Categoría: Polí­tica

  • Democracia es igualdad

    En la antigua Grecia, los Atenienses tenían cierto complejo de superioridad respecto de los restantes helenos o griegos. Se sentían orgullosos de su ciudad, de su Acrópolis (de ἄκρος, extremo, alto y πόλις, ciudad), = ciudad elevada, la ciudad alta, la ciudadela, la fortaleza en la que se encontraba el templo grandioso de su diosa Atenea, su epónima,la que le da nombre, la virgen (le llaman Παρθένος Ἀθηνᾶ, Atenea parthenos; parthenos significa “virgen”); sobre todo se sentían orgullosos de su “democracia” (de δῆμος , demos que significa «pueblo» y κράτος (krátos, que significa «poder o gobierno”).

    Después de la etapa antigua monárquica, que se refleja en la Iliada,  y de la aristocrática, también reflejada en Homero,  implantaron un sistema de gobierno en el que todos los ciudadanos (los que lo son) forman parte de la asamblea y tienen acceso por sorteo o por elección a los cargos políticos. Por radicar el poder en la asamblea del pueblo (demos) le llamaron democracia.

    Se trata de una democracia directa, porque son pocos los ciudadanos: apenas treinta mil ciudadanos tienen derecho a voto y de ellos suelen participar cinco o seis mil. La democracia griega fue la primera en la Historia y a los atenienses les corresponde el mérito de su creación. Pero la democracia ateniense tiene muchas limitaciones para ser perfecta. En otra ocasión lo comentaré con más profundidad.

    Curiosamente, los atenienses se sienten orgullosos de su democracia, pero la mayor parte de los textos conservador se manifiestan críticos y en contra y suelen mantener una postura más elitista y aristocrática. Así por ejemplo Platón, que defiende un gobierno o constitución oligárquico. Platón en realidad sería en terminología actual un conservador extremo, que no sólo no cuestiona la sociedad esclavista, sino que propone una constitución para la polis en la que hay tres clases de ciudadanos prácticamente impermeables entre sí, los gobernantes o filósofos, los guerreros y los tra bajadores.

    Uno de los problemas que suelen presentar algunos críticos antiguos es el de la insuficiente preparación técnica y cultural del pueblo para decidir sobre complejas cuestiones de gobierno y el de la facilidad con la que el “pueblo” se deja arrastras por “demagogos” desaprensivos.

    Esta cuestión se sigue planteando de manera similar en las democracias modernas por personas que no aceptan la igualdad radical de las personas. Bastaría reflexionar  sobre la disparidad de opiniones entre las personas teóricamente bien formadas intelectualmente para poder afirmar que poco deben tener que ver los “estudios superiores” con una determinada opción ideológica o política.

    Pues bien, la cuestión la plantea claramente Platón en su diálogo “Protágoras”  y la resuelve con el relato de un mito, técnica con la que aborda la explicación de cuestiones importantes. Yo me permito reproducir el planteamiento y solución de Platón utilizando la traducción española que Francisco de P. Samaranch hizo para la editorial Aguilar en la edición de las obas completas del filósofo griego. Tal vez así algún lector elitista y aristocrático entienda también por qué todas las personas han de ser iguales ante la ley (isonomía) e iguales para desempeñar cargos políticos (isegoría).ç

    El planteamiento de la cuestión y el relato del mito ocupa Protágoras, 319a –328c. Entre otros interlocutores dialogan  Sócrates y Protágoras. Sócrates afirma que la “política” o la “virtud de la política” no la puede enseñar un hombre a otro. Plantea Sócrates que cuando se reúne la “asamblea” de los atenienses escuchan a los técnicos en las diversas materias de las que se trata, pero en cambio cuando se trata de asuntos políticos:

    Si, en cambio, se trata de los intereses generales de la ciudad, vemos que se levantan indistintamente para tomar la palabra arquitectos, herreros, curtidores, comerciantes y marinos, ricos y pobres, nobles y gentes del vulgo, y nadie les echa en cara, como en el caso anterior, que se presen tan allí sin estudios previos, sin nunca haber tenido maestros, a dar algún consejo: prueba evidente de que nadie considera que esta sea materia de enseñanza.
           ……….
    los ciudadanos más sabios y mejores son incapaces de transmitir a otros la virtud que ellos mismos poseen.
          ………….

    Protágoras disiente, naturalmente:

    No te la negaré, Sócrates; pero ¿quéréis que os la presente yo, un viejo hablando a jóvenes, bajo la forma de un mito o en forma de un razonamiento explicativo?
    Muchos oyentes le dijeron que lo  hiciera como quisiera.

    Protágoras empleará un mito:

    -Pues bien-dijo–: me parece que un mito será más agradable.

    Era en aquel tiempo en que los dioses ya existían, pero en que no existían aún los linajes mortales. Cuando llegó el momento que había determinado el Destino para el nacimiento de estos, los dioses los modelaron en las entrañas de la tierra con una mezcla de tierra, fuego y las demás sustancias que se pueden combinar con el fuego y la tierra. En el momento de sacar los a la luz, los dioses mandaron a Prometeo y a Epimeteo que distribuyeran de manera conveniente entre ellos todas las cualidades que ellos tenían que poseer. Epimeteo rogó a Prometeo le dejara a él el cuidado de hacer por sí mismo la distribución: «Cuando esta esté lista-dijo–, tú inspeccionarás mi obra.» Concedido el permiso, él se puso manos a la tarea.

    En esta distribución, dio a los unos la fuerza, sin la rapidez; a los más débiles, les asignó la cualidad de la rapidez; a los unos les concedió armas, y a los que por naturaleza estaban inermes, inventó alguna otra cualidad que pudiera garantizar su salvación. A los que les daba un tamaño muy pequeño, les concedía la capacidad de huida volando o bien el vivir bajo tierra. A los que tenían un tamaño muy grande, los salvaba mediante el mismo tamaño. En una palabra: mantuvo un equilibrio entre todas las cualidades. Y en esta diversidad de inventos, se preocupaba él de que ninguna raza pudiera desaparecer.

    Luego de haber pertrechado a todos de manera suficiente contra las destrucciones mutuas, se ocupó de darles defensas contra las inclemencias que proceden de Zeus, revistiéndolos de pelos espesos y pieles gruesas, que sirvieran de abrigo contra el frío, así como también contra el calor, y, además, para cuando fueran a dormir, de cubiertas naturales y adecuadas a cada viviente. A los unos les calzó cascos o pezuñas; a los otros, de cueros duros y carentes de sangre. Luego se preocupó de dar a cada uno un alimento distinto: a los unos, las hierbas de la tierra; a los otros, los frutos de los árboles; a los otros, sus raíces; a algunos les asignó como alimento la carne de los otros. A esos les dio una posteridad poco numerosa, y a sus víctimas les tocó en herencia la  fecundidad, salvación de su especie.

    Ahora bien: Epimeteo, cuya sabiduría era imperfecta, había ya gastado, sin darse cuenta de ello, todas las facultades en favor de los animales, y le quedaba aún por proveer de las suyas a la especie humana, con la que, falto de recursos, no sabía qué hacer. Estando en este embrollo, llega Prometeo para inspeccionar el trabajo. Ve todas las demás razas armoniosamente equipadas para vivir, y al hombre, en cambio, desnudo, sin calzado, sin abrigos, sin armas. Y había llegado el día señalado por el Destino para que el hombre saliera de la tierra a la luz.

    Prometeo, ante esta dificultad, no sabiendo qué medio de salvación encontrar para el hombre, se decidió a robar la sabiduría artística de Hefesto y Atenea y, al mismo tiempo, el fuego -ya que sin el fuego era imposible que esta sabiduría fuera adquirida por  nadie o que prestara ningún servicio- y luego, hecho esto, hizo donación de ello al hombre.  

