Categoría: Lengua y Literatura

  • Nada se seca más rápido que una lágrima (Lacrima nihil citius arescit)

    Esta frase latina, antes griega, ha tenido notable éxito a juzgar por la frecuencia con que es utilizada o citada. Su sentido inmediato parece referirse a la rapidez con la que olvidamos los dolores o frustraciones, sean de cuerpo o de espíritu; hecho que parece negar la evidencia en contrario de muchas situaciones.

    La frase parece tener su origen en Grecia, sin que podamos afirmar que sea una afirmación popular o  sea la creación de un pensador o de un poeta. Se atribuye a Apolonio y se suele concretar que se trata de Apolonio de Rodas, aunque al menos hay otro Apolonio candidato.

    La frase se cita en la obra anónima, atribuida a Cicerón, “Rethoridca ad Herennium, 2,31-50: “commiserationem brevem esse oportet; nihil enim lacrima citius arescit”,(conviene que la conmiseración sea breve, pues nada se seca más rápido que una lágrima) y también en las obras del mismo  Cicerón “Partitiones oratoriae, 17, 57"  y en “De inventione, 1,109”, en que se  la  adjudica al “retórico Apolonio” sin más especificaciones.

    También Quintiliano en sus  Institutiones Oratoriae, 6.1.27 dice “ numquam tamen debet esse longa miseratio, nec sine causa dictum est nihil facilius quam lacrimas inarescere”(la condolencia nunca debe ser larga, pues no sin motivo se dice que nada se seca antes que una lágrima). Y Quinto Curtio, 5,5,11 insiste “ ignorant quam celeriter lacrimae inarescant” (no saben cuán rápidamente se secan las lágrimas.

    La frase quizás llegó a ser de dominio general y popular, pero las citas de los retóricos latinos nos hacen sospechar que quizás su sentido fuera menos general y transcendente. Tal vez su contexto sea el de la enseñanza de la oratoria y con esta máxima  el maestro pretenda frenar los excesos de pasión y sentimiento que algunos discípulos ponen en los epílogos de sus discursos. Un exceso de pasión puede hacer que el oyente o el espectador se desconecte o desenganche del orador, porque  la frase completa de Cicerón en realidad decía:  “nada se seca más rápido que las lagrimas, sobre todo cuando se derraman por los males de otros” (Lacrima nihil citius arescit, praesertim in alienis malis).

    La cita atravesó la Edad Media; lo utiliza, por ejemplo, Pedro Abelardo en su “Etica. Conócete a ti mismo” y la Edad Moderna:  como curiosidad diremos que en la Edición de 1539 en Colonia del “Ad Herennium”,  Gybertus Longolius reconstruye la frase original griega como  “oύδέν  θάσσον ξηραίνεσθαι δακρύου” (oúden zâsson  xeraíneszai dakrúou).

    Y llega a la Edad Contemporánea, en que, por ejemplo,  decenas de blogs la utilizan con uno y otro sentido.

    El General De Gaulle, por ejemplo, parece conocerla, puesto que la parafrasea:  a propósito de la independencia de Argelia después de la larga ocupación francesa y la dura guerra, le comentó un general en tono crítico “Tanta sangre derramada…”, a lo que el gran De Gaulle dicen que le contestó: “nada se seca más rápido que la sangre”. No es verdad; antes se secan las lágrimas, pero no deja de ser curioso que De Gaulle conociera la frase de Apolonio o de Cicerón. No creo que muchos generales  o políticos de oficio actuales tengan a los clásicos grecolatinos como lecturas aunque sean esporádicas, pero todo es posible y siempre hay honrosas excepciones.

  • Hiposandalias o suelas para caballos (hiposoleae)

    “hiposolea” es un término técnico utilizado en arqueología o Historia Antigua para denominar a las “sandalias”, suelas o protecciones que los antiguos griegos y romanos colocaban a los équidos, caballos o mulas, en sus pezuñas o patas.

    El término está formado a partir de la palabra griega ἱππὁς, que significa “caballo” y la latina “”solea”, que significa “sandalia”.

    solea”  a su vez deriva de “solum”, suelo, y en general parte inferior de algo. De este término deriva el español “suela”, parte del calzado que está en contacto con el “suelo”.  Así dice Varron en  De re rustica, 1, 47:

    “pues el suelo (pie)  del hombre es la ruina de la hierba y el fundamento de un camino

    “Solum enim hominis exitium herbae et semitae fundamentum”.

    Diversos textos y algunas pruebas arqueológicas y artísticas revelan la existencia de unas protecciones para las pezuñas o pies de los équidos. Las había de metal, generalmente hierro, y también de esparto, cuero, mimbre  o junco. Quedaban sujetas con unas cintas o cuerdas a las patas, por lo que su colocación o supresión debía resultar fácil, como se deduce de un texto de Suetonio,Vida de Vespasiano, 23,2  en que cuenta cómo  un mulero se detiene en pleno viaje a calzar las mulas de la yunta imperial; la operación de herrado exigiría más tiempo y medios técnicos suficientes:

    En cierto viaje, sospechando que el mulero había descabalgadomás que para  calzar las mulas para dar tiempo y ocasión a un litigante de que se le acercara, le preguntó  cuánto le había proporcionado la operación del calzado  y le reclamó una parte del beneficio.

    Mulionem in itinere quodam suspicatus ad calciandas mulas desiluisse, ut adeunti litigatori spatium moramque praeberet, interrogavit quanti calciasset, et pactus est lucri partem.

    Los pies de los caballos y mulos debían ser protegidos de los abrasivos suelos de piedra o en caso de alguna enfermedad de la pezuña. Es posible que las sandalias para caballos favorecieran también la fuerza de tracción de los cuadrúpedos. Se utilizaban por ello con animales de carga más que en la caballería militar. En todo caso hay que considerar la importancia que el cuidado de los cascos de los équidos debía tener para los pueblos antiguos y la transcendencia que tuvo la adopción de la herradura para ello.

