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  • Una fiesta del fuego muy antigua: las Fallas

    La palabra “falla” deriva, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua , de la latina “facula”, que significa “antorcha”. Las Fallas son sin duda las fiestas más importantes de todo el Levante español, que giran esencialmente en torno al fuego destructivo y purificador y se celebran entre el 15 y el 19 de Marzo, festividad de San José.

    Como fenómeno de tanta importancia social, las Fallas hab sido evidentemente estudiadas desde distintos puntos de vista: antropológico, sociológico, cultural, histórico…

    Sin duda estas fiestas sirven, como todas, para cohesionar a toda una sociedad, que ahora resulta  ya muy compleja. Son fiestas de neto carácter general y democrático, frente a otras varias de carácter más aristocrático. En este sentido suelen contraponerse a las celebraciones más aristocráticas del Corpus.

    Estas fiestas tienen un indudable  valor ético y formativo al centrar la atención y la reflexión de los ciudadanos en acontecimientos de la vida social inmediata que son enjuiciados moralmente, puestos en solfa, criticados y condenados con un lenguaje artístico irónico.

    Es posible que en sus características actuales o similares estas fiestas no se remonten más allá del siglo XVIII, sin que sean suficientes las explicaciones que generalmente se dan (creación del gremio de carpinteros, etc.), pero no cabe duda de que sus raíces se hunden en una tradición antigua milenaria.

    Se relacionan a todas luces con numerosos cultos y ritos del fuego que se ejecutan para finalizar una etapa o año viejo e inaugurar un año nuevo. Se inscriben, pues, en los ritos solares y en los ritos de fertilidad y regeneración de la vida, sobre todo la vegetal, que precisamente se celebran con motivo de la llegada de los equinoccios y solsticios que marcan el inicio de las estaciones del año.

    Generalmente consisten en encender hogueras y antorchas en torno a las cuales se danza, sobre las que se salta y cuya luz y fuego se puede trasladar a los hogares, los campos o los establos. En muchos casos se queman peleles de paja o monigotes, sustitutos probablemente de antiquísimos ritos en los que se quemaban a verdaderos hombres o mujeres, encarnación del mal en sus diversas formas.

    James Frazer, en su famosa obra “La rama dorada” dedica muchas páginas a estos ritos del fuego, presentes desde la Prehistoria, especialmente en toda Europa.

    Los estudiosos hacen fundamentalmente dos interpretaciones. Una línea interpretativa nos dice que son ritos para revitalizar la luz y energía del sol que todos los años languidece y se recupera y de la que depende la vida de la naturaleza vegetal y animal. La otra nos dice que el fuego tiene una gran fuerza purificadora, catárquica, por lo que se utiliza como instrumento para acabar con los diversos males que amenazan al hombre y a la sociedad.

    Estas dos interpretaciones pueden coexistir y considerarse útiles para interpretar el sentido de  las “Fallas”, que se celebran cuando ya el invierno va declinando, en el entorno de la primavera en que florece la naturaleza.

    En la segunda mitad de marzo la naturaleza ya va despertando en el Levante. Este hecho afianza sin duda la relación originaria de estas fiestas con los antiguos ritos del fuego. Este sentido resulta hoy sin duda poco evidente para la mayoría de las personas que las celebran con absoluto frenesí. Es más evidente, en cambio, la interpretación de que son ritos de purificación que condenan y nos hacen olvidar todo lo que de malo nos ha sucedido en el año que ha finalizado desde la anterior celebración.

    Todo esto ha sido, sin duda estudiado y analizado por expertos, como decía, y no me siento suficientemente autorizado para insistir en ello. Quiero simplemente aportar un texto de Luciano de Samósata, de uno de sus diálogos, en concreto el titulado “Sobre la diosa siria”.

    Luciano es precisamente un sirio, de Samósata, ciudad situada en la margen derecha del río Eufrates,  que vivió en los años 125-181, por tanto en época romana, pero que escribe en griego. La lectura de este escritor y funcionario entre cínico y epicúreo, que no deja títere con cabeza, es muy recomendable, porque entre otras cosas nos ofrece una visión de la realidad y complejidad del mundo antiguo que raramente aporta el estudio académico de la Antigüedad. En este sentido no encuentro una explicación suficiente para el desconocimiento que generalmente se tiene hoy de él y de su obra.

    Pues bien, en el citado “diálogo”, (en realidad en este caso es un monólogo o más bien un artículo descriptivo), “Sobre la diosa Siria”, describe la existencia en su tierra, y en concreto en Hierópolis, de diversos cultos y templos a diversos dioses y diosas. El más importante en su opinión es el templo de Atargatis Hera, en el que hay también numerosas estatuas, entre ellas una pareja de la diosa, la del Zeus sirio o Melkart.

    Hierópolis significa “la Ciudad  Sagrada”, está situada al norte de Alepo, a unos 90 kilómetros; en siriaco se llamaba Madog y es la actual Manbi; se le conoció  también como Hierópolis Bambice, o Hierópolis Eufratensis

    Entre las diversas ceremonias y ritos que describe hay una que nos ayuda a comprender este carácter de festividad de fertilidad y renovación de la vida, de fiesta de primavera, con la que se pueden emparentar las Fallas. Dice así:

    Sobre la diosa siria, 49:

    Celebran la más importante de todas las fiestas que yo conozco al principio de la primavera y la llaman unos fiesta del fuego y otros de la antorcha. Hacen un sacrificio de la manera siguiente: cortan grandes árboles y los ponen en el patio, hacen llevar a continuación cabras, ovejas y otras reses vivas y las cuelgan de los árboles; añaden aves, vestidos y joyas de oro y plata y, una vez que lo tienen todo completo, ponen las imágenes de los dioses en torno a los árboles, prenden fuego y todo arde. A estas fiestas acuden muchas gentes procedentes de Siria y de los países circunvecinos y todos llevan sus propios objetos sagrados y todos tienen distintivos hechos a semejanza de estos.

    No excesivamente lejos de donde nació Luciano, está Tarso, la ciudad de la que era San Pablo, en la antigua Cilicia, en la llamada Asia Menor, en el cruce de importantes rutas por las que penetran todas las mercancías y todas las ideas.

    En ella se conservaba un rito muy antiguo, que nos ayuda a comprender el significado de estos ritos del fuego. En esta ciudad había dos dioses importantes: uno el joven Sandan o Sandon, que se identificó por los griegos con Heracles o Hércules y otro muy antiguo llamado Ball-Tarz (Señor de Tarso), que se identificó con Zeus. Los dos estaban relacionados con la fecundidad de la tierra y sus frutos y sus ritmos estacionales, pero resultaba un dios más cercano y popular Sandan.

    Todos los años se celebraba en su honor en la plaza una gran fiesta con cánticos y danzas  Se construía una gran pira en la que se colocaba la estatua del dios que era quemada con toda solemnidad. La ceremonia, al principio de carácter fúnebre, era seguida inmediatamente con la celebración desenfrenada y exultante de la resurrección del dios; así al dolor profundo de los fieles seguía una alegría exultante.

    Se representaba así la naturaleza vegetativa que moría bajo los rayos abrasadores del sol para resucita a una vida nueva. Esta es la idea que subyace a todos los cultos mistéricos orientales, que sin duda conocía el judío-griego Pablo de Tarso y en el que sin duda influyó a la hora de integrar el naciente cristianismo en las corrientes religiosas del momento, con notable éxito, por cierto, puesto que se impuso a la religión pagana a partir del siglo IV.

    Es vedad que sobre este dios tenemos muy poca información; algunos autores cuestionan incluso que conozcamos con total seguridad que este dios, que muere en la pira funeraria, renazca luego, pero su similitud con otros del entorno geográfico avalan esta interpretación.

    En algunas  monedas antiguas de Tarso se representa en el anverso a la diosa de la suerte Tyche y en el reverso la pira sobre la que arde el dios Sandan.
     

    Cultos similares a dioses que mueren  y resucitan inmediatamente son los de Atis en Frigia, Adonis en Siria, Osiris en Egipto, Tamuz en Babilonia y otros  análogos en otras partes, todos con el mismo significado. Esto apoya una interpretación similar para el dios Sandan. Cristo es tambén un dios muerto y resucitado.

    Dión Crisóstomo (40-120 aproximadamente) (“boca de oro” significa la palabra “Crisóstomo”) hace una irónica referencia a esta fiesta  y a la pira en la que el dios es quemado en su “Pimer discurso társico” o  “Tarsica prior XXXIII, 47:

    ¿Qué deberíais pensar si, como es razonable esperar (y como los hombres informan) que los héroes o deidades fundadores deban visitar con frecuencia las ciudades que han fundado, invisibles para todos, (incluidos los asistentes a los ritos sacrificiales y en ciertos otros festivales públicos), si, yo os lo pregunto, el propio fundador, Heracles, debe visitaros (atraído, permitidnos que os lo diga, por una pira funeraria como la que construís con especial suntuosidad en su honor),  pensáis que él estaría especialmente contento de escuchar tales sonidos? ¿No partiría inmediatamente para Tracia o para Libia, para honrar con su presencia a los descendientes de Busiris o de Diomedes cuando le hacen sacrificios? ¿Pues qué? ¿No creéis que hasta el propio Perseo pasaría realmente de largo en su vuelo sobre su propia ciudad?

    En estos ritos de fertilidad la vida se renueva y de las viejas cenizas, o mejor, de las cenizas de lo viejo, surge la nueva vida, como el Ave Fénix, el mito muy extendido y conocido que simboliza  exactamente lo mismo, aunque ahora su significado se haya generalizado y banalizado a toda acción o realidad que renace de una situación de muerte o postración. El Fénix, que se autoinmola en la hoguera cada quinientos años para renacer de nuevo, es en definitiva el símbolo de la inmortalidad.

    Naturalmente que estos antiquísimos rituales agrarios del fuego han sufrido grandes modificaciones y se ha perdido ese simbolismo profundo de renovación y sucesión de los ciclos de la naturaleza en beneficio de una purificación catárquica en la que el fuego acaba con los males del año. Más aún, en nuestro tiempo adquieren especialmente relevancia las críticas  referidas a la vida política de la sociedad; ahora predomina la crítica popular, social, política, moral, en detrimento de cuestionamientos filosóficos más profundos.

    Pero si se puede, se debe profundizar en el origen de las cosas . El origen de las fallas, como fiesta del fuego, es desde luego muy antiguo.    

  • ¿Por qué al dedo anular los antiguos le llamaban también dedo del médico?

    Cada uno de los dedos de la mano tiene un nombre propio formado a partir de su posición, de sus dimensiones o de su función. Así se llama pulgar al más fuerte, índice al segundo, medio al tercero, anular al cuarto y meñique al quinto y más pequeño.

    Al cuarto dedo, al anular, también se le llamaba en la Antigüedad “digitus medicinalis, digitus medicus”.  Esto merece una explicación o al menos la aproximación a una explicación, porque no es una denominación evidente por sí misma. ¿Qué relación puede haber entre el cuarto dedo y la medicina?

    San Isidoro, en sus Etimologías XI, 1, 70-71 nos explica estos nombres:

    Del hombre y sus partes
    ….
    El cuarto anular, porque en él se lleva el anillo. Recibe también el nombre de medicinal, porque con él aplican los médicos los ungüentos.

    De homine et partibus eius
    Quartus anularis, eo quod in ipso anulus geritur. Idem et medicinalis, quod eo trita collyria a medicis colliguntur.

    Véase en este mismo blog el artículo "Los nombres de los dedos": https://www.antiquitatem.com/nombre-de-los-dedos-digito-san-isidoro

    Así que al cuarto se le llama “anular”, de “anularis” y éste de “anulus”, anillo, (en latín también honestus y medicus) porque en él según dice S. Isidoro se lleva el anillo.

    "Anillo" procede del latín  anĕllus,(anillito) diminutivo de  anulus (anillo)  y este a su vez de anus, aro, anillo, de forma circular). Resulta evidente, pues,  por qué se llama “ano”  al “Orificio en que remata el conducto digestivo y por el cual se expele el excremento” (Diccionario RAE)..

    Aulo Gelio nos ofrece una explicación peregrina y por supuesto acientífica de por qué los antiguos llevaban en este dedo el anillo:

    Aulo Gelio, X,11:

    ¿Cuál es la razón por la que no sólo los antiguos griegos sino también los romanos llevaron el anillo en el dedo que en la mano izquierda está más cercano al dedo meñique?.

    Se nos ha transmitido que  los antiguos griegos llevaron el anillo en el dedo de la mano izquierda más cercano al meñique. Dicen que también los hombres romanos lo hicieron así frecuentemente. Apión, en su libro sobre “Cuestiones Egipcias” dice que esta es la causa de este hecho: el que al cortar y abrir los cuerpos humanos, como fue costumbre en Egipto, lo que los griegos llaman anatomías (disecciones), se descubrió un nervio muy fino solo desde este dedo del que estamos hablando, que se dirigía y llegaba al corazón del hombre;  por ello no pareció desacertado decorar precisamente con tal honor ese dedo que parecía estar  ligado y como conectado con la fuerza principal  del corazón.

    Quae eius rei causa sit, quod et Graeci veteres et Romani anulum hoc digito gestaverint qui est in manu sinistra minimo proximus.

    Veteres graecos anulum habuisse in digito accepimus sinistrae manus qui minimo est proximus. Romanos quoque homines aiunt sic plerumque anulis usitatos. Causam esse huius rei Apion in libris Aegyptiacis hanc dicit, quod insectis apertisque humanis corporibus, ut mos in Aegypto fuit, quas Graeci ἀνατομάς appellant, repertum est nervum quendam tenuissimum ab eo uno digito de quo diximus, ad cor hominis pergere ac pervenire; propterea non inscitum visum esse eum potissimum digitum tali honore decorandum, qui continens et quasi conexus esse cum principatu cordis videretur.

    Nota: El Apión al que se refiere Gelio es también el que nos cuenta la famosa historia de Androcles y el león en Gelio, 5,14; véase https://www.antiquitatem.com/androcles-y-el-leon-fabula-gelio

    Plutarco también trató este asunto en sus Cuestiones  simposiacas ( o convivales) 4,8, pero sólo conservamos el título de este capitulo.

    San  Isidoro en Etimologías XIX, 32,2  se refiere también a esta creencia tan extendida en la Antigüedad como acientífica y falsa:

    Los hombres en un principio llevaron los anillos en el cuarto dedo a partir del pulgar, porque por él corre una vena que llega hasta el corazón, y los antiguos pensaron que era preciso señalarla y adornarla demanera especial.

    Anulos homines primum gestare coeperunt quarto a pollice digito, quod eo vena quaedam ad cor usque pertingat, quam notandam ornandamque aliquo insigni veteres putaverunt.

    Macrobio repite y amplía la explicación de Aulo Gelio, siendo asunto de la conversación o diálogo de los invitados que celebran el banquete de la fiesta de las Saturnales. Al final de este artículo puede leerse el texto amplio de Macrobio. Debía parecer al dialogante la explicación tan peregrina que al final deja  la solución en manos de cada cual.

    Macrobio dice además que los egipcios expresan con este dedo el número 6, que es un número perfecto. ¿Por qué Macrobio llama al 6 número perfecto?

    Un número perfecto es un número natural que es igual a la suma de sus divisores propios positivos, sin incluirse él mismo.  Así, 6 es un número perfecto porque sus divisores propios son 1, 2 y 3; y 6 = 1 + 2 + 3.  Los siguientes números perfectos son 28, 496 y 8128.

    A los antiguos les gustaba enormemente jugar con estas relaciones y otras muchas más.

    El mismo Macrobio nos lo explica en su Comentario al “sueño de Escipión”, Libro I, 6, 12

    El seis, que cuando se une con el uno, hace el siete; es de variada y múltiple reverencia y  poder.  En primer lugar, porque es el único de todos los números dentro de los diez que resulta (de la suma) de sus partes. Pues tiene  una mitad y un tercio y un sexto, y su mitad es tres, su tercio dos, su sexto uno, y todos juntamente  hacen seis”

    Pero la cuestión de verdadero  interés es averiguar por qué le llamaban a este dedo también “medicinalis” o “dedo de médico”, como nos informa Macrobio en el pasaje leído y recoge también San Isidoro.

    Pues bien, “dedo médico” no es sino la traducción del nombre griego del dedo anular ἰατρικός  δάκτυλος “iatrikós dáktylos”.  Así que al cuarto dedo se le llama “dedo médico” tanto en latín como en griego. Es muy posible que la denominación latina sea una traslación de la griega.

    La referencia más antigua a los orígenes del nombre se encuentra en Galeno, en su  Eisagoge,  que dice lo siguiente:

    «… este es seguido por el  dedo próximo al del medio,   que está dedicado a los médicos (toiv iatroiv anakeimenov) …»

    Conviene aclarar que en la Antigüedad estaba muy extendida la  creencia en la relación del dedo anular con el corazón o con algunas enfermedades; teoría que extendieron los médicos de Alejandría. Piensan que los nervios o venas proceden del corazón por su importancia como centro de la vitalidad y del poder creador;  piensan que  la fuerza vital originada en el corazón se puede concentrar en el dedo. En algunos lugares incluso se piensa  en la asociación entre el dedo anular de la mano izquierda , el poder generativo y el principio de maternidad.

    Esto nos puede chocar y parecer un tanto raro, pero ¿no son muchos quienes establecen actualmente alguna relación entre las dimensiones de los dedos y las dimensión  del pene  o miembro viril? ¿y no es más llamativo que algunos de quienes sostienen esta creencia la pretendan fundamentar en  la acción que los andrógenos producen sobre los apéndices de diverso tipo? ¿Y qué decir de quienes son capaces de leer en la mano el pasado, el presente y el futuro de una persona?

    Se le llama así, dicen,  porque es el dedo que se emplea para preparar los potingues médicos y para aplicarlos a los enfermos.

    Nos dice, por ejemplo, Plinio en su Naturalis Historia, XXX, (34) 108:

    Se indica que una araña cura los forúnculos: una araña colocada sin pronunciar su nombre, y  retirada  al cabo de tres días; una musaraña a la que se le deja morir colgada, sin que deba tocar la tierra, pasándola tres veces alrededor del forúnculo, mientras que el curador y el enfermo escupen tres veces; con excremento de pollo, sobre todo el rojo, sobre todo el reciente mojado en vinagre; el estómago de una cigüeña cocido en vino, moscas en número impar frotadas con el dedo médico (digito medico), la excrecencia de las orejas de los carneros, sebo viejo de oveja con ceniza de cabello de mujer, sebo de carnero con polvo de piedra pómez y sal en igual peso.

    Furunculis mederi dicitur araneus, priusquam nominetur, inpositus et tertio die solutus, mus araneus pendens enecatus sic, ut terram ne postea attingat, ter circumlatus furunculo, totiens expuentibus medente et cui is medebitur, ex gallinaceo fimo, quod est rufum, maxime recens inlitum ex aceto, ventriculus ciconiae ex vino decoctus, muscae inpari numero infricatae digito medico, sordes ex pecudum auriculis, sebum ovium vetus cum cinere capilli mulierum, sebum arietis cum cinere pumicis et salis pari pondere.

    Pero el autor LászloA. Magyar, en su artículo Digitus medicinalis. The Etymology of the Name, en Actes du XXXII Congrés International d’histoire de Medicine, Ambres 1990, pat.175-179,  ofrece una explicación ciertamente interesante. Piensa que el cuarto dedo, el dedo medicinalis, es un dedo con poderes mágicos.

    Ciertamente, la palabra “medicus, medicinalis” deriva de”medeor”, verbo latino que significa sanar, curar y antiguamente “sanar mediante la magia”, como atestigua por ejemplo A. Ernout Meillet en su famoso Dictionaitr etymologique de la langue latine, al definir el ´termino “medeor” cuando dice textualmente:

    Medico y sus derivados medicus, medicamen (-mentum) tienen frecuentemente el sentido de “sanar mediante la magia”, y como el griego φάρμακον (pharmakon)  han tomado el sentido de “envenenar”, cf. cat. Metzina, veneno.

    Medico et ses dérivées medicatus, medicamen, (-mentum) ont souvent le sens de “guérir par la magie”, etcomme le gr.  φάρμακον  (farcamon)  ont  pris le sens de “empoisonner”, cf.cat. metzina, “poison”

    Pharmakon en griego también significa veneno y hechizo.

    Así que el “dedo anular” habría sido en su momento un dedo mágico, utilizado precisamente para sanar.

    De medeor   provienen “remedium” y otros muchos derivados. Por otra parte esta raíz indoeuropea existe en numerosas lenguas también con el significado de “pensar, reflexionar, juzgar, medir, pesar…”; meditar es el significado del verbo latino “meditor”,  que es precisamente el iterativo de “medeor” con este significado de “pensar”.

    Así que el “médico”, que medica o sana con la magia, en realidad  es un “médium”, mediador intermediario entre la persona enferma y los espíritus o las fuerzas poderosas de la divinidad o de la naturaleza.

    Silio Itálico, por ejemplo, en  Punica III. 300 llama a los  magos  Medicum vulgus :

    Metieron ruido con sus armas los Marmáridas, gente de poderes mágicos, con cuyo encantamiento las serpientes se olvidan del veneno, y con cuyo contacto las Cerastas se quedan tranquilas.

    Nota: Cerastae son las Erinias, monstruo mitológico con cabellos de serpientes

    Marmaridae, medicum uulgus, strepuere cateruis,
    ad quorum cantus serpens oblita ueneni,
    ad quorum tactum mites iacuere cerastae.

    La palabra alemana Arzt signficia “médico”, pero originariamente  también mago;  la palabra griega  iatros tiene  connotaciones similares.

    Por otra parte el anillo es el más importante símbolo mágico del poder, símbolo de la relación entre la vida y la muerte. Así que la cuestión estriba en determinar si el cuarto dedo es mágico porque lleva el anillo o lleva el anillo porque es mágico. Aa la vista de lo comentado, parece que lleva el anillo precisamente porque es mágico.

    El nombre completo y explicativo, pues, debería ser “dedo mágico del anillo” o “dedo del anillo mágico

    Por otra parte el tema de la medicina y su relación con la magia,  la religión y los templos se merece uno o varios artículos. Piénsese en los santuarios repletos de exvotos o lugares aun hoy de peregrinación buscando la salud del cuerpo.

