Categoría: Ciencia

  • Importancia de la música en el mundo griego antiguo

    La mayor parte de los términos lingüísticos empleados en la ”música” son de origen griego.

    No es la música  en Grecia una de las cuestiones que con más detalles estudie la historia del mundo antiguo, pero una simple relación de los términos de origen griego,  que hacen referencia a este mundo de los sonidos agradables al oído, nos debe poner en la pista de la importancia real que tuvo un arte siempre presente en los actos religiosos y en la vida de los ciudadanos.

    Relaciono algunos términos con la definición que de ellos nos da el “Diccionario de la Real Academia  Española”:

    Música, ((Del lat. musĭca, y éste del gr. μουσική, derivado de μοῦσαι mousai=  ninfas o diosas que inspiran la música y el resto de artes), es precisamente el primero de los términos a tener en cuenta.

    Melodía: (Del lat. melodĭa, y éste del gr. μελῳδία; μέλος = canto).Composición en que se desarrolla una idea musical, simple o compuesta, con independencia de su acompañamiento…

    Armonía: (Del lat. harmonĭa, y éste del gr. ἁρμονία = proporción, de ἁρμός, ajustamiento, combinación).Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. / Arte de formar y enlazar los acordes.

    Sinfonía: (Del lat. symphonĭa, y éste del gr. συμφωνία = conformidad, de σύμφωνος, que une su voz, acorde, unánime).Conjunto de voces, de instrumentos, o de ambas cosas, que suenan acordes a la vez./  Composición instrumental para orquesta.

    Polifonía: (Del gr. πολυφωνία, mucha voz).Conjunto de sonidos simultáneos en que cada uno expresa su idea musical, pero formando con los demás un todo armónico.

    Orquesta: (Del lat. Orquestra y éste del gr. ορχήστρα, lugar para danzar ).Grupo de músicos que interpretan obras musicales con diversos instrumentos. /  Lugar comprendido entre la escena y las lunetas o butacas, que se destina a los músicos.

    Órgano: (Del lat. orgănum, y éste del gr. ὄργανον = instrumento).Instrumento musical de viento, compuesto de muchos tubos donde se produce el sonido, unos fuelles que impulsan el aire y un teclado y varios registros ordenados para modificar el timbre de las voces.

    Coro: (Del lat. chorus, y éste del gr. χορός = baile, danza, coro).Conjunto de personas que en una ópera u otra función musical cantan simultáneamente una pieza concertada./  Conjunto de personas reunidas para cantar, regocijarse, alabar o celebrar algo./  En la dramaturgia grecolatina, conjunto de actores que recitan la parte lírica destinada a comentar la acción.

    Tono: (Del lat. tonus, y éste del gr. τόνος,  acento, tensión).Cualidad de los sonidos, dependiente de su frecuencia, que permite ordenarlos de graves a agudos. De aquí deriva también “tónico” y en música significa la primera nota de una escala musical.

    Barítono: (Del lat. barytŏnus, y éste del gr. βαρύτονος, de voz grave,de βαρύς = grave, pesado).  Voz media entre la de tenor y la de bajo y hombre que tiene esta voz.

    Diatónico: (Del lat. diatonĭcus, y éste del gr. διατονικός).  Dicho de uno de los tres géneros del sistema musical: Que procede por dos tonos y un semitono.

    Diapasón : (Del lat. diapāson, y éste del gr. διαπασῶν). Regulador de voces e instrumentos consistente en una lámina de acero doblada en forma de horquilla con pie, y que cuando se hace sonar da un “la”  fijado en 435 vibraciones por segundo.

    Rítmo: (Del lat. rhythmus, y éste del gr. ῥυθμός, de ῥεῖν, fluir). Proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente. De este deriva rítmico.

    Síncopa: (Del lat. syncŏpa, y éste del gr. συγκοπή, de συγκόπτειν, cortar, reducir). Enlace de dos sonidos iguales, de los cuales el primero se halla en el tiempo o parte débil del compás, y el segundo en el fuerte.

    Cromático: (Del lat. chromatĭcus, y éste del gr. χρωματικός; χρῶμα- en realidad significa color). Se dice de uno de los tres géneros del sistema musical, el que procede por semitonos.

    Acorde:  (Este término es latino; deriva de  accordāre, de cor, cordis, corazón, y significa estar de acuerdo ).Conjunto de tres o más sonidos diferentes combinados armónicamente.

    Desde luego, al ciudadanos griego le gustaba la música.

    Las referencias a la música son muy frecuentes en la  literatura (sobre todo en los poetas), en el  arte, en la arqueología, en obras cuyo asunto central es precisamente la música , e incluso algún documento similar a nuestras partituras. Y sin embargo el desconocimiento es enorme y la atención de los historiadores escasa. Naturalmente, los antiguos no pudieron grabar sus sonidos y la palabra escrita no es un testimonio suficiente.

    Nota: La palabra “ópera”  designa a la manifestación o espectáculo artístico más integrador existente, formado por  teatro, música, danza, plástica. La palabra deriva de la italiana “opera” y ésta de la latina “opera”, plural de “opus,-eris”, que significa obra, trabajo. Así que la “opera” designa al trabajo musical por excelencia. Su origen está en el Renacimiento que intenta recuperar el teatro y música de los antiguos. Monteverdi llama a su famoso L’Orfeo, publicado en Venecia en 1609 “Fabula in música”.

    El singular latino de “opera” es “opus”, que significa “obra, trabajo”. En música se utiliza el término para ordenar, indexar, citar las diversas obras musicales de los catálogos de los diversos autores. El término se empezó a utilizar en el siglo XVII.
     


     

  • El último día de Pompeya

    La alegre ciudad de Pompeya se encontraba situada a los pies del monte y volcán Vesubio en una zona rica y fértil. Sus 20.000 habitantes no fueron conscientes del inmenso peligro que sobre ellos se cierne. (Curiosamente en latín no existe un término específico para designar a los volcanes; les denominan “mons sulfureus” o con alguna otra frase similar).

    El 24 de agosto del año 79, anunciado por algunos temblores de tierra, entra en erupción el volcán después de más de 1.500 años de inactividad. En apenas 20 horas Pompeya quedó arrasada y al menos 5.000 de sus habitantes murieron asfixiados por las cenizas y los gases tóxicos, dióxido de carbono sobre todo, que sobre ellos cayeron.

    Comenzó la erupción hacia la una de la tarde con un enorme rugido; una enorme columna de gas alcanzó rápidamente los quince kilómetros de altura y se hizo visible desde toda la bahía; como un enorme pino, oscureció la luz del sol. Durante horas interminables estuvieron cayendo millones de toneladas de piedra pómez, porosa y de poco peso que van cubriendo la ciudad. Muchas personas huyeron, pero otras permanecieron en sus casas y allí encontraron el fin de su vida.

    Durante la noche una enorme explosión lanzó el llamado “flujo piroclástico” (del griego πῦρ "fuego" y “κλαστός” "roto, trozo" o nube ardiente mezcla de gases y roca que se mueve a nivel del suelo y   que todo lo carboniza a su paso). No llegó a Pompeya, pero arrasó la vecina ciudad de Herculano y la sepultó bajo veinticinco metros de escombros.

