antístenes respecto a la sabiduría de Sócrates; lo seguía, deseoso de ser su discípulo y pendiente de sus discursos, e incluso a los más estimados de sus seguidores los dirigió en pos de Apolonio. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Fue desterrado por primera vez por Tigelino, el prefecto del pretorio de Nerón en el año 62  por sus irónicos comentarios y su actitud crítica con la monarquía, con ocasión de la inauguración de un grandioso gimnasio por el emperador.  Véase https://www.antiquitatem.com/neron-inaugura-un-gimnasio-demetrio-

    En la misma época fue también desterrado otro cínico llamado Isidoro, que también comentaré.

    En una ocasión el emperador Calígula (reinó del 37 al 41) quiso hacerle un regalo con una pequeña cantidad de dinero qué el filósofo rechazó orgulloso. Nos lo cuenta Séneca, Sobre los deberes VII,11,1-2:

    Así pues, cuando Cayo César iba a regalarle  doscientos (sestrcios), los rechazó riéndose, considerando que no era una cantidad digna, ni siquiera para ser ensalzado por no aceptarla. ¡Dioses y diosas, con qué  ánimo más mezquino quiso o honrarle o corromperle! Debe darse testimonio de este hombre extraordinario. Le oí decir una cosa grandiosa al considerar que era una locura de Cayo el que hubiese pensado que él podía  cambiarse por tan poco.  Dijo: “Si había decidido probarme, me debía  haber tentado con todo el imperio”.

    Itaque cum C. Caesar illi ducenta donaret, ridens reiecit ne dignam quidem summam iudicans, qua non accepta gloriaretur. Di deaeque, quam pusillo animo illum aut honorare voluit aut corrumpere ! Reddendum egregio viro testimonium est ; ingentem rem ab illo dici audivi, cum miraretur Gai dementiam, quod se putasset tanti posse mutari. " Si temptare," inquit, " me constituerat, toto illi fui experiendus imperio."

    Demetrio criticó las famosas Termas o gimnasio que  Nerón inauguró en el año 61 por antihigiénicas y por suponer un gasto despilfarrador. Cuando un año más tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de Demetrio se consideraron la causa del derrumbe y Demetrio fue enviado al exilio por Tigelino, el prefecto del pretorio (el jefe superior de policía y brazo ejecutor) de Nerón. Nos lo cuenta Filóstrato, Vida de Apolonio IV 42.

    Dado que Demetrio, que llegó después a Roma con la misma disposición de ánimo hacia él que he dicho en los capítulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio, mientras que arremetía contra Nerón, ello provocó en este hombre sospechas de una conspiración, y daba la impresión de que aquel había inducido a Demetrio a eso mismo.

    Mucho más cuando se llevó a término por Nerón el gimnasio más admirable de los de allí, y estaban celebrando el día festivo en él el propio Nerón, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero presentándose Demetrio en el propio gimnasio, pronunció un discurso contra los que se bañaban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. Así mismo, demostraba que tales cosas constituían un derroche excesivo.

    Lo libró de morir inmediatamente por ello el hecho de que Nerón cantó aquel día muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con sólo un ceñidor, como los más desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libró Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que tenía la espada de Nerón, lo expulsó de Roma, por haber arruinado la casa de baños con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,  para cuando también él dijera algo censurable e impurdente. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Es fácil imaginar la cara que se les pondría a toda la alta sociedad romana, con el emperador Nerón a la cabeza, escuchando al tábano cínico Demetrio (Socrátes, de quien aprendió muchas cosas Antístenes, creador de la escuela cínica, se consideraba a sí miso un tábano; mosca cojonera diríamos hoy en lenguaje más explícito) arruinarles el acto con dos críticas de peso: aquello es un despilfarro y además en los baños públicos lo único que puedes pillar es alguna enfermedad…

    Es también motivo de reflexión la actitud del “policía” Tigelino respecto de Apolonio: espiarlo en secreto para pillarlo in fraganti(delicto) y entonces…. castañazo.

    De nuevo Filóstrato nos da una extraña razón de por qué el emperador Nerón no condenó a muerte a Demetrio y otros sofistas. Nos lo dice en Vida de Apolonio VII 16:

    Emperador, los sofistas son una cosa que habla a la ligera, y su sabiduría, fanfarronadas. Y como no disfrutan de ninguna ventaja de laexistencia, anhelan la muerte, y no aguardan a que venga por sí misma, sino que se acarrean la muerte, provocando a quienes tienen espadas. Pienso que eso mismo es lo que pensaba Nerón, para no verse obligado por Demetrio a matarlo. Pues dado que se dio cuenta de que quería morir, no lo dispensó de la sentencia de muerte por compasión, sino por desprecio de matarlo. Y asimismo a Musonio, el etrusco, pese a su continua oposición a su poder,lo confinó en una isla llamada Giara. (en las Cícladas) (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Hay un relato también de Filóstrato que relaciona a Demetrio con Musonio Rufo, el maestro de Epicteto.  Con motivo de la conspiración de Pisón contra Nerón del año 65-66 Séneca fue obligado al suicidio abriéndose las venas junto a su esposa Pompeya Paulina y también su sobrino Lucano.  Por la misma razón fueron expulsados de Roma los filósofos, sobre todo los estoicos, y entre ellos Musonio Rufo, maestro de Epicteto. Filóstrato, fuente poco de fiar como ya dije según algunos autores, hace que los dos coincidan en Grecia: allí estaba Musonio condenado a excavar el Istmo de Corinto, como mil veces ha ocurrido con prisioneros y disidentes, condenados a trabajos forzados para la construcción de grandiosas y peligrosas obras públicas.

    La anécdota, a pesar de su curioso interés, no parece muy creíble a los historiadores, aunque no hay argumentos serios para dudarlo; en todo caso  leeremos el texto de Filóstrato, Vida de Apolonio V, 19:

    Una vez iniciado (Apolonio) en Atenas (en los misterios de Eleusis) –y lo inició el hierofante que él mismo le había vaticinado al anterior-, se encontró casualmente con Demetrio, el filósofo; pues después de lo del baño de Nerón y o que dijo acerca de él, Demetrio había residido en Atenas con tan noble valentía que ni durante el tiempo que Nerón los injurió, con motivo de los juegos, salió de Grecia. Aquél le dijo que también se había encontado a Musonio en el Istmo, aherrojado y forzado a participar en la excavación, y que lo había confortado como era natural, pero que el otro había tomado su azadón y lo había clavado violentamente en tierra y, tras erguirse, le había dicho:

    -¿Te aflige, Demetrio, que ande yo excavando el Istmo en beneficio de Grecia? Si me viras tocando la cítara, como a Nerón, ¿qué te ocurriría?.

    No obstante, dejemos las frases de Musonio –que hay más y más admirables- para que no parezca que me muestro arrogante con quien las pronunció sin calibrarlas. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Esa conspiración también ocasionó la condena a Bárea Sorano y a Trasea Peto, patricio, estoico, de quien era maestro Demetrio, que le consoló en el momento y día en que llegaba la condena.

    Trasea es quien según Epicteto pronunció la frase:

    ¡Mejor sería ser matado hoy que desterrado mañana”.

    Epicteto recomienda aceptar las cosas como vienen con sabio estoicismo. Discursos I,1, 21

    …Qué hay que tener a mano en semejantes circunstancias? ¿Qué otra cosa sino saber qué es lo mío y qué no es lo mío, y qué me está permitido y qué no me está permitido? He de morir. ¿Acaso ha de ser gimiendo? Ser llevado a prisión. ¿Acaso ha de ser lamentándome? Ser exiliado. ¿Habrá quien me impida hacerlo riendo, de buen humor y tranquilo?  “Dime lo que no debes decir”. No lo diré, porque eso depende de mí. “Pues te encadenaré”. ¿Qué dices, hombre? ¿A mí?  Encadenarás mi pierna, pero mi albedrío ni el propio Zeus puede vencerlo. “Te meteré en la cárcel”. A mí cuerpecito, será. “Te decapitaré”. ¿Pero te he dicho yo que mi cuello sea el único imposible de cortar? Sobre eso convendría que reflexionaran los que filosofan; sobre eso habrían de escribir a diario; en eso tendrían que ejercitarse.

    Trásea acostumbraba a decir: “Prefiero verme hoy muerto que mañana en el exilio”.  ¿Y qué le respondió Rufo? “Si lo eliges por ser más penoso, ¡qué locura de elección! Si por ser más leve, ¡quién te ha dado a elegir? ¿No quieres ejercitarte en que te  baste con lo que te ha sido dado?” (Traducción de  Paloma Ortiz García. Editorial Gredos)

    Transcribo la información que nos da Tácito en sus Anales sobre la sentencia y muerte de Trásea, un episodio que no puede por menos que conmovernos todavía hoy:

    Tácito, Anales, XVI, 21

    Después de haber asesinado a tantos hombres insignes, Nerón deseó incluso acabar con la virtud misma, matando a Trásea Peto y a Barea Sorano, a los que odiaba desde hacía tiempo; en el caso de Trásea se añadía a los motivos el que se ausentó del Senado cuando se trataba el asunto de Agripina, como ya he contado antes, y el que había prestado poco interés en la asistencia a los juegos de la juventud; y esta ofensa le había calado más profundamente porque el mismo Trásea había cantado vestido como trágico en Padua, de donde era oriundo, en los “juegos césticos” , instituidos por el troyano Antenor. Y también porque en el día en  el que el pretor Antistio era condenado a muerte por unos versos injuriosos contra Nerón, aconsejó y obtuvo un castigo más suave; y porque cuando se decretaron honores de dioses a Popea estuvo ausente conscientemente y no había intervenido en el funeral. Todas estas cosas no permitía que cayeran en el olvido Capitón Cossutiano, mala persona de espíritu inclinado a toda maldad, especialmente contra Trásea, porque había sido condenado por su autoridad cuando acusan a Capitón de cohecho con la ayuda de los embajadores de Cilicia.

    Entonces fue enviado a Trásea, que estaba moviéndose en su huerto, el cuestor del cónsul cuando el día ya atardecía. Había organizado una concurrida reunión de hombres y mujeres ilustres, y sobre todo prestaba atención a Demetrio, maestro de la escuela cínica, con el que trataba de la naturaleza del alma y de la separación del espíritu y del cuerpo, como se podía deducir de la atención de su rostro y de lo que se les oía cuando hablaban más alto, hasta que llegó Domicio Ceciliano, uno de sus íntimos amigos, y le expuso lo que el senado había decidido. Entonces Trásea apremia a los presentes que están llorando y quejándose a que se marchen rápidamente para no mezclar su peligro con la suerte de él ya condenado. Y a Arria, que pretendía unirse al destino de su marido y seguir el ejemplo de su madre, le pide que conserve la vida y no prive a su hija común de su único amparo.
    Entonces salió al corredor y allí le encontró el cuestor, cerca de estar alegre, porque había conocido que su yerno Helvidio sólo había sido condenado a alejarse de Italia. Una vez recibido el decreto del senado, hizo pasar a la habitación a Helvidio y a Demetrio. Tensó las venas de sus dos brazos, y cuando la sangre ya brotaba, esparciéndola por el suelo, llamando al cuestor para que se acercara, dijo: “Mira joven, estamos haciendo una libación a Júpiter Liberador; y que los dioses te alejen todo presagio, aunque has nacido en unos tiempos en los que te conviene reforzar tu espíritu con ejemplos de constancia”;  luego, como la lentitud de la salida le producía más tormento, vueltos (los ojos) hacia Demetrio…

    Trucidatis tot insignibus viris ad postremum Nero virtutem ipsam excindere concupivit interfecto Thrasea Paeto et Barea Sorano, olim utrisque infensus et accedentibus causis in Thraseam, quod senatu egressus est cum de Agrippina referretur, ut memoravi, quodque Iuvenalium ludicro parum spectabilem operam praebuerat; eaque offensio altius penetrabat, quia idem Thrasea Patavi, unde ortus erat, ludis †cetastis† a Troiano Antenore institutis habitu tragico cecinerat. die quoque quo praetor Antistius ob probra in Neronem composita ad mortem damnabatur, mitiora censuit obtinuitque; et cum deum honores Poppaeae decernuntur sponte absens, funeri non interfuerat. quae oblitterari non sinebat Capito Cossutianus, praeter animum ad flagitia praecipitem iniquus Thraseae quod auctoritate eius concidisset, iuvantis Cilicum legatos dum Capitonem repetundarum interrogant.

    XVI, 34
    Tum ad Thraseam in hortis agentem quaestor consulis missus vesperascente iam die. inlustrium virorum feminarumque coetus frequentis egerat, maxime intentus Demetrio Cynicae institutionis doctori, cum quo, ut coniectare erat intentione vultus et auditis, si qua clarius proloquebantur, de natura animae et dissociatione spiritus corporisque inquirebat, donec advenit Domitius Caecilianus ex intimis amicis et ei quid senatus censuisset exposuit. igitur flentis queritantisque qui aderant facessere propere Thrasea neu pericula sua miscere cum sorte damnati hortatur, Arriamque temptantem mariti suprema et exemplum Arriae matris sequi monet retinere vitam filiaeque communi subsidium unicum non adimere.

    XVI, 35
    Tum progressus in porticum illic a quaestore reperitur, laetitiae propior, quia Helvidium generum suum Italia tantum arceri cognoverat. accepto dehinc senatus consulto Helvidium et Demetrium in cubiculum inducit; porrectisque utriusque brachii venis, postquam cruorem effudit, humum super spargens, propius vocato quaestore 'libamus' inquit 'Iovi liberatori. specta, iuvenis; et omen quidem dii prohibeant, ceterum in ea tempora natus es quibus firmare animum expediat constantibus exemplis.' post lentitudine exitus gravis cruciatus adferente, obversis in Demetrium …

    Y aquí terminan los "Anales"; seguramente la muerte de su autor le impidió continuar y faltan unas cuantas líneas en el códice, que nos liberan así de asistir al finar de tan dramático episodio.

    Pero no privaré a los lectores interesados de otro fragmento de la obra de Suetonio, en que nos muestra la crueldad con la que Nerón ordenaba los suicidios . Nos lo cuenta  Suetonio, cuya obra, en la que se recogen fundamentalmente anécdotas, hay que leerla con espíritu crítico, aun sabiendo que como secretario de Adriano tuvo a su disposición los archivos oficiales.

    Suetonio, Nerón 37

    … Peto Trasea fue acusado de tener un rostro demasiado triste, como el de un maestro de escuela. Concedía solamente algunas horas  a los que recibían orden de morir y para prevenir cualquier retraso les enviaba médicos encargados de “cuidarlos” al momento en caso de que vacilasen. Esta era su expresión favorita para referirse a abrirse las venas para provocar la muerte. Se pretende incluso que quiso echar, para que los despedazara y devorara, hombres vivos a un antropófago egipcio habituado a comer carne cruda y todo lo que se le presentase. Henchido de orgullo por tan brillantes “éxitos”, declaró que ningún emperador se había dado cuenta del poder que realmente tenía…

    (37.1)…Paeto Thraseae tristior et paedagogi uultus.
    (37.2) mori iussis non amplius quam horarum spatium dabat; ac ne quid morae interueniret, medicos admouebat qui cunctantes continuo curarent: ita enim uocabatur uenas mortis gratia incidere. creditur etiam polyphago cuidam Aegypti generis crudam carnem et quidquid daretur mandere assueto, concupisse uiuos homines laniandos absumendosque obicere.
    (37.3)elatus inflatusque tantis uelut successibus negauit “quemquam principum scisse quid sibi liceret”,

    Pero frente a estos dictadores poderosos, hombres libres como Demetrio les pueden decir, como cuenta Arriano,  en Epicteto, Discursos I 25,21-23:

    Y en cuanto a la última vestimenta, esto es, el cuerpecito, nadie puede hacerme nada más allá de ella. Por eso le respondió Demetrio a Nerón: “Con la muerte me amenazas tú a mí, y a ti la naturaleza”. (Traducción de  Paloma Ortiz García. Editorial Gredos)

    En el año 75, bajo el emperador Vespasiano,  fue expulsado por segunda vez, junto con otros filósofos, a las islas Cícladas.  Algunos piensan que la expulsión fue en el año 71 de acuerdo con Dión Casio 65 (66)13 y Suetonio, Vespasiano 13.

    Leamos el texto de Dión Casio, Historia de Roma 65 (66) 12 y ss.

     Helvidio Prisco, el yerno de Trasea, había sido educado en las doctrinas de los estoicos e imitaba al hablar la franqueza de Trasea, a veces inoportunamente.  Por aquel entonces era pretor, pero no prestaba la honra debida al emperador, sino que en vez de ello le insultaba e injuriaba constantemente.   Por ello, en una ocasión los tribunos lo arrestaron y lo entregaron a los lictores; entonces  Vespasiano se emocionó abrumado y salió  llorando del Senado, repitiendo únicamente estas palabras: "Mi sucesor será mi hijo o ninguno otro".

    Como quiera que había  ya muchos otros, entre los que se encontraba también Demetrio el Cínico, que actuaban según los principios estoicos y se aprovechaban del prestigio de la filosofía para enseñar públicamente muchas doctrinas inadecuadas para aquellos tiempos, e iban corrompiendo así a otros varios de sus oyentes, Muciano, llevado  más por la ira que por el amor a la filosofía, dijo muchas cosas contra ellos a Vespasiano y le  convenció  para que expulsara de la ciudad a todos los de aquella secta.

    Ocurría que Muciano quería ser honrado por todos por encima de cualquier otro y por eso le molestaba no sólo que alguien le ofendiera, sino también que no se le dieran muestras de respeto. Por eso, de la misma manera que no tenía límites para agradecer a quien le hacía algún favor por pequeño que fuera, también trataba con el odio más grande a quien se comportaba de otra manera.

    Muciano le hizo a Vespasiano un gran número críticas extrañas contra los estoicos, afirmando, por ejemplo, que estaban llenos de jactancia vacía, que alguno  de ellos se deja crecer la barba larga, que arqueaba las cejas, que llevaba un grueso manto marrón  echado hacia atrás sobre el hombro y que iba descalzo, que en seguida proclamaba que él poseía la sabiduría, la valentía y la justicia, y se daba grandes ínfulas, aunque como dice el refrán, “ni supiera las letras ni tampoco cómo nadar”. Que ellos desprecian a todos y al hombre de buena familia le llaman malcriado, al de baja cuna corto de mente, a una persona guapa viciosa, a una persona fea un simplón, al hombre rico avaro, y al pobre servil.

    Y Vespasiano expulsó inmediatamente de Roma a todos los filósofos, excepto a Musonio. A  Demetrio y Hostiliano  incluso los deportó  a las islas. Pero Hostiliano, aunque de ninguna manera desistió de su actitud  cuando se le comunicó  la sentencia de exilio,  más aún, como estaba conversando con otra persona, sencillamente  arremetió con más dureza contra de la monarquía,  sin embargo regresó pronto del exilio.  Por el contrario,  a Demetrio, que tampoco cedió incluso entonces, Vespasiano ordenó que le dieran este mensaje:  "Tú haces todo lo que puedes para obligarme a matarte, pero yo no mato  a un perro ladrador".

    También quedó evidentemente claro que Vespasiano odiaba Helvidio Prisco, no tanto por él mismo o por sus amigos, a los que había agraviado, sino porque era un agitador  que se ganó el favor de la plebe y acusaba y denunciaba  siempre la realeza mientras elogiaba a la   democracia. Actuando en consecuencia con estas opiniones, Helvidio reunió  un grupo de partidarios, como si la función de la filosofía fuera la de insultar a los gobernantes, agitando a la multitud para derrocar el orden establecido de las cosas y  llevar a cabo una revolución.

