Categoría: Lengua y Literatura

  • Aut insanit homo aut versus facit (el hombre o está loco o hace versos)

    “Aut insanit homo aut versus facit” es uno de los muchos “tópicos” del poeta latino Quinto Horacio Flaco; tópico en el sentido etimológico de “lugar”, pasaje, cita, del gr. τόπος, lugar, país, pasaje de un libro. El verso, convertido en sentencia o máxima, es citado por muchas personas con sentido y en contextos muy diversos.

    La sentencia aparece en sus Satiras, lib. II, 7, v, 117. Conocida es la facilidad con la que autores antiguos, de manera especial Horacio, crean frases y sentencias redondas, preñadas de sentido, que pronto escapan del “texto”, ( tejido),  inicial y adquieren una larga vida autónoma.

    Horacio es el autor de sentencias (alguna ya la hemos comentado en este mismo blog)  tales como:
    –  “carpe diem” (Odas, lib. I, 11,8aprovecha el momento, https://www.antiquitatem.com/carpe-diem-horacio-oda-poesia-latina

    – "la Grecia conquistada conquisto a su fiero  conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio.". "Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio." ( Epístolas II, 1, 156-157).   https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard

    Dulce y honroso es morir por la patria "Dulce et decorum est pro patria mori."  (Odas, 3,2,13)

    Dorada moderación  en los versos  “Auream quisquis mediocritatem /diligit” ( Todo el que elige la dorada moderación…”(Odas, II,10,5-6)

    – y otras muchas…

    Una vez que la frase adquiere su autonomía,  son los hablantes que de ella se sirven, quienes la rellenan de contenido y la dotan de matices, que en ocasiones poco tienen que ver con su significado inicial. Este podría ser el caso a la vista del uso que de la frase hacen centenas y aun millares de personas.  Por  eso me voy  a permitir una pequeña exploración de la cuestión.

    Horacio es de las escasas personas, y menos aún literatos,  que con envidiable sentido del humor y con notable madurez, se presenta ante sus lectores con todos sus pequeños vicios y defectos, tal como es. Para ello aprovecha las fiestas anuales de las Saturnalia en las que en la sociedad romana se invertía el orden social establecido. Durante esos días los esclavos eran los señores y los señores soportaban las impertinencias de los esclavos, que incluso vestían con la ropa de su dueño. En esos días, sintiéndose libres, podían dirigirse a su “dominus” en  términos inadmisibles en otro momento. (el asunto es realmente interesante desde el punto de vista sociológico, etnológico y psicológico, aunque no sea este el momento).

    Pues bien, esto es lo que hace el esclavo Davus, el esclavo de Horacio,  con su señor,  al que entre otras lindezas le  llama  inconstante y caprichoso (si está en Roma quiere ir al campo, si está en el campo echa en falta Roma), servil con quien le invita, glotón,  borracho, dormilón, perezoso, esclavo de mujeres casadas de manera ilícita, esclavo de muchos otros más,  etc. (En el fondo lo que nos está diciendo Horacio por boca de su esclavo es que el único hombre verdaderamente libre es el sabio y no el tonto, el inconstante o el que depende de mil caprichos, algunos peligrosos), Pues bien, después de esta  larga retahíla, el poeta no soporta más tanto atrevimiento y le dice airado:

    Horacio¿Dónde tengo una piedra?
    Davo:       ¿Para qué la necesitas?
    Horacio¿Dónde están las flechas?
    Davo:       Este hombre o está rabiando o haciendo versos.
    HoracioSi no te largas de aquí a toda prisa, tú servirás de  noveno trabajador en mi finca 
                     Sabina.

    (Trabajar en el campo -en la granja de Sabina- era bastante más duro que servir en la casa del señor)

    Horatius:  unde mihi lapidem?                             
    Davus:   quorsum est opus?                                 
    Horatius: unde sagitas?
    Davus  aut insanit homo aut versus facit  /     
    Horatius: ocius hinc te ni rapis, accedes opera agro nona Sabino     

    Bien, el significado en su contexto parece claro y en principio limitado a un solo suceso. Pero es necesario conocer que Horacio ha jugado con un detalle contextual de gran importancia, también para el futuro de la frase. En realidad está relacionando la “insania” del poeta con la opinión común en la Antigüedad de que los poetas son arrebatados por cierto “furor poeticus”, por la “inspiración divina”,  por cierta locura que los señala y aparta del común de los mortales.

    El mismo Horacio no está de acuerdo  en su Epistula ad Pisones 295-97  con  Demócrito, que  exigía a los poetas cierta locura, mientras Horacio exige el trabajo exigente del pulido y corrección:

    Porque Demócrito cree que el talento natural
    es más afortunado que la pobre técnica
    y excluye del Helicón a los poetas sanos
    (que no están locos).

    (Nota: el Helicón es un monte cercano al Parnaso dedicado al dios Apolo y a las Musas)

    Ingenium misera quia fortunatius arte
    Credit et excludit sanos Helicone poetas
    Democritus,…

    Recordemos asimismo cómo la palabra “carmen”  significa “poema, verso”, pero también “embrujo, canción, canto y encantamiento, profecía, predicción, embrujo, filtro mágico, fórmula religiosa, sentencia moral…”.

    Asimismo “poeta”, del griego  del gr. ποιητής,  “poietés”,  es el creador, autor, fabricante, hacedor, poeta (hacedor de versos) también es llamado  “vate“ del latín “vates”, adivino, profeta, poeta inspirado por los dioses (por cierto, el Vaticano es la colina de los “vaticinios” o profecías según una etimología que no todos admiten, seamos precisos, pero que parece plausible).

    Esta característica del poeta como individuo especial en la colectividad tocado por los dioses ha transcurrido por la Edad Media, Moderna (recordemos a Cervantes y su referencia a la poesía como “la gracia que no quiso darme el cielo”),  y Contemporánea y de alguna manera ha llegado a nuestros días.

    Al poeta se le sigue viendo  como un “loco”  o insanus, no peligroso (a veces lo es o puede serlo), por cierto,  sino como persona afortunada por los dioses o la madre naturaleza, capaz de penetrar en las cosas o de sentir la realidad con más intensidad que el común de los mortales.

    Quizás en algunos casos alguien cargue de mayor contenido peyorativo el adjetivo “insanus”, loco, arrebatado, llevado tal vez de la envidia de alguien que está mejor dotado para percibir y expresar sus sentimientos.

    No entiendo muy bien la absoluta generalización del sentido de la frase, que aplicada con exactitud descalificaría a la enorme mayoría de seres humanos, que desde luego ni hacen versos ni tienen capacidad alguna para hacerlos aunque quisieran.

    Tal vez podríamos admitir cierta generalización en el sentido de que es una auténtica locura para la humanidad reducir la vida de las personas a una exclusiva preocupación por las cuestiones económicas. Quienes así viven están locos, no están sanos, que es lo que significa en sí el término in-(preverbio negativo) sanus.

    La alternativa a este estado de alienación humana, desde luego, es la poesía, al menos un poco de poesía, en el sentido de percibir y disfrutar de una vida plena de sentimientos, matices y experiencias. En esta tarea es esencial la educación de las personas, la educación integral y no la educación para la competitividad.

    Pero este desde luego no era el sentido que Horacio dio a su famoso verso, aunque nos venga bien utilizarlo y nos agrade ampliar su sentido.
     

  • Androcles y el león agradecido

    Androcles y el león es un famoso relato que ha encandilado el interés de numerosas personas desde la Antigüedad a nuestros días

    Se trata de la historia, cuento popular probablemente en su origen, de un esclavo, Androcles,  que huido de su señor, se encuentra con un león en el desierto; el león no le ataca, como podríamos esperar. Cuando Androcles se le acerca, el león le muestra su pata y  observa que tiene una espina clavada que le impide andar y le ha dejado muy debilitado. Androcles le saca la espina de la pata y sigue su camino. Muchos años después se encuentran Androcles y el león en Roma, ahora en el anfiteatro al que el esclavo es arrojado para ser devorado por las fieras. Cuando el león sale a la arena, contra todo pronóstico, no sólo no devora a Androcles sino que se le acerca dócil; es el león al que Androcles extrajo la espina y lo salvó de una muerte segura; ahora agradecido le corresponde salvándole la vida, pues el pueblo, informado de la historia exige la salvación de Androcles y del león.

    El cuento, relato, historia,  que algunos convierten en fábula y sin ninguna necesidad atribuyen a Esopo como tantas otras fábulas, se ha repetido hasta la saciedad como ejemplo de la virtud del agradecimiento, contraria a la ingratitud. Fedro, desde luego, no lo incluyó entre las fábulas de su traducción latina de Esopo.