    Sobre Pompeya sigue cayendo piedra pómez y cenizas y una enorme nube tóxica acaba con la vida de todos los seres que viven por  respiración.  Se calcula que el Vesubio lanzó más de 10.000 millones de toneladas de roca y piedra pómez.

    La ciudad quedó sellada por las cenizas como un enorme sarcófago. 1.500 años después se redescubrió la ciudad y los impresionantes hallazgos nos permiten reconstruir en gran medida la vida de esta ciudad. En otra ocasión hablaremos de ello, especialmente de las improntas o moldes que los cuerpos vivos, hombres y también animales, dejaron en los bloques de ceniza.

    Hoy reproduciremos el documento escrito que nos describe con notables detalles el fin de Pompeya. Al otro lado de la bahía, en Miseno, se encontraba Cayo Plinio  Segundo, conocido como Plinio el Viejo, almirante y naturalista apasionado. Dirigió la escuadra en misión de socorro hacia Pompeya. Los vientos le empujaron poco más abajo, hacia Estabia. Allí pasó la noche; a la mañana siguiente quiso averiguar con más detalle lo que estaba sucediendo. Los gases tóxicos le fulminaron y acabaron con su vida y curiosidad de científico.

    Su sobrino, llamado  Cayo Plinio Cecilio Segundo,  pero  conocido como Plinio el Joven,  que no le acompañó y se quedó en Miseno realizando sus ejercicios escolares, recogió poco después el relato de  quienes le acompañaron. Su relato y descripción pareció tan extraordinaria a sus contemporáneos y sucesores que no le creyeron, pero hoy sabemos que erupciones como la descrita son reales. Ocurren según los científicos cada dos mil años aproximadamente. ¿Ocurrirá de nuevo? Tal vez alguno de los lectores actuales pueda informar, pero la mayor parte ya no estaremos aquí.

    En realidad Plinio el Joven nos ha legado dos cartas referidas a este suceso; en la primera narra la destrucción de Pompeya y la muerte de su tío; en la segunda nos cuenta su experiencia personal, cómo lo vivió él y su familia, también con peligro. Presentaré hoy la primera y tal vez en otra ocasión recogeré la segunda, también plena de interés.

    Plinio el Joven, Epist. 6, 16

    C. PLINIO a su querido Tácito, salud.

    Me pides que te describa la muerte de mi tío para poder transmitirla más verazmente a la posteridad. Te doy las gracias, pues veo que  su muerte tendrá una  gloria inmortal si es recordada por ti.

    Pues  aunque murió en la destrucción de unas tierras hermosísimas y vaya a vivir siempre como corresponde a los pueblos y ciudades de destino memorable, aunque él mismo ha escrito muchas y perdurables obras, sin embargo la inmortalidad de tus escritos aumentará  mucho su perpetuidad.
    Ciertamente considero dichosos a aquellos a quienes  se  les ha concedido como regalo  de los dioses o hacer cosas dignas de ser escritas o escribir cosas dignas de ser leídas, pero considero los más dichosos de todos a quienes  les han concedido las dos cosas. En el número de éstos estará mi tío, no sólo  por sus libros sino también por los tuyos. Por todo esto asumo con mucho gusto, incluso me exijo, lo que me encargas.

    Estaba en Miseno y personalmente gobernaba  con su mando la flota. El día 24 de agosto, casi a la hora séptima (las 13 horas) mi madre le indica que está apareciendo una nube de un tamaño y  forma inusuales.

    Él, después de disfrutar del sol y luego un baño frío, había tomado un bocado tumbado y estaba trabajando; pide sus sandalias, se sube a un lugar desde el que podía ser contemplado perfectamente  aquel fenómeno maravilloso. Estaba surgiendo una nube, sin que los que miraban desde lejos pudiesen saber desde qué monte, luego se supo que era el Vesubio, cuya semejanza y forma  no era otra que la de un árbol como el  pino.

    Pues extendiéndose de abajo arriba en forma de tronco, por decirlo así, de forma muy alargada, se dispersaba en algunas ramas, según creo, porque reavivada por un soplo reciente, al disminuir éste luego,  se disipaba a todo lo ancho, abandonada o más bien vencida por su peso; unas veces tenía un color blanco brillante, otras sucio y con manchas, como si hubiera llevado hasta el cielo tierra o ceniza.

    Como a persona erudita que era le pareció algo grande y digno de ser conocido más de cerca. Ordena que le preparen la libúrnica (nave de guerra pequeña); me ofrece la posibilidad de ir con él si me apetecía; le respondí que prefería estudiar, pues casualmente él mismo me había dado algo para que lo escribiera.

    Cuando estaba saliendo de casa cuando recibe un mensaje de Rectina, la esposa de Tasco, asustada por el peligro amenazante, pues su villa estaba situada debajo (del Vesubio), y no había otra huida  sino por barco: le rogaba que la rescatase de  peligro tan grande. Cambia él de plan y lo que había empezado con intención científica lo afronta con el mayor empeño.  Saca unas cuatrirremes (barco con cuatro filas de remos)  y se dispone a llevar su ayuda no sólo a Rectina sino a otros muchos, pues lo agradable de la playa la hacía  muy concurrida.

    Va  corriendo allí de donde otros huyen y mantiene derecho  el rumbo y derecho el timón hacia el peligro, hasta tal punto libre de temor que dicta y anota todos los movimientos y todas las formas de aquel desastre como las veía con sus ojos.

    Caía ya la ceniza en las naves, más caliente y más densa cuanto más cerca se aproximaban; incluso piedras pómez  negras y  quemadas y rotas por el fuego;  se produce ya un repentino  bajo fondo y la playa es inaccesible por el desplome del monte. Dudó poco si dar la vuelta hacia atrás, pero inmediatamente le dijo  al piloto, que le aconsejaba que lo hiciera así: «La fortuna ayuda a los valientes: dirígete a casa de Pomponiano».

    Estaba en  Estabia,  apartado del centro del golfo, pues el mar se metía poco a poco  en las costa curvada y  redondeadas. Allí, aunque todavía no se acercaba el  peligro, siendo sin embargo  previsible y más cercano si crecía la erupción, había llevado el equipamiento a las naves, seguro de poder huir si amainaba el viento contrario. Empujado entonces mi tío por este viento muy favorable, abraza, consuela y anima a (Pomponio) que estaba temblando y para disminuir el temor de él con su propia seguridad,  ordena que le lleven a tomar un baño;  una vez lavado, se recuesta y cena, o alegre o como si estuviera alegre (lo que es igualmente grande).

    Mientras tanto, desde el monte Vesubio resplandecían por muchos lugares anchísimas  llamas y altos fuegos, cuyo resplandor y claridad se acrecentaban en las tinieblas de la noche. El repetía, para remediar el miedo,  repetía  que lo que ardía eran los fuegos abandonados por los campesinos en su precipitación y las villas abandonadas por su soledad.

    Entonces se entregó al descanso y  descansó ciertamente con un profundísimo sueño, pues su respiración, que era un tanto  pesada y ruidosa por la dimensión de su cuerpo, era oída por los que se encontraban ante su puerta. Pero el patio desde el que se accedía a  la habitación, lleno ya de ceniza y piedra pómez mezclada se había levantado de tal modo que, si se alargaba  un poco más la estancia en la habitación, no habría salida. Una vez despertado, se levanta y acude  con  Pomponiano y con los demás que habían permanecido vigilantes.