    Texto de Macrobio  Saturnales, 7, 13, 6-16

    Dicho esto, Avieno recogió de la mesa el anillo que de repente  se le había caído del dedo meñique de la mano derecha. Y como se le preguntara por los presentes  por qué se lo había colocado preferentemente en la otra mano y dedo, no destinados para llevarlos, les mostró la mano izquierda, un tanto  hinchada a causa de una herida.

    De aquí le surgió a Horo la ocasión de hacer una pregunta, y dijo:  -Dime, Disario, (pues todo lugar del cuerpo atañe al conocimiento del médico, y tú has alcanzado un conocimiento incluso más allá de lo que exige la medicina), explícame, digo, por qué el común asentimiento ha convencido a todos de que el anillo hay que llevarlo en el dedo que está junto al meñique, que también se llama “dedo médico” y sobre todo en la mano izquierda?

    Y Disario: Sobre esta cuestión me había llegado de Egipto cierta conversación , que yo dudaba de de llamar una fábula o un relato verdadero, pero cuando más tarde consulté los libros de anatomía descubrí la verdad: un cierto nervio que arranca del corazón, va directo hasta el  dedo de la mano izquierda más próximo al meñique, y allí se mezcla con los restantes nervios de ese mismo dedo. Y por eso les pareció a los antiguos que ese dedo debía ser rodeado por un anillo como una corona.
    Y Horo dice: Hasta tal punto es verdad que los egipcios opinan así como dices, que yo, cuando vi en un templo a sus sacerdotes, a los que llaman profetas, que untaban alrededor de cada una de las imágenes este dedo con perfumes preparados y pregunté el motivo de esto, aprendí lo que ya he dicho sobre este nervio porque me lo contó el principal de esos sacerdotes y además aprendí el número que por medio de él se expresa.

    Pues cuando está doblado este dedo indica el número seis, que es en todos los sentidos pleno, perfecto y divino. Las causas por las que este número es pleno, él lo explico de muchas formas: yo ahora las dejo aparte como menos adecuadas a la conversación actual. Estas son las cosas que conocí en Egipto, el país más conocedor de todas las materias divinas, sobre por qué el anillo se coloca preferentemente en este dedo.

    En medio de esta discusión dijo Cecina Albino: Si vosotros estáis de acuerdo, puedo referiros directamente lo que recuerdo que sobre esta cuestión leí en Ateyo Capitón, uno de los mayores expertos en derecho pontifical. Determinando este que era contrario al derecho divino grabar imágenes de los dioses en los anillos, llegó hasta el punto de que no calló por qué el anillo se lleva en este dedo y en esta mano.

    Dijo: “Los antiguos llevaban consigo un anillo no por adorno sino para sellar. Por eso no les estaba permitido tener más que uno, y a nadie sino a la persona libre, porque sólo a ellos les correspondía la confianza que implicaba el sellado. Por eso los esclavos no tenían el derecho de llevar anillos. En el material del anillo, fuera de hierro o de oro,  se imprimía una figura, y se llevaba como cada uno quería, en cualquiera de las manos y en cualquier dedo.

    Luego, dijo,  en tiempos de lujo, comenzó la costumbre de grabar los sellos en piedras preciosas; toda esta imitación entre unos u otros  llegó al punto de que se vanagloriaban  del aumento de precio con el que compraban las piedras para grabarlas. Desde entonces se evitó el uso de los anillos en la mano derecha, que está muy ocupada y se pasara a la izquierda, que está más ociosa, para que las piedras preciosas no se rompieran  con el frecuente movimiento y ocupación de la mano derecha.

    Dijo, en la propia mano izquierda se eligió el dedo más cercano al meñique  como más adecuado que los otros para entregarle anillos tan preciosos. Pues el pulgar, que recibe el nombre del hecho de que es fuerte, ni está en reposo en la izquierda ni esta nunca en menos actividad que la mano entera; por eso, dijo, entre los griegos se le llama  ἀντίχειρ (antijeir, antemano) como si fuera otra mano.
      Ahora bien, el dedo próximo al pulgar les parecía desnudo, y sin la protección de un opuesto,  pues el pulgar  es tan pequeño que apenas rebasa la raíz del otro. Evitaron el del medio y el meñique, dijo, como inadecuados, el uno por su magnitud y el otro por su pequeñez y fue elegido el que está encerrado por ambos y tiene menos actividad y por tanto es el más adecuado para conservar el anillo.

    Esto es lo que contiene el texto pontifical: que cada uno, según quiera, siga la opinión etrusca o la egipcia.

    His dictis anulum Avienus de mensa rettulit qui illi de brevissimo dexterae manus digito repente deciderat: cumque a praesentibus quaereretur, cur eum alienae manui et digito, et non huic gestamini deputatis potius insereret, ostendit manum laevam ex vulnere tumidiorem. Hinc Horo nata quaestionis occasio, et: Dic, inquit, Disari (omnis enim situs corporis pertinet ad medici notionem, tu vero doctrinam et ultra quam medicina postulat consecutus es), dic, inquam, cur sibi communis adsensus anulum in digito qui minimo vicinus est, quem etiam medicinalem vocant, et manu praecipue sinistra gestandum esse persuasit?  Et Disarius: De hac ipsa quaestione sermo quidam ad nos ab Aegypto venerat, de quo dubitabam fabulamne an veram rationem vocarem: sed libris anatomicorum postea consultis verum repperi, nervum quendam de corde natum priorsum pergere usque ad digitum manus sinistrae minimo proximum, et illic desinere inplicatum ceteris eiusdem digiti nervis, et ideo visum veteribus ut ille digitus anula tamquam corona circumdaretur.  Et Horus: Adeo, inquit, Disari, verum est ita ut dicis Aegyptios opinari, ut ego sacerdotes eorum, quos prophetas vocant, cum in templo vidissem circa deorum hunc in singulis digitum confectis odoribus inlinere et eius rei causas requisissem, et de nervo quod iam dictum est principe eorum narrante didicerim, et insuper de numero qui per ipsum significatur. 10 Conplicatus enim senarium numerum digitus iste demonstrat, qui omnifariam plenus perfectus atque divinus est. Causasque, cur plenus sit hic numerus, ille multis adseruit: ego nunc ut praesentibus fabulis minus aptas relinquo. Haec sunt quae in Aegypto divinarum omnium disciplinarum compote, cur anulus huic digito magis inferatur, agnovi.  Inter haec Caecina Albinus: Si volentibus vobis erit, inquit, in medium profero quae de hac eadem causa apud Ateium Capitonem pontificii iuris inter primos peritum legisse memini: qui cum nefas esse sanciret deorum formas insculpi anulis, eo usque processit ut et cur in hoc digito vel in hac manu gestaretur anulus non taceret.  Veteres, inquit, non ornatus sed signandi causa anulum secum circumferebant. Unde nec plus habere quam unum licebat, nec cuiquam nisi libero, quos solos fides deceret quae signaculo continetur: ideo ius anulorum famuli non habebant. Inprimebatur autem sculptura materiae anuli, sive ex ferro sive ex auro foret, et gestabatur, ut quisque vellet, quacumque manu, quolibet digito.  Postea, inquit, usus luxuriantis aetatis signaturas pretiosis gemmis coepit insculpere: et certatim haec omnis imitatio lacessivit ut de augmento pretii quo sculpendos lapides parassent gloriarentur. Hinc factum est ut usu anulorum exemptus dexterae, quae multum negotiorum gerit, in laevam relegaretur, quae otiosior est, ne crebru motu et officio manus dexterae pretiosi lapides frangerentur.  Electus autem, inquit, in ipsa laeva manu digitus minimo proximus quasi aptior ceteris cui commendaretur anuli pretiositas. Nam pollex, qui nomen ab eo quod pollet accepit, nec in sinistra cessat, nec minus quam tota manus semper in officio est: unde et apud Graecos ἀντίχειρ, inquit, vocatur quasi manus altera.  Pollici vero vicinus nudus et sine tuitione alterius adpositi videbatur: nam pollex ita inferior est ut vix radicem eius excedat. Medium et minimum vitaverunt, inquit, ut ineptos, alterum magnitudine, brevitate alterum, et electus est qui ab utroque clauditur et minus officii gerit et ideo servando anulo magis accommodatus est.  Haec sunt quae lectio pontificalis habet: unusquisque, ut volet, vel Etruscam vel Aegyptiam opinionem sequatur.

  • Ciclópeo, colosal, hercúleo, gigantesco, titánico, faraónico, monstruoso, enorme, obra magna, obra de romanos

    El hombre antes de “sapiens” fue “faber”, “hombre que hace (al principio toscos instrumentos de piedra), que construye, que produce, que fabrica…”. Así que llevamos sobre la tierra muchos miles de años haciendo obras, generalmente de proporciones adecuadas a las fuerzas y limitada capacidad del hombre.

    Pero de vez en cuando el hombre ejecuta obras que se salen de lo común, de lo normal, de lo habitual. Para calificarlas disponemos de algunos adjetivos poco expresivos, generalmente expresando un concepto negativo, o mejor, negando uno positivo (descomunal, extraordinario, enorme…) y de otros cuantos con más fuerza calificativa y semántica (ciclópeo, colosal, hercúleo, titánico…).

    Curiosamente estos últimos derivan del nombre de algunos seres mitológicos antiguos de los que reciben precisamente su riqueza expresiva. Así que una vez más podemos concluir que es mucho, en todos los aspectos, lo que debemos a los griegos y sus creaciones culturales. Si decimos “extraordinario” queremos decir que se sale de lo ordinario; si decimos “ciclópeo” decimos mucho más.

    Así hablamos de “obra ciclópea” para referirnos por ejemplo a murallas de algunas ciudades o poblados antiguos, como las de Micenas o Tirinto o Tarragona en España,  construidas conr bloques de piedra enormes que parecen imposibles de ser manejados por hombres normales.

    El adjetivo  deriva de “cíclope”, del griego  Κύκλωπες Kýklopes, de κύκλος kyklos, ‘rueda’, ‘círculo’ y ὤψ ops, ‘ojo’. Los Cíclopes son seres mitológicos gigantescos y brutos con un solo ojo en la frente. Los de la primera generación eran hijos de Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra).

    El más conocido es el de segunda generación llamado Polifemo, Πολύφημος Polyphêmos, ‘de muchas palabras’, hijo de Poseidón y la ninfa Toosa. Es muy conocido el episodio narrado en la Odisea en el que los griegos que habían entrado en su cueva han de valerse de un ardid para escapar de la voracidad antropófaga del monstruo; el Cíclope Polifemo era capaz de levantar y arrojar enormes piedras a los griegos que huían en su barco, pero con poco tino por haber perdido la visión de su único ojo. Nos lo cuenta Homero en Odisea, IX. A lo largo de muchos versos; en los número 536 y ss. dice:

    Así habló rogando y le escuchó el dios de cabellera cerúlea. Después cogió el Ciclope un peñasco mayor que el de antes, y lo lanzó  volteándolo  con fuerza inmensa, y lo arrojó contra  nuestro barco de azulada proa, y  faltó poco para darnos  en la punta del gobernalle. Se agitó el mar por la caída del peñasco, y las olas, empujando la nave  hacia adelante, la hicieron llegar a tierra firme.    

    Los propios antiguos ya utilizaron la palabra ciclópeo con este significado. Así por ejemplo Virgilio en  Eneida I, v. 201

    Vosotros también habéis visto de cerca el furor de Escila
    y sus escollos ensordecedores y conocéis también las rocas ciclópeas:
    reunid vuestro valor y deponed el triste temor;
    quizás algún día os producirá placer recordar estas cosas.

    Vos et Scyllaeam rabiem penitusque sonantis
    accestis scopulos, vos et Cyclopea saxa
    experti: revocate animos, maestumque timorem
    mittite: forsan et haec olim meminisse iuvabit.

    No en vano el geógrafo Estrabón y Pausanias, autor de la primera guía de viajes de la que tenemos noticias, recogen la opinión extendida de las murallas de grandes piedras eran obra de los Cíclopes.

    Estrabón, VIII, 6,11:

    Parece que Tirinto sirvió de base de operaciones al rey Proteo y que fue fortificada por las propias manos de los Cíclopes.

    También Plinio en Historia Natural, VII, 56 (195) nos dice:

    Cinira, hijo de Agriopas inventó el azulejo y descubrió las minas de cobre, las dos cosas en la isla de Chipre; inventó también las tenazas, el martillo, la palanca y el yunque: Dánao trajo los pozos de Egipto  a la parte de Grecia que antes se llamaba Argos Dipsion (la Seca). Cadmo las canteras de piedra en Tebas o, según Teofrasto en Fenicia. Trason las murallas; según Aristóteles, los Cíclopes las torres, pero según Teofrasto los Tirintios.

    tegulas invenit Cinyra, Agriopae filius, et metalla aeris, utrumque in insula Cypro, item forcipem, martulum, vectem, incudem; puteos Danaus ex Aegypto advectus in Graeciam qua vocabatur Argos Dipsion; lapicidinas Cadmus Thebis aut, ut Theophrastus, in Phoenice; Thrason muros; turres, ut Aristoteles, Cyclopes, Tirynthii, ut Theophrastus;

    Pausanias, en varios pasajes, entre otros en Descripción de Grecia, II, 25,8

    (Tirinto) Se dice que  las murallas, que es lo único que queda de las ruinas, son obra de  los Cíclopes y  están construidas de piedras que son tan grandes que un par de mulas no pueden mover ni un milímetro ni las más pequeñas. A lo largo de ellas se meten pequeñas piedras  entre las grandes, de forma que no queda ningún hueco y los grandes bloques quedan firmemente unidos. 

    Colosal es otro adjetivo sinónimo para calificar a estas obras extraordinarias derivado del sustantivo griego κολοσσός (kolossos),  con el que los helenos designaban a las estatuas grandes. El coloso por antonomasia es el Coloso de Rodas, dedicado a Helios, el Sol, construida en el año 292 a.C.  y destruida en 226 a.C. por un terremoto. Tan famosa en la Antigüedad como para ser considerada una de las Siete Maravillas, aparece en numerosísimos textos antiguos. Plinio,  por ejemplo, nos da información de ella en Historia Natural, lib. 34, 18,(41):

    Pero el más admirado de todos fue el Coloso del Sol, en Rodas, que había hecho Cares el Lindio, alumno del Lisipo  mencionado antes. Esta estatua medía 70 codos de altura. Después de 66 años un terremoto la derribó, pero incluso yacente es digna de admirar. Pocos pueden abrazar su dedo  pulgar, sus dedos son mayores  que la mayoría de las estatuas. En sus miembros fracturados se abren grandes cavernas. En el interior se ven rocas de grandes dimensiones, con cuyo peso lo habían estabilizado al levantarlo. Dicen que lo hicieron en doce años y costó 300 talentos, que se consiguieron del equipamiento  de guerra del rey Demetrio abandonado por la larga duración del  asedio de Rodas.

    Nota: Se mantuvo en el lugar donde fue derribada durante casi 900 años, hasta el año 653 d. C, cuando Moavia, califa de los sarracenos, tras la captura de Rodas, vendió los materiales; se dice que se requirieron novecientos camellos para retirar los restos.

    Ante omnes autem in admiratione fuit Solis colossus Rhodi, quem fecerat Chares Lindius, Lysippi supra dicti discipulus. LXX cubitorum altitudinis fuit hoc simulacrum, post LXVI annum terrae motu prostratum, sed iacens quoque miraculo est. pauci pollicem eius amplectuntur, maiores sunt digiti quam pleraeque statuae. Vasti specus hiant defractis membris; spectantur intus magnae molis saxa, quorum pondere stabiliverat eum constituens. Duodecim annis tradunt effectum CCC talentis, quae contigerant ex apparatu regis Demetrii relicto morae taedio obsessa Rhodo.

    Hubo numerosas estatuas gigantescas y por lo tanto muchos “colosos”. Una de estas estatuas colosales era la que representaba a Nerón, situada en su Domus aurea, casa de oro,  cerca del anfiteatro Flavio, al que llamaban por eso Amphiteatrum Colosseum o Colossei, el anfiteatro del Coliseo. De ahí que Coloseo pasó a designar al propio anfiteatro, edificio que como saben era dedicado a celebrar luchas de gladiadores, con otros gladiadores o con animales salvajes. Todavía hoy el esqueleto en pie de este colosal edificio asombra al turista que visita Roma y que bien podría haberse llamado así por las enormes dimensiones que tiene con capacidad para 40.000 espectadores, que además pueden desalojarlo en pocos minutos por los numerosos, estratégicos y bien diseñados “vomitoria” o accesos a las gradas.

    La estatua de Nerón se convirtió en estatua del Sol después de la destrucción de la Domus aurea y finalmente fue retirada en tiempos del emperador Adriano para construir el Templo de Venus y Roma, necesitándose para ello 24 elefantes, como nos cuenta Espartiano en la Historia Augusta.

    HISTORIA AUGUSTA. DE VITA HADRIANI AELII SPARTIANI XIX, 12 ss.

    Se trasladó también el coloso que estaba colocado por el arquitecto Decriano de aquel lugar en el que ahora está el templo de la Ciudad, con su enorme dimensión, de tal forma que necesitó para la operación veinticuatro elefantes. Y como quiera que esta estatua, que primero tenía el rostro de Nerón, al que estaba dedicada, se consagró al Sol, se le encargó hacer otra dedicada a la Luna al arquitecto Apolodoro.

    Transtulit et colossum stantem atque suspensum per Decrianum architectum de eo loco, in quo nunc templum Urbis est, ingenti molimine, ita ut operi etiam elephantos viginti quattuor exhiberet. 13 Et cum hoc simulacrum post Neronis vultum, cui antea dicatum fuerat, Soli consecrasset, aliud tale Apollodoro architecto auctore facere Lunae molitus est.

    Curiosamente de coliseo deriva la palabra coso, que en España y países influenciados por su cultura designa a las circulares plazas de toros, en que se celebran sus corridas, herencia moderna sin duda de las antiguas luchas de hombres con animales salvajes que se celebraron en el Anfiteatro Coliseo.

    Hercúleo,-a es otra palabra apropiada a las dimensiones y grandiosidad de estas obras. Hércules, en griego  Ἡρακλῆς, Hēraklḗs, Heracles, hijo de Zeus y de la mortal Alcmena, es el más célebre de los héroes griegos, de extraordinaria fuerza. Hubo de realizar 12 difíciles trabajos.  Ya de pequeño dio pruebas de su fortaleza: poco después de nacer Hera le envió dos serpientes mientras dormía para matarlo, pero las estranguló con sus solas manos.

    Luego de adulto muy fuerte debía de ser para separar Europa de Africa y colocar las famosas columnas. El décimo trabajo consistía en robar los bueyes o vacas del pastor Gerión, monstruo de tres cuerpos que vivía en Occidente, en la actual Cádiz,  y transportarlos vivos a Micenas. Al llegar al final del mar Mediterráneo encontró el camino del mar cerrado, por lo que abrió el estrecho de Gibraltar para comunicar los dos mares y colocó las columnas, una en Gibraltar y la otra en el monte Hacho de Ceuta (otras  versiones proponen otra localización africana).

    Más allá de esas columnas los navegantes fenicios, griegos y romanos no se atrevían a navegar por el “mare ignotum” o “mare tenebrosum”. Por eso se acompañan de la inscripción “non plus ultra”,  “no más allá”, como seria advertencia, leyenda superada cuando a finales del siglo XV Colón y los españoles descubren América. Carlos V eliminó el “non” de la leyenda convirtiéndola en el lema     “plus ultra”, “más allá”.

    El geógrafo  Pomponio Mela, que nació curiosamente en Tingentera, identificada con Iulia Traducta, y con las modernas Algeciras o Tarifa, y por lo tanto de la zona del Estrecho,  escribió al respecto en su Chorographia, I, 23:

    Más allá hay un monte muy alto, y frente a él, en Hispania hay otro que alcanza su atura: a éste le llaman Abila, a aquel Calpe y a los dos las Columnas de Hércules. La tradición nos cuenta la fábula de su nombre: el mismo Hércules separó los dos montes unidos en otro tiempo por una cordillera continua, y así el Océano, cerrado antes por la mole de los montes tuvo entrada a las tierras que ahora inunda. Aquí ahora el mar se desparrama más anchamente y cae  con gran fuerza a lo ancho sobre las tierras que han retrocedido. Por lo demás la región es pobre, y sin suerte de tener algo importante está habitada por pequeños pueblos; produce pequeños ríos, más valiosa por su suelo que por sus hombres y oscura por el poco  valor de sus gentes. 

    Deinde est mons praealtus, ei quem ex adverso Hispania adtollit obiectus: hunc Abilam, illum Calpen vocant, Columnas Herculis utrumque. Addit fama nominis fabulam, Herculem ipsum iunctos olim perpetuo iugo diremisse colles, atque ita exclusum antea mole montium oceanum ad quae nunc inundat admissum. Hic iam mare latius funditur, submotasque vastius terras magno impetu inflectit. ceterum regio ignobilis et vix quicquam inlustre sortita parvis oppidis habitatur, parva flumina emittit, solo quam viris melior et segnitia gentis obscura.

    Entre otros muchos textos, por ejemplo Estrabáon,3,5,2, Plinio en su Historia Naturalis, 3,1 (4), y Séneca, en  su tragedia Hércules Furioso pasa revista a sus trabajos y entre ellos al episodio de las vacas de Gerión. Reproduzco Hercules furens, versos  232-238:

    Entre los remotos rebaños del pueblo hesperio, fue matado el pastor de tres cuerpos de la costa tartesia; y el botín fue traído desde los confines de Occidente;  y el ganado, conocido por el  Océano pastó luego en el Citereón (monte del interior de Grecia) .

    Cuando se le mandó que penetrara en las regiones del sol estival y en los requemados reinos que abrasa el mediodía, separó los dos montes a uno y otro lado, y rota esta barrera abrió un ancho camino para que se precipitara el Océano.

    inter remotos gentis Hesperiae greges
    pastor triformis litoris Tartesii
    peremptus, acta est praeda ab occasu ultimo;
    notum Cithaeron pavit Oceano pecus.
    penetrare iussus solis aestivi plagas
    et adusta medius regna quae torret dies
    utrimque montes solvit ac rupto obice
    latam ruenti fecit Oceano viam.

