Categoría: Arte

  • Ovidio en el Museo del Prado (Ovidio V)

    De los tres poetas latinos más famosos de la época de Augusto, Virgilio, Horacio y Ovidio, sin duda el más influyente de todos ellos en la cultura occidental ha sido Ovidio, aunque no sea el mejor valorado por la crítica literaria. La influencia de Ovidio se ha dejado sentir desde la propia Antigüedad, durante la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días en todas las artes, en las literarias por supuesto, pero también de manera especial en la pintura y hasta en la música. Este es un tema muy atendido por los estudiosos y al que quizás debiera por mi parte dedicar algún amplio comentario en algún momento. Algo de ello he dicho en alguno de los artículos que he publicado al hilo de la celebración del bimilenario de la muerte del poeta.

    Me referiré brevemente, sin embargo, a su influjo en la pintura del Museo del Prado de Madrid. Ovidio está presente en todos los museos importantes del mundo (Museo del Louvre o la  National Gallery (Londres) o la   Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo, etc. etc.) a través de su influjo en los pintores, sobre todo del Renacimiento y Barroco (Rubens, Velázquez, Tiziano…)  pero también contemporáneos, como Picasso.

    El influjo es sobre todo el de su libro de mitología Las Metamorfosis o transformación de unos seres en otros, generalmente humanos o dioses en animales, árboles o estrellas, verdadero tratado de mitografía.

    Me referiré de manera exclusiva y breve a su presencia en el Museo del Prado de Madrid. En realidad es absolutamente aconsejable a quien visite este importante museo, una de las “pinacotecas” más importantes del mundo, que lo hagan tras una lectura previa de la obra de Ovidio las Metamorfosis o de alguna de las guías y publicaciones que sobre el tema existen o de una visita a la página web del propio museo

    https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=metamorfosis&ordenarPor=pm:relevance

    Nota: la palabra “pinacoteca” nos ha llegado a través de la latina “pinacotheca", pero en realidad es de origen griego: πινακοθήκη, pinakotheke, palabra a su vez compuesta de πινακος, pinakos,  genitivo de πίναξ, pinax, que significa “cuadro” y θήκη, thêke,  “caja, armario, estantería) y por extensión colección de cosas y objetos en ellas depositadas.

    La consulta a este enlace en el momento de la publicación de este artículo ofrece la referencia inmediata de 158 obras, alguna de ellas de las más famosas de las que alberga el Museo. Bien es cierto que no todas ellas son deudoras exclusivamente de Ovidio, pero sí la enorme mayoría. Me limitaré presentar tan sólo tres con el correspondiente texto de Ovidio y a citar algunas de las restantes para animar al lector a que busque por sí mismo las correspondencias, experiencia que puede extender a cualquier otro museo, como al Museo del Louvre o la  National Gallery (Londres) o la   Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo, etc. etc.

    El lector puede encontrar amplia información en numerosos libros y artículos publicados sobre ello, de manera general en la obra de  Amalia Fernández: Diosesy mitos. Una aproximación literaria a la pintura mitológica del Museo del Prado, Madrid, 1998); o en la de Rosa López Torrijos (Mitología e Historia en las obras maestras del Prado, Madrid, 1998) o de manera más concreta en  Mª. Cruz García Fuentes: Mitos de las Metamorfosis de Ovidio en la Iconografía del Museo del Prado, Madrid, Edit. C. E. R. S. A., 2013.

    Me limitaré a relacionar, como decía, a título de ejemplo, tres o cuatro grandes obras del Museo, del centenar y medio expuestas, con el correspondiente texto de las Metamorfosis de Ovidio. Espero que ello sea suficiente aliciente para que el lector localice y ambiente la visita al Museo con la lectura de Ovidio:

    El pintor Pedro Pablo Rubens (1577-1640) está ampliamente representado en el Museo del Prado con pinturas de tema mitológico, cuyo encargo recibió del rey Felipe IV para decorar la “Torre de la Parada”. La mayor parte de las escenas mitológicas de las pasiones de los dioses se inspiraron en la descripción que Ovido hace en las Metamorfosis.

    Sirvan como ejemplo: 

    Deucalión y Pirra. (1636 – 1637. Óleo sobre tabla, 26,4 x 41,7 cm.)

    En la mitología grecorromana existe también un diluvio con el que Júpiter castiga la maldad de la raza humana, que debe perecer. Sólo Deucalión, hijo de Prometeo, y su esposa Pirra se salvan del castigo en su arca, que quedó varada en el monte Parnaso, en el Peloponeso griego. Esta pareja dará origen a una nueva raza de hombres.

    Aunque el cuadro de Rubens se refiere sólo a la creación de los nuevos hombres, retomaré el relato desde la aparición de Deucalión en el poema de Ovidio.

    Ovidio nos relata el episodio del diluvio y la supervivencia de Deucalión y Pirra en Metamorfosis, I, 309-430:

    La incontenible avalancha del océano había cubierto ya las colinas, y olas inéditas golpeaban las cimas de los montes. La mayor parte de los mortales fue arrebatada por las olas; aquellos a quienes las olas perdonan perecen de inanición tras prolongado ayuno.
    La Fócide separa las campiñas aonias de las acgteas, gtierra feraz mientras era tierra, pero en aquel momento era una parte del mar, una dilatada llanura de aguas repentinas. Un elevado monte se yergue allí hacia los asgtros en dos cimas; se llama el “Parnaso “ y sus cumbres se levantan por encima de las nubes. Cuando a aquel paraje, único que las aguas no habían cubierto, arribó Deucalion, conducido, con la esposa que compartía su lecho, por una pequeña embarcación, ambos rindieron tributo de adoración a las ninfas coricidas, a las divinidades de la montaña y a la profética Temis que entonces se encargaba de los oráculos. No ha habido hombre más excelente ni más amante de la justicia que Deucalion, ni tampoco mujer alguna mas temerosa de los dioses que la suya. Cuando Júpiter vio que el mundo estaba cubierto de una líquida sabana formando un inmenso estanque, y que un solo varón quedaba de tantos miles y que una sola mujer quedaba de tantos miles, inocentes ambos, adoradores de la divinidad ambos, dispersó los nubarrones, hizo, valiéndose del aquílón, que las lluvias cesasen, y mostró al cielo la tierra y el empireo a la tierra. No persiste tampoco la cólera del mar, y el soberano del piélago abandona su arma de tres puntas, apacigua las aguas, llama al azul Tritón que se erguia sobre el abismo con los hombros cubiertos de su nativa púrpura, y le ordena que sople en su sonora concha y que haga retirarse, dando la oportuna señal, a las olas y a los ríos. Toma él entonces su hueca trompa, que en espiral va aumentando de tamaño conforme sube desde su voluta inferior, trompa que, cuando en mitad del ponto recibe el aéreo soplo, colma de su sonido las playas que se extienden bajo ambos soles. También entonces, tan pronto como tocó el rostro del dios, que chorreaba por su barba empapada, y emitió, al recibir el soplo, la señal de retirada conforme a lo ordenado, fue oida por todas las aguas de tierra y de mar, y a todas las aguas que la oyeron impuso su freno. Ya tiene ribera el mar, el cauce contiene toda su corriente, descienden los rios y se advierte que van sobresaliendo las colinas; aparece la tierra, se van ensanchando los parajes al decrecer las aguas, y tras el largo lapso enseñan las selvas sus copas ya desnudas y sostienen el fango que ha quedado entre las hojas.

    El mundo estaba restaurado; pero al verlo Deucalion vacío y al ver las tierras desoladas y sumidas en profundo silencio, habló asi a Pirra con lagrimas en los ojos: “Oh hermana, oh esposa, oh mujer única superviviente, que, unida a mi por la consanguinidad, por el lazo de hermandad de nuestros padres, y después por el matrimonio, ahora lo estas por los peligros mismos; de toda la tierra que contemplan el ocaso y el orto nosotros dos somos la única población; todo lo demás está en poder del ponto. Incluso ahora no tenemos todavia suficiente seguridad ni garantia para nuestra vida; aún los nubarrones aterrorizan mi alma. ¿Cual sería tu estado de animo ahora, infeliz, si hubieras sido arrancada a la muerte sin mi? ¿De qué modo hubieras podido soportar el miedo? ¿Quién proporcionaria consuelo a tu dolor? Porque yo mismo, creerne, si a ti te poseyera también el ponto, yo te seguiría, esposa, y también a mi me poseeria el ponto. |Ojalá pudiera yo restablecer la población del mundo con las facultades de mi padre y derramar vida en la tierra después de modelarla. Pero en nosotros dos está todo lo que queda de la estirpe mortal; asi lo han decidido los dioses, y subsistimos como ejemplares únicos de humanidad. Acabó de hablar y ambos lloraban. Acordaron dirigir sus plegarias a los poderes celestiales y pedir auxilio valiéndose del oráculo sagrado. Sin la menor tardanza acuden juntos a las aguas del Cefiso, que si aún no estaban limpidas, al menos atravesaban ya sus habituales parajes. De alli tomaron unas gotas con las que rociaron sus ropas y cabezas, tras de lo cual encaminan sus pasos al santuario de la diosa augusta, cuyos tejados verdeaban cubiertos de sucio musgo y cuyos altares estaban desprovistos de fuego. Cuando alcanzaron las gradas del templo se prosternaron ambos en tierra y besaron, llenos de temor, la fria piedra; y hablaron así: “Si las deidades se ablandan. desarmadas, por las preces de los justos, si se doblega la cólera de los dioses, di, Temis, por qué medios podria repararse la pérdida de nuestra raza, y, en tu extraordinaria clemencia, socorre a un mundo sumergido”. Conmovida la diosa dio esta respuesta: “Alejaos del templo, cubríos la cabeza, soltad los lazos que sujetan vuestras ropas, y arrojad a vuestra espalda los huesos de la gran madre." Mucho tiempo quedaron confusos, hasta que fue Pirra la primera que rompió el silencio con su voz, rehusando obedecer las órdenes de la diosa; con palabras trémulas le pide perdón y se espanta ante la idea de ultrajar las sombras de su madre arrojando sus huesos. Mientras, vuelven a meditar sobre las palabras oscuras, de insoluble maraña, del oráculo de la diosa, y les dan vueltas y mas vueltas. Hasta que el Prometida tranquiliza a la Epímétide con palabras reconfortantes diciéndole: “O me engaña mi inteligencia, o el oráculo es santo y no nos aconseja ningún crimen. La gran madre es la tierra; me parece que los huesos de que en él se habla son las piedras en el cuerpo de la tierra; éstas son las que se nos ordena arrojar a nuestras espaldas."

    Aunque esta interpretación de su esposo produjo impresión en la Titania“, sus esperanzas, sin embargo, vacilan todavia; hasta ese punto desconfían ambos de las órdenes divinas; pero ¿qué mal habra en probar? Se alejan, cubren sus cabezas, se desciñen las túnicas, y van tirando sobre sus huellas las piedras prescritas. Los pedruscos (¿quién lo creeria si no lo atestiguara la antigua tradición?) empezaron a despojarse de su dureza y de su rigidez, a ablandarse conforme pasaba el tiempo, y, una vez ablandados, a tomar forma. Después, cuando crecieron y adquirieron una naturaleza más suave, podía ya parecer aquello un algo de figura humana, aunque todavia no resultaba evidente, sino que era como una obra empezada en mármol, no bien terminada aún y semejante a las estatuas a medio hacer. Ahora bien, todo lo que en aquellas piedras habia de húmedo o tenía algún jugo o era de tierra se convirtio en carne para formar el cuerpo; lo que habia de solido y que no podia doblarse se transformó en huesos; lo que era vena permaneció con el mismo nombre; y asi en breve espacio, por voluntad de los dioses, los pedruscos lanzados por las manos del hombre cobraron aspecto de hombres, mientras la mujer fue recreada por las que la mujer arrojaba. Por eso somos una raza dura, que soporta penalidades, y exhibìmos pruebas de cuál es el principio de que nacimos.

    Los demas animales, con sus formas diversas, los produjo la tierra por sí misma, una vez que la humedad que aún conservaba se calentó con el ardor del sol, una vez que el cieno y las húmedas charcas se hincharon con el calor, y los gérmenes fecundos de la naturaleza, alimentados por un suelo vivificante, como en el seno de una madre, crecieron y tomaron con el tiempo alguna forma determinada. También de este modo, cuando el Nilo, el río de los siete desagües, abandona los campos empapados… y devuelve a su antiguo cauce su caudalosa corriente, y el limo fresco se calienta bajo el astro celeste, son muchisimos los animales que encuentran los labradores al levantar los terrones; de entre aquellos hay unos que estan apenas empezados puesto que estan naciendo en aquel momento, otros se ven a medio hacer aún y desprovistos de sus organos, y con frecuencia en un mismo cuerpo hay una parte que tiene ya vida, mientras otra es todavía tierra inerte. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Edit. CSIC.Madrid)

    Nota: por ser unos textos un tanto extensos, reproduciré los textos latinos al final del artículo.

    El rapto de Europa

    Según el relato mítico, Europa era hija del rey de Tiro Agenor; de ella se anamoró el dios Zeus, que ordenó a Hermes traer junto al río a las vacas del rey; Zeus se transformó en un toro blanco para ganarse la confianza de Europa, que se montó en sus lomos; en ese momento el toro arrancó veloz, se internó en el mar Mediterráneo y llegó a Creta. Allí el dios se mostró en su divinidad y sedujo a la joven.

    Es este uno de los mitos más representados desde época antigua, pues tenemos representaciones desde el siglo VI a.C.  Tiziano pinto entre 1559 y 1562 un oleo sobre este mito que se expone en el Museo del Prado. Pedro Pablo Rubens copió este cuadro en 1628-1629. Luego el mismo Rubens repitió otra vez el tema para la Torre de la Parada pero de forma muy distinta distinta (se conserva el boceto en el mismo museo) y a su vez poco después Jan Erasmus Quelinus pinto sobre este boceto el cuadro que también se conserva también en el Prado.

    Pedro Pablo Rubens. Rubens,  (Copia de Tiziano, Vecellio di Gregorio)

        

    El rapto de Europa . Boceto de Pedro Pablo Rubens 1636 – 1637. Óleo sobre tabla, 18,9 x 13,7 cm. y óleo de Jan Erasmjus Quelinus.

    Nos lo cuenta Ovidio en Metamorfosis II, 833-875:

    Una vez que el Atlantiada (Mercurio) impuso este castigo a sus palabras y alma sacrilega, abandona las tierras que han tomado de Palas su nombre, y agitando sus alas penetra en el cielo. Lo llama aparte su padre y, sin declarar que es el amor lo que le mueve, le dice: “Fiel ejecutor de mis ordenes, hijo, omite toda dilación y desciende en veloz carrera como acostumbras; encaminate a la tierra que mira a tu madre por la izquierda -«sus habitantes le dan el nombre de tierra de Sidón-, y haz que aquel rebaño real que ves pacer a lo lejos la hierba de la montaña se dirija a la playa”. Dijo, e inmediatamente los toros, echados de la montaña, se encaminan, conforme a lo ordenado, a la playa, en donde la hija de un gran rey solia distraerse acompañada por jóvenes de Tiro. No son muy compatibles ni habitan en un mismo domicilio la majestad y el amor; abandonando la gravedad de su cetro, el ilustre padre y soberano de los dioses, cuya diestra esta armada de los fuegos de tres puntas, que con una cabezada sacude el mundo, se viste la apariencia de un toro, muge mezclado a los novillos y va de un lado para otro espléndido, por la blanda hierba. Y en efecto, su color es el de la nieve que ni han pisado las plantas de un duro pie ni ha fundido el lluvioso Austro. En su cuello sobresalen los músculos, sobre los brazos le cae la papada; sus cuernos son pequeños, si, pero se podria asegurar que son obra de artesania y son más luminosos que una perla sin tacha. No hay en su testuz amenaza alguna ni inspira terror su mirada. Su semblante es de paz. Se maravilla la hija de Agénor de que sea tan hermoso, de que no amenace con ataque alguno; pero, con todo lo manso que era, al principio no se atreve a tocarlo. Después se acerca y le ofrece flores en la blanca boca. Se fregocija el enamorado y, en tanto llega el placer que espera, le da besos en las manos; y apenas, apenas puede ya aplazar lo demás. Tan pronto retoza y salta en la verde hierba, como apoya el costado de nieve en la rojiza arena; y habiéndole quitado el miedo poco a poco, ya le ofrece el pecho para que le dé golpecitos su mano de virgen, ya los cuernos para que en ellos le entrelace guirnaldas de frescas flores. Se at revió también la regia doncella, sin saber a quien montaba, a sentarse en la espalda del toro, y a partir de entonces el dios se va alejando insensiblemente de la tierra y de la parte seca de la playa, poniendo primero en el borde del agua las falsas plantgas de sus patas y progresando después hasta llevarse su botín a través de las líquidas llanuras del mar abierto. Ella está asustada, mira atrás a la playa que ha dejado al ser raptada, y con la mano derecha se agarra a los cuernos mientras apoya la otra en el lomo: sus ropas trémulas ondlan al soplo de la brisa.

    Orfeo y Eurídice

    El tema de la pareja mítica Orfeo y Eurídice es el del descenso al mundo inferior, al infierno, al mundo de los muertos, al mundo donde reinan Plutón y Prosérpina; en griego se llama a este descenso καταβᾴσεις, katabaseis,  o κάθοδοι, kathodoi, y se adjudican a Hércules, Ulises, Eneas, Teseo, Pirítoo y sobre todo a Orfeo, que acude en busca de su esposa, fallecida por el veneno de una serpiente,  y cuyo final no anticipo para no minorar el interés de la lectura del texto de Ovidio, que sin duda inspiró las numerosas representaciones pictóricas que del mito se hicieron.  Lo presento  en un cuadro también de Pedro Pablo Rubens

    Orfeo y Eurídice. 1636 – 1638. Óleo sobre lienzo, 196,5 x 247,5 cm.
    Pedro Pablo Rubens

    Virgilio nos relata también el mito en su obrita Culex y luego en sus famosas Geórgicas. Ovidio debía conocer esta versión virgiliana y es el  relato de Ovidio que encontramos al principio del Libro X de sus Metamorfosis, versos del 1 al 77. el que ahora transcribo:

    De allí se aleja el Himeneo, cubierto por azafranado manto, atravesando el cielo inmenso, yse dirigió a la región de los Cícones, y en vano lo llama la voz de Orfeo. Presente estuvo, sí, pero ni llevó allí palabras rituales ni rostro gozoso ni favorable presagio. Incluso la antorcha que sostenía no dejó de chisporrotear produciendo un humo que hacía brotar las lágrimas, y no logró, por más que se la movió, dar llama alguna. El resultado fue aún más grave que el augurio: pues la recién casada, durante un paseo en el que iba acompañada por un tropel de Náyades, sucumbió de la mordedura de una serpiente en un tobillo. La lloró mucho el artista rodopeo en los aires de arriba, tras de lo cual, para no dejar de probar también con las sombras, se atrevió a descender a la Estige por la puerta del Ténaro, y, atravesando multitudes ingrávidas y espectros que habían recibido sepultura, se presentó ante Perséfone y ante el soberano que gobierna el repulsivo reino de las sombras, y pulsando las cuerdas en acompañamiento a su canto dijo así: “Oh divinidades del mundo situado bajo tierra, al que venimos a caer cuantos somos engendradas mortales, si es licito y vosotros permitis que yo diga la verdad omitiendo los rodeos propios de una boca mentirosa, no he descendidoaquí para ver el oscuro Tártaro, ni para encadenar las tres gargantas, provistas de culebras en vez de vello, del monsgtruo Meduseo; el motivo de mi viaje es mi esposa, en la que una víbora, al ser pisada, introdujo su veneno, y le arrebat´´o sus años en crecimiento. Yo quise ser capaz de sopórtalo, y no negaré que le he intentado; el Amor ha vencido. Es un dios bien conocido en las regiones de arriba; yo no sé si también lo es aquí, pero sospecho que sí lo es también, y si la fama del antiguo rapta no ha mentido, también a vosotros os unió el Amor. Por estos lugares llenos de espanto, por este inmenso Caos y por el silencio de vasto territorio yo os lo pido: volved a tejer el prematuro destino de Eurídice. Todos los seres os somos debido, y tras breve demora, más tarde o más temprano, marchamos velozmente al mismo sitio. Aquí nos encaminamos todos, ésta es la última morada, y vosotros poseéis los más dilatados territorios habitados por la raza humana. También Euridice será de vuestra propiedad cuando en sazón haya cumplido los años que le corresponden; os pido su disfrute como un obsequio; y si los hados niegan esta concesión para mi esposa, yo tengo tomada mi firme resolución de no volver: gozad con la muerte de los dos”. lmentras él hablaba así y hacía vibrar las cuerdas acompañando a sus palabras, lo lloraban las almas sin sangre; Tántalo no trató de alcanzar el agua que se le escapaba, quedó paralizada la rueda de Ixíon, las aves no hicieron presa en el hígado, y tú, Sisifo, te sentaste en tu peña. Entonces se dice que por primera vez las mejillas de las Euménides, subyugadas por el canto, se humedecieron de lágrimas, y ni la regia consorte ni el que gobierna los abismos fueron capaces de decir que no al suplicante, y llaman a Eurídice. Se encontraba ella entre las sombras recién llegadas, y avanzó con paso lento por la herida. El rodopio Orfeo la recibió, al mismo tiempo que la condición de no volver atrás los ojos hasta que hubiera salido de los valles de Averno; en otro caso quedaría anulada la gracia.

    Emprenden la marcha a través de parajes de silenciosa quietud y siguiendo una senda ompinada, abrupta, oscura, preñada de negras tinieblas, y llegaron cerca del límite de la tierra de arriba. Allí, por temor a que ella desfalleciese, y ansioso de verla, volvió el enamorado los ojos, y en el acto ella cayó de nuevo al abismo. Y extendiendo ella los brazos y esforzándose por ser abrazada y por abrazar, no agarra la desventurada otra cosa que el aire que se le escapa, y al morir ya por segunda vez no profirió queja alguna de su esposo (¿pues de qué se iba a auejar sino de que la había amado?), y diciéndole un último adiós, que apenas pudieron percibir los oídos de Orfeo, descendió de nuevo al lugar de donde partiera. Con la doble muerte de su esposa quedó Orfeo no menos agturdido que el que vio asustado los tres cuellos del perro, de los cuales el central llevaba las cadenas; a aquel hombre no le abandonó el pánico antes que su anterior naturaleza, pues la piedra le invadi´po el cuerpo. O que Óleno, que se echó la culpa y quiso pasar por convito, o que tú, desdichada Letea, ensoberbecida de tu belleza, corazones ambos unidísimo en otro tiempo, hoy peñas que desansan sobre el húmedo Ida.

    Suplicó Orfeo, y en vano quiso volver a pasar; el barquero lo rechazó, y aun así durante siete días permaneció él sentado en la orilla, desaliñado y ayuno del don de Ceres; la angustia y la pena de su alma y las lágrimas fueron su alimento. Después de lamentarse llamando crueles a los dioses del Érebo, se retiró al elevado Ródope y al Hemo batido por los aquilones.

    Atalanta e Hipomenes

    Hipómenes y Atalanta 1618 – 1619. Óleo sobre lienzo, 206 x 297 cm.
    Reni, Guido, pintor barroco boloñes.

    Hace algún tiempo rehíce el relato de la famosa carrera de Atalanta e Hipomenes en este mismo blog adaptando directamente el texto de Ovidio. El mito narra la historia de Atalanta, la hija del rey de Arcadia, que se ofreció en matrimonio a quien fuera capaz de vencerla en la carrera; quienes fueran derrotados serían castigados con la muerte. El apuesto Hipomenes le ganó la carrera sirviéndose de la ayuda de la diosa Venus, que le sugirió una estratagema.

    Remito a la página https://www.antiquitatem.com/atalanta-mitologia-palacio-del-infantado  para obtener un comentario más amplio del relato, pero ofrezco no obstante el texto, ahora a la vista de uno de los cuadros del Prado, el correspondiente a Guido Reni.

    Quien desee una lectura completa del texto de Ovidio debe acudir a Metamorfosis, VIII, 281 y ss. para el episodio de Meleagro y la caza del jabalí de Calidón Metamorfosis X,560-704 para la carrera con Hipomenes.

    Cuando Atalanta nació, su padre, el rey de Arcadia, enfurecido porque sólo deseaba un hijo varón, la abandonó falto de toda piedad en lo alto de una montaña para que muriera de hambre o devorada por las feroces bestias. La diosa Artemisa, que casualmente cazaba en aquellos lugares, se apiadó de la niña indefensa y le envió una enorme osa que dócil la amamantó con su leche. Con el tiempo y adoptada como hija por la diosa, se convirtió en una certera cazadora y en la mujer más veloz del mundo y emulando a su patrona prometió que tampoco ella se casaría nunca.

    Cuando siendo una cazadora famosa recibió como trofeo la piel del jabalí que asolaba el reino de Calidón en cuya cacería ella participó, se reconcilió con su padre, que le insistía una y otra vez en la necesidad de contraer matrimonio y ofrecerle un heredero futuro para su trono.

    La esquiva Atalanta consultó el oráculo de los dioses sobre su esposo y escuchó estas confusas palabras:

    — Para nada necesitas un esposo, Atalanta; evita tener un marido. Y aún así no escaparás y ni estando viva te verás privada de ti misma.

    Asustada por estas palabras difíciles de entender procura vivir soltera en los bosques, lejos de sus muchos pretendientes, a los que quiere ahuyentar con una extraña propuesta:

    — Sólo me poseerá aquel de vosotros que me venza en veloz carrera, ese será mi esposo. En cambio el vencido habrá de morir en castigo a sus pretensiones. Esta es mi propuesta definitiva. 

    Es tal la hermosura de la veloz Atalanta que fueron muchos los jóvenes incautos que osaron competir con la mujer más veloz del mundo y perdieron gimiendo y llorando la carrera y con ella la vida inestimable. Por eso el joven Hipomenes, que tan sólo había oído hablar de la bella Atalanta, consideraba excesivo el riesgo que habría de correr para conseguirla como esposa. Pero tan pronto vio el espléndido cuerpo de la  joven muchacha  que había retirado el velo de su rostro, quedó prendado y seducido de inmediato.

    –Probaré yo también suerte; el premio merece correr el riesgo mortal. Los dioses ayudan a los valientes. -dice inflamado. Y loco de amor prosigue:

      — Bella Atalanta, has vencido fácilmente y sin esfuerzo a esos pobres muchachos, pero mídete conmigo, que soy hijo de Megareo. Si te venzo, no será una derrota deshonrosa para tí y si ganas tú la carrera, habrás vencido a Hipomenes, el biznieto de Neptuno, dios de las aguas.

    Atalanta levanta sus bellos ojos luminosos y lo mira con ternura.

        — ¿Por qué quieres insensato poner en peligro tu vida preciosa, tú todavía un niño? Eres hermoso y valiente, pues no te asusta la muerte. ¿Tanto me amas y deseas que estás dispuesto a morir…? Huye mientras puedas, hermoso joven; otras muchachas hermosas querrán casarse felices contigo.

    Y tal vez tocada por vez primera por el dulce sentimiento del amor,  la inexperta y arisca Atalanta suaviza su decisión implacable y piensa en lo íntimo de su corazón:

       — ¿Por qué ha de morir este infeliz inmerecidamente como premio a su amor? Ojalá desdichado no me hubieras visto nunca. Si la virginidad no fuera mi destino eterno, tú serías el único con quien yo compartiría mi lecho nupcial. Ojalá, loco, fueras más veloz que yo misma.

    Pero ya Hipomenes urge la carrera, no sin antes encomendarse a la diosa del amor y pedir su ayuda divina:

       — Tu, diosa, que has inspirado mi pasión ciega, ayuda a mi osadía.

    Acudió Venus a la llamada envuelta en una blanca nube, tan sólo visible para Hipomenes,  y le entregó tres manzanas amarillas, brillantes como el sol, que debería utilizar en la carrera de una determinada manera.

    Las trompetas dieron la señal de salida. Allá van los dos contendientes tan veloces que parecen  volar. Atalanta, rehusando pasar al muchacho, se sitúa a la par y contempla embelesada su rostro virginal. Arroja entonces Hipomenes una de las tres brillantes manzanas, que atrae de inmediato la mirada y el interés de Atalanta. Refrena pues su marcha y mientras recoge curiosa del suelo la fruta de oro, es adelantada por Hipomenes. Recupera veloz Atalanta el espacio perdido y de nuevo sobrepasa al joven con facilidad. Arroja el joven  una segunda fruta y una vez más se entretiene la muchacha, que pronto recupera también el tiempo perdido. Tan sólo queda el último tramo antes de la meta final. Ahora el joven lanza con fuerza la tercera manzana lejos del camino. Atalanta duda, pero confiada en sus veloces pies, acude a recoger a lo lejos el dorado fruto. Pero calculó mal su rapidez o tal vez el incipiente amor refrenó su marcha, que ahora resulta perdedora. Hipomenes ha alcanzado mientras tanto la meta final y con ello su ansiado premio merecido, el matrimonio con la joven virgen.

    Incomprensiblemente, el joven Hipomenes olvidó a Venus y no supo agradecer su ayuda. La diosa se sintió por ello despreciada y ofendida.

    Cierto día pasaban junto al templo de Cibeles, la Madre de los dioses, y decidieron descansar del largo camino. Se apoderó de Hipomenes un repentino e irrefrenable deseo de yacer con Atalanta, suscitado sin duda por la vengativa Venus. Allí mismo, en la cueva sagrada, a la vista de las divinas imágenes, profanan el  santuario con su obsceno amor.

    La Madre Cibeles castigó su lujuria con su divina severidad: unas largas y feroces melenas cubren sus humanos cuellos, las manos se transforman en garras, una larga cola surge de su espalda, elevan fieros su orgullosa cabeza de  león y  sus fauces emiten rugidos que amedrentan a los restantes animales. Compadecida luego la diosa, unce a la pareja de leones con fuertes correas de flexible cuero a su majestuoso carro, del que han de tirar incansables por toda la eternidad.

    Sirvan estos tres o cuatro ejemplos de cómo Ovidio puede facilitarnos la visita a Museos tales como el del Prado y facilitarnos la comprensión de decenas de  obras allí expuestas.