    Deliberan en común si se quedan dentro de la casa o se van  al campo abierto. Pues los edificios se movían con los frecuentes e intensos temblores y parecía que como movidos de sus cimientos  iban y volvían de acá para allá.

    Aunque al aire libre de nuevo daba miedo la caída de piedras pómez ligeras y consumidas, la comparación de los peligros les hizo elegir esta opción; y en su caso (de mi tío) ciertamente, un cálculo venció a otro cálculo, y en el caso de los otros, un temor venció a otro temor. Se atan con vendas almohadas colocadas sobre sus cabezas: esto les sirvió de protección frente a lo  que les caía.

    En otras partes ya era de día, allí era la  noche más negra y cerrada de todas las noches, que sin embargo despejaban muchas antorchas y diversas hogueras .  Se decidió salir  hacia la playa y ver de cerca qué posibilidad permitía ya el mar, que  todavía permanecía  inaccesible y adverso.
    Allí echado sobre una tela extendida pidió una y otra vez agua fría y la bebió. Luego las llamas y el olor a azufre, anunciador de más llamas,  ponen en fuga a los demás, a él lo ponen en alerta.
    Apoyándose en dos pequeños esclavos se levantó e inmediatamente se cayó, como yo supongo,  por su respiración obstruida por el aire más denso de la nube, y por cerrársele el esófago, que él por naturaleza tenía débil y estrecho y frecuentemente con ardores.

    Cuando volvió la luz (era el tercer día, desde aquel  que había visto por última vez) su cuerpo se encontró intacto, sin lesiones y cubierto tal como se había vestido. El aspecto del cuerpo se parecía más al de a una persona que está descansando que a un difunto.

    Entre tanto en Miseno mi madre y yo… pero esto nada  importa a la historia, ni tú quisiste saber ninguna otra cosa que sobre su muerte. Así pues llego al final.

    Añadiré solamente que te he  contado todas las cosas en las que yo intervine y todas las que  escuché en aquel momento, cuando se recuerdan con todo detalle  las cosas verdaderas. Tú seleccionarás lo más importante; una cosa es escribir una carta y otra la historia, una cosa es escribir a un amigo y otra escribir para todos. Adios.


    C. PLINIVS, TACITO SVO S.
    Petis ut tibi auunculi mei exitum scribam, quo uerius tradere posteris possis. Gratias ago; nam uideo morti eius si.celebretur a te immortalem gloriam esse propositam.
    Quamuis enim pulcherrimarum clade terrarum, ut populi ut urbes memorabili casu, quasi semper uicturus occiderit, quamuis ipse plurima opera et mansura condiderit, multum tamen perpetuitati eius scriptorum tuorum aeternitas addet.
    Equidem beatos puto, quibus deorum munere datum est aut facere scribenda aut scribere legenda, beatissimos uero quibus utrumque. Horum in numero auunculus meus et suis libris et tuis erit. Quo libentius suscipio, deposco etiam quod iniungis.
    Erat Miseni classemque imperio praesens regebat. Nonum kal. Septembres hora fere septima mater mea indicat ei adparere nubem inusitata et magnitudine et specie.
    Vsus ille sole, mox frigida, gustauerat iacens studebatque; poscit soleas, ascendit locum ex quo maxime miraculum illud conspici poterat. Nubes incertum procul intuentibus ex quo monte (Vesuuium fuisse postea cognitum est) oriebatur, cuius similitudinem et formam non alia magis arbor quam pinus expresserit.
    Nam longissimo uelut trunco elata in altum quibusdam ramis diffundebatur, credo quia recenti spiritu euecta, dein senescente eo destituta aut etiam pondere suo uicta in latitudinem uanescebat, candida interdum, interdum sordida et maculosa prout terram cineremue sustulerat.
    Magnum propiusque noscendum ut eruditissimo uiro uisum. Iubet liburnicam aptari; mihi si uenire una uellem facit copiam; respondi studere me malle, et forte ipse quod scriberem dederat.
    Egrediebatur domo; accipit codicillos Rectinae Tasci imminenti periculo exterritae, nam uilla eius subiacebat, nec ulla nisi nauibus fuga: ut se tanto discrimini eriperet orabat.
    Vertit ille consilium et quod studioso animo incohauerat obit maximo. Deducit quadriremes, ascendit ipse non Rectinae modo sed multis, erat enim frequens amoenitas orae, laturus auxilium.
    Properat illuc unde alii fugiunt, rectumque cursum recta gubernacula in periculum tenet adeo solutus metu, ut omnes illius mali motus omnes figuras ut deprenderat oculis dictaret enotaretque.
    Iam nauibus cinis incidebat, quo propius accederent, calidior et densior; iam pumices etiam nigrique et ambusti et fracti igne lapides; iam uadum subitum ruinaque montis litora obstantia. Cunctatus paulum an retro flecteret, mox gubernatori ut ita faceret monenti 'Fortes' inquit 'fortuna iuuat: Pomponianum pete.'
    Stabiis erat diremptus sinu medio, nam sensim circumactis curuatisque litoribus mare infunditur; ibi quamquam nondum periculo adpropinquante, conspicuo tamen et cum cresceret proximo, sarcinas contulerat in naues, certus fugae si contrarius uentus resedisset. Quo tunc auunculus meus secundissimo inuectus, complectitur trepidantem consolatur hortatur, utque timorem eius sua securitate leniret, deferri in balineum iubet; lotus accubat, cenat, aut hilaris aut (quod aeque magnum) similis hilari.
    Interim e Vesuuio monte pluribus locis latissimae flammae altaque incendia relucebant, quorum fulgor et claritas tenebris noctis excitabatur. Ille agrestium trepidatione ignes relictos desertasque uillas per solitudinem ardere in remedium formidinis dictitabat. Tum se quieti dedit et quieuit uerissimo quidem somno; nam meatus animae, qui illi propter amplitudinem corporis grauior et sonantior erat, ab iis qui limini obuersabantur audiebatur.
    Sed area ex qua diaeta adibatur ita iam cinere mixtisque pumicibus oppleta surrexerat, ut si longior in cubiculo mora, exitus negaretur. Excitatus procedit, seque Pomponiano ceterisque qui peruigilauerant reddit.
    In commune consultant, intra tecta subsistant an in aperto uagentur. Nam crebris uastisque tremoribus tecta nutabant, et quasi emota sedibus suis nunc huc nunc illuc abire aut referri uidebantur.
    Sub dio rursus quamquam leuium exesorumque pumicum casus metuebatur, quod tamen periculorum collatio elegit; et apud illum quidem ratio rationem, apud alios timorem timor uicit. Ceruicalia capitibus imposita linteis constringunt; id munimentum aduersus incidentia fuit.
    Iam dies alibi, illic nox omnibus noctibus nigrior densiorque; quam tamen faces multae uariaque lumina soluebant. Placuit egredi in litus, et ex proximo adspicere, ecquid iam mare admitteret; quod adhuc uastum et aduersum permanebat.
    Ibi super abiectum linteum recubans semel atque iterum frigidam aquam poposcit hausitque. Deinde flammae flammarumque praenuntius odor sulpuris alios in fugam uertunt, excitant illum.
    Innitens seruolis duobus adsurrexit et statim concidit, ut ego colligo, crassiore caligine spiritu obstructo, clausoque stomacho qui illi natura inualidus et angustus et frequenter aestuans erat.
    Vbi dies redditus (is ab eo quem nouissime uiderat tertius), corpus inuentum integrum inlaesum opertumque ut fuerat indutus: habitus corporis quiescenti quam defuncto similior.
    Interim Miseni ego et mater sed nihil ad historiam, nec tu aliud quam de exitu eius scire uoluisti. Finem ergo faciam.
    Vnum adiciam, omnia me quibus interfueram quaeque statim, cum maxime uera memorantur, audieram, persecutum. Tu potissima excerpes; aliud est enim epistulam aliud historiam, aliud amico aliud omnibus scribere. Vale.