    Titánico también califica adecuadamente a estas obras de esfuerzos excepcionales, por lo infrecuentes. Los Titanes son primitivos dioses dela mitología griega, hijos de Urano y Gea, anteriores a los dioses olímpicos. En la Titanomaquia o Guerra de los Titanes fueron vencidos por Zeus y los olímpicos y encerrados en el Tártaro. Hesiodo nos narra la terrible batalla en su Teogonía, de la que reproduzco un pequeño fragmento.

    Hesiodo, Teogonía, 674 y ss.

    Ellos, entonces, en cruel batalla, se enfrentaron a los Titanes con enormes piedras en sus robustas manos. Los Titanes, desde el otro lado, fortificaban sus filas con prontitud; ambos mostraban a la vez el poder de sus manos y de su violencia. Terrible resonó el inmenso mar; la tierra produjo un gran estruendo; el ancho cielo agitándose se lamentó; el inmenso Olimpo desde su base vibró por el ímpetu de los inmortales; llegó al umbroso Tártaro el pesado ruido de pies y el profundo griterío del inmenso tumulto y de los fuertes disparos. ¡De ese modo lanzaban funestos dardos unos contra otros!; la voz de unos y otros exhortándose llegó al estrellado Cielo, y ellos confluyeron con un gran alalá. (Traducción de Adelaida Martín Sánchez y María Angeles Martín Sánchez. Alianza Editorial, 2005)

    Gigantesco,-a refleja a la perfección una obra muy grande. Los  Γίγαντες (gigantes) son seres de gran tamaño, como los cíclopes, nacidos de  Gea, la Tierra y la sangre de Urano, el Cielo, como relata Hesiodo en su Teogonía, 183 y ss.: 

    (Cuando Crono mutila a su padre Urano) …Estos verdaderamente no en vano escaaron de su mano, pues cuantas gotas de sangre desprendieron, todas las recogió Gea y, transcurrido el tiempo, dio a luz a las poderosas Erinias, a los grandes Gigantes, resplandecientes con el brillo de sus armas, con largas lanzas en sus manos, y a las Ninfas que llaman Melias en la inmensa tierra.

    Los Gigantes también lucharon con los dioses. Nos lo cuenta, entre otros muchos, Apolodoro en su Biblioteca I 6,1:

    Gea, irritada por lo acontecido a los Titanes, genera con Urano a los Gigantes, insuperables por la magnitud de sus cuerpos e invencibles por su potencia física, presentaban espantosa apariencia, de su cabeza y mentón pendía espesa pelambrera y tenían por pies escamas de dragón. Nacieron según dicen unos en Flegra, pero según otros en Palene.
    ….
    Pero los dioses estaban en posesión de un vaticinio según el cual ningún Gigante podría perecer a manos de los dioses, mientras que si un mortal luchaba en su bando moriría. Zeus por medio de Atenea llamó en su ayuda a Heracles.

    Faraónico podríamos incluir en esta serie de adjetivos, significando también obra enorme o descomunal, derivado naturalmente de las grandes pirámides y otras enormes esculturas y templos construidos en el Egipto antiguo.

    Y por supuesto y con toda justicia la expresión “obra de romanos”, porque algunos puentes, vías y murallas sobre todo de época romana nos asombran por sus dimensiones o dificultad.  

    Mastodóntico, que añade   al sustantivo correspondiente la magnitud propia de los grandes elefantes antiguos, de los que de vez en cuando aparecen restos llamativos.

    Frente a estos adjetivos, que acumulan en su significado los detalles de su mito o historia, disponemos de una serie muy numerosa de términos menos significativos; quizás sea tan numerosa la serie por el significado general y abstracto y el escaso valor semántico que encierran. Muchos de ellos expresan un mero concepto negativo o la negación de un concepto.

    extraordinario: Fuera del orden o regla natural o común.

    enorme: fuera de norma

    Desmedido: fuera de medida

    Descomunal. fuera de lo común

    Inmenso: sin medida

    Más contenido tienen por ejemplo

    Magna opera: magnus,-a significa grande; opera obra; por lo tanto “gran obra

    Ingente: palabra latina que significa “muy grande”, relacionado tal vez con la misma raíz del griego “gigas”, gigante. El latino “ingens” cayó en desuso y curiosamente lo hemos recuperado como cultismo.

    Magnífico y magnífica obra: compuesto de “magnus”, grande, y “facere”, hacer”: que produce grandeza

    Monumental:  propio de un monumento y por tanto digno de ser recordado

    Monstruoso: relacionado con el anterior, significando que avisa, que advierte de algo dada su excepcionalidad.

    Fenomenal, de significado semejante al anterior; proviene del griego φαινομένον, phainomenon, fenómeno,de φαινεῖν, fainein,  = brillar, hacer brillar, aparecer; mostrar, hacer ver,  que literalmente significa ''lo que se muestra''  y fenomenal lo que por sus características tiene y se merece gran visibilidad.

    Maravilloso expresa algo semejante. Maravilla deriva del latín mirabilia, cosas admirables o dignas de ser admiradas o sorprendentes, del verbo mirari, admirar. De la misma raíz es “milagro”,miraculum en latín.

    Formidable: del latín formido, miedo, temor: con cierta relación con los anteriores: que produce temor, aunque ahora haya perdido absolutamente sus connotaciones negativas

    Imponente: relacionado con los anteriores: que pone asombro o temor

    Excelente y excelso:  significa “sobresaliente”; de ex y celsus, elevado, superior, de una raíz indoeuropea, cel, que significa culmen, altura.

    En fin, no hemos agotado el listado pero estos términos pueden ser suficientes. De alguna manera, como sinónimos nunca perfectos, todos coinciden en el carácter sobrehumano de las acciones a las que califican. Ciertamente los personajes mitológicos de los que derivan no son hombres, son dioses o como mínimo héroes (mitad hombres –mitad dioses).

    En fin, los mitos griegos y todo lo con ellos relacionado está absolutamente integrado en nuestro acervo cultural y por tanto lingüístico, aunque no seamos conscientes al emplearlos.

  • La guerra lo destruye todo, incluida la cultura y el arte

    La guerra consiste en el dominio del adversario mediante la destrucción, en primer lugar de las personas, a las que mata sin piedad, y luego de todo lo que se pone (aunque no se oponga) a su paso. Las pérdidas más valiosas son las de las personas, naturalmente. Luego una pérdida irreparable es la del arte y de la cultura a veces acumulada durante siglos y milenios, que algunos “guerreros” califican eufemísticamente de “daños colaterales”.

    Asistimos en estos días al expolio a que están siendo sometidos territorios arqueológicamente tan ricos como Siria o Iraq aprovechando la violencia de la guerra. Egipto lo viene siendo sistemáticamente desde hace cientos de años. Siempre ha sido igual desde que el “homo necans”, “el hombre que mata” descubrió su capacidad de violencia con los iguales. Todos los fastuosos museos de la culta Europa se han surtido del fruto de la guerra y del expolio colonialista. Esto es bien conocido y bien doloroso.

    En la Antigüedad las guerras fueron  tan frecuentes y destructivas como hoy y los ejemplos de destrucción y expolio de obras de arte son bien numerosos. Citaré dos o tres textos que ponen de manifiesto la falta de sensibilidad del “legionario” romano con el arte griego, que es sistemáticamente expoliado.

    Tal vez el caso más famoso de destrucción de un bien cultural inmenso sea la adjudicación de la quema del incendio de la Biblioteca de Alejandría al ejército de Julio César en el año 48 o 47  a.C. en la guerra de César con Ptolomeo XIII, hermano de Cleopatra.  En realidad la confusión de los textos y la pervivencia posterior de la Biblioteca no permiten afirmar que fuera quemada y destruida la Biblioteca como tal; parece más bien que el incendio se limitó a los paquetes de rollos de papiro preparados en los muelles del puerto para su exportación, que era parte de la pujanza económica de Alejandría. Véase https://www.antiquitatem.com/incendio-de-la-biblioteca-de-alejandria

    Es en cambio muy curioso lo que ocurrió con la conquista de Grecia por los romanos. Corinto  es una de las ciudades antiguas más famosas por su creatividad artística. Sus figuras y objetos de bronce son deseados y demandados en todo el mundo antiguo. Corinto fue conquistada y saqueada por los romanos en el año 146 antes de Cristo. Bien, los textos que reproduzco  a continuación son bien significativos de la valoración de la obra maestra de arte por parte de los profesionales de la milicia y del ejército.

    Estrabón, Geografía 8.6.23

    Los corintios, cuando se sometieron a Filipo, defendieron su causa con todo celo, y se comportaron por su cuenta siempre con tanto desprecio hacia los romanos que las personas  se atrevieron a tirar la suciedad desde lo alto encima de sus embajadores al pasar por sus casas. Inmediatamente fueron castigados por estas y otras ofensas e insultos. Los romanos enviaron un gran ejército al mando de Lucio Mummio, que arrasó la ciudad, mientras otros generales sometieron el resto del país, Grecia, hasta Macedonia. Sin embargo la mayor parte del territorio de Corinto fue entregada a los Siconios.

    Polibio relata  con tristeza lo que ocurrió en la toma de la ciudad, y habla de la indiferencia con que los soldados observaron las obras de arte maestras, y las ofrendas sagradas de los templos de las que la ciudad estaba llena. Él dice, que estuvo presente, y vio en las calles de Corinto pinturas tiradas en el suelo, y soldados jugando a los dados encima de ellas. Entre otras, cita el cuadro de Baco pintado por Aristides (al que se dice que se le aplicaba el dicho “nada como el Baco”), y el de Hércules consumido por la túnica que le regaló Deyanira. Esta última no la he visto yo personalmente, pero sí he visto la pintura de Baco colgada en el templo de Deméter de Roma, una obra de arte realmente hermosa, que hace poco fue consumida por el fuego juntamente con el templo.  El mayor número y desde luego las  más hermosas  de las otras ofrendas que hay en Roma (en los templos) fueron traídas de Corinto. Algunas de ellas están en posesión de las ciudades cercanas a Roma.

    Siendo Mummio más valiente y generoso que admirador de las artes, se las ofrecía  sin dudarlo a quienes le  preguntaban por ellas. Lúculo, que construyó el templo de la Buena Fortuna y un pórtico, pidió a Mummio el uso de algunas estatuas, con el pretexto de adornar con ellas el templo con ocasión de su dedicación y prometiendo devolverlas. Sin embargo no las devolvió, sino que las presentó como ofrendas sagradas y le dijo a Mummio que las retirase si quería. Mummio no se quejó por esta conducta, despreocupándose de las estatuas, pero obtuvo más honor que Lúculo, que las había presentado como ofrendas sagradas.

    Corinto estuvo mucho tiempo abandonada, hasta que al final fue restaurada  por sus ventajas naturales por el “divus César” (el divino César), que  envió colonos allá, que  en su mayor parte eran los descendientes de hombres libres. Al remover las ruinas, y al abrir en la excavación los sepulcros, aparecieron gran cantidad  de obras de cerámica con figuras pintadas en ellas, y muchas también de metal. Su maestría era admirable, así que todos los sepulcros fueron examinados con el mayor cuidado. Se obtuvo así una gran cantidad de cosas, que pusieron a la venta por su  gran precio, y Roma se llenó de “Necro-Corintios”; con este nombre se conocían los artículos sacados de los sepulcros, sobre todo la cerámica.   Al principio estas últimas se estimaron  tanto como las obras en metal de los artistas de Corinto, pero este afán de poseerlas desapareció pronto, no sólo porque falló la oferta, sino también porque  la mayor parte de ellas no estaban bien ejecutadas.

    La ciudad de Corinto fue grande y opulenta en todas las épocas, y produjo un gran número de hombres de estado y de artistas. Aquí, en particular, y en Sición, florecieron la pintura y la escultura y todas las artes de este tipo.

    La tierra no era muy fértil; su superficie era irregular y áspero, por lo que todos los escritores describen Corinto llena de escarpados y colinas, y le aplican el dicho:  "Puntillosa   y arrastrada como Corinto”

    Notas:
    Arístides de Tebas, el pintor de “El Baco” famoso, fue contemporáneo de Alejandro Magno. En una subasta pública del botín de Corinto, el rey Atalo ofreció una cantidad de dinero tan grande por este  “Baco”, que Mummio, que no sabía nada de arte y desconociendo su valor, pensó que el cuadro tenía algún poder mágico que él desconocía, y lo envió a Roma a pesar de las protestas de Atalo. En otro texto de este artículo pongo en evidencia la ignorancia de este rudo Mummio.

    – La historia de Hércules y Deyanira es el tema de la tragedia Las Tarquinias de Sófocles.

    También nos lo comenta Veleyo Paterculo en su Historia Romana I,13:

    Tres años antes de que Cartago fuera destrudia, murió Marco Catón, incansable instigador de su destrucción, durante el consulado de Lucio Censorino y Manio Manilio. El mismo año de la caída de Cartago L. Mumio arrasó Corinto, novecientos cincuenta y dos años después de que fuera fundada por Aletes, hijo de Hípotes. Los dos generales recibieron el honor de unir a su nombre el de la nación que habían vencido: uno fue llamado Africano y el otro Acaico; ningún hombre sin antepasados nobles consiguió un apelativo por su valor antes que Mumio. Tanto las costumbres como los intereses de los dos generales eran muy diferentes; pues Escipión fue un promotor y admirador de las artes liberales y de la cultura en general tan elegante que tuvo a su lado tanto en tiempos de paz como en campaña a Polibio y a Panecio, destacadísimos talentos. En efecto, nadie como este Escipión fue capaz de alternar con mayor elegancia el ocio con sus obligaciones y sirvió a las artes en todo momento, durante la guerra y en la paz, con un esfuerzo constante en la milicia y en las letras, puso a prueba su cuerpo en los peligros y su inteligencia en el saber.

    Mumio tenía tan poca cultura que tras la toma de Corinto, cuando ajustaba el precio para que llevaran a Italia las pinturas y los objetos realizados por los mejores artistas, ordenaba que se advirtiera a los adjudicatarios que si dejaban que se perdieran, tendrían que reemplazarlas por otras nuevas. No obstante no creo que dudes, Marco Vinicio, que más le habría servido a la república que se siguiera desconociendo el valor de las obas de arte corintias y no que se supiera demasiado y que aquella falta de comprensión sería más conveniente para el esplendor de la república que este refinamiento nuestro.

    Veleyo Paterculo,  Historia Romana I, 13

    13  Ante triennium quam Carthago deleretur, M. Cato, perpetuus diruendae eius auctor, L. Censorino M'. Manilio consulibus mortem obiit. Eodem anno, quo Carthago concidit, L.43 Mummius Corinthum post annos nongentos quinquaginta duos, quam ab Alete Hippotis filio erat condita, funditus eruit. 2 Uterque imperator devictae a se gentis nomine honoratus, alter Africanus, alter appellatus est Achaicus; nec quisquam ex novis hominibus prior Mummio cognomen virtute partum vindicavit.
    3 Diversi imperatoribus mores, diversa fuere studia: quippe Scipio tam elegans liberalium studiorum omnisque doctrinae et auctor et admirator fuit, ut Polybium Panaetiumque, praecellentes ingenio viros, domi militiaeque secum habuerit. Neque enim quisquam hoc Scipione elegantius intervalla negotiorum otio dispunxit semperque aut belli aut pacis serviit artibus: semper inter arma ac studia versatus aut corpus periculis aut animum disciplinis exercuit. 4 Mummius tam rudis fuit, ut capta Corintho cum maximorum artificum perfectas manibus tabulas ac statuas in Italiam portandas locaret, iuberet praedici conducentibus, si eas perdidissent, novas eos reddituros. p345 Non tamen puto dubites, Vinici, quin magis pro re publica fuerit manere adhuc rudem Corinthiorum intellectum quam in tantum ea intellegi, et quin hac prudentia illa imprudentia decori publico fuerit convenientior.

    La consideración final del texto de Veleyo Patérculo se debe al carácter moralizante de su obra, que rechaza el lujo e influjo oriental que se ha impuesto en Roma y tal vez a que pretenda ser un elogio a la política de austeridad de Tiberio.

    De este Mumio, tan rudo, que se utilizaba como prototipo en los ejercicios de retórica, nos da también información Plinio en su Historia Natural, XXXV, (8), 24.

    (24) VIII. [1] El primero que dio popularidad a las pinturas  extranjeras en Roma, fue L Mummius,  a quien su victoria en Acaya le proporcionó el sobrenombre de “el Acayo”.  En la subasta del botín, el Rey Attalus compró por  600.000 sestercios el cuadro de Arístides del “Padre Liber” (Baco); Mummius, sorprendido por el precio y sospechando que en él se escondía alguna virtud que él no conocía, rompió el trato. A pesar de lo mucho que se quejó Attalo, se colocó el cuadro en el templo de Ceres: creo que fue  la primera pintura extranjera, que se mostró en público en Roma. Veo que luego se colocaron comúnmente en el Foro.

    Tabulis autem externis auctoritatem Romae publice fecit primus omnium L. Mummius, cui cognomen Achaici victoria dedit. namque cum in praeda vendenda rex Attalus VI emisset tabulam Aristidis, Liberum patrem, pretium miratus suspicatusque aliquid in ea virtutis, quod ipse nesciret, revocavit tabulam, Attalo multum querente, et in Cereris delubro posuit. quam primam arbitror picturam externam Romae publicatam, deinde video et in foro positas volgo.

    Corinto es un famoso centro de arte. De su producción artística son especialmente buscados sus bronces, sus trabajos de orfebrería, los famosos “vasos corintios” (vasos, bandejas, jarras, flores y otros objetos) , que tenían un color y olor característicos que los hacían muy apreciados por los romanos, que los coleccionaban como signo de riqueza.

    El liberto y nuevo rico Trimalción, protagonista de gran parte del Satiricón de Petronio, no tiene ningún pudor en dar una versión disparatada del origen de estos famosos vasos, aunque para ello tenga que cometer el mayor anacronismo haciendo coetáneos la caída de Troya y el cartaginés Anibal. Nos lo cuenta Petronio en su Satiricón, 50:

    Después de este prodigio toda la servidumbre rompió a aplaudir y gritó:

    -¡Viva Gayo!

    El cocinero fue honrado con un trago y con una corona de plata; el vaso se lo presentaron en una bandeja de Corinto.   . Agamenón la examinó atentamente muy de cerca, y entonces dijo Trimalción:

    -¡Soy el único que tiene verdaderos Corintios!

    Esperaba yo que de conformidad con su insolencia anterior dijera que le llevaban la vajilla desde Corinto. Pero él con una salida mejor nos dijo:

    -Y quizás quieres saber por qué soy el único en poseer legítimos Corintios; pues porque el broncista a quien se los compro se llama Corinto. Y ¿qué puede ser Corintio sin quien tiene a Corintio? Y no me tengáis por un paleto: ´se pero que muy bien de dónde salieron en su comienzo los bronces de Corinto. Cuando fue tomada Troya 2 , Anibal, tipo taimado y gran lagartón, todas las estatuas de bronce y oro y de plata las amontonó en una hoguera y les prendió fuego; se hicieron una sola masa amalgamada. Y de esta masa cogieron los artesanos e hicieron platos y fuentes y figuritas. Así nacieron los bronces de Corinto, de todos los metales mezclados, ni uno ni otro. Perdóname lo que voy a decir; yo prefiero para mí las cosas de cristal, por lo menos no huelen. Y si no se rompieran, las preferiría al oro; pero la realidad es que andan por el suelo. (Traducción de Manuel C.Díaz y Díaz. Ediciones AlmaMater,1968)

    Plausum post hoc automatum familia dedit et "Gaio feliciter!" conclamavit. Nec non . cocus potione honoratus est, etiam argentea corona poculumque in lance accepit Corinthia. Quam cum Agamemnon propius consideraret, ait Trimalchio: "Solus sum qui vera Corinthea habeam." Exspectabam ut pro reliqua insolentia diceret sibi vasa Corintho afferri. Sed ille melius: "Et forsitan, inquit, quaeris quare solus Corinthea vera possideam: quia scilicet aerarius, a quo emo, Corinthus vocatur. Quid est autem Corintheum, nisi quis Corinthum habeat? Et ne me putetis nesapium esse, valde bene scio, unde primum Corinthea nata sint. Cum Ilium captum est, Hannibal, homo vafer et magnus stelio, omnes statuas aeneas et aureas et argenteas in unum rogum congessit et eas incendit; factae sunt in unum aera miscellanea. Ita ex hac massa fabri sustulerunt et fecerunt catilla et paropsides <et> statuncula. Sic Corinthea nata sunt, ex omnibus in unum, nec hoc nec illud. Ignoscetis mihi quod dixero: ego malo mihi vitrea, certe non olunt. Quod si non frangerentur, mallem mihi quam aurum; nunc autem vilia sunt.

    Resulta chocante el anacronismo de hacer coetáneos la caída de Troya Anibal, pero no menos chocante es que Isidoro de Sevilla recoja de Petronio esta anécdota, bien es cierto que eliminando el anacronismo,  en sus Orígenes o Etimologías 16, 20,4:

    El “bronce de Corinto” es una aleación de todo tipo de metales que el azar mezcló por primera vez durante el incendio de Corinto, cuando la ciudad fue conquistada. En efecto, al apoderarse Aníbal de ella levantó una pira con todas las estatuas de bronce, de oro y de plata, y les prendió fuego: de esta mezcla resultante tomaron material los orfebres y fabricaron bandejas. De esta manera se descubrió el bronce de Corinto, logrado a base de todos y no sólo de este o de aquel metal. Por esto, hasta el día de hoy se conoce como “bronce de Corinto”, o “vasos de Corinto”, el que se obtiene a partir de la misma aleación o de una imitación de ésta.

    Corintheum  est commistio ómnium metallroum, quod casus primum miscuit, Corintho, cum caperetur, incensa. Nam dum hanc civitatem Hannibal cepisset, omnes statuas aeneas et aureas et argenteas in unum rogum congessit et eas incendit: ita ex hac commistione fabri sustulerunt et fecerunt parapsides. Sic Corinthea nata sunt ex omnibus in unum, nec hoc nec illud. Unde et usque in hodiernum diem sive ex ipso sive ex imitation eius aes Corintheum vel Corinthea vasa dicuntur.

