Categoría: Guerra

  • Las Médulas son la evidencia de la “ruina montium”

    Como comenta Plinio en su Naturalis Historia, libro 33, dedicado a los metales, existió en la Antigüedad una verdadera fiebre del oro. Véase https://www.antiquitatem.com/oro-en-la-antiguedad-mineria-romana

    A Hispania llegaron a principios del primer milenio antes de Cristo los fenicios, luego  cartagineses y los griegos atraídos precisamente por su riqueza minera. A partir del siglo III a.C, los romanos comienzan su extensión desde el Levante y la Bética hacia el interior, las dos mesetas y el noroeste atraídos por sus minas.

    Estrabón dedica el libro III de su Geografía a Iberia y nos dice en su capítulo 2,8 refiriéndose a la Turdetania (en otros pasajes se refiere al Noroeste peninsular):

    A tanta riqueza como tiene esta comarca se añade la abundancia de minerales. Ello constituye un motivo de admiración; pues si bien toda la tierra de los íberos está llena de ellos, no todas las regiones son a la vez tan fértiles y ricas, y con más razón las que tienen abundancia de minerales, ya que es raro se den ambas cosas a un tiempo, y raro es también que en una pequeña región se halle toda clase de metales. Pero la Turdetanía y las regiones comarcanas abundan de ambas cosas, y no hay palabra digna para alabar justamente esta virtud. Hasta ahora, ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierro nativos se han hallado en ninguna parte de la tierra tan abundantes y excelentes.

    La misma opinión nos transmite Plinio el Viejo en un fragmento del libro 33 de su Naturalis Historia, 33,25 (78) referido ahora al Noroeste de Hispania (Asturias, Galicia, Lusitania):

    dicen que  Asturias, Galicia y Lusitania proporcionaron en un año  veinte mil libras de peso. Así  Asturias es la que más produce. Esta fertilidad no ha durado tanto ni en ninguna parte ni durante tantos siglos.

    vicena milia pondo ad hunc modum annis singulis asturiam atque callaeciam et lusitaniam praestare quidam prodiderunt, ita ut plurimum Asturia gignat. neque in alia terrarum parte tot saeculis perseverat haec fertilitas.

    En el mismo pasaje que estábamos citando, Estrabón nos da noticia de los métodos de extracción del oro:

    El oro no se extrae únicamente de las minas, sino también por lavado. Los ríos y torrentes arrastran arenas auríferas. Otros muchos lugares desprovistos de agua las contienen también; el oro, empero, no se advierte en ellos, pero sí en los lugares regados, donde el placer (¡qué nombre tan apropiado!) de oro se ve relucir; cuando el lugar es seco, basta irrigarlo para que el placer reluzca; abriendo pozos, o por otros medios, se lava la arena y se obtiene el oro; actualmente son más numerosos los lavaderos de oro que las minas. Según los galátai, sus minas del monte Kémmenon (actuales montes Cevenes en el Ródano) y las que tiene al pie del Pyréne son más importantes; sin embargo, son más preciados los metales de allí. Dícese que a veces se encuentran entre los placeres del oro lo que llaman “palas”, pepitas de un “hemilitron”,(media libra) que se purifican con poco trabajo. Se dice también que al hendir las rocas suelen hallarse pepitas menores semejantes a ubres. Sometido el oro a una cocción y purificado por medio de cierta tierra aluminosa, se obtiene un residuo que es el “eléktron” (aleación de 4/5 de oro y 1/5 de plata). Éste, cuando va mezclado de plata y oro, se cuece de nuevo; la plata entonces se quema y queda el oro, pues siendo de naturaleza grasa, se puede licuar sin trabajo. En efecto, el oro se funde con facilidad mayor por medio de la paja, ya que su llama es más floja y se adapta mejor a su fin, fundiendo el metal fácilmente, Por el contrario, el carbón, con la vehemencia de su fuego, liquida el metal demasiado pronto, consumiéndolo. En los ríos, el oro se extrae y se lava allí cerca, en pilas o en pozos abiertos al efecto y a los que se lleva la arena para su lavado. Los hornos de la plata se hacen altos, con el fin de que los vapores pesados que desprende la masa mineral se volatilicen, ya que son gases densos y deletéreos. A algunas de las minas de cobre se las suele llamar áureas, pues se supone que de ellas se obtenía antes oro.

    También Plinio nos describe  con más detalle  el método y las penosas condiciones de explotación. Dedica  el libro 33 de su Historia Naturales a los metales y en él nos da valiosa información.  Léase https://www.antiquitatem.com/oro-en-la-antiguedad-mineria-romana

    Dada la codicia y hambre de oro (sacra fames , hambre sagrada, le llama Virgilio y Plinio) de los romanos, es fácilmente comprensible la justificación que el historiador Floro nos da sobre la Guerra contra los cántabros de Augusto y la fundación de Asturica Augusta. Nos dice en el Epitome Rerum Romanorum , 2.33.12.60:

    “Ayudaba a esta decisión,( la de fundar la ciudad de Astúrica Augusta), la naturaleza de la región, rica en oro en todo su entorno  y  rica en malaquita , minio y abundante en  productos de otros colores. En consecuencia ordenó que se explotase el suelo. Así los astures comenzaron a conocer sus recursos y sus riquezas trabajando con esfuerzo  en las profundidades  mientras las buscaban para otros.”

    Favebat consilio natura regionis; circa enim omnis aurifera 2est et chrysocoliae 3miniique et aliorum colorum ferax. Itaque exerceri solum iussit. Sic Astures 4nitentes in profundo opes suas atque divitias, dum aliis quaerunt, nosse coeperunt.

    Así que el Noroeste de Hispania fue ampliamente prospectado y explotado por los romanos. De estas explotaciones mineras nos ha quedado una huella indeleble en el paisaje y en la retina de todo viajero que tiene la suerte de contemplarla: las Médulas, junto a Ponferrada, en la provincia de León, la mayor explotación minera romana de oro a cielo abierto… porque lo abrieron, abrieron el monte, como explicaré. 

    (Sobre el nombre no hay acuerdo: hay quien lo relaciona con el latino “metalla”, metales , y quien lo relaciona con el nombre de un monte mítico en los enfrentamientos entre cántabros y romanos, el Mons  Medulius. Si así fuera nos quedaría el problema de explicar el origen o significado de Medulius.)

    Nota bene: La actual ciudad de León recibe su nombre no del fiero animal de la sabana africana sino de la Legio Septima Gemina acampada precisamente ahí para protección y control de la zona del  Noroeste peninsular, de indudable interés estratégico, dada su riqueza minera y la presencia de lugareños siempre belicosos. (de legionem deriva León, La Legión)

    Es un paisaje arruinado de tal belleza y un testigo de la historia de tanta importancia que la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1997.

    Fotografía de Patrimonio Natural de Castilla y León

      Autor: Håkan Svensson (Xauxa)

    Algunos estudiosos, Antonio García Bellido, por ejemplo, han calculado que se removieron 500 millones de m³ y suponiendo un rendimiento de 3 gramos por tonelada (las explotaciones actuales de la zona dan de 1,8 a 2,8 gramos) durante 250 años de explotación darían la extraordinaria cifra de 1.635.000 kg. Recordemos que Plinio informaba que producían 20.000 libras al año en toda la zona.

    El precio, siempre oscilante, del oro a fecha 17 de julio de 2013 es de 31,39 euros en Londres. Aplicando este precio a lo extraído obtenemos la difícilmente inteligible cifra de 51.322.650.000 €.  Es este un ejercicio un tanto absurdo, ahistórico y acientífico, pero sirve para imaginar la importancia que estas minas tuvieron para atender la insaciable hambre de oro (sacra famis le llama Plinio) de Roma.

    En las Médulas trabajaron permanentemente de 10.000 a 20.000 personas, esclavos primero y luego manumitidos, en las terribles condiciones que nos describe Plinio (véase articulo sobre la fiebre del oro citado anteriormente). Curiosamente y contra la opinión general, en esta zona del Imperio los trabajadores de las minas son libres y no esclavos, a diferencia de otros lugares.

    Plinio nos comenta las diversas formas de extracción del oro;  así dice en Naturalis Historia XXXIII,22:

    No hay oro más perfecto, que el pulido por el propio río y por la fricción del agua. Otro modo consiste en extraerlo con excavación de pozos o buscándolo con la destrucción del monte. En segundo lugar se busca  por la excavación de los pozos para extraerlo, o  en lel desplome de los montes.

    nec ullum absolutius aurum est, ut cursu ipso attrituque perpolitum. alio modo puteorum scrobibus effoditur aut in ruina montium quaeritur;

    Así pues, el oro se extrae de las tierras de aluvión mediante el sistema llamado  “ruina montium” ,  “derrumbe o caída de los montes”, porque el monte se venía abajo literalmente, basándose en la fuerza del agua.

    La palabra “ruina” es el sustantivo de la misma raíz que el verbo  latino “ruo, ruere”, que significa precipitarse, derrumbarse, lanzarse, desplomarse.

    Nos lo describe perfectamente Plinio el Viejo en  Libro 33, 72 y 73: (33,25)

    El tercer método  supera al trabajo de los Gigantes; los montes son minados en   grandes espacios  mediante galerías hechas a la luz de las lámparas. Su duración es la misma que la de los turnos  y en muchos meses no se ve la luz del día. Este tipo de explotación se llama ”arrugias". De repente  se producen grietas y los derrumbes aplastan  a los trabajadores, de tal forma que parece menos arriesgado buscar perlas y caracoles  de púrpura en el  fondo del mar; ¡hasta tal punto   hemos hecho más peligrosa  a la tierra (que al mar)! Se dejan, pues,  numerosas bóvedas para sostener los montes.

    El obstáculo en uno y otro método son las rocas, que se fragmentan con fuego y vinagre. Pero como esto satura de vapor y humo las galerías, muchas veces las rompen con martillos rompedores de hierro de ciento cincuenta libras y las sacan sobre sus hombros día y noche en la oscuridad pasándolas de mano en mano. Los últimos ven la luz. Si la roca parece más ancha, se sigue el lado de la veta y se ahonda. Sin embargo el trabajo en la roca se considera un tanto fácil.