  • Nos seguimos rigiendo por el calendario de Julio César

    El calendario es un instrumento necesario para organizar el tiempo en relación con las actividades agrícolas, con las obligaciones religiosas y con la vida social y civil.

    Nuestro calendario tiene actualmente doce meses y 365 días al año. Cualquier lector atento, no obstante, se habrá preguntado por qué al “duodécimo” mes se le llama “diciembre”, palabra que más bien significa “décimo”. Las preguntas se multiplican si observamos que al undécimo  se le llama “noviembre”, palabra relacionada con “novem = nueve”; al  décimo se le llama “octubre”, palabra relacionada con “octo= ocho”; al noveno se le llama “septiembre”, término relacionado evidentemente con “septem = siete”.

    Existe, pues, una falta de coincidencia entre el nombre de estos meses y el orden que ocupan en el calendario. Esta confusión aumenta si conocemos que el mes de agosto se llamó en su momento “sextilis = el sexto” y al mes de junio se le llamaba “quintilis =quinto”.

    La explicación estriba en que al principio de la historia de Roma el año comenzaba en el mes de marzo y el año tenía diez meses. A partir de esta premisa, los nombres de los meses romanos se correspondían con su orden.

    Pero la historia del calendario es realmente complicada e interesante. Esbozaremos algunos datos. A la hora de organizar el ciclo del tiempo el hombre tiene en cuenta el número de días en que la tierra tarda en dar una vuelta al sol. Son algo más de 365 días; 365,25 aproximadamente. Pero también tiene en cuenta las fases de la luna, que tan pronto la vemos llena de luz reflejada como en sus fases creciente o decreciente.

    Roma tuvo a lo largo de su historia dos calendarios lunares y uno solar, . Así que coexisten de alguna manera el calendario lunar y el solar. Como además los ciclos no se miden con precisión milimétrica, se van acumulando las inexactidudes y desvíos del ciclo anual , que llegan a ser enormes. Esto obligó a  reformar repetidas veces el calendario  para actualizarlo a la realidad astronómica.

    Según la historia mítica fue Rómulo, el fundador de Roma en el año 753 a.C., quien creó también el calendario, lunar en aquel momento. El año comenzaba en marzo, mes en el que comenzaban las tareas agrícolas y también las campañas militares. El año tenía 304 días en diez meses.

    Fue necesaria una reforma, que la tradición mítica atribuye al rey Numa, que gobernó del 715 al 673 a.C., pero que probablemente corresponde a mediados del siglo V a.C. En este momento se añadieron dos meses más, tiempo que con anterioridad no era relevante para formar el calendario. El año tenía 355 días en 12 meses lunares. El Pontífice Máximo añadía cada dos años un mes intercalar, cuya duración fijaba en 20 días, para recuperar el retraso con el llamado “año trópico” o  año sideral, el tiempo  que tarda el  planeta Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol.

    A pesar de ello y por diversas causas   seguía produciéndose un notable desfase.  En época de Julio César (100 a.C.-44 a.C.) la confusión entre determinadas celebraciones y el momento según el calendario vigente era enorme.

    César estuvo en Egipto con la famosa reina Cleopatra, de la que probablemente tuvo su hijo Cesarión. Allí conoció  el calendario solar y comprendió la utilidad que su uso podía tener. Según Suetonio,  le aconsejó el filósofo y astrónomo Sosígenes de Alejandría, que había fijado el año solar en 365 días y seis horas, es decir, con un pequeñísimo error de menos de un segundo al día. Es esta una exactitud que todavía hoy nos  asombra si consideramos los instrumentos científicos de los que entonces disponían.

    César hizo las adaptaciones necesarias e impuso en consecuencia el calendario solar de 365 días al año, intercalando un día más cada cuatro años. De la magnitud de la reforma nos da idea el hecho de que en el año 44 a.C. hubo de intercalar 90 días, con lo que ese año duró 455 días.

    Este calendario, llamado en buena lógica “juliano” es el que básicamente seguimos utilizando hoy en día y se ha impuesto en casi todo el mundo.

    El papa Gregorio XIII lo volvió a reformar  por razones litúrgicas en el año 1582, para que  la Pascua fuera celebrada  el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera, según había dictaminado el Concilio de Nicea del año 325. El desfase con el año trópico  había acumulado entonces 10 días aproximadamente. A esa reforma se la llama “gregriana”.

    Pero el desfase sigue existiendo porque el año trópico en realidad tiene una duración de 365,242189, o lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos, lo que equivale a 1 día aproximadamente cada 128 años. Así que seguirán siendo necesarias nuevas reformas.
    Quizás este artículo parezca ciertamente complejo. No es así en realidad en comparación con los numerosos detalles y precisiones a las que podrá llegar el lector interesado en profundizar en estas cuestiones.

  • Decámetros y decímetros

    Tras la adquisición del concepto abstracto de número y sus representación gráfica, necesitaba el hombre crear un sistema de numeración que le permitiese trabajar cómodamente con grandes cantidades. Para ello necesitaba crear un sistema jerarquizado de varios órdenes o niveles, de tal manera que determinado número de unidades de un nivel se convirtiesen en unidad del nivel superior y así sucesivamente. Al criterio para organizar ese sistema se le llama “base”. Así entre nosotros diez unidades constituyen una decena y diez decenas una centena y diez centenas un millar.

    El sistema de numeración más extendido en el mundo es el de base 10, que acabamos de ejemplarizar, que se llama “decimal” de la palabra latina “decem” que significa “diez”. Pero existen y han existido otros, incluso entre nosotros. Reliquias de esos otros sistemas son por ejemplo  el contar por docenas en algunos casos (una docena de huevos…) que correspondería a un sistema de base 12 o duodecimal , de la palabra latina “duodecim” que significa “doce”; la expresión francesa con la que se designa 80, “quatre vingt” (cuatro veintes)  que delata el uso de base 20; la medición del tiempo:  60 segundos hacen un minuto y 60 minutos una hora que corresponde a un sistema en base 60 o sexagesimal, (de la palabra latina sexaginta, que significa “sesenta”.

    El sistema decimal se impone naturalmente porque diez son los dedos de las dos manos con las que el hombre acostumbra a contar. La mano es y sigue siendo la primera máquina de calcular. A pesar de ello los sistemas de pesos y medidas de muchos  países, y aun dentro de ellos, eran muy diversos aun siendo decimales, lo que dificultaba enormemente las relaciones, sobre todo económicas, entre ellos.

