Categoría: Cultura

  • Abejas, animales divinos (Petronio, 56)

    El trigo, el aceite, el vino, la leche (frecuentemente en forma de queso) y la miel son sin duda los alimentos más característicos en el mundo mediterráneo. La miel es aprovechada por el hombre desde la más lejana prehistoria.

    ¿Quién no tiene grabada en su retina la escena de la recolección de miel en la Cueva de la araña de Bicorp (Valencia) de los años 8.000-6.000 a.C.?

    La verdad es que las abejas y sus colmenas siempre han sido un asunto que ha maravillado a los hombres.  Muestro otra fotografía de una extraordinaria joya de la antigua Creta en la que dos abejas están libando el polen de una flor.

    Joya de la necrópolis de Krissolakkos, Maílla (Creta).

    Son numerosos los autores griegos y luego romanos que a la miel se refieren por dos razones distintas: piénsese primero que los antiguos no conocían la azúcar y por lo tanto la miel es el edulcorante que utilizan y en segundo lugar la observación de la organización y laboriosidad de las abejas en la colmena les inducen a establecer fructíferas comparaciones con la sociedad de los hombres. Es un tópico bien recurrente  que la colmena es una sociedad perfecta digna de imitación y así los hombres aprendieron muchas cosas de ellas.

    Aparece ya citada en Homero y Hesiodo y regulada la actividad por Solón y sus leyes y luego son innumerables los poetas y filósofos que centran su atención en las abejas y en la miel. Pero además al ser la abeja un animal cuya actividad se puede canalizar y su producto aprovechar económicamente también son numerosos los autores técnicos y científicos que escriben tratados generales de agricultura o más específicos de apicultura.

    Nota: apicultura, del latín apis, abeja y cultura, cultivo, cría, es el arte de criar abejas

    A las abejas dedica Aristóteles los libros V, capítulos 18 y 19 y varias referencias en libro IX de su Historia Animalium. También el Pseudo Aristóteles trata el tema en su Mirabilium Auscultationes (Περὶ θαυμασίων ἀκουσμάτων). Tratados de aplicultura escribieron  Teofrastro, Demócrito, Aristómaco de Solos ( y su Melisurgica,) Nicandro de Colofón, Filisco de Taso.

    En el mundo cartaginés Magón escribió un tratado general de  Agricultura frecuentemente citado por autores griegos y latinos,  que también se refiere a las abejas.

    En el mundo latino Virgilio, amén de referirse con frecuencia en sus Bucólica, dedicó el libro IV de sus  Geórgicas al mundo de las abejas; Plinio en su Naturalis Historia dedica varios capítulos del libro XI y numerosas referencias en su obra, por ejemplo en el libro  XX dedicado a los remedios de las plantas de jardín y en el XXI dedicado a las flores;  Varrón y su De re rustica; Columela y su De re rustica; Ovidio en las Metamorfosis; Eliano en Natura Animalium; Igino y Celso en sus  tratados de medicinaPetronio en el Satiricon; Marcial en sus Epigramas, Apicio en su De re coqinaria o libro de cocina. Etc.etc. 

    Petronio las llamó “animales divinos”:

    Petronio, Satiricón, 56:

    A las abejas a fe que yo las considero animales divinos, porque vomitan la miel, aunque se diga que la traen de Júpiter. Y pican porque dondequiera que hay algo dulce, allí también se encuentra algo picante. (Traducción de Manuel C.Diaz  y Diaz. Edit.Alma Mater)

    Apes enim ego divinas bestias puto, quae mel vomunt, etiam si diuntur illud a Iove afferrre. Ideo autem pungunt, quia ubicunque dulce est, ibi et acidum invenies.

    La miel se utilizó en la Antigüedad en ceremonias religiosas porque está en relación con numerosos dioses y diosas y aparece en numerosos mitos; y sobre todo en alimentación para confeccionar pasteles y platos exquisitos; con ella se endulzaba el vino para producir el famoso “mulsum” o mosto dulce y se fabricaba  el el “hidromiel” o agua de miel (del griego hidro, agua y miel) . Pero también se utilizaba en medicina y farmacología como medicamento y en perfumería  y hasta para limpiar las joyas o dar una textura especial a los tejidos.

    Si hoy la más famosa en el mundo, al menos en España, es la “miel de la Alcarria”, en la Antigüedad la más valorada fue la “miel del Atica”, pero se producía en muchas partes del Imperio, desde Germania hasta Africa y en torno a ella se generó una importante industria y actividad económica. Todo ello merece un artículo especial.

    Marco Terencio Varrón (116-27 a. C. ), al que consideraban “el más sabio de los romanos”, escribió muchas obras sobre los temas más diversos; conservamos el título de 55 de ellas y tan sólo una completa, precisamente sobre “agricultura”. Su “De re rustica” o “Rerum rusticarum libri III”, esdecir “Sobre las cosas del campo”. De su obra “De lingua latina”, Sobre la lengua Latina, se conserva buena parte y del resto escasos fragmentos. En su obra de agricultura dedica parte del libro III a tratar de las abejas.

    Pues bien, existe un ácaro muy dañino para las abejas, la varroa, que produce la enfermedad llamada “varroasis” que acaba con las colmenas. A.C. Oudemans describió en 1904 el ácaro que Edward Jacobson había descubierto en Java en Indonesia. A la hora de ponerle el nombre científico, indicando el género y la especie, le llamó “varroa iacobsoni”. Jacobson dio nombre a la especie, pero para el género Oudemans se acordó de Varrón y su tratado de agricultura y de él tomó el nombre de “varroa”.

    Voy a reproducir tan sólo el texto de Varrón, aunque no es el más completo de los antiguos, por la razón aducida de que da el nombre al perjudicial ácaro. En concreto reproduzco todo el capítulo 16 del libro tercero, que dedica a las abejas. Dejo para otra ocasión los textos de los otros autores citados anteriormente que también se refieren al mundo de las abejas:

    Varrón , Sobre la Agricultrua, III,16

     Las abejas.

    Dijo Apio, “así pues nos queda el acto tercero acerca de la cría de ganado en la granja, el de la cría de peces. ¿Por qué el tercero?, dijo Axio. ¿Acaso porque tu no estabas acostumbrado en tu juventud en tu casa a beber mulso (vino dulce) por ahorro, hemos nosotros de despreciar la miel? Y apio nos dijo, “Tiene razón”.

    “Ahora bien, cuando  me quedé abandonado y pobre con dos hermanos y dos hermanos, y una de ellas se la di a Lúculo sin dote, tan pronto  éste me cedió una heredad, inmediatamente comencé yo mismo a beber mulso en mi casa, cuando entonces casi siempre diariamente de ninguna manera  se daba a todo el mundo  en los banquetes mulso. 

    Además es un asunto mío * y no tuyo el conocer a estos animales voladores, a quienes la naturaleza les ha concedido tanto ingenio y arte. Y así para que sepas que yo las conozco mejor que tú, escucha acerca de su increíble arte natural. Merula, como ha hecho en todo, te mostrará lo que los colmeneros suelen hacer.

    * Porque el nombre Apio es el de la abeja “apis”.

    En primer lugar  las abejas nacen en parte de las abejas y en parte del cuerpo corrompido de un buey.  Y por eso Arquelao en sus epigrmas dice que ellas son “las hijas itinerantes de una vaca muerta” (βοὸς φθιμένης πεπλανημένα τέκνα,). Y así mismo que  “las avispas se engendran en caballos, pero las abejas en terneras”  (ἵππων μὲν σφῆκες γενεά, μόσχων δὲ μέλισσαι.). Las abejas no son de naturaleza solitaria, como las águilas, sino como los hombres.Porque aunque los grajos también actúan así, sin embargo no es lo mismo, porque aquí hay una comunidad de trabajo y de edificios, que allí no hay; aquí hay razón y arte; de ellas aprenden (los hombres) a trabajar, de ellas a edificar, de ellas a guardar los alimentos. 

    Tres cosas pues son propias de estas: el alimento, la casa y el trabajo; y el alimento no es lo mismo que la cera,  ni que la miel, ni que la casa. ¿Acaso la celda en el panal no tiene seis ángulos, tantos como patas tiene la propia abeja? Porque los geómetras demuestran que el hexágono se construye en una circunferencia de modo que se incluye la mayor parte del espacio. Se alimentan fuera, pero hacen dentro el trabajo, que como es muy dulce, es agradable a los dioses y a los hombres, porque el panal llega hasta los altares y la miel se ofrece al principio del banquete y a los postres (en la segunda mesa).

    Sus ciudades son como las de los hombres, porque aquí hay un rey* y una autoridad y una sociedad. Persiguen todas las cosas limpias. Y así ninguna de ellas se posa en un lugar sucio o allí donde huela mal, ni tampoco en el que huela a buenos perfumes. Y así a quien se les acerca perfumado lo pican, no lo lamen como las moscas, porque nadie ve a estas (las abejas), a diferencia de aquellas, en la carne o en la sangre o en la grasa. Y por tanto sólo se posan en aquellas cosas cuyo sabor es dulce.

    * Creían los antiguos que la reina era un rey, engañados sin duda por el aguijón. Hasta el siglo XVII no se comprobó que el rey en realidad era reina.

    De ninguna manera es perjudicial porque no estropea la obra de nadie picoteándola, ni es vaga de manera que no se resista a quien intenta perturbarla; y sin embargo no desconoce su debilidad. Con toda razón se dice que son las aves de las Musas, porque, si alguna vez están desplegadas, también con címbalos y palmadas se las conduce rápidamente a un solo lugar;  y así como a estas deidades los hombres les atribuyeron el Helicón y el Olimpo, así la naturaleza a atribuido a estas (las abejas) los montes con flores y sin cultivar.

    Siguen a su rey a donde vaya, y lo ayudan si está cansado y si no puede volar lo llevan a cuestas, porque quieren salvarlo. Ellas mismas son muy trabajadoras y odian a las perezosas. Y así persiguiéndolos constantemente echan lejos de ellas a los zánganos, porque éstos además de que no ayudan, consumen miel; y a estos aunque sean muchos metiendo ruido las persiguen incluso unas pocas. Por fuera de la entrada de la colmena lo tapan todo por donde pasa el aire entre los panales, lo que los griegos llaman eritace.*

    *  El eritace o erizake lo define Aristóteles en su Historia Animalium, 9, 40 como “pan de abejas” pero en realidad tal vez sea el propóleo, dada su función de taponar las entradas de aire a la colmena.

    Todas viven como en el ejército y duermen y trabajan alternándose por igual y cuando envían fuera colonias, sus jefes les dan ordenes con la voz a imitación de la trompeta. Esto lo hacen también cuando se transmiten entre sí señales de paz o de guerra. Pero, Merula, para que nuestro Axio no se desmejore mientras oye estas cosas de la naturaleza, como no he dicho nada de su beneficio, te entrego ahora la antorcha de la carrera.

    Merula dijo, “Sobre su beneficio, esto es lo que digo, que quizás para ti, Axio, sea suficiente; en esto tengo como autoridad no sólo a Seyo, que tiene alquiladas sus colmenas por cinco mil libras de miel cada año, sino también a nuestro querido Varrón, a quien oí decir que había tenido dos soldados en Hispania, a los ricos hermanos Veyanio, de la región de Falisco, que habiéndoles dejado su padre una pequeña granja y un pequeño campo no mayor que una yugada, hicieron colmenas alrededor de toda la granja y tuvieron un huerto y plantaron en el resto tomillo y codeso y toronjil, a lo que unos llaman melifilon, otros melisofilon y algunos melitena.

    Que estos estaban acostumbrados a recibir nunca menos de diez mil sestercios de miel, para actuar con equilibrio, diciendo que preferían esperar a encontrar un comprador a su tiempo antes que a destiempo con más prisa”. Dijo también, “ dime pues dónde y de qué modo me conviene hacer una colmena para recoger grandes beneficios”.

    Y él (dice) “conviene hacer las melitonas, que otros llaman melitrofia, y otros a la misma cosa colmenas (melaria) de esta manera. En primer lugar el mejor es junto a la casa, en donde no resuenen los ecos (pues se cree que este sonido es la señal para la huida de estas), conviene que este en un ambiente templado, no ardiente en verano y soleado en invierno, de forma que mire sobre todo a oriente en invierno, y que tenga cerca lugares en los que el pasto sea abundante y el agua limpia.

    Si no hay alimento natural, conviene que el dueño siembre aquellas cosas que sobre todo buscan las abejas. Estas cosas son rosas, serpol, toronjil, amapolas, habas, lentejas, guisantes, albahaca, gladiolos, alfalfa, pero sobre todo codeso, que es muy útil para las menos fuertes. Y además comienza a florecer desde el equinoccio de primavera y dura hasta el otro equinoccio.

    Pero así como éste (el codeso) es muy adecuado para la salud de las abejas, para la miel lo es el tomillo. Y por esto la palma se la lleva la miel de Sicilia, porque allí es abundante el buen tomillo. Y así algunos machacan el tomillo en el mortero y lo diluyen en agua templada; con el rocían todos los planteles sembrados para las abejas.

    Por lo que se refiere al lugar, el más adecuado de elegir es junto a la casa; algunos también colocan la colmena en el pórtico de la casa, para que esté más segura. En donde estén, unos las hacen redondas con mimbres, otros de madera y corteza, otros de un árbol hueco, otros de barro; otros también cuadradas, con cañas,  de unos tres pies de longitud y anchas de un pie, pero de tal forma que las apretujen cuando sean pocas las que las rellenan, para que no se desanimen en un lugar grande vacío. Todas estas se llaman “alvi” (estómagos o vientres)* por el alimento de miel, y parece que las hacen estrechas en la mitad para imitar la figura de ellas (las abejas)

    * nota: alvus tal vez derive de alo, que significa alimentarse, como alimonio

    Untan ñas de mimbres con estiércol de vaca por dentro y por fuera, para que no se espanten por su aspereza y colocan los vientres (colmenas) en los salientes de la pared, de forma que ni se muevan ni se toquen entre sí cuando se ponen en fila. Y así interpuesto un espacio se coloca por debajo una segunda y una tercera fila, y dicen que conviene más quitar de aquí una cuarta fila que añadirla. En la mitad del vientre, por donde entran las abejas, hacen pequeños agujeros a derecha y a izquierda.

    En el extremo colocan unas tapaderas por donde los meleros puedan sacar  el panal. Las mejores colmenas se hacen de corteza, las peores de barro, porque las abejas son afectadas fuertemente por el frío del invierno y también por el calor del verano. En primavera y en verano el melero debe inspeccionarlas aproximadamente tres veces al mes fumigándolas suavemente y limpiar el vientre de la suciedad y echar fuera los gusanos.

    Que esté además atento para que no haya muchos reyes;  pues se hacen inútiles por las peleas. Y algunos dicen, que como hay tres tipos de jefes en las abejas, negro, rojo y de varios colores, o dos, como escribió Menecrates, el negro y el de varios colores, que es el mejor, le convendrá al melero matar al negro cuando haya dos en el mismo vientre y coincida con el otro, porque es conflictivo y arruina el vientre, porque huye o es puesto en fuga con el enjambre.

    De las restantes abejas la mejor es la pequeña, de varios colores y redonda. El que es llamado por unos ladrón y por otros zángano, es negro y de vientre ancho. La avispa, que tiene semejanza con la abeja, no es socia de trabajo y además suele hacer daño con su mordisco, y las abejas la apartan de ellas. Estas (las abejas) se diferencian entre sí, porque las hay  salvajes y domésticas. Ahora bien, llamo salvajes a las que pastan en lugares silvestres, y domésticas las que lo hacen en cultivados. Las salvajes son más pequeñas de tamaño y peludas, pero más trabajadoras.

    Al comprarlas conviene que el comprador vea si están sanas o están enfermas.

    Hay señales de salud si en el enjambre son abundantes y brillantes y si la obra que hacen es uniforme y lisa. Hay señales de menos sanas si son peludas y ásperas, como polvorienta, a no ser que el tiempo del trabajo les urja, pues entonces se ponen ásperas y se debilitan por el esfuerzo.

    Si han de ser trasladadas a otro lugar, conviene hacerlo con todo cuidado, estudiando el momento en el que es mejor hacerlo y buscando el lugar idóneo al que llevarlas.: el momento, mejor en primavera que en invierno, porque en invierno se acostumbran con dificultad a permanecer allí a donde las has trasladado y por eso muchas veces huyen. Si las trasladas de un buen lugar a ogro en donde no hay pasto adecuado, se dan a la fuga. Y si las llevas de un vientre (colmena) a otro en el mismo lugar, lo has de hacer con todo cuidado.

    Pero la colmena a la que han de pasar la debes frotar con toronjil, porque esto es un atractivo para ellas, y se deben poner panales de miel dentro no lejos de las entradas, para que cuando se den cuenta de que no hay escasez….. dice que tuvo. Este dice que cuando las abejas están enfermas por los primeros pastos de primavera, que hacen de las flores del almendro griego y del cornejo, tienen diarrea y han de recuperarse bebiendo orina.
    Se llama propóleos a aquello de lo que hacen una protección en las aberturas de la  entrada en la parte delantera de la colmena sobre todo en verano. Esta misma cosa incluso con el mismo nombre lo usan los médicos en sus emplastos, por lo que también se vende en la Vía Sacra más caro que la miel. Se llama “eritace” a la cosa con la que se pegan los extremos de los panes entre sí, y es otra cosa distinta de la miel y del propóleos; y dicen que en esto está la fuerza de la atracción. Por eso, allí donde quieren asentar el enjambre, untan una rama o alguna ota cosa con este (eritace) mezclado con toronjil.

    El panal es lo que modelan de cera con muchas celdas, teniendo cada una de las celdas seis lados, tantos como patas dio la naturaleza a cada una. Se dice que las cosas que traen para hacer sus cuatro cosas, propóleos, eritace, panal y miel no las cogen de las mismas cosas. De una cosa, del manzano púnico (granado) y del espárrago, cogen sólo alimento; del olivo la cera, del higo la miel, pero no la buena.

    Que  de las habas, el toronjil, la calabaza y la col, sacan dos materias, la cera y el alimento; y también del mismo modo doble materia, el alimento y la miel, es lo que se hace del manzano y del peral silvestre; y asimismo dos, aunque distintas, cera y miel, lo que se hace de la amapola. También que tres materias, alimento, miel y cera, se hacen del almendro (nogal griego) y del jaramago. Que asimismo se aprovechan de otras flores, de tal forma que cogen unas cosas para una sola materia y otras para varias.

    Y también siguen otra diferenciación en lo que cogen o la diferenciación las sigue a ellas, como en la miel, porque de una cosa hacen miel líquida, como de la flor de chirivía, de otra, por el contrario, espesa, como del romero; y así de otras cosas, como miel poco suave del higo, buena del codeso y la mejor  del tomillo.

    Como quiera que la bebida es parte de la alimentación y para ellas es el agua clara, conviene que tengan donde beber y que esté cerca, y que corra o que desemboque en algún lago, de tal forma que no sobrepase los dos o tres dedos de profundidad; en esta agua se arrojan ladrillos o piedras, de tal forma que sobresalgan un poco, en donde puedan posarse y beber. En lo que se ha de tener especial cuidado es en que el agua sea limpia, porque esto es lo que más aprovecha a una buena melificación.

    Como no todo tiempo permite que se vayan lejos a pastar, se les ha de preparar alimento para que no se vean obligadas a vivir sólo de miel o a abandonar muertas de hambre sus colmenas. En consecuencia, se cuecen aproximadamente diez medidas (libras) de higos gordos en seis congios de agua y una vez cocidos se ponen cerca en forma de albondiguillas. Otros procuran que haya cerca agua duce (hidromiel) en pequeños vasos, en los que ponen lana limpia de la que puedan chupar y al mismo tiempo ni se llenen con una excesiva bebida ni se caiga al agua. Se pone un vaso para cada colmena y este se rellena. Otros, una vez  que han molido uvas pasas e  higos, le echan arrope (vino reducido a la mitad) y colocan albondiguillas hechas de ello allí a donde puedan salir en invierno a pastar.

    Cuando va a salir el enjambre, lo que suele ocurrir cuando hay muchos descendientes que han crecido prósperamente y quieren enviar a  la descendencia como colonia, como en otro tiempo hicieron con frecuencia los Sabinos por la abundancia de hijos, se sabe  suelen anteceder dos señales de esto: uno que en los días anteriores, sobre todo por la tarde muchas cuelgan unas de otras ante la puerta  aglomeradas como las uvas.
    Otra, porque cuando ya están a punto de volar o incluso han comenzado, resuenan con fuerza unas con otras, como hacen los soldados cuando levantan el campamento.  Las que han salido primero revolotean a la vista de las otras, que todavía no se han agrupado, esperando a que se reunan. Cuando el melero se ha dado cuenta de que han hecho esto, las asustan echándoles polvo y metiendo ruido con el bronce.

    Untan con eritace y toronjil y con las otras cosas que les gustan el lugar a donde quieren llevarlas, no lejos de allí. Allí donde las colocan, llevan una colmena untada por dentro con las mismas sustancias atrayentes y colocada cerca, les obligan a entrar rodeándolas con un ligero humo. Cuando éstas  han entrado en la nueva colonia, permanecen tan a gusto que incluso si la pusieras próxima a la colmena de la que salieron, estarían sin embargo más contentas en su nuevo domicilio.

    De lo que se refiere al pasto creo que ya he hablado, y ahora hablaré de la causa por la que se las cuida, es decir, del beneficio. La señal para extraer los panales se saca de ellas mismas…* si hacen dentro un zumbido, y si tiemblan cuando entran y salen y si cuando se levanta la tapa de las colmenas aparecen las aperturas de los panales cubiertos con membranas porque están rellenos de miel.

    * texto corrompido

    Algunos dicen que al extraer la miel conviene quitar nueve partes y dejar la décima; porque si extraes todo, ocurrirá que se marcharán. Otros dejan más de esto que he dicho. Así como en las tierras aradas los que hacen cosechas anuales, recogen más trigo de los barbechos, así en las colmenas, si no extraes todos los años o no igualmente mucho, también tendrás abejas más trabajadoras y más fructíferas.

    Algunos dicen que al extraer la miel conviene quitar nueve partes y dejar la décima; porque si extraes todo, ocurrirá que se marcharán. Otros dejan más de esto que he dicho. Así como en las tierras aradas los que hacen cosechas anuales, recogen más trigo de los barbechos, así en las colmenas, si no extraes todos los años o no igualmente mucho, también tendrás abejas más trabajadoras y más fructíferas.

    Se piensa que el primer momento para extraer los panales es el de la salida de las Pléyades; el segundo pasado el verano, antes de que salga completo Arturo; el tercero después del ocaso de las Pléyades, y así, si la colmena está llena, que no se extraiga más de la tercera parte de la miel, y lo restante se deje para la invernada;  pero si la colmena no está cargada, que no se extraiga nada. Cuando la extracción es mayor, no conviene hacerla ni completa ni a la vista, para que no se desanimen. Si alguna parte de la colmena que se extrae no tiene nada (de miel) o la tiene sucia, debe ser cortado con un cuchillo.

    Hay que procurar que las más débiles no sean  oprimidas por las más fuertes, pues con ello disminuye el producto; y así a las más débiles se les somete separadas bajo otro rey. Las que luchas entre sí más frecuentemente, conviene rociarlas con agua de mosto (hidromiel). Con esto no sólo desisten de la pelea, sino que se amontonan lamiéndose, y más si son rociadas con vino mulso, porque se aplican con más avidez por el olor y se embriagan bebiendo.

    Si salen de la colmena menos cantidad y se queda alguna parte, se debe fumigar y se debe poner cerca hierbas de las que las que huelen bien, sobre toronjil y tomillo. 

    Hay que procurar con toda fuerza  que no perezcan por el calor o por el frío. Si alguna vez, durante el pasto, son golpeadas por una lluvia repentina o por un frío repentino, antes de que ellas mismas hubieran previsto lo que iba a ocurrir, aunque raramente ocurre que se engañen, y yacen postradas golpeadas por grandes gotas de lluvia, como muertas, hay que recogerlas en alguna vasija y colocarla en un lugar cubierto y cálido; al día siguiente con el mejor tiempo con ceniza de leña de higuera se calienta  un poco más que templado. Luego se las debe agitar ligeramente en la misma vasija, de manera que no las toques con la mano, y se las debe poner al sol.

    Las que se han calentado así, se reponen y reviven, como igualmente suele ocurrir con las moscas muertas en el agua. Esto se debe hacer junto a las colmenas, para que restablecidas cada una vuelva a su trabajo y a su casa.

    16  Appius, Igitur relinquitur, inquit, de pastione villatica tertius actus de piscinis. Quid tertius? inquit Axius. An quia tu solitus es in adulescentia tua domi mulsum non bibere propter parsimoniam, nos mel neclegemus? Appius nobis, Verum dicit, inquit. 2 Nam cum pauper cum duobus fratribus et duabus sororibus essem relictus, quarum alteram sine dote dedi Lucullo, a quo hereditate me cessa primum et primus mulsum domi meae bibere coepi ipse, cum interea nihilo minus paene cotidie in convivio omnibus daretur  mulsum. 3 Praeterea meum erat, non tuum, eas novisse volucres, quibus plurimum natura ingeni atque artis tribuit. Itaque eas melius me nosse quam te ut scias, de incredibili earum arte naturali audi. Merula, ut cetera fecit, historicos quae sequi melitturgoe soleant demonstrabit.

    4 Primum apes nascuntur partim ex apibus, partim ex bubulo corpore putrefacto. Itaque Archelaus in epigrammate ait eas esse
    βοὸς φθιμένης πεπλανημένα τέκνα,
    idem
    ἵππων μὲν σφῆκες γενεά, μόσχων δὲ μέλισσαι.

    Apes non sunt solitaria natura, ut aquilae, sed ut homines. Quod si in hoc faciunt etiam graculi, at non idem, quod hic societas operis et aedificiorum, quod illic non est, hic ratio atque ars, ab his opus facere discunt, ab his aedificare, ab his cibaria condere. 5 Tria enim harum: cibus, domus, opus, neque idem quod cera cibus, nec quod mel, nec quod domus. Non in favo sex angulis cella, totidem quot habet ipsa pedes? Quod geometrae hexagonon fieri in orbi rutundo ostendunt, ut plurimum loci includatur. Foris pascuntur, intus opus faciunt, quod dulcissimum quod est, et deis et hominibus est acceptum, quod favus venit in altaria et mel ad principia convivi et in secundam mensam administratur. 6 Haec ut hominum civitates, quod hic est et rex et imperium et societas. Secuntur omnia pura. Itaque nulla harum adsidit in loco inquinato aut eo qui male oleat, neque etiam in eo qui bona olet unguenta. Itaque iis unctus qui accessit, pungunt, non, ut muscae, ligurriunt, quod nemo has videt, ut illas, in carne aut sanguine aut adipe. Ideo modo considunt in eis quorum sapor dulcis. 7 Minime malefica, quod nullius opus vellicans facit deterius, neque ignava, ut non, qui eius conetur disturbare, resistat; neque tamen nescia suae imbecillitatis. Quae cum causa Musarum esse dicuntur volucres, quod et, si quando displicatae sunt, cymbalis et plausibus numero redducunt in locum unum; et ut his dis Helicona atque Olympon adtribuerunt homines, sic his floridos et incultos natura adtribuit montes. 8 Regem suum secuntur, quocumque it, et fessum sublevant, et si nequit volare, succollant, quod eum servare volunt. Neque ipsae sunt inficientes nec non oderunt inertes. Itaque insectantes ab se eiciunt fucos, quod hi neque adiuvant et mel consumunt, quos vocificantes plures persecuntur etiam paucae. Extra ostium alvi opturant omnia, qua venit inter favos spiritus, quam erithacen appellant Graeci. 9 Omnes ut in exercitu vivunt atque alternis dormiunt et opus faciunt pariter et ut colonias mittunt, iique duces conficiunt quaedam ad vocem ut imitatione tubae. Tum id faciunt, cum inter se signa pacis ac belli habeant. Sed, O Merula, Axius noster ne, dum haec audit physica, macescat, quod de fructu nihil dixi, nunc cursu lampada tibe trado.

    10 Merula, De fructu, inquit, hoc dico, quod fortasse an tibi satis sit, Axi, in quo auctorem habeo non solum Seium, qui alvaria sua locata habet quotannis quinis milibus pondo mellis, sed etiam hunc Varronem nostrum, quem audivi dicentem duo milites se habuisse in Hispania fratres Veianios ex agro Falisco locupletis, quibus cum a patre relicta esset parva villa et agellus non sane maior iugero uno, hos circum villam totam alvaria fecisse et hortum habuisse ac relicum thymo et cytiso opsevisse et apiastro, quod alii meliphyllon, alii melissophyllon, quidam melittaenam appellant. 11 Hos numquam minus, ut peraeque ducerent, dena milia sestertia ex melle recipere esse solitos, cum dicerent velle expectare, ut suo potius tempore mercatorem admitterent, quam celerius alieno. Dic igitur, inquit, ubi et cuius modi me facere oporteat alvarium, ut magnos capiam fructus. 12 Ille, melittonas ita facere oportet, quos alii melitrophia appellant, eandem rem quidam mellaria. Primum secundum villam potissimum, ubi non resonent imagines (hic enim sonus harum fugae existimatur esse protelum), esse oportet aere temperato, neque aestate fervido neque hieme non aprico, ut spectet potissimum ad hibernos ortus, qui prope se loca habeat ea, ubi pabulum sit frequens et aqua pura. 13 Si pabulum naturale non est, ea oportet dominum serere, quae maxime secuntur apes. Ea sunt rosa, serpyllon, apiastrum, papaver, faba, lens, pisum, ocimum, cyperum, medice, maxime cytisum, quod minus valentibus utilissimum est. Etenim ab aequinoctio verno florere incipit et permanet ad alterum aequinoctium. 14 Sed ut hoc aptissimum ad sanitatem apium, sic ad mellificium thymum. Propter hoc Siculum mel fert palmam, quod ibi thymum bonum frequens est. Itaque quidam thymum contundunt in pila et diluunt in aqua tepida; eo conspergunt omnia seminaria consita apium causa. 15 Quod ad locum pertinet, hoc genus potissimum eligendum iuxta villam, non quo non in villae porticu quoque quidam, quo tutius esset, alvarium collocarint. Ubi sint, alii faciunt ex viminibus rutundas, alii e ligno ac corticibus, alii ex arbore cava, alii fictiles, alii etiam ex ferulis quadratas longas pedes circiter ternos, latas pedem, sed ita, ubi parum sunt quae compleant, ut eas conangustent, in vasto loco inani ne despondeant animum. Haec omnia vocant a mellis alimonio alvos, quas ideo videntur medias facere angustissimas, ut figuram imitentur earum. 16 Vitiles fimo bubulo oblinunt intus et extra, ne asperitate absterreantur, easque alvos ita collocant in mutulis parietis, ut ne agitentur neve inter se contingant, cum in ordinem sint positae. Sic intervallo interposito alterum et tertium ordinem infra faciunt et aiunt potius hinc demi oportere, quam addi quartum. Media alvo, qua introeant apes, faciunt foramina parva dextra ac sinistra. 17 Ad extremam, qua mellarii favum eximere possint, opercula imponunt. Alvi optimae fiunt corticeae, deterrimae fictiles, quod et frigore hieme et aestate calore vehementissime haec commoventur. Verno tempore et aestivo fere ter in mense mellarius inspicere debet fumigans leniter eas et ab spurcitiis purgare alvum et vermiculos eicere. 18 Praeterea ut animadvertat ne reguli plures existant; inutiles enim fiunt propter seditiones. Et quidam dicunt, tria genera cum sint ducum in apibus, niger ruber varius, ut Menecrates scribit, duo, niger et varius, qui ita melior, ut expediat mellario, cum duo sint in eadem alvo, interficere nigrum, cum sit cum altero rege, esse seditiosum et corrumpere alvom, quod fuget aut cum multitudine fugetur. 19 De reliquis apibus optima est parva varia rutunda. Fur qui vocabitur, ab aliis fucus, est ater et lato ventre. Vespa, quae similitudinem habet apis, neque socia est operis et nocere solet morsu, quam apes a se secernunt. Hae differunt inter se, quod ferae et cicures sunt. Nunc feras dico, quae in silvestribus locis pascitant, cicures, quae in cultis. Silvestres minores sunt magnitudine et pilosae, sed opifices magis.

    In emendo emptorem videre oportet, valeant an sint aegrae. 20 Sanitatis signa, si sunt frequentes in examine et si nitidae et si opus quod faciunt est aequabile ac leve. Minus valentium signa, si sunt pilosae et horridae, ut pulverulentae, nisi opificii eas urget tempus; tum enim propter laborem asperantur ac marcescunt. 21 Si transferendae sunt in alium locum, id facere diligenter oportet et tempora, quibus id potissimum facias, animadvertendum et loca, quo transferas, idonea providendum: tempora, ut verno potius quam hiberno, quod hieme difficulter consuescunt quo translatae manere, itaque fugiunt plerumque. Si e bono loco transtuleris eo, ubi idonea pabulatio non sit, fugitivae fiunt. Nec, si ex alvo in alvum in eodem loco traicias, neglegenter faciendum, 22 sed et in quam transiturae sint apes, ea apiastro perfricanda, quod inlicium hoc illis, et favi melliti intus ponendi a faucibus non longe, ne, cum animadverterint aut inopiam esse . . . habuisse dicit. Is ait, cum sint apes morbidae propter primoris vernos pastus, qui ex floribus nucis graecae et cornus fiunt, coeliacas fieri atque urina pota reficiendas. 23 Propolim vocant, e quo faciunt ad foramen introitus protectum ante alvum maxime aestate. Quam rem etiam nomine eodem medici utuntur in emplastris, propter quam rem etiam carius in sacra via quam mel venit. Erithacen vocant, quo favos extremos inter se conglutinant, quod est aliut melle et propoli; itaque in hoc vim esse illiciendi. Quocirca examen ubi volunt considere, eum ramum aliamve quam rem oblinunt hoc admixto apiastro. 24 Favus est, quem fingunt multicavatum e cera, cum singula cava sena latera habeant, quot singulis pedes dedit natura. Neque quae afferunt ad quattuor res faciendas, propolim, erithacen, favum, mel, ex iisdem omnibus rebus carpere dicunt. Simplex, quod e malo punico et asparago cibum carpant solum, ex olea arbore ceram, e fico mel, sed non bonum. 25 Duplex ministerium praeberi, ut e faba, apiastro, cucurbita, brassica ceram et cibum; nec non aliter duplex quod fit e malo et piris silvestribus, cibum et mel; item aliter duplex quod e papavere, ceram et mel. Triplex ministerium quoque fieri, ut ex nuce Graeca et e lapsano cibum, mel, ceram. Item ex aliis floribus ita carpere, ut alia ad singulas res sumant, alia ad plures, 26 nec non etiam aliut discrimen sequantur in carptura aut eas sequatur, ut in melle, quod ex alia re faciant liquidum mel, ut e siserae flore, ex alia contra spissum, ut e rore marino; sic ex alia re, ut e fico mel insuave, e cytiso bonum, e thymo optimum. 27 Cibi pars quod potio et ea iis aqua liquida, unde bibant esse oportet, eamque propinquam, quae praeterfluat aut in aliquem lacum influat, ita ut ne altitudine escendat duo aut tres digitos; in qua aqua iaceant testae aut lapilli, ita ut extent paulum, ubi adsidere et bibere possint. In quo diligenter habenda cura ut aqua sit pura, quod ad mellificium bonum vehementer prodest. 28 Quod non omnis tempestas ad pastum prodire longius patitur, praeparandus his cibus, ne tum melle cogantur solo vivere aut relinquere exinanitas alvos. Igitur ficorum pinguium circiter decem pondo decoquont in aquae congiis sex, quas coctas in offas prope apponunt. Alii aquam mulsam in vasculis prope ut sit curant, in quae addunt lanam puram, per quam sugant, uno tempore ne potu nimium impleantur aut ne incidant in aquam. Singula vasa ponunt ad alvos, haec supplentur. Alii uvam passam et ficum cum pisierunt, affundunt sapam atque ex eo factas offas apponunt ibi, quo foras hieme in pabulum procedere tamen possint.