    Textos Latinos

    Deucalión y Pirra. Ovidio, Metamorfosis, I, 309-430:

    Obruerat tumulos inmensa licentia ponti,
    Pulsabantque noui montana cacumina fluctus.
    Maxima pars unda rapitur: quibus unda pepercit,
    Illos longa domant inopi ieiunia uictu.
    Separat Aonios Oetaeis Phocis ab aruis, 
    Terra ferax, dum terra fuit, sed tempore in illo
    Pars maris et latus subitarum campus aquarum;
    Mons ibi uerticibus petit arduus astra duobus,
    Nomine Parnasus, superantque cacumina nubes:
    Hic ubi Deucalion (nam cetera texerat aequor)
    Cum consorte tori parua rate uectus adhaesit,
    Corycidas nymphas et numina montis adorant
    Fatidicamque Themin, quae tunc oracla tenebat:
    Non illo melior quisquam nec amantior aequi
    Vir fuit aut illa metuentior ulla deorum.
    Iuppiter ut liquidis stagnare paludibus orbem
    Et superesse uirum de tot modo milibus unum
    Et superesse uidet de tot modo milibus unam,
    Innocuos ambo, cultores numinis ambo,
    Nubila disiecit nimbisque aquilone remotis
    Et caelo terras ostendit et aethera terris.
    Nec maris ira manet, positoque tricuspide telo
    Mulcet aquas rector pelagi supraque profundum
    Exstantem atque umeros innato murice tectum
    Caeruleum Tritona uocat conchaeque sonanti
    Inspirare iubet fluctusque et flumina signo
    Iam reuocare dato: caua bucina sumitur illi,
    Tortilis, in latum quae turbine crescit ab imo,
    Bucina, quae medio concepit ubi aera ponto,
    Litora uoce replet sub utroque iacentia Phoebo.
    Tunc quoque, ut ora dei madida rorantia barba
    Contigit et cecinit iussos inflata receptus,
    Omnibus audita est telluris et aequoris undis
    Et, quibus est undis audita, coercuit omnes.
    Iam mare litus habet, plenos capit alueus amnes,
    Flumina subsidunt collesque exire uidentur,
    Surgit humus, crescunt loca decrescentibus undis,
    Postque diem longam nudata cacumina siluae
    Ostendunt limumque tenent in fronde relictum.
    Redditus orbis erat; quem postquam uidit inanem
    Et desolatas agere alta silentia terras,
    Deucalion lacrimis ita Pyrrham adfatur obortis:
    "O soror, o coniunx, o femina sola superstes,
    Quam commune mihi genus et patruelis origo,
    Deinde torus iunxit, nunc ipsa pericula iungunt,
    Terrarum, quascumque uident occasus et ortus,
    Nos duo turba sumus: possedit cetera pontus.
    Haec quoque adhuc uitae non est fiducia nostrae
    Certa satis; terrent etiam nunc nubila mentem.
    Quis tibi, si sine me fatis erepta fuisses,
    Nunc animus, miseranda, foret? quo sola timorem
    Ferre modo posses? quo consolante doleres?
    Namque ego, crede mihi, si te quoque pontus haberet,
    Te sequerer, coniunx, et me quoque pontus haberet.
    O utinam possim populos reparare paternis
    Artibus atque animas formatae infundere terrae!
    Nunc genus in nobis restat mortale duobus
    (Sic uisum superis) hominumque exempla manemus."
    Dixerat, et flebant; placuit caeleste precari
    Numen et auxilium per sacras quaerere sortes.
    Nulla mora est: adeunt pariter Cephisidas undas,
    Vt nondum liquidas, sic iam uada nota secantes.
    Inde ubi libatos inrorauere liquores
    Vestibus et capiti, flectunt uestigia sanctae
    Ad delubra deae, quorum fastigia turpi
    Pallebant musco stabantque sine ignibus arae.
    Vt templi tetigere gradus, procumbit uterque
    Pronus humi gelidoque pauens dedit oscula saxo,
    Atque ita "si precibus" dixerunt "numina iustis
    Victa remollescunt, si flectitur ira deorum,
    Dic, Themi, qua generis damnum reparabile nostri
    Arte sit, et mersis fer opem, mitissima, rebus."
    Mota dea est sortemque dedit: "discedite templo
    Et uelate caput cinctasque resoluite uestes
    Ossaque post tergum magnae iactate parentis."
    Obstipuere diu, rumpitque silentia uoce
    Pyrrha prior iussisque deae parere recusat,
    Detque sibi ueniam, pauido rogat ore pauetque
    Laedere iactatis maternas ossibus umbras.
    Interea repetunt caecis obscura latebris
    Verba datae sortis secum inter seque uolutant.
    Inde Promethides placidis Epimethida dictis
    Mulcet et "aut fallax" ait "est sollertia nobis,
    Aut (pia sunt nullumque nefas oracula suadent)
    Magna parens terra est: lapides in corpore terrae
    Ossa reor dici; iacere hos post terga iubemur."
    Coniugis augurio quamquam Titania mota est,
    Spes tamen in dubio est: adeo caelestibus ambo
    Diffidunt monitis. sed quid temptare nocebit?
    Discedunt uelantque caput tunicasque recingunt
    Et iussos lapides sua post uestigia mittunt.
    Saxa (quis hoc credat, nisi sit pro teste uetustas?)
    Ponere duritiem coepere suumque rigorem
    Mollirique mora mollitaque ducere formam.
    Mox ubi creuerunt naturaque mitior illis
    Contigit, ut quaedam, sic non manifesta uideri
    Forma potest hominis, sed, uti de marmore coepta,
    Non exacta satis rudibusque simillima signis.
    Quae tamen ex illis aliquo pars umida suco
    Et terrena fuit, uersa est in corporis usum;
    Quod solidum est flectique nequit, mutatur in ossa;
    Quae modo uena fuit, sub eodem nomine mansit;
    Inque breui spatio superorum numine saxa
    Missa uiri manibus faciem traxere uirorum,
    Et de femineo reparata est femina iactu.
    Inde genus durum sumus experiensque laborum
    Et documenta damus, qua simus origine nati.
    Cetera diuersis tellus animalia formis
    Sponte sua peperit, postquam uetus umor ab igne
    Percaluit solis caenumque udaeque paludes
    Intumuere aestu fecundaque semina rerum
    Viuaci nutrita solo ceu matris in aluo
    Creuerunt faciemque aliquam cepere morando.
    Sic, ubi deseruit madidos septemfluus agros
    Nilus et antiquo sua flumina reddidit alueo
    Aetherioque recens exarsit sidere limus,
    Plurima cultores uersis animalia glaebis
    Inueniunt et in his quaedam modo coepta per ipsum
    Nascendi spatium, quaedam inperfecta suisque
    Trunca uident numeris, et eodem in corpore saepe
    Altera pars uiuit, rudis est pars altera tellus.

    ……

    Rapto de Europa. Ovidio, Metamorfosis II, 833-875:

    Has ubi uerborum poenas mentisque profanae
    Cepit Atlantiades, dictas a Pallade terras
    Linquit et ingreditur iactatis aethera pennis.
    Seuocat hinc genitor nec causam fassus amoris:
    "Fide minister" ait "iussorum, nate, meorum,
    Pelle moram solitoque celer delabere cursu
    Quaeque tuam matrem tellus a parte sinistra
    Suspicit (indigenae Sidonida nomine dicunt),
    Hanc pete, quodque procul montano gramine pasci
    Armentum regale uides, ad litora uerte".
    Dixit et expulsi iamdudum monte iuuenci
    Litora iussa petunt, ubi magni filia regis
    Ludere uirginibus Tyriis comitata solebat.
    Non bene conueniunt nec in una sede morantur
    Maiestas et amor; sceptri grauitate relicta,
    Ille pater rectorque deum, cui dextra trisulcis
    Ignibus armata est, qui nutu concutit orbem,
    Induitur faciem tauri mixtusque iuuencis
    Mugit et in teneris formosus obambulat herbis.
    Quippe color niuis est, quam nec uestigia duri
    Calcauere pedis nec soluit aquaticus Auster.
    Colla toris exstant, armis palearia pendent;
    Cornua parua quidem, sed quae contendere possis
    Facta manu puraque magis perlucida gemma.
    Nullae in fronte minae nec formidabile lumen;
    Pacem uultus habet. miratur Agenore nata
    Quod tam formosus, quod proelia nulla minetur;
    Sed quamuis mitem, metuit contingere primo.
    Mox adit et flores ad candida porrigit ora.
    Gaudet amans et, dum ueniat sperata uoluptas,
    Oscula dat manibus; uix iam, uix cetera differt.
    Et nunc alludit uiridique exsultat in herba
    Nunc latus in fuluis niueum deponit harenis;
    Paulatimque metu dempto, modo pectora praebet
    Virginea plaudenda manu, modo cornua sertis
    Impedienda nouis. ausa est quoque regia uirgo,
    Nescia quem premeret, tergo considere tauri,
    Cum deus a terra siccoque a litore sensim
    Falsa pedum primo uestigia ponit in undis,
    Inde abit ulterius mediique per aequora ponti
    Fert praedam. pauet haec litusque ablata relictum
    Respicit et dextra cornum tenet, altera dorso
    Imposita est; tremulae sinuantur flamine uestes.

      ….

    Orfeo y Eurídice.   Ovidio, Metamorfosis, X, versos del 1 al 77.

    Inde per immensum croceo uelatus amictu
    Aethera digreditur Ciconumque Hymenaeus ad oras
    Tendit et Orphea nequiquam uoce uocatur.
    Adfuit ille quidem, sed nec sollemnia uerba
    Nec laetos uultus nec felix attulit omen;
    Fax quoque, quam tenuit, lacrimoso stridula fumo
    Vsque fuit nullosque inuenit motibus ignes.
    Exitus auspicio grauior. nam nupta per herbas
    Dum noua naiadum turba comitata uagatur,
    Occidit in talum serpentis dente recepto.
    Quam satis ad superas postquam Rhodopeius auras
    Defleuit uates, ne non temptaret et umbras,
    Ad Styga Taenaria est ausus descendere porta
    Perque leues populos simulacraque functa sepulcro
    Persephonen adiit inamoenaque regna tenentem
    Vmbrarum dominum pulsisque ad carmina neruis
    Sic ait: "o positi sub terra numina mundi,
    In quem reccidimus, quidquid mortale creamur,
    Si licet et falsi positis ambagibus oris
    Vera loqui sinitis, non huc, ut opaca uiderem
    Tartara, descendi, nec uti uillosa colubris
    Terna Medusaei uincirem guttura monstri;
    Causa uiae est coniunx, in quam calcata uenenum
    Vipera diffudit crescentesque abstulit annos.
    Posse pati uolui nec me temptasse negabo:
    Vicit Amor. supera deus hic bene notus in ora est;
    An sit et hic, dubito. sed et hic tamen auguror esse,
    Famaque si ueteris non est mentita rapinae,
    Vos quoque iunxit Amor. per ego haec loca plena timoris,
    Per Chaos hoc ingens uastique silentia regni,
    Eurydices, oro, properata retexite fata!
    Omnia debentur uobis paulumque morati
    Serius aut citius sedem properamus ad unam.
    Tendimus huc omnes, haec est domus ultima, uosque
    Humani generis longissima regna tenetis.
    Haec quoque, cum iustos matura peregerit annos,
    Iuris erit uestri: pro munere poscimus usum.
    Quod si fata negant ueniam pro coniuge, certum est
    Nolle redire mihi: leto gaudete duorum."
    Talia dicentem neruosque ad uerba mouentem
    Exsangues flebant animae: nec Tantalus undam
    Captauit refugam stupuitque Ixionis orbis,
    Nec carpsere iecur uolucres, urnisque uacarunt
    Belides, inque tuo sedisti, Sisyphe, saxo.
    Tunc primum lacrimis uictarum carmine fama est
    Eumenidum maduisse genas, nec regia coniunx
    Sustinet oranti nec, qui regit ima, negare
    Eurydicenque uocant. umbras erat illa recentes
    Inter et incessit passu de uulnere tardo.
    Hanc simul et legem Rhodopeius accipit Orpheus,
    Ne flectat retro sua lumina, donec Auernas
    Exierit ualles; aut irrita dona futura.
    Carpitur adcliuis per muta silentia trames,
    Arduus, obscurus, caligine densus opaca.
    Nec procul abfuerant telluris margine summae:
    Hic, ne deficeret, metuens auidusque uidendi
    Flexit amans oculos: et protinus illa relapsa est
    Bracchiaque intendens prendique et prendere certans
    Nil nisi cedentes infelix adripit auras.
    Iamque iterum moriens non est de coniuge quicquam
    Questa suo (quid enim nisi se quereretur amatam?)
    Supremumque "uale", quod iam uix auribus ille
    Acciperet, dixit reuolutaque rursus eodem est.
    Non aliter stupuit gemina nece coniugis Orpheus,
    Quam tria qui timidus, medio portante catenas,
    Colla canis uidit; quem non pauor ante reliquit,
    Quam natura prior, saxo per corpus oborto;
    Quique in se crimen traxit uoluitque uideri
    Olenos esse nocens, tuque, o confisa figurae,
    Infelix Lethaea, tuae, iunctissima quondam
    Pectora, nunc lapides, quos umida sustinet Ide.
    Orantem frustraque iterum transire uolentem
    Portitor arcuerat; septem tamen ille diebus
    Squalidus in ripa Cereris sine munere sedit:
    Cura dolorque animi lacrimaeque alimenta fuere.
    Esse deos Erebi crudeles questus in altam
    Se recipit Rhodopen pulsumque aquilonibus Haemum.

  • Caligrama τεχνοπαíγνια (technopaignia) carmina figurata Poema-figura Poema visual Poesía concreta

    Llamamos caligrama o poema visual a aquel que con la disposición de sus versos y palabras dibuja en el texto escrito la figura a la que el contenido del poema se refiere. Es, pues, un poema visual hermoso, que eso es lo que significa “caligrama”.

    Caligrama es una palabra moderna, derivada del francés calligramme, creada por el poeta Guillaume Apollinaire,  en su obra titulad “Calligrammes. Poèmes de la Paix et de la Guerre  1913-1916”. La palabra resulta de la composición del adjetivo griego καλός ,kalós, que significa bello, hermoso, bueno y el sustantivo  γράμμα, gramma, que significa letra, escrito. Así que propiamente significa “letra, escrito bello”.

    Technopaígnia  la empleó por primera vez Ausonio en su obra XII,1 para referirse a un poema en hexámetros en que cada verso termina con el monosílabo con el que empieza el siguiente. Es una palabra griega compuesta de  τέχνη, techne, arte y παἱγνιον, paígnionjuego, significando por tanto “juego de arte”, refiriéndose a la especial habilidad del poeta, sin que todavía tuviera el significado que ahora le adjudicamos.

    En latín se llaman carmina figurata y naturalmente abundan dada la tendencia del romano a imitar todo lo griego.

    Poema-figura es una buena denominación en español creada por el profesor García Teijeiro  Mª Teresa Molinos,cuya traducción y notas en la edición de Editorial Gredos luego utilizaré.

    Poesía visual y poesía concreta son dos términos modernos para referirse a un tipo de poesía en la que lo visual y el espacio colaboran con la rima y el ritmo a la representación objetiva (objetuación) de las ideas abstractas.

    Este tipo de poemas son de alguna manera  puestos en valor modernamente por Guillaume Apollinair(1880-1918),  y el poeta chileno Vicente Huidobro(1893-1948) , hasta el punto de que habrá muchas personas que los consideren los creadores sin conocer que ya los griegos como Simias de Rodas, autor del siglo IV a.C., vivió hacia el 300 a.C. , famoso porque de él se conservan los primeros en nuestra tradición occidental y Teócrito, el poeta de los Idilios, ya los escribieron. En nuestro orgullo moderno tampoco debemos desconocer que en el mundo árabe también se dibujaron poemas aprovechando la belleza gráfica de los signos que los árabes emplean en su escritura.

    Los technopaígnia o poemas-figura griegos antiguos son seis: De Simias de Rodas conservamos tres que no han dejado de asombrar desde la Antigüedad, que se titulan Las Alas, El Hacha y El Huevo. De Teócrito se conserva el poema llamado la Siringa. De Dosiadas, contemporáneo de los anteriores conservamos “El altar dórico” y de un tal Besantino, que se ha querido identificar con el lexicógrafo latino del siglo II d.C., Lucio Julio Vestino, contemporáneo de Adriano, el poema “El altar jónico”. “Besantino” sería una corrupción del nombre “Vestino” a través de “Bestino”.  Pero todas estas autorías han sido en algún momento cuestionadas; de estos autores sólo nos es bien conocido Teócrito.

    Naturalmente, hubo poemas similares en latín en época romana. Así Levio, en el siglo I, los utiliza en su Pterygium Phoenicis (“Las alas del Fénix”),  y en el IV el poeta Publilio Porfirio Optaciano escribe unos poemas titulados también Siringa y el Altar y un Organo de agua, prueba evidente de que conocía bien los griegos. Venancio Fortunato, en el siglo VI y más tarde Rábano Mauro en época de Carlo Magno también escribieron poemas-figura.

    A partir del Renacimiento tuvieron un gran desarrollo en toda Europa; en realidad en España fue menor porque nuestro Humanismo tuvo un menor conocimiento del griego.

    Moderna y actualmente su desarrollo es enorme, dada la importancia que todo lo visual y el diseños de las cosas tiene en nuestra cultura, divulgada por eficaces medios de comunicación de masas.

    Generalmente los seis griegos se han conservado en los manuscritos unidos al final de la obra de Teócrito ya desde la Antigüedad y en el siglo X fueron incluidos por el recopilador bizantino en la Antología Griega como libro número XV. Pero son estos detalles eruditos que no nos interesan por el momento.

    Sobre el origen de estas formas poéticas se ha pensado, tal vez sin excesivo fundamento, que se trataba de poemas para ser grabados en el objeto que describen, porque ciertamente existen numerosos objetos con inscripciones alusivas. Así el “hacha” estaría inscrito en un “hacha”, el “alas” en las alas de una estatua de Eros, etc..

    Con menos fundamento aún que su origen estaría en fórmulas mágicas. Probablemente su origen está en el manierismo de los poetas cultos helenísticos, interesados en su eruditismo por las inscripciones antiguas, cuando la poesía ha dejado de ser oral y cumplir una función social siendo cantada o recitada en determinadas ocasiones para convertirse en una creación puramente libresca orientada a la mera lectura.

    Hay que tener en cuenta que los manuscritos nos presentan frecuentemente dos disposiciones de los versos: la disposición que conforma la figura a la que se refiere y la disposición de los versos en el orden en el que han de ser leídos. En este último caso, no coinciden todos los estudiosos con lo que transmiten los manuscritos: generalmente se respeta el orden en Alas, Siringa y en los dos Altares, pero no con el Huevo o el Hacha.

    Otra cuestión a tener en cuenta es que tanto la métrica griega como la latina y sus diversos tipos de versos se basan en la cantidad o duración de las sílabas y no en su número, por lo que tienen una dificultad añadida a la hora de realizar las formas visuales. Lo solucionan utilizando y mezclando diversos tipos de versos para ajustar su forma visual.

    Ofreceré la versión de Manuel García Teijeiro y Mª Teresa Molinos Tejada, la primera en español, que además intenta también mantener la forma o dibujo del objeto sobre el que versa el poema, excepto en el caso del “Huevo” por su dificultad y porque tampoco se conoce con exactitud la forma que le dio Simias. Al “Hacha” le da también una forma diferente, de hacha simple y no doble como la original. En todo caso es sin duda un esfuerzo muy meritorio el de los  profesores citados, que hemos de agradecer.

    Ofreceré también la impresión de estos poemas tal como aparece en la edición de Jean Crispin de 1570, conformando las figuras correspondientes y con su versión latina en el caso de El Hacha, La Siringa, Las Alas y el Huevo:

    Theokritou Syrakoisiou Eidyllia kai epigrammata sozomena. Simmiou Rodiou, Moschou Syrakosiou, Bionos Smyrnaiou = Theocriti, Simmiae, Moschi, & Bionis Eidyllia & Epigrammata quae supersunt, cum Musaei poemario, omnia graecolatina & exposita. Genevae : apud J(ean) Crispinum.1570:

    Simias: el Hacha

    Nota: Epeo consagra a la diosa Atenea el hacha con la que construyó el famoso caballo de Troya.

           

    Nota:  en la edición de Loeb Classical Library, The Greek Antohology, vol V, traducción de W.R.Paton. London. 1918 aparece con esta forma que facilita su lectura.

    Nota: La lectura se haría formando una espiral desde los versos exteriores 1-2  de la izquierda hacia los interiores 11-12, según propuesta formulada por P.E. Legrand. El doble hacha, llamada labrys griego λάβρυς es propia ya de la cultura cretense; luego los griegos llamaron al hacha de doble filo pelekys (πέλεκυς) y los romanos bipennis, palabra que ha pasado al español como término técnico histórico-arqueológico

    Simias: las alas

     

    Nota: se supone grabado en las alas de una estatua de Eros. Se figura a un Eros joven y viejo a la vez. Eros es el dios de la atracción amorosa y sexual, pero también es el dios cosmológico que surgió del huevo puesto por la Noche tras el Caos original y pone orden en el Cosmos.

    Simias el huevo

    Nota: Es un poema de difícil traducción y de difícil lectura, que se ha de hacer según algunos estudiosos del primer verso al último, del segundo hasta el penúltimo y así sucesivamente hasta llegar al centro; pero Legrand propone otra lectura desde el centro a la periferia. Se establece la comparación con un huevo de ruiseñor, que crece al ritmo que el dios Hermes marca con su pie. Luego se compara el ritmo creciente con el corretear de un cervatillo en busca de su madre. Parece que el poeta se está refiriendo al hecho mismo de la creación poética: el poeta es un ruiseñor, identificación frecuente en la Antigüedad, y por tanto hace un poema como el huevo que haría el ave. Pero hay quien le da una interpretación más trascendente y cosmológica, poniéndolo en relación con el poema de las alas de Eros y refiriéndolo al huevo cósmico.

    De gárrula madre, de ruiseñor dorio, aquí tienes esta labor nueva. Propicio de corazón acéptala, que entre sonoros ayes la trajo al mundo una madre pura. El clamoroso Hermes, vocero de los dioses, fue a cogerla bajo las alas de su madre para traerla a los hombres, y mandó que a partir de un solo pie se acrecentara el verso hasta alcanzar la década de pasos ordenando los ritmos. Con rápidos compases, en lo alto, fue él marcando el cabeceo de los distintos metros que descendía oblicuo con presteza, al medir batiendo con su pie [      ] el canto multivario de las Piérides unísono. Movía sus piernas cual los pintados veloces cervatillos, hijos de ciervos patirrápidos, que con deseo siempre vivo corren con ligereza a la ubre anhelada de su querida madre, y cruzan todos con presuroso pie las altas crestas tras la que solícita los cría. Por los pastaderos de los montes, ricos en ganado, por las grutas de las esbeltas Ninfas pasan sus balidos las ovejas. Capta sus vibraciones prontamente alguna fiera de crudo corazón, allá en el más remoto recoveco de su guarida, deja el cubil rocoso y ágil se precipita ansiosa de cazar la extraviada cría de moteada madre. En pos de los gritos que percibe, se apresura rauda por la cañada boscosa de los montes nevados. Igual que aquellos, la ilustre deidad batía el suelo con veloces pies dando impulso a los complejos metros de este canto.

    Teócrito:  La siringa

    Nota: Teócrito ofrece una siringa al dios Pan. Con ella tocará dulcemente a Eco, su ninfa amada. Curiosamente el poema dibuja una siringa o flauta pastoril en el que las cañas van disminuyendo, cuando la figura que tenemos de ella por dibujos o relieves es de todas las cañas iguales, cuyo tubo se tapaban con cera a diferente distancia para conseguir diferente sonido.

    Nota: Es un texto difícil de leer sin las notas que aclaren tantos juegos de palabras en griego y en la meritoria traducción de los traductores citados. Los escoliastas o comentaristas antiguos ya dedicaron buenos esfuerzos a esta tarea. Este poema está plagado, como el siguiente de El Altar dórico, de adivinanzas o “griphos” que ha que resolver para poder entenderlo:

    – La “consorte de Ninguno” es Penélope, porque “Ninguno” es el nombre con el que Odiseo se presentó al Ciclope en Odisea 9.366. El “luchador distante” es Telémaco, palabra compuesta de “tele” que significa “lejos” y “makhosluchador. “Una piedra por él” es Júpiter, porque Rea, su madre, entregó a Crono una piedra envuelta en pañales para engañarle. Copetón es la traducción de “Kerastes”, derivado de Keras, cuerno, que sustituye a Comatas, derivado de kome, cabellera (como cometa); “hija del toro” porque se creía que las abejas nacían de las entrañas de los toros. “Borde de escudo”, porque si a itys (escudo) le añadimos una “p” tenemos Pitys, que significa “Pino” y también es el nombre de una Ninfa amada por el dios Pan. “Todo” porque eso es lo que significa el adjetivo griego “pan”. “Biforme” porque Pan es  hombre y macho cabrío. “Eco” es el eco de la voz y el nombre de la Ninfa. Llama a la flauta “herida” porque sýrinx significa “fístula herida” y también es el nombre de la Ninfa que huyendo de Pan se transformó en caña y con ella Pan fabricó la “flauta”.  “La altanería homónima del abuelicida” es la soberbia persa; Pan ayudó a los griegos contra los persas;  pero persa suena parecido a Perseo que mató sin querer a su abuelo. La “tiria” porque con la intervención de Pan se salvó Europa, que además del nombre del continente es también el nombre de una heroína fenicia. Los pastores son “portaciegos”, porque llevan zurrón, que en griego se llama “pera” y suena parecido a “perós”, que significa “lisiado” y los ciegos son lisiados. “Pisahombres” porque Pan anda por pedregales y “laosgente suena parecido a “laas”, piedra y además después del diluvio Deucalión hizo nacer hombres arrojando piedras por encima de su hombro. “Aguijón de la zagala saeta” equivale a “pasión de la mujer de Lidia” haciendo referencia al amor de Ónfale, reina de Lidia, por Pan. “Padreladrón” porque Pan sería hijo de Hermes, dios de los ladrones. “A-padre” porque si lo engendró de Penélope, o no tenía propiamente padre o si fue Odiseo, éste se hizo llamar “Ninguno”. “Cofrimembre” porque Pan tiene pezuñas y la palabra griega para pezuña, khele, recuerda a khelos, cofre,que es sinónimo de larnax y por eso Pan es Larnakógulos, cofimembre.

    Dosiadas:  El altar dórico.

    El poema se presenta a sí mismo como inscrito en el altar, que hizo Jasón; Filoctetes es mordido por una serpiente mientras lo contempla y sufre terribles dolores hasta que van a buscarle Odiseo y Diomedes para conquistar Troya.

    Notas explicativas: resulta también un poema ininteligible sin las notas aclaratorias, que tomo de la misma edición de Gredos. “La mujer vestida como hombre" es Medea”, que huyó de Atenas disfrazada de hombre. No nombra a Jasón, su esposo, sino diciendo que no fue Aquiles, que nació de Tetis que se transformó muchas veces como el fantasma Empusa. “se acostó con las brasas” porque su madre lo metió en el fuego excepto por el talón, que quedó vulnerable. El “vaquero troyano” es Paris; la “perra” su madre Hécuba porque se transformó en perra tras la caída de Troya. La frase “víctima del vaquero troyano y ruina del hijo de la perra” parece significar “víctima de Paris (que le hirió en el talón) y matador de Héctor”. Crisa es una diosa del norte del Egeo. “Cuecehombres” es Medea que coció a Pelias con la promesa falsa de devolverle la juventud. “El guardián de bronce” es el autómata Talos, construido por Hefesto, el “a-padre”,poque había nacido sólo de Hera, “de las dos esposas” por  Aglaya y Afrodita;  y “el arrojado por su madre”, porque lo arrojó del cielo su madre. Filoctetes es el héroe que a Teócrito dio muerte”, es decir a Paris, y que preparó pira de Heracles, que es “el hombre de tres noches” porque al engendrarlo Zeus prolongó la noche hasta el triple de su duración normal. “Arrastra-el-vientre” y “echa-la-vejez” es la serpiente que se arrastra y echa la piel vieja. La madre de Pan es Penélope, cuyo esposo es Odiseo (v. la Siringa); “ladrón” porque había robado el Palladium o imagen de Palas que protegía a Troya. “El que vivió dos  vidas” porque bajo al Hades y regresó vivo. “El hijo de Comehombres” es Diomedes, hijo de Tideo que había devorado la cabeza de Melanipo.

    El profesor Angel Martínez Fernandez, profesor de la Universidad de la Laguna, nos da una versión prafraseada inteligible en su artículo “Consideraciones Generales sobre la Poesía Visual en la antigua Grecia”

    El esposo de Medea, la que huyó vestida con ropa de hombre, Jasón, al que Medea rejuveneció hirviéndolo, me construyó, no Aquiles, al que de niño su madre tendió sobre el fuego para hacerlo inmoral, el hijo de Tetis, al que mató Paris, hijo de Hécuba, sino Jasón, el amado de  Crisa, cuando Medea destruyó a Talo, al que nacido sin un padre, marido de dos esposas y arrojado por su madre Hera,Hefesto, había forjado.”

    Y en la segunda parte: “Cuando Filoctetes, el matador de Paris, el que encendió la hoguera de Heracles, quien fue concebido en una triple noche, se acercó para contemplarme, gritó de dolor, pues le hirió con su veneno la serpiente que se rejuvenece cambiando de piel. Pero cuando se lamentaba Lemnos, Odiseo, el que robó el Paladión, el que fue al Hades y pudo regresar vivo y Diomedes, el hijo de Tideo, le condujeron a Troya, la que fue destruida por tres veces”

    Besantino, tal vez Iulius Vestinus: Altar jónico:

    Nota: No es un altar normal manchado por la sangre de las víctimas, sino el altar de las Musas al que pueden venir los poetas a hacer sus ofrendas, sin serpientes como el altar de Jasón.

    Nota: Leídas verticalmente las iniciales de cada verso en griego forman una frase acróstica que se puede traducir como “Puedas, Olímpico, sacrificar muchos años”.  “Olímpico” era uno de los títulos de Adriano, por lo que parece que el autor es contemporáneo suyo. Las descendientes del Cielo son las Gracias. Las nueve hijas de la Tierra son las Musas. El hijo de Gorgona es Pegaso, que hizo brotar de una coz en el monte Helicón la fuente Hipocrene (Fuente del Caballo) , que por eso es la fuente de los poetas. “Las hijas de Himeto” son las abejas. “Tripadre” es una interpretación de  Tritogéneia, epíteto  de Atenea, cuyo significado desconocemos.   

    Sírvannos estos ejemplos y explicaciones para imaginar el eruditismo, manierismo y esteticismo al que llegaron los griegos de época helenística. Una vez más, todo, casi todo lo encontraron o inventaron los griegos.

    Ya indiqué cómo esta práctica manierista y erudita continuó al final de la época romana, durante la Edad Media, en el Renacimiento, cuando se editan con profusión y en época moderna.

    Sirva como ejemplo del Renacimiento esta referencia de Michel de Montaigne en sus Ensayos:

    Montaigne:  Ensayos, Capítulo 54:  De las vanas sutilidades

    Existen sutilezas frívolas y vanas, mediante las cuales buscan a veces las personas el renombre, como por ejemplo, los poetas que logran obras enteras cuyos versos comienzan todos con una misma letra; vemos también huevos, esferas, alas y hachas, que los griegos componían antiguamente con versos rimados, alargándolos o acortándolos de manera que representaran tal o cual fi gura; no era otra la ciencia del que se entretuvo en contar de cuántos modos podían colocarse las letras del alfabeto, el cual encontró inverosímil el número que se lee en Plutarco.

    Des Vaines Subtilitez
    Il est de ces subtilitez frivoles et vaines, par le moyen desquelles les hommes cherchent quelquesfois de la recommandation: comme les poetes qui font des ouvrages entiers de vers commençans par une mesme lettre: nous voyons des oeufs, des boules, des aisles, des haches façonnées anciennement par les Grecs avec la mesure de leurs vers, en les alongeant ou accoursissant, en maniere qu'ils viennent à représenter telle ou telle figure. Telle estoit la science de celuy qui s'amusa à conter en combien de sortes se pouvoient renger les lettres de l'alphabet, et y en trouva ce nombre incroiable qui se void dans Plutarque.

    Los ejemplos modernos son incontables y la imaginación de los artistas exuberante. Ofreceré tan sólo dos o tres:

    Este del citado Apollinaire, que representa la torre Eiffel y que dice en francés y en español:

     

    Salut monde dont je suis la langue èloquente que sa bouche o Paris tire et tirera toujours aux allemands.

    "Hola mundo, del que yo soy la lengua elocuente que su boca oh París saca y sacará a los alemanes"

    O este de Vicente Huidobro, en el que define lo que es leer:

    O este con el poema Tristes Guerras de Miguel Hernández, realizado en 2010  para celebrar el primer cententario de su nacimiento. 

    Tristes guerras
    si no es amor la empresa.
    Tristes, tristes.

    Tristes armas
    si no son las palabras.
    Tristes, tristes.

    Tristes hombres
    si no mueren de amores.
    Tristes, tristes.

  • ¿La pintura ha de ser imitación de la naturaleza o creación del intelecto?

    El arte de la pintura fue muy importante en la Antigüedad, aunque de ella apenas si nos queda algún resto por la propia naturaleza del soporte en que se suele hacer.

    Nos quedan alguna pintura en algún muro de edificios, sobre todo en Pompeya aunque también en otros puntos aislados, alguna tabla excepcionalmente bien conservada en el clima cálido del desierto egipcio y poco más. Se conservan en cambio numerosos mosaicos que sin duda reproducen muchas pinturas o intentan imitarlas.

    Y nos quedan también numerosos textos que a este arte hacen referencia. Entre ellos, por ejemplo, un tratadito de Luciano de Samósata y sobre todo el libro XXXV de Plinio, que en su enciclopédica Historia Natural escribió de casi  todo.

    Pues bien en Hitoria Natural,  XXXV, cap. 36 (60). nos relata, aunque sucintamente, una anécdota muy conocida en la Antigüedad y reproducida hasta la saciedad a partir del Renacimiento, sobre el método para pintar a partir de un modelo natural.

    La anécdota la cuenta con más detalle y ambientada de otra manera Cicerón en una de sus obras menores sobre retórica, en su De inventione rhetorica, Sobre la invención retórica, II, 1, 1-4

    La anécdota ha tenido una especial importancia en toda la historia del arte posterior. Plantea la cuestión de la búsqueda de la belleza a partir de un modelo natural y el asunto enlaza con la doctrina platónica de las ideas generales, porque, cuando un pintor dibuja el rostro de un hombre o de una mujer o de cualquier otro ser,  ¿qué es lo que realmente plasma en el lienzo o en la tabla, el rostro que está viendo o la representación ideal que del rostro bello ha creado en su mente, es decir, la idea general?

    Leeremos estos dos textos y haré también tres referencias posteriores a la anécdota, una del humanista Leon Battista Alberti, otra del pintor  Rafael de Sanzio y otra de Francisco Pacheco (1564-1644) , el maestro y suegro de  Velázquez, que naturalmente no pudo sustraerse a su cita. 

    Cicerón (106a.C.-43a.C.) escribió su manual de retórica titulado De inventione, Sobre la invención retórica, siendo muy joven, hacia el año 86, con unos 20 años. Sólo conservamos dos de los cuatro libros iniciales de que debía constar. Como obra de juventud, el Cicerón orador maduro no estaba muy orgulloso de ella, según él mismo nos dice en su De oratore, , (Lib.I . 5)  y también Quintilian (Institutio Oratoria, III. 1, 20.)

    Pues bien nos dice Cicerón en “Sobre la invención retórica”, Libro II, 1,1-4:

    En cierta ocasión los habitantes de Crotona, que poseían toda clase de recursos y se contaban entre los más ricos de Italia, quisieron enriquecer con pinturas excepcionales el templo de Juno, por el cual sentían una veneración especial. Así pues, contrataron por una enorme suma de dinero a Zeuxis de Heraclea, que en ese momento pasaba por ser el mejor de todos los pintores. Éste pintó muchos cuadros, algunos de los cuales se han conservado hasta nuestros días por la veneración de que ese templo ha sido objeto y, para fijar en una imagen muda el modelo perfecto de belleza femenina, les dijo que quería reproducir la figura de Helena.

