Categoría: Lengua y Literatura

  • ENCICLOPEDIA

    ‘παῖς,παιδός’, país.paidós, «niño», es una palabra griega que tiene numerosos términos emparentados con la misma familia léxica; estos términos han pasado al latín y de él a las lenguas romances; también ha producido numerosos términos científicos modernos. Son algunos: paideia, pedagogía y pedagogo, pediatría y pediatra, pederastia y pederasta, enciclopedia.

    En latín tenemos el sustantivo “puer” y otros con él relacionados también en español, puella, pueritia, pueril, puerilidad, puerperio. Aunque no lo parezca, la raíz de puer está emparentada con la de 'παῖς,παιδός', país, paidós.

    Analizaremos con algún detalle el término “enciclopedia”. Se trata de una palabra con una etimología realmente curiosa; procede  del griego  ἐν κύκλος παιδεία, (ἐν en,en,  κύκλος, kyklos, círculo y παιδεία,paideia,instrucción) “instrucción en círculo” o "círculo de todas las artes y doctrinas (conocimientos". Tal vez hace referencia a la costumbre de colocar a los niños en círculo para recibir la instrucción o educación. De este significado primero deriva su acepción actual de conjunto de todas las ciencias o de muchas ciencias o de muchos conocimientos.

    Sobre la frase griega se crea en latín medieval el término encyclopaedia  que viene a significar ‘curso de educación general’.

    El término o el concepto es antiguo. Sirva como muestra el siguiente texto de Plinio el Viejo que llama a su magna obra Naturalis Historia, “enciclopedia” y ciertamente es un extenso compendio de todo lo considerado “saber científico” en la Antigüedad. Plinio comenta las dificultades de su obra y nos confiesa en  Naturalis Histori Praefatio 14:

    Por lo demás el itinerario no es un camino trillado para los autores ni por el que mi ánimo se afane por peregrinar. No hay nadie entre nosotros que haya intentado lo mismo ni nadie entre los griegos que haya tratado él solo todas las cosas. La mayor parte buscamos el placer en los estudios; las cosas tratadas por otros se consideran de excesiva sutileza y son empujadas a las oscuras tinieblas de las cosas. Ante todo han de ser tratadas  las cosas que los griegos llaman de la enciclopedia (τῆς ἐγκυκλίου παιδείας tes enkikliou paideias) y sin embargo son o unas cosas  desconocidas o inciertas para los ingeniosos  u otras en cambio son expuestos por tantísimos que producen hastío.

    Praeterea iter est non trita auctoribus via nec qua peregrinari animus expetat. nemo apud nos qui idem temptaverit, nemo apud Graecos, qui unus omnia ea tractaverit. magna pars studiorum amoenitates quaerimus; quae vero tractata ab aliis dicuntur inmensae subtilitatis, obscuris rerum tenebris premuntur. ante omnia attingenda quae Graeci  τῆς ἐγκυκλίου παιδείας vocant, et tamen ignota aut incerta ingeniis facta; alia vero ita multis prodita, ut in fastidium sint adducta.

    El afán por reunir todo el conocimiento humano del momento es muy antiguo. Por ejemplo puede considerarse enciclopédica la obra de Aristóteles o la del romano Varrón, probablemente el más prolífico autor latino (se le adjudican centenares de obras), del que en cambio sólo se conserva   completa su  Rerum rusticarum libri III (Sobre las cosas del campo), incompleta  De lingua latina y fragmentos de algunas restantes.  Tan prolífico y enciclopédico debió ser que San Agustin dice de él en De Civitate Dei, 6, 2, 178:

    "El hombre más docto en todos los sentidos fue Varrón, que leyó tan gran cantidad  de libros que nos admira que le quedara  tiempo para escribir; y escribió tan gran cantidad que apenas podemos creer que alguien pudiera leerlos” .

    Vir doctissimus undecumque Varro, qui tam multa legit, ut aliquid ei scribere uacuisse miremur; tam multa scripsit, quam multa uix quemquam legere potuisse credamus.

    Aunque él mismo reconoce en su De Re Rustica, II , 1,2:

    nemo enim omnia potest scireNadie puede saberlo todo.

    También podemos considerar una “enciclopedia” la Naturalis Historia de Plinio el Viejo, verdadero compendio de todo el conocimiento entonces considerado científico o de interés para el entendimiento del mundo en que vivimos.

    Enciclopedia podemos considerar también los Veinte Libros de las Etimologías ( Etymologiarum Libri Viginti) , de Isidoro de Sevilla (hacia   556-636).

    Pero la “enciclopedia” por excelencia hasta ahora ha sido  la Enciclopedia Francesa de Diderot y D’Alembert , L'Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, publicada entre 1751 y 1766 y los suplementos de 1777, síntesis de los conocimientos de la época y símbolo de la Ilustración.

    Hoy en día, en la era digital, la “enciclopedia” por antonomasia (del lat. antonomasĭa, y este del gr. ἀντονομασία, nombrar de manera diferente, locucíón adverbial que significa que el nombre le corresponde por ser el ejemplar más característico) es la Wikipedia, palabra construida con la hawaiana wikiwiki, que significa propiamente rápido, informal, y la clásica –pedia, suficientemente comentada más arriba.

    Wikipedia designa a una página web elaborada colectivamente con pretensiones de enciclopedismo universal: los contenidos de esta página, enciclopedia electrónica libre y políglota, son accesibles para cualquier “internauta, (de “internet o red interna y latín  nauta, navegante). Todo internauta además no sólo tiene acceso a la página sino la capacidad de modificar su contenido. Su creador  y quien le puso el nombre es Larry Sanger. Hoy contiene  más de 37 millones de artículos en más de 284  idiomas.

    Esta es desde luego una gran creación de la sociedad actual, lo que no es óbice para recomendar extremar los cuidados en la aceptación de la información ofrecida de esta manera porque con frecuencia carece de los necesarios controles y elementos de contraste que validen el conocimiento y los datos ofrecidos.

    Una de las normas de este blog o página web https://www.antiquitatem.com/  es precisamente ofrecer de manera general las fuentes y el texto de las fuentes latinas o griegas. A algún lector puede parecerle un tanto pesado y ralentizante, pero téngase en cuenta que no sólo es un ofrecimiento para los lectores que pueden leer las lenguas clásicas, sino también una garantía para el resto de que la fuente existe y es real. Con excesiva frecuencia, muchos textos no son contrastados con las fuentes originales y por ello pueden producirse grandes errores.
     

  • La piedra, el mojón de los caminos, es Hermes

    Con frecuencia el viajero, sobre todo el caminante, observa a lo largo del camino o en la entrada de las ciudades, hitos de piedra, mojones e incluso montones de piedras.

    Con frecuencia vemos también estos hitos, bloques de piedra o mojones con la función de marcar un territorio, señalar un lugar especial como la tumba de un difunto o delimitar un espacio. En el lenguaje culto se llama a estos hitos  “hermes” o “hermas” en griego antiguo ἕρμα , herma.  palabra que significa “roca, montón de tierra”.  También tenían una función protectora y apotropaica o apartadora de todo mal  (del griego ἀποτρέπω , apotrépō, "alejar, apartar”, de ἀπό, apó, "lejos"  y τρέπω trépō, "girar") .  Estos mojones solían estar coronados con el busto o figura de Hermes o Mercurio.

    Pero Hermes es un dios de la mitología griega, hijo de Zeus y Maya. Es el mensajero de los dioses, el protector de los caminantes, el dios de los comerciantes y también de los ladrones (los antiguos tenían dioses para todo). El griego Hermes se corresponde con el dios romano Mercurio (nótese la relación con la palabra “mercado”).