    Éste fue yerno de Trásea e intentó emular su conducta, pero se quedó muy lejos de comportarse así. Pues mientras Trásea, a pesar de vivir en la época de Nerón y en desacuerdo con él, ni dijo ni hizo nada insultante para él, excepto que se segó a compartir sus hechos, Helvidio en cambio mantenía el rencor contra Vespasiano y no lo abandonaba ni en privado ni en público. Así, con su conducta se estaba buscando la muerte y estaba a punto de llegar el tiempo de recibir su castigo por sus intromisiones.

    Es curioso cuán semejante me resulta esta actitud temerosa del poder frente a cualquier a los movimientos y comportamientos sociales de aquel momento, con los que personalmente viví (ya tengo alguna edad) en las postrimerías de la dictadura de Franco: barba larga, vestimenta distinta a la convencional, llevan zapatillas, se las dan de listos, se meten con todo el mundo, convencen con su charla a la gente, etc.

    Suetonio nos pinta a Vespasiano como comprensivo y benevolente, contrario a la aplicación de castigos excesivos. A propósito de Demetrio y Vespasiano dice en Suetonio, Vespasiano 13:

    Demetrio el Cínico, cuando se cruzó en el camino con él después de haber sido condenado (al exilio) , no se dignó ponerse en pie ni saludarle, atreviéndose incluso a murmurar no sé qué contra él; Vespasiano, en cambio, se contentó con llamarle “perro”.

    Demetrium Cynicum in itinere obuium sibi post damnationem ac neque assurgere neque salutare se dignantem, oblatrantem etiam nescio quid, satis habuit canem appellare.

    Su relación con Tito parece haber sido mejor. Filóstrato nos cuenta cómo Apolonio recomendó a Tito que se sirviera de las enseñanzas del maestro Demetrio; nos lo dice en su citada Vida de Apolonio, VI, 31

    En cuanto a mí, -dijo Tito-, hombre de Tiana, ¿qué me recomiendas respecto al imperio y la realeza?

    -Lo mismo de lo que tú mismo estás convencido –repuso-, pues al someterte a tu padre, evidente es que te asemejarás a él. Yo además te diría ahora un dicho de Arquita, pues es noble y digno de aprenderse. Arquitas era un varón tarentino, sabio en las doctrinas de Pitágoras. Y él, en un escrito sobre la educación de los hijos, dice:”que el padre sea para los hijos modelo de virtud, porque también los padres caminarán más rectamente hacia las virtudes, si los hijos pretenden asemejárseles”. Por mi parte, te encomendaré a mi compañero Demetrio, que te atenderá en cuanto quieras, enseñándote qué es menester que haga el buen gobernante.

    -¿Y cuál es, Apolonio –le preguntó-, la sabiduría de ese hombre?

    -La sinceridad –contestó- y el ser veraz y no amilanarse por nadie, pues ello es cosa del coraje perruno.

    Y como Tito oía con desagrado mentar al perro, Apolonio añadió:

    -Con todo, a Homero le pareció que Telémaco, cuando era joven necesitaba dos perros, y se los da al jovencito por compañeros en el ágora de los de Ítaca, aunque eran irracionales. A ti te acompañará un perro que ladrará en tu defensa frente a los demás, y frente a ti mismo, si cometieras un error.

    -Dame, pus –repuso, ese perro por compañero. Y le permitiré incluso morderme si se diera cuenta de que cometo alguna injusticia.

    -Se le escribirá una carta –dijo-, pues se halla filosofando en Roma.

    -Que se le escriba –contestó-. Y quisiera que también a ti te escribiera alguien intercediendo por mí, para que compartieras nuestro camino hacia Roma.
    Iré –prometió- cuando sea mejor para ambos.

    (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Poco después, en Vida de Apolonio VI 33 nos ofrece la carta:

    La carta de Demetrio fue la siguiente:

       Apolonio, el filósofo, a Demetrio, el perro. Saludos.
    Te encomiendo al emperador Tito como su maestro, para el comportamiento de la realeza. Tu procura no dejarme por mentiroso ante él, y sélo todo para él, salvo la ira. Adios.
    (Traducción de Gredos de Alberto Bernabé Palares-)

    En el año 75 Tito pretendía casarse con la princesa judía Berenice, relación que el pueblo no veía con buenos ojos; un tal Diógenes el Sofista y un tal Heras criticaron en el teatro los vicios de los emperadores y esto alimentaba el enfado regio y por ello fueron castigados, como nos cuenta Dión Casio, Historia de Roma LXV 15, 3-5:

    Berenice estaba en la cúspide de su poder y por ello  vino también a Roma con su hermano Agripa.   A este se le concedió el cargo de pretor, mientras ella vivía en el palacio  con Tito.  Ella esperaba casarse con él y  se comportaba en todos los aspectos como si ya fuese su esposa; pero cuando él advirtió que la situación disgustaba a los romanos, la hizo marcharse, porque  además de los muchos rumores  que había, se añadió el hecho de que ciertos sofistas de la escuela cínica se las arreglaron para entrar subrepticiamente en la ciudad. Y Diógenes fue el primero que se  presentó  en el teatro cuando estaba lleno de público y les lanzó muchas invectivas  a la pareja en un insolente discurso, y por ello fue azotado. Luego, detrás de él, entró Heras, y pensando que no tendría un castigo no más duro que el anterior, se lanzó a gritarles al modo cínico muchas críticas intempestivas,  y por ello le cortaron la cabeza. 

    Demetrio quizás vivió hasta la época de Domiciano, que creó un buen ambiente de terror. A Domiciano se le adjudican dos expulsiones de filósofos (filosofar resultó ser una actividad de alto riesgo) y también de astrólogos y “matemáticos”, término con el que quizás se refieran a profesores en general. La primera tuvo lugar en el año 89 y la segunda, más violenta, en el 93/95. Veamos lo que dice Dion Casio en Historia de Roma LXVII 13,1:

    (Domiciano) tuvo también una notable actuación como censor.  Y así expulsó a Cecilio Rufino del Senado porque bailaba representando pantomimas, y devolvió a Claudio Pacato a su amo, aunque había sido un centurión, porque se demostró que era un esclavo.  Pero no fueron iguales los hechos que voy ahora a contara y que realizó  como emperador.  Porque mató a Aruleno Rústico porque filosofaba   y llamó santo (equivalente a “augusto”, ἱερὸν,  en griego)  a Trasea, y mató a Herenio Seneción porque, después de haber sido cuestor, no se presentó para ninguna otra magistratura en su larga vida y porque había escrito una biografía de Helvidio Prisco.

    Muchos otros también murieron como consecuencia de esta misma acusación de filosofar y todos los demás filósofos de Roma fueron expulsados de nuevo.  Sin embargo un tal Juvencio Celso,  que fue uno de los principales  junto a otros en una conjura contra él (Domiciano), y que había sido acusado por esto, salvó su vida de una manera sorprendente:  estando a punto de ser condenado, pidió que se le dejase decirle algo en privado al emperador y postrándose a continuación ante él, le llamó  "mi dueño y mi dios”, palabras con las que otros ya le saludaban,  y le dijo:  "Yo no he hecho nada de  esta clase; pero si  me permites vivir me infiltraré en todo y no solo te traeré a muchas acusados, sino que además lo probaré".  Con esto quedó en libertad,  pero no acusó a nadie poniendo unas veces una excusa y otras veces otras, y vivió hasta que Domiciano murió.

    El siguiente texto de Filóstrato describe perfectamente el ambiente de  preocupación y terror en el que tantas  veces se han encontrado numerosos intelectuales, esperando la decisión del tirano y dudando de la conveniencia de huir lejos para quedar a salvo.

    Filóstrato, Vida de Apolonio VII 10-12

    …(Apolonio) una vez que desembarcó en Corinto y celebró, al filo de mediodía, en honor del Sol, los ritos que acostumbraba, partió hacia Sicilia e Italia al atardecer. Gracias a que encontró una brisa favorable y una corriente que lo llevaba sobre el mar, llegó a Dicearquía al quinto día.

    Allí se encontró con Demetrio, que pasaba por ser el más audaz de los filósofos, porque vivía no lejos de Roma. Conociendo su aversión por el tirano, le dijo, por iniciar la conversación:

    -Te he sorprendido sumido en el lujo y viviendo en lo más feliz de la próspera Italia, si es que realmente es próspera; allí donde se dice que Ulises, cuando convivía con Calipso, se olvidó del humo de Ítaca y de su casa.

    Y Demetrio lo abrazó y, tras expresarle sus buenos augurios, le dijo:

    -¡Dioses! ¿Qué le ocurrirá a la filosofía ahora que corre peligro de perder a un hombre como éste?

    -¿Qué peligro es el que corre? –repuso-

    -Sin duda ese por cuya previsión vienes. Pues si ignoro tus intenciones, es que tampoco me conozco a mí mismo. Pero no hablemos aquí, sino vayamos a donde la conversación sea privada, y que esté presente también Damis, al que yo, ¡por Hércules” considero el Yolao de tus trabajos.

    Les iba conduciendo Demetrio, mientras decía estas palabras, hacia la villa que fue de Cicerón en su vejez, que se encuentra cerca de la ciudad. Se sentaron bajo un plátano, mientras las cigarras cantaban con el acompañamiento de la brisa. Y Demetrio, alzando su vista hacia ellas, les dijo:

    -¡Felices de vosotras y verdaderamente sabias, porque os enseñaron las Musas un canto que aún no se ha visto sometido a procesos o acusaciones; os hicieron superiores a vuestro vientre y apartaron vuestra morada de la envidia humana, en esos árboles en los que, dichosas, cantáis vuestra felicidad y la de las Musas.

    Apolonio comprendió a qué se referían tales palabras, pero, censurándolas, como demasiado indolentes para su profesión, le dijo:

    -¿Acaso tenías el propósito de desarrollar un elogio de las cigarras, pero no lo expusiese abiertamente sino te escondite aquí, como si hubiera alguna ley que prohibiera elogiar en público a las cigarras?

    -No he dicho eso como un elogio –respondió-, sino por poner de manifiesto que, mientras que a ellas las dejan en paz sus salas de concierto, nosotros no disponemos de  permiso ni para murmurar, sino que la sabiduría constituye un cargo contra uno. La acusación de Ánito y Meleto dice: “Sócrates comete injusticia porque corrompe a los jóvenes y trata de introducir nuevos dioses”. Pero a nosotros se nos acusa en estos términos: “Comete injusticia Fulano por ser sabio, justo, conocedor de los dioses, conocedor de los hombres y extremadamente experto en leyes”. Y en la medida en que tú eres más sabio que nosotros, tanto más prolija será la acusación que van a inventarse contra ti, pues Domiciano se propone hacerte partícipe de los cargos por los que están desterrados Nerva y los suyos.

    -¿Y por qué están desterrados? –preguntó.

    – Por la más grave de las acusaciones –contestó-, según el parecer del acusador; pues afirma que son convictos del intento de tomar el poder que él detenta, y que tú instigaste a esos hombres descuartizando, creo, a un niño.

    -¿Acaso es porque el gobierno será derrocado por un eunuco? –preguntó Apolonio.

    -No es por eso por lo que nos vemos falsamente acusados –aclaró-, sino que dicen que sacrificaste a un niño con objeto de conocer el vaticinio que revelan las entrañas de los animales jóvenes. Se hace también constar en la acusación tu forma de vestir y de vivir, así como el hecho de que haya gente por la que eres objeto de culto. Eso efectivamente se lo oí decir a Telesino, un buen amigo, tanto para mí como para ti.

    -Hallazgo inesperado sería –dijo- si nos encontráramos con Telesino, pues seguramente te refieres al filósofo que alcanzó el rango consular en época de Nerón.

    -A él en efecto me refiero –contestó-, mas ¿de qué modo podrías entrar en contacto con él? Pues las tiranías son muy suspicaces respecto a todos los que gozan de prestigio, si llegan a mantener conversaciones con los inculpados en lo mismo que tú ahora. Además,  Telesino emigró con motivo del edicto que se ha proclamado ahora respecto a toda clase de filosofía, por  preferir ser desterrado como filósofo antes que quedarse como cónsul.

    -Que no se vea en peligro, pues –dijo-, ese hombre por culpa mía. Que bastante peligro corre por culpa de la filosofía.

    -Pero dime una cosa, Demetrio –prosiguió Apolonio-. ¿Qué te parece que debo decir o hacer para calmar mi propio miedo?

    -No bromees –contestó- ni digas que temes ahora peligros de los que ya eras consciente. Pues si consideraras eso peligroso, te habrías marchado, con tal de librarte de un discurso en tu propia defensa.

    -¿Te habrían escapado tú –preguntó- si corrieras el mismo peligro que yo?

    -No, ¡por Atenea! –repuso-, si hubiera alguien para juzgarme, pero sí con la perspectiva de que no va a haber siquiera proceso, y de que o no voy a ser oído si me defendiera, o voy a ser oído, pero me matarán precisamente por no haber cometido delito. Y tú estarías de acuerdo conmigo en no elegir una muerte tan escalofriante y propia de un esclavo, en lugar de una adecuada para un filósofo. Y es que a la filosofía le es adecuado, creo, o bien morir por  liberar una ciudad o por defender a los padres, hijos, hermanos y el resto de la familia, o combatiendo por los amigos, que para los hombres sabios son más estimables que el parentesco, o por los que han conquistado por amor. Pero morir por falsas razones sutilmente inventadas  y ofrecerle al tirano la posibilidad de parecer sabio es mucho más penoso que si uno, como cuentan de Ixión, sufriera tortura por el aire sobre una rueda. Para ti supongo que será el comienzo de tu proceso el propio hecho de venir aquí. Pues tú lo justificas por la sanidad de tu conciencia y porque no te habrías atrevido a emprender el camino hasta aquí si hubieras cometido algún delito; pero Domiciano no pensará que lo has hecho por eso, sino que, por poseer algún poder secreto, te has aventurado tan resueltamente. Pues el hecho de haber sido citado no hace aún diez días, según dicen, y que tú te hayas presentado a juicio sin haber oído aún que vas a ser juzgado, conferirá sentido a la acusación, pues parecerá que lo sabías de antemano, y la historia acerca del niño ganará crédito. Mira además no sea que eso de las Moiras y el destino, sobre lo que dicen que tú hablaste en Jonia, no se vuelva contra ti y que, por tramar el destino algo insólito, tú te veas obligado a ir a su encuentro sin darte cuenta de que es siempre más sabio precaverse. Y si no se te ha olvidado la época de Nerón, sabes lo que pasó conmigo y que no mostré un comportamiento indigno de un hombre libre ante la muerte. Pero aquello tenía ciertos atenuantes. Pues en el caso de Nerón, su cítara parecía desentonar con el comportamiento adecuado a la realeza, pero respecto a lo demás, no estaba desagradablemente afinada, pues muchas veces traía por su mediación algunas treguas y lo apartaba de los crímenes. A mí por lo menos no me mató, aunque había atraído su espada contra mí por tus discursos y los míos, esos que pronuncié contra el establecimiento de baños. La causa de que no muriera fue un mejoramiento de voz que le vino entonces y el haber logrado una melodía que a él le pareció espléndida. Pero ahora, ¿en honor de qué mejora de voz, en honor de qué cítara vamos a ofrecer un sacrificio? Pues todo es ajeno a la música y está lleno de cólera, y éste no podría ser fascinado ni por ti ni por otros. Aunque Píndaro al elogiar la lira dice que fascina incluso al ánimo de Ares y lo aparta de los bélicos quehaceres, y si bien ese ha establecido aquí una competición musical y corona en público a los vencedores, hay algunos de ellos a los que mandó matar y que intervinieron, como se dice, en una competición de flauta o de canto por última vez. También debes pensar en los hombres que te siguen, pues los harás parecer también a ellos, tanto si te muestras atrevido, como si pronuncias palabras con las que no vas a convencer. Tu salvación la tienes a mano, pues hay aquí muchas naves, como ves; unas partirán hacia Libia, otras hacia Egipto, otras hacia Fenicia y Chipre; otras directamente a Cerdeña y otras más allá de Cerdeña. Lo mejor para ti es embarcar en una y marcharte a cualquiera de esos lugares, pues las tiranías son menos crueles con los hombres notorios si se dan cuenta de que prefieren no vivir en la notoriedad.

    Ganado Damis por las razones de Demetrio, dijo:…..

    El texto siguiente describe la angustia de quien, sintiéndose perseguido, teme comprometer a otras personas con su mero contacto y relación. Cúantas veces se habrán producido situaciones similares, ante la inacción de los restantes ciudadanos.

    Sigamos leyendo a Filóstrato VII, 14-15:

    (Apolonio)… Ya sé cuán hábil eres, Demetrio, para sacar conclusión a tus argumentos, por lo cual me parece que vas a decirme algo así como: “No vayas entonces con ellos, sino con hombres con los que aún no hayas tenido relación y te será más cómodo huir, pues pasarás inadvertido con mayor facilidad entre quienes no te conocen. Examinemos en qué medida ese argumento es convincente. Mi opinión al respecto es la siguiente: yo creo que el sabio no hace nada en privado ni por sí, y que no puede concebir nada con una falta tan absoluta de testigos, que no esté al menos él consigo mismo, y, tanto si la inscripción pítica (conócete a ti mismo) es del propio Apolo, como si es de un hombre que se conocía sanamente a sí mismo y por ello lo convirtió en máxima para todos, me parece que el sabio que no se conoce a sí mismo y toma su propia conciencia como acompañante, ni podría asustarse por lo mismo que la gente, ni atreverse a algo que otros no emprenden sin vergüenza. Pues siendo esclavos de las tiranías, se han precipitado incluso a traicionar a sus mejores amigos, en beneficio de ellas, temerosos de lo que no es temible en absoluto, y sin temor de lo que es preciso temer.

    Pero la sabiduría no condesciende con eso…

    Así pues, que la consciencia me pondrá en evidencia, tanto si voy con quienes me conocen, como con quienes no me conocen, si llegara a ser el traidor para estos hombres, creo que lo he dejado claramente demostrado, y que la verdad se pone de manifiesto. Así que no me traicionaré tampoco a mí mismo, sino combatiré contra el tirano, diciendo lo del noble Homero

         Común es Eníalo (Marte es imparcial

    Damis afirma que se sintió tan impresionado por estas palabras, que recobró su celo y su audacia, y que Demetrio ya no dio por perdido a nuestro hombre, sino que tras elogiarlo y darle la razón en lo que había dicho, invocó a los dioses en su ayuda, por el riesgo que iba a correr y en ayuda de la propia filosofía, en cuya defensa demostraba esa valentía. Asimismo dice Damis que los iba a llevar a donde se encontraba alojado, pero que Apolonio, rehusando dijo:

    -Es ya tarde y es menester que a la hora de prender las lámparas me dirija al puerto de Roma, pues esa es la hora acostumbrada para esas naves, Compartiremos la comida cuando lo mío esté solucionado, pues ahora podría fraguarse alguna acusación contra ti por haber compartido tu comida con el enemigo del emperador; así que no vayas siquiera al puerto con nosotros, no sea que incluso el haber conversado conmigo te acarree la acusación de que ha sido para secretos complots.

    Consintió Demetrio y, tras darles un abrazo, los dejó, pero volviéndose para mirarlos y derramando llanto.

    Demetrio murió en torno al año 90. Tuvo una larga vida; sin duda supo sortear con habilidad y la ayuda de la diosa Fortuna los escollos.

  • Los intelectuales y el poder (I): Diógenes el Cínico frente a Alejandro el Grande

    Cuando los griegos, aplicando la razón, comenzaron a preguntarse ¿qué son?, ¿por qué existen?, ¿para qué sirven las cosas reales?, dieron comienzo a la Filosofía.

