Categoría: Arte

  • Le propuso (a Alejandro) modelar el monte Athos con su efigie

    Alejandro el Magno, cuando murió a los 32 años (sólo gobernó 12) había conquistado un enorme imperio; se había apoderado de toda Grecia y del imperio persa y había llegado hasta la India; había conquistado Asia Menor y Egipto; había fundado decenas de ciudades, a las que llamó Alejandría, la más famosa la de Egipto. Se había convertido en un ser mítico, del que se escribieron decenas de biografías e historias, unas verdaderas y otras fantásticas.

    Pues bien, Luciano de Samósata tiene una obrita muy interesante titulada, (probablemente él no la llamó así; debería haberse llamado “Historia elogiosa de la guerra reciente contra los partos”) “Cómo debe escribirse la historia”.

    Entre los varios consejos me interesa resaltar ahora dos fundamentales: el primero y principal que la Historia ha de respetar la verdad de los hechos con objetividad; el segundo que se ha de huir de toda adulación, que sólo sirve para dejar en ridículo al adulador.

    Reproduzco un texto de la obra de Luciano en el que pone un ejemplo de cómo Alejandro rechazó enfadado el relato fantástico y excesivamente laudatorio de un mal historiador. Luego comentaré otro curioso en el que rechazó la propuesta adulatoria de un arquitecto. Es muy interesante el contraste que supone que quien siendo tan joven se había convertido en un héroe inigualable, casi en un dios ante el que los orientales, siguiendo sus usos, se arrodillaban (véase https://www.antiquitatem.com/proskynesis-monarquia-herodoto-persas ) y al que sus soldados seguían ciegamente, este “semidios” es lo suficientemente humano y cuerdo para despreciar a los aduladores.

    Luciano de Samósata: “Cómo debe escribirse la historia”, 11-12

    No necesito decir que los elogios pueden ser agradables para una persona, la que los recibe, pero molestos para los demás y especialmente si las exageraciones son monstruosas, como las que suelen prodigar la mayoría cuando trata de conseguir la benevolencia de los elogiados e insisten hasta que ponen en evidencia ante todos su adulación. Porque ni siquiera saben hacerlo con habilidad  ni disimulan su lisonja sino que se lanzan sobre todo en conjunto y hacen un relato tan increíble como ingenuo. La consecuencia es que ni siquiera consiguen lo que más desean, pues las personas a las que elogian los odian más y los rechazan por aduladores, y con razón, particularmente si tienen espíritu viril. Como ocurrió cuando Aristóbulo describe un combate individual entre Alejandro y Poro; le leyó a Alejandro especialmente este pasaje de su obra, en la idea de que complacería muchísimo al rey atribuyéndole falsamente algunas hazañas y adornando los hechos por encima de la verdad. Estaban navegando por el río Hidaspes; Alejandro cogió el libro y lo tiró inmediatamente al agua, diciendo: “Debería hacer lo mismo contigo, que entablas en mi lugar tales combates individuales y matas elefantes con un solo dardo. (Traducción: Juan Botella Zaragoza, Edit. Gredos, 1990)

    Sigue inmediatamente el relato de Luciano con otro ejemplo de la cordura del joven Alejandro ante la propuesta de un arquitecto que sin duda le pareció descabellada y simplemente adulatoria. Nos parecería imposible tarea la de convertir todo un monte, el Athos, en la efigie de Alejandro. Podemos no obstante imaginar cómo podía haber quedado el monte, ocupado ahora por un famoso monasterio, observando lo que dos mil trescientos años después (1927-1941) hizo Gutzon Borglum en el monte Rushmore, en  Keystone, Dakota del Sur,  en el que 400 trabajadores esculpieron los rostros de los cuatro primeros de sus presidentes, George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln. Es el conjunto llamado Monumento Nacional Monte Rushmore (Mount Rushmore National Memorial),

       

    Hasta tal punto iba a indignarse Alejandro por ello que ni siguiera toleró la osadía de su arquitecto que le había prometido hacer la estatua de Atos con su efigie y remodelar la montaña con la efigie del Rey, sino que se dio cuenta enseguida de que era un adulador y ya no utilizó sus servicios más como antes.

    El arquitecto romano Vitruvio nos recuerda también esta anécdota y nos dice que el arquitecto se llamaba Dinócrates en su  De architectura,II:

    El arquitecto Dinócrates, confiando en sus proyectos y en su ingenio, marchó desde Macedonia hacia el ejército de Alejandro, que estaba consiguiendo ser el señor del mundo, ansioso de ganarse su protección. Dinócrates era portador de unas cartas, avaladas por sus parientes y amigos que iban dirigidas a los principales mandatarios purpurados, a quienes solicitó le recibieran amablemente y le posibilitaran acceder ante Alejandro lo más pronto posible. Se lo prometieron, pero la entrevista se retrasaba bastante, esperando el momento oportuno. Por ello, pensando Dinócrates que se burlaban de él, optó por presentarse directamente. Era un hombre de gran estatura, rostro agradable, porte y prestancia exquisitos. Confiando en sus dotes naturales, dejó sus ropas en la hospedería, perfumó su cuerpo con aceite, coronó su cabeza con guirnaldas de álamo, cubrió su hombro izquierdo con una piel de león y tomó en su mano derecha una clava; así avanzó con dignidad ante el tribunal donde Alejandro impartía justicia. Su esmerada presencia llamaba la atención del pueblo y hasta el mismo Alejandro se fijó también en él. Mostrando gran sorpresa, Alejandro ordenó que le permitieran el paso para que se acercara y le preguntó quién era. El contestó: «Soy Dinócrates, arquitecto de Macedonia y traigo para ti unos proyectos y unos bocetos, dignos de tu grandeza. He transformado el monte Athos en la figura de una estatua viril; en su mano izquierda he diseñado las murallas de una gran ciudad y en su derecha una enorme patera que recoja las aguas de los ríos que fluyen en aquel monte, con el fin de verterlas al mar desde su propia mano». Alejandro quedó gratamente satisfecho ante la descripción de tal proyecto y al momento preguntó si alrededor de la ciudad había campos que la pudieran abastecer con sus cosechas de trigo. Al manifestarle que no era posible el abastecimiento sí no era mediante el transporte de ultramar, contestó: «Dinócrates, observo con atención la magnifica estructura de tu proyecto y me agrada. Pero advierto que si alguien fundara una colonia en ese mismo lugar, quizás su decisión sería muy criticada. Pues, así como un recién nacido sólo puede alimentarse con la leche de su nodriza y sin ella no puede desarrollarse, de igual manera una ciudad no puede crecer sí no posee campos cuyos frutos le lleguen en abundancia; sin un abundante abastecimiento no puede aumentar el número de sus habitantes ni pueden sentirse seguros. Por tanto, en cuanto a tu plan pienso que merece toda clase de elogios, pero la ubicación de la ciudad debe ser desaprobada. Es mi deseo que te quedes a mi lado, pues quiero servirme de tu trabajo». Desde este momento, Dinócrates ya no se apartó del rey y siguió sus pasos hasta Egipto. Al observar Alejandro que había allí un puerto protegido por la misma naturaleza y un extraordinario mercado, además de campos sembrados de trigo que ocupaban toda la extensión de Egipto así como las enormes ventajas que proporcionaba el impresionante río Nilo, ordenó que él fundase allí mismo una ciudad, de nombre Alejandría, en honor a su propia persona. De este modo Dinócrates, apreciado por su interesante aspecto y por su gran cotización, alcanzó la categoría de los ciudadanos distinguidos.

    Vitruvio termina, no sin cierta ironía, el pasaje con estas palabras:

    Pero a mi, oh Emperador, la naturaleza no me ha concedido mucha estatura, la edad ha afeado mi rostro y la enfermedad ha mermado mis fuerzas. Por tanto, ya que me veo privado de tales cualidades, alcanzaré la fama y la reputación, así lo espero, mediante la ayuda de la ciencia y de mis libros.

    Marcus Vitruvius Pollio: de Architectura, Liber II, 1-4

    Praefatio
    1. Dinocrates architectus cogitationibus et sollertia fretus, cum Alexander rerum potiretur, profectus est e Macedonia ad exercitum regiae cupidus commendationis. is e patria a propinquis et amicis tulit ad primos ordines et purpuratos litteras ut aditus haberet faciliores, ab eisque exceptus humane petiit uti quamprimum ad Alexandrum perduceretur. cum polliciti essent, tardiores fuerunt idoneum tempus expectantes. itaque Dinocrates ab his se existimans ludi ab se petiit praesidium. fuerat enim amplissima statura, facie grata, forma dignitateque summa. his igitur naturae muneribus confisus vestimenta posuit in hospitio et oleo corpus perunxit caputque coronavit populea fronde, laevum umerum pelle leonina texit, dextraque clavam tenens incessit contra tribunal regis ius dicentis.
    2. novitas populum cum avertisset, conspexit eum Alexander. admirans ei iussit locum dari ut accederet, interrogavitque quis esset. at ille, Dinocrates, inquit, architectus Macedo, qui ad te cogitationes et formas adfero dignas tuae claritatis. namque Athon montem formavi in statuae virilis figuram, cuius manu laeva designavi civitatis amplissimae moenia, dextra pateram quae exciperet omnium fluminum quae sunt in eo monte aquam, ut inde in mare profunderetur.
    3. delectatus Alexander narratione formae statim quaesiit, si essent agri circa qui possent frumentaria ratione eam civitatem tueri. cum invenisset non posse nisi transmarinis subvectionibus, Dinocrates, inquit, attendo egregiam formae compositionem et ea delector, sed animadverto si qui deduxerit eo loci coloniam fore ut iudicium eius vituperetur. ut enim natus infans sine nutricis lacte non potest ali neque ad vitae crescentis gradus perduci, sic civitas sine agris et eorum fructibus in moenibus affluentibus non potest crescere nec sine abundantia cibi frequentiam habere populumque sine copia tueri. itaque quemadmodum formationem puto probandam, sic iudico locum inprobandum, teque volo esse mecum, quod tua opera sum usurus.
    4. ex eo Dinocrates ab rege non discessit et in Aegyptum est eum persecutus. ibi Alexander cum animadvertisset portum naturaliter tutum, emporium egregium, campos circa totam Aegyptum frumentarios, inmanis fluminis Nili magnas utilitates, iussit eum suo nomine civitatem Alexandriam constituere. ita Dinocrates a facie dignitateque corporis commendatus ad eam nobilitatem pervenit. mihi autem, imperator, staturam non tribuit natura, faciem deformavit aetas, valetudo detraxit vires. itaque quoniam ab his praesidiis sum desertus, per auxilia scientiae scriptaque ut spero perveniam ad commendationem.

    Plutarco también nos da noticia de la anécdota, pero ahora el arquitecto se llama Estasícrates. Alejandro desea hacer una grandiosa tumba a su amigo Hefestión, que acaba de morir, y llama al citado arquitecto; nos lo cuenta en su Alejandro, 72,3-4

    Había pensado invertir diez mil talentos en su sepulcro, en sus exequias y en todo el ornato correspondiente, y teniendo la idea de que el artificio y prodigiosidad sobrepujaran al gasto, deseaba sobre todo tener por director de los artistas a Estasícrates, que había manifestado cierta magnificencia, osadía y boato en sus invenciones, pues en una ocasión en que le había hablado le dijo que, de todos los montes, el Athos de Tracia era el que recibiría mejor la disposición y conformación humana; por tanto que si se lo mandase, le haría la estatua más duradera y más vistosa del monte Atos, la cual tendría en la mano izquierda una ciudad de diez mil vecinos, y con la derecha derramaría el perenne caudal en un río que desaguaba en el mar. Este proyecto lo desechó; pero en aquellos días estuvo tratando y disponiendo cosas todavía más absurdas y costosas que ésta con los artistas.

    En fin, también hoy en día y con demasiada frecuencia forman buena pareja la megalomanía de los responsables políticos con la de los artistas.

    Nota: megalomanía es una palabra, compuesta de las griegas μεγαλο-, de μέγας, grande, y μανία, locura, que por tanto significa "delirio de grandeza".

  • “No hay belleza sin unas proporciones regulares”. (Platón, Timeo, 87c)

    Para ser exactos la frase de Platón dice: “Todo lo que es bueno es bello, y la belleza no se da sin unas relaciones o proporciones regulares.” También en Filebo 64c dice: “La medida (metron) y la proporción (symmetría) realizan en todas partes la belleza y la perfección”

    El objetivo del arte clásico antiguo es la imitación de la naturaleza. Pero la naturaleza es un κόσμος,  kosmos, un conjunto ordenado, armónico y bello, y la belleza sólo es posible si hay proporción.

    Así que el tema de la proporción es una preocupación esencial en la reflexión de filósofos y artistas. A la proporción le llaman συμμετρἰα,  symetria, con un significado, pues, distinto del que actualmente tiene la palabra.

    Pitágoras y Téano de Crotona, una filósofa y matemática que algunos creen que fue la esposa de Pitágoras,  teorizaron sobre la proporción o “razón de los extremos y medios”.  Sin duda fue muy importante la influencia oriental de Mesopotamia  y de Egipto en esta y en otras muchas cuestiones que desarrollaron los griegos.

    Euclides  definió así la citada razón o proporción:

    se dice que una recta ha sido cortada en extrema y media razón cuando la recta entera es al segmento mayor, como el segmento mayor es al menor”. (Euclides Los Elementos, libro VI,  Definición 3 ).

    Esto es a lo que en el Renacimiento se le llamó “proporción áurea”. Se le llama también  número áureo o de oro, razón extrema y media, razón áurea, razón dorada, media áurea y divina proporción. Se le representa con  la letra griega   φ (fi) (en minúscula) o  Φ (fi) (en mayúscula), en honor al escultor griego Fidias. Es un número irracional cuyo valor se ha establecido en el Renacimiento en 1,61803398874989….   

    Esta proporción se encuentra en figuras geométricas y en diversos seres de la Naturaleza. Esta  proporción se aplicó por ejemplo  en la construcción de templos.

    Estas proporciones se establecen o miden con una vara o caña que se llama κανών , “canon” . De esta función, la palabra pasó a  significar  “regla, ley, modelo, canon…. ).

    Así  que pronto se establece el canon del cuerpo humano que ha de tener unas determinadas proporciones para ser bello.

    Todo este asunto de las proporciones, la belleza y el canon de belleza está muy influenciado o tiene relación con el problema filosófico del conocimiento de las cosas. No se busca tanto la imitación realista de las cosas concretas, es decir, las sombras de las cosas a las que se refería Platón, sino la idea esencial de la cosa en sí. Por eso el “canon” no se encuentra en una cosa o ente determinado, sino que, observados varios, se establece el modelo ideal. En el caso del hombre, a que nos referimos inmediatamente, el canon se fija de la observación de múltiples individuos y de un proceso de abstracción en el que se busca lo esencial.

    Según el médico Galeno, el famoso escultor Policleto teorizó sobre ello en un tratado que llamó precisamente Canon y lo plasmó una estatua de un hombre desnudo que se identifica con el Doríforo; en el canon de Policleto la altura del hombre equivale a 7 cabezas.

    Nos dice el médico grecorromano Galeno (130 – 200) en la versión latina de su “Los nueve libros sobre las doctrinas de Hipócrates y Platón, De placitis Hippocratis et Platonis libri novem (Los nueve libros sobre las doctrinas de Hipócrates y Platón), V, 449 (vol I, recensuit et explanavit I, Müller, Lipsiae, B. G. Teubneri, 1874), p. 426:

    “pensó que la belleza reside no en la adecuada proporción de los elementos sino de las partes; es decir, del dedo con el dedo y de todos los dedos con la palma de la mano y con la primera parte de la palma y de estas con el codo, del codo con el brazo y finalmente de todas estas con todo lo demás, como se dice en lo escrito en el Canon de Policleto. En este libro Policleto después de enseñarnos todas las proporciones del cuerpo, confirmó su exposición con una obra haciendo una estatua según las indicaciones de su libro, a la que llamó con el mismo nombre que al libro, es decir, “canon”. Así pues, la belleza del cuerpo, de acuerdo con la opinión de todos los médicos y filósofos, consiste en la adecuada proporción de los miembros, la salud en la proporción entre si de los elementos, cualesquiera que sean”

    33 Claudii Galeni, “ pulchritudinem autem non in elementorum sed in partium apta congruentia, digiti scilicet ad digitum digitorumque omnium ad palmam palmaeque primam partem et harum ad cubitum, cubiti ad brachium, omnium denique ad omne positam esse censuit, quemadmodum in Polycliti canone litteris mandatum est.  In eo libro Polyclitus cum omnes corporis proportiones docuisset, opere demum orationem confirmavit ex libri praeceptis statuam fabricatus, quam eodem  nomine,quo librum, canona appellavit. Pulchritudo igitur corporis ex omnium medicorum philosopoorumque sententia in membrorum apta convenientia consistit, sanitas in elementorum, quaecumque sunt, inter se congruentia.

    Nota: en la época antigua, las obras de Galeno no fueron traducidas al latín. así que al final del Imperio cayó en el olvido, porque pocos podían leer griego, excepto en Oriente; luego algunas obras se tradujeron al árabe y de éste al latín; en el Renacimiento se traducen al latín e incluso en algunos casos se intenta traducir alguna obra sólo existente en árabe al griego original que se había perdido.

    Para los griegos la simetría y las proporciones armónicas del cuerpo son sinónimo de salud.
    Luego Eufránor de Itsmia, pintor y escultor, escribió otro tratado de symmetría,
    alterando el canon de Policleto; en el canón de Lisipo el cuerpo tiene siete cabezas y media en vez siete.

    Precisamente  las unidades de medida se toman de las partes del cuerpo humano y sus proporciones: son codos, brazos pies y manos,  que pueden ser  diferentes en cada escuela.

    En época romana Vitruvio recoge estas teorías y medidas y sus relaciones  en su De Architectura, III, 1:

    El diseño de los templos depende de la proporción (simetría), cuya relación deben respetar los arquitectos con todo cuidado. La relación surge de la proporción, que en griego se llama analogía (ἀναλογία). La proporción es la correspondencia  de la parte considerada de los miembros en el conjunto de la obra y del conjunto total; de esta correspondencia  surge la razón de las proporciones (simetría). Así ningún templo puede tener la relación en su diseño  sin simetría y proporción, como ocurriría si la figura de un hombre bien formado no tuviera una exacta relación en sus miembros.

    Pues la naturaleza ha formado el cuerpo del hombre de tal manera que el rostro de la cabeza, desde el mentón hasta lo alto de la frente y al nacimiento de las raíces del pelo, es de una décima parte (de la altura total); así mismo la palma de la mano, desde la muñeca a la punta del dedo medio mide otro tanto; la cabeza desde el mentón al vértice más alto (de la cabeza) es la octava; desde el comienzo de las cervicales al nacimiento de las raíces del pelo mide  la sexta parte; desde la mitad del pecho hasta el vértice más alto la cuarta parte; desde el comienzo del mentón hasta la base de la nariz es la tercera parte de la altura del rostro; la nariz desde la base de la nariz hasta un punto  en el medio de las cejas otro tanto; desde ese punto hasta el nacimiento de las raíces del pelo la frente mide igualmente la tercera parte (del rostro); el pie en cambio es la sexta parte de la altura del cuerpo, el codo una cuarta parte; el pecho asimismo una cuarta; los restantes miembros también tienen sus proporciones de medida, que utilizaron también los antiguos pintores y los escultores famosos y con ello consiguieron enormes y extraordinarias alabanzas.

    De igual manera las partes de los templos sagrados deben tener una adecuadísima proporción de medida de cada una de las partes con la magnitud general de todo el conjunto. Asimismo el ombligo es naturalmente el punto central  del cuerpo. Pues si el hombre se coloca boca arriba con las manos y los pies estirados y colocado el centro del compás en su ombligo, trazando una circunferencia, se tocaría con su línea los dedos de las dos manos y de los dos pies. Del mismo modo al trazar la figura de la circunferencia en el cuerpo, se consigue también la figura de un cuadrado; pues si se toma la medida desde la planta de los pies a lo alto de la cabeza y esta medida se traspone a las manos extendidas, se hallará que la anchura es la misma que la altura, como  las áreas que son perfectamente cuadradas.

    Luego si la naturaleza ha formado el cuerpo del hombre de tal forma que sus miembros corresponden con sus proporciones con toda la figura, parece que los antiguos determinaron  correctamente esta regla, mantener en la perfección de sus obras la exigencia de la proporción de cada uno de los miembros respecto de la forma de toda la figura; así pues al aplicar la relación en todas sus obras, lo hicieron sobre todo en los templos de los dioses, pues en estas obras las alabanzas y las faltas   suelen durar para siempre.