    Así que  el mojón, el hito, el bloque de piedra representa al dios Hermes y por eso en el mundo antiguo son muy frecuentes estos mojones de piedra de forma cuadrangular acabados con el busto del dios Hermes, en ocasiones adornados con los genitales masculinos, especialmente con el falo o miembro viril  como símbolo de la fertilidad.

    Este dios en esta función es similar al romano “Terminus” (de significado más evidente y claro). Estos “Hermes”, como decía,  se colocaban a lo largo y en las encrucijadas de los caminos (Hermes es entre otras cosas el dios de los viajeros), a las entradas de las ciudades, en los límites y fronteras de las poblaciones, etc. Quizás tengan su origen en la costumbre primitiva griega y romana de formar montones de piedra en determinados puntos del camino; el viajero al pasar arrojaba su piedra al montón formulando un deseo. El hecho de que sean de piedra nos retrotrae a creencias y cultos muy antiguos en los que la piedra tiene un espíritu o  valor religioso especial.

    En España se mantiene esta costumbre desde antiguo  en algunas partes:  en  Aragón se les llama “peirones”; en la zona de Molina de Aragón (Guadalajara) (en donde se les llama “pairones”) son numerosas estas piedras prismáticas verticales, en cuya cima suele haber una imagen religiosa.  Están sin duda relacionados con los antiguos “Hermes”.

    No deja de ser llamativo cómo perduran hasta hoy costumbres que han perdido todo significado y cómo persisten  nombres antiguos , aunque reducidos ya a círculos especialmente cultos.

    Respecto de “terminus” conviene hacer algunas observaciones. Personificado y divinizado  es un dios romano que protege los límites, tanto de la propiedad privada como pública. Es esta una función esencial, porque en realidad lo que protege es la propiedad privada en sí misma. La tradición atribuye a Numa la costumbre de colocar mojones o límites para delimitar la propiedad, que queda protegida  por Iuppiter Terminus, en cuyo honor se celebran el 23 de febrero,, a finales  del primitivo año romano, las fiestas Terminalia.(véase  Ov. Fast. ii. 639 ss).

    Por extension la palabra  “terminus”, que ha pasado al español,  significa también límite, término de algo y territorio delimitado por términos( por ejemplo término municipal); e incluso la palabra que delimita un concepto (término lingüístico).

    Junto al sustantivo existe el verbo “terminar” con el significado de poner fin o término a algo y los compuestos “determinar”  (fijar los límites o términos entre los que algo se encuentra en sentido real o figurado) y “exterminar”  (acabar completamente, destruir, llevar más allá de los límites o términos).

    Ofrezco a continuación la traducción del texto de Ovidio en el que describe la fiesta de las Terminalia para profundizar la idea de la importancia que tienen los actos y ritos religiosos para fijar las normas y leyes sociales, en este caso, la propiedad privada de la tierra:  Ovidio: Fasti, 2, 639 y ss.

    Una vez que ha pasado la noche,  se celebra con el honor acostumbrado al dios que separa con su marca los campos de labor. O Termino, tanto si  eres una piedra  como si eres  un tronco enterrado en el campo, tú tienes poder divino desde los días antiguos. A ti te coronan  los dos dueños en los dos lados; a ti te traen  dos guirnaldas y la ofrenda de dos tortas.  Para ti se ha construido un altar: a él la rústica labradora en persona trae en un  roto  tiesto de barro  el fuego recogido del caliente hogar.   El anciano corta leña, y con habilidad  amontona los trozos cortados, y se esfuerza por  colocar  las ramas en la tierra sólida: entonces aviva las primeras llamas con corteza seca;  el muchacho queda de pie y sostiene en sus manos unas grandes canastas.  Luego cuando arroja tres veces los frutos de la tierra en medio del fuego, la pequeña hija  extiende sus manos con los panales cortados. Otros sostienen los vasos de vino: uno a uno se arrojan  en sacrificio a las llamas. El grupo, vestido de blanco, se queda mirando y guarda silencio. Término, en sus dos lados, es rociado con la sangre de un cordero sacrificado y no se queja cuando se le ofrece una cerda todavía lactante. Acuden los sencillos vecinos y celebran un banquete y cantan tus alabanzas, santo Término. Tú marcas los límites de los pueblos y de las ciudades y de los grandes reinos:  sin ti todos los campo serían motivo de conflicto. Tú no tienes ambición alguna ni te corrompes por ningún oro,  tú conservas con tu buena fe los campos a ti confiados.  Si en otro tiempo hubieses marcado tú la tierra de Tirea (en Laconia) no hubieran sido enviados a la muerte trescientos cuerpos ni   Otríades hubiera sido elegido por una lluvia de armas.  ¡O cuánta sangre entregó a su patria! ¿Y qué pasó cuando se construía el nuevo Capitolio? ¿Acaso todo el grupo de dioses no cedió ante Júpiter y te entregó el lugar? Término, como recuerdan los antiguos,  que se encontraba en el espacio sagrado , allí se quedó y comparte el templo con el gran Júpiter. Incluso ahora , el techo del templo tiene un pequeño agujero para que nada pueda verse por encima de él excepto las estrellas. Término, después de esto no tienes una libre movilidad; permanece en el lugar en que has sido colocado. Y no cedas nada a tu vecino aunque te lo ruegue, para que no parezca que antepones un hombre cualquiera a Júpiter: y ya seas golpeado con la reja del arado o con el rastrillo, grita “este es tu campo, aquel el tuyo”. Hay un camino que lleva a la gente a los campos Laurentinos, reinos buscados en otro tiempo por el jefe Dardanio (Eneas): el sexto mojón, Término, desde la ciudad ve cómo se te hacen sacrificios con las entrañas de un lanudo cordero.  Otros pueblos tienen una tierra marcada con unos límites fijos:  pero el espacio de la ciudad de Roma es el mismo orbe del mundo.


    Nox ubi transierit, solito celebretur honore
         separat indicio qui deus arva suo.
    Termine, sive lapis sive es defossus in agro
         stipes, ab antiquis tu quoque numen habes.
    te duo diversa domini de parte coronant,
         binaque serta tibi binaque liba ferunt.
    ara fit: huc ignem curto fert rustica testo               645
         sumptum de tepidis ipsa colona focis.
    ligna senex minuit concisaque construit arte,
         et solida ramos figere pugnat humo;
    tum sicco primas inritat cortice flammas;
         stat puer et manibus lata canistra tenet.               650
    inde ubi ter fruges medios immisit in ignes,
         porrigit incisos filia parva favos.
    vina tenent alii: libantur singula flammis;
         spectant, et linguis candida turba favet.
    spargitur et caeso communis Terminus agno,               655
         nec queritur lactans cum sibi porca datur.
    conveniunt celebrantque dapes vicinia simplex
         et cantant laudes, Termine sancte, tuas:
    'tu populos urbesque et regna ingentia finis:
         omnis erit sine te litigiosus ager.               660
    nulla tibi ambitio est, nullo corrumperis auro,
         legitima servas credita rura fide.
    si tu signasses olim Thyreatida terram,
         corpora non leto missa trecenta forent,
    nec foret Othryades congestis lectus in armis.               665
         o quantum patriae sanguinis ille dedit!
    quid, nova cum fierent Capitolia? nempe deorum
         cuncta Iovi cessit turba locumque dedit;
    Terminus, ut veteres memorant, inventus in aede
         restitit et magno cum Iove templa tenet.               670
    nunc quoque, se supra ne quid nisi sidera cernat,
         exiguum templi tecta foramen habent.
    Termine, post illud levitas tibi libera non est:
         qua positus fueris in statione, mane;
    nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
         ne videare hominem praeposuisse Iovi:
    et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
         clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'
    est via quae populum Laurentes ducit in agros,
         quondam Dardanio regna petita duci:               680
    illa lanigeri pecoris tibi, Termine, fibris
         sacra videt fieri sextus ab Urbe lapis.
    gentibus est aliis tellus data limite certo:
         Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

     

  • Uno, dos,muchos

    La adquisición del concepto de número, de los términos para designarlos y de las cifras para representarlos es una de las tareas más difíciles para el hombre. Debió serlo para el hombre primitivo y lo es para el niño que ahora lo aprende en su infancia.

