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  • Retrato de Augusto

    Conmemoramos en este 2014 el “bimilenario” de la muerte del emperador Augusto, que da nombre al propio mes en que murió. Su larga vida, casi 76 años, de ellos 41 como emperador de Roma, está plagada hechos de interés general y de anécdotas curiosas (a varias de ellas y a su presencia en Hispania en tres ocasiones) ya me he referido en este blog.

    Siempre intrigó a los historiadores cómo un joven muchacho, de apenas 19 años, nombrado su heredero por Julio César, fue capaz de salir adelante en una Roma violenta y efervescente por las luchas de partidos y ciudadanos de enorme poder, en la que las instituciones republicanas iban a dar paso a un régimen personal y autoritario. Los análisis, razones, explicaciones son tantas como historiadores se han ocupado de ello.

    Podemos resumir esas razones en unas pocas. En primer lugar la evidente inteligencia, habilidad, personalidad y encanto del propio Augusto, educado en la tradición  de las grandes familias romanas. En segundo lugar su pertenencia a una gran familia, en la que las mujeres tienen un papel muy relevante. Luego la habilidad para mantener una apariencia de instituciones republicanas más democráticas como marco de un gobierno realmente absoluto. También la red de fieles clientes que fue tejiendo en todo el imperio (sus viajes, como los realizados a Hispania los utilizó para ello). Finalmente la enorme fortuna que fue acumulando y que la utilizó con fines políticos.

    Naturalmente estos no son motivos suficientes; a los éxitos de Augusto coadyuvaron decisivamente los deméritos de los adversarios. E incluso tal vez la “fortuna”, como el historiador Tácito manifiesta, contraponiendo su buena suerte en la vida pública con lamenos exitosa en la vida familiar.

    Así como en las cosas públicas la fortuna le fue favorable al divino Augusto, en su propia casa en cambio le fue adversa por la deshonestidad de su hija y de su sobrina, a las que echó de la ciudad (Roma) y a los adúlteros los castigó con la muerte o con el destierro. (TACITO, Annales III, 24)

    ut valida divo Augusto in rem publicam fortuna ita domi improspera fuit ob impudicitiam filiae ac neptis quas urbe depulit, adulterosque earum morte aut fuga punivit (Tácito, Annales III, 24).

    Pues bien, para comprender mejor al emperador que consolidó un régimen autoritario para gobernar el Imperium Romanum y sentó las bases de una larga pacificación (evidentemente a un precio muy caro para los vencidos), reproduciré el retrato físico que de él nos dejó Suetonio. Es a fin de cuentas el retrato físico de un mortal al que los romanos consideraron divino, “divus Augustus”.

    Acompaño dos imágenes, un Augusto joven estudiante de la cultura griega en Apolonia ya idealizado, otra como “imperator” o general del ejército conocida como Augusto de Prima Porta, de la que se distribuyeron copias por todo el Imperio.

    Suetonio, Vida de los doce Césares, Vida de Augusto LXXIX:

    (Augusto)  fue de  una extraordinaria belleza y a lo largo de toda su vida mantuvo su encanto, aunque no cuidaba de su arreglo personal. Era tan despreocupado al arreglarse el cabello de su cabeza que a toda prisa ocupaba a varios peluqueros a la vez y su barba unas veces la retocaba y otras la afeitaba por completo y durante ese tiempo o leía algo o incluso escribía. Era de rostro tan tranquilo y sereno tanto cuando hablaba como cuando estaba callado, que  una de las personas  importantes de las Galias  confesó a los suyos que, habiéndose acercado a él durante la travesía de los Alpes aparentando que quería hablarle, pero con la intención de empujarle  a un precipicio, al estar en su presencia no pudo hacerlo y se volvió atrás.

    Tuvo unos ojos claros  y nítidos, en los que incluso quería que se pensara  que había una cierta fuerza divina y le agradaba que si miraba fijamente  a alguien bajara la cabeza  como ante el brillo del  sol.  Pero en su vejez perdió vista en el ojo izquierdo.

    Sus dientes eran irregulares, pequeños y estaban separados;  su cabello era ligeramente ondulado y tirando a rubio; sus cejas cerradas, sus orejas pequeñas, su nariz algo prominente en la parte superior y en la baja un tanto  curva;  su tez entre morena y blanca.

    De baja estatura –aunque su liberto Julio Morato, liberto  nos dice también que fue de cinco pies y doce pulgadas (1,70 metros…)-pero que quedaba disimulada por  la proporción e igualdad de sus miembros, y no se podía percibir más que con la comparación con alguien más alto cuando estaba de pie.

    LXXX: Dicen que su cuerpo estaba cubierto de manchas, de marcas de nacimiento, dispersas por su pecho y su vientre, con la misma forma, disposición y número que las estrellas de la Osa celeste (la constelación de la Osa). Tenía además varias callosidades parecidas a cicatrices ocasionadas por la comezón de su cuerpo, y por el uso constante y enérgico  de la strigilis al ser frotado
    No tenía mucha fuerza en su cadera, su muslo y su pierna izquierda, de tal forma que muchas  veces incluso cojeaba, pero él los reforzaba con fajas y tablillas. También, de vez en cuando sentía el dedo índice de la mano derecha tan débil, tan torpe y entumecido por el frío, que apenas podía moverlo para escribir con un la ayuda de un anillo de cuerno. Se quejaba también de la vejiga, de cuyo dolo sólo se alivió cuando unos cálculos por la orina.
    ….
    LXXXI: “A lo largo de toda su vida sufrió un buen  número de enfermedades graves y peligrosas. Sobre todo una, después de dominar Cantabria, cuando los flujos del hígado enfermo le llevaron a la desesperación y le obligaron necesariamente a recurrir a un tratamiento médico contrario e incierto: como los tratamientos  calientes no surtían efecto, se vio obligado a tratarse con   fríos, siguiendo la indicación de Antonio Musa (su médico)”.

    LXXXII: En invierno se protegía con cuatro túnicas y además con una gruesa toga, una camiseta, una pechera de lana y bandas en los muslos y piernas. En verano dormía con las puertas de su habitación, muchas veces  bajo el peristilo, junto a un surtidor de agua y también abanicándole alguien. Ni siquiera en invierno soportaba el sol. Incluso  dentro de la casa no se exponía al aire libre, sino cubierto con  un sombrero.  Viajaba en litera, casi siempre de noche, en etapas breves y lentas … Prefería hacer navegar si se podía llegar por mar… …

    Sólo con grandes cuidados se defendía de tanta debilidad. En primer lugar raramente se bañaba; muchas veces le daban fricciones, sudaba junto al fuego, luego se mojaba a pleno sol con agua no fría o tibia. Pero cada vez que, por causa de sus nervios,  tenía que tomar baños de mar o de aguas termales en Albula,  se contentaba con sentarse en un taburete de madera,  que él mismo llamaba con la palabra hispana “dureta” y metía alternativamente las manos y los pies.

      

     

     

                                                   

                                                       

     LXXIX Forma fuit eximia et per omnes aetatis gradus uenustissima, quamquam et omnis lenocinii neglegens; in capite comendo tam incuriosus, ut raptim compluribus simul tonsoribus operam daret ac modo tonderet modo raderet barbam eoque ipso tempore aut legeret aliquid aut etiam scriberet. uultu erat uel in sermone uel tacitus adeo tranquillo serenoque, ut quidam e primoribus Galliarum confessus sit inter suos, eo se inhibitum ac remollitum, quo minus, ut destinarat, in transitu Alpium per simulationem conloquii propius admissus in praecipitium propelleret.
    2] oculos habuit claros ac nitidos, quibus etiam existimari uolebat inesse quiddam diuini uigoris, gaudebatque, si qui sibi acrius contuenti quasi ad fulgorem solis uultum summitteret; sed in senecta sinistro minus uidit; dentes raros et exiguos et scabros; capillum leuiter inflexum et subflauum; supercilia coniuncta; mediocres aures; nasum et a summo eminentiorem et ab imo deductiorem; colorem inter aquilum candidumque; staturam breuem,—quam tamen Iulius Marathus libertus †etiam memoriam eius quinque pedum et dodrantis fuisse tradit—, sed quae commoditate et aequitate membrorum occuleretur, ut non nisi ex comparatione astantis alicuius procerioris intellegi posset.
    LXXX Corpore traditur maculoso dispersis per pectus atque aluum genetiuis notis in modum et ordinem ac numerum stellarum caelestis ursae, sed et callis quibusdam ex prurigine corporis adsiduoque et uehementi strigilis usu plurifariam concretis ad impetiginis formam. coxendice et femore et crure sinistro non perinde ualebat, ut saepe etiam inclaudicaret; sed remedio harenarum atque harundinum confirmabatur. dextrae quoque manus digitum salutarem tam imbecillum interdum sentiebat, ut torpentem contractumque frigore uix cornei circuli supplemento scripturae admoueret. questus est et de uesica, cuius dolore calculis demum per urinam eiectis leuabatur
    ….
    LXXXI Graues et periculosas ualitudines per omnem uitam aliquot expertus est; praecipue Cantabria domita, cum etiam destillationibus iocinere uitiato ad desperationem redactus contrariam et ancipitem rationem medendi necessario subiit: quia calida fomenta non proderant, frigidis curari coactus auctore Antonio Musa.
    LXXXII hieme quaternis cum pingui toga tunicis et subucula et thorace laneo et feminalibus et tibialibus muniebatur, aestate apertis cubiculi foribus ac saepe in peristylo saliente aqua atque etiam uentilante aliquo cubabat. solis uero ne hiberni quidem patiens, domi quoque non nisi petasatus sub diuo spatiabatur. itinera lectica et noctibus fere eaque lenta ac minuta faciebat,… ; ac si quo peruenire mari posset, potius nauigabat.
    [2] uerum tantam infirmitatem magna cura tuebatur, in primis lauandi raritate; unguebatur enim saepius aut sudabat ad flammam, deinde perfundebatur egelida aqua uel sole multo tepefacta. at quotiens neruorum causa marinis Albulisque calidis utendum esset, contentus hoc erat ut insidens ligneo solio, quod ipse Hispanico uerbo duretam uocabat, manus ac pedes alternis iactaret.

     

  • La lengua es una, el habla es varia: algunas peculiaridades del habla de Octavio Augusto.

    De los hombres famosos se suelen contar sus grandes acciones, sus guerras, sus conquistas, sus leyes, pero no suelen ofrecerse detalles aparentemente menos importantes. De Augusto conocemos, gracias al historiador Suetonio, (nació 56 años después de la muerte del emperador) que recoge numerosos datos, rumores y anécdotas , algunos de estos detalles referidos a su manera de hablar, que lo hacen más cercano y atractivo.

    Augusto cuidó la lengua  y procuró  siempre una expresión claramente inteligible, no exenta de chispa y gracia.  Le gustó estudiar y leer desde la infancia. Siempre preparaba sus discursos, que  escribía y leía para no cometer errores. Utilizaba permanentemente notas auxiliares. Se ejercitaba en la declamación.

    Escribió algunas obras en prosa y en verso. Intentó escribir una tragedia pero la borró descontento del resultado. Evitaba las fórmulas hechas, vacías, arcaicas. Siempre buscó la claridad, utilizando en su sintaxis preposiciones innecesarias según la gramática y procurando hablar sin oscuridad. Utilizó algunas expresiones peculiares y graciosas, algunos términos personales.

    Fue un transgresor de la ortografía establecida pensando que “se ha de escribir como se habla”. Como todo romano culto, era muy aficionado a los autores griegos, pero no llegó a hablar esta lengua con espontaneidad o soltura.

    Entre sus “manías” personales en este campo de las letras, encuentro una menor, pero que no deja de ser curiosa: cuando escribía no separaba las palabras y al acabar una línea no pasaba algunas letras al principio de la siguiente, sino que las escribía bajo la misma palabra, envolviéndolas con un trazo. Esta solución ha perdurado hasta la actualidad en algunas obras impresas con moderna tipografía y, por supuesto, fue muy utilizada en el Renacimiento. Debían ver esta solución los propios romanos con cierta extrañeza cuando Suetonio lo recoge como algo excepcional.