    29 Cum examen exiturum est, quod fieri solet, cum adnatae prospere sunt multae ac progeniem ut coloniam emittere volunt, ut olim crebro Sabini factitaverunt propter multitudinem liberorum, huius quod duo solent praeire signa, scitur: unum, quod superioribus diebus, maxime vespertinis, multae ante foramen 30 ut uvae aliae ex aliis pendent conglobatae; alterum, quod, cum iam evolaturae sunt aut etiam inceperunt, consonant vehementer, proinde ut milites faciunt, cum castra movent. Quae primum exierunt, in conspectu volitant reliquas, quae nondum congregatae sunt, respectantes, dum conveniant. A mellario cum id fecisse sunt animadversae, iaciundo in eas pulvere et circumtinniendo aere perterritae, 31 quo volunt perducere, non longe inde oblinunt erithace atque apiastro ceterisque rebus, quibus delectantur. Ubi consederunt, afferunt alvum eisdem inliciis litam intus et prope apposita fumo leni circumdato cogunt eas intrare. Quae in novam coloniam cum introierunt, permanent adeo libenter, ut etiam si proximam posueris illam alvum, unde exierunt, tamen novo domicilio potius sint contentae.

  • Corona de laurel

    Las hojas de laurel coronan a los mejores poetas y también a los más aguerridos soldados. Es verdad que “las armas y las letras” con alguna frecuencia van unidas, pero no deja de ser curioso que el mismo elemento decorativo y simbólico que premia a la inteligencia y el arte sirva también de reconocimiento al valor y arrojo militar. El laurel tiene además otros valores que conviene conocer, pero ¿por qué?

                                                  

    Los árboles, las plantas en general, juegan un papel muy importante en la vida simbólica y religiosa de todos los pueblos. En muchos casos y lugares son elementos sagrados; así hay  bosques sagrados en los que se esconde el numen o fuerza sagrada de la divinidad y árboles sagrados, habitados por los dioses, consagrados o identificados con ellos. Cada especie o tipo está relacionada con una divinidad y con una determinada función.

    Sus elementos, tales como hojas o ramas, se utilizan como símbolos o simplemente como elementos decorativos. Así, por ejemplo, se utilizan coronas de diverso tipo en función de su significado.

    Sabido es cómo Atenea, la Minerva de los romanos, dio a Atenas su nombre y su árbol, el olivo. El árbol de Dionisos o Baco, dios del vino, lógicamente ha de ser la vid y también la yedra. El mirto o arrayán es el de Venus, diosa del amor.

    Claramente lo expresa Virgilio, por ejemplo, en sus Bucólicas, VII, 61-64:

    Muy grato es el álamo a Alcides, la vid a Baco,
    el mirto a la hermosa Venus, su laurel a Febo.
    AFilis le gustan los avellanos y mientras Filis los prefiera,
    ni el mirto ni el laurel de Febo vencerán a los avellanos.

    Populus Alcidae gratissima, uitis Iaccho,
    Formosae myrtus Ueneri, sua laurea Phoebo;
    Phylis amat corylos; illas dum Phyllis amabit,
    Nec myrtus uincet corylos, nec laurea Phoebi.

    El laurel es el árbol de Apolo o Febo, dios solar,  dios de la sabiduría, de la creación artística, de la poesía, de la música y de las artes adivinatorias. El laurel es el árbol en el que se transformó la ninfa virgen Dafne, perseguida por Apolo, para huir del dios.

    El laurel, de color siempre verde, es un árbol que se asocia, pues, al fuego del sol y a la profecía.
    Apolo emitía oráculos* a los hombres que se lo solicitaban. En su famoso santuario de Delfos, destino obligado de los griegos, para conocer el futuro, los emitía  a través de una sacerdotisa o médium, la Pithia o Pitonisa**.

    * del latín oraculum y este de orare, hablar, significa etimológicamente mensaje, comunicado, parlamento.

    ** En Delfos Apolo mató a la serpiente Pitón o Pyton; de ahí que el término se aplique también a una poderosa y temible serpiente constrictora que mata a sus víctimas por asfixia enroscándose entorno.

    Parece que también se obtenía el oráculo arrojando al fuego hojas de laurel, que si  crepitababan y chisporreaban eran buena señal y si no la señal era mala. Quienes obtenían un buen oráculo regresaban a su casa coronados de laurel. Además el laurel provocaba sueños premonitorios.

    En el Renacimiento, nos recuerda Alciato en su Emblema CCX  (CCXI en otras ediciones) que el laurel conoce el futuro y que colocado cerca produce sueños premonitorios:

    Alciati Emblematum liber
    Emblema CCXI
    Laurus

    El laurel nos da señales evidentes de lo que la salud nos depara.
    Colocado bajo la almohada nos produce sueños verdaderos.

    Praescia venturae laurus fert signa salutis:
    Subdita pulvillo somnia vera facit

    En el mismo libro de emblemas os recuerda una cita de Tibulo sobre la misma cuestión:

    Tibulo, Libro II, 5, v. 79 y ss.

    Esto ocurrió en otro tiempo; pero tu, favorable Apolo,
    sumerge ya los prodigios bajo las aguas indómitas.
    Y que el laurel crepite favorable incendiado por las sagradas llamas.
    Con ese presagio el año será feliz y sagrado.
    Cuando el laurel ha dado buenas señales, alegraos colonos:
    Ceres llenará los hórreos colmados de espigas…

    Haec fuerant olim; sed tu iam mitis, Apollo,
    prodigia indomitis merge sub aequoribu.
    Et succensa sacris creepitet bene laurea flammis
    Omine quo felix et sacer annus erit.
    Laurus ubi bona signa dedit, gaudete coloni:
    Distendet spicis horrea plena Ceres…

    Y otra de Propercio, Lib. II, 28, 35

    Caen los rombos que giran con un canto mágico
    y el laurel queda quemado una  vez apagado el fuego.

    Deficiunt mágico torti sub carmine rhombi,
    Et iacet extincto laurus adusta foco

    Y también Lucrecio en su De rerum natura, VI, 154-155

    Y no hay ninguna otra cosa que arde en la llama crepitante
    con sonido más terrible que el laurel de Delfos consagrado a Febo
    (Apolo)

    Nec res ulla magis quam Phoebi Delphica laurus
    Terribili sonitu flamma crepitante crematur

    El laurel es símbolo de la gloria; la palma lo es la de la victoria y el olivo de la paz. Las hojas de diversas plantas se utilizan para coronar a los triunfadores.

    Una corona es un adorno circular de hojas, ramas de árbol, flores hierbas o de metal que se coloca alrededor de la cabeza como reconocimiento o recuerdo del especial valor de una persona por su inteligencia, por su arte o por sus méritos militares.

    En la Grecia antigua probablemente se utilizaron en un principio como un elemento decorativo y más tarde se utilizan en el mundo de los juegos atléticos (por ejemplo los olímpicos) como premio a los vencedores y también en los poéticos. Recordemos que junto a los juegos atléticos se celebraban también competiciones poéticas y literarias.

    Del mundo de la competición deportiva pasó sin duda al mundo de la guerra (del que por cierto proceden los juegos atléticos) y de Grecia pasó a Roma. Aunque hoy lo que verdaderamente se estima en realidad son los premios económicos, se sigue utilizando la corona o algún elemento similar como símbolo del triunfo.

    Como decía más arriba, probablemente se comenzó a utilizar como elemento meramente ornamental y pronto sirvieron para coronar a los vencedores en los juegos poéticos o literarios que se desarrollaban de manera paralela a los juegos  atléticos, de los que las Olimpiadas son el mejor exponente, pero también los “píticos” en honor de Apolo y los “ístmicos” en honor de Neptuno. Podemos incluso pensar que en el caso de los juegos Píticos en un principio se celebrarían sólo competiciones artísticas, como correspondería al dios Apolo, y con el tiempo se añadirían competiciones atléticas como en Olimpia, en honor de Zeus. Y a su vez en Olimpia se introducirían competiciones artísticas, a semejanza de los “píticos”.

    A propósito de los juegos píticos y el laurel podemos citar unos versos de Ovidio en el siglo I antes y después de Cristo, por tanto muy alejados de su origen, pero que son ilustrativos. Ovidio recuerda en su poema la victoria del dios Apolo sobre la serpiente Pitón.

    Ovidio, Metamorfosis I, 445-

    Y para que el paso del tiempo no pueda  borrar el recuerdo de la hazaña, instituyó unos juegos sagrados acompañados de concurridos certámenes, llamados Pitia por el nombre de la serpiente que destruyó. En ellos, todo joven que, ya fuera con sus puños, ya con los pies o las ruedas, había obtenido la victoria recibía una condecoración de hojas de encina; todavía no existía el laurel, y Febo (Apolo) se ceñía con hojas de cualquier árbol las sienes que embellecía su larga cabellera.

    Neve operis famam posset delere vetustas,
    instituit sacros celebri certamine ludos,
    Pythia perdomitae serpentis nomine dictos.
    Hic iuvenum quicumque manu pedibusve rotave
    vicerat, aesculeae capiebat frondis honorem:
    nondum laurus erat, longoque decentia crine
    tempora cingebat de qualibet arbore Phoebus.

    Así que pronto significaron también el triunfo de los grandes atletas, que tanto honor conferían a sus ciudades natales.

    Como quiera que los juegos atléticos, a su vez, están claramente relacionados con las tareas militares de los primitivos guerreros aristócratas de Grecia, fácilmente pudo trasladarse el significado del laurel al mundo militar y acreditar así la gloria militar. Este significado se desarrolló especialmente entre los romanos, que prácticamente siempre estuvieron en guerra a lo largo de su historia. Con el laurel se corona a los generales invictos y a los emperadores, y con laurel se adornan las armas victoriosas, como las lanzas,  las proas de las naves o las cartas y tablillas que traían las noticias de victoria.

    Así los generales romanos en la ceremonia del triunfo, que además llevan en la mano una rama de laurel, y los lictores y los soldados que desfilan en la procesión.

    Aunque sea una pequeña digresión, comentaré que los romanos desarrollaron enormemente la tipología de las coronas como símbolos de funciones muy concretas; en otra ocasión lo comentaré con más detalle. Sea suficiente ahora un apresurado catálogo de coronas: obsidionalis (por romper el  asedio de una ciudad), civica (por salvar la vida de un ciudadano romano), navalis (por ser el primero en el abordaje o por una victoria naval), muralis (por ser el primero en escalar una muralla), castrensis (por entrar en el campamento enemigo), triunphalis (el triunfo es la mayor recompensa al general vencedor),etc. Además existen la convivalis (del banquete), la funebris (no necesita explicación), la nuptialis (de boda), la natalitia (por nacimiento: de olivo si era niño, de lana si era niña), etc.

    Volviendo a la primitiva Grecia, Píndaro (518?-438 a.C.), por ejemplo, nos dice cómo se corona al vencedor con hojas de olivo con motivo de la carrera de carros del año 452 a.C. en  Olímpicas IV, 11ss., dedicada a su amigo Psaumis de Camarina:

    Sigue al carro de Psaumis coronado de hojas de olivo de Pisa; Psaumis, impaciente pro proyectar su gloria sobre Camarina.

    Y Plinio, que describe los diversos tipos de laurel, nos recuerda cómo  es propiamente el laurel el elemento decorativo en  Historia Natural, XV, 39 (127):

    El laurel se dedica específicamente para los triunfos y es gratísimo en las casas, adorna la entrada de las de los Césares y Pontífices; solo ella adorna estas casas y crece en el umbral. Catón nos informa de que hay dos clases: la délfica y la chipriota. Pompeyo Leneo añade  una que llama mustacea porque se ponía debajo de los pasteles (llamados mustaces): este tipo es de hoja muy grande, flácida y tirando a blancas. La délfica, de color uniforme, es la más verde, de bayas muy grandes de color rojo tirando a verde y esta es la que corona a los vencedores en Delfos y a los triunfadores en Roma. La chipriota es de hoja pequeña, negra, veteada y acanalada en los márgenes.

    Laurus triumphis proprie dicatur, vel gratissima domibus, ianitrix Caesarum pontificumque. sola et domos exornat et ante limina excubat .  duo eius genera tradidit Cato, Delphicam et Cypriam. Pompeius Lenaeus adiecit quam mustacem appellavit, quoniam mustaceis subiceretur: hanc esse folio maximo flaccidoque et albicante; Delphicam aequali colore viridiorem, maximis bacis atque e viridi rubentibus ac victores Delphis coronare ut triumphantes Romae; Cypriam esse folio brevi, nigro, per margines imbricato crispam.

    Virgilio recuerda cómo los marineros colocan coronas de flores (y de laurel) en las proas de los barcos en señal de victoria y paz en sus Geórgicas, I, 303-304 :

    Como cuando las naves cargadas han tocado ya puerto,
    y los marineros alegres colocan  coronas en las popas.

    Ceu pressae cum j am portum tetigere carinae,
    Puppibus et laeti nautae imposuere coronas

    Que Fray Luis de León traduce así:

    como cuando con viento al fin derecho
    entran el puerto dulce y deseado
    cargados los navíos de provecho,
    alegres con laurel los marineros
    coronan a los árboles veleros.

    Lo que también nos recuerda Plinio en Historia Natural XV, 40 (133):

    Es símbolo de la paz de tal manera que el mostrarlo es señal de paz incluso entre enemigos armados. Los Romanos principalmente lo añaden como mensajero de alegría y de victoria a las cartas y a las lanzas y dardos de los soldados y adorna las fasces de los generales.

    Ipsa pacifera, ut quam praetendi etiam inter armatos hostes quietis sit indicium. Romanis praecipue laetitiae victoriarumque nuntia additur litteris et militum lanceis pilisque, fasces imperatorum decorat.

    También San Isidoro considera el laurel como símbolo de la gloria y victoria. En su Etimologías XVII,7,2 hace derivar su nombre del vocablo laus (alabanza), y explica por qué corona la cabeza de los vencedores:

    “Se llama “laurel” (laurus) de la palabra laudis (alabanza); pues con este árbol se coronaban con alabanzas las cabezas de los vencedores. Entre los antiguos se decía laudea; luego se suprimió la letra D y al sustituirla por R se llamó laurus, como ocurre con auriculis (orejas) que al principio se pronunciaba audiculae, y medidies (mediodía)  que ahora se dice meridies. A este árbol los griegos le llaman (daphne)  δάφνην, porque nunca pierde su verdor; por eso los vencedores son coronados con él. El vulgo cree que este es el único árbol que no puede ser fulminado por el rayo.

    Laurus a verbo laudis dicta; hac enim cum laudibus victorum capita coronabantur. Apud antiquos autem laudea nominabatur; postea D littera sublata et subrogata R dicta est laurus; ut in auriculis, quae initio audiculae dictae sunt, et medidies, quae nunc meridies dicitur. Hanc arborem Graeci δάφνην  (dafnen) vocant, quod numquam deponat viriditatem; inde illa potius victores coronantur. Sola quoque haec arbor vulgo fulminari minime creditur.

    Apolo, cuyo árbol es el laurel,  es el dios protector de la poesía, de la música y de las artes en general. Su perenne color verde es el mejor símbolo del valor imperecedero de la poesía y del arte.Una mayor especialización parece exigir el laurel para la poesía épica que canta a los héroes victoriosos y el mirto para la poesía lírica y bucólica:

    Virgilio, Bucólica: VIII,11-3:

    Recibe estos versos
    por ti ordenados y permite que esta hiedra rodee
    tus sienes entre los victoriosos laureles.

    …accipe iussis
    Carmina coepta tuis, atque hanc sine tempora circum
    Inter uictrices hederam tibi serpere laurus.

    Fay Luis de León lo tradujo con más libertad y también con más acierto:

    “«al vencedor laurel, que resplandece

    en torno de tu frente y la hermosea,

     consiente que, allegada y como asida,

    aquesta  yedra vaya entretejida»

    Este valor simbólico de la gloria literaria pervivió en la Edad Media, cobró nueva importancia en el Renacimiento y perdura en nuestros días.

    Sobre todo ha sido utilizada, apropiada, traducida, recreada la famosa fábula o mito de Apolo y Dafne. Dafne, δαφνη, es precisamente el nombre griego del laurel El mito lo divulgó Ovidio en sus Metamorfosis, I, 452 et ss.:

    Apolo, orgullosos de su victoria sobre la sierpe Pitón, se burló de Cupido, que siendo un niño utilizaba armas de un adulto; Cupido se vengó hiriéndole con una flecha de oro e inflamando su corazón de un irresistible amor por la ninfa Dafne mientras a ésta la hirió con una flecha de plomo, que generaba aversión y rechazo. De nada sirvieron los ruegos  de Apolo, que no ablandaron el corazón de la ninfa; Apolo, desesperado, la persigue por el bosque y está a punto de alcanzarla, cuando Dafne implora la ayuda de su padre, el río Peneo, que la convierte en laurel; Apolo se abraza desesperado y lloroso al árbol, del que hizo su emblema y su árbol. Así el laurel es también el símbolo del amor no correspondido y triste.

    Pues bien, no hay autor literario medieval o del Renacimiento o Barroco que no recuerde, imite o reproduzca este mito.

    Comentaré un detalle curioso.  Con frecuencia, junto a un personaje épico o lírico aparece un elemento cómico que relativiza la magnificencia del anterior. Esto ocurre con el laurel: dado su valor culinario para aderezar los guisos y cocidos, no es raro que en el Barroco de los contrastes aparezcan versiones burlescas del valor del laurel. Sirvan como muestra estos versos de Pedro Liñán de Riaza, en un romance acerca de los embustes de los buenos y de los malos poetas

    A los poetas vengamos:
    a éstos, damas, hacedles
    una cruz porque sus coplas
    vayan arredro y no os tienten.
    A vosotras, ¿qué os importa
    que en el Parnaso eminente
    haya de versos concilio
    entre las divinas nueve,
    ni que el doctor don Apolo
    allá en Delfos respondiese
    a todas las cosicosas
    que inventan sus bachilleres?
    Si dicen que lauros sacros
    ciñeron sus doctas sienes,
    decidles que ya el laurel
    ciñe cualquiera escabeche.

    Lope de Vega, bajo el nombre de su heterónimo Tomé de Burguillos, es autor de este estupendo soneto donde ridiculiza el afán de los poetas por recibir laureles y galardones:

    Llevóme Febo a su Parnaso un día,
    y vi por el cristal de unos canceles
    a Homero y a Virgilio con doseles,
    leyendo filosófica poesía
    Vi luego la importuna infantería
    de poetas fantásticos noveles,
    pidiendo por principios más laureles
    que anima Dafne y que Apolo cría.
    Pedile yo también por estudiante,
    y díjome un bedel: “Burguillos, quedo:
    que no sois digno de laurel triunfante”
    “¿Por qué?”, le dije; y respondió sin miedo:
    “Porque los lleva todos un tratante
    para hacer escabeches en Laredo.”

    Este contraste cómico entre las dos funciones del laurel, la excelsa de coronar la testa de los poetas y la prosaico de aliño culinario, sigue siendo una reflexión continuada hasta hoy. Así, por ejemplo, el escritor, articulista,periodita Manuel Vicent nos recuerda en su artículo en el Diario El PaísLa gloria” de 22 de julio de 2001:

    …Así te quieren ellos, dedicado a los versos en la villa horaciana, entre gallinas y lechugas, tu contemplando el crepúsculo y ellos llenando el saco. El laurel tiene dos destinos: la cabeza del héroe o el estofado. Tal vez un día fuiste un rebelde: fue aquel día en que estuviste dispuesto a morir por no doblegarte. Ese es el minuto de gloria que te corresponde.

    Pero el laurel no agota su virtualidad en esta labor simbólica; sus ramas sirven también como escudo contra los rayos, lo que acrecienta la idea de símbolo de la inmortalidad. Plinio nos comenta cómo Tiberio se coronaba de laurel cuando había tormenta:

    Historia natural, lib. XV, cap. 40 (134-135):

    … Y porque de todos los árboles que se plantan y se ponen con la mano del hombre sólo este no es golpeado por el rayo que cae en las casas. ….. Se dice que el príncipe Tiberio, cuando tronaba el cielo, se solía coronar de él (laurel) contra el miedo de los rayos.

    et quia manu satarum receptarumque in domos fulmine sola non icitur. ..Tiberium principem tonante caelo coronari ea solitum ferunt contra fulminum metus.

    San Isidoro recogió la creencia en sus Etimologías (XVII, 7, 1):

    Cree el vulgo que sólo este árbol de ninguna manera es fulminado* (por el rayo)

    Sola quoque haec arbor vulgo fulminari minime creditur

    En realidad “fulminado por el rayo” es una redundancia innecesaria, puesto que “fulminari” es un verbo creado precisamente sobre “fulmen”, que significa rayo.

    Todavía hoy en algunos pueblos, se colocan en los balcones ramas de laurel para ahuyentar el peligro del rayo.

    Así que Francesco Petrarca tenía fácil el juego de palabras con el nombre de su inmortal amada, Laura, “Laurel”, en numerosos poemas de su Cancionero; así,  Canción XXIX

    “que es una estrella en la tierra
    y  guarda verde el precio de su honestidad, 
    como la hoja del laurel,
    donde no caen rayos
    ni el viento enemigo jamás la tronchará”.

    ch'è stella in terra, et come in lauro foglia
    conserva verde il pregio d'onestade,
    ove non spira folgore, né indegno
    vento mai che l'aggrave.

    O en  la canción CXXIX

    En donde se oye el aura
    de un fresco y odorífero laurecillo

    «ove l'aura si sente /
    d'un fresco et odorifero laureto»

    También el laurel es un elemento frecuente en los jardines ideales (locus amoenus), ideales escenarios , valga la redundancia, para el amor. Así lo hace ya Petronio  en su Satiricón, cap. CXXXI,8:

    El movedizo plátano había extendido sus sombras estivales y Dafne, coronada de bayas, y los trémulos cipreses y los pinos de contorno recortado con su  copa ondulante. Por en medio un arroyuelo  retozaba son sus aguas vagantes cubierto de espuma  y batía la arena  con sus quejumbrosas ondas. Rincón hecho  para el amor.  (Traducción de Manuel C. Díaz y Díaz. Ed. Alma Mater)

    Mobilis aestiuas platanus diffuderat umbras
    et bacis redimita Daphne tremulaeque cupressus
    et circum tonsae trepidanti uertice pinus.
    Has inter ludebat aquis errantibus amnis
    spumeus, et querulo uexabat rore lapillos.
    Dignus amore locus …

    E incluso ocasionalmente puede aparecer en entornos funerarios, recordando la gloria perenne del difunto. En fin, tan sólo el olivo puede competir en el mundo antiguo en valor simbólico con el laurel.

    Así que el significado del laurel como símbolo del triunfo artístico y bélico se conservó  durante toda la Edad Media y por supuesto en el Renacimiento, en el que además puede ser símbolo del triunfo en el amor, dadas las semejanzas con las que los poetas presentan los dos combates, el bélico y el amoroso,  y en el Barroco y así  hasta nuestros días. Las citas son innumerables. E incluso queda algún resto de su valor mágico en la costumbre de colocar ramas en los balcones, costumbre ahora generalmente ahora cristianizada al colocar ramas de olivo el Domingo de Ramos.

    Transcribiré a título de ejemplo la segunda parte del emblema de Alciato ya citado  dirigido a Carlos V por su campaña de Túnez y dos citas de Cervantes en el Quijote con evidente tono irónico:

    Alciato, Libro de los Emblemas.
    Emblema 211

    A Carlos (V) se le debe el laurel por haber vencido a los púnicos (los tunecinos):  que esas guirnaldas adornen sus cabellos victoriosos.

    Debetur Carolo superatis Laurea Poenis:
      Victrices ornent talia serta comas.

    Quijote (II, 18):  

    ¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el mejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta, como dijo un poeta que Dios perdone, sino por las academias de Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia y Salamanca! Plega al cielo que los jueces que os quitaren el premio primero, Febo los asaetee y las Musas jamás atraviesen los umbrales de sus casas.

    Quijote (II, 55):
    (dirigiéndose a su asno):

    Perdóname y pide a la fortuna, en el mejor modo que supieres, que nos saque deste miserable trabajo en que estamos puestos los dos; que yo prometo de ponerte una corona de laurel en la cabeza, que no parezcas sino un laureado poeta, y de darte los piensos doblados.

    Nota etimológica: laureado, naturalmente, significa coronado de laurel. Quienes realizan estudios de enseñanza secundaria son laureados con la bacca, que según el Diccionario de la Real Academia  es el fruto o baya del laurel; por eso son bacca laureati, es decir “bachilleres” (bachillerato deriva de “baccalaureatus”).

    Ofrezco a continuación una larga cita de Plinio,al final del libro XV sobre el laurel, sus clases, su simbolismo y maravillas. Ello nos da idea de la importancia que el laurel tuvo en el mundo antiguo y del detalle con el que se estudia.

    Plinio, Historia Natural, 30 (39) y 31 (40)

    El laurel y sus trece clases

    El laurel es el que propiamente se dedica a los triunfos y el predilecto de las casas, como portero que es de la de los césares y los pontífices. Sólo él adorna y hace guardia ante sus puertas.

    Dos clases de laurel dijo Catón que eran los cultivados, el délfico y el chipriota. Pompeyo Leneo añadió otro, que llamó mustace porque parece que se ponía bajo las mustáceas (1), e indicó que éste era de hoja muy grande, lacia y además tirando a blanca; que el délfico era de un solo color, pero algo más verdoso, de bayas muy grandes que pasaban del verde al rojo, y que con él se coronaban en Delfos los vencedores igual que en Roma los que recibían el triunfo. Con respecto al chipriota, que era encrespado, con su hoja pequeña, negra y abarquillada por los bordes.

    Después se sumaron más clases: el tino –algunos lo consideran un laurel silvestre y otros un árbol de una clase propia- se diferencia por el color, pues es de baya azulada. Se sumó también el laurel real, que empezó a ser llamado augústeo, el mayor de todos tanto por el porte como por la hoja, provisto de unas bayas que tampoco son desagradables al paladar. Algunos autores dicen que no son el mismo árbol y establecen la correspondiente clase del laurel real por sus hojas más largas y más anchas. Estos mismos, dentro de otra clase diferente, le dan el nombre de bacalia precisamente al más común y más rico en bayas y, en cambio, al estéril  -que es lo que más llama la atención-, el de triunfal, afirmando que lo utilizaban los que obtenían el triunfo;  pero esto comenzó con el Divino Augusto, como mostraremos, por aquel laurel que le fue enviado desde el cielo, de muy escasa altura, de hoja encrespada y corta, y, además, difícil de encontrar.

    Se suma, en la jardinería, el de Tasos, con una especie de pequeña excrecencia de hoja que le nace en medio de las hojas, así como, sin ella, el “eunuco”, que aguanta extraordinariamente la sombra y por eso puebla todo el terreno por sombrío que sea.

    También está el camedafne, un arbusto silvestre y el alejandrino, que algunos llaman del ida, otros hipoglotio, otros Dánae, otros carpofilo  y otros hipélate. Este echa de la raíz ramas esparcidas de un dodrante, apropiadas para la confección de coronas, de hoja más puntiaguda que la del mirto así como más blanda y más blanca, de mayor tamaño, con una baya roja en medio de sus hojas, muy abundante en el Ida y cerca de la Heraclea Póntica, si bien en terrenos montañosos.

    Asimismo, esa otra case de laurel que se denomina dafnoide tiene un cúmulo de nombres, pues unos lo llaman pelasgo, otros eupétalo y otros “corona de Alejandro”. Y también es un arbusto ramoso, de hoja más gruesa y blanda que el laurel, que al probarlo quema la boca, y con bayas que pasan del negro al rojo.

    Advirtieron los antiguos que en Córcega no había ninguna clase de laurel, pero ahora plantándolo también se da allí.

    Es por esencia pacificador hasta el punto de que mostrarlo, incluso en medio de los enemigos armados, es señal de paz. Entre los romanos, como principal portavoz que es de alegría y de victorias, se pone en las cartas y también en las lanzas y dardos de los soldados, y adorna los fasces imperiales. Una rama cogida de éstos se deposita en el regazo de Júpiter Óptimo Máximo siempre que una nueva victoria da una alegría, y eso no es porque siempre esté verde ni porque sea pacificador  -por ambas razones habría de preferirse el olivo-,  sino porque es el árbol más admirado del monte Parnaso y precisamente por eso se considera predilecto de Apolo, pues era ya costumbre de los reyes de Roma enviar allí ofrendas y solicitar sus oráculos, según lo atestigua Lucio Bruto y quizá también da prueba de ello, ya que él habría logrado allí la libertad del pueblo besando, de acuerdo con la respuesta del oráculo, aquella tierra productora de laureles, y, además, porque es el único árbol, entre los plantados por la mano del hombre y aceptados en las casas, que no es alcanzado por el rayo. Por estas causas sin duda consideraría yo que se le ha concedido el honor de figurar en los triunfos, más que porque sirva de sahumerio y de purificador por haber dado muerte al enemigo, como relata Masurio. Además, es sacrílego mancillar con usos profanos el laurel y el olivo hasta el punto de que ni siquiera debe prenderse fuego con ellos en los altares o en las aras para aplacar a los dioses.

    El laurel, desde luego, reniega del fuego con su claro crepitar y aun con otro testimonio, dado que su madera llega a retorcer incluso sus entrañas y sus fibras dañadas. Cuentan que el emperador Tiberio, cuando tronaba, solía ponerse una corona de laurel por miedo a los rayos.

    También hay sucesos en torno al Divino Augusto dignos de ser recordados. De hecho, a Livia Drusila, que después recibió por matrimonio el nombre de Augusta, cuando estaba prometida al emperador, un águila desde lo alto le echó en el regazo, mientras estaba sentada, una gallina de llamativa blancura, ilesa y, cuando ella tuvo el valor de mirarla, sucedió otro milagro. Como sujetaba en el pico una rama de laurel cargada de bayas, los arúspices ordenaron cuidar el ave y su descendencia, y, además, que se plantase aquella rama y que se cultivara ritualmente. Y así se hizo en la propiedad de los Césares situada en la ribera del Tíber junto al noveno miliario de la vía Flaminia, que por esa razón se llama “junto a las Gallinas”, y, además, allí asombrosamente surgió un bosque. De ese bosque, después, el emperador en la celebración del triunfo tomó en su mano una rama de laurel y la corona que ciñó en su cabeza, como posteriormente todos los Césares emperadores. Y es tradición plantar las ramas que ellos llevaron, y aún quedan bosques que se distinguen por los nombres de ellos  -acaso por esa razón se sustituyeron los laureles triunfales.

    Es el único árbol cuyo nombre se puede poner en latín a los varones, el único cuyo follaje se distingue con una denominación propia, pues lo llamamos láurea. Incluso perdura en Roma su nombre, que se le puso a un lugar, pues se llama Loreto, en el Aventino, el lugar donde hubo un bosque de laurel. Dicho árbol se emplea en las purificaciones; y quede claro, de paso, que se puede plantar también por estaca, ya que Demócrito y Teofrasto llegaron a dudarlo.

    A continuación expondremos las características de los árboles silvestres.
    (Traducción y nota de A.Mª. Moure Casas. Editorial Gredos. 2010)


    Nota 1: las mustáceas o “pasteles de mosto” se preparaban con harina rociada con mosto y queso, aromatizados con anís y comino, y envueltos en hojas de laurel, ya mencionados por Catón 121. Su nombre, como el del laurel de hoja ancha adecuado para prepararlas, deriva de mustum “mosto”. En una de las recetas de Ateneo, Deipnosofistas, 647, entraba también el vino con miel. En Roma eran típicos de las bodas, cf. Juvenal, VI 202.

    Naturalis Historia, XV, 39-40:

    Laurus triumphis proprie dicatur, vel gratissima domibus, ianitrix Caesarum pontificumque. sola et domos exornat et ante limina excubat. duo eius genera tradidit Cato, Delphicam et Cypriam. Pompeius Lenaeus adiecit quam mustacem appellavit, quoniam mustaceis subiceretur: hanc esse folio maximo flaccidoque et albicante; Delphicam aequali colore viridiorem, maximis bacis atque e viridi rubentibus ac victores Delphis coronare ut triumphantes Romae; Cypriam esse folio brevi, nigro, per margines imbricato crispam.  postea accessere genera: tinus — hanc silvestrem laurum aliqui intellegunt, nonnulli sui generis arborem — differt colore; est enim caerulea baca.  accessit et regia, quae coepit Augusta appellari, amplissima et arbore et folio, bacis gustatu quoque non asperis. aliqui negant eandem esse et suum genus regiae faciunt longioribus foliis latioribusque. iidem in alio genere bacaliam appellant hanc quae vulgatissima est bacarumque fertilissima, sterilem vero earum, quod maxime miror, triumphalem eaque dicunt triumphantes uti, nisi id a Divo Augusto coepit, ut docebimus, ex ea lauru quae ei missa e caelo est, minima altitudine, folio crispo, brevi, inventu rara. accedit in topiario opere Thasia, excrescente in medio folio parvola veluti lacinia folii, et sine ea spadonina, mira opacitatis patientia, itaque quantalibeat sub umbra solum implet. est et chamaedaphne silvestris frutex et Alexandrina, quam aliqui Idaeam, alii hypoglottion, alii danaen, alii carpophyllon, alii hypelaten vocant. ramos spargit a radice dodrantales, coronarii operis, folio acutiore quam myrti ac molliore et candidiore, maiore, semine inter folia rubro, plurima in Ida et circa Heracleam Ponti, nec nisi in montuosis.  id quoque quod daphnoides vocatur genus in nominum ambitu est; alii enim Pelasgum, alii eupetalon, alii stephanon Alexandri vocant. et hic frutex est ramosus, crassiore ac molliore quam laurus folio, cuius gustatu accendatur os, bacis e nigro rufis. notatum antiquis, nullum genus laurus in Corsica fuisse, quod nunc satum et ibi provenit.

    Ipsa pacifera, ut quam praetendi etiam inter armatos hostes quietis sit indicium. Romanis praecipue laetitiae victoriarumque nuntia additur litteris et militum lanceis pilisque, fasces imperatorum decorat. ex iis in gremio Iovis optimi maximique deponitur, quotiens laetitiam nova victoria adtulit, idque non quia perpetuo viret nec quia pacifera est, praeferenda ei utroque olea, sed quia spectatissima in monte Parnaso ideoque etiam grata Apollini visa, adsuetis eo dona mittere, oracula inde repetere iam et regibus Romanis teste L. Bruto, fortassis etiam in argumentum, quoniam ibi libertatem publicam is meruisset lauriferam tellurem illam osculatus ex responso et quia manu satarum receptarumque in domos fulmine sola non icitur. ob has causas equidem crediderim honorem ei habitum in triumphis potius quam quia suffimentum sit caedis hostium et purgatio, ut tradit Masurius, adeoque in profanis usibus pollui laurum et oleam fas non est, ut ne propitiandis quidem numinibus accendi ex iis altaria araeve debeant. laurus quidem manifesto abdicat ignes crepitu et quadam detestatione, interna eorum etiam vitia et nervorum ligno torquente. Ti. principem tonante caelo coronari ea solitum ferunt contra fulminum metus.  Sunt et circa Divum Augustum eventa eius digna memoratu. namque Liviae Drusillae, quae postea Augusta matrimonii nomen accepit, cum pacta esset illa Caesari, gallinam conspicui candoris sedenti aquila ex alto abiecit in gremium inlaesam, intrepideque miranti accessit miraculum. quoniam teneret in rostro laureum ramum onustum suis bacis, conservari alitem et subolem iussere haruspices ramumque eum seri ac rite custodiri:  quod factum est in villa Caesarum fluvio Tiberi inposita iuxta nonum lapidem Flaminiae viae, quae ob id vocatur Ad Gallinas, mireque silva provenit. ex ea triumphans postea Caesar laurum in manu tenuit coronamque capite gessit, ac deinde imperatores Caesares cuncti. traditusque mos est ramos quos tenuerunt serendi, et durant silvae nominibus suis discretae, fortassis ideo mutatis triumphalibus.   unius arborum Latina lingua nomen inponitur viris, unius folia distinguntur appellatione; lauream enim vocamus. durat et in urbe inpositum loco, quando Loretum in Aventino vocatur ubi silva laurus fuit. eadem purificationibus adhibetur, testatumque sit obiter et ramo eam seri, quoniam dubitavere Democritus atque Theophrastus.
    Nunc dicemus silvestrium naturas.