    La historia nos la cuenta por primera vez en un texto escrito que conservemos Aulo Gelio (vivió en el siglo II d.C.), en sus Noctes Atticae, V, 14.  Según Aulo Gelio, la historia la pone en boca de un tal Apión, que dice que él vió personalmente el suceso.

    Muy probablemente el suceso fue una invención del tal Apión, aunque inspirado por la realidad de las “venationes” o cacerías que los romanos celebraban en el anfiteatro entre otros espectáculos sangrientos.

    Es este tema de las venationes un asunto al que en algunas ocasiones algunos escritores han dedicado su atención. Marcial, por supuesto, hace numerosas referencias precisamente en su Libro de los espectáculos.  (Liber spectaculorum)

    Probablemente el tal Apión observó en unos juegos reales cómo un león salvó la vida a uno de sus cuidadores, tal como nos cuenta Séneca en De beneficiis, 2,19.

    Vimos en el anfiteatro a un león que protegió del ataque de las fieras a uno de los cuidadores que reconoció porque en otro tiempo había sido su dueño.

    Leonem in amphitheatro spectauimus, qui unum e bestiariis agnitum, quum quondam eius fuisset magister, protexit ab impetu bestiarum.

    Y en ello se inspiró, recogiendo un cuento tradicional que ya circulaba por el antiguo Egipto.

    Claudio Eliano (ca. 175-ca 235), orador y profesor romano que escribía en griego, recoge la historia de Androcles en su De Natura Animalium, 7, 48; daré sólo el comienzo de su texto, en su versión latina, prácticamente idéntico al que luego reproduciré de Aulo Gelio:

    Habiéndose fugado de casa de un senador romano un esclavo que se llamaba Androcles porque había cometido un grave crimen (desconozco en realidad cuál fue) y habiendo llegado a Africa…

    Cum a senatore Romano servus, cui nomen Androcles erat, aufugisset, quia facinus quodpiam nefarium (id vero quale fuerit ignoro) admisisset, et in Africam venisset,… (Versión latina del texto griego de De Natura Animalium Claudii Aeliani  a Friderico Jacobs editi apud Fridericum Fromannum, Jenae, MDCCCXXXII)

    Luego este tema de “el león agradecido” se repitió durante la Edad Media, por ejemplo, Ademar de Chabannes lo relata en el siglo XI; Chrétien de Troyes escribe la novela Yvain el caballero del león en la que el caballero ayuda a un león y luego el león, que permanece a su lado, es un ejemplo de honor y amistad.

    Y aparece también en leyendas de la  vida de algunos santos como san Gerásimo, San jerónimo que también extrajo una espina de la pata de un león al que así domesticó, etc.

    En los siglos XV, XVI, XVII Aulo Gelio tuvo un gran éxito en Europa. En 1484 William Caxton tradujo al inglés un códice latino en el que se encontraba la fábula «Of the lyon &of the pastour». Montaigne (1533-1592)  también cuenta en sus Ensayos la historia del león y el Esclavo.

    Un episodio muy similar cuenta Díaz de Guzman en sus crónicas referido a Isabel de Guevara (año de 1556), personaje femenino presente en la creación de Buenos Aires.  Isabel, desesperada por el hambre, salió del fuerte de Buenos Aires y se refugió en la cueva de una leona a la que ayudó a parir. La capturaron los indígenas y uno la hizo su esposa. Recuperada luego por los españoles, la condenaron a ser atada a un árbol y servir de comida a las fieras como escarmiento, pero la leona la protegió y los soldados la perdonaron.

    Incluso un reflejo del episodio podríamos apreciar en el Capítulo XVII de la Segunda parte del Quijote, en la aventura de los leones, a los que les abrieron la jaula pero no atacaron.

    Más evidentemente  Francisco de Quevedo en su obra   “Virtud militante (contra  las cuatro pestes del mundo: envidia, ingratitud, soberbia y avaricia”, para criticar la ingratitud  recurre al tópico medieval del  león eternamente agradecido por haber sido liberado de una espina, a la fábula de Androcles y el león, atribuida como decía a Esopo. Dice Quevedo:

    Fierísimo es el león, y el sacarle una espina de un pie pagó liberalísimo
    con dar la vida al que se la sacó.

    Modernamente es famosa una obra de teatro de Bernard Shaw titulada precisamente así, Androcles y el león,  en la que el autor inglés en realidad trata de manera peculiar y humorística sobre los orígenes del cristianismo y las persecuciones de los cristianos, todo ello con poco rigor histórico. En su comedia Androcles es un cristiano conducido al Coliseo.

    En el año 1952 se hizo una famosa película en EEUU precisamente basada en la obra de Bernard Show, dirigida por Chester Erskin.

    Aulo Gelio y sus Noctes Atticae, miscelánea de infinitos temas intranscendentes y fútiles, ha generado gran atractivo entre numerosos escritores contemporáneos, como el poeta argentino Arturo Capdevilla (1889-1967) que tiene un famoso poema titulado precisamente “Aulo Gelio”, Borges, Cortázar o Bioy Casares.

    Curiosamente, el escritor siciliano de una peculiar novela policiaca ambientada en la isla, Andrea Camilleri, ambienta un episodio de su héroe Montalbano en esta historia de Androcles y el León en un episodio que titula “Lo que contó Aulo Gelio” en su libro “Un mes con Montalbano” como homenaje a Vázquez Montalbán.

    Yo mismo leí la historia de niño probablemente en algún libros de historias edificantes; naturalmente Androcles era un cristiano arrojado a las fieras.

    Aunque el relato de Gelio, Noctes Atticae, V,14 es un tanto largo, lo transcribo entero para que el lector tenga un conocimiento directo de la fuente:


    Historia que refiere el sabio Apión, llamado Plistonices, acerca del reconocimiento en Roma entre un león y un esclavo con quien la fiera había vivido en otro tiempo.

    Apión, llamado Plistonices, era escritor muy erudito y notable, especialmente por la extensión y variedad de sus conocimientos acerca de la antigüedad griega. Adquirió mucha reputación por un compendio en que refiere todo lo maravilloso que ofrece el Egipto en sus monumentos o en las tradiciones de sus habitantes. En los pasajes de esta obra en que refiere lo que ha leído u oído decir, tal vez se le puede censurar que se deja llevar de la facundia y exageración por el deseo de producir efecto, porque este autor gusta mucho de ostentar su ciencia. Pero lo que quiero citar de él es lo que dice en el libro quinto de su compendio sobre Egipto, y que no es de lo que ha leído u oído, sino que asegura haberlo presenciado él mismo en Roma.

