Categoría: Ciencia

  • Alfa privativa, ἀ-, -ἀν; a- , -an

    Alfa privativa, ἀ-, a- privativa es un prefijo de la lengua griega con origen en el Indoeuropeo, que expresa la negación del concepto significado por el término al que se adosa. Naturalmente pasó al Latin como α prīvātīvum y de aquí al resto de lenguas romances.

    El español es una lengua hablada hoy por más de 560 millones de personas, el mayor número de ellos, más de 120 millones en México. Es la segunda lengua más hablada por nativos detrás del chino mandarín.

    En sus tres cuartas partes, es decir, en un 75% aproximadamente,  se ha formado a partir de la lengua latina, de la lengua de los romanos, que la implantaron en su imperio, al menos en la parte occidental.

    Pero en la formación del español han intervenido e intervienen otros muchos componentes: las lenguas indígenas que eran el substrato sobre el que se implantó la nueva, el euskera, el germánico (que dejó escasos restos porque los visigodos ya hablaban latín cuando llegan a Hispania), el árabe (con presencia muy importante), el hebreo, el francés, el inglés, el italiano, lenguas de América, etc.etc.

    El griego también es una lengua muy importante en la conformación del español. En primer lugar porque muchas palabras de forma latina en realidad son originariamente palabras griegas. Recordemos cómo la cultura griega empapa toda la vida romana. Véase: https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard 

    En segundo lugar porque el griego, también el latín, se han mostrado y lo siguen siendo, muy productivos a la hora de crear palabras nuevas, sobre todo en el ámbito científico y culto.

    Todo esto son cosas elementales que todo el mundo conoce, como sin duda también conoce lo que voy a sintetizar a continuación.

    Quiero mostrar cómo un simple conocimiento del significado de las preposiciones y algunos preverbios (componente de una palabra que aparece a su inicio y matiza el significado) griegos más utilizadas nos permite conocer con facilidad, o nos ayuda a ello, el significado de tecnicismos y palabras cultas de significado aparentemente abstruso. Así que haré una pequeña relación, sin ánimo de ser exhaustivo, por supuesto, sino relacionando las más comunes y algunas técnicas que sirvan de ejemplo. 

    En este caso, poco a poco completaremos la serie, daré las que comienzan por a- ,  griego ἀ- a-, o –an, gr. ἀν-  (si el término al que se une comienza por vocal), la llamada alfa privativa (primera letra del alfabeto griego). No es propiamente, una preposición, pero tanto en griego y latín como en numerosas lenguas modernas sirve para negar o indicar la falta o privación del término al que viene apuesto.

    Relaciono solamente palabras griegas, no latinas, ni tampoco otras en cuya composición interviene la a-, pero no la alfa privativa. Tiempo habrá para otros listados.

    Abiogénesisἀ-(a-) (sin) βιο-(bio-) (vida)- γένεσις (genesis) (origen, principio o proceso de formación): Generación espontánea, a partir de la materia sin vida.

    abismo y abisal: ἄ-(a-) (sin) -βυθός (byzós) fondosin fondo; perteneciente al abismo; fauna que vive en las profundidades del mar.

    Abulia : ἀ-βουλία (a-boulia), de  βουλὴ (boule) (voluntad) y éste de βούλομαι (boulomai) (querer): sin voluntad; indolente, desinterés, sin interés.

    Acefalia y acéfaloἀ -κεφαλῇ (a-kefale) (cabeza), ἀ-κέφαλος (aképhalos): Sin cabeza

    Acinesiaἀκινησία (akinēsía); de κίνησις (kinesis), movimiento, y esta de κiνέο (kineo), moverse: inmovilidad, sin movimiento, parálisis.

    Acracia y ácrata: ἀκρατία (akratía ) (intemperancia), de ἀ-κράτος (a-kratos) (poder, autoridad)  Doctrina que propugna la supresión de toda autoridad; Perteneciente o relativo a la acracia. Partidario de la acracia. 

    Acromía y Acromático: χρῶμα, -ατος (croma,-atos) (color): sin color.

    Afasia: ἀφασία (aphasía), de ἀ- φημί (femi, phemi) (hablar): imposibilidad de hablar, pérdida del habla.

    Afonía, Afónico, áfono: ἀφωνία (aphōnía),de φωνή (phoné) (sonido). Falta de voz; sin voz.

    Agenesia: ἀγενησία (agenēsía), de α- γένος (a-genos) (origen, nacimiento, raza,formación): cualidad de increado, cualidad de ingénito; imposibilidad de engendrar.

    Agerasia: ἀγηρασία (agērasía), de α-γῆρας (a-geras)(vejez)Vejez exenta de los achaques propios de esta edad.

    Agnosis, agnóstico y agnosticismo : αγνῶσις  (agnôsis)de α-γνῶσις (conocimiento). αγνωμαζει (agnōstikós) de α-γνωστικός (relativo al conocimiento), de γιγνώσκω (ginnosko) (conocer). Incapacidad de reconocer los objetos por medio de los sentidos.  Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia. o de los sentidos.

    Alexia: ἀ- (a-)' y λέξις (léxis)('habla, dicción), de λέγω (lego) (decir, expresar,lerr): Imposibilidad de leer causada por una lesión del cerebro o comprender las ideas expresadas con palabras escritas.

    Amazona: Αμαζών (Amazṓn). Su etimología no es absolutamente clara, pero popularmente se le ha hecho derivar de α (a-) y μαζός (mazós) (pecho), porque se decía que estas guerreras se amputaban o quemaban el pecho derecho para disparar mejor el arco. Mas científicamente se ha propuesto que el nombre deriva del nombre de una tribu iraní llamada *ha-mazan, los guerreros".

    Marco Juniano Justino o Justino Frontino recoge la fantástica versión en sus  "Historiae Phillippicae ex Trogo Pompeio", Liber II, 4:

    Las jóvenes se ejercitaban en las armas, equitación y caza y quemaban el pecho derecho de las niñas para que no fueran un obstáculo para arrojar flechas;  y por eso se les llama Amazonas.

    "Virgines (…) armis, equis, venationibus exercebant, inustis infantum dexterioribus mammis, ne sagittarum iactus impediantur; unde dictae Amazones."

    Ambrosía: ἀμβροσία ambrosía,  de α- αν- ἄμ-βροτος ám brotos 'in-mortal', no humano, 'divino. Bebida constituida entre otras cosas por miel ´propia de los dioses porque confería a inmortalidad.

    Amenorreaἀ- a-, μήν, μηνός mḗn, mēnós ('mes) y -ρροια -rroia '-rroia', de ῥέω reo: correr, fluir. Ausencia de flujo menstrual.

    Analfabeto: ἀναλφάβητος analphábētos, de ἀν-ἄλφα  βέτα alfa, beta (primeras letras del alfabeto griego) :Que no sabe leer ni escribir.

    Analgesia, Analgésico: ἀναλγησία analgēsía, ἂν-ἄλγος an-algos, dolor. Falta o disminución de las sensaciones dolorosas; insensibilidad. 

    Anarquía, anarquismo, anarquista: ἀναρχία anarchía, de ἂν-, an-, ἄρχω, archo, mandar, ἀρχὴ, arché, origen,mando, poder: falta de gobierno, Doctrina que propugna la supresión del Estado y la eliminación de todo poder que constriña la libertad individual.

    Anemia: ἀναιμία anaimía, de ἂν-, an-,  αἷμα, aima, sangre: carencia de sangre

    Anerosia: ἂν-,an-, ἔρως, eros, amor: falta de amor.

    Anestesia y anestésico: ἀναισθησία anaisthēsía, ἀν-, an-, αἰσθήσεις, theseis, sensación, percepción, de αἰσθάνομαι, aisthanomai, percibir: insensibilidad, sin sensibilidad.

    Anhidro: ἄνυδρος ánydros, de ἀν-, an,  ὕδωρ, hidor, agua : que no tiene agua.

    Anhídrido: ἄνυδρος ánydros, de ἀν-, an,  ὕδωρ, hidor, agua, εἶδος, eidos, aspecto: cuerpo resultante de la combinación de oxígeno y un elemento no metálico que al reaccionar con el agua da un ácido.

    Anhidrosis ἀνίδρωσις anídrōsis, de ἀν-, an-, ἱδρόω, hidroo, sudar, de ἱδρώς, hidrós, sudor: sin sudor, disminución del sudor.

    Anhipniaἀν-, an,  ὕπνος, hipnos, sueño,:  falta de sueño.

    Anodinia y anodino: ἀνωδυνία anōdynía, ἀνώδυνος, anodinos, de ἀν- ὀδύνη, odyne, dolor; de ὀδυνἀω, odynao, causar dolor. Falta de dolor. 

    Anomalía: ἀνωμαλία anōmalía,  de  ἀν-ὁμαλὸς, omalós, igual.Desviación o discrepancia de una regla o de un uso, irregular, extraño.

    Anomia: ἀνομία anomía. de ἀ-νόμος, nomos, uso, costumbre, leyAusencia de ley.

    Anónimo: ἀνώνυμος anṓnymos, de ἀν-ὄνομα, ónoma: De nombre desconocido o que se oculta; sin nombre.

    Anopsia y anopia: ἀνοψίη anopsíē , de ἀν- (an-), ὄψις (opsis) vista: Ceguera,sin vista .

    Anorexia: ἀνορεξία anorexia, de  ἀν-ὄρεξίς, orexis, apetito, de ὀρέγω, orego, desear,tender: inapetencia, falta de apetito.

    Anuria: anuria, ἀν- οὖρον, ouron, orina, de ουρέω, oureo, orinarCesación total de la secreción urinaria.

    Aoristo: ἀόριστος aoristos, de a- ὁριστός, determinado, definido, de ὁρίζω, oridso, limitar, delimitar: indefinido.

    Apatía y apático: de ἀ-πάθος, pathos, pasión, sensación,: impasible de ánimo, sin pasiones, indolencia, falta de vigor o energía.

    Apátrida: ἄπατρις, -ιδος ápatris, -idos, ἀ-πατρίς, patris, patriaQue carece de nacionalidad.

    Apneade  ἄπνοια ápnoia, ἀ-πνοια, pnoia, respiración, de πνέω, pneo, respirar: Falta o suspensión de la respiración. Ahogo.

    Áptero: ἄπτερος ápteros, de ἄ-πτερὸν, pteron, ala, pluma Que carece de alas. Insecto ápteroDicho de un edificio, especialmente de un templo clásico: Que carece de columnas en sus fachadas laterales.

    Arritmia: ἀρρυθμία arrythmía, de ἀ-ῥυθμός, rythmos, ritmo, regularidad.: Irregularidad y desigualdad en las contracciones del corazón.

    Asepsia y aséptico: de  ἀ-σῆψίς sepsis, putrefacción, de σήπω, podrir, pudrirAusencia de materia séptica, estado libre de infección; conjunto de procedimientos científicos destinados a preservar de gérmenes infecciosos el organismo, aplicados principalmente a la esterilización del material quirúrgico.

    Asfixiaἀσφυξία asphyxía, de ἄσφυκτος ásphyktos, de σφύξις, pulsación, palpitación.: Suspensión o dificultad en la respiración.

    Asimetría y asimétrico: ἀσυμμετρία asymmetría, de ἀ-συν, sin, con, junto a, μέτρον, metron, medida: sin medida; falta de simetría.

    Asíndetonἀσύνδετον asýndeton; de ἀ-συν, sin, con, junto a,  δέω, deo, atar, συνδέω, unir: propiamente desligado; figura gramatical que consiste en suprimir las conjunciones. Sin conjunciones. Omisión de las conjunciones en un texto para dar viveza o energía a aquello que se expresa, como en la famosa frase de César “llegué, vi, vencí”, veni, vidi, vici.

    Nota: la famosa frase la refieren Plutarco en César, 50,3  y en Moralia, 206e  y Suetonio Vida de Julio César, 37

    Asintómatico: ἀ-σύμ-πτωμα sýmptōma, de ἀ- (sin)- σύν-, con, πίπτειν, caer, incidir,: sin  coincidencia:  Sin síntoma, es decir, sin manifestación reveladora de una enfermedad o sin señal o indicio de algo que está sucediendo o va a suceder.

    Asíntota: [γραμμή] ἀσύμπτωτος [grammḗ] asýmptōtos, de de ἀ- (sin)- σύν-, con, πίπτειν, piptein, o πίπτω, pipto, caer, incidir: [línea] que no coincide. En geometría.  Línea recta que, prolongada indefinidamente, se acerca de continuo a una curva, sin llegar nunca a encontrarla.

    Astatoἄστατον ástaton, , de α’- στα- de τι’θημι, poner, colocar: inestable: Elemento químico radiactivo, de número atómico. 85, obtenido artificialmente, de propiedades químicas similares a las del yodo y cuyos isótopos son inestables

    Astenia: ἀσθένεια asthéneia, de   ἀ-σθένος, fuerza,: sin fuerza, debilidad.

    Astigmatismo:   ἀ-στίγμα, -ατος stígma, -atos ,punto, pinta, e –ismo: Defecto de visión debido a una curvatura irregular de la superficie de la córnea y el cristalino.  En óptica,  defecto de un sistema óptico que reproduce un punto como una pequeña área difusa.

    Atanasia: ἀθανασία athanasía , de  ἀ-θάνατος , muerte,: sin muerte, inmortalidad. Nombre propio.

    Ataraxia: ἀταραξία ataraxia, de ἀ-ταράσσω, tarasso, agitar, turbarimperturbabilidad, serenidad.

    Ataxia: ἀταξία ataxía, de ἀ- ταξις , tasis, orden: En medicina, desorden, irregularidad, perturbación de las funciones del sistema nervioso; imposibilidad de regir ordenadamente los órganos locomotores.

    Ateísmo, ateode ἄ-θεος á-theos, θεὸς, theos, dios: negación de la existencia de cualquier dios.

    Atérmico: ἄ- θέρμη, thérmē, calor e ‒ico: sin calor, que no deja pasar el calor.

    Atípicoτύπος, de ἀ- τύπος, tipos, figura, modelo, imagen: Que por sus caracteres se aparta de los modelos representativos o de los tipos conocidos.

    átomo, atómico: ἄτομον átomon, de ἄ- τομος átomos, de τομὴ, tomé, corte : sin corfte, que no se puede cortar, indivisible.

    atonía, atonoἀτονία atonía, de τόνος, tonos, cuerda, tensión, acento, de  τείνειν , teínein, estirar, ceder : Falta de energía, vigor o fuerza. Atonía mental.  Falta de tono y de vigor, o debilidad de los tejidos orgánicos, particularmente de los contráctiles.

    Atrofia: ἀτροφία atrophía, τροφὴ, nutrición: desnutrición, falta de desarrollo de un órgano..

  • Abejas, animales divinos (Petronio, 56)

    El trigo, el aceite, el vino, la leche (frecuentemente en forma de queso) y la miel son sin duda los alimentos más característicos en el mundo mediterráneo. La miel es aprovechada por el hombre desde la más lejana prehistoria.

    ¿Quién no tiene grabada en su retina la escena de la recolección de miel en la Cueva de la araña de Bicorp (Valencia) de los años 8.000-6.000 a.C.?

    La verdad es que las abejas y sus colmenas siempre han sido un asunto que ha maravillado a los hombres.  Muestro otra fotografía de una extraordinaria joya de la antigua Creta en la que dos abejas están libando el polen de una flor.

    Joya de la necrópolis de Krissolakkos, Maílla (Creta).

    Son numerosos los autores griegos y luego romanos que a la miel se refieren por dos razones distintas: piénsese primero que los antiguos no conocían la azúcar y por lo tanto la miel es el edulcorante que utilizan y en segundo lugar la observación de la organización y laboriosidad de las abejas en la colmena les inducen a establecer fructíferas comparaciones con la sociedad de los hombres. Es un tópico bien recurrente  que la colmena es una sociedad perfecta digna de imitación y así los hombres aprendieron muchas cosas de ellas.

    Aparece ya citada en Homero y Hesiodo y regulada la actividad por Solón y sus leyes y luego son innumerables los poetas y filósofos que centran su atención en las abejas y en la miel. Pero además al ser la abeja un animal cuya actividad se puede canalizar y su producto aprovechar económicamente también son numerosos los autores técnicos y científicos que escriben tratados generales de agricultura o más específicos de apicultura.

    Nota: apicultura, del latín apis, abeja y cultura, cultivo, cría, es el arte de criar abejas

    A las abejas dedica Aristóteles los libros V, capítulos 18 y 19 y varias referencias en libro IX de su Historia Animalium. También el Pseudo Aristóteles trata el tema en su Mirabilium Auscultationes (Περὶ θαυμασίων ἀκουσμάτων). Tratados de aplicultura escribieron  Teofrastro, Demócrito, Aristómaco de Solos ( y su Melisurgica,) Nicandro de Colofón, Filisco de Taso.

    En el mundo cartaginés Magón escribió un tratado general de  Agricultura frecuentemente citado por autores griegos y latinos,  que también se refiere a las abejas.

    En el mundo latino Virgilio, amén de referirse con frecuencia en sus Bucólica, dedicó el libro IV de sus  Geórgicas al mundo de las abejas; Plinio en su Naturalis Historia dedica varios capítulos del libro XI y numerosas referencias en su obra, por ejemplo en el libro  XX dedicado a los remedios de las plantas de jardín y en el XXI dedicado a las flores;  Varrón y su De re rustica; Columela y su De re rustica; Ovidio en las Metamorfosis; Eliano en Natura Animalium; Igino y Celso en sus  tratados de medicinaPetronio en el Satiricon; Marcial en sus Epigramas, Apicio en su De re coqinaria o libro de cocina. Etc.etc. 

    Petronio las llamó “animales divinos”:

    Petronio, Satiricón, 56:

    A las abejas a fe que yo las considero animales divinos, porque vomitan la miel, aunque se diga que la traen de Júpiter. Y pican porque dondequiera que hay algo dulce, allí también se encuentra algo picante. (Traducción de Manuel C.Diaz  y Diaz. Edit.Alma Mater)

    Apes enim ego divinas bestias puto, quae mel vomunt, etiam si diuntur illud a Iove afferrre. Ideo autem pungunt, quia ubicunque dulce est, ibi et acidum invenies.

    La miel se utilizó en la Antigüedad en ceremonias religiosas porque está en relación con numerosos dioses y diosas y aparece en numerosos mitos; y sobre todo en alimentación para confeccionar pasteles y platos exquisitos; con ella se endulzaba el vino para producir el famoso “mulsum” o mosto dulce y se fabricaba  el el “hidromiel” o agua de miel (del griego hidro, agua y miel) . Pero también se utilizaba en medicina y farmacología como medicamento y en perfumería  y hasta para limpiar las joyas o dar una textura especial a los tejidos.

    Si hoy la más famosa en el mundo, al menos en España, es la “miel de la Alcarria”, en la Antigüedad la más valorada fue la “miel del Atica”, pero se producía en muchas partes del Imperio, desde Germania hasta Africa y en torno a ella se generó una importante industria y actividad económica. Todo ello merece un artículo especial.

    Marco Terencio Varrón (116-27 a. C. ), al que consideraban “el más sabio de los romanos”, escribió muchas obras sobre los temas más diversos; conservamos el título de 55 de ellas y tan sólo una completa, precisamente sobre “agricultura”. Su “De re rustica” o “Rerum rusticarum libri III”, esdecir “Sobre las cosas del campo”. De su obra “De lingua latina”, Sobre la lengua Latina, se conserva buena parte y del resto escasos fragmentos. En su obra de agricultura dedica parte del libro III a tratar de las abejas.

    Pues bien, existe un ácaro muy dañino para las abejas, la varroa, que produce la enfermedad llamada “varroasis” que acaba con las colmenas. A.C. Oudemans describió en 1904 el ácaro que Edward Jacobson había descubierto en Java en Indonesia. A la hora de ponerle el nombre científico, indicando el género y la especie, le llamó “varroa iacobsoni”. Jacobson dio nombre a la especie, pero para el género Oudemans se acordó de Varrón y su tratado de agricultura y de él tomó el nombre de “varroa”.

    Voy a reproducir tan sólo el texto de Varrón, aunque no es el más completo de los antiguos, por la razón aducida de que da el nombre al perjudicial ácaro. En concreto reproduzco todo el capítulo 16 del libro tercero, que dedica a las abejas. Dejo para otra ocasión los textos de los otros autores citados anteriormente que también se refieren al mundo de las abejas:

    Varrón , Sobre la Agricultrua, III,16

     Las abejas.

    Dijo Apio, “así pues nos queda el acto tercero acerca de la cría de ganado en la granja, el de la cría de peces. ¿Por qué el tercero?, dijo Axio. ¿Acaso porque tu no estabas acostumbrado en tu juventud en tu casa a beber mulso (vino dulce) por ahorro, hemos nosotros de despreciar la miel? Y apio nos dijo, “Tiene razón”.

    “Ahora bien, cuando  me quedé abandonado y pobre con dos hermanos y dos hermanos, y una de ellas se la di a Lúculo sin dote, tan pronto  éste me cedió una heredad, inmediatamente comencé yo mismo a beber mulso en mi casa, cuando entonces casi siempre diariamente de ninguna manera  se daba a todo el mundo  en los banquetes mulso. 

    Además es un asunto mío * y no tuyo el conocer a estos animales voladores, a quienes la naturaleza les ha concedido tanto ingenio y arte. Y así para que sepas que yo las conozco mejor que tú, escucha acerca de su increíble arte natural. Merula, como ha hecho en todo, te mostrará lo que los colmeneros suelen hacer.

    * Porque el nombre Apio es el de la abeja “apis”.

    En primer lugar  las abejas nacen en parte de las abejas y en parte del cuerpo corrompido de un buey.  Y por eso Arquelao en sus epigrmas dice que ellas son “las hijas itinerantes de una vaca muerta” (βοὸς φθιμένης πεπλανημένα τέκνα,). Y así mismo que  “las avispas se engendran en caballos, pero las abejas en terneras”  (ἵππων μὲν σφῆκες γενεά, μόσχων δὲ μέλισσαι.). Las abejas no son de naturaleza solitaria, como las águilas, sino como los hombres.Porque aunque los grajos también actúan así, sin embargo no es lo mismo, porque aquí hay una comunidad de trabajo y de edificios, que allí no hay; aquí hay razón y arte; de ellas aprenden (los hombres) a trabajar, de ellas a edificar, de ellas a guardar los alimentos. 

    Tres cosas pues son propias de estas: el alimento, la casa y el trabajo; y el alimento no es lo mismo que la cera,  ni que la miel, ni que la casa. ¿Acaso la celda en el panal no tiene seis ángulos, tantos como patas tiene la propia abeja? Porque los geómetras demuestran que el hexágono se construye en una circunferencia de modo que se incluye la mayor parte del espacio. Se alimentan fuera, pero hacen dentro el trabajo, que como es muy dulce, es agradable a los dioses y a los hombres, porque el panal llega hasta los altares y la miel se ofrece al principio del banquete y a los postres (en la segunda mesa).

    Sus ciudades son como las de los hombres, porque aquí hay un rey* y una autoridad y una sociedad. Persiguen todas las cosas limpias. Y así ninguna de ellas se posa en un lugar sucio o allí donde huela mal, ni tampoco en el que huela a buenos perfumes. Y así a quien se les acerca perfumado lo pican, no lo lamen como las moscas, porque nadie ve a estas (las abejas), a diferencia de aquellas, en la carne o en la sangre o en la grasa. Y por tanto sólo se posan en aquellas cosas cuyo sabor es dulce.

    * Creían los antiguos que la reina era un rey, engañados sin duda por el aguijón. Hasta el siglo XVII no se comprobó que el rey en realidad era reina.

    De ninguna manera es perjudicial porque no estropea la obra de nadie picoteándola, ni es vaga de manera que no se resista a quien intenta perturbarla; y sin embargo no desconoce su debilidad. Con toda razón se dice que son las aves de las Musas, porque, si alguna vez están desplegadas, también con címbalos y palmadas se las conduce rápidamente a un solo lugar;  y así como a estas deidades los hombres les atribuyeron el Helicón y el Olimpo, así la naturaleza a atribuido a estas (las abejas) los montes con flores y sin cultivar.

    Siguen a su rey a donde vaya, y lo ayudan si está cansado y si no puede volar lo llevan a cuestas, porque quieren salvarlo. Ellas mismas son muy trabajadoras y odian a las perezosas. Y así persiguiéndolos constantemente echan lejos de ellas a los zánganos, porque éstos además de que no ayudan, consumen miel; y a estos aunque sean muchos metiendo ruido las persiguen incluso unas pocas. Por fuera de la entrada de la colmena lo tapan todo por donde pasa el aire entre los panales, lo que los griegos llaman eritace.*

    *  El eritace o erizake lo define Aristóteles en su Historia Animalium, 9, 40 como “pan de abejas” pero en realidad tal vez sea el propóleo, dada su función de taponar las entradas de aire a la colmena.

    Todas viven como en el ejército y duermen y trabajan alternándose por igual y cuando envían fuera colonias, sus jefes les dan ordenes con la voz a imitación de la trompeta. Esto lo hacen también cuando se transmiten entre sí señales de paz o de guerra. Pero, Merula, para que nuestro Axio no se desmejore mientras oye estas cosas de la naturaleza, como no he dicho nada de su beneficio, te entrego ahora la antorcha de la carrera.

    Merula dijo, “Sobre su beneficio, esto es lo que digo, que quizás para ti, Axio, sea suficiente; en esto tengo como autoridad no sólo a Seyo, que tiene alquiladas sus colmenas por cinco mil libras de miel cada año, sino también a nuestro querido Varrón, a quien oí decir que había tenido dos soldados en Hispania, a los ricos hermanos Veyanio, de la región de Falisco, que habiéndoles dejado su padre una pequeña granja y un pequeño campo no mayor que una yugada, hicieron colmenas alrededor de toda la granja y tuvieron un huerto y plantaron en el resto tomillo y codeso y toronjil, a lo que unos llaman melifilon, otros melisofilon y algunos melitena.

    Que estos estaban acostumbrados a recibir nunca menos de diez mil sestercios de miel, para actuar con equilibrio, diciendo que preferían esperar a encontrar un comprador a su tiempo antes que a destiempo con más prisa”. Dijo también, “ dime pues dónde y de qué modo me conviene hacer una colmena para recoger grandes beneficios”.