    Surgieron todo tipo de ideas y teorías sobre la naturaleza y sobre el propio hombre y diversas escuelas, que con frecuencia se identificaron por el lugar en que se reunían e impartían sus doctrinas sus maestros: Académicos porque Platón enseñaba en los terrenos que fueron de un tal Academos (véase https://www.antiquitatem.com/academia-de-platon-liceo-ateneo ),  Peripatéticos (περιπατητικοί), de περι ,peri, alrededor,  πατειν, patein, pasear, porque Aristóteles enseñaba paseando en un jardín junto al templo de Apolo Licio, es decir, en el Liceo; Estoicos Στωϊκός, stoikos, porque Zenón predicaba a los suyos en  la “poikíle stoa”, Ποικίλη Στοά, o Pórtico Pintado

    Hay unos filósofos, los cínicos, los perros, de κύων kyon: ‘perro’, que quizás también reciban su nombre del lugar donde enseñaba el primero de los fundadores, Antístenes, en el gimnasio llamado Cinosargos, de kyon-argos, perro ágil, aunque sin duda el nombre también les venía dado por las peculiaridades de sus ideas antisistema, que no llegaron a plasmarse en una teoría elaborada, sino que está constituida por máximas simples que definen la vida en sociedad de manera libre y sin prejuicios. Como los perros, los cínicos viven en sociedad, pero a su aire, sin participar de los convencionalismos sociales, con su vida acorde con la naturaleza animal, reacios a integrarse en el grupo, etc. ladrando a quien les molesta, agradecidos a quien les da, etc.

    Cuando a Diógenes de Sinope, el más famoso de los cínicos al que dedico este artículo, le preguntó Alejandro Magno por qué le llamaban “perro” “cínico”, Diógenes respondió, según nos cuenta otro Diógenes, ahora Laercio, en su obra “Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, VI, 60:

    Cuando una vez se presentó ante él Alejandro y dijo: ‘Yo soy Alejandro, el gran rey’, contestó: ‘Y yo Diógenes el Perro’. Preguntado por qué lo llamaban perro, respondió: ‘Porque meneo la cola ante los que dan, a los que no dan ladro y a los malvados los muerdo’.

    Nota: de manera general los textos citados de Diógenes Laearcio son los de la traducción de Luis Andrés Bredlow. Editorial Lucina.2010.

    Luego el rey le envió una escudilla llena de huesos, y según se nos dice en el Gnomologium Vaticanum (E Codice Vaticano Graeco 743),n.96: (También se cuenta en el Florilegio Monacense, 155 y en Eustacio a Homero,Odisea VI 148)

    El rey Alejandro en cierta ocasión llenó una bandeja de huesos y se la envió a Diógenes el Cínico. Y este, al recibirla dijo: “El alimento es cínico, pero el regalo no es regio”.

    Los cínicos han sido maltratados por la historia, ya desde la Antigüedad, sin duda porque son y representan el pensamiento antisistema, el pensamiento anarquista y libertario de la Antigüedad: ni dioses, ni gobernantes, ni leyes, ni sociedad, ni convencionalismos. Su estudio con algún detalle merece la pena ser abordado con más detenimiento.

    Ahora  en esta ocasión quiero comentar la especial relación que el citado Diógenes tuvo con la persona más poderosa del momento, Alejandro, llamado el Grande, Μέγας Αλέξανδρος o megas Alexandros, en griego. Esa larga y extraña relación produjo algunas de las anécdotas más conocidas en la Antigüedad y luego infinitamente repetidas.

    Diógenes era una especie de  anarquista, porque no admitía otro poder que el suyo propio  sobre sí mismo y era también un libertario porque la libertad era para él el mayor valor. Según Diógenes Laercio en su obra “Vida y opiniones de los filósofos ilustres”, en el libro VI, 69:

    Preguntado qué es lo más bello entre los hombres dijo: ‘la libertad de palabra’”

    Y el mismo en VI,71 remacha su ansia de libertad;

    decía llevar el mismo género de vida que Herácles, no prefiriendo nada a la libertad”.

    Diógenes, a la manera de los bufones que con frecuencia han acompañado y servido de contrapunto a personajes absolutistas y tiranos, se permite decirle al gran Alejandro lo que ningún otro mortal osaría decirle; y Alejandro se lo permite como no se lo permitió a ningún otro que osara contradecirle, (Calístenes, sobrino de Aristóteles, compañero macedonio de expedición tuvo peor trato).

    Y se lo permitía hasta el punto que según relata Diógenes Laercio en el libro VI, 32

    “Cuentan también que Alejandro dijo que si no hubiera sido Alejandro, habría querido ser Diógenes”

    Así que Diógenes representa la irreverencia, la insumisión, la impertinencia, la insolencia frente al poder. Alejandro es el poder, que para muchos teóricos viene de los dioses (en realidad todo poder es o pretende ser divino); más aún, el propio Alejandro es un dios o al menos un semidios ante el que sus súbditos han de arrodillarse esperando su beso de reconocimiento. Véase  https://www.antiquitatem.com/proskynesis-monarquia-herodoto-persas

    Relataré algunas anécdotas que remarcan su espíritu libre y dueño de sí mismo. 

    Diógenes Laercio, Libro VI, 45:

    A uno que juzgaba dichoso a Calístenes, ponderando el lujo que disfrutaba en la corte de Alejandro, le replicó: “A fe mía que es un desgraciado, almorzando y cenando cuando le parezca bien a Alejandro”.

    Curiosamente este íntimo de Alejandro, Calístenes, sobrino de su maestro Aristóteles, fue después enjaulado hasta morir acusado probablemente sin razón de un intento de sedición de los varios que hubo de sufrir el poderoso.

    Epicteto nos cuenta en sus Discursos III, 22,92 cómo Alejandro, aprovechando que Diógenes estaba medio dormido, citó el verso 24 del canto II de la Iliada, y Diógenes, en realidad medio dormido, se atrevió a completar los versos a Alejandro.

    Epicteto, Discursos III, 22,92:

    En otra ocasión le dijo en respuesta a Alejandro, que se encontraba junto a él cuando estaba dormido y citó dl verso de Homero (Iliada,II,24):
                 “No debe dormir toda la noche el varón que tiene las decisiones”
    él respondió, cuando estaba medio dormido
                “a quien están confiadas las huestes y a cuyo cargo hay tanto”

    (Traducción de Emilio Crespo Güemes.Edit. Gredos.)

    (Nota: salvando las distancias, las circunstancias y hasta el hecho en sí, me recuerda esta anécdota a otra ocurrida con el escritor Camilo José Cela, nombrado senador real para las Cortes Constituyentes del año 1978, tras la muerte del general dictador Franco, muerto en 1975. Permítaseme que no acuda al “Diario de Sesiones”, si es que allí quedó reflejada, y cite de memoria una anécdota bien conocida por los españoles de entonces. En una sesión de las sesiones de las Cortes, el senador  de designación real se quedó dormido y el también senador real sacerdote Xirinacs le llamó la atención, suponemos que amistosamente:

    Sr. Cela, está usted dormido.
    A lo que el aludido respondió:
    -Monseñor, no estoy dormido;  estoy durmiendo.
    -¿Es lomismo,no?
    –-¡Claro que no es lo mismo!, monseñor,  porque no es igual estar dormido que estar durmiendo, como tampoco es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.

    Y otra cita cargada de ironía del mismo Diógenes Laercio,  Libro VI,68:

    A Alejandro que se plantó delante de él y preguntó: “¿No me tienes miedo?”, le contesto: ¡Pero, ¿qué eres? ¿Un bien o un mal?. Y como aquel respondió: “Un bien”, dijo: “Entonces, ¿quién puede tenerle miedo al bien?”

    Pero la anécdota más conocida, que además sirvió para subrayar la importancia de Diógenes, es la del primer encuentro entre Diógenes y Alejandro, que trata una vez más el tópico del encuentro entre el rey y el sabio, entre el intelectual y el gobernante.

    Nos lo cuenta  Diógenes Laercio y también Cicerón y Plutarco cuyos textos reproduciré; y Arriano en su Anábasis de Alejandro, VII,2,1-2  y Valerio Máximo en Hechos y dichos memorables, IV.3. ext.4 y Juan Crisóstomo en Sobre san Bábilas  contra Juliano y los gentiles,8 y en Pseudo-Eudocia (esposa del emperador Teodosio II en el siglo V), Violarium,332,24-241,3).

    La anécdota en realidad era un lugar común en la Antigüedad.

    Diógenes Laercio,  Vidas y opiniones de los filósofos ilustres: VI,38:

    “Mientras tomaba el sol en el Craneo, se le acercó Alejandro y dijo: ‘Pídeme lo que quieras’. Y él dijo: ‘No me hagas sombra”.

    Nota : El Craneo era un Gimnasio de Corinto en el que  Diógenes impartía sus enseñanzas.

    Cicerón en Tusculanas, V,32 (92):

    En cambio Diógenes, más libremente, como Cínico, a Alejandro que le rogaba que dijera si necesitaba algo: ‘Justamente –dijo- apártate un poco del sol’. Por supuesto cuando tomaba el sol, se le había puesto delante. Y éste, en verdad, solía sostener cuánto al rey de los persas superaba en vida y fortuna: que a él nada le faltaba, que para aquel nada sería ,jamás, suficiente; que él no deseaba los placeres del rey con los cuales  éste nunca podría saciarse; que éste de ninguna manera podía conseguir los de él.

    At vero Diogenes liberius, ut Cynicus, Alexandro roganti ut diceret, si quid opus esset: ‘Nunc quidem paullulum, inquit, a sole. Officerat videlicet apricanti. Et hic quidem disputare solebat quanto regem Persarum vita fortunaque superaret: sibi nihil deesse, illi nihil satis umquam fore: se eius voluptates non desiderare, quibus numquam stiari ille posset, suas eum conseui nullo modo posse.

    Plutarco, en un texto interesante en el que resalta la actitud servil de muchos filósofos, es decir, los intelectuales del momento, frente a la de Diógenes, el insolente, el libertario, el dueño de su propia vida, nos dice en Vida de Alejandro, XIV:

    Congregados los griegos en el Istmo, decretaron marchar con Alejandro a la guerra contra Persia, nombrándole general; y como fuesen muchos los hombres de Estado y los filósofos que le visitaban y le daban el parabién, esperaba que haría otro tanto Diógenes el de Sinope, que residía en Corinto. Mas éste ninguna cuenta hizo de Alejandro, sino que pasaba tranquilamente su vida en el Craneo; y así hubo de pasar Alejandro a verle. Hallábase casualmente tendido al sol, y habiéndose incorporado un poco a la llegada de tantos personajes, fijó la vista en Alejandro.Saludóle éste, y preguntándole enseguida si se le ofrecía alguna cosa, ‘Muy poco –le respondió- que te quites del sol”.Dícese que Alejandro, con aquella especie de menosprecio, quedó tan admirado de semejante elevación y grandeza de ánimo, que cuando retirados de allí empezaron los que le acompañaban a reírse y burlarse, él les dijo: ‘Pues yo, a no ser Alejandro, de buena gana fuera Diógenes’  (Traducción de Antonio Ranz Romanillos).

    Podemos preguntarnos si la anécdota fue real. Probablemente, como otras muchas que de Diógenes se cuentan, no son reales sino inventadas. Resulta un tanto inverisímil que el encuentro, si se produjo, no hay base histórica para afirmarlo, se produjera en los términos que se relatan, pero en nada disminuye su capacidad para asentar la fama y definir las propuestas que para la vida social hacía el filósofo.

    Esta anécdota se convirtió en un topos, lugar común, en la literatura antigua, citado frecuentemente. Como dije más arriba es un ejemplo más del tema clásico del encuentro del rey y el sabio, del intelectual y el poderoso. De hecho en la vida de Alejandro se produce otro encuentro similar con los gimnosofistas (los sofistas desnudos, significa la palabra) hindúes, que tal como cuenta Plutarco en Alejandro, LXIV  son preguntados con diversas cuestiones porque tienen fama de ser muy agudos en sus respuestas. Responden ciertamente con agudeza y habilidad y diríamos en lenguaje castizo y coloquial actual que “pasan” del poderoso Alejandro porque nada necesitan de él.

    Alejandro se convirtió en un mito en la Antigüedad y así continuó siendo en la Edad Media y aún hoy día su nombre y sus hazañas tienen notable éxito. Recordemos en español por ejemplo el Libro de Aleixandre y como tal mito fue tratado.

    Tenemos una prueba de cómo se le adjudican algunas anécdotas en su relación con Diógenes analizando otro ejemplo que muchos libros y ahora centenares de artículos repiten en la red (www). Dicen que además del encuentro relatado hubo otro poco después:

    En otra ocasión Alejandro sorprendió a Diógenes observando un montón de huesos apilados. Alejandro le preguntó: ¿Qué estás buscando? . Le contestó Diógenes: “Busco los huesos de tu padre, pero no logro encontrarlos porque no veo la diferencia entre los huesos de tu padre y los de mi esclavo”.

    En la mayor parte de los casos la cita aparece sin fuente alguna, los más atrevidos incluso se la adjudican a Plutarco, pero esta anécdota no aparece, hasta donde yo he podido averiguar, en el mundo antiguo; es una cita mucho más tarde inventada y adjudicada al famoso Diógenes porque no desdice de otras que de él se cuentan.

    Tan sólo aparece algo parecido en Luciano de Samósata, en su diálogo Menippus, si bien situada la acción en el mundo de ultratumba.

    Aunque pueda suponer una larga digresión, ofrezco el texto de Luciano, siempre interesante y de actualidad, como todos los del satírico de Samósata; en este caso se sirve del símil de tanto éxito luego del “gran teatro del mundo”; recordemos el final de Augusto, cuando pregunta si ha interpretado bien la farsa de la vida?. Véase https://www.antiquitatem.com/muerte-de-augusto-la-farsa-de-la-vida

    Luciano de Samósats, Menippo,15 y ss.

    Pasando por medio de ellos, llegamos a la llanura Aquerusia, y encontramos allí a los semidioses y a las heroínas y a otros grupos de cadáveres clasificados por naciones y tribus, a unos ya añejos y enmohecidos y, como dice Homero, “inconscientes”, a otros aún frescos y compactos, en especial a los egipcios, debido a la larga conservación que les proporciona la momificación. No era fácil reconocer a cada uno; se parecen todos muchísimo unos a otros con sus huesos desnudos. Solamente y muy a duras penas los reconocíamos, tras haberlos mirado y requetemirado una y otra vez. Yacían allí hacinados unos sobre otros, confundidos,sin ninguna señal de identificación, y no conservando ninguna de las bellezas que tenían cuando estaban entre nosotros. Sin lugar a dudas entre tantos esqueletos que yacían en el mismo sitio, que lanzaban una mirada por igual terrible y hueca, que mostraban sus dientes descarnados, me resultaba imposible distinguir a Tersites del bello Nireo,o al mendigo Iro del rey de los feacios, o al cocinero Pirrias de Agamenón. Ninguna de los rasgos que los distinguían en vida prevalecían en ellos: antes bien, sus huesos eran parecidos, imposibles de distinguir, sin inscripción alguna, imposibles de ser reconocidos por nadie.

    A la vista de todo esto, la vida de los hombres se me antojó una larga procesión. El Destino organiza y dispone cada circunstancia, adjudicándoles a los miembros de la procesión atuendos diferentes y variados. A uno lo toma y, si es su sino, lo reviste con aspecto de rey colocándole una tiara sobre la cabeza, entregándole escuderos, corona su cabeza con la diadema; mientras a otro le pone atuendo de criado. A uno le hace ser guapo y lo adorna, y a otro ser feo y le proporciona un aspecto ridículo. Y, creo yo, conviene que el espectáculo resulte variado. Muchas veces, en medio de la procesión, cambia los atuendos de algunos sin dejar que lleguen al final del modo que primitivamente se les ordenó, sino que, dando un giro de ciento ochenta grados, a Creso, por ejemplo, le obligó a tomar el atuendo de criado y prisionero, y a Meandrio, que durante un tiempo formaba en la procesión con el grupo de los criados, le hizo ocupar el trono del tirano Policrates. Y, por cierto tiempo, les permite usar su atuendo.

    Cuando se ha acabado el tiempo de la procesión, entonces cada uno devuelve su atuendo y, despojándose de la vestimenta que acompañaba su cuerpo, se queda como estaba antes de nacer, sin diferenciarse del vecino. Algunos, por ignorancia, se molestan y se enfadan, cuando el Destino reclama el atavío, como si se vieran privados de algo propio, cuando no hacen sino devolver algo que se les prestó por un corto espacio de tiempo. Creo que en muchas ocasiones has visto sobre la tramoya del teatro a los actores que representan tragedias. Por exigencias del guión ahora son “Creontes”, después se convierten en “Príamos” o “Agamenones”. Y el uno, si le toca hacerlo así, primero tiene que representar con mucha solemnidad el papel de Cécrope o de Erecteo, y al poco rato, si se lo ordena el autor, viene a dar en un criado. Cuando la obra ha alcanzado ya su final, cada uno de ellos, despojándose del vestido con bordados de oro, quitándose la máscara y bajando de los zancos, va por ahí dando tumbos pobre y humilde, ya no Agamenón, el hijo de Atreo, ni Creonte, hijo de Meneceo, sino que se llama Polo, hijo de Canicies de Sunio o Sátiro, hijo de Teogitón, de Maratón. Así son las cosas de los hombres o, al menos, esa opinión me forjé al verlos entonces. (Traducción de José Luis Navarro González. Editorial Gredos.)

    Pues bien, la anécdota le sirvió más tarde a Dión Crisóstomo para recrear el encuentro, ironizar sobre el poder y los poderosos y exponer sus ideas sobre el origen divino del poder y la legitimación de su ejercicio. En un próximo artículo ofreceré este interesante texto.

    Bien, la tradición, avalada ahora por Diógenes Laercio quiso también constatar otro  encuentro, el encuentro final entre Alejandro y Diógenes: los dos murieron el mismo día del año 323 a.C., Alejandro a los 33 años en Babilonia, fruto de los excesos, la vida al límite de militar ambicioso y probablemente del paludismo de aquellas tierras; Diógenes murió en Corinto a los 86 años de vida mucho más acorde con la naturaleza animal del hombre. En realidad es imposible que murieran ambos en el mismo día del mismo año.

    Diógenes Laercio, VI, 76-79 (muerte de Diógenes de Sinope):

    Se dice que murió sobre los noventa años; acerca de su muerte se cuentan versiones discrepantes: unos afirman que comiendo un pulpo crudo enfermó de cólera, y que así murió, otros que por contener la respiración. Entre éstos está Cércidas de Megalópolis [o de  Creta] quien dice en los Meliambos:
          Ya no es el que el Sinopense,
           el del bastón y del manto
        doblado, viviendo del aire:
          no, que ascendió <…>;
       el diente en el labio hincado,
         el alma misma se cortó.
      De Zeus fuiste hijo de veras, [Diógenes]:
        can, pero can celeste.

    Otros dicen que, queriendo repartir un pulpo entre unos perros, recibió un mordisco en un tendón del pie y falleció. Sus discípulos, sin embargo, según dice Antístenes en las Sucesiones, conjeturaron lo de la contención del aliento. Pues el caso es que estaba viviendo en el Craneo, el gimnasio que está cerca de Corinto; y como de costumbre, llegaron los discípulos y lo hallaron envuelto en su manto, y no se figuraron, por cierto, que estuviera durmiendo, pues no era hombre soñoliento ni dormilón; así que, al alzar la capa,lo hallaron exánime, y supusieron que lo hiciera queriendo escurrirse de lo que de vida le quedaba.

