Categoría: Polí­tica

  • «Sátrapa» no siempre fue un insulto

    En algunos contextos la palabra “sátrapa” tiene un significado peyorativo, negativo, derivado del poder que tal cargo tenía en la antigua Persia.

    La palabra sátrapa deriva del latín  satrăpa, esta del griego σατράπης, y esta del avéstico o antiguo persa ẖšathrapāvan, que significa “protector del territorio”.

    Actualmente, entre otras acepciones, se refiere a la persona que abusa de su poder o autoridad con sus subordinados, con evidentes connotaciones negativas y peyorativas en una época en que la libertad es un valor y derecho fundamental de las personas.

    En cambio en la antigua Persia, “sátrapa” era el nombre o título del gobernador de una provincia,  del virrey que gobernaba en nombre del rey. De su poder absoluto, del que con frecuencia se excedieron, derivó el significado peyorativo. 

    Los propios reyes persas desconfiaban ya del poder y comportamiento de estos “sátrapas” y por eso crearon una figura inspectora curiosa, los  funcionarios  llamados  “ojos y oídos del rey”, que recorrían el imperio y emitían los correspondientes informes.

    En fin, la información precisa y de confianza siempre debió ser un problema para los monarcas de reinos o imperios de gran extensión porque muchos cientos de años después, hacia el año 800 de nuestra era, el emperador Carlomagno crea  la figura de los “missi domici”, los enviados del señor,  pareja de inspectores constituida por un laico y un eclesiástico, que recorrían el imperio carolingio. 

    Hoy la tarea parece más compleja pero no menos importante, como indican los diversos centros y servicios de inteligencia de los países o nos revelan los miles  de cables de la diplomacia americana difundidos por Wikileaks.

  • El primer texto de pensamiento político también nos lo proporciona Heródoto

    Los antiguos griegos teorizaron sobre los diversos sistemas políticos: monarquía, democracia, tiranía…)

    Son varias las  formas de poder personal: monarquía, realeza, tiranía,… Son distintos, pero  los tres términos  tienen relaciones entre sí.

    A lo largo de la Historia, los antiguos griegos no sólo tuvieron diversos sistemas políticos (monarquía, democracia, tiranía…), sino que con frecuencia teorizaron sobre tema tan importante y a ello se dedicaron sus pensadores más ilustres como Platón o Aristóteles. No podía ser de otra manera por parte de quienes crean la filosofía, la retórica, la ciencia, y reflexionaron y teorizaron sobre tantas cosas. Sus reflexiones de ninguna manera fueron simples, antes bien, complejas y detalladas.

    Debemos a Heródoto, el “Padre de la Historia”,  el primer texto de la literatura griega en que se definen las diversas formas de gobierno, el primer texto de pensamiento político. En sus Historias, III,80,1 pone en boca de  tres persas (el rey Darío y sus generales Ótanes y Megabizo) las ventajas y perjuicios de la monarquía, la democracia y la oligarquía.

    Ótanes rechaza la monarquía (del griego μονος,mónos, uno, y αρχειν, arjéin, gobierno) porque el monarca (rey o tirano no quedan delimitados)   puede hacer lo que quiera sin dar cuenta por ello, desarrolla la soberbia y desmesura  (ὕϐρις, hybris) y la envidia de los que le rodean y viola y da muerte sin juicio a los que considera sus enemigos. Ótaanes defiende el “gobierno del pueblo” o isonomía (del griego ἰσονομία «igualdad ante la ley; a su vez  de ἴσος  isos, "igual" y νόμος nomos, "uso, costumbre, ley"),  porque las magistraturas se ejercen por sorteo,  se rinden cuentas y los asuntos se someten a la deliberación del pueblo.

    Megabizo rechaza la democracia o isonomía o gobierno del pueblo porque el vulgo es ignorante e insolente y desenfrenado. Propone elegir a un grupo de personas bien preparadas, es decir, la oligarquía, (del gr. ὀλιγαρχία, ολίγο =poco y αρχειν (arjéin): gobierno.

    La oligarquía se considera luego como una degeneración de la aristocracia «gobierno de los mejores» (del griego ἀριστοκρατία aristokratía, de ἄριστος, aristos, el mejor, el excelente, y κράτος ,kratos, poder) y por tanto también tiránica.