    Y él (dice) “conviene hacer las melitonas, que otros llaman melitrofia, y otros a la misma cosa colmenas (melaria) de esta manera. En primer lugar el mejor es junto a la casa, en donde no resuenen los ecos (pues se cree que este sonido es la señal para la huida de estas), conviene que este en un ambiente templado, no ardiente en verano y soleado en invierno, de forma que mire sobre todo a oriente en invierno, y que tenga cerca lugares en los que el pasto sea abundante y el agua limpia.

    Si no hay alimento natural, conviene que el dueño siembre aquellas cosas que sobre todo buscan las abejas. Estas cosas son rosas, serpol, toronjil, amapolas, habas, lentejas, guisantes, albahaca, gladiolos, alfalfa, pero sobre todo codeso, que es muy útil para las menos fuertes. Y además comienza a florecer desde el equinoccio de primavera y dura hasta el otro equinoccio.

    Pero así como éste (el codeso) es muy adecuado para la salud de las abejas, para la miel lo es el tomillo. Y por esto la palma se la lleva la miel de Sicilia, porque allí es abundante el buen tomillo. Y así algunos machacan el tomillo en el mortero y lo diluyen en agua templada; con el rocían todos los planteles sembrados para las abejas.

    Por lo que se refiere al lugar, el más adecuado de elegir es junto a la casa; algunos también colocan la colmena en el pórtico de la casa, para que esté más segura. En donde estén, unos las hacen redondas con mimbres, otros de madera y corteza, otros de un árbol hueco, otros de barro; otros también cuadradas, con cañas,  de unos tres pies de longitud y anchas de un pie, pero de tal forma que las apretujen cuando sean pocas las que las rellenan, para que no se desanimen en un lugar grande vacío. Todas estas se llaman “alvi” (estómagos o vientres)* por el alimento de miel, y parece que las hacen estrechas en la mitad para imitar la figura de ellas (las abejas)

    * nota: alvus tal vez derive de alo, que significa alimentarse, como alimonio

    Untan ñas de mimbres con estiércol de vaca por dentro y por fuera, para que no se espanten por su aspereza y colocan los vientres (colmenas) en los salientes de la pared, de forma que ni se muevan ni se toquen entre sí cuando se ponen en fila. Y así interpuesto un espacio se coloca por debajo una segunda y una tercera fila, y dicen que conviene más quitar de aquí una cuarta fila que añadirla. En la mitad del vientre, por donde entran las abejas, hacen pequeños agujeros a derecha y a izquierda.

    En el extremo colocan unas tapaderas por donde los meleros puedan sacar  el panal. Las mejores colmenas se hacen de corteza, las peores de barro, porque las abejas son afectadas fuertemente por el frío del invierno y también por el calor del verano. En primavera y en verano el melero debe inspeccionarlas aproximadamente tres veces al mes fumigándolas suavemente y limpiar el vientre de la suciedad y echar fuera los gusanos.

    Que esté además atento para que no haya muchos reyes;  pues se hacen inútiles por las peleas. Y algunos dicen, que como hay tres tipos de jefes en las abejas, negro, rojo y de varios colores, o dos, como escribió Menecrates, el negro y el de varios colores, que es el mejor, le convendrá al melero matar al negro cuando haya dos en el mismo vientre y coincida con el otro, porque es conflictivo y arruina el vientre, porque huye o es puesto en fuga con el enjambre.

    De las restantes abejas la mejor es la pequeña, de varios colores y redonda. El que es llamado por unos ladrón y por otros zángano, es negro y de vientre ancho. La avispa, que tiene semejanza con la abeja, no es socia de trabajo y además suele hacer daño con su mordisco, y las abejas la apartan de ellas. Estas (las abejas) se diferencian entre sí, porque las hay  salvajes y domésticas. Ahora bien, llamo salvajes a las que pastan en lugares silvestres, y domésticas las que lo hacen en cultivados. Las salvajes son más pequeñas de tamaño y peludas, pero más trabajadoras.

    Al comprarlas conviene que el comprador vea si están sanas o están enfermas.

    Hay señales de salud si en el enjambre son abundantes y brillantes y si la obra que hacen es uniforme y lisa. Hay señales de menos sanas si son peludas y ásperas, como polvorienta, a no ser que el tiempo del trabajo les urja, pues entonces se ponen ásperas y se debilitan por el esfuerzo.

    Si han de ser trasladadas a otro lugar, conviene hacerlo con todo cuidado, estudiando el momento en el que es mejor hacerlo y buscando el lugar idóneo al que llevarlas.: el momento, mejor en primavera que en invierno, porque en invierno se acostumbran con dificultad a permanecer allí a donde las has trasladado y por eso muchas veces huyen. Si las trasladas de un buen lugar a ogro en donde no hay pasto adecuado, se dan a la fuga. Y si las llevas de un vientre (colmena) a otro en el mismo lugar, lo has de hacer con todo cuidado.

    Pero la colmena a la que han de pasar la debes frotar con toronjil, porque esto es un atractivo para ellas, y se deben poner panales de miel dentro no lejos de las entradas, para que cuando se den cuenta de que no hay escasez….. dice que tuvo. Este dice que cuando las abejas están enfermas por los primeros pastos de primavera, que hacen de las flores del almendro griego y del cornejo, tienen diarrea y han de recuperarse bebiendo orina.
    Se llama propóleos a aquello de lo que hacen una protección en las aberturas de la  entrada en la parte delantera de la colmena sobre todo en verano. Esta misma cosa incluso con el mismo nombre lo usan los médicos en sus emplastos, por lo que también se vende en la Vía Sacra más caro que la miel. Se llama “eritace” a la cosa con la que se pegan los extremos de los panes entre sí, y es otra cosa distinta de la miel y del propóleos; y dicen que en esto está la fuerza de la atracción. Por eso, allí donde quieren asentar el enjambre, untan una rama o alguna ota cosa con este (eritace) mezclado con toronjil.

    El panal es lo que modelan de cera con muchas celdas, teniendo cada una de las celdas seis lados, tantos como patas dio la naturaleza a cada una. Se dice que las cosas que traen para hacer sus cuatro cosas, propóleos, eritace, panal y miel no las cogen de las mismas cosas. De una cosa, del manzano púnico (granado) y del espárrago, cogen sólo alimento; del olivo la cera, del higo la miel, pero no la buena.

    Que  de las habas, el toronjil, la calabaza y la col, sacan dos materias, la cera y el alimento; y también del mismo modo doble materia, el alimento y la miel, es lo que se hace del manzano y del peral silvestre; y asimismo dos, aunque distintas, cera y miel, lo que se hace de la amapola. También que tres materias, alimento, miel y cera, se hacen del almendro (nogal griego) y del jaramago. Que asimismo se aprovechan de otras flores, de tal forma que cogen unas cosas para una sola materia y otras para varias.

    Y también siguen otra diferenciación en lo que cogen o la diferenciación las sigue a ellas, como en la miel, porque de una cosa hacen miel líquida, como de la flor de chirivía, de otra, por el contrario, espesa, como del romero; y así de otras cosas, como miel poco suave del higo, buena del codeso y la mejor  del tomillo.

    Como quiera que la bebida es parte de la alimentación y para ellas es el agua clara, conviene que tengan donde beber y que esté cerca, y que corra o que desemboque en algún lago, de tal forma que no sobrepase los dos o tres dedos de profundidad; en esta agua se arrojan ladrillos o piedras, de tal forma que sobresalgan un poco, en donde puedan posarse y beber. En lo que se ha de tener especial cuidado es en que el agua sea limpia, porque esto es lo que más aprovecha a una buena melificación.

    Como no todo tiempo permite que se vayan lejos a pastar, se les ha de preparar alimento para que no se vean obligadas a vivir sólo de miel o a abandonar muertas de hambre sus colmenas. En consecuencia, se cuecen aproximadamente diez medidas (libras) de higos gordos en seis congios de agua y una vez cocidos se ponen cerca en forma de albondiguillas. Otros procuran que haya cerca agua duce (hidromiel) en pequeños vasos, en los que ponen lana limpia de la que puedan chupar y al mismo tiempo ni se llenen con una excesiva bebida ni se caiga al agua. Se pone un vaso para cada colmena y este se rellena. Otros, una vez  que han molido uvas pasas e  higos, le echan arrope (vino reducido a la mitad) y colocan albondiguillas hechas de ello allí a donde puedan salir en invierno a pastar.

    Cuando va a salir el enjambre, lo que suele ocurrir cuando hay muchos descendientes que han crecido prósperamente y quieren enviar a  la descendencia como colonia, como en otro tiempo hicieron con frecuencia los Sabinos por la abundancia de hijos, se sabe  suelen anteceder dos señales de esto: uno que en los días anteriores, sobre todo por la tarde muchas cuelgan unas de otras ante la puerta  aglomeradas como las uvas.
    Otra, porque cuando ya están a punto de volar o incluso han comenzado, resuenan con fuerza unas con otras, como hacen los soldados cuando levantan el campamento.  Las que han salido primero revolotean a la vista de las otras, que todavía no se han agrupado, esperando a que se reunan. Cuando el melero se ha dado cuenta de que han hecho esto, las asustan echándoles polvo y metiendo ruido con el bronce.

    Untan con eritace y toronjil y con las otras cosas que les gustan el lugar a donde quieren llevarlas, no lejos de allí. Allí donde las colocan, llevan una colmena untada por dentro con las mismas sustancias atrayentes y colocada cerca, les obligan a entrar rodeándolas con un ligero humo. Cuando éstas  han entrado en la nueva colonia, permanecen tan a gusto que incluso si la pusieras próxima a la colmena de la que salieron, estarían sin embargo más contentas en su nuevo domicilio.

    De lo que se refiere al pasto creo que ya he hablado, y ahora hablaré de la causa por la que se las cuida, es decir, del beneficio. La señal para extraer los panales se saca de ellas mismas…* si hacen dentro un zumbido, y si tiemblan cuando entran y salen y si cuando se levanta la tapa de las colmenas aparecen las aperturas de los panales cubiertos con membranas porque están rellenos de miel.

    * texto corrompido

    Algunos dicen que al extraer la miel conviene quitar nueve partes y dejar la décima; porque si extraes todo, ocurrirá que se marcharán. Otros dejan más de esto que he dicho. Así como en las tierras aradas los que hacen cosechas anuales, recogen más trigo de los barbechos, así en las colmenas, si no extraes todos los años o no igualmente mucho, también tendrás abejas más trabajadoras y más fructíferas.

    Algunos dicen que al extraer la miel conviene quitar nueve partes y dejar la décima; porque si extraes todo, ocurrirá que se marcharán. Otros dejan más de esto que he dicho. Así como en las tierras aradas los que hacen cosechas anuales, recogen más trigo de los barbechos, así en las colmenas, si no extraes todos los años o no igualmente mucho, también tendrás abejas más trabajadoras y más fructíferas.

    Se piensa que el primer momento para extraer los panales es el de la salida de las Pléyades; el segundo pasado el verano, antes de que salga completo Arturo; el tercero después del ocaso de las Pléyades, y así, si la colmena está llena, que no se extraiga más de la tercera parte de la miel, y lo restante se deje para la invernada;  pero si la colmena no está cargada, que no se extraiga nada. Cuando la extracción es mayor, no conviene hacerla ni completa ni a la vista, para que no se desanimen. Si alguna parte de la colmena que se extrae no tiene nada (de miel) o la tiene sucia, debe ser cortado con un cuchillo.

    Hay que procurar que las más débiles no sean  oprimidas por las más fuertes, pues con ello disminuye el producto; y así a las más débiles se les somete separadas bajo otro rey. Las que luchas entre sí más frecuentemente, conviene rociarlas con agua de mosto (hidromiel). Con esto no sólo desisten de la pelea, sino que se amontonan lamiéndose, y más si son rociadas con vino mulso, porque se aplican con más avidez por el olor y se embriagan bebiendo.

    Si salen de la colmena menos cantidad y se queda alguna parte, se debe fumigar y se debe poner cerca hierbas de las que las que huelen bien, sobre toronjil y tomillo. 

    Hay que procurar con toda fuerza  que no perezcan por el calor o por el frío. Si alguna vez, durante el pasto, son golpeadas por una lluvia repentina o por un frío repentino, antes de que ellas mismas hubieran previsto lo que iba a ocurrir, aunque raramente ocurre que se engañen, y yacen postradas golpeadas por grandes gotas de lluvia, como muertas, hay que recogerlas en alguna vasija y colocarla en un lugar cubierto y cálido; al día siguiente con el mejor tiempo con ceniza de leña de higuera se calienta  un poco más que templado. Luego se las debe agitar ligeramente en la misma vasija, de manera que no las toques con la mano, y se las debe poner al sol.

    Las que se han calentado así, se reponen y reviven, como igualmente suele ocurrir con las moscas muertas en el agua. Esto se debe hacer junto a las colmenas, para que restablecidas cada una vuelva a su trabajo y a su casa.

    16  Appius, Igitur relinquitur, inquit, de pastione villatica tertius actus de piscinis. Quid tertius? inquit Axius. An quia tu solitus es in adulescentia tua domi mulsum non bibere propter parsimoniam, nos mel neclegemus? Appius nobis, Verum dicit, inquit. 2 Nam cum pauper cum duobus fratribus et duabus sororibus essem relictus, quarum alteram sine dote dedi Lucullo, a quo hereditate me cessa primum et primus mulsum domi meae bibere coepi ipse, cum interea nihilo minus paene cotidie in convivio omnibus daretur  mulsum. 3 Praeterea meum erat, non tuum, eas novisse volucres, quibus plurimum natura ingeni atque artis tribuit. Itaque eas melius me nosse quam te ut scias, de incredibili earum arte naturali audi. Merula, ut cetera fecit, historicos quae sequi melitturgoe soleant demonstrabit.

    4 Primum apes nascuntur partim ex apibus, partim ex bubulo corpore putrefacto. Itaque Archelaus in epigrammate ait eas esse
    βοὸς φθιμένης πεπλανημένα τέκνα,
    idem
    ἵππων μὲν σφῆκες γενεά, μόσχων δὲ μέλισσαι.

    Apes non sunt solitaria natura, ut aquilae, sed ut homines. Quod si in hoc faciunt etiam graculi, at non idem, quod hic societas operis et aedificiorum, quod illic non est, hic ratio atque ars, ab his opus facere discunt, ab his aedificare, ab his cibaria condere. 5 Tria enim harum: cibus, domus, opus, neque idem quod cera cibus, nec quod mel, nec quod domus. Non in favo sex angulis cella, totidem quot habet ipsa pedes? Quod geometrae hexagonon fieri in orbi rutundo ostendunt, ut plurimum loci includatur. Foris pascuntur, intus opus faciunt, quod dulcissimum quod est, et deis et hominibus est acceptum, quod favus venit in altaria et mel ad principia convivi et in secundam mensam administratur. 6 Haec ut hominum civitates, quod hic est et rex et imperium et societas. Secuntur omnia pura. Itaque nulla harum adsidit in loco inquinato aut eo qui male oleat, neque etiam in eo qui bona olet unguenta. Itaque iis unctus qui accessit, pungunt, non, ut muscae, ligurriunt, quod nemo has videt, ut illas, in carne aut sanguine aut adipe. Ideo modo considunt in eis quorum sapor dulcis. 7 Minime malefica, quod nullius opus vellicans facit deterius, neque ignava, ut non, qui eius conetur disturbare, resistat; neque tamen nescia suae imbecillitatis. Quae cum causa Musarum esse dicuntur volucres, quod et, si quando displicatae sunt, cymbalis et plausibus numero redducunt in locum unum; et ut his dis Helicona atque Olympon adtribuerunt homines, sic his floridos et incultos natura adtribuit montes. 8 Regem suum secuntur, quocumque it, et fessum sublevant, et si nequit volare, succollant, quod eum servare volunt. Neque ipsae sunt inficientes nec non oderunt inertes. Itaque insectantes ab se eiciunt fucos, quod hi neque adiuvant et mel consumunt, quos vocificantes plures persecuntur etiam paucae. Extra ostium alvi opturant omnia, qua venit inter favos spiritus, quam erithacen appellant Graeci. 9 Omnes ut in exercitu vivunt atque alternis dormiunt et opus faciunt pariter et ut colonias mittunt, iique duces conficiunt quaedam ad vocem ut imitatione tubae. Tum id faciunt, cum inter se signa pacis ac belli habeant. Sed, O Merula, Axius noster ne, dum haec audit physica, macescat, quod de fructu nihil dixi, nunc cursu lampada tibe trado.

    10 Merula, De fructu, inquit, hoc dico, quod fortasse an tibi satis sit, Axi, in quo auctorem habeo non solum Seium, qui alvaria sua locata habet quotannis quinis milibus pondo mellis, sed etiam hunc Varronem nostrum, quem audivi dicentem duo milites se habuisse in Hispania fratres Veianios ex agro Falisco locupletis, quibus cum a patre relicta esset parva villa et agellus non sane maior iugero uno, hos circum villam totam alvaria fecisse et hortum habuisse ac relicum thymo et cytiso opsevisse et apiastro, quod alii meliphyllon, alii melissophyllon, quidam melittaenam appellant. 11 Hos numquam minus, ut peraeque ducerent, dena milia sestertia ex melle recipere esse solitos, cum dicerent velle expectare, ut suo potius tempore mercatorem admitterent, quam celerius alieno. Dic igitur, inquit, ubi et cuius modi me facere oporteat alvarium, ut magnos capiam fructus. 12 Ille, melittonas ita facere oportet, quos alii melitrophia appellant, eandem rem quidam mellaria. Primum secundum villam potissimum, ubi non resonent imagines (hic enim sonus harum fugae existimatur esse protelum), esse oportet aere temperato, neque aestate fervido neque hieme non aprico, ut spectet potissimum ad hibernos ortus, qui prope se loca habeat ea, ubi pabulum sit frequens et aqua pura. 13 Si pabulum naturale non est, ea oportet dominum serere, quae maxime secuntur apes. Ea sunt rosa, serpyllon, apiastrum, papaver, faba, lens, pisum, ocimum, cyperum, medice, maxime cytisum, quod minus valentibus utilissimum est. Etenim ab aequinoctio verno florere incipit et permanet ad alterum aequinoctium. 14 Sed ut hoc aptissimum ad sanitatem apium, sic ad mellificium thymum. Propter hoc Siculum mel fert palmam, quod ibi thymum bonum frequens est. Itaque quidam thymum contundunt in pila et diluunt in aqua tepida; eo conspergunt omnia seminaria consita apium causa. 15 Quod ad locum pertinet, hoc genus potissimum eligendum iuxta villam, non quo non in villae porticu quoque quidam, quo tutius esset, alvarium collocarint. Ubi sint, alii faciunt ex viminibus rutundas, alii e ligno ac corticibus, alii ex arbore cava, alii fictiles, alii etiam ex ferulis quadratas longas pedes circiter ternos, latas pedem, sed ita, ubi parum sunt quae compleant, ut eas conangustent, in vasto loco inani ne despondeant animum. Haec omnia vocant a mellis alimonio alvos, quas ideo videntur medias facere angustissimas, ut figuram imitentur earum. 16 Vitiles fimo bubulo oblinunt intus et extra, ne asperitate absterreantur, easque alvos ita collocant in mutulis parietis, ut ne agitentur neve inter se contingant, cum in ordinem sint positae. Sic intervallo interposito alterum et tertium ordinem infra faciunt et aiunt potius hinc demi oportere, quam addi quartum. Media alvo, qua introeant apes, faciunt foramina parva dextra ac sinistra. 17 Ad extremam, qua mellarii favum eximere possint, opercula imponunt. Alvi optimae fiunt corticeae, deterrimae fictiles, quod et frigore hieme et aestate calore vehementissime haec commoventur. Verno tempore et aestivo fere ter in mense mellarius inspicere debet fumigans leniter eas et ab spurcitiis purgare alvum et vermiculos eicere. 18 Praeterea ut animadvertat ne reguli plures existant; inutiles enim fiunt propter seditiones. Et quidam dicunt, tria genera cum sint ducum in apibus, niger ruber varius, ut Menecrates scribit, duo, niger et varius, qui ita melior, ut expediat mellario, cum duo sint in eadem alvo, interficere nigrum, cum sit cum altero rege, esse seditiosum et corrumpere alvom, quod fuget aut cum multitudine fugetur. 19 De reliquis apibus optima est parva varia rutunda. Fur qui vocabitur, ab aliis fucus, est ater et lato ventre. Vespa, quae similitudinem habet apis, neque socia est operis et nocere solet morsu, quam apes a se secernunt. Hae differunt inter se, quod ferae et cicures sunt. Nunc feras dico, quae in silvestribus locis pascitant, cicures, quae in cultis. Silvestres minores sunt magnitudine et pilosae, sed opifices magis.

    In emendo emptorem videre oportet, valeant an sint aegrae. 20 Sanitatis signa, si sunt frequentes in examine et si nitidae et si opus quod faciunt est aequabile ac leve. Minus valentium signa, si sunt pilosae et horridae, ut pulverulentae, nisi opificii eas urget tempus; tum enim propter laborem asperantur ac marcescunt. 21 Si transferendae sunt in alium locum, id facere diligenter oportet et tempora, quibus id potissimum facias, animadvertendum et loca, quo transferas, idonea providendum: tempora, ut verno potius quam hiberno, quod hieme difficulter consuescunt quo translatae manere, itaque fugiunt plerumque. Si e bono loco transtuleris eo, ubi idonea pabulatio non sit, fugitivae fiunt. Nec, si ex alvo in alvum in eodem loco traicias, neglegenter faciendum, 22 sed et in quam transiturae sint apes, ea apiastro perfricanda, quod inlicium hoc illis, et favi melliti intus ponendi a faucibus non longe, ne, cum animadverterint aut inopiam esse . . . habuisse dicit. Is ait, cum sint apes morbidae propter primoris vernos pastus, qui ex floribus nucis graecae et cornus fiunt, coeliacas fieri atque urina pota reficiendas. 23 Propolim vocant, e quo faciunt ad foramen introitus protectum ante alvum maxime aestate. Quam rem etiam nomine eodem medici utuntur in emplastris, propter quam rem etiam carius in sacra via quam mel venit. Erithacen vocant, quo favos extremos inter se conglutinant, quod est aliut melle et propoli; itaque in hoc vim esse illiciendi. Quocirca examen ubi volunt considere, eum ramum aliamve quam rem oblinunt hoc admixto apiastro. 24 Favus est, quem fingunt multicavatum e cera, cum singula cava sena latera habeant, quot singulis pedes dedit natura. Neque quae afferunt ad quattuor res faciendas, propolim, erithacen, favum, mel, ex iisdem omnibus rebus carpere dicunt. Simplex, quod e malo punico et asparago cibum carpant solum, ex olea arbore ceram, e fico mel, sed non bonum. 25 Duplex ministerium praeberi, ut e faba, apiastro, cucurbita, brassica ceram et cibum; nec non aliter duplex quod fit e malo et piris silvestribus, cibum et mel; item aliter duplex quod e papavere, ceram et mel. Triplex ministerium quoque fieri, ut ex nuce Graeca et e lapsano cibum, mel, ceram. Item ex aliis floribus ita carpere, ut alia ad singulas res sumant, alia ad plures, 26 nec non etiam aliut discrimen sequantur in carptura aut eas sequatur, ut in melle, quod ex alia re faciant liquidum mel, ut e siserae flore, ex alia contra spissum, ut e rore marino; sic ex alia re, ut e fico mel insuave, e cytiso bonum, e thymo optimum. 27 Cibi pars quod potio et ea iis aqua liquida, unde bibant esse oportet, eamque propinquam, quae praeterfluat aut in aliquem lacum influat, ita ut ne altitudine escendat duo aut tres digitos; in qua aqua iaceant testae aut lapilli, ita ut extent paulum, ubi adsidere et bibere possint. In quo diligenter habenda cura ut aqua sit pura, quod ad mellificium bonum vehementer prodest. 28 Quod non omnis tempestas ad pastum prodire longius patitur, praeparandus his cibus, ne tum melle cogantur solo vivere aut relinquere exinanitas alvos. Igitur ficorum pinguium circiter decem pondo decoquont in aquae congiis sex, quas coctas in offas prope apponunt. Alii aquam mulsam in vasculis prope ut sit curant, in quae addunt lanam puram, per quam sugant, uno tempore ne potu nimium impleantur aut ne incidant in aquam. Singula vasa ponunt ad alvos, haec supplentur. Alii uvam passam et ficum cum pisierunt, affundunt sapam atque ex eo factas offas apponunt ibi, quo foras hieme in pabulum procedere tamen possint.

    29 Cum examen exiturum est, quod fieri solet, cum adnatae prospere sunt multae ac progeniem ut coloniam emittere volunt, ut olim crebro Sabini factitaverunt propter multitudinem liberorum, huius quod duo solent praeire signa, scitur: unum, quod superioribus diebus, maxime vespertinis, multae ante foramen 30 ut uvae aliae ex aliis pendent conglobatae; alterum, quod, cum iam evolaturae sunt aut etiam inceperunt, consonant vehementer, proinde ut milites faciunt, cum castra movent. Quae primum exierunt, in conspectu volitant reliquas, quae nondum congregatae sunt, respectantes, dum conveniant. A mellario cum id fecisse sunt animadversae, iaciundo in eas pulvere et circumtinniendo aere perterritae, 31 quo volunt perducere, non longe inde oblinunt erithace atque apiastro ceterisque rebus, quibus delectantur. Ubi consederunt, afferunt alvum eisdem inliciis litam intus et prope apposita fumo leni circumdato cogunt eas intrare. Quae in novam coloniam cum introierunt, permanent adeo libenter, ut etiam si proximam posueris illam alvum, unde exierunt, tamen novo domicilio potius sint contentae.

  • Mundus/ cosmos: la creación de un nuevo lenguaje científico en Latín

    La fundación legendaria y mítica de Roma se fecha en el año 753 a.C.; para entonces los griegos ya recitaban los dos grandes poemas épicos de Occidente, la Ilíada y la Odisea. Ciento cincuenta años después de la muerte de Alejandro Magno los romanos conquistan Grecia y la declaran provincia romana. Entre las aportraciones culturales de Grecia a los romanos destaca la Filososfía. Pero el latín carece de la terminología científica suficiente.