    Nos sorprendemos cuando los etnólogos nos informan de que pueblo actuales, a los que llamamos primitivos con notable injusticia desde nuestra perspectiva exclusivamente occidental, sólo tienen nombre propio para el “uno” y para el “dos”; a partir de ahí sólo hablan de “muchos”, de “multitud”. Nos parece extraño y una gran limitación que al menos no tengan nombre propio para los diez primeros, como nosotros.

    El estudio de la lengua ofrece a veces notables sorpresas.  Nuestra lengua, como el francés, italiano, rumano, portugués, catalán… deriva del latín, emparentado a su vez con otras muchas lenguas que llamamos indoeuropeas. Comparando unas con otras, las antiguas y las modernas, de alguna forma podemos reconstruir el tronco común, al que llamamos “indoeuropeo”. Con ese método nos podemos acercar un poco al IV o V milenio antes de Cristo.

    Pues bien, en las lenguas indoeuropeas que se extienden de Europa a Asia (y desde finales del siglo XV a América con el español, el inglés, el francés y el portugués sobre todo) los números mantienen una notable unidad y uniformidad. Su estudio nos depara algunas sorpresas.

    Se puede rastrear cómo en indoeuropeo el número "dos" (2) era también el límite máximo de la precisión y a partir de él todo era “multitud”.

    Diremos en primer lugar que las lenguas indoeuropeas son “flexivas”, es decir, las palabras tienen terminaciones diversas para expresar el número, el género y  la función gramatical. Pues bien, en griego y en latín (en éste residualmente) todavía las palabras tienen unas terminaciones para expresar el “singular”, otras para expresar que son dos los objetos a que se refieren, número que llamamos “dual” y otras para el “plural") cuando son más de dos. Esto nos sitúa ya más cerca de esos pueblos que sólo diferencian uno, dos, multitud.

    Esta extraordinaria percepción del “2” se explica sin duda por la presencia frecuente y relevante de objetos o seres emparejados: las dos manos, los dos brazos, los dos pies, las dos piernas, los dos ojos, las dos orejas… dos son las alas de los pájaros, dos las patas de las aves… La percepción más inmediata sería la del “1”, que nos remite a uno mismo.

    Muy llamativo es el estudio del nombre del número  “tres” (3). La raíz de la palabra en “indoeuropeo”, la lengua originaria reconstruida, es *tri", y sus derivados  *treyes, *tisores" (a los términos indoeuropeos se les antepone un asterisco (*) para diferenciarlos).

    Cualquier francoparlante observará inmediatamente la proximidad etimológica entre "trois" (3) y “très”  que significa “muy, mucho” indicando intensidad y  con “trop” que significa “demasiado, mucho”.

    En latín la palabra “trans”, que signfica “más allá” es de la misma raíz que “tres” (3); la palabra latina “ter”  signfica “tres veces”, pero también tiene un sentido general, por ejemplo en esta frase de Plauto:

    “Ter tanto peior ipsa est, quam illam tu esse vis  = es tantas veces peor  cuantas tú quieres que sea”.

    En Horacio leemos “ter quaterque” que si literalmente significa “tres y cuatro veces”, en realidad quiere decir “una y mil veces, muchísimas veces”.

    En inglés la palabra “three” significa “tres” (3); la de uso más raro  “thrice” significa “tres veces” y “varios”; “throng” , significa “multitud” y “llenar, atestar”; “through”  signfica “más allá, a través”.

    De la raíz indoeuropea derivan  la palabra usada en latín tardío o vulgar  “troppus” que significa “rebaño, banda”, de la que derivan el francés “trop” citado,  el italiano “troppo” , ”demasiado”, la francesa “troupe” y de ella la española “tropa” y “tropel” con evidente sentido de multitud, de grupo numeroso.

    Todo esto nos retrotrae a una etapa muy antigua de nuestra lengua en la que “tres” era sinónimo de “multitud, de pluralidad” y en consecuencia nos acerca a esos pueblos que llamamos primitivos y que no cuentan con nombre propio más allá del número tres.

    Nosotros hemos creado un sistema numeral más complejo  y perfecto, que sigue siendo en el fondo extraordinariamente limitado, como ya vislumbramos si lo comparamos con las modernas máquinas de computación.
     

  • Pigmalión

    Pigmalión es un mito griego permanentemente reinterpretado

    Los numerosos mitos griegos narran la vida y milagros de sus dioses, de sus héroes, de sus gentes; explican el origen y significado de los fenómenos de la naturaleza, aunque de una forma no científica (aunque los griegos también iniciaron el pensamiento científico); profundizan en la vida de los hombres, su esencia, sus pasiones, sus costumbres. Los mitos, pues, transmiten mensajes identitarios a los miembros de la sociedad de cada momento.

    La mitología griega es además un inmenso campo abierto a la creatividad de los hombres. Por ello algunos de sus mitos han sido recreados una y otra vez desde la Antigüedad a lo largo del tiempo.

    Uno de los más sugerentes ha sido el mito de Pigmalión, rey de Chipre, sacerdote, escultor que se enamora de su propia obra, la escultura de la joven y bella Galatea. La imagen cobra vida por voluntad de la diosa Afrodita, la diosa del amor.

    Son muchos en la Historia los ejemplos en los que el autor se enamora de su obra, sea en el arte de la escultura o de la pintura.

    Quienes elucubran con el posible enamoramiento de Leonardo de Mona Lisa, la Gioconda, obra que mantuvo con él durante toda la vida, ¿no estarían más acertados si refiriesen el amor a su propia obra, a su pintura y no a una muchacha de carne y hueso a la vista del carácter del propio autor?. ¿Y qué decir de la especial consideración que  Miguel Angel dispensó a su Moisés, al que consideraba su mejor obra y  al que según la tradición, tal vez legendaria, golpeó con el martillo para que hablase porque era lo único que le faltaba?.

    El tema de Pigmalión y Galatea ha sido recogido por numerosos pintores y escultores: Bronzino, Boucher, Gérôme, Goya, Edward Burne-JonesGirodet, Poussin, Daumier, Rodin y Falconet, …

    El teatro y la música también lo ha reinterpretado en muchas ocasiones: en los siglos XVIII y XIX hay no menos de media docena de operas, comedias musicales y ballets sobre el mito de Pigmalión.

    En época moderna la más famosa recreación fue la obra dramática de George Bernard Shaw llamada también “Pigmalión”, publicada en 1913. En ella un profesor de fonética transforma a una florista londinense de hablar vulgar y descuidada en una sofisticada dama de perfecta dicción.

    Sobre la obra de Bernard Shaw se hicieron varias películas: una en 1938 y la más famosa y de enorme éxito  My Fair Laydi en 1964 dirigida por George Cukor e interpretada porAudrey Hepburn y Rex Harrison, adaptación a su vez para el cine de un famoso musical del año 1956.

    Más recientemente (1990), la película Pretty Woman, dirigida por Garry Marxhall y protagonizada por Julia Robers y Richard Gere, también de gran éxito,  retoma el viejo mito. Ahora es un joven apuesto y rico  hombre de negocios  sin muchos escrúpulos el que contrata a una prostituta que cambiará radicalmente de vida cuando el joven la trata con el respeto debido como persona y le enseña a comportarse en sociedad; también el bróker sufre una profunda transformación en esa relación normalizada.