    «Un día – dice – había llevado al pueblo romano al circo el espectáculo de una cacería en que habían de combatirse considerable número de animales. Encontrándome en Roma a la sazón, quise presenciarla, y vi soltar en la arena gran número de animales salvajes de fuerza y dimensiones prodigiosas y extraordinaria ferocidad. Admirábase especialmente una manada de leones enormes, entre los que descollaba uno, cuya monstruosa corpulencia, rápidos saltos, terribles rugidos, abultada musculatura y flotantes melenas, asombraban a los espectadores y atraían todas las miradas. Introdújose a los desgraciados que habían de pelear con las fieras, encontrándose entre ellos un esclavo llamado Androclo, que había estado al servicio del procónsul. En cuanto el león vió a aquel hombre, paróse, como asombrado por su presencia, dirigióse en seguida dulcemente a él, y se le acercó poco a poco, mirándole como si le conociese.  Llegado junto a él, se frota con su cuerpo, agitando la cola con aspecto sumiso y cariñoso, como perro que acaricia a su amo, y lame los pies y las manos del desgraciado, a quien el terror había privado de sentimiento. Pero viéndose Androclo acariciado por el terrible animal, cobra ánimos, abre los ojos,  y se atreve, al fin, a mirar al león. Entonces, como si los dos se reconocieran, fué de ver al hombre y al  león mostrarse recíprocamente profundo regocijo. Ante tan extraño y conmovedor espectáculo, dice el escritor, todo el público rompió en aplausos; y habiendo mandado el César que le llevasen en seguida a Androclo, le preguntó en qué consistía que aquella fiera le había perdonado a él solo. El esclavo refirió entonces la aventura más extraña y maravillosa. «Era yo .:.– dijo – esclavo del procónsul que gobernaba la provincia de Africa; los golpes y malos tratamientos que me prodigaba diariamente, sin razón alguna, me obligaron a huir, y para escapar más fácilmente a las persecuciones de mi amo, a quien obedecía toda la comarca, busqué refugio inaccesible entre las arenas y los desiertos, decidido a darme la muerte de cualquier manera si llegaba a carecer de alimento. Caminaba bajo los abrasadores rayos del sol de Mediodía, cuando encontré en mi camino una caverna aislada y  profunda, en la que entré y me oculté. Apenas había entrado, cuando vi un león que tomaba el mismo camino. El animal tenía una pata ensangrentada y andaba con dificultad, quejándose y gimiendo como si padeciese violentos dolores. Aterróme al pronto su presencia; pero en cuanto entró el león en la caverna, que, como vi en el acto, era su ordinaria guarida, y me vió ocultándome en el fondo, acercóse con aspecto,", dulce y sumiso, levantó la pata, presentándomela, y parecía que me demandaba socorro. Cogíla con la mano, le arranqué una espina muy gruesa que se había clavado, apreté para que saliese la carne corrompida, y cada vez más tranquilo, atendiendo cuidadosamente a la operación, conseguí purificar y secar por completo la herida. Entonces el león, al que había aliviado y librado de sus sufrimientos, se acostó y se durmió, dejándome la pata entre las manos. Desde aquel día vivimos juntos, habitando durante tres años la misma caverna y compartiendo los mismos alimentos. Cuando regresaba de sus cacerías, traíame los mejores trozos de las presas que había cogido, y como carecía de fuego, los asaba yo al sol a la hora de mediodía. Sin embargo, habiéndome cansado de aquel género de vida, un día, mientras el león estaba cazando, me alejé de la caverna. Después de tres días de marcha, encontróme un grupo de soldados, que se apoderaron de mí; traído a Roma, comparecí ante mi amo, que en el acto dictó mi sentencia de muerte, condenándome a ser entregado a las fieras. Veo que el león fué cogido también después de nuestra separación, y ahora, alegre al encontrar a su bienhechor, me muestra su agradecimiento.» Tal fué, según Apión, el relato de Androclo. En seguida se escribió su aventura en una tablilla, que se hizo circular entre los espectadores, concediéndose perdón al esclavo, a petición de todos, y además quiso el pueblo que se le regalase el león. Más adelante le vi, dice el autor, teniendo atado al león con una endeble correa, paseando por todas las calles de la ciudad; dábanle dinero, arrojaban flores al león, y por todas partes exclamaban: «Ved al león que dió hospitalidad a un hombre; ved al hombre que curó al león».  (Traducción de Francisco Navarro y Calvo)

    Quod Apion, doctus homo, qui Plistonices appellatus est, vidisse se Romae scripsit recognitionem inter sese mutuam ex vetere notitia hominis et leonis …

    APION, qui Plistonices appellatus est, litteris homo multis praeditus rerumque Graecarum plurima atque varia scientia fuit. Eius libri non incelebres feruntur, quibus omnium ferme quae mirifica in Aegypto visuntur audiunturque historia comprehenditur. Sed in his quae vel audisse vel legisse sese dicit, fortassean vitio studioque ostentationis sit loquacior—est enim sane quam in praedicandis doctrinis sui venditator—hoc autem,  quod in libro Aegyptiacorum quinto scripsit, neque audisse neque legisse, sed ipsum sese in urbe Roma vidisse oculis suis confirmat.
    “In Circo Maximo,” inquit, “venationis amplissimae pugna populo dabatur. Eius rei, Romae cum forte essem, spectator,” inquit, “fui. Multae ibi saevientes ferae, magnitudines bestiarum excellentes omniumque invisitata aut forma erat aut ferocia. Sed praeter alia omnia leonum,” inquit, “  immanitas admirationi fuit praeterque omnis ceteros unus.  Is unus leo corporis impetu et vastitudine terrificoque fremitu et sonoro, toris comisque cervicum fluctuantibus, animos oculosque omnium in sese converterat. Introductus erat inter compluris ceteros ad pugnam bestiarum datos servus viri consularis; ei servo Androclus nomen fuit. Hunc ille leo ubi vidit procul, repente,” inquit, “quasi admirans stetit ac deinde sensim atque placide, tamquam noscitabundus, ad hominem accedit. tum caudam more atque ritu adulantium canum clementer et blande movet hominisque se corpori adiungit cruraque eius et manus, prope iam exanimati metu, lingua leniter demulcet. Homo Androclus inter illa tam atrocis ferae blandimenta amissum animum recuperat, paulatim oculos ad contuendum leonem refert. Tum quasi mutua recognitione facta laetos,” inquit, “et gratulabundos videres hominem et leonem.”
    Ea re prorsus tam admirabili maximos populi clamores excitatos dicit, accersitumque a C. Caesare Androclum quaesitamque causam cur illi atrocissimus leo uni parsisset. Ibi Androclus rem mirificam narrat atque admirandam. “Cum provinciam,” inquit, “Africam proconsulari imperio meus dominus obtineret, ego ibi iniquis eius et cotidianis verberibus ad fugam sum coactus et, ut mihi a domino, terrae illius praeside, tutiores latebrae forent, in camporum et arenarum solitudines concessi ac, si defuisset cibus, consilium fuit mortem aliquo pacto quaerere. Tum sole medio,” inquit, “rabido et flagranti specum quandam nanctus remotam latebrosamque, in eam me penetro et recondo. Neque multo post ad eandem specum venit hic leo, debili uno et cruento pede, gemitus edens et murmura, dolorem cruciatumque vulneris commiserantia.” Atque illic primo quidem conspectu advenientis leonis territum sibi et pavefactum animum dixit. “Sed postquam introgressus,” inquit, “leo, uti re ipsa apparuit, in habitaculum illud suum, videt me procul delitescentem, mitis et mansues accessit et sublatum pedem ostendere mihi et porgere quasi opis petendae gratia visus est. Ibi,” inquit, “ego stirpem ingentem, vestigio pedis eius haerentem, revelli conceptamque saniem volnere intimo expressi accuratiusque sine magna iam formidine siccavi penitus atque detersi cruorem. Illa tunc mea opera et medella levatus, pede in manibus meis posito, recubuit et quievit atque ex eo  die triennium totum ego et leo in eadem specu eodemque et victu viximus.  Nam, quas venabatur feras, membra opimiora ad specum mihi subgerebat, quae ego, ignis copiam non habens, meridiano sole torrens edebam. Sed ubi me,” inquit, “vitae illius ”  ferinae iam pertaesum est, leone in venatum profecto, reliqui specum et viam ferme tridui permensus a militibus visus adprehensusque sum et ad dominum ex Africa Romam deductus. Is me statim rei capitalis damnandum dandumque ad bestias curavit.  Intellego autem,” inquit, “hunc quoque leonem, me tunc separato captum, gratiam mihi nunc beneficii et medicinae referre.”
    Haec Apion dixisse Androclum tradit, eaque omnia scripta circumlataque tabula populo declarata, atque ideo cunctis petentibus dimissum Androclum et poena solutum leonemque ei suffragiis populi donatum. “Postea,” inquit, “videbamus Androclum et leonem, loro tenui revinctum, urbe tota circum tabernas ire, donari aere Androclum, floribus spargi leonem, omnes ubique obvios dicere: ' Hic est leo hospes hominis, hic est homo medicus leonis.'”

  • El buey como patrón monetario

    En algún momento de la evolución de los homínidos debió surgir el intercambio de productos o trueque. Este sistema tan simple y directo puede servir incluso hoy en día para operaciones excepcionales, pero desde luego resultaría muy engorroso para el desarrollo de una economía con amplios intercambios comerciales. Era necesario encontrar un sistema de valoración en función de un patrón o unidad. Es decir, era necesario inventar el dinero y la moneda y esto ocurrió en la Edad del Bronce, en el II milenio a.C.

    Entre pueblos ganaderos, como los indoeuropeos griegos o latinos, el primer patrón o unidad de trueque fue sin duda el ganado, el buey, que era también el animal valioso como ofrenda para los sacrificios y quizás por ello se convirtió en referencia para el intercambio. Así ocurría entre los griegos de la época heroica, como refleja Homero en Iliada, VI, 234-236:

                    Entonces Zeus Crónida hizo perder el juicio a Glauco,
                     que con el Tidida Diomedes intercambió las armas,
                    oro por bronce, unas que valían cien bueyes por otras de nueve.

                   ἔνθ᾽ αὖτε Γλαύκωι Κρονίδης φρένας ἐξέλετο Ζεύς,
                   ὃς πρὸς Τυδεΐδην Διομήδεα τεύχε᾽ ἄμειβε
                   χρύσεα χαλκείων, ἑκατόμβοι᾽ ἐννεαβοίων.