    Darío rechaza la democracia porque en ella es inevitable el libertinaje; rechaza también  la oligarquía porque inevitablemente se producen  las rivalidades y los odios, las disensiones y los asesinatos de unos y otros porque todos quieren ocupar la cabeza; y se muestra partidario de la monarquía, porque al tratarse de un solo gobernante,  se guardan mejor los secretos de estado y se evitan los problemas anteriores. Pero esta monarquía no es tiranía porque gobierna correctamente al pueblo. Así la democracia degenera en oligarquía y ésta a su vez en monarquía, que es el mejor sistema, porque el monarca actúa de árbitro entre los grupos aristocráticos  y favorece al pueblo. Pero incluso este monarca fácilmente se convierte en tirano, que arrebata la libertad a sus ciudadanos.

    Sócrates, Platón, Aristóteles elaboraron luego profundamente estas ideas, pero el primero que plantea la discusión, al menos el primer texto que conocemos, es del “padre” Heródoto.

    Hoy en día los ciudadanos del mundo occidental son mayoritariamente democráticos, pero no faltarán voces, que se oyen con alguna frecuencia, de defensa de los regímenes oligárquicos que consideran al pueblo como ignorante y fácilmente manejable.

    Curiosamente subsisten también en occidente buen número de monarquías, aunque su función política, muy reducida, queda sometida a las leyes democráticas.

    E incluso  en buena parte de países del planeta existen monarquías, monarquías tiránicas, oligarquías y oligarquías tiránicas y en ellos  no existe la libertad del ciudadano. Ha mejorado sin duda la humanidad, pero cuánto cuesta extender y mantener la libertad.

     

    Véase también:  la historia tuvo un padre

  • La posta o servicio de correos

    La palabra “posta”, con ligeras variantes, denomina al servicio de correos de numerosos países en el mundo; su creación es muy antigua.

    Posta deriva de la latina “posita”, empleada en la frase “positae mansiones”, con la que se designaba a las “paradas fijas(positae= puestas, situadas) establecidas a lo largo de las calzadas romanas cada 25 o 30 kilómetros para efectuar el cambio de caballos o animales que tiraban de los carros de viaje o de mercancías. 

    En realidad este sistema de relevo de caballerías para transmitir o transportar mensajes lo creó el rey persa Dario I, que reinó del año 521 al 486 a.C. Este monarca hizo construir la llamada “carretera real” que con su recorrido de más de 2.000 kilómetros enlazaba las costas del mar Egeo con las del Golfo Pérsico. Por esta carretera los correos llegaban a recorrer 160 kilómetros diarios.

    Ni la rueda ni los carros los inventaron los romanos, claro está. Pero los prácticos latinos si supieron construir un carro pesado, pero firme, dedicado al transporte de personas y mercancías. Se le colocaba además un toldo para proteger a los viajeros de la lluvia o el sol. Circulaban estos vehículos por la extensa y sólida red de vías o carreteras que recorrían el Imperio y facilitaban el contacto con la capital.

    Es en estas “vías” en donde construían las “positae mansiones”. Conocido es el refrán “todos los caminos conducen a Roma”. Las vías romanas son una de la aportación más sólida y espectacular a la vida económica, política y social en todo el Imperio. Sin ellas ni las legiones ni las mercancías podrían moverse con rapidez de un lugar a otro. Muchos de sus trazados coinciden todavía con el de las grandes vías de comunicación internacionales. En muchos casos incluso se conservan tramos de esas vías. Muchas de aquellas “mansiones positae” o postas dieron lugar a muchas poblaciones actuales.

    Precisamente el español mantiene dos acepciones significativas  de “posta” directamente relacionadas con su origen: “conjunto de caballerías que se apostaban en los caminos a distancia de dos o tres leguas, para que los tiros, los correos, etc., pudiesen ser renovados” y “casa o lugar donde estaban las postas” según el Diccionario de la Real Academia Española.