    En fin, aunque los textos puedan parecer un poco largos, nada como ellos para transmitir con fuerza los hechos de la historia. Aconsejo leer íntegro el texto de Suetonio de la Vida de Augusto, no excesivamente largo. Mientras tanto extracto o reproduzco algunos capítulos de “La vida de Augusto” de Suetonio:

    LXXXIV

    Cultivó la elocuencia y los estudios liberales desde su primera infancia con afición y con todo esfuerzo. Se dice que durante la guerra de Módena, en medio de tanto esfuerzo, no sólo leía sino que también escribía y declamaba todos los días, pues en lo sucesivo nunca más habló en el senado ni ante el pueblo ni a sus soldados sino con un discurso meditado y preparado, aunque no estaba falto de capacidad de improvisar en momentos inesperados.

    Y para no caer en el peligro de olvidar o consumir el tiempo aprendiendo, decidió leer todos sus discursos. También las conversaciones con los particulares e incluso los temas importantes con su Livia (su esposa) los tenía escritos en un cuadernillo, para no decir por la precipitación del tiempo ni más ni menos (de lo debido).

    Pronunciaba con cierto timbre de voz dulce y personal y se esforzaba asiduamente con un maestro de declamación. Aunque algunas veces, teniendo la garganta inflamada, se dirigió al pueblo mediante la voz de un pregonero. 

    LXXXV

    Escribió en prosa varias obras de diferentes tipos…
    …..
    Pues comenzó con mucho entusiasmo una tragedia, pero la abandonó porque no le salía bien lo escrito y cuando sus amigos le preguntaron qué hacía su Ayax, les respondió que su “Ayax se había caído sobre una esponja”. 
    (1)

    LXXXVI:

    Practicó un estilo de elocuencia elegante y simple, evitando las estupideces de las frases hechas, la afectación y, como él mismo decía, “los malos olores de las palabras arcaicas”.
    Puso especial cuidado en expresar su pensamiento lo más claramente posible. Para conseguirlo más fácilmente y para que de ninguna manera el lector o el oyente fuera obstaculizado o dificultado, no dudó en añadir preposiciones a los nombres de ciudad (2) ni reiterar muchas veces las conjunciones, que omitidas añaden cierta oscuridad aunque añadan algún atractivo.

    Despreció con igual disgusto a los ridículos afectados y a los arcaizantes, como dos males de diverso tipo, y algunas veces los atacaba; en primer lugar a su amigo Mecenas, cuyos “rizos perfumados”, como decía, persigue continuamente y de quien se ríe imitándole en broma. Pero no perdonó ni a Tiberio,  de vez en cuando a la caza de palabras en desuso y oscuras. Reprocha incluso a Marco Antonio como insensato, porque escribe cosas más para que los hombres le admiren que para que le entiendan….
    ….
    Y en una carta a su nieta Agripina, felicitándola por su inteligencia, le dice: “Pero es necesario que te esfuerces por escribir y hablar sin afectación”.

    LXXXVII

    Sus propias cartas autógrafas muestras que en su conversación cotidiana empleaba frecuente y curiosamente ciertas expresiones, como cuando al querer expresar que algunos no pagarían sus deudas nunca, decía que “las pagarán para las calendas griegas” (3); y cuando anima a soportar las cosas actuales, sean las que sean dice “contentémonos con este Catón” (4); y para expresar la velocidad de una cosa rápida decía “más rápido de lo que se cuecen los espárragos".

    Generalmente pone “baceolum” (bobo) en vez de “stultum” (tonto) y “pulleiaceus” (negruzco) en vez de “pullus” (negro)…. Asimismo “simus” por “sumus”…

    En su manera de escribir a mano noté sobre todo esto:  no separa las palabras, ni desde la parte final de un verso  pasa algunas letras al principio de la siguiente, sino que las escribe inmediatamente debajo de la misma palabra, envolviéndola con un trazo.

    LXXXVIII 

    No respeta  en absoluto la ortografía, esto es, el arte y la norma correcta de escribir fijadas por los gramáticos, y  parece más bien que sigue por ello la opinión de los que creen que se ha de escribir como se habla. A menudo cambia o se salta no sólo letras sino incluso sílabas, lo que es una falta frecuente de los hombres. Y yo no lo señalaría, si no me hubiese parecido curioso lo que dicen algunos: que hizo sustituir a un legado consular por vulgar e ignorante porque se dio cuenta que  había escrito con su mano ixi por ipsi. Siempre que escribía en clave, colocaba B en vez de A, C en vez de B,  y así en lo sucesivo en este mismo orden  las letras siguientes; en lugar de  X,  ponía una doble A.

    LXXXIX

    Ciertamente no tenía menos afición a los estudios griegos, en los que ciertamente verdaderamente, pues se había servido  como maestro de elocuencia de Apolodoro de Pérgamo, al que ya  de avanzada edad se lo llevó consigo de la ciudad (Roma) a Apolonia, cuando era joven. Luego se llenó de múltiples conocimientos con el contacto con el filósofo Arco y con sus hijos Dionisio y Nicanor. Sin embargo no llegó a hablar  o a escribir algo con soltura (en griego). Pues si lo exigían las circunstancias,  lo creaba en latín y se lo daba a otro para  que lo tradujese. No obstante conocía bastante bien la poesía, …

    Fomentó de todas maneras las inteligencias de su época. Escuchó con benevolencia y paciencia a los que recitaban no sólo poemas y obras de historia, sino también discursos y diálogos. Sin embargo le molestaba que se escribiese algo sobre él si no era en serio y por autores muy importantes,  y advertía a los pretores a que no permitiese que su nombre fuera pateado en los concursos literarios.

    Notas:

    (1) Nota: quiere decir que los había borrado
    (2) Nota: contra la norma gramatical
    (3) En el calendario griego no existen las calendas (se llamaba así al día primero de cada mes), por lo que “ad kalendas graecas” equivale a nunca.
    (4) Como Catón está muerto, contentémonos con la virtud de los hombres actuales

    84  Eloquentiam studiaque liberalia ab aetate prima et cupide et laboriosissime exercuit. Mutinensi bello in tanta mole rerum et legisse et scripsisse et declamasse cotidie traditur. nam deinceps neque in senatu neque apud populum neque apud milites locutus est umquam nisi meditata et composita oratione, quamuis non deficeretur ad subita extemporali facultate.

     ac ne periculum memoriae adiret aut in ediscendo tempus absumeret, instituit recitare omnia. sermones quoque cum singulis atque etiam cum Liuia sua grauiores non nisi scriptos et e libello habebat, ne plus minusue loqueretur ex tempore. pronuntiabat dulci et proprio quodam oris sono dabatque assidue phonasco operam; sed nonnumquam infirmatis faucibus praeconis uoce ad populum contionatus est.

    85  Multa uarii generis prosa oratione composuit, …
    nam tragoediam magno impetu exorsus, non succedenti stilo, aboleuit quaerentibusque amicis, quidnam Aiax ageret, respondit Aiacem suum in spongiam incubuisse.

    86 Genus eloquendi secutus est elegans et temperatum uitatis sententiarum ineptiis atque concinnitate et 'reconditorum uerborum,' ut ipse dicit, 'fetoribus'; praecipuamque curam duxit sensum animi quam apertissime exprimere. quod quo facilius efficeret aut necubi lectorem uel auditorem obturbaret ac moraretur, neque praepositiones urbibus addere neque coniunctiones saepius iterare dubitauit, quae detractae afferunt aliquid obscuritatis, etsi gratiam augent.

    cacozelos et antiquarios, ut diuerso genere uitiosos, pari fastidio spreuit exagitabatque nonnumquam; in primis Maecenatem suum, cuius 'myrobrechis,' ut ait, 'cincinnos' usque quaque persequitur et imitando per iocum irridet. sed nec Tiberio parcit et exoletas interdum et reconditas uoces aucupanti. M. quidem Antonium ut insanum increpat, quasi ea scribentem, quae mirentur potius homines quam intellegant; …
    …..
    et quadam epistula Agrippinae neptis ingenium conlaudans: 'sed opus est,' inquit, 'dare te operam, ne moleste scribas et loquaris.'

    87 Cotidiano sermone quaedam frequentius et notabiliter usurpasse eum, litterae ipsius autographae ostentant, in quibus identidem, cum aliquos numquam soluturos significare uult, 'ad K(a)l(endas) Graecas soluturos' ait; et cum hortatur ferenda esse praesentia, qualiacumque sint: 'contenti simus hoc Catone'; et ad exprimendam festinatae rei uelocitatem: 'celerius quam asparagi cocuntur.'

     ponit assidue et pro stulto 'baceolum apud pullum pulleiaceum' et pro cerrito 'uacerrosum' et 'uapide' se habere pro male et 'betizare' pro languere, quod uulgo 'lachanizare' dicitur; item 'simus' pro sumus et 'domos' genetiuo casu singulari pro domuos. nec umquam aliter haec duo, ne quis mendam magis quam consuetudinem putet.

    Notaui et in chirographo eius illa praecipue: non diuidit uerba nec ab extrema parte uersuum abundantis litteras in alterum transfert, sed ibidem statim subicit circumducitque
    88 orthographiam, id est formulam rationemque scribendi a grammaticis institutam, non adeo custodiit ac uidetur eorum potius sequi opinionem, qui perinde scribendum ac loquamur existiment. nam quod saepe non litteras modo sed syllabas aut permutat aut praeterit, communis hominum error est. nec ego id notarem, nisi mihi mirum uideretur tradidisse aliquos, legato eum consulari successorem dedisse ut rudi et indocto, cuius manu 'ixi' pro ipsi scriptum animaduerterit. quotiens autem per notas scribit, B pro A, C pro B ac deinceps eadem ratione sequentis litteras ponit; pro X autem duplex A.

    89  Ne Graecarum quidem disciplinarum leuiore studio tenebatur. in quibus et ipsis praestabat largiter magistro dicendi usus Apollodoro Pergameno, quem iam grandem natu Apolloniam quoque secum ab urbe iuuenis adhuc eduxerat, deinde eruditione etiam uaria repletus sper Arei philosophi filiorumque eius Dionysi et Nicanoris contubernium; non tamen ut aut loqueretur expedite aut componere aliquid auderet; nam et si quid res exigeret, Latine formabat uertendumque alii dabat. sed plane poematum quoque non imperitus, delectabatur etiam comoedia ueteri et saepe eam exhibuit spectaculis publicis

     In euoluendis utriusque linguae auctoribus nihil aeque sectabatur, quam praecepta et exempla publice uel priuatim salubria, eaque ad uerbum excerpta aut ad domesticos aut ad exercituum prouinciarumque rectores aut ad urbis magistratus plerumque mittebat, prout quique monitione indigerent. etiam libros totos et senatui recitauit et populo notos per edictum saepe fecit, ut orationes Q. Metelli 'de prole augenda' et Rutili 'de modo aedificiorum,' quo magis persuaderet utramque rem non a se primo animaduersam, sed antiquis iam tunc curae fuisse

    Ingenia saeculi sui omnibus modis fouit. recitantis et benigne et patienter audiit, nec tantum carmina et historias, sed et orationes et dialogos. componi tamen aliquid de se nisi et serio et a praestantissimis offendebatur, admonebatque praetores ne paterentur nomen suum commissionibus obsolefieri

    Hasta aquí los textos que reflejan la educación, el buen gusto literario y algunas peculiaridades del, en su momento,  hombre más poderoso del universo. Son precisamente estos detalles nimios los que le hacen más interesante y cercano.
     

  • Una medida positiva de Augusto para la integración de los pueblos

    En tiempos tan revueltos como los actuales quizás no sirva de mucho recordarlo, pero hay una anécdota de Octavio Augusto que tiene cierto interés referida a una medida positiva, proactiva como se dice ahora, de integración entre culturas llamadas a complementarse.

    El poeta latino Horacio dejó a la posteridad unas cuantas frases famosas convertidas en sentencias plenas de contenido. Una de ellas hace referencia al dominio militar y político romano sobre Grecia pero a la superioridad cultural helena, en  Epístolas II, 1, 156-157:

    "La Grecia conquistada conquisto al fiero conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio."

    "Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio."

    Piénsese que ya antes de existir Roma, los griegos recitaban los versos de la Ilíada y la Odisea de Homero.