    Ya sabemos de acuerdo con el feliz verso de Horacio que a la postre fue Grecia la que dominó a los romanos con su cultura y civilización, que a fin de cuentas es la nuestra:

    Horacio, Epistolas II,1,156-157:

    La Grecia conquistada conquistó a su fiero conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio.

    Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio.

    Véase: https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard

    Pues bien, en ese proceso de aculturación, los romanos se encontraron con una enorme carencia a la hora de traducir e integrar en el latín la terminología científica y especializada que los griegos habían acuñado. El latín no disponía de términos técnicos adecuados a la invasión de nuevos conocimientos.

    Los autores latinos respondieron al problema de las dos maneras posibles: intentando traducir y buscar el término latino equivalente o simplemente transcribiendo el término griego al latín adaptando su grafía. Así que los numerosísimo términos griegos existentes en las lenguas romances o derivadas del latín no proceden directamente del griego sino a través de su forma latina.

    De este problema fueron muy conscientes los autores latinos. Así Lucrecio escribe un grandioso tratado de ciencias, de física, química, ciencias naturales en verso, en un poema de 7415 hexámetros.

    Lo titula “Sobre la naturaleza de las cosas”, “De rerum natura”, y en él expone las teorías de Epicuro, del que nos han quedado escasos textos. Es precisamente Lucrecio la principal fuente para conocer el pensamiento de Epicuro, que por cierto poco tiene que ver con la caricatura que ya desde la propia Antigüedad se hizo de él.

    Pues bien, nos dice Lucrecio, consciente de la dificultad lingüística de la empresa y planteando perfectamente la cuestión, en los versos del libro I, 136-145:

    Es difícil, no se me oculta, ilustrar en versos latinos los oscuros descubrimientos de los griegos, máxime porque en muchos casos hay que echar mano de nuevos vocablos, por la pobreza de la lengua y la novedad de los temas; pero, con todo, tus merecimientos y el esperado deleite de tu dulce amistad me animan a soportar cualquier fatiga y me inducen a pasar en vela las noches serenas, buscando con qué palabras y versos podría inundar por fin tu mente de una brillante luz, con la que puedas escudriñar hasta el fondo las cosas más ocultas. (Traducción de Eduardo Valentí Fiol, Edit. Bosch, 1976)

    Nec me animi fallit Graiorum obscura reperta
    difficile inlustrare Latinis versibus esse,
    multa novis verbis praesertim cum sit agendum
    propter egestatem linguae et rerum novitatem;
    sed tua me virtus tamen et sperata voluptas
    suavis amicitiae quemvis efferre laborem
    suadet et inducit noctes vigilare serenas
    quaerentem dictis quibus et quo carmine demum
    clara tuae possim praepandere lumina menti,
    res quibus occultas penitus convisere possis.

    Quizás algún amable lector se pregunte con curiosidad por qué escribió este tratado de ciencia en versos hexámetros. La respuesta está en parte en relación con lo comentado anteriormente. El asunto de la naturaleza de las cosas se merecer un tratamiento adecuado, grandioso, cargado de prestigio y tono elevado. En ese momento no existe todavía una prosa científica lo suficientemente desarrollada; así que se recurre a lo ya prestigiado, el verso épico, el hexámetro, aunque ahora aplicado a una obra cuyo objetivo es eminentemente didáctico.

    También Cicerón es consciente de la importancia de la empresa de traducir los textos griegos al latín en su “Sobre la naturaleza de los dioses”, I,4,7-8:

    Si por otra parte, alguien pregunta qué motivo ha podido impulsarme tan tarde a dejar por escrito tales preceptos, no hay nada que me sea más fácil de explicar que esto. Yo estaba, en efecto, languideciendo en un retiro ocioso, y la situación de los asuntos públicos era tal que una forma autocrática de gobierno se había hecho ya inevitable. En estas circunstancias pensé en primer lugar que explicar la filosofía a mis compatriotas era en aquellos momentos para mí un deber en beneficio de la propia república, considerando que había de contribuir grandemente al honor y a la gloria de la ciudad el poseer, redactadas también en lengua latina, pensamientos tan importantes y tan luminosos.

    Y me arrepiento tanto menos de mi empresa cuanto que puedo ver claramente cuán grande es el número de mis lectores que se han sentido estimulados no solamente al estudio sino también a escribir ellos mismos por su cuenta. Gran número, en efecto, de gentes muy conocedoras de las enseñanzas griegas eran incapaces de compartir sus conocimientos con sus conciudadanos, porque desconfiaban de la posibilidad de expresar en latín las enseñanzas que habían recibido de los griegos; y ciertamente en la cuestión de la expresión o el vocabulario creo que hemos hecho tales progresos que ni aun en riqueza de vocabulario nos superan los griegos. (Traduccion de Francisco de P. Samaranch. Ed. Aguilar)

    Sin autem quis requirit quae causa nos inpulerit ut haec tam sero litteris mandaremus, nihil est quod expedire tam facile possimus. Nam cum otio langueremus et is esset rei publicae status ut eam unius consilio atque cura gubernari necesse esset, primum ipsius rei publicae causa philosophiam nostris hominibus explicandam putavi, magni existimans interesse ad decus et ad laudem civitatis res tam gravis tamque praeclaras Latinis etiam litteris contineri.

    Eoque me minus instituti mei paenitet, quod facile sentio quam multorum non modo discendi sed etiam scribendi studia commoverim. complures enim Graecis institutionibus eruditi ea quae didicerant cum civibus suis communicare non poterant, quod illa quae a Graecis accepissent Latine dici posse diffiderent; quo in genere tantum profecisse videmur, ut a Graecis ne verborum quidem copia vinceremur.

    El mismo Cicerón se queja amargamente también de sus compatriotas que desprecian las obras en latín aunque sean una traducción directa del griego en “Del supremo bien y del supremo mal”, De finibus bonorum et malorum, I,2,4

    “Más difícil es responder satisfactoriamente a los que afectan despreciar las obras escritas en Latín. Lo que me admira en estos, sobre todo, es por qué no les agrada la lengua materna en materias de altísima importancia, siendo así que leen con agrado obras de teatro latinas traducidas literalmente de otras griegas. Y ¿quién es tan enemigo del nombre romano, por así decirlo, que desprecie o rechace la Medea de Ennio o la Antíope de Pacuvio, con el pretexto de que le encantan estas piezas si son las de Eurípides, pero le hastían escritas en latín? (Traducción de Victor José Herrero Llorente. Edit. Gredos. 1987)

    Iis igitur est difficilius satis facere, qui se Latina scripta dicunt contemnere. in quibus hoc primum est in quo admirer, cur in gravissimis rebus non delectet eos sermo patrius, cum idem fabellas Latinas ad verbum e Graecis expressas non inviti legant. quis enim tam inimicus paene nomini Romano est, qui Ennii Medeam aut Antiopam Pacuvii spernat aut reiciat, quod se isdem Euripidis fabulis delectari dicat, Latinas litteras oderit?….

    Sigue Cicerón contraponiendo las dos lenguas en este pasaje durante un largo texto y de nuevo en esta misma obra (De finibus bonorum et malorum) en II,4,12  y III,2 4

    Quiero ahora concretar y ejemplizar este asunto con el término “kosmos” "cosmos", que traducen en latín por “mundus”.

    Kosmos, κόσμος ,  en griego significa orden, lo arreglado, lo hermoso, limpio; el término latino “mundus” no es sino su traducción que significa lo mismo. Quien no haya caído en ello que reflexione sobre el significado de “in-mundo”, que es la negación del concepto anterior, es decir, “lo sucio, desordenado, feo” o en "mondar", del latín mundare que significa "limpiar".

    Por extensión cosmos y mundo se refieren al orden grandioso del universo y por lo tanto significan universo, cielo luminoso, cosmos y mundo, conjunto de cuerpos celestes.

    Más aún, cuando Cicerón ha de traducir κόσμιος , kosmios, lo regular, bien ordenado, moderado, lo hace por “mundanus”, por ejemplo en Tusculanae, 5,3,108.

    También Plinio comienza su libro II, que precisamente dedica a la astronomía con el término “mundum

    Libro II, 1.

    El mundo y todo aquello que con otra denominación se convino en llamar cielo, en cuyo seno transcurren todas las cosas, hay que creer que es igual a la divinidad, eterno, inconmensurable y que no ha sido engendrado ni jamás va a perecer. Indagar más allá de él no tiene interés para el hombre ni cabe en las conjeturas de la mente humana. (Traducción Ana María Moure Casas. Edit. Gredos,1995)

    Liber II, 1

    Mundum et hoc quodcumque nomine alio caelum appellare libuit, cuius circumflexu degunt cuncta, numen esse credi par est, aeternum, inmensum, neque genitum neque interiturum umquam. huius extera indagare nec interest hominum nec capit humanae coniectura mentis.

    Luego, un poco más abajo, en el mismo libro nos explica con toda claridad por qué al universo se le llama “mundus” en latín:

    Plinio, Lib. II,(4) 8

    Yo desde luego me dejo guiar también por el consenso de los pueblos, pues los griegos lo designaron “cosmos” κόσμον,  con la palabra de la belleza, como también nosotros lo llamamos mundo por su perfecta y absoluta hermosura. Y al cielo le hemos puesto tal nombre por razón de que, sin ninguna duda, ha sido cincelado, como interpreta Marco Varrón. Lo corrobora el orden de las cosas, una vez descrito el círculo que se denomina zodiacal con los signos de doce seres vivos, y, por añadidura, la correspondencia del curso del sol a través de ellos a lo largo de tantos siglos. (Traducción Ana María Moure Casas. Edit. Gredos,1995)

    equidem et consensu gentium moveor; nam quem  κόσμοn Graeci nomine ornamenti appellavere eum et nos a perfecta absolutaque elegantia mundum. caelum quidem haud dubie caelati argumento diximus, ut interpretatur M. Varro. 9 adiuvat rerum ordo discripto circulo qui signifer vocatur in duodecim animalium effigies et per illas solis cursus congruens tot saeculis ratio.

    Pero Plinio parece citar de memoria a Varrón al establecer la relación entre caelum (cielo) y caelare (cincelar). Varrón está citando a su maestro Elio Estilón, que es quien establecer la relación, que el propio Varrón no comparte.

    En realidad dice Varrón en su “De lingua Latina” V, 18

    Elio escribe que el cielo (caelum) se denomina así porque está cincelado (caelatum); o por antífrasis, porque está oculto (celatum), lo que en realidad está patente. Pero no: se trata de un error, porque precisamente los últimos vocablos son los que derivan de caelum mejor que caelum de celare (ocultar) o caelare (cincelar). Pero no es menos probable que, de ambas etimologías, la que lo hace derivar de celare pudo haberse expresado a partir de que, en efecto, la  bóveda celeste se halla oculta (celatur) durante el día, mientras que durante la noche no lo está (non celatur)

    Caelum dictum scribir Aelius, quod est caelatum, aut contrario nomine,celatum quod apertum est; non, male: quod postriora multo potius a caelo quam caelum a celando vel caelando. Sed non minus illud alterum de celando ab eo potuit dici, quod interdiu celatur, quam quod noctu non celatur.

    Más adelante S. Isidoro vuelve a repetir estas explicaciones en sus Etimologías, XIII,4:

    El cielo (caelum) se denomina así porque es como un vaso cincelado (caelatum) en el que, como adornos, están impresos los brillos de las estrellas, pues se dice que un vaso está cincelado cuando resplandece con labores primorosas. Distinguió Dios al cielo y lo llenó de radiantes luces, como son el sol y el disco refulgente de la luna; adornólo además con los luminosos signos de los resplandecientes astros. [No obstante según algunos, el nombre viene de “ocultar” (caelare) lo más elevado] (Traducción de José Oroz y Manuel-A Marcos. BAC,20049.

    Caelum vocatum eo quod, tamquam caelatum vas, inpressa lumna habeat stellarum veluti signa. Nam caelatum dicitur vas quod signis eminentioribus refulget. Distinxit enim eum Deus claris luminibus, et inplevit; sole scilicet et lunae orbe fulgenti et astrorum micantium splendentibus signis adornavit. [Alias autem a superiora calenado].

    Naturalmente la científica filología moderna no acepta estas etimologías simplonas de “cielo”, más bien propias de la imaginación popular elemental. Tampoco acepta otra ya antigua, que hace derivar “caelum” del griego κοῖλον , (koilon) ´´cóncavo´´,´´hueco´´, ´´vacío´´,  que permite transcribirlo a veces, tardíamente,  como “coelum”  porque la bóveda celeste parece una concavidad inmensa. También a veces se escribe “celum” según “celare”.

    Pero la filología no encuentra el origen del término latino. Se ha pensado también en que deriva del verbo “caedo”, “cortar”, significando el espacio que corta o delimita el augur para observar las señales de los dioses.  Todo ello son meras hipótesis un tanto descabelladas. A lo sumo se sospecha la existencia de un primitivo término indoeuropeo *kaid-slo-, de una raiz que significaría “brillante, claro” que deja rastrearse en Germánico y Báltico.

    El término mundus es muy utilizado por Lucrecio, sobre todo en el libro V, casi siempre con el sentido extenso de “universo”, incluyendo el cielo y la tierra. Cicerón también lo utiliza con el mismo sentido. Otras veces los autores romanos lo utilizan como “tierra” o como “cielo”. La reducción del significado de “mundo” a   “mundo terrestre, tierra, habitante de la tierra se produjo a partir de la época imperial.

    Luego incluso sufrió una restricción más en el lenguaje de la Iglesia, contraponiéndose “el mundo” al “cielo”, pasando a ser junto con “el demonio” y “la carne” como objeto de la incontinencia sexual uno de los tres enemigos del alma.

    Estas polivalencias han pasado a las lenguas romances, siendo el contexto el que ha de aclarar el significado concreto.

    En todo caso universum en realidad es la forma neutra del adjetivo universus-a-um, que significa “todo”; etimológicamente compuesto de unus y versus, vuelto hacia un solo punto, uno. Con el término “universos” traduce Cicerón la palabra griega τὸ ὅλον, to holon, que significa todo, entero, completo y por lo tanto universo viene a significar “el todo, conjunto de todas las cosas”.

    Pues bien, volviendo a la cuestión inicial, la traducción de cosmos por mundus, si de cosmos deriva cosmético,-a,  κοσμητικός ,como producto de belleza o arte de aplicar productos para la belleza del cuerpo, especialmente de la cara ocultando lo que de feo pueda tener, conviene saber que también en latín se llama “mundus” a los objetos o estuches de tocador de las muchachas y señoras sin que neguemos la posibilidad de que pueda existir un tocador de señores.

    Terminaré este largo artículo diciendo que “mundo” pronto dejó de percibirse como término técnico o científico para referirse al cosmos o conjunto de todas las cosas perfectamente ordenado. Esa percepción y origen etimológico resulta hoy mucho menos evidente. Desde luego nadie identificaría en este momento la “cosmología” con la “mundología”, por ejemplo.

  • Quinquenal, decimal, duodecimal, vigesimal, sexagesimal

    En el año 1956 publicaba Samuel Noah Kramer (1897-1990) su obra “La historia empieza en Sumer”, mundialmente famosa. Ciertamente, muchas cosas comenzaron antes, pero las primeras noticias escritas las encontramos en Sumer y por lo tanto es ahí en donde por primera vez podemos hablar de “Historia”.

    El hombre comenzó a contar sin duda muy pronto; las marcas del Paleolítico en hueso, piedra  o en otros  materiales así lo atestiguan. Sin duda en esa tarea se sirvió de la ayuda de sus manos, de los dedos de sus manos, de sus pies…

    Pronto necesitó de alguna representación figurativa; tuvo necesidad de las cifras, porque visualmente sólo aprecia  con un golpe de ojo hasta cuatro unidades; para reconocer un número mayor ha de contar. Y para contar grandes números ha de disponer de diversos órdenes o niveles jerarquizados, de tal manera que pueda representar grandes cantidades con pocas cifras.

    En Sumer hay rastros de un sistema de numeración de base cinco (cinco unidades inferiores equivalen a una  de nivel superior), en relación sin duda con los cinco dedos de la mano.

    El sistema decimal está sin duda en relación con los dedos de las dos manos.

    Utilizaron también los sumerios un sistema duodecimal, la docena.  Probablemente contaban las falanges de los cuatro dedos de la mano (tres falanges en cada dedo) señalando con el dedo pulgar.  Probablemente un sistema de este tipo está en relación con los doce meses del año o 12 lunaciones que se producen en el año solar y con los doce signos del zodiaco; el número 12, de paso, pudo servir para dividir el día en doce espacios, en las doce horas y también la noche cuando los relojes permitieron la precisión.

    Y también usaron un sistema sexagesimal, en el que sesenta unidades inferiores equivalen a una de orden superior. No sabemos realmente por qué inventaron este sistema sexagesimal, en principio tan poco manejable. Se han formulado numerosas hipótesis. Una de las más plausibles es la de que,  al coexistir el sistema decimal y el duodecimal,  se buscó el mínimo común múltiplo que facilitase las equivalencias. De hecho 60 es divisible por numerosos divisores: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 10, 12, 20, 30, 60.

    Los sumerios se dotaron de una notación numérica hacia el año 3200 a.C. sobre la base 60; y atribuyeron un signo o grafismo especial a las unidades siguientes: 1, 10, 60, 600, 3600, 36.000, 216.000

    Son los sumerios  los que plantearon sobre esta base la división del tiempo en horas, minutos y segundos y la división del círculo en trescientos sesenta grados, divididos estos en sesenta minutos y estos en sesenta segundos. Este sistema es el que seguimos empleando.

    De los sumerios aprendieron sin duda los egipcios y todo el mundo de Próximo Oriente, incluidos los pueblos del Mediterráneo y los griegos en su momento.

    Hoy el sistema decimal es el más generalizado, pero el sistema duodecimal ha tenido  notable éxito, porque  todavía quedan restos en las sociedades y lenguas modernas. Seguimos demandando en español “una docena de huevos…”.

    Docena deriva de doce y este a su vez del latín duodĕcim,(diez y dos; en realidad dos y diez).
    El término se mantiene pujante en numerosas lenguas, que atestiguan la importancia histórica del sistema duodecimal. Así en francés  “douzaine” ( “à la douzaine); en inglés by the dozen junto a twelve; en alemán Dutzend; en italiano  dozzina (1 dozzina di uova); en portugués   dúzia  (uma dúzia de ovos); en catalán dotzena ( una dotzena d'ous ).

    Naturalmente el término y el concepto existió en el mundo antiguo. En griego antiguo es  δυωδεκάς , dódekas, de δώδεκα ,dódeka, (dos y diez).

    En latín generalmente se emplea la expresión Numerus duodenarius y más tarde, a partir de Tertuliano (siglo II-III de Cristo) aparece también el término duodecas.

    Duodenarius está construido a partir del numeral duodecim, doce, (dos y diez) como decía más arriba y duodecas es construido a partir del griego (dŭōdĕcas, ădis, f., = δυωδεκάς).

    El término duodecas aparece en el Adversus omnes haereses, IV,1- , Contra todas las herejías,  obra atribuida a Tertuliano, considerada como espuria,  que aparece a veces a continuación de su De Praescriptione Haereticorum,  y que por esos también se llama a su desconocido autor el “Pseudeo-Tertuliano”.  

    Pero de estos proceden también los doce Eones; y de la dicción y de la lengua proceden otros diez:  esta es la treintena que se constituye en el pleroma de la octonada, de la  decada  y de la duodécada.
    ….

    Sed enim ex his quoque processisse duodecim Aenoas; de sermone autem et vita Aeonas alios decem: hanc esse Aeonum triacontada, quae fit in pleromate ex Ogdodae et Decade ac Dyodecade.

    Luego a partir del Humanismo y Renacimiento el término „duodecadas“  (una docena) se empleó con frecuencia en el título de diversos libros y tratados, como por ejemplo: Philippi: Duodecas thematum, 1612, Una docena de temas; Hermann Witsius,Exercitationum academicarum Duodecas – , Duodecas dissertationum exegeticarum et apologeticarum …etc.

    De la importancia del número 12 ya nos advierte el texto legal más antiguo e importante en los primeros tiempos de Roma, la Ley de las XII tablas, elaborado en el siglo V a.C. Naturalmente el soporte material de madera no se conserva pero las referencia al texto son abundantísimas en los historiadores y autores latinos.

    Hay un texto de Marco Terencio Varrón en su “De lingua Latina” (Sobre la lengua latina) que nos advierte de la antigüedad del sistema en Roma. Dice en De Lingua Latina, libro V, 5, 34:

    Los antiguos establecieron muchas medidas según el sistema duodecimal, como el actus de doce decenas de pies.

    Multa antiqui duodenario numero finierunt ut duodecim decuriis actum

    Nota: actus es la cañada por la que se puede conducir al ganado, según nos dice poco antes en el mismo párrafo:

    Del mismo modo que ager (campo) es el lugar al que podía llevarse (agere) el ganado, así el lugar por donde se le podía conducir (agere) es el actus (cañada).

    Ut ager quo agi poterat, sic qua agi actus”:

    Duodecaiugum  es el tiro o yunta de doce caballos,  duodecennium es el periodo de doce años; duodecemviri es el colegio de doce magistrados, los duodécemvi.

    El sistema duodecimal lo aplican los romanos para establecer su sistema de pesos. Este sistema es más práctico que el decimal porque admite más divisiones (1, 2,3,4,6) y por tanto pueden expresar más fracciones.

    Este sistema duodecimal se adaptaba muy bien a la aplicación de intereses a los préstamos. En un principio parece que la norma fue cobrar doce onzas de interés anual por un préstamo de de cien onzas; es decir se cobraba el 12 %  anual (per annum), lo que equivalía a un as, ya que el as tenía un valor de 12 onzas . Si la cuenta se hacía por meses, al interés de seis meses se le llamaba semis, que significa la mitad de un as, al interés de cuatro meses se le llamaba triens, que es la tercera parte de un as, al de tres meses se le llama quadrans, que es la cuarta parte, y al de un mes se le llama unciaria, que es la duodécima parte del as o una parte; por eso al interés de un 1%  per mensem, al mes, se le llama interés centesimal.

    En fin, toda esta precisión numérica y terminológica es posible porque se utiliza precisamente el sistema duodecimal.

    En los países sajones este sistema ha perdurado todavía más en el sistema de medidas y pesos; así un pie tiene doce pulgadas, una libra tiene 12 onzas,  una gruesa 12 docenas, etc.

    El sistema sexagesimal tuvo también y sigue teniendo un  éxito asombroso, porque se utiliza todavía para medir el espacio en “grados, minutos y segundos" y para medir el tiempo en horas, minutos y segundos.

    La palabra "gradus", grado, significa paso.

    Para conocer el origen de las palabras hora, minuto y segundo remito al artículo ya publicado en este blog https://www.antiquitatem.com/hora-minuto-segundo-almagesto-sumerios 
    .
    Podemos hacer también referencia a otros sistemas, como el vigesimal, del que queda un resto, por ejmplo, en francés  cuando al ochenta,80, le  llama quatre vingt (cuatro veintes) ; a él daría pie la existencia de veinte dedos en las extremedidades.

    No es ocioso tampoco hacer una referencia al sistema binario o sistema de numeración de base dos, que está en la base de todo el desarrollo informático y digital actual. (el numeral latino bini-ae-a significa de dos en dos). Pero también los expertos utilizan el hexadecimal, es decir, de base 16, que se sirve de los múltiplos 32, 64, 128, 256, 512, 1024…

    Curiosamente en algo tan moderno se siguen utilizando como nombres de esos múltiplos palabras griegas tan viejas como kilo-byte, mega-byte, tera-byte.

  • Los astrónomos fueron los científicos mejor valorados en la Antigüedad

    Los astrónomos, junto con los médicos, fueron sin duda los científicos mejor valorados de la Antigüedad. En buena medida se confunden con los “astrólogos” y los “curanderos”, dos actividades conectadas con la religión y la vida de los templos.

    En el mundo grecolatino la astronomía (actualmente definida como “Ciencia que trata de cuanto se refiere a los astros, y principalmente a las leyes de sus movimientos”) y la astrología (definida actualmente como “Estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres”.)  se confunden, son la misma ciencia. Así que se mezclan los mitos y creencias que vienen de la noche de los tiempos con lo que la razón y la ciencia va averiguando. Pero poco a poco la astronomía fue expresándose en lenguaje matemático y geométrico sin que por ello desapareciera la “astrología”.

    Hoy también estos profesionales científicos son muy bien valorados. ¿Quién no se siente impresionado por las imaginativas teorías, imposibles de comprender para quienes somos legos en estas cuestiones, del big-bang o las bellísimas imágenes recibidas en ondas originadas a miles de años-luz?

    Pero poco a poco la ciencia se fue independizando del mito y la religión. En el caso de la astronomía se fue convirtiendo en astronomía matemática y física y astronomía geométrica, capaz de comprender y prever los movimientos de los astros. De  esta manera los científicos liberaban o intentaban liberar a los hombres del temor a los dioses, provocado por los fenómenos de la naturaleza.

    Liberar a los hombres del miedo que les infundían los fenómenos naturales que no conocían fue el objetivo esencial de los epicúreos, a quienes ya desde la propia Antigüedad se les presento injusta e interesadamente como “hedonistas” ávidos de placeres, cuando de lo único de lo que fueron ávidos fue de “razón” y “sentido común”.