    Diversos críticos, especialmente algunos feministas, han remarcado el carácter machista del mito que resalta la superioridad masculina por el hecho de que sean precisamente hombres los artistas, los modeladores, y mujeres, en cambio ,  el producto, lo modelado.

    Al margen de la valoración e interés personal de cada cual, parece aconsejable enjuiciar y valorar cada obra literaria o artística en el contexto en el que se produce.

    Llegados a este punto, resulta oportuno conocer el mito de “Pigmalión” en sí mismo y por eso ofrezco una versión del mismo sobre la base de lo que el poeta latino Ovidio nos dice en su obra Metamorfosis, en el Libro X, versos 243-297.


    PIGMALION

    Pigmalión era un sabio y bondadoso rey de la isla de Chipre; era también  un sacerdote y un extraordinario escultor. Durante mucho tiempo buscó para esposa a la mujer más bella y perfecta de Grecia sin encontrarla en ningún lugar. Es más, asqueado por los vicios y la mala conducta de algunas mujeres que prostituían sin pudor la belleza de su cuerpo, decidió  vivir solo, sin compañera para su lecho, y dedicarse para siempre a esculpir bellas estatuas.

    Un día,  decidió esculpir con su extraordinario arte el cuerpo de una mujer de marfil blanco como la nieve a imagen y semejanza de la diosa Venus. Acabado el trabajo y encontrándolo más perfecto que si lo hubiera hecho la propia naturaleza, se enamoró de aquel  bello cuerpo  de mujer, a la que llamó Galatea.

    Parecía la estatua de marfil una joven de verdad viva a punto de levantarse y hablar dulces palabras. El corazón de Pigmalión se encendía más y más cada día de amor por Galatea, a la que acariciaba y besaba y estrechaba en sus brazos. Creía incluso en su desvarío que ella le devolvía los besos y respondía a sus frases enamoradas.

    — Querida Galatea: te traigo flores de mil colores y joyas para tus manos y este largo collar para tu cuello.

    le decía tiernamente. O solícito y cariñoso acostaba el bello cuerpo desnudo diciendo:

    Descansa, querida compañera mía en este lecho de púrpura y recuesta tu cabeza en estos cojines de blandas plumas.

    Mientras tanto había llegado el día de la fiesta de Venus, la patrona de Chipre. El sacerdote Pigmalión sacrificó en el altar de la diosa algunas jóvenes  terneras de blanca piel que llevaban la cabeza y los cuernos adornados con cintas de colores y láminas de oro y el incienso quemado esparcía su humo oloroso y dulzón por el templo. Con voz tímida susurró el rey, sacerdote y escultor, ante el altar:

    — ¡Oh dioses todopoderosos! Os suplico que mi esposa, si algún día la encuentro, sea semejante a mi mujer de marfil.

    Escuchó Venus, la diosa del amor que asistía a la fiesta, estas palabras con divina piedad.

    Cuando Pigmalión regresó a su casa acudió junto a la estatua  y le dio un cariñoso beso. Se quedó profundamente dormido y le pareció en sueños que el cuerpo de marfil no le devolvía el gélido frío del marfil inerte sino que estaba tibio. Acerca de nuevo su boca y toca su pecho con sus manos temblorosas. El marfil abandona su dureza, se reblandece y cede a la presión de los dedos. Despierta sobresaltado y temeroso e incrédulo y asombrado toca una y otra vez  el cuerpo silencioso y con sus caricias le infunde calor y vida. Ahora ya es un cuerpo vivo, sus músculos flexibles dan movimiento a sus miembros, la sangre recorre sus venas que tienen pulso y tiñe de color de rosa su rostro. Cuando Pigmalión besa por fin  la boca viva de Galatea, ella se ruboriza y mira con arrobo a su marido.

    Pigmalión se dirige respetuoso con palabras de agradecimiento a Venus y la diosa del amor  aparece de repente, espléndida y brillante y le contesta afable:

    Mereces la felicidad, Pigmalión, una felicidad a la que tú mismo has dado forma con tus actos. Aquí tienes a la reina y esposa que has buscado. Ámala para siempre, defiéndela del mal y comparte con ella tu felicidad".

    De esa forma Galatea se transformó en una mujer real y Pigmalión vio cumplido el deseo que con tanta  ilusión persiguió.

  • Pócimas o filtros de amor

    Contra todo pronóstico ha aparecido recientemente (finales de mayo de 2013) en los medios de comunicación españoles una noticia con tres palabras de sabor antiguo que parecen trasladarnos a otro mundo: pitonisa, conjuro, pócima.

    Ciertamente pitonisas, conjuros, pócimas de amor no parecen temas de nuestra época sino del pasado remoto. Y sin embargo los grandes diarios titulaban:

    El gran gol de la pitonisa panadera. La vidente cobró 165.000 euros al expresidente del Castellón por un conjuro amoroso”  o“Detienen a Laparra por asaltar la casa de una vidente que le vendió una pócima de amor falsa

    En resumen, la noticia se refería al hecho de que un tal Laparra, presidente de un club de futbol, había contratado los servicios de una “pitonisa”  (en otros tiempos dirían “bruja”), que le preparó una pócima para obtener el amor de Sandra, de la que estaba locamente enamorado. Pero la pócima resultó ineficaz y el enamorado reclamaba la astronómica cantidad pagada de 165.000 euros.

    La fórmula de la pócima o “elixir” (término que también utilizan los diarios) consistía en lavarse con el agua en la que previamente habían estado sumergidas unas flores durante 40 días; después, debía recoger tierra de un cementerio y frotarse el cuerpo con ella.

    Las pócimas, filtros o elixires de amor existen desde la más remota Antigüedad. En la cultura griega y romana son omnipresentes en los relatos mitológicos y en la vida diaria de las personas. Recordemos a la “brujaMedea que atrae a Jasón o a la maga Circe que convierte con su barita a los hombres en cerdos y retiene a Ulises (Odiseo) en su palacio, por referirnos a los griegos.

    Entre los latinos son muy frecuentes las referencias de los poetas como Horacio, Ovidio, Catulo, Propercio, y en las novelas de Petronio y Apuleyo a los filtros amorosos con los que conseguir el amor de las muchachas. Recordemos a título de ejemplo las quejas de Cintia, que ha sufrido la infidelidad de su amado Propercio en Elegías, III,6,25-30:

    No me ha vencido esa malvada con sus gracias, sino  con yerbas: él es arrastrado por el giro del rombo con su cuerda. A él lo arrastran  los portentos de una rana de zarza hinchada   y los huesos ocultos  de culebras abiertas en canal  y plumas de “estrige” (1) encontradas  entre  las piras abandonadas y la faja de lana que rodea  la funesta hoguera.

    (Nota 1): ave nocturna como el búho que chupa la sangre a los niños como los vampiros en la creencia popular romana

    Non me moribus illa, sed herbis improba vicit:
    staminea rhombi ducitur ille rota.
    Illum turgentis ranae portentae rubetae
    et tecta exsectis anguibus ossa trahunt,
    et strigis inventae per busta iacentia plumae,
    cinctaque funesto lanea vitta rogo.

    Desde luego es esta una fórmula algo más complicada que la de la moderna “pitonisa”. Como lo es la que nos cuenta Plinio en su Historia Natural XXX,49, 141 (Libro dedicado al uso medicinal de productos animales):

    Un lagarto que ha muerto en la orina de un hombre, lo inhibe en el amor, pues los magos dicen que se encuentra entre los filtros amorosos. Inhiben también el estiércol de caracol y el de paloma bebido con aceite y vino. La parte derecha del pulmón de un buitre atado (al cuerpo)  con la piel de una gruya excita el amor, lo mismo que si ingieres con miel las yemas de cinco huevos de paloma mezcladas con el peso de un denario de grasa de cerdo, o gorriones o sus huevos con el alimento o el testículo derecho de un gallo atado (al cuerpo) con  la piel de un carnero.

