Categoría: Historia Arqueología

  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (III)

    La expresión “urbi et orbi” tuvo notable éxito por referirse a una “urbe” que se convirtió en la capital del “orbe” y también porque en sí misma la frase encierra un atractivo juego de palabras consistente en relacionar dos palabras de distinto significado pero que tan sólo se diferencian en un fonema o en una letra; es decir, porque “urbi et orbi” es una paronomasia.

    Varrón, lógicamente no resiste  la tentación de buscar una explicación o extraer una conclusión, (no importa si es acertada o no, que no parece serlo), de la proximidad entre los dos términos: urbem y orbem. Lo hace en su De lingua Latina, V,143:

    Muchos fundadores levantaban en el Lacio ciudades siguiendo el rito etrusco, a saber: después de uncir dos animales vacunos, un toro y una vaca –que ocuparía lz posición interior-, trazaban con el arado un survo, para sentirse fortificados por un foso y una muralla. Naturalmente la operación laa realizaban un día en que, de acuerdo con la religión, los auspicios fueran favorables. El agujero resultante de extraer la tierra lo llamaban fossa: y la tierra  arrojada tras él, murum (muralla). Después de ello, el círculo (orbis) que se obtenía era el comienzo de la ciudad (urbs, urbis); y, como ese círculo se encontraba detrás de la muralla (post murum), se denominaba post moerium: hasta aquí llegaba el lugar en que podían tomarse los auspicios de la ciudad. En torno a Aricia y a Roma aún están en pie los mojones del pomerio. Resumiendo: las ciudades cuyos límites eran trazados con un arado se llamaban urbes, nombre derivado de orbis (círculo) y urvum (cama del arado). Por este motivo, en los documentos antiguos todas nuestras colonias se regisgtran con la denominación de urbes, porque fueron fundadas del mismo modo que Roma; y por idéntica razón las colonias se fundan como ciudades, porque están colocadas dentro de un pomerio.

    Oppida condebant in Latio Etrusco ritu multi, id est, iunctis bobus, tauro et vacca interiore, aratro circumagebant sulcum (hoc faciebant religionis causa die auspicato), ut fossa et muro essent muniti. Terram unde exculpserant, fossam vocabant et introrsum iactam murum. Post ea qui fiebatorbis, urbis principium; qui quod erat post murum, postmoerium dictum, eo usque auspicia urbana finiuntur. Cippi pomeri stant et cirum Ariciam et circum Romam. Quare et oppida quae prius erant circumducta aratro ab orbe et urvo urbes; et ideo coloniae nostrae omnes in litterid antiquis scribunturt urbes, quod ítem conditae ut Roma; et ideo coloniae et urbes conduntur, quod intra pomerium ponuntur.

    Presentaré algunos textos que ejemplifiquen la utilización en la Antigüedad de esta paronomasia.

    Cornelio Nepote (c. 100 a. C.- c. 25 a. C.) en la vida de Atico pone  en contacto ambas palabras:

    Nepote, Vida de Ático, 20,5

    Quán difícil sea esto, lo conocerá mas bien quien sea capaz de comprehender, cuanta cordura es menester para conservarse en el trato y amor de dos sujetos, que además de competir sobre intereses de la mayor inportancia, estaban tan opuestos y encontrados, como era forzoso  lo estuviesen César y M.Antonio, deseando uno y otro mandar, no solo Roma, sino a todo el universo. (Traducción de Rodrigo de Oviedo)

    hoc quale sit, facilius existimabit is, qui iudicare poterit, quantae sit sapientiae eorum retinere usum benivolentiamque, inter quos maximarum rerum non solum aemulatio, sed obtrectatio tanta intercedebat, quantam fuit incidere necesse inter Caesarem atque Antonium, cum se uterque principem non solum urbis Romae, sed orbis terrarum esse cuperet.

    Así Ovidio, en su Arte de Amar comenta que los espectáculos públicos a los que asisten las mujeres son una buena ocasión para establecer algún tipo de relación. En este pasaje hace una interesante integración, una paronomasia entre “urbe” y “orbis”: atque ingens orbis in Urbe fuit

    Arte de amar, 1, 171 y ss.

    ¿Y qué pasó, cuando últimamente César enfrentó las naves persas con las cecropias  aparentando que se trataba de una batalla naval?  Jóvenes y muchachas de uno y otro mar llegaron hasta aquí y una gran parte del orbe estuvo en la urbe. ¿Quién no encontró prenda que amar entre toda aquella muchedumbre?¡ay! a cuántos les hizo sufrir un amor llegado de lejos!

    He aquí que el César se prepara para anexionarse lo que falta por conquistar del orbe: ahora, Oriente remoto, serás nuestro. Parto, sufrirás el castigo. ¡Alegraos vosotros, Craso y compañeros que estáis ya enterrados, y vosotras, enseñas que sufristeis en mala hora las manos de los bárbaros! Aquí está vuestro vengador, y promete ser general desde sus primeros años y, aunque sólo es un muchacho,  lleva con acierto una guerra difícil de dirigir para un muchacho.  (Traducción de Vicente Cristobal López)

    quid, modo cum belli navalis imagine Caesar
       Persidas induxit Cecropiasque rates?
    nempe ab utroque mari iuvenes, ab utroque puellae
       Venere, atque ingens orbis in Urbe fuit.
    quis non invenit turba, quod amaret, in illa?      
       eheu, quam multos advena torsit amor!
    ecce, parat Caesar domito quod defuit orbi
       addere: nunc, oriens ultime, noster eris.
    Parthe, dabis poenas: Crassi gaudete sepulti,
    signaque barbaricas non bene passa manus.      
    ultor adest, primisque ducem profitetur in annis,
       bellaque non puero tractat agenda puer.

    Veleyo Paterculo (c. 19 a. C. – c. 31), Historia de Roma, 2,44

    Así, éste, siendo cónsul constituyó una sociedad de poder entre Gneo Pompeyo,  Marco Craso y él, que fue nefasta para Roma y para el mundo (quae urbi orbique terrarum) y les acarreó consecuencias no menos fatales a cada uno en distintos momentos. Al secundar este proyecto, Pompeyo había tenido la intención de que su conducta en las provincias del otro lado del mar, que muchos, según hemos dicho, criticaban, fuera finalmente aprobada por medio del cónsul César; por su parte, César se daba cuenta de que cediendo ante la gloria de Pompeyo aumentaría la suya, y que al desviarse hacia éste los odios por el poder compartido, él iba a reforzar sus posibilidades; Craso, como no había podido conseguir él solo el principado, intentaba alcanzarlo por la autoridad de Pompeyo y los recursos de César. También se estableció un parentesco por matrimonio entre César y Pompeyo; pues Gneo Magno se casó con la hija de Gayo César. (Traducción de María Asunción Sánchez Manzano. Editorial Gredos)

    Hoc igitur consule inter eum et Cn. Pompeium et M. Crassum inita potentiae societas, quae urbi orbique terrarum nec minus diverso cuique tempore ipsis exitiabilis fuit.  Hoc consilium sequendi Pompeius causam habuerat, ut tandem acta in transmarinis provinciis, quibus, ut praediximus, multi obtrectabant, per Caesarem confirmarentur consulem, Caesar autem, quod animadvertebat se cedendo Pompei gloriae aucturum suam et invidia communis potentiae in illum relegata confirmaturum vires suas, Crassus, ut quem principatum solus adsequi non poterat, auctoritate Pompei, viribus teneret Caesaris,  adfinitas etiam inter Caesarem Pompeiumque contracta nuptiis, quippe Iuliam, filiam C. Caesaris, Cn. Magnus duxit uxorem.

    Tertuliano (ca.160-ca.220), 40,1-4 en su Apologeticum pone en relación las dos palabras:

    quantae clades orbem et urbes ceciderunt!

    Que las calamidades no suceden al mundo ni al imperio por ocasión de los cristianos, como dicen los gentiles. Antes por el contrario, el nombre de amotinados se debe acomodar a los que conspiran en odio de los buenos y honrados, a los que proclaman contra la sangre inocente, excusando el odio con pretexto de aquella frívola vanidad con que piensan, que toda común desdicha y las particulares descomodidades del pueblo suceden por causa de los cristianos . Si el Tíber sube a las murallas ; si el Nilo no llega a regar las vegas; si el cielo está sereno y no da lluvias; si la tierra tiembla o se estremece; si el hambre aflige; si la peste mata, luego grita el pueblo: arrójense los cristianos al león. ¿Un león para tantos?

    Yo ruego que me digáis: ¿cuántas calamidades cayeron sobre el mundo y sobre Roma (quantae clades orbem et urbes ceciderunt! ) antes del imperio de Tiberio , esto es, antes de la venida de Cristo? Leemos que Hierápoli  y las islas de Delon, Rodas  y Coon, con muchos millares de hombres se hundieron.

    At e contrario illis nomen factionis accommodandum est, qui in odium bonorum et proborum conspirant, qui adversum sanguinem innocentium conclamant, praetexentes sane ad odii defensionem illam quoque vanitatem, quod existiment omnis publicae cladis, omnis popularis incommodi Christianos esse in causa[m].  Si Tiberis ascendit in moenia, si Nilus non ascendit in arva, si caelum stetit, si terra movit, si fames, si lues, statim: «Christianos ad leonem!» acclamatur. Tantos ad unum?
    Oro vos, ante Tiberium, id est ante Christi adventum, quantae clades orbem et urbes ceciderunt! Legimus Hieran, Anaphen et Delon et Rhodon et Co insulas multis cum milibus hominum pessum abisse.

    Sidonio Apolinar (hacia el 430-489 d.C.) obispo de Clermont Ferrand, en Carmina,7, se sirve de esta paronomasia: captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet (verso 557)

    El Carmen 7 es un panegírico a su suegro Avito cuando fue nombrado emperador. En una reunión de los dioses Roma se queja de su decadencia; se pasa revista a su historia e interviene Júpiter. Luego Avito es proclamado emperador por los visigodos y por los galorromanos.

    Sidonio Apolinar, Carmina, 7, 550 y ss.

    »Ahora te llama el destino supremo; en un tiempo azaroso  no gobierna el Imperio un cobarde. Se deja de lado todo rodeo cuando una situación extrema requiere un hombre preclaro: tras las derrotas del Tesino y Trebia la república atemorizada acudió apresurada a Fabio. La elección de Livio hizo olvidar la célebre derrota de Cannas, a pesar de la fuga de Varrón, e hizo quebrar al fenicio, engreído por la  muerte de los Escipiones.

    »Dicen que el mundo yace cautivo en la urbe (captivus, ut aiunt, orbis in urbe iacet;) el emperador ha muerto; aquí tiene hoy una cabeza todo el imperio. Te lo pedimos, sube al tribunal, levanta a los que están decaídos;  en esta situación, el momento no pide que algún otro ame más a Roma.

    »No pienses que quizá no eres digno del mando: tú sabes que cuando los estandartes de Breno acosaban la roca Tarpeya, toda la república era Camilo, quien, obligado a vengar a la patria, cubrió los humeantes rescoldos con una matanza de enemigos.

    »No han sido regalos al populacho los que han dispuesto a tu favor lascenturias, ni acuden a votarte tribus venales, sobornadas a punta de dinero. Nadie compra el voto del mundo. Eres elegido, aunque pobre; basta una sola cosa: eres rico en méritos. ¿Por qué tardas en aceptar la voluntad  de la patria que te ordena tomar elmando? Éste es el pensamiento de todos: si tú te conviertes en señor, yo seré libre’.(Traducción de Agustín López Kindler. Editorial Gredos)

    nunc iam summa vocant,  dubio sub tempore regnum
    non regit ignavus, postponitur ambitus omnis
    ultima cum claros quaerunt: post damna Ticini
    ac Trebiae trepidans raptim respublica venit
    ad Fabium; Cannas celebres Varrone fugato
    Scipiadumque etiam turgentem funere Poenum
    Livius electus fregit, captivus, ut aiunt,
    orbis in urbe iacet; princeps perit, hic caput omne
    nunc habet imperium, petimus, conscende tribunal, 
    erige collapsos; non hoc modo tempora poscunt,
    ut Romam plus alter amet. nec forte reare
    te regno non esse parem: cum Brennica signa
    Tarpeium premerent, scis, tum respublica nostra
    tota Camillus erat, patriae qui debitus ultor
    texit fumantes hostili strage favillas.
    non tibi centurias aurum populare paravit,
    nec modo venales numerosoque asse redemptae
    concurrunt ad puncta tribus; suffragia mundi
    nullus emit, pauper legeris ; quod sufficit unum,
    es meritis dives, patriae cur vota moraris,
    quae iubet ut iubeas ? haec est sententia cunctis :
    si dominus fis, liber ero.’

    Flavio Cresconio Coripo (Flavius Cresconius Corippus) que vivio aproximadamente del año 500 al 570 de nuestra era fue probablemente el último autor latino importante de la Antigüedad, de la época de los emperadores bizantinos Justiniano I y Justino II. Sus dos principales obras son el poema épico Johannis y el panegírico In laudem Justini minoris.

    Es justamente en esta última en el que utiliza en varias ocasiones la fórmula “urbis-orbis”; precisamente es un rasgo de su estilo la repetición de palabras y conceptos y también el uso de paronomasias o palabras muy parecidas en la forma aunque distintas en el significado. Así

    Verso I, 173 y ss.

    Todo el grupo, postrado y tendido ante sus pies, mientras así hablaba, dice al unísono: ≪Ten piedad, compadécete, santo varón, de quienes te suplican, ven a socorrernos en la adversidad. Pronto verás con la llegada del día que todo se habrá perdido, si el pueblo llega a percibir el vacío de poder, ante la pérdida del emperador. Por mucho que te conmueva el afecto por tu buen padre, que no sea el amor a la patria menor que el de tu progenitor. Tu mismo tío, moribundo, te ordenó con sus propias palabras que fueras tu quien conservara el cetro. Mira cuanta fue la previsión y solicitud del anciano para con nuestra ciudad y el mundo entero. (aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis)  En tu favor hizo Dios todo lo que quiso que fuera realizado. Sube al trono paterno, príncipe  valerosísimo, y gobierna el mundo que a ti se somete. (Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

    Talia dicentis pedibus prostrata iacensque
    omnis turba simul “pius es, miserere” perorat
    “supplicibus, vir sancte, tuis: succurre periclis.
    Omnia mox veniente die periisse videbis,
    si vacuam vulgussine príncipe senserit aulam.
    Quantumcumque boni moveat dilectio patris,
    non sit amor patriae patrio minor. Ipse tenere
    sceptra tuus moriens te iussit avunculus ore.
    aspice quanta fuit nostrae simul urbis et orbis
    próvida cura seni. pro te deus omnia fecit,
    quae fieri voluit. solium conscende paternum
    et rege subiectum, prínceps fortissime, mundum

    Y de nuevo en Verso 244 y ss.

    Y no injustamente, creo, pues ¿iba a estar él, al morir, tan dichoso y con semblante tan lleno de bondad, si su alma, consciente del bien que llevo a cabo, no hubiera abandonado sus tranquilos miembros, volando hacia el cielo y no hubiera afianzado el imperio tras confirmar a un heredero? Cuando acudió allí el noble Justino, poniendo sus amorosos brazos en tomo al cuerpo sin  vida, así hablo sollozando: ≪Luz de la ciudad y del universo, padre Justiniano, ¿abandonas tu amada corte y dejas a tus allegados, a tus sirvientes y a tantos súbditos? ¿Menosprecias la tierra? ¿No velas por el mundo extenuado? Aquí tienes a los ávares, a los amenazadores francos, a los gépides, a los getas y a tantas otras naciones que, tras poner en movimiento sus enseñas, provocan guerras por doquier. ¿Con qué empuje vamos a vencer a tantos enemigos si tú, firmeza de Roma, estás muerto?≫.
    ((Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

    Haud, reor, immerito sic laetus et ore benignus
    Ille foret moriens, nisi mens sibi conscia recti
    in caelum properans securos linqueret artus
    et tutum imperium firmato herede locaret.
    Huc ubi magnanimus sacra cum coniuge venit,
    cara per exanimum circumdans brachia corpus
    cum lacrimis Iustinus ait: “lux urbis et orbis,
    Iustiniane pater, dilectam deseris aulam?
    Cognatos fámulos et tantos linquis alumnos?
    Contemnis terras? Fesso non prospicis orbi?
    En Avares Francique truces Gepidesque Getaeque
    totque aliae gentes commotis undique ignis
    bella movent; qua vi tantos superabimos hostes,
    cum virtus Romana iacet?…

    Y otra vez en verso III, 72 y ss.:

    Organos, plectros y liras resonaron por toda la ciudad; se ofrecieron mil clases de espectáculos, mil festines, hubo danzas, risas, ajetreo, regocijo y aplausos. Desean larga vida a los emperadores entre alegres clamores. ≪Tras la vejez≫, afirman, ≪el mundo se regocija por su rejuvenecimiento y busca los principios de su aspecto originario. Desaparece ahora una edad de hierro y surge una edad de oro en tu época, Justino, esperanza de la ciudad y del mundo, resplandor del imperio romano, gloria añadida a todos los emperadores que te precedieron, cuya sabiduría victoriosa obtuvo la más alta cumbre del reino paterno≫. (Traducción de Ana Ramírez Tirado. Editorial Gredos)

    Organa, plectra, lyrae totam insonuere per urbem.
    Mille voluptatum species, convicia mille,
    saltatus, risus, discursus, gaudia, plausus.
    Augustis vitam laetis clamoribus optant.
    post senium dicunt “sese iuvenescere mundus
    gaudet Et antiquae repetit  primordia formae.
    Férrea nunc abeunt aurea saecula surgunt
    temporibus, Iustine, tuis, spes urbis et orbis,
    Romani iubar imperii, decus addite cunctis
    retro principibus, cuius sapientia victrix
    obtinuit patrii fastigia máxima regni.”

    El resumen de todo esto, del contenido y de la figura literaria,  lo personifica un verso feliz del poeta galo del siglo V Rutilio Namaciano, del que conservamos parte del único poema que sabemos que escribió, titulado “De reditu suo” (Sobre el regreso). En él canta la grandeza y antiguo esplendor de Roma y critica al Cristianismo. En el llamado Himno a Roma, que aparece personificada, encontramos el verso resumen al que me refería:

                 ‘urbem fecisti quod prius orbis erat’
    “formaste una ciudad de lo que antes era un mundo”

    “!Escucha, Roma, hermosisima reina de un mundo que
    es tuyo, acogida entre las celestes estrellas!
    !Escucha, engendradora de hombres y engendradora de dioses,
    gracias a tus templos no nos mantenemos alejados del cielo!
    A ti cantamos y siempre cantaremos mientras los hados lo permitan:
    nadie en vida puede olvidarte. Antes sepultaria yo el sol en impio olvido
    que apartar de mi corazon tu gloriosa fama,
    pues derramas tus favores como rayos de sol
    por donde se agita vacilante el envolvente Oceano.
    Por ti da vueltas Febo, que todo lo abarca,
    y en ti esconde los caballos que de ti habian salido.
    A ti no te detuvo Libia con sus ardientes arenas
    ni te arredro la Osa guarnecida de hielo.
    Cuanta extension comprende la naturaleza hasta las regiones habitables,
    otro tanto la tierra se convierte en camino accesible a tu valor.
    Formaste de pueblos distintos una unica patria;
    al imponer tu poder, beneficiaste a los vencidos,
    ignorantes de la justicia, y al ofrecerles compartir tus propias leyes,
    formaste una ciudad de lo que antes era un mundo.(
    ‘urbem fecisti quod prius orbis erat’)
    Como autores de tu linaje reconocemos a Venus y a Marte,
    la madre de los Eneadas y el padre de los Romulidas.
    Cuando vences, la clemencia ablanda tu brazo armado:
    en tu personalidad aunas la inspiracion de ambos dioses.
    De ahi tu gran satisfaccion en combatir y en perdonar:
    vences a quienes has temido, amas a quienes has vencido.

    (Traducción de Alfonso Grcía-Torano Martínez. Editorial Gredos).

    «exaudi, regina tui pulcherrima mundi,
    inter sidereos Roma recepta polos,
    exaudi, genetrix hominum genetrixque deorum,
    non procul a caelo per tua templa sumus:
    te canimus semperque, sinent dum fata, canemus:
    sospes nemo potest immemor esse tui.
    obruerint citius scelerata oblivia solem,
    quam tuus ex nostro corde recedat honos.
    nam solis radiis aequalia munera tendis,
    qua circumfusus fluctuat Oceanus.
    volvitur ipse tibi, qui continet omnia, Phoebus
    eque tuis ortos in tua condit equos.
    te non flammigeris Libye tardavit harenis,
    non armata suo reppulit Ursa gelu:
    quantum vitalis natura tetendit in axes,
    tantum virtuti pervia terrae tuae.
    fecisti patriam diversis gentibus unam:
    profuit iniustis te dominante capi.
    dumque offers victis proprii consortia iuris,
    urbem fecisti quod prius orbis erat.
    «auctores generis Venerem Martemque fatemur,
    Aeneadum matrem Romulidumque patrem:
    mitigat armatas victrix clementia vires,
    convenit in mores nomen utrumque tuos:
    hinc tibi certandi bona parcendique voluptas:
    quos timuit superat, quos superavit amat.

    La Iglesia Católica y Romana es deudora de la antigua Roma en casi todo, en gran parte de sus mitos, creencias y dogmas, en sus ritos, en su expresión artística, en su estructura administrativa y jurídica, y por supuesto en su lengua oficial, que sigue siendo el latín. Esta expresión es una prueba más de ello. Si el Papa Católico hoy puede dirigirse “a la ciudad y al mundo” es precisamente porque él es “el obispo de Roma”, la ciudad (urbs) que fue capital del mundo (orbis)

  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (II)

    El romano, en su autoafirmación y autocomplacencia, llega a confundir el “orbis terrarum” con el “orbis romanus”. Son innumerables también los textos y los hechos que pretenden asentar en los ciudadanos esta idea de que el mundo, al menos el interesante, es romano.

    Es lo que, por ejemplo, podemos apreciar en Cicerón, Rhetorica  Ad Herennium, 4,9,13:

    Un discurso será del estilo medio si, como he indicado antes, rebajamos ligeramente el tono sin descender sin embargo hasta el más bajo; por ejemplo:

    Estáis viendo, jueces, contra quiénes luchamos. Contra aliados que solían combatir a nuestro lado y defendían con su valor y esfuerzo nuestro imperio. Conocen sin duda sus propios recursos y tropas y, por la vecindad y las relaciones todo tipo con nosotros, podían igualmente conocer y evaluar todo el poder del pueblo romano. Cuando decidieron hacernos la guerra, decidme, en qué confiaban pata atacarnos, sabiendo que la mayoría casi absoluta de nuestros aliados permanecería fiel a sus obligaciones, viendo que no disponían de tropas abundantes, generales expertos, fondos públicos ni, en definitiva, nada de lo que se necesita para realizar una guerra. Incluso luchando contra algún vecino por una cuestión de fronteras o pensando resolver el conflicto en una sola batalla, habrían acudido al combate mejor armados y equipados. Mucho menos creíble es que intentaran con tan pocas tropas apoderarse del imperio que domina el mundo, un imperio que todos los pueblos, reyes y naciones han aceptado, unos por la fuerza, otros voluntariamente, vencidos por las armas o la generosidad del pueblo romano. Alguien se preguntará: '¿Y los habitantes de Fregelas?''. ¿Es que ellos no lo intentaron por su propia voluntad?’ Sí, y precisamente por ello no hubieran debido intentarlo, después de ver cómo los de Fregelas salieron malparados. La ignorancia hace caer fácilmente en el error a los pueblos que por falta de experiencia no pueden encontrar precedentes en su historia para cada cuestión. Por el contrario, los que conocen lo que les ha sucedido a otros pueden fácilmente obtener provecho propio de las experiencias ajenas. ¿Ningún motivo les indujo? ¿No tenían la menor esperanza cuando empeñaron las armas? ¿Quién creerá que alguien ha sido tan insensato como para atreverse a atacar el poder del pueblo romano sin el apoyo de alguna fuerza? Algún motivo, por tanto,  debió existir. Y ¿qué otro puede ser sino el que os digo?”
    (Traducción de Salvador Núñez. Editorial Gredos)

    In mediocri figura versabitur oratio, si haec, ut ante dixi, aliquantum demiserimus neque tamen ad infimum descenderimus, sic:

    «Quibuscum bellum gerimus, iudices, videtis: cum sociis, qui pro nobis pugnare et imperium nostrum nobiscum simul virtute et industria conservare soliti sunt. Ii cum se et opes suas et copiam necessario norunt, tum vero nihilominus propter propinquitatem et omnium rerum societatem, quid omnibus rebus populus Romanus posset, scire <et> existimare poterant. Ii, cum deliberassent nobiscum bellum gerere, quaeso, quae res erat, qua freti bellum suscipere conarentur, cum multo maximam partem sociorum in officio manere intellegerent? Cum sibi non multitudinem militum, non idoneos imperatores, non pecuniam publicam praesto esse viderent? Non denique ullam rem, quae res pertinet ad bellum administrandum? Si cum finitumis de finibus bellum gererent, si totum certamen in uno proelio positum putarent, tamen omnibus rebus instructiores et apparatiores venirent; nedum illi imperium orbis terrae, cui imperio omnes gentes, reges, nationes partim vi, partim voluntate consenserunt, cum aut armis aut liberalitate a populo Romano superati essent, ad se transferre tantulis viribus conarentur. Quaeret aliquis: Quid? Fregellani non sua sponte conati sunt? Eo quidem isti minus facile conarentur, quod illi quemadmodum discessent videbant. Nam rerum inperiti, qui unius cuiusque rei de rebus ante gestis exempla petere non possunt, ii per inprudentiam facillime deducuntur in fraudem: at ii, qui sciunt, quid aliis acciderit, facile ex aliorum eventis suis rationibus possunt providere. Nulla igitur re inducti, nulla spe freti arma sustulerunt? Quis hoc credet, tantam amentiam quemquam tenuisse, ut imperium populi Romani temptare auderet nullis copiis fretus? Ergo aliquid fuisse necessum est. Quid aliud, nisi id, quod dico, potest esse?»

    Es lo que en varias ocasiones dice Ovidio. Así   a propósito de las celebraciones del día 1 de Enero al dios Jano en Fasti,1,75 y ss.:

    ¿Ves cómo reluce el cielo con los fuegos perfumados y crepita la espiga cilicia al
    encender las hogueras? La llama reverbera con su brillo en el oro de los templos y esparce el resplandor tembloroso en lo alto del santuario. Van con las ropas intactas al alcázar de Tarpeya  y el pueblo lleva el mismo color que el color de su fiesta; ya marchan delante los nuevos mandos, nueva púrpura refulge y el marfil llamativo  siente pesos nuevos. Novillos exentos del trabajo, que la hierba falisca alimentó en sus campiñas ofrecen su cuello para  que los hieran. Júpiter, cuando mira a todo el orbe desde su alcázar, no encuentra nada que ver que no sea romano. ¡Salud, día bienhechor!: vuelve cada vez mejor, merecedor de que te honre el pueblo dueño del mundo. Mas con todo, ¿qué dios diré que eres tú, Jano biforme? Pues Grecia no tiene numen ninguno parejo a ti. Y a la vez revela el motivo por el que eres el único entre los celestiales que ves lo que está a la espalda y lo que está delante.

    cernis odoratis ut luceat ignibus aether,              
         et sonet accensis spica Cilissa focis?
    flamma nitore suo templorum verberat aurum,
         et tremulum summa spargit in aede iubar.
    vestibus intactis Tarpeias itur in arces,
         et populus festo concolor ipse suo est,              
    iamque novi praeeunt fasces, nova purpura fulget,
         et nova conspicuum pondera sentit ebur.
    colla rudes operum praebent ferienda iuvenci,
         quos aluit campis herba Falisca suis.
    Iuppiter arce sua totum cum spectet in orbem,              
         nil nisi Romanum quod tueatur habet.
    salve, laeta dies, meliorque revertere semper,
         a populo rerum digna potente coli.
    Quem tamen esse deum te dicam, Iane biformis?
         nam tibi par nullum Graecia numen habet.              
    ede simul causam, cur de caelestibus unus
         sitque quod a tergo sitque quod ante vides.

    Y luego, un poco más abajo: 

    "el espacio de la ciudad de Roma es el mismo que el del mundo".

    Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

    Fastos 2, 667 y ss.

    ¿Qué pasó cuando se construyó el nuevo Capitolio? Por supuesto, toda la legión de los dioses cedió ante Júpiter, haciéndole sitio. Término, según cuentan los antiguos, fue hallado en el templo, y allí se quedó, poseyéndolo junto con el gran Júpiter. Ahora además, para no ver por encima de sí nada que no sean las estrellas, el techo del templo tiene una pequeña claraboya. A partir de entonces no eres libre de levantarte, Término; quédate en el emplazamiento en que  te colocaron, y no cedas un átomo al vecino que te lo pida, para que no parezca que pones a un hombre delante de Júpiter. Ya te empujen con las rejas o con el rastrillo, grita: «Este campo es tuyo, aquél es suyo». Hay un camino  que lleva a la gente a los campos laurentes, el reino que el caudillo dardanio buscó en otro tiempo; en el sexto miliario desde la ciudad se celebra por ese camino una ceremonia por ti, Término, con las visceras de una oveja lanuda. Los demás pueblos tienen cada uno una tierra dada dentó de límites fijos; el espacio de la ciudad de Roma es el mismo que el del mundo.

    quid, nova cum fierent Capitolia? nempe deorum
         cuncta Iovi cessit turba locumque dedit;
    Terminus, ut veteres memorant, inventus in aede
         restitit et magno cum Iove templa tenet.               670
    nunc quoque, se supra ne quid nisi sidera cernat,
         exiguum templi tecta foramen habent.
    Termine, post illud levitas tibi libera non est:
         qua positus fueris in statione, mane;
    nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
         ne videare hominem praeposuisse Iovi:
    et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
         clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'
    est via quae populum Laurentes ducit in agros,
         quondam Dardanio regna petita duci:               680
    illa lanigeri pecoris tibi, Termine, fibris
         sacra videt fieri sextus ab Urbe lapis.
    gentibus est aliis tellus data limite certo:
         Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

    Los triunfos de Pompeyo de Oriente a Occidente confirman a los romanos que ellos son los dueños del mundo. Plutarco nos presenta el triple desfile triunfal de Pompeyo, en el que participa todo el imperio, toda la tierra que había conquistado.

    Plutarco, Pompeyo 45:

    A la grandeza de su triunfo, aunque se repartió en dos días, no bastó este tiempo, sino que muchos de los objetos que le decoraban pasaron sin ser vistos, pudiendo ser materia y ornato de otra pompa igual. En carteles que se llevaban delante iban escritas las naciones de quienes se triunfaba, siendo éstas: el Ponto, la Armenia, la Capadocia, la Paflagonia, la Media, la Cólquide, los Iberes, los Albanos, la Siria, la Cilicia, la Mesopotamia, las regiones de Fenicia y Palestina, la Judea, la Arabia, los piratas destruidos doquiera por la tierra y por el mar, y además los fuertes tomados, que no bajaban de mil; las ciudades, que eran muy pocas menos de novecientas; las naves de los piratas, ochocientas, y las ciudades repobladas, que eran treinta y nueve. Había dado sobre todo esto razón por escrito de que las rentas de la república eran antes cincuenta millones de dracmas, y las de los países que había conquistado montaban a ochenta millones y quinientas mil. En moneda acuñada y en alhajas de oro y plata habían entrado en el erario público veinte mil talentos, sin incluir lo que se había dado a los soldados, de los cuales el que menos había recibido mil quinientas dracmas. Los cautivos conducidos en la pompa, además de los jefes y caudillos de los piratas, fueron: el hijo de Tigranes, rey de Armenia, con su mujer y su hija; la mujer del mismo Tigranes, Zósima; el rey de los Judíos, Aristobulo; una hermana de Mitridates, con cinco hijos suyos y algunas mujeres escitas; los rehenes de los Albanos e Iberes y del rey de los Comagenos, y, finalmente, muchos trofeos, tantos en número como habían sido las batallas que había ganado, ya por sí mismo y ya por sus lugartenientes. Lo más grande para su gloria, y de lo que ningún Romano había disfrutado antes que él, fue haber obtenido este triunfo de la tercera parte del mundo; porque otros habían alcanzado antes tercer triunfo; pero él, habiendo conseguido el primero de África, el segundo de la Europa y este tercero del Asia, parecía en cierta manera que en sus tres triunfos había abarcado toda la tierra.

    Tenemos también información sobre las gestas de Pompeyo en Diodoro Sículo  40, 4

    Esta es una copia de la inscripción que Pompeyo colocó, registrando sus logros en Asia.
    Pompeyo Magno, hijo de Gnaeus, general (imperator), liberó las costas del mundo y todas las islas dentro del océano de los ataques de piratas. Rescató del asedio el reino de Ariobarzanes, Galacia y los territorios y provincias de más allá, Asia y Bitinia. Protegió Paflagonia, El Ponto, Armenia y Acaya, y también Iberia, la Cólquida, Mesopotamia, Sofene y Gordiene. Subyugó a Dario rey de los Medos, Artoles rey de los Ibéricos, Aristóbulo rey de los judíos, y Aretas rey de los árabes nabateos, y también Siria junto a Cilicia, Judea, Arabia, la provincia de Cyrenaica, Achaei, Iozygi, Soani y Heniochi y las otras tribus que habitan la costa entre Colchis y el lago Meotis, junto con los reyes de estas tribus, nueve en número, y todas las naciones que habitan entre el mar Póntico y el Mar Rojo. Extendió las fronteras del imperio hasta las fronteras del mundo. Mantuvo los ingresos de los romanos, y en algunos casos los aumentó. Retiró las estatuas y otras imágenes de los dioses, y todo el otro tesoro de los enemigos, y dedicó a la diosa (Minerva) 12.060 piezas de oro y 307 talentos de plata.

    Tal vez sea  Plinio el más exagerado en recordarnos los éxito de Pompeyo en todo el mundo romano, hasta concluir :

    Lo mas grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (según él mismo dijo públicamente en la asamblea, hablando de sus propias hazañas) que recibió Asia como la provincia más lejana y la devolvió a la patria como provincia interior.

    Veamos esta cita más amplia:

    Plinio, Historia Natural: 7, 95 (26), (27) y ss.

    Verdaderamente corresponde al honor del Imperio Romano, no solo al de Las hazañas un hombre, que se mencionen en este  lugar todos los títulos de las victorias y los triunfos de Pompeyo Magno, ya que el brillo de sus hazañas se iguala no solo con las de Alejandro Magno sino incluso casi con las de Hércules y las del padre Liber. Pues, una vez recuperada Sicilia, momento desde el que comenzó mostrándose primero partidario de Sila en la causa de la Republica, después de dominar África entera y someterla a su autoridad, por lo que recibió como trofeo de guerra el nombre de Magno, entró en carro triunfal, cosa que nadie había obtenido antes, siendo caballero romano, y pasando inmediatamente a Occidente, además de conseguir trofeos en los Pirineos, añadió a la victoria ochocientas setenta y seis poblaciones, desde los Alpes hasta los confines de la Hispania Ulterior, sometidas a su autoridad, y con gran magnanimidad guardó silencio sobre Sertorio y, después de poner fin a una guerra civil que concitaba a todos los enemigos extranjeros, de nuevo condujo los carros triunfales siendo caballero romano, tan frecuentemente general antes que soldado. Después, enviado a todos los mares y luego a Oriente, volvió trayendo a su patria estos títulos según la costumbre de los vencedores en las competiciones sagradas — en realidad
    no se coronan ellos mismos, sino que coronan a sus patrias—; por eso, en el santuario de Minerva, que dedicó con el dinero del botín, ofrecía estos honores a Roma:

    El GENERAL GNEO POMPEYO MAGNO, CONCLUIDA UNA GUERRA DE TREINTA ANOS, DISPERSADOS, PUESTOS EN FUGA, MUERTOS Y RENDIDOS DOCE MILLONES CIENTO OCHENTA Y TRES MIL HOMBRES, HUNDIDOS O CAPTURADOS OCHOCIENTOS CUARENTA Y SEIS BARCOS, TOMADAS BAJO PROTECCION MIL QUINIENTAS TREINTA Y OCHO POBLACIONES Y FORTALEZAS, Y SOMETIDOS LOS TERRITORIOS DESDE LOS MEOTAS HASTA EL MAR ROJO, CUMPLE SU VOTO, COMO DEBIA, A MINERVA.

    Esto es el compendio de su actuación en Oriente. Pero el preámbulo del triunfo que celebró el día tercero antes de las kalendas de octubre, siendo cónsules Marco Pisón y Marco Mesala era el siguiente:

    HABIENDO LIBERADO DE PIRATAS LA COSTA MARITIMA Y HABIENDO DEVUELTO EL IMPERIO DEL MAR AL PUEBLO ROMANO, CONSIGUIÓ HONORES DE TRIUNFO POR SUS VICTORIAS EN ASIA, EL PONTO, ARMENIA, PAFLAGONIA, CAPADOCIA, CILICIA, SIRIA, LOS ESCITAS, JUDIOS, ALBANOS, HIBERIA, LA ISLA DE CRETA, LOS BASTERNAS Y, ADEMAS DE ESTO, SOBRE EL REY MITRIDATES Y SOBRE TIGRANES.

    Lo más grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (según él mismo dijo públicamente en la asamblea, hablando de sus propias hazañas) que recibió Asia como la
    provincia más lejana y la devolvió a la patria como provincia interior. Si alguien por el contrario quisiera examinar de igual modo las hazañas de César, que se mostró más
    grande que aquel, debería enumerar el orbe de la tierra absolutamente entero, cosa que convendrá que es infinita.
    (Traducción de Encamacion del Barrio Sanz)

    Verum ad decus imperii Romani, non solum ad viri unius, pertinet victoriarum Pompei Magni titulos omnes triumphosque hoc in loco nuncupari, aequato non modo Alexandri Magni rerum fulgore, sed etiam Herculis prope ac Liberi patris.

    igitur Sicilia recuperata, unde primum Sullanus in rei publicae causa exoriens auspicatus est, Africa vero tota subacta et in dicionem redacta Magnique nomine in spolium inde capto, eques Romanus, id quod antea nemo, curru triumphali revectus et statim ad solis occasum transgressus, excitatis in Pyrenaeo tropaeis, oppida DCCCLXXVI ab Alpibus ad fines Hispaniae ulterioris in dicionem redacta victoriae suae adscripsit et maiore animo Sertorium tacuit, belloque civili, quod omnia externa conciebat, extincto iterum triumphales currus eques R. induxit, totiens imperator ante quam miles.

    postea ad tota maria et deinde solis ortus missus hos retulit patriae titulos more sacris certaminibus vincentium — neque enim ipsi coronantur, sed patrias suas coronant —, hos ergo honores urbi tribuit in delubro Minervae, quod ex manubiis dicabat:

    CN·POMPEIVS MAGNVS IMPERATOR BELLO XXX ANNORVM CONFECTO FVSIS FVGATIS OCCISIS IN DEDITIONEM ACCEPTIS HOMINVM CENTIENS VICIENS SEMEL LXXXIII DEPRESSIS AVT CAPTIS NAVIBVS DCCCXLVI OPPIDIS CASTELLIS MDXXXVIII IN FIDEM RECEPTIS TERRIS A MAEOTIS AD RVBRVM MARE SVBACTIS VOTVM MERITO MINERVAE.

    Hoc est breviarium eius ab oriente. triumphi vero, quem duxit a. d. III kal. Oct. M. Pisone M. Messala cos., praefatio haec fuit:

    CVM ORAM MARITIMAM PRAEDONIBVS LIBERASSET ET IMPERIVM MARIS POPVLO ROMANO RESTITVISSET EX ASIA PONTO ARMENIA PAPHLAGONIA CAPPADOCIA CILICIA SYRIA SCYTHIS IVDAEIS ALBANIS HIBERIA INSVLA CRETA BASTERNIS ET SVPER HAEC DE REGE MITHRIDATE ATQVE TIGRANE TRIVMPHAVIT.

    Summa summarum in illa gloria fuit (ut ipse in conditione dixit, cum de rebus suis disseret) Asiam ultimam provinciarum accepisse eandemque mediam patriae reddidisse. si quis e contrario simili modo velit percensere Caesaris res, qui maior ille apparuit, totum profecto terrarum orbem enumeret, quod infinitum esse conveniet.

    En numerosos pasajes Plinio va incluso más allá y justifica el imperialismo romano por sus efectos beneficiosos para la humanidad. En el libro 27 de su Historia Natural nos habla de las numerosas plantas  existentes en el mundo  que son recogias y transportadas desde cualquier lugar del mundo sólo por efecto de la Pax romana. Por eso los romanos son como una segunda luz, como un segundo sol para la humanidad, y también como una segunda naturaleza como dirá lugo en el libro 44.
    Transcribo ambos pasajes:

    Plinio, 27, 1 y ss:

    Ciertamente aumenta en mi interior la admiración de la Antigüedad conforme crece mi obra y cuanta más cantidad de hierbas me queda por describir, tanto más aumenta el deseo de valorar el cuidado de los antiguos a la hora de buscarlas y luego su bondad al transmitírnoslas. Y sin duda podría parecer que de este modo la magnificencia de la misma naturaleza de las cosas ha sido superada si su descubrimiento es propio de la obra humana.

    Sin embargo ahora parece que fue obra de los dioses  o ciertamente de inspiración divina, incluso aunque el hombre las haya encontrado, y que la misma madre de todas las cosas las ha engendrado y las ha mostrado, no habiendo ningún milagro mayor de la vida, si es que queremos confesar la verdad.  Las hierbas escíticas vienen de las lagunas Meóticas y la eufórbea del monte Atlas y de la otra parte de las columnas de Hércules desde el propio límite de las cosas de la naturaleza,y por la otra parte la británica  de las islas del Océano situadas más allá de la tierra y así mismo la Etiópica  de la región abrasada por las estrellas. Además otras se traen  de otras partes más lejos o más cerca por todo el mundo para la salud de los hombres, mostrando la inmensa majestad de la paz romana no solo hombres entre sí de  diferentes tierras y naciones, sino tambien montes y cumbres que se alzan hasta las nubes y sus productos y las hierbas que producen. Pido que este regalo de los dioses sea eterno. Hasta tal punto parece que nos han dado a los romanos como otra luz para  las cosas humanas.