  • Le propuso (a Alejandro) modelar el monte Athos con su efigie

    Alejandro el Magno, cuando murió a los 32 años (sólo gobernó 12) había conquistado un enorme imperio; se había apoderado de toda Grecia y del imperio persa y había llegado hasta la India; había conquistado Asia Menor y Egipto; había fundado decenas de ciudades, a las que llamó Alejandría, la más famosa la de Egipto. Se había convertido en un ser mítico, del que se escribieron decenas de biografías e historias, unas verdaderas y otras fantásticas.

    Pues bien, Luciano de Samósata tiene una obrita muy interesante titulada, (probablemente él no la llamó así; debería haberse llamado “Historia elogiosa de la guerra reciente contra los partos”) “Cómo debe escribirse la historia”.

    Entre los varios consejos me interesa resaltar ahora dos fundamentales: el primero y principal que la Historia ha de respetar la verdad de los hechos con objetividad; el segundo que se ha de huir de toda adulación, que sólo sirve para dejar en ridículo al adulador.

    Reproduzco un texto de la obra de Luciano en el que pone un ejemplo de cómo Alejandro rechazó enfadado el relato fantástico y excesivamente laudatorio de un mal historiador. Luego comentaré otro curioso en el que rechazó la propuesta adulatoria de un arquitecto. Es muy interesante el contraste que supone que quien siendo tan joven se había convertido en un héroe inigualable, casi en un dios ante el que los orientales, siguiendo sus usos, se arrodillaban (véase https://www.antiquitatem.com/proskynesis-monarquia-herodoto-persas ) y al que sus soldados seguían ciegamente, este “semidios” es lo suficientemente humano y cuerdo para despreciar a los aduladores.

    Luciano de Samósata: “Cómo debe escribirse la historia”, 11-12

    No necesito decir que los elogios pueden ser agradables para una persona, la que los recibe, pero molestos para los demás y especialmente si las exageraciones son monstruosas, como las que suelen prodigar la mayoría cuando trata de conseguir la benevolencia de los elogiados e insisten hasta que ponen en evidencia ante todos su adulación. Porque ni siquiera saben hacerlo con habilidad  ni disimulan su lisonja sino que se lanzan sobre todo en conjunto y hacen un relato tan increíble como ingenuo. La consecuencia es que ni siquiera consiguen lo que más desean, pues las personas a las que elogian los odian más y los rechazan por aduladores, y con razón, particularmente si tienen espíritu viril. Como ocurrió cuando Aristóbulo describe un combate individual entre Alejandro y Poro; le leyó a Alejandro especialmente este pasaje de su obra, en la idea de que complacería muchísimo al rey atribuyéndole falsamente algunas hazañas y adornando los hechos por encima de la verdad. Estaban navegando por el río Hidaspes; Alejandro cogió el libro y lo tiró inmediatamente al agua, diciendo: “Debería hacer lo mismo contigo, que entablas en mi lugar tales combates individuales y matas elefantes con un solo dardo. (Traducción: Juan Botella Zaragoza, Edit. Gredos, 1990)

    Sigue inmediatamente el relato de Luciano con otro ejemplo de la cordura del joven Alejandro ante la propuesta de un arquitecto que sin duda le pareció descabellada y simplemente adulatoria. Nos parecería imposible tarea la de convertir todo un monte, el Athos, en la efigie de Alejandro. Podemos no obstante imaginar cómo podía haber quedado el monte, ocupado ahora por un famoso monasterio, observando lo que dos mil trescientos años después (1927-1941) hizo Gutzon Borglum en el monte Rushmore, en  Keystone, Dakota del Sur,  en el que 400 trabajadores esculpieron los rostros de los cuatro primeros de sus presidentes, George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln. Es el conjunto llamado Monumento Nacional Monte Rushmore (Mount Rushmore National Memorial),

       

    Hasta tal punto iba a indignarse Alejandro por ello que ni siguiera toleró la osadía de su arquitecto que le había prometido hacer la estatua de Atos con su efigie y remodelar la montaña con la efigie del Rey, sino que se dio cuenta enseguida de que era un adulador y ya no utilizó sus servicios más como antes.

    El arquitecto romano Vitruvio nos recuerda también esta anécdota y nos dice que el arquitecto se llamaba Dinócrates en su  De architectura,II:

    El arquitecto Dinócrates, confiando en sus proyectos y en su ingenio, marchó desde Macedonia hacia el ejército de Alejandro, que estaba consiguiendo ser el señor del mundo, ansioso de ganarse su protección. Dinócrates era portador de unas cartas, avaladas por sus parientes y amigos que iban dirigidas a los principales mandatarios purpurados, a quienes solicitó le recibieran amablemente y le posibilitaran acceder ante Alejandro lo más pronto posible. Se lo prometieron, pero la entrevista se retrasaba bastante, esperando el momento oportuno. Por ello, pensando Dinócrates que se burlaban de él, optó por presentarse directamente. Era un hombre de gran estatura, rostro agradable, porte y prestancia exquisitos. Confiando en sus dotes naturales, dejó sus ropas en la hospedería, perfumó su cuerpo con aceite, coronó su cabeza con guirnaldas de álamo, cubrió su hombro izquierdo con una piel de león y tomó en su mano derecha una clava; así avanzó con dignidad ante el tribunal donde Alejandro impartía justicia. Su esmerada presencia llamaba la atención del pueblo y hasta el mismo Alejandro se fijó también en él. Mostrando gran sorpresa, Alejandro ordenó que le permitieran el paso para que se acercara y le preguntó quién era. El contestó: «Soy Dinócrates, arquitecto de Macedonia y traigo para ti unos proyectos y unos bocetos, dignos de tu grandeza. He transformado el monte Athos en la figura de una estatua viril; en su mano izquierda he diseñado las murallas de una gran ciudad y en su derecha una enorme patera que recoja las aguas de los ríos que fluyen en aquel monte, con el fin de verterlas al mar desde su propia mano». Alejandro quedó gratamente satisfecho ante la descripción de tal proyecto y al momento preguntó si alrededor de la ciudad había campos que la pudieran abastecer con sus cosechas de trigo. Al manifestarle que no era posible el abastecimiento sí no era mediante el transporte de ultramar, contestó: «Dinócrates, observo con atención la magnifica estructura de tu proyecto y me agrada. Pero advierto que si alguien fundara una colonia en ese mismo lugar, quizás su decisión sería muy criticada. Pues, así como un recién nacido sólo puede alimentarse con la leche de su nodriza y sin ella no puede desarrollarse, de igual manera una ciudad no puede crecer sí no posee campos cuyos frutos le lleguen en abundancia; sin un abundante abastecimiento no puede aumentar el número de sus habitantes ni pueden sentirse seguros. Por tanto, en cuanto a tu plan pienso que merece toda clase de elogios, pero la ubicación de la ciudad debe ser desaprobada. Es mi deseo que te quedes a mi lado, pues quiero servirme de tu trabajo». Desde este momento, Dinócrates ya no se apartó del rey y siguió sus pasos hasta Egipto. Al observar Alejandro que había allí un puerto protegido por la misma naturaleza y un extraordinario mercado, además de campos sembrados de trigo que ocupaban toda la extensión de Egipto así como las enormes ventajas que proporcionaba el impresionante río Nilo, ordenó que él fundase allí mismo una ciudad, de nombre Alejandría, en honor a su propia persona. De este modo Dinócrates, apreciado por su interesante aspecto y por su gran cotización, alcanzó la categoría de los ciudadanos distinguidos.

    Vitruvio termina, no sin cierta ironía, el pasaje con estas palabras:

    Pero a mi, oh Emperador, la naturaleza no me ha concedido mucha estatura, la edad ha afeado mi rostro y la enfermedad ha mermado mis fuerzas. Por tanto, ya que me veo privado de tales cualidades, alcanzaré la fama y la reputación, así lo espero, mediante la ayuda de la ciencia y de mis libros.

    Marcus Vitruvius Pollio: de Architectura, Liber II, 1-4

    Praefatio
    1. Dinocrates architectus cogitationibus et sollertia fretus, cum Alexander rerum potiretur, profectus est e Macedonia ad exercitum regiae cupidus commendationis. is e patria a propinquis et amicis tulit ad primos ordines et purpuratos litteras ut aditus haberet faciliores, ab eisque exceptus humane petiit uti quamprimum ad Alexandrum perduceretur. cum polliciti essent, tardiores fuerunt idoneum tempus expectantes. itaque Dinocrates ab his se existimans ludi ab se petiit praesidium. fuerat enim amplissima statura, facie grata, forma dignitateque summa. his igitur naturae muneribus confisus vestimenta posuit in hospitio et oleo corpus perunxit caputque coronavit populea fronde, laevum umerum pelle leonina texit, dextraque clavam tenens incessit contra tribunal regis ius dicentis.
    2. novitas populum cum avertisset, conspexit eum Alexander. admirans ei iussit locum dari ut accederet, interrogavitque quis esset. at ille, Dinocrates, inquit, architectus Macedo, qui ad te cogitationes et formas adfero dignas tuae claritatis. namque Athon montem formavi in statuae virilis figuram, cuius manu laeva designavi civitatis amplissimae moenia, dextra pateram quae exciperet omnium fluminum quae sunt in eo monte aquam, ut inde in mare profunderetur.
    3. delectatus Alexander narratione formae statim quaesiit, si essent agri circa qui possent frumentaria ratione eam civitatem tueri. cum invenisset non posse nisi transmarinis subvectionibus, Dinocrates, inquit, attendo egregiam formae compositionem et ea delector, sed animadverto si qui deduxerit eo loci coloniam fore ut iudicium eius vituperetur. ut enim natus infans sine nutricis lacte non potest ali neque ad vitae crescentis gradus perduci, sic civitas sine agris et eorum fructibus in moenibus affluentibus non potest crescere nec sine abundantia cibi frequentiam habere populumque sine copia tueri. itaque quemadmodum formationem puto probandam, sic iudico locum inprobandum, teque volo esse mecum, quod tua opera sum usurus.
    4. ex eo Dinocrates ab rege non discessit et in Aegyptum est eum persecutus. ibi Alexander cum animadvertisset portum naturaliter tutum, emporium egregium, campos circa totam Aegyptum frumentarios, inmanis fluminis Nili magnas utilitates, iussit eum suo nomine civitatem Alexandriam constituere. ita Dinocrates a facie dignitateque corporis commendatus ad eam nobilitatem pervenit. mihi autem, imperator, staturam non tribuit natura, faciem deformavit aetas, valetudo detraxit vires. itaque quoniam ab his praesidiis sum desertus, per auxilia scientiae scriptaque ut spero perveniam ad commendationem.

    Plutarco también nos da noticia de la anécdota, pero ahora el arquitecto se llama Estasícrates. Alejandro desea hacer una grandiosa tumba a su amigo Hefestión, que acaba de morir, y llama al citado arquitecto; nos lo cuenta en su Alejandro, 72,3-4

    Había pensado invertir diez mil talentos en su sepulcro, en sus exequias y en todo el ornato correspondiente, y teniendo la idea de que el artificio y prodigiosidad sobrepujaran al gasto, deseaba sobre todo tener por director de los artistas a Estasícrates, que había manifestado cierta magnificencia, osadía y boato en sus invenciones, pues en una ocasión en que le había hablado le dijo que, de todos los montes, el Athos de Tracia era el que recibiría mejor la disposición y conformación humana; por tanto que si se lo mandase, le haría la estatua más duradera y más vistosa del monte Atos, la cual tendría en la mano izquierda una ciudad de diez mil vecinos, y con la derecha derramaría el perenne caudal en un río que desaguaba en el mar. Este proyecto lo desechó; pero en aquellos días estuvo tratando y disponiendo cosas todavía más absurdas y costosas que ésta con los artistas.

    En fin, también hoy en día y con demasiada frecuencia forman buena pareja la megalomanía de los responsables políticos con la de los artistas.

    Nota: megalomanía es una palabra, compuesta de las griegas μεγαλο-, de μέγας, grande, y μανία, locura, que por tanto significa "delirio de grandeza".

  • La “ucronía” es al tiempo lo que la “utopía” es al espacio

    La ucronía es una utopía en el tiempo y se aplica a algo cuando, a sabiendas de que no existió, lo suponemos como existente.

    En 1516 Thomas More (Tomás Moro en español y Thomas Morus en latín), humanista, político, canciller de Enrique VIII de Inglaterra,  escribió en latín su famosa obra sobre la sociedad ideal De optimo reipublicae statu, deque nova insula Utopia ( Del estado ideal la república y de la nueva isla de Utopía), conocida generalmente como Utopía.

    La etimología de la palabra es confusa a sabiendas de Moro, porque puede proceder de la griega  οὐτοπία (οὐ, no; τόπος, lugar =  “no lugar, lugar que no existe o lo que no está en ningún lugar') o de εὐτοπία (εὐ, buen; τόπος, lugar) = 'buen lugar'.  Las dos son coherentes con el pensamiento de Moro, pero es la primera la que se ha impuesto  en la opinión general.

    Precisamente, frente a la “utopía” como buen lugar ideal, existe el concepto de “distopía” , procedente del griego  δυσ- (dis) "malo"   y τόπος (tópos) "lugar”,  para expresar lo contrario de “utopía”, con el significado de “mal lugar ideal”. La acuñó a finales del siglo XIX Stuart Mill. En los momentos de crisis y desesperanza, como los actuales, este concepto de “distopía” es un escenario muy frecuente en la literatura, en el cine, etc. .”'Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury, “1984”, de George Orwell, y “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, son las obras consideradas como las fundadoras del género o subgénero de la distopía. Desde entonces se han multiplicado por cientos este tipo de obras, algunas de muy escasa calidad, pero reflejo del rechazo al momento presente de dificultades y amenazas crecientes a la felicidad humana..

    Pues bien, el espacio y el tiempo son dos coordenadas, dos categorías mentales y lingüísticas paralelas, similares. Tarde o temprano surgiría el término paralelo referido al tiempo, la ucronía, (del griego οὐ, no,  y Κρόνος Krónos, tiempo),  el no tiempo, lo que no está en el tiempo.

    La Real Academia lo define como  Reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuestos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder.

    La utilizó por primera vez  el filósofo francés Charles Bernard Renouvier en su obra Uchronie (L'Utopie dans l'histoire), esquisse historique apocryphe du développement de la civilisation européenne tel qu'il n'a pas été, tel qu'il aurait pu être (1857) (Ucronía: Esbozo histórico apócrifo del desarrollo de la civilización europea tal como no ha sido, tal como habría podido ser).

    La ucronía es, pues,  una especie de ciencia ficción.

    En la Antigüedad hubo algunos ejemplos que podríamos considerar “ucronías” o suposiciones de lo que podría haber sido si las cosas hubieran ocurrido de otra manera.

    Así Heródoto (entre 484 y 425 a.C,.) nos ofrece un ejemplo en . VII 139, 2-3:

    Si los atenienses, aterrorizados ante el peligro que se les venía encima, hubiesen evacuado su patria, o bien si, pese a no evacuarla, se hubieran quedado en ella, pero rindiéndose a Jerjes, ningún Estado hubiese intentado oponer resistencia al rey por mar. Pues bien, si nadie hubiera opuesto resistencia a Jerjes por mar, en tierra habría ocurrido, sin lugar a dudas, lo siguiente: aunque los peloponesios hubiesen levantado a través del Istmo muchas fortificaciones defensivas, los lacedemonios habrían sido irremisiblemente abandonados por sus aliados (no espontáneamente, sino a la fuerza, ya que sus ciudades hubieran sido tomadas una tras otra por los contingentes navales del bárbaro), y se habrían quedado solos; y, únicamente con sus efectivos, aunque hubiesen realizado grandes proezas, habrían sucumbido heroicamente” (trad. de C. Schrader, 1985).

    Tucídides (460- 396? A.C.) que también nos ofrece otro ejemplo en su Historia de la Guerra del Peloponeso, Th. I , 74:

    Pero si nosotros [sc. los atenienses] hubiésemos comenzado por pasarnos al Medo, temiendo, como hicieron otros, por nuestro país, o si,después, por considerarnos perdidos, no nos hubiésemos atrevido a embarcarnos en las naves, ya no hubiera servido de nada que vosotros [sc. los espartanos], sin tener naves suficientes, hubierais entablado una batalla naval, sino que la situación hubiera evolucionado tranquilamente según los deseos del Medo” (trad. de J. J. Torres Esbarranch, 1990).

    Pero curiosamente y contra los ejemplos  anteriores, se considera  que el primer ejemplo de Ucronía en la literatura mundial aparece en Tito Livio, aunque naturalmente no se le llame así. Esta idea la propició  Isaac D’israelí (1766-1848), que escribió en Curiosities of Literature un artículo titulado   Of a history of events which have not happened (Curiosidades de la Historia; Historia de los sucesos que no ocurrieron), en el que hace notar que Tito Livio, en el libro IX, en una larga digresión, imagina las consecuencias que se hubieran producido si Alejandro Magno hubiera invadido Italia y se hubiera enfrentado al ejército romano.

    Nota: dada la extensión, ofreceré todos los textos relevantes de este artículo al final del mismo. 
    Ciertamente el pasaje de Livio es la más extensa y detallada digresión sobre lo que podemos considerar una ucronía y sin duda por ello merece ser considerado si no como el primer ejemplo de ucronía en la Antigüedad, sí el más relevante.

    Tito Livio  en su obra Ab urbe condita (Desde la fundación de la ciudad –Roma-), IX, 17-19 se permite imaginar qué hubiera ocurrido si el gran Alejandro Magno (valga la redundancia) hubiera dirigido su ejército hacía el oeste en  vez de hacia el este y  se hubiera enfrentado a la gran Roma, cuya historia él canta en su obra. Naturalmente, en su imaginación patriótica y nacionalista, Alejandro hubiera sido derrotado en toda regla por los romanos. Con esta digresión en  su relato, que Livio coloca tras narrar el fracaso del ejército romano obligado a pasar por las “horcas caudinas” desarmados y semidesnudos,  lo que pretende es elevar la autoestima de los romanos.  Frente a los éxitos del macedonio, contrapone Livio la superioridad colectiva del pueblo romano, la fuerza de sus tradiciones frente a la innovación de Alejandro y la superioridad de la república frente a la monarquía.  En consecuencia , “el poder romano no hubiera sido vencido tampoco por este rey (Alejandro)).

    Nota: el texto, de gran interés,  se reproduce al final

    Incluso podríamos considerar un germen de ucronía la referencia que Tácito hace a Germánico, comparándolo también con Alejandro en sus Annales, II 73, 3:

    Porque si hubiera sido el único árbitro de las cosas,  si hubiera actuado con el  derecho y título de rey, hubiera obtenido la gloria militar tanto más pronto  que Alejandro cuanto lo sobrepasaba en clemencia, en templanza y en las demás buenas cualidades”

    quod si solus arbiter rerum, si iure et nomine regio fuisset, tanto promptius adsecuturum gloriam militiae quantum clementia, temperantia, ceteris bonis artibus praestitisset (Alexandro)

    La ucronía es un recurso muy utilizado, excesivamente utilizado, por los escritores, sobre todo los autores de novela histórica o pseudohistórica. Hay quien llama a este tipo de obras “historia contrafactual” (algo así como “historia contra los hechos”), lo que no deja de ser una “contradictio in términis”, contradicción en sus propios términos:  ¿cómo se puede escribir la historia de lo que no existió? Es más, ¿cuánto daño hacen a la verdadera historia estas fáciles imaginaciones,  cuando lo hacen también tanta novela, presuntamente histórica, con escasa fundamentación y conocimiento de las fuentes y con excesiva  y desbordada imaginación, a la que algunos llaman creatividad?

    En fin, hay también quien considera que esta historia contrafactual es un contrapunto interesante que ayuda a profundizar en las causas y consecuencias de la verdadera historia.

    Por otra parte se podría matizar y profundizar en los conceptos de ucronía e historia contrafactual, pero no afecta demasiado al objetivo del artículo, que no es otro sino constatar la presencia de estos conceptos en el mundo antiguo.

    Ejemplos famosos de ucronías son  suponer la victoria de Anibal frente a los romanos  en las famosas Guerras Púnicas;  o la victoria de la Armada  Invencible española frente a Inglaterra.

    Gibbon se preguntaba en el siglo XVIII: ¿qué hubiera pasado si los sarracenos hubieran vencido  a Carlos Martel en el año 732 en Poitiers? Y respondía medio en broma medio en veras que el Corán se proclamaría en las cátedras de Oxford ante un público de circuncidados.

    ¿Cómo hubiera sido el pasado próximo de España si en la Guerra Civil hubieran ganado los defensores de la República? ¿Y en Europa si hubieran ganado los nazis y no los aliados?.

    Hasta Winston Churchill  imaginó un final distinto para la Guerra Civil Estadounidense (1861-1865) en su ensayo  titulado  "If Lee had no won the Battle of Gettysburg" (Si Lee no hubiera ganado la batalla de Gettysburg).

    Los ejemplos son innumerables, se cuentan por miles.

    Estos ejercicios parecen estériles, pues como decía  E.H. Carr : “La historia es el registro de lo que la gente hizo, no de lo que dejó de hacer.”

    Aunque quizás no debamos ser tan exigentes. Borges no era un historiador, sino un poeta y literato, pero su poema Things that might have been, Historia de la noche, nos autoriza a pensar en un mundo y en una historia diferente de la que fue.

    Things that might have been

    Pienso en las cosas que pudieron ser y no fueron.
    El tratado de mitología sajona que Beda no escribió.
    La obra inconcebible que a Dante le fue dado acaso entrever,
    ya corregido el último verso de la Comedia.
    La historia sin la tarde de la Cruz y la tarde de la cicuta.
    La historia sin el rostro de Helena.
    El hombre sin los ojos, que nos ha deparado la luna.
    En las tres jornadas de Gettysburg la victoria del Sur.
    El amor que no compartimos.
    El dilatado imperio que los Vikings no quisieron fundar.
    El orbe sin la rueda o sin la rosa.
    El juicio de John Donne sobre Shakespeare.
    El otro cuerno del Unicornio.
    El ave fabulosa de Irlanda, que está en dos lugares a un tiempo.
    El hijo que no tuve

    Things that might have been –
    by Jorge Luis Borges (tr. A. S. Kline)

    I think of things that weren't, but might have been.
    The treatise on Saxon myths Bede never wrote.
    The inconceivable work Dante might have had a glimpse of,
    As soon as he’d corrected the Comedy’s last verse.
    History without the afternoons of the Cross and the hemlock.
    History without the face of Helen.
    Man without the eyes that gave us the moon.
    On Gettysburg’s three days, victory for the South.
    The love we never shared.
    The wide empire the Vikings chose not to found.
    The world without the wheel or the rose.
    The view John Donne held of Shakespeare.
    The other horn of the Unicorn.
    The fabled Irish bird that lights on two trees at once.
    The child I never had.