  • Píramo y Tisbe: una antigua historia de amor trágico, como la de Romeo y Julieta

    Es difícil eludir la celebración de “San Valentín, día de los enamorados”. Una poderosa tradición que hunde sus raíces en la Antigüedad y Edad Media y es afianzada en la actualidad por los intereses mercantiles de poderosas corporaciones y organizaciones comerciales, parece imponerse sin freno.

    El asunto no carece de interés pero he de dejar para otro momento profundizar un poco en el origen de la festividad, en la inexistencia del santo mártir San Valentín o en los poderosos argumentos para dudar de su existencia, en la cristianización de una fiesta de las fiestas paganas más importantes del mes de febrero, las Lupercalia. Todo ello es de gran interés, pero prefiero aplazar su estudio. Quiero limitarme ahora a reproducir una de las más bellas historias de amor de la Antigüedad que nos relata Ovidio en sus Metamorfosis, la trágica historia de amor de Píramo y Tisbe, dos enamorados muertos por un trágico error.

    Píramo y Tisbe, dos enamorados muertos por un trágico error

    La historia o cuento, bien conocida desde la Antigüedad, tuvo tanto éxito a partir del Renacimiento que no es sino aquella de la que parece surgir la tragedia más famosa de Shakespeare, Romeo y Julieta, que también la usa en El sueño de una noche de verano.

    Es cierto que Higinio, contemporáneo aunque un poco mayor que Ovidio,  ((64 a. C. – 17d.C.) hace una simple referencia a la historia de Píramo y Tisbe en sus Fábulas. Higinio es un escritor oriundo de Valencia, según Luis Vives, aunque otros autores dudan del lugar de su nacimiento. (véase https://www.antiquitatem.com/eclipses-en-la-antiguedad-geminus- )

    Dice al respecto en sus Fabulas, 242 y 243:

    Los que se mataron a sí mismos
    Pyramo se mató a sí mismo en Babilonia por culpa del amor de Tisbe

    CCXLII Qui se ipsi interfecerunt
    …..Pyramus in Babylonia ob amorem Thisbes ipse se occidit…

    Las que se mataron a sí mismas
    La babilonia Tisbe se mató a sí misma, porque Píramo se había matado a sí mismo.

    CCXLIII Quae se ipsae interfecerunt
    ….. Thisbe Babylonia propter Pyramum quod ipse se interfecerat.

    Pero es el poeta Ovidio quien nos relata esta historia en el libro IV de su obra Metamorfosis. No conocemos ningún autor que la contara con anterioridad y son escasos los que lo hacen después, algunos con alguna variación. La historia es sin duda de origen oriental, como ya pone de manifiesto su localización en Babilonia.

    Sin duda a partir de Ovidio la historia tuvo notable éxito y fue bien conocida; antes parece que no lo fue a juzgar por las propias palabras de Ovidio: “vulgaris fabula non est”, “no es una historia popular”. En la tardía Antigüedad hay una versión ligeramente diferente de Nono, Nonnus, autor latino tardío de finales del siglo IV o principios del V que en su Dyonisiaca XII, 84 y ss. la sitúa en Cilicia y no en Babilonia.

    San Agustín nos la presenta como uno de los temas frecuentes que los estudiantes han de desarrollar como ejercicio de sus estudios de retórica; lo que quiere decir que el tema ya era muy conocido. Así nos dice, refiriéndose al muro interpuesto entre Píramo y Tisbe,  en su De ordine, 1,3,8:

    Te digo, que me irrito contigo cuando te veo andar cantando y sufriendo con estos versos de todo tipo que levantan entre ti y la verdad un muro más grueso que el que se esforzaban en levantar entre tus amantes; pues ellos se comunicaban por una delgada fisura. El intentaba entonces cantar a Píramo.

    Irritor, inquam, abs te versus istos tuos omni metrorum genere cantando et ululando insectari, qui inter te atque veritatem immaniorem murum quam inter amantes tuos conantur  erigere”. ; nam in se illi vel inolita rimula respirabant. Pyramum enim ille tum canere instituerat.

    Y luego en el mismo De ordine, 1,5,12

    Te lo digo aunque me llames odioso, pues ciertamente no puedo no serlo si te he atacado cuando hablabas con Píramo y Tisbe…

    Cui ego licet, inquam, me odiosum percontatorem voces; vix enim possum non esse,qui  expugnavi me cum Pyramo et Thisbe coloqueris

    En la Edad Media es un lugar común como referencia de “amor desgraciado”. El mito aparece en todas las literaturas europeas medievales: en España aparece ya en La fazienda de ultramar, obra probablemente del año 1153. En Francia hay numerosos ejemplos; sea suficiente el de Chrétien de Troyes en su Conte de la Charrette. En Inglaterra Chaucer contó la historia en su The Legend of Good Women. En Italia, Boccaccio hace un resumen de la fábula en su De claris mulieribus, aunque no aparecen los nombres de Píramo y Tisbe.

    Decenas de poetas y autores literarios replicaron la leyenda

    En España tiene una menor presencia en la Edad Media por el desconocimiento general de Ovidio, aunque parece ser que el Marqués de Santillana y Gómez Manrique poseían una traducción de las Metamorfosis. Pero a partir del Renacimiento son decenas los poetas y autores literarios que de una otra forma replican la leyenda, de la que quedan también numerosos romances novelescos que se cantaban en España y Portugal. Las numerosas ediciones y traducciones de Ovidio a partir del Renacimiento facilitaron la relación directa de los autores con esta leyenda.

    De todos los autores españoles quiero tan sólo destacar a dos de ellos sin profundizar en el asunto, porque mi interés en este momento es ofrecer a los lectores el texto directo de Ovidio para que puedan disfrutar de un emocionante relato literario. Estos dos autores son Cervantes, que en su Quijote hace tres referencias a los amores desgraciados: la historia de Cardenio y Luscinda en la Primera Parte (I,23-24), y en la Segunda el soneto de Lorenzo Miranda, hijo del Caballero del Verde Gabán (II,16-18) y el episodio de las bodas de Camacho (II, 19,20 y 21) con la inversión cómica de los amores funestos.

    Reproduzco, por ser más breve el soneto de Lorenzo Miranda:

    El muro rompe la doncella hermosa
    que de Píramo abrió el gallardo pecho;
    parte el Amor de Chipre y va derecho
    a ver la quiebra estrecha y prodigiosa.

    Habla el silencio allí, porque no osa
    La voz entrar por tan estrecho estrecho;
    las almas sí, que amor suele de hecho
    facilitar la más difícil cosa

    Saltó el deseo de compás y el paso
    de la imprudente virgen solicita
    por su gusto su muerte. Ved qué historia;

    Que a entrambos en un punto, ¡oh extraño caso!,
    los mata, los encubre y resucita
    una espada, un sepulcro, una memoria.

    El otro es Góngora, que reescribió el relato, si bien de tono humorístico, o para ser más exactos, de difícil interpretación, que hoy conocemos como Ilustración y Defensa de la Fábula de Píramo y Tisbe (1618). Góngora ya había aludido con anterioridad al tema de Píramo y Tisbe en una de las Letrillas en las que repite el estribillo popular “ríase la gente”:

    Pues amor es tan cruel
    que de Píramo y su amada
    hace tálamo una espada,
    do se junten ella y él,
    sea mi Tisbe un pastel
    ya la espada sea mi diente
    y ríase la gente.

    Romeo y Julieta de Shakespeare pudo estar inspirado en Píramo y Tisbe

    Shakespeare, por su parte, rememora el cuento en la famosa tragedia Romeo y Julieta y con un tono irónico en El sueño de una noche de verano”, aunque los especialistas en el autor inglés afirman que no le influyó directamente la obra de Ovidio, sino que el influjo le vino de autores italianos indirectamente a partir del poema de Arthur Brooke The Tragical Historye of Romeus and Juliet y de la traducción de William Painter “Rhomeo and Julietta”; estos autores se sirvieron de una versión francesa de Pierre Boaiastou que se basaba en un Romeo e Giuletta de Mateo Bandello  y en un Giuletta e Romeo de Luigi da Porto.

    Pero Shakespeare no tendría ninguna dificultad en conocer un tema tan popular ya en toda Europa: Golding había traducido en 1567 Las metamorfosis.

    Por supuesto el tema fue de interés para otros artistas, además de los literatos, como los pintores y los músicos, desde la propia Antigüedad hasta nuestros días.

    Ofrezco tan sólo cuatro ejemplos de pintura sobre el tema: una del siglo I de Pompeya, otra de un capitel románico del siglo XII en Basilea,otra del XVIII-XIX y otra absolutamente contemporánea.

    Lienzo del siglo I sobre Píramo y Tisbe
    Lienzo del siglo I sobre Píramo y Tisbe

    Píramo y Tisbe representados en un fresco de la Casa de Octavio Cuartión (Pompeya). S. I d. C.

    Imágenes de un Capitel románico del siglo XII
    Capitel románico del siglo XII con Píramo y Tisbe representados

    Claustro de la catedral de Basilea, finales del siglo XII (con una interpretación cristiana moralizante)

    Lienzo sobre los protagonistas de la leyenda del siglo XVIII-XIX
    Lienzo sobre los protagonistas de la leyenda del siglo XVIII-XIX

    Pierre-Claude Gautherot, (1769-1825),

    Lienzo contemporáneo de Píramo y Tisbe
    Lienzo contemporáneo de Píramo y Tisbe

    Gabriel Alonso y publicada por la editorial digital UNO Y CERO (http://unoyceroediciones.com/)

    En música los ejemplos van desde la ópera El sueño de una noche de verano, obra de Benjamin Britten basada en El sueño de una noche de verano de Shakespeare West Side Story basada en Romeo y Julieta hasta la adaptación de los Beatles, en la que Paul McCartney era Piramo, John Lennon era Tisbe, George Harrison era la Luna y Ringo Starr era el león.

    Pero dejémonos de consideraciones más o menos eruditas y curiosidades intranscendentes y permitamos que sea el poeta  Ovidio el que nos relate con detalle la desgraciada historia.

    Matamorfosis, IV, 42…..54;  55-166

    Aprueban sus palabras las hermanas y le piden que sea ella la primera en contar. Se pone ella a pensar qué relato, de entre muchos, va a escoger, pues eran innumerables los que sabía,  y duda si contar tu historia, babilonia Dércetis, de quien creen los palestinos que, transformada y con escamas cubriendo sus miembros, agitó las aguas de un lago.
    …..
    O de cómo el árbol que antes daba frutos blancos, los da ahora negros por haber sido tocado por sangre. Esto último es lo que prefiere; esta narración, por no ser del dominio común, la empieza  de la siguiente manera, mientras la lana va tras de sus hilos:
    “Píramo  y Tisbe, el uno el más bello de los jóvenes, la otra sobresaliente entre las muchachas que tenía el Oriente,  ocupaban dos casas contiguas, allí donde se dice que Semíramis ciñó de muros de tierra cocida su elevada ciudad. La vecindad les hizo conocerse y dar los primeros pasos; con el tiempo creció el amor; ellos habrían querido celebrar la legítima unión de la antorcha nupcial, pero se opusieron los padres; mas, y a eso no podían oponerse, por igual ardían ambos con cautivos corazones. Ningún confidente hay entre ellos, por señas y por gestos se hablan, y cuanto más ocultan el fuego, más se enardece el fuego oculto. La pared medianera de ambas casas estaba hendida por una delgada grieta que se había producido antaño, durante su construcción. El defecto, que nadie había observado a lo largo de los siglos -¿qué no notará el amor?- vosotros, amantes, fuisteis los primeros en verlo, y lo hicisteis camino de vuestra voz; y así solían pasar seguras a su través, y en tenue cuchicheo, vuestras ternezas. Muchas veces, cuando de una parte estaba Tisbe y de la otra Píramo, y habían ellos percibido mutuamente la respiración de sus bocas, decían: “Pared envidiosa, ¿por qué te alzas como obstáculo entre dos amantes? ¿Qué te costaba permitirnos unir por entero nuestros cuerpos, o, si eso es demasiado, ofrecer al menos una abertura para nuestros besos? Pero no somos ingratos; confesamos que te debemos el que se haya dado a nuestras palabras paso hasta los oídos amigos.”

    Y después de hablar así en vano y separados como estaban, al llegar la noche se dijeron adiós, y dio cada uno a su parte besos que no llegaron al otro lado. La aurora siguiente había ahuyentado las nocturnas luminarias, y el sol había secado con sus rayos las hierbas cubiertas de escarcha; se reunieron en el lugar de costumbre. Y entonces, después de muchos lamentos murmurados en voz baja, acuerdan hacer en el silencio de la noche la tentativa de engañar a sus guardianes y salir de sus puertas, y, una vez que estén fuera de sus hogares, abandonar también los edificios de la ciudad; y, para evitar el riesgo de extraviarse en su marcha por los anchos campos, reunirse junto al sepulcro de Nino (rey fundador de Nínive) y ocultarse a la sombra del árbol. Un árbol había allí, cuajado de frutos blancos como la nieve, un erguido moral, situado en las proximidades de un frío manantial. Este plan adoptan; y la luz del día, que les pareció tardar en alejarse, se arroja a las aguas, y de las mismas aguas sale la noche. Hábilmente en medio de las tinieblas hace Tisbe girar la puerta en su quicio, sale, engaña a los suyos, con la cara tapada llega a la tumba, y se sienta bajo el árbol convenido; el amor la hacía atrevida. He aquí que llega una leona con el hocico espumeante embadurnado de sangre de unos bueyes que acaba de matar, y con la intención de apagar su sed en las aguas de la vecina fuente. La babilonia Tisbe la vio de lejos, a los rayos de la luna, y con pasos asustados huyó a una oscura cueva; y al huir, cayó de su espalda un velo que dejó abandonado. Una vez que la feroz leona hubo aplacado con abundante agua su sed, al volver al bosque se encontró el tenue velo sin su dueña, y con su boca ensangrentada lo desgarró.

    Píramo salió más tarde, vio en el espeso polvo huellas seguras de una fiera, y palideció su semblante entero; pero cuando encontró también la prenda teñida en sangre, dijo: “Una sola noche acabará con los enamorados; de los dos, ella era la más digna de una larga vida, mientras que mi alma es culpable; yo he sido quien te he perdido, infortunada, yo que te he mandado venir de noche a un lugar terrorífico, y no he venido aquí el primero. Despedazad mi cuerpo y devorad a fieros mordiscos estas vísceras criminales, oh leones todos que habitáis bajo esta roca. Pero es de cobardes desear la muerte”.

    Coge del suelo el velo de Tisbe, lo lleva consigo a la sombra del árbol de la cita, y después de dar lágrimas y besos a la conocida prenda, dice: “Recibe ahora también la bebida de mi sangre”. Y hundió en sus ijares el hierro que llevaba al cinto, y sin tardanza se lo arrancó, moribundo ya, de la ardiente herida, quedando tendido en tierra boca arriba; la sangre salta a gran altura, no de otro modo que cuando en un tubo de plomo deteriorado se abre una hendidura, que por el estrecho agujero que silba lanza chorros de agua y rasga el aire con su persecución. Los frutos del árbol toman, por las cruentas salpicaduras, un tinte oscuro, y la raíz, humedecida en sangre, matiza el color de púrpura las moras que cuelgan.
    He aquí que, sin estar libre de miedo todavía, pero para no hacer defección a su amante, vuelve ella, busca al joven con los ojos y con el alma, y arde en deseos de contarle el enorme peligro de que se ha librado; y si bien reconoce el lugar y la forma del árbol que ha visto, con todo la hace dudar el color del fruto; quédase perpleja sobre si será el mismo árbol. Mientras vacila, ve que unos miembros temblorosos palpitan sobre el suelo ensangrentado; retrocedió, y con el semblante más pálido que el boj sufrió un estremecimiento semejante al del mar que susurra cuando una leve brisa roza su superficie. Mas una vez que, poco después, reconoció a su amor, se maltrata con sonoros golpes los brazos que lo merecían, se arranca los cabellos, y abrazando el cuerpo amado inundó de lágrimas sus heridas y mezcló su llanto con la sangre; y estampando sus besos en el rostro helado gritó: “Píramo, ¿qué desventura me ha dejado sin ti? Píramo, respóndeme; es tu adorada Tisbe quien te llama; escúchame y yergue tu cabeza abatida”. Al nombre de Tisbe levantó Píramo los ojos, sobre los que gravitaba ya la muerte, y después de verla a ella los volvió a cerrar. Cuando ella reconoció su prenda, y vi el marfil desprovisto de su espada, exclamó: “¡Tu propia mano te ha dado muerte y tu propio amor, infortunado! Para esto sólo tengo yo también una mano fuerte, y tengo amor que me dará fuerzas para herirme. Iré tras de ti que ya has perecido, y de tu muerte se dirá que he sido yo trágica causa y compañera; y tú, a quien sólo la muerte ¡ay! Podía arrancarme, ni aun la muerte podrá arrancarte de mí. Una cosa sin embargo os han de pedir las súplicas de los dos, oh infelicísimos padres mío y suyo, que a aquellos a quienes unió un fiel amor y la última hora, no les rehuséis ser sepultados en la misma tumba. Y tú, árbol que con tus ramas das sombra ahora al pobre cuerpo de uno solo, pero pronto la darás a los de dos, conserva las señales de nuestra ruina, y ten siempre frutos negros y propios para el luto, en memoria de nuestra doble sangre”. Dijo, y colocando la punta de la espada bien por debajo de su pecho, se dejó caer sobre el hierro que aun estaba tibio de la otra sangre. Sus súplicas conmovieron a los dioses, conmovieron a los padres; pues el color del fruto, una vez que está bien maduro, es negruzco, y lo que resta de sus piras descansa en una única urna”.

    Había terminado; transcurrió un breve intervalo, y empezó a hablar Leucónoe; guardaron silencio sus hermanas. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira, C.S.I.C. Alma Mater)

    Dicta probant primamque iubent narrare sorores.
    Illa, quid e multis referat (nam plurima norat),
    cogitat et dubia est, de te, Babylonia, narret,
    Derceti, quam versa squamis velantibus artus
    stagna Palaestini credunt motasse figura;
    ……
    an, quae poma alba ferebat,
    ut nunc nigra ferat contactu sanguinis arbor.
    Hoc placet, hanc, quoniam vulgaris fabula non est,
    talibus orsa modis, lana sua fila sequente:
    …..
    55-168
    Pyramus et Thisbe.
    “Pyramus et Thisbe, iuvenum pulcherrimus alter,
    altera, quas oriens habuit, praelata puellis,
    contiguas tenuere domos, ubi dicitur altam
    coctilibus muris cinxisse Semiramis urbem.
    Notitiam primosque gradus vicinia fecit:
    tempore crevit amor. Taedae quoque iure coissent:
    sed vetuere patres. Quod non potuere vetare,
    ex aequo captis ardebant mentibus ambo.
    Conscius omnis abest: nutu signisque loquuntur,
    quoque magis tegitur, tectus magis aestuat ignis.
    Fissus erat tenui rima, quam duxerat olim,
    cum fieret paries domui communis utrique.
    Id vitium nulli per saecula longa notatum
    (quid non sentit amor?) primi vidistis amantes,
    et vocis fecistis iter; tutaeque per illud
    murmure blanditiae minimo transire solebant.
    Saepe, ubi constiterant hinc Thisbe, Pyramus illinc,
    inque vices fuerat captatus anhelitus oris,
    “invide” dicebant “paries, quid amantibus obstas?
    quantum erat, ut sineres toto nos corpore iungi,
    aut hoc si nimium est, vel ad oscula danda pateres?
    Nec sumus ingrati: tibi nos debere fatemur,
    quod datus est verbis ad amicas transitus aures.”
    Talia diversa nequiquam sede locuti
    sub noctem dixere ”vale” partique dedere
    oscula quisque suae non pervenientia contra.
    Postera nocturnos aurora removerat ignes,
    solque pruinosas radiis siccaverat herbas:
    ad solitum coiere locum. Tum murmure parvo
    multa prius questi, statuunt, ut nocte silenti
    fallere custodes foribusque excedere temptent,
    cumque domo exierint, urbis quoque tecta relinquant;
    neve sit errandum lato spatiantibus arvo,
    conveniant ad busta Nini lateantque sub umbra
    arboris. Arbor ibi, niveis uberrima pomis
    ardua morus, erat, gelido contermina fonti.
    Pacta placent. Et lux, tarde discedere visa,
    praecipitatur aquis, et aquis nox exit ab isdem.
    Callida per tenebras versato cardine Thisbe
    egreditur fallitque suos, adopertaque vultum
    pervenit ad tumulum, dictaque sub arbore sedit.
    Audacem faciebat amor. Venit ecce recenti
    caede leaena boum spumantes oblita rictus,
    depositura sitim vicini fontis in unda.
    Quam procul ad lunae radios Babylonia Thisbe
    vidit et obscurum timido pede fugit in antrum,
    dumque fugit, tergo velamina lapsa reliquit.
    Ut lea saeva sitim multa conpescuit unda,
    dum redit in silvas, inventos forte sine ipsa
    ore cruentato tenues laniavit amictus.
    Serius egressus vestigia vidit in alto
    pulvere certa ferae totoque expalluit ore
    Pyramus: ut vero vestem quoque sanguine tinctam
    repperit, “una duos” inquit “nox perdet amantes.
    E quibus illa fuit longa dignissima vita,
    nostra nocens anima est: ego te, miseranda, peremi,
    in loca plena metus qui iussi nocte venires,
    nec prior huc veni. Nostrum divellite corpus,
    et scelerata fero consumite viscera morsu,
    o quicumque sub hac habitatis rupe, leones.
    Sed timidi est optare necem.” Velamina Thisbes
    tollit et ad pactae secum fert arboris umbram;
    utque dedit notae lacrimas, dedit oscula vesti,
    “accipe nunc” inquit “nostri quoque sanguinis haustus!”
    quoque erat accinctus, demisit in ilia ferrum,
    nec mora, ferventi moriens e vulnere traxit.
    Ut iacuit resupinus humo: cruor emicat alte,
    non aliter quam cum vitiato fistula plumbo
    scinditur et tenui stridente foramine longas
    eiaculatur aquas atque ictibus aera rumpit.
    Arborei fetus adspergine caedis in atram
    vertuntur faciem, madefactaque sanguine radix
    purpureo tingit pendentia mora colore.
    Ecce metu nondum posito, ne fallat amantem,
    illa redit iuvenemque oculis animoque requirit,
    quantaque vitarit narrare pericula gestit.
    Utque locum et visa cognoscit in arbore formam,
    sic facit incertam pomi color: haeret, an haec sit.
    Dum dubitat, tremebunda videt pulsare cruentum
    membra solum, retroque pedem tulit, oraque buxo
    pallidiora gerens exhorruit aequoris instar,
    quod tremit, exigua cum summum stringitur aura.
    Sed postquam remorata suos cognovit amores,
    percutit indignos claro plangore lacertos,
    et laniata comas amplexaque corpus amatum
    vulnera supplevit lacrimis fletumque cruori
    miscuit et gelidis in vultibus oscula figens
    “Pyrame” clamavit “quis te mihi casus ademit?
    Pyrame, responde: tua te carissima Thisbe
    nominat: exaudi vultusque attolle iacentes!”
    Ad nomen Thisbes oculos iam morte gravatos
    Pyramus erexit, visaque recondidit illa.
    Quae postquam vestemque suam cognovit et ense
    vidit ebur vacuum, “tua te manus” inquit “amorque
    perdidit, infelix. Est et mihi fortis in unum
    hoc manus, est et amor: dabit hic in vulnera vires.
    Persequar exstinctum letique miserrima dicar
    causa comesque tui; quique a me morte revelli
    heu sola poteras, poteris nec morte revelli.
    Hoc tamen amborum verbis estote rogati,
    o multum miseri meus illiusque parentes,
    ut quos certus amor, quos hora novissima iunxit,
    conponi tumulo non invideatis eodem.
    At tu quae ramis arbor miserabile corpus
    nunc tegis unius, mox es tectura duorum,
    signa tene caedis pullosque et luctibus aptos
    semper habe fetus, gemini monimenta cruoris.”
    Dixit, et aptato pectus mucrone sub imum
    incubuit ferro, quod adhuc a caede tepebat.
    Vota tamen tetigere deos, tetigere parentes:
    nam color in pomo est, ubi permaturuit, ater,
    quodque rogis superest, una requiescit in urna.”
    Desierat, mediumque fuit breve tempus, et orsa est
    dicere Leuconoe: vocem tenuere sorores.

  • Tesoro, erario, fisco, arca, bolsa, hucha: dinero (II)

    Tesoro, arca o caja de caudales, hucha, son tres instrumentos concebidos para guardar riqueza. Son muy antiguos y siguen existiendo. Esto nos permite algunos comentarios históricos y también lingüísticos.

    La hucha es una cajita pequeña, generalmente de barro, para guardar monedas que ha de ser rota para recuperarlas. El nombre parece derivar del francés huche, de huge  (del latín medieval hutica = arca) con influencia de la voz alemana hüten (guardar).   Se me antoja una relación evidente con el vasco o euskera “kutxa” (pronúnciese /cucha/) que significa “caja”, sin que eso signifique que el término primitivo sea el vasco, porque podría estar relacionado con el latín “capsa”, caja.

    Pues bien, los antiguos, los romanos regalaban huchas a sus niños o adultos por año nuevo. Hasta este punto nos impregnó la cultura y forma de vida de unos pocos romanos que se impuso a todo un enorme imperio incluso en los más pequeños detalles. Porque esta costumbre de regalar huchas a los niños sigue vigente, aunque sin duda en retroceso, hoy en día. Con ello se pretende fomentar la virtud del ahorro en los niños.

    Pero tal vez  resultaría un cruel sarcasmos aconsejar a nuestros hijos que ahorren para el día de mañana, cuando sus míseros salarios que un cruel sistema económico reduce hasta el límite, apenas si dan para la subsistencia diaria en un entorno fieramente consumista. Así que regalarles una hucha se me antoja tan cruel como aconsejarles un “plan de pensiones” con una entidad cuya única finalidad es ganar dinero cueste lo que cueste.

    Los romanos la llamaban loculus , locellus, loculamentum, es decir, lugarcito, cajita, bolsita, y aulula. Son estos términos genéricos que se aplican en consecuencia a numerosos objetos pequeños, a veces divididos en numerosos compartimentos. En realidad estas palabras designan a los compartimentos de una caja o cofre y por extensión a la caja misma.

    Estos objetos son  fácilmente transportables, a diferencia de la más pesada “arca”, palabra también latina con la que a veces parece corresponderse, aunque un texto de Juvenal en sus Sátiras I, 81 y ss. diferencia perfectamente la hucha o bolsa (luculus)  de la “caja fuerte” (arca):

    Desde que Deucalión, cuando las lluvias torrenciales elevaron las aguas, escaló con su nave la cima para consultar el oráculo, desde que los peñascos se ablandaron y recibieron poco a poco el calor de la vida y Pirra exhibió a los hombres las muchachas desnudas, lo que desde entonces ocupa a los hombres, el deseo, el temor, la ira, el placer, los goces, los discursos, todo ello se revuelve en este libro.¿Cuándo fue más copiosa la abundancia de vicios? ¿Cuándo la avaricia mostró un regazo mayor? ¿Cuándo el juego de azar agitó más los ánimos? Pues no se acude ya a la mesa de azar con una simple bolsa: se apuesta con el arca al lado.¡Qué grandes batallas verás allí! El que suministra las armas es el cajero. ¿No es una locura perder cien mil sestercios y no dar una túnica a un esclavo yerto de frío?. (Traducción de Manuel Balsch. Edit. Gredos)

    Ex quo Deucalion nimbis tollentibus aequor
    navigio montem ascendit sortesque poposcit,
    paulatimque anima caluerunt mollia saxa
    et maribus nudas ostendit Pyrrha puellas,
    85quidquid agunt homines, votum timor ira voluptas
    gaudia discursus, nostri farrago libelli est.
    et quando uberior vitiorum copia? quando
    maior avaritiae patuit sinus? alea quando
    hos animos? neque enim loculis comitantibus itur
    90ad casum tabulae, posita sed luditur arca.
    proelia quanta illic dispensatore videbis
    armigero! simplexne furor sestertia centum
    perdere et horrenti tunicam non reddere servo?

    Arca de Turiaso (probablemente del siglo I). Museo de Zaragoza.

    Estas cajitas tan simpáticas, las huchas, han aparecido con cierta frecuencia en las excavaciones,  generalmente de barro, por lo que han de ser rotas para extraer las monedas. Son de diversas formas, siendo probablemente la más común la de un cilindro acabado en un cono con una ranura para introducir las monedas, aunque también las hay de otra forma, cuadrada, redonda, ovalada…

    Hé aquí un ejemplar del siglo II-III después de Cristo comprada en Roma o en Nápoles en 1906-9 actualmente en el Johns Hopkins Archaeological Museum de Baltimore, Maryland.

      

    Está decorada con la figura de Mercurio, que sostiene el caduceo o bastón, con gorro alado y una bolsa de dinero; hay también un cordero. En la parte trasera lleva la marca del alfarero fabricante,  BASAUGU, tal vez Bassienus Augurinus.

    Es curiosa la figura que recuerda en su forma a los de los tholoi primitivos, si bien reducidos a una miniatura.

    Han aparecido unas veinte de este tipo. Generalmente están adornadas con las figuras de Mercurio, Venus, la Foruna o cuadrigas.

    Hé aquí otra de origen desconocid, recogida por Caylus en su  Recueil d’antiquités égyptiennes, étrusques, grecques et romaines, Paris 1752-1757, T. IV, p. 270, tav. 82, 3.

    O esta otra  tomada de Graeven, H. 1901. Die thönerne Sparbüchse im Altertum,fig. 5.

    O esta otra tomada de W. HABEREY, Kornspeicher und M'Jnzspartopf. Bonner Jb. 159

    O éstas encontradas en Apulum (Rumanía), más parecidas a las actuales.

    Estas otras son más parecidas a las actuales, sobre todo la segunda.

    El prestigioso  Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines de Daremberg et Saglio nos dice en el término “loculus”, pág. 1293: 

    Uno de los documentos más interesantes de este tipo es el que tuvo lugar en 1812 en las Termas de Tiro: allí se encontró una hucha redonda, de cerámica roja, adornada con las figuras de tres divinidades,  todavía llena de las moneda que en ella se habían introducido; contenía en efecto 251 denarios, los más antiguos de la República y los más recientes del comienzo del reinado de Trajano. Fea (un anticuario), que nos ha hecho conocer este descubrimiento, no nos ha dejado el dibujo de este pequeño monumento hoy perdido.

     Uno de los descubrimientos más importantes de este tipo es el que tuvo lugar en 1812 en las Termas de Tito: allí se encontró una hucha redonda, de barro cocido rojo, adornada con las figuras de tres divinidades, todavía llena de las monedas que se habían introducido en ella; contenía en efecto 125 denarios, los más antiguos de la época de la República y los más recientes del comienzo del reinado de Trajano. Fea (un anticuario), que nos ha permitido conocer el descubrimiento, no nos ha dejado el dibujo de este pequeño monumento hoy perdido.

    “Une des découvertes les plus intéressantes en ce genre est cele qui fut faite en 1812 aux thermes de Titus: on y trouva une tirelire ronde, en terre cuite rouge, ornée des figures de trois divinités, pleine encoré des pièces qu’on y avait introduites; elle contenait en effet 251 deniers, les plus anciens étant de la République, les plus recents du commencement du règne de Trajan. Fea, qui nous fait connaitre cette découverte, ne nous a pas laissé le dessin de ce petit monument aujourd’hui perdu”

    En fin, estos simpáticos instrumentos pueden colaborar a desarrollar el vicio de la avaricia, aunque más bien son muy adecuados para desarrollar la virtud del ahorro y la valoración del dinero que a la mayoría de los mortales les cuesta mucho esfuerzo conseguir.

    A veces en ellos se acumulan importantes cantidades, haciendo verdad la frase de Tertuliano en un pasaje en el que critica la ambición de riquezas y el lujo exagerado en algunas mujeres, en   De Cultu Feminarum, 1,91,19:

    De brevissimis loculis patrimonium  grande profertur

    De pequeñísimas huchas se extrae un gran patrimonio,

    Reproduzco el texto para conocer de paso las críticas que algunos moralistas estoicos y cristianos hacen del lujo inmoderado, tan escandaloso entonces como hoy en día:

    Así pues, como cada una de las cosas que han sido repartidas por Dios por cada una de las tierras y por cada una de las regiones del mar, son extrañas a su vez unas con otras,  raras para los extranjeros y lógicamente para los del propio lugar porque o las desprecian o no las apetecen, porque entre los que las tienen a mano  no es tan grande la apetencia de una fría vanagloria. Pero por la distribución de los bienes que Dios ordenó como él quiso, la rareza y extranjería, que siempre encuentran atractivo entre los extraños por la simple razón de no tener lo que Dios colocó en otro lugar, engendra el deseo de tenerlo.

    De este deseo nace otro vicio, el deseo de poseer sin medida, pues aun suponiendo que se debe poseer, sin embargo debemos tener moderación.  Este segundo vicio es la ambición.  De donde su nombre ha de ser explicado porque nace de la concupiscencia instalada en nuestro espíritu con el objetivo de satisfacer la vanagloria,  es decir, un gran deseo porque, como he dicho, no lo produce ni la naturaleza ni la verdad, sino una pasión viciosa del espíritu  y los fuertes vicios de la ambición y de la gloria. Y así también eleva los precios de las cosas para elevarse a sí mismo como deseo, pues tanto mayor es la concupiscencia cuanto más grande es lo que se desea.

    De cajas pequeñísimas se extrae un enorme patrimonio; en un pequeño paño se guardan diez mil sestercios; un tierno cuello lleva alrededor bosques e islas; los pequeños lóbulos de las orejas agotan una fortuna y la mano izquierda  juega con sacos de oro en cada dedo. Esta es la fuerza de la ambición que el peso de tan grandes tesoros puede ser transportado por el cuerpecillo de una sola mujer.

    Nam ut quaeque rerum per singulas quasque terras et unamquamque regionem maris a Deo distributa sunt, inuicem sibi peregrina, apud exteros mutuo rara, apud suos iure si utique uel negleguntur uel appetuntur, quia non tantus est in illis gloriae feruor inter domesticos frigidae. Sed enim ex possessionum distributione quam Deus ut uoluit ordinauit, raritas et peregrinitas apud extraneos semper gratiam inueniens de simplici causa non habendi quae Deus alibi collocauit concupiscentiam concitat habendi.

    Ex hac uitium aliud extenditur, immoderate habendi, quod, etsi forte habendum sit, modus tamen debetur: haec erit ambitio. Vnde et nomen eius interpretandum est quod concupiscentia apud animum ambiente nascatur ad gloriae uotum, grande scilicet uotum quod, ut diximus, non natura nec ueritas sed uitiosa animi passio, concupiscentia, commendauit. Et alta uitia ambitionis et gloriae. Sic et pretia rebus inflammauit ut se quoque accenderet. [3] Nam tanto maior fit concupiscentia quanto magno fecit quod concupiit.

    De breuissimis loculis patrimonium grande profertur; uno lino decies sestertium inseritur; saltus et insulas tenera ceruix circumfert; graciles aurium cutes kalendarium expendunt et sinistra per singulos digitos de saccis singulis ludit. Hae sunt uires ambitionis tantarum usurarum substantiam uno et muliebri corpusculo baiulari.