    Cito dos textos que nos hablan de estas “hiposoleas”  y de la extravagancia del emperador Nerón y de sus esposa Popea. Dice Plinio, Naturalis Historia, XXXIII,49, 140

    … en nuestra propia época Popea, la esposa del emperador   Nerón, ordenó también que sus mulas favoritas fueran calzadas con unas sandalias de oro

    nostraque aetate Poppaea coniunx Neronis principis soleas delicatioribus iumentis suis ex auro quoque induere iussit.

    Y Suetonio, Nerón, 30, 3:

    Se dice que nunca viajó con menos de mil carruajes, con las mulas con sandalias de plata y muleros vestidos con lana de Canosa y con una multitud de mazacos (pueblo de jinetes de Mauritania) y acompañantes adornados con brazaletes y collares.

    Numquam minus mille carrucis fecisse iter traditur, soleis mularum argentéis, canusinatis mulionibus, armillata phalerataque Mazacum turba atque cursorum.

    Pero las hiposoleas o sandalias para caballos no son exactamente herraduras, que son también unas protecciones de metal adaptadas a los cascos de los caballos pero sujetas con clavos. Durante algún tiempo se pensó que las sandalias fueron el antecedente de la herradura, de la que ni las fuentes clásicas ni los testimonios arqueológicos dan noticia hasta llegados al siglo IX de C.

    Ahora bien, resulta que son numerosos los hallazgos de “herraduras” en diversos contextos celtas y también en algún romano. Surge, pues, la cuestión no resuelta de si existían herraduras en época romana; cuestión todavía no bien resuelta.

    Aunque algunas excavaciones, sobre todo antiguas, ofrecen pocas garantías científicas, parece innegable la aparición de herraduras en yacimientos celtas en el centro de Europa y en las Islas Británicas y en Hispania en la Celtiberia, sobre todo en las provincias de Soria y Guadalajara.

    Los romanos entraron pronto en contacto con estos pueblos. ¿Conocieron las herraduras? ¿por qué no las aceptaron para proteger a sus animales?

    En todo caso no es posible aceptar la transición natural de la “solea”, sandalia, a la herradura, sino la coexistencia en contextos culturales distintos. Sería precisamente al  final del Imperio romano cuando se va imponiendo el uso de herradura, que exige una buena técnica y unos buenos operarios, hasta imponerse definitivamente en la Edad Media. Sin duda nuevas excavaciones y estudios más cuidadosos nos darán información valiosa al respecto.

  • Aprender a contar no fue fácil

    El estudio de la lengua se enfrenta a veces a cuestiones de difícil explicación que se pierden en la noche de los tiempos.

    Con el término “cálculo”, (del latín “calculus, diminutivo de  calx,-cis  = guijarro, piedrecita; probablemente préstamo  del griego  χάλιξ =piedra de cal) nos referimos a las piedras que se forman en el riñón y en otros órganos del cuerpo como la vesícula y que deben ser extirpadas o eliminadas cuanto antes para evitar molestias o problemas mayores.

    Pero “cálculo” también se refiere a la acción aritmética de “calcular” o contar, precisamente porque los niños aprenden a contar con piedrecitas, sea amontonándolas o manejándolas en el ábaco.

    Así desde luego aprendían los niños romanos y griegos a contar, como denota el significado etimológico de “calculus, cálculo”  y también la palabra  griega   ψῆφος , pséphos ,  que significa piedra y número; la expresión ψήφους τιθέναι, pséphous tithénai,     significa "echar los guijarros, echar cuentas, hacer una cuentas ".

    El contar o calcular es uno de los más difíciles aprendizajes que realizan los seres humanos en su infancia. Los hombres tenemos ciertas dificultades para contar. En principio sólo somos capaces de identificar con un solo golpe de vista conjuntos de uno, dos, tres o cuatro objetos; a partir de cinco nos vemos obligados a contar para conocer el número.

    A contar se aprende primeramente con los dedos de la mano y también con piedrecitas como decíamos o con otros sistemas de características tan primitivas, como la cuerda con nudos en los que estos equivalen a la unidad.

    Curiosamente esta limitación de tan sólo identificar de manera inmediata hasta cuatro unidades tiene su reflejo en las lenguas y de manera evidente en el latín, la lengua de los romanos de la que deriva entre otras el castellano o español.

    Se refleja la limitación, por ejemplo, en el uso de las cifras o escritura de los números: los romanos representaban los números con letras y contra lo que piensan algunos se podían repetir hasta cuatro veces y no más (otro día comentaremos el modo de representar los números en latín y griego). Es decir, el  “4” lo representaban con  cuatro palotes o “ies” (“IIII”) precisamente porque se aprecian de un solo golpe de vista; pero para el “5” utilizaban la “V”.

    Se refleja también la limitación indicada en que los tres primeros números (unus, duo,tres; quattuor tuvo una evolución fonética especial), se declinan, es decir tienen diversas terminaciones o desinencias, que no existen ya a partir del 5.

    Se refleja también en el nombre de los meses. El año romano inicialmente tenía diez meses; los cuatro primeros tenían nombre especial: martius, aprilis, maius, iunius; a los siguientes les llamaban con el numeral quintilis, sextilis, september, october,  november  y dicember. (quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno y décimo).

    Más curioso todavía es el reflejo en el nombre de las personas. Tan sólo los miembros masculinos de una familia tenían praenomen y nomen, que equivalen a nuestro nombre propio y apellido o nombre de la familia; las mujeres sólo llevan el nombre familiar de forma que todas las de la familia Julia se llaman “Iulia”.