    Más todavía, de los miembros del cuerpo derivaron las proporciones de las medidas que parecen ser necesarias en todas las obras, tales como el dedo, el palmo, el pie, el codo y las subdividieron según  el número perfecto, llamado τέλειον en griego; los antiguos fijaron como número perfecto el que se llama diez. Pues del número de dedos de las manos desde la palma se encontró el pie (parece corrupto el pasaje; quiere decir que el número diez se extrajo del número de dedos de la mano). Así aunque el diez es perfecto por naturaleza por responder a los dedos de las dos palmas, a Platón también le pareció que era un número perfecto por esta causa, porque está compuesto en decenas de unidades individuales, que los griegos llaman μοναδες (monades). Pero tan pronto como se alcanza el once o el doce, porque la han superado, no pueden ser perfectos hasta que no llegan a otra decena; pues las partes de este número  son las unidades individuales.

    En cambio los matemáticos, manteniendo un punto de vista diferente en este asunto, que el número perfecto es el que se llama seis, porque este número tiene las subdivisiones  correspondientes a ese número según su relación; así uno es un sexto, dos es un tercio, tres es la mitad, cuatro es dos tercios o διμοιρον, cinco es cinco sextos, que llaman πενταμοιρον, seis es el perfecto. Cuando el número crece más allá, la adición por encima del seis es el ἐφεκτον; ocho, formado por la adición de la tercera parte de seis, es el seis y un tercio, que se llama ἐπιτριτος; la adición de la mitad hace el nueve, que es el seis y su mitad, que se llama ἡμιολιος; la adición de dos tercios hace diez, que es el seis y dos tercios, que llaman ἐπιδιμοιρον; en el número once, en el que se añaden cinco, que es el seis y cinco sextos, llamado ἐπιπεμπτον; finalmente el doce, compuesto de dos simples seis, es llamado διπλαχιον.

    Y más aún, como el pie es la sexta parte de la altura del hombre, esto es, como el limite de la altura del cuerpo se sitúa en el número de seis pies, decidieron que éste era el número perfecto y advirtieron que el codo consta de seis palmas o de 24 dedos..

    Véase el texto latino más abajo.

    Este texto ha sido esencial en la cultura occidental: lo recogió Leonardo da Vinci en su Tratado de pintura y de acuerdo con él realizó su famoso dibujo “El hombre de Vitruvio”  realizado hacia 1490 que se conserva en la Galleria dell'Accademia, en Venecia ….  

    Vitruvio tuvo una enorme importancia para el desarrollo de toda la arquitectura renacentista. ¿Quién no se ha sentido impresionado  por esta obra de Leonardo tantas veces reproducido en mil contextos diferentes?

    Pues bien, Leonardo no solamente lo reproduce sino que para que no hubiera duda lo comenta en el margen superior y al pie del dibujo. Además de un homenaje a la Antigüedad Clásica, Leonardo intenta remarcar el carácter científico y matemático de la representación artística.

    Lo que  escribió con abreviaturas en la parte superior dice:   

    ‹‹ Vitruvio el arquitecto, dice en su obra sobre arquitectura que las medidas del hombre son distribuidas por la naturaleza  del  siguiente modo:  4 dedos hacen 1 palmo,  4 palmos hacen 1 pie, 6 palmos hacen  1 codo, 4 codos hacen un hombre y  4 codos hacen 1 paso, y  24 palmos hacen un hombre; y estas medidas están en sus edificios.
    Si tú abres las  piernas tanto  como para que tu altura disminuya 1/14 y abres y levantas los brazos  hasta que los dedos  toquen la línea  del borde superior de tu cabeza, has de saber que el centro  de tus extremidades separadas está  en tu ombligo. El espacio que se encuentra entre las piernas será un triángulo equilátero.

    En la parte inferior dice:

    Un hombre abre tanto sus brazos como es su altura. Desde el nacimiento del pelo hasta la punta de debajo de la barbilla es la décima parte de la altura de un hombre; desde la punta de la barbilla a la parte superior de la cabeza es un octavo de la altura del hombre; desde la parte superior del pecho al extremo de su cabeza será un sexto de un hombre.

    Desde la parte superior del pecho al nacimiento del pelo será la séptima parte de todo el hombre. Desde los pezones a la parte de arriba de la cabeza será la cuarta parte del hombre. La anchura mayor de los hombros contiene en sí misma la cuarta parte de un hombre. Desde el codo a la punta de la mano será la cuarta parte del hombre; y desde el codo al término de la espalda ( la axila)  será la octava parte de ese  hombre. Toda la mano será la décima parte del hombre; el miembro viril nace en la mitad del hombre. El pie es la séptima parte del hombre. Desde la planta del pie hasta debajo de la rodilla será la cuarta parte del hombre. Desde debajo de la rodilla al nacimiento del miembro  será la cuarta parte del hombre. Las partes que se encuentran  desde la parte inferior de la barbilla a la nariz y desde el nacimiento del pelo a las cejas es, en cada caso, semejante , y, como la oreja, una tercera parte del rostro ››

    Los textos, no son absolutamente coincidentes porque Leonardo da algunas mediciones distintas y añade alguna nueva,  pero hablan por sí solos.

    Pues bien,  Vitruvio nos dice que la altura del hombre es igual a la envergadura, por lo tanto  altura y envergadura  conforman un cuadrado. También nos dice que al extender sus brazos y sus piernas conforma un círculo. Numerosos artistas intentaron integrar la figura humana, conformando el cuadrado y el círculo en un solo dibujo. Leonardo encontró la solución: el centro del cuadrado está en los genitales; el centro del círculo está en el ombligo. Y ¡oh maravilla!: La proporción entre el lado del cuadrado y el lado del círculo es áurea.

    Texto latino, Vitruvio, De Architectura, III, 1:

    Aedium compositio constat ex symmetria, cuius rationem diligentissime architecti tenere debent. ea autem paritur a proportione, quae graece ἀναλογία dicitur. proportio est ratae partis membrorum in omni opere totiusque commodulatio, ex qua ratio efficitur symmetriarum. namque non potest aedis ulla sine symmetria atque proportione rationem habere compositionis, nisi uti ad hominis bene figurati <speciem> membrorum habuerit exactam rationem.

    Corpus enim hominis ita natura composuit uti os capitis a mento ad frontem summam et radices imas capilli esset decimae partis, item manus palma ab articulo ad extremum medium digitum tantundem, caput a ad súmmum verticen octavae; cum cervicibus imis  ad imas radices capillorum sextae, <a medio pectore>ad summum verticem quartae. ipsius autem oris altitudinis tertia est pars ab imo mento ad imas nares, nasus ab imis naribus ad finem medio superciliorum tantundem, ab ea fine ad imas radices capilli frons efficitur item tertiae partis. pes vero altitudinis corporis sextae, cubitus quartae, pectus item quartae. reliqua quoque membra suas habent commensus proportiones, quibus etiam antiqui pictores et statuarii nobiles usi magnas et infinitas laudes sunt adsecuti.

    Similiter vero sacrarum aedium membra ad universam totius magnitudinis summam ex partibus singulis convenientissimum debent habere commensus responsum. item corporis centrum medium naturaliter est umbilicus. inamque si homo conlocatus fuerit supinus manibus et pedibus pansis circinique conlocatum centrum in umbilico eius, circumagendo rotundationem utrarumque manuum et pedum digiti linea tangentur. non minus quemadmodum schema rotundationis in corpore efficitur, item quadrata designatio in eo invenietur. nam si a pedibus imis ad summum caput mensum erit eaque mensura relata fuerit ad manus pansas, invenietur eadem latitudo uti altitudo, quemadmodum areae quae ad normam sunt quadratae.

    Ergo si ita natura composuit corpus hominis uti proportionibus membra ad summam figurationem eius respondeant, cum causa constituisse videntur antiqui ut etiam in operum perfectionibus singulorum membrorum ad universae figurae speciem habeant commensus exactionem. igitur cum in omnibus operibus ordines traderent, <tum> maxime in aedibus deorum, <quorum> operum et laudes et culpae aeternae solent permanere.

    Nec minus mensurarum rationes, quae in omnibus operibus videntur necessariae esse, ex corporis membris collegerunt, uti digitum palmum pedem cubitum, et eas distrubuerunt in perfectum numerum, quam Graeci τελειον dicunt, perfectum autem antiqui instituerunt numerum qui decem dicitur. namque ex manibus digitorum numero ab palmo pes est inventus. si autem in utrisque palmis ex articulis ab natura decem sunt perfecti, etiam Platoni placuit esse eum numerum ea re perfectum qui ex singularibus rebus, quae μοναδες apud Graecos dicuntur, perficitur decussis. simul autem undecim aut duodecim sunt facti, quod superaverint, non possunt esse perfecti, donec ad alterum decussim perveniant. singulares enim res particulae sunt eius numeri.

    Mathematici vero contra disputantes ea re perfectum dixerunt esse numerum qui sex dicitur, quod is numerus habet partitiones eorum rationibus numero convenientes sic, sextantem unum, trientem duo, semissem tria [bessem quam διμοιρον dicunt quattuor, quintarium quam πενταμοιρον dicunt quinque, perectum sex. cum ad superlationem crescat, supra sex adiecto asse ἐφεκτον, cum facta sunt octo quod est tertia adiecta tertiarum alterum qui ἐπιτριτος dicitur, dimidia adiecta cum facta sunt novem sesquialterum qui ἡμιολιος appellatur, duabus partibus additis et decussi facto bessem alterum quam ἐπιδιμοιρον vocitant, in undecim numero quod adiecti sunt quinque quintarium quam ἐπιπεμπτον dicunt, duodecim autem quod ex duobus numeris simplicibus est effectus διπλαχιον].

    Non minus etiam quod pes hominis altitudinis sextam habet partem, id est ex eo quod perficitur pedum numero corporis sexis altitudinis terminatio, eum perfectum constituerunt, cubitumque animadverterunt ex sex palmis constare digitisque XXIIII.

  • Un “mentalista” muy antiguo pone a prueba el amor de un padre

    Existe una serie de televisión de la cadena norteamericana CBS de cierto éxito que se llama “El mentalista”, (The Mentalist en su versión original). El protagonista, se reconoce a sí mismo como “mentalista”, que colabora con la policía para resolver todo tipo de casos e identificar a los culpables de los crímenes utilizando su clarividencia, su agilidad y capacidad de análisis mental y su gran capacidad de observación del comportamiento humano, que reacciona de determinada manera a determinados estímulos. La mente y su poder es el único instrumento de que se sirve. A veces no es muy ortodoxo ni respetuoso con la ley al utilizar determinados métodos, pero el resultado siempre es la identificación y castigo de los criminales.

    Leyendo a Luciano de Samósata, varias veces comentado en este blog, encuentro un hecho o una anécdota,  en la que un médico, utilizando también su clarividencia y su capacidad de observación de la conducta de los hombres, descubre la naturaleza de la grave enfermedad de un muchacho, hijo del rey, y es capaz de resolverlo.

    La historieta, muy conocida en la Antigüedad (es narrada también por Plutarco, Apiano, Valerio Máximo y otras varias citas), ha gozado de gran éxito posteriormente como motivo de todas las artes: literatura, pintura, música, etc. como más abajo comentaré.

    Aunque no se trate de dos casos realmente iguales, la lectura de Luciano me ha recordado a la serie citada porque el único instrumento del que se vale el médico es su mente y su capacidad de razonamiento y además crea las condiciones adecuadas para resolver el problema positivamente.

    Lo más apropiado será leer directamente el diálogo de Luciano en el que lo cuenta de manera concisa. Se trata del titulado “Sobre la diosa Siria”, 17, en el que nos describe los templos y cultos religiosos de su país, Siria.

    …Dicen que el templo actual no es el que se había construido primero, sino que éste se derrumbó posteriormente y el que ahora existe fue obra de Estratonice, mujer del rey de los asirios.
    Yo creo que es la misma Estratonice de la que se enamoró su hijastro, al que delató el ingenio de su médico. En efecto, cuando le sobrevino el enamoramiento, perplejo por un mal que le parecía vergonzoso sufría calladamente, yacía sin tener ningún dolor, el color de su piel se le alteró por completo y su cuerpo día a día se debilitaba. El médico, cuando vio que no tenía ninguna enfermedad notoria, se dio cuenta de que estaba enfermo de amor; son muchos los síntomas de un amor secreto: mirada desvaída, la voz, el color de la piel, las lágrimas. Cuando lo comprendió hizo lo siguiente: con la mano derecha palpaba el corazón del jovencillo mientras hacía llamar a todos los de la casa; el muchacho se mantuvo muy tranquilo mientras entraban todos los demás, pero al llegar su madrastra se le mudó el color de la piel, le entraron temblores y el corazón le daba saltos. Lo ocurrido puso en evidencia para el médico el enamoramiento del muchacho y lo curó de la siguiente manera: mandó llamar al padre del chico, que estaba completamente asustado, y le dijo: “El mal por el que está debilitado el muchacho, no es una enfermedad, sino un pecado, pues no sufre dolores, pero padece de mal de amor y de demencia. Desea lo que nunca alcanzará, porque ama a mi mujer, a la que no pienso renunciar.” Así mentía el médico con astucia. Y el otro al punto le suplicaba: “Por tu sabiduría médica, no me destruyas a mi hijo, pues no incurrió en esta desgracia por su voluntad, sino que su enfermedad es involuntaria. Por ello no causes por despecho un sufrimiento a todo el reino ni asesines a la medicina siendo médico.” Así suplicaba el Rey en su ignorancia. Y el médico le contestó: “Tratas de forzar una injusticia al intentar destruir mi matrimonio y extorsionar a un médico. ¿Qué hubieras hecho tu mismo si el muchacho deseara a tu esposa, y yo te hiciera la misma petición?” Y  él a esto replicó que tampoco escatimaría a su mujer ni regatearía la salvación de su hijo, aunque estuviera enamorado de su madrastra, pues no era igual desgracia perder a la esposa que al hijo. Cuando oyó esto el médico le dijo: “¿Qué me estás suplicando? Porque el muchacho desea a tu esposa, y lo que yo te dije era todo mentira”. El Rey se dejó convencer por estas palabras y le dejó a su hijo la mujer y el reino, y él se dirigió al país de Babilonia, y fundó junto al Éufrates una ciudad a la que dio su propio nombre, donde también le sobrevino la muerte. Así diagnosticó el médico el amor y lo curó.
    (Traducción de Juan Botella Zaragoza. Edit. Gredos, 1990)

    Aunque Luciano solo nos da el nombre de Estratonice, la mayoría de los autores que cuentan la misma historieta nos dicen que la reina era hija de Demetrio Polorcetes, el rey era Seleuco I Nicátor , el muchacho fue Antioco I Soter (324-261) y el médico era el famoso Erasístrato.

    La similitud con el protagonista de la serie televisiva puede a algún amable lector parecer escasa. Es cierto que en la primera parte, en la que el médico descubre la causa al percibir alterado el pulso del muchacho, más bien se parece a una humana “máquina de la verdad” de las que reflejan en un gráfico las alteraciones físicas de las personas ante la presencia de determinados estímulos. Observo más parecido con la presentación televisiva en la agudeza con la que el médico prepara el embrollo o piadosa mentira para encontrar la solución.

    Para mayor claridad reproduzco también el relato  de Plutarco según la traducción de “Vidas Paralelas de Plutarco” realizada por el  jurista y helenista Antonio Ranz Romanillos, 1759-1830, que nació en Barcones (Soria), pueblo cercano a Sigüenza, en cuyo seminario estudió. Fue persona relevante en el agitado siglo XIX. Dedicó los últimos nueve años de su vida a la monumental empresa de traducir las “Vidas” de Plutarco.

    Plutarco, Vida de Demetrio, 38

    XXXVIII. Habiéndole sido tan favorable la Fortuna, supo que los hijos y la madre habían logrado caer libres, recibiendo todavía dones y honores de parte de Tolomeo; y supo asimismo de su hija casada con Seleuco, que lo estaba con Antíoco, hijo de éste, y que había sido proclamada reina de las provincias altas. Porque sucedió, según es fama, que Antíoco se enamoró de Estratonica, que era joven; mas tenía ya un hijo de Seleuco, por lo que vivía en la mayor aflicción y congoja, luchando con el mayor esfuerzo contra esta pasión; tanto, que considerando lo desordenado de sus deseos y lo insufrible de su mal, andaba meditando el modo de librarse de la vida, y pensó salir de ella poco a poco con no cuidarse de remedios y con acortar la comida, fingiendo en tanto que se hallaba enfermo. El médico Erasístrato comprendió sin dificultad que estaba enamorado; pero deseando descubrir de quién, lo que no era tan fácil, se quedó a habitar en su propia cámara; y si entraba algún mancebo o alguna joven de agraciada figura, miraba a Antíoco al rostro, y observaba los miembros y movimientos del cuerpo, que naturalmente son afectados cuando el ánimo sufre una vehemente impresión. Viendo, pues, que cuando entraban los demás ninguna novedad tenía, y que cuando entraba Estratonica, que iba muchas veces, o sola o acompañada de Seleuco, se notaban en él todas aquellas señales de Safo: apocamiento de la voz, encendimiento del color, caimiento de los ojos, repentinos sudores, alteración e intercadencia del pulso y, finalmente, que tenía desmayos, dudas, temores, y poco a poco se iba quedando pálido, conjeturó Erasístrato, por todos estos indicios, que el hijo del rey no estaba enamorado de otra sino de ésta, y que había hecho ánimo de callarlo hasta morir. Miraba por tanto como muy expuesto el manifestar y referir estas observaciones; mas fiado, sin embargo, en el grande amor de Seleuco a su hijo, aun se resolvió un día a decirle que aquel joven estaba enfermo de amores, pero de amores imposibles e insanables. Admirado al oírlo, “¿Cómo insanables?”, repuso. “Porque está enamorado de mi mujer” le respondió entonces Erasístrato; a lo que continuó Seleuco: “¿Pues cómo, no cederías, ¡oh Erasístrato!, a mi hijo este casamiento siendo tan su amigo, mayormente viendo hasta qué punto nos tiene a todos sin sosiego?” “Porque ni tú con ser su padre- le replicó Erasístrato tendrías semejante condescendencia si sus deseos se dirigieran a Estratonica”; y entonces Seleuco: “¡Ojalá entre los dioses o los hombres hubiera, amigo mío, quien pudiera hacer repentinamente esta mudanza en la enfermedad, que yo tendría a dicha hasta ceder el reino por ver recobrado a mi hijo!” Pronunció Seleuco estas palabras con grande agitación y derramando lágrimas, y Erasístrato, tomándole la diestra: “Todo está remediado- le dijo- porque siendo padre, marido y rey, serás también el mejor médico de tu casa”. En consecuencia de esto, convocando Seleuco el pueblo a junta general, le dijo ser su voluntad y tener determinado declarar rey de todas las provincias altas a Antíoco y reina a Estratonica, enlazándose ambos en matrimonio; que en cuanto a su hijo, creía que habiéndole sido siempre sumiso y obediente, no se opondría a este casamiento; mas que si la esposa tuviese alguna dificultad, por ser cosa desusada, se llamase a las personas más de su confianza para que la instruyesen y persuadiesen que debía reputar por bueno y justo lo que el rey resolvía para el bien común. Tal se dice haber sido la ocasión y el motivo del matrimonio de Antíoco y Estratonica.

    Nota: la referencia a Safo puede encontrarse explicada en este mismo blog en https://www.antiquitatem.com/catulo-safo-lesbianismo-amores-saficos

    La versión de Apiano la incluyo al final de este artículo por si algún lector curioso quisiera conocerla. Es básicamente el mismo relato, con algunas consideraciones que nos explican el hecho de la abdicación del rey desde un punto de vista político. Su lectura ahora podría resultar reiterativa.
    También reproduzco al final la versión de Valerio Máximo, que utiliza la historieta como ejemplo de amor paterno.

    Por lo demás las citas y referencias en el mundo antiguo son numerosas. Así el propio Luciano se refiere a él en dos ocasiones más, en Icaromenippo 15; El medico Galeno (130-200/216) se refiere a él en XIV 626, 631 <633>, XVIII B 40: 18; Juliano  Misopogon 60-64;  en la Enciclopedia Suidas bajo el nombre Erasistratos, Ἐρασίστρατος.

    En el mundo antiguo hay referencias a otras historietas similares. En la Vida de Hipócrates, de Sorano de Éfeso,  se cuenta una historia en la que interviene el médico Hipócrates referida a Perdicas, hijo de Alejando I de Macedonia, enamorado de Fila, la concubina de su padre.

    Hay un poema anónimo de 290 hexámetros, del siglo V, llamado Aegritudo Perdicae, La enfermedad de Perdicas, que algunos atribuyen a Draconcio, en el que el joven Perdicas está enamorado incestuosamente de su madre y anuncia su decisión de suicidarse.

    Una historia muy parecida, prácticamente igual,  referida ahora a una concubina con personajes no regios y de otro nombre nos la cuenta Aristéneto (autor griego del siglo V-VI) en una de sus Cartas de amor (I 13). El resumen de la carta, que en otro momento comentaré como ejemplo también de amor paterno, dice así:

    Un hijo deseaba a la concubina de su padre. Un médico diagnosticó su amor con la ayuda de la suerte más que de la ciencia, y con un buen plan convence al padre de que conceda la concubina a su hijo.