    …………………
    Textos:

    Isaac D’israelí (1766-1848), Curiosities of Literature;  Of a history of events which have not happened (Curiosidades de la Historia; Historia de los sucesos que no ocurrieron):

    "Los historiadores , por algún motivo particular , se han divertido a veces ellos mismos con los detalles de un evento que nunca ocurrió . Una historia de este tipo la encontramos en el libro noveno de Tito Livio; allí hace una digresión , en la que , con su encantadora copiosidad , razona sobre las probables consecuencias que se habrían derivado si Alejandro Magno hubiera invadido Italia. Algunos escritores griegos , para colocar los partos en igualdad con los romanos , habían insinuado que el gran nombre de este monarca militar, de quien se dice que nunca perdió una batalla , habría intimidado a los romanos , y habría puesto de manifiesto su pasión por una dominación universal. El patriótico Tito Livio , desdeñando que la gloria de su nación , que nunca había dejado de guerrear durante casi 800 años , debería ser puesta en comparación con la carrera de un joven conquistador , que apenas había durado diez años, establece un paralelismo  del "hombre con el hombre, el general con el general , y la victoria con la victoria”. "Con todo el encanto de su imaginación, nos trae a Alejandro al sur de Italia,  le inviste con todas sus virtudes y •ensombrece  su brillo" con todos sus defectos . Él presenta al ejército macedonio , mientras muestra exultante cinco ejércitos romanos en el  momento de conseguir sus conquistas , y él recuenta con detalle los numerosos aliados que se habrían combinado con sus fuerzas;  incluso desciende al detalle de comparar las armas y los modos de hacer la guerra de los macedonios con las de los romanos. Tito Livio , como si se hubiera apoderado de él  un pánico momentáneo con el primer éxito que probablemente habría obtenido a Alejandro con su bajada a Italia, nos presenta delante a los grandes comandantes con los que él se habría tenido que encontrar ; compara Alexander con cada uno , y al final termina con sus temores , y proclama su triunfo, al descubrir que los macedonios tenían  un Alejandro, mientras que los romanos tenían varioss. Esta hermosa digresión de Livy es un modelo para la narración de un hecho que nunca ocurrió "

    Historians, for a particular purpose, have sometimes amused themselves with a detail of an event which did not happen. A history of this kind we find in the ninth book of Livy; and it forms a digression, where, with his delightful copiousness, he reasons on the probable consequences which would have ensued had Alexander the Great invaded Italy. Some Greek writers, to raise the Parthians to an equality with the Romans, had insinuated that the great name of this military monarch, who is said never to have lost a battle, would have intimidated the Romans, and would have checked their passion for universal dominion. The patriotic Livy, disdaining that the glory of his nation, which had never ceased from war for nearly eight hundred years, should be put in competition with the career of a young conqueror, which had scarcely lasted ten, enters into a parallel of “man with man, general with general, and victory with victory.” In the full charm of his imagination he brings Alexander down into Italy, he invests him with all his virtues, and “dusks their lustre” with all his defects. He arranges the Macedonian army, while he exultingly shows five Roman armies at that moment pursuing their conquests; and he cautiously counts the numerous allies who would have combined their forces; he even descends to compare the weapons and the modes of warfare of the Macedonians with those of the Romans. Livy, as if he had caught a momentary panic at the first success which had probably attended Alexander in his descent into Italy, brings forward the great commanders he would have had to encounter; he compares Alexander with each, and at length terminates his fears, and claims his triumph, by discovering that the Macedonians had but one Alexander, while the Romans had several. This beautiful digression in Livy is a model for the narrative of an event which never happened.”

    Tito Livio, IX, 17-19:

    (9,17) De ninguna manera  puede parecer que se ha buscado desde el comienzo de este trabajo el separarme más de lo justo del orden de las cosas para adornar mi obra con otros asuntos y que haya buscado algo así como cosas más divertidas  para mis lectores o descanso para mi espíritu. Sin embargo la mención de un rey y general tan grande, me anima a tratar inmediatamente algunas cuestiones, pensamientos  a las que muchas veces en mi interior he dado vueltas en mi ánimo. Permítaseme, pues, preguntarme cuál hubiera sido el resultado para los asuntos romanos, si se hubiera entrado en guerra  con Alejandro.
    Parece que lo más importante en una guerra es la cantidad de soldados y su valor, la habilidad de los generales y la Fortuna tan decisiva en todas las cosas humanas y sobre todo en las cosas de la guerra. Estas cosas demuestran a quien las analice de una en una por separado o en su conjunto que así como el imperio romano quedó invicto de otros reyes y pueblo, así fácilmente lo hubiera sido también de este (Alejandro).
    En primer lugar,  si se trata de comparar a los generales, no niego que ciertamente Alejandro fue un general extraordinario, pero lo hace más famoso el que él fu el único que  murió siendo muy joven en pleno desarrollo de sus hazañas,  cuando todavía no había podido experimentar una suerte distinta.
    …..
    Permítaseme que me  refiera  a  los generales romanos, no a todos de todas las épocas, sino sólo a aquellos con los que, como cónsules o dictadores,  habría debido luchar Alejandror: Marco Valerio Corvo, Cayo Marcio Rutulo, Cayo Sulpicio, Tito Manlio Torcuato, Quinto Publilio Filón, Lucio Papirio Cursor, Quinto Fabio Máximo, los dos Decios, Lucio Volumnio y Manlio Curio. Luego vienen hombres extraordinarios,  si  hubiese adelantado la guerra púnica a la romana y  luego  no hubiese cruzado a Italia ya viejo . En cada uno de estos no sólo había la misma calidad de valor y de fuerza de espíritu  que en Alejandro, sino que también el arte militar, transmitido ya desde el principio de la ciudad (Roma) de mano en mano,  se había convertido en un tipo de disciplina basada en reglas permanentes.
    …………
    Alejandro, enfrentándose en el combate, manifestaba la valentía del soldado, y no son estas cosas las que le hicieron menos digno de gloria; ahora bien, presente como igual en el campo de batalla,¿ le hubiese sido inferior Manlio Torcuato o Valerio Corvo, insignes ambos antes como soldados que como generales?  Hubiesen sido inferiores los Decios,  que se lanzaron contra el enemigo ofreciendo ofrendando sus cuerpos?  ¿hubiese sido inferior  Papirio Cursor con aquella su gran fortaleza de cuerpo y de espíritu? Por no citar a todos de uno en uno, ¿hubiese sido vencido, por las decisiones de un solo joven, aquel senado romano, del que sólo comprendió su verdadera esencia quien dijo que estaba formado por reyes?
    ¿Existiría el peligro de que  fuera más hábil que cualquiera de estos que he nombrado para elegir el lugar para el campamento, para garantizar el avituallamiento, para librarse de las emboscadas, para elegir el momento de la batalla, para formar en la batalla y garantizar sus tropas de ayuda?
    Él habría dicho que el combate no era con un Darío, al que venció sin derramar sangre, cuando arrastraba  un escuadrón de mujeres y eunucos, envuelto en púrpura y oro,  cargado con todos los bagajes de  su buena suerte, siendo un fácil botín más que un enemigo, no necesitando ninguna otra cosas que despreciar  justamente tanta apariencia vana. 
    Muy distinto le habría parecido el aspecto de Italia que el de la India, por donde paso con un ejército borracho entre comilonas;  viendo también los desfiladeros de Apulia y las montañas de Lucania, y los restos recientes de su propia desastre, en el que hacía poco su tío Alejandro, rey de Epiro había muerto.

    9.18] Y estoy hablando de Alejando cuando todavía no nadaba en la prosperidad,  de la que jamás nadie fue más intolerante.  Si se le mira de acuerdo con la forma de ser de su nueva fortuna y, por así decir, del nuevo carácter que había asumido como vencedor,  hubiera venido a Italia siendo más semejante a Dario que a Alejandro y hubiera traído un ejército olvidado de Macedonia y degenerando ya hacia las costumbres de los Persas.
    Causa pena referirse en un rey tan grande a sus ostentosos cambios de vestimenta y a las adulaciones tan deseadas de los que se postraban en tierra, insoportables para los Macedonios vencidos, cuanto más como vencedores, y los horrorosos castigos y el asesinato de sus amigos entre el vino y las comilonas y la vanidad de un linaje inventado (divino).
    ¿Qué hubiera ocurrido si su afición al vino se hubiera acrecentado? ¿Y si su ira se hubiera hecho más terrible y violenta? .  Y no hablo de algo que ofrezca duda a los historiadores,  ¿creemos que ninguna de estas cosas  ocasionaría daño a sus  virtudes de general?  Ahora bien, había un peligro,  el que los más frívolos de los griegos, que alaban también la gloria de los partos por encima de la fama de los romanos, suelen repetir:  que el pueblo romano  no hubiera podido resistir la grandeza del nombre de Alejandro,  del que pienso que ni siquiera había oído hablar, y que contra él,  en Atenas, en una ciudad destrozada por las armas de los  Macedones, teniendo entonces a la vista muy cerca las ruinas humeantes de Tebas, hubo hombres que se atrevieron  a pronunciar discursos libremente, como  demuestra n los restos de discursos , pero contra él ninguno de las personas importantes romanas hubiera levantado la voz.
    ………………….
    Cualquiera que sea nuestra opinión sobre la grandeza de este hombre,  será sin embargo la grandeza de un solo hombre recogida en poco más de diez años de prosperidad; quienes la  ensalzan  por el hecho de que el pueblo romano, aunque nunca fue vencido en ninguna guerra sí lo fue en muchas batallas, y a Alejandro  nunca le fue desfavorable  la suerte de ningún combate, no comprenden que están comparando las hazañas de un hombre, y además joven, con las hazañas  de un pueblo que lleva guerreando ya ochocientos años.  Si en una parte podemos contar más siglos que años en la otra, ¿nos admiraremos  de que la fortuna  haya cambiado  más en tan largo espacio de tiempo que  en un período de trece años?
    ¿Por qué no comparas a los hombres con el hombre, a los generales con el general, la suerte con la suerte?  ¿Cuántos nombres de generales romanos podría citar para quienes jamás fue adverso el resultado de la batalla? Podemos repasar  las páginas y los fastos de los magistrados referidas a los dictadores y cónsules sin que ni un solo día tenga el pueblo romano que avergonzarse de su valor y de su fortuna. Y por eso deben ser más admirables que Alejandro o cualquier  otro rey.
    Así pues, el invencible Alejandro habría cruzado armas con capitanes invencibles, y habría hecho a la Fortuna las mismas ofrendas que ellos. No, él habría corrido mayores riesgos que ellos, pues los macedonios solo tenían un Alejandro, que no era únicamente el responsable ante cualquier accidente, sino que se exponía a ellos deliberadamente, mientras que había mucho romanos iguales a Alejandro en gloria y la grandeza de sus hazañas, y aún cada uno de ellos podía enfrentar su destino con su vida o su muerte sin poner en peligro la existencia del Estado.
    [9.19] Nos queda comparar las tropas con las tropas en cuanto al número y a la calidad de los soldados y a la cantidad de tropas auxiliares..
    …………………..
    El habría cruzado el mar con sus veteranos macedonios con no más de treinta mil hombres y cuatro mil jinetes, la mayor parte de Tesalia. Esta era pues su fuerza. Si hubiera añadido  a los persas, indos y otras gentes, le hubieran supuesto más un estorbo que una ayuda. Añade que los Romanos tenían en casa a mano un suplemento;  como le ocurrió después a Anibal,  el ejército de Alejandro, luchando en territorio extranjero, habría ido envejeciendo. Ellos tenían como armas el clipeo y la sarisa; los romanos el escudo, mejor protección para el cuerpo, y la jabalina, arma  no menos eficaz que la lanza por la fuerza del  golpe y por la distancia. Uno y otro soldado  combatían a pie, conservando las filas; pero la falange aquella no tenía movilidad y era de un solo tipo;  el ejército romano era más variado, formado de muchas partes, con facilidad para separarse, si era necesario,  y con facilidad para juntarse. Además ¿qué soldado es igual al romano en el esfuerzo? ¿quién es mejor para aguantar el trabajo? 
    Vencido Alejandro en una batalla, hubiera sido vencido en la guerra. ¿Qué batalla hubiera quebrado a los romanos, a quienes ni Caudio ni Cannas quebraron? Y, aunque al principio las cosas hubieran le sucedido favorablemente,  tal vez hubiera despreciado muchas veces a los persas y a los indos y al Asia poco belicosa y hubiese dicho que la guerra fue con mujeres, como dicen que dijo Alejandro, rey de Epiro, herido de muerte, comparando la suerte de las guerras hechas en Asia por el mismo cuando era joven con la actual. Ciertamente, cuando recuerdo que en la primera guerra púnica luchamos con las escuadras durante veinticuatro años con los cartagineses, pienso que la edad de Alejandro apenas hubiera sido suficiente para una sola guerra.
    Y quizás, como quiera que los intereses púnicos y romanos estaban unidos por antiguos pactos,  un igual temor contra el enemigo común hubiese armado a las dos  ciudades potentísimas en armas y en soldados,  y hubiese sido destruido en la guerra al mismo tiempo  por el púnico y el romano. Ciertamente no siendo el jefe Alejandro ni estando los recursos de los macedonios completos,  pero los romanos  ya tuvieron la experiencia del enemigo macedonio contra Antioco, Filip y Perseo no solo  sin ninguna derrota sino incluso con ningún peligro.  Lejos de mis palabras cualquier ofensa, y sin hablar de las guerras civiles: nunca hemos sufrido por una caballería enemiga, nunca por una infantería, nunca en campo abierto, nunca  en campo igual y menos en campo favorable. El soldado, cargado con sus armas, puede temer a la caballería, las flechas, los pasos estrechos, o una región apartada de los caminos. Ha rechazado y rechazará mil ejércitos más fuertes que los de los macedonios y los de Alejandro, siempre  que sea  duradero este amor a la paz  en la que vivimos y la preocupación por la concordia civil.

    [17] Nihil minus quaesitum a principio huius operis uideri potest quam ut plus iusto ab rerum ordine declinarem uarietatibusque distinguendo opere et legentibus uelut deuerticula amoena et requiem animo meo quaererem; tamen tanti regis ac ducis mentio, quibus saepe tacitus cogitationibus uolutaui animum, eas euocat in medium, ut quaerere libeat quinam euentus Romanis rebus, si cum Alexandro foret bellatum, futurus fuerit. Plurimum in bello pollere uidentur militum copia et uirtus, ingenia imperatorum, fortuna per omnia humana maxime in res bellicas potens; ea et singula intuenti et uniuersa sicut ab aliis regibus gentibusque, ita ab hoc quoque facile praestant inuictum Romanum imperium. Iam primum, ut ordiar ab ducibus comparandis, haud equidem abnuo egregium ducem fuisse Alexandrum; sed clariorem tamen eum facit quod unus fuit, quod adulescens in incremento rerum, nondum alteram fortunam expertus, decessit.
    …. ….
    recenseam duces Romanos, nec omnes omnium aetatium sed ipsos eos cum quibus consulibus aut dictatoribus Alexandro fuit bellandum, M. Valerium Coruum, C. Marcium Rutulum, C. Sulpicium, T. Manlium Torquatum, Q. Publilium Philonem, L. Papirium Cursorem, Q. Fabium Maximum, duos Decios, L. Volumnium, M". Curium? deinceps ingentes sequuntur uiri, si Punicum Romano praeuertisset bellum seniorque in Italiam traiecisset. Horum in quolibet cum indoles eadem quae in Alexandro erat animi ingeniique, tum disciplina militaris, iam inde ab initiis urbis tradita per manus, in artis perpetuis praeceptis ordinatae modum uenerat.
    ….    ….
    Militaris opera pugnando obeunti Alexandro—nam ea quoque haud minus clarum eum faciunt—cessisset uidelicet in acie oblatus par Manlius Torquatus aut Valerius Coruus, insignes ante milites quam duces, cessissent Decii, deuotis corporibus in hostem ruentes, cessisset Papirius Cursor illo corporis robore, illo animi. Victus esset consiliis iuuenis unius, ne singulos nominem, senatus ille, quem qui ex regibus constare dixit unus ueram speciem Romani senatus cepit. Id uero erat periculum, ne sollertius quam quilibet unus ex his quos nominaui castris locum caperet, commeatus expediret, ab insidiis praecaueret, tempus pugnae deligeret, aciem instrueret, subsidiis firmaret. Non cum Dareo rem esse dixisset, quem mulierum ac spadonum agmen trahentem inter purpuram atque aurum oneratum fortunae apparatibus suae, praedam uerius quam hostem, nihil aliud quam bene ausus uana contemnere, incruentus deuicit. Longe alius Italiae quam Indiae, per quam temulento agmine comisabundus incessit, uisus illi habitus esset, saltus Apuliae ac montes Lucanos cernenti et uestigia recentia domesticae cladis, ubi auunculus eius nuper, Epiri rex Alexander, absumptus erat.
    [18] Et loquimur de Alexandro nondum merso secundis rebus, quarum nemo intolerantior fuit. Qui si ex habitu nouae fortunae nouique, ut ita dicam, ingenii quod sibi uictor induerat spectetur, Dareo magis similis quam Alexandro in Italiam uenisset et exercitum Macedoniae oblitum degenerantemque iam in Persarum mores adduxisset. Referre in tanto rege piget superbam mutationem uestis et desideratas humi iacentium adulationes, etiam uictis Macedonibus graues nedum uictoribus, et foeda supplicia et inter uinum et epulas caedes amicorum et uanitatem ementiendae stirpis.
    Quid si uini amor in dies fieret acrior? quid si trux ac praeferuida ira?—nec quicquam dubium inter scriptores refero—nullane haec damna imperatoriis uirtutibus ducimus? id uero periculum erat, quod leuissimi ex Graecis qui Parthorum quoque contra nomen Romanum gloriae fauent dictitare solent, ne maiestatem nominis Alexandri, quem ne fama quidem illis notum arbitror fuisse, sustinere non potuerit populus Romanus; et aduersus quem Athenis, in ciuitate fracta Macedonum armis, cernente tum maxime prope fumantes Thebarum ruinas, contionari libere ausi sunt homines, id quod ex monumentis orationum patet, aduersus eum nemo ex tot proceribus Romanis uocem liberam missurus fuerit.
    ………    …………
    Quantalibet magnitudo hominis concipiatur animo; unius tamen ea magnitudo hominis erit collecta paulo plus decem annorum felicitate; quam qui eo extollunt quod populus Romanus etsi nullo bello multis tamen proeliis uictus sit, Alexandro nullius pugnae non secunda fortuna fuerit, non intellegunt se hominis res gestas, et eius iuuenis, cum populi iam octingentesimum bellantis annum rebus conferre. Miremur si, cum ex hac parte saecula plura numerentur quam ex illa anni, plus in tam longo spatio quam in aetate tredecim annorum fortuna uariauerit?
    quin tu homines cum homine, [et] duces cum duce, fortunam cum fortuna confers? quot Romanos duces nominem quibus nunquam aduersa fortuna pugnae fuit? paginas in annalibus magistratuumque fastis percurrere licet consulum dictatorumque quorum nec uirtutis nec fortunae ullo die populum Romanum paenituit. Et quo sint mirabiliores quam Alexander aut quisquam rex,
    Inuictus ergo Alexander cum inuictis ducibus bella gessisset et eadem fortunae pignora in discrimen detulisset; immo etiam eo plus periculi subisset quod Macedones unum Alexandrum habuissent, multis casibus non solum obnoxium sed etiam offerentem se, Romani multi fuissent Alexandro uel gloria uel rerum magnitudine pares, quorum suo quisque fato sine publico discrimine uiueret morereturque.
       …………

    [19] Restat ut copiae copiis comparentur uel numero uel militum genere uel multitudine auxiliorum.
    …       …
    Ipse traiecisset mare cum ueteranis Macedonibus non plus triginta milibus hominum et quattuor milibus equitum, maxime Thessalorum; hoc enim roboris erat. Persas Indos aliasque si adiunxisset gentes, impedimentum maius quam auxilium traheret. Adde quod Romanis ad manum domi supplementum esset, Alexandro, quod postea Hannibali accidit, alieno in agro bellanti exercitus consenuisset. Arma clupeus sarisaeque illis; Romano scutum, maius corpori tegumentum, et pilum, haud paulo quam hasta uehementius ictu missuque telum. Statarius uterque miles, ordines seruans; sed illa phalanx immobilis et unius generis, Romana acies distinctior, ex pluribus partibus constans, facilis partienti, quacumque opus esset, facilis iungenti. Iam in opere quis par Romano miles? quis ad tolerandum laborem melior?
    uno proelio uictus Alexander bello uictus esset: Romanum, quem Caudium, quem Cannae non fregerunt, quae fregisset acies? ne ille saepe, etiamsi prima prospere euenissent, Persas et Indos et imbellem Asiam quaesisset et cum feminis sibi bellum fuisse dixisset, quod Epiri regem Alexandrum mortifero uolnere ictum dixisse ferunt, sortem bellorum in Asia gestorum ab hoc ipso iuuene cum sua conferentem. Equidem cum per annos quattuor et uiginti primo Punico bello classibus certatum cum Poenis recordor, uix aetatem Alexandri suffecturam fuisse reor ad unum bellum.
    Et forsitan, cum et foederibus uetustis iuncta res Punica Romanae esset et timor par aduersus communem hostem duas potentissimas armis uirisque urbes armaret, [et] simul Punico Romanoque obrutus bello esset. Non quidem Alexandro duce nec integris Macedonum rebus sed experti tamen sunt Romani Macedonem hostem aduersus Antiochum Philippum Persen non modo cum clade ulla sed ne cum periculo quidem suo. Absit inuidia uerbo et ciuilia bella sileant: nunquam ab equite hoste, nunquam a pedite, nunquam aperta acie, nunquam aequis, utique nunquam nostris locis laborauimus: equitem, sagittas, saltus impeditos, auia commeatibus loca grauis armis miles timere potest. Mille acies grauiores quam Macedonum atque Alexandri auertit auertetque, modo sit perpetuus huius qua uiuimus pacis amor et ciuilis cura concordiae.—

     

  • Unos modernos seres fantásticos muy antiguos

    La acción de la película Avatar, escrita y dirigida por James Cameron y estrenada en 2009 se desarrolla en Pandora, satélite del planeta Polifemo. Pandora y Polifemo son dos personajes bien conocidos de la mitología griega.