    Hay otras cajas similares, pero que disponen de una puertecilla para extraer las monedas, por lo que no deberíamos llamarlas huchas.

    Existen también otros objetos distintos, en forma de tronco de árbol o caja, destinadas por ejemplo a recoger los donativos de los fieles en los templos, de manera similar a las existentes hoy en día en las iglesias de los llamados "cepillos". A este respecto nos comenta Flavio Josefo  esta existencia en el templo judío de Jerusalén de una hecha de un tronco de madera.  Flavio Josefo, Antigüedades Judías, IX, 8, 2.

    El rey de Jerusalén Joas tuvo un vivo deseo de reparar el templo del Señor. Por ello llamó al sumo sacerdote Joad y le ordenó que enviara a todos los países a los Levitas y sacerdotes para pedir medio siglo de plata por cabeza para la reconstrucción y reparación del templo, que Joram y Atalia habían dejado caer. Pero el Sumo Sacerdote no hizo nada de esto, pensando que nadie querría pagar esta contribución de buena gana. Pero en el vigésimo tercer año de su reinado, cuando Joas lo llamó a él y a los Levitas y se quejó de que no le habían obedecido y les ordenó de nuevo que se encargasen de la reconstrucción del templo, se sirvió de una estratagema para recolectar moneda con la que la gente estuviera  contenta. Hizo una caja de madera y la cerró por todas las partes, pero abrió una ranura en ella y la colocó en el templo junto al altar, y pidió a cada uno que metiera dentro de ella, a través de la ranura, lo que quisiera para la reparación del templo. Pero el sumo sacerdote no hizo esto, como la conclusión de que nadie estaría dispuesto a pagar ese dinero; pero en el vigésimo tercer año del reinado de Jehová, cuando envió el rey para él y los levitas, y se quejó de que no habían obedecido lo que les ordena, y todavía les mandó a cuidar de la reconstrucción del templo, usó esta estratagema para recoger el dinero, con el que la multitud estaba contento. Hizo un cofre de madera, y la cerró rápidamente por todos los lados, pero abrió un agujero en él; luego lo puso en el templo junto al altar, y pidió a cada uno de echar en ella, a través del agujero, lo que quisiera, para la reparación del templo. Este artilugio gozó del favor del pueblo y uno con otro se animaron a llevar sus ofrendas y reunieron  una gran cantidad de plata y de oro;  el escriba y el sacerdote encargado del tesoro vaciaban la caja y contaban el dinero en presencia del rey y luego la volvían a colocar en su lugar anterior y esto lo hacían cada día. Cuando pareció que la multitud había echado en la caja suficiente  dinero, el Sumo Sacerdote Joad y el rey Joas enviaron a buscar canteros y carpinteros  y comprar grandes piezas de madera de las más curiosas especies.  Cuando hubieron reparado el templo, hicieron uso del oro y plata sobrantes, que no era poco, para crateras y vasos y copas y otros utensilios  y no dejaron de llenar de grasa el altar con los valiosos sacrificios de todos los días. Y estas cosas se hicieron con todo cuidado durante todo el tiempo que vivió Joás.

    Marcial hace referencia a estas cajitas o huchas en  su libro de Epigramas XIV, 12 y 13 (titulado Apophoreta o Regalos;

    12. Cajitas de marfil

    Llenar estas cajitas, como no sea de moneda amarilla, no está bien: la plata,
    guárdenla maderas baratas.

    Loculi eborei
    Hos nisi de flava loculos implere moneta
    Non decet: argentum vilia ligna ferant.

    13.Cajitas de madera

    Si todavía queda algo en el fondo de mi cajita, será un regalo. —No hay nada.
    —La propia cajita lo será.

    Loculi lignei
    Si quid adhuc superest in nostri faece locelli,
    Munus erit. Nihil est: ipse locellus erit.

    aulula” evidentemente está en relación con la palabra “Aulularia”, que es precisamente el título de una comedia de Plauto en la que el dinero se esconde en una ollita o caja cerámica.  Un viejo avaro, Euclión, encuentra una “ollita” llena de dinero y vive permanentemente asustado pensando que se la van a quitar.


    Por lo demás se llaman también loculus a las cajitas para guardar los medicamentos, similares a nuestros pastilleros de hoy en día. Frecuentemente son de marfil, pero hay otras de bronce.

    Dibujo extraído de  Le Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines de Daremberg et Saglio, ( http://dagr.univ-tlse2.fr/) pág. 1294 en la que aparecen Esculapio e Higía, la Salud, su hija, (nombre del que por cierto deriva “higiene”), con sus atributos. Conservada primero como relicario en la iglesia de Sainte-Valerie, está en el museo de Sion en Valais.   Hay cajas similares de bronce.

    Texto de Ovidio, Fastos, VI, 749:

    Al instante sacó unas hierbas de una arqueta de marfil (hierbas que habían servido antes a los manes de Glauco, cuando el augur se refugió en las hierbas que había observado y una serpiente se auxilió con otra serpiente (Traducción de Bartolomé Segura Ramos. Edit.Gredos)

    Gramina continuo loculis depromit eburnis:
      Profuerant Glauci Manibus illa prius:
    Tunc, quum observatas augur descendit in herbas,
      Usus et auxilio est anguis ab angue dato.

    También se llaman así las cajas de médicos con instrumentos quirúrgicos

    Hay también numerosas formas de cajitas de toilette, que en griego se llaman píxis, (píxides)  cajitas de cerámica con imágenes de la vida femenina, en el gineceo, de hilado, de boda…   Como este pixis o píxide del llamado Pintor de la Boda (470 A.C) del Museo del Louvre.

    Algunas de formas realmente imaginativas, como estas tomadas del Diccionario Daremberg-Saglio en forma de paloma o de pie con compartimentos para coloretes, colirios o afeites. Se encontraron en Preneste.

    Hay también loculi o cajitas para guardar joyas, llaves, vestidos, papeles. Como esta para anillos a la que se refiere Marcial en el libro XI, poema 59, y a la que llama “dactiloteca”, del griego δάκτυλος , dactylosdedo.

    Marcial, Epigrammata, libro XI, 59

    Carino lleva seis anillos en cada uno de todos sus dedos y no se los quita ni por la noche ni siquiera para lavarse. ¿Preguntáis cuál es el motivo? —No tiene “estuche de anillos” (dactiloteca)

    Senos Charinus omnibus digitis gerit,
    Nec nocte ponit anulos,
    Nec cum lavatur. Causa quae sit, quaeritis?
    Dactyliothecam non habet.

    O esta de madera, hueso y bronce del siglo I del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

    O esta otra

    Mers-les-Bains (80); Paris, Cabinet des Médailles de la BnF.; dim. 125 x 46mm.

    Loculus son también el Loculus Archimedius, los nichos de un columbario, las celdas de una colmena, los compartimentos de una sepultura, el ataudl, lugar de la bodega o celda o cueva para poner los toneles, la urna para votar, las estanterías de una biblioteca, el comedero para los caballos, piscinas divididas en compartimentos  piscinae loculatae, pequeñas cajas para higos secos… Incluso se llama así también a la bolsa o carpeta de los escolares.

    En fin toda una colección de utensilios tan semejantes a los nuestros que una vez más afirmamos con rotundidad nihil novum sub sole incluso en los detalles más pequeños.

    En fin, como he dicho “arcae loculatae” son las cajas de pinturas con compartimentos para albergar las pinturas sin mezclarse. Varrón dice del pintor Pausias Re Rustica III, 17,4….

    Porque así como Pausias y los otros pintores de su mismo estilo tienen grandes cajas con compartimentos en los que hay ceras de diferentes colores, así estas personas tienen estanques con compartimentos para mantener las variedades de peces por separado, como si fueran sagrados y más inviolables que los de Lidia de los que tú decías,  Varrón, que habían acudido en manada a ti al son de la flauta cuando hacías un sacrificio hasta el borde de la orilla y del altar, porque nadie se atrevía atraparlos, en el mismo tiempo en que tú  veías allí las islas χορευούσας  (danzantes) de los lidiosí, y así ningún cocinero se atrevía a poner en salsa  a estos peces.

    Nam ut Pausias et ceteri pictores eiusdem generis loculatas magnas habent arculas, ubi discolores sint cerae, sic hi loculatas habent piscinas, ubi dispares disclusos habeant pisces, quos, proinde ut sacri sint ac sanctiores quam illi in Lydia, quos sacrificanti tibi, Varro, ad tibicinem gregatim venisse dicebas ad extremum litus atque aram, quod eos capere auderet nemo, cum eodem tempore insulas Lydorum ibi χορευούσας vidisses, sic hos piscis nemo cocus in ius vocare audet.

  • Tesoro, erario, fisco, arca, bolsa, hucha: dinero (I)

    Durante muchos milenios el hombre empleaba toda su energía en reponer la energía que gastaba buscando alimento y comida. Luego fue capaz de acumular riqueza cuando fue capaz de cultivar la tierra y controlar a los animales domesticándolos aprovechando su multiplicación. La riqueza acumulada hubo de guardarla a buen recaudo de diversos enemigos y para ello los reyes y los estados crearon los llamados “tesoros”. Algunas cantidades más pequeñas o personales se guardaban en protegidas “arcas” o “cajas de caudales”. Cantidades todavía más pequeñas y fáciles de transportar se guardaban en cajas más pequeñas también, en las bolsas o “huchas”.

    Tesoro, arca o caja de caudales, hucha, son tres instrumentos concebidos para guardar riqueza. Son muy antiguos y siguen existiendo. Esto nos permite algunos comentarios históricos y también lingüísticos.

    Tesoro: es una palabra griega θησαυρός, thesaurus en latín,  de origen por cierto desconocido, tal vez sea un préstamo egipcio o semita. Hay quien la relaciona con el verbo griego τίθημι, tithemi, colocar, poner, (de donde derivan también tema o tesis), pero no parece excesivamente justificado. Su significado puede ser muy general: depósito, almacén (en los papiros egipcios se refiere con frecuencia a los depósitos de trigo), cofre, caja, bolsa, tesoro.

    Así que sobre todo el término designa una habitación en la que se almacenan y guardan todo tipo de objetos valiosos, desde joyas a  víveres y por metonimia, del continente pasa a referirse al contenido: dinero, objetos preciosos, metales….  

    Luego puede incluso referirse a personas o genéricamente a cosas consideradas de gran valor. Incluso a los diccionarios o antologías que encierran palabras y textos de  valor para la lengua.  O incluso a todo conjunto de monedas, joyas u objetos valiosos escondidos , sobre todo en las “islas del tesoro”, que alimentan sin cesar los sueños de muchos visionarios.

    En la Antigüedad en las casas particulares se trata de una cámara abovedada, generalmente subterránea similar a nuestras bodegas. Se llaman también así las casas-tesoro que en época histórica cada Estado griego mantenía dentro del recinto sagrado de un santuario panhelénico, como Olimpia o Delfos, en el que se almacenaban las ofrendas de los ciudadanos a sus dioses. (Es curiosa la pervivencia de estas ofrendas a los dioses en sus templos). También esta “casa del tesoro” podía estar ubicada en el ágora o plaza pública de la ciudad.

    Se llaman también tesoros, tal vez con cierta impropiedad, a tumbas subterráneas en forma de tholos o colmena, propias de la remota antigüedad griega. La palabra griega tholos, θόλος , significa bóveda, rotonda, cámara redonda. Probablemente el más célebre de estos tholos o tumbas sea el llamado “Tesoro de Atreo” de Micenas, que se fecha en tiempos más o menos cercanos a los de la famosa Guerra de Troya. Parte de dintel de la puerta, como diversos elementos del Partenón, han acabado en el Museo Británico, tema que periódicamente genera una interesante controversia, como el lector bien conoce. No existe acuerdo entre los investigadores si estas construcciones fueron realmente “casas de tesoro”, es decir, albergaron riquezas, metales, armas, joyas, etc. o fueron simplemente tumbas.

    En Roma al tesoro público y por tanto al dinero público se le llama Aerarium, de donde nuestro “erario público”. Una vez desaparecida la monarquía, se utilizó el templo de Saturno para guardar el dinero público hasta los últimos tiempos del Imperio. Nos lo explica Sexto Pompeyo Festo, en su De significatione verborum, I, “aerarii tribuni”:

    Tribunos del Erario. Se llaman así por “aes” (el as, moneda de cobre) y “tribuere” ( dar, entregar, atribuir). El Pueblo Romano guardó su tesoro en el templo de Saturno.

    Aerarii Tribuni a tribuendo aere fiunt. Aerarium populus Romanus in aede Saturni habuit.

    En este templo se guardan otros objetos, como por ejemplo los estandartes de las legiones, como certifica por ejemplo Livio en III,69; IV,22 y VII,23. Ofrezco algunos textos:

    Livio,III,69:

    Todo esto se llevó a cabo con tal rapidez, según nos dice la tradición, que aquel mismo día los cuestores sacaron del Tesoro público las enseñas y las llevaron al Campo de Marte, y a las diez de la mañana se emprendió la marcha desde el Campo de Marte, y el nuevo ejército, seguido por algunas cohortes de veteranos voluntarios, hizo alto en el miliario diez. (Traducción de José Antonio Villar Vidal. Editorial Gredos)

    haec omnia adeo mature perfecta accepimus ut signa, eo ipso die a quaestoribus ex aerario prompta delataque in campum, quarta diei hora mota ex campo sint, exercitusque nouus, paucis cohortibus ueterum militum uoluntate sequentibus, manserit ad decimum lapidem.

    Y en Livio,  IV,22:

    Los estandartes fueron trasladados rápidamente desde el Tesoro hasta donde estaba el dictador.

    signa ex aerario prompta feruntur ad dictatorem.

    Se guardan también las leyes grabadas en bronce, como dice Suetonio, César 28:

    …la ley estaba ya grabada en bronce y depositada en el tesoro;

    ac mox lege iam in aes incisa et in aerarium condita

    Y los  decretos del Senado grabados en libros, mientras los originales se guardaban en el templo de Céres bajo la custodia de los ediles, segun Flavio Josefo  Antigüedades Judías, XIV, 9:

    Después de la muerte de César, Marco Antonio y Publio Dolabella, que eran los cónsules, reunieron al Senado e introdujeron en él a los embajadores de Hircano, discutieron sobre sus demandas e hicieron un tratado de amistad con ellos. El Senado acordó que se les concediese todo lo que deseaban.  Cito este decreto para que los lectores de esta historia puedan tener ante sus ojos la prueba de la verdad de lo que digo. El decreto fue este:
    “Senado Consulto sacado del Tesoro, copiado de las tablas públicas de la Cuestura, cuando fueron cuestores urbanos Quinto Rutilio y Cayo Cornelio, sacado de la tabla segunda de la primera tableta, tres días antes de los Idus de abril, en el templo de la Concordia, estando presentes en la redacción Lucio Calpurnio Pisón, hijo de Lucio, de la tribu Menenia, Servio Papinius…Quintus, de la tribu Lemonia".

    De Plutarco, Catón el Menor 16-17, se deduce que en el Tesoro se guardaban los documentos como si de una “notaría” o archivo de registro público se tratara.

    Y de Ciceron De legibus,  III,4 la necesidad de que los presidentes de las asambleas publiquen las decisiones exhibiéndolas en el Tesoro:

    Que los presidentes observen los auspicios, obedezcan al augur público; que publiquen las decisiones promulgadas en el Tesoro.

    Qui agent auspicia servanto, auguri publico parento,promulgata proposita in aerario cognita agunto.

    Y Tácito informa de que los Decretos del Senado  no se trasladen al Erario antes del día décimo, es decir, después de nueve días. En Annales III,51.

    Sólamente Rubelio Blando de entre los consulares estuvo de acuerdo con Lépido: todos los demás siguieron el voto de Agripa y en consecuencia Prisco fue conducido a la cárcel e inmediatamente muerto.  Tiberio criticó esto en el Senado con sus acostumbrados rodeos de palabras, expresando que valoraba la piedad de los que castigaban con dureza las injurias al príncipe, incluso las más pequeñas, pero pedía que no se aplicasen penas tan precipitadas por sólo palabras, y alababa a Lépido y no reprendía a Agripa.

    En consecuencia se decretó un senatus consultum para que los decretos de los padres no se llevasen al Erario antes del décimo día y así se prorrogase el espacio de vida de los condenados. Pero ni el Senado tenía libertad para arrepentirse ni Tiberio se suavizaba con el paso del tiempo.

    Solus Lepido Rubellius Blandus e consularibus adsensit: ceteri sententiam Agrippae secuti, ductusque in carcerem Priscus ac statim exanimatus. id Tiberius solitis sibi ambagibus apud senatum incusavit, cum extolleret pietatem quamvis modicas principis iniurias acriter ulciscentium, deprecaretur tam praecipitis verborum poenas, laudaret Lepidum neque Agrippam argueret. igitur factum senatus consultum ne decreta patrum ante diem decimum ad aerarium deferrentur idque vitae spatium damnatis prorogaretur. sed non senatui libertas ad paenitendum erat neque Tiberius interiectu temporis mitigabatur.

    En el Erario se custodiaban también otros documentos públicos, informes y despachos de generales, gobernadores de las provincias, los nombres de los embajadores extranjeros.

    Durante la República el aerarium se dividió en dos partes: el tesoro común en el que se guardaban las tasas regulares (tributum; vectigalia)  de donde e extraía el dinero para el funcionamiento ordinario del estado y el tesoro sagrado  (aerarium sanctum o sanctius), que sólo se tocaba en caso de peligro extraordinario.  Nos informan Livio, XXVII,10; Julio César en su De Bello Civili, I, 14; Floro IV,2;  Ciceron Ad Att.VII,21,2). Reproduzco algunos textos:

    (Livio, XXVII,10;

    Mientras los cónsules se ocupaban de los preparativos que eran necesarios para la guerra, se decidió que se cogiera el “oro vicesimario” que se guardaba en el erario más sagrado para casos de urgencia. Se cogieron cerca de cuatro mil libras de oro.

    cetera expedientibus quae ad bellum opus erant, consulibus aurum vicensimarium, quod in sanctiore aerario ad ultimos casus servabatur, promi placuit. prompta ad quattuor milia pondo auri.

    Y Julio César en su De Bello Civili, I, 14:

    Cuando llegó a Roma noticia de estos acontecimientos cundió al momento una alarma tal, que el cónsul Léntulo, llegado para abrir el erario y sacar dinero para Pompeyo según el senadoconsulto, inmediatamente de abierta la parte más reservada del erario huyó de la ciudad.

    Quibus rebús Romam nuntiatis, tantum repente terror invaist, ut, cum Lentulus consul ad aperiendum aerarium venisset ad pecuniamque Pompeio ex senates cojsulto proferendam, protinus aperto sanctiore aerario ex urbe profugeret.

    Y Ciceron Ad Att.VII,21,2 (carta número 145 de la edición de Gredos):

    El 7 de fe brero llegó a Capua el tribuno de la plebe Gayo Cassio, transmitió a los cónsules la orden de que fueran a Roma, retiraran todo el dinero del tesoro sagrado y salieran inmediatamente. (Traducción de Miguel Rodrïguez-Pantoja Márquez)

    vii Idus Febr. Capuam C. Cassius tribunus pl. venit, adtulit mandata ad consules ut Romam venirent, pecuniam de sanctiore aerario auferrent, statim exirent.

    Este Tesoro sagrado, además de formarse con parte de las inmensas riquezas que los romanos ganaron con sus conquistas, está formado también, de acuerdo con la Ley Manlia, del año 357 a.C., ratificada por el Senado, con el 5% (vicésima) del valor del esclavo manumitido, lo que se llama “aurum vicesimarium” o “Vicesima Libertatis”. La cita Tito Livio en VII, 16, 7:

    Nada digno de mención fue hecho por el otro cónsul, excepto el hecho de que presentó en el campamento por tribus en Sutrio una ley  gravando con un cinco por ciento el valor de aquellos que fueran manumitidos. Los senadores la aprobaron porque con esa ley se añadía al pobre erario una cantidad no pequeña. Pero los tribunos de la plebe, preocupados no tanto por  la ley como por el precedente, lo consideraron un crimen capital para que nadie en adelante  convocase al pueblo. Pues si esto fuera lícito, no habría nada, por perjudicial que fuera para el pueblo, que no pudiese ser aprobado por los soldados  atados por el juramento a las órdenes del cónsul.

    ab altero consule nihil memorabile gestum,   nisi quod legem novo exemplo ad Sutrium in castris tributim de vicesima eorum, qui manu mitterentur, tulit. patres, quia ea lege haud parvum vectigal inopi aerario additum esset, auctores fuerunt;  ceterum tribuni plebis non tam lege quam exemplo moti, ne quis postea populum sevocaret, capite sanxerunt; nihil enim non per milites iuratos in consulis verba quamvis perniciosum populo, si id liceret, ferri posse.

    Es curiosa la similitud con diversas medidas extraordinarias que  a veces todavía hoy toman los diversos gobiernos en circunstancias especiales.

    Luego en el Imperio, tras la división de Augusto de las provincias  en senatoriales e imperiales, la aportación de las imperiales, administradas por el emperador, se llamó Fiscus, fisco.

    El erario pues recibió las tasas de las provincias senatoriales,  muchas de las tasas ya existentes en Italia como por ejemplo ingresos de los terrenos públicos,  las tasas de las manumisiones, derechos de aduanas, tarifas de aguas por el uso del agua de los acueductos, tasas de alcantarillado…

    Además del aerarium y el fiscus, Augusto creó otro tercer tesoro para los gastos militares, el llamado aerarium militare para atender a los gastos del ejército, entre otros los de jubilación de los legionarios.  Augusto, cuando lo creó contribuyó con una gran suma y prometió hacerlo todos los años.

    El Monumentum Ancyranum (Monumento de Ankara), también conocido como Res Gestae Divi Augusti (Hechos del Divino Augusto) es el templo de Augusto y Roma en el que apareció una inscripción en latín y griego que es la mejor copia que tenemos de la inscripción en bronce frente al Mausoleo de Augusto en Roma que recogía las obras y milagros de Augusto. En él se dice en el  párrafo 17.2 :

    Y durante el consulado de M. Lépido y de L. Arruncio, ingresé procedente de mi propio patrimonio en el tesoro militar , que se organizó siguiendo mi consejo para pagar de él las primas a los soldados que habían servido durante veinte años o más, ciento setenta millones de sestercios. (Traducción de Antonio Alvar)

    Et M.Lepido et L.Arruntio consulibus in aerarium militare quod ex consilio meo constitutum est, ex quo praemia darentur militibus qui vicena aut plura stipendia emeruissent, HS (sestertium) milliens et septuagentiens ex patrimonio meo detuli.

    También hay noticia de la creación de Augusto en Dion Casio, IV, 23,24,25,32 y en Suetonio, Vida de Augusto 49. Ofrezco esta última referencia:

    Para poder encontrar en todo momento y sin dificultad el dinero necesario para sostener y recompensar a las tropas, creó una caja militar nutrida por nuevos impuestos.

    utque perpetuo ac sine difficultate sumptus ad tuendos eos prosequendosque suppeteret, aerarium militare cum uectigalibus nouis constituit.

    La más importante fue la vicésima hereditatum et legatorum, es decir, el cinco por ciento por las herencias y legados, con algunas excepciones según el grado de parentesco o la cantidad que se legara. De ello nos dan noticias Dion Casio  LV,25;  LVI 18, LXXVII,9; LXXVIII, 129; Julio Capitolino en Marco Antonio, 11 y  Plinio el Joven, que especifica las exenciones existentes según el grado de parentesco, en su Panegírico de Trajano, 37-40, de lo que ofrezco una parte:

    Las cargas del imperio han obligado a instituir muchos impuestos, tan útiles para a comunidad como gravosos para los particulares. Para ello fue inventada la vigésima, tributo tolerable y leve tan sólo para los herederos que no son de casa, pero gravoso para estos. Por eso se impuso a aquellos y se perdonó a estos…
    …Por ello estableció tu padre que por cuanto heredasen los hijos de los bienes de su madre o la madre de sus hijos, aunque al conseguir la ciudadanía, no obtuvieran los derechos de la consanguinidad, no tributaran la vigésima. Y esa misma exención atribuyó al hijo en los  bienes paternos, si es que se hallaba bajo la potestad paterna…

    Onera imperii pleraque vectigalia institui, ut pro utilitate communi, ita singulorum iniuriis coegerunt. His Vicesima reperta est, tributum tolerabile et facile heredibus dumtaxat extraneis, domesticis grave. Itaque illis irrogatum est, his remissum:….
    Igitur pater tuus sanxit, ut, quod ex matris ad liberos, ex liberorum bonis pervenisset ad matrem, etiamsi cognationum iura non recepissent, quum civitatem adipiscerentur, eius Vicesimam ne darent. Eandem immunitatem in paternis bonis filio tribuit, si modo reductus esset in patris potestatem: …..

    En ocasiones incluso se anuló por completo, como consta en Codex Iustinianus, 6,tit.33,s.3)
    Las variaciones fueron constantes a lo largo de la historia de los emperadores.  Conforme la administración se fue concentrando en manos del emperador, el erario también cayó bajo su control y desapareció la diferencia entre el aerarium y el fiscus.  Baste con estos ejemplos. Todo esto es muy complejo e interesante y nos revela la complejidad de la administración de un imperio tan grande. Sea suficiente por ahora con lo dicho. Quien tenga interés en estos temas encontrará abundante bibliografía en la web.

    Estas tasas impositivas son en realidad muy pequeñas en comparación con las de los estados modernos. Tenemos que recordar la animadversión con la que los romanos veían el pago de impuestos al Estado, porque ellos se sabían dueños del mundo y eran los vencidos los que debían pagar tributos. Por eso se recurre a estos tipos de tasas.

    Todos estos términos y accione de la administración romana se han prolongado hasta nuestros días: tesoro, erario, fisco, tasas, etc… Quizás el más extendido sea “impuestos”, pero su etimología u origen parece bien evidente, porque seguramente se trata de una aportación a la “res publica” bien impuesta, de la que a pesar de ello ciudadanos nada ejemplares intentan zafarse.

    Pero los romanos también manejan permanentemente cantidades más pequeñas de dinero, y para ello tienen pequeñas cajas y huchas. Pero esto lo veremos en otro artículo.

  • Annum novum faustum felicem Feliz y próspero año nuevo

    Los antiguos romanos celebraban el comienzo de un nuevo año con fiestas muy especiales, como no podía ser de otra forma: no en vano es muy importante en el mundo clásico antiguo la idea o creencia del tiempo cíclico que acaba y renace constantemente. Vease: https://www.antiquitatem.com/que-es-un-siglo

    En los meses de diciembre y enero se celebraban  en Roma varias fiestas, (el calendario anual estaba plagado de ellas), las Saturnalia, Año Nuevo, … que han confluido y dejado su huella en nuestras fiestas de Navida y Año Nuevo. Véase artículo https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial

    Esta pervivencia nos ayuda sin duda a comprender mejor estos ritos antiguos, a pesar de las diferencias; piénsese que llevamos más de dos mil años celebrando de esta manera la llegada de un nuevo año.

    Como ocurre en nuestros días, estas fiestas tenían una dimensión pública y oficial (toma de posesión de los nuevos cónsules, expresión de la fidelidad al emperador haciendo votos por él y  haciéndole regalos que se llaman “strena” y que luego comentaré; hoy mensaje del rey o dirigente político, nuevos presupuestos, cabalgatas públicas, etc.) y otra de fiesta privada (visitas a las casas de familiares y amigos, felicitaciones mutuas, intercambio de abrazos, besos, regalos y votos de buenos deseos, todo ello con cierto valor ritual, …).

    En tres días de ritos, actos oficiales y privados y prácticas de purificación y augurales, los romanos cerraban el año ya vivido y abrían un nuevo tiempo bajo la protección de Iuppiter Optimus Maximus, Ianus bifronte y los dioses Lares (los dioses del hogar).

    Como decía, es esencial el comenzar las cosas bien: el buen comienzo es la premonición de un buen desarrollo posterior y por eso el primer nombre que se pronunciaba en una celebración solemne debía ser de buen agüero, el nombre del primer soldado reclutado debía expresar felicidad, el nombre de quienes conducían la víctima al sacrificio también debía significar felicidad, etc.  Por eso cualquier acción se suele empezar con la fórmula general “quod bonum, faustum, felix, fortunatumque esset”, “que sea bueno, favorable, feliz y próspero”.

    El primer día del año, cargado de una fuerza, de una “virtus” especial, también debía ser feliz como premonición determinante de un año lleno de bienes y por eso en esas fechas se hacían regalos y se deseaban un feliz año con la fórmula “annum novum faustum felicem (tibi, vobis precor, aqdprecor, …etc.), a veces con  “annum novum faustum felicem fortunatum”, similar a la fórmula general, que no son sino ritos y actos mágicos destinados a asegurar un futuro favorable.

    Tenemos constancia de esta fórmula en al menos dos cartas y en numerosísimos objetos, algunos de los cuales son precisamente los regalos que en estas fechas se intercambiaban, sobre todo lucernas o candiles, de los que inmediatamente hablaré.

    Además de una referencia explícita en Plinio, la fórmula aparece repetidamente en monedas y medallas imperiales y en la dedicación de algunos monumentos. Podemos de todo ello concluir que la fórmula “annum novum faustum felicem” era tan frecuente en estas fechas como nuestra “feliz y próspero año nuevo”.

    Las tablillas vindolandas son unas tablillas de madera del tamaño de una tarjetas postal con textos escritos con tinta, de los siglos I y II que aparecieron al pie del famoso Muro de Adriano que separa a las belicosas tribus del norte de Gran Bretaña de la parte dominada por las legiones. Aparecieron en el fuerte de Vindolanda y en ellas se reflejan asuntos militares y personales de la guarnición allí acampada. Se descubrieron en época tan reciente como el año 1973. Son 752 las tablillas (siguen apareciendo) que han sido traducidas y publicadas en el año 2010. Son los documentos más antiguos escritos en latín en las Islas Británicas.

    Nota: para quien tenga interés le ofrezco un enlace a la página web en la que puede encontrar información completa http://vindolanda.csad.ox.ac.uk/

    Pues bien, la tablilla número 261 es un testimonio del uso de la fórmula que nos ocupa.

    Hostilio Flaviano a su querido Cerealis, saludos. Feliz y próspero año nuevo.

      1  Hostilius Flauianus Cereali / 2  suo salutem / 3 / 4  annum nouom faustum felicem / . . . . . . .

    Probablemente este Hostilio Flaviano es un prefecto que en su carta a  Cerealis, a quien trata de “hermano”, se refiere a un sacrificio con motivo del nuevo año, como deducimos de la tablilla número 265, aunque nada autoriza a relacionar ambas tablillas,  que dice:

    … a su querido Cerealis, saludos. Hermano, tal como querías he consagrado el día de las Calendas con un sacrificio…

    1  ]..s Ceriali suo / 2  salutem / 3  ego, fráter, sacrificio diem / 4  Kalendarum sic- / 5  ut uoluerás dedi- / 6  traces / . . . . . . . .

    Con frecuencia con la expression “diem Kalendarum” , sin referencia al mes,  se refieren a las Kalendas por excelencia, las del Nuevo Año.

    Hay también una carta de Marco Cornelio Frontón, (aproximadamente vivió entre el 95 y 165), el mayor orador de su tiempo,  al César Marco Aurelio. en la que le felicita el nuevo año:

    Frontón: Ad M. Caesarem 5.45 [77 Hout; 1.228 Haines] (30)

    Mi señor:

    Te deseo un Nuevo Año feliz y próspero en todas las cosas que justamente deseas no sólo para ti  sino también para tu padre, nuestro señor y tu madre y tu esposa y tu hija y todas las otras personas a las que merecidamente amas.  Por mi parte yo temí, débil como todavía estoy de cuerpo, quedar expuesto a la turbamulta y la presión. Pero si los dioses me ayudan, mañana os veré pronunciando los votos.

    Adios, mi dulcísimo señor. Saluda a mi querida señora.

    Domino meo.
    Annum novum faustum tibi et ad omnia, quae recte cupis, prosperum cum tibi tum domino nostro patri tuo et matri et uxori et filiae ceterisque omnibus quos merito diligis, precor. Metui ego invalido adhuc corpore turbae et inpressioni me committere. Si dei juvabunt, perendie vos vota nuncupantis videbo.
    Vale, mi domine dulcissime. Dominam saluta.

    Plinio nos atestigua la costumbre de desearse un feliz año nuevo en Historia Natural, 28, 5 (22 )

    Para confirmar estas cosas,  quiero hacer una apelación  a la experiencia íntima de cada uno de nosotros. ¿Por qué, de hecho, nos deseamos unos a otros con alegres deseos que el primer día del nuevo año sea feliz?

    Libet hanc partem singulorum quoque conscientia coarguere. cur enim primum anni incipientis diem laetis precationibus invicem faustum ominamur?

    Tibulo relaciona el rito de quemar hojas de laurel y observar si crepitan en el fuego, buena señal, o no lo hacen, con el presagio de un nuevo año:

    Tibulo, II, 5, 79 ss.

    Pero tú ya sereno, Apolo, hunde los prodigios bajo las aguas desenfrenadas del mar
    y el laurel encendido con la llama sagrada crepite de buen augurio,
    un presagio con el que el año será sagrado y dichoso.

    (Traducción de Arturo Soler. Editorial Gredos)

    sed tu iam mitis, Apollo,
    prodigia indomitis merge sub aequoribus,
    et succensa sacris crepitet bene laurea flammis,
    omine quo felix et sacer annus erit.

    La felicitación de Año Nuevo viene acompañada de regalos especiales: se regalan dátiles, higos secos y miel, como todavía ocurre; todo ello productos dulces que he disfrutado sobre todo de niño, ahora ampliados con los inevitables turrones, como expresión de los mejores deseos.

    También se regalan monedas de bronce con la imagen bifronte del dios Jano, dios del final y del comienzo, dios que mira al pasado y al futuro y por lo tanto el que cierra el año viejo y abre el nuevo. Jano, Ianus, es precisamente el dios que da nombre al mes de Enero, Ianuarius, con el se abre el año romano desde el año 153 a.C. con motivo de las guerras celtibéricas; antes el año comenzaba en marzo.

    Este regalo de monedas tiene su continuidad en nuestro aguinaldo, palabra de cuyo origen dice textualmente el Diccionario de la Real Academia: “Quizá del lat. hoc in anno 'en este año'.”

    Estos regalos se llamaban strena, de donde deriva la española “estrena” que el Diccionario de la Real Academia define como “” Dádiva, alhaja o presente que se da en señal y demostración de gusto, felicidad o beneficio recibido”, y estrenar  y la francesa “étrenne”.

    La palabra latina strena, probablemente de origen  sabino, significa “buen presagio” y especialmente “regalo hecho como muestra de buen presagio”, en el sentido que dice Festo, 410, 21:

    Strenae: se llama así al regalo que se hacía en un día consagrado por la religión, en señal de buen presagio, del número con el que se significa que vendrá un segundo y un tercero de iguales ventajas, como si se dijera “trena”, anteponiéndole una “S”, como los antiguos solían hacer en las palabras loco (locus) y lite (litis).  ….

    Strenam vocamus, quae datur die religioso ominis boni gratia, a numero, quo significatur, alterum, tertiumque venturum similis commodi, veluti trenam, praeposita S littera, ut in loco, et lite solebant antiqui.

    Son muy especiales los regalos que por estas fechas se hacen a los emperadores en reconocimiento de su autoridad y gobierno. Sirva de ejemplo elsiguiente texto de Suetonio sobre Augusto.