    Algún lector podrá preguntarse si ésta historieta es historia verdadera o pura ficción literaria o cuento popular. Desde luego todo lo relatado resulta verosímil, pero tampoco tenemos ningún elemento objetivo que pruebe su historicidad. La duda es razonable a la vista de las características de la historia antigua, más próxima con frecuencia a la literatura que a la historia científica y comprobada. Por la existencia de otras “historias” similares en el mundo antiguo, como acabamos de ver, consolida la sospecha de que no sea “historia verdadera”. En todo caso parece razonable concluir que, como tantas otras cosas narradas por los historiadores antiguos, ésta también se mueve en la frontera entre la historia y la ficción.

    Esta historia tuvo, pues, gran éxito en la Antigüedad y también posteriormente. Aparece, por ejemplo, en la Edad Media en las Gesta Romanorum, 40.

    Boccaccio (1313-1375) lo incluye en su Decameron, II,8. Ahora es el hijo de un mariscal del rey de Inglaterra el que enferma enamorado de la hija del conde de Anversa, a quien habían recogido sus padres como pordiosera, desconociendo su verdadero origen. Los actores son distintos, la historia es la misma.

    Petrarca (1304-1374)) la incluye también en su poema, El Triunfo del Amor Trionfo d’Amore II, 109 y ss:

    dijo: "Yo soy Seleuco, éste es Antíoco
    mi hijo, que contigo tenía una gran guerra;
    pero la razón no tiene cabida contra la fuerza.
    Esta, primero mía, fue su esposa después,
    porque para librarlo de una muerte de amor
    Se la di a él, y 'el regalo entre nosotros fue lícito’,
    Stratonica  es su nombre, y nuestro destino,
    como ves, indiviso; …..

    y sigue el poema…

    disse: « Io Seleuco son, questi è Antïoco
    mio figlio, che gran guerra ebbe con voi;
    ma ragion contra forza non ha loco.    
    Questa, mia in prima, sua donna fu poi,
    ché per scamparlo d’amorosa morte
    gliel diedi, e ’l don fu lecito tra noi.   
    Stratonica è ’l suo nome, e nostra sorte,
    come vedi, indivisa; …

    Con estos dos italianos su presencia e influencia en la literatura moderna está asegurada. Es el argumento de una novela de Leonardo Bruni (1369-1444), de una obra de teatro de Camoens (circa 1543); de una novela de Mateo Bandello; William Painter (1540? –  1594)  en su Palace of Pleasure (1566); una novela de Luca Assarino (1635); Brosse (1645) cambiando el suceso; ahora es la muchacha la que está enamorada del hijo del rey; lo que imitó Corneille. Philippe Quinault (1657) o Barnabé Farmian Durosoy (1786) la habían llevado al teatro.

    En España destaca Agustín Moreto y Cavana (1645) que en su obra Antioco y Seleuco  pinta los conflictos psicológicos de los protagonistas que se mueven entre su deber filial y su interés personal erótico. Este tema e aparece luego en El sí de las niñas de Leandro Fernández de Moratín o en Pepita Jiménez de Juan Valera.

    De la extensión de la historia puede darnos idea el hecho de que también sea una balada o canción que se cantaba al son de la vihuela. Así quedó incluida como tal en la última edición de Esteban Daza titulado “Libro de música en cifras para vihuela, intitulado el Parnasso", publicado en Valladolid en 1576.
    Por su curiosidad reproduzco el texto de esta balada: 

    Enfermo estaba  Antioco, Príncipe de la  Suría,
    De Estratonice la Reina ferido de amor yacía.
    Muger era de su padre Rey Demetrio se decía
    el rey era viejo anciano y ella linda á maravilla.
    Mal doliente está en la cama calla y siempre padecía
    por ser como es su madrastra sufre y la llaga encubría.
    Determina de morir antes que de su mal diga
    y cuanto él más lo encubre muy mayor daño la hacía.
    Muchos médicos le curan ninguno la causa atina
    uno, tomándole el pulso la reina que á verlo iba,
    alteróse al punto tanto, que el medicó la entendía
    fuese luego para el Rey desta manera decía
    diciendo: sepa su alteza que Antioco moriría
    su mal no lleva remedio que por mi mujer moría
    y yo no se la daré aunque me cueste la vida.
    Mucho le regala el Rey dale ciudades y villas.
    Dijo el médico: Señor si como es la mujer mía
    fuese la tuya, el buen rey dime si se la darías.

    Además de la balada anterior es también importante su presencia en la música, especialmente entre las óperas:  la de Cavalli de 1658, Legrenzi de 1681, Hasse de 1721; también los músicos, Christoph Graupner (1708), Honoré Langlé (1786) y Dmitry Bortniansky (1787), entre otros, escribieron óperas sobre el complicado amor de Antíoco y Estratonice, en las que el médico Erasístrato desempeña un papel fundamental. Aunque la ópera más famosa, sin duda, es la Stratonice que Étienne-Nicolas Méhul/Hoffmann estrenaron en 1792.

    Igualmente poderosa y reiterativa es su presencia en la pintura. Ya del siglo XV tenemos un cassone o cajón o arca de la escuela de Gozzoli. Pietro de Cortona introduce en la Sala di Venere del Palazzo Pitti (1641-42) la escena del lecho del hijo, en la que hay una inscripción que dice: “El hijo ama pero calla, el médico es ingenioso, el padre indulgente” “Filius amans et silens. Vafer medicus. Pater indulgens”. Theodoor van Thulden había escrito en un cuado similar “Prudentia relevant amorem”, “con su prudencia ayudan al amor”

    El flamenco  Lairesse tene dos cuadros con este motivo, uno de los cuales lo comentó  entusiásticamente Winckelmann en los Sendschreiben über die Gedanken von der Nachahmung der griechischen Werke in der Malerei un Bildhauerkunst, de 1756, pag. 76-80. Quizás se refiera también a uno de estos cuadros la amención que hace Goethe en “Años de aprendizaje de Wilheml Meister”

    Otros muchos pintores siguen esta tradición, como Felice Ficherelli (1603-1660), Steen (ca. 1670), Lairesse en cuatro ocasiones (ca. 1673), Antonio Bellucci (1654-1726), Adriaen van der Werff (1659-1722),  Ricci (c.1680), Celesti (finales del XVII), Pittoni (ca. 1732), Johann Eleazar Schenau (1737-1806), Gaspare Diziani (1689-1767), Pompeo Batoni (1746), West (1772), Jacques-Antoine Vallin (1760-1831) o Alexandre-Charles Guillemot (1786-1831) David (1774), Barry (1774), J.Zick, (ca.1795), Girodet (ca. 1795), Guillenet (1808), Ingres (1840). Incluso hoy en día sigue siendo productivo este motivo.

    De todas estas pinturas reproduzco el muy famoso de David, el pintor de la Revolución Francesa.

    David. Antíoco y Estrtonice

    Otros textos

    Apiano en Sobre Siria,Libro XI, 59-61:

    Esto es lo que oído acerca de Seleucia. Seleuco, en vida, designó a su hijo Antíoco para que reinara, en su lugar, en Asia interior. Si a alguien le parece este rasgo un acto de magnanimidad digno de un rey, todavía más noble y sabio fue su comportamiento respecto a la pasión amorosa de su hijo y a la temperancia con que éste la llevó. Pues Antíoco estaba enamorado de Estratonice, la esposa de Seleuco, que era su madrastra y había tenido ya un hijo de aquel. Sin embargo, reconociendo la iniquidad de su pasión, no cometió ninguna vileza ni exteriorizó sus sentimientos, sino que cayó enfermo, se abandonó y consentía voluntariamente en morir. Ni siquiera el eminentísimo médico Erasístrato, que servía a Seleuco a cambio de unas retribuciones muy elevadas, pudo dar un diagnóstico de su dolencia. Finalmente, al observar que su cuerpo estaba libre de cualquier síntoma de enfermedad, conjeturó que su mal era del alma, de cuya salud o enfermedad se contagia el cuerpo. Ahora bien, la tristeza, la ira y las otras pasiones se suelen confesar y, sin embargo, el amor se oculta por recato. Pero, como ni aun así le dijo Antíoco una sola palabra cuando trató de averiguarlo con insistencia de forma confidencial, tomó asiento a su lado y se puso a observar qué alteraciones experimentaba el cuerpo aquel ante cada una de las personas que entraban en su habitación. Y descubrió que, en presencia de las demás personas, su cuerpo permanecía siempre ajado y consumido por igual, pero que, cuando Estratonice iba a visitarlo, su mente se conturbaba entonces al máximo a causa del pudor y la conciencia, y no emitía palabra alguna, y, sin embargo, su cuerpo, en contra de su voluntad, se tornaba más vigoroso y lleno de vida, y, de nuevo al marcharse ella, se debilitaba. Así que el médico dijo a Seleuco que su hijo padecía un mal incurable. Y, cuando el rey, presa de un vivo dolor, prorrumpió en gritos, añadió: “Su enfermedad es amor, y amor por una mujer, pero un amor imposible.”
    Seleuco estaba estupefacto ante el hecho de que él, el rey de Asia, no pudiera convencer a una mujer para contraer matrimonio con un hijo tal con ruegos, riquezas, regalos y con la totalidad de un reino tan grande, que le correspondía por herencia a su hijo enfermo y que, incluso, le sería entregado ahora, a cambio de su salvación, si alguien lo deseaba. Quiso tan sólo saber quién era la mujer, y Erasístrto le dijo: “Está enamorado de mi esposa.” Y Seleuco dijo: “Y bien, mi buen amigo, ya que estás tan ligado a nosotros por vínculos de amistad y de gratitud y te cuentas por tu honestidad y sapiencia entre una minoría, ¿no salvarás para mí a un hombre joven y de sangre real, hijo de un amigo y de un rey, desafortunado en amor, pero virtuoso, ya que oculta su mal y prefiere para sí mismo la muerte, sino que despreciarás hasta tal punto a Antíoco y, además de él, a Seleuco?” Pero Erasístrato se resistió y contestó con un argumento irrebatible, al parecer: “Ni siquiera tú, a pesar de ser su padre, si Antíoco estuviera enamorado de tu mujer, se la cederías a él.” Entonces Seleuco juró por todos los dioses de su casa real que de grado y gustoso, en verdad, se la cedería y sería un hermoso ejemplo de la bondad de un buen padre para con la castidad y templanza de su hijo, no merecedor de tal desventura. Muchas más cosas añadió del mismo calibre y, finalmente, empezó a lamentarse de que no pudiera ser él  el médico para su desdichado hijo.
    Y éste, en cuanto se percató de que el celo del rey era real y no fingido, le reveló la naturaleza de la enfermedad y le explicó de qué manera la había descubierto. Seleuco se llenó de alegría, pero tuvo gran dificultad para convencer a su hijo y a su propia esposa. Y, cuando lo hubo logrado, reunió a su ejército, que tal vez intuía ya algo de lo que pasaba, les enunció sus hechos de armas y les dijo que había agrandado su reino en una extensión con mucho a la de cualquiera de los sucesores de Alejandro y que, por ello, a causa de la magnitud del mismo, le resultaba difícil de gobernar a su avanzada edad. “Quiero –dijo- dividirlo en interés de vuestra seguridad futura y entregar, en este momento, una parte del mismo a mis seres más queridos. Y es justo que todos vosotros cooperéis conmigo en todo, vosotros que os habéis engrandecido bajo mi guía hasta un grado tan grande de dominio y de poder después de Alejandro. Mis seres más querido y dignos de mi reino son mi hijo que está ya en edad adulta y mi esposa. Ojalá que tengan pronto hijos, puesto que son jóvenes, y así tengáis más guardianes del reino. Los uniré a ambos en matrimonio en presencia vuestra y los enviaré como reyes, desde este momento, de los pueblos del interior. Y no os impongo costumbres de los persas y de otros pueblos, más que esa ley común a todos, a saber, que siempre es justo lo que establece el rey”. Estas fueron sus palabra y el ejército lo aclamó como el más grande rey de entre los sucesores de Alejandro y el padre más excelente. Y Seleuco, tras hacer las mismas consideraciones a Estrtonice y a su hijo, los unió en matrimonio y los envió a su reino, realizando una acción más gloriosa y de mayor entereza que las que llevó a cabo con las armas. (Traducción de Antonio Sancho Royo. Edit. Gredos, 1980)

    ………..
    Valerio Máximo Historia de los hechos y dichos memorables, 5, 7 ext.

    Para pasar a hechos más agradables, narraremos que Antioco, hijo del rey Seleuco, abrasado por un irresistible amor hacia su madrastra Estratonice, como era consciente de lo deshonesto de su pasión,intentaba ocultar con piadoso disimulo la impía herida de su corazón. De este modo, la existencia de esos sentimientos contrapuestos encerrados en sus entrañas, su ardiente pasión y su extrema honestidad, le hicieron caer  gravemente enfermo. Yacía, pues, en el lecho como moribundo, sus familiares lloraban, su padre, lleno de dolor, lamentaba la muerte de su único hijo y la soledad que le aguardaba. Todo el palacio mostraba un rostro más fúnebre que regio.
    Pero la intuición del matemático Leptines o, según cuentan algunos, del médico Erasístrato, ayudó a disipar ese velo de tristeza. Pues,mientras estaba sentado junto a Antíoco, observó que éste, al entrar Estratonice en su cuarto, recuperaba el color y se le aceleraba la respiración, mientras que cuando ella salía, palidecía de nuevo y respiraba con más fatiga, detalle que le llevó a suponer la verdad. Así pues, cada vez que Estratonice entraba o salía, cogía con  disimulo el brazo del enfermo y le tomaba el pulso, que se aceleraba y disminuía alternativamente, hasta que descubrió el mal que afectaba al joven. Acto seguido se lo comunicó a Seleuco, quien no dudó en ceder su amada esposa a su hijo, y consideró un hecho afortunado el que este se hubiese enamorado de ella, achacando al pudor de Antioco el que hubiese disimulado casi hasta la muerte
    . (Traducción de Santiago López Moreda, Mª Luisa Harto Trujillo y Joaquín Villalba Alvarez. Edit. Gredos. 2003)

    VALERI MAXIMI FACTORVM ET DICTORVM MEMORABILIVM LIBER V, 7 ext.

    5.7.ext.1 Ceterum ut ad iucundiora cognitu ueniamus, Seleuci regis filius Antiochus nouercae Stratonices infinito amore correptus, memor quam inprobis facibus arderet, impium pectoris uulnus pia dissimulatione contegebat. itaque diuersi adfectus isdem uisceribus ac medullis inclusi, summa cupiditas et maxima uerecundia, ad ultimam tabem corpus eius redegerunt. iacebat ipse in lectulo moribundo similis, lamentabantur necessarii, pater maerore prostratus de obitu unici filii deque sua miserrima orbitate cogitabat, totius domus funebris magis quam regius erat uultus. sed hanc tristitiae nubem Leptinis mathematici uel, ut quidam tradunt, Erasistrati medici prouidentia discussit: iuxta enim Antiochum sedens, ut eum ad introitum Stratonices rubore perfundi et spiritu increbrescere eaque egrediente pallere et ~ excitatiorem anhelitum subinde recuperare animaduertit, curiosiore obseruatione ad ipsam ueritatem penetrauit: intrante enim Stratonice et rursus abeunte brachium adulescentis dissimulanter adprehendendo modo uegetiore modo languidiore pulsu uenarum conperit cuius morbi aeger esset, protinusque id Seleuco exposuit. qui carissima sibi coniuge filio cedere non dubitauit, quod in amorem incidisset, fortunae acceptum referens, quod dissimulare eum ad mortem usque paratus esset, ipsius pudori inputans. subiciatur animis senex, rex, amans: iam patebit quam multa quamque difficilia paterni adfectus indulgentia superarit.
     

  • Algunas notas sobre los “Reyes Magos”

    Una de las fiestas más arraigadas en la vida popular y religiosa cristiana es la “adoración de los tres Reyes Magos”. En esta fiesta confluyen numerosos elementos de diverso origen religioso y cultural. Recordemos la efervescencia religiosa de la época del Imperio Romano, época en la que precisamente nació Jesús, favorecedora de todo sincretismo. A la religión cristiana se han incorporado muchos elementos de religiones orientales de Caldea, Mesopotamia, Persia, Asia Menor, Egipto, Judea y sobre todo de la grecorromana y del pensamiento filosófico. En todas estas religiones sincréticas es muy importante el componente astral, muy desarrollado entre los caldeos de Mesopotamia.

    Voy a intentar profundizar un poco más en la festividad e iconografía de la “adoración de los magos”, una de las escenas más utilizada por el cristianismo desde los primeros siglos.

    La festividad de Reyes es una de las epifanías (del griego επιφάνεια, epifaneia, «manifestación», compuesto  de ἐπί- ,epi-, encima, sobre,  y el verbo φαινεῖν, fainein, aparecer, mostrarse), o manifestación del dios hecho hombre. Las otras epifanías son el bautismo de Jesús en el río Jordán y el milagro de las bodas de Caná.

    El texto base esencial es la  referencia que se hace en el evangelio de San Mateo, única en los cuatro evangelios canónicos (porque forman parte de la norma o “canon” cristiano); tres de ellos, Mateo, Marcos, Lucas,  son llamados también sinópticos (del griego συν, syn, con, junto, y οψις, opsis, visión,; es decir se puede hacer de ellos una visión paralela)  porque presentan entre ellos muchas coincidencias, aunque también notables diferencias, como esta de la adoración de los magos de oriente. Este evangelio  de San Mateo se conserva en griego y suele datarse como  no anterior al año 80, es decir  50 o 60 años posteriores a la muerte de Cristo. Existe una hipótesis que considera la existencia de una primera versión en arameo, basándose en una cita de Eusebio de Césarea (que vivió aproximadamente entre el 265  y el  339), referida a Papías de Hierápolis (que vivió entre el 69 y el 150). 

    El texto de San Mateo, 2, 1-12 dice:

    Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,  diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.  Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.  Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

    “Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
    No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
    Porque de ti saldrá un guiador,
    Que apacentará a mi pueblo Israel.”

    Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;  y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

    El texto latino dice así:

    Cum autem natus esset Iesus in Bethlehem Iudaeae in diebus Herodis regis, ecce Magi ab oriente venerunt Hierosolymam dicentes: “ Ubi est, qui natus est, rex Iudaeorum? Vidimus enim stellam eius in oriente et venimus adorare eum ”.  Audiens autem Herodes rex turbatus est et omnis Hierosolyma cum illo;  et congregans omnes principes sacerdotum et scribas populi, sciscitabatur ab eis ubi Christus nasceretur.  At illi dixerunt ei: “ In Bethlehem Iudaeae. Sic enim scriptum est per prophetam:

    "Et tu, Bethlehem terra Iudae,
    nequaquam minima es in principibus Iudae;
    ex te enim exiet dux,
    qui reget populum meum Israel" ”.

    Tunc Herodes, clam vocatis Magis, diligenter didicit ab eis tempus stellae, quae apparuit eis;  et mittens illos in Bethlehem dixit: “ Ite et interrogate diligenter de puero; et cum inveneritis, renuntiate mihi, ut et ego veniens adorem eum ”.  Qui cum audissent regem, abierunt. Et ecce stella, quam viderant in oriente, antecedebat eos, usque dum veniens staret supra, ubi erat puer.  Videntes autem stellam gavisi sunt gaudio magno valde.  Et intrantes domum viderunt puerum cum Maria matre eius, et procidentes adoraverunt eum; et apertis thesauris suis, obtulerunt ei munera, aurum et tus et myrrham. Et responso accepto in somnis, ne redirent ad Herodem, per aliam viam reversi sunt in regionem suam.

    Es necesario notar que el texto habla simplemente de “unos magos del Oriente” y no de “tres reyes” magos, precisión numérica y nominal que se añadirá posteriormente.

    En segundo lugar es una estrella la que anuncia el nacimiento. Como es sabido, se ha teorizado ampliamente sobre las características de esta estrella: ¿un cometa?, ¿una supernova?, ¿conjunción de varios astros? ¿un meteoro?.

    Ya Orígenes, (185  o 186- 254 o 255), exégeta (del griego ἐξηγητή , intérprete, y éste de ἐξηγεομαι, exegueomai, ‘explicar’ interpretar) pensó que era un cometa.

    En la sociedad oriental y por su influjo en la grecorromana, las estrellas y los fenómenos atmosféricos y celestes son signos de los dioses. Desde luego, en el mundo antiguo los cometas eran signos inequívocos de algún acontecimiento importante; los nacimientos de Mitrídates y de Augusto también fueron precedidos de la aparición de un cometa.

    Justino Frontino, historiador romano del siglo II, nos informa a propósito del rey Mitrídates en sus Historias Filípicas, Historiarum Philippicarum, XXXVII, 2:

    Prodigios celestes habían predicho también su futura grandeza (de Mitrídates), pues en el año en el que nació y en el que comenzó a reinar, una estrella cometa lució permanentemente durante setenta días, de tal forma que parecía que ardía todo el cielo. Ocupaba con su dimensión la cuarta parte del cielo y superaba con su fulgor al resplandor del sol. En salir y en ponerse consumía el espacio de cuatro horas.