    Existe,  pues,  una tierra de cierto tipo de arcilla mezclada con guijarros, la llaman 'gangadia", casi irrompible. Se la ataca con cuñas de hierro y con los mismos mazos y piensan que nada es más duro, sino aquello que es más duro  que todas las cosas, la avidez de oro.

    Acabado el trabajo  se derriban los apeos de los arcos desde el último; se da la señal del  derrumbe y sólo la percibe el vigía colocado en la cima de ese monte. Este con sus voces y gestos da órdenes de que se avise a los trabajadores y él mismo igualmente baja volando. La montaña, resquebrajada, se derrumba por si misma a lo largo  con un estruendo que la mente humana no puede imaginar y con una explosión  increíble.

    Victoriosos contemplan el derrumbe de la Naturaleza.Y sin embargo todavía no hay oro ni sabían si lo había cuando cavaban.  Esperar lo que deseaban fue causa suficiente para tan grandes peligros y gastos.

    Pero queda otro trabajo igual o de mayor coste: llevar ríos de agua para lavar los escombros desde la cumbre de los montes muchas veces desde cien millas de distancia.
                      …..
    Con el método anterior se extrae la tierra con enorme trab ajo para que no colmate los pozos; con este sistema la arrastra el agua. El oro obtenido mediante la arrugia no se funde sino que ya al instante  es oro propio. Así pues se encuentran fuera de los pozos bloques que pasan de las diez libras; unos las llaman “palagas” y otros “palacurnas” y a lo que es grano lo llaman “baluce”; el ulex se seca y se quema y sus cenizas se lavan en un lecho de césped herboso, para que el oro deposite.

    tertia ratio opera vicerit gigantum. cuniculis per magna spatia actis cavantur montes lucernarum ad lumina; eadem mensura vigiliarum est, multisque mensibus non cernitur dies. arrugias id genus vocant. siduntque rimae subito et opprimunt operatos, ut iam minus temerarium videatur e profundo maris petere margaritas atque purpuras. tanto nocentiores fecimus terras! relinquuntur itaque fornices crebri montibus sustinendis. occursant in utroque genere silices; hos igne et aceto rumpunt, saepius vero, quoniam id cuniculos vapore et fumo strangulat, caedunt fractariis cl libras ferri habentibus egeruntque umeris noctibus ac diebus per tenebras proximis tradentes; lucem novissimi cernunt. si longior videtur silex, latus sequitur fossor ambitque. et tamen in silice facilior existimatur opera; est namque terra ex quodam argillae genere glarea mixta – gangadiam vocant – prope inexpugnabilis. cuneis eam ferreis adgrediuntur et isdem malleis nihilque durius putant, nisi quod inter omnia auri fames durissima est. peracto opere cervices fornicum ab ultimo caedunt. dat signum ruina, eamque solus intellegit in cacumine eius montis vigil. hic voce, nutu evocari iubet operas pariterque ipse devolat. mons fractus cadit ab sese longe fragore qui concipi humana mente non possit, aeque et flatu incredibili. spectant victores ruinam naturae. nec tamen adhuc aurum est nec sciere esse, cum foderent, tantaque ad pericula et inpendia satis causae fuit sperare quod cuperent. alius par labor ac vel maioris inpendii: flumina ad lavandam hanc ruinam iugis montium obiter duxere a centesimo plerumque lapide;
                                                  ……
    in priore genere quae exhauriuntur inmenso labore, ne occupent puteos, in hoc rigantur. aurum arrugia quaesitum non coquitur, sed statim suum est. inveniuntur ita massae, nec non in puteis, et denas excedentes libras; palagas, alii palacurnas, iidem quod minutum est balucem vocant. ulex siccatur, uritur, et cinis eius lavatur substrato caespite herboso, ut sidat aurum.

    En realidad lo que hacen es recoger el agua de los manantiales, de la lluvia y de la nieve  en grandes embalses, y conducirla por gravedad desde largas distancias con  un sistema de canales hasta  las minas. En los estratos estériles se excavan  a muchos  muchos metros de profundidad varias galerías que se superponen a las capas de conglomerado aurífero. Se abren  las compuertas de las presas y enormes cantidades de agua fluyen por  las galerías de diverso diámetro de luz, que están cerradas en sus extremos. La enorme presión acumulada hace estallar las rocas y las arrastra a varios kilómetros creando enormes áreas para el lavado. Este  proceso es claramente evidente en el aspecto de la zona  principal de Las Médulas. El sistema de canales y conducciones de agua alcanzaba al menos 100 Km.

    Curiosamente este principio de la presurización del agua es el utilizado actualmente por las modernas máquinas de corte por chorro de agua, más precisas y versátiles que el corte por laser, plasma o descarga eléctrica para trabajar con todo tipo de material. La técnica ciertamente ha evolucionado pero el principio general es el utilizado por los especialistas romanos.

    En resumen y como se reconoce en la propia documentación de la Unesco, “La Zona Arqueológica de Las Médulas es así un magnífico ejemplo de proceso histórico en el que los elementos naturales y la intervención humana aparecen constantemente entrelazados”.

    Ciertamente, lo único que les faltó a los romanos fue el desarrollo de alguna de las técnicas modernas más sofisticadas, como la  lixiviación con cianuro o la fusión del arsénico aurífero, técnicas que modernas empresas extractivas emplean precisamente hoy en día en la misma zona del Noroeste hispano.  Pero estas explotaciones suelen contar con la oposición de los habitantes de la zona y de grupos de defensores del medio ambiente por las grave contaminación que suele llevar parejo el movimiento de millones de toneladas de escombros. Claro que en la Antigüedad los romanos establecieron todo una campamento y una legión, la Legio VII Gemina"  (la Legíon Septima Gemela) para controlar la zona. Por algo sería…

    Pero la fiebre del oro sigue siendo todavía muy alta y los obstáculos a su extracción suelen ser fácilmente superados, precisamente por el propio oro transformado en papel moneda o dinero digital, más moderno todavía.

  • Cayo Graco: sólo el interés mueve al orador político

    Aulo Gelio, en el libro XI, capítulo 9, de sus Noches Áticas, nos relata cómo el famoso orador griego Demóstenes se deja comprar por una buena cantidad de dinero para no pronunciar un discurso en contra del macedonio Harpalo. En el capítulo siguiente en el 10, nos da otra versión atribuida ahora a un discurso de Cayo Graco. Pero el interés de este texto va más allá de la diferente atribución, porque en él Graco nos descubre con toda crudeza cómo los oradores políticos y los abogados buscan sobre todo el lucro y el beneficio.

    Dice el texto:

    Que C. Graco en un discurso suyo atribuyó la historia anteriormente escrita al orador Demades y no a Demóstenes; se citan las palabras del propio C.Graco.

    Lo que en el capítulo anterior dijimos que había sido escrito por Critolao sobre Demóstenes, Cayo Graco  se lo atribuyó con estas palabras a Demades en el discurso contra la ley Aufeya:

    "Si vosotros, ciudadanos, quisierais usar de vuestra sabiduría y honradez, aunque lo buscaseis, encontraríais que ninguno de nosotros sale aquí si no es por un precio. Todos nosotros, que tomamos la palabra, algo buscamos y ninguno se presenta ante vosotros por ningún otro motivo que el de sacar algún beneficio. Yo mismo, que os estoy hablando para que aumentéis vuestra ganancia  para que podáis administrar más fácilmente vuestros bienes y la república, no he salido gratis, aunque no pido de vosotros dinero sino buena consideración y honor. 

    Quienes salen aquí  para disuadiros de que aprobéis esta ley, no buscan vuestro reconocimiento  sino el dinero de Nicomedes;  quienes os aconsejan que la aprobéis, éstos tampoco buscan de vosotros  el reconocimiento sino el precio y el premio de Mitrídates para su patrimonio familiar; y quienes desde el mismo lugar y orden social se callan, estos son los peores, pues reciben recompensas de todos y a todos engañan. Vosotros, si consideráis que se apartan de estas cosas, les prestáis buena consideración; así pues, los embajadores de los reyes, considerando que permanecen callados a favor de su causa, les ofrecen las mayores recompensas y dineros, como asimismo ocurrió en tierra griega,  en la ocasión en que un actor de tragedias  consideraba motivo de honra que se le hubiera entregado un talento por una sola obra de teatro, y se dice que Demades, el más elocuente de su ciudad, le respondió: “  ¿Te parece maravilloso que hayas recibido un talento por hablar? Yo, por estar callador, recibí diez talentos del rey”. Del mismo modo ahora esos individuos reciben  los mayores pagos por callar”.

    Quod C. Gracchus in oratione sua historiam supra scriptam Demadi rhetori, non Demostheni, adtribuit; verbaque ipsius C. Gracchi relata.
    Quod in capite superiore a Critolao scriptum esse diximus super Demosthene, id C. Gracchus in oratione, qua legem  Aufeiam dissuasit, in Demaden contulit verbis hisce:  "Nam vos, Quirites, si velitis sapientia atque virtute uti, etsi quaeritis, neminem nostrum invenietis sine pretio huc prodire. Omnes nos, qui verba facimus, aliquid petimus, neque ullius rei causa quisquam ad vos prodit, nisi ut aliquid auferat. Ego ipse, qui aput vos verba facio, uti vectigalia vestra augeatis, quo facilius vestra commoda et rempublicam administrare possitis, non gratis prodeo; verum peto a vobis non pecuniam, sed bonam existimationem atque honorem. Qui prodeunt dissuasuri, ne hanc legem accipiatis, petunt non honorem a vobis, verum a Nicomede pecuniam; qui suadent, ut accipiatis, hi quoque petunt non a vobis bonam existimationem, verum a Mithridate rei familiari suae pretium et praemium; qui autem ex eodem loco atque ordine tacent, hi vel acerrimi sunt; nam ab omnibus pretium accipiunt et omnis fallunt.  Vos, cum putatis eos ab his rebus remotos esse, inpertitis bonam existimationem;  legationes autem a regibus, cum putant eos sua causa reticere, sumptus atque pecunias maximas praebent, item uti in terra Graecia, quo in tempore tragoedus gloriae sibi ducebat talentum magnum ob unam fabulam datum esse, homo eloquentissimus civitatis suae Demades ei respondisse dicitur: "Mirum tibi videtur, si tu loquendo talentum quaesisti? ego, ut tacerem, decem talenta a rege accepi". Item nunc isti pretia maxima ob tacendum accipiunt".