    Crescit profecto apud me certe tractatu ipso admiratio antiquitatis, quantoque maior copia herbarum dicenda restat, tanto magis adorare priscorum in inveniendo curam, in tradendo benignitatem subit. nec dubie superata hoc modo posset videri etiam rerum naturae ipsius munificentia, si humani operis esset inventio.

    nunc vero deorum fuisse eam apparet aut certe divinam, etiam cum homo inveniret, eandemque omnium parentem et genuisse haec et ostendisse, nullo vitae miraculo maiore, si verum fateri volumus. Scythicam herbam a Maeotis paludibus et Euphorbeam e monte Atlante ultraque Herculis columnas ex ipso rerum naturae defectu, parte alia Britannicam ex oceani insulis extra terris positis,

    itemque Aethiopidem ab exusto sideribus axe, alias praeterea aliunde ultro citroque humanae saluti in toto orbe portari, inmensa Romanae pacis maiestate non homines modo diversis inter se terris gentibusque, verum etiam montes et excedentia in nubes iuga partusque eorum et herbas quoque invicem ostentante! aeternum, quaeso, deorum sit munus istud! adeo Romanos velut alteram lucem dedisse rebus humanis videntur.

    Plinio en 37, 77 (200) ss.  asimila  Roma a la propia naturaleza e Italia es la gobernadora y segunda madre del mundo; la primera es, evidentemente,  la propia naturaleza.

    Despúes de haber tratado de todas las obras de la Naturaleza, es oportuno ahora establecer una comparación entre los territorios y las diversas cosas que producen.

    Así pues, en todo el orbe, a dondequiera que se extienda la bóveda celeste, por las cosas que con todo merecimiento merecen el primer puesto de la Naturaleza, Italia es la más hermosa de todos los países, ella  que gobierna y es la segunda madre del mundo. Es así por sus hombres, por sus mujeres, por sus jefes militares, por sus soldados, por sus esclavos, por la superioridad de las artes, por los ejemplos de sus hombres ilustres. Y también por su situación, por la salubridad y suavidad de su clima; por el fácil acceso para todas las naciones, por sus costas abundantes en puertos, por el benigno soplo de sus vientos; lo que se debe por su posición, colocada en una parte muy favorable, en medio de la salida y la puesta del sol (entre Oriente y Occidente. Y también por la abundancia de agua, la salubridad de sus bosques, las intersecciones de sus montes, la inocuidad de sus animales salvajes, la fertilidad de su suelo y la riqueza de sus pastos.

    Etenim peractis omnibus naturae operibus discrimen quoddam rerum ipsarum atque terrarum facere conveniet.

    Ergo in toto orbe, quacumque caeli convexitas vergit, pulcherrima omnium est iis rebus, quae merito principatum naturae optinent, Italia, rectrix parensque mundi altera, viris feminis, ducibus militibus, servitiis, artium praestantia, ingeniorum claritatibus, iam situ ac salubritate caeli atque temperie, accessu cunctarum gentium facili, portuosis litoribus, benigno ventorum adflatu. quod contingit positione procurrentis in partem utilissimam et inter ortus occasusque mediam, aquarum copia, nemorum salubritate, montium articulis, ferorum animalium innocentia, soli fertilitate, pabuli ubertate.

    También Cicerón en Catilinarias 4, 11 (6) compara a Roma con la lux orbis terrarum.

    Si os conformáis con esta opinión, me daréis, ante la asamblea, un compañero a quien el pueblo es¬tima y quiere; si seguís el parecer de Silano, fácilmente nos libraremos vosotros y yo del cargo de crueldad, y aun demostraré que este parecer es el más benigno. Aunque para castigar tan horrible maldad, ¿habrá, pa¬dres conscriptos, algo que sea excesivamente cruel? Yo por mí juzgo. Porque así pueda gozar con vosotros de ver salvada y tranquila a la república, como es cier¬to que si soy algo enérgico en esta causa, no es por dureza de alma (¿quién la tiene más benigna que yo?), sino por pura humanidad y misericordia. Paréceme estar viendo a esta ciudad, lumbrera del mundo y fortaleza de todas las gentes, ser devorada repentinamente por el incendio: me figuro arruinada la patria, y sobre sus ruinas los insepultos cuerpos de desdichadísimos ciudadanos; tengo ante mis ojos la figura de Cetego satisfaciendo su furor y gozando con vuestra muerte, figuro arruinada la patria, y sobre sus ruinas los insepultos cuerpos de desdichadísimos ciudadanos; tengo ante mis ojos la figura de Cetego satisfaciendo su furor y gozando con vuestra muerte. (Traducción de Juan Bautista Calvo)

    Quam ob rem, sive hoc statueritis, dederitis mihi comitem ad contionem populo carum atque iucundum, sive Silani sententiam sequi malueritis, facile me atque vos a crudelitatis vituperatione populo Romano purgabo atque obtinebo eam multo leniorem fuisse. Quamquam, patres conscripti, quae potest esse in tanti sceleris inmanitate punienda crudelitas? Ego enim de meo sensu iudico. Nam ita mihi salva re publica vobiscum perfrui liceat, ut ego, quod in hac causa vehementior sum, non atrocitate animi moveor (quis enim est me mitior?), sed singulari quadam humanitate et misericordia. Videor enim mihi videre hanc urbem, lucem orbis terrarum atque arcem omnium gentium, subito uno incendio concidentem, cerno animo sepulta in patria miseros atque insepultos acervos civium, versatur mihi ante oculos aspectus Cethegi et furor in vestra caede bacchantis.

    La expresión concentrada y visual de todo el imperio se representa en el famoso “Mapa de Agripa”.
    Agripa ordenó construir un mapa de todo el mundo conocido que se colocó en el Pórtico que llevaba el nombre de su hermana Vipsania, en el Campo de Marte y cerca del Panteón, y que tenía como finalidad evidenciar que Roma era el centro del mundo.  Le podíamos, pues, considerar el  mapa del  Orbis Terrarum o representación de todo el mundo conocido. Hay quien piensa que se trataba simplemente de una lista de lugares con su dimensión y de la distancia entre ellos antes que de una representación del mundo. Y es que de la descripción del mapa tan solo tenemos algunos fragmentos escritos y podemos hacernos alguna idea por otros mapas posteriores. Podemos imaginarnos al ciudadano romano a punto de emprender un viaje o por mera curiosidad, observando este enorme mapa de países y carreteras.

    Se considera que las medidas eran de gran precisión, aunque Plinio observa algún error, por ejemplo cuando habla de Hispania y de la Bética:

    Plinio, Historia Natural, 3, 17 (3, 2, 17)

    La longitud actual de la Bética, desde la localidad de Cástulo hasta Gades, es de doscientos cincuenta mil pasos y desde Murgi, en la costa, veinticinco mil más. La anchura, de Carteya al Guadiana, por la costa doscientos treinta y cuatro mil pasos. .Quién creeria que Agripa, varon tan celoso y que tanto se esmeró en este trabajo, cuando fue a exponer la imagen del mundo a los ojos de Roma se equivocó, y con él el divino Augusto? Porque este fue el que llevo a término el pórtico que empezó a levantar la hermana de Agripa, en el que se albergaba ese plano del orbe, elaborado según el proyecto y los escritos de Marco Agripa. (Traducción de Antonio Fontán. Editorial Gredos).

    Baeticae longitudo nunc a Castulonis oppidi fine Gadix CCL et a Murgi maritima ora XXV p. amplior, latitudo a Carteia Anam ora CCXXXIIII p. Agrippam quidem in tanta viri diligentia praeterque in hoc opere cura, cum orbem terrarum orbi spectandum propositurus esset, errasse quis credat et cum eo Divum Augustum? is namque conplexam eum porticum ex destinatione et commentariis M. Agrippae a sorore eius inchoatam peregit.

    Vitrubio expresa la misma idea desde otro punto de vista: no existió otro mejor emplazamiento que el de Roma para conquistar el mundo:

    Vitrubio, VI,1, 10-11

    Siendo, pues, las naciones meridionales de ingenio agudísimo, y maravillosa sutileza en sus pensamientos, si emprenden acciones valerosas, salen vencidas, por haberles el calor del sol disipado el vigor del ánimo; pero los que nacen en regiones frías son mas a propósito para el rigor de las armas, y se arrojan sin temor valerosamente a la pelea; si bien, faltos de reflexión por lo tardo de su ingenio, lo hacen inconsideradamente y ciegas, siendo siempre rechazados en sus designios. Habiendo, pues, la naturaleza dispuesto las cosas en el mundo de manera que todas las naciones tienen diverso y desproporcionado temperamento, quiso que el pueblo Romano tuviese sus confines en medio de todas la partes y regiones del orbe de la tierra; y así las gentes en Italia son aptísimas para entrambos ministerios, de valor en sus cuerpos, y de agudeza en el ánimo. Porque así como el planeta Júpiter, corriendo entre Marte calidísimo y Saturno frígidísimo, goza un temperamento medio, del modo mismo la Italia, sita entre septentrión y mediodía, tiene la preeminencia de que con la mezcla de ambos temperamentos goza constitución templada : así que con el consejo rebate las fuerzas de los barbaros, y con el valor las astucias de los meridionales. En efecto, colocó Dios la capital del pueblo Romano en región tan templada y excelente, para que fuese dueña y señora del mundo. (Tradución de Joseph Ortiz y Sanz. 1787)

    Cum sint autem meridiane nationes animis acutissimis infinitaque sollertia consiliorum, simul ut ad fortitudinem ingrediuntur, ibi succumbunt, quod habent exsuctas ab sole animorum virtutes; qui vero refrigeratis nascuntur regionibus, ad armorum vehementiam paratiores sunt magnis virtutibus sine timore, sed tarditate animi sine considerantia inruentes sine sollertia suis consiliis refragantur. cum ergo haec ita sint ab natura rerum in mundo conlocata et omnes nationes inmoderatis mixtionibus disparatae, veros inter spatium totius orbis terrarum regionesque medio mundi populus Romanus possidet fines.
    Namque temperatissimae ad utramque partem et corporum membris animorumque vigoribus pro fortitudine sunt in Italia gentes. quemadmodum enim Iovis stella inter Martis ferventissimam et Saturni frigidissimam media currens temperatur, eadem ratione Italia inter septentrionalem meridianamque ab utraque parte mixtionibus temperatas et invictas habet laudes. itaque consiliis refringit barbarorum virtutes, forti manu meridianorum cogitationes. ita divina mens civitatem populi Romani egregia temperataque regione conlocavit, uti orbis terrarum imperii potiretur.

    Si el “orbis terrarum” es el “orbis romanorum” y Roma es un microcosmos, también Nerón, por ejemplo, pretende que su Domus Aurea sea un microcosmos, una reproducción a pequeña escala del “imperio romano”, incluyendo bosques, lagos y las obras maestras de todo el imperio. Nos lo confirman textos de Suetonio o Tácito  y tantos otros. :

    Suetonio, Vida de Nerón, (Vidas de los doce Césares, VI,31),31

    Pero en ningún asunto gasta tanto como en sus construcciones, pues edificó una casa que llegaba desde el Palatino hasta las Esquilias y a la que llamó primero “Transitoria” y luego, despues que fue consumida por un incendio y restaurada, “Dorada”.. Para hacerse una idea de sus dimemisries y esplendor bastara con referir lo siguiente. Tenia un vestibulo en el que se alzaba una estatua suya colosal, de ciento veinte pies de altura;  era tan espaciosa, que albergaba porticos de tres filas de coiumnas y mil pasos de largo, un estanque tan grande como un mar, rodeado de edificios que parecian ciudades, y, ademas, grandes extensiones de terreno, que incluian campos, viñedos, pastos y bosques, con una multitud de animales  domesticos y salvajes de todo tipo. Todas sus habitaciones estaban forradas de oro y adornadas con piedras preciosas y conchas de perlas; sus comedores estaban cubiertos por unos paneles de marfil movibles y perforados por tubos, para que se pudieran esparcir desde el techo flores o perfumes; el comedor principal era redondo, y giraba continuamente sobre si mismo, de dia y de noche, como el mundo; sus banos tenian agua corriente del mar y de los rnanantiales de Álbula. Cuando inauguró semejante mansión, una vez acabadas las obras, le dio su aprobación exclamando que por fin había empezado a vivir como un hombe.

    Non in alia re tamen damnosior quam in aedificando domum a Palatio Esquilias usque fecit, quam primo transitoriam, mox incendio absumptam restitutamque auream nominauit. de cuius spatio atque cultu suffecerit haec rettulisse. uestibulum eius fuit, in quo colossus CXX pedum staret ipsius effigie; tanta laxitas, ut porticus triplices miliarias haberet; item stagnum maris instar, circumsaeptum aedificiis ad urbium speciem; rura insuper aruis atque uinetis et pascuis siluisque uaria, cum multitudine omnis generis pecudum ac ferarum.

    in ceteris partibus cuncta auro lita, distincta gemmis unionumque conchis erant; cenationes laqueatae tabulis eburneis uersatilibus, ut flores, fistulatis, ut unguenta desuper spargerentur; praecipua cenationum rotunda, quae perpetuo diebus ac noctibus uice mundi circumageretur; balineae marinis et albulis fluentes aquis. eius modi domum cum absolutam dedicaret, hactenus comprobauit, ut se diceret “quasi hominem tandem habitare coepisse.”

    De similar manera Marcial, en su Libro de los Espectáculos, nos ofrece numerosos ejemplos de espectáculos en Roma con animales exóticos, traídos desde los confines del imperio, del que se sienten los dueños

    Marcial, Libro de los Espectáculos, 2.

    Aquí en donde el coloso sidéreo contempla muy de cerca las estrellas y se elevan en mitad de la vía altos andamiajes, irradiaban los atrios soberbios del fiero tirano y había ya una sola casa en toda Roma. Aquí en donde se eleva la augusta mole del hermoso anfiteatro estaban los estanques de Nerón. Aquí en donde admiramos las termas, obra prontamente acabada, un campo inmenso había expropiado las casas de los míseros ciudadanos. En donde el pórtico de Claudio proyecta sus amplias sombras, venían a terminar las últimas construcciones del palacio imperial. Roma ha sido devuelta a sí misma y, contigo en el trono, César, hace las delicias del pueblo lo que las hacía de su señor.  (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Hic ubi sidereus propius uidet astra colossus
         et crescunt media pegmata celsa uia,
    inuidiosa feri radiabant atria regis
         unaque iam tota stabat in urbe domus;
    hic ubi conspicui uenerabilis Amphitheatri              
         erigitur moles, stagna Neronis erant;
    hic ubi miramur uelocia munera thermas,
         abstulerat miseris tecta superbus ager;
    Claudia diffusas ubi porticus explicat umbras,
        ultima pars aulae deficientis erat.              
    Reddita Roma sibi est et sunt te preside, Caesar,
         deliciae populi, quae fuerant domini.

    Así en De spectaculis, 5

    Podéis creer que Pasífae se ha unido al toro de Creta: lo hemos visto nosotros, la antigua fábula ha recibido su confirmación. Que no se admire de sí misma, César, la longeva antigüedad: lo que la fama canta, lo presenta la arena ante tus ojos. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Iunctam Pasiphaen Dictaeo credite tauro:
         uidimus, accepit fabula prisca fidem.
    Nec se miretur, Caesar, longaeua uetustas:
         quidquid fama canit, praestat harena tibi.

    Y en el 6,b

    La fama ensalzaba un trabajo famoso y propio de Hércules: que el león había sido abatido en el vasto valle de Nemea. Calle la leyenda, porque después de tus juegos, oh César, declaramos que esto lo hace ya un Marte femenino. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Prostratum uasta Nemees in ualle leonem
         nobile et Herculeum fama canebat opus.
    Prisca fides taceat: nam post tua munera, Caesar,
         hoc iam femineo Marte fatemur agi.

    Y en  el 7

    Lo mismo que Prometeo, atado en las rocas de Escitia, alimentó con su hígado potente al águila puntual a su cita, así Lauréolo, colgado realmente en una cruz, presentó sus entrañas desnudas al oso de Caledonia. Sus músculos desgarrados palpitaban en sus miembros sangrantes, y en todo su cuerpo no había cuerpo por ninguna parte. Por fin recibió un castigo digno: él había clavado cruelmente el cuchillo en el cuello de su padre o de su dueño; había robado locamente el oro sagrado de los templos; te había aplicado a ti, Roma, las teas incendiarias; había superado el criminal las atrocidades referidas por la antigua leyenda, y por ello lo que era hasta entonces pura imaginación, se cumple en él realmente. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Qualiter in Scythica religatus rupe Prometheus
         adsiduam nimio pectore pauit auem,
    nuda Caledonia sic uiscera praebuit urso
         non falsa pendens in cruce Laureolus.
    Viuebant laceri membris stillantibus artus              
         inque omni nusquam corpore corpus erat.
    Denique supplicium dignum tulit: ille parentis
         uel domini iugulum foderat ense nocens,
    templa uel arcano demens spoliauerat auro,
         subdiderat saeuas uel tibi, Roma, faces.              
    Vicerat antiquae sceleratus crimina famae,
         in quo, quae fuerat fabula, poena fuit.

    y en el 8

    Dédalo, al sentirte devorado por el oso de Lucania, ¡cómo desearías haber tenido ahora tus alas! (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Daedale, Lucano cum sic lacereris ab urso,
         quam cuperes pinnas nunc habuisse tuas!

    Y en el 9

    Exhibido el rinoceronte por toda la arena, te ofreció, César, un espectáculo que no prometió. ¡Oh con qué bravura se enfureció incoerciblemente! ¡Qué grande era el toro, para quien un toro era un pelele! (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Praestitit exhibitus tota tibi, Caesar, harena
         quae non promisit proelia rhinoceros.
    O quam terribilis exarsit pronus in iras!
         Quantus erat taurus, cui pila taurus erat!

    Elefantes en el 17

    Esto de que, piadoso y suplicante, te adore, César, un elefante, éste que poco ha era tan temible para un toro, esto no lo hace mandado ni por maestramiento de ningún domador; créeme, también él reconoce a nuestro dios. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Quod pius et supplex elephas te, Caesar, adorat
         hic modo qui tauro tam metuendus erat,
    non facit hoc iussus, nulloque docente magistro,
         crede mihi, nostrum sentit et ille deum.

    Etc. etc.

    Hasta aquí algunos textos que documentan el status divino que adquirió  Roma en virtud de la fuerza y energía que de ella emanaba. Podría aportar otros muchos. Ello explica como la “urbe” por antonomasia, por excelencia, es Roma.

    Nota: antonomasia, palabra griega, ἀντονομασία, del verbo ἀντονομάζω ("antonomázo"), compuesto de antí-/ant-/anta-, con el significado de "en lugar de", "a cambio de", y el verbo ὀνομάζω ("onomázo"), que significa denominar, nombrar, derivado de ὄνομα "ónoma", nombre.  Designa a una figura retórica que consiste en nombrar a un sustantivo por el adjetivo que expresa su cualidad o viceversa porque en él se da esa cualidad de manera sobresaliente.

    (Continuará…)

  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (I)

    Esta expresión latina “urbi et orbi”, que significa “para la ciudad (Roma) y para el mundo”, se aplica hoy en día en sentido literal exclusivamente a las bendiciones que el obispo de Roma, es decir, el Papa, imparte para todos los fieles católicos del mundo concediéndoles indulgencia plenaria y remisión de los pecados. En sentido más amplio se utiliza para referirnos a cualquier tipo de mensaje dirigido de manera general a todos los habitantes de la tierra.

    Es su específico y predominante uso litúrgico el que ha llevado a considerar el origen de la expresión "urbi et orbi" en las bendiciones del  Papa Gregorio X  en los años 1272 a 1276. 

    Ahora bien, la expresión y su génesis tiene tras de sí una larga historia, porque para que tenga algún sentido necesitamos una ciudad que se diferencie del resto y un mundo o un imperio que hablase latín, y eso existió muchos siglos antes del Papa Gregorio X.

    En primer lugar, desde el punto de vista del contenido, la expresión se refiere a una ciudad especial, a Roma, la “urbe” por excelencia en cuanto es la cabeza o capital de un enorme Imperio, el orbe de los romanos. El famoso Vitruvio (c. 80-70 a. C.-15 a. C.) expresó perfectamente esta idea, que compartieron los romanos desde muy antiguo:

    Vitrubio, Sobre la arquitectura, VI,1, 10-11:

     "La mente divina ubicó la capital del pueblo romano en una región excelente y templada para que se adueñara de todo el mundo (orbis terrarum)". 

    ita divina mens civitatem populi Romani egregia temperataque regione conlocavit, uti orbis terrarum imperii potiretur.

    Desde el punto de vista de la forma lingüística inmediatamente salta al oído la semejanza entre “urbi” y “orbi”, tan sólo diferenciadas en un fonema, en este caso también en una letra. Esto es un juego de palabras. A esta figura literaria se le llama “paronomasia”.

    Que Roma es “la ciudad por excelencia”  es un concepto muy antiguo, compartido orgullosamente por los romanos, como decía más arriba. Recordemos  cómo la historia general que Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.) escribió sobre Roma se llama precisamente “Ab urbe condita”, “Desde la fundación de la ciudad”, y todo el mundo entiende que esa ciudad sólo puede ser Roma.

    Profundizaremos a continuación en este hecho e intentaré explicar brevemente cómo un pequeño villorrio con origen en el siglo VIII o VII antes de Cristo, junto al Tiber, con el tiempo se convirtió en la capital del Imperio antiguo mayor y más importante de la Antigüedad por sus consecuencias, y cómo el “orbe” de la tierra conocida se convierte en el “orbe romano”. La ciudad además acabó divinizada, como sus gobernantes, y recibiendo culto dirigido por unos sacerdotes especializados en ello.

    En segundo lugar también profundizaré un poco en el juego de palabras o la figura literaria citada de la paronomasia en “urbi et orbi”, figura que definimos como  “utilización de dos o más palabras, parecidas fonéticamente porque sólo se diferencian algún fonema, pero de distinto significado”. Esta paronomasia es también un recurso literario bien atestiguado en la literatura romana. Expondré más adelante algunos textos.

    Trataré primero de la ascensión de la pequeña Roma a “urbe” del “orbe” romano que es lo mismo que decir del "orbe mundial”.

    Según la historiografía y la mitología Roma fue fundada en el siglo VIII a.C; con más precisión en el año 753, y ajustando más el  21 de abril, día en que se ponen de acuerdo las diversas leyendas fundacionales.

    Pues bien con el paso del tiempo se convirtió en la capital de un enorme imperio, a la que conducían todos los caminos, como la urbe capital del orbe. Como ciudad fuerte y poderosa es respetada e incluso divinizada en un largo proceso en el que también fueron divinizados sus gobernantes, los emperadores.

    En el Oriente persa y egipcio y luego en el griego era ya tradición la divinización de los reyes, de los poderosos. Grecia fue conquistada por los romanos y declarada provincia romana en el año 197 a.C.  y la Roma vencedora pasó a ser considerada como ciudad poderosa y fuerte.

    Esta divinización, que se fue elaborando en Oriente, fue consagrada por el emperador Adriano en la primera mitad del siglo II d.C.; más aún, se identifica a Roma con el Imperio mismo, que como dios poderoso se articula en diferentes miembros coordinados.

    Sobre la etimología de la palabra Roma y Rómulo, relacionada con ella, no sólo no hay acuerdo sino propuestas diversas, varias de ellas relacionadas con el mundo etrusco. Pero para un griego, inevitablemente la palabra Roma les recordaría su palabra ῤώμη (rhòme), que significa fuerza. Ello ayudaría a deificarla como ciudad fuerte y habitada por hombres fuertes; la fuerza, la fortaleza es una propiedad de los dioses y seres asimilados; así que Roma, que ya es fuerte incluso en el nombre, algo debe tener en común con los dioses.

    Veamos en unos cuantos textos cómo se va elaborando esta idea de Roma y su imperio como divinidad poderosa, benefactora del género humano, desde su humilde origen.

    Plutarco hace referencia al nombre de Roma al comienzo de la biografía de Rómulo. Aprovecho para reproducir el relato detallado de Plutarco hasta enlazar con la leyenda más conocida sobre Rómulo y Remo:

    Plutarco, Vidas paralelas, Comienzo de la vida de Rómulo:

    Respecto al gran nombre de Roma,  que ha circulado con gloria en boca de todos los hombres, no hay acuerdo entre los escritores sobre la fecha y el motivo por el que lo ha recibido la ciudad, sino que, según unos, los pelasgos, después de viajar sin rumbo por casi todo el mundo habitado y de vencer a la mayoría de los hombres, se establecieron allí y, por su pujanza con las armas, así lamaron a la ciudad, pero, según otros, a raíz de la toma de Troya, algunos, que lograron escapar y consiguieron naves, arrastrados por los vientos arribaron a Tirrenia y fondearon a orillas del río Tíber.

    Mas a sus mujeres, que a duras penas soportaban ya el mar, les aconsejó una, que al parecer sobresalía en linaje y era la más sensata, llamada Roma, que quemaran los barcos. Hecho esto, al principio, los hombres montaron en cólera; pero, luego, cuando por necesidad se asentaron en el Palatino, como en poco tiempo iban consiguiendo más de lo que esperaban, al comprobar la calidad de la región y que sus vecinos los aceptaban, entre otros honores que tributaron a Roma, además tomaron el nombre para la ciudad de ella, como responsable.

    Y desde entonces dicen que se mantiene la costumbre de que las mujeres besen en la boca a los hombres de su familia y parientes, pues igualmente aquéllas, cuando incendiaron las naves, así besaban y acariciaban a sus hombres, suplicándoles y tratando de calmar su cólera.

    Otros dicen que fue Roma, hija de ftalo y Leucaria (para otros, de Télefo el de Heracles), casada con Eneas (según otros, con Ascanio el de Eneas), la que proporcionó su nombre a la ciudad. Otros, en cambio, que fundó la ciudad Romano, hijo de Odiseo y de Circe, otros, que Romo el de Ematión, expulsado de Troya por Diomedes, y otros, en fin, que Romis, tirano de los latinos, que rechazó a los tirrenos, los cuales habían llegado a Lidia desde Tesalia y desde Lidia a Italia.

    De todos modos, ni siquiera los que, de acuerdo con la versión más correcta, presentan a Rómulo como epónimo de la ciudad, se ponen de acuerdo sobre [su] linaje; pues, según unos, hijo de Eneas y Dexítea la de Forbante, siendo muy niño fue traído a Italia con su hermano Romo, y mientras que las demás embarcaciones fueron destruidas en el río a causa de una crecida, aquella en la que estaban los niños fue derivando poco a poco hacia una suave ribera, por lo que, salvados inesperadamente, le pusieron el nombre de Roma.

    Según otros, Roma, hija de la troyana aquella, casada con Latino el de Telémaco, dio a luz a Rómulo,  pero, según otros, fue Emilia la de Eneas y Lavinia, acostada con Ares.

    Otros ofrecen un relato completamente fabuloso sobre el nacimiento: Tarquecio, rey de los albanos muy arbitrario y cruel, tuvo en su casa una aparición sobrenatural,  pues del hogar salió de pronto un falo y allí permaneció durante muchos días. Había en Etruria un oráculo de Tetis, del que se le trajo a Tarquecio la prescripción de unir con el falo a una virgen, pues de ella nacería un hijo muy señalado, de extraordinaria virtud, fortuna y energía. Tarquecio reveló, entonces, la respuesta divina a una de sus hijas y le ordenó que se acostara con el falo; mas ella sintió repugnancia y envió a una criada. Cuando se enteró Tarquecio, indignado, las encerró a ambas con intención de matarlas, pero, al ver a Vesta que, en sueños, le prohibía el crimen, ordenó a las jóvenes que, en prisión, tejieran una tela, con la promesa de entregarlas en matrimonio cuando la terminaran. Pues bien, aquéllas, durante el día, tejían, mientras que otras, por la noche, deshacían la tela por orden de Tarquecio. Y  cuando del falo la criada dio a luz gemelos, Tarquecio los entregó a un tal Teracio y le ordenó matarlos. Pero aquél, llevándoselos, los depositó a orillas del río; entonces, una loba iba y venía a darles su ubre, y pájaros de toda clase, trayendo alimentos, se los ofrecían a las criaturas, hasta que un boyero lo vio y, maravillado, se atrevió a acercarse y recoger a los pequeños. Ocurrida así su salvación, cuando estuvieron criados, atacaron a Tarquecio y lo vencieron. Esta, en suma, es la versión que nos ha contado un tal Promación, autor de una Historia de Italia.

    Pero, del relato que más autoridad tiene y cuenta con mayor número de partidarios, la parte principal se la transmitió a los griegos, el primero, Diocles Peparecio, de quien depende, en su mayoría, Fabio Pictor.  Hay también sobre estas historias diversas variantes, pero, en síntesis, es como sigue:

    De los reyes de Alba descendientes de Eneas la sucesión vino a parar en dos hermanos, Numitor y Amulio. Y habiendo hecho Amulio dos lotes de toda la herencia, colocando frente a la corona las riquezas y el oro traído de Troya, escogió Numitor la corona. Entonces Amulio, al contar con las riquezas y gozar de mayor poder que Numitor gracias a ellas, fácilmente le arrebató la corona, y por miedo a que de su hija  nacieran niños, la designó sacerdotisa de Vesta, para que siempre viviera ajena al matrimonio y virgen. A ésta la llaman unos Ilia, otros Rea y otros Silvia.

    Mas, al cabo de no mucho tiempo, se descubrió que estaba embarazada, en contra de la ley establecida para las Vestales. Que no sufriera ésta lo irremediable lo consiguió la hija del rey, Anto, intercediendo ante su padre; pero fue encerrada y llevaba una vida de aislamiento, a fin de que a Amulio no le pasara inadvertido el parto.

    Dio a luz dos niños de extraordinaria estatura y belleza. Asustado por ello todavía más Amulio, ordenó a un sirviente que los cogiera y los despeñara. Algunos dicen que éste se llamaba Féstulo, y otros, que no éste, sino el que los recogió. Pues bien, depositando en una cesta a las criaturas, bajó al río con la intención de tirarlos, pero, al ver que bajaba con mucha corriente y turbulento, temió aproximarse y, poniéndolos cerca de la orilla, se alejó.

    Con la crecida del río, el flujo alcanzó la cesta y, trasladándola de sitio suavemente, la dejó en un lugar suficientemente tranquilo, que ahora llaman Cermalo y, antiguamente, Germano, al parecer porque, precisamente, a los hermanos los llaman “germanos”. (Traducción de Aurelio Pérez Jiménez. Editorial Gredos)

    Detengo aquí el relato de Plutarco, que continúa más allá.

    El poder que alcanzó siglos después esta pequeña ciudad  generó en las ciudades griegas una respuesta religiosa, otorgándo cultos a Roma y considerándola divina en sí o en algún aspecto concreto, porque no habían conocido otra ciudad con tal poder. Generalmente el culto es a la dea Roma, diosa Roma, pero también puede ir acompañado del culto al pueblo, al demos, a los romanos “benefactores”, “evergetes”, y luego por supuesto, al emperador gobernante.

    Nota:evergetes”, εὐεργέτης,es una palabra griega, de  εὐεργετέω, compuesta de εύ, eu,ev, que significa “bien” y εργετέω, que significa “hacer” y por tanto “hacer el bien” o “hacer buenas obras”. Es el título que acompañó a algunos mandatarios griegos.

    Al menos en una ocasión los artistas Dionisiacos  del Istmo ofrecen sacrificios a los Romanos como benefactores comunes. Queda atestiguado en una inscripción de Delfos, la signada en Sylloge Inscriptionum Graecarum, don el número 705

    SIG3 705B.45f  

    Rompieron la jurisdicción del gremio de Artistas; dieron algunos de los oficios sagrados que tenían como promesas, huyeron con dinero, ofrendas y coronas sagradas, que todavía  no han devuelto, ya que impidieron la realización de sacrificios y libaciones de acuerdo con las antiguas costumbres de nuestro gremio a Dionisos y a los otros dioses y a los romanos, nuestros patrones comunes.´(Traducció de acuerdo con la adaptación al inglés de A.Johnson, P.Coleman-Norton & F.Bourne, "Ancient Roman Statutes", no.49. ))

    En las excavaciones de Delfos apareció también una interesante inscripción en la que un historiador llamado Aristotheos de Troizen, (todos los estudiosos lo ubican a mediados del siglo II a.C.)  leyó públicamente en Delfos parte de su Historia y añadió su encomio de los Romanos como benefactores.

    El encomio, el panegírico, el discurso fúnebre (oratio funebris), las laudes o alabanzas son tipos de discursos en los que se ensalzan las virtudes de las personas excepcionales y cuando corresponde la grandeza de las ciudades y lugares. En las escuelas de Retórica se enseña lógicamente su creación.

    La inscripción conmemorativa de los honores concedidos a Aristoteos de Troizen dice:

    Fouilles De Delphes III 3 no. 124 (Syll.3 702)  FGrH 835 T 1
    Sylloge Inscriptionum Graecarum: 702

    Con buena suerte, fue resuelto por la ciudad de Delfos en asamblea plenaria con los votos prescritos por la ley; desde que Aristóteos hijo de Nikoteos de Troizen, el historiador, cuando se quedó en la ciudad se condujo de una manera digna del templo y de su patria, e hizo lecturas públicas de sus escritos durante varios días, y también leyó en público {Paranegnō} aclamaciones para los romanos, los benefactores comunes de los griegos; por lo tanto, los  proxeny de la ciudad les garantizaram a él y a sus descendientes prioridad en el acceso al oráculo, prioridad en recibir justicia, inviolabilidad, libertad de todos los impuestos, asiento privilegiado en todos los juegos que la ciudad tiene y los otros privilegios que se dan a los otros proxenoi y benefactores de la ciudad. (Traducción de la inglesa adaptada de R.Zelnick-Abramovitz, in "Between Orality and Literacy: Communication and Adaptation in Antiquity")

    Nota: proxenos (πρόξενος), plural proxenoi o proxeni (πρόξενοι), "en lugar de o a favor de un extranjero") o proxeinos (πρόξεινος) es el título y función que un estado concede a un ciudadano de otro para que cuide de los ciudadanos de ese estado; es una especie de cónsul honorario.

    Tenemos también el relato de Plutarco sobre las guerras de Flaminino en Grecia y sobre los honores que se le tributan, considerándolo poco menos que un dios puesto que se le empareja con Herakles o el mismísimo Apolo Delfinio. También se le daría culto a Julio César y a Augusto, como veremos más adelante. Tito Quincio Flaminino fue un político y militar de la República romana. Pese a la oposición de los veteranos a los que había dado tierras, fue elegido cónsul en 198 a. C. y enviado a dirigir las guerras macedónicas contra Filipo V de Macedonia.

    Plutarco: Flaminino 16: (Tito Quincio Flaminino)

    Los ruegos y súplicas en que más tuvo que contender y trabajar con Manio fueron los de los Calcidenses, que le tenían muy irritado con motivo del matrimonio que entre ellos contrajo Antíoco, movida ya la guerra: matrimonio desigual y fuera de tiempo por haberse enamorado un viejo de una mocita, la cual era hija de Cleoptólemo, y se tenía por la más hermosa de las doncellas de aquella era. Este hizo que los Calcidenses abrazasen con ardor el partido del rey, y que para la guerra fuese aquella ciudad su principal apoyo, y también cuando después de la batalla se abandonó a una precipitada fuga, en Calcis fue donde tocó, y tomando la mujer, el caudal y los amigos se embarcó para el Asia Tito, cuando Manio marchó irritado contra los Calcidenses, se fue en pos de él, y lo ablandó y dulcificó, y, por último, le persuadió y sosegó completamente a fuerza de súplicas con él mismo y con los demás jefes de los Romanos. Por lo tanto, salvos los Calcidenses por su intercesión, consagraron a Tito los más bellos y grandiosos monumentos que pudieron, de los cuales todavía se leen hoy las inscripciones siguientes: “El pueblo a Tito y a Heracles este Gimnasio”; y en otra parte, en la misma forma: “El pueblo a Tito y a Apolo el Delfinio.” También en esta edad se elige y consagra un sacerdote de Tito; a quien ofrecen sacrificio, y hechas las libaciones cantan un pean o himno de victoria en verso; del cual, dejando lo demás por ser demasiado difuso, transcribimos lo que cantan al fin del himno:

    Objeto es de este culto
    la fe de los Romanos,
    aquella fe sincera
    que guardarles juramos.
    Cantad, festivas ninfas,
    a Zeus el soberano,
    y en pos de Roma y Tito
    la fe de los Romanos.
    ¡Io peán, oh Tito,
    oh Tito nuestro amparo!

    (Traducción de Antonio Ranz Romanillos)

    Así que entre la tradición deificadora de Oriente y el poderío inmenso de los romanos se llega a la deificación de Roma, de la ciudad victoriosa y de sus gobernantes.

    Tenemos numerosos documentos epigráficos, pero pocos literarios y por eso es muy valioso el llamado himno de Melimnos a Roma que con toda seguridad hay que enmarcar en la celebración de un acto de culto a la poderosa ciudad.

    Melimnos es una poetisa de Lesbos, cuyo poema está generalmente fechado a principios del siglo II d. C. Estobeo nos transmite este himno de Melimnos, en el que Roma es presentada como una diosa guerrera cuyo destino es eterno y único, en Stobaeus 3.7.12. o en  Diehl, Anthologia Lyrica Graeca, II: 315-316:

    Salve, Roma, hija de Ares,
    Reina guerrera coronada de oro
    Tú que vives en la tierra en el Olimpo sagrado,
    Para siempre indestructible.

    A ti solo, la más reverenciada, te tiene el Destino
    Concedida gloria real de poder inquebrantable,
    Para que, con tu poder soberano,
    Tú puedas dirigir el camino.
    Bajo tu control de fuertes correas de cuero,
    Los tesoros de la tierra y el mar gris
    Están estrechamente unidos entre sí; con  mano firme  gobiernas
    Las ciudades de tus pueblos.

    La eternidad más larga, que destruye  todo
    Y moldea el curso de la vida primero de esta manera, luego de esta otra,
    Sólo  no cambia el viento para ti,
    Que llena las velas del imperio.

    Porque solo tú das a luz
    Hombres fuertes, que manejan diestros las lanzas,
    Cuando nos envías  un plantel de hombres certeros
    Como  Deméter da sus frutos.

    Nota: (Estobeo, Ioannes Stobaeus V – siglo VI d.C), doxógrafo neoplatónico del siglo V-VI, hizo una antología de textos literarios de aproximadamente quinientos autores llamada Antología de extractos, sentencias y preceptos.

    Poco más tarde y sobre todo en el Imperio es frecuente la creación de templos dedicados a Roma y al emperador, como los de Ancyra (actual Ankara), Pérgamo o Lugdunum en Occidente dedicados a Roma y Augusto con sus correspondientes sacerdotes.

    Suetonio nos informa de la actitud de Augusto ante la erección de templos y estatuas en su nombre:

    Suetonio, Augusto 52

    Aunque sabía que se decretaban  anormalmente templos incluso a los procónsules, no los aceptó en ninguna provincia sino en nombre suyo y de Roma a la vez. Mas en Roma declinó con la mayor obstinación este honor, e incluso hizo fundir todas las estatuas de plata que se le habían erigido en otro tiempo, y con el producto obtenido de ellas consagró trípodes de oro a Apolo Palatino. En vista de que el pueblo le ofrecía con gran insistencia la dictadura, se postró de rodillas, dejó caer la toga de sus hombros, y con el pecho desnudo , le rogó que no se la impusieran. (Traducción de Rosa María Agudo Cubas. Editorial Gredos.)

    Templa, quamuis sciret etiam proconsulibus decerni solere, in nulla tamen prouincia nisi communi suo Romaeque nomine recepit. nam in urbe quidem pertinacissime abstinuit hoc honore; atque etiam argenteas statuas olim sibi positas conflauit omnis exque iis aureas cortinas Apollini Palatino dedicauit. Dictaturam magna ui offerente populo genu nixus deiecta ab umeris toga nudo pectore deprecatus est.

                         

    Templo a Roma y Augusto – Pérgamo      Altar a Roma y Augusto – Lugdudum          

    Tácito nos presenta a Tiberio rechazando tales honores, a diferencia de Augusto:

    Tácito Anales,4,37-38 ;

    En este tiempo la España ulterior envió embajada al Senado por licencia para poder edificar un templo a Tiberio y a su madre, como se había concedido a los de Asia. Con cuya ocasión, César, harto constante de suyo en menospreciar las honras excesivas que se le ofrecían, pareciéndole bien responder a los que le culpaban de que se había comenzado a inclinar a la ambición, habló de esta manera:

    Asegúrome, padres conscriptos, que de muchos seré tenido por fácil y mudable, no habiendo, poco ha, contradicho a las ciudades de Asia que me pedían esto mismo. Justificaré, pues, la causa del pasado silencio, y juntamente declararé lo que tengo determinado de hacer en lo porvenir. Porque el divo Augusto no prohibió que en Pérgamo se edificase un templo a él y a la ciudad deRoma, yo, que guardo y tengo por ley todos sus dichos y hechos, seguí tanto más prontamente su agradable ejemplo, cuanto con la honra que se me hacía se aumentaba más la veneración del Senado. En lo demás, así como parece excusable el haber aceptado una sola vez este honor, asimismo el consentir quede bajo de especie de deidad se consagre mi nombre por todas las provinciassería cosa ambiciosa y soberbia; fuera de que perdería mucho de sus quilates el honor de Augusto profanándole con la común adulación.

    Yo, padres conscriptos, sé que soy mortal, y que ni hago ni puedo hacer mayores obras que los otros hombres, contentándome, como desde ahora me contento, con poder satisfacer el lugar de príncipe que ocupo. Certifícoos de verdad, y sírvame esto también para los siglos venideros, que no me quedará más que desear, si desde ahora sé que los que desean eternizar mi memoria me tienen por digno de mis mayores, por próvido en vuestras cosas, por constante en los peligros, y que no temo incurrir en la malquerencia de los hombres donde se atraviesa el servicio y el bien de la República. Estas cosas me servirán de templo dentro de vuestros ánimos y de durables y hermosísimas estatuas. Porque las que se levantan de piedra, si el juicio de los venideros las convierte en aborrecimiento, como los sepulcros se menosprecian. Ruego, pues, a los confederados y a los ciudadanos, a los dioses y a las diosas, a éstos que me presten hasta el fin de mi vida un entendimiento quieto y capaz de la inteligencia de los derechos divinos y humanos, y a aquéllos que después de mi muerte favorezcan con loores y honrada recordación la fama de mis acciones y lamemoria de mi nombre.