    II. Huius futuram magnitudinem etiam caelestia ostenta praedixerant. 2 Nam et eo quo genitus est anno et eo quo regnare primum coepit stella cometes per utrumque tempus LXX diebus ita luxit, ut caelum omne conflagrare videretur. 3 Nam et magnitudine sui quartam partem caeli occupaverat et fulgore sui solis nitorem vicerat; et cum oreretur occumberetque, IV horarum spatium consumebat.

    Virgilio en su Eneida, 10, 272 hace una referencia a los cometas:

    De manera no distinta a como cuando en la clara noche
    los sanguíneos cometas enrojecen lúgubremente
    o nace el ardoroso Sirio trayendo la sed y las enfermedades
    a los débiles mortales y entristece el cielo con su siniestra luz.

    non secus ac liquida siquando nocte cometae
    sanguinei lugubre rubent aut Sirius ardor,
    ille sitim morbosque ferens mortalibus aegris,
    nascitur et laevo contristat lumine caelum.

    Pues bien, el gramático Servio, comentando el pasaje,  nos dice  en sus Comentarios a la Eneida X, 272

    Si éste mira a oriente, significa cosas alegres para esa parte; si a mediodía, alegrías para África y Egipto; si mira a occidente, la tierra de Italia será la que consiga su favor. Se dice que éste (el cometa) apareció en el momento en que Augusto consiguió el mando; entonces se anunciaron para todos los pueblos futuras alegrías.

    qui si orientem attenderit, laetas res ipsi parti significat; si meridiem, Africae aut Aegypto gaudia; si occidentem inspexerit, terra Italia voti sui compos erit. hic dicitur apparuisse eo tempore quo est Augustus sortitus imperium; tunc denique gaudia omnibus gentibus futura sunt nuntiata.

    En este contexto es fácil comprender el texto en el que Orígenes (184/185 – 253/254) asegura que la estrella de Belén fue un cometa y que su aparición es absolutamente lógica:

    Contra Celso 1, 58-59:

    “…yo creo que la estrella que apareció en el este era una estrella nueva, en nada parecida a las que vemos ordinariamente, ni a las que vemos en el firmamento ni a las de  las órbitas inferiores, sino que, más bien, estaba en el tipo  de los cometas que aparecen ocasionalmente, o de los meteoros, o estrellas con barba o con pelo o de cualquier otro nombre con el que a los griegos les gusta describir sus formas. Concreto este punto como sigue:

    Se ha observado que en los grandes acontecimientos y en los más importantes  cambios de la historia, aparecen estrellas de este tipo que significan cambios de dinastías, o  guerras  o sucesos entre los hombres que tienen el efecto de trastornar los asuntos del mundo. Hemos leído en el libro de los cometas del estoico  Cheremon  cómo algunas veces  han aparecido cometas incluso cuando estaba a punto de suceder un suceso nuevo; y él nos hace una relación de ellos.  Así pues, si un cometa, como se le llama, o alguna otra estrella parecida, aparece cuando surge una nueva monarquía o se produce algún importante suceso sobre la tierra,  por qué ha de extrañarnos de que haya aparecido una nueva estrella con el nacimiento de un hombre que existe  para introducir nuevas ideas en la raza humana y para traer una doctrina no sólo a los Judíos, sino también a los griegos y también  a muchas naciones extranjeras?

    Curiosamente estas creencias en los cometas como nuncios de eventos positivos o negativos  se mantienen hasta el día de hoy y se renuevan cada vez que se anuncia la proximidad de estos astros.

    Muchos años después, el astrónomo Johannes Kepler (1571-1630),  relacionó la estrella del Evangelio de Mateo con la conjunción en el año 7 a.C. de los planetas Júpiter y Saturno.

    De entonces a hoy no han dejado de aparecer hipótesis que intentan explicar la aparición en el firmamento de esta luz especial, en cuya consideración no entro porque ya lo hacen astrónomos de elevado prestigio.

    En relación con este episodio de la adoración de los magos es necesario primero precisar también quiénes son los magos.

    Como en otro artículo de este blog comenté, el término  magos, magus, mago, μάγοι no es de origen griego sino iranio. En griego tiene el doble significado de charlatanes que embaucan con su “magia”, pero también y sobre todo el de sacerdotes con una peculiar función. Las creencias religiosas persas primitivas y otras propias del zoroastrismo conciben el mundo lleno de démones y espíritus.  Las almas de los difuntos, separadas del cuerpo, ascienden al cielo, o mejor, a los cielos, porque son varios. En ese viaje de ascenso  es muy importante la acción ritual y los sacrificios de los “magos”.  Estos sacerdotes son además expertos y estudiosos del firmamento y de las relaciones astrales, y por tanto astrónomos, astrólogos (son términos similares en el mundo antiguo) y matemáticos,  a los que los santos padres de la Iglesia siempre consideraron como personas honorables.

    Véase https://www.antiquitatem.com/reyes-magos-tiridates-neron-epifania

    El término también tenía, como decía, la connotación negativa de farsante y charlatán que trata con los demonios. Recuérdese lo contado en “Hechos de los Apóstoles 3:9”, en que  se repudia a un farsante, apodado Simón el Mago, al que se enfrenta el  apóstol Pedro, cuyo poder  venía del Espíritu Santo.

    Incluso el propio Jesús era él mismo un extraordinario mago y su poder logró vencer a la magia  de los demonios, sin recurrir a hechizos ni encantamientos, sino actuando en su propio nombre.  Por eso en el primitivo arte cristiano se representa a Jesús como taumaturgo (del griego  θαυματουργός thaumaturgous, diestro, hábil, de θαῦμα, thauma, cosa maravillosa, y ἔργον, ergon, trabajo), o persona  que realiza milagros, con una vara y con el gesto de su mano como hacen los magos.

    Desde este punto de vista, los magos de Mateo serían verdaderos magos que se postraron y cedieron su poder ante el poder superior de Jesús. Es evidente la intención del evangelista de mostrar cómo los magos, luego convertidos en reyes de este mundo, rinden adoración al hijo de Dios, en un mundo en el que la magia y el conocimiento de los astros tienen una presencia importante.

    Del eco “social” de los “magos” nos da idea el episodio de la visita de Tiridates, rey de Armenia, y también mago, al emperador Nerón. Esta visita la comenté  en el artículo al que hace referencia el hipervínculo anterior. Hay quien ha pensado que fue precisamente esa visita la que sirvió de modelo para la visita de los “magos” al niño de Belén.

    Un elemento esencial es que la ofrenda de los magos es de tres productos muy valiosos en el mundo antiguo: el oro, siempre caro, el incienso de valor similar al del oro, utilizado como perfume y elemento ritual, y la mirra, cuyo valor era muy superior al de los otros dos, utilizada en el embalsamamiento de los cuerpos de los difuntos. En el mazdeísmo, también a Ahura Mazda se le ofrece oro, incienso y mirra. Veremos cómo son varios los elementos que relacionan el episodio con el mazdeísmo y el mitraismo.

    Sobre la relación entre el “mitraismo” y el “cristianismo” he publicado un reciente artículo. Véase:  https://www.antiquitatem.com/mitraismo-cristianismo-solsticio . En él comentaba cómo el culto de Mitra se realiza en cuevas o en templos subterráneos o que simulan una cueva. Pues bien, en Occidente se suele ubicar el nacimiento de Jesús en un portal o pesebre pero en Oriente el lugar es una cueva, probablemente por influjo de la cueva mitraica.

    De igual manera el episodio de la adoración de los pastores es probablemente un reflejo de un acto similar de los pastores con Mitra.

    Ahora bien, donde el influjo es evidente, es decir, se ve con los ojos,  es en la iconografía de los reyes magos. En primer lugar conviene precisar que no siempre fueron tres; en ocasiones aparecen representados dos, seis, ocho  y  hasta doce, como ocurre en los ritos siriacos y armenios. Es decir, el número de tres no tiene ningún soporte en las Sagradas Escrituras.

    En las catacumbas de Santa Priscila se conserva la pintura más antigua y en ella aparecen tres. Los frescos de esta catumba van desde la mediados del siglo II a mediados del siglo III.

    En la catacumba de Pedro y Marcelino aparecen representados dos y son del siglo IV.

    En el siglo tercero, el teólogo Orígenes (185-253) indicó que los Reyes Magos eran tres, pues al fin y al cabo son tres los regalos que se nombran en el Evangelio de San Mateo: oro, incienso y mirra, cifra que luego refrenda el papa San León Magno (León I el Grande) y que se impone hasta el día de hoy, probablemente para hacerla coincidir con los tres regalos y probablemente para simbolizar a los tres continentes entonces conocidos: Europa, Asia y Africa, como expresamente dice en la Edad Media el Pseudo Beda (ca. 672 – 27 de mayo de 735) en su In Matthaei Evangelium , cap.  II, relacionándolos también con los tres hijos de Noé:

    Místicamente pues los tres Magos simbolizan las tres partes del mundo, Asia, África y Europa o al género humano, que tomó su origen en los tres hijos de Noé.

    Mystice autem tres Magi, tres partes mundi significant,Asiam, Africam, Europam, sive humanum genus, quod a tribus filiis Noe seminarium sumpsit

    Cómo decía, el papa San León Magno (circa 390 – 461) ratificó la cifra de tres, que es la que con más frecuencia se repite en las representaciones. Dice en su Tratado o Sermón 31, en la Festividad de la Epifanía 1:

    Así pues,  se apareció a tres  magos en la región de Oriente una estrella de un resplandor nuevo, que más brillante y hermoso que las otras estrellas, atraía fácilmente hacia ella los ojos y la atención de los que miraban, de tal manera que inmediatamente se advertía que no era sin importancia lo que tan insólito parecía.

    Así pues, el que dio la señal, dio a los espectadores la comprensión de la misma, y para hacer que fuera comprendido, hizo que fuera investigado  y, buscado, se ofreció a sí mismo para ser encontrado.

    Sancti Leonis Magni Tractatus XXXI

    Tribus igitur magis in regione orientis stella nouae claritatis apparuit, quae inlustrior ceteris pulchriorque sideribus, facile in se intuentium oculos animosque conuerteret, ut confestim aduerteretur non esse otiosum, quod tam insolitum uidebatur.
    Dedit ergo aspicientibus intellectum, qui praestitit signum, et quod fecit intellegi, fecit inquiri, et se inueniendum obtulit requisitus.

    Reproduzco dos de las  representaciones más antiguas de la escena, uno de Siracusa, en Sicilia:

    Sarcófago de Adelfa. Siracusa. Siglo IV

    Y otro más tosco de Boville Ernica en Italia, también del siglo IV y que se postula como el más antiguo.

    El pesebre bajo techado del sarcófago paleocristiano de  Boville Ernica, (Italia) del siglo  IV. 

    Pues bien, los tres reyes magos se representan desde el principio vestidos con el traje persa con el que también se representa siempre a Mitra: túnica corta, los pantalones llamados anaxyrides y el gorro frigio o pileus (objeto que en otro momento comentaré; recordemos que es un símbolo de la libertad que fue adoptado, por ejemplo, por los revolucionarios franceses y luego por otros muchos, incluidos países enteros).

    “Mithraeum” Barbeni, Roma, pintura mural. Siglo III

    En la iconografía romana de Oriente, por ejemplo del pedestal del obelisco de Teodosio en Constantinopla, de finales del siglo IV,  en el que los bárbaros prestan tributo al emperador con sus hijos Arcadio y Honorio y su esposa Gala, a los persas se les representa con este traje y a los tracios con pieles.

    Esta vestimenta persa de los tres magos es la que aparece en toda su definición en el Sarcófago de Isacio – San Vital, Rávena, Siglo IV o V, en el que la Virgen María se ha convertido en el trono vivo del Niño Jesús. Los tres Magos parecen la repetición de una misma figura, lo que algunos expertos interpretan como reflejo de algunas fórmulas mágicas en las que los elementos se repiten tres veces.

    Una escena similar, un tanto tosca es la del sarcófago de Aurelio, de la catacumba de San Lorenzo Fuori le Mura – Roma, del siglo IV, ahora en el Museo del Vaticano.

    La repetición mecánica y tal vez mágica de los tres reyes absolutamente iguales se aprecia mejor en este otro ejemplo

    Esta vestimenta se mantuvo durante mucho tiempo, como prueban las diversas representaciones existentes en plena Edad Media, lo que es prueba de la persistencia de los ritos y mitos.

    Hay una tradición o leyenda referida a la invasión y conquista de Palestina por el rey persa de la dinastía sasánida Cosroes II en el año 614. Su general Shahrbaraz, impresionado por la vestimenta de los magos en los mosaicos que la adornan, ordenó no destruir la famosa basilica de la Natividad de Belén; interpretó que la figura representaba a los suyos, a los persas.

    No deja de ser una leyenda, que probablemente invalidan la datación de los mosaicos, pero que expresa la conciencia generalizada de que los magos vinieron de Oriente, de Persia.  Lo que resulta inadmisible que en centenares de referencias en internet, incluidos algunos libros con pretensión de seriedad refrendados por alguna universidad, se refiera esta anécdota a las iglesias bizantinas de Rávena, en Italia, de las que más abajo hablaré. ¿Cómo explicar una supuesta invasión de Italia por los persas sasánidas en el año 614?

    La conversión de los magos en reyes, o mejor, el sincretismo una vez más de magos y reyes,  se debió sin duda al deseo de materializar los versos del salmo 72, 9-11:

    Que se inclinen ante él las tribus del desierto, y sus enemigos muerdan el polvo.
    Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos.
    Que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones.

    Fue Tertuliano quien encontró la relación con el salmo y dio pie a la conversión con la frase “nam et Magos reges habuit fere oriens”, “pues todo el Oriente tuvo a los Magos por reyes”, que aparece en su obra Adversus Marcionem (Contra Marción) III,13:

    Queden pues aquellos Magos orientales ofreciendo al recién nacido Cristo en su infancia el oro y el incienso, y así un niño conseguirá la fuerza de Damasco sin guerra y sin armas. Pues además de lo que es conocido por todos, que el valor de oriente, esto es, su fuerza y su poder, suele fundamentarse en el oro y los perfumes, ciertamente el creador tiene la fuerza de otorgar  también el oro de los restantes pueblos, según dice Zacarías: “Y Judá acampará junto a Jerusalén y congregará  todo el poder de los pueblos de alrededor, su oro y su plata”. También David se refiere a ese regalo de oro: “Y se dará a él el oro de Arabia” y otra vez: “Los reyes de los Árabes y de Saba le ofrecerán regalos”, pues casi todo Oriente consideró a los Magos como reyes, y Damasco se consideraba antiguamente parte de Arabia, antes de que fuera adscrita a Siriofenicia de acuerdo con la división de las Sirias (por Roma). Entonces Cristo recibió su riqueza al recibir sus símbolos, es decir, el oro y los perfumes; mientras que el botín de Samaria eran los propios Magos, que cuando lo conocieron también lo honraron con sus regalos y lo adoraron con la rodilla en tierra como a un dios y rey, por el testimonio de la estrella que se lo indicaba y los conducía; ellos fueron, pues, los despojos  de Samaria, esto es, de la idolatría, ya que ellos creían en Cristo.

    Maneant autem orientales illi Magi in infantia Christum recentem auro et ture munerantes, et acceperit infans virtutem Damasci sine proelio et armis. [7] Nam praeter quod omnibus notum est, orientis virtutem, id est vim et vires, auro et odoribus pollere solitam, certe est creatori virtutem ceterarum quoque gentium aurum constituere, sicut per Zachariam, Et Iudas praetendet apud Hierusalem et congregabit omnem valentiam populorum per circuitum, aurum et argentum. [8] De illo autem tunc auri munere etiam David, Et dabitur illi ex auro Arabiae; et rursus, Reges Arabum et Saba munera offerent illi. Nam et Magos reges habuit fere oriens, et Damascus Arabiae retro deputabatur, antequam transcripta esset in Syrophoenicen ex distinctione Syriarum, cuius tunc virtutem Christus accepit, accipiendo insignia eius, aurum scilicet et odores; spolia autem Samariae ipsos Magos, qui cum illum cognovissent et muneribus honorassent et genu posito adorassent quasi deum et regem sub testimonio indicis et ducis stellae, spolia sunt facti Samariae, id est idololatriae, credentes videlicet in Christum.

    A partir de la interpretación de Tertuliano comenzó la identificación de los magos con reyes.  Luego, mucho más tarde, se sustituyeron los gorros frigios con que se los representaba originalmente por coronas sobre sus cabezas e incluso se les vistió con ropajes de cada época, como suele hacerse en el arte.

    El texto de Tertuliano evidencia el interés apologético de este episodio de la adoración de los Magos al establecer el reconocimiento del Mesías por los magos, por los gentiles, por los paganos  de todos los pueblos de la tierra de los tres continentes conocidos.

    Los nombres de los tres también ha sido elemento de debate y opinión. Los griegos los llamaron Appellicon, Amerín y Damascón. Los judíos Magalath, Galgalath y Serafín. Los sirios Larvandad, Hormisdas y Gushnasaph. Los etíopes Tanisuram, Malik y Sissebd.

    La primera vez que en occidente surge el nombre con el que hoy conocemos a los Magos es en la inscripción contenida en el friso de la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). Son unos mosaicos s de mediados del siglo VI que representan la procesión de las Vírgenes, precedida por tres personajes vestidos a la moda persa, con el gorro frigio que llevan una ofrenda. Sobre sus cabezas leemos los tres nombres  Melchor, Gaspar, Baltasar. El Martirologio romano menciona a San Gaspar el 1 de Enero, San Melchor el día 6 y San Baltasar el 11 (Acta SS., I, 8, 323, 664). En los manuscritos aparecen por primera vez en uno conservado en París del siglo VII con los nombres de  Bithisarea, Melichior y Guthaspa.

    La etimología de estos nombres no es clara. Hay quien piensa que Melchor podría tener origen acadio y significar “rey”; Baltasar podría derivar del persa y acadio Baal-hashahr, “Baal es rey”; de Gaspar se desconoce el origen.

    Luego se relacionaron con los hijos de NoéCam con Baltasar, Sem con Gaspar  y Jafet con Melchor o Melkon.

    En la representación del sarcófago de Adelfa en Siracusa y en el de Boville Ernica aparecen otros dos elementos, el buey y la mula o el asno, que han obtenido un éxito absoluto en las representaciones posteriores del “portal del Belén”. La presencia de estos animales hace referencia, como señalan los santos padres, a las profecía de Abacud y sobre todo a la de Isaías.

    Abacud : “El señor será reconocido en medio de dos animales”

    Isaías: “el buey conoce a su propietario y el asno el presepio de su patrón, pero Israel no me conoce y mi pueblo no me entiende”.

    En todo caso reconozco que los detalles de los nombres y de la presencia del buey y del asno o de la mula no son cuestiones que yo haya estudiado suficientemente ni de las que tenga un amplio conocimiento.

    En la celebración del día de los reyes confluyen también otros elementos diversos. Así al final de las Saturnales, en las que se hacían regalos entre las personas  (véase https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial l ) se celebraban las Sigillaria, fiestas en las que se regalaba a los niños pequeñas figuras de cerámica, que se adquirían en un mercadillo preparad al efecto. Detalle curioso este de los mercadillos, que todavía se celebran por todas partes en estas fechas.

    Aunque el origen de la fiesta puede ser otro, la vinculación de estas figurillas con la infancia queda atestiguado por Macrobio en sus Saturnales,1, 11:

    “…incluso ahora  (Pretextato) pretende que las Sigilares, que ofrecen diversión a la infancia que todavía gatea con sus figuritas de arcilla, sean referidas a una práctica religiosa”

    vel nunc Sigillaria, quae lusum reptanti adhuc infantiae oscillis fictilibus praebent, temptat officio religionis ascribere,

    También Séneca en Cartas a Lucilio, 12, 3 dice:

    Pero él dijo: ¿No meconoces? Soy yo, Felicio, tu favorito, a quien solías regalar estatuillas; yo soy el hijo de tu mayordomo Filostio, tu pequeño, tu alegría.

    " At ille "Non cognoscis me ?" inquit. " Ego sum Felicio, cui solebas sigillaria adferre. Ego sum Philositi vilici filius, deliciolum tuum."

    Además en Roma, en el  primer día del año se celebraban las fiestas de la diosa “Strenia”, a la que se hacían ofrendas y regalos que también se extendieron a los amigos. La festividad puede tener un origen céltico. Del nombre de la diosa deriva el sustantivo latino “strena”, dádiva, que ha dado nuestro sustantivo estrena y nuestro verbo “estrenar”.

    Por otra parte de la palabra “epifanía”  deriva la italiana “befana”, que designa a una anciana  que en la noche del día 5 al 6 regala caramelo y chocolate a los niños que se han portado bien y carbón a los que se han portado mal. El origen de esta fiesta agraria está relacionado con la muerte del año viejo y el advenimiento del nuevo año.