    Este Demades es un orador, contemporáneo de Demóstenes, que se muestra favorable a los macedonios Filipo y luego Alejandro, su hijo y su política de expansión por Grecia.  Véase el artículo …. En el que se cuenta la misma anécdota, si bien aplicada a Demóstenes. https://www.antiquitatem.com/corrupcion-politica-demostenes-filipicas

    Una consideración sobre la Ley Aufeia a la que se refiere el discurso de Graco expone bien a las claras cuál es el ambiente general de corrupción en la adjudicación de servicios públicos en el momento en el que Roma se está extendiendo por todo el Mediterráneo de forma imparable.

    Los filólogos como H. Hill consideran que el término “Aufeia” es un término corrupto y que en realidad se refiere a la Lex Aquilia, que debe su nombre a Manio Aquilio, cónsul en el año 129 a.C.  Pero lo pertinente de la cita es que este Aquilio fue procónsul de Asia y en calidad de tal adjudicó la recaudación de los impuestos de las provincias de Asia; en concreto adjudicó  al rey del Ponto Mitrídates V los impuestos del reino de la Gran Frigia, según se decía, a cambio de un fuerte soborno. Se le acusó ante el tribunal “de repetundis”.  La “Lex de pecuniis repetundis”, “ley de reclamación de dineros indebidamente percibidos”, actuaba contra las concusiones (exacción arbitraria hecha por un funcionario público en provecho propio) y  cohechos (delito de sobornar a un juez o a un funcionario o de  aceptación del soborno). 

    Aquilio fue absuelto con gran escándalo. Como consecuencia, el tribuno Cayo Sempronio Graco, que buscaba recursos para sus reformas agrarias, promulgó la “Lex Sempronia de provincia Asia”  para que los recursos de Asia fueran subastados y arrendados a los “publicanos” en la propia Roma y por los censores, como garantía contra los abusos de los gobernadores.

    En fin, esto de la adjudicación de “obras públicas” a quien paga una buena comisión parece un asunto extraído de la prensa de hoy mismo; lo de la absolución del corrupto también.

    Como detalle curioso diremos que la palabra “concusión”  deriva del verbo latino “concutere” que significa sacudir, mover, golpear; parece estar tomada de la práctica de “sacudir o mover el árbol para recoger los frutos que caen”  y en verdad que parece adecuado el origen porque eso es lo que hacían generalmente los gobernadores y funcionarios romanos de las provincias, agitarlas y golpearlas hasta recoger de ellas todo el fruto.

    Ya el propio nombre de “provincia” es suficientemente expresivo: “territorio para vencer”, dominar y expoliar, aplicando implacablemente el significado de otra expresiva frase latina: “vae victis” “¡ay de los vencidos!”, frase cuyo interesante origen comentaremos en otro momento.
     

  • Exposición de cadáveres

    El ser humano, a diferencia de otros animales, atiende a sus muertos y sus cadáveres. Esto está atestiguado desde el Paleolítico. Las formas y costumbres de los diversos pueblos con las que se refieren al hecho de la muerte y tratan los cadáveres son muchas y variadas. Sin duda estos ritos son fruto del desconcierto que produce la muerte en todos los seres vivos; se pretende la inmortalidad pero el hombre se encuentra con la descomposición del cuerpo. Es necesario, pues, realizar ritos para evitar el proceso de descomposición del cadáver… En expresión de Walter Burkert, el homo sapiens es un homo sepeliens (del latín sepelio,sepultar), un hombre que entierra a sus muertos.

    En nuestro entorno cultural estamos familiarizados con la inhumación (del latín in, en, y humus, tierra) o enterramiento y con la cremación (del lat. cremationem, quema) o incineración (del lat. in,en, y cinerem, ceniza, conversión en ceniza).  Por cierto que la cremación o incineración ha ido creciendo desde hace tan sólo unas pocas décadas en España.  En las antiguas Grecia y Roma coexistieron ambas formas; en Grecia la cremación comenzó a practicarse después de la época Micénica; entre los hititas, hurritas o en Troya VI existía ya  en el  II milenio a.C. 

    Pues bien, Heródoto, por ejemplo,  nos ofrece  una temprana reflexión sobre la variedad de ritos y costumbres según los pueblos, a propósito de una anécdota  referida a los persas, cuyo imperio estaba formado por pueblos diversos. Nos dice en su Historias, III, 38:

    En cierta ocasión hizo llamar Darío a unos griegos, sus vasallos, que cerca de sí tenía y habiendo comparecido  luego, les hace esta pregunta: ¿cuánto dinero querían por comerse a sus padres al acabar de morir? Respondiéronle luego que por todo el oro del mundo no lo harían. Llama inmediatamente después a unos indios titulados Calatias, entre los cuales es uso común comer el cadáver de sus propios padres: estaban allí presentes los griegos, a quienes un intérprete declaraba lo que se decía: venidos los indios, pregunta Darío cuánto querían por permitir que se quemaran los cadáveres de sus padres; y ellos le suplican a gritos que no dijera por los dioses tal blasfemia. ¡Tanta es la prevención a favor del uso y de la costumbre!

    Y Cicerón nos ofrece también un texto interesante: Disputationes Tusculanae ( Disputas Tusculanas), I, XLV, 108:

    Mas, ¿para qué censurar las opiniones de los individuos, cuando podemos examinar varios errores de las naciones? Los egipcios embalsaman a los muertos y los conservan en casa. Los persas también los entierran después de untarlos de cera para que los cuerpos permanezcan diuturnos lo más posible. Es costumbre de los Magos no inhumar los cuerpos de los suyos, si antes no han sido destrozados por las fieras. En Hircania la plebe sustenta canes públicos; los optimates, domésticos. Por otra parte,  sabemos que aquella es una raza noble de canes, pero cada quien prepara según sus posibilidades, a aquellos por los cuales sea destrozado. Y creen ellos que esta es la mejor sepultura. Muchos otros casos reúne Crisipo, curioso como es en toda historia, pero algunos son tan aterradores que mi discurso los rehúye y evita.

    Sed quid singulorum opiniones animadvertam, nationum varios errores perspicere cum liceat? Condiunt Aegyptii mortuos et eos servant domi. Persae etiam cera cirumlitos condunt, ut quam maxime permaneant diuturna corpora; Magorum mos est non humare corpora suorum nisi a feris sint ante laniata: inHyrcania plebs públicos alit canes, optimates domesticos: nobile autem genus canum illud esse, sed pro sua quisque facultate parat a quibus lanietur, eamque optimam, illi esse censent sepulturam. Permulta alia colligit Chrysippus, ut est in omni historia curiosus, sed ita taetra sunt quaedam, ut ea fugiat et reformidet oratio.

    Y Silio Italico, Punica, XIII , 466-487 dice:

    Entonces el joven (Escipión) respondió: “hermosísima estirpe del antiguo Clauso, ninguna otra cuestión se antepondrá a la tuya, aunque nos preocupan asuntos no pequeños. Pues esa práctica es distinta en todos los pueblos y produce funerales diversos para enterrar los cuerpos yacentes  y es distinta la costumbre de conservar las cenizas. En la tierra Ibera, como se cuenta, (la costumbre es antigua), un obsceno buitre devora los cuerpos exánimes. Cuando los miembros de un rey han abandonado la luz en Hircania, la norma es que los devoren los perros. La tierra de Egipto encierra los cuerpos presentes  después del funeral  en un sarcófago perfumado y no  aparta su sombra exangüe de los banquetes; el Ponto (Mar Negro) implantó  la costumbre de vaciar el cráneo extrayendo el cerebro  y los mantiene embalsamados para largos siglos. ¿Y los Garamantes que entierran los cuerpos desnudos  en agujeros excavados en la arena? ¿Y los Nasamones que ordenan enterrar  en el cruel mar a sus muertos en las costas de Libia? Luego, los Celtas, cosa horrible se complacen en enmarcar el hueso del cráneo vaciado en oro y los emplean en los banquetes  como copas. Los Cecrópidas (los atenienses) acordaron que los caídos por la patria por designio de Marte (en la batalla) fueran quemados en una hoguera común; pero entre la gente de Escitia el lento tiempo es el sepulcro de los cadáveres atados a los troncos  y abandonados para su putrefacción. 

    Tunc iuuenis: ‘Gens o ueteris pulcherrima Clausi,
    haud ulla ante tuam, quamquam non parua fatigent,
    curarum prior extiterit. namque ista per omnis
    discrimen seruat populos uariatque iacentum
    exequias tumuli et cinerum sententia discors.
    tellure, ut perhibent, (is mos anticus) Hibera
    exanima obscenus consumit corpora uultur.
    regia cum lucem posuerunt membra, probatum est
    Hyrcanis adhibere canes. Aegyptia tellus
    claudit odorato post funus stantia saxo
    corpora et a mensis exanguem haud separat umbram.
    exhausto instituit Pontus uacuare cerebro
    ora uirum et longum medicata reponit in aeuum.
    quid qui reclusa nudos Garamantes harena
    infodiunt? quid qui saeuo sepelire profundo
    exanimos mandant Libycis Nasamones in oris?
    at Celtae uacui capitis circumdare gaudent
    ossa, nefas, auro ac mensis ea pocula seruant.
    Cecropidae ob patriam Mauortis sorte peremptos
    decreuere simul communibus urere flammis.
    at gente in Scythica suffixa cadauera truncis
    lenta dies sepelit putri liquentia tabo.’

    Son éstas  unas reflexiones interesantes para algunos intransigentes que no respetan costumbre alguna distinta de la del propio grupo.