    Pero curiosamente también el término para designar la institución que se encarga del envío de cartas, paquetes u otros efectos entre dos puntos, en español no es “posta” sino “correos”, palabra de origen incierto existente también en otras lenguas romances: francés courrier, italiano corriere, catalán correu. Quizás provenga del provenzal “corrieu”, palabra formada a partir de “corir =correr” y “lieu=lugar”.

    En contraste con tal situación, la organización del transporte colectivo creada por los romanos desde la mitad del siglo I a. C., constituía una innovación revolucionaria. El Cursus  Publicus, como se llamaba en el lenguaje administrativo, era una organización puesta al servicio de cualquiera mediante el pago de una retribución razonable. 
     

  • El Estado romano socorre a los ciudadanos hambrientos con la “annona”

    Algunos romanos celebraban banquetes pantagruélicos, pero lo realidad cotidiana de la mayoría de romanos era muy distinta: cientos de miles de ciudadanos debían ser socorridos diariamente para no morir de hambre.

    Frente al tópico del banquete pantagruélico, fruto en gran parte de la creatividad literaria, que ayer como hoy presta atención a lo excepcional  y anecdótico frente a lo común y prosaico, la realidad de Roma es mucho más triste:  miles de ciudadanos pasan hambre.

    Frente a la imagen   de la exagerada “Cena de Trimalción” en el Satiricón  de Petronio o las exquisiteces de la cocina de la obra de Apicio en su libro de cocina  “De re coquinaria”, la realidad es la de masas de ciudadanos sin capacidad adquisitiva suficiente ni para asegurar su mera subsistencia.

    Las crisis de subsistencia, desabastecimiento  y carestía de alimentos son frecuentes en Roma, sobre todo cuando van unidas a las malas cosechas y a las constantes guerras civiles.

    Durante la época republicana los problemas periódicos de subsistencia se solucionan primero de forma esporádica y  luego de manera más institucionalizada a partir de Cayo Graco (123 a.C), que  propone el reparto de grano subvencionado a parte de los ciudadanos, intentando por primera vez resolver  el problema de la falta de trigo.  Pero la clase senatorial conservadora no era partidaria de estos repartos subvencionados que los líderes populares defendían.

    En el 57 a.C. se producen graves disturbios en Roma y  por iniciativa de un tribuno de la plebe y  por recomendación senatorial, Pompeyo recibe la  "cura annonae", el encargo de avituallar Roma, por un período de 5 años con un presupuesto  de 40 millones de sestercios; es el precedente de lo que más tarde será la prefectura de la “annona”. 

    En época de Augusto (la primera referencia escrita es del año 14 d.C. )    la “praefectura annonae” es un edificio administrativo y un servicio  centralizado encargado de la importación de grano y otros productos para abastecimiento de la capital,  explotando y rapiñando con todo egoísmo los recursos de las provincias.

    El hambre, pues,  era habitual y frecuentes los disturbios y revueltas en la ciudad.  Séneca nos informa de que  cuando es asesinado Calígula sólo había en Roma reservas de trigo  para siete u ocho días

    Piénsese  que en el año 270 a.C. Roma tendría unos 180.000 habitantes, 375.000 en el 130 a.C. y un millón o más en época de Augusto.

    Ya en el año 73 se establece una ración por persona y mes de 5 modios (Salustio, Hist., 3.48). En época de Augusto se llegó a repartir trigo a 320.000 personas cabezas de familia, que luego el mismo Augusto redujo a 200.000. En total serían beneficiadas más de 600.000 personas. Si recibían 5 modios (modii) mensuales (unos 36,6 litros mensuales, el equivalente para hacer un pan de un kilo diario), 60 modii anuales por persona, se consumirían unos 12 millones al año, unas 80.000 toneladas a expensas del Estado. La ciudad necesitaba en total unas 200.000 toneladas para una alimentación suficiente.

    El trigo procedía fundamentalmente de Sicilia, de Cerdeña, del norte de África y sobre todo de Egipto, que proporcionaba entre 100.000 y 150.000 toneladas de trigo anuales.

    La Annona era, pues, una importante ayuda para la subsistencia diaria y para mantener el orden social. Sin la “annona” y sin el “circo” las cosas podían haber sido muy diferentes (panem et circenses).