    De esta manera el hombre recibió en posesión las artes útiles a la vida, pero se le escapó  la política; esta, en efecto, se encontraba en  Zeus; ahora bien: Prometeo no tenía ya tiempo de entrar en la Acrópolis, la mansión de Zeus; además, a las puertas de la misma había centinelas muy temibles. Pero sí pudo entrar, sin ser visto, en el taller en que Hefesto y Atenea practicaban juntos las artes de su afición, de forma que habiendo robado a la vez las artes del fuego que corresponden a Hefesto y las demás artes que son patrimonio de Atenea, pudo darlas a los hombres. Por esta razón el hombre está en posesión de todos los recursos necesarios para la vida, y también por este motivo se dice que Prometeo fue luego acusado de robo.

    El hombre, al participar de las cualidades divinas, fue primeramente el único animal que honró a los dioses, y se dedicó a construir altares e imágenes de deidades: tuvo, además, el arte de emitir sonidos y palabras articuladas, inventó las habitaciones, los vestidos, el calzado, los medíos de abrigo y los alimentos que nacen de la tierra. Pertrechados de esta manera para la vida, los seres humanos vivieron primero dispersos, sin que existiera ninguna ciudad; así, pues, eran destruidos por los animales, que siempre y en todas partes eran más fuertes que ellos, y su ingenio, suficiente para alimentarlos, seguía siendo impotente para la guerra contra los anímales; la causa de esto estaba en que no poseían el arte de la política, del que el arte de la guerra es una parte. Buscaban, pues, la manera de reunirse y de fundar sus ciudades para defenderse. Pero, una vez reunidos, se herían mutuamente, por carecer del arte de la política, de forma que comenzaban de nuevo a dispersarse y a morir.

    Entonces Zeus, preocupado al ver que nuestra especie amenazaba con desaparecer, mandó a Hermes que trajera a los hombres el pudor y la justicia, para que en las ciudades hubiera armonía y lazos creadores de amistad.

    Hermes, pues, preguntó a Zeus de qué manera debía dar a los humanos el pudor y la justicia: «¿He de distribuirlas como las demás artes? Estas se hallan distribuidas de la siguiente forma: un solo médico es suficiente para muchos profanos, y lo mismo ocurre con los demás artesanos. ¿Es esta la manera en que he de implantar la justicia y el pudor entre los humanos o he de distribuirlos entre todos?» «Entre todos-dijo Zeus-, que cada uno tenga su parte en estas virtudes; ya que si solamente las tuvieran algunos, las ciudades no podrían subsistir, pues aquí no ocurre  como en las demás artes; además, establecerás, en mi nombre esta ley, a saber: que todo hombre incapaz de tener parte en la justicia y el pudor debe ser condenado a muerte, como una plaga de la ciudad”

    Por este motivo, Sócrates, los atenienses,  así como los demás pueblos, cuando se trata  de valorar el mérito en arquitectura o en cualquier otro oficio, solo a unos pocos hombres  les conceden el derecho de formular una opinión y no toleran, como bien dices, ningún consejo de parte de los que no pertenecen a esta minoría; y repito que esto es muy lógico; por el contrario, cuando se trata de aconsejarse sobre una cuestión de virtud política, consejo este que abarca todo el campo de la justicia y el pudor, es lógico que dejen hablar a cualquiera, por estar convencidos de que todos deben tener parte en dicha virtud a fin  de que sea posible la existencia de las ciudades.  Ahí tienes, Sócrates, la causa de este hecho.
      ………….
    Esto es lo que tenía que decir yo sobre  este punto, a saber: que si los atenienses admiten, en cuestiones de justicia, los consejos del primero que se presenta, se debe a la convicción de que todos los hombres tienen parte en la justicia.

    Que, por otra parte, según su forma de sentir, la justicia no es fruto ni de la naturaleza ni de la casualidad, antes bien se enseña, y que los que la poseen deben esto a su aplicación, es lo que voy a intentar probarte ahora.
    …………..

    Creo haberte demostrado suficientemente, Sócrates, que tus conciudadanos no yerran al escuchar, en punto a política, los consejos y opiniones de un herrero o de un curtidor; y en segundo lugar, que ellos estiman que la virtud puede enseñarse y transmitirse.

    …….
    Y concluye con la necesidad de que la sociedad forme al ciudadano  desde la infancia:

    Piensa, en efecto, en esto: ¿Hay alguna cosa en la que todos los ciudadanos deban necesariamente tener parte, para que sea posible la existencia de una ciudad o no? La solución del problema que tú planteas o está ahí o no está en ninguna parte.

    Si es verdad que existe este algo, y si esta cosa única no es el arte del carpintero, del fundidor o del alfarero, sino la justicia, la templanza, el conformarse con la ley divina y todo lo que, en una sola palabra, llamo la virtud característica del hombre; si hay en eso una cosa en la que todos deben tener parte, en la que todo el mundo debe encontrar modelo para sus acciones, sea lo que fuese por lo demás lo que uno aprenda o haga, sin nunca apartarse de él; y en caso de que alguien se mantuviera al margen de ello, si es conveniente instruirlo o castigarlo, sea niño, hombre o mujer, hasta que la corrección lo haya hecho mejor, o en caso contrario, si es preciso, cuando las correcciones y los consejos no consiguen nada, considerarlo como incurable y expulsarlo o hacerlo morir; si todo esto, digo, es verdad y si, siendo así las cosas, pese a todo, los hombres de bien se lo enseñan todo a sus hijos, con excepción de esto, ¡tú verás qué es lo que habrá que pensar de los hombres de bien! En la vida pública y en la vida privada saben ellos, como hemos demostrado, que la virtud se puede enseñar; solo que, sabiendo lo que se puede hacer con el estudio y los cuidados, no enseñan a sus hijos más que las cosas cuya ignorancia no lleva consigo ningún riesgo de muerte; en cambio, aquellas cosas que, a falta de una enseñanza y un cultivo de la virtud, pueden llegar a ser para sus hijos una causa de muerte o de destierro, las que pueden además traer consigo la confiscación de sus bienes y, por así decir, la destrucción total de sus linajes, ¡esas no se preocupan de enseñárselas ni consagran a ellas todos sus cuidados! ¿Se puede admitir eso, Sócrates?

    En la realidad, las lecciones y las exhortaciones se comienzan cuando la niñez y se continúan durante toda la vida.  Apenas el niño empieza a comprender el lenguaje, la nodriza, la madre, el pedagogo, el mismo padre, se esfuerzan sin tregua en hacerlo lo más perfecto posible; aprovechando todo lo que él hace o dice, le prodigan lecciones y explicaciones: esto es justo y esto injusto, esto es bello y esto es feo, esto es piadoso y esto impío; haz esto, no hagas aquello. Si el niño obedece por sí mismo, nada mejor; de lo contrario, se le endereza con amenazas y golpes, de la misma manera que se endereza un bastón retorcido y curvado.

    Más tarde, cuando ya se le envía a la escuela, se recomienda mucho más al maestro la buena conducta del niño que sus progresos en el conocimiento de las letras o de la citara; el maestro, por su parte, pone en ello el máximo cuidado y, cuando los niños saben sus letras y están en disposición de comprender las palabras escritas, como ocurriera antes.

    Luego cuando saben leer, aprenden los versos de los grandes poetas y los ejemplos de los antiguos héroes. Luego se entrenan para tener un  cuerpo sano y fuerte. Y finalmente:

    Cuando ya han abandonado la escuela, es entonces la ciudad la que a su vez los fuerza a aprender las leyes y a conformar a ellas su vida.

    ¿Es admisible que dos mil cuatrocientos años después siga habiendo quien cuestione el derecho de todos los hombres a participar en las decisiones que afectan al gobierno de la sociedad en la que viven?
     

  • ¿Tiene algún interés conocer detalles y anécdotas del Mundo Antiguo?