    Un rito curioso, extendido de oriente a occidente y que existió también en algunos pueblos de la Península Ibérica, es el de “exposición de cadáveres” a las aves carroñeras para que los devoraran y transportaran al difunto o a su alma a los cielos.

    La exposición de cadáveres a las aves carroñeras está atestiguada en Çatal Hüyük, yacimiento arqueológico en la actual Turquía,  que se extiende en el tiempo desde el VIII milenio a.C. hasta el 5.700 a.C. Enterraban a sus muertos en los propios hogares y la forma desarticulada en que se encuentran  los esqueletos han sugerido a los investigadores que los cuerpos eran expuestos a las aves para luego recoger los huesos y enterrarlos.

    En todo caso es un tratamiento y un rito exigido por los persas seguidores de Zoroastro en Irán y que siguen practicando los actuales parsis de la India, sucesores de persas emigrantes en el siglo VII. (de origen parsi son por ejemplo el famoso director de orquesta Zubin Mehta o el también famoso actor Freddie Mercury;  los parsis actuales deben ser unos 100.000). Todo ello y nuevas exigencias de los nuevos tiempos hacen que este  rito “parsi”  se vaya extinguiendo o adaptando, pero en cualquier caso el rito nos sigue causando honda impresión.

    Los cadáveres son expuestos en las llamadas “torres del silencio” para que sean comidos por los buitres y elevados a los cielos. Consideran que enterrar a los muertos contamina la tierra, quemarlos contamina el fuego y del aire, y lanzarlos al agua contamina el  agua.

    Heródoto menciona el rito funerario persa de exponer los cadáveres a las carroñeras, en  I, 140

    Apolonio de Rodas, en su poema plagado de curiosidades “El viaje delos Argonautas”,canto III (en el número 200 y ss.) nos describe una exposición de cadáveres  diferente porque no se ofrecen a los buitres o aves carroñeras:

    Y en seguida desde la nave, sobre los juncos y el agua, arribaron a la escarpada planicie ribereña. Circea se llama esta. Allí en hileras, tamarindos y sauces han crecido, de los que, precisamente de los más altos, cuelgan los cadáveres atados con cuerdas. Pues aún ahora, entre los habitantes de la Cólquida es un sacrilegio quemar en el fuego a los hombres que partieron. Y tampoco es lícito sepultarlos en la tierra y amontonarla luego  sobre su tumba, sino que después de envolverlos en pieles de buey, se les cuelga lejos de la ciudad. Pero también la tierra recibe un lote de muertos igual al del aire, puesto que en la tierra sepultan a las mujeres. Entre aquellos esta costumbre ritual se ha establecido”.

    Curiosamente algunas fuentes antiguas se refieren a la “exposición de cadáveres” a las aves carroñeras en la antigua Península Ibérica, la Hispania latina.

    Silio Italico,al hablar de los mercenarios celtíberos que había en el ejército de Anibal  dice en Punica, III, 340-343:

    “Vinieron también los celtas unidos en el nombre a los iberos. Para ellos es un honor caer en la lucha, y un crimen  incinerar su cadáver. Creen que el muerto irá al cielo con los dioses si un buitre hambriento devora el cuerpo yacente”.

    Venere et Celtae sociati nomen Hiberis.
    his pugna cecidisse decus, corpusque cremari
    tale nefas: caelo credunt superisque referri,
    impastus carpat si membra iacentia uultur.

    Y poco después, como hemos visto antes, Silio Itálico: Punica, XIII, 471-472:

    en la tierra Ibera, como cuentan (la costumbre es antigua)
    el obsceno buitre devora los cuerpos exánimes

    tellure, ut perhibent, (is mos anticus) Hibera
    exanima obscenus consumit corpora uultur.

    Así que practicarían un doble ritual. Sólo los cuerpos de los guerreros muertos en combate serían expuestos en algunos lugares determinados para que los buitres transportasen su espíritu a los cielos. Por tener esa función sagrada de transportadores de las almas o espíritus se les aplica el adjetivo  psicopompos (del griego ψυχοπομπός, de ψυχή,psique, alma, soplo  y πομπός, pompos,conductor).

    Esta práctica está atestiguada en varios fragmentos de cerámica pintada de Numancia

    En un fragmento se ve a un buitre que se lanza en picado sobre un guerrero yacente en el suelo atravesado por una lanza con una espada en la mano. En la otra un buitre está devorando ya el cuerpo del guerrero.

    En la misma Numancia, fuera de la ciudad,  se han encontrado unos círculos de piedra que algún arqueólogo considera posibles expositorios de cadáveres a la manera de las “torres del silencio” de los mazdeistas iranios.

    El rito,evidentemente, nos informa del sentido del valor  del guerrero y de la vida entendida  de un modo agonístico y competitivo y del desprecio a la muerte. Nos informa también de una esperanza de recompensa en el mas allá en el que los guerreros valerosos conviven con los dioses. Nos informa de los elevados valores éticos de estos pueblos.

    Hay un texto de Eliano en De nat. Anim. X, 22 (FHA, VIII: 330) que extiende el rito a los vacceos de la Meseta Norte, vecinos de los cántabros:

    Los vaceos, pueblo de Hesperia, a los difuntos  por alguna enfermedad, como muertos de forma feminil y cobardemente,  los queman en el fuego para resaltar la ignominia de su muerte; en cambio, a quienes cayeron en una muerte hermosa, como hombres valientes y fuertes y adornados de extraordinario valor, los arrojan para ser devorados a los buitres, porque piensan que estas aves son sagradas.

    Eliano escribió en griego, pero  Friedrich Jacobs lo tradujo modernamente al altín en la edición  Frommann edition, Jena, 1832.  Y dice así:

    Vaccaei, genus Hesperis, ex aliquo morbo mortuos, ut muliebriter et ignaviter defunctos, ad notandam mortis ignominiam igni cremant; eos vero, qui in bello morte occubuerunt, ut viros bonos et fortes, et eximia virtute ornatos, vulturibus devorandos objiciunt, quod eas aves sacras existiment.

    Pero hay estudiosos que consideran que la lectura en los textos “vacceos” es una lectura corrupta, lo que introduce una gran duda en la validez del texto. En realidad los manuscritos de Eliano hablan de barkaioi y no vacceos. Los barkaioi no son conocidos en la península ibérica. Barkaioi se habría corregido por Samuel Bochar (1599-1667) y seguido luego por otros  filólogos modernos y traducido  al latín como baccaei   y de ahí vacceos.  Quizás dijese araouacoi, es decir, arévacos;  que algún copista cortó  en ara/ouakoi;   ouakoi  daría  bakoi.  Es decir, el texto original hablaba también de arévacos. Esta interpretación, que fonéticamente es posible, sería coherente con el sentido del texto, porque entre los arévacos de Numancia está bien atestiguado,como decíamos.  El error se consolidó en gran medida gracias a la absoluta autoridad de Schulten durante muchos años en el estudio de las “Fuentes de la antigua Hispania”.

    En cualquier caso son numerosos los restos arqeuológicos, pinturas, inscripciones, lápidas que parecen atestiguarlo en numerosos lugares de la península Ibérica, a los que tal vez se extendió desde la Celtiberia.

    Así entre los Vettones y en Cantabria, como atestigua la estela Cantabra de Zurita (Renedo de Piélagos), muy deteriorada,  en la que parece que un buitre picotea el cuerpo de un guerrero yacente y otras similares de Lara de los Infantes (Burgos), Binefar (Huesca), el Palao (Alcañiz,Teruel)

    El rito está atestiguado en diversos lugares de Europa entre los celtas y germanos.

    Pausanias nos dice a propósito de las invasiones de los Galos en Grecia acaudillados por Brennos, en X,21.6  que dejaban los cuerpos de los guerreros caídos en las batallas a los animales carroñeros…

    Después de esta victoria en las Termópilas, los griegos enterraban a sus muertos y despojaban a los bárbaros, pero los galos no enviaron ningún mensajero para que se les permitiera recoger los cuerpos, porque les era indiferente que la tierra cubriera los cuerpos o que fueran devorados los animales salvajes o por las aves carroñeras.

    Esta escena de los buitres devorando el cuerpo de los guerreros se ve,por ejemplo,  en un vaso de Falisco del siglo IV a.C. 

    En las  Eddas escandinavas encontramos  numerosas referencias a estas creencias; así en Edda Mayor, 1986: 33, 78,193-195, 199, 201-202, 212,217,225,246,255,259,297.

    Podemos concluir, pues, que el rito se practicó en toda la cultura céltica.

    Un rito parecido encontramos entre algunas tribus indias de Norteamérica que exponen los cadáveres de sus guerreros en una especie de escenario de madera elevado; a veces aparece en algún western.

    El rito se atestigua también en el Tibet en donde se exponen los cadáveres en espacios a la salida de los poblados, en los que a veces algunas personas ayudan a descuartizar los cuerpos.

    ¿Tendrá este rito existente en lugares tan distintos un origen común? Muy probablemente.si consideramos que el rito se pierde en la noche de los tiempos, en la prehistoria, y los habitantes de América proceden en varias oleadas de Eurasia a través del Estrecho de Behring en los momentos en que podía ser atravesado a pie.

    Después de esta larga explicación estamos en disposición de entender un texto de Longino en De lo Sublime, 3,2 en el que se refiere a Gorgias de Leontinos (483-375) y lo critica porque de forma grandilocuente llama a los buitres  “sepulcros vivos”:

    “Así también provoca la risa eso de Gorgias de Leontinos cuando escribe: “Jerjes, Zeus de los Persas” y “buitres, sepulcros vivos"

    Si Gorgias conocía la costumbre persa, quizás la imagen no sea tan grandilocuente. En todo caso hizo fortuna en la historia, empleada una y otra vez.

    Shakespeare, por ejemplo,  lo utiliza en Macbeht  en el Acto III, Escena cuarta, 1359-61:

    Macbeth: Si van a devolvernos los osarios
                       Y las tumbas a quienes enterramos,
                       Serán nuestros sepulcros
                       Los vientres de los buitres,

    Macbeth:  If charnel-houses and our graves must send
                       Those that we bury back, our monuments 1360
                       Shall be the maws of kites.