    Hay otro hecho que nos sirve para conocer mejor el entorno astral en el que se desarrollan durante mucho tiempo, incluso hoy en día, las religiones de todos los tiempos. Como repetidamente he explicado, en torno al día 25 de Diciembre se produce el solsticio de invierno. Si hasta ese día las horas de sol o de luz de cada día han ido disminuyendo, a partir de ese momento se invierte el proceso y el tiempo de sol y de luz comienza a crecer. Por eso a ese día se le llama el “dies natalis solis invicit”, “día del nacimiento del sol invencible”.

    Pues bien, en esas fechas se produce en el firmamento la alineación la estrella Sirio con las tres estrellas del cinturón de Orión, con las Pléyades y el sol.

     Imagen tomada de http://asteromia.net/estrellas/estrellas-sirio.html

    A alguien se le ocurrió considerar que las tres estrellas del cinturón de Orión eran los tres reyes magos que anunciaban el nacimiento de Cristo y como tales se les conoce. Ahora bien, esta no es una identificación de época antigua sino medieval; no he encontrado ni una sola referencia en los tratados de astronomía antigua en que se denomine así a estas tres estrellas. Pero independientemente de su antigüedad, el hecho de que así se les nombre desde la Edad Media hasta nuestros días es una prueba de la facilidad con que los humanos tendemos a proyectar en el firmamento nuestras creencias y mitos.

    A estas tres estrellas del cinturón de Orión también se les llama las Tres Marías..

    Todo este episodio de los “tres reyes magos” es, pues,  un ejemplo bien evidente del sincretismo que se produce en la conformación de los mitos, creencias y ritos y de la fuerza con la que perviven durante miles de años.

  • Hipólito mítico e Hipólito mártir: inquietantes coincidencias

    El héroe Teseo había escapado del laberinto de Creta con la ayuda de Ariadna, a la que prometió matrimonio, pero abandonó en Naxos. Teseo es el padre de Hipólito, al que tuvo con una Amazona que unos llaman Antíope o Melanipe o Hipólita o simplemente la Amazona. Luego Teseo casó con Fedra, hermana de Ariadna. Muchos siglos,después del tiempo mítico, hubo otro Hipólito, mártir cristiano.

    El Hipólito mítico con el tiempo se convirtió en un hermoso y casto joven cuya única ocupación era cazar animales salvajes en compañía de la diosa virgen cazadora Artemisa o Diana. Como seguidor de esta diosa virgen, él también permanece casto y desdeña el amor femenino. Este desprecio del amor ofendió a Afrodita, que inspiró en su madrastra Fedra un pasional e incontenido amor por su hijastro. Hipólito resistió los requerimientos de Fedra, que lo acusó falsamente ante Teseo, su padre, de haber pretendido violarla. Teseo, ingenuo, creyo a Fedra y rogó a Poseidón que le ayudase a vengar la ofensa de su hijo.

    Así cuando un día paseaba Hipólito en su carro a la orilla del mar, surgió de las aguas un toro bravo que asusto a los caballos, que se desbocaron, arrastraron y descuartizaron a Hipólito. Luego Diana convenció a Esculapio para que le devolviera la vida y esto enfureció a Júpiter. Diana  cambió la  figura de Hipólito envejeciéndolo y lo ocultó en Italia, en el bosque de Nemi o de Aricia, en donde vivió con el nombre de Virbio.

    Nota: el propio nombre “Hipólito” es la síntesis del mito, puesto que viene a signifcar “el de los caballos desbocados” o “estampida de los caballos”; procede de hipos Ιππός   caballo,  y lio,litos λυτος,  del  verbo λύω que significa “soltar, desatar”

    Es esta, como se ve, otra versión del célebre tema de Putifar, mito que está constatado en diversas culturas orientales.

    Pues bien,  el bosque italiano de Nemi o de Aricia, estaba consagrado a Diana y a Virbio, identificado luego en la mitología con Hipóito, como acabamos de ver. En este bosque de Aricia no podían entrar los caballos por haber sido los causantes de la muerte de Hipólito. La fiesta de Diana e Hipólito se celebraba el día 13 de Agosto. Diana y Virbio recibían culto en numerosos lugares de Italia, como en la Campania.

    Siglos después hubo otro Hipólito, mártir.

    Las noticias sobre San Hipólito son muy confusas y no han dejado de generar polémica entre los estudiosos ya desde la propia antigüedad. No conocemos la fecha de su nacimiento y  de su muerte sabemos que murió hacia el año 236. Se le presenta como oficial romano que mantenía detenido a San Lorenzo, episodio que propició su conversión al cristianismo. Parece que seguía la herejía novaciana cuando era presbítero, aunque luego se reconcilió con la Iglesia. Se opuso a los  papas Calixto, Urbano y Ponciano  y por eso se le considera el primer “antipapa”. Se dice que es”obispo”, pero no sabemos de qué diócesis.  Es uno de los autores más prolíficos de la patrística antigua, pero apenas si se conservan de él unos pocos fragmentos.

    Hay varios Hipólitos que con frecuencia se han confundido, como Hipólito de Porto, cuya fiesta se celebraba el 22 de agosto.

    Fue enterrado en  la Via Tiburcina.  Su festividad se celebra  el 13 de Agosto. Su muerte y martirio debió tener lugar hacia el año 236. Prudencio (348 d. C. – c. 410), el famoso poeta cristiano de Calahorra o menos probablemente de Zaragoza (él mismo genera esta confusión), cantó la heroica muerte de algunos mártires, entre otros la de Hipólito en el Himno XI de su obra Peristéphanon (Libro de las coronas de los mártires). Se trata de un largo poema de 246 versos, del que citaré algunos especialmente significativos.

    Prudencio pone de manifiesto en su obra la relación del culto cristiano con la mitología pagana y, como buen conocedor del mundo pagano,  tuvo la feliz idea de aplicar a la muerte del  mártir  Hipólito el brutal descuartizamiento por unos caballos del mítico Hipólito, el hijo de Teseo. En relación con ello, se le considera el patrón de los caballos.

    Prudencio  dice basarse en un fresco de la tumba de Hipólito, que lógicamente describiría la muerte del mítico Hipolito. La tumba parece que ha sido encontrada, pero sin rastro alguno del citado fresco.

    Así el santo de Prudencio es una mezcla de héroe mítico griego y mártir cristiano. Por otra parte, el poema plantea numerosos problemas históricos: utiliza diversas fuentes, parece referirse, mezclándolos, a varios Hipólitos,..

    Prudencio se inspira para su poema en la tragedia de Séneca, Fedra. En realidad no sólo se inspira, sino que va más allá: en algunos momentos es casi una transcripción del texto de Séneca.

     

    "Martirio de San Hipólito" (1468, Museo de San Salvador. Catedral de Bruja), originalmente hecho para decorar el alar de la catedral de Brujas.

    Veamos los textos:

    Himno XI de su obra Peristéphanon (Libro de las coronas de los mártires

    En los versos 83 a 122 describe la condena y suplicio de Hipólito. En los versos 123-132 describe el fresco en el que se inspira. Aportaré estos dos largos fragmentos:

    Piden una forma de muerte extraordinaria  y que se busque un nuevo suplicio
    con cuyo ejemplo tiemblen los demás.
    El (
    el juez) presidiendo, con la cabeza vuelta a lo alto, dijo:
    ¿Cómo te llaman?;

    dicen que se llama Hipólito.

    “Pues si es Hipólito, que aguante y sufra el yugo
    y que muera descoyuntado por caballos salvajes”

    Apenas había terminado de hablar, cuando obligan a dos animales,
    que no habían conocido el freno,  a someter su cuello al yugo desacostumbrado.
    No eran animales acariciados en el establo o por la blanda mano de su cuidador
    o acostumbrados antes a obedecer la orden del jinete,
    sino ganado savaje capturado poco antes de una manada salvaje
    por lo que un salvaje temor se agita en su corazón indómito.
    Ya habían unido con ataduras las bigas reacias
    y habían atado sus cabezas con un acuerdo divergente.
    En lugar de timón colocan una cuerda, que separa los lomos de los dos
    y colocado en medio toca los lados de ellos,
    y extendiéndose a lo largo desde el yugo hacia atrás
    se deja arrastrar y pasa por debajo de las patas.
    En su extremo,  por donde con gran polvareda la rodada marcada
    de los cornípedos (
    animales con pies de cuerno) sigue el camino que se esconde,
    un lazo ata las piernas de este hombre y con un fuerte nudo
    aprieta los pies y los une con el cable.
    Una vez que estuvieron a punto los preparativos,
    dispusieron para el suplicio del mártir los látigos y las ataduras,
    excitan a los animales salvajes con gritos imprevistos y con latigazos
    y clavan en  su vientre crueles aguijones. 
    Las últimas palabras que se escucharon del venerable anciano fueron éstas:

    “¡Que éstos me arrebaten mis miembros, tú, Cristo, arrebata mi alma!"

    Se lanzan veloces empujados en su ciego error
    por donde el sonido y el terror, por donde  el furor les empuja.
    Su ferocidad les enciende, su fuerza les arrebata y el ruido les empuja,
    Y su alada carrera no siente la carga que llevan.
    Se precipitan por los bosques, por las rocas, y la orilla
    de un río no les detiene ni el torrente con el que se encuentran les para;
    derriban el cercado y rompen todos los obstáculos,
    se dirigen a las pendientres rocosas y saltan el acantilado.
    El campo erizado de plantas espinosas recoge pedazos diminutos
    arrancados  de su cuerpo caído. Una parte cuelga de lo alto de los  peñascos, otra se clava en las espinas, con una parte enrojecen los arbustos, con otra se humedece la tierra.

    Nota: véase el texto latino más abajo:

    Y  a propósito del fresco en el que se inspira, dice,  abusando de la  más barroca y sanguinolenta descripción  en los versos  132-152:

    Una  pared pintada al fresco ofrece la representación del crimen,
    en la que la pintura multicolor ha dibujado todo el crimen;
    La figura pintada sobre la tumba aumenta su fuerza del contraste de las sombras,
    dibujando los miembros ensangrentados del hombre que había sido arrastrado.
    Yo he visto, buen padre, las crestas de las rocas cubiertas de rocío
    y manchas de púrpura dejadas en los abrojos.
    Una mano experta en representar los verdes espinos imitándolos
    había dibujado la roja sangre con minio.
    Se podía ver, con las articulaciones destrozadas, sin orden alguno,
    cómo los miembros estaban desparramados por  el variado terreno.
    Había añadido a los amigos que le seguían con su paso y con sus lágrimas,
    por donde la desviada senda mostraba el camino destrozado.
    Marchaban sobrecogidos por la tristeza con los ojos abiertos
    y llenaban los pliegues de sus vestidos con sus vísceras desgarradas.
    Aquel abraza su nívea cabeza
    y la protége venerable en su suave pecho.
    Este recoge los hombros  y las manos arrancadas y los brazos y los codos
    las rodillas y los fragmentos desnudos de las piernas.
    Con pequeños paños se secan también las arenas empapadas
    Y ni siquiera una gota de rocío queda  en el polvo sucio.
    Si alguna gota de sangre queda en las espinas
    con la reciente aspersión,  toda ella se recoge empapada en una esponja.
    Ya el denso bosque nada retiene del sagrado cuerpo
    ni le priva de unas completas exequias.
    Hecho el recuento de las partes, cuando se recogió el número
    que había sido el del cuerpo intacto,
    y limpios los lugares escabrosos  con su vegetadicón y
    con sus peñascos revisados que  no tenían ningún trozo más de todo el hombre,
    se busca un lugar para erigir la tumba, se abandona las bocas (
    del Tiber, Ostia),
    Roma es un buen lugar para guardar las santas cenizas.

    Nota: véase más abajo el texto latino:

    Sobre el día de la festividad del santo nos dice también en 231-234

    Si recuerdo bien, la muy hermosa Roma honra a este
    en los Idus del mes de Agosto,  como llama
    a la manera antigua a este día, al que yo también querría,
    santo maestro que tú contases entre las fiestas anuales.

    Nota: Véase más abajo el texto latino.

    Prudencio se inspira directamente en la tragedia de Séneca  “Fedra”, como demostaría un estudio comparado.  Para el fragmento expuesto ofrezco el texto correspondiente a  los versos 1050-1114. Pero este texto lo que demuestra es que Prudencio no sólo aplica al mártir el suplicio del míto, sino que le atribuye todos los detalles del suplicio que Séneca aplicó al mítico héroe en su tragedia.

    Podemos pensar que si Prudencio está describiendo un fresco y su descripción coincide casi milimétricamente con el texto de Séneca, lo que realmente estaba viendo en su ecfrasis era la representación del suplicio del mítico Hipólito y no el del mártir. 

     Séneca, Fedra, 1050-1114

    Se estremecieron las tierras. Huye atónito el ganado por doquier a través de los campos y el pastor no se acuerda de seguir a sus propios novillos. Desde la selva toda clase de fieras salen huyendo hacia acá y hacia allá. Todos los cazadores, horrorizados, se quedan lívidos por aquel miedo escalofriante. Sólo Hipólito, que no conoce el miedo, contiene los caballos tirando de los frenos y, despavoridos, trata de animarlos con sus gritosque les son conocidos. Hay un camino  elevado que va hacia los labrantíos por un desfiladero del monte, bordeando el mar que queda allá abajo.Aquí se estimula a sí misma aquella mole y prepara su cólera.

    Cuando hubo cobrado ánimos y, ejercitándose, ensayó lo bastante su ataque, sale disparada en frenética carrera, rozando apenas la superficie de la tierra en su vertiginoso desplazamiento, y se detuvo con torva mirada ante el tembloroso carro. Por su parte, tu hijo, levantándose amenazador,con aire altanero, no se inmuta y grita fuertemente con voz atronadora: «No quebranta mis ánimos este vano terror, pues conozco, por herencia de mi padre, la tarea de vencer a los toros». Al punto, sin obedecer a los frenos, los caballos arrastraron el carro y, saliéndose ya fuera del camino, prosiguen su carrera, por doquier los condujo delirantes su enloquecido pavor, y se lanzan a través de los escollos.Y él, como el piloto en un mar enfurecido, retiene la embarcación de modo que no choque de costado y con habilidad va engañando a la ola, no de otro modo lleva el timón de los desenfrenados caballos.

    Sujeta unas veces sus bocas frenándolas con los bocados bien apretados; otras veces castiga sus lomos blandiendo repetidamente el látigo. Le sigue, sin apartarse de su lado, aquel acompañante, ora corriendo a su misma velocidad; ora, en cambio, saliéndole al encuentro, se le ponía por delante, provocando el terror por todas partes.

    No pudo huir más allá, pues con toda su mole acometió de frente, encrespado, aquel monstruo cornudo salido del mar.Y entonces los corceles, fuera de sí por el pavor, no obedecen las órdenes y luchan por escapar al yugo y, encabritándose sobre sus patas traseras, tiran la carga a tierra.

    Al caer de cabeza, quedando tendido de bruces, enredó su cuerpo en un apretado lazo ycuanto más lucha, tanto más aprieta los nudos corredizos.Advirtieron las bestias lo que habían hecho… y, al pesar poco el carro y no haber quien lo gobernara, se precipitan por donde el temor las fue impulsando.

    De igual manera, a través de los aires, al no reconocer como suya la carga e indignándose de que se hubiese confiado el día a un falso Sol, el carro echó a Faetón de aquella parte del cielo por donde andaba extraviado. Ensangrienta extensamente los campos y se estrella su cabeza rebotando contra los escollos:los espinos le arrancan los cabellos y  la dura piedra hace estragos en su bello rostro y, entre múltiples heridas, perece su infausta hermosura. Las veloces ruedas revuelcan los miembros moribundos y, por fin, mientras era arrastrado, un tronco con una estaca a medio quemar, lo retiene por en medio de las ingles con su punta erguida.

    Y un poco se detuvo el carro  al quedar clavado su señor. Quedaron inmovilizados los caballos con el golpe… y, a una, rompen su tardanza y desgarran a su dueño. Luego, ya casi sin vida, lo despedazan los matorrales, las erizadas zarzas con sus punzantes espinos; no hubo tronco que no se llevara una parte de aquel cuerpo.

    Errantes por los campos, como fúnebre tropa, van los criados a través de aquellos lugares por donde Hipólito hecho pedazos va marcando un largo sendero de manchas de sangre y, tristes,los perros rastrean los miembros del dueño. Hasta ahora la diligente labor de los dolientes no ha podido completar su cuerpo.

    ¿Es esto la gloria de su hermosura? El que hace poco, ilustre partícipe y heredero seguro del poder de su padre, brilló como las estrellas, ése está siendo ahora recogido por acá y por allá para la hoguera de la hora postrera y tratan de recomponerlo para el funeral.

    (Traducción de Jesús Luque Moreno para Editorial Gredos).

    Por lo demás, la descripción que hace del fresco que Prudencio dice haber visto en la tumba de Hipólito es un claro eejmplo de écfrasis o ecfrasis (del griego ἔκφρασιϛ, 'explicar hasta el final). Una ecfrasis, según la retórica y tradición clásica,  es una descripción verba, con palabras, de una obra de arte visual, de una pintura o una escultura, por ejemplo.

    Otro ejemplo de ecfrasis nos lo ofrece el mismo Prudencio en el poema IX.

    Una hipotiposis , (del griego: úποτúπωσις), sería una descripción animada, especialmente emotiva para excitar la imaginación del público oyente. La ecfrasis podría ser una especie de hipotiposis.

    En esta cuestión de los dos Hipólitos, tal mezcla y confusión de datos, tal coincidencia en aspectos tan importantes como la forma de morir, la coincidencia milimétrica con el texto de Séneca  y la fecha de su  festividad , el 13 de Agosto, no dejan de inquietar e interrogarnos sobre las relaciones y sincretismo que durante los primeros siglos se produjeron entre la tradicional religión pagana y el Cristianismo y que en muchas ocasiones perdura hasta nuestros días.

    Todo ello permitió a Sir James George Frazer (1854-1941)  afirmar en las primeras páginas de su famosa e importante obra “La rama dorada”:

    Es importante señalar aquí que en el largo y cambiante curso de este personaje mítico, desplegó una vida de notable tenacidad; difícilmente podemos dudar de que el San Hipólito del calendario romano, arrastrado y muerto por caballos el 13 de agosto, el mismo día de Diana, sea otro que el héroe griego del mismo nombre, que, después de morir dos veces como pecador pagano, fue resucitado felizmente como santo cristiano.”

    “Here it is worth observing that in his long and chequered career this mythical personage has displayed a rema rkable tenacity of life. For we can hardly doubt that the Saint Hippolytus of the Roman calendar, who was dragged by horses to death on the thirteenth of August, Diana’s own day, is no other than the Greek hero of the same name, who, after dying twice over as a heathen sinner, has been happily resuscitated as a Christian saint”.

    Himno XI de su obra Peristéphanon (Libro de las coronas de los mártires: v. 83-132

    Insolitum leti poscunt genus et noua poenæ
    inuenta, exemplo quo trepident alii.
    Ille supinata residens ceruice : " Quis ", inquit,
    " dicitur ? " adfirmant dicier Hippolytum.
    " Ergo sit Hippolytus, quatiat turbetque iugales
    intereatque feris dilaceratus equis. "
    Vix hæc ille, duo cogunt animalia freni
    ignara insueto subdere colla iugo,
    non stabulis blandiue manu palpata magistri
    imperiumque equitis ante subacta pati,
    sed campestre uago nuper pecus e grege captum,
    quod pauor indomito corde ferinus agit.
    Iamque reluctantes sociarant uincula bigas
    oraque discordi foedere nexuerant :
    temonis uice funis inest, qui terga duorum
    diuidit et medius tangit utrumque latus,
    deque iugo in longum se post uestigia retro
    protendens trahitur transit et ima pedum.
    Huius ad extremum, sequitur qua puluere summo
    cornipedum refugas orbita trita uias,
    crura uiri innectit laqueus nodoque tenaci
    adstringit plantas cumque rudente ligat.
    Postquam composito satis instruxere paratu
    martyris ad poenam uerbera, uincla, feras,
    instigant subitis clamoribus atque flagellis
    iliaque infestis perfodiunt stimulis.
    Vltima uox audita senis uenerabilis hæc est :
    " Hi rapiant artus, tu rape, Christe, animam ! "
    Prorumpunt alacres cæcoque errore feruntur,
    qua sonus atque tremor, qua furor exagitant.
    Incendit feritas, rapit impetus et fragor urget,
    nec cursus uolucer mobile sentit onus.

    Per siluas, per saxa ruunt, non ripa retardat
    fluminis aut torrens oppositus cohibet ;
    prosternunt sæpes et cuncta obstacula rumpunt,
    prona fragosa petunt, ardua transiliunt.
    Scissa minutatim labefacto corpore frusta
    carpit spinigeris stirpibus hirtus ager.
    Pars summis pendet scopulis, pars sentibus hæret,
    parte rubent frondes, parte madescit humus.

