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  • Un “mentalista” muy antiguo pone a prueba el amor de un padre

    Existe una serie de televisión de la cadena norteamericana CBS de cierto éxito que se llama “El mentalista”, (The Mentalist en su versión original). El protagonista, se reconoce a sí mismo como “mentalista”, que colabora con la policía para resolver todo tipo de casos e identificar a los culpables de los crímenes utilizando su clarividencia, su agilidad y capacidad de análisis mental y su gran capacidad de observación del comportamiento humano, que reacciona de determinada manera a determinados estímulos. La mente y su poder es el único instrumento de que se sirve. A veces no es muy ortodoxo ni respetuoso con la ley al utilizar determinados métodos, pero el resultado siempre es la identificación y castigo de los criminales.

    Leyendo a Luciano de Samósata, varias veces comentado en este blog, encuentro un hecho o una anécdota,  en la que un médico, utilizando también su clarividencia y su capacidad de observación de la conducta de los hombres, descubre la naturaleza de la grave enfermedad de un muchacho, hijo del rey, y es capaz de resolverlo.

    La historieta, muy conocida en la Antigüedad (es narrada también por Plutarco, Apiano, Valerio Máximo y otras varias citas), ha gozado de gran éxito posteriormente como motivo de todas las artes: literatura, pintura, música, etc. como más abajo comentaré.

    Aunque no se trate de dos casos realmente iguales, la lectura de Luciano me ha recordado a la serie citada porque el único instrumento del que se vale el médico es su mente y su capacidad de razonamiento y además crea las condiciones adecuadas para resolver el problema positivamente.

    Lo más apropiado será leer directamente el diálogo de Luciano en el que lo cuenta de manera concisa. Se trata del titulado “Sobre la diosa Siria”, 17, en el que nos describe los templos y cultos religiosos de su país, Siria.

    …Dicen que el templo actual no es el que se había construido primero, sino que éste se derrumbó posteriormente y el que ahora existe fue obra de Estratonice, mujer del rey de los asirios.
    Yo creo que es la misma Estratonice de la que se enamoró su hijastro, al que delató el ingenio de su médico. En efecto, cuando le sobrevino el enamoramiento, perplejo por un mal que le parecía vergonzoso sufría calladamente, yacía sin tener ningún dolor, el color de su piel se le alteró por completo y su cuerpo día a día se debilitaba. El médico, cuando vio que no tenía ninguna enfermedad notoria, se dio cuenta de que estaba enfermo de amor; son muchos los síntomas de un amor secreto: mirada desvaída, la voz, el color de la piel, las lágrimas. Cuando lo comprendió hizo lo siguiente: con la mano derecha palpaba el corazón del jovencillo mientras hacía llamar a todos los de la casa; el muchacho se mantuvo muy tranquilo mientras entraban todos los demás, pero al llegar su madrastra se le mudó el color de la piel, le entraron temblores y el corazón le daba saltos. Lo ocurrido puso en evidencia para el médico el enamoramiento del muchacho y lo curó de la siguiente manera: mandó llamar al padre del chico, que estaba completamente asustado, y le dijo: “El mal por el que está debilitado el muchacho, no es una enfermedad, sino un pecado, pues no sufre dolores, pero padece de mal de amor y de demencia. Desea lo que nunca alcanzará, porque ama a mi mujer, a la que no pienso renunciar.” Así mentía el médico con astucia. Y el otro al punto le suplicaba: “Por tu sabiduría médica, no me destruyas a mi hijo, pues no incurrió en esta desgracia por su voluntad, sino que su enfermedad es involuntaria. Por ello no causes por despecho un sufrimiento a todo el reino ni asesines a la medicina siendo médico.” Así suplicaba el Rey en su ignorancia. Y el médico le contestó: “Tratas de forzar una injusticia al intentar destruir mi matrimonio y extorsionar a un médico. ¿Qué hubieras hecho tu mismo si el muchacho deseara a tu esposa, y yo te hiciera la misma petición?” Y  él a esto replicó que tampoco escatimaría a su mujer ni regatearía la salvación de su hijo, aunque estuviera enamorado de su madrastra, pues no era igual desgracia perder a la esposa que al hijo. Cuando oyó esto el médico le dijo: “¿Qué me estás suplicando? Porque el muchacho desea a tu esposa, y lo que yo te dije era todo mentira”. El Rey se dejó convencer por estas palabras y le dejó a su hijo la mujer y el reino, y él se dirigió al país de Babilonia, y fundó junto al Éufrates una ciudad a la que dio su propio nombre, donde también le sobrevino la muerte. Así diagnosticó el médico el amor y lo curó.
    (Traducción de Juan Botella Zaragoza. Edit. Gredos, 1990)

    Aunque Luciano solo nos da el nombre de Estratonice, la mayoría de los autores que cuentan la misma historieta nos dicen que la reina era hija de Demetrio Polorcetes, el rey era Seleuco I Nicátor , el muchacho fue Antioco I Soter (324-261) y el médico era el famoso Erasístrato.

    La similitud con el protagonista de la serie televisiva puede a algún amable lector parecer escasa. Es cierto que en la primera parte, en la que el médico descubre la causa al percibir alterado el pulso del muchacho, más bien se parece a una humana “máquina de la verdad” de las que reflejan en un gráfico las alteraciones físicas de las personas ante la presencia de determinados estímulos. Observo más parecido con la presentación televisiva en la agudeza con la que el médico prepara el embrollo o piadosa mentira para encontrar la solución.

    Para mayor claridad reproduzco también el relato  de Plutarco según la traducción de “Vidas Paralelas de Plutarco” realizada por el  jurista y helenista Antonio Ranz Romanillos, 1759-1830, que nació en Barcones (Soria), pueblo cercano a Sigüenza, en cuyo seminario estudió. Fue persona relevante en el agitado siglo XIX. Dedicó los últimos nueve años de su vida a la monumental empresa de traducir las “Vidas” de Plutarco.

    Plutarco, Vida de Demetrio, 38

    XXXVIII. Habiéndole sido tan favorable la Fortuna, supo que los hijos y la madre habían logrado caer libres, recibiendo todavía dones y honores de parte de Tolomeo; y supo asimismo de su hija casada con Seleuco, que lo estaba con Antíoco, hijo de éste, y que había sido proclamada reina de las provincias altas. Porque sucedió, según es fama, que Antíoco se enamoró de Estratonica, que era joven; mas tenía ya un hijo de Seleuco, por lo que vivía en la mayor aflicción y congoja, luchando con el mayor esfuerzo contra esta pasión; tanto, que considerando lo desordenado de sus deseos y lo insufrible de su mal, andaba meditando el modo de librarse de la vida, y pensó salir de ella poco a poco con no cuidarse de remedios y con acortar la comida, fingiendo en tanto que se hallaba enfermo. El médico Erasístrato comprendió sin dificultad que estaba enamorado; pero deseando descubrir de quién, lo que no era tan fácil, se quedó a habitar en su propia cámara; y si entraba algún mancebo o alguna joven de agraciada figura, miraba a Antíoco al rostro, y observaba los miembros y movimientos del cuerpo, que naturalmente son afectados cuando el ánimo sufre una vehemente impresión. Viendo, pues, que cuando entraban los demás ninguna novedad tenía, y que cuando entraba Estratonica, que iba muchas veces, o sola o acompañada de Seleuco, se notaban en él todas aquellas señales de Safo: apocamiento de la voz, encendimiento del color, caimiento de los ojos, repentinos sudores, alteración e intercadencia del pulso y, finalmente, que tenía desmayos, dudas, temores, y poco a poco se iba quedando pálido, conjeturó Erasístrato, por todos estos indicios, que el hijo del rey no estaba enamorado de otra sino de ésta, y que había hecho ánimo de callarlo hasta morir. Miraba por tanto como muy expuesto el manifestar y referir estas observaciones; mas fiado, sin embargo, en el grande amor de Seleuco a su hijo, aun se resolvió un día a decirle que aquel joven estaba enfermo de amores, pero de amores imposibles e insanables. Admirado al oírlo, “¿Cómo insanables?”, repuso. “Porque está enamorado de mi mujer” le respondió entonces Erasístrato; a lo que continuó Seleuco: “¿Pues cómo, no cederías, ¡oh Erasístrato!, a mi hijo este casamiento siendo tan su amigo, mayormente viendo hasta qué punto nos tiene a todos sin sosiego?” “Porque ni tú con ser su padre- le replicó Erasístrato tendrías semejante condescendencia si sus deseos se dirigieran a Estratonica”; y entonces Seleuco: “¡Ojalá entre los dioses o los hombres hubiera, amigo mío, quien pudiera hacer repentinamente esta mudanza en la enfermedad, que yo tendría a dicha hasta ceder el reino por ver recobrado a mi hijo!” Pronunció Seleuco estas palabras con grande agitación y derramando lágrimas, y Erasístrato, tomándole la diestra: “Todo está remediado- le dijo- porque siendo padre, marido y rey, serás también el mejor médico de tu casa”. En consecuencia de esto, convocando Seleuco el pueblo a junta general, le dijo ser su voluntad y tener determinado declarar rey de todas las provincias altas a Antíoco y reina a Estratonica, enlazándose ambos en matrimonio; que en cuanto a su hijo, creía que habiéndole sido siempre sumiso y obediente, no se opondría a este casamiento; mas que si la esposa tuviese alguna dificultad, por ser cosa desusada, se llamase a las personas más de su confianza para que la instruyesen y persuadiesen que debía reputar por bueno y justo lo que el rey resolvía para el bien común. Tal se dice haber sido la ocasión y el motivo del matrimonio de Antíoco y Estratonica.

    Nota: la referencia a Safo puede encontrarse explicada en este mismo blog en https://www.antiquitatem.com/catulo-safo-lesbianismo-amores-saficos

    La versión de Apiano la incluyo al final de este artículo por si algún lector curioso quisiera conocerla. Es básicamente el mismo relato, con algunas consideraciones que nos explican el hecho de la abdicación del rey desde un punto de vista político. Su lectura ahora podría resultar reiterativa.
    También reproduzco al final la versión de Valerio Máximo, que utiliza la historieta como ejemplo de amor paterno.

    Por lo demás las citas y referencias en el mundo antiguo son numerosas. Así el propio Luciano se refiere a él en dos ocasiones más, en Icaromenippo 15; El medico Galeno (130-200/216) se refiere a él en XIV 626, 631 <633>, XVIII B 40: 18; Juliano  Misopogon 60-64;  en la Enciclopedia Suidas bajo el nombre Erasistratos, Ἐρασίστρατος.

    En el mundo antiguo hay referencias a otras historietas similares. En la Vida de Hipócrates, de Sorano de Éfeso,  se cuenta una historia en la que interviene el médico Hipócrates referida a Perdicas, hijo de Alejando I de Macedonia, enamorado de Fila, la concubina de su padre.

    Hay un poema anónimo de 290 hexámetros, del siglo V, llamado Aegritudo Perdicae, La enfermedad de Perdicas, que algunos atribuyen a Draconcio, en el que el joven Perdicas está enamorado incestuosamente de su madre y anuncia su decisión de suicidarse.

    Una historia muy parecida, prácticamente igual,  referida ahora a una concubina con personajes no regios y de otro nombre nos la cuenta Aristéneto (autor griego del siglo V-VI) en una de sus Cartas de amor (I 13). El resumen de la carta, que en otro momento comentaré como ejemplo también de amor paterno, dice así:

    Un hijo deseaba a la concubina de su padre. Un médico diagnosticó su amor con la ayuda de la suerte más que de la ciencia, y con un buen plan convence al padre de que conceda la concubina a su hijo.

    Algún lector podrá preguntarse si ésta historieta es historia verdadera o pura ficción literaria o cuento popular. Desde luego todo lo relatado resulta verosímil, pero tampoco tenemos ningún elemento objetivo que pruebe su historicidad. La duda es razonable a la vista de las características de la historia antigua, más próxima con frecuencia a la literatura que a la historia científica y comprobada. Por la existencia de otras “historias” similares en el mundo antiguo, como acabamos de ver, consolida la sospecha de que no sea “historia verdadera”. En todo caso parece razonable concluir que, como tantas otras cosas narradas por los historiadores antiguos, ésta también se mueve en la frontera entre la historia y la ficción.

    Esta historia tuvo, pues, gran éxito en la Antigüedad y también posteriormente. Aparece, por ejemplo, en la Edad Media en las Gesta Romanorum, 40.

    Boccaccio (1313-1375) lo incluye en su Decameron, II,8. Ahora es el hijo de un mariscal del rey de Inglaterra el que enferma enamorado de la hija del conde de Anversa, a quien habían recogido sus padres como pordiosera, desconociendo su verdadero origen. Los actores son distintos, la historia es la misma.

    Petrarca (1304-1374)) la incluye también en su poema, El Triunfo del Amor Trionfo d’Amore II, 109 y ss:

    dijo: "Yo soy Seleuco, éste es Antíoco
    mi hijo, que contigo tenía una gran guerra;
    pero la razón no tiene cabida contra la fuerza.
    Esta, primero mía, fue su esposa después,
    porque para librarlo de una muerte de amor
    Se la di a él, y 'el regalo entre nosotros fue lícito’,
    Stratonica  es su nombre, y nuestro destino,
    como ves, indiviso; …..

    y sigue el poema…

    disse: « Io Seleuco son, questi è Antïoco
    mio figlio, che gran guerra ebbe con voi;
    ma ragion contra forza non ha loco.    
    Questa, mia in prima, sua donna fu poi,
    ché per scamparlo d’amorosa morte
    gliel diedi, e ’l don fu lecito tra noi.   
    Stratonica è ’l suo nome, e nostra sorte,
    come vedi, indivisa; …

    Con estos dos italianos su presencia e influencia en la literatura moderna está asegurada. Es el argumento de una novela de Leonardo Bruni (1369-1444), de una obra de teatro de Camoens (circa 1543); de una novela de Mateo Bandello; William Painter (1540? –  1594)  en su Palace of Pleasure (1566); una novela de Luca Assarino (1635); Brosse (1645) cambiando el suceso; ahora es la muchacha la que está enamorada del hijo del rey; lo que imitó Corneille. Philippe Quinault (1657) o Barnabé Farmian Durosoy (1786) la habían llevado al teatro.

    En España destaca Agustín Moreto y Cavana (1645) que en su obra Antioco y Seleuco  pinta los conflictos psicológicos de los protagonistas que se mueven entre su deber filial y su interés personal erótico. Este tema e aparece luego en El sí de las niñas de Leandro Fernández de Moratín o en Pepita Jiménez de Juan Valera.

    De la extensión de la historia puede darnos idea el hecho de que también sea una balada o canción que se cantaba al son de la vihuela. Así quedó incluida como tal en la última edición de Esteban Daza titulado “Libro de música en cifras para vihuela, intitulado el Parnasso", publicado en Valladolid en 1576.
    Por su curiosidad reproduzco el texto de esta balada: 

    Enfermo estaba  Antioco, Príncipe de la  Suría,
    De Estratonice la Reina ferido de amor yacía.
    Muger era de su padre Rey Demetrio se decía
    el rey era viejo anciano y ella linda á maravilla.
    Mal doliente está en la cama calla y siempre padecía
    por ser como es su madrastra sufre y la llaga encubría.
    Determina de morir antes que de su mal diga
    y cuanto él más lo encubre muy mayor daño la hacía.
    Muchos médicos le curan ninguno la causa atina
    uno, tomándole el pulso la reina que á verlo iba,
    alteróse al punto tanto, que el medicó la entendía
    fuese luego para el Rey desta manera decía
    diciendo: sepa su alteza que Antioco moriría
    su mal no lleva remedio que por mi mujer moría
    y yo no se la daré aunque me cueste la vida.
    Mucho le regala el Rey dale ciudades y villas.
    Dijo el médico: Señor si como es la mujer mía
    fuese la tuya, el buen rey dime si se la darías.

    Además de la balada anterior es también importante su presencia en la música, especialmente entre las óperas:  la de Cavalli de 1658, Legrenzi de 1681, Hasse de 1721; también los músicos, Christoph Graupner (1708), Honoré Langlé (1786) y Dmitry Bortniansky (1787), entre otros, escribieron óperas sobre el complicado amor de Antíoco y Estratonice, en las que el médico Erasístrato desempeña un papel fundamental. Aunque la ópera más famosa, sin duda, es la Stratonice que Étienne-Nicolas Méhul/Hoffmann estrenaron en 1792.

    Igualmente poderosa y reiterativa es su presencia en la pintura. Ya del siglo XV tenemos un cassone o cajón o arca de la escuela de Gozzoli. Pietro de Cortona introduce en la Sala di Venere del Palazzo Pitti (1641-42) la escena del lecho del hijo, en la que hay una inscripción que dice: “El hijo ama pero calla, el médico es ingenioso, el padre indulgente” “Filius amans et silens. Vafer medicus. Pater indulgens”. Theodoor van Thulden había escrito en un cuado similar “Prudentia relevant amorem”, “con su prudencia ayudan al amor”

    El flamenco  Lairesse tene dos cuadros con este motivo, uno de los cuales lo comentó  entusiásticamente Winckelmann en los Sendschreiben über die Gedanken von der Nachahmung der griechischen Werke in der Malerei un Bildhauerkunst, de 1756, pag. 76-80. Quizás se refiera también a uno de estos cuadros la amención que hace Goethe en “Años de aprendizaje de Wilheml Meister”

    Otros muchos pintores siguen esta tradición, como Felice Ficherelli (1603-1660), Steen (ca. 1670), Lairesse en cuatro ocasiones (ca. 1673), Antonio Bellucci (1654-1726), Adriaen van der Werff (1659-1722),  Ricci (c.1680), Celesti (finales del XVII), Pittoni (ca. 1732), Johann Eleazar Schenau (1737-1806), Gaspare Diziani (1689-1767), Pompeo Batoni (1746), West (1772), Jacques-Antoine Vallin (1760-1831) o Alexandre-Charles Guillemot (1786-1831) David (1774), Barry (1774), J.Zick, (ca.1795), Girodet (ca. 1795), Guillenet (1808), Ingres (1840). Incluso hoy en día sigue siendo productivo este motivo.

    De todas estas pinturas reproduzco el muy famoso de David, el pintor de la Revolución Francesa.

    David. Antíoco y Estrtonice

    Otros textos

    Apiano en Sobre Siria,Libro XI, 59-61:

    Esto es lo que oído acerca de Seleucia. Seleuco, en vida, designó a su hijo Antíoco para que reinara, en su lugar, en Asia interior. Si a alguien le parece este rasgo un acto de magnanimidad digno de un rey, todavía más noble y sabio fue su comportamiento respecto a la pasión amorosa de su hijo y a la temperancia con que éste la llevó. Pues Antíoco estaba enamorado de Estratonice, la esposa de Seleuco, que era su madrastra y había tenido ya un hijo de aquel. Sin embargo, reconociendo la iniquidad de su pasión, no cometió ninguna vileza ni exteriorizó sus sentimientos, sino que cayó enfermo, se abandonó y consentía voluntariamente en morir. Ni siquiera el eminentísimo médico Erasístrato, que servía a Seleuco a cambio de unas retribuciones muy elevadas, pudo dar un diagnóstico de su dolencia. Finalmente, al observar que su cuerpo estaba libre de cualquier síntoma de enfermedad, conjeturó que su mal era del alma, de cuya salud o enfermedad se contagia el cuerpo. Ahora bien, la tristeza, la ira y las otras pasiones se suelen confesar y, sin embargo, el amor se oculta por recato. Pero, como ni aun así le dijo Antíoco una sola palabra cuando trató de averiguarlo con insistencia de forma confidencial, tomó asiento a su lado y se puso a observar qué alteraciones experimentaba el cuerpo aquel ante cada una de las personas que entraban en su habitación. Y descubrió que, en presencia de las demás personas, su cuerpo permanecía siempre ajado y consumido por igual, pero que, cuando Estratonice iba a visitarlo, su mente se conturbaba entonces al máximo a causa del pudor y la conciencia, y no emitía palabra alguna, y, sin embargo, su cuerpo, en contra de su voluntad, se tornaba más vigoroso y lleno de vida, y, de nuevo al marcharse ella, se debilitaba. Así que el médico dijo a Seleuco que su hijo padecía un mal incurable. Y, cuando el rey, presa de un vivo dolor, prorrumpió en gritos, añadió: “Su enfermedad es amor, y amor por una mujer, pero un amor imposible.”
    Seleuco estaba estupefacto ante el hecho de que él, el rey de Asia, no pudiera convencer a una mujer para contraer matrimonio con un hijo tal con ruegos, riquezas, regalos y con la totalidad de un reino tan grande, que le correspondía por herencia a su hijo enfermo y que, incluso, le sería entregado ahora, a cambio de su salvación, si alguien lo deseaba. Quiso tan sólo saber quién era la mujer, y Erasístrto le dijo: “Está enamorado de mi esposa.” Y Seleuco dijo: “Y bien, mi buen amigo, ya que estás tan ligado a nosotros por vínculos de amistad y de gratitud y te cuentas por tu honestidad y sapiencia entre una minoría, ¿no salvarás para mí a un hombre joven y de sangre real, hijo de un amigo y de un rey, desafortunado en amor, pero virtuoso, ya que oculta su mal y prefiere para sí mismo la muerte, sino que despreciarás hasta tal punto a Antíoco y, además de él, a Seleuco?” Pero Erasístrato se resistió y contestó con un argumento irrebatible, al parecer: “Ni siquiera tú, a pesar de ser su padre, si Antíoco estuviera enamorado de tu mujer, se la cederías a él.” Entonces Seleuco juró por todos los dioses de su casa real que de grado y gustoso, en verdad, se la cedería y sería un hermoso ejemplo de la bondad de un buen padre para con la castidad y templanza de su hijo, no merecedor de tal desventura. Muchas más cosas añadió del mismo calibre y, finalmente, empezó a lamentarse de que no pudiera ser él  el médico para su desdichado hijo.
    Y éste, en cuanto se percató de que el celo del rey era real y no fingido, le reveló la naturaleza de la enfermedad y le explicó de qué manera la había descubierto. Seleuco se llenó de alegría, pero tuvo gran dificultad para convencer a su hijo y a su propia esposa. Y, cuando lo hubo logrado, reunió a su ejército, que tal vez intuía ya algo de lo que pasaba, les enunció sus hechos de armas y les dijo que había agrandado su reino en una extensión con mucho a la de cualquiera de los sucesores de Alejandro y que, por ello, a causa de la magnitud del mismo, le resultaba difícil de gobernar a su avanzada edad. “Quiero –dijo- dividirlo en interés de vuestra seguridad futura y entregar, en este momento, una parte del mismo a mis seres más queridos. Y es justo que todos vosotros cooperéis conmigo en todo, vosotros que os habéis engrandecido bajo mi guía hasta un grado tan grande de dominio y de poder después de Alejandro. Mis seres más querido y dignos de mi reino son mi hijo que está ya en edad adulta y mi esposa. Ojalá que tengan pronto hijos, puesto que son jóvenes, y así tengáis más guardianes del reino. Los uniré a ambos en matrimonio en presencia vuestra y los enviaré como reyes, desde este momento, de los pueblos del interior. Y no os impongo costumbres de los persas y de otros pueblos, más que esa ley común a todos, a saber, que siempre es justo lo que establece el rey”. Estas fueron sus palabra y el ejército lo aclamó como el más grande rey de entre los sucesores de Alejandro y el padre más excelente. Y Seleuco, tras hacer las mismas consideraciones a Estrtonice y a su hijo, los unió en matrimonio y los envió a su reino, realizando una acción más gloriosa y de mayor entereza que las que llevó a cabo con las armas. (Traducción de Antonio Sancho Royo. Edit. Gredos, 1980)

    ………..
    Valerio Máximo Historia de los hechos y dichos memorables, 5, 7 ext.

    Para pasar a hechos más agradables, narraremos que Antioco, hijo del rey Seleuco, abrasado por un irresistible amor hacia su madrastra Estratonice, como era consciente de lo deshonesto de su pasión,intentaba ocultar con piadoso disimulo la impía herida de su corazón. De este modo, la existencia de esos sentimientos contrapuestos encerrados en sus entrañas, su ardiente pasión y su extrema honestidad, le hicieron caer  gravemente enfermo. Yacía, pues, en el lecho como moribundo, sus familiares lloraban, su padre, lleno de dolor, lamentaba la muerte de su único hijo y la soledad que le aguardaba. Todo el palacio mostraba un rostro más fúnebre que regio.
    Pero la intuición del matemático Leptines o, según cuentan algunos, del médico Erasístrato, ayudó a disipar ese velo de tristeza. Pues,mientras estaba sentado junto a Antíoco, observó que éste, al entrar Estratonice en su cuarto, recuperaba el color y se le aceleraba la respiración, mientras que cuando ella salía, palidecía de nuevo y respiraba con más fatiga, detalle que le llevó a suponer la verdad. Así pues, cada vez que Estratonice entraba o salía, cogía con  disimulo el brazo del enfermo y le tomaba el pulso, que se aceleraba y disminuía alternativamente, hasta que descubrió el mal que afectaba al joven. Acto seguido se lo comunicó a Seleuco, quien no dudó en ceder su amada esposa a su hijo, y consideró un hecho afortunado el que este se hubiese enamorado de ella, achacando al pudor de Antioco el que hubiese disimulado casi hasta la muerte
    . (Traducción de Santiago López Moreda, Mª Luisa Harto Trujillo y Joaquín Villalba Alvarez. Edit. Gredos. 2003)

    VALERI MAXIMI FACTORVM ET DICTORVM MEMORABILIVM LIBER V, 7 ext.