    Se trabó entonces, según se cuenta, una disputa entre los discípulos acerca de quiénes habían de enterrarlo, y aun llegaron a las manos; pero al presentarse los padres y los notables de la ciudad, lo enterraron ellos cerca de la puerta que da al Istmo, y levantaron en su honor una columna, y sobre esta un perro de mármol de Paros. Luego también los ciudadanos lo honraron con una estatua de bronce, en la que inscribieron estas palabras:

       El bronce envejece andando el tiempo, pero tu fama
       toda la eternidad, Diógenes, no  borrará.
    Sólo tú del vivir que se basta a sí mismo lo gloria mostraste
       al hombre mortal, y a su vida   senda más fácil de andar.

    Hay también unos versos nuestros en metro proceleusmático:
    -Diógenes, ay, cuéntamelo, dime qué desgracia te mató.
    -Digo que la culpa fue de un perro que pegóme un mordiscón.

    Algunos cuentan que al morir llegó a ordenar que lo arrojasen insepulto, para que toda bestia tuviera parte de él, o que lo metieran en un hoyo y lo cubrieran con un poco de polvo (o según otros, que lo arrojaran al río Iliso), para que se hiciera útil a sus hermanos. Demetrio, en los Homónimos, dice que el mismo día murieron Alejandro en Babilonia y Diógenes en Corinto; y fue anciano hacia la Olimpiada centésima decimotercera.
    (Traducción de Luis Andrés Bredlow. Editorial Lucina.2010).

    Si como nos dice Laercio, murió por comer un pulpo crudo que su estómago no pudo digerir, murió víctima de su rechazo hasta el final de la vida civilizada y su deseo de vivir lo más natural y animalísticamente posible: ¿qué mayor rechazo puede haber de la civilización que renunciar al fuego civilizador que Prometeo robó a los dioses para los hombres, para que éstos entre otras cosas puediesen cocer los alimentos y no tener que comer sólo lo crudo como el resto de animales?

  • Intelectuales frente al poder (II)

    Los poderosos, detentadores de la fuerza y la violencia, generalmente han desconfiado de los pensadores, aunque se ven obligados a vivir con ellos. El tema del encuentro conflictivo del rey y el sabio es un tópico mundial. Véase https://www.antiquitatem.com/diogenes-alejandro-intelectual-politico. Platón imaginó una República en la que los gobernantes fueran los filósofos, los sabios, los intelectuales, constituidos en casta con una especial educación. El intento de Platón por hacer realidad su teoría en Sicilia con Dioniso el Viejo y luego con su hijo fue un completo fracaso. Probablemente el rey no puede convertirse en filósofo, porque se plantearía su propia condición de rey, ni el filósofo pueda ser rey, porque en el ejercicio del poder dejaría de ser filósofo. En consecuencia parece que están condenados a coexistir.

    La historia nos enseña cómo en ese encuentro entre la fuerza y la inteligencia, en el debate intelectual moralmente siempre vence la inteligencia, pero en la práctica siempre se impone la fuerza.

    Al sabio, al intelectual, le quedan, pues, tres opciones: plegarse servilmente al poder (lo hacen la mayoría), criticar abiertamente al poder (lo hacen unos pocos), alejarse prudentemente del poder (no me atrevo a aventurar una proporción, pero no serán pocos).

    Una cita de Estobeo refiriendo una anécdota de Antístenes el cínico describe perfectamente esta actitud. Estobeo nos dice que cuando se le preguntaba a Antístenes hasta qué punto había que implicarse en las cosas públicas o en los asuntos de la ciudad, respondía:

    Preguntado Antístenes cómo se debe acercar uno a la política, respondió: como al fuego, ni demasiado cerca para no quemarse ni demasiado lejos para no helarse.  (Estobeo. Florilegio,XLV,28).

    Estobeo es un autor griego que escribe en griego, pero su obra fue traducida al latín en el Humanismo. Así en la versión latina de Conrado Gesnero (1516-1565) , editado por Christoph Froschoverus, año 1544, en Suiza, dice  en el capítulo XLIII, en la página 313 (en la edición de Thomas Gaisford corresponde al Título XLV):

    Antisthenes interrogatus quomodo ad rempublicam accedendum sit, respondit: ut ad ignem, neque nimis prope ne uraris, neque longius ne frigeas.

    Parece, pues, que al filósofo le corresponde la actitud contestaría frente al poder, porque si deciden vivir a la sombra del poder, pronto abandonarán su espíritu crítico y libre. Esta es desde luego la actitud de los “cínicos”.

    Antístenes, el creador de la escuela y maestro de Diógenes,  escribió según Diógenes Laercio un libro sobre Aspasia, la mujer de Pericles y otro sobre Alcibiades, en los que sin duda les critica sus defectos.

    Nos lo confirma Ateneo, en su “Banquete de los eruditos”. Hablando del carácter maldiciente de los filósofos, dice de Antístenes, que critica la vida inmoral de Alcibíades,  en V, 220 C-D-E:

    Antístenes, en el segundo de sus Ciro, afirma, vituperando a Alcibíades, que era un criminal en lo que a las mujeres se refiere, y en las restantes facetas de su vida, pues asegura que se acostaba con su madre, con su hija y con su hermana, como los persas.

    Y poco después, en la misma cita, refiriéndose y criticando a  Pericles:

    …;  Aspasia, una calumnia contra Jantipo y Páralo, los hijos de Pericles. En efecto, sostiene que uno de ellos era favorito de Arquéstrato, el cual desempeñaba un oficio semejante al de las mujeres en los burdeles de mala muerte, y que el otro era íntimo y seguidor de Eufemo, que acostumbraba a burlarse vulgar y fríamente de quienes se encontraban con él.

    Y para confirmar este carácter maldiciente de los filósofos sigue diciendo Ateneo de Antístenes en el mismo texto:

    Además, vil y groseramente le cambió el nombre a Platón por el de Satón*, y con este título publicó un diálogo contra él. En efecto, a estos hombres ningún magistrado les parece honrado, ningún estratego sensato, ningún sofista digno de consideración, ningún poeta útil, ningún pueblo prudente, salvo Sócrates, ….

    * Nota: Para entender la vileza en el cambio de nombre a Platón es necesario conocer que el nombre griego Sáthon, con el que solían llamar las nodrizas a los niños, deriva de sáthe, uno de los términos para designar al miembro viril.
    (Traducción y nota de Lucía Rodrïguez-Noriega Guillén. Editorial Gredos)

    Así que ya el primero de los cínicos se mostró crítico con los poderosos de su época, y marcó el camino a seguir por el resto de los cínicos. Diógenes superó con creces al maestro en la acritud con la despreció a los poderosos.

    Antístenes prefería al verdugo que da muerte al malhechor que al tirano que mata inocentes. Asi en  Estobeo.Florilegio,M.49.47 (en un título que en latín se titula De uituperio tyrannidis ) .

    El  filósofo Antístenes prefería en piedad a los verdugos antes que a los tiranos; a una persona que le preguntó el motivo le respondió: porque el verdugo mata a hombres injustos, pero el tirano mata también a inocentes. ('Stoboe., tit. , XLIX, 47, Gaisf., p. 359.)

    En la version latina citada se corresponde con el Título XLVII y dice en la pág. 343 de la citada edición:

    Antithenes philosophus carnifices tyrannis in pietate praeferebat, cuius causam interroganti cuidam respondit: a carnifice quidem homines iniusti interimuntur; a tyranno autem etiam insontes.

    Antístenes, criticando duramente el ansia insaciable de riquezas dijo, según Stobeo, t. X, 12, Thomas Gaisford., p. 294 (Citado a su vez por Chappuis, Antisthenè, Edit. Pág, 98):

    Quien ama el dinero no puede ser una persona de bien, ni como rey ni en la vida privada.

    En la traducción latina de citada está en el Tit. VIII, y dice:

    Avarus nemo bonus, neque rex, neque liber esse potest

    Es la misma actitud que mantiene Diógenes, según cuenta Diógenes Laercio en VI, 43

    “Y cuenta Dionisio el Estoico que, tras la batalla de Queronea, fue conducido prisionero ante Filipo; y preguntándole éste quién era, dijo: ‘El explorador de tu insaciabilidad’; admirado de lo cual aquel le dejó libre.”

    Antístenes desprecia a quienes imponen su delirio a los demás y limitan la libertad de los individuos.

    Esta actitud  contestataria se puso de manifiesto en el relato citado de los encuentros entre Diógenes y Alejandro que ya comenté.

    Por cierto, que Alejandro tuvo por maestro a Aristóteles, llevaba consigo un ejemplar de la Iliada de Homero y respetó y no destruyó la casa de Píndaro en Tebas en reconocimiento de sus valores literarios, pero eso no le impidió actuar con enorme crueldad en muchas ocasiones.

    La diferente actitud de Diógenes y Platón ante los poderosos queda perfectamente dibujada en esta anécdota que cuenta Diógenes Laercio en VI,58:

    Algunos afirman que fue él también a quien Platón, viéndole lavar verduras, se le acercó y le dijo al oído: “Si sirvieras a Dioniso (de Siracusa) no estarías lavando verduras”; y élle respondió asimismo al oído: “Y tú, si lavaras verduras, no estarías sirviendo a Dioniso”

    Otra anécdota nos muestra cómo a Diógenes no le impresiona Alejandro y sus acciones, obras al fin y al cabo de un “misero” ser humano; nos lo cuenta Laercio en VI,44:

    “Cuando Alejandro mandó una vez a Antípatro una carta a Atenas por vía de un tal Atilio (palabra que significa “mísero”), Diógenes, que se hallaba presente dijo: “Mísera misiva de mísero a mísero, por vía de Mísero” (taducción de Luis Andrés Bredow.Edit.Lucina)

    De similar manera Diógenes rechazó la petición de que le visitara que le hizo Crátero, general de Alejandro Magno y uno de sus herederos a su muerte. Nos lo cuenta Laercio en VI,57:

    Cuando Crátero le pidió que lo visitara, dijo: Pues yo prefiero lamer sal en Atenas antes que disfrutar de la prodigiosa hospitalidad de Crátero”.

    Este mismo Diógenes, según cuenta el otro Diógenes, el Laercio, en VI,50,  cuando un tirano le preguntó cuál era el mejor bronce para construir una estatua respondió:

    ”Preguntándole un tirano cuál era el mejor bronce para las estatuas, dijo: aqul del que se hacen los Harmodio y los Aristogitón” .

    Nota: Harmodio y Aristogitón, muertos en el 514 a.C., fueron los que acabaron con el tirano Hiparco de Atenas y por eso se les conoce como los Tiranicidas. Fueron considerados como unos héroes y restauradores de la libertad. Por ello se les levantó una estatua construida por Antenor.

    Nota: Tiranicidio, del griego τύραννος / tyrannos, "tirano" y del latín –cido, de caedo,  "matar."

    También Diógenes le decía a gritos al tirano Dioniso de Siracusa, destituido y reducido a la condición de simple ciudadanos:

    “¡Cómo llevas una vida indigna de ti! No deberías vivir aquí, con nosotros, libremente y con toda seguridad, sino que convendría que estés encerrado allá con los tiranos como tu padre y que llevaras esa vida hasta la vejez”. (Plutarco,Moralia,783.D)

    Hay una anécdota más de Diógenes que parece anticipar uno de nuestros males actuales. Cuenta la anécdota que un día  vio en las calles de Atenas a un ladrón que había robado un jarrón de propiedad del tesoro y lo llevaban detenido  dos guardias. Diógenes dijo, en Diógenes Laercio, Vida de Diógenes, VI, 45:

    “Viendo una vez a los guardianes de un templo llevándose preso a uno de los administradores que había robado una copa, dijo: “Los grandes ladrones se llevan al pequeño”

    Los dos guardias son, naturalmente, los representantes del poder institucionalizado. La justicia no sólo no era ni es igual para todos, sino que la persecución del pequeño delincuente parece encubrir la permisividad con los grandes delitos económicos. Con demasiada abundancia estamos asistiendo a la impunidad de quienes hunden grandes empresas bancarias que han de ser rescatadas con dinero de todos o dilapidan el dinero público.

    Cuando en otra ocasión le preguntaron a Diógenes cuáles eran los animales más feroces, respondió,según Antonio y Maximo. De lucri cupiditate,226:

    “En las montañas los osos y los leones; en las ciudades los funcionarios y los sicofantas”

    Diogenes interrogatus, quaenam essent ferae pessimae, dixit: In montibus ursi et leones,in civitatibus vero publicani et sycophantae

    Nota: losSicofantas son los delatores.

    Laercio lo cuenta de manera incomprensible por incompleto en VI,51. Conviene saberlo para comprender alguna de las dificultades que tiene la transmisión de los textos antiguos:

    Preguntado cuál es el más dañino de los animales, dijo: “De los salvajes el delator; de los domésticos, el adulador”

    También otros cínicos, como Crates, uno de los más famosos discípulos del “Perro”, como dice Laercio (VI, 85), que por cierto formó pareja con una de las pocas mujeres griegas de las que conocemos su nombre y hechos, Hiparquia, filósofa también cínica locamente enamorada de él, también desprecia el enorme poder de Alejandro que tantas ciudades destruyó y construyó. Nos cuenta Diógenes Laercio en VI, 93:

    A Alejandro, quien le preguntó si quería que se reconstruyera su ciudad natal (Tebas), le contestó: “¿Para qué? Acaso luego otro Alejandro la volverá a destruir”.

    La tarea del filósofo es la de la resistencia, la insurrección,la rebelión, la insumisión.
    En el  artículo anterior comentaba, como decía, la actitud irrespetuosa y contestaría del filósofo cínico Diógenes de Sinope. Los fiolósofos “perros”,  los cínicos, son en la Antigüedad el prototipo de pensador antisistema, anarcoide y libertario y por tanto muy críticos con el poder.

    Diógenes es el más famoso representante de esta línea de pensamiento o escuela que no llega a plasmar sus ideas en obras sistemáticas de pensamiento, si bien es cierto que son muy pocos los restos que nos quedan de lo que escribieron.

    Pues bien, además de Diógenes hay otros muchos ejemplos de intelectuales que critican al poderoso y con ello al poder, sufriendo las duras consecuencias del castigo real. La mayor parte de ellos fueron cínicos pero también fueron  estoicos.

    La actitud de los cínicos es de enfrentamiento directo “y a voces” con los poderosos y con los ciudadanos. Los estoicos son más prudentes.

    Puede reflejar esta actitud un fragmento de la Carta 103 de Séneca a Lucilio en la que le aconseja que desconfíe de los hombres, porque pueden hacer mucho mal a otros hombres, y que se refugie en la filosofía; pero que no ejerza la filosofía con altanería:

    Séneca, Cartas a Lucilio, 103, 4:

    ……. Pero refúgiate tanto como puedas en la filosofía: en su seno hallarás protección y en ese santuario estarás seguro, por lo menos más seguro. No tropiezan unos con otros sino cuando siguen la misma vía. Pero no uses la filosofía con jactancia: para muchos fue causa de peligro el hecho de haberla conducido por caminos de altanería y arrogancia: es menester que te cures de los vicios sin retar a los demás hombres. No menosprecies las costumbres públicas, ni procedas de tal modo que parezcas condenar todo lo que no sea ella misma. La sabiduría puede andar sin pompa y sin malevolencia. Consérvate bueno.

    Quantum potes autem, in philosophiam recede: illa te sinu 1 suo proteget, in huius sacrario eris aut tutus aut tutior. Non arietant inter se nisi in eadem ambulantes via. 2 Ipsam autem philosophiam non debebis iactare; multis fuit periculi causa insolenter tractata et contumaciter.
    [5] Tibi vitia detrahat, non aliis exprobret. Non abhorreat a publicis moribus nec hoc agat, ut quicquid non facit, damnare videatur. Licet sapere sine pompa, sine invidia. VALE.

    Y sin embargo una de las funciones sociales de la filosofía es la de ser crítica con el poder y el poderoso.  Quizás no con la pasión con la que se expresaba Crates  pero tampoco con la pasividad que hace que hoy la filosofía no solo no sea una norma de vida y conducta, sino que la ha reducido a pura teoría y estudio libresco.

    Decía Crates, en Diógenes Laercio, VI, 92:

    “Decía que hay que filosofar hasta el punto de que los generales nos parezcan ser arrieros de acémilas”.

    Esta actitud crítica de los filósofos antiguos frente al poder nos sugiere plantear el papel hoy de la filosofía…

    Pero, ¿juega hoy algún papel la filosofía en la sociedad? ¿No hace demasiado tiempo que quedó confinada en la escuela, reducida al estudio de los libros de filosofía sin relación alguna con la vida de la calle? Como dijo Nietzsche en Conversaciones intempestivas,3a,2  (Schopenhauer como educador):

    “La única crítica posible de una filosofía, la que demuestra algo, la que consiste en ver si se puede vivir con arreglo a dicha filosofía, jamás ha sido enseñada en las universidades, que se contentan con hacer una crítica de palabras con palabras,”

    Nietzsche, Unzeitgemäße Betrachtungen (Schopenhauer als Erzieher)

    Die einzige Kritik einer Philosophie, die möglich ist und die auch etwas beweist, nämlich zu versuchen, ob man nach ihr leben könne, ist nie auf Universitäten gelehrt worden: sondern immer die Kritik der Worte über Worte.

    Más aún, podemos incluso preguntarnos: ¿Tienen sentido hoy en nuestra sociedad “filósofos cínicos”?  ¿No son tan necesarios ahora como hace 2000 años los intelectuales o "filósofos" críticos con el poder, ahora globalizado y en manos de unos pocos?

  • Todos los caminos conducen a Roma(Omnes viae Romam ducunt)

    Hoy no, pero hace dos mil años ciertamente todos los caminos conducían a Roma, que era la capital de un enorme imperio. Más de 380 vías principales o calzadas con más de 80.000 kms., permitían a sus legiones, a sus funcionarios, a sus ciudadanos salir y acudir con facilidad a la capital, Roma. Es curioso constatar cómo la dirección de todas las carreteras marcaban Roma como destino final, como si de los rayos o radios de una enorme circunferencia se tratara. Se extienden desde las Columnas de Hércules en Hispania o el “muro de Adriano” en Escocia hasta el Éufrates en Mesopotamia, del norte de Alemania hasta el desierto norteafricano. De ahí el dicho todos los caminos conducen a Roma.

    Esas 380 vías principales, (algunos citan tal vez con más exactitud 372, que son las que relaciona el Itinerarium Antonini del que más adelante hablaré, 34 de ellas referidas a Hispania),  que solían recibir el nombre de su promotor, iban confluyendo unas en otras hasta llegar a la capital, Roma, en la que entran 19, diecinueve: Salaria y Nomentana que confluían ya dentro de la muralla Aureliana; Tiburtina, a la que se unía la Collatina; La Praenestina y Labicana que se unían a otras dos, las LatinaAppiaSacra; Ardeatina que se unía a la Ostiensis que venía del puerto; Septizonium; Portuensis; Aurelia que se unía a la Portuensis; y la Flaminia.

    mapas del mundo antiguo en época de Adriano
    Mapa general en época de Adriano (125)
    mapa de las antiguas calzadas romanas
    Mapa de las antiguas calzadas romanas

    Nota: se llaman también “calzadas”, con un término del latín vulgar,  *calciāta , que significa camino empedrado; “calciata” deriva de calx,-cis, que significa piedra caliza (en español existen también cal, calcáreo, cálcico,calcificar y calcificación, calcinar,(compuesto de calx, cal y cinis,-eris, ceniza,por extensión, convertir cualquier cosa en  cenizas.) encalar, cálculo… (véase: https://www.antiquitatem.com/calculo-numeracion-romana-calcular ) No debe relacionarse el término con calzado, sustantivo y también participio del verbo calzar, que deriva de calzeus, derivado a su vez de otro calx,-cis que significa “talón”, de donde calcaño y calcañar, parte posterior de la planta del pie.