    Los crotoniatas, que habían oído decir a menudo que superaba a todos en la representación de la figura femenina, se entusiasmaron con la idea. Pensaron, en efecto, que si desplegabasu talento en el género en que era el mejor, les dejaría en aquel templo una obra maestra.

    No se vieron defraudadas sus esperanzas. En efecto, Zeuxis les preguntó inmediatamente cuáles eran las más bellas jóvenes que allí vivían. Condujeron al pintor directamente al gimnasio y le mostraron muchos jóvenes dotados de gran belleza. Pues efectivamente hubo un tiempo en que los crotoniatas superaron a todos por la fuerza y belleza de sus cuerpos y proporcionaron a su patria en las pruebas de atletismo las victorias más honrosas y las mayores distinciones. Y mientras Zeuxis admiraba extasiado la belleza de sus cuerpos, le dijeron: «En casa están las hermanas de estos jóvenes; por ellos puedes hacerte una idea de su belleza)).

    «Por favor)), les contestó, ((enviadme a las más bellas de esas muchachas mientras pinto lo que os he prometido, para que la verdadera belleza de estos modelos vivos pase a un cuadro mudo)).

    Entonces los ciudadanos de Crotona, tras una deliberación pública, reunieron a las jóvenes en un mismo lugar y permitieron al pintor elegir la que prefiriese.  Él, sin embargo, eligió cinco jóvenes cuyos nombres nos han transmitido muchos poetas porque les dio su aprobación quien, en lo referente a la belleza, tenía sin duda el juicio más seguro. En efecto, creía que no podría encontrar en un solo cuerpo todas las cualidades que buscaba para representar la belleza ideal: la naturaleza, como si temiera carecer de dones para conceder a otras personas si los otorgara todos a una, ofrece a cada una diferentes cualidades a la vez que le añade algún defecto.

    De manera parecida, cuando quise escribir un tratado de retórica no me propuse imitar un único modelo al cual debería seguir en todos los detalles, con sus cualidades y defectos, sino que, después de reunir todo lo escrito sobre la materia, cogí de cada autor los preceptos que me parecieron más apropiados, eligiendo así lo más sobresaliente de sus diferentes talentos.  (Traducción de Salvador Núñez. Edit. Gredos)

    Crotoniatae quondam, cum florerent omnibus copiis et in Italia cum primis beati numerarentur, templum Iunonis, quod religiosissime colebant, egregiis picturis locupletare voluerunt. itaque Heracleoten Zeuxin, qui tum longe ceteris excellere pictoribus existimabatur, magno pretio conductum adhibuerunt. is et ceteras conplures tabulas pinxit, quarum nonnulla pars usque ad nostram memoriam propter fani religionem remansit, et, ut excellentem muliebris formae pulchritudinem muta in se imago contineret, Helenae pingere simulacrum velle dixit; quod Crotoniatae, qui eum muliebri in corpore pingendo plurimum aliis praestare saepe accepissent, libenter audierunt. putaverunt enim, si, quo in genere plurimum posset, in eo magno opere elaborasset, egregium sibi opus illo in fano relicturum.

    neque tum eos illa opinio fefellit. nam Zeuxis ilico quaesivit ab iis, quasnam virgines formosas haberent. illi autem statim hominem deduxerunt in palaestram atque ei pueros ostenderunt multos, magna praeditos dignitate. etenim quodam tempore Crotoniatae multum omnibus corporum viribus et dignitatibus antisteterunt atque honestissimas ex gymnico certamine victorias domum cum laude maxima rettulerunt. cum puerorum igitur formas et corpora magno hic opere miraretur: ‘Horum,’ inquiunt illi, ‘sorores sunt apud nos virgines. quare, qua sint illae dignitate, potes ex his suspicari.’ ‘Praebete igitur mihi, quaeso,’ inquit, ‘ex istis virginibus formonsissimas, dum pingo id, quod pollicitus sum vobis, ut mutum in simulacrum ex animali exemplo veritas transferatur.’ tum Crotoniatae publico de con- silio virgines unum in locum conduxerunt et pictori quam vellet eligendi potestatem dederunt. ille autem quinque delegit; quarum nomina multi poetae memoriae prodiderunt, quod eius essent iudicio probatae, qui pulchritudinis habere verissimum iudicium de- buisset. neque enim putavit omnia, quae quaereret ad venustatem, uno se in corpore reperire posse ideo, quod nihil simplici in genere omnibus ex partibus perfectum natura expolivit. itaque, tamquam ceteris non sit habitura quod largiatur, si uni cuncta concesserit, aliud alii commodi aliquo adiuncto incommodo muneratur.

    [4] Quod quoniam nobis quoque voluntatis accidit, ut artem dicendi perscriberemus, non unum aliquod proposuimus exemplum, cuius omnes partes, quocumque essent in genere, exprimendae nobis necessarie vi- derentur; sed omnibus unum in locum coactis scriptoribus, quod quisque commodissime praecipere videbatur, excerpsimus et ex variis ingeniis excellentissima quaeque libavimus. ex iis enim, qui nomine et memoria digni sunt, nec nihil optime nec omnia prae- clarissime quisquam dicere nobis videbatur. quapropter stultitia visa est aut a bene inventis alicuius recedere, si quo in vitio eius offenderemur, aut ad vitia eius quoque accedere, cuius aliquo bene praecepto duceremur.

    Por lo demás, comprenderá fácilmente el lector cómo el asunto había de ser tema frecuente en la pintura a partir del Renacimiento y por supuesto en el barroco y neoclasicismo, tan amantes de los temas clásicos. Reproduzco también un par de ilustraciones sobre el contenido de los textos; la que viene a continuación  parece la representación de un moderno casting de selección de candidatas para una representación, como al pie de ella comento.

    Nota: la palabra inglesa "casting" con el significado de “reparto” en una película o comedia ha pasado al español como tal, “casting”, convirtiéndose en un anglicismo bien asentado.

    Obra deL pintor neoclásico François-André Vincent ( París, 1746-1816), “Zeuxis et les filles de Crotone”, “Zeuxis y las hijas de Crotona”  (3,23 m. x 4,15 m.), pintado en 1789. Museo del Louvre.

    En él cuadro, como si de un moderno “casting” se tratara, podemos apreciar la belleza de cada muchacha, la vergüenza de algunas por permanecer desnudas, el contento de las elegidas, los nervios de las que esperan, el enfado de las rechazadas… en fin, como si de un “casting” se tratara.

    Amplío un poco más el correspondiente texto de Plinio, en el que se refiere a una estatua de la diosa Juno, para incluir otra famosa anécdota referida a la rivalidad de Zeuxis y Parrasio,  a la que ya hice referencia en https://www.antiquitatem.com/zeuxis-parrasio-polignoto-pinturaantigua 

    En estas dos anécdotas se ejemplifica la discusión entre la teoría estética de la imitación exacta de la naturaleza hasta engañar al ojo, de donde viene el concepto de “trampantojo”, “trampa para el ojo”, y la de la imitación ideal, transcendiendo así la propia belleza de la naturaleza.

    Plinio, Naturalis Historia, XXXV, 36 (60)

    Ahora bien, en la Olimpiada 90 vivieron Aglaofon, Cefísoro, Erilo, Evenor, el padre y preceptor de Parrasio, el mayor pintor, del que hablaremos cuando lleguemos a sus años, todos ellos ya hombres ilustres, pero sin embargo no tales para que se deba detener esta exposición corriendo hacia las luminarias de est arte, entre las que el primero que brilló fue Apolodoro el Ateniense en la Olimpiada 93. Este fue el primero en decidir expresar las formas de las cosas y el primero en conseguir con todo derecho la gloria con sus pinceles. De él es el sacerdote orando y Ayax incendiado por el rayo, pinturas que hoy se ven en Pérgamo. Antes de él no se mostraba la pintura de ningún autor capaz de atraer los ojos.

    Por las puertas del arte abiertas por él entró Zeuxis de Heraclea en el cuarto año de la Olimpiada 95, y llevó el pincel, que ya se atrevía a algo más –de esto hablaremos luego- a la mayor gloria, aunque algunos lo sitúan falsamente en la Olimpiada 98, cuando necesariamente debieron vivir Demófilo de Himera y Nesea Tasio,  pues de uno de estos dos fue discípulo, aunque no se sabe de cuál. El antes citado Apolodoro escribió un poema contra él en el que dice que Zeuxis se llevó consigo el arte que les había robado a ellos.

    Adquirió tantas riquezas también, que por el deseo de ostentarlas  en Olimpia, mostró su nombre bordado con letras de oro en las piezas de su vestido. Luego decidió regalar sus obras, porque decía que no se podían vender por ningún precio suficientemente, y así a los Agrigentinos les dio una Alcmena y a Arquelao un dios Pan.  Hizo también una Penélope, en la que parece que había pintado la virtud en sí, y un atleta con el que hasta tal punto estaba contento  que escribió este  verso célebre por ello: “será más fácil que alguien me envidie a que me imite”. Su Júpiter en el trono rodeado de los dioses es también magnífico y Hércules niño estrangulando a las dos serpientes en presencia de su madre Alcmena y de Anfitrión.

    Sin embargo se le reprocha que era excesivamente exagerado con las cabezas y articulaciones, y por eso en otra ocasión puso tanta diligencia en hacer un cuadro para los Agrigentinos para que la dedicasen públicamente en el templo de Juno Lacinia, que examinó a sus jóvenes desnudas y eligió a cinco para poner en la pintura lo que de más bello hubiese en cada una.

    También hizo pinturas monocromas en blanco. Fueron contemporáneos suyos y sus seguidores Timantes, Andrócides, Eupompo y Parrasio.

    Se dice que éste participó en un concurso y que, mientras aquel presentó unas uvas pintadas con tanto éxisto que unos pájaros fueron volando al cuadro, él presentó una cortina pintada con tanta verosimilitud que Zeuxis, eufórico por el juicio de los pájaros, le pidió que retirase la cortina y mostrase la pintura y que reconocido su error, con toda modestia se le concediese la victoria, porque él había engañado a las aves pero Parrasio le había engañado a él que era un artista.

    Se cuenta también que después Zeuxis pintó a un niño llevando unas uvas a las que acudieron volando unos pájaros y que con la misma modestia se enfadó con su obra y dijo: he pintado mejor las uvas que el niño, pues si lo hubiera hecho perfecto, los pájaros le debería haber tenido miedo. Hizo también obras de arcilla, que solo dejó en Ambracia, cuando Fulvió Nobilior se llevó de allí las Musas a Roma. En Roma en los pórticos de Filipo queda de la mano de Zeuxis su Helena y en el templo de la Concordia un Marsias atado.

    LXXXX autem olympiade fuere Aglaophon, Cephisodorus, Erillus, Euenor, pater Parrhasii et praeceptor maximi pictoris, de quo suis annis dicemus, omnes iam inlustres, non tamen in quibus haerere expositio debeat festinans ad lumina artis, in quibus primus refulsit Apollodorus Atheniensis LXXXXIII olympiade. hic primus species exprimere instituit primusque gloriam penicillo iure contulit. eius est sacerdos adorans et Aiax fulmine incensus, quae Pergami spectatur hodie. neque ante eum tabula ullius ostenditur, quae teneat oculos.
    Ab hoc artis fores apertas Zeuxis Heracleotes intravit olympiadis LXXXXV anno quarto, audentemque iam aliquid penicillum — de hoc enim adhuc loquamur — ad magnam gloriam perduxit, a quibusdam falso in LXXXVIIII olympiade positus, cum fuisse necesse est Demophilum Himeraeum et Nesea Thasium, quoniam utrius eorum discipulus fuerit ambigitur.
    in eum Apollodorus supra scriptus versum fecit, artem ipsis ablatam Zeuxim ferre secum. opes quoque tantas adquisivit, ut in ostentatione earum Olympiae aureis litteris in palliorum tesseris intextum nomen suum ostentaret. postea donare opera sua instituit, quod nullo pretio satis digno permutari posse diceret, sicuti Alcmenam Agragantinis, Pana Archelao.

    fecit et Penelopen, in qua pinxisse mores videtur, et athletam adeoque in illo sibi placuit, ut versum subscriberet celebrem ex eo, invisurum aliquem facilius quam imitaturum. magnificus est et Iuppiter eius in throno adstantibus diis et Hercules infans dracones II strangulans Alcmena matre coram pavente et Amphitryone.

    reprehenditur tamen ceu grandior in capitibus articulisque, alioqui tantus diligentia, ut Agragantinis facturus tabulam, quam in templo Iunonis Laciniae publice dicarent, inspexerit virgines eorum nudas et quinque elegerit, ut quod in quaque laudatissimum esset pictura redderet. pinxit et monochromata ex albo. aequales eius et aemuli fuere Timanthes, Androcydes, Eupompus, Parrhasius.

    descendisse hic in certamen cum Zeuxide traditur et, cum ille detulisset uvas pictas tanto successu, ut in scaenam aves advolarent, ipse detulisse linteum pictum ita veritate repraesentata, ut Zeuxis alitum iudicio tumens flagitaret tandem remoto linteo ostendi picturam atque intellecto errore concederet palmam ingenuo pudore, quoniam ipse volucres fefellisset, Parrhasius autem se artificem.

    fertur et postea Zeuxis pinxisse puerum uvas ferentem, ad quas cum advolassent aves, eadem ingenuitate processit iratus operi et dixit: uvas melius pinxi quam puerum, nam si et hoc consumassem, aves timere debuerant. fecit et figlina opera, quae sola in Ambracia relicta sunt, cum inde Musas Fulvius Nobilior Romam transferret. Zeuxidis manu Romae Helena est in Philippi porticibus, et in Concordiae delubro Marsyas religatus.

    Como decía más arriba, la anécdota, bien conocida desde la propia Antigüedad es recordada, por ejemplo, por el gran humanista Leon Battista Alberti (1404 – 1472), que se dedicó como buen humanista a todas las artes y conocimientos de las más variadas disciplinas y fue el primer teórico del arte. 

    Escribió el tratado De pictura, Sobre la pintura, primero en latín y luego él mismo lo tradujo  al italiano. Ofrezco también en español lo que dice en el libro III, capítulo 56 a propósito de la anécdota de Zeuxis y la cuestión de pintar imitando o no a la naturaleza.

    Pero para que el estudio no sea  inútil y vano, se debe huir de esa costumbre de algunos necios, que buscan la alabanza en la pintura con su sola imaginación, sin seguir modelo alguno natural de la cosa ante sus ojos o mente. Estos, pues, no aprenden a pintar correctamente sino que se acostumbran a los errores. Así se aparta de estos ignorantes  esa idea de belleza que incluso los muy expertos apenas alcanzan a ver. Zeuxis, el pintor más famoso y más sabio y más experto de todos, para pintar hacer una tabla que se iba a dedicar públicamente por los habitantes de Crotona en el templo de Lucina, no confiando temerariamente en su solo ingenio, como casi todos los pintores hacen en este tiempo nuestro, se decidió a pintarla, pero porque pensaba que todas las cosas que se requieren para la belleza no sólo no pueden encontrarse en el solo ingenio, sino que ni siquiera buscadas en la naturaleza pueden encontrarse en un solo cuerpo, eligió en consecuencia de toda la juventud de la ciudad a las cinco muchachas más llamativas por su belleza,  para trasladar a la pintura aquello de belleza femenina  más alabado que se encontrase en cada una. Prudentemente actúa ciertamente este (Zeuxis),  pues como sucede facilmente a los pintores que no tienen ningún modelo ejemplar para imitar, cuando en cambio se apoyan sólo en su imaginación para alcanzar la alabanza de su belleza, que con su trabajo no consiguen la belleza que deben o buscar encontrar, sino que caen en las malas  maneras de pintar, que luego incluso queriéndolo apenas pueden dejar.  En cambio quien esté acostumbrado a tomar todas las cosas de la propia naturaleza, ese hará su mano tan experta que siempre todo lo que intente parecerá sacado de la propia naturaleza. Y vemos cuánto se desea en las pinturas esto, pues si en el cuadro hay un rostro de algún hombre conocido, aunque haya algunos otros detalles de mayor perfección, sin embargo el rostro conocido atrae hacia él los ojos de todos los espectadores, pues tan gran atractivo y fuerza tiene lo que tomamos de la naturaleza. Tomemos siempre, pues, de la propia naturaleza lo que vayamos a pintar y luego elijamos siempre lo más hermoso y más a propósito de ella.

    III, 56. Ma per non perdere studio e fatica si vuole fuggire quella consuetudine d'alcuni sciocchi, i quali presuntuosi di suo ingegno, senza avere essemplo alcuno dalla natura quale con occhi o mente seguano, studiano da sé a sé acquistare lode di dipignere. Questi non imparano ipignere bene, ma assuefanno sé a' suoi errori. Fugge gl'ingegni non periti quella idea delle bellezze, quale i bene essercitatissimi appena discernono. Zeusis, prestantissimo e fra gli altri essercitatissimo pittore, per fare una tavola qual pubblico pose nel tempio di Lucina appresso de' Crotoniati, non fidandosi pazzamente, quanto oggi ciascuno pittore, del suo ingegno, ma perché pensava non potere in uno solo corpo trovare quante bellezze egli ricercava, perché dalla natura non erano ad uno solo date, pertanto di tutta la gioventù di quella terra elesse cinque fanciulle le più belle, per torre da queste qualunque bellezza lodata in una femmina. Savio pittore, se conobbe che ad i pittori, ove loro sia niuno essemplo della natura quale elli seguitino, ma pure vogliono con suoi ingegni giugnere le lode della bellezza, ivi facile loro avverrà che non quale cercano bellezza con tanta fática troveranno, ma certo piglieranno sue pratiche non buone, quali poi ben volendo mai potranno lassare. Ma chi da essa natura s'auserà prendere qualunque facci cosa, costui renderà sua mano sì essercitata che sempre qualunque cosa farà parrà tratta dal naturale. Qual cosa quanto sia dal pittore a ricercarla si può intendere, ove poi che in una storia sarà uno viso di qualche conosciuto e degno uomo, bene che ivi sieno altre figure di arte molto più che questa perfette e grate, pure quel viso conosciuto a sé imprima trarrà tutti gli occhi di chi la storia raguardi: tanto si vede in sé tiene forza ciò che sia ritratto dalla natura. Per questo sempre ciò che vorremo dipignere piglieremo dalla natura, e sempre torremo le cose più belle.

    56. Sed quo sit studium non futile et cassum, fugienda est illa consuetudo nonnullorum qui suopte ingenio ad picturae laudem contendunt, nullam naturalem faciem eius rei oculis aut mente coram sequentes. Hi enim non recte pingere discount sed erroribus assuefiunt. Fugit enim imperitos ea pulchritudinis idea quam peritissimi vix discernunt. Zeuxis, praestantissimus et omnium doctissimus et peritissimus pictor, facturus tabulam quam in tempio Lucinae apud Crotoniates publice dicaret, non suo confisus ingenio temere, ut fere omnes hac aetate pictores, ad pingendum accessit, sed quod putabat omnia quae ad venustatem quaereret, ea non modo proprio ingenio non posse, sed ne a natura quidem petita uno posse in corpore reperiri, idcirco ex omni eius urbis iuventute delegit virgines quinque forma praestantiores, ut quod in quaque esset formae muliebris laudatissimum, id in pictura referret. Prudenter is quidem, nam pictoribus nullo proposito exemplari quod imitentur, ubi ingenio tantum pulchritudinis laudes captare enituntur, facile evenit ut eo labore non quam debent aut quaerunt pulchritudinem assequantur, sed plane in malos, quos vel volentes vix possunt dimittere, pingendi usus dilabantur. Qui vero ab ipsa natura omnia suscipere consueverit, is manum ita exercitatam reddet ut semper quicquid conetur naturam ipsam sapiat.  Quae res in picturis quam sit optanda videmus, nam in historia si adsit facies cogniti alicuius hominis, tametsi aliae nonnullae praestantioris artificii emineant, cognitus tamen vultus omnium spectantium oculos ad se rapit, tantam in se, quod sit a natura sumptum, et gratiam et vim habet. Ergo semper quae picturi sumus, ea a natura sumamus, semperque ex his quaeque pulcherrima et dignissima deligamus.

    Poco después el gran Rafael (1483 –1520), conocido también como Rafael de Sanzio o Rafael de Urbino, dice en una carta a Baltasar Castiglione, que se siente admirado por la pintura “Triunfo de Galatea”: 

    IV. Carta a Castiglione

    Señor conde: …Sobre la Galatea, me consideraría un gran maestro si hiciera la mitad de las cosas tan grandes que Vuestra Señoría me escribe. Pero en sus palabras reconozco el amor que me tiene: y le digo que para pintar a una bella necesitaría muchas bellas, con esta condición, que vuestra señoría se encontrase conmigo para elegir lo mejor. Pero habiendo escasez de buenos jueces y de bellas damas,  yo me sirvo de cierta idea que me viene a la mente. Si ésta tiene en sí alguna excelencia de arte, yo no lo sé; bien me afano en que la tenga. A lo que mande vuestra Señoría. Desde Roma”.

    IV. Lettera al Castiglione

    Signor conte….Della Galatea mi terrei un gran maestro se vi fossero la metà delle tante cose che V.S. mi scrive. Ma nelle sue parole riconosco l´amore che mi porta: et le dico che per dipingere una bella mi bisogneria veder più belle, con questa conditione, che V.S. si trovasse meco a far scelta del meglio», Ma, essendo carestia e di buoni giudici e di belle donne, io mi servo di certa idea che mi viene nella mente. Se questa ha in sé alcuna eccellenza d'arte, io non so; ben m'affatico di averla. Vostra Signoria mi comandi. Di Roma. 

    Esta opinión de Rafael de Sanzio la conoce Francisco Pacheco, el maestro de Velázquez, que en el capítulo 12 del libro I de su  Arte de la pintura, dice en las pàg. 216-118 de la edición de 1866 de Imprenta de Manuel Galiano.

    Y cuando esto faltare , ó no se hallare con la belleza que conviene, ó por incomodidad de lugar ó de tiempo, viene admirablemente el valerse de las hermosas ideas que tiene adquiridas el valiente artífice. Como lo dió á entender Rafael de Urbino escribiendo al Conde Baltasar Castellón, que le encareció mucho la figura de la Galatea que había pintado al fresco. Diciendo de esta manera : Ma essendo carestia, e de buoni giudecij et de belle dome, io mi servo di certa iddea, che mi viene nellamente ; si questa ha in se alcuna escellenza d'arte, io non so : ben me affatico di haberla. Quiere decir : « Mas careciendo de buen juicio y de hermosas mujeres , yo me sirvo de cierta idea que se me ofrece á la imaginación ; si esta tiene alguna excelencia en el arte , no lo sé ; pero bien me fatigo para alcanzarla, de manera que la perfección consiste en pasar de las ideas á lo natural , y de lo natural á las ideas : buscando siempre lo mejor y más seguro y perfecto.

    De manera que la perfección consiste en pasar de las ideas a lo natural , y de lo natural a las ideas : buscando siempre lo mejor y más seguro y perfecto. Así lo hacía también su maestro del mismo Rafael, Leonardo de Vinci, varón de sutilísimo ingenio , atendiendo á seguir los antiguos ; el cual primero que se pusiese á inventar cualquier historia, investigaba todos los efectos propios y naturales de cualquier figura , conforme á su idea. Y hacia luego diversos rasguños, después se iba donde sabia que se juntaban personas de la suerte que las había de pintar y observaba el modo de sus semblantes y vestidos y movimientos del cuerpo ; y hallando cosa que le agradase , conforme á su intento, lo dibujaba en el libreto que siempre llevaba consigo (veremos adelante sus palabras conforme a este intento ) y de esta manera acababa sus obras maravillosamente.

    Esto es finalmente lo que conviene hacer en este último grado, con el ejemplo del antiguo Zéusis , que para la bellísima Helena que se le ofreció pintar al pueblo de Agrigento, eligió cinco hermosas doncellas , y de cada una de ellas fue escogiendo lo más perfecto para hacer una figura igualmente acabadísima, aventajando la arte á la misma naturaleza: pues pintó en un sugeto la hermosura que apenas se hallaba en muchos.

    En cuanto a las numerosas representaciones pictóricas de la anécdota, además de la presentada anteriormente, muestro otra anterior en el tiempo, que es una ilustración de un manuscrito del Roman de la Rose, editado hacia el año 1525 en Rouen,  conservado en New York, The Pierpont Morgan Library, MS M.0948, folio 159.

  • Corona de laurel

    Las hojas de laurel coronan a los mejores poetas y también a los más aguerridos soldados. Es verdad que “las armas y las letras” con alguna frecuencia van unidas, pero no deja de ser curioso que el mismo elemento decorativo y simbólico que premia a la inteligencia y el arte sirva también de reconocimiento al valor y arrojo militar. El laurel tiene además otros valores que conviene conocer, pero ¿por qué?

                                                  

    Los árboles, las plantas en general, juegan un papel muy importante en la vida simbólica y religiosa de todos los pueblos. En muchos casos y lugares son elementos sagrados; así hay  bosques sagrados en los que se esconde el numen o fuerza sagrada de la divinidad y árboles sagrados, habitados por los dioses, consagrados o identificados con ellos. Cada especie o tipo está relacionada con una divinidad y con una determinada función.

    Sus elementos, tales como hojas o ramas, se utilizan como símbolos o simplemente como elementos decorativos. Así, por ejemplo, se utilizan coronas de diverso tipo en función de su significado.

    Sabido es cómo Atenea, la Minerva de los romanos, dio a Atenas su nombre y su árbol, el olivo. El árbol de Dionisos o Baco, dios del vino, lógicamente ha de ser la vid y también la yedra. El mirto o arrayán es el de Venus, diosa del amor.

    Claramente lo expresa Virgilio, por ejemplo, en sus Bucólicas, VII, 61-64:

    Muy grato es el álamo a Alcides, la vid a Baco,
    el mirto a la hermosa Venus, su laurel a Febo.
    AFilis le gustan los avellanos y mientras Filis los prefiera,
    ni el mirto ni el laurel de Febo vencerán a los avellanos.

    Populus Alcidae gratissima, uitis Iaccho,
    Formosae myrtus Ueneri, sua laurea Phoebo;
    Phylis amat corylos; illas dum Phyllis amabit,
    Nec myrtus uincet corylos, nec laurea Phoebi.

    El laurel es el árbol de Apolo o Febo, dios solar,  dios de la sabiduría, de la creación artística, de la poesía, de la música y de las artes adivinatorias. El laurel es el árbol en el que se transformó la ninfa virgen Dafne, perseguida por Apolo, para huir del dios.

    El laurel, de color siempre verde, es un árbol que se asocia, pues, al fuego del sol y a la profecía.
    Apolo emitía oráculos* a los hombres que se lo solicitaban. En su famoso santuario de Delfos, destino obligado de los griegos, para conocer el futuro, los emitía  a través de una sacerdotisa o médium, la Pithia o Pitonisa**.

    * del latín oraculum y este de orare, hablar, significa etimológicamente mensaje, comunicado, parlamento.

    ** En Delfos Apolo mató a la serpiente Pitón o Pyton; de ahí que el término se aplique también a una poderosa y temible serpiente constrictora que mata a sus víctimas por asfixia enroscándose entorno.

    Parece que también se obtenía el oráculo arrojando al fuego hojas de laurel, que si  crepitababan y chisporreaban eran buena señal y si no la señal era mala. Quienes obtenían un buen oráculo regresaban a su casa coronados de laurel. Además el laurel provocaba sueños premonitorios.

    En el Renacimiento, nos recuerda Alciato en su Emblema CCX  (CCXI en otras ediciones) que el laurel conoce el futuro y que colocado cerca produce sueños premonitorios:

    Alciati Emblematum liber
    Emblema CCXI
    Laurus

    El laurel nos da señales evidentes de lo que la salud nos depara.
    Colocado bajo la almohada nos produce sueños verdaderos.

    Praescia venturae laurus fert signa salutis:
    Subdita pulvillo somnia vera facit

    En el mismo libro de emblemas os recuerda una cita de Tibulo sobre la misma cuestión:

    Tibulo, Libro II, 5, v. 79 y ss.

    Esto ocurrió en otro tiempo; pero tu, favorable Apolo,
    sumerge ya los prodigios bajo las aguas indómitas.
    Y que el laurel crepite favorable incendiado por las sagradas llamas.
    Con ese presagio el año será feliz y sagrado.
    Cuando el laurel ha dado buenas señales, alegraos colonos:
    Ceres llenará los hórreos colmados de espigas…

    Haec fuerant olim; sed tu iam mitis, Apollo,
    prodigia indomitis merge sub aequoribu.
    Et succensa sacris creepitet bene laurea flammis
    Omine quo felix et sacer annus erit.
    Laurus ubi bona signa dedit, gaudete coloni:
    Distendet spicis horrea plena Ceres…

    Y otra de Propercio, Lib. II, 28, 35

    Caen los rombos que giran con un canto mágico
    y el laurel queda quemado una  vez apagado el fuego.

    Deficiunt mágico torti sub carmine rhombi,
    Et iacet extincto laurus adusta foco

    Y también Lucrecio en su De rerum natura, VI, 154-155

    Y no hay ninguna otra cosa que arde en la llama crepitante
    con sonido más terrible que el laurel de Delfos consagrado a Febo
    (Apolo)

    Nec res ulla magis quam Phoebi Delphica laurus
    Terribili sonitu flamma crepitante crematur

    El laurel es símbolo de la gloria; la palma lo es la de la victoria y el olivo de la paz. Las hojas de diversas plantas se utilizan para coronar a los triunfadores.

    Una corona es un adorno circular de hojas, ramas de árbol, flores hierbas o de metal que se coloca alrededor de la cabeza como reconocimiento o recuerdo del especial valor de una persona por su inteligencia, por su arte o por sus méritos militares.

    En la Grecia antigua probablemente se utilizaron en un principio como un elemento decorativo y más tarde se utilizan en el mundo de los juegos atléticos (por ejemplo los olímpicos) como premio a los vencedores y también en los poéticos. Recordemos que junto a los juegos atléticos se celebraban también competiciones poéticas y literarias.

    Del mundo de la competición deportiva pasó sin duda al mundo de la guerra (del que por cierto proceden los juegos atléticos) y de Grecia pasó a Roma. Aunque hoy lo que verdaderamente se estima en realidad son los premios económicos, se sigue utilizando la corona o algún elemento similar como símbolo del triunfo.

    Como decía más arriba, probablemente se comenzó a utilizar como elemento meramente ornamental y pronto sirvieron para coronar a los vencedores en los juegos poéticos o literarios que se desarrollaban de manera paralela a los juegos  atléticos, de los que las Olimpiadas son el mejor exponente, pero también los “píticos” en honor de Apolo y los “ístmicos” en honor de Neptuno. Podemos incluso pensar que en el caso de los juegos Píticos en un principio se celebrarían sólo competiciones artísticas, como correspondería al dios Apolo, y con el tiempo se añadirían competiciones atléticas como en Olimpia, en honor de Zeus. Y a su vez en Olimpia se introducirían competiciones artísticas, a semejanza de los “píticos”.

    A propósito de los juegos píticos y el laurel podemos citar unos versos de Ovidio en el siglo I antes y después de Cristo, por tanto muy alejados de su origen, pero que son ilustrativos. Ovidio recuerda en su poema la victoria del dios Apolo sobre la serpiente Pitón.

    Ovidio, Metamorfosis I, 445-

    Y para que el paso del tiempo no pueda  borrar el recuerdo de la hazaña, instituyó unos juegos sagrados acompañados de concurridos certámenes, llamados Pitia por el nombre de la serpiente que destruyó. En ellos, todo joven que, ya fuera con sus puños, ya con los pies o las ruedas, había obtenido la victoria recibía una condecoración de hojas de encina; todavía no existía el laurel, y Febo (Apolo) se ceñía con hojas de cualquier árbol las sienes que embellecía su larga cabellera.

    Neve operis famam posset delere vetustas,
    instituit sacros celebri certamine ludos,
    Pythia perdomitae serpentis nomine dictos.
    Hic iuvenum quicumque manu pedibusve rotave
    vicerat, aesculeae capiebat frondis honorem:
    nondum laurus erat, longoque decentia crine
    tempora cingebat de qualibet arbore Phoebus.

    Así que pronto significaron también el triunfo de los grandes atletas, que tanto honor conferían a sus ciudades natales.

    Como quiera que los juegos atléticos, a su vez, están claramente relacionados con las tareas militares de los primitivos guerreros aristócratas de Grecia, fácilmente pudo trasladarse el significado del laurel al mundo militar y acreditar así la gloria militar. Este significado se desarrolló especialmente entre los romanos, que prácticamente siempre estuvieron en guerra a lo largo de su historia. Con el laurel se corona a los generales invictos y a los emperadores, y con laurel se adornan las armas victoriosas, como las lanzas,  las proas de las naves o las cartas y tablillas que traían las noticias de victoria.

    Así los generales romanos en la ceremonia del triunfo, que además llevan en la mano una rama de laurel, y los lictores y los soldados que desfilan en la procesión.