    5.7.ext.1 Ceterum ut ad iucundiora cognitu ueniamus, Seleuci regis filius Antiochus nouercae Stratonices infinito amore correptus, memor quam inprobis facibus arderet, impium pectoris uulnus pia dissimulatione contegebat. itaque diuersi adfectus isdem uisceribus ac medullis inclusi, summa cupiditas et maxima uerecundia, ad ultimam tabem corpus eius redegerunt. iacebat ipse in lectulo moribundo similis, lamentabantur necessarii, pater maerore prostratus de obitu unici filii deque sua miserrima orbitate cogitabat, totius domus funebris magis quam regius erat uultus. sed hanc tristitiae nubem Leptinis mathematici uel, ut quidam tradunt, Erasistrati medici prouidentia discussit: iuxta enim Antiochum sedens, ut eum ad introitum Stratonices rubore perfundi et spiritu increbrescere eaque egrediente pallere et ~ excitatiorem anhelitum subinde recuperare animaduertit, curiosiore obseruatione ad ipsam ueritatem penetrauit: intrante enim Stratonice et rursus abeunte brachium adulescentis dissimulanter adprehendendo modo uegetiore modo languidiore pulsu uenarum conperit cuius morbi aeger esset, protinusque id Seleuco exposuit. qui carissima sibi coniuge filio cedere non dubitauit, quod in amorem incidisset, fortunae acceptum referens, quod dissimulare eum ad mortem usque paratus esset, ipsius pudori inputans. subiciatur animis senex, rex, amans: iam patebit quam multa quamque difficilia paterni adfectus indulgentia superarit.
     

  • Algunas notas sobre los “Reyes Magos”

    Una de las fiestas más arraigadas en la vida popular y religiosa cristiana es la “adoración de los tres Reyes Magos”. En esta fiesta confluyen numerosos elementos de diverso origen religioso y cultural. Recordemos la efervescencia religiosa de la época del Imperio Romano, época en la que precisamente nació Jesús, favorecedora de todo sincretismo. A la religión cristiana se han incorporado muchos elementos de religiones orientales de Caldea, Mesopotamia, Persia, Asia Menor, Egipto, Judea y sobre todo de la grecorromana y del pensamiento filosófico. En todas estas religiones sincréticas es muy importante el componente astral, muy desarrollado entre los caldeos de Mesopotamia.

    Voy a intentar profundizar un poco más en la festividad e iconografía de la “adoración de los magos”, una de las escenas más utilizada por el cristianismo desde los primeros siglos.

    La festividad de Reyes es una de las epifanías (del griego επιφάνεια, epifaneia, «manifestación», compuesto  de ἐπί- ,epi-, encima, sobre,  y el verbo φαινεῖν, fainein, aparecer, mostrarse), o manifestación del dios hecho hombre. Las otras epifanías son el bautismo de Jesús en el río Jordán y el milagro de las bodas de Caná.

    El texto base esencial es la  referencia que se hace en el evangelio de San Mateo, única en los cuatro evangelios canónicos (porque forman parte de la norma o “canon” cristiano); tres de ellos, Mateo, Marcos, Lucas,  son llamados también sinópticos (del griego συν, syn, con, junto, y οψις, opsis, visión,; es decir se puede hacer de ellos una visión paralela)  porque presentan entre ellos muchas coincidencias, aunque también notables diferencias, como esta de la adoración de los magos de oriente. Este evangelio  de San Mateo se conserva en griego y suele datarse como  no anterior al año 80, es decir  50 o 60 años posteriores a la muerte de Cristo. Existe una hipótesis que considera la existencia de una primera versión en arameo, basándose en una cita de Eusebio de Césarea (que vivió aproximadamente entre el 265  y el  339), referida a Papías de Hierápolis (que vivió entre el 69 y el 150). 

    El texto de San Mateo, 2, 1-12 dice:

    Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,  diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.  Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.  Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

    “Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
    No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
    Porque de ti saldrá un guiador,
    Que apacentará a mi pueblo Israel.”

    Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;  y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

    El texto latino dice así:

    Cum autem natus esset Iesus in Bethlehem Iudaeae in diebus Herodis regis, ecce Magi ab oriente venerunt Hierosolymam dicentes: “ Ubi est, qui natus est, rex Iudaeorum? Vidimus enim stellam eius in oriente et venimus adorare eum ”.  Audiens autem Herodes rex turbatus est et omnis Hierosolyma cum illo;  et congregans omnes principes sacerdotum et scribas populi, sciscitabatur ab eis ubi Christus nasceretur.  At illi dixerunt ei: “ In Bethlehem Iudaeae. Sic enim scriptum est per prophetam:

    "Et tu, Bethlehem terra Iudae,
    nequaquam minima es in principibus Iudae;
    ex te enim exiet dux,
    qui reget populum meum Israel" ”.

    Tunc Herodes, clam vocatis Magis, diligenter didicit ab eis tempus stellae, quae apparuit eis;  et mittens illos in Bethlehem dixit: “ Ite et interrogate diligenter de puero; et cum inveneritis, renuntiate mihi, ut et ego veniens adorem eum ”.  Qui cum audissent regem, abierunt. Et ecce stella, quam viderant in oriente, antecedebat eos, usque dum veniens staret supra, ubi erat puer.  Videntes autem stellam gavisi sunt gaudio magno valde.  Et intrantes domum viderunt puerum cum Maria matre eius, et procidentes adoraverunt eum; et apertis thesauris suis, obtulerunt ei munera, aurum et tus et myrrham. Et responso accepto in somnis, ne redirent ad Herodem, per aliam viam reversi sunt in regionem suam.

    Es necesario notar que el texto habla simplemente de “unos magos del Oriente” y no de “tres reyes” magos, precisión numérica y nominal que se añadirá posteriormente.

    En segundo lugar es una estrella la que anuncia el nacimiento. Como es sabido, se ha teorizado ampliamente sobre las características de esta estrella: ¿un cometa?, ¿una supernova?, ¿conjunción de varios astros? ¿un meteoro?.

    Ya Orígenes, (185  o 186- 254 o 255), exégeta (del griego ἐξηγητή , intérprete, y éste de ἐξηγεομαι, exegueomai, ‘explicar’ interpretar) pensó que era un cometa.

    En la sociedad oriental y por su influjo en la grecorromana, las estrellas y los fenómenos atmosféricos y celestes son signos de los dioses. Desde luego, en el mundo antiguo los cometas eran signos inequívocos de algún acontecimiento importante; los nacimientos de Mitrídates y de Augusto también fueron precedidos de la aparición de un cometa.

    Justino Frontino, historiador romano del siglo II, nos informa a propósito del rey Mitrídates en sus Historias Filípicas, Historiarum Philippicarum, XXXVII, 2:

    Prodigios celestes habían predicho también su futura grandeza (de Mitrídates), pues en el año en el que nació y en el que comenzó a reinar, una estrella cometa lució permanentemente durante setenta días, de tal forma que parecía que ardía todo el cielo. Ocupaba con su dimensión la cuarta parte del cielo y superaba con su fulgor al resplandor del sol. En salir y en ponerse consumía el espacio de cuatro horas.

    II. Huius futuram magnitudinem etiam caelestia ostenta praedixerant. 2 Nam et eo quo genitus est anno et eo quo regnare primum coepit stella cometes per utrumque tempus LXX diebus ita luxit, ut caelum omne conflagrare videretur. 3 Nam et magnitudine sui quartam partem caeli occupaverat et fulgore sui solis nitorem vicerat; et cum oreretur occumberetque, IV horarum spatium consumebat.

    Virgilio en su Eneida, 10, 272 hace una referencia a los cometas:

    De manera no distinta a como cuando en la clara noche
    los sanguíneos cometas enrojecen lúgubremente
    o nace el ardoroso Sirio trayendo la sed y las enfermedades
    a los débiles mortales y entristece el cielo con su siniestra luz.

    non secus ac liquida siquando nocte cometae
    sanguinei lugubre rubent aut Sirius ardor,
    ille sitim morbosque ferens mortalibus aegris,
    nascitur et laevo contristat lumine caelum.

    Pues bien, el gramático Servio, comentando el pasaje,  nos dice  en sus Comentarios a la Eneida X, 272

    Si éste mira a oriente, significa cosas alegres para esa parte; si a mediodía, alegrías para África y Egipto; si mira a occidente, la tierra de Italia será la que consiga su favor. Se dice que éste (el cometa) apareció en el momento en que Augusto consiguió el mando; entonces se anunciaron para todos los pueblos futuras alegrías.

    qui si orientem attenderit, laetas res ipsi parti significat; si meridiem, Africae aut Aegypto gaudia; si occidentem inspexerit, terra Italia voti sui compos erit. hic dicitur apparuisse eo tempore quo est Augustus sortitus imperium; tunc denique gaudia omnibus gentibus futura sunt nuntiata.

    En este contexto es fácil comprender el texto en el que Orígenes (184/185 – 253/254) asegura que la estrella de Belén fue un cometa y que su aparición es absolutamente lógica:

    Contra Celso 1, 58-59:

    “…yo creo que la estrella que apareció en el este era una estrella nueva, en nada parecida a las que vemos ordinariamente, ni a las que vemos en el firmamento ni a las de  las órbitas inferiores, sino que, más bien, estaba en el tipo  de los cometas que aparecen ocasionalmente, o de los meteoros, o estrellas con barba o con pelo o de cualquier otro nombre con el que a los griegos les gusta describir sus formas. Concreto este punto como sigue:

    Se ha observado que en los grandes acontecimientos y en los más importantes  cambios de la historia, aparecen estrellas de este tipo que significan cambios de dinastías, o  guerras  o sucesos entre los hombres que tienen el efecto de trastornar los asuntos del mundo. Hemos leído en el libro de los cometas del estoico  Cheremon  cómo algunas veces  han aparecido cometas incluso cuando estaba a punto de suceder un suceso nuevo; y él nos hace una relación de ellos.  Así pues, si un cometa, como se le llama, o alguna otra estrella parecida, aparece cuando surge una nueva monarquía o se produce algún importante suceso sobre la tierra,  por qué ha de extrañarnos de que haya aparecido una nueva estrella con el nacimiento de un hombre que existe  para introducir nuevas ideas en la raza humana y para traer una doctrina no sólo a los Judíos, sino también a los griegos y también  a muchas naciones extranjeras?

    Curiosamente estas creencias en los cometas como nuncios de eventos positivos o negativos  se mantienen hasta el día de hoy y se renuevan cada vez que se anuncia la proximidad de estos astros.

    Muchos años después, el astrónomo Johannes Kepler (1571-1630),  relacionó la estrella del Evangelio de Mateo con la conjunción en el año 7 a.C. de los planetas Júpiter y Saturno.

    De entonces a hoy no han dejado de aparecer hipótesis que intentan explicar la aparición en el firmamento de esta luz especial, en cuya consideración no entro porque ya lo hacen astrónomos de elevado prestigio.

    En relación con este episodio de la adoración de los magos es necesario primero precisar también quiénes son los magos.

    Como en otro artículo de este blog comenté, el término  magos, magus, mago, μάγοι no es de origen griego sino iranio. En griego tiene el doble significado de charlatanes que embaucan con su “magia”, pero también y sobre todo el de sacerdotes con una peculiar función. Las creencias religiosas persas primitivas y otras propias del zoroastrismo conciben el mundo lleno de démones y espíritus.  Las almas de los difuntos, separadas del cuerpo, ascienden al cielo, o mejor, a los cielos, porque son varios. En ese viaje de ascenso  es muy importante la acción ritual y los sacrificios de los “magos”.  Estos sacerdotes son además expertos y estudiosos del firmamento y de las relaciones astrales, y por tanto astrónomos, astrólogos (son términos similares en el mundo antiguo) y matemáticos,  a los que los santos padres de la Iglesia siempre consideraron como personas honorables.

    Véase https://www.antiquitatem.com/reyes-magos-tiridates-neron-epifania

    El término también tenía, como decía, la connotación negativa de farsante y charlatán que trata con los demonios. Recuérdese lo contado en “Hechos de los Apóstoles 3:9”, en que  se repudia a un farsante, apodado Simón el Mago, al que se enfrenta el  apóstol Pedro, cuyo poder  venía del Espíritu Santo.

    Incluso el propio Jesús era él mismo un extraordinario mago y su poder logró vencer a la magia  de los demonios, sin recurrir a hechizos ni encantamientos, sino actuando en su propio nombre.  Por eso en el primitivo arte cristiano se representa a Jesús como taumaturgo (del griego  θαυματουργός thaumaturgous, diestro, hábil, de θαῦμα, thauma, cosa maravillosa, y ἔργον, ergon, trabajo), o persona  que realiza milagros, con una vara y con el gesto de su mano como hacen los magos.

    Desde este punto de vista, los magos de Mateo serían verdaderos magos que se postraron y cedieron su poder ante el poder superior de Jesús. Es evidente la intención del evangelista de mostrar cómo los magos, luego convertidos en reyes de este mundo, rinden adoración al hijo de Dios, en un mundo en el que la magia y el conocimiento de los astros tienen una presencia importante.

    Del eco “social” de los “magos” nos da idea el episodio de la visita de Tiridates, rey de Armenia, y también mago, al emperador Nerón. Esta visita la comenté  en el artículo al que hace referencia el hipervínculo anterior. Hay quien ha pensado que fue precisamente esa visita la que sirvió de modelo para la visita de los “magos” al niño de Belén.

    Un elemento esencial es que la ofrenda de los magos es de tres productos muy valiosos en el mundo antiguo: el oro, siempre caro, el incienso de valor similar al del oro, utilizado como perfume y elemento ritual, y la mirra, cuyo valor era muy superior al de los otros dos, utilizada en el embalsamamiento de los cuerpos de los difuntos. En el mazdeísmo, también a Ahura Mazda se le ofrece oro, incienso y mirra. Veremos cómo son varios los elementos que relacionan el episodio con el mazdeísmo y el mitraismo.

    Sobre la relación entre el “mitraismo” y el “cristianismo” he publicado un reciente artículo. Véase:  https://www.antiquitatem.com/mitraismo-cristianismo-solsticio . En él comentaba cómo el culto de Mitra se realiza en cuevas o en templos subterráneos o que simulan una cueva. Pues bien, en Occidente se suele ubicar el nacimiento de Jesús en un portal o pesebre pero en Oriente el lugar es una cueva, probablemente por influjo de la cueva mitraica.

    De igual manera el episodio de la adoración de los pastores es probablemente un reflejo de un acto similar de los pastores con Mitra.

    Ahora bien, donde el influjo es evidente, es decir, se ve con los ojos,  es en la iconografía de los reyes magos. En primer lugar conviene precisar que no siempre fueron tres; en ocasiones aparecen representados dos, seis, ocho  y  hasta doce, como ocurre en los ritos siriacos y armenios. Es decir, el número de tres no tiene ningún soporte en las Sagradas Escrituras.

    En las catacumbas de Santa Priscila se conserva la pintura más antigua y en ella aparecen tres. Los frescos de esta catumba van desde la mediados del siglo II a mediados del siglo III.

    En la catacumba de Pedro y Marcelino aparecen representados dos y son del siglo IV.

    En el siglo tercero, el teólogo Orígenes (185-253) indicó que los Reyes Magos eran tres, pues al fin y al cabo son tres los regalos que se nombran en el Evangelio de San Mateo: oro, incienso y mirra, cifra que luego refrenda el papa San León Magno (León I el Grande) y que se impone hasta el día de hoy, probablemente para hacerla coincidir con los tres regalos y probablemente para simbolizar a los tres continentes entonces conocidos: Europa, Asia y Africa, como expresamente dice en la Edad Media el Pseudo Beda (ca. 672 – 27 de mayo de 735) en su In Matthaei Evangelium , cap.  II, relacionándolos también con los tres hijos de Noé:

    Místicamente pues los tres Magos simbolizan las tres partes del mundo, Asia, África y Europa o al género humano, que tomó su origen en los tres hijos de Noé.

    Mystice autem tres Magi, tres partes mundi significant,Asiam, Africam, Europam, sive humanum genus, quod a tribus filiis Noe seminarium sumpsit

    Cómo decía, el papa San León Magno (circa 390 – 461) ratificó la cifra de tres, que es la que con más frecuencia se repite en las representaciones. Dice en su Tratado o Sermón 31, en la Festividad de la Epifanía 1:

    Así pues,  se apareció a tres  magos en la región de Oriente una estrella de un resplandor nuevo, que más brillante y hermoso que las otras estrellas, atraía fácilmente hacia ella los ojos y la atención de los que miraban, de tal manera que inmediatamente se advertía que no era sin importancia lo que tan insólito parecía.

    Así pues, el que dio la señal, dio a los espectadores la comprensión de la misma, y para hacer que fuera comprendido, hizo que fuera investigado  y, buscado, se ofreció a sí mismo para ser encontrado.

    Sancti Leonis Magni Tractatus XXXI

    Tribus igitur magis in regione orientis stella nouae claritatis apparuit, quae inlustrior ceteris pulchriorque sideribus, facile in se intuentium oculos animosque conuerteret, ut confestim aduerteretur non esse otiosum, quod tam insolitum uidebatur.
    Dedit ergo aspicientibus intellectum, qui praestitit signum, et quod fecit intellegi, fecit inquiri, et se inueniendum obtulit requisitus.

    Reproduzco dos de las  representaciones más antiguas de la escena, uno de Siracusa, en Sicilia:

    Sarcófago de Adelfa. Siracusa. Siglo IV

    Y otro más tosco de Boville Ernica en Italia, también del siglo IV y que se postula como el más antiguo.

    El pesebre bajo techado del sarcófago paleocristiano de  Boville Ernica, (Italia) del siglo  IV. 

    Pues bien, los tres reyes magos se representan desde el principio vestidos con el traje persa con el que también se representa siempre a Mitra: túnica corta, los pantalones llamados anaxyrides y el gorro frigio o pileus (objeto que en otro momento comentaré; recordemos que es un símbolo de la libertad que fue adoptado, por ejemplo, por los revolucionarios franceses y luego por otros muchos, incluidos países enteros).

    “Mithraeum” Barbeni, Roma, pintura mural. Siglo III

    En la iconografía romana de Oriente, por ejemplo del pedestal del obelisco de Teodosio en Constantinopla, de finales del siglo IV,  en el que los bárbaros prestan tributo al emperador con sus hijos Arcadio y Honorio y su esposa Gala, a los persas se les representa con este traje y a los tracios con pieles.

    Esta vestimenta persa de los tres magos es la que aparece en toda su definición en el Sarcófago de Isacio – San Vital, Rávena, Siglo IV o V, en el que la Virgen María se ha convertido en el trono vivo del Niño Jesús. Los tres Magos parecen la repetición de una misma figura, lo que algunos expertos interpretan como reflejo de algunas fórmulas mágicas en las que los elementos se repiten tres veces.

    Una escena similar, un tanto tosca es la del sarcófago de Aurelio, de la catacumba de San Lorenzo Fuori le Mura – Roma, del siglo IV, ahora en el Museo del Vaticano.

    La repetición mecánica y tal vez mágica de los tres reyes absolutamente iguales se aprecia mejor en este otro ejemplo

    Esta vestimenta se mantuvo durante mucho tiempo, como prueban las diversas representaciones existentes en plena Edad Media, lo que es prueba de la persistencia de los ritos y mitos.

    Hay una tradición o leyenda referida a la invasión y conquista de Palestina por el rey persa de la dinastía sasánida Cosroes II en el año 614. Su general Shahrbaraz, impresionado por la vestimenta de los magos en los mosaicos que la adornan, ordenó no destruir la famosa basilica de la Natividad de Belén; interpretó que la figura representaba a los suyos, a los persas.

    No deja de ser una leyenda, que probablemente invalidan la datación de los mosaicos, pero que expresa la conciencia generalizada de que los magos vinieron de Oriente, de Persia.  Lo que resulta inadmisible que en centenares de referencias en internet, incluidos algunos libros con pretensión de seriedad refrendados por alguna universidad, se refiera esta anécdota a las iglesias bizantinas de Rávena, en Italia, de las que más abajo hablaré. ¿Cómo explicar una supuesta invasión de Italia por los persas sasánidas en el año 614?

    La conversión de los magos en reyes, o mejor, el sincretismo una vez más de magos y reyes,  se debió sin duda al deseo de materializar los versos del salmo 72, 9-11:

    Que se inclinen ante él las tribus del desierto, y sus enemigos muerdan el polvo.
    Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos.
    Que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones.

    Fue Tertuliano quien encontró la relación con el salmo y dio pie a la conversión con la frase “nam et Magos reges habuit fere oriens”, “pues todo el Oriente tuvo a los Magos por reyes”, que aparece en su obra Adversus Marcionem (Contra Marción) III,13:

    Queden pues aquellos Magos orientales ofreciendo al recién nacido Cristo en su infancia el oro y el incienso, y así un niño conseguirá la fuerza de Damasco sin guerra y sin armas. Pues además de lo que es conocido por todos, que el valor de oriente, esto es, su fuerza y su poder, suele fundamentarse en el oro y los perfumes, ciertamente el creador tiene la fuerza de otorgar  también el oro de los restantes pueblos, según dice Zacarías: “Y Judá acampará junto a Jerusalén y congregará  todo el poder de los pueblos de alrededor, su oro y su plata”. También David se refiere a ese regalo de oro: “Y se dará a él el oro de Arabia” y otra vez: “Los reyes de los Árabes y de Saba le ofrecerán regalos”, pues casi todo Oriente consideró a los Magos como reyes, y Damasco se consideraba antiguamente parte de Arabia, antes de que fuera adscrita a Siriofenicia de acuerdo con la división de las Sirias (por Roma). Entonces Cristo recibió su riqueza al recibir sus símbolos, es decir, el oro y los perfumes; mientras que el botín de Samaria eran los propios Magos, que cuando lo conocieron también lo honraron con sus regalos y lo adoraron con la rodilla en tierra como a un dios y rey, por el testimonio de la estrella que se lo indicaba y los conducía; ellos fueron, pues, los despojos  de Samaria, esto es, de la idolatría, ya que ellos creían en Cristo.

    Maneant autem orientales illi Magi in infantia Christum recentem auro et ture munerantes, et acceperit infans virtutem Damasci sine proelio et armis. [7] Nam praeter quod omnibus notum est, orientis virtutem, id est vim et vires, auro et odoribus pollere solitam, certe est creatori virtutem ceterarum quoque gentium aurum constituere, sicut per Zachariam, Et Iudas praetendet apud Hierusalem et congregabit omnem valentiam populorum per circuitum, aurum et argentum. [8] De illo autem tunc auri munere etiam David, Et dabitur illi ex auro Arabiae; et rursus, Reges Arabum et Saba munera offerent illi. Nam et Magos reges habuit fere oriens, et Damascus Arabiae retro deputabatur, antequam transcripta esset in Syrophoenicen ex distinctione Syriarum, cuius tunc virtutem Christus accepit, accipiendo insignia eius, aurum scilicet et odores; spolia autem Samariae ipsos Magos, qui cum illum cognovissent et muneribus honorassent et genu posito adorassent quasi deum et regem sub testimonio indicis et ducis stellae, spolia sunt facti Samariae, id est idololatriae, credentes videlicet in Christum.

    A partir de la interpretación de Tertuliano comenzó la identificación de los magos con reyes.  Luego, mucho más tarde, se sustituyeron los gorros frigios con que se los representaba originalmente por coronas sobre sus cabezas e incluso se les vistió con ropajes de cada época, como suele hacerse en el arte.

    El texto de Tertuliano evidencia el interés apologético de este episodio de la adoración de los Magos al establecer el reconocimiento del Mesías por los magos, por los gentiles, por los paganos  de todos los pueblos de la tierra de los tres continentes conocidos.

    Los nombres de los tres también ha sido elemento de debate y opinión. Los griegos los llamaron Appellicon, Amerín y Damascón. Los judíos Magalath, Galgalath y Serafín. Los sirios Larvandad, Hormisdas y Gushnasaph. Los etíopes Tanisuram, Malik y Sissebd.

    La primera vez que en occidente surge el nombre con el que hoy conocemos a los Magos es en la inscripción contenida en el friso de la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). Son unos mosaicos s de mediados del siglo VI que representan la procesión de las Vírgenes, precedida por tres personajes vestidos a la moda persa, con el gorro frigio que llevan una ofrenda. Sobre sus cabezas leemos los tres nombres  Melchor, Gaspar, Baltasar. El Martirologio romano menciona a San Gaspar el 1 de Enero, San Melchor el día 6 y San Baltasar el 11 (Acta SS., I, 8, 323, 664). En los manuscritos aparecen por primera vez en uno conservado en París del siglo VII con los nombres de  Bithisarea, Melichior y Guthaspa.

