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  • Urbi et orbi: la ciudad dueña de un Imperio (II)

    El romano, en su autoafirmación y autocomplacencia, llega a confundir el “orbis terrarum” con el “orbis romanus”. Son innumerables también los textos y los hechos que pretenden asentar en los ciudadanos esta idea de que el mundo, al menos el interesante, es romano.

    Es lo que, por ejemplo, podemos apreciar en Cicerón, Rhetorica  Ad Herennium, 4,9,13:

    Un discurso será del estilo medio si, como he indicado antes, rebajamos ligeramente el tono sin descender sin embargo hasta el más bajo; por ejemplo:

    Estáis viendo, jueces, contra quiénes luchamos. Contra aliados que solían combatir a nuestro lado y defendían con su valor y esfuerzo nuestro imperio. Conocen sin duda sus propios recursos y tropas y, por la vecindad y las relaciones todo tipo con nosotros, podían igualmente conocer y evaluar todo el poder del pueblo romano. Cuando decidieron hacernos la guerra, decidme, en qué confiaban pata atacarnos, sabiendo que la mayoría casi absoluta de nuestros aliados permanecería fiel a sus obligaciones, viendo que no disponían de tropas abundantes, generales expertos, fondos públicos ni, en definitiva, nada de lo que se necesita para realizar una guerra. Incluso luchando contra algún vecino por una cuestión de fronteras o pensando resolver el conflicto en una sola batalla, habrían acudido al combate mejor armados y equipados. Mucho menos creíble es que intentaran con tan pocas tropas apoderarse del imperio que domina el mundo, un imperio que todos los pueblos, reyes y naciones han aceptado, unos por la fuerza, otros voluntariamente, vencidos por las armas o la generosidad del pueblo romano. Alguien se preguntará: '¿Y los habitantes de Fregelas?''. ¿Es que ellos no lo intentaron por su propia voluntad?’ Sí, y precisamente por ello no hubieran debido intentarlo, después de ver cómo los de Fregelas salieron malparados. La ignorancia hace caer fácilmente en el error a los pueblos que por falta de experiencia no pueden encontrar precedentes en su historia para cada cuestión. Por el contrario, los que conocen lo que les ha sucedido a otros pueden fácilmente obtener provecho propio de las experiencias ajenas. ¿Ningún motivo les indujo? ¿No tenían la menor esperanza cuando empeñaron las armas? ¿Quién creerá que alguien ha sido tan insensato como para atreverse a atacar el poder del pueblo romano sin el apoyo de alguna fuerza? Algún motivo, por tanto,  debió existir. Y ¿qué otro puede ser sino el que os digo?”
    (Traducción de Salvador Núñez. Editorial Gredos)

    In mediocri figura versabitur oratio, si haec, ut ante dixi, aliquantum demiserimus neque tamen ad infimum descenderimus, sic:

    «Quibuscum bellum gerimus, iudices, videtis: cum sociis, qui pro nobis pugnare et imperium nostrum nobiscum simul virtute et industria conservare soliti sunt. Ii cum se et opes suas et copiam necessario norunt, tum vero nihilominus propter propinquitatem et omnium rerum societatem, quid omnibus rebus populus Romanus posset, scire <et> existimare poterant. Ii, cum deliberassent nobiscum bellum gerere, quaeso, quae res erat, qua freti bellum suscipere conarentur, cum multo maximam partem sociorum in officio manere intellegerent? Cum sibi non multitudinem militum, non idoneos imperatores, non pecuniam publicam praesto esse viderent? Non denique ullam rem, quae res pertinet ad bellum administrandum? Si cum finitumis de finibus bellum gererent, si totum certamen in uno proelio positum putarent, tamen omnibus rebus instructiores et apparatiores venirent; nedum illi imperium orbis terrae, cui imperio omnes gentes, reges, nationes partim vi, partim voluntate consenserunt, cum aut armis aut liberalitate a populo Romano superati essent, ad se transferre tantulis viribus conarentur. Quaeret aliquis: Quid? Fregellani non sua sponte conati sunt? Eo quidem isti minus facile conarentur, quod illi quemadmodum discessent videbant. Nam rerum inperiti, qui unius cuiusque rei de rebus ante gestis exempla petere non possunt, ii per inprudentiam facillime deducuntur in fraudem: at ii, qui sciunt, quid aliis acciderit, facile ex aliorum eventis suis rationibus possunt providere. Nulla igitur re inducti, nulla spe freti arma sustulerunt? Quis hoc credet, tantam amentiam quemquam tenuisse, ut imperium populi Romani temptare auderet nullis copiis fretus? Ergo aliquid fuisse necessum est. Quid aliud, nisi id, quod dico, potest esse?»

    Es lo que en varias ocasiones dice Ovidio. Así   a propósito de las celebraciones del día 1 de Enero al dios Jano en Fasti,1,75 y ss.:

    ¿Ves cómo reluce el cielo con los fuegos perfumados y crepita la espiga cilicia al
    encender las hogueras? La llama reverbera con su brillo en el oro de los templos y esparce el resplandor tembloroso en lo alto del santuario. Van con las ropas intactas al alcázar de Tarpeya  y el pueblo lleva el mismo color que el color de su fiesta; ya marchan delante los nuevos mandos, nueva púrpura refulge y el marfil llamativo  siente pesos nuevos. Novillos exentos del trabajo, que la hierba falisca alimentó en sus campiñas ofrecen su cuello para  que los hieran. Júpiter, cuando mira a todo el orbe desde su alcázar, no encuentra nada que ver que no sea romano. ¡Salud, día bienhechor!: vuelve cada vez mejor, merecedor de que te honre el pueblo dueño del mundo. Mas con todo, ¿qué dios diré que eres tú, Jano biforme? Pues Grecia no tiene numen ninguno parejo a ti. Y a la vez revela el motivo por el que eres el único entre los celestiales que ves lo que está a la espalda y lo que está delante.

    cernis odoratis ut luceat ignibus aether,              
         et sonet accensis spica Cilissa focis?
    flamma nitore suo templorum verberat aurum,
         et tremulum summa spargit in aede iubar.
    vestibus intactis Tarpeias itur in arces,
         et populus festo concolor ipse suo est,              
    iamque novi praeeunt fasces, nova purpura fulget,
         et nova conspicuum pondera sentit ebur.
    colla rudes operum praebent ferienda iuvenci,
         quos aluit campis herba Falisca suis.
    Iuppiter arce sua totum cum spectet in orbem,              
         nil nisi Romanum quod tueatur habet.
    salve, laeta dies, meliorque revertere semper,
         a populo rerum digna potente coli.
    Quem tamen esse deum te dicam, Iane biformis?
         nam tibi par nullum Graecia numen habet.              
    ede simul causam, cur de caelestibus unus
         sitque quod a tergo sitque quod ante vides.

    Y luego, un poco más abajo: 

    "el espacio de la ciudad de Roma es el mismo que el del mundo".

    Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

    Fastos 2, 667 y ss.

    ¿Qué pasó cuando se construyó el nuevo Capitolio? Por supuesto, toda la legión de los dioses cedió ante Júpiter, haciéndole sitio. Término, según cuentan los antiguos, fue hallado en el templo, y allí se quedó, poseyéndolo junto con el gran Júpiter. Ahora además, para no ver por encima de sí nada que no sean las estrellas, el techo del templo tiene una pequeña claraboya. A partir de entonces no eres libre de levantarte, Término; quédate en el emplazamiento en que  te colocaron, y no cedas un átomo al vecino que te lo pida, para que no parezca que pones a un hombre delante de Júpiter. Ya te empujen con las rejas o con el rastrillo, grita: «Este campo es tuyo, aquél es suyo». Hay un camino  que lleva a la gente a los campos laurentes, el reino que el caudillo dardanio buscó en otro tiempo; en el sexto miliario desde la ciudad se celebra por ese camino una ceremonia por ti, Término, con las visceras de una oveja lanuda. Los demás pueblos tienen cada uno una tierra dada dentó de límites fijos; el espacio de la ciudad de Roma es el mismo que el del mundo.

    quid, nova cum fierent Capitolia? nempe deorum
         cuncta Iovi cessit turba locumque dedit;
    Terminus, ut veteres memorant, inventus in aede
         restitit et magno cum Iove templa tenet.               670
    nunc quoque, se supra ne quid nisi sidera cernat,
         exiguum templi tecta foramen habent.
    Termine, post illud levitas tibi libera non est:
         qua positus fueris in statione, mane;
    nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
         ne videare hominem praeposuisse Iovi:
    et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
         clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'
    est via quae populum Laurentes ducit in agros,
         quondam Dardanio regna petita duci:               680
    illa lanigeri pecoris tibi, Termine, fibris
         sacra videt fieri sextus ab Urbe lapis.
    gentibus est aliis tellus data limite certo:
         Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

    Los triunfos de Pompeyo de Oriente a Occidente confirman a los romanos que ellos son los dueños del mundo. Plutarco nos presenta el triple desfile triunfal de Pompeyo, en el que participa todo el imperio, toda la tierra que había conquistado.

    Plutarco, Pompeyo 45:

    A la grandeza de su triunfo, aunque se repartió en dos días, no bastó este tiempo, sino que muchos de los objetos que le decoraban pasaron sin ser vistos, pudiendo ser materia y ornato de otra pompa igual. En carteles que se llevaban delante iban escritas las naciones de quienes se triunfaba, siendo éstas: el Ponto, la Armenia, la Capadocia, la Paflagonia, la Media, la Cólquide, los Iberes, los Albanos, la Siria, la Cilicia, la Mesopotamia, las regiones de Fenicia y Palestina, la Judea, la Arabia, los piratas destruidos doquiera por la tierra y por el mar, y además los fuertes tomados, que no bajaban de mil; las ciudades, que eran muy pocas menos de novecientas; las naves de los piratas, ochocientas, y las ciudades repobladas, que eran treinta y nueve. Había dado sobre todo esto razón por escrito de que las rentas de la república eran antes cincuenta millones de dracmas, y las de los países que había conquistado montaban a ochenta millones y quinientas mil. En moneda acuñada y en alhajas de oro y plata habían entrado en el erario público veinte mil talentos, sin incluir lo que se había dado a los soldados, de los cuales el que menos había recibido mil quinientas dracmas. Los cautivos conducidos en la pompa, además de los jefes y caudillos de los piratas, fueron: el hijo de Tigranes, rey de Armenia, con su mujer y su hija; la mujer del mismo Tigranes, Zósima; el rey de los Judíos, Aristobulo; una hermana de Mitridates, con cinco hijos suyos y algunas mujeres escitas; los rehenes de los Albanos e Iberes y del rey de los Comagenos, y, finalmente, muchos trofeos, tantos en número como habían sido las batallas que había ganado, ya por sí mismo y ya por sus lugartenientes. Lo más grande para su gloria, y de lo que ningún Romano había disfrutado antes que él, fue haber obtenido este triunfo de la tercera parte del mundo; porque otros habían alcanzado antes tercer triunfo; pero él, habiendo conseguido el primero de África, el segundo de la Europa y este tercero del Asia, parecía en cierta manera que en sus tres triunfos había abarcado toda la tierra.