     

  • La “Tregua Sagrada” hizo posible la continuidad de las Olimpiadas durante 1.170 años

    Las pruebas olímpicas antiguas tienen una evidente relación con diversas actividades guerreras y militares, pero las Olimpiadas sólo fueron posibles porque los diversos estados griegos, en permanente confrontación, acordaban una temporal tregua de paz.

    En el año 864 a.C. tres ciudades-estado griegas firmaron un acuerdo estableciendo una Tregua Sagrada para poder celebrar los Juegos Olímpicos en honor de Zeus de forma pacífica. Sin duda alguna esta tregua hizo posible la celebración de las Olimpiadas durante más de mil años. Todavía hoy, con motivo de las Olimpiadas modernas, se sigue reclamando una tregua similar, aunque sin mucho éxito.

    El origen de los juegos atléticos en honor de Zeus en Olimpia es antiquísimo. La tradición mítica adjudica la creación a Heracles o Hércules.

    Aunque la primera Olimpiada que se registró oficialmente y dio lugar al comienzo de una era o manera de fechar los acontecimientos, ocurrió en el año 776 a.C., un momento clave tuvo lugar en el año 864 a.C. en que se firmó un tratado entre Ífito por los Eleos, Licurgo por Esparta, y Cleóstenes por Pisa para aprobar la famosa Tregua Sagrada durante tres meses que impedía la guerra y que declaraba inviolable el territorio de Olimpia y garantizaba la seguridad de  los peregrinos y  atletas que acudían a competir  dos meses antes de que empezaran los juegos.

    Durante este período nadie podía violar el suelo de la Elide entrando armado en él. La Tregua Sagrada, que proclamaban heraldos por toda Grecia,  hizo posible la continuidad de los juegos con toda regularidad cada cuatro años.

    El texto del acuerdo que acordaba la tregua, que  decía: “Olimpia es un lugar sagrado; quien se atreva a pisar este suelo con soldados  armados, será considerado sacrílego”,  fue grabado en un disco de hierro, que Pausanias, el autor antiguo de una famosa guía de visita a Grecia que vivió en el siglo II de Cristo, asegura haber visto en Olimpia.

    La tregua fue prácticamente respetada siempre, aunque el gran historiador Tucídides nos cuenta cómo en un momento se prohibió la participación de los espartanos por haber atacado una fortaleza de la Elida durante la tregua; aunque los espartanos argumentaron que, cuando atacaron, la tregua no había sido proclamada todavía, fueron multados con dos minas por soldado, en total dos mil minas. Una mina tenía 100 dracmas; una dracma era el salario medio diario de un trabajador especializado.
    Esa violación de la tregua ocurrió en el año 420 a.C. Elis prohibió a Esparta  hacer sacrificios y participar en los juegos  alegando que había penetrado en territorio de la Élide durante la tregua sagrada que las ciudades estado debían respetar. Es probable que la prohibición durase hasta el año 400 a.C.

    Como se ve,  ni los juegos olímpicos, sagrados entonces y en honor de Zeus, ni los modernos de carácter  exclusivamente deportivo en apariencia,  estuvieron nunca al margen de la política del momento, pero la “tregua sagrada” fue generalmente respetada en la Antigüedad

    Ahora también, en los tiempos modernos, se pretendió desde un principio que los países garantizasen la paz durante la celebración y se suelen hacer llamamientos a la paz mundial con ocasión de los Juegos Olímpicos por parte del Secretario General de la ONU; evidentemente sin mucho éxito. Recordemos cómo en Berlín se celebraron los Juegos Olímpicos del año 1936, en la antesala de la terrible Segunda Guerra Mundial, que produjo unos 60 millones de muertos según los cálculos más admitidos. Nos puede servir también de ilustración el impresionante despliegue del ejército británico para asegurar la celebración pacífica de los Juegos Olímpicos de Londres en el año de 2012. Ahora la amenaza terrible era el terrorismo.

  • Los nombres de los meses son romanos

    Entre las muchas cosas que nos han legado los romanos no es la de menor importancia el calendario con el nombre de los meses, los días y las estaciones. Para comprender la lógica y coherencia de los nombres “september =septiembre; october =octubre; november= noviembre y december =diciembre”, que significan etimológicamente “séptimo, octavo, noveno y décimo” hemos de conocer que el primitivo año romano tenía diez meses y comenzaba en marzo.

    Se atribuye al mítico rey Rómulo la fundación  de Roma en el año 753 y la creación del primer calendario solar de 304 días al año. La misma tradición atribuye al rey Numa, que gobernó  del 715 al 673 a.C,  una reforma que probablemente corresponde a la realizada a mediados del s.V a.C.  y que fundamentalmente consistió en añadir dos meses más, con lo que se formaba un calendario de doce meses, que toman su nombre de dioses y de festividades religiosas:

    Ianuarius, (enero) dedicado a Jano, dios de las puertas y de los comienzos y también del comienzo del año en la luna creciente después del solsticio de invierno del 25 de diciembre.

    Februarius, (febrero) mes en el que se celebraban las fiestas de purificación llamadas “februa”, palabra etrusca que significa precisamente purificación.

    Martius (marzo), dedicado al dios de la guerra Marte. En este mes comenzaba el mandato de los cónsules y  las campañas militares.

    Aprilis (abril), palabra que algunos relacionan con aperire = abrir, para referirse al momento en que la naturaleza, en primavera, florece. Otros la consideran de origen etrusco tomada del griego y relacionada con  Aphro-dite o Afrodita, la diosa del amor.

    Maius (mayo) que toma el nombre de Maia, la diosa del crecimiento.

    Iunius (junio) en honor de la diosa Juno, esposa de Júpiter, diosa entre otras cosas del matrimonio.

    Quintilis  (quinto mes), cuando el año comenzaba en marzo,  luego llamado Iulius  (julio) en honor de Julio César tras su muerte violenta.

    Sextilis  (sexto mes), luego llamado Augustus  (agosto) en honor de Octavio Augusto todavía en vida.

    September  (séptimo mes; septiembre)

    October  (octavo mes; octubre)

    November  (noveno mes; noviembre)

    December  (décimo mes; diciembre)

    El año comenzaba en un principio en Marzo, lo que explica como hemos dicho, el nombre de los meses a partir de septiembre. En marzo comenzaba también el mandato de los cónsules y las campañas militares de los romanos por el Lacio y por Italia.

    Pero cuando las guerras han de librarse fuera de Italia, el comienzo de la campaña en marzo supone un grave inconveniente por el tiempo que tarda el ejército en trasladarse al punto de conflicto. Esto quedó en evidencia en las Guerras Celtíberas en Hispania. Dada la gran distancia el Senado traslado el comienzo del año consular del 153 a.C. al 1 de Enero para que el cónsul Quinto Fulvio Nobilior tuviera tiempo de acudir a Hispania, donde por cierto fue vencido  por las tribus celtiberas de belos, titos y arévacos en agosto de ese año.

    Julio César estuvo en Egipto con la famosa reina Cleopatra, de la que parece ser que tuvo a su hijo Cesarión. Allí conoció  el calendario solar y comprendió las ventajas de su implantación en Roma.
    A su muerte se dio su nombre, Iulius, a lo que en el calendario primitivo era Quintilis, el quinto mes. Luego se llamó Augustus al mes siguiente en honor y todavía en  vida de Octavio Augusto. A otros meses también se les dio el nombre de algún emperador, pero esta nominación no tuvo éxito perdurable en ningún otro caso.

    Todos los meses no tuvieron entonces  la misma duración, que va de los 28 o 29 de febrero a los 30 de noviembre, abril, junio, septiembre y a los 31 de enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre y diciembre.  Esta disparidad, debida en origen a festividades, tabúes  y supersticiones religiosas, la arrastramos hasta nuestros días.

    Como ocurre con  los días de la semana, los nombres de los meses han perdurado en las lenguas latinas y también se han impuesto en los países de lenguas sajonas y germanas. La intensa cristianización de las creencias y costumbres paganas no logró imponerse tampoco en la denominación de estos doce períodos en que se divide el año.

  • Si quieres amor, no hagas la guerra

    El amor y la guerra parecen incompatibles, al menos para las mujeres griegas

    ¡Qué duda cabe de que es más saludable  y beneficioso  hacer el amor que hacer  la guerra! Pero desgraciadamente  las guerras son muy frecuentes y tan antiguas como  el  hombre. Frente a la guerra sólo existe la paz, pero con demasiada frecuencia  se ha impuesto la acrítica y contundente opinión que encierra la sentencia latina “si vis pacem, para bellum = si quieres la paz,  prepara la guerra”.  Si alguien prepara la guerra, acabara declarándola a su adversario.

    En contra de la guerra se han celebrado a lo largo de la historia acuerdos, reuniones y congresos innumerables con escaso éxito. Sin duda los movimientos antibélicos más coherentes son las propuestas pacifistas, algunas muy antiguas. Posiblemente la más llamativa táctica pacifista es la llamada “huelga sexual” por la que las mujeres organizadas niegan todo contacto sexual a sus parejas masculinas, protagonistas y causantes de los enfrentamientos, machos guerreros a los que sirven de descanso.

    En los últimos tiempos hemos visto algunas huelgas de este tipo, que han obtenido indudables éxitos. Así en Liberia, en el año 2003 Leymah Gbowee consiguió que se hiciera la paz después de una guerra civil de más de 14 años; entre las medidas que ella y las mujeres de su asociación llevaron a cabo estaba la “huelga sexual”. En el año 2009 los medios de comunicación nos informaron de huelgas similares en Kenia o en Turquía, en este caso  para obligar a sus maridos a tomarse en serio el abastecimiento de agua. En Colombia en diversas ocasiones, las mujeres han intentado poner fin a la violencia de los hombres con este método pacífico. Incluso en la Bélgica europea del año 2011 la senadora socialista flamenca Marleen Temmeran propuso una huelga sexual para presionar a los hombres a formar Gobierno (la diversa Bélgica llevaba 241 días sin acuerdo de las fuerzas políticas).