    Lo recoge Plinio en Historia Natural, 33, (3) 7

    Dice (Homero) que unos compraron algunas cosas con las pieles de los
    bueyes y otros con hierro y con los cautivos; por esto, aunque el mismo
    era  ya un admirador del oro, hizo la valoración de las cosas en ganado,
    de tal manera que dice que Glauco cambió sus armas de oro de 100 bueyes
    por las armas de Diomedes de nueve bueyes. Consta que de acuerdo
    con esta práctica  en Roma las multas de las leyes antiguas también
    se pagaban  con ganado.

    alios coriis boum, alios ferro captivisque res emptitasse tradit. quare, quamquam ipse iam mirator auri, pecore aestimationes rerum ita fecit, ut C boum arma aurea permutasse Glaucum diceret cum Diomedis armis VIIII boum. ex qua consuetudine multa legum antiquarum pecore constat etiam Romae.

    O en Iliada,XXIII, 705

     El Pelida al momento depositó el tercer grupo de premios
    para la ruda lucha, tras haberlos exhibido ante los dánaos:
    para el vencedor un gran trípode para poner al fuego,
    que en el precio de doce bueyes valoraban los aqueos entre sí:
    y para el vencido puso en el centro una mujer
    diestra en muchas labores, a quien tasaban en cuatro bueyes.

                          

                                 Πηλεΐδης δ᾽ αἶψ᾽ ἄλλα κατὰ τρίτα θῆκεν ἄεθλα
                                 δεικνύμενος Δαναοῖσι παλαισμοσύνης ἀλεγεινῆς,
                                τῶι μὲν νικήσαντι μέγαν τρίποδ᾽ ἐμπυριβήτην,
                                τὸν δὲ δυωδεκάβοιον ἐνὶ σφίσι τῖον Ἀχαιοί·
                                ἀνδρὶ δὲ νικηθέντι γυναῖκ᾽ ἐς μέσσον ἔθηκε,
                                 πολλὰ δ᾽ ἐπίστατο ἔργα, τίον δέ ἑ τεσσαράβοιον.

    (Todavía hoy en algunos pueblos de Oriente y de Africa el precio de la novia se establece en cabezas de ganado, sean vacas, camellos o cualquier otro…)

    La moneda de cambio, tal como hoy la usamos, apareció probablemente en Lidia o en la Grecia asiática en el siglo VII a.C.

    Entre los latinos las reminiscencias de su relación con el ganado  son evidentes. La palabra “pecus, -oris”  significa ganado, rebaño; de pecus deriva pecunia que en principio significa riqueza, fortuna, porque según Festo entonces en el ganado consistía la riqueza; significa  también moneda, dinero sin que sea necesaria explicación ulterior. 

    Curiosamente las primeras monedas en cobre o metal, notable avance en ese momento, eran simples lingotes de metal muy pesados (el de la ilustración medía 24 x 18 cm), a veces con la forma  de una piel de buey , llamados “aes rude  = as bruto, sin acuñar” y luego, tal vez en el siglo V a.C.  acuñado con la figura impresa de un buey o toro (aes signatum). A veces aparece impresa la figura de un carnero o de un cerdo.

    Más tarde  fueron muy frecuentes las monedas en cuyo reverso seguía apareciendo  la figura del buey o toro.

    De pecunia deriva pecuniario, del latín pecuniarius y que significa “perteneciente o relativo al dinero efectivo” según la Real Academia Española.

    Deriva también peculio, de  peculium, que significa, también según la RAE, “Hacienda o caudal que el padre o señor permitía al hijo o siervo para su uso y comercio y luego por extensión  dinero que particularmente tiene cada uno, sea o no hijo de familia”. Su origen está naturalmente en la parte del rebaño que el señor permitía que el esclavo o cuidador del ganado cogiese para su sustento.

    Capital deriva de capitalis y este de caput, capitis, cabeza, que en este contexto económico se refiere, naturalmente, a cabeza de ganado; así que acumular capital quiere decir acumular cabezas de ganado, es decir, dinero.

    capitalis” en latín clásico hace referencia también a las penas o crímenes mortales; con sentido económico encontramos el término latino clásico capitarium, que hace referencia a lo principal de una deuda, de una renta.

    De la palabra  capitalis deriva también caudal  (antes cabdal) que significa, entre otras cosas, “Hacienda, bienes de cualquier especie, y más comúnmente dinero” según el diccionario de la RAE .  Así se usa en la expresión “caja de caudales”.

    La palabra moneda tiene un curioso origen. En la Roma republicana se acuñaba el dinero en una dependencia junto al templo de Juno Moneta. Moneta era uno de los múltiples determinativos  con los que se referían a la diosa Juno, la Hera de los griegos. Moneta significa “la avisadora, la protectora, la que nos cuida, la que nos advierte, la que nos aconseja”.

    El término dinero deriva de denarius,(derivado del  también latin “deni” que significa diez) moneda romana de plata, imitación de las monedas griegas, que se comenzó a acuñar hacia el 269 a.C.  que equivalía a diez monedas de bronce llamadas as, . 

    De “denarius” deriva “dinar”, nombre de la unidad monetaria en numerosos países árabes.

    Al estudio y arte de coleccionar monedas se le llama numismática, palabra que deriva de la latina numisma o nomisma , transcripción latina de  la griega νόμισμα, que significa precisamente “moneda”, relacionada con  νόμος   que significa uso, costumbre, ley.
    Relacionado con este mundillo de la moneda está la palabra ceca, lugar, institución, taller en el que se acuñan las monedas, procede del árabe “dar al-sikka”  ( casa de moneda). 
    En otra ocasión  comentaremos los sistemas monetarios romano y griego.

  • ¿Qué es un epigrama?

    La palabra epigrama procede de la latina epigramma, y esta de la griega ἐπίγραμμα (de ἐπί = sobre y γραμμα =, escritura, letra), que significa “inscripción”. Su etimología hace referencia a las inscripciones sepulcrales o votivas en piedra u otro material, naturalmente breves.

    Luego este tipo de poemas fue tratando otros asuntos y designó a un poema corto, generalmente de tema erótico-amoroso, una especie de grabación ficticia. En el siglo I d.C. la temática es muy variada,  sobre todo satírica y de crítica social.

    En este tipo de poesía  sobresale el poeta hispano de Biblbilis (junto a la actual Calatayud) Marco Valerio Marcial (40-104). Escribió más de 1.500 epigramas, la mayoría en dísticos elegiacos (del gr. δί-, dos y στιχον, surco, verso), estrofa , pues, de dos versos, un hexámetro y un pentámetro.

    Son muy conocidos los de temática  erótica, a veces obscenos, pero en realidad trató todos los temas y aspectos de la vida y costumbres de la sociedad romana, siendo su obra un documento de gran valor para conocer diversos aspectos de la sociedad y cultura de la Roma del siglo I.

    Digamos que sus temas pueden ser dulces como la miel (mel); satíricos y amargos como la hiel (fel), ácidos como el vinagre (acetum), graciosos e ingeniosos como la sal (sal). Son estas comparaciones que desde la Antigüedad se vienen utilizando para definir estos poemitas y su temática.

    Así pues, el epigrama es un poemita que ha de tener como  características, señaladas ya por los propios poetas antiguos como el propio Marcial,  brevedad, suavidad y dulzura, agudeza, ingeniosidad e ingenio, burla, acidez  y mordacidad


    El mismo Marcial nos lo explica  en  Lib. 7, 25:

    Si siempre escribes sólo epigramas dulzones
    y  más blancos que la piel blanqueada con albayalde,
    si no hay en ellos ni una pizca de sal ni una gota de amarga hiel,
    loco, ¿quieres encima que alguien los lea?
    Ni nos agrada comer un alimento sin algo de vinagre,
    ni es agradable un rostro al que le falta un risueño hoyuelo.
    Dale al niño manzanas enmeladas e insípidos higos,
    a mí dáme  higos de Chios, que saben picantes
    ”.

    Dulcia cum tantum scribas  epigrammata semper
    et cerussata candidiora cute,
    nullaque mica salis nec amari fellis in illis
    gutta sit, o demens, vis tamen illa legi!
    Nec cibus ipse iuvat morsu fraudatus aceti,
    Nec grata est facies, cui gelasinus abest.
    Infanti melimela dato fatuasque mariscas:
    nam mihi, quae novit pungere, Chia sapit
    ."

    Pues bien, Juan de Iriarte y Cisneros (Tenerife 1702- Madrid 1771) fue un importante latinista, helenista, bibliógrafo y poeta con una ingente obra. Su género preferido fue el epigrama y tradujo muchos de los de Marcial en verso, así como de otros autores modernos. El mismo escribió numerosos epigramas en latín y teorizó sobre las características de estos poemas.