    Tenemos también información sobre las gestas de Pompeyo en Diodoro Sículo  40, 4

    Esta es una copia de la inscripción que Pompeyo colocó, registrando sus logros en Asia.
    Pompeyo Magno, hijo de Gnaeus, general (imperator), liberó las costas del mundo y todas las islas dentro del océano de los ataques de piratas. Rescató del asedio el reino de Ariobarzanes, Galacia y los territorios y provincias de más allá, Asia y Bitinia. Protegió Paflagonia, El Ponto, Armenia y Acaya, y también Iberia, la Cólquida, Mesopotamia, Sofene y Gordiene. Subyugó a Dario rey de los Medos, Artoles rey de los Ibéricos, Aristóbulo rey de los judíos, y Aretas rey de los árabes nabateos, y también Siria junto a Cilicia, Judea, Arabia, la provincia de Cyrenaica, Achaei, Iozygi, Soani y Heniochi y las otras tribus que habitan la costa entre Colchis y el lago Meotis, junto con los reyes de estas tribus, nueve en número, y todas las naciones que habitan entre el mar Póntico y el Mar Rojo. Extendió las fronteras del imperio hasta las fronteras del mundo. Mantuvo los ingresos de los romanos, y en algunos casos los aumentó. Retiró las estatuas y otras imágenes de los dioses, y todo el otro tesoro de los enemigos, y dedicó a la diosa (Minerva) 12.060 piezas de oro y 307 talentos de plata.

    Tal vez sea  Plinio el más exagerado en recordarnos los éxito de Pompeyo en todo el mundo romano, hasta concluir :

    Lo mas grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (según él mismo dijo públicamente en la asamblea, hablando de sus propias hazañas) que recibió Asia como la provincia más lejana y la devolvió a la patria como provincia interior.

    Veamos esta cita más amplia:

    Plinio, Historia Natural: 7, 95 (26), (27) y ss.

    Verdaderamente corresponde al honor del Imperio Romano, no solo al de Las hazañas un hombre, que se mencionen en este  lugar todos los títulos de las victorias y los triunfos de Pompeyo Magno, ya que el brillo de sus hazañas se iguala no solo con las de Alejandro Magno sino incluso casi con las de Hércules y las del padre Liber. Pues, una vez recuperada Sicilia, momento desde el que comenzó mostrándose primero partidario de Sila en la causa de la Republica, después de dominar África entera y someterla a su autoridad, por lo que recibió como trofeo de guerra el nombre de Magno, entró en carro triunfal, cosa que nadie había obtenido antes, siendo caballero romano, y pasando inmediatamente a Occidente, además de conseguir trofeos en los Pirineos, añadió a la victoria ochocientas setenta y seis poblaciones, desde los Alpes hasta los confines de la Hispania Ulterior, sometidas a su autoridad, y con gran magnanimidad guardó silencio sobre Sertorio y, después de poner fin a una guerra civil que concitaba a todos los enemigos extranjeros, de nuevo condujo los carros triunfales siendo caballero romano, tan frecuentemente general antes que soldado. Después, enviado a todos los mares y luego a Oriente, volvió trayendo a su patria estos títulos según la costumbre de los vencedores en las competiciones sagradas — en realidad
    no se coronan ellos mismos, sino que coronan a sus patrias—; por eso, en el santuario de Minerva, que dedicó con el dinero del botín, ofrecía estos honores a Roma:

    El GENERAL GNEO POMPEYO MAGNO, CONCLUIDA UNA GUERRA DE TREINTA ANOS, DISPERSADOS, PUESTOS EN FUGA, MUERTOS Y RENDIDOS DOCE MILLONES CIENTO OCHENTA Y TRES MIL HOMBRES, HUNDIDOS O CAPTURADOS OCHOCIENTOS CUARENTA Y SEIS BARCOS, TOMADAS BAJO PROTECCION MIL QUINIENTAS TREINTA Y OCHO POBLACIONES Y FORTALEZAS, Y SOMETIDOS LOS TERRITORIOS DESDE LOS MEOTAS HASTA EL MAR ROJO, CUMPLE SU VOTO, COMO DEBIA, A MINERVA.

    Esto es el compendio de su actuación en Oriente. Pero el preámbulo del triunfo que celebró el día tercero antes de las kalendas de octubre, siendo cónsules Marco Pisón y Marco Mesala era el siguiente:

    HABIENDO LIBERADO DE PIRATAS LA COSTA MARITIMA Y HABIENDO DEVUELTO EL IMPERIO DEL MAR AL PUEBLO ROMANO, CONSIGUIÓ HONORES DE TRIUNFO POR SUS VICTORIAS EN ASIA, EL PONTO, ARMENIA, PAFLAGONIA, CAPADOCIA, CILICIA, SIRIA, LOS ESCITAS, JUDIOS, ALBANOS, HIBERIA, LA ISLA DE CRETA, LOS BASTERNAS Y, ADEMAS DE ESTO, SOBRE EL REY MITRIDATES Y SOBRE TIGRANES.

    Lo más grande dentro de la grandeza de aquella gloria fue (según él mismo dijo públicamente en la asamblea, hablando de sus propias hazañas) que recibió Asia como la
    provincia más lejana y la devolvió a la patria como provincia interior. Si alguien por el contrario quisiera examinar de igual modo las hazañas de César, que se mostró más
    grande que aquel, debería enumerar el orbe de la tierra absolutamente entero, cosa que convendrá que es infinita.
    (Traducción de Encamacion del Barrio Sanz)

    Verum ad decus imperii Romani, non solum ad viri unius, pertinet victoriarum Pompei Magni titulos omnes triumphosque hoc in loco nuncupari, aequato non modo Alexandri Magni rerum fulgore, sed etiam Herculis prope ac Liberi patris.

    igitur Sicilia recuperata, unde primum Sullanus in rei publicae causa exoriens auspicatus est, Africa vero tota subacta et in dicionem redacta Magnique nomine in spolium inde capto, eques Romanus, id quod antea nemo, curru triumphali revectus et statim ad solis occasum transgressus, excitatis in Pyrenaeo tropaeis, oppida DCCCLXXVI ab Alpibus ad fines Hispaniae ulterioris in dicionem redacta victoriae suae adscripsit et maiore animo Sertorium tacuit, belloque civili, quod omnia externa conciebat, extincto iterum triumphales currus eques R. induxit, totiens imperator ante quam miles.

    postea ad tota maria et deinde solis ortus missus hos retulit patriae titulos more sacris certaminibus vincentium — neque enim ipsi coronantur, sed patrias suas coronant —, hos ergo honores urbi tribuit in delubro Minervae, quod ex manubiis dicabat:

    CN·POMPEIVS MAGNVS IMPERATOR BELLO XXX ANNORVM CONFECTO FVSIS FVGATIS OCCISIS IN DEDITIONEM ACCEPTIS HOMINVM CENTIENS VICIENS SEMEL LXXXIII DEPRESSIS AVT CAPTIS NAVIBVS DCCCXLVI OPPIDIS CASTELLIS MDXXXVIII IN FIDEM RECEPTIS TERRIS A MAEOTIS AD RVBRVM MARE SVBACTIS VOTVM MERITO MINERVAE.

    Hoc est breviarium eius ab oriente. triumphi vero, quem duxit a. d. III kal. Oct. M. Pisone M. Messala cos., praefatio haec fuit:

    CVM ORAM MARITIMAM PRAEDONIBVS LIBERASSET ET IMPERIVM MARIS POPVLO ROMANO RESTITVISSET EX ASIA PONTO ARMENIA PAPHLAGONIA CAPPADOCIA CILICIA SYRIA SCYTHIS IVDAEIS ALBANIS HIBERIA INSVLA CRETA BASTERNIS ET SVPER HAEC DE REGE MITHRIDATE ATQVE TIGRANE TRIVMPHAVIT.

    Summa summarum in illa gloria fuit (ut ipse in conditione dixit, cum de rebus suis disseret) Asiam ultimam provinciarum accepisse eandemque mediam patriae reddidisse. si quis e contrario simili modo velit percensere Caesaris res, qui maior ille apparuit, totum profecto terrarum orbem enumeret, quod infinitum esse conveniet.

    En numerosos pasajes Plinio va incluso más allá y justifica el imperialismo romano por sus efectos beneficiosos para la humanidad. En el libro 27 de su Historia Natural nos habla de las numerosas plantas  existentes en el mundo  que son recogias y transportadas desde cualquier lugar del mundo sólo por efecto de la Pax romana. Por eso los romanos son como una segunda luz, como un segundo sol para la humanidad, y también como una segunda naturaleza como dirá lugo en el libro 44.
    Transcribo ambos pasajes:

    Plinio, 27, 1 y ss:

    Ciertamente aumenta en mi interior la admiración de la Antigüedad conforme crece mi obra y cuanta más cantidad de hierbas me queda por describir, tanto más aumenta el deseo de valorar el cuidado de los antiguos a la hora de buscarlas y luego su bondad al transmitírnoslas. Y sin duda podría parecer que de este modo la magnificencia de la misma naturaleza de las cosas ha sido superada si su descubrimiento es propio de la obra humana.

    Sin embargo ahora parece que fue obra de los dioses  o ciertamente de inspiración divina, incluso aunque el hombre las haya encontrado, y que la misma madre de todas las cosas las ha engendrado y las ha mostrado, no habiendo ningún milagro mayor de la vida, si es que queremos confesar la verdad.  Las hierbas escíticas vienen de las lagunas Meóticas y la eufórbea del monte Atlas y de la otra parte de las columnas de Hércules desde el propio límite de las cosas de la naturaleza,y por la otra parte la británica  de las islas del Océano situadas más allá de la tierra y así mismo la Etiópica  de la región abrasada por las estrellas. Además otras se traen  de otras partes más lejos o más cerca por todo el mundo para la salud de los hombres, mostrando la inmensa majestad de la paz romana no solo hombres entre sí de  diferentes tierras y naciones, sino tambien montes y cumbres que se alzan hasta las nubes y sus productos y las hierbas que producen. Pido que este regalo de los dioses sea eterno. Hasta tal punto parece que nos han dado a los romanos como otra luz para  las cosas humanas.