    In urina virili enecata lacerta venerem eius, qui fecerit, inhibet; nam inter amatoria esse Magi dicunt. inhibent et cocleae, fimum columbinum cum oleo et vino potum. pulmonis vulturini dextrae partes venerem concitant viris adalligatae gruis pelle, item si lutea ex ovis quinis columbarum admixta adipis suilli denarii pondere ex melle sorbeantur, passeres in cibo vel ova eorum, gallinacei dexter testis arietina pelle adalligatus.

    En fin, si alguien tiene curiosidad por conocer un poco más de estos rituales mágicos puede leer el Epodo V de Horacio en el que nos describe una verdadera escena de magia negra en la que se mata lentamente a un niño para elaborar con sus vísceras un potente filtro amoroso.

    En todo caso no carece de interés constatar la pervivencia de estas prácticas mágicas que se pierden en la noche de los tiempos durante milenios.

    Como es también de gran interés el constatar que hoy como hace miles de años son mujeres precisamente quienes son las poseedoras de estas artes mágicas. Ellas son las que conocen las hierbas y sus efectos y preparan medicinas para las enfermedades y filtros. Curiosamente venenum (filtro de hierbas bueno o malo) y Venus (amor, acto amoroso, objeto de amor) tienen una misma raíz  común. En latín se les llama “sagae”, hechiceras. Al respecto dice Plinio en Naturalis Historia XXV,5, 10:

    sin embargo en la mayor parte de la gente está firmemente arraigada la idea de que esto se consigue con venenos y hierbas y que el conocimiento de este arte es exclusivo de las mujeres.

    durat tamen tradita persuasio in magna parte vulgi, veneficiis et herbis id cogi eamque unam feminarum scientiam praevalere.

    En todo caso, si este enamorado moderno hubiese leído a Ovidio se habría evitado algunos problemas. Apenas comenzado su librito “Remedia amoris” (Remedios del amor), en los versos 21-22 nos aconseja bien:

    El que está a punto de morir por un amor desdichado si no lo abandona,
    que lo abandone y así no será el culpable de ningún funeral.

    Qui, nisi desierit, misero periturus amore est,
    desinat: et nulli funeris auctor eris.

    Y si hubiera conocido el famoso Ars amandi del mismo Ovidio, habría leído  en el libro II, versos 99-102, cómo descalifica el valor de las pócimas y yerbas para conquistar a la mujer amada o deseada:

    Se engaña el  que recurre  a las artes de Hemonia (1
    y da  lo que brota de la tierna frente de un potrillo.
    Las hierbas de Medea no harán que el amor perviva,
    ni los conjuros marsos (2) mezclados con  sonidos mágicos.

    Nota 1. Hemonia es Tesalia, al norte de Grecia, debajo de Macedonia
    Nota 2: Los marsos son un pueblo del centro de Italia

    Fallitur, Haemonias si quis decurrit ad artes
    Datque, quod a teneri fronte revellit equi;
    Non facient ut vivat amor Medeides herbae
    Mixtaque cum magicis naenia Marsa sonis.

    Y si nada de esto le viniera bien, podría recurrir a otra fórmula o conjuro, pero esta vez para olvidar  un amor esquivo, como hace Scylla en Appendix Vergiliana, Ciris, 369-374

    Pero la nodriza, mezclando en un recipiente plano azufre
    narciso y casia, quema plantas aromáticas
    y envolviéndole tres por nueve veces (27)
    con una venda de tres colores distintos
    dice “muchacha, escupe tres veces en tu seno conmigo;
    escupe tres veces, muchacha; el dios se alegra con un número impar.

    At nutrix patula componens sulpura testa
    narcissum casiamque herbas incendit olentis
    terque novena ligans triplici diversa colore
    fila «ter in gremium mecum» inquit «despue, virgo,
    despue ter, virgo: numero deus impare gaudet..

    Cualquiera de estas propuestas hubiera sido preferible a sufrir el engaño o timo de una fórmula descabellada con un fin descabellado por la que se pagan 165.000 euros.

    Podríamos acabar estas reflexiones con alguna consideración sobre la terminología empleada en las crónicas periodísticas. Hablan de una moderna “pitonisa” sin duda con el significado, que admite la Real Academia Española, de encantadora, hechicera, y que no es sino derivado de la función de la antigua Pitonisa o sacerdotisa del templo de Apolo en Delfos, al que acudían fieles de todo el mundo griego para preguntar al dios sobre su futuro o el de sus empresas y proyectos. Poco tiene que ver, pues, la pitonisa moderna de la noticia con la función de la antigua de intermediaria entre los mortales y Apolo.

    Le llaman también “vidente”, palabra que evidentemente se refiere a “quien ve”, aunque sean visiones sobrenaturales, y a quien “pretende adivinar el porvenir o esclarecer lo que está oculto” (curiosamente en numerosas ocasiones estos videntes del futuro o de lo sobrenatural son ciegos físicamente del mundo en el que viven; recordemos al famoso adivino Tiresias, ciego, personaje de la tragedia de Edipo, ).  Poco debía ver la moderna pitonisa,  que no adivinó ni previó la violenta reacción del crédulo cliente al que estafó 165.000 euros. Por tanto el uso de esta palabra en este contexto es absolutamente improcedente.

    Tampoco es una “pócima” , porque esta palabra procede del  griego  apó, ἀπό,  'lejos de' , 'a partir de' y  zé-ma ζέμα  'cocción', 'decocción' de hierbas y aquí tan sólo se habla de “flores sumergidas en el agua”..

    No es más adecuado el uso del término conjuro, porque aunque suponemos que junto al baño en agua de flores y untado con barro del cementerio, había alguna fórmula verbal mágica, nada se nos dice al respecto.

    Tampoco se ajusta exactamente a la situación el término “elixir”, según la Real Academia del lat. cient. elixir, este del ár. clás. al'iksīr, y este del gr. ξηρά, sustancias secas, porque no se trata de un licor o líquido medicinal para beber. Sólo podría admitirse como una generalización de su significado propio.

    Tampoco parece muy adecuado, en fin, hablar en la subentrada del titular como “pócima de amor falsa”, como si hubiera alguna “verdadera”.

    En fin, si curiosas son estas imprecisiones lingüísticas, lo realmente llamativo es que estas prácticas mágicas procedan de los albores de la humanidad y hayan atravesado todas las épocas históricas, desde la Antigüedad a la Edad Media, Moderna y Contemporánea, y que pervivan hoy en día bajo formas diversas,( a veces cubiertas con ropajes culturales como la famosa ópera de Donizetti  “L'elisir d'amore”):  creencias, ceremonias, horóscopos, nigromancia, echadoras de cartas, espacios televisivos de notable audiencia y, por supuesto, millares de páginas web absolutamente deleznables.

    ¿Tan débil e imperfecta e irracional es nuestra constitución humana?

  • Mamotreto

    Mamotreto es una palabra con la que designamos a un libro voluminoso, gordo, pesado y de poco valor. El origen de esta palabra es muy curioso. Procede del griego a través del latín.

    La Real Academia Española define “mamotreto” como “armatoste, libro o legajo muy abultado, principalmente irregular y deforme”. Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana (1611) lo define como “Libro grande en volumen y de materias frívolas y de poco fruto”. Equivale también, pues, a un libraco.

    Se considera que deriva del latín tardío “mammotrectus” y este de “mammothreptus”, que procede del griego tardío μαμμόθρεπτος.