    Versos 132-152

    Exemplar sceleris paries habet illitus, in quo
    multicolor fucus digerit omne nefas ;
    picta super tumulum species liquidis uiget umbris,
    effigians tracti membra cruenta uiri.
    Rorantes saxorum apices uidi, optime papa,
    purpureasque notas uepribus impositas.
    Docta manus uirides imitando effingere dumos
    luserat et minio russeolam saniem.
    Cernere erat, ruptis compagibus, ordine nullo,
    membra per incertos sparsa iacere situs.
    Addiderat caros gressu lacrimisque sequentes,
    deuia quo fractum semita monstrat iter.
    Mærore adtoniti atque oculis rimantibus ibant
    implebantque sinus uisceribus laceris.
    Ille caput niueum complectitur ac reuerendam
    canitiem molli confouet in gremio ;
    hic humeros truncasque manus et brachia et ulnas
    et genua et crurum fragmina nuda legit.
    Palliolis etiam bibulæ siccantur harenæ,
    ne quis in infecto puluere ros maneat.
    Si quis et in sudibus recalenti aspergine sanguis
    insidet, hunc omnem spongia pressa rapit.
    Nec iam densa sacro quidquam de corpore silua
    obtinet aut plenis fraudat ab exsequiis.
    Cumque recensitis constaret partibus ille
    corporis integri qui fuerat numerus,
    nec purgata aliquid deberent auia, toto
    ex homine extersis frondibus et scopulis,
    metando eligitur tumulo locus, ostia linquunt,
    Roma placet, sanctos quæ teneat cineres.

    Versos 231-234

    Si bene commemini, colit hunc pulcherrima Roma
    Idibus Augusti mensis, ut ipsa uocat
    prisco more diem, quem te quoque, sancte magister,
    annua festa inter dinumerare uelim.

    Séneca: Fedra,  1050-114

    tremuere terrae, fugit attonitum pecus
    passim per agros nec suos pastor sequi
    meminit iuvencos; omnis e saltu fera
    diffugit, omnis frigido exsanguis metu
    venator horret, solus immunis metu
    Hippolytus artis continet frenis equos
    pavidosque notae vocis hortatu ciet.
    est alta ad agros collibus ruptis via,
    vicina tangens spatia suppositi maris;
    hic se illa moles acuit atque iras parat.
    ut cepit animos seque praetemptans satis
    prolusit irae, praepeti cursu evolat,
    summam citato vix gradu tangens humum,
    et torva currus ante trepidantes stetit.
    contra feroci gustus insurgens minax
    vultu nec ora mutat et magnum intonat:
    'haud frangit animum vanus hic terror meum:
    nam mihi paternus vincere est tauros labor.'
    inobsequentes protinus frenis equi
    rapuere currum iamque derrantes via,
    quacumque rabidos pavidus evexit furor,
    hac ire pergunt seque per scopulos agunt.
    at ille, qualis turbido rector mari
    ratem retentat, ne det obliquum latus,
    et arte fluctum fallit, haud aliter citos
    currus gubernat: ora nunc pressis trahit
    constricti frenis, terga nunc torto frequens
    verbere cohercet. sequitur adsiduus comes,
    nunc aequa carpens spatia, nunc contra obvius
    oberrat, omni parte terrorem movens.
    non-licuit ultra fugere: nam toto obvius
    incurrit ore corniger ponti horridus.
    tum vero pavida sonipedes mente exciti
    imperia solvunt seque luctantur iugo
    eripere rectique in pedes iactant onus.
    praeceps in ora fusus implicuit cadens
    laqueo tenaci corpus et quanto magis
    pugnat, sequaces hoc magis nodos ligat.
    sensere pecudes facinus— et curru levi,
    dominante nullo, qua timor iussit ruunt.
    talis per auras non suum agnoscens onus
    Solique falso creditum indignans diem
    Phaethonta currus devio excussit polo.
    late cruentat arva et inrisum caput
    scopulis resultat; auferant dumi comas,
    et ora duras pulchra populatur lapis
    peritque multo vulnere infelix decor.
    moribunda celeres membra pervolvunt rotae:
    tandemque raptum truncus ambusta sude
    medium per inguen stipite ingesto tenet,
    paulumque domino currus affixo stetit.
    haesere biiuges vulnere— et pariter moram
    dominumque rumpunt, inde semanimem secant
    virgulta, acutis asperi vepres rubis
    omnisque truncus corporis partem tulit.
    errant per agros funebris famuli manus,
    per illa qua distinctus Hippolytus loca
    longum cruenta tramitem signat nota,
    maestaeque domini membra vestigant canes.
    necdum dolentum sedulus potuit labor
    explere corpus, hocine est formae decus?
    qui modo paterni clarus imperii comes
    et certus heres siderum fulsit modo,
    passim ad supremos ille colligitur rogos
    et funeri confertur.

  • La biblioteca es una creación griega

    Alejandría fue la capital espiritual y cultural del mundo desde el siglo IV a. C. hasta el siglo V o VI de nuestra era. Al amparo de la mayor biblioteca de la Antigüedad, que pretendió conservar todo el saber almacenado en los libros de manera sistemática con ejemplar sentido de la libertad intelectual, vivió y trabajó un colegio o comunidad de sabios y eruditos que desarrolló la física, la astronomía, la matemática, la geometría, la geografía, la ingeniería, la medicina, la filosofía, la literatura, la gramática, la retórica… Ellos fueron la base del saber occidental.

    La palabra “biblioteca” procede de la latina  bibliothēca, y esta de la griega βιβλιοθήκη, compuesta de βιβλίον ,biblíon, libro y θήκη théke, que significa “caja, depósito, receptáculo, armario…”.  βιβλίον  o βίβλος también significa corteza u hoja de papiro, soporte que se utilizaba para escribir sobre él, de donde procede el significado de “libro, escrito, documento, carta…”.

    Así que en realidad una “biblioteca” puede ser el local o edificio en el que se conservan los libros para su lectura; también puede significar la institución que adquiere y conserva esos libros o el conjunto de esos libros e incluso el mueble o estantería en el que se guardan, mueble que en español también se llama librería.

    La “biblioteca”  en el sentido o sentidos indicados es un invento griego y a ellos les debemos creación tan importante. Probablemente la biblioteca más famosa de la Historia es la “Biblioteca de Alejandría”, pero más importante que esta “institución” es el hallazgo del concepto de “biblioteca” en sí y su realización concreta.

    Es posible que existiera una biblioteca anterior en Babilonia, o la llamada “biblioteca de Nínive” creada por el rey asirio  Asurbanipal que reinó entre el  668 a.C. y 627 a.C., en griego llamado Sardanápalo,  como lugares o depósitos en los que se guardaban y conservaban miles de tablillas con anotaciones comerciales, religiosas, legales e incluso literarias.

    De Egipto son muy pocas las noticas, aunque  se habla de bibliotecas “sagradas” en los templos. Diodoro de Sicilia, en I,49  transcribe el relato que Hecateo hace de su visita a la tumba de Ramsés en su obra “Historias de Egipto” que no se ha conservado. Allí dice :

    A continuación estaba la  biblioteca sagrada, sobre la cual se hallaba escrito ‘Lugar de cuidado del alma’”.

    Esta enigmática frase en realidad parece no referirse exactamente a la biblioteca y los libros, contra la interpretación que frecuentemente se ha hecho de ella, sino al espacio en el que se supone que está el alma de Ramsés. Véase: https://www.antiquitatem.com/cuidado-del-alma–biblioteca-alejandria

    Pero la biblioteca como “almacenamiento del saber general” que se ha de transmitir a otras personas y, por tanto, como institución pública, o institución del Estado o de la monarquía, abierta a los ciudadanos, es una creación más de los griego. En realidad es un elemento más del hallazgo del propio concepto de “educación” o paideia” (griego παιδεία, "educación" o "formación", a su vez de παις, país, "niño") , del que en otra ocasión hablaré y que responde a la necesidad de transmitir a todos los niños y jóvenes el conocimiento que la sociedad ha ido acumulando. El conocimiento que se adquiere hay que conservarlo escribiéndolo en los libros y estos a su vez han de ser conservados en las bibliotecas y puestos a disposición de las personas para su educación.

    No es esta desde luego la creación menor de los griegos, cuya importancia sigue siendo de absoluta actualidad.

    Las fuentes antiguas nos proporcionan mucha información, pero siempre hay que acogerlas con muchas reservas y sentido crítico por su imprecisión, a veces por su lejanía de los hechos, por las contradicciones entre ellas y por su diverso concepto de la historia, pero a la postre es lo que tenemos. Así que las utilizaré con profusión, al menos como prueba de que lo expresado no es consecuencia de la mera especulación o imaginación.

    En Grecia son muy antiguas las colecciones de libros, primero de particulares, que en algunos casos se abren al público y luego las públicas.  Un fragmento (304 K) de Eupolis, autor de comedias del siglo V a.C., hace referencia a la venta de libros en el ágora de Atenas. Y Platón en la Apología o Defensa de Sócrates, 26e hace decir a Sócrates que los libros de Anaxágoras se pueden comprar en el ágora por un dracma:

    ¿Los consideras tan iletrados como para no saber que los libros del Clazomenio Anaxágoras están llenos de estas palabras?¿Y qué me dices de los jóvenes de Atenas? ¿Aprenden de mí aquellas cosas que pueden conocer adquiriendo un libro por un dracma, todo lo más, en el mercado de libros de la plaza?

    A pesar de lo que dice Platón por boca de Sócrates, los libros serían más caros y sólo estarían al alcance de ciudadanos con recursos económicos suficientes.

    Aulo Gelio nos da numerosas informaciones sobre las primeras bibliotecas y sobre la de Alejandría siguiendo tal vez la obra perdida de Varrón De bibliothecis” (Sobre las bibliotecas), pero eso no quiere decir que respondan exactamente a la realdiad. Así admite sin más el relato sin duda fabuloso de una antiquísima biblioteca pública en Atenas debida a Pisístrato. Dice  en sus Noctes Atticae (Noches Áticas, VII, 17), :

    ¿Quién fue el primero de todos que ofreció al público la posibilidad de leer libros? ¿Cuál fue el número de libros públicos que hubo en Atenas antes del desastre con los persas?

    Se dice que el primero que en Atenas ofreció libros de las disciplinas liberales para leerlos públicamente fue el tirano Pisístrato.  Luego los mismos atenienses los aumentaron  con nueva afición y preocupación;  pero luego, Jerjes, cuando se apoderó de Atenas, incendiada la ciudad además de la acrópolis, robó toda aquella cantidad de libros y los transportó a Persia. Más adelante, después de muchos avatares, el rey Seleuco, al que se llamó Nicanor, se preocupó de que todos ellos fueran devueltos a Atenas.

    Pisístrato vivió entre 607-527 a.C.  En realidad Atenas no tuvo una biblioteca pública hasta Ptolomeo Filadelfo (285-246 a.C.) y su gran biblioteca pública fue la donada por Adriano (117-138 d.C), en un peripato de cien columnas.

    Quis omnium primus libros publice praebuerit legendos; quantusque numerus fuerit Athenis ante clades Persicas librorum in bibliothecis publicorum.
    Libros Athenis disciplinarum liberalium publice ad legendum praebendos primus posuisse dicitur Pisistratus tyrannus. Deinceps studiosius accuratiusque ipsi Athenienses auxerunt; sed omnem illam postea librorum copiam Xerxes, Athenarum potitus, urbe ipsa praeter arcem incensa, abstulit asportavitque in Persas. [2] Eos porro libros universos multis post tempestatibus Seleucus rex, qui Nicanor appellatus est, referendos Athenas curavit.

    Aulo Gelio, Noctes Atticae, 3, 17

    De cómo, según escritores dignos de fe, Platón compró tres libros del pitagórico Filolao. y Aristóteles algunas obras de Speusipo, en cantidades enormes e increíbles.

    Refieren los antiguos que Platón, a pesar de que solamente poseía caudal muy pequeño, compró en diez mil denarios los tres libros del pitagórico Filolao, asegurando algunos autores que esta cantidad se la dio su ,amigo Dion de Siracusa. También se refiere que Aristóteles, después de la muerte de Speusipo, pagó tres talentos antiguos por algunos libros compuestos por este filósofo; cantidad que, evaluada en nuestra moneda, hace setenta y dos mil sextercios. El satírico Timón, en su poema titulado Silos, en el que deja rienda suelta a su malignidad, apostrofa en estos injuriosos términos a Platón, que, como hemos dicho, era muy pobre, por haber comprado muy caro un tratado de filosofía pitagórica, sacando de él, con numerosos plagios, su famoso diálogo del Timeo. He aquí los versos de Timón:

    «y tú también, Platón, te has visto dominado por el deseo de instruirte, y has comprado por mucho dinero un librito con cuyo auxilio te has puesto a escribir tú mismo». (en griego en el original) (Traducción de Francisco Navarro y Calvo).

    Id quoque esse a gravissimis viris memoriae mandatum, quod tris libros Plato Philolai Pythagorici et Aristoteles pauculos Speusippi philosophi mercati sunt pretiis fidem non capientibus.
    Memoriae mandatum est Platonem philosophum tenui admodum pecunia familiari fuisse atque eum tamen tris Philolai Pythagorici libros decem milibus denarium mercatum.  Id ei pretium donasse quidam scripserunt amicum eius Dionem Syracosium.
    Aristotelem quoque traditum libros pauculos Speusippi philosophi post mortem eius emisse talentis Atticis tribus; ea summa fit nummi nostri sestertia duo et septuaginta milia.
    τίμων amarulentus librum maledicentissimum conscripsit, qui σίλλος inscribitur. In eo libro Platonem philosophum contumeliose appellat, quod inpenso pretio librum Pythagoricae disciplinae emisset exque eo Timaeum, nobilem illum dialogum, concinnasset. Versus super ea re τίμωνος hi sunt: 
    καὶ σύ, πλάτων, καὶ γάρ σε μαθητείης πόθος ἔσχεν,
    πολλῶν δ᾽ ἀργυρίων ὀλίγην ἠλλάξαο βίβλον,
    ῎ενθεν ἀπαρχόμενος τιμαιογραφεῖν ἐδιδάχθης.

    Se dice también que por el mismo tiempo Polícrates (570 a. C.-522 a. C.), tirano de Samos, fundaba una biblioteca.  Parece también que en los buenos tiempos de Atenas,  algunas personas privadas se afanaban por formar sus buenas bibliotecas. Las más importantes corresponden a tres personajes famosos: Euclides, Eurípides y Aristóteles.

    Estrabón nos dice en su Geografía, XIII,1, 55 que Aristóteles fue el primero que se dotó  para su conocimiento de una colección de libros  y que enseñó a los reyes egipcios la organización de una biblioteca. En un pasaje coherente, aparentemente basado en buenas fuentes,  y muy interesante,  nos cuenta las peripecias por las que pasó esta biblioteca de Aristóteles:

    Los filósofos socráticos Erasto, Corisco y Neleo, hijo de Corisoco, discípulo de Aristóteles y Teofrasto, eran nativos de Scepsis. Nelo fue el que continuó con la posesión de la biblioteca de Teofrasto, que contenía la de Aristóteles. Aristóteles le dio la biblioteca y le dejó la escuela a Teofrasto. Aristóteles fue la primera persona que conocemos que hizo una colección de libros y aconsejó a los reyes de Egipto para formar una biblioteca. Teofrasto dejó su biblioteca a Neleo, que la llevó a Scepsis, y la legó a algunas personas ignorantes que mantuvieron los libros encerrados, tirados en desorden. Cuando los habitantes de Scepsis se enteraron de que los reyes Atálicos, de los que dependía la ciudad, estaban buscando libros con gran interés, con los que intentaban dotar la biblioteca de Pégamo, los escondieron bajo tierra; luego, pero no antes de que hubieran sufrido el daño de las lombrices, los descendientes de Neleo vendieron los libros de Aristóteles y Teofrasto por una gran suma de dinero a Apelicón de Teos. Apelicón era más bien amante de los libros que filósofo;  cuando intentó restaurar las partes que habían sido comidas o corroídas por las lombrices, hizo muchas modificaciones en el texto original y las introdujo en las nuevas copias; más bien suplió las partes defectuosas erróneamente y publicó los libros llenos de errores. Esto fue una desgracia para los antiguos peripatéticos posteriores a Teofrasto, pues estando completamente desabastecidos de los libros de Aristóteles, excepto unos pocos solamente, y estos del tipo de los exotéricos, eran incapaces de filosofar de acuerdo con los principios del sistema, y se ocupaban simplemente  en organizar discusiones sobre lugares comunes. Sus sucesores, en cambio, desde el momento en que se publicaron estos libros, filosofaron y propagaron la doctrina de Aristóteles con más éxito que sus predecesores, pero se veían obligados a tratar muchos asuntos sólo como probables por la gran cantidad de errores contenidos en las copias.

    También Roma contribuyo a aumentar los errores; inmediatamente tras la muerte de Apelicón, Sila, que se apoderó de Atenas, se incautó de la biblioteca de Apelicón. Cuando fue llevada a Roma, Tiranion el gramático, que era un admirador de Aristóteles, se ganó al superintendente de la biblioteca y obtuvo su uso. Algunos vendedores de libros, sin embargo, emplearon malos copistas y despreciaron comparar las copias con el original. Esto sucedió también en el caso de otros libros que fueron copiados para su venta aquí y en Alejandría. 

    Nota: este Tiranión, prisionero de guerra liberado, fue amigo de Atico y de Cicerón. Preparó una edición de las obras de Aristóteles, pero también aparecieron otras menos cuidadas, como refleja el texto. La biblioteca de Sila, con los libros de Aristóteles, la heredó el megalómano Fausto Sila, general de Pompeyo; arruinado vendió todo, hasta la biblioteca y así desaparecieron para siempre los libros de Aristóteles.

    Nos dice Plutarco en Vida de Sila, 26,1-2

    Habiendo dado velas desde Éfeso con todas las naves, entró al tercer día en el Pireo; se inició entonces  en los misterios, y se apropió de la biblioteca de Apelicón de Teya, en la que se hallaban la mayor parte de los tratados  de Aristóteles y Teofrasto, poco conocidos entonces por el público. Dícese que una vez traída a Roma, Tiranión el Gramático corrigió muchas de las obras , y que habiendo alcanzado de él Andrónico de Rodas algunas copias, las publicó y creó las listas que ahora corren.

    Los más antiguos de los peripatéticos eran evidentemente personas formadas e instruidas, pero parece que no tuvieron la suerte de un contacto amplio y exacto con muchas de las obras de Aristóteles y de Teofrasto, porque las posesiones de Neleo de Escepsis, a quien Teofrasto dejó sus libros, cayeron en manos de hombres descuidados e iletrados.

    Muy probablemente la extraña afirmación de Estrabón de que Aristóteles ayudó a los reyes egipcios  a organizar una biblioteca se debe al hecho de que fuera su discípulo, Demetrio de Falera, el que exiliado en Alejandría desde Atenas, fuera el cerebro del proyecto ptolemaico del Museo y de la Biblioteca, como más abajó se verá. Indirectamente Aristóteles ayudó a los Ptolomeos de Alejandría a desarrollar su biblioteca mediante su discípulo. Así que la frase de Estrabón es sólo un aparente anacronismo.

    Diógenes Laercio (V, 52) nos informa también del regalo a Neleo 

    No me resisto a transcribir otra cita que confirma la mayor parte de las afirmaciones de Estrabón, pero le contradice en algo tan importante como a dónde fueron a parar los libros de Aristóteles, independientemente del valor histórico que pueda tener. Dice Ateneo, que vivió en el siglo II de Cristo, en época del emperador “filósofo”  Marco Aurelio, en su obra “El banquete de los eruditos”,I,3A-3B, al hacer el elogio del erudito Larensio, uno de los comensales participantes:

    Cuenta además que poseía tal cantidad de libros griegos antiguos que sobrepasaba a todos los que fueron admirados por sus colecciones: a Polícrates de Samos, a Pisístrato el que fue tirano de Atenas, a Euclides, también al ateniense Nicócrates de Chipre, e incluso a los reyes de Pérgamo, al poeta Eurípides, al filósofo Aristóteles , y al que conservó los libros de estos últimos, Neleo. A él dice que se los compró todos nuestro compatriota el rey Ptolomeo, apodado Filadelfo, y los trasladó, junto con los procedentes de Atenas y los traídos de Rodas, a la hermosa Alejandría.” (Traducción de Lucía Rodríguez-Noriega para Editorial Gredos).

    Pero como decía, sin duda  la biblioteca más famosa de la Historia sea la “Biblioteca de Alejandría”, fundada por  los Tolomeos, gobernantes por cierto ilustrados y cultos ellos mismos.

    Alejandría es una de las numerosas ciudades (al menos 19 desde Egipto hasta la India) fundadas por Alejandro Magno a las que puso su nombre. Esta lo fue en el año 331 a.C. en el delta del Nilo y llegó a tener cerca de un millón de habitantes, población sólo superada en la Antigüedad por Roma, por lo que fue la más importante de las fundadas por el macedonio. Estrabón nos dice que tiene la forma de una clámide, es decir, de rectángulo casi perfecto: Estrabón, XVII, 1, 8

    La figura del plano de la ciudad es la de una clámide o capote militar.