    Continuó después hasta en las conversaciones más secretas en apartar de sí semejante veneración y culto, atribuyéndolo algunos a modestia, muchos a desconfianza y los más a bajeza de ánimo. Porque losmejores -decían ellos- y los más excelentes entre los mortales apetecieron siempre altísimas cosas. De esta manera Hércules y Baco entre los griegos, y Quirino entre nosotros, se agregaron al número de los dioses. Que lo había entendido mejor Augusto, pues aspiró a ello; que las demás cosas residen de ordinario en los príncipes, faltándoles sólo una a que continuamente deben aspirar, que es la prosperidad de su memoria, porque con el menosprecio de la fama quedan igualmente menospreciadas las virtudes. (Traducción de Carlos Coloma. 1794)

    Per idem tempus Hispania ulterior missis ad senatum legatis oravit ut exemplo Asiae delubrum Tiberio matrique eius extrueret. qua occasione Caesar, validus alioqui spernendis honoribus et respondendum ratus iis quorum rumore arguebatur in ambitionem flexisse, huiusce modi orationem coepit: 'scio, patres conscripti, constantiam meam a plerisque desideratam quod Asiae civitatibus nuper idem istud petentibus non sim adversatus. ergo et prioris silentii defensionem et quid in futurum statuerim simul aperiam. cum divus Augustus sibi atque urbi Romae templum apud Pergamum sisti non prohibuisset, qui omnia facta dictaque eius vice legis observem, placitum iam exemplum promptius secutus sum quia cultui meo veneratio senatus adiungebatur. ceterum ut semel recepisse veniam habuerit, ita per omnis provincias effigie numinum sacrari ambitiosum, superbum; et vanescet Augusti honor si promiscis adulationibus vulgatur.
    Ego me, patres conscripti, mortalem esse et hominum officia fungi satisque habere si locum principem impleam et vos testor et meminisse posteros volo; qui satis superque memoriae meae tribuent, ut maioribus meis dignum, rerum vestrarum providum, constantem in periculis, offensionum pro utilitate publica non pavidum credant. haec mihi in animis vestris templa, hae pulcherrimae effigies et mansurae. nam quae saxo struuntur, si iudicium posterorum in odium vertit, pro sepulchris spernuntur. proinde socios civis et deos ipsos precor, hos ut mihi ad finem usque vitae quietam et intellegentem humani divinique iuris mentem duint, illos ut, quandoque concessero, cum laude et bonis recordationibus facta atque famam nominis mei prosequantur.' perstititque posthac secretis etiam sermonibus aspernari talem sui cultum. quod alii modestiam, multi, quia diffideret, quidam ut degeneris animi interpretabantur. optumos quippe mortalium altissima cupere: sic Herculem et Liberum apud Graecos, Quirinum apud nos deum numero additos: melius Augustum, qui speraverit. cetera principibus statim adesse: unum insatiabiliter parandum, prosperam sui memoriam; nam contemptu famae contemni virtutes.

    Son significativos los discursos encomiásticos que algunos historiadores y oradores griegos hacen respecto de Roma. Así Elio Aristides (Αίλιος Αριστείδης; en latín, Aelius Aristides, 118 – 180) fue un eminente sofista de la Segunda Sofística y orador griego del siglo II d. C.4. Su discurso  más famoso fue "Discurso a  Roma" (Encomio de Roma), que pronunció ante el palacio  imperial en Roma y en el que Aristides glorifica el Imperio y la teoría que subyace detrás de él, particularmente la "Pax Romana" , y pinta un cuadro impresionante de los logros romanos, que sobresalen al compararlos con cualquier otro imperio o ciudad habida en la historia. Transcribo tan sólo una pequeña parte de esta importante obra, que por lo demás ha sido desigualmente valorada por los críticos que se han dedicado a ello.

    Elio Arístides, Discurso a Roma, 8 y ss.

    … (Traducción de Juan Manuel Cortés Copete. Editorial Gredos)Así pues, su nombre es como su sobrenombre, y no otra cosa sino la fuerza le es propia1. De manera que si alguien hubiese tenido la intención de desdoblarla limpiamente y de colocar, unas junto a otras, las ciudades que ahora están en el cielo, apoyándolas sobre la tierra, me parece que se llenaría todo el territorio de Italia que ahora esta vacío, y se formaría una única ciudad continua que se  extendería hasta el canal de Otranto. Puesto que la ciudad, a la que posiblemente yo no he descrito ahora suficientemente pero de la que mejor testimonio dan los ojos, es tan grande, no es posible decir lo mismo que se dice sobre otras ciudades: ≪allí esta sita≫. Ni tampoco lo que alguien dijo  sobre las ciudades de Atenas y de Esparta, cuando afirmaba, sobre la primera, que el tamaño era el doble que lo que le correspondía por su poder, sobre la segunda, que el tamaño parecía ser inferior, y en mucho, con respecto a su poder —y que no haya ninguna mala interpretación en el ejemplo—. Pero, de esta ciudad, grande en todos sus aspectos, nadie podría afirmar que no fue dotada de un poder concorde a su tamaño. Cuando se dirige la mirada hacia la totalidad del Imperio, es posible sentir admiración por la ciudad al pensar que una pequeña parte gobierna toda la tierra entera; pero cuando se mira a la propia ciudad y a sus límites, ya más no cabe admirarse de que toda la ecúmene  sea mandada por tal ciudad. Pues ahora se ha hecho realidad lo que cierto cronista dijo sobre Asia cuando afirmaba que un solo hombre gobernaba todo el territorio que el sol recorre —aunque no decía la verdad, a no ser que exceptuase toda África y Europa de las puestas y ortos solares—: el recorrido del sol es equivalente a vuestras posesiones y el sol recorre su camino a través de vuestros dominios. Pues ni los escollos marinos, ni las islas Quelidonias ni Cianeas sirven de límites a vuestro Imperio, ni la carrera que en un día pueda hacer un caballo hasta el mar, ni reináis sobre límites fijados, ni ningún otro ha ordenado públicamente hasta donde debéis gobernar, sino que el mar se extiende como una franja tanto en medio de la ecúmene como también de vuestro imperio.En torno a este los grandes continentes se han situado ocupando un gran espacio, ofreciéndoos siempre algo de lo que allí se produce. De toda la tierra y de todo el mar se traen los frutos de todas las estaciones y cuanto ofrecen todas las regiones, ríos, lagos y artes de los helenos y de los barbaros, de manera que, si alguien quisiera ver todas estas cosas, sería necesario que las contemplase, o bien recorriendo toda la ecúmene, o bien encontrándose en esta ciudad. Pues no es posible que no abunde siempre aquí cuanto se produce o cuanto se construye en cada uno de ellos. Tantas son las naves de carga que llegan trasportando todos los productos de todas partes durante todas las estaciones, incluso durante todo el equinoccio de otoño, que la ciudad  se parece al taller común de la tierra. 

    Nota 1: juega con el significado ya comentado de la palabr griega rhome que significa fuerza
              2. De nuevo la ciudad y el orbe del mundo puestos en relación.

    La relación establecida entre “orbis” y “urbis” ( la  Ciudad) lo que está indicando es la unión cultural y política de un mundo controlado y apropiado por Roma. Es más, la grandeza de Roma es la grandeza del Imperio. Roma es la ciudad y el mundo; incluso el mundo queda concebido como una ciudad; ambos conceptos son intercambiables.

    Los poetas latinos de la época de Augusto son bien conscientes de este papel que les ha tocado jugar a ellos y a su ciudad por designio de los dioses. Así, Tibulo, Ovidio, Virgilio, Horacio, etc.

    Ovidio Amores 2,9

    Hay muchos mozos que no aman y muchas jóvenes en la misma situación; tu triunfo sobre ellos te conquistaría grandes alabanzas. Si Roma no hubiese desplegado sus fuerzas en la inmensidad del orbe, no sería al presente más que un hacinado montón de pajizas cabañas. Harto de pelear, el soldado trabaja los campos que se le han distribuido, deja la espada y echa mano a las rudas estacas. Los puertos espaciosos resguardan las naves de la tempestad; el potro libre de su prisión corre a pacer en los prados; el viejo gladiador depone la espada y recibe la vara que asegura el resto de sus días, y yo que tantas veces milité en las filas de Cupido, bien merezco gozar al cabo una vida tranquila. Pero si un dios me dijese: «Vive por fin exento de cuitas», le disuadiría: ¡son tan dulces las penas del querer!. (Traducción de Germán Salinas.)

    Tot sine amore viri, tot sunt sine amore puellae! 
         Hinc tibi cum magna laude triumphus eat.
    Roma, nisi inmensum vires promosset in orbem,
         Stramineis esset nunc quoque tecta casis.
    Fessus in acceptos miles deducitur agros;
         Mittitur in saltus carcere liber equus;
    Longaque subductam celant navalia pinum,
         Tutaque deposito poscitur ense rudis.
    Me quoque, qui totiens merui sub amore puellae,
         Defunctum placide vivere tempus erat.
    'Vive' deus 'posito' siquis mihi dicat 'amore!'
         Deprecer — usque adeo dulce puella malum est.

    Tibulo relaciona directamente el futuro de Roma con su nombre profético: “Fatal, oh Roma, tu nombre será al mundo”

    Tibulo 2.5.39 y ss.

    Palabras de la Sibila
    Valiente Eneas que al huir de Troya
    Te llevas sus Penates, ya te asigna
    A ti Jove los campos de Laurento.
    Y ellos abrigo a tus Penates brindan,
    Y allí serás un dios cuando a los cielos
    Te lleve del Numicio la onda fría.
    Sobre tus buques la victoria vuela,
    Mientras una diosa a los de Troya auxilia.
    De los Rútulos arde el campamento;
    Ya, Turno cruel, tu muerte se aproxima;
    Veo a Laurento, de Lavinio el muro,
    Por Ascanio Alba Longa construida,
    Y a tí, que abandonaste a las Vestales
    Por serle grata a Marte, tierna Ilia,
    Tu oculta unión, tu cinto por el suelo,
    Y del Amor las armas en la orilla.
    ¡Oh toros! mientras Roma se construye,
    Paced la verde hierba en sus colinas;
    Fatal tu nombre, ¡oh Roma! será al mundo
    Dondequiera que campos Ceres mira,
    Desde Oriente hasta el río en cuyas ondas
    Hunde el Sol  ya cansada su cuadriga.
    Troya volverá a verse y de tus viajes
    Habrá de consolarse con tu dicha.
    Yo canto la verdad, laurel me nutra;
    Nunca mi castidad mire perdida.”
    Esto, ¡oh Febo! agitando sus cabellos
    Al llamarte cantó la profetisa.

    (Traducción de Joaquín D. Casasus)

    ‘Impiger Aenea, uolitantis frater Amoris,
    Troica qui profugis sacra uehis ratibus,
    iam tibi Laurentes adsignat Iuppiter agros,
    iam uocat errantes hospita terra Lares.
    illic sanctus eris cum te ueneranda Numici
    unda deum caelo miserit indigetem.
    ecce super fessas uolitat Victoria puppes;
    tandem ad Troianos diua superba uenit.
    ecce mihi lucent Rutulis incendia castris:
    iam tibi praedico, barbare Turne, necem.
    ante oculos Laurens castrum murusque Lauini est
    Albaque ab Ascanio condita Longa duce.
    te quoque iam uideo, Marti placitura sacerdos
    Ilia, Vestales deseruisse focos,
    concubitusque tuos furtim uittasque iacentes
    et cupidi ad ripas arma relicta dei.
    carpite nunc, tauri, de septem montibus herbas
    dum licet: hic magnae iam locus urbis erit.
    Roma, tuum nomen terris fatale regendis,
    qua sua de caelo prospicit arua Ceres,
    quaque patent ortus et qua fluitantibus undis
    Solis anhelantes abluit amnis equos.
    Troia quidem tunc se mirabitur et sibi dicet
    uos bene tam longa consuluisse uia.
    uera cano: sic usque sacras innoxia laurus
    uescar, et aeternum sit mihi uirginitas.’
    haec cecinit uates et te sibi, Phoebe, uocauit,

    Virgilio expresa en tres versos la conciencia que el romano tenía de su extraordinaria misión en este mundo. Virgilio pone en boca de Anquises, el padre que el héroe Eneas ha ido a buscar al Inframundo, al Infierno, a los espacios de abajo, la extraordinaria responsabilidad de los romanos. Nos dice en Eneida,6, versos 847 y ss.:

    Labrarán otros con más gracia bronces animados
    (no lo dudo), sacarán rostros vivos del mármol,
    dirán mejor sus discursos, y los caminos del cielo
    trazarán con su compás y describirán el orto de los astros:
    tú, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos
    (éstas serán tus artes), y a la paz ponerle normas,
    perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios.»
    Así, el padre Anquises,

    (Traducción de Rafael Fontán Barreiro. Edit. Alianza)

    Excudent alii spirantia mollius aera,
    credo equidem, vivos ducent de marmore voltus,
    orabunt causas melius, caelique meatus
    describent radio, et surgentia sidera dicent:                             850
    tu regere imperio populos, Romane, memento;
    hae tibi erunt artes; pacisque imponere morem,
    parcere subiectis, et debellare superbos.”

    Propercio también pone en relación urbs y orbis (septem urbs alta iugis, toto quae praesidet orbi) y canta henchido de orgullo el poder de Roma  en una elegía en que presenta el enfrentamiento entre Augusto y Cleopatra, que es lo mismo que decir el enfrentamiento entre dos culturas:

    Elegías, 3, 11, 55 y s.:

    «No debiste, Roma, temerme con este ciudadano tan grande» ;
    habló y su lengua quedó sepultada en continuas libaciones "'.
    La ciudad levantada sobre siete colinas, la que rige todo el
    orbe, temió, aterrorizada por Marte, las amenazas de una mujer.
    Los dioses fundaron estas murallas, los dioses también las
    protegen: César a salvo, Roma apenas puede temer a Júpiter.

    'Non hoc, Roma, fui tanto tibi cive verenda!'
    dixit et assiduo lingua sepulta mero.
    septem urbs alta iugis, toto quae praesidet orbi,
    femineas timuit territa Marte Minas
    (non humana deicienda manu).
    haec di condiderunt, haec di quoque moenia servant:
    vix timeat salvo Caesare Roma Iovem.

    Horacio ve en la propia fortaleza de Roma la razón de su propia ruina por las continuas guerras civiles, de las que está horrorizado; sólo Augusto la rescatará de la autodestrucción implantando la pax romana. En   Epodi 16.1-14:

    En Roma la guerra civil consumiendo ya está la segunda
    generacion: sola la ciudad derrúbase.
    A ella, a la cual destruir no fue dado a los Marsos vecinos
    ni a la amenazante tropa del etrusco
    Pórsena o Capua, que su émula fuera, ni a Espartaco el bravo
    ni a aquellos Alóbroges que fueron traidores
    para la rebelión; a la cual no venció la Germania y sus mozos
    de cerúleos ojos, ni Hánibal odiado
    por nuestros abuelos, perdémosla ahora los hijos impíos
    de sangre maldita. Las fieras su suelo
    poseerán otra vez. Sus cenizas, ¡ay, ay!, la herradura sonora
    pisará del bárbaro por la urbe. Los huesos
    de Qurino, guardados bien hoy contra el viento y el sol,- ¡insolente
    penosa visión!- dispersará.

    (Traducción Manuel Fernández Galiano)

    Altera iam teritur bellis civilibus aetas,
    suis et ipsa Roma viribus ruit.
    quam neque finitimi valuerunt perdere Marsi
    minacis aut Etrusca Porsenae manus,
    aemula nec virtus Capuae nec Spartacus acer
    novisque rebus infidelis Allobrox
    nec fera caerulea domuit Germania pube
    parentibusque abominatus Hannibal:
    inpia perdemus devoti sanguinis aetas
    ferisque rursus occupabitur solum:
    barbarus heu cineres insistet victor et Vrbem
    eques sonante verberabit ungula,
    quaeque carent ventis et solibus ossa Quirini,
    (nefas videre) dissipabit insolens.

    Para Cicerón es evidente que Roma es la ciudad más poderosa y dueña del mundo.
    Ver  Catilinarias 1.4.9.

    ¡Oh dioses inmortales! ¡Entre qué gentes estamos! ¡En qué ciudad vivimos! ¡Qué repú¬blica tenemos! Aquí, aquí están entre nosotros, padres conscriptos, en este consejo, el más sagrado y augus¬to del orbe entero, los que meditan acabar conmigo y con todos vosotros, y con nuestra ciudad y con todo el mundo. Los estoy viendo yo, el cónsul, y les pido su parecer sobre los negocios públicos, y cuando con¬viniera acabar con ellos a estocadas, ni aun con las palabras se les ofende. (Traducción de Juan Bautista Calvo)

    O di inmortales! ubinam gentium sumus? in qua urbe vivimus? quam rem publicam habemus? Hic, hic sunt in nostro numero, patres conscripti, in hoc orbis terrae sanctissimo gravissimoque consilio, qui de nostro omnium interitu, qui de huius urbis atque adeo de orbis terrarum exitio cogitent! Hos ego video consul et de re publica sententiam rogo et, quos ferro trucidari oportebat, eos nondum voce volnero!

    Pro Murena 9-10 (21-22)

    Pero, dejando esto a un lado y volviendo a la confrontación de profesiones y de ocupaciones, ¿cómo puede ponerse en duda que, para conseguir el consulado, confiere muchos más títulos la gloria militar que la que proviene del derecho civil? Tú estás en vela aun antes del amanecer para responder a los que te consultan; él, para llegar a tiempo, con el ejército, al punto de su destino; a ti te despierta el canto del gallo; a él, el toque de la trompeta; tú dispones la acción judicial; él pone las tropas en orden de batalla; tú cuidas de que tus clientes no sean sorprendidos; él, de que no lo sean las ciudades o sus campamentos; él sabe de memoria cómo se aleja a las tropas enemigas; tú, cómo se desvían las aguas producidas por la lluvia; él está adiestrado en ensanchar nuestras fronteras y tú en trazar sus límites. Y -pues debo decirlo como lo pienso- el mérito de la carrera militar aventaja al de las demás profesiones. Ese mérito es el que dio renombre al pueblo romano, el que consiguió para esta ciudad una gloria inmortal, el que obligó al mundo entero a someterse a nuestro poder. Toda la vida urbana, todas esas brillantes ocupaciones nuestras, esta gloria y esta actividad del foro viven bajo la tutela y al amparo del valor militar. Tan pronto ha sonado la sospecha de un levantamiento, al punto nuestras actividades todas van enmudeciendo. (Traducción de Jesús Aspa Cereza. Editorial Gredos.)

    Sed ut hoc omisso ad studiorum atque artium contentionem revertamur, qui potest dubitari quin ad consulatum adipiscendum multo plus adferat dignitatis rei militaris quam iuris civilis gloria? Vigilas tu de nocte ut tuis consultoribus respondeas, ille ut eo quo intendit mature cum exercitu perveniat; te gallorum, illum bucinarum cantus exsuscitat; tu actionem instituis, ille aciem instruit; tu caves ne tui consultores, ille ne urbes aut castra capiantur; ille tenet et scit ut hostium copiae, tu ut aquae pluviae arceantur; ille exercitatus est in propagandis finibus, tuque in regendis. Ac nimirum–dicendum est enim quod sentio–rei militaris virtus praestat ceteris omnibus. Haec nomen populo Romano, haec huic urbi aeternam gloriam peperit, haec orbem terrarum parere huic imperio coegit; omnes urbanae res, omnia haec nostra praeclara studia et haec forensis laus et industria latet in tutela ac praesidio bellicae virtutis. Simul atque increpuit suspicio tumultus, artes ilico nostrae conticiscunt. 

    Ad Familiares. 4.1.2. / 150 (IV 1)

    (En la finca de Cumas, 21 o 22 de abril de 49)1208
    Marco Ciceron saluda a Servio Sulpicio.1209
    Ya ves cual es el panorama: el mundo arde en guerra por un reparto de poder; sin leyes, sin tribunales, sin derecho y sin garantias, Roma ha quedado abandonada a la rapina y a los incendios. Asi pues, no solo no puedo imaginar que es lo que yo podria esperar, sino que apenas me hago ya una idea de que puedo atreverme a escoger.
    (Traducción de José A. Beltrán)

    Res vides quomodo se habeat: orbem terrarum imperiis distributis ardere bello; urbem sine legibus, sine iudiciis, sine iure, sine fide relictam direptioni et incendiis: itaque mihi venire in mentem nihil potest non modo, quod sperem, sed vix, iam quod audeam optare;


    Paradoxa Stoicorum. 2.18

    ¿Me amenazas por ventura con la muerte para que de todo me aparte de los hombres, o con el destierro para que me aparte de los malos? La muerte es terrible para aquellos a quienes todo se les acaba con la vida; mas no a aquellos cuya alabanza no puede perecer: el destierro atemoriza a aquellos que tienen como circunscripto y limitado el lugar de su morada; no a aquellos que creen que toda la redondez de la
    tierra es una sola ciudad
    . (Traducción de Manuel Valbuena)

    Mortemne mihi minitaris, ut omnino ab hominibus, an exilium, ut ab inprobis demigrandum sit? Mors terribilis iis, quorum cum vita omnia extinguuntur, non iis, quorum laus emori non potest, exilium autem illis, quibus quasi circumscriptus est habitandi locus, non iis, qui omnem orbem terrarum unam urbem esse ducunt.

    Y también para Nepote, en vida de  Atticus, 3.3

    Era su porte de una manera, que sabiendo ser pequeño con los pequeños, parecía grande con los grandes.  Por esto las Atenienses le dieron todos los honores que pudieron, y pretendieron hacerle su ciudadano. Mas él no quiso admitir este favor, porque algunos son de opinión de que se pierde el derecho de serlo de Roma, si se admite el de otra ciudad.

    El tiempo que estuvo allí, no quiso consentir que le erigiesen estatua; mas después que se ausentó, como ya no lo podía estorbar, le levantaron algunas en los lugares más sagrados Pnice y Pecile. Porque Ático, mientras estuvo allí, era el que resolvía y gobernaba todos los asuntos de la República. Fue pues don de la fortuna haber nacido en una ciudad que mandaba al orbe, y tener por patria a la señora universal del mundo, y fue también una gran prueba de la prudencia de Ático haberse hecho amar más que ninguno, en una ciudad como Atenas, superior a todas las otras por su antigüedad, cortesanía y sabiduría. (Traducción de Rodrigo de Oviedo)

    Hic autem sic se gerebat, ut communis infimis, par principibus videretur. quo factum est ut huic omnes honores, quos possent, publice haberent civemque facere studerent: quo beneficio ille uti noluit quod nonnulli ita interpretantur, amitti civitatem Romanam alia ascita. [2] quamdiu affuit, ne qua sibi statua poneretur, restitit, absens prohibere non potuit. itaque aliquot ipsi et Phidiae locis sanctissimis posuerunt: hunc enim in omni procuratione rei publicae actorem auctoremque habebant potissimum. [3] igitur primum illud munus fortunae, quod in ea urbe natus est, in qua domicilium orbis terrarum esset imperii, ut eandem et patriam haberet et domum; hoc specimen prudentiae, quod, cum in eam se civitatem contulisset, quae antiquitate, humanitate doctrinaque praestaret omnes, unus ei fuit carissimus.

    También  Tito Livio, que escribió una historia general de Roma desde sus orígenes, que en consecuencia tituló “Ab urbe condita” (Desde la fundación de la ciudad), nos explica por qué se atreve a abordar una obra de tal envergadura: sin duda el pueblo más poderoso jamas habido y su emperador, en el momento Augusto, se lo merecen. Nos dice en el Prefacio de su obra:

    Ignoro si aprovecharía mucho escribir la historia del pueblo romano desde su origen; y si no lo ignorase no me atrevería a decirlo, sobre todo cuando considero lo antiguos que son algunos hechos, y lo conocidos, merced a la muchedumbre de escritores que incesantemente se renuevan, y que pretenden, o presentarlos con mayor exactitud, o que oscurecen con las galas del estilo la ruda sencillez de la antigüedad. Pero sea como quiera, tendré al menos la satisfacción de haber contribuido a perpetuar la memoria de las grandes cosas llevadas a cabo por el pueblo más grande de la tierra; y si mi nombre desaparece entre tantos escritores, me consolarán el brillo y la fama de los que me obscurezcan. Es además labor inmensa consignar hechos realizados en un periodo de más de setecientos años, tomando por punto de partida los obscuros principios de Roma, y seguirla en su progreso hasta esta última época en que comienza a doblegarse bajo el peso de su misma grandeza; temo, por otra parte, que los principios de Roma y los periodos a ellos inmediatos tengan poco atractivo para los lectores, impacientes por llegar a las épocas modernas, en que el poderío por harto tiempo soberano, torna sus fuerzas contra si miso. Por ni parte, un provecho obtendré de este trabajo: el de abstraerme del espectáculo de los males que por tantos años ha presenciado nuestro tiempo, ocupando por completo mi atención en el estudio de la historia antigua y viéndome libre de los temores que, sin apartar de la verdad al escritor, consiguen sin embargo fatigarle. (Traducción de Francisco Navarro)

    facturusne operae pretium sim, si a primordio urbis res populi Romani perscripserim, nec satis scio nec,  si sciam, dicere ausim, quippe qui cum veterem tum vulgatam esse rem videam, dum novi semper scriptores aut in rebus certius aliquid allaturos se aut scribendi arte rudem vetustatem superaturos credunt. utcumque erit,  iuvabit tamen rerum gestarum memoriae principis terrarum populi pro virili parte et ipsum consuluisse; et si in tanta scriptorum turba mea fama in obscuro sit, nobilitate ac magnitudine eorum me, qui nomini officient meo, consoler.  res est praeterea et inmensi operis, ut quae supra septingentesimum annum repetatur et quae ab exiguis profecta initiis eo creverit, ut iam magnitudine laboret sua; et legentium plerisque haud dubito quin primae origines proximaque originibus minus praebitura voluptatis sint festinantibus ad haec nova, quibus iam pridem praevalentis populi vires se ipsae conficiunt;  ego contra hoc quoque laboris praemium petam, ut me a conspectu malorum, quae nostra tot per annos vidit aetas, tantisper certe, dum prisca illa tota mente repeto, avertam,  omnis expers curae, quae scribentis animum etsi non flectere a vero, sollicitum tamen efficere posset.

    Y poco después nos informa que así fue vaticinado, en Livio, 1,16,6-7, cuando nos narra la desaparición y previsible subida a los cielos de Rómulo,  y nos dice:

    Estaba la ciudad desazonada, porque echaba de menos al rey, y en contra de los senadores, cuando Proculo Julio, hombre de peso segun dicen, aunque avalase un acontecimiento fuera de lo comun, se presenta a los reunidos y dice: ≪Quirites: Rómulo, padre de esta ciudad, al rayar hoy el alba ha descendido, repentinamente del cielo y se me ha aparecido. Al ponerme en pie, sobrecogido de temor, dispuesto a venerarlo, rogándole que me fuese permitido mirarle cara a cara, me ha dicho: ‘Ve y anuncia a los romanos que es voluntad de los dioses que mi Roma sea la capital del orbe; que practiquen por consiguiente el arte militar; que sepan, y asi lo transmitan a sus descendientes, que ningun poder humano puede resistir a las armas romanas.’ Dicho esto —dijo—, desaparecio por los aires.≫ Es sorprendente el credito tan grande que se dio a aquel hombre al hacer esta comunicacion y lo que se mitigó, entre el pueblo y el ejercito, la anoranza de Romulo con la creencia en su inmortalidad. (Traducción de José Antonio Villar Vidal. Editorial Gredos.)

    manavit enim haec quoque sed perobscura fama; illam alteram admiratio viri et pavor praesens nobilitavit. [5] et consilio etiam unius hominis addita rei dicitur fides. namque Proculus Iulius, sollicita civitate desiderio regis et infensa patribus, gravis, ut traditur, quamvis magnae rei auctor, in contionem prodit. [6] “Romulus” inquit, “Quirites, parens urbis huius, prima hodierna luce caelo repente delapsus se mihi obvium dedit. cum perfusus horrore venerabundus3 adstitissem, petens precibus ut contra intueri fas esset, [7?] 'Abi, nuntia,' inquit 'Romanis caelestes ita velle ut mea Roma caput orbis terrarum sit; proinde rem militarem colant, sciantque et ita posteris tradant nullas opes humanas armis Romanis resistere posse.' haec,” inquit, “locutus sublimis abiit.” [8] mirum quantum illi viro nuntianti haec fides fuerit, quamque desiderium Romuli [p. 60] apud plebem exercitumque facta fide inmortalitatis4 lenitum sit.

    Lucano, en su Farsalia, nos presenta a César hablando a Roma deificada, coronada con la corona de torres:

    Lucano, Farsalia 1, 183 y ss.

    Ya César en su marcha había rebasado los helados Alpes y concebido en su espíritu grandes levantamientos y una guerra inminente. Cuando se llegó a las aguas del insignificante Rubicón, el general tuvo la visión de una gigantesca figura de la patria estremecida: brillante en la oscuridad de la noche y con una gran tristeza en el rostro, derramando sus blancos cabellos desde una cabeza coronada de torres, se erguía con la cabellera ajada y decía entrecortada de sollozo!;: ¿Hacia dónde seguís avanzando? ¿Adónde lleváis, guerreros, unas enseñas que son mías? Si marcháis con arreglo al derecho, si como ciudadanos, hasta aquí y sólo hasta aquí os está permitido.. Entonces un escalofrío sacudió los miembros del general, se le erizaron los cabellos y, estorbando su marcha, una miedosa vacilación paralizó sus pies al borde de la ribera. Luego, dijo: “¡Oh tú, señor del trueno, que desde lo alto de la roca Tarpeya contemplas las murallas de la Ciudad, y vosotros, Penates frigios de la familia Julia,  Quirino, misteriosamente arrebatado , Júpiter Laciar, que resides en la encumbrada Alba , fuegos de Vesta y tú, oh Roma, parigual de la divinidad suprema, favorece mis empresas! No te persigo con las armas de las Furias; heme aquí, aquí estoy yo, César, vencedor por tierra y por mar, soldado a tu servicio en todas partes (y, si se me permite, también ahora). Aquel, el culpable será aquel que me convirtiere en tu enemigo.” (Traducción de Antonio Holgado Redondo. Editorial Gredos.)

    iam gelidas Caesar cursu superauerat Alpes
    ingentisque animo motus bellumque futurum
    ceperat. ut uentum est parui Rubiconis ad undas,                 
    ingens uisa duci patriae trepidantis imago
    clara per obscuram uoltu maestissima noctem
    turrigero canos effundens uertice crines
    caesarie lacera nudisque adstare lacertis
    et gemitu permixta loqui: 'quo tenditis ultra?                 
    quo fertis mea signa, uiri? si iure uenitis,
    si ciues, huc usque licet.' tum perculit horror
    membra ducis, riguere comae gressumque coercens
    languor in extrema tenuit uestigia ripa.
    mox ait 'o magnae qui moenia prospicis urbis                 
    Tarpeia de rupe Tonans Phrygiique penates
    gentis Iuleae et rapti secreta Quirini
    et residens celsa Latiaris Iuppiter Alba
    Vestalesque foci summique o numinis instar
    Roma, faue coeptis. non te furialibus armis                 
    persequor: en, adsum uictor terraque marique
    Caesar, ubique tuus (liceat modo, nunc quoque) miles.
    ille erit ille nocens, qui me tibi fecerit hostem.'

    Y así podría continuar poniendo ejemplos.

    (continuará…)

  • Prodigios, milagros, maravillas, portentos, fenómenos, monstruos y (II)

    Entre los prodigios que más impresionan a los romanos, sobresalen sobremanera los rayos que Júpiter maneja con profusión y las constantes apariciones de seres divinos a los humanos envueltos en luces y halos maravillosos. La aparición de alguna diosa a pequeños pastorcillos está ya documentada en un texto egipcio de la época del Imperio Medio, entre el 2.000 y el 1.800 a.C.

    Sobresalen también acciones de las imágenes y de las estatuas o representaciones de los seres divinos, que se comportan como si fueran de carne y hueso y no de piedra, madera o metal. Especialmente atractivas son las estatuas que hablan y envían mensajes a los humanos, o sudan, a veces  sangre, o saltan y se mueven de su peana o iluminan la pupila de sus ojos con luz maravillosa.

    Este comportamiento de las imágenes  responde al carácter difuso y confuso de estas estatuas que por una parte son meras representaciones de algo que no está en este mundo y por otra parte son la propia divinidad materializada que vive con nosotros. Es decir, la famosa estatua crisoelefantina de Atenea Parthenos, Virgen, de Atenas, no es una mera representación, sino la propia diosa materializada.

    Y lo mismo ocurre hoy con las imágenes de santos y vírgenes modernas, como revela el comportamiento popular que las venera, las toca, las invoca, les canta, les ruega, en contradicción con lo que dice la razón, incluso la teoría teológica, que en realidad poco hace por informar debidamente al pueblo fiel.

    Pues bien, estos efectos tan especiales son aprovechados frecuentemente por los poetas. Daré tan sólo dos ejemplos del indiscutible Virgilio y otro de nuestro poeta de origen hispano Lucano. Después presentaré un famoso texto de Plinio el Joven sobre la aparición de una señora de gran estatura y prestancia y de los fantasmas, al que también se refiere Táctio en sus Anales
    Citaré también un pasaje de La Ciudad de Dios de San Agustín, en el que se refiere y descalifica estas supersticiones. 

    En el caso de este  último autor llama poderosamente la atención la clarividencia con la que analiza las supercherías de los ajenos y la seguridad con la que acepta las supercherías propias; sin duda un lector ajeno a nuestra cultura no apreciaría diferencia alguna entre las creencias de los paganos y las creencias de los cristianos; de hecho, históricamente estas últimas se alimentan absolutamente de las primeras.

    Hoy como ayer las estatuas de los seres divinos siguen llorando, iluminando sus pupilas, saltando de las peanas, apareciéndose a los pastores, enviando mensajes, mucha veces encriptados a los mortales. Lean con atención la prensa del día y encontrarán que en algún lugar del mundo alguien afirma haber chocado con algún fenómeno de los descritos. En esa lucha entre la razón y el misterio, sigue en alto la confrontación.

    En la poesía épica griega y también en la romana, los dioses son actores en permanente relación con los mortales, en cuyas disputas toman partido por unos o por otros.

    Presentaré primero un texto del poeta hispano Lucano en el que aprovecha al máximo la emoción que estos prodigios puede generar en sus crédulos lectores. El texto es un fragmento de su poema Bellum Civile, llamado luego “La Farsalia” por el nombre de la batalla decisiva en la guerra civil entre César y Pompeyo previa a la imposición de un régimen personal y autoritario en Roma, acabando así con el largo periodo republicano y dando entrada a la época imperial. En este fragmento, entre otros prodigios, los dioses derraman lágrimas y los dioses Lares sudan.

    Marcus Annaeus Lucanus, Bellum Civile 1.1 verso 544 y ss.

    El feroz Múlciber abrió el cráter del Etna siciliano y no empujó las llamas hacia el cielo, sino que, con la inclinación de la cúspide, la lava ardiente cayó contra el flanco de Italia. La negra Caribdis volteó desde sus abismos un mar de sangre; lastimeros aullidos lanzaron los sañudos perros de Escila. Del altar de Vesta fue retirado el fuego, y su llama,  que manifiesta el acabamiento de las ferias latinas se escinde en dos partes y se eleva en un doble ápice, imitando la pira tebana. Entonces la tierra se desplazó de su eje y los Alpes, al tambalearse sus cimas, sacudieron a uno y otro lado sus nieves de siglos. Tetis, acreciendo el caudal de sus aguas, cubrió la hispánica Calpe y la cumbre del Atlas. Sabemos que lloraron las estatuas de los dioses indigetes  y que las de los Lares, con su sudor, atestiguaron el apuro de la ciudad; que los exvotos cayeron al suelo en sus templos; que siniestras aves ensuciaron el día y que las fieras, dejando las selvas al anochecer, establecieron audaces sus cubiles en el centro de Roma. Además hubo lenguas de animales con facilidad para pronunciar sonidos humanos; partos monstruosos entre los hombres por el número y la dimensión de los miembros: a la madre le dio miedo su propio hijo; y los siniestros vaticinios de la profetisa de Cumas se divulgan entre el pueblo. Al tiempo, los sacerdotes con tajos en los brazos, a quienes agita la salvaje Belona  proclaman los designios de los dioses, y los galos, haciendo girar su cabellera sanguinolenta, aullaron presagios funestos para las gentes. Urnas funerarias repletas de huesos allí enterrados emitieron lamentos. Entonces se oyó fragor de armas, y grandes gritos por los parajes intransitados de los bosques, y apariciones que se venían a las manos. Los que cultivan los campos pegados al borde de las murallas huyeron en desbandada: una Furia gigantesca daba vueltas a la ciudad, sacudiendo hacia abajo un pino con la punta encendida, a más de sus cabellos estridentes, cual la Euménide que empujó a la tebana Ágave o la que volteó los dardos del cruel Licurgo, O como, por orden de Juno, rencorosamente injusta, Megera infundió pavor al Alcida, por más que ya hubiera visto a Dite. Resonaron trompetas y, como es de enorme el griterío de las cohortes que entrechocan, ese mismo estruendo despidió la negra noche, pese al silencio de las auras. Pareciendo surgir de en medio del Campo de Marte, los manes de Sila vaticinaron funestos presagios y, a su vez, alzando su cabeza junto a las heladas aguas del Anio, hecho trizas su sepulcro, Mario puso en fuga a unos campesinos.

    En vista de estos prodigios pareció oportuno, conforme a una añeja costumbre, hacer venir adivinos etruscos. De ellos, el más entrado en años, Arrunte, que habitaba el recinto amurallado de Luca, abandonada, bien instruido en los zigzagueos del rayo y en las venas aún calientes de las vísceras y en los avisos del vuelo que va y viene en el aire, ordena primeramente quitar de en medio los monstruos que la naturaleza, en desacuerdo con sus leyes, había producido sin semilla alguna  y quemar en infaustas llamas los fetos abominables de vientres estériles. Luego, ordena a los amedrentados ciudadanos dar una vuelta completa a la ciudad y que, purificando los muros con solemne ceremonia lustral,  den también la vuelta a todo lo largo del pomerio , por sus bordes extremos, los pontífices, a quienes está asignado el privilegio de las celebraciones rituales. Siguen multitud de sacerdotes de menor rango, ataviados al estilo gabino, y abre la fila de las Vestales, coronada de bandeletas, la sacerdotisa, la única a la que es lícito contemplar la imagen de la Minerva Troyana. A continuación los que custodian los hados divinos y los oráculos misteriosos y retiran la imagen de Cibeles, una vez bañada en el exiguo Almón,  y el augur, ducho en observar las aves que vuelan por la izquierda; y el septénviro, encargado de los banquetes rituales;; y la cofradía de los ticios; y el salio, que lleva a la espalda con alegría los escudos sagrados, y el flamen, que alza el ápice en su noble cabeza. Y mientras ellos desfilan en torno a la ciudad que se extiende en largas sinuosidades, Arrunte recoge los fuegos diseminados del rayo, 1os entierra musitando una lúgubre letanía y asigna a aquellos lugares la protección de una divinidad; luego, acerca a las sagradas
    aras un toro de cerviz bien escogida. Ya había comenzado a derramar el vino y a aplicar la harina salada con la hoja del cuchillo en sesgo, y la víctima, que oponía larga resistencia a un sacrificio nada agradable, cuando los ministros del culto, recogiéndose la ropa, sujetaron sus cuernos amenazantes, dobladas por fin las rodillas, ofrecía su cuello vencido. Pero no saltó la sangre de costumbre, sino que de la ancha herida se desparramó, en lugar de sangre roja, un sucio flujo de mal agüero. Empalideció Arrunte, pasmado ante el sacrificio funesto, e indagó la cólera de los dioses en las entrañas extraídas febrilmente. Ya el color mismo llenó de pánico al adivino; en efecto, las vísceras pálidas, pero moteadas de negras manchas e infectadas por coágulos sanguinosos, abigarraban con salpicaduras de sangre su extraordinaria lividez. Observa el hígado empapado de podre y ve las venas amenazantes por la parte hostil.  Queda oculta la fibra del pulmón jadeante y una pequeña fisura corta las zonas vitales. El corazón está aplomado, las vísceras expelen sangraza por unas grietas abiertas y los intestinos revelan sus ocultas cavidades. Y -prodigio funesto que nunca apareció en las entrañas impunemente- helo aquí: observa que en la cabeza del hígado ha crecido la protuberancia de otra cabeza; una parte cuelga enfermiza y fláccida, otra irradia salud y mueve sin compasión las venas con rápidas pulsiones. Cuando por estos signos comprendió la fatalidad de grandes desgracias, exclama: “Apenas me es lícito, oh dioses del cielo, revelar a las gentes todo lo que estáis maquinando; pues no he celebrado en tu honor, supremo Júpiter, este sacrificio: los dioses infernales han venido al pecho de este toro inmolado. Indecibles calamidades tememos, pero sobrevendrán mayores aún de lo que tememos. ¡Que los dioses tomen favorable lo que he visto y que no merezcan ningún crédito las vísceras, sino que eso sea una impostura de Tages, fundador de esta ciencia”.  Así vaticinaba el etrusco, envolviendo sus presagios en palabras sinuosas y velándolos con múltiples ambages.
    (Traducción de Antonio Holgado Redondo.Editorial Gredos)

    ora ferox Siculae laxauit Mulciber Aetnae,                
    nec tulit in caelum flammas sed uertice prono
    ignis in Hesperium cecidit latus. atra Charybdis
    sanguineum fundo torsit mare; flebile saeui
    latrauere canes. Vestali raptus ab ara
    ignis, et ostendens confectas flamma Latinas  
    scinditur in partes geminoque cacumine surgit 
    Thebanos imitata rogos. tum cardine tellus 
    subsedit, ueteremque iugis nutantibus Alpes 
    discussere niuem. Tethys maioribus undis 
    Hesperiam Calpen summumque inpleuit Atlanta.  
    indigetes fleuisse deos, urbisque laborem 
    testatos sudore Lares, delapsaque templis 
    dona suis, dirasque diem foedasse uolucres 
    accipimus, siluisque feras sub nocte relictis 
    audaces media posuisse cubilia Roma.  
    tum pecudum faciles humana ad murmura linguae, 
    monstrosique hominum partus numeroque modoque 
    membrorum, matremque suus conterruit infans; 
    diraque per populum Cumanae carmina uatis 
    uolgantur. tum, quos sectis Bellona lacertis 
    saeua mouet, cecinere deos, crinemque rotantes 
    sanguineum populis ulularunt tristia Galli. 
    conpositis plenae gemuerunt ossibus urnae.
    tum fragor armorum magnaeque per auia uoces
    auditae nemorum et uenientes comminus umbrae.               
    quique colunt iunctos extremis moenibus agros
    diffugiunt: ingens urbem cingebat Erinys
    excutiens pronam flagranti uertice pinum
    stridentisque comas, Thebanam qualis Agauen
    inpulit aut saeui contorsit tela Lycurgi                 
    Eumenis, aut qualem iussu Iunonis iniquae
    horruit Alcides uiso iam Dite Megaeram.
    insonuere tubae et, quanto clamore cohortes
    miscentur, tantum nox atra silentibus auris
    edidit. e medio uisi consurgere Campo                
    tristia Sullani cecinere oracula manes,
    tollentemque caput gelidas Anienis ad undas
    agricolae fracto Marium fugere sepulchro.
    haec propter placuit Tuscos de more uetusto
    acciri uates.

