Categoría: Costumbres

  • Los grandes nada pueden sin los pequeños: Pensar globalmente actuar localmente

    Pausanias es un autor griego del siglo II de Cristo, probablemente de Lidia en el Asia Menor, que viajó por diversas partes del mundo antiguo y nos ha dejado un libro valiosísimo, la primera guía de viajes de la que tenemos noticias, su “Descripción de Grecia”.

    Le llamaron la atención, como a tantos otros, las murallas de Tirinto, construidas con piedras enormes, que consideraron obras de los Cíclopes (véase: https://www.antiquitatem.com/ciclopeo-colosal-herculeo-gigantesco ; Nos dice al respecto, entre otros pasajes,  en Descripción de Grecia, II, 25,8:

    (Tirinto) Se dice que  las murallas, que es lo único que queda de las ruinas, son obra de  los Cíclopes y  están construidas de piedras que son tan grandes que un par de mulas no pueden mover ni un milímetro ni las más pequeñas. A lo largo de ellas se meten pequeñas piedras  entre las grandes, de forma que no queda ningún hueco y los grandes bloques quedan firmemente unidos.

    Curiosamente esta costumbre o esta expresión de “meter piedras pequeñas entre las grandes” se corresponde con un proverbio del mundo de la albaliñería, según el cual las piedras grandes sin las pequeñas no pueden formar un muro fuerte. Convertido en proverbio tiene un sentido general, útil para la vida social del hombre, que perfectamente expresa, por ejemplo, el gran autor de tragedias Sófocles en su obra Ayax: la piedra pequeña necesita de la solidez de la grande, pero la grande difícilmente se endereza sin la pequeña; es decir, los pequeños necesitan del grande, pero éste ha de asegurarse con los pequeños.

    Sófocles en su tragedia Ayax, v. 155 y ss:

    Apuntando a los espíritus grandes no puedes errar. Pero si tales cosas se dijeran contra mí no convencerían. La envidia se desliza contra el poderoso. Sin embargo los pequeños sin los poderosos son débil protección de la torre. Porque, junto a los grandes, el pequeño perfectamente se acopla y el grande se endereza con ayuda de los pequeños. Pero no es posible instruir a tiempo a los insensatos en estas máximas. Tal clase de hombres son los que alborotan y nosotros contra esto no tenemos fuerzas para defendernos sin ti, señor.

    El propio Platón, en su diálogo Las leyes, se sirve también del proverbio en un debate sobre si los dioses se preocupan del todo en su conjunto o también de los detalles particulares:

    Platón, Leyes,902b y ss.

    ATENIENSE: Dejemos, pues, ahora que todo el que quiera diga que todo esto es pequeño a los ojos de los dioses, o que todo ello es grande, pues ni en un caso ni en el otro la negligencia resultaría adecuada a nuestros dueños, tan previsores, tan buenos. He ahí, en efecto, una razón que hemos de considerar aún.

    CLINIAS: ¿Cuál?

    ATENIENSE: La diferencia que hay entre sensación y facultad activa: en efecto, ¿acaso estas dos cosas no son naturalmente contrarias entre sí en lo que respecta a la facilidad o a la dificultad?

    CLINIAS: ¿Qué es lo que quieres decir?

    ATENIENSE: Las cosas pequeñas son más difíciles de ver o de oír que las cosas grandes, mientras que cuando se trata de soportarlas, de dominarlas o gobernarlas, las cosas pequeñas o poco numerosas son, para todo el mundo, más fáciles que no sus opuestas.

    CLINIAS:  Muy cierto es esto.

    ATENIENSE: Si a un médico se le encarga que cuide de un cuerpo en su totalidad, y quiere y puede ocuparse de lo que constituye un conjunto, pero descuida las partes pequeñas y los detalles, ¿acaso podrá llegar a ver el todo en buen estado de salud?

    CLINIAS: Nunca

    ATENIENSE: Y tampoco podrán conseguirlo los pilotos, los generales, los ecónomos, los políticos o todos aquellos que desempeñen alguna magistratura: los grandes grupos o las grandes masas no irán bien, si no van bien los grupos pequeños y las cosas menudas; los mismos albañiles, en efecto, no admitirán nunca que las piedras grandes puedan tenerse bien sin las pequeñas.

    CLINIAS: ¿Cómo admitirlo, en efecto?

    ATENIENSE: No vayamos, pues, a creer, ni por un instante tan solo, que la divinidad es menos capaz que los artesanos mortales; cuanto más diestros son éstos, con tanta mayor perfección consiguen, dentro de un mismo arte, realizar con exactitud y bien acabados los trabajos pequeños, igual que los grandes; y así, no podemos imaginar que este dios,soberanamente sabio, que quiere y puede aplicarse, descuida estas cosas pequeñas en que la aplicación es más fácil, para ocuparse solamente de las grandes, igual que hace un perezoso o un flojo, que teme la fatiga y trabaja sin diligencia.
    ….
    CLINIAS: ¿Y cuáles serán estas palabras, mi buen amigo?

    ATENIENSE: Ellas van a persuadir a este ardoroso polemista de que aquel que se cuida de todas las cosas lo ha dispuesto todo para la conservación y la perfección del conjunto, en el que cada parte, en tanto que esta se encuentra en aquel, no padece ni obra sino en la medida conveniente. Al frente de todas y cada una de estas cosas se han puesto regidores, que vigilen toda acción, por menuda que sea, que ellas experimenten o realicen, y que llevan hasta el último detalle la perfección de la obra; y así, siendo tú, desgraciado una simple parte o unidad en este todo, tu papel es el de tender siempre y siempre a mirar al conjunto, por muy pequeña  que sea esta unidad tuya; lo que ocurre es que tú no tienes conciencia, en todo este drama, de que nada se hace sino en orden a este fin, el de asegurar a la vida del universo la permanencia y la dicha, y que nada se hace para ti, antes tú mismo te haces en orden al universo. Todo médico, en efecto, todo artesano dentro de su arte, hace cada una de las cosas con la vista puesta en la totalidad, y orientado hacia el mayor bien común, modela cada parte con la vista puesta en el todo, y no el todo mirando a la parte.

    Extrapolando el concepto podríamos expresar esta idea tan antigua en esta otra tan moderna: “ Piensa globalmente, actúa localmente (Think Global, Act Local) “, que surgiendo en el ámbito del medio ambiente, se utiliza ya en cualquier contexto político y social.

    Incluso refiriéndonos a la acción política podríamos referir el contenido de la frase a la contraposición entre la macroeconomía o macropolítica y la microneconomía o micropolítica. ¿Es posible una acción macroeconómica sin considerar la necesidad de la´acción microeconómica? ¿Se justifican unas medidas política de macroeconomía que no se reflejen, o mejor, partan de la incidencia en las personas concretas?. Tal vez el pensamiento de los antiguos pueda ayudarnos a mejorar nuestra reflexión.

  • Una fiesta del fuego muy antigua: las Fallas

    La palabra “falla” deriva, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua , de la latina “facula”, que significa “antorcha”. Las Fallas son sin duda las fiestas más importantes de todo el Levante español, que giran esencialmente en torno al fuego destructivo y purificador y se celebran entre el 15 y el 19 de Marzo, festividad de San José.

    Como fenómeno de tanta importancia social, las Fallas hab sido evidentemente estudiadas desde distintos puntos de vista: antropológico, sociológico, cultural, histórico…

    Sin duda estas fiestas sirven, como todas, para cohesionar a toda una sociedad, que ahora resulta  ya muy compleja. Son fiestas de neto carácter general y democrático, frente a otras varias de carácter más aristocrático. En este sentido suelen contraponerse a las celebraciones más aristocráticas del Corpus.

    Estas fiestas tienen un indudable  valor ético y formativo al centrar la atención y la reflexión de los ciudadanos en acontecimientos de la vida social inmediata que son enjuiciados moralmente, puestos en solfa, criticados y condenados con un lenguaje artístico irónico.

    Es posible que en sus características actuales o similares estas fiestas no se remonten más allá del siglo XVIII, sin que sean suficientes las explicaciones que generalmente se dan (creación del gremio de carpinteros, etc.), pero no cabe duda de que sus raíces se hunden en una tradición antigua milenaria.

    Se relacionan a todas luces con numerosos cultos y ritos del fuego que se ejecutan para finalizar una etapa o año viejo e inaugurar un año nuevo. Se inscriben, pues, en los ritos solares y en los ritos de fertilidad y regeneración de la vida, sobre todo la vegetal, que precisamente se celebran con motivo de la llegada de los equinoccios y solsticios que marcan el inicio de las estaciones del año.

    Generalmente consisten en encender hogueras y antorchas en torno a las cuales se danza, sobre las que se salta y cuya luz y fuego se puede trasladar a los hogares, los campos o los establos. En muchos casos se queman peleles de paja o monigotes, sustitutos probablemente de antiquísimos ritos en los que se quemaban a verdaderos hombres o mujeres, encarnación del mal en sus diversas formas.

    James Frazer, en su famosa obra “La rama dorada” dedica muchas páginas a estos ritos del fuego, presentes desde la Prehistoria, especialmente en toda Europa.

    Los estudiosos hacen fundamentalmente dos interpretaciones. Una línea interpretativa nos dice que son ritos para revitalizar la luz y energía del sol que todos los años languidece y se recupera y de la que depende la vida de la naturaleza vegetal y animal. La otra nos dice que el fuego tiene una gran fuerza purificadora, catárquica, por lo que se utiliza como instrumento para acabar con los diversos males que amenazan al hombre y a la sociedad.

    Estas dos interpretaciones pueden coexistir y considerarse útiles para interpretar el sentido de  las “Fallas”, que se celebran cuando ya el invierno va declinando, en el entorno de la primavera en que florece la naturaleza.

    En la segunda mitad de marzo la naturaleza ya va despertando en el Levante. Este hecho afianza sin duda la relación originaria de estas fiestas con los antiguos ritos del fuego. Este sentido resulta hoy sin duda poco evidente para la mayoría de las personas que las celebran con absoluto frenesí. Es más evidente, en cambio, la interpretación de que son ritos de purificación que condenan y nos hacen olvidar todo lo que de malo nos ha sucedido en el año que ha finalizado desde la anterior celebración.

    Todo esto ha sido, sin duda estudiado y analizado por expertos, como decía, y no me siento suficientemente autorizado para insistir en ello. Quiero simplemente aportar un texto de Luciano de Samósata, de uno de sus diálogos, en concreto el titulado “Sobre la diosa siria”.

    Luciano es precisamente un sirio, de Samósata, ciudad situada en la margen derecha del río Eufrates,  que vivió en los años 125-181, por tanto en época romana, pero que escribe en griego. La lectura de este escritor y funcionario entre cínico y epicúreo, que no deja títere con cabeza, es muy recomendable, porque entre otras cosas nos ofrece una visión de la realidad y complejidad del mundo antiguo que raramente aporta el estudio académico de la Antigüedad. En este sentido no encuentro una explicación suficiente para el desconocimiento que generalmente se tiene hoy de él y de su obra.

    Pues bien, en el citado “diálogo”, (en realidad en este caso es un monólogo o más bien un artículo descriptivo), “Sobre la diosa Siria”, describe la existencia en su tierra, y en concreto en Hierópolis, de diversos cultos y templos a diversos dioses y diosas. El más importante en su opinión es el templo de Atargatis Hera, en el que hay también numerosas estatuas, entre ellas una pareja de la diosa, la del Zeus sirio o Melkart.

    Hierópolis significa “la Ciudad  Sagrada”, está situada al norte de Alepo, a unos 90 kilómetros; en siriaco se llamaba Madog y es la actual Manbi; se le conoció  también como Hierópolis Bambice, o Hierópolis Eufratensis

    Entre las diversas ceremonias y ritos que describe hay una que nos ayuda a comprender este carácter de festividad de fertilidad y renovación de la vida, de fiesta de primavera, con la que se pueden emparentar las Fallas. Dice así:

    Sobre la diosa siria, 49:

    Celebran la más importante de todas las fiestas que yo conozco al principio de la primavera y la llaman unos fiesta del fuego y otros de la antorcha. Hacen un sacrificio de la manera siguiente: cortan grandes árboles y los ponen en el patio, hacen llevar a continuación cabras, ovejas y otras reses vivas y las cuelgan de los árboles; añaden aves, vestidos y joyas de oro y plata y, una vez que lo tienen todo completo, ponen las imágenes de los dioses en torno a los árboles, prenden fuego y todo arde. A estas fiestas acuden muchas gentes procedentes de Siria y de los países circunvecinos y todos llevan sus propios objetos sagrados y todos tienen distintivos hechos a semejanza de estos.

    No excesivamente lejos de donde nació Luciano, está Tarso, la ciudad de la que era San Pablo, en la antigua Cilicia, en la llamada Asia Menor, en el cruce de importantes rutas por las que penetran todas las mercancías y todas las ideas.

    En ella se conservaba un rito muy antiguo, que nos ayuda a comprender el significado de estos ritos del fuego. En esta ciudad había dos dioses importantes: uno el joven Sandan o Sandon, que se identificó por los griegos con Heracles o Hércules y otro muy antiguo llamado Ball-Tarz (Señor de Tarso), que se identificó con Zeus. Los dos estaban relacionados con la fecundidad de la tierra y sus frutos y sus ritmos estacionales, pero resultaba un dios más cercano y popular Sandan.

    Todos los años se celebraba en su honor en la plaza una gran fiesta con cánticos y danzas  Se construía una gran pira en la que se colocaba la estatua del dios que era quemada con toda solemnidad. La ceremonia, al principio de carácter fúnebre, era seguida inmediatamente con la celebración desenfrenada y exultante de la resurrección del dios; así al dolor profundo de los fieles seguía una alegría exultante.

    Se representaba así la naturaleza vegetativa que moría bajo los rayos abrasadores del sol para resucita a una vida nueva. Esta es la idea que subyace a todos los cultos mistéricos orientales, que sin duda conocía el judío-griego Pablo de Tarso y en el que sin duda influyó a la hora de integrar el naciente cristianismo en las corrientes religiosas del momento, con notable éxito, por cierto, puesto que se impuso a la religión pagana a partir del siglo IV.

    Es vedad que sobre este dios tenemos muy poca información; algunos autores cuestionan incluso que conozcamos con total seguridad que este dios, que muere en la pira funeraria, renazca luego, pero su similitud con otros del entorno geográfico avalan esta interpretación.

    En algunas  monedas antiguas de Tarso se representa en el anverso a la diosa de la suerte Tyche y en el reverso la pira sobre la que arde el dios Sandan.
     

    Cultos similares a dioses que mueren  y resucitan inmediatamente son los de Atis en Frigia, Adonis en Siria, Osiris en Egipto, Tamuz en Babilonia y otros  análogos en otras partes, todos con el mismo significado. Esto apoya una interpretación similar para el dios Sandan. Cristo es tambén un dios muerto y resucitado.

    Dión Crisóstomo (40-120 aproximadamente) (“boca de oro” significa la palabra “Crisóstomo”) hace una irónica referencia a esta fiesta  y a la pira en la que el dios es quemado en su “Pimer discurso társico” o  “Tarsica prior XXXIII, 47:

    ¿Qué deberíais pensar si, como es razonable esperar (y como los hombres informan) que los héroes o deidades fundadores deban visitar con frecuencia las ciudades que han fundado, invisibles para todos, (incluidos los asistentes a los ritos sacrificiales y en ciertos otros festivales públicos), si, yo os lo pregunto, el propio fundador, Heracles, debe visitaros (atraído, permitidnos que os lo diga, por una pira funeraria como la que construís con especial suntuosidad en su honor),  pensáis que él estaría especialmente contento de escuchar tales sonidos? ¿No partiría inmediatamente para Tracia o para Libia, para honrar con su presencia a los descendientes de Busiris o de Diomedes cuando le hacen sacrificios? ¿Pues qué? ¿No creéis que hasta el propio Perseo pasaría realmente de largo en su vuelo sobre su propia ciudad?

    En estos ritos de fertilidad la vida se renueva y de las viejas cenizas, o mejor, de las cenizas de lo viejo, surge la nueva vida, como el Ave Fénix, el mito muy extendido y conocido que simboliza  exactamente lo mismo, aunque ahora su significado se haya generalizado y banalizado a toda acción o realidad que renace de una situación de muerte o postración. El Fénix, que se autoinmola en la hoguera cada quinientos años para renacer de nuevo, es en definitiva el símbolo de la inmortalidad.

    Naturalmente que estos antiquísimos rituales agrarios del fuego han sufrido grandes modificaciones y se ha perdido ese simbolismo profundo de renovación y sucesión de los ciclos de la naturaleza en beneficio de una purificación catárquica en la que el fuego acaba con los males del año. Más aún, en nuestro tiempo adquieren especialmente relevancia las críticas  referidas a la vida política de la sociedad; ahora predomina la crítica popular, social, política, moral, en detrimento de cuestionamientos filosóficos más profundos.

    Pero si se puede, se debe profundizar en el origen de las cosas . El origen de las fallas, como fiesta del fuego, es desde luego muy antiguo.    

  • ¿Por qué al dedo anular los antiguos le llamaban también dedo del médico?

    Cada uno de los dedos de la mano tiene un nombre propio formado a partir de su posición, de sus dimensiones o de su función. Así se llama pulgar al más fuerte, índice al segundo, medio al tercero, anular al cuarto y meñique al quinto y más pequeño.

    Al cuarto dedo, al anular, también se le llamaba en la Antigüedad “digitus medicinalis, digitus medicus”.  Esto merece una explicación o al menos la aproximación a una explicación, porque no es una denominación evidente por sí misma. ¿Qué relación puede haber entre el cuarto dedo y la medicina?

    San Isidoro, en sus Etimologías XI, 1, 70-71 nos explica estos nombres:

    Del hombre y sus partes
    ….
    El cuarto anular, porque en él se lleva el anillo. Recibe también el nombre de medicinal, porque con él aplican los médicos los ungüentos.

    De homine et partibus eius
    Quartus anularis, eo quod in ipso anulus geritur. Idem et medicinalis, quod eo trita collyria a medicis colliguntur.

    Véase en este mismo blog el artículo "Los nombres de los dedos": https://www.antiquitatem.com/nombre-de-los-dedos-digito-san-isidoro

    Así que al cuarto se le llama “anular”, de “anularis” y éste de “anulus”, anillo, (en latín también honestus y medicus) porque en él según dice S. Isidoro se lleva el anillo.

    "Anillo" procede del latín  anĕllus,(anillito) diminutivo de  anulus (anillo)  y este a su vez de anus, aro, anillo, de forma circular). Resulta evidente, pues,  por qué se llama “ano”  al “Orificio en que remata el conducto digestivo y por el cual se expele el excremento” (Diccionario RAE)..

    Aulo Gelio nos ofrece una explicación peregrina y por supuesto acientífica de por qué los antiguos llevaban en este dedo el anillo:

    Aulo Gelio, X,11:

    ¿Cuál es la razón por la que no sólo los antiguos griegos sino también los romanos llevaron el anillo en el dedo que en la mano izquierda está más cercano al dedo meñique?.

    Se nos ha transmitido que  los antiguos griegos llevaron el anillo en el dedo de la mano izquierda más cercano al meñique. Dicen que también los hombres romanos lo hicieron así frecuentemente. Apión, en su libro sobre “Cuestiones Egipcias” dice que esta es la causa de este hecho: el que al cortar y abrir los cuerpos humanos, como fue costumbre en Egipto, lo que los griegos llaman anatomías (disecciones), se descubrió un nervio muy fino solo desde este dedo del que estamos hablando, que se dirigía y llegaba al corazón del hombre;  por ello no pareció desacertado decorar precisamente con tal honor ese dedo que parecía estar  ligado y como conectado con la fuerza principal  del corazón.

    Quae eius rei causa sit, quod et Graeci veteres et Romani anulum hoc digito gestaverint qui est in manu sinistra minimo proximus.

    Veteres graecos anulum habuisse in digito accepimus sinistrae manus qui minimo est proximus. Romanos quoque homines aiunt sic plerumque anulis usitatos. Causam esse huius rei Apion in libris Aegyptiacis hanc dicit, quod insectis apertisque humanis corporibus, ut mos in Aegypto fuit, quas Graeci ἀνατομάς appellant, repertum est nervum quendam tenuissimum ab eo uno digito de quo diximus, ad cor hominis pergere ac pervenire; propterea non inscitum visum esse eum potissimum digitum tali honore decorandum, qui continens et quasi conexus esse cum principatu cordis videretur.

    Nota: El Apión al que se refiere Gelio es también el que nos cuenta la famosa historia de Androcles y el león en Gelio, 5,14; véase https://www.antiquitatem.com/androcles-y-el-leon-fabula-gelio

    Plutarco también trató este asunto en sus Cuestiones  simposiacas ( o convivales) 4,8, pero sólo conservamos el título de este capitulo.

    San  Isidoro en Etimologías XIX, 32,2  se refiere también a esta creencia tan extendida en la Antigüedad como acientífica y falsa:

    Los hombres en un principio llevaron los anillos en el cuarto dedo a partir del pulgar, porque por él corre una vena que llega hasta el corazón, y los antiguos pensaron que era preciso señalarla y adornarla demanera especial.

    Anulos homines primum gestare coeperunt quarto a pollice digito, quod eo vena quaedam ad cor usque pertingat, quam notandam ornandamque aliquo insigni veteres putaverunt.

    Macrobio repite y amplía la explicación de Aulo Gelio, siendo asunto de la conversación o diálogo de los invitados que celebran el banquete de la fiesta de las Saturnales. Al final de este artículo puede leerse el texto amplio de Macrobio. Debía parecer al dialogante la explicación tan peregrina que al final deja  la solución en manos de cada cual.

    Macrobio dice además que los egipcios expresan con este dedo el número 6, que es un número perfecto. ¿Por qué Macrobio llama al 6 número perfecto?