    Suetonio, Vida de Augusto, 57:

    Fácilemente se aprecia cuán grande era el afecto que se le tenía por una conducta tan ejemplar. Dejo a un lado los senadoconsultos, pues pueden parecer forzados por la necesidad o por el miedo. Pero los caballeros romanos, por decisión propia y de común acuerdo, celebraron siempre durante dos días el nacimiento de Augusto. Todas las categorías sociales del Estado tiraban monedas al lago de Curcio cada año,  en cumplimiento de una promesa hecha por la salud del emperador.  Igualmente durante las calendas de enero, aun cuando estaba ausente, llevaban un aguinaldo al Capitolio. Con este dinero, Auusto compraba magníficas estatuas de dioses que consagraba en los distintos barrios, como el Apolo Sandaliario, Júpiter Tagedio y otros. Para ayudarle a reconstruir su casa del Palatino, arrasada por un incendio,los veteranos, las decurias, las tribus e incluso  gentes de todas las clases a título individual, aportaron voluntariamente sumas de dinero, proporcionales a sus posibilidades, pero él se contntó con tomar aquí y allá monedas de los montones que le ofrecían,sin aceptar más de un denario de cada uno. Cuando volvía de una provincia,era escoltado no sólo por aclamaciones de bienvenida sino también con canciones. Se tomó además por costumbre,el suprimir toda ejecución cada vez que él entraba en Roma. (Traducción de Francisco Luis Cardona y Juan Alsina. Edit. Bruguera)

    Pro quibus meritis quanto opere dilectus sit, facile est aestimare. Omitto senatus consulta, quia possunt videri vel necessitate expressa vel verecundia. Equites R. natalem eius sponte atque consensu biduo semper celebrarunt. Omnes ordines in lacum Curti quotannis ex voto pro salute eius stipem iaciebant, item Kal. Ian. strenam in Capitolio etiam absenti, ex qua summa pretiosissima deorum simulacra mercatus vicatim dedicabat, ut Apollinem Sandaliarium et Iovem Tragoedum aliaque. In restitutionem Palatinae domus incendio absumptae veterani, decuriae, tribus atque etiam singillatim e cetero genere hominum libentes ac pro facultate quisque pecunias contulerunt, delibante tantum modo eo summarum acervos neque ex quoquam plus denario auferente. Revertentem ex provincia non solum faustis ominibus, sed et modulatis carminibus prosequebantur. Observatum etiam est, ne quotiens introiret urbem, supplicium de quoquam sumeretur.

    Inscripción del pedestal de la escultura dedicada a Vulcano por Augusto con el dinero entregado en año nuevo (CIL 06, 00457) :

    Imp(erator) Caesar divi f(ilius) Augustus / pontifex maximus imp(erator) XIII
    co(n)s(ul) XI trib(unicia) potest(ate) XV / ex stipe quam populus
    Romanus / anno novo apsenti contulit / Nerone Claudio Druso
    co(n)s(ulibus) / T(ito) Quinctio Crispino / Volcano

    El emperador César Augusto, hijo del divino, pontífice máximo emperador por decimotercera vea, cónsul por úndecima, con poder tribunicio por decimoquinta, dedicó (esta estatua) a Vulcano con el dinero que el pueblo romano le regaló en año nuevo estando ausente, siendo cónsules Nerón Claudio Druso y Tito Quintio Crispino.

    Que la palabra strena probablemente es de origen Sabino lo afirma de alguna manera Símaco cuando atribuye la costumbre de hacer regalos al rey sabino Tacio. El texto aparece en algunas ediciones más antiguas como la carta número 28  o número 35, según la edición, del Libro X de sus cartas. Modernamente el texto aparece como el Informe 15 de su obra “Informes”. En él además se hace referencia a la costumbre que se mantiene tres siglos después de Augusto, de dar las “estrenas” al emperador.

    Symmachus. Epistulae, 10,  28 (al. 35), o Informes, 15:

    A nuestros señores Valentiniano, Teodosio y Arcadiosiempre augustos, de Símaco, varón clarísimo, prefecto de la Urbe (384)

    La práctica de las estrenas se desarrolló casi desde el nacimiento de la Urbe de Marte por el impulso del rey Tacio, quien fue el primero que aceptó unas ramas de un árbol fructífero del bosque sagrado de Estrenia como auspicio del año nuevo, señores emperadores. El nombre indica que las estrenas casan con los hombres estrenuos debido a su valor, y por eso se debe una distinción de esta clase a unos seres como vosotros, cuyo espíritu divino aguarda más bien un testimonio de su vigilancia que un presagio. Recibid por ello, defensores del bienestar público, unos modestos dones trabajados en oro, según la costumbre, no porque gocéis con una ofrenda de metal precioso, sino por atestiguar con nuestra entrega la opulencia de una época feliz. Consagramos unos dones bien adquiridos a unos príncipes buenos. Vosotros que condenais los pagos ocultos, recibid de los dignatarios una obsequiosidad manifiesta. Os ofrecemos con razón, por ser los númenes de nuestra incolumidad, las páteras tradicionales con cinco sueldos cada una. Con ellas no se ven abrumados ni vuestro pudor ni nuestras haciendas. Que persista largo tiempo esta práctica de consideración hacia vosotros y que una sucesión ingterminable de años renueve el homenaje de vuestra clemencia. La prefectura, que ha de ser otorgada a hombres estrenuos, satisfará de buen grado las estrenas tradicionales. (Traducción de José Antonio Valdés Gallego. Editorial Gredos)

    DD. VALENTINIANO, THEODOSIO ET ARCADIO SEMPER AUG. SYMMACHUS V. C. PRAEF. URB.
    Ab exortu pene urbis Martiae strenarum usus adolevit, auctoritate Tatii regis, qui verbenas felicis arboris ex luco Strenuae anni novi auspices primus accepit, DD. imperatores. Nomen indicio est viris strenuis haec convenire ob virtutem: atque ideo vobis hujusmodi insigne deberi; quorum divinus animus magis testimonium vigilantiae quam omen exspectat. Sumite igitur defensores publicae salutis solemniter auro ducta munuscula: non quia divitis metalli honore gaudetis, sed ut nostra devotio felicis saeculi testetur opulentiam. Bonis principibus bene parta libamus. Suscipite a judicibus aperta obsequia, qui pretia occulta damnatis. Merito vobis solemnes pateras, cum quinis solidis, ut numinibus integritatis offerimus: quibus nec vester pudor, nec noster census oneratur. Maneat aevum talis circa nos usus officii: et honorem clementiae vestrae interminus annorum recursus instauret. Libenter strenis solemnibus praefectura fungetur, strenuis deferendis.

    Sobre la costumbre de hacer  regalos, sobre todo a los comensales de los banquetes,  léanse el los artículo sobre las fiestas Saturnales https://www.antiquitatem.com/navidad-saturnales-jesus-mitra-marcial

    y para los regalos de Navidad https://www.antiquitatem.com/xenia-apophoreta-marcial-saturnales .

    En estos regalos a veces cargados de ironía podemos ver un precedente del “roscón de reyes” que tan extendido está en España. En el roscón se esconde una “haba”, legumbre cargada de profundo y extraña valor ritual para los romanos (los pitagóricos por ejemplo tienen prohibido comer habas), y se esconde también otra figura “positiva”, que puede ser un rey, recordándonos probablemente la figura de “rey del banquete”, que regulaba la ingesta del vino durante la celebración.

    Reproduzco un epigrama de Marcial en el que se hace referencia a la costumbre de hacer regalos en Navidad.

    Marcial, VIII, 33

    ¿Por qué ese regalo tan sutil? (Paulo envía a Marcial una copa de metal tan fino, que el poeta se ingenia para encontrarle Analogías)

    De tu corona pretoria, me envías, Paulo, un pétalo y me mandas tenerlo a título de escudilla. Con una pátina así, rebajada con un suave baño de rojo azafrán, se había recubierto recientemente tu impulsor. ¿O es más bien que la uña de un hábil sirviente ha despegado una fina lámina, que yo creo que es del pie de tu lecho?  Puede ella captar el vuelo lejano de un mosquito, o moverse con el ala de una minúscula mariposa. Se mantiene en el aire con el vaho de una lámpara mortecina, y se rompe con el golpe del vino suavemente escanciado. Con una binza así se envuelven los dátiles que en las calendas de Jano ofrece junto con un poco de mísera calderilla un cliente pobre. Menos flexibles crecen las colocasias de sutil filamento; más gruesos se marchitan por el exceso de sol los pétalos del lirio; y la araña no corre, vagando de aquí para allá, por una tela tan tenue, ni el gusano de seda realiza, suspendido en el aire, un trabajo tan fino. Más gruesa es la capa de afeites que hay en la cara de la vieja Fabula; más gruesa es la burbuja que se forma en el agua removida; más fuerte es tanto la redecilla que mantiene rizados los cabellos como la pomada bátava que tiñe las cabelleras latinas. Con una telilla así se reviste el pollo en el huevo de Leda, tales son las cintas que ciñen las frentes adornadas con una luneta. ¿Qué te importa a ti una escudilla, pudiendo enviarme un cazo, pudiendo enviarme incluso una cuchara —estoy hablando de cosas demasiado grandes—, pudiendo enviarme una cáscara de caracol, pudiendo, en fin, Paulo, no enviarme nada?  (Traducción de José Guillén. Institución Fernando el Católico. Zaragoza)

    De praetoricia folium mihi, Paule, corona
    Mittis et hoc phialae nomen habere iubes.
    Hac fuerat nuper nebula tibi pegma perunctum,
    Pallida quam rubri diluit unda croci.
    An magis astuti derasa est ungue ministri
    Brattea, de fulcro quam reor esse tuo?
    Illa potest culicem longe sentire volantem
    Et minimi pinna papilionis agi;
    Exiguae volitat suspensa vapore lucernae
    Et leviter fuso rumpitur icta mero.
    Hoc linitur sputo Iani caryota Kalendis,
    Quam fert cum parco sordidus asse cliens.
    Lenta minus gracili crescunt colocasia filo,
    Plena magis nimio lilia sole cadunt;
    Nec vaga tam tenui discurrit aranea tela,
    Tam leve nec bombyx pendulus urguet opus.
    Crassior in facie vetulae stat creta Fabullae,
    Crassior offensae bulla tumescit aquae;
    Fortior et tortos servat vesica capillos
    Et mutat Latias spuma Batava comas.
    Hac cute Ledaeo vestitur pullus in ovo,
    Talia lunata splenia fronte sedent.
    Quid tibi cum phiala, ligulam cum mittere possis,
    Mittere cum possis vel cocleare mihi, –
    Magna nimis loquimur – cocleam cum mittere possis,
    Denique cum possis mittere, Paule, nihil?

    San Agustin, criticando los abundantes dioses paganos, hace referencia a la diosa Strenia, citada en el texto anterior, y que hace fuertes a los hombres porque fuerte en latín se dice “strenuus”, en dos capítulos del libro IV de su obra, De civitate Dei: el 11 y el 16. Reproduzco el capítulo XVI:

    Agustín, De civitate Dei, IV, 16

    Los romanos han querido que el templo a la diosa Quietud estuviera fuera de las puertas de la ciudad. ¿Por qué razón, cuando a cada cosa y cada movimiento le tienen asignado un dios?
    Hay algo que me sorprende sobremanera en los paganos: a cada realidad y casi a cada obra le han asignado un dios: a la diosa Agenoria le asignaron el excitar a la acción; a la diosa Estímula, que estimulase a la actividad desmedida; a Murcia como la diosa que inmovilizase al hombre más de lo normal y lo hiciera, como dice Pomponio, «múrcido», es decir, perezoso e inactivo en demasía; a la diosa Strenia para que lo volviese vivaz. A todos estos dioses y diosas se comprometieron a ofrecerles un culto público. En cambio, a la diosa llamada Quietud, que tiene como misión conceder la tranquilidad, no la han querido aceptar oficialmente, puesto que tiene su templo fuera de la puerta Colina. ¿Qué quiere decir esto: que el romano, por su forma de ser, es inquieto, o más bien que todo el que se mantenga en el culto de esta caterva no digo de dioses, sino de demonios, jamás podrá alcanzar la paz del espíritu? A esta paz nos invita el verdadero Médico con estas palabras: Aprended de mí, que soy sencillo y humilde, y encontraréis la paz del espíritu
    (Mateo, 11,29). (http://www.augustinus.it/spagnolo/cdd/index2.htm)

    [XVI] Miror autem plurimum, quod, cum deos singulos singulis rebus et paene singulis motibus adtribuerent, uocauerunt deam Agenoriam, quae ad agendum excitaret, deam Stimulam, quae ad agendum ultra modum stimularet, deam Murciam, quae praeter modum non moueret ac faceret hominem, ut ait Pomponius, murcidum, id est nimis desidiosum et inactuosum, deam Streniam, quae faceret strenuum, his omnibus diis et deabus publica sacra facere susceperunt, Quietem uero appellantes, quae faceret quietum, cum aedem haberet extra portam Collinam, publice illam suscipere noluerunt. Vtrum indicium fuit animi inquieti, an potius ita significatum est, qui illam turbam colere perseueraret non plane deorum, sed daemoniorum, eum quietem habere non posse? ad quam uocat uerus medicus dicens: Discite a me, quoniam mitis sum et humilis corde, et inuenietis requiem animabus uestris.

    Nota: Al final de este artículo reproduzco lo que dice Covarrubias en su “Tesoro de la lengua castellana” a propósito de la palabra aguinaldo, porque sin duda contiene algunas curiosidades dignas de ser conocidas por quien tenga especial interés. 

    Pero el regalo más especial para la ocasión es una lucerna o lámpara de aceite, generalmente de cerámica, en la que aparece la inscripción que nos ocupa: novum annum faustum felicem (tibi,…).

    Este regalo está evidentemente en relación con el hecho de que el nuevo año los antiguos romanos lo celebraban el día 25 de diciembre, día del nacimiento del “Sol invicto”, es el “dies Solis natalis invicti”,  “el día del nacimiento del dios Sol invicto”.  Véase https://www.antiquitatem.com/mitraismo-cristianismo-solsticio

    La lámpara representa la “nueva luz”, el “nuevo Sol”, el “novum annum” que ese día comienza.

        

    Dos lucernas muy similares, una de terracota y otra de bronce. La de terracota está en el Museo de la ciudad de Milán. La expcional de bronce aparece a la venta en una página web de comercio o subastas, descontextualizada y sin especial valor histórico por haber desaparecido toda la información arqueológica referida al yacimiento.

    En ellas  aparecen una Victoria alada, con una espiga o palma en su mano, panes, nueces y la moneda de Jano bifronte, con el escudo en el que está inscrita la frase:

    Te deseo un feliz año annum novum felicem tibi

    Entre las numerosísimas inscripciones en lucernas reproduciré, además de las anteriores, tan sólo dos, una de ellas de España. Así esta de Hispania Citerior, (Madrid), de origen incierto:  CIL 02, 04969,03;  EDCS-20301000

    Annum / nov(u)m Faus/tum fel/icem mih(i) / hu(n)c

    O esta otra de Bruttium et Lucania, Eboli/Eburum:  CIL 10, 08053,005ª;  EDCS-22900527 en la que la inscripción aparece  en el escudo que sostiene la Victoria:

    Annum / nov(u)m fau/stum fel/icem mi/hi

    Se regalan también otros objetos, como este cristal grabado con los motivos acostumbrados: dátiles, higos, hojas de laurel, moneda con la imagen de Jano, un templo, etc

    Medallón de terracota con la inscripción de que tratamos y otro con los símbolos citados.

      

    En el siguiente texto de Ovidio se explican estas costumbres, que los ciudadanos de la época parecen no saber explicar. En el caso del regalo del as o moneda de bronce con Jano bifronte en el anverso y un barco en el reverso los contemporáneos de Ovidio parecen mostrar una absoluta falta de explicación. Reproduzco el texto, si bien elimino la parte correspondiente a este último detalle del barco en el reverso de  la moneda por no resultar excesivamente largo. En cualquier caso el lector interesado encontrará el texto con facilidad, o se lo puedo facilitar si me muestra su interés en ello.

        

    Ovidio, Fastos, I, v. 145 y ss.

    Dijo (el dios Jano), y con la cara expresó que no sería inasequible si yo quería preguntarle más. Tomé ánimo y di las gracias al dios sin asustarme, y mirando al suelo le hablé unas pocas palabras:

    “Dime, por favor, ¿por qué comienza el Año Nuevo con los fríos, cuando más bien debería comenzar en primavera? Todo florece entonces; entonces hay una fase nueva de tiempo y se hincha la yema nueva en la vid preñada; el árbol se cubre de hojas recién formadas y el tallo de la semilla asoma en la superficie del suelo;  los pájaros endulzan el aire tibio con sus cantos orquestados y los rebaños juegan y retozan en los prados. Entonces los rayos del sol son suaves y sale la golondrina exótica y fija en la viga alta su nido de barro; entonces permite el campo su cultivo y se renueva con el arado. Con justicia había que llamarlo el Año Nuevo”.

    Le había preguntado por extenso; él, sin detenerse mucho, redujo sus palabras a dos versos de la siguiente manera:

    “El invierno es lo primero del Año Nuevo y lo último del viejo; Febo y el año toman el mismo comienzo”.

    Después de lo cual seguía preguntando por qué el primer día no estaba libre de litigios.

    “Escucha el motivo –dijo Jano- : asigné el nacimiento del año a los quehaceres para que no fuese inhábil el año entero por causa de los auspicios. Por lo mismo, cada uno prueba sus aptitudes en la acción y no testimonia sino su obra acostumbrada”.

    A continuación le pregunté:

    “Por qué, Jano, aunque debo aplacar los númenes de los demás, te traigo a ti antes que a nadie el incienso y el vino puro?”

    Me dijo:

    “Para que puedas a través de mí, que guardo sus umbrales, tener acceso a cualesquiera dioses”

    “Pero, ¿por qué se dicen palabras de felicitación los días de tus calendas, y hacemos y recibimos votos recíprocamente?”

    Entonces el dios, apoyándose en el báculo que llevaba en la diestra, dijo:

    “Los augurios suelen hallarse en los principios. A la palabra primera dirigís vuestros oídos temerosos, y el ave que primero vio es la que toma en cuenta el augur; están abiertos los templos y los oídos de los dioses, ninguna lengua profiere votos perecederos y tienen peso las palabras”.

    Había terminado Jano, pero yo no guardé largo silencio, sino que con mis palabras empalmé sus últimas palabras:

    “Qué significado tienen los dátiles y los higos arrugados? –dije- ¿y la miel resplandeciente que se ofrece en un vaso blanco como la nieve?”

    “El motivo –dijo- es el augurio: que semejante sabor persevere en las cosas y que el dulce año termine su camino emprendido.”

    “Ya veo por qué se regalan cosas dulces. Añade la razón de la moneda, para que ninguna parte de su fiesta me quede sin confirmar.”

    Se rió y dijo:

    “¡Oh, qué poco entiendes a tu siglo, si piensas que la mieles más dulce que coger una moneda! Apenas vi yo a nadie cuando reinaba Saturno, a cuyo corazón no fuese dulce el lucro. Con el tiempo creció el deseo de tener, que ahora es sumo: apenas si tienen donde avanzar más. Las riquezas pueden ahora más que en los años del tiempo originario, cuando el pueblo era pobre y Roma era nueva, cuando una pequeña cabaña acogía al hijo de Marte, Quirino…  ”  (Traducción de Bartolomé Segura Ramos. Edit. Gredos.2001)

    Dixerat, et vultu, si plura requirere vellem,
      Se mihi difficilem non fore, fassus erat:
    Sumpsi animum, gratesque deo non territus egi,
      Verbaque sum spectans pauca locutus humum:
    Dic, age, frigoribus quare novus incipit annus,
      Qui melius per ver incipiendus erat?
    Omnia tunc florent, tunc est nova temporis aetas,
      Et nova de gravido palmite gemma tumet,
    Et modo formatis operitur frondibus arbos,
      Prodit et in summum seminis herba solum,
    Et tepidum volucres concentibus aëra mulcent,
      Ludit et in pratis luxuriatque pecus.
    Tum blandi soles, ignotaque prodit hirundo,
      Et luteum celsa sub trabe fingit opus.
    Tum patitur cultus ager, et renovatur aratro.
      Haec anni novitas jure vocanda fuit.
    Quaesieram multis: non multis ille moratus,
      Contulit in versus sic sua verba duos:
    Bruma novi prima est, veterisque novissima solis:
      Principium capiunt Phoebus et annus idem.
    Post ea mirabar, cur non sine litibus esset
      Prima dies. Causam percipe, Janus ait.
    Tempora commisi nascentia rebus agendis,
      Totus ab auspicio ne foret annus iners.
    Quisque suas artes ob idem delibat agendo,
      Nec plus quam solitum testificatur opus.
    Mox ego: Cur, quamvis aliorum numina placem,
      Jane, tibi primo tura merumque fero?
    Ut per me possis aditum, qui limina servo,
      Ad quoscumque voles, inquit, habere deos.
    At cur laeta tuis dicuntur verba Kalendis,
      Et damus alternas accipimusque preces?
    Tum deus incumbens baculo, quem dextra gerebat,
      Omina principiis, inquit, inesse solent.
    Ad primam vocem timidas advertitis aures,
      Et primum visam consulit augur avem.
    Templa patent auresque deûm, nec lingua caducas
      Concipit ulla preces, dictaque pondus habent.
    Desierat Janus: nec longa silentia feci,
      Sed tetigi verbis ultima verba meis:
    Quid vult palma sibi rugosaque carica, dixi,
      Et data sub niveo Candida mella cado?
    Omen, ait, causa est, ut res sapor ille sequatur,
      Et peragat coeptum dulcis ut annus iter.
    Dulcia cur dentur, video: stipis adjice causam,
      Pars mihi de festo ne labet ulla tuo.
    Risit, et, O quam te fallunt tua saecula, dixit,
      Qui stipe mel sumpta dulcius esse putes!
    Vix ego Saturno quemquam regnante videbam,
      Cujus non animo dulcia lucra forent.
    Tempore crevit amor, qui nunc est summus, habendi;
      Vix ultra, quo jam progrediatur, habet.
    Pluris opes nunc sunt, quam prisci temporis annis,
      Dum populus pauper, dura nova Roma fuit,
    Dum casa Martigenam capiebat parva Quirinum,

    Y sigue Ovidio cantando la feliz edad primera y explicando cómo ahora hay un excesivo deseo de riquezas y de oro…

    Séneca también hace referencia a los higos secos, enharinado, que siguen existiendo especialmente en Navidad, en su Epistula 87,3 dice:

    En lo que atañe a la comida, no se hubiese podido sacar nada de ella; fue preparada en no más de una hora, porque yo no voy a ninguna parte sin higos secos y sin tabletas para escribir. Los higos secos,si tengo pan, acompañan al pan, y si no lo tengo me hacen las veces de él. Los higos hacen de cada uno de mis días un día de Año Nuevo, que yo torno feliz y propicio por medio de buenos pensamientos y de sentimientos de grandeza de alma, que nunca son mayores que cuando el alma se ha desasido de toda cosa extraña a ella y se ha procurado la paz no temiendo nada, y la riqueza no deseando nada. (Traducción de Jaime Bofill Ferro. Edit.Iberia)

    De prandio nihil detrahi potuit; paratum fuit non magis hora, nusquam sine caricis, numquam sine pugillaribus. Illae, si panem habeo, pro pulmentario sunt, si non habeo, pro pane. Cotidie mihi annum novum faciunt, quem ego faustum et felicem reddo bonis cogitationibus et animi magnitudine, qui numquam maior est, quam ubi aliena seposuit et fecit sibi pacem nihil timendo, fecit sibi divitias nihil concupiscendo.

    La inscripción que comentamos con las iniciales A.N.F.F. , que hemos de transcribir  como Annum Novum Faustum Felicem, aparece también en monedas de varios emperadores, en concreto de Adriano, Antonino Pío y Alejandro Severo, generalmente con una guirnalda de laurel y a veces acompañada de las palabras OPTIMO PRINCIPI (a nuestro mejor príncipe). Recuérdese la costumbre de felicitar al emperador y ofrecerle las “strenae” como reconocimiento. La inscripción puede ser:

    S. P. Q. R. A. N. F. F. OPTIMO PRINCIPI (o HADRIANO AVG. P. P.),

    Senatus Populusque Romanus, Annum Novum Faustum Felicem Optimo Principi [i.e. adprecatur.]

    El Senado y el Pueblo Romano ruegan por un próspero y feliz año nuevo para elmejor príncipe.

    Fotografía extraída de la obra “Antonini Pii Augusti Nummus de Anni Novi Auspiciis explicatus. Romae, Typiis Iac. Dragondelli. 1676)

    Todos estos ritos y fórmulas, ampliados incluso con otros procedentes de las provincias conquistadas, como alguno celta como el  culto al dios-ciervo, se extendieron  por todo el Imperio y  han llegado hasta nuestros días de alguna manera,  a pesar sorprendentemente del choque con la celebración cristiana que inevitablemente se produjo cuando el Cristianismo se impuso. La experiencia pagana del “tiempo natural”  que se renueva todos los años choca con la concepción cristiana del tiempo que no espera nada del tiempo concreto en la espera de la vida eterna.  Los apologistas padres de la Iglesia, como San Ambrosio o Tertuliano, polemizan enérgicamente con el paganismo, y en parte obtuvieron éxito, aunque estos ritos y costumbres en buena parte han llegado hasta nuestros días.

    Así San Ambrosio (339-397) dice en su “Commentarium in Epistolam Beati Pauli ad Galatas, IV, versículo 10(Migne, P.L.XVII) :

    Guardais  los días  y los meses y las estaciones y los años (Galat.IV,v.10). Los elementos que antes ha citado, ahora los aclara. El sol hace el día, los transcursos de la luna los meses; las estaciones pues son la primavera, el verano, el otoño y el invierno; estas cuatro, una vez completado su propio número, hacen un año. Así pues los días los guardan los que dicen, por ejemplo, mañana no se puede viajar, pasado mañana no se debe comenzar ninguna cosa, y así suelen engañarse más y más. Dan culto sin embargo a los meses los que analizan los movimientos de la luna y dicen, por ejemplo, en la séptima luna no se deben construir instrumentos; y de nuevo en la novena luna, por ejemplo, no conviene llevar a casa un esclavo comprado; y con estas cosas acostumbran a cuidarse fácilmente de las adversidades. Guardan en cambio las estaciones cuando dicen: hoy es el comienzo de la primavera, hoy es día festivo; pasado mañana son las Vulcanalia (fiestas de Vulcano). Y dicen también estas cosas: es el día siguiente, no se puede salir de casa. Y así dan culto a los años cuando dicen, con las Calendas de Enero hay un nuevo año, como si los años no se fueran completando todos los días. Pero como mantienen el culto a la memoria de aquel famoso Jano bifronte, se siguen sirviendo de esta superstición, que debe estar lejos de los siervos de Dios. Pues si se ama a Dios de todo corazón, siendo él propicio, ningún temor debe existir, ni preocupación de estas cosas. Pues ha de ocurrir prósperamente todo lo que simplemente se hace bajo la devoción de Dios.

    “Dies observatis, et menses, et tempora, et annos” (Galat. IV) .  Quae elementa dixerit, nunc declarat.  Diem sol facit,menses cursus lunae; tempora vere sunt ver, aestas,autumnus, hiems: quatuor haec, completo numero proprio, faciunt annum. Dies ergo observant, qui dicunt, ut puta, crastino proficiscendum non est, post crastinum enim non debet aliquid inchoari, et sic solent magis decipi. Hi autem colunt menses, qui cursus perscrutantur lunae dicentes, ut puta, septima luna instrumenta confici non debent; nona iterum luna, ut puta emptum servum domum duci non oportet: et per haec facilius solent adversa provenire. (0263D) Tempora vero sic observant cum dicunt: Hodie veris initium est, festivitas est; post cras Vulcanalia sunt. Et talia iterum aiunt: Posterum est, domum egredi non licet. Annos sic colunt cum dicunt, Kalendis Ianuariis novus est annus quasi non quotidie anni impleantur. Sed ut Iani illius recolant memoriam  bifrontis, hac superstitione utuntur, quae longe debet esse a servis Dei. Si enim Deus ex toto corde diligitur, ipso propitio nulla debet esse formido, neque suspicio harum rerum. Prospere enim potest cedere, quidquid simpliciter sub Dei devotione fit.

    Du Cange, citando un texto de Maximo Taurinenesis, Homilia De Kalendis Ianuariis, en su Glossarium mediæ et infimæ latinitatis, en el término annus novus, dice:

    Annus Novus. S. Maximus Taurinensis Hom. de Kalendis Januariis :
    Gravi utique eorum cor est, atque omni impietate depressum, qui per sacrilegos logos divinis monitis illudentes, vana diligunt, et falsa sectantur, et post omnia ad offensionis plenitudinem dies ipsos Annum Novum vocant. Quamquam non inconvenienter secundum se, Novum appellant Annum : quoniam per nefandas ferias de honestate falsa turpitudo et perversitas innovatur. Novum vocant Annum, quasi novi aliquid aut cœlum tunc ostendat, aut terra. Novum Annum Januarias appellant Kalendas, cum vetusto semper errore et horrore sordescant.

    Año Nuevo. Máxio de Turín. Homilia para las Calendas de Enero:

    En grave y absoluta impiedad  ha caído el corazón de aquellos que despreciando las advertencias divinas con discursos sacrílegos, aman las vanidades y siguen las falsedades y además de todo para completar su ofensa llaman a unos días propios Año Nuevo. Aunque según ellos de manera conveniente, llaman Nuevo al Año, porque renuevan la desvergüenza y perversidad de una falsa honestidad con fiestas nefandas. Le llaman Nuevo al Año como si el cielo o la tierra manifestasen algo nuevo. Llaman Año Nuevo a las Calendas de Enero cuando se ensucian con error y horros siempre viejos.

    Tertuliano, por su parte,  se refiere a título de ejemplo a cuatro fiestas romanas, probablemente las más populares en su ciudad de Cartago,: las Saturnales, las calendas de enero, el solsticio de invierno y las Matronalia. Tertuliano no puede soportar que los cristianos participen en estas fiestas, a veces desbordadas y con cultos a dioses paganos. Nos dice en su De Idolatría, 14,:

    De la blasfemia

    Pero la mayor parte, pues, ya se ha convencido que se debe perdonar si alguna vez se actúa como los paganos para que no sea blasfemado el nombre (cristiano).  Más aún, la blasfemia, que debemos evitar por todos los medios, opino que es esto, si alguno de nosotros conduce a un pagano a una blasfemia con justo motivo por fraude o injusticia o ultraje o cualquier otra causa digna de querella, por la que el nombre (de cristiano) con razón fuese cuestionado, también el señor estaría indignado con razón. Por otra parte si se nos dice de toda blasfemia: por vuestra causa mi nombre es blasfemado, perecemos todos juntos,  cuando el circo entero ataca nuestro nombre injustamente con sus gritos criminales. Desistamos (de ser cristianos) y no se blasfemará.  Al contrario, que se blasfeme mientras estamos en la observación y no en el abandono de la regla, mientras somos aprobados y no reprobados. ¡Oh blasfemia próxima al martirio, que ahora atestiguas que yo soy cristiano, porque por ti se me  detesta! La bendición por guardar la fe es la maldición de mi nombre. El dijo, si quisiera agradar a los hombres, no sería servidor de Cristo. Pero el mismo (apostol) nos ordena en otro sitio que procuremos complacer a todos, como yo, dijo, complazco a todos por todos los medios. ¿No agradaba a los hombres celebrando las  Saturnales y las Calendas de Enero? ¿O era por su modestia, su paciencia, su seriedad, su humanidad, su integridad de vida? Por tanto cuando dice “me hecho todas las cosas para todos, para ganar a todos, ¿se ha hecho idólatra para los idólatras, paganos para los paganos, mundano para los mundanos? Pero aunque no nos prohibe converser con los idólatras y los adúlteros y los demás criminales diciendo: “por lo demás saldréis del mundo”, no nos empuja a distender las riendas de la conversación hasta el punto de que, como es necesario convivir y mezclarnos con los pecadores, podamos también pecar con ellos. Donde hay relación de vida, que el apóstol permite, allí hay pecado, que nadie permite. Se puede convivir con los paganos, pero no se puede morir con ellos. Convivamos con todos; alegrémonos juntamente por la unión de la naturaleza, no de la superstición. Somos iguales por el alma, pero no por nuestras creencias; estamos juntos como posesores del mundo, pero no del error. Porque si no tenemos ningún derecho de comunión de este tipo de cosas (las supersticiones) con los extraños,  ¡cuanto más criminal será celebrarlas con  los hermanos!¿Quién podría sostener o defender esto? El Espíritu Santo reprueba a los judíos sus días festivos. Les dice: mi alma odia vuestros sábados y lunas nuevas (numenias) y vuestras ceremonias. Y nosotros, para quienes son extraños los sábados y las nuevas lunas y las fiestas queridas alguna vez por Dios, ahora asistimos a las Saturnales y a las Fiestas de Enero, y a las de Invierno y a las de la Gran Madre, y nos hacemos presentes y regalos (strenae), y compartimos los juegos y celebramos banquetes. Oh, mejor la fe de las naciones en su propia creencia, que no reivindica para sí ninguna solemnidad cristiana. No comparten con nosotros el día del señor (domingo), ni pentecostés, aunque lo conocen. Temerían en cambio que parecieran cristianos. No temamos nosotros que no parezcamos paganos. Si alguna indulgencia se ha de conceder a la carne, no diré que sólo tienes tus días, sino muchos. Pues para los paganos sólo un día cada año es festivo, pero para ti cada ocho días. Coge todas las festividades de las naciones una a una y ponlas en fila: no podrán completar un pentecostés (cincuenta días)

    Sed enim plerique iam induxerunt animo ignoscendum esse, si quando, quae ethnici, faciunt, ne nomen blasphemetur. Porro blasphemia, quae nobis omni modo deuitanda est, haec opinor est, si qui nostrum ad iustam blasphemiam ethnicum deducat aut fraude aut iniuria aut contumelia aliaue materia dignae querelae, in qua nomen merito percutitur, ut merito irascatur et dominus. Ceterum si de omni blasphemia dictum est, uestra causa nomen meum blasphematur, perimus uniuersi, cum totus circus scelestis suffragiis nullo merito nomen lacessit. Desinamus, et non blasphemabitur. Immo blasphemetur, dum sumus in obseruatione, non in exorbitatione disciplinae, dum probamur, non dum reprobamur. O blasphemiam martyrii adfinem, quae tunc me testatur Christianum, cum propterea me detestatur ! Benedictio est nominis maledictio custoditae disciplinae. Si hominibus, inquit, uellem placere, seruus Christi non essem. Sed idem alibi iubet, omnibus placere curemus. Quemadmodum ego, inquit, omnibus per omnia placeo. Nimirum Saturnalia et Kalendas Ianuarias celebrans hominibus placebat ? An modestia et patientia ? An grauitate, an humanitate, an integritate ? Proinde cum dicit, omnibus omnia factus sum, ut omnes lucrifaciam: numquid idololatris idololatres ? Numquid ethnicis ethnicus ? Numquid saecularibus saecularis ? Sed etsi non prohibet nos conuersari cum idololatris et adulteris et ceteris criminosis dicens, ceterum de mundo exiretis, non utique eas habenas conuersationis inmittit, ut, quoniam necesse est et conuiuere nos et commisceri cum peccatoribus, idem et compeccare possimus. Vbi est commercium uitae, quod apostolus concedit, ibi ** peccare, quod nemo permittit. Licet conuiuere cum ethnicis, commori non licet. Conuiuamus cum omnibus; conlaetemur ex communione naturae, non superstitionis. Pares anima sumus, non disciplina, compossessores mundi, non erroris. Quod si nobis nullum ius est communionis in huiusmodi cum extraneis, quanto scelestius est haec inter fratres frequentare. Quis hoc sustinere aut defendere potest ? Iudaeis dies suos festos exprobrat spiritus sanctus. Sabbata, inquit, uestra et numenias et ceremonias odit anima mea. Nobis, quibus sabbata extranea sunt et numeniae et feriae a deo aliquando dilectae, Saturnalia et Ianuariae et Brumae et Matronales frequentantur, munera commeant et strenae, consonant lusus, conuiuia constrepunt. O melior fides nationum in suam sectam, quae nullam sollemnitatem Christianorum sibi uindicat ! Non dominicum diem, non pentecosten, etiamsi nossent, nobiscum communicassent ; timerent enim, ne Christiani uiderentur. Nos ne ethnici pronuntiemur, non ueremur. Si quid et carni indulgendum est, habes, non dicam tuos dies tantum, sed et plures. Nam ethnicis semel annuus dies quisque festus est, tibi octauo quoque die. Excerpe singulas sollemnitates nationum et in ordinem exsere : pentecosten implere non poterunt.