    Aunque sea una pequeña digresión, comentaré que los romanos desarrollaron enormemente la tipología de las coronas como símbolos de funciones muy concretas; en otra ocasión lo comentaré con más detalle. Sea suficiente ahora un apresurado catálogo de coronas: obsidionalis (por romper el  asedio de una ciudad), civica (por salvar la vida de un ciudadano romano), navalis (por ser el primero en el abordaje o por una victoria naval), muralis (por ser el primero en escalar una muralla), castrensis (por entrar en el campamento enemigo), triunphalis (el triunfo es la mayor recompensa al general vencedor),etc. Además existen la convivalis (del banquete), la funebris (no necesita explicación), la nuptialis (de boda), la natalitia (por nacimiento: de olivo si era niño, de lana si era niña), etc.

    Volviendo a la primitiva Grecia, Píndaro (518?-438 a.C.), por ejemplo, nos dice cómo se corona al vencedor con hojas de olivo con motivo de la carrera de carros del año 452 a.C. en  Olímpicas IV, 11ss., dedicada a su amigo Psaumis de Camarina:

    Sigue al carro de Psaumis coronado de hojas de olivo de Pisa; Psaumis, impaciente pro proyectar su gloria sobre Camarina.

    Y Plinio, que describe los diversos tipos de laurel, nos recuerda cómo  es propiamente el laurel el elemento decorativo en  Historia Natural, XV, 39 (127):

    El laurel se dedica específicamente para los triunfos y es gratísimo en las casas, adorna la entrada de las de los Césares y Pontífices; solo ella adorna estas casas y crece en el umbral. Catón nos informa de que hay dos clases: la délfica y la chipriota. Pompeyo Leneo añade  una que llama mustacea porque se ponía debajo de los pasteles (llamados mustaces): este tipo es de hoja muy grande, flácida y tirando a blancas. La délfica, de color uniforme, es la más verde, de bayas muy grandes de color rojo tirando a verde y esta es la que corona a los vencedores en Delfos y a los triunfadores en Roma. La chipriota es de hoja pequeña, negra, veteada y acanalada en los márgenes.

    Laurus triumphis proprie dicatur, vel gratissima domibus, ianitrix Caesarum pontificumque. sola et domos exornat et ante limina excubat .  duo eius genera tradidit Cato, Delphicam et Cypriam. Pompeius Lenaeus adiecit quam mustacem appellavit, quoniam mustaceis subiceretur: hanc esse folio maximo flaccidoque et albicante; Delphicam aequali colore viridiorem, maximis bacis atque e viridi rubentibus ac victores Delphis coronare ut triumphantes Romae; Cypriam esse folio brevi, nigro, per margines imbricato crispam.

    Virgilio recuerda cómo los marineros colocan coronas de flores (y de laurel) en las proas de los barcos en señal de victoria y paz en sus Geórgicas, I, 303-304 :

    Como cuando las naves cargadas han tocado ya puerto,
    y los marineros alegres colocan  coronas en las popas.

    Ceu pressae cum j am portum tetigere carinae,
    Puppibus et laeti nautae imposuere coronas

    Que Fray Luis de León traduce así:

    como cuando con viento al fin derecho
    entran el puerto dulce y deseado
    cargados los navíos de provecho,
    alegres con laurel los marineros
    coronan a los árboles veleros.

    Lo que también nos recuerda Plinio en Historia Natural XV, 40 (133):

    Es símbolo de la paz de tal manera que el mostrarlo es señal de paz incluso entre enemigos armados. Los Romanos principalmente lo añaden como mensajero de alegría y de victoria a las cartas y a las lanzas y dardos de los soldados y adorna las fasces de los generales.

    Ipsa pacifera, ut quam praetendi etiam inter armatos hostes quietis sit indicium. Romanis praecipue laetitiae victoriarumque nuntia additur litteris et militum lanceis pilisque, fasces imperatorum decorat.

    También San Isidoro considera el laurel como símbolo de la gloria y victoria. En su Etimologías XVII,7,2 hace derivar su nombre del vocablo laus (alabanza), y explica por qué corona la cabeza de los vencedores:

    “Se llama “laurel” (laurus) de la palabra laudis (alabanza); pues con este árbol se coronaban con alabanzas las cabezas de los vencedores. Entre los antiguos se decía laudea; luego se suprimió la letra D y al sustituirla por R se llamó laurus, como ocurre con auriculis (orejas) que al principio se pronunciaba audiculae, y medidies (mediodía)  que ahora se dice meridies. A este árbol los griegos le llaman (daphne)  δάφνην, porque nunca pierde su verdor; por eso los vencedores son coronados con él. El vulgo cree que este es el único árbol que no puede ser fulminado por el rayo.

    Laurus a verbo laudis dicta; hac enim cum laudibus victorum capita coronabantur. Apud antiquos autem laudea nominabatur; postea D littera sublata et subrogata R dicta est laurus; ut in auriculis, quae initio audiculae dictae sunt, et medidies, quae nunc meridies dicitur. Hanc arborem Graeci δάφνην  (dafnen) vocant, quod numquam deponat viriditatem; inde illa potius victores coronantur. Sola quoque haec arbor vulgo fulminari minime creditur.

    Apolo, cuyo árbol es el laurel,  es el dios protector de la poesía, de la música y de las artes en general. Su perenne color verde es el mejor símbolo del valor imperecedero de la poesía y del arte.Una mayor especialización parece exigir el laurel para la poesía épica que canta a los héroes victoriosos y el mirto para la poesía lírica y bucólica:

    Virgilio, Bucólica: VIII,11-3:

    Recibe estos versos
    por ti ordenados y permite que esta hiedra rodee
    tus sienes entre los victoriosos laureles.

    …accipe iussis
    Carmina coepta tuis, atque hanc sine tempora circum
    Inter uictrices hederam tibi serpere laurus.

    Fay Luis de León lo tradujo con más libertad y también con más acierto:

    “«al vencedor laurel, que resplandece

    en torno de tu frente y la hermosea,

     consiente que, allegada y como asida,

    aquesta  yedra vaya entretejida»

    Este valor simbólico de la gloria literaria pervivió en la Edad Media, cobró nueva importancia en el Renacimiento y perdura en nuestros días.

    Sobre todo ha sido utilizada, apropiada, traducida, recreada la famosa fábula o mito de Apolo y Dafne. Dafne, δαφνη, es precisamente el nombre griego del laurel El mito lo divulgó Ovidio en sus Metamorfosis, I, 452 et ss.:

    Apolo, orgullosos de su victoria sobre la sierpe Pitón, se burló de Cupido, que siendo un niño utilizaba armas de un adulto; Cupido se vengó hiriéndole con una flecha de oro e inflamando su corazón de un irresistible amor por la ninfa Dafne mientras a ésta la hirió con una flecha de plomo, que generaba aversión y rechazo. De nada sirvieron los ruegos  de Apolo, que no ablandaron el corazón de la ninfa; Apolo, desesperado, la persigue por el bosque y está a punto de alcanzarla, cuando Dafne implora la ayuda de su padre, el río Peneo, que la convierte en laurel; Apolo se abraza desesperado y lloroso al árbol, del que hizo su emblema y su árbol. Así el laurel es también el símbolo del amor no correspondido y triste.

    Pues bien, no hay autor literario medieval o del Renacimiento o Barroco que no recuerde, imite o reproduzca este mito.

    Comentaré un detalle curioso.  Con frecuencia, junto a un personaje épico o lírico aparece un elemento cómico que relativiza la magnificencia del anterior. Esto ocurre con el laurel: dado su valor culinario para aderezar los guisos y cocidos, no es raro que en el Barroco de los contrastes aparezcan versiones burlescas del valor del laurel. Sirvan como muestra estos versos de Pedro Liñán de Riaza, en un romance acerca de los embustes de los buenos y de los malos poetas

    A los poetas vengamos:
    a éstos, damas, hacedles
    una cruz porque sus coplas
    vayan arredro y no os tienten.
    A vosotras, ¿qué os importa
    que en el Parnaso eminente
    haya de versos concilio
    entre las divinas nueve,
    ni que el doctor don Apolo
    allá en Delfos respondiese
    a todas las cosicosas
    que inventan sus bachilleres?
    Si dicen que lauros sacros
    ciñeron sus doctas sienes,
    decidles que ya el laurel
    ciñe cualquiera escabeche.

    Lope de Vega, bajo el nombre de su heterónimo Tomé de Burguillos, es autor de este estupendo soneto donde ridiculiza el afán de los poetas por recibir laureles y galardones:

    Llevóme Febo a su Parnaso un día,
    y vi por el cristal de unos canceles
    a Homero y a Virgilio con doseles,
    leyendo filosófica poesía
    Vi luego la importuna infantería
    de poetas fantásticos noveles,
    pidiendo por principios más laureles
    que anima Dafne y que Apolo cría.
    Pedile yo también por estudiante,
    y díjome un bedel: “Burguillos, quedo:
    que no sois digno de laurel triunfante”
    “¿Por qué?”, le dije; y respondió sin miedo:
    “Porque los lleva todos un tratante
    para hacer escabeches en Laredo.”

    Este contraste cómico entre las dos funciones del laurel, la excelsa de coronar la testa de los poetas y la prosaico de aliño culinario, sigue siendo una reflexión continuada hasta hoy. Así, por ejemplo, el escritor, articulista,periodita Manuel Vicent nos recuerda en su artículo en el Diario El PaísLa gloria” de 22 de julio de 2001:

    …Así te quieren ellos, dedicado a los versos en la villa horaciana, entre gallinas y lechugas, tu contemplando el crepúsculo y ellos llenando el saco. El laurel tiene dos destinos: la cabeza del héroe o el estofado. Tal vez un día fuiste un rebelde: fue aquel día en que estuviste dispuesto a morir por no doblegarte. Ese es el minuto de gloria que te corresponde.

    Pero el laurel no agota su virtualidad en esta labor simbólica; sus ramas sirven también como escudo contra los rayos, lo que acrecienta la idea de símbolo de la inmortalidad. Plinio nos comenta cómo Tiberio se coronaba de laurel cuando había tormenta:

    Historia natural, lib. XV, cap. 40 (134-135):

    … Y porque de todos los árboles que se plantan y se ponen con la mano del hombre sólo este no es golpeado por el rayo que cae en las casas. ….. Se dice que el príncipe Tiberio, cuando tronaba el cielo, se solía coronar de él (laurel) contra el miedo de los rayos.

    et quia manu satarum receptarumque in domos fulmine sola non icitur. ..Tiberium principem tonante caelo coronari ea solitum ferunt contra fulminum metus.

    San Isidoro recogió la creencia en sus Etimologías (XVII, 7, 1):

    Cree el vulgo que sólo este árbol de ninguna manera es fulminado* (por el rayo)

    Sola quoque haec arbor vulgo fulminari minime creditur

    En realidad “fulminado por el rayo” es una redundancia innecesaria, puesto que “fulminari” es un verbo creado precisamente sobre “fulmen”, que significa rayo.

    Todavía hoy en algunos pueblos, se colocan en los balcones ramas de laurel para ahuyentar el peligro del rayo.

    Así que Francesco Petrarca tenía fácil el juego de palabras con el nombre de su inmortal amada, Laura, “Laurel”, en numerosos poemas de su Cancionero; así,  Canción XXIX

    “que es una estrella en la tierra
    y  guarda verde el precio de su honestidad, 
    como la hoja del laurel,
    donde no caen rayos
    ni el viento enemigo jamás la tronchará”.

    ch'è stella in terra, et come in lauro foglia
    conserva verde il pregio d'onestade,
    ove non spira folgore, né indegno
    vento mai che l'aggrave.

    O en  la canción CXXIX

    En donde se oye el aura
    de un fresco y odorífero laurecillo

    «ove l'aura si sente /
    d'un fresco et odorifero laureto»

    También el laurel es un elemento frecuente en los jardines ideales (locus amoenus), ideales escenarios , valga la redundancia, para el amor. Así lo hace ya Petronio  en su Satiricón, cap. CXXXI,8:

    El movedizo plátano había extendido sus sombras estivales y Dafne, coronada de bayas, y los trémulos cipreses y los pinos de contorno recortado con su  copa ondulante. Por en medio un arroyuelo  retozaba son sus aguas vagantes cubierto de espuma  y batía la arena  con sus quejumbrosas ondas. Rincón hecho  para el amor.  (Traducción de Manuel C. Díaz y Díaz. Ed. Alma Mater)

    Mobilis aestiuas platanus diffuderat umbras
    et bacis redimita Daphne tremulaeque cupressus
    et circum tonsae trepidanti uertice pinus.
    Has inter ludebat aquis errantibus amnis
    spumeus, et querulo uexabat rore lapillos.
    Dignus amore locus …

    E incluso ocasionalmente puede aparecer en entornos funerarios, recordando la gloria perenne del difunto. En fin, tan sólo el olivo puede competir en el mundo antiguo en valor simbólico con el laurel.

    Así que el significado del laurel como símbolo del triunfo artístico y bélico se conservó  durante toda la Edad Media y por supuesto en el Renacimiento, en el que además puede ser símbolo del triunfo en el amor, dadas las semejanzas con las que los poetas presentan los dos combates, el bélico y el amoroso,  y en el Barroco y así  hasta nuestros días. Las citas son innumerables. E incluso queda algún resto de su valor mágico en la costumbre de colocar ramas en los balcones, costumbre ahora generalmente ahora cristianizada al colocar ramas de olivo el Domingo de Ramos.

    Transcribiré a título de ejemplo la segunda parte del emblema de Alciato ya citado  dirigido a Carlos V por su campaña de Túnez y dos citas de Cervantes en el Quijote con evidente tono irónico:

    Alciato, Libro de los Emblemas.
    Emblema 211

    A Carlos (V) se le debe el laurel por haber vencido a los púnicos (los tunecinos):  que esas guirnaldas adornen sus cabellos victoriosos.

    Debetur Carolo superatis Laurea Poenis:
      Victrices ornent talia serta comas.

    Quijote (II, 18):  

    ¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el mejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta, como dijo un poeta que Dios perdone, sino por las academias de Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia y Salamanca! Plega al cielo que los jueces que os quitaren el premio primero, Febo los asaetee y las Musas jamás atraviesen los umbrales de sus casas.

    Quijote (II, 55):
    (dirigiéndose a su asno):

    Perdóname y pide a la fortuna, en el mejor modo que supieres, que nos saque deste miserable trabajo en que estamos puestos los dos; que yo prometo de ponerte una corona de laurel en la cabeza, que no parezcas sino un laureado poeta, y de darte los piensos doblados.

    Nota etimológica: laureado, naturalmente, significa coronado de laurel. Quienes realizan estudios de enseñanza secundaria son laureados con la bacca, que según el Diccionario de la Real Academia  es el fruto o baya del laurel; por eso son bacca laureati, es decir “bachilleres” (bachillerato deriva de “baccalaureatus”).

    Ofrezco a continuación una larga cita de Plinio,al final del libro XV sobre el laurel, sus clases, su simbolismo y maravillas. Ello nos da idea de la importancia que el laurel tuvo en el mundo antiguo y del detalle con el que se estudia.

    Plinio, Historia Natural, 30 (39) y 31 (40)

    El laurel y sus trece clases

    El laurel es el que propiamente se dedica a los triunfos y el predilecto de las casas, como portero que es de la de los césares y los pontífices. Sólo él adorna y hace guardia ante sus puertas.

    Dos clases de laurel dijo Catón que eran los cultivados, el délfico y el chipriota. Pompeyo Leneo añadió otro, que llamó mustace porque parece que se ponía bajo las mustáceas (1), e indicó que éste era de hoja muy grande, lacia y además tirando a blanca; que el délfico era de un solo color, pero algo más verdoso, de bayas muy grandes que pasaban del verde al rojo, y que con él se coronaban en Delfos los vencedores igual que en Roma los que recibían el triunfo. Con respecto al chipriota, que era encrespado, con su hoja pequeña, negra y abarquillada por los bordes.

    Después se sumaron más clases: el tino –algunos lo consideran un laurel silvestre y otros un árbol de una clase propia- se diferencia por el color, pues es de baya azulada. Se sumó también el laurel real, que empezó a ser llamado augústeo, el mayor de todos tanto por el porte como por la hoja, provisto de unas bayas que tampoco son desagradables al paladar. Algunos autores dicen que no son el mismo árbol y establecen la correspondiente clase del laurel real por sus hojas más largas y más anchas. Estos mismos, dentro de otra clase diferente, le dan el nombre de bacalia precisamente al más común y más rico en bayas y, en cambio, al estéril  -que es lo que más llama la atención-, el de triunfal, afirmando que lo utilizaban los que obtenían el triunfo;  pero esto comenzó con el Divino Augusto, como mostraremos, por aquel laurel que le fue enviado desde el cielo, de muy escasa altura, de hoja encrespada y corta, y, además, difícil de encontrar.

    Se suma, en la jardinería, el de Tasos, con una especie de pequeña excrecencia de hoja que le nace en medio de las hojas, así como, sin ella, el “eunuco”, que aguanta extraordinariamente la sombra y por eso puebla todo el terreno por sombrío que sea.

    También está el camedafne, un arbusto silvestre y el alejandrino, que algunos llaman del ida, otros hipoglotio, otros Dánae, otros carpofilo  y otros hipélate. Este echa de la raíz ramas esparcidas de un dodrante, apropiadas para la confección de coronas, de hoja más puntiaguda que la del mirto así como más blanda y más blanca, de mayor tamaño, con una baya roja en medio de sus hojas, muy abundante en el Ida y cerca de la Heraclea Póntica, si bien en terrenos montañosos.

    Asimismo, esa otra case de laurel que se denomina dafnoide tiene un cúmulo de nombres, pues unos lo llaman pelasgo, otros eupétalo y otros “corona de Alejandro”. Y también es un arbusto ramoso, de hoja más gruesa y blanda que el laurel, que al probarlo quema la boca, y con bayas que pasan del negro al rojo.

    Advirtieron los antiguos que en Córcega no había ninguna clase de laurel, pero ahora plantándolo también se da allí.

    Es por esencia pacificador hasta el punto de que mostrarlo, incluso en medio de los enemigos armados, es señal de paz. Entre los romanos, como principal portavoz que es de alegría y de victorias, se pone en las cartas y también en las lanzas y dardos de los soldados, y adorna los fasces imperiales. Una rama cogida de éstos se deposita en el regazo de Júpiter Óptimo Máximo siempre que una nueva victoria da una alegría, y eso no es porque siempre esté verde ni porque sea pacificador  -por ambas razones habría de preferirse el olivo-,  sino porque es el árbol más admirado del monte Parnaso y precisamente por eso se considera predilecto de Apolo, pues era ya costumbre de los reyes de Roma enviar allí ofrendas y solicitar sus oráculos, según lo atestigua Lucio Bruto y quizá también da prueba de ello, ya que él habría logrado allí la libertad del pueblo besando, de acuerdo con la respuesta del oráculo, aquella tierra productora de laureles, y, además, porque es el único árbol, entre los plantados por la mano del hombre y aceptados en las casas, que no es alcanzado por el rayo. Por estas causas sin duda consideraría yo que se le ha concedido el honor de figurar en los triunfos, más que porque sirva de sahumerio y de purificador por haber dado muerte al enemigo, como relata Masurio. Además, es sacrílego mancillar con usos profanos el laurel y el olivo hasta el punto de que ni siquiera debe prenderse fuego con ellos en los altares o en las aras para aplacar a los dioses.

    El laurel, desde luego, reniega del fuego con su claro crepitar y aun con otro testimonio, dado que su madera llega a retorcer incluso sus entrañas y sus fibras dañadas. Cuentan que el emperador Tiberio, cuando tronaba, solía ponerse una corona de laurel por miedo a los rayos.

    También hay sucesos en torno al Divino Augusto dignos de ser recordados. De hecho, a Livia Drusila, que después recibió por matrimonio el nombre de Augusta, cuando estaba prometida al emperador, un águila desde lo alto le echó en el regazo, mientras estaba sentada, una gallina de llamativa blancura, ilesa y, cuando ella tuvo el valor de mirarla, sucedió otro milagro. Como sujetaba en el pico una rama de laurel cargada de bayas, los arúspices ordenaron cuidar el ave y su descendencia, y, además, que se plantase aquella rama y que se cultivara ritualmente. Y así se hizo en la propiedad de los Césares situada en la ribera del Tíber junto al noveno miliario de la vía Flaminia, que por esa razón se llama “junto a las Gallinas”, y, además, allí asombrosamente surgió un bosque. De ese bosque, después, el emperador en la celebración del triunfo tomó en su mano una rama de laurel y la corona que ciñó en su cabeza, como posteriormente todos los Césares emperadores. Y es tradición plantar las ramas que ellos llevaron, y aún quedan bosques que se distinguen por los nombres de ellos  -acaso por esa razón se sustituyeron los laureles triunfales.

    Es el único árbol cuyo nombre se puede poner en latín a los varones, el único cuyo follaje se distingue con una denominación propia, pues lo llamamos láurea. Incluso perdura en Roma su nombre, que se le puso a un lugar, pues se llama Loreto, en el Aventino, el lugar donde hubo un bosque de laurel. Dicho árbol se emplea en las purificaciones; y quede claro, de paso, que se puede plantar también por estaca, ya que Demócrito y Teofrasto llegaron a dudarlo.

    A continuación expondremos las características de los árboles silvestres.
    (Traducción y nota de A.Mª. Moure Casas. Editorial Gredos. 2010)


    Nota 1: las mustáceas o “pasteles de mosto” se preparaban con harina rociada con mosto y queso, aromatizados con anís y comino, y envueltos en hojas de laurel, ya mencionados por Catón 121. Su nombre, como el del laurel de hoja ancha adecuado para prepararlas, deriva de mustum “mosto”. En una de las recetas de Ateneo, Deipnosofistas, 647, entraba también el vino con miel. En Roma eran típicos de las bodas, cf. Juvenal, VI 202.

    Naturalis Historia, XV, 39-40:

    Laurus triumphis proprie dicatur, vel gratissima domibus, ianitrix Caesarum pontificumque. sola et domos exornat et ante limina excubat. duo eius genera tradidit Cato, Delphicam et Cypriam. Pompeius Lenaeus adiecit quam mustacem appellavit, quoniam mustaceis subiceretur: hanc esse folio maximo flaccidoque et albicante; Delphicam aequali colore viridiorem, maximis bacis atque e viridi rubentibus ac victores Delphis coronare ut triumphantes Romae; Cypriam esse folio brevi, nigro, per margines imbricato crispam.  postea accessere genera: tinus — hanc silvestrem laurum aliqui intellegunt, nonnulli sui generis arborem — differt colore; est enim caerulea baca.  accessit et regia, quae coepit Augusta appellari, amplissima et arbore et folio, bacis gustatu quoque non asperis. aliqui negant eandem esse et suum genus regiae faciunt longioribus foliis latioribusque. iidem in alio genere bacaliam appellant hanc quae vulgatissima est bacarumque fertilissima, sterilem vero earum, quod maxime miror, triumphalem eaque dicunt triumphantes uti, nisi id a Divo Augusto coepit, ut docebimus, ex ea lauru quae ei missa e caelo est, minima altitudine, folio crispo, brevi, inventu rara. accedit in topiario opere Thasia, excrescente in medio folio parvola veluti lacinia folii, et sine ea spadonina, mira opacitatis patientia, itaque quantalibeat sub umbra solum implet. est et chamaedaphne silvestris frutex et Alexandrina, quam aliqui Idaeam, alii hypoglottion, alii danaen, alii carpophyllon, alii hypelaten vocant. ramos spargit a radice dodrantales, coronarii operis, folio acutiore quam myrti ac molliore et candidiore, maiore, semine inter folia rubro, plurima in Ida et circa Heracleam Ponti, nec nisi in montuosis.  id quoque quod daphnoides vocatur genus in nominum ambitu est; alii enim Pelasgum, alii eupetalon, alii stephanon Alexandri vocant. et hic frutex est ramosus, crassiore ac molliore quam laurus folio, cuius gustatu accendatur os, bacis e nigro rufis. notatum antiquis, nullum genus laurus in Corsica fuisse, quod nunc satum et ibi provenit.

    Ipsa pacifera, ut quam praetendi etiam inter armatos hostes quietis sit indicium. Romanis praecipue laetitiae victoriarumque nuntia additur litteris et militum lanceis pilisque, fasces imperatorum decorat. ex iis in gremio Iovis optimi maximique deponitur, quotiens laetitiam nova victoria adtulit, idque non quia perpetuo viret nec quia pacifera est, praeferenda ei utroque olea, sed quia spectatissima in monte Parnaso ideoque etiam grata Apollini visa, adsuetis eo dona mittere, oracula inde repetere iam et regibus Romanis teste L. Bruto, fortassis etiam in argumentum, quoniam ibi libertatem publicam is meruisset lauriferam tellurem illam osculatus ex responso et quia manu satarum receptarumque in domos fulmine sola non icitur. ob has causas equidem crediderim honorem ei habitum in triumphis potius quam quia suffimentum sit caedis hostium et purgatio, ut tradit Masurius, adeoque in profanis usibus pollui laurum et oleam fas non est, ut ne propitiandis quidem numinibus accendi ex iis altaria araeve debeant. laurus quidem manifesto abdicat ignes crepitu et quadam detestatione, interna eorum etiam vitia et nervorum ligno torquente. Ti. principem tonante caelo coronari ea solitum ferunt contra fulminum metus.  Sunt et circa Divum Augustum eventa eius digna memoratu. namque Liviae Drusillae, quae postea Augusta matrimonii nomen accepit, cum pacta esset illa Caesari, gallinam conspicui candoris sedenti aquila ex alto abiecit in gremium inlaesam, intrepideque miranti accessit miraculum. quoniam teneret in rostro laureum ramum onustum suis bacis, conservari alitem et subolem iussere haruspices ramumque eum seri ac rite custodiri:  quod factum est in villa Caesarum fluvio Tiberi inposita iuxta nonum lapidem Flaminiae viae, quae ob id vocatur Ad Gallinas, mireque silva provenit. ex ea triumphans postea Caesar laurum in manu tenuit coronamque capite gessit, ac deinde imperatores Caesares cuncti. traditusque mos est ramos quos tenuerunt serendi, et durant silvae nominibus suis discretae, fortassis ideo mutatis triumphalibus.   unius arborum Latina lingua nomen inponitur viris, unius folia distinguntur appellatione; lauream enim vocamus. durat et in urbe inpositum loco, quando Loretum in Aventino vocatur ubi silva laurus fuit. eadem purificationibus adhibetur, testatumque sit obiter et ramo eam seri, quoniam dubitavere Democritus atque Theophrastus.
    Nunc dicemus silvestrium naturas.

  • Nerón inaugura un gran gimnasio y Demetrio le arruina el acto. (Intelectuales frente al poder III)

    Una de las mayores aportaciones de Roma a la civilización occidental fue la urbanización del territorio que fue conquistando con sus legiones. Roma construyó ciudades (urbs) e implantó un moderno sistema de vida ciudadano (civitas).

    En esa cultura era fundamental el agua, que utilizan con profusión. Tan necesaria era que a veces la transportan desde manantiales a decenas de kilómetros por acueductos y tuberías que nos siguen causando impresión.

    En la ciudad construida hay varios elementos esenciales: el foro o plaza, los templos, los edificios civiles de la administración como la basílica, y por supuesto las termas o baños o complejo deportivo y cultural amplio en el que junto a varias piscinas para satisfacer el deseo de placer del ciudadano hay también un gimnasio en el que entrenar y mantener en forma el cuerpo.

    Nota: “termas” significa “agua caliente”, del griego θερμός , thermos = caliente, nombre que también aplicamos al recipiente culinario que mantiene los alimentos, especialmente las bebidas,  calientes. “Baño” deriva de la latina balneum o balineum, que a su vez viene de la griega βαλανεῖον. El término primitivo latino para “baño” con el sentido de “excusado o retrete” era lavatrina, de donde nuestro “letrina”. "Piscina", naturalmente, deriva de la latina "piscis", que significa "pez", animal que de ordinario está en el agua.

    En todo ello fue fundamental la experiencia griega, que llevaba varios siglos de adelanto al inicialmente rudo romano. El arquitecto romano Vitruvio expone ampliamente en su obra De Architectura las condiciones de los edificios urbanos en su libro V especialmente.

    Nota curiosa: “gimnasio” es originariamente una palabra griega gymnasion, cedida al latín como “gimnasium. Procede de gymnos (γυμνός), que significa “desnudo”  y hace referencia a la costumbre de entrenarse físicamente y realizar los diversos entrenamientos deportivos desnudos de todo vestido. El que se entrena o practica el ejercicio del gimnasio es el “gimnasta”. De paso diré que esta desnudez permitía ungir o untar el cuerpo con tonificante aceite. Ese aceite, mezclado con el sudor natural y el polvo pegajoso del entrenamiento había luego de ser retirado con un rascador que en latín se llama “strigilis”. Recordemos la famosa estatua griega de Lisipo, el Apoxiomenos, en la que un atleta se está retirando el sudor utilizando el citado instrumento. Véase https://www.antiquitatem.com/adriano-termas-estrigil-lisipo-apoxiomen

    Como decía, las relajadas costumbres orientales y griegas pronto se asentaron en la Roma poderosa y fueron creándose termas y gimnasios cada vez más grandiosos. Vitruvio dedica todo el capítulo 9 del libro V de su obra De architectura a la construcción de estos edificios.

    Vitruvio 5.9.9  

    Como quiera que me parece que ya he expuesto todas estas cosas con suficiente detalle, ahora seguiré con las características de la disposición de los baños.

    Quoniam haec nobis satis videntur esse exposita, nunc insequentur balinearum dispositionum demonstrationes.

    Y  sigue especificando las condiciones en todo el capitulo 10.

    El primer complejo deportivo-cultural de estas características de grandes proporciones construido en Roma fue el que mandó hacer el emperador Nerón y que se inauguró el año 61.

    La construcción de estas termas y gimnasio la cuentan todos los historiadores de la época, reflejando su grandiosidad, que también impresionó a toda la sociedad. Marcial, que nació en Bilbilis, la actual Calatayud, en el año 40 y se marchó a Roma alrededor del año 64, para volver a su ciudad natal 34 años después, en donde murió 6 años más tarde) utiliza la referencia como tópico sinónimo de grandioso, como veremos a continuación.

    Leamos primero los textos que nos dan cuenta del evento pertenecientes a Tácito, Suetonio y Dion Casio.

    Tácito, XIV, 47

    Aquel año fue inaugurado un gimnasio por Nerón y ofreció el aceite a los caballeros y a los senadores según la costumbre griega.

    gymnasium eo anno dedicatum a Nerone praebitumque oleum equiti ac senatui Graeca facilitate.

    Suetonio, Nerón XII,3

    Implantó por primera vez en Roma un concurso quinquenal, triple según la costumbre griega; musical, gimnástico e hípico, al que dio el nombre de Neroniano. Después de inaugurar termas y un gimnasio, ofreció aceite incluso a los senadores y a los caballeros. Hizo presidir este concurso por exconsules, escogidos a suerte, ocupando el lugar de los pretores. Seguidamente bajo a situarse en la orquesta con los senadores. Aceptó la corona de la elocuencia y de la poesía latinas que se habían disputado los ciudadanos m´s honorables y que le cedieron de común acuerdo. Pero cuando los jueces le otorgaron la de los citaristas, se arrodilló y la hizo llevar ante la estatua de Augusto. (Traducción de Francisco Luis Cardona y Juan Alsina. Edit. Bruguera.1970)

    Instituit et quinquennale certamen primus omnium Romae more Graeco triplex, musicum gymnicum equestre, quod appellauit Neronia; dedicatisque thermis atque gymnasio senatui quoque et equiti oleum praebuit. magistros toto certamini praeposuit consulares sorte, sede praetorum. deinde in orchestram senatumque descendit et orationis quidem carminisque Latini coronam, de qua honestissimus quisque contenderat, ipsorum consensu concessam sibi recepit, citharae autem a iudicibus ad se delatam adorauit ferrique ad Augusti statuam iussit.

    Dión Casio, LXI, 21

    Entonces hizo estas cosas para celebrar el corte de su  barba; y para asegurar su continuidad en el poder, creó unos juegos quinquenales que llamó “Neronios” (Neronia). En honor de este evento hizo también construir un gimnasio y en su dedicación ofreció una distribución gratuita de aceite a los senadores y caballeros. Obtuvo, sin que nadie se opusiera, la corona al tocador de lira; todos los demás fueron descalificados, considerando que eran indignos de ser ganadores. E inmediatamente, llevando el uniforme de este grupo entró en el gimnasio para ser considerado como vencedor. Desde ese momento, se le enviaron todas las coronas de todos los concursos de citaristas, como si él fuera el único artista merecedor de la victoria.

    Marcial, VII, 34

    ¿Qué cómo puede ser, Severo, que la peor persona del mundo, Carino, haya
    hecho bien ni una sola cosa, preguntas? Te lo diré, pero rápido. ¿Qué peor que Nerón? Qué mejor que las termas neronianas? No falta al momento, ahí lo tienes, alguno de esos malvados que te habla así con su boca avinagrada: “¿Qué prefieres tú a tantos regalos de nuestro dios y señor?” —Prefiero las termas neronianas a los baños de un  maricón
    . (Traducción de José Guillén. Ed. Institución Fernando el Católico. Zaragoza)

    Quo possit fieri modo, Severe,
    Ut vir pessimus omnium Charinus
    Unam rem bene fecerit, requiris?
    Dicam, sed cito. Quid Nerone peius?
    Quid thermis melius Neronianis?
    Non deest protinus, ecce, de malignis,
    Qui sic rancidulo loquatur ore:
    'Quid tu tot domini deique nostri
    Praefers muneribus?' Neronianas
    Thermas praefero balneis cinaedi.