    Un número perfecto es un número natural que es igual a la suma de sus divisores propios positivos, sin incluirse él mismo.  Así, 6 es un número perfecto porque sus divisores propios son 1, 2 y 3; y 6 = 1 + 2 + 3.  Los siguientes números perfectos son 28, 496 y 8128.

    A los antiguos les gustaba enormemente jugar con estas relaciones y otras muchas más.

    El mismo Macrobio nos lo explica en su Comentario al “sueño de Escipión”, Libro I, 6, 12

    El seis, que cuando se une con el uno, hace el siete; es de variada y múltiple reverencia y  poder.  En primer lugar, porque es el único de todos los números dentro de los diez que resulta (de la suma) de sus partes. Pues tiene  una mitad y un tercio y un sexto, y su mitad es tres, su tercio dos, su sexto uno, y todos juntamente  hacen seis”

    Pero la cuestión de verdadero  interés es averiguar por qué le llamaban a este dedo también “medicinalis” o “dedo de médico”, como nos informa Macrobio en el pasaje leído y recoge también San Isidoro.

    Pues bien, “dedo médico” no es sino la traducción del nombre griego del dedo anular ἰατρικός  δάκτυλος “iatrikós dáktylos”.  Así que al cuarto dedo se le llama “dedo médico” tanto en latín como en griego. Es muy posible que la denominación latina sea una traslación de la griega.

    La referencia más antigua a los orígenes del nombre se encuentra en Galeno, en su  Eisagoge,  que dice lo siguiente:

    «… este es seguido por el  dedo próximo al del medio,   que está dedicado a los médicos (toiv iatroiv anakeimenov) …»

    Conviene aclarar que en la Antigüedad estaba muy extendida la  creencia en la relación del dedo anular con el corazón o con algunas enfermedades; teoría que extendieron los médicos de Alejandría. Piensan que los nervios o venas proceden del corazón por su importancia como centro de la vitalidad y del poder creador;  piensan que  la fuerza vital originada en el corazón se puede concentrar en el dedo. En algunos lugares incluso se piensa  en la asociación entre el dedo anular de la mano izquierda , el poder generativo y el principio de maternidad.

    Esto nos puede chocar y parecer un tanto raro, pero ¿no son muchos quienes establecen actualmente alguna relación entre las dimensiones de los dedos y las dimensión  del pene  o miembro viril? ¿y no es más llamativo que algunos de quienes sostienen esta creencia la pretendan fundamentar en  la acción que los andrógenos producen sobre los apéndices de diverso tipo? ¿Y qué decir de quienes son capaces de leer en la mano el pasado, el presente y el futuro de una persona?

    Se le llama así, dicen,  porque es el dedo que se emplea para preparar los potingues médicos y para aplicarlos a los enfermos.

    Nos dice, por ejemplo, Plinio en su Naturalis Historia, XXX, (34) 108:

    Se indica que una araña cura los forúnculos: una araña colocada sin pronunciar su nombre, y  retirada  al cabo de tres días; una musaraña a la que se le deja morir colgada, sin que deba tocar la tierra, pasándola tres veces alrededor del forúnculo, mientras que el curador y el enfermo escupen tres veces; con excremento de pollo, sobre todo el rojo, sobre todo el reciente mojado en vinagre; el estómago de una cigüeña cocido en vino, moscas en número impar frotadas con el dedo médico (digito medico), la excrecencia de las orejas de los carneros, sebo viejo de oveja con ceniza de cabello de mujer, sebo de carnero con polvo de piedra pómez y sal en igual peso.

    Furunculis mederi dicitur araneus, priusquam nominetur, inpositus et tertio die solutus, mus araneus pendens enecatus sic, ut terram ne postea attingat, ter circumlatus furunculo, totiens expuentibus medente et cui is medebitur, ex gallinaceo fimo, quod est rufum, maxime recens inlitum ex aceto, ventriculus ciconiae ex vino decoctus, muscae inpari numero infricatae digito medico, sordes ex pecudum auriculis, sebum ovium vetus cum cinere capilli mulierum, sebum arietis cum cinere pumicis et salis pari pondere.

    Pero el autor LászloA. Magyar, en su artículo Digitus medicinalis. The Etymology of the Name, en Actes du XXXII Congrés International d’histoire de Medicine, Ambres 1990, pat.175-179,  ofrece una explicación ciertamente interesante. Piensa que el cuarto dedo, el dedo medicinalis, es un dedo con poderes mágicos.

    Ciertamente, la palabra “medicus, medicinalis” deriva de”medeor”, verbo latino que significa sanar, curar y antiguamente “sanar mediante la magia”, como atestigua por ejemplo A. Ernout Meillet en su famoso Dictionaitr etymologique de la langue latine, al definir el ´termino “medeor” cuando dice textualmente:

    Medico y sus derivados medicus, medicamen (-mentum) tienen frecuentemente el sentido de “sanar mediante la magia”, y como el griego φάρμακον (pharmakon)  han tomado el sentido de “envenenar”, cf. cat. Metzina, veneno.

    Medico et ses dérivées medicatus, medicamen, (-mentum) ont souvent le sens de “guérir par la magie”, etcomme le gr.  φάρμακον  (farcamon)  ont  pris le sens de “empoisonner”, cf.cat. metzina, “poison”

    Pharmakon en griego también significa veneno y hechizo.

    Así que el “dedo anular” habría sido en su momento un dedo mágico, utilizado precisamente para sanar.

    De medeor   provienen “remedium” y otros muchos derivados. Por otra parte esta raíz indoeuropea existe en numerosas lenguas también con el significado de “pensar, reflexionar, juzgar, medir, pesar…”; meditar es el significado del verbo latino “meditor”,  que es precisamente el iterativo de “medeor” con este significado de “pensar”.

    Así que el “médico”, que medica o sana con la magia, en realidad  es un “médium”, mediador intermediario entre la persona enferma y los espíritus o las fuerzas poderosas de la divinidad o de la naturaleza.

    Silio Itálico, por ejemplo, en  Punica III. 300 llama a los  magos  Medicum vulgus :

    Metieron ruido con sus armas los Marmáridas, gente de poderes mágicos, con cuyo encantamiento las serpientes se olvidan del veneno, y con cuyo contacto las Cerastas se quedan tranquilas.

    Nota: Cerastae son las Erinias, monstruo mitológico con cabellos de serpientes

    Marmaridae, medicum uulgus, strepuere cateruis,
    ad quorum cantus serpens oblita ueneni,
    ad quorum tactum mites iacuere cerastae.

    La palabra alemana Arzt signficia “médico”, pero originariamente  también mago;  la palabra griega  iatros tiene  connotaciones similares.

    Por otra parte el anillo es el más importante símbolo mágico del poder, símbolo de la relación entre la vida y la muerte. Así que la cuestión estriba en determinar si el cuarto dedo es mágico porque lleva el anillo o lleva el anillo porque es mágico. Aa la vista de lo comentado, parece que lleva el anillo precisamente porque es mágico.

    El nombre completo y explicativo, pues, debería ser “dedo mágico del anillo” o “dedo del anillo mágico

    Por otra parte el tema de la medicina y su relación con la magia,  la religión y los templos se merece uno o varios artículos. Piénsese en los santuarios repletos de exvotos o lugares aun hoy de peregrinación buscando la salud del cuerpo.

    Texto de Macrobio  Saturnales, 7, 13, 6-16

    Dicho esto, Avieno recogió de la mesa el anillo que de repente  se le había caído del dedo meñique de la mano derecha. Y como se le preguntara por los presentes  por qué se lo había colocado preferentemente en la otra mano y dedo, no destinados para llevarlos, les mostró la mano izquierda, un tanto  hinchada a causa de una herida.

    De aquí le surgió a Horo la ocasión de hacer una pregunta, y dijo:  -Dime, Disario, (pues todo lugar del cuerpo atañe al conocimiento del médico, y tú has alcanzado un conocimiento incluso más allá de lo que exige la medicina), explícame, digo, por qué el común asentimiento ha convencido a todos de que el anillo hay que llevarlo en el dedo que está junto al meñique, que también se llama “dedo médico” y sobre todo en la mano izquierda?

    Y Disario: Sobre esta cuestión me había llegado de Egipto cierta conversación , que yo dudaba de de llamar una fábula o un relato verdadero, pero cuando más tarde consulté los libros de anatomía descubrí la verdad: un cierto nervio que arranca del corazón, va directo hasta el  dedo de la mano izquierda más próximo al meñique, y allí se mezcla con los restantes nervios de ese mismo dedo. Y por eso les pareció a los antiguos que ese dedo debía ser rodeado por un anillo como una corona.
    Y Horo dice: Hasta tal punto es verdad que los egipcios opinan así como dices, que yo, cuando vi en un templo a sus sacerdotes, a los que llaman profetas, que untaban alrededor de cada una de las imágenes este dedo con perfumes preparados y pregunté el motivo de esto, aprendí lo que ya he dicho sobre este nervio porque me lo contó el principal de esos sacerdotes y además aprendí el número que por medio de él se expresa.

    Pues cuando está doblado este dedo indica el número seis, que es en todos los sentidos pleno, perfecto y divino. Las causas por las que este número es pleno, él lo explico de muchas formas: yo ahora las dejo aparte como menos adecuadas a la conversación actual. Estas son las cosas que conocí en Egipto, el país más conocedor de todas las materias divinas, sobre por qué el anillo se coloca preferentemente en este dedo.

    En medio de esta discusión dijo Cecina Albino: Si vosotros estáis de acuerdo, puedo referiros directamente lo que recuerdo que sobre esta cuestión leí en Ateyo Capitón, uno de los mayores expertos en derecho pontifical. Determinando este que era contrario al derecho divino grabar imágenes de los dioses en los anillos, llegó hasta el punto de que no calló por qué el anillo se lleva en este dedo y en esta mano.

    Dijo: “Los antiguos llevaban consigo un anillo no por adorno sino para sellar. Por eso no les estaba permitido tener más que uno, y a nadie sino a la persona libre, porque sólo a ellos les correspondía la confianza que implicaba el sellado. Por eso los esclavos no tenían el derecho de llevar anillos. En el material del anillo, fuera de hierro o de oro,  se imprimía una figura, y se llevaba como cada uno quería, en cualquiera de las manos y en cualquier dedo.

    Luego, dijo,  en tiempos de lujo, comenzó la costumbre de grabar los sellos en piedras preciosas; toda esta imitación entre unos u otros  llegó al punto de que se vanagloriaban  del aumento de precio con el que compraban las piedras para grabarlas. Desde entonces se evitó el uso de los anillos en la mano derecha, que está muy ocupada y se pasara a la izquierda, que está más ociosa, para que las piedras preciosas no se rompieran  con el frecuente movimiento y ocupación de la mano derecha.

    Dijo, en la propia mano izquierda se eligió el dedo más cercano al meñique  como más adecuado que los otros para entregarle anillos tan preciosos. Pues el pulgar, que recibe el nombre del hecho de que es fuerte, ni está en reposo en la izquierda ni esta nunca en menos actividad que la mano entera; por eso, dijo, entre los griegos se le llama  ἀντίχειρ (antijeir, antemano) como si fuera otra mano.
      Ahora bien, el dedo próximo al pulgar les parecía desnudo, y sin la protección de un opuesto,  pues el pulgar  es tan pequeño que apenas rebasa la raíz del otro. Evitaron el del medio y el meñique, dijo, como inadecuados, el uno por su magnitud y el otro por su pequeñez y fue elegido el que está encerrado por ambos y tiene menos actividad y por tanto es el más adecuado para conservar el anillo.

    Esto es lo que contiene el texto pontifical: que cada uno, según quiera, siga la opinión etrusca o la egipcia.

    His dictis anulum Avienus de mensa rettulit qui illi de brevissimo dexterae manus digito repente deciderat: cumque a praesentibus quaereretur, cur eum alienae manui et digito, et non huic gestamini deputatis potius insereret, ostendit manum laevam ex vulnere tumidiorem. Hinc Horo nata quaestionis occasio, et: Dic, inquit, Disari (omnis enim situs corporis pertinet ad medici notionem, tu vero doctrinam et ultra quam medicina postulat consecutus es), dic, inquam, cur sibi communis adsensus anulum in digito qui minimo vicinus est, quem etiam medicinalem vocant, et manu praecipue sinistra gestandum esse persuasit?  Et Disarius: De hac ipsa quaestione sermo quidam ad nos ab Aegypto venerat, de quo dubitabam fabulamne an veram rationem vocarem: sed libris anatomicorum postea consultis verum repperi, nervum quendam de corde natum priorsum pergere usque ad digitum manus sinistrae minimo proximum, et illic desinere inplicatum ceteris eiusdem digiti nervis, et ideo visum veteribus ut ille digitus anula tamquam corona circumdaretur.  Et Horus: Adeo, inquit, Disari, verum est ita ut dicis Aegyptios opinari, ut ego sacerdotes eorum, quos prophetas vocant, cum in templo vidissem circa deorum hunc in singulis digitum confectis odoribus inlinere et eius rei causas requisissem, et de nervo quod iam dictum est principe eorum narrante didicerim, et insuper de numero qui per ipsum significatur. 10 Conplicatus enim senarium numerum digitus iste demonstrat, qui omnifariam plenus perfectus atque divinus est. Causasque, cur plenus sit hic numerus, ille multis adseruit: ego nunc ut praesentibus fabulis minus aptas relinquo. Haec sunt quae in Aegypto divinarum omnium disciplinarum compote, cur anulus huic digito magis inferatur, agnovi.  Inter haec Caecina Albinus: Si volentibus vobis erit, inquit, in medium profero quae de hac eadem causa apud Ateium Capitonem pontificii iuris inter primos peritum legisse memini: qui cum nefas esse sanciret deorum formas insculpi anulis, eo usque processit ut et cur in hoc digito vel in hac manu gestaretur anulus non taceret.  Veteres, inquit, non ornatus sed signandi causa anulum secum circumferebant. Unde nec plus habere quam unum licebat, nec cuiquam nisi libero, quos solos fides deceret quae signaculo continetur: ideo ius anulorum famuli non habebant. Inprimebatur autem sculptura materiae anuli, sive ex ferro sive ex auro foret, et gestabatur, ut quisque vellet, quacumque manu, quolibet digito.  Postea, inquit, usus luxuriantis aetatis signaturas pretiosis gemmis coepit insculpere: et certatim haec omnis imitatio lacessivit ut de augmento pretii quo sculpendos lapides parassent gloriarentur. Hinc factum est ut usu anulorum exemptus dexterae, quae multum negotiorum gerit, in laevam relegaretur, quae otiosior est, ne crebru motu et officio manus dexterae pretiosi lapides frangerentur.  Electus autem, inquit, in ipsa laeva manu digitus minimo proximus quasi aptior ceteris cui commendaretur anuli pretiositas. Nam pollex, qui nomen ab eo quod pollet accepit, nec in sinistra cessat, nec minus quam tota manus semper in officio est: unde et apud Graecos ἀντίχειρ, inquit, vocatur quasi manus altera.  Pollici vero vicinus nudus et sine tuitione alterius adpositi videbatur: nam pollex ita inferior est ut vix radicem eius excedat. Medium et minimum vitaverunt, inquit, ut ineptos, alterum magnitudine, brevitate alterum, et electus est qui ab utroque clauditur et minus officii gerit et ideo servando anulo magis accommodatus est.  Haec sunt quae lectio pontificalis habet: unusquisque, ut volet, vel Etruscam vel Aegyptiam opinionem sequatur.

  • Ciclópeo, colosal, hercúleo, gigantesco, titánico, faraónico, monstruoso, enorme, obra magna, obra de romanos

    El hombre antes de “sapiens” fue “faber”, “hombre que hace (al principio toscos instrumentos de piedra), que construye, que produce, que fabrica…”. Así que llevamos sobre la tierra muchos miles de años haciendo obras, generalmente de proporciones adecuadas a las fuerzas y limitada capacidad del hombre.

    Pero de vez en cuando el hombre ejecuta obras que se salen de lo común, de lo normal, de lo habitual. Para calificarlas disponemos de algunos adjetivos poco expresivos, generalmente expresando un concepto negativo, o mejor, negando uno positivo (descomunal, extraordinario, enorme…) y de otros cuantos con más fuerza calificativa y semántica (ciclópeo, colosal, hercúleo, titánico…).

    Curiosamente estos últimos derivan del nombre de algunos seres mitológicos antiguos de los que reciben precisamente su riqueza expresiva. Así que una vez más podemos concluir que es mucho, en todos los aspectos, lo que debemos a los griegos y sus creaciones culturales. Si decimos “extraordinario” queremos decir que se sale de lo ordinario; si decimos “ciclópeo” decimos mucho más.

    Así hablamos de “obra ciclópea” para referirnos por ejemplo a murallas de algunas ciudades o poblados antiguos, como las de Micenas o Tirinto o Tarragona en España,  construidas conr bloques de piedra enormes que parecen imposibles de ser manejados por hombres normales.

    El adjetivo  deriva de “cíclope”, del griego  Κύκλωπες Kýklopes, de κύκλος kyklos, ‘rueda’, ‘círculo’ y ὤψ ops, ‘ojo’. Los Cíclopes son seres mitológicos gigantescos y brutos con un solo ojo en la frente. Los de la primera generación eran hijos de Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra).

    El más conocido es el de segunda generación llamado Polifemo, Πολύφημος Polyphêmos, ‘de muchas palabras’, hijo de Poseidón y la ninfa Toosa. Es muy conocido el episodio narrado en la Odisea en el que los griegos que habían entrado en su cueva han de valerse de un ardid para escapar de la voracidad antropófaga del monstruo; el Cíclope Polifemo era capaz de levantar y arrojar enormes piedras a los griegos que huían en su barco, pero con poco tino por haber perdido la visión de su único ojo. Nos lo cuenta Homero en Odisea, IX. A lo largo de muchos versos; en los número 536 y ss. dice:

    Así habló rogando y le escuchó el dios de cabellera cerúlea. Después cogió el Ciclope un peñasco mayor que el de antes, y lo lanzó  volteándolo  con fuerza inmensa, y lo arrojó contra  nuestro barco de azulada proa, y  faltó poco para darnos  en la punta del gobernalle. Se agitó el mar por la caída del peñasco, y las olas, empujando la nave  hacia adelante, la hicieron llegar a tierra firme.    

    Los propios antiguos ya utilizaron la palabra ciclópeo con este significado. Así por ejemplo Virgilio en  Eneida I, v. 201

    Vosotros también habéis visto de cerca el furor de Escila
    y sus escollos ensordecedores y conocéis también las rocas ciclópeas:
    reunid vuestro valor y deponed el triste temor;
    quizás algún día os producirá placer recordar estas cosas.

    Vos et Scyllaeam rabiem penitusque sonantis
    accestis scopulos, vos et Cyclopea saxa
    experti: revocate animos, maestumque timorem
    mittite: forsan et haec olim meminisse iuvabit.

    No en vano el geógrafo Estrabón y Pausanias, autor de la primera guía de viajes de la que tenemos noticias, recogen la opinión extendida de las murallas de grandes piedras eran obra de los Cíclopes.

    Estrabón, VIII, 6,11:

    Parece que Tirinto sirvió de base de operaciones al rey Proteo y que fue fortificada por las propias manos de los Cíclopes.

    También Plinio en Historia Natural, VII, 56 (195) nos dice:

    Cinira, hijo de Agriopas inventó el azulejo y descubrió las minas de cobre, las dos cosas en la isla de Chipre; inventó también las tenazas, el martillo, la palanca y el yunque: Dánao trajo los pozos de Egipto  a la parte de Grecia que antes se llamaba Argos Dipsion (la Seca). Cadmo las canteras de piedra en Tebas o, según Teofrasto en Fenicia. Trason las murallas; según Aristóteles, los Cíclopes las torres, pero según Teofrasto los Tirintios.

    tegulas invenit Cinyra, Agriopae filius, et metalla aeris, utrumque in insula Cypro, item forcipem, martulum, vectem, incudem; puteos Danaus ex Aegypto advectus in Graeciam qua vocabatur Argos Dipsion; lapicidinas Cadmus Thebis aut, ut Theophrastus, in Phoenice; Thrason muros; turres, ut Aristoteles, Cyclopes, Tirynthii, ut Theophrastus;

    Pausanias, en varios pasajes, entre otros en Descripción de Grecia, II, 25,8

    (Tirinto) Se dice que  las murallas, que es lo único que queda de las ruinas, son obra de  los Cíclopes y  están construidas de piedras que son tan grandes que un par de mulas no pueden mover ni un milímetro ni las más pequeñas. A lo largo de ellas se meten pequeñas piedras  entre las grandes, de forma que no queda ningún hueco y los grandes bloques quedan firmemente unidos. 

    Colosal es otro adjetivo sinónimo para calificar a estas obras extraordinarias derivado del sustantivo griego κολοσσός (kolossos),  con el que los helenos designaban a las estatuas grandes. El coloso por antonomasia es el Coloso de Rodas, dedicado a Helios, el Sol, construida en el año 292 a.C.  y destruida en 226 a.C. por un terremoto. Tan famosa en la Antigüedad como para ser considerada una de las Siete Maravillas, aparece en numerosísimos textos antiguos. Plinio,  por ejemplo, nos da información de ella en Historia Natural, lib. 34, 18,(41):

    Pero el más admirado de todos fue el Coloso del Sol, en Rodas, que había hecho Cares el Lindio, alumno del Lisipo  mencionado antes. Esta estatua medía 70 codos de altura. Después de 66 años un terremoto la derribó, pero incluso yacente es digna de admirar. Pocos pueden abrazar su dedo  pulgar, sus dedos son mayores  que la mayoría de las estatuas. En sus miembros fracturados se abren grandes cavernas. En el interior se ven rocas de grandes dimensiones, con cuyo peso lo habían estabilizado al levantarlo. Dicen que lo hicieron en doce años y costó 300 talentos, que se consiguieron del equipamiento  de guerra del rey Demetrio abandonado por la larga duración del  asedio de Rodas.