    La etimología de estos nombres no es clara. Hay quien piensa que Melchor podría tener origen acadio y significar “rey”; Baltasar podría derivar del persa y acadio Baal-hashahr, “Baal es rey”; de Gaspar se desconoce el origen.

    Luego se relacionaron con los hijos de NoéCam con Baltasar, Sem con Gaspar  y Jafet con Melchor o Melkon.

    En la representación del sarcófago de Adelfa en Siracusa y en el de Boville Ernica aparecen otros dos elementos, el buey y la mula o el asno, que han obtenido un éxito absoluto en las representaciones posteriores del “portal del Belén”. La presencia de estos animales hace referencia, como señalan los santos padres, a las profecía de Abacud y sobre todo a la de Isaías.

    Abacud : “El señor será reconocido en medio de dos animales”

    Isaías: “el buey conoce a su propietario y el asno el presepio de su patrón, pero Israel no me conoce y mi pueblo no me entiende”.

    En todo caso reconozco que los detalles de los nombres y de la presencia del buey y del asno o de la mula no son cuestiones que yo haya estudiado suficientemente ni de las que tenga un amplio conocimiento.

    En la celebración del día de los reyes confluyen también otros elementos diversos. Así al final de las Saturnales, en las que se hacían regalos entre las personas  (véase https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial l ) se celebraban las Sigillaria, fiestas en las que se regalaba a los niños pequeñas figuras de cerámica, que se adquirían en un mercadillo preparad al efecto. Detalle curioso este de los mercadillos, que todavía se celebran por todas partes en estas fechas.

    Aunque el origen de la fiesta puede ser otro, la vinculación de estas figurillas con la infancia queda atestiguado por Macrobio en sus Saturnales,1, 11:

    “…incluso ahora  (Pretextato) pretende que las Sigilares, que ofrecen diversión a la infancia que todavía gatea con sus figuritas de arcilla, sean referidas a una práctica religiosa”

    vel nunc Sigillaria, quae lusum reptanti adhuc infantiae oscillis fictilibus praebent, temptat officio religionis ascribere,

    También Séneca en Cartas a Lucilio, 12, 3 dice:

    Pero él dijo: ¿No meconoces? Soy yo, Felicio, tu favorito, a quien solías regalar estatuillas; yo soy el hijo de tu mayordomo Filostio, tu pequeño, tu alegría.

    " At ille "Non cognoscis me ?" inquit. " Ego sum Felicio, cui solebas sigillaria adferre. Ego sum Philositi vilici filius, deliciolum tuum."

    Además en Roma, en el  primer día del año se celebraban las fiestas de la diosa “Strenia”, a la que se hacían ofrendas y regalos que también se extendieron a los amigos. La festividad puede tener un origen céltico. Del nombre de la diosa deriva el sustantivo latino “strena”, dádiva, que ha dado nuestro sustantivo estrena y nuestro verbo “estrenar”.

    Por otra parte de la palabra “epifanía”  deriva la italiana “befana”, que designa a una anciana  que en la noche del día 5 al 6 regala caramelo y chocolate a los niños que se han portado bien y carbón a los que se han portado mal. El origen de esta fiesta agraria está relacionado con la muerte del año viejo y el advenimiento del nuevo año.

    Hay otro hecho que nos sirve para conocer mejor el entorno astral en el que se desarrollan durante mucho tiempo, incluso hoy en día, las religiones de todos los tiempos. Como repetidamente he explicado, en torno al día 25 de Diciembre se produce el solsticio de invierno. Si hasta ese día las horas de sol o de luz de cada día han ido disminuyendo, a partir de ese momento se invierte el proceso y el tiempo de sol y de luz comienza a crecer. Por eso a ese día se le llama el “dies natalis solis invicit”, “día del nacimiento del sol invencible”.

    Pues bien, en esas fechas se produce en el firmamento la alineación la estrella Sirio con las tres estrellas del cinturón de Orión, con las Pléyades y el sol.

     Imagen tomada de http://asteromia.net/estrellas/estrellas-sirio.html

    A alguien se le ocurrió considerar que las tres estrellas del cinturón de Orión eran los tres reyes magos que anunciaban el nacimiento de Cristo y como tales se les conoce. Ahora bien, esta no es una identificación de época antigua sino medieval; no he encontrado ni una sola referencia en los tratados de astronomía antigua en que se denomine así a estas tres estrellas. Pero independientemente de su antigüedad, el hecho de que así se les nombre desde la Edad Media hasta nuestros días es una prueba de la facilidad con que los humanos tendemos a proyectar en el firmamento nuestras creencias y mitos.

    A estas tres estrellas del cinturón de Orión también se les llama las Tres Marías..

    Todo este episodio de los “tres reyes magos” es, pues,  un ejemplo bien evidente del sincretismo que se produce en la conformación de los mitos, creencias y ritos y de la fuerza con la que perviven durante miles de años.

  • Mitra, dios del sol, nació el 25 de Diciembre, día del solsticio de invierno

    En la noche del día 24 al 25 de Diciembre se celebra en Occidente el nacimiento de Cristo. Pero no siempre fue así ni hoy lo es en todo el mundo cristiano; hasta el siglo IV se celebraba el día 6 de enero y así se sigue haciendo en oriente, entre los ortodoxos.

    El día 25 de diciembre se produce el solsticio de invierno; es el momento en el que en el hemisferio norte el día es más corto y la noche más larga. Pero a partir de este momento el día comienza a crecer y por ello este día se celebraba el “dies natalis invicti solis”, “el día del nacimiento del sol invencible”.

    Ese sol invencible es el dios Mitra, cuyo culto y devoción compitió con el Cristianismo, con el que tiene indudables semejanzas.

    A este tema he dedicado ya en este blog un artículo: https://www.antiquitatem.com/cristo-nacio-antes

    He dedicado también otro a comentar algunos aspectos de los ritos y celebración de nuestra Navidad, incluido el episodio de los llamados “reyes Magos”.

    https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial

    https://www.antiquitatem.com/reyes-magos-tiridates-neron-epifania

    El mitraismo y el cristianismo tienen muchas semejanzas y también muchas diferencias. Así lo atestiguan algunos padres y polemistas cristianos, que curiosamente nos proporcionan muchos datos de estas religiones de salvación, muchas veces secretas o semisecretas. Por lo  demás el cristianismo toma también elementos de la religión y culto a Isis y Osiris, Tammuz, Adonis, Attis, Dionisos.

    Para poder explicarnos la coexistencia de semejanzas y diferencias debemos imaginarnos el ambiente espiritual y religioso de la Roma imperial en la que coexisten todas las religiones y ritos con los que se van encontrando en su avance imperial y además el ambiente popular es muy proclive al desarrollo de las religiones y poco favorable a las posiciones ateístas. Quizás pueda servirnos de referencia el ambiente actual de algunas ciudades americanas en las que surgen todo tipo de religiones y sectas, mezcla de ritos e ideas diversas.

    Nota: Se llama sincretismo al fenómeno de mezcla, de  asimilación, de fusión   de elementos diversos en uno.  La palabra viene del griego συγκρητισμός,  synkretismos, formada del prefijo συν- syn, con, juntamente, a la vez, y tal vez del verbo κεραννυμι, kerannymi, que significaba mezclar. O tal vez, como explica Plutarco en sus Moralia, Sobre el amor fraterno (De fraterno amore), 19 se relacione con Creta y la práctica de unirse todos los cretenses frente al enemigo común. Es esta una etimología interesante que tratare en un artículo exclusivo.

    Mitra es un dios persa con al menos 4.000 años de existencia. Su existencia ha de ser anterior a la separación de indos y persas, porque este dios existe en el panteón védico de la India y existe en la religión medo-persa, desarrollando luego una evolución diferente. En la India se diluyó, se acentuó en Persia y fue preponderante en los misterios de época romana. Su primitivo libro sagrado es el Avesta.

    Es característica de esta religión la existencia de un dualismo absoluto:  había dos divinidades contrapuestas, Ahura-Mazda, dios del bien y del cielo y Ahriman, dios de las tinieblas y del infierno.  Entre uno y otro hay un mediador, Mitra, benefactor y protector de los hombres.

    El Mitra de Persia es el que muchos siglos más tarde se propagó por todo el Imperio Romano acompañando primero a las legiones romanas, llevado también por funcionarios y comerciantes, entre cuyos miembros se asentó rápidamente.

    Pero hasta llegar aquí sufrió muchos cambios y contaminaciones. En primer lugar  la primitiva religión persa y sus primitivos ritos fueron reformados por Zaratustra, al que los griegos llaman Zoroastro, dando lugar al Zoroastrismo. Fue muy afectada también  por la religión de Babilonia y los diversos pueblos de Mesopotamia, impregnándose de astrología, se extendió también por toda Asia Menor, entró en contacto con judíos y otros pueblos semitas, influyó y a su vez fue afectada por la filosofía griega, helenizándose, etc.

    En muchos casos sus dioses fueron identificados con dioses  asiáticos o griegos: Ormazd o Ahuramazda con Zeus,Ahriman con Hades, etc. Mitra permanece como tal porque no tiene equivalente en el panteón griego.  Es decir,el mismo mazdeismo es un ejemplo de sincretismo.

    El Mitraismo se extendió por todo el imperio en los primeros siglos del Imperio acompañando sobre todo a los soldados. Precisamente la vida religiosa del devoto de Mitra se concibe como una milicia y camino de perfección. No es de extrañar que tuviera notable éxito entre los legionarios. Un factor esencial, desde luego, fue el favor de los emperadores, cuyas tendencias a la deificación y justificación del poder por la divinidad, afianzaban las creencias orientales mitraicas.

    Prueba de la extensión y desarrollo de este culto es por ejemplo la existencia de numerosos reyes de la zona que se llaman Mitrídates: Ponto, Partia, Capadocia, Armenia.

    Los mitreos o templos de Mitra aparecen por todo el imperio, sobre todo asociados a campamentos de legiones romanas. En Roma existieron varios, el mayor tal vez es el que está bajo la iglesia de San Clemente junto al Coliseo.

    El Mitraismo desapareció, pero sus creencias en dos poderes antagónicos que dominan el universo, el bien y el mal, la luz y las tinieblas, permaneció en el maniqueísmo y en otras creencias como entre los bogomilitas, entre los cátaros o albigenses, etc..

    Incluso el zoroastrismo o mazdeísmo subsiste todavía en la pequeña comunidad de los parsis, antigus persas que emigraron a la Indida. Véase:https://www.antiquitatem.com/exposicion-de-cadaveres-incineracion-

    Entre el Mitraismo y el Cristianismo hay grandes semejanzas en el aspecto doctrinal y también en el ritual y en consecuencia hubo una fuerte rivalidad, de la que salió triunfante el Cristianismo a partir del siglo IV, pero como en su momento dijo el filólogo, filósofo, escritor  francés Renan (1823-1892) en su obra  “Marco Aurelio”, 579,: "Si el cristianismo se hubiese detenido en su crecimiento por alguna enfermedad mortal, el mundo habría sido mitraista”.

    Resulta imposible hacer un estudio detallado del contenido y de las múltiple semejanzas y por tanto sólo señalaré las más importantes.

    En el aspecto doctrinal ambas son religiones  de salvación y de misterio porque prometen al creyente una vida eterna de felicidad después de la muerte y sólo los iniciados participan de los ritos, que son secretos.

    Mithra es el intermediario entre el cielo y el infierno, entre los reinos del bien y del mal. Es el representante de Ahura-Mazda en la tierra que nos protege a los hombres de las fuerzas demoniacas de Ahriman. Mitra es  ”luz del mundo”, símbolo de la verdad, de la justicia, de la lealtad. Se le llama también el “juez de las almas”, que purificadas ascenderán al cielo. Mitra es el padre celestial que las recibirá en su mansión celestial.  Creen firmemente en el cielo y en el infierno, en la supervivencia y resurrección de la carne después de la muerte, en el castigo y recompensa;   dios benevolente hará justicia con los justos a los que concederá la salvación eterna el día del juicio final,  cuando se produzca definitivamente el triunfo de la luz sobre las tinieblas.

    Es también una religión con un gran contenido moral, de autocontrol, de resistencia a la sensualidad, en la que el devoto ha de recorrer un camino de purificación de siete grados, hasta llegar al de Padre, que es perfecto como Mitra, y ha de luchar contra las fuerzas del demonio. En esa lucha contará con la ayuda de Mitra.

    A este tipo de religiones en las que no hay un solo dios sino varios, aunque sólo uno de ellos es el superior a los otros y el único digno de ser adorado, se les llama técnicamente henoteísmo, del griego  εἷς,  ἕν, heis, hen, uno, y θεός,  theos, dios e –ismo, un dios.

    Muy llamativas son las semejanzas de los ritos de ambas religiones.

    El culto de Mitra se realiza en cuevas naturales o fabricadas pero con algún elemento que recuerde el origen cavernario, que se llaman mitreos, lo que indica que su origen es muy primitivo.  En latín se les llama spelaeum, specus, spelunca (palabra de la que deriva espeleología o estudio de las cavernas), antrum. Precisamente el nacimiento de Cristo, que la devoción popular sitúa en un “portal” en occidente, en oriente se suele presentar en una cueva. En ellos aparece como motivo iconográfico central la imagen de Mitra tauróctono o matador del toro (del latín taurus, toro y del griego κτείνω, kteino, matar).

    La gran festividad del nacimiento Mitra se celebra, naturalmente, el día del solsticio de invierno, el 25 de diciembre, El elemento central es el sacrificio, sin que esto signifique que se sacrifique realmente un toro.  Alfred Loisy en su obra Los Misterios paganos y el misterio cristiano nos dice:

    Lo que se representa es el sacrificio del toro como principio de la vida bienaventurada prometida al iniciado, así como de la virtud que hay en el banquete sagrado para la obtención de esa inmortalidad”

    Dentro de la iconografía mitraica, la imagen sin duda más conocida es la del Mitra tauróctono que presidia sin duda el espacio sagrado del mitreo.

    Aprovecho las palabras exactas de Alfred Loisy para describirla, en un buen ejemplo de ecfrasis.

    Nota:  écfrasis o ecfrasis,del griego ἔκφρασιϛ, 'explicar hasta el final. Una ecfrasis, según la retórica y tradición clásica,  es una descripción verbal, con palabras, de una obra de arte visual, de una pintura o una escultura.
     

     

    “…en una caverna se ve al toro, reducido, tendido en tierra, las patas delanteras flexionadas sobre el cuerpo, las traseras extendidas; Mitra está sobre el animal, con la rodilla izquierda flexionada, la pierna derecha extendida sobre lapata trasera derecha del toro; con la mano izquierda levanta el hocico del animal, cuya cabeza se vuelve hacia el cielo, y con la mano derecha le clava un gran cuchillo en el nacimiento del cuello. Mitra mismo tiene la cabeza vuelta, como si mirara detrás de sí, y a menudo con una singular expresión de tristeza. Generalmente un cuervo, a la izquierda, se inclina hacia él; a menudo en el ángulo izquierdo está la figura del Sol, a la derecha la de la Luna; abajo hay un perro que se arroja sobre la sangre que brota de la herida, y también una serpiente; un escorpión toma con sus pinzas los testículos de la bestia expirante y los pica con su cola; a veces participa también una hormiga; o bien por debajo del toro se ve una crátera con un león que parece mirarla o beber en ella, mientras que, del otro lado, la serpiente parece querer hacer otro tanto. A cada lado hay un joven: uno, Cautes, con una antorcha levantada; y el otro, Cautopatés, con una antorcha dada vuelta, ambos vestidos y peinados como Mitra. Un último detalle, que no debe ser el menos importante: la cola del toro, levantada, termina en un manojo de espigas; hay también monumentos en los cuales de la herida del toro brotan espigas en lugar de sangre. Estas espigas son las que dan sentido a la escena, o bien es superfluo buscárselo. (Alfred Loisy: Los misterios paganos y el misterio cristiano, pág. 139. Ed.Paidos. Barcelona, 1990)

    Tout le monde connaît le type de Cette représentation : dans une caverne, le taureau dompté, tombé à terre, les jambes de devant pliées sous lui, celles de derrière étôndiies; Mithra sur la bête, lé genou gauche plié, la jambe droite allongée sut la cuisse droite du taureau; de la main gâuche il soulevé les
    naseaux de l'animal, dont la tête se tourne vers le ciel, et de la main droite il lui enfonce, au défaut de l'épaule, un long Coutelas; Mithra lui-même a la tête tournée, comme regardant derrière lui, et souvent avec une singulière expression de tristesse; ordinairement un corbeau, à gauche. Se penche dé sôft côté; souvent, dans l'angle à gauéhe est la flgute du Soléil, a droite celle de la Lune; en bas, se jetant vers le sang qui jaillît de la blessure, est un chien, aussi un  serpent; un scorpion pince les testicules de la bêté expifànte et les pique dé sa queue; une fourmi quelquefois se met aussi de la fête; ou bien, au-dessous du laureau, un cratère est représenté, un lion a l'air de le garder ou d'y boire, tandis que d'autre part, lé serpent a mine d'en faire autant; de chaque côté, un Jéune homme, l'un, Caulès, avec une torche levée, l'autré, Càutopatès, avec une torche renversée, tous deux vêtus et coiffés comme Mithra; dernier détail, qui ne doit pas être le moins important, la queue du taureau, relevée, se terminé en toufle d'épis ; on signale même dés monuments où ce sont des épis qui jaillissent, au lieu de sang, dé là blèsssure du taureau’. Ce sont ces épis-là qui donnent le mot de la scène, ou bien il est superflu de le chercher.
    (Alfred Loisy: Les mystères paíens et le mystère chrétien)

    En este conjunto iconográfico se representa el mito avéstico del toro inmolado en el origen del mundo de cuya herida surgieron las plantas y de su simiente nacieron las especies de animales útiles y al que mató Mitra. La representación del sacrificio del toro es un recuerdo y símbolo del sacrificio del animal primigenio (fue la primera criatura viva que creó Ahura-Mazda) y cósmico que dio origen a la vida a los hombres. La muerte del toro es símbolo de la llegada del nuevo año y de la salvación en el más allá. Así en el mitreo del Aventino en Roma se lee “Salvaste a los hombres con el derramamiento de sangre eterna”.

    Otro elemento esencial del rito mitraico es la celebración del banquete o eucaristía, en el que comían el pan y bebían el agua sagrada, que en determinado momento fue vino, sustituto de la bebida primitiva fruto de la planta tóxica del homa, equivalente al  “soma” o bebida sagrada hindú.

    Elemento también esencial en el rito es el bautismo o purificación mediante el agua que ha de realizar el devoto en uno de los siete pasos, y la señal (signatio) en la frente en el llamado “el Soldado”.

    Hay otras muchas semejanzas en la teología y en el ritual que no podemos comentar en este artículo, como por ejemplo la vestimenta de los sacerdotes, la ceremonia de la iniciación que se llama “sacramentum” porque es una especie de juramento similar al juramento militar de los soldados, el toque de unas campanillas en determinado momento del servicio religioso.

    Estas semejanzas llamaron poderosamente la atención de los primeros padres de la Iglesia, que polemizan vivamente con los mitraistas. Precisamente la mayor parte de los detalles de estos ritos los conocemos por la descripción que hacen de ellos los padres cristianos.

    Tertuliano es hijo de un centurión y buen conocedor de los ritos mitraistas. Impresionado sin duda por las semejanzas sólo encuentra una explicación para las muchas coincidencias: estos ritos y esta religión es obra del diablo que está interesado en desacreditar y extinguir la religión cristiana. Leamos lo que dice en su obra Prescripciones contra todas las herejías, 40

    Pero si se pregunta por quién es influenciada la mente de los que crean las herejías? Ciertamente por el demonio, cuya función es corromper la verdad, él que imita también en los misterios de los ídolos las mismas cosas de los divinos sacramentos. También él mismo bautiza a algunos creyentes y fieles suyos y les promete con este baño la expiación de sus pecados y como todavía recuerdo de Mitra, (el diablo) marca en la frente a sus soldados. Celebra también la oblación del pan, les presenta la imagen de la resurrección y rescata la corona bajo la espada. Y ¿qué decir del hecho de que estableció que su sumo pontífice sólo se casa una vez? Él también tiene sus vírgenes y sus “continentes” (personas que refrenan sus instintos). Por lo demás, si examinamos las supersticiones de Numa Pompilio, si observamos la función de los sacerdotes, sus vestimentas y privilegios, las acciones de los sacrificadores, y sus instrumentos y los vasos y las curiosidades de los propios sacrificios, de las expiaciones y de los votos, ¿acaso no resulta evidente que el diablo ha imitado con todo cuidado la ley judía? Quien procuró expresar con tanta exactitud las mismas cosas de las que tratan los sacramentos de Cristo en los asuntos de la idolatría, él mismo y con el mismo artificio llevó a cabo y pudo corromper también los instrumentos de las cosas divinas y de los santos cristianos, tomando el sentido de otros sentidos, las palabras de otras palabras, las parábolas de otras parábolas y adaptarlo a la fe profana. Por tanto nadie debe dudar de que estas maldades espirituales, de las que también proceden todas las herejías, han sido introducidas por el diablo y que estas herejías no se diferencian mucho de la idolatría, ya que son obra del mismo autor que el de la idolatría. Así o creen en otro dios contra el creador o si confiesan que hay un solo dios, dicen que es de otra manera de lo que en verdad es. Y así todas las mentiras que dicen de Dios, de algún modo es también una especie de idolatría.

    De praescriptione haereticorum, 40

    XL. [1] Sed quaeritur, a quo intellectus interuertatur eorum quae ad haereses faciant? [2]  A diabolo scilicet, cuius sunt partes interuertendi ueritatem qui ipsas quoque res sacramentorum diuinorum idolorum mysteriis aemulatur. [3]  Tingit et ipse quosdam utique credentes et fideles suos;
    expositionem delictorum de lauacro repromittit, [4]  et si adhuc memini Mithrae, signat illic in frontibus milites suos. Celebrat et panis oblationem et imaginem resurrectionis inducit et sub gladio redimit coronam. [5] Quid, quod et summum pontificem in unis nuptiis statuit? Habet et uirgines, habet et continentes. [6] Ceterum si Numae Pompilii superstitiones reuoluamus, si sacerdotalia officia et insignia et priuilegia, si sacrificantium ministeria et instrumenta et uasa,
    ipsorum sacrificiorum ac piaculorum et uotorum curiositates consideremus, nonne manifeste diabolus morositatem illam Iudaicae legis imitatus est? [7]  Qui ergo ipsas res de quibus sacramenta Christi administrantur, tam aemulanter adfectauit exprimere in negotiis idololatriae, utique et idem et eodem ingenio gestiit et potuit instrumenta quoque diuinarum rerum et sanctorum christianorum, sensum de sensibus, uerba de uerbis, parabolas de parabolis, profanae et aemulae fidei attemperare. [8]  Et ideo neque a diabolo inmissa esse spiritalia nequitiae, ex quibus etiam haereses ueniunt, dubitare quis debet, neque ab idololatria distare haereses cum et auctoris et operis eiusdem sint, cuius et idololatria. [9] Deum aut fingunt alium aduersus creatorem aut si unicum creatorem confitentur, aliter eum disserunt quam in uero est. [10]  Itaque omne mendacium quod de Deo dicunt, quoddammodo genus est idololatriae.

    En el mismo sentido se expresa San Justino, también impresionado por las semejanzas de la eucaristía mitraica con la cristiana, incluidas las fórmulas de consagración, para las que, como Tertuliano, no encuentra otra explicación que la intervención del demonio. Así después de explicar en qué consiste la eucaristía nos dice  en Apologia, 1. 66:

    “Los Apóstoles—en sus comentarios, que se llaman Evangelios—nos transmitieron que así se lo ordenó Jesús cuando, tomó el pan y, dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía; esto es mi Cuerpo. Y de la misma manera, tomando el cáliz dio gracias y dijo: ésta es mi Sangre. Y sólo a ellos lo entregó. Por imitación los malvados demonios prescribieron hacer esto mismo en los misterios de Mitra; en efecto, se presenta el pan y una copa de agua en las ceremonias de iniciación, con ciertas fórmulas que sabéis o podéis aprender”.

    En resumen ,como dice Loisy: “Los misterios de Mitra eran una gran religión

    Todas estas cuestiones históricas han sido desde finales del siglo XIX muy estudiadas y son conocidas, aunque no lleguen de manera general a los ciudadanos porque las autoridades y responsables religiosos o no las conocen o no quieren conocerlas y mucho menos transmitirlas a sus fieles, a los que deben considerar no preparados para conocer la verdad histórica.

    Por eso causan tanto revuelo y desazón declaraciones de la jerarquía tan simples como la realizada por el Papa Juan Pablo II en 21 de Diciembre de 1993, cuando reconoció que el día de Navidad sustituyó a la fiesta pagana del Sol Invencible, que coincidía con el solsticio de Invierno. De la noticia se hicieron eco los medios de comunicación y fácilmente puede ser localizada en cualquier hemeroteca.