    Crescit profecto apud me certe tractatu ipso admiratio antiquitatis, quantoque maior copia herbarum dicenda restat, tanto magis adorare priscorum in inveniendo curam, in tradendo benignitatem subit. nec dubie superata hoc modo posset videri etiam rerum naturae ipsius munificentia, si humani operis esset inventio.

    nunc vero deorum fuisse eam apparet aut certe divinam, etiam cum homo inveniret, eandemque omnium parentem et genuisse haec et ostendisse, nullo vitae miraculo maiore, si verum fateri volumus. Scythicam herbam a Maeotis paludibus et Euphorbeam e monte Atlante ultraque Herculis columnas ex ipso rerum naturae defectu, parte alia Britannicam ex oceani insulis extra terris positis,

    itemque Aethiopidem ab exusto sideribus axe, alias praeterea aliunde ultro citroque humanae saluti in toto orbe portari, inmensa Romanae pacis maiestate non homines modo diversis inter se terris gentibusque, verum etiam montes et excedentia in nubes iuga partusque eorum et herbas quoque invicem ostentante! aeternum, quaeso, deorum sit munus istud! adeo Romanos velut alteram lucem dedisse rebus humanis videntur.

    Plinio en 37, 77 (200) ss.  asimila  Roma a la propia naturaleza e Italia es la gobernadora y segunda madre del mundo; la primera es, evidentemente,  la propia naturaleza.

    Despúes de haber tratado de todas las obras de la Naturaleza, es oportuno ahora establecer una comparación entre los territorios y las diversas cosas que producen.

    Así pues, en todo el orbe, a dondequiera que se extienda la bóveda celeste, por las cosas que con todo merecimiento merecen el primer puesto de la Naturaleza, Italia es la más hermosa de todos los países, ella  que gobierna y es la segunda madre del mundo. Es así por sus hombres, por sus mujeres, por sus jefes militares, por sus soldados, por sus esclavos, por la superioridad de las artes, por los ejemplos de sus hombres ilustres. Y también por su situación, por la salubridad y suavidad de su clima; por el fácil acceso para todas las naciones, por sus costas abundantes en puertos, por el benigno soplo de sus vientos; lo que se debe por su posición, colocada en una parte muy favorable, en medio de la salida y la puesta del sol (entre Oriente y Occidente. Y también por la abundancia de agua, la salubridad de sus bosques, las intersecciones de sus montes, la inocuidad de sus animales salvajes, la fertilidad de su suelo y la riqueza de sus pastos.

    Etenim peractis omnibus naturae operibus discrimen quoddam rerum ipsarum atque terrarum facere conveniet.

    Ergo in toto orbe, quacumque caeli convexitas vergit, pulcherrima omnium est iis rebus, quae merito principatum naturae optinent, Italia, rectrix parensque mundi altera, viris feminis, ducibus militibus, servitiis, artium praestantia, ingeniorum claritatibus, iam situ ac salubritate caeli atque temperie, accessu cunctarum gentium facili, portuosis litoribus, benigno ventorum adflatu. quod contingit positione procurrentis in partem utilissimam et inter ortus occasusque mediam, aquarum copia, nemorum salubritate, montium articulis, ferorum animalium innocentia, soli fertilitate, pabuli ubertate.

    También Cicerón en Catilinarias 4, 11 (6) compara a Roma con la lux orbis terrarum.

    Si os conformáis con esta opinión, me daréis, ante la asamblea, un compañero a quien el pueblo es¬tima y quiere; si seguís el parecer de Silano, fácilmente nos libraremos vosotros y yo del cargo de crueldad, y aun demostraré que este parecer es el más benigno. Aunque para castigar tan horrible maldad, ¿habrá, pa¬dres conscriptos, algo que sea excesivamente cruel? Yo por mí juzgo. Porque así pueda gozar con vosotros de ver salvada y tranquila a la república, como es cier¬to que si soy algo enérgico en esta causa, no es por dureza de alma (¿quién la tiene más benigna que yo?), sino por pura humanidad y misericordia. Paréceme estar viendo a esta ciudad, lumbrera del mundo y fortaleza de todas las gentes, ser devorada repentinamente por el incendio: me figuro arruinada la patria, y sobre sus ruinas los insepultos cuerpos de desdichadísimos ciudadanos; tengo ante mis ojos la figura de Cetego satisfaciendo su furor y gozando con vuestra muerte, figuro arruinada la patria, y sobre sus ruinas los insepultos cuerpos de desdichadísimos ciudadanos; tengo ante mis ojos la figura de Cetego satisfaciendo su furor y gozando con vuestra muerte. (Traducción de Juan Bautista Calvo)

    Quam ob rem, sive hoc statueritis, dederitis mihi comitem ad contionem populo carum atque iucundum, sive Silani sententiam sequi malueritis, facile me atque vos a crudelitatis vituperatione populo Romano purgabo atque obtinebo eam multo leniorem fuisse. Quamquam, patres conscripti, quae potest esse in tanti sceleris inmanitate punienda crudelitas? Ego enim de meo sensu iudico. Nam ita mihi salva re publica vobiscum perfrui liceat, ut ego, quod in hac causa vehementior sum, non atrocitate animi moveor (quis enim est me mitior?), sed singulari quadam humanitate et misericordia. Videor enim mihi videre hanc urbem, lucem orbis terrarum atque arcem omnium gentium, subito uno incendio concidentem, cerno animo sepulta in patria miseros atque insepultos acervos civium, versatur mihi ante oculos aspectus Cethegi et furor in vestra caede bacchantis.

    La expresión concentrada y visual de todo el imperio se representa en el famoso “Mapa de Agripa”.
    Agripa ordenó construir un mapa de todo el mundo conocido que se colocó en el Pórtico que llevaba el nombre de su hermana Vipsania, en el Campo de Marte y cerca del Panteón, y que tenía como finalidad evidenciar que Roma era el centro del mundo.  Le podíamos, pues, considerar el  mapa del  Orbis Terrarum o representación de todo el mundo conocido. Hay quien piensa que se trataba simplemente de una lista de lugares con su dimensión y de la distancia entre ellos antes que de una representación del mundo. Y es que de la descripción del mapa tan solo tenemos algunos fragmentos escritos y podemos hacernos alguna idea por otros mapas posteriores. Podemos imaginarnos al ciudadano romano a punto de emprender un viaje o por mera curiosidad, observando este enorme mapa de países y carreteras.

    Se considera que las medidas eran de gran precisión, aunque Plinio observa algún error, por ejemplo cuando habla de Hispania y de la Bética:

    Plinio, Historia Natural, 3, 17 (3, 2, 17)

    La longitud actual de la Bética, desde la localidad de Cástulo hasta Gades, es de doscientos cincuenta mil pasos y desde Murgi, en la costa, veinticinco mil más. La anchura, de Carteya al Guadiana, por la costa doscientos treinta y cuatro mil pasos. .Quién creeria que Agripa, varon tan celoso y que tanto se esmeró en este trabajo, cuando fue a exponer la imagen del mundo a los ojos de Roma se equivocó, y con él el divino Augusto? Porque este fue el que llevo a término el pórtico que empezó a levantar la hermana de Agripa, en el que se albergaba ese plano del orbe, elaborado según el proyecto y los escritos de Marco Agripa. (Traducción de Antonio Fontán. Editorial Gredos).

    Baeticae longitudo nunc a Castulonis oppidi fine Gadix CCL et a Murgi maritima ora XXV p. amplior, latitudo a Carteia Anam ora CCXXXIIII p. Agrippam quidem in tanta viri diligentia praeterque in hoc opere cura, cum orbem terrarum orbi spectandum propositurus esset, errasse quis credat et cum eo Divum Augustum? is namque conplexam eum porticum ex destinatione et commentariis M. Agrippae a sorore eius inchoatam peregit.

    Vitrubio expresa la misma idea desde otro punto de vista: no existió otro mejor emplazamiento que el de Roma para conquistar el mundo:

    Vitrubio, VI,1, 10-11

    Siendo, pues, las naciones meridionales de ingenio agudísimo, y maravillosa sutileza en sus pensamientos, si emprenden acciones valerosas, salen vencidas, por haberles el calor del sol disipado el vigor del ánimo; pero los que nacen en regiones frías son mas a propósito para el rigor de las armas, y se arrojan sin temor valerosamente a la pelea; si bien, faltos de reflexión por lo tardo de su ingenio, lo hacen inconsideradamente y ciegas, siendo siempre rechazados en sus designios. Habiendo, pues, la naturaleza dispuesto las cosas en el mundo de manera que todas las naciones tienen diverso y desproporcionado temperamento, quiso que el pueblo Romano tuviese sus confines en medio de todas la partes y regiones del orbe de la tierra; y así las gentes en Italia son aptísimas para entrambos ministerios, de valor en sus cuerpos, y de agudeza en el ánimo. Porque así como el planeta Júpiter, corriendo entre Marte calidísimo y Saturno frígidísimo, goza un temperamento medio, del modo mismo la Italia, sita entre septentrión y mediodía, tiene la preeminencia de que con la mezcla de ambos temperamentos goza constitución templada : así que con el consejo rebate las fuerzas de los barbaros, y con el valor las astucias de los meridionales. En efecto, colocó Dios la capital del pueblo Romano en región tan templada y excelente, para que fuese dueña y señora del mundo. (Tradución de Joseph Ortiz y Sanz. 1787)

    Cum sint autem meridiane nationes animis acutissimis infinitaque sollertia consiliorum, simul ut ad fortitudinem ingrediuntur, ibi succumbunt, quod habent exsuctas ab sole animorum virtutes; qui vero refrigeratis nascuntur regionibus, ad armorum vehementiam paratiores sunt magnis virtutibus sine timore, sed tarditate animi sine considerantia inruentes sine sollertia suis consiliis refragantur. cum ergo haec ita sint ab natura rerum in mundo conlocata et omnes nationes inmoderatis mixtionibus disparatae, veros inter spatium totius orbis terrarum regionesque medio mundi populus Romanus possidet fines.
    Namque temperatissimae ad utramque partem et corporum membris animorumque vigoribus pro fortitudine sunt in Italia gentes. quemadmodum enim Iovis stella inter Martis ferventissimam et Saturni frigidissimam media currens temperatur, eadem ratione Italia inter septentrionalem meridianamque ab utraque parte mixtionibus temperatas et invictas habet laudes. itaque consiliis refringit barbarorum virtutes, forti manu meridianorum cogitationes. ita divina mens civitatem populi Romani egregia temperataque regione conlocavit, uti orbis terrarum imperii potiretur.