    Pues bien, hay una anécdota de curioso interés en relación con el acto de inauguración de este complejo. Se trata de la aparición en la escena de la inauguración de un famoso filósofo cínico contemporáneo, muy respetado por la intelectualidad del momento por su integridad moral, Demetrio. Este filósofo crítico con el poder, sin pelos en la lengua y con poca prudencia arruinó el acto inaugural pensado para mayor gloria del emperador. El texto, aunque vivo y descriptivo, no deja de ser frío y casi notarial. Es necesario que el lector realice un pequeño esfuerzo de imaginación, a lo que puede ayudar la comparación con eventos contemporáneos actuales pintorescos y grotescos, necesarios también de una voz “cinica” que reduzca el “ego” del gobernante.

    Nota: aunque sea bien sabido por la generalidad, permítame el lector informado, que comente que la palabra “ego” no es sino el pronombre personal de primera persona latino, que hemos de traducir por “yo”. De él derivan términos con significado bien evidente a partir de esta etimología, como egoísmo, egoísta, egocéntrico, egocentrismo. Tan conocido es el término que con frecuencia decimos de alguien bien pagado de sí mismo que tiene “un ego muy desarrollado”.

    Pues bien Demetrio criticó las famosas Termas que  Nerón inauguró en el año 61 por antihigiénicas y excesivamente caras y despilfarradoras en el mismo acto inaugural. En aquel momento escapó de la ira del Emperador, pero cuando un año más tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de Demetrio se consideraron la causa del derrumbe y Demetrio fue enviado al exilio por Tigelino, el prefecto del pretorio (el jefe superior de policía y brazo ejecutor) de Nerón.

    Pero será mejor que todo ello nos lo cuenten los propios textos antiguos:

    Del rayo nos dice Tácito en  Annales XV.22):

    Durante el mismo consulado fue golpeado el Gymnasio por un rayo y tirado al suelo; la estatua de Nerón, que en él había quedó fundida en un pedazo amorfo de bronce.

    Isdem consulibus gymnasium ictu fulminis conflagravit effigiesque in eo Neronis ad informe aes liquefacta.

    Filóstrato, Vida de Apolonio IV 42 (pongamos un poco de imaginación por nuestra parte para colorear el relato):

    Dado que Demetrio, que llegó después a Roma con la misma disposición de ánimo hacia él que he dicho en los capítulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio,mientras que arremetía contra Nerón, ello provocó en este hombre sospechas de una conspiración, y daba la impresión de que aquel había inducido a Demetrio a eso mismo. Mucho más cuando se llevó a término por Nerón el gimnasio más admirable de los de allí, y estaban celebrando el día festivo en él el propio Nerón, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero presentándose Demetrio en el propio gimnasio, pronunció un discurso contra los que se bañaban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. Así mismo, demostraba que tales cosas constituían un derroche excesivo. Lo libró de morir inmediatamente por ello el hecho de que Nerón cantó aquel día muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con sólo un ceñidor, como los más desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libró Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que tenía la espada de Nerón, lo expulsó de Roma, por haber arruinado la casa de baños con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,  para cuando también él dijera algo censurable e impurdente. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Es fácil imaginar la cara que se les pondría a toda la alta sociedad romana, con el emperador Nerón a la cabeza, escuchando al tábano cínico Demetrio (Socrátes, del que aprendió muchas cosas su discípulo Antístenes, fundador de la escuela cínica, se consideraba a sí mismo en la Apología, de Platón,  un tábano, mosca cojonera diríamos hoy en lenguaje más explícito) arruinarles el acto con dos críticas de peso: aquello es un despilfarro y además en los baños públicos lo único que puedes pillar es alguna enfermedad…

    Iniciado nuestro proceso imaginativo, podemos suponer que en el acto de inauguración no sólo se “cortó la cinta”, sino que los senadores y el resto de invitados se bañaron y embadurnaron de aceite. Nos da pie a ello la referencia explícita de los autores citados de que Nerón les concedió el aceite, a la manera griega.

    Es también motivo de reflexión la actitud del “policía” Tigelino respecto de Apolonio: espiarlo en secreto para pillarlo in fraganti y entonces…. castañazo..

    Sin duda alguna, hubiera sido muy oportuna en nuestro tiempo la presencia de algún cínico como Demetrio en la inauguración fantasmagórica de algún aeropuerto sin aviones, autopista sin coches o puente sin río.

                                  ……………..

    Nota postdata: En primer lugar la palabra “postdata” significa o se refiere a lo “ya ofrecido, ya dado, ya expuesto, nespecialmente la fecha o datación con la que se suele cerrar el documento”, y por eso se  adjetiva así esta nota, porque viene a continuación del texto del artículo.

    En segundo lugar con la nota quiero explicar el término “inaugurar”, con el que titulaba el artículo. Los romanos, como otros muchos pueblos y personas, no ejecutaban ninguna acción de importancia ni pública ni privada sin conectar con el sentir de los dioses. Los augures eran los sacerdotes, de origen etrusco, que “auguraban” o escrutaban la voluntad de los dioses o el futuro; el “augurio” favorable, averiguado por diversos caminos, como por ejemplo observar el vuelo de las aves, operación que se llama “auspicio”, de avis, ave, spicere, ver, significaba el acuerdo de los dioses. El augurio favorable era especialmente necesario a la hora de entablar una batalla, no olvidemos que Roma es un grandioso imperio fundamentado en la fuerza de sus legiones.

    Quien contó con unos “augurios” especialmente favorables fue el emperador César Octavio porque se le llama “Augusto”, que viene a ser algo así como “el favorecido por los dioses”. Por eso "augustus" en griego se trraduce por ἱερὸν, hieron, sagrado

  • La ninfa Calisto

    Quien disfrute leyendo o escuchando los coloridos relatos de la mitología grecolatina dispone de una obra esencial para ello: las Metamorfosis de Ovidio. En ella el prolífico poeta nos cuenta los muchos casos de transformación o metamorfosis de hombres, mujeres o personajes mitológicos en otros seres.

    Entre esas transformaciones son especialmente interesantes, entre otras cosas por la fuerza con la que perviven, las conversiones en astros o estrellas, los llamados catasterismos.

    Llamamos “catasterismo” a la conversión o la transformación  de dioses, seres heroicos,  hechos mitológicos, e incluso principios éticos más tarde, en astros, en cuerpos celestes del firmamento, en estrellas o conjuntos de estrellas.

    Se trata de un término técnico o culto griego, compuesto de la preposición kata, κατά (encima, abajo)  y el sustantivo  ἀστήρ, aster,  (estrella, astro).  El término se empleo como título de un librito atribuido al director de la Biblioteca de Alejandría, matemático, geógrafo, astrónomo, médico, filólogo, autor literario,  Eratóstenes.

    Dos de las constelaciones o conjunto de estrellas (eso es lo que significa la palabra constelación, cum stella..) más conocidas e importantes a lo largo de la historia en nuestro hemisferio son la “Osa Mayor”, fruto de la transformación de una ninfa, Calisto y el Boyero, Boötes, o guardián de la Osa, transformación de su hijo Arcas.

    Nos lo cuenta literariamente el citado poeta Ovidio en un largo relato de más de ciento cincuenta versos en Metamorfosis,  libro II, v. 401-550.

    Hoy me permito una pequeña licencia que a buen seguro no molestaría a Ovidio; en el mundo antiguo un mismo tema mitológico se rehace y modifica, se reduce o amplia una y otra vez por diversos autores.

    Me permito hacer, pues, una versión reducida del relato ovidiano que tal vez sea más fácil de leer que el texto original para posibles lectores actuales, si bien ofreceré al final para el lector interesado el propio texto del autor latino con su correspondiente traducción.

    LA  NINFA  CALISTO

    Júpiter, el dios todopoderoso, recorría vigilante el amplio y sereno cielo y observaba con desgana la tierra en la que los hombres viven. En sus viajes diarios por el firmamento se detuvo muchas veces en Arcadia, fértil región de la tierra especialmente querida para él, gobernada por  Licaón, rey culto y religioso, respetado por sus ciudadanos a los  que por fin civilizó obligándoles a abandonar  su  forma de vida  primitiva y ruda.

    Tenía Licaón numerosos hijos y entre ellos una hija que se llamaba Calisto. Su extraordinaria belleza atrajo la atención amorosa de Júpiter, que con excesiva frecuencia traicionaba a su esposa Juno.

    La hija de Licaón no gustaba de la vida muelle de palacio, ni ocupaba el tiempo en cardar la lana o perfumar su cuerpo de bellas formas. Sujetos sus cabellos desordenados con una blanca cinta y anudado su vestido con un ligero broche, armada con el curvo arco y las flechas puntiagudas al hombro, recorría los bosques frondosos acompañando a Diana, diosa virgen, libre y  certera cazadora.  

    Un caluroso día de verano, cuando el sol ya estaba a mitad de su carrera, descansaba  Calisto solitaria tendida en el verde suelo del bosque, reposando la cabeza sobre el carcaj multicolor. Cuando Júpiter la vio tan hermosa e indefensa, ardiendo de pasión como sólo los dioses pueden arder, pensó:

        — Mi esposa Juno no se enterará de este amor secreto

    Y tomando la figura de la diosa Diana se acercó a Calisto:

    — Hermosa doncella, hoy has cazado de manera extraordinaria y certera.

    Se levantó de ágil salto Calisto y respondió con palabras agradecidas:

    — Gracias, mi querida y amada diosa. Yo creo que eres más grande y poderosa que el mismo Júpiter, que no nos oye.

    Júpiter se sonrió al escucharla, la abrazó con fuerza contra su pecho poderoso y la colmó de besos lascivos, impropios de la diosa virgen cuya figura había suplantado.

    Quiso Calisto inútilmente soltarse del divino abrazo, consciente ya del engaño adúltero. Pero ¿quién puede vencer al poderoso Júpiter?

    Cuando Júpiter voló insensible al éter, Calisto recogió su aljaba y su arco y huyo veloz del bosque cómplice, para siempre odioso.

    Cierto día, después de una buena cacería, Diana, feliz y contenta, llama  a Calisto, que, temiendo fuera Júpiter de nuevo disfrazado, huye corriendo a esconderse en el frondoso bosque. Pero,  viendo a la diosa rodeada de sus ninfas que impedían el engaño, se acercó cabizbaja al grupo. El rubor de su semblante delataría su pudor herido a Diana, si la diosa no fuera  virgen inexperta.

    Fatigadas por la larga cacería, alcanzaron un fresco arroyo de aguas cristalinas. Diana apenas sumergió su virginal pie en el agua fresca que corría murmullosa y dijo amable:

      — Descansemos un rato. Nadie nos ve aquí; desnudémonos y refresquemos nuestros cuerpos en estas aguas cristalinas.

    Todas las ninfas se despojaron presto de sus vestidos de caza, pero Calisto, de nuevo ruborizada, dilataba su desnudez. Cuando por fin se quitó la ropa, apareció evidente en su cuerpo la culpa que inútilmente quería ocultar con sus manos.

    Irritada la diosa virgen gritó a la avergonzada ninfa:

    — Aléjate rápido de nosotras, traidora,  y no mancilles estas aguas  sagradas.

    Museo del Prado. Rubens: Calisto y Diana

    Pasó el tiempo necesario y nació el pequeño Arcas, fruto de aquella forzada unión. Juno, esposa de Júpiter hacía tiempo que conocía ya lo sucedido. Llegado ahora el momento propicio, no dilató por más tiempo su cruel castigo. Así dijo airada la diosa poderosa:

       — Sólo faltaba, adultera, que fueras fecunda y que un hijo tuyo testificase ante todos los dioses el ultraje vergonzoso de mi esposo Júpiter. Pronto te arrebataré la belleza de tu cuerpo con la que atrajiste a mi adúltero marido.  

    Y diciendo esto, la agarró de sus rubios cabellos y la arrojó al suelo con toda violencia. Tendía Calisto sus brazos suplicantes, que inapelablemente se cubrían de negros pelos; tendía sus manos que se convertían en garras retorcidas y su dulce boca, apetecida por Júpiter, se transformaba en deformes fauces animales. De su ronca garganta no surgen palabras suplicantes que conmoverían el corazón, sino un ronco rugido que llena de terror.

    Convertida en osa, conserva sin embargo su alma anterior, como atestiguan sus constantes gemidos de dolor y sus manos levantadas hacia lo alto, tal vez protestando la insensible ingratitud de Júpiter, el padre de los dioses que a todos amedrenta con sus rayos.

    Ahora Calisto anda errante en la soledad del bosque y de los campos peligrosos. Quien antes cazaba infatigable, ¡cuántas veces ahora se esconde perseguida por los ladridos de los perros y las flechas de los cazadores! Incluso siendo ahora una osa, siente miedo al ver a los fieros osos en lo alto de las peñas.

    Transcurrieron muchos años y Arcas, el hijo de Calisto a la que no conoció, persigue a las fieras por los desfiladeros y bosques del monte Erimanto, en la fértil Arcadia. Cierto día Arcas se topa  con su madre, que parece reconocerlo y fija en él su negros ojos. Cuando la madre se acerca insegura al hijo, a punto  está de morir atravesada por la flecha que Arcas coloca en su arco tensado, pero el todopoderoso Júpiter impidió el terrible sacrilegio. Arrebatados de la dura tierra, transportados a través del espacio los colocó en el cielo, transformados para siempre en dos constelaciones vecinas de brillantes estrellas, la “Osa Mayor” y "El Boyero" (Boötes o el guardián de la Osa).

    ……………….

    Versión completa del relato de Ovidio

    Calisto

    El padre omnipotente rodea las enormes murallas del cielo y examina si algo, debilitado por la fuerza del fuego, puede derrumbarse. Una vez que ve que están firmes y con toda su fortaleza, dirige su mirada a la tierra y a los penosos trabajos de los hombres. Su mayor motivo de preocupación es la Arcadia: restablece las fuentes y los ríos que todavía no se atrevían a correr, da césped a la tierra y hojas a los árboles, y ordena que los bosques dañados reverdezcan.

    Mientras vuelve allí una y otra vez, se queda prendado de una muchacha de Nonacris y el fuego recibido de la pasión ardió bajo sus huesos. Las ocupaciones de ella no eran ni cardar la lana para hacerla suave ni cambiar la forma de su peinado. Tan pronto el broche sujetaba su vestido y una cinta blanca sus cabellos sueltos, inmediatamente ya había cogido con su mano el ligero venablo o bien el arco y se presentaba semejante a Febe (Diana) y nunca muchacha alguna más querida que esta por la Trivia (Diana) pisó el monte Ménalo. Pero ninguna posibilidad es duradera.

    El sol alto ya ocupaba un espacio más allá de la mitad de su recorrido, cuando ella entró en el bosque que ninguna edad había talado. Se quitó entonces la aljaba de los hombros y distendió el arco flexible, y se tumbó en el suelo que cubría la hierba, y presionaba la aljaba de colores con su cabeza apoyada.

    Cuando Júpiter la vio cansada y libre de ningún vigilante, dijo: “ciertamente mi esposa no conocerá este robo y si se enterara sus reproches merecen, merecen sin duda la pena”. Inmediatamente se reviste del rostro y vestidos de Diana y dice:

    “Oh doncella, parte especial de mis acompañantes, en que montes has estado cazando?”. La muchacha se levanta del césped y dice: salud, diosa, en mi opinión mayor que Júpiter, aunque él mismo me oiga.”  Pero él se ríe y lo oye y se alegra de que sea el preferido y le da besos ni lo debidamente moderados ni que deban ser dados por una doncella.

    Cuando ella se disponía a contarle en qué bosque iba a cazar, se lo impide con su abrazo y se delata no sin un acto  criminal. Ella ciertamente se muestra contraria tanto cuanto apenas puede una mujer (ojalá la hubieras visto, Saturnia (Juno); serías ahora más benévola), lucha ella ciertamente, pero ¿a quién podría  vencer una muchacha? ¿quién podría vencer a Júpiter?.

    Victorioso, Júpiter se dirige al cielo divino: para ella en cambio  el bosque y la cómplice espesura son motivo de odio.   Al apartar de allí sus pies, casi olvidó recoger su aljaba con sus dardos y el arco que había dejado colgado.

    Mas he aquí que acompañada de su coro, Dictina (Diana) está entrando en el alto Ménalo y orgullosa por la matanza de las fieras, la ve y una vez vista la llama; pero huye cuando es llamada y al principio tiene miedo de que sea Júpiter en la figura de ella. Pero después que vio que a la par con ella marchaban las ninfas, comprendió que no había engaño y se sumó al grupo de ellas. Pero, ¡ay! qué difícil  es no delatar el crimen en el rostro!… Apenas levanta los ojos del suelo, ni, como antes acostumbraba, se une al lado de la diosa, ni es la primera de todo el grupo, sino que guarda silencio y da muestras con su rubor del pudor ultrajado. Y si Diana no fuera virgen, habría podido con mil detalles darse cuenta de la culpa; dicen que en cambio las ninfas si se dieron cuenta.

    Los cuernos de la luna reaparecían en su novena órbita (en el noveno mes), cuando la diosa, cansada de cazar bajo las llamas de su hermano (el Sol), alcanzó un bosque fresco, por el que corría un arroyo deslizándose entre murmullos y revolvía las límpidas arenas.

    Como quiera que alabó el lugar, (le gustó), tocó las aguas con su pie: alabadas también éstas, dijo: todo testigo está lejos;  sumerjamos nuestros cuerpos desnudos en las aguas transparentes”. La Parráside (Calisto) enrojeció. Todas se quitan sus vestidos; una sola busca retrasarlo. Le quitan el  vestido a la vacilante; y una vez quitado, con su cuerpo desnudo, quedó patente su falta criminal. A quien atónita quería esconder su vientre con sus manos, le dijo la Cintia (Diana): “vete lejos de aquí y no manches las sagradas fuentes”, y le ordenó separarse de su grupo.

    Hacía tiempo que la esposa del gran Tonante (Júpiter) se había enterado de todo esto y había aplazado un duro castigo para el momento adecuado. Ningún motivo había ya para la demora, pues ya el niño Arcas había nacido de su rival; esto mismo dolió también a Juno.

    Tan pronto como dirigió a él su mirada y su cruel intención,dijo: “precisamente sólo me faltaba ya  esto, adúltera, que fueras fértil y con tu parto fuera conocido el agravio y quedase bien atestiguado el deshonor de mi Júpiter. No lo llevarás sin castigo: pues te quitaré la figura con la que te complaces a ti misma, pero también con la que inoportuna complaces a mi marido”.
    Dijo, y colocada frente a ella, cogiéndola por los cabellos, la arrojó boca abajo al suelo. Tendía ella suplicante sus brazos; pero sus brazos comenzaron a erizarse de negros pelos  y sus manos a curvarse y a prolongarse con ganchudas uñas, ofreciéndole la función de los pies, y su boca, en otro tiempo alabada por Júpiter, a deformarse con su ancho hocico.

    Y le arrebata el poder hablar para que ni los ruegos ni las palabras suplicantes dobleguen su corazón.  Sale de su ronca garganta una voz irritada y amenazadora y llena de terror.

    Sin embargo permanece en ella su mente anterior incluso convertida en osa, y manifestando su dolor con su constante gemido, levanta sus manos cual ahora son al cielo y a las estrellas y aunque no puede decirlo, siente que Júpiter es un ingrato.

    ¡Ah! ¡Cuántas  veces, no atreviéndose a descansar en el bosque solitario, anduvo errante delante de su casa y en los campos en otro tiempo suyos! ¡Ay! ¡Cuántas veces ha sido empujada entre las rocas por los ladridos de los perros y ella, que fue cazadora, huye ahora asustada por el miedo a los cazadores!

    Muchas veces se ocultó de la vista de las fieras, olvidando lo que era, y siendo una osa se asustó de ver osos en los montes, y tuvo miedo de los lobos, aunque su padre (Licaón) se encontraba entre ellos.

    Y he aquí que llega Arcas, hijo de la Licaonia, que desconoce a su madre, cumplidos ya casi sus quince años. Mientras persigue a las fieras y mientras elige los bosques adecuados y rodea con densas redes los bosques de Erimanto, se encuentra con su madre, que se detuvo al ver a Arcas, y pareció como que le conocía.

    El huyó e ignorante tuvo miedo de la que mantenía fijos los ojos sin fin en él y cuando ella intentó avanzar más cerca, estuvo a punto de atravesar su pecho con un dardo mortífero. Lo impidió el todopoderoso y los detuvo al mismo tiempo a ellos dos y al criminal acto, y arrebatados por un rápido viento a través del espacio  vacío los colocó en el cielo y los hizo constelaciones vecinas (la Osa Mayor y Artofilacte o Arturo, el Guardián de la Osa, el Boyero).

    Se enfureció Juno, cuando su rival brillaba entre las estrellas, y descendió a la superficie del mar para ver a la blanca Tetis y al anciano Océano, cuyo respeto obliga con frecuencia a los dioses, y les expone cuando le preguntan la causa de su viaje.

    Preguntáis por qué yo, la reina de la morada de los dioses, estoy aquí?  Otra es la que tiene el cielo en vez de mí. Mentiría si cuando la noche haya hecho oscuro el cielo,  no veis honradas hace poco en lo alto del cielo, mis ultrajes, como estrellas allí, en donde el último círculo y de más corto recorrido rodea la parte última del eje.  ¿Hay pues motivo por el que alguien no quiera insultar a Juno o me tema ofender a mí, que soy la única que perjudicando a alguien le favorezco?

    ¡Oh! ¡cuántas cosas grandes he hecho! ¡Cuán grande es mi poder! Prohibí que fuese un ser humano y se la ha hecho diosa. Así impongo yo el castigo a los culpables, así es mi gran poder. ¡Que le restituya  su antigua apariencia y que le quite su rostro de fiera, como ya hizo antes con la argólica Forónide (Io)! ¿Por qué no se casa con ella expulsando a Juno y la coloca en mi lecho y toma a Licaón como suegro?

    Pero vosotros, si os afecta el desprecio de la que criasteis ahora ultrajada, apartad a los  Siete Triones (la Osa Mayor) del azul abismo y rechazad a estas estrellas recibidas  en el cielo, como recompensa del adulterio para que una concubina no se bañe en vuestras aguas puras.”

    ….

    t pater omnipotens ingentia moenia caeli
    circuit et ne quid labefactum viribus ignis
    corruat explorat. Quae postquam firma suique
    roboris esse videt terras hominumque labores
    perspicit. Arcadiae tamen est impensior illi
    cura suae: fontes et nondum audentia labi
    flumina restituit dat terrae gramina, frondes
    arboribus, laesasque iubet revirescere silvas.
    Dum redit itque frequens, In virgine Nonacrina
    haesit et accepti caluere sub ossibus ignes.
    Non erat huius opus lanam mollire trahendo
    nec positu variare comas; ubi fibula vestem,
    vitta coercuerat neglectos alba capillos,
    et modo leve manu iaculum, modo sumpserat arcum,
    miles erat Phoebes: nec Maenalon attigit ulla
    gratior hac Triviae. Sed nulla potentia longa est.
    Ulterius medio spatium sol altus habebat,
    cum subit illa nemus, quod nulla ceciderat aetas.
    Exuit hic umero pharetram lentosque retendit
    arcus, inque solo, quod texerat herba, iacebat
    et pictam posita pharetram cervice premebat.
    Iuppiter ut vidit fessam et custode vacantem,
    “hoc certe furtum coniunx mea nesciet” inquit,
    “aut si rescierit sunt o sunt iurgia tanti.”
    Protinus induitur faciem cultumque Dianae
    atque ait: “O comitum, virgo, pars una mearum,
    in quibus es venata iugis?” De caespite virgo
    se levat et “salve numen, me indice”, dixit
    “audiat ipse licet maius Iove.” Ridet et audit,
    et sibi praeferri se gaudet et oscula iungit
    nec moderata satis nec sic a virgine danda.
    Qua venata foret silva, narrare parantem
    impedit amplexu, nec se sine crimine prodit.
    Illa quidem contra, quantum modo femina possit
    (adspiceres utinam, Saturnia: mitior esses !),
    illa quidem pugnat: sed quem superare puella,
    quisve Iovem poterat? — Superum petit aethera victor
    Iuppiter: huic odio nemus est et conscia silva.
    Unde pedem referens paene est oblita pharetram
    tollere cum telis et quem suspenderat arcum.
    Ecce, suo comitata choro Dictynna per altum
    Maenalon ingrediens et caede superba ferarum
    adspicit hanc visamque vocat: clamata refugit,
    et timuit primo, ne Iuppiter esset in illa.
    Sed postquam pariter nymphas incedere vidit,
    sensit abesse dolos numerumque accessit ad harum.
    Heu quam difficile est crimen non prodere vultu!
    Vix oculos attollit humo, nec, ut ante solebat,
    iuncta deae lateri, nec toto est agmine prima,
    sed silet et laesi dat signa rubore pudoris;
    et nisi quod virgo est poterat sentire Diana
    mille notis culpam; nymphae sensisse feruntur.
    Orbe resurgebant lunaria cornua nono,
    cum dea venatu, fraternis languida flammis,
    nacta nemus gelidum, de quo cum murmure labens
    ibat et attritas versabat rivus harenas.
    Ut loca laudavit, summas pede contigit undas:
    his quoque laudatis “procul est” ait “arbiter omnis;
    nuda superfusis tingamus corpora lymphis.”
    Parrhasis erubuit. Cunctae velamina ponunt:
    una moras quaerit. Dubitanti vestis adempta est;
    qua posita nudo patuit cum corpore crimen.
    Attonitae manibusque uterum celare volenti
    “i procul hinc” dixit “nec sacros pollue fontes”
    Cynthia; deque suo iussit secedere coetu.
    Senserat hoc olim magni matrona Tonantis
    distuleratque graves in idonea tempora poenas.
    Causa morae nulla est, et iam puer Arcas (id ipsum
    indoluit Iuno) fuerat de paelice natus.
    Quo simul obvertit saevam cum lumine mentem,
    “scilicet hoc etiam restabat, adultera” dixit,
    “ut fecunda fores, fieretque iniuria partu
    nota, Iovisque mei testatum dedecus esset.
    Haud impune feres: adimam tibi nempe figuram,
    qua tibi, quaque places nostro, importuna, marito.”
    Dixit et adversa prensis a fronte capillis
    stravit humi pronam. Tendebat bracchia supplex:
    bracchia coeperunt nigris horrescere villis
    curvarique manus et aduncos crescere in ungues
    officioque pedum fungi, laudataque quondam
    ora Iovi lato fieri deformia rictu.
    Neve preces animos et verba precantia flectant
    posse loqui eripitur; vox iracunda minaxque
    plenaque terroris rauco de gutture fertur.
    Mens antiqua tamen facta quoque mansit in ursa,
    adsiduoque suos gemitu testata dolores
    qualescumque manus ad caelum et sidera tollit
    ingratumque Iovem, nequeat cum dicere, sentit.
    A quotiens, sola non ausa quiescere silva,
    ante domum quondamque suis erravit in agris!
    A quotiens per saxa canum latratibus acta est
    venatrixque metu venantum territa fugit!
    Saepe feris latuit visis, oblita quid esset,
    ursaque conspectos in montibus horruit ursos
    pertimuitque lupos, quamvis pater esset in illis.
    Ecce, Lycaoniae proles, ignara parentis,
    Arcas adest, ter quinque fere natalibus actis:
    dumque feras sequitur, dum saltus eligit aptos
    nexilibusque plagis silvas Erymanthidas ambit,
    incidit in matrem; quae restitit Arcade viso
    et cognoscenti similis fuit. Ille refugit
    inmotosque oculos in se sine fine tenentem
    nescius extimuit propiusque accedere aventi
    vulnifico fuerat fixurus pectora telo.
    Arcuit omnipotens pariterque ipsosque nefasque
    sustulit, et celeri raptos per inania vento
    imposuit caelo vicinaque sidera fecit.
    Intumuit Iuno, postquam inter sidera paelex
    fulsit et ad canam descendit in aequora Tethyn
    Oceanumque senem, quorum reverentia movit
    saepe deos, causamque viae scitantibus infit:
    “Quaeritis, aetheriis quare regina deorum
    sedibus huc adsim? pro me tenet altera caelum.
    Mentiar, obscurum nisi nox cum fecerit orbem,
    nuper honoratas summo, mea vulnera, caelo
    videritis stellas illic, ubi circulus axem
    ultimus extremum spatioque brevissimus ambit.
    Est vero, cur quis Iunonem laedere nolit
    offensamque tremat, quae prosum sola nocendo?
    O ego quantum egi! quam vasta potentia nostra est!
    Esse hominem vetui: facta est dea. Sic ego poenas
    sontibus impono, sic est mea magna potestas.
    Vindicet antiquam faciem vultusque ferinos
    detrahat, Argolica quod in ante Phoronide fecit.
    Cur non et pulsa ducit Iunone meoque
    collocat in thalamo socerumque Lycaona sumit?
    At vos si laesae tangit contemptus alumnae,
    gurgite caeruleo septem prohibete triones
    sideraque in caelo, stupri mercede, recepta
    pellite, ne puro tingatur in aequore paelex.”

  • Ecfrasis, Écfrasis, Ékfrasis. Ut pictura poesis (Horacio): La poesía es como la pintura

    “Ecfrasis” es una palabra griega: ἔκφρασιϛ,( ek y phrasis, ‘fuera’ y ‘hablar’) ,(procedente a su vez del verbo ἐκφράζο, ekphraso, de ek,fuera, y phraso, explicar con signos y palabras) que significa, pues, “exposición en detalle, explicación, descripción desde fuera o desde el principio o hasta el final”, hacer inteligible, descubir, destapar, hacer ver….

    El término designa en la Antigüedad a una figura retórica. Por ejemplo, Hermógenes de Tarso  (h. 160 – h. 225) la define en  su Ecphrasis Progymnasmata como la  «descripción extendida, detallada, vívida, que permitía presentar el objeto ante los ojos». 

    En el mundo antiguo el vocablo écfrasis  se refería a cualquier descripción vívida, llena de energeia, de energía, de fuerza,   de obras de arte, objetos, paisajes y personas que los pone con palabras ante los ojos del oyente o lector.

    Con el tiempo este sentido general se fue limitando a la representación verbal de un objeto plástico, generalmente una pintura o escultura, que sería lo más frecuente en los ejercicios retóricos.

    Fue precisamente Filóstrato Lemnio el que ayudo  a fijar este sentido más restringido en su obra Imagines I,1:

    “Quien desdeña la pintura, delinque contra la verdad, delinque también contra toda esa sabiduría que debemos a los poetas -ya que poetas y pintores contribuyen por igual a nuestro conocimiento de las gestas y del aspecto de los héroes- y desdeña la proporción, gracias a cuyo ejercicio el arte participa de la razón”. (Trad. de Francesca Mestre, Madrid, Gredos, 1996.)

    Este es el sentido que se ha impuesto modernamente. Asi  Umberto Eco (2003: 110):

    «cuando un texto verbal describe una obra de arte visual, la tradición clásica habla de écfrasis». 

    O Leo Spitzer : “la descripción poética de una obra de arte pictórica o escultórica” (1962, 72); 

    o James Heffernan: “la representación verbal de una representación visual” (1993, 3), 

    o Claus Clüver“la representación verbal de un texto real o ficticio compuesto en un sistema sígnico no verbal” (1994, 26). 

    Es, pues, una descripción detallada, desde el principio, que es lo que significa la palabra “de- scribere: escribir de, desde el principio; y es también una re-presentación o segunda presentación en cuanto representa a otro objeto, la pintura, que es también representación primera del objeto.

    Nota: progymnasmata  (de pro y gymnasmata)  designa a los ejercicios previos que hacían  los alumnos de retórica para saber utilizar los topoi, loci o lugares comunes  en los discursos.

    En tanto en cuanto se trata de una descripción vívida, animada, emotiva coincide con el significado de  hipotiposis, (del griego: úποτúπωσις, esbozo, bosquejo, colocar un bosquejo ante los ojos de alguien),  o narración especialmente emotiva para excitar la imaginación del público oyente

    Hay quien matiza más, en el sentido de que en la hipotiposis se parte de un texto y se va hacia la imagen y en la ecfrasis, al contrario, se parte de la imagen y se va hacia el texto. En realidad, las matizaciones son varias, porque no hay una definición exacta de los términos. Curiosamente el Diccionario de la Real Academia Española  no recoge el término écfrasis y en cambio sí recoge el de hipotiposis, que define así:

    (Del gr. ὑποτύπωσις). 1. f. Ret. Descripción viva y eficaz de alguien o algo por medio del lenguaje.

    Nota: El retrato es la descripción del aspecto físico y de las características espirituales de una persona; la prosopografía o prosopopeya  es el retrato del físico mientras que la etopeya lo es del aspecto interior.Topografía es la descripción del terreno.. Otros términos más especializados como pragmatografía o topofesía exceden el interés de este artículo.