    Con toda seguridad que habrá muchas personas, incluidos amigos de “facebook”, a quienes interesen poco o nada estas anécdotas o comentarios diversos sobre el mundo antiguo. Probablemente alguno los considere propios de personas ensimismadas y despreocupadas del entorno y del mundo tan problemático en el que vivimos porque el mundo antiguo queda muy lejano. Es una apreciación respetable.

    Comprendo que haya personas que en nada o en poco valoren conocer que al noveno mes del calendario le llamemos “septiembre” precisamente porque era el “séptimo” mes del calendario romano o que cuando utilizamos la expresión “dios padre” no estamos sino traduciendo la latina  “Deus pater” (<Dius pitar) o  Iuppiter (Júpiter) < Ioupitar;   “deus, dius o Iou o Iu en indoeuropeo ” significa “día, luz” y “piter o paterpadre, con lo que “dios padre” o Júpiter no significa sino “padre del día, padre de la luz”, divinidad por cierto característica de todos los pueblos indoeuropeos (Zeus es el nombre griego que tiene precisamente la misma raíz indoeuropea).

    Yo creo que del mundo antiguo merece la pena conocer cuantos más detalles mejor, algunos intranscendentes o aparentemente intranscendentes y otros de más envergadura.

    Yo creo que merece la pena conocer, por ejemplo, un sentido y piadoso epigrama funerario del ácido  Marcial (nacido  y muerto en Bilbilis, junto a la actual Calatayud) a la  niña “Erotión”, una pequeña esclava, jugando con la frase ritual “Sit tibi terra levis” (normalmente expresada con sus siglas S.T.T.L.), “que la tierra te sea ligera”, equivalente a nuestros “Requiescat In Pace  o Descanse en paz):

    A ti , padre Frontón y a ti madre Flaccila, os encomiendo
    esta niña, mis besos y mis delicias.
    Que las negras sombras y la terrorífica boca del perro del Tártaro
    no asusten a la pequeña Erotión.
    Casi estuvo a punto de completar los fríos del sexto invierno
    si no hubiese vivido otros tantos días menos.
    Que juegue feliz entre patronos tan viejos
    y con su boca infantil balbucee mi nombre.
    Que el rígido césped no cubra sus blandos huesos
    ni tú, tierra, le seas pesada: ella no lo fue para ti.

    (Epigramas, V, 34)


    Hanc tibi, Fronto pater, genetrix Flaccilla, puellam
       oscula commendo deliciasque meas,
    paruola ne nigras horrescat Erotion umbras
       oraque Tartarei prodigiosa canis.
    Impletura fuit sextae modo frigora brumae,
       uixisset totidem ni minus illa dies.
    Inter tam ueteres ludat lasciua patronos
       et nomen blaeso garriat ore meum.
    Mollia non rigidus caespes tegat ossa nec illi,
       10terra grauis fueris: non fuit illa tibi.

    o conocer lo suficiente de Sila, de sus proscripciones y de alguna de sus leyes, aunque sólo sea para comprender mejor,  por ejemplo, el artículo periodístico publicado en el diario “El mundo” por Pedro G. Cuartango, el pasado y reciente día 22 de Noviembre de 2013, titulado “Las leyes Cornelias”, en el que establece un paralelismo con la última reforma del “Consejo General del poder judicial” en España y la época del romano:

    http://www.elmundo.es/opinion/2013/11/22/528fbf420ab74083068b456c.html

    (La utilización de expresiones latinas o referencias directas al mundo antiguo son numerosas en la prensa diaria así como de cultismos y palabras técnicas  cuya comprensión es más fácil desde el conocimiento del griego y latín)

    o identificarse con el emocionante discurso de Tiberio Graco, que Plutarco nos cuenta en su Vida de Tiberio Graco, IX, 4-5:

    Hasta las fieras de la selva tienen una madriguera y cuevas donde poder guarecerse; en cambio, los hombres que luchan y mueren por Italia no poseen nada, excepto  el aire y la luz. Privados de techo, marchan vagabundos con sus mujeres y sus hijos. Los generales engañan a sus soldados cuando, en el campo de batalla, los animan a combatir para defender sus tumbas y sus dioses de los enemigos. Pero les mienten, porque la mayoría de los romanos no tienen altar paterno ni tumbas de antepasados. Sólo tienen el nombre de dueños del mundo, pero deben morir por el lujo de los otros sin poder llamar suyo ni un pedazo de tierra”.

    Es éste un párrafo del discurso de uno de los hermanos Graco, Tiberio, en el que pide algo tan viejo y tan moderno  "la revolución agraria” y el reparto de la propiedad, demanda que le costó la vida a él y a su hermano Cayo Graco a manos, naturalmente, de los senadores terratenientes.

    El texto tal vez haga a algún lector devoto recordar el pasaje evangélico  de Lucas, IX, 58, aunque nada tenga que ver, excepto la fuerza retórica de la comparación:

    Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza”.

    Pero tal vez algún otro lector, abrevado en las fuentes de Marx, pueda recordar un párrafo del Manifiesto Comunista:

    Os horrorizáis de que queramos abolir la propiedad privada. Pero en vuestra sociedad actual la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros. Precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes existe para vosotros. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad."

    Claro que hablando de Carlos Marx, quizás convenga recordar que autores modernos patricios le han comparado con los sediciosos Gracos o el revoltoso Espartaco.

    Aunque quizás convenga todavía más conocer que Marx  fue un buen estudiante de Latín allá en su Tréveris (la Augusta Treverorum de los romanos) natal y un estudioso de la cultura, la historia y la lengua de los romanos.

    Allí había nacido en 1818. Estudio de 1830 a 1835 en el Friedrich-Wilhelm Gymnasium (Instituto Fedérico Guillermo) y leyó a Ovidio, Cicerón, Tácito, Propercio, Homero, Sófocles, Platón, Tucídides y Plutarco. Incluso enamorado de la poesía de Ovidio pensó en dedicarse precisamente a la poesía, lo que le originó un conflicto con su padre, notario de la ciudad,  que quería que Karl estudiase Derecho.  De hecho al terminar el Gymnasium tradujo el primero de los “Poemas Tristes” (Tristia) de Ovidio.

    Curiosidades de la Historia, también Ovidio vivió un conflicto similar con su padre, que también se oponía a  que fuera poeta,  aunque sin mucho éxito evidentemente (hay una antigua anécdota al respecto que en otro momento comentaré).

    Los bachilleres alemanes estudiaban entonces y durante mucho tiempo después más de ocho horas semanales de latín en el Gymnasium en la modalidad de bachillerato más prestigiada entonces y hoy en Alemania.

    Para obtener el título de bachiller debían realizar varios ejercicios, entre ellos una amplia redacción en latín. Karl Marx presentó en 1835 la suya: An principatus Augusti merito inter feliciores ætates rei publicæ Romanæ numeretur?   ¿Se puede contar merecidamente el principado de Augusto entre las épocas más prósperas de la República Romana?

    Se le calificó como un ejercicio “bueno”, aunque se le reprochó su mala caligrafía: hay una nota al margen del ejercicio del profesor Loers que dice: “…vero quam turpis littera!  pero qué letra tan mala!

    Así que Marx resultaba un buen conocedor del mundo antiguo. No es el momento de profundizar algo en este ejercicio escolar de Marx, que a veces los devotos y ortodoxos marxistas han pretendido ocultar.

    Es más, puede alguien pensar que por aquel entonces Marx era demasiado joven y desde luego todavía no era “marxista” ¡ Pero algo y no poco le debieron influir sus estudios en el Instituto: siguió leyendo a Plutarco,  y en la Universidad asistió a la cátedra de griego para estudiar a Homero y sobre todo, en 1841,con 23 años pues, a la hora de conseguir el doctorado, momento importante en la vida académica de una persona,  eligió para su tesis un tema tan clásico como  Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demó¬crito y la de Epicuro.