    Resulta  muy interesante el fragmento de la Eneida de Virgilio en el que relata la reacción de la imagen de Palas, el Paladión, que había sido robada de su templo por Ulises y el hijo de Tideo. El texto nos puede servir también para comparar el tono épico, elevado, solemne con el dramatismo y barroquismo de Lucano; pero este es otro tema.

    Publio Virgilio Marón: Eneida, 2, v. 162 y ss.

    Toda la esperanza de los Dánaos, y su confianza en la emprendida guerra, estribaron siempre en los auxilios de Palas; pero desde que el impío hijo de Tideo y Ulises, inventor de maldades, acometieron sustraer del sacro templo el fatal Paladión, después de haber dado muerte a los guardias del sumo alcázar, y arrebataron a la sacra efigie, y con ensangrentadas manos osaron tocar las virginales ínfulas de la deidad, empezaron a decaer y se desvanecieron aquellas esperanzas, y se quebrantaron sus fuerzas, apartada ya de ellos la protección de la diosa.

    Pronto dio Tritonia manifiestas y horribles señales de su cólera; apenas se colocó su estatua en el campamento, ardieron rechinantes llamas en sus ojos, clavados en nosotros, y por todos sus miembros corrió un sudor salado, y tres veces ¡oh prodigio! se levantó por sí sola del suelo blandiendo el broquel y la trémula lanza. Al punto Calcas anuncia que es preciso cruzar los mares y huir, pues Pérgamo no puede ser debelado por las armas argólicas, si no vuelven a Argos a renovar sus votos, y de nuevo se llevan al numen que trajeron consigo por el mar en sus huecas naves. Y ahora que, impelidos por el viento, han llegado al patrio suelo de Micenas, aprestan sus armas y solicitan el favor de los dioses para volver de improviso surcando nuevamente el mar; así interpretó Calcas la voluntad de los númenes. (Traducción de Eugenio de Ochoa, 1815–1872)

    Omnis spes Danaum et coepti fiducia belli
    Palladis auxiliis semper stetit. impius ex quo 
    Tydides sed enim scelerumque inuentor Vlixes, 
    fatale adgressi sacrato auellere templo  
    Palladium caesis summae custodibus arcis, 
    corripuere sacram effigiem manibusque cruentis 
    uirgineas ausi diuae contingere uittas, 
    ex illo fluere ac retro sublapsa referri 
    spes Danaum, fractae uires, auersa deae mens. 
    nec dubiis ea signa dedit Tritonia monstris. 
    uix positum castris simulacrum: arsere coruscae 
    luminibus flammae arrectis, salsusque per artus 
    sudor iit, terque ipsa solo (mirabile dictu) 
    emicuit parmamque ferens hastamque trementem. 
    extemplo temptanda fuga canit aequora Calchas, 
    nec posse Argolicis exscindi Pergama telis 
    omina ni repetant Argis numenque reducant 
    quod pelago et curuis secum auexere carinis. 
    et nunc quod patrias uento petiere Mycenas,  
    arma deosque parant comites pelagoque remenso

    Interesante es también el final que nos ofrece Virgilio del libro I de sus Geórgicas. Nos recuerda las señales que anunciaron los pavorosos horrores de la guerra civil y ruega a los dioses que protejan a Roma y garanticen su época de paz y esplendor.

    Virgilio, Geórgicas, 1, v.463 y ss.

    ¿Quién osará llamar falaz al sol? También muchas veces nos declara que amenazan secretos tumultos, que se fraguan amaños y ocultas guerras. También se compadeció de Roma, muerto César, cuando veló su nítida cabeza con ferruginosa niebla y el impío siglo temió una eterna noche. En aquel tiempo daban igualmente señales la tierra y las aguas del mar, y los infaustos perros y las aves importunas. ¡Cuántas veces vimos al Etna, rotos sus hornos, derramar sus hirvientes olas por los campos de los Cíclopes, vomitando globos de llamas y peñascos derretidos! La Germania oyó por todo el cielo estruendo de armas; retemblaron los Alpes con insólitos movimientos; también se oyó muchas veces una gran voz en medio de los callados bosques. y se vieron al anochecer pálidos fantasmas de maravilloso aspecto, y hablaron las bestias, ¡cosa horrible!, y se pararon las corrientes de los ríos y se entreabrió la tierra, y lloró en los templos el marfil desolado y sudaron los bronces. El Erídano, rey de los ríos, arrastrando las selvas en furioso remolino, se derramó por las vegas, llevándose los ganados con sus majadas. En aquel tiempo, las entrañas de las tristes víctimas sacrificadas no cesaron de presentar agüeros amenazadores ni los pozos de manar sangre ni las ciudades de resonar por la noche con grandes aullidos de lobos. Jamás cayeron de un cielo sereno tantos rayos ni ardieron tantos horribles cometas Por eso, los campos de Filipos vieron por segunda vez a las haces romanas cruzar en fiera lid sus armas fraternales; por eso consintieron los dioses que dos veces abonase nuestra sangre la Ematia y las dilatadas campiñas del Hemo. Día vendrá en que el labrador, al revolver la tierra con el corvo arado en aquellos confines, hallará dardos corroídos por el áspero orín, y hará resonar con los pesados rastros yelmos vacíos, y se pasmará al ver en los excavados sepulcros huesos giganteos.

    ¡Oh dioses patrios, oh dioses tutelares, oh Rómulo y oh madre Vesta, que velas por el toscano Tíber y los palacios romanos. no impidáis a lo menos que este mancebo venga en ayuda del revuelto siglo presente!, bastante hemos pagado, ya ha tiempo con nuestra sangre los perjuicios de Troya Laomedontea. Tiempo ha ya, ¡oh César!, que la mansión de los dioses te envidia a nosotros y se queja de que tengas en mucho los honores triunfales que te dan los hombres. Por doquiera andan confundidos lo lícito y lo ilícito; todo es guerras en el mundo, los crímenes son innumerables; deshonra parece manejar el arado; los campos están yermos, privados de sus labradores, y las corvas hoces se forjan para servir de terribles espadas. Aquí el Éufrates, allí la Germania, nos mueven guerra: las ciudades comarcanas, rotos los pactos, hacen armas unas contra otras; por todo el orbe derrama sus furores el impío Marte; tal, cuando se lanzan de la barrera las cuadrigas, cobran en el circo nuevo brío, y tirando en vano de las riendas, el auriga se ve arrebatado por los caballos y el carro no obedece al freno. (Traducción de Eugenio de Ochoa)

    …. Solem quis dicere falsum
    audeat. Ille etiam caecos instare tumultus
    saepe monet fraudemque et operta tumescere bella.
    Ille etiam exstincto miseratus Caesare Romam,
    cum caput obscura nitidum ferrugine texit
    inpiaque aeternam timuerunt saecula noctem.
    Tempore quamquam illo tellus quoque et aequora ponti
    obscenaeque canes inportunaeque volucres
    signa dabant. Quotiens Cyclopum effervere in agros
    vidimus undantem ruptis fornacibus Aetnam
    flammarumque globos liquefactaque volvere saxa!
    Armorum sonitum toto Germania caelo
    audiit, insolitis tremuerunt motibus Alpes.
    Vox quoque per lucos volgo exaudita silentis
    ingens et simulacra modis pallentia miris
    visa sub obscurum noctis, pecudesque locutae,
    infandum! sistunt amnes terraeque dehiscunt
    et maestum inlacrimat templis ebur aeraque sudant.
    Proluit insano contorquens vertice silvas
    fluviorum rex Eridanus camposque per omnis
    cum stabulis armenta tulit. Nec tempore eodem
    tristibus aut extis fibrae adparere minaces
    aut puteis manare cruor cessavit et altae
    per noctem resonare lupis ululantibus urbes.
    Non alias caelo ceciderunt plura sereno
    fulgura nec diri totiens arsere cometae.
    ergo inter sese paribus concurrere telis
    Romanas acies iterum videre Philippi;
    nec fuit indignum superis, bis sanguine nostro
    Emathiam et latos Haemi pinguescere campos.
    Scilicet et tempus veniet, cum finibus illis
    agricola incurvo terram molitus aratro
    exesa inveniet scabra robigine pila
    aut gravibus rastris galeas pulsabit inanis
    grandiaque effossis mirabitur ossa sepulchris.
    Di patrii, Indigetes, et Romule Vestaque mater,
    quae Tuscum Tiberim et Romana Palatia servas,
    hunc saltem everso iuvenem succurrere saeclo
    ne prohibete! Satis iam pridem sanguine nostro
    Laomedonteae luimus periuria Troiae;
    iam pridem nobis caeli te regia, Caesar,
    invidet atque hominum queritur curare triumphos;
    quippe ubi fas versum atque nefas: tot bella per orbem,
    tam multae scelerum facies; non ullus aratro
    dignus honos, squalent abductis arva colonis
    et curvae rigidum falces conflantur in ensem.
    Hinc movet Euphrates, illinc Germania bellum;
    vicinae ruptis inter se legibus urbes
    arma ferunt; saevit toto Mars inpius orbe;
    ut cum carceribus sese effudere quadrigae,
    addunt in spatia et frustra retinacula tendens
    fertur equis auriga neque audit currus habenas.

    Otros prodigio de gran impacto entre los antiguos son, como dije, las apariciones de los seres divinos. Como también dije, hay constancia de la aparición de una diosa egipcia a un pastor en un relato que tenemos incompleto de tan sólo 25 líneas; en él el pastor cuenta a sus compañeros el encuentro con una mujer que no tenía aspecto de mortal.. Este prodigio no ha dejado de repetirse periódicamente hasta nuestros días. En otro momento dedicaré un artículo a este tema.

    Pero quiero ahora referirme a otra aparición que puede recordarnos alguna moderna. Nos lo cuentan con total naturalidad Plinio el Joven en una famosa carta sobre la existencia o no de los fantasmas y el historiador Tácito. Me refiero a la aparición de “una mujer de estatura sobrehumana a Curcio Rufo anunciándole que  volvería a África como cónsul electo.

    Transcribo entera por su interés la carta de Plinio el Joven: Epistula 7,27:

    Gayo Plinio saluda a su amigo Sura.

    La falta de ocupaciones me brinda a mí la oportunidad de aprender y a ti la de enseñarme. De esta forma, me gustaría muchísimo saber si crees que los fantasmas existen y tienen forma propia, así como algún tipo de voluntad, o, al contrario, si son sombras vacías e irreales que toman forma por efecto de nuestro propio miedo.

    A que crea que existen los fantasmas me mueve sobre todo esto que he oído que le ocurrió a Curcio Rufo. Todavía joven y desconocido había formado parte del séquito del nuevo gobernador de la provincia de África. Al declinar el día paseaba por el pórtico: le sale al paso la figura humana de una mujer muy alta y hermosa. Ante su estupor ella le dijo que era África, mensajera de las cosas futuras. Le dijo también que él iría a Roma, que llevaría a cabo su carrera política y que volvería a esta misma provincia con el poder supremo, donde finalmente moriría.  Todas estas cosas se cumplieron. Pasado el tiempo, cuando llegaba a Cartago y salía de la nave se cuenta que se le apareció la misma figura en la playa. Como él mismo había sido presa de la enfermedad, tras augurar la adversidad que le esperaba en relación con las cosas buenas ya cumplidas, abandonó su esperanza de curación a pesar de que ninguno de los suyos la había perdido.
    ¿Pero no es acaso más terrorífico y no menos admirable lo que voy a exponer ahora, tal como me lo contaron?  Había en Atenas una casa espaciosa y profunda, pero tristemente célebre e insalubre. En el silencio de la noche se oía un ruido y, si prestabas atención, primero se escuchaba el estrépito de unas cadenas a lo lejos, y luego ya muy cerca: a continuación aparecía una imagen, un anciano consumido por la flacura y la podredumbre, de larga barba y cabello erizado; llevaba grilletes en los pies y cadenas en las manos que agitaba y sacudía. A consecuencia de esto, los que habitaban la casa pasaban en vela tristes y terribles noches a causa del temor; la enfermedad sobrevenía al insomnio y, al aumentar el miedo, la muerte, pues, aun en el espacio que separaba una noche de otra, si bien la imagen había desaparecido, quedaba su memoria impresa en los ojos, de manera que el temor se prolongaba aún más allá de sus propias causas. Así pues, la casa quedó desierta y condenada a la soledad, abandonada completamente a merced de aquel monstruo; aún así estaba puesta a la venta, por si alguien, no enterado de tamaña calamidad, quisiera comprarla o tomarla en alquiler.

    Llega a Atenas el filósofo Atenodoro, lee el cartel y una vez enterado del precio, como su baratura era sospechosa, le dan razón de todo lo que pregunta, y esto, lejos de disuadirle, le anima aún más a alquilar la casa. Una vez comienza a anochecer, ordena que se le extienda el lecho en la parte delantera, pide tablillas para escribir, un estilo y una luz; a todos los suyos les aleja enviándoles a la parte interior, y él mismo dispone su ánimo, ojos y mano al ejercicio de la escritura, para que su mente, desocupada, no se imaginara ruidos supuestos ni miedos sin fundamento. Al principio, como en cualquier parte, tan sólo se percibe el silencio de la noche, pero después la sacudida de un hierro y el movimiento de unas cadenas: el filósofo no levanta los ojos, ni tampoco deja su estilo, sino que pone resueltamente su voluntad por delante de sus oídos. Después se incrementa el ruido, se va acercando y ya se percibe en la puerta, ya dentro de la habitación. Vuelve la vista y reconoce al espectro que le habían descrito.  Éste estaba allí de pie y hacía con el dedo una señal como llamándole. El filósofo, por su parte, le indica con su mano que espere un poco, y de nuevo se pone a trabajar con sus tablillas y estilo, pero el espectro hacía sonar las cadenas para atraer su atención. Éste vuelve de nuevo la cabeza y le ve haciendo la misma seña que antes, así que ya sin hacerle esperar más coge el candil y le sigue. Iba el espectro con paso lento, como si le pesaran mucho las cadenas; después bajó al patio de la casa y, de repente, tras desvanecerse, abandona a su acompañante. El filósofo recoge hojas y hierbas y las coloca en el lugar donde ha sido abandonado, a manera de señal. Al día siguiente acude a los magistrados y les aconseja que ordenen cavar en aquel sitio. Se encuentran huesos insertos en cadenas y enredados, que el cuerpo, putrefacto por efecto del tiempo y de la tierra, había dejado desnudos y descarnados junto a sus grilletes.  Reunidos los huesos se entierran a costa del erario público. Después de esto la casa quedó al fin liberada del fantasma, una vez fueron enterrados sus restos convenientemente.

    Doy crédito ciertamente a quienes me han confirmado estos hechos; yo mismo puedo confirmar otro suceso a los demás. Tengo un liberto no ajeno al cultivo de las letras. Con él descansaba su hermano menor en el mismo lecho. A este le pareció ver a alguien sentado en la cama, moviendo unas tijeras sobre su propia cabeza, y que incluso le cortaba algunos cabellos de la coronilla. Cuando amaneció, él mismo tenía una tonsura en su coronilla y se encontraron sus cabellos cortados en el suelo.  Poco tiempo después, de nuevo un hecho similar al anterior confirmó lo que había ocurrido. Uno de mis pequeños esclavos dormía entre otros muchos niños en la escuela. Llegaron a través de las ventanas (así nos lo cuenta) dos figuras vestidas con túnicas blancas, cortaron el pelo al muchacho acostado y se retiraron por donde habían llegado. La luz del día muestra también a este niño con la tonsura y los cabellos esparcidos en derredor.  Nada memorable pasó después, a no ser acaso que no llegué a ser reo, si bien lo hubiera sido en caso de que Domiciano, bajo cuyo poder estas cosas ocurrieron, hubiera vivido más tiempo. En efecto, en su caja de documentos, se encontró un escrito entregado por Caro que estaba referido a mí. De esto puede deducirse que, como es costumbre para los presos dejar crecer el pelo, los cabellos cortados de mis esclavos fueron señal de que el peligro que me acechaba había sido abortado.

    Por tanto, te ruego que hagas uso de tu erudición. Es asunto digno para que lo consideres largo y tendido, y yo no soy ciertamente indigno de que me hagas partícipe de tu saber.  Aunque sopeses los pros y los contras de las dos opiniones (como sueles), inclínate más por uno de los dos lados, para no dejarme suspenso en la incertidumbre, dado que la razón de consultarte fue la de dejar de dudar. Saludos.
    (Traducción de F. García Jurado)

    Et mihi discendi et tibi docendi facultatem otium praebet. Igitur perquam velim scire, esse phantasmata et habere propriam figuram numenque aliquod putes an inania et vana ex metu nostro imaginem accipere. Ego ut esse credam in primis eo ducor, quod audio accidisse Curtio Rufo. Tenuis adhuc et obscurus, obtinenti Africam comes haeserat. Inclinato die spatiabatur in porticu; offertur ei mulieris figura humana grandior pulchriorque. Perterrito Africam se futurorum praenuntiam dixit: iturum enim Romam honoresque gesturum, atque etiam cum summo imperio in eandem provinciam reversurum, ibique moriturum.  Facta sunt omnia. Praeterea accedenti Carthaginem egredientique nave eadem figura in litore occurrisse narratur. Ipse certe implicitus morbo futura praeteritis, adversa secundis auguratus, spem salutis nullo suorum desperante proiecit.  Iam illud nonne et magis terribile et non minus mirum est quod exponam ut accepi?  Erat Athenis spatiosa et capax domus sed infamis et pestilens. Per silentium noctis sonus ferri, et si attenderes acrius, strepitus vinculorum longius primo, deinde e proximo reddebatur: mox apparebat idolon, senex macie et squalore confectus, promissa barba horrenti capillo; cruribus compedes, manibus catenas gerebat quatiebatque.  Inde inhabitantibus tristes diraeque noctes per metum vigilabantur; vigiliam morbus et crescente formidine mors sequebatur. Nam interdiu quoque, quamquam abscesserat imago, memoria imaginis oculis inerrabat, longiorque causis timoris timor erat. Deserta inde et damnata solitudine domus totaque illi monstro relicta; proscribebatur tamen, seu quis emere seu quis conducere ignarus tanti mali vellet.  Venit Athenas philosophus Athenodorus, legit titulum auditoque pretio, quia suspecta vilitas, percunctatus omnia docetur ac nihilo minus, immo tanto magis conducit. Ubi coepit advesperascere, iubet sterni sibi in prima domus parte, poscit pugillares stilum lumen, suos omnes in interiora dimittit; ipse ad scribendum animum oculos manum intendit, ne vacua mens audita simulacra et inanes sibi metus fingeret.  Initio, quale ubique, silentium noctis; dein concuti ferrum, vincula moveri. Ille non tollere oculos, non remittere stilum, sed offirmare animum auribusque praetendere. Tum crebrescere fragor, adventare et iam ut in limine, iam ut intra limen audiri. Respicit, videt agnoscitque narratam sibi effigiem. Stabat innuebatque digito similis vocanti. Hic contra ut paulum exspectaret manu significat rursusque ceris et stilo incumbit. Illa scribentis capiti catenis insonabat. Respicit rursus idem quod prius innuentem, nec moratus tollit lumen et sequitur.  Ibat illa lento gradu quasi gravis vinculis. Postquam deflexit in aream domus, repente dilapsa deserit comitem. Desertus herbas et folia concerpta signum loco ponit.  Postero die adit magistratus, monet ut illum locum effodi iubeant. Inveniuntur ossa inserta catenis et implicita, quae corpus aevo terraque putrefactum nuda et exesa reliquerat vinculis; collecta publice sepeliuntur. Domus postea rite conditis manibus caruit.  Et haec quidem affirmantibus credo; illud affirmare aliis possum. Est libertus mihi non illitteratus. Cum hoc minor frater eodem lecto quiescebat. Is visus est sibi cernere quendam in toro residentem, admoventemque capiti suo cultros, atque etiam ex ipso vertice amputantem capillos. Ubi illuxit, ipse circa verticem tonsus, capilli iacentes reperiuntur.  Exiguum temporis medium, et rursus simile aliud priori fidem fecit. Puer in paedagogio mixtus pluribus dormiebat. Venerunt per fenestras – ita narrat – in tunicis albis duo cubantemque detonderunt et qua venerant recesserunt. Hunc quoque tonsum sparsosque circa capillos dies ostendit.  Nihil notabile secutum, nisi forte quod non fui reus, futurus, si Domitianus sub quo haec acciderunt diutius vixisset. Nam in scrinio eius datus a Caro de me libellus inventus est; ex quo coniectari potest, quia reis moris est summittere capillum, recisos meorum capillos depulsi quod imminebat periculi signum fuisse.  Proinde rogo, eruditionem tuam intendas. Digna res est quam diu multumque consideres; ne ego quidem indignus, cui copiam scientiae tuae facias.  Licet etiam utramque in partem – ut soles – disputes, ex altera tamen fortius, ne me suspensum incertumque dimittas, cum mihi consulendi causa fuerit, ut dubitare desinerem. Vale.

    Tácito: Anales: 11, 21.

    Del origen de Curcio Rufo, hijo, según han dicho algunos, de un gladiator, no querría referir mentira, puesto que me avergüenzo de decir verdad. En llegando a edad juvenil, siguió en África al cuestor a quien tocó aquella provincia; y hallándose en Adrumeto al mediodía, paseándose pensativo debajo de unos soportales, se le apareció una sombra en figura de mujer mayor que humana, de quien oía esta voz: Tú eres Rufo, aquel que vendrá a ser procónsul en esta provincia. Con este agüero, hinchiéndosele el corazón de grandes esperanzas, se volvió a Roma, donde con la liberalidad de sus amigos y con su ingenio levantado alcanzó el oficio de cuestor; y, después de esto, entre muchos nobles competidores, por voto del príncipe la pretura; cubriendo Tiberio la bajeza de su nacimiento con estas mismas palabras: A mí me parece que Curcio Rufo es hijo de sí mismo. Con esto y con vivir después muchos años siempre maligno adulador con los mayores, arrogante con los inferiores y con los iguales insufrible, alcanzó el imperio consular, las insignias triunfales y a lo último el gobierno de África, donde, muriendo, cumplió el pronóstico fatal. (Traducción de Carlos Coloma)

    De origine Curtii Rufi, quem gladiatore genitum quidam prodidere, neque falsa prompserim et vera exequi pudet. postquam adolevit, sectator quaestoris, cui Africa obtigerat, dum in oppido Adrumeto vacuis per medium diei porticibus secretus agitat, oblata ei species muliebris ultra modum humanum et audita est vox 'tu es, Rufe, qui in hanc provinciam pro consule venies.' tali omine in spem sublatus degressusque in urbem largitione amicorum, simul acri ingenio quaesturam et mox nobilis inter candidatos praeturam principis suffragio adsequitur, cum hisce verbis Tiberius dedecus natalium eius velavisset: 'Curtius Rufus videtur mihi ex se natus.' longa post haec senecta, et adversus superiores tristi adulatione, adrogans minoribus, inter pares difficilis, consulare imperium, triumphi insignia ac postremo Africam obtinuit; atque ibi defunctus fatale praesagium implevit.

    San Agustín, en su Ciudad de Dios, se refiere a un prodigio bien famoso en la Antigüedad: las lágrimas que derramó la estatua de Apolo en Cumas, en la Magna Grecia, con ocasión de la guerra entre los romanos y los griegos, cuando Publio Craso murió en una batalla con Aristónico. Piensa San Agustín que estas son cosas de los demonios que los poetas nos presentan como ciertas, pero desde entonces hasta hoy y también mucho antes, muchas estatuas de dioses, vírgenes y santos han llorado con frecuencia, doliéndose de los errores de los hombres.

    Ciudad de Dios, III, 11

    El llanto de la estatua de Apolo de Cumas se creyó anunciador del desastre de los griegos, a quienes no había podido auxiliar. No hay otra razón que la que acabamos de exponer para la noticia de que el famoso Apolo de Cumas estuvo cuatro días llorando durante la guerra contra los aqueos y su rey Aristónico. Los arúspices, aterrados por tal prodigio, creyeron que era preciso arrojar al mar la estatua. Pero los ancianos de Cumas se opusieron a ello, aduciendo que un prodigio semejante había aparecido en la misma estatua durante la guerra de Antíoco y la de Perseo. Dieron fe, además, de que en vista de la victoria de los romanos, el Senado, por decreto, envió presentes a este mismo Apolo. Se hizo venir a otros agoreros, tenidos por más peritos. Respondieron éstos que las lágrimas de la estatua de Apolo eran venturosas para Roma, precisamente porque, siendo Cumas colonia griega, el Apolo envuelto en lágrimas era expresión de luto y desastre para su propio país, de donde se le había traído, es decir, para Grecia. Poco tiempo después llegó la noticia de que el rey Aristónico había sido derrotado y hecho prisionero. Esta victoria era evidentemente contraria a la voluntad de Apolo, y de ello se dolía. Testimonio eran hasta las lágrimas de un ídolo de piedra.

    Deducimos de este episodio cómo los poetas no andan del todo descaminados de la realidad al escribir la conducta de los demonios en sus poemas, por más que sean pura fábula. Diana, según Virgilio, sintió dolorosamente la suerte de Camila, y Hércules lloró la inminente muerte de Palante. Por eso, quizá, Numa Pompilio, disfrutando de su larga paz, ignoraba a quién la debía, y tampoco se preocupaba de ello cuando se preguntaba en su tranquila ociosidad a qué dioses debía encomendar la salvación de Roma y su soberanía.

    No creía que el verdadero, todopoderoso y supremo Dios se preocupara de los bienes terrenos, y no olvidaba que los dioses traídos por Eneas de Troya no habían sido capaces de mantener por largo tiempo ni el reino de Troya ni el de Lavinio, fundado por el mismo Eneas. Se creyó, pues, en el deber de buscar otros dioses, añadiéndolos a los anteriores, ya sean los que Rómulo había introducido en Roma o bien los que habían de introducirse con la destrucción de Alba. Unos como guardianes de los fugitivos y otros como auxilio de los más débiles. (Traducción de Santos Santamarta del Río, OSA y Miguel Fuertes Lanero, OSA)

    Neque enim aliunde Apollo ille Cumanus, cum adversus Achivos regemque Aristonicum bellaretur, quatriduo flevisse nuntiatus est ; quo prodigio haruspices territi cum id simulacrum in mare putavissent esse proiciendum, Cumani senes intercesserunt atque rettulerunt tale prodigium et Antiochi et Persis bello in eodem apparuisse figmento, et quia Romanis feliciter provenisset, ex senatus consulto eidem Apollini suo dona missa esse testati sunt. Tunc velut peritiores acciti haruspices responderunt simulacri Apollinis fletum ideo prosperum esse Romanis, quoniam Cumana colonia Graeca esset, suisque terris, unde accitus esset, id est ipsi Graeciae, luctum et cladem Apollinem significasse plorantem. Deinde mox regem Aristonicum victum et captum esse nuntiatum est, quem vinci utique Apollo nolebat et dolebat et hoc sui lapidis etiam lacrimis indicabat. Unde non usquequaque incongrue quamvis fabulosis, tamen veritati similibus mores daemonum describuntur carminibus poetarum. Nam Camillam Diana doluit apud Vergilium et Pallantem moriturum Hercules flevit . Hinc fortassis et Numa Pompilius pace abundans, sed quo donante nesciens nec requirens, cum cogitaret otiosus, quibusnam diis tuendam Romanam salutem regnumque committeret, nec verum illum atque omnipotentem summum Deum curare opinaretur ista terrena, atque recoleret Troianos deos, quos Aeneas advexerat, neque Troianum neque Laviniense ab ipso Aenea conditum regnum diu conservare potuisse: alios providendos existimavit, quos illis prioribus, qui sive cum Romulo iam Romam transierant, sive quandoque Alba eversa fuerant transituri, vel tamquam fugitivis custodes adhiberet vel tamquam invalidis adiutores.

    Los ejemplos podrían ser innumerables.

  • Los que…/ las que.. (Qui…Quae..)

    Es una cuestión bien evidente y establecida que la mujer en general en el mundo antiguo, en Grecia y en Roma, apenas si juega papel alguno público , social y políticamente, permaneciendo en gran medida invisible, incluso en estancias diferentes dento de la propia casa; así llamamos “gineceo”, γυναικεῖον, a las habitaciones de la casa de uso exclusivo de las mujeres; el “andrón”, Ἀνδρῶν, es la parte de la casa reservada a los hombres.

    Es verdad que cualquier afirmación sobre el mundo antiguo necesita muchas matizaciones y conocimientos más profundos. Así no es igual la situación de la mujer griega que la de la romana y esta última en los primeros siglos que al final de la República o durante el Imperio, cuando su “status” social y jurídico ha sufrido importantes modificacioes.

    Incluso es llamativo el hecho de que si bien socialmente su papel relevante es el de matrona de la casa, hablamos de las mujeres libres de las familias nobles romanas, en cambio en el “panteón” grecorromano las diosas, semidiosas, heroínas tienen una presencia importante y si Zeus-Júpiter responde al paradigma paternalista del dios-padre, la virginal Ártemis o Diana representa a la mujer autónoma, libre y rompedora con el sistema patriarcal dominante.

    También en el arte en general y en la epigrafía funeraria, por ejemplo, las mujeres están bien presentes y representadas.

    Quiero decir con todo ello que cualquier afirmación sobre el mundo antiguo, que solemos verlo con ojos del presente, necesita de matizaciones y análisis fino.

    Pero no quiero referirme a ello sino a un asunto bien actual, el del sexismo en el lenguaje.

    Tanto el griego como el latín son lenguas flexivas, muy flexivas; es decir, las palabras admiten diversas formas, generalmente terminaciones diferentes para expresar los diversos “accidentes gramaticales”.

    Decimos que el español, como otras varias lenguas actuales, son derivadas del latín. Podríamos decir también que estas lenguas no son sino un latín evolucionado a lo largo de los años sometido a la influencia del substrato de otras lenguas y factores diversos. Esa relación se aprecia por el que no es especialista en lenguas sobre todo en el léxico o conjunto de palabras, pero también en las estructuras sintácticas, a pesar de las variaciones. Hay algunas otras cuestiones menos evidentes y menos esperadas.

    Así por ejemplo en latín hay dos números gramaticales, singular y plural y dos hay también en español; (en realidad queda en latín algún resto de un tercero llamado dual que se aplicaba a los seres u objetos que generalmente aparecen de dos en dos, como las dos manos, los dos ojos, las dos orejas, etc.).

    En latín hay tres géneros, masculino, femenino y neutro. En español el neutro ha desaparecido, tan sólo queda algún resto en el artículo “lo”, en el pronombre “ello”, etc. por lo que resultan tan sólo operativos el masculino y el femenino.

    Pues bien, la utilización de los géneros gramaticales en español ha generado además de las cuestiones puramente lingüísticas, otras de tipo social y hasta político cuando “género gramatical” se identifica con "sexo físico”. Resulta que la lengua, como otras actividades humanas, funciona con un invisible principio de “economía de medios” y así generalmente utiliza nombres sustantivos o adjetivos “masculinos” para referirse tanto a hombres como a mujeres, es decir, a masculinos y femeninos. Así cuando afirmamos “el hombre es un ser dotado de inteligencia” nos referimos naturalmente al “hombre y la mujer”, sin excluir a estas últimas. En términos más inguïsticos diríamos que el español “marca” el término femenino, pero no el masculino, que al no estar “marcado” puede emplearse para referirse a los dos géneros.

    En ello ha influido naturalmente la propia conformación histórica de la sociedad, acertadamente definida como “patriarcal” dado el papel preponderante que en la vida civil y social ha tenido y en buena medida tiene el “pater”, el padre, y no la madre, relegada de manera general y durante muchos años al interior del hogar y sus funciones.

    Pero las funciones de los hombres y las mujeres en la sociedad  han cambiado notablemente en un proceso de equiparación que desde luego no ha finalizado. Este proceso en buena medida no ha sido amable, sino que ha provocado grandes polémicas entre personas “patriarcales”, “machistas” en terminología popular, y “feministas”. Este proceso de equiparación se ha extendido y generalizado a todos los sectores de la sociedad. Así en los países democráticos se ha conseguido una igualdad en las leyes, que ya no amparan la discriminación a la hora de gozar de derechos en función del género o sexo de las personas. La equiparación real en la sociedad evidentemente no se ha conseguido  todavía y queda aún gran camino por andar. Por ejemplo las leyes que regulan el trabajo y las relaciones laborales no son discriminatorias, pero en nuestro país es una triste realidad que las mujeres en muchas ocasiones  cobran un salario inferior al del hombre aún realizando el mismo trabajo.

    Pues bien, hay quien considera que ese lenguaje en el que algunos  términos de género másculino se utilizan para referirse conjuntamente a seres masculinos y femeninos es discriminatorio y “sexista”, es decir, exalta el género o sexo masculino en detrimento del femenino. Así el lenguaje es también un campo de enfrentamiento entre los que se agarran a los usos tradicionales y quienes exigen una renovación que no oculte la realida de que la mitad aproximadamente de los seres humanos que habitan el planeta tierra son mujeres.

    Las soluciones que se han propuesta son diversas y su aceptación general es poco menos que imposible. Así se propone sustituir los términos de género concreto por otros de significado más abstracto, por ejemplo emplear “la humanidad” en vez de “los hombres”, o “la ciudadanía” en vez de “ciudadanos” y “ciudadanas”, o utilizar indistinta o alternativamente uno u otro, así diríamos unas veces “los hombres” y otras “las mujeres”; ”los chicos” y “”las chicas”;  o utilizar simultáneamente los dos, así “los hombres y las mujeres”, “los compañeros y las compañeras”, “los niños y las niñas”,etc.

    Esta cuestión del lenguaje sexista no está definitivamente resuelta, a pesar de los esfuerzos normativos de algunas instituciones. Es más, la cuestión genera a veces notables polémicas, como la recientemente surgida entre dos académicos de nuestra Real Academia Española que ha derivado en varios artículos de réplicas y contrarréplicas cargadas de argumentos ad hominem.

    A estas alturas del artículo, más de un lector se preguntará ¿a cuento o razón de qué viene toda esta exposición en un blog dedicado al mundo antiguo grecorromano?

    Pues bien, no puedo afirmar que esta cuestión del uso “sexista” del lenguaje se planteara en el mundo antiguo, pero existen pruebas tan antiguas como la Iliada griega en la que en determinado momento se especifican y emplean simultáneamente el término masculino y el femenino. Fue precisamente una relectura reciente de la Iliada la que me hizo tropezar con el verso 350 del libro XV y la que motivó este artículo con tan larga introducción.

    Dice Homero en Iliada, XV, 346-351:

    Y Héctor exhortaba a los teucros, diciendo a voz en grito:
    —Arrojaos a las naves y dejad los cruentos despojos. Al que encuentre lejos de los bajeles, allí mismo le daré muerte, y luego sus hermanos y hermanas no le entregarán a las llamas, sino que le despedazarán los perros fuera de la ciudad.
    (Traducción de Luis Segalá y Estalella. 1910)

    En una traducción más reciente se dice:

    Héctor arengó a los troyanos con recia voz:
    “¡Atacad las naves y dejad los ensangrentados despojos!
    Al que yo vea en otro sitio que no sea junto a las naves,
    allí mismo me las ingeniaré para matarlo, y quizá no le hagan
    partícipe del fuego tras la muerte sus parientes y parientas,

    sino que los perros lo arrastrarán delante de nuestra ciudad.”  (Traducción de Emilio Crespo Güemes. Editorial Gredos.1991)

    En esta ocasión citaré también el texto en griego para que pueda comprobarse por parte del lector que el uso de “parientes y parientas” no es mero efecto de la traducción, sino que así se ve en el original: γνωτοί y γνωταί son la forma masculina y femenina de la misma palabra:

    Ἕκτωρ δὲ Τρώεσσιν ἐκέκλετο μακρὸν ἀΰσας
    νηυσὶν ἐπισσεύεσθαι, ἐᾶν δ' ἔναρα βροτόεντα·
    ὃν δ' ἂν ἐγὼν ἀπάνευθε νεῶν ἑτέρωθι νοήσω,
    αὐτοῦ οἱ θάνατον μητίσομαι, οὐδέ νυ τόν γε
    γνωτοί τε γνωταί τε πυρὸς λελάχωσι θανόντα,   
    ἀλλὰ κύνες ἐρύουσι πρὸ ἄστεος ἡμετέροιο.

    Fijémonos ahora en  este otro ejemplo de Pausanias, (ochocientos años le separan del texto anterior, que en su Descripción de Grecia, al hablar de Delfos, refiriéndose a Homero y Píndaro y a la fuente Casótide, dice en 10, 24,2:

    Se puede contemplar también una estatua en bronce de Homero en una columna y en esta se lee el oráculo que dicen le fue dado a Homero:

                               Feliz y desgraciado, naciste para ambas cosas,
                               preguntas por tu patria. Pero tienes matria y no patria,
                               La isla de Íos es patria de tu madre y a tí cuando mueras
                               te acogerá; pero de los niños el enigma guarda.

    Los de Íos muestran la tumba de Homero en su isla y en otro sitio de la misma la de Clímene que dicen fue la madre de Homero.

    Los de Chipre, que reivindican también para sí a Homero dicen que su madre fue una mujer de la isla, Temistó, y dicen que Euclo profetizó el nacimiento de Homero en estos versos:

                  Entonces en la marítima Chipre habrá un gran cantor
                  a quien Temistó, divina entre las mujeres, parirá en el campo,
                  lejos dela rica Salamina., y él será glorioso.
                  Dejará Chipre y será llevado por las olas
                a cantar el primero las desgracias de la ancha Grecia,
                y será inmortal y siempre joven por todos los tiempos.

    Esto lo había yo oído y lo conocía por haber leído los oráculos, pero no le atribuyo ninguna relación con la patria ni la época de Homero. (Traducción de Antonio Tovar. Editoral Orbis.)

    Ya comenté algo al respecto de esta cuestión en https://www.antiquitatem.com/educacion-de-la-mujer-griega-platon

    Pero quiero ahora resaltar un hecho curioso y significativo.

    De manera especial y repetida se utilizó en ocasiones el doblete masculino/femenino en el mundo legislativo romano. Hay momentos en los que el legislador quiere dejar bien claro lingüísticamente que se refiere a “hombres y mujeres” de manera no discriminatoria. El jurista romano ha optado por la solución de utilizar conjuntamente los términos masculinos y el correspondiente femenino; es decir, por la solución, “los/las”, “los cuales/las cuales”, “libertos/libertas”, “esclavos/esclavas”, etc. en clara semejanza a algunos usos actuales.

    Lo he encontrado también en una reciente visita al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, en la conocida como “Ley Salpensana”, que regula la vida ciudadana de la localidad de Salpensa,  actual Facialcázar, población cercana a  Utrera,  en la Bética Hispana de la época Imperial de Domiciano.

    Sabido es que el “Derecho Romano” es el conjunto de leyes que regulan exclusivamente la vida del “ciudadano romano”. Ahora bien, no todos los habitantes del Imperio Romano son “ciudadanos” (cives), algunos son afines pero no ciudadanos romanos, como los “latini”, otros son amigos extranjeros, pero no ciudadanos, los peregrini cuyas relaciones con los romanos vienen determinadas por el ius gentium; muchos de ellos son esclavos, es decir, hombres sin derechos. Cada grupo tiene sus propios derechos, hasta que en el año 212 con la llamada Constitutio Antoniniana el emperador Caracalla considera ciudadanos romanos a todos los habitantes libres del imperio, entre ellos a los de Hispania, naturalmente .
    De manera similar, los romanos van asimilando los territorios y ciudades que van conquistando y van creando otras muchas con diversas entidad jurídica, tales como las “colonias” o los “municipios”. Es más, se aplica la diversa calificación jurídica en función de la calidad de sus ciudadanos y de su asimilación a Roma.

    El emperador Tito Flavio Domiciano ( 51 –  96) va asimilando desde el año 73 las ciudades hispanas a la condición de “latinas”; así promulgó y concedió entre los años 81 y 84 al municipio de Salpensa una ley con la que les concedía el “ius Latii”, el derecho del Lacio, el Derecho Latino, de inferior categoría y menos beneficiosa que el “ius romanum”. De esta ley se conervan tan sólo 9 capítulos de una plancha de las varias de que debió constar, de acuerdo con otras leyes semejantes, como la  Lex Flavia Malacitana,  y  la Lex Irnitana.

    Sobre estas leyes y su significado he de escribir en su momento algún artículo, pero hoy me limitaré a la constatación de esa precisión linguïstica que diferencia en  la lengua escrita, en este caso de una ley, entre los seres de género y sexo másculino y femenino. Desde luego no lo hace por considerar la formula generalista como sexista sino por razones de precisión jurídica, pero ¿quién nos iba a decir que esta fórmula que entre nosotros ha servido  y sirve de confrontación cuando no de ejercicios de dudoso humor (recordemos el afamado “miembros y miembras” adjudicado a cierta persona de  significada función política), quién nos iba a decir que ya tuvo acomodo en un texto de hace dos mil años?
    ¿No podríamos pensar,  tal vez con alguna exageración, que ya  en época de los emperadores romanos las mujeres, de manera especial las  de Hispania, exigían un papel más igual al de los hombres y en todo caso un mismo tratamiento en los textos jurídicos de sus ciudades?

    Museo Arqueológico Nacional. Madrid

    Reproduzco tan sólo las cinco rúbricas en las que aparecen estos usos en latín y en su traducción en castellano, dejando para otra ocasión el comentario y significado, no exento de dificultad. Duplico también en la traducción las formas masculina y femenina. Me baso para las traducciones en el meritorio trabajo del grupo ue conforma el llamado Proyecto de Innovación Docente UCM 23/2014 de la Universidad Complutense de Madrid, accesible en la dirección web https://www.ucm.es/derecho-romano/lex-salpensana-on-line

    Nota: La palabra “rúbrica”  deriva de la latina ruber,rubra,rubrum, que significa “rojo”.  Según el diccionario de la Real Academia Española, en sus dos primeras acepciones significa:

    1. f. Rasgo o conjunto de rasgos, realizados siempre de la misma manera, que suele     
    ponerse en la firma después del nombre y que a veces la sustituye.
    2. f. Epígrafe o rótulo.

    En la quinta, que ya advierte que está en desuso, significa:

    5. f. desus. Señal encarnada o roja.

    Y es precisamente esta quinta la que nos explica el significado de las anteriores. En los antiguos textos, sobre todo legales, el comienzo o título del párrafo se presentaba de color  “rojo”, y de ahí los significados derivados.