    La teorización sobre la ecfrasis se enmarca en la amplísima teorización sobre la relación de las artes entre sí y de manera especial de la pintura y la literatura, análogas y complementarias: las artes plásticas se inscriben en el espacio estáticamente y las artes verbales se desarrollan en el tiempo: la pintura intenta romper el estatismo, la poesía busca la materialidad del espacio.

    Se atribuye a Simónides de Ceos  (c. 556 a.C.- c. 468 a.C.)  el haber planteado esta relación entre arte y literatura de acuerdo con la frase “la pintura es poesía muda y la poesía pintura
    verbal
    ”, que tanto éxito tuvo después.

    Así  en la ecfrasis la expresión literaria, que es capaza de expresar el movimiento y el tiempo, imita la quietud de la pintura; la pintura por su parte en muchas ocasiones aspira, siendo estática,  a expresar el movimiento y el tiempo.

    ¿Vale más una imagen que mil palabras? Tal vez en algunos casos, pero las palabras pueden hacer  ver, excitando la imaginación y utilizando las metáforas. A su vez se puede dar voz a la imagen.

    Hoy la discusión se amplía a la relación de lo verbal y lo visual en el nuevo contexto digital porque los productos video textuales admiten una enorme variedad de formatos..

    A estos tema ya se refirió Platón cuando trata de lo bello y la mímesis o imitación. La mímesis es representación, interpretación y recreación.

    A propósito de la imitación dice Aristóteles en su Poética, 1448 b,

    “…los seres humanos son sumamente imitativos y realizan sus primeros aprendizajes mediante la imitación…” (traducción de Salvador Mas, Madrid, Biblioteca Nueva, 2002,).

    En este sentido y en relación con la mimesis, la écfrasis es representación, pero también interpretación y recreación, porque naturalmente, el poeta nos ofrece su visión e interpretacón de la obra visual. Incluso el poeta puede crear el objeto visual, inexistente antes de su descripción, como ocurre con la descripción del escudo de Aquiles, que más abajo reproduzco,

    Dice Platón. relacionando la poesía con la pintura en República, libro X, 601a:

    Diremos también, creo yo, que el poeta no sabemás que imitar, pero de una manera tal, que emplea colores de cada una de las artes, con los nombres y expresiones adecuados, hasta el punto de que aquellos otros que fían de las palabras estiman en mucho su disertación… (Traducción de José Antonio Míguez, para Edit. Aguilar. 1969)

    Y Aristóteles en  su Poética, 1460b :

    “Puesto que el poeta es un imitador como el pintor o cualquier otro que haga imágines, por fuerza ha de imitar siempre de una de estas tres maneras: o como era o es, o según se habla de ello y la opinión que se tiene, o como debe ser (Traducción de Paloma Ortiz García. Edit.Dykinson. Madrid 2011)
        
    La frase que resume sentenciosamente la cuestión es la famosa de Horacio “ut pictura poesis” , “La poesía es como la pintura ”,  en su Epistula ad Pisones, v.  361

    Precisamente comenzaba esta obra sobre preceptiva literaria, Epistula ad Pisones, recurriendo a la comparación de la poesía con la pintura:  (v. 1-10)

    Si a una cabeza humana un pintor quisiera unir un cuello de caballo y, juntando miembros de toda especie adornarlos con plumas de distintos colores, de manera que una mujer hermosa de medio cuerpo arriba terminara en un pez horriblemente disforme, invitados a contemplar tal figura, ¿contendríais la risa, amigos? Creed, pues, Pisones, que muy semejante a este cuadro resultaría un libro cuyas inconsistentes imágines, cual pesadillas de enfermo, fueran construidas de modo que ni el pie ni la cabeza se fundieran en una sola forma. Los pintores, igual que los poetas, han tenido siempre el derecho de atreverse a todo. (, traducción de Helena Valentí, Barcelona, Bosch, 1961)

    Humano capiti cervicem pictor equinam
    iungere si velit et varias inducere plumas,
    undique collatis membris, ut turpiter atrum
    desinat in piscem mulier Formosa superne:
    spectatum admissi risum teneatis, amici?
    Credite, Pisones, isti tabulae fore librum
    persimilem, cuis, velut aegri somnia, vanae
    fingentur species, ut nec pes nec caput uni
    reddatur formae. Pictoribus atque poetis
    quidlibet audendi simper fuit aequa potestas.

    La ecfrasis o descripción vívida y detallada una obra, precisamente interrelaciona las dos artes y sirve de enlace  entre lo verbal y lo visual.

    Ovidio es el poeta que con gran frecuencia y detalle describe cuadros pictóricos y ha generado a su vez obras pictóricas a lo largo de todos los tiempos. Plagados están los museos de pinturas que recrean alguno de los mitos o personajes mitológicos descritos por Ovidio.

    Ovidio por cierto, en este contexto de relación entre lo textual y lo visual y el arte y la imitación, mímesis y reproducción de la realidad había dicho en Metamorfosis, Libro III, 155 y ss.   “La naturaleza con su ingenio había imitado al arte”,

    Había un valle cuajado de pinos y de puntiagudos cipreses, conocido por Gargafia, consagrado a Diana, la de corto vestido, y en cuyo más apartado rincón hay una gruta, rodeada de selva y en la que nada es obra del arte;  la naturaleza con sus propias habilidades había imitado al arte;  y así, con piedra pómez viva y con ligeras tobas había trazado un arco natural. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater.CSIC.Madrid)

    Vallis erat piceis et acuta densa cupressu,
    nomine Gargaphie, succintae sacra Dianae,
    cuius in extremo est antrum nemorale recessu
    arte laboratum nulla; simulaverat artem
    ingenio natura suo; nam pumice vivo
    et levibus tofis nativum duxerat arcum.

    Siglos más tarde Oscar Wilde remachó la afirmación :

    " La vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida ",“Life imitates art far more than arts imitates life” en The Decay of Lying.

    Los ejemplos en autores de toda lengua, son numerosísimos. Probablemente el más famoso de la Antigüedad es la famosa descripción que en el canto XVIII de la Iliada se hace del escudo de Aquiles fabricado por Hefesto.  Su influencia ha sido enorme en toda la poesía, especialmente en la épica. A pesar de su dimensión, reproduzco más abajo el fragmento.

    Ofreceré algunos otros  ejemplos de los numerosísimos existentes.

    Así la visión de una pintura que un tal Zoilo tiene en el comedor de su casa en Tréveris es lo que origina el famoso poema en 103 hexámetros de Ausonio (310-395) titulado “Cupido torturado(Cupidus cruciatus) en el que se describe cómo unas mujeres están crucificando a Cupido, el dios del amor.

    El poema, con el que Ausonio envía un saludo a su hijo Gregorio, comienza  así:

    ¿Has visto alguna vez una nube pintada en la pared? La has visto indudablemente y te acuerdas bien. Lo cierto es que en Tréveris, en el comedor de Zoilo, está pintada esta escena: unas mujeres enamoradas están clavando en una cruz a Cupido, y no son precisamente de nuestros días, que cometen sus faltas de buen grado, sino aquellas famosas heroínas, que se perdonan a sí mismas y castigan al dios. A algunas de ellas las cuenta nuestro Marón entre los Campos de lágrimas. Yo he contemplado con admiración este cuadro, tanto por su calidad como por su tema. Después el sentimiento  de admiración se me convirtió en necio deseo de componer un poema…(Ausonio, Cupido crucificado 1, 1-7)

    En umquam vidisti tabulam 1 pictam in pariete? vidisti utique et meministi. Treveris quippe in triclinio Zoili fucata est pictura haec: Cupidinem cruci adfigunt mulieres amatrices, non istae de nostro saeculo, quae sponte peccant, sed illae heroicae, quae sibi ignoscunt et plectunt deum. quarum partem in lugentibus campis Maro noster enumerat. hanc ego imaginem specie et argumento miratus sum. Deinde mirandi stuporem transtuli ad ineptiam poetandi.
    Sigue a continuación la descripción del cuadro.

    El poeta cristiano Prudencio , (348 d. C. – c. 410), de Calahorra, utiliza esta figura en varios de sus poemas en los que canta las muertes de algunos mártires. Reproduzco también dos textos correspondientes a los poemas IX sobre Casiano y XI sobre Hipólito. En ambos casos narra el suplicio describiendo las pinturas que ilustran las tumbas de los mártires. Ya hice referencia a ellos en otros artículos de este blog. Véase: 

    https://www.antiquitatem.com/martires-cristianismo-paganismo-casiano-

    https://www.antiquitatem.com/hipolito-fedra-martirio-prudencio-seneca

     Prudencio,IX, sobre el martirio de Casiano, v. 7-20:

    Mientras lloraba, meditando las heridas, agudos dolores y trabajos de mi vida y levantaba mi rostro al cielo, surgió, delante de mí, la imagen del mártir pintada en colores vivos.

    Tenía mil llagas, toda  su piel desgarrada y agujereada por diminutos picotazos todo su cuerpo. Alrededor multitud de niños de odioso aspecto clavaban en su cuerpo pequeños estilos, * como es costumbre escribir, en las tablillas de cera al dictado de las escuelas.

    Consultado el conservador de la sepultura, me dijo: “Lo que ves, viajero, no es cosa vana ni cuento de viejas. Refiere la pintura la historia que transmitida por libros nos comprueba la viva fe de aquel antiguo tiempo.
    ….

    dum lacrimans mecum reputo mea vulnera et omnes
    vitae labores ac dolorum acumina,
    erexi ad caelum faciem, stetit obvia contra
    fucis colorum picta imago martyris
    plagas mille gerens, totos lacerata per artus,
    ruptam minutis praeferens punctis cutem,
    innumeri circum pueri, miserabile visu,
    confossa parvis membra figebant stilis,
    unde pugillares soliti percurrere ceras
    scholare murmur adnotantes scripserant.
    aedituus consultus ait: ‘quod prospicis, hospes,
    non est inanis aut anilis fabula;
    historiam pictura refert, quae tradita libris
    veram vetusti temporis monstrat fidem.

    Y al final del poema, versos  93-94 resume:

    “Estas son,viajero, las cosas que ves pintadas a lo vivo; y la gloria de Casiano.

    haec sunt, quae liquidis expressa coloribus, hospes, 
    miraris, ista est Cassiani gloria,

    Pasaje del poema XI  de Prudencio sobre Hipólito, versos 123-152:

    Una  pared pintada al fresco ofrece la representación del crimen,
    En la que la pintura multicolor ha dibujado todo el crimen;
    La figura pintada sobre la tumba aumenta su fuerza del contraste de las sombras,
    Dibujando los miembros ensangrentados del hombre que había sido arrastrado.
    Yo he visto, buen padre, las crestas de las rocas cubiertas de rocío
    y manchas de púrpura dejadas en los abrojos.
    Una mano experta en representar los verdes espinos imitándolos
    había dibujado la roja sangre con minio.
    Se podía ver, con las articulaciones destrozadas, sin orden alguno,
    Cómo los miembros estaban desparramados por  el variado terreno.
    Había añadido a los amigos que le seguían con su paso y con sus lágrimas,
    por donde la desviada senda mostraba el camino destrozado.
    Marchaban sobrecogidos por la tristeza con los ojos abiertos
    y llenaban los pliegues de sus vestidos con sus vísceras desgarradas.
    Aquel abraza su nívea cabeza
    y la protégé venerable en su suave pecho.
    Este recoge los hombros  y las manos arrancadas y los brazos y los codos
    las rodillas y los fragmentos desnudos de las piernas.
    Con pequeños paños se secan también las arenas empapadas
    Y ni siquiera una gota de rocío queda  en el polvo sucio.
    Si alguna gota de sangre queda en las espinas
    Con la reciente aspersión,  toda ella se recoge empapada en una esponja.
    Ya el denso bosque nada retiene del sagrado cuerpo
    Ni le priva de unas completas exequias.
    Hecho el recuento de las partes, cuando se recogió el numero
    que había sido el del cuerpo intacto,
    y limpios los lugares escabrosos  con su vegetadicón y
    con sus peñascos revisados que  no tenían ningún trozo más de todo el hombre,
    se busca un lugar para erigir la tumba, se abandona las bocas (del Tiber, ostia),
    Roma es un buen lugar para guardar las santas cenizas.

    Exemplar sceleris paries habet illitus, in quo
    multicolor fucus digerit omne nefas ;
    picta super tumulum species liquidis uiget umbris,
    effigians tracti membra cruenta uiri.
    Rorantes saxorum apices uidi, optime papa,
    purpureasque notas uepribus impositas.
    Docta manus uirides imitando effingere dumos
    luserat et minio russeolam saniem.
    Cernere erat, ruptis compagibus, ordine nullo,
    membra per incertos sparsa iacere situs.
    Addiderat caros gressu lacrimisque sequentes,
    deuia quo fractum semita monstrat iter.
    Mærore adtoniti atque oculis rimantibus ibant
    implebantque sinus uisceribus laceris.
    Ille caput niueum complectitur ac reuerendam
    canitiem molli confouet in gremio ;
    hic humeros truncasque manus et brachia et ulnas
    et genua et crurum fragmina nuda legit.
    Palliolis etiam bibulæ siccantur harenæ,
    ne quis in infecto puluere ros maneat.
    Si quis et in sudibus recalenti aspergine sanguis
    insidet, hunc omnem spongia pressa rapit.
    Nec iam densa sacro quidquam de corpore silua
    obtinet aut plenis fraudat ab exsequiis.
    Cumque recensitis constaret partibus ille
    corporis integri qui fuerat numerus,
    nec purgata aliquid deberent auia, toto
    ex homine extersis frondibus et scopulis,
    metando eligitur tumulo locus, ostia linquunt,
    Roma placet, sanctos quæ teneat cineres.

    Iliada, canto XVIII, v. 478 y ss.

    Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas tenía el escudo, y en la superior grabó el dios muchas artísticas figuras, con sabia inteligencia.

    Allí puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; allí las estrellas que el cielo coronan, las Pléyades, las Híades, el robusto Orión y la Osa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira a Orión y es la única que deja de bañarse en el Océano.

    Allí representó también dos ciudades de hombres dotados de palabra. En la una se celebraban bodas y festines: las novias salían de sus habitaciones y eran acompañadas por la ciudad a la luz de antorchas encendidas, oíanse repetidos cantos de himeneo, jóvenes danzantes formaban ruedos, dentro de los cuales sonaban flautas y cítaras, y las matronas admiraban el espectáculo desde los vestíbulos de las casas. — Los hombres estaban reunidos en el foro, pues se había suscitado una contienda entre dos varones acerca de la multa que debía pagarse por un homicidio: el uno declarando ante el pueblo, afirmaba que ya la tenía satisfecha; el otro, negaba haberla recibido, y ambos deseaban terminar el pleito presentando testigos. El pueblo se hallaba dividido en dos bandos que aplaudían sucesivamente a cada litigante; los heraldos aquietaban a la muchedumbre, y los ancianos, sentados sobre pulimentadas piedras en sagrado círculo, tenían en las manos los cetros de los heraldos, de voz potente, y levantándose uno tras otro publicaban el juicio que habían formado. En el centro estaban los dos talentos de oro que debían darse al que mejor demostrara la justicia de su causa.

    La otra ciudad aparecía cercada por dos ejércitos cuyos individuos, revestidos de lucientes armaduras, no estaban acordes; los del primero deseaban arruinar la plaza y los otros querían dividir en dos partes cuantas riquezas encerraba la hermosa población. Pero los ciudadanos aún no se rendían, y preparaban secretamente una emboscada. Mujeres, niños y ancianos, subidos en la muralla, la defendían. Los sitiados marchaban, llevando al frente a Ares y a Palas Atenea, ambos de oro y con áureas vestiduras, hermosos, grandes, armados y distinguidos, como dioses; pues los hombres eran de estatura menor. Luego, en el lugar escogido para la emboscada, que era a orillas de un río y cerca de un abrevadero que utilizaba todo el ganado, sentábanse, cubiertos de reluciente bronce, y ponían dos centinelas avanzados para que les avisaran la llegada de las ovejas y de los bueyes de retorcidos cuernos. Pronto se presentaban los rebaños con dos pastores que se recreaban tocando la zampoña, sin presentir la asechanza. Cuando los emboscados los veían venir, corrían a su encuentro, se apoderaban de los rebaños de bueyes y de los magníficos hatos de blancas ovejas y mataban a los guardianes. Los sitiadores, que se hallaban reunidos en junta, oían el vocerío que se alzaba en torno de los bueyes, y montando ágiles corceles, acudían presurosos. Pronto se trababa a orillas del río una batalla, en la cual heríanse unos a otros con broncíneas lanzas. Allí se agitaban la Discordia, el Tumulto y la funesta Parca, que a un tiempo cogía a un guerrero con vida aún, pero recientemente herido, dejaba ileso a otro y arrastraba, asiéndole de los pies, por el campo de la batalla a un tercero que la muerte recibiera; y el ropaje que cubría su espalda estaba teñido de sangre humana. Movíanse todos como hombres vivos, peleaban y retiraban los muertos.

    Representó también una blanda tierra noval, un campo fértil y vasto que se labraba por tercera vez: acá y allá muchos labradores guiaban las yuntas, y al llegar al confín del campo, un hombre les salía al encuentro y les daba una copa de dulce vino; y ellos volvían atrás, abriendo nuevos surcos, y deseaban llegar al otro extremo del noval profundo. Y la tierra que dejaban a su espalda negreaba y parecía labrada, siendo toda de oro; lo cual constituía una singular maravilla.

    Grabó asimismo un campo de crecidas mieses que los jóvenes segaban con hoces afiladas: muchos manojos caían al suelo a lo largo del surco, y con ellos formaban gavillas los atadores. Tres eran éstos y unos rapaces cogían los manojos y se los llevaban abrazados. En medio, de pie en un surco, estaba el rey sin desplegar los labios, con el corazón alegre y el cetro en la mano. Debajo de una encina, los heraldos preparaban para el banquete un corpulento buey que habían matado. Y las mujeres aparejaban la comida de los trabajadores haciendo abundantes puches de blanca harina.

    También entalló una hermosa viña de oro cuyas cepas, cargadas de negros racimos, estaban sostenidas por rodrigones de plata. Rodeábanla un foso de negruzco acero y un seto de estaño, y conducía a ella un solo camino por donde pasaban los acarreadores ocupados en la vendimia. Doncellas y mancebos pensando en cosas tiernas, llevaban el dulce fruto en cestos de mimbre; un muchacho tañía suavemente la armoniosa cítara y entonaba con tenue voz el hermoso canto de Lino, y todos le acompañaban cantando profiriendo voces de júbilo y golpeando con los pies el suelo.

    Representó luego un rebaño de vacas de erguida cornamenta: los animales eran de oro y estaño y salían del establo mugiendo, para pastar a orillas de un sonoro río junto a un flexible cañaveral. Cuatro pastores de oro guiaban a las vacas y nueve canes de pies ligeros los seguían. Entre las primeras vacas, dos terribles leones habían sujetado y conducían a un toro que daba fuertes mugidos. Perceguíanlos mancebos y perros. Pero los leones lograban desgarrar la piel del animal y tragaban los intestinos y la negra sangre; mientras los pastores intentaban, aunque inútilmente, estorbarlo, y azuzaban a los ágiles canes: éstos se apartaban de los leones sin morderlos, ladraban desde cerca: rehuían el encuentro de las fieras.

    Hizo también el ilustre Cojo de ambos pies un gran prado en hermoso valle, donde pacían las cándidas ovejas, con establos, chozas techadas y apriscos.

    El ilustre Cojo de ambos pies puso luego una danza como la que Dédalo concertó en la vasta Cnoso en obsequio de Ariadna, la de lindas trenzas. Mancebos y doncellas hermosas, cogidos de las manos, se divertían bailando: éstas llevaban vestidos de sutil lino y bonitas guirnaldas, y aquéllos, túnicas bien tejidas y algo lustrosas, como frotadas con aceite, y sables de oro suspendidos de argénteos tahalíes. Unas veces, moviendo los diestros pies, daban vueltas a la redonda con la misma facilidad con que el alfarero aplica su mano al torno y lo prueba para ver si corre, y en otras ocasiones se colocaban por hileras y bailaban separadamente. Gentío inmenso rodeaba el baile, y se holgaba en contemplarlo. Un divino aedo cantaba, acompañándose con la cítara; y en cuanto se oía el preludio, dos saltadores hacían cabriolas en medio de la muchedumbre.

    En la orla del sólido escudo representó la poderosa corriente del río Océano.
    Después que construyó el grande y fuerte escudo, hizo para Aquileo una coraza más reluciente que el resplandor del fuego; un sólido casco, hermoso, labrado, de áurea cimera, que a sus sienes se adaptara, y unas grebas de dúctil estaño.

    Cuando el ilustre Cojo de ambos pies hubo fabricado las armas, entrególas a la madre de Aquileo. Y Tetis saltó, como un gavilán, desde el nevado Olimpo, llevando la reluciente armadura que Hefesto había construido.
    Traducción de Luis Segalá y Estalella – 1910

  • Un túnel en Babilonia bajo el río Éufrates

    Babilonia, incluso la fonética del nombre, mantiene una gran capacidad de sugerencias, incluso ahora, asolada la zona por guerras y violencia constante en la zona. Así debió ocurrir también en la Antigüedad.

    Algunas obras de los antiguos nos impresionan por sus dimensiones y otras por su belleza. Los mejores ejemplos son las llamadas “siete maravillas del mundo antiguo”, entre ellas “los jardines colgantes de Babilonia”. Hay otra obra en Babilonia, además de los jardines, menos conocida, pero no menos impresionante: la construcción de un túnel bajo el río Éufrates que unía en secreto los palacios reales existentes a uno y otro lado del río.

    Antes de desarrollar el tema, conviene recordar que Babilonia estuvo junto al Éufrates en lo que hoy es Irak. Sus ruinas fueron  parcialmente reconstruidas por Saddam Hussein en el siglo XX y se encuentran a unos 110 kms. de Bagdad, en la provincia de Babil, frente a la ciudad de Hillah.

    Esta zona es rica en betún y petróleo, como es bien sabido, también en la Antigüedad. Pero lo que quizás no todos los lectores conozcan es que el betún o asfalto, que afloraba entonces en  la misma zona en la que hoy se extrae el petróleo, era utilizado en la construcción de edificios entre otras cosas, como nos dice el arquitecto romano Vitruvio.

    Vitruvio, Libro I, capit. 5,8 ( 39):

    En cuanto a los materiales de los que se deben construir o terminar los muros, no podemos dar una regla fija, porque no podemos conseguir en todas partes los suministros que deseamos: pero donde haya  piedra de corte o silex  o cemento o ladrillo cocido o crudo, se hará uso de ellos: pues no porque los Babilonios, que abundan en betún líquido, hayan construido  sus murallas con ladrillo cocido hecho de arena y betún en lugar de cal, del mismo modo han de poder todas las regiones y lugares disponer de tan gran ventaja para conseguir unos muros acabados y sin defecto hasta la eternidad.

    De ipso autem muro, e qua materia struatur aut perficiatur, ideo non est praefiniendum, quod in omnibus locis, quas optamus copias, eas non possumus habere. sed ubi sunt saxa quadrata sive silex seu caementum aut coctus later sive crudus, his erit utendum. non enim, uti Babylone abundantes liquido bitumine pro calce et harena ex cocto latere factum habent murum, sic item possunt omnes regiones seu locorum proprietates habere tantas eiusdem generis utilitates, uti ex his comparationibus ad aeternitatem perfectus habeatur sine vitio murus.

    Y de nuevo Vitruvio  libro VIII cap. 3, 8

    En Babilonia el lago de gran extensión, que se llama λίμνη ἀσφάλτιτις (Limne Asphhaltis) tiene nadando sobre sus aguas  betún liquido, con el cual y con ladrillo cocido edificó Semíramis las murallas de Babilonia. Asimismo en Yope en Siria y en la Arabia de los Nómadas hay también lagos de grandes dimensiones, que proporcionan grandes masas de betún, que recogen los que habitan en los alrededores.

    Babylone lacus amplissima magnitudine, qui λίμνη ἀσφάλτιτις appellatur, habet supra natans liquidum bitumen; quo bitumine et latere testaceo structum murum Samiramis circumdedit Babyloni. item Iope in Syria Arabiaque Nomadum lacus sunt inmani magnitudine, qui emittunt bituminis maximas moles, quas diripiunt qui habitant circa.

    Pequeña digresión: que las murallas de Babilonia lo fueron de ladrillo cocido es algo bien presente en el mundo antiguo; a título de ejemplo citaré como el poeta satírico Juvenal, que vivió en la segunda mitad del siglo I y primera del II de nuestra era, se refiere a ello a propósito de la entrada de Alejandro Magno en Babilonia enfermo de muerte. Nos dice en Sátira 10, 169 y ss:

    .Un solo mundo no basta al mozo de Pela, se reconcome lamentando las estrechas lindes del universo, como si estuviera encarcelado en los escollos de Gíara o la pequeña Serifo. Ahora bien, una vez que haya entrado en la ciudad fortificada por alfareros, tendrá que limitarse a un sarcófago. Sólo la muerte revela lo poquito que es el cuerpecillo de un hombre.

    Unus Pellaeo iuveni non sufficit orbis;
    aestuat infelix angusto limite mundi
    170ut Gyarae clausus scopulis parvaque Seripho;
    cum tamen a figulis munitam intraverit urbem,
    sarcophago contentus erit. mors sola fatetur
    quantula sint hominum corpuscula.

    Plinio se refiere de manera extensa al asfalto o betún;  en otro momento lo comentaré. Respecto del asunto que nos interesa nos dice en Historia Natural, 35, 51,5

    Se usó también como cal para encementar las murallas de Babilonia.

    calcis quoque usum praebuit ita feruminatis Babylonis muris.

    Pues bien, Filóstrato de Atenas (160/70-249) escribió una curiosa biografía de Apolonio de Tiana, que más bien parece una novela o mejor escribió una novela que parece una biografía. En esta obra se mezclan en buena armonía informaciones y detalles ciertos con elementos de la más desbordada fantasía. Apolonio decidió viajar hasta la India y pasó por Babilonia, que describe con algún detalle.

    Filostrato, Vida de Apolonio de Tiana, Libro I, 25:

    Babilonia está fortificada en unos cuatrocientos ochenta estadios, con tamaña extensión de circunferencia. Su muralla es de tres medios pletros de altura y menos de un pletro de anchura. Se halla cortada en dos mitades de forma similar por el río Éufrates, bajo el que hay un paso secreto que une ocultamente los palacios reales de ambas orillas.
    Se dice efectivamente que una mujer, Medea, que reinó antaño sobre los de allí, había ponteado el río de un modo que nunca un río se había ponteado, pues tras haber amontonado junto a la orilla piedras, bronce, asfalto y cuantos los hombres han descubierto para los ensamblajes bajo el agua, desvió de su corriente hacia los pantanos. Al río ya seco lo excavó dos brazas, haciendo un profundo túnel como los que la tierra deja ver, que desembocara en los palacios de ambas orillas, y lo techó aproximadamente al nivel del lecho del río. Los cimientos y los muros del túnel quedaron asentados y, dado que el asfalto necesita agua para petrificarse y solidificarse, se hizo pasar el Ëufrates sobre el techo, aun fresco, y así quedó asegurado el paso.
    (Traducción de Alberto Bernabé Pajares para Editorial Gredos).

    Nota: un pletro equivale a 29,6 m. Estas medidas de perímetro y grueso son muy próximas a las que nos da Heródoto, I  178: 480 estadios para el perímetro y 50 codos reales (unos 25 m) de grueso, pero la altura que da Heródoto, 200 codos reales  (unos 100 m) es más del doble de la que Filostrato

    Nos dice Heródoto, I, 178- 179

    Una vez que Ciro había sometido el territorio principal, atacó a los Asirios. En  Asiria hay  muchas otras  grandes ciudades, pero  la más famosa y fuerte fue  Babilonia, en donde se estableció  la corte real después de la destrucción de Nino (Nínive). Babilonia fue una ciudad como ahora describiré. Está situada en una gran llanura, y tiene  forma de un cuadro, cuyos lados tienen cada uno ciento veinte estadios de largo, de suerte que el perímetro de toda ella es de cuatrocientos ochenta. Tales son las dimensiones de la ciudad de Babilonia, que está planteada como ninguna otra de las ciudades que yo conozco. En primer lugar en derredor de ella corre un foso profundo y  ancho y lleno de agua y luego  unas murallas que tienen de ancho cincuenta codos reales, y de alto hasta doscientos. El codo real es tres dedos mayor que el codo común.

    Más aún, quiero  comentar  en qué se empleó la tierra que se sacaba del foso, y cómo fue construida  la muralla. Con la tierra que sacaban del foso hacían  ladrillos,  y luego,  cuando habían moldeado ladrillos suficientes los cocían en los hornos. Después, utilizando betún caliente como cemento, iban interponiendo capas de cañas en cada fila de treinta ladrillos y de este modo construyeron primero el  borde  del foso, y luego de la misma manera la propia muralla. En lo alto, a lo largo de los bordes de la muralla, construyeron  unas casillas de un solo piso, las unas enfrente de las otras, con espacio suficiente en medio para que pudiese dar vueltas un carro de cuatro caballos. En el perímetro  de las murallas había cien puertas, todas  de bronce, con sus quicios y dinteles del mismo metal. A ocho jornadas de Babilonia hay otra ciudad que se llama Is, en la que  hay un río pequeño también llamado Is, que desemboca  en el Éufrates. Este río  lleva desde su nacimiento mezclados con el agua muchos plastones  de betún; desde allí  fue llevado para las murallas de Babilonia.

    Heródoto sigue describiendo la ciudad y las impresionantes obras de acondicionamiento que en otro momento comentaré. Pero sí quiero reproducir lo que nos dice en el capítulo 186 que supone una importante variación sobre lo que nos comenta Filóstrato, aunque no tienen por qué ser dos versiones contradictorias sino contrapuestas; a fin de cuentas si los túneles eran secretos no tenían por qué ser conocidos por todo el mundo:

    CLXXXVI Así ella (la reina) aprovechó la profundidad del río para su protección y esta obra le proporcionó otra ventaja. Su ciudad estaba dividida por el rio en dos partes porque corría por el medio. En el tiempo de los reyes anteriores, cuando alguien quería pasar de una parte a la otra,  tenía que hacerlo en barca; yo supongo que esto era una molestia. Pero la reina también se ocupó de esto, pues hizo el otro gran monumento de su reinado, aprovechando la excavación del lago.

    Hizo cortar ella grandes bloques de piedra, y cuando estuvieron ya preparados y hecha la excavación,  cambió el curso del río hacia él,  y mientras se iba llenando y el antiguo lecho se iba secando,  enladrilló las orillas del río y las rampas que conducían de las puertas hasta el río con ladrillos cocidos, como los de las murallas y aproximadamente a la mitad de la ciudad construyó un puente con las piedras que habían sido cortadas, uniéndolas entre sí con hierro y plomo. Todas las mañanas, ella hacía colocar maderos cuadrados entre los bloques, por los que pasaban los babilonios; pero estos maderos eran retirados  por la noche, para impedir que la gente pasara y se robaran unos a otros. Luego, cuando el lecho que había hecho para el lago se llenó por el río y el puente estaba acabado, Nitocris condujo de nuevo el Éufrates a su canal inicial fuera del lago. Así ella consiguió su propósito, como lo había pensado, haciendo un pantano para  el río y un puente para sus ciudadanos.

    Estrabón, que vivió entre los años  64 o 63 a. C. y el  19 o 24 d. C.,  también nos ha dejado una interesante descripción de Babilonia en el Libro 16, cap. 2:

    Le sucedió (a Nino) su esposa Semíramis, que fundó Babilonia. Estos dos soberanos fueron los dueños de Asia. Todavía hoy quedan en pie buen número de obras de Semíramis, entre ellas las de Babilonia, en todas las partes de este continente, como por ejemplo los terraplenes o terrazas, llamadas “terrazas de Semíramis”, y las murallas y las fortalezas, con pasadizos subterráneos; cisternas para el agua; caminos de escalones para facilitar la subida a las montañas; canales de comunicación con los ríos y lagos; carreteras y puentes.

    Y poco después nos hace una completa descripción de Babilonia, que en parte reproduzco, en el Libro 16, cap. 5:

    Babilonia está también situada en una llanura. Sus murallas miden 385 estadios de circunferencia, 32 pies de espesor y 50 codos de altura en el espacio entre las torres, que alcanzan 60 codos. El camino encima de ellas permiten circular carros de cuatro caballos y cruzarse con facilidad. Así que estas murallas y los jardines colgantes se cuentan entre las siete maravillas del mundo. La forma del jardín es cuadrada y cada lado tiene de medida cuatro pletros; está formado por terrazas abovedadas, levantadas una sobre otra sostenidas por pilares en forma de cubo. Estos están huecos y rellenados de tierra para permitir plantar los más grandes árboles. Los pilares, las bóvedas y las terrazas están construidas de ladrillos cocidos y de asfalto.