    Nota: hemeroteca, del griego: hemera (Ἡμέρα), día, y theke (θήκη), armario,caja, depósito, en el que se guardan los  datos y revistas.

    No menos sorpresa y desazón provocó entre fieles devotos la declaración del sucesor de Juan Pablo II, el Papa Benedicto XVI, cuando en noviembre del año 2012 publicó el libro La infancia de Jesús, en el que reconoce el error del calendario en fijar la fecha del nacimiento de Jesús o afirma que los elementos iconográficos del nacimiento como el acompañamiento de la mula y el buey son meros adornos de la tradición que nada tienen que ver con la realidad histórica. Esta supresión de estos animales desorientó a muchos ciudadanos practicantes de la religión con evidente ingenuidad.

    Bien, volviendo al tema del mitraismo, diré que la base de los estudios históricos sobre esta religión la puso Franz Cumont (1868-1947), historiador y filólogo belga, que publicó una enorme obra documental al respecto y que, después de haber sido profesor universitario durante varios años, fue rechazado como profesor de la universidad de Gante por el ministro católico de Educación. El hecho provocó una enorme campaña de prensa y estudiantil para rechazar la injerencia de la religión en la universidad.

    Otro gran especialista en el estudio de la historia de las religiones de misterios fue Alfred Loisy (1857-1940), teólogo y sacerdote francés contemporáneo de Cumont. Se le considera el creador de los  modernos estudios Bíblicos. Entró pronto en conflicto con el Vaticano, que le excomulgó en 1908 y todos sus libros fueron censurados, siendo incluidos año tras año en el índice. El Concilio Vaticano II lo rehabilitó parcial e implícitamente. Su obra Les Mystères païens et le Mystère chrétien fue publicado en 1919, pero en castellano no lo fue hasta 1967, fuera de España, naturalmente, con el título Los misterios paganos y el misterio cristiano; en España fue reimpresa en 1990. En 1909 fue contratado como profesor en el prestigioso Colegio Francés (Collège de France) donde enseñó e investigó durante muchos años.

    Resultan realmente emocionantes algunos párrafos del prólogo de la primera edición en el que se trasluce la conciencia de un hombre que aplicando el método de la historia ha descubierto lo que cree que es la verdad, pero cuya publicación sin duda ha de causar novedad; temeroso de una muerte inesperada, cree que es su obligación publicar la verdad histórica que él ha encontrado, aunque es consciente de que es necesario seguir ampliando y demostrando esa información.

    Me permito transcribir esos párrafos como ejemplo de las dificultades que no hace mucho y aún hoy día encuentran los historiadores, que sólo se deben a la verdad que los textos les transmiten :

    La vida es corta, y cuando uno siente la suya eminentemente frágil, se tiene, quizás, el derecho de decir sin mucha tardanza lo que se ha creído captar de la verdad. Una discusión profundizada y minuciosa de todos los testimonios concernientes a los misterios paganos y a los orígenes cristianos podría absorber muchas existencias, y uno no está obligado en absoluto, sin duda, a callar sobre el tema esperando que una generación de eruditos haya escrutado minuciosamente todos los detalles.
    También está permitido preguntarse si es absolutamente indispensable haber agotado la cuestión para saber a qué atenerse sobre los puntos esenciales. Además, en lo que se relaciona con los orígenes cristianos, el conocimiento de los textos no es todo y la independencia total del juicio tiene su importancia. Los textos son conocidos y estudiados desde hace largo tiempo, pero la crítica apenas se diferencia de la fe, cuyos documentos más antiguos son esos textos. Abordarlos sin ningún interés teológico o polémico es, sin duda, una condición indispensable para comprenderlos bien desde el punto de vista de la historia. Pues bien, esta condición puede pasar aún, en el momento actual, por una gran novedad.

    La vie est courte, et, lorsqu'on sent la sienne éminemment fragile, on a peut-être le droit de dire sans trop de retard ce que Von a cru saisir de vérité. Une discussion approfondie et minutieuse de tous les témoignages concernant les mystères païens et les origines chrétiennes pourrait absorber plusieurs existences, et Von n'est point sans doute obligé de se taire sur le sujet en attendant qu'une génération d'érudits en ait minutieusement scruté tous les détails . Il est permis aussi de se demander s'il
    est absolument indispensable d'avoir épuisé la question pour savoir à quoi s'en tenir sur les points essentiels. D'ailleurs, en ce qui regarde les origines chrétiennes, la connaissance des textes
    n'est pas tout, et tindépendance entière du jugement a son importance. Les textes sont connus et étudiés depuis longtemps, mais la critique est à peine dégagée de la foi dont ces textes sont les plus anciens documents. Les aborder sans aucun intérêt théologique ou polémiqua est sans doute une condition indispensable pour les bien entendre au point de vue de l'histoire. Or cette condition peut encore, à l' heure actuelle, passer pour une grande nouveauté.

    Este texto es del año 1919; han pasado casi cien años. Parece lógico suponer que hoy no ha de causar ya ninguna novedad. ¿o todavía la causa?

  • Una habitación con espejos

    Horacio me parece el mejor poeta latino. Ya sé que habrá quien me lo cuestione y me dirá que lo es Virgilio. Bueno, la épica y la lírica son dos géneros distintos de la poesía. De Horacio conocemos alguna anécdota curiosa.

    Horacio es el autor de famosos versos que se han convertido en sentencias siempre citadas: aurea mediocritas, carpe diem, beatus ille… A él me he referido en varias ocasiones en este blog, como puede comprobarse buscando en el espacio que en la barra superior del propio blog hay junto al símbolo de la lupa. Véase por ejemplo:

    https://www.antiquitatem.com/horacio-poema-mas-hermoso-de-antiguedad

    https://www.antiquitatem.com/carpe-diem-horacio-oda-poesia-latina

    En sus versos nos ha dejado algunos datos de su vida y contamos también con una breve biografía que de él nos dejó Suetonio en su libro De poetis, Sobre los poetas,  correspondiente a su obra De viris illustribus, Sobre hombres ilustres.

    Suetonio escribió numerosas obras, parece haberse especializado en la biografía, plagadas siempre de anécdotas que podríamos calificar como de “cotilleo histórico”, a las que en el fondo somos tan aficionados hoy como ayer.

    Contaré un par de anécdotas de “cotilleo histórico” referidas a su trato con Augusto o a sus peculiares gustos sexuales.

    Horacio gozó de la amistad del gran Mecenas y también de la del emperador Augusto, aunque siempre supo mantener cierta distancia, celoso de su independencia y consciente de su realidad personal. Por eso parece que rechazó el puesto de secretario personal que le ofreció el emperador. No por eso se enfadó Augusto, que mantiene con el poeta una relación cargada de ironía y confianza, correspondida en el mismo sentido por el poeta.

    Augusto bromea con la baja estatura y obesidad del poeta (brevis atque obesus, dice Suetonio), al que también en broma le llama “castísimo pene”  o “tipo divertidísimo”.

    Horacio permaneció soltero toda su vida, pero esto no quiere decir que no tuviera una amplia experiencia sexual, como se deduce de sus versos. Por ejemplo son varias las muchachas citadas de nombre griego Cínara, Glícera, Lálage, Inaquia, como muchas cortesanas, con las que tal vez tuvo relaciones. También menciona a algún joven muchacho como Licisco y Ligurino. Tal vez lo de “castísimo pene” era pues una pícara ironía de Augusto.

    Es más, Suetonio dice de él que era “un tanto desenfrenado en cuestión de amores” , “ad res venereas intemperatior”. Y para completar estos datos nos dice cómo hacía colocar espejos en su habitación (speculato cubículo) para poder observarse desde todo ángulo a sí mismo en el acto amoroso.

    Reproduzco los fragmentos de la breve Vita que nos ofrece Suetonio referidos a estas anécdotas:

    Además de esto, entre otras bromas, muchas veces le llama  “purísimo pene”  y “hombrecillo graciosísimo”  y al mismo tiempo le obsequia con regalos como prueba de su liberalidad generosidad.

    …….

    En cuanto a la forma del cuerpo fue bajo y gordo, como él mismo se describe en sus Sátiras y como lo describe  Augusto en esta carta: “Onisio me ha traído tu pequeño libro,  que yo, no te culpo por ello, aunque pequeño lo  valoro muy bien. Sin embargo me parece que temes  que tus libritos sean más grandes  de lo que tú eres. Pero si te falta estatura, sin embargo no te falta corpulencia. Y así podrás escribir encima de un celemín de tal forma que el tamaño de tu libro sea tan grande como el de tu panza bien redonda”

    Se dice que en los asuntos del amor era un tanto desenfrenado; pues se dice que tenía colocadas imágenes de señoritas en una habitación llena de espejos, para poder observar allí la imagen de su propio coito en  cualquier lugar al que mirase.

    Praeterea saepe eum inter alios iocos «purissimum pene» et «homuncionem lepidissimum» appellat, unaque et altera liberalitate locupletavit.
    ……
    Habitu corporis fuit brevis atque obesus, qualis et a semetipso in saturis describitur et ab Augusto hac epistula: «Pertulit ad me Dionysius libellum tuum, quem ego ut accusantem quantuluscumque est, boni consulo. Vereri autem mihi videris ne maiores libelli tui sint, quam ipse es. Sed tibi statura deest, corpusculum non deest. Itaque licebit in sextariolo scribas, quo circuitus voluminis tui sit ὀγκωδέστατος, sicut est ventriculi tui».

    Ad res venereas intemperantior traditur; nam speculato cubiculo scorta dicitur habuisse disposita, ut, quocumque respexisset, ibi ei imago coitus referretur.

    La multiplicación especular, pues, parece ser un notable afrodisiaco (término derivado de Afrodita diosa griega del amor, como la Venus latina) ayer como hoy, especialmente para voyeurs porque numerosos son los palacios, castillos, hoteles en los que existe “la habitación de los espejos”. Famoso es el palacio de Versalles, aunque el enorme salón de los espejos no fuera escenario adecuado para  especiales escarceos amorosos sino para alimentar el ego de los cortesanos, que es otra forma de voyeurismo. Tal vez lo fue la habitación del castillo de Belmonte, construido por el famoso y poderoso marqués de Villena,  cuyo techo está adornado por gran cantidad de pequeños espejos.

    Relación evidente entre eros y espejo tienen las diversas Venus del Espejo pintadas por artistas tan notables como Velázquez y Rubens; en ambas un eros o amorcillo sostiene el espejo en el que Venus, tratada como una mortal y no como una diosa, ve reflejado su rostro;

    En fin, los cinéfilos recordarán sin duda las primeras escenas de la tórrida película, mezcla de thriller (investigación policiaca) y sexo agresivo, Instinto Básico, (19929, dirigida por Paul Verhoeven y protagonizada por Sharon Stone y Michael Douglas.

    Probablemente en ningún otro campo como el del amor en sus diversas formas es más verdad el lema de este blog:  nihil novum sub sole

  • Son nombres de enamorados

    Desde que el hombre inventó un sistema para dejar grabados sus pensamientos, es decir, la escritura, ha utilizado cuantos soportes útiles ha encontrado a su alcance: barro, piedra, bronce, plomo, tela, marfil, piel de los animales o pergamino e incluso piel humana (los tatuajes por ejemplo), papiro, papel, cristal, el más moderno plasma y lo que el futuro tecnológico nos depare.

    El soporte  más romántico sin duda y muy antiguo, aunque hoy tal vez sea considerado no suficientemente respetuoso con la naturaleza, ha sido y es la corteza de los árboles.

    ¿Quién no conoce el famoso poema de Antonio Machado perteneciente a su obra Campos de Castilla, 1912, que titula “Campos de Soria”?

    He vuelto a ver los álamos dorados,
    álamos del camino en la ribera
    del Duero, entre San Polo y San Saturio,
    tras las murallas viejas
    de Soria —barbacana
    hacia Aragón, en castellana tierra—.

    Estos chopos del río, que acompañan
    con el sonido de sus hojas secas
    el son del agua, cuando el viento sopla,
    tienen en sus cortezas
    grabadas iniciales que son nombres
    de enamorados, cifras que son fechas.

    ¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
    de ruiseñores vuestras ramas llenas;
    álamos que seréis mañana liras
    del viento perfumado en primavera;
    álamos del amor cerca del agua
    que corre y pasa y sueña,
    álamos de las márgenes del Duero,
    conmigo vais, mi corazón os lleva!

    Esta práctica amorosa, más propia de adolescentes, pero sin límite de edad, es muy antigua. Con frecuencia y modernamente el texto va acompañado de un corazón, que a veces incluso para mayor énfasis pasional atraviesa una flecha o dardo del ciego Cupido o Eros, el dios adecuado al significado. Este detalle de la flecha o bien supone un buen conocimiento del mundo antiguo o es simplemente una cursilería innecesaria.

    En todo caso, el soporte podría parecer accidental pero de ninguna forma lo es, porque el árbol es un ser vivo, que crece y en su desarrollo acrecienta lo en él escrito, como más adelante veremos en una cita del poeta latino Ovidio. Así, como a ser vivo lo trata el poeta o el enamorado, que con frecuencia lo apostrofa cual si de persona se tratara.

    Por lo demás no deja de ser curioso que la palabra latina “liber” tiene un doble significado, aquí curiosamente relacionado: significa “libro”  y también y primitivamente  “corteza del árbol”; para ser más exactos la parte interna de la corteza de los árboles constituida por varias capas fibrosas. Para ser más exactos  todavía “liber” también significa “libre” e incluso es el nombre de un importante dios romano, aunque provengan de raíces indoeuropeas diferentes que significan cosas distintas.

    Que “liber” significando “parte interna de la corteza de un árbol” y libro están relacionados resulta evidente, por la misma razón por la que la palabra griega “biblos” significa “papiro” y "libro". Pero el tema se merece un desarrollo más amplio que en otro momento haré. Así que en la creación de la lengua el árbol se ha convertido en libro, material y lingüísticamente.

    Pues bien, tenemos noticia del uso de este romántico soporte 2.200 años antes de Machado; por ejemplo por  Calímaco, poeta helenista que vivió entre los años 310-240 a.C., encargado de dirigir la famosa Biblioteca de Alejandría que escribió el catálogo Pinakes inventando un sistema de clasificación de los libros que en alguna aún perdura  (véase   https://www.antiquitatem.com/biblioteca-de-alejandria-filologia  ; es  autor de un poema a la “Cabellera de Berenice”, famosa constelación, única en la que se catasteriza (o convierte en astro, que es lo que significa la palabra) un personaje humano, la reina Berenice de la que en otra ocasión trataré.

    Calímaco, en el fragmento 73 de su obra Aitia (“causas” signfica la palabra y con ella titula las explicaciones de diversos hechos religiosos, culturales, etc.) nos dice:

    … sino en vuestras cortezas tuvierais tantas letras grabadas  cuantas son capaces de proclamar: “hermosa Cidipa”.

    El verso se refiere al famoso y popular cuento o fábula amorosa “Acontio y Cidipa”, que en otra ocasión comentaré con más detalle. Sea suficiente hoy saber que Acontio hizo llegar una manzana a la joven muchacha Cidipa con la inscripción y fórmula “(“juro por Ártemis que tomaré por esposo a Acontio”. La lectura, aunque involuntaria, de este juramento les unió amorosamente para siempre. Recuérdese el importante papel que juega “la manzana” en los lances amorosos: el juicio de Paris, Helena, AtalantaHipomenes…..

    Muchos años después, en el siglo V o VI después de Cristo, el griego Aristéneto, que recoge poemas amorosos de diversos autores, entre ellos de Calímaco, del que nos sirve como espléndido complemento informativo y testimonio a la vista de los escasos fragmentos que del poeta nos quedan, nos dice:

    Ojalá, árboles, tuvierais entendimiento y voz, para que sólo dijerais ‘bella Cidipa’; o bien otras tantas letras tuvieseis escritas en vuestras cortezas”.

    El  lírico Teócrito, que vivió en Siracusa (Sicilia),Cos y Alejandría en el siglo III a.C.,  en su Idilio XVIII, 48  (titulado Epitalamio de Helena) nos atestigua la costumbre tal vez antigua en Laconia o Lacedemonia (Esparta) de escribir en los árboles: 

    Seremos las primeras en tejer para ti una guirnalda de trébol, y la pondremos en un plátano frondoso; seremos las primeras en tomar suave aceite de la alcuza de plata y en verterlo bajo el frondoso plátano. Y en su corteza habrá grabada una inscripción para que cualquiera que pase junto a él lea a la doria: “Venérame, soy el árbol de Helena”. (Traducción de Manuel García Teijeiro y Mª Teresa Molinos Tejada. Edit. Gredos,1986)

    La palabra “epitalamio” (del latin epithalamĭum, y este del griego. ἐπιθαλάμιος, (de la preposición  ἐπι-,epi- sobre, y de θαλάμος, thalamos, lugar de la  boda, cámara nupcial, lecho),  designa al canto nupcial que en la boda de una muchacha hacían sus amigas ante la habitación de los recién desposados.

    Idilio a su vez es una palabra griega, εἰδύλλιον, transferida al latín como idyllĭum, que en principio significa poema breve. Es un poema lírico de tema amoroso en el que los personajes son pastores idealizados en una naturaleza ideal. Virgilio practicó este género o subgénero literario en sus Eglogas o Bucólicas. Por extensión un “idilio” puede referirse también a la propia relación amorosa y de cierta intensidad de las personas.

    El poeta griego de los siglos III-II a. Cristo Glauco de Nicópolis también utiliza el recurso de la escritura en la corteza del árbol, que queda recogido en Antología Palatina IX 341

    – Ninfas, decid sin rebozo si acaso hizo Dafnis, al pasar, que aquí reposaran sus cabras.
    – Sí, sí, Pan, tocador de siringa, y grabó, en la corteza del álamo aquel algo para que lo leyeses.
    – “Pan, Pan, vete a Málea, al monte Psofidi camina, que yo iré”. Salud, ninfas, pues allí me dirijo.

    También Virgilio en sus Eglogas 5 y 10 se sirve de este tópico.

    En la Egloga V, 10-18, (diálogo entre los pastores Menalcas y Mopso):
    ….
    MENALCAS: Empieza, Mopso, el primero, y canta, si de ellos sabes, los amores de Filis, los loores de Alcon, o el combate de Codro. Empieza; Títiro nos apacentará los cabritos.

    MOPSO: Más bien probaré a cantar estos versos, que escribí poco ha en la corteza de una verde haya, a medida que los iba entonando, y haz que venga luego Amintas a competir conmigo.

    MENALCAS: Cuanto es inferior el flexible sauce al pálido olivo, cuanto lo es el humilde espliego a los purpúreos rosales, tanto, en mi sentir te es inferior Amintas.

    Menalcas

    Incipe, Mopse, prior, si quos aut Phyllidis ignes,
    aut Alconis habes laudes, aut iurgia Codri:
    incipe, pascentis servabit Tityrus haedos.

    Mopsus

    Immo haec, in viridi nuper quae cortice fagi
    carmina descripsi et modulans alterna notavi,
    experiar, tu deinde iubeto ut certet Amyntas.

    Menalcas

    Lenta salix quantum pallenti cedit olivae,
    puniceis humilis quantum saliunca rosetis,
    iudicio nostro tantum tibi cedit Amyntas.

    Y en la Egloga X Virgilio canta a su amigo, el poeta Cornelio Galo, enamorado de una caprichosa actriz llamada Citérida (qué historia tantas veces repetida) que en el poema se llama Lícoris; retirado a la soledad de una naturaleza pastoril idealizada, escribe en los árboles la historia de su amor desgraciado:

    Egloga X, 52 y ss.

    Estoy seguro, prefiero sufrir entre los bosques y en las cuevas de las fieras

    y  grabar mis amores en los tiernos árboles;

    crecerán los árboles y con ellos creceréis vosotros, amores míos.

    certum est in silvis, inter spelaea ferarum
    malle pati, tenerisque meos incidere amores
    arboribus; crescent illae, crescetis, amores.

    También el melancólico Propercio en sus Elegías,I, XVIII, 19-22:

    Vosotros seréis testigos, si los árboles guardan los amores,
    haya y pino, amigo del dios de Arcadia (Pan).
    ¡Ah! ¡Cuántas veces resuenan mis palabras bajo las suaves sombras,
    y en vuestras cortezas se ha escrito el nombre de Cintia!

    Vos eritis testes, si quos haber arbor amores,
    fagus et Arcadio pinus amica deo.
    A quotiens teneras resonant mea verba sub umbras,
    Scribitur et vestris Cynthia corticibus!

    También Ovidio utiliza este “topos” o “lugar” poético en su Heroida V, 21-30 (carta de heroínas antiguas a sus enamorados), en la que nos transmite la carta que la ninfa Enone escribe a su esposo, el troyano Paris,  que después no dudó en acudir a Grecia y generar con su rapto de Helena, la esposa de Menelao, el leiv-motiv, ¡qué ironía!,  de la grandiosa guerra de Troya:

    Grabadas  por ti guardan  mi nombre las hayas y escrita con tu cuchillo soy leída yo, Enone. Y cuanto crecen los troncos, tanto crece mi nombre. Creced y alzaos en consonancia con mis títulos. Hay un álamo, me acuerdo, plantado a la orilla del río, en el que están escritas las  letras que me recuerdan. Vive, te lo ruego, álamo que, plantado en el margen de la ribera, tienes en tu rugosa corteza estos versos:

       Si  Paris pudiera respirar, después de abandonar a Enone,
       re tornará el agua del Janto hacia su fuente.

    Janto, vuelve corriendo hacia atrás y, vosotras, aguas, retroceded dando la vuelta.
    Paris se atreve a abandonar a Enone.

    (Nótese que es el álamo el árbol que soporta la escritura que nos refiere Ovidio, como la de Machado. Es lo más lógico si de árboles “plantados a la orilla del río”, el Janto o el Duero, se trata).

    Incisae servant a te mea nomina fagi
    Et legor Oenone falce notata tua;
    Et quantum trunci, tantum mea nomina crescunt.
    Crescite et in títulos surgite recta meos.
    Populus est, memini, fluvialis consita  rivo,
    Est in qua nostri littera scripta memor;
    Popule,vive, precor, quae consita margine ripae
    Hoc in rugosa cortice Carmen habes:
    “Cum Paris Oenone poterit spirare relicta,
    Ad fontemXanthi versa recurret aqua”
    Xanthe, retro propera, versaeque recurrite limphae.
    Sustinet Oenonen deseruisse Paris.

    Esta  combinación de amor inscrito en la corteza de los árboles y de acciones imposibles, los llamados adynata (acciones imposibles es lo que significa la palabra) se repetirá con frecuencia en la poesía bucólica posterior del Renacimiento. Los adynata, el retorno del río a sus fuentes, el oscurecimiento del sol, la inmovilidad del cielo,  son expresión del mundo al revés.

    Todavía podemos citar entre los antiguos a  Calpurnio Sículo, autor de mediados del s.I de C. , poeta latino nacido en Sicilia, que escribió  unas Églogas inspiradas en Teócrito y Virgilio, también repite el tópico en Bucólica I, 19 y ss.:

    (Los hermanos Coridón y Órnito se resguardan del calor a la sombra de una haya, en cuya corteza ven grabado un poema con el vaticinio de Fauno que anuncia la vuelta de la edad de oro…)

    ORNITO: Ya nos hemos metido los dos en la sombra que buscábamos. Pero ¿qué son esas líneas escritas en la sagrada haya que alguien ha marcado, poco ha, con nerviosa podadera? ¿Ves cómo todavía las letras conservan los trazos verdes sin abrirse aún en seca hendidura?

    CORIDON: Ornito, acerca tus ojos: tú puedes examinar más deprisa los versos grabados en lo alto del tronco, pues padre te dio generosamente unas buenas zancas y madre, sin mezquindad, un esbelto cuerpo.

    ORNITO: No son estos versos de pastor o caminante a modo vulgar, sino que un dios en persona los canta, no suenan a vacada ni gritos montañeses interrumpen los versos sagrados.

    CORIDON: Extraño es lo que dices, pero venga ya y léeme con ojo atento, cuanto antes, todo el divino poema.

    ORNITO: “Yo, Fauno, nacido del éter, protector de montes y bosques, este porvenir profetizo a los pueblos. Es grato grabar en un árbol sagrado versos de júbilo para revelar los hados. Vosotros, sobre todo, habitantes de los bosques alegraos, alegraos vosotros, pueblo mío…
    (Traucción de Correa Rodríguez para editorial Gredos)

    ORNITUS:      et iam captatae pariter successimus umbrae.
                            sed quaenam sacra descripta est pagina fago,
                            quam modo nescio quis properanti falce notavit?
                            aspicis ut virides etiam nunc littera rimas
                            servet et arenti nondum se laxet hiatu?
    CORYDON:   Ornyte, fer propius tua lumina: tu potes alto
                            cortice  descriptos citius percurrere versus;
                            nam tibi longa satis pater internodia largus
                            procerumque dedit mater non invida corpus.
    ORNITUS:    non pastor, non haec triviali more viator,
                            sed deus ipse canit: nihil armentale resultat,
                            nec montana sacros distinguunt iubila versus.
    CORYDON :  mira refers; sed rumpe moras oculoque sequaci
                           quamprimum nobis divinum perlege carmen.
    ORNITUS:    "qui iuga, qui silvas tueor, satus aethere Faunus,
                           haec populis ventura cano: iuvat arbore sacra
                           laeta patefactis incidere carmina fatis.
                           vos o praecipue nemorum gaudete coloni,
                           vos populi gaudete mei:

    Nota:  los hados revelados parecen referirse al advenimiento del emperador Nerón, que canta ilusionadoCalpurnio.