    Al final del  Siglo de las Luces , el siglo XVIII,  en la Revolución Francesa, se comienza a poner orden en tanta confusión. En primer lugar se trataba de encontrar una “unidad” que fuera aplicable a la medida de la longitud, del espacio, del volumen, de la capacidad  y del peso. Después de muchas discusiones se encontró una longitud a la que se llamó “metro” con la que se construyó un patrón  de platino e iridio a 0ºC.  Hoy se define esa distancia como la longitud del trayecto recorrido por la luz en el vacío durante 1/299.792.458 de segundo.

    A esta unidad se le llamó “metro” de la  palabra griega (  "μέτρον" , metron) que significa "medida"

    Esta unidad podía generar múltiplos y submúltiplos, a los que también había que poner nombres.  Los sabios franceses encontraron una solución salomónica: a los múltiplos se les pondría nombres griegos:  deca-, del griego  “ deka” (δέκα),  que significa diez, hecto-(del griego ἑκατόν “ekaton”) que significa cienkilo–  (del griego χίλια. “jilia”)que significa mil. A los submúltiplos se les pondría nombres latinos: deci– (del latin “decem” que significa diez, centi– (del latín centum) que significa cien-, milli– (del latín “mille” )que significa mil.
    .
    Aplicando esta terminología a las  medidas de longitud tenemos que: la unidad es el metro; múltiplos son el decámetro, el hectómetro, el kilómetro, submúltiplos son el decímetro, el centímetro, el milímetro.

    Como medida de capacidad tenemos el litro ; múltiplos el decálitro, el hectólitro, el kilolitro ; submúltiplos el decilitro, el centilitro, el mililitro.

    La palabra “litro” procede la de la francesa “litre” y ésta del latín medieval “litra”  y esta a su vez del griego λίτρα , “litra”, que significa  y de la que procede “libra”.

    Como medidas de peso tenemos la unidad, el gramo ( del griego γράμμα , “gramma” que significa letra y que pasa al latín con el significado de piedrecilla); múltiplos son el decagramo, el hectogramo, el kilogramo; submúltiplos son el decigramo, el centigramo, el miligramo.

    Una vez más Grecia y Roma, las raíces,  venían en nuestra ayuda.

    Por cierto, un prisma de un decímetro de base por  un decímetro de altura es un decímetro cúbico porque resulta de multiplicar 3 veces el decímetro  (largo X ancho X alto). La capacidad de agua que puede recoger ese prisma es de un litro y el peso de esa agua es un kilogramo. Se encontró así la relación y equivalencia entre las medidas de longitud, capacidad y peso y todas ellas sobre el sistema decimal. Al margen quedó la medida del tiempo, residuo antiquísimo como dijimos.

    Así que se ha impuesto casi por completo el sistema decimal, excepto las reliquias anteriormente comentadas, y en el mundo anglosajón, empeñados como siguen en contar en millas y yardas.

    Tanto en el caso de las reliquias como en el inglés se comprueba una vez más que en la sociedad humana no siempre se impone lo fríamente racional; hay usos y costumbres manifiestamente mejorables que impone la voluntad o inercia social.

    Pero las necesidades de la moderna computación han obligado a superar el tradicional sistema métrico decimal y así se ha creado el Sistema Internacional de Unidades o de Medidas con términos para múltiplos  tales como  yotta,  zetta, exa, peta, tera,  giga, mega, kilo, hecto, deca; y submúltiplos tales como  deci, centi, mili, micro, nano,  pico,  femto, atto,  zepto , yocto.

    Casi todos los nombres nuevos son también griegos y latinos con algunas adaptaciones, como yotta, zetta, peta (parecido a penta), giga, mega… micro, nano, micro, zepto, yocto; parece que se han colado algunos daneses como femto o attto.

  • ENCICLOPEDIA

    ‘παῖς,παιδός’, país.paidós, «niño», es una palabra griega que tiene numerosos términos emparentados con la misma familia léxica; estos términos han pasado al latín y de él a las lenguas romances; también ha producido numerosos términos científicos modernos. Son algunos: paideia, pedagogía y pedagogo, pediatría y pediatra, pederastia y pederasta, enciclopedia.

    En latín tenemos el sustantivo “puer” y otros con él relacionados también en español, puella, pueritia, pueril, puerilidad, puerperio. Aunque no lo parezca, la raíz de puer está emparentada con la de 'παῖς,παιδός', país, paidós.

    Analizaremos con algún detalle el término “enciclopedia”. Se trata de una palabra con una etimología realmente curiosa; procede  del griego  ἐν κύκλος παιδεία, (ἐν en,en,  κύκλος, kyklos, círculo y παιδεία,paideia,instrucción) “instrucción en círculo” o "círculo de todas las artes y doctrinas (conocimientos". Tal vez hace referencia a la costumbre de colocar a los niños en círculo para recibir la instrucción o educación. De este significado primero deriva su acepción actual de conjunto de todas las ciencias o de muchas ciencias o de muchos conocimientos.

    Sobre la frase griega se crea en latín medieval el término encyclopaedia  que viene a significar ‘curso de educación general’.

    El término o el concepto es antiguo. Sirva como muestra el siguiente texto de Plinio el Viejo que llama a su magna obra Naturalis Historia, “enciclopedia” y ciertamente es un extenso compendio de todo lo considerado “saber científico” en la Antigüedad. Plinio comenta las dificultades de su obra y nos confiesa en  Naturalis Histori Praefatio 14:

    Por lo demás el itinerario no es un camino trillado para los autores ni por el que mi ánimo se afane por peregrinar. No hay nadie entre nosotros que haya intentado lo mismo ni nadie entre los griegos que haya tratado él solo todas las cosas. La mayor parte buscamos el placer en los estudios; las cosas tratadas por otros se consideran de excesiva sutileza y son empujadas a las oscuras tinieblas de las cosas. Ante todo han de ser tratadas  las cosas que los griegos llaman de la enciclopedia (τῆς ἐγκυκλίου παιδείας tes enkikliou paideias) y sin embargo son o unas cosas  desconocidas o inciertas para los ingeniosos  u otras en cambio son expuestos por tantísimos que producen hastío.

    Praeterea iter est non trita auctoribus via nec qua peregrinari animus expetat. nemo apud nos qui idem temptaverit, nemo apud Graecos, qui unus omnia ea tractaverit. magna pars studiorum amoenitates quaerimus; quae vero tractata ab aliis dicuntur inmensae subtilitatis, obscuris rerum tenebris premuntur. ante omnia attingenda quae Graeci  τῆς ἐγκυκλίου παιδείας vocant, et tamen ignota aut incerta ingeniis facta; alia vero ita multis prodita, ut in fastidium sint adducta.

    El afán por reunir todo el conocimiento humano del momento es muy antiguo. Por ejemplo puede considerarse enciclopédica la obra de Aristóteles o la del romano Varrón, probablemente el más prolífico autor latino (se le adjudican centenares de obras), del que en cambio sólo se conserva   completa su  Rerum rusticarum libri III (Sobre las cosas del campo), incompleta  De lingua latina y fragmentos de algunas restantes.  Tan prolífico y enciclopédico debió ser que San Agustin dice de él en De Civitate Dei, 6, 2, 178:

    "El hombre más docto en todos los sentidos fue Varrón, que leyó tan gran cantidad  de libros que nos admira que le quedara  tiempo para escribir; y escribió tan gran cantidad que apenas podemos creer que alguien pudiera leerlos” .