    Pues bien, los griegos soportaron el dominio romano y los romanos siempre se sintieron atraídos y “dominados” por la cultura griega, hasta el punto de que todo romano culto, persona importante o de familia con recursos, marcha a Grecia para completar sus estudios y aprender bien la lengua griega.

    En honor de la verdad, también hubo quien se opuso a esa influencia. En el siglo III a.C., Catón el Viejo, defensor a ultranza de la tradición romana, interpretó como un peligro letal para Roma la influencia griega y a ella se opuso en su juventud, pero finalmente con poco éxito, pues como dice Plutarco en  Vidas paralelas, Vida de Catón 2, 4:

    Por lo demás, se dice que aprendió  tarde las letras griegas, y que habiendo cogido en sus manos  los libros griegos cuando ya era de edad muy avanzada, Tucídides le fue de utilidad para la elocuencia, aunque  sobre todo le aprovechó Demóstenes. Adornó sus escritos adecuadamente  con máximas e historias griegas, y en sus apotegmas y sus sentencias se encuentran muchas cosas traducidas literalmente del griego.

    Pues bien, hay una pequeña anécdota de Augusto que refleja el espíritu y deseo de integración al proponer  una medida positiva que busca el buen entendimiento entre los dos pueblos, romano y griego. Nos lo refiere Suetonio en su Vida de los doce  Césares, vida de Augusto. XCVIII, 1-3:

    Recorrió entonces las costas de la Campania y las islas cercanas y paso cuatro días de retiro en Capri, con absoluta tranquilidad dedicado al ocio y a todo tipo de diversión.

    Cuando pasaba casualmente por la bahía de Putéolos, los pasajeros y los marineros de una nave de Alejandría, que acababa de atracar, vestidos de blanco, con coronas y quemando incienso, le prodigaron votos de buenaventura y las mayores alabanzas, diciéndoles que “gracias a él vivían, gracias a él navegaban, gracias a él disfrutaban de la libertad y de sus fortunas”. 

    Contentísimo con esto, repartió cuarenta monedas de oro a sus acompañantes, exigiéndoles a cada uno el juramento y compromiso de que no gastarían la cantidad dada en otra cosa sino en la compra de productos de Alejandría.

    Y luego a lo largo de los días siguientes repartió además, entre otros regalos menores, togas (romanas) y mantos griegos, con la condición de que los Romanos usaran la vestimenta y la lengua griegas y los griegos las romanas.

    tunc Campaniae ora proximisque insulis circuitis Caprearum quoque secessui quadriduum impendit remississimo ad otium et ad omnem comitatem animo.

    Forte Puteolanum sinum praeteruehenti uectores nautaeque de naui Alexandrina, quae tantum quod appulerat, candidati coronatique et tura libantes fausta omina et eximias laudes congesserant: per illum se uiuere, per illum nauigare, libertate atque fortunis per illum frui. qua re admodum exhilaratus quadragenos aureos comitibus diuisit iusque iurandum et cautionem exegit a singulis, non alio datam summam quam in emptionem Alexandrinarum mercium absumpturos.

    sed et ceteros continuos dies inter uaria munuscula togas insuper ac pallia distribuit, lege proposita ut Romani Graeco, Graeci Romano habitu et sermone uterentur

    Han pasado 2.000 años. Augusto murió poco después de esta anécdota, pero si de integración entre los pueblos se trata, hoy como ayer serán más adecuadas las medidas positivas de asimilación que la confrontación. Desde luego, nada ayudan a una buena convivencia mensajes del tipo “no consuma usted productos de…Alejandría”.
     

  • Octavio Augusto estuvo tres veces en Hispania

    Por fin el cálido verano ha dado paso al más dulce otoño. El verano se extiende de Junio, el mes de la diosa Juno, la homóloga romana de la griega Hera, a Septiembre, el més séptimo de un inicial año de diez meses. Entre el mes inicial y el final del verano se desgranan día a día los meses de Julio y Agosto. Julio se llamó primeramente “quintilis”, es decir, el mes quinto y Agosto “sextilis”, es decir, el mes sexto. El general o “imperator” Julio César dio su nombre al quinto y su sobrino y primer emperador Octavio Augusto dio el nombre al sexto.

    Octavio nació en septiembre del año 63 a.C.  y murió en agosto del año 14 d.C., (prescindiendo de la  exactitud cronológica dificultada por los cambios, adaptaciones y reajustes del calendario, que su tío Julio César ya reformó, hasta el día de hoy). Así que acaban de cumplirse 2.000 años y puede ser esta una buena ocasión para comentar algún detalle.

    "Augusto" fue uno de los numerosos títulos honoríficos que César Octavio acumuló en su persona. La palabra está relacionada con “augeo” que significa aumentar, crecer, ganar fuerza y “augurio” u “observación e interpretación de los mensajes favorables de los dioses”, por lo que “augusto” viene a significar  “consagrado por los augurios, con augurios favorables,santo, venerable, el elegido o favorecido por la divinidad”. Todavía hoy en italiano se emplea la palabra  “auguri” para expresar “los mejores deseos” para alguien. Hasta Octavio,el término “augustus” sólo se aplicaba a las cosas y no a las personas.

    El poeta Ovidio nos ilustra sobre el significado  del término. Al cantar la festividad y las ceremonias del día 13 de Enero dedicadas a Augusto, nos dice  en sus Fastos 1. 607 y ss.

    Sin embargo todos son celebrados con honores humanos;
    Sólo éste (Augusto) tiene un nombre asociado al supremo Júpiter.
    Los patricios a las cosas sagradas las llaman augustas; augustos son llamados
    los templos dedicados ritualmente por la mano de los sacerdotes.
    Tambien “augurio”  tiene su origen en esta palabra,
    y  todo lo que Júpiter engrandece con su poder.
    ¡Que engrandezca el imperio de nuestro guía, que aumente sus años
    y proteja vuestro umbral con la corona de encina.
    Y que el heredero de tan gran apellido con los auspicios de los dioses
    cargue con el peso del mundo con el mismo favor divino que su padre!

    sed tamen humanis celebrantur honoribus omnes:
    hic socium summo cum Iove nomen habet,
    sancta vocant augusta patres, augusta vocantur
    templa sacerdotum rite dicata manu;
    huius et augurium dependet origine verbi,
    et quodcumque sua Iuppiter auget ope.
    augeat imperium nostri ducis, augeat annos,
    protegat et vestras querna corona fores,
    auspicibusque deis tanti cognominis heres
    omine suscipiat, quo pater, orbis onus 

    Según las fuentes, al menos las que yo conozco, Augusto estuvo tres veces en Hispania y de las tres quedan algunos hechos relevantes y  alguna anécdota.

    El primer viaje tuvo lugar el año 45 a.C., cuando apenas contaba 18 años. Debía haber viajado antes con su tío, pero una enfermedad le impidió la marcha. Así que vino sólo para encontrarse en Tarragona con Julio César. En el viaje  naufragó y cuando llegó, su tío ya no estaba allí por lo que hubo de marchar por terreno enemigo y hostil hacia la Bética en donde se encontraba luchando en la guerra civil contra los hijos de Pompeyo.

    Nos lo cuenta Nicolás de Damasco en su  Vida de Augusto, FGrH F 127, …(10-11)

    (10) …Había muchos que querían acompañarle porque ya era una gran promesa, pero rechazó a todos, incluida su propia madre. Seleccionó al  más rápido y más fuerte de sus siervos e inició rápidamente  su viaje y cubriendo el largo camino con una increíble marcha  llegó junto a César, que ya había completado toda la guerra en el espacio de siete meses.

    (11) Cuando Octavio llegó a Tarraco, pareció difícil creer que había logrado llegar en medio de tantas dificultades propias de la guerra. Al no encontrar a César allí, tuvo que afrontar  más problemas y peligros. Alcanzó a César en España, cerca de la ciudad de Calpiá. César lo abrazó como a un hijo y le dio la bienvenida, porque él lo había dejado en casa, enfermo, y ahora lo veía inesperadamente a salvo de tantos enemigos y  bandidos. De hecho, ya no le dejó apartarse de él, sino que lo acogió  en sus propias dependencias militares. Elogió su celo e inteligencia, ya que él fue el primero en llegar de los que habían salido de Roma . Conversaba con él y le hacía preguntas porque quería hacerse una opinión correcta de su entendimiento. Se dio cuenta de  que era sagaz, inteligente y conciso en sus respuestas, que  siempre contestó inmediatamente, y aumentó  su estima y afecto por él. Después de esto tuvieron que navegar hasta Carthago Nova (Cartagena) para hacer acuerdos.  Octavio se embarcó en el mismo barco que César, con cinco esclavos, pero, además de los esclavos eligió a tres de sus compañeros a bordó y temía  que César se enfadara al descubrirlo. Sin embargo, currió todo lo contrario, y a César  le agradó que Octavio sintiera  cariño por  sus compañeros y lo elogió porque a él también  le gustaba tener siempre  con él hombres atentos y deseosos de de alcanzar la excelencia; y porque él ya daba no poca importancia a ganar una buena reputación en su patria.

    La rapidez y valentía con la que acudió el joven Octavio y el sentido común y responsabilidad con la que actuó durante la estancia en Hispania impresionaron favorablemente a Julio César, que probablemente comenzó a pensar en él como su heredero, como luego se descubrió en la apertura de su testamento que había custodiado la sacerdotisa vestal Máxima.

    También recoge esta información  Suetonio en su Vida de Augusto VIII:

    Poco después marchó  a Hispania junto a su tío materno, que luchaba contra los hijos de C. Pompeyo, apenas recuperado de una grave enfermedad, marchando a través de caminos infestados de enemigos, con unos pocos acompañantes incluso después de haber naufragado. Por todo esto se ganó su gran agradecimiento (César) y también por la sobriedad de sus costumbres, que pronto demostró, además de por su actuación durante el viaje.

    profectum mox auunculum in Hispanias aduersus Cn. Pompei liberos uixdum firmus a graui ualitudine per infestas hostibus uias paucissimis comitibus naufragio etiam facto subsecutus, magno opere demeruit, approbata cito etiam morum indole super itineris industriam.

    Y también Veleyo Patérculo, 2.59.3  nos recuerda cómo su tío César se lo llevó a Hispania con dieciocho años y lo mantuvo con él, montandolo incluso su carro.

    Aunque se había criado en la casa de su padrastro, Filipo, Cayo César, su tío abuelo, amaba a este niño como su propio hijo. A la edad de dieciocho años se lo llevó como compañero a la guerra de Hispania, y nunca tuvo otro hospedaje que el suyo ni vaijó en otro vehículo,  y aunque todavía un niño, lo honró con el sacerdocio del pontificado

    Quem C. Caesar, maior eius avunculus, educatum apud Philippum vitricum dilexit ut suum, natumque annos duodeviginti Hispaniensis militiae adsecutum se postea comitem habuit, numquam aut alio usum hospitio quam suo aut alio vectum vehiculo, pontificatusque sacerdotio puerum honoravit.

    El segundo viaje lo realizó entre los años 27 y 24 a.C. y acudió a Hispania para dirigir personalmente la guerra contra los cántabros y astures. En el año 26 se retiró enfermo a Tarraco, habiendo sufrido antes un percance de enorme importancia para un romano.

    Durante una marcha nocturna, (Augusto prefería viajar por la noche) se desencadenó una fuerte tormenta y un rayo, lanzado sin duda por el poderoso Júpiter, mató a uno de los porteadores de su litera, dejando tal vez inconsciente o gravemente afectado al propio Octavio. Este rayó le dejó para siempre secuelas, al parecer una especie de tembleque que de vez en cuando se le hacía presente.
    Suetonio nos informa de cómo consagró un templo a Júpiter Tonante en el Capitolio por haberle librado de este rayo. Tonante es precisamente el adjetivo que expresa el terror supersticioso que Júpiter producía en los romanos con sus truenos y rayos.

    “Consagró un templo a Júpiter Tonante, porque le  libró del peligro, cuando en una expedición contra los cántabros, durante la noche, un rayó rozó  ligeramente su litera y mató a un esclavo que iba delante para alumbrarle”. (Vida de Augusto, 29, 3)

    Tonanti Iovi aedem consecravit liberatus periculo,cum   expeditione Cantabrica per nocturnum iter lecticam eius fulgur praestrinxisset servumque praelucentem exanimasset.