    Pues bien, en una familia romana hay hijos que se llaman “Quinto”, como Quintus Horatius Flaccus, el famoso poeta; y “Sexto” como Sextus Iulius Frontinus, que escribió un tratado sobre las aguas y acueductos; y Septimius  como el emperador  de los años 193 a 211 Lucius Septimius Severus; y Octavio como Caius Octavius Turinus, llamado luego Octavio César Augusto,  y Décimo como el famoso poeta satírico Decimus Iunius Iuvenalis; alguno se llama hasta “Numeroso”, como    Numerius Iulius Caesar, senador de la familia Julia que vivió a caballo entre los siglos III y II a.C.

    Pero no hay hijos que se llamen “Primus, y realmente escasos los que se llamen Secundus, Tertius, Quartus; estos tienen su nombre propio; es a partir del siguiente cuando hay que contar y ya de paso se quedan con el número como nombre.

    Curioso, desde luego; parece como si en la lengua latina se hubiera fosilizado una limitación primitiva en el contar, por lo demás ampliamente superada hacía tiempo.
     

  • Apolonio de Rodas, Giovanni Papini, Luis Buñuel

    ¿Se puede establecer alguna relación entre Apolonio de Rodas, el literato Giovanni Papini y el cineasta Buñuel? ¿Se inspiró Buñuel en Papini en una famosa secuencia de una famosa película suya? ¿Había leído Papini a Apolonio?

    Giovanni Papini (Florencia, 1881-1956),  escritor italiano, primero escéptico y luego católico a ultranza,  desacreditado por su filiación fascista, escribía en 1931 su libro “Gog”, una serie de 70 relatos filosóficosatíricos. Para muchos es su mejor obra. En uno de sus capítulos titulado “A.A. y W.C.”  nos cuenta cómo  sale de un restaurante asqueado por el espectáculo de las bocas masticando los alimentos, lo que considera animalesco y muestra de grosera insensibilidad. Nos dice en ese momento:

    Llegará un tiempo en que causará estupefacción nuestra costumbre de comer en compañía -¡al aire libre y en presencia de extraños-, … La necesidad de engullir fragmentos de plantas y de animales para no morir, es una de las peores humillaciones de nuestra vida, uno de los más torpes signos de nuestra subordinación a la tierra y a la muerte. ¡Y en vez de satisfacerla en secreto, la consideramos como una fiesta, hacemos de ella una ceremonia visible, la ofrecemos como espectáculo cotidiano, con la indiferencia de los brutos!

    En 1974 el cineasta aragonés e internacional Luis Buñuel rodó la película “El fantasma de la libertad” . En este film hay una escena famosa e inolvidable en la que los protagonistas representan abiertamente lo que generalmente hacemos en privado y en privado lo que generalmente hacemos en común: defecan en común en el salón y comen en privado en un habitáculo para ello. Lo normal se convierte en tabú y lo tabú se convierte en norma, invirtiendo y trastocando la realidad.

    ¿Se inspira Buñuel en Papini?  Probablemente sí; la película de Buñuel está formada también por una serie de secuencias sin conexión entre ellas, excepto por el tema central de la libertad expresado en el título.

    El asunto parecería absolutamente original, pero en esta empresa de justificar el lema de esta página web Nihil novum sub sole no puedo por menos de citar un pasaje del Libro II de El viaje de los Argonautas, de Apolonio de Rodas, (295 a.C.-215 a.C.), escritor helenístico,  bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría y educador de Ptolomeo III Evergetes.

    En el poema, la única obra de poesía épica griega que conservamos desde Homero hasta la época helenística, se narra el viaje mítico de Jasón y otros héroes griegos  a la Cólquida en el Mar Negro  en busca del “vellocino de oro” (piel de un carnero). Entre los muchos territorios y países que recorren, arriban a uno de interés para esta ocación:

    Luego, después de estos, pasaron de largo ente el sagrado monte y la tierra en que, por las montañas, habitan los Mosinecos. Extraña ley y costumbre tienen estos. Todo lo que entre los demás está permitido hacer al aire libre en medio de la población o en el ágora, todo eso lo realizan dentro de sus casas. En cambio todo lo que hacemos en nuestras habitaciones privadas, eso lo hacen de puertas afuera sin vergüenza ninguna, en medio de las calles. Ni siquiera es privado el contacto sexual, sino que como cerdos en el campo, sin cuidarse ni un poco de los presentes, se unen por tierra con las mujeres en trato sexual común” (Viaje de los Argonautas, II, 1015- 1025 (Traducción de Carlos García Gual en la edición para Editora Nacional, Madrid 1975).

    ¿Habían leído Papini y Buñuel a Apolonio de Rodas? Probablemente sí lo leyeron. En cualquier caso, las fuentes griegas nunca dejarán de sorprendernos.

  • Vista de Linceo

    La frase española “vista de lince” se aplica a una persona de vista especialmente aguda o de entendimiento especialmente sagaz y perspicaz, es decir, una persona astuta.

    Podríamos pensar que el origen de la frase está en los característicos ojos de este animal de la familia de los félidos y por tanto emparentado con los gatos. Tiene el “lince” unos ojos  brillantes  que aparentan tener una gran penetración o capacidad visual.

    Y sin embargo ese no es propiamente el origen de la frase, aunque alguna relación hay.

    En la mitología griega hay varios personajes que se llaman “Linceo”, en griego Λυγκεὺς (Lynkeus) .  Uno de ellos es hijo de Afareo, rey de Mesenia y hermano de Idas. Los dos hermanos forman parte de la famosa expedición de los Argonautas que al mando de Jasón va en busca del “vellocino de oro”.
    Linceo es famoso por su extraordinaria vista. De él dice precisamente Apolonio de Rodas, autor del poema épico “El viaje de los Argonautas”, en el libro I,151-155:

    Venían desde Arena los Afaretíadas Linceo y el orgulloso Idas, orgullosos los dos de su gran fortaleza.  Linceo sobresalía sobre todo por su agudísima vista, si es verdad la noticia que decía que el héroe podía ver con toda facilidad incluso debajo de la tierra.