    Si el “orbis terrarum” es el “orbis romanorum” y Roma es un microcosmos, también Nerón, por ejemplo, pretende que su Domus Aurea sea un microcosmos, una reproducción a pequeña escala del “imperio romano”, incluyendo bosques, lagos y las obras maestras de todo el imperio. Nos lo confirman textos de Suetonio o Tácito  y tantos otros. :

    Suetonio, Vida de Nerón, (Vidas de los doce Césares, VI,31),31

    Pero en ningún asunto gasta tanto como en sus construcciones, pues edificó una casa que llegaba desde el Palatino hasta las Esquilias y a la que llamó primero “Transitoria” y luego, despues que fue consumida por un incendio y restaurada, “Dorada”.. Para hacerse una idea de sus dimemisries y esplendor bastara con referir lo siguiente. Tenia un vestibulo en el que se alzaba una estatua suya colosal, de ciento veinte pies de altura;  era tan espaciosa, que albergaba porticos de tres filas de coiumnas y mil pasos de largo, un estanque tan grande como un mar, rodeado de edificios que parecian ciudades, y, ademas, grandes extensiones de terreno, que incluian campos, viñedos, pastos y bosques, con una multitud de animales  domesticos y salvajes de todo tipo. Todas sus habitaciones estaban forradas de oro y adornadas con piedras preciosas y conchas de perlas; sus comedores estaban cubiertos por unos paneles de marfil movibles y perforados por tubos, para que se pudieran esparcir desde el techo flores o perfumes; el comedor principal era redondo, y giraba continuamente sobre si mismo, de dia y de noche, como el mundo; sus banos tenian agua corriente del mar y de los rnanantiales de Álbula. Cuando inauguró semejante mansión, una vez acabadas las obras, le dio su aprobación exclamando que por fin había empezado a vivir como un hombe.

    Non in alia re tamen damnosior quam in aedificando domum a Palatio Esquilias usque fecit, quam primo transitoriam, mox incendio absumptam restitutamque auream nominauit. de cuius spatio atque cultu suffecerit haec rettulisse. uestibulum eius fuit, in quo colossus CXX pedum staret ipsius effigie; tanta laxitas, ut porticus triplices miliarias haberet; item stagnum maris instar, circumsaeptum aedificiis ad urbium speciem; rura insuper aruis atque uinetis et pascuis siluisque uaria, cum multitudine omnis generis pecudum ac ferarum.

    in ceteris partibus cuncta auro lita, distincta gemmis unionumque conchis erant; cenationes laqueatae tabulis eburneis uersatilibus, ut flores, fistulatis, ut unguenta desuper spargerentur; praecipua cenationum rotunda, quae perpetuo diebus ac noctibus uice mundi circumageretur; balineae marinis et albulis fluentes aquis. eius modi domum cum absolutam dedicaret, hactenus comprobauit, ut se diceret “quasi hominem tandem habitare coepisse.”

    De similar manera Marcial, en su Libro de los Espectáculos, nos ofrece numerosos ejemplos de espectáculos en Roma con animales exóticos, traídos desde los confines del imperio, del que se sienten los dueños

    Marcial, Libro de los Espectáculos, 2.

    Aquí en donde el coloso sidéreo contempla muy de cerca las estrellas y se elevan en mitad de la vía altos andamiajes, irradiaban los atrios soberbios del fiero tirano y había ya una sola casa en toda Roma. Aquí en donde se eleva la augusta mole del hermoso anfiteatro estaban los estanques de Nerón. Aquí en donde admiramos las termas, obra prontamente acabada, un campo inmenso había expropiado las casas de los míseros ciudadanos. En donde el pórtico de Claudio proyecta sus amplias sombras, venían a terminar las últimas construcciones del palacio imperial. Roma ha sido devuelta a sí misma y, contigo en el trono, César, hace las delicias del pueblo lo que las hacía de su señor.  (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Hic ubi sidereus propius uidet astra colossus
         et crescunt media pegmata celsa uia,
    inuidiosa feri radiabant atria regis
         unaque iam tota stabat in urbe domus;
    hic ubi conspicui uenerabilis Amphitheatri              
         erigitur moles, stagna Neronis erant;
    hic ubi miramur uelocia munera thermas,
         abstulerat miseris tecta superbus ager;
    Claudia diffusas ubi porticus explicat umbras,
        ultima pars aulae deficientis erat.              
    Reddita Roma sibi est et sunt te preside, Caesar,
         deliciae populi, quae fuerant domini.

    Así en De spectaculis, 5

    Podéis creer que Pasífae se ha unido al toro de Creta: lo hemos visto nosotros, la antigua fábula ha recibido su confirmación. Que no se admire de sí misma, César, la longeva antigüedad: lo que la fama canta, lo presenta la arena ante tus ojos. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Iunctam Pasiphaen Dictaeo credite tauro:
         uidimus, accepit fabula prisca fidem.
    Nec se miretur, Caesar, longaeua uetustas:
         quidquid fama canit, praestat harena tibi.

    Y en el 6,b

    La fama ensalzaba un trabajo famoso y propio de Hércules: que el león había sido abatido en el vasto valle de Nemea. Calle la leyenda, porque después de tus juegos, oh César, declaramos que esto lo hace ya un Marte femenino. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Prostratum uasta Nemees in ualle leonem
         nobile et Herculeum fama canebat opus.
    Prisca fides taceat: nam post tua munera, Caesar,
         hoc iam femineo Marte fatemur agi.

    Y en  el 7

    Lo mismo que Prometeo, atado en las rocas de Escitia, alimentó con su hígado potente al águila puntual a su cita, así Lauréolo, colgado realmente en una cruz, presentó sus entrañas desnudas al oso de Caledonia. Sus músculos desgarrados palpitaban en sus miembros sangrantes, y en todo su cuerpo no había cuerpo por ninguna parte. Por fin recibió un castigo digno: él había clavado cruelmente el cuchillo en el cuello de su padre o de su dueño; había robado locamente el oro sagrado de los templos; te había aplicado a ti, Roma, las teas incendiarias; había superado el criminal las atrocidades referidas por la antigua leyenda, y por ello lo que era hasta entonces pura imaginación, se cumple en él realmente. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Qualiter in Scythica religatus rupe Prometheus
         adsiduam nimio pectore pauit auem,
    nuda Caledonia sic uiscera praebuit urso
         non falsa pendens in cruce Laureolus.
    Viuebant laceri membris stillantibus artus              
         inque omni nusquam corpore corpus erat.
    Denique supplicium dignum tulit: ille parentis
         uel domini iugulum foderat ense nocens,
    templa uel arcano demens spoliauerat auro,
         subdiderat saeuas uel tibi, Roma, faces.              
    Vicerat antiquae sceleratus crimina famae,
         in quo, quae fuerat fabula, poena fuit.

    y en el 8

    Dédalo, al sentirte devorado por el oso de Lucania, ¡cómo desearías haber tenido ahora tus alas! (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Daedale, Lucano cum sic lacereris ab urso,
         quam cuperes pinnas nunc habuisse tuas!

    Y en el 9

    Exhibido el rinoceronte por toda la arena, te ofreció, César, un espectáculo que no prometió. ¡Oh con qué bravura se enfureció incoerciblemente! ¡Qué grande era el toro, para quien un toro era un pelele! (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Praestitit exhibitus tota tibi, Caesar, harena
         quae non promisit proelia rhinoceros.
    O quam terribilis exarsit pronus in iras!
         Quantus erat taurus, cui pila taurus erat!

    Elefantes en el 17

    Esto de que, piadoso y suplicante, te adore, César, un elefante, éste que poco ha era tan temible para un toro, esto no lo hace mandado ni por maestramiento de ningún domador; créeme, también él reconoce a nuestro dios. (Traducción de Jose Guillén. Institución Fernando el Católico)

    Quod pius et supplex elephas te, Caesar, adorat
         hic modo qui tauro tam metuendus erat,
    non facit hoc iussus, nulloque docente magistro,
         crede mihi, nostrum sentit et ille deum.

    Etc. etc.

    Hasta aquí algunos textos que documentan el status divino que adquirió  Roma en virtud de la fuerza y energía que de ella emanaba. Podría aportar otros muchos. Ello explica como la “urbe” por antonomasia, por excelencia, es Roma.

    Nota: antonomasia, palabra griega, ἀντονομασία, del verbo ἀντονομάζω ("antonomázo"), compuesto de antí-/ant-/anta-, con el significado de "en lugar de", "a cambio de", y el verbo ὀνομάζω ("onomázo"), que significa denominar, nombrar, derivado de ὄνομα "ónoma", nombre.  Designa a una figura retórica que consiste en nombrar a un sustantivo por el adjetivo que expresa su cualidad o viceversa porque en él se da esa cualidad de manera sobresaliente.

    (Continuará…)

  • Citemos correctamente las frases latinas, tan concisas y expresivas, y que tanto prestigio cultural dan.

    “Urbi et orbi” es una frase latina constituida por dos palabras relacionadas entre sí por una conjunción copulativa, es decir unidas. Resulta que muchas palabras latinas, entre ellas los sustantivos, tienen diversas formas o casos que se diferencian por su terminación; “”casus” a fin de cuentas viene a significar “caída, terminación”. En concreto estas dos palabras acaban en –i y por ello decimos que están en caso “dativo”.

    Todo esto es gramática latina elemental y cualquiera que conozca esto y nada más que esto puede entender que si modificamos las terminaciones de algunas palabras, los sustantivos entre ellas, estamos cambiando la función y en consecuencia el significado.

    Pues bien, la frase "urbi et orbi" significa “para la ciudad (que es Roma) y para el orbe (que es el mundo restante)” y ese es su significado porque las dos acaban en –i.

    La frase se aplica literalmente a alguno de los mensajes que emite el Papa, que es el obispo de Roma y Padre de toda la cristiandad, cuando los dirige a los fieles de Roma y de todo el mundo y les da indulgencia plenaria por sus pecados. Pero en realidad la frase se aplica por extensión a todo mensaje emitido por cualquiera y dirigido a todos los hombres. En un segundo artículo comentaré algo más del origen de esta expresión.

    Pues bien, es muy agradable para quien ama y disfruta con la lengua latina encontrarse con personas que utilizan frases latinas  en todo tipo de escritos, comentarios y conversaciones. Cervantes las llamó “latinicos” en el prólogo de la primera parte de su obra “Vida del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” y hay quien las llama con cierto tono despectivo “latinajos”.