    εστι δὲ χλαμυδοειδὲς τὸ σχῆμα τοῦ ἐδάφους τῆς πόλεως

    Junto a los egipcios vivían grandes grupos de griegos y de judíos. Pronto se convirtió en el referente cultural del mundo antiguo. Su puerto, el más grande también de la Antigüedad,  abierto al Mediterráneo con su famoso Faro (una de las maravillas del mundo antiguo), el Museo, el templo de las Musas,  y la Biblioteca son los elementos que le han dado fama eterna a esta ciudad. La biblioteca fue un instrumento esencial al servicio del ecumenismo alejandrino en el proceso de helenización de todo el Mediterráneo .

    Que  Egipto fuera el país que monopolizaba la producción del papiro, soporte de la escritura, sin duda tuvo también su importancia a la hora de crear la biblioteca.

    A pesar de la enorme resonancia histórica que el Museo y la Biblioteca de Alejandría han tenido y tienen, las fuentes sobre ella son escasas tanto de los momentos fundacionales como posteriores anteriores a su desaparición, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de ellas son mera repetición de otras anteriores, reproduciendo los errores y causando gran confusión. La información arqueológica al respecto tampoco es relevante.

    La biblioteca la comenzaría según la tradición  Ptolomeo Soter hacia el año 295 a.C.  pero realmente quien la incrementó y reorganizó de manera  sistemática sería   Ptolomeo Filadelfo,  que nombró un bibliotecario fijo y la dotó de los medios necesarios para su buen funcionamiento. Sépase no obstante que la primera referencia escrita que cita a la Biblioteca es del siglo II, en la “Carta de Aristeas a Filócrates”  en la que un judío comenta la famosa y por lo demás ficticia traducción al griego del Pentateuco,  la Torá, conocida como “la de los setenta”, la “septuaginta”, cuya milagrosa confección comentaré en otra ocasión.  En realidad las fuentes sobre la Biblioteca son escasas y la mayor  parte de autores tardíos. Tampoco tenemos especiales datos aportados por la arqueología.

    El cerebro del proyecto debió ser Demetrio de Falera, que llegó exiliado de Atenas, en donde gobernó como tirano y había sido discípulo de Aristóteles por lo que tenía la idea aristotélica de un conocimiento universal, el funcionamiento del Peripato y la biblioteca de Aristóteles como modelo;  todo ello lo trasplantó a Alejandría y lo desarrolló a lo grande con la protección real de los Ptolomeos.  Sería, pues, el primer bibliotecario.

    (Como curiosidad, diremos de este Demetrio que sus intrigas en la corte acabaron probablemente con este curioso personaje, que murió mordido por una serpiente que probablemente tal vez alguien colocó a su lado mientras dormía. Este sistema de morir por picadura de serpiente parece muy egipcio; desde luego le dio fama eterna Cleopatra, sea cierto o no el episodio de su muerte por mordedura de aspid. Nos lo cuenta Diógenes Laercio en  Libro V,78:

    Desde entonces (después de su detención)  pasó los días abatido; estando dormido le mordió una serpiente en la mano y así partió de esta vida”.

    Episodio que también recoge Cicerón en su Pro Rabidio Postumo, 23:

    Demetrio, que era llamado Falereo, procedente de la república de Atenas, que había gobernado perfectamente, noble y famoso por sus conocimientos, fue privado de la vida en este mismo reino de Egipto por un aspid que se le colocó junto a su cuerpo.

    Demetrium, qui Phalereus vocitatus est, et ex re publica Atheniensi, quam optime gesserat, et ex doctrina nobilem et clarum, in eodem isto Aegyptio regno aspide ad corpus admota vita esse privatum.

    En realidad había dos bibliotecas, la conocida como “la biblioteca real” (propiedad real; el escritor hebreo Aristeas los llama “libros regios” o “libros del rey” (Carta de Aristeas, 38)) :

    Queriendo hacer algo grato a ellos, a todos los judíos del orbe y a sus descendientes, hemos decidido traducir vuestra Ley, de la lengua que llamáis hebraica, al griego, a fin de que se halle también en nuestra biblioteca, con los otros libros reales.” (traducción de Jaume Pórtulas)

    o gran biblioteca (  μεγάλη  βιβλιοθήκη , de μέγας, megas, grande), que formaba parte del complejo del palacio y del Museo, sin edificio propio, en el barrio del Bruqión (en realidad el palacio, que era una fortaleza,  ocupaba todo el barrio)  y la biblioteca anexa al Serapeion , en el barrio de Rakhotis, que el obispo Epifanio, del siglo IV, llama   “hija” de la otra.

    Estrabón, que estuvo  en Alejandría en la segunda mitad del siglo I a.C., nos hace una descripción del Museo, aunque sin mencionar la Biblioteca como edificio exento en su Geografía, XVII,1, 8.

    “El Museo es una parte del palacio real. Está formado  por un pórtico para pasear, una exedra con asientos y una gran sala en la que los sabios que pertenecen al Museo, comen en común. Esta comunidad tiene en común la propiedad y tienen un sacerdote, que preside el Museo, que antes era nombrado por los reyes  y ahora por César (Augsuto)”.

    Estas dependencias se corresponderían con un peripatos  o espacio para pasear (del griego  περίπατος,  perépatos, paseo, de πέρι, peri , alrededor y πατεῖν, patein, caminar), que en realidad sería una avenida cubierta con cavidades para albergar las estanterías o “bibliotecas”  una exedra (del griego ἐξ ex-, de, fuera y έδρα, asiento) o espacio con asientos y un oikos (gr. οἶκος, casa, sala) o gran sala .

    Deducimos, pues, de la descripción de Estrabón, entre otros datos, que no había una sala de lectura y que los libros y volúmenes estarían en nichos en las paredes de las diversas dependencias y especialmente en el peripato, o pórtico cubierto en cuyos lados  estarían los huecos con las estanterías para los rollos  (βιβλιοθήκαι bibliothekai).

    Anexa al Serapeion (el templo de Serapis) o dentro del recinto, en el barrio llamado Rakhotis,  había otra biblioteca auxiliar u otra parte de la biblioteca fundada por Ptolomeo III. En ella había copias provenientes del Museo. El obispo Epifanio del siglo IV la llama, como decía más arriba,   a esta biblioteca “hija” de la otra  en su obra escrita en siriaco con muchas partes en griego “Pesos y Medidas”, cuyo título completo es “Tratado de San Epifanio, obispo de la ciudad de Constancia en Chipre, sobre las medidas, los pesos y los números y otras cosas que hay en las divinas Escrituras” y que en realidad es un comentario bíblico.  En el pasaje en el que narra con toda credulidad la traducción del Pentateuco al griego, la llamada de Los Setenta, dice en siriaco, en el capítulo  en 11 (53c):

    Y así las Escrituras, cuando habían sido pasadas  a la lengua griega, se colocaron en la primera biblioteca, que se había construido en el Bruchion, como ya he dicho. Y se levantó, además de esta biblioteca una  segunda en el Serapeum, llamada su hija. Y el periodo  entre  los diez Ptolomeos y la muerte de Cleopatra fue de doscientos cincuenta y nueve años.

    Y en griego con alguna variación:

    "Pero hubo más tarde también otra biblioteca en el Serapeum, más pequeño que la primera, que también fue llamado su hija, en la que se colocaron las traducciones de Aquila, Símaco, Teodoción, y el resto,  doscientos cincuenta años después."

    En ella los literatos y científicos podían proseguir sus estudios y se daban lecturas y conferencias. 
    En realidad  es, pues,  un centro internacional y cosmopolita del conocimiento de la época, en el que literatos y científicos proseguían sus estudios, daban sus conferencias, hacían sus lecturas. Por supuesto, era el centro mundial del mercado del libro, diríamos con terminología macroeconómica actual.

    El Museo de Alejandría sería en consecuencia una institución real creada a partir del modelo de la Academia de Platón y del Liceo de Aristóteles y del ideal comunitario pitagórico; de hecho el Museo lo preside un sacerdote como templo de las Musas (luego en época romana el Museo será una institución pública y el sacerdote del Museo será directamente nombrado por el emperador, como recuerda Estrabón). Recordemos que el Peripatos también tenía un Museion o templo de las Musas El Museo y la Biblioteca son lugares de encuentro de una comunidad de filósofos, científicos, estudiantes, venidos de todas partes, subvenida por el monarca y por tanto sin las preocupaciones de la subsistencia  material.  Allí acude la élite cultural del mundo para estudiar y vivir libres de preocupaciones. Algunas universidades inglesas modernas o la española Institución Libre de Enseñanza,  recuerdan a esta comunidad alejandrina. Es en resumidas cuentas, como dice Cánfora,

    una comunidad de sabios aislada del exterior, dotada con una biblioteca completa y un lugar de culto a las Musas”.

    Como ocurre siempre, también hoy, entre los miembros de cualquier comunidad, incluida la científica, son frecuentes  las naturales rivalidades, celos y disputas entre sus miembros. El cínico y satírico Timon de Filunte, por ejemplo, nos presenta a los filósofos como pájaros que se pelean entre ellos:

           En el populoso Egipto, son alimentados muchos escritorzuelos  que  garrapatean papiros mientras disputan sin cesar en la jaula de las Musas”

    Y Ateneo, en su “Banquete de los eruditos” nos lo confirma, aunque  interpretando otro su sentido, cuando dice en I, 22D:

    El autor satírico Timón de Fliunte llama en alguna parte al Museo (de Alejandría) “jaula de pájaros”, burlándose de los sabios hospedados en él, porque, como los pájaros más preciosos, son alimentados en una pajarera.

    “Se apacientan en Egipto, rico en razas, muchos eruditos armados de cálamo, que mantienen peleas infinitas en la jaula de pájaros de las Musas” . (Trad. De Lucía Rodríguez-Noriega, Ed. Gredos).

    Y quien fuera director de la Biblioteca, el gran Calímaco, autor entre otras cosas de un catálogo de obras allí existentes, nos dice que entre los miembros del Museo se daba la “envidia” y no se refería a la mera envidia científica.

    Existieron otras Bibliotecas mantenidas por el Estado en Antioquía, Rodas, Esmirna y otras capitales helenísticas, pero hubo una que rivalizó con Alejandría, la Biblioteca de  Pérgamo. Allí el rey Eumenes II, amante de las ciencias y las letras creó una gran Biblioteca que se mantuvo a pesar de la prohibición que los Tolomeos hicieron de exportar papiro de Egipto.

    Esta prohibición con la que Alejandría pretendió jugar sucio obligó a Pérgamo a perfeccionar la técnica de origen oriental de preparar las pieles de los animales como soporte de escritura. Precisamente de Pérgamo proviene la palabra pergamino, como piel generalmente de ternera, que se utilizó para escribir; la piel del animal non nato (no nacido) se llama “de vítulo” y es la de mayor calidad. (Vitela, del diminutivo vitella , de vitula, es la piel de ternera para escribir).  Este soporté revolucionó la historia del libro, dándole la forma actual de cuaderno, más duradero y más manejable.     

    Pues bien, la Biblioteca de Pérgamo fue muy importante. Según una falsa afirmación,  Marco Antonio se la regaló a Cleopatra y llevó a Egipto doscientos mil volúmenes para reponer los perdidos con ocasión de la guerra con César. Nos lo dice Plutarco en Antonio, 58, 5, pero esta afirmación parece más bien ser fruto de la propaganda que se esgrime en Roma contra Marco Antonio :

    Y Calvisio, amigo de César, añadió como crímenes de Antonio a sus amores con Cleopatra los siguientes cargos: que le había entregado y regalado la biblioteca de Pérgamo en la que había doscientos mil volúmenes simples.

    A pesar de las lagunas de las fuentes históricas, a pesar de lo poco que en realidad conocemos con exactitud, los reflejos míticos de esta grandiosa institución llegan hasta nuestros días. En Octubre del año 2002 se inauguró la moderna biblioteca de Alejandría, Bibliotheca Alexandrina,  fruto de la colaboración de la Unesco con diversos países del mundo, cuya capacidad supera los veinte millones de libros; ya tiene más de doscientos mil, lo que no es un mal comienzo, pero Egipto y toda la zona del norte de Africa y próximo Oriente,  desgraciadamente sigue hoy siendo tan inestable como en la Antigüedad.

    Pero un reflejo todavía más poderoso podemos apreciarlo en la ilusión moderna de hacer posible el acceso de todos los hombres a todo el conocimiento acumulado por la humanidad en todas las lenguas.  ¿Acaso no es esta la pretensión de enciclopedias electrónicas como la popular Wikipedia o instrumentos en los que se pretende ofrecer todos los libros existentes en todas las lenguas?  ¿Será posible esta vez?

    En cualquier cas,  todos debemos apoyar este proyecto grandiosos, porque nuestra deuda con la Alejandría antigua y su Biblioteca es impagable.

  • ¿Fue Pericles keynesiano?

    Los majestuosos edificios de la Acrópolis de Atenas, que tanta admiración han causado desde la propia Antigüedad hasta hoy, fueron construidos por atenienses en paro. El embellecimiento de Atenas se atribuye a Pericles y se citan a los grandes artistas como Ictinos, Calicrates, Fidias…

    Ciertamente  aquel grandioso programa de construcciones públicas se debió al genio político y estratégico de Pericles, pero pocos saben que fue posible porque Pericles decidió dar trabajo y ocupación a los ciudadanos atenienses que malvivían. Pericles decidió, en lo que hoy consideraríamos una política económica  "keynesiana", “socialdemócrata”, dinamizar la economía y repartir riqueza aumentando la obra pública.

    “…era muy justo que su opulencia se emplease en tales obras, que, después de hechas, le adquirieran una gloria eterna, y que dieran de comer a todos mientras se hacían, proporcionando toda especie de trabajo y una infinidad de ocupaciones,…”

    Pericles, aunque de origen aristocrático, lideró al partido demócrata, al partido del pueblo. Todo ello nos lo cuenta Plutarco al narrar su vida y como si de una crónica actual se tratase, nos enteramos de que el partido aristocrático de Cimón y Tucídides (no el historiador) acusa a Pericles de intentar ganarse la voluntad del pueblo con dádivas y regalos y en definitiva malgastando el dinero público.

    “…Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas…”

    ¡Qué moderno resulta todo esto, verdad! ¡Y qué inquietante que 2.400 años después se sigan criticando planes de mísero empleo en zonas especialmente desprotegidas con el mismo argumento: malgastar el dinero público para ganar voluntades!

    Y si Pericles no hubiera puesto en marcha su programa de lucha contra el paro, ¿existiría el Partenón,  grandioso “templo de la virgen”, que eso es lo que significa la palabra, derivada de la griega  Παρθένος, “parthenos”,  virgen,? ¿Y se hubiera construido el Odeón,  del griego Ωδείον y del latín odeum, ὠδεῖον ("odeión", lugar de canto) y este de ἀείδω ("aeido", cantar), de ᾠδή ("odé", oda, cancion), edificio para conciertos de música? ¿Y los Propileos o pórticos, de προπύλαια, de  προ “pro” y πύλιον “pylaion” — Προπυλαιον = “delante de la puerta”?  ¿Y existirían las famosas estatuas de Zeus, Venus, Atenea… mil veces copiadas y repicadas hasta llenar los museos de la culta Europa y los salones de los ricos aristócratas, ?

    Pero será mejor leer directa y extensamente el texto de Plutarco, tan actual y tan evidente que evita todo comentario, en la buena traducción que a principio del siglo XIC hizo Antonio Ranz Romanillos, nacido en Barcones (Soria) en 1759  y estudiante en Sigüenza, de interesante vida política, afrancesado y también redactor de la Constitución de Cadiz:

    Plutarco: Vida de Pericles,
    IX:
    …y otros muchos han escrito que bajo él (Pericles) fue por la primera vez seducida la plebe con repartimientos y con pagarle los espectáculos y darle jornal; con las cuales disposiciones se la acostumbró mal, y se hizo pródiga e indócil, de templada y laboriosa que antes era;…

    Con las dádivas, pues, para los teatros y para los juicios, y con otros premios y diversiones, corrompió a la muchedumbre, y se valió de su poder contra el Areópago, en el que no tenía parte…

    XII
    Lo que mayor placer y ornato produjo a Atenas, y más dinero dio que admirar a todos los demás hombres, fue el aparato de las obras públicas, siendo este sólo el que aún atestigua que la Grecia no usurpó la fama de su poder y opulencia antigua. Y, no obstante, esta disposición era, entre las de Pericles, de las que más murmuraban sus enemigos y la que más calumniaban en las juntas públicas, gritando que el pueblo perdía su crédito y era difamado, porque se traía de Delos a Atenas los caudales públicos de los griegos…

    … y puesto que la ciudad proveía abundantemente de lo necesario para la guerra, era muy justo que su opulencia se emplease en tales obras, que, después de hechas, le adquirieran una gloria eterna, y que dieran de comer a todos mientras se hacían, proporcionando toda especie de trabajo y una infinidad de ocupaciones, las cuales, despertando todas las artes, y poniendo en movimiento todas las manos, asalariaran, digámoslo así, toda la ciudad, que a un mismo tiempo se embellecería y se mantendría a sí misma.  Porque los de buena edad y robustos tomaban en los ejércitos del público erario lo que para pasarlo bien habían de menester, y respecto de la demás muchedumbre ruda y jornalera, no queriendo que dejasen de participar de aquellos fondos, ni que los percibiese descansada y ociosa, introdujo con ardor en el pueblo gran diferencia de trabajos y obras, que hubiesen de emplear muchas artes y consumir mucho tiempo, para que no menos que los que navegaban, o militaban, o estaban en guarnición, tuvieran motivo los que quedaban en casa de participar y recibir auxilio de los caudales públicos.  Porque siendo la materia prima piedra, bronce, marfil, oro, ébano, ciprés, trabajaban en ella y le daban forma los arquitectos, vaciadores, latoneros, canteros, tintoreros, orfebres, pulimentadores de marfil, pintores, bordadores y torneros; además en proveer de estas cosas y portearlas entendían los comerciantes y marineros en el mar, y en tierra, los carreteros, alquiladores, arrieros, cordeleros, lineros, tejedores, constructores de caminos y mineros; como cada arte, a la manera que cada general su ejército, tenía de la plebe su propia muchedumbre subordinada, viniendo a ser como el instrumento y cuerpo de su peculiar ministerio, a toda edad y naturaleza, para decirlo así, repartían y distribuían las ocupaciones, el bienestar y la abundancia.

    XIII
    Adelantábanse, pues, unas obras insignes en grandeza, e inimitables en su belleza y elegancia, contendiendo los artífices por excederse y aventajarse en el primor y maestría;  y con todo lo más admirable en ellas era la prontitud; porque cuando de cada una pensaban que apenas bastarían algunas edades y generaciones para que difícilmente se viese acabada, todas alcanzaron en el vigor de un solo gobierno su fin y perfección.

    Por lo mismo era mayor la admiración de que, siendo las obras de Pericles de durar largo tiempo, en tan breve se hubiesen concluido; porque cada una de ellas en la belleza al punto fue como antigua, y en la solidez, todavía es reciente y nueva:¡tanto brilla en ellas un cierto lustre que conserva su aspecto intacto por el tiempo, como si las tales obras tuviesen un aliento siempre floreciente y un espíritu exento de vejez. Todas las dirigía y de todas con Pericles era superintendente Fidias, sin embargo de que las ejecutaban los mejores arquitectos y artistas;  porque el Partenón, que era de cien pies, lo edificaron Calícrates e Ictino; el purificatorio de Eleusis empezó a construirlo Corebo…

    Los soportales (propíleos) del alcázar o ciudadela se hicieron en cinco años, siendo el arquitecto Mnesicleo
    ….
    Fidias hizo además la estatua de oro de la diosa, y en la base se lee la inscripción que le designa autor de ella.

    Nos cuenta también Plutarco cómo se propalaron todo tipo de calumnias y falsedades sobre Pericles y su familia, que en otro momento tal vez yo comente, y se lamenta de lo difícil que es encontrar la verdad. Nos dice en este mismo capítulo XIII al respecto:

    ¡Tan grande es el trabajo que le cuesta a la historia descubrir la verdad! Pues para los que vienen más tarde, el tiempo pasado se interpone, y roba el conocimiento de los hechos; y las relaciones contemporáneas de las vidas y acciones, o bien por envidia, o bien por lisonja y adulación, corrompen y desfiguran la verdad.

    Y continúa Plutarco al principio del capítulo XIV:

    Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas…

    Y así acabo yo esta larga cita referida a un dirigente ateniense  que vivió entre los años 495 a.C. y 429., es decir hace casi 2.500 años, en la primera democracia del mundo, de efímera existencia, es verdad, porque inmediatamente hubo de sufrir los ataques de la aristocracia y de los dictadores dueños de ejércitos; pero que estableció el objetivo y ejemplo a conseguir para muchos hombres  durante dos milenios, prácticamente hasta nuestros tiempos.  

    Pues bien, como Pericles no pudo conocer a Keynes, podemos preguntarnos si Keynes había leído a Plutarco y su vida de Pericles.  No conozco con suficiente detalle la biografía de Keynes, pero es muy probable que conociera este texto de Plutarco, dado que estudió en el colegio de Eton y luego en el King´s College de Cambridge a donde acudió para estudiar precisamente matemáticas y a los “clásicos”; en estos centros es esencial el conocimiento de los clásicos. Keynes además es un economista muy interesado por cuestiones filosóficas y su aportación en este campo, menos conocida, no deja de ser importante.