    A la enfermedad que le apartó a Tarraco, consecuencia tal vez del rayo que estuvo a punto de matarlo, hace referencia Suetonio en Vida de Augusto, 81, 1:

    “A lo largo de toda su vida sufrió un buen  número de enfermedades graves y peligrosas. Sobre todo una, después de dominar Cantabria, cuando los flujos del hígado enfermo le llevaron a la desesperación y le obligaron necesariamente a recurrir a un tratamiento médico contrario e incierto: como los tratamientos  calientes no surtían efecto, se vio obligado a tratarse con   fríos, siguiendo la indicación de Antonio Musa (su médico)”.

    Graues et periculosas ualitudines per omnem uitam aliquot expertus est; praecipue Cantabria domita, cum etiam destillationibus iocinere uitiato ad desperationem redactus contrariam et ancipitem rationem medendi necessario subiit: quia calida fomenta non proderant, frigidis curari coactus auctore Antonio Musa

    Dion Casio en Historia de Roma 53, 25 nos recuerda la venida de Augusto a Hispania desde la Galia “para restablecer el orden” en el año 27 a.C. y cómo dirigió personalmente la guerra:

    Llevó a cabo el censo de los Galos y reguló su estado civil y político. Desde allí pasó a Hispania e igualmente organizó esta provincia.
    ….
    Augusto, en el momento de marchar con su ejército a Bretaña (los bretones no habían querido aceptar sus condiciones), fue retenido por los Salassos, que se levantaron contra él, y por los cántabros y Asturias que le hicieron la guerra.  El primero de estos dos pueblos vive al pie de los Alpes, como he dicho antes; los otros dos, a los pies de los Pirineos, en la parte más fuerte de la costa de Hispania y en la llanura debajo de la montaña.
    ….
    Augusto en persona marchó contra los Astures y contra los cántabros a la vez; como quiera que rechazaban rendirse por la seguridad que les inspiraba la fuerza de sus posiciones y tampoco entablaban combate porque eran inferiores en número; como por otra parte la mayoría estaban armados con jabalinas y le hostigaban en cuanto hacía algún movimiento, siempre situados delante en los lugares elevados y emboscados en lugares escondidos y en los bosques, Augusto se encontró en gran aprieto

    La fatiga y las preocupaciones habían alterado su salud y se retiró a Tarraco, donde cayó enfermo; entretanto, C.Antistio combatió a estos pueblos y obtuvo muchos éxitos, no porque fuera mejor general que Augusto, sino porque los bárbaros, despreciándole, se lanzaron en masa contra los Romanos y fueron derrotados. Así que él se apoderó de unos pocos lugares y luego T.Carisio se apoderó de Lancia, la ciudad más fuerte de los Astures, que había sido abandonada y redujo a un gran número de otras a su poder.

    Otros historiadores como Floro, en su Epitome Rerum Romanorum 2,33,12, 46 ss.  y Orosio en su “Historia adversus paganos”  6, 20-21 recuerdan también las Guerras Cántabras y cómo una vez finalizadas, a criterio de Augusto en el año 24 aunque se prolongaron hasta el 19 a.C., se cerraron después de doscientos años las puertas del templo de Jano en Roma, que debían permanecer abiertas en tiempos de guerra. Comenzaba así la llamada “paz de Augusto” (pax augusta)..

    Precisamente durante este viaje nos cuenta Dion Casio cómo el año 25 a.C. licenció a los soldados veteranos y fundo Augusta Emerita, la actual ciudad de Mérida.

    Dion 53, 26, 1

    Una vez acabada esta guerra, Augusto licenció a los soldados de más edad y les permitió fundar en Lusitania una ciudad llamada Augusta Emerita; a los que todavía estaban en edad en edad de servir en el ejército les ofreció en el propio campo algunos espectáculos bajo la dirección de Tiberio y Marcelo, como si fueran los ediles”.

    El tercer viaje tuvo lugar entre los años 16 y 13 a.C..  Primero fue a la Galia y dese allí a Hispania.
    En Narbona, en febrero del año 15 a.C. publicó los edictos referidos a los “Paemeiobrigenses” y a los “Aiiobrigiaecinos", ambos en el Bierzo, que aparecen en la  llamada “tessera Paemeiobrigensis” o Edicto del Bierzo. En ellos se recompensa a los pueblos que le permanecieron fieles en las guerras cántabras. Sin duda estos decretos y otras muchas medidas referidas a la promoción del estatus de numerosas ciudades de Hispania en estos años están en relación con el hecho de que viniera a Hispania por tercera vez, aunque las fuentes no lo atestiguan directamente. 

    Precisamente a la vuelta a Roma, el Senado decidió construir un altar a la paz, la  famosa Ara Pacis, a la que  parece referirse Dion Casio en su Historia de Roma, 54, 25:

    Después de poner todo en orden en  la Galia, en Germania y en Hispania, gastando mucho para algunas ciudades por separado,  recibiendo mucho de otras,  dando a unas la libertad y el derecho de ciudadanía y privando de él a otras, Auguste dejó a Druso en Alemania y regresó a Roma en el consulado de Tiberio y  Quintilio Varo. La noticia de su llegada, extendida por toda Roma, coincidió con los días en que Cornelio Balbo ofrecía unos espectáculos por la dedicación del teatro que todavía hoy lleva su nombre; Balbo se sintió tan orgulloso como si hubiera sido él el que había hecho volver a  Augusto,  aunque el agua desbordada del Tíber le  impidió llegar a su teatro sino en barco,  y también porque, en honor a su teatro, Tiberio le dio el primer turno de palabra. El Senado, de hecho, se reunió a continuación, y, entre otros acuerdos, decidió que, con motivo del regreso de Augusto, fuera erigido un altar en la propia Curia, en el que los suplicantes, cuando el príncipe estuviera  en el interior del  Pomoerium, debían encontrar  impunidad.

    El propio Augusto hace referencia  en sus Res Gestae divi Augusti (Monumnetum Ancyranum), 12:

    Cuando desde Hispania y la Galia regresé a Roma, después de haber realizado felizmente mis acciones en esas provincias, bajo el consulado de Tiberio Nerón y de Publio Quintilio, el senado decretó que se debía consagrar en honor de mi regreso el “Ara pacis de Augusto”  junto al Campo de Marte, y ordenó que los magistrados, sacerdotes y vírgenes Vestales celebrasen en ella cada año un sacrificio.

    Cum ex Hispania Gallaque, rebus in iis provincis prospere gestis, Romam redi Ti. Nerone P. Quintilio consulibus, aram Pacis Augustae senatus pro reditu meo consacrandam censuit ad campum Martium, in qua magistratus et sacerdotes et virgines Vestales  anniversarium sacrificium facere iussit.

    Ovidio también se hace eco de la fundación del Ara pacis en Fasti 1, 709 ss. Se refiere a los fastos del día 30 de Enero. Estos versos finales del libro son un canto a la paz, que me permito reproducir:

    El propio poema nos ha llevado al altar de la Paz.
    Este será el penúltimo día del mes.
    Con tus cabellos peinados y rodeada de las ramas de Accio,(1)
    acude, Paz, y quédate dulce en todo el orbe.
    Mientras falten enemigos, faltará también motivo para el triunfo,
    pero tú serás mayor motivo de gloria que la guerra para los generales.
    Que sólo el soldado lleve las armas con las que vencer a las armas,
    y  que la fiera trompeta no resuene sino en el desfile.
    Que el mundo cercano y el más lejano se asuste de los hijos de Eneas;
    Si alguna tierra temía un poco a Roma, que ahora la ame.
    Vosotros, sacerdotes, echad inciensos en las llamas de la paz.
    Y que una blanca víctima caiga muerta golpeada en su frente
    y rogad a los dioses, favorables a las peticiones piadosas,
    que la casa que trabaja por la paz, perdure en paz.

    (1) Se refiere a las ramas de laurel de la victoria de la batalla de Accio frente a Marco Antonio.

    Ipsum nos carmen deduxit Pacis ad aram.
    haec erit a mensis fine secunda dies.
    frondibus Actiacis comptos redimita capillos,
    Pax, ades et toto mitis in orbe mane. 
    dum desint hostes, desit quoque causa triumphi:
    tu ducibus bello gloria maior eris.
    sola gerat miles, quibus arma coerceat, arma,
    canteturque fera nil nisi pompa tuba.
    horreat Aeneadas et primus et ultimus orbis:
    si qua parum Romam terra timebat, amet.
    tura, sacerdotes, pacalibus addite flammis,
    albaque percussa victima fronte cadat,
    utque domus, quae praestat eam, cum pace perennet
    ad pia propensos vota rogate deos.

    Podía ser esta frase, utque domus, quae praestat pacem, cum pace perennet, la versión clásica y antigua de la máxima: “si quieres la paz, trabaja por la paz”.
     

  • Espectáculos que generan pasiones y enfrentamientos: Pompeya contra Nuceria

    Los habitantes de Pompeya y de sus alrededores, como todos los habitantes del Imperio Romano en general, eran muy aficionados a los espectáculos de gladiadores en el anfiteatro y a las carreras de caballos y carros en el circo o hipódromo.

    Nota:  La palabra “anfiteatro”  está formada por dos palabras griegas  amphi , ἀμφι, que significa “dos” y theātrum, θέατρον  ; se trata de un edificio aproximadamente circular resultado de la unión de dos teatros, aproximadamente semicirculares. Pero los griegos no tenían “anfiteatros”; así que hemos de suponer  que la palabra, aunque griega,  fue creada por los romanos.  La palabra “circo”, del la´tin”circus” etimológicamente significa  “círculo, cerco” . Hipódromo, del griego gr. ἱππόδρομος  (  ἱππός, hipos, caballo; δρομος, dromos, carrera, recorrido). El más famoso anfiteatro de Roma, el Anfiteatro Flavio, es conocido como el “Coliseo” precisamente porque ante él había la estatua de un famoso “Coloso”, Colosseum, estatua de Nerón de unos 30 o 35 metros. De la palabra "coliseo" deriva la española "coso", con la que se designa a diversos espacios para espectáculos, especialmente aplicada a los "cosos taurinos" o "plazas de toros".

    En esas competiciones a veces se enmascaraban rivalidades de ciudades vecinas y rivalidades de equipo, a veces incluso violentas, como hoy ocurre  sobre todo con el futbol,  que levanta verdaderas pasiones.

    La  violencia en los estadios (anfiteatros, circo) a veces alcanza tales dimensiones que se imponen sanciones tales como la clausura del campo.

    Esto es lo que ocurrió en el año 59 de nuestra era, en tiempos de Nerón,  en el anfiteatro de Pompeya con ocasión de un espectáculo de gladiadores ofrecido por un tal Livineius Regulus.

    Asistían al espectáculo ciudadanos de la vecina ciudad de Nuceria. A las apuestas y fanfarronadas de unos y otros sucedieron los insultos, a los insultos las pedradas y a las pedradas el desenvaine de espadas. Consecuencias: ganaron los locales, los de Pompeya, pero hubo muertos; muchos nucerinos fueron heridos y mutilados. El propio emperador Nerón, a instancias de los nucerinos encargó una investigación a los cónsules y sancionó a los culpables:  el Senado prohibió celebrar tales espectáculos en Pompeya durante diez años; es decir, les clausuró el anfiteatro (el campo) y los responsables de los juegos y los instigadores del alboroto fueron expulsados de la ciudad. Durante el período de la prohibición sólo se celebraron juegos de atletas y como suele ocurrir con este tipo de sanciones, Nerón suavizó el castigo y permitió la apertura de nuevo en el año 64.

    En fín,puesto que tenemos una crónica del suceso, lo mejor será escuchar lo que nos dice Tácito en sus Anales,14,17:

    «En este mismo tiempo, de un motivo mínimo urgió  una atroz matanza entre los habitantes de Nuceria y los de Pompeya, en un espectáculo de gladiadores que ofrecía  Livineyo Régulo,  a quien, como dije, se le había expulsado del Senado.  Porque con el desenfreno propio de la masa ciudadana, comenzaron lanzándose unos a otros insultos, luego piedra y por último desenvainaron las espadas; ganando la plebe de Pompeya, en donde se celebraba a el espectáculo.. Fueron, pues, llevados a la ciudad (Roma) muchos de los nucerinos con el cuerpo destrozado por las heridas, y muchos lloraban por la muerte de sus hijos o padres. El príncipe (Nerón) remitió el conocimiento de esta causa al Senado, y el Senado a los cónsules; vuelta de nuevo la causa al Senado, se prohibió a los pompeyanos celebraciones públicas de este tipo durante  diez años, y fueron disueltos las sociedades  que se habían creado contra las leyes. Livineyo y los otros que habían provocado la revuelta fueron castigados con el exilio”.