    Y para confirmar la afirmación de Apolonio dice el Pseudo Apolodoro en su Biblioteca mitológica III,10,3 :

    Afareo y Arene, hija de Oebalus, tuvieron como hijos a  Lynceus,  Idas y Piso, pero en opinión de muchos, se decía que  Idas era hijo de Poseidón.  Lynceus destacó por la  agudeza de su vista, hasta el punto de  que podía  ver las cosas bajo tierra.

    Así que la frase española lo que en realidad debía decir es “tiene la vista de Linceo” , pero Linceo es un personaje mitológico poco conocido y el lince  en cambio es un hermoso animal depredador de la familia de los felinos y emparentado con los gatos. Habitan sobre todo en las regiones boreales, si bien existe una especie en España, el lince ibérico, Lynx pardinus,    aunque en peligro de extinción con unos pocos centenares de ejemplares. Hay un importante programa medioambiental que trata de garantizar la supervivencia de este animal. Olvidado o poco conocido el personaje y mítico argonauta y presente en el conocimiento el animal, es fácil entender cómo se produjo la suplantación porque una de dos: o al lince se le llama así por tener vista de Linceo o a Linceo por tener vista de lince.

    Porque en todo caso, hay que conocer que la palabra española “lince” proviene del latín lynx y ésta a su vez de la griega λὺγξ. “Lince” y “Linceo” son evidentemente dos palabras de la misma raíz. Así que quien de verdad tenía vista de lince era Linceo.

    La raíz indoeuropea *leuk está atestiguada en numerosas lenguas y significa “brillo”. En latín, por ejemplo, “luceo”, aclarar, esclarecer y “lux” “luz”. Así que probablemente se llamó lince a este animal por la brillantez de sus ojos.

    Algunos lingüistas relacionan el nombre lynx λὺγξ con el verbo λεύσσω, verbo arcaico utilizado sólo en el lenguaje épico que significa “dirigir la mirada hacia, ver”.  Es posible este parentesco, que aclararía el origen de estos términos.

    En cualquier caso lo justo sería hablar de “vista de Linceo”, pero ¿quién es capaz a estas alturas de corregir el uso y costumbre lingüística de decir “vista de lince”?

    Nos contentaremos al menos con aconsejar la lectura de la obra de Apolonio de RodasEl viaje de los Argonautas”,  el único poema épico después de Homero hasta la época helenística. Entre otros valores de la obra, nos ayuda a entender cómo de la épica surgió la novela, el género literario hoy de más aceptación.
     

  • Un cuerpo sin nombre (sine nomine corpus)

    Uno de los pasajes de más intensidad poética de la Eneida es aquel en el que Virgilio (70-19 a.C.) nos narra en el Libro II la muerte y fin de Príamo, el anciano rey de Troya

    A su vez en ese pasaje son especialmente emotivos los versos 554 a 558, que causan a la vez  una sentimental y racional impresión:

    Este fue el fin  del destino de Príamo, esta fue la salida
    que le toco en suerte: ver Troya incendiada y Pérgamo arrasada,
    él en otros tiempos rey poderoso de tantos pueblos y tierras de Asia.
    Yace ahora tendido en la playa un enorme tronco
    y la cabeza arrancada de los hombros y  un cuerpo sin nombre.

    haec finis Priami fatorum, hic exitus illum
    sorte tulit Troiam incensam et prolapsa uidentem
    Pergama, tot quondam populis terrisque superbum
    regnatorem Asiae. iacet ingens litore truncus,
    auulsumque umeris caput et sine nomine corpus.

    ¿Qué es un cuerpo sin cabeza sino un tronco sin nombre, un cuerpo amorfo, sin identidad?

    Pues bien, la realidad con frecuencia supera a la ficción. Virgilio nació en octubre del año 70 a.C. y la batalla de Farsalia tuvo lugar en agosto del año 48 a.C.;  por tanto casi tenía  22 años de edad.  Virgilio vivió la Guerra Civil entre César y Pompeyo y con toda seguridad conoció la crónica de la batalla de Farsalia y el triste final de Cnaeus Pompeius Magnus, es decir de Cneo Pompeyo el Grande.

    Pompeyo era miembro de una de las familias itálicas  más importantes; fue tres veces cónsul y fue un gran general al que se le encargaron grandes acciones bélicas en beneficio de Roma: obtuvo tres veces el premio del triunfo, sólo concedido a quien había vencido en una gran contienda,  por sus victorias en Africa, sus victorias en Hispania contra Sertorio y luego contra los restos del ejército de Espartaco y el tercero por su victoria sobre los piratas y en Asia.

    La ceremonia del triunfo, de grandiosa vistosidad, consistía en un desfile militar del general con sus tropas y el botín conseguido por las calles de Roma, desde el Campo de Marte hasta  el Capitolio; el general vestido como el dios Júpiter ascendía en su carro hasta el templo de Júpiter Optimo y Máximo (Iuppiter Optimus Maximus).

    El triunfo era la mayor recompensa para un general romano, al que se reconocía como “imperator”. Imaginemos, pues, a Pompeyo triunfando tres veces por las calles de Roma.

    Pues bien, César y Pompeyo mantuvieron relaciones familiares (estuvo casado con Julia, hija de César, que murió muy joven de parto), cierta amistad y una relación política equilibrada  que les llevó a repartirse el poder con Craso, enormemente rico, y formar el famoso triunvirato, o gobierno de los tres hombres (tri = tres y vir =hombre).