                                                          

    En el mito de Pandora (la que ha recibido todos los bienes significa la palabra, de pan, todo, y dora, dones, regalos), una caja encierra todos los bienes o dones que pueden causar males a los hombres cuando es abierta por la curiosidad de una mujer, su dueña Pandora.  En la película de Cameron, Pandora es una extraordinaria unidad medioambiental que también encierra extraordinarios bienes que causarán la ruina de sus habitantes.

    Cuando vi la película, de tanto éxito, con efectos especiales realmente espectaculares, fábula que en el fondo narra la historia de siempre, me sorprendieron entre otros seres sus Banshee,  (alma en pena) que inmediatamente me recordaron a los “cabalgabuitres” que Luciano de Samósata creó en su obra de ciencia ficción “Relatos Verídicos”. Desde entonces no puedo imaginar de otra forma al híbrido volador de Luciano.

    Estas semejanzas o coincidencias  me hicieron plantearme la cuestión: ¿Tendrá algo que ver Avatar con el relato de Luciano? ¿Se habrá inspirado Cameron en la obra del satírico griego de época romana?

    Más aún, hace unos pocos años la cadena televisiva Nickelodeon, producía una serie de dibujos animados, creada por Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko, titulada  Avatar: The Last Airbender (Avatar: El Último Maestro Aire), también conocida como Avatar: La Leyenda de Aang.

    La serie obtuvo notable éxito en gran parte del mundo. En ella son decenas los animales creados, ficcionados diríamos en español corrupto o creativo según se mire, que resultan híbridos de varios distintos. Y esto también me recordó a los numerosos seres fantásticos que Luciano crea con el mismo procedimiento, mezclar varios reales y aumentar su dimensión.

    La pregunta inevitable era, pues, ¿se habrán inspirado Michael Dante y Bryan Konietzko en la obra de Luciano?

    Hagamos un rápido y pequeño análisis de la cuestión.

    Luciano de Samósata es considerado por muchos especialistas el primer autor literario de novelas  de ciencia ficción. Su obra “Historias verdaderas” o “Relatos véridicos”, en la que nos narra un viaje por el espacio y una fantástica batalla estelar, entre otras cosas, ciertamente cumple muchas de las condiciones de este tipo de literatura.

    Luciano es una autor griego de época romana, vivió en el siglo II,  de espíritu crítico y mordaz, que se mueve entre el cinismo y el estoicismo, que fustiga con su ironía a los mitos y dioses y sobre todo a los filósofos pedantes y engreídos que sólo piensan en el dinero y en vivir del cuento.

    Su obra “Relatos verídicos” en realidad lo que hace es elevar al máximo en cantidad y cualidad los disparates de los libros de historia o de narraciones mitológicas caricaturizándolos y haciéndoles imposibles de creer. Narraciones de este tipo son por ejemplo la Odisea de Homero o las historias del propio Heródoto o de Ctesias, que incluyen en sus Historias leyendas y mitos sin espíritu crítico alguno y sin verificar los testimonios, o el Viaje de los Argonautas de Apolonio. Con todo ello Luciano pretende divertir a sus cultos lectores.

    Esto quiere decir que el título de su obra ha de interpretarse en sentido irónico, con el sentido que también tiene en español el término “historias” en plural como relatos fantásticos por oposición a la verdadera historia. El mismo significado tiene en alemán el plural “Gesichten” o el francés “des histoires”. Estas “historias” se corresponden, pues, con el story inglés y no con el “history”, precisión que entenderán perfectamente tantos estudiantes y conocedores como ahora hay de la lengua inglesa.

    Por cierto que el nombre griego de la obra Aléthón diégémáton biblia dyó, (Dos libros de relatos (o narraciones) verdaderas) para nada hace referencia a una o varias “historias” mientras que el “alethón”, verdaderos, ha de entenderse como una clara ironía en el sentido indicado.

    El mismo Luciano nos advierte sobre la veracidad de sus relatos cuando nos dice en esta obrita:

    (4)…  me orienté a la ficción, pero mucho más honradamente que mis predecesores, pues al menos diré una verdad al confesar que miento. Y, así, creo librarme de la acusación del público al reconocer yo mismo que no digo ni una verdad. Escribo, por tanto, sobre cosas que jamás vi, traté o aprendí de otros, que no existen en absoluto ni por principio pueden existir. Por ello, mis lectores no deberán prestarles fe alguna. (Traducció de Andrés Espinosa Alarcon, para Editorial Gredos, 1996)

    Volviendo al tema central, podríamos precisar que realmente Luciano no se propone hacer un relato de ciencia ficción, ni su imaginación le lleva a servirse o imaginar un desarrollo de la ciencia actual hasta límites aceptables aunque difíciles de visionar actualmente. Su narración no intenta crear el futuro sino elevar a lo máximo lo ya existente en su entorno.

    La influencia de esta obra ha sido enorme en la literatura de occidente: Johannes Kepler (1571-1630), al que algunos consideran el verdadero iniciador de la ciencia ficción con su obra Somnium; Tomás Moro que tradujo algunos de los diálogos, Cyrano de Bergerac con su Histoire Comique d’un voyage à la Lune (1657); probablemente  Rabelais con el gigantismo de sus personajes , J. Swift con Los viajes de Gulliver (1726 , Voltaire con su relato Micromegas, Julio Verne y sus célebres Alrededor de la Luna (1870) y De la Tierra a la Luna (1872). 

    En la España de los siglos XVI y XVII fue bien conocido e imitado por Cristóbal de Villalón, Mateo Alemán, Miguel de Cervantes y Francisco de Quevedo.

    No es pues, tan descabellado rastrear una posible influencia en las actuales formas de creatividad cultural como es el cine.

    Creo que procede hacer un breve resumen del relato de “Historias” o “Relatos verídicos” de Luciano, que no evita, naturalmente, al lector interesado la lectura completa del texto. Sirvan estos comentarios para animar a su lectura, así como del resto de su interesante obra.

    Relatos Verídicos” aparece dividido tradicionalmente en dos libros,  dos rollos en el formato antiguo, que vienen a ocupar en la actual forma de “libro” unas cincuenta páginas, cantidad asequible incluso para el más cómodo lector actual acostumbrado a los raquíticos tweets imperantes.

    Luciano de Samósata es el primer autor conocido que imaginó un viaje al espacio. Sólo por esto sería merecedor de ser recordado. No obstante se supone generalmente por los estudiosos que Luciano conocía y tenía como referencia la obra de Antonio DiógenesLos prodigios más allá de Tule o Maravillas de allende Tule”  que ya imagina el viaje a la Luna, como comenta Focio. Luciano ridiculizaría precisamente este pasaje. Pero no todos aceptan esta hipótesis.

    Nos narra la historia del viaje fabuloso de una nave marítima que, tras superar las columnas de Hércules y entrar en el “mare ignotum o mare tenebrosum”, el desconocido Atlántico, sufre una larga tempestad y arriba a una isla en la que  ven una estela con una inscripción gastada que marca el límite al que llegaron Heracles y Dioniso. Llegaron a un río de vino alimentado por unas vides que en su parte superior eran mujeres perfectas desde la cintura. Empujada por los vientos, se eleva del mar a los espacios siderales, visita al Sol y a la Luna. Tras su arribada a la Luna, intervienen los “astronautas”  en una “galáctica” guerra entre Selenitas (habitantes de Selene, la Luna) y los Heliotas o Solares, junto a los más curiosos combatientes interestelares.

    “(5)…Inicié mi navegación un día desde las Columnas de Heracles, rumbo al Océano de Occidente, con viento favorable. El motivo y el propósito de mi viaje eran mi gran actividad intelectual, mi afán por los descubrimientos y el deseo de averiguar qué era el fin del Océano y qué pueblos vivían a la otra orilla…

    (6) …y sufrimos la borrasca durante setenta y nueve días; pero al octogésimo brilló el sol de repente y divisamos no lejos de nosotros , una isla elevada y frondosa…

    (7) Tras avanzar unos tres estadios desde el mar a través del bosque, descubrimos una estela de bronce, con una inscripción en caracteres griegos borrosos y gastados que decía: “Hasta aquí llegaron Heracles y Dionisio”.

    (9)… Hacia el mediodía, cuando ya no se divisaba la isla, sobrevino de repente un tifón que hizo girar la nave y, elevándola por el aire unos trescientos estadios, ya no la dejó descender al mar, sino que, hallándose en las alturas, sopló viento sobre su velamen y la arrastraba a vela hinchada.

    (10) Por siete días y otras tantas noches viajamos por el aire, y al octavo divisamos un gran país en el aire, como una isla, luminoso, redondo y resplandeciente de luz en abundancia. Nos dirigimos a él y, tras anclar, desembarcamos y observando descubrimos que la región se hallaba habitada y cultivada. Durante el día nada divisamos desde allí, pero al hacerse de noche empezaron a aparecérsenos muchas otras islas próximas –unas mayores, otras más pequeñas- de color semejante al fuego. Vimos también otro país abajo, con ciudades, ríos, mares, bosque y montañas, y dedujimos que era la Tierra.

    (11) Decidimos seguir avanzando, pero fuimos detenidos al encontrar a los que ellos llaman “cabalgabuitres”. Los cabalgabuitres son hombres que cabalgan sobre buitres enormes, y utilizan dichas aves como caballos. Los buitres son enormes y suelen tener tres cabezas; puede inferirse su tamaño del hecho siguiente: cualquiera de sus plumas es mayor y más robusta que el mástil de un gran navío mercante…
    … nos condujeron ante el rey…; era también un ser humano llamado Endimión…Decía que aquel país era la Luna.

    (12) Nosotros le preguntamos quiénes eran los enemigos y la causa del conflicto. “Faetonte –contesto-, el rey de los habitantes del Sol…En cierta ocasión reuní a los más pobres de mi reino, con el proyecto de establecer una colonia en la Estrella de la Mañana, que se hallaba desierta e inhabitada.   Celoso Faetonte, impidió la colonización saliendo al paso a medio camino al frente de sus cabalgahormigas. Entonces fuimos vencidos …pero ahora deseo reanudar la guerra…

    (13) Integraban nuestro ejército cien mil soldados… De ellos ochenta mil eran cabalgabuitres, y veinte mil jinetes sobre plumaverdes –se trata también de un ave descomunal, que en vez de plumas, está cubierta enteramente de hortalizas, y sus alas son en extremo semejantes a las hojas de lechuga- A continuación estaban alineados los lanzamijos y los ajoguerreros. Habían venido también aliados del rey de la Osa Mayor, treinta mil pulgarqueros y cincuenta mil voladores. De estos, los pulgarqueros cabalgan sobre pulgas enormes, de las que reciben el nombre; el tamaño de dichas pulgas equivale al de doce elefantes. Los voladores son de infantería, pero se deslizan por el aire sin alas, y su técnica de deslizamiento es la siguiente: remangan sus túnicas talares, inclinándolas al viento como velas, y se deslizan al igual que las embarcaciones. Por lo general, ellos intervienen en las batallas como peltastas. Se decía que iban a llegar también , de las estrellas de sobre Capadocia, setenta mil gorrionbellotas y cinco mil cabalgagrullas. A ésos no los vi, por lo que no me he atrevido a escribir sobre sus características, ya que se contaban de ellos portentos increíbles….

    Sigue a continuación el relato de la batalla con el mismo nivel de imaginación, que omito por no ser esencial para el objetivo propuesto, pero que no debe carecer de interés para el lector. Siguen apareciendo seres fantásticos como los aeromosquitos, los  aerodanzarines, que disparaban rábanos gigantes, los tallohongos que usaban las setas como escudos y los tallos de espárragos como lanzas, los  perrobellotas con cara de perros sobre bellotas aladas, los honderos de la Vía Láctea y los nublocentauros.

    (18) Cuando regresamos de la persecución, elevamos dos trofeos, uno sobre las telarañas, por el combate de la infantería, y el otro, por el combate aéreo, sobre las nubes. Precisamente, mientras los elevábamos, anunciaron los atalayas el avance de los nublocentauros, que debían haber venido antes de la  batalla en ayuda de Faetonte. Ya se divisaban aproximándose; eran el espectáculo más insólito, una combinación de caballos alados y hombres. El tamaño de los hombres era el del Coloso de Rodas de medio cuerpo arriba, y el de los caballos el de un gran navío mercante…

    (22) Entretanto, durante mi estancia en la Luna, observé muchas rarezas y curiosidades, que quiero relatar. En primer lugar, no nacen de mujeres, sino de hombres: se casan con hombres, y ni siquiera conocen la palabra «mujer». Hasta los veinticinco años actúan como esposas y, a partir de esa edad, como maridos. Y no quedan embarazados en el vientre, sino en la pantorrilla. A partir de la concepción, comienza a engordar la pierna; transcurrido el tiempo, dan un corte y extraen el feto muerto, pero lo exponen al viento con la boca abierta y le hacen vivir. A mi parecer, es de aquí de donde llegó hasta los griegos el término «pierna del vientre», porque allí se alberga el feto, en vez de en el vientre.
    ….
    Pero voy a referirme a algo aún más sorprendente. Existe allí un linaje de hombres, los llamados «arbóreos», que nacen del modo siguiente. Cortan el testículo derecho de un hombre y lo plantan en la tierra; de él brota un corpulento árbol de carne, semejante a un falo: tiene ramas y hojas y su fruto son las bellotas, del tamaño de un codo; cuando están ya maduras, las recolectan y extraen de su interior a los hombres.
    Además sus partes pudendas son artificiales.Algunos las tienen de marfil, pero los pobres las usan de madera, y con ellas se unen y fecundan a su pareja(Traducció de Andrés Espinosa Alarcon, para Editorial Gredos, 1996)

    Hasta aquí la cita de textos de Luciano. Omito el resto del relato en el que se producen episodios tales como la visita a los Campos Elíseos o reino de los muertos, su entrada en el vientre de una enorme ballena, en la que hay una enorme isla, en donde visita países tan surrealistas como la Ciudad de las lámparas (Lichnópolis) o la Isla de los Sueños y en donde se encuentra un antecedente del moderno Robinson que entonces se llamaba Espíntaro e innumerables animales exóticos, etc. etc..

    En Relatos Verídicos aparecen entre otros los siguientes seres fantásticos:

    Cabalgabuitres  (en griego hippógypoi); Cabalagahormigas (hippomyrmekes); Plumaverdes (lachanópteroi, alas de lechuga); Lanzamijos (kenchrobóloi); Ajoguerreros (skorodomáchoi,  luchadores con ajos); Pulgarqueros (psyllotoxótai); Voladores (anemodrómoi, corredores por el aire), la descripción que hace se asemeja a los modernos wingsuit o trajeaéreos; Gorriónbellotas (griego strouthobálanoi); Cabalgagrullas (hippogéranoi); Aeromosquitos (aerokonopes); Aerodanzarines ( aerokórdakes, el kordax era una danza procaz de origen lidio); Tallohongos (kaulomýketes); Perrobellotas ( kynobálanoi); Nublocentauros ( nephelokéntauroi); etc.etc.

    Hay muchos más detalles de interés. Por ejemplo comentaré  que el medio de transporte del que se sirve Luciano para ascender al firmamento y moverse por el espacio no es ningún sofisticado vehículo, sino un barco que navega por el mar y en determinado momento es impulsado por el propio viento hacia el éter. Luciano conocía numerosos relatos en los que los dioses y los héroes recorren el espacio, pero lo hacen con sus alas como Icaro y Faetón, transportados por águilas o en sus carros como Helios, el Sol. Luciano ha tenido más fortuna, su nave ha prestado el nombre y el modelo a las modernas “naves” espaciales, aunque ahora sean impulsadas por modernos cohetes o motores movidos por energías atómicas o similares.

    Es también interesante el detalle de que al comienzo de su viaje descubren las huellas de Hércules y Dioniso. Recuerdo que también en la “2001 Una odisea del espacio” hay también un monolito desenterrado y la afamada “El planeta de los simios” es también la Estatua de la Libertad semienterrada la que nos informa de que estamos en Nueva York.  Son hechos que no parecen tener mucha relación pero es curiosa esta manía de utilizar estos testigos semienterrados en películas de la más desbordante imaginación.

    Bien, la acción de Avatar se desarrolla en 2154 en Pandora, una luna o satélite del planeta Polifemo, habitada por una raza humanoide, los Na’vi, uno de cuyos clanes vive alrededor de un gigantesco árbol crecido sobre  un yacimiento de unobtainium, fuente energética codiciada por los terrestres. El conflicto estelar es inevitable.

    Avatar es un relato clásico de aventuras fantásticas en el marco general del dominio imperialista de unos seres por otros y de la defensa de la biodiversidad amenazada por el desarrollo moderno. Desde este punto de vista Avatar se ha interpretado y valorado de muy diversas maneras, pero no es mi intención profundizar en ello, sino establecer alguna relación, al menos formal, si la hubiera con la obra de Luciano, para quien los objetivos son muy distintos.

    Así que la historia de la película Avatar se desarrolla en un lugar que se llama Pandora, sus habitantes, los Na’vi,  son híbridos de humano y otros seres con cola, es decir, son humanoides, como ocurre siempre en toda obra de ciencia ficción,  el transporte por el cielo lo hacen  en enormes volátiles transportadores, llamados Banshee (alma en pena), cuyas imágenes impactan por sus dimensiones, su agilidad y su belleza; los direhorses son especie de  caballos de seis patas, seres híbridos también,; el árbol que alberga la vida de los Na’vi es de dimensiones tan fantásticas como la isla de Luciano en el vientre de la ballena y otros seres.  Se me antoja que el vientre de la ballena se asemeja en realidad al vientre o interior del árbol que acoge a los Na'vi.

    Algunos de los animales fantásticos de la película son:

    El Banshee, Mountain, en lenguaje Na’vi Ikran,  (alma en pena de las montañas) perfectamente adaptado al vuelo por aerodinamismo. Es el ser más espectacular, que se conecta con un solo Na’vi para toda la vida. Se utiliza para cazar y viajar a largas distancias. Se me antoja similar a los cabalgabuitres de Luciano.

    El leonopteryx  rex , "rey león volador” , (del griego λέων, léon, león,  y πτέρυξ pteryx, ala, y del Latin  rex,  rey); de extraordinaria belleza y poderosas mandíbulas capaz de partir por la mitad a banshee en pleno vuelo.

    El sturmbeest, mezcla de rinoceronte y búfalo, de color azul, que vive en manadas.

    El tetraperton, especie de flamenco de cuatro alas.

    El direhorse, (caballo terrible) especie de caballo, tres veces más grande que los caballos terrestres,  con antenas neuronales y seis patas perfectamente adaptado al terreno.

    Hammerhead Titanothere, enorme criatura de once metros de largo con cabeza de martillo capaz de romper los árboles.

    El Fan Lizard, lagarto danzante que se despliega como un abanico chino.

    Hellfire Wasp, avispa fuego del infierno, similar a una avispa  de la Tierra, pero del tamaño de un gorrión.

    El hexapede, criaturas bellas y frágil que aparece en las banderas y escudos de algunos clanes, cuya piel tiene muy diversa utilidad.

    El prolemuris, que tiene cuatro brazos para moverse ágilmente entre los árboles. 

    El stingbat, depredador aéreo con un sistema de navegación visual altamente desarrollado.

    El thanator, el depredador más terrible de Pandora, enorme y poderoso que recuerda a la pantera terran.

    El viperwolf, con seis patas y un poderoso torso, depredador que recorre grandes distancias.

    A algún lector le podrá parecer poco fundamentada esta relación entre Luciano de Samósata y James Cameron. Yo veo muchas semejanzas. Como decía más arriba, no puedo imaginar de otra forma a los “cabalgabuitres” que como “Banshee

    Bien, la otra obra,  la serie “Avatar: la leyenda de Aang”  está fuertemente influenciada por el arte chino, el hinduismo, el taoísmo, el budismo y el yoga, pero tiene una gran semejanza con la obra de Luciano.

    La influencia resulta en el procedimiento de creación de los seres fantásticos:  tanto en Luciano como en la serie  los numerosos animales son el resultado de la mezcla de varios animales reales, si bien aumentadas sus dimensiones. La semejanza con Luciano parece, pues, algo más que casual.  Luciano extrema su imaginación dando los más cómicos nombres a estos seres,  resultado de la mezcla de varios. Cierto es que la lengua griega se presta perfectamente a este tipo de creaciones verbales que los filólogos actuales procuran descifrar.  También parece que la lengua inglesa se presta perfectamente a estas creaciones.

    En la serie, encontramos entre otros en el Reino Tierra: caballos-avestruz , usados como medio de transporte, Cerdos-monobuitres-avispamarmotas cantantes atraen a los turistas de todas partes con su música,  Pentapus púrpura  con forma de  pequeños pulpos con cinco ojos y cinco tentáculos, osos-ornitorrinco, , leones-alce dientes de sable,  animales muy peligrosos que viven en los bosques,  murciélagos-lobo,  carnívoros tan grandes como lobos y alas de murciélago con las que vuelan tejones-topo , Gorila-cabra, cerdos-oveja, cerdos-Gallo, cerdos-Pollos,y cerdos-VacaUnagi, que  es una anguila gigante,  elefante Koi, pez del tamaño de un elefante, reptil Volador,  especie de loro-lagartija lombrices del Gran Cañón, insecto gigantesco con cuatro patas, El shirshu, que es un cruce de  un enorme oso hormiguero y un topo nariz estrellada, Pato-Pavo , Antilope-ZorroJabalí-Puercoespín,  Jabalí volador, Buitre-León similar a un Grifo, criatura mítica mitad león mitad águila,  Escarabajo gigante, etc. etc. etc. 