    Dice Lucrecio en su magno tratado de “ciencias” en verso “De rerum natura”, “Sobre la naturaleza de los dioses”, elogiando la gran figura del maestro Epicuro al principio de su obra:

    Lucrecio, De rerum Natura,I, 62-79:

    Cuando la vida humana yacía a la vista de todos torpemente postrada en tierra, abrumada bajo el peso de la religión, cuya cabeza asomaba en las regiones celestes amenazando con una horrible mueca caer sobre los mortales, un griego osó el primero elevar hacia ella sus perecederos ojos y rebelarse contra ella. No le detuvieron ni las fábulas de los dioses, ni los rayos, ni el cielo con su amenazante bramido, sino que aún más excitaron el ardor en su ánimo y su deseo de ser el primero en forzar los apretados cerrojos que guarnecen las puertas de la Naturaleza. Su vigoroso espíritu triunfó y avanzó lejos, más allá del llamado recinto del mundo, y recorrió el Todo infinito con su mente y su ánimo. De allí nos trae, botín de su victoria, el conocimiento de lo que puede nacer y de lo que no puede, las leyes, en fin, que a cada cosa delimitan su poder, y sus mojones profundamente hincados. Con lo que la religión, a su vez sometida, yace a nuestros pies; a nosotros la victoria nos exalta hasta el cielo. Traducción de Eduardo Valentí Fiol, Edit. Bosch. 1976)

    Humana ante oculos foede cum vita iaceret
    in terris oppressa gravi sub religione,
    quae caput a caeli regionibus ostendebat
    65horribili super aspectu mortalibus instans,
    primum Graius homo mortalis tollere contra
    est oculos ausus primusque obsistere contra;
    quem neque fama deum nec fulmina nec minitanti
    murmure compressit caelum, sed eo magis acrem
    70inritat animi virtutem, effringere ut arta
    naturae primus portarum claustra cupiret.
    ergo vivida vis animi pervicit et extra
    processit longe flammantia moenia mundi
    atque omne immensum peragravit mente animoque,
    75unde refert nobis victor quid possit oriri,
    quid nequeat, finita potestas denique cuique
    qua nam sit ratione atque alte terminus haerens.
    quare religio pedibus subiecta vicissim
    opteritur, nos exaequat victoria caelo.

    ………
    Y poco después, afirmando con rotundidad que la ciencia es la salvación,  idea que por lo demás repite en numerosas ocasiones, en los versos: 146-148:

    Este terror, pues, y estas tinieblas del espíritu, necesario es que las disipen, no los rayos del sol ni los lúcidos dardos del día, sino la contemplación de la Naturaleza y de la ciencia. (Traducción de Eduardo Valentí Fiol, Edit. Bosch. 1976)

    hunc igitur terrorem animi tenebrasque necessest
    non radii solis neque lucida tela diei
    discutiant, sed naturae species ratioque.

    Un buen exponente de este largo camino hacia la ciencia es el astrónomo Gémino con su “Introducción a los fenómenos”. De él sabemos muy pocas cosas, como que vivió a c aballo entre los siglos I antes y después de Cristo.  La astronomía durante siglos fue una rama de la filosofía. Gémino habla de física porque físico es todo aquel que se ocupa de la naturaleza (phýsis), pero en el s.I a.C. la astronomía se va especializando y emancipando convirtiéndose en “astronomía matemática”, apoyándose en la matemática y la geometría y  avanzando hacia una ciencia positiva. Gémino es un profesional de la astronomía que busca el rigor demostrativo de la matemática y que por lo tanto desprecia la realización de pronósticos meteorológicos  basándose en el orto y ocaso de los astros.

    Otro alto exponente  es Ptolomeo, autor entre otras obras del llamado “Almagesto”, palabra que no es sino la transcripción árabe del título original griego  Megisté Syntxis, (La gran coordinación), referida a la comprensión de los movimientos y órbitas de los astros.

    Pues bien, otro científico que podríamos llamar “generalista” y “divulgador”, Plinio el Viejo, que escribió una grandiosa enciclopedia, compendio del saber científico de su tiempo y a la que leída con atención no le falta espíritu crítico auténticamente científico, emite un hermoso juicio sobre el valor científico de los astrónomos en su Historia Natural, II, 12 (54):

    “Hombres aquellos extraordinarios y sobrehumanos por haber comprendido la ley de tan importantes númenes y haber liberado por fin del miedo a la pobre mente humana que en los eclipses veía con temor crímenes o algún tipo de muerte de los astros (es notorio que en medio de este temor por el eclipse de sol sonaron las palabras sublimes de los vates Píndaro y Estesícoro) o bien el hombre mortal veía hechizos en el de la luna y por eso le ayudaba con un ruido desacompasado. Por este miedo, al desconocer la causa, Nicias, general de los atenienses, temiendo sacar la flota del puerto, perdió sus tropas.

    ¡Sed gloriosos por vuestra inteligencia, sabios que abarcáis el cielo y la naturaleza física, descubridores de la razón por la que os habéis impuesto a los hombres y a  los dioses!

    ¿Quién contemplando este espectáculo, así como los trances regulares de los astros (porque así se convino en llamarlos) no perdonaría que seamos mortales por una ley ineludible?

    viri ingentes supraque mortalia, tantorum numinum lege deprehensa et misera hominum mente iam soluta, in defectibus scelera aut mortem aliquam siderum pavente — quo in metu fuisse Stesichori et Pindari vatum sublimia ora palam est deliquio solis — aut in luna veneficia arguente mortalitate et ob id crepitu dissono auxiliante — quo pavore ignarus causae Nicias Atheniensium imperator veritus classem portu educere opes eorum adflixit —: macte ingenio este, caeli interpretes rerumque naturae capaces, argumenti repertores,
    quo deos hominesque vicistis! quis enim haec cernens et statos siderum (quoniam ita appellare placuit) labores non suae necessitati mortales genitos ignoscat?
    Nunc confessa de iisdem breviter atque capitulatim attingam ratione admodum necessariis locis strictimque reddita, nam neque instituti operis talis argumentatio est neque omnium rerum afferri posse causas minus mirum est quam constare in aliquis.

    Ovidio  valora también el extraordinario valor de quienes estudiaron las estrellas en Fastos, I, 297 y ss.:

    ¿Quién nos impide hablar también de las estrellas, cómo sale y se pone cada una? Esto es parte de mi promesa. ¡Felices las almas que fueron las primeras en ocuparse de conocer estas cosas y ascender a las mansiones de arriba! Se puede creer que aquellos sacaron la cabeza por encima tanto de los vicios como de los lugares humanos. Ni Venus ni el vino, el deber del foro o las fatigas de las campañas, quebraron sus pechos sublimes. No les tentaron ni la ambición ligera ni la gloria revestida de oropel ni el ansia de grandes riquezas. Acercaron a nuestros ojos las lejanas estrellas y sometieron el firmamento a su genio. Así es como se alcanza el cielo, sin necesidad de que el Olimpo se lleve al Osa y la cima del Pelio toque las más altas estrellas. Nosotros también, bajo la guía de ellos, mediremos el cielo y asignaremos sus días a cada astro errante. (Traducción de Bartolomé Segura Ramos, Edit. Gredos)

    Quis vetat et stellas, ut quaeque oriturque caditque,
    dicere? promissi pars fuit ista mei.
    felices animae, quibus haec cognoscere primis
    inque domus superas scandere cura fuit!
    credibile est illos pariter vitiisque locisque
    altius humanis exeruisse caput.
    non Venus et vinum sublimia pectora fregit
    officiumque fori militiaeve labor;
    nec levis ambitio perfusaque gloria fuco
    magnarumque fames sollicitavit opum.
    admovere oculis distantia sidera nostris
    aetheraque ingenio supposuere suo.
    sic petitur caelum: non ut ferat Ossan Olympus,
    summaque Peliacus sidera tangat apex.
    nos quoque sub ducibus caelum metabimur illis
    ponemusque suos ad vaga signa dies.

    Los intentos de explicación de los astros y sus movimientos, las elucubraciones teóricas y prácticas, que incorporan y desarrollan el conocimiento de la matemática y  geometría, suponen en verdad un verdadero esfuerzo científico en el inicio del camino que ha conducido al grandioso conocimiento actual, que tantas cosas sin embargo aún desconoce pero desea comprender.

    Con la foto de fondo conseguida por el Hubble, y que Stephen Hawking tiene en la portada de su página de Facebook, concluiremos con Manilio:

    Photo credit: ESA/Hubble Rosette nebula

    ...siempre habrá motivo de debate para la inteligencia de los hombres y siempre permanecerá la oscuridad sobre lo que está oculto y muy por encima del hombre y del dios. (Manilio, Astronomia, I, 145…)

    semper erit genus in pugna, dubiumque manebit
    quod latet et tantum supra est hominemque deumque;

  • Los eclipses anuncian sucesos extraordinarios II)

    Ya hemos visto más en la prinmera parte de este largo artículo cómo creen algunos que los astros caen por efecto de alguna bruja. Pero también hay quien intenta una explicación más científica.

    Por ejemplo, concebidos los astros como seres vivos, se puede pensar que tienen enfermedades, se debilitan y hasta pueden morir. Así lo explica por ejemplo Lucrecio  (99-ca. 55 a.C.) en su poema De rerum natura V, vv. 751-770):

    Debes pensar igualmente que son diversas las causas que pueden explicar los eclipses del sol y los ocultamientos de la luna. Pues, ¿por qué la luna ha de ser capaz de interceptarnos la luz del sol, interponiendo su alta cabeza entre éste y la tierra, y oponiendo su oscuro disco a los ardientes rayos, y no puede hacer lo mismo y en el mismo momento un cuerpo distinto que se deslizara por el cielo, privado siempre de luz?

    Y el sol, ¿no podría en un momento dado perder, agotado, sus fuegos para crear de nuevo su lumbre, cuando entra en regiones de la atmósfera enemigas de las llamas, que extinguieran e hicieran perecer sus fuegos?

    Y ¿por qué la tierra ha de poder despojar a su vez de lumbre la luna y, estando ella encima, retener el sol sujeto, mientras la luna en su curso mensual se desliza entre los tajantes límites del cono de sombra, y no ha de poder otro cuerpo, en el mismo momento, oponerse a la luna o pasar por sobre el disco del sol interrumpiendo sus rayos y la difusión de su  luz? Y por otra parte, si es cierto que la luna brilla con su propio resplandor, ¿por qué no puede desfallecer en determinada parte del firmamento, mientras pasa por lugares hostiles a sus propias luces? (Traducción de Eduard Valentí Fiol, Editorial Bosch, 1976)

    Solis item quoque defectus lunaeque latebras
    pluribus e causis fieri tibi posse putandumst.
    nam cur luna queat terram secludere solis
    lumine et a terris altum caput obstruere ei,
    obiciens caecum radiis ardentibus orbem,
    tempore eodem aliut facere id non posse putetur
    corpus, quod cassum labatur lumine semper?
    solque suos etiam dimittere languidus ignis
    tempore cur certo nequeat recreareque lumen,
    cum loca praeteriit flammis infesta per auras,
    quae faciunt ignis interstingui atque perire?
    et cur terra queat lunam spoliare vicissim
    lumine et oppressum solem super ipsa tenere,
    menstrua dum rigidas coni perlabitur umbras,
    tempore eodem aliud nequeat succurrere lunae
    corpus vel supra solis perlabier orbem,
    quod radios inter rumpat lumenque profusum?
    et tamen ipsa suo si fulget luna nitore,
    cur nequeat certa mundi languescere parte,
    dum loca luminibus propriis inimica per exit?
    menstrua dum rigidas coni perlabitur umbras.

    Una idea parecida es la que Diógenes Laercio adjudica al filósofo Leucipo en Vida y opiniones de los Filósofos ilustres, IX, 33

    “…El Sol se eclipsa raras veces, la luna constantemente, por ser desiguales sus órbitas. Y así como hay nacimientos del mundo, hay también crecimientos y menguas y destrucciones, según cierta necesidad; pero en qué consiste ésta, no lo aclara”.

    Es curiosa la opinión de Manilio, poeta astronómico,  cuando afirma que los astros pierden su fuerza con ocasión de los eclipses, en sus Astronómica, IV, vv 841-852:

    La razón es clara porque, al sufrir eclipse la luna en algunos signos, privada de su hermano [Febo, el sol] y sumergida en las tinieblas de la noche, cuando la tierra, situada en medio, intercepta los rayos de Febo y Delia [la luna] no atrae la luz con la que brilla normalmente, también esos signos [zodiacales, vg. su eficacia] languidecen junto con su planeta [la luna] y, arqueándose al mismo tiempo y perdiendo su acostumbrado poder, lloran a Febe en sus exequias, como si estuviera en su funeral. La propia razón se pone de manifiesto en su nombre: los antiguos los llamaron signos “eclípticos”. Ahora bien, los signos sufren al mismo tiempo de dos en dos, y no los que son vecinos, sino los que brillan en lugares opuestos, al igual que la luna ve eclipsado su círculo solamente cuando no ve a Febo que corre en el signo opuesto. (Traducción de Francisco Calero y Mª José Echarte. Editorial Gredos)

    causa patet, quod, Luna quibus defecit in astris
    orba sui fratris noctisque immersa tenebris,
    cum medius Phoebi radios intercipit orbis
    nec trahit assuetum quo fulget Delia lumen,
    haec quoque signa suo pariter cum sidere languent             
    incurvata simul solitoque exempta vigori
    et velut elatam Phoeben in funere lugent.
    ipsa docet titulo se causa: ecliptica signa
    dixere antiqui. pariter sed bina laborant,
    nec vicina loco sed quae contraria fulgent,                
    sicut Luna suo tum tantum deficit orbe
    cum Phoebum adversis currentem non videt astris.

    Naturalmente, algunos encontraron la explicación científica, que nos ofrecen con toda claridad: los eclipses se deben a la interposición de la luna o de la tierra entre el sol y el astro que se eclipsa.  Esta es la teoría dominante en la antigüedad y por tanto son muchos los autores que la exponen. Citaremos algunos:

    Aristóteles se sirve de esta teoría para probar que los astros son esféricos, porque en la sombra que proyecta la tierra sobre la luna se aprecia esa forma; en su "Acerca del cielo",  De caelo, II,11, 291b24:

    Por otra parte los argumentos astronómicos dan una confirmación adicional; porqueninguna otra hipótesis explica la forma de disco creciente de los eclipses de sol. Por consiguiente, si uno de los astros cualquiera es esférico, es necesario evidentemente que los restantes astros lo sean.

    También.Gémino (s. I a.C.), en su Introducción a los Fenómenos (de Arato), en el capítulo X nos hbla de los eclipses de sol y en el XI de los de luna:

    Gémino, Introducción a los Fenómenos, X, XI:

    X
    Los eclipses de Sol tienen lugar por la interposición de la Luna. Pues al circular el Sol más alto y la Luna más baja, cuando el Sol y la Luna se hallan en el mismo grado, la Luna al pasar por debajo del Sol se interpone a los rayos del Sol que vienen en nuestra dirección. Por eso no hay que llamarlos propiamente eclipses, sino interposiciones. En efecto, nunca se eclipsa una sola parte del Sol;  se torna invisible para nosotros gracias a la interposición de la Luna.
    ….
    De que el Sol se eclipsa por interposición de la Luna, es la mayor prueba el hecho de que los eclipses no tienen lugar en otro día, sino en el 30 exclusivamente, cuando la Luna está en conjunción con el Sol,  y que desde entonces la magnitud de los eclipses está en razón de los lugares geográficos.
    ……….
    XI
    Los eclipses de Luna están provocados por la incidencia de la Luna en la sombra proyectada por la Tierra. Lo mismo que los restantes  cuerpos iluminados por el Sol proyectan sombras, así también la Tierra, iluminada por el Sol, proyecta una sombra. Además sucede que, a causa de la dimensión de la Tierra, la sombra es manifiesta y profunda.
    Cuando la Luna se halla diametralmente opuesta al Sol, entonces la sombra proyectada por la Tierra es también diametralmente opuesta al Sol; por lo cual la Luna, al circular a una distancia inferior que la sombra, incide, lógicamente, en la sombra proyectada por la Tierra. La parte de la Luna que incide en la sombra de la Tierra queda siempre privada de la luz del Sol a causa de la interposición de la Tierra; pues en este momento se encuentran en la misma recta el Sol, la Tierra, la sombra de la Tierra y la Luna. Por esta causa, los eclipses de Luna no tienen lugar en otro día, sino en el plenilunio; pues entonces la Luna está diametralmente opuesta al Sol.
    (Traducción de Esteban Calderón Dorda.Editorial Gredos).

    Higino , (64 a.C.-17 d.C.) hispano latino que según Luis Vives nació en Valencia*  y  que ha dado su nombre a uno de los cráteres lunares, también propone esta teoría en su De Astronomía, IV, 14, 3:

    * Nota: Luis  Vives no dice exactamente que naciera en Valencia sino que le llama "conterraneus", es decir, "paisano"; dada la precisión con la que Vives utiliza el latín se puede interpretar razonablemente que con "conterraneus" no se refiere tanto a "hispano" cuanto a "valenciano".

    También se puede comprender lo que sucede. Así como si alguien acerca su mano plana hacia sus ojos, cuanto más la acerca, tanto menos podrá ver y cuanto más lejos la aparte de él, tanto más se le podrán aparecer todas las cosas, del mismo modo cuando la luna llega a la posición del sol, entonces parece que está cerca de él y que obstruye sus rayos, de tal forma que no puede expulsar su luz. Sin embargo, cuando la luna está lejos de ese lugar, entonces el sol proyecta su luz, y así viene a dar en nuestros cuerpos.

    El eclipse de luna, pues, tiene lugar cuando la luna esta cerca por su dimensión y el sol se marcha por debajo de la tierra. De este modo, si trazaras una línea recta  por mitad de la tierra, podría tocar el sol bajo la tierra y la luna por encima de la tierra. Cuando esto ocurre así, necesariamente  los rayos del sol, por la magnitud de la tierra, son desviados, de tal modo que su luz, con la que luce la luna, no pueda llegar a ella, y así se cree que se produce el eclipse de luna.

    Quod evenire sic etiam potest intellegi. Ut si quis alicui manum planam ad oculos admoverit, quanto magis sic fecerit, hoc minus ille videre poterit; et quanto longius ab eo discesserit, hoc magis illi omnia poterunt apparere. Simili ratione cum luna ad solis locum pervenit, tunc proxima eius videtur esse et radios eius obturare, ut lumen eicere non possit. Cum autem luna ab eo loco discesserit, tunc sol lumen eicit, et ita ad corpora nostra adicit.

    Lunae autem eclipsis sic evenit, cum prope dimensione sit luna, cum abierit sol sub terram, dumtaxat hoc modo, ut per mediam terram si quid directum traieceris, contingere possit solem sub terra, lunam autem supra terram; quod cum ita evenit, necesse est solis radios propter magnitudinem terrae ita esse dimissos, ut lumen eius, quo luna lucet, non possit ad eam pervenire, et ita existimatur fieri eclipsis lunae.

    También Plinio el Viejo (62-113 d.C.), en su Historia natural, II, 7, 47 nos da esta explicación:

    Efectivamente, es cierto que el sol se eclipsa por la interposición de la luna, la luna por la intercalación de la tierra, y ambos eclipses son equivalentes, ya que con su respectiva interposición la luna quita a la tierra (y la tierra a la luna) los mismos rayos de sol; también, que al introducirse la luna, se originan inmediatamente las tinieblas, y a su vez, el tal astro se oscurece por la sombra de la tierra, asimismo, que la noche no es otra cosa que la sombra de la tierra, pues la forma de la sombra es similar a un cono o a una peonza con el pico hacia arriba, porque cae sobre la luna exclusivamente por su punta y no excede su altura, siendo así que ningún otro astro se oscurece del mismo modo y que una figura como ésa siempre termina en punta.

    Quippe manifestum est solem interuentu lunae occultari lunamque terrae obiectu ac uices reddi, eosdem solis radios luna interpositu suo auferente terrae terraque lunae. Hac subeunte repentinas obduci tenebras rursumque illius umbra sidus hebetari. Neque aliud esse noctem quam terrae umbram, figuram autem umbrae similem metae ac turbini inuerso, quando mucrone tantum ingruat neque lunae excedat altitudinem, quoniam nullum aliud sidus eodem modo obscuretur et talis figura semper mucrone deficiat.

    Los antiguos fueron conscientes del peligro que entrañaba observar directamente los eclipses de sol, que puede producir ceguera irreversible. Así Platón (ca. 427-347 a.C.) en su diálogo Fedón, 99d nos dice:

    SÓCRATES: ….¿Quieres que te exponga, Cebes, la segunda navegación que en busca de la causa he realizado?
    -Lo deseo extraordinariamente-respondió
    -Pues bien-dijo Sócrates-; después de esto, y una vez que me había cansado de investigar las cosas, creí que debía prevenirme de que no me ocurriera lo que les pasa a los que contemplan y examinan el sol durante un eclipse. En efecto, hay algunos que pierden la vista si no contemplan la imagen del astro en el agua o en algún otro objeto similar. Tal fue, más o menos, lo que yo pensé, y se apoderó de mí el temor de quedarme completamente ciego de alma si miraba a las cosas con los ojos y pretendía alcanzarlas con cada uno de los sentidos.
    (Traducción de Luis Gil).

    También Séneca nos recuerda cómo hemos de observar el eclipse de sol:

    Cuando queremos observar un eclipse de sol, colocamos recipientes que llenamos  de aceite o de pez, porque un líquido espeso se agita menos fácilmente y por lo tanto retiene  las imágenes que recibe, pues las imágenes no pueden reflejarse sino en un líquido inmóvil. Entonces solemos observar cómo la luna se opone al sol y cómo él se esconde tanto más cuanto es el cuerpo interpuesto, unas veces en parte si ocurre que se opone solamente en un lado y otras veces por completo; se llama eclipse total  aquel que hace aparecer las estrellas e intercepta la luz, y tiene lugar cuando los dos centros   se encuentran en la misma línea recta.

    [12,1] Quotiens defectionem solis uolumus deprehendere, ponimus pelues, quas aut oleo aut pice implemus, quia pinguis umor minus facile turbatur et ideo quas recipit imagines seruat; apparere autem imagines non possunt nisi in liquido et immoto. Tunc solemus notare, quemadmodum luna soli se opponat et illum tanto maiorem obiecto corpore abscondat, modo ex parte, si ita competit, ut in latus eius incurreret, modo totum; haec dicitur perfecta defectio, quae stellas quoque ostendit et intercipit lucem, tunc scilicet cum uterque orbis sub eodem libramento stetit.

    Dicen que Tales fue el primero en predecir un eclipse que habría tenido lugar en el año 585 a.C. pero lo había anunciado un año antes. Los astrónomos actuales consideran esta predicción imposible y la noticia como fruto de una visión un tanto hagiográfica de Tales.

    Nos lo cuenta Herodoto (ca. 639-ca. 547 a.C.) en el libro I de sus Historia, los reyes de Lidia y Media, aterrorizados por el mismo eclipse, firmaron un armisticio cuando ya sus ejércitos estaban listos para acometerse.Ambos monarcas interpretaron la oscuridad del sol como una señal del cielo para acabar con las hostilidades.

    Heródoto, Historias, I, 74

    De este principio, no queriendo despues Alyattes entregar los Escitas á pesar de las reclamaciones de Cyaxares, se originó entre Lydios y Medos una guerra que duró cinco años, en cuyo tiempo la victoria se declaró alternativamente por unos y otros. En las diferentes batallas que se dieron, hubo una nocturna en el año sexto de la guerra que ambas naciones proseguían con igual suceso, porque en medio de la batalla misma se les convirtió el dia repentinamente en noche; mutacion que Thales Milesio habia predicho á los Jonios, fijando el término de ella en aquel año mismo en que sucedió. Entónces Lydios y Medos, viendo el dia convertido en noche, no solo dejaron la batalla comenzada, sino que tanto los unos como los otros se apresuraron á poner fin á sus discordias con un tratado de paz. (Traducción de Bartolomé Pou [1727-1802])

    Fue esta cuestión de la predictibilidad una cuestión que sin duda apasionó a los antiguos.
    Al principio del artículo comentaba el hallazgo del famoso ciclo de “saros”, que los griegos tomaron de los babilonios,  y presentaba dos textos, de Plinio y Ptolomeo, para corroborar su conocimiento.
    Plinio se refería a Hiparco (ca.190-120 a.C.) como el astrónomo que comprendió estos ciclos. Estrabón en su Geografía,I,1, 13 dice de Hiparco:

    (12) Muchos han manifestado que el estudio de la geografía  requiere una gran variedad  de conocimientos;  Hiparco especialmente, en Crítica de la Geografía de Eratóstenes, hizo notar con toda razón "que nadie podrá adquirir el conocimiento de la ya sea como persona particular o como profesor erudito , sin un conocimiento preliminar de astronomía, y sin la práctica de las reglas del cálclo de los eclipses. Por ejemplo, ¿cómo se podrá  decir si la Alejandría de Egipto está más al norte o más al sur de Babilonia, y a qué distancia puede estar,  sin recurrir al método del clima (observar la latitud). Además, ¿cómo saber exactamente si tal país está más adelante hacia el oriente y tal otro hacia el occidente, si no es por la comparación de los eclipses de sol y de luna?  Así se explica Hiparco a este respecto.

    Cicerón (106-43 a.C.) también dice que los eclipses (de luna) eran previstos con antelación  estudiando los movimientos regulares de la Luna en De divinatione II, 17

    "¿Cómo se puede prever que  va a suceder algo que ni tiene causa alguna conocida ni se sabe por qué ha de ocurrir? Los eclipses del sol y también los de la luna se predijeron cen para muchos años por los hombres que persiguen los movimientos de los astros con las matemáticas, pues predicen cosas que la ley necesaria de la naturaleza tiene que ejecutar.

    A partir del movimiento siempre constante de la luna ven cuándo ella, desde la región frente al sol, entra en la sombra de la tierra, que es el cono de la noche, para que necesariamente se oscurezca; cuándo la misma luna por debajo y opuesta al sol oculta su luz a nuestros ojos, en qué signo y en que momento se encontrara cada una de las estrellas errantes (los planetas); también en qué día tendrán lugar el orto y el ocaso de cada signo (del zodiaco, cada constelación). Ves ahora qué razonamiento siguen aquellos que predicen estas cosas.

    [17] Qui potest provideri quicquam futurum esse, quod neque causam habet ullam neque notam, cur futurum sit? Solis defectiones itemque lunae praedicuntur in multos annos ab iis, qui siderum motus numeris persequuntur; ea praedicunt enim, quae naturae necessitas perfectura est. Vident ex constantissimo motu lunae, quando illa e regione solis facta incurrat in umbram terrae, quae est meta noctis, ut eam obscurari necesse sit, quandoque eadem luna subiecta atque opposita soli nostris oculis eius lumen obscuret, quo in signo quaeque errantium stellarum quoque tempore futura sit, qui exortus quoque die signi alicuius aut qui occasus futurus sit. Haec qui ante dicunt, quam rationem sequantur, vides.