    Nota: Se mantuvo en el lugar donde fue derribada durante casi 900 años, hasta el año 653 d. C, cuando Moavia, califa de los sarracenos, tras la captura de Rodas, vendió los materiales; se dice que se requirieron novecientos camellos para retirar los restos.

    Ante omnes autem in admiratione fuit Solis colossus Rhodi, quem fecerat Chares Lindius, Lysippi supra dicti discipulus. LXX cubitorum altitudinis fuit hoc simulacrum, post LXVI annum terrae motu prostratum, sed iacens quoque miraculo est. pauci pollicem eius amplectuntur, maiores sunt digiti quam pleraeque statuae. Vasti specus hiant defractis membris; spectantur intus magnae molis saxa, quorum pondere stabiliverat eum constituens. Duodecim annis tradunt effectum CCC talentis, quae contigerant ex apparatu regis Demetrii relicto morae taedio obsessa Rhodo.

    Hubo numerosas estatuas gigantescas y por lo tanto muchos “colosos”. Una de estas estatuas colosales era la que representaba a Nerón, situada en su Domus aurea, casa de oro,  cerca del anfiteatro Flavio, al que llamaban por eso Amphiteatrum Colosseum o Colossei, el anfiteatro del Coliseo. De ahí que Coloseo pasó a designar al propio anfiteatro, edificio que como saben era dedicado a celebrar luchas de gladiadores, con otros gladiadores o con animales salvajes. Todavía hoy el esqueleto en pie de este colosal edificio asombra al turista que visita Roma y que bien podría haberse llamado así por las enormes dimensiones que tiene con capacidad para 40.000 espectadores, que además pueden desalojarlo en pocos minutos por los numerosos, estratégicos y bien diseñados “vomitoria” o accesos a las gradas.

    La estatua de Nerón se convirtió en estatua del Sol después de la destrucción de la Domus aurea y finalmente fue retirada en tiempos del emperador Adriano para construir el Templo de Venus y Roma, necesitándose para ello 24 elefantes, como nos cuenta Espartiano en la Historia Augusta.

    HISTORIA AUGUSTA. DE VITA HADRIANI AELII SPARTIANI XIX, 12 ss.

    Se trasladó también el coloso que estaba colocado por el arquitecto Decriano de aquel lugar en el que ahora está el templo de la Ciudad, con su enorme dimensión, de tal forma que necesitó para la operación veinticuatro elefantes. Y como quiera que esta estatua, que primero tenía el rostro de Nerón, al que estaba dedicada, se consagró al Sol, se le encargó hacer otra dedicada a la Luna al arquitecto Apolodoro.

    Transtulit et colossum stantem atque suspensum per Decrianum architectum de eo loco, in quo nunc templum Urbis est, ingenti molimine, ita ut operi etiam elephantos viginti quattuor exhiberet. 13 Et cum hoc simulacrum post Neronis vultum, cui antea dicatum fuerat, Soli consecrasset, aliud tale Apollodoro architecto auctore facere Lunae molitus est.

    Curiosamente de coliseo deriva la palabra coso, que en España y países influenciados por su cultura designa a las circulares plazas de toros, en que se celebran sus corridas, herencia moderna sin duda de las antiguas luchas de hombres con animales salvajes que se celebraron en el Anfiteatro Coliseo.

    Hercúleo,-a es otra palabra apropiada a las dimensiones y grandiosidad de estas obras. Hércules, en griego  Ἡρακλῆς, Hēraklḗs, Heracles, hijo de Zeus y de la mortal Alcmena, es el más célebre de los héroes griegos, de extraordinaria fuerza. Hubo de realizar 12 difíciles trabajos.  Ya de pequeño dio pruebas de su fortaleza: poco después de nacer Hera le envió dos serpientes mientras dormía para matarlo, pero las estranguló con sus solas manos.

    Luego de adulto muy fuerte debía de ser para separar Europa de Africa y colocar las famosas columnas. El décimo trabajo consistía en robar los bueyes o vacas del pastor Gerión, monstruo de tres cuerpos que vivía en Occidente, en la actual Cádiz,  y transportarlos vivos a Micenas. Al llegar al final del mar Mediterráneo encontró el camino del mar cerrado, por lo que abrió el estrecho de Gibraltar para comunicar los dos mares y colocó las columnas, una en Gibraltar y la otra en el monte Hacho de Ceuta (otras  versiones proponen otra localización africana).

    Más allá de esas columnas los navegantes fenicios, griegos y romanos no se atrevían a navegar por el “mare ignotum” o “mare tenebrosum”. Por eso se acompañan de la inscripción “non plus ultra”,  “no más allá”, como seria advertencia, leyenda superada cuando a finales del siglo XV Colón y los españoles descubren América. Carlos V eliminó el “non” de la leyenda convirtiéndola en el lema     “plus ultra”, “más allá”.

    El geógrafo  Pomponio Mela, que nació curiosamente en Tingentera, identificada con Iulia Traducta, y con las modernas Algeciras o Tarifa, y por lo tanto de la zona del Estrecho,  escribió al respecto en su Chorographia, I, 23:

    Más allá hay un monte muy alto, y frente a él, en Hispania hay otro que alcanza su atura: a éste le llaman Abila, a aquel Calpe y a los dos las Columnas de Hércules. La tradición nos cuenta la fábula de su nombre: el mismo Hércules separó los dos montes unidos en otro tiempo por una cordillera continua, y así el Océano, cerrado antes por la mole de los montes tuvo entrada a las tierras que ahora inunda. Aquí ahora el mar se desparrama más anchamente y cae  con gran fuerza a lo ancho sobre las tierras que han retrocedido. Por lo demás la región es pobre, y sin suerte de tener algo importante está habitada por pequeños pueblos; produce pequeños ríos, más valiosa por su suelo que por sus hombres y oscura por el poco  valor de sus gentes. 

    Deinde est mons praealtus, ei quem ex adverso Hispania adtollit obiectus: hunc Abilam, illum Calpen vocant, Columnas Herculis utrumque. Addit fama nominis fabulam, Herculem ipsum iunctos olim perpetuo iugo diremisse colles, atque ita exclusum antea mole montium oceanum ad quae nunc inundat admissum. Hic iam mare latius funditur, submotasque vastius terras magno impetu inflectit. ceterum regio ignobilis et vix quicquam inlustre sortita parvis oppidis habitatur, parva flumina emittit, solo quam viris melior et segnitia gentis obscura.

    Entre otros muchos textos, por ejemplo Estrabáon,3,5,2, Plinio en su Historia Naturalis, 3,1 (4), y Séneca, en  su tragedia Hércules Furioso pasa revista a sus trabajos y entre ellos al episodio de las vacas de Gerión. Reproduzco Hercules furens, versos  232-238:

    Entre los remotos rebaños del pueblo hesperio, fue matado el pastor de tres cuerpos de la costa tartesia; y el botín fue traído desde los confines de Occidente;  y el ganado, conocido por el  Océano pastó luego en el Citereón (monte del interior de Grecia) .

    Cuando se le mandó que penetrara en las regiones del sol estival y en los requemados reinos que abrasa el mediodía, separó los dos montes a uno y otro lado, y rota esta barrera abrió un ancho camino para que se precipitara el Océano.

    inter remotos gentis Hesperiae greges
    pastor triformis litoris Tartesii
    peremptus, acta est praeda ab occasu ultimo;
    notum Cithaeron pavit Oceano pecus.
    penetrare iussus solis aestivi plagas
    et adusta medius regna quae torret dies
    utrimque montes solvit ac rupto obice
    latam ruenti fecit Oceano viam.

    Titánico también califica adecuadamente a estas obras de esfuerzos excepcionales, por lo infrecuentes. Los Titanes son primitivos dioses dela mitología griega, hijos de Urano y Gea, anteriores a los dioses olímpicos. En la Titanomaquia o Guerra de los Titanes fueron vencidos por Zeus y los olímpicos y encerrados en el Tártaro. Hesiodo nos narra la terrible batalla en su Teogonía, de la que reproduzco un pequeño fragmento.

    Hesiodo, Teogonía, 674 y ss.

    Ellos, entonces, en cruel batalla, se enfrentaron a los Titanes con enormes piedras en sus robustas manos. Los Titanes, desde el otro lado, fortificaban sus filas con prontitud; ambos mostraban a la vez el poder de sus manos y de su violencia. Terrible resonó el inmenso mar; la tierra produjo un gran estruendo; el ancho cielo agitándose se lamentó; el inmenso Olimpo desde su base vibró por el ímpetu de los inmortales; llegó al umbroso Tártaro el pesado ruido de pies y el profundo griterío del inmenso tumulto y de los fuertes disparos. ¡De ese modo lanzaban funestos dardos unos contra otros!; la voz de unos y otros exhortándose llegó al estrellado Cielo, y ellos confluyeron con un gran alalá. (Traducción de Adelaida Martín Sánchez y María Angeles Martín Sánchez. Alianza Editorial, 2005)

    Gigantesco,-a refleja a la perfección una obra muy grande. Los  Γίγαντες (gigantes) son seres de gran tamaño, como los cíclopes, nacidos de  Gea, la Tierra y la sangre de Urano, el Cielo, como relata Hesiodo en su Teogonía, 183 y ss.: 

    (Cuando Crono mutila a su padre Urano) …Estos verdaderamente no en vano escaaron de su mano, pues cuantas gotas de sangre desprendieron, todas las recogió Gea y, transcurrido el tiempo, dio a luz a las poderosas Erinias, a los grandes Gigantes, resplandecientes con el brillo de sus armas, con largas lanzas en sus manos, y a las Ninfas que llaman Melias en la inmensa tierra.

    Los Gigantes también lucharon con los dioses. Nos lo cuenta, entre otros muchos, Apolodoro en su Biblioteca I 6,1:

    Gea, irritada por lo acontecido a los Titanes, genera con Urano a los Gigantes, insuperables por la magnitud de sus cuerpos e invencibles por su potencia física, presentaban espantosa apariencia, de su cabeza y mentón pendía espesa pelambrera y tenían por pies escamas de dragón. Nacieron según dicen unos en Flegra, pero según otros en Palene.
    ….
    Pero los dioses estaban en posesión de un vaticinio según el cual ningún Gigante podría perecer a manos de los dioses, mientras que si un mortal luchaba en su bando moriría. Zeus por medio de Atenea llamó en su ayuda a Heracles.

    Faraónico podríamos incluir en esta serie de adjetivos, significando también obra enorme o descomunal, derivado naturalmente de las grandes pirámides y otras enormes esculturas y templos construidos en el Egipto antiguo.

    Y por supuesto y con toda justicia la expresión “obra de romanos”, porque algunos puentes, vías y murallas sobre todo de época romana nos asombran por sus dimensiones o dificultad.  

    Mastodóntico, que añade   al sustantivo correspondiente la magnitud propia de los grandes elefantes antiguos, de los que de vez en cuando aparecen restos llamativos.

    Frente a estos adjetivos, que acumulan en su significado los detalles de su mito o historia, disponemos de una serie muy numerosa de términos menos significativos; quizás sea tan numerosa la serie por el significado general y abstracto y el escaso valor semántico que encierran. Muchos de ellos expresan un mero concepto negativo o la negación de un concepto.

    extraordinario: Fuera del orden o regla natural o común.

    enorme: fuera de norma

    Desmedido: fuera de medida

    Descomunal. fuera de lo común

    Inmenso: sin medida

    Más contenido tienen por ejemplo

    Magna opera: magnus,-a significa grande; opera obra; por lo tanto “gran obra

    Ingente: palabra latina que significa “muy grande”, relacionado tal vez con la misma raíz del griego “gigas”, gigante. El latino “ingens” cayó en desuso y curiosamente lo hemos recuperado como cultismo.

    Magnífico y magnífica obra: compuesto de “magnus”, grande, y “facere”, hacer”: que produce grandeza

    Monumental:  propio de un monumento y por tanto digno de ser recordado

    Monstruoso: relacionado con el anterior, significando que avisa, que advierte de algo dada su excepcionalidad.

    Fenomenal, de significado semejante al anterior; proviene del griego φαινομένον, phainomenon, fenómeno,de φαινεῖν, fainein,  = brillar, hacer brillar, aparecer; mostrar, hacer ver,  que literalmente significa ''lo que se muestra''  y fenomenal lo que por sus características tiene y se merece gran visibilidad.

    Maravilloso expresa algo semejante. Maravilla deriva del latín mirabilia, cosas admirables o dignas de ser admiradas o sorprendentes, del verbo mirari, admirar. De la misma raíz es “milagro”,miraculum en latín.

    Formidable: del latín formido, miedo, temor: con cierta relación con los anteriores: que produce temor, aunque ahora haya perdido absolutamente sus connotaciones negativas

    Imponente: relacionado con los anteriores: que pone asombro o temor

    Excelente y excelso:  significa “sobresaliente”; de ex y celsus, elevado, superior, de una raíz indoeuropea, cel, que significa culmen, altura.

    En fin, no hemos agotado el listado pero estos términos pueden ser suficientes. De alguna manera, como sinónimos nunca perfectos, todos coinciden en el carácter sobrehumano de las acciones a las que califican. Ciertamente los personajes mitológicos de los que derivan no son hombres, son dioses o como mínimo héroes (mitad hombres –mitad dioses).

    En fin, los mitos griegos y todo lo con ellos relacionado está absolutamente integrado en nuestro acervo cultural y por tanto lingüístico, aunque no seamos conscientes al emplearlos.

  • Le propuso (a Alejandro) modelar el monte Athos con su efigie

    Alejandro el Magno, cuando murió a los 32 años (sólo gobernó 12) había conquistado un enorme imperio; se había apoderado de toda Grecia y del imperio persa y había llegado hasta la India; había conquistado Asia Menor y Egipto; había fundado decenas de ciudades, a las que llamó Alejandría, la más famosa la de Egipto. Se había convertido en un ser mítico, del que se escribieron decenas de biografías e historias, unas verdaderas y otras fantásticas.

    Pues bien, Luciano de Samósata tiene una obrita muy interesante titulada, (probablemente él no la llamó así; debería haberse llamado “Historia elogiosa de la guerra reciente contra los partos”) “Cómo debe escribirse la historia”.

    Entre los varios consejos me interesa resaltar ahora dos fundamentales: el primero y principal que la Historia ha de respetar la verdad de los hechos con objetividad; el segundo que se ha de huir de toda adulación, que sólo sirve para dejar en ridículo al adulador.

    Reproduzco un texto de la obra de Luciano en el que pone un ejemplo de cómo Alejandro rechazó enfadado el relato fantástico y excesivamente laudatorio de un mal historiador. Luego comentaré otro curioso en el que rechazó la propuesta adulatoria de un arquitecto. Es muy interesante el contraste que supone que quien siendo tan joven se había convertido en un héroe inigualable, casi en un dios ante el que los orientales, siguiendo sus usos, se arrodillaban (véase https://www.antiquitatem.com/proskynesis-monarquia-herodoto-persas ) y al que sus soldados seguían ciegamente, este “semidios” es lo suficientemente humano y cuerdo para despreciar a los aduladores.

    Luciano de Samósata: “Cómo debe escribirse la historia”, 11-12

    No necesito decir que los elogios pueden ser agradables para una persona, la que los recibe, pero molestos para los demás y especialmente si las exageraciones son monstruosas, como las que suelen prodigar la mayoría cuando trata de conseguir la benevolencia de los elogiados e insisten hasta que ponen en evidencia ante todos su adulación. Porque ni siquiera saben hacerlo con habilidad  ni disimulan su lisonja sino que se lanzan sobre todo en conjunto y hacen un relato tan increíble como ingenuo. La consecuencia es que ni siquiera consiguen lo que más desean, pues las personas a las que elogian los odian más y los rechazan por aduladores, y con razón, particularmente si tienen espíritu viril. Como ocurrió cuando Aristóbulo describe un combate individual entre Alejandro y Poro; le leyó a Alejandro especialmente este pasaje de su obra, en la idea de que complacería muchísimo al rey atribuyéndole falsamente algunas hazañas y adornando los hechos por encima de la verdad. Estaban navegando por el río Hidaspes; Alejandro cogió el libro y lo tiró inmediatamente al agua, diciendo: “Debería hacer lo mismo contigo, que entablas en mi lugar tales combates individuales y matas elefantes con un solo dardo. (Traducción: Juan Botella Zaragoza, Edit. Gredos, 1990)

    Sigue inmediatamente el relato de Luciano con otro ejemplo de la cordura del joven Alejandro ante la propuesta de un arquitecto que sin duda le pareció descabellada y simplemente adulatoria. Nos parecería imposible tarea la de convertir todo un monte, el Athos, en la efigie de Alejandro. Podemos no obstante imaginar cómo podía haber quedado el monte, ocupado ahora por un famoso monasterio, observando lo que dos mil trescientos años después (1927-1941) hizo Gutzon Borglum en el monte Rushmore, en  Keystone, Dakota del Sur,  en el que 400 trabajadores esculpieron los rostros de los cuatro primeros de sus presidentes, George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln. Es el conjunto llamado Monumento Nacional Monte Rushmore (Mount Rushmore National Memorial),

       

    Hasta tal punto iba a indignarse Alejandro por ello que ni siguiera toleró la osadía de su arquitecto que le había prometido hacer la estatua de Atos con su efigie y remodelar la montaña con la efigie del Rey, sino que se dio cuenta enseguida de que era un adulador y ya no utilizó sus servicios más como antes.

    El arquitecto romano Vitruvio nos recuerda también esta anécdota y nos dice que el arquitecto se llamaba Dinócrates en su  De architectura,II:

    El arquitecto Dinócrates, confiando en sus proyectos y en su ingenio, marchó desde Macedonia hacia el ejército de Alejandro, que estaba consiguiendo ser el señor del mundo, ansioso de ganarse su protección. Dinócrates era portador de unas cartas, avaladas por sus parientes y amigos que iban dirigidas a los principales mandatarios purpurados, a quienes solicitó le recibieran amablemente y le posibilitaran acceder ante Alejandro lo más pronto posible. Se lo prometieron, pero la entrevista se retrasaba bastante, esperando el momento oportuno. Por ello, pensando Dinócrates que se burlaban de él, optó por presentarse directamente. Era un hombre de gran estatura, rostro agradable, porte y prestancia exquisitos. Confiando en sus dotes naturales, dejó sus ropas en la hospedería, perfumó su cuerpo con aceite, coronó su cabeza con guirnaldas de álamo, cubrió su hombro izquierdo con una piel de león y tomó en su mano derecha una clava; así avanzó con dignidad ante el tribunal donde Alejandro impartía justicia. Su esmerada presencia llamaba la atención del pueblo y hasta el mismo Alejandro se fijó también en él. Mostrando gran sorpresa, Alejandro ordenó que le permitieran el paso para que se acercara y le preguntó quién era. El contestó: «Soy Dinócrates, arquitecto de Macedonia y traigo para ti unos proyectos y unos bocetos, dignos de tu grandeza. He transformado el monte Athos en la figura de una estatua viril; en su mano izquierda he diseñado las murallas de una gran ciudad y en su derecha una enorme patera que recoja las aguas de los ríos que fluyen en aquel monte, con el fin de verterlas al mar desde su propia mano». Alejandro quedó gratamente satisfecho ante la descripción de tal proyecto y al momento preguntó si alrededor de la ciudad había campos que la pudieran abastecer con sus cosechas de trigo. Al manifestarle que no era posible el abastecimiento sí no era mediante el transporte de ultramar, contestó: «Dinócrates, observo con atención la magnifica estructura de tu proyecto y me agrada. Pero advierto que si alguien fundara una colonia en ese mismo lugar, quizás su decisión sería muy criticada. Pues, así como un recién nacido sólo puede alimentarse con la leche de su nodriza y sin ella no puede desarrollarse, de igual manera una ciudad no puede crecer sí no posee campos cuyos frutos le lleguen en abundancia; sin un abundante abastecimiento no puede aumentar el número de sus habitantes ni pueden sentirse seguros. Por tanto, en cuanto a tu plan pienso que merece toda clase de elogios, pero la ubicación de la ciudad debe ser desaprobada. Es mi deseo que te quedes a mi lado, pues quiero servirme de tu trabajo». Desde este momento, Dinócrates ya no se apartó del rey y siguió sus pasos hasta Egipto. Al observar Alejandro que había allí un puerto protegido por la misma naturaleza y un extraordinario mercado, además de campos sembrados de trigo que ocupaban toda la extensión de Egipto así como las enormes ventajas que proporcionaba el impresionante río Nilo, ordenó que él fundase allí mismo una ciudad, de nombre Alejandría, en honor a su propia persona. De este modo Dinócrates, apreciado por su interesante aspecto y por su gran cotización, alcanzó la categoría de los ciudadanos distinguidos.

    Vitruvio termina, no sin cierta ironía, el pasaje con estas palabras:

    Pero a mi, oh Emperador, la naturaleza no me ha concedido mucha estatura, la edad ha afeado mi rostro y la enfermedad ha mermado mis fuerzas. Por tanto, ya que me veo privado de tales cualidades, alcanzaré la fama y la reputación, así lo espero, mediante la ayuda de la ciencia y de mis libros.