    Ahora bien, en la misma proporción es profundamente desagradable encontrarse con frases latinas mal construidas,  que cometen elementales errores lingüísticos y gramaticales, como por ejemplo el de no respetar la terminación adecuada.

    Hace pocos días escuchaba en boca de un frecuente y abundante tertuliano de una de las diversas cadenas de televisión de España pronunciar con el aplomo de los ignorantes “urbi et orbe”, así, acabada la última en –e. Y el mismo error a los pocos días lo encontré en la pluma de un conocido comentarista, joven promesa, de un importante periódico español. (Creo que los autores extranjeros son más cuidadosos a la hora de hacer citas latinas). Pero esa frase mal construida ya no significa lo que pretenden quienes la utilizan, si es que ahora puede significar algo.

    Naturalmente, el error procede de la ignorancia, sin duda; facilitado por el hecho de que en español existe el sustantivo “orbe” y eso les induce a la equivocación a estos “latinistas” poco cuidadosos.

    Si no es posible exigir a todos los ciudadanos que conozcan el latín elemental, por muy deseable que eso fuera, sí podemos exigir a quienes se sirven de prestigiosas expresiones latinas, que se asesoren mínimamente, es decir, que busquen cualquiera de los instrumentos de contraste que hoy están al alcance de cualquiera.

    Pero puesto que hoy vamos de reconvenciones gramaticales aprovecho para advertir de otros errores muy frecuentes, tan chocantes como el anterior:

    – Se dice “sensu stricto” y no “sensu strictu”: 
    – “motu proprio” y no “motu propio”: propius, sin la -r-  significa más cerca
    – “in dubio pro reo” y no “in dubium pro reo”
    – “veni, vidi, vici” y no “vini,vidi,vinci”
    – “morituri te salutant” y no “morituri te salutan” o “morituri te salutam”
    – “sine nobilitate” (1) y no “sine nobilitatis”

    Aún no había acabado este artículo y recibo de otro amante del latín, via twitter, la información de otro error, nuevo para mí hasta el momento, que ahora perpreta todo un ayuntamiento, el de Guadalupe, con un bando en el aviso de una festividad muy arraigada en España, la del “Corpus Christi” que el cartel ha transformado en “Corpus Christis”, cuya pronunciación sonaría más bien al nombre de una famosa casa de subastas inglesa, “Christie’s”, pero que no podrá referirse a la creencia de los cristianos de que  la “hostia” de pan consagrada es en realidad el cuerpo de Cristo.

    (1.) Diré como curiosidad, que precisamente de la expresión latina “sine nobilitate” procede el término inglés ”snob”, s(ine) nob(ilitate), según explicó Ortega y Gasset en “La rebelión de las masas”, aunque los diccionarios ingleses, como el de Oxford no admiten este origen y se buscan uno más autóctono.

    Reproduzco el párrafo de Ortega en el que se refiere al término “snob”, en el que  además utiliza otro “latinico”, “idola fori”. Lo hace en "La revolución de las masas. Prólogo para franceses III, 1937)

    Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas «internacionales». Más que un hombre, es sólo un caparazón de hombre constituido por meros idola fori; carece de un «dentro», de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga -sine nobilitate-, snob.

    Nota: En Inglaterra las listas de vecinos indicaban junto a cada nombre el oficio y rango de la persona. Por eso, junto al nombre de los simples burgueses aparecía la abreviatura s. nob., es decir, sin nobleza. Este es el origen de la palabra snob.

    Por cierto, “idola fori” es una expresión acuñada por Francis Bacon en su obra Novum Organum para referirse a la correspondencia imperfecta entre las definiciones expresadas en palabras en una lengua y la cosa real que definen.

    Podríamos ampliar sin fin la lista de errores chocantes si observásemos la desbordada imaginación de quienes sobre una primitiva frase latina bien construida crean ellos otras sin tener consideración alguna para con las reglas de la concordancia gramatical.

    Así sobre la famosa expresión con la que el muy conservador y nacionalista Catón dicen que acababa todos sus discursos, viniese a cuento o no, “delenda est Carthago” hay quien crea otras similares del tipo “delenda est parlamento” (o lo que sea) cuando al menos podía haber dicho con poca imaginación “delendum est parlamentum”.

    O quien sobre “condicio (o conditio) sine qua non”, expresión típicamente  jurídica, acuña otras de cualquier sentido, como “elementos, instrumentos, circunstancias… sine qua non” cuando el relativo “qua” es singular y femenino, correspondiéndose mal con “elementos y otros”.

    Aprovecho de paso para explicar que en latín “condicio” y “conditio” son palabras de origen distinto, aunque en latín tardío la palabra “conditio”, que en latín clásico significa “fundación”,  adquirió el sentido de “condición”; como quiera que la expresión “conditio sine qua non” es propia del latín tardío, pasó con esa forma a las lenguas modernas; en realidad “condicio sine qua non” , correcta desde el punto de vista del significado, resulta ser un anacronismo o incluso hipercultismo por convertir una palabra de determinada época a la correspondiente de otra.

    No puedo tampoco dejar pasar la ocasión para advertir de otros errores que se producen en la acentuación de las palabras latinas, en las que inevitablemente el no experto en latín, tiende a acentuar como si fueran españolas. A ello ayuda el hecho de que en latín no se emplea el acento gráfico o tilde; no es que no existe acento prosódico o tónico  (de prosodia de πρὸς- (pros = al lado, cerca de), la raíz ᾠδή, oide = canción), que se carga en una sílaba o en otra en función de su cantidad o duración (hay sílabas largas y breves) y esto que diferenciaban bien los antiguos en algunos momentos, para nosotros no es significativo.

    Así que conviene advertir que se dice “cármina burana” y no “carmína burana”, que se dice “álea iacta est” y no “aléa iacta est”, “curriculum vítae” y no “curriculum vitáe” por referirme tan sólo a algunos de los errores que con cierta frecuencia oímos. Este último de acentuar la -a- del diptongo –ae en posición final de palabra está muy generalizado, vulnerando la regla de que en latín no existen palabras agudas, es decir, con acento en la última sílaba.

    Recuerdo que en mi juventud había en España una interesante revista satírica llamada “La Codorniz” y en ella una sección titulada “La cárcel de papel” a la que se condenaba a quien destrozaba el lenguaje con sus disparates. Allí irían a parar, cuando menos, los infractores de la gramática latina, condena siempre más llevadera que los “leones” del anfiteatro a los que probablemente hubieran sido enviados en tiempos de algún emperador maniático del lenguaje como Claudio, que llegó a inventar tres letras para transcribir algunos sonidos griegos, aunque con poco éxito, porque tras su muerte dejaron de utilizarse.

    Quizás he de pedir disculpas, por mi parte, para evitar el enfado de quienes tienen buenos y precisos conocimientos de latín por corregir errores tan elementales, pero no por ello infrecuentes y enervantes. Sabrán sin duda disculparme

  • Los que…/ las que.. (Qui…Quae..)

    Es una cuestión bien evidente y establecida que la mujer en general en el mundo antiguo, en Grecia y en Roma, apenas si juega papel alguno público , social y políticamente, permaneciendo en gran medida invisible, incluso en estancias diferentes dento de la propia casa; así llamamos “gineceo”, γυναικεῖον, a las habitaciones de la casa de uso exclusivo de las mujeres; el “andrón”, Ἀνδρῶν, es la parte de la casa reservada a los hombres.

    Es verdad que cualquier afirmación sobre el mundo antiguo necesita muchas matizaciones y conocimientos más profundos. Así no es igual la situación de la mujer griega que la de la romana y esta última en los primeros siglos que al final de la República o durante el Imperio, cuando su “status” social y jurídico ha sufrido importantes modificacioes.

    Incluso es llamativo el hecho de que si bien socialmente su papel relevante es el de matrona de la casa, hablamos de las mujeres libres de las familias nobles romanas, en cambio en el “panteón” grecorromano las diosas, semidiosas, heroínas tienen una presencia importante y si Zeus-Júpiter responde al paradigma paternalista del dios-padre, la virginal Ártemis o Diana representa a la mujer autónoma, libre y rompedora con el sistema patriarcal dominante.

    También en el arte en general y en la epigrafía funeraria, por ejemplo, las mujeres están bien presentes y representadas.

    Quiero decir con todo ello que cualquier afirmación sobre el mundo antiguo, que solemos verlo con ojos del presente, necesita de matizaciones y análisis fino.

    Pero no quiero referirme a ello sino a un asunto bien actual, el del sexismo en el lenguaje.

    Tanto el griego como el latín son lenguas flexivas, muy flexivas; es decir, las palabras admiten diversas formas, generalmente terminaciones diferentes para expresar los diversos “accidentes gramaticales”.

    Decimos que el español, como otras varias lenguas actuales, son derivadas del latín. Podríamos decir también que estas lenguas no son sino un latín evolucionado a lo largo de los años sometido a la influencia del substrato de otras lenguas y factores diversos. Esa relación se aprecia por el que no es especialista en lenguas sobre todo en el léxico o conjunto de palabras, pero también en las estructuras sintácticas, a pesar de las variaciones. Hay algunas otras cuestiones menos evidentes y menos esperadas.

    Así por ejemplo en latín hay dos números gramaticales, singular y plural y dos hay también en español; (en realidad queda en latín algún resto de un tercero llamado dual que se aplicaba a los seres u objetos que generalmente aparecen de dos en dos, como las dos manos, los dos ojos, las dos orejas, etc.).

    En latín hay tres géneros, masculino, femenino y neutro. En español el neutro ha desaparecido, tan sólo queda algún resto en el artículo “lo”, en el pronombre “ello”, etc. por lo que resultan tan sólo operativos el masculino y el femenino.

    Pues bien, la utilización de los géneros gramaticales en español ha generado además de las cuestiones puramente lingüísticas, otras de tipo social y hasta político cuando “género gramatical” se identifica con "sexo físico”. Resulta que la lengua, como otras actividades humanas, funciona con un invisible principio de “economía de medios” y así generalmente utiliza nombres sustantivos o adjetivos “masculinos” para referirse tanto a hombres como a mujeres, es decir, a masculinos y femeninos. Así cuando afirmamos “el hombre es un ser dotado de inteligencia” nos referimos naturalmente al “hombre y la mujer”, sin excluir a estas últimas. En términos más inguïsticos diríamos que el español “marca” el término femenino, pero no el masculino, que al no estar “marcado” puede emplearse para referirse a los dos géneros.