    El famoso artilugio mecánico conocido como mecanismo de Anticitera, datado en el 87 a.C.,  del que hablaremos en otra ocasión, es una especie de calculadora a base de engranajes para prever la posición del Sol, de la Luna y de algunos planetas. Permitía calcular el ciclo de “saros”, del que hablaba al principio y por tanto ayudaba a prever la existencia de los eclipses.

    La determinación de estos ciclos como el de “saros”,  la observación milenaria de los movimientos, la creación de instrumentos para reproducir los movimientos de las estrellas, todo ello les proporcionó gran experiencia y les hizo caminar en la buena dirección ya desde Mesopotamia, sobre todo referido a los de luna; pero coinciden los expertos en afirmar que con los instrumentos de que disponían no podían fijar con anterioridad y con exactitud la aparición de un eclipse. Sólo muy recientemente se ha conseguido gran precisión al respecto.

    En todo caso, la astronomía (astrología) gozó de un enorme reconocimiento en la Antigüedad. Ciertamente, los intentos de explicación de los astros y sus movimientos, las elucubraciones teóricas y prácticas, que incorporan y desarrollan el conocimiento de la matemática y  geometría, suponen un verdadero esfuerzo científico.

    Plinio, a quien hemos citado varias veces, ensalza la ciencia y valentía de los hombres que intentan averiguar las causas de las cosas. En el pasaje citado anteriormente en el que se refiere a Sulpicio Galo antes de la batalla de Pidna, sigue comentando:

    Plinio, Historia Natural II, 9 (12) (54)

    “Hombres aquellos extraordinarios y sobrehumanos por haber comprendido la ley de tan importantes númenes y haber liberado por fin del miedo a la pobre mente humana que en los eclipses veía con temor crímenes o algún tipo de muerte de los astros (es notorio que en medio de este temor por el eclipse de sol sonaron las palabras sublimes de los vates Píndaro y Estesícoro) o bien el hombre mortal veía hechizos en el de la luna y por eso le ayudaba con un ruido desacompasado. Por este miedo, al desconocer la causa, Nicias, general de los atenienses, temiendo sacar la flota del puerto, perdió sus tropas.
    ¡Sed gloriosos por vuestra inteligencia, sabios que abarcáis el cielo y la naturaleza física, descubridores de la razón por la que os habéis impuesto a los hombres y a  los dioses!
    ¿Quién contemplando este espectáculo, así como los trances regulares de los astros (porque así se convino en llamarlos) no perdonaría que seamos mortales por una ley ineludible?

    viri ingentes supraque mortalia, tantorum numinum lege deprehensa et misera hominum mente iam soluta, in defectibus scelera aut mortem aliquam siderum pavente — quo in metu fuisse Stesichori et Pindari vatum sublimia ora palam est deliquio solis — aut in luna veneficia arguente mortalitate et ob id crepitu dissono auxiliante — quo pavore ignarus causae Nicias Atheniensium imperator veritus classem portu educere opes eorum adflixit —: macte ingenio este, caeli interpretes rerumque naturae capaces, argumenti repertores,

     quo deos hominesque vicistis! quis enim haec cernens et statos siderum (quoniam ita appellare placuit) labores non suae necessitati mortales genitos ignoscat?

    Nunc confessa de iisdem breviter atque capitulatim attingam ratione admodum necessariis locis strictimque reddita, nam neque instituti operis talis argumentatio est neque omnium rerum afferri posse causas minus mirum est quam constare in aliquis.

    Ovidio también valora también el extraordinario valor de quienes estudiaron las estrellas en Fastos, I, 297 y ss.:

    ¿Quién nos impide hablar también de las estrellas, cómo sale y se pone cada una? Esto es parte de mi promesa. ¡Felices las almas que fueron las primeras en ocuparse de conocer esats cosas y ascender a las mansiones de arriba! Se puede creer que aquellos sacaron la cabeza por encima tanto de los vicios como de los lugares humanos. Ni Venus ni el vino, el deber del foro o las fatigas de las campañas, quebraron sus pechos sublimes. No les tentaron ni la ambición ligera ni la gloria revestida de oropel ni el ansia de grandes riquezas. Acercaron a nuestros ojos las lejanas estrellas y sometieron el firmamento a su genio. Así es como se alcanza el cielo, sin necesidad de que el Olimpo se lleve al Osa y la cima del Pelio toque las más altas estrellas. Nosotros también, bajo la guía de ellos, mediremos el cielo y asignaremos sus días a cada astro errante. (Traducción de Bartolomé Segura Ramos, Edit. Gredos)

    Quis vetat et stellas, ut quaeque oriturque caditque,
    dicere? promissi pars fuit ista mei.
    felices animae, quibus haec cognoscere primis
    inque domus superas scandere cura fuit!
    credibile est illos pariter vitiisque locisque
    300 altius humanis exeruisse caput.
    non Venus et vinum sublimia pectora fregit
    officiumque fori militiaeve labor;
    nec levis ambitio perfusaque gloria fuco
    magnarumque fames sollicitavit opum.
    305 admovere oculis distantia sidera nostris
    aetheraque ingenio supposuere suo.
    sic petitur caelum: non ut ferat Ossan Olympus,
    summaque Peliacus sidera tangat apex.
    nos quoque sub ducibus caelum metabimur illis
    310 ponemusque suos ad vaga signa dies.

    En los textos clásicos hay numerosas referencias a eclipses realmente habidos. Según recojo del artículo “La explicación de los eclipses en la Antigüedad Grecolatina”, de los autores Roberto Casazza Alejandro Gangui de la Universidad de Buenos Aires que a su vez citan a Couderc, 1969: 128-134, se consideran históricos o descritos por fuentes históricas fiables a los siguientes:: eclipse del canon asirio (15 de junio del 763 a.C.); eclipse de Asurbanipal (27 de junio del 661 a.C.); eclipse de Arquíloco (6 de abril del 648 a.C.); eclipse de Tales (28 de mayo del 585 a.C. –hay densas discusiones sobre este eclipse–); eclipse de Píndaro (30 de abril del 463 a.C.); eclipse de Tucídides (3 de agosto del 431 a.C.); eclipse de Agatocles (15 de agosto del 310 a.C.); eclipse de Hiparco (20 de noviembre del 129 a.C.); eclipse de Flegón (24 de noviembre del 29 d.C.); eclipse de Plutarco (20 de marzo del 71 d.C.); eclipse de Teón (16 de junio del 364 d.C. –aquí también quedan dudas–). citado por Couderc, 1969: 128-134.

  • Los eclipses anuncian sucesos extraordinarios (I)

    El hombre lleva miles de años, desde que aparece sobre la tierra, observando el cielo, unas veces impresionado por los miles de puntos luminosos, en torno a los 1.500 a simple vista, que se mueven o permanecen quietos, y otras asustado por la influencia que puede tener sobre su propia vida.

    La bóveda celeste en sí misma es un dios  y esos puntos brillantes también son seres divinos. Así que cualquier señal que del cielo viene ha de ser observada, analizada, contrarrestada si su efecto es amenazador.

    Respecto de las estrellas, uno de los aspectos que más interesó a los antiguos fue la posición en cada momento de los astros; algunos de ellos, los planetas, se mueven, pero otros aparentemente permanecen fijos y anclados en el cielo. Precisamente la palabra “planeta”, πλανήτης, planetes en griego, significa “errante, que se mueve” .

    De la posición y aparición (orto) y desaparición o puesta (ocaso) de los astros en el firmamento dependen dos cuestiones fundamentales: una la determinación del calendario, la posibilidad de organizar y comprender los ciclos de la naturaleza; la otra está en relación con la creencia en la influencia que los astros tienen en la vida de los hombres, sobre todo la posición de los astros en el momento del nacimiento.

    Esta cuestión es lo que estudia desde hace de años la “astrología” y que por irracional que nos parezca, no ha dejado todavía de tener una gran presencia en la vida actual.

    Pues bien, para determinar la posición de los astros y sus apariciones y ciclos se realizaron durante miles de años pacientes observaciones. Los primeros fueron los mesopotámicos y los egipcios; de ellos aprendieron los griegos, que incorporaron estos conocimientos a su mitología y a su incipiente ciencia y los desarrollaron grandemente.

    Una de las señales que más impresionaron a los antiguos, y que nos sigue fascinando hoy, son los eclipses, en nuestra posición sobre todo los de sol, pero también los de luna.

    La palabra eclipse proviene del griego ἔκλειψις, ékleipsis, que  significa “desaparición, que falta”.
    Estrabón (ca. 63 a.C.-19 a 24 d.C.) en su Geografía, 1, 1, 12 define a los eclipses como συγκρίσεις ἡλίου καὶ σελήνης (syncríseis helíou kay selénes) , es decir, como combinaciones, composiciones o alineación del sol y la luna [con la tierra]. Esta precisa definición sigue siendo válida hoy.

    Según el Diccionario de la Real Academia Española, en astronomía un eclipse es la “Ocultación transitoria total o parcial de un astro por interposición de otro cuerpo celeste”.

    Los eclipses pueden ser de luna o de sol. Son especialmente llamativos y dramáticos los de sol, que pueden ser parciales, totales o anulares según la parte de sol que quede oscurecida por la interposición de la luna.

    Los eclipses de sol, sobre todo los totales, pueden producir temor e inquietud a las personas, incluso hoy día en que la explicación científica, hace mucho tiempo establecida, es conocida por todo el mundo. En este tipo, llega la noche en mitad del día y pueden verse algunas estrellas y aunque no duren mucho tiempo, alteran el comportamiento de los animales e impresionan notablemente a las personas.

    No puede extrañarnos, pues, el interés que los eclipses suscitaron en los antiguos.

    Los babilonios fueron observadores notables del firmamento y de ellos aprendieron egipcios y griegos. Fueron ya los babilonios los que se  percataron de que los astros volvían periódicamente a una misma posición y establecieron el llamado “ciclo de saros”, que naturalmente heredaron los griegos. Este ciclo es un periodo de 18 años, 10 u 11 días y 1/3 de día (es decir, 6.585ías), ,32 dtiempo que transcurre entre dos eclipses de sol o de luna con condiciones semejantes, cuando la Luna y la Tierra están de nuevo en la misma posición aproximada en sus órbitas: en la misma fase, en el mismo nodo y a la misma distancia.

    El nombre de “saros”(griego σάρος), lo utilizó por primera vez Edmond Halley en 1691 tomándolo de la enciclopedia o léxico bizantino del siglo XI “La Suda”, que dice: 

    El saros es una medida y un número entre los Caldeos. 120 saros hacen 2.222 años según el cálculo de los caldeos, ya que el saros hace 222 meses lunares, que son 18 años y 6 meses” .

    Los griegos a su vez parece que tomaron la palabra “saros” de la babilónica "sāru", que significaba al número 3.600.

    Ptolomeo y Plinio se refieren a este ciclo, aunque no le llamen así. Plinio (23-79 d.C.) dedica todo el capítulo 10 del Libro II al análisis de la recurrencia de los eclipses de sol y de luna,  tomándolo de Hiparco:

    Plinio, Naturalis Historia, II, 10 (56-57) (En otras numeraciones coincide con II,17):

    Es cierto que los eclipses vuelven a sus mismos círculos a los doscientos veintidós  meses; el eclipse de sol sólo se produce con la luna nueva o primera (cuando la luna finaliza o comienza su curso, en el último cuarto de luna o en el primero) (que es lo que llaman la conjunción); en cambio, el de luna sólo en luna llena (plenilunio) y siempre más acá de donde ocurrió la última vez. Ahora bien, todos los años ocurren  los eclipses de ambos astros en días y horas fijos; y sin embargo no son visibles en todas partes cuando se producen por debajo de la tierra (hemisferio austral) ni por encima de ella (hemisferio boreal),  a veces por las nubes y más a menudo porque lo obstaculiza el globo  terráqueo a causa de la convexidad del universo.

    Hace doscientos años se averiguó, gracias a la sagacidad de Hiparco, que el eclipse de luna ocurría a veces a los cinco meses del anterior, y el de sol, en cambio, a los siete, que éste (el sol) se oculta dos veces en treinta días sobre las tierras (en nuestro lado de la tierra), pero que esto es visto por unos y  otros (todos no ven las dos ocultaciones) y lo que es especialmente maravilloso en este fenómeno maravilloso, como quiera que  ocurre que la luna se eclipsa por la sombra de la tierra, unas veces le cae por la parte del ocaso (occidental) y otras por la salida (oriental), y por alguna razón, aunque  en la salida del sol esa sombra oscurecedora debe estar por debajo de la tierra, sin embargo ya ha ocurrido una vez, que la luna se ha eclipsado en el ocaso, viéndose uno y otro astro por encima de la  tierra.

    En cuanto a los eclipses de los dos astros en quince días, esto se vio en nuestro tiempo siendo emperadores los dos Vespasianos, el padre y el hijo, siendo además cónsules, el padre por tercera vez.

    defectus ccxxiii mensibus redire in suos orbes certum est, solis defectus non nisi novissima primave fieri luna, quod vocant coitum, lunae autem non nisi plena, semperque citra quam proxime fuerint; omnibus autem annis fieri utriusque sideris defectus statis diebus horisque sub terra nec tamen, cum superne fiant, ubique cerni, aliquando propter nubila, saepius globo terrae obstante convexitatibus mundi.
    intra ducentos annos hipparchi sagacitate compertum est et lunae defectum aliquando quinto mense a priore fieri, solis vero septimo, eundem bis in xxx diebus super terras occultari, sed ab aliis hoc cerni, quaeque sunt in hoc miraculo maxime mira, cum conveniat umbra terrae lunam hebetari, nunc ab occasus parte hoc ei accidere, nunc ab exortus, quanam ratione, cum solis exortu umbra illa hebetatrix sub terra esse debeat, semel iam acciderit ut in occasu luna deficeret utroque super terram conspicuo sidere. nam ut xv diebus utrumque sidus quaereretur, et nostro aevo accidit imperatoribus vespasianis patre iii. filio consulibus.

    Algo parecido nos dice Ptolomeo, en su Almagesto, IV,2 en su versión latina:

    De periodicis lunae temporibus

    Los  antiguos consideraban pues que este tiempo era aproximadamente de 6585 días y un tercio de día, es decir, 8 horas, porque en ese tiempo ellos veían que se acababan aproximadamente 223 meses (lunares), o 239 revoluciones  de la anomalía, sin embargo 242 vueltas a la misma latitud, pero 241 revoluciones de longitud,  y además 10.40 grados en 18 revoluciones en  el dicho tiempo.

    Prisci ergo admodum tempus hoc esse putabant directum 6585 dies et tertiam unius diei partem utpote horas 8 in tanto enim tempore 223 menses proxime colligi videbant: Revolutiones aut inaequalitatis quidem 239. Latitudinis autem 242, longitudinis vero revolutiones 241 et ad haec gradus 10.40 quoque in 18 revoutionibus in praedicto tempore.

    En el mundo grecolatino la astronomía (actualmente definida como “Ciencia que trata de cuanto se refiere a los astros, y principalmente a las leyes de sus movimientos”) y la astrología (definida actualmente como “Estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres”.)  se confunden, son la misma ciencia. Así que se mezclan los mitos y creencias que vienen de la noche de los tiempos con lo que la razón y la ciencia va averiguando. Poco a poco la astronomía fue expresándose en lenguaje matemático y geométrico sin que por ello desapareciera la “astrología”.

    Este largo proceso, en lo que se refiere a los eclipses,  lo sintetizaré en unos pocos textos antiguos de los cientos interesantes que nos han quedado.

    Ya Homero en su Odisea, XX, versos 350 y ss. hace referencia a un eclipse, que lo presenta como una premonición del terrible final de los pretendientes de Penélope a manos de Odiseo en su palacio de Itaca:

    Y Teoclímeno, a un dios semejante, tomó la palabra:
    “¡Desgraciados! ¿Qué mal os aflige? Sumidos en noche
    vuestros rostros están, las cabezas, las mismas rodillas;
    el sollozo os abrasa, las caras se os cubren de llanto;
    las paredes chorrean de sangre, las vigas hermosas;
    el vestíbulo llenan y pueblan el patio fantasmas
    que a las sombras se lanzan del Érebo; el sol en el cielo
    se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo.”

    (Traducción de José Manuel Pabón. Editorial Gredos)

    Que los eclipses son obra de los dioses ya nos lo recordó Arquíloco, poeta griego que vivió en el siglo VII a.C. Se refiere a un eclipse, probablemente el del año 648, como obra de Zeus. Nos dice en el fragmento 122 (West):

    Zeus y el Eclipse (fragmento 122 West)

    Nada es inesperado, nada puede ser declarado como imposible
    o maravilloso, desde que, Zeus, padre de los Olímpicos,
    hizo la noche a mediodía, manteniendo la espalda a la luz
    del sol radiante; y el temor cayó sobre la humanidad.
    A partir de ahora los hombres podrán creer todas las cosas, podrán esperar todas las cosas.  Ninguno de vosotros debería sorprenderse en el futuro, ni siquiera al ver
    que las bestias cambian su lugar con los delfines y van a pastar
    en las profundidades, teniendo  las olas resonantes del mar
    en más aprecio que la tierra, mientras que a los delfines les encantan las colinas boscosas.

    Los hombres no conocen las causas de los eclipses, que como alteración del orden natural del cielo les producen enorme temor. En algunas ocasiones creen que son causados por la propia acción mágica de los hombres

    Algunos autores, como Demócrito de Abdera (450a.C. – ca. 370 a.C.) piensa que el sol o la luna se hacen invisibles cuando descienden de sus órbitas. Los responsables de ese descendimiento son los magos o las brujas, según la creencia popular.

    Platón recoge la creencia, que pone en boca de Sócrates, en Gorgias, 513a:

    Piensa si eso es ventajoso para ti y para mí, para que no nos pase, divino Calicles, lo que les ocurre, según dicen, a las mujeres tesalias que tratan de hacer bajar la luna, o sea, que la conquista de ese poder en la ciudad vaya acompañada de la pérdida de las cosas más queridas.

    Según la creencia popular quedaban ciegas, sufrían quemaduras y quedaban con las piernas rotas por el esfuerzo.

    Aristófanes utiliza la creencia en Las nubes, v.  750 ss.:

    Estrepsíades: Ya he encontrado un modo de no pagar los intereses.
    Sócrates: Ponlo de manifiesto
    Estrepsíades:   Ponlo de manifiesto
    Sócrates:  Dime, si yo comprase una hechicera de Tesalia que hiciera bajar la luna de noche y la guardase con todo cuidado encerrada en una caja redonda, como si fuera un espejo…?
    Sócrates: ¿Y de qué te serviría eso? Te pregunto.
    Estrpsíades:  ¿De qué? Si la luna no volviese a salir en ningún sitio,  yo no tendría que pagar más intereses.
    Sócrates:  ¿Por qué? Dime.
    Estrepsíades: Porque los intereses se pagan cada més.

    Plinio también nos indica cómo los hombres creían que los eclipses eran fruto de la brujería y les producían un enorme temor, que intentaban alejar produciendo gran ruido. Lo dice en un texto en el que valora la gran obra de quienes liberaron a los hombres del temor a estos fenómenos. Nos lo cuenta en Naturalis Historia, II, 12 (54):

     … Fueron hombres de enorme grandeza por encima de los mortales,  quienes comprendieron la ley de tan grandes seres divinos, y libraron  ya al espíritu de los hombres,  que antes temían que  en los eclipses habría alguna desgracia o la muerte de los astros,  (sabido es que las sublimes bocas de los poetas Estesícoro y Píndaro estuvieron con este miedo en un eclipse de sol), y que pensaban que en el oscurecimiento de la luna había encantamientos  y por eso ayudaban con un ruido disonante.

    Con ese temor, desconocedor de las causas, Nicias, general de los atenienses, no se atrevió a sacar la escuadra del puerto e hizo un gran daño a sus intereses.

    viri ingentes supraque mortalia, tantorum numinum lege deprehensa et misera hominum mente iam soluta, in defectibus scelera aut mortem aliquam siderum pavente – quo in metu fuisse stesichori et pindari vatum sublimia ora palam est deliquio solis – aut in luna veneficia arguente mortalitate et ob id crepitu dissono auxiliante – quo pavore ignarus causae nicias atheniensium imperator veritus classem portu educere opes eorum adflixit

    También Tito Livio, al comentar el sitio por los romanos de la ciudad de Capua, ocupada por los cartagineses, y describir el ruido y griterío de la batalla en la que también interviene Anibal, dice en Ab Urbe condita libri), 26, 5, 9,:

    Comenzó la batalla no sólo con el acostumbrado griterío y alboroto;  sino que además al ruido de los caballos, los hombres y las armas se añadió el griterío que hioz la población no combatiente colocada en las murallas de Capua con sus objetos de bronce, como  suele hacer en el silencio de la noche en un eclipse de Luna, para distgraer también el ánimo de los combatientes.

     proelium non solito modo clamore ac tumultu est coeptum, sed ad alium virorum, equorum armorumque sonum disposita in muris Campanorum inbellis multitudo tantum cum aeris crepitu, qualis in defectu lunae silenti nocte cieri solet, edidit clamorem, ut averteret etiam pugnantium animos.

    Boecio (480-ca.526), todavía nos recuerda la práctica arraigada en el pueblo de golpear objetos de bronce para ahuyentar el maleficio del eclipse de sol, en su La consolación de la Filosofía, libro IV, M(etro)5, 7-12

    Cuando palidecen los cuernos de la luna llena
    invadida por los límites de la noche oscura,
    y  las estrellas que cubría con su cara luminosa, 
    cuando Febo descubre los astros eclipsados,
    la pública ignorancia  conmueve a las gentes
    que baten los aires con sus constantes golpes.

    palleant plenae cornua lunae
    infecta metis noctis opacae,
    quaeque fulgenti texerat ore,
    10 confusa Phoebe detegat astra:
    commouet gentes publicus error
    lassantque crebris pulsibus aera.

    Los textos que reflejan estos temores son numerosos. El historiador Tucídides (460-396) nos ofrece un texto interesante al comentar la magnitud de la Guerra del Peloponeso. Tucídides pone en relación los desastres de la guerra con las desgracias de todo tipo acaecidas entonces.

    Historia de la Guerra del Peloponeso, I, 23:

    De los hechos anteriores el más importante fue la guerra contra los medos, a pesar de que ésta se decidió rápidamente en dos batallas navales y dos terrestres. La duración de este guerra nuestra, por el contrario, ha ido mucho más allá, y hay ocurrido que en su transcurso se han producido en Grecia desastres sin parangón en un período igual. Nunca tantas ciudades fueron tomadas y asoladas, unas por los bárbaros y otras por los mismos griegos luchando unos contra otros (algunas hay incluso que cambiaron de habitantes al ser conquistadas); nunca tampoco había habido tantos destierros y tanta mortandad, bien en la misma guerra bien a causa de las luchas civiles. E historias que antes refería la tradición, pero que raramente encontraban una confirmación en la realidad, dejaron de resultar inverosímiles: historias acerca de terremotos, que afectaron a la vez a extensas regiones y que fueron muy violentos; eclipses de sol, que ocurrieron con mayor frecuencia de lo que se recordaba en tiempos pasados; y grandes sequías en algunas tierras y hambres como secuela, y, en fin, la calamidad que no menos daño causó y que destruyó a una parte de la población, la peste. Todos estos males cayeron sobre Grecia junto con esta guerra. (Traducción de Juan José Torres Esbarranch. Editorial Gredos. 1990)

    Nota: Tucídides en su Historia hace mención a dos eclipses de sol , en II, 28 y en IV,52,1);  Tambien se refiere a uno de luna en VII,50,4:

    Todo estaba por fin listo, y estaban a punto de marchar lejos navegando lejos, cuando tuvo lugar un eclipse de luna, que estaba entonces en su pleno desarrollo.  La mayoría de los atenienses, profundamente impresionado por este hecho, insisten ahora a sus generales para esperar; y Nicias, que era un tanto aficionado a la adivinación y a las prácticas de ese tipo, se negó desde ese momento incluso a tomar en consideración la cuestión de partida, hasta que esperaron los tres veces nueve días prescritos por los adivinos.

    Píndaro utiliza también la misma idea y creencia de que los eclipses acarrean grandes desgracias en su Pean 9, (Fragmento 52K Maehler, A1 Rutherford):

    Rayo de sol, vigía, ¿qué intentarás,
    oh madre de la vista, astro supremo,
    oculto en el día? ¿Por qué has vuelto inoperante
    para los varones la fuerza y el camino del saber,
    recorriendo un sendero oscurecido?
    ¿Conduces uno más nuevo que antes?
    Pero a ti, que conduces rápidos corceles, por
    Zeus
    te suplico, que conviertas
    en una prosperidad sin pena para Tebas,
    oh venerable, el prodigio común a todos.
    [ . . .]
    [ . . .]
    [ . . .] ¿de qué guerra traes el signo,
    o la consunción del fruto, o la fuerza increíble
    de una nevada, o la destructora sedición,
    o el vaciamiento del mar en la llanura,
    o el congelamiento del suelo, o un verano
    ventoso
    fluyendo con agua furiosa,
    o tras inundar la tierra instalarás
    una nueva generación de varones desde el
    principio?
    No temo nada que vaya a sufrir junto con todos.

    (faltan vv. 22–33 = ep.2–10, estr. B 1–3)
    (Tradución de Daniel Alejandro Torres)

    Algunos comentaristas aprecian precedentes de este peán en poemas egipcios al Sol.
    Séneca, en un largo y retórico canto del coro en su tragedia “Tiestes” poetiza sobre la situación de desorden cósmico y pánico que generan los eclipses:

    Ante el crimen de Atreo que ha matado a los hijos de Tiestes y se los ha ofrecido como alimento en un banquete terrible, el sol retrocede. El coro, estupefacto, teme que se venga abajo toda la estructura del mundo y vuelva todo al  antiguo caos.