    Textos:

    Rúbrica 21 

    Para que los magistrados obtengan la ciudadanía romana: 21 .- Quienes por esta ley sean nombrados duunviros o ediles o cuestores, que sean ciudadanos romanos cuando después de un año abandonen la magistratura, junto con sus padres y cónyuges y los hijos concebidos en legítimas nupcias y que estén sujetos a la potestad de los padres, así como los nietos y nietas nacidos y nacidas del hijo, los cuales y las cuales estén bajo potestad de los padres, mientras no haya más ciudadanos romanos que los que por esta ley conviene que sean nombrados magistrados.

    R. Ut magistratus civitatem Romanam consequantur. [XXI. . . Qui llvir aedilis quaestor ex hac lege factus erit cives Romani sunto cum post annum magistratu] | abierint cum parentibus coniugibusque {h}ac liberi(s) qui legitumis nuptis quae l siti in potestatem parentium fuerunt item nepotibus ac neptibus filio I nat{al}is [natabus] qui quaeque in potestate parentium fuerint dum ne plures c(ives) R(omani) I  sint qua(m) quod ex h(ac) l(ege) magistratus creare oportet. ……

    Rúbrica 22

    Que quienes consigan la ciudadanía romana, mantengan su mancipium, pleno dominio y patria potestad.
    El que y la que por esta ley o por el edicto del emperador César Augusto Vespasiano, del emperador Tito César Augusto o del emperador César Augusto Domiciano, padre de la patria, vaya a conseguir la ciudadanía romana: que el que la que  haya sido (a él a ella) por esta ley conserve su patria potestad, pleno dominio y mancipium, que debiera tener si no hubiera cambiado cambiada a la ciudadanía romana y que tenga el derecho de elegir un tutor, que tendría si hubiese nacido nacida de un ciudadano romano y no hubiera cambiado cambiada a la ciudadanía.

    R. Ut qui civitat(em) Roman(am) consequantur, maneant in eorundem m(ancipio) m(anu) potestate.
    XXII. Qui quaeque ex h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Vespasiani, imp(eratoris)ve Titi Caesaris Aug(usti), aut imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Domitiani, p(atris) p(atriae), civitatem Roman(am) consecutus consecuta erit. Is ea in eius, qui c(ivis) R(omanus) h(ac) l(ege) factus erit, potestate manu mancipio, cuius esse deberet, si civitate Romana mutatus mutata non esset, esto idque ius tutoris optandi habeto, quod haberet si a cive Romano ortus orta neq(ue) civitate mutatus mutata esset.

    Rubrica 23

    Rúbrica para que quienes obtengan la ciudadanía romana mantengan los derechos sobre los libertos.
    Que el que o la que  a partir de esta ley o por un edicto del emperador César Vespasiano Augusto, del emperador Tito César Vespasiano Augusto o del emperador César Domiciano Augusto haya obtenido la ciudadanía romana, respecto a los libertos y libertas suyos y suyas paternos y paternas, los cuales y las cuales no habrían accedido a la ciudadanía romana, y sobre los bienes de éstos y de éstas y las cosas que fueron impuestas a causa de la libertad, tenga el mismo derecho y condición que tendría si no hubiese sido cambiado cambiada de ciudadanía.

    R. Ut qui c(ivitatem) R(omanam) consequentur, iura Iiberatorum retineant.
    XXIII. Qui quaeve [ex] h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caes(aris) Vesp(asiani) Aug(usti), imp(eratoris)ve Titi Caes(aris) Vespasian(i) Au(gusti) I aut imp(eratoris) Caes(aris) Domítiani Aug(usti) c(ivitatem) R(omanam) consecutus consecuta erit: is in | libertos libertasve suos suas paternos paternas, qui quae in c(vitatem) R(omanam) non | venerit, deque bonis eorum earum et is, quae libertatis causa inposita | sunt, idem ius eademque condicio esto, quae esset, si cìvitate mutatus I mutata non esset.

    Rúbrica 28.

    Rúbrica. Sobre los esclavos que han de ser manumitidos ante los duunviros.
    Si algún ciudadano del municipio Flavio Salpensano, que fuese Latino, ante los duunviros que presiden la jurisdicción del municipio, manumitiera a su esclavo o esclava de la servidumbre a la libertad y le ordenara que fuese libre (liberado,liberada), siempre y cuando ningún muchacho, doncella o mujer, sin autorización del tutor, al que y a la que manumita  ordene que alguien sea libre (liberado liberada); el que así sea manumitido y al la que se ordene ser libre, sea libre, y la que así sea manumitida y a la que se ordene ser libre, sea libre, quienes, como libertos latinos, son o serán libres de pleno derecho. El que sea menor de veinte años, por el contrario, que manumita únicamente si el número de decuríones que aprobaron los decretos acordes con esta ley juzgara que la causa es justa.

    R. De servis aput IIvir(um) manumittendis. XXVIII. Si quis municeps munici Flavi Salpensani, qui Latinus erit, aput Ilvir(os), | qui iure dicundo praeerunt eius municipi, servom suom servamve suam | ex servitute in libertate[m] manumiserit, liberum liberamve esse iusserit, | dum ne quis pupillus neve quae virgo mulierve sine tutore auctore | quem quamve manumittat, liberum liberamve esse iubeat: qui ita | manumissus liberve esse iussus erit, liber esto, quaeque ita manumissa | liberave [esse] iussa erit, libera esto, uti qui optum[o] iure Latini libertiní li Iberi sunt erunt; dum is qui minor XX annorum erit ita manumittat, | si causam manumittendi iusta[m] esse is numerus decuríonum, per quem | decreta h(ac) l(ege) facta rata sunt, censuerit. 

    Rúbrica 29

    Rúbrica: de la asignación de tutor
    Al que no tenga tutor o le sea incierto, si él o ella fuere ciudadano del municipio flavio salpensano y no fueren pupilos o pupilas y pidiera a los duoviros, que gobiernan en el municipio administrando justicia, que le asignen, el tutor y que nombren a aquél a que quiera asignarle. Entonces éste [magistrado], a quien se ha hecho la petición, una vez conocida la causa, tanto si tiene uno o muchos colegas, en relación con el parecer de todos los colegas, que estén en este municipio o dentro de los límites de este municipio, si les pareciera [a ellos], otorgue como tutor a éste que haya sido nombrado. Si aquel o aquella en cuyo nombre se haya pedido asi, fuera pupilo o pupila, o si aquel a quien se haya solicitado, no tuviera colega o no hubiese ningún colega en este municipio o dentro de los limites de este municipio, entonces aquel, a quien se haya solicitado así, conocida la causa, en los diez dias inmediatos, por decreto de los decuriones, siendo propicia no menos de dos partes de los decuriones, dé como tutor a aquel que fuera nombrado, a fin de que la tutela no se aieje de un tutor legítimo. Quien por esta ley sea dado como tutor, éste sea entonces tutor legítimo para aquél, para quien se ha dado, a fin de que la tutela no se aleje de un tutor legitimo tanto si este tutor fuese ciudadano romano como si fuese su agnado inmediato, también ciudadano romano.

    Cui tutor non erit incertusve erit, si is eave municeps municipi Flavi Salpensani erit, et pupilli pupillaeve non erunt, et ab IIviris, qui iure dicundo praeerunt eius municipi, postulaverit, uti sibi tutorem det, et eum, quem dare volet, nominaverit: tum is, a quo postulatum erit, sive unum sive plures collegas habebit, de omnium collegarum sententia, qui tum in eo municipio intrave fines municipi eius erunt, causa cognita, si ei videbitur, eum qui nominatus erit tutorem dato. Sive is eave, cuius nomine ita postulatum erit, pupillus pupillave erit, sive is, a quo postulatum erit, non habebit collegam, collegave eius in eo municipio intrave fines eius municipi nemo erit: tum is, a quo ita postulatum erit, causa cognita in diebus X proximis, ex decreto decurionum, quod cum duae partes decurionum non minus adfuerint, factum erit, eum, qui nominatus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, ei tutorem dato. Qui tutor hac lege datus erit, is ei, cui datus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, tam iustus tutor esto, quam si is civis Romanus et ei adgnatus proximus civis Romanus tutor esset.

    Expresiones similares aparecen en las otras leyes de contenido también similar y que por ello evito repetir.

  • Los ciudadanos de Capua fueron consultados

    Como es bien sabido, los Atenienses inventaron allá por el siglo V a.C. la democracia o sistema político en el que los ciudadanos, el pueblo , el “demos”, elegían a sus gobernantes. Este hecho grandioso cuyo desarrollo más avanzado sólo existe en unos pocos países occidentales actuales, no nos permite desconocer la gran limitación de aquella democracia original: sólo los ciudadanos, una minoría en el conjunto de habitantes de Atenas, tenían esos derechos; ni las mujeres, ni los esclavos, ni los extranjeros podían votar.
    Tampoco debemos ignorar la facilidad con la que el pueblo fue “manipulado”, impresionado, para tomar acuerdos perjudiciales incluso contra la propia democracia, cuando surgen los “demagogos” que incluso imponen a “tiranos”.

    Recordemos algo tan sabido como es la etimología de democracia, demagogia, tiranía:

    Democracia: de los sustantivos griegos δῆμος, (demos = pueblo)  y κράτος (krátos = poder): gobierno del pueblo.

    Demagogia: del griego δῆμος –dēmos-, pueblo y ἄγω –ago-, dirigir. Según el Diccionario de la RAE

    Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular y también  Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

    Tiranía: del griego τύραννος (tyrannos) que significa "señor" o "amo"; parece ser un término lidio no indoeuropeo; se ha relacionado también con el término etrusco turan”, que significa señora o dama aplicado a Venus. Según la RAE:

      “ persona que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad” ; y también: “ persona que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y también simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario”.

    Véase https://www.antiquitatem.com/tirania-democracia-tucidides-dictadura

    Pues bien, voy a contar un episodio ocurrido en la Italia por la que se mueve Anibal, durante la Segunda Guerra Púnica, venciendo y aniquilando a los ejércitos latinos y ocupando una tras otras numerosas ciudades, generando una sensación de pánico y miedo total entre todos los romanos.

    Concretamente ocurre en Capua, capital de la Campania a unos treinta kilómetros de Nápoles, al sur de Italia, una de las ciudades más prósperas y ricas e incluso más  lujosa que la famosa Síbaris o Crotona a juzgar por el testimonio de Polibio , Historias, VII,1; y III,91,6; Cicerón en De Lege Agraria, II, 95; o Estrabón, V, 4,3Capua estaba comunicada con Roma por la famosa Vía Apia desde el año 312 a.C.

    De Síbaris o Crotona hemos tratado alguna vez en este mismo blog. Véase:

    https://www.antiquitatem.com/lecho-de-rosas–princesa-del-guisante

    https://www.antiquitatem.com/zeuxis-muchachas-de-crotona-imitacion

    En este episodio observaremos la facilidad con la que es manejada la maleable “masa” de ciudadanos por un hábil individuo y lo que puede ocurrir cuando se enfrenta al pueblo en su conjunto y a cada uno de sus miembros con su propia responsabilidad.

    Los ciudadanos de Capua odiaban” a sus senadores que se comportaban altaneramente sin consideración y ni siquiera mantenían contacto con ellos, pero, cuando tuvieron ocasión de acabar con ellos, fueron incapaces de ponerse de acuerdo y proponer sustitutos de aquellos a quienes deseaban hacer desaparecer.  Reproduzco un comienzo tal vez demasiado largo, pero necesario para situar los hechos en su contexto.

    Texto de Tito Livio, de su Historia de Roma desde sus orígenes, libro 23, capítulos 1-4.

    Habiendo tomado y saqueado los campamentos, Aníbal, después de la batalla de Cannas, marchó en seguida de la Apulia al Samnio: Stacio, que le prometía entregarle Compsa, le llamaba al territorio de los hirpinos. Trebio Stacio era uno de los ciudadanos más distinguidos de Compsa, pero se veía obligado a ceder ante el partido de los Mopsinos, familia poderosa por la protección de los romanos. A la noticia de la batalla de Cannas, al rumor de la llegada de Aníbal, que por todas partes extendía Trebio, los Mopsinos habían salido de la ciudad. Compsa se rindió por consiguiente sin resistencia al cartaginés y recibió guarnición.

    Dejó allí Aníbal su botín y todos los bagajes, y dividiendo su ejército en dos cuerpos, encargó a Magón que recibiese la sumisión de aquellas ciudades del territorio que abandonasen la causa de Roma y de apoderarse de las que se resistieran. El mismo atravesó el territorio campanio, dirigiéndose hacia el mar inferior, con intención de sitiar a Nápoles para asegurarse de una ciudad marítima. En cuanto atravesó la frontera napolitana, emboscó una parte de los númidas en los parajes que le parecieron convenientes para su plan, abundando aquel país en caminos profundos y desfiladeros impenetrables. En seguida manda a los demás que lleven delante ostensiblemente los ganados que habían arrebatado en la campiña y llegar con sus caballos hasta las puertas de la ciudad Al verles tan poco numerosos y tan desordenados, salió un grupo de jinetes; los númidas retrocedieron de intento delante de ellos atrayéndoles a la emboscada, donde fueron rodeados, y ni uno solo hubiese escapado, si la proximidad del mar y algunas barcas, la mayor parte pescadoras, que veían muy cerca de la orilla, no hubiesen ofrecido refugio a los que sabían nadar. Algunos jóvenes distinguidos fueron capturados o muertos, entre ellos Hegeas, jefe de aquellos jinetes, que pereció persiguiendo con demasiado ardor a los fugitivos. Aníbal renunció al sitio de la ciudad al ver sus murallas, muy difíciles de asaltar.

    Desde allí dirigió su marcha á Capua, ciudad enervada por larga prosperidad, por los favores de la fortuna y más que todo por el libertinaje del pueblo, que, en medio de la corrupción general, gozaba de libertad sin freno. Pacuvio Calavio había sometido el Senado a su voluntad y a la del pueblo. Aunque noble y popular a la vez, debía su poder a malos medios. En el mismo año en que los romanos fueron vencidos en el Trasimeno, encontrábase primer magistrado de la ciudad. Sabía bien que el pueblo, enemigo del Senado desde mucho antes, aprovecharía aquella ocasión para sublevarse, y que si se presentaba Aníbal al frente de un ejército victorioso, no retrocedería ante un gran crimen y exterminaría a los senadores para entregar Capua al cartaginés. Pacuvio era malo, pero no completamente depravado: prefería ejercer su autoridad sobre Capua a ejercerla sobre sus ruinas, y sabía que no es posible la existencia de una ciudad privada de consejo público. Imaginó, pues, un medio de conservar el Senado y hacerlo al mismo tiempo esclavo de su voluntad y de la del pueblo. Convocó a los senadores y comenzó por declarar que no aprobaría una sublevación contra Roma sino en cuanto fuese necesaria; que tenía hijos de la hija de Apio Claudio, y que su propia hija estaba casada en la ciudad con Livio; pero que les amenazaba otra calamidad mucho más terrible; que el pueblo no pensaba sublevarse para quitar el poder al Senado, sino para exterminarlo y entregar a Aníbal y los cartagineses una ciudad sin gobierno;  que puede, sin embargo, salvarles del peligro si se entregan a él, y prescindiendo de todo debate político, prestar fe a su palabra. Dominados por el terror, todos consienten, y entonces dijo: "os encerraré en la curia, y como si yo mismo tomase parte en la conspiración, aprobando un crimen al que en vano me opondría, encontraré medio de salvaros. Recibiréis de mí cuantas garantías queráis.» Habiendo empeñado de esta manera su palabra, mandó cerrar la curia, y dejó en el vestíbulo una guardia que no había de permitir entrar ni salir a nadie sin orden suya. En seguida convocó una asamblea del pueblo. «Campanios, dijo, muchas veces habéis deseado castigar ese ímprobo y detestable Senado; hoy podéis hacerlo sin obstáculo ni peligro, sin exponeros a los riesgos de una sublevación en la que tendríais que asaltar la casa de cada uno, defendidas por sus clientes y esclavos. Yo os los entrego a todos encerrados en la curia, solos y desarmados, y no tendréis que obrar con precipitación y a la casualidad. Os daré el derecho de decidir acerca de la suerte de cada uno de ellos, a fin de que sufran los suplicios merecidos. Pero ante todo, no puede satisfacerse vuestra cólera sino a condición de posponerla á vuestra conservación, a vuestro propio interés. Detestáis a esos senadores, pero creo que no deseáis abolir completamente el Senado; porque necesitáis un rey (¡autoridad abominable!) o un Senado, único consejo de un estado libre. Tenéis por consiguiente dos cosas que hacer al mismo tiempo: destruir el Senado antiguo, y crear uno nuevo. Voy a hacer llamar sucesivamente á todos los senadores; os consultaré acerca de la suerte de cada cual y se ejecutará lo que decidáis. Pero en el puesto del condenado elegiréis otro senador, varón animoso y honrado, antes de que el culpable sea entregado al suplicio.»

    Sentóse entonces, hizo colocar los nombres en una urna y manda sacar de la curia y llevar ante el pueblo aquel que designó en primer lugar la suerte. En cuanto se oyó el nombre, todos exclamaron que era un malvado, un miserable digno del suplicio. Entonces dijo Pacuvio: «Veo que decidís acerca de él. Ahora, para el puesto de ese malvado, de ese miserable, nombrad un senador honrado y virtuoso.» Al pronto hubo un momento de silencio; no encontraban uno mejor para reemplazarle. Al fin se atrevió uno a pronunciar un nombre al azar, y un grito mucho más fuerte se alzó en eI acto : decían unos que no le conocían, otros le censuraban sus acciones deshonrosas, su baja estofa, su vergonzosa pobreza, su oficio, sus infames lucros. La escena se renovó con mucha más intensidad cuando se citó otro y otro nombre; era evidente que no querían a los senadores, pero no encontraban con quienes reemplazarles. No podían proponer a los que ya habían sido nombrados sin oirles abrumar de injurias, y en cuanto a los otros, eran mucho más despreciables, mucho más obscuros que aquellos cuyos nombres se citaron primero. En vista de esto, separóse el pueblo diciendo que el mal conocido era más soportable, y Pacuvio ordenó que se pusiese en libertad á los senadores. Salvando Pacuvio de esta manera la vida a los senadores, les hizo suyos mucho más que del pueblo, y sin violencia, por consentimiento unánime, dominaba en absoluto. Desde entonces, abandonando los senadores todo recuerdo de honor y libertad, comenzaron a adular al pueblo, a saludar a todos, a invitarles con bondad y a ofrecerles magníficos festines. La causa de que se encargaban, el partido que favorecían, las decisiones a que inclinaban a los jueces, era siempre la más popular, la más a propósito para conquistar la benevolencia de la multitud. En el Senado nada se hacía que no se hubiese hecho en asamblea del pueblo. Inclinada en todo tiempo a la mayor molicie, no solamente por la depravación de los ánimos, sino que también por las dulzuras y la acción enervante de las delicias que le ofrecían el mar y la tierra, Capua entonces, gracias a la baja complacencia de los ciudadanos principales, a la licencia del populacho, se abandonaba con tal furor a todos los excesos, que no había límites para sus caprichos ni para sus gastos. A este desprecio de las leyes, de los magistrados y del Senado, añadíase, después de la batalla de Cannas, el desprecio en que cayó el poder romano, único freno respetado hasta entonces. Existía sin embargo un obstáculo que les había impedido declararse inmediatamente contra Roma: y eran los antiguos matrimonios que habían unido familias romanas con nobles y poderosas familias de Capua, y además el lazo poderoso de muchos compatriotas suyos que servían en el ejército romano y de trescientos caballeros, de los más nobles de la Campania, quienes, por expresa elección, habían sido enviados a guarnecer las ciudades de Sicilia. (Traducción de Francisco Navarro y Calvo)

     Hannibal post Cannensem pugnam castraque capta ac direpta confestim ex Apulia in Samnium moverat, accitus in Hirpinos a Statio Trebio pollicente se Compsam traditurum. compsanus erat Trebius nobilis inter suos; sed premebat eum Mopsiorum factio, familiae per gratiam Romanorum potentis.  post famam Cannensis pugnae volgatumque Trebi sermonibus adventum Hannibalis cum Mopsiani urbe excessissent, sine certamine tradita urbs Poeno praesidiumque acceptum est. ibi praeda omni atque impedimentis relictis, exercitu partito Magonem regionis eius urbes aut deficientis ab Romanis accipere aut detractantis cogere ad defectionem iubet, ipse per agrum Campanum mare inferum petit, oppugnaturus Neapolim, ut urbem maritimam haberet. ubi fines Neapolitanorum intravit, Numidas partim in insidiis—et pleraeque cavae sunt viae sinusque occulti—quacumque apte poterat disposuit, alios prae se actam praedam ex agris ostentantis obequitare portis iussit.  in quos, quia nec multi et incompositi videbantur, cum turma equitum erupisset, ab cedentibus consulto tracta in insidias circumventa est;  nec evasisset quisquam, ni mare propinquum et haud procul litore naves, piscatoriae pleraeque, conspectae peritis nandi dedissent effugium.  aliquot tamen eo proelio nobiles iuvenes capti caesique, inter quos et Hegeas, praefectus equitum, intemperantius cedentes secutus cecidit.  ab urbe oppugnanda Poenum absterruere conspecta moenia haudquaquam prompta oppugnanti.
    inde Capuam flectit iter luxuriantem longa felicitate atque indulgentia fortunae, maxime tamen inter corrupta omnia licentia plebis sine modo libertatem exercentis.  senatum et sibi et plebi obnoxium Pacuvius Calavius fecerat, nobilis idem ac popularis homo, ceterum malis artibus nanctus opes. is cum eo forte anno quo res male gesta ad Trasumennum est in summo magistratu esset, iam diu infestam senatui plebem ratus per occasionem novandi res magnum ausuram facinus ut, si in ea loca Hannibal cum victore exercitu venisset, trucidato senatu traderet  Capuam Poenis, inprobus homo sed non ad extremum perditus, cum mallet incolumi quam eversa re publica dominari, nullam autem incolumem esse orbatam publico consilio crederet, rationem iniit qua et senatum servaret et obnoxium sibi ac plebi faceret. vocato senatu cum sibi defectionis ab Romanis consilium placiturum nullo modo, nisi necessarium fuisset,  praefatus esset, quippe qui liberos ex Appii Claudii filia haberet filiamque Romam nuptum M. Livio dedisset; ceterum maiorem multo rem magisque timendam instare; non enim per defectionem ad tollendum ex civitate senatum plebem spectare, sed per caedem senatus vacuam rem publicam tradere Hannibali ac Poenis velle; eo se periculo posse liberare eos, si permittant sibi et certaminum in re publica obliti credant,—cum omnes victi metu permitterent,  “claudam” inquit “in curia vos et, tamquam et ipse cogitati facinoris particeps, adprobando consilia quibus nequiquam adversarer, viam saluti vestrae inveniam. in hoc , fidem, quam voltis ipsi, accipite.” fide data egressus claudi curiam iubet, praesidiumque in vestibulo relinquit, ne quis adire curiam iniussu suo neve inde egredi possit.
    tum vocato ad contionem populo “quod saepe” inquit “optastis, Campani, ut supplicii sumendi vobis ex improbo ac detestabili senatu potestas esset, eam non per tumultum expugnantes domos singulorum, quas praesidiis clientium servorumque tuentur, cum summo vestro periculo; sed tutam habetis ac liberam; clausos omnis in curia accipite, solos, inermis. nec quicquam raptim aut forte temere egeritis; de singulorum capite vobis ius sententiae dicendae faciam, ut quas quisque meritus est poenas pendat; sed ante omnia ita vos irae indulgere oportet, ut potiorem ira salutem atque utilitatem vestram habeatis. etenim hos, ut opinor, odistis senatores, non senatum omnino habere non voltis; quippe aut rex, quod abominandum, aut, quod unum liberae civitatis consilium est, senatus habendus est. itaque duae res simul agendae vobis sunt, ut et veterem senatum tollatis et novum cooptetis.  citari singulos senatores iubebo de quorum capite vos consulam; quod de quoque censueritis fiet; sed prius in eius locum virum fortem ac strenuum novum senatorem cooptabitis quam de noxio supplicium sumatur.”  inde consedit et nominibus in urnam coniectis citari quod primum sorte nomen excidit ipsumque e curia produci iussit ubi auditum est nomen, malum et inprobum pro se quisque clamare et supplicio dignum.  tum Pacuvius “video quae de hoc sententia sit; date igitur pro malo atque inprobo bonum senatorem et iustum.” primo silentium erat inopia potioris subiciundi; deinde cum aliquis omissa verecundia quempiam nominasset, multo maior extemplo clamor oriebatur, cum alii negarent nosse, alii nunc probra nunc humilitatem sordidamque inopiam et pudendae artis aut quaestus genus obicerent. hoc multo magis in secundo ac tertio citato senatore est factum, ut ipsius paenitere homines appareret, quem autem in eius substituerent locum deesse, quia nec eosdem nominari attinebat, nihil aliud quam ad audienda probra nominatos, et multo humiliores obscurioresque ceteri erant eis qui primi memoriae occurrerant. ita dilabi homines, notissimum quodque malum maxime tolerabile dicentes esse iubentesque senatum ex custodia dimitti.

    hoc modo Pacuvius cum obnoxium vitae beneficio senatum multo sibi magis quam plebi fecisset, sine armis iam omnibus concedentibus dominabatur.  hinc senatores omissa dignitatis libertatisque memoria plebem 'adulari; salutare, benigne invitare, apparatis accipere epulis,  eas causas suscipere, ei semper parti adesse, secundum eam litem iudices dare quae magis popularis aptiorque in volgus favori conciliando esset;  iam vero nihil in senatu agi aliter quam si plebis ibi esset concilium. prona semper civitas in luxuriam non ingeniorum modo vitio sed afluenti copia voluptatium et inlecebris omnis amoenitatis maritimae terrestrisque,  tum vero  ita obsequio principum et licentia plebei lascivire ut nec libidini nec sumptibus modus esset. ad contemptum legum, magistratuum, senatus accessit tum, post Cannensem cladem, ut, cuius aliqua verecundia erat, Romanum quoque spernerent imperium.  id modo erat in mora ne extemplo deficerent, quod conubium vetustum multas familias claras ac potentis Romanis miscuerat,  et cum militarent aliquot apud Romanos, maximum vinculum erant trecenti equites, nobilissimus quisque Campanorum, in praesidia Sicularum urbium delecti ab Romanis ac missi.

    En fin, Capua cayó en manos de Anibal, que allí fijo el campamento de su ejército durante el invierno,  pero el lujo y las comodidades de la vida en esta lujosa ciudad debilitaron de tal manera a su ejército y relajaron su disciplina que tan pronto pasaron los fríos lo sacó inmediatamente para restablecer el espíritu de sacrificio que ha de acompañar a todo buen soldado.

    Nos lo recuerda Cicerón en el texto cuya referencia cité anteriormente:

    Segudo discurso sobre la Ley Agraria pronunciado en el Senado contra P.Srvilio Rulo, Tribuno de la plebe.

    Los campanios siempre se sintieron orgullosos de la excelencia de su tierra, de la magnitud de sus cultivos, de la salud, de la posición y de la belleza de su ciudad. De esa abundancia, y  afluencia de todas las cosas  se originaron, en primer lugar, la arrogancia que exigía a nuestros antepasados la elección de uno de los cónsules de Capua; y, en segundo lugar, aquel lujo que conquistó con el placer a Aníbal, que hasta entonces había sido invencible por las armas.

    DE LEGE AGRARIA ORATIO SECVUNDA CONTRA P. SERVILIVM RVLLVM TR. PLEB. IN SENATV
    Cicero Leg. Agr. II. 95

    Campani semper superbi bonitate agrorum et fructuum magnitudine, urbis salubritate, descriptione, pulchritudine. Ex hac copia atque omnium rerum adfluentia primum illa nata est adrogantia qua a maioribus nostris alterum Capua consulem postularunt, deinde ea luxuries quae ipsum Hannibalem armis etiam tum invictum voluptate vicit.

    Pero esto es otro tema.

    En todo caso, la anécdota de los ciudadanos que malquerían a sus senadores tal vez pueda mover a alguna reflexión a dirigentes actuales populistas dispuestos a consultar al pueblo siempre que lo presuponen coincidentes con sus objetivos. En nuestras sociedades actuales la democracia es representativa, es decir, los ciudadanos eligen a sus representantes en quienes delegan su derecho de participación en la vida política en algunos aspectos. Sólo en contadas ocasiones de especial importancia se recurre al “referéndum” o consulta a todos los ciudadanos con derecho a participar.

    Nota: “referéndum” es una forma verbal llamada “gerundivo” que significa “obligación de…” del verbo re-fero, re-ferre, compuesto de re– (de nuevo, hacia atrás,) y fero, llevar. En consecuencia significa “consultar”.

    En el contexto político se refiere, pues, al procedimiento por el que una cuestión o asunto “ ha de ser llevado o devuelto….al pueblo”, es decir, consultada al conjunto de los ciudadanos que son los que detentan la soberanía para su ratificación.

    La RAE, con su plausible concisión, lo define como:

    “Procedimiento por el que se someten al voto popular leyes o decisiones políticas con carácter decisorio o consultivo”.

    Plebiscito es un término sinónimo de sabor absolutamente latino. Está formado de “plebis”, genitivo de “plebs”, que significa, plebe, pueblo (recordemos la división inicial de los ciudadanos romanos entre “patricios”, con todos los derechos y “plebeyos” que los hubieron de conseguir con una larga lucha por la igualdad, y “scitum”, del verbo scio, scire, saber, y su compuesto incoativo “sciscere”, que inicialmente significa informarse, tratar de saber,  y secundariamente deliberar, votar, decretar, resolver, ordenar.
    Así dice Cicerón en Filípicas I, 10,26:

    Consules iure populum rogaverunt, populusque iure scivit”,

    que traducido dice:

    los cónsules conforme a derecho consultaron al pueblo y el pueblo resolvió conforme a derecho”.

    El Diccionario de la RAE lo define con toda claridad y precisión de la siguiente manera:

    Del lat. plebiscītum.
    1. m. Resolución tomada por todo un pueblo por mayoría de votos.
    2. m. Consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre una cuestión política o legal.
    3. m. En la antigua Roma, ley que la plebe establecía a propuesta de su tribuno, separadamente de las clases superiores de la república, y que obligó al principio solo a los plebeyos, pero más tarde a todo el pueblo.

    Evito por mi parte la discusión leguleya, nunca mejor denominada, de la diferencia técnica entre plebiscito y referéndum, que ha producido no pocos artículos.

  • Ovidio en el Museo del Prado (Ovidio V)

    De los tres poetas latinos más famosos de la época de Augusto, Virgilio, Horacio y Ovidio, sin duda el más influyente de todos ellos en la cultura occidental ha sido Ovidio, aunque no sea el mejor valorado por la crítica literaria. La influencia de Ovidio se ha dejado sentir desde la propia Antigüedad, durante la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días en todas las artes, en las literarias por supuesto, pero también de manera especial en la pintura y hasta en la música. Este es un tema muy atendido por los estudiosos y al que quizás debiera por mi parte dedicar algún amplio comentario en algún momento. Algo de ello he dicho en alguno de los artículos que he publicado al hilo de la celebración del bimilenario de la muerte del poeta.

    Me referiré brevemente, sin embargo, a su influjo en la pintura del Museo del Prado de Madrid. Ovidio está presente en todos los museos importantes del mundo (Museo del Louvre o la  National Gallery (Londres) o la   Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo, etc. etc.) a través de su influjo en los pintores, sobre todo del Renacimiento y Barroco (Rubens, Velázquez, Tiziano…)  pero también contemporáneos, como Picasso.

    El influjo es sobre todo el de su libro de mitología Las Metamorfosis o transformación de unos seres en otros, generalmente humanos o dioses en animales, árboles o estrellas, verdadero tratado de mitografía.

    Me referiré de manera exclusiva y breve a su presencia en el Museo del Prado de Madrid. En realidad es absolutamente aconsejable a quien visite este importante museo, una de las “pinacotecas” más importantes del mundo, que lo hagan tras una lectura previa de la obra de Ovidio las Metamorfosis o de alguna de las guías y publicaciones que sobre el tema existen o de una visita a la página web del propio museo

    https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=metamorfosis&ordenarPor=pm:relevance

    Nota: la palabra “pinacoteca” nos ha llegado a través de la latina “pinacotheca", pero en realidad es de origen griego: πινακοθήκη, pinakotheke, palabra a su vez compuesta de πινακος, pinakos,  genitivo de πίναξ, pinax, que significa “cuadro” y θήκη, thêke,  “caja, armario, estantería) y por extensión colección de cosas y objetos en ellas depositadas.

    La consulta a este enlace en el momento de la publicación de este artículo ofrece la referencia inmediata de 158 obras, alguna de ellas de las más famosas de las que alberga el Museo. Bien es cierto que no todas ellas son deudoras exclusivamente de Ovidio, pero sí la enorme mayoría. Me limitaré presentar tan sólo tres con el correspondiente texto de Ovidio y a citar algunas de las restantes para animar al lector a que busque por sí mismo las correspondencias, experiencia que puede extender a cualquier otro museo, como al Museo del Louvre o la  National Gallery (Londres) o la   Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo, etc. etc.

    El lector puede encontrar amplia información en numerosos libros y artículos publicados sobre ello, de manera general en la obra de  Amalia Fernández: Diosesy mitos. Una aproximación literaria a la pintura mitológica del Museo del Prado, Madrid, 1998); o en la de Rosa López Torrijos (Mitología e Historia en las obras maestras del Prado, Madrid, 1998) o de manera más concreta en  Mª. Cruz García Fuentes: Mitos de las Metamorfosis de Ovidio en la Iconografía del Museo del Prado, Madrid, Edit. C. E. R. S. A., 2013.

    Me limitaré a relacionar, como decía, a título de ejemplo, tres o cuatro grandes obras del Museo, del centenar y medio expuestas, con el correspondiente texto de las Metamorfosis de Ovidio. Espero que ello sea suficiente aliciente para que el lector localice y ambiente la visita al Museo con la lectura de Ovidio:

    El pintor Pedro Pablo Rubens (1577-1640) está ampliamente representado en el Museo del Prado con pinturas de tema mitológico, cuyo encargo recibió del rey Felipe IV para decorar la “Torre de la Parada”. La mayor parte de las escenas mitológicas de las pasiones de los dioses se inspiraron en la descripción que Ovido hace en las Metamorfosis.

    Sirvan como ejemplo: 

    Deucalión y Pirra. (1636 – 1637. Óleo sobre tabla, 26,4 x 41,7 cm.)

    En la mitología grecorromana existe también un diluvio con el que Júpiter castiga la maldad de la raza humana, que debe perecer. Sólo Deucalión, hijo de Prometeo, y su esposa Pirra se salvan del castigo en su arca, que quedó varada en el monte Parnaso, en el Peloponeso griego. Esta pareja dará origen a una nueva raza de hombres.

    Aunque el cuadro de Rubens se refiere sólo a la creación de los nuevos hombres, retomaré el relato desde la aparición de Deucalión en el poema de Ovidio.

    Ovidio nos relata el episodio del diluvio y la supervivencia de Deucalión y Pirra en Metamorfosis, I, 309-430:

    La incontenible avalancha del océano había cubierto ya las colinas, y olas inéditas golpeaban las cimas de los montes. La mayor parte de los mortales fue arrebatada por las olas; aquellos a quienes las olas perdonan perecen de inanición tras prolongado ayuno.
    La Fócide separa las campiñas aonias de las acgteas, gtierra feraz mientras era tierra, pero en aquel momento era una parte del mar, una dilatada llanura de aguas repentinas. Un elevado monte se yergue allí hacia los asgtros en dos cimas; se llama el “Parnaso “ y sus cumbres se levantan por encima de las nubes. Cuando a aquel paraje, único que las aguas no habían cubierto, arribó Deucalion, conducido, con la esposa que compartía su lecho, por una pequeña embarcación, ambos rindieron tributo de adoración a las ninfas coricidas, a las divinidades de la montaña y a la profética Temis que entonces se encargaba de los oráculos. No ha habido hombre más excelente ni más amante de la justicia que Deucalion, ni tampoco mujer alguna mas temerosa de los dioses que la suya. Cuando Júpiter vio que el mundo estaba cubierto de una líquida sabana formando un inmenso estanque, y que un solo varón quedaba de tantos miles y que una sola mujer quedaba de tantos miles, inocentes ambos, adoradores de la divinidad ambos, dispersó los nubarrones, hizo, valiéndose del aquílón, que las lluvias cesasen, y mostró al cielo la tierra y el empireo a la tierra. No persiste tampoco la cólera del mar, y el soberano del piélago abandona su arma de tres puntas, apacigua las aguas, llama al azul Tritón que se erguia sobre el abismo con los hombros cubiertos de su nativa púrpura, y le ordena que sople en su sonora concha y que haga retirarse, dando la oportuna señal, a las olas y a los ríos. Toma él entonces su hueca trompa, que en espiral va aumentando de tamaño conforme sube desde su voluta inferior, trompa que, cuando en mitad del ponto recibe el aéreo soplo, colma de su sonido las playas que se extienden bajo ambos soles. También entonces, tan pronto como tocó el rostro del dios, que chorreaba por su barba empapada, y emitió, al recibir el soplo, la señal de retirada conforme a lo ordenado, fue oida por todas las aguas de tierra y de mar, y a todas las aguas que la oyeron impuso su freno. Ya tiene ribera el mar, el cauce contiene toda su corriente, descienden los rios y se advierte que van sobresaliendo las colinas; aparece la tierra, se van ensanchando los parajes al decrecer las aguas, y tras el largo lapso enseñan las selvas sus copas ya desnudas y sostienen el fango que ha quedado entre las hojas.

    El mundo estaba restaurado; pero al verlo Deucalion vacío y al ver las tierras desoladas y sumidas en profundo silencio, habló asi a Pirra con lagrimas en los ojos: “Oh hermana, oh esposa, oh mujer única superviviente, que, unida a mi por la consanguinidad, por el lazo de hermandad de nuestros padres, y después por el matrimonio, ahora lo estas por los peligros mismos; de toda la tierra que contemplan el ocaso y el orto nosotros dos somos la única población; todo lo demás está en poder del ponto. Incluso ahora no tenemos todavia suficiente seguridad ni garantia para nuestra vida; aún los nubarrones aterrorizan mi alma. ¿Cual sería tu estado de animo ahora, infeliz, si hubieras sido arrancada a la muerte sin mi? ¿De qué modo hubieras podido soportar el miedo? ¿Quién proporcionaria consuelo a tu dolor? Porque yo mismo, creerne, si a ti te poseyera también el ponto, yo te seguiría, esposa, y también a mi me poseeria el ponto. |Ojalá pudiera yo restablecer la población del mundo con las facultades de mi padre y derramar vida en la tierra después de modelarla. Pero en nosotros dos está todo lo que queda de la estirpe mortal; asi lo han decidido los dioses, y subsistimos como ejemplares únicos de humanidad. Acabó de hablar y ambos lloraban. Acordaron dirigir sus plegarias a los poderes celestiales y pedir auxilio valiéndose del oráculo sagrado. Sin la menor tardanza acuden juntos a las aguas del Cefiso, que si aún no estaban limpidas, al menos atravesaban ya sus habituales parajes. De alli tomaron unas gotas con las que rociaron sus ropas y cabezas, tras de lo cual encaminan sus pasos al santuario de la diosa augusta, cuyos tejados verdeaban cubiertos de sucio musgo y cuyos altares estaban desprovistos de fuego. Cuando alcanzaron las gradas del templo se prosternaron ambos en tierra y besaron, llenos de temor, la fria piedra; y hablaron así: “Si las deidades se ablandan. desarmadas, por las preces de los justos, si se doblega la cólera de los dioses, di, Temis, por qué medios podria repararse la pérdida de nuestra raza, y, en tu extraordinaria clemencia, socorre a un mundo sumergido”. Conmovida la diosa dio esta respuesta: “Alejaos del templo, cubríos la cabeza, soltad los lazos que sujetan vuestras ropas, y arrojad a vuestra espalda los huesos de la gran madre." Mucho tiempo quedaron confusos, hasta que fue Pirra la primera que rompió el silencio con su voz, rehusando obedecer las órdenes de la diosa; con palabras trémulas le pide perdón y se espanta ante la idea de ultrajar las sombras de su madre arrojando sus huesos. Mientras, vuelven a meditar sobre las palabras oscuras, de insoluble maraña, del oráculo de la diosa, y les dan vueltas y mas vueltas. Hasta que el Prometida tranquiliza a la Epímétide con palabras reconfortantes diciéndole: “O me engaña mi inteligencia, o el oráculo es santo y no nos aconseja ningún crimen. La gran madre es la tierra; me parece que los huesos de que en él se habla son las piedras en el cuerpo de la tierra; éstas son las que se nos ordena arrojar a nuestras espaldas."

    Aunque esta interpretación de su esposo produjo impresión en la Titania“, sus esperanzas, sin embargo, vacilan todavia; hasta ese punto desconfían ambos de las órdenes divinas; pero ¿qué mal habra en probar? Se alejan, cubren sus cabezas, se desciñen las túnicas, y van tirando sobre sus huellas las piedras prescritas. Los pedruscos (¿quién lo creeria si no lo atestiguara la antigua tradición?) empezaron a despojarse de su dureza y de su rigidez, a ablandarse conforme pasaba el tiempo, y, una vez ablandados, a tomar forma. Después, cuando crecieron y adquirieron una naturaleza más suave, podía ya parecer aquello un algo de figura humana, aunque todavia no resultaba evidente, sino que era como una obra empezada en mármol, no bien terminada aún y semejante a las estatuas a medio hacer. Ahora bien, todo lo que en aquellas piedras habia de húmedo o tenía algún jugo o era de tierra se convirtio en carne para formar el cuerpo; lo que habia de solido y que no podia doblarse se transformó en huesos; lo que era vena permaneció con el mismo nombre; y asi en breve espacio, por voluntad de los dioses, los pedruscos lanzados por las manos del hombre cobraron aspecto de hombres, mientras la mujer fue recreada por las que la mujer arrojaba. Por eso somos una raza dura, que soporta penalidades, y exhibìmos pruebas de cuál es el principio de que nacimos.

    Los demas animales, con sus formas diversas, los produjo la tierra por sí misma, una vez que la humedad que aún conservaba se calentó con el ardor del sol, una vez que el cieno y las húmedas charcas se hincharon con el calor, y los gérmenes fecundos de la naturaleza, alimentados por un suelo vivificante, como en el seno de una madre, crecieron y tomaron con el tiempo alguna forma determinada. También de este modo, cuando el Nilo, el río de los siete desagües, abandona los campos empapados… y devuelve a su antiguo cauce su caudalosa corriente, y el limo fresco se calienta bajo el astro celeste, son muchisimos los animales que encuentran los labradores al levantar los terrones; de entre aquellos hay unos que estan apenas empezados puesto que estan naciendo en aquel momento, otros se ven a medio hacer aún y desprovistos de sus organos, y con frecuencia en un mismo cuerpo hay una parte que tiene ya vida, mientras otra es todavía tierra inerte. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Edit. CSIC.Madrid)

    Nota: por ser unos textos un tanto extensos, reproduciré los textos latinos al final del artículo.