    Marcus Vitruvius Pollio: de Architectura, Liber II, 1-4

    Praefatio
    1. Dinocrates architectus cogitationibus et sollertia fretus, cum Alexander rerum potiretur, profectus est e Macedonia ad exercitum regiae cupidus commendationis. is e patria a propinquis et amicis tulit ad primos ordines et purpuratos litteras ut aditus haberet faciliores, ab eisque exceptus humane petiit uti quamprimum ad Alexandrum perduceretur. cum polliciti essent, tardiores fuerunt idoneum tempus expectantes. itaque Dinocrates ab his se existimans ludi ab se petiit praesidium. fuerat enim amplissima statura, facie grata, forma dignitateque summa. his igitur naturae muneribus confisus vestimenta posuit in hospitio et oleo corpus perunxit caputque coronavit populea fronde, laevum umerum pelle leonina texit, dextraque clavam tenens incessit contra tribunal regis ius dicentis.
    2. novitas populum cum avertisset, conspexit eum Alexander. admirans ei iussit locum dari ut accederet, interrogavitque quis esset. at ille, Dinocrates, inquit, architectus Macedo, qui ad te cogitationes et formas adfero dignas tuae claritatis. namque Athon montem formavi in statuae virilis figuram, cuius manu laeva designavi civitatis amplissimae moenia, dextra pateram quae exciperet omnium fluminum quae sunt in eo monte aquam, ut inde in mare profunderetur.
    3. delectatus Alexander narratione formae statim quaesiit, si essent agri circa qui possent frumentaria ratione eam civitatem tueri. cum invenisset non posse nisi transmarinis subvectionibus, Dinocrates, inquit, attendo egregiam formae compositionem et ea delector, sed animadverto si qui deduxerit eo loci coloniam fore ut iudicium eius vituperetur. ut enim natus infans sine nutricis lacte non potest ali neque ad vitae crescentis gradus perduci, sic civitas sine agris et eorum fructibus in moenibus affluentibus non potest crescere nec sine abundantia cibi frequentiam habere populumque sine copia tueri. itaque quemadmodum formationem puto probandam, sic iudico locum inprobandum, teque volo esse mecum, quod tua opera sum usurus.
    4. ex eo Dinocrates ab rege non discessit et in Aegyptum est eum persecutus. ibi Alexander cum animadvertisset portum naturaliter tutum, emporium egregium, campos circa totam Aegyptum frumentarios, inmanis fluminis Nili magnas utilitates, iussit eum suo nomine civitatem Alexandriam constituere. ita Dinocrates a facie dignitateque corporis commendatus ad eam nobilitatem pervenit. mihi autem, imperator, staturam non tribuit natura, faciem deformavit aetas, valetudo detraxit vires. itaque quoniam ab his praesidiis sum desertus, per auxilia scientiae scriptaque ut spero perveniam ad commendationem.

    Plutarco también nos da noticia de la anécdota, pero ahora el arquitecto se llama Estasícrates. Alejandro desea hacer una grandiosa tumba a su amigo Hefestión, que acaba de morir, y llama al citado arquitecto; nos lo cuenta en su Alejandro, 72,3-4

    Había pensado invertir diez mil talentos en su sepulcro, en sus exequias y en todo el ornato correspondiente, y teniendo la idea de que el artificio y prodigiosidad sobrepujaran al gasto, deseaba sobre todo tener por director de los artistas a Estasícrates, que había manifestado cierta magnificencia, osadía y boato en sus invenciones, pues en una ocasión en que le había hablado le dijo que, de todos los montes, el Athos de Tracia era el que recibiría mejor la disposición y conformación humana; por tanto que si se lo mandase, le haría la estatua más duradera y más vistosa del monte Atos, la cual tendría en la mano izquierda una ciudad de diez mil vecinos, y con la derecha derramaría el perenne caudal en un río que desaguaba en el mar. Este proyecto lo desechó; pero en aquellos días estuvo tratando y disponiendo cosas todavía más absurdas y costosas que ésta con los artistas.

    En fin, también hoy en día y con demasiada frecuencia forman buena pareja la megalomanía de los responsables políticos con la de los artistas.

    Nota: megalomanía es una palabra, compuesta de las griegas μεγαλο-, de μέγας, grande, y μανία, locura, que por tanto significa "delirio de grandeza".

  • Animales que son dioses: un ejemplo de fanatismo religioso

    Los griegos y romanos están familiarizados en su mitología con la coexistencia de los animales con los dioses. Más aún, concibieron a sus dioses como hombres, lo que de paso permitió concebir a algunos hombres como dioses.

    O más probablemente el proceso fuera a la inversa: cuando algunos hombres se hicieron muy poderosos a partir de la acumulación de riqueza del neolítico (con la agricultura y la cría de animales), concibieron a sus dioses como hombres. En todo caso parece como si en una etapa muy primitiva, correspondiente sin duda a la época de los hombres cazadores, en que existe una vinculación íntima y orgánica con los animales, los animales fueran divinos. Así lo muestra la importancia del tótem en toda civilización.

    En Grecia y Roma quedan algunos restos, aunque de una etapa posterior, en que aparecen animales compuestos: seres mitad hombre mitad animal, generalmente con características divinas, centauros, grifos, esfinges, etc.; culto y ritos dedicados a alguno de ellos como Licaón, el hombre lobo; animales asociados a los dioses como el águila a Júpiter o la paloma a Venus; importancia de algunos animales, como la loba que alimenta a Rómulo y Remo.

    Parece como si estos animales se fueran poco a poco antropomorfizando, van adquiriendo cuerpo de hombre y la divinidad se realiza a partir del animal: primero animales completos, luego mitad hombre mitad animal, luego una parte como  la cabeza de lobo del dios egipcio Anubis, o de halcón de Orus,  luego incluso una  parte de animal menos significativa, como las alas de los pies de Mercurio y finalmente el animal como representación de la divinidad, como el águila de Júpiter.

    Los animales son un elemento esencial en todas las religiones, incluso hoy en día, y en el fondo lo que están indicando es la radical igualdad de todos los seres vivos sobre la tierra; si a Rómulo y Remo los amamantó una loba, a Buda lo engendró un elefante; en el hinduismo la vaca es sagrada; recordemos el papel importante de la paloma en el Cristianismo como “Espíritu Santo”.

    Bien, pese a todo ello los griegos, y desde luego los romanos, no podían entender el culto, reverencia y respeto que los egipcios tenían para con sus animales, desde el escarabajo al halcón, el perro, el cocodrilo o el gato, animal que aparece embalsamado después de muerto como los cuerpos de los hombres. Sin duda les llamaba la atención cómo el egipcio se inclinaba reverente ante el paso de un gato, felino por lo demás desconocido durante mucho tiempo en Roma y de ninguna manera doméstico.

    Diodoro Sículo (de Sicilia quiere decir el nombre) nos cuenta un episodio en el que este desconocimiento de las costumbres egipcias le costó muy caro a un romano, a un ciudadano romano, incluso cuando ser ciudadano romano implicaba disfrutar de un estatuto de derechos único en aquel mundo.

    Nos relata Diodoro, Biblioteca Histórica (Estantería de Historia sería la traducción literal) I, 83,8-9  un caso en el que él mismo fue testigo:

    En cuanto a la consagración de los animales en Egipto , esta práctica les parece naturalmente a muchos extraordinaria  y digna de estudio.  Los egipcios veneran de manera especial y no sólo durante su vida sino también después de su muerte a ciertos animales; así a los gatos,  perros e insectos como las  avispas , y también a los halcones y a los pájaros que llaman  " ibis ", así como a los lobos y a los cocodrilos y a muchos otros animales de este tipo. Comentaremos luego los motivos de tal adoración, después de hablar brevemente  sobre los propios animales .

    En primer lugar, a de cada tipo de animal para el que se ha acordado su culto,  se le ha  consagrado una parte de  tierra que resulta suficiente  para su cuidado y sustento;  por otra parte, los egipcios hacen votos a algunos dioses en nombre de sus hijos, que se han librado  de una enfermedad; en este caso  se afeitan el cabello y entregan a los cuidadores de los animales mencionados el dinero que vale su peso (de los cabellos) en plata u oro.

    Cortan carne para los halcones y los llaman con un fuerte grito dirigido hacia ellos, hasta que la cogen al vuelo, mientras que a los gatos y a las avispas desmenuzan el pan en leche y los llaman con un cloqueo de la lengua cuando se lo ponen enfrente o incluso les cortan pescado del río Nilo y los alimentan con su carne;  y de la misma manera se les proporciona a los otros tipos de animales la comida adecuada.

    Y en cuanto a los distintos cuidados que estos animales requieren, los egipcios no sólo no tratan de evitarlos o sienten vergüenza de ser vistos por la multitud cuando los atienden, sino que al contrario, en la creencia de que participan en los ritos más importantes del culto divino, se sienten importantes  y revestidos de sus insignias especiales, dan vueltas por la ciudad y por el campo. Y como se puede ver desde lejos el cuidado con que atienden a estos animales, todos cuantos se encuentran con ellos se postran ante ellos y les rinden honores.

    Cuando uno de estos animales muere, lo envuelven en fina tela de lino luego , llorando y golpeándose el pecho , lo llevan a ser embalsamado;  y después de haber sido tratado con aceite de cedro y especias que tienen la cualidad de impartir un olor agradable y de preservar el cuerpo por  largo tiempo, lo depositan fuera en una tumba consagrada.

    Y el que mata intencionadamente a uno de estos  animales es condenado a muerte , a menos que sea un gato o un ibis lo que ha matado; porque si mata a uno de ellos, sea intencionalmente o no  es condenado a muerte;  incluso la gente normal se lanza  multitudinariamente sobre él y se comporta con el infractor con la mayor crueldad, incluso a veces se comportan así sin esperar al juicio.

    Y por el temor a este castigo, si alguien divisa a uno de estos animales que yace muerto, se mantiene a una gran distancia y grita con lamentos y quejas que él lo ha encontrado ya muerto.

    Tan profundamente está  implantada en el corazón de la gente común esta visión supersticiosa de estos   animales y tan inalterables son las emociones mantenidas  por todos los hombres en  lo que respecta al honor debido a ellos, que una vez, en el tiempo  en que su rey Ptolomeo todavía no había recibido  de los romanos el título de “amigo”  y el pueblo agasajaba y cortejaba con todo celo el favor de la embajada de Italia que visitaba Egipto, y en su temor, procuraban  no dar ningún motivo de queja ni para la guerra, cuando un romano mató un gato y la multitud se lanzó en masa a su casa, ni los oficiales enviados por el rey  para suplicar por el hombre ni el temor de Roma que todo el pueblo sentía fueron suficientes para salvarlo del castigo, incluso a pesar de que su acto había sido un accidente.

    Y este incidente lo cuento no porque lo oí, sino que lo  vi con mis propios ojos, con ocasión de la visita que hice a Egipto.

    Naturalmente huelga todo comentario.

  • “La asamblea de los dioses” de Luciano de Samósata, un ejemplo antiguo de ironía, humor y libertad de expresión

    ¿Tiene límites el derecho a la libertad de expresión? La gran mayoría de las personas defienden el derecho genérico a la libertad de expresión, pero no todo el mundo lo entiende de la misma manera. Hay un campo especialmente confuso en el que el acuerdo parece imposible; es el campo de las creencias religiosas.

    En mi libre opinión, debe defenderse de manera absoluta la tolerancia y el respeto a  todas las personas no violentas, sean cuales sean sus creencias. Pero, ¿se deben respetar las creencias e ideas en abstracto que chocan con las ideas y creencias propias?

    Si por respeto se entiende la tolerancia, por supuesto que se debe ser tolerante absolutamente; si por respeto se entiende la imposibilidad o la prohibición de expresar las propias ideas porque su manifestación puede ofender a quienes tienen ideas distintas, no se deben respetar, porque los derechos y deberes, aun distintos, han de ser recíprocos. Si una persona tiene derecho a expresar su creencia en que su dios es el único y verdadero (Jahvé, Jesús, Alá), quien no lo cree así tiene también el mismo derecho a expresar lo contrario. 

    Esto, que parece evidente en abstracto, encuentra muchas dificultades en la práctica, porque todas las religiones elevan a la categoría de dogmas esenciales y por tanto incuestionables lo que en el fondo no son sino mitos, como bien enseña la Historia.

    Incluso para los más tolerantes  es difícil establecer en estas cuestiones el límite o las líneas rojas que, por ejemplo, han de respetar el humor y la ironía sobre estos temas y no deben traspasarse.

    Alguien podría pensar que estos problemas son exclusivos del mundo actual; nada más lejos de la realidad. Reproduzco uno de los diálogos de Luciano de Samósata en el que ridiculiza con su acostumbrada ironía las creencias de su tiempo, que nosotros luego conocimos como “paganismo” según la terminología del cristianismo triunfante.

    Este texto hoy resulta absolutamente inocuo; han pasado mil ochocientos años y se refieren a una religión que desapareció y que resulta chocante con el racionalismo y positivismo que hoy impregna en gran medida casi toda la cultura actual. Pero cuando Luciano escribe, en el siglo II de Cristo, los dioses a los que ridiculiza tienen templos a ellos dedicados, hay sacerdotes que dirigen su culto y reciben sacrificios de miles de víctimas de fieles cuyos sentimientos tienen tantos derechos como los de los creyentes actuales y que tal vez no se sintieran muy contentos con los comentarios de Luciano.

    Este tema de la religión en todas sus variedades y el de los filósofos y sus múltiples escuelas son dos de los temas preferidos de la sátira de Luciano de Samósata, cuya lectura completa es muy recomendable.

    Luciano tiene una famoso diálogo, el llamado “Diálogos de los dioses”, en el que presenta veinticinco conversaciones entre dioses en las que ridiculiza los aspectos más chocantes de su mitología.  No es éste el que reproduzco sino el titulado “La asamblea de los dioses”. Concibe el diálogo como una reunión de los dioses presidida por Zeus, a la manera de un tribunal que adopta acuerdos o decretos.

    En este diálogo, el más crítico sin duda en este tema, critica a los dioses extranjeros que se han ido asentando en el espacio griego y romano así como la deificación de ideas abstractas tales como la Virtud, la Naturaleza, el Destino, el Azar. Los interlocutores son Zeus, el padre de los dioses, Hermes, que convoca la asamblea y Momo, que es el dios de la sátira y representa la voz de  la censura.

    Recordemos el ambiente de proliferación de cultos y de extensión en Roma y en el resto del Imperio Romano de religiones mistéricas orientales y de cultos egipcios, todos coincidentes en el mensaje de salvación eterna en el más allá incluso para los más pobres y desamparados de este mundo. Es una época en el que el ambiente religioso y cultural favorece todo sincretismo. Véase  https://www.antiquitatem.com/mitraismo-cristianismo-solsticio 

    Pero este diálogo refleja un ambiente y entorno de respeto de “la libertad de expresión” que quizás hoy nos ayude a relativizar las cosas y enfocar cuestiones tan susceptibles de enervar el pensamiento de los creyentes actuales con un poco más de calma y tranquilidad de la que suele imperar.

    Lo reproduzco íntegro, ya que  no es de excesiva extensión, en la versión de  Juan Botella Zaragoza,  publicada Gredos, 1990; editorial en la que el lector podrá encontrar la edición íntegra de los diálogos de Luciano, propósito que se me antoja muy recomendable, como decía.

    Texto:

    ZEUS:  No andéis murmurando, dioses, ni sigáis cuchicheando entre vosotros, reuniéndoos por las esquinas, a causa de vuestra indignación porque muchas personas indignas participan de nuestros banquetes. En cambio, puesto que se ha autorizado una asamblea para tratar estos temas, que cada uno diga públicamente su opinión y presente sus cargos. Y tú, Hermes, haz la proclamación pública requerida por la ley.

    HERMES: Escucha, calla. ¿Quién de los dioses numerarios a los que se les permite hablar desea hacerlo? El debate será sobre residentes y extranjeros.

    MOMO: Yo, Momo,Zeus, si me das permiso para hablar.

    ZEUS: La propia proclamación ya te lo permite, de modo que no necesitarás mi permiso.

    MOMO: Pues bien, yo afirmo que es intolerable lo que hacen algunos de nosotros, que no se conforman con haberse convertido ellos mismos de seres humanos en dioses sino que encima, si no consiguen que se reconozca a sus servidores y criados con los mismos derechos que a nosotros, creen que no han hecho nada importante ni valiente. Y yo te pido, Zeus, que me permitas hablar con franqueza, ya que no podría hacerlo de otra manera, sino que todos saben que yo soy muy independiente de lengua y no podría pasar por alto nada que no esté bien. Y lo critico todo y digo públicamente lo que me parece, sin miedo a nadie y sin ocultar mi opinión por vergüenza. Por ello muchos me consideran molesto y de temperamento maledicente y me llaman acusador público. Sin embargo, puesto que la ley lo permite y así ha sido proclamado, aparte de que tú también, Zeus, me das permiso para hablar con libertad, hablaré sin reservas.
    Afirmo, en efecto, que muchos, no contentos con participar personalmente en nuestras asambleas y banquetes en igualdad de derechos, a pesar de ser mortales a medias, encima nos traen al cielo a sus propios criados y colegas y los inscriben fraudulentamente, de modo que ahora participan en igualdad de derechos de nuestros repartos de carne y de los sacrificios, pero no nos pagan siquiera el impuesto de residentes.

    ZEUS: No hables en términos enigmáticos, Momo, sino con claridad y explícitamente, añadiendo incluso el nombre, puesto que ya has lanzado tu discurso al medio y muchos están comparando y acomodando tus observaciones a unos y otros. Tú que confiesas ser  sincero no debes tener miedo a decir nada.

    MOMO: Estupendo, Zeus, ya que me incitas a la franqueza. De este modo te comportas regiamente y con magnanimidad, de modo que voy a decir incluso nombres. En efecto, este incomparable Dionisio, que es medio humano y ni siquiera es griego por parte de madre, sino hijo de la hija de un comerciante siriofenicio llamado Cadmo, tan pronto como se vio honrado con la inmortalidad, no voy a hablar de su aspecto personal, ni de su mitra, ni de su borrachera, ni de sus andares, pues estoy seguro de que todos conocéis su naturaleza amanerada y afeminada, medio loco, apestando a tinto desde la madrugada,  pero nos ha metido a todo el clan, comparece al frente de su coro y ha convertido en dioses a Pan, a Sileno y a los Sátiros, la mayoría de ellos campesinos y cabreros, saltarines y con figuras extrañas. Uno tiene cuernos, con la mitad inferior de aspecto de cabra, provisto de larga barba, apenas distinto de un macho cabrío. Otro es calvo, viejo, chato de nariz, montado generalmente en un asno, lidio él, los Sátiros con las orejas puntiagudas, también ellos calvos, cornudos, como suelen tener los cuernos los cabritos recién nacidos, y algunos son frigios. Todos tienen rabo. ¿Ya veis qué clase de dioses nos ha fabricado el muy noble?
    ¿Y luego nos extrañamos de que los hombres nos desprecien, cuando ven dioses tan ridículos y portentosos? Porque omito decir que también trajo dos mujeres, una enamorada de él, Ariadna, cuya corona incluyó en el coro de las estrellas, y la otra la hija del granjero Icario. Y lo más ridículo de todo, dioses, es que el perro de Erígone también se lo trajo, para que la niña no sufriera si no podía tener en el cielo aquel perrito suyo predilecto. ¿No os parece esto una insolencia, un insulto de borracho y una burla? Pero dejad que os hable también de otros.

    ZEUS: No digas nada, Momo, ni de Asclepio ni de Heracles, que ya estoy viendo a dónde te dejas llevar en tu discurso. Porque uno de ellos es médico y cura a la gente de sus enfermedades  y es “equivalente a muchos hombres”, mientras Heracles, que es hijo mío, compró la inmortalidad pagándola con muchos trabajos, de modo que no los denuncies.

    MOMO: Me callaré por ti, Zeus, aun pudiendo decir muchas cosas. Aunque no sea otra cosa, todavía tienen las señales del fuego. Si pudiera emplear también la franqueza hablando de ti, también podría decir mucho.

    ZEUS: Pues conmigo tienes la máxima licencia. ¿Es que vas a acusarme de extranjería también a mí?

    MOMO: En Creta no sólo puede oírse esto de ti sino que dicen también otra cosa y muestran tu sepultura. En lo que a mí se refiere, ni me dejo convencer por ellos ni de los aqueos de Egio, que afirman que eres un niño cambiado por otro. En cambio voy a decir lo que me parece más digno de censura.

    Porque fuiste tú, Zeus, quien originó tales infracciones y fuiste la causa de que se bastardeara nuestro cuerpo político cuando ligaste con las mortales y bajaste a visitarlas cada vez en una forma distinta, hasta el punto de que nosotros temíamos que alguien te cogiera y te sacrificara cuando eras un toro o que algún orífice te trabajara cuando eras oro y te nos convirtieras de Zeus en collar, brazalete o pendiente. Lo cierto es que nos has llenado el cielo de estos semidioses. No podría hablar de otra manera. Y resulta muy ridículo cuando alguien oye de repente que Heracles ha sido declarado dios, y que Euristeo, que estuvo dándole órdenes, ha muerto, y que cerca del templo de Heracles, que era su criado, está la tumba de Euristeo su amo. A su vez, en Tebas Dioniso es un dios, pero sus primos Penteo, Acteón y Learco son los más desgraciados de todos los seres humanos.

    Porque desde que tú, Zeus, por primera vez abriste las puertas a estos y te dedicaste a las mujeres mortales, todos te han imitado, y no sólo los machos, sino, lo que es más vergonzoso, también las diosas hembras. Porque, ¿quién no conoce a Anquises, a Titono, a Endimión y a Yasión y al resto de ellos? De modo que creo que voy a pasar por alto estas incidencias, porque resultaría demasiado largo censurarlas.

    ZEUS: No hables de Ganímedes, Momo, porque me enfadaré si molestas al muchacho metiéndote con su familia.

    MOMO: ¿Entonces tampoco voy a poder hablar del águila, puesto que también ella está en el cielo, posada sobre el cetro real y casi anidando sobre tu cabeza, pasando por ser un dios? ¿Pasaré también de ella por gracia de Ganímedes?

    Pero en todo caso, ¿de dónde se han inmiscuido entre nosotros Atis, Coribas, Sabacio o el famoso Mitra, el medo, el del caftán y la tiara, que ni siquiera habla griego y no se le entiende cuando ofrece un brindis? Por eso, los escita, al ver esta situación, y los getas entre ellos, nos mandan a paseo y también ellos conceden la inmortalidad y votan dioses a los que desean, de la misma manera que Zamolxis, siendo esclavo fue inscrito en la lista fraudulentamente, sin que pueda saberse cómo pasó desapercibido.