    Las vías se llaman también “viae stratae”, carreteras constituidas por estratos superpuestos de distintos tipos de piedra y grava, que las han hecho eternas. Precisamente de este nombre de las vías derivan el   italiano “strada”, inglés street, alemán Straße, holandés straat, gallego y portugués estrada.

    Una curiosidad: “Carretera” deriva de carreta y esta de carro, que tal vez no es originariamente una palabra latina sino celta, “carros”. Esto nos remite a la consideración de la importancia del llamado “substrato celta” en muchos de los territorios dominados por Roma. Por otra parte el “celta” está muy relacionado con el Latín porque ambas son lenguas indoeuropeas. Precisamente la raíz indoeuropea de esta palabra podría ser “*kers» , de la que también derivan o están relacionadas currere, (correr), cursar, corcel, sucursal, acosar de un previo “accursus”, etc.
    En otra ocasión hablaremos de las vías en general y de las de Hispania en particular.

    mapa de las vías romanas en España
    Mapa de las vías romanas en España

    Nota: Diré hoy, como curiosidad, que una de las vías más famosas en España, utilizada o conservada todavía hoy en muchos tramos, es la conocida como “Vía de la Plata”, que iba de Mérida (Augusta Emerita) hasta Astorga (Asturica Augusta), cuyo nombre nada tiene que ver con el del mineral tan apreciado en el mundo antiguo; en latín se llamaba “argentum”, nombre que sin duda le recordará al lector algunos derivados (argentífero, argénteo…). El nombre deriva de la denominación en el árabe de la época andalusí vía al-Balat, camino empedrado.

    Pues bien, en esta enorme red las vías eran señalizadas con hitos o mojones que marcaban las distancias y de paso recordaban a los autores o favorecedores de la carretera para su mayor honra y gloria. Esos hitos se llamaban miliarios porque se colocaban cada mil pasos, (una milla equivale a 1481 metros aproximadamente), como hoy los kilómetros se colocan cada mil metros una vez que aplicamos el sistema métrico decimal.

    Miliarios romanos de la localidad de Carcaboso (Cáceres)
    Miliarios de la localidad de Carcaboso (Cáceres)

    Como las vías o carreteras partían o llegaban a Roma como los radios de una enorme circunferencia, allí estaba colocado el miliario “0” como punto central, como hoy existe en la Puerta del Sol de Madrid el Kilómetro “0”,  del que parten todas las carreteras radiales que llegan a los rincones de España.

    Es curioso constatar cómo los Estados centralizados tuvieron en la Antigüedad como tienen hoy una disposición y estructura radial: para ir de una ciudad a otra se ha de pasar por el centro, en el que confluyen todos los caminos.

    Ese miliario 0 romano no se llamaba realmente así, porque los romanos no manejaban el cero, sino que para remarcar su importancia central le llamaron milliarium aureum, miliario de oro,  porque era de bronce bañado en oro, y fue colocado en el Foro, junto al templo de Saturno,  por Augusto en el año 20 antes de Cristo. Debió tener 3,45 metros de alto y 1,15 de diámetro la columna.

    Las distancias se medían por referencia a él.  No se conoce la inscripción grabada en esa columna, tal vez tan sólo el nombre el emperador Augusto o los nombres de las ciudades importantes del Imperio y las distancias como dan por hecho numerosos autores sin suficiente fundamento influenciados por las costumbres actuales, o quizás los nombres de los encargados del mantenimiento de la red viaria o “curatores viarum”.

    Dion Casio recuerda cómo Augusto fue nombrado curator viarum e hizo erigir el milliarium aureum, en  54.8,4, coincidiendo con la celebración de su triunfo sobre los Partos:

    Dion Casio, 54,8,4

    Pero todas estas celebraciones con ocasión de la recuperación de los estandartes fueron ejecutadas más tarde. En el momento del que estamos hablando, fue nombrado procurador de las vías en el entorno de Roma, y con esta autoridad erigió el llamado “miliario de oro”, y designó para mantener estas vías a antiguos pretores con dos lictores cada uno.

    Quizás en el momento en que se erigió esta columna, este miliario, se creó la frase “Todos los caminos conducen a Roma”.

    Al miliario áureo hacen referencia Plutarch, Galba 24.4; Pliny, Naturalis Historia 3.66; Tacitus, Historiae 1.27; Suetonius, Otho 6.2.

    Plutarco hace una referencia también al miliario como punto final de todas las carreteras romanas en la ocasión en que Otón está a punto de ser nombrado emperador suplantando a Galba:

    Plutarco, Galba 24.4

    Hallábase éste presente, a espaldas de Galba, y estaba muy atento a lo que Umbricio decía y anunciaba; y como se asustase y tuviese con el miedo muchas alteraciones en el color, el liberto Onomasto, que estaba a su lado, le dijo que le buscaban y le estaban aguardando en casa los arquitectos: porque ésta era la seña convenida del momento en que debía presentarse a los soldados. Añadiendo, pues, él mismo que, habiendo comprado una casa vieja, quería mostrar a los destajeros aquellas piezas que necesitaban reparos, se marchó, y, bajando por la casa llamada de Tiberio, fue a la plaza al sitio donde está la columna de oro, en que van a rematar todas las carreteras principales de la Italia. (Traducción de Ranz Romanillos)

    Tácito en Historias,1,27  y Suetonio en vida de Otón,6 relatan el mismo episodio y también hacen referencia al miliario de oro.

    También Plinio el Viejo, que nos ofrece amplia información sobre vías y ciudades, hace una referencia interesante en un texto en el que encarece las dimensiones e importancia de Roma, ciudad sin parangón en el mundo.

    Plinio, Naturalis Historia, III, 66-67

    Rómulo dejó la urbe teniendo tres puertas o cuatro (por dar crédito a los que dicen que eran más). El conjunto de sus murallas en el año ochocientos veintiséis de su fundación, siendo emperadores y censores los Vespasianos, comprendía trece mil doscientos pasos de contorno. Abraza las siete colinas y se divide en catorce distritos y hay doscientas sesenta y cinco capillas de crucero de los dioses Lares. La extensión de la ciudad, trazando una línea recta desde el miliario colocado en la cabecera del Foro Romano hasta cada una de las puertas que hay hoy en número de treinta y siete (si se cuentan como una las llamadas doce, y se prescinde de las siete antiguas que han dejado de existir), arroja un total de  veinte mil setecientos sesenta y cinco pasos en línea recta. Pero hasta el final de las edificaciones, comprendido el campo de los pretorianos, desde el mismo miliario, y a través de los diversos distritos, la longitud de todas las vías públicas alcanza un poco más de sesenta mil pasos. Si a eso se añadiera la altura de los edificios, se obtendría un cálculo ciertamente adecuado y se proclamaría que no hay en todo el orbe ciudad ninguna cuyo tamaño pudiera comparársele. (Traducción de Antonio Fontán para Editorial Gredos. 1998)

    Plin. Nat. 3.30  (o 3.66-67)

    Urbem tris portas habentem Romulus reliquit aut, ut plurimas tradentibus credamus, IIII. moenia eius collegere ambitu imperatoribus censoribusque Vespasianis anno conditae DCCCXXVI m. p. XIII:CC, conplexa montes septem. ipsa dividitur in regiones XIIII, compita Larum CCLXV, eiusdem spatium mensura currente a miliario in capite Romani fori statuto ad singulas portas, quae sunt hodie numero XXXVII, ita ut XII portae semel numerentur praetereantur ex veteribus VII, quae esse desierunt, efficit passuum per directum XX:M:DCCLXV. ad extrema vero tectorum cum castris praetoriis ab eodem miliario per vicos omnium viarum mensura colligit paulo amplius LX p. quod si quis altitudinem tectorum addat, dignam profecto aestimationem concipiat fateaturque nullius urbis magnitudinem in toto orbe potuisse ei comparari.

    Tenemos mucha información sobre las vías romanas y su trazado, no sólo en textos escritos sino también fruto de los estudios arqueológicos. Hay dos documentos de los que en otra ocasión trataré, que son especialmente importantes: el Itinerarium Antonini, Itinerario de Antonino y la Tabula Peuntingeriana .

    El primero, el Itinerarium Provinciarum Antonini Augusti, es un libro o guía de carreteras confeccionado a principios del siglo III de Cristo (217) en el que se relacionaban las rutas militares de la época de Caracalla, dando cuenta de las ciudades y las mansiones o ventas, similares a nuestras áreas de servicio,  y de las distancias entre ellas. El documento actual se basa en una copia del siglo IV y se publicó modernamente por primera vez en el año 1521.

    La segunda, la Tabula Peutingeriana, es una especie de mapa o mejor de esquema o dibujo plano que recoge las vías principales, señalando las ciudades y paradas de cada una desde la India a Gran Bretaña. Desgraciadamente se ha perdido la parte referida a Hispania, que ha de ser suplida con el Itinerarium Antonini. Se conserva  una copia del siglo XII de un documento del siglo IV o V, aunque pudo ser confeccionado antes. El documento actual se conserva en la Nationalbibliotek de Viena, que tiene una extensión de 6,8 metros de largo por 33 cm. de ancho dividido en 12 hojas. Recibe el nombre del humanista alemán que la descubrió, Konrad Peutinger.

    imagen de la Tabula Peutingeriana
    Segmentos V y VI de la Tabula Peutingeriana donde se representa a Italia, con la capital Roma, entre el mar Adriático y el Mediterráneo.

    Otros autores que nos dan abundante información sobre las carreteras y las ciudades por las que pasan son Plinio el Viejo y Estrabón.

    Así que la expresión “todos los caminos conducen a Roma” tendría en aquel momento un sentido real y geográfico. Podemos suponer, pues, que los habitantes del Imperio, desde Mesopotamia hasta Bretaña, desde Alemania al desierto africano, pronunciarían muchas veces en latín la frase “omnes viae ducunt Romam”, como hoy se sigue haciendo  en todas las lenguas occidentales desde su aparición.

    Decía que “podemos suponer” porque no está atestiguada la citada frase latina en ningún documento de época antigua. Pero la suposición es razonable si Roma atraía a ciudadanos de todo el mundo y los “mapas” de la época tienen como punto de partida y de llegada a Roma y se señaló con toda la grandeza romana el punto central con el famoso miliario de oro (milliarium aureum).

    Hasta donde sabemos hoy la frase aparece escrita por primera vez en la Edad Media, hacia el año 1175, en un texto de Alain de Lille,  (Alanus ab Insulis en latín), (c. 1128 – 1202/1203).  Alain de Lille escribió numerosas obras, las más famosas de contenido moral. Entre ellas escribió una titulada Liber Parabolarum, Libro de parábolas. En el capítulo V es en donde aparece la citada frase, si bien no exactamente tal como la he presentado, sino como Mille viae ducunt homines per saecula Romam (A thousand roads lead men forever to Rome).

    Nota: adviértase la agudeza de Alain de Lille a la hora de latinizar su nombre: Alanus por Alain resulta evidente, pero en el caso del apellido “de Lille” hace un curioso juego fonético: como “de Lille” en francés suena igual que “de l’île, “, de la isla, lo traduce al latín como “ab Insulis”, “de las Islas”.

    En ese capítulo V al que me refería titula una de sus “fabulas moralizantes»

    Mille viae ducunt hominem per saecula Romam

    Mil caminos conducen para siempre al hombre a Roma

    Ya aparece el título  en la edición impresa de Leipzig del año 1499 cuya fotografía presento; no se  hacía así en ediciones anteriores como la de Colonia de 1497. Desconozco cómo aparece en los manuscritos más antiguos. Pero en todo caso, utiliza la expresión citada y otra similar  en el comentario o explicación a su parábola:  multae viae ducunt hominem romam (Muchos caminos conducen al hombre a Roma) y  también mille viae ducunt homines romam per saecula  (mil caminos conducen a los hombres a Roma durante siglos) . (Mille viae ducunt homines Romam per saecula: qui volunt quaerere toto corde dominum: via est directa quae…)

    Presento la parábola completa, en la que la máxima tiene un sentido figurado, de los miles que puede tener y con los que se sigue utilizando en cualquier contexto actual.

    Mil caminos conducen al hombre para siempre a Roma
    Para quienes quieren buscar al señor con todo su corazón
    hay un camino que directo lo conduce por lo alto de los montes
    con sus cuestas cargado de zarzas y espinas.
    Y también alguna senda que la piedra áspera hace
    áspera y araña todos los días las plantas (de los pies).
    Hay también un camino por el mar,  un camino por el desierto,
    por los profundos valles, entre peñascos, por lugares duros para los pies.
    Por bosques  y lugares ocultos, por lugares que las fieras temibles recorren,
    entre espinas y abrojos,  por lugares llenos de lodo.

    Mille viae ducunt hominem per saecula Romam
    Qui dominum toto quaerere corde volunt
    Est via quae ducit montes directa per altos
    Vepribus et spinis arduitate gravis
    Est quoque nonnullus callis. quem calculus asper
    Asperat. et plantas quotidianas arat
    Est via per pontum. via per deserta. per imas
    Valles. per scopulos. per loca dura pedi
    Per nemus et latebras. per lustra timenda ferarum
    Per spinas tribulos. per luculenta vaga

    imagen de digitalizado por Münchener Digitalisierungszentrum
    Digitalizado por Münchener Digitalisierungszentrum

    El sentido, ya figurado, es evidente: son muchos los caminos que llevan al Señor, al Paraíso, a quienes lo buscan con todo su corazón, como eran muchas las carreteras que llevan a Roma. Es decir, se puede llegar a un determinado fin de maneras muy diversas.

    La frase la recoge  el germanista suizo Samuel Singer en su Thesaurus Proverbiorum Medii Aevi: Lexikon der Sprichwörter des Romanisch-germanischen Mittelalters en el término «Rom».

    Otro día hablaremos de la construcción y fábrica de las vías, mientras tanto ofrezco un enlace curioso con una curiosa página que permite conocer la distancia de cualquier punto de imperio a Roma según las vías romanas  http://www.omnesviae.org/ de  la Tabula Peutingeriana Itinerarium Antonini.

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  • Por una alimentación sana y equilibrada

    Aproximadamente 800 millones de personas en el mundo tienen una alimentación insuficiente, es decir, una de cada nueve pasa hambre. Unos pocos millones, sobre todo en Europa y Norteamérica, viven en la abundancia y de ellos los más ricos disfrutan de una alimentación de lujo y despilfarro que no es sino un gran escándalo. Aquí algunos cocineros gozan de enorme fama y consideración, los restaurantes son calificados y distinguidos no sólo por la calidad de sus alimentos sino por la novedad de los platos ofrecidos. Guías especializadas los califican y distinguen con símbolos ya famosos, estrellas, tenedores, etc. Algo parecido ocurrió en la opulenta Roma (https://www.antiquitatem.com/annona-panem-circenses-apicio-satiricon) , en la que coexisten miles de individuos hambrientos con unos cuantos glotones y golosos sin límite. De ellos sin duda el más famoso es un tal Marco Gavio Apicio, que vivió en el siglo I y fue autor de un famoso libro de cocina titulado De re coquinaria, “Libro de cocina”, del que algún día comentaré algo.

    El filósofo estoico y moralista Séneca (4 a. C.–65 d. C) crítica en una carta a su amigo Lucilio el escandaloso gasto que algunos ciudadanos hacen en sus comilonas y la sofisticación de una cocina que transforma los alimentos hasta hacerlos irreconocibles.

    Se me asemeja este tratamiento de los alimentos a los afamados platos actuales de cocina deconstruida o desestructurada en los que las cosas son lo que no parecen.

    Critica también Séneca la combinación de platos y alimentos de sabores encontrados y contrapuestos en llamativa mezcolanza y complejidad que no pueden sino causar enfermedades cada día más raras y complejas.

    Se me asemeja esto también a las continuas informaciones y planes dietéticos, contradictorios unos con otros, con que se nos asaetea todos los días empresas ávidas de ganancias: un día se ensalzan las cualidades de un determinado alimento para ser denostado algún tiempo después; algunos son directamente demonizados y prohibidos, aunque el hombre los haya consumido desde sus orígenes.

    Es llamativa a este respecto la reciente recomendación de no consumir o limitar la ingesta de carne preparada por el hombre. Es curioso que exista también un movimiento reivindicativo de lo que llaman la “dieta paleolítica”, consistente en comer carne cruda, rechazando así uno de los mayores inventos del hombre, el fuego, y desconociendo que nuestros antepasados paleolíticos la carne que durante mucho tiempo ingirieron fue la de carroña o animales muertos, que no cazados.

    En fin, que una vez más compruebo que lo que parecía muy moderno no deja de ser tan  viejo, al menos, como el mundo grecorromano.

    Sépase por lo demás que el asunto de la “alimentación” es incidental en la carta, con la que pretende demostrar a su amigo la insuficiencia de la filosofía teórica. Así que aconsejo, para quien lo desee, una lectura completa de la carta 95.

    Séneca, Cartas Morales a Lucilio,  95, 14 y ss.
    ….
    Indudablemente, la sabiduría antigua fue, como decía, ruda, especialmente en su nacimiento, no menos que las demás artes, el refinamiento de las cuales ha ido creciendo con el tiempo. Pero tampoco había necesidad de remedios muy sutiles. Aún la maldad no había llegado tan arriba ni se había propagado tan lejos: a unos vicios simples podían oponerse unos remedios simples. Hoy día precisan unos remedios más poderosos cuanto más poderosos son los males que nos atacan.

    La medicina era antiguamente la ciencia de unas cuantas hierbas apropiadas para restañar los flujos de sangre o a cicatrizar las heridas. Después ha llegado poco a poco a esta variedad tan grande de remedios. Y no es de extrañar que tuviese menos trabajo en organismos robustos y enteros, alimentados con manjares sencillos, no maleados aquellos aún por el arte y la sensualidad. Pero desde que, en lugar de satisfacer el hambre, no se busca sino excitarla, y se inventan mil condimentos para aguzar el apetito, aquello que era un alimento para los necesitados tornóse un peso para los saciados. De aquí provino la palidez, y aquel temblor de los nervios embebidos de vino y las delgadeces de la indigestión más deplorables que las del hambre. De aquí aquel caminar incierto, siempre vacilante, tal como el de la propia embriaguez.De aquí aquella agua que se pone bajo la piel, y el vientre hinchado por haberse acostumbrado a contener más de lo que podía; de aquí aquel derrame cetrino de la hiel y el rostro descolorido, y la consunción de los cuerpos que se pudren por dentro, y los dedos retorcidos con las articulaciones yertas, y los músculos insensibles y distendidos y perezosos, o bien trémulos en una agitación continua. ¿Qué diré de los vahídos, de los dolores de ojos, del roer de los dolores de un cerebro inflamado y de las úlceras internas de los conductos por donde se exonera el organismo, y aun de las innumerables clases de fiebres, que ya nos atacan impetuosamente, ya nos penetran como un veneno lento, ya se llegan a nosotros con escalofríos y gran temblor de miembros? ¿Por qué recordar otras incontables enfermedades, suplicios de la vida desordenada?

    Libres andaban de estos males aquellos que aun no se habían entregado a las delicias, que eran dueños y servidores de sí mismos, que endurecían sus cuerpos con el trabajo y la verdadera resistencia por medio de la carrera fatigosa, o de la caza, o de las labores agrícolas, y después injerían alimentos que sólo podían ser agradables a gente hambrienta. Por esto no necesitaban tanta provisión de médicos, aparatos y cajas. Las enfermedades eran simples como sus causas: la muchedumbre de enfermedades ha sido producida por la muchedumbre de manjares. Mira cuántas cosas mezcla, para hacerlas pasar por la garganta, aquella furia devastadora de mares y tierras. Cosas tan diversas no puede ser, que una vez engullidas, no se combatan unas a otras y se digieran mal a causa de tantas tendencias diversas. No es, pues de extrañar que de manjares tan desavenidos nazcan enfermedades tan caprichosas y variadas, y que elementos tan diversos, encerrados en un mismo lugar, sean rechazados hacia afuera. De aquí viene que nuestras dolencias sean tan variadas como nuestro vivir. 