    Sub idem tempus levi initio atrox caedes orta inter colonos Nucerinos Pompeianosque gladiatorio spectaculo quod Livineius Regulus, quem motum senatu rettuli, edebat. quippe oppidana lascivia in vicem incessentes probra, dein saxa, postremo ferrum sumpsere, validiore Pompeianorum plebe, apud quos spectaculum edebatur. ergo deportati sunt in urbem multi e Nucerinis trunco per vulnera corpore, ac plerique liberorum aut parentum mortis deflebant. cuius rei iudicium princeps senatui, senatus consulibus permisit. et rursus re ad patres relata, prohibiti publice in decem annos eius modi coetu Pompeiani collegiaque quae contra leges instituerant dissoluta; Livineius et qui alii seditionem conciverant exilio multati sunt

    El altercado debió ser de tales proporciones que no sólo lo cuenta el historiador Tácito en sus Anales, sino que existe una pintura mural en Pompeya en la casa I.3.23, la conocida como casa de Actius Anicetus,  que representa el altercado. En ella se aprecia, además de los caídos y los litigantes,  la vela que servía para dar sombra a la arena en los calurosos días del verano.

    Entre los muchos graffiti de Pompeya, más de veinte mil,  hay uno que parece referirse sind duda al episodio que comentamos.  Corresponde a Corpus Inscriptionum Latinarum, IV,1293, vía de Mercurio:

    campanos, con esta sola victoria habéis perdido con los nucerios

    Campani, victoria una cum Nucerinis peristis

    De la pasión con la que los vecinos de la comarca asistían a estos espectáculos nos pueden dar idea algunos otros graffiti:

    CIL IV 1329, vía de Mercurio:

    ¡Desgracias  a los nucerinos

    Nucerinis infelicia

    CIL IV, 2183, vico del Lupanar:

    ¡Buena suerte a todos  los Puteolanos y suerte para todos los Nucerinos; el arpón  para los pompeyanos y petecusanos

    Puteolanis feliciter, omnibus Nucerinis felicia et uncum Pompeianis Petecusanis

    ¿Por qué estas rivalidades entre vecinos de Pompeya y de Nuceria?  Probablemente las rivalidades vienen de lejos. A la vecindad, siempre motivo de roces. Tras la  Guerra Social de los años 91-88 a.C.    Sila creó una colonia en Pompeya. El anfiteatro es de esa época, de hacia  año 70 a.C. Nuceria, que no se había rebelado, fue mejor tratada. Luego Nerón asentó una colonia de veteranos que quizá disputó algún terrenos a los de Pompeya. Por otra parte, en la rebaja de la sanción quizás interviniera la mujer de Nerón, Popea, cuya familia vivía en Pompeya. Tal vez se debió para aliviar la tensión de la ciudad después de los graves destrozos del terremoto del año 62 después de Cristo.

    Otro grafito informa que para beber buen vino  hay que ir a Nuceria:

    .CIL III 5.4,8903 (exterior de una pequeña casa):

    Gayo Gabinio  saluda afectuosamente a Estacio. Viajero, come el pan en Pompeya, pero para beber vete a Nuceria. En Nuceria es mejor la bebida.

    Ga. Sabinius Statio plurima sal. Viator Pompeis pane gustas, Nuceriae bibes, Nuceri[…] melius.

    Podíamos seguir elucubrando más sobre ello, pero para qué,  si todos los días o fines de semana vemos todavía estas peleas entre los forofos de un equipo o de otro en la Liga, en la Champions League o en cualquier otra competición europea o americana? Parece como si algunos estuvieran condenados a buscar su identidad en el enfrentamiento con los otros en todo momento y ocasión. Claro que también los juegos entonces (ludi circenses), como los deportes de masas hoy, son buenas válvulas de escape de la tensión que se genera en una absurda vida cotidiana.

  • Hipatia desengaña a un atolondrado joven enamorado

    Un joven discípulo de Hipatia confesó a su maestra su encendido amor a causa de su belleza, pero la maestra le desengañó contundentemente sobre la verdad de la belleza y su mera apariencia.

    Esta anécdota que desarrollaré a continuación me recuerda otra con cierto parecido acaecida en Madrid en época de los Austrias.

    Todas las grandes ciudades albergan una “sub urbe” o mundo subterráneo de galerías, pasadizos, túneles y conducciones diversas. Una de las primeras conducciones de gran envergadura y solidez es, por ejemplo, la “Cloaca Máxima” de Roma construida por para sanear el valle pantanoso del “foro”.

    Madrid, capital de España, está, como Roma, edificada sobre “siete colinas” y como toda gran ciudad, esta horadada por centenares de kilómetros de galerías y conducciones con diversa finalidad. Sobre muchas de ellas existen narraciones y relatos fantásticos, plenos de imaginación a veces, y en otras ocasiones con fundamento histórico, por curioso que nos parezca.

    Entre esos túneles siempre han generado gran curiosidad los que unían los castillos palacios con salidas al exterior de las murallas o con entradas en recintos especiales. Uno de los más curiosos en Madrid es el al parecer unía el Alcázar de los Austrias, antecedente del actual Palacio Real,  con el convento de la Encarnación. Por él se desplazaban los reyes para asistir a los oficios religiosos. Según una de esas narraciones apócrifas o imaginativas,  el rey Felipe IV entre otras cosas transitaba el túnel para visitar a una hermosa novicia del convento San Plácido por la que se sentía atraído. La novicia encontró un método eficaz para acabar con el acoso de lúbrico monarca: pidió que, ante la visita del monarca,  se le vistiese con la mortaja de difunta y fuese colocada en un ataúd  iluminado por los hachones funerarios fingiendo su muerte.

    Recuerda esta anécdota, ficticia o real, como decía, otra menos extrema atribuida a la famosa filósofa y matemática Hipatia de Alejandría, víctima de la intransigencia de un grupo de cristianos del siglo V en el marco de conflictos religioso-sociales, alimentados  por la intransigencia de algunos líderes como el obispo  Cirilo. Hipatia fue brutalmente asesinada  en el año 415. Su figura, olvidada durante mucho tiempo, fue luego y aún es ahora objeto de diversas y contrarias interpretaciones, de las que probablemente hablaré en otra ocasión y de interés por los modernos medios de comunicación y arte (recordemos la famosa película Ágora de Alejandro Amenabar estrenada en el año 2009 con notable éxito, a pesar de los también notables errores históricos.

    Pues bien, Hipatia unía a su condición de mujer, la de sabia, ilustrada, filósofa,  y también la de virgen  y virgen y bella.  La virginidad  le venía en parte impuesta por su dedicación absoluta a la ciencia y a la reflexión filosófica, que exigen una continua atención. Además por su orientación filosófica neoplatónica estaba interesada en el mundo ideal de las ideas y no en el de la mísera materia.

    Se cuenta que un atolondrado e inexperto joven, locamente enamorado de ella, insistía en sus pretensiones amorosas. Hipatia le hizo ver su condición de ser mortal e imperfecto, a semejanza de la monja aunque con un método menos drástico: le mostró al joven el paño higiénico con  el que la joven limpiaba la sangre menstrual que mensualmente, como el nombre indica, expele la condición femenina de la mujer fértil, diciéndole:  “querido joven, esto  es en realidad lo que tú amas, no la belleza en sí misma” o  según otra versón “esto es lo que tú amas,joven, y no es nada bello”.

    La anécdota nos la cuenta el ateniense Damascio, en su obra Alexandría:

    Acostumbraba a ponerse su manto de filósofa y pasear por medio de la ciudad interpretando públicamente a Platón y a Aristóteles, y las obras de algunos otros filósofos para quienes deseaban escucharla. Además de su habilidad en la enseñanza, destacaba en el pináculo de la virtud. Era justa y casta y permaneció siempre virgen. Era tan bella y bien constituida que uno de sus discípulos se enamoró de ella y al ser incapaz de controlarse a sí mismo, le mostró un signo de su encantamiento. Hipatia, intentó, sin conseguirlo, calmarle mediante la música. En realidad ella cogió unos  paños que había manchado con la menstruación y dijo "esto es lo que tú amas, joven, y esto no es bello". Él se sintió tan avergonzado y asustado ante la horrible visión que experimentó un cambio en su corazón y se convirtió rápidamente en un hombre mejor.

    Así era Hipatia, tanto inteligente y elocuente en sus discursos como cortés en sus actuaciones. La ciudad entera la quería sin lugar a dudas y le tenía gran veneración, pero los gobernantes de la ciudad la envidiaron desde el principio, algo que frecuentemente ocurría en Atenas también. Pues si la filosofía había perecido, sin embargo, su nombre aún parecía venerable y magnífico a los hombres que ejercían de líderes en el Estado (Alexandria2: 1 993, 57-58)

    Nota: El texto lo reproduce Amalia González Suarez, que lo publica por primera vez en La otra Historia. Ed. Tertulia Feminista les Comadres, Gijón, 2003. La autora  Maria Dzielska, autora de Hipatia de Alejandría  (Ed.Siruela)  localiza la cita en Damascio, frag. 102, pag-77.15-17 .

    También la Suda (enciclopedia bizantina en griego del siglo X con más de 30.000 entradas), dice en la palabra  Hypatia, Ὑπατία:

    A su condición de maestra añadió  el permanecer virgen, alcanzando la más alta virtud práctica, siendo justa y prudente. Era tan  hermosa y atractiva que uno de los jóvenes que asistían  a sus lecciones se enamoró de ella. El no fue capaz de contener su deseo y le informó de su enamoramiento. Informes que no conocen la verdad, dicen que Hipatia lo liberó de su pasión con la música, pero la verdad es que la música no consiguió  ningún efecto. Ella le presentó  algunos de sus trapos de mujer (con la sangre menstrual) , y los arrojó delante de él, mostrándole los signos de su origen impuro, y dijo: "De esto estás enamorado, joven,  y no hay nada hermoso en ello." (Suda en línea, Upsilon 166)

    La anécdota puede parecer grotesca, pero aumenta su posibilidad si consideramos el interés por la filosofía neoplatónica de Hipatia. El paño higiénico es el símbolo de la materialidad e imperfección del cuerpo femenino frente a la perfección de la belleza en sí que busca la filósofa.  Curiosamente, el nombre Hypatia significa etimológicamente “la perfecta, la excelsa, la elevada”. Naturalmente, hoy es muy diferente la consideración de la materia frente al espíritu  y de la perfección o imperfección del cuerpo femenino. Las ideas sólo se pueden explicar y comprender en su contexto histórico.

  • Libros de adorno

    Hoy se publican miles de libros, miles de títulos y miles de ejemplares de cada título. En la Antigüedad la industria editorial era mucho más pequeña, pero existe un importante comercio de libros primero de papiro y luego de pergamino o piel.

    Pues bien, entonces como ahora existieron personas que exponían libros en las estanterías de sus casas simplemente por ostentación, libros que no habían leído, si bien no se llegó al extremo de exponer en las bibliotecas libros simulados, cajas vacías representando lomos de libros  importantes, aunque al decir de Séneca, eran los lomos lo único que vieron algunos romanos.