    La palabra grecolatina significa literalmente “criado a la teta”, “que mama durante más tiempo del debido”, ”mamón”  sin la connotación que tiene en el lenguaje coloquial y vulgar, y también “criado por su abuela” (si se le deriva de μἀμμη, mamme, madre, abuela,  y θρεπτὁς, threptos, alimentado, criado, de τρέφειν, trefein, alimentar)  y tal vez mejor “criado por una nodriza”.

    En cualquier caso se refiere a un niño gordo, rollizo, grandullón, que lo es  tanto si mama en exceso y por largo tiempo como si es criado con excesiva atención como suelen hacer las abuelas y las nodrizas,

    Ahora bien, ¿cómo ha ocurrido que de designar a un niño gordinflón, esta palabra pase a referirse a un libraco, gordo también, pesado y con frecuencia de poco valor?

    Se cita y documenta la siguiente explicación. En el siglo XIV, un tal Giovanni Marchesini, fraile franciscano, dio este nombre a su manual de interpretación bíblica “Mammotrectus super Bibliam”, un glosario con unos 1300 términos para ayuda de los jóvenes frailes. Existe un manuscrito de 1375 y luego se imprimió muchas veces en los siglos XV y XVI.

    El término vendría a significar “alimento” o “nodriza” de la Biblia. El título vendría a su vez de un pasaje de San Agustín en su obra “Enarrationes in Psalmos”, In eumdem psalmum 30, Sermo 2, 12   [v 15.]:

    Si te fijas en el hombre y a él quieres imitar y depender de él, todavía quieres alimentarte de leche; y te conviertes en un mamotreto, como se dice de los niños que maman durante mucho tiempo, lo que no conviene…. Las nodrizas les hacen esto a los mamotretos, ponen algo amargo en sus pezones, para que los niños molestos con ello se aparten del pecho y se sienten a la mesa. Así pues diga: “Dije, en ti esperé, Señor,: Tú eres mi  Dios”

    Si attendis adhuc hominem, et cum quaeris imitari, et ex illo pendere, adhuc lacte vis nutriri; et fies mammothreptus, quales dicuntur pueri qui diu sugunt, quod non decet… Faciunt enim hoc nutrices mammothreptis, ut aliqua amara ponant in papillis suis, quibus offensi parvuli ab ubere resiliant, et ad mensam inhient. Ergo dicat; Ego autem in te speravi, Domine, dixi: Tu es Deus meus.

    Lo que nos quiere decir Giovanni Marchesini es que así como los niños necesitan de la leche de la madre, los jóvenes frailes necesitan del alimento elemental y primario de su manual o diccionario. El diccionario es como una nodriza o ama de cría.

    El mismo explica en el prólogo que de la misma forma que el pedagogo dirige los pasos de los párvulos, su obra puede llamarse “Mammotrectus”, Mamotreto:

    Y porque crea costumbre el proceder del pedagogo que dirige los pasos de los párvulos, podrá ser llamado Mamotreto

    et quod morem gerit talis decursus pedagogi qui  gressus dirigit parvulorum,  Mammotrectus poterit appellari”.

    Aunque este “mammotrectus” era más gordo que otros manuales que utilizaban los estudiantes, todavía el término no tenía la acepción de “libro voluminoso”  y pesado que luego adquirió en la jerga estudiantil.

    Pero un "libro gordo" no tiene por qué ser pesado ni aburrido. Sin duda miles de argentinos y españoles recordarán con simpatía y cariño la famosa enciclopedia y serie televisiva didáctica "El Libro Gordo de Petete". Incluso el citado libro de Marchesini que da origen a esta palabra debió ser de gran utilidad para muchas generaciones de frailes, a juzgar por las numerosas impresiones que tuvo.

  • Un lecho de rosas

    La realidad histórica y la fantasía popular han hecho de Síbaris una ciudad sumida en el lujo y el placer; sibarita es el adjetivo que designa a sus habitantes, pero el término pasó a referirse a las personas exquisitas de gustos refinados o a las entregadas al lujo y al placer.

    Los propios antiguos y luego algunos renacentistas ponían alguna reserva a las cosas que se contaban de los “sibaritas”, los habitantes de Síbaris; nosotros debemos ponerla también.

    Quizás para entender mejor lo que de ellos se decía, debamos interpretarlo como los “cuentos” que hoy narramos a los niños o incluso a los mayores. A ello nos ayudará sin duda relacionar una de las anécdotas de Síbaris con uno de los cuentos contemporáneos más famosos.

    Séneca el Joven (4 a.C. – 65) recoge en su diálogo De ira, II, 25,2 el cuento sin duda conocido y repetido mil veces en la Antigüedad de un sibarita realmente delicado:

    Mindyriden aiunt fuisse ex Sybaritarum civitate qui, cum vidisset fodientem et altius rastrum adlevantem, lassum se fieri questus vetuit illum opus in conspectu suo facere; idem habere se peius questus est, quod foliis rosae duplicatis incubuisset.

    Se dice que existió un tal Mindirides, de la ciudad de Síbaris, que en una ocasión, al ver a un operario cavando y levantando a lo alto la azada, se quejó de sentirse cansado y le prohibió hacer el trabajo a su vista; él mismo se quejó de sentirse muy mal porque había dormido en un lecho de rosas y uno  de los pétalos se había doblado.

    Sin duda es este el origen, o tal vez consecuencia, de la expresión “un lecho de rosas”.

    También Claudius Aelianus ( 175?-235?), profesor de retórica latino que se empeñó en publicar su obra en griego (se le llamó μελίγλωττος / melíglôttos =lengua de miel), y que  escribió una Ποικίλη ἱστορία, Varia Historia, Historias curiosas, recoge esta historieta o cuento sobre los sibaritas.
    Nos dice en sus Historias, en su versión latina Libro noveno, 24:

    Smindirides Sybarita adeo in luxuriam delitiemque prolapsus est; ut cum omnes Sybaritae delitiis vacarent, vitaque diffluerent, hic omnes longe post tergum relinqueret. Proinde quodam tempore in rosarum foliiss recumbens experegefactus dixit se postulas ex nimia lecti duritie inflactas habere.

    Esmindirides de Siracusa llevó tan lejos su exceso de comodidades que sobrepasó a todos sus conciuadadanos, que hacían de la búsqueda del placer y de las delicias de la vida, su única ocupación. Un día que se había acostado y dormido sobre unas hojas de rosas, se levantó, quejándose de que la dureza de su cama le había producido unas grandes llagas.

    Sin duda que la historia o cuento siguió corriendo en la Edad Media y aún después, en textos escritos o en la tradición oral.

    Este cuento sibarita tiene un evidente reflejo en el famoso cuento publicado por el famoso autor danés Hans Christian Andersen "La princesa del guisante", en el que una muchacha desconocida confirma su ascendencia real y su condición de princesa porque, acostada en un lecho de veinte colchones, no pudo conciliar el sueño por las molestias que le ocasionaba un guisante que bajo ellos se encontraba. ¡Hasta tal punto era delicada la princesita!

    Andersen dice que él había escuchado el cuento de niño y aprovechó luego el recuerdo. Su forma y su intención social es diferente del relato del sibarita Esmindírides, pero el fondo del asunto es el mismo y la relación, conocida u olvidada en Europa, es evidente.

    Entre cuentos similares se cita uno de  la colección de cuentos indios del siglo XI llamada el Kathásaritságara (El océano de ríos de leyendas): un joven se levanta dolorido de una cama de siete colchones porque bajo el primero o inferior  había un pelo que molestó su sueño.

    Alguna relación tiene también un cuento italiano en el que un pétalo de jazmín hirió en su caída la delicada piel de una sensible mujer italiana.

    Resulta por ello más curiosos que no se cite como precedente o similar la historia del sibarita Esmindírides.