    El coro al final de su Tiestes, v. 789-884:

    ¿A dónde, padre de las tierras y de los de aquí arriba,
    a cuyo nacimiento huye todo el ornato de la noche
    opaca: a dónde vas, torciendo tu camino
    y terminando el día en medio del Olimpo?
    ¿Por qué, Febo, nos robas tu semblante?
    de las llamas de Febo, no privará a la noche
    el mensajero de la tarde, Héspero;
    aún la curva hacia Hesperia de las ruedas
    no manda desatar unos caballos que ya han cumplido;
    aún no ha dado, al declinar el día hacia la noche,
    la tercera bocina su señal.
    Se extraña ante la hora de esta súbita cena el labrador,
    cuando los bueyes aún no están cansados.
    ¿Qué es lo que te ha apartado de tu curso celeste?
    ¿Qué causa ha desviado a tus caballos
    de su sendero fijo? ¿Acaso abriendo
    la cárcel de Plutón, los Gigantes vencidos
    intentan otra guerra? ¿Acaso Titio
    renueva con su herida viejas iras
    en su pecho agotado? ¿Es que Tifeo
    sus flancos ha librado echando a un lado el monte?
    ¿Acaso se construye entre los enemigos
    De Flegra un elevado camino y en Tesalia
    el Pelio es aplastado bajo el Osa de Tracia?
    Se han terminado los turnos regulares en el cielo:
    no habrá ocaso ni tampoco oriente.
    Estupefacta queda la madre Aurora,
    estando acostumbrada a encomendar las riendas
    al dios con el rocío de la luz primera,
    por haberse invertido las lindes de su reino:
    no sabe ella bañar los corceles cansados
    ni sumir en el ponto sus rines humeantes de sudor.
    Y el mismo sol, que es nuevo eneste inusitado alojamiento,
    ve a la Aurora al ponerse
    y manda levantarse a las tinieblas
    sin estar preparada aún la noche; no se alzan
    las estrellas, ni brilla con resplandor alguno el firmamento;
    no disipa la luna las densas sombras.
    Sea esto lo que sea, ¡ojalá se tratase de una noche!:
    tiemblan, tiemblan los pechos sacudidos
    por un gran miedo
    de que, en fatal ruina,
    todo se venga abajo y otra vez a los dioses
    y a los hombres oprima el caos deforme,
    y otra vez a las tierras y a los mares y al fuego
    y a las estrellas, que vagan adornando el firmamento,
    los confunda de nuevo la naturaleza.
    El guía de los astros, que con la aparición de su perenne antorcha
    va guiando los siglos, no indicará el verano
    ni el invierno; la luna, que sale al encuentro
    de las llamas de Febo, no privará a la noche
    de sus terrores, ni vencerá las riendas
    de su hemano corriendo por su curvo sendero
    en menos trecho. A una misma fosa
    irán a amontonarse una turba de dioses.
    Aquí el que, recorrido por sagradas estrellas,
    corta en oblicua órbita a las zonas,
    modificando la longitud del año con sus signos,
    caer verá a los astros mientras cae.
    Aquí el Carnero, que, sin ser apacible aún del todo
    la primavera, vuelve a confiar las velas
    al tibio Céfiro, se precipitará sobre las olas
    por las que transportó a al asustada Hele.
    Aquí el Toro, que en sus brillantes cuernos
    lleva a las Híades, arrastrará consigo a los Gemelos
    y a Cangrejo de brazos encorvados.
    El León de Hércules ardiendo entgre las llamas del estío,
    otra vez desde el cielo caerá.
    Caerá, sobre las tierras que un día dejó la Virgen
    y caerán los pesos de la exacta Balanza
    y arrastrarán consigo al punzante Escorpión.
    Y el anciano Quirón que en su arco hemonio
    sostiene sus saetas emplumadas
    perderá sus saetas, roto el arco.
    El glacial Capricornio, que vuelve a traer
    el perezoso invierno, caerá y destrozará tu urna
    cualquiera que tú seas. Contigo caerán
    las últimas estrellas del cielo, los Peces.
    Y los monstruos que nunca bañó el mar
    los tragará el abismo que lo sepulta todo;
    y la que, en medio de ellas, separa las dos Osas,
    la Sierpe escurridiza que parece un río;
    y, unida al gran Dragón, la menor, Cinosura,
    aterida de frío por el hielo;
    y el perezoso guardián de su carro,
    Artofilace, perderá el equilibrio y caerá.
    ¿Nosotros solos entre tanta gente hemos parecido
    merecedores de ser aplastados,
    al derrumbarse el eje de los cielos? ¿Viene sobre nosotros
    la última era? ¡Ah, con qué dura suerte
    hemos sido creados, bien hayamos perdido
    el sol en nuestra desventura, bien lo hayamos echado!
    Lejos las quejas; apártate temor:
    de vivir está ansioso el que no quiere
    morir cuando con él perece el universo.

    (Traducción de José Luis Moreno. Editorial Gredos. 1980)

    Chorus
    Quo terrarum superumque parem,
    cuius ad ortus noctis opacae
    decus omne fugit, quo vertis iter
    medioque diem perdis Olympo?
    cur, Phoebe, tuos rapis aspectus?
    nondum serae nuntius horae
    nocturna vocat lumina Vesper;
    nondum Hesperiae flexura rotae
    iubet emeritos solvere currus;
    nondum in noctem vergente die
    tertia misit bucina signum:
    stupet ad subitae tempora cenae
    nondum fessis bubus arator,
    quid te aetherio pepulit cursu?
     quae causa tuos
    limite certo deiecit equos?
    numquid aperto carcere Ditis
    victi temptant bella Gigantes?
    numquid Tityos pectore fesso
    renovat veteres saucius iras?
    num reiecto
    latus explicuit monte Typhoeus?
    numquid struitur via Phlegraeos
    alta per hostes et Thessalicum
    Thressa premitur Pelion Ossa?
    solitae mundi periere vices?
    nihil occasus, nihil ortus erit?
    stupet Eoos
    assueta deo tradere frenos
    genetrix primae roscida lucis
    perversa sui limina regni;
    nescit fessos
    tinguere currus nec fumantes
    sudore iubas mergere ponto.
    ipse insueto novus hospitio
    Sol Auroram videt occiduus,
    tenebrasque iubet surgere nondum
    nocte parata: non succedunt
    astra nec ullo micat igne polus,
    non Luna gravis digerit umbras.
    Sed quicquid id est, utinam nox sit!
    trepidant, trepidant
    pectora magno percussa metu:
    ne fatali cuncta ruina
    quassata labent iterumque, deos
    hominesque premat deforme chaos,
    iterum terras et mare cingens
    et vaga picti sidera mundi
    natura tegat.
    non aeternae facis exortu
    dux astrorum saecula ducens
    dabit aestatis brumaeque notas,
    non Phoebeis obvia flammis
    dement nocti Luna timores
    vincetque sui fratris habenas,
    curro brevius limite currens;
    ibit in unum
    congesta sinum turba deorum,
    hic qui sacris pervius astris
    secat obliquo tramite zonas
    flectens longos signifer annos,
    lapsa videbit sidera labens;
    hic qui nondum vere benigno
    reddit Zephyro- vela tepenti,
    Aries praeceps ibit in undas,
    per quas pavidam vexerat Hellen;
    hic qui nitido Taurus cornu
    praefert Hyadas, secum Geminos
    trahet et curvi bracchia Cancri;
    Leo flammiferis aestibus ardens
    iterum e caelo cadet Herculens,
    cadet in terras Virgo relictas
    iustaeqne cadent pondera Librae
    secumque trahent Scorpion acrem;
    et qui nervo tenet Haemonio
    pinnata senex spicula Chiron,
    rupto perdet spicula nervo;
    pigram referens hiemem gelidus
    cadet Aegoceros frangetque tuam,
    quisquis es, urnam; tecum excedent
    ultima caeli sidera Pisces,
    Plostraque numquam perfusa mari
    merget condens omnia gurges;
    et qui medias dividit Vrsas,
    fluminis instar lubricus Anguis
    magnoque minor iuncta Draconi
    frigida duro. Cynosura gelu,
    custosque sui tardus plaustri
    iam non stabilis ruet Arctophylax.
    Nos e tanto visi populo
    digni premeret quos everso
    cardine mundus?
    in nos aetas ultima venit?
    o nos dura sorte creatos,
    seu perdidimus solem miseri,
    sive expulimus!
    abeant questus, discedo, timor:
    vitae est avidus quisquis non vult
    mundo secum pereunte mori.

    Virgilio (70-19 a.C.), relaciona las señales del sol (Febo) con el asesinato de César y las guerras y desgracias que caerán sobre Roma en sus Geórgicas I, vv. 464-468:

    El (el Sol) también nos avisa muchas veces de que están a punto de suceder revueltas secretas y de que se están gestando engaños  y guerras ocultas. Él también, compadecido de Roma una vez eliminbado César, cubrió su brillante cabeza de obscura herrumbre, y los impíos siglos temieron una noche eterna.

    … Ille etiam caecos instare tumultus
    saepe monet fraudemque et operta tumescere bella;
    ille etiam exstincto miseratus Caesare Romam,
    cum caput obscura nitidum ferrugine texit
    impiaque aeternam timuerunt saecula noctem.

    Virgilio también, al final del Libro I de la Eneida, cuando Eneas ha sido llevado por Dido a palacio, nos presenta al poeta de la corte cantando a los astros y sus movimientos. Lo hace en los versos  736 y ss.

    Eneida, I, 736-750

    Dijo, y derramó sobre la mesa la libación consagrada,
    y ella la primera acercó la copa al borde de su boca.
    Luego se la dio a Bicias, invitándole;
    Este decidido se bebió la patera espumante,
    y se remojó en la copa de oro llena.

    Despues bebieron los otros jefes. Canta
    al son de su cítara de oro el criado Jopas, a quien el gran Atlas enseñó:
    Canta este a la luna errante ylos eclipses del Sol;
    el origen de donde vienen los hombres  y a las bestias,
    de dónde viene la lluvia y  los relámpagos,
    y a la estrella Arturo y a las Híades lluviosas y a las dos Osas.

    Y por qué el sol del invierno se da tanta prisa
    en hundirse en el Océano, o  qué retraso retiene a la noche tardía.
    Redoblan los tirios su aplauso, y les siguen luego los troyanos.

    Mientras tanto la desgraciada Dido arrastraba la noche
    con su larga conversación y bebía su gran amor,
    preguntándole  muchas cosas sobre Priamo, muchas sobre Héctor.

    Dixit, et in mensam laticum libavit honorem,
    primaque, libato, summo tenus attigit ore,
    tum Bitiae dedit increpitans; ille impiger hausit
    spumantem pateram, et pleno se proluit auro
    post alii proceres. Cithara crinitus Iopas
    personat aurata, docuit quem maximus Atlas.
    Hic canit errantem lunam solisque labores;
    unde hominum genus et pecudes; unde imber et ignes;
    Arcturum pluviasque Hyadas geminosque Triones;
    quid tantum Oceano properent se tinguere soles
    hiberni, vel quae tardis mora noctibus obstet.
    Ingeminant plausu Tyrii, Troesque sequuntur.
    Nec non et vario noctem sermone trahebat
    infelix Dido, longumque bibebat amorem,
    multa super Priamo rogitans, super Hectore multa;

    El mismo Virgilio repite casi literalmente las mismas ideas si bien en otro contexto, ahora cantando las excelencias del viejo romano agricultor y trabajador feliz de su campo; curiosamente se repiten aquí dos versos íntegros del texto anterior correspondiente a la Eneida,  en Geórgicas, II, v. 475 y ss.:

    En primer lugar que me acojan las Musas, dulces sobre todas las cosas, cuyas insignias sagradas llevo, herido por un grande amor, y me muestren las estrellas y los caminos del cielo, y los eclipses del sol y los desfallecimientos de la luna; y de dónde viene el temblor de las tierras, por qué fuerza se hinchan los profundos mares, rotos los obstáculos y de nuevo se asientan sobre sí mismos; y por qué el sol del invierno se da tanta prisa en hundirse en el Océano, o  qué retraso retiene a la noche tardía.

    Y si no pudiera tener acceso a estas partes de la naturaleza y la sangre helada en mi pecho lo impidiera, que al menos disfrute sin gloria de los campos y los arroyos que corren por los valles, de los ríos y los bosques.

    Me vero primum dulces ante omnia Musae,
    quarum sacra fero ingenti percussus amore,
    accipiant caelique vias et sidera monstrent,
    defectus solis varios lunaeque labores;
    unde tremor terris, qua vi maria alta tumescant
    480obicibus ruptis rursusque in se ipsa residant,
    quid tantum Oceano properent se tinguere soles
    hiberni, vel quae tardis mora noctibus obstet.
    Sin, has ne possim naturae accedere partis,
    frigidus obstiterit circum praecordia sanguis:
    485rura mihi et rigui placeant in vallibus amnes,
    flumina amem silvasque inglorius.

    Plutarco (50-120d.C.) ofrece un texto interesantísimo sobre el temor que infundían en el ejército los eclipses, en este caso de Luna. Nos lo cuenta en la biografía del general romano Paulo Emilio (229-160 a.C.) describiendo un eclipse que tuvo lugar el 21 de junio del 168 a.C. inmediatamente antes de la batalla de Pidna con la que los romanos consolidan su dominio en Macedonia:

    Plutarco, Vida de Paulo Emilio, XVII, 3 ss.: (1821, II, 160)

    Al hacerse de noche, y cuando después del rancho se iban a dormir y a descansar, la luna, que estaba en su lleno y bien descubierta, empezó de pronto a ennegrecerse, y desfalleciendo su luz, habiendo cambiado diferentes colores, desapareció. Los romanos, como es de ceremonia, la imploraban para que les volviese su luz, con el ruido de los bronces y alzando al cielo muchas luces con tizones y hachas; mas los macedonios a nada se movieron, sino que el terror y espanto se apoderó del campo, y entre muchos corrió secretamente la voz de que aquel prodigio significaba el eclipse de un rey.

    No era Emilio hombre enteramente nuevo y peregrino en las anomalías eclípticas, las cuales a tiempos determinados hacen entrar la luna en la sombra de la tierra y la ocultan, hasta que pasando de la sombra vuelve otra vez a resplandecer con el sol. Mas, sin embargo, como daba mucha parte en todo a la divinidad, y era inclinado a los sacrificios y a la adivinación, apenas vio a la luna recobrar su pureza, le sacrificó once novillos; y no  bien se hizo de día, cuando inmoló bueyes a Hércules, sin obtener buenos presagios, no parando entonces hasta veinte, pero al vigésimo primero se observaron prodigios que dijo adjudicaban la victoria a los que se defendiesen.  Hizo, pues, voto al mismo dios de otros cien bueyes y de juegos sagrados, mandando a los oficiales ordenar el ejército para la batalla; mas aguardó con todo a la inclinación y desvío del resplandor, para que el sol desde el Oriente no los deslumbrara en la pelea dándoles de cara; por lo que estuvo dando tiempo, sentado en su tienda, la que tenía abierta por la parte de la llanura y del campo de los enemigos. (Traducción de Ranz Romanillos)

    También aparece el relato con alguna variante en Livio XLIV, 37, 4 ss.

    Aunque el rey estaba dispuesto a luchar sin dilación  aquel día, quedó también contento  con que sus hombres supieran que el retraso se debía al enemigo y él mismo llevó de vuelta las tropas al campamento.
    Una vez fortificado el campamento, Cayo Sulpicio Galo, tribuno militar de la segunda legión,  que había sido pretor el año anterior, con permiso del cónsul y convocados los soldados a una asamblea, les dijo que nadie considerara como un portento que en la próxima noche, la luna tuviese un eclipse desde la segunda hora hasta la cuarta hora de la noche, porque esto ocurría en intervalos fijos según el orden natural y por eso podía ser conocido con anterioridad y predecirse. 
    Así pues, del mismo modo que no se admiraban de que la salida y la puesta del Sol y de la Luna son seguros, o de que la luna brilla unas veces en toda su redondez, otras como si envejeciera en un pequeño cuerno, así no debían considerar como un prodigio que también se oscureciera cuando era tapada por la sombra de la tierra.
    Cuando a la hora indicada tuvo lugar el eclipse de luna en la noche a la que siguió el día anterior a las nonas de septiembre (del tres al cuatro de septiembre), la sabiduría de Galo les pareció casi divina a los soldados romanos.
    A los macedonios en cambio les pareció como un prodigio funesto que anunciaba la caída del reino y la desgracia de la gente, y su adivino no lo interpretó de otro modo. Hubo gritos y lamentos en el campamento de los Macedonios hasta que la Luna salío de nuevo con su propia luz.
    Había tantas ganas en los dos ejércitos de enfrentarse, que algunos de sus propios soldados acusaban no sólo al rey sino también al cónsul de haberse retirado sin combatir y así el rey tenía la inmediata justificación, no solo por eso, de que el enemigo fue el primero que rechazando abiertamente el combate, retiró las tropas al campamento; y además que había situado las enseñas en un lugar en el que la falange no podía avanzar porque hasta las pequeñas  irregularidades del terreno la hacían ineficaz.
    Y el cónsul en este asunto, parecía que había dejado escapar el día anterior la ocasión de luchar y que había dado al enemigo la oportunidad de marcharse durante la noche y ahora también parecía que perdía el tiempo con el pretexto de hacer un sacrificio, cuando al amanecer debía haber dado la señal de salir al campo de batalla dispuesto a luchar.
    Finalmente, una vez realizado el sacrificio de acuerdo con los ritos, convocó a consejo a la tercera hora; y allí, hablando y consultando cosas sin sentido les parecía a algunos que perdía el tiempo que debía emplear en llevar a cabo el asunto. Entonces el cónsul pronunció este discurso contra aquellas habladurías.

    rex quoque, cum sine detractatione paratus pugnare eo die fuisset, contentus eo, quod per hostem moram fuisse scirent, et ipse in castra copias reduxit. castris permunitis C. Sulpicius Gallus, tribunus militum secundae legionis, qui praetor superiore anno fuerat, consulis permissu ad contionem militibus vocatis pronuntiavit, nocte proxima, ne quis id pro portento acciperet, ab hora secunda usque ad quartam horam noctis lunam defecturam esse.  id quia naturali ordine statis temporibus fiat, et sciri ante et praedici posse.
    itaque quem ad modum, quia certi solis lunaeque et ortus et occasus sint, nunc pleno orbe, nunc senescentem exiguo cornu fulgere lunam non mirarentur, ita ne obscurari quidem, cum condatur umbra terrae, trahere in prodigium debere.
    nocte, quam pridie nonas Septembres insecuta est dies, edita hora luna cum defecisset, Romanis militibus Galli sapientia prope divina videri;

    Macedonas ut triste prodigium, occasum regni perniciemque gentis portendens, movit nec aliter vates. clamor ululatusque in castris Macedonum fuit, donec luna in suam lucem emersit.
    postero die—tantus utrique ardor exercitui ad concurrendum fuerat, ut et regem et consulem suorum quidam, quod sine proelio discessum esset, accusarent— regi prompta defensio erat, non eo solum, quod hostis prior aperte pugnam detractans in castra copias reduxisset, sed etiam quod eo loco signa constituisset, quo phalanx, quam inutilem vel mediocris iniquitas loci efficeret, promoveri non posset.
    consul ad id, quod pridie praetermisisse pugnandi occasionem videbatur et locum dedisse hosti, si nocte abire vellet, tunc quoque per speciem immolandi terere videbatur tempus, cum luce prima ad signum propositum pugnae exeundum in aciem fuisset.
    tertia demum hora sacrificio rite perpetrato ad consilium vocavit; atque ibi, quod rei gerendae tempus esset, loquendo et intempestive consultando videbatur quibusdam extrahere. adversus eos sermones talem consul orationem habuit.

    Al episodio hace también referencia Plinio en su Historia Natural II, 9 (12) (53)

    Y ciertamente el primero de los romanos que expuso al pueblo la teoría de los dos eclipses (de Sol y de Luna) fue Sulpicio Galo, que fue cónsul con M. Marcelo, pero entonces era tribuno militar, cuando liberado el ejército  de una derrota el día anterior a que el rey Perses fuera vencido por Paulo, fue llevado a la asamblea por el general para predecir un eclipse, y poco después también lo hizo en un libro que escribió.
    Sin embargo, entre los griegos el primero de todos que lo investigó fue Tales de Mileto en el cuarto año de la Olimpiada cuadragésima octava al predecir un eclipse de sol, que tuvo lugar siendo rey Alyates en el año 170 de la fundación de la ciudad.
    Después de ellos Hiparco anticipó para seiscientos años, el recorrido de los dos astros (el sol y la luna), los meses de los pueblos y los días y las horas y la posición de los lugares y la visión de cada pueblo, siendo testigo el  tiempo que no lo hizo de otro modo como si hubiera sido partícipe de los consejos de la propia naturaleza.

    Et rationem quidem defectus utriusque primus Romani generis in vulgum extulit Sulpicius Gallus, qui consul cum M. Marcello fuit, sed tum tribunus militum, sollicitudine exercitu liberato pridie quam Perses rex superatus a Paulo est in concionem ab imperatore productus ad praedicendam eclipsim, mox et composito volumine. apud Graecos autem investigavit primus omnium Thales Milesius Olympiadis XLVIII anno quarto praedicto solis defectu, qui Alyatte rege factus est urbis conditae anno CLXX. post eos utriusque sideris cursum in sexcentos annos praececinit Hipparchus, menses gentium diesque et horas ac situs locorum et visus populorum complexus, aevo teste haut alio modo quam consiliorum naturae particeps.

    Aparece también en Frontino, Estratagemas, I, 12; Zonaras, 9,23., Valerio Máximo , 8, 11,1

    Cicerón añade algún matiza interesante en De Repùblica I, 15, 23:

    Escipión: …Mucho quería yo a Galo, y sabía que mi padre Paulo le había apreciado y estimado sobremanera. Recuerdo que en mi juventud, siendo mi padre cónsul en Macedonia, encontrándonos acampados, invadió una noche a todas nuestras legiones terror religioso, porque la Luna, que se encontraba en todo su esplendor, se oscureció de repente. Entonces Galo, que era nuestro legado, un año antes de ser nombrado cónsul, no dudó en declarar a la mañana siguiente en el campamento que no se había realizado ningún prodigio, que aquel fenómeno estaba en el orden de la naturaleza y se repetía en periodos determinados, cuantas veces se encontrase situado el Sol de manera que su luz no pudiese iluminar la Luna.
    Tuberón: Mas, ¿cómo puedo hacer comprender eso a hombres tan rudos y se atrevió a hablar de tal manera a gentes tan ignorantes?
    Escipión: Hízolo, y con grande…

               (Según Mai,faltan aquí dos páginas al menos)
    (24)  … sin vana ostentación ni lenguaje indigno de varón grave; y no consiguió poco despòjando del temor y vanas supersticiones a aquellos hombres aterrados.

    [23] 15. … fuit, quod et ipse hominem diligebam et in primis patri meo Paulo probatum et carum fuisse cognoveram. Memini me admodum adulescentulo, cum pater in Macedonia consul esset et essemus in castris, perturbari exercitum nostrum religione et metu, quod serena nocte subito candens et plena luna defecisset. Tum ille, cum legatus noster esset anno fere ante, quam consul est declaratus, haud dubitavit postridie palam in castris docere nullum esse prodigium, idque et tum factum esse et certis temporibus esse semper futurum, cum sol ita locatus fuisset, ut lunam suo lumine non posset attingere. Ain tandem? inquit Tubero; docere hoc poterat ille homines paene agrestes et apud imperitos audebat haec dicere? S. Ille vero et magna quidem cum … …
    [24] neque insolens ostentatio neque oratio [p. 283] abhorrens a persona hominis gravissimi; rem enim magnam adsecutus est, quod hominibus perturbatis inanem religionem timoremque deiecerat.

    También Polibio recoge cómo los conocimientos astronómicos de Galo sirvieron a los romanos para vencer a Perseo de Macedonia en Pidna; en XXIX, 16 (6)

    Batalla de Pydna

    Tuvo lugar un  eclipse de Luna, la información corrió por todas partes  y muchos creyeron que significaba el eclipse de un rey. Y esta circunstancia levantó los ánimos de los romanos y deprimió los de los macedonios. Qué cierto es  el dicho de que "la guerra produce más de un miedo sin fundamento." . . .

    Tácito (55-120 d.C.), también cuenta la reacción mucho más tarde de los legionarios romanos ante un eclipse. Cuenta cómo Druso Julio César se sirvió del eclipse para aplacar una sublevación. Lo narra en sus Anales, I, 28:

    La casualidad suavizó aquella noche amenazadora y que estaba a punto de resolverse en un crimen. Pues la luna pareció que se apagaba en un cielo que de repente era claro.  Los soldados, ignorantes del motivo, lo interpretaron como un presagio del momento presente, relacionando el eclipse del astro con sus trabajos,  y  que las cosas les sucederían y se inclinarían favorablemente a sus intereses si volvía de nuevo el resplandor y luz de la diosa (la luna). Por eso hicieron ruido con el sonido de los bronces y con el conjunto de trompetas y cuernos militares. Según se hacía más brillante o más oscura se alegraban o se entristecían; y después de que algunas nubes que aparecerieron la ocultaron a la vista y se creyó que había desaparecido en las tinieblas, como suelen ser empujadas fácilemente a la superstición las mentes débiles, se anuncia un enorme sufrimiento para ellos y se lamentan de que sus crímenes les hubieran puesto en contra a los dioses.
    César, pensando que debía servirse de aquella circunstancia y que debía volver en acierto lo que la casualidad le había ofrecido, ordena rodear las tiendas; hace llamar al centurión Clemente y a los otros que cayeran bien al pueblo por su buen saber hacer. Todos estos se colocan con los vigilantes, con los puestos y con los defensores de las puertas, y unas veces les dan esperanza y otras les meten miedo. ¿Hasta cuando atacaremos al hijo del emperador? ¿Cuál será el final de estos combates? ¿Prestaremos juramenteo a Percenio y Vibuleno? ¿Pagarán Percenio y Vibuleno a los soldadeos el sueldo y las tierras que se han ganado? ¿o finalmente se apoderarán ellos del imperio del pueblo romano en vez de los Nerones y Drusos? ¿Por qué más bien, así como somos los ñultimos en la culpa, no somos los primeros en el arrepentimiento? Lo que se pide en común es lento de realizarse pero inmediatamente merecerás y recibirás el agradeciemiento particular. Afectados los ánimos por estas cosas y sospechando entre ellos, el novato se aparta del veterano y una legión se aparta de la otra. Entonces va volviendo poco a poco el deseo de obedecer, abandonas las puertas, llevan a su lugar las estandartes y enseñas amontonadas en un lugar al principio de la sublevación.