    Este importante personaje define perfectamente lo que es un epigrama en un conocido poemita,  epigrama también, naturalmente:

    A la Abeja semejante,
    Para que cause placer,
    El Epigrama ha de ser:
    Pequeño, dulce y punzante.

    Estas comparaciones para definir al epigrama ya se utilizaban en tiempos de Marcial. Este epigrama, en el que define las características esenciales de este género literario (pequeño, dulce y punzante) es muy conocido por el público lector; más conocido por los lectores de alguna edad que por los más jóvenes de la actualidad, que apenas si memorizan algún texto literario.

    Lo que pocos conocen, antes como ahora, es su versión latina del propio autor (Iriarte), el  número CCLXVI , que titula   Epigrammatis dotes y que dice:

                                              Sese ostendat Apem, si vult Epigramma placere:
                                               Insit ei brevitas, mel, et acumen Apis.

    cuya traducción más literal es del tenor siguiente:

                 Si el epigrama quiere agradar, se ha de manifestar como una abeja;
                 En él ha de encerrarse brevedad, miel y el aguijón de la abeja.

    La misma definición hace Martínez de la Rosa (1787-1862), poeta, dramaturgo y político liberal, poco posterior, en su Poética, canto IV

    Mas el festivo ingenio deba sólo
    al sutil epigrama su agudeza:
    un leve pensamiento,
    una voz, un equívoco le basta
    para lucir su gracia y su viveza;
    y cual rápida abeja, vuela, hiere,
    clava el aguijón y al punto muere

    En realidad, son éstas  definiciones tradicionales, que exigen como “virtudes” (término más frecuente que el “dotes” utilizado por Iriarte) del epigrama, sobre todo brevedad y agudeza, a las que algunos añaden la suavidad o dulzura, que es lo característico de la miel.

    Pondremos unos pocos  ejemplos, extraídos del millar y medio que escribió Marcial, como muestra para que el lector se anime a realizar una lectura completa de su obra.

       Lib. VIII, 14

    Para que tus pálidos frutales de Cilicia no teman al invierno
    y un viento fuerte no muerda tus tiernos arbolillos,
    unas cristaleras, opuestas a los vientos invernales del sur,
    dejan pasar el sol límpido  y la luz pura.
    Y en cambio a mí me das una choza, con una ventana que ni  cierra por completo,
    en la que no querría estar ni el mismo Boreas
    .(1)
    ¡Y así, cruel, condenas a vivir a un viejo amigo!
    Estaría mejor tratado como huésped de tus árboles.

          (1) Viento del norte, frío

    Pallida ne Cilicum timeant pomaria brumam
    mordeat et tenerum fortior aura nemus,
    Hibernis obiecta notis specularia puros
    admittunt soles et sine faece diem.
    At mihi cella datur, non tota clusa fenestra,
    in qua nec Boreas ipse manere velit.
    Sic habitare iubes veterem crudelis amicum.
    Arboris ergo tuae tutior hospes ero.


                   ————————
    Lib. V, 9

    Estaba  enfermo y rápido viniste a mí, Símaco, (1)
    acompañado de cien discípulos.
    Me palparon cien manos heladas por el cierzo.
    No tenía fiebre, Símaco, pero ahora la tengo.

        (1) Evidentemente, Símaco era médico.

    Languebam: sed tu comitatus protinus ad me
    venisti centum, Symmache, discipulis.
    Centum me tetigere manus aquilone gelatae:
    Non habui febrem, Symmache, nunc habeo.

                                         ————————–
    Lib. III, 87

    Se rumorea, Quíone, que nunca has sido follada
    y que nada hay más puro que tu coño.
    Sin embargo te bañas sin taparte la parte que debes.
    Si tanto pudor tienes, ponte  el bikini en la cara.

    Narrat te, Chione, rumor numquam esse fututam
    atque nihil cunno purius esse tuo.
    Tecta tamen non hac, qua debes, parte lavaris:
    Si pudor est, transfer subligar in faciem.

                                   ————————-
    Lib. III, 89

    Come lechugas y come tiernas malvas,
    pues tienes, Febo, la cara del que caga duro.

    Utere lactucis et mollibus utere malvis:
    nam faciem durum, Phoebe, cacantis habes.

                                    ————————
    Lib. I, 38

    Ese librito que recitas es mío, Fidentino,
    pero cuando lo recitas tan mal comienza a ser tuyo
    .

    Quem recitas meus est, o Fidentine, libellus:
    Sed male cum recitas, incipit esse tuus
    .

                                 —————————
    Lib. I, 28

    El que crea que Acerra apesta a vino de ayer
    se equivoca; Acerra siempre bebe hasta el alba.

    Hesterno fetere mero qui credit Acerram,
    Fallitur: in lucem semper Acerra bibit.

                          ……………………………..

    Lib. I, 29 

    Se rumorea, Fidentino, que recitas al público
    mis versos como si fueran tuyos.
    Si quieres que se diga que son míos, te enviaré gratis mis poemas,
    Si quieres que se diga que son tuyos, cómprame esto:  que no sean míos.

    Fama refert nostros te, Fidentine, libellos
    Non aliter populo quam recitare tuos.
    Si mea vis dici, gratis tibi carmina mittam:
    Si dici tua vis, hoc eme, ne mea sint.

                            ……………………….

    Lib. II, 87

    Dices que las bellas muchachas arden de amor por ti,
    Sexto, tú que tienes la cara del que nada bajo el agua.

    Dicis amore tui bellas ardere puellas,
    Qui faciem sub aqua, Sexte, natantis habes
    .

    Y así hasta 1.500…

  • Todos y todas, los muchachos y las muchachas, κόρους τε ἅμα καὶ κόρας (kórous te áma kaì kóras), πάντ᾽ ἄνδρα καὶ γυναῖκα (pánt’ándra kaì gynaîka)

    Uno de los cambios más importantes que se ha originado en la sociedad moderna occidental y en buena medida en todo el mundo es el de la igualdad entre hombres y mujeres; igualdad legal total y real tan sólo en parte en el status o función social.

    Esta tendencia afortunadamente imparable se intenta reflejar en el lenguaje, en el que se procura evitar toda connotación sexista o machista. En ese intento hay quien utiliza simultáneamente el artículo y otros determinantes en sus formas masculina y femenina (el/la; los/las) o los propios sustantivos en sus formas masculina y femenina si es que las tuvieran (chicos/ chicas, hombres/ mujeres, ciudadanos/ciudadanas…).

    Sabemos que en el Mundo Antiguo la mujer juega un escaso papel social, recluida generalmente en el hogar doméstico, (o en una parte del hogar, en el gineceo  del latín gynaecēum, y este del griego γυναικεῖος y este de γυνή, gyné, que significa mujer) y limitada su función a la procreación y cuidado de los hijos y al gobierno de la casa. Pero esta idea general debe ser matizada y la realidad conocida con alguna precisión.

    Probablemente sorprenderán al lector moderno algunas de sus fórmulas lingüísticas no sexistas y muchas de las ideas que Platón expone en sus diálogos en los que diseña el sistema político de una nueva ciudad ideal, de una nueva polis. Lo hace fundamentalmente en sus diálogos La República  y Las Leyes.

    Entre esas ideas no serán las que menos asombro produzcan las referidas a la educación y la función que la mujer ha de desempeñar en la sociedad. Leamos algunas de las cosas que dice Platón en la traducción que para editorial Aguilar hizo Francisco de P. Samaranch:

         ATENIENSE: … He aquí una cosa que, de manera muy conveniente, podrían imitar tanto los jóvenes como las jóvenes (κόρους τε ἅμα καὶ κόρας)  honrando así el juego que encantará a la diosa, y preparándose así no sólo para las fiestas, sino también para la guerra. (Las Leyes, 796c)
                                              …………………….
         ATENIENSE: …. Por consiguiente, todo hombre y toda mujer (πάντ᾽ ἄνδρα καὶ γυναῖκα), a lo largo de toda su vida, deben acomodarse lo mejor posible a este papel, jugando a los juegos más bellos que pueda haber, pero con pensamientos totalmente distintos de los que tienen hoy en día.