    Pero también en esto los griegos fueron pioneros y nos marcaron el camino. En la Antigua Grecia tuvo lugar la larga Guerra del Peloponeso, que enfrentó durante casi 30 años a las dos ciudades o polis más poderosas, Atenas y Esparta, cada una con sus aliados. En el año 411 antes de Cristo llevaban ya veinte años de guerra y la destrucción y ruina eran generales. Aristófanes, cuyas comedias retratan y enjuician la sociedad de su tiempo, representó una obra contra esta guerra entre griegos, Lisístrata. El propio nombre significa “la que disuelve  el ejército” ( de λύω, lýō,,“disolver” y στρατός, stratós, “ejército).

    Las mujeres en Grecia pintan poco en la vida política y social, pero  Aristófanes nos pinta, con cómica exageración,  una especie de mundo al revés, en el que son las mujeres, más sensatas que los hombres, las que pueden  conseguir la paz y acabar con las luchas que enfrentan a sus maridos y amantes utilizando un arma pacífica que ellas tienen. La ateniense  Lisístrata propone a sus compañeras atenienses y lacedemonias declarar una “huelga sexual” por la que se nieguen a mantener relaciones sexuales con sus maridos y dejen de ocuparse de las tareas del hogar mientras continúe la guerra.

    Toda la obra está salpicada de referencias léxicas, juegos de palabras y metáforas sexuales de saludable comicidad. El plan de Lisístrata, que aceptan otras mujeres,  es bien simple:

    si permanecemos en nuestras casas bien empolvadas, vestidas con nuestras túnicas transparentes de Amorgos, y nos paseamos desnudas con el delta depilado, nuestros hombres se empalmarán y querrán cubrirnos, pero si nosotras no aceptamos y nos abstenemos, estoy segura de que firmarán la tregua rápidamente”. 

    A propuesta de Lisístrata, atenienses y lacedemonias hicieron un serio juramento ante una jarra de buen vino:

    LISÍSTRATA. Tocad  la copa todas, Lampito, y que una en  nombre de las demás repita exactamente lo que yo diga. Declarad esto conmigo  bajo juramento  y  mantenedlo con firmeza: «Ningún hombre, ni amante, ni marido»…
    CALONICA. «Ningún hombre, ni amante, ni marido»..
    LISÍSTRATA. …«se acercará a mí empalmado». Repítelo.
    CALONICA. … «se acercará a mí empalmado». ¡Ay, ay!, Lisístrata, se me doblan  las rodillas.
    LISÍSTRATA. « Pasaré el tiempo en mi casa sin mi toro»
    CALONICA «Pasaré el tiempo en mi casa sin mi toro»…
    LISÍSTRATA…. «con mi vestido color de azafrán,  bien arreglada»…
    CALONICA. … «con mi vestido color de azafrán,  bien arreglada»…
    LISÍSTRATA…. «para que mi marido se ponga caliente al rojo vivo»
    CALONICA. … «para que mi marido se ponga caliente al rojo vivo»…
    LISÍSTRATA…. «pero no le haré caso a mi marido de buena gana».
    CALONICA. … «pero no le haré caso a mi marido de buena gana».
    LISÍSTRATA. «Y  si me obliga a la fuerza en contra de mi voluntad»…
    CALONICA. «Y si me obliga a la fuerza en contra de mi voluntad»…
    LISÍSTRATA…. «cederé  de mala gana, pero no le acompañaré  en sus meneos».
    CALONICA. … «cederé de  mala gana, pero  no le acompañaré  en sus meneos».
    LISÍSTRATA. «No levantaré hacia el techo mis zapatillas persas».
    CALONICA. «No levantaré hacia el techo mis zapatillas persas».
    LISÍSTRATA. «Ni como una leona  me pondré a cuatro patas  encima del rallador de queso»
    .CALONICA «Ni como una leona  me pondré a cuatro patas  encima del rallador de queso».
    LISÍSTRATA. «Si mantengo con firmeza estas acciones, que beba yo de esta copa»…
    CALONICA. «Si mantengo con firmeza estas acciones, que beba yo de esta copa»..
    .LISÍSTRATA. «Pero si no las cumplo,  que esta copa se llene de agua ».
    CALONICA. «Pero si no las cumplo,  que esta copa se llene de agua».
    LISÍSTRATA. ¿Juráis  todas vosotras que estáis de acuerdo en esto conmigo?
    TODAS. Sí, por Zeus.

    Y así ocurrió, como Lisístrata había previsto (en la ficción del teatro tan sólo), no sin superar numerosas dificultades que la empresa planteaba incluso a las propias mujeres.

    Aristófanes no ha sido olvidado: en 2003  se creó el Lysístrata Proyect, a favor de la paz y se leyó simultáneamente en más de 40 países la famosa obra de Aristófanes. Una vez más el teatro más vivo y auténtico es el que sirve a la sociedad. 
     

  • Un puente de Italia a Grecia

    Hoy existen puentes grandiosos que nos llenan de asombro por su longitud: el Akashi-Kaikyo de 1991 mts. en Japón; o el Great Belt East de 1624mts. en Dinamarca, o el Runyang de 1490 mts. en China. Son los mayores puentes atirantados del mundo. En la Antigüedad los romanos fueron grandes constructores de puentes.

    Toda gran ciudad está bañada por un gran río atravesado por numerosos puentes como expresión de su poderío. Roma es un ejemplo de ello. Su  río, esencial en su historia, es el Tíber. Debió ser muy importante el primer puente, el Pons Sublicius, de la época del rey Anco Marcio,  construido completamente de madera con instrumentos de madera, porque un tabú impedía el contacto con instrumentos de metal.

    Tan importante debía ser y tan necesaria la ayuda de los dioses que a la máxima autoridad religiosa romana se le llama “pontifex maximus” (el hacedor del puente) según la tradicional explicación del término que nos da Varrón, quien también sugiere otra: de posse y facere (el que puede hacer..); hay quien explica que el nombre le viene por ser puente de comunicación entre los dioses del cielo y los mortales. Por cierto que este título lo sigue ostentando el “papa” de la Iglesia Católica de manera oficial, porque así lo asumieron al desaparecer la religión pagana e imponerse la cristiana como oficial. La desaparición, como se ve, no fue completa ni radical.

    En  Roma los puentes eran muy numerosos: el Puente Emilio, hoy roto; el Fabricio y el Cestio en la Isla Tiberina (pequeña isla en mitad del río); el Puente de Agripa, el Puente de Calígula, el de Nerón, el Puente Triunfal, el famoso Puente Elio o de Adriano conocido hoy como Ponte Sant’Angelo, el no menos famoso Puente Milvio en el que tuvo lugar el enfrentamiento entre  Majencio y Constantino cuando tuvo la visión de la Cruz con la frase “in hoc signo vinces” (con esta enseña vencerás), etc.

    Además los puentes romanos, desafiando el paso del tiempo, están diseminados por todas las vías del Imperio Romano que conducían a Roma, a la urbe, a la ciudad por antonomasia. No son tan largos como los modernos reseñados, pero de momento han durado mucho más tiempo,

    Pues bien, en la Antigüedad hubo un proyecto, una idea mejor, porque no llegó a proyecto, de unir el sur de Italia con el norte de Grecia con un puente grandioso. Nos lo cuenta Plinio el Viejo en su enciclopedia Naturalis Historia, III,(XI) 100 y ss. al describir Italia:

    Desde Tarento, en el interior, se encuentran las ciudades de Varia (actual Oria), llamada apellidada “de Apulia”, de Mesapia (Mesagna) y de Aletio (Santa Maria dell' Alizza) . En la costa en cambio están Senum, Calípolis (Gallipoli) a  sententa y cinco mil pasos de Tarento, que ahora es Anxa. Luego,  a treinta y tres mil pasos está el promontorio llamado Acra Iapigia (Capo di Santa Maria di Leuca), el punto en el que Italia se adentra más en el mar. Desde él  están las ciudades de Basta (Vaste) e Hydrunto (Otranto), a diez y nueve mil pasos, en el punto de separación de los mares Adriático y Jónico; desde aquí se da el paso más breve a Grecia; en frente está la ciudad de Apolloniato (Apolloniates)( Pallina or Pollona) y aquí el estrecho no tiene más de cincuenta mil pasos.  Pirro, rey de Epiro, fue el primero que pensó cubrir este espacio a pie con unos puentes  y después de él Marco Varrón, cuando comandaba la flota de Pompeyo en la guerra  contra los piratas. A los dos se lo  impidieron  otras preocupaciones."

    Oppida per continentem a Tarento Uria, cui cognomen ob Apulam Messapiae , Aletium, in ora vero Senum, Callipolis, quae nunc est Anxa, LXXV a Tarento. inde XXXIII promunturium quod Acran Iapygiam vocant, quo longissime in maria excurrit Italia. ab eo Basta oppidum et Hydruntum decem ac novem milia passuum, ad discrimen Ionii et Hadriatici maris, qua in Graeciam brevissimus transitus, ex adverso Apolloniatum oppidi latitudine intercurrentis freti L non amplius. hoc intervallum pedestri continuare transitu pontibus iactis primum Pyrrus Epiri rex cogitavit, post eum M. Varro, cum classibus Pompei piratico bello praeesset; utrumque aliae inpedivere curae

    Hydrunte es Otranto en la Magna Grecia, en Italia; Apollonia está en la Iliria antigua. Desde estas ciudades se pasaba a Grecia y viceversa y también a Dyrrachium más al norte.  Nos dice por ejemplo Cicerón en su  libro XVI de las cartas, (Ad famiiares) Epistola 9 ad Tironem;

    El día décimo quinto antes de las kalendas (día 16) continuamos ciento veinte estadios hasta Casiopea, al puerto de Corcira. Allí estuvimos retenidos por  los vientos hasta el día noveno antes de las kalendas (el día 22). Muchos de los que impacientemente se marcharon en este intervalo sufrieron naufragios. Nosotros, ese día, después de cenar, soltamos amarras. Desde allí, con un suavísimo viento del sur y un cielo sereno con esa noche y el día siguiente llegamos animadísimos a Italia, a Hydrunte (Otranto)y con el mismo viento, al día siguiente, era el día séptimo antes de las kalendas de diciembre (24 de noviembre), a la cuarta hora (10:00 h) llegamos a Brundisium, y justamente al mismo tiempo que nosotros entraba en la ciudad Terencia, (esposa de Cicerón), que tantísimo te aprecia.