    En ello ha influido naturalmente la propia conformación histórica de la sociedad, acertadamente definida como “patriarcal” dado el papel preponderante que en la vida civil y social ha tenido y en buena medida tiene el “pater”, el padre, y no la madre, relegada de manera general y durante muchos años al interior del hogar y sus funciones.

    Pero las funciones de los hombres y las mujeres en la sociedad  han cambiado notablemente en un proceso de equiparación que desde luego no ha finalizado. Este proceso en buena medida no ha sido amable, sino que ha provocado grandes polémicas entre personas “patriarcales”, “machistas” en terminología popular, y “feministas”. Este proceso de equiparación se ha extendido y generalizado a todos los sectores de la sociedad. Así en los países democráticos se ha conseguido una igualdad en las leyes, que ya no amparan la discriminación a la hora de gozar de derechos en función del género o sexo de las personas. La equiparación real en la sociedad evidentemente no se ha conseguido  todavía y queda aún gran camino por andar. Por ejemplo las leyes que regulan el trabajo y las relaciones laborales no son discriminatorias, pero en nuestro país es una triste realidad que las mujeres en muchas ocasiones  cobran un salario inferior al del hombre aún realizando el mismo trabajo.

    Pues bien, hay quien considera que ese lenguaje en el que algunos  términos de género másculino se utilizan para referirse conjuntamente a seres masculinos y femeninos es discriminatorio y “sexista”, es decir, exalta el género o sexo masculino en detrimento del femenino. Así el lenguaje es también un campo de enfrentamiento entre los que se agarran a los usos tradicionales y quienes exigen una renovación que no oculte la realida de que la mitad aproximadamente de los seres humanos que habitan el planeta tierra son mujeres.

    Las soluciones que se han propuesta son diversas y su aceptación general es poco menos que imposible. Así se propone sustituir los términos de género concreto por otros de significado más abstracto, por ejemplo emplear “la humanidad” en vez de “los hombres”, o “la ciudadanía” en vez de “ciudadanos” y “ciudadanas”, o utilizar indistinta o alternativamente uno u otro, así diríamos unas veces “los hombres” y otras “las mujeres”; ”los chicos” y “”las chicas”;  o utilizar simultáneamente los dos, así “los hombres y las mujeres”, “los compañeros y las compañeras”, “los niños y las niñas”,etc.

    Esta cuestión del lenguaje sexista no está definitivamente resuelta, a pesar de los esfuerzos normativos de algunas instituciones. Es más, la cuestión genera a veces notables polémicas, como la recientemente surgida entre dos académicos de nuestra Real Academia Española que ha derivado en varios artículos de réplicas y contrarréplicas cargadas de argumentos ad hominem.

    A estas alturas del artículo, más de un lector se preguntará ¿a cuento o razón de qué viene toda esta exposición en un blog dedicado al mundo antiguo grecorromano?

    Pues bien, no puedo afirmar que esta cuestión del uso “sexista” del lenguaje se planteara en el mundo antiguo, pero existen pruebas tan antiguas como la Iliada griega en la que en determinado momento se especifican y emplean simultáneamente el término masculino y el femenino. Fue precisamente una relectura reciente de la Iliada la que me hizo tropezar con el verso 350 del libro XV y la que motivó este artículo con tan larga introducción.

    Dice Homero en Iliada, XV, 346-351:

    Y Héctor exhortaba a los teucros, diciendo a voz en grito:
    —Arrojaos a las naves y dejad los cruentos despojos. Al que encuentre lejos de los bajeles, allí mismo le daré muerte, y luego sus hermanos y hermanas no le entregarán a las llamas, sino que le despedazarán los perros fuera de la ciudad.
    (Traducción de Luis Segalá y Estalella. 1910)

    En una traducción más reciente se dice:

    Héctor arengó a los troyanos con recia voz:
    “¡Atacad las naves y dejad los ensangrentados despojos!
    Al que yo vea en otro sitio que no sea junto a las naves,
    allí mismo me las ingeniaré para matarlo, y quizá no le hagan
    partícipe del fuego tras la muerte sus parientes y parientas,

    sino que los perros lo arrastrarán delante de nuestra ciudad.”  (Traducción de Emilio Crespo Güemes. Editorial Gredos.1991)

    En esta ocasión citaré también el texto en griego para que pueda comprobarse por parte del lector que el uso de “parientes y parientas” no es mero efecto de la traducción, sino que así se ve en el original: γνωτοί y γνωταί son la forma masculina y femenina de la misma palabra:

    Ἕκτωρ δὲ Τρώεσσιν ἐκέκλετο μακρὸν ἀΰσας
    νηυσὶν ἐπισσεύεσθαι, ἐᾶν δ' ἔναρα βροτόεντα·
    ὃν δ' ἂν ἐγὼν ἀπάνευθε νεῶν ἑτέρωθι νοήσω,
    αὐτοῦ οἱ θάνατον μητίσομαι, οὐδέ νυ τόν γε
    γνωτοί τε γνωταί τε πυρὸς λελάχωσι θανόντα,   
    ἀλλὰ κύνες ἐρύουσι πρὸ ἄστεος ἡμετέροιο.

    Fijémonos ahora en  este otro ejemplo de Pausanias, (ochocientos años le separan del texto anterior, que en su Descripción de Grecia, al hablar de Delfos, refiriéndose a Homero y Píndaro y a la fuente Casótide, dice en 10, 24,2:

    Se puede contemplar también una estatua en bronce de Homero en una columna y en esta se lee el oráculo que dicen le fue dado a Homero:

                               Feliz y desgraciado, naciste para ambas cosas,
                               preguntas por tu patria. Pero tienes matria y no patria,
                               La isla de Íos es patria de tu madre y a tí cuando mueras
                               te acogerá; pero de los niños el enigma guarda.

    Los de Íos muestran la tumba de Homero en su isla y en otro sitio de la misma la de Clímene que dicen fue la madre de Homero.

    Los de Chipre, que reivindican también para sí a Homero dicen que su madre fue una mujer de la isla, Temistó, y dicen que Euclo profetizó el nacimiento de Homero en estos versos:

                  Entonces en la marítima Chipre habrá un gran cantor
                  a quien Temistó, divina entre las mujeres, parirá en el campo,
                  lejos dela rica Salamina., y él será glorioso.
                  Dejará Chipre y será llevado por las olas
                a cantar el primero las desgracias de la ancha Grecia,
                y será inmortal y siempre joven por todos los tiempos.

    Esto lo había yo oído y lo conocía por haber leído los oráculos, pero no le atribuyo ninguna relación con la patria ni la época de Homero. (Traducción de Antonio Tovar. Editoral Orbis.)

    Ya comenté algo al respecto de esta cuestión en https://www.antiquitatem.com/educacion-de-la-mujer-griega-platon

    Pero quiero ahora resaltar un hecho curioso y significativo.

    De manera especial y repetida se utilizó en ocasiones el doblete masculino/femenino en el mundo legislativo romano. Hay momentos en los que el legislador quiere dejar bien claro lingüísticamente que se refiere a “hombres y mujeres” de manera no discriminatoria. El jurista romano ha optado por la solución de utilizar conjuntamente los términos masculinos y el correspondiente femenino; es decir, por la solución, “los/las”, “los cuales/las cuales”, “libertos/libertas”, “esclavos/esclavas”, etc. en clara semejanza a algunos usos actuales.

    Lo he encontrado también en una reciente visita al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, en la conocida como “Ley Salpensana”, que regula la vida ciudadana de la localidad de Salpensa,  actual Facialcázar, población cercana a  Utrera,  en la Bética Hispana de la época Imperial de Domiciano.

    Sabido es que el “Derecho Romano” es el conjunto de leyes que regulan exclusivamente la vida del “ciudadano romano”. Ahora bien, no todos los habitantes del Imperio Romano son “ciudadanos” (cives), algunos son afines pero no ciudadanos romanos, como los “latini”, otros son amigos extranjeros, pero no ciudadanos, los peregrini cuyas relaciones con los romanos vienen determinadas por el ius gentium; muchos de ellos son esclavos, es decir, hombres sin derechos. Cada grupo tiene sus propios derechos, hasta que en el año 212 con la llamada Constitutio Antoniniana el emperador Caracalla considera ciudadanos romanos a todos los habitantes libres del imperio, entre ellos a los de Hispania, naturalmente .
    De manera similar, los romanos van asimilando los territorios y ciudades que van conquistando y van creando otras muchas con diversas entidad jurídica, tales como las “colonias” o los “municipios”. Es más, se aplica la diversa calificación jurídica en función de la calidad de sus ciudadanos y de su asimilación a Roma.

    El emperador Tito Flavio Domiciano ( 51 –  96) va asimilando desde el año 73 las ciudades hispanas a la condición de “latinas”; así promulgó y concedió entre los años 81 y 84 al municipio de Salpensa una ley con la que les concedía el “ius Latii”, el derecho del Lacio, el Derecho Latino, de inferior categoría y menos beneficiosa que el “ius romanum”. De esta ley se conervan tan sólo 9 capítulos de una plancha de las varias de que debió constar, de acuerdo con otras leyes semejantes, como la  Lex Flavia Malacitana,  y  la Lex Irnitana.

    Sobre estas leyes y su significado he de escribir en su momento algún artículo, pero hoy me limitaré a la constatación de esa precisión linguïstica que diferencia en  la lengua escrita, en este caso de una ley, entre los seres de género y sexo másculino y femenino. Desde luego no lo hace por considerar la formula generalista como sexista sino por razones de precisión jurídica, pero ¿quién nos iba a decir que esta fórmula que entre nosotros ha servido  y sirve de confrontación cuando no de ejercicios de dudoso humor (recordemos el afamado “miembros y miembras” adjudicado a cierta persona de  significada función política), quién nos iba a decir que ya tuvo acomodo en un texto de hace dos mil años?
    ¿No podríamos pensar,  tal vez con alguna exageración, que ya  en época de los emperadores romanos las mujeres, de manera especial las  de Hispania, exigían un papel más igual al de los hombres y en todo caso un mismo tratamiento en los textos jurídicos de sus ciudades?

    Museo Arqueológico Nacional. Madrid

    Reproduzco tan sólo las cinco rúbricas en las que aparecen estos usos en latín y en su traducción en castellano, dejando para otra ocasión el comentario y significado, no exento de dificultad. Duplico también en la traducción las formas masculina y femenina. Me baso para las traducciones en el meritorio trabajo del grupo ue conforma el llamado Proyecto de Innovación Docente UCM 23/2014 de la Universidad Complutense de Madrid, accesible en la dirección web https://www.ucm.es/derecho-romano/lex-salpensana-on-line

    Nota: La palabra “rúbrica”  deriva de la latina ruber,rubra,rubrum, que significa “rojo”.  Según el diccionario de la Real Academia Española, en sus dos primeras acepciones significa:

    1. f. Rasgo o conjunto de rasgos, realizados siempre de la misma manera, que suele     
    ponerse en la firma después del nombre y que a veces la sustituye.
    2. f. Epígrafe o rótulo.