    El rapto de Europa

    Según el relato mítico, Europa era hija del rey de Tiro Agenor; de ella se anamoró el dios Zeus, que ordenó a Hermes traer junto al río a las vacas del rey; Zeus se transformó en un toro blanco para ganarse la confianza de Europa, que se montó en sus lomos; en ese momento el toro arrancó veloz, se internó en el mar Mediterráneo y llegó a Creta. Allí el dios se mostró en su divinidad y sedujo a la joven.

    Es este uno de los mitos más representados desde época antigua, pues tenemos representaciones desde el siglo VI a.C.  Tiziano pinto entre 1559 y 1562 un oleo sobre este mito que se expone en el Museo del Prado. Pedro Pablo Rubens copió este cuadro en 1628-1629. Luego el mismo Rubens repitió otra vez el tema para la Torre de la Parada pero de forma muy distinta distinta (se conserva el boceto en el mismo museo) y a su vez poco después Jan Erasmus Quelinus pinto sobre este boceto el cuadro que también se conserva también en el Prado.

    Pedro Pablo Rubens. Rubens,  (Copia de Tiziano, Vecellio di Gregorio)

        

    El rapto de Europa . Boceto de Pedro Pablo Rubens 1636 – 1637. Óleo sobre tabla, 18,9 x 13,7 cm. y óleo de Jan Erasmjus Quelinus.

    Nos lo cuenta Ovidio en Metamorfosis II, 833-875:

    Una vez que el Atlantiada (Mercurio) impuso este castigo a sus palabras y alma sacrilega, abandona las tierras que han tomado de Palas su nombre, y agitando sus alas penetra en el cielo. Lo llama aparte su padre y, sin declarar que es el amor lo que le mueve, le dice: “Fiel ejecutor de mis ordenes, hijo, omite toda dilación y desciende en veloz carrera como acostumbras; encaminate a la tierra que mira a tu madre por la izquierda -«sus habitantes le dan el nombre de tierra de Sidón-, y haz que aquel rebaño real que ves pacer a lo lejos la hierba de la montaña se dirija a la playa”. Dijo, e inmediatamente los toros, echados de la montaña, se encaminan, conforme a lo ordenado, a la playa, en donde la hija de un gran rey solia distraerse acompañada por jóvenes de Tiro. No son muy compatibles ni habitan en un mismo domicilio la majestad y el amor; abandonando la gravedad de su cetro, el ilustre padre y soberano de los dioses, cuya diestra esta armada de los fuegos de tres puntas, que con una cabezada sacude el mundo, se viste la apariencia de un toro, muge mezclado a los novillos y va de un lado para otro espléndido, por la blanda hierba. Y en efecto, su color es el de la nieve que ni han pisado las plantas de un duro pie ni ha fundido el lluvioso Austro. En su cuello sobresalen los músculos, sobre los brazos le cae la papada; sus cuernos son pequeños, si, pero se podria asegurar que son obra de artesania y son más luminosos que una perla sin tacha. No hay en su testuz amenaza alguna ni inspira terror su mirada. Su semblante es de paz. Se maravilla la hija de Agénor de que sea tan hermoso, de que no amenace con ataque alguno; pero, con todo lo manso que era, al principio no se atreve a tocarlo. Después se acerca y le ofrece flores en la blanca boca. Se fregocija el enamorado y, en tanto llega el placer que espera, le da besos en las manos; y apenas, apenas puede ya aplazar lo demás. Tan pronto retoza y salta en la verde hierba, como apoya el costado de nieve en la rojiza arena; y habiéndole quitado el miedo poco a poco, ya le ofrece el pecho para que le dé golpecitos su mano de virgen, ya los cuernos para que en ellos le entrelace guirnaldas de frescas flores. Se at revió también la regia doncella, sin saber a quien montaba, a sentarse en la espalda del toro, y a partir de entonces el dios se va alejando insensiblemente de la tierra y de la parte seca de la playa, poniendo primero en el borde del agua las falsas plantgas de sus patas y progresando después hasta llevarse su botín a través de las líquidas llanuras del mar abierto. Ella está asustada, mira atrás a la playa que ha dejado al ser raptada, y con la mano derecha se agarra a los cuernos mientras apoya la otra en el lomo: sus ropas trémulas ondlan al soplo de la brisa.

    Orfeo y Eurídice

    El tema de la pareja mítica Orfeo y Eurídice es el del descenso al mundo inferior, al infierno, al mundo de los muertos, al mundo donde reinan Plutón y Prosérpina; en griego se llama a este descenso καταβᾴσεις, katabaseis,  o κάθοδοι, kathodoi, y se adjudican a Hércules, Ulises, Eneas, Teseo, Pirítoo y sobre todo a Orfeo, que acude en busca de su esposa, fallecida por el veneno de una serpiente,  y cuyo final no anticipo para no minorar el interés de la lectura del texto de Ovidio, que sin duda inspiró las numerosas representaciones pictóricas que del mito se hicieron.  Lo presento  en un cuadro también de Pedro Pablo Rubens

    Orfeo y Eurídice. 1636 – 1638. Óleo sobre lienzo, 196,5 x 247,5 cm.
    Pedro Pablo Rubens

    Virgilio nos relata también el mito en su obrita Culex y luego en sus famosas Geórgicas. Ovidio debía conocer esta versión virgiliana y es el  relato de Ovidio que encontramos al principio del Libro X de sus Metamorfosis, versos del 1 al 77. el que ahora transcribo:

    De allí se aleja el Himeneo, cubierto por azafranado manto, atravesando el cielo inmenso, yse dirigió a la región de los Cícones, y en vano lo llama la voz de Orfeo. Presente estuvo, sí, pero ni llevó allí palabras rituales ni rostro gozoso ni favorable presagio. Incluso la antorcha que sostenía no dejó de chisporrotear produciendo un humo que hacía brotar las lágrimas, y no logró, por más que se la movió, dar llama alguna. El resultado fue aún más grave que el augurio: pues la recién casada, durante un paseo en el que iba acompañada por un tropel de Náyades, sucumbió de la mordedura de una serpiente en un tobillo. La lloró mucho el artista rodopeo en los aires de arriba, tras de lo cual, para no dejar de probar también con las sombras, se atrevió a descender a la Estige por la puerta del Ténaro, y, atravesando multitudes ingrávidas y espectros que habían recibido sepultura, se presentó ante Perséfone y ante el soberano que gobierna el repulsivo reino de las sombras, y pulsando las cuerdas en acompañamiento a su canto dijo así: “Oh divinidades del mundo situado bajo tierra, al que venimos a caer cuantos somos engendradas mortales, si es licito y vosotros permitis que yo diga la verdad omitiendo los rodeos propios de una boca mentirosa, no he descendidoaquí para ver el oscuro Tártaro, ni para encadenar las tres gargantas, provistas de culebras en vez de vello, del monsgtruo Meduseo; el motivo de mi viaje es mi esposa, en la que una víbora, al ser pisada, introdujo su veneno, y le arrebat´´o sus años en crecimiento. Yo quise ser capaz de sopórtalo, y no negaré que le he intentado; el Amor ha vencido. Es un dios bien conocido en las regiones de arriba; yo no sé si también lo es aquí, pero sospecho que sí lo es también, y si la fama del antiguo rapta no ha mentido, también a vosotros os unió el Amor. Por estos lugares llenos de espanto, por este inmenso Caos y por el silencio de vasto territorio yo os lo pido: volved a tejer el prematuro destino de Eurídice. Todos los seres os somos debido, y tras breve demora, más tarde o más temprano, marchamos velozmente al mismo sitio. Aquí nos encaminamos todos, ésta es la última morada, y vosotros poseéis los más dilatados territorios habitados por la raza humana. También Euridice será de vuestra propiedad cuando en sazón haya cumplido los años que le corresponden; os pido su disfrute como un obsequio; y si los hados niegan esta concesión para mi esposa, yo tengo tomada mi firme resolución de no volver: gozad con la muerte de los dos”. lmentras él hablaba así y hacía vibrar las cuerdas acompañando a sus palabras, lo lloraban las almas sin sangre; Tántalo no trató de alcanzar el agua que se le escapaba, quedó paralizada la rueda de Ixíon, las aves no hicieron presa en el hígado, y tú, Sisifo, te sentaste en tu peña. Entonces se dice que por primera vez las mejillas de las Euménides, subyugadas por el canto, se humedecieron de lágrimas, y ni la regia consorte ni el que gobierna los abismos fueron capaces de decir que no al suplicante, y llaman a Eurídice. Se encontraba ella entre las sombras recién llegadas, y avanzó con paso lento por la herida. El rodopio Orfeo la recibió, al mismo tiempo que la condición de no volver atrás los ojos hasta que hubiera salido de los valles de Averno; en otro caso quedaría anulada la gracia.

    Emprenden la marcha a través de parajes de silenciosa quietud y siguiendo una senda ompinada, abrupta, oscura, preñada de negras tinieblas, y llegaron cerca del límite de la tierra de arriba. Allí, por temor a que ella desfalleciese, y ansioso de verla, volvió el enamorado los ojos, y en el acto ella cayó de nuevo al abismo. Y extendiendo ella los brazos y esforzándose por ser abrazada y por abrazar, no agarra la desventurada otra cosa que el aire que se le escapa, y al morir ya por segunda vez no profirió queja alguna de su esposo (¿pues de qué se iba a auejar sino de que la había amado?), y diciéndole un último adiós, que apenas pudieron percibir los oídos de Orfeo, descendió de nuevo al lugar de donde partiera. Con la doble muerte de su esposa quedó Orfeo no menos agturdido que el que vio asustado los tres cuellos del perro, de los cuales el central llevaba las cadenas; a aquel hombre no le abandonó el pánico antes que su anterior naturaleza, pues la piedra le invadi´po el cuerpo. O que Óleno, que se echó la culpa y quiso pasar por convito, o que tú, desdichada Letea, ensoberbecida de tu belleza, corazones ambos unidísimo en otro tiempo, hoy peñas que desansan sobre el húmedo Ida.

    Suplicó Orfeo, y en vano quiso volver a pasar; el barquero lo rechazó, y aun así durante siete días permaneció él sentado en la orilla, desaliñado y ayuno del don de Ceres; la angustia y la pena de su alma y las lágrimas fueron su alimento. Después de lamentarse llamando crueles a los dioses del Érebo, se retiró al elevado Ródope y al Hemo batido por los aquilones.

    Atalanta e Hipomenes

    Hipómenes y Atalanta 1618 – 1619. Óleo sobre lienzo, 206 x 297 cm.
    Reni, Guido, pintor barroco boloñes.

    Hace algún tiempo rehíce el relato de la famosa carrera de Atalanta e Hipomenes en este mismo blog adaptando directamente el texto de Ovidio. El mito narra la historia de Atalanta, la hija del rey de Arcadia, que se ofreció en matrimonio a quien fuera capaz de vencerla en la carrera; quienes fueran derrotados serían castigados con la muerte. El apuesto Hipomenes le ganó la carrera sirviéndose de la ayuda de la diosa Venus, que le sugirió una estratagema.

    Remito a la página https://www.antiquitatem.com/atalanta-mitologia-palacio-del-infantado  para obtener un comentario más amplio del relato, pero ofrezco no obstante el texto, ahora a la vista de uno de los cuadros del Prado, el correspondiente a Guido Reni.

    Quien desee una lectura completa del texto de Ovidio debe acudir a Metamorfosis, VIII, 281 y ss. para el episodio de Meleagro y la caza del jabalí de Calidón Metamorfosis X,560-704 para la carrera con Hipomenes.

    Cuando Atalanta nació, su padre, el rey de Arcadia, enfurecido porque sólo deseaba un hijo varón, la abandonó falto de toda piedad en lo alto de una montaña para que muriera de hambre o devorada por las feroces bestias. La diosa Artemisa, que casualmente cazaba en aquellos lugares, se apiadó de la niña indefensa y le envió una enorme osa que dócil la amamantó con su leche. Con el tiempo y adoptada como hija por la diosa, se convirtió en una certera cazadora y en la mujer más veloz del mundo y emulando a su patrona prometió que tampoco ella se casaría nunca.

    Cuando siendo una cazadora famosa recibió como trofeo la piel del jabalí que asolaba el reino de Calidón en cuya cacería ella participó, se reconcilió con su padre, que le insistía una y otra vez en la necesidad de contraer matrimonio y ofrecerle un heredero futuro para su trono.

    La esquiva Atalanta consultó el oráculo de los dioses sobre su esposo y escuchó estas confusas palabras:

    — Para nada necesitas un esposo, Atalanta; evita tener un marido. Y aún así no escaparás y ni estando viva te verás privada de ti misma.

    Asustada por estas palabras difíciles de entender procura vivir soltera en los bosques, lejos de sus muchos pretendientes, a los que quiere ahuyentar con una extraña propuesta:

    — Sólo me poseerá aquel de vosotros que me venza en veloz carrera, ese será mi esposo. En cambio el vencido habrá de morir en castigo a sus pretensiones. Esta es mi propuesta definitiva. 

    Es tal la hermosura de la veloz Atalanta que fueron muchos los jóvenes incautos que osaron competir con la mujer más veloz del mundo y perdieron gimiendo y llorando la carrera y con ella la vida inestimable. Por eso el joven Hipomenes, que tan sólo había oído hablar de la bella Atalanta, consideraba excesivo el riesgo que habría de correr para conseguirla como esposa. Pero tan pronto vio el espléndido cuerpo de la  joven muchacha  que había retirado el velo de su rostro, quedó prendado y seducido de inmediato.

    –Probaré yo también suerte; el premio merece correr el riesgo mortal. Los dioses ayudan a los valientes. -dice inflamado. Y loco de amor prosigue:

      — Bella Atalanta, has vencido fácilmente y sin esfuerzo a esos pobres muchachos, pero mídete conmigo, que soy hijo de Megareo. Si te venzo, no será una derrota deshonrosa para tí y si ganas tú la carrera, habrás vencido a Hipomenes, el biznieto de Neptuno, dios de las aguas.

    Atalanta levanta sus bellos ojos luminosos y lo mira con ternura.

        — ¿Por qué quieres insensato poner en peligro tu vida preciosa, tú todavía un niño? Eres hermoso y valiente, pues no te asusta la muerte. ¿Tanto me amas y deseas que estás dispuesto a morir…? Huye mientras puedas, hermoso joven; otras muchachas hermosas querrán casarse felices contigo.

    Y tal vez tocada por vez primera por el dulce sentimiento del amor,  la inexperta y arisca Atalanta suaviza su decisión implacable y piensa en lo íntimo de su corazón:

       — ¿Por qué ha de morir este infeliz inmerecidamente como premio a su amor? Ojalá desdichado no me hubieras visto nunca. Si la virginidad no fuera mi destino eterno, tú serías el único con quien yo compartiría mi lecho nupcial. Ojalá, loco, fueras más veloz que yo misma.

    Pero ya Hipomenes urge la carrera, no sin antes encomendarse a la diosa del amor y pedir su ayuda divina:

       — Tu, diosa, que has inspirado mi pasión ciega, ayuda a mi osadía.

    Acudió Venus a la llamada envuelta en una blanca nube, tan sólo visible para Hipomenes,  y le entregó tres manzanas amarillas, brillantes como el sol, que debería utilizar en la carrera de una determinada manera.

    Las trompetas dieron la señal de salida. Allá van los dos contendientes tan veloces que parecen  volar. Atalanta, rehusando pasar al muchacho, se sitúa a la par y contempla embelesada su rostro virginal. Arroja entonces Hipomenes una de las tres brillantes manzanas, que atrae de inmediato la mirada y el interés de Atalanta. Refrena pues su marcha y mientras recoge curiosa del suelo la fruta de oro, es adelantada por Hipomenes. Recupera veloz Atalanta el espacio perdido y de nuevo sobrepasa al joven con facilidad. Arroja el joven  una segunda fruta y una vez más se entretiene la muchacha, que pronto recupera también el tiempo perdido. Tan sólo queda el último tramo antes de la meta final. Ahora el joven lanza con fuerza la tercera manzana lejos del camino. Atalanta duda, pero confiada en sus veloces pies, acude a recoger a lo lejos el dorado fruto. Pero calculó mal su rapidez o tal vez el incipiente amor refrenó su marcha, que ahora resulta perdedora. Hipomenes ha alcanzado mientras tanto la meta final y con ello su ansiado premio merecido, el matrimonio con la joven virgen.

    Incomprensiblemente, el joven Hipomenes olvidó a Venus y no supo agradecer su ayuda. La diosa se sintió por ello despreciada y ofendida.

    Cierto día pasaban junto al templo de Cibeles, la Madre de los dioses, y decidieron descansar del largo camino. Se apoderó de Hipomenes un repentino e irrefrenable deseo de yacer con Atalanta, suscitado sin duda por la vengativa Venus. Allí mismo, en la cueva sagrada, a la vista de las divinas imágenes, profanan el  santuario con su obsceno amor.

    La Madre Cibeles castigó su lujuria con su divina severidad: unas largas y feroces melenas cubren sus humanos cuellos, las manos se transforman en garras, una larga cola surge de su espalda, elevan fieros su orgullosa cabeza de  león y  sus fauces emiten rugidos que amedrentan a los restantes animales. Compadecida luego la diosa, unce a la pareja de leones con fuertes correas de flexible cuero a su majestuoso carro, del que han de tirar incansables por toda la eternidad.

    Sirvan estos tres o cuatro ejemplos de cómo Ovidio puede facilitarnos la visita a Museos tales como el del Prado y facilitarnos la comprensión de decenas de  obras allí expuestas.

    Textos Latinos

    Deucalión y Pirra. Ovidio, Metamorfosis, I, 309-430:

    Obruerat tumulos inmensa licentia ponti,
    Pulsabantque noui montana cacumina fluctus.
    Maxima pars unda rapitur: quibus unda pepercit,
    Illos longa domant inopi ieiunia uictu.
    Separat Aonios Oetaeis Phocis ab aruis, 
    Terra ferax, dum terra fuit, sed tempore in illo
    Pars maris et latus subitarum campus aquarum;
    Mons ibi uerticibus petit arduus astra duobus,
    Nomine Parnasus, superantque cacumina nubes:
    Hic ubi Deucalion (nam cetera texerat aequor)
    Cum consorte tori parua rate uectus adhaesit,
    Corycidas nymphas et numina montis adorant
    Fatidicamque Themin, quae tunc oracla tenebat:
    Non illo melior quisquam nec amantior aequi
    Vir fuit aut illa metuentior ulla deorum.
    Iuppiter ut liquidis stagnare paludibus orbem
    Et superesse uirum de tot modo milibus unum
    Et superesse uidet de tot modo milibus unam,
    Innocuos ambo, cultores numinis ambo,
    Nubila disiecit nimbisque aquilone remotis
    Et caelo terras ostendit et aethera terris.
    Nec maris ira manet, positoque tricuspide telo
    Mulcet aquas rector pelagi supraque profundum
    Exstantem atque umeros innato murice tectum
    Caeruleum Tritona uocat conchaeque sonanti
    Inspirare iubet fluctusque et flumina signo
    Iam reuocare dato: caua bucina sumitur illi,
    Tortilis, in latum quae turbine crescit ab imo,
    Bucina, quae medio concepit ubi aera ponto,
    Litora uoce replet sub utroque iacentia Phoebo.
    Tunc quoque, ut ora dei madida rorantia barba
    Contigit et cecinit iussos inflata receptus,
    Omnibus audita est telluris et aequoris undis
    Et, quibus est undis audita, coercuit omnes.
    Iam mare litus habet, plenos capit alueus amnes,
    Flumina subsidunt collesque exire uidentur,
    Surgit humus, crescunt loca decrescentibus undis,
    Postque diem longam nudata cacumina siluae
    Ostendunt limumque tenent in fronde relictum.
    Redditus orbis erat; quem postquam uidit inanem
    Et desolatas agere alta silentia terras,
    Deucalion lacrimis ita Pyrrham adfatur obortis:
    "O soror, o coniunx, o femina sola superstes,
    Quam commune mihi genus et patruelis origo,
    Deinde torus iunxit, nunc ipsa pericula iungunt,
    Terrarum, quascumque uident occasus et ortus,
    Nos duo turba sumus: possedit cetera pontus.
    Haec quoque adhuc uitae non est fiducia nostrae
    Certa satis; terrent etiam nunc nubila mentem.
    Quis tibi, si sine me fatis erepta fuisses,
    Nunc animus, miseranda, foret? quo sola timorem
    Ferre modo posses? quo consolante doleres?
    Namque ego, crede mihi, si te quoque pontus haberet,
    Te sequerer, coniunx, et me quoque pontus haberet.
    O utinam possim populos reparare paternis
    Artibus atque animas formatae infundere terrae!
    Nunc genus in nobis restat mortale duobus
    (Sic uisum superis) hominumque exempla manemus."
    Dixerat, et flebant; placuit caeleste precari
    Numen et auxilium per sacras quaerere sortes.
    Nulla mora est: adeunt pariter Cephisidas undas,
    Vt nondum liquidas, sic iam uada nota secantes.
    Inde ubi libatos inrorauere liquores
    Vestibus et capiti, flectunt uestigia sanctae
    Ad delubra deae, quorum fastigia turpi
    Pallebant musco stabantque sine ignibus arae.
    Vt templi tetigere gradus, procumbit uterque
    Pronus humi gelidoque pauens dedit oscula saxo,
    Atque ita "si precibus" dixerunt "numina iustis
    Victa remollescunt, si flectitur ira deorum,
    Dic, Themi, qua generis damnum reparabile nostri
    Arte sit, et mersis fer opem, mitissima, rebus."
    Mota dea est sortemque dedit: "discedite templo
    Et uelate caput cinctasque resoluite uestes
    Ossaque post tergum magnae iactate parentis."
    Obstipuere diu, rumpitque silentia uoce
    Pyrrha prior iussisque deae parere recusat,
    Detque sibi ueniam, pauido rogat ore pauetque
    Laedere iactatis maternas ossibus umbras.
    Interea repetunt caecis obscura latebris
    Verba datae sortis secum inter seque uolutant.
    Inde Promethides placidis Epimethida dictis
    Mulcet et "aut fallax" ait "est sollertia nobis,
    Aut (pia sunt nullumque nefas oracula suadent)
    Magna parens terra est: lapides in corpore terrae
    Ossa reor dici; iacere hos post terga iubemur."
    Coniugis augurio quamquam Titania mota est,
    Spes tamen in dubio est: adeo caelestibus ambo
    Diffidunt monitis. sed quid temptare nocebit?
    Discedunt uelantque caput tunicasque recingunt
    Et iussos lapides sua post uestigia mittunt.
    Saxa (quis hoc credat, nisi sit pro teste uetustas?)
    Ponere duritiem coepere suumque rigorem
    Mollirique mora mollitaque ducere formam.
    Mox ubi creuerunt naturaque mitior illis
    Contigit, ut quaedam, sic non manifesta uideri
    Forma potest hominis, sed, uti de marmore coepta,
    Non exacta satis rudibusque simillima signis.
    Quae tamen ex illis aliquo pars umida suco
    Et terrena fuit, uersa est in corporis usum;
    Quod solidum est flectique nequit, mutatur in ossa;
    Quae modo uena fuit, sub eodem nomine mansit;
    Inque breui spatio superorum numine saxa
    Missa uiri manibus faciem traxere uirorum,
    Et de femineo reparata est femina iactu.
    Inde genus durum sumus experiensque laborum
    Et documenta damus, qua simus origine nati.
    Cetera diuersis tellus animalia formis
    Sponte sua peperit, postquam uetus umor ab igne
    Percaluit solis caenumque udaeque paludes
    Intumuere aestu fecundaque semina rerum
    Viuaci nutrita solo ceu matris in aluo
    Creuerunt faciemque aliquam cepere morando.
    Sic, ubi deseruit madidos septemfluus agros
    Nilus et antiquo sua flumina reddidit alueo
    Aetherioque recens exarsit sidere limus,
    Plurima cultores uersis animalia glaebis
    Inueniunt et in his quaedam modo coepta per ipsum
    Nascendi spatium, quaedam inperfecta suisque
    Trunca uident numeris, et eodem in corpore saepe
    Altera pars uiuit, rudis est pars altera tellus.

    ……

    Rapto de Europa. Ovidio, Metamorfosis II, 833-875:

    Has ubi uerborum poenas mentisque profanae
    Cepit Atlantiades, dictas a Pallade terras
    Linquit et ingreditur iactatis aethera pennis.
    Seuocat hinc genitor nec causam fassus amoris:
    "Fide minister" ait "iussorum, nate, meorum,
    Pelle moram solitoque celer delabere cursu
    Quaeque tuam matrem tellus a parte sinistra
    Suspicit (indigenae Sidonida nomine dicunt),
    Hanc pete, quodque procul montano gramine pasci
    Armentum regale uides, ad litora uerte".
    Dixit et expulsi iamdudum monte iuuenci
    Litora iussa petunt, ubi magni filia regis
    Ludere uirginibus Tyriis comitata solebat.
    Non bene conueniunt nec in una sede morantur
    Maiestas et amor; sceptri grauitate relicta,
    Ille pater rectorque deum, cui dextra trisulcis
    Ignibus armata est, qui nutu concutit orbem,
    Induitur faciem tauri mixtusque iuuencis
    Mugit et in teneris formosus obambulat herbis.
    Quippe color niuis est, quam nec uestigia duri
    Calcauere pedis nec soluit aquaticus Auster.
    Colla toris exstant, armis palearia pendent;
    Cornua parua quidem, sed quae contendere possis
    Facta manu puraque magis perlucida gemma.
    Nullae in fronte minae nec formidabile lumen;
    Pacem uultus habet. miratur Agenore nata
    Quod tam formosus, quod proelia nulla minetur;
    Sed quamuis mitem, metuit contingere primo.
    Mox adit et flores ad candida porrigit ora.
    Gaudet amans et, dum ueniat sperata uoluptas,
    Oscula dat manibus; uix iam, uix cetera differt.
    Et nunc alludit uiridique exsultat in herba
    Nunc latus in fuluis niueum deponit harenis;
    Paulatimque metu dempto, modo pectora praebet
    Virginea plaudenda manu, modo cornua sertis
    Impedienda nouis. ausa est quoque regia uirgo,
    Nescia quem premeret, tergo considere tauri,
    Cum deus a terra siccoque a litore sensim
    Falsa pedum primo uestigia ponit in undis,
    Inde abit ulterius mediique per aequora ponti
    Fert praedam. pauet haec litusque ablata relictum
    Respicit et dextra cornum tenet, altera dorso
    Imposita est; tremulae sinuantur flamine uestes.

      ….

    Orfeo y Eurídice.   Ovidio, Metamorfosis, X, versos del 1 al 77.

    Inde per immensum croceo uelatus amictu
    Aethera digreditur Ciconumque Hymenaeus ad oras
    Tendit et Orphea nequiquam uoce uocatur.
    Adfuit ille quidem, sed nec sollemnia uerba
    Nec laetos uultus nec felix attulit omen;
    Fax quoque, quam tenuit, lacrimoso stridula fumo
    Vsque fuit nullosque inuenit motibus ignes.
    Exitus auspicio grauior. nam nupta per herbas
    Dum noua naiadum turba comitata uagatur,
    Occidit in talum serpentis dente recepto.
    Quam satis ad superas postquam Rhodopeius auras
    Defleuit uates, ne non temptaret et umbras,
    Ad Styga Taenaria est ausus descendere porta
    Perque leues populos simulacraque functa sepulcro
    Persephonen adiit inamoenaque regna tenentem
    Vmbrarum dominum pulsisque ad carmina neruis
    Sic ait: "o positi sub terra numina mundi,
    In quem reccidimus, quidquid mortale creamur,
    Si licet et falsi positis ambagibus oris
    Vera loqui sinitis, non huc, ut opaca uiderem
    Tartara, descendi, nec uti uillosa colubris
    Terna Medusaei uincirem guttura monstri;
    Causa uiae est coniunx, in quam calcata uenenum
    Vipera diffudit crescentesque abstulit annos.
    Posse pati uolui nec me temptasse negabo:
    Vicit Amor. supera deus hic bene notus in ora est;
    An sit et hic, dubito. sed et hic tamen auguror esse,
    Famaque si ueteris non est mentita rapinae,
    Vos quoque iunxit Amor. per ego haec loca plena timoris,
    Per Chaos hoc ingens uastique silentia regni,
    Eurydices, oro, properata retexite fata!
    Omnia debentur uobis paulumque morati
    Serius aut citius sedem properamus ad unam.
    Tendimus huc omnes, haec est domus ultima, uosque
    Humani generis longissima regna tenetis.
    Haec quoque, cum iustos matura peregerit annos,
    Iuris erit uestri: pro munere poscimus usum.
    Quod si fata negant ueniam pro coniuge, certum est
    Nolle redire mihi: leto gaudete duorum."
    Talia dicentem neruosque ad uerba mouentem
    Exsangues flebant animae: nec Tantalus undam
    Captauit refugam stupuitque Ixionis orbis,
    Nec carpsere iecur uolucres, urnisque uacarunt
    Belides, inque tuo sedisti, Sisyphe, saxo.
    Tunc primum lacrimis uictarum carmine fama est
    Eumenidum maduisse genas, nec regia coniunx
    Sustinet oranti nec, qui regit ima, negare
    Eurydicenque uocant. umbras erat illa recentes
    Inter et incessit passu de uulnere tardo.
    Hanc simul et legem Rhodopeius accipit Orpheus,
    Ne flectat retro sua lumina, donec Auernas
    Exierit ualles; aut irrita dona futura.
    Carpitur adcliuis per muta silentia trames,
    Arduus, obscurus, caligine densus opaca.
    Nec procul abfuerant telluris margine summae:
    Hic, ne deficeret, metuens auidusque uidendi
    Flexit amans oculos: et protinus illa relapsa est
    Bracchiaque intendens prendique et prendere certans
    Nil nisi cedentes infelix adripit auras.
    Iamque iterum moriens non est de coniuge quicquam
    Questa suo (quid enim nisi se quereretur amatam?)
    Supremumque "uale", quod iam uix auribus ille
    Acciperet, dixit reuolutaque rursus eodem est.
    Non aliter stupuit gemina nece coniugis Orpheus,
    Quam tria qui timidus, medio portante catenas,
    Colla canis uidit; quem non pauor ante reliquit,
    Quam natura prior, saxo per corpus oborto;
    Quique in se crimen traxit uoluitque uideri
    Olenos esse nocens, tuque, o confisa figurae,
    Infelix Lethaea, tuae, iunctissima quondam
    Pectora, nunc lapides, quos umida sustinet Ide.
    Orantem frustraque iterum transire uolentem
    Portitor arcuerat; septem tamen ille diebus
    Squalidus in ripa Cereris sine munere sedit:
    Cura dolorque animi lacrimaeque alimenta fuere.
    Esse deos Erebi crudeles questus in altam
    Se recipit Rhodopen pulsumque aquilonibus Haemum.

  • ¿Fue real el exilio de Ovidio o fue una mera ficción literaria? (Ovidio IV)

    ¿Fue real el exilio que alimenta parte de la poesía de Ovidio o fue tan sólo una ficción poética con la que el creativo poeta nos ha tenido engañados dos mil años?

    La cuestión puede parecer una exageración moderna, propia de estudiosos que buscan la notoriedad a cualquier precio. Pero no es así y merece la pena dedicarle algún tiempo a este tema que ya se planteó a principios del siglo XX, y al que desde entonces se han dedicado reflexiones y estudios serios.

    El año 8 de nuestra era Ovidio fue desterrado fulminantemente por Augusto a Tomis, la actual Constanza, en Rumanía, en las costas del Ponto Euxio, el Mar Negro. Escribió tres obras desde el exilio: sus famosos Tristia, (Tristezas, Poemas tristes), Epistulae ex Ponto (Cartas desde el Ponto o Ponticas) y una invectiva contra un enemigo suyo que le perjudica en Roma titulado Ibis. En ellas se encuentran algunos de los poemas más famosos del poeta. Véanse los artículos anteriores dedicados al poeta en este blog.

    La mera posibilidad de que el exilio que motiva estas obras sea una ficción produce al menos cierta inquietud y choque sentimental en quienes desde jóvenes sentimos la carga emocional de algunos de los poemas que el poeta escribió en el exilio.

    A principios del siglo XX, en 1923, J.J. Hartman cuestionó la realidad del exilio de Ovidio y afirmó que todas sus referencias al destierro en Tomis no fueron sino un ejercicio de imaginativa ficción humorística; que el “yo” del poema nada tiene que ver con el “yo” real del poeta. El tema fue debatido en las décadas siguientes con alguna insistencia, hasta que en el año 1985 A.D.Fitton Brown publicó un artículo en la revista Liverpool Classical Monthly, 10.2 (1985), 18-22 titulado “La irrealidad del exilio de Ovidio en Tomis (The unreality of Ovid's Tomitan exile), que obtuvo la consideración y atención de numerosos estudiosos. Luego periódicamente aparecen estudios y artículos posicionados en un sentido o en otro. En España, recientemente, en el año 2008, el profesor E. Berchez Castro hizo su tesis doctoral en la Universidad de Barcelona sobre el tema: Realidad y ficción del destierro de Ovidio en Tomis. Basada en ella ha publicado el libro “El destierro de Ovidio en Tomis: realidad y ficción.

    Los argumentos que  Fitton Brown y luego Berchez de forma más detallada y exhaustiva esgrimen para negar o al menos dudar seriamente de la realidad del exilio del poeta podemos agruparlos básicamente en seis o siete grupos:

    1. La información que tenemos sobre el exilio de Ovidio es básicamente la que el propio poeta nos da en sus poemas y está llena de lagunas, imprecisiones y contradicciones. Véase su autobiografía en el artículo https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-tristia-ponto-euxino y su descripción del exilio en https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-destierro-ponto-euxin

    Hasta el siglo IV no aparece ninguna mención a este exilio, a excepción de una de Plinio el Viejo, que resulta dudosa,  y otra de Estacio (vivió en 45-96).

    De la cita de Plinio lo único que puede deducirse con seguridad es que conocía la obra de Ovidio y que éste estuvo los últimos años en el Ponto, pero no hace ningún comentario más a ello.

    Plinio, Naturalis Historia 32, 152 (54)

    A la enumeración anterior añadiremos algunos animales citados por Ovidio, que no se encuentran en ningún otro escritos, y que son probablemente peculiares del Ponto, en donde comenzó su obra al final ya de su vida:  el buey de mar, el cercyrus, que vive entre las rocas …

    Naturalis Historia XXXII 152  (LIV)

    his adiciemus ab Ovidio posita animalia, quae apud neminem alium reperiuntur, sed fortassis in Ponto nascentia, ubi id volumen supremis suis temporibus inchoavit:  bovem, cercyrum in scopulis vivente…

    Estacio por su parte tan sólo escribió en Silvas I 2, 254-255:

    …cantad poemas dignos de esta fiesta nupcial. El propio Filitas, con el aplauso de su isla de Cos, y el viejo Calímaco y Propercio desde su gruta de umbría habrían rivalizado para ensalzar este día, y Nasón, aunque en Tomos, habría depuesto su tristeza, y Tibulo, ante su hogar encendido, se habría sentido rico. (Traducción de Francisco Torrent Rodríguez. Editorial Gredos.)

    date carmina festis
    digna toris, hunc ipse Coo plaudente Philetas
    Callimachusque senex Umbroque Propertius antro
    ambissent laudare diem, nec tristis in ipsis
    Naso Tomis divesque foco lucente Tibullus.

    Pero de ello no puede deducirse que hubiera sido realmente exiliado a Tomis.

    Especialmente llamativo resulta que ni Suetonio, que tantas cosas y cotilleos nos cuenta de Augusto, ni Tácito se refieran al asunto, cuando informan con detalle de los castigos de otros escritores de la misma época.

    Ya en el siglo IV lo mecionan Aurelio Víctor (c. 320 – c. 390) y San Jerónimo (340 –420) que en  su Chronicon 2033 nos informaba del año de su muerte, como vimos en el artículo anterior de esta serie sobre el bimilenario de Ovidio:

    El poeta Ovidio murió en el exilio y está sepultado junto a la ciudad de Tomis

    Ovidius poeta in exilio diem obiit et iuxta oppidum Tomos sepelitur

    y también brevemente en  Epitome de Caesaribus I, 24:

    Pues (Augusto) castigó con el exilio al poeta Ovidio, conocido también como Nasón, porque escribió tres libritos sobre el “arte de amar”.

     "Nam [Augustus] poetam Ovidium, qui et Naso, pro eo, quod tres libellos amatoriae artis conscripsit, exilio damnavit"

    Estas citas, evidentemente son muy tardías ya.

    2. Las causas de su exilio nos son desconocidas, a pesar de las numerosas referencia a ellas que el propio poeta hace y de los infinitos esfuerzos de los numerosísimos estudiosos hechos desde entonces. Comenté algo al respecto en el artículo anteriormente citado. También resulta desconocido e inexplicado el motivo por el que fue elegido tal destino: Tomis en el Ponto Euxino.

    En diversos pasajes achaca su condena a un “error” y a una "indiscreción". Por ejemplo de manera muy clara en Tristia II, 207 y ss.:

    Concedamos que me han perdido dos delitos: un poema y un error; sobre la culpabilidad del segundo de estos dos delitos es mejor que calle, pues yo no valgo tanto la pena como para reabrir tus heridas, César, y ya es más que demasiado que hayas sufrido una sola vez. Queda el otro delito, por el que se me acusa de haberme convertido con mi obsceno poema en maestro del impúdico adulterio. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    perdiderint cum me duo crimina, carmen et error,
    alterius facti culpa silenda mihi :
    nam non sum tanti, renovem ut tua vulnera, Caesar,
    quem nimio plus est indoluisse semel.
    altera pars superest, qua turpi carmine factus
    arguor obsceni doctor adulterii.

    Así ya en su época, como informa el mismo Ovidio, se le conoce como “maestro del impúdico adulterio”, y esto chocaba directamente con el programa de moralización de Augusto  y las  Leges Iuliae del 18 a.C. al 9 d.C. que pretendían la defensa de la familia y las tradiciones antiguas, castigando el adulterio con del exilio y multando a las que no tenían hijos. Se trata en concreto de la  lex Iulia de adulteriis coercendis, la lex Julia de maritandis ordinibus y la lex Papia Poppaea.

    Está claro que su error fue escribir el “Arte de amar” (Ars amandi), como ya deja bien claro en el poema que sirve de presentación a sus Tristia: I,1, 67-68 y luego en múltiples ocasiones:

    Mira mi título: esto no son lecciones de amor; aquella obra pagó ya el castigo que merecía.

    'inspice' dic 'titulum. non sum praeceptor amoris;
    quas meruit, poenas iam dedit illud opus'.

    Pero él se defiende afirmando la diferencia entre la literatura y la vida, que una cosa es escribir y otra distinta el mantener determinado comportamiento. En la elegía dirigida a un amigo orador, dice en Tristia I,9,55 y ss:

    Mejor hubiera sido que mi obra no hubiera brillado por su celebridad, y así como las graves disciplinas, elocuente amigo, te están dando provecho, así un arte diferente a ellas me ha perjudicado. Sin embargo mi vida te es conocida; tú sabes que las costumbres de su autor se apartaron de tales artes; y sabes que ese viejo poema fue compuesto en mi juventud y que tales poemas, aunque no son precisamente dignos de elogio, con todo no son sino bagatelas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at nostrum tenebris utinam latuisset in imis !
    expediit studio lumen abesse meo.
    utque tibi prosunt artes, facunde, severae,
    dissimiles illis sic nocuere mihi.
    vita tamen tibi nota mea est. scis artibus illis
    auctoris mores abstinuisse sui :
    scis vetus hoc iuveni lusum mihi carmen, et istos
    ut non laudandos, sic tamen esse iocos.

    Esta idea de que fue un error y no un delito la falta que él cometió, la repite al menos en otras seis o siete ocasiones además de la citada: Tristia I,1,51-52; II,109; III,1,7-8; III,14,5-6; III,7,29-30; IV,1,24;   IV,10, 99 y ss.; en Pónticas II,2,15-16; II,3,91-94; III,3,71-72

    Como tuvieron que defenderse  antes también Catulo con sus poemas y luego Marcial con algunos de sus epigramas,  y tantos otros escritores desde entonces,  Ovidio aclara las cosas en Tristia,  II, 345 y ss. :

    Este libertinaje es el que me ha hecho odioso ante ti por culpa de mi Arte, del que tú piensas que incita a las alcobas veladas. Pero ni bajo mi magisterio las esposas aprendieron a ser infieles, ni nadie puede enseñar lo que poco conoce. Yo he compuesto versos divertidos y poemas amorosos de manera que ninguna habladuría atentara contra mi reputación. Y no hay ni siquiera marido alguno entre el pueblo llano, cuya paternidad se ponga en duda por mi culpa. Créeme, mis costumbres son distintas de mi poesía (mi vida es honesta, mi Musa divertida) y gran parte de mis obras es falsa y fingida: se han permitido decir más de lo que su propio autor se propuso. Mi libro no es expresión de mi espíritu, sino la inocente intención de ofrecer muchos temas apropiados para deleitar los oídos. De lo contrario Accio sería cruel, Terencio un parásito y los que cantan fieros combates serían belicosos. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    haec tibi me invisum lascivia fecit, ob artes,
    quis ratus es vetitos sollicitare toros.
    sed neque me nuptae didicerunt furta magistro,
    quodque parum novit, nemo docere potest.
    sic ego delicias et mollia carmina feci,
    strinxerit ut nomen fabula nulla meum.
    nec quisquam est adeo media de plebe maritus,
    ut dubius vitio sit pater ille meo.
    crede mihi, distant mores a carmine nostro
    -vita verecunda est, Musa iocosa mea-
    magnaque pars mendax operum est et ficta meorum :
    plus sibi permisit compositore suo.
    nec liber indicium est animi, sed honesta voluntas
    plurima mulcendis auribus apta ferens.
    Accius esset atrox, conviva Terentius esset,
    essent pugnaces qui fera bella canunt.