    Nota: alguna información y algunas imágenes han sido obtenidas en http://hortushesperidum.blogspot.com/2013/12/annum-novum-faustum-felicem-tibi.html

    Pues bien, en alguna medida la el Cristianismo triunfó en esta polémica, puesto que se impuso como religión oficial y única en el Imperio romano, acabando con la religión pagana, pero lo hizo al precio de mantener estas costumbres y tradiciones que no han dejado de celebrarse y muestran hoy en día una notable vitalidad, si bien bajo el ropaje de motivos tradicionales cristianos.
                    …………….
    Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana. AGUINALDO

    Nota: Ya indiqué cómo el Diccionario de la Real Academia da como probable origen etimológico de “aguinaldo” la expresión latina hoc in anno 'en este año', pero se han dado otras explicaciones más peregrinas. Citaré por ejemplo a Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana, adaptando la ortografía a los tiempos actuales, donde no se limita a ofrecer una mera información etimológica, sino que trata con cierta profundidad el tema:

    Covarrubias. Tesora de la lengua castellana.

    AGUINALDO, es lo que se presenta de cosas de comer,o vestir por la fiesta de Pascua de Navidad. Este presente llamaron los Latinos xenium, munus hospitibus dari solitum. Pues de esta palabra mudando la x en g se dijo genialdo, y añadiéndole el artículo agenialdo, y corrompido del todo, aguinaldo. Otros quieren se haya dicho del nombre genius hospitalitatis, voluptatis, et naturae Deus, y de llí se tomó aquella frasis, indulgere genio, comer, y beber, y holgarse. Casi en el mismo tiempo que nosotros usamos los aguinaldos, tenían los Gentiles sus días geniales, que eran por el mes de Diciembre, cuando unos a otros se enviaban presentes y regalos, de algunas cosas de comer, y pertenecientes a la mesa; y estos presentes que se daban a ese tiempo se llamaban apophoreta,id est, munera, quae dari solent in Saturnalibus, quem morem hodie quoque servant mense Decembri, in natali Salvatoris, et initio anni. Calepinus. Pero en el Concilio Altisiodorense, se manda que no se den los aguinaldos diabólicos, en el día de año nuevo, que se usaban en la Gentilidad, a título de geniales. También podríamos decir ser nombre Hebreo, compuesto de (letras hebreas) hag, que vale solemnitas, y del verbo (letras hebreas) nahal, haereditare (letras hebreas) hagnahal, agnaldo, aguinaldo, que valdrá enriquecer, donar y hacer presentes, en el día de la solemnidad; y esto tengo por cosa más cierta, porque consultando este vocablo con Diego de Urrea, dijo ser arábigo: guineldum, del verbo ganeye, que vale enriqecer,  y que los muchos dones hacen rico al que los recibe, pues de guineldum volvemos, guineldo, y guinaldo, con el artículo a aguinaldo y la lengua Arábiga es deducida de la Hebrea. Y por decir todo lo que han comunicado, un hombre docto, y curioso me dijo que este vocablo estaba corrompido de aglando, dicho así a glandibus, conviene saber bellotas,  porque en este tiempo diban a los niños bellotas o nueces con que jugasen, trayendo para esto el primer emblema de Alciato, o el prefacio y prólogo que dice asi:
    Dum pueros iuglans,iuvenes dum tessara fallit,
    Detinet et segnes chartula picta viros.
    Más a propósito parece ser otra etimología tomada del verbo Griego (letras griegas) ginomaei, nascor, y de ginome gininaldo, agimnaldo, y finalmente aguinaldo, por darse el día del natal y en el principio del año. Cuenta Suetonio, que en este tiempo admitían los reyes se les hiciesen algunos presentes en señal de reconocimiento, en la vida de Calíguloa ca. 42 y de Octavio Cesar, cap. 57 y hoy día a los señores acostumbran llevar sus vasallos el que llaman  presente,  por este mismo tiempo. Los presentes que se enviaban unos a otros en el mes de Diciembre se llamaron apophoreta, del verbo (letras griegas apoforein), que vale llevar, tienen alguna semejanza con los aguinaldos.

  • ¿El poeta nace o se hace? ¿La poesía, ¿don del cielo o trabajo de lima, “limae labor?

    La respuesta más ponderada a la pregunta de si el poeta nace o se hace afirmará que el poeta debe venir a este mundo provisto de unas especiales cualidades que el ejercicio diario y constante ha de desarrollar y consolidar. Probablemente así son las cosas pero el asunto admite alguna reflexión.

    En primer lugar la misma etimología de la palabra “poeta” nos puede ayudar a dilucidar el dilema. “Poeta”, del griego  ποιητής,  “poietés”,  es el creador, autor, fabricante, hacedor, poeta (hacedor de versos);  y, claro está,  no todo el mundo tiene capacidad creativa. Así que la poesía, desde su origen, está conectada con los dioses. La poesía es “un don de los dioses”.  El poeta es un ser “insanus” o loco, arrebatado  por el “furor poeticus”, por la “inspiración divina”.

    Recordemos asimismo cómo la palabra “carmen”  significa “poema, verso”, pero también “embrujo, canción, canto y encantamiento, profecía, predicción, embrujo, filtro mágico, fórmula religiosa, sentencia moral…”.

    También el poeta es llamado  “vate“ del latín “vates”, adivino, profeta, poeta inspirado por los dioses (por cierto, el Vaticano es la colina de los “vaticinios” o profecías según una etimología que no todos admiten, seamos precisos, pero que parece plausible).

    Así que el poeta es un ser tocado por la divinidad, que en su origen emitía “carmina”, poemas, versos, sentencias que son profecías y mensajes de los dioses. El poeta canta y produce encantamientos. Todo esto ya lo comenté hace algún tiempo en otro artículo; véase https://www.antiquitatem.com/aut-insanit-homo-aut-versus-facit-horaci

    Esta creencia se ha prolongado  a lo largo del tiempo y hasta nuestros días.  Recordemos a Cervantes y su referencia a la poesía como “la gracia que no quiso darme el cielo”.

    Yo, que siempre trabajo y me desvelo
    por parecer que tengo de poeta
    la gracia que no quiso darme el cielo […]

    (Viaje del Parnaso, vv. 25-27)

    Desde esta perspectiva es acertado afirmar que “el poeta nace”.

    Pero no todo el mundo opina igual  ya desde la Antigüedad. Así   Horacio no está de acuerdo  en su preceptiva literaria en forma de carta, Epistula ad Pisones 289-97,  con  Demócrito, que  exigía a los poetas cierta locura;  Horacio confía más en  el trabajo exigente del pulido y corrección, en la  “labor limae et mora”, en el trabajo y constancia de la lima:

    No sería el Lacio menos poderoso por su literatura
    como lo es por su valor y sus hazañas bélicas
    si los poetas no fueran tan impacientes
    y reacios a la labor de la lima.
    Vosotros, linaje de Pompilio, censurad un poema
    que no haya madurado con el tiempo
    y sufrido muchas tachaduras, hasta adquirir
    un pulimento perfecto; porque Demócrito cree
    que el talento natural es más afortunado que la pobre técnica
    y excluye del Helicón a los poetas sanos (que no están locos),
    una gran parte procura no cortarse las uñas
    ni la barba, busca los lugares apartados y
    no frecuenta los baños. Pues merecerá el nombre
    y la estimación de poeta el que nunca confió
    al barbero Licinio su cabeza, que no alcanzará a curar
    el eléboro de las tres Anticiras.

    Nota: El Helicón es un monte cercano al Parnaso dedicado al dios Apolo y a las Musas.
    Las tres Anticiras son tres ciudades griegas con este nombre en las que se supon que se criaba el eléboro, planta medicinal que se creía que curaba la locura.

    Nec virtute foret clarisve potentius armis,
    quam lingua Latium, si non offenderet unum
    quemque poetarum limae labor et mora. Vos, o
    Pompilius sanguis, Carmen reprehendite, quod non
    multa diez et multa litura coercuit atque
    praesectum decies non castigavit ad unguem.
    Ingenium misera quia fortunatius arte
    credit et excludit sanos Helicone poetas
    Democritus, bona pars non ungues ponere curat,
    non barbam, secreta petit loca, balnea vitat.
    Nanciscetur enim pretium nomenque poetae,
    si tribus Anticyris caput insanabile numquam
    tonsori Licinio commiserit.

    Algunos episodios y momentos de poetas  de época romana,  que lo fueron por la fuerza interna de su decisión, confirman la realidad de esta afirmación.

    En general ayer como hoy la tarea esta de la poesía gozaba de notable prestigio pero de escasa compensación económica. Son numerosos, ayer como hoy, los ejemplos de extraordinarios poetas incomprendidos por sus progenitores, que hubieran deseado para ellos empleos más lucrativos. Es el caso de Ovidio, de Marcial, etc.

    De Ovidio se cuenta una anécdota, apócrifa por cierto,  al respecto,  que resulta interesante. Hijo de una familia tradicional y terrateniente fue enviado a Roma con su hermano para estudiar retórica y convertirse en un buen abogado. Ovidio se mostró más interesado en la poesía que en el derecho. Su padre le recriminaba que se dedicara a una tarea que ya desde Homero, que murió en la pobreza, no producía ninguna ganancia.  Todo esto nos lo cuenta el propio Ovidio en su Tristia, IV, 10, 21-26  en la que nos proporciona unos cuantos detalles autobiográficos. 

    Reproduzco algunos versos y animo al lector a hacer una lectura completa.

    Muchas veces  me dijo mi padre: ¿por qué haces un esfuerzo inútil?
    El mismo Meónida (Homero) ninguna riqueza dejó.
    Quedaba yo afectado por estas palabras y olvidándome del Helicón
    intentaba escribir palabras libres de toda medida (en prosa),
    pero espontáneamente  me venía el poema con su adecuada medida,
    y todo lo que intentaba decir era verso

    Saepe pater dixit: “Studium quid inutile temptas?
    Maeonides nullas ipse reliquit opes”
    Motus eram dictis, totoque Helicone relicto
    Scribere conabar verba soluta modis.
    Sponte sua Carmen números veniebat ad aptos,
    Et quod temptabam dicere, versus erat.

    Pues bien, probablemente el verso  “quidquid temptabam dicere versus erat”  (todo lo que intentaba decir era verso)  es el que  dio origen a la anécdota apócrifa, aunque repetida hasta la saciedad  de manera poco exigente, que refiero a continuación. 

    Es una cita sin duda apócrifa (oculta, sin firma, que es lo que significa la palabra del griego  ἀπόκρυφος, ἀπό ,apó, lejos de, privado de, y κρυπτός , kryptos , oculto) que dice que a la reconvención paterna Ovidio respondió:

    Parce mihi, nunquam versificabo, pater!

    ¡Perdóname, padre!, nunca volveré a escribir versos

    Pero esta respuesta en sí misma era la negación de lo que afirmaba, porque resulta ser ella misma un verso.

    Confirma su carácter apócrifo de la anécdota alguna otra versión paralela, con alguna variación, facilitada precisamente por no encontrarse el citado verso entre los de Ovidio. Así

    Te juro, te juro, padre que nunca más compondré versos

    Iuro, iuro, pater numquam componere versus

    Iuro tibi pater numquam componere carmen

    Nunc tibi promitto nunquam componere uersus

    Horacio es también un buen ejemplo de la fuerza interna que con la que los dioses tocan a los poetas. Es verdad que su padre, un liberto que hizo alguna fortuna, se empeñó en que su hijo estudiara con los mejores profesores en Roma y luego en Grecia. Lo suyo, desde luego, eran las letras, aunque estando en Grecia participó en la batalla de Filippos en el ejército perdedor de Bruto, el republicano, uno de los asesinos de César. Vivió como pudo hasta que entró en el círculo del gran Mecenas y del propio Augusto, pero nunca dejó la poesía que le abrió la puerta de la inmortalidad.

    El texto anteriormente citado de la Epistula ad Pisones es clara expresión del trabajo que debe acompañar a toda inspiración.

    Otro ejemplo similar es el del  ingenioso, a veces ácido, a veces tierno, Marcial, que nació en Bilbilis junto a la actual Calatayud. Marcho a Roma, a la Urbe, para triunfar como poeta.  Harto de malvivir a la sombra de los poderosos,  volvió a su natal Bilbilis, acogido por una rica viuda.  Como detalle curioso diré que Plinio el Joven le proporcionó la ayuda necesaria para el viaje; ayuda que por eso recibe el nombre de viático, de "via", camino, carretera.  Pues bien, durante su estancia en Roma sus amigos le aconsejaron una y otra vez que se dedicara al “foro”, a los pleitos, que es lo que entonces como hoy dan dinero.

    El epigrama  que reproduzco dibuja perfectamente el duro ambiente romano en el que han de subsistir los poetas.

    Epigramas III, 38 a

    “—¿Qué motivo o qué confianza te trae a Roma, Sexto? ¿Qué esperas
    o qué vienes a buscar aquí? Dímelo.

    —Yo trataré causas, me respondes, con más elocuencia que el propio
    Cicerón, y no habrá quien me iguale en los tres foros.

    —Han intervenido en causas Atestino y Civis. A los dos los conocías.
    Pues bien, ninguno de los dos sacaba para pagar a la patrona.

    —Si por esa parte no hay salida, compondré poemas. Apenas los
    oigas, pensarás que son de Virgilio.

    —Estás loco. Todos esos que ves ahí con sus mantos heladores, son
    Ovidios y Virgilios.

    —Frecuentaré los atrios de las grandes casas.

    —Esto es solución para tres o cuatro. Todos los demás, una turba
    inmensa, se mueren de hambre.

    —¿Qué debo hacer? Dímelo, porque tengo decidido vivir en Roma.

    —Si eres bueno, será una casualidad que puedas vivir”.


    Quae te causa trahit vel quae fiducia Romam,
    Sexte? quid aut speras aut petis inde? refer.
    'Causas' inquis 'agam Cicerone disertior ipso
    Atque erit in triplici par mihi nemo foro.'
    Egit Atestinus causas et Civis—utrumque
    Noras—; sed neutri pensio tota fuit.
    'Si nihil hinc veniet, pangentur carmina nobis:
    Audieris, dices esse Maronis opus.'
    Insanis: omnes gelidis quicumque lacernis
    Sunt ibi, Nasones Vergiliosque vides.
    'Atria magna colam.' Vix tres aut quattuor ista
    Res aluit, pallet cetera turba fame.
    'Quid faciam? suade: nam certum est vivere Romae.'
    Si bonus es, casu vivere, Sexte, potes.

    Estos poetas y muchos otros son ejemplo de personas que sucumbieron  a la pasión interna que les consumía,  la poesía , y confirman la opinión de quien afirma que hay que nacer poeta para serlo pero también hay trabajar duro con la lima (labor limae et mora).

    Esta necesidad del trabajo constante de perfeccionamiento del texto poético nos lo confirma la vida del grandioso Virgilio.  Dedicó los últimos años de su vida a componer la Eneida,  el gran canto épico a la historia y grandeza del pueblo romano y  del emperador Augusto en cuya época vivió y que le protegió.

    Su método  consistía en dictar a su amanuense  y liberto Eros  por la mañana decenas de versos, que por la tarde dejaba reducidos a unas pocas unidades. Parece que tenía un guión en prosa más o menos definido de lo que sería la obra e iba completando los diversos libros según le venía la inspiración. Incluso dejaba versos incompletos para finalizar más tarde si el hemistiquio (medio verso) expresaba la idea completa.

    Nos lo cuenta Suetonio en la vida de Virgilio, una de las vidas de su De poetis, que a su vez forma parte de su De viris illustribus:

    Cuando estaba escribiendo las “Geórgicas”, se dice que acostumbraba todos los días a dictar por la mañana muchos versos inspirados y a lo largo del día, corrigiéndolos, los dejaba reducidos a muy pocos, diciendo no absurdamente que él “paría”  y daba forma al poema como la osa, lamiendo y lamiendo.  Decidió escribir  la Eneida resumida en doce libros primero en prosa y componerla en verso según le apetecía en cada caso sin guardar ningún orden establecido. Y para que la inspiración no le demorase, nos transmitió algunos versos imperfectos, algunos  los anunció con pocas palabras, que en  broma decía que colocaba como puntales  para sostener la obra, en tanto le llegaban las sólidas columnas.

    Cum "Georgica" scriberet, traditur cotidie meditatos mane plurimos versus dictare solitus ac per totum diem retractando ad paucissimos redigere, non absurde carmen se more ursae parere dicens et lambendo demum effingere. "Aeneida" prosa prius oratione formatam digestamque in XII libros particulatim componere instituit, prout liberet quidque, et nihil in ordinem arripiens. Ac ne quid impetum moraretur, quaedam inperfecta transmisit, alia levissimis verbis veluti fulsit, quae per iocum pro tibicinibus interponi aiebat ad sustinendum opus, donec solidae columnae advenirent.

    Aulo Gelio en XVII, 10  también recuerda la forma de producir sus versos

    Recuerdo que el filósofo Favorino, una vez que acudió durante el verano del año  a la villa de un amigo suyo en Anzio, y yo había venido de Roma para verlo, disertó poco más o menos  de la siguiente manera sobre los poetas Píndaro y Virgilio. Dijo que "los amigos y los íntimos de Publio Virgilio, en los  recuerdos  que la memoria nos ha dejado de su talento y su carácter, dicen que él solía declarar que paría los  de la forma y la manera de una osa, "
    Porque así como  la bestia da a luz a su cría sin figura y deforme, y luego lamiendo da figura y forma a lo que había parido, así los productos recientes de su mente también eran groseros en su figura e imperfectos,  pero después  trabajándolos y puliéndolos les daba las formas del rostro y de la expresión.

    Favorinum philosophum, cum in hospitis sui Antiatem villam aestu anni concessisset nosque ad eum videndum Roma venissemus, memini super Pindaro poeta et Vergilio in hunc ferme modum disserere:  “Amici,” inquit, “familiaresque P. Vergilii, in his quae de ingenio moribusque eius memoriae tradiderunt, dicere eum solitum ferunt parere se versus more atque ritu ursino. Namque
    ut illa bestia fetum ederet ineffigiatum informemque lambendoque id postea quod ita edidisset conformaret et fingeret, proinde ingenii quoque sui partus recentes rudi esse facie et inperfecta, sed deinceps tractando colendoque reddere iis se oris et vultus liniamenta
    .

    Nota: esta comparación con el lamer de la loba tuvo notable éxito y se utilizó naturalmente en nuestro Renacimiento y Barroco.

    En el añ 19 a.C. cuando ya la tenía acabada pero no definitivamente corregida, marchó a Atenas para revisarla. Allí se encontró con  Augusto, que le convenció para volver con él a Roma. Visitó Megara bajo un sol abrasador y cayó enfermo.  Apenas desembarcar en Brindis, murió el 21 de septiembre, a los 51 años.  Antes de morir, pidió las cajas con los manuscritos de la Eneida para quemarlos; con anterioridad ya lo había así dispuesto en su testamento y pedido a sus albaceas Vario y Tucca. Sin duda este deseo se debía a su pasión por la perfección.  Se dice que fue la intervención de Augusto la que impidió que se cumpliera el deseo del poeta y se salvara el poema para la posteridad que siempre lo ha tenido de modelo de poesía épica. A Virgilio no le parecía presentable; le faltaba la última mano.

    El primero que nos lo cuenta o la primera y principal fuente es Plinio en su  Naturalis Historia VII 114:

    El Divino Augusto prohibió que fueran quemados los poemas de Virgilio  en contra del respeto  de su testamento y proporcionó así al poeta mayor fama que si hubiera aprobado su petición.

    Divus Augustus carmina Vergili cremari contra testamenti eius verecundiam vetuit maiusque ita vati testimonium contigit quam si ipse sua probavisset.

    También Donato en su Vida de Virgilio, XIV, 52 recoge el hecho:

    Cuando sintió que se agravaba su salud con su enfermedad pidió muchas veces y con gran fuerza que le llevasen las cajas (con los rollos) porque quería quemar la Eneida. Como  no se los llevaron ordenó en su testamento que fuera quemada como obra sin corregir e imperfecta.

    Tiberius Claudius Donatus, Vita Publii Virgilii Maronis, XIV, 52

    Quo ut gravari morbo se sentiret scrinia saepe et magna instantia petivit
    crematurus Aeneida. Quibus negatis testamento comburi iussit ut rem inemendatam imperfectamque.

    Hay que añadir Gellio XVII 10.7, que después de comentar que el mismo poeta decía que perfeccionaba sus versos como las osas dan forma a sus cachorros, nos informa:

    La propia realidad demuestra que fue un hombre de extraordinario buen gusto el que dijo esto con honestidad y verdad. Pues  las partes que dejó perfectas y pulidas,  a las que  su juicio y  aprobación habían aplicado su última la mano,   disfrutar de toda alabanza por su belleza poética; pero aquellas partes que se  pospusieron, con la intención de revisarlas más tarde, pero que  no pudo terminar porque le adelantó la muerte, no son de ninguna manera dignas de la fama y el agrado de los más elegantes de los poetas. Y así,  cuando abatido por la enfermedad  que la muerte estaba cerca, pidió y rogó y rogó insistentemente a  sus mejores amigos que quemaran la Eneida, que todavía no había “limado” suficientemente.

    Hoc virum iudicii subtilissimi ingenue atque vere dixisse, res,” inquit, "indicium facit.  Nam quae reliquit perfecta expolitaque quibusque inposuit census atque dilectus sui supremam manum,  omni poeticae venustatis laude florent; sed quae procrastinata sunt ab eo, ut post recenserentur, et absolvi, quoniam mors praeverterat, nequiverunt, nequaquam poetarum elegantissimi nomine atque iudicio digna sunt. Itaque cum morbo obpressus adventare mortem viderat, petivit oravitque a suis amicissimis inpense, ut Aeneida, quam nondum satis elimavisset, adolerent.

    También Macrobio en sus Saturnales I,24,6:

    ¿Quién a la hora de morir legó su poema al fuego, porque quería sustraer a la posteridad las carencias de su buena fama?

    Qui enim  moriens poema suum legavit igni, quid nisí famae suae vulnera posteritati subtrahenda curavit?,

    También  Suetonio en su Vida de Virgilio. Aunque redundante, ofrezco el texto de Suetonio, que recoge todo lo anteriormente dicho al final del artículo. Nada sabemos del citado por Suetonio Sulpicio el Cartaginés, relacionado también en Anthologia Latina 653

    Por lo demás la anécdota también está en las vidas de Virgilio, en la llamada Vita Serviana, 26-28 B

    «Aeneidem…scripsit…,sed nec emendavit nec edidit: unde eam moriens praeccpit
    incendí.”

    y en la Probiana se repite también,lo mismo que en Donato y Servio:

    La Eneida fue conservada gracias a Augusto, aunque él mismo (Virgilio) en su testamento la había ordenado que no se conservase nada que él no hubiera editado:

    Aeneis servata ab Augusto, quamvis ipse testamento damnaverit, ne quid eorum quod non edidisset extaret

    Esta realidad descrita confirma la necesidad de trabajar incansablemente para que aparezcan como fluidos los versos que no son sino fruto de un enorme esfuerzo y tensión emocional. Así que firmaré también la definición con la que comenzaba el artículo: el poeta nace y se hace con un esfuerzo permanente, con un constante “labor limae”. Con ello no hago sino seguir el sabio consejo de Horacio  preceptiva literaria “Epistula ad Pisones”, v. 408-411:

    Se pregunta si el mérito de un poema
    depende de la naturaleza o del arte.
    Yo ni creo en el estudio sin inspiración,
    ni veo qué aprovecha un genio sin educar;
    una cosa necesita del auxilio de la otra
    y son perfectamente compatibles.

    Natura fieret laudabile Carmen an arte,
    quaesitum est: ego nec studium sine divite vena,
    nec rude quid prosit video ingenium; alterius sic
    altera poscit opem res et coniurat amice.

    Y si esto es así, ¿cómo es posible que modernos vates publiquen un libro de poemas al año e incluso al semestre? Probablemente porque ni fueron tocados por la divinidad ni aplican la diaria lima necesaria;  tan sólo emborronan versos con  sonidos vacíos de significado, flatus vocis, decían los antiguos. Y a ellos también se les debe aplicar el consejo del tan citado Horacio en Epistula ad Pisones, 445-450:

    El varón bueno y prudente hará como Aristarco,
    Censurará los versos flojos, rechazará los incorrectos
    Y con la pluma al revés trazará una señal negra sobre los mal medidos,
    Recortará los adornos afectados, obligará a esclarecer lo oscuro,
    Atacará lo dicho ambiguamente, señalará lo que hay que cambiar. 
    (Traducción de Helena Valentí. Edit. Bosch)

    vir bonus et prudens versus reprehendet inertis,
    culpabit duros, incomptis adlinet atrum
    transverso calamo signum, ambitiosa recidet
    ornamenta, parum claris lucem dare coget,
    arguet ambigue dictum, mutanda notabit:
    fiet Aristarchus;

           ………………

    Suetonio, Vida de Virgilio, 35 y ss.

    A los 51 años de edad (en el año quincuagésimo segundo), dispuesto a dar la última
    mano a su Eneida, decidió marcharse  a Grecia y a Asia, y durante  tres años continuos no hacer ninguna otra cosa  que corregirla, para estar libre  el resto de su vida sólo para la filosofía. Pero ya en el viaje se encontró en Atenas con Augusto, que regresaba a Roma desde Oriente, y decidió no separarse de él e incluso volver juntamente,  y mientras  conoció la ciudad vecina de Megara   bajo un sol muy ardiente, contrajo una enfermedad, que se aumentó durante  la navegación ininterrumpida,  de tal forma que alcanzó Brindis bastante más grave. Allí murió a los pocos días, el 21 de septiembre, siendo cónsules Cneo Sentio y Quinto Lucrecio.  Sus huesos fueron trasladados a Nápoles, y enterrados en un sepulcro que está en la vía Puteolana, dentro del segundo miliario, en el que (hay escrito) este dístico que él hizo:

    Mantua me engendró, los calabrenses me raptaron, ahora me tiene
    Parténope; canté los pastos, los campos, a los generales.

    Nombró herederos, de  la mitad  a Valerio Próculo, hermano de diferente padre; de la cuarta parte a Augusto; de la duodécima parte, a Mecenas; de lo restante a Lucio Vario y
    a Plocio Tuca, quienes revisaron su Eneida después de su muerte por orden el César.  Sobre  este asunto, quedan estos versos de Sulpicio el cartaginés:

    Había ordenado Virgilio que fueran destruidos en las rápidas llamas
    estos poemas, que cantaban al general frigio.
    Tuca y Vario lo impiden; al mismo tiempo tú, César máximo,
    no lo permites y velas por la historia del Lacio.
    La desgraciada  Pérgamo cayó junto al fuego doble,
    Y Troya casi fue quemada en otra hoguera.

    Antes de abandonar Italia, había tratado con Vario, que si le pasaba algo, quemara la Eneida; pero éste  había negado enérgicamente  que así lo haría;  así pues, al final de su salud pidió con insistencia sus cajas de libros para quemarlos él mismo. Pero, como no se los llevó nadie, no dispuso nada especial sobre ella (la Eneida)   Por lo demás, legó sus escritos al mismo Vario y también a Tuca, con la condición de que no publicaran nada, que no hubiera sido publicado por él.  Sin embargo Vario la publicó  con autorización de Augusto, aunque ligeramente enmendada,  de modo que incluso  dejó  los versos incompletos tal como estaban. Muchos pronto intentaron  completarlos, pero no pudieron hacerlo por su dificultad, porque casi todos los hemistiquios, en su caso, tienen  absoluto y perfecto sentido, excepto aquel: “quem tibi iam Troia”.

    Anno aetatis quinquagesimo secundo inpositurus "Aeneidi" summam manum statuit in Graeciam et in Asiam secedere triennioque continuo nihil amplius quam emendare, ut reliqua vita tantum philosophiae vacaret. Sed cum ingressus iter Athenis occurrisset Augusto ab Oriente Romam revertenti destinaretque non absistere atque etiam una redire, dum Megara vicinum oppidum ferventissimo sole cognoscit, languorem nactus est eumque non intermissa navigatione auxit ita ut gravior aliquanto Brundisium appelleret, ubi diebus paucis obiit XI Kal. Octobr. Cn. Sentio Q. Lucretio conss. Ossa eius Neapolim translata sunt tumuloque condita qui est via Puteolana intra lapidem secundum, in quo distichon fecit tale:

    "Mantua me genuit, Calabri rapuere, tenet nunc
    Parthenope; cecini pascua rura duces. "

    Heredes fecit ex dimidia parte Valerium Proculum fratrem alio patre, ex quarta Augustum, ex duodecima Maecenatem, ex reliqua L. Varium et Plotium Tuccam, qui eius "Aeneida" post obitum iussu Caesaris emendaverunt. De qua re Sulpicii Carthaginiensis exstant huiusmodi versus:

    "Iusserat haec rapidis aboleri carmina flammis
    Vergilius, Phrygium quae cecinere ducem.
    Tucca vetat Variusque; simul tu, maxime Caesar,
    Non sinis et Latiae consulis historiae.
    Infelix gemino cecidit prope Pergamon igni,
    Et paene est alio Troia cremata rogo."

    Egerat cum Vario, priusquam Italia decederet, ut siquid sibi accidisset, "Aeneida" combureret; at is ita facturum se pernegarat; igitur in extrema valetudine assidue scrinia desideravit, crematurus ipse; verum nemine offerente nihil quidem nominatim de ea cavit. Ceterum eidem Vario ac simul Tuccae scripta sua sub ea condicione legavit, ne quid ederent, quod non a se editum esset. Edidit autem auctore Augusto Varius, sed summatim emendata, ut qui versus etiam inperfectos sicut erant reliquerit; quos multi mox supplere conati non perinde valuerunt ob difficultatem, quod omnia fere apud eum hemistichia absoluto perfectoque sunt sensu, praeter illud: "quem tibi iam Troia."

  • Nerón inaugura un gran gimnasio y Demetrio le arruina el acto. (Intelectuales frente al poder III)

    Una de las mayores aportaciones de Roma a la civilización occidental fue la urbanización del territorio que fue conquistando con sus legiones. Roma construyó ciudades (urbs) e implantó un moderno sistema de vida ciudadano (civitas).

    En esa cultura era fundamental el agua, que utilizan con profusión. Tan necesaria era que a veces la transportan desde manantiales a decenas de kilómetros por acueductos y tuberías que nos siguen causando impresión.

    En la ciudad construida hay varios elementos esenciales: el foro o plaza, los templos, los edificios civiles de la administración como la basílica, y por supuesto las termas o baños o complejo deportivo y cultural amplio en el que junto a varias piscinas para satisfacer el deseo de placer del ciudadano hay también un gimnasio en el que entrenar y mantener en forma el cuerpo.

    Nota: “termas” significa “agua caliente”, del griego θερμός , thermos = caliente, nombre que también aplicamos al recipiente culinario que mantiene los alimentos, especialmente las bebidas,  calientes. “Baño” deriva de la latina balneum o balineum, que a su vez viene de la griega βαλανεῖον. El término primitivo latino para “baño” con el sentido de “excusado o retrete” era lavatrina, de donde nuestro “letrina”. "Piscina", naturalmente, deriva de la latina "piscis", que significa "pez", animal que de ordinario está en el agua.

    En todo ello fue fundamental la experiencia griega, que llevaba varios siglos de adelanto al inicialmente rudo romano. El arquitecto romano Vitruvio expone ampliamente en su obra De Architectura las condiciones de los edificios urbanos en su libro V especialmente.

    Nota curiosa: “gimnasio” es originariamente una palabra griega gymnasion, cedida al latín como “gimnasium. Procede de gymnos (γυμνός), que significa “desnudo”  y hace referencia a la costumbre de entrenarse físicamente y realizar los diversos entrenamientos deportivos desnudos de todo vestido. El que se entrena o practica el ejercicio del gimnasio es el “gimnasta”. De paso diré que esta desnudez permitía ungir o untar el cuerpo con tonificante aceite. Ese aceite, mezclado con el sudor natural y el polvo pegajoso del entrenamiento había luego de ser retirado con un rascador que en latín se llama “strigilis”. Recordemos la famosa estatua griega de Lisipo, el Apoxiomenos, en la que un atleta se está retirando el sudor utilizando el citado instrumento. Véase https://www.antiquitatem.com/adriano-termas-estrigil-lisipo-apoxiomen

    Como decía, las relajadas costumbres orientales y griegas pronto se asentaron en la Roma poderosa y fueron creándose termas y gimnasios cada vez más grandiosos. Vitruvio dedica todo el capítulo 9 del libro V de su obra De architectura a la construcción de estos edificios.

    Vitruvio 5.9.9  

    Como quiera que me parece que ya he expuesto todas estas cosas con suficiente detalle, ahora seguiré con las características de la disposición de los baños.

    Quoniam haec nobis satis videntur esse exposita, nunc insequentur balinearum dispositionum demonstrationes.

    Y  sigue especificando las condiciones en todo el capitulo 10.

    El primer complejo deportivo-cultural de estas características de grandes proporciones construido en Roma fue el que mandó hacer el emperador Nerón y que se inauguró el año 61.

    La construcción de estas termas y gimnasio la cuentan todos los historiadores de la época, reflejando su grandiosidad, que también impresionó a toda la sociedad. Marcial, que nació en Bilbilis, la actual Calatayud, en el año 40 y se marchó a Roma alrededor del año 64, para volver a su ciudad natal 34 años después, en donde murió 6 años más tarde) utiliza la referencia como tópico sinónimo de grandioso, como veremos a continuación.

    Leamos primero los textos que nos dan cuenta del evento pertenecientes a Tácito, Suetonio y Dion Casio.

    Tácito, XIV, 47

    Aquel año fue inaugurado un gimnasio por Nerón y ofreció el aceite a los caballeros y a los senadores según la costumbre griega.

    gymnasium eo anno dedicatum a Nerone praebitumque oleum equiti ac senatui Graeca facilitate.

    Suetonio, Nerón XII,3

    Implantó por primera vez en Roma un concurso quinquenal, triple según la costumbre griega; musical, gimnástico e hípico, al que dio el nombre de Neroniano. Después de inaugurar termas y un gimnasio, ofreció aceite incluso a los senadores y a los caballeros. Hizo presidir este concurso por exconsules, escogidos a suerte, ocupando el lugar de los pretores. Seguidamente bajo a situarse en la orquesta con los senadores. Aceptó la corona de la elocuencia y de la poesía latinas que se habían disputado los ciudadanos m´s honorables y que le cedieron de común acuerdo. Pero cuando los jueces le otorgaron la de los citaristas, se arrodilló y la hizo llevar ante la estatua de Augusto. (Traducción de Francisco Luis Cardona y Juan Alsina. Edit. Bruguera.1970)

    Instituit et quinquennale certamen primus omnium Romae more Graeco triplex, musicum gymnicum equestre, quod appellauit Neronia; dedicatisque thermis atque gymnasio senatui quoque et equiti oleum praebuit. magistros toto certamini praeposuit consulares sorte, sede praetorum. deinde in orchestram senatumque descendit et orationis quidem carminisque Latini coronam, de qua honestissimus quisque contenderat, ipsorum consensu concessam sibi recepit, citharae autem a iudicibus ad se delatam adorauit ferrique ad Augusti statuam iussit.