    El príncipe de los médicos (Hipócrates) y fundador de la medicina dijo que las mujeres no están sujetas a la caída del cabello ni a dolores de pies,  a pesar de todo les cae el cabello y sufren de gota. No ha cambiado la naturaleza de las mujeres, sino que ha sido vencida, ya que al haber igualado el libertinaje de los hombres han adquirido también las dolencias de éstos. No trasnochan menos que ellos, ni beben menos; los desafían ne las luchas atléticas y en la embriaguez; como ellos, vomitan lo que han ingerido a disgusto del estómago, y arrojan tanto vino como han bebido, y como ellos mascan nieve para solaz del febricitante estómago. En lujuria no ceden en nada a los hombres; destinadas por la Naturaleza a un papel pasivo -¡los dioses y las diosas las exterminen!- han inventado un perversísimo sistema de impudicia para entrar en los hombres. ¿Qué tiene, pues, de extraño que el mayor de los médicos y el mejor de los conocedores de la Naturaleza sea encontrado en falsedad, ya que son tantas las mujeres atacadas de gota y de calvicie? Han perdido con los vicios los beneficios de su sexo, y por haberse desvinculado de su condición de mujeres han sido condenadas a las enfermedades de los hombres.

    Los médicos antiguos no sabían prescribir la frecuencia de las comidas, ni sostener un pulso desfalleciente con vino; no sabían extraer sangre, ni atemperar con  baños y sudaciones una enfermedad crónica; no sabían por medio de ligaduras de piernas y brazos desviar a las extremidades un mal secreto residente en el centro del organismo. No precisaba buscar muchas suertes de auxilios; pero ahora, ¡cuán lejos han llegado los azotes de la salud! Así se pagan los réditos de los placeres, anhelados sin ninguna medida ni respeto. No te extrañe que las enfermedades sean innumerables: cuenta los cocineros. Ya no se habla de estudios y los que profesan artes liberales, abandonados por todos, se sientan en unas escuelas desiertas. En las aulas de retóricos y filósofos no campea más que la soledad, pero ¡cuánta concurrencia en las cocinas, cuánta juventud se aglomera cabe los hornillos de los disipadores!  Paso por alto aquellos grupos de muchachos infelices que, terminados los banquetes, son aguardados en las cámara para mayores ignominias. Paso por alto aquellos grupos de adolescentes clasificados por naciones y colores, en forma que los de cada fila tengan el mismo brillo, la misma cantidad de vello, el mismo color de cabello, y que no se mezclen los de cabellera rizada con los que la tengan lisa. Paso por alto la turba de pasteleros, de mocitos que a una señal dada circulan para servir la cena.

    ¡Oh dioses, cuántos hombres hace trabajar un solo vientre! ¿Qué? ¿Crees que no trabajan ocultamente aquellas setas, venenos voluptuosos aunque no maten de golpe? Y esta nieve en pleno estío, ¿no crees que procura obstrucciones al hígado? Esas ostras, carne muy indigesta, engordadas con limo, ¿no imaginas que pueden contagiarnos algo de su pesadez fangosa? Y esa salsa de la sociedad, preciosa podredumbre de pescados malos (garum), ¿no crees que quema las entrañas con su salmuera ácida? Estos guisos purulentos que pasan inmediatamente del fuego a la boca, ¿crees que se apagan sin lesionar las entrañas? ¡Qué eructos tan impuros y pestilentes, qué asco de uno mismo en las exhalaciones de un pasado hartazgo! Piensa que lo que se ha comido no se digiere, se pudre.

    Recuerdo que un tiempo atrás se habló de un plato famoso en el cual había sido reunido todo lo que retiene un día entero en la mesa a nuestros golosos, por un comilón que parecía anhelante de su propia ruina: conchas de Venus, espóndilos, ostras con los bordes recortados de manera que sólo quedaba lo que se tenía que comer: erizos de mar señalaban la división entre ellas, y encima de todo un techo de salmones cortados y sin espina. Cansaba comer plato por plato: los sabores habían sido reunidos en uno solo. Se hace ya a la mesa aquello que se realiza en el vientre del hombre saciado: ¡aun quiero ver servir manjares mascados! ¿Es mucho menos sacar las conchas y los huesos,  encargando al cocinero el trabajo de los dientes? Es demasiado molesto gustar de los manjares uno por uno: es menester servirlos juntos convertidos en un solo sabor. ¿Por qué tengo que extender el brazo para una sola cosa? Vengan muchas a la vez, que se unan y se combinen las cualidades de muchos manjares. Sepan, pues, aquellos que andaban diciendo que la mesa era un medio de ostentación y de gloria, que aquí ya no se presentan los guisos, sino que es menester adivinarlos. Los manjares que se servían por separado vengan todos a la vez aderezados con la misma salsa; no es posible distinguir nada: ostras, erizos de mar, espóndilos, barbos, se sirven mezclados y cocidos a la vez. La comida no es más confusa que si la hubieses vomitado. Tan mezcladas como estos manjares son poco sencillas las enfermedades que de ellos resultan, enfermedades no descomponibles, complejas, multiformes, contra las cuales la medicina ha comenzado también a armarse de toda suerte de remedios y observaciones.

    Lo mismo te digo de la filosofía. Hubo un tiempo en que fue más simple: cuando eran más simples los pecados de los hombres se curaban con remedios más ligeros, pero contra este desastre de las costumbres  es menester intentar todos los esfuerzos. ¡Y ojalá que sea como fuere, este azote pueda ser dominado!…

    Por si fueran insuficientes las críticas al despilfarro realizadas, poco después añade un elemento más que nos recuerda también el precio desorbitado que actualmente se paga por un buen pescado, por un atún rojo por ejemplo en Japon, o el primer salmón de un río asturiano, por el que compiten los restaurantes afamados de la zona.

    Dice Séneca en la misma carta, párrafos 41 y ss.:

    ¿Qué hay más escandaloso que un festín opulento que consume el censo de un cabalalero? ¿Qué tan digno de la nota del censor si, como dicen esos derrochadores, esto tiene que ser concedido a él mismo y a su condición? Sea como fuere, ha habido cenas de ceremonia que han costado trescientos mil sestercios a personas frugalísimas.

    Una misma cosa, si es otorgada a la gula, es vergonzosa; si al honor, queda libre de censura, pues ya no es lujo, sino un dispendio para la solemnidad pública. Tiberio César hizo llevar a vender al mercado un barbo de enorme tamaña -¿por qué no añadir el peso para excitar la gula de algunos?; dicen que pesaba cuatro libras y media-, diciendo: “Amigos, o yo me engaño mucho, o este barbo será comprado por Apicio o P. Octavio”. Su conjetura resultó mejor de lo que aguardaba. Se abre la subasta, vence Octavio y se lleva para los suyos la inmensa gloria de haber comprado por cinco mil sestercios un pescado que César había vendido y que Apicio no había podido comprar. Vergonzoso fue para Octavio dispendio semejante, pero no para aquel que lo hubiese comprado para enviarlo a Tiberio, por más que yo también le censuraría por haber admirado una cosa de la cual creyó digno al César.
    (Traducción de JaimeBofill y Ferro. Editorial Iberia. Barcelona. 1965)

    Fuit sine dubio, ut dicitis, vetus illa sapientia cum maxime nascens rudis non minus quam ceterae artes, quarum in processu subtilitas crevit. Sed ne opus quidem adhuc erat remediis diligentibus. Nondum in tantum nequitia surrexerat nec tam late se sparserat. Poterant vi tus simplicibus obstare remedia simplicia; nunc necesse est tanto operosiora esse munimenta, quanto vehementiora sunt, quibus petimur.
    Medicina quondam paucarum fuit scientia herbarum, quibus sisteretur fluens sanguis, vulnera coirent; paulatim deinde in hanc pervenit tam multiplicem varietatem. Nec est mirum tunc illam minus negotii habuisse firmis adhuc solidisque corporibus et facili cibo nec per artem voluptatemque corrupto, qui postquam coepit non ad tollendam, sed ad inritandam famem quaeri et inventae sunt mille conditurae, quibus aviditas excitaretur, quae desiderantibus ali menta erant, onera sunt plenis.
    Inde pallor et nervorum vino madentium tremor et miserabilior ex cruditatibus quam ex fame macies. Inde incerti  labantium  pedes et semper qualis in ipsa ebrietate titubatio. Inde in totam cutem umor admissus distentusque venter, dum male adsuescit plus capere quam poterat. Inde suffusio luridae bilis et decolor vultus tabesque in se putrescentium et retorridi digiti articulis obrigescentibus nervorumque sine sensu iacentium torpor aut palpitatio  sine intermissione vibrantium.
    Quid capitis vertigines dicam ? Quid oculorum auriumque tormenta et cerebri exaestuantis verminationes et omnia, per quae exoneramur, internis ulceribus adfecta ? Innumerabilia praeterea febrium genera, aliarum impetu saevientium, aliarum tenui peste repentium, aliarum eum horrore et multa membrorum quassatione venientium ?
    Quid alios referam innumerabiles morbos, supplicia luxuriae ?
    Immunes erant ab istis malis, qui nondum se deliciis solverant, qui sibi imperabant, sibi ministrabant. Corpora opere ac vero labore durabant aut cursu defatigati aut venatu aut tellure  versanda.  excipiebat illos cibus, qui nisi esurientibus placere non posset. Itaque nihil opus erat tam magna medicorum supellectile nec tot ferramentis atque pyxidibus. Simplex erat ex causa simplici valitudo; multos morbos multa fericula fecerunt.
    Vide, quantum rerum per unam gulam transiturarum permisceat luxuria, terrarum marisque vastatrix. necesse est itaque inter se tam diversa dissideant et hausta male  male digerantur aliis alio nitentibus. Nec mirum, quod inconstans variusque ex discordi cibo morbus est et illa ex contrariis naturae partibus in eundem compulsa redundant. Inde tam multo  aegrotamus genere quam vivimus.
    Maximus ille medicorum et huius scientiae conditor feminis nec capillos defluere dixit nec pedes laborare; atqui et capillis destituuntur et pedibus aegrae sunt. Non mutata feminarum natura, sed victa est; nam cum virorum licentiam aequaverint, corporum quoque virilium incommoda aequarunt.
    Non minus pervigilant, non minus potant, et oleo et mero viros provocant; aeque invitis ingesta visceribus per os reddunt et vinum omne vomitu remetiuntur; aeque nivem rodunt, solacium stomachi aestuantis. Libidine vero ne maribus quidem cedunt, pati natae, di illas deaeque male perdant! Adeo perversum commentae genus inpudicitiae viros ineunt. Quid ergo mirandum est maximum medicorum ac naturae peritissimum in mendacio prendi, cum tot feminae podagricae calvaeque sint ? Beneficium sexus sui vitiis perdiderunt et, quia feminam exuerant, damnatae sunt morbis virilibus.
    Antiqui medici nesciebant dare cibum saepius et  vino fulcire venas cadentes, nesciebant sanguinem mittere et diutinam aegrotationem balneo sudoribusque laxare, nesciebant crurum vinculo brachiorumque latentem vim et in medio sedentem ad extrema revocare. Non erat necesse circumspicere multa auxiliorum genera, eum essent periculorum paucissima.
    Nunc vero quam longe processerunt mala valitudinis ! Has usuras voluptatium pendimus ultra modum fasque concupitarum. Innumerabiles esse morbos non miraberis: cocos numera. Cessat omne studium et liberalia professi sine ulla frequentia desertis angulis praesident. In rhetorum ac philosophorum scholis solitudo est; at quam celebres culinae sunt, quanta circa nepotum focos iuventus premitur !
    Transeo puerorum infelicium greges, quos post transacta convivia aliae cubiculi contumeliae exspectant. Transeo agmina exoletorum per nationes coloresque discripta, ut eadem omnibus levitas sit, eadem primae mensura lanuginis, eadem species capillorum, ne quis, cui rectior est coma, crispulis misceatur. Transeo pistorum turbam, transeo ministratorum, per quos signo dato ad inferendam cenam discurritur. Di boni, quantum hominum unus venter exercet! Quid ? Tu illos boletos, voluntarium venenum, nihil occulti operis iudicas facere, etiam si praesentanei non fuerunt ?
    Quid ? Tu illam aestivam nivem non putas callum iocineribus obducere ?  Quid ? Illa ostrea, inertissimam carnem caeno saginatam, nihil existimas limosae gravitatis inferre ? Quid ? Illud sociorum garum, pretiosam malorum piscium saniem, non credis urere salsa tabe praecordia ? Quid ? Illa purulenta et quae tantum non ex ipso igne in os transferuntur, iudicas sine noxa in ipsis visceribus extingui ? Quam foedi itaque pestilentesque ructus sunt, quantum fastidium sui exhalantibus crapulam veterem ! Scias putrescere sumpta, non concoqui.
    Memini fuisse quondam in sermone nobilem patinam, in quam quicquid apud lautos solet diem ducere, properans in damnum suum popina congesserat; veneriae spondylique et ostrea eatenus circumcisa, qua eduntur, intervenientibus distinguebantur echinis. Totam dissecti structique  sine ullis ossibus mulli constraverant.
    Piget esse iam singula; coguntur in unum sapores. In cena fit, quod fieri debebat  in ventre. Expecto iam, ut manducata ponantur. Quantulo autem hoc minus est, festas excerpere atque ossa et dentium opera cocum fungi ? " Gravest luxuriari per singula; omnia semel et in eundem saporem versa ponantur. Quare ego ad unam rem manum porrigam ? Plura veniant simul,  multorum ferculorum ornamenta coeant et cohaereant.
    Sciant protinus hi, qui iactationem ex istis peti et gloriam aiebant, non ostendi ista, sed conscientiae dari. Pariter sint, quae disponi solent, uno iure perfusa. Nihil intersit: ostrea, echini, spondyli, mulli perturbati concoctique ponantur." Non esset confusior vomentium cibus.
    Quomodo ista perplexa sunt, sic ex istis non singulares morbi nascuntur, sed inexplicabiles, diversi, multiformes, adversus quos et medicina armare se coepit multis generibus, multis observationibus.
    Idem tibi de philosophia dico. Fuit aliquando simplicior inter minora peccantes et levi quoque cura remediabiles; adversus tantam morum eversionem omnia conanda sunt. Et utinam sic denique lues ista vindicetur !

    ……
    Párr.. 41 y ss.

    Quid est cena sumptuosa flagitiosius et equestrem censum consumente ? Quid tam dignum censoria nota, si quis, ut isti ganeones loquuntur, sibi hoc et genio suo praestet ? Et deciens  tamen sestertio aditiales cenae frugalissimis viris constiterunt. Eadem res, si gulae datur, turpis est; si honori, reprensionem effugit. Non enim luxuria, sed inpensa sollemnis est.
    Mullum ingentis formae—quare autem non pondus adicio et aliquorum gulam inrito ? quattuor pondo et selibram fuisse aiebant—Tiberius Caesar missum sibi cum in macellum deferri et veniri iussisset: " amici," inquit, " omnia me fallunt, nisi istum mullum aut Apicius emerit aut P. Octavius." Ultra spem illi coniectura processit: liciti sunt, vicit Octavius et ingentem consecutus est inter suos gloriam, cum quinque sestertiis emisset piscem, quem Caesar vendiderat, ne Apicius quidem emerat. Numerare tantum Octavio fuit turpe, non illi,  qui emerat, ut Tiberio mitteret, quamquam illum quoque reprenderim; admiratus est rem, qua putavit Caesarem dignum.

  • Dión Crisóstomo recrea el encuentro entre Diógenes y Alejandro y expone sus ideas sobre el origen del poder.

    La anécdota más famosa del primer encuentro de Diógenes con Alejandro Magno le sirvió más tarde a Dión Crisóstomo para recrear el encuentro, ironizar sobre el poder y los poderosos y exponer sus ideas sobre el origen divino del poder y la legitimación de su ejercicio.

    El joven Alejandro murió a los treinta y tres años, se convirtió en un semidios en vida y luego en un mito, cuyos ecos llegan hasta el mundo actual. Su vida, repleta de hechos maravillosos y también otros menos gloriosos, queda adornada de todo tipo de referencias y utilizada para todo tipo de fines educativos, morales o de simple diletantismo.

    Diógenes Crisóstomo es uno de los autores que se sirve del eco de Alejandro y también del eco del filósofo cínico Diógenes para exponer sus teorías sobre el poder, cuyo mejor representante y personificación puede ser Alejandro.

    A los encuentros de Alejandro con el filósofo “perro” ya he dedicado un artículo. Véase https://www.antiquitatem.com/diogenes-alejandro-intelectual-politico

    El texto de Dión puede resultar un poco largo, pero merece leerlo con un poco de calma y meditación: resulta una vez más intrigante comprobar cómo las ideas inculcadas una y otra vez en nuestro inconsciente cultural tienen muchos cientos, varios milenios de antigüedad.

    Dión Crisóstomo (Δίων Χρυσόστομος) es un autor griego de época imperial romana mezcla de retórico y filósofo. Si el nom bre Dión es una forma cariñosa, familiar, hipocorística, de "Dios", Δίωs, genitivo de Zeus; el apelativo "Crisóstomo", Χρυσόστομος, de Χρυσόσ, krisos, oro, y  στόμα, stoma, boca, hace referencia a su "piquito de oro" con popular expresión castellana, a su facilidad de expresión o capacidad retórica.

    Nació hacia el año 40, así que vivió en la segunda mitad del siglo I y primeras décadas del siglo II; nació en Pursa, hoy Bursa, pequeña ciudad de la actual Turquía. Tuvo notable éxito en vida y posteriormente, porque de él, aunque se han perdido numerosas obras, también se conservan más de ochenta discursos. Recorrió numerosas lugares deleitando al auditorio con sus “discursos”, o “dando conferencias” como diríamos hoy.  Perseguido por el emperador Domiciano, que castigó a cuantos se le opusieron de alguna forma, luego fue amigo y protegido de Nerva y Trajano. Domiciano mostró una inquina especial por los filósofos e intelectuales, a los que expulsó de Roma en varias ocasiones.

    Como filósofo mantuvo a su vez una postura intermedia o mezcla de cinismo y estoicismo moralizante. En lo referente al poder su postura era bien distinta de la cínica, que es muy crítica cuando no abiertamente contraria a toda autoridad. Como Homero, a quien él mismo recuerda, piensa que el basileus o rey es un elegido de la divinidad y gobierna al mundo en su nombre. Es como un pastor que cuida de sus ovejas. El poder no es un privilegio personal sino una pesada carga y obligación que ha de ejercer el gobernante en beneficio de los gobernados. El gobernante es como un padre benefactor de súbditos libres que deben amarle y obedecerle. Naturalmente el rey, elegido por la divinidad, ha de ser bueno, justo y sabio para realizar bien su función.

    Bien evidente es con cuánto éxito fructificaron estas ideas estoicas en la Antigüedad en tiempos de los emperadores romanos, con las que coincide exactamente el pensamiento cristiano, que dos siglos más tarde se impondrá políticamente en todo el Imperio romano. Esta es la idea que se afianza en la Edad Media y que en algunos casos ha llegado hasta nuestros días: recuérdese la leyenda que no hace tanto ilustraba las monedas españolas con la efigie del jefe dictador Francisco Franco: “caudillo de España por la gracia de Dios”. El estudio de la influencia de los escritos y pensamiento de Dión en la posteridad es un tema de gran interés. Recordemos que de él se han conservado al menos ochenta discursos precisamente por el interés y asiduidad con que fue leído posteriormente.