    Vir doctissimus undecumque Varro, qui tam multa legit, ut aliquid ei scribere uacuisse miremur; tam multa scripsit, quam multa uix quemquam legere potuisse credamus.

    Aunque él mismo reconoce en su De Re Rustica, II , 1,2:

    nemo enim omnia potest scireNadie puede saberlo todo.

    También podemos considerar una “enciclopedia” la Naturalis Historia de Plinio el Viejo, verdadero compendio de todo el conocimiento entonces considerado científico o de interés para el entendimiento del mundo en que vivimos.

    Enciclopedia podemos considerar también los Veinte Libros de las Etimologías ( Etymologiarum Libri Viginti) , de Isidoro de Sevilla (hacia   556-636).

    Pero la “enciclopedia” por excelencia hasta ahora ha sido  la Enciclopedia Francesa de Diderot y D’Alembert , L'Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, publicada entre 1751 y 1766 y los suplementos de 1777, síntesis de los conocimientos de la época y símbolo de la Ilustración.

    Hoy en día, en la era digital, la “enciclopedia” por antonomasia (del lat. antonomasĭa, y este del gr. ἀντονομασία, nombrar de manera diferente, locucíón adverbial que significa que el nombre le corresponde por ser el ejemplar más característico) es la Wikipedia, palabra construida con la hawaiana wikiwiki, que significa propiamente rápido, informal, y la clásica –pedia, suficientemente comentada más arriba.

    Wikipedia designa a una página web elaborada colectivamente con pretensiones de enciclopedismo universal: los contenidos de esta página, enciclopedia electrónica libre y políglota, son accesibles para cualquier “internauta, (de “internet o red interna y latín  nauta, navegante). Todo internauta además no sólo tiene acceso a la página sino la capacidad de modificar su contenido. Su creador  y quien le puso el nombre es Larry Sanger. Hoy contiene  más de 37 millones de artículos en más de 284  idiomas.

    Esta es desde luego una gran creación de la sociedad actual, lo que no es óbice para recomendar extremar los cuidados en la aceptación de la información ofrecida de esta manera porque con frecuencia carece de los necesarios controles y elementos de contraste que validen el conocimiento y los datos ofrecidos.

    Una de las normas de este blog o página web https://www.antiquitatem.com/  es precisamente ofrecer de manera general las fuentes y el texto de las fuentes latinas o griegas. A algún lector puede parecerle un tanto pesado y ralentizante, pero téngase en cuenta que no sólo es un ofrecimiento para los lectores que pueden leer las lenguas clásicas, sino también una garantía para el resto de que la fuente existe y es real. Con excesiva frecuencia, muchos textos no son contrastados con las fuentes originales y por ello pueden producirse grandes errores.
     

  • Un puente de Italia a Grecia

    Hoy existen puentes grandiosos que nos llenan de asombro por su longitud: el Akashi-Kaikyo de 1991 mts. en Japón; o el Great Belt East de 1624mts. en Dinamarca, o el Runyang de 1490 mts. en China. Son los mayores puentes atirantados del mundo. En la Antigüedad los romanos fueron grandes constructores de puentes.

    Toda gran ciudad está bañada por un gran río atravesado por numerosos puentes como expresión de su poderío. Roma es un ejemplo de ello. Su  río, esencial en su historia, es el Tíber. Debió ser muy importante el primer puente, el Pons Sublicius, de la época del rey Anco Marcio,  construido completamente de madera con instrumentos de madera, porque un tabú impedía el contacto con instrumentos de metal.

    Tan importante debía ser y tan necesaria la ayuda de los dioses que a la máxima autoridad religiosa romana se le llama “pontifex maximus” (el hacedor del puente) según la tradicional explicación del término que nos da Varrón, quien también sugiere otra: de posse y facere (el que puede hacer..); hay quien explica que el nombre le viene por ser puente de comunicación entre los dioses del cielo y los mortales. Por cierto que este título lo sigue ostentando el “papa” de la Iglesia Católica de manera oficial, porque así lo asumieron al desaparecer la religión pagana e imponerse la cristiana como oficial. La desaparición, como se ve, no fue completa ni radical.

    En  Roma los puentes eran muy numerosos: el Puente Emilio, hoy roto; el Fabricio y el Cestio en la Isla Tiberina (pequeña isla en mitad del río); el Puente de Agripa, el Puente de Calígula, el de Nerón, el Puente Triunfal, el famoso Puente Elio o de Adriano conocido hoy como Ponte Sant’Angelo, el no menos famoso Puente Milvio en el que tuvo lugar el enfrentamiento entre  Majencio y Constantino cuando tuvo la visión de la Cruz con la frase “in hoc signo vinces” (con esta enseña vencerás), etc.

    Además los puentes romanos, desafiando el paso del tiempo, están diseminados por todas las vías del Imperio Romano que conducían a Roma, a la urbe, a la ciudad por antonomasia. No son tan largos como los modernos reseñados, pero de momento han durado mucho más tiempo,

    Pues bien, en la Antigüedad hubo un proyecto, una idea mejor, porque no llegó a proyecto, de unir el sur de Italia con el norte de Grecia con un puente grandioso. Nos lo cuenta Plinio el Viejo en su enciclopedia Naturalis Historia, III,(XI) 100 y ss. al describir Italia:

    Desde Tarento, en el interior, se encuentran las ciudades de Varia (actual Oria), llamada apellidada “de Apulia”, de Mesapia (Mesagna) y de Aletio (Santa Maria dell' Alizza) . En la costa en cambio están Senum, Calípolis (Gallipoli) a  sententa y cinco mil pasos de Tarento, que ahora es Anxa. Luego,  a treinta y tres mil pasos está el promontorio llamado Acra Iapigia (Capo di Santa Maria di Leuca), el punto en el que Italia se adentra más en el mar. Desde él  están las ciudades de Basta (Vaste) e Hydrunto (Otranto), a diez y nueve mil pasos, en el punto de separación de los mares Adriático y Jónico; desde aquí se da el paso más breve a Grecia; en frente está la ciudad de Apolloniato (Apolloniates)( Pallina or Pollona) y aquí el estrecho no tiene más de cincuenta mil pasos.  Pirro, rey de Epiro, fue el primero que pensó cubrir este espacio a pie con unos puentes  y después de él Marco Varrón, cuando comandaba la flota de Pompeyo en la guerra  contra los piratas. A los dos se lo  impidieron  otras preocupaciones."