    Craso murió derrotado en Carras, en la actual Turquía, en el año 53 a.C. y la relación entre César y Pompeyo no sólo se fue enfriando sino que a la larga resultaba imposible de mantener dada la ambición y personalidad de ambos. Surgió, pues, la guerra civil en la que legiones y aliados romanos se enfrentaban a otras legiones y aliados romanos. La batalla de Farsalia del año 48 fue decisiva. César, con un ejército menor pero bien entrenado, venció al Gran Pompeyo, a Pompeius Magnus, con un ejército mucho mayor.

    Tras la derrota, Pompeyo se comportó como no correspondía y se esperaba de un general romano. Abandonó a sus soldado y huyó a Egipto buscando la ayuda del rey Tolomeo, todavía niño. Llegó a Alejandría, capital del Egipto Tolemaico; le recibieron cordialmente y le pidieron que se presentara ante el rey;  se acercó al barco en el que venía Pompeyo  una barquichuela en la que entre otros se encontraban el prefecto real  Aquilas y Lucio Septimio que había sido centurión de Pompeyo en la guerra de los piratas; Pompeyo subió a la barquichuela y allí lo apuñalaron y mataron estos dos personajes, delante de su propia esposa,  la víspera del día en que hubiera cumplido 59 años.

    Cortaron y conservaron la cabeza del gran general para entregársela a César; el cuerpo desnudo lo dejaron abandonado en la playa.

    Dice Plutarco (46-120?) en su Pompeyo,80.1

    Pero  cortaron la cabeza de Pompeyo,  arrojaron el resto de su cuerpo desnudo de la barca, y lo dejaron abandonado para los que ansiaban  tan lamentable espectáculo.

    τοῦ δὲ Πομπηΐου τὴν μὲν κεφαλὴν ἀποτέμνουσι, τὸ δὲ ἄλλο σῶμα γυμνὸν ἐκβαλόντες ἀπὸ τῆς ἁλιάδος τοῖς δεομένοις τοιούτου θεάματος ἀπέλιπον.

    Es decir, se hacía realidad la imagen  salvaje de lo que poéticamente diría después Virgilio:

          iacet ingens litore truncus,
    auulsumque umeris caput et sine nomine corpus.

    Quien en tantas ocasiones había salvado a Roma, quien en tres ocasiones, como un dios subió la cuesta de la colina capitolina celebrando el triunfo, la mayor recompensa para los vencedores, yace ahora abandonado en la playa.

    Al día siguiente unos soldados  recogieron el tronco “sine capite, sine nomine”   y le dieron piadosa sepultura. Esta muerte, que nos parece de una enorme crueldad , no desmerece por otra parte de la violencia brutal y gratuita que con frecuencia  empleó  Pompeyo, a quien Valerio Máximo, escritor de la época de Tiberio (14-37) describe en sus  “Facta et dicta memorabilia, 6,2.8 (Hechos y dichos memorables) como “adulescentulus carnifex” (el jovencito carnicero).

    ¿Tendría  Virgilio esta imagen inquietante en su retina cuando narró el final de Príamo, anciano y venerable rey de Troya?

    Veleyo Patérculo (19 a.C.-31 d.C.) en Historia Romana 2.53.3 narra el final contraponiendo su gloriosa carrera militar a su triste muerte, lo  que resultaría ya un tópico entre los historiadores:

    Este fue, después de tres consulados y otros tantos triunfos y de ser el dueño del orbe de las tierras,  el final de un hombre santísimo e importantísimo, elevado hasta donde no se puede alcanzar, a los 58 años de edad, la víspera de su cumpleaños; hasta tal punto le abandonó la fortuna que a quien no le faltaron tierras para la victoria le faltaba ahora para la sepultura.

    Hic post tres consulatus et totidem triumphos domitumque terrarum orbem sanctissimi atque praestantissimi viri in id evecti, super quod ascendi non potest, duodesexagesimum annum agentis pridie natalem ipsius vitae fuit exitus, in tantum in illo viro a se discordante fortuna, ut cui modo ad victoriam terra defuerat, deesset ad sepulturam.

    Apiano (95?-165?), en su Historia Romana, en la parte correspondiente a las Guerras Civiles, BC 2 ,12, 85-86 nos narra también este triste final con palabras parecidas.

    La esposa de Pompeyo y sus amigos, que lo veían desde la distancia gritaron y levantando sus manos al cielo, invocaban a los dioses vengadores de la confianza violada. Luego se hicieron a toda prisa a la mar lejos como si de un país enemigo se tratase. Los esclavos de Potino cortaron la cabeza de Pompeyo y la guardaron para César, esperando recibir una buena recompensa,  pero les aplicó un digno castigo por su nefando crimen.  Los restos de su cuerpo fueron enterrados  por alguien en la orilla, y un pequeño monumento fue levantado sobre ellos, en el que alguien grabó esta inscripción:
    “Qué tumba tan lamentable es esta  aquí para quien dispuso de tantos templos”

    Dion Casio nos cuenta en su Historia Romana LXIX. 11, como años más tarde el emperador Adriano, que  en el año 122 marchaba de Judea a Egipto, visitó la tumba, ya en ruinas, de Pompeyo y recitó el verso que también cita Apiano:

    ¡Qué tumba tan lamentable hay aquí para quien tuvo templos en abundancia!

    y ordenó su reparación.

  • De “estentórea” voz

    Con frecuencia los nombres propios tienen la virtualidad de generar adjetivos que expresan una cualidad propia del carácter de la persona con ese nombre designada.

    Así por ejemplo hablamos de un "amor platónico", con un adjetivo derivado del nombre del famoso filósofo griego Platón,  para referirnos a un amor que se mueve más en el plano de las ideas que en el plano físico de la pura materia y corporeidad.

    Véase en este mismo blog el artículo referido a los términos “apolíneo” y “dionisiaco”  derivados respectivamente de Apolo y Dionisos https://www.antiquitatem.com/apolineo-dionisiaco-nietzsche-racional

    Modernamente un adjetivo que ha tenido notable fortuna ha sido “kafkiano” para calificar situaciones, especialmente administrativas, en las que, por absurdas, es evidente la falta de lógica.