    En la quinta, que ya advierte que está en desuso, significa:

    5. f. desus. Señal encarnada o roja.

    Y es precisamente esta quinta la que nos explica el significado de las anteriores. En los antiguos textos, sobre todo legales, el comienzo o título del párrafo se presentaba de color  “rojo”, y de ahí los significados derivados.

    Textos:

    Rúbrica 21 

    Para que los magistrados obtengan la ciudadanía romana: 21 .- Quienes por esta ley sean nombrados duunviros o ediles o cuestores, que sean ciudadanos romanos cuando después de un año abandonen la magistratura, junto con sus padres y cónyuges y los hijos concebidos en legítimas nupcias y que estén sujetos a la potestad de los padres, así como los nietos y nietas nacidos y nacidas del hijo, los cuales y las cuales estén bajo potestad de los padres, mientras no haya más ciudadanos romanos que los que por esta ley conviene que sean nombrados magistrados.

    R. Ut magistratus civitatem Romanam consequantur. [XXI. . . Qui llvir aedilis quaestor ex hac lege factus erit cives Romani sunto cum post annum magistratu] | abierint cum parentibus coniugibusque {h}ac liberi(s) qui legitumis nuptis quae l siti in potestatem parentium fuerunt item nepotibus ac neptibus filio I nat{al}is [natabus] qui quaeque in potestate parentium fuerint dum ne plures c(ives) R(omani) I  sint qua(m) quod ex h(ac) l(ege) magistratus creare oportet. ……

    Rúbrica 22

    Que quienes consigan la ciudadanía romana, mantengan su mancipium, pleno dominio y patria potestad.
    El que y la que por esta ley o por el edicto del emperador César Augusto Vespasiano, del emperador Tito César Augusto o del emperador César Augusto Domiciano, padre de la patria, vaya a conseguir la ciudadanía romana: que el que la que  haya sido (a él a ella) por esta ley conserve su patria potestad, pleno dominio y mancipium, que debiera tener si no hubiera cambiado cambiada a la ciudadanía romana y que tenga el derecho de elegir un tutor, que tendría si hubiese nacido nacida de un ciudadano romano y no hubiera cambiado cambiada a la ciudadanía.

    R. Ut qui civitat(em) Roman(am) consequantur, maneant in eorundem m(ancipio) m(anu) potestate.
    XXII. Qui quaeque ex h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Vespasiani, imp(eratoris)ve Titi Caesaris Aug(usti), aut imp(eratoris) Caesaris Aug(usti) Domitiani, p(atris) p(atriae), civitatem Roman(am) consecutus consecuta erit. Is ea in eius, qui c(ivis) R(omanus) h(ac) l(ege) factus erit, potestate manu mancipio, cuius esse deberet, si civitate Romana mutatus mutata non esset, esto idque ius tutoris optandi habeto, quod haberet si a cive Romano ortus orta neq(ue) civitate mutatus mutata esset.

    Rubrica 23

    Rúbrica para que quienes obtengan la ciudadanía romana mantengan los derechos sobre los libertos.
    Que el que o la que  a partir de esta ley o por un edicto del emperador César Vespasiano Augusto, del emperador Tito César Vespasiano Augusto o del emperador César Domiciano Augusto haya obtenido la ciudadanía romana, respecto a los libertos y libertas suyos y suyas paternos y paternas, los cuales y las cuales no habrían accedido a la ciudadanía romana, y sobre los bienes de éstos y de éstas y las cosas que fueron impuestas a causa de la libertad, tenga el mismo derecho y condición que tendría si no hubiese sido cambiado cambiada de ciudadanía.

    R. Ut qui c(ivitatem) R(omanam) consequentur, iura Iiberatorum retineant.
    XXIII. Qui quaeve [ex] h(ac) l(ege) exve edicto imp(eratoris) Caes(aris) Vesp(asiani) Aug(usti), imp(eratoris)ve Titi Caes(aris) Vespasian(i) Au(gusti) I aut imp(eratoris) Caes(aris) Domítiani Aug(usti) c(ivitatem) R(omanam) consecutus consecuta erit: is in | libertos libertasve suos suas paternos paternas, qui quae in c(vitatem) R(omanam) non | venerit, deque bonis eorum earum et is, quae libertatis causa inposita | sunt, idem ius eademque condicio esto, quae esset, si cìvitate mutatus I mutata non esset.

    Rúbrica 28.

    Rúbrica. Sobre los esclavos que han de ser manumitidos ante los duunviros.
    Si algún ciudadano del municipio Flavio Salpensano, que fuese Latino, ante los duunviros que presiden la jurisdicción del municipio, manumitiera a su esclavo o esclava de la servidumbre a la libertad y le ordenara que fuese libre (liberado,liberada), siempre y cuando ningún muchacho, doncella o mujer, sin autorización del tutor, al que y a la que manumita  ordene que alguien sea libre (liberado liberada); el que así sea manumitido y al la que se ordene ser libre, sea libre, y la que así sea manumitida y a la que se ordene ser libre, sea libre, quienes, como libertos latinos, son o serán libres de pleno derecho. El que sea menor de veinte años, por el contrario, que manumita únicamente si el número de decuríones que aprobaron los decretos acordes con esta ley juzgara que la causa es justa.

    R. De servis aput IIvir(um) manumittendis. XXVIII. Si quis municeps munici Flavi Salpensani, qui Latinus erit, aput Ilvir(os), | qui iure dicundo praeerunt eius municipi, servom suom servamve suam | ex servitute in libertate[m] manumiserit, liberum liberamve esse iusserit, | dum ne quis pupillus neve quae virgo mulierve sine tutore auctore | quem quamve manumittat, liberum liberamve esse iubeat: qui ita | manumissus liberve esse iussus erit, liber esto, quaeque ita manumissa | liberave [esse] iussa erit, libera esto, uti qui optum[o] iure Latini libertiní li Iberi sunt erunt; dum is qui minor XX annorum erit ita manumittat, | si causam manumittendi iusta[m] esse is numerus decuríonum, per quem | decreta h(ac) l(ege) facta rata sunt, censuerit. 

    Rúbrica 29

    Rúbrica: de la asignación de tutor
    Al que no tenga tutor o le sea incierto, si él o ella fuere ciudadano del municipio flavio salpensano y no fueren pupilos o pupilas y pidiera a los duoviros, que gobiernan en el municipio administrando justicia, que le asignen, el tutor y que nombren a aquél a que quiera asignarle. Entonces éste [magistrado], a quien se ha hecho la petición, una vez conocida la causa, tanto si tiene uno o muchos colegas, en relación con el parecer de todos los colegas, que estén en este municipio o dentro de los límites de este municipio, si les pareciera [a ellos], otorgue como tutor a éste que haya sido nombrado. Si aquel o aquella en cuyo nombre se haya pedido asi, fuera pupilo o pupila, o si aquel a quien se haya solicitado, no tuviera colega o no hubiese ningún colega en este municipio o dentro de los limites de este municipio, entonces aquel, a quien se haya solicitado así, conocida la causa, en los diez dias inmediatos, por decreto de los decuriones, siendo propicia no menos de dos partes de los decuriones, dé como tutor a aquel que fuera nombrado, a fin de que la tutela no se aieje de un tutor legítimo. Quien por esta ley sea dado como tutor, éste sea entonces tutor legítimo para aquél, para quien se ha dado, a fin de que la tutela no se aleje de un tutor legitimo tanto si este tutor fuese ciudadano romano como si fuese su agnado inmediato, también ciudadano romano.

    Cui tutor non erit incertusve erit, si is eave municeps municipi Flavi Salpensani erit, et pupilli pupillaeve non erunt, et ab IIviris, qui iure dicundo praeerunt eius municipi, postulaverit, uti sibi tutorem det, et eum, quem dare volet, nominaverit: tum is, a quo postulatum erit, sive unum sive plures collegas habebit, de omnium collegarum sententia, qui tum in eo municipio intrave fines municipi eius erunt, causa cognita, si ei videbitur, eum qui nominatus erit tutorem dato. Sive is eave, cuius nomine ita postulatum erit, pupillus pupillave erit, sive is, a quo postulatum erit, non habebit collegam, collegave eius in eo municipio intrave fines eius municipi nemo erit: tum is, a quo ita postulatum erit, causa cognita in diebus X proximis, ex decreto decurionum, quod cum duae partes decurionum non minus adfuerint, factum erit, eum, qui nominatus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, ei tutorem dato. Qui tutor hac lege datus erit, is ei, cui datus erit, quo ne ab iusto tutore tutela abeat, tam iustus tutor esto, quam si is civis Romanus et ei adgnatus proximus civis Romanus tutor esset.

    Expresiones similares aparecen en las otras leyes de contenido también similar y que por ello evito repetir.

  • Antiguos mitos intentan explicar las diversas formas de relación sexual entre las personas

    Fedro explica en una fábula por qué existe el homoerotiso u homosexualidad, tanto masculina como femenina; Ovidio también lo hace con su relato de Ifis e Iante. Platón también lo hizo en su diálogo El Banquete, como comenté en su momento. Incluso sin entenderlo muy bien, intentaron explicar la transexualidad y el transgénero.

    No  cuestionan los antiguos la heterosexualidad, es decir, el orden y moral social aceptada de manera general, pero reconocen la realidad natural de que algunas mujeres pueden sentir y querer  vivir como hombres y algunos hombres como mujeres.

    Dos mil años después, hay países de legislación avanzada en este reconocimiento de una realidad natural, frente a otros que incluso castigan muy duramente estos hechos tanto de homosexualidad femenina cuanto de transgénero o transexualidad.

    La homosexualidad femenina, que una mujer ame como mujer a otra de su mismo sexo,  es difícilmente comprendida como posible y muy poco visible en el mundo antiguo, aunque no inexistente.

    Existe ciertamente, aunque prácticamente invisibilizada también, la homosexualidad de una mujer que asume el papel de un hombre para relacionarse con otra mujer, es decir la masculinización de su comportamiento.  Es la llamada tríbade, mujer de comportamiento homoerótico, que busca la relación sexual con otra mujer,  o más específicamente, mujer que en la relación homoerótica femenina asume el papel dominante, el papel masculinizado; proviene del griego  τριβάς, tribas, derivado del verbo τριβηιν, tribein, que significa frotar, restregar o masturbar.