    Dión Casio, LXI, 21

    Entonces hizo estas cosas para celebrar el corte de su  barba; y para asegurar su continuidad en el poder, creó unos juegos quinquenales que llamó “Neronios” (Neronia). En honor de este evento hizo también construir un gimnasio y en su dedicación ofreció una distribución gratuita de aceite a los senadores y caballeros. Obtuvo, sin que nadie se opusiera, la corona al tocador de lira; todos los demás fueron descalificados, considerando que eran indignos de ser ganadores. E inmediatamente, llevando el uniforme de este grupo entró en el gimnasio para ser considerado como vencedor. Desde ese momento, se le enviaron todas las coronas de todos los concursos de citaristas, como si él fuera el único artista merecedor de la victoria.

    Marcial, VII, 34

    ¿Qué cómo puede ser, Severo, que la peor persona del mundo, Carino, haya
    hecho bien ni una sola cosa, preguntas? Te lo diré, pero rápido. ¿Qué peor que Nerón? Qué mejor que las termas neronianas? No falta al momento, ahí lo tienes, alguno de esos malvados que te habla así con su boca avinagrada: “¿Qué prefieres tú a tantos regalos de nuestro dios y señor?” —Prefiero las termas neronianas a los baños de un  maricón
    . (Traducción de José Guillén. Ed. Institución Fernando el Católico. Zaragoza)

    Quo possit fieri modo, Severe,
    Ut vir pessimus omnium Charinus
    Unam rem bene fecerit, requiris?
    Dicam, sed cito. Quid Nerone peius?
    Quid thermis melius Neronianis?
    Non deest protinus, ecce, de malignis,
    Qui sic rancidulo loquatur ore:
    'Quid tu tot domini deique nostri
    Praefers muneribus?' Neronianas
    Thermas praefero balneis cinaedi.

    Pues bien, hay una anécdota de curioso interés en relación con el acto de inauguración de este complejo. Se trata de la aparición en la escena de la inauguración de un famoso filósofo cínico contemporáneo, muy respetado por la intelectualidad del momento por su integridad moral, Demetrio. Este filósofo crítico con el poder, sin pelos en la lengua y con poca prudencia arruinó el acto inaugural pensado para mayor gloria del emperador. El texto, aunque vivo y descriptivo, no deja de ser frío y casi notarial. Es necesario que el lector realice un pequeño esfuerzo de imaginación, a lo que puede ayudar la comparación con eventos contemporáneos actuales pintorescos y grotescos, necesarios también de una voz “cinica” que reduzca el “ego” del gobernante.

    Nota: aunque sea bien sabido por la generalidad, permítame el lector informado, que comente que la palabra “ego” no es sino el pronombre personal de primera persona latino, que hemos de traducir por “yo”. De él derivan términos con significado bien evidente a partir de esta etimología, como egoísmo, egoísta, egocéntrico, egocentrismo. Tan conocido es el término que con frecuencia decimos de alguien bien pagado de sí mismo que tiene “un ego muy desarrollado”.

    Pues bien Demetrio criticó las famosas Termas que  Nerón inauguró en el año 61 por antihigiénicas y excesivamente caras y despilfarradoras en el mismo acto inaugural. En aquel momento escapó de la ira del Emperador, pero cuando un año más tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de Demetrio se consideraron la causa del derrumbe y Demetrio fue enviado al exilio por Tigelino, el prefecto del pretorio (el jefe superior de policía y brazo ejecutor) de Nerón.

    Pero será mejor que todo ello nos lo cuenten los propios textos antiguos:

    Del rayo nos dice Tácito en  Annales XV.22):

    Durante el mismo consulado fue golpeado el Gymnasio por un rayo y tirado al suelo; la estatua de Nerón, que en él había quedó fundida en un pedazo amorfo de bronce.

    Isdem consulibus gymnasium ictu fulminis conflagravit effigiesque in eo Neronis ad informe aes liquefacta.

    Filóstrato, Vida de Apolonio IV 42 (pongamos un poco de imaginación por nuestra parte para colorear el relato):

    Dado que Demetrio, que llegó después a Roma con la misma disposición de ánimo hacia él que he dicho en los capítulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio,mientras que arremetía contra Nerón, ello provocó en este hombre sospechas de una conspiración, y daba la impresión de que aquel había inducido a Demetrio a eso mismo. Mucho más cuando se llevó a término por Nerón el gimnasio más admirable de los de allí, y estaban celebrando el día festivo en él el propio Nerón, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero presentándose Demetrio en el propio gimnasio, pronunció un discurso contra los que se bañaban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. Así mismo, demostraba que tales cosas constituían un derroche excesivo. Lo libró de morir inmediatamente por ello el hecho de que Nerón cantó aquel día muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con sólo un ceñidor, como los más desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libró Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que tenía la espada de Nerón, lo expulsó de Roma, por haber arruinado la casa de baños con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,  para cuando también él dijera algo censurable e impurdente. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Es fácil imaginar la cara que se les pondría a toda la alta sociedad romana, con el emperador Nerón a la cabeza, escuchando al tábano cínico Demetrio (Socrátes, del que aprendió muchas cosas su discípulo Antístenes, fundador de la escuela cínica, se consideraba a sí mismo en la Apología, de Platón,  un tábano, mosca cojonera diríamos hoy en lenguaje más explícito) arruinarles el acto con dos críticas de peso: aquello es un despilfarro y además en los baños públicos lo único que puedes pillar es alguna enfermedad…

    Iniciado nuestro proceso imaginativo, podemos suponer que en el acto de inauguración no sólo se “cortó la cinta”, sino que los senadores y el resto de invitados se bañaron y embadurnaron de aceite. Nos da pie a ello la referencia explícita de los autores citados de que Nerón les concedió el aceite, a la manera griega.

    Es también motivo de reflexión la actitud del “policía” Tigelino respecto de Apolonio: espiarlo en secreto para pillarlo in fraganti y entonces…. castañazo..

    Sin duda alguna, hubiera sido muy oportuna en nuestro tiempo la presencia de algún cínico como Demetrio en la inauguración fantasmagórica de algún aeropuerto sin aviones, autopista sin coches o puente sin río.

                                  ……………..

    Nota postdata: En primer lugar la palabra “postdata” significa o se refiere a lo “ya ofrecido, ya dado, ya expuesto, nespecialmente la fecha o datación con la que se suele cerrar el documento”, y por eso se  adjetiva así esta nota, porque viene a continuación del texto del artículo.

    En segundo lugar con la nota quiero explicar el término “inaugurar”, con el que titulaba el artículo. Los romanos, como otros muchos pueblos y personas, no ejecutaban ninguna acción de importancia ni pública ni privada sin conectar con el sentir de los dioses. Los augures eran los sacerdotes, de origen etrusco, que “auguraban” o escrutaban la voluntad de los dioses o el futuro; el “augurio” favorable, averiguado por diversos caminos, como por ejemplo observar el vuelo de las aves, operación que se llama “auspicio”, de avis, ave, spicere, ver, significaba el acuerdo de los dioses. El augurio favorable era especialmente necesario a la hora de entablar una batalla, no olvidemos que Roma es un grandioso imperio fundamentado en la fuerza de sus legiones.

    Quien contó con unos “augurios” especialmente favorables fue el emperador César Octavio porque se le llama “Augusto”, que viene a ser algo así como “el favorecido por los dioses”. Por eso "augustus" en griego se trraduce por ἱερὸν, hieron, sagrado

  • Demetrio el Cínico y su relación con los emperadores Calígula, Claudio, Nerón, Vespasiano, Tito y ¿Domiciano? (Intelectuales frente al poder IV)

    Uno de los muchos intelectuales que sufrió las iras del poder fue Demetrio de Corinto (ca.7/10 d.C. –ca.90), prestigioso intelectual y filósofo cínico griego que vivió una larga vida de 80 años en época imperial romana llena de sinsabores. De él se conservan muchas ideas citadas por numerosos autores y tuvo una notable influencia en muchos romanos, como Séneca.

    Vivió  a la manera de los cínicos, sin lujos, sin apego a las riquezas ni al  poder. Como otros griegos, marchó Roma, centro del poder, siendo joven en época del emperador Calígula. Fue amigo de Séneca y se ganó el respeto de los intelectuales romanos, cuyos cenáculos recorrió pronunciando con notable éxito sus conferencias.

    Parte de su vida, reflejada en unos cuantos textos, nos permitirán recrear el ambiente de tiranía y opresión al que se ven sometidos los pensadores, los filósofos, los intelectuales cuando se atreven a expresar libremente sus opiniones y criticar la acción de los poderosos. Este ambiente de terror fue especialmente opresivo en tiempos de Domiciano.

    Reproduzco una carta de Séneca a su amigo Lucilio en la que deja constancia del cariño y respeto que le tiene: 

    Séneca, Cartas a Lucilio LXII

    Mienten quienes quieren que parezca que la cantidad de los negocios es un obstáculo para el estudio de las artes liberales; simulan ocupaciones y las multiplican y ellos mismos se llenan de ocupaciones. Yo estoy libre, querido Lucilio, estoy libre y donde quiera que estoy, allí soy mi dueño. Pues no me entrego a las cosas, sino que me acomodo y no  persigo las causas para perder el tiempo. Y en cualquier lugar en el que me detengo, allí me dedico a mis pensamientos y doy vueltas en mi cabeza a algo saludable.

    Cuando me dedico a mis amigos, no me distraigo de mi mismo, ni me entretengo con aquellos con los que alguna circunstancia me reunió o alguna causa surgida de un asunto civil, sino que estoy solo con los mejores; a ellos entrego mi alma en cualquier lugar en el que vivieron y  en cualquier momento en el existieron.

    Traigo conmigo a Demetrio, el mejor de los hombres y abandonando a los purpurados, hablo con él que va semidesnudo y le admiro. ¿Cómo no lo voy a admirar? Veo que no le falta nada. Uno puede despreciar todas las cosas, pero nadie puede tener todas las cosas. El camino más corto para las riquezas pasa por el desprecio de las riquezas. Pues nuestro querido Demetrio vive así, no como el que desprecia todo, sino como el que permite que los demás las tengan. Cuidate.

    Mentiuntur, qui sibi obstare ad studia liberali turbam negotiorum videri volunt; simulant occupationes et augent et ipsi se occupant. Vaco, Lucili, vaco et ubicumque sum, ibi meus sum. Rebus enim me non trado, sed commodo, nec consector perdendi temporis causas. Et quocumque constiti loco, ibi cogitationes meas tracto et aliquid in animo salutare  converso.

    Cum me amicis dedi non tamen mihi abduco, nec cum illis moror, quibus me tempus aliquod congregavit aut causa ex officio nata civili, sed cum optimo quoque sum; ad illos, in quocumque loco, in quocumque saeculo fuerunt, animum meum mitto.

    Demetrium, virorum optimum, mecum circumfero et relictis conchyliatis cum illo seminudo loquor, illum admiror. Quidni admirer? Vidi nihil ei deesse. Contemnere aliquis omnia potest, omnia habere nemo potest. Brevissima ad divitias per contemptum divitiarum via est. Demetrius autem noster sic vivit, non tamquam contempserit omnia, sed tamquam aliis habenda permiserit. Vale.

    Filóstrato lo presenta  en Corinto (hacia el año 61) y como amigo de Apolonio de Tiana,  pero esta fuente no resulta muy fiable para algunos, aunque también Luciano de Samosata atestigua su estancia en Corinto en “Contra la ignorancia, 19”:

    Filóstrato, Vida de Apolonio, IV, 25

    En Corinto practicaba precisamente por aquella época la filosofía Demetrio, hombre que había abarcado toda la vitalidad de la doctrina cínica. De él hace luego mención Favorino en muchos de sus discursos, y no sin generosidad. Le ocurrió respecto a Apolonio lo que dicen que le ocurrió a Antístenes respecto a la sabiduría de Sócrates; lo seguía, deseoso de ser su discípulo y pendiente de sus discursos, e incluso a los más estimados de sus seguidores los dirigió en pos de Apolonio. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Fue desterrado por primera vez por Tigelino, el prefecto del pretorio de Nerón en el año 62  por sus irónicos comentarios y su actitud crítica con la monarquía, con ocasión de la inauguración de un grandioso gimnasio por el emperador.  Véase https://www.antiquitatem.com/neron-inaugura-un-gimnasio-demetrio-

    En la misma época fue también desterrado otro cínico llamado Isidoro, que también comentaré.

    En una ocasión el emperador Calígula (reinó del 37 al 41) quiso hacerle un regalo con una pequeña cantidad de dinero qué el filósofo rechazó orgulloso. Nos lo cuenta Séneca, Sobre los deberes VII,11,1-2:

    Así pues, cuando Cayo César iba a regalarle  doscientos (sestrcios), los rechazó riéndose, considerando que no era una cantidad digna, ni siquiera para ser ensalzado por no aceptarla. ¡Dioses y diosas, con qué  ánimo más mezquino quiso o honrarle o corromperle! Debe darse testimonio de este hombre extraordinario. Le oí decir una cosa grandiosa al considerar que era una locura de Cayo el que hubiese pensado que él podía  cambiarse por tan poco.  Dijo: “Si había decidido probarme, me debía  haber tentado con todo el imperio”.

    Itaque cum C. Caesar illi ducenta donaret, ridens reiecit ne dignam quidem summam iudicans, qua non accepta gloriaretur. Di deaeque, quam pusillo animo illum aut honorare voluit aut corrumpere ! Reddendum egregio viro testimonium est ; ingentem rem ab illo dici audivi, cum miraretur Gai dementiam, quod se putasset tanti posse mutari. " Si temptare," inquit, " me constituerat, toto illi fui experiendus imperio."

    Demetrio criticó las famosas Termas o gimnasio que  Nerón inauguró en el año 61 por antihigiénicas y por suponer un gasto despilfarrador. Cuando un año más tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de Demetrio se consideraron la causa del derrumbe y Demetrio fue enviado al exilio por Tigelino, el prefecto del pretorio (el jefe superior de policía y brazo ejecutor) de Nerón. Nos lo cuenta Filóstrato, Vida de Apolonio IV 42.

    Dado que Demetrio, que llegó después a Roma con la misma disposición de ánimo hacia él que he dicho en los capítulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio, mientras que arremetía contra Nerón, ello provocó en este hombre sospechas de una conspiración, y daba la impresión de que aquel había inducido a Demetrio a eso mismo.

    Mucho más cuando se llevó a término por Nerón el gimnasio más admirable de los de allí, y estaban celebrando el día festivo en él el propio Nerón, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero presentándose Demetrio en el propio gimnasio, pronunció un discurso contra los que se bañaban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. Así mismo, demostraba que tales cosas constituían un derroche excesivo.

    Lo libró de morir inmediatamente por ello el hecho de que Nerón cantó aquel día muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con sólo un ceñidor, como los más desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libró Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que tenía la espada de Nerón, lo expulsó de Roma, por haber arruinado la casa de baños con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,  para cuando también él dijera algo censurable e impurdente. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Es fácil imaginar la cara que se les pondría a toda la alta sociedad romana, con el emperador Nerón a la cabeza, escuchando al tábano cínico Demetrio (Socrátes, de quien aprendió muchas cosas Antístenes, creador de la escuela cínica, se consideraba a sí miso un tábano; mosca cojonera diríamos hoy en lenguaje más explícito) arruinarles el acto con dos críticas de peso: aquello es un despilfarro y además en los baños públicos lo único que puedes pillar es alguna enfermedad…

    Es también motivo de reflexión la actitud del “policía” Tigelino respecto de Apolonio: espiarlo en secreto para pillarlo in fraganti(delicto) y entonces…. castañazo.

    De nuevo Filóstrato nos da una extraña razón de por qué el emperador Nerón no condenó a muerte a Demetrio y otros sofistas. Nos lo dice en Vida de Apolonio VII 16:

    Emperador, los sofistas son una cosa que habla a la ligera, y su sabiduría, fanfarronadas. Y como no disfrutan de ninguna ventaja de laexistencia, anhelan la muerte, y no aguardan a que venga por sí misma, sino que se acarrean la muerte, provocando a quienes tienen espadas. Pienso que eso mismo es lo que pensaba Nerón, para no verse obligado por Demetrio a matarlo. Pues dado que se dio cuenta de que quería morir, no lo dispensó de la sentencia de muerte por compasión, sino por desprecio de matarlo. Y asimismo a Musonio, el etrusco, pese a su continua oposición a su poder,lo confinó en una isla llamada Giara. (en las Cícladas) (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Hay un relato también de Filóstrato que relaciona a Demetrio con Musonio Rufo, el maestro de Epicteto.  Con motivo de la conspiración de Pisón contra Nerón del año 65-66 Séneca fue obligado al suicidio abriéndose las venas junto a su esposa Pompeya Paulina y también su sobrino Lucano.  Por la misma razón fueron expulsados de Roma los filósofos, sobre todo los estoicos, y entre ellos Musonio Rufo, maestro de Epicteto. Filóstrato, fuente poco de fiar como ya dije según algunos autores, hace que los dos coincidan en Grecia: allí estaba Musonio condenado a excavar el Istmo de Corinto, como mil veces ha ocurrido con prisioneros y disidentes, condenados a trabajos forzados para la construcción de grandiosas y peligrosas obras públicas.

    La anécdota, a pesar de su curioso interés, no parece muy creíble a los historiadores, aunque no hay argumentos serios para dudarlo; en todo caso  leeremos el texto de Filóstrato, Vida de Apolonio V, 19:

    Una vez iniciado (Apolonio) en Atenas (en los misterios de Eleusis) –y lo inició el hierofante que él mismo le había vaticinado al anterior-, se encontró casualmente con Demetrio, el filósofo; pues después de lo del baño de Nerón y o que dijo acerca de él, Demetrio había residido en Atenas con tan noble valentía que ni durante el tiempo que Nerón los injurió, con motivo de los juegos, salió de Grecia. Aquél le dijo que también se había encontado a Musonio en el Istmo, aherrojado y forzado a participar en la excavación, y que lo había confortado como era natural, pero que el otro había tomado su azadón y lo había clavado violentamente en tierra y, tras erguirse, le había dicho:

    -¿Te aflige, Demetrio, que ande yo excavando el Istmo en beneficio de Grecia? Si me viras tocando la cítara, como a Nerón, ¿qué te ocurriría?.

    No obstante, dejemos las frases de Musonio –que hay más y más admirables- para que no parezca que me muestro arrogante con quien las pronunció sin calibrarlas. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Esa conspiración también ocasionó la condena a Bárea Sorano y a Trasea Peto, patricio, estoico, de quien era maestro Demetrio, que le consoló en el momento y día en que llegaba la condena.

    Trasea es quien según Epicteto pronunció la frase:

    ¡Mejor sería ser matado hoy que desterrado mañana”.

    Epicteto recomienda aceptar las cosas como vienen con sabio estoicismo. Discursos I,1, 21

    …Qué hay que tener a mano en semejantes circunstancias? ¿Qué otra cosa sino saber qué es lo mío y qué no es lo mío, y qué me está permitido y qué no me está permitido? He de morir. ¿Acaso ha de ser gimiendo? Ser llevado a prisión. ¿Acaso ha de ser lamentándome? Ser exiliado. ¿Habrá quien me impida hacerlo riendo, de buen humor y tranquilo?  “Dime lo que no debes decir”. No lo diré, porque eso depende de mí. “Pues te encadenaré”. ¿Qué dices, hombre? ¿A mí?  Encadenarás mi pierna, pero mi albedrío ni el propio Zeus puede vencerlo. “Te meteré en la cárcel”. A mí cuerpecito, será. “Te decapitaré”. ¿Pero te he dicho yo que mi cuello sea el único imposible de cortar? Sobre eso convendría que reflexionaran los que filosofan; sobre eso habrían de escribir a diario; en eso tendrían que ejercitarse.

    Trásea acostumbraba a decir: “Prefiero verme hoy muerto que mañana en el exilio”.  ¿Y qué le respondió Rufo? “Si lo eliges por ser más penoso, ¡qué locura de elección! Si por ser más leve, ¡quién te ha dado a elegir? ¿No quieres ejercitarte en que te  baste con lo que te ha sido dado?” (Traducción de  Paloma Ortiz García. Editorial Gredos)

    Transcribo la información que nos da Tácito en sus Anales sobre la sentencia y muerte de Trásea, un episodio que no puede por menos que conmovernos todavía hoy:

    Tácito, Anales, XVI, 21

    Después de haber asesinado a tantos hombres insignes, Nerón deseó incluso acabar con la virtud misma, matando a Trásea Peto y a Barea Sorano, a los que odiaba desde hacía tiempo; en el caso de Trásea se añadía a los motivos el que se ausentó del Senado cuando se trataba el asunto de Agripina, como ya he contado antes, y el que había prestado poco interés en la asistencia a los juegos de la juventud; y esta ofensa le había calado más profundamente porque el mismo Trásea había cantado vestido como trágico en Padua, de donde era oriundo, en los “juegos césticos” , instituidos por el troyano Antenor. Y también porque en el día en  el que el pretor Antistio era condenado a muerte por unos versos injuriosos contra Nerón, aconsejó y obtuvo un castigo más suave; y porque cuando se decretaron honores de dioses a Popea estuvo ausente conscientemente y no había intervenido en el funeral. Todas estas cosas no permitía que cayeran en el olvido Capitón Cossutiano, mala persona de espíritu inclinado a toda maldad, especialmente contra Trásea, porque había sido condenado por su autoridad cuando acusan a Capitón de cohecho con la ayuda de los embajadores de Cilicia.

    Entonces fue enviado a Trásea, que estaba moviéndose en su huerto, el cuestor del cónsul cuando el día ya atardecía. Había organizado una concurrida reunión de hombres y mujeres ilustres, y sobre todo prestaba atención a Demetrio, maestro de la escuela cínica, con el que trataba de la naturaleza del alma y de la separación del espíritu y del cuerpo, como se podía deducir de la atención de su rostro y de lo que se les oía cuando hablaban más alto, hasta que llegó Domicio Ceciliano, uno de sus íntimos amigos, y le expuso lo que el senado había decidido. Entonces Trásea apremia a los presentes que están llorando y quejándose a que se marchen rápidamente para no mezclar su peligro con la suerte de él ya condenado. Y a Arria, que pretendía unirse al destino de su marido y seguir el ejemplo de su madre, le pide que conserve la vida y no prive a su hija común de su único amparo.
    Entonces salió al corredor y allí le encontró el cuestor, cerca de estar alegre, porque había conocido que su yerno Helvidio sólo había sido condenado a alejarse de Italia. Una vez recibido el decreto del senado, hizo pasar a la habitación a Helvidio y a Demetrio. Tensó las venas de sus dos brazos, y cuando la sangre ya brotaba, esparciéndola por el suelo, llamando al cuestor para que se acercara, dijo: “Mira joven, estamos haciendo una libación a Júpiter Liberador; y que los dioses te alejen todo presagio, aunque has nacido en unos tiempos en los que te conviene reforzar tu espíritu con ejemplos de constancia”;  luego, como la lentitud de la salida le producía más tormento, vueltos (los ojos) hacia Demetrio…

    Trucidatis tot insignibus viris ad postremum Nero virtutem ipsam excindere concupivit interfecto Thrasea Paeto et Barea Sorano, olim utrisque infensus et accedentibus causis in Thraseam, quod senatu egressus est cum de Agrippina referretur, ut memoravi, quodque Iuvenalium ludicro parum spectabilem operam praebuerat; eaque offensio altius penetrabat, quia idem Thrasea Patavi, unde ortus erat, ludis †cetastis† a Troiano Antenore institutis habitu tragico cecinerat. die quoque quo praetor Antistius ob probra in Neronem composita ad mortem damnabatur, mitiora censuit obtinuitque; et cum deum honores Poppaeae decernuntur sponte absens, funeri non interfuerat. quae oblitterari non sinebat Capito Cossutianus, praeter animum ad flagitia praecipitem iniquus Thraseae quod auctoritate eius concidisset, iuvantis Cilicum legatos dum Capitonem repetundarum interrogant.

    XVI, 34
    Tum ad Thraseam in hortis agentem quaestor consulis missus vesperascente iam die. inlustrium virorum feminarumque coetus frequentis egerat, maxime intentus Demetrio Cynicae institutionis doctori, cum quo, ut coniectare erat intentione vultus et auditis, si qua clarius proloquebantur, de natura animae et dissociatione spiritus corporisque inquirebat, donec advenit Domitius Caecilianus ex intimis amicis et ei quid senatus censuisset exposuit. igitur flentis queritantisque qui aderant facessere propere Thrasea neu pericula sua miscere cum sorte damnati hortatur, Arriamque temptantem mariti suprema et exemplum Arriae matris sequi monet retinere vitam filiaeque communi subsidium unicum non adimere.

    XVI, 35
    Tum progressus in porticum illic a quaestore reperitur, laetitiae propior, quia Helvidium generum suum Italia tantum arceri cognoverat. accepto dehinc senatus consulto Helvidium et Demetrium in cubiculum inducit; porrectisque utriusque brachii venis, postquam cruorem effudit, humum super spargens, propius vocato quaestore 'libamus' inquit 'Iovi liberatori. specta, iuvenis; et omen quidem dii prohibeant, ceterum in ea tempora natus es quibus firmare animum expediat constantibus exemplis.' post lentitudine exitus gravis cruciatus adferente, obversis in Demetrium …

    Y aquí terminan los "Anales"; seguramente la muerte de su autor le impidió continuar y faltan unas cuantas líneas en el códice, que nos liberan así de asistir al finar de tan dramático episodio.

    Pero no privaré a los lectores interesados de otro fragmento de la obra de Suetonio, en que nos muestra la crueldad con la que Nerón ordenaba los suicidios . Nos lo cuenta  Suetonio, cuya obra, en la que se recogen fundamentalmente anécdotas, hay que leerla con espíritu crítico, aun sabiendo que como secretario de Adriano tuvo a su disposición los archivos oficiales.

    Suetonio, Nerón 37

    … Peto Trasea fue acusado de tener un rostro demasiado triste, como el de un maestro de escuela. Concedía solamente algunas horas  a los que recibían orden de morir y para prevenir cualquier retraso les enviaba médicos encargados de “cuidarlos” al momento en caso de que vacilasen. Esta era su expresión favorita para referirse a abrirse las venas para provocar la muerte. Se pretende incluso que quiso echar, para que los despedazara y devorara, hombres vivos a un antropófago egipcio habituado a comer carne cruda y todo lo que se le presentase. Henchido de orgullo por tan brillantes “éxitos”, declaró que ningún emperador se había dado cuenta del poder que realmente tenía…

    (37.1)…Paeto Thraseae tristior et paedagogi uultus.
    (37.2) mori iussis non amplius quam horarum spatium dabat; ac ne quid morae interueniret, medicos admouebat qui cunctantes continuo curarent: ita enim uocabatur uenas mortis gratia incidere. creditur etiam polyphago cuidam Aegypti generis crudam carnem et quidquid daretur mandere assueto, concupisse uiuos homines laniandos absumendosque obicere.
    (37.3)elatus inflatusque tantis uelut successibus negauit “quemquam principum scisse quid sibi liceret”,

    Pero frente a estos dictadores poderosos, hombres libres como Demetrio les pueden decir, como cuenta Arriano,  en Epicteto, Discursos I 25,21-23:

    Y en cuanto a la última vestimenta, esto es, el cuerpecito, nadie puede hacerme nada más allá de ella. Por eso le respondió Demetrio a Nerón: “Con la muerte me amenazas tú a mí, y a ti la naturaleza”. (Traducción de  Paloma Ortiz García. Editorial Gredos)

    En el año 75, bajo el emperador Vespasiano,  fue expulsado por segunda vez, junto con otros filósofos, a las islas Cícladas.  Algunos piensan que la expulsión fue en el año 71 de acuerdo con Dión Casio 65 (66)13 y Suetonio, Vespasiano 13.

    Leamos el texto de Dión Casio, Historia de Roma 65 (66) 12 y ss.

     Helvidio Prisco, el yerno de Trasea, había sido educado en las doctrinas de los estoicos e imitaba al hablar la franqueza de Trasea, a veces inoportunamente.  Por aquel entonces era pretor, pero no prestaba la honra debida al emperador, sino que en vez de ello le insultaba e injuriaba constantemente.   Por ello, en una ocasión los tribunos lo arrestaron y lo entregaron a los lictores; entonces  Vespasiano se emocionó abrumado y salió  llorando del Senado, repitiendo únicamente estas palabras: "Mi sucesor será mi hijo o ninguno otro".

    Como quiera que había  ya muchos otros, entre los que se encontraba también Demetrio el Cínico, que actuaban según los principios estoicos y se aprovechaban del prestigio de la filosofía para enseñar públicamente muchas doctrinas inadecuadas para aquellos tiempos, e iban corrompiendo así a otros varios de sus oyentes, Muciano, llevado  más por la ira que por el amor a la filosofía, dijo muchas cosas contra ellos a Vespasiano y le  convenció  para que expulsara de la ciudad a todos los de aquella secta.

    Ocurría que Muciano quería ser honrado por todos por encima de cualquier otro y por eso le molestaba no sólo que alguien le ofendiera, sino también que no se le dieran muestras de respeto. Por eso, de la misma manera que no tenía límites para agradecer a quien le hacía algún favor por pequeño que fuera, también trataba con el odio más grande a quien se comportaba de otra manera.

    Muciano le hizo a Vespasiano un gran número críticas extrañas contra los estoicos, afirmando, por ejemplo, que estaban llenos de jactancia vacía, que alguno  de ellos se deja crecer la barba larga, que arqueaba las cejas, que llevaba un grueso manto marrón  echado hacia atrás sobre el hombro y que iba descalzo, que en seguida proclamaba que él poseía la sabiduría, la valentía y la justicia, y se daba grandes ínfulas, aunque como dice el refrán, “ni supiera las letras ni tampoco cómo nadar”. Que ellos desprecian a todos y al hombre de buena familia le llaman malcriado, al de baja cuna corto de mente, a una persona guapa viciosa, a una persona fea un simplón, al hombre rico avaro, y al pobre servil.

    Y Vespasiano expulsó inmediatamente de Roma a todos los filósofos, excepto a Musonio. A  Demetrio y Hostiliano  incluso los deportó  a las islas. Pero Hostiliano, aunque de ninguna manera desistió de su actitud  cuando se le comunicó  la sentencia de exilio,  más aún, como estaba conversando con otra persona, sencillamente  arremetió con más dureza contra de la monarquía,  sin embargo regresó pronto del exilio.  Por el contrario,  a Demetrio, que tampoco cedió incluso entonces, Vespasiano ordenó que le dieran este mensaje:  "Tú haces todo lo que puedes para obligarme a matarte, pero yo no mato  a un perro ladrador".

    También quedó evidentemente claro que Vespasiano odiaba Helvidio Prisco, no tanto por él mismo o por sus amigos, a los que había agraviado, sino porque era un agitador  que se ganó el favor de la plebe y acusaba y denunciaba  siempre la realeza mientras elogiaba a la   democracia. Actuando en consecuencia con estas opiniones, Helvidio reunió  un grupo de partidarios, como si la función de la filosofía fuera la de insultar a los gobernantes, agitando a la multitud para derrocar el orden establecido de las cosas y  llevar a cabo una revolución.

    Éste fue yerno de Trásea e intentó emular su conducta, pero se quedó muy lejos de comportarse así. Pues mientras Trásea, a pesar de vivir en la época de Nerón y en desacuerdo con él, ni dijo ni hizo nada insultante para él, excepto que se segó a compartir sus hechos, Helvidio en cambio mantenía el rencor contra Vespasiano y no lo abandonaba ni en privado ni en público. Así, con su conducta se estaba buscando la muerte y estaba a punto de llegar el tiempo de recibir su castigo por sus intromisiones.

    Es curioso cuán semejante me resulta esta actitud temerosa del poder frente a cualquier a los movimientos y comportamientos sociales de aquel momento, con los que personalmente viví (ya tengo alguna edad) en las postrimerías de la dictadura de Franco: barba larga, vestimenta distinta a la convencional, llevan zapatillas, se las dan de listos, se meten con todo el mundo, convencen con su charla a la gente, etc.

    Suetonio nos pinta a Vespasiano como comprensivo y benevolente, contrario a la aplicación de castigos excesivos. A propósito de Demetrio y Vespasiano dice en Suetonio, Vespasiano 13:

    Demetrio el Cínico, cuando se cruzó en el camino con él después de haber sido condenado (al exilio) , no se dignó ponerse en pie ni saludarle, atreviéndose incluso a murmurar no sé qué contra él; Vespasiano, en cambio, se contentó con llamarle “perro”.

    Demetrium Cynicum in itinere obuium sibi post damnationem ac neque assurgere neque salutare se dignantem, oblatrantem etiam nescio quid, satis habuit canem appellare.

    Su relación con Tito parece haber sido mejor. Filóstrato nos cuenta cómo Apolonio recomendó a Tito que se sirviera de las enseñanzas del maestro Demetrio; nos lo dice en su citada Vida de Apolonio, VI, 31

    En cuanto a mí, -dijo Tito-, hombre de Tiana, ¿qué me recomiendas respecto al imperio y la realeza?

    -Lo mismo de lo que tú mismo estás convencido –repuso-, pues al someterte a tu padre, evidente es que te asemejarás a él. Yo además te diría ahora un dicho de Arquita, pues es noble y digno de aprenderse. Arquitas era un varón tarentino, sabio en las doctrinas de Pitágoras. Y él, en un escrito sobre la educación de los hijos, dice:”que el padre sea para los hijos modelo de virtud, porque también los padres caminarán más rectamente hacia las virtudes, si los hijos pretenden asemejárseles”. Por mi parte, te encomendaré a mi compañero Demetrio, que te atenderá en cuanto quieras, enseñándote qué es menester que haga el buen gobernante.

    -¿Y cuál es, Apolonio –le preguntó-, la sabiduría de ese hombre?

    -La sinceridad –contestó- y el ser veraz y no amilanarse por nadie, pues ello es cosa del coraje perruno.

    Y como Tito oía con desagrado mentar al perro, Apolonio añadió:

    -Con todo, a Homero le pareció que Telémaco, cuando era joven necesitaba dos perros, y se los da al jovencito por compañeros en el ágora de los de Ítaca, aunque eran irracionales. A ti te acompañará un perro que ladrará en tu defensa frente a los demás, y frente a ti mismo, si cometieras un error.

    -Dame, pus –repuso, ese perro por compañero. Y le permitiré incluso morderme si se diera cuenta de que cometo alguna injusticia.

    -Se le escribirá una carta –dijo-, pues se halla filosofando en Roma.

    -Que se le escriba –contestó-. Y quisiera que también a ti te escribiera alguien intercediendo por mí, para que compartieras nuestro camino hacia Roma.
    Iré –prometió- cuando sea mejor para ambos.

    (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Poco después, en Vida de Apolonio VI 33 nos ofrece la carta:

    La carta de Demetrio fue la siguiente:

       Apolonio, el filósofo, a Demetrio, el perro. Saludos.
    Te encomiendo al emperador Tito como su maestro, para el comportamiento de la realeza. Tu procura no dejarme por mentiroso ante él, y sélo todo para él, salvo la ira. Adios.
    (Traducción de Gredos de Alberto Bernabé Palares-)

    En el año 75 Tito pretendía casarse con la princesa judía Berenice, relación que el pueblo no veía con buenos ojos; un tal Diógenes el Sofista y un tal Heras criticaron en el teatro los vicios de los emperadores y esto alimentaba el enfado regio y por ello fueron castigados, como nos cuenta Dión Casio, Historia de Roma LXV 15, 3-5:

    Berenice estaba en la cúspide de su poder y por ello  vino también a Roma con su hermano Agripa.   A este se le concedió el cargo de pretor, mientras ella vivía en el palacio  con Tito.  Ella esperaba casarse con él y  se comportaba en todos los aspectos como si ya fuese su esposa; pero cuando él advirtió que la situación disgustaba a los romanos, la hizo marcharse, porque  además de los muchos rumores  que había, se añadió el hecho de que ciertos sofistas de la escuela cínica se las arreglaron para entrar subrepticiamente en la ciudad. Y Diógenes fue el primero que se  presentó  en el teatro cuando estaba lleno de público y les lanzó muchas invectivas  a la pareja en un insolente discurso, y por ello fue azotado. Luego, detrás de él, entró Heras, y pensando que no tendría un castigo no más duro que el anterior, se lanzó a gritarles al modo cínico muchas críticas intempestivas,  y por ello le cortaron la cabeza. 