    Y también vuelve a utilizarlo en la Bucólica III en los versos 43 y luego en el 91:

    v. III, 43:   

    JOLAS: Venga, di, pues voy a grabar tus palabras en la corteza de un cerezo y ,cortándola, le llevaré tus versos en rojizo libro.

    Dic age; nam cerasi tua cortice verba notabo
    Et decisa feram rutilanti carmina libro.

    Nota: como he comentado liber significa libro y la superficie interior de la corteza.

    v. III,91
    LICIDAS: ….Sin embargo antes se grabarán estos versos en el maldito árbol:

    “No os fieis, pastores, de las jóvenes casquivanas;

    a Filis la posee Mopso, a Lícidas lo posee el fin de todo”.

    Hi tamen ante mala  figentur in arbore versus
    “Credere pastores, levibus nolite puellis
    Phyllida Mopsus habet, Lycidam habet ultima rerum”.

    También Nemesiano, en su Egloga I, v. 28-29 escribe en un tronco las alabanzas de Melibeo:

    Oye lo que sobre esto encierra el cerezo que ves junto al río,
    que guarda mis cantos en su corteza grabada.

    Accipe quae super haec cerasus,quam cernis ad amnem,
    Continent, inciso servans mea carmina libro.

    Este tópico amoroso-poético siguió utilizándose profusamente en la Edad Media y naturalmente en el Renacimiento hasta nuestros días con el “renacer” de la poesía bucólica.  Sirvan de ejemplos paradigmático Garcilaso de la Vega y el inmortal Cervantes, que al menos en tres ocasiones lo utiliza en su inmortal Vida de Don Quijote.

    Garcilaso, Égloga III, vv. 237 y ss.

    Una de aquellas diosas, que en belleza,
    al parecer, a todas excedía,
    mostrando en el semblante la tristeza
    que del funesto y triste caso había
    apartado algún tanto, en la corteza
    de un álamo estas letras escribía
    como epitafio de la ninfa bella,
    que hablaban así por parte de ella.

    Este verso de Garcilaso parece recordarnos a Sannazaro, Arcadia, VI,1:

    Mientras Ergasto cantaba la piadosa canción, Frónimo, más ingenioso que ningún otro pastor, la escribía sobre una verde corteza de haya”

    “Mentre Ergasto cantò la pietosa canzone, Fronimo, sovra tutti pastori ingegnosissimo, la scrise in una verde corteccia de faggio”

    o al soneto de Ludovico Dolce:

    "Así  para mí los troncos en los que tallé y escribí
    mi nombre con notas con altias y hermosas ".

    “Così a me i tronchi dove intagli e scrivi
    Il nome mio con note altere e belle”.

    Cervantes lo utiliza en el cuento  de Marcela y Grisóstomo:

    Don Quijote de la Mancha, Primera parte, cap. XII:

    No está muy lejos de aquí un sitio donde hay casi dos docenas de altas hayas, y no hay ninguna que su lisa corteza no tenga grabado y escrito el nombre de Marcela, y encima de alguna, una corona grabada en el mismo árbol, como si más claramente dijera su amante que Marcela la lleva y la merece de toda la hermosura humana. Aquí sospira un pastor, allí se queja otro; acullá se oyen amorosas canciones, acá desesperadas endechas.

    También en el capítulo XXVI:

    Y, así, se entretenía paseándose por el pradecillo, escribiendo y grabando por las cortezas de los  árboles y por la menuda arena muchos versos, todos acomodados a su tristeza, y algunos en alabanza de Dulcinea., .

    Y de nuevo en la II parte, capítulo 73, que es el penúltimo de la obra:

    -Y más- dijo Sansón Carrasco- que como ya todo el mundo sabe, yo soy celebérrimo poeta y a cada paso compondré versos pastoriles o cortesanos o como más me viniere a cuento, para que nos entretengamos por esos andurriales donde habemos de andar; y lo que más es menester, señores míos, es que cada uno escoja el nombre de la pastora que piensa celebrar en sus versos, y que no dejemos árbol, por duro que sea, donde no la retule y grabe su nombre, como es uso y costumbre de los enamorados pastores.

    Desde entonces a hoy ni los poetas han dejado de cantar al amor ni los enamorados han dejado de grabar sus nombres en los árboles, ahora, es cierto, en competencia con la horrorosa costumbre, ya globalizada,  de anudar férreos candados en las barandillas de los puentes, tan falsos con frecuencia como los amores que proclaman, prontos a desaparecer en las aguas del río sobre el que penden.

  • Una filosofía para la vida

    Desgraciadamente la Filosofía no goza del prestigio del que ha gozado en otras épocas. Es verdad que con alguna frecuencia, los filósofos, algunos filósofos, se han refugiado en sus facultades universitarias o cenáculos culturales y se han abstraído de la sociedad a la que pertenecían y a la que debían su reflexión.

    Luciano de Samósata es un pensador y literato griego que vivió en época romana, en los años 125 – 181.  Es un gran satírico, cínico le consideran algunos, aunque él no perteneció a ninguna escuela filosófica. Con frecuencia el ácido y “cínicoLuciano fustiga sin piedad a los filósofos, de manera especial a los “platónicos” y a los de su tiempo, a quienes considera meros charlatanes. Es esta otra visión de la consideración de que disfrutaban los “filósofos”  en la sociedad y que tal vez choque al estudioso de la filosofía académica y escolar. 

    Un breve ejemplo de la ácida crítica con la que fustiga a los filósofos es, por ejemplo, este fragmento de su diálogo Icaromenipo. Zeus convoca una asamblea de dioses, preocupado por la actitud de algunos hombres que cuestionan su existencia o su culto.

    Luciano de Samósata, Icaromenipo 28 y ss. :

    (28)…Con la aurora se levantó Zeus y ordenó convocar asamblea. (29) Cuando todos estuvieron presentes comenzó diciendo: “El motivo de convocaros me lo ha ofrecido nuestro huésped de ayer (Icaromenipo), aquí presente; si bien hace tiempo que quería cambiar impresiones con vosotros acerca de los filósofos, movido ante todo por la Luna y sus quejas, he decidido no diferir por más tiempo el debate.

    Hay una raza de hombres que pulula no ha mucho tiempo por el mundo, holgazana, pendenciera, jactanciosa, irascible, glotona, necia, fatua, henchida de soberbia y, para decirlo con palabras de Homero `vano peso de la tierra´. Pues bien, esos individuos, divididos en escuelas tras crear diversos laberintos de palabras, se han dado a sí mismos los nombres de estoicos, académicos, epicúreos, peripatéticos y otros mucho más ridículos aún que los citados. A continuación, revestidos con el augusto nombre de la virtud, elevadas las cejas, arrugadas las frentes y crecidas las barbas, deambulan cubriendo sus costumbres repugnantes con un falso ropaje, muy semejantes a esos actores trágicos de quienes, si alguien les arranca la máscara y el ropaje entretejido de oro, queda tan sólo un ridículo hombrecillo contratado por siete dracmas para la representación.

    (30) Aunque son de esa ralea, desprecian a todos los hombres y cuentan absurdas historias acerca de los dioses; reuniendo a jóvenes fáciles de engañar, declaman en tono trágico sobre su cacareada virtud y les enseñan sus insolubles argucias didácticas; y ante sus discípulos ensalzan siempre la continencia, al tiempo que desprecian la riqueza y el placer; mas, a solas consigo mismos, ¿quién acertaría a describir sus excesos en las comidas, sus abusos sexuales y la forma en que lamen hasta la roña de los óbolos?
    Lo peor de todo es que ellos no llevan a término empresa alguna, ni pública ni privada, sino que son seres inútiles y superfluos
           `que ni en guerra cuentan ni tampoco en asamblea` (Iliada II, 202)
    sin embargo acusan a los demás, hacen acopio de palabras acres, consiguen adiestrarse en nuevos términos ofensivos y dirigen dicterios y reproches contra el prójimo; y parece alcanzar el triunfo entre ellos el más vocinglero, imprudente y osado para las difamaciones.

    (31) Sin embargo si pregunta a uno de esos que anda en tensión gritando y acusando a los demás:  ‘¿y tú qué haces? ¿Qué diremos, en nombre de los dioses que aportas tú al mundo?’, respondería , de querer expresarse en términos de justicia y verdad: ‘Navegar, cultivar la tierra, ser soldado o ejercer algún oficio me parecen actividades superfluas; pero grito, ando sucio, me baño en agua fría, camino descalzo en invierno, me envuelvo en una capa roñosa y, al igual que Momo, denuncio las acciones de los demás. Si algún rico gasta con prodigalidad en manjares o tiene una amante, me entremeto e indigno por esto, mas si un amigo o compañero yace enfermo o necesita cuidados y atenciones, lo ignoro’.
    De esa jaez es, oh dioses, este ganado.

    (32) Sin embargo, de entre estos, los llamados ‘epicúreos’ son en extremo insolentes y nos atacan sin mesura, afirmando que los dioses no nos ocupamos de los asuntos humanos y que, en una palabra, no prestamos atención a cuanto ocurre. Por tanto ya es hora de tratar el tema, pues si en una ocasión concreta consiguen esos tales persuadir al mundo, no será llevadera el hambre que sufriréis. Porque ¿quién iba ya a consagraros sacrificios sin esperanzas de ganar algo a cambio?
    En cuanto a las acusaciones de la Luna, todos oísteis ayer el relato del extranjero. Ante estos cargos proponed lo que resulte más conveniente para los hombres y más seguro para nosotros”
    (33)Cuando Zeus concluyó este discurso…
    (Traducción de Andrés Espinosa Alarcón, Edit. Gredos, 1996).

    En sus numerosos diálogos son muy frecuentes este tipo de críticas,  pero Luciano escribió también algunas obras nada irónicas, sino muy serias, sobre un par de filósofos que le marcaron personalmente.

    Voy a reproducir en su integridad una pequeña obra (más bien no es excesivamente larga) en la que  Luciano de Samósata nos ofrece los únicos datos que tenemos sobre un filósofo que no debió ser de primer nivel pero que a él le impactó como profesor, Demonacte o Demonax. Curiosamente Luciano vivió en época del emperador filósofo Marco Aurelio o del filósofo estoico Epicteto (55 –135) pero no escribió su biografía.

    Demonax no fue creador de ningún gran sistema de pensamiento, ni perteneció a ninguna escuela aunque algunos le consideran “cínico” y en realidad su tipo de vida se asemejó no poco a la de los “perrunos”, que eso es lo que significa la palabra “cínico”, de κυνικός, palabra griega formada a partir de κύων  κυνός , perro.

    Demonacte fue un  pensador íntegro, de vida sencilla y pobre coherente con su predicación, cercano a sus conciudadanos a los que ayudó cuantas veces pudo. Es ejemplo, pues, de filósofo no despegado y alejado de su sociedad sino todo lo contrario. Con frecuencia los “pensadores” se abstraen, se apartan, (que es lo que significa la palabra abs-trahere, abstracción) de sus conciudadanos, perdidos en la nube de su especulación. Pero el “pensador”, el intelectual en general debe ofrecer su reflexión al conjunto social. Por desgracia, con frecuencia los únicos que ofrecen su “saber” son los charlatanes dicharacheros, conocidos hoy como “tertulianos” omnipresentes y cuasi ubicuos en todos los medios de comunicación.

    Por lo demás el texto de la Vida de Demonacte es también un buen documento de las agudezas y humor que entretenía la vida social de las personas de cierta cultura.

    LUCIANO DE SAMOSATA: Vida de Demonacte

    1  No iba a carecer por completo nuestra época de hombres dignos de mención y recuerdo, sino que habría de ofrecer un notable ejemplo de perfección física y un filósofo de alto nivel intelectual. Me refiero a Sóstrato, el beocio, a quien los griegos llamaban «Heracles» y creían que lo era, y en especial a Demonacte, el filósofo. A ambos conocí, y por conocerlos admiré; de uno de ellos, de Demonacte, fui discípulo durante un dilatado período. Acerca de Sóstrato he tratado en otro libro  , y he descrito su talla y fuerza extraordinaria, su vida al aire libre en el Parnaso, su duro lecho, sus alimentos de la montaña y sus proezas —en nada discordantes con su nombre— 1, tales como exterminar bandidos, abrir caminos por lugares inaccesibles, o construir puentes en puntos de tránsito difícil.

    2  Acerca de Demonacte procede hablar ahora por dos razones: para que él permanezca en el recuerdo de los hombres cultos en lo que de mí depende, y para que los jóvenes mejor dotados que se entregan a la filosofía no tengan sólo los ejemplos del pasado para orientarse, sino que puedan tomar también un modelo de nuestro tiempo e imitar a aquel hombre como el mejor de los filósofos que yo he conocido.

    3 Era chipriota de origen, y de familia nada oscura en cuanto a rango político y hacienda. Sin embargo, superó todo esto, y aspirando a lo mejor para sí se entregó a la filosofía. No fue a instancias de Agatobulo  ni de Demetrio , su predecesor, ni tampoco de Epicteto, aunque estudió con todos ellos y también con Timócrates de Heraclea, sabio varón de gran sublimidad de expresión y pensamiento. Mas Demonacte, como digo, no fue captado por ninguno de éstos, sino que, movido por su natural inclinación hacia las cosas nobles y su amor innato a la filosofía desde la niñez, despreció todos los bienes humanos y, entregándose por entero a la libertad y a la sinceridad, vivió una existencia recta, sana e irreprochable, ofreciendo a cuantos le vieron y oyeron ejemplo de su buen juicio y de la integridad de su filosofar.

    4  No se lanzó a estas actividades «con los pies sin lavar», como dice el refrán, sino que se nutrió de los poetas y recordaba pasajes extensísimos; era un experto orador, conocía las escuelas filosóficas por haberlas tratado de modo nada superficial y —como indica el proverbio— no «con la  punta del dedo»; mantenía su cuerpo entrenado, lo había endurecido para la resistencia y, en general, había procurado no depender de ningún otro. Por ello, cuando comprendió que ya no se  bastaba a sí mismo, abandonó la vida voluntariamente, dejando tras de sí un gran renombre entre los griegos cultos.

    5 Sin ceñirse a una determinada forma de filosofía, sino combinando muchas, en modo alguno manifestaba predilección por una concreta: parecía relacionarse más estrechamente con Sócrates, si  bien por su indumentaria y costumbres exentas de prejuicios dio la impresión de imitar al sabio de Sinope2. No falseaba, sin embargo, los detalles de su vida a fin de sorprender y atraer las miradas de quienes encontraba a su paso, sino que vivía igual que cualquier otro hombre, normal y en absoluto poseído de vanidad en sus relaciones privadas y públicas.

    6  No practicaba la ironía de Sócrates, pero sus conversaciones rebosaban, evidentemente, de gracia ática, de suerte que quienes le trataron se iban sin despreciarle por plebeyo y sin huir de sus críticas sombrías; al contrario experimentaban toda suerte de gozos y se hacían notablemente mejores, más alegres y optimistas ante el futuro que cuando llegaron.

    7 Jamás lo conocieron gritando, sobreexcitado o irritándose, incluso cuando debía reprender a  alguien, sino que reprimía los pecados y perdonaba a los pecadores, estimando justo tomar ejemplo de los médicos, que curan las enfermedades sin mostrar cólera contra los enfermos. Consideraba que es humano pecar, y divino —o de un hombre semejante a un dios— enderezar los yerros.

    8  Con semejante forma de vida, nunca necesitaba nada para sí, mas ayudaba a los amigos en lo razonable, y a quienes parecían gozar de buena suerte les recordaba que eran elevados por poco tiempo al disfrute de unos bienes aparentes; en cambio, a los abatidos por la pobreza, irritados por el destierro o quejosos de la vejez o enfermedad los consolaba con su risa, reprochándoles no comprender que pronto cesarían sus aflicciones, y que el olvido de los bienes y de los males, unido a una libertad perdurable, les saldría en breve al encuentro.

    9  Trataba también de reconciliar hermanos en disputa y llevar la paz entre las mujeres y sus maridos. En ocasiones puso paz entre la muchedumbre agitada, y persuadió a la mayoría a servir a su patria con ánimo sereno. Tal era el carácter de su filosofía: amable, apacible y alegre

      10  Sólo le afligía la enfermedad o la muerte de un amigo, ya que consideraba la amistad el mayor de los bienes humanos. Por eso era amigo de todos, y no había persona alguna a la que no tratase con familiaridad, por el hecho de ser hombre , aunque la amistad de algunos le agradase más que la de otros: sólo se mantenía alejado de quienes consideraba descarriados y sin esperanza de curación. Y todo ello lo hacía y decía acompañado de las Cárites y de la propia Afrodita, de modo que, para citar el verso cómico, «la persuasión residía en sus labios 3».

    11  De este modo, tanto el pueblo llano de Atenas como las autoridades le admiraban sobremanera, considerándolo siempre un ser superior. Con todo, desde su posición se enfrentaba a la opinión pública, y el odio que se ganó entre las masas no fue inferior al de su predecesor 4  por su franqueza e independencia; y también se alzaron contra él algunos Mitos y Meletos, los cuales le acusaron de los mismos delitos que los de su tiempo imputaron a Sócrates: de que nunca lo vieron hacer sacrificios, y de que era el único entre todos que no se había iniciado en los misterios de Eleusis. Como réplica se coronó con gran valor, se puso un vestido blanco inmaculado, se presentó en la Asamblea y realizó su defensa, en ciertos pasajes con moderación, pero en otros con mayor acritud que la propia de su forma de vida. Respecto a no haber ofrecido jamás sacrificios a Atenea dijo: «No os extrañéis, atenienses, de que no le haya hecho sacrificios hasta ahora, por entender que ella en nada necesitaba de mis sacrificios». Respecto de la otra acusación, el asunto de los misterios, dijo que no había participado jamás en sus ritos porque, si los misterios eran malos, no habría guardado el secreto ante los no iniciados, sino que los habría apartado de los cultos; y, si eran  buenos, los habría revelado a todos por filantropía. De este modo los atenienses, que ya tenían  piedras en las manos para arrojarlas contra él, se serenaron y reconciliaron al punto, y a partir de aquel momento comenzaron a honrarle, respetarle y —finalmente— a admirarle; aunque en el comienzo mismo de su discurso les dirigió un acre exordio: «atenienses —dijo—, ya me veis coronado; sacrificadme también a mí ahora, ya que la primera vez no os fue aceptada la víctima».

    12  Quiero citar algunos de sus oportunos y certeros comentarios. Bien podría empezar con Favorino y lo que le replicó. Como quiera que Favorino hubiese oído decir que Demonacte se  burlaba de sus conferencias, y en especial del relajamiento de su ritmo, diciendo que era vulgar, afeminado y nada acorde con la filosofía, fue a su encuentro y preguntó a Demonacte quién era él  para burlarse de sus creaciones. «Un hombre —contestó—que no tiene los oídos fáciles de engañar». El sofista insistió, preguntándole: «¿Con qué títulos, Demonacte, has pasado de la escuela a la filosofía?» «Con testículos» 5, respondió.

    13  En otra ocasión el mismo sujeto se acercó a Demonacte para preguntarle cuál era su sistema filosófico predilecto. Éste le replicó: «¿Quién te ha dicho que soy un filósofo?» Y, en cuanto se apartó de su lado, estalló en una gran carcajada. Al preguntarle Favorino por qué reía, él respondió: «Me ha parecido ridículo que trates de distinguir a los filósofos por su barba, cuando tú mismo no tienes barba».

    14  Cuando el sofista Sindonio gozaba de gran predicamento en Atenas, y pronunciaba en su  propio provecho un elogio en el que venía a decir que dominaba toda la filosofía —pero es mejor citar sus propias palabras—: Aristóteles me llama al Liceo, lo seguiré; si Platón me llama a la Academia, lo seguiré; si Zenón me llama, en el Pórtico Policromo emplearé mi tiempo; si Pitágoras me llama, guardaré silencio»6, entonces Demonacte se levantó en medio de los oyentes y le dijo: «Tú —llamándole por su nombre—, Pitágoras te llama».

    15  Un tal Pitón, hermoso joven de las mejores familias de Macedonia, intentaba un día burlarse de él y le proponía una pregunta capciosa, rogándole que le diese la solución lógica. Demonacte replicó: «Sólo sé una cosa, niño: lo que pretendes». Irritado el joven por la chanza del equívoco, dijo en tono amenazante: «En seguida te mostraré al hombre que llevo». A lo que Demonacte, riendo, preguntó: «¡Ah! ¿Pero tienes un hombre?».

    16  Una vez que un atleta, del que se había reído por exhibirse con un vestido bordado a pesar de ser vencedor de los Juegos Olímpicos, le golpeó en la cabeza con una piedra y brotó la sangre, los  presentes se indignaban como si cada uno de ellos hubiera sido herido, y clamaban ir por el  procónsul; pero Demonacte les dijo: «No, hombres, no vayáis por el procónsul, sino por el médico».

    17  En una ocasión, paseando por un camino, encontró un anillo, y puso un anuncio en la plaza, requiriendo al dueño del anillo —quienquiera que fuese quien lo extravió— a venir a recuperarlo, siempre que le dijera su peso, la piedra y el grabado. Se presentó a la sazón un bello jovencito diciendo haberlo perdido, mas, como no dijese ninguna característica acertada, exclamó: «Márchate, joven, y vigila tu propio anillo, que ése no lo has perdido» 7.

    18  Un senador romano en Atenas le presentó a su hijo, un joven muy bello, aunque afeminado e histérico, diciéndole: «Mi hijo, aquí presente, te saluda». A lo que Demonacte contestó: «Hermoso es el joven, digno de ti y semejante a su madre».

    19  Al cínico que enseñaba filosofía envuelto en una piel de oso decidió llamarle, no Honorato, como era su nombre, sino Arcesilao8. Alguien le preguntó cómo debía definirse la felicidad, y replicó que sólo el hombre libre es feliz; y, como el otro argumentara que había muchos hombres libres, añadió:  —«Pienso en aquel que nada espera ni teme».

    20  —«Pero ¿cómo puede lograrse eso? Pues todos, en general, somos esclavos de la esperanza y el temor». —«Sin duda, si observas las empresas humanas, hallarás que no son dignas ni de esperanza ni de temor, pues penas y alegrías han de cesar por completo».

    21  Cuando Peregrino Proteo le reprochaba sus frecuentes burlas y mofas de los hombres, diciéndole: «Demonacte, haces bien el perro»9, le contestó: «Peregrino, no haces bien el hombre».

    22  A un hombre de ciencia que hablaba acerca de los antípodas le instó a levantarse, lo llevó a orillas de un pozo y le preguntó: «¿Así afirmas que son los antípodas?»

    23  Como uno afirmase ser un mago y poseer tan poderosos conjuros, que por su influjo todos eran persuadidos a ofrecerle cuanto quería, Demonacte le dijo: «Nada hay de extraño en ello. También yo poseo tu mismo arte; y, si quieres, acompáñame ante la panadera, y verás cómo yo, mediante un único conjuro y un pequeño fármaco, la persuado a darme pan», insinuando que la moneda tiene el mismo poder que un conjuro.

    24  Cuando Herodes el famoso lloraba a Polideuces, muerto prematuramente, y disponía que un carruaje se hallase siempre dispuesto para él, con los caballos, como si hubiese de subir, y le sirviesen comida, se le acercó y le dijo: «Te traigo un mensaje de parte de Polideuces». Herodes se alegró y, creyendo que Demonacte, al igual que los demás, compartía su sentimiento, le preguntó:  «Dime, Demonacte, ¿qué pide Polideuces?». «Se queja —respondió— de que no te hayas ido ya a su lado».

    25  Se acercó a un hombre que lloraba la muerte de su hijo y se había recluido en las tinieblas, afirmando ser mago y poder evocar la sombra del niño, con tal que le citase los nombres de tres  personas que jamás hubiesen estado de duelo. El hombre titubeó mucho tiempo, y se vio en apuros al no poder citar, imagino, un solo nombre. «Entonces —exclamó Demonacte—, hombre ridículo, ¿crees ser tú el único que padece dolores insufribles, cuando ves que nadie carece de su parte de dolor?»

    26  También gustaba burlarse de aquellos que en las conversaciones empleaban palabras muy arcaicas y términos extranjeros. Por ejemplo, a uno a quien había formulado una pregunta y que le contestó en un ático afectado, le dijo: «Amigo, yo te he hecho la pregunta ahora, pero tú me has contestado como si hubiera sido en tiempos de Agamenón».