    En este libro Tristia II, 237 y ss. le dice al emperador Augusto, ocupado en las importantes tareas de gobierno de un imperio tan grande, que él no es responsable del mal uso de sus poemas:

    ¿Me voy a sorprender, pues, de que abrumado por el peso de asuntos tan importantes, no hayas hojeado nunca mis bromas poéticas? Pero si por casualidad, cosa que yo preferiría,  hubieses tenido tiempo libre para hacerlo, no habrías leído nada delictivo en mi Arte. Confieso, en verdad, que no es una obra de apariencia seria ni digna de ser leída por un Príncipe tan grande, pero, sin embargo, no por ello es contraria a los dictámenes de las leyes ni pretende enseñar a las jóvenes romanas. Y para que no quepa duda acerca de para quién escribo yo estos libros, he aquí cuatro versos contenidos en uno de los tres libros*: “¡Lejos de aquí pequeñas cintas, distintivo del pudor, y tú largo volante que cubres la mitad de los pies!** No cantaré sino lo permitido por las leyes y los amores clandestinos autorizados y en mi poema no habrá ningún delito. ¿Acaso no alejé un tanto rigurosamente de este Arte a todas aquellas a las que por llevar estola y cinta está prohibido tocar? “Pero una dama honesta puede utilizar artes enseñadas a otras y tiene donde aprender, aunque no sea a ella a la que se enseñe”. Que no lea, pues, nada la matrona, ya que de cualquier poema puede salir mejor preparada para delinquir. Tome en sus manos la obra que tome, si es propensa al mal, sacará de ella instrucciones que orienten sus costumbres al vicio: que tome los Anales (nada hay más tosco que ellos), pues bien, leerá cómo Ilia*** llegó a ser madre; que toma el poema que comienza con “Madre de los Enéadas”, indagará cómo Venus Nutricia llega a ser la madre de los Enéadas****. Proseguiré más adelante, si se me permite exponerlo, con la demostración de que cualquier tipo de poesía puede ser perjudicial para los espíritus. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Y a fe que lo hace, repasando en muchos versos los episodios más escabrosos de la mitología grecolatina, ante los que puede palidecer los consejos de su Arte de amar.

    Notas:
    * Los versos parecen ser los de  Arte de Amar, I 31-34  y Remedios de Amor 285-86
    * * Las cintas son los lazos con los que se atan el cabello las mujeres romanas de condijo libre y el volante de púrpura lo llevan las matronas en la estola, que es su vestido característico. Nos está diciendo el poeta que su obra no es para muchachas romanas libres ni matronas, sino para esclavas y profesionales del amor.
    ***Ilia o Rea Silvia era una sacerdotisa vestal, por lo tanto con voto de castidad, que quedó embarazada del dios Marte y dio a luz a los gemelos romanos más famosos, Rómulo y Remo.
    ****La diosa Venus o Afrodita, esposa de Hefaistos o Vulcano, se enamoró del mortal Anquises, se le presentó como la hija de Otreo, rey de Frigia y de él nació Eneas.

    mirer in hoc igitur tantarum pondere rerum
    te numquam nostros evoluisse iocos ?
    at si, quod mallem, vacuum tibi forte fuisset,
    nullum legisses crimen in Arte mea.
    illa quidem fateor frontis non esse severae
    scripta, nec a tanto principe digna legi :
    non tamen idcirco legum contraria iussis
    sunt ea Romanas erudiuntque nurus.
    neve, quibus scribam, possis dubitare, libellos,
    quattuor hos versus e tribus unus habet :
    " este procul, vittae tenues, insigne pudoris,
    quaeque tegis medios instita longa pedes !
    nil nisi legitimum concessaque furta canemus,
    inque meo nullum carmine crimen erit."
    ecquid ab hac omnes rigide summovimus Arte,
    quas stola contingi vittaque sumpta vetat ?
    " at matrona potest alienis artibus uti,
    quodque trahat, quamvis non doceatur, habet."
    nil igitur matrona legat, quia carmine ab omni
    ad delinquendum doctior esse potest.
    quodcumque attigerit, siqua est studiosa sinistri,
    ad vitium mores instruet inde suos.
    sumpserit Annales -nihil est hirsutius illis-
    facta sit unde parens Ilia, nempe leget.
    sumpserit Aeneadum genetrix ubi prima, requiret,
    Aeneadum genetrix unde sit alma Venus,
    persequar inferius, modo si licet ordine ferri,
    posse nocere animis carminis omne genus.

    Es la idea que reitera también en Pónticas III, 3, 49 y ss. hablando imaginativamente con Eros que se le ha aparecido en sueños:

    Sabes, sin embargo, y lo puedes afirmar claramente jurándolo, que yo no he atentado nunca contra los matrimonios legítimos. Escribí esto para aquellas cuyos púdicos cabellos no ciñe la venda, ni el largo vestido cubre sus pies. Di, te lo ruego, ¿alguna vez aprendiste a seducir a las mujeres casadas y a hacer incierta la descendencia por medio de mis mandatos? ¿O acaso no fue apartada enérgicamente de estos librillos toda aquella a la que la ley prohíbe tener amantes secretos? ¿De qué me sirve esto, sin embargo, si se cree que compuse escritos de adulterio, delito prohibido por una ley severa? (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    scis tamen, et liquido iuratus dicere possis,
    non me legitimos sollicitasse toros.
    scripsimus haec illis, quarum nee vitta pudicos
    contingit crines nee stola longa pedes.
    die, precor, ecquando didicisti fallere nuptas,
    et facere incertum per mea iussa genus ?
    an sit ab his omnis rigide summota libellis,
    quam lex furtivos arcet habere viros ?
    quid tamen hoc prodest, vetiti si lege severa
    credor adulterii composuisse notas ?

    Insiste en la misma idea poco después, Tristia II, 303 y ss.

    Además, la primera página aleja las manos virtuosas de mi Arte, escrito solamente para cortesanas. Toda aquella que irrumpe en un lugar adonde el sacerdote no permite la entrada, inmediatamente se convierte en culpable de un delito del que el sacerdote queda absuelto.

    No es, por tanto, un delito hojear versos de tema amoroso, pues a las mujeres les está permitido leer muchas cosas que, sin embargo, han de evitar hacer. Con frecuencia una matrona de severa expresión ve mujeres desnudas y preparadas para todo tipo de experiencia amorosa; los ojos de las Vestales contemplan los cuerpos de las prostitutas*, sin que esto haya sido motivo de castigo para su jefe.

    Pero ¿por qué en nuestra poesía hay demasiado libertinaje o por qué mi libro incita a todos a amar? No es sino un error y (hay que reconocerlo) una falta manifiesta: me arrepiento de mi inspiración y de mi juicio. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Nota:* Porque asistían a las fiestas de Floralia entre el 28 de abril y el 3 de mayo en que las prostitutas  se exhibían desnudas según la obra también de Ovidio Fastos V, 159-378.

    et procul a scripta solis meretricibus Arte
    summovet ingenuas pagina prima manus.
    quaecumque erupit, qua non sinit ire sacerdos,
    protinus huic dempti criminis ipsa rea est.
    nec tamen est facinus versus evolvere mollis ;
    multa licet castae non facienda legant.
    saepe supercilii nudas matrona severi
    et veneris stantis ad genus omne videt.
    corpora Vestales oculi meretricia cernunt,
    nec domino poenae res ea causa fuit.
    at cur in nostra nimia est lascivia Musa,
    curve meus cuiquam suadet amare liber ?
    nil nisi peccatum manifestaque culpa fatenda est :
    paenitet ingenii iudiciique mei.

    Todo el libro II es en realidad una defensa de su poesía, que en absoluto pretende ser un estímulo para la inmoralidad de las matronas romanas, porque no va dirigida a ellas. Por otra parte sus presuntas inmoralidades no desentonan en el contexto  cultural, religioso y social grecorromano, en el contexto de su mitología, plagada de episodios escabrosos, y de su forma de vida.

    Ya al comienzo de este libro II, verso 1 y ss. nos dice:

    ¿Qué puedo hacer yo con vosotros, libritos, afición funesta, yo que, ¡desgraciado de mí!, perecí víctima de mi propia inspiración? ¿Por qué vuelvo a las Musas poco ha condenadas, objeto de mi delito? ¿Acaso es poco haber merecido ya una vez el castigo? Mis poemas han hecho que mujeres y hombres quisieran conocerme por mi infausta estrella; mis poemas hicieron que el César condenara mi persona y mis costumbres a causa de Arte, cuya desaparición ha sido ya ordenada. Quítame esta pasión y suprimirás también los delitos de mi vida”. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Quid mihi vobiscum est, infelix cura, libelli,
    ingenio perii qui miser ipse meo ?
    cur modo damnatas repeto, mea crimina, Musas ?
    an semel est poenam commeruisse parum ?
    carmina fecerunt, ut me cognoscere vellet
    omine non fausto femina virque meo :
    carmina fecerunt, ut me moresque notaret
    iam demi iussa Caesar ab Arte mea.
    deme mihi studium, vitae quoque crimina demes ;

    Pero a pesar de los problemas que sus poemas le han ocasionado, la poesía es una pasión a la que no puede renunciar. Esa pasión es la que le hizo desoir los consejos de su padre. Véase el artículo de este mismo blog en el que cito el famoso verso “todo lo que decía me salía en verso” “quod temptabam dicere versus erat”: https://www.antiquitatem.com/poesia-don-del-cielo-carmen-vate-ovidio

    De manera expresiva y sentida nos explica por qué recurre a la poesía en su destierro. Dice en Tristes, IV, 1, 19 y s.:

    También a mí, que voy a los lugares del Ponto que se me han impuesto, me consuela la Musa: ella es la única compañera de destierro que me ha quedado; es la única que no teme las emboscadas, ni la espada del soldado síntico, ni el mar, ni los vientos, ni la barbarie. 
    …..
    Verdaderamente querría, ya que habrían de perjudicarme, no haber puesto mis manos en los misterios de las Piérides (las Musas) . Pero ahora, ¡qué puedo hacer? La fuerza misma de su culto me posee y, como un loco, amo la poesía que me ha herido.
    (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    me quoque Musa levat Ponti loca iussa petentem :
    sola comes nostrae perstitit ilia fugae ;
    sola nee insidias, Sinti nec  militis ensem,
    nec mare nec ventos barbariamque timet.
    …………….
    non equidem vellem, quoniam nocitura fuerunt,

    Pieridum sacris inposuisse manum.
    sed nunc quid faciam ? vis me tenet ipsa sacrorum,
    et carmen demens carmine laesus amo.

    ¿Pudo ser entonces la causa del destierro este libro, Ars Amandi, que además llevaba ya más de ocho años circulando por Roma? El mismo poeta se extraña de que el castigo le haya llegado tan tarde. Nos dice en Tristia. II, 539–546:

    Yo también, hace tiempo, cometí la falta de escribir un poema por el estilo: y un delito que no era nuevo paga un castigo inusitado; y sin embargo , yo había publicado esos versos cuando, sin haber dejado nunca de ser caballero, desfilaba tantas veces ante ti, siendo tú censor. De esta manera, los escritos de juventud que, por mi falta de prudencia, nunca pensé que me pudieran perjudicar, lo han hecho ahora en mi vejez. Tarde ha recaído el castigo sobre mi viejo librito y la pena está lejos del tiempo del delito que la mereció. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    La verdad es que el poeta no era tan joven: ya tenía 42 años.

    nos quoque iam pridem scripto peccavimus isto:
    supplicium patitur non nova culpa novum;
    carminaque edideram, cum te delicta notantem
    praeteriit totiens inreprehensus eques.
    ergo quae iuvenis mihi non nocitura putavi
    scripta parum prudens, nunc nocuere seni.
    sera redundavit veteris vindicta libelli,
    distat et a meriti tempore poena sui.

    No parece, pues, que la causa real fuera haber escrito el Ars Amandi, sino otra de más enjundia y gravedad,  como el mismo poeta refleja  cuando le hace decir al propio Eros, al que ha recurrido para justificar su poesía, en Epistulae ex Ponto, III, 3, 65 y ss.

    Esto me parecía haber dicho al niño alado y estas palabras son las que me pareció que él me respondió: “Por mis antorchas y por mis flechas, que son mis armas, por mi madre y por la vida del César, juro que nada que no estuviera permitido aprendí de ti, mi maestro, y que en tu Arte no existe nada delictivo. ¡Ojalá pudiera defender lo demás como esto! Sabes que hay otra cosa que te dañó más. Sea lo que fuere (pues ni el propio dolor se debe recordar, ni puedes decir que estés libre de culpa), aunque ocultes tu delito bajo la apariencia de error, la cólera del juez no fue más rigurosa de lo que tú merecías. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    haec ego visus eram puero dixisse volucri,
    hos visus nobis ille dedisse sonos :
    " per mea tela, faces, et per mea tela, sagittas,
    per inatrem iuro Caesareumque caput,
    nil nisi concessum nos te didicisse magistro,
    Artibus et nullum crimen inesse tuis.
    utque hoc, sic utinam defendere cetera possem !
    scis aliud, quod te laeserit, esse, magis.
    quicquid id est (neque enim debet dolor ipse referri,
    nee potes a culpa dicere abesse tua)
    tu licet erroris sub imagine crimen obumbres,
    non gravior merito iudicis ira fuit.

    Hubo algo más grave, una indiscreción que tuvo que ver directamente con Augusto, a la que hace referencia claramente en el libro II, 103 y ss.:

    ¿Por qué tuve yo que ver algo? ¿Por qué torné culpables mis ojos? ¿Por qué, ¡imprudente de mí! tuve yo conocimiento de aquel delito? Sin pretenderlo, Acteón contempló desnuda a Diana y, sin embargo, no por ello fue menos presa de sus propios perros; y es que a los ojos de los dioses, hasta el azar hay que expiarlo y un hecho casual no obtiene el perdón, si ha sido ofendida una divinidad. Aquel mismo día en que me perdió un mal error, cayó la ruina sobre mi casa, modesta ciertamente, pero sin tacha; (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Cur aliquid uidi? cur noxia lumina feci?
          Cur imprudenti cognita culpa mihi?
    Inscius Actaeon uidit sine ueste Dianam:
          Praeda fuit canibus non minus ille suis.
    Scilicet in superis etiam fortuna luenda est,
          Nec ueniam laeso numine casus habet.
    Illa nostra die, qua me malus abstulit error,
          Parua quidem periit, sed sine labe domus:

    La alusión al mito de Acteón, que vio desnuda a Diana o Artemis, la diosa virgen de la caza y fue transformado en ciervo  devorado por sus propios perros, desató las especulaciones e hizo pensar a varios autores que Ovidió vio algo que ofendió al emperador, tal a Livia, su esposa; o tal vez vio alguna ceremonia de los cultos a la Buena Diosa o Isis, vedados a los hombres.

    Insiste en el hecho culpable de haber visto algo que no debía en Tristia, III,5, 45 y ss.:

    Yo no atenté contra la vida del César, que era la cabeza del orbe, tratando de destruirlo todo; nada dije, ni mi lengua fue arrogante al hablar, ni se me escaparon palabras sacrílegas en los excesos del vino. Soy castigado porque mis ojos, inconscientemente, contemplaron un delito y mi culpa consiste en haber tenido ojos. No puedo, ciertamente rechazar todo reproche, pero buena parte de mi delito radica en un error. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Non mihi quaerenti pessumdare cuncta petitum
          Caesareum caput est, quod caput orbis erat:
    Non aliquid dixiue, elataue lingua loquendo est,
          Lapsaque sunt nimio uerba profana mero:
    Inscia quod crimen uiderunt lumina, plector,
          Peccatumque oculos est habuisse meum.
    Non equidem totam possum defendere culpam:
          Sed partem nostri criminis error habet.

    Y de nuevo en Tristia III,6, 27 y ss.:

    Sería prolijo y peligroso explicarte por qué azar mis ojos resultaron ser testigos de un delito funesto: mi mente rehúsa recordar aquel momento, como si de sus propias heridas se tratara, y el propio dolor se renueva con el recuerdo; y todo aquello que puede causarme tanta vergüenza conviene que permanezca oculto cubierto por una oscura noche. Nada diré, pues, sino que cometí una falta, pero que ningún beneficio busqué con ella, y que mi delito debe llamarse necedad, si quieres dar a mi acción su verdadero nombre. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Nec breue nec tutum, quo sint mea, dicere, casu
          Lumina funesti conscia facta mali:
    Mensque reformidat, ueluti sua uulnera, tempus
          Illud, et admonitu fit nouus ipse pudor:
    Sed quaecumque adeo possunt afferre pudorem,
          Illa tegi caeca condita nocte decet.
    Nil igitur referam nisi me peccasse, sed illo
          Praemia peccato nulla petita mihi,
    Stultitiamque meum crimen debere uocari,
          Nomina si facto reddere uera uelis.

    Visto y leído todo este relato, aparentemente tan detallado y tantas veces repetido, no parece sino un intento de dejarlo todo en la más absoluta nebulosa y ambigüedad, y en consecuencia  nos quedamos sin enterarnos realmente de la falta.

    Como ya comenté en el artículo anterior citado,  se han propuesto varias explicaciones o soluciones al enigma de qué es lo que Ovidio vio, cuál fue su indiscreción, que evidentemente tuvo que ver directamente con Augusto
    Se ha pensado que tal vez  Ovidio fuera conocedor o partícipe de algún escabroso episodio de la familia imperial, concretamente de su hija Julia habida de Escribonia, o su nieta, Julia también hija de la misma Escribonia y Agripa, o incluso que el propio Augusto hubiera cometido incesto con ellas (recordemos que en el mismo año que el poeta la Joven Julia fue desterrada a una remota isla probablemente por adulterio); o viera en algún momento desnuda a la esposa de Augusto, tal vez en el baño; o viera algo prohibido a los hombres en las fiestas en honor de Isis o de la Buena Diosa;  o que incluso tuviera algún affaire amoroso con la hija del emperador;  o fuera conocedor y partícipe de alguna reunión  de algún grupo poco partidario de Augusto, o participara en la conspiración de Fabio Máximo en favor de la sucesión de Agrippa Postumus,nieto de Augusto y de partidarios de Germánico y no de Tiberio en la sucesión en el contexto de las rivalidades entre los “Julios” y los “Claudios”. Esta última hipótesis la han planteado numerosos y reconocidos estudiosos.  Todo ello son hipótesis poco fundadas, que en cualquier caso no han sido confirmadas.

    Hay incluso una suposición un tanto disparatada que no merecería ser citada sino fuera obra de una persona experta y famosa en el estudio de la Historia  romana, Jerôme Carcopino (1881-1970), miembro de la Academia Francesa entre otros muchos títulos.

    Según la imaginativa propuesta de este autor, Ovidio pertenecería de forma activa a una especie de secta secreta neopitagórica que celebra reuniones donde utilizando  el poder mágico de los números conspiran o intentan perjudicar a Augusto; téngase en cuenta que Augusto también había prohibido determinadas prácticas adivinatorias.

    3. No casa bien su participación en un complot contra el emperador y las características de la condena. Como el propio Ovidio nos cuenta en varias ocasiones, no fue exiliado sino relegado o confinado (relegatus) sin confiscación de bienes ni pérdida de otros derechos; aunque sus obras fueron retiradas de las bibliotecas y su lectura fue prohibida, Ovidio no sufrió una “damnatio memoriae” o eliminación de cualquier referencia que mantuviera su recuerdo, porque sus obras nos han llegado casi en su totalidad; y todo esto también resulta un tanto contradictorio con la terquedad de Augusto y luego Tiberio en no concederle el perdón,  ni siquiera para acercar su destino a Italia o Roma:

    Tristia, II, 121 y ss.

    Se arruinó, pues, esta casa querida por las Musas, derrumbada bajo el peso de un solo delito, si bien no pequeño; pero ha caído de tal manera que podría levantarse, si la cólera del Cesar ofendido se calmara. Su clemencia en la asignación del castigo fue tan grande que resultó ser más suave de lo que yo me temía. La vida se me concedió y tu cólera se detuvo más acá de la muerte, ¡oh Príncipe que has usado tan parcamente de tu poder!  Además hay que añadir el hecho de que no me has privado de mi patrimonio, como si la vida fuera un regalo pequeño. No condenaste mis delitos con un decreto del Senado, ni mi exilio ha sido ordenado por un jurado especial; zahiriéndome con amargas palabras (eso es lo digno de u Príncipe) te has vengado, como conviene, de las ofensas cometidas contra ti. Además, el edicto, aunque riguroso y amenazador, sin embargo, ha sido suave en la designación del castigo, ya que soy declarado en él relegado y no desterrado, y contiene términos suaves para mi suerte. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Corruit haec igitur Musis accepta, sub uno
          Sed non exiguo crimine lapsa domus:
    Atque ea sic lapsa est, ut surgere, si modo laesi
          Ematuruerit Caesaris ira, queat.
    Cuius in euentu poenae clementia tanta est,
          Venerit ut nostro lenior illa metu.
    Vita data est, citraque necem tua constitit ira,
          O princeps parce uiribus use tuis!
    Insuper accedunt, te non adimente, paternae,
          Tamquam uita parum muneris esset, opes.
    Nec mea decreto damnasti facta senatus,
          Nec mea selecto iudice iussa fuga est.
    Tristibus inuectus uerbis (ita principe dignum)
          Vltus es offensas, ut decet, ipse tuas.
    Adde quod edictum, quamuis immite minaxque,
          Attamen in poenae nomine lene fuit:
    Quippe relegatus, non exul, dicor in illo,
          Priuaque fortunae sunt ibi uerba meae.

    La misma idea de que él no fue declarado exul, es decir, “desterrado” con pérdida de derechos, sino relegatus (relegado, expulsado del país manteniendo los derechos fundamentales)  la reitera y casi en los mismos términos en el Libro V, 2bis, 11 y ss.; evito por ello lo que sería una mera redundancia.

    Recordemos cómo al principio de Tristia II, en el verso 8, citado anteriormente nos informa de que sus obras han sido retiradas:

    Mis poemas hicieron que el César condenara mi persona y mis costumbres a causa de mi Arte, cuya desaparición ha sido ya ordenada.

    En Tristia III, 1, 65 y ss. expone el mismo hecho de la exclusión de sus libros de las bibliotecas públicas de Roma. Es el propio libro, que acude a Roma y ha llegado al templo de Apolo en el que se exponen los libros, el que habla y nos lo cuenta:

    Buscaba yo allí a mis hermanos, salvo aquellos, naturalmente, a los que su propio padre desearía no haber engendrado; mientras los buscaba en vano, el guardián encargado de aquel templo me ordenó salir de aquel lugar sagrado. Me dirijo a otros templos que están unidos a un teatro vecino: a estos también me está prohibida la entrada. La Libertad no me dejó tocar su atrio, que fue el primero en abrirse a doctos libros.
    La desventura de un autor desgraciado redunda en su producción y sus hijos sufrimos el mismo destierro que él soportó. Puede ser que un día el César, ablandado por el largo tiempo transcurrido, se vuelva menos severo para con nosotros y para con él. ¡Dioses, os lo suplico, y, sobre todo (pues no hay necesidad de implorar a todos), César, la más grande de las divinidades, atiende a mis deseos!
    (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    quaerebam fratres, exceptis scilicet illis,
    quos suus optaret non genuisse pater,
    quaerentem frustra custos e sedibus illis
    praepositus sancto iussit abire loco,
    altera templa peto, vicino iuncta theatro :
    haec quoque erant pedibus non adeunda meis.
    nec me, quae doctis patuerunt prima libellis,
    atria Libertas tangere passa sua est.
    in genus auctoris miseri fortuna redundat,
    et patimur nati, quam tulit ipse, fugam.
    forsitan et nobis olim minus asper et illi
    evictus longo tempore Caesar erit.
    di, precor, atque adeo neque enim mihi turba roganda est-
    Caesar, ades voto, maxime dive, meo !

    Y algo semejante en Epistulae ex Ponto, I,1,1 y ss.:

    Nasón, que ya no es un habitante recién llegado de la tierra de Tomos, te envía esta obra desde el litoral gético. Si dispones de tiempo, Bruto, recibe con hospitalidad estos librillos que llegan de tierra extranjera, y guárdalos en el sitio que sea. Ellos no se atreven a entrar en las bibliotecas públicas, por miedo a que su autor les haya cerrado este acceso. ¡Ay! ¡Cuántas veces dije: “En verdad que no enseñáis nada indecente; id, está abierto aquel lugar a los castos versos”! A pesar de todo no se acercan, sino que como tú mismo ves, estiman más seguro ocultarse bajo un techo particular. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Naso Tomitanae iam non novus incola terrae
    hoc tibi de Getico litore mittit opus,
    si vacat, hospitio peregrinos, Brute, libellos
    excipe, dumque aliquo, quolibet abde loco.
    publica non audent intra monimenta venire,
    ne suus hoc illis clauserit auctor iter.
    a ! quotiens dixi " certe nil turpe docetis :
    ite, patet castis versibus ille locus ! "
    non tamen accedunt, sed, ut aspicis ipse, latere
    sub Lare privato tutius esse putant.

    4.  Hay además toda una serie de datos que el poeta aporta que podemos considerar poco compatibles con la realidad, como pueden ser la última noche en Roma y su despedida, la descripción del viaje, el punto de partida, la tormenta en el mar, la ruta seguida. todo parece plagado de elementos retóricos y tópicos literarios (el de la tormenta especialmente significativo y de larga tradición en la poesía épica), y en consecuencia todo parece exagerado,  distorsionado, falso, difícilmente creíble para el lector.

    Del viaje prácticamente desconocemos todos los datos que podríamos considerar objetivos: no sabemos el punto exacto en el que embarcó: ¿Ostia, Brindís, otro puerto más al norte?; la ruta no parece la adecuada para un barco mercante romano; la duración parece excesivamente larga.

    5.  Los partidarios de la hipótesis de la no realidad del exilio encuentran muchos argumentos que podemos considerar objetivos en la descripción geográfica de Tomis y su ubicación, de su puerto, del paisaje árido, de su clima siempre invernal que lo hace según el poeta en un locus horribilis y que no coincide con lo que indican los modernos estudios paleoclimáticos,  del Istria o Danubio y sus aguas, de la errónea ubicación de la Estrella Polar que dice que está sobre la cabeza de sus habitantes y que situaría el lugar mucho más al norte. El lugar por otra parte venía siendo visitado desde muchos cientos de años antes por comerciantes griegos y luego por romanos.

    La descripción de lugar tan horrible la hace de manera especial en Tristia III, 10, poema dedicado precisamente a esta descripción, que todos los críticos consideran exagerado y tópico. Hasta el propio poeta debió percatarse de sus exageraciones cuando en los versos  35 y ss. nos advierte:

    Seguramente, apenas se me creerá, pero, cuando no hay recompensa alguna para el engaño, el que da testimonio debe encontrar crédito.

    vix equidem credar, sed, cum sint praemia falsi
    nulla, ratam debet testis habere fidem :

    Por lo demás los estudiosos han señalado cómo esta descripción es deudora absolutamente de la descripción que Virgilio hace de la Escitia y de su clima en Geórgicas, III, 349-366. Evitaré reproducir los textos para no alargar más todavía un artículo ya excesivo. Curiosamente el propio Ovidio hace una rápida referencia a Escitia helada al principio de su Metamorfosis I, 61 y ss.

    El Euro se retiró al país de la Aurora, a los reinos nabateos, a Persia y a las cimas bañadas por los rayos de ala mañana. El Occidente y las playas que se entibian por el sol poniente son vecinos del Zéfiro. El espantoso Bóreas ocupó la Escitia y los Siete Triones; la parte opuesta de la tierra se humedece con las constantes nubes que produce el lluvioso Austro.(Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater. CSIC)

    Eurus ad Auroram Nabataeaque regna recessit
    Persidaque et radiis iuga subdita matutinis;
    vesper et occiduo quae litora sole tepescunt,
    proxima sunt Zephyro: Scythiam septemque triones
    horrifer invasit Boreas: contraria tellus
    nubibus adsiduis pluviaque madescit ab Austro.

    Nota: El Bóreas es el gélido viento del norte y los Siete Triones (siete bueyes) es la constelación de la Osa Mayor o Carro.

    Según estos autores, como Beerchez, en la elección del destino, tan lejano, tan inhóspito, tan inexplicable, no busca el poeta sino aumentar el sentimiento de duelo en el lector.

    6.  Desconcierta también un tanto  la descripción de sus habitantes, exageradamente feroces y semisalvajes, la mala diferenciación de las diversas etnias, y sobre todo la afirmación de que hubiera nadie con quien hablar en latín o griego y hubiera de hacerlo tan sólo en gético o sármata, lenguas en las que nos dice que llegó a componer poemas. Sin duda habría allí algún comerciante griego o algún funcionario romano.

    En todo caso, si hemos de creer en la realidad del exilio, Ovidio estuvo dedicado plenamente a su pasión poética en ese ambiente tan adverso; allí escribió sus Tristia, Epistulae ex Ponto, Ibis, Nux, Halieutica y es posible que continuara con la redacción de los Fastos, que sólo había completado para los seis primeros meses del año. Todos estas obras fueron enviadas a Roma. Claro que el poeta nos presenta su tarea como una forma de olvidar y hacer soportable su desgracia. Nos lo dice en varios pasajes como Tristia IV 10, 111-132, o  en Tristia V, 7, 39 y ss. que reproduzco:

    Entretengo mi espíritu con el estudio y trato de olvidar mis sufrimientos y de engañar mis preocupaciones. ¿Qué puedo hacer mejor, solo en estas playas desiertas, o qué otro consuelo intentaré buscar a mis males? Si miro el lugar, es un país odioso y no puede haber en todo el mundo ningún otro más triste; si miro a sus hombres, apenas si son personas dignas de este nombre, y son más fieros y crueles que los lobos. No temen las leyes, sino que la justicia cede su lugar a la fuerza y el derecho yace vencido bajo la combativa espada. Evitan el duro frío con pieles y anchos calzones y sus horribles rostros van cubiertos por largas cabelleras. En unos pocos quedan restos de la lengua griega, pero incluso éstos se han convertido ya en bárbaros por el acento gético. No hay ni uno siquiera en este pueblo que por casualidad pueda decir algunas palabras usuales en latín.

    Yo mismo, famoso poeta romano (¡perdonadme, Musas!), me veo obligado a hablar la mayor parte de las cosas en la lengua de los sármatas. He aquí (me avergüenza, lo confieso) que, por el largo desuso, apenas si a mí me salen ya palabras latinas. Y no dudo de que incluso en este librito haya no pocas expresiones bárbaras: la culpa no es del hombre, sino del lugar. No obstante, para no perder el manejo de la lengua ausonia y para que mi boca no se quede muda en el habla patria, hablo conmigo mismo y repaso las palabras menos usadas y vuelvo a los distintivos funestos de mi afición poética. Así ocupo el espíritu y el tiempo, así me aparto y me alejo de la contemplación de mi desgracia. Busco en los versos el olvido de mis desdichas: si con mi afición consigo esta recompensa, será suficiente. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Detineo studiis animum falloque dolores,
          Experior curis et dare uerba meis.
    Quid potius faciam desertis solus in oris,
          Quamue malis aliam quaerere coner opem?
    Siue locum specto, locus est inamabilis, et quo
          Esse nihil toto tristius orbe potest,
    Siue homines, uix sunt homines hoc nomine digni,
          Quamque lupi, saeuae plus feritatis habent.
    Non metuunt leges, sed cedit uiribus aequum,
          Victaque pugnaci iura sub ense iacent.
    Pellibus et laxis arcent mala frigora bracis,
          Oraque sunt longis horrida tecta comis.
    In paucis remanent Graecae uestigia linguae,
          Haec quoque iam Getico barbara facta sono.
    Vnus in hoc nemo est populo, qui forte Latine
          Quaelibet e medio reddere uerba queat.
    Ille ego Romanus uates (ignoscite, Musae)
          Sarmatico cogor plurima more loqui.
    En pudet et fateor, iam desuetudine longa
          Vix subeunt ipsi uerba Latina mihi.
    Nec dubito quin sint et in hoc non pauca libello
          Barbara: non hominis culpa, sed ista loci.
    Ne tamen Ausoniae perdam commercia linguae,
          Et fiat patrio uox mea muta sono,
    Ipse loquor mecum desuetaque uerba retracto,
          Et studii repeto signa sinistra mei.
    Sic animum tempusque traho, sic meque reduco
          A contemplatu summoueoque mali.
    Carminibus quaero miserarum obliuia rerum:
          Praemia si studio consequar ista, sat est.

    No parece, pues, que el lugar  fuera tan “horribilis” como el poeta reiteradamente nos dibuja.

    7. A todas estas razones, los autores que cuestionan la realidad del exilio añaden otras importantes que deducen del estudio literario de los propios textos. Así la información sobre el Ponto la ha podido obtener de diversas fuentes literarias a su alcance. Como he comentado, es indudable la influencia de Virgilio y la descripción que de la Escitia y su clima en Geórgicas III, 349 y ss.

    Otras razones puramente literarias esgrimidas son la propia disposición y estructura de los Tristia I, como si fuera una pieza oratoria, las fórmulas y reiteraciones utilizadas.

    Se argumenta también que la elegía amorosa había llegado a su agotamiento tras las obras de Catulo, Propercio, Tibulo y el propio Ovidio, que utiliza ahora su capacidad para crear obras de ficción,  como había hecho en sus Heroidas o cartas imaginarias de heroínas míticas.

    En esa labor creativa encuentra también que son muchas las posibilidades literarias que le ofrecen los recursos retóricos que tan bien maneja, como las oposiciones presente/pasado, amigos/soledad, civilización y seguridad romanas/barbarie, etc. Con todo ello crea una nueva poesía muy atractiva, la poesía del exilio, en la que a veces se mezcla y confunde la ficción con la realidad y que inspiró y sirvió de modelo después hasta nuestros días.

    De todo ello deducen estos autores que no existió el exilio de Ovidio o al menos no está probado que existiera. Pero un estudio también crítico de todas estas razones nos obligarían a concluir que tampoco son definitivas ni contundentes y todas pueden ser negadas desde la perspectiva de la verdad histórica del exilio. También podemos preguntarnos ¿por qué si el exilio no fue real, nadie lo hizo ver, nadie lo denunció, nadie anotó que fue una ficción?

    Para ser más exactos, todos excepto el argumento que podemos llamar ex silentio, es decir, el hecho realmente llamativo de que ni los poetas de su época y posteriores hasta el siglo IV ni los historiadores, especialmente Suetonio y Tácito hagan referencia a este exilio y castigo cuando en cambio sí reflejan las condenas a otros varios autores. Es probablemente éste el argumento con más fuerza a favor de la posible no realidad del exilio.

    En todo caso la duda sembrada es difícil de olvidar y una nueva lectura de estos poemas desde la perspectiva de su irrealidad es muy sugerente e inquietante. La amplia selección de textos ofrecidos es sin duda suficiente para dejar abierta la cuestión.

    Podemos anotar como curiosidad que el exilio de Ovidio ha sido alguna vez novelado en época moderna. A veces esta es una buena forma de acercarse a la realidad de la historia. Citaré tan sólo tres:

    Dios ha nacido en el exilio (1960),( Dieu est né en exil, Fayard, Paris, 1960).de Vintila Horia, que recibió el premio Goncourt en 1960 y también provocó la polémica y reacción de la izquierda cultural capitaneada por Sartre.

    Al austriaco Christoph Ransmayr  le debemos El último mundo (1989). Y a Pablo Montoy:  Lejos de Roma (2008; reeditada en 2016)

    En todo caso y para acabar este artículo reproduciré lo que se considera fue el epitafio que el propio poeta dejó escrito para sí mismo y encargó a su mujer en Tristia, III, 3, 73-76; tal vez sea una broma más, fruto de su poderosa imaginación, pero ello no ha de impedirnos, viajeros por sus obras dos mil años después, que esté donde esté, deseemos que “descanse tranquilamente en paz”.

                    Yo que yazgo aquí, soy Nasón,
                    poeta que canté los tiernos amores y morí por mi propio ingenio.
                   A ti, quien seas, que pasas por aquí, a ti que has amado también,
                   que no te sea molesto decir: que los huesos de Nasón descansen en paz.

                    HIC EGO QUI IACEO TENERORVM LVSOR AMORUM
                    INGENIO PERII NASO POETA MEO
                    AT TIBI QVI TRANSIS NE SIT GRAVE QVISQVIS AMASTI
                    DICERE NASONIS MOLLITER OSSA CVBENT

  • Unos contratistas romanos de servicios públicos defraudadores

    En la antigua Roma, ya desde época Republicana, se arrendaba a particulares la explotación de los terrenos y recursos del Estado, que eran todos los conquistados por sus legiones, e incluso se constituyeron fuertes sociedades de inversores para ello. Esto generó un espacio de actividad en el que era fácil confundir lo privado con lo público y produjo algunos episodios de corrupción que en alguna medida recuerdan a hechos actuales.

    Voy a referirme a un episodio de la Segunda Guerra Púnica, salpicado además con una anécdota de corrupción, que explica cómo se fue generando este sistema.  Todas las guerras, las de antes y las de ahora son siempre ocasión y oportunidad para grandes negocios, a los que nada importa si los beneficios vienen o no manchados de sangre inocente.

    El episodio nos lo cuenta Tito Livio en su obra “Historia de Roma desde su origen” (Ab urbe condita), en el libro XXV, 3 y ss.

    Roma está definitivamente enfrentada a Cartago por su expansión en el Mediterráneo y por considerar a los púnicos o cartagineses una amenaza para su supervivencia. Esta guerra comienza desarrollándose en Hispania, en donde los cartagineses están ya bien asentados; se desarrolla luego en el propio territorio italiano, al que ha pasado Aníbal desde Hispania a través de los desfiladeros de los Alpes en invierno, y acabará definitivamente años después con la destrucción de Cartago. Las campañas victoriosas de Aníbal en Italia (Tesino, Trebia, Trasimeno, Cannas…) han generalizado el pánico entre los romanos. 

    Es precisamente la situación de necesidad de los Escipiones en Hispania lo que les obliga a dirigir una carta en el año 215 al Senado de Roma solicitando ayuda. Los gastos para la guerra son de tal magnitud que el Estado no tiene dinero suficiente para hacer frente a ellos y recurre en consecuencia a la colaboración de los “publicanos” o capitalistas que se vienen beneficiando de las contratas del Estado. Estos “publicani” o ciudadanos con recursos que se dedican a los negocios, constituyen tres sociedades para abastecer al ejército. Dadas las circunstancias de inseguridad del momento y las distancias a las que han de ser transportados algunos recursos, se incluye en el contrato una cláusula según la cual el riesgo de naufragio ha de correr por cuenta del Estado. Hay que imaginar la situación de pánico generalizado ante la presencia de Aníbal en la propia Italia y las sucesivas victorias con las que va machacando a los ejércitos romanos.

    En ese contexto hubo dos individuos, dos “publicani” que no contentos con las ganancias lícitas simularon un naufragio accidental de las naves cargadas de material de desecho y poco valor para cobrarlo como bueno.

    De todo lo anterior extraeremos importantes consecuencias sobre la constitución de estas sociedades, pero el episodio tiene una segunda parte muy reveladora. Cuando los defraudadores son descubiertos y denunciados al Senado, éste no actúa inmediatamente contra ellos, dada la afinidad y confluencia de intereses en muchos casos entre la clase y familias de senadores con los “publicanos”. Tuvo que ser el pueblo a través de sus representantes especiales, los “tribunos de la plebe”, (hoy diríamos "la acción popular"), quien exigió responsabilidades e inició las acciones judiciales.

    Estando reunida la asamblea popular, fue interrumpida por la acción violenta de los publicanos, dispuestos a evitar la condena de uno de sus miembros poderosos. Ante la evidencia de los cargos y el peligro de la situación, el Senado no tuvo más remedio que intervenir con más decisión.

    Diría como conclusión que resulta igual de escandaloso que unos contratistas defrauden al Estado a que el propio Estado no tenga ningún interés en castigar a los defraudadores.

    Dejamos para superespecialistas la cuestión de si estos arrendatarios eran realmente de la clase u “ordo” (orden) de los “publicanos”, así como sobre la historicidad de los contratos de aprovisionamiento para el ejército, porque esto parecer ser un caso aislado en el contexto histórico de finales del siglo III a.C.

    En todo caso, no hace falta ser muy imaginativo para establecer la semejanza con situaciones actuales en las que grandes delincuentes poderosos evitan la acción de la Justicia, gestionada en gran medida por personas afines a su grupo social. Es cierto que las situaciones antiguas y modernas no son exactamente iguales y no debemos exagerar en el parecido, pero una vez más podemos reafirmar el lema de este blog, “Nihil novum sub sole”, “Nada nuevo bajo el sol”.

    Como viene siendo exigencia de este blog, lo afirmado ha de ser constatado en los textos existentes, de los que no se juzga su valor como documentos históricos sino simplemente su existencia, y por ello nada mejor que reproducir lo escrito por Tito Livio:

    En un artículo posterior explicaré hasta qué punto los intereses de los particulares y sus empresas se confunden con los públicos y estatales.

    Ab Urbe condita, XXV,3: [25,3]

    Q. Fulvio Flaco y Ap. Claudio tomaron posesión del consulado, siendo éste el tercero de Fulvio. Los pretores sortearon sus provincias: P. Cornelio Sila obtuvo la jurisdicción de la ciudad y la de los extranjeros, que antes estaban separadas; Cn. Fulvio Flaco, la Apulia; C. Claudio Nerón Suesula y M. Junio Silano la Etruria. Los cónsules quedaron encargados de la guerra contra Aníbal, mandando cada uno dos legiones; debiendo recibirlas, el uno de Q. Fabio, cónsul del año anterior, y el otro, de Fulvio Centumalo. En cuanto a los pretores, Fulvio Flaco debía tener las legiones que se encontraban en Luceria bajo el mando del pretor Emilio; Claudio Nerón, las que servían a las órdenes de C. Terencio en el Piceno. Uno y otro estaban encargados de hacer nuevas levas para completar el ejército. M. Junio tuvo contra los etruscos las legiones urbanas del año anterior. T. Sempronio Graco y P. Sempronio Tuditano conservaron sus tropas y sus mandos, el uno en Lucania y el otro en la Galia. P. Léntulo conservó también la antigua provincia de Sicilia. M. Marcelo Siracusa y el reino de Hierón; T. Otacilio la flota; M. Valerio la Grecia; Q. Mucio Scévola, la Cerdeña, y los dos Escipiones las Españas.

    A los antiguos ejércitos se añadieron dos legiones urbanas que levantaron los cónsules, con las que se elevó en este año a veintitrés el número de las legiones. M. Postumio Pirgense se opuso a las levas que hacían los cónsules y produjo un movimiento que estuvo a punto de adquirir gravedad.

    Era Postumio un colector de impuestos que desde mucho tiempo no había tenido en la república igual para el fraude y la avidez, como no fuese T. Pomponio Veyetano, hecho prisionero en el año anterior por Hannón y los cartagineses, durante su temeraria expedición en Lucania. Como el Tesoro público respondía de las pérdidas en caso de tempestad en cuanto al material transportado para el ejército, supuso naufragios que no habían ocurrido, y hasta los verdaderos se debían al fraude y no a la casualidad. Cargaba con mercancías sin valor naves viejas inservibles y las hacía echar a pique en alta mar, cuidando de tener preparadas las barcas para salvar las tripulaciones; en seguida declaraba falsamente que las mercancías perdidas eran considerables.

    El pretor M. Atilio se enteró del fraude en el año anterior y lo denunció al Senado: sin embargo, no se dictó ningún senatus-consulto, no queriendo los senadores enemistarse en aquellas circunstancias con la clase entera de los publícanos. El pueblo castigó con más severidad aquel robo. Cierto día, los dos tribunos Sp. y L. Calvilio, excitados por sus quejas y viendo que estos amaños sublevaban la indignación y el desprecio de todos, condenaron a M. Postumio a una multa de doscientas mil piezas de moneda. El día en que el pueblo debía votar acerca de esta multa, fue tan numerosa la multitud que apenas cabía en la plaza del Capitolio. Oídos los defensores, parecía que Postumio no tenía más que un recurso, que C. Servilio Casca, pariente suyo y tribuno del pueblo, interviniese antes de que se llamase a votar las tribus. Cuando hubieron declarado los testigos, los tribunos mandaron retirarse al pueblo, y se llevó la urna (sitella allata) para que decidiese la suerte en qué orden habían de votar los latinos. Los publícanos estrechaban a Casca para que hiciese aplazar la decisión. El pueblo reclamaba, y Casca, que estaba sentado en el extremo del banco de los tribunos vacilaba entre la vergüenza y el temor. Viendo que no podían contar con él, los publícanos, para escapar a favor del tumulto, se precipitaron en el espacio que quedaba vacío y al que el pueblo no podía acercarse, disputando a la vez con el pueblo y los tribunos; y hubiese habido algún combate, si el cónsul Fulvio no hubiese exclamado dirigiéndose a éstos,  ¿No veis que tenéis que ceder y que es inminente una sedición si no os apresuráis a disolver la asamblea?» 

    Retiróse el pueblo y se convocó al Senado; los cónsules dieron cuenta de la violencia y audacia de los publícanos, que habían turbado la asamblea del pueblo. M. Furío Camilo, decían, a cuyo destierro siguió la ruina de Roma, se dejó condenar por sus conciudadanos irritados; antes que él, los decenviros, a quienes debe la república las leyes que la gobiernan, y otros muchos grandes ciudadanos, sufrieron el juicio del pueblo. Pero un Postumio Pirgense había querido forzar los votos populares; había obligado a disolverse una asamblea pública y a retirarse los tribunos; había presentado batalla al pueblo romano, tomado posición para impedirle que se comunicase con sus tribunos y a las tribus emitir sus votos. Si no había habido combate, si la sangre no había corrido, debíase a la moderación de los magistrados, que por un momento habían cedido al furor y la audacia de algunos individuos y porque se habían dejado vencer a la vez que el pueblo romano; que, en fin, para no dar ningún pretexto a los que solamente deseaban la lucha, habían disuelto, como quería Postumio, la asamblea del pueblo, que un acusado iba a imposibilitar por la violencia y las armas.» Todos los buenos ciudadanos que se encontraban en el Senado se declararon en el mismo sentido ante un hecho tan inaudito. El Senado declaró por un decreto que aquella tentativa era un ejemplo peligroso y un atentado contra la república. En el acto los dos Carvilios, tribunos del pueblo, prescindiendo de la multa, presentaron acusación capital contra Postumio, mandando a los lictores que le prendiesen si no presentaba caución y llevarle a las prisiones. Postumio dio caución y no compareció. A petición de los tribunos, el pueblo decidió que, «si M. Postumio no se presentaba antes de las kalendas de Mayo, si no contestaba este día cuando se leyese su nombre, o si no se admitían sus excusas, sería desterrado, vendidos sus bienes y se le prohibirían el agua y el fuego En seguida acusaron sucesivamente los tribunos de crimen capital a todos los que promovieron aquel tumulto y les obligaron a dar caución. Al principio los que no la dieron y después hasta los que podían darla fueron encarcelados; de manera que, para evitar este peligro, la mayor parte se desterraron. De esta manera se castigó el fraude de los publícanos y la audacia con que lo sostuvieron. Poco después se celebraron comicios para la elección de pontífice máximo, presidiéndolos el nuevo pontífice M. Cornelio Cethego. (Traducción de Francisco Navarro y Calvo. Madrid,1888)

    Q. Fulvius Flaccus tertium Appius Claudius consulatum ineunt.  et praetores provincias sortiti sunt, P. Cornelius Sulla urbanam et peregrinam, quae duorum ante sors fuerat, Cn. Fulvius Flaccus Apuliam, C. Claudius Nero Suessulam, M. Iunius Silanus Tuscos. consulibus bellum cum Hannibale et binae legiones decretae; alter a Q. Fabio superioris anni consule, alter a Fulvio Centumalo acciperet;  praetorum Fulvi Flacci quae Luceriae sub Aemilio praetore, Neronis Claudi quae in Piceno sub C. Terentio fuissent legiones essent; supplementum in eas ipsi scriberent sibi. M. Iunio in Tuscos legiones urbanae prioris anni datae. Ti. Sempronio Graccho et P. Sempronio Tuditano imperium provinciaeque Lucani et Gallia cum suis exercitibus prorogatae;  item P. Lentulo qua vetus provincia in Sicilia esset, M. Marcello Syracusae et qua Hieronis regnum fuisset; T. Otacilio classis, Graecia M. Valerio, Sardinia Q. Mucio Scaevolae, Hispaniae. et Cn. Corneliis. ad veteres exercitus duae urbanae legiones a consulibus scriptae, summaque trium et viginti legionum eo anno effecta est. dilectum consulum M. Postumii Pyrgensis cum magno prope motu rerum factum impediit. publicanus erat Postumius, qui multis annis parem fraude avaritiaque neminem in civitate habuerat praeter T. Pomponium Veientanum, quem populantem temere agros in Lucanis ductu Hannonis priore anno ceperant Carthaginienses. hi, quia publicum periculum erat a vi tempestatis in iis quae portarentur ad exercitus et ementiti erant falsa naufragia et ea ipsa quae vera renuntiaverant fraude ipsorum facta erant, non casu. in veteres quassasque naves paucis et parvi pretii rebus impositis, cum mersissent eas in alto exceptis in praeparatas scaphas nautis, multiplices fuisse merces ementiebantur. ea fraus indicata M. Aemilio praetori priore anno fuerat ac per eum ad senatum delata nec tamen ullo senatus  consulto notata, quia patres ordinem publicanorum3 in tali tempore offensum nolebant. populus severior vindex fraudis erat, excitatique tandem duo tribuni plebis, Spurius et L. Carvilii, cum rem invisam infamemque cernerent, ducentum milium aeris multam M. Postumio dixerunt. cui certandae cum dies advenisset, conciliumque tam frequens plebis adesset ut multitudinem area Capitolii vix caperet, perorata causa una spes videbatur esse si C. Servilius Casca tribunus plebis, qui propinquus cognatusque Postumio erat, priusquam ad suffragium tribus vocarentur, intercessisset.  testibus datis tribuni populum summoverunt, sitellaque lata est, ut sortirentur ubi Latini suffragium ferrent.  interim publicani Cascae instare ut concilio diem eximeret; populus reclamare; et forte in cornu primus sedebat Casca, cui simul metus pudorque animum versabat. cum in eo parum praesidii esset, turbandae rei causa publicani per vacuum summoto locum cuneo inruperunt iurgantes simul cum populo tribunisque.,  nec procul dimicatione res erat cum Fulvius consul tribunis “nonne videtis” inquit “vos in ordinem coactos esse et rem ad seditionem spectare, ni propere dimittitis plebis concilium?”. plebe dimissa senatus vocatur et consules referunt de concilio plebis turbato vi atque audacia publicanorum:  M. Furium Camillum, cuius exilium ruina urbis secutura fuerit, damnari se ab iratis civibus passum esse;  decemviros ante eum, quorum legibus ad eam diem viverent, multos postea principes civitatis iudicium de se populi passos:  Postumium Pyrgensem suffragium populo Romano extorsisse, concilium plebis sustulisse, tribunos in ordinem coegisse, contra populum Romanum aciem instruxisse, locum occupasse, ut tribunos a plebe intercluderet, tribus in suffragium vocari prohiberet. nihil aliud a caede ac dimicatione continuisse homines nisi patientiam magistratuum, quod cesserint inpraesentia furori atque audaciae paucorum vincique se ac populum Romanum passi sint et comitia,  quae reus vi atque armis prohibiturus erat, ne causa quaerentibus dimicationem daretur, voluntate ipsi sua sustulerint. haec cum ab optimo quoque pro atrocitate rei accepta essent, vimque eam contra rem publicam et pernicioso exemplo factam senatus decresset,  confestim Carvilii tribuni plebis omissa multae certatione rei capitalis diem Postumio dixerunt ac, ni vades daret, prendi a viatore atque in carcerem duci iusserunt.  Postumius vadibus datis non adfuit.  tribuni plebem rogaverunt plebesque ita scivit, si M. Postumius ante kal. maias non prodisset citatusque eo die non respondisset neque excusatus esset, videri eum in exilio esse bonaque eius venire, ipsi aqua et igni placere interdici.  singulis deinde eorum qui turbae ac tumultus concitatores fuerant, rei capitalis diem dicere ac vades poscere coeperunt.  primo non dantis, deinde etiam eos qui dare possent in—carcerem coiciebant; cuius rei periculum vitantes plerique in exilium abierunt.  hunc fraus publicanorum, deinde fraudem audacia protegens exitum habuit.  comitia inde pontifici maximo creando sunt habita; ea comitia novus pontifex M. Cornelius Cethegus habuit.

  • Ovidio entre los bárbaros del Ponto Euxino. (Ovidio III)

    El año 8 de nuestra era el alegre y mundano poeta latino Ovidio se encontraba en la isla de Elba en compañía de su amigo Máximo cuyo nombre completo era Marco Aurelio Cota Máximo, hijo de Marco Valerio Mesala Corvino, el protector de algunos literatos. Allí Ovidio recibió del emperador Augusto como un mazazo una carta con la acusación de graves crímenes y la orden de comparecer rápidamente en Roma, en donde recibió la condena fulminante de destierro a las fronteras del Imperio.

    Antes de finalizar el año debía salir de Roma y de Italia  a las costas del Ponto Euxino, a  la ciudad de Tomis o Tomos, actual Constanza en Rumanía, en la frontera de los Getas y Sármatas. Un soldado le acompañó sólo en el viaje de ida. Había nacido el 20 de febrero del año 43 a.C., al siguiente del asesinato de Julio César; tenía, pues, 52 años.  Allí murió  9 años después, en el 17, triste y melancólico porque nunca consiguió el perdón de Augusto ni tampoco de Tiberio para regresar a Roma o salir al menos de aquel destino tan inhóspito.

    En una carta a su amigo Cota Máximo, años después, recogida en Pónticas, II, 3,83-90, nos recuerda el día en que recibió la infausta noticia:

    La Etalia Elba fue la última que me vio contigo y recibió las lágrimas que caían de mis tristes mejillas, cuando tú me preguntaste si era cierta la noticia que había extendido la perversa Fama de mi culpa; yo permanecía indeciso entre confesarlo o negarlo, revelando el temor signos de miedo y, como la nieve que derrite el austro lluvioso, una lágrima brotaba y caía por mis mejillas estupefactas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    ultima me tecum vidit maestisque cadentes
    excepit lacrimas Aethalis Ilva  genis :
    cum tibi quaerenti, num verus nuntius esset,
    attulerat culpae quem mala fama meae,
    inter confessum dubie dubieque negantem
    haerebam, pavidas dante timore notas,
    exemploque nivis, quam mollit aquaticus Auster,
    gutta per attonitas ibat oborta genas.

    Como ya dije en un artículo anterior, no conocemos con precisión el día exacto de su muerte, que debió ser en invierno,  y el año lo sabemos por la información que San Jerónimo incluye en su libro de las Crónicas de Eusebio, en Chronicon 2033, que  lo hace corresponder con el  año 18 de Cristo, con la Olimpiada 199, con el 4 del reinado de Herodes y con el 4 también de Tiberio. Curiosamente en ese mismo año murió también Tito Livio, pero en su patria Patavium, la Padua de hoy. En consecuencia se cumplen ahora 2.000 años, dos milenios, de su muerte. 

    Dice Jerónimo en Chronicon 2033:

    El poeta Ovidio murió en el exilio y está enterrado junto a la ciudad de Tomis

    Ovidius poeta in exsilio perit, et juxta oppidum Tomos sepelitur”

    Allí escribió Ovidio uno de los poemas más famosos de la literatura latina: aquel en el que recuerda su último día en Roma, que ha sido además motivo de estudio y ejercicio para todo estudiante de latín durante siglos; me refiero a la Elegía 3 del libro I de sus Tristia, que reproduciré completa al final del artículo,  porque no es excesivamente larga, tan sólo 102 versos, para ser exactos.

    Ovidio no se dedicó al foro o la retórica, como su padre pretendía, sino a la poesía para la que estaba especialmente dotado. En Roma llevaba la vida propia de los miembros de una sociedad adinerada, despreocupada y dispuesta a vivir en el ocio y diversión permanente.

    En consonancia con este tipo de vida, escribió primero poemas o elegías amorosas o más bien eróticas, puesto que se refieren al amor físico y carnal y no al idealizado y romántico. Amores, El Arte de amar (Ars amandi o Ars Amatoria), Remedios Amorosos (Remedia amoris)  y Cosméticos para el rostro femenino (Medicamina faciei feminae) son las obras de esta época y de esta temática. Luego abordará otros temas de más enjundia como Las Metamorfosis, su obra principal, y Los Fastos, obra no exenta de ironía. De todo ello he hablado brevemente en el artículo anterior: https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-tristia-ponto-euxino

    Pues bien, las obras de contenido erótico-amoroso impactaron sin duda en la sociedad romana y chocaron con la política imperial de moralización de la vida pública y del matrimonio que Augusto pretendía desarrollar, de acuerdo con el mos maiorum o costumbres de los antepasados. Estos libros le granjearon pronto la fama de “inmoralidad”, que ya no le ha abandonado hasta nuestros días. A ello contribuyó decisivamente el juicio severo del Cristianismo que se iba imponiendo como religión del Imperio.

    Pero, ¿fue realmente Ovidio un  “inmoral”? Una y otra vez nos dice que su vida fue intachable.

    Pero entonces,  ¿qué delito había cometido para sufrir el duro castigo? El mismo poeta nos da algunas pistas en sus propias obras y desde la antigüedad hasta nuestros días se sigue hurgando en los textos para encontrar la causa, que en realidad desconocemos. En realidad la información más valiosa es la que él mismo poeta aporta en sus Tristes (Tristezas) y en sus Pónticas (Cartas desde el Ponto, Epistulae ex Ponto) y es en ellas donde se ha buscado una y otra vez.

    En estas obras repite hasta la saciedad y monotonía tres ideas: la descripción de su penosa situación, entre numerosos peligros y falto de toda comodidad para producir en sus familiares y amigos la sensación de absoluto abandono; la confesión de que fue culpable, pero tan solo de un error y estupidez que no de un delito o comportamiento malintencionado; y la alabanza de la majestad y benevolencia del emperador y de su familia para esperar el perdón.

    El mismo poeta es consciente y conoce la crítica que se le hace por repetir una y otra vez lo mismo: su petición de perdón al emperador. Así en Pónticas III,9, 39-45 dice:

    Me dices, Bruto, que no sé quién critica mis poemas porque hay en estos librillos siempre el mismo pensamiento, que no pido otra cosa, sino poder disfrutar de una tierra más cercana, y que no hablo sino de que estoy rodeado por numerosos enemigos. ¡Oh, cómo entre tantos defectos  se me reprende tan solo uno! Si sólo esta falta comete mi Musa, está bien. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Quod sit in his eadem sententia, Brute, libellis,
          Carmina nescio quem carpere nostra refers:
    Nil nisi me terra fruar ut propiore rogare,
          Et quam sim denso cinctus ab hoste loqui.
    O, quam de multis uitium reprehenditur unum!
    Hoc peccat solum si mea Musa, bene est.

    En varias ocasiones nos describe su penosa situación en el destierro. Es suficientemente expresiva la referencia que hace en Tristia V,7,1-24, elegía que algunas ediciones titulan precisamente “Ovidio entre los bárbaros”. Dice allí en una carta de fecha incierta y dirigida también a un destinatario no conocido por nosotros:

    La carta que lees te llega desde la tierra en que el ancho Histro desemboca en las aguas del mar. Si a ti te ha tocado en suerte una vida con buena salud, permanece favorable aún una parte de mi fortuna. A saber, tú me preguntas, como siempre, queridísimo amigo, cómo lo paso, si bien eso lo puedes saber, aunque yo no te lo diga. Soy desgraciado (éste es el resumen de mis males) y lo será todo el que viva tras haber ofendido al César.

    ¿Deseas saber cómo es la gente de esta región de Tomos y en medio de qué costumbres vivo? Aunque esta región es una mezcla de griegos y getas, está dominada por los mal pacificados getas. Un número bastante elevado de sármatas y getas va y viene a caballo por los caminos. No hay ninguno entre ellos que no lleve carcaj, arco y flechas impregnadas de veneno amarillento de serpiente. Su voz es fiera, el rostro salvaje, fiel imagen de Marte; ninguna mano ha cortado su cabello ni su barba; su diestra no es tarda en herir clavando el cuchillo, que todo bárbaro lleva pegado al costado.

    En medio de tales gentes, ¡ay!, vive ahora, amigo mío, tu poeta, olvidado de sus poemas de tema amoroso; a estas gentes es a las que ve y a éstas a las que oye. ¡Ojalá viva, pero que no vaya a morir entre ellos, sino que al menos su sombra se aleje de estos odiosos lugares! (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Quam legis, ex ilia tibi venit epistula terra,
    latus ubi aequoreis additur Hister aquis.
    si tibi contingit cum dulci vita salute,
    candida fortunae pars manet una meae,
    scilicet, ut semper, quid agam, carissime, quaeris,
    quamvis hoc vel me scire tacente potes.
    sum miser; haec brevisest nostrorum summa malorum,
    quisquis et offenso Caesare vivit ? erit.
    turba Tomitanae quae sit regionis et inter
    quos habitem mores, discere cura tibi est ?
    mixta sit haec quamvis inter Graecosque Getasque,
    a male pacatis plus trahit ora Getis.
    Sarmaticae maior Geticaeque frequentia gentis
    per medias in equis itque reditque vias.
    in quibus est nemo, qui non coryton et arcum
    telaque vipereo lurida felle gerat.
    vox fera, trux vultus, verissima Martis imago,
    non coma, non ulla barba resecta manu,
    dextera non segnis fixo dare vulnera cultro,
    quem iunctum lateri barbarus omnis habet.
    vivit in his heu nunc, lusorum oblitus amorum,
    hos videt, hos vates audit, amice, tuus :
    atque utinam vivat non et moriatur in illis,
    absit ab invisis et tamen umbra locis.

    Y luego en Pónticas I, 3, 57-60 completa la descripción de la lamentable situación, aunque ciertamente parece estar exagerando la realidad porque las costas del Mar Negro son hoy día un destino veraniego apetecible por muchas personas de los países limítrofes:

    Pero pensaba que, privado de la tierra donde nací, me había correspondido en suerte, al menos, vivir en un lugar humano: sin embargo, yazgo abandonado en las arenas del extremo del mundo, donde la tierra está cubierta de perpetuas nieves. Aquí el campo no produce frutos, ni dulces racimos de uvas; no verdean sauces en sus riberas, ni encinas en sus montañas. Ni el mar merece más alabanzas que la tierra: sus aguas, privadas de sol, están siempre hinchadas por el furor de los vientos. Adondequiera que mires, se extienden llanuras sin cultivar y vastos labrantíos que nadie reclama. Se presenta el terrible enemigo por la derecha y por la izquierda, y por el miedo a su cercanía aterra a uno y otro lado: una parte habrá de sentir las lanzas bistonias y la otra las flechas lanzadas por la mano de los sármatas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at, puto, qua genitus fueram, tellure carenti
    in tamen humano contigit esse loco,
    orbis in extremi iaceo desertus harenis,
    fert ubi perpetuas obruta terra nives.
    non ager hic pomum, non dulces educat uvas, 
    non salices ripa, robora monte virent.
    neve fretum laudes terra magis, aequora semper
    ventorum rabie solibus orba tument.
    quocumque aspicies,  campi cultore carentes
    vastaque, quae nemo vindicat, arva iacent.
    hostis adest dextra laevaque a parte timendus,
    vicinoque metu terret utrumque latus.
    altera Bistonias pars est sensura sarisas,
    altera Sarmatica spicula missa manu.

    En diversos pasajes achaca su condena a un “error” y a una indiscreción. Por ejemplo en Tristia II, 207 y ss.:

    Concedamos que me han perdido dos delitos: un poema y un error; sobre la culpabilidad del segundo de estos dos delitos es mejor que calle, pues yo no valgo tanto la pena como para reabrir tus heridas, César, y ya es más que demasiado que hayas sufrido una sola vez. Queda el otro delito, por el que se me acusa de haberme convertido con mi obsceno poema en maestro del impúdico adulterio. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    perdiderint cum me duo crimina, carmen et error,
    alterius facti culpa silenda mihi :
    nam non sum tanti, renovem ut tua vulnera, Caesar,
    quem nimio plus est indoluisse semel.
    altera pars superest, qua turpi carmine factus
    arguor obsceni doctor adulterii.

    Así ya en su época, como informa el mismo Ovidio, se le conoce como “maestro del impúdico adulterio”, y esto chocaba directamente con el programa de moralización de Augusto  y las  Leges Iuliae que pretendían la defensa de la familia y las tradiciones antiguas, castigando el adulterio con del exilio y multando a las que no tenían hijos.  Pero él se defiende afirmando la diferencia entre la literatura y la vida, que una cosa es escribir y otra distinta el mantener determinado comportamiento. En la elegía dirigida a un amigo orador, dice en Tristia I,9,55 y ss:

    Mejor hubiera sido que mi obra no hubiera brillado por su celebridad, y así como las graves disciplinas, elocuente amigo, te están dando provecho, así un arte diferente a ellas me ha perjudicado. Sin embargo mi vida te es conocida; tú sabes que las costumbres de su autor se apartaron de tales artes; y sabes que ese viejo poema fue compuesto en mi juventud y que tales poemas, aunque no son precisamente dignos de elogio, con todo no son sino bagatelas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at nostrum tenebris utinam latuisset in imis !
    expediit studio lumen abesse meo.
    utque tibi prosunt artes, facunde, severae,
    dissimiles illis sic nocuere mihi.
    vita tamen tibi nota mea est. scis artibus illis
    auctoris mores abstinuisse sui :
    scis vetus hoc iuveni lusum mihi carmen, et istos
    ut non laudandos, sic tamen esse iocos.

    ¿Pudo ser entonces la causa del destierro este libro, Ars Amandi, que además llevaba ya más de ocho años circulando por Roma?

    Más bien parece una excusa añadida a otro motivo de más enjundia, a la indiscreción a la que poco después, en el mismo libro II, 103 y ss. hace referencia:

    ¿Por qué tuve yo que ver algo? ¿Por qué torné culpables mis ojos? ¿Por qué, ¡imprudente de mí! tuve yo conocimiento de aquel delito? Sin pretenderlo, Acteón contempló desnuda a Diana y, sin embargo, no por ello fue menos presa de sus propios perros; y es que a los ojos de los dioses, hasta el azar hay que expiarlo y un hecho casual no obtiene el perdón, si ha sido ofendida una divinidad. Aquel mismo día en que me perdió un mal error, cayó la ruina sobre mi casa, modesta ciertamente, pero sin tacha; (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Cur aliquid uidi? cur noxia lumina feci?
          Cur imprudenti cognita culpa mihi?
    Inscius Actaeon uidit sine ueste Dianam:
          Praeda fuit canibus non minus ille suis.
    Scilicet in superis etiam fortuna luenda est,
          Nec ueniam laeso numine casus habet.
    Illa nostra die, qua me malus abstulit error,
          Parua quidem periit, sed sine labe domus:

    La alusión al mito de Acteón, que vio desnuda a Diana o Artemis, la diosa virgen de la caza y fue transformado en ciervo  devorado por sus propios perros, desató las especulaciones e hizo pensar a varios autores que Ovidió vio algo que ofendió al emperador, tal a Livia, su esposa; o tal vez vio alguna ceremonia de los cultos a la Buena Diosa o Isis, vedados a los hombres. Se han propuesto, pues, varias explicaciones o soluciones al enigma de qué es lo que Ovidio vio, cuál fue su indiscreción. Se ha pensado que tal vez  Ovidio fuera conocedor o partícipe de algún escabroso episodio de la familia imperial, concretamente de su hija, o su nieta, o del propio emperador; o viera en algún momento desnuda a la esposa de Augusto; o que incluso tuviera algún affaire amoroso con la hija del emperador; o fuera conocedor y partícipe de alguna reunión  de algún grupo poco partidario de Augusto, o de partidarios de Germánico y no de Tiberio en la sucesión en el contexto de las rivalidades entre los “Julios” y los “Claudios”. Todo ello son hipótesis poco fundadas, que en cualquier caso no han sido confirmadas.

    Hay incluso una suposición un tanto disparatada que no merecería ser citada sino fuera obra de una persona experta y famosa en el estudio de la historia  romana, Jerôme Carcopino (1881-1970), miembro de la Academia Francesa entre otros muchos títulos.

    Según la imaginativa propuesta de este autor, Ovidio pertenecería de forma activa a una especie de secta secreta neopitagórica que celebra reuniones donde utilizando  el poder mágico de los números conspiran o intentan perjudicar a Augusto.

    No quiero profundizar más en esta cuestión, porque dejo para otro artículo próximo el análisis de las posibles causas y de una propuesta realmente la llamativa aparecida a principios del siglo XX y que ha resurgido más recientemente con cierta fuerza: me refiero a la posible inexistencia del exilio tan famoso, que no habría sido sino una ficción más de un poeta creativo que tantas cosas ficcionó o imaginó, como las Heroidas o cartas de mujeres mitológicas a sus amantes.

    En diversos pasajes insiste en el hecho culpable de haber visto algo que no debió ver, pero nunca lo aclara y nos quedamos sin saberlo a pesar de los esfuerzos que los estudiosos han realizado desde entonces hasta hoy.

    El propio poeta también nos explica las condiciones legales de su condena, en Tristia, II, 121 y ss.

    Se arruinó, pues, esta casa querida por las Musas, derrumbada bajo el peso de un solo delito, si bien no pequeño; pero ha caído de tal manera que podría levantarse, si la cólera del Cesar ofendido se calmara. Su clemencia en la asignación del castigo fue tan grande que resultó ser más suave de lo que yo me temía. La vida se me concedió y tu cólera se detuvo más acá de la muerte, ¡oh Príncipe que has usado tan parcamente de tu poder!  Además hay que añadir el hecho de que no me has privado de mi patrimonio, como si la vida fuera un regalo pequeño. No condenaste mis delitos con un decreto del Senado, ni mi exilio ha sido ordenado por un jurado especial; zahiriéndome con amargas palabras (eso es lo digno de u Príncipe) te has vengado, como conviene, de las ofensas cometidas contra ti. Además, el edicto, aunque riguroso y amenazador, sin embargo, ha sido suave en la designación del castigo, ya que soy declarado en él relegado y no desterrado, y contiene términos suaves para mi suerte. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Corruit haec igitur Musis accepta, sub uno
          Sed non exiguo crimine lapsa domus:
    Atque ea sic lapsa est, ut surgere, si modo laesi
          Ematuruerit Caesaris ira, queat.
    Cuius in euentu poenae clementia tanta est,
          Venerit ut nostro lenior illa metu.
    Vita data est, citraque necem tua constitit ira,
          O princeps parce uiribus use tuis!
    Insuper accedunt, te non adimente, paternae,
          Tamquam uita parum muneris esset, opes.
    Nec mea decreto damnasti facta senatus,
          Nec mea selecto iudice iussa fuga est.
    Tristibus inuectus uerbis (ita principe dignum)
          Vltus es offensas, ut decet, ipse tuas.
    Adde quod edictum, quamuis immite minaxque,
          Attamen in poenae nomine lene fuit:
    Quippe relegatus, non exul, dicor in illo,
          Priuaque fortunae sunt ibi uerba meae.

    La misma idea de que él no fue declarado "exul", es decir, “desterrado” con pérdida de derechos, sino "relegatus" (relegado, expulsado del país manteniendo los derechos fundamentales)  la reitera y casi en los mismos términos en el Libro V, 2bis, 11 y ss.; evito por ello lo que sería una mera redundancia. Así que el poeta, sin proceso alguno, no fue en realidad exiliado sino confinado en Tomis, sin confiscación de bienes ni pérdida de ningún otro derecho.

    Como decía más arriba, camino del exilio y en el propio destierro siguió escribiendo poemas y encontrando en ello el  único consuelo. En aquella aldea, lejos de Roma, de clima duro e inhóspito, habitada por Getas y Sármatas, que hablan una lengua ininteligible para un romano o griego, escribió Ovidio sus famosos poemas “Tristes”, “Tristezas”  “Tristia” en latín; sus Cartas desde el Ponto o Pónticas (Ex Ponto) dirigidas a su mujer y amigos en Roma y también a algún enemigo, y en ellas algunos de los versos más emocionantes de la literatura latina.  Allí también escribió una dura invectiva, Ibis, contra un individuo que perjudicaba su situación en el exilio.

    Algunos críticos literarios, excesivamente crueles, consideran estas obras como un mero ejercicio de retórica vacía y servil petición de clemencia. Pero son absolutamente injustos, porque entre estas elegías se encuentra uno de los poemas más hermosos y emocionantes de la poesía latina, que no pueden empañar algunos recursos literarios y retóricos más fríos y formales.

    Me refiero en concreto al poema tercero del primer libro de sus “Tristia”,  en el que nos recuerda su última noche en su casa de Roma y su partida para el exilio. Hay otros muchos pasajes en el que muestra un sentido amor y agradecimiento a su esposa, que ha quedado en Roma, para no sufrir las penalidades de una tierra hostil y cuidar de la casa familiar; o el consuelo que le proporciona la poesía, que ha de declamar en solitario al viento para no olvidar el latín, su lengua, porque allí nadie lo habla. Incluso aprendió la lengua de aquellos bárbaros y en ella compuso algún poema. O el pequeño consuelo que le proporciona el hecho de que sus padres hayan muerto y no hayan visto la desgracia de su hijo.

    Los pasajes y momentos de interés son muchos.  Voy a reproducir, cumpliendo el objetivo de este blog, la citada tercera elegía completa,  en la que recuerda la última noche que pasó en Roma y el momento triste de la partida. Esta elegía  ha hecho emocionarse a miles de estudiantes de latín que hubieron de traducirla y comentarla como ejercicio escolar. Parafraseando al poeta, diré yo también, que “cuando recuerdo aquellos años en los que hube de traducir este poema, todavía siento la emoción de aquel momento”. Ojalá que esta elegía anime al lector a una lectura más amplia de las obras de Ovidio

    Tristia I, 3

    Cuando me viene al recuerdo la funesta imagen de aquella noche, en la que transcurrieron mis últimos momentos en Roma, cuando recuerdo la noche en la que abandoné a tantos seres queridos, todavía ahora se me escurren las lágrimas de los. ojos.

    Ya se acercaba el día en que el César me había ordenado que abandonara los confines de Ausonia. Yo no tuve ni el tiempo ni la tranquilidad suficiente para hacer los preparativos: mis facultades se habían entorpecido debido a la larga espera. No me había ocupado ni de los esclavos ni de escoger compañeros de viaje, ni me había cuidado del vestido o existencias apropiadas para un desterrado.
    Me quedé pasmado de la misma manera que aquel que, herido por el rayo de Júpiter, sigue con vida, aunque ni él mismo tiene conciencia de su propia vida.

    Pero cuando el propio dolor hubo disipado la nube que envolvía mi espíritu y empezó a despertarse por fin mi sensibilidad, a punto ya de salir hablo por última vez a mis afligidos amigos de los que, entre los muchos que había tenido, sólo quedaba uno que otro. Mi amante esposa, llorando ella misma más amargamente que yo, me abrazaba mientras yo también lloraba, hasta el punto de que una verdadera lluvia de lágrimas caía sin cesar sobre sus mejillas que no lo merecían. Mi hija se hallaba ausente, lejos, en las costas africanas, y no pudo saber nada de mi aciago destino. Adondequiera que dirigieras la mirada no se oían sino gemidos de dolor, y el interior de la casa ofrecía el aspecto de un funeral ruidoso. Mujeres y hombres y hasta los siervos lloran por mi muerte y en el interior no hay rincón que no esté arrasado por las lágrimas. Si está permitido emplear grandes ejemplos en los pequeños sucesos, ése era el aspecto de Troya cuando fue tomada.

    Ya se iban acallando las voces de los hombres y de los perros, y la Luna, en lo alto del cielo, conducía sus caballos nocturnos. Mirándola con los ojos hacia arriba y contemplando a su luz el Capitolio, que en vano estaba cercano a mi casa, digo: «Divinidades que habitáis estas moradas vecinas, templos que mis ojos no contemplarán ya nunca más, dioses que he de abandonar, a los que honra la elevada ciudad de Quirino, ¡recibid mi adiós para siempre! Y aunque tomo tarde el escudo, después de caer herido, descargad al menos mi huida del peso del odio; y al divino varón decidle qué error me sedujo, no vaya a pensar que hay maldad donde sólo hay una equivocación; que el autor de mi castigo sienta vuestra misma convicción; una vez aplacado este dios, yo podría dejar de ser desgraciado».

    Con esta súplica me dirigí yo a los dioses; mi mujer con muchas más, aunque sus palabras quedaban entrecortadas por los sollozos. Ella incluso, postrada de hinojos ante los Lares, con el pelo desgreñado, besó con su boca  temblorosa el fuego ya apagado, y a los Penates, que
    teníamos enfrente, dirigió muchas palabras que habrían de resultar inútiles en favor de su llorado esposo. 

    Ya la noche que tocaba a su fin impedía todo retraso y la constelación de la Osa Parrasia había dado la vuelta sobre su eje. ¿Qué debía yo hacer? El dulce amor a la patria me retenía; pero aquella era la última noche antes del exilio que se me había decretado. ¡Ah! ¡Cuántas veces,
    al ver que alguno se apresuraba a hacer los preparativos, dije: «¿Por qué te das tanta prisa? Piensa en el lugar hacia donde te apresuras a marchar y en el que abandonas». ¡Ah! ¡Cuántas veces fingí haber fijado de antemano, como más indicada, una hora para mi marcha! Por tres veces llegué a pisar el umbral y por tres veces se me hizo volver, y hasta mi propio pie, indulgente con mi ánimo, era reacio a marchar. Muchas veces, después de haberme despedido, comencé a hablar de nuevo largo rato y, como si estuviera marchándome, di los últimos besos. Muchas veces hice las mismas recomendaciones y me engañé a mí mismo, volviéndome a mirar una y otra con mis propios ojos las prendas de mi amor. Por último, digo: <<¿Por qué me apresuro? Es a la Escitia adonde se me envía y Roma la que he de abandonar: una y otra son un justo motivo para mi tardanza. Estando aún con vida se me niega para siempre a mi esposa que vive aún, mi casa y el dulce afecto de sus fieles miembros, así como los amigos a los que quise con amor fraternal, ¡oh vosotros, corazones que habéis estado unidos a mí con una fidelidad como la de Teseo! Mientras me esté permitido, os abrazaré; tal vez, no me sea posible hacerlo nunca más; el tiempo que se me concede debo considerarlo como gracia». Sin retraso alguno ya, no termino ni de hablar, abrazando a todos los que me son más queridos.

    Mientras hablo y lloramos todos, había aparecido brillando en lo alto del cielo Lucífero, estrella funesta para mi. Me separo como si abandonara mis propios miembros, y una parte de mi cuerpo parecía que era arrancada de la otra. Así fue el dolor de Metio cuando unos caballos
    lanzados en sentido contrario fueron los vengadores de su traición. Entonces estalla el clamor y los gemidos de los míos y las manos de aquellos desgraciados se golpean los pechos desnudos. Entonces mi esposa, aferrándose a mis hombros mientras ya partía, mezcló con mis lágrimas estas tristes palabras: «Tú no puedes serme arrancado; juntos nos iremos de aquí, juntos», dijo; «te seguiré y así seré la esposa desterrada de un desterrado. También a mí se me ha impuesto la marcha y a mí también me recibe el confín del mundo; yo seré una ligera carga para tu nave de prófugo. A ti ha sido la cólera del César la que te ha ordenado abandonar tu patria, a mí el amor conyugal: este amor será mi César». Tales cosas eran las que intentaba ella conseguir, como lo habia intentado ya antes, y a duras penas cedió ante el interés de su permanencia en Roma.

    Salgo, o más bien aquello era ser llevado al sepulcro sin haber muerto, escuálido, con el pelo desgreñado sobre mi intonso rostro. Ella, enloquecida por el dolor (según se me ha dicho), perdidos los sentidos, cayó desvanecida en medio de la casa. Cuando volvió en sí, con los cabellos afeados por el sucio polvo, y levantó sus miembros del frío suelo, dicen que prorrumpió en lamentos por ella misma, por los Penates abandonados, y que invocó repetidas veces el nombre del esposo que se le había arrebatado, y que se lamentó como si hubiese visto colocados sobre la pira los cadáveres de su hija y su marido juntos; que deseó morir, y muriendo perder sus sentidos, pero que no murió por consideración hacia mí. ¡Que viva! Que viva y, puesto que así lo han querido los hados, me sostenga continuamente con su ayuda en mi ausencia. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos)

    Cum subit illius tristissima noctis imago,
          Qua mihi supremum tempus in urbe fuit,
    Cum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui,
          Labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.
    Iam prope lux aderat, qua me discedere Caesar
          Finibus extremae iusserat Ausoniae.
    Nec spatium nec mens fuerat satis apta parandi:
          Torquerant longa pectora nostra mora.
    Non mihi seruorum, comites non cura legendi,
          Non aptae profugo uestis opisue fuit.
    Non aliter stupui, quam qui Iouis ignibus ictus
          Viuit et est uitae nescius ipse suae.
    Vt tamen hanc animi nubem dolor ipse remouit,
          Et tandem sensus conualuere mei,
    Alloquor extremum maestos abiturus amicos,
          Qui modo de multis unus et alter erat.
    Vxor amans flentem flens acrius ipsa tenebat,
          Imbre per indignas usque cadente genas.
    Nata procul Libycis aberat diuersa sub oris,
          Nec poterat fati certior esse mei.
    Quocumque aspiceres, luctus gemitusque sonabant,
          Formaque non taciti funeris intus erat.
    Femina uirque meo, pueri quoque funere maerent,
          Inque domo lacrimas angulus omnis habet.
    Si licet exemplis in paruis grandibus uti,
          Haec facies Troiae, cum caperetur, erat.
    Iamque quiescebant uoces hominumque canumque,
          Lunaque nocturnos alta regebat equos.
    Hanc ego suspiciens et ad hanc Capitolia cernens,
          Quae nostro frustra iuncta fuere Lari,
    "Numina uicinis habitantia sedibus," inquam,
          "Iamque oculis numquam templa uidenda meis,
    Dique relinquendi, quos urbs habet alta Quirini,
          Este salutati tempus in omne mihi.
    Et quamquam sero clipeum post uulnera sumo,
          Attamen hanc odiis exonerate fugam,
    Caelestique uiro, quis me deceperit error,
          Dicite, pro culpa ne scelus esse putet.
    Vt quod uos scitis, poenae quoque sentiat auctor,
         Placato possum non miser esse deo."
    Hac prece adoraui superos ego: pluribus uxor,
          Singultu medios impediente sonos.
    Illa etiam ante lares passis astrata capillis
          Contigit exstinctos ore tremente focos,
    Multaque in aduersos effudit uerba Penates
          Pro deplorato non ualitura uiro.
    Iamque morae spatium nox praecipitata negabat,
          Versaque ab axe suo Parrhasis Arctos erat.
    Quid facerem? blando patriae retinebar amore:
          Vltima sed iussae nox erat illa fugae.
    A! quotiens aliquo dixi properante "quid urges?
          Vel quo festinas ire, uel unde, uide."
    A! quotiens certam me sum mentitus habere
          Horam, propositae quae foret apta uiae.
    Ter limen tetigi, ter sum reuocatus, et ipse
          Indulgens animo pes mihi tardus erat.
    Saepe "uale" dicto rursus sum multa locutus,
          Et quasi discedens oscula summa dedi.
    Saepe eadem mandata dedi meque ipse fefelli,
          Respiciens oculis pignora cara meis.
    Denique "quid propero? Scythia est, quo mittimur," inquam
          "Roma relinquenda est. utraque iusta mora est.
    Vxor in aeternum uiuo mihi uiua negatur,
          Et domus et fidae dulcia membra domus,
    Quosque ego dilexi fraterno more sodales,
          O mihi Thesea pectora iuncta fide!
    Dum licet, amplectar: numquam fortasse licebit
          Amplius. in lucro est quae datur hora mihi."
    Nec mora, sermonis uerba imperfecta relinquo.
          Complectens animo proxima quaeque meo.
    Dum loquor et flemus, caelo nitidissimus alto,
          Stella grauis nobis, Lucifer ortus erat.
    Diuidor haud aliter, quam si mea membra relinquam,
          Et pars abrumpi corpore uisa suo est.
    Sic doluit Mettus tunc cum in contraria uersos
          Vltores habuit proditionis equos.
    Tum uero exoritur clamor gemitusque meorum,
          Et feriunt maestae pectora nuda manus.
    Tum uero coniunx umeris abeuntis inhaerens
          Miscuit haec lacrimis tristia uerba meis:
    "Non potes auelli. simul hinc, simul ibimus:" inquit,
          "Te sequar et coniunx exulis exul ero.
    Et mihi facta uia est, et me capit ultima tellus:
          Accedam profugae sarcina parua rati.
    Te iubet e patria discedere Caesaris ira,
          Me pietas. pietas haec mihi Caesar erit."
    Talia temptabat, sicut temptauerat ante,
          Vixque dedit uictas utilitate manus.
    Egredior, siue illud erat sine funere ferri,
          Squalidus immissis hirta per ora comis.
    Illa dolore amens tenebris narratur obortis
          Semianimis media procubuisse domo:
    Vtque resurrexit foedatis puluere turpi
          Crinibus et gelida membra leuauit humo,
    Se modo, desertos modo complorasse Penates.
          Nomen et erepti saepe uocasse uiri,
    Nec gemuisse minus, quam si nataeque uirique
          Vidisset structos corpus habere rogos,
    Et uoluisse mori, moriendo ponere sensus,
          Respectuque tamen non periisse mei.
    Viuat, et absentem, quoniam sic fata tulerunt.
          Viuat ut auxilio subleuet usque suo.