    CLINIAS: ¿Qué quieres decir?                                                   (Las Leyes, 803c- 803d)

        …………


      Estas fórmulas no deben extrañarnos si lo que está proponiendo es una educación y una función iguales para los jóvenes y las jóvenes.  Por eso dice poco después:

    ATENIENSE: … Volviendo a nuestro tema, habíamos prescrito se construyeran gimnasios, así como también escuelas públicas, en tres lugares del centro de la ciudad y, asimismo, en las afueras de la ciudad otros tres gimnasios y campos de ejercicio para la equitación, para el tiro del arco y para otras clases de tiro a larga distancia, a fin de atender a la instrucción y adiestramiento de los jóvenes.
    Si nuestras prescripciones no fueron entonces suficientemente explícitas, aclarémoslas aquí dándoles forma de leyes. En todos estos edificios deberán residir, como maestros encargados de cada una de las disciplinas, extranjeros a quienes se haya convencido pagándoles bien; ellos enseñarán a sus discípulos todo aquello que sea útil para la guerra y todo lo que concierne a la música. Pero lo que no admitiremos es que este tal frecuente la escuela porque su padre lo quiera, mientras que aquel otro a quien no le obligan, se abandone y falte a ella; no, antes obligaremos a que se haga instruir todo el mundo y en la medida de lo posible, porque pertenecen a la ciudad más aún que a sus padres.
    La ley que yo quiero promulgar impondrá otro tanto a las mujeres, igual que a los varones, es decir, que las mujeres deberán formarse de la misma manera; y lo diré sin dejarme amilanar por la objeción  de que ni la equitación ni la gimnasia, que son decentes para los hombres, no son decentes para las mujeres; estaba antes persuadido de ello por haber oído algunos mitos antiguos, pero mucho más ahora que he sabido que en torno al Ponto hay miles y miles de mujeres, llamadas sauromátides, a las que se impone, con el mismo título que a los hombres,  y que practican igual que los hombres, la equitación, así como el tiro del arco y el ejercicio con las demás armas.
    A esto añado yo, manteniéndome dentro del mismo tema, el razonamiento que sigue: puesto que es posible una costumbre de este tipo, el que actualmente gobierna en nuestros países  posee una notable necedad al prohibir a los hombres y a las mujeres que practiquen, todos juntos, con todas sus fuerzas y animados de un mismo espíritu, los mismos ejercicios. De aquella forma, en efecto, todas las ciudades o casi todas, haciendo los mismos gastos y con las mismas dificultades, llega a ser no más que una media ciudad, en lugar de valer como dos ciudades; y sería realmente sorprendente que un legislador cometiera una falta como esta.
    CLINIAS: Eso parece; no obstante, en todo esto que nosotros estamos exponiendo hay muchas cosas que se oponen a las constituciones existentes en la actualidad.
    …..
    ATENIENSE: …. pero ahora habrá que buscar otra táctica para obstinarse en negar esta ley, y tales negativas no van a extinguir el vigor con que nosotros no cejaremos en nuestra exigencia de que en la medida de lo posible, para la educación como para todo lo demás, la mujer comparta los trabajos del hombre.
    (Las Leyes, 804c- 805d)

    Nótese cómo el argumento de que sólo los  necios, incluidos los gobernantes,  prescindirían de la mitad de la población y construir media ciudad en vez de dos ciudades es de absoluta actualidad.

    Quien sienta curiosidad por propuestas tan  antiguas y tan modernas  deberá leer los diálogos de Platón citados. En ellos los pasajes llamativos, similares al citado,  son numerosos.  Desgraciadamente Platón fracasó en esta cuestión a la hora de hacer realidad su propuesta de ciudad ideal en Sicilia y ello le produjo cierta amargura y buena dosis de realismo, como se refleja en Las Leyes y en su República .

    Profundizaré en otra ocasión en estas  propuestas  de Platón, a las que por cierto poco caso se hizo en la Edad Antigua , Media y hasta en ocasiones en la Contemporánea.
     

  • Decámetros y decímetros

    Tras la adquisición del concepto abstracto de número y sus representación gráfica, necesitaba el hombre crear un sistema de numeración que le permitiese trabajar cómodamente con grandes cantidades. Para ello necesitaba crear un sistema jerarquizado de varios órdenes o niveles, de tal manera que determinado número de unidades de un nivel se convirtiesen en unidad del nivel superior y así sucesivamente. Al criterio para organizar ese sistema se le llama “base”. Así entre nosotros diez unidades constituyen una decena y diez decenas una centena y diez centenas un millar.

    El sistema de numeración más extendido en el mundo es el de base 10, que acabamos de ejemplarizar, que se llama “decimal” de la palabra latina “decem” que significa “diez”. Pero existen y han existido otros, incluso entre nosotros. Reliquias de esos otros sistemas son por ejemplo  el contar por docenas en algunos casos (una docena de huevos…) que correspondería a un sistema de base 12 o duodecimal , de la palabra latina “duodecim” que significa “doce”; la expresión francesa con la que se designa 80, “quatre vingt” (cuatro veintes)  que delata el uso de base 20; la medición del tiempo:  60 segundos hacen un minuto y 60 minutos una hora que corresponde a un sistema en base 60 o sexagesimal, (de la palabra latina sexaginta, que significa “sesenta”.

    El sistema decimal se impone naturalmente porque diez son los dedos de las dos manos con las que el hombre acostumbra a contar. La mano es y sigue siendo la primera máquina de calcular. A pesar de ello los sistemas de pesos y medidas de muchos  países, y aun dentro de ellos, eran muy diversos aun siendo decimales, lo que dificultaba enormemente las relaciones, sobre todo económicas, entre ellos.

    Al final del  Siglo de las Luces , el siglo XVIII,  en la Revolución Francesa, se comienza a poner orden en tanta confusión. En primer lugar se trataba de encontrar una “unidad” que fuera aplicable a la medida de la longitud, del espacio, del volumen, de la capacidad  y del peso. Después de muchas discusiones se encontró una longitud a la que se llamó “metro” con la que se construyó un patrón  de platino e iridio a 0ºC.  Hoy se define esa distancia como la longitud del trayecto recorrido por la luz en el vacío durante 1/299.792.458 de segundo.

    A esta unidad se le llamó “metro” de la  palabra griega (  "μέτρον" , metron) que significa "medida"

    Esta unidad podía generar múltiplos y submúltiplos, a los que también había que poner nombres.  Los sabios franceses encontraron una solución salomónica: a los múltiplos se les pondría nombres griegos:  deca-, del griego  “ deka” (δέκα),  que significa diez, hecto-(del griego ἑκατόν “ekaton”) que significa cienkilo–  (del griego χίλια. “jilia”)que significa mil. A los submúltiplos se les pondría nombres latinos: deci– (del latin “decem” que significa diez, centi– (del latín centum) que significa cien-, milli– (del latín “mille” )que significa mil.
    .
    Aplicando esta terminología a las  medidas de longitud tenemos que: la unidad es el metro; múltiplos son el decámetro, el hectómetro, el kilómetro, submúltiplos son el decímetro, el centímetro, el milímetro.

    Como medida de capacidad tenemos el litro ; múltiplos el decálitro, el hectólitro, el kilolitro ; submúltiplos el decilitro, el centilitro, el mililitro.

    La palabra “litro” procede la de la francesa “litre” y ésta del latín medieval “litra”  y esta a su vez del griego λίτρα , “litra”, que significa  y de la que procede “libra”.

    Como medidas de peso tenemos la unidad, el gramo ( del griego γράμμα , “gramma” que significa letra y que pasa al latín con el significado de piedrecilla); múltiplos son el decagramo, el hectogramo, el kilogramo; submúltiplos son el decigramo, el centigramo, el miligramo.

    Una vez más Grecia y Roma, las raíces,  venían en nuestra ayuda.

    Por cierto, un prisma de un decímetro de base por  un decímetro de altura es un decímetro cúbico porque resulta de multiplicar 3 veces el decímetro  (largo X ancho X alto). La capacidad de agua que puede recoger ese prisma es de un litro y el peso de esa agua es un kilogramo. Se encontró así la relación y equivalencia entre las medidas de longitud, capacidad y peso y todas ellas sobre el sistema decimal. Al margen quedó la medida del tiempo, residuo antiquísimo como dijimos.

    Así que se ha impuesto casi por completo el sistema decimal, excepto las reliquias anteriormente comentadas, y en el mundo anglosajón, empeñados como siguen en contar en millas y yardas.

    Tanto en el caso de las reliquias como en el inglés se comprueba una vez más que en la sociedad humana no siempre se impone lo fríamente racional; hay usos y costumbres manifiestamente mejorables que impone la voluntad o inercia social.

    Pero las necesidades de la moderna computación han obligado a superar el tradicional sistema métrico decimal y así se ha creado el Sistema Internacional de Unidades o de Medidas con términos para múltiplos  tales como  yotta,  zetta, exa, peta, tera,  giga, mega, kilo, hecto, deca; y submúltiplos tales como  deci, centi, mili, micro, nano,  pico,  femto, atto,  zepto , yocto.