    Oppida per continentem a Tarento Uria, cui cognomen ob Apulam Messapiae , Aletium, in ora vero Senum, Callipolis, quae nunc est Anxa, LXXV a Tarento. inde XXXIII promunturium quod Acran Iapygiam vocant, quo longissime in maria excurrit Italia. ab eo Basta oppidum et Hydruntum decem ac novem milia passuum, ad discrimen Ionii et Hadriatici maris, qua in Graeciam brevissimus transitus, ex adverso Apolloniatum oppidi latitudine intercurrentis freti L non amplius. hoc intervallum pedestri continuare transitu pontibus iactis primum Pyrrus Epiri rex cogitavit, post eum M. Varro, cum classibus Pompei piratico bello praeesset; utrumque aliae inpedivere curae

    Hydrunte es Otranto en la Magna Grecia, en Italia; Apollonia está en la Iliria antigua. Desde estas ciudades se pasaba a Grecia y viceversa y también a Dyrrachium más al norte.  Nos dice por ejemplo Cicerón en su  libro XVI de las cartas, (Ad famiiares) Epistola 9 ad Tironem;

    El día décimo quinto antes de las kalendas (día 16) continuamos ciento veinte estadios hasta Casiopea, al puerto de Corcira. Allí estuvimos retenidos por  los vientos hasta el día noveno antes de las kalendas (el día 22). Muchos de los que impacientemente se marcharon en este intervalo sufrieron naufragios. Nosotros, ese día, después de cenar, soltamos amarras. Desde allí, con un suavísimo viento del sur y un cielo sereno con esa noche y el día siguiente llegamos animadísimos a Italia, a Hydrunte (Otranto)y con el mismo viento, al día siguiente, era el día séptimo antes de las kalendas de diciembre (24 de noviembre), a la cuarta hora (10:00 h) llegamos a Brundisium, y justamente al mismo tiempo que nosotros entraba en la ciudad Terencia, (esposa de Cicerón), que tantísimo te aprecia.

    A. d. xv K. in portum Corcyraeorum ad Cassiopen stadia cxx processimus. ibi retenti ventis sumus usque ad a. d. viiii K. interea, qui cupide profecti sunt, multi naufragia fecerunt. [2] nos eo die cenati solvimus ; inde austro lenissimo caelo sereno nocte illa et die postero in Italiam ad Hydruntem ludibundi pervenimus eodemque vento postridie (id erat a. d. vii K. Dec.) hora iiii Brundisium venimus, eodemque tempore simul nobiscum in oppidum introiit Terentia, quae te facit plurimi.

    Nota: Este Tirón es el famoso esclavo de Cicerón, luego manumitido, que le servía como secretario particular, anotando y revisando los discursos del orador con las llamadas notae tironianae, notas tironianas, especie de escritura taquigráfica usada por los monjes hasta la Edad Media. A veces se le llama el “padre de la taquigrafía”. Fue también editor de las obras de Cicerón.

    Durante algún tiempo Apolonia fue dominio de Pirro, rey de Epiro, (más famoso por su victoria en la forma, derrota en el fondo). Pirro no sólo fue un rey que tuvo en jaque a la poderosa Roma durante mucho tiempo, sino que tuvo ideas y sueños geniales como este de trazar un puente desde las costas de Italia a las de Grecia.

    Idea que recogió luego Varrón, cuando comandaba la flota de Pompeyo contra los piratas del Adriático. Amigo de Cicerón, escribió muchas obras de los temas más variados, aunque sólo se conserva completa su  De rerum rusticarum (Sobre las cosas del campo), incompleta  De lingua latina y fragmentos de algunas restantes.

    A ambos, según Plinio, les impidió realizar el sueño la guerra. La verdad es que la guerra ha consumido y consume innumerable tiempo y recursos que deberían dedicarse a otras tareas, por ejemplo construir puentes. Incluso la guerra va más allá, en su afán destructivo lo primero que suele destruir en el asedio u ocupación de un territorio son precisamente los puentes.

    Por lo demás hubo en la Antigüedad proyectos grandiosos  similares, tales como un puente que uniera Sicilia con Calabria. Con este puente soñaron los romanos (aunque fuera un puente de barcos), luego Carlomagno y los Normandos en el siglo XI  y Roger II en el XII y permanentemente hasta el día de hoy en que se sigue soñando. Ahora el inconveniente parece ser la oposición de los grupos de presión del entorno (léase mafia).

    A los romanos sin duda les sobraban guerras y les faltaban recursos técnicos. Hoy existen los recursos, pero a lo que parece faltar es la decisión o valentía política para llevar a cabo esta empresa milenaria.
     

  • Uno, dos,muchos

    La adquisición del concepto de número, de los términos para designarlos y de las cifras para representarlos es una de las tareas más difíciles para el hombre. Debió serlo para el hombre primitivo y lo es para el niño que ahora lo aprende en su infancia.

    Nos sorprendemos cuando los etnólogos nos informan de que pueblo actuales, a los que llamamos primitivos con notable injusticia desde nuestra perspectiva exclusivamente occidental, sólo tienen nombre propio para el “uno” y para el “dos”; a partir de ahí sólo hablan de “muchos”, de “multitud”. Nos parece extraño y una gran limitación que al menos no tengan nombre propio para los diez primeros, como nosotros.

    El estudio de la lengua ofrece a veces notables sorpresas.  Nuestra lengua, como el francés, italiano, rumano, portugués, catalán… deriva del latín, emparentado a su vez con otras muchas lenguas que llamamos indoeuropeas. Comparando unas con otras, las antiguas y las modernas, de alguna forma podemos reconstruir el tronco común, al que llamamos “indoeuropeo”. Con ese método nos podemos acercar un poco al IV o V milenio antes de Cristo.

    Pues bien, en las lenguas indoeuropeas que se extienden de Europa a Asia (y desde finales del siglo XV a América con el español, el inglés, el francés y el portugués sobre todo) los números mantienen una notable unidad y uniformidad. Su estudio nos depara algunas sorpresas.

    Se puede rastrear cómo en indoeuropeo el número "dos" (2) era también el límite máximo de la precisión y a partir de él todo era “multitud”.

    Diremos en primer lugar que las lenguas indoeuropeas son “flexivas”, es decir, las palabras tienen terminaciones diversas para expresar el número, el género y  la función gramatical. Pues bien, en griego y en latín (en éste residualmente) todavía las palabras tienen unas terminaciones para expresar el “singular”, otras para expresar que son dos los objetos a que se refieren, número que llamamos “dual” y otras para el “plural") cuando son más de dos. Esto nos sitúa ya más cerca de esos pueblos que sólo diferencian uno, dos, multitud.

    Esta extraordinaria percepción del “2” se explica sin duda por la presencia frecuente y relevante de objetos o seres emparejados: las dos manos, los dos brazos, los dos pies, las dos piernas, los dos ojos, las dos orejas… dos son las alas de los pájaros, dos las patas de las aves… La percepción más inmediata sería la del “1”, que nos remite a uno mismo.

    Muy llamativo es el estudio del nombre del número  “tres” (3). La raíz de la palabra en “indoeuropeo”, la lengua originaria reconstruida, es *tri", y sus derivados  *treyes, *tisores" (a los términos indoeuropeos se les antepone un asterisco (*) para diferenciarlos).

    Cualquier francoparlante observará inmediatamente la proximidad etimológica entre "trois" (3) y “très”  que significa “muy, mucho” indicando intensidad y  con “trop” que significa “demasiado, mucho”.

    En latín la palabra “trans”, que signfica “más allá” es de la misma raíz que “tres” (3); la palabra latina “ter”  signfica “tres veces”, pero también tiene un sentido general, por ejemplo en esta frase de Plauto:

    “Ter tanto peior ipsa est, quam illam tu esse vis  = es tantas veces peor  cuantas tú quieres que sea”.

    En Horacio leemos “ter quaterque” que si literalmente significa “tres y cuatro veces”, en realidad quiere decir “una y mil veces, muchísimas veces”.