    Se sube a la terraza superior por los escalones de una inmensa escalera, a cuyos lados hay motores de agua, para hacer subir continuamente el agua del Éufrates hasta los jardines  por medio del esfuerzo de algunas personas, colocadas precisamente para ello.
    El río, que tiene un estadio de anchura, corta por la mitad la ciudad y el jardín está a la orilla del río. Aquí está también la tumba de Belus, ahora en ruinas, destruida, según se deice, por Jerjes. Tiene la forma de una pirámides cuadrada de ladrillo cocido, de un estadio de altura, y cada uno de sus lados también de un estadio de longitud. Alejandro tuvo la intención de repararla, pero era un trabajo inmenso y requería mucho tiempo para acabarlo (sólo para dejar libre de tierra el terraplén se ocuparon durante dos meses diez mil hombres), así que no fue capaz de ejecutar lo que se había propuesto: la enfermedad lo llevó rápidamente a su fin. Y ninguno de sus sucesores intentó retomar su proyecto. También los otros monumentos fueron abandonados y la ciudad se convirtió en ruinas en parte por los persas, parte por el paso del tiempo, y sobre todo por la indiferencia de los macedonios por este tipo de cosas, sobre todo después de que Seleuco Nicator fortificó Seleucia sobre el Tigris, cerca de Babilonia, a una distancia aproximada de 300 estadios. Seleuco y sus sucesores estaban muy interesados en la nueva ciudad y trasladaron a ella la sede del gobierno. Actualmente es más grande que Babilonia que en gran parte ha quedado desierta, hasta el punto de que se le podrían aplicar sin duda las crueles palabras que un escritor cómico dijo de los Megapolitas de Arcadia:

    “Vuestra gran ciudad es un gran desierto”

    Todo ello nos impresiona sin duda, pero especialmente el ingenio para construir un túnel impermeable bajo el río. Por cierto que esta técnica de construcción de túneles a cielo abierto se sigue empleando en la actualidad allí donde es más fácil que la perforación subterránea. De manera similar se utiliza para impermeabilizar las terrazas y techos de los edificios la llamada "tela asfáltica", que no es sino una versión moderna del antiguo betún o asfalto mesopotámico.

  • El rapto de Hylas representado en un mosaico de Itálica muy peculiar

    En la mitología griega son muy frecuentes los casos en que dioses poderosos se enamoran de bellas mortales y procrean con ellas héroes, en su mitad inmortales y en su mitad mortales. También las diosas se enamoran a veces de hombres, que son mortales. Así por ejemplo Venus es la madre de Eneas, habido del mortal Anquises, de quien desciende la estirpe de los julios (Julio César, Augusto, etc.).

    Un episodio muchas veces utilizado en el arte y en la literatura antigua es el del rapto de Hylas por unas Ninfas, diosas de las aguas:

    Hylas es un miembro de la expedición de los Argonautas en busca del vellocino de oro; en determinado momento, en que han tocado tierra en el país de Cío para pasar la noche, sale a buscar agua para la cena; las Ninfas de las aguas del río, enamoradas del joven guerrero, lo raptan y sumergen en las aguas; sus compañeros, especialmente su amigo Hércules prendado de su hermosura, salen a buscarle, pero no lo encuentran; la nave sigue su rumbo, abandonando a Hércules en tierra que luego fue a pie a la Colquide; más tarde conocerán la verdad de lo sucedido, que Hylas, raptado por las Ninfas,  se había convertido en un ser divino.

    Este mito de las Ninfas, Ondinas, Náyades, Nereidas, danzando en el agua en la que viven o en las praderas cercanas, y que arrebatan a los mortales que tienen la desgracia de verlas, ha llegado incluso a nuestro tiempo en creencias o en el folclore,  como las Xanas asturianas.

    El mito aparece ya en la literatura griega del siglo V a.C. y se populariza en la época helenística. Son muy conocidas las versiones de Teócrito en el Idilio XIII y de Apolonio de Rodas en Las Argonáuticas. Curiosamente no aparece en las pinturas de los vasos griegos áticos o sicilianos.

    Reproduzco la versión de Teócrito y dejo para el final del artículo la versión, muy interesante, de Apolonio para aligerar el texto.

    Teócrito, Idiio XIII

    La divinidad, sea cual fuere, de quien nació tal hijo, no engendró a Amor para nosotros solos, Nicias, como pensábamos; no somos  los primeros a los que lo hermoso hermoso les parece, nosotros, que somos mortales, que el mañana no vemos. También el guerrero de corazón de bronce, el hijo de Anfitrión, el que afrontó al león terrible, se prendió de un doncel, del adorable Hilas, que lucía  su rizosa melena. Enseñábale, cual hace un padre con su querido hijo, todos los conocimientos que a él le habían servido para ser un héroe celebrado. Nunca lo dejaba, ni al llegar el mediodía, ni cuando la Aurora de albos corceles se remontaba a los dominios de Zeus, ni cuando los polluelos piando miraban al nido mientras su madre agitaba las alas en la ahumada percha, pendiente siempre de que el doncel acabara formado según su designio y de que por su propio esfuerzo se convirtiera en un verdadero hombre. Y así, cuando Jasón Esónida se disponía a navegar en busca del vellocino de oro e iban a acompañarle los paladines elegidos en todas las ciudades para prestar ayuda en la empresa, llegó también a la opulenta Yolco el hombre de los penosos trabajos (Heracles), el hijo de Alcmena, heroína de Midea, y con él se dirigió Hilas a Argo, la nave de fuertes bancos que no tocó las azules Rocas Chocadoras, sino que pasó entre ellas y corrió rumbo al profundo Fasis, cual águila al espacioso mar; por ello quedaron desde entonces fijos estos escollos.

    Cuando se levantan las Pléyades y en las alzadas pacen los jóvenes corderos, al declinar ya la primavera, aquel divino grupo de héroes escogidos se hizo a la mar, y a bordo de la cóncava Argo llegaron al Helesponto en tres días con el Viento del Sur. Tomaron puerto dentro de la Propóntide, donde los bueyes del país de Cío desgastan los arados abriendo anchos surcos. Desembarcaron en la playa y al atardecer pusiéronse por parejas a preparar la cena, y, aunque eran muchos, dispusieron un solo lecho, pues había una pradera que les ofrecía mucho servicio para sus yacijas. En ella cortaron agudo carex y altas juncias.

    El rubio Hilas fue con una vasija de bronce a buscar agua para la cena del propio Heracles y del intrépido Telamón, ya que estos dos amigos compartían siempre la misma mesa. Pronto advirtió una fuente en una hondonada, a cuyo alrededor abundaban los juncos, la obscura celidonia, el verde culantrillo, el florido apio y la reptante grama. En medio del agua danzaban las Ninfas en corro, las Ninfas que nunca duermen, deidades terribles para los campesinos: Éunica y Málide, de ojos de primavera. Fue el mancebo con prisa a hundir la grande jarra en la fontana, mas ellas lo asieron todas de la mano, que a todas el tierno corazón les rindió Amor con el deseo del muchacho argivo. Cayó él de golpe en el agua obscura, como cuando del cielo cae una encendida estrella de golpe al mar, y dice el marinero a sus iguales: “Largad velas, muchachos, que se levanta el viento”.

    Tenían las Ninfas al lloroso mancebo en su regazo y lo consolaban con palabras tiernas. El hijo de Anfitrion, acongojado, había salido en busca del doncel,con su arco, bien corvado a la manera escita, y su clava, que siempre le pendía de la diestra. “¡Hilas!”, gritó tres veces cuanto pudo con su fuerte garganta; tres veces el doncel le respondió, pero su voz salió tenue del agua, y, estando tan cerca, lejos parecía. Cuando un cervato bala por los montes, el león carnicero corre de su cubil en busca de la comida ya segura. Tal se agitaba Heracles, que añorab a al doncel, por breñas no pisadas, recorriendo gran trecho. ¡Cuitados los amantes! ¡Cuánto penó por montes y maleza! La empresa de Jasón no le importaba ya.

    Hallábase la nave tripulada por todos los presentes, los aparejos estaban izados, y los héroes en mitad de la noche, aprestaban las velas aguardando a Heracles; mas él iba enloquecido a donde sus pies lo condujeran, pues un dios cruel le desgarraba por dentro las entrañas. Así entre los bienaventurados se encuentra ahora el bellísimo Hilas.

    A Heracles, en cambio, reprochábanle los héroes haber abandonado la nave, pus que dejó a Argo, la nao de treinta bancos, y llegó a pie a la Cólquide y al inhóspito Fasis. (Traducción de Manuel García Teijeiro y Mª Teresa Molinos Tejada, Editorial Gredos, 1986)

    Son muy numerosos los textos y referencias antiguas a este mito; reproduciré alguno de ellos :
    Apolonio de Rodas nos lo cuenta en  Las Argonáuticas, I, 1171-1357: Lo reproduzco, como decía, al final de este artículo. Es un texto muy interesante que nos da una versión ligeramente diferente.

    Virgilio hace una rápida referencia en la Egloga VI, 40 y ss.:

    Refirióse luego a las piedras lanzadas por Pirro, al reino de Saturno, a las aves del Cáucaso y al robo de Prometeo. Cantó después en qué fuente dejaron los navegantes a Hylas, y cómo le llamaban a grandes gritos, sin que respondiesen por doquiera más que los ecos: “¡Hilas”, ¡Hilas”.

    Hinc lapides Pyrrhae iactos, Saturnia regna,
    Caucasiasque refert volucres, furtumque Promethei:
    his adiungit, Hylan nautae quo fonte relictum
    clamassent, ut litus “Hyla, Hyla!” omne sonaret.

    Ovidio tambén en su Ars amandi, II, 109

    Aunque seas como el Nereo cantado por el antiguo Homero,
    y tan encantador como Hylas, arrebatado por las Náyades criminales,
    para retener a tu amada y no extrañarte de quedar abandonado,
    añade las dotes de la inteligencia a las bondades de tu cuerpo.

    Sis licet antiquo Nireus adamatus Homero,
         Naïadumque tener crimine raptus Hylas,
    Ut dominam teneas, nec te mirere relictum,
         Ingenii dotes corporis adde bonis.

    Propercio, (inspirándose en Apolonio y Teócrito) escribe el siguiente poema, Elegías, I, 20:

    Esto te advierto, Galo, por mi fiel amistad (que no se pierda en tu animo distraído), a menudo la mala suerte le sale al paso al enamorado incauto: el cruel Ascanio podría decírselo a los Minias. Tú tienes un amor de no inferior belleza ni de nombre desigual al de Hylas, el hijo de Teodamante. A éste, bien vayas recorriendo los arroyos del bosque sombrío, ya moje tus pies la onda del Anio, ya recorras la costa de los Gigante, o en cualquier rincón por el movible cobijo del río, defiéndelo siempre del rapto codicioso de las ninfas (pues no esmenor el amor de las itálicas que el de las Adríadas). Que no tengas, Galo, que ir a los duros monte y a las frías peñas, y a los lagos nunca conocidos; lo cual, habiéndolo sufrido Hércules en su desventurado viaje por desconocidas riberas, tuvo que llorar ante el Ascanio indómito.

    Pues cuentan que antaño la nave Argo, salida del astillero de Pagasa, recorría el remoto rumbo de Fasis, y ya después de pasar las olas de la hija de Atamas, arribó a los escollos de los misios. Allí, el grupo de los héroes, cuando arribó a las serenas orillas, cubrió el risueño litoral de muelle ramaje. Pero el compañero del invencible mancebo avanzó más allá a buscar la rara agua de una fuente apartada. Dos jóvenes lo persiguieron, descendencia de Aquilón. Lo perseguía desde lo alto Zetes, lo perseguía desde lo alto Cálais, querían robarle sus besos extendiendo sus manos, y arrebatárselos desde arriba en alternativa huida. El, en vilo, busca refugio bajo su propio brazo y con una rama espanta las asechanzas que vuelan. Y ya se había retirado la estirpe de Orithya Pandónide, pero ¡ay dolor!, Hylas caminaba, caminaba hacia las Hamadríadas. Allí había una fuete en la ladera del monte Arganto, húmeda morada, grata a las niñas de Tinia, encima de la cual pendían, sin que se debieran a cuidado alguno, frescas manzanas de árboles abandonados; en torno, en el fresco prado, crecían lirios blancos entremezclados con adormideras purpúreas. E Hylas,ora cortándolas puerilmente con sus delicadas uñas, prefería la flor al deber que se había impuesto, ora echándose ignorante sobre las hermosas aguas, entretenía su descuido con tiernas imágenes. Al cabo se dispone a beber del río metiendo en él las manos y libando el agua recostado en su hombro derecho, por cuya blancura como arrobadas las doncellas Dríadas, dejaron asombradas sus acostumbradas danzas, y como resbalara, fácilmente lo arrastraron con el blando líquido: Hylas, al ser robado su cuerpo, dio un grito. A éste desde lejos Alcides repitió respuestas, mas sólo el aura le devolvió el nombre dese la lejana fuente.

    Aleccionado con estos ejemplos, Galo, guardarás tu amor, pues parece que has confiado el hermoso Hylas a las ninfas. (Traducción de Antonio Tovar y MaríaT.Belfiore Mártire. Ediciones Alma Mater. 1963)

    Hoc pro continuo te, Galle, monemus amore,
    quod tibi ne vacuo defluat ex animo:
    saepe imprudenti fortuna occurrit amanti:
    crudelis Minyis sic erat Ascanius.
    est tibi non infra specie, non nomine dispar,
    Theiodamanteo proximus ardor Hylae:
    huic tu, sive leges Umbrae rate flumina silvae,
    sive Aniena tuos tinxerit unda pedes,
    sive Gigantei spatiabere litoris ora,
    sive ubicumque vago fluminis hospitio,
    Nympharum semper cupidas defende rapinas
    (non minor Ausoniis est amor Adryasin);
    ne tibi sit duros montes et frigida saxa,
    Galle, neque expertos semper adire lacus.
    quae miser ignotis error perpessus in oris
    Herculis indomito fleverat Ascanio.
    namque ferunt olim Pagasae navalibus Argo
    egressam longe Phasidos isse viam,
    et iam praeteritis labentem Athamantidos undis
    Mysorum scopulis applicuisse ratem.
    hic manus heroum, placidis ut constitit oris,
    mollia composita litora fronde tegit.
    at comes invicti iuvenis processerat ultra
    raram sepositi quaerere fontis aquam.
    hunc duo sectati fratres, Aquilonia proles
    (nunc superat Zetes, nunc superat Calais),
    oscula suspensis instabant carpere plantis,
    oscula et alterna ferre supina fuga.
    ille sed extrema pendentes ludit in ala
    et volucris ramo summovet insidias.
    iam Pandioniae cessit genus Orithyiae:
    ah dolor! ibat Hylas, ibat Hamadryasin.
    hic erat Arganthi Pege sub vertice montis,
    grata domus Nymphis umida Thyniasin,
    quam supra nulli pendebant debita curae
    roscida desertis poma sub arboribus,
    et circum irriguo surgebant lilia prato
    candida purpureis mixta papaveribus.
    quae modo decerpens tenero pueriliter ungui
    proposito florem praetulit officio,
    et modo formosis incumbens nescius undis
    errorem blandis tardat imaginibus.
    tandem haurire parat demissis flumina palmis
    innixus dextro plena trahens umero.
    cuius ut accensae Dryades candore puellae
    miratae solitos destituere choros
    prolapsum et leviter facili traxere liquore,
    tum sonitum rapto corpore fecit Hylas.
    cui procul Alcides ter 'Hyla!' respondet: at illi
    nomen ab extremis montibus aura refert.
    his, o Galle, tuos monitus servabis amores,
    formosum ni vis perdere rursus Hylan.

    La version de Apolonio, que más abajo reproduciré, inspiró a varios poetas de la época Flavia. Así Valerio Flaco, III, 545-564;  Marcial VI, 68,9; VII,15,1-1; IX, 65,14. Estacio, Silvas,I, 5,22; III,4, 42-43.

    Valerio Flaco, Argonáuticas, III, 545-564:

    Así habló y levanta un ciervo veloz entre la maleza del bosque sin caminos
    y ofrece al muchacho su cabeza altiva con sus cuernos,
    que retardando su decisión de huir y deteniéndose largo tiempo,
    le solicita e invita a competir en igual carrera.

    Hylas lo cree (al alcance) e incendiado por el fuego de la cercana presa,
    lo persigue. Mientras Alcides observándole le anima con sus gritos;
    y ya uno y otro desaparecen de sus ojos,
    cuando el cuadrúpedo conduce lejos al joven que le persigue
    y le amenaza con los dardos en su mano cansada
    junto a al manantial de una límpida fuente
    y él mismo ligero huye sobre las aguas sin tocarlas.

    Perdió el muchacho de esta manera la esperanza
    y no porfía en perseguirle más allá; y como el sudor
    había empapado sus miembros y su agitado pecho,
    se echa ávido en las agradables aguas.
    Brillan las aguas con la luz que se proyecta
    como cuando Cintia se ve en el cielo
    o pasa la rueda brillante de Febo en mitad de su carrera:
    así un destello se difundió sobre las aguas.

    Nada le impresionan ni la sombra ni el cabello ni el sonido
    de la Ninfa que surge para besarle.
    Ella  le echa sus ávidas manos y arrastra al joven que pide,
    ay, demasiado tarde auxilio y pronuncia el nombre de su gran amigo;
    pues la propia fuerza de su peso le proyecta hacia abajo.

    sic ait et celerem frondosa per avia cervum
    suscitat ac iuveni sublimem cornibus offert.
    ille animos tardusque fugae longumque resistens
    sollicitat suadetque pari contendere cursu.
    credit Hylas praedaeque ferox ardore propinquae
    550insequitur; simul Alcides hortatibus urget
    prospiciens; iamque ex oculis aufertur uterque,
    cum puerum instantem quadripes fessaque minantem
    tela manu procul ad nitidi spiracula fontis
    ducit et intactas levis ipse superfugit undas.
    555hoc pueri spes lusa18 modo est, nec tendere certat
    amplius; utque artus et concita pectora sudor
    diluerat, gratos avidus procumbit ad amnes.19
    stagna vaga sic luce micant, ubi Cynthia caelo
    prospicit aut medii transit rota candida Phoebi:
    560tale iubar diffundit aquis; nil umbra comaeque
    turbavitque sonus surgentis ad oscula Nymphae.
    illa avidas iniecta manus heu sera cientem
    auxilia et magni referentem nomen amici
    detrahit; adiutae prono nam pondere vires.

    También hace referencia Marcial en varias ocasiones, por ejemplo en VI, 68

    A un niño ahogado en Bayas

    Llorad vuestro crimen, pero lloradlo por todo el Lucrino, Náyades, y que la misma Tetis sienta vuestros lamentos. Arrebatado entre las aguas de Bayas ha muerto el famoso niño Eutico, tu lado más dulce, Cástrico. Éste era el compañero y el dulce alivio de tus preocupaciones; éste  era tu amor y éste, el Alexis de nuestro poeta. Acaso te vio desnudo bajo las aguas cristalinas una ninfa lasciva y ha devuelto Hilas al Alcida? ¿O  la diosa desprecia ya al afeminado Hermafrodita deseosa del abrazo de un tierno varón? Sea ello lo que sea y cualquiera que sea la causa de este súbito rapto, ruego que tanto la tierra como el agua te sean suaves.

    Flete nefas vestrum, sed toto flete Lucrino,
    Naides, et luctus sentiat ipsa Thetis.
    Inter Baianas raptus puer occidit undas
    Eutychos ille, tuum, Castrice, dulce latus.
    5Hic tibi curarum socius blandumque levamen,
    Hic amor, hic nostri vatis Alexis erat.
    Numquid te vitreis nudum lasciva sub undis
    Vidit et Alcidae nympha remisit Hylan?
    An dea femineum iam neglegit Hermaphroditum
    10Amplexu teneri sollicitata viri?
    Quidquid id est, subitae, quaecumque est causa rapinae,
    Sit, precor, et tellus mitis et unda tibi.

    Marcial, VII,15

    Joven precavido

    ¿Quién es este joven que se aparte de las transparentes aguas del Yantis. ¿Huyó acaso Hilas de la Náyade, su deñora? ¡Qué bien!, que el Tirintio es venerado en ese bosque y que guarda tan cerca las aguas amorosas! Argino, puedes seguro guardar estas fuentes. Nada te harán las Ninfas. Pero ten cuidado, no te desee él mismo (el dios).

    Quis puer hic nitidis absistit Ianthidos undis?
    Effugit dominam Naida numquid Hylas?
    O bene, quod silva colitur Tirynthius ista
    Et quod amatrices tam prope servat aquas!
    Securus licet hos fontes, Argynne, ministres:
    Nil facient Nymphae: ne velit ipse, cave.

    Estacio también lo cuenta en sus Silvas I, 5,22;  y III,4, 42-43.

    Estacio, Silvas, I,5

    Venid, oh diosas glaucas, mostradme vuestros rostros transparentes, ornada vuestros cabellos cristalinos con tiernos racimos de hiedra; venid sin veste alguna, cual emergéis de las profundas fuentes y con vuestra presencia atormentáis a los amantes Sátiros. No pretendo atraeros a vosotras, las que con vuestra culpa enturbiasteis el brillo de las aguas: lejos de aquí Salmácide con su fuente engañosa; lejos las  linfas, secas por el llanto, de la hija de Cebrene abandonada; atrás la que raptó al alumno de Hércules. Venid vosotras, las ninfas que pobláis el Lacio y las siete colinas, las que el Tíber nutrís con caudal nuevo, y a las que regocijan las cascadas del Anio y el Agua virgen, que acogerá a los nadadores, y el Agua Marcia, que nos trae la frescura de las nieves marsas, cuyo caudal errante se acrecienta en un alto recinto y circula, sostenido sobre innúmeros arcos: vuestra es la obra que me propongo cantar y vuestra la moradas cuyas puertas abro con mis versos festivos.  (Traducción de Francisco Torrent Rodríguez. Editorial Gredos)

    ite. deae virides, liquidosque advertite vultus
    et vitreum teneris crimen redimite corymbis,
    veste nihil tectae, quales emergitis altis
    fontibus et visu Satyros torquetis amantes,
    Non vos, quae culpa decus infamastis aquarum,
    quae culpa decus infamastis aquarum. 3 4 [p. 60]
    20sollicitare iuvat: procul hinc et fonte doloso
    Salmacis et viduae Cebrenidos arida luctu
    flumina et Herculei praedatrix cedat alumni,
    vos mihi, quae Latium septenaque culmina, nymphae,
    incolitis Thybrimque novis attollitis undis,
    25quas praeceps Anien atque exceptura natatus
    Virgo iuvat Marsasque nives et frigora ducens
    Marcia, praecelsis quarum vaga molibus unda
    crescit et innumero pendens transmittitur arcu—:

    Estacio, Silvae III, 4, 40 ss.

    Ante ti cederá el hijo del Latmo y el del Sangario y a aquel a quien perdió la vana imagen de una fuente y su estéril amor. La Náyade azulada te habría preferido y asiéndose a tu urna te habría retenido con más fuerza. Tú, hijo mío, ante todos; tan solo es más hermoso aquel a quien serás ofrendado”. Tras estas palabras, lo alzó consigo por las auras ligeras y le ordenó sentarse en su biga de cisnes. (Traducción de Francisco Torrent Rodríguez. Editorial Gredos)

    …     cedet tibi Latmius ultro 
    Sangariusque puer quemque irrita fontis imago
    et sterilis consumpsit amor. te caerula Nais
    mallet et adprensa traxisset fortius urna.
    tu, puer, ante omnis; solus formosior ille,
    cui daberis.’ sic orsa leves secum ipsa per auras
    tollit olorinaque iubet considere biga.

    Aunque, como he dicho, este motivo de Hilas no aparece en las pinturas de los vasos griegos del Atica o de Sicilia, sí aparece en cambio profusamente en pinturas murales, en relieves escultóricos, relieves de estuco, en obras de orfebrería y sobre todo en mosaicos, que se han conservado mejor.  Todas estas representaciones están repartidas por varios sitios aparecen entre el comienzo del imperio y el siglo V, sumando no menos de cuarenta. Desde luego fue un motivo muy repetido en los mosaicos que adornaban las mansiones de los ricos de la época. Lo encontramos en Italia,  Africa, Hispania, la Galia.

    Hay más de quince  en el entorno de Pompeya y Herculano y Estabias, (en donde se dan especialmente las pinturas murales).   Aparecen mosaicos Saint Colombe en Francia, en Thina, Cartago, Constantina y Djemila en Argelia, en Volubilis en Marruecos, en varios puntos de Roma (Via Appia, Basílica de Iunius Bassus, Via Flaminia en la tumba de los Nasoni. Aparecen relieves escultóricos, monedas, etc.

    Que fue motivo de los cuadros de algunos pintores lo deducimos también de Petronio en su Satiricón, 83, en donde se describe una pintura del pintor griego Apeles con este motivo, aunque bien pudiera ser simplemente una creación literaria sin que hubiera existido una pintura de la que no sabemos nada más:

    Petronio, Satiricón, 83:

    Llegué a una galería de pintura muy notable por la variedad de los cuadros. Vi obras de la mano de Zeuxis, todavía no estropeadas por la antigüedad, y examiné no sin cierto escalofrío bocetos de Protógenes que competían en realismo con la propia naturaleza. Me extasié también ante la obra de Apeles que lleva en griego el nombre de ‘monocnemon” (quizás porque representaba una estatua apoyada en una sola pierna). Con tanta nitidez estaban rematadas las figuras según el natural que podía creerse que tenían también espíritu. En este lado un águila levantaba al cielo al garzón de Ida (Ganimedes), allá el honesto Hylas rechazaba a una Náyade desvergonzada. Condenaba Apolo sus manos criminales y decoraba su lira depuesta con una flor que acababa de abrirse. Entre los retratos de estos amantes, como si estuviese en soledad, dije en voz alta:
    – Así pues también el amor toca a los dioses. Júpiter en su cielo encontró a quien amar, y sin embargo cuando decidió pecar en la tierra a nadie hizo injuria. La ninfa que raptó a Hylas habría reprimido su arrebato si hubiera sospechado que Hércules llegaría a reclamar su propiedad. Apolo convirtió en una flor la sombra de su amado (el Jacinto), y todas las leyendas de la misma manera acabaron en caricias sin rivales. Yo, en cambio, acogí como amigo a un compañero de viaje más desalmado que Licurgo
    . (Traducción de Manuel C. Díaz y Díaz. Ediciones Alma Mater, 1969)

    In pinacothecam perveni vario genere tabularum mirabilem. Nam et Zeuxidos manus vidi nondum vetustatis iniuria victas, et Protogenis rudimenta cum ipsius naturae veritate certantia non sine quodam horrore tractavi. Jam vero Apellis quam Graeci mon(kthmon appellant, etiam adoravi. Tanta enim subtilitate extremitates imaginum erant ad similitudinem praecisae, ut crederes etiam animorum esse picturam. Hinc aquila ferebat caelo sublimis Idaeum, illinc candidus Hylas repellebat improbam Naida. Damnabat Apollo noxias manus lyramque resolutam modo nato flore honorabat. Inter quos etiam pictorum amantium vultus tanquam in solitudine exclamavi: "Ergo amor etiam deos tangit. Iuppiter in caelo suo non invenit quod diligeret, sed peccaturus in terris nemini tamen iniuriam fecit. Hylan Nympha praedata temperasset amori suo, si venturum ad interdictum Herculem credidisset. Apollo pueri umbram revocavit in florem, et omnes fabulae quoque sine aemulo habuerunt complexus. At ego in societatem recepi hospitem Lycurgo crudeliorem."

    Los mosaicos suelen decorar las estancias de acuerdo con lo que representan. Así es lógico que las musas o las gracias adornen espacios dedicados al deleite literario o artístico, que mosaicos con escenas de caza adornen grandes salones de ricos y ociosos latifundistas; que pinturas o mosaicos referidos al amor adornen espacios más íntimos, como los dormitorios.

    Del rapto de Hylas por las ninfas se han dado varias interpretaciones. La más evidente si no la única parece desde luego la del rapto amoroso; a Hylas lo arrebatan por amor, por pasión. Es más, en varias ocasiones aparece este tema junto a otros de cierta similitud: Artemisa y Acteo, Píramo y Tisbe, Amymone y Poseidón, Narciso, Ninfas y sátiros, Selene y Endymion, etc. Este fue un lugar común en la Antigüedad hasta el punto que los primeros apologistas y padres de la Iglesia, como diré más adelante, los critican y agrupan con frecuencia.  Claro que si aparece la escena en un sarcófago parece más lógico interpretarlo como el rapto por las divinidades de ultratumba, como el paso de la vida al mundo de los muertos.

    En su representación pictórica o musivaria hay numerosas variantes, pero también cierta unidad iconográfica y compositiva cuasi fosilizada: Hylas con el cántaro a orillas del rio o lago,  una rodilla totalmente doblada, apoyada sobre una roca, mientras que la otra pierna, estirada, está ya dentro del agua, anticipando el momento de la caída, las ninfas cogiéndole de los brazos, en otras ocasiones de las piernas o del torso.

                              
     

    En España han aparecido varios mosaicos representando el mito en Los Villares, cerca de la Bañeza en León, en Carranque y en Itálica. A este último dedicaré especialmente mi atención por sus especiales características.

    Mosaico de Hylas y las Ninfas. Quintana del Marco (Museo Arqueológico Provincial de León)

    Villa Romana de Carranque (Toledo)

    En Itálica el mito aparece como emblema central de un mosaico geométrico de gran dimensión. Se interpretó primero como el dios Neptuno o Nereo y luego García Bellido lo identificó definitivamente como el rapto de Hylas. En 1962 fue trasladado al Museo Arqueológico de Sevilla, en donde continúa.

    Aunque no está claro el plano de la casa en la que aparece, está desde luego en una zona de cierta intimidad porque no está abierta al peristilo, lejos de los salones de reuniones, en el centro de un mosaico grande geométrico de meandros formando esvásticas, tal vez en la zona de entrada a los dormitorios o cubicula. Esto avalaría su interpretación erótico-amorosa.

                          

    En este mosaico de Itálica el motivo iconográfico central es el rapto de Hylas. A la izquierda aparecen tres ninfas, que agarran al héroe, que aparece desnudo con chlamys, lanza y ánfora o cántaro para recoger el agua. A la derecha aparece la figura masculina de Heracles con el brazo  derecho levantado y con el manto y clava en la izquierda. Por la ambientación de fondo de penumbra y los tonos oscuros (el mito transcurre en un bosque al anochecer), el agua delicadamente sugerida, los árboles desprovistos de hojas y la disposición de los personajes, este mosaico parece ser la trasposición de un modelo pictórico que a su vez siga algún modelo helenístico. La composición es muy dramática: las tres Ninfas, Hylas a punto de desaparecer en el agua, al otro lado alarmado Heracles en el momento que se supone inmediatamente posterior a la sumersión de Hylas. A semejanza de algunas pinturas pompeyanas y a diferencia de la mayoría, la figura de Hylas aparece descentrada. Como en casi todos los mosaicos, se le representa con una rodilla doblada apoyada en una roca y la otra pierna ya sobre el agua. Los comentaristas suelen resaltar como el rasgo más excepcional  la aparición de Heracles, que no suele aparecer en ninguno, excepto en Iálica, porque se centran en el motivo esencial del mito:el rapto. Quizás la proximidad a las "columnas de Hércules" del estrecho motivó su aparición en este mosaico tan peculiar.

    Sin embargo hay un detalle excepcional que no se resalta. De manera general las Ninfas agarran a Hilas de los brazos, de las piernas e incluso del torso. En este mosaico excepcionalmente, una de las Ninfas le agarra precisamente de su miembro viril, lo que avala su interpretación erótico-festiva. 

    No conozco  otra representación similar. Si este fuera un caso único, habría que relacionarlo tal vez con el viejo y extraordinario sentido del humor que las tierras del sur de Hispania ya tenían desarrollado cuando todavía no se llamaban Andalucía sino Baetica.

    Por eso resulta más incomprensible la mojigatería del Museo Arqueológico de Sevilla que lo reproduce en una postal de recuerdo o merchanding, pero sólo de cintura para arriba. Pero poner algunas puertas o velos en Andalucía parece un sinsentido y una empresa imposible.

    El mito tiene un evidente sentido erótico y eso explica que con frecuencia y como ocurre en el caso de Itálica, estos mosaicos aparezcan lejos del peristilo central de las casas romanas y más bien en alguna área más escondida, con frecuencia en los accesos al cubiculum o dormitorio. Confirma este sentido erótico el hecho de que con frecuencia también aparezca asociado a otros mitos, tanto en los textos literarios como en las representaciones pictóricas o musivarias,  tales como el rapto de Ganímedes (“el más bello de los mortales” según Iliada, XX,231º 265  por Júpiter, Jacinto muerto aqccidentalmente por Apolo enamorado de él,  Acteón observando a Diana en el baño, Narciso reflejando su bello rostro en el agua, con un resultado similar al de Hilas,  …

    Algunos escritores cristianos ya observaron que Ganimedes, Jacinto e Hilas coincidían en el carácter homosexual que despertaron en los dioses (Hilas, aunque raptado por las Ninfas, era amado por Hércules). Así Clemente de Alejandría en Protrepticus II,33,5:

    Heracles es el hijo de Zeus, engendrado en esta larga noche. Y él es un verdadero hijo; así como largo y pesado fue el tiempo en el que llevó a cabo sus doce trabajos, sin embargo, en una sola noche sedujo a las cincuenta hijas de Testio, convirtiéndose a la vez en novio y adúltero de todas estas doncellas. No sin razón, entonces, los poetas le apodan “abandonado” y "autor de hechos malvados."  Sería una larga historia contar sus diversos  adulterios y su corrupción de los jóvenes. Vuestros dioses no se abstienen de muchachos. Uno [Heracles] amó a Hylas, otro [Apolo] a Jacinto, otro [Poseidon] a Crisipo, otro [Zeus] a Ganímedes.