    Noctem minacem et in scelus erupturam fors lenivit: nam luna claro repente caelo visa languescere. id miles rationis ignarus omen praesentium accepit, suis laboribus defectionem sideris adsimulans, prospereque cessura qua pergerent si fulgor et claritudo deae redderetur. igitur aeris sono, tubarum cornuumque concentu strepere; prout splendidior obscuriorve laetari aut maerere; et postquam ortae nubes offecere visui creditumque conditam tenebris, ut sunt mobiles ad superstitionem perculsae semel mentes, sibi aeternum laborem portendi, sua facinora aversari deos lamentantur. utendum inclinatione ea Caesar et quae casus obtulerat in sapientiam vertenda ratus circumiri tentoria iubet; accitur centurio Clemens et si alii bonis artibus grati in vulgus. hi vigiliis, stationibus, custodiis portarum se inserunt, spem offerunt, metum intendunt. 'quo usque filium imperatoris obsidebimus? quis certaminum finis? Percennione et Vibuleno sacramentum dicturi sumus? Percennius et Vibulenus stipendia militibus, agros emeritis largientur? denique pro Neronibus et Drusis imperium populi Romani capessent? quin potius, ut novissimi in culpam, ita primi ad paenitentiam sumus? tarda sunt quae in commune expostulantur: privatam gratiam statim mereare, statim recipias.' commotis per haec mentibus et inter se suspectis, tironem a veterano, legionem a legione dissociant. tum redire paulatim amor obsequii: omittunt portas, signa unum in locum principio seditionis congregata suas in sedes referunt.

    De nuevo Plutarco narra un episodio parecido referido ahora a un eclipse que tuvo lugar muchos años antes en el año 357 a.C., ocasión en la que cuenta también otros prodigios,  en Vida de Dión, 24:

    Después de las libaciones y de las solemnes plegarias se eclipsó la luna, lo que ninguna maravilla causó a Dión, que sabía calcular los períodos de los eclipses y cuándo la sombra llega a oscurecer la luna, interponiéndose la tierra entre ésta y el sol; pero siendo conveniente dar aliento a los soldados que se habían sobresaltado, púsose en medio de ellos el adivino Miltas, diciéndoles que tuvieran buen ánimo y formaran las mejores esperanzas, porque aquel portento lo que significaba era el oscurecimiento de cosas que entonces brillaban, y que no habiendo cosa más brillante que la tiranía de Dionisio, apagarían su esplendor en el momento que llegaran a la Sicilia. Esto fue lo que Miltas anunció en público a todos; pero en cuanto a las abejas que se vieron formar enjambre en la popa de una de las naves de Dion, dijo reservadamente a los amigos que esto le hacía temer no fuera que, siendo desde luego brillantes sus sucesos, al cabo de haber florecido por un breve tiempo, se marchitasen. Dícese asimismo que a Dionisio le fueron enviadas muchas señales prodigiosas de parte de los dioses; porque un águila arrebató la lanza de uno de los soldados estipendiarios, y levantándola y llevándola a grande altura, la dejó caer al abismo. El mar que bate en la ciudadela ofreció un día agua dulce y potable, cosa que se hizo notoria a todos habiéndola gustado. Naciéronle unos lechoncillos que tenían todos sus miembros cabales, faltándoles sólo las orejas. Revelaban los adivinos que esto era indicio de rebelión y desobediencia, significando que los ciudadanos no se someterían ya a su tiranía, que la dulzura del agua del mar indicaba para los Siracusanos la mudanza de sus negocios de mal en bien, y, finalmente, que el águila es ministro de Zeus, la lanza insignia de autoridad y poder, y con lo ocurrido denunciaba desaparecimiento y ruina a la tiranía el mayor de los dioses. Así nos lo dejó escrito Teopompo. (Traducción de Antonio Ranz Romanillos)

  • ¿Por qué al dedo anular los antiguos le llamaban también dedo del médico?

    Cada uno de los dedos de la mano tiene un nombre propio formado a partir de su posición, de sus dimensiones o de su función. Así se llama pulgar al más fuerte, índice al segundo, medio al tercero, anular al cuarto y meñique al quinto y más pequeño.

    Al cuarto dedo, al anular, también se le llamaba en la Antigüedad “digitus medicinalis, digitus medicus”.  Esto merece una explicación o al menos la aproximación a una explicación, porque no es una denominación evidente por sí misma. ¿Qué relación puede haber entre el cuarto dedo y la medicina?

    San Isidoro, en sus Etimologías XI, 1, 70-71 nos explica estos nombres:

    Del hombre y sus partes
    ….
    El cuarto anular, porque en él se lleva el anillo. Recibe también el nombre de medicinal, porque con él aplican los médicos los ungüentos.

    De homine et partibus eius
    Quartus anularis, eo quod in ipso anulus geritur. Idem et medicinalis, quod eo trita collyria a medicis colliguntur.

    Véase en este mismo blog el artículo "Los nombres de los dedos": https://www.antiquitatem.com/nombre-de-los-dedos-digito-san-isidoro

    Así que al cuarto se le llama “anular”, de “anularis” y éste de “anulus”, anillo, (en latín también honestus y medicus) porque en él según dice S. Isidoro se lleva el anillo.

    "Anillo" procede del latín  anĕllus,(anillito) diminutivo de  anulus (anillo)  y este a su vez de anus, aro, anillo, de forma circular). Resulta evidente, pues,  por qué se llama “ano”  al “Orificio en que remata el conducto digestivo y por el cual se expele el excremento” (Diccionario RAE)..

    Aulo Gelio nos ofrece una explicación peregrina y por supuesto acientífica de por qué los antiguos llevaban en este dedo el anillo:

    Aulo Gelio, X,11:

    ¿Cuál es la razón por la que no sólo los antiguos griegos sino también los romanos llevaron el anillo en el dedo que en la mano izquierda está más cercano al dedo meñique?.

    Se nos ha transmitido que  los antiguos griegos llevaron el anillo en el dedo de la mano izquierda más cercano al meñique. Dicen que también los hombres romanos lo hicieron así frecuentemente. Apión, en su libro sobre “Cuestiones Egipcias” dice que esta es la causa de este hecho: el que al cortar y abrir los cuerpos humanos, como fue costumbre en Egipto, lo que los griegos llaman anatomías (disecciones), se descubrió un nervio muy fino solo desde este dedo del que estamos hablando, que se dirigía y llegaba al corazón del hombre;  por ello no pareció desacertado decorar precisamente con tal honor ese dedo que parecía estar  ligado y como conectado con la fuerza principal  del corazón.

    Quae eius rei causa sit, quod et Graeci veteres et Romani anulum hoc digito gestaverint qui est in manu sinistra minimo proximus.

    Veteres graecos anulum habuisse in digito accepimus sinistrae manus qui minimo est proximus. Romanos quoque homines aiunt sic plerumque anulis usitatos. Causam esse huius rei Apion in libris Aegyptiacis hanc dicit, quod insectis apertisque humanis corporibus, ut mos in Aegypto fuit, quas Graeci ἀνατομάς appellant, repertum est nervum quendam tenuissimum ab eo uno digito de quo diximus, ad cor hominis pergere ac pervenire; propterea non inscitum visum esse eum potissimum digitum tali honore decorandum, qui continens et quasi conexus esse cum principatu cordis videretur.

    Nota: El Apión al que se refiere Gelio es también el que nos cuenta la famosa historia de Androcles y el león en Gelio, 5,14; véase https://www.antiquitatem.com/androcles-y-el-leon-fabula-gelio

    Plutarco también trató este asunto en sus Cuestiones  simposiacas ( o convivales) 4,8, pero sólo conservamos el título de este capitulo.

    San  Isidoro en Etimologías XIX, 32,2  se refiere también a esta creencia tan extendida en la Antigüedad como acientífica y falsa:

    Los hombres en un principio llevaron los anillos en el cuarto dedo a partir del pulgar, porque por él corre una vena que llega hasta el corazón, y los antiguos pensaron que era preciso señalarla y adornarla demanera especial.

    Anulos homines primum gestare coeperunt quarto a pollice digito, quod eo vena quaedam ad cor usque pertingat, quam notandam ornandamque aliquo insigni veteres putaverunt.

    Macrobio repite y amplía la explicación de Aulo Gelio, siendo asunto de la conversación o diálogo de los invitados que celebran el banquete de la fiesta de las Saturnales. Al final de este artículo puede leerse el texto amplio de Macrobio. Debía parecer al dialogante la explicación tan peregrina que al final deja  la solución en manos de cada cual.

    Macrobio dice además que los egipcios expresan con este dedo el número 6, que es un número perfecto. ¿Por qué Macrobio llama al 6 número perfecto?

    Un número perfecto es un número natural que es igual a la suma de sus divisores propios positivos, sin incluirse él mismo.  Así, 6 es un número perfecto porque sus divisores propios son 1, 2 y 3; y 6 = 1 + 2 + 3.  Los siguientes números perfectos son 28, 496 y 8128.

    A los antiguos les gustaba enormemente jugar con estas relaciones y otras muchas más.

    El mismo Macrobio nos lo explica en su Comentario al “sueño de Escipión”, Libro I, 6, 12

    El seis, que cuando se une con el uno, hace el siete; es de variada y múltiple reverencia y  poder.  En primer lugar, porque es el único de todos los números dentro de los diez que resulta (de la suma) de sus partes. Pues tiene  una mitad y un tercio y un sexto, y su mitad es tres, su tercio dos, su sexto uno, y todos juntamente  hacen seis”

    Pero la cuestión de verdadero  interés es averiguar por qué le llamaban a este dedo también “medicinalis” o “dedo de médico”, como nos informa Macrobio en el pasaje leído y recoge también San Isidoro.

    Pues bien, “dedo médico” no es sino la traducción del nombre griego del dedo anular ἰατρικός  δάκτυλος “iatrikós dáktylos”.  Así que al cuarto dedo se le llama “dedo médico” tanto en latín como en griego. Es muy posible que la denominación latina sea una traslación de la griega.

    La referencia más antigua a los orígenes del nombre se encuentra en Galeno, en su  Eisagoge,  que dice lo siguiente:

    «… este es seguido por el  dedo próximo al del medio,   que está dedicado a los médicos (toiv iatroiv anakeimenov) …»

    Conviene aclarar que en la Antigüedad estaba muy extendida la  creencia en la relación del dedo anular con el corazón o con algunas enfermedades; teoría que extendieron los médicos de Alejandría. Piensan que los nervios o venas proceden del corazón por su importancia como centro de la vitalidad y del poder creador;  piensan que  la fuerza vital originada en el corazón se puede concentrar en el dedo. En algunos lugares incluso se piensa  en la asociación entre el dedo anular de la mano izquierda , el poder generativo y el principio de maternidad.

    Esto nos puede chocar y parecer un tanto raro, pero ¿no son muchos quienes establecen actualmente alguna relación entre las dimensiones de los dedos y las dimensión  del pene  o miembro viril? ¿y no es más llamativo que algunos de quienes sostienen esta creencia la pretendan fundamentar en  la acción que los andrógenos producen sobre los apéndices de diverso tipo? ¿Y qué decir de quienes son capaces de leer en la mano el pasado, el presente y el futuro de una persona?

    Se le llama así, dicen,  porque es el dedo que se emplea para preparar los potingues médicos y para aplicarlos a los enfermos.

    Nos dice, por ejemplo, Plinio en su Naturalis Historia, XXX, (34) 108:

    Se indica que una araña cura los forúnculos: una araña colocada sin pronunciar su nombre, y  retirada  al cabo de tres días; una musaraña a la que se le deja morir colgada, sin que deba tocar la tierra, pasándola tres veces alrededor del forúnculo, mientras que el curador y el enfermo escupen tres veces; con excremento de pollo, sobre todo el rojo, sobre todo el reciente mojado en vinagre; el estómago de una cigüeña cocido en vino, moscas en número impar frotadas con el dedo médico (digito medico), la excrecencia de las orejas de los carneros, sebo viejo de oveja con ceniza de cabello de mujer, sebo de carnero con polvo de piedra pómez y sal en igual peso.

    Furunculis mederi dicitur araneus, priusquam nominetur, inpositus et tertio die solutus, mus araneus pendens enecatus sic, ut terram ne postea attingat, ter circumlatus furunculo, totiens expuentibus medente et cui is medebitur, ex gallinaceo fimo, quod est rufum, maxime recens inlitum ex aceto, ventriculus ciconiae ex vino decoctus, muscae inpari numero infricatae digito medico, sordes ex pecudum auriculis, sebum ovium vetus cum cinere capilli mulierum, sebum arietis cum cinere pumicis et salis pari pondere.

    Pero el autor LászloA. Magyar, en su artículo Digitus medicinalis. The Etymology of the Name, en Actes du XXXII Congrés International d’histoire de Medicine, Ambres 1990, pat.175-179,  ofrece una explicación ciertamente interesante. Piensa que el cuarto dedo, el dedo medicinalis, es un dedo con poderes mágicos.

    Ciertamente, la palabra “medicus, medicinalis” deriva de”medeor”, verbo latino que significa sanar, curar y antiguamente “sanar mediante la magia”, como atestigua por ejemplo A. Ernout Meillet en su famoso Dictionaitr etymologique de la langue latine, al definir el ´termino “medeor” cuando dice textualmente:

    Medico y sus derivados medicus, medicamen (-mentum) tienen frecuentemente el sentido de “sanar mediante la magia”, y como el griego φάρμακον (pharmakon)  han tomado el sentido de “envenenar”, cf. cat. Metzina, veneno.

    Medico et ses dérivées medicatus, medicamen, (-mentum) ont souvent le sens de “guérir par la magie”, etcomme le gr.  φάρμακον  (farcamon)  ont  pris le sens de “empoisonner”, cf.cat. metzina, “poison”

    Pharmakon en griego también significa veneno y hechizo.

    Así que el “dedo anular” habría sido en su momento un dedo mágico, utilizado precisamente para sanar.

    De medeor   provienen “remedium” y otros muchos derivados. Por otra parte esta raíz indoeuropea existe en numerosas lenguas también con el significado de “pensar, reflexionar, juzgar, medir, pesar…”; meditar es el significado del verbo latino “meditor”,  que es precisamente el iterativo de “medeor” con este significado de “pensar”.

    Así que el “médico”, que medica o sana con la magia, en realidad  es un “médium”, mediador intermediario entre la persona enferma y los espíritus o las fuerzas poderosas de la divinidad o de la naturaleza.

    Silio Itálico, por ejemplo, en  Punica III. 300 llama a los  magos  Medicum vulgus :

    Metieron ruido con sus armas los Marmáridas, gente de poderes mágicos, con cuyo encantamiento las serpientes se olvidan del veneno, y con cuyo contacto las Cerastas se quedan tranquilas.

    Nota: Cerastae son las Erinias, monstruo mitológico con cabellos de serpientes

    Marmaridae, medicum uulgus, strepuere cateruis,
    ad quorum cantus serpens oblita ueneni,
    ad quorum tactum mites iacuere cerastae.

    La palabra alemana Arzt signficia “médico”, pero originariamente  también mago;  la palabra griega  iatros tiene  connotaciones similares.

    Por otra parte el anillo es el más importante símbolo mágico del poder, símbolo de la relación entre la vida y la muerte. Así que la cuestión estriba en determinar si el cuarto dedo es mágico porque lleva el anillo o lleva el anillo porque es mágico. Aa la vista de lo comentado, parece que lleva el anillo precisamente porque es mágico.

    El nombre completo y explicativo, pues, debería ser “dedo mágico del anillo” o “dedo del anillo mágico

    Por otra parte el tema de la medicina y su relación con la magia,  la religión y los templos se merece uno o varios artículos. Piénsese en los santuarios repletos de exvotos o lugares aun hoy de peregrinación buscando la salud del cuerpo.

    Texto de Macrobio  Saturnales, 7, 13, 6-16

    Dicho esto, Avieno recogió de la mesa el anillo que de repente  se le había caído del dedo meñique de la mano derecha. Y como se le preguntara por los presentes  por qué se lo había colocado preferentemente en la otra mano y dedo, no destinados para llevarlos, les mostró la mano izquierda, un tanto  hinchada a causa de una herida.

    De aquí le surgió a Horo la ocasión de hacer una pregunta, y dijo:  -Dime, Disario, (pues todo lugar del cuerpo atañe al conocimiento del médico, y tú has alcanzado un conocimiento incluso más allá de lo que exige la medicina), explícame, digo, por qué el común asentimiento ha convencido a todos de que el anillo hay que llevarlo en el dedo que está junto al meñique, que también se llama “dedo médico” y sobre todo en la mano izquierda?

    Y Disario: Sobre esta cuestión me había llegado de Egipto cierta conversación , que yo dudaba de de llamar una fábula o un relato verdadero, pero cuando más tarde consulté los libros de anatomía descubrí la verdad: un cierto nervio que arranca del corazón, va directo hasta el  dedo de la mano izquierda más próximo al meñique, y allí se mezcla con los restantes nervios de ese mismo dedo. Y por eso les pareció a los antiguos que ese dedo debía ser rodeado por un anillo como una corona.
    Y Horo dice: Hasta tal punto es verdad que los egipcios opinan así como dices, que yo, cuando vi en un templo a sus sacerdotes, a los que llaman profetas, que untaban alrededor de cada una de las imágenes este dedo con perfumes preparados y pregunté el motivo de esto, aprendí lo que ya he dicho sobre este nervio porque me lo contó el principal de esos sacerdotes y además aprendí el número que por medio de él se expresa.

    Pues cuando está doblado este dedo indica el número seis, que es en todos los sentidos pleno, perfecto y divino. Las causas por las que este número es pleno, él lo explico de muchas formas: yo ahora las dejo aparte como menos adecuadas a la conversación actual. Estas son las cosas que conocí en Egipto, el país más conocedor de todas las materias divinas, sobre por qué el anillo se coloca preferentemente en este dedo.

    En medio de esta discusión dijo Cecina Albino: Si vosotros estáis de acuerdo, puedo referiros directamente lo que recuerdo que sobre esta cuestión leí en Ateyo Capitón, uno de los mayores expertos en derecho pontifical. Determinando este que era contrario al derecho divino grabar imágenes de los dioses en los anillos, llegó hasta el punto de que no calló por qué el anillo se lleva en este dedo y en esta mano.

    Dijo: “Los antiguos llevaban consigo un anillo no por adorno sino para sellar. Por eso no les estaba permitido tener más que uno, y a nadie sino a la persona libre, porque sólo a ellos les correspondía la confianza que implicaba el sellado. Por eso los esclavos no tenían el derecho de llevar anillos. En el material del anillo, fuera de hierro o de oro,  se imprimía una figura, y se llevaba como cada uno quería, en cualquiera de las manos y en cualquier dedo.

    Luego, dijo,  en tiempos de lujo, comenzó la costumbre de grabar los sellos en piedras preciosas; toda esta imitación entre unos u otros  llegó al punto de que se vanagloriaban  del aumento de precio con el que compraban las piedras para grabarlas. Desde entonces se evitó el uso de los anillos en la mano derecha, que está muy ocupada y se pasara a la izquierda, que está más ociosa, para que las piedras preciosas no se rompieran  con el frecuente movimiento y ocupación de la mano derecha.

    Dijo, en la propia mano izquierda se eligió el dedo más cercano al meñique  como más adecuado que los otros para entregarle anillos tan preciosos. Pues el pulgar, que recibe el nombre del hecho de que es fuerte, ni está en reposo en la izquierda ni esta nunca en menos actividad que la mano entera; por eso, dijo, entre los griegos se le llama  ἀντίχειρ (antijeir, antemano) como si fuera otra mano.
      Ahora bien, el dedo próximo al pulgar les parecía desnudo, y sin la protección de un opuesto,  pues el pulgar  es tan pequeño que apenas rebasa la raíz del otro. Evitaron el del medio y el meñique, dijo, como inadecuados, el uno por su magnitud y el otro por su pequeñez y fue elegido el que está encerrado por ambos y tiene menos actividad y por tanto es el más adecuado para conservar el anillo.

    Esto es lo que contiene el texto pontifical: que cada uno, según quiera, siga la opinión etrusca o la egipcia.

    His dictis anulum Avienus de mensa rettulit qui illi de brevissimo dexterae manus digito repente deciderat: cumque a praesentibus quaereretur, cur eum alienae manui et digito, et non huic gestamini deputatis potius insereret, ostendit manum laevam ex vulnere tumidiorem. Hinc Horo nata quaestionis occasio, et: Dic, inquit, Disari (omnis enim situs corporis pertinet ad medici notionem, tu vero doctrinam et ultra quam medicina postulat consecutus es), dic, inquam, cur sibi communis adsensus anulum in digito qui minimo vicinus est, quem etiam medicinalem vocant, et manu praecipue sinistra gestandum esse persuasit?  Et Disarius: De hac ipsa quaestione sermo quidam ad nos ab Aegypto venerat, de quo dubitabam fabulamne an veram rationem vocarem: sed libris anatomicorum postea consultis verum repperi, nervum quendam de corde natum priorsum pergere usque ad digitum manus sinistrae minimo proximum, et illic desinere inplicatum ceteris eiusdem digiti nervis, et ideo visum veteribus ut ille digitus anula tamquam corona circumdaretur.  Et Horus: Adeo, inquit, Disari, verum est ita ut dicis Aegyptios opinari, ut ego sacerdotes eorum, quos prophetas vocant, cum in templo vidissem circa deorum hunc in singulis digitum confectis odoribus inlinere et eius rei causas requisissem, et de nervo quod iam dictum est principe eorum narrante didicerim, et insuper de numero qui per ipsum significatur. 10 Conplicatus enim senarium numerum digitus iste demonstrat, qui omnifariam plenus perfectus atque divinus est. Causasque, cur plenus sit hic numerus, ille multis adseruit: ego nunc ut praesentibus fabulis minus aptas relinquo. Haec sunt quae in Aegypto divinarum omnium disciplinarum compote, cur anulus huic digito magis inferatur, agnovi.  Inter haec Caecina Albinus: Si volentibus vobis erit, inquit, in medium profero quae de hac eadem causa apud Ateium Capitonem pontificii iuris inter primos peritum legisse memini: qui cum nefas esse sanciret deorum formas insculpi anulis, eo usque processit ut et cur in hoc digito vel in hac manu gestaretur anulus non taceret.  Veteres, inquit, non ornatus sed signandi causa anulum secum circumferebant. Unde nec plus habere quam unum licebat, nec cuiquam nisi libero, quos solos fides deceret quae signaculo continetur: ideo ius anulorum famuli non habebant. Inprimebatur autem sculptura materiae anuli, sive ex ferro sive ex auro foret, et gestabatur, ut quisque vellet, quacumque manu, quolibet digito.  Postea, inquit, usus luxuriantis aetatis signaturas pretiosis gemmis coepit insculpere: et certatim haec omnis imitatio lacessivit ut de augmento pretii quo sculpendos lapides parassent gloriarentur. Hinc factum est ut usu anulorum exemptus dexterae, quae multum negotiorum gerit, in laevam relegaretur, quae otiosior est, ne crebru motu et officio manus dexterae pretiosi lapides frangerentur.  Electus autem, inquit, in ipsa laeva manu digitus minimo proximus quasi aptior ceteris cui commendaretur anuli pretiositas. Nam pollex, qui nomen ab eo quod pollet accepit, nec in sinistra cessat, nec minus quam tota manus semper in officio est: unde et apud Graecos ἀντίχειρ, inquit, vocatur quasi manus altera.  Pollici vero vicinus nudus et sine tuitione alterius adpositi videbatur: nam pollex ita inferior est ut vix radicem eius excedat. Medium et minimum vitaverunt, inquit, ut ineptos, alterum magnitudine, brevitate alterum, et electus est qui ab utroque clauditur et minus officii gerit et ideo servando anulo magis accommodatus est.  Haec sunt quae lectio pontificalis habet: unusquisque, ut volet, vel Etruscam vel Aegyptiam opinionem sequatur.

  • Unos modernos seres fantásticos muy antiguos

    La acción de la película Avatar, escrita y dirigida por James Cameron y estrenada en 2009 se desarrolla en Pandora, satélite del planeta Polifemo. Pandora y Polifemo son dos personajes bien conocidos de la mitología griega.

                                                          

    En el mito de Pandora (la que ha recibido todos los bienes significa la palabra, de pan, todo, y dora, dones, regalos), una caja encierra todos los bienes o dones que pueden causar males a los hombres cuando es abierta por la curiosidad de una mujer, su dueña Pandora.  En la película de Cameron, Pandora es una extraordinaria unidad medioambiental que también encierra extraordinarios bienes que causarán la ruina de sus habitantes.

    Cuando vi la película, de tanto éxito, con efectos especiales realmente espectaculares, fábula que en el fondo narra la historia de siempre, me sorprendieron entre otros seres sus Banshee,  (alma en pena) que inmediatamente me recordaron a los “cabalgabuitres” que Luciano de Samósata creó en su obra de ciencia ficción “Relatos Verídicos”. Desde entonces no puedo imaginar de otra forma al híbrido volador de Luciano.

    Estas semejanzas o coincidencias  me hicieron plantearme la cuestión: ¿Tendrá algo que ver Avatar con el relato de Luciano? ¿Se habrá inspirado Cameron en la obra del satírico griego de época romana?

    Más aún, hace unos pocos años la cadena televisiva Nickelodeon, producía una serie de dibujos animados, creada por Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko, titulada  Avatar: The Last Airbender (Avatar: El Último Maestro Aire), también conocida como Avatar: La Leyenda de Aang.

    La serie obtuvo notable éxito en gran parte del mundo. En ella son decenas los animales creados, ficcionados diríamos en español corrupto o creativo según se mire, que resultan híbridos de varios distintos. Y esto también me recordó a los numerosos seres fantásticos que Luciano crea con el mismo procedimiento, mezclar varios reales y aumentar su dimensión.