    Esta práctica homosexual u homoerótica femenina es rechazada socialmente de manera general por cuanto supone una transgresión de la práctica considerada normal, la heterosexual, pero en cualquier caso, en el mundo antiguo se reconoce su existencia al reconocer la complejidad y diversidad de la relación social entre los seres humanos; más aún, no sólo no se esconde sino que se aborda su explicación con cierta naturalidad, aunque sea recurriendo al mito.

    Es lo que hizo Platón como comenté en el artículo https://www.antiquitatem.com/homosexualidad-gay-lesbianismo-androgino

    Es lo que también hacen por ejemplo Fedro en su fábula IV, 16, eliminada junto con la 15 anterior de numerosas ediciones,  y Ovidio en el Libro IX de las Metamorfosis al narrar la historia de Ifis e Iante. Ambos textos han sido ampliamente estudiados  y comentados por investigadores interesados en el conocimientos de los comportamientos sexuales en la Antigüedad; yo sólo pretendo ahora dar cuenta de la existencia de estos textos para conocimiento del lector interesado.

    Fedro, IV,16

    Preguntó el otro qué causa explicaba la creación de las lesbianas y de los hombres afeminados. El anciano (Esopo) lo explicó.

    “El mismo Prometeo, el autor de los hombres de barro, que tan pronto chocan con la mala Fortuna se rompen, había modelado durante todo el día por separado las partes de la naturaleza que el pudor oculta con los vestidos, para adaptarlas tan pronto pudiera a sus respectivos cuerpos. Pero fue invitado a cenar inesperadamente por Liber. Después de haber regado bien sus venas con el mucho néctar, regresó a casa ya tarde con pie tambaleante. Entonces con su cabeza medio dormida y equivocada por la borrachera, colocó el sexo de mujer en el género  masculino y los miembros masculinos a las mujeres. Y por eso ahora disfrutan del placer con depravado gozo.

    Nota:1.Liber es el dios Dkionisos o Baco, dios del vino. 2.Según el Pseudo Apoolodoro, en su  Biblioteca mitológica, 1,7,1  Prometeo fue el creador de los hombres, haciéndolos de barro y por ello fue castigado por Zeus; en otras versiones Prometeo es sólo el benefactor, pero no el creador de la humanidad:

    Prometeo moldeó a los hombres de agua y de tierra y les dio también sin que Zeus lo supiera, el fuego que había escondido,  en una caña de hinojo. Pero cuando Zeus se enteró, ordenó a Hefesto encadenar su cuerpo en el monte Cáucaso, que es una montaña de Escitia. En él Prometeo fue encadenado y mantenido atado por muchos años. Toos los días un águila se abalanzaba sobre él y devoraba una parte de su hígado, que volvía a crecer  por la noche. Ese fue el castigo que Prometeo pagó por robar el fuego hasta que Hércules lo liberó más tarde…

    Rogavit alter, tribadas et molles mares
    Quae ratio procreasset? Exposuit senex:

    «Idem Prometheus, auctor vulgi fictilis
    Qui simul offendit ad fortunam frangitur,
    Naturae partis veste quas celat pudor,
    Cum separatim toto finxisset die,
    Aptare mox ut posset corporibus suis,
    Ad cenam est invitatus subito a Libero.
    Ubi irrigatus multo venas nectare
    Sero domum est reversus titubanti pede.
    Tum semisomno corde et errore ebrio
    Applicuit virginale generi masculo
    Et masculina membra applicuit feminis.
    Ita nunc libido pravo fruitur gaudio».

    Nota: de la fábula se deduce que la homosexualidad, tanto la masculina como la femenina, es fruto de un error y por lo tanto está en desacuerdo con el comportamiento normal, que es el heterosexual, pero el error es del mismoa creador de la “raza” humana y por tanto es “natural” y permanente, no una “enfermedad” que pueda ser curada, y como tal se intenta explicar con el mito.

    Ovidio por su parte narra en su obra más importante, Las Metamorfosis, diversos mitos referidos al comportamiento sexual de los hombres y las mujeres. El mito de Ifis e Iante aborda la realidad de algunas personas cuyo sentimiento y comportamiento psicológico no coinciden con su sexo físico.

    Ovidio describe la realidad de una muchacha, físicamente mujer pues,  que siente como un hombre y se enamora de otra mujer. La realidad observada plantea sin duda un problema en la sociedad antigua en la que no se concibe un matrimonio entre mujeres. La finalidad principal del matrimonio era procrear hijos para la propia familia y para la sociedad. La solución, acorde con la norma social imperante, es convertir a la niña en niño, aunque esa conversión sea debida a la poderosa diosa Isis y no al arte humano de la moderna cirugía.

    En el libro IX Ovidio, después de narrar el amor imposible de Biblis por su hermano Cauno,  nos cuenta  la historia de Ifis e Iante.

    Metamorfosis IX, 666-798

    La fama del inaudito prodigio habría invadido quizá las ciudades de Creta, si Creta no hubiese sufrido poco hacía un portento más cercano con la transformación de Ifis. En efecto, la tierra de Festo, inmediata al reino de Cnoso, había dado nacimiento a un hombre oscuro llamado Ligdo, de condición libre pero humilde, y los bienes de que disponía no eran mayores que su alcurnia, pero su vida y honradez eran intachables. El cual se dirigió a los oídos de su esposa, que estaba encinta, y cuando ya se acercaba el momento del parto, haciéndole estas advertencias: “Dos cosas hay que yo solicitaría de la divinidad: que te veas libre de esto con el menor dolor, y que des a luz un varón. La otra condición es más gravosa, y la fortuna le niega las fuerzas. Yo rechazo este presagio; de manera que si llega a suceder que de tu parto sea alumbrada una hembra (a disgusto te lo encargo; perdoname, afecto paternal), désele muerte".

    Así habló, y un torrente de lágrimas bañó los rostros tanto de quien hacia el encargo como de aquélla a quien se le hacía. Pero aún así Teletusa importuna constantemente a su marido con inútiles súplicas de que no le estreche así las esperanzas. La decisión de Ligdo es firme. Y ya venía ella llevando y sosteniendo un vientre cargado de un peso ya llegado a sazón, cuando en mitad de la noche y en forma de visión de sueño se alzó la Ináquide (Isis), o así se lo pareció a Teletusa, delante de su lecho y acompañada por el cortejo de sus misterios. En la frente tenía los cuernos de luna con espigas rubias de fulgurante oro, y también el ornamento real; con ella estaba el ladrador Anubis,  la santa Bubastis, Apis salpicado de diferentes colores, y también el que reprime la voz y ordena silencio con el dedo; también se encontraban allí los sistros y el nunca suficientemente buscado Osiris, y la extranjera serpiente llena de somníferos venenos. Entonces pareció como si Teletusa fuese despertada de su sueño y estuviese viendo claramente, y la diosa le habló así: “Oh Teletusa, que formas parte de las que me son fieles, abandona tus penosas preocupaciones y desatiende el encargo de tu marido. Y no dudes, cuando Lucina te exonere haciéndote dar a luz, en criar lo que alumbres, sea lo que sea. Yo soy la diosa del socorro, y otorgo mi ayuda cuando se me invoca; y no te lamentarás de haber venerado a una divinidad ingrata”. Así le aconsejó, y se alejó de la alcoba.

    Alegre se levanta del lecho la cretense, y alzando a los astros sus manos inocentes reza porque su sueño se realice. Cuando aumentaron los dolores, y la carga se expulsó a si misma saliendo a los aires, y nació una hembra sin que el padre se enterara, la madre ordenó que la criaran afirmando falsamente que era un niño. Fue creído el aserto, y sólo la nodriza estaba enterada del engaño. El padre cumple sus votos y le pone el nombre del abuelo: Ifis se había llamado el abuelo. La madre se alegró del nombre porque era común a los dos sexos, y con su uso nadie podría quejarse de fraude. Así empezó la superchería, que siguió estando oculta bajo una piadosa falsedad. El atavío era de niño; el rostro, tal, que lo mismo si se atribuía a una niña que a un niño, ambos resultaban hermosos. Y ya un tercer año había sucedido al décimo cuando tu padre, Ifis, te otorga como prometida a la rubia Iante, que era la muchacha más admirada entre las de Festo por el don de la belleza, y nacida de Telestes el del Dicte. La misma edad tenían ambas, la misma belleza, y de los mismos maestros recibieron la primera enseñanza o rudimentos propios de su edad. Así se originó el que el amor tocase el inexperto corazón de ambas y produjese en las dos igual herida, pero las esperanzas eran dispares: lante cuenta con el matrimonio y con el momento de la realización de la alianza, y cree que será su marido la que ella cree ser un hombre; Ifis ama a aquella de quien no espera poder gozar, y esto mismo acrecienta sus ardores, y se abrasa, doncella, por una doncella, y, conteniendo apenas las lágrimas, dice:

    “¿Qué fin me espera a mí, que estoy poseída de un ansia que nadie ha conocido, de un ansia monstruosa y cuyo objeto es un amor inaudito? Si los dioses quisieron salvarme, debieron salvarme; si no, y si por el contrario perderme, que me hubieran dado al menos una enfermedad natural y corriente. Ni la vaca se siente inflamada por el amor de una vaca, ni las yeguas por el de las yeguas; inflama el carnero a las ovejas, tras el ciervo va su hembra. También las aves se aparean así, y entre todos los animales no hay ninguna hembra que sea arrebatada por la pasión hacia una hembra. Quisiera no serlo yo. Sin embargo, y para que Creta no sea vea privada de producir toda clase de monstruosidades, la hija del Sol amó a un toro, pero en todo caso era una hembra que amaba a un macho. Mi amor, si he de decir verdad, es más frenético que aquél. Ella, por lo menos, fue tras de la esperanza de los placeres del amor; ella, por lo menos, y gracias a la falaz apariencia de vaca, recibió al bovino semental, y tuvo así un galán a quien engañar. Aunque confluya aquí la inventiva del mundo entero, aunque Dédalo regresara aquí volando con sus alas de cera, ¿qué va a hacer? ¿Me va a convertir de doncella en muchacho con su ingeniosa técnica? ¿Te va a transformar a ti, lante? ¿Por qué, Ifis, no fortaleces tu alma y te recuperas a ti misma, y arrojas esos ardores necios y desprovistos de razón? Mira lo que has nacido, a menos que te engañes también a ti misma, y aspira a lo que te es lícito, y ama lo que debes amar siendo hembra. La esperanza es lo que puede provocar el amor, y