    Es verdad que Demócrito y Epicuro son los dos filósofos “materialistas” por excelencia del mundo griego. Epicuro además es el más vilipendiado y deformado por la cultura y sociedad del momento y posterior, pero les aseguro que el estudio de las diferencias entre ambos en el asunto del título sólo está al alcance de quien tenga un alto conocimiento y especialización del tema. Quien tenga curiosidad podría leer la tesis de Marx (donde comprobará su nivel de erudición) o hacer algo más fácil y al alcance de cualquiera: leer la extraordinaria obra de Carlos García GualEpicuro” (Alianza Editorial, 1981), especialmente el capítulo 5, dedicado a “La teoría física. La constitución atómica del universo”.

    Por no extenderme más en el tema, concluiré diciendo que muy probablemente fue precisamente su estudio y conocimiento del mundo clásico lo que convirtió a Karl Marx en un “ciudadano del mundo”  que dirige su mensaje a la comunidad proletaria internacional. El Manifiesto Comunista acaba precisamente con la famosa proclama internacionalista “Proletarios del mundo, uníos”, (“Proletarier aller Länder, vereinigt Euch”).

    Estas anécdotas pueden ser transcendentes o intranscendentes; en gran parte depende de la consideración del propio lector. Desde luego, Karl Marx, el Manifiesto Comunista y El Capital han sido fundamentales en la conformación del mundo contemporáneo.
     

  • Todos y todas, los muchachos y las muchachas, κόρους τε ἅμα καὶ κόρας (kórous te áma kaì kóras), πάντ᾽ ἄνδρα καὶ γυναῖκα (pánt’ándra kaì gynaîka)

    Uno de los cambios más importantes que se ha originado en la sociedad moderna occidental y en buena medida en todo el mundo es el de la igualdad entre hombres y mujeres; igualdad legal total y real tan sólo en parte en el status o función social.

    Esta tendencia afortunadamente imparable se intenta reflejar en el lenguaje, en el que se procura evitar toda connotación sexista o machista. En ese intento hay quien utiliza simultáneamente el artículo y otros determinantes en sus formas masculina y femenina (el/la; los/las) o los propios sustantivos en sus formas masculina y femenina si es que las tuvieran (chicos/ chicas, hombres/ mujeres, ciudadanos/ciudadanas…).

    Sabemos que en el Mundo Antiguo la mujer juega un escaso papel social, recluida generalmente en el hogar doméstico, (o en una parte del hogar, en el gineceo  del latín gynaecēum, y este del griego γυναικεῖος y este de γυνή, gyné, que significa mujer) y limitada su función a la procreación y cuidado de los hijos y al gobierno de la casa. Pero esta idea general debe ser matizada y la realidad conocida con alguna precisión.

    Probablemente sorprenderán al lector moderno algunas de sus fórmulas lingüísticas no sexistas y muchas de las ideas que Platón expone en sus diálogos en los que diseña el sistema político de una nueva ciudad ideal, de una nueva polis. Lo hace fundamentalmente en sus diálogos La República  y Las Leyes.

    Entre esas ideas no serán las que menos asombro produzcan las referidas a la educación y la función que la mujer ha de desempeñar en la sociedad. Leamos algunas de las cosas que dice Platón en la traducción que para editorial Aguilar hizo Francisco de P. Samaranch:

         ATENIENSE: … He aquí una cosa que, de manera muy conveniente, podrían imitar tanto los jóvenes como las jóvenes (κόρους τε ἅμα καὶ κόρας)  honrando así el juego que encantará a la diosa, y preparándose así no sólo para las fiestas, sino también para la guerra. (Las Leyes, 796c)
                                              …………………….
         ATENIENSE: …. Por consiguiente, todo hombre y toda mujer (πάντ᾽ ἄνδρα καὶ γυναῖκα), a lo largo de toda su vida, deben acomodarse lo mejor posible a este papel, jugando a los juegos más bellos que pueda haber, pero con pensamientos totalmente distintos de los que tienen hoy en día.

    CLINIAS: ¿Qué quieres decir?                                                   (Las Leyes, 803c- 803d)

        …………


      Estas fórmulas no deben extrañarnos si lo que está proponiendo es una educación y una función iguales para los jóvenes y las jóvenes.  Por eso dice poco después:

    ATENIENSE: … Volviendo a nuestro tema, habíamos prescrito se construyeran gimnasios, así como también escuelas públicas, en tres lugares del centro de la ciudad y, asimismo, en las afueras de la ciudad otros tres gimnasios y campos de ejercicio para la equitación, para el tiro del arco y para otras clases de tiro a larga distancia, a fin de atender a la instrucción y adiestramiento de los jóvenes.
    Si nuestras prescripciones no fueron entonces suficientemente explícitas, aclarémoslas aquí dándoles forma de leyes. En todos estos edificios deberán residir, como maestros encargados de cada una de las disciplinas, extranjeros a quienes se haya convencido pagándoles bien; ellos enseñarán a sus discípulos todo aquello que sea útil para la guerra y todo lo que concierne a la música. Pero lo que no admitiremos es que este tal frecuente la escuela porque su padre lo quiera, mientras que aquel otro a quien no le obligan, se abandone y falte a ella; no, antes obligaremos a que se haga instruir todo el mundo y en la medida de lo posible, porque pertenecen a la ciudad más aún que a sus padres.
    La ley que yo quiero promulgar impondrá otro tanto a las mujeres, igual que a los varones, es decir, que las mujeres deberán formarse de la misma manera; y lo diré sin dejarme amilanar por la objeción  de que ni la equitación ni la gimnasia, que son decentes para los hombres, no son decentes para las mujeres; estaba antes persuadido de ello por haber oído algunos mitos antiguos, pero mucho más ahora que he sabido que en torno al Ponto hay miles y miles de mujeres, llamadas sauromátides, a las que se impone, con el mismo título que a los hombres,  y que practican igual que los hombres, la equitación, así como el tiro del arco y el ejercicio con las demás armas.
    A esto añado yo, manteniéndome dentro del mismo tema, el razonamiento que sigue: puesto que es posible una costumbre de este tipo, el que actualmente gobierna en nuestros países  posee una notable necedad al prohibir a los hombres y a las mujeres que practiquen, todos juntos, con todas sus fuerzas y animados de un mismo espíritu, los mismos ejercicios. De aquella forma, en efecto, todas las ciudades o casi todas, haciendo los mismos gastos y con las mismas dificultades, llega a ser no más que una media ciudad, en lugar de valer como dos ciudades; y sería realmente sorprendente que un legislador cometiera una falta como esta.
    CLINIAS: Eso parece; no obstante, en todo esto que nosotros estamos exponiendo hay muchas cosas que se oponen a las constituciones existentes en la actualidad.
    …..
    ATENIENSE: …. pero ahora habrá que buscar otra táctica para obstinarse en negar esta ley, y tales negativas no van a extinguir el vigor con que nosotros no cejaremos en nuestra exigencia de que en la medida de lo posible, para la educación como para todo lo demás, la mujer comparta los trabajos del hombre.
    (Las Leyes, 804c- 805d)

    Nótese cómo el argumento de que sólo los  necios, incluidos los gobernantes,  prescindirían de la mitad de la población y construir media ciudad en vez de dos ciudades es de absoluta actualidad.

    Quien sienta curiosidad por propuestas tan  antiguas y tan modernas  deberá leer los diálogos de Platón citados. En ellos los pasajes llamativos, similares al citado,  son numerosos.  Desgraciadamente Platón fracasó en esta cuestión a la hora de hacer realidad su propuesta de ciudad ideal en Sicilia y ello le produjo cierta amargura y buena dosis de realismo, como se refleja en Las Leyes y en su República .

    Profundizaré en otra ocasión en estas  propuestas  de Platón, a las que por cierto poco caso se hizo en la Edad Antigua , Media y hasta en ocasiones en la Contemporánea.
     

  • ¿Qué es más importante, la utilitaria oratoria o la espiritual poesía?