    De su Discurso IV Sobre la realeza, en el que reproduce el encuentro entre Diógenes y Alejandro Magno y que debió escribir hacia el año 100 y que tal vez leyera ante el propio Trajano, haré un amplio resumen, con el consejo por otra parte de que el lector interesado lea el discurso completo y otros varios de la amplia obra de Dión.

    Dión parece en este discurso demostrar la superioridad del filósofo, del intelectual, frente al rey, pero ello admitiendo la existencia de la monarquía o poder como institución política, en flagrante contradicción con la postura de los cínicos como Diógenes. Es más, el verdadero rey es hijo de Zeus, como ya dijo Homero, aunque luego la condición de rey verdadero haya de ser ratificada por las cualidades espirituales  y morales y no por la fuerza del poder militar de las armas.

    Tal vez el discurso fue pronunciado ante Trajano en la celebración de su cumpleaños en el año 103. Trajano según Dión fue agraciado con un buen “daimon” o espíritu que dirigió eficazmente su actuación.

    Por otra parte el lector podrá apreciar en estos fragmentos la condición de retórico y a la vez filósofo del exitoso Dión.

    Comienza Dión Crisóstomo su "Discurso IV Sobre  la realeza IV”  narrando el encuentro, que ya conocemos con menos detalle y retórica del artículo antes citado :

    Nota: los textos corresponden a la traducción de Gaspar Morocho Gayo. Editorial Gredos.Madrid. 1988

    párrafos 1-15:

    Se cuenta que un día, Alejandro, que no tenía demasiados asuetos, se encontró con Diógenes que tenía mucho tiempo libre. El uno, efectivamente, reinaba sobre los macedonios y muchos otros pueblos; el otro estaba desterrado de Sínope. Muchos de los que cuentan de viva voz o escriben esta historia quedan maravillados de la franqueza de Diógenes, pero no admiran y alaban menos a Alejandro, que, siendo gobernante de tantos pueblos y el más poderoso de los monarcas de aquel tiempo, no desdeñaba el trato con un hombre pobre, pero dotado de entendimiento y de capacidad de aguante.

    Es un rasgo de la naturaleza humana el que todos los hombres sientan regocijo cuando ven el buen  juicio honrado por la suprema magistratura y potestad, hasta el punto de que acerca de tales hombres no solamente divulgan la verdad, sino que incluso modelan la historia sobrepasando la ficción. Además se quitan a los sabios todos las otras cualidades: riqueza, honores, vigor corporal, a fin de que parezca que no son honrados más que por su inteligencia. Pero, como es lógico, yo querría deciros cómo parece que ocurriera esta entrevista, ya que nosotros nos encontramos libres de otras ocupaciones apremiantes.

    Así pues, Alejandro, según se dice, era entre todos los hombres el más entusiasmado por el honor y el más enamorado de la gloria. Se esforzaba en dejar tras de sí la mejor fama y el mayor renombre que pudiese encontrarse entre todos los helenos y bárbaros venideros. Y deseaba, en efecto, recibir honores no solamente entre los hombres de casi todo el universo, sino también entre los pájaros y las fieras montaraces. Así, pues, menospreciaba a los demás hombres y no creía que ninguno fuese digno rival para medirse con él en asuntos de gobierno, ni el rey de Persia, ni el de Escitia, ni el de la India y ni ningún griego, ni ninguna de las ciudades de la Hélade. En efecto, se daba cuenta de que casi todos habían arruinado sus almas, vencidos por la molicie, la ociosidad, el amor por las ganancias y la voluptuosidad. En cuanto a Diógenes, por el contrario, informado de los razonamientos que hacía, de las acciones que ejecutaba y de la manera con la que soportaba el destierro, a veces lo menospreciaba por su pobreza y simplicidad, como joven que era Alejandro y criado en el boato regio, pero con frecuencia lo admiraba y tenía celos de él por su coraje y su fortaleza y, sobre todo, por la gloria que Diógenes había adquirido, ya que siendo un cualquiera era conocido por todos los helenos, que lo admiraban, porque Alejandro no tenia rival que pudiese mostrar una ambición parecida a la suya. Además, Alejandro tenía necesidad de la falange macedonia, de la caballería tesalia, de los tracios, de los peonios y de otra multitud de pueblos para ir donde quería y conseguir lo que deseaba; mientras que Diógenes, completamente solo, marchaba absolutamente seguro, no solamente de día sino de noche, allí donde le gustase ir. Además, Alejandro necesitaba oro y plata en cantidad para cumplir sus deseos, y aún más, si quería ser obedecido por los macedonios y por los demás helenos, se veía obligado a recurrir a promesas y, muchas veces a dádivas con los gobernantes y el resto del pueblo. Diógenes, por el contrario, no hacía la corte para granjearse el favor de nadie, sino que decía a todos la verdad, no poseía ni una dracma, vivía a su manera y no desistía de ninguno de sus proyectos, llevaba en su aislamiento la existencia que él juzgaba la mejor y más dichosa, y no cambiaría su pobreza por el trono de Alejandro ni por las riquezas juntas de los medos y los persas.

    Por eso precisamente Alejandro estaba herido en lo más vivo, por el pensamiento de que otro tuviese sobre él la ventaja de llevar semejante vida, tan fácil tan retirada y tan exenta de disgustos, y cuyo renombre, además no sería inferior al suyo propio. Quizá también creyese Alejandro que ganaría algo en el trato con este hombre; por eso, desde hacía mucho tiempo deseaba verlo y conversar con él. Cuando Alejandro vino a Corinto, después que recibió a los embajadores de los Estados griegos y despachó los demás asuntos de sus aliados, declaró a los de su séquito que quería tener  un rato de asueto y se marchó, no diría yo a llamar a la puerta de Diógenes, porque Diógenes, en efecto, no tenia puertas, ni grandes ni pequeñas, ni casa que le fuese propia, ni hogar, como los dichosos de este mundo; sino que las ciudades le servían de estancia y allí pasaba su vida en los edificios públicos y en los templos que están consagrados a los dioses, y pensaba que su casa era la tierra toda entera, hogar común y común nodriza de todo el género humano. En aquel momento se encontraba Diógenes en el Craneo completamente solo, pues no tenía a su alrededor ni discípulos ni esa multitud que rodea a los sofistas, a flautistas y a maestros de danza. Así, pues, Alejandro avanzó hacia el filósofo que estaba sentado y lo saludó, y Diógenes le lanzó una mirada terrible, a la manera de los leones, y le pidió que se apartara un poco, ya que en aquel momento se encontraba calentándose al sol.

    Alejandro quedó al instante complacido de ver la audacia y la serenidad de aquel hombre que no se había turbado delante de él. Efectivamente, en cierto modo resulta natural que los hombres valientes sientan amor por los que tienen coraje, mientras que los cobardes desconfían de los valientes y los odian como a enemigos y, además, tienen amor y acogen a los villanos. Por eso, para los valientes, la verdad y la franqueza son las más agradables de todas las virtudes, mientras que para los cobardes lo son el halago y la mentira; estos últimos no escuchan con placer más que a los que vienen a pedirles favores, mientras que, por el contrario los primeros no escuchan más que a los que miran de frente a la verdad.

    Luego Diógenes se muestra especialmente  insolente con el poderoso, llamándole incluso y con toda ironía “bastardo”

    Párr.. 16 y ss.

    Diógenes, pues, esperó un instante, después preguntó al rey quién era y qué motivos había tenido para venir a visitarlo.
    -¿Acaso vienes, le dijo, para llevarte alguna de mis posesiones?
    – ¿Pues quiere esto decir, replicó Alejandro, que tienes riquezas de las que darás parte a otro?
    -Sí, por cierto, respondió Diógenes, y muy numerosas y preciosas, pero no sé si t´podrás recibir jamás algunas de ellas. A decir verdad, estas riquezas no son ni espadas ni copas, ni crateras, ni lechos ni mesas como dicen algunos que posee Darío, entre los persas.
    -¿Y qué?, prosiguió Alejandro.¿Tú no conoces en absoluto al rey Alejandro?
    – El nombre, contestó Diógenes, lo he oído referir a muchos charlatanes que revolotean como grajos en su entorno; en cuanto a él, no lo conozco en absoluto, porque no conozco a ciencia cierta sus pensamientos.
    – Bien, vas a conocerlo ahora, contestó Alejandro, y también sus pensamientos, porque he venido a propósito para enseñarte quién soy y para verte.
    – En cuanto a eso, repuso Diógenes, tendrás dificultad para verme, como los cortos de vista tienen dificultad para ver la luz. Pero, dime: ¿eres tú ese famoso Alejandro del cual se dice que es un bastardo?
    Alejandro se ruborizó al oír estas palabras y fue preso de cólera, pero pudo contenerse…

    Diógenes le hizo ver que si era hijo de un dios, como  él se presentaba, resultaba ser un “bastardo”, aunque divino. Alejandro se sintió halagado.

    Sigue luego un diálogo y consideraciones sobre el buen gobierno y el buen ejercicio de la realeza:

    Párr.. 24 y ss.

    “¿Cómo podría, pues, ejercer la realeza de modo ideal?” El filósofo, lanzándole una mirada severa, le repicó: “Y bien, es tan imposible ser verdaderamente un rey y mal príncipe al miso tiempo, como ser malamente bueno. El rey, en efecto, es entre los hombres el más excelente, siempre que sea el más bravo, el más justo y el más amigo de sus semejantes, el más invencible en todo esfuerzo y en todo deseo… De igual manera que no es posible gobernar un navío sin las cualidades de piloto, tampoco se puede ser rey sin las cualidades de rey”.

    Y Alejandro tuvo miedo de mostrar que ignoraba la ciencia de la realeza.

    Diógenes expone luego cómo hay dos tipos de educación, la una divina, la otra humana; no por mucho leer y conocer muchas historias el hombre es más juicioso y más instruido; los verdaderamente educados son “los nobles de alma” educados por los dioses. No son verdaderos educadores los sofistas ignorantes y charlatanes, que son como perros mal adiestrados o como eunucos libidinosos.

    Párr.. 36 y ss.

    Y al escuchar estas palabras Alejandro se extrañó de por qué motivo comparaba a un sofista y a un eunuco, y preguntó a Diógenes la razón de ello.

    – Esto es porque –dijo Diógenes- los más intemperantes de los eunucos pueden ser hombres y se enamoran de las mujeres, y se acuestan con ellas y no les dejan ni un punto de reposo, pero no pasa nada más, incluso aunque tuvieran trato con ellas noche y día. Pues bien, lo mismo ocurre con los sofistas….

    Critica después Diógenes a quienes como Jerjes y Darío no son verdaderos pastores de sus pueblos, sino carniceros que los llevan al matadero; le advierte a Alejandro que no debe jugar a ser rey como Darío. Alejandro en su ambición por dominar a los persas y al mundo entero, le pregunta a Diógenes quién es su enemigo y Diógenes le responde de manera harto elocuente:

    Párr.. 55 y ss.

    – Además, ¿qué enemigo me quedará todavía –objetó Alejandro-, si me convierto en el dueño de los que ya he citado?

    -Aquel que entre todos, prosiguió Diógenes, es el más difícil de combatir: este no habla ni persa ni medo, como creo que habla Darío, sino macedonio y griego.

    Alejandro, entonces, fue presa de turbación y de angustia. Temiendo que Diógenes conociese en Macedonia o en Grecia algún adversario que se estuviese preparando para hacerle la guerra, le preguntó:

    -¿Quién es, pues, ese enemigo que yo tengo en Grecia o en Macedonia?

    – ¿Tú lo ignoras, contestó Diógenes, y crees, sin embargo, saberlo todo?

    -Entonces, insistió Alejandro-, ¿rehusarás nombrarla y me lo ocultarás?

    -Hace largo tiempo, prosiguió Diógenes, que yo hablo de él, pero tú no me entiendes. Tú mismo eres para ti mismo enemigo, el más irreconciliable y el más temible, mientras seas a la vez vicioso y necio. He ahí, añadió Diógenes, al hombre a quien tú conoces menos que a ningún otro. Ninguno hay, en efecto, entre los necios y malvados que se conozca a sí mismo. Apolo, pues, no habría dado este mandamiento como el primero, si para cada uno de nosotros no fuera lo más difícil el conocernos a nosotros mismos. ¿O es que no consideras la necedad como la más grande y la más grave de las enfermedades de todas y la más lastimosa para los que sufren de ella? ¿Y no es un insensato aquel que se daña más a sí mismo? ¿O es que no es para cada uno de nosotros el más funesto aquel que nos causa el mayor número de males? ¿No reconoces que ése es, entre todos nuestros enemigos, el más encarnizado y el peor? Enfádate y salta contra estos enemigos, concluyó Diógenes, y júzgame el más perverso de los hombres, injúriame delante de  todo el mundo y, en el caso de que te parezca bien, atraviésame con tu lanza, pero di que soy el único de los hombres del cual has oído la verdad que no aprenderás de ningún otro, porque todos los otros hombres valen menos que yo y son menos libres que yo.

    Sigue Diógenes exhortando a Alejandro a ser justo y confiar en las buenas obras y no en las armas. Le pide que prepara a su espíritu, a su demonio, su daimon, su genio, para ser libre y justo y con sentimientos dignos de un rey y no un demonio esclavo y malvado. Le pide en resumidas cuentas que aprenda a pensar por sí mismo.

    Le hace ver luego, enfocando ya el final del discurso, que son muchos los vicios y desdichas de los mortales y tres los géneros de vida predominantes que los cínicos fustigan constantemente, que  arruinan al hombre y ha de superar todo gobernante: el deseo de riquezas, la voluptuosidad y el ansia de poder.

    Párr.. 83 y ss.

    “Pero existen, por así decirlo, tres maneras predominantes de vivir, donde cae la mayor parte de los hombres cuando, ¡por Zeus!, en el examen de las cosas y en la valoración que de ellas hacen, no tienen el razonamiento por guía, sino, al contrario, se dejan arrastrar por un impulso irreflexivo y por el azar. En su mismo nombre he de manifestar cuántos son los demonios a los que sigue y corteja la gran turba ignorante; unos siguen a uno, otros siguen a otro, como un cortejo báquico de miserables y desenfrenados a un guía malvado y loco. De estos tres géneros de vida a que me refería, el primero es el de los amigos de la voluptuosidad y del desenfreno, entregados a los placeres corporales; el segundo es el de los amigos del dinero y la riqueza; el tercero –el que se posa delante de los ojos y causa más trastornos que los otros dos juntos-  es el de los fervientes y el de los adoradores del honor y de la gloria, éste es el que muestra más evidente e irremediable trastorno y locura, y es que el ambicioso se engaña a sí mismo en la idea de que está enamorado de un bello ideal.

    La pretensión de Diógenes al denuncia estas formas de vida es cambiar si es posible a los humanos del vicio, de la mentira, de los malos apetitos para conducirlos a ser amigos de la virtud y amantes de una vida mejor. Por eso describe con toda crudeza y detalle a esos tres tipos de hombres viciosos. Con frecuencia incluso coinciden en una misma persona dos o las tres formas de ser. Concluye

    Párr.. 138

    Un alma así, arrastrada y desgarrada, empujada en todas direcciones, en perpetuos combates y disensiones consigo mismo, necesariamente viene a parar en total desdicha.

    El lector podrá juzgar si Alejandro siguió las enseñanzas del filósofo o fue víctima incontrolada de su propia ambición y pasión por el poder, porque la verdad es que junto a la versión heroica, civilizadora, conquistadora, que las crónicas históricas suelen transmitir, hubo otra realidad de muerte y destrucción menos gloriosa en las conquistas del Grande, del semidios.

  • La ninfa Calisto

    Quien disfrute leyendo o escuchando los coloridos relatos de la mitología grecolatina dispone de una obra esencial para ello: las Metamorfosis de Ovidio. En ella el prolífico poeta nos cuenta los muchos casos de transformación o metamorfosis de hombres, mujeres o personajes mitológicos en otros seres.

    Entre esas transformaciones son especialmente interesantes, entre otras cosas por la fuerza con la que perviven, las conversiones en astros o estrellas, los llamados catasterismos.

    Llamamos “catasterismo” a la conversión o la transformación  de dioses, seres heroicos,  hechos mitológicos, e incluso principios éticos más tarde, en astros, en cuerpos celestes del firmamento, en estrellas o conjuntos de estrellas.

    Se trata de un término técnico o culto griego, compuesto de la preposición kata, κατά (encima, abajo)  y el sustantivo  ἀστήρ, aster,  (estrella, astro).  El término se empleo como título de un librito atribuido al director de la Biblioteca de Alejandría, matemático, geógrafo, astrónomo, médico, filólogo, autor literario,  Eratóstenes.

    Dos de las constelaciones o conjunto de estrellas (eso es lo que significa la palabra constelación, cum stella..) más conocidas e importantes a lo largo de la historia en nuestro hemisferio son la “Osa Mayor”, fruto de la transformación de una ninfa, Calisto y el Boyero, Boötes, o guardián de la Osa, transformación de su hijo Arcas.

    Nos lo cuenta literariamente el citado poeta Ovidio en un largo relato de más de ciento cincuenta versos en Metamorfosis,  libro II, v. 401-550.

    Hoy me permito una pequeña licencia que a buen seguro no molestaría a Ovidio; en el mundo antiguo un mismo tema mitológico se rehace y modifica, se reduce o amplia una y otra vez por diversos autores.

    Me permito hacer, pues, una versión reducida del relato ovidiano que tal vez sea más fácil de leer que el texto original para posibles lectores actuales, si bien ofreceré al final para el lector interesado el propio texto del autor latino con su correspondiente traducción.

    LA  NINFA  CALISTO

    Júpiter, el dios todopoderoso, recorría vigilante el amplio y sereno cielo y observaba con desgana la tierra en la que los hombres viven. En sus viajes diarios por el firmamento se detuvo muchas veces en Arcadia, fértil región de la tierra especialmente querida para él, gobernada por  Licaón, rey culto y religioso, respetado por sus ciudadanos a los  que por fin civilizó obligándoles a abandonar  su  forma de vida  primitiva y ruda.

    Tenía Licaón numerosos hijos y entre ellos una hija que se llamaba Calisto. Su extraordinaria belleza atrajo la atención amorosa de Júpiter, que con excesiva frecuencia traicionaba a su esposa Juno.

    La hija de Licaón no gustaba de la vida muelle de palacio, ni ocupaba el tiempo en cardar la lana o perfumar su cuerpo de bellas formas. Sujetos sus cabellos desordenados con una blanca cinta y anudado su vestido con un ligero broche, armada con el curvo arco y las flechas puntiagudas al hombro, recorría los bosques frondosos acompañando a Diana, diosa virgen, libre y  certera cazadora.  

    Un caluroso día de verano, cuando el sol ya estaba a mitad de su carrera, descansaba  Calisto solitaria tendida en el verde suelo del bosque, reposando la cabeza sobre el carcaj multicolor. Cuando Júpiter la vio tan hermosa e indefensa, ardiendo de pasión como sólo los dioses pueden arder, pensó:

        — Mi esposa Juno no se enterará de este amor secreto

    Y tomando la figura de la diosa Diana se acercó a Calisto:

    — Hermosa doncella, hoy has cazado de manera extraordinaria y certera.

    Se levantó de ágil salto Calisto y respondió con palabras agradecidas:

    — Gracias, mi querida y amada diosa. Yo creo que eres más grande y poderosa que el mismo Júpiter, que no nos oye.

    Júpiter se sonrió al escucharla, la abrazó con fuerza contra su pecho poderoso y la colmó de besos lascivos, impropios de la diosa virgen cuya figura había suplantado.