    Como decía a propósito de la película de Cameron, tal vez alguno opine que la semejanza parece muy forzada; yo sigo pensando que sin los numerosos monstruos mitológicos de los griegos la imaginación moderna sería mucho más reducida y limitada.


     

  • “No hay belleza sin unas proporciones regulares”. (Platón, Timeo, 87c)

    Para ser exactos la frase de Platón dice: “Todo lo que es bueno es bello, y la belleza no se da sin unas relaciones o proporciones regulares.” También en Filebo 64c dice: “La medida (metron) y la proporción (symmetría) realizan en todas partes la belleza y la perfección”

    El objetivo del arte clásico antiguo es la imitación de la naturaleza. Pero la naturaleza es un κόσμος,  kosmos, un conjunto ordenado, armónico y bello, y la belleza sólo es posible si hay proporción.

    Así que el tema de la proporción es una preocupación esencial en la reflexión de filósofos y artistas. A la proporción le llaman συμμετρἰα,  symetria, con un significado, pues, distinto del que actualmente tiene la palabra.

    Pitágoras y Téano de Crotona, una filósofa y matemática que algunos creen que fue la esposa de Pitágoras,  teorizaron sobre la proporción o “razón de los extremos y medios”.  Sin duda fue muy importante la influencia oriental de Mesopotamia  y de Egipto en esta y en otras muchas cuestiones que desarrollaron los griegos.

    Euclides  definió así la citada razón o proporción:

    se dice que una recta ha sido cortada en extrema y media razón cuando la recta entera es al segmento mayor, como el segmento mayor es al menor”. (Euclides Los Elementos, libro VI,  Definición 3 ).

    Esto es a lo que en el Renacimiento se le llamó “proporción áurea”. Se le llama también  número áureo o de oro, razón extrema y media, razón áurea, razón dorada, media áurea y divina proporción. Se le representa con  la letra griega   φ (fi) (en minúscula) o  Φ (fi) (en mayúscula), en honor al escultor griego Fidias. Es un número irracional cuyo valor se ha establecido en el Renacimiento en 1,61803398874989….   

    Esta proporción se encuentra en figuras geométricas y en diversos seres de la Naturaleza. Esta  proporción se aplicó por ejemplo  en la construcción de templos.

    Estas proporciones se establecen o miden con una vara o caña que se llama κανών , “canon” . De esta función, la palabra pasó a  significar  “regla, ley, modelo, canon…. ).

    Así  que pronto se establece el canon del cuerpo humano que ha de tener unas determinadas proporciones para ser bello.

    Todo este asunto de las proporciones, la belleza y el canon de belleza está muy influenciado o tiene relación con el problema filosófico del conocimiento de las cosas. No se busca tanto la imitación realista de las cosas concretas, es decir, las sombras de las cosas a las que se refería Platón, sino la idea esencial de la cosa en sí. Por eso el “canon” no se encuentra en una cosa o ente determinado, sino que, observados varios, se establece el modelo ideal. En el caso del hombre, a que nos referimos inmediatamente, el canon se fija de la observación de múltiples individuos y de un proceso de abstracción en el que se busca lo esencial.

    Según el médico Galeno, el famoso escultor Policleto teorizó sobre ello en un tratado que llamó precisamente Canon y lo plasmó una estatua de un hombre desnudo que se identifica con el Doríforo; en el canon de Policleto la altura del hombre equivale a 7 cabezas.

    Nos dice el médico grecorromano Galeno (130 – 200) en la versión latina de su “Los nueve libros sobre las doctrinas de Hipócrates y Platón, De placitis Hippocratis et Platonis libri novem (Los nueve libros sobre las doctrinas de Hipócrates y Platón), V, 449 (vol I, recensuit et explanavit I, Müller, Lipsiae, B. G. Teubneri, 1874), p. 426:

    “pensó que la belleza reside no en la adecuada proporción de los elementos sino de las partes; es decir, del dedo con el dedo y de todos los dedos con la palma de la mano y con la primera parte de la palma y de estas con el codo, del codo con el brazo y finalmente de todas estas con todo lo demás, como se dice en lo escrito en el Canon de Policleto. En este libro Policleto después de enseñarnos todas las proporciones del cuerpo, confirmó su exposición con una obra haciendo una estatua según las indicaciones de su libro, a la que llamó con el mismo nombre que al libro, es decir, “canon”. Así pues, la belleza del cuerpo, de acuerdo con la opinión de todos los médicos y filósofos, consiste en la adecuada proporción de los miembros, la salud en la proporción entre si de los elementos, cualesquiera que sean”

    33 Claudii Galeni, “ pulchritudinem autem non in elementorum sed in partium apta congruentia, digiti scilicet ad digitum digitorumque omnium ad palmam palmaeque primam partem et harum ad cubitum, cubiti ad brachium, omnium denique ad omne positam esse censuit, quemadmodum in Polycliti canone litteris mandatum est.  In eo libro Polyclitus cum omnes corporis proportiones docuisset, opere demum orationem confirmavit ex libri praeceptis statuam fabricatus, quam eodem  nomine,quo librum, canona appellavit. Pulchritudo igitur corporis ex omnium medicorum philosopoorumque sententia in membrorum apta convenientia consistit, sanitas in elementorum, quaecumque sunt, inter se congruentia.

    Nota: en la época antigua, las obras de Galeno no fueron traducidas al latín. así que al final del Imperio cayó en el olvido, porque pocos podían leer griego, excepto en Oriente; luego algunas obras se tradujeron al árabe y de éste al latín; en el Renacimiento se traducen al latín e incluso en algunos casos se intenta traducir alguna obra sólo existente en árabe al griego original que se había perdido.

    Para los griegos la simetría y las proporciones armónicas del cuerpo son sinónimo de salud.
    Luego Eufránor de Itsmia, pintor y escultor, escribió otro tratado de symmetría,
    alterando el canon de Policleto; en el canón de Lisipo el cuerpo tiene siete cabezas y media en vez siete.

    Precisamente  las unidades de medida se toman de las partes del cuerpo humano y sus proporciones: son codos, brazos pies y manos,  que pueden ser  diferentes en cada escuela.

    En época romana Vitruvio recoge estas teorías y medidas y sus relaciones  en su De Architectura, III, 1:

    El diseño de los templos depende de la proporción (simetría), cuya relación deben respetar los arquitectos con todo cuidado. La relación surge de la proporción, que en griego se llama analogía (ἀναλογία). La proporción es la correspondencia  de la parte considerada de los miembros en el conjunto de la obra y del conjunto total; de esta correspondencia  surge la razón de las proporciones (simetría). Así ningún templo puede tener la relación en su diseño  sin simetría y proporción, como ocurriría si la figura de un hombre bien formado no tuviera una exacta relación en sus miembros.

    Pues la naturaleza ha formado el cuerpo del hombre de tal manera que el rostro de la cabeza, desde el mentón hasta lo alto de la frente y al nacimiento de las raíces del pelo, es de una décima parte (de la altura total); así mismo la palma de la mano, desde la muñeca a la punta del dedo medio mide otro tanto; la cabeza desde el mentón al vértice más alto (de la cabeza) es la octava; desde el comienzo de las cervicales al nacimiento de las raíces del pelo mide  la sexta parte; desde la mitad del pecho hasta el vértice más alto la cuarta parte; desde el comienzo del mentón hasta la base de la nariz es la tercera parte de la altura del rostro; la nariz desde la base de la nariz hasta un punto  en el medio de las cejas otro tanto; desde ese punto hasta el nacimiento de las raíces del pelo la frente mide igualmente la tercera parte (del rostro); el pie en cambio es la sexta parte de la altura del cuerpo, el codo una cuarta parte; el pecho asimismo una cuarta; los restantes miembros también tienen sus proporciones de medida, que utilizaron también los antiguos pintores y los escultores famosos y con ello consiguieron enormes y extraordinarias alabanzas.

    De igual manera las partes de los templos sagrados deben tener una adecuadísima proporción de medida de cada una de las partes con la magnitud general de todo el conjunto. Asimismo el ombligo es naturalmente el punto central  del cuerpo. Pues si el hombre se coloca boca arriba con las manos y los pies estirados y colocado el centro del compás en su ombligo, trazando una circunferencia, se tocaría con su línea los dedos de las dos manos y de los dos pies. Del mismo modo al trazar la figura de la circunferencia en el cuerpo, se consigue también la figura de un cuadrado; pues si se toma la medida desde la planta de los pies a lo alto de la cabeza y esta medida se traspone a las manos extendidas, se hallará que la anchura es la misma que la altura, como  las áreas que son perfectamente cuadradas.

    Luego si la naturaleza ha formado el cuerpo del hombre de tal forma que sus miembros corresponden con sus proporciones con toda la figura, parece que los antiguos determinaron  correctamente esta regla, mantener en la perfección de sus obras la exigencia de la proporción de cada uno de los miembros respecto de la forma de toda la figura; así pues al aplicar la relación en todas sus obras, lo hicieron sobre todo en los templos de los dioses, pues en estas obras las alabanzas y las faltas   suelen durar para siempre.

    Más todavía, de los miembros del cuerpo derivaron las proporciones de las medidas que parecen ser necesarias en todas las obras, tales como el dedo, el palmo, el pie, el codo y las subdividieron según  el número perfecto, llamado τέλειον en griego; los antiguos fijaron como número perfecto el que se llama diez. Pues del número de dedos de las manos desde la palma se encontró el pie (parece corrupto el pasaje; quiere decir que el número diez se extrajo del número de dedos de la mano). Así aunque el diez es perfecto por naturaleza por responder a los dedos de las dos palmas, a Platón también le pareció que era un número perfecto por esta causa, porque está compuesto en decenas de unidades individuales, que los griegos llaman μοναδες (monades). Pero tan pronto como se alcanza el once o el doce, porque la han superado, no pueden ser perfectos hasta que no llegan a otra decena; pues las partes de este número  son las unidades individuales.

    En cambio los matemáticos, manteniendo un punto de vista diferente en este asunto, que el número perfecto es el que se llama seis, porque este número tiene las subdivisiones  correspondientes a ese número según su relación; así uno es un sexto, dos es un tercio, tres es la mitad, cuatro es dos tercios o διμοιρον, cinco es cinco sextos, que llaman πενταμοιρον, seis es el perfecto. Cuando el número crece más allá, la adición por encima del seis es el ἐφεκτον; ocho, formado por la adición de la tercera parte de seis, es el seis y un tercio, que se llama ἐπιτριτος; la adición de la mitad hace el nueve, que es el seis y su mitad, que se llama ἡμιολιος; la adición de dos tercios hace diez, que es el seis y dos tercios, que llaman ἐπιδιμοιρον; en el número once, en el que se añaden cinco, que es el seis y cinco sextos, llamado ἐπιπεμπτον; finalmente el doce, compuesto de dos simples seis, es llamado διπλαχιον.

    Y más aún, como el pie es la sexta parte de la altura del hombre, esto es, como el limite de la altura del cuerpo se sitúa en el número de seis pies, decidieron que éste era el número perfecto y advirtieron que el codo consta de seis palmas o de 24 dedos..

    Véase el texto latino más abajo.

    Este texto ha sido esencial en la cultura occidental: lo recogió Leonardo da Vinci en su Tratado de pintura y de acuerdo con él realizó su famoso dibujo “El hombre de Vitruvio”  realizado hacia 1490 que se conserva en la Galleria dell'Accademia, en Venecia ….  

    Vitruvio tuvo una enorme importancia para el desarrollo de toda la arquitectura renacentista. ¿Quién no se ha sentido impresionado  por esta obra de Leonardo tantas veces reproducido en mil contextos diferentes?

    Pues bien, Leonardo no solamente lo reproduce sino que para que no hubiera duda lo comenta en el margen superior y al pie del dibujo. Además de un homenaje a la Antigüedad Clásica, Leonardo intenta remarcar el carácter científico y matemático de la representación artística.

    Lo que  escribió con abreviaturas en la parte superior dice:   

    ‹‹ Vitruvio el arquitecto, dice en su obra sobre arquitectura que las medidas del hombre son distribuidas por la naturaleza  del  siguiente modo:  4 dedos hacen 1 palmo,  4 palmos hacen 1 pie, 6 palmos hacen  1 codo, 4 codos hacen un hombre y  4 codos hacen 1 paso, y  24 palmos hacen un hombre; y estas medidas están en sus edificios.
    Si tú abres las  piernas tanto  como para que tu altura disminuya 1/14 y abres y levantas los brazos  hasta que los dedos  toquen la línea  del borde superior de tu cabeza, has de saber que el centro  de tus extremidades separadas está  en tu ombligo. El espacio que se encuentra entre las piernas será un triángulo equilátero.

    En la parte inferior dice:

    Un hombre abre tanto sus brazos como es su altura. Desde el nacimiento del pelo hasta la punta de debajo de la barbilla es la décima parte de la altura de un hombre; desde la punta de la barbilla a la parte superior de la cabeza es un octavo de la altura del hombre; desde la parte superior del pecho al extremo de su cabeza será un sexto de un hombre.

    Desde la parte superior del pecho al nacimiento del pelo será la séptima parte de todo el hombre. Desde los pezones a la parte de arriba de la cabeza será la cuarta parte del hombre. La anchura mayor de los hombros contiene en sí misma la cuarta parte de un hombre. Desde el codo a la punta de la mano será la cuarta parte del hombre; y desde el codo al término de la espalda ( la axila)  será la octava parte de ese  hombre. Toda la mano será la décima parte del hombre; el miembro viril nace en la mitad del hombre. El pie es la séptima parte del hombre. Desde la planta del pie hasta debajo de la rodilla será la cuarta parte del hombre. Desde debajo de la rodilla al nacimiento del miembro  será la cuarta parte del hombre. Las partes que se encuentran  desde la parte inferior de la barbilla a la nariz y desde el nacimiento del pelo a las cejas es, en cada caso, semejante , y, como la oreja, una tercera parte del rostro ››

    Los textos, no son absolutamente coincidentes porque Leonardo da algunas mediciones distintas y añade alguna nueva,  pero hablan por sí solos.

    Pues bien,  Vitruvio nos dice que la altura del hombre es igual a la envergadura, por lo tanto  altura y envergadura  conforman un cuadrado. También nos dice que al extender sus brazos y sus piernas conforma un círculo. Numerosos artistas intentaron integrar la figura humana, conformando el cuadrado y el círculo en un solo dibujo. Leonardo encontró la solución: el centro del cuadrado está en los genitales; el centro del círculo está en el ombligo. Y ¡oh maravilla!: La proporción entre el lado del cuadrado y el lado del círculo es áurea.

    Texto latino, Vitruvio, De Architectura, III, 1:

    Aedium compositio constat ex symmetria, cuius rationem diligentissime architecti tenere debent. ea autem paritur a proportione, quae graece ἀναλογία dicitur. proportio est ratae partis membrorum in omni opere totiusque commodulatio, ex qua ratio efficitur symmetriarum. namque non potest aedis ulla sine symmetria atque proportione rationem habere compositionis, nisi uti ad hominis bene figurati <speciem> membrorum habuerit exactam rationem.

    Corpus enim hominis ita natura composuit uti os capitis a mento ad frontem summam et radices imas capilli esset decimae partis, item manus palma ab articulo ad extremum medium digitum tantundem, caput a ad súmmum verticen octavae; cum cervicibus imis  ad imas radices capillorum sextae, <a medio pectore>ad summum verticem quartae. ipsius autem oris altitudinis tertia est pars ab imo mento ad imas nares, nasus ab imis naribus ad finem medio superciliorum tantundem, ab ea fine ad imas radices capilli frons efficitur item tertiae partis. pes vero altitudinis corporis sextae, cubitus quartae, pectus item quartae. reliqua quoque membra suas habent commensus proportiones, quibus etiam antiqui pictores et statuarii nobiles usi magnas et infinitas laudes sunt adsecuti.

    Similiter vero sacrarum aedium membra ad universam totius magnitudinis summam ex partibus singulis convenientissimum debent habere commensus responsum. item corporis centrum medium naturaliter est umbilicus. inamque si homo conlocatus fuerit supinus manibus et pedibus pansis circinique conlocatum centrum in umbilico eius, circumagendo rotundationem utrarumque manuum et pedum digiti linea tangentur. non minus quemadmodum schema rotundationis in corpore efficitur, item quadrata designatio in eo invenietur. nam si a pedibus imis ad summum caput mensum erit eaque mensura relata fuerit ad manus pansas, invenietur eadem latitudo uti altitudo, quemadmodum areae quae ad normam sunt quadratae.

    Ergo si ita natura composuit corpus hominis uti proportionibus membra ad summam figurationem eius respondeant, cum causa constituisse videntur antiqui ut etiam in operum perfectionibus singulorum membrorum ad universae figurae speciem habeant commensus exactionem. igitur cum in omnibus operibus ordines traderent, <tum> maxime in aedibus deorum, <quorum> operum et laudes et culpae aeternae solent permanere.

    Nec minus mensurarum rationes, quae in omnibus operibus videntur necessariae esse, ex corporis membris collegerunt, uti digitum palmum pedem cubitum, et eas distrubuerunt in perfectum numerum, quam Graeci τελειον dicunt, perfectum autem antiqui instituerunt numerum qui decem dicitur. namque ex manibus digitorum numero ab palmo pes est inventus. si autem in utrisque palmis ex articulis ab natura decem sunt perfecti, etiam Platoni placuit esse eum numerum ea re perfectum qui ex singularibus rebus, quae μοναδες apud Graecos dicuntur, perficitur decussis. simul autem undecim aut duodecim sunt facti, quod superaverint, non possunt esse perfecti, donec ad alterum decussim perveniant. singulares enim res particulae sunt eius numeri.

    Mathematici vero contra disputantes ea re perfectum dixerunt esse numerum qui sex dicitur, quod is numerus habet partitiones eorum rationibus numero convenientes sic, sextantem unum, trientem duo, semissem tria [bessem quam διμοιρον dicunt quattuor, quintarium quam πενταμοιρον dicunt quinque, perectum sex. cum ad superlationem crescat, supra sex adiecto asse ἐφεκτον, cum facta sunt octo quod est tertia adiecta tertiarum alterum qui ἐπιτριτος dicitur, dimidia adiecta cum facta sunt novem sesquialterum qui ἡμιολιος appellatur, duabus partibus additis et decussi facto bessem alterum quam ἐπιδιμοιρον vocitant, in undecim numero quod adiecti sunt quinque quintarium quam ἐπιπεμπτον dicunt, duodecim autem quod ex duobus numeris simplicibus est effectus διπλαχιον].

    Non minus etiam quod pes hominis altitudinis sextam habet partem, id est ex eo quod perficitur pedum numero corporis sexis altitudinis terminatio, eum perfectum constituerunt, cubitumque animadverterunt ex sex palmis constare digitisque XXIIII.

  • Animales que son dioses: un ejemplo de fanatismo religioso

    Los griegos y romanos están familiarizados en su mitología con la coexistencia de los animales con los dioses. Más aún, concibieron a sus dioses como hombres, lo que de paso permitió concebir a algunos hombres como dioses.

    O más probablemente el proceso fuera a la inversa: cuando algunos hombres se hicieron muy poderosos a partir de la acumulación de riqueza del neolítico (con la agricultura y la cría de animales), concibieron a sus dioses como hombres. En todo caso parece como si en una etapa muy primitiva, correspondiente sin duda a la época de los hombres cazadores, en que existe una vinculación íntima y orgánica con los animales, los animales fueran divinos. Así lo muestra la importancia del tótem en toda civilización.

    En Grecia y Roma quedan algunos restos, aunque de una etapa posterior, en que aparecen animales compuestos: seres mitad hombre mitad animal, generalmente con características divinas, centauros, grifos, esfinges, etc.; culto y ritos dedicados a alguno de ellos como Licaón, el hombre lobo; animales asociados a los dioses como el águila a Júpiter o la paloma a Venus; importancia de algunos animales, como la loba que alimenta a Rómulo y Remo.

    Parece como si estos animales se fueran poco a poco antropomorfizando, van adquiriendo cuerpo de hombre y la divinidad se realiza a partir del animal: primero animales completos, luego mitad hombre mitad animal, luego una parte como  la cabeza de lobo del dios egipcio Anubis, o de halcón de Orus,  luego incluso una  parte de animal menos significativa, como las alas de los pies de Mercurio y finalmente el animal como representación de la divinidad, como el águila de Júpiter.

    Los animales son un elemento esencial en todas las religiones, incluso hoy en día, y en el fondo lo que están indicando es la radical igualdad de todos los seres vivos sobre la tierra; si a Rómulo y Remo los amamantó una loba, a Buda lo engendró un elefante; en el hinduismo la vaca es sagrada; recordemos el papel importante de la paloma en el Cristianismo como “Espíritu Santo”.

    Bien, pese a todo ello los griegos, y desde luego los romanos, no podían entender el culto, reverencia y respeto que los egipcios tenían para con sus animales, desde el escarabajo al halcón, el perro, el cocodrilo o el gato, animal que aparece embalsamado después de muerto como los cuerpos de los hombres. Sin duda les llamaba la atención cómo el egipcio se inclinaba reverente ante el paso de un gato, felino por lo demás desconocido durante mucho tiempo en Roma y de ninguna manera doméstico.

    Diodoro Sículo (de Sicilia quiere decir el nombre) nos cuenta un episodio en el que este desconocimiento de las costumbres egipcias le costó muy caro a un romano, a un ciudadano romano, incluso cuando ser ciudadano romano implicaba disfrutar de un estatuto de derechos único en aquel mundo.

    Nos relata Diodoro, Biblioteca Histórica (Estantería de Historia sería la traducción literal) I, 83,8-9  un caso en el que él mismo fue testigo:

    En cuanto a la consagración de los animales en Egipto , esta práctica les parece naturalmente a muchos extraordinaria  y digna de estudio.  Los egipcios veneran de manera especial y no sólo durante su vida sino también después de su muerte a ciertos animales; así a los gatos,  perros e insectos como las  avispas , y también a los halcones y a los pájaros que llaman  " ibis ", así como a los lobos y a los cocodrilos y a muchos otros animales de este tipo. Comentaremos luego los motivos de tal adoración, después de hablar brevemente  sobre los propios animales .