    Ayer como hoy la palabra, las letras, son una noble ocupación del hombre, pero en algunos casos esa ocupación produce pingües beneficios y recompensas y en otros ni siquiera permite una vida sencilla libre de preocupaciones materiales.

    Cornelio Tácito (circa 55-120) fue  senador, cónsul y gobernador romano, pero sobre todo fue un historiador famoso que nos contó en dos obras (Historias, Anales) la Historia de Roma desde Augusto hasta Domiciano. Pero escribió también tres obras menores, una sobre Germania, otra con la biografía de su suegro Julio Agrícola y otra tercera titulada “Diálogo sobre  los oradores”  “Dialogus de oratoribus” en la que trata de la decadencia de la oratoria en su tiempo.

    En esta tercera, en un diálogo simulado entre el poeta Curiacio Materno y el orador Marco Apro, discuten sobre qué arte ha de tener la primacía, cuál ha de ser más importante, la poesía o la oratoria. 

    El trabajo del orador es defender o acusar ante los tribunales a un ciudadano, a una ciudad o una provincia que requiere sus servicios, por los que ha de recibir buenos y pingües emolumentos, amén de una gran fama y consideración social. La oratoria, concebida como arma, se afana por el lucro.

    El poeta, empeñado en su soledad y tranquilidad de espíritu, en expresar sus sentimientos o en cantar en versos musicales las acciones notables de los hombres, apenas si puede aspirar a una lectura entre el círculo de sus amigos y a una difícil y costosa edición de su obra. Aunque pueda aspirar al apoyo y protección de algún poderoso, el poeta no gana mucho dinero ni vive en la opulencia.

    Que cada cual  valore estas dos actividades como considere adecuado, como ocurría en la Antigüedad. Pero en esta obra y en este diálogo Tácito nos recuerda un hecho memorable que le ocurrió al gran poeta nacional latino Virgilio, el autor de la Eneida dedicada a la familia del emperador Augusto, de las Eglogas, de las Geórgicas.

    Dice Tácito por boca de Materno en Diálogo sobre los oradores, I, 13

    Y no temería comparar ciertamente la suerte de los poetas y su feliz camaradería con la inquieta y agitada vida de los oradores. Aunque a ellos sus confrontaciones y peligros los conduzcan al consulado, prefiero el retiro, tranquilo y seguro, de Virgilio, en el que sin embargo no estuvo falto del  favor del divino Augusto ni del reconocimiento entre las gentes de Roma. Prueba de ello son las cartas de Augusto; testigo el mismo pueblo, que al escuchar  en el teatro unos versos de Virgilio se levantó todo él  y le  honró a Virgilio presente por casualidad como espectador como si fuera  Augusto.”

    Ac ne fortunam quidem vatum et illud felix contubernium comparare timuerim cum inquieta et anxia oratorum vita. licet illos certamina et pericula sua ad consulatus evexerint, malo securum et quietum Virgilii secessum, in quo tamen neque apud divum Augustum gratia caruit neque apud populum Romanum notitia. Testes Augusti epistulae, testis ipse populus, qui auditis in theatro Virgilii versibus surrexit universus et forte praesentem spectantemque Virgilium veneratus est sic quasi Augustum.

    Claro, se trataba del público de una obra de teatro, no del asistente a las carreras de caballos o a los combates de gladiadores.  Bien, el escenario no parece haber cambiado mucho en estos dos mil años transcurridos hasta el día de hoy. Y sin embargo sigue habiendo, afortunadamente, poetas.

    Nota: las citadas cartas de Augusto, como tantos otros textos antiguos, no se han conservado.

    Por lo demás, el propio Virgilio nos describe su securum et quietum secessum (retiro seguro y tranquilo) en su obra sobre la vida en el campo Georgicas, II, 485 y ss.

    ¡Que me alegren los campos y los arroyos plenos de agua  en los valles!.
    Aunque sea sin gloria, que pueda disfrutar de los ríos y los bosques.
    O  campos y rio Esperquio y monte  Taigeto recorrido en las Bacanales por
    las vírgenes de Laconia.  O, ¿ quien me retuviera en los frescos valles del Hemo
    y me cubriera con la inmensa sombra de sus árboles?

    Rura mihi et rigui placeant in vallibus amnes;
    Flumina amem, sylvasque inglorius. O ubi campi,
    Sperchiusque, et virginibus bacchata Lacænis
    Taygeta! O quis me gelidis sub montibus Hæmi
    Sistat, et ingenti ramorum protegat umbrâ?

    Nota: en realidad Virgilio pudo disfrutar de una paraje similar: tenía una villa cerca de Nápoles en la que pudo escribir sus Geórgicas y parte de su Eneida

  • La embriaguez engendra seres deformes

    El filósofo, político y escritor Henri-Benjamin Constant, francés nacido en Suiza (1767-1830) escribió en 1816 un famoso discurso o tratado titulado «Acerca de la libertad de los antiguos comparada a la de los modernos».

    Su tesis es que los antiguos (naturalmente los ciudadanos) tenían la libertad y obligación de participar en la vida política de la polis o estado pero en cambio su libertad en la vida privada quedaba muy limitada por las leyes. En el hombre moderno ocurre al contrario: las leyes protegen la libertad en la vida privada en la que apenas interviene el poder público pero dificulta su participación en la vida pública, dada sobre todo la amplitud y extensión de las sociedades modernas.

    Constant tuvo una importante influencia en los movimientos liberales de su época; merece la pena leer su discurso, a pesar de las matizaciones que hoy haríamos a sus afirmaciones.

    Pues bien, como es conocido, Platón pretende sobre todo en sus dos diálogos “La República o de la Justicia”  y “Las leyes o de la legislación”  diseñar una ciudad-estado ideal en la que los gobernantes sean los mejores ciudadanos, que el identifica con los filósofos. Sus leyes se proponen regular aspectos de la vida privada de los ciudadanos, tal como decía Constant, que hoy  sólo piden de las leyes y de los estados su protección frente a la injerencia  de otros o del propio estado.

    Ahora bien, algunas de las normas que Platón propone, fruto de su especulación filosófica más que de la experiencia, nos resultan hoy enormemente curiosas. Por ejemplo en Leyes 774a (libro VI) indica cómo los ciudadanos han de casarse éntre los 25 y los 35 años; poco después, en 735b nos dice que la edad de casarse entre las muchachas ha de ser entre los dieciséis y los veinte años y la de los muchachos entre los treinta y los treinta y cinco: así mismo indica  cómo han de ser sancionados con multas en proporción a su clase social quienes incumplan una norma de tanto interés para la supervivencia de la propia ciudad.

    Pero citaré textualmente un párrafo que se refiere a la obligación que los ciudadanos tienen de engendrar hijos sanos para el bien de la sociedad.

    Conocida es la afición que los griegos concedía al banquete o convite, en el que corre abundantemente el vino. Pues bien, dice Platón en Leyes, 775b -775e. (libro VI):

          “ Beber hasta la embriaguez no es conveniente en ninguna parte ni ocasión, de no ser en las fiestas del dios que nos ha dado el vino, ni es cosa que carezca de peligros, sobre todo cuando se está pensando en bodas, durante las cuales es muy conveniente que el novio y la novia sean especialmente dueños de su razón al hacer un cambio tan notable en sus vidas, y para que así mismo el hijo sea engendrado siempre por personas que estén lo más posible en perfecto uso de sus facultades y su razón, pues resulta totalmente inseguro el saber qué noche o qué día se le va a concebir con ayuda de la divinidad. Por lo demás es también conveniente que la procreación no tenga lugar cuando los cuerpos están dominados por la embriaguez, pues el feto necesita del orden para formarse, la firmeza, la estabilidad, la tranquilidad. El hombre borracho sufre alteraciones de todas clases, por sentirse rabioso en cuerpo y alma; la embriaguez, pues, engendra en malas condiciones, de manera que corre el peligro de dar lugar a seres anormales, que no merezcan ninguna confianza, sin un carácter ni un cuerpo que estén rectamente dotados. Por todo ello es necesario que, a ser posible,  durante todo el año e incluso durante toda la vida, pero mucho más aún en aquel tiempo en que uno esté procreando, se procure muy de veras no hacer nada malsano voluntariamente, nada que tenga que ver con la violencia o la injusticia, pues todo ello penetra y se imprime en el alma del hijo e inevitablemente se dan entonces a luz seres degenerados y deficientes; y por encima de todo hay que abstenerse de tales faltas durante aquel día y aquella noche. Los comienzos, en efecto, son como una divinidad que arraiga en lo humano y salva todas las cosas, siempre y cuando sus devotosle tributen las honras que se le deben”  (Traducción de Francisco de P.Samaranch en Ed. Aguilar, Platón: Obras Completas, Madrid,1969).