    En inglés la palabra “three” significa “tres” (3); la de uso más raro  “thrice” significa “tres veces” y “varios”; “throng” , significa “multitud” y “llenar, atestar”; “through”  signfica “más allá, a través”.

    De la raíz indoeuropea derivan  la palabra usada en latín tardío o vulgar  “troppus” que significa “rebaño, banda”, de la que derivan el francés “trop” citado,  el italiano “troppo” , ”demasiado”, la francesa “troupe” y de ella la española “tropa” y “tropel” con evidente sentido de multitud, de grupo numeroso.

    Todo esto nos retrotrae a una etapa muy antigua de nuestra lengua en la que “tres” era sinónimo de “multitud, de pluralidad” y en consecuencia nos acerca a esos pueblos que llamamos primitivos y que no cuentan con nombre propio más allá del número tres.

    Nosotros hemos creado un sistema numeral más complejo  y perfecto, que sigue siendo en el fondo extraordinariamente limitado, como ya vislumbramos si lo comparamos con las modernas máquinas de computación.
     

  • ¿Qué significa “año bisiesto”?

    El conocimiento del calendario romano es realmente difícil, como en otros artículos hemos podido comprobar. Su importante función religiosa, su carácter primitivo lunar, su duración primero de diez meses y luego de doce, la influencia de los pueblos vecinos como los etruscos, obligaron a los romanos a varias reformas en las que curiosamente se mantenían elementos arcaicos.

    Especialmente complejo, como también  se ha visto en otro artículo, es el sistema que tienen de denominación de los días del mes. Conviene recordar ahora el artículo ya publicado y titulado Kalendas, Idus, Nonas: una rara forma de nombrar los días del mes   https://www.antiquitatem.com/idus-marzc-alendario-kalendas-nonas .

    Recordemos brevemente que se divide el mes en tres partes y se fijan los hitos o momentos que marcan esa división: las kalendas que denominan al día 1 de cada mes; las nonas que denominan al día 5 de los meses de enero, febrero, abril, junio, agosto, septiembre, noviembre y diciembre y al día 7 de los meses de marzo, mayo, julio y octubre; y los idus que señalan el día 13 de los meses cuyas nonas caen el 5 y el día 15 de aquellos cuyas nonas caen el 7. Precisamente Caius Iulius Caesar, Julio César, fue asesinado en los Idus de Marzo, es decir, el día 15 de marzo del año 44 antes de Cristo. El resto de días se denominan contando los que faltan hasta el hito siguiente contabilizando el punto de partida y el punto de llegada.

    Recordemos también como en el calendario reformado por Julio César, de carácter solar, el año tiene 12 meses de duración variable, y un total de 365 días. Para corregir el desfase con el año trópico o año solar se añade un día cada cuatro años.

    Pues bien, ese día se añadía en el mes de febrero, detrás del día 24 precisamente porque en ese momento terminaban las fiestas llamadas “Terminalia” con las que se celebraba el fin de año (recordemos que en un principio el año comenzaba en marzo).

    En la denominación de los días del mes romano el día 24 era “el  sexto día antes de las calendas de marzo”, en latín “ante diem VI (sextum) Kalendas Martias”.  Al día ahora añadido cada cuatro años se le llama  “ante diem bis VI (sextum)  Kalendas Martias”, es decir, el “día dos veces sexto antes del día uno de marzo”. De esta denominación “bis sextum” deriva la palabra “bisiesto”.

    Interesante pero complicado sin duda. Como ocurre con muchas palabras, las seguimos utilizando con un significado concreto, aun habiendo perdido la referencia original que les dio sentido y significado, reduciéndolas a una mera etiqueta denominativa.

  • Kalendas, Idus, Nonas: una rara forma de nombrar los días del mes

    Todo lo referido a la historia del calendario romano y su trasmisión hasta nuestros días es de gran complejidad, sobre todo para nosotros, acostumbrados a un sistema de nominación de los días del mes verdaderamente simple: cada día recibe el nombre del número que ocupa en el conjunto del mes, generalmente con un numeral cardinal mejor que ordinal: uno de enero, dos de febrero o quince de febrero o tres de marzo…

    Los romanos se referían a los días del mes  de una forma mucho más complicada, no en vano el calendario es un instrumento religioso  para determinar sobre todo las fiestas religiosas. Es por el ello el pontífice o sacerdote el encargado de su determinación en muchos aspectos.

    En primer lugar dividían el mes en tres períodos: kalendas, nonas e idus que en principio se correspondían respectivamente con la luna nueva, la luna media y la luna llena. Esto significa que no conocían la división en “semanas”, que no se impuso en realidad hasta el emperador Constantino.

    Las kalendas, (palabras que algunos relacionan con kalare = llamar) indicaban el principio del mes, cuando aparecía la luna creciente, y por tanto correspondían al día 1.

    Las nonas indicaban el primer cuarto de luna y se correspondían con el quinto día de los  meses de Enero, Febrero, Abril, Junio, Agosto, Septiembre, Noviembre y Diciembre; y con el séptimo día de los meses de Marzo, Mayo, Julio y Octubre.

    Los idus indicaban la luna llena y se correspondían con el día 13 en los meses en que las nonas caían el día cinco y con el día 15 en los que las nonas caían el siete

    A estos hitos de cada mes se referían en forma adjetiva; es decir, al día 1 de enero le llamaban “Kalendae Ianuariae; calendas eneras", diríamos, aunque con la terminación correspondiente al caso ablativo de circunstancia de tiempos “Kalendis Ianuariis”; al 1 de febrero le llamaban “Kalendae Februariae; calendas febreras", diríamos; al 5 de enero le llamaban “Nonae Ianuariae”; al 7 de marzo “Nonae Martiae”.

    Al 15 de marzo (día en que murió asesinado Julio César en el año 44 a.C.) le llaman “Idus Martiae”.

    Cuídate de los Idus de Marzo”  es precisamente lo que un adivino aconsejó a César, al que no hizo caso,  y desde entonces la frase ha quedado como prototipo de advertencia y consejo de prudencia ante una situación que se anuncia peligrosa.

    "Ad kalendas graecas" es una frase proverbial latina que significa literalmente "para las calendas griegas", pero como los meses griegos no tienen calendas lo que en realidad significa es "para nunca".

    Esto ciertamente parece complicado, pero es mucho más complejo cómo se denomina al resto de los días del mes. Pues bien, siempre se denominan por referencia  al momento clave (kalendas, nonas, idus) posterior. Es decir, cuentan los días que faltan, teniendo en cuenta el punto de partida y el de llegada, hasta el hito posterior.

    Así el día 2 de enero era el “sexto día antes de las nonas de enero”, es decir “ante diem VI Nonas Ianuarias”; el día el 16 de Enero, teniendo en cuenta que enero tiene 31 días, será el día “décimo séptimo antes de las kalendas de febrero”; en latín “ante diem XVII (decimum septimum) kalendas februarias”;  el día 17 será el día décimo sexto antes de las kalendas de febrero (ante diem XVI kalendas februarias) y así sucesivamente.  Sólo al día anterior de cada hito (kalendae, nonae, idus) se le llamaba “pridie = el día de antes) y al siguiente “postridie = el día después). “Víspera” , deriva de “vesper”, palabra latina que significa “tarde”, naturalmente del anterior al día siguiente.