    27  Como un amigo le dijera: «Vayamos, Demonacte, al Asclepieo10 a rezar por mi hijo», él replicó: «Consideras a Asclepieo muy sordo, si no puede también escuchar nuestras plegarias desde aquí».

    28  En una ocasión, ante dos filósofos que discutían una cuestión con crasa ignorancia,  preguntando uno despropósitos y contestando el otro de modo ajeno al caso, dijo: «¿No os parece, amigos, que uno de ellos ordeña un macho cabrío y el otro le tiende un cedazo?»

    29  A Agatocles el peripatético, que se jactaba de ser el único y el primero de los dialécticos, le dijo: «Fíjate, Agatocles: si eres el primero, no eres el único, y si eres el único, no eres el primero».

    30  Cetego el consular, cuando iba de camino por la Hélade en dirección a Asia como embajador de su padre, decía y hacía muchas insensateces. Un amigo de Demonacte, testigo de éstas, decía de él que era una gran miseria. «No, por Zeus —dijo Demonacte—, ni siquiera grande».

    31  Como viera a Apolonio el filósofo partir de viaje con muchos discípulos —marchaba llamado a ser maestro del emperador—, exclamó: «Ahí va Apolonio y sus Argonautas».

    32  A uno que le preguntaba si creía que el alma es inmortal, le contestó: «Sí, pero como todas las cosas».

    33  Respecto de Herodes decía que Platón estaba en lo cierto al afirmar que no tenemos sólo un alma, pues no era propio de la misma agasajar a Regila  y Polideuces como si estuvieran vivos y entregarse a actividades intelectuales.

    34  Se atrevió una vez a preguntar a los atenienses públicamente, tras escuchar la proclamación de los misterios, por qué razón excluían a los bárbaros, sobre todo teniendo en cuenta que los ritos se los había establecido el bárbaro Eumolpo, tracio por añadidura.

    35  Y en una ocasión que se disponía a zarpar en pleno invierno, un amigo le objetó: «¿No temes que naufrague la embarcación y te devoren los peces?» «Sería un ingrato —replicó— si temiese ser comido por los peces, yo, que he comido tantos de ellos».

    36  A un orador de pésima expresión le aconsejaba practicar y entrenarse; y como éste le replicase: «Siempre recito para mí mismo», Demonacte le contestó: «Con razón recitas así, con un oyente tan necio».

    37  Y, como viera en cierta ocasión a un adivino profetizando públicamente a cambio de dinero, le dijo: «No veo por qué razón exiges dinero: si eres capaz de cambiar en algo el destino, poco es lo que pides; y si todo va a ocurrir como la divinidad ha decretado, ¿qué poder tiene tu adivinación?»

    38  Un oficial romano bien desarrollado físicamente le ofreció una exhibición de esgrima contra un poste y le preguntó: «¿Qué te parece, Demonacte, mi forma de luchar?» «Excelente — contestó—, siempre que tengas un adversario de madera.»

    39  Incluso ante las preguntas embarazosas tenía siempre preparada una réplica conveniente. Cuando uno le preguntó en son de burla: «Si quemase mil minas11 de madera, Demonacte, ¿cuántas minas de humo se producirían?», replicó: «Pesa la ceniza, y todo el resto será humo».

    40  Un tal Polibio, individuo en extremo ineducado e incorrecto en el hablar, decía: «El emperador me ha honrado con la ciudadanía romana». «Ojalá —respondióle— te hubiese hecho griego en vez de romano.»

    41  Al ver que un aristócrata presumía de la anchura de su toga de púrpura12, Demonacte le dijo al oído, al tiempo que cogía su vestido y le indicaba: «Esto lo llevaba una oveja antes que tú, y era… una oveja»
     
    42  Un día, mientras se bañaba, vaciló al ir a penetrar en el agua muy caliente, y, como alguien le acusase de cobarde, replicó: «Dime, ¿debo sufrir esto en defensa de la patria?»

    43  Cuando uno le preguntó: «¿Cómo crees que son las cosas del Hades?», repuso: «Aguarda, y ya te escribiré desde allí».

    44  Admeto, poeta de escasa calidad, le decía haber escrito un epitafio de un solo verso, que había dispuesto en su testamento fuera grabado en su monumento funerario. Pero es mejor citarlo exactamente: Tierra, acoge la envoltura de Admeto, que él mismo ascendió a dios.

    45  Demonacte rió y dijo: «Tan hermoso es el epitafio, Admeto, que ya quisiera verlo grabado».

    46 Un hombre vio en las piernas de Demonacte una huella propia de los ancianos y le preguntó: «¿Qué es eso, Demonacte?»; a lo que él contestó con una sonrisa: «Ya me ha mordido Caronte».

    47 Al ver a un espartano azotando a su esclavo, le dijo: «Deja de tratar a tu esclavo como a tu igual»13.

    48  A una tal Dánae, que sostenía un pleito contra su hermano, le dijo: «Ve a juicio: tú no eres Dánae, la hija de Acrisio»14. .

    49  Sobre todo, hacía la guerra a quienes practicaban la filosofía, no por la verdad, sino por exhibicionismo. Así, viendo a un cínico con capote y morral, pero con una maza en vez del bastón, que vociferaba y decía ser émulo de Antístenes, Crates y Diógenes, le dijo: «No mientas: tú eres en realidad discípulo de Hiperides».

    50  Tras notar que muchos atletas luchaban mal y, al margen del reglamento de juego, mordían en vez de boxear, decía: «No es extraño que a los atletas de ahora el público los llame leones».

    51  Aguda y mordaz a un tiempo fue la respuesta que una vez dio al procónsul. Éste era uno de los que depilan con pez sus piernas y todo el cuerpo. Un día, un cínico subió a una roca y empezó a reprochárselo, acusándolo de afeminación; el procónsul se irritó, mandó hacer bajar al cínico y se disponía a condenarlo a las estacas o incluso al destierro. Pero Demonacte, que andaba por allí, imploró clemencia para él, pues su atrevimiento era consecuencia de cierta libertad de expresión tradicional en los cínicos. El procónsul le dijo: «Por esta vez te lo dejo en libertad; mas, si vuelve a reincidir en algo parecido, ¿qué castigo merece?» «Haz que lo depilen», contestó Demonacte.

    52  Uno a quien el emperador había confiado el mando de las legiones y el de la provincia más importante preguntó a Demonacte cuál era la mejor forma de mandar: «Domina tu cólera — respondióle—, habla poco y oye mucho».

    53  Como alguien le preguntase si también él comía pasteles de miel, le replicó: «¿Acaso crees que las abejas han elaborado sus panales sólo para los necios?»

    54  Al ver junto al Pórtico Policromo una estatua mutilada en una mano, observó que mucho habían tardado los atenienses en honrar a Cinegiro con una estatua de bronce.

    55  Observando que Rufino el chipriota —me refiero al cojo del Peripato— gastaba mucho tiempo en sus paseos, dijo: «Nada hay más indecoroso que un cojo peripatético»15.

    56  Como Epicteto le reprendiera y aconsejara casarse y tener hijos, diciéndole que un filósofo debía dejar a la naturaleza quien le reemplazara, le contestó con la mejor refutación: «Bien, Epicteto, dame una de tus hijas»16.

    57  También su réplica a Hermino el aristotélico es digna de recuerdo. Sabiendo que era un hombre en extremo malvado, que había causado infinito daño a Aristóteles, y que tenía siempre en los labios sus «diez sentencias», Demonacte le dijo: «Hermino, tú sí que mereces de verdad diez sentencias».

    58 Mientras los atenienses, por emulación de los corintios, deliberaban sobre el establecimiento de combates de gladiadores, se acercó a ellos y les dijo: «No votéis esa resolución, atenienses, hasta que no derribéis el altar de Misericordia».

    59 Cuando fue a Olimpia y los eleos votaron para él una estatua de bronce, dijo: «No hagáis eso, varones de Elide, no parezca que ofendéis a vuestros antepasados, ya que ellos no elevaron estatuas ni a Sócrates ni a Diógenes».

    60 Le oí una vez citar a… el jurisconsulto, quien sostenía que las leyes resultan inútiles, tanto si se escriben para los buenos como para los malos; pues aquéllos no tienen necesidad de leyes, y éstos no se hacen mejores por su efecto.

    61 De Homero citaba con mayor frecuencia el verso:
    “Igual muere el holgazán que el laborioso”17.

    62 Celebraba asimismo a Tersites, considerándolo un orador cínico popular.

    63 Interrogado en una ocasión acerca de qué filósofo le complacía más, dijo: «Todos son admirables, pero yo venero a Sócrates, admiro a Diógenes y amo a Aristipo».

    64 Vivió casi cien años sin enfermedades, sin sufrimientos, sin molestar a nadie ni pedir nada, servicial para los amigos, sin tener jamás un enemigo. Tan gran afecto sentían hacia él no sólo los atenienses, sino toda la Hélade, que ante su presencia se levantaban los magistrados a cederle el asiento y todos guardaban silencio. Al final, cuando ya era muy anciano, penetraba en cualquier casa sin ser invitado y comía y dormía en ella, mientras sus habitantes consideraban el hecho como la aparición de un dios, y que algún buen espíritu había penetrado en su casa. A su paso, las  panaderas lo atraían cada cual hacia sí, pretendiendo que tomase pan de ellas, y la que se lo daba creía que esto era señal de buena suerte para sí. Hasta los niños le llevaban fruta, llamándole padre.

    65  En una ocasión en que se originó un conflicto en Atenas, penetró en la Asamblea, y su sola  presencia bastó para hacerles callar: él, al notar que ya habían cambiado de actitud, se retiró sin decir palabra.

    66  Cuando comprendió que ya no era capaz de bastarse a sí mismo, recitó a quienes se hallaban con él los versos de los heraldos en los Juegos:

    Termina ya el certamen que concede
    los más hermosos premios, y ya es hora
    de no más demorarse.

    Y, mediante la abstinencia de todo alimento, se retiró de la vida con ánimo alegre, como siempre se había mostrado a los demás.

    67  Un poco antes de su muerte, alguien le preguntó: «¿Qué dispones acerca de tu entierro?» «No os preocupéis —dijo—; el hedor me enterrará.» Aquél le replicó: «¿Cómo? ¿No es ignominioso que el cuerpo de un hombre de tu calidad quede relegado a pasto de aves y perros?» «Nada hay de particular en ello —repuso—, si una vez muerto voy a ser útil a unos seres vivos.» Mas los atenienses lo enterraron con solemnes honras públicas y le lloraron mucho tiempo. Y veneraban el banco de piedra donde solía sentarse cuando estaba cansado, y lo coronaban en su honor, considerando sagrada incluso la piedra sobre la que se sentaba. Todo el mundo fue a su entierro, y en especial los filósofos: ellos cargaron con su cuerpo y lo llevaron hasta el sepulcro. Éstos son unos pocos entre los muchos recuerdos que poseo, pero ellos bastan para dar a mis lectores una idea del tipo de hombre que era aquél.
    (Traducción de Andrés Espinosa Alarcón. Edit. Gredos, 1996)

    Notas:
    1  Con su sobrenombre de «Heracles».
    2 Diógenes
    3  ÉUPOLIS,  fr. 94, cf.  Nigrino 7.
    4  Sócrates
    5 Favorino de Arles era eunuco.
    6 Los pitagóricos guardaban silencio al entrar en su “convento”.
    7 Expresión de doble sentido, tal vez sexual…
    8 Nombre relacionado con “árktos”, «oso».
    9 Los cínicos, o «perrunos» de acuerdo con su etimología.
    10 Templo de Asclepio, dios de la salud. 
    11 La mina ática pesaba 599 gramos.
    12  Toga de senador con franja de púrpura.
    13 Los azotes formaban parte de la educación de los espartanos.
    14 Acrisio significa etimológicamente «sin juicio».
    15  Peripatético, significa etimológicamente «paseador»; son los seguidores de Aristóteles.
    16 Epicteto era soltero.
    17 Ilíada IX 320.

  • La Filosofía presta grandes servicios a la vida humana (CICERÓN, Disputaciones Tusculanas, V, 2)

    La Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) (United Nations Educational Scientific and Cultural Organization), estableció como Día Mundial de la Filosofía el tercer jueves del mes de noviembre. Acabamos de celebrarlo, pues, el pasado jueves. Desgraciadamente pocas personas habrán tenido noticia de ello.

    Naturalmente que el ser humano “piensa” desde el principio de su existencia. Precisamente esta es la característica propia de los seres humanos, pero la filosofía como ciencia, arte, método sistemático es una creación de los griegos, sin duda la más importante.

    Las especiales condiciones históricas y culturales de la Grecia continental, insular y asiática, su situación geográfica también abierta a todos los caminos y vientos de este y oeste, norte y sur, su expansión por todo el Mediterráneo, hicieron posible que el hombre, el  sujeto, se enfrentara de manera sistemática a lo que tenía enfrente, el objeto, con el solo instrumento de su potente razón.

    Allí se acuño el término Filosofía, que significa “amor a la sabiduría”, “deseo de saber”. Es una palabra     compuesta de  φιλος, filos , amigo, y  σοφία, sofía, sabiduría. Quien tiene amor a la sabiduría es un φιλο-σοφóς, un filósofo.

    A partir de ese momento, esa manía de pensar fundamenta toda la vida social e individual. Su enorme importancia ha sido reconocida hasta hace bien poco, en que desgraciadamente parece ir desapareciendo poco de las facultades universitarias y del interés de las personas.

    Cicerón sobresalió como orador y de él conservamos muchos discursos. También intervino activamente en política; llegó a ser cónsul, el primero de su familia y por eso se le consideró un “homo novus”, un “hombre nuevo” en política. En las disputas civiles entre César y Pompeyo optó por el perdedor, por Pompeyo. En los tres últimos años de su vida, apartado a la fuerza de la vida política y forense, tuvo tiempo para escribir algunos tratados de Filosofía. En uno de ellos, en la Disputaciones Tusculanas, (cinco jornadas de reflexión en su finca de Tusculum), nos explica el origen de la palabra “filosofía” y “filósofo”,  que Pitágoras utilizó el primero. También hace un encendido y grandioso elogio de la “Filosofía”, que difícilmente compartirá la sociedad actual, incluidas las personas hoy consideradas cultas.

    Ofrezco  dos pasajes del libro V de las Tusculanas. En este libro el tema central es la discusión sobre si una vida virtuosa, el ejercicio de la virtud, es por si solo capaz de proporcionar la felicidad.


    CICERÓN en  Disputaciones Tusculanas, V, 3,7-5,11 nos informa del origen de la palabra “filosofía” y hace un pequeño resumen histórico:

    3(7)-5 (11)
    Aunque nosotros vemos que la filosofía es un hecho antiquísimo, reconocemos, no obstante, que su nombre es reciente. Porque ¿quién puede negar que la sabiduría no solo es antigua en sí, sino que también lo es su nombre? Ella se ganaba este bellísimo nombre entre los antiguos por su conocimiento de las cosas divinas y humanas, especialmente por su conocimiento de los principios y las causas de todas las cosas. Así, si nos atenemos a la tradición, están aquellos famosos siete sabios, que por los griegos eran considerados y llamados “sophoí” y por nosotros sapientes y muchos  siglos antes Licurgo, en cuya época vivió también Homero antes de la  fundación de nuestra ciudad, y ya en los tiempos heroicos hemos oído de Ulises  y Néstor que fueron sabios y tenidos por tales. Ciertamente la tradición no habría hablado de que Atlante sostiene el cielo ni de que Prometeo está encadenado al Cáucaso, ni de que Cefeo está situado entre las estrellas con su esposa, su yerno y su hija, si su conocimiento divino de las cosas celestes no hubiera transferido sus nombres al error del mito. A continuación, todos aquellos que bajo su guía se dedicaban con pasión a la contemplación de la naturaleza eran considerados y llamados sabios y este título se extendió hasta el tiempo de Pitágoras, del que según Heráclides Póntico, discípulo de Platón, hombre de gran cultura, se cuenta que llegó a Fliunte, donde trató con erudición y elocuencia de algunas cuestiones con León, príncipe de los fliasios. Admiró León de su talento y de sus palabras, le preguntó en qué arte confiaba por encima de todo, a  lo que él respondió que no conocía ningún arte en particular, sino que él era un “filósofo”. León, asombrado por la novedad del nombre, preguntó quiénes eran los filósofos y qué diferencia había entre ellos y los demás; a lo que Pitágoras respondió que a él la vida de los hombres le parecía semejante a ese tipo de ferias que se celebran con un grandísimo aparato de juegos con la participación de toda Grecia, porque, del mismo modo que allí hay unos que tratan de alcanzar la gloria y la celebridad de la corona de la victoria con sus cuerpos entrenados, mientras que otros llegan con la intención de obtener una ganancia comprando y vendiendo, hay un tipo determinado de personas, y con gran diferencia el de mayor valía, que no buscan ni el aplauso ni el lucro, sino que llegan allí simplemente para ver y observar con atención qué es lo que sucede y cómo sucede, de la misma manera nosotros también, como si hubiéramos venido de una ciudad a una especie de feria atiborrada de gente, hemos venido a esta vida desde una vida y una naturaleza diferentes, unos para ser esclavos de la gloria, otros del dinero, pero hay unos pocos que, sin tener en consideración todo los demás, se dedican con pasión a examinar la naturaleza de la realidad, y ellos son los que se llaman a sí mismos amantes de la sabiduría, que es lo que significa ”filósofos” y, del mismo modo que en la feria el comportamiento más noble es limitarse a contemplar sin buscar nada para sí, así también en la vida la contemplación y el conocimiento de la realidad son actividades que superan con mucho a todas las demás.

    Mas Pitágoras no se limitó a ser el inventor del término. Sino que también amplió los contenidos mismos de la filosofía. Cuando él llegó a Italia, después de esta conversación en Fliunte, bien como particular o como hombre público, con las instituciones y las artes más sobresalientes contribuyó al ornato de la llamada Magna Grecia. Quizá habrá otra ocasión para hablar sobre su doctrina. Pero desde los primeros tiempos de la filosofía hasta Sócrates, que había oído a Arquelao, un discípulo de Anaxágoras, los filósofos trataban de los números y los movimientos y se preguntaban de dónde se originan y a donde vuelven todas las cosas e investigaban con gran empeño las magnitudes, los intervalos y los cursos de los astros y todos los fenómenos celestes. Sócrates fue el primero que hizo descender la filosofía del cielo, la colocó en las ciudades, la introdujo también en las casas y la obligó a ocuparse de la vida y de las costumbres, del bien y del mal. Su variado método de discusión, la diversidad de los temas y la grandeza de su talento, inmortalizados por el recuerdo y los escritos de Platón, dieron origen a muchas escuelas filosóficas que disentían entre sí, de las cuales yo me he atenido sobre todo al método, que en mi opinión era el que practicaba Sócrates, que consiste en suspender nuestra opinión propia, en liberar a los demás del error y en buscar en toda discusión lo que es lo más verosímil. Y puesto que ésta es la costumbre a la que se ha atenido Carnéades con grandísima agudeza y elocuencia, también he intentad yo, no sólo en otras muchas ocasiones, sino también recientemente en Túsculo, adaptar nuestras discusiones a esta costumbre. (Traducción de Alberto Medina Gonazález, Editorial Gredos, 2005)

    Nota: Según Platón en Protágoras 342 a-b, los siete sabios, que vivieron entre los siglos VII y VI fueron Tales de Mieto, Bias de Priene, Pitaco de Mitilene, Solón de Atenas, Cleóbulo de Lindos, Misón de Quene y Quilón de  Esparta. En otras listas  Misón, un campesiono de Quene, sustituye a  Periandro, tirano de Corinto.

    Véase el texto latino más abajo

    Piensa Cicerón que con frecuencia echamos la culpa de nuestras desgracias a la naturaleza y no a los propios errores; y en ese momento continúa haciendo un encendido y grandioso elogio de la “Filosofía” .
    CICERÓN, Disputaciones Tusculanas, V, 2, 5-6

    Mas la corrección de este fallo, así como la de todos nuestros otros errores y faltas, debe buscarse en la filosofía. Al haberme impulsado a mi, desde los primeros años de mi vida, mi voluntad y mi celo a echarme en su regazo, ahora, en mis gravísimos infortunios presentes, golpeado por una violenta tempestad, he buscado refugio en el mismo puerto del que yo había zarpado. ¡Oh filosofía, guía de la vida, indagadora de la virtud y desterradora de los vicios! ¿Sin ti qué habríamos podido ser, no sólo nosotros, sino también la vida humana en general? Tú has engendrado las ciudades, tú has llamado a los hombres dispersos a una comunidad de vida, tú los has unido, en primer lugar compartiendo una vivienda, luego mediante el matrimonio, a continuación, mediante la comunión de la escritura y el lenguaje, tú has sido la inventora de las leyes, tú has sido la maestra de la moralidad y el orden; en ti buscamos refugio, a ti pedimos ayuda, a ti nos entregamos ahora, del mismo modo que antes en gran parte, en cuerpo y alma. Un solo día bien vivido y acorde con tus preceptos es preferible a una inmortalidad sumida en el error. ¿A qué otra ayuda mejor que a la tuya podemos recurrir, tú que nos has regalado la tranquilidad de la vida y nos has suprimido el terror de la muerte? Y, a pesar de ello, la filosofía dista tanto de ser alabada en consonancia con los servicios que presta a la vida humana que, además de ser dada de lado por muchos, por muchos incluso es vituperada. ¿Puede alguien atreverse a vituperar a la madre de la vida y a mancillarse con un parricidio semejante y llegar en su ingratitud a un grado tal de impiedad que le permita acusar a la que debería venerar, aun en el caso de que no fuese capaz de comprenderla? Pero, en mi opinión, este error y esta neblina se derrama sobre las almas de los ignorantes porque ellos no son capaces de retrotraer tanto su mirada en el tiempo y porque ellos no consideran que los filósofos han sido los primeros a quienes los hombres deben una organización de la vida. (Traducción de Alberto Medina Gonazález, Editorial Gredos, 2005)

    Véase el texto latino más abajo

    Difícilmente compartirá la sociedad actual, incluidas personas de cultura, este encendido y algo retórico elogio de la Filosofía.

    CICERÓN, Disputaciones Tusculanas, V, 3,7-5,11

    [7] Quam rem antiquissimam cum videamus, nomen tamen esse confitemur recens. nam sapientiam quidem ipsam quis negare potest non1 modo re esse antiquam, verum etiam nomine? quae divinarum humanarumque rerum, tum initiorum causarumque cuiusque rei cognitione hoc pulcherrimum nomen apud antiquos adsequebatur. itaque et illos septem, qui a Graecis σοφοί, sapientes a nostris et habebantur et nominabantur, et multis ante saeculis Lycurgum, cuius temporibus Homerus etiam fuisse ante hanc urbem conditam traditur, et iam heroicis aetatibus Ulixem et Nestorem accepimus et fuisse et habitos esse sapientis.

    [8] nec vero Atlans sustinere caelum nec Prometheus adfixus Caucaso nec stellatus Cepheus cum uxore genero filia traderetur, nisi caelestium divina cognitio nomen eorum ad errorem fabulae traduxisset. a quibus ducti deinceps omnes, qui in rerum contemplatione studia ponebant, sapientes et habebantur et nominabantur, idque eorum nomen usque ad Pythagorae manavit aetatem. quem, ut scribit auditor Platonis Ponticus Heraclides, vir doctus in primis, Phliuntem ferunt venisse, eumque cum Leonte, principe Phliasiorum, docte et copiose disseruisse quaedam. cuius ingenium et eloquentiam cum admiratus esset Leon, quaesivisse ex eo, qua maxime arte confideret; at illum: artem quidem se scire nullam, sed esse philosophum. admiratum Leontem novitatem nominis quaesivisse, quinam essent philosophi, et quid inter eos et reliquos interesset;

    [9] Pythagoram autem respondisse similem sibi videri vitam hominum et mercatum eum, qui haberetur maxumo ludorum apparatu totius Graeciae celebritate; nam ut illic alii corporibus exercitatis gloriam et nobilitatem coronae peterent, alii emendi aut vendendi quaestu et lucro ducerentur, esset autem quoddam genus eorum, idque vel maxime ingenuum, qui nec plausum nec lucrum quaererent, sed visendi causa venirent studioseque perspicerent, quid ageretur et quo modo, item nos quasi in mercatus quandam celebritatem ex urbe aliqua sic in hanc vitam ex alia vita et natura profectos alios gloriae servire, alios pecuniae, raros esse quosdam, qui ceteris omnibus pro nihilo habitis rerum naturam studiose intuerentur; hos se appellare sapientiae studiosos—id est enim philosophos—; et ut illic liberalissimum esset spectare nihil sibi adquirentem, sic in vita longe omnibus studiis contemplationem rerum cognitionemque praestare.