    Este texto, estas ideas impresionaron en su momento a los antiguos, como nos impresionan también a nosotros, 2.400 años después y nos permiten imaginar también una vez más cómo sería hoy nuestra sociedad si el pensamiento antiguo no hubiera permanecido oculto en la larga noche medieval. En todo caso no dejan de ser estos consejos sobre la embriaguez y el consumo de alcohol muy adecuados para una juventud actual que consume en exceso a edades muy tempranas cantidades excesivas de alcohol y otras sustancias como método para conseguir cierto estado de pseudofelicidad.

  • Un cuerpo sin nombre (sine nomine corpus)

    Uno de los pasajes de más intensidad poética de la Eneida es aquel en el que Virgilio (70-19 a.C.) nos narra en el Libro II la muerte y fin de Príamo, el anciano rey de Troya

    A su vez en ese pasaje son especialmente emotivos los versos 554 a 558, que causan a la vez  una sentimental y racional impresión:

    Este fue el fin  del destino de Príamo, esta fue la salida
    que le toco en suerte: ver Troya incendiada y Pérgamo arrasada,
    él en otros tiempos rey poderoso de tantos pueblos y tierras de Asia.
    Yace ahora tendido en la playa un enorme tronco
    y la cabeza arrancada de los hombros y  un cuerpo sin nombre.

    haec finis Priami fatorum, hic exitus illum
    sorte tulit Troiam incensam et prolapsa uidentem
    Pergama, tot quondam populis terrisque superbum
    regnatorem Asiae. iacet ingens litore truncus,
    auulsumque umeris caput et sine nomine corpus.

    ¿Qué es un cuerpo sin cabeza sino un tronco sin nombre, un cuerpo amorfo, sin identidad?

    Pues bien, la realidad con frecuencia supera a la ficción. Virgilio nació en octubre del año 70 a.C. y la batalla de Farsalia tuvo lugar en agosto del año 48 a.C.;  por tanto casi tenía  22 años de edad.  Virgilio vivió la Guerra Civil entre César y Pompeyo y con toda seguridad conoció la crónica de la batalla de Farsalia y el triste final de Cnaeus Pompeius Magnus, es decir de Cneo Pompeyo el Grande.

    Pompeyo era miembro de una de las familias itálicas  más importantes; fue tres veces cónsul y fue un gran general al que se le encargaron grandes acciones bélicas en beneficio de Roma: obtuvo tres veces el premio del triunfo, sólo concedido a quien había vencido en una gran contienda,  por sus victorias en Africa, sus victorias en Hispania contra Sertorio y luego contra los restos del ejército de Espartaco y el tercero por su victoria sobre los piratas y en Asia.

    La ceremonia del triunfo, de grandiosa vistosidad, consistía en un desfile militar del general con sus tropas y el botín conseguido por las calles de Roma, desde el Campo de Marte hasta  el Capitolio; el general vestido como el dios Júpiter ascendía en su carro hasta el templo de Júpiter Optimo y Máximo (Iuppiter Optimus Maximus).

    El triunfo era la mayor recompensa para un general romano, al que se reconocía como “imperator”. Imaginemos, pues, a Pompeyo triunfando tres veces por las calles de Roma.

    Pues bien, César y Pompeyo mantuvieron relaciones familiares (estuvo casado con Julia, hija de César, que murió muy joven de parto), cierta amistad y una relación política equilibrada  que les llevó a repartirse el poder con Craso, enormemente rico, y formar el famoso triunvirato, o gobierno de los tres hombres (tri = tres y vir =hombre).

    Craso murió derrotado en Carras, en la actual Turquía, en el año 53 a.C. y la relación entre César y Pompeyo no sólo se fue enfriando sino que a la larga resultaba imposible de mantener dada la ambición y personalidad de ambos. Surgió, pues, la guerra civil en la que legiones y aliados romanos se enfrentaban a otras legiones y aliados romanos. La batalla de Farsalia del año 48 fue decisiva. César, con un ejército menor pero bien entrenado, venció al Gran Pompeyo, a Pompeius Magnus, con un ejército mucho mayor.

    Tras la derrota, Pompeyo se comportó como no correspondía y se esperaba de un general romano. Abandonó a sus soldado y huyó a Egipto buscando la ayuda del rey Tolomeo, todavía niño. Llegó a Alejandría, capital del Egipto Tolemaico; le recibieron cordialmente y le pidieron que se presentara ante el rey;  se acercó al barco en el que venía Pompeyo  una barquichuela en la que entre otros se encontraban el prefecto real  Aquilas y Lucio Septimio que había sido centurión de Pompeyo en la guerra de los piratas; Pompeyo subió a la barquichuela y allí lo apuñalaron y mataron estos dos personajes, delante de su propia esposa,  la víspera del día en que hubiera cumplido 59 años.

    Cortaron y conservaron la cabeza del gran general para entregársela a César; el cuerpo desnudo lo dejaron abandonado en la playa.

    Dice Plutarco (46-120?) en su Pompeyo,80.1

    Pero  cortaron la cabeza de Pompeyo,  arrojaron el resto de su cuerpo desnudo de la barca, y lo dejaron abandonado para los que ansiaban  tan lamentable espectáculo.

    τοῦ δὲ Πομπηΐου τὴν μὲν κεφαλὴν ἀποτέμνουσι, τὸ δὲ ἄλλο σῶμα γυμνὸν ἐκβαλόντες ἀπὸ τῆς ἁλιάδος τοῖς δεομένοις τοιούτου θεάματος ἀπέλιπον.

    Es decir, se hacía realidad la imagen  salvaje de lo que poéticamente diría después Virgilio:

          iacet ingens litore truncus,
    auulsumque umeris caput et sine nomine corpus.

    Quien en tantas ocasiones había salvado a Roma, quien en tres ocasiones, como un dios subió la cuesta de la colina capitolina celebrando el triunfo, la mayor recompensa para los vencedores, yace ahora abandonado en la playa.

    Al día siguiente unos soldados  recogieron el tronco “sine capite, sine nomine”   y le dieron piadosa sepultura. Esta muerte, que nos parece de una enorme crueldad , no desmerece por otra parte de la violencia brutal y gratuita que con frecuencia  empleó  Pompeyo, a quien Valerio Máximo, escritor de la época de Tiberio (14-37) describe en sus  “Facta et dicta memorabilia, 6,2.8 (Hechos y dichos memorables) como “adulescentulus carnifex” (el jovencito carnicero).

    ¿Tendría  Virgilio esta imagen inquietante en su retina cuando narró el final de Príamo, anciano y venerable rey de Troya?

    Veleyo Patérculo (19 a.C.-31 d.C.) en Historia Romana 2.53.3 narra el final contraponiendo su gloriosa carrera militar a su triste muerte, lo  que resultaría ya un tópico entre los historiadores:

    Este fue, después de tres consulados y otros tantos triunfos y de ser el dueño del orbe de las tierras,  el final de un hombre santísimo e importantísimo, elevado hasta donde no se puede alcanzar, a los 58 años de edad, la víspera de su cumpleaños; hasta tal punto le abandonó la fortuna que a quien no le faltaron tierras para la victoria le faltaba ahora para la sepultura.