    Aunque todo esto son cosas sin importancia, dioses. Pero tú, cara de perro, egipcio vestido de lino, ¿quién eres, buen hombre, o cómo pretendes ser un dios con tus ladridos? ¿O con qué pretensión es adorado este toro moteado de Menfis, da oráculos y tiene profetas? Porque me da vergüenza hablar de los ibis, los monos y otras criaturas mucho más ridículas que se nos han metido no sé cómo en el cielo procedentes de Egipto. ¿Cómo podéis aguantar, dioses, el ver que se les rinde culto tanto o más que a vosotros? O tú, Zeus, ¿cómo lo llevas cuando te ponen cuernos de carnero?

    ZEUS: Todo lo que estás diciendo de los egipcios es verdaderamente vergonzoso. Sin embargo, Momo, la mayor parte de esas cosas son simbólicas y no debe burlarse demasiado de ellas uno que no está iniciado en los misterios.

    MOMO: ¡Pues sí que necesitamos nosotros muchos misterios, Zeus, para saber que los dioses son dioses y las cabezas de perro, cabezas de perro!

    ZEUS: Te digo que dejes de hablar de los egipcios. En otra ocasión podemos hablar de ellos con más tiempo. Dedícate a hablar de los otros.

    MOMO: Trofonio y (lo que más se me atraganta) Anfíloco, que era hijo de un hombre maldito y parricida, profetiza el muy pillo en Cilicia, mintiendo por lo general y timando con su charlatanería a la gente por dos óbolos. Precisamente por eso tú ya no tienes fama, Apolo, sino que ya cada piedra y cada altar emite oráculos, con tal de que se empape de aceite, tenga coronas y disponga de un charlatán, de los que hay una gran abundancia. Ya hasta la estatua de Polidamante el atleta cura las fiebres en Olimpia, la estatua de Teágenes hace lo mismo en Taso; le ofrecen sacrificios a Héctor en Ilión y a Protesilao en la orilla de enfrente, en el Quersoneso. Desde que somos tantos, han crecido el perjurio y el sacrilegio y en general nos desprecian, y hacen bien.

    Ya basta con lo dicho sobre los bastardos y los registrados fraudulentamente. Pero yo he oído también muchos nombres extraños de seres que ni existen entre nosotros ni pueden mantenerse como realidades, Zeus, y yo me carcajeo de ellos. Porque, ¿dónde está la célebre Virtud, la Naturaleza, el Destino y el Azar, nombres sin consistencia y carentes de realidad,  imaginados por hombres bobalicones, los filósofos. Y, sin embargo, a pesar de ser nombres improvisados, de tal manera han persuadido a los ignorantes, que nadie está ya dispuesto a ofrecernos sacrificios a nosotros, convencidos de que aunque ofrezcan mil hecatombes la fortuna hará lo que ya está decidido por el destino y lo que desde el principio ha sido hilado a cada uno por las Parcas. Me gustaría preguntarte, Zeus, si tú viste en alguna parte la virtud, la fortuna o el destino. Yo ya sé que tú has oído hablar siempre de ellos en las discusiones de los filósofos, a menos que estés tan sordo que no seas capaz de oírlos vociferando.

    Aunque tengo todavía muchas cosas que decir, voy a poner fin a mi discurso, porque estoy viendo que a muchos les molestan mis palabras y están silbando, sobre todo los afectados por mi libertad de expresión. Para terminar, pues, si me lo permites, voy a leer un proyecto de decreto que ya tengo redactado.

    ZEUS: Léelo, pues en realidad no todas tus acusaciones eran absurdas y hay que parar muchas de ellas para que no crezcan demasiado.

    MOMO: “¡Que sea para bien! Decreto: En una asamblea regular celebrada el día siete del mes en curso, bajo la presidencia de Zeus, dirigiendo la mesa Posidón, con Apolo al frente y actuando de secretario Momo, hijo de la noche, el Sueño presentó la siguiente propuesta:

    ‘Puesto que muchos extraños, no sólo griegos sino también bárbaros, que no son dignos en absoluto de participar de nuestro sistema político), inscritos fraudulentamente no sé cómo y pasando por dioses han llenado el cielo, hasta el punto de que está repleto el banquete de una turba tumultuaria de gentes de múltiples lengua que son pura morralla, considerando que escasean la ambrosía y el néctar, hasta el punto de que una copita cuesta ya una mina por la gran afluencia de bebedores; considerando que llegan en su patanería a expulsar a los dioses antiguos y verdaderos y reclaman la preferencia para sí mismos, en contra de todas las tradiciones y pretenden ser honrados con prioridad en la tierra. Por todo ello:

    ‘Resuelvan el Consejo y el pueblo convocar una asamblea en el Olimpo para el solsticio de invierno y elegir siete dioses numerarios como árbitros, tres del antiguo Consejo del tiempo de Crono, cuatro elegidos de los doce, Zeus entre ellos; que estos árbitros actúen como magistrados después de prestar el juramento tradicional invocando a la Estigia, que Hermes convoque mediante proclama pública a cuantos pretenden formar parte de nuestra asamblea y que éstos se presenten con testigos bajo juramento y certificados de nacimiento. Que a continuación comparezcan de uno en uno y los árbitros después de la oportuna investigación los declaren dioses o los envíen a las tumbas y sepulturas de sus antepasados. Y si alguno de ellos resulta convicto de haber sido reprobado una vez por los jueces y haber regresado al cielo, éste sea lanzado al Tártaro.

    ‘Resuelva también que cada uno realice sus propias labores y ni Atenea se dedique a curar ni Asclepio emita oráculos ni Apolo lleve a cabo él solo tantas actividades, sino que debe elegir una sola y ser adivino, cantante o médico.

    ‘Hay que advertir a los filósofos para que no modelen palabras hueras ni parloteen de lo que no saben. Y cuantos se consideraron dignos de templos o de sacrificios, hay que derribar sus estatuas y poner en su lugar las de Zeus, Hera, Apolo o alguno de los otros, mientras la ciudad debe levantarles un túmulo sepulcral y poner sobre él una estela en vez de un altar. Y si alguno desatiende el pregón y no está dispuesto a presentarse a los árbitros, se le debe condenar en rebeldía.”

    ZEUS: Este decreto vuestro es muy justo, Momo. El que esté de acuerdo, que levante la mano; o más bien, que se cumpla, porque sé que serán más los que voten en contra. Y ahora podéis iros. Cuando Hermes haga la proclamación, presentaos trayendo cada uno sus señas de identificación inequívocas y los certificados claros, con el nombre del padre y de la madre, por qué y cómo se convirtió en dios, y la tribu y sus cofrades, porque quienquiera que sea el que no traiga los papeles, no les importará a los árbitros en absoluto el que tenga un gran templo en la tierra o si los hombres lo consideran un dios.

    Nota: hay quien considera este diálogo de Luciano como una gran metáfora en la que en realidad lo que se critica es la situación política del momento, coincidente con el gobierno del emperador Marco Aurelio y la situación de aquellos años en Atenas.   Es posible que la situación política del momento animase a Luciano a escribir el diálogo, pero eso en nada invalida la crítica los dioses. Claro que el segundo campo, o el primero en el fondo,  en el que la crítica y el derecho de expresión tiene más limitaciones es el de la crítica política y social  al  poder establecido.  Los dictadores de todos los tiempos suelen ser poco comprensivos y permisivos con los inteligentes humoristas que reflejan agudamente su tiranía.
     

  • Un “mentalista” muy antiguo pone a prueba el amor de un padre

    Existe una serie de televisión de la cadena norteamericana CBS de cierto éxito que se llama “El mentalista”, (The Mentalist en su versión original). El protagonista, se reconoce a sí mismo como “mentalista”, que colabora con la policía para resolver todo tipo de casos e identificar a los culpables de los crímenes utilizando su clarividencia, su agilidad y capacidad de análisis mental y su gran capacidad de observación del comportamiento humano, que reacciona de determinada manera a determinados estímulos. La mente y su poder es el único instrumento de que se sirve. A veces no es muy ortodoxo ni respetuoso con la ley al utilizar determinados métodos, pero el resultado siempre es la identificación y castigo de los criminales.

    Leyendo a Luciano de Samósata, varias veces comentado en este blog, encuentro un hecho o una anécdota,  en la que un médico, utilizando también su clarividencia y su capacidad de observación de la conducta de los hombres, descubre la naturaleza de la grave enfermedad de un muchacho, hijo del rey, y es capaz de resolverlo.

    La historieta, muy conocida en la Antigüedad (es narrada también por Plutarco, Apiano, Valerio Máximo y otras varias citas), ha gozado de gran éxito posteriormente como motivo de todas las artes: literatura, pintura, música, etc. como más abajo comentaré.

    Aunque no se trate de dos casos realmente iguales, la lectura de Luciano me ha recordado a la serie citada porque el único instrumento del que se vale el médico es su mente y su capacidad de razonamiento y además crea las condiciones adecuadas para resolver el problema positivamente.

    Lo más apropiado será leer directamente el diálogo de Luciano en el que lo cuenta de manera concisa. Se trata del titulado “Sobre la diosa Siria”, 17, en el que nos describe los templos y cultos religiosos de su país, Siria.

    …Dicen que el templo actual no es el que se había construido primero, sino que éste se derrumbó posteriormente y el que ahora existe fue obra de Estratonice, mujer del rey de los asirios.
    Yo creo que es la misma Estratonice de la que se enamoró su hijastro, al que delató el ingenio de su médico. En efecto, cuando le sobrevino el enamoramiento, perplejo por un mal que le parecía vergonzoso sufría calladamente, yacía sin tener ningún dolor, el color de su piel se le alteró por completo y su cuerpo día a día se debilitaba. El médico, cuando vio que no tenía ninguna enfermedad notoria, se dio cuenta de que estaba enfermo de amor; son muchos los síntomas de un amor secreto: mirada desvaída, la voz, el color de la piel, las lágrimas. Cuando lo comprendió hizo lo siguiente: con la mano derecha palpaba el corazón del jovencillo mientras hacía llamar a todos los de la casa; el muchacho se mantuvo muy tranquilo mientras entraban todos los demás, pero al llegar su madrastra se le mudó el color de la piel, le entraron temblores y el corazón le daba saltos. Lo ocurrido puso en evidencia para el médico el enamoramiento del muchacho y lo curó de la siguiente manera: mandó llamar al padre del chico, que estaba completamente asustado, y le dijo: “El mal por el que está debilitado el muchacho, no es una enfermedad, sino un pecado, pues no sufre dolores, pero padece de mal de amor y de demencia. Desea lo que nunca alcanzará, porque ama a mi mujer, a la que no pienso renunciar.” Así mentía el médico con astucia. Y el otro al punto le suplicaba: “Por tu sabiduría médica, no me destruyas a mi hijo, pues no incurrió en esta desgracia por su voluntad, sino que su enfermedad es involuntaria. Por ello no causes por despecho un sufrimiento a todo el reino ni asesines a la medicina siendo médico.” Así suplicaba el Rey en su ignorancia. Y el médico le contestó: “Tratas de forzar una injusticia al intentar destruir mi matrimonio y extorsionar a un médico. ¿Qué hubieras hecho tu mismo si el muchacho deseara a tu esposa, y yo te hiciera la misma petición?” Y  él a esto replicó que tampoco escatimaría a su mujer ni regatearía la salvación de su hijo, aunque estuviera enamorado de su madrastra, pues no era igual desgracia perder a la esposa que al hijo. Cuando oyó esto el médico le dijo: “¿Qué me estás suplicando? Porque el muchacho desea a tu esposa, y lo que yo te dije era todo mentira”. El Rey se dejó convencer por estas palabras y le dejó a su hijo la mujer y el reino, y él se dirigió al país de Babilonia, y fundó junto al Éufrates una ciudad a la que dio su propio nombre, donde también le sobrevino la muerte. Así diagnosticó el médico el amor y lo curó.
    (Traducción de Juan Botella Zaragoza. Edit. Gredos, 1990)

    Aunque Luciano solo nos da el nombre de Estratonice, la mayoría de los autores que cuentan la misma historieta nos dicen que la reina era hija de Demetrio Polorcetes, el rey era Seleuco I Nicátor , el muchacho fue Antioco I Soter (324-261) y el médico era el famoso Erasístrato.

    La similitud con el protagonista de la serie televisiva puede a algún amable lector parecer escasa. Es cierto que en la primera parte, en la que el médico descubre la causa al percibir alterado el pulso del muchacho, más bien se parece a una humana “máquina de la verdad” de las que reflejan en un gráfico las alteraciones físicas de las personas ante la presencia de determinados estímulos. Observo más parecido con la presentación televisiva en la agudeza con la que el médico prepara el embrollo o piadosa mentira para encontrar la solución.

    Para mayor claridad reproduzco también el relato  de Plutarco según la traducción de “Vidas Paralelas de Plutarco” realizada por el  jurista y helenista Antonio Ranz Romanillos, 1759-1830, que nació en Barcones (Soria), pueblo cercano a Sigüenza, en cuyo seminario estudió. Fue persona relevante en el agitado siglo XIX. Dedicó los últimos nueve años de su vida a la monumental empresa de traducir las “Vidas” de Plutarco.

    Plutarco, Vida de Demetrio, 38

    XXXVIII. Habiéndole sido tan favorable la Fortuna, supo que los hijos y la madre habían logrado caer libres, recibiendo todavía dones y honores de parte de Tolomeo; y supo asimismo de su hija casada con Seleuco, que lo estaba con Antíoco, hijo de éste, y que había sido proclamada reina de las provincias altas. Porque sucedió, según es fama, que Antíoco se enamoró de Estratonica, que era joven; mas tenía ya un hijo de Seleuco, por lo que vivía en la mayor aflicción y congoja, luchando con el mayor esfuerzo contra esta pasión; tanto, que considerando lo desordenado de sus deseos y lo insufrible de su mal, andaba meditando el modo de librarse de la vida, y pensó salir de ella poco a poco con no cuidarse de remedios y con acortar la comida, fingiendo en tanto que se hallaba enfermo. El médico Erasístrato comprendió sin dificultad que estaba enamorado; pero deseando descubrir de quién, lo que no era tan fácil, se quedó a habitar en su propia cámara; y si entraba algún mancebo o alguna joven de agraciada figura, miraba a Antíoco al rostro, y observaba los miembros y movimientos del cuerpo, que naturalmente son afectados cuando el ánimo sufre una vehemente impresión. Viendo, pues, que cuando entraban los demás ninguna novedad tenía, y que cuando entraba Estratonica, que iba muchas veces, o sola o acompañada de Seleuco, se notaban en él todas aquellas señales de Safo: apocamiento de la voz, encendimiento del color, caimiento de los ojos, repentinos sudores, alteración e intercadencia del pulso y, finalmente, que tenía desmayos, dudas, temores, y poco a poco se iba quedando pálido, conjeturó Erasístrato, por todos estos indicios, que el hijo del rey no estaba enamorado de otra sino de ésta, y que había hecho ánimo de callarlo hasta morir. Miraba por tanto como muy expuesto el manifestar y referir estas observaciones; mas fiado, sin embargo, en el grande amor de Seleuco a su hijo, aun se resolvió un día a decirle que aquel joven estaba enfermo de amores, pero de amores imposibles e insanables. Admirado al oírlo, “¿Cómo insanables?”, repuso. “Porque está enamorado de mi mujer” le respondió entonces Erasístrato; a lo que continuó Seleuco: “¿Pues cómo, no cederías, ¡oh Erasístrato!, a mi hijo este casamiento siendo tan su amigo, mayormente viendo hasta qué punto nos tiene a todos sin sosiego?” “Porque ni tú con ser su padre- le replicó Erasístrato tendrías semejante condescendencia si sus deseos se dirigieran a Estratonica”; y entonces Seleuco: “¡Ojalá entre los dioses o los hombres hubiera, amigo mío, quien pudiera hacer repentinamente esta mudanza en la enfermedad, que yo tendría a dicha hasta ceder el reino por ver recobrado a mi hijo!” Pronunció Seleuco estas palabras con grande agitación y derramando lágrimas, y Erasístrato, tomándole la diestra: “Todo está remediado- le dijo- porque siendo padre, marido y rey, serás también el mejor médico de tu casa”. En consecuencia de esto, convocando Seleuco el pueblo a junta general, le dijo ser su voluntad y tener determinado declarar rey de todas las provincias altas a Antíoco y reina a Estratonica, enlazándose ambos en matrimonio; que en cuanto a su hijo, creía que habiéndole sido siempre sumiso y obediente, no se opondría a este casamiento; mas que si la esposa tuviese alguna dificultad, por ser cosa desusada, se llamase a las personas más de su confianza para que la instruyesen y persuadiesen que debía reputar por bueno y justo lo que el rey resolvía para el bien común. Tal se dice haber sido la ocasión y el motivo del matrimonio de Antíoco y Estratonica.

    Nota: la referencia a Safo puede encontrarse explicada en este mismo blog en https://www.antiquitatem.com/catulo-safo-lesbianismo-amores-saficos

    La versión de Apiano la incluyo al final de este artículo por si algún lector curioso quisiera conocerla. Es básicamente el mismo relato, con algunas consideraciones que nos explican el hecho de la abdicación del rey desde un punto de vista político. Su lectura ahora podría resultar reiterativa.
    También reproduzco al final la versión de Valerio Máximo, que utiliza la historieta como ejemplo de amor paterno.

    Por lo demás las citas y referencias en el mundo antiguo son numerosas. Así el propio Luciano se refiere a él en dos ocasiones más, en Icaromenippo 15; El medico Galeno (130-200/216) se refiere a él en XIV 626, 631 <633>, XVIII B 40: 18; Juliano  Misopogon 60-64;  en la Enciclopedia Suidas bajo el nombre Erasistratos, Ἐρασίστρατος.

    En el mundo antiguo hay referencias a otras historietas similares. En la Vida de Hipócrates, de Sorano de Éfeso,  se cuenta una historia en la que interviene el médico Hipócrates referida a Perdicas, hijo de Alejando I de Macedonia, enamorado de Fila, la concubina de su padre.

    Hay un poema anónimo de 290 hexámetros, del siglo V, llamado Aegritudo Perdicae, La enfermedad de Perdicas, que algunos atribuyen a Draconcio, en el que el joven Perdicas está enamorado incestuosamente de su madre y anuncia su decisión de suicidarse.

    Una historia muy parecida, prácticamente igual,  referida ahora a una concubina con personajes no regios y de otro nombre nos la cuenta Aristéneto (autor griego del siglo V-VI) en una de sus Cartas de amor (I 13). El resumen de la carta, que en otro momento comentaré como ejemplo también de amor paterno, dice así:

    Un hijo deseaba a la concubina de su padre. Un médico diagnosticó su amor con la ayuda de la suerte más que de la ciencia, y con un buen plan convence al padre de que conceda la concubina a su hijo.

    Algún lector podrá preguntarse si ésta historieta es historia verdadera o pura ficción literaria o cuento popular. Desde luego todo lo relatado resulta verosímil, pero tampoco tenemos ningún elemento objetivo que pruebe su historicidad. La duda es razonable a la vista de las características de la historia antigua, más próxima con frecuencia a la literatura que a la historia científica y comprobada. Por la existencia de otras “historias” similares en el mundo antiguo, como acabamos de ver, consolida la sospecha de que no sea “historia verdadera”. En todo caso parece razonable concluir que, como tantas otras cosas narradas por los historiadores antiguos, ésta también se mueve en la frontera entre la historia y la ficción.

    Esta historia tuvo, pues, gran éxito en la Antigüedad y también posteriormente. Aparece, por ejemplo, en la Edad Media en las Gesta Romanorum, 40.

    Boccaccio (1313-1375) lo incluye en su Decameron, II,8. Ahora es el hijo de un mariscal del rey de Inglaterra el que enferma enamorado de la hija del conde de Anversa, a quien habían recogido sus padres como pordiosera, desconociendo su verdadero origen. Los actores son distintos, la historia es la misma.

    Petrarca (1304-1374)) la incluye también en su poema, El Triunfo del Amor Trionfo d’Amore II, 109 y ss:

    dijo: "Yo soy Seleuco, éste es Antíoco
    mi hijo, que contigo tenía una gran guerra;
    pero la razón no tiene cabida contra la fuerza.
    Esta, primero mía, fue su esposa después,
    porque para librarlo de una muerte de amor
    Se la di a él, y 'el regalo entre nosotros fue lícito’,
    Stratonica  es su nombre, y nuestro destino,
    como ves, indiviso; …..

    y sigue el poema…

    disse: « Io Seleuco son, questi è Antïoco
    mio figlio, che gran guerra ebbe con voi;
    ma ragion contra forza non ha loco.    
    Questa, mia in prima, sua donna fu poi,
    ché per scamparlo d’amorosa morte
    gliel diedi, e ’l don fu lecito tra noi.   
    Stratonica è ’l suo nome, e nostra sorte,
    come vedi, indivisa; …

    Con estos dos italianos su presencia e influencia en la literatura moderna está asegurada. Es el argumento de una novela de Leonardo Bruni (1369-1444), de una obra de teatro de Camoens (circa 1543); de una novela de Mateo Bandello; William Painter (1540? –  1594)  en su Palace of Pleasure (1566); una novela de Luca Assarino (1635); Brosse (1645) cambiando el suceso; ahora es la muchacha la que está enamorada del hijo del rey; lo que imitó Corneille. Philippe Quinault (1657) o Barnabé Farmian Durosoy (1786) la habían llevado al teatro.

    En España destaca Agustín Moreto y Cavana (1645) que en su obra Antioco y Seleuco  pinta los conflictos psicológicos de los protagonistas que se mueven entre su deber filial y su interés personal erótico. Este tema e aparece luego en El sí de las niñas de Leandro Fernández de Moratín o en Pepita Jiménez de Juan Valera.