    Confirma esta lectura Gilles Dostaler, Professor of Economics,en las  Universidades de Quebec y  Montreal, que escribió la obra "Keynes and His Battles”. El capítulo 9, titulado “Art: Theoretician, Consumer and Patron of the Arts”,  lo dedica a algunas reflexiones filosóficas sobre la naturaleza de la belleza y ofrece  la visión de Pericles de una civilización en la que el arte es valorado por su propio bien y no como un instrumento.

    El famoso economista Stuart Mill, ciertamente ochenta años  anterior pero que influyó decisivamente en la concepción ética y moral de Keynes, comenzó a estudiar griego a los tres años y leyó a los griegos, entre ellos Plutarco, en griego.

    En todo caso, el texto es de un interés extraordinario, por su semejanza con los tiempos actuales, aunque sean grande también la diferencias: ahora no estamos construyendo ni partenones, ni odeones ni propíleos…
     

  • Número adecuado de comensales en un banquete

    Uno de los actos sociales más importantes desde la antigüedad es el banquete o symposium. Participar de los mismos alimentos en la misma mesa identifica a las personas, de acuerdo con el elemental dicho popular “de lo que se come se cría”; en un elemental ejercicio de lógica, quienes comen de lo mismo, criarán de lo mismo.

    Se trata de uno de los actos sociales más ritualizados en todo momento, aunque apenas reparemos en ello si no se trata de un banquete protocolarizado.

    Existen determinadas normas de protocolo para organizar los banquetes y distribuir los comensales en las mesas adecuadas. Las mesas pueden ser  cuadradas, rectangulares,  ovaladas, redondas, grandes o pequeñas, en función de las necesidades y de los objetivos que se pretendan.

    Un objetivo plausible es pretender que los comensales de una mesa puedan participar todos ellos de una única conversación. En algún lugar, que no recuerdo, leí que el número adecuado para ello según un manual inglés es el de ocho comensales máximo; a partir de ese número aparecen varios focos de conversación y no uno solo. La experiencia me ha demostrado que así  ocurre ciertamente.

    Curiosamente, como en tantas ocasiones, esto ya lo advirtieron los antiguos, para quienes el invitar o ser invitado a un banquete es un acto social de gran importancia.

    El famoso y erudito Ausonio, profesor del emperador Graciano, tiene un opúsculo o pequeña obra, que es lo que significa la palabra, llamado Ephemeris (Diario o,lo que es igual,ocupaciones de un día completo)

    Nota: efemérides deriva del lat. ephemerĭdes, , y este del gr. ἐφημερίς, -ίδος,( de ἐπί,  sobre, en y ἡμέρα, día), narración o comentario de los hechos de cada dia.

    Pues bien, en ese opúsculo Ausonio tiene un poemita , el número 5, que titula: La hora de la invitación, que en versión de Antonio Alvar para la editorial Gredos dice así:

    Se acerca el momento de invitar a los amigos; para no demorar la comida con ellos,  corre raudo muchacho a las casas de nuestros vecinos. Tú sabes quienes son; te quiero de vuelta antes de que termine de hablar. He invitado a cinco; en efecto,  el banaquete justo son seis, contando al anfitrión; si son más, se convierte en alboroto. Ya se ha ido; yo me quedo con Sosia.

    Ephemeris,  id est totius diei negotium
    Locus invitationis

    Tempus vocandis namque amicis adpetit;
    ne nos vel illis demoremur prandium,
    propere per aedes curre vicinas, puer.
    scis ipse, qui sint: iamque dum loquor, redi.
    5quinque advocavi; sex enim convivium
    cum rege iustum: si super, convicium est..
    abiit; relicti nos sumus cum Sosia.

    Al número de comensales se hace referencia en Historia Augusta,  Verus (Iuli Capitolini), V, 1 en donde leemos a propósito de un desmesurado banquete que ofreció Lucio Vero, coemperador con  Marco Aurelio, hijos adoptivos ambos de Antonino Pío:

    Se cuenta como  muy famoso el  banquete aquel en el que se dice que por primera vez se sentaron a la mesa  doce personas, aunque es muy conocido el dicho sobre el número de invitados : “Siete son  banquete, nueve,  tropel”.

    Et notissimum eius quidem fertur tale convivium, in quo primum duodecim accubuisse dicitur, cum sit notissimum dictum de numero convivarum : "Septem convivium, novem vero convicium;"

    A Varrón le atribuye Gelio una propuesta práctica, culta y erudita. Nos lo cuenta Gelio, XIII, 11 en sus Noches Áticas:

    Sobre qué número de convidados consideraba M. Varrón que era el justo y adecuado y sobre los postres y dulces.

    Es muy agradable uno de los libros de M.Varrón de las Sátiras Menipeas que se titula “No sabes lo nos trae el Véspero de la tarde (la noche). En el trata del número adecuado de convidados y del aspecto y características del propio banquete.Dice, pues, que el número de invitados debe comenzar en el número de las Gracias y llegar al de las Musas, es decir, partir de tres y detenerse en nueve, de tal forma que cuando son pocos no sean menos de tres y cuando son muchos no sean más de nueve.. “No conviene que sean muchos –dice-, porque  la multitud  de ordinario es turbulenta y en Roma, ciertamente, está tranquila, pero en Atenas en cambio nunca está quieta.

    Y nos sigue dando consejos para que el banquete resulte un éxito:

    Dice que el banquete depende de cuatro cosas y entonces será perfecto en todas sus condiciones si han sido invitados personajillos bien educados, si el lugar elegido es el adecuado, si lo es también el momento y si no se ha descuidado la comida. Conviene elegir  comensales que no sean ni excesivamente habladores ni mudos, porque la elocuencia debe estar en el foro y en el escaño (Senado) y el silencio en el dormitorio y no en el banquete. Considera que las conversaciones deben ocupar el tiempo no sobre cuestiones preocupantes y angustiosas, sino sobre temas agradables y placenteros, con alguna gracia y útiles por su atractivo, para que de ellos nuestro espíritu se haga un poco más feliz y divertido. Esto ciertamente se conseguirá, dice, si se habla de ese tipo de cosas que pertenecen al uso normal de la vida, de las que no es posible hablar o en el foro o cuando se está haciendo un negocio. Dijo también que el anfitrión del banquete puede no ser excesivamente espléndido pero no tacaño y que en el banquete no debe leerse todo sino elegirse más bien las cosas que sean al mismo tiempo útiles (βιωφελῆ, biophele) y diviertan.
    También da normas  acerca de los postres ( segundas mesas y como conviene que sean). Utilizó estas palabras: Los postres,dijo, más dulces son los dulces que no son; pues las golosinas (πέμμασιν,pemmasin) forman una mala sociedad con la digestión (πέψει, pepsei).Quizás alguien no comprenda por qué Varrón utilizó en este texto la palabra “bellaria”; esta palabra designa todo tipo de cosas que se sirven en los postres (segundas mesas). Pues lo que los griegos llamaron  πέμματα (pemmata, golosinas) o  τραγήματα (traguemata, caramelos), nuestros autores antiguos llamaron “bellaria”. En las comedias más antiguas encontramos que a los vinos dulces se les da este nombre y se dice que son las bellaria (golosinas) de Líbero (Baco).

    Quem M. Varro aptum iustumque esse numerum convivarum existimarit; ac de mensis secundis et de bellariis
    Lepidissimus  liber est M. Varronis ex Satiris Menippeis, qui inscribitur Nescis Quid Vesper Serus Vehat, in quo disserit de apto convivarum numero deque ipsius convivii habitu cultuque.  Dicit autem, convivarum numerum incipere oportere a Gratiarum numero et progredi ad Musarum, id est proficisci a tribus et consistere in novem, ut, cum paucissimi convivae sunt, non pauciores sint quam tres, cum plurimi, non plures quam novem. “Nam multos,” inquit, “esse non convenit, quod turba plerumque est turbulenta et Romae quidem stat,  sedet Athenis, nusquam autem cubat.
    Ipsum deinde convivium constat,” inquit, “ex rebus quattuor et tum denique omnibus suis numeris absolutum est, si belli homunculi conlecti sunt, si electus locus, si tempus lectum, si apparatus non neglectus. Nec loquaces autem,” inquit, “convivas nec mutos legere oportet, quia eloquentia in foro et aput subsellia, silentium vero non in convivio, set in cubiculo esse debet.” Sermones igitur id temporis habendos censet non super rebus anxiis aut tortuosis, sed iucundos atque invitabiles et cum quadam inlecebra et voluptate utiles, ex quibus ingenium nostrum venustius fiat et amoenius.  "Quod profecto" inquit "eveniet, si de id genus rebus ad communem vitae usum pertinentibus confabulemur, de quibus in foro atque in negotiis agendis loqui non est otium. Dominum autem" inquit "convivii esse oportet non tam lautum quam sine sordibus", et "In convivio legi non omnia debent, sed ea potissimum, quae simul sint βιωφελῆ ( biophele)  et delectent". Neque non de secundis quoque mensis, cuiusmodi esse eas oporteat, praecipit. His enim verbis utitur: "Bellaria" inquit "ea maxime sunt mellita, quae mellita non sunt; πέμμασιν ( pemmasin ) enim cum pepsei  πέψει (pepsei)   societas infida". Quod Varro hoc in loco dixit "bellaria", ne quis forte in ista voce haereat, significat id vocabulum omne mensae secundae genus. Nam quae πέμματα (pemmata)      Graeci aut τραγήματα    (tragemata) dixerunt, ea veteres nostri "bellaria" appellaverunt. Vina quoque dulciora est invenire in comoediis antiquioribus hoc nomine appellata dictaque esse ea "Liberi bellaria".

    Parece que en la antigua Roma lo más frecuente era que los comensales fueran nueve, precisamente el número de las Musas.

    Nota: Las Gracias y las Musas van frecuentemente asociadas. Las Gracias, que simbolizan el encanto, atractivo , belleza, la naturaleza, son tres hijas de Zeus y la Oceánide Eurínome (hay otras genealogías): Aglaya (la Resplandeciente), Eufrósina (Alma Bella) y Talia (La Floreciente).

    Las Musas  son nueve hijas de Zeus y la Titánide Mnemósine (la Memoria) (hay otras genealogías); todas  patrocinan y favorecen las artes y la belleza, aunque luego se las especializó en alguna de ellas: Clío (Gloriosa), de la Historia, Euterpe (Deliciosa) de la música, Talía (Floreciente)de la comedia,  Melpómene (Celebrada en cantos) de la tragedia, Terpsícore (Deliciosa  Danzante) de la danza, Érato (Adorable) de la poesía lírica, Polimnia (Cantora de himnos) de los cantos y poesía sagrada, Urania  (la Celeste) de la astronomía y ciencias y Calíope (Bella Voz) de la elocuencia y poesía épica.
     

  • Un Zeuxis moderno

    Recientemente ha celebrado el Museo Nacional del Prado una exposición de pintura titulada “Juan Fernández el Labrador. Naturalezas muertas”. Juan Fernández es un pintor del Siglo de Oro español, poco conocido, que pintó sobre todo “bodegones” . Sus obras más representativas son las pinturas de “racimos de uvas”.

    Esta especialización ha hecho recordar a los amantes de la pintura la famosa anécdota del enfrentamiento “artístico” de dos de los más famosos pintores del mundo antiguo, los griegos Zeuxis y Parrasio. Lo más adecuado es leer directamente a Plinio el Viejo, que es quien nos lo cuenta en  Historia Natural,35, 29 (o 35,36 en otras ediciones).

    Fueron contemporáneos suyos (de Zeuxis) y rivales Timanthes, Androcides, Eupompo y Parrasio. Se dice que este último concurrió a un certamen con Zeuxis, que pintó unos racimos de uvas con tal perfección que unas aves volaron hacia el dibujo; que él mismo pintó una cortina representada con tal veracidad que Zeuxis,  engolado con el juicio de los pájaros,  reclamó que se retirase la cortina y mostrase la pintura; comprendiendo su error, le concedió la victoria con ingenuo candor, porque él había engañado a los pájaros, pero Parrasio le había engañado a él que era un artista.

    Se dice que más tarde Zeuxis pintó a un niño llevando unas uvas a las que fueron volando unos pájaros y con la misma ingenuidad se mostró irritado con su obra y dijo: “he pintado mejor las uvas que al muchacho, pues si lo hubiese hecho a la perfección  los pájaros habrían tenido miedo de él.

    Aequales eius et aemuli fuere Timanthes, Androcydes, Eupompus, Parrhasius. Descendisse hic in certamen cum Zeuxide traditur et, cum ille detulisset uvas pictas tanto successu, ut in scaenam aves advolarent, ipse detulisse linteum pictum ita veritate repraesentata, ut Zeuxis alitum iudicio tumens flagitaret tandem remoto linteo ostendi picturam atque intellecto errore concederet palmam ingenuo pudore, quoniam ipse volucres fefellisset, Parrhasius autem se artificem.
    Fertur et postea Zeuxis pinxisse  puerum uvas ferentem, ad quas cum advolassent aves, eadem ingenuitate processit iratus operi et dixit: “uvas melius pinxi quam puerum, nam  si et hoc consummassem, aves timere debuerant.”

    La historia en principio parece poco creible y la segunda parte avala las dudas, pero eso no quiere decir que no podamos extraer alguna enseñanza de ella.

    En primer lugar nos informa de los gustos artísticos de los griegos en la transición entre el siglo V y el IV  a.C.

    La esencia del arte clásico es imitar, emular  la naturaleza ocultando el arte con que se había conseguido; ars est celare artem, el arte consiste en ocultar el arte, hasta el punto de que no parezca arte sino realidad; como Ovidio dice en su Metamorfosis X, 252 a propósito de la perfección de la escultura de Pigmalión:

    ars adeo latet arte sua, hasta tal punto se esconde el arte por obra del propio arte.

    Se busca sin duda la ilusión del más exacto realismo y de la más perfecta imitación de la naturaleza, hasta el punto de engañar al ojo humano, produciendo el  efecto de trompe l’oeil o trampantojo. Es lo que se intenta con la pintura de elementos arquitectónicos, ventanas, puertas, cortinas, estancias…Tal vez se deba a cierta influencia de los decorados de algunas obras de teatro.

    Curiosamente, ya entonces y hasta hoy en ese tipo de pintura de naturalezas muertas, el motivo pintado son alimentos u objetos relacionados con la comida.

    Nos informa también sobre el reconocimiento del estatus del pintor y de la pintura, reflejado en la importancia de los certámenes.

    No deja de ser también un curioso motivo de reflexión el hecho de que las pinturas de los grandes artistas antiguos como Zeuxis, Parraxio, Polignoto, fueron muy apreciadas y valoradas pero ninguna de ellas existe físicamente; las noticias que conservamos, como esta historia de la rivalidad entre Zeuxis y Parrasio que pone de manifiesto su calidad como artistas, la conocemos por un texto escrito de Plinio el Viejo. ¿Cuál sería nuestro  conocimiento de la Historia sin la palabra? Esta es la razón por la que en estos artículos utilizo tan pocas imágenes, confiando sobre todo en la fuerza evocadora de la palabra, en este caso escrita.

    Pero quizás sea esta una ocasión justificada para ofrecer una de las obras de Juan Fernández el Labrador existente en el Museo del Prado y comprobar visualmente por qué se le llamó el Zeuxis Moderno.

    Bodegón con cuatro racimos de uvas.
    Madrid, Museo Nacional del Prado.

  • Importancia de la música en el mundo griego antiguo

    La mayor parte de los términos lingüísticos empleados en la ”música” son de origen griego.

    No es la música  en Grecia una de las cuestiones que con más detalles estudie la historia del mundo antiguo, pero una simple relación de los términos de origen griego,  que hacen referencia a este mundo de los sonidos agradables al oído, nos debe poner en la pista de la importancia real que tuvo un arte siempre presente en los actos religiosos y en la vida de los ciudadanos.

    Relaciono algunos términos con la definición que de ellos nos da el “Diccionario de la Real Academia  Española”:

    Música, ((Del lat. musĭca, y éste del gr. μουσική, derivado de μοῦσαι mousai=  ninfas o diosas que inspiran la música y el resto de artes), es precisamente el primero de los términos a tener en cuenta.

    Melodía: (Del lat. melodĭa, y éste del gr. μελῳδία; μέλος = canto).Composición en que se desarrolla una idea musical, simple o compuesta, con independencia de su acompañamiento…

    Armonía: (Del lat. harmonĭa, y éste del gr. ἁρμονία = proporción, de ἁρμός, ajustamiento, combinación).Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. / Arte de formar y enlazar los acordes.

    Sinfonía: (Del lat. symphonĭa, y éste del gr. συμφωνία = conformidad, de σύμφωνος, que une su voz, acorde, unánime).Conjunto de voces, de instrumentos, o de ambas cosas, que suenan acordes a la vez./  Composición instrumental para orquesta.

    Polifonía: (Del gr. πολυφωνία, mucha voz).Conjunto de sonidos simultáneos en que cada uno expresa su idea musical, pero formando con los demás un todo armónico.

    Orquesta: (Del lat. Orquestra y éste del gr. ορχήστρα, lugar para danzar ).Grupo de músicos que interpretan obras musicales con diversos instrumentos. /  Lugar comprendido entre la escena y las lunetas o butacas, que se destina a los músicos.

    Órgano: (Del lat. orgănum, y éste del gr. ὄργανον = instrumento).Instrumento musical de viento, compuesto de muchos tubos donde se produce el sonido, unos fuelles que impulsan el aire y un teclado y varios registros ordenados para modificar el timbre de las voces.

    Coro: (Del lat. chorus, y éste del gr. χορός = baile, danza, coro).Conjunto de personas que en una ópera u otra función musical cantan simultáneamente una pieza concertada./  Conjunto de personas reunidas para cantar, regocijarse, alabar o celebrar algo./  En la dramaturgia grecolatina, conjunto de actores que recitan la parte lírica destinada a comentar la acción.

    Tono: (Del lat. tonus, y éste del gr. τόνος,  acento, tensión).Cualidad de los sonidos, dependiente de su frecuencia, que permite ordenarlos de graves a agudos. De aquí deriva también “tónico” y en música significa la primera nota de una escala musical.

    Barítono: (Del lat. barytŏnus, y éste del gr. βαρύτονος, de voz grave,de βαρύς = grave, pesado).  Voz media entre la de tenor y la de bajo y hombre que tiene esta voz.

    Diatónico: (Del lat. diatonĭcus, y éste del gr. διατονικός).  Dicho de uno de los tres géneros del sistema musical: Que procede por dos tonos y un semitono.

    Diapasón : (Del lat. diapāson, y éste del gr. διαπασῶν). Regulador de voces e instrumentos consistente en una lámina de acero doblada en forma de horquilla con pie, y que cuando se hace sonar da un “la”  fijado en 435 vibraciones por segundo.

    Rítmo: (Del lat. rhythmus, y éste del gr. ῥυθμός, de ῥεῖν, fluir). Proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente. De este deriva rítmico.

    Síncopa: (Del lat. syncŏpa, y éste del gr. συγκοπή, de συγκόπτειν, cortar, reducir). Enlace de dos sonidos iguales, de los cuales el primero se halla en el tiempo o parte débil del compás, y el segundo en el fuerte.

    Cromático: (Del lat. chromatĭcus, y éste del gr. χρωματικός; χρῶμα- en realidad significa color). Se dice de uno de los tres géneros del sistema musical, el que procede por semitonos.

    Acorde:  (Este término es latino; deriva de  accordāre, de cor, cordis, corazón, y significa estar de acuerdo ).Conjunto de tres o más sonidos diferentes combinados armónicamente.

    Desde luego, al ciudadanos griego le gustaba la música.

    Las referencias a la música son muy frecuentes en la  literatura (sobre todo en los poetas), en el  arte, en la arqueología, en obras cuyo asunto central es precisamente la música , e incluso algún documento similar a nuestras partituras. Y sin embargo el desconocimiento es enorme y la atención de los historiadores escasa. Naturalmente, los antiguos no pudieron grabar sus sonidos y la palabra escrita no es un testimonio suficiente.

    Nota: La palabra “ópera”  designa a la manifestación o espectáculo artístico más integrador existente, formado por  teatro, música, danza, plástica. La palabra deriva de la italiana “opera” y ésta de la latina “opera”, plural de “opus,-eris”, que significa obra, trabajo. Así que la “opera” designa al trabajo musical por excelencia. Su origen está en el Renacimiento que intenta recuperar el teatro y música de los antiguos. Monteverdi llama a su famoso L’Orfeo, publicado en Venecia en 1609 “Fabula in música”.

    El singular latino de “opera” es “opus”, que significa “obra, trabajo”. En música se utiliza el término para ordenar, indexar, citar las diversas obras musicales de los catálogos de los diversos autores. El término se empezó a utilizar en el siglo XVII.