    Demetrio quizás vivió hasta la época de Domiciano, que creó un buen ambiente de terror. A Domiciano se le adjudican dos expulsiones de filósofos (filosofar resultó ser una actividad de alto riesgo) y también de astrólogos y “matemáticos”, término con el que quizás se refieran a profesores en general. La primera tuvo lugar en el año 89 y la segunda, más violenta, en el 93/95. Veamos lo que dice Dion Casio en Historia de Roma LXVII 13,1:

    (Domiciano) tuvo también una notable actuación como censor.  Y así expulsó a Cecilio Rufino del Senado porque bailaba representando pantomimas, y devolvió a Claudio Pacato a su amo, aunque había sido un centurión, porque se demostró que era un esclavo.  Pero no fueron iguales los hechos que voy ahora a contara y que realizó  como emperador.  Porque mató a Aruleno Rústico porque filosofaba   y llamó santo (equivalente a “augusto”, ἱερὸν,  en griego)  a Trasea, y mató a Herenio Seneción porque, después de haber sido cuestor, no se presentó para ninguna otra magistratura en su larga vida y porque había escrito una biografía de Helvidio Prisco.

    Muchos otros también murieron como consecuencia de esta misma acusación de filosofar y todos los demás filósofos de Roma fueron expulsados de nuevo.  Sin embargo un tal Juvencio Celso,  que fue uno de los principales  junto a otros en una conjura contra él (Domiciano), y que había sido acusado por esto, salvó su vida de una manera sorprendente:  estando a punto de ser condenado, pidió que se le dejase decirle algo en privado al emperador y postrándose a continuación ante él, le llamó  "mi dueño y mi dios”, palabras con las que otros ya le saludaban,  y le dijo:  "Yo no he hecho nada de  esta clase; pero si  me permites vivir me infiltraré en todo y no solo te traeré a muchas acusados, sino que además lo probaré".  Con esto quedó en libertad,  pero no acusó a nadie poniendo unas veces una excusa y otras veces otras, y vivió hasta que Domiciano murió.

    El siguiente texto de Filóstrato describe perfectamente el ambiente de  preocupación y terror en el que tantas  veces se han encontrado numerosos intelectuales, esperando la decisión del tirano y dudando de la conveniencia de huir lejos para quedar a salvo.

    Filóstrato, Vida de Apolonio VII 10-12

    …(Apolonio) una vez que desembarcó en Corinto y celebró, al filo de mediodía, en honor del Sol, los ritos que acostumbraba, partió hacia Sicilia e Italia al atardecer. Gracias a que encontró una brisa favorable y una corriente que lo llevaba sobre el mar, llegó a Dicearquía al quinto día.

    Allí se encontró con Demetrio, que pasaba por ser el más audaz de los filósofos, porque vivía no lejos de Roma. Conociendo su aversión por el tirano, le dijo, por iniciar la conversación:

    -Te he sorprendido sumido en el lujo y viviendo en lo más feliz de la próspera Italia, si es que realmente es próspera; allí donde se dice que Ulises, cuando convivía con Calipso, se olvidó del humo de Ítaca y de su casa.

    Y Demetrio lo abrazó y, tras expresarle sus buenos augurios, le dijo:

    -¡Dioses! ¿Qué le ocurrirá a la filosofía ahora que corre peligro de perder a un hombre como éste?

    -¿Qué peligro es el que corre? –repuso-

    -Sin duda ese por cuya previsión vienes. Pues si ignoro tus intenciones, es que tampoco me conozco a mí mismo. Pero no hablemos aquí, sino vayamos a donde la conversación sea privada, y que esté presente también Damis, al que yo, ¡por Hércules” considero el Yolao de tus trabajos.

    Les iba conduciendo Demetrio, mientras decía estas palabras, hacia la villa que fue de Cicerón en su vejez, que se encuentra cerca de la ciudad. Se sentaron bajo un plátano, mientras las cigarras cantaban con el acompañamiento de la brisa. Y Demetrio, alzando su vista hacia ellas, les dijo:

    -¡Felices de vosotras y verdaderamente sabias, porque os enseñaron las Musas un canto que aún no se ha visto sometido a procesos o acusaciones; os hicieron superiores a vuestro vientre y apartaron vuestra morada de la envidia humana, en esos árboles en los que, dichosas, cantáis vuestra felicidad y la de las Musas.

    Apolonio comprendió a qué se referían tales palabras, pero, censurándolas, como demasiado indolentes para su profesión, le dijo:

    -¿Acaso tenías el propósito de desarrollar un elogio de las cigarras, pero no lo expusiese abiertamente sino te escondite aquí, como si hubiera alguna ley que prohibiera elogiar en público a las cigarras?

    -No he dicho eso como un elogio –respondió-, sino por poner de manifiesto que, mientras que a ellas las dejan en paz sus salas de concierto, nosotros no disponemos de  permiso ni para murmurar, sino que la sabiduría constituye un cargo contra uno. La acusación de Ánito y Meleto dice: “Sócrates comete injusticia porque corrompe a los jóvenes y trata de introducir nuevos dioses”. Pero a nosotros se nos acusa en estos términos: “Comete injusticia Fulano por ser sabio, justo, conocedor de los dioses, conocedor de los hombres y extremadamente experto en leyes”. Y en la medida en que tú eres más sabio que nosotros, tanto más prolija será la acusación que van a inventarse contra ti, pues Domiciano se propone hacerte partícipe de los cargos por los que están desterrados Nerva y los suyos.

    -¿Y por qué están desterrados? –preguntó.

    – Por la más grave de las acusaciones –contestó-, según el parecer del acusador; pues afirma que son convictos del intento de tomar el poder que él detenta, y que tú instigaste a esos hombres descuartizando, creo, a un niño.

    -¿Acaso es porque el gobierno será derrocado por un eunuco? –preguntó Apolonio.

    -No es por eso por lo que nos vemos falsamente acusados –aclaró-, sino que dicen que sacrificaste a un niño con objeto de conocer el vaticinio que revelan las entrañas de los animales jóvenes. Se hace también constar en la acusación tu forma de vestir y de vivir, así como el hecho de que haya gente por la que eres objeto de culto. Eso efectivamente se lo oí decir a Telesino, un buen amigo, tanto para mí como para ti.

    -Hallazgo inesperado sería –dijo- si nos encontráramos con Telesino, pues seguramente te refieres al filósofo que alcanzó el rango consular en época de Nerón.

    -A él en efecto me refiero –contestó-, mas ¿de qué modo podrías entrar en contacto con él? Pues las tiranías son muy suspicaces respecto a todos los que gozan de prestigio, si llegan a mantener conversaciones con los inculpados en lo mismo que tú ahora. Además,  Telesino emigró con motivo del edicto que se ha proclamado ahora respecto a toda clase de filosofía, por  preferir ser desterrado como filósofo antes que quedarse como cónsul.

    -Que no se vea en peligro, pues –dijo-, ese hombre por culpa mía. Que bastante peligro corre por culpa de la filosofía.

    -Pero dime una cosa, Demetrio –prosiguió Apolonio-. ¿Qué te parece que debo decir o hacer para calmar mi propio miedo?

    -No bromees –contestó- ni digas que temes ahora peligros de los que ya eras consciente. Pues si consideraras eso peligroso, te habrías marchado, con tal de librarte de un discurso en tu propia defensa.

    -¿Te habrían escapado tú –preguntó- si corrieras el mismo peligro que yo?

    -No, ¡por Atenea! –repuso-, si hubiera alguien para juzgarme, pero sí con la perspectiva de que no va a haber siquiera proceso, y de que o no voy a ser oído si me defendiera, o voy a ser oído, pero me matarán precisamente por no haber cometido delito. Y tú estarías de acuerdo conmigo en no elegir una muerte tan escalofriante y propia de un esclavo, en lugar de una adecuada para un filósofo. Y es que a la filosofía le es adecuado, creo, o bien morir por  liberar una ciudad o por defender a los padres, hijos, hermanos y el resto de la familia, o combatiendo por los amigos, que para los hombres sabios son más estimables que el parentesco, o por los que han conquistado por amor. Pero morir por falsas razones sutilmente inventadas  y ofrecerle al tirano la posibilidad de parecer sabio es mucho más penoso que si uno, como cuentan de Ixión, sufriera tortura por el aire sobre una rueda. Para ti supongo que será el comienzo de tu proceso el propio hecho de venir aquí. Pues tú lo justificas por la sanidad de tu conciencia y porque no te habrías atrevido a emprender el camino hasta aquí si hubieras cometido algún delito; pero Domiciano no pensará que lo has hecho por eso, sino que, por poseer algún poder secreto, te has aventurado tan resueltamente. Pues el hecho de haber sido citado no hace aún diez días, según dicen, y que tú te hayas presentado a juicio sin haber oído aún que vas a ser juzgado, conferirá sentido a la acusación, pues parecerá que lo sabías de antemano, y la historia acerca del niño ganará crédito. Mira además no sea que eso de las Moiras y el destino, sobre lo que dicen que tú hablaste en Jonia, no se vuelva contra ti y que, por tramar el destino algo insólito, tú te veas obligado a ir a su encuentro sin darte cuenta de que es siempre más sabio precaverse. Y si no se te ha olvidado la época de Nerón, sabes lo que pasó conmigo y que no mostré un comportamiento indigno de un hombre libre ante la muerte. Pero aquello tenía ciertos atenuantes. Pues en el caso de Nerón, su cítara parecía desentonar con el comportamiento adecuado a la realeza, pero respecto a lo demás, no estaba desagradablemente afinada, pues muchas veces traía por su mediación algunas treguas y lo apartaba de los crímenes. A mí por lo menos no me mató, aunque había atraído su espada contra mí por tus discursos y los míos, esos que pronuncié contra el establecimiento de baños. La causa de que no muriera fue un mejoramiento de voz que le vino entonces y el haber logrado una melodía que a él le pareció espléndida. Pero ahora, ¿en honor de qué mejora de voz, en honor de qué cítara vamos a ofrecer un sacrificio? Pues todo es ajeno a la música y está lleno de cólera, y éste no podría ser fascinado ni por ti ni por otros. Aunque Píndaro al elogiar la lira dice que fascina incluso al ánimo de Ares y lo aparta de los bélicos quehaceres, y si bien ese ha establecido aquí una competición musical y corona en público a los vencedores, hay algunos de ellos a los que mandó matar y que intervinieron, como se dice, en una competición de flauta o de canto por última vez. También debes pensar en los hombres que te siguen, pues los harás parecer también a ellos, tanto si te muestras atrevido, como si pronuncias palabras con las que no vas a convencer. Tu salvación la tienes a mano, pues hay aquí muchas naves, como ves; unas partirán hacia Libia, otras hacia Egipto, otras hacia Fenicia y Chipre; otras directamente a Cerdeña y otras más allá de Cerdeña. Lo mejor para ti es embarcar en una y marcharte a cualquiera de esos lugares, pues las tiranías son menos crueles con los hombres notorios si se dan cuenta de que prefieren no vivir en la notoriedad.

    Ganado Damis por las razones de Demetrio, dijo:…..

    El texto siguiente describe la angustia de quien, sintiéndose perseguido, teme comprometer a otras personas con su mero contacto y relación. Cúantas veces se habrán producido situaciones similares, ante la inacción de los restantes ciudadanos.

    Sigamos leyendo a Filóstrato VII, 14-15:

    (Apolonio)… Ya sé cuán hábil eres, Demetrio, para sacar conclusión a tus argumentos, por lo cual me parece que vas a decirme algo así como: “No vayas entonces con ellos, sino con hombres con los que aún no hayas tenido relación y te será más cómodo huir, pues pasarás inadvertido con mayor facilidad entre quienes no te conocen. Examinemos en qué medida ese argumento es convincente. Mi opinión al respecto es la siguiente: yo creo que el sabio no hace nada en privado ni por sí, y que no puede concebir nada con una falta tan absoluta de testigos, que no esté al menos él consigo mismo, y, tanto si la inscripción pítica (conócete a ti mismo) es del propio Apolo, como si es de un hombre que se conocía sanamente a sí mismo y por ello lo convirtió en máxima para todos, me parece que el sabio que no se conoce a sí mismo y toma su propia conciencia como acompañante, ni podría asustarse por lo mismo que la gente, ni atreverse a algo que otros no emprenden sin vergüenza. Pues siendo esclavos de las tiranías, se han precipitado incluso a traicionar a sus mejores amigos, en beneficio de ellas, temerosos de lo que no es temible en absoluto, y sin temor de lo que es preciso temer.

    Pero la sabiduría no condesciende con eso…

    Así pues, que la consciencia me pondrá en evidencia, tanto si voy con quienes me conocen, como con quienes no me conocen, si llegara a ser el traidor para estos hombres, creo que lo he dejado claramente demostrado, y que la verdad se pone de manifiesto. Así que no me traicionaré tampoco a mí mismo, sino combatiré contra el tirano, diciendo lo del noble Homero

         Común es Eníalo (Marte es imparcial

    Damis afirma que se sintió tan impresionado por estas palabras, que recobró su celo y su audacia, y que Demetrio ya no dio por perdido a nuestro hombre, sino que tras elogiarlo y darle la razón en lo que había dicho, invocó a los dioses en su ayuda, por el riesgo que iba a correr y en ayuda de la propia filosofía, en cuya defensa demostraba esa valentía. Asimismo dice Damis que los iba a llevar a donde se encontraba alojado, pero que Apolonio, rehusando dijo:

    -Es ya tarde y es menester que a la hora de prender las lámparas me dirija al puerto de Roma, pues esa es la hora acostumbrada para esas naves, Compartiremos la comida cuando lo mío esté solucionado, pues ahora podría fraguarse alguna acusación contra ti por haber compartido tu comida con el enemigo del emperador; así que no vayas siquiera al puerto con nosotros, no sea que incluso el haber conversado conmigo te acarree la acusación de que ha sido para secretos complots.

    Consintió Demetrio y, tras darles un abrazo, los dejó, pero volviéndose para mirarlos y derramando llanto.

    Demetrio murió en torno al año 90. Tuvo una larga vida; sin duda supo sortear con habilidad y la ayuda de la diosa Fortuna los escollos.

  • Los intelectuales y el poder (I): Diógenes el Cínico frente a Alejandro el Grande

    Cuando los griegos, aplicando la razón, comenzaron a preguntarse ¿qué son?, ¿por qué existen?, ¿para qué sirven las cosas reales?, dieron comienzo a la Filosofía.

    Surgieron todo tipo de ideas y teorías sobre la naturaleza y sobre el propio hombre y diversas escuelas, que con frecuencia se identificaron por el lugar en que se reunían e impartían sus doctrinas sus maestros: Académicos porque Platón enseñaba en los terrenos que fueron de un tal Academos (véase https://www.antiquitatem.com/academia-de-platon-liceo-ateneo ),  Peripatéticos (περιπατητικοί), de περι ,peri, alrededor,  πατειν, patein, pasear, porque Aristóteles enseñaba paseando en un jardín junto al templo de Apolo Licio, es decir, en el Liceo; Estoicos Στωϊκός, stoikos, porque Zenón predicaba a los suyos en  la “poikíle stoa”, Ποικίλη Στοά, o Pórtico Pintado

    Hay unos filósofos, los cínicos, los perros, de κύων kyon: ‘perro’, que quizás también reciban su nombre del lugar donde enseñaba el primero de los fundadores, Antístenes, en el gimnasio llamado Cinosargos, de kyon-argos, perro ágil, aunque sin duda el nombre también les venía dado por las peculiaridades de sus ideas antisistema, que no llegaron a plasmarse en una teoría elaborada, sino que está constituida por máximas simples que definen la vida en sociedad de manera libre y sin prejuicios. Como los perros, los cínicos viven en sociedad, pero a su aire, sin participar de los convencionalismos sociales, con su vida acorde con la naturaleza animal, reacios a integrarse en el grupo, etc. ladrando a quien les molesta, agradecidos a quien les da, etc.

    Cuando a Diógenes de Sinope, el más famoso de los cínicos al que dedico este artículo, le preguntó Alejandro Magno por qué le llamaban “perro” “cínico”, Diógenes respondió, según nos cuenta otro Diógenes, ahora Laercio, en su obra “Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, VI, 60:

    Cuando una vez se presentó ante él Alejandro y dijo: ‘Yo soy Alejandro, el gran rey’, contestó: ‘Y yo Diógenes el Perro’. Preguntado por qué lo llamaban perro, respondió: ‘Porque meneo la cola ante los que dan, a los que no dan ladro y a los malvados los muerdo’.

    Nota: de manera general los textos citados de Diógenes Laearcio son los de la traducción de Luis Andrés Bredlow. Editorial Lucina.2010.

    Luego el rey le envió una escudilla llena de huesos, y según se nos dice en el Gnomologium Vaticanum (E Codice Vaticano Graeco 743),n.96: (También se cuenta en el Florilegio Monacense, 155 y en Eustacio a Homero,Odisea VI 148)

    El rey Alejandro en cierta ocasión llenó una bandeja de huesos y se la envió a Diógenes el Cínico. Y este, al recibirla dijo: “El alimento es cínico, pero el regalo no es regio”.

    Los cínicos han sido maltratados por la historia, ya desde la Antigüedad, sin duda porque son y representan el pensamiento antisistema, el pensamiento anarquista y libertario de la Antigüedad: ni dioses, ni gobernantes, ni leyes, ni sociedad, ni convencionalismos. Su estudio con algún detalle merece la pena ser abordado con más detenimiento.

    Ahora  en esta ocasión quiero comentar la especial relación que el citado Diógenes tuvo con la persona más poderosa del momento, Alejandro, llamado el Grande, Μέγας Αλέξανδρος o megas Alexandros, en griego. Esa larga y extraña relación produjo algunas de las anécdotas más conocidas en la Antigüedad y luego infinitamente repetidas.

    Diógenes era una especie de  anarquista, porque no admitía otro poder que el suyo propio  sobre sí mismo y era también un libertario porque la libertad era para él el mayor valor. Según Diógenes Laercio en su obra “Vida y opiniones de los filósofos ilustres”, en el libro VI, 69:

    Preguntado qué es lo más bello entre los hombres dijo: ‘la libertad de palabra’”

    Y el mismo en VI,71 remacha su ansia de libertad;

    decía llevar el mismo género de vida que Herácles, no prefiriendo nada a la libertad”.

    Diógenes, a la manera de los bufones que con frecuencia han acompañado y servido de contrapunto a personajes absolutistas y tiranos, se permite decirle al gran Alejandro lo que ningún otro mortal osaría decirle; y Alejandro se lo permite como no se lo permitió a ningún otro que osara contradecirle, (Calístenes, sobrino de Aristóteles, compañero macedonio de expedición tuvo peor trato).

    Y se lo permitía hasta el punto que según relata Diógenes Laercio en el libro VI, 32

    “Cuentan también que Alejandro dijo que si no hubiera sido Alejandro, habría querido ser Diógenes”

    Así que Diógenes representa la irreverencia, la insumisión, la impertinencia, la insolencia frente al poder. Alejandro es el poder, que para muchos teóricos viene de los dioses (en realidad todo poder es o pretende ser divino); más aún, el propio Alejandro es un dios o al menos un semidios ante el que sus súbditos han de arrodillarse esperando su beso de reconocimiento. Véase  https://www.antiquitatem.com/proskynesis-monarquia-herodoto-persas

    Relataré algunas anécdotas que remarcan su espíritu libre y dueño de sí mismo. 

    Diógenes Laercio, Libro VI, 45:

    A uno que juzgaba dichoso a Calístenes, ponderando el lujo que disfrutaba en la corte de Alejandro, le replicó: “A fe mía que es un desgraciado, almorzando y cenando cuando le parezca bien a Alejandro”.

    Curiosamente este íntimo de Alejandro, Calístenes, sobrino de su maestro Aristóteles, fue después enjaulado hasta morir acusado probablemente sin razón de un intento de sedición de los varios que hubo de sufrir el poderoso.

    Epicteto nos cuenta en sus Discursos III, 22,92 cómo Alejandro, aprovechando que Diógenes estaba medio dormido, citó el verso 24 del canto II de la Iliada, y Diógenes, en realidad medio dormido, se atrevió a completar los versos a Alejandro.

    Epicteto, Discursos III, 22,92:

    En otra ocasión le dijo en respuesta a Alejandro, que se encontraba junto a él cuando estaba dormido y citó dl verso de Homero (Iliada,II,24):
                 “No debe dormir toda la noche el varón que tiene las decisiones”
    él respondió, cuando estaba medio dormido
                “a quien están confiadas las huestes y a cuyo cargo hay tanto”

    (Traducción de Emilio Crespo Güemes.Edit. Gredos.)

    (Nota: salvando las distancias, las circunstancias y hasta el hecho en sí, me recuerda esta anécdota a otra ocurrida con el escritor Camilo José Cela, nombrado senador real para las Cortes Constituyentes del año 1978, tras la muerte del general dictador Franco, muerto en 1975. Permítaseme que no acuda al “Diario de Sesiones”, si es que allí quedó reflejada, y cite de memoria una anécdota bien conocida por los españoles de entonces. En una sesión de las sesiones de las Cortes, el senador  de designación real se quedó dormido y el también senador real sacerdote Xirinacs le llamó la atención, suponemos que amistosamente:

    Sr. Cela, está usted dormido.
    A lo que el aludido respondió:
    -Monseñor, no estoy dormido;  estoy durmiendo.
    -¿Es lomismo,no?
    –-¡Claro que no es lo mismo!, monseñor,  porque no es igual estar dormido que estar durmiendo, como tampoco es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.

    Y otra cita cargada de ironía del mismo Diógenes Laercio,  Libro VI,68:

    A Alejandro que se plantó delante de él y preguntó: “¿No me tienes miedo?”, le contesto: ¡Pero, ¿qué eres? ¿Un bien o un mal?. Y como aquel respondió: “Un bien”, dijo: “Entonces, ¿quién puede tenerle miedo al bien?”

    Pero la anécdota más conocida, que además sirvió para subrayar la importancia de Diógenes, es la del primer encuentro entre Diógenes y Alejandro, que trata una vez más el tópico del encuentro entre el rey y el sabio, entre el intelectual y el gobernante.

    Nos lo cuenta  Diógenes Laercio y también Cicerón y Plutarco cuyos textos reproduciré; y Arriano en su Anábasis de Alejandro, VII,2,1-2  y Valerio Máximo en Hechos y dichos memorables, IV.3. ext.4 y Juan Crisóstomo en Sobre san Bábilas  contra Juliano y los gentiles,8 y en Pseudo-Eudocia (esposa del emperador Teodosio II en el siglo V), Violarium,332,24-241,3).

    La anécdota en realidad era un lugar común en la Antigüedad.

    Diógenes Laercio,  Vidas y opiniones de los filósofos ilustres: VI,38:

    “Mientras tomaba el sol en el Craneo, se le acercó Alejandro y dijo: ‘Pídeme lo que quieras’. Y él dijo: ‘No me hagas sombra”.

    Nota : El Craneo era un Gimnasio de Corinto en el que  Diógenes impartía sus enseñanzas.

    Cicerón en Tusculanas, V,32 (92):

    En cambio Diógenes, más libremente, como Cínico, a Alejandro que le rogaba que dijera si necesitaba algo: ‘Justamente –dijo- apártate un poco del sol’. Por supuesto cuando tomaba el sol, se le había puesto delante. Y éste, en verdad, solía sostener cuánto al rey de los persas superaba en vida y fortuna: que a él nada le faltaba, que para aquel nada sería ,jamás, suficiente; que él no deseaba los placeres del rey con los cuales  éste nunca podría saciarse; que éste de ninguna manera podía conseguir los de él.

    At vero Diogenes liberius, ut Cynicus, Alexandro roganti ut diceret, si quid opus esset: ‘Nunc quidem paullulum, inquit, a sole. Officerat videlicet apricanti. Et hic quidem disputare solebat quanto regem Persarum vita fortunaque superaret: sibi nihil deesse, illi nihil satis umquam fore: se eius voluptates non desiderare, quibus numquam stiari ille posset, suas eum conseui nullo modo posse.

    Plutarco, en un texto interesante en el que resalta la actitud servil de muchos filósofos, es decir, los intelectuales del momento, frente a la de Diógenes, el insolente, el libertario, el dueño de su propia vida, nos dice en Vida de Alejandro, XIV:

    Congregados los griegos en el Istmo, decretaron marchar con Alejandro a la guerra contra Persia, nombrándole general; y como fuesen muchos los hombres de Estado y los filósofos que le visitaban y le daban el parabién, esperaba que haría otro tanto Diógenes el de Sinope, que residía en Corinto. Mas éste ninguna cuenta hizo de Alejandro, sino que pasaba tranquilamente su vida en el Craneo; y así hubo de pasar Alejandro a verle. Hallábase casualmente tendido al sol, y habiéndose incorporado un poco a la llegada de tantos personajes, fijó la vista en Alejandro.Saludóle éste, y preguntándole enseguida si se le ofrecía alguna cosa, ‘Muy poco –le respondió- que te quites del sol”.Dícese que Alejandro, con aquella especie de menosprecio, quedó tan admirado de semejante elevación y grandeza de ánimo, que cuando retirados de allí empezaron los que le acompañaban a reírse y burlarse, él les dijo: ‘Pues yo, a no ser Alejandro, de buena gana fuera Diógenes’  (Traducción de Antonio Ranz Romanillos).

    Podemos preguntarnos si la anécdota fue real. Probablemente, como otras muchas que de Diógenes se cuentan, no son reales sino inventadas. Resulta un tanto inverisímil que el encuentro, si se produjo, no hay base histórica para afirmarlo, se produjera en los términos que se relatan, pero en nada disminuye su capacidad para asentar la fama y definir las propuestas que para la vida social hacía el filósofo.

    Esta anécdota se convirtió en un topos, lugar común, en la literatura antigua, citado frecuentemente. Como dije más arriba es un ejemplo más del tema clásico del encuentro del rey y el sabio, del intelectual y el poderoso. De hecho en la vida de Alejandro se produce otro encuentro similar con los gimnosofistas (los sofistas desnudos, significa la palabra) hindúes, que tal como cuenta Plutarco en Alejandro, LXIV  son preguntados con diversas cuestiones porque tienen fama de ser muy agudos en sus respuestas. Responden ciertamente con agudeza y habilidad y diríamos en lenguaje castizo y coloquial actual que “pasan” del poderoso Alejandro porque nada necesitan de él.

    Alejandro se convirtió en un mito en la Antigüedad y así continuó siendo en la Edad Media y aún hoy día su nombre y sus hazañas tienen notable éxito. Recordemos en español por ejemplo el Libro de Aleixandre y como tal mito fue tratado.

    Tenemos una prueba de cómo se le adjudican algunas anécdotas en su relación con Diógenes analizando otro ejemplo que muchos libros y ahora centenares de artículos repiten en la red (www). Dicen que además del encuentro relatado hubo otro poco después:

    En otra ocasión Alejandro sorprendió a Diógenes observando un montón de huesos apilados. Alejandro le preguntó: ¿Qué estás buscando? . Le contestó Diógenes: “Busco los huesos de tu padre, pero no logro encontrarlos porque no veo la diferencia entre los huesos de tu padre y los de mi esclavo”.

    En la mayor parte de los casos la cita aparece sin fuente alguna, los más atrevidos incluso se la adjudican a Plutarco, pero esta anécdota no aparece, hasta donde yo he podido averiguar, en el mundo antiguo; es una cita mucho más tarde inventada y adjudicada al famoso Diógenes porque no desdice de otras que de él se cuentan.

    Tan sólo aparece algo parecido en Luciano de Samósata, en su diálogo Menippus, si bien situada la acción en el mundo de ultratumba.

    Aunque pueda suponer una larga digresión, ofrezco el texto de Luciano, siempre interesante y de actualidad, como todos los del satírico de Samósata; en este caso se sirve del símil de tanto éxito luego del “gran teatro del mundo”; recordemos el final de Augusto, cuando pregunta si ha interpretado bien la farsa de la vida?. Véase https://www.antiquitatem.com/muerte-de-augusto-la-farsa-de-la-vida

    Luciano de Samósats, Menippo,15 y ss.

    Pasando por medio de ellos, llegamos a la llanura Aquerusia, y encontramos allí a los semidioses y a las heroínas y a otros grupos de cadáveres clasificados por naciones y tribus, a unos ya añejos y enmohecidos y, como dice Homero, “inconscientes”, a otros aún frescos y compactos, en especial a los egipcios, debido a la larga conservación que les proporciona la momificación. No era fácil reconocer a cada uno; se parecen todos muchísimo unos a otros con sus huesos desnudos. Solamente y muy a duras penas los reconocíamos, tras haberlos mirado y requetemirado una y otra vez. Yacían allí hacinados unos sobre otros, confundidos,sin ninguna señal de identificación, y no conservando ninguna de las bellezas que tenían cuando estaban entre nosotros. Sin lugar a dudas entre tantos esqueletos que yacían en el mismo sitio, que lanzaban una mirada por igual terrible y hueca, que mostraban sus dientes descarnados, me resultaba imposible distinguir a Tersites del bello Nireo,o al mendigo Iro del rey de los feacios, o al cocinero Pirrias de Agamenón. Ninguna de los rasgos que los distinguían en vida prevalecían en ellos: antes bien, sus huesos eran parecidos, imposibles de distinguir, sin inscripción alguna, imposibles de ser reconocidos por nadie.

    A la vista de todo esto, la vida de los hombres se me antojó una larga procesión. El Destino organiza y dispone cada circunstancia, adjudicándoles a los miembros de la procesión atuendos diferentes y variados. A uno lo toma y, si es su sino, lo reviste con aspecto de rey colocándole una tiara sobre la cabeza, entregándole escuderos, corona su cabeza con la diadema; mientras a otro le pone atuendo de criado. A uno le hace ser guapo y lo adorna, y a otro ser feo y le proporciona un aspecto ridículo. Y, creo yo, conviene que el espectáculo resulte variado. Muchas veces, en medio de la procesión, cambia los atuendos de algunos sin dejar que lleguen al final del modo que primitivamente se les ordenó, sino que, dando un giro de ciento ochenta grados, a Creso, por ejemplo, le obligó a tomar el atuendo de criado y prisionero, y a Meandrio, que durante un tiempo formaba en la procesión con el grupo de los criados, le hizo ocupar el trono del tirano Policrates. Y, por cierto tiempo, les permite usar su atuendo.

    Cuando se ha acabado el tiempo de la procesión, entonces cada uno devuelve su atuendo y, despojándose de la vestimenta que acompañaba su cuerpo, se queda como estaba antes de nacer, sin diferenciarse del vecino. Algunos, por ignorancia, se molestan y se enfadan, cuando el Destino reclama el atavío, como si se vieran privados de algo propio, cuando no hacen sino devolver algo que se les prestó por un corto espacio de tiempo. Creo que en muchas ocasiones has visto sobre la tramoya del teatro a los actores que representan tragedias. Por exigencias del guión ahora son “Creontes”, después se convierten en “Príamos” o “Agamenones”. Y el uno, si le toca hacerlo así, primero tiene que representar con mucha solemnidad el papel de Cécrope o de Erecteo, y al poco rato, si se lo ordena el autor, viene a dar en un criado. Cuando la obra ha alcanzado ya su final, cada uno de ellos, despojándose del vestido con bordados de oro, quitándose la máscara y bajando de los zancos, va por ahí dando tumbos pobre y humilde, ya no Agamenón, el hijo de Atreo, ni Creonte, hijo de Meneceo, sino que se llama Polo, hijo de Canicies de Sunio o Sátiro, hijo de Teogitón, de Maratón. Así son las cosas de los hombres o, al menos, esa opinión me forjé al verlos entonces. (Traducción de José Luis Navarro González. Editorial Gredos.)

    Pues bien, la anécdota le sirvió más tarde a Dión Crisóstomo para recrear el encuentro, ironizar sobre el poder y los poderosos y exponer sus ideas sobre el origen divino del poder y la legitimación de su ejercicio. En un próximo artículo ofreceré este interesante texto.

    Bien, la tradición, avalada ahora por Diógenes Laercio quiso también constatar otro  encuentro, el encuentro final entre Alejandro y Diógenes: los dos murieron el mismo día del año 323 a.C., Alejandro a los 33 años en Babilonia, fruto de los excesos, la vida al límite de militar ambicioso y probablemente del paludismo de aquellas tierras; Diógenes murió en Corinto a los 86 años de vida mucho más acorde con la naturaleza animal del hombre. En realidad es imposible que murieran ambos en el mismo día del mismo año.

    Diógenes Laercio, VI, 76-79 (muerte de Diógenes de Sinope):

    Se dice que murió sobre los noventa años; acerca de su muerte se cuentan versiones discrepantes: unos afirman que comiendo un pulpo crudo enfermó de cólera, y que así murió, otros que por contener la respiración. Entre éstos está Cércidas de Megalópolis [o de  Creta] quien dice en los Meliambos:
          Ya no es el que el Sinopense,
           el del bastón y del manto
        doblado, viviendo del aire:
          no, que ascendió <…>;
       el diente en el labio hincado,
         el alma misma se cortó.
      De Zeus fuiste hijo de veras, [Diógenes]:
        can, pero can celeste.

    Otros dicen que, queriendo repartir un pulpo entre unos perros, recibió un mordisco en un tendón del pie y falleció. Sus discípulos, sin embargo, según dice Antístenes en las Sucesiones, conjeturaron lo de la contención del aliento. Pues el caso es que estaba viviendo en el Craneo, el gimnasio que está cerca de Corinto; y como de costumbre, llegaron los discípulos y lo hallaron envuelto en su manto, y no se figuraron, por cierto, que estuviera durmiendo, pues no era hombre soñoliento ni dormilón; así que, al alzar la capa,lo hallaron exánime, y supusieron que lo hiciera queriendo escurrirse de lo que de vida le quedaba.

    Se trabó entonces, según se cuenta, una disputa entre los discípulos acerca de quiénes habían de enterrarlo, y aun llegaron a las manos; pero al presentarse los padres y los notables de la ciudad, lo enterraron ellos cerca de la puerta que da al Istmo, y levantaron en su honor una columna, y sobre esta un perro de mármol de Paros. Luego también los ciudadanos lo honraron con una estatua de bronce, en la que inscribieron estas palabras:

       El bronce envejece andando el tiempo, pero tu fama
       toda la eternidad, Diógenes, no  borrará.
    Sólo tú del vivir que se basta a sí mismo lo gloria mostraste
       al hombre mortal, y a su vida   senda más fácil de andar.

    Hay también unos versos nuestros en metro proceleusmático:
    -Diógenes, ay, cuéntamelo, dime qué desgracia te mató.
    -Digo que la culpa fue de un perro que pegóme un mordiscón.

    Algunos cuentan que al morir llegó a ordenar que lo arrojasen insepulto, para que toda bestia tuviera parte de él, o que lo metieran en un hoyo y lo cubrieran con un poco de polvo (o según otros, que lo arrojaran al río Iliso), para que se hiciera útil a sus hermanos. Demetrio, en los Homónimos, dice que el mismo día murieron Alejandro en Babilonia y Diógenes en Corinto; y fue anciano hacia la Olimpiada centésima decimotercera.
    (Traducción de Luis Andrés Bredlow. Editorial Lucina.2010).

    Si como nos dice Laercio, murió por comer un pulpo crudo que su estómago no pudo digerir, murió víctima de su rechazo hasta el final de la vida civilizada y su deseo de vivir lo más natural y animalísticamente posible: ¿qué mayor rechazo puede haber de la civilización que renunciar al fuego civilizador que Prometeo robó a los dioses para los hombres, para que éstos entre otras cosas puediesen cocer los alimentos y no tener que comer sólo lo crudo como el resto de animales?