    De la extensión de la historia puede darnos idea el hecho de que también sea una balada o canción que se cantaba al son de la vihuela. Así quedó incluida como tal en la última edición de Esteban Daza titulado “Libro de música en cifras para vihuela, intitulado el Parnasso", publicado en Valladolid en 1576.
    Por su curiosidad reproduzco el texto de esta balada: 

    Enfermo estaba  Antioco, Príncipe de la  Suría,
    De Estratonice la Reina ferido de amor yacía.
    Muger era de su padre Rey Demetrio se decía
    el rey era viejo anciano y ella linda á maravilla.
    Mal doliente está en la cama calla y siempre padecía
    por ser como es su madrastra sufre y la llaga encubría.
    Determina de morir antes que de su mal diga
    y cuanto él más lo encubre muy mayor daño la hacía.
    Muchos médicos le curan ninguno la causa atina
    uno, tomándole el pulso la reina que á verlo iba,
    alteróse al punto tanto, que el medicó la entendía
    fuese luego para el Rey desta manera decía
    diciendo: sepa su alteza que Antioco moriría
    su mal no lleva remedio que por mi mujer moría
    y yo no se la daré aunque me cueste la vida.
    Mucho le regala el Rey dale ciudades y villas.
    Dijo el médico: Señor si como es la mujer mía
    fuese la tuya, el buen rey dime si se la darías.

    Además de la balada anterior es también importante su presencia en la música, especialmente entre las óperas:  la de Cavalli de 1658, Legrenzi de 1681, Hasse de 1721; también los músicos, Christoph Graupner (1708), Honoré Langlé (1786) y Dmitry Bortniansky (1787), entre otros, escribieron óperas sobre el complicado amor de Antíoco y Estratonice, en las que el médico Erasístrato desempeña un papel fundamental. Aunque la ópera más famosa, sin duda, es la Stratonice que Étienne-Nicolas Méhul/Hoffmann estrenaron en 1792.

    Igualmente poderosa y reiterativa es su presencia en la pintura. Ya del siglo XV tenemos un cassone o cajón o arca de la escuela de Gozzoli. Pietro de Cortona introduce en la Sala di Venere del Palazzo Pitti (1641-42) la escena del lecho del hijo, en la que hay una inscripción que dice: “El hijo ama pero calla, el médico es ingenioso, el padre indulgente” “Filius amans et silens. Vafer medicus. Pater indulgens”. Theodoor van Thulden había escrito en un cuado similar “Prudentia relevant amorem”, “con su prudencia ayudan al amor”

    El flamenco  Lairesse tene dos cuadros con este motivo, uno de los cuales lo comentó  entusiásticamente Winckelmann en los Sendschreiben über die Gedanken von der Nachahmung der griechischen Werke in der Malerei un Bildhauerkunst, de 1756, pag. 76-80. Quizás se refiera también a uno de estos cuadros la amención que hace Goethe en “Años de aprendizaje de Wilheml Meister”

    Otros muchos pintores siguen esta tradición, como Felice Ficherelli (1603-1660), Steen (ca. 1670), Lairesse en cuatro ocasiones (ca. 1673), Antonio Bellucci (1654-1726), Adriaen van der Werff (1659-1722),  Ricci (c.1680), Celesti (finales del XVII), Pittoni (ca. 1732), Johann Eleazar Schenau (1737-1806), Gaspare Diziani (1689-1767), Pompeo Batoni (1746), West (1772), Jacques-Antoine Vallin (1760-1831) o Alexandre-Charles Guillemot (1786-1831) David (1774), Barry (1774), J.Zick, (ca.1795), Girodet (ca. 1795), Guillenet (1808), Ingres (1840). Incluso hoy en día sigue siendo productivo este motivo.

    De todas estas pinturas reproduzco el muy famoso de David, el pintor de la Revolución Francesa.

    David. Antíoco y Estrtonice

    Otros textos

    Apiano en Sobre Siria,Libro XI, 59-61:

    Esto es lo que oído acerca de Seleucia. Seleuco, en vida, designó a su hijo Antíoco para que reinara, en su lugar, en Asia interior. Si a alguien le parece este rasgo un acto de magnanimidad digno de un rey, todavía más noble y sabio fue su comportamiento respecto a la pasión amorosa de su hijo y a la temperancia con que éste la llevó. Pues Antíoco estaba enamorado de Estratonice, la esposa de Seleuco, que era su madrastra y había tenido ya un hijo de aquel. Sin embargo, reconociendo la iniquidad de su pasión, no cometió ninguna vileza ni exteriorizó sus sentimientos, sino que cayó enfermo, se abandonó y consentía voluntariamente en morir. Ni siquiera el eminentísimo médico Erasístrato, que servía a Seleuco a cambio de unas retribuciones muy elevadas, pudo dar un diagnóstico de su dolencia. Finalmente, al observar que su cuerpo estaba libre de cualquier síntoma de enfermedad, conjeturó que su mal era del alma, de cuya salud o enfermedad se contagia el cuerpo. Ahora bien, la tristeza, la ira y las otras pasiones se suelen confesar y, sin embargo, el amor se oculta por recato. Pero, como ni aun así le dijo Antíoco una sola palabra cuando trató de averiguarlo con insistencia de forma confidencial, tomó asiento a su lado y se puso a observar qué alteraciones experimentaba el cuerpo aquel ante cada una de las personas que entraban en su habitación. Y descubrió que, en presencia de las demás personas, su cuerpo permanecía siempre ajado y consumido por igual, pero que, cuando Estratonice iba a visitarlo, su mente se conturbaba entonces al máximo a causa del pudor y la conciencia, y no emitía palabra alguna, y, sin embargo, su cuerpo, en contra de su voluntad, se tornaba más vigoroso y lleno de vida, y, de nuevo al marcharse ella, se debilitaba. Así que el médico dijo a Seleuco que su hijo padecía un mal incurable. Y, cuando el rey, presa de un vivo dolor, prorrumpió en gritos, añadió: “Su enfermedad es amor, y amor por una mujer, pero un amor imposible.”
    Seleuco estaba estupefacto ante el hecho de que él, el rey de Asia, no pudiera convencer a una mujer para contraer matrimonio con un hijo tal con ruegos, riquezas, regalos y con la totalidad de un reino tan grande, que le correspondía por herencia a su hijo enfermo y que, incluso, le sería entregado ahora, a cambio de su salvación, si alguien lo deseaba. Quiso tan sólo saber quién era la mujer, y Erasístrto le dijo: “Está enamorado de mi esposa.” Y Seleuco dijo: “Y bien, mi buen amigo, ya que estás tan ligado a nosotros por vínculos de amistad y de gratitud y te cuentas por tu honestidad y sapiencia entre una minoría, ¿no salvarás para mí a un hombre joven y de sangre real, hijo de un amigo y de un rey, desafortunado en amor, pero virtuoso, ya que oculta su mal y prefiere para sí mismo la muerte, sino que despreciarás hasta tal punto a Antíoco y, además de él, a Seleuco?” Pero Erasístrato se resistió y contestó con un argumento irrebatible, al parecer: “Ni siquiera tú, a pesar de ser su padre, si Antíoco estuviera enamorado de tu mujer, se la cederías a él.” Entonces Seleuco juró por todos los dioses de su casa real que de grado y gustoso, en verdad, se la cedería y sería un hermoso ejemplo de la bondad de un buen padre para con la castidad y templanza de su hijo, no merecedor de tal desventura. Muchas más cosas añadió del mismo calibre y, finalmente, empezó a lamentarse de que no pudiera ser él  el médico para su desdichado hijo.
    Y éste, en cuanto se percató de que el celo del rey era real y no fingido, le reveló la naturaleza de la enfermedad y le explicó de qué manera la había descubierto. Seleuco se llenó de alegría, pero tuvo gran dificultad para convencer a su hijo y a su propia esposa. Y, cuando lo hubo logrado, reunió a su ejército, que tal vez intuía ya algo de lo que pasaba, les enunció sus hechos de armas y les dijo que había agrandado su reino en una extensión con mucho a la de cualquiera de los sucesores de Alejandro y que, por ello, a causa de la magnitud del mismo, le resultaba difícil de gobernar a su avanzada edad. “Quiero –dijo- dividirlo en interés de vuestra seguridad futura y entregar, en este momento, una parte del mismo a mis seres más queridos. Y es justo que todos vosotros cooperéis conmigo en todo, vosotros que os habéis engrandecido bajo mi guía hasta un grado tan grande de dominio y de poder después de Alejandro. Mis seres más querido y dignos de mi reino son mi hijo que está ya en edad adulta y mi esposa. Ojalá que tengan pronto hijos, puesto que son jóvenes, y así tengáis más guardianes del reino. Los uniré a ambos en matrimonio en presencia vuestra y los enviaré como reyes, desde este momento, de los pueblos del interior. Y no os impongo costumbres de los persas y de otros pueblos, más que esa ley común a todos, a saber, que siempre es justo lo que establece el rey”. Estas fueron sus palabra y el ejército lo aclamó como el más grande rey de entre los sucesores de Alejandro y el padre más excelente. Y Seleuco, tras hacer las mismas consideraciones a Estrtonice y a su hijo, los unió en matrimonio y los envió a su reino, realizando una acción más gloriosa y de mayor entereza que las que llevó a cabo con las armas. (Traducción de Antonio Sancho Royo. Edit. Gredos, 1980)

    ………..
    Valerio Máximo Historia de los hechos y dichos memorables, 5, 7 ext.

    Para pasar a hechos más agradables, narraremos que Antioco, hijo del rey Seleuco, abrasado por un irresistible amor hacia su madrastra Estratonice, como era consciente de lo deshonesto de su pasión,intentaba ocultar con piadoso disimulo la impía herida de su corazón. De este modo, la existencia de esos sentimientos contrapuestos encerrados en sus entrañas, su ardiente pasión y su extrema honestidad, le hicieron caer  gravemente enfermo. Yacía, pues, en el lecho como moribundo, sus familiares lloraban, su padre, lleno de dolor, lamentaba la muerte de su único hijo y la soledad que le aguardaba. Todo el palacio mostraba un rostro más fúnebre que regio.
    Pero la intuición del matemático Leptines o, según cuentan algunos, del médico Erasístrato, ayudó a disipar ese velo de tristeza. Pues,mientras estaba sentado junto a Antíoco, observó que éste, al entrar Estratonice en su cuarto, recuperaba el color y se le aceleraba la respiración, mientras que cuando ella salía, palidecía de nuevo y respiraba con más fatiga, detalle que le llevó a suponer la verdad. Así pues, cada vez que Estratonice entraba o salía, cogía con  disimulo el brazo del enfermo y le tomaba el pulso, que se aceleraba y disminuía alternativamente, hasta que descubrió el mal que afectaba al joven. Acto seguido se lo comunicó a Seleuco, quien no dudó en ceder su amada esposa a su hijo, y consideró un hecho afortunado el que este se hubiese enamorado de ella, achacando al pudor de Antioco el que hubiese disimulado casi hasta la muerte
    . (Traducción de Santiago López Moreda, Mª Luisa Harto Trujillo y Joaquín Villalba Alvarez. Edit. Gredos. 2003)

    VALERI MAXIMI FACTORVM ET DICTORVM MEMORABILIVM LIBER V, 7 ext.

    5.7.ext.1 Ceterum ut ad iucundiora cognitu ueniamus, Seleuci regis filius Antiochus nouercae Stratonices infinito amore correptus, memor quam inprobis facibus arderet, impium pectoris uulnus pia dissimulatione contegebat. itaque diuersi adfectus isdem uisceribus ac medullis inclusi, summa cupiditas et maxima uerecundia, ad ultimam tabem corpus eius redegerunt. iacebat ipse in lectulo moribundo similis, lamentabantur necessarii, pater maerore prostratus de obitu unici filii deque sua miserrima orbitate cogitabat, totius domus funebris magis quam regius erat uultus. sed hanc tristitiae nubem Leptinis mathematici uel, ut quidam tradunt, Erasistrati medici prouidentia discussit: iuxta enim Antiochum sedens, ut eum ad introitum Stratonices rubore perfundi et spiritu increbrescere eaque egrediente pallere et ~ excitatiorem anhelitum subinde recuperare animaduertit, curiosiore obseruatione ad ipsam ueritatem penetrauit: intrante enim Stratonice et rursus abeunte brachium adulescentis dissimulanter adprehendendo modo uegetiore modo languidiore pulsu uenarum conperit cuius morbi aeger esset, protinusque id Seleuco exposuit. qui carissima sibi coniuge filio cedere non dubitauit, quod in amorem incidisset, fortunae acceptum referens, quod dissimulare eum ad mortem usque paratus esset, ipsius pudori inputans. subiciatur animis senex, rex, amans: iam patebit quam multa quamque difficilia paterni adfectus indulgentia superarit.
     

  • Algunas notas sobre los “Reyes Magos”

    Una de las fiestas más arraigadas en la vida popular y religiosa cristiana es la “adoración de los tres Reyes Magos”. En esta fiesta confluyen numerosos elementos de diverso origen religioso y cultural. Recordemos la efervescencia religiosa de la época del Imperio Romano, época en la que precisamente nació Jesús, favorecedora de todo sincretismo. A la religión cristiana se han incorporado muchos elementos de religiones orientales de Caldea, Mesopotamia, Persia, Asia Menor, Egipto, Judea y sobre todo de la grecorromana y del pensamiento filosófico. En todas estas religiones sincréticas es muy importante el componente astral, muy desarrollado entre los caldeos de Mesopotamia.

    Voy a intentar profundizar un poco más en la festividad e iconografía de la “adoración de los magos”, una de las escenas más utilizada por el cristianismo desde los primeros siglos.

    La festividad de Reyes es una de las epifanías (del griego επιφάνεια, epifaneia, «manifestación», compuesto  de ἐπί- ,epi-, encima, sobre,  y el verbo φαινεῖν, fainein, aparecer, mostrarse), o manifestación del dios hecho hombre. Las otras epifanías son el bautismo de Jesús en el río Jordán y el milagro de las bodas de Caná.

    El texto base esencial es la  referencia que se hace en el evangelio de San Mateo, única en los cuatro evangelios canónicos (porque forman parte de la norma o “canon” cristiano); tres de ellos, Mateo, Marcos, Lucas,  son llamados también sinópticos (del griego συν, syn, con, junto, y οψις, opsis, visión,; es decir se puede hacer de ellos una visión paralela)  porque presentan entre ellos muchas coincidencias, aunque también notables diferencias, como esta de la adoración de los magos de oriente. Este evangelio  de San Mateo se conserva en griego y suele datarse como  no anterior al año 80, es decir  50 o 60 años posteriores a la muerte de Cristo. Existe una hipótesis que considera la existencia de una primera versión en arameo, basándose en una cita de Eusebio de Césarea (que vivió aproximadamente entre el 265  y el  339), referida a Papías de Hierápolis (que vivió entre el 69 y el 150). 

    El texto de San Mateo, 2, 1-12 dice:

    Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,  diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.  Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.  Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

    “Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
    No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
    Porque de ti saldrá un guiador,
    Que apacentará a mi pueblo Israel.”

    Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;  y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

    El texto latino dice así:

    Cum autem natus esset Iesus in Bethlehem Iudaeae in diebus Herodis regis, ecce Magi ab oriente venerunt Hierosolymam dicentes: “ Ubi est, qui natus est, rex Iudaeorum? Vidimus enim stellam eius in oriente et venimus adorare eum ”.  Audiens autem Herodes rex turbatus est et omnis Hierosolyma cum illo;  et congregans omnes principes sacerdotum et scribas populi, sciscitabatur ab eis ubi Christus nasceretur.  At illi dixerunt ei: “ In Bethlehem Iudaeae. Sic enim scriptum est per prophetam:

    "Et tu, Bethlehem terra Iudae,
    nequaquam minima es in principibus Iudae;
    ex te enim exiet dux,
    qui reget populum meum Israel" ”.

    Tunc Herodes, clam vocatis Magis, diligenter didicit ab eis tempus stellae, quae apparuit eis;  et mittens illos in Bethlehem dixit: “ Ite et interrogate diligenter de puero; et cum inveneritis, renuntiate mihi, ut et ego veniens adorem eum ”.  Qui cum audissent regem, abierunt. Et ecce stella, quam viderant in oriente, antecedebat eos, usque dum veniens staret supra, ubi erat puer.  Videntes autem stellam gavisi sunt gaudio magno valde.  Et intrantes domum viderunt puerum cum Maria matre eius, et procidentes adoraverunt eum; et apertis thesauris suis, obtulerunt ei munera, aurum et tus et myrrham. Et responso accepto in somnis, ne redirent ad Herodem, per aliam viam reversi sunt in regionem suam.

    Es necesario notar que el texto habla simplemente de “unos magos del Oriente” y no de “tres reyes” magos, precisión numérica y nominal que se añadirá posteriormente.

    En segundo lugar es una estrella la que anuncia el nacimiento. Como es sabido, se ha teorizado ampliamente sobre las características de esta estrella: ¿un cometa?, ¿una supernova?, ¿conjunción de varios astros? ¿un meteoro?.

    Ya Orígenes, (185  o 186- 254 o 255), exégeta (del griego ἐξηγητή , intérprete, y éste de ἐξηγεομαι, exegueomai, ‘explicar’ interpretar) pensó que era un cometa.

    En la sociedad oriental y por su influjo en la grecorromana, las estrellas y los fenómenos atmosféricos y celestes son signos de los dioses. Desde luego, en el mundo antiguo los cometas eran signos inequívocos de algún acontecimiento importante; los nacimientos de Mitrídates y de Augusto también fueron precedidos de la aparición de un cometa.

    Justino Frontino, historiador romano del siglo II, nos informa a propósito del rey Mitrídates en sus Historias Filípicas, Historiarum Philippicarum, XXXVII, 2:

    Prodigios celestes habían predicho también su futura grandeza (de Mitrídates), pues en el año en el que nació y en el que comenzó a reinar, una estrella cometa lució permanentemente durante setenta días, de tal forma que parecía que ardía todo el cielo. Ocupaba con su dimensión la cuarta parte del cielo y superaba con su fulgor al resplandor del sol. En salir y en ponerse consumía el espacio de cuatro horas.

    II. Huius futuram magnitudinem etiam caelestia ostenta praedixerant. 2 Nam et eo quo genitus est anno et eo quo regnare primum coepit stella cometes per utrumque tempus LXX diebus ita luxit, ut caelum omne conflagrare videretur. 3 Nam et magnitudine sui quartam partem caeli occupaverat et fulgore sui solis nitorem vicerat; et cum oreretur occumberetque, IV horarum spatium consumebat.

    Virgilio en su Eneida, 10, 272 hace una referencia a los cometas:

    De manera no distinta a como cuando en la clara noche
    los sanguíneos cometas enrojecen lúgubremente
    o nace el ardoroso Sirio trayendo la sed y las enfermedades
    a los débiles mortales y entristece el cielo con su siniestra luz.

    non secus ac liquida siquando nocte cometae
    sanguinei lugubre rubent aut Sirius ardor,
    ille sitim morbosque ferens mortalibus aegris,
    nascitur et laevo contristat lumine caelum.

    Pues bien, el gramático Servio, comentando el pasaje,  nos dice  en sus Comentarios a la Eneida X, 272

    Si éste mira a oriente, significa cosas alegres para esa parte; si a mediodía, alegrías para África y Egipto; si mira a occidente, la tierra de Italia será la que consiga su favor. Se dice que éste (el cometa) apareció en el momento en que Augusto consiguió el mando; entonces se anunciaron para todos los pueblos futuras alegrías.

    qui si orientem attenderit, laetas res ipsi parti significat; si meridiem, Africae aut Aegypto gaudia; si occidentem inspexerit, terra Italia voti sui compos erit. hic dicitur apparuisse eo tempore quo est Augustus sortitus imperium; tunc denique gaudia omnibus gentibus futura sunt nuntiata.

    En este contexto es fácil comprender el texto en el que Orígenes (184/185 – 253/254) asegura que la estrella de Belén fue un cometa y que su aparición es absolutamente lógica:

    Contra Celso 1, 58-59:

    “…yo creo que la estrella que apareció en el este era una estrella nueva, en nada parecida a las que vemos ordinariamente, ni a las que vemos en el firmamento ni a las de  las órbitas inferiores, sino que, más bien, estaba en el tipo  de los cometas que aparecen ocasionalmente, o de los meteoros, o estrellas con barba o con pelo o de cualquier otro nombre con el que a los griegos les gusta describir sus formas. Concreto este punto como sigue:

    Se ha observado que en los grandes acontecimientos y en los más importantes  cambios de la historia, aparecen estrellas de este tipo que significan cambios de dinastías, o  guerras  o sucesos entre los hombres que tienen el efecto de trastornar los asuntos del mundo. Hemos leído en el libro de los cometas del estoico  Cheremon  cómo algunas veces  han aparecido cometas incluso cuando estaba a punto de suceder un suceso nuevo; y él nos hace una relación de ellos.  Así pues, si un cometa, como se le llama, o alguna otra estrella parecida, aparece cuando surge una nueva monarquía o se produce algún importante suceso sobre la tierra,  por qué ha de extrañarnos de que haya aparecido una nueva estrella con el nacimiento de un hombre que existe  para introducir nuevas ideas en la raza humana y para traer una doctrina no sólo a los Judíos, sino también a los griegos y también  a muchas naciones extranjeras?

    Curiosamente estas creencias en los cometas como nuncios de eventos positivos o negativos  se mantienen hasta el día de hoy y se renuevan cada vez que se anuncia la proximidad de estos astros.

    Muchos años después, el astrónomo Johannes Kepler (1571-1630),  relacionó la estrella del Evangelio de Mateo con la conjunción en el año 7 a.C. de los planetas Júpiter y Saturno.

    De entonces a hoy no han dejado de aparecer hipótesis que intentan explicar la aparición en el firmamento de esta luz especial, en cuya consideración no entro porque ya lo hacen astrónomos de elevado prestigio.