    Séneca  se refiere a esta costumbre en su “ De tranquillitate animi,” 9, 4:  

    ¿De qué sirven innumerables libros y librerías, de los que el  dueño apenas ha leído  en toda su vida los índices? Una multitud de libros es una carga, y  no enseña; y así te será mucho más satisfactorio seguro entregarte á unos pocos autores, que andar errante por  muchos. En Alejandría ardieron cuarenta mil  libros.  Alguno habrá alabado este hermosísimo testimonio de la opulencia del  rey, como incluso hizo Livio,  que dijo que aquello fue extraordinaria obra  de la exquisitez y preocupación de los reyes. Pero aquello no fue ni elegancia ni preocupación, sino un  exceso de pretensión estudiosa, mejor ni siquiera estudiosa, porque los compraron no para el estudio, sino para la vista;  como ocurre a muchísimos ignorantes,  incluso los libros de las primeras letras infantiles no son instrumentos para los estudios, sino adorno de sus comedores. Téngase en consecuencia la cantidad de libros que sea necesaria y ninguno  para aparentar. Me dices que te parece más adecuado el gasto en estos que en copas de Corinto y en cuadros de pintura. Pero allí donde hay exceso hay vicio. ¿Qué razón hay para disculpar al hombre que acapara armarios de madera de tuya y de marfil, o rebusca obras de autores desconocidos o prohibidos y bosteza entre tantos miles de libros, a quien lo único que le agrada son los cantos y títulos de sus volúmenes? Así pues verás en casa de los más ignorantes todo lo que está escrito de discursos y de historia y las estanterías levantándose hasta el techo; pues incluso ya entre los baños y las termas se instalan también bibliotecas como el adorno necesario de la casa. Yo lo perdonaría sin duda si surgiese de un deseo excesivo de estudios, pero ahora, mezcladas con las imágenes de sus antepasados, se compran estas obras exquisitas de inteligencias divinas  para el embellecimiento y adorno de las paredes.

    Studiorum quoque, quae liberalissima impensa est, tamdiu rationem habet quamdiu modum. Quo innumerabiles libros et bibliothecas, quarum dominus uix tota uita indices perlegit? Onerat discentem turba, non instruit, multoque satius est paucis te auctoribus tradere quam errare per multos. Quadraginta milia librorum Alexandriae arserunt. Pulcherrimum regiae opulentiae monumentum alius laudauerit, sicut et Liuius, qui elegantiae regum curaeque egregium id opus ait fuisse. Non fuit elegantia illud aut cura, sed studiosa luxuria, immo ne studiosa quidem, quoniam non in studium, sed in spectaculum comparauerant, sicut plerisque ignaris etiam puerilium litterarum libri non studiorum instrumenta, sed cenationum ornamenta sunt. Paretur itaque librorum quantum satis sit, nihil in apparatum. (Honestius, inquis, huc se impensae quam in Corinthia pictasque tabulas effuderint.) Vitiosum est ubique quod nimium est. Quid habes cur ignoscas homini armaria e citro atque ebore captanti, corpora conquirenti aut ignotorum auctorum aut improbatorum et inter tot milia librorum oscitanti, cui uoluminum suorum frontes maxime placent titulique? Apud desidiosissimos ergo uidebis quicquid orationum historiarumque est, tecto tenus exstructa loculamenta: iam enim, inter balnearia et thermas, bibliotheca quoque ut necessarium domus ornamentum expolitur. Ignoscerem plane, si studiorum nimia cupidine erraretur; nunc ista conquisita, cum imaginibus suis discripta, sacrorum opera ingeniorum in speciem et cultum parietum comparantur.
     

  • Los nombres de los dedos de la mano

    Cada uno de los dedos de la mano tiene su nombre: pulgar, índice, corazón o medio, anular y meñique. ¿Pero por qué tienen esos nombres? Algunos nombres parecen evidentes; otros no lo son tanto, pero todos deben tener algún motivo, como ocurre en su origen con todos los nombres que aplicamos a todos los seres.

    La palabra “dedo”  deriva de la latina  digĭtus, y además del apéndice de las extremidades es también una medida de longitud equivalente a unos 18 milímetros. Como aprendemos a contar con los dedos, también significa “cifra o número”, de donde á su vez deriva el actual término “digital”. v: https://www.antiquitatem.com/lenguaje-de-signos-digital-digit-bit .

    Los nombres actuales de cada uno de los dedos de la mano son  continuación de los nombres latinos y se han formado o bien a partir de la posición en la mano, de alguna característica como la fuerza o dimensión y de la función que puede cumplir.

    Nos lo resume perfectamente San Isidoro de Sevilla en sus Etimologías XI, 1, 70-71:

    Del hombre y sus partes
    La denominación de los dedos (digiti) se explica porque son diez (decem) o porque coexisten unidos en perfecta conjunción (decenter): encierran en sí el número perfecto y el más armonioso orden. El primero se llama pulgar (pollex), porque entre los otros goza de poder (pollere) y potestad. El segundo índice(index), y también salutaris o demonstratrorius, precisamente porque con él saludamos o señalamos. El tercero impúdico, porque con frecuencia se expresa con él alguna burla infamante. El cuarto anular, porque en él se lleva el anillo. Recibe también el nombre de medicinal, porque con él aplican los médicos los ungüentos. El quinto auricular, porque con él nos rascamos el oído.

    De homine et partibus eius
    Digiti nuncupati, vel quia decem sunt, vel quia decenter existuntt. Nam habent in se et numerum perfectum et ordinem decentissimum. Primus pollex vocatus, eo quod inter caeteros polleat virtute, et potestate. Secundus index et salutaris, seu demonstratorius, quia fere eo salutamus, vel ostendimus. Tertius impudicus, quod plerumque per eum  opprobrii insectatio exprimitur. Quartus anularis, eo quod in ipso anulus geritur. Idem et medicinalis, quod eo trita collyria a medicis colliguntur. Quintus auricularis, pro eo, quod eo aurem scalpimus.

    Conviene llamar la atención sobre las curiosas y elementales etimologías a que tan dado es San Isidoro, siguiendo por cierto la estela de famosos gramáticos romanos como Varrón.

    Así dice que se llaman “dedos” porque son “diez” (decem) o porque coexisten “decentemente, adecuadamente” (decenter), en un ejercicio de imaginación injustificado a todas luces. Lo cierto es que no hay un término indoeuropeo para “digitus”, que parece más bien una forma familiar de la que poco podemos decir.

    Es correcta en cambio la etimología del primero, del pulgar, que  procede de pulgaris y este de pollicaris y este de pollex,-cis y este de “pollere”, ser fuerte. En algunas partes se le llama también “matapiojos o matapulgas” porque con él se matan tan indeseables insectos y ahí encuentran algunos la explicación de por qué la forma actual es “pulgar” y no “polgar” como parece debería derivar de “pollicaris”; se trataría de una asimilación vulgar con “pulga”. Sin embargo más bien el proceso parece haber sido el inverso: de pollicaris, pulgaris se deduce que sirve para acabar con los bichitos.

    La explicación para el segundo, el dedo “índice” (index, salutaris, demonstrativus) también parece clara y evidente. Por ejemplo, así lo emplea Horacio en sus   Sermones (o Sátiras). 2,8, 20-26

    Yo estaba arriba y cerca de mí Visco Turino y debajo, si no recuerdo mal, Vario; Vibidio estaba con Servilio Balatón; Mecenas los había llevado como su sombra. Nomentanos estaba encima de él mismo (el anfitrión) y Porcio estaba debajo haciendo el ridículo cada vez que se zampaba los pasteles de un bocado.
    Nomentano estaba con esta función:  señalar con su dedo índice todo lo que por casualidad pasaba desapercibido…

    'summus ego et prope me Viscus Thurinus et infra,
    si memini, Varius; cum Seruilio Balatrone
    Vibidius, quos Maecenas adduxerat umbras.
    Nomentanus erat super ipsum, Porcius infra,
    ridiculus totas semel absorbere placentas;

    Nomentanus ad hoc, qui, siquid forte lateret,
    indice monstraret digito;

    El dedo tercero es el “del medio” “medius”, o el grande (summus), como también se llama en latín. ¿Por qué San Isidoro y los romanos le llaman impudicus, infamis, famosus? San Isidoro lo explica a medias, aunque sus lectores saben perfectamente a qué se refiere. Con él, hace dos mil cuatrocientos años como hoy en día se hacía el feo, insultante y obsceno gesto de “la peineta” que tanta extensión ha adquirido en los últimos tiempos. Consiste en, manteniendo los cuatro dedos cerrados, levantar el medio en una clara representación del pene y los testículos; gesto vulgar que hemos de leer en términos vulgares como “vete a tomar por culo”. A este asunto he dedicado  todo un artículo. Véase:  https://www.antiquitatem.com/digitus-impudicus-dedo-obsceno-peineta .

    Al cuarto se le llama “anular”, de “anularis” y éste de “anulus”, anillo, (en latín también honestus y medicus) porque en él según dice S. Isidoro se lleva el anillo.

    Anillo procede del latín  anĕllus,(anillito) diminutivo de  anulus (anillo)  y este a su vez de anus, aro, anillo, de forma circular). Resulta evidente, pues,  por qué se llama así al “Orificio en que remata el conducto digestivo y por el cual se expele el excremento” (RAE)..

    El nombre de este dedo se merece todo un artículo propio, porque es mucha la literatura antigua dedicada a los anillos de los romanos, y a los dedos y mano en la que ha de llevarse. Y no menos interesante es analizar por qué se le llama “dedo medicinal o dedo del médico”. San Isidoro nos da una explicación simple, que puede no ser suficiente. Aulo Gelio, Macrobio, Plinio nos dan noticias curiosas mejor que interesantes sobre este dedo. Lo trataré también en un artículo independiente próximamente.

    El quinto se llama “ultimus”, “nimius” y “minimus” en latín y “meñique” en castellano precisamente por ser el más pequeño. La Real Academia Española explica el término como “Cruce de menino, niño, y mermellique o *margarique, vars. de margarite, procedentes del fr. ant. margariz, renegado, traidor, papel a veces atribuido a este dedo en dichos y consejas). En todo caso relacionado con minino, menino y estos con minimus, el más pequeño. En inglés es igual de evidente “Little finger”, así como en francés “petit doigt”, en alemán klein Finger, mignolo en italiano, en catalán dit petit, dedinho en gallego,

    También se le llama “auricularis”, auricular, de auricula, oreja, por su adaptación para la función de hurgarse en los oídos.

  • El ruido con que ruge la ronca catarata

    La palabra española “ruido” deriva de la latina «rugitus», “rugidus”, de donde procede también el cultismo “rugido”. El ruido es un sonido desagradable al oído y molesto para el espíritu. Existen, por ello, numerosas asociaciones y movimientos que luchan contra lo que también se llama “contaminación acústica”.

    Vivimos realmente en una sociedad y cultura muy ruidosa como consecuencia del constante trasiego y movimiento a que estamos sometidos, de la actividad laboral e industrial y de algunas costumbres sociales como la afición a la música y grandes conciertos al aire libre.

    Podemos pensar, sin duda con exactitud, que la vida de los antiguos  en general  era menos ruidosa y más sosegada, pero de ninguna forma esto puede significar que no sufran también las consecuencias del ruido molesto y enervante.

    Interesado en algún momento por conocer mejor la incidencia del ruido en la vida de los antiguos, fui recabando información diversa. Son numerosos los textos que de ello nos informan.

    Uno de los más conocidos y citados se refiere a  Síbaris, ciudad griega del sur de Italia que allá por el año 600 antes de Cristo habría prohibido el ejercicio en el interior de la ciudad de oficios tales como herrero, calderero, carpintero que con su martilleo y ruido molestan el sueño y descanso de los ciudadanos; también habrían prohibido la cría de gallos que anuncian temprano el nuevo día. Nos lo cuenta, por ejemplo,  Ateneo de Náucratis (siglo II-iii d. J.C.), en su libro “Los Deipnosofistas, XII 518 C-D” o “El Banquete de los sofistas”, o “El Banquete de los eruditos” (que con estos títulos se conoce y cita).  Nos lo cuenta en XII 518 C-D:

    Véase… https://www.antiquitatem.com/el-ruido-en-la-antiguedad-sibaris-sordos

    No nos extraña, pues, que sibaritas, además de habitantes de Síbaris, hay pasado también a designar a toda persona de gustos exquisitos amante del placer.

    La fantasía popular ha adjudicado numerosas extravagancias a los “sibaritas” y tal vez las citadas sean alguna de ellas a las que se deba dar poco crédito, pero, el hecho de que los antiguos se refieran a ellas, es la evidencia de que el ruido fue una preocupación y en algún sentido podríamos considerar la prohibición citada como el primer caso de protolegislación acústica.