    En primer lugar, a de cada tipo de animal para el que se ha acordado su culto,  se le ha  consagrado una parte de  tierra que resulta suficiente  para su cuidado y sustento;  por otra parte, los egipcios hacen votos a algunos dioses en nombre de sus hijos, que se han librado  de una enfermedad; en este caso  se afeitan el cabello y entregan a los cuidadores de los animales mencionados el dinero que vale su peso (de los cabellos) en plata u oro.

    Cortan carne para los halcones y los llaman con un fuerte grito dirigido hacia ellos, hasta que la cogen al vuelo, mientras que a los gatos y a las avispas desmenuzan el pan en leche y los llaman con un cloqueo de la lengua cuando se lo ponen enfrente o incluso les cortan pescado del río Nilo y los alimentan con su carne;  y de la misma manera se les proporciona a los otros tipos de animales la comida adecuada.

    Y en cuanto a los distintos cuidados que estos animales requieren, los egipcios no sólo no tratan de evitarlos o sienten vergüenza de ser vistos por la multitud cuando los atienden, sino que al contrario, en la creencia de que participan en los ritos más importantes del culto divino, se sienten importantes  y revestidos de sus insignias especiales, dan vueltas por la ciudad y por el campo. Y como se puede ver desde lejos el cuidado con que atienden a estos animales, todos cuantos se encuentran con ellos se postran ante ellos y les rinden honores.

    Cuando uno de estos animales muere, lo envuelven en fina tela de lino luego , llorando y golpeándose el pecho , lo llevan a ser embalsamado;  y después de haber sido tratado con aceite de cedro y especias que tienen la cualidad de impartir un olor agradable y de preservar el cuerpo por  largo tiempo, lo depositan fuera en una tumba consagrada.

    Y el que mata intencionadamente a uno de estos  animales es condenado a muerte , a menos que sea un gato o un ibis lo que ha matado; porque si mata a uno de ellos, sea intencionalmente o no  es condenado a muerte;  incluso la gente normal se lanza  multitudinariamente sobre él y se comporta con el infractor con la mayor crueldad, incluso a veces se comportan así sin esperar al juicio.

    Y por el temor a este castigo, si alguien divisa a uno de estos animales que yace muerto, se mantiene a una gran distancia y grita con lamentos y quejas que él lo ha encontrado ya muerto.

    Tan profundamente está  implantada en el corazón de la gente común esta visión supersticiosa de estos   animales y tan inalterables son las emociones mantenidas  por todos los hombres en  lo que respecta al honor debido a ellos, que una vez, en el tiempo  en que su rey Ptolomeo todavía no había recibido  de los romanos el título de “amigo”  y el pueblo agasajaba y cortejaba con todo celo el favor de la embajada de Italia que visitaba Egipto, y en su temor, procuraban  no dar ningún motivo de queja ni para la guerra, cuando un romano mató un gato y la multitud se lanzó en masa a su casa, ni los oficiales enviados por el rey  para suplicar por el hombre ni el temor de Roma que todo el pueblo sentía fueron suficientes para salvarlo del castigo, incluso a pesar de que su acto había sido un accidente.

    Y este incidente lo cuento no porque lo oí, sino que lo  vi con mis propios ojos, con ocasión de la visita que hice a Egipto.

    Naturalmente huelga todo comentario.

  • “La asamblea de los dioses” de Luciano de Samósata, un ejemplo antiguo de ironía, humor y libertad de expresión

    ¿Tiene límites el derecho a la libertad de expresión? La gran mayoría de las personas defienden el derecho genérico a la libertad de expresión, pero no todo el mundo lo entiende de la misma manera. Hay un campo especialmente confuso en el que el acuerdo parece imposible; es el campo de las creencias religiosas.

    En mi libre opinión, debe defenderse de manera absoluta la tolerancia y el respeto a  todas las personas no violentas, sean cuales sean sus creencias. Pero, ¿se deben respetar las creencias e ideas en abstracto que chocan con las ideas y creencias propias?

    Si por respeto se entiende la tolerancia, por supuesto que se debe ser tolerante absolutamente; si por respeto se entiende la imposibilidad o la prohibición de expresar las propias ideas porque su manifestación puede ofender a quienes tienen ideas distintas, no se deben respetar, porque los derechos y deberes, aun distintos, han de ser recíprocos. Si una persona tiene derecho a expresar su creencia en que su dios es el único y verdadero (Jahvé, Jesús, Alá), quien no lo cree así tiene también el mismo derecho a expresar lo contrario. 

    Esto, que parece evidente en abstracto, encuentra muchas dificultades en la práctica, porque todas las religiones elevan a la categoría de dogmas esenciales y por tanto incuestionables lo que en el fondo no son sino mitos, como bien enseña la Historia.

    Incluso para los más tolerantes  es difícil establecer en estas cuestiones el límite o las líneas rojas que, por ejemplo, han de respetar el humor y la ironía sobre estos temas y no deben traspasarse.

    Alguien podría pensar que estos problemas son exclusivos del mundo actual; nada más lejos de la realidad. Reproduzco uno de los diálogos de Luciano de Samósata en el que ridiculiza con su acostumbrada ironía las creencias de su tiempo, que nosotros luego conocimos como “paganismo” según la terminología del cristianismo triunfante.

    Este texto hoy resulta absolutamente inocuo; han pasado mil ochocientos años y se refieren a una religión que desapareció y que resulta chocante con el racionalismo y positivismo que hoy impregna en gran medida casi toda la cultura actual. Pero cuando Luciano escribe, en el siglo II de Cristo, los dioses a los que ridiculiza tienen templos a ellos dedicados, hay sacerdotes que dirigen su culto y reciben sacrificios de miles de víctimas de fieles cuyos sentimientos tienen tantos derechos como los de los creyentes actuales y que tal vez no se sintieran muy contentos con los comentarios de Luciano.

    Este tema de la religión en todas sus variedades y el de los filósofos y sus múltiples escuelas son dos de los temas preferidos de la sátira de Luciano de Samósata, cuya lectura completa es muy recomendable.

    Luciano tiene una famoso diálogo, el llamado “Diálogos de los dioses”, en el que presenta veinticinco conversaciones entre dioses en las que ridiculiza los aspectos más chocantes de su mitología.  No es éste el que reproduzco sino el titulado “La asamblea de los dioses”. Concibe el diálogo como una reunión de los dioses presidida por Zeus, a la manera de un tribunal que adopta acuerdos o decretos.

    En este diálogo, el más crítico sin duda en este tema, critica a los dioses extranjeros que se han ido asentando en el espacio griego y romano así como la deificación de ideas abstractas tales como la Virtud, la Naturaleza, el Destino, el Azar. Los interlocutores son Zeus, el padre de los dioses, Hermes, que convoca la asamblea y Momo, que es el dios de la sátira y representa la voz de  la censura.

    Recordemos el ambiente de proliferación de cultos y de extensión en Roma y en el resto del Imperio Romano de religiones mistéricas orientales y de cultos egipcios, todos coincidentes en el mensaje de salvación eterna en el más allá incluso para los más pobres y desamparados de este mundo. Es una época en el que el ambiente religioso y cultural favorece todo sincretismo. Véase  https://www.antiquitatem.com/mitraismo-cristianismo-solsticio 

    Pero este diálogo refleja un ambiente y entorno de respeto de “la libertad de expresión” que quizás hoy nos ayude a relativizar las cosas y enfocar cuestiones tan susceptibles de enervar el pensamiento de los creyentes actuales con un poco más de calma y tranquilidad de la que suele imperar.

    Lo reproduzco íntegro, ya que  no es de excesiva extensión, en la versión de  Juan Botella Zaragoza,  publicada Gredos, 1990; editorial en la que el lector podrá encontrar la edición íntegra de los diálogos de Luciano, propósito que se me antoja muy recomendable, como decía.

    Texto:

    ZEUS:  No andéis murmurando, dioses, ni sigáis cuchicheando entre vosotros, reuniéndoos por las esquinas, a causa de vuestra indignación porque muchas personas indignas participan de nuestros banquetes. En cambio, puesto que se ha autorizado una asamblea para tratar estos temas, que cada uno diga públicamente su opinión y presente sus cargos. Y tú, Hermes, haz la proclamación pública requerida por la ley.

    HERMES: Escucha, calla. ¿Quién de los dioses numerarios a los que se les permite hablar desea hacerlo? El debate será sobre residentes y extranjeros.

    MOMO: Yo, Momo,Zeus, si me das permiso para hablar.

    ZEUS: La propia proclamación ya te lo permite, de modo que no necesitarás mi permiso.

    MOMO: Pues bien, yo afirmo que es intolerable lo que hacen algunos de nosotros, que no se conforman con haberse convertido ellos mismos de seres humanos en dioses sino que encima, si no consiguen que se reconozca a sus servidores y criados con los mismos derechos que a nosotros, creen que no han hecho nada importante ni valiente. Y yo te pido, Zeus, que me permitas hablar con franqueza, ya que no podría hacerlo de otra manera, sino que todos saben que yo soy muy independiente de lengua y no podría pasar por alto nada que no esté bien. Y lo critico todo y digo públicamente lo que me parece, sin miedo a nadie y sin ocultar mi opinión por vergüenza. Por ello muchos me consideran molesto y de temperamento maledicente y me llaman acusador público. Sin embargo, puesto que la ley lo permite y así ha sido proclamado, aparte de que tú también, Zeus, me das permiso para hablar con libertad, hablaré sin reservas.
    Afirmo, en efecto, que muchos, no contentos con participar personalmente en nuestras asambleas y banquetes en igualdad de derechos, a pesar de ser mortales a medias, encima nos traen al cielo a sus propios criados y colegas y los inscriben fraudulentamente, de modo que ahora participan en igualdad de derechos de nuestros repartos de carne y de los sacrificios, pero no nos pagan siquiera el impuesto de residentes.

    ZEUS: No hables en términos enigmáticos, Momo, sino con claridad y explícitamente, añadiendo incluso el nombre, puesto que ya has lanzado tu discurso al medio y muchos están comparando y acomodando tus observaciones a unos y otros. Tú que confiesas ser  sincero no debes tener miedo a decir nada.

    MOMO: Estupendo, Zeus, ya que me incitas a la franqueza. De este modo te comportas regiamente y con magnanimidad, de modo que voy a decir incluso nombres. En efecto, este incomparable Dionisio, que es medio humano y ni siquiera es griego por parte de madre, sino hijo de la hija de un comerciante siriofenicio llamado Cadmo, tan pronto como se vio honrado con la inmortalidad, no voy a hablar de su aspecto personal, ni de su mitra, ni de su borrachera, ni de sus andares, pues estoy seguro de que todos conocéis su naturaleza amanerada y afeminada, medio loco, apestando a tinto desde la madrugada,  pero nos ha metido a todo el clan, comparece al frente de su coro y ha convertido en dioses a Pan, a Sileno y a los Sátiros, la mayoría de ellos campesinos y cabreros, saltarines y con figuras extrañas. Uno tiene cuernos, con la mitad inferior de aspecto de cabra, provisto de larga barba, apenas distinto de un macho cabrío. Otro es calvo, viejo, chato de nariz, montado generalmente en un asno, lidio él, los Sátiros con las orejas puntiagudas, también ellos calvos, cornudos, como suelen tener los cuernos los cabritos recién nacidos, y algunos son frigios. Todos tienen rabo. ¿Ya veis qué clase de dioses nos ha fabricado el muy noble?
    ¿Y luego nos extrañamos de que los hombres nos desprecien, cuando ven dioses tan ridículos y portentosos? Porque omito decir que también trajo dos mujeres, una enamorada de él, Ariadna, cuya corona incluyó en el coro de las estrellas, y la otra la hija del granjero Icario. Y lo más ridículo de todo, dioses, es que el perro de Erígone también se lo trajo, para que la niña no sufriera si no podía tener en el cielo aquel perrito suyo predilecto. ¿No os parece esto una insolencia, un insulto de borracho y una burla? Pero dejad que os hable también de otros.

    ZEUS: No digas nada, Momo, ni de Asclepio ni de Heracles, que ya estoy viendo a dónde te dejas llevar en tu discurso. Porque uno de ellos es médico y cura a la gente de sus enfermedades  y es “equivalente a muchos hombres”, mientras Heracles, que es hijo mío, compró la inmortalidad pagándola con muchos trabajos, de modo que no los denuncies.

    MOMO: Me callaré por ti, Zeus, aun pudiendo decir muchas cosas. Aunque no sea otra cosa, todavía tienen las señales del fuego. Si pudiera emplear también la franqueza hablando de ti, también podría decir mucho.

    ZEUS: Pues conmigo tienes la máxima licencia. ¿Es que vas a acusarme de extranjería también a mí?

    MOMO: En Creta no sólo puede oírse esto de ti sino que dicen también otra cosa y muestran tu sepultura. En lo que a mí se refiere, ni me dejo convencer por ellos ni de los aqueos de Egio, que afirman que eres un niño cambiado por otro. En cambio voy a decir lo que me parece más digno de censura.

    Porque fuiste tú, Zeus, quien originó tales infracciones y fuiste la causa de que se bastardeara nuestro cuerpo político cuando ligaste con las mortales y bajaste a visitarlas cada vez en una forma distinta, hasta el punto de que nosotros temíamos que alguien te cogiera y te sacrificara cuando eras un toro o que algún orífice te trabajara cuando eras oro y te nos convirtieras de Zeus en collar, brazalete o pendiente. Lo cierto es que nos has llenado el cielo de estos semidioses. No podría hablar de otra manera. Y resulta muy ridículo cuando alguien oye de repente que Heracles ha sido declarado dios, y que Euristeo, que estuvo dándole órdenes, ha muerto, y que cerca del templo de Heracles, que era su criado, está la tumba de Euristeo su amo. A su vez, en Tebas Dioniso es un dios, pero sus primos Penteo, Acteón y Learco son los más desgraciados de todos los seres humanos.

    Porque desde que tú, Zeus, por primera vez abriste las puertas a estos y te dedicaste a las mujeres mortales, todos te han imitado, y no sólo los machos, sino, lo que es más vergonzoso, también las diosas hembras. Porque, ¿quién no conoce a Anquises, a Titono, a Endimión y a Yasión y al resto de ellos? De modo que creo que voy a pasar por alto estas incidencias, porque resultaría demasiado largo censurarlas.

    ZEUS: No hables de Ganímedes, Momo, porque me enfadaré si molestas al muchacho metiéndote con su familia.

    MOMO: ¿Entonces tampoco voy a poder hablar del águila, puesto que también ella está en el cielo, posada sobre el cetro real y casi anidando sobre tu cabeza, pasando por ser un dios? ¿Pasaré también de ella por gracia de Ganímedes?

    Pero en todo caso, ¿de dónde se han inmiscuido entre nosotros Atis, Coribas, Sabacio o el famoso Mitra, el medo, el del caftán y la tiara, que ni siquiera habla griego y no se le entiende cuando ofrece un brindis? Por eso, los escita, al ver esta situación, y los getas entre ellos, nos mandan a paseo y también ellos conceden la inmortalidad y votan dioses a los que desean, de la misma manera que Zamolxis, siendo esclavo fue inscrito en la lista fraudulentamente, sin que pueda saberse cómo pasó desapercibido.

    Aunque todo esto son cosas sin importancia, dioses. Pero tú, cara de perro, egipcio vestido de lino, ¿quién eres, buen hombre, o cómo pretendes ser un dios con tus ladridos? ¿O con qué pretensión es adorado este toro moteado de Menfis, da oráculos y tiene profetas? Porque me da vergüenza hablar de los ibis, los monos y otras criaturas mucho más ridículas que se nos han metido no sé cómo en el cielo procedentes de Egipto. ¿Cómo podéis aguantar, dioses, el ver que se les rinde culto tanto o más que a vosotros? O tú, Zeus, ¿cómo lo llevas cuando te ponen cuernos de carnero?

    ZEUS: Todo lo que estás diciendo de los egipcios es verdaderamente vergonzoso. Sin embargo, Momo, la mayor parte de esas cosas son simbólicas y no debe burlarse demasiado de ellas uno que no está iniciado en los misterios.

    MOMO: ¡Pues sí que necesitamos nosotros muchos misterios, Zeus, para saber que los dioses son dioses y las cabezas de perro, cabezas de perro!

    ZEUS: Te digo que dejes de hablar de los egipcios. En otra ocasión podemos hablar de ellos con más tiempo. Dedícate a hablar de los otros.

    MOMO: Trofonio y (lo que más se me atraganta) Anfíloco, que era hijo de un hombre maldito y parricida, profetiza el muy pillo en Cilicia, mintiendo por lo general y timando con su charlatanería a la gente por dos óbolos. Precisamente por eso tú ya no tienes fama, Apolo, sino que ya cada piedra y cada altar emite oráculos, con tal de que se empape de aceite, tenga coronas y disponga de un charlatán, de los que hay una gran abundancia. Ya hasta la estatua de Polidamante el atleta cura las fiebres en Olimpia, la estatua de Teágenes hace lo mismo en Taso; le ofrecen sacrificios a Héctor en Ilión y a Protesilao en la orilla de enfrente, en el Quersoneso. Desde que somos tantos, han crecido el perjurio y el sacrilegio y en general nos desprecian, y hacen bien.

    Ya basta con lo dicho sobre los bastardos y los registrados fraudulentamente. Pero yo he oído también muchos nombres extraños de seres que ni existen entre nosotros ni pueden mantenerse como realidades, Zeus, y yo me carcajeo de ellos. Porque, ¿dónde está la célebre Virtud, la Naturaleza, el Destino y el Azar, nombres sin consistencia y carentes de realidad,  imaginados por hombres bobalicones, los filósofos. Y, sin embargo, a pesar de ser nombres improvisados, de tal manera han persuadido a los ignorantes, que nadie está ya dispuesto a ofrecernos sacrificios a nosotros, convencidos de que aunque ofrezcan mil hecatombes la fortuna hará lo que ya está decidido por el destino y lo que desde el principio ha sido hilado a cada uno por las Parcas. Me gustaría preguntarte, Zeus, si tú viste en alguna parte la virtud, la fortuna o el destino. Yo ya sé que tú has oído hablar siempre de ellos en las discusiones de los filósofos, a menos que estés tan sordo que no seas capaz de oírlos vociferando.

    Aunque tengo todavía muchas cosas que decir, voy a poner fin a mi discurso, porque estoy viendo que a muchos les molestan mis palabras y están silbando, sobre todo los afectados por mi libertad de expresión. Para terminar, pues, si me lo permites, voy a leer un proyecto de decreto que ya tengo redactado.

    ZEUS: Léelo, pues en realidad no todas tus acusaciones eran absurdas y hay que parar muchas de ellas para que no crezcan demasiado.

    MOMO: “¡Que sea para bien! Decreto: En una asamblea regular celebrada el día siete del mes en curso, bajo la presidencia de Zeus, dirigiendo la mesa Posidón, con Apolo al frente y actuando de secretario Momo, hijo de la noche, el Sueño presentó la siguiente propuesta:

    ‘Puesto que muchos extraños, no sólo griegos sino también bárbaros, que no son dignos en absoluto de participar de nuestro sistema político), inscritos fraudulentamente no sé cómo y pasando por dioses han llenado el cielo, hasta el punto de que está repleto el banquete de una turba tumultuaria de gentes de múltiples lengua que son pura morralla, considerando que escasean la ambrosía y el néctar, hasta el punto de que una copita cuesta ya una mina por la gran afluencia de bebedores; considerando que llegan en su patanería a expulsar a los dioses antiguos y verdaderos y reclaman la preferencia para sí mismos, en contra de todas las tradiciones y pretenden ser honrados con prioridad en la tierra. Por todo ello:

    ‘Resuelvan el Consejo y el pueblo convocar una asamblea en el Olimpo para el solsticio de invierno y elegir siete dioses numerarios como árbitros, tres del antiguo Consejo del tiempo de Crono, cuatro elegidos de los doce, Zeus entre ellos; que estos árbitros actúen como magistrados después de prestar el juramento tradicional invocando a la Estigia, que Hermes convoque mediante proclama pública a cuantos pretenden formar parte de nuestra asamblea y que éstos se presenten con testigos bajo juramento y certificados de nacimiento. Que a continuación comparezcan de uno en uno y los árbitros después de la oportuna investigación los declaren dioses o los envíen a las tumbas y sepulturas de sus antepasados. Y si alguno de ellos resulta convicto de haber sido reprobado una vez por los jueces y haber regresado al cielo, éste sea lanzado al Tártaro.

    ‘Resuelva también que cada uno realice sus propias labores y ni Atenea se dedique a curar ni Asclepio emita oráculos ni Apolo lleve a cabo él solo tantas actividades, sino que debe elegir una sola y ser adivino, cantante o médico.

    ‘Hay que advertir a los filósofos para que no modelen palabras hueras ni parloteen de lo que no saben. Y cuantos se consideraron dignos de templos o de sacrificios, hay que derribar sus estatuas y poner en su lugar las de Zeus, Hera, Apolo o alguno de los otros, mientras la ciudad debe levantarles un túmulo sepulcral y poner sobre él una estela en vez de un altar. Y si alguno desatiende el pregón y no está dispuesto a presentarse a los árbitros, se le debe condenar en rebeldía.”

    ZEUS: Este decreto vuestro es muy justo, Momo. El que esté de acuerdo, que levante la mano; o más bien, que se cumpla, porque sé que serán más los que voten en contra. Y ahora podéis iros. Cuando Hermes haga la proclamación, presentaos trayendo cada uno sus señas de identificación inequívocas y los certificados claros, con el nombre del padre y de la madre, por qué y cómo se convirtió en dios, y la tribu y sus cofrades, porque quienquiera que sea el que no traiga los papeles, no les importará a los árbitros en absoluto el que tenga un gran templo en la tierra o si los hombres lo consideran un dios.

    Nota: hay quien considera este diálogo de Luciano como una gran metáfora en la que en realidad lo que se critica es la situación política del momento, coincidente con el gobierno del emperador Marco Aurelio y la situación de aquellos años en Atenas.   Es posible que la situación política del momento animase a Luciano a escribir el diálogo, pero eso en nada invalida la crítica los dioses. Claro que el segundo campo, o el primero en el fondo,  en el que la crítica y el derecho de expresión tiene más limitaciones es el de la crítica política y social  al  poder establecido.  Los dictadores de todos los tiempos suelen ser poco comprensivos y permisivos con los inteligentes humoristas que reflejan agudamente su tiranía.