    Quiso Calisto inútilmente soltarse del divino abrazo, consciente ya del engaño adúltero. Pero ¿quién puede vencer al poderoso Júpiter?

    Cuando Júpiter voló insensible al éter, Calisto recogió su aljaba y su arco y huyo veloz del bosque cómplice, para siempre odioso.

    Cierto día, después de una buena cacería, Diana, feliz y contenta, llama  a Calisto, que, temiendo fuera Júpiter de nuevo disfrazado, huye corriendo a esconderse en el frondoso bosque. Pero,  viendo a la diosa rodeada de sus ninfas que impedían el engaño, se acercó cabizbaja al grupo. El rubor de su semblante delataría su pudor herido a Diana, si la diosa no fuera  virgen inexperta.

    Fatigadas por la larga cacería, alcanzaron un fresco arroyo de aguas cristalinas. Diana apenas sumergió su virginal pie en el agua fresca que corría murmullosa y dijo amable:

      — Descansemos un rato. Nadie nos ve aquí; desnudémonos y refresquemos nuestros cuerpos en estas aguas cristalinas.

    Todas las ninfas se despojaron presto de sus vestidos de caza, pero Calisto, de nuevo ruborizada, dilataba su desnudez. Cuando por fin se quitó la ropa, apareció evidente en su cuerpo la culpa que inútilmente quería ocultar con sus manos.

    Irritada la diosa virgen gritó a la avergonzada ninfa:

    — Aléjate rápido de nosotras, traidora,  y no mancilles estas aguas  sagradas.

    Museo del Prado. Rubens: Calisto y Diana

    Pasó el tiempo necesario y nació el pequeño Arcas, fruto de aquella forzada unión. Juno, esposa de Júpiter hacía tiempo que conocía ya lo sucedido. Llegado ahora el momento propicio, no dilató por más tiempo su cruel castigo. Así dijo airada la diosa poderosa:

       — Sólo faltaba, adultera, que fueras fecunda y que un hijo tuyo testificase ante todos los dioses el ultraje vergonzoso de mi esposo Júpiter. Pronto te arrebataré la belleza de tu cuerpo con la que atrajiste a mi adúltero marido.  

    Y diciendo esto, la agarró de sus rubios cabellos y la arrojó al suelo con toda violencia. Tendía Calisto sus brazos suplicantes, que inapelablemente se cubrían de negros pelos; tendía sus manos que se convertían en garras retorcidas y su dulce boca, apetecida por Júpiter, se transformaba en deformes fauces animales. De su ronca garganta no surgen palabras suplicantes que conmoverían el corazón, sino un ronco rugido que llena de terror.

    Convertida en osa, conserva sin embargo su alma anterior, como atestiguan sus constantes gemidos de dolor y sus manos levantadas hacia lo alto, tal vez protestando la insensible ingratitud de Júpiter, el padre de los dioses que a todos amedrenta con sus rayos.

    Ahora Calisto anda errante en la soledad del bosque y de los campos peligrosos. Quien antes cazaba infatigable, ¡cuántas veces ahora se esconde perseguida por los ladridos de los perros y las flechas de los cazadores! Incluso siendo ahora una osa, siente miedo al ver a los fieros osos en lo alto de las peñas.

    Transcurrieron muchos años y Arcas, el hijo de Calisto a la que no conoció, persigue a las fieras por los desfiladeros y bosques del monte Erimanto, en la fértil Arcadia. Cierto día Arcas se topa  con su madre, que parece reconocerlo y fija en él su negros ojos. Cuando la madre se acerca insegura al hijo, a punto  está de morir atravesada por la flecha que Arcas coloca en su arco tensado, pero el todopoderoso Júpiter impidió el terrible sacrilegio. Arrebatados de la dura tierra, transportados a través del espacio los colocó en el cielo, transformados para siempre en dos constelaciones vecinas de brillantes estrellas, la “Osa Mayor” y "El Boyero" (Boötes o el guardián de la Osa).

    ……………….

    Versión completa del relato de Ovidio

    Calisto

    El padre omnipotente rodea las enormes murallas del cielo y examina si algo, debilitado por la fuerza del fuego, puede derrumbarse. Una vez que ve que están firmes y con toda su fortaleza, dirige su mirada a la tierra y a los penosos trabajos de los hombres. Su mayor motivo de preocupación es la Arcadia: restablece las fuentes y los ríos que todavía no se atrevían a correr, da césped a la tierra y hojas a los árboles, y ordena que los bosques dañados reverdezcan.

    Mientras vuelve allí una y otra vez, se queda prendado de una muchacha de Nonacris y el fuego recibido de la pasión ardió bajo sus huesos. Las ocupaciones de ella no eran ni cardar la lana para hacerla suave ni cambiar la forma de su peinado. Tan pronto el broche sujetaba su vestido y una cinta blanca sus cabellos sueltos, inmediatamente ya había cogido con su mano el ligero venablo o bien el arco y se presentaba semejante a Febe (Diana) y nunca muchacha alguna más querida que esta por la Trivia (Diana) pisó el monte Ménalo. Pero ninguna posibilidad es duradera.

    El sol alto ya ocupaba un espacio más allá de la mitad de su recorrido, cuando ella entró en el bosque que ninguna edad había talado. Se quitó entonces la aljaba de los hombros y distendió el arco flexible, y se tumbó en el suelo que cubría la hierba, y presionaba la aljaba de colores con su cabeza apoyada.

    Cuando Júpiter la vio cansada y libre de ningún vigilante, dijo: “ciertamente mi esposa no conocerá este robo y si se enterara sus reproches merecen, merecen sin duda la pena”. Inmediatamente se reviste del rostro y vestidos de Diana y dice:

    “Oh doncella, parte especial de mis acompañantes, en que montes has estado cazando?”. La muchacha se levanta del césped y dice: salud, diosa, en mi opinión mayor que Júpiter, aunque él mismo me oiga.”  Pero él se ríe y lo oye y se alegra de que sea el preferido y le da besos ni lo debidamente moderados ni que deban ser dados por una doncella.

    Cuando ella se disponía a contarle en qué bosque iba a cazar, se lo impide con su abrazo y se delata no sin un acto  criminal. Ella ciertamente se muestra contraria tanto cuanto apenas puede una mujer (ojalá la hubieras visto, Saturnia (Juno); serías ahora más benévola), lucha ella ciertamente, pero ¿a quién podría  vencer una muchacha? ¿quién podría vencer a Júpiter?.

    Victorioso, Júpiter se dirige al cielo divino: para ella en cambio  el bosque y la cómplice espesura son motivo de odio.   Al apartar de allí sus pies, casi olvidó recoger su aljaba con sus dardos y el arco que había dejado colgado.

    Mas he aquí que acompañada de su coro, Dictina (Diana) está entrando en el alto Ménalo y orgullosa por la matanza de las fieras, la ve y una vez vista la llama; pero huye cuando es llamada y al principio tiene miedo de que sea Júpiter en la figura de ella. Pero después que vio que a la par con ella marchaban las ninfas, comprendió que no había engaño y se sumó al grupo de ellas. Pero, ¡ay! qué difícil  es no delatar el crimen en el rostro!… Apenas levanta los ojos del suelo, ni, como antes acostumbraba, se une al lado de la diosa, ni es la primera de todo el grupo, sino que guarda silencio y da muestras con su rubor del pudor ultrajado. Y si Diana no fuera virgen, habría podido con mil detalles darse cuenta de la culpa; dicen que en cambio las ninfas si se dieron cuenta.

    Los cuernos de la luna reaparecían en su novena órbita (en el noveno mes), cuando la diosa, cansada de cazar bajo las llamas de su hermano (el Sol), alcanzó un bosque fresco, por el que corría un arroyo deslizándose entre murmullos y revolvía las límpidas arenas.

    Como quiera que alabó el lugar, (le gustó), tocó las aguas con su pie: alabadas también éstas, dijo: todo testigo está lejos;  sumerjamos nuestros cuerpos desnudos en las aguas transparentes”. La Parráside (Calisto) enrojeció. Todas se quitan sus vestidos; una sola busca retrasarlo. Le quitan el  vestido a la vacilante; y una vez quitado, con su cuerpo desnudo, quedó patente su falta criminal. A quien atónita quería esconder su vientre con sus manos, le dijo la Cintia (Diana): “vete lejos de aquí y no manches las sagradas fuentes”, y le ordenó separarse de su grupo.

    Hacía tiempo que la esposa del gran Tonante (Júpiter) se había enterado de todo esto y había aplazado un duro castigo para el momento adecuado. Ningún motivo había ya para la demora, pues ya el niño Arcas había nacido de su rival; esto mismo dolió también a Juno.

    Tan pronto como dirigió a él su mirada y su cruel intención,dijo: “precisamente sólo me faltaba ya  esto, adúltera, que fueras fértil y con tu parto fuera conocido el agravio y quedase bien atestiguado el deshonor de mi Júpiter. No lo llevarás sin castigo: pues te quitaré la figura con la que te complaces a ti misma, pero también con la que inoportuna complaces a mi marido”.
    Dijo, y colocada frente a ella, cogiéndola por los cabellos, la arrojó boca abajo al suelo. Tendía ella suplicante sus brazos; pero sus brazos comenzaron a erizarse de negros pelos  y sus manos a curvarse y a prolongarse con ganchudas uñas, ofreciéndole la función de los pies, y su boca, en otro tiempo alabada por Júpiter, a deformarse con su ancho hocico.

    Y le arrebata el poder hablar para que ni los ruegos ni las palabras suplicantes dobleguen su corazón.  Sale de su ronca garganta una voz irritada y amenazadora y llena de terror.

    Sin embargo permanece en ella su mente anterior incluso convertida en osa, y manifestando su dolor con su constante gemido, levanta sus manos cual ahora son al cielo y a las estrellas y aunque no puede decirlo, siente que Júpiter es un ingrato.

    ¡Ah! ¡Cuántas  veces, no atreviéndose a descansar en el bosque solitario, anduvo errante delante de su casa y en los campos en otro tiempo suyos! ¡Ay! ¡Cuántas veces ha sido empujada entre las rocas por los ladridos de los perros y ella, que fue cazadora, huye ahora asustada por el miedo a los cazadores!

    Muchas veces se ocultó de la vista de las fieras, olvidando lo que era, y siendo una osa se asustó de ver osos en los montes, y tuvo miedo de los lobos, aunque su padre (Licaón) se encontraba entre ellos.

    Y he aquí que llega Arcas, hijo de la Licaonia, que desconoce a su madre, cumplidos ya casi sus quince años. Mientras persigue a las fieras y mientras elige los bosques adecuados y rodea con densas redes los bosques de Erimanto, se encuentra con su madre, que se detuvo al ver a Arcas, y pareció como que le conocía.

    El huyó e ignorante tuvo miedo de la que mantenía fijos los ojos sin fin en él y cuando ella intentó avanzar más cerca, estuvo a punto de atravesar su pecho con un dardo mortífero. Lo impidió el todopoderoso y los detuvo al mismo tiempo a ellos dos y al criminal acto, y arrebatados por un rápido viento a través del espacio  vacío los colocó en el cielo y los hizo constelaciones vecinas (la Osa Mayor y Artofilacte o Arturo, el Guardián de la Osa, el Boyero).

    Se enfureció Juno, cuando su rival brillaba entre las estrellas, y descendió a la superficie del mar para ver a la blanca Tetis y al anciano Océano, cuyo respeto obliga con frecuencia a los dioses, y les expone cuando le preguntan la causa de su viaje.

    Preguntáis por qué yo, la reina de la morada de los dioses, estoy aquí?  Otra es la que tiene el cielo en vez de mí. Mentiría si cuando la noche haya hecho oscuro el cielo,  no veis honradas hace poco en lo alto del cielo, mis ultrajes, como estrellas allí, en donde el último círculo y de más corto recorrido rodea la parte última del eje.  ¿Hay pues motivo por el que alguien no quiera insultar a Juno o me tema ofender a mí, que soy la única que perjudicando a alguien le favorezco?

    ¡Oh! ¡cuántas cosas grandes he hecho! ¡Cuán grande es mi poder! Prohibí que fuese un ser humano y se la ha hecho diosa. Así impongo yo el castigo a los culpables, así es mi gran poder. ¡Que le restituya  su antigua apariencia y que le quite su rostro de fiera, como ya hizo antes con la argólica Forónide (Io)! ¿Por qué no se casa con ella expulsando a Juno y la coloca en mi lecho y toma a Licaón como suegro?

    Pero vosotros, si os afecta el desprecio de la que criasteis ahora ultrajada, apartad a los  Siete Triones (la Osa Mayor) del azul abismo y rechazad a estas estrellas recibidas  en el cielo, como recompensa del adulterio para que una concubina no se bañe en vuestras aguas puras.”

    ….

    t pater omnipotens ingentia moenia caeli
    circuit et ne quid labefactum viribus ignis
    corruat explorat. Quae postquam firma suique
    roboris esse videt terras hominumque labores
    perspicit. Arcadiae tamen est impensior illi
    cura suae: fontes et nondum audentia labi
    flumina restituit dat terrae gramina, frondes
    arboribus, laesasque iubet revirescere silvas.
    Dum redit itque frequens, In virgine Nonacrina
    haesit et accepti caluere sub ossibus ignes.
    Non erat huius opus lanam mollire trahendo
    nec positu variare comas; ubi fibula vestem,
    vitta coercuerat neglectos alba capillos,
    et modo leve manu iaculum, modo sumpserat arcum,
    miles erat Phoebes: nec Maenalon attigit ulla
    gratior hac Triviae. Sed nulla potentia longa est.
    Ulterius medio spatium sol altus habebat,
    cum subit illa nemus, quod nulla ceciderat aetas.
    Exuit hic umero pharetram lentosque retendit
    arcus, inque solo, quod texerat herba, iacebat
    et pictam posita pharetram cervice premebat.
    Iuppiter ut vidit fessam et custode vacantem,
    “hoc certe furtum coniunx mea nesciet” inquit,
    “aut si rescierit sunt o sunt iurgia tanti.”
    Protinus induitur faciem cultumque Dianae
    atque ait: “O comitum, virgo, pars una mearum,
    in quibus es venata iugis?” De caespite virgo
    se levat et “salve numen, me indice”, dixit
    “audiat ipse licet maius Iove.” Ridet et audit,
    et sibi praeferri se gaudet et oscula iungit
    nec moderata satis nec sic a virgine danda.
    Qua venata foret silva, narrare parantem
    impedit amplexu, nec se sine crimine prodit.
    Illa quidem contra, quantum modo femina possit
    (adspiceres utinam, Saturnia: mitior esses !),
    illa quidem pugnat: sed quem superare puella,
    quisve Iovem poterat? — Superum petit aethera victor
    Iuppiter: huic odio nemus est et conscia silva.
    Unde pedem referens paene est oblita pharetram
    tollere cum telis et quem suspenderat arcum.
    Ecce, suo comitata choro Dictynna per altum
    Maenalon ingrediens et caede superba ferarum
    adspicit hanc visamque vocat: clamata refugit,
    et timuit primo, ne Iuppiter esset in illa.
    Sed postquam pariter nymphas incedere vidit,
    sensit abesse dolos numerumque accessit ad harum.
    Heu quam difficile est crimen non prodere vultu!
    Vix oculos attollit humo, nec, ut ante solebat,
    iuncta deae lateri, nec toto est agmine prima,
    sed silet et laesi dat signa rubore pudoris;
    et nisi quod virgo est poterat sentire Diana
    mille notis culpam; nymphae sensisse feruntur.
    Orbe resurgebant lunaria cornua nono,
    cum dea venatu, fraternis languida flammis,
    nacta nemus gelidum, de quo cum murmure labens
    ibat et attritas versabat rivus harenas.
    Ut loca laudavit, summas pede contigit undas:
    his quoque laudatis “procul est” ait “arbiter omnis;
    nuda superfusis tingamus corpora lymphis.”
    Parrhasis erubuit. Cunctae velamina ponunt:
    una moras quaerit. Dubitanti vestis adempta est;
    qua posita nudo patuit cum corpore crimen.
    Attonitae manibusque uterum celare volenti
    “i procul hinc” dixit “nec sacros pollue fontes”
    Cynthia; deque suo iussit secedere coetu.
    Senserat hoc olim magni matrona Tonantis
    distuleratque graves in idonea tempora poenas.
    Causa morae nulla est, et iam puer Arcas (id ipsum
    indoluit Iuno) fuerat de paelice natus.
    Quo simul obvertit saevam cum lumine mentem,
    “scilicet hoc etiam restabat, adultera” dixit,
    “ut fecunda fores, fieretque iniuria partu
    nota, Iovisque mei testatum dedecus esset.
    Haud impune feres: adimam tibi nempe figuram,
    qua tibi, quaque places nostro, importuna, marito.”
    Dixit et adversa prensis a fronte capillis
    stravit humi pronam. Tendebat bracchia supplex:
    bracchia coeperunt nigris horrescere villis
    curvarique manus et aduncos crescere in ungues
    officioque pedum fungi, laudataque quondam
    ora Iovi lato fieri deformia rictu.
    Neve preces animos et verba precantia flectant
    posse loqui eripitur; vox iracunda minaxque
    plenaque terroris rauco de gutture fertur.
    Mens antiqua tamen facta quoque mansit in ursa,
    adsiduoque suos gemitu testata dolores
    qualescumque manus ad caelum et sidera tollit
    ingratumque Iovem, nequeat cum dicere, sentit.
    A quotiens, sola non ausa quiescere silva,
    ante domum quondamque suis erravit in agris!
    A quotiens per saxa canum latratibus acta est
    venatrixque metu venantum territa fugit!
    Saepe feris latuit visis, oblita quid esset,
    ursaque conspectos in montibus horruit ursos
    pertimuitque lupos, quamvis pater esset in illis.
    Ecce, Lycaoniae proles, ignara parentis,
    Arcas adest, ter quinque fere natalibus actis:
    dumque feras sequitur, dum saltus eligit aptos
    nexilibusque plagis silvas Erymanthidas ambit,
    incidit in matrem; quae restitit Arcade viso
    et cognoscenti similis fuit. Ille refugit
    inmotosque oculos in se sine fine tenentem
    nescius extimuit propiusque accedere aventi
    vulnifico fuerat fixurus pectora telo.
    Arcuit omnipotens pariterque ipsosque nefasque
    sustulit, et celeri raptos per inania vento
    imposuit caelo vicinaque sidera fecit.
    Intumuit Iuno, postquam inter sidera paelex
    fulsit et ad canam descendit in aequora Tethyn
    Oceanumque senem, quorum reverentia movit
    saepe deos, causamque viae scitantibus infit:
    “Quaeritis, aetheriis quare regina deorum
    sedibus huc adsim? pro me tenet altera caelum.
    Mentiar, obscurum nisi nox cum fecerit orbem,
    nuper honoratas summo, mea vulnera, caelo
    videritis stellas illic, ubi circulus axem
    ultimus extremum spatioque brevissimus ambit.
    Est vero, cur quis Iunonem laedere nolit
    offensamque tremat, quae prosum sola nocendo?
    O ego quantum egi! quam vasta potentia nostra est!
    Esse hominem vetui: facta est dea. Sic ego poenas
    sontibus impono, sic est mea magna potestas.
    Vindicet antiquam faciem vultusque ferinos
    detrahat, Argolica quod in ante Phoronide fecit.
    Cur non et pulsa ducit Iunone meoque
    collocat in thalamo socerumque Lycaona sumit?
    At vos si laesae tangit contemptus alumnae,
    gurgite caeruleo septem prohibete triones
    sideraque in caelo, stupri mercede, recepta
    pellite, ne puro tingatur in aequore paelex.”