    Muy conocido y citado es también el poema  57 del libro XII de Epigramas del poeta satírico Marcial, de origen hispano, en el que nos cuenta cómo cuando está harto y cansado de los muchos ruidos de la ciudad, Roma, se marcha a su pequeña finca en el campo.

    También se cita una carta del filósofo y naturalista Séneca, asimismo de origen hispano, a su amigo Lucilio en el que se queja amargamente de todos los ruidos que ha de sufrir por vivir precisamente encima de unos baños, a los que tan aficionados son los romanos. Se trata de la carta número 56 “Ad Lucilium”.

    Menos citados son  unos versos del también satírico Juvenal en los que se queja del ruido que las ruedas de los carros hacen al girar en una encrucijada de calles. Lo hace en Saturae, III, 236-237.

    Pero el texto sin duda más profusamente citado es uno de Plinio el Viejo (23-79) el naturalista que murió víctima de su curiosidad en la erupción del Vesubio que destruyo Pompeya, en el que presuntamente afirma en su obra Naturalis Historia,( Historia Natural) que los pueblos que habitan junto a las cataratas del río Nilo son sordos como consecuencia del fragor y ruido que produce el agua al caer.

    El pasaje es citado en centenares, miles tal vez, de libros, artículos, blogs, páginas web, documentos de instituciones, documentos de asociaciones médicas, de juristas, de ciudadanos, de departamentos hospitalarios y hasta en alguna tesis doctoral. Pero en ninguno de ellos se da la referencia exacta del texto, indicando el libro concreto de los 37 que constituyen la obra, ni el capítulo ni el párrafo. Tan sólo se repica una y otra vez una referencia general que en español suele ser, con alguna pequeña variación:

    Plinio el viejo en su Historia Natural dice, ( menciona, hace notar, observa,) que las personas que vivían cerca de las cataratas del Nilo quedaban sordas¨.

    En inglés la afirmación suele ser del tipo “Pliny the Elder in his Natural History mentioned persons living near the cataracts of the Nile were strucken deaf”.

    En algún caso se completa la información  añadiendo un “todos los habitantes” generalizador e incluso hay quien especifica que “Plinio observa” como si lo hubiera hecho personalmente o todavía hay quien en su afán de concreción informa de que se trataba de los pescadores de la zona, pero en ningún caso dando la referencia concreta de la fuente, como es obligado a la hora de citar textos antiguos y modernos.

    He intentado por mi parte localizar el pasaje concreto, el topos o lugar en el que Plinio hace esta afirmación. He de confesar con toda humildad que no lo he encontrado, a pesar de revisar todos y cada uno de los 37 libros,( en sentido antiguo), que constituyen, como decía, la enciclopedia de Plinio. Estaría muy agradecido en consecuencia a quien pudiera facilitarme esta información, que me temo que es errónea.

    Pronto sospeché del error de esta cita al atribuir a Plinio una afirmación en su obra Naturalis Historia que realmente no existe. Confirmó mi sospecha el feliz encuentro con un curioso libro del abate Don Secundo Lancellotti titulado “Farfalloni de gli Antichi Historici”  (Sinsentidos, disparates de los historiadores antiguos) publicado en Venecia en 1636 en el que critica lo que considera enormes errores o disparates de los antiguos.

    Precisamente el segundo “farfallone” o “sinsentido” de que trata lo titula “Che que  popoli, c’habitano appresso le Catadupe del Nilo sieno tutti sordi” (Sobre el que los pueblos que habitan junto a las Cataratas del Nilo son todos sordos).

    El abate Lancelloti no atribuye esta afirmación a Plinio, sino a Cicerón, como más adelante comentaré y en el inicio del comentario dice algo de enorme interés para el caso que nos ocupa que no me resisto a transcribir literalmente en italiano y luego en español:

    Acquistarono gli Scrittori Antichi tanta riputatione appresso i posteri, e persevera in modo, che non solamente di Pittagora, ma della maggior parte d’essi, par quasi che basti l’ Ipse dixit. Ha detto questa, o quella cosa questo o quell’ Auttore, dunque vera, non si cerchi più oltre. E cosí i loro FARFALLONI sono ammirati, citati, trascritti per marauiglie grand.

    Adquirieron los escritores antiguos tanta reputación entre los posteriores, e incluso continúa, que no solamente de Pitágoras sino de la mayor parte de ellos, como que basta el Ipse dixit. Ha dicho esta o aquella cosa este o aquel autor, pues es verdad y no se mire ningún otro. Y así sus disparates son admirados, citados, transcritos como grandes maravillas
     

                      

                    

    El mismo abate Lancellotti hace referencia en este “farfallone” a Cicerón (106 a.C-43 a.C), que en su obra “De Republica, 6,19“, en el famoso pasaje del Somnium Scipionis (el sueño de Escipión), hablando  del sonido que produce el movimiento de las esferas del cielo, dice que no podemos oírlo nosotros, porque debido a su frecuencia  nuestros oídos  se han vuelto sordos y que de todos los sentidos el del oído es el más grosero y obtuso. Y pone como ejemplo para confirmarlo el de las gentes que viven junto a las cataratas del Nilo, que se han quedado sin oído debido al estrépito de la caída del río.

    Saturados los oídos de los hombres con este sonido, ensordecieron; pues no hay en  vosotros sentido más torpe, como allí donde el Nilo  se precipita desde las altas montañas en las que se llaman cataratas, la gente que habita aquel lugar, carece del sentido de la audición por el fragor del ruido.

    'Hoc sonitu oppletae aures hominum obsurduerunt; nec est ullus hebetior sensus in vobis, sicut, ubi Nilus ad illa, quae Catadupa nominantur, praecipitat ex altissimis montibus, ea gens, quae illum locum adcolit, propter magnitudinem sonitus sensu audiendi caret. (Cic. De Republica, 6,19)

    Esta sí es una cita contrastada. Ahora bien, ¿por qué ha tenido menos éxito Cicerón, entre los científicos apenas ninguno, que la cita apócrifa de Plinio? Tal vez porque la condición de naturalista y por tanto científico de Plinio da más autoridad que lo que dice un retórico como Cicerón, a fin de cuentas excesivamente locuaz como buen abogado.

    Pero el hecho de que lo cite Cicerón es prueba de que  esta opinión, disparatada según Lancellotti, estaba extendida entre las personas cultas de Roma del siglo I antes de Cristo.

    Pues bien, volviendo a Plinio diremos que en su notable enciclopedia Historia Natural hace referencia, como es lógico, a las Cataratas del Nilo e incluso a su ruido ensordecedor, pero de ninguna manera en los términos en los que lo hace la cita que estamos comentando:

    En  Naturalis Historia, lib.V, 10, 54 dice: 

    Luego tras chocar con  unas islas, e interrumpido por otros tantos obstáculos, finalmente encerrado por los montes, es empujado como un torrente, con las aguas aceleradas hasta el lugar de los Etíopes, que se llaman Catadupas (cataratas); encerrado de nuevo en un canal  entre peñascos, se cree que no fluye sino que se despeña con inmenso fragor.

    subinde insulis impactus, totidem incitatus inritamentis, postremo inclusus montibus, nec aliunde torrentior, vectus aquis properantibus ad locum Aethiopum, qui Catadupi vocantur, novissimo catarracte inter occursantes scopulos non fluere inmenso fragore creditur, sed ruere.

    En  Natualis Historia, lib. VI, 35, 181 dice:

    Este conquistó ciudades …..Attena, Stadisse, en donde el Nilo, precipitándose, quita con su fragor a sus habitantes la audición. También conquistó Napata.

    is oppida expugnavit … Attenam, Stadissim, ubi Nilus praecipitans se fragore auditum accolis aufert. diripuit et Napata.

    Por lo demás otros autores, como el propio Séneca (4 a.C.-65 d. C.),  hace referencia en sus Quaestiones Naturales,. 4,2,5  a las cataratas del Nilo y a su ruido ensordecedor:

    … finalmente, superados los obstáculos, sin terreno, cae en una enorme profundidad con enorme estrépito del lugar. Una colonia, colocada allí por los Persas, no pudo soportar el ruido anulados  sus oídos por el continuo fragor, por lo que hubieron de ser traslados a otro lugar más tranquilo.”

    …tandemque eluctatus obstantia in uastam altitudinem subito destitutus cadit cum ingenti circumiacentium regionum strepitu. Quem perferre gens ibi a Persis collocata non potuit obtusis assiduo fragore auribus et ob hoc sedibus ad quietiora translatis

    Por cierto, que esta idea del traslado de la colonia o ciudad lo repite el mismo Séneca en la famosa Epístola LVI  a Lucilio citada más arriba.

    No es fácil entender cómo se hace profusamente una cita cuestionable mientras no se utilizan otras varias que confirman lo que en el fondo se pretende: que los antiguos griegos y romanos eran conscientes de los perjuicios que para la audición representa un elevado nivel de ruido, sea producido por el propio ser humano o por la naturaleza.

    Tampoco es fácil entender cómo se ha esgrimido como “argumento de autoridad” una cita sin comprobar previamente su existencia.

    Al menos de todo ello debemos  sacar algunas conclusiones:

    1.  El “argumento de autoridad” ha de basarse ante todo en fuentes  reales y contrastadas. Es decir, debe existir la fuente.

    2.  Las fuentes, por mucha autoridad que tenga su autor, han de ser sometidas a crítica textual y también científica. Los errores científicos existieron en la Antigüedad y también en la actualidad, incluso publicados por autores y revistas científicas de prestigio.

    3. La multiplicación y repicación de una misma cita (hoy tarea de gran facilidad con los medios informáticos) no aumenta su  autoridad;  si la cita realmente no existe, lo que demuestra es el poco rigor con el que generalmente se actúa .

  • El primer poema antiguo muy misógino

    En el mundo antiguo, en el griego y romano, la mujer no tiene presencia en la vida política y aun social salvo muy raras excepciones.

    El gineceo (del griego γυναικεῖον (gynaikeion,  de γυνή (gyné), mujer ,  y  οἰκίον, oikion, casa)  era el espacio doméstico al que quedaban reducidas las mujeres limitadas a las tareas de la casa y a la procreación (véase https://www.antiquitatem.com/lanam-fecit-epitafio-matrona-romana

    Nota: en oposición androceo, (del lat.  androecium, y este del gr. ἀνήρ, ἀνδρός, aner, andros,hombre, varón, y οἰκίον, oikion, casa) será el espacio para los hombres.

    La visión que de la mujer nos dan los textos literarios antiguos es en su enorme mayoría misógina y de desprecio de la mujer.

    Nota: misoginia: μισογυνία; 'odio a la mujer' o desprecio a la mujer;   del griego  μισόγυνος, misoginos, y este  de μισέω (miseo), "detestar, odiar", y  γυνή (gyné), "mujer".

    No todos los textos referentes a la mujer son misóginos ni toda la cultura y sociedad griega. Desde luego, en la religión y mitología griega, junto al mito de Pandora como introductora en la humanidad de todos los males (similar, pues, al papel de Eva en el Paraiso judeo cristiano), está también el papel relevante de numerosas diosas y heroínas. Pero por lo general, como decía, lo que se trasluce es una visión muy machista.

    Semónides  de Amorgos (ss. VII – VI a. C.), que según la tradició nacio en la isla de Samos y luego marchó a organizar  la colonia de Amorgos en las Cícladas, es un poeta satírico de poca calidad del que se conservan apenas 29 fragmentos.

    Los manuales más técnicos de literatura le llaman “poeta yámbico”, aunque el término no tiene un significado absolutamente específico en cuanto a contenidos o forma de ese tipo de poesía,

    Uno de los fragmentos más largos es el Fragmento 7, del que se conservan 118 versos. Es el poema más famoso de Semónides por su chocante, hoy diríamos aberrante,  misoginia, uno de los ejemplos más antiguos. Ya Hesíodo, poco antes, nos ofreció también una visión misógina y despectiva con la mujer en su Teogonía y en su Los trabajos y los diás.

    El famosos poema de Semónides se suele llamar Yambo de las mujeres.