    Estentóreo”  es un adjetivo que se aplica exclusivamente al sustantivo “voz” o sinónimos. La RAE lo define como  “Dicho de la voz o del acento: Muy fuerte, ruidoso o retumbante”  y el Diccionario de uso del Español de María Moliner lo define como “Se aplica a la voz, grito o sonido muy potente emitido por una persona o un animal”.

    Procede del latín  stentoreus, y este  del adjetivo griego Στεντόρειος y este de  Στέντωρ 'Estentor', personaje de la Ilíada conocido por su fuerte voz.  Los diccionarios latinos suelen definirlo como “lo perteneciente a Estentor o la voz muy ruidosa”.

    Ciertamente Estentor es un personaje de la Iliada. Dice de él Homero en  Iliada V 784-786:

    …  Hera, la diosa de níveos brazos ,gritó,
    tomando el aspecto del magnánimo Esténtor, que tenía voz de bronce,
    y gritaba tan fuerte como  cincuenta:…

    ἔνθα στᾶσ᾽ ἤϋσε θεὰ λευκώλενος Ἥρη
    Στέντορι εἰσαμένη μεγαλήτορι χαλκεοφώνωι,
    ὃς τόσον αὐδήσασχ᾽ ὅσον ἄλλοι πεντήκοντα·

    El término o la figura de Esténtor se convirtió en proverbial ya en época antigua. Aristóteles en su “Política” propone una ciudad de tamaño tal que los ciudadanos puedan conocerse personalmente entre sí, porque si la ciudad fuera muy numerosa sería muy difícil que alguien pudiera ser el jefe y dice en el Libro VII, 1326b:

    “pues, ¿quién podría ser general de una multitud tan grande? O ¿quién será su heraldo, como no sea un Estentor?”.

    τίς γὰρ στρατηγὸς ἔσται τοῦ λίαν ὑπερβάλλοντος πλήθους, ἢ τίς κῆρυξ μὴ Στεντόρειος;

    En latín, por ejemplo, a él se refiere Juvenal en su Satira XIII, v.112

    más  tú, pobre infeliz, puedes gritar a fin de superar a Stentor,                                                                          o mejor dicho tan alto como el  Marte de Homero,

    tu miser exclamas, ut Stentora uincere possis,
    uel potius quantum Gradiuus Homericus

    El nombre Stentor  parece proceder de la raíz indoeuropea * (s)ten- que significa gritar; en griego στένω,   steno , significa “gemir, lamentarse, suspirar, quejarse”.

    Nota bene (anota bien, toma buena nota): No se debe confundir  estentóreo con ostentóreo, palabra que no existe, y que resulta ser el resultado de la contaminación entre estentóreo y ostentoso, y que utilizan a veces personas poco cuidadosas y de cultura un tanto superficial.
     

  • Día Mundial del Libro 2013. El «Quijote» en latín.

    El Dia 23 de Abril se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor según declaración de la UNESCO.

    Como dice el  propio oganismo  “El 23 de abril es una fecha simbólica para el mundo de la literatura. En ese día, en 1616, murió Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el poeta Garcilaso de la Vega, El Inca. El 23 de abril es también la fecha de nacimiento de otros prominentes autores, como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo”. 

    La Sra. Irina Bokova, Directora General del la UNESCO, dice con motivo de la celebración del año 2013: 

    «Este día brinda la ocasión  de reflexionar juntos sobre la mejor manera de difundir la cultura escrita y de permitir que todas las personas, hombres, mujeres y niños, accedan a ella, mediante el aprendizaje de la lectura y el apoyo al oficio de la edición, las librerías, las bibliotecas y las escuelas. Los libros son nuestros aliados para difundir la educación, la ciencia, la cultura y la información en todo el mundo.»

    El origen de esta celebración se encuentra en Cataluña (España),  donde es tradición regalar una rosa y un libro el 23 de abril, fecha que coincide con Sant Jordi (San Jorge).

    El lema para este año 2013 es Leer para vivir. Cada cual puede rellenar de contenido esta frase a su gusto. Personalmente la parafrasearé diciendo que “sin leer no se vive, al menos plenamente”.

    Pues bien, una tradición ya en España en algunas instituciones públicas y privadas es proceder en estos días a una lectura continua de la obra  “El  ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. No es desde luego una mala iniciativa.

    El Quijote se imprimió por primera vez el 16 de Enero de 1605. Desde entonces se ha editado infinitas veces en castellano y se ha  traducido a más de 50 lenguas; es uno de los libros más traducidos del mundo.

    También ha sido traducido al Latín, y esto nos permite, incluirlo en este blog dedicado al mundo clásico “grecolatino”. Lo ha sido al menos en dos ocasiones.

    Una de ellas se debe a Antonio Peral , nacido el 14 de abril de 1922 en Elche, políglota y experto en lenguas semíticas; murió en el año 2.000, con la satisfacción de haber hecho realidad su capricho de publicar su    Historia domini Quixoti a Manica , una buena y correcta traducción del Quijote al latín.

    La otra es realmente más curiosa. Es la traducción en latín macarrónico de Ignacio Calvo, sacerdote nacido en Horche (Guadalajara), que en su época de seminarista fue castigado a traducir durante el verano el “Quijote” al latín. Cuando presentó la traducción del primer capítulo recibió la bendición de su profesor con la frase  "Sufficit, Calve, jam habes garbanzum aseguratum “. En fin, Calvo continuó la traducción, que es un resumen de la obra de Cervantes. Se publicó en 1922 y recientemente, en 1999, ha sido reeditado por Editorial Aache de Guadalajara.