    En relación con este episodio de la adoración de los magos es necesario primero precisar también quiénes son los magos.

    Como en otro artículo de este blog comenté, el término  magos, magus, mago, μάγοι no es de origen griego sino iranio. En griego tiene el doble significado de charlatanes que embaucan con su “magia”, pero también y sobre todo el de sacerdotes con una peculiar función. Las creencias religiosas persas primitivas y otras propias del zoroastrismo conciben el mundo lleno de démones y espíritus.  Las almas de los difuntos, separadas del cuerpo, ascienden al cielo, o mejor, a los cielos, porque son varios. En ese viaje de ascenso  es muy importante la acción ritual y los sacrificios de los “magos”.  Estos sacerdotes son además expertos y estudiosos del firmamento y de las relaciones astrales, y por tanto astrónomos, astrólogos (son términos similares en el mundo antiguo) y matemáticos,  a los que los santos padres de la Iglesia siempre consideraron como personas honorables.

    Véase https://www.antiquitatem.com/reyes-magos-tiridates-neron-epifania

    El término también tenía, como decía, la connotación negativa de farsante y charlatán que trata con los demonios. Recuérdese lo contado en “Hechos de los Apóstoles 3:9”, en que  se repudia a un farsante, apodado Simón el Mago, al que se enfrenta el  apóstol Pedro, cuyo poder  venía del Espíritu Santo.

    Incluso el propio Jesús era él mismo un extraordinario mago y su poder logró vencer a la magia  de los demonios, sin recurrir a hechizos ni encantamientos, sino actuando en su propio nombre.  Por eso en el primitivo arte cristiano se representa a Jesús como taumaturgo (del griego  θαυματουργός thaumaturgous, diestro, hábil, de θαῦμα, thauma, cosa maravillosa, y ἔργον, ergon, trabajo), o persona  que realiza milagros, con una vara y con el gesto de su mano como hacen los magos.

    Desde este punto de vista, los magos de Mateo serían verdaderos magos que se postraron y cedieron su poder ante el poder superior de Jesús. Es evidente la intención del evangelista de mostrar cómo los magos, luego convertidos en reyes de este mundo, rinden adoración al hijo de Dios, en un mundo en el que la magia y el conocimiento de los astros tienen una presencia importante.

    Del eco “social” de los “magos” nos da idea el episodio de la visita de Tiridates, rey de Armenia, y también mago, al emperador Nerón. Esta visita la comenté  en el artículo al que hace referencia el hipervínculo anterior. Hay quien ha pensado que fue precisamente esa visita la que sirvió de modelo para la visita de los “magos” al niño de Belén.

    Un elemento esencial es que la ofrenda de los magos es de tres productos muy valiosos en el mundo antiguo: el oro, siempre caro, el incienso de valor similar al del oro, utilizado como perfume y elemento ritual, y la mirra, cuyo valor era muy superior al de los otros dos, utilizada en el embalsamamiento de los cuerpos de los difuntos. En el mazdeísmo, también a Ahura Mazda se le ofrece oro, incienso y mirra. Veremos cómo son varios los elementos que relacionan el episodio con el mazdeísmo y el mitraismo.

    Sobre la relación entre el “mitraismo” y el “cristianismo” he publicado un reciente artículo. Véase:  https://www.antiquitatem.com/mitraismo-cristianismo-solsticio . En él comentaba cómo el culto de Mitra se realiza en cuevas o en templos subterráneos o que simulan una cueva. Pues bien, en Occidente se suele ubicar el nacimiento de Jesús en un portal o pesebre pero en Oriente el lugar es una cueva, probablemente por influjo de la cueva mitraica.

    De igual manera el episodio de la adoración de los pastores es probablemente un reflejo de un acto similar de los pastores con Mitra.

    Ahora bien, donde el influjo es evidente, es decir, se ve con los ojos,  es en la iconografía de los reyes magos. En primer lugar conviene precisar que no siempre fueron tres; en ocasiones aparecen representados dos, seis, ocho  y  hasta doce, como ocurre en los ritos siriacos y armenios. Es decir, el número de tres no tiene ningún soporte en las Sagradas Escrituras.

    En las catacumbas de Santa Priscila se conserva la pintura más antigua y en ella aparecen tres. Los frescos de esta catumba van desde la mediados del siglo II a mediados del siglo III.

    En la catacumba de Pedro y Marcelino aparecen representados dos y son del siglo IV.

    En el siglo tercero, el teólogo Orígenes (185-253) indicó que los Reyes Magos eran tres, pues al fin y al cabo son tres los regalos que se nombran en el Evangelio de San Mateo: oro, incienso y mirra, cifra que luego refrenda el papa San León Magno (León I el Grande) y que se impone hasta el día de hoy, probablemente para hacerla coincidir con los tres regalos y probablemente para simbolizar a los tres continentes entonces conocidos: Europa, Asia y Africa, como expresamente dice en la Edad Media el Pseudo Beda (ca. 672 – 27 de mayo de 735) en su In Matthaei Evangelium , cap.  II, relacionándolos también con los tres hijos de Noé:

    Místicamente pues los tres Magos simbolizan las tres partes del mundo, Asia, África y Europa o al género humano, que tomó su origen en los tres hijos de Noé.

    Mystice autem tres Magi, tres partes mundi significant,Asiam, Africam, Europam, sive humanum genus, quod a tribus filiis Noe seminarium sumpsit

    Cómo decía, el papa San León Magno (circa 390 – 461) ratificó la cifra de tres, que es la que con más frecuencia se repite en las representaciones. Dice en su Tratado o Sermón 31, en la Festividad de la Epifanía 1:

    Así pues,  se apareció a tres  magos en la región de Oriente una estrella de un resplandor nuevo, que más brillante y hermoso que las otras estrellas, atraía fácilmente hacia ella los ojos y la atención de los que miraban, de tal manera que inmediatamente se advertía que no era sin importancia lo que tan insólito parecía.

    Así pues, el que dio la señal, dio a los espectadores la comprensión de la misma, y para hacer que fuera comprendido, hizo que fuera investigado  y, buscado, se ofreció a sí mismo para ser encontrado.

    Sancti Leonis Magni Tractatus XXXI

    Tribus igitur magis in regione orientis stella nouae claritatis apparuit, quae inlustrior ceteris pulchriorque sideribus, facile in se intuentium oculos animosque conuerteret, ut confestim aduerteretur non esse otiosum, quod tam insolitum uidebatur.
    Dedit ergo aspicientibus intellectum, qui praestitit signum, et quod fecit intellegi, fecit inquiri, et se inueniendum obtulit requisitus.

    Reproduzco dos de las  representaciones más antiguas de la escena, uno de Siracusa, en Sicilia:

    Sarcófago de Adelfa. Siracusa. Siglo IV

    Y otro más tosco de Boville Ernica en Italia, también del siglo IV y que se postula como el más antiguo.

    El pesebre bajo techado del sarcófago paleocristiano de  Boville Ernica, (Italia) del siglo  IV. 

    Pues bien, los tres reyes magos se representan desde el principio vestidos con el traje persa con el que también se representa siempre a Mitra: túnica corta, los pantalones llamados anaxyrides y el gorro frigio o pileus (objeto que en otro momento comentaré; recordemos que es un símbolo de la libertad que fue adoptado, por ejemplo, por los revolucionarios franceses y luego por otros muchos, incluidos países enteros).

    “Mithraeum” Barbeni, Roma, pintura mural. Siglo III

    En la iconografía romana de Oriente, por ejemplo del pedestal del obelisco de Teodosio en Constantinopla, de finales del siglo IV,  en el que los bárbaros prestan tributo al emperador con sus hijos Arcadio y Honorio y su esposa Gala, a los persas se les representa con este traje y a los tracios con pieles.

    Esta vestimenta persa de los tres magos es la que aparece en toda su definición en el Sarcófago de Isacio – San Vital, Rávena, Siglo IV o V, en el que la Virgen María se ha convertido en el trono vivo del Niño Jesús. Los tres Magos parecen la repetición de una misma figura, lo que algunos expertos interpretan como reflejo de algunas fórmulas mágicas en las que los elementos se repiten tres veces.

    Una escena similar, un tanto tosca es la del sarcófago de Aurelio, de la catacumba de San Lorenzo Fuori le Mura – Roma, del siglo IV, ahora en el Museo del Vaticano.

    La repetición mecánica y tal vez mágica de los tres reyes absolutamente iguales se aprecia mejor en este otro ejemplo

    Esta vestimenta se mantuvo durante mucho tiempo, como prueban las diversas representaciones existentes en plena Edad Media, lo que es prueba de la persistencia de los ritos y mitos.

    Hay una tradición o leyenda referida a la invasión y conquista de Palestina por el rey persa de la dinastía sasánida Cosroes II en el año 614. Su general Shahrbaraz, impresionado por la vestimenta de los magos en los mosaicos que la adornan, ordenó no destruir la famosa basilica de la Natividad de Belén; interpretó que la figura representaba a los suyos, a los persas.

    No deja de ser una leyenda, que probablemente invalidan la datación de los mosaicos, pero que expresa la conciencia generalizada de que los magos vinieron de Oriente, de Persia.  Lo que resulta inadmisible que en centenares de referencias en internet, incluidos algunos libros con pretensión de seriedad refrendados por alguna universidad, se refiera esta anécdota a las iglesias bizantinas de Rávena, en Italia, de las que más abajo hablaré. ¿Cómo explicar una supuesta invasión de Italia por los persas sasánidas en el año 614?

    La conversión de los magos en reyes, o mejor, el sincretismo una vez más de magos y reyes,  se debió sin duda al deseo de materializar los versos del salmo 72, 9-11:

    Que se inclinen ante él las tribus del desierto, y sus enemigos muerdan el polvo.
    Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos.
    Que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones.

    Fue Tertuliano quien encontró la relación con el salmo y dio pie a la conversión con la frase “nam et Magos reges habuit fere oriens”, “pues todo el Oriente tuvo a los Magos por reyes”, que aparece en su obra Adversus Marcionem (Contra Marción) III,13:

    Queden pues aquellos Magos orientales ofreciendo al recién nacido Cristo en su infancia el oro y el incienso, y así un niño conseguirá la fuerza de Damasco sin guerra y sin armas. Pues además de lo que es conocido por todos, que el valor de oriente, esto es, su fuerza y su poder, suele fundamentarse en el oro y los perfumes, ciertamente el creador tiene la fuerza de otorgar  también el oro de los restantes pueblos, según dice Zacarías: “Y Judá acampará junto a Jerusalén y congregará  todo el poder de los pueblos de alrededor, su oro y su plata”. También David se refiere a ese regalo de oro: “Y se dará a él el oro de Arabia” y otra vez: “Los reyes de los Árabes y de Saba le ofrecerán regalos”, pues casi todo Oriente consideró a los Magos como reyes, y Damasco se consideraba antiguamente parte de Arabia, antes de que fuera adscrita a Siriofenicia de acuerdo con la división de las Sirias (por Roma). Entonces Cristo recibió su riqueza al recibir sus símbolos, es decir, el oro y los perfumes; mientras que el botín de Samaria eran los propios Magos, que cuando lo conocieron también lo honraron con sus regalos y lo adoraron con la rodilla en tierra como a un dios y rey, por el testimonio de la estrella que se lo indicaba y los conducía; ellos fueron, pues, los despojos  de Samaria, esto es, de la idolatría, ya que ellos creían en Cristo.

    Maneant autem orientales illi Magi in infantia Christum recentem auro et ture munerantes, et acceperit infans virtutem Damasci sine proelio et armis. [7] Nam praeter quod omnibus notum est, orientis virtutem, id est vim et vires, auro et odoribus pollere solitam, certe est creatori virtutem ceterarum quoque gentium aurum constituere, sicut per Zachariam, Et Iudas praetendet apud Hierusalem et congregabit omnem valentiam populorum per circuitum, aurum et argentum. [8] De illo autem tunc auri munere etiam David, Et dabitur illi ex auro Arabiae; et rursus, Reges Arabum et Saba munera offerent illi. Nam et Magos reges habuit fere oriens, et Damascus Arabiae retro deputabatur, antequam transcripta esset in Syrophoenicen ex distinctione Syriarum, cuius tunc virtutem Christus accepit, accipiendo insignia eius, aurum scilicet et odores; spolia autem Samariae ipsos Magos, qui cum illum cognovissent et muneribus honorassent et genu posito adorassent quasi deum et regem sub testimonio indicis et ducis stellae, spolia sunt facti Samariae, id est idololatriae, credentes videlicet in Christum.

    A partir de la interpretación de Tertuliano comenzó la identificación de los magos con reyes.  Luego, mucho más tarde, se sustituyeron los gorros frigios con que se los representaba originalmente por coronas sobre sus cabezas e incluso se les vistió con ropajes de cada época, como suele hacerse en el arte.

    El texto de Tertuliano evidencia el interés apologético de este episodio de la adoración de los Magos al establecer el reconocimiento del Mesías por los magos, por los gentiles, por los paganos  de todos los pueblos de la tierra de los tres continentes conocidos.

    Los nombres de los tres también ha sido elemento de debate y opinión. Los griegos los llamaron Appellicon, Amerín y Damascón. Los judíos Magalath, Galgalath y Serafín. Los sirios Larvandad, Hormisdas y Gushnasaph. Los etíopes Tanisuram, Malik y Sissebd.

    La primera vez que en occidente surge el nombre con el que hoy conocemos a los Magos es en la inscripción contenida en el friso de la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). Son unos mosaicos s de mediados del siglo VI que representan la procesión de las Vírgenes, precedida por tres personajes vestidos a la moda persa, con el gorro frigio que llevan una ofrenda. Sobre sus cabezas leemos los tres nombres  Melchor, Gaspar, Baltasar. El Martirologio romano menciona a San Gaspar el 1 de Enero, San Melchor el día 6 y San Baltasar el 11 (Acta SS., I, 8, 323, 664). En los manuscritos aparecen por primera vez en uno conservado en París del siglo VII con los nombres de  Bithisarea, Melichior y Guthaspa.

    La etimología de estos nombres no es clara. Hay quien piensa que Melchor podría tener origen acadio y significar “rey”; Baltasar podría derivar del persa y acadio Baal-hashahr, “Baal es rey”; de Gaspar se desconoce el origen.

    Luego se relacionaron con los hijos de NoéCam con Baltasar, Sem con Gaspar  y Jafet con Melchor o Melkon.

    En la representación del sarcófago de Adelfa en Siracusa y en el de Boville Ernica aparecen otros dos elementos, el buey y la mula o el asno, que han obtenido un éxito absoluto en las representaciones posteriores del “portal del Belén”. La presencia de estos animales hace referencia, como señalan los santos padres, a las profecía de Abacud y sobre todo a la de Isaías.

    Abacud : “El señor será reconocido en medio de dos animales”

    Isaías: “el buey conoce a su propietario y el asno el presepio de su patrón, pero Israel no me conoce y mi pueblo no me entiende”.

    En todo caso reconozco que los detalles de los nombres y de la presencia del buey y del asno o de la mula no son cuestiones que yo haya estudiado suficientemente ni de las que tenga un amplio conocimiento.

    En la celebración del día de los reyes confluyen también otros elementos diversos. Así al final de las Saturnales, en las que se hacían regalos entre las personas  (véase https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial l ) se celebraban las Sigillaria, fiestas en las que se regalaba a los niños pequeñas figuras de cerámica, que se adquirían en un mercadillo preparad al efecto. Detalle curioso este de los mercadillos, que todavía se celebran por todas partes en estas fechas.

    Aunque el origen de la fiesta puede ser otro, la vinculación de estas figurillas con la infancia queda atestiguado por Macrobio en sus Saturnales,1, 11:

    “…incluso ahora  (Pretextato) pretende que las Sigilares, que ofrecen diversión a la infancia que todavía gatea con sus figuritas de arcilla, sean referidas a una práctica religiosa”

    vel nunc Sigillaria, quae lusum reptanti adhuc infantiae oscillis fictilibus praebent, temptat officio religionis ascribere,

    También Séneca en Cartas a Lucilio, 12, 3 dice:

    Pero él dijo: ¿No meconoces? Soy yo, Felicio, tu favorito, a quien solías regalar estatuillas; yo soy el hijo de tu mayordomo Filostio, tu pequeño, tu alegría.

    " At ille "Non cognoscis me ?" inquit. " Ego sum Felicio, cui solebas sigillaria adferre. Ego sum Philositi vilici filius, deliciolum tuum."

    Además en Roma, en el  primer día del año se celebraban las fiestas de la diosa “Strenia”, a la que se hacían ofrendas y regalos que también se extendieron a los amigos. La festividad puede tener un origen céltico. Del nombre de la diosa deriva el sustantivo latino “strena”, dádiva, que ha dado nuestro sustantivo estrena y nuestro verbo “estrenar”.

    Por otra parte de la palabra “epifanía”  deriva la italiana “befana”, que designa a una anciana  que en la noche del día 5 al 6 regala caramelo y chocolate a los niños que se han portado bien y carbón a los que se han portado mal. El origen de esta fiesta agraria está relacionado con la muerte del año viejo y el advenimiento del nuevo año.

    Hay otro hecho que nos sirve para conocer mejor el entorno astral en el que se desarrollan durante mucho tiempo, incluso hoy en día, las religiones de todos los tiempos. Como repetidamente he explicado, en torno al día 25 de Diciembre se produce el solsticio de invierno. Si hasta ese día las horas de sol o de luz de cada día han ido disminuyendo, a partir de ese momento se invierte el proceso y el tiempo de sol y de luz comienza a crecer. Por eso a ese día se le llama el “dies natalis solis invicit”, “día del nacimiento del sol invencible”.

    Pues bien, en esas fechas se produce en el firmamento la alineación la estrella Sirio con las tres estrellas del cinturón de Orión, con las Pléyades y el sol.

     Imagen tomada de http://asteromia.net/estrellas/estrellas-sirio.html

    A alguien se le ocurrió considerar que las tres estrellas del cinturón de Orión eran los tres reyes magos que anunciaban el nacimiento de Cristo y como tales se les conoce. Ahora bien, esta no es una identificación de época antigua sino medieval; no he encontrado ni una sola referencia en los tratados de astronomía antigua en que se denomine así a estas tres estrellas. Pero independientemente de su antigüedad, el hecho de que así se les nombre desde la Edad Media hasta nuestros días es una prueba de la facilidad con que los humanos tendemos a proyectar en el firmamento nuestras creencias y mitos.

    A estas tres estrellas del cinturón de Orión también se les llama las Tres Marías..

    Todo este episodio de los “tres reyes magos” es, pues,  un ejemplo bien evidente del sincretismo que se produce en la conformación de los mitos, creencias y ritos y de la fuerza con la que perviven durante miles de años.

  • Mitra, dios del sol, nació el 25 de Diciembre, día del solsticio de invierno

    En la noche del día 24 al 25 de Diciembre se celebra en Occidente el nacimiento de Cristo. Pero no siempre fue así ni hoy lo es en todo el mundo cristiano; hasta el siglo IV se celebraba el día 6 de enero y así se sigue haciendo en oriente, entre los ortodoxos.

    El día 25 de diciembre se produce el solsticio de invierno; es el momento en el que en el hemisferio norte el día es más corto y la noche más larga. Pero a partir de este momento el día comienza a crecer y por ello este día se celebraba el “dies natalis invicti solis”, “el día del nacimiento del sol invencible”.

    Ese sol invencible es el dios Mitra, cuyo culto y devoción compitió con el Cristianismo, con el que tiene indudables semejanzas.

    A este tema he dedicado ya en este blog un artículo: https://www.antiquitatem.com/cristo-nacio-antes

    He dedicado también otro a comentar algunos aspectos de los ritos y celebración de nuestra Navidad, incluido el episodio de los llamados “reyes Magos”.

    https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial

    https://www.antiquitatem.com/reyes-magos-tiridates-neron-epifania

    El mitraismo y el cristianismo tienen muchas semejanzas y también muchas diferencias. Así lo atestiguan algunos padres y polemistas cristianos, que curiosamente nos proporcionan muchos datos de estas religiones de salvación, muchas veces secretas o semisecretas. Por lo  demás el cristianismo toma también elementos de la religión y culto a Isis y Osiris, Tammuz, Adonis, Attis, Dionisos.

    Para poder explicarnos la coexistencia de semejanzas y diferencias debemos imaginarnos el ambiente espiritual y religioso de la Roma imperial en la que coexisten todas las religiones y ritos con los que se van encontrando en su avance imperial y además el ambiente popular es muy proclive al desarrollo de las religiones y poco favorable a las posiciones ateístas. Quizás pueda servirnos de referencia el ambiente actual de algunas ciudades americanas en las que surgen todo tipo de religiones y sectas, mezcla de ritos e ideas diversas.

    Nota: Se llama sincretismo al fenómeno de mezcla, de  asimilación, de fusión   de elementos diversos en uno.  La palabra viene del griego συγκρητισμός,  synkretismos, formada del prefijo συν- syn, con, juntamente, a la vez, y tal vez del verbo κεραννυμι, kerannymi, que significaba mezclar. O tal vez, como explica Plutarco en sus Moralia, Sobre el amor fraterno (De fraterno amore), 19 se relacione con Creta y la práctica de unirse todos los cretenses frente al enemigo común. Es esta una etimología interesante que tratare en un artículo exclusivo.

    Mitra es un dios persa con al menos 4.000 años de existencia. Su existencia ha de ser anterior a la separación de indos y persas, porque este dios existe en el panteón védico de la India y existe en la religión medo-persa, desarrollando luego una evolución diferente. En la India se diluyó, se acentuó en Persia y fue preponderante en los misterios de época romana. Su primitivo libro sagrado es el Avesta.

    Es característica de esta religión la existencia de un dualismo absoluto:  había dos divinidades contrapuestas, Ahura-Mazda, dios del bien y del cielo y Ahriman, dios de las tinieblas y del infierno.  Entre uno y otro hay un mediador, Mitra, benefactor y protector de los hombres.