    En este poema se da una visión sobre los diversos tipos de mujer que choca frontalmente con nuestra sociedad moderna y nos  produce un enorme malestar. Pero que sea rechazable no quiere decir que no deba ser conocido, entre otras cosas porque es necesario conocer el origen y uso a lo largo del tiempo de estos tópicos sociales, que tienen luego su reflejo también en la obra literaria, y en segundo lugar porque sigue habiendo todavía personas con ideas muy parecidas o próximas a las de Semónides a las que conviene poner ante el espejo del tiempo.

    Por otra parte, aunque su calidad literaria sea más bien escasa, el documento  nos ayuda a conocer el pensamiento griego.

    Para ser justos, habremos de decir que Semónides también es crítico y ácido con los hombres. Así por ejemplo en el Fragmento 1D, que reproduzco también al final de este artículo, sobre la vulnerabilidad del hombre. En realidad,como tantos críticos amargos, el de Amorgos parece estar enfadado con el mundo entero.

    Por otra parte, no es tan original; su comparación de los diversos géneros de mujer con los animales, bien sea por su parecido físico o por su comportamiento, enlaza con el mundo de la “fábula” en la que los vicios y virtudes humanos se encarnan en animales parlantes, género que a su vez enlaza con algunos mitos, como el de Prometeo, que repartió las cualidades entre  muchos animales y se quedó sin materia prima para los hombres y por ello tuvo que cambiar la apariencia de muchos animales por la de hombres, que sin embargo conservaban su espíritu animal. Incluso tal vez se inspirará en algún cuento popular.

    En el poema podemos establecer dos partes: en la primera nos dice que dios hizo  diez diversos tipos de mujeres, que él describe haciéndolas proceder de  ocho animales: el perro, el asno, el cerdo, el zorro, la comadreja, el simio, la yegua y la abeja y de  dos elementos naturales: el mar y la tierra.  La comparación o identificación es con los aspectos negativos de estos animales; tan sólo tiene una visión positiva y elogiosa de la abeja, que es trabajadora y prudente. Por otra parte la comparación es exclusivamente con la función o tareas domésticas que se le adjudican en la sociedad griega. Por eso al único tipo que no censura es el que garantiza y trabaja por la prosperidad de la casa, del oikos (οἰκοs).

    Nota: por cierto que la palabra “economía” tiene su origen precisamente en el término griego οἰκονομία (oikonomía), compuesto de oikos (οἰκοs), casa, y νομία (nomía), de νομοs, nomos, norma, ley, principio. Así que la economía en principio es la ciencia de la administración de la casa.

    En la segunda parte extrae la lección moral, después de asegurar:

    «Así pues, Zeus creo este enorme mal, las mujeres»

    Ζεὺς γὰρ μέγιστον τοῦτ’ ἐποίησεν κακόν, γυναῖκας·

    Semónides recoge estas comparaciones sin profundidad psicológica alguna de los tópicos que la sociedad de hombres de su tiempo utiliza; imaginemos los banquetes y celebraciones de hombres en los que, entre otros, estos serían temas de conversación y chistes machistas de este tipo.
    Es más,  probablemente este poema está escrito precisamente para el simposium, un espacio exclusivamente masculino, o comida sólo de hombres. que tanto complacían a los griegos. en los que la utilización de tanto tópico injusto y machista, expresión del poder sexual masculino, haría las gracias de los machos comensales. En realidad lo que están criticando es la transgresión de la conducta que ellos esperan de la esposa sumisa y doméstica.

    Pero también podemos pensar que los vicios y conductas que se critican: la gula, la obesidad, la fealdad, la torpeza, la histeria, la volubilidad, la pereza, la inercia, la malicia, la perversidad, la vanidad, la presunción o la lujuria,  son propios de hombres y mujeres  si bien, para el hombre machista son más reprobables en la mujer, cuya actividad se debe centrar en la prosperidad de la casa y de la familia. Es decir, esta crítica en las mujeres también obligaba a los hombres a ser críticos con estas actitudes en sí, las practicara quien las practicara.

    Claro que en esta guerra de sexos, también a veces las mujeres formulan tópicos y lugares comunes de semejante inexactitud sobre los hombres. Y estas competiciones, desde luego, son muy antiguas y han perdurado a lo largo los siglos.

    Desde luego es esta una visión de su época más prosaica y pegada a la realidad del momento que la de la épica de Homero, con sus bellas y graciosas mujeres de los héroes guerreros.

    Desgraciadamente, estos tópicos y otros varios (recordemos la frecuente comparación con la serpiente en la cultura occidental a partir del episodio de Eva en el Paraiso Terrenal)  se siguen utilizando hasta nuestros días en canciones populares de todos los tiempos en todas partes, en perlas machistas inmersas en cualquier contexto, en chistes frecuentes de mal gusto e incluso en algún tratado de apariencia más seria. Podríamos ofrecer centenares de citas. Desde luego no son infrecuentes en las reuniones tabernarias de hombres.

    Ofrezco el texto en la versión en español del gran helenista Carlos García Gual en su libro Antología de la poesía lírica griega.Siglos VII-IV. Madrid. Alianza.1983

    Yambo de las mujeres

    De modo diverso la divinidad hizo el talante de la mujer
    desde un comienzo. A la una la sacó de la híspida cerda:
    en su casa está todo mugriento por el fango,
    en desorden y rodando por los suelos.

    Y ella sin lavarse y con vestidos sucios,
    revolcándose en estiércol se hincha de grasa.

    A otra la hizo Dios de la perversa zorra,
    una mujer que lo sabe todo. No se le escapa
    inadvertido nada de lo malo ni de lo bueno.
    De las mismas cosas muchas veces dice que una es mala,
    y otras que es buena. Tiene un humor diverso en cada caso.

    Otra, de la perra salió; gruñona e impulsiva,
    que pretende oírlo todo, sabérselo todo,
    y va por todas partes fisgando y vagando
    y ladra de continuo, aun sin ver nadie.
    No la puede contener su marido, por más que la amenace,
    ni aunque, irritado, le parte los dientes a pedradas,
    ni tampoco hablándole con ternura,
    ni siquiera cuando está sentada con extraños;
    sino que mantiene sin pausa su irrestañable ladrar.

    A otra la moldearon los Olímpicos del barro,
    y la dieron al hombre como algo tarado. Porque ni el mal
    ni el bien conoce una mujer de esa clase.
    De las labores sólo sabe una: comer.
    Ni siquiera cuando Dios envía un mal invierno,
    por más que tirite de frío, acerca su banqueta al fuego.

    Otra vino del mar. Ésta presenta dos aspectos.
    Un día ríe y está radiante de gozo.
    Cualquiera de fuera que la ve en su hogar la elogia:
    No hay otra mujer más agradable que ésta
    ni más hermosa en toda la tierra.
    Al otro día está insoportable y no deja que la vean
    ni que se acerque nadie; sino que está enloquecida
    e inabordable entonces, como una perra con cachorros.
    Es áspera con todos y motivo de disgusto
    resulta tanto a enemigos como a íntimos.
    Como el mar que muchas veces sereno
    y sin peligro se presenta, alegría grande a los marinos,
    en época de verano, y muchas veces enloquece
    revolviéndose en olas de sordo retumbar.
    A éste es a lo que más se parece tal mujer
    en su carácter: al mar que es de índole inestable.

    Otra procede del asno apaleado y gris,
    que a duras penas por la fuerza y tras los gritos
    se resigna a todo y trabaja con esfuerzo
    en lo que sea. Mientras tanto come en el establo
    toda la noche y todo el día, y come ante el hogar.
    Sin embargo, cuando se trata del acto sexual,
    acepta sin más a cualquiera que venga.

    Y otra es de la comadreja, un linaje triste y ruin.
    Pues ésta no posee nada hermoso ni atractivo,
    nada que cause placer o amor despierte.
    Está que desvaría por la unión de Afrodita,
    pero al hombre que la posee le da náuseas.
    Con sus hurtos causa muchos daños a sus vecinos,
    y a menudo devora ofrendas destinadas al culto.

    A otra la engendró una yegua linda de larga melena.
    Ésta evita los trabajos serviles y la fatiga,
    y no quiere tocar el mortero ni el cedazo
    levanta ni la basura saca fuera de su casa,
    ni siquiera se sienta junto al hogar para evitar
    el hollín. Por necesidad se busca un buen marido.
    Cada día se lava la suciedad hasta dos veces,
    e incluso tres, y se unta de perfumes.
    Siempre lleva su cabello bien peinado,
    y cardado y adornado con flores.
    Un bello espectáculo es una mujer así
    para los demás, para su marido una desgracia,
    de los que regocijan su ánimo con tales seres.

    Otra viene de la mona. Ésta es, sin duda,
    la mayor calamidad que Zeus dio a los hombres.
    Es feísima de cara. Semejante mujer va por el pueblo
    como objeto de risa para toda la gente.
    Corta de cuello, apenas puede moverlo,
    va sin trasero, brazos y piernas secos como palos.
    ¡Infeliz, quienquiera que tal fealdad abrace!
    Todos los trucos y las trampas sabe
    como un mono y no le preocupa el ridículo.
    No quiere hacer bien a ninguno, sino que lo que mira
    y de lo que todo el día delibera es justo esto:
    cómo causar a cualquiera el mayor mal posible.

    A otra la sacaron de la abeja. ¡Afortunado quien la tiene!
    Pues es la única a la que no alcanza el reproche,
    y en sus manos florece y aumenta la hacienda.
    Querida envejece junto a su amante esposo
    y cría una familia hermosa y renombrada.
    Y se hace muy ilustre entre todas las mujeres,
    y en torno suyo se derrama una gracia divina.
    Y no le gusta sentarse con otras mujeres
    cuando se cuentan historias de amoríos.
    Tales son las mejores y más prudentes
    mujeres que Zeus a los hombres depara.
    Y las demás, todas ellas existen por un truco
    de Zeus, y así permanecen junto a los hombres.

    Pues éste es el mayor mal que Zeus creó:
    las mujeres. Incluso si parecen ser de algún provecho,
    resultan, para el marido sobre todo, un daño.
    Pues no pasa tranquilo nunca un día entero
    todo aquel que con mujer convive,
    y no va a rechazar rápidamente de su casa al hambre,
    odioso compañero del hogar, dios de mal temple.

    Cuando piensa un hombre gozar de mejor ánimo
    en su hogar, por gracia de los dioses o fortuna humana,
    encuentra ella un reproche y se arma para la batalla.
    Pues donde hay mujer no puede recibirse con agrado
    ni siquiera a un huésped que acude a la casa.
    La que parece, en efecto, que es la más sensata,
    Ésa resulta ser la que más ofende a su marido,
    y mientras anda él de pasmarote, sus vecinos
    se ríen a su costa, viendo cuánto se equivoca.

    Cada uno hará elogios recordando a su propia
    mujer, y censuras cuando evoque a la de otro.
    ¡Y no advertimos que es igual nuestro destino!
    Porque éste es el mayor mal que Zeus creó,
    y nos lo echó en torno como una argolla irrompible,
    desde la época aquella en que Hades acogiera
    a los que por causa de una mujer se hicieron guerra.

             *************

    Fragmento 1 D
    Indefensión y vulnerabilidad del hombre 

    Hijo mío,  Zeus tonante dispone el fin de todo lo existente  y lo dispone como quiere. Los hombres carecen de entendimiento. Vivimos el día a día  como animales, ignorantes por completo del final que  la divinidad dará a cada cosa. La esperanza y la convicción  alimentan a todos y mientras tanto se lanzan a empresas imposibles. Unos aguardan la llegada de un día determinado, otros esperan que pasen rodando  los años. Pero no hay mortal que no espere llegar con los años  a conseguir  riqueza y fortuna; pero la decrépita vejez  les llega  mucho antes de que logren obtener su meta. Otros son consumidos  por  penosas enfermedades. Otros, aniquilados por Ares, los proyecta Hades bajo la tierra negra. Algunos, en alta mar, zarandeados por la tormenta y los golpes de las negras olas, encuentran la muerte  cuando tratan de sobrevivir. y hay otros incluso  que, empujados por su triste destino, se cuelgan de una soga  y abandonan voluntariamente la luz del sol. Así que nada existe sin daño, sino que las formas de muerte son incontables  y las penas y las desgracias de los hombres son imprevisibles. ¡Ojalá me escucharan! No desearíamos tantas desdichas ni entre tantos duros dolores nos desgarraríamos el alma.