    La pregunta inevitable era, pues, ¿se habrán inspirado Michael Dante y Bryan Konietzko en la obra de Luciano?

    Hagamos un rápido y pequeño análisis de la cuestión.

    Luciano de Samósata es considerado por muchos especialistas el primer autor literario de novelas  de ciencia ficción. Su obra “Historias verdaderas” o “Relatos véridicos”, en la que nos narra un viaje por el espacio y una fantástica batalla estelar, entre otras cosas, ciertamente cumple muchas de las condiciones de este tipo de literatura.

    Luciano es una autor griego de época romana, vivió en el siglo II,  de espíritu crítico y mordaz, que se mueve entre el cinismo y el estoicismo, que fustiga con su ironía a los mitos y dioses y sobre todo a los filósofos pedantes y engreídos que sólo piensan en el dinero y en vivir del cuento.

    Su obra “Relatos verídicos” en realidad lo que hace es elevar al máximo en cantidad y cualidad los disparates de los libros de historia o de narraciones mitológicas caricaturizándolos y haciéndoles imposibles de creer. Narraciones de este tipo son por ejemplo la Odisea de Homero o las historias del propio Heródoto o de Ctesias, que incluyen en sus Historias leyendas y mitos sin espíritu crítico alguno y sin verificar los testimonios, o el Viaje de los Argonautas de Apolonio. Con todo ello Luciano pretende divertir a sus cultos lectores.

    Esto quiere decir que el título de su obra ha de interpretarse en sentido irónico, con el sentido que también tiene en español el término “historias” en plural como relatos fantásticos por oposición a la verdadera historia. El mismo significado tiene en alemán el plural “Gesichten” o el francés “des histoires”. Estas “historias” se corresponden, pues, con el story inglés y no con el “history”, precisión que entenderán perfectamente tantos estudiantes y conocedores como ahora hay de la lengua inglesa.

    Por cierto que el nombre griego de la obra Aléthón diégémáton biblia dyó, (Dos libros de relatos (o narraciones) verdaderas) para nada hace referencia a una o varias “historias” mientras que el “alethón”, verdaderos, ha de entenderse como una clara ironía en el sentido indicado.

    El mismo Luciano nos advierte sobre la veracidad de sus relatos cuando nos dice en esta obrita:

    (4)…  me orienté a la ficción, pero mucho más honradamente que mis predecesores, pues al menos diré una verdad al confesar que miento. Y, así, creo librarme de la acusación del público al reconocer yo mismo que no digo ni una verdad. Escribo, por tanto, sobre cosas que jamás vi, traté o aprendí de otros, que no existen en absoluto ni por principio pueden existir. Por ello, mis lectores no deberán prestarles fe alguna. (Traducció de Andrés Espinosa Alarcon, para Editorial Gredos, 1996)

    Volviendo al tema central, podríamos precisar que realmente Luciano no se propone hacer un relato de ciencia ficción, ni su imaginación le lleva a servirse o imaginar un desarrollo de la ciencia actual hasta límites aceptables aunque difíciles de visionar actualmente. Su narración no intenta crear el futuro sino elevar a lo máximo lo ya existente en su entorno.

    La influencia de esta obra ha sido enorme en la literatura de occidente: Johannes Kepler (1571-1630), al que algunos consideran el verdadero iniciador de la ciencia ficción con su obra Somnium; Tomás Moro que tradujo algunos de los diálogos, Cyrano de Bergerac con su Histoire Comique d’un voyage à la Lune (1657); probablemente  Rabelais con el gigantismo de sus personajes , J. Swift con Los viajes de Gulliver (1726 , Voltaire con su relato Micromegas, Julio Verne y sus célebres Alrededor de la Luna (1870) y De la Tierra a la Luna (1872). 

    En la España de los siglos XVI y XVII fue bien conocido e imitado por Cristóbal de Villalón, Mateo Alemán, Miguel de Cervantes y Francisco de Quevedo.

    No es pues, tan descabellado rastrear una posible influencia en las actuales formas de creatividad cultural como es el cine.

    Creo que procede hacer un breve resumen del relato de “Historias” o “Relatos verídicos” de Luciano, que no evita, naturalmente, al lector interesado la lectura completa del texto. Sirvan estos comentarios para animar a su lectura, así como del resto de su interesante obra.

    Relatos Verídicos” aparece dividido tradicionalmente en dos libros,  dos rollos en el formato antiguo, que vienen a ocupar en la actual forma de “libro” unas cincuenta páginas, cantidad asequible incluso para el más cómodo lector actual acostumbrado a los raquíticos tweets imperantes.

    Luciano de Samósata es el primer autor conocido que imaginó un viaje al espacio. Sólo por esto sería merecedor de ser recordado. No obstante se supone generalmente por los estudiosos que Luciano conocía y tenía como referencia la obra de Antonio DiógenesLos prodigios más allá de Tule o Maravillas de allende Tule”  que ya imagina el viaje a la Luna, como comenta Focio. Luciano ridiculizaría precisamente este pasaje. Pero no todos aceptan esta hipótesis.

    Nos narra la historia del viaje fabuloso de una nave marítima que, tras superar las columnas de Hércules y entrar en el “mare ignotum o mare tenebrosum”, el desconocido Atlántico, sufre una larga tempestad y arriba a una isla en la que  ven una estela con una inscripción gastada que marca el límite al que llegaron Heracles y Dioniso. Llegaron a un río de vino alimentado por unas vides que en su parte superior eran mujeres perfectas desde la cintura. Empujada por los vientos, se eleva del mar a los espacios siderales, visita al Sol y a la Luna. Tras su arribada a la Luna, intervienen los “astronautas”  en una “galáctica” guerra entre Selenitas (habitantes de Selene, la Luna) y los Heliotas o Solares, junto a los más curiosos combatientes interestelares.

    “(5)…Inicié mi navegación un día desde las Columnas de Heracles, rumbo al Océano de Occidente, con viento favorable. El motivo y el propósito de mi viaje eran mi gran actividad intelectual, mi afán por los descubrimientos y el deseo de averiguar qué era el fin del Océano y qué pueblos vivían a la otra orilla…

    (6) …y sufrimos la borrasca durante setenta y nueve días; pero al octogésimo brilló el sol de repente y divisamos no lejos de nosotros , una isla elevada y frondosa…

    (7) Tras avanzar unos tres estadios desde el mar a través del bosque, descubrimos una estela de bronce, con una inscripción en caracteres griegos borrosos y gastados que decía: “Hasta aquí llegaron Heracles y Dionisio”.

    (9)… Hacia el mediodía, cuando ya no se divisaba la isla, sobrevino de repente un tifón que hizo girar la nave y, elevándola por el aire unos trescientos estadios, ya no la dejó descender al mar, sino que, hallándose en las alturas, sopló viento sobre su velamen y la arrastraba a vela hinchada.

    (10) Por siete días y otras tantas noches viajamos por el aire, y al octavo divisamos un gran país en el aire, como una isla, luminoso, redondo y resplandeciente de luz en abundancia. Nos dirigimos a él y, tras anclar, desembarcamos y observando descubrimos que la región se hallaba habitada y cultivada. Durante el día nada divisamos desde allí, pero al hacerse de noche empezaron a aparecérsenos muchas otras islas próximas –unas mayores, otras más pequeñas- de color semejante al fuego. Vimos también otro país abajo, con ciudades, ríos, mares, bosque y montañas, y dedujimos que era la Tierra.

    (11) Decidimos seguir avanzando, pero fuimos detenidos al encontrar a los que ellos llaman “cabalgabuitres”. Los cabalgabuitres son hombres que cabalgan sobre buitres enormes, y utilizan dichas aves como caballos. Los buitres son enormes y suelen tener tres cabezas; puede inferirse su tamaño del hecho siguiente: cualquiera de sus plumas es mayor y más robusta que el mástil de un gran navío mercante…
    … nos condujeron ante el rey…; era también un ser humano llamado Endimión…Decía que aquel país era la Luna.

    (12) Nosotros le preguntamos quiénes eran los enemigos y la causa del conflicto. “Faetonte –contesto-, el rey de los habitantes del Sol…En cierta ocasión reuní a los más pobres de mi reino, con el proyecto de establecer una colonia en la Estrella de la Mañana, que se hallaba desierta e inhabitada.   Celoso Faetonte, impidió la colonización saliendo al paso a medio camino al frente de sus cabalgahormigas. Entonces fuimos vencidos …pero ahora deseo reanudar la guerra…

    (13) Integraban nuestro ejército cien mil soldados… De ellos ochenta mil eran cabalgabuitres, y veinte mil jinetes sobre plumaverdes –se trata también de un ave descomunal, que en vez de plumas, está cubierta enteramente de hortalizas, y sus alas son en extremo semejantes a las hojas de lechuga- A continuación estaban alineados los lanzamijos y los ajoguerreros. Habían venido también aliados del rey de la Osa Mayor, treinta mil pulgarqueros y cincuenta mil voladores. De estos, los pulgarqueros cabalgan sobre pulgas enormes, de las que reciben el nombre; el tamaño de dichas pulgas equivale al de doce elefantes. Los voladores son de infantería, pero se deslizan por el aire sin alas, y su técnica de deslizamiento es la siguiente: remangan sus túnicas talares, inclinándolas al viento como velas, y se deslizan al igual que las embarcaciones. Por lo general, ellos intervienen en las batallas como peltastas. Se decía que iban a llegar también , de las estrellas de sobre Capadocia, setenta mil gorrionbellotas y cinco mil cabalgagrullas. A ésos no los vi, por lo que no me he atrevido a escribir sobre sus características, ya que se contaban de ellos portentos increíbles….

    Sigue a continuación el relato de la batalla con el mismo nivel de imaginación, que omito por no ser esencial para el objetivo propuesto, pero que no debe carecer de interés para el lector. Siguen apareciendo seres fantásticos como los aeromosquitos, los  aerodanzarines, que disparaban rábanos gigantes, los tallohongos que usaban las setas como escudos y los tallos de espárragos como lanzas, los  perrobellotas con cara de perros sobre bellotas aladas, los honderos de la Vía Láctea y los nublocentauros.

    (18) Cuando regresamos de la persecución, elevamos dos trofeos, uno sobre las telarañas, por el combate de la infantería, y el otro, por el combate aéreo, sobre las nubes. Precisamente, mientras los elevábamos, anunciaron los atalayas el avance de los nublocentauros, que debían haber venido antes de la  batalla en ayuda de Faetonte. Ya se divisaban aproximándose; eran el espectáculo más insólito, una combinación de caballos alados y hombres. El tamaño de los hombres era el del Coloso de Rodas de medio cuerpo arriba, y el de los caballos el de un gran navío mercante…

    (22) Entretanto, durante mi estancia en la Luna, observé muchas rarezas y curiosidades, que quiero relatar. En primer lugar, no nacen de mujeres, sino de hombres: se casan con hombres, y ni siquiera conocen la palabra «mujer». Hasta los veinticinco años actúan como esposas y, a partir de esa edad, como maridos. Y no quedan embarazados en el vientre, sino en la pantorrilla. A partir de la concepción, comienza a engordar la pierna; transcurrido el tiempo, dan un corte y extraen el feto muerto, pero lo exponen al viento con la boca abierta y le hacen vivir. A mi parecer, es de aquí de donde llegó hasta los griegos el término «pierna del vientre», porque allí se alberga el feto, en vez de en el vientre.
    ….
    Pero voy a referirme a algo aún más sorprendente. Existe allí un linaje de hombres, los llamados «arbóreos», que nacen del modo siguiente. Cortan el testículo derecho de un hombre y lo plantan en la tierra; de él brota un corpulento árbol de carne, semejante a un falo: tiene ramas y hojas y su fruto son las bellotas, del tamaño de un codo; cuando están ya maduras, las recolectan y extraen de su interior a los hombres.
    Además sus partes pudendas son artificiales.Algunos las tienen de marfil, pero los pobres las usan de madera, y con ellas se unen y fecundan a su pareja(Traducció de Andrés Espinosa Alarcon, para Editorial Gredos, 1996)

    Hasta aquí la cita de textos de Luciano. Omito el resto del relato en el que se producen episodios tales como la visita a los Campos Elíseos o reino de los muertos, su entrada en el vientre de una enorme ballena, en la que hay una enorme isla, en donde visita países tan surrealistas como la Ciudad de las lámparas (Lichnópolis) o la Isla de los Sueños y en donde se encuentra un antecedente del moderno Robinson que entonces se llamaba Espíntaro e innumerables animales exóticos, etc. etc..

    En Relatos Verídicos aparecen entre otros los siguientes seres fantásticos:

    Cabalgabuitres  (en griego hippógypoi); Cabalagahormigas (hippomyrmekes); Plumaverdes (lachanópteroi, alas de lechuga); Lanzamijos (kenchrobóloi); Ajoguerreros (skorodomáchoi,  luchadores con ajos); Pulgarqueros (psyllotoxótai); Voladores (anemodrómoi, corredores por el aire), la descripción que hace se asemeja a los modernos wingsuit o trajeaéreos; Gorriónbellotas (griego strouthobálanoi); Cabalgagrullas (hippogéranoi); Aeromosquitos (aerokonopes); Aerodanzarines ( aerokórdakes, el kordax era una danza procaz de origen lidio); Tallohongos (kaulomýketes); Perrobellotas ( kynobálanoi); Nublocentauros ( nephelokéntauroi); etc.etc.

    Hay muchos más detalles de interés. Por ejemplo comentaré  que el medio de transporte del que se sirve Luciano para ascender al firmamento y moverse por el espacio no es ningún sofisticado vehículo, sino un barco que navega por el mar y en determinado momento es impulsado por el propio viento hacia el éter. Luciano conocía numerosos relatos en los que los dioses y los héroes recorren el espacio, pero lo hacen con sus alas como Icaro y Faetón, transportados por águilas o en sus carros como Helios, el Sol. Luciano ha tenido más fortuna, su nave ha prestado el nombre y el modelo a las modernas “naves” espaciales, aunque ahora sean impulsadas por modernos cohetes o motores movidos por energías atómicas o similares.

    Es también interesante el detalle de que al comienzo de su viaje descubren las huellas de Hércules y Dioniso. Recuerdo que también en la “2001 Una odisea del espacio” hay también un monolito desenterrado y la afamada “El planeta de los simios” es también la Estatua de la Libertad semienterrada la que nos informa de que estamos en Nueva York.  Son hechos que no parecen tener mucha relación pero es curiosa esta manía de utilizar estos testigos semienterrados en películas de la más desbordante imaginación.

    Bien, la acción de Avatar se desarrolla en 2154 en Pandora, una luna o satélite del planeta Polifemo, habitada por una raza humanoide, los Na’vi, uno de cuyos clanes vive alrededor de un gigantesco árbol crecido sobre  un yacimiento de unobtainium, fuente energética codiciada por los terrestres. El conflicto estelar es inevitable.

    Avatar es un relato clásico de aventuras fantásticas en el marco general del dominio imperialista de unos seres por otros y de la defensa de la biodiversidad amenazada por el desarrollo moderno. Desde este punto de vista Avatar se ha interpretado y valorado de muy diversas maneras, pero no es mi intención profundizar en ello, sino establecer alguna relación, al menos formal, si la hubiera con la obra de Luciano, para quien los objetivos son muy distintos.

    Así que la historia de la película Avatar se desarrolla en un lugar que se llama Pandora, sus habitantes, los Na’vi,  son híbridos de humano y otros seres con cola, es decir, son humanoides, como ocurre siempre en toda obra de ciencia ficción,  el transporte por el cielo lo hacen  en enormes volátiles transportadores, llamados Banshee (alma en pena), cuyas imágenes impactan por sus dimensiones, su agilidad y su belleza; los direhorses son especie de  caballos de seis patas, seres híbridos también,; el árbol que alberga la vida de los Na’vi es de dimensiones tan fantásticas como la isla de Luciano en el vientre de la ballena y otros seres.  Se me antoja que el vientre de la ballena se asemeja en realidad al vientre o interior del árbol que acoge a los Na'vi.

    Algunos de los animales fantásticos de la película son:

    El Banshee, Mountain, en lenguaje Na’vi Ikran,  (alma en pena de las montañas) perfectamente adaptado al vuelo por aerodinamismo. Es el ser más espectacular, que se conecta con un solo Na’vi para toda la vida. Se utiliza para cazar y viajar a largas distancias. Se me antoja similar a los cabalgabuitres de Luciano.

    El leonopteryx  rex , "rey león volador” , (del griego λέων, léon, león,  y πτέρυξ pteryx, ala, y del Latin  rex,  rey); de extraordinaria belleza y poderosas mandíbulas capaz de partir por la mitad a banshee en pleno vuelo.

    El sturmbeest, mezcla de rinoceronte y búfalo, de color azul, que vive en manadas.

    El tetraperton, especie de flamenco de cuatro alas.

    El direhorse, (caballo terrible) especie de caballo, tres veces más grande que los caballos terrestres,  con antenas neuronales y seis patas perfectamente adaptado al terreno.

    Hammerhead Titanothere, enorme criatura de once metros de largo con cabeza de martillo capaz de romper los árboles.

    El Fan Lizard, lagarto danzante que se despliega como un abanico chino.

    Hellfire Wasp, avispa fuego del infierno, similar a una avispa  de la Tierra, pero del tamaño de un gorrión.

    El hexapede, criaturas bellas y frágil que aparece en las banderas y escudos de algunos clanes, cuya piel tiene muy diversa utilidad.

    El prolemuris, que tiene cuatro brazos para moverse ágilmente entre los árboles. 

    El stingbat, depredador aéreo con un sistema de navegación visual altamente desarrollado.

    El thanator, el depredador más terrible de Pandora, enorme y poderoso que recuerda a la pantera terran.

    El viperwolf, con seis patas y un poderoso torso, depredador que recorre grandes distancias.

    A algún lector le podrá parecer poco fundamentada esta relación entre Luciano de Samósata y James Cameron. Yo veo muchas semejanzas. Como decía más arriba, no puedo imaginar de otra forma a los “cabalgabuitres” que como “Banshee

    Bien, la otra obra,  la serie “Avatar: la leyenda de Aang”  está fuertemente influenciada por el arte chino, el hinduismo, el taoísmo, el budismo y el yoga, pero tiene una gran semejanza con la obra de Luciano.

    La influencia resulta en el procedimiento de creación de los seres fantásticos:  tanto en Luciano como en la serie  los numerosos animales son el resultado de la mezcla de varios animales reales, si bien aumentadas sus dimensiones. La semejanza con Luciano parece, pues, algo más que casual.  Luciano extrema su imaginación dando los más cómicos nombres a estos seres,  resultado de la mezcla de varios. Cierto es que la lengua griega se presta perfectamente a este tipo de creaciones verbales que los filólogos actuales procuran descifrar.  También parece que la lengua inglesa se presta perfectamente a estas creaciones.

    En la serie, encontramos entre otros en el Reino Tierra: caballos-avestruz , usados como medio de transporte, Cerdos-monobuitres-avispamarmotas cantantes atraen a los turistas de todas partes con su música,  Pentapus púrpura  con forma de  pequeños pulpos con cinco ojos y cinco tentáculos, osos-ornitorrinco, , leones-alce dientes de sable,  animales muy peligrosos que viven en los bosques,  murciélagos-lobo,  carnívoros tan grandes como lobos y alas de murciélago con las que vuelan tejones-topo , Gorila-cabra, cerdos-oveja, cerdos-Gallo, cerdos-Pollos,y cerdos-VacaUnagi, que  es una anguila gigante,  elefante Koi, pez del tamaño de un elefante, reptil Volador,  especie de loro-lagartija lombrices del Gran Cañón, insecto gigantesco con cuatro patas, El shirshu, que es un cruce de  un enorme oso hormiguero y un topo nariz estrellada, Pato-Pavo , Antilope-ZorroJabalí-Puercoespín,  Jabalí volador, Buitre-León similar a un Grifo, criatura mítica mitad león mitad águila,  Escarabajo gigante, etc. etc. etc. 

    Como decía a propósito de la película de Cameron, tal vez alguno opine que la semejanza parece muy forzada; yo sigo pensando que sin los numerosos monstruos mitológicos de los griegos la imaginación moderna sería mucho más reducida y limitada.


     

  • Eratóstenes no llegó a “alfa”; sólo fue “beta”.

    Alfa, (Α α) es la primera letra del alfabeto griego. Beta, (Β, β ) era la segunda. Ser un ser “alfa” significa ser el primero en su grupo; ser un “beta” significa ser el segundo.

    En el mundo animal y zoológíco , que es lo mismo sólo que en cultismo griego, ser un macho “alfa” significa ser el más bruto y fuerte del grupo, acumular mayor cantidad de testosterona y disponer de los espermatozoides más veloces y agresivos y como consecuencia tener la exclusiva de la coyunda con las hembras del conjunto.

    En el género “homo” no carece de importancia y valor ser un “macho alfa” en el sentido zoológico, pero el sapiens tiene diversos y variados centros de interés, además del primario deseo de  “ayuntamiento”.

    Eratóstener es un curioso y sabio personaje de la Antigüedad griega.  Nació en Cirene hacia el 276 a.C. y murió en Alejandría en 194 a.C. Vivió en Alejandría, donde  fue director de su famosa Biblioteca, de la que me he ocupado ampliamente en este blog.

    Fue un sabio matemático, geógrafo, astrónomo, filósofo, historiador, poeta, músico, etc. Según Suetonio, fue el primero que se llamó “filólogo”. Entre sus hallazgos, que han pasado con todo derecho a la posteridad, están la famosa “criba de Eratóstenes” o modo y plantilla para hallar los números primos y sobre todo la medición de la circunferencia de la Tierra con un mínimo error.

    Se le adjudica la famosa obra Catasterismos, en la que explica 44 constelaciones del cielo  visible desde Grecia. La obra tal como nos ha sido transmitida absolutamente esquemática, no es suya, pero bien pudo ser el autor de una obra más extensa y ser la reliquia actual un mero resumen para estudiantes.

    Escribio tres libros de Geografía, en las que expuso su medición de la circunferencia de la tierra, que más abajo explico. Es autor también de una Cronografía desde la Guerra de Troya hasta Alejandro Magno, tomando como referencia la celebración de los Juegos Olímpicos en honor de Zeus. Escribió el diálogo “Platónico” relacionando la música con las matemáticas; también un ensayo sobre la duplicación del cubo; un poema épico titulado Hermes, el poema elegiaco Erígone; un extenso trabajo sobre la Comedia Antigua y el famoso opúsculo anteriormente citados Catasterismos.

    Pues bien, Eratóstenes no fue para sus contemporáneos un “alfa” sino un “beta” y con ese apodo le llamaron y ello no porque fuera un sabio y científico de segunda categoría, sino porque fue “el segundo” en todas las categorías y asuntos de que se tratase.

    Por esta razón se le llamó también “pentatlos”, pentatleta, el mejor en el conjunto de cinco disciplinas deportivas. (palabra griega compuesta de penta =cinco y atlos= competición). Otros le llamaron ”el segundo Platón”. Todo ello se nos cuenta en la Suda (enciclopedia griega del siglo X), Ἐρατοσθένης ,  ε 2898 según la numeración de Adler

    En fin, a poco que reflexione el amable lector podrá confeccionar una lista interminable de hombres “beta”, de segundones de los que la humanidad es deudora por sus innumerables aportaciones positivas. Ellos tuvieron la prudencia y la inteligencia de dejar el primer puesto, el “alfa”, para personajes absolutamente prescindibles.

    En la Suda (enciclopedia del siglo X), entrada Ἐρατοσθένης ,  ε 2898 según la numeración de Adler, se nos informa de ello:

    Hijo de Aglaus (otros dicen Ambrosius); de Cirene. Alumno del filósofo Ariston de Chios, el gramático Lisanias de Cirene, y el poeta Calímaco. Ptolomeo III lo llamó desde Atenas, y vivió hasta Ptolomeo V. Como quiera que llegó al segundo lugar en cada rama de aprendizaje en los que alcanzó el nivel más alto, lo apodaron τὰ βήματα 'plataformas'. [1] Otros lo llaman un segundo o nuevo Platón, o el 'pentatleta ". [2] Nació en el 126 ° Olimpiada, [3] y murió a los 80 años, rechazando el alimento porque perdió la vista de los ojos. Dejó  un alumno distinguido, Aristófanes de Bizancio,  de quien a su vez fue discípulo  Aristarco . Fueron discípulos suyos  Mnaseas, Menandro y Aristis. Escribió obras filosóficas, poemas e historias; Astronomía, o Catasterismos; Sobre las sectas filosóficas; El Alivio del dolor; muchos diálogos; y numerosas obras gramaticales.

    [1] βήματα , un error por  βῆτα (la segunda letra del alfabeto)
    [2] Participante en cinco pruebas atleticas
    [3] 276-273 BC

    Su medición de la longitud de del diámetro de la Tierra con un mínimo error, sin satélites, radares, telescopios y otros apoyos modernos, es fruto de una inteligencia que nos sigue fascinando. Sin duda merece una pequeña explicación.

    Cuentan que revisando un día un papiro de la Biblioteca, encontró que decía que el día 21 de junio, en el solsticio de primavera, en Siena, ciudad egipcia cercana a la primera catarata del Nilo, al mediodía se podía ver el agua del fondo de los pozos y los postes verticales no daban sombra porque el sol estaba en el cenit. Eratóstenes recordó que ese día en Alejandría los obeliscos daban sombra conformando un ángulo de sombra de 1/50 partes de un círculo, es decir,  7,2 º (grados). Como el sol estaba muy lejos de la tierra  los rayos del sol incidían paralelamente en los sitios. Sabiendo que la distancia entre Alejandría y Siena era de 5.000  estadios, aproximadamente 800 kms.,  concluyó que esa era la distancia correspondiente a los 7,2º (grados); como quiera que la circunferencia terrestre tiene 360 grados, concluyo que la longitud era de 252.000 estadios, equivalente a unos 41.142 kms. Se había equivocado en un tanto por ciento irrisorio. La longitud en el  ecuador con la  precisión actual es de 40.076 kms.

    Si dos líneas paralelas son cortadas por una tercera, los ángulos internos son iguales. Por tanto los ángulos A y B son iguales; es decir la distancia entre Alejandría y Siena es de 7ª (grados) y 800 Kms. como ya sabíamos.