    A. d. xv K. in portum Corcyraeorum ad Cassiopen stadia cxx processimus. ibi retenti ventis sumus usque ad a. d. viiii K. interea, qui cupide profecti sunt, multi naufragia fecerunt. [2] nos eo die cenati solvimus ; inde austro lenissimo caelo sereno nocte illa et die postero in Italiam ad Hydruntem ludibundi pervenimus eodemque vento postridie (id erat a. d. vii K. Dec.) hora iiii Brundisium venimus, eodemque tempore simul nobiscum in oppidum introiit Terentia, quae te facit plurimi.

    Nota: Este Tirón es el famoso esclavo de Cicerón, luego manumitido, que le servía como secretario particular, anotando y revisando los discursos del orador con las llamadas notae tironianae, notas tironianas, especie de escritura taquigráfica usada por los monjes hasta la Edad Media. A veces se le llama el “padre de la taquigrafía”. Fue también editor de las obras de Cicerón.

    Durante algún tiempo Apolonia fue dominio de Pirro, rey de Epiro, (más famoso por su victoria en la forma, derrota en el fondo). Pirro no sólo fue un rey que tuvo en jaque a la poderosa Roma durante mucho tiempo, sino que tuvo ideas y sueños geniales como este de trazar un puente desde las costas de Italia a las de Grecia.

    Idea que recogió luego Varrón, cuando comandaba la flota de Pompeyo contra los piratas del Adriático. Amigo de Cicerón, escribió muchas obras de los temas más variados, aunque sólo se conserva completa su  De rerum rusticarum (Sobre las cosas del campo), incompleta  De lingua latina y fragmentos de algunas restantes.

    A ambos, según Plinio, les impidió realizar el sueño la guerra. La verdad es que la guerra ha consumido y consume innumerable tiempo y recursos que deberían dedicarse a otras tareas, por ejemplo construir puentes. Incluso la guerra va más allá, en su afán destructivo lo primero que suele destruir en el asedio u ocupación de un territorio son precisamente los puentes.

    Por lo demás hubo en la Antigüedad proyectos grandiosos  similares, tales como un puente que uniera Sicilia con Calabria. Con este puente soñaron los romanos (aunque fuera un puente de barcos), luego Carlomagno y los Normandos en el siglo XI  y Roger II en el XII y permanentemente hasta el día de hoy en que se sigue soñando. Ahora el inconveniente parece ser la oposición de los grupos de presión del entorno (léase mafia).

    A los romanos sin duda les sobraban guerras y les faltaban recursos técnicos. Hoy existen los recursos, pero a lo que parece faltar es la decisión o valentía política para llevar a cabo esta empresa milenaria.
     

  • En Roma la declaración de guerra es un acto sagrado que sólo pueden realizar los sacerdotes Feciales

    Desgraciadamente la guerra es una actividad demasiado frecuente en la historia de los hombres. A pesar de la violencia que engendra y con la que se desarrolla, también la guerra está sometida a normas y ritos. El pueblo romano, muy supersticioso y ritualista, tiene ritos para todas las actividades; también para la guerra. La guerra es una acción tan importante que sólo la pueden declarar los sacerdotes Feciales.

    Los romanos  estuvieron en guerra con unos u otros pueblos prácticamente todos los días de su historia. Muy pocos días permaneció  cerrado el templo de Jano que permanecía abierto en tiempos de guerra, pronto a auxiliar a las legiones. Las guerras les produjeron muchos sinsabores, pero también un enorme Imperio. Ahora bien, la guerra es una actividad muy  seria sometida a un complejo ritual religioso que ejecutan unos sacerdotes especializados, los feciales. Los romanos son un pueblo muy ritualista.

    El historiador Tito Livio reproduce las fórmulas sagradas, que creadas por Anco Marcio, cuarto rey de Roma, empleaba el sacerdote fecial para la declaración de guerra:

    El fecial se acerca  a la frontera del pueblo agresor,  se cubre la cabeza con un manto  de lana y dice:

    escucha Júpiter, oíd habitantes de las fronteras ;escucha también tú, justicia; yo soy el mensajero  del pueblo romano , vengo  con una  misión justa y piadosa”.

    Luego presenta  sus quejas ;  continúa después poniendo a Júpiter por testigo :

    Si yo mensajero  del pueblo romano, ultrajo las leyes de la justicia y de la religión,  no permitas que  jamás vuelva r a mi patria”.

    Pronuncia  esta fórmula al primer hombre que encuentra, la dice al entrar en la ciudad enemiga y  la vuelve a repetir al llegar a la plaza pública. Si no recibe satisfacción en el plazo solemnemente fijado  de treinta y tres días,   declara la guerra de este modo:

    Escucha Júpiter y tú Juno, Quirino  y  todos dioses del cielo, de la tierra y del infierno, escuchad: os pongo por testigos  de la injusticia de este pueblo ,que se niega  a restituir lo que no es suyo. Ahora  los ancianos de mi patria deliberarán sobre las medidas para restablecer  nuestros derechos."

    El mensajero regresaba  a Roma y el rey planteaba el asunto a los senadores. Si la mayoría aprobaba  la guerra, el sacerdote fecial llevaba hasta las fronteras del enemigo una lanza de hierro o una estaca endurecida al fuego y impregnada de su sangre . En presencia de al menos tres jóvenes decía:

    porque   han actuado  contra el pueblo romano, hijo de Quirino, y delinquido contra él, el pueblo romano, hijo de Quirino ha dispuesto la guerra; el Senado del pueblo romano, hijo de Quirino, la ha propuesto, sentenciado y decretado,  y yo y el pueblo romano la declaramos y yo rompo las hostilidades”.

    Tras  pronunciar estas palabras lanzaba el venablo al territorio enemigo.

    La guerra, santa  en su origen, también debía terminar con un acto religioso. Parte de los despojos del  enemigo correspondían a los dioses que habían escuchado las palabras del fecial y apoyado su reclamación y se entregaban en el templo de Júpiter Ferecio.

    Cuando con el paso del tiempo las guerras se celebraban lejos de la capital, el sacerdote fecial acudía al Campo de Marte en Roma, pero fuera de la ciudad, y allí celebraba la ceremonia que acabamos de describir.

    Tal vez algún impío y cruel individuo piense que en la guerra no hay normas, pero los romanos sabían que sólo  un rito muy formalista garantizaba el necesario apoyo de los dioses.

    El hombre, ser social, necesita permanentemente normas, ritos y  leyes que regulen y controlen toda actividad social, incluso la guerra violenta. Por eso son rechazables y nos causan vergüenza escenas modernas y actuales de increible y gratuita violencia.

  • Los Juegos Olímpicos antiguos

    Entre las muchas cosas que les debemos a los griegos, no es la menos importante la creación de las competiciones deportivas. Los griegos celebraron durante más de mil años los Juegos Olímpico, desaparecieron hace más de mil seiscientos y los hemos recuperado hace apenas cien.

    Actualmente cada cuatro años se celebran en algún lugar del mundo los Juegos Olímpicos u Olimpiadas. Las ciudades más importantes o las emergentes con más futuro del planeta compiten por su organización. Ningún evento deportivo los iguala ni en interés deportivo ni en sana competitividad ni en espectacularidad y vistosidad ni en seguimiento por miles de millones de ciudadanos. Durante unas semanas todo gira en torno a la Olimpiada y los seres humanos parecen olvidar las rencillas y cultivar sus mejores cualidades.

    Como tantas otras cosas, los Juegos Olímpicos se los debemos también a los griegos y en consecuencia les debemos el deporte como contienda física pacífica que con el tiempo se desprendería de sus connotaciones religiosas.

    Como toda sociedad aristocrática y guerrera, sus jóvenes soldados o hacen la guerra o se entrenan para ella con ejercicios competitivos adecuados. Estas competiciones se celebran en momentos determinados en el marco de una festividad religiosa en honor de una determinada divinidad o en los funerales de algún caudillo o héroe guerrero y por lo tanto tienen un carácter sagrado.  Los juegos son la oportunidad para mantener vivo el espíritu heroico y caballeroso de los héroes homéricos, expresado con el término griego “areté”, cuando ya el vencedor no mata al vencido y se queda con sus pertenencias sino que se respeta al adversario que ha contendido noblemente. 

    Aunque los atletas compiten a título individual, las ciudades trasladan sus rivalidades nacionales a los juegos y se sienten orgullosas de ellos.

    Los Juegos Olímpicos se celebran en honor de Zeus en la ciudad de Olimpia, en la fértil cuenca del río Alfeo, en la Elide griega. Estas  competiciones atléticas en Olimpia son antiquísimas. La tradición y el mito adjudican a Herakles o Hércules su creación al organizar una carrera en agradecimiento a Zeus por la victoria que tuvo sobre el rey Augías. Hércules fijo la distancia en  600 de sus pies, lo que hacía  la longitud de un estadio (192.27 m.). Por eso hoy los “estadios” son las instalaciones deportivas en que se celebran competiciones. Algunos “estadios” son grandiosas y notables obras de arquitectura.

    En el año 864 a.C. se firmó un tratado entre Ifito por los Eleos, Licurgo por Esparta, y Cleóstenes por Pisa para aprobar la famosa Tregua Sagrada durante tres meses que impedía la guerra y que declaraba inviolable el territorio de Olimpia y garantizaba la seguridad de  los peregrinos y  atletas que acudían a competir  dos meses antes de que empezaran los juegos.