    Nota: macarrónico  se dice de un latín incorrecto, burlesco y humorístico en el que se mezclan y confunden términos y estructuras latinas correctas con otras incorrectas y con términos de otras lenguas romances, como el español, latinizadas en su forma. El término aparece en los escrupulosos latinistas humanistas para referirse a un tipo de poemas burlescos que aparecen en el norte de Italia. Los autores formarían un grupo de juerguistas  y vividores “comedores de macaroni”; por ello se les llamó y caricaturizó como macaronei   y a su poesía “macarrónica”. Se atribuye el primer poema de este tipo a Tifi Odassi (circa 1450-1492), poeta del que a su muerte se publicó en 1490 el poema Maccharonea o Carmen Macaronicum. En otra cuestión abordaremos la cuestión con más detalle.

    Reproducimos en primer lugar un pequeño fragmento de la versión en latín macarrónico, luego en un latín correcto y finalmente en la lengua de Cervantes, según la edición de Francisco Rico para el Instituto Cervantes, para que el lector pueda comparar:

     

    CAPITULUM PRIMERUM

    In isto capítulo tratatur de qua casta pajarorum erat dóminus Quijotus et de cosis in quibus matabat tempus.


    In uno lugare manchego, pro cujus nómine non volo calentare cascos, vivebat facit paucum tempus quidam fidalgus de his qui habent lanzam in astillerum, adargam antiquam, rocinum flacum et perrum galgum, qui currebat sicut ánima quae llevatur a diábolo. Manducatoria sua consistebat in unam ollam cum pizca más ex vaca quam ex carnero, et in  unum ágilis-mógilis qui llamabatur salpiconem, qui erat cena ordinaria, exceptis diebus de viernes quae cambiabatur in lentéjibus et diebus dominguis in quibus talis homo chupabatur unum palominum. In isto consumebat tertiam partem suae haciendae, et restum consumebatur in trajis decorosis sicut sayus de velarte, calzae de velludo, pantufli et alia vestimenta que non veniut ad cassum.

    Talis fidalgus non vivebat descalzum, id est solum: nam habebat in domo sua unam amam quae tenebat encimam annos quadraginta, unam sobrinam quae nesciebat quod pasatur ab hembris quae perveniunt ad vigésimum, et unum mozum campi, qui tan prontum ensillabat caballum et tan prontum agarrabat podaderam. Quidam dicunt quod apellidábatur Quijada aut Quesada, álteri opinant quod llamabatur otram cosam, sed quod sacatur in limpio, est quod suum verum apellidum erat Quijano: sed hoc non importat tria caracolia ad nostrum relatum, quia quod interest est dícere veritatem pelatam et escuetam.
                                                        =========                    


    Capitulum 1. Ubi agitur de conditione et indole illustris fidalgi domini Quixoti a Manica

    In quodam loco Manicae regionis, cuis nominis solo memenisse, nuper vivebat quidam fidalgus ex eis de quibus fertur eos habere lanceam in repositorio, scutum antiquum, equum macrum canemque venaticum cursorem. Etiam erat ei olla potius ex carne bovina quam ovina, pluries in coena condimentum coquebatur, sabbato autem angores et afflictiones ut dicitur, die Veneris pulmentum de lentibus, dominico die vero ad haec omnia addebatur quaedam columba quibus et hoc modo tres partes boaroum eius consumebantur. Quod ei supererat serviebat ad vestes emendas tamquam femoralia ex serico praetexto pro diebus festivis cum tibialibus eiusdem generis, tamen per hebdomadam induebat vestem praestantem.

    Domi autem erat ei hera domus plus quam quadraginta annos nata et neptis, quae viginti annos nondum adimpleverat, et etiam famulus agri, qui eodem modo cingebat sellam equo vel utebatur forfice ad arbores putandas. Aetas huius fidalgi erat circa quinquagita annos. Complexio eius erat fortis, sed  macillentus corpore et gracilis vultu, promptus ad surgendum mane ex lecto atque aliquando fruebatur venatione. Dicebatur nomen eius esse Quixada sive Quesada, in quo est aliqua diversitas apud auctores qui hoc tractant, quamvis per veras oiniones eorum reperiatur eum Quexanam fuisse. Tamen hoc non est prorsus tam magni momenti ad nostram fabulan: satis est nobis ut narratio omnem veritatem ostendat.

      (Historia domini Quixoti a Manica .  Michael A Cervantes Saavedra ; versio latina ab Antonio  
         Peral Torres)

                                                                =============


    Capítulo primero. Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha

    En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino.

    Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba «Quijana». Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.

  • «Sátrapa» no siempre fue un insulto

    En algunos contextos la palabra “sátrapa” tiene un significado peyorativo, negativo, derivado del poder que tal cargo tenía en la antigua Persia.

    La palabra sátrapa deriva del latín  satrăpa, esta del griego σατράπης, y esta del avéstico o antiguo persa ẖšathrapāvan, que significa “protector del territorio”.

    Actualmente, entre otras acepciones, se refiere a la persona que abusa de su poder o autoridad con sus subordinados, con evidentes connotaciones negativas y peyorativas en una época en que la libertad es un valor y derecho fundamental de las personas.

    En cambio en la antigua Persia, “sátrapa” era el nombre o título del gobernador de una provincia,  del virrey que gobernaba en nombre del rey. De su poder absoluto, del que con frecuencia se excedieron, derivó el significado peyorativo. 

    Los propios reyes persas desconfiaban ya del poder y comportamiento de estos “sátrapas” y por eso crearon una figura inspectora curiosa, los  funcionarios  llamados  “ojos y oídos del rey”, que recorrían el imperio y emitían los correspondientes informes.

    En fin, la información precisa y de confianza siempre debió ser un problema para los monarcas de reinos o imperios de gran extensión porque muchos cientos de años después, hacia el año 800 de nuestra era, el emperador Carlomagno crea  la figura de los “missi domici”, los enviados del señor,  pareja de inspectores constituida por un laico y un eclesiástico, que recorrían el imperio carolingio. 