    Casi todos los nombres nuevos son también griegos y latinos con algunas adaptaciones, como yotta, zetta, peta (parecido a penta), giga, mega… micro, nano, micro, zepto, yocto; parece que se han colado algunos daneses como femto o attto.

  • ¿Qué significa Carpe diem?

    Es muy habitual escuchar la expresión Carpe Diem, pero ¿qué significa Carpe diem?. Significa “aprovecha la ocasión, goza del momento”.  En síntesis lo que viene a decir es: “no preguntes cuál será nuestro futuro; acepta lo que venga y como la vida es breve, disfruta ahora lo que puedas”.

    Una de las ventajas que tienen los poetas antiguos, en general los literatos, es que su obra no es tan extensa como la de algunos modernos. Así que si nos lo proponemos en poco tiempo podemos haber leído su poesía completa. A la exigencia de la perfección clásica, que sólo permite una producción muy depurada, hay que añadir el estrago del tiempo que nos ha hecho perder muchas creaciones extraordinarias.

    ¿Quién dijo la frase Carpe Diem?

    Uno de los poetas más notables por su madurez y su razonable epicureísmo es Horacio (Quinto Horacio Flaco, Quintus  Horatius Flaccus).

    Es autor, entre otras varias famosas, de la frase carpe diem, citada hasta la saciedad, usada y abusada constantemente desde la Antigüedad.
    Horacio la utiliza en su Oda número 11 del libro I. El poemita, sólo tiene ocho versos, está dedicado a una mujer, Leucónoe,  que algún autor interpreta como “la de mente lúcida”, a la que tal vez le hace una sutil insinuación amorosa.

    El poeta explica muy bien el significado de Carpe Diem en su Oda número 11, y aunque la poesía, y más la antigua, tiene ciertas dificultades de comprensión, ofreceré el texto en español y también en latín, por si alguien tiene la oportunidad de leerlo en su lengua original, que siempre es lo mejor, si se puede.

    No te preguntes (sería un sacrilegio saberlo) qué fin
    nos tienen preparado a ti y a mí los dioses, Leucónoe;
    ni consultes las tablas babilónicas *.
    Lo mejor será soportar  lo que venga.
    Tanto si Júpiter nos ha concedido todavía muchos inviernos
    como si éste que ahora azota las rocas porosas del mar Tirreno
    es el último de nuestra vida,  sé sabia, disfruta de tus  vinos
    y no tengas una larga esperanza.
    Mientras estamos hablando se está  escapando envidioso nuestro  tiempo.                                                Aprovecha el presente y confía lo mínimo en el porvenir

    (*el horóscopo….)

    Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi
    finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
    temptaris números. Vt melius quicquid erit pati!
    Seu plouris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
    quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
    Tyrrhenum, sapias, vina liques et spatio brevi
    spem longam reseces. Dum loquitur, fugerit invida
    aetas: carpe diem, quam mínimum crédula postero.

    Nota: poema inmemorial, tan válido hoy como ayer. Hablaremos con frecuencia de Horacio, el poeta tranquilo, el poeta de la madurez.

  • “Símbolo” y “diabolo” (diablo) son dos palabras relacionadas entre sí.

    Es difícil que el hombre actual establezca la relación entre “símbolo” y “diablo”, pero esa relación existe.

    σύμβολον, symbolonsímbolo,  significa según el diccionario contrato, tratado de comercio, marca, distintivo, señal, signo, contraseña, emblema, símbolo, insignia, presagio, auspicio, convención, tratado. Se relaciona con συμβάλλω, symballo,  echar, reunir, juntar, contratar, lanzar, comparar, interpretar, convenir…; συν- o  συμ-, sin– es una preposición y  preverbio griego que significa “con” y por tanto implica una idea de conjunto, de colectividad, de reunión.

    Símbolo hace relación a una práctica de protección de la hospitalidad  o de realización de contratos y acuerdos consistente en romper una pieza de cerámica, metal y otro materia de tal manera que cada una de las dos partes, el viajero y el hospedador, el vendedor y el comprador, se quedaban con una de ellas; en una futura ocasión la reunión de las dos mitades  en una sola pieza era la prueba de la antigua hospitalidad establecida o convenio realizado. Luego, en el mundo del derecho, el símbolo era un tipo de contrato entre personas privadas con determinadas garantías jurídicas.

    διάβολος, diabolos, diablo significa calumniador, detractor. Se relaciona con δια-βάλλω , dia-ballo, lanzar, desavenir, indisponer, acusar, calumniar, denigrar, engañar… διά, dia , es precisamente una preposición o adverbio que significa separadamente, en partes, a través de.. , es decir, lo contrario de sin

    El término está relacionado con διὰβολή, diabolé, que significa desavenencia, desacuerdo, querella, acusación falsa, calumnia.

    En realidad la palabra diabolé originariamente se refería a la postura que en los procesos judiciales, en los tribunales, mantenía quien ponía en duda la afirmación de la otra parte, al que se le llama diabolos, διάβολος . Desde este sentido méramente retórico paso a significar “calumniador” y  diabolécalumnia”.  En el contexto cristiano el diablo era el que introducía división y distanciamiento con la verdad de Dios y por tanto era el enemigo de Dios.

    Así que etimológicamente “símbolo” es lo contrario de “diablo”, si los “símbolos” unen, los “diablos” separan.

    Demonio (del lat. daemonĭum, y este del gr. δαιμόνιον, daimonion) merece un tratamiento aparte que en su momento llevaré a cabo.

  • ¿Qué es más importante, la utilitaria oratoria o la espiritual poesía?

    Ayer como hoy la palabra, las letras, son una noble ocupación del hombre, pero en algunos casos esa ocupación produce pingües beneficios y recompensas y en otros ni siquiera permite una vida sencilla libre de preocupaciones materiales.

    Cornelio Tácito (circa 55-120) fue  senador, cónsul y gobernador romano, pero sobre todo fue un historiador famoso que nos contó en dos obras (Historias, Anales) la Historia de Roma desde Augusto hasta Domiciano. Pero escribió también tres obras menores, una sobre Germania, otra con la biografía de su suegro Julio Agrícola y otra tercera titulada “Diálogo sobre  los oradores”  “Dialogus de oratoribus” en la que trata de la decadencia de la oratoria en su tiempo.

    En esta tercera, en un diálogo simulado entre el poeta Curiacio Materno y el orador Marco Apro, discuten sobre qué arte ha de tener la primacía, cuál ha de ser más importante, la poesía o la oratoria. 

    El trabajo del orador es defender o acusar ante los tribunales a un ciudadano, a una ciudad o una provincia que requiere sus servicios, por los que ha de recibir buenos y pingües emolumentos, amén de una gran fama y consideración social. La oratoria, concebida como arma, se afana por el lucro.

    El poeta, empeñado en su soledad y tranquilidad de espíritu, en expresar sus sentimientos o en cantar en versos musicales las acciones notables de los hombres, apenas si puede aspirar a una lectura entre el círculo de sus amigos y a una difícil y costosa edición de su obra. Aunque pueda aspirar al apoyo y protección de algún poderoso, el poeta no gana mucho dinero ni vive en la opulencia.

    Que cada cual  valore estas dos actividades como considere adecuado, como ocurría en la Antigüedad. Pero en esta obra y en este diálogo Tácito nos recuerda un hecho memorable que le ocurrió al gran poeta nacional latino Virgilio, el autor de la Eneida dedicada a la familia del emperador Augusto, de las Eglogas, de las Geórgicas.

    Dice Tácito por boca de Materno en Diálogo sobre los oradores, I, 13

    Y no temería comparar ciertamente la suerte de los poetas y su feliz camaradería con la inquieta y agitada vida de los oradores. Aunque a ellos sus confrontaciones y peligros los conduzcan al consulado, prefiero el retiro, tranquilo y seguro, de Virgilio, en el que sin embargo no estuvo falto del  favor del divino Augusto ni del reconocimiento entre las gentes de Roma. Prueba de ello son las cartas de Augusto; testigo el mismo pueblo, que al escuchar  en el teatro unos versos de Virgilio se levantó todo él  y le  honró a Virgilio presente por casualidad como espectador como si fuera  Augusto.”

    Ac ne fortunam quidem vatum et illud felix contubernium comparare timuerim cum inquieta et anxia oratorum vita. licet illos certamina et pericula sua ad consulatus evexerint, malo securum et quietum Virgilii secessum, in quo tamen neque apud divum Augustum gratia caruit neque apud populum Romanum notitia. Testes Augusti epistulae, testis ipse populus, qui auditis in theatro Virgilii versibus surrexit universus et forte praesentem spectantemque Virgilium veneratus est sic quasi Augustum.