    Hic post tres consulatus et totidem triumphos domitumque terrarum orbem sanctissimi atque praestantissimi viri in id evecti, super quod ascendi non potest, duodesexagesimum annum agentis pridie natalem ipsius vitae fuit exitus, in tantum in illo viro a se discordante fortuna, ut cui modo ad victoriam terra defuerat, deesset ad sepulturam.

    Apiano (95?-165?), en su Historia Romana, en la parte correspondiente a las Guerras Civiles, BC 2 ,12, 85-86 nos narra también este triste final con palabras parecidas.

    La esposa de Pompeyo y sus amigos, que lo veían desde la distancia gritaron y levantando sus manos al cielo, invocaban a los dioses vengadores de la confianza violada. Luego se hicieron a toda prisa a la mar lejos como si de un país enemigo se tratase. Los esclavos de Potino cortaron la cabeza de Pompeyo y la guardaron para César, esperando recibir una buena recompensa,  pero les aplicó un digno castigo por su nefando crimen.  Los restos de su cuerpo fueron enterrados  por alguien en la orilla, y un pequeño monumento fue levantado sobre ellos, en el que alguien grabó esta inscripción:
    “Qué tumba tan lamentable es esta  aquí para quien dispuso de tantos templos”

    Dion Casio nos cuenta en su Historia Romana LXIX. 11, como años más tarde el emperador Adriano, que  en el año 122 marchaba de Judea a Egipto, visitó la tumba, ya en ruinas, de Pompeyo y recitó el verso que también cita Apiano:

    ¡Qué tumba tan lamentable hay aquí para quien tuvo templos en abundancia!

    y ordenó su reparación.

  • “Libertad o muerte”. Espartaco

    A lo largo de la Historia, la esclavitud de unos seres humanos por otros ha sido una realidad omnipresente. Los esclavos procedían sobre todo de las guerras, tan frecuentes.

    En el mundo romano sobre todo los esclavos fueron una importante fuente de energía porque los esclavos eran quienes realizaban los trabajos físicos. Pero la libertad es la condición necesaria para una auténtica vida humana y por ello en todo esclavo se encerraba un deseo de libertad y de rechazo de la esclavitud.

    En la Historia son muchos los episodios y los hombres que lucharon por  su libertad. En realidad toda la Historia de los hombres, de la Humanidad, podría resumirse en la Historia de la lucha por la libertad. La libertad es el bien más preciado del hombre.

    Espartaco fue uno de los más famosos hombres que lucharon por la libertad. Fue un esclavo romano de origen tracio, luego gladiador, que vivió en el siglo I a.C. Acaudilló una rebelión de esclavos contra sus señores. Era un gladiador mirmilón (que combatía tan sólo con espada y casco). Huyó de la escuela de gladiadores de Capua y lideró una lucha de miles de esclavos (según fuentes antiguas llegaron a unirse 70.000) del año 73 al 71 a.C. para recuperar su libertad y tuvo en jaque a las legiones romanas, a dos cónsules, a dos pretores, a un procónsul…a los que venció en varias ocasiones hasta que murió asesinado en Lucania, región del sur de Italia,  en el año 71 a.C.

    La documentación sobre Espartaco es escasa y nos resulta imposible conocer muchos detalles. Incluso desconocemos su propia opinión sobre la “esclavitud” y no podemos caer en el error de interpretar la revuelta  al margen del propio siglo I a.C. en que vivió, como hace por ejemplo la interpretación marxista de su figura.

    El recuerdo de su revuelta se mantuvo vivo en la sociedad romana durante mucho tiempo. En tiempos más modernos se convirtió en todo un símbolo y evocar a Espartaco es evocar los deseos de libertad del hombre.

    Su lema “libertad o muerte”, repetido infinitas veces por tantas personas de comportamiento heroico, refleja en dos palabras el deseo irrefrenable de todo individuo por ser auténticamente hombre, dueño y señor de sí mismo.

  • El romano Régulo cumple su palabra heroicamente y lo paga con la muerte

    En la educación cívica de los antiguos romanos jugaba un importante papel el recuerdo y conocimiento de los hechos virtuosos de los antepasados, ejemplos a imitar por los jóvenes.


    Marco Atilio Régulo, aunque de origen plebeyo, fue cónsul dos veces; la segunda en el año 256 a.C, en el noveno año de la Primera Guerra Púnica entre romanos y cartagineses. De acuerdo con la tradición y sin evidencia histórica (muchos  historiadores, alguno  antiguo, lo ponen en duda o lo silencian ), se cuenta de él una ejemplarizante historia.

    Después de algunos éxitos militares, Régulo fue hecho prisionero por los cartagineses y lo mantuvieron cautivo hasta el año 250 a.C., en que le permiten acudir a Roma para negociar la paz o el intercambio de prisioneros, comprometiéndose a volver a Cartago caso de no conseguirlo.

    Cuando Régulo llega a Roma se comporta como un rígido hombre de honor:  se niega a entrar en la ciudad como esclavo que es, rechaza hablar al Senado porque su condición de esclavo le incapacita para ello, ni siquiera admite el beso de su fiel esposa puesto que el matrimonio es un derecho exclusivo de los ciudadanos libres y él ya no era ciudadano.

    Cuando por fin accede a dirigirse al Senado, lo hace precisamente para lo contrario de lo esperado:  les convence de la inconveniencia de pactar con el cartaginés y de llegar a acuerdo alguno con quien es un declarado enemigo. Como hombre de honor regresa a Cartago, en donde le espera una horrible muerte a manos de sus verdugos.

    Los cronistas y poetas latinos lo proponen como prototipo y ejemplo de ciudadano heroico, amante de su ciudad, para las generaciones futuras, quejándose del abandono actual de los antiguos principios y valores cívicos. Así lo hacen Livio. Gelio, Diodoro, Apiano, Dion Casio, Zonaras, Valerio Máximo, Aurelio Victor, Floro,  Cicerón, Horacio, Silio Italico, etc.

    Este tipo de anécdotas idealizadas son un elemento esencial en la educación del ciudadano romano. Es lo que los propios romanos llaman el “mos maiorum”, las costumbres y comportamiento de los antepasados, como faro e ideal para los jóvenes.

    Evidentemente las personas de edad eran más valoradas que ahora, cuando la experiencia acumulada puede llegar a ser un deméito.

  • Tiranía, lo contrario a libertad

    La tiranía niega la libertad,a veces incluso en nombre de la propia libertad.

    Pocas palabras tienen un significado más peyorativo que los  términos “tiranía y tirano” . La palabra deriva del latín tyrannus, y este del gr. τύραννος.  La Real Academia   Española lo define como:

    “  persona que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad” ; y también: “ persona que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y también simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario”.

    Pero estos son significados actuales que no coinciden  exactamente con el significado de la primitiva palabra griega. En la larga historia de Grecia hubo un momento en que las primitivas estructuras monárquicas van desapareciendo a tenor de los cambios sociales y económicos de las ciudades. En esa evolución la creación más notable fue la “democracia” o gobierno del pueblo, término que proviene de los griegos δῆμος, (demos = pueblo)  y κράτος (krátos = poder). La Atenas del siglo V antes de Cristo es el mejor modelo de “democracia” antigua.

    En ocasiones, cuando la antigua realeza va desapareciendo,  surge entre las propias familias aristocráticas un individuo que se hace con el poder personal y favorece las modificaciones sociales que se están produciendo, dando la libertad al pueblo.

    Pero también en las luchas de las clases populares con las aristocráticas fueron frecuentes, a partir del siglo VI, revueltas en las que un individuo, con frecuencia apoyado en el pueblo o en el ejército, se adueñaba del poder y establecía un régimen de gobierno personal y absoluto. Muchos de estos “tiranos” fueron queridos por los ciudadanos por su buena política en beneficio de las clases populares y no exclusivamente de las aristocráticas.