    El Mitra de Persia es el que muchos siglos más tarde se propagó por todo el Imperio Romano acompañando primero a las legiones romanas, llevado también por funcionarios y comerciantes, entre cuyos miembros se asentó rápidamente.

    Pero hasta llegar aquí sufrió muchos cambios y contaminaciones. En primer lugar  la primitiva religión persa y sus primitivos ritos fueron reformados por Zaratustra, al que los griegos llaman Zoroastro, dando lugar al Zoroastrismo. Fue muy afectada también  por la religión de Babilonia y los diversos pueblos de Mesopotamia, impregnándose de astrología, se extendió también por toda Asia Menor, entró en contacto con judíos y otros pueblos semitas, influyó y a su vez fue afectada por la filosofía griega, helenizándose, etc.

    En muchos casos sus dioses fueron identificados con dioses  asiáticos o griegos: Ormazd o Ahuramazda con Zeus,Ahriman con Hades, etc. Mitra permanece como tal porque no tiene equivalente en el panteón griego.  Es decir,el mismo mazdeismo es un ejemplo de sincretismo.

    El Mitraismo se extendió por todo el imperio en los primeros siglos del Imperio acompañando sobre todo a los soldados. Precisamente la vida religiosa del devoto de Mitra se concibe como una milicia y camino de perfección. No es de extrañar que tuviera notable éxito entre los legionarios. Un factor esencial, desde luego, fue el favor de los emperadores, cuyas tendencias a la deificación y justificación del poder por la divinidad, afianzaban las creencias orientales mitraicas.

    Prueba de la extensión y desarrollo de este culto es por ejemplo la existencia de numerosos reyes de la zona que se llaman Mitrídates: Ponto, Partia, Capadocia, Armenia.

    Los mitreos o templos de Mitra aparecen por todo el imperio, sobre todo asociados a campamentos de legiones romanas. En Roma existieron varios, el mayor tal vez es el que está bajo la iglesia de San Clemente junto al Coliseo.

    El Mitraismo desapareció, pero sus creencias en dos poderes antagónicos que dominan el universo, el bien y el mal, la luz y las tinieblas, permaneció en el maniqueísmo y en otras creencias como entre los bogomilitas, entre los cátaros o albigenses, etc..

    Incluso el zoroastrismo o mazdeísmo subsiste todavía en la pequeña comunidad de los parsis, antigus persas que emigraron a la Indida. Véase:https://www.antiquitatem.com/exposicion-de-cadaveres-incineracion-

    Entre el Mitraismo y el Cristianismo hay grandes semejanzas en el aspecto doctrinal y también en el ritual y en consecuencia hubo una fuerte rivalidad, de la que salió triunfante el Cristianismo a partir del siglo IV, pero como en su momento dijo el filólogo, filósofo, escritor  francés Renan (1823-1892) en su obra  “Marco Aurelio”, 579,: "Si el cristianismo se hubiese detenido en su crecimiento por alguna enfermedad mortal, el mundo habría sido mitraista”.

    Resulta imposible hacer un estudio detallado del contenido y de las múltiple semejanzas y por tanto sólo señalaré las más importantes.

    En el aspecto doctrinal ambas son religiones  de salvación y de misterio porque prometen al creyente una vida eterna de felicidad después de la muerte y sólo los iniciados participan de los ritos, que son secretos.

    Mithra es el intermediario entre el cielo y el infierno, entre los reinos del bien y del mal. Es el representante de Ahura-Mazda en la tierra que nos protege a los hombres de las fuerzas demoniacas de Ahriman. Mitra es  ”luz del mundo”, símbolo de la verdad, de la justicia, de la lealtad. Se le llama también el “juez de las almas”, que purificadas ascenderán al cielo. Mitra es el padre celestial que las recibirá en su mansión celestial.  Creen firmemente en el cielo y en el infierno, en la supervivencia y resurrección de la carne después de la muerte, en el castigo y recompensa;   dios benevolente hará justicia con los justos a los que concederá la salvación eterna el día del juicio final,  cuando se produzca definitivamente el triunfo de la luz sobre las tinieblas.

    Es también una religión con un gran contenido moral, de autocontrol, de resistencia a la sensualidad, en la que el devoto ha de recorrer un camino de purificación de siete grados, hasta llegar al de Padre, que es perfecto como Mitra, y ha de luchar contra las fuerzas del demonio. En esa lucha contará con la ayuda de Mitra.

    A este tipo de religiones en las que no hay un solo dios sino varios, aunque sólo uno de ellos es el superior a los otros y el único digno de ser adorado, se les llama técnicamente henoteísmo, del griego  εἷς,  ἕν, heis, hen, uno, y θεός,  theos, dios e –ismo, un dios.

    Muy llamativas son las semejanzas de los ritos de ambas religiones.

    El culto de Mitra se realiza en cuevas naturales o fabricadas pero con algún elemento que recuerde el origen cavernario, que se llaman mitreos, lo que indica que su origen es muy primitivo.  En latín se les llama spelaeum, specus, spelunca (palabra de la que deriva espeleología o estudio de las cavernas), antrum. Precisamente el nacimiento de Cristo, que la devoción popular sitúa en un “portal” en occidente, en oriente se suele presentar en una cueva. En ellos aparece como motivo iconográfico central la imagen de Mitra tauróctono o matador del toro (del latín taurus, toro y del griego κτείνω, kteino, matar).

    La gran festividad del nacimiento Mitra se celebra, naturalmente, el día del solsticio de invierno, el 25 de diciembre, El elemento central es el sacrificio, sin que esto signifique que se sacrifique realmente un toro.  Alfred Loisy en su obra Los Misterios paganos y el misterio cristiano nos dice:

    Lo que se representa es el sacrificio del toro como principio de la vida bienaventurada prometida al iniciado, así como de la virtud que hay en el banquete sagrado para la obtención de esa inmortalidad”

    Dentro de la iconografía mitraica, la imagen sin duda más conocida es la del Mitra tauróctono que presidia sin duda el espacio sagrado del mitreo.

    Aprovecho las palabras exactas de Alfred Loisy para describirla, en un buen ejemplo de ecfrasis.

    Nota:  écfrasis o ecfrasis,del griego ἔκφρασιϛ, 'explicar hasta el final. Una ecfrasis, según la retórica y tradición clásica,  es una descripción verbal, con palabras, de una obra de arte visual, de una pintura o una escultura.
     

     

    “…en una caverna se ve al toro, reducido, tendido en tierra, las patas delanteras flexionadas sobre el cuerpo, las traseras extendidas; Mitra está sobre el animal, con la rodilla izquierda flexionada, la pierna derecha extendida sobre lapata trasera derecha del toro; con la mano izquierda levanta el hocico del animal, cuya cabeza se vuelve hacia el cielo, y con la mano derecha le clava un gran cuchillo en el nacimiento del cuello. Mitra mismo tiene la cabeza vuelta, como si mirara detrás de sí, y a menudo con una singular expresión de tristeza. Generalmente un cuervo, a la izquierda, se inclina hacia él; a menudo en el ángulo izquierdo está la figura del Sol, a la derecha la de la Luna; abajo hay un perro que se arroja sobre la sangre que brota de la herida, y también una serpiente; un escorpión toma con sus pinzas los testículos de la bestia expirante y los pica con su cola; a veces participa también una hormiga; o bien por debajo del toro se ve una crátera con un león que parece mirarla o beber en ella, mientras que, del otro lado, la serpiente parece querer hacer otro tanto. A cada lado hay un joven: uno, Cautes, con una antorcha levantada; y el otro, Cautopatés, con una antorcha dada vuelta, ambos vestidos y peinados como Mitra. Un último detalle, que no debe ser el menos importante: la cola del toro, levantada, termina en un manojo de espigas; hay también monumentos en los cuales de la herida del toro brotan espigas en lugar de sangre. Estas espigas son las que dan sentido a la escena, o bien es superfluo buscárselo. (Alfred Loisy: Los misterios paganos y el misterio cristiano, pág. 139. Ed.Paidos. Barcelona, 1990)

    Tout le monde connaît le type de Cette représentation : dans une caverne, le taureau dompté, tombé à terre, les jambes de devant pliées sous lui, celles de derrière étôndiies; Mithra sur la bête, lé genou gauche plié, la jambe droite allongée sut la cuisse droite du taureau; de la main gâuche il soulevé les
    naseaux de l'animal, dont la tête se tourne vers le ciel, et de la main droite il lui enfonce, au défaut de l'épaule, un long Coutelas; Mithra lui-même a la tête tournée, comme regardant derrière lui, et souvent avec une singulière expression de tristesse; ordinairement un corbeau, à gauche. Se penche dé sôft côté; souvent, dans l'angle à gauéhe est la flgute du Soléil, a droite celle de la Lune; en bas, se jetant vers le sang qui jaillît de la blessure, est un chien, aussi un  serpent; un scorpion pince les testicules de la bêté expifànte et les pique dé sa queue; une fourmi quelquefois se met aussi de la fête; ou bien, au-dessous du laureau, un cratère est représenté, un lion a l'air de le garder ou d'y boire, tandis que d'autre part, lé serpent a mine d'en faire autant; de chaque côté, un Jéune homme, l'un, Caulès, avec une torche levée, l'autré, Càutopatès, avec une torche renversée, tous deux vêtus et coiffés comme Mithra; dernier détail, qui ne doit pas être le moins important, la queue du taureau, relevée, se terminé en toufle d'épis ; on signale même dés monuments où ce sont des épis qui jaillissent, au lieu de sang, dé là blèsssure du taureau’. Ce sont ces épis-là qui donnent le mot de la scène, ou bien il est superflu de le chercher.
    (Alfred Loisy: Les mystères paíens et le mystère chrétien)

    En este conjunto iconográfico se representa el mito avéstico del toro inmolado en el origen del mundo de cuya herida surgieron las plantas y de su simiente nacieron las especies de animales útiles y al que mató Mitra. La representación del sacrificio del toro es un recuerdo y símbolo del sacrificio del animal primigenio (fue la primera criatura viva que creó Ahura-Mazda) y cósmico que dio origen a la vida a los hombres. La muerte del toro es símbolo de la llegada del nuevo año y de la salvación en el más allá. Así en el mitreo del Aventino en Roma se lee “Salvaste a los hombres con el derramamiento de sangre eterna”.

    Otro elemento esencial del rito mitraico es la celebración del banquete o eucaristía, en el que comían el pan y bebían el agua sagrada, que en determinado momento fue vino, sustituto de la bebida primitiva fruto de la planta tóxica del homa, equivalente al  “soma” o bebida sagrada hindú.

    Elemento también esencial en el rito es el bautismo o purificación mediante el agua que ha de realizar el devoto en uno de los siete pasos, y la señal (signatio) en la frente en el llamado “el Soldado”.

    Hay otras muchas semejanzas en la teología y en el ritual que no podemos comentar en este artículo, como por ejemplo la vestimenta de los sacerdotes, la ceremonia de la iniciación que se llama “sacramentum” porque es una especie de juramento similar al juramento militar de los soldados, el toque de unas campanillas en determinado momento del servicio religioso.

    Estas semejanzas llamaron poderosamente la atención de los primeros padres de la Iglesia, que polemizan vivamente con los mitraistas. Precisamente la mayor parte de los detalles de estos ritos los conocemos por la descripción que hacen de ellos los padres cristianos.

    Tertuliano es hijo de un centurión y buen conocedor de los ritos mitraistas. Impresionado sin duda por las semejanzas sólo encuentra una explicación para las muchas coincidencias: estos ritos y esta religión es obra del diablo que está interesado en desacreditar y extinguir la religión cristiana. Leamos lo que dice en su obra Prescripciones contra todas las herejías, 40

    Pero si se pregunta por quién es influenciada la mente de los que crean las herejías? Ciertamente por el demonio, cuya función es corromper la verdad, él que imita también en los misterios de los ídolos las mismas cosas de los divinos sacramentos. También él mismo bautiza a algunos creyentes y fieles suyos y les promete con este baño la expiación de sus pecados y como todavía recuerdo de Mitra, (el diablo) marca en la frente a sus soldados. Celebra también la oblación del pan, les presenta la imagen de la resurrección y rescata la corona bajo la espada. Y ¿qué decir del hecho de que estableció que su sumo pontífice sólo se casa una vez? Él también tiene sus vírgenes y sus “continentes” (personas que refrenan sus instintos). Por lo demás, si examinamos las supersticiones de Numa Pompilio, si observamos la función de los sacerdotes, sus vestimentas y privilegios, las acciones de los sacrificadores, y sus instrumentos y los vasos y las curiosidades de los propios sacrificios, de las expiaciones y de los votos, ¿acaso no resulta evidente que el diablo ha imitado con todo cuidado la ley judía? Quien procuró expresar con tanta exactitud las mismas cosas de las que tratan los sacramentos de Cristo en los asuntos de la idolatría, él mismo y con el mismo artificio llevó a cabo y pudo corromper también los instrumentos de las cosas divinas y de los santos cristianos, tomando el sentido de otros sentidos, las palabras de otras palabras, las parábolas de otras parábolas y adaptarlo a la fe profana. Por tanto nadie debe dudar de que estas maldades espirituales, de las que también proceden todas las herejías, han sido introducidas por el diablo y que estas herejías no se diferencian mucho de la idolatría, ya que son obra del mismo autor que el de la idolatría. Así o creen en otro dios contra el creador o si confiesan que hay un solo dios, dicen que es de otra manera de lo que en verdad es. Y así todas las mentiras que dicen de Dios, de algún modo es también una especie de idolatría.

    De praescriptione haereticorum, 40

    XL. [1] Sed quaeritur, a quo intellectus interuertatur eorum quae ad haereses faciant? [2]  A diabolo scilicet, cuius sunt partes interuertendi ueritatem qui ipsas quoque res sacramentorum diuinorum idolorum mysteriis aemulatur. [3]  Tingit et ipse quosdam utique credentes et fideles suos;
    expositionem delictorum de lauacro repromittit, [4]  et si adhuc memini Mithrae, signat illic in frontibus milites suos. Celebrat et panis oblationem et imaginem resurrectionis inducit et sub gladio redimit coronam. [5] Quid, quod et summum pontificem in unis nuptiis statuit? Habet et uirgines, habet et continentes. [6] Ceterum si Numae Pompilii superstitiones reuoluamus, si sacerdotalia officia et insignia et priuilegia, si sacrificantium ministeria et instrumenta et uasa,
    ipsorum sacrificiorum ac piaculorum et uotorum curiositates consideremus, nonne manifeste diabolus morositatem illam Iudaicae legis imitatus est? [7]  Qui ergo ipsas res de quibus sacramenta Christi administrantur, tam aemulanter adfectauit exprimere in negotiis idololatriae, utique et idem et eodem ingenio gestiit et potuit instrumenta quoque diuinarum rerum et sanctorum christianorum, sensum de sensibus, uerba de uerbis, parabolas de parabolis, profanae et aemulae fidei attemperare. [8]  Et ideo neque a diabolo inmissa esse spiritalia nequitiae, ex quibus etiam haereses ueniunt, dubitare quis debet, neque ab idololatria distare haereses cum et auctoris et operis eiusdem sint, cuius et idololatria. [9] Deum aut fingunt alium aduersus creatorem aut si unicum creatorem confitentur, aliter eum disserunt quam in uero est. [10]  Itaque omne mendacium quod de Deo dicunt, quoddammodo genus est idololatriae.

    En el mismo sentido se expresa San Justino, también impresionado por las semejanzas de la eucaristía mitraica con la cristiana, incluidas las fórmulas de consagración, para las que, como Tertuliano, no encuentra otra explicación que la intervención del demonio. Así después de explicar en qué consiste la eucaristía nos dice  en Apologia, 1. 66:

    “Los Apóstoles—en sus comentarios, que se llaman Evangelios—nos transmitieron que así se lo ordenó Jesús cuando, tomó el pan y, dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía; esto es mi Cuerpo. Y de la misma manera, tomando el cáliz dio gracias y dijo: ésta es mi Sangre. Y sólo a ellos lo entregó. Por imitación los malvados demonios prescribieron hacer esto mismo en los misterios de Mitra; en efecto, se presenta el pan y una copa de agua en las ceremonias de iniciación, con ciertas fórmulas que sabéis o podéis aprender”.

    En resumen ,como dice Loisy: “Los misterios de Mitra eran una gran religión

    Todas estas cuestiones históricas han sido desde finales del siglo XIX muy estudiadas y son conocidas, aunque no lleguen de manera general a los ciudadanos porque las autoridades y responsables religiosos o no las conocen o no quieren conocerlas y mucho menos transmitirlas a sus fieles, a los que deben considerar no preparados para conocer la verdad histórica.

    Por eso causan tanto revuelo y desazón declaraciones de la jerarquía tan simples como la realizada por el Papa Juan Pablo II en 21 de Diciembre de 1993, cuando reconoció que el día de Navidad sustituyó a la fiesta pagana del Sol Invencible, que coincidía con el solsticio de Invierno. De la noticia se hicieron eco los medios de comunicación y fácilmente puede ser localizada en cualquier hemeroteca.

    Nota: hemeroteca, del griego: hemera (Ἡμέρα), día, y theke (θήκη), armario,caja, depósito, en el que se guardan los  datos y revistas.

    No menos sorpresa y desazón provocó entre fieles devotos la declaración del sucesor de Juan Pablo II, el Papa Benedicto XVI, cuando en noviembre del año 2012 publicó el libro La infancia de Jesús, en el que reconoce el error del calendario en fijar la fecha del nacimiento de Jesús o afirma que los elementos iconográficos del nacimiento como el acompañamiento de la mula y el buey son meros adornos de la tradición que nada tienen que ver con la realidad histórica. Esta supresión de estos animales desorientó a muchos ciudadanos practicantes de la religión con evidente ingenuidad.

    Bien, volviendo al tema del mitraismo, diré que la base de los estudios históricos sobre esta religión la puso Franz Cumont (1868-1947), historiador y filólogo belga, que publicó una enorme obra documental al respecto y que, después de haber sido profesor universitario durante varios años, fue rechazado como profesor de la universidad de Gante por el ministro católico de Educación. El hecho provocó una enorme campaña de prensa y estudiantil para rechazar la injerencia de la religión en la universidad.

    Otro gran especialista en el estudio de la historia de las religiones de misterios fue Alfred Loisy (1857-1940), teólogo y sacerdote francés contemporáneo de Cumont. Se le considera el creador de los  modernos estudios Bíblicos. Entró pronto en conflicto con el Vaticano, que le excomulgó en 1908 y todos sus libros fueron censurados, siendo incluidos año tras año en el índice. El Concilio Vaticano II lo rehabilitó parcial e implícitamente. Su obra Les Mystères païens et le Mystère chrétien fue publicado en 1919, pero en castellano no lo fue hasta 1967, fuera de España, naturalmente, con el título Los misterios paganos y el misterio cristiano; en España fue reimpresa en 1990. En 1909 fue contratado como profesor en el prestigioso Colegio Francés (Collège de France) donde enseñó e investigó durante muchos años.

    Resultan realmente emocionantes algunos párrafos del prólogo de la primera edición en el que se trasluce la conciencia de un hombre que aplicando el método de la historia ha descubierto lo que cree que es la verdad, pero cuya publicación sin duda ha de causar novedad; temeroso de una muerte inesperada, cree que es su obligación publicar la verdad histórica que él ha encontrado, aunque es consciente de que es necesario seguir ampliando y demostrando esa información.

    Me permito transcribir esos párrafos como ejemplo de las dificultades que no hace mucho y aún hoy día encuentran los historiadores, que sólo se deben a la verdad que los textos les transmiten :

    La vida es corta, y cuando uno siente la suya eminentemente frágil, se tiene, quizás, el derecho de decir sin mucha tardanza lo que se ha creído captar de la verdad. Una discusión profundizada y minuciosa de todos los testimonios concernientes a los misterios paganos y a los orígenes cristianos podría absorber muchas existencias, y uno no está obligado en absoluto, sin duda, a callar sobre el tema esperando que una generación de eruditos haya escrutado minuciosamente todos los detalles.
    También está permitido preguntarse si es absolutamente indispensable haber agotado la cuestión para saber a qué atenerse sobre los puntos esenciales. Además, en lo que se relaciona con los orígenes cristianos, el conocimiento de los textos no es todo y la independencia total del juicio tiene su importancia. Los textos son conocidos y estudiados desde hace largo tiempo, pero la crítica apenas se diferencia de la fe, cuyos documentos más antiguos son esos textos. Abordarlos sin ningún interés teológico o polémico es, sin duda, una condición indispensable para comprenderlos bien desde el punto de vista de la historia. Pues bien, esta condición puede pasar aún, en el momento actual, por una gran novedad.

    La vie est courte, et, lorsqu'on sent la sienne éminemment fragile, on a peut-être le droit de dire sans trop de retard ce que Von a cru saisir de vérité. Une discussion approfondie et minutieuse de tous les témoignages concernant les mystères païens et les origines chrétiennes pourrait absorber plusieurs existences, et Von n'est point sans doute obligé de se taire sur le sujet en attendant qu'une génération d'érudits en ait minutieusement scruté tous les détails . Il est permis aussi de se demander s'il
    est absolument indispensable d'avoir épuisé la question pour savoir à quoi s'en tenir sur les points essentiels. D'ailleurs, en ce qui regarde les origines chrétiennes, la connaissance des textes
    n'est pas tout, et tindépendance entière du jugement a son importance. Les textes sont connus et étudiés depuis longtemps, mais la critique est à peine dégagée de la foi dont ces textes sont les plus anciens documents. Les aborder sans aucun intérêt théologique ou polémiqua est sans doute une condition indispensable pour les bien entendre au point de vue de l'histoire. Or cette condition peut encore, à l' heure actuelle, passer pour une grande nouveauté.

    Este texto es del año 1919; han pasado casi cien años. Parece lógico suponer que hoy no ha de causar ya ninguna novedad. ¿o todavía la causa?