    Podemos en cambio citar un fragmento de una conferencia de un personaje curioso, el español Pablo de Ballester, obispo ortodoxo en México, que murió en 1984 tiroteado por un general  que alegó trastornos mentales. Pablo de Ballester fue un catedrático de Griego Clásico en la Universidad Autónoma de México y director del lnstituto Cultural Helénico y famoso conferenciante.

    Dice Ballester en su libro Conferencias I, Fantástico Mundo Griego, editado en Publicaciones Cruz O. S.A.,  México,  1996, pág, 102:

    Cerca de aquellas latitudes estaba la maravillosa ciudad de Síbaris, la más refinada del mundo ¡pero así! ¡del mundo! ¡de todas las épocas!… Déjenme decir (prometo que es por última vez) lo que pasó en Síbaris una noche en que se oyó un grito, exhaló una mujer un alarido que despertó a todos los sibaritas. Dijeron:
    – ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
    – – Pues es la princesa que ha gritado
    – – Y ¿por qué habrá gritado la princesa?
    Acudieron todos a palacio. La princesa había gritado porque –como todos los sibaritas-dormía ella en un cochón de pétalos de rosa y un pétalo ¡estaba doblado! cuando ella se echó a dormir. Pues… por poco se quebranta el costado…Los sibaritas, qué civilización tan muelle, tan refinada ¿verdad? De resentir un pétalo de rosa doblado…

    Evidentemente Ballester realizó una lógica mixtura: la historieta de Esmindírides con el cuento de La princesa del guisante de Andersen.

  • El latín es uno pero las formas de hablarlo fueron varias

    El latín es una lengua que ha mantenido una notable unidad como lengua escrita a lo largo de 25 siglos. En muchos de ellos, en realidad en la mayor parte de ellos, tan sólo se mantuvo como lengua escrita.

    Pero del latín hablado, lengua oficial del vasto Imperio Romano, surgieron numerosas lenguas distintas, las llamadas lenguas romances, más de veinte, algunas desaparecidas o en trance de desaparecer ( italiano, siciliano, español o castellano, galaicoportugués, asturleones, francés, occitano, catalán, rumano,  sardo, romanche, etc.) que se explican como variaciones dialectales del latín debidas a la acción de los sustratos locales, de las propias diferencias en su pronunciación según los territorios y del aislamientos de los pueblos o grupos humanos.

    Pero también en la propia Roma e Italia y en cada uno de los territorios es distinto el latín de los letrados que el de los iletrados y es distinto en un momento o en otro de la historia. Por supuesto, su pronunciación varió a lo largo del tiempo y del espacio.Todas estas cuestiones son el objeto de varias disciplinas lingüísticas que analizan la cuestión.

    Las diferencias en la pronunciación del latín son, pues,  tan antiguas como el latín mismo y de ello tenemos numerosas referencias desde la propia Antigüedad. Citaré dos o tres curiosidades, . una de ellas referida a Hispania, que nos ilustran el tema y nos sugieren algunas preguntas.

    El emperador Septimio Severo 146-211, nació en Leptis Magna, en el norte de Africa, cerca de Trípoli en la actual Libia. Hablaba el latín con un acento especial que le identificaba como africano y que no pudo abandonar en toda su vida, a pesar de que su latín, fruto del estudio con tutores y de la educación, era perfecto. En la Historia Augusta, Spartianus,  Vita Severii, 19, 7-10  leemos:

    Usaba éste de ropas tan sencillas que su túnica apenas si tenía algo de púrpura, de tal forma que cubría sus hombros con un manto de piel peluda. Fue muy parco en la comida,  aficionado a las legumbres de su patria, alguna vez  gustaba del vino , y con toda frecuencia no comía  carne. Como persona era  hermoso, esbelto, de larga barba, de pelo cano y rizado, de rostro venerable, de voz sonora, aunque sonando hasta su vejez con cierto tono africano. Después de su muerte, fue  muy querido,  una vez desaparecidos  ya la envidia o el miedo a su crueldad.

    Hic tam exiguis vestibus usus est ut vix et tunica eius aliquid purpurae haberet, cum hirta chlamyde umeros velaret. cibi parcissimus, leguminis patrii avidus, vini aliquando cupidus, carnis frequenter ignarus.  ipse decorus, ingens, promissa barba, cano capite et crispo, vultu reverendus, canorus voce, sed Afrum quiddam usque ad senectutem sonans.  ac multum post mortem amatus vel invidia deposita vel crudelitatis metu.

    Algo parecido le ocurria muchos siglos más tarde al emperador Carlos V de Alemania y I de España, que hablaba español no bien con un fuerte acento de los Países Bajos.

    Poco antes el mismo Espartiano había comentado otra anécdota que revela las dificultades de la generalización del latín en el norte de Africa. Nos dice en Historia Augusta, Vita Servii, 15,7: 

    Cuando una vez fue a visitarlo su hermana de Leptis, que  apenas  podía hablar latín, el emperador enrojeció de la mucha vergüenza; concedida a su hijo la toga laticlava y a ella misma muchos regalo, le ordenó volver a su patria con su hijo, que tras una vida breve murió. 

    cum soror sua Leptitana ad eum venisset vix Latine loquens, ac de illa multum imperator erubesceret, dato filio eius lato clavo atque ipsi multis muneribus redire mulierem in patriam praecepit, et quidem cum filio, qui brevi  vita defunctus est.

    La segunda anécdota nos afecta directamente a los españoles, antiguos hispanos, por cuanto se documenta cierta particularidad  en el deje o tono del latín de los hispanos, especialmente los de la Bética, la actual Andalucía.

    Ya Cicerón, en su discurso Pro Archia poeta, 26 (En defensa del poeta Arquias, 26)dice:

    Este (Metelo) hasta tal punto deseaba  que se escribiese de sus hechos que prestaba oídos incluso a poetas nacidos en Córdoba, a pesar de que sonaban con cierto acento seboso y extranjero.

    qui (Metellus) praesertim usque eo de suis rebus scribi cuperet, ut etiam Cordubae natis poetis, pingue quiddam sonantibus atque peregrinum, tamen auris suas dederet.

    Pero sobre todo es reveladora una cita referida al emperador Adriano  en la ya citada más arriba Historia Augusta, de Vita Hadriani, 3,1

    Adriano (76-138)  nació el 24 de enero probablemente  en Itálica, junto a la actual Sevilla,  como Trajano del que era sobrino, de una antigua familia de Italia afincada aquí. Otras fuentes dicen que nació en Roma. En todo caso su relación con Hispania y con Itálica es absoluta.

    Ocupó la cuestura  en el cuarto consulado de Trajano y el primero de Articuleyo; al pronunciar en el Senado durante su cuestura un discurso con un tono un tanto provincial  provocó una carcajada, así que puso todo su esfuerzo hasta alcanzar la mayor competencia y la fluidez de su latín.

    Quaesturam gessit Traiano quater et Articuleio consulibus, in qua cum orationem imperatoris in senatu agrestius pronuntians risus esset, usque ad summam peritiam et facundiam Latinis operam dedit.


    Parece, pues, que en la Bética de entonces como en la Andalucía de hoy existía una notable peculiaridad  en la pronunciación. Esta importante  cuestión nos plantea algunas preguntas: si estas peculiaridades se daban ya en el siglo I, ¿cómo se hablaba en la Bética (Andalucía) en el s.IV? ¿y en el VI y VII?; y teniendo en cuenta que los invasores musulmanes en el 711 y después fueron poco numerosos, ¿cómo se hablaba en Al-Andalus en los siglos VIII,IX,X,XI?

    Desde luego, la lengua de los andaluces no es en absoluto un “castellano” degradado, como a veces afirman incluso ilustres ignorantes.