    Estos son los dioses a los que han de adorar vuestras esposas! Ellas mismas deben orar por sus propios maridos para que ocurra, modelos similares de la virtud, – que ellos puedan ser como los dioses aspirando después igualmente a tan altos ideales! Permitid que  éstos sean a los que vuestros jóvenes aprendan a venerar,  para que puedan crecer hasta la edad adulta como un manifiesto ejemplo ante ellos  de fornicación!

    Pero tal vez son sólo los dioses masculinos los que  corren  indulgentes con impaciencia tras los placeres sexuales.

    También Firmicus Maternus en su  De errore profanarum religionum 12,2;

    A alguno le gusta el adulterio; mira a Júpiter y ahí  encuentra incentivos para su pasión. Aprueba, imita, y alaba el hecho de que su dios engañe en la figura de un cisne, rapte en la de un toro, se divierta en la de un sátiro, y como si  acostumbrara a ser generoso en sus fechorías  el hecho de que seduzca a una virgen real encerrada cayendo como  oro generoso. A otros les gustan los abrazos de los jóvenes muchachos: así, que mire a Ganímedes en el seno de Júpiter, que vea a  Hércules buscando a Hylas con impaciente, que aprende de Apolo arrebatado por el deseo de Jacinto,  otro que vea Crisipo  y otro a Pelope,  de modo que le este permitido decir por sus dioses lo que hoy se castiga severísimamente por las leyes romanas.

    Adulterio delectatur aliquis: Iovem respicit, et inde cupiditatis suae fomenta conquirit; Probat imitatur et laudat, quod deus sus in cygno fallit, in tauro rapit ludit in satyro, et ut liberalis in flagitiis esse consuescat, quod inclusam regiam virginem auro largiter fluente corruperit. Puerorum aliquis delectatur amplexibus: Ganymedem in sinu Iovis quaerat, Herculem videat Hylam impatiente amore quaerentem, Hyacinthi desiderio captum Apollinem discat, Chrysippum alius, alius  Pelopem videat, ut per deos suos sibi licere dicat quicquid hodie severissime Romanis legibus vindicatur.

    Y También Arnobius, Adversus Nationes,  IV,26,10.

    Así que no contentos con haber atribuido a los dioses amores con el  género femenino, ¿añadis que eran amados por ellos los de genero masculino? No sé quien ama a Hilas, otro está ocupado con Jacinto, aquel arde de deseo por Pélops, este otro suspira ardientemente por Crisipo, Catamito (Ganimedes) fue raptado para ser el favorito y copero, y Fabio, como si se llamara el pollo*  de Júpiter, se quema en sus partes muelles y queda marcado con el sello en su trasero.

    Quid quod non contenti feminei generis adtribuisse diis curas etiam sexus adiungitis adamatos ab his mares? Hylam nescio quis diligit, Hyacintho est alius occupatus, ille Pelopis desideriis flagrat, hic in Chrysippum suspirat ardentius, Catamitus rapitur deliciarum futurus et poculorum custos, et ut Iovis dicatur pullus, in partibus Fabius aduritur mollibus obsignaturque posticis..

    * Nota. Traduzco “pullus” por su significado más evidente, “pollo”, pero esto necesita una explicación. Con la palabra “pullus” designamos a la cría de cualquier animal e incluso el rejeton de una planta. Se refería, pues, también a nuestro “pollo” o cría de un ave, significado reducido con el que ha pasado generalmente al español (o al francés como “poulet”). No hay que descartar que su origen este en la palabra “puer”, que traducimos al español como “niño”, a través de la evolución puer > puerulus > puellulus > pullus; también hay que considerar que en griego existe la palabra   , que significa precisamente “pollo”. En todo caso se utiliza en el lenguaje erótico con un significado que nos explica el gramático latino Festo (285,3):

    “el niño que era amado obscenamente por alguien, era llamado el “pollo” de aquel por el que era amado. De donde Quinto Fabio, que tenía el apodo de “Ebúrneo” por su blancura, fue llamado el pollo de Júpiter, porque sus nalgas fueron golpeadas por un rayo.

    Todavía en español “pollo, pollita, pollito” se usan con el sentido de joven, tierno, cría… El Diccionario de la RAE da como una de sus acepciones “5. m. coloq. p. us. Hombre joven, aludido o invocado por persona de mayor edad.”

    Así que la palabra “pullus” podríamos traducirla, con una traducción explicativa como “el pollito, el pichoncito, el niño, el niñito, el amante, el cariño, las delicias, etc. Todo ello es bien significativo de las dificultades que encierra toda traducción y por qué con frecuencia son necesarias las notas explicativas, aún a riesgo de entorpecer el valor literario.

    Festus, 285, 3 (p. 244,ed.Müller): puer, qui obscene ab aliquo amabatur,eius a quo amatus esset pullus dicebatur. Unde Q.Fabius, cui Eburno cognomen erat proter candorem, quod eius natis fulmine icta erat, pullus Iovis appellatus est.


    Quizas puer, puerus,puerulus, pullus coincide con el griego polos.

    Y Luciano  de Samósata en Verdadera Histora II,17

    …Vi también a Sócrates, hijo de Sofronisco, charlando con Néstor y Palamedes; en torno suyo estaban Jacinto de Esparta, Narciso de Tespias, Hilas y otros jóvenes hermosos. A mi parecer tenía amores con Jacinto, pues era a él a quien más recientemente refutaba.

    Por lo demás el mito ha tenido y sigue teniendo un notable éxito hasta nuestros días. Sin duda los hombres bellos también ocupan la imaginación y los sueños de las mujeres.

    En este blog no suelo utilizar imágenes, sobre todo de manera abusiva; en esta ocasión reproduzco unas cuantas, quizás demasiadas, después del texto de Apolonio para demostrar  la fuerza y vigor que este mito (y la mitología grecolatina en general)  presenta hasta nuestros días.

    Apolonio de Rodas, Viaje de los Argonautas, I, 1200-1357:

    Entre tanto Hilas, con un cántaro de bronce, aparte del grupo buscaba el sagrado curso de una fuente, para sacar con prontitud agua para la cena, y prepararle pronto a su compañero todas las demás cosas a gusto cuando regresara.

    Pues le había educado con estas costumbres, desde que Heracles lo arrebató muy niño de la casa de su padre, el destructor Teodamante, al que mató entre los Dríopes, sin pidedad, combatiendo por un buey de labranza. En aquella ocasión Teodamante se hallaba abriendo con el arado los surcos del campo, cuando fue alcanzado por la desgracia. Porque Heracles lo mandó que le entrgara el buey del arado y no accedió. Buscaba sin duda un feroz pretexto de guerra para arrojar contra los Dríopes, que vivían sin cuidarse en nada de la justicia. Pero tales relatos me harían errar muy lejos de mi canto.

    De repente Hilas llegó a una fuente que los habitantes de los campos vecinos llaman Pegas (Fuentes). Los coros de las ninfas estaban sin duda allí, ya que era ocupación de tods ellas, las que habitaban en torno aquel amable promontorio, celebrar a Artemis una y otra vez con sus cantos nocturnos. Las que dominan las cumbres de los montes y las grutas, venían en ordenada procesión a través del bosque. Pero de la fuente, su hermosa morada, acababa de emerger una ninfa acuática. Le vio de cerca, a Hilas, enrojecido con su hermosura y sus delicados encantos, pues además le envolvía en su brillo la luna llena brillante en el aire sereno. La Cipria Afrodita turbó el corazón de la ninfa, y apenas pudo recobrarse de la perplejidad en su ánimo.  En el preciso momento en que él hundió el cántaro en la corriente, agachándose hacia un lado, mientras chasqueaba el agua con fuerza al penetrar contra el resonante bronce, entonces ella le echó de abajo arriba u brazo izquierdo al cuello, ansiosa de besar su boca suave, y con la mano derecha lo atrajo por el codo. Y lo hundió en medio de un remolino.

    Tan sólo entre sus compañeros uno pudo oír el grito de Hilas,, el héroe Polifemo Ilátida, que marchaba en avanzada por el camino, y que allí esperaba encontrar al paso al formidable Heracles a su regreso. Enseguida desenvainó aquel su gran espada y empezó a correr, temiendo que hubiera sido presa de fieras o que, como estaba solo, algunos le hubieran tendido una emboscada, y se lo llevaran como escogido botín. Llegó a grandes saltos cerca de la fuente Pegas, como una fiera salvaje a la que de lejos le alcanza el sonido de los corderos, y ardiendo de hambre se dirige hacia ellos, pero no consigue alcanzar el rebaño, pues ya antes los pastores lo han encerrado en los establos. Y ruge incontenible de dolor, hasta que se fatiga. Así entonces el Ilárida sollozó a grandes voces, y recorría dando gritos el terreno de alrededor, y lastimoso era su vocerío. Entonces encontró por el sendero a Heracles, cuando agitaba su desnuda espada en la mano, y a pesar de la tiniebla reconoció bien al que avanzaba de regreso a la nave, afligido en ánimo y jadeando.

    “Desgraciado, voy a ser el primero en decirte una pena terrible para ti. Pues Hilas no ha regresado salvo, después de marchar a la fuente, sino que acaso los piratas se lo llevan preso a o las fieras lo destrozan. Yo le he oído gritar”

    Así dijo. Al escucharle, a Heracles comenzó a brotarle abundante sudor de las sienes y la sangre le hervía negra en sus entrañas. Afligido tiró por tierra el remo, y corría por el sendero en la dirección que le llevaban precipitado sus pies. Como cuando un toro atormentado por un tábano se desboca, abandona pastos y praderas, y no se cuida de los pastores ni del rebaño, y unas veces corre sin descanso su carrera, y otras, deteniéndose y alzando su ancho cuello lanza un mugido, herido por el terrible aguijón. Del mismo modo él, enloquecido, unas veces movía sus rápidas rodillas sin parar, y otras en cambio abandonando su ardor gritaba con su enorme voz que penetraba a lo lejos.
    Entonces sobrevino sobre las más altas cumbres la estrella matutina, y con ella llegaron los vientos. Rápidamente ordenó Tifis embarcar y aprovechar el viento. Ellos subieron a la nave con presura, ansiosos, y tras recoger a bordo del barco las piedras de anclaje, tensaron los cables. Se hinchó la vela en su centro, y lejos de la costa surcaban alegres el mar frente al monte de Poseidón. En el momento en que desde el cielo resplandece la clara aurora, que regresa del oeste, y verdean los senderos y los prados brillan con l esplendor chispeantge del rocío, entonces se dieron cuenta de que sin saberlo, los habían dejado. Entre ellos se entablço una vilenta discusión, y un vocerío inmenso, sobre si iban a marcharse abandonando almejor de sus compañeros. El Esónida, abrumado por las dificultades,  no decía ni esto ni aquello, sino que permanecía sentado consumiendo su ánimo por dentro con la pesada desgracia. La cólera se apoderó de Telamón, y le habló así:

    “¡Quédate así tranquilo” Sin duda, que para ti mejor es dejar a Heracles. De ti ha salido este plan, a fin de que no te haga sombra la gloria de aquél a lo largo de Grecia, si los dioses nos conceden el viaje de regreso a la patria. ¿Pero qué ganancia obtengo de mis palabras? Porque también yo me iré lejos de los compañeros tuyos que han maquinado esta trampa.”

    Dijo. Y avanzó hacia Tifis el Hagníada, sus ojos le relucían como las chispas del fuego devorador. Sin duda hubiera vuelto atrás de nuevo a la tierra de los Misios, forzando la distancia y el soplo incesante del viento, si no hubieran detenido al Eácida los dos hijos del Tracio Bóreas con duras palabras. ¡Infelices” Sí que tuvieron más tarde un odioso castigo bajo las manos de Heracles, al que impidieron buscar. Pues al regresar de los juegos por la muerte de Pelias, en Tenos, rodeada por el mar, aquel los mató. Y amontonó la tierra en torno de ellos y dejó encima dos estelas, de las que una, prodeigio divino ala vista de los hombres, se bambolea bajo el soplo de Bóreas resonante. En fin, esto iba a cumplirse con el tiempo.

    Pero del rugiente mar surgió a su vista Glauco, muy sabio intérprete del divino Nereo. Emergiendo su rizosa cabeza y el pecho hasta sus flancos, tendió su robusta mano  sobre el costado de la nave, y gritó a los agitados héroes:

    “¿Por qué, en contra de la voluntad del gran Zeus, persistis en conducir al fuerte Heracles a la ciudad de Eetes´Su destino es realizar en Argos con fatiga todos sus doce trabajos a órdenes del cruel Euristeo.  Y habitar como familiar de los Inmortales, cuando cumpla los pocos restantes. Así que no sintáis nostalgia de él. Del mismo modo a Polifemo le está destinado fundar,junto a los afluentes del Cíos, una famosa ciudad de los Misios y acabar su desitno en la tierra ilimitada de los Cálibes. Por otra parte a Hilas por amor una diosa ninfa le ha hecho su esposo, a él por cuya causa andan errantes y abandonados.”

    Dijo, y se sumergió bajo las incesantes ondas. A su alrededor el agua de oscuros reflejos cubrióse de espuma, agitada en remolinos, y el flujo del mar batió con chasquido la cóncava nave.
    Los héroes se llenaron de alegría. El Eácida Telamón avanzó entonces con apresuramiento hasta Jasón, le estrechó la mano en la suya, le abrazó y le dijo:

    “¿Esónida, no vayas por favor a enojarte conmigo, si me irrité en unos momentos de locura y la pena me forzó a dirigirte palabras de excesivo orgullo e insoportables! Demos, pues, a los vientos tal ofensa, y quedemos tan amigos como antes.”

    Le contestó luego el hijo de Esón, sensatamente:

    “Amigo mío, de verdad que me has ofendido con un grave insulto, al acusarme ante todos los presentes de causar el abandono de tan firme compañero. Pero no voy a guardar por más tiempo un amargo rencor contra ti, por mucho que me haya dolido. Porque no te enfureciste disputando por unas cabezas de ganado ni por piezas de botín, sino por un camarada, y confío que del mismo modo disputarías tú con otro a favor de mí, si algo semejante me ocurriese alguna vez.”

    Así habló, y puestos de acuerdo como antes ocuparon sus asientos.

    En cuanto a los dos que quedaron allí, el uno Polifemo Ilítida, iba a fundar entre los Misios una ciudad a la que puso nombre del río vecino, y Heracles de nuevo marchaba a realizar las pruebas impuestas  por Euristeo.

    Pero amenazó Heracles con devastar Misia, si sus habitantes no descubrían el destino de Hilas, estuviera vivo o muerto. Ellos ofrecieron rehenes por él, escogiendo a los mejores jóvenes de su pueblo y le ofrecieron juramentos de Cíos preguntan por Hilas, el hijo de Teodamante.  Y se cuidan de Traquis, puesto que allí dejó Heracles establecerse a los muchachos que le habían permitido llevarse como rehenes.

    Un viento que sopló con ímpetu llevó la nave durante todo el día y toda la noche. Pero al despuntar la aurora, sólo suave brisa corría. Los Argonautas avistaron un saliente de tierra, de anchuroso aspecto, que sobresalía en medio de una bahía, y arribaron bogando con sus remos a la salida del sol. (Traducción de Carlos García Gual. Editora Nacional. Madrid.1975)

    Pompeya VII, 4, 62. Museo Nazionale di Napoli    
    Pompeya VII, 4, 62. Museo Nazionale  di Napoli

    In the northern Greek city of Amphipolis

    Saint Colombe (Francia). Museo de Grenoble. 3rd. century

    Opus sectile. Basílica de Iunius Bassus en la colina del Esquilino

    Tor Bella Monaca. Museo Nazionale Romano

    Museo de Constantina

    Djemila (Argelia). Museo

    Hylas A Nymphis Raptus (Hylas Captured by the Nymphs), after Giulio Romano

    Bertel Thorvaldsen (1770-1844)-Hylas and the Water Nymphs-Thorvaldsens Museum

    Carl Ferdinand Sohn, 1805-1867- Der Raub Des Hylas

     

    Victorian Sculpture

    Duncan Grant (1885-1978)

    Hylas and the Nymphs- Karl Bryullov, 1827

    Según el anterior

    Hylas stolen by the Nymphs, from an antique painting by Santi Bartoli-Giovanni Battista Piranesi

    Henrietta Rae (1859–1928)

    Hylas And The Water Nymps. by David Neaves

    James Stenhouse

    Hylas and the Water Nymphs by Edouard Theophile Blanchard

    HYLAS RESCUED FROM THE RIVER BY THE NYMPHS' (31), by Joshua Cristall, (1767-1847) in the East Anteroom at Attingham Park

    by doomed-echo

    by RevolverWinds

    ECLECTICLANZ – Artwork

    Atley Loughridge as Dyrope and Justin Blanchard as Hylas in the Shakespeare Theatre Company’s production of Argonautika, written and directed by Mary Zimmerman. Photo by Carol Rosegg.

    Hylas and the Nymphs by KatiaST

    http://antidepresivo.net/wp-content/…ylasNymphs.jpg

  • La guerra lo destruye todo, incluida la cultura y el arte

    La guerra consiste en el dominio del adversario mediante la destrucción, en primer lugar de las personas, a las que mata sin piedad, y luego de todo lo que se pone (aunque no se oponga) a su paso. Las pérdidas más valiosas son las de las personas, naturalmente. Luego una pérdida irreparable es la del arte y de la cultura a veces acumulada durante siglos y milenios, que algunos “guerreros” califican eufemísticamente de “daños colaterales”.

    Asistimos en estos días al expolio a que están siendo sometidos territorios arqueológicamente tan ricos como Siria o Iraq aprovechando la violencia de la guerra. Egipto lo viene siendo sistemáticamente desde hace cientos de años. Siempre ha sido igual desde que el “homo necans”, “el hombre que mata” descubrió su capacidad de violencia con los iguales. Todos los fastuosos museos de la culta Europa se han surtido del fruto de la guerra y del expolio colonialista. Esto es bien conocido y bien doloroso.

    En la Antigüedad las guerras fueron  tan frecuentes y destructivas como hoy y los ejemplos de destrucción y expolio de obras de arte son bien numerosos. Citaré dos o tres textos que ponen de manifiesto la falta de sensibilidad del “legionario” romano con el arte griego, que es sistemáticamente expoliado.

    Tal vez el caso más famoso de destrucción de un bien cultural inmenso sea la adjudicación de la quema del incendio de la Biblioteca de Alejandría al ejército de Julio César en el año 48 o 47  a.C. en la guerra de César con Ptolomeo XIII, hermano de Cleopatra.  En realidad la confusión de los textos y la pervivencia posterior de la Biblioteca no permiten afirmar que fuera quemada y destruida la Biblioteca como tal; parece más bien que el incendio se limitó a los paquetes de rollos de papiro preparados en los muelles del puerto para su exportación, que era parte de la pujanza económica de Alejandría. Véase https://www.antiquitatem.com/incendio-de-la-biblioteca-de-alejandria

    Es en cambio muy curioso lo que ocurrió con la conquista de Grecia por los romanos. Corinto  es una de las ciudades antiguas más famosas por su creatividad artística. Sus figuras y objetos de bronce son deseados y demandados en todo el mundo antiguo. Corinto fue conquistada y saqueada por los romanos en el año 146 antes de Cristo. Bien, los textos que reproduzco  a continuación son bien significativos de la valoración de la obra maestra de arte por parte de los profesionales de la milicia y del ejército.

    Estrabón, Geografía 8.6.23

    Los corintios, cuando se sometieron a Filipo, defendieron su causa con todo celo, y se comportaron por su cuenta siempre con tanto desprecio hacia los romanos que las personas  se atrevieron a tirar la suciedad desde lo alto encima de sus embajadores al pasar por sus casas. Inmediatamente fueron castigados por estas y otras ofensas e insultos. Los romanos enviaron un gran ejército al mando de Lucio Mummio, que arrasó la ciudad, mientras otros generales sometieron el resto del país, Grecia, hasta Macedonia. Sin embargo la mayor parte del territorio de Corinto fue entregada a los Siconios.

    Polibio relata  con tristeza lo que ocurrió en la toma de la ciudad, y habla de la indiferencia con que los soldados observaron las obras de arte maestras, y las ofrendas sagradas de los templos de las que la ciudad estaba llena. Él dice, que estuvo presente, y vio en las calles de Corinto pinturas tiradas en el suelo, y soldados jugando a los dados encima de ellas. Entre otras, cita el cuadro de Baco pintado por Aristides (al que se dice que se le aplicaba el dicho “nada como el Baco”), y el de Hércules consumido por la túnica que le regaló Deyanira. Esta última no la he visto yo personalmente, pero sí he visto la pintura de Baco colgada en el templo de Deméter de Roma, una obra de arte realmente hermosa, que hace poco fue consumida por el fuego juntamente con el templo.  El mayor número y desde luego las  más hermosas  de las otras ofrendas que hay en Roma (en los templos) fueron traídas de Corinto. Algunas de ellas están en posesión de las ciudades cercanas a Roma.

    Siendo Mummio más valiente y generoso que admirador de las artes, se las ofrecía  sin dudarlo a quienes le  preguntaban por ellas. Lúculo, que construyó el templo de la Buena Fortuna y un pórtico, pidió a Mummio el uso de algunas estatuas, con el pretexto de adornar con ellas el templo con ocasión de su dedicación y prometiendo devolverlas. Sin embargo no las devolvió, sino que las presentó como ofrendas sagradas y le dijo a Mummio que las retirase si quería. Mummio no se quejó por esta conducta, despreocupándose de las estatuas, pero obtuvo más honor que Lúculo, que las había presentado como ofrendas sagradas.

    Corinto estuvo mucho tiempo abandonada, hasta que al final fue restaurada  por sus ventajas naturales por el “divus César” (el divino César), que  envió colonos allá, que  en su mayor parte eran los descendientes de hombres libres. Al remover las ruinas, y al abrir en la excavación los sepulcros, aparecieron gran cantidad  de obras de cerámica con figuras pintadas en ellas, y muchas también de metal. Su maestría era admirable, así que todos los sepulcros fueron examinados con el mayor cuidado. Se obtuvo así una gran cantidad de cosas, que pusieron a la venta por su  gran precio, y Roma se llenó de “Necro-Corintios”; con este nombre se conocían los artículos sacados de los sepulcros, sobre todo la cerámica.   Al principio estas últimas se estimaron  tanto como las obras en metal de los artistas de Corinto, pero este afán de poseerlas desapareció pronto, no sólo porque falló la oferta, sino también porque  la mayor parte de ellas no estaban bien ejecutadas.

    La ciudad de Corinto fue grande y opulenta en todas las épocas, y produjo un gran número de hombres de estado y de artistas. Aquí, en particular, y en Sición, florecieron la pintura y la escultura y todas las artes de este tipo.

    La tierra no era muy fértil; su superficie era irregular y áspero, por lo que todos los escritores describen Corinto llena de escarpados y colinas, y le aplican el dicho:  "Puntillosa   y arrastrada como Corinto”

    Notas:
    Arístides de Tebas, el pintor de “El Baco” famoso, fue contemporáneo de Alejandro Magno. En una subasta pública del botín de Corinto, el rey Atalo ofreció una cantidad de dinero tan grande por este  “Baco”, que Mummio, que no sabía nada de arte y desconociendo su valor, pensó que el cuadro tenía algún poder mágico que él desconocía, y lo envió a Roma a pesar de las protestas de Atalo. En otro texto de este artículo pongo en evidencia la ignorancia de este rudo Mummio.

    – La historia de Hércules y Deyanira es el tema de la tragedia Las Tarquinias de Sófocles.

    También nos lo comenta Veleyo Paterculo en su Historia Romana I,13:

    Tres años antes de que Cartago fuera destrudia, murió Marco Catón, incansable instigador de su destrucción, durante el consulado de Lucio Censorino y Manio Manilio. El mismo año de la caída de Cartago L. Mumio arrasó Corinto, novecientos cincuenta y dos años después de que fuera fundada por Aletes, hijo de Hípotes. Los dos generales recibieron el honor de unir a su nombre el de la nación que habían vencido: uno fue llamado Africano y el otro Acaico; ningún hombre sin antepasados nobles consiguió un apelativo por su valor antes que Mumio. Tanto las costumbres como los intereses de los dos generales eran muy diferentes; pues Escipión fue un promotor y admirador de las artes liberales y de la cultura en general tan elegante que tuvo a su lado tanto en tiempos de paz como en campaña a Polibio y a Panecio, destacadísimos talentos. En efecto, nadie como este Escipión fue capaz de alternar con mayor elegancia el ocio con sus obligaciones y sirvió a las artes en todo momento, durante la guerra y en la paz, con un esfuerzo constante en la milicia y en las letras, puso a prueba su cuerpo en los peligros y su inteligencia en el saber.

    Mumio tenía tan poca cultura que tras la toma de Corinto, cuando ajustaba el precio para que llevaran a Italia las pinturas y los objetos realizados por los mejores artistas, ordenaba que se advirtiera a los adjudicatarios que si dejaban que se perdieran, tendrían que reemplazarlas por otras nuevas. No obstante no creo que dudes, Marco Vinicio, que más le habría servido a la república que se siguiera desconociendo el valor de las obas de arte corintias y no que se supiera demasiado y que aquella falta de comprensión sería más conveniente para el esplendor de la república que este refinamiento nuestro.

    Veleyo Paterculo,  Historia Romana I, 13

    13  Ante triennium quam Carthago deleretur, M. Cato, perpetuus diruendae eius auctor, L. Censorino M'. Manilio consulibus mortem obiit. Eodem anno, quo Carthago concidit, L.43 Mummius Corinthum post annos nongentos quinquaginta duos, quam ab Alete Hippotis filio erat condita, funditus eruit. 2 Uterque imperator devictae a se gentis nomine honoratus, alter Africanus, alter appellatus est Achaicus; nec quisquam ex novis hominibus prior Mummio cognomen virtute partum vindicavit.
    3 Diversi imperatoribus mores, diversa fuere studia: quippe Scipio tam elegans liberalium studiorum omnisque doctrinae et auctor et admirator fuit, ut Polybium Panaetiumque, praecellentes ingenio viros, domi militiaeque secum habuerit. Neque enim quisquam hoc Scipione elegantius intervalla negotiorum otio dispunxit semperque aut belli aut pacis serviit artibus: semper inter arma ac studia versatus aut corpus periculis aut animum disciplinis exercuit. 4 Mummius tam rudis fuit, ut capta Corintho cum maximorum artificum perfectas manibus tabulas ac statuas in Italiam portandas locaret, iuberet praedici conducentibus, si eas perdidissent, novas eos reddituros. p345 Non tamen puto dubites, Vinici, quin magis pro re publica fuerit manere adhuc rudem Corinthiorum intellectum quam in tantum ea intellegi, et quin hac prudentia illa imprudentia decori publico fuerit convenientior.

    La consideración final del texto de Veleyo Patérculo se debe al carácter moralizante de su obra, que rechaza el lujo e influjo oriental que se ha impuesto en Roma y tal vez a que pretenda ser un elogio a la política de austeridad de Tiberio.

    De este Mumio, tan rudo, que se utilizaba como prototipo en los ejercicios de retórica, nos da también información Plinio en su Historia Natural, XXXV, (8), 24.

    (24) VIII. [1] El primero que dio popularidad a las pinturas  extranjeras en Roma, fue L Mummius,  a quien su victoria en Acaya le proporcionó el sobrenombre de “el Acayo”.  En la subasta del botín, el Rey Attalus compró por  600.000 sestercios el cuadro de Arístides del “Padre Liber” (Baco); Mummius, sorprendido por el precio y sospechando que en él se escondía alguna virtud que él no conocía, rompió el trato. A pesar de lo mucho que se quejó Attalo, se colocó el cuadro en el templo de Ceres: creo que fue  la primera pintura extranjera, que se mostró en público en Roma. Veo que luego se colocaron comúnmente en el Foro.

    Tabulis autem externis auctoritatem Romae publice fecit primus omnium L. Mummius, cui cognomen Achaici victoria dedit. namque cum in praeda vendenda rex Attalus VI emisset tabulam Aristidis, Liberum patrem, pretium miratus suspicatusque aliquid in ea virtutis, quod ipse nesciret, revocavit tabulam, Attalo multum querente, et in Cereris delubro posuit. quam primam arbitror picturam externam Romae publicatam, deinde video et in foro positas volgo.

    Corinto es un famoso centro de arte. De su producción artística son especialmente buscados sus bronces, sus trabajos de orfebrería, los famosos “vasos corintios” (vasos, bandejas, jarras, flores y otros objetos) , que tenían un color y olor característicos que los hacían muy apreciados por los romanos, que los coleccionaban como signo de riqueza.

    El liberto y nuevo rico Trimalción, protagonista de gran parte del Satiricón de Petronio, no tiene ningún pudor en dar una versión disparatada del origen de estos famosos vasos, aunque para ello tenga que cometer el mayor anacronismo haciendo coetáneos la caída de Troya y el cartaginés Anibal. Nos lo cuenta Petronio en su Satiricón, 50:

    Después de este prodigio toda la servidumbre rompió a aplaudir y gritó:

    -¡Viva Gayo!

    El cocinero fue honrado con un trago y con una corona de plata; el vaso se lo presentaron en una bandeja de Corinto.   . Agamenón la examinó atentamente muy de cerca, y entonces dijo Trimalción:

    -¡Soy el único que tiene verdaderos Corintios!

    Esperaba yo que de conformidad con su insolencia anterior dijera que le llevaban la vajilla desde Corinto. Pero él con una salida mejor nos dijo:

    -Y quizás quieres saber por qué soy el único en poseer legítimos Corintios; pues porque el broncista a quien se los compro se llama Corinto. Y ¿qué puede ser Corintio sin quien tiene a Corintio? Y no me tengáis por un paleto: ´se pero que muy bien de dónde salieron en su comienzo los bronces de Corinto. Cuando fue tomada Troya 2 , Anibal, tipo taimado y gran lagartón, todas las estatuas de bronce y oro y de plata las amontonó en una hoguera y les prendió fuego; se hicieron una sola masa amalgamada. Y de esta masa cogieron los artesanos e hicieron platos y fuentes y figuritas. Así nacieron los bronces de Corinto, de todos los metales mezclados, ni uno ni otro. Perdóname lo que voy a decir; yo prefiero para mí las cosas de cristal, por lo menos no huelen. Y si no se rompieran, las preferiría al oro; pero la realidad es que andan por el suelo. (Traducción de Manuel C.Díaz y Díaz. Ediciones AlmaMater,1968)

    Plausum post hoc automatum familia dedit et "Gaio feliciter!" conclamavit. Nec non . cocus potione honoratus est, etiam argentea corona poculumque in lance accepit Corinthia. Quam cum Agamemnon propius consideraret, ait Trimalchio: "Solus sum qui vera Corinthea habeam." Exspectabam ut pro reliqua insolentia diceret sibi vasa Corintho afferri. Sed ille melius: "Et forsitan, inquit, quaeris quare solus Corinthea vera possideam: quia scilicet aerarius, a quo emo, Corinthus vocatur. Quid est autem Corintheum, nisi quis Corinthum habeat? Et ne me putetis nesapium esse, valde bene scio, unde primum Corinthea nata sint. Cum Ilium captum est, Hannibal, homo vafer et magnus stelio, omnes statuas aeneas et aureas et argenteas in unum rogum congessit et eas incendit; factae sunt in unum aera miscellanea. Ita ex hac massa fabri sustulerunt et fecerunt catilla et paropsides <et> statuncula. Sic Corinthea nata sunt, ex omnibus in unum, nec hoc nec illud. Ignoscetis mihi quod dixero: ego malo mihi vitrea, certe non olunt. Quod si non frangerentur, mallem mihi quam aurum; nunc autem vilia sunt.

    Resulta chocante el anacronismo de hacer coetáneos la caída de Troya Anibal, pero no menos chocante es que Isidoro de Sevilla recoja de Petronio esta anécdota, bien es cierto que eliminando el anacronismo,  en sus Orígenes o Etimologías 16, 20,4:

    El “bronce de Corinto” es una aleación de todo tipo de metales que el azar mezcló por primera vez durante el incendio de Corinto, cuando la ciudad fue conquistada. En efecto, al apoderarse Aníbal de ella levantó una pira con todas las estatuas de bronce, de oro y de plata, y les prendió fuego: de esta mezcla resultante tomaron material los orfebres y fabricaron bandejas. De esta manera se descubrió el bronce de Corinto, logrado a base de todos y no sólo de este o de aquel metal. Por esto, hasta el día de hoy se conoce como “bronce de Corinto”, o “vasos de Corinto”, el que se obtiene a partir de la misma aleación o de una imitación de ésta.

    Corintheum  est commistio ómnium metallroum, quod casus primum miscuit, Corintho, cum caperetur, incensa. Nam dum hanc civitatem Hannibal cepisset, omnes statuas aeneas et aureas et argenteas in unum rogum congessit et eas incendit: ita ex hac commistione fabri sustulerunt et fecerunt parapsides. Sic Corinthea nata sunt ex omnibus in unum, nec hoc nec illud. Unde et usque in hodiernum diem sive ex ipso sive ex imitation eius aes Corintheum vel Corinthea vasa dicuntur.