    [10] Nec vero Pythagoras nominis solum inventor, sed rerum etiam ipsarum amplificator fuit. qui cum post hunc Phliasium sermonem in Italiam venisset, exornavit eam Graeciam, quae magna dicta est, et privatim et publice praestantissumis et institutis et artibus. cuius de disciplina aliud tempus fuerit fortasse dicendi. sed ab antiqua philosophia usque ad Socratem, qui Archelaum, Anaxagorae discipulum, audierat, numeri motusque tractabantur, et unde omnia orerentur quove reciderent, studioseque ab is siderum magnitudines intervalla cursus anquirebantur et cuncta caelestia. Socrates autem primus philosophiam devocavit e caelo et in urbibus conlocavit et in domus etiam introduxit et coëgit de vita et moribus rebusque bonis et malis quaerere.

    [11] cuius multiplex ratio disputandi rerumque varietas et ingenii magnitudo Platonis memoria et litteris consecrata plura genera effecit dissentientium philosophorum, e quibus nos id potissimum consecuti sumus, quo Socratem usum arbitrabamur, ut nostram ipsi sententiam tegeremus, errore alios levaremus et in omni disputatione, quid esset simillimum veri, quaereremus. quem morem cum Carneades acutissime copiosissimeque tenuisset, fecimus et alias saepe et nuper in Tusculano, ut ad eam6 consuetudinem disputaremus.
    …..
    CICERÓN, Disputaciones Tusculanas, V, 2, 5-6

    [5] Sed et huius culpae et ceterorum vitiorum peccatorumque nostrorum omnis a philosophia petenda correctio est. cuius in sinum cum a primis temporibus aetatis nostra voluntas studiumque nos compulisset,  his gravissimis casibus in eundem portum, ex quo eramus egressi, magna iactati tempestate confugimus. o vitae philosophia dux, o virtutis indagatrix expultrixque vitiorum! quid non modo nos, sed omnino vita hominum sine te esse potuisset? tu urbis peperisti, tu dissipatos homines in societatem vitae convocasti, tu eos inter se primo domiciliis, deinde coniugiis, tum litterarum et vocum communione iunxisti, tu inventrix legum, tu magistra morum et disciplinae fuisti; ad te confugimus, a te opem petimus, tibi nos, ut antea magna ex parte, sic nunc penitus totosque tradimus. est autem unus dies bene et ex praeceptis tuis actus peccanti inmortalitati anteponendus.

    [6] cuius igitur potius opibus utamur quam tuis, quae et vitae tranquillitatem largita nobis es et terrorem mortis sustulisti? Ac philosophia quidem tantum abest ut proinde ac de hominum est vita merita laudetur, ut a plerisque neglecta a multis etiam vituperetur. vituperare quisquam vitae parentem et hoc parricidio se inquinare audet et tam impie ingratus esse, ut eam accuset, quam vereri deberet, etiamsi minus percipere potuisset? sed, ut opinor, hic error et haec indoctorum animis offusa caligo est, quod tam longe retro respicere non possunt nec eos, a quibus vita hominum instructa primis sit, fuisse philosophos  arbitrantur.
     

  • Hipólito mítico e Hipólito mártir: inquietantes coincidencias

    El héroe Teseo había escapado del laberinto de Creta con la ayuda de Ariadna, a la que prometió matrimonio, pero abandonó en Naxos. Teseo es el padre de Hipólito, al que tuvo con una Amazona que unos llaman Antíope o Melanipe o Hipólita o simplemente la Amazona. Luego Teseo casó con Fedra, hermana de Ariadna. Muchos siglos,después del tiempo mítico, hubo otro Hipólito, mártir cristiano.

    El Hipólito mítico con el tiempo se convirtió en un hermoso y casto joven cuya única ocupación era cazar animales salvajes en compañía de la diosa virgen cazadora Artemisa o Diana. Como seguidor de esta diosa virgen, él también permanece casto y desdeña el amor femenino. Este desprecio del amor ofendió a Afrodita, que inspiró en su madrastra Fedra un pasional e incontenido amor por su hijastro. Hipólito resistió los requerimientos de Fedra, que lo acusó falsamente ante Teseo, su padre, de haber pretendido violarla. Teseo, ingenuo, creyo a Fedra y rogó a Poseidón que le ayudase a vengar la ofensa de su hijo.

    Así cuando un día paseaba Hipólito en su carro a la orilla del mar, surgió de las aguas un toro bravo que asusto a los caballos, que se desbocaron, arrastraron y descuartizaron a Hipólito. Luego Diana convenció a Esculapio para que le devolviera la vida y esto enfureció a Júpiter. Diana  cambió la  figura de Hipólito envejeciéndolo y lo ocultó en Italia, en el bosque de Nemi o de Aricia, en donde vivió con el nombre de Virbio.

    Nota: el propio nombre “Hipólito” es la síntesis del mito, puesto que viene a signifcar “el de los caballos desbocados” o “estampida de los caballos”; procede de hipos Ιππός   caballo,  y lio,litos λυτος,  del  verbo λύω que significa “soltar, desatar”

    Es esta, como se ve, otra versión del célebre tema de Putifar, mito que está constatado en diversas culturas orientales.

    Pues bien,  el bosque italiano de Nemi o de Aricia, estaba consagrado a Diana y a Virbio, identificado luego en la mitología con Hipóito, como acabamos de ver. En este bosque de Aricia no podían entrar los caballos por haber sido los causantes de la muerte de Hipólito. La fiesta de Diana e Hipólito se celebraba el día 13 de Agosto. Diana y Virbio recibían culto en numerosos lugares de Italia, como en la Campania.

    Siglos después hubo otro Hipólito, mártir.

    Las noticias sobre San Hipólito son muy confusas y no han dejado de generar polémica entre los estudiosos ya desde la propia antigüedad. No conocemos la fecha de su nacimiento y  de su muerte sabemos que murió hacia el año 236. Se le presenta como oficial romano que mantenía detenido a San Lorenzo, episodio que propició su conversión al cristianismo. Parece que seguía la herejía novaciana cuando era presbítero, aunque luego se reconcilió con la Iglesia. Se opuso a los  papas Calixto, Urbano y Ponciano  y por eso se le considera el primer “antipapa”. Se dice que es”obispo”, pero no sabemos de qué diócesis.  Es uno de los autores más prolíficos de la patrística antigua, pero apenas si se conservan de él unos pocos fragmentos.

    Hay varios Hipólitos que con frecuencia se han confundido, como Hipólito de Porto, cuya fiesta se celebraba el 22 de agosto.

    Fue enterrado en  la Via Tiburcina.  Su festividad se celebra  el 13 de Agosto. Su muerte y martirio debió tener lugar hacia el año 236. Prudencio (348 d. C. – c. 410), el famoso poeta cristiano de Calahorra o menos probablemente de Zaragoza (él mismo genera esta confusión), cantó la heroica muerte de algunos mártires, entre otros la de Hipólito en el Himno XI de su obra Peristéphanon (Libro de las coronas de los mártires). Se trata de un largo poema de 246 versos, del que citaré algunos especialmente significativos.

    Prudencio pone de manifiesto en su obra la relación del culto cristiano con la mitología pagana y, como buen conocedor del mundo pagano,  tuvo la feliz idea de aplicar a la muerte del  mártir  Hipólito el brutal descuartizamiento por unos caballos del mítico Hipólito, el hijo de Teseo. En relación con ello, se le considera el patrón de los caballos.

    Prudencio  dice basarse en un fresco de la tumba de Hipólito, que lógicamente describiría la muerte del mítico Hipolito. La tumba parece que ha sido encontrada, pero sin rastro alguno del citado fresco.

    Así el santo de Prudencio es una mezcla de héroe mítico griego y mártir cristiano. Por otra parte, el poema plantea numerosos problemas históricos: utiliza diversas fuentes, parece referirse, mezclándolos, a varios Hipólitos,..

    Prudencio se inspira para su poema en la tragedia de Séneca, Fedra. En realidad no sólo se inspira, sino que va más allá: en algunos momentos es casi una transcripción del texto de Séneca.

     

    "Martirio de San Hipólito" (1468, Museo de San Salvador. Catedral de Bruja), originalmente hecho para decorar el alar de la catedral de Brujas.

    Veamos los textos:

    Himno XI de su obra Peristéphanon (Libro de las coronas de los mártires

    En los versos 83 a 122 describe la condena y suplicio de Hipólito. En los versos 123-132 describe el fresco en el que se inspira. Aportaré estos dos largos fragmentos:

    Piden una forma de muerte extraordinaria  y que se busque un nuevo suplicio
    con cuyo ejemplo tiemblen los demás.
    El (
    el juez) presidiendo, con la cabeza vuelta a lo alto, dijo:
    ¿Cómo te llaman?;

    dicen que se llama Hipólito.

    “Pues si es Hipólito, que aguante y sufra el yugo
    y que muera descoyuntado por caballos salvajes”

    Apenas había terminado de hablar, cuando obligan a dos animales,
    que no habían conocido el freno,  a someter su cuello al yugo desacostumbrado.
    No eran animales acariciados en el establo o por la blanda mano de su cuidador
    o acostumbrados antes a obedecer la orden del jinete,
    sino ganado savaje capturado poco antes de una manada salvaje
    por lo que un salvaje temor se agita en su corazón indómito.
    Ya habían unido con ataduras las bigas reacias
    y habían atado sus cabezas con un acuerdo divergente.
    En lugar de timón colocan una cuerda, que separa los lomos de los dos
    y colocado en medio toca los lados de ellos,
    y extendiéndose a lo largo desde el yugo hacia atrás
    se deja arrastrar y pasa por debajo de las patas.
    En su extremo,  por donde con gran polvareda la rodada marcada
    de los cornípedos (
    animales con pies de cuerno) sigue el camino que se esconde,
    un lazo ata las piernas de este hombre y con un fuerte nudo
    aprieta los pies y los une con el cable.
    Una vez que estuvieron a punto los preparativos,
    dispusieron para el suplicio del mártir los látigos y las ataduras,
    excitan a los animales salvajes con gritos imprevistos y con latigazos
    y clavan en  su vientre crueles aguijones. 
    Las últimas palabras que se escucharon del venerable anciano fueron éstas:

    “¡Que éstos me arrebaten mis miembros, tú, Cristo, arrebata mi alma!"

    Se lanzan veloces empujados en su ciego error
    por donde el sonido y el terror, por donde  el furor les empuja.
    Su ferocidad les enciende, su fuerza les arrebata y el ruido les empuja,
    Y su alada carrera no siente la carga que llevan.
    Se precipitan por los bosques, por las rocas, y la orilla
    de un río no les detiene ni el torrente con el que se encuentran les para;
    derriban el cercado y rompen todos los obstáculos,
    se dirigen a las pendientres rocosas y saltan el acantilado.
    El campo erizado de plantas espinosas recoge pedazos diminutos
    arrancados  de su cuerpo caído. Una parte cuelga de lo alto de los  peñascos, otra se clava en las espinas, con una parte enrojecen los arbustos, con otra se humedece la tierra.

    Nota: véase el texto latino más abajo:

    Y  a propósito del fresco en el que se inspira, dice,  abusando de la  más barroca y sanguinolenta descripción  en los versos  132-152:

    Una  pared pintada al fresco ofrece la representación del crimen,
    en la que la pintura multicolor ha dibujado todo el crimen;
    La figura pintada sobre la tumba aumenta su fuerza del contraste de las sombras,
    dibujando los miembros ensangrentados del hombre que había sido arrastrado.
    Yo he visto, buen padre, las crestas de las rocas cubiertas de rocío
    y manchas de púrpura dejadas en los abrojos.
    Una mano experta en representar los verdes espinos imitándolos
    había dibujado la roja sangre con minio.
    Se podía ver, con las articulaciones destrozadas, sin orden alguno,
    cómo los miembros estaban desparramados por  el variado terreno.
    Había añadido a los amigos que le seguían con su paso y con sus lágrimas,
    por donde la desviada senda mostraba el camino destrozado.
    Marchaban sobrecogidos por la tristeza con los ojos abiertos
    y llenaban los pliegues de sus vestidos con sus vísceras desgarradas.
    Aquel abraza su nívea cabeza
    y la protége venerable en su suave pecho.
    Este recoge los hombros  y las manos arrancadas y los brazos y los codos
    las rodillas y los fragmentos desnudos de las piernas.
    Con pequeños paños se secan también las arenas empapadas
    Y ni siquiera una gota de rocío queda  en el polvo sucio.
    Si alguna gota de sangre queda en las espinas
    con la reciente aspersión,  toda ella se recoge empapada en una esponja.
    Ya el denso bosque nada retiene del sagrado cuerpo
    ni le priva de unas completas exequias.
    Hecho el recuento de las partes, cuando se recogió el número
    que había sido el del cuerpo intacto,
    y limpios los lugares escabrosos  con su vegetadicón y
    con sus peñascos revisados que  no tenían ningún trozo más de todo el hombre,
    se busca un lugar para erigir la tumba, se abandona las bocas (
    del Tiber, Ostia),
    Roma es un buen lugar para guardar las santas cenizas.

    Nota: véase más abajo el texto latino:

    Sobre el día de la festividad del santo nos dice también en 231-234

    Si recuerdo bien, la muy hermosa Roma honra a este
    en los Idus del mes de Agosto,  como llama
    a la manera antigua a este día, al que yo también querría,
    santo maestro que tú contases entre las fiestas anuales.

    Nota: Véase más abajo el texto latino.

    Prudencio se inspira directamente en la tragedia de Séneca  “Fedra”, como demostaría un estudio comparado.  Para el fragmento expuesto ofrezco el texto correspondiente a  los versos 1050-1114. Pero este texto lo que demuestra es que Prudencio no sólo aplica al mártir el suplicio del míto, sino que le atribuye todos los detalles del suplicio que Séneca aplicó al mítico héroe en su tragedia.

    Podemos pensar que si Prudencio está describiendo un fresco y su descripción coincide casi milimétricamente con el texto de Séneca, lo que realmente estaba viendo en su ecfrasis era la representación del suplicio del mítico Hipólito y no el del mártir. 

     Séneca, Fedra, 1050-1114

    Se estremecieron las tierras. Huye atónito el ganado por doquier a través de los campos y el pastor no se acuerda de seguir a sus propios novillos. Desde la selva toda clase de fieras salen huyendo hacia acá y hacia allá. Todos los cazadores, horrorizados, se quedan lívidos por aquel miedo escalofriante. Sólo Hipólito, que no conoce el miedo, contiene los caballos tirando de los frenos y, despavoridos, trata de animarlos con sus gritosque les son conocidos. Hay un camino  elevado que va hacia los labrantíos por un desfiladero del monte, bordeando el mar que queda allá abajo.Aquí se estimula a sí misma aquella mole y prepara su cólera.

    Cuando hubo cobrado ánimos y, ejercitándose, ensayó lo bastante su ataque, sale disparada en frenética carrera, rozando apenas la superficie de la tierra en su vertiginoso desplazamiento, y se detuvo con torva mirada ante el tembloroso carro. Por su parte, tu hijo, levantándose amenazador,con aire altanero, no se inmuta y grita fuertemente con voz atronadora: «No quebranta mis ánimos este vano terror, pues conozco, por herencia de mi padre, la tarea de vencer a los toros». Al punto, sin obedecer a los frenos, los caballos arrastraron el carro y, saliéndose ya fuera del camino, prosiguen su carrera, por doquier los condujo delirantes su enloquecido pavor, y se lanzan a través de los escollos.Y él, como el piloto en un mar enfurecido, retiene la embarcación de modo que no choque de costado y con habilidad va engañando a la ola, no de otro modo lleva el timón de los desenfrenados caballos.

    Sujeta unas veces sus bocas frenándolas con los bocados bien apretados; otras veces castiga sus lomos blandiendo repetidamente el látigo. Le sigue, sin apartarse de su lado, aquel acompañante, ora corriendo a su misma velocidad; ora, en cambio, saliéndole al encuentro, se le ponía por delante, provocando el terror por todas partes.

    No pudo huir más allá, pues con toda su mole acometió de frente, encrespado, aquel monstruo cornudo salido del mar.Y entonces los corceles, fuera de sí por el pavor, no obedecen las órdenes y luchan por escapar al yugo y, encabritándose sobre sus patas traseras, tiran la carga a tierra.

    Al caer de cabeza, quedando tendido de bruces, enredó su cuerpo en un apretado lazo ycuanto más lucha, tanto más aprieta los nudos corredizos.Advirtieron las bestias lo que habían hecho… y, al pesar poco el carro y no haber quien lo gobernara, se precipitan por donde el temor las fue impulsando.

    De igual manera, a través de los aires, al no reconocer como suya la carga e indignándose de que se hubiese confiado el día a un falso Sol, el carro echó a Faetón de aquella parte del cielo por donde andaba extraviado. Ensangrienta extensamente los campos y se estrella su cabeza rebotando contra los escollos:los espinos le arrancan los cabellos y  la dura piedra hace estragos en su bello rostro y, entre múltiples heridas, perece su infausta hermosura. Las veloces ruedas revuelcan los miembros moribundos y, por fin, mientras era arrastrado, un tronco con una estaca a medio quemar, lo retiene por en medio de las ingles con su punta erguida.

    Y un poco se detuvo el carro  al quedar clavado su señor. Quedaron inmovilizados los caballos con el golpe… y, a una, rompen su tardanza y desgarran a su dueño. Luego, ya casi sin vida, lo despedazan los matorrales, las erizadas zarzas con sus punzantes espinos; no hubo tronco que no se llevara una parte de aquel cuerpo.

    Errantes por los campos, como fúnebre tropa, van los criados a través de aquellos lugares por donde Hipólito hecho pedazos va marcando un largo sendero de manchas de sangre y, tristes,los perros rastrean los miembros del dueño. Hasta ahora la diligente labor de los dolientes no ha podido completar su cuerpo.

    ¿Es esto la gloria de su hermosura? El que hace poco, ilustre partícipe y heredero seguro del poder de su padre, brilló como las estrellas, ése está siendo ahora recogido por acá y por allá para la hoguera de la hora postrera y tratan de recomponerlo para el funeral.

    (Traducción de Jesús Luque Moreno para Editorial Gredos).

    Por lo demás, la descripción que hace del fresco que Prudencio dice haber visto en la tumba de Hipólito es un claro eejmplo de écfrasis o ecfrasis (del griego ἔκφρασιϛ, 'explicar hasta el final). Una ecfrasis, según la retórica y tradición clásica,  es una descripción verba, con palabras, de una obra de arte visual, de una pintura o una escultura, por ejemplo.

    Otro ejemplo de ecfrasis nos lo ofrece el mismo Prudencio en el poema IX.

    Una hipotiposis , (del griego: úποτúπωσις), sería una descripción animada, especialmente emotiva para excitar la imaginación del público oyente. La ecfrasis podría ser una especie de hipotiposis.

    En esta cuestión de los dos Hipólitos, tal mezcla y confusión de datos, tal coincidencia en aspectos tan importantes como la forma de morir, la coincidencia milimétrica con el texto de Séneca  y la fecha de su  festividad , el 13 de Agosto, no dejan de inquietar e interrogarnos sobre las relaciones y sincretismo que durante los primeros siglos se produjeron entre la tradicional religión pagana y el Cristianismo y que en muchas ocasiones perdura hasta nuestros días.

    Todo ello permitió a Sir James George Frazer (1854-1941)  afirmar en las primeras páginas de su famosa e importante obra “La rama dorada”:

    Es importante señalar aquí que en el largo y cambiante curso de este personaje mítico, desplegó una vida de notable tenacidad; difícilmente podemos dudar de que el San Hipólito del calendario romano, arrastrado y muerto por caballos el 13 de agosto, el mismo día de Diana, sea otro que el héroe griego del mismo nombre, que, después de morir dos veces como pecador pagano, fue resucitado felizmente como santo cristiano.”

    “Here it is worth observing that in his long and chequered career this mythical personage has displayed a rema rkable tenacity of life. For we can hardly doubt that the Saint Hippolytus of the Roman calendar, who was dragged by horses to death on the thirteenth of August, Diana’s own day, is no other than the Greek hero of the same name, who, after dying twice over as a heathen sinner, has been happily resuscitated as a Christian saint”.

    Himno XI de su obra Peristéphanon (Libro de las coronas de los mártires: v. 83-132

    Insolitum leti poscunt genus et noua poenæ
    inuenta, exemplo quo trepident alii.
    Ille supinata residens ceruice : " Quis ", inquit,
    " dicitur ? " adfirmant dicier Hippolytum.
    " Ergo sit Hippolytus, quatiat turbetque iugales
    intereatque feris dilaceratus equis. "
    Vix hæc ille, duo cogunt animalia freni
    ignara insueto subdere colla iugo,
    non stabulis blandiue manu palpata magistri
    imperiumque equitis ante subacta pati,
    sed campestre uago nuper pecus e grege captum,
    quod pauor indomito corde ferinus agit.
    Iamque reluctantes sociarant uincula bigas
    oraque discordi foedere nexuerant :
    temonis uice funis inest, qui terga duorum
    diuidit et medius tangit utrumque latus,
    deque iugo in longum se post uestigia retro
    protendens trahitur transit et ima pedum.
    Huius ad extremum, sequitur qua puluere summo
    cornipedum refugas orbita trita uias,
    crura uiri innectit laqueus nodoque tenaci
    adstringit plantas cumque rudente ligat.
    Postquam composito satis instruxere paratu
    martyris ad poenam uerbera, uincla, feras,
    instigant subitis clamoribus atque flagellis
    iliaque infestis perfodiunt stimulis.
    Vltima uox audita senis uenerabilis hæc est :
    " Hi rapiant artus, tu rape, Christe, animam ! "
    Prorumpunt alacres cæcoque errore feruntur,
    qua sonus atque tremor, qua furor exagitant.
    Incendit feritas, rapit impetus et fragor urget,
    nec cursus uolucer mobile sentit onus.

    Per siluas, per saxa ruunt, non ripa retardat
    fluminis aut torrens oppositus cohibet ;
    prosternunt sæpes et cuncta obstacula rumpunt,
    prona fragosa petunt, ardua transiliunt.
    Scissa minutatim labefacto corpore frusta
    carpit spinigeris stirpibus hirtus ager.
    Pars summis pendet scopulis, pars sentibus hæret,
    parte rubent frondes, parte madescit humus.

    Versos 132-152

    Exemplar sceleris paries habet illitus, in quo
    multicolor fucus digerit omne nefas ;
    picta super tumulum species liquidis uiget umbris,
    effigians tracti membra cruenta uiri.
    Rorantes saxorum apices uidi, optime papa,
    purpureasque notas uepribus impositas.
    Docta manus uirides imitando effingere dumos
    luserat et minio russeolam saniem.
    Cernere erat, ruptis compagibus, ordine nullo,
    membra per incertos sparsa iacere situs.
    Addiderat caros gressu lacrimisque sequentes,
    deuia quo fractum semita monstrat iter.
    Mærore adtoniti atque oculis rimantibus ibant
    implebantque sinus uisceribus laceris.
    Ille caput niueum complectitur ac reuerendam
    canitiem molli confouet in gremio ;
    hic humeros truncasque manus et brachia et ulnas
    et genua et crurum fragmina nuda legit.
    Palliolis etiam bibulæ siccantur harenæ,
    ne quis in infecto puluere ros maneat.
    Si quis et in sudibus recalenti aspergine sanguis
    insidet, hunc omnem spongia pressa rapit.
    Nec iam densa sacro quidquam de corpore silua
    obtinet aut plenis fraudat ab exsequiis.
    Cumque recensitis constaret partibus ille
    corporis integri qui fuerat numerus,
    nec purgata aliquid deberent auia, toto
    ex homine extersis frondibus et scopulis,
    metando eligitur tumulo locus, ostia linquunt,
    Roma placet, sanctos quæ teneat cineres.

    Versos 231-234

    Si bene commemini, colit hunc pulcherrima Roma
    Idibus Augusti mensis, ut ipsa uocat
    prisco more diem, quem te quoque, sancte magister,
    annua festa inter dinumerare uelim.