  • Nec nominetur (ni lo nombres)

    Hay asuntos, personas y situaciones de los que es mejor no hablar

    Conocido es el prestigio y marchamo de cultura que la utilización adecuada de una sintética frase latina confiere a una sentencia, a un pensamiento, a una afirmación. Son muchas las frases de este tipo que los muchos siglos de cultura latina han transmitido en Occidente, hasta el punto de que existen numerosos diccionarios o índices de frases latinas a los que recurrir para su comprensión o para encontrar  la adecuada a un determinado contexto.

    Nec nominetur  es una de estas frases latinas, aunque no de las más frecuentes. Literalmente significa “ni se nombre; ni se cite”. Su origen está en la Carta o epístola que San Pablo dirigió a los habitantes de Éfeso (Efesios, 5,3-4), ciudad griega en Asia Menor, actual Turquía, en donde leemos la frase completa:

    Pero la fornicación y toda inmundicia, ó la avaricia, ni se nombre entre vosotros, como conviene a los santos; ni palabras vergonzosas, ni necedades, ni payasadas, que no vienen al caso; sino antes bien acciones de gracias.

    En su versión latina (el judío San Pablo habla y escribe en Griego):

    “Fornicatio autem, et omnis immunditia, aut avaritia nec nominetur in vobis, sicut decet sanctos;  aut turpitudo, aut stultiloquium, aut scurrilitas, quæ ad rem non pertinet; sed magis gratiarum actio” 

    El sentido de la frase de San Pablo se refiere, pues, precisa y concretamente a la necesidad de que los  seguidores primitivos de Jesús se mantengan alejados de estos vicios y del uso de frases indecorosas o no adecuadas.

    Ahora bien, una vez extraído de ese contexto, el “nec nominetur” adquiere un valor más general,  o mejor, varios valores y significados que imponen y exigen desde el silencio material hasta la restricción mental o la repugnancia por hacer real algo que se rechaza, o el deseo de no querer enterarse de la realidad.

    Sus matices significativos  pueden ir, pues,  desde el conspirativo  “ni se cite entre ustedes” hasta el suasorio o aconsejante   “ni lo menciones”, “ni me lo nombre”  o el más imperativo  y castizo “mejor no meneallo”. 

    En todo caso es el silencio el que parece negar o intentar negar la realidad de lo que por otra parte todos conocen, porque requisito previo a la circunstancial  “nominación” es el conocimiento del asunto.

      La frase, de significado muy concreto en el texto de San Pablo,  se va enriqueciendo, pues,  en sus matices según los contextos en que se utiliza, coincidentes todos ellos en el rechazo a reconocer (volver a conocer) lo que ya se conoce.

  • Claudia lanam fecit (Claudia cardó su lana)

    Sin duda uno de los primeros logros de los hombres fue la confección de vestidos para protegerse del clima a veces cálido a veces frío. En los yacimientos más antiguos aparecen agujas de hueso con un agujero y ojal en un extremo por el que introducir una fibra, una tira de piel, un hilo más adelante. La fabricación del hilo, de pelo animal o de lana o de fibra vegetal, no por temprana es menos de valorar. Fue una gran empresa.

    Al menos en el mundo griego y romano, del que nosotros tratamos, fue una ocupación y responsabilidad femenina en consonancia con el papel social que desempeña la mujer.

    Naturalmente que el rol social de la mujer griega o romana (hay importantes diferencias entre ellas) hoy no es aceptable en nuestra sociedad, aunque justo es reconocer que ha comenzado a cambiar hace muy pocos años y de  ninguna manera ese cambio está acabado, porque si en los países occidentales y en otros muchos se ha conseguido una igualdad legal, en absoluto existe una igualdad real.

    En cualquier caso, los hechos de cada sociedad han de ser analizados y valorados en su contexto y no son correctos juicios anacrónicos (del gr. ἀνα = hacia arriba,contra  y χρόνος = tiempo). Vaya esta advertencia para mejor entender y valorar el siguiente epitafio (del griego ἐπὶ = sobre y τάφος = tumba)  anónimo de una matrona llamada Claudia, de mitad del siglo II antes de Cristo, que sintetiza el ideal de matrona romana de los primeros tiempos de la República Romana.

              Forastero, poco es lo que quiero decirte; detente y lee con atención:
              Aquí está el sepulcro no pulcro de una pulcra mujer
              (
    esta es la tumba no hermosa de una hermosa mujer)
              Sus padres le dieron el nombre de Claudia.
              Amó a su marido con todo su corazón.
              Crió dos hijos. A uno lo deja sobre la tierra;
              al otro lo colocó ya bajo tierra.
              De conversación graciosa y de paso elegante.
              Guardó su casa. Hizo su lana. He dicho. Vete.


              HOSPES, QUOD DICO PAVLLVM EST, ASTA AC PELLEGE.
              HEIC EST SEPVLCRVM HAV PVLCRUM PVLCRAI FEMINAE
              NOMEN PARENTES NOMINARVNT CLAVDIAM.
              SVOM MAREITVM CORDE DEILEXIT SOVO.
              GNATOS DVOS CREAVIT. HORVM. HORVM ALTERVM
              IN TERRA LINQVIT, ALIVM SVB TERRA LOCAT.
              SERMONE LEPIDO, TVM AVTEM INCESSV COMMODO.
              DOMVM SERVAVIT. LANAM FECIT. DIXI. ABEI.
                     ( Carmina Latina Epigraphica, -CLE- 52)

    Nota: Léase también en latín, aunque no se entienda completamente; es la única forma de apreciar no sólo el ritmo, sino también los recursos fonéticos de que se sirve el autor. He utilizado sólo letras mayúsculas para acercarnos un poco más al texto original de la lápida; esta misma razón explica el uso de la V  como consonante y también como nuestra vocal U. Léase siempre como “U”.

    Pues bien, en este epitafio se recogen y alaban de forma tópica las principales virtudes que han de adornar a las matronas romanas: es hermosa, amorosa, buena madre que cría hijos, de conversación agradable y elegante. La última línea es el compendio de este ideal de matrona: guardó su casa, lo que podemos interpretar como una referencia a su honestidad, e hizo su propia lana.

    La expresión “lanam fecit” y la idea en ella encerrada es una herencia más del mundo griego,  en el que el trabajo de la lana está asociado a la virtud femenina desde la Ilíada y Odisea de Homero. Recordemos el trabajo de la  bella y casta  Penélope, destejiendo por la noche lo que tejía durante el día, esperando el regreso de su esposo Ulises y eludiendo a los numerosos pretendientes que la asediaban a ella y a su palacio.

    Por otra parte el trabajo de cardar la lana y tejer los vestidos es un tópico de la epigrafía funeraria y de la literatura latina en su intención de contraponer la relajación de las costumbres del momento a la moral antigua.

    El mismo objetivo pretenden narraciones tales como la muerte de Lucrecia al ser deshonrada por el rey Tácito tal como nos lo cuenta Tito Livio en su obra Ab urbe condita, I, 57, o la historia de Régulo, prisionero de los cartagineses que muere valerosamente, recogida por numerosos autores.

    Este epitafio recoge ese tópico existente en la sociedad y ayuda a consolidarlo. Pero esto no quiere decir que realmente las matronas del siglo I cardaran su lana o confeccionaran sus vestidos de manera exclusiva o preferente. Es más bien expresión de su laboriosidad y contención frente al lujo y gasto excesivo, vicios extendidos en la sociedad a la par que las conquistas aportaban a Roma enormes riquezas y recursos.

    En todo caso, podemos apreciar en este breve epitafio la enorme capacidad de síntesis y la fuerza expresiva de la lengua latina. Por ello es una lengua lapidaria (del latín lapis, piedra), apta para toda clase de inscripciones y no sólo funerarias.