    Claro, se trataba del público de una obra de teatro, no del asistente a las carreras de caballos o a los combates de gladiadores.  Bien, el escenario no parece haber cambiado mucho en estos dos mil años transcurridos hasta el día de hoy. Y sin embargo sigue habiendo, afortunadamente, poetas.

    Nota: las citadas cartas de Augusto, como tantos otros textos antiguos, no se han conservado.

    Por lo demás, el propio Virgilio nos describe su securum et quietum secessum (retiro seguro y tranquilo) en su obra sobre la vida en el campo Georgicas, II, 485 y ss.

    ¡Que me alegren los campos y los arroyos plenos de agua  en los valles!.
    Aunque sea sin gloria, que pueda disfrutar de los ríos y los bosques.
    O  campos y rio Esperquio y monte  Taigeto recorrido en las Bacanales por
    las vírgenes de Laconia.  O, ¿ quien me retuviera en los frescos valles del Hemo
    y me cubriera con la inmensa sombra de sus árboles?

    Rura mihi et rigui placeant in vallibus amnes;
    Flumina amem, sylvasque inglorius. O ubi campi,
    Sperchiusque, et virginibus bacchata Lacænis
    Taygeta! O quis me gelidis sub montibus Hæmi
    Sistat, et ingenti ramorum protegat umbrâ?

    Nota: en realidad Virgilio pudo disfrutar de una paraje similar: tenía una villa cerca de Nápoles en la que pudo escribir sus Geórgicas y parte de su Eneida

  • ¿Salutem Per Aquam o Spa,la ciudad del agua?

    Un acrónimo del griego ἄκρος, akros ‘, alto, extremo, la punta’ y ὄνομα, ónoma ‘nombre’,” es una palabra formada generalmente con las iniciales de otras cuyo significado se corresponde con los significados de las palabras iniciales. SPA es un acrónimo.

    Un acrónimo de indudable fortuna es SPA. A esta unión de tres siglas le corresponden numerosas combinaciones de palabras, alguna tan curiosa y disparatada como la que propone que son las iniciales de los nombres de los tres grandes filósofos de la Antigüedad Sócrates, Platón, Aristóteles.
    En el "Acronyms, Initialisms & Abbreviations Dictionary (2000)" se ofrece una lista de 187 acrónimos significados por estas tres letras; naturalmente no se recoge la explicación de los tres filósofos griegos antiguos.

    Pero sí se recoge una explicación que ha hecho fortuna y que  tiene  relación ciertamente con el mundo romano. Se suele interpretar en numerosos contextos como Salutem Per Aquam = a la salud por el agua e incluso como Sanus Per Aquam.

    Ciertamente esta interpretación cae en terreno abonado dada la importancia que la cultura romana en general y el urbanismo en particular concedieron al agua y su uso. Pantanos, acueductos, fuentes, termas son elementos inseparables de la urbs romana. Los baños o  termas, palabra que deriva de la latina    thermae  y ésta del griego θερμός (thermos = caliente), son un elemento esencial en la vida urbana romana, son el punto de encuentro social de los ociosos ciudadanos romanos. Naturalmente, todo romano adinerado vive en lujosas villas en las que no pueden faltar las termas, de las que en otro momento hablaremos.

    Por otra parte, los manantiales de aguas cálidas o sulfurosas siempre tuvieron un atractivo especial, mágico y religioso también, para los hombres; desde luego lo tuvieron para los romanos, que los localizaron y utilizaron allí donde los encontraron. Es más, diferenciaban perfectamente los manantiales de aguas medicinales de las aguas normales de abastecimiento.

    Algunas ciudades se crearon en torno a estos enclaves; son famosas en Europa Baden Baden en Alemania y Bath en Inglaterra. Ambas palabras significan precisamente “los baños”.  El nombre romano de la alemana era Aquae Aureliae (Aguas de Aurelio); Aquae Sulis (Aguas de Sulis, nombre de una diosa) el de la británica.

    Son numerosas también las ciudades que se llaman Caldas, nombre evidente procedente  de Aquae Calidae,Aguas  calientes.

    Podemos añadir algunos baños más a los ya citados  como ejemplos significativos repartidos por Europa: Aquae Sextiae  (Aix-En-Provence, Francia) ;  Aquae Gratianae, (Aix-Les-Bains , Francia); Aquae Pannonicae, Baden, Austria), Aquae Helveticae,  (Baden , Suiza); Aquae Bigerriorum (Bagneres-De-Bigorre, Francia); Aquae Urentes, (Orense, Hispania);   Aquae Calidae, (Vichy, Francia); Aquae Mattiacae, (Wiesbaden, Alemania).

    Peo hay un lugar de especial interés para este artículo llamado en la Edad Media Aquae Sepadonae, y modernamente Aquae Spadanae que se corresponde con la actual ciudad de Spa,  en Belgica,

    Así que el citado acrónimo SPA encontró en el mundo romano el caldo de cultivo para ser interpretado como Salutem Per Aquam. El problema es que no hay una sola referencia en el mundo antiguo ni a la frase como tal ni al contenido o concepto del agua como medio para obtener la salud.

    En cambio sí hay referencia y desde la Antigüedad a la citada ciudad belga, en la provincia de Lieja,  que se llama precisamente SPA , conocida precisamente desde entonces por su baños de agua caliente, por sus fuentes termales, que luego en época moderna y contemporánea ha sido  un reconocido lugar para tomar los baños y disfrutar de un buen descanso, entre otros por los ingleses que habrían extendido el nombre por todo el mundo a este tipo de establecimientos.

    Plinio el Viejo nos ofrece información en su obra enciclopédica Naturalis Historia, en el libro XXXI que dedica precisamente al agua, en el capítulo 12 la referencia a una ciudad o una tribu de de la Galia,  los Tungros,  en las Ardenas de Bélgica, precisamente donde hoy está Spa.

    Dice en Naturalis Historia, XXXI, 8 (12):

    Tungros, ciudad de la Galia, tiene una fuente famosa que destila el agua con muchos  borbotones, de sabor ferruginoso, que sólo se percibe al terminar de beber. Esta fuente purga los cuerpos, elimina las fiebres tercianas y la enfermedad de los cálculos. Esta misma agua, puesta al fuego, se vuelve turbia y finalmente se pone roja.

    Tungri civitas Galliae fontem habet insignem plurimis bullis stillantem, ferruginei saporis, quod ipsum non nisi in fine potus intellegitur. purgat hic corpora, tertianas febres discutit, calculorum vitia. eadem aqua igne admoto turbida fit ac postremo rubescit.

    Como decíamos, en las fuentes medievales a esta ciudad se la conoce como AQUAE SEPADONAE  y más modernamente  AQUAE SPADANAE .

    A su vez este manantial ha dado pie a considerer como origen del nombre de la propia ciudad SPA el verbo latino spargere y su forma sparsa y que significa  brotar, esparcir, inundar.  Pero parece más lógico pensar que el nombre sea originariamente nórdico o germánico; de hecho existe el término “spa” con alguna variante en algunas lenguas nórdicas, pero su significado nada tiene que ver con aguas calientes o medicinales sino con el  de profecía, predicción.

    Podría tener alguna  relación con el vocablo  espa o antiguo spaw que en lengua valona significa fuente  y que todavía  se sigue utilizando en el norte de Gran Bretaña (Yorkshire ) como sinónimo de spa o balneario, pero este asunto no lo tengo bien documentado.

    El Oxford English Dictionary (OED da  cuatro definiciones de Spa, desde la referencia más antigua de la aparición de la palabra en Inglaterra en 1565  hasta su uso en los Estados Unidos hoy en día.

    El lugar era pues famoso en el mundo antiguo romano y en la Edad Media y de manera especial  se puso de moda como lugar para tomar los baños desde el siglo XVII entre los ingleses y gente adinerada de Europa; aquí estuvo por ejemplo el futuro zar Pedro el Grande en 1717 durante su estancia en los Paises Bajos para estudiar los diques que contenían el mar. Los ingleses lo llevaron a Estados Unidos y al resto del mundo, en donde se ha afianzado con el significado de balneario, lugar donde tomar los baños o aguas termales o aguas medicinales.

    En consecuencia el topónimo SPA, nombre de la ciudad de Bélgica en la que había unas aguas termales bien conocidas y valoradas desde la Antigüedad, ha pasado a significar de manera genérica “balneario, termas, baños termales, aguas medicinales,”. Era sugerente la explicación de “salutem per aquam”, precisamente por su fuerza explicativa, pero no podemos sino considerarlo un  un retroacrónimo o acrónimo fabricado a posteriori aprovechando la tradición romana de interés por las aguas calidad y medicinales de la ciudad de SPA en Bélgica.