    Séneca: Fedra,  1050-114

    tremuere terrae, fugit attonitum pecus
    passim per agros nec suos pastor sequi
    meminit iuvencos; omnis e saltu fera
    diffugit, omnis frigido exsanguis metu
    venator horret, solus immunis metu
    Hippolytus artis continet frenis equos
    pavidosque notae vocis hortatu ciet.
    est alta ad agros collibus ruptis via,
    vicina tangens spatia suppositi maris;
    hic se illa moles acuit atque iras parat.
    ut cepit animos seque praetemptans satis
    prolusit irae, praepeti cursu evolat,
    summam citato vix gradu tangens humum,
    et torva currus ante trepidantes stetit.
    contra feroci gustus insurgens minax
    vultu nec ora mutat et magnum intonat:
    'haud frangit animum vanus hic terror meum:
    nam mihi paternus vincere est tauros labor.'
    inobsequentes protinus frenis equi
    rapuere currum iamque derrantes via,
    quacumque rabidos pavidus evexit furor,
    hac ire pergunt seque per scopulos agunt.
    at ille, qualis turbido rector mari
    ratem retentat, ne det obliquum latus,
    et arte fluctum fallit, haud aliter citos
    currus gubernat: ora nunc pressis trahit
    constricti frenis, terga nunc torto frequens
    verbere cohercet. sequitur adsiduus comes,
    nunc aequa carpens spatia, nunc contra obvius
    oberrat, omni parte terrorem movens.
    non-licuit ultra fugere: nam toto obvius
    incurrit ore corniger ponti horridus.
    tum vero pavida sonipedes mente exciti
    imperia solvunt seque luctantur iugo
    eripere rectique in pedes iactant onus.
    praeceps in ora fusus implicuit cadens
    laqueo tenaci corpus et quanto magis
    pugnat, sequaces hoc magis nodos ligat.
    sensere pecudes facinus— et curru levi,
    dominante nullo, qua timor iussit ruunt.
    talis per auras non suum agnoscens onus
    Solique falso creditum indignans diem
    Phaethonta currus devio excussit polo.
    late cruentat arva et inrisum caput
    scopulis resultat; auferant dumi comas,
    et ora duras pulchra populatur lapis
    peritque multo vulnere infelix decor.
    moribunda celeres membra pervolvunt rotae:
    tandemque raptum truncus ambusta sude
    medium per inguen stipite ingesto tenet,
    paulumque domino currus affixo stetit.
    haesere biiuges vulnere— et pariter moram
    dominumque rumpunt, inde semanimem secant
    virgulta, acutis asperi vepres rubis
    omnisque truncus corporis partem tulit.
    errant per agros funebris famuli manus,
    per illa qua distinctus Hippolytus loca
    longum cruenta tramitem signat nota,
    maestaeque domini membra vestigant canes.
    necdum dolentum sedulus potuit labor
    explere corpus, hocine est formae decus?
    qui modo paterni clarus imperii comes
    et certus heres siderum fulsit modo,
    passim ad supremos ille colligitur rogos
    et funeri confertur.

  • Eratóstenes no llegó a “alfa”; sólo fue “beta”.

    Alfa, (Α α) es la primera letra del alfabeto griego. Beta, (Β, β ) era la segunda. Ser un ser “alfa” significa ser el primero en su grupo; ser un “beta” significa ser el segundo.

    En el mundo animal y zoológíco , que es lo mismo sólo que en cultismo griego, ser un macho “alfa” significa ser el más bruto y fuerte del grupo, acumular mayor cantidad de testosterona y disponer de los espermatozoides más veloces y agresivos y como consecuencia tener la exclusiva de la coyunda con las hembras del conjunto.

    En el género “homo” no carece de importancia y valor ser un “macho alfa” en el sentido zoológico, pero el sapiens tiene diversos y variados centros de interés, además del primario deseo de  “ayuntamiento”.

    Eratóstener es un curioso y sabio personaje de la Antigüedad griega.  Nació en Cirene hacia el 276 a.C. y murió en Alejandría en 194 a.C. Vivió en Alejandría, donde  fue director de su famosa Biblioteca, de la que me he ocupado ampliamente en este blog.

    Fue un sabio matemático, geógrafo, astrónomo, filósofo, historiador, poeta, músico, etc. Según Suetonio, fue el primero que se llamó “filólogo”. Entre sus hallazgos, que han pasado con todo derecho a la posteridad, están la famosa “criba de Eratóstenes” o modo y plantilla para hallar los números primos y sobre todo la medición de la circunferencia de la Tierra con un mínimo error.

    Se le adjudica la famosa obra Catasterismos, en la que explica 44 constelaciones del cielo  visible desde Grecia. La obra tal como nos ha sido transmitida absolutamente esquemática, no es suya, pero bien pudo ser el autor de una obra más extensa y ser la reliquia actual un mero resumen para estudiantes.

    Escribio tres libros de Geografía, en las que expuso su medición de la circunferencia de la tierra, que más abajo explico. Es autor también de una Cronografía desde la Guerra de Troya hasta Alejandro Magno, tomando como referencia la celebración de los Juegos Olímpicos en honor de Zeus. Escribió el diálogo “Platónico” relacionando la música con las matemáticas; también un ensayo sobre la duplicación del cubo; un poema épico titulado Hermes, el poema elegiaco Erígone; un extenso trabajo sobre la Comedia Antigua y el famoso opúsculo anteriormente citados Catasterismos.

    Pues bien, Eratóstenes no fue para sus contemporáneos un “alfa” sino un “beta” y con ese apodo le llamaron y ello no porque fuera un sabio y científico de segunda categoría, sino porque fue “el segundo” en todas las categorías y asuntos de que se tratase.

    Por esta razón se le llamó también “pentatlos”, pentatleta, el mejor en el conjunto de cinco disciplinas deportivas. (palabra griega compuesta de penta =cinco y atlos= competición). Otros le llamaron ”el segundo Platón”. Todo ello se nos cuenta en la Suda (enciclopedia griega del siglo X), Ἐρατοσθένης ,  ε 2898 según la numeración de Adler

    En fin, a poco que reflexione el amable lector podrá confeccionar una lista interminable de hombres “beta”, de segundones de los que la humanidad es deudora por sus innumerables aportaciones positivas. Ellos tuvieron la prudencia y la inteligencia de dejar el primer puesto, el “alfa”, para personajes absolutamente prescindibles.

    En la Suda (enciclopedia del siglo X), entrada Ἐρατοσθένης ,  ε 2898 según la numeración de Adler, se nos informa de ello:

    Hijo de Aglaus (otros dicen Ambrosius); de Cirene. Alumno del filósofo Ariston de Chios, el gramático Lisanias de Cirene, y el poeta Calímaco. Ptolomeo III lo llamó desde Atenas, y vivió hasta Ptolomeo V. Como quiera que llegó al segundo lugar en cada rama de aprendizaje en los que alcanzó el nivel más alto, lo apodaron τὰ βήματα 'plataformas'. [1] Otros lo llaman un segundo o nuevo Platón, o el 'pentatleta ". [2] Nació en el 126 ° Olimpiada, [3] y murió a los 80 años, rechazando el alimento porque perdió la vista de los ojos. Dejó  un alumno distinguido, Aristófanes de Bizancio,  de quien a su vez fue discípulo  Aristarco . Fueron discípulos suyos  Mnaseas, Menandro y Aristis. Escribió obras filosóficas, poemas e historias; Astronomía, o Catasterismos; Sobre las sectas filosóficas; El Alivio del dolor; muchos diálogos; y numerosas obras gramaticales.

    [1] βήματα , un error por  βῆτα (la segunda letra del alfabeto)
    [2] Participante en cinco pruebas atleticas
    [3] 276-273 BC

    Su medición de la longitud de del diámetro de la Tierra con un mínimo error, sin satélites, radares, telescopios y otros apoyos modernos, es fruto de una inteligencia que nos sigue fascinando. Sin duda merece una pequeña explicación.

    Cuentan que revisando un día un papiro de la Biblioteca, encontró que decía que el día 21 de junio, en el solsticio de primavera, en Siena, ciudad egipcia cercana a la primera catarata del Nilo, al mediodía se podía ver el agua del fondo de los pozos y los postes verticales no daban sombra porque el sol estaba en el cenit. Eratóstenes recordó que ese día en Alejandría los obeliscos daban sombra conformando un ángulo de sombra de 1/50 partes de un círculo, es decir,  7,2 º (grados). Como el sol estaba muy lejos de la tierra  los rayos del sol incidían paralelamente en los sitios. Sabiendo que la distancia entre Alejandría y Siena era de 5.000  estadios, aproximadamente 800 kms.,  concluyó que esa era la distancia correspondiente a los 7,2º (grados); como quiera que la circunferencia terrestre tiene 360 grados, concluyo que la longitud era de 252.000 estadios, equivalente a unos 41.142 kms. Se había equivocado en un tanto por ciento irrisorio. La longitud en el  ecuador con la  precisión actual es de 40.076 kms.

    Si dos líneas paralelas son cortadas por una tercera, los ángulos internos son iguales. Por tanto los ángulos A y B son iguales; es decir la distancia entre Alejandría y Siena es de 7ª (grados) y 800 Kms. como ya sabíamos.

     

  • ¿He representado bien la farsa de mi vida? Muerte y testamento de Augusto

    El 19 de agosto del año 14 después de Cristo, hacia las cuatro de la tarde, moría el emperador César Augusto. Han pasado dos mil años desde entonces. César Augusto tuvo un reinado largo y tuvo una muerte tranquila, sin sobresaltos, a diferencia de un buen número de sus sucesores que tuvieron una muerte violenta.

    y tuvo una muerte tranquila, sin sobresaltos, a diferencia de un buen número de sus sucesores

    que tuvieron una muerte violenta.

    Según Suetonio, cuyo relato reproduzco, Augusto utilizó para despedirse de sus allegados una famosa frase, precisamente aquella con la que los actores del teatro se sometían al juicio del espectador, pronunciándola en griego y en latín:

    Os parece que he representado bien la farsa de mi vida

    y añadió también la típica conclusión:

    Si está bien ejecutada, aplaudidla y todos con alegría meted ruido en nuestro honor "

       Nota: Luciano de Samosata atribuye al filósofo cínico Demonax  una frase parecida  en su Vida de Demonax, 65:

    Los juegos han terminado, todas las coronas ganadas. Sin demora, pero sin prisa” y se dejó morir rechazando toda comida.

    Sin fundamento se atribuye otra similar a Rabelais: Bajad el telón. La farsa está representada  ( Tirez le rideau, la farce est jouée).
        
    La frase de Augusto no carece de retórica, pero también de conformismo estoicismo y madurez de quien desde una inmadura juventud se convirtió en la persona más poderosa de la época. El relato de su muerte y testamento está plagado de anécdotas y detalles a los que tan aficionado era el historiador Suetonio, una especie de redactor de los ecos de sociedad del pasado

    Suetonio, Vida de los doce Césares, Vida de Augusto, XCIX y ss.

    El último día (de su vida), preguntando  varias veces  si había fuera (de su palacio) algún problema por su causa,  pidió un espejo y ordenó que se le peinase el cabello y se le arreglasen las mejillas porque las tenía  caídas y preguntó a los amigos que estaban con él “si les parecía que había representado bien la farsa de la vida”, y añadió también la conclusión:

    ἔχει καλῶς, τῷ παιθνίῳ,
    δότε κρότον, καὶ πάντες ὑμεῖς μετὰ χαρᾶς κτυπήσατε

    “Si está bien ejecutada, aplaudidla y todos con alegría meted ruido en nuestro honor ”
    Finalmente, despedidos todos, mientras preguntaba a los que venían de Roma por la hija enferma de Druso, de repente expiró entre los besos de Livia y  diciendo estas palabras:” Livia, vive recordando siempre nuestro matrimonio; adios“. Le tocó en suerte una muerte fácil y como siempre la había deseado.  Pues casi cada vez que oía que alguien había muerto rápidamente  y sin sufrimiento alguno, pedía para él mismo y para los suyos  una εὐθανασίαν (eutanasia) similar, pues solía también utilizar esta palabra. Sólo dio una única muestra de alienación de su mente  antes de entregar el alma: presa de un súbito pavor se quejó de que era arrebatado  por cuarenta jóvenes. Pero esto fue también más un presagio que una pérdida de la cabeza,  puesto que un número igual de soldados pretorianos lo sacaron a la plaza pública.

    C. Murió en la misma habitación que su padre Octavio, durante el consulado de los dos Sextos, Pompeyo y Apuleyo, el catorce de las calendas de septiembre, a la hora nona del día(hacia las cuatro de la tarde) a la edad de setenta y seis años menos treinta y cinco días.

    Los decuriones de los municipios y de las colonias  transportaron su cuerpo desde Nola hasta Bobilas, de noche a causa  de la estación del año. Durante el día se le colocaba en la basílica de cada ciudad o en el más importante de los sagrados templos.  Desde Bobilas lo cogió el orden ecuestre  y lo llevó hasta la ciudad (Roma) y lo colocó en el vestíbulo de su casa. El senado rivalizó con tal celo en embellecer el funeral y honrar su memoria, que entre otras muchas cosas algunos propusieron que el funeral pasase por la puerta triunfal, precediéndole la Victoria que está en la Curia,  mientras  los hijos de uno y otro sexo  de los principales ciudadanos cantaban una nenia ( himno fúnebre); otros propusieron que el día de las exequias, se quitasen los anillos de oro y se pusiesen otros de hierro; algunos decían que sus huesos debían ser recogidos por los sacerdotes de los colegios superiores.

     Cierto senador quiso que se diese el nombre de Augusto al mes de septiembre, en vez de dárselo al mes precedente, puesto que en este mes había muerto y en el primero había nacido. Otro senador propuso que todo el período comprendido entre su nacimiento y el día de su muerte se llamase “era de Augusto” y fuera registrado con este nombre en el calendario. De todas maneras se impuso una limitación en lo que se refiere a los honores.

    Se pronunciaron dos elogios fúnebres: el primero, que hizo Tiberio ante el templo del divino Julio; y el segundo, del que se encargó Druso, hijo de Tiberio, frente a la antigua tribuna de los oradores. A continuación los senadores lo llevaron a hombros al Campo de Marte, donde fue incinerado. No faltó tampoco un viejo pretor que jurase haber visto el fantasma de Augusto ascender a los cielos después de la incineración. Los principales miembros del orden ecuestre, vestidos con una túnica, sin cinturón y con los pies descalzos, recogieron sus restos y los depositaron en el mausoleo. Augusto había hecho construir esta tumba entre la vía Flaminia y la orilla del Tíber durante su sexto consulado, y ya desde entonces había abierto al público los bosques y avenidas que la rodeaban.

    El  testamento

    CI: Hizo su testamento durante el Consulado de L.Planco y C.Silio, tres días antes de las nonas de abril y un año y cuatro meses antes de su muerte. Estaba escrito en dos pliegos, en parte escrito de su propio puño y letra, en parte escrito por sus libertos Polibio e Hilarión. Lo había dejado al cuidado de las vírgenes vestales, quienes lo devolvieron entonces, así como tres rollos sellados del mismo modo. Todos estos documentos fueron abiertos y leídos ante el Senado.
    Augusto nombró como heredero en primer grado a Tiberio: la mitad de toda la herencia más un sexto. Livia heredó otro tercio con la obligación de llevar su nombre. En segundo grado Druso, hijo de Tiberio, heredó una tercera parte. Germánico y sus tres hijos de sexo masculina heredaron los otros dos tercios. En tercer grado parientes y amigos en gran cantidad. Dejó al pueblo romano cuarenta millones de sestercios, a las tribus tres millones quinientos mil, a los pretorianos les dejó mil sestercios por cabeza y a cada miembro de las cohortes urbanas quinientos, a cada legionario trescientos. Mandó que se pagara esta suma al contado, pues siempre había tenido reservas en su tesorería. Dejó algunos otros legados de diferente importancia, algunos no excedían los veinte mil sestercios. Fijo un plazo de un año para pagarles. Se excusó por lo reducido de su fortuna personal y declaraba que sus herederos no percibirían más de ciento cincuenta millones de sestercios, pues aunque en los últimos veinte años, como decía, hubiese reunido cuatro millones de sestercios procedentes de los testamentos de sus amigos, los había gastado casi completamente a favor del Estado, así como sus dos patrimonios y las demás herencias.

    En lo que se refiere a las dos Julias, su hija y su nieta, prohibió que después de muertas fuesen transportadas a su sepulcro.

    En los tres rollos se contenía lo siguiente: uno órdenes relativas a sus funerales, el segundo un resumen de la obra que él había llevado a cabo, resumen que pedía que se grabase en tablas de bronce y fueran colocadas frente a su mausoleo. En el tercer rollo había un inventario de los recursos del Imperio, indicando cuántos soldados había en filas, cuánto dinero había en el tesoro, en las cajas imperiales y entre los tributos pendientes todavía. Añadió igualmente los nombres de los libertos y esclavos a los que se les podía exigir que rindiesen cuentas.

    Supremo die identidem exquirens, an iam de se tumultus foris esset, petito speculo capillum sibi comi ac malas labantes corrigi praecepit et admissos amicos percontatus, ecquid iis uideretur mimum uitae commode transegisse, adiecit et clausulam:

    ἐπεὶ δὲ πάνυ καλῶς πέπαισται, δότε κρότον
    καὶ πάντες ἡμᾶς μετὰ χαρᾶς προπέμψατε.

    omnibus deinde dimissis, dum aduenientes ab urbe de Drusi filia aegra interrogat, repente in osculis Liuiae et in hac uoce defecit: 'Liuia, nostri coniugii memor uiue, ac uale!' sortitus exitum facilem et qualem semper optauerat.
    nam fere quotiens audisset cito ac nullo cruciatu defunctum quempiam, sibi et suis εὐθανασίαν similem—hoc enim et uerbo uti solebat —precabatur. unum omnino ante efflatam animam signum alienatae mentis ostendit, quod subito pauefactus a quadraginta se iuuenibus abripi questus est. id quoque magis praesagium quam mentis deminutio fuit, siquidem totidem milites praetoriani extulerunt eum in publicum.
    obiit in cubiculo eodem, quo pater Octauius, duobus Sextis, Pompeio et Appuleio, cons. XIIII. Kal. Septemb. hora diei nona, septuagesimo et sexto aetatis anno, diebus V et XXX minus.
    Corpus decuriones municipiorum et coloniarum a Nola Bouillas usque deportarunt noctibus propter anni tempus, cum interdiu in basilica cuiusque oppidi uel in aedium sacrarum maxima reponeretur. a Bouillis equester ordo suscepit urbique intulit atque in uestibulo domus conlocauit. senatus et in funere ornando et in memoria honoranda eo studio certatim progressus est, ut inter alia complura censuerint quidam, funus triumphali porta ducendum, praecedente Victoria quae est in curia, canentibus neniam principum liberis utriusque sexus; alii, exequiarum die ponendos anulos aureos ferreosque sumendos; nonnulli, ossa legenda per sacerdotes summorum collegiorum.
    fuit et qui suaderet, appellationem mensis Augusti in Septembrem transferendam, quod hoc genitus Augustus, illo defunctus esset; alius, ut omne tempus a primo die natali ad exitum eius saeculum Augustum appellaretur et ita in fastos referretur. uerum adhibito honoribus modo bifariam laudatus est: pro aede Diui Iuli a Tiberio et pro rostris ueteribus a Druso Tiberi filio, ac senatorum umeris delatus in Campum crematusque.
    nec defuit uir praetorius, qui se effigiem cremati euntem in caelum uidisse iuraret. reliquias legerunt primores equestris ordinis tunicati et discincti pedibusque nudis ac Mausoleo condiderunt. id opus inter Flaminiam uiam ripamque Tiberis sexto suo consulatu extruxerat circumiectasque siluas et ambulationes in usum populi iam tum publicarat.
    CI Testamentum L. Planco C. Silio cons. III. Non. Apriles, ante annum et quattuor menses quam decederet, factum ab eo ac duobus codicibus partim ipsius partim libertorum Polybi et Hilarionis manu scriptum depositumque apud se uirgines Vestales cum tribus signatis aeque uoluminibus protulerunt. quae omnia in senatu aperta atque recitata sunt.
    heredes instituit primos: Tiberium ex parte dimidia et sextante, Liuiam ex parte tertia, quos et ferre nomen suum iussit; secundos: Drusum Tiberi filium ex triente, ex partibus reliquis Germanicum liberosque eius tres sexus uirilis; tertio gradu propinquos amicosque compluris. legauit populo R. quadringenties, tribubus tricies quinquies sestertium, praetorianis militibus singula milia nummorum, cohortibus urbanis quingenos, legionaris trecenos nummos; quam summam repraesentari iussit, nam et confiscatam semper repositamque habuerat.
    reliqua legata uarie dedit perduxitque quaedam ad uicena sestertia, quibus soluendis annuum diem finiit, excusata rei familiaris mediocritate nec plus peruenturum ad heredes suos quam milies et quingenties professus, quamuis uiginti proximis annis quaterdecies milies ex testamentis amicorum percepisset, quod paene omne cum duobus paternis patrimoniis ceterisque hereditatibus in rem p. absumpsisset. Iulias filiam neptemque, si quid iis accidisset, uetuit sepulcro suo inferri.
    tribus uoluminibus, uno mandata de funere suo complexus est, altero indicem rerum a se gestarum, quem uellet incidi in aeneis tabulis, quae ante Mausoleum statuerentur, tertio breuiarium totius imperii, quantum militum sub signis ubique esset, quantum pecuniae in aerario et fiscis et uectigaliorum residuis. adiecit et libertorum seruorumque nomina, a quibus ratio exigi posset.

    Sobre su largo reinado han existido desde la Antigüedad y aún existen diversas valoraciones: para algunos fue el gran gobernante que acabó con las guerras civiles, consiguió la paz y salvó las instituciones republicanas; para otros en cambio fue una persona cruel y ambiciosa que acabó con la “democracia”  republicana e instauró un régimen “monárquico” autoritario.

    El propio Augusto dejó un documento que hizo grabar y distribuir por todo el Imperio en el que refleja la memoria de su reinado. Es un documento, naturalmente, de propaganda y publicitario en el que no hay espacio para la crítica negativa. Se llama “Res gestae divi Augusti”Hechos del divino Augusto”. La copia de su mausoleo fue destruida en la azarosa  historia de Roma, pero se conserva en una inscripción de Ankara conocida como “Monumentum Ancyranum”.

    En el capítulo 34 de este documento encontramos la valoración general que el propio Augusto hace de sí mismo:

    En la Curia Julia se ha colocado un escudo dorado en el que se ha escrito que elsenado y el pueblo romano me lo han regalado por mivalor, mi clemencia, mijusticia y mi piedad.

    Clupeus aureus in Curia Iulia positus quem mihi Senatum populumque Romanum dare virtutis clementiaeque iustitiae et pietatis causa testatum est per eius clupei inscriptionem.

    El historiador oficial Veleyo Patérculo, que se movía por la corte de Tiberio, no tiene reparo en repetir expresiones exactas de este documento para ensalzar la labor de Augusto como restaurador de las libertades democráticas y repetir la versión oficialista:

    Acabaron las guerras civiles que habían durado veinte años, terminaron las guerras exteriores, volvió la paz, despareciendo por doquier el temor de las batallas, se restableció la fuerza de las leyes, la autoridad de los tribunales, la grandeza del Senado; el poder de los magistrados volvió a adquirir la misma importancia… se restituyó al Estado su forma antigua. Los campos se trabajan de nuevo, se veneran las cosas sagradas, los hombres sonde nuevo tranquilos y cada uno es propietario de sus bienes. VELEYO PATERCULO, Historia de Roma, II 89

    Finita vicesimo anno bella civilia, sepulta externa, revocata pax, sopitus ubique armorum furor, restituta vis legibus, iudiciis auctoritas, senatui maiestas, imperium magistratuum ad pristinum redactum modum, … Prisca illa et antiqua rei publicae forma revocata. Rediit cultus agris, sacris honos, securitas hominibus, certa cuique rerum suarum possessio;

    Séneca no fue historiador sino filósofo y moralista y se refiere en numerosas ocasiones a Augusto, al que considera “princeps bonus”, “buen príncipe”, que es generoso y se autocontrola en su poder….

    Tácito es  un historiador posterior, de principios del siglo II y representa a la clase senatorial y patricia defensora de la libertad republicana y de los ideales primitivos. No se ocupa directamente de la época de Augusto, pero se refiere a él en varias ocasiones y aunque considera su gobierno como una monarquía justifica sus acciones por la necesidad del momento: Augusto restableció la paz, aunque fuera a costa de la libertad

    Después de la batalla de Accio convenía a la paz que  todo el poder estuviese concentrado en una sola persona. (Historias, I,1)

    postquam bellatum apud Actium atque omnem potentiam ad unum conferri pacis interfuit

    En realidad Tácito nos presenta las diversas opiniones contrarias de los autores sin que aparezca claramente la suya. Parece estar más cerca de los enemigos de Augusto, de quienes piensan que estableció la paz pero a costa de mucha sangre y de perder las libertades, que ya nunca serán como antes  y tiene de Augusto un juicio más bien negativo.

    Suetonio es un historiador que no tiene una concepción analítica de la Historia, antes bien recoge cuanto documento, chisme, habladuría, anécdota corren por la corte. Emite un juicio salomónico sobre Augusto: antes de imponerse a sus adversarios, en su primera época fue cruel y autoritario, pérfido, mentiroso, corrompido; en su segunda etapa fue el princeps generoso, justo, clemente, modesto…

    El mejor historiador de estos asuntos es el griego Dion Casio, con su Historia Romana, que vivió del año 155 al  235 al menos. Para él el régimen de Augusto fue una autocracia en la que los miembros del Senado tenían una gran influencia. Precisamente ese era el régimen adecuado que  él defendía en su época. En  Cassio, 53, 12 nos dice:

    Pero como  quería aparecer como un demócrata, asumió el cuidado y vigilancia de todos los asuntos públicos”.

    En todo caso el régimen instaurado por Augusto se convirtió con sus sucesores en tiranía, arbitrariedad, ilegalidad.

    En fin, llegados a este punto y utilizando la expresión ritual romana, tan repetida por todo el imperio en miles de lápidas funerarias, digamos hoy, dos mil años después:

    Que la tierra te sea ligera

       S(it) T(ibi) T(erra) L(evis)