    Estos juegos en estas condiciones son un elemento esencial en el sentimiento de comunidad helénica entre polis  o ciudades-estado que tan asiduamente practicaron los enfrentamientos entre ellas

    En el año 776 a.C. se celebraron los primeros Juegos Olímpicos que se registraron oficialmente. Este hecho tuvo una enorme transcendencia, puesto que sirvió para iniciar una nueva era o cómputo del tiempo histórico a partir de ese momento (era de las Olimpiadas).

    La época de mayor esplendor se corresponde con los siglos V y IV, época clásica una vez superado el arcaísmo anterior, cuando a los regímenes monárquicos y aristocráticos sucede la creación de la democracia, cuyo máximo exponente es Atenas.

    Estos  Juegos Olímpicos (había otros en otras ciudades dedicados a otros dioses) eran la fiesta religiosa y la competición deportiva y cultural más importante de toda Grecia. La corona de olivo, premio a la victoria,  era el trofeo más codiciado por un griego, aunque cada ciudad subvenía económicamente a sus ciudadanos, considerados auténticos héroes, aunque lo realmente importante era obtener la fama.

    Se celebraron cada cuatro años sin interrupción desde el año 776 a. C. hasta el año 394 después de Cristo, en que el emperador romano cristiano Teodosio los prohibió por considerarlos un culto y rito pagano. El Cristianismo, que incorporó tantas cosas paganas a su credo y ritual, prefirió suprimir las Olimpiadas. En realidad en los últimos tiempos había desaparecido el primitivo espíritu olímpico y los Juegos habían decaído notablemente. En todo caso habían  pervivido 1170 años prácticamente sin ininterrupciones, aunque surge la duda de qué ocurrió entre las Olimpiadas 265 y 286 porque no se conservan las listas de vencedores de esta época . Hemos tardado más en recuperarlas en la época moderna, exactamente 1.500  años.
     

  • Un cuerpo sin nombre (sine nomine corpus)

    Uno de los pasajes de más intensidad poética de la Eneida es aquel en el que Virgilio (70-19 a.C.) nos narra en el Libro II la muerte y fin de Príamo, el anciano rey de Troya

    A su vez en ese pasaje son especialmente emotivos los versos 554 a 558, que causan a la vez  una sentimental y racional impresión:

    Este fue el fin  del destino de Príamo, esta fue la salida
    que le toco en suerte: ver Troya incendiada y Pérgamo arrasada,
    él en otros tiempos rey poderoso de tantos pueblos y tierras de Asia.
    Yace ahora tendido en la playa un enorme tronco
    y la cabeza arrancada de los hombros y  un cuerpo sin nombre.

    haec finis Priami fatorum, hic exitus illum
    sorte tulit Troiam incensam et prolapsa uidentem
    Pergama, tot quondam populis terrisque superbum
    regnatorem Asiae. iacet ingens litore truncus,
    auulsumque umeris caput et sine nomine corpus.

    ¿Qué es un cuerpo sin cabeza sino un tronco sin nombre, un cuerpo amorfo, sin identidad?

    Pues bien, la realidad con frecuencia supera a la ficción. Virgilio nació en octubre del año 70 a.C. y la batalla de Farsalia tuvo lugar en agosto del año 48 a.C.;  por tanto casi tenía  22 años de edad.  Virgilio vivió la Guerra Civil entre César y Pompeyo y con toda seguridad conoció la crónica de la batalla de Farsalia y el triste final de Cnaeus Pompeius Magnus, es decir de Cneo Pompeyo el Grande.

    Pompeyo era miembro de una de las familias itálicas  más importantes; fue tres veces cónsul y fue un gran general al que se le encargaron grandes acciones bélicas en beneficio de Roma: obtuvo tres veces el premio del triunfo, sólo concedido a quien había vencido en una gran contienda,  por sus victorias en Africa, sus victorias en Hispania contra Sertorio y luego contra los restos del ejército de Espartaco y el tercero por su victoria sobre los piratas y en Asia.

    La ceremonia del triunfo, de grandiosa vistosidad, consistía en un desfile militar del general con sus tropas y el botín conseguido por las calles de Roma, desde el Campo de Marte hasta  el Capitolio; el general vestido como el dios Júpiter ascendía en su carro hasta el templo de Júpiter Optimo y Máximo (Iuppiter Optimus Maximus).

    El triunfo era la mayor recompensa para un general romano, al que se reconocía como “imperator”. Imaginemos, pues, a Pompeyo triunfando tres veces por las calles de Roma.

    Pues bien, César y Pompeyo mantuvieron relaciones familiares (estuvo casado con Julia, hija de César, que murió muy joven de parto), cierta amistad y una relación política equilibrada  que les llevó a repartirse el poder con Craso, enormemente rico, y formar el famoso triunvirato, o gobierno de los tres hombres (tri = tres y vir =hombre).

    Craso murió derrotado en Carras, en la actual Turquía, en el año 53 a.C. y la relación entre César y Pompeyo no sólo se fue enfriando sino que a la larga resultaba imposible de mantener dada la ambición y personalidad de ambos. Surgió, pues, la guerra civil en la que legiones y aliados romanos se enfrentaban a otras legiones y aliados romanos. La batalla de Farsalia del año 48 fue decisiva. César, con un ejército menor pero bien entrenado, venció al Gran Pompeyo, a Pompeius Magnus, con un ejército mucho mayor.

    Tras la derrota, Pompeyo se comportó como no correspondía y se esperaba de un general romano. Abandonó a sus soldado y huyó a Egipto buscando la ayuda del rey Tolomeo, todavía niño. Llegó a Alejandría, capital del Egipto Tolemaico; le recibieron cordialmente y le pidieron que se presentara ante el rey;  se acercó al barco en el que venía Pompeyo  una barquichuela en la que entre otros se encontraban el prefecto real  Aquilas y Lucio Septimio que había sido centurión de Pompeyo en la guerra de los piratas; Pompeyo subió a la barquichuela y allí lo apuñalaron y mataron estos dos personajes, delante de su propia esposa,  la víspera del día en que hubiera cumplido 59 años.

    Cortaron y conservaron la cabeza del gran general para entregársela a César; el cuerpo desnudo lo dejaron abandonado en la playa.

    Dice Plutarco (46-120?) en su Pompeyo,80.1

    Pero  cortaron la cabeza de Pompeyo,  arrojaron el resto de su cuerpo desnudo de la barca, y lo dejaron abandonado para los que ansiaban  tan lamentable espectáculo.

    τοῦ δὲ Πομπηΐου τὴν μὲν κεφαλὴν ἀποτέμνουσι, τὸ δὲ ἄλλο σῶμα γυμνὸν ἐκβαλόντες ἀπὸ τῆς ἁλιάδος τοῖς δεομένοις τοιούτου θεάματος ἀπέλιπον.

    Es decir, se hacía realidad la imagen  salvaje de lo que poéticamente diría después Virgilio:

          iacet ingens litore truncus,
    auulsumque umeris caput et sine nomine corpus.

    Quien en tantas ocasiones había salvado a Roma, quien en tres ocasiones, como un dios subió la cuesta de la colina capitolina celebrando el triunfo, la mayor recompensa para los vencedores, yace ahora abandonado en la playa.

    Al día siguiente unos soldados  recogieron el tronco “sine capite, sine nomine”   y le dieron piadosa sepultura. Esta muerte, que nos parece de una enorme crueldad , no desmerece por otra parte de la violencia brutal y gratuita que con frecuencia  empleó  Pompeyo, a quien Valerio Máximo, escritor de la época de Tiberio (14-37) describe en sus  “Facta et dicta memorabilia, 6,2.8 (Hechos y dichos memorables) como “adulescentulus carnifex” (el jovencito carnicero).

    ¿Tendría  Virgilio esta imagen inquietante en su retina cuando narró el final de Príamo, anciano y venerable rey de Troya?

    Veleyo Patérculo (19 a.C.-31 d.C.) en Historia Romana 2.53.3 narra el final contraponiendo su gloriosa carrera militar a su triste muerte, lo  que resultaría ya un tópico entre los historiadores:

    Este fue, después de tres consulados y otros tantos triunfos y de ser el dueño del orbe de las tierras,  el final de un hombre santísimo e importantísimo, elevado hasta donde no se puede alcanzar, a los 58 años de edad, la víspera de su cumpleaños; hasta tal punto le abandonó la fortuna que a quien no le faltaron tierras para la victoria le faltaba ahora para la sepultura.

    Hic post tres consulatus et totidem triumphos domitumque terrarum orbem sanctissimi atque praestantissimi viri in id evecti, super quod ascendi non potest, duodesexagesimum annum agentis pridie natalem ipsius vitae fuit exitus, in tantum in illo viro a se discordante fortuna, ut cui modo ad victoriam terra defuerat, deesset ad sepulturam.

    Apiano (95?-165?), en su Historia Romana, en la parte correspondiente a las Guerras Civiles, BC 2 ,12, 85-86 nos narra también este triste final con palabras parecidas.

    La esposa de Pompeyo y sus amigos, que lo veían desde la distancia gritaron y levantando sus manos al cielo, invocaban a los dioses vengadores de la confianza violada. Luego se hicieron a toda prisa a la mar lejos como si de un país enemigo se tratase. Los esclavos de Potino cortaron la cabeza de Pompeyo y la guardaron para César, esperando recibir una buena recompensa,  pero les aplicó un digno castigo por su nefando crimen.  Los restos de su cuerpo fueron enterrados  por alguien en la orilla, y un pequeño monumento fue levantado sobre ellos, en el que alguien grabó esta inscripción:
    “Qué tumba tan lamentable es esta  aquí para quien dispuso de tantos templos”

    Dion Casio nos cuenta en su Historia Romana LXIX. 11, como años más tarde el emperador Adriano, que  en el año 122 marchaba de Judea a Egipto, visitó la tumba, ya en ruinas, de Pompeyo y recitó el verso que también cita Apiano:

    ¡Qué tumba tan lamentable hay aquí para quien tuvo templos en abundancia!

    y ordenó su reparación.