    Tucídides es sin duda el historiador antiguo más moderno por su sentido crítico y su compromiso con la narración de la verdad comprobada, con la objetividad.  A propósito de la tiranía, nos dice que antes hubo la realeza y que la tiranía es fruto del desarrollo del poder y riqueza de las ciudades griegas al dominar los mares y crear numerosas colonias (I, 13,1). Pero indica que los tiranos sólo se preocupan de su situación personal, de su economía y de su persona (I, 17).

    Como todo poder absoluto y unipersonal, la tiranía tiende y facilita todo tipo de excesos; es fácil entender, pues,  la evolución del significado del término que se va cargando de valores negativos hasta el  actual absolutamente peyorativo .

    En este sentido es sinónimo o de significado muy próximo a otros términos actuales tales como dictador (en su origen magistratura romana con poderes excepcionales), déspota (palabra griega también que significa amo, dueño, señor y cuyo significado peyorativo es relativamente reciente),  sátrapa (jefe de una provincia del imperio persa) (véase  https://www.antiquitatem.com/satrapa-persia-missi-dominici ) , totalitario, autoritario, etc.

    Desgraciadamente los ejemplos de tiranías y dictaduras son infinitos a lo largo de la Historia de los hombres, incluido el momento actual, en que sin duda el principal bien y derecho fundamental del hombre, después de la vida, es la libertad.

    Tampoco es imposible ni absolutamente raro que en nombre de la “libertad” se establezcan crueles tiranías; es más, todos los tiranos se presentan como libertadores y todavía hoy a veces gozan del apoyo de grandes grupos de “tiranizados”.

  • ¿Fue el dominador Julio César dominado por sus mujeres?

    En la vida de Julio César jugaron un papel muy importante un buen número de mujeres. Todos los historiadores no valoran de la misma forma su influencia.

    Julio César jugó un papel esencial en la Historia de Roma y, como consecuencia,  en toda la Historia occidental y por eso se han escrito miles y miles de páginas sobre este complejo personaje.

    En la vida de César jugaron un papel importante las numerosas mujeres con las que por una u otra razón tuvo relación. El famoso historiador y premio nobel (1902) Theodor Momsen (1817-1903), autor de más de  mil quinientos títulos, entre ellos la famosa Historia de Roma, opinaba  que estas mujeres lo dominaron a su capricho.

    Probablemente Julio César tuvo una vida sexual muy activa desde joven, dado el especial atractivo que parece que tuvo para las mujeres,  y por esa vida  pasaron unas cuantas señoras  de especial relevancia, que evidencian la importancia de la conveniencia política a la hora establecer relaciones con familias  importantes más que el amor. Suetonio  resume esta característica al recordarnos los versos que sus soldados le cantaban con poco respeto el día de su desfile triunfal en Roma (ese día lo tenían permitido):  “Ciudadanos, guardad vuestras esposas, traemos a un calvo adúltero”.

    Desde luego, en César tuvo especial importancia su madre Aurelia, dado que el padre murió pronto, y sus hermanas, especialmente Julia la Mayor. En el año 83 a.C. se casó con Cornelia, hija de Cinna, por influencia de su tía Julia, mujer de Mario, tras romper el compromiso adquirido por su padre con Cosucia, de una aristocrática familia. De este matrimonio con Cornelia nació Julia, su única hija legítima. Debió sentir verdadero amor por su esposa  porque cuando el dictador Sila le exigió que se divorciara, se negó y hubo de huir de Roma para salvar su vida.

    Su hija Julia, comprometida con Cepión, el tío de Bruto, se casó con Pompeyo por razones políticas una vez que éste se divorció de Mucia, a la que el propio Julio César cortejó. Buscaba así  César asegurar las relaciones con la poderosa Gens Pompeia. Julia murió de parto en el año 54 a.C., como con frecuencia ocurría entonces. Debió ser un año duro para Julio, porque también murió su madre Aurelia, que había tenido en él una notable influencia, como dijimos.

    En el año 68 a. C. se casó con Pompeya, nieta de Sila,  por evidentes razones de conveniencia política. De ella se separó en el año 63 a.C. por ser adúltera con el conflictivo  y violento Publio Clodio durante las fiestas exclusivas para mujeres dedicadas a la Bona Dea.  Clodio se disfrazó de mujer para tener acceso a Pompeya. Este es el episodio que dio lugar a la famosa frase: “La mujer de César no sólo debe ser honrada, sino parecerlo”, basada en una información que Plutarco nos da en sus Vidas Paralelas, en  biografía de Cicerón, 29.7 y en la de Julio César, 10.6.

    En el año 59 se casó con Calpurnia, veinte años más joven, buscando descendencia y buenas relaciones con Lucio Calpurnio Pisón, influyente dirigente popular que con su ayuda fue nombrado cónsul el año 58 a.C. No tuvo descendencia.

    Calpurnia fue la esposa que la víspera del asesinato de su marido tuvo un sueño premonitorio y horrible en el que preveía la muerte de su esposo, pero este matrimonio podía no haber durado tanto si Pompeyo hubiera aceptado casarse con Octavia, sobrina de César, y concederle a él mismo la mano de su hija.

    Una persona tan poderosa, atractiva ( conocida es la fuerza  erótica del poder) y tan sexual, en un ambiente tan propicio como el de Roma en los albores del Imperio, tuvo, naturalmente, numerosas amantes. Una de las más importantes fue Servilia, hermana de Marco Porcio Catón el Joven y madre de Marco Junio Bruto, uno de los asesinos de César. Sin duda Servilia fue la más querida y más amada. Hasta  se ha planteado la posibilidad de que el verdadero padre de Bruto fuera César, pero no hay ninguna prueba de ello, aunque en el momento del magnicidio César pronunciara la también famosa frase “¿Tú también, hijo mío?”, en latín “Tu quoque fili mi?” , aunque el historiador Suetonio afirma que la dijo en griego:” Καὶ σὺ τέκνον, kai sy teknon” (Suetonio, Iul. 82.2) . La relación duró desde el año 63 hasta el 44, año de la muerte de César, y parece que lo que subyacía era el amor.

    Resulta  especialmente interesante  que varias de las amantes de César fueran las esposas de adversarios políticos. Parece como si César disfrutase especialmente de estos amores ya que a su superioridad política uniría  su superioridad como amante.  Así mantuvo relaciones con Postumia, esposa de Sulpicio Rufo; con Lolia, mujer de Aulo Gabinio;  con Mucia, segunda mujer de Pompeyo de la que se divorció precisamente por esta relación;  con Tertula, mujer de Craso, el tercer miembro, junto con Pompeyo,  del “triunvirato” que se repartió el poder al final de la República romana.

    Famosas fueron sus relaciones con mujeres extranjeras. Así su relación con Eunoe, esposa de Bogud, rey de Mauritania, de extraordinaria belleza. 

    Pero la relación más famosa la tuvo con la reina de Egipto Cleopatra VII Filopator. Junto a la atracción física le movían sin duda intereses políticos  para controlar las ricas tierras egipcias, granero de Roma. Cleopatra permaneció en Roma, en los jardines de César,  de septiembre del 46 a abril del 44 a.C.  después de la muerte de César. Julio César dudó de que él fuera el padre del niño  Tolomeo César, conocido como Cesarión y asesinado luego por orden de Octavio, pero permitió que llevase su nombre.

    En fin, parece evidente  que difícilmente las mujeres de Roma y aun del extranjero, fuera por razones sexuales o políticas, pudieran rechazar las proposiciones de César, tan poderoso; según algunos tampoco los hombres, pero es difícil saber con precisión cuánto hay de verdad y cuanto de ficción en la biografía de este personaje. De ello nos ocuparemos en otra ocasión.