    Hoy la tarea parece más compleja pero no menos importante, como indican los diversos centros y servicios de inteligencia de los países o nos revelan los miles  de cables de la diplomacia americana difundidos por Wikileaks.

  • Crímenes sobrecogedores

    En la antigüedad grecolatina son varios los mitos que nos narran algunos crímenes sobrecogedores.

    Los hombres y mujeres somos seres de una enorme complejidad emocional. A veces nos sobrecogen  acciones  heroicas de un altruismo absoluto; otras nos estremecen hechos de una incomprensible crueldad.

    Son sin duda especialmente aterradores los infanticidios, en los que un padre o una madre, enloquecidos o con incomprensible sangre fría, matan a sus propios hijos indefensos en lo que parece una violación de las más sagradas leyes naturales.

    Ocurre también ahora, en los tiempos modernos, alguna vez, sin que podamos imaginar qué descontrol emocional puede ser el causante.

    En la antigüedad grecolatina son varios los mitos que nos narran algunos de estos crímenes. En su intuición o en su profundo análisis del comportamiento humano, también los antiguos griegos abordaron estos actos horrendos, que en alguna ocasión se producen, aunque fuera bajo el ropaje literario del mito.

    Es el caso de Filomela, hija de Pandión, rey de Atenas, a la que violó Tereo, el marido de su hermana Procne, loco de pasión por su belleza e insensible a sus súplicas. Para que no pudiera contárselo a su hermana le cortó la lengua y la encerró. Pero Filomela bordó pacientemente en un manto  su triste realidad e informó así a su hermana Procne de la maldad de Tereo. Las dos hermanas, ¡oh terrible locura!, tramaron una venganza horrenda. Procne mató a su propio hijo, cuyo parecido le recordaba permanentemente a su esposo, y entre las dos hermanas lo despedazaron y cocinaron para el padre criminal. Cuando acabada la comida, Tereo preguntó por su hijo, las enloquecidas hermanas le dijeron “que su hijo ya estaba con él”. Sobrecogidos los propios dioses, quisieron poner fin a esta cadena de crímenes convirtiendo a Tereo en abubilla, a Filomela en golondrina y a Procne en ruiseñor.

    Probablemente el relato mítico más famoso sin duda es el que se refiere a Medea, hija de Eetes, rey de la Cólquida, hechicera. Locamente enamorada, ayudó a Jasón y a los Argonautas en su conquista del famoso vellocino de oro (vellón es la piel de cordero), traicionando a sus propios compatriotas. Jasón la llevó consigo y prometió hacerla su esposa en reconocimiento a su ayuda. Después de muchas peripecias, cuando llegaron a Corinto, Jasón, faltando a su palabra, abandona a Medea para casarse con la princesa Glauca, hija del rey Creonte. La hechicera Medea envía a Glauca un vestido, regalo de bodas, que al ponerlo sobre sus hombros le prende fuego como a una tea. La venganza sobre Jasón es mucho más cruel si cabe: madre y amante abandonada, humillada, enloquecida, mata a los dos hijos que había tenido con él para golpear al amante infiel.

    Medea es el título de una de las más famosas tragedias de Eurípides, y desde la Antigüedad ha sido tema frecuente para las diversas artes. Existen más de una docena de óperas sobre este asunto, desde la de Charpentier en 1693 hasta la de Oscar Strasnoy del año 2000. 

    Medea es también el título de una película de Pasolini del año 1969; en ella es la famosa María Callas la que interpreta a la mítica figura. En esta película Pasolini contrapone los dos componentes de la cultura antigua e incluso del comportamiento de todo hombre, el mundo mágico e irracional de Medea al racional y fríamente calculador de Jasón.

    Medea se representa una y otra vez en los escenarios de toda Europa.

    Reproduzco una pequeña parte del diálogo final entre Medea y Jasón, en la traducción que para la Editorial Gredos hizo Alberto Medina González de la obra de Eurípides. Tal vez esta pequeña muestra anime al lector a una lectura completa de la tragedia:

    JASÓN.-… Habiéndote casado después conmigo y dado hijos, por celos de un lecho y una esposa los    mataste. No existe mujer griega que se atreviera a esto, y, sin embargo, antes que con ellas preferí casarme contigo   -unión odiosa y funesta para mí-, leona, no mujer, de natural más salvaje que la tirrénica Escila…

    MEDEA.-… Tú no debías, después de haber deshonrado mi lecho, llevar una vida agradable ,riéndote de mí ;ni la princesa, ni tampoco el que te procuró matrimonio, Creonte, debían haberme expulsado impunemente de esta tierra. Y ahora, si te place ,llámame leona  y Escila que habita el suelo tirrénico. A tu corazón, como debía, he devuelto el golpe.

    JASÓN.- También tú sufres y eres partícipe de mis males.

    MEDEA.- Sábelo bien: el dolor me libera, si no te sirve de alegría.

    JASÓN.- ¡Oh hijos, qué madre malvada os cayó en suerte!

    MEDEA.- ¡Oh hijos, cómo habéis perecido por la locura de vuestro padre!

    JASÓN.- Pero no los destruyó mi mano derecha.

    MEDEA.- Sino tu ultraje y tu reciente boda.

    JASÓN.- ¿Te pareció bien matarlos por celos de mi lecho?

    MEDEA.- ¿Crees que es un dolor pequeño para una mujer?

    JASÓN.- Si ella es sensata, sí, pero para ti es la mayor desgracia

    MEDEA.- (señalando a los cadáveres) Ellos ya no viven. Esto te morderá.

    JASÓN.-  Ellos viven, ay de mí, como genios vengadores de tu cabeza.

    MEDEA.- Los dioses saben quién comenzó la desgracia.

    JASÓN.- Conocen, sin duda, tu alma abominable
    ….
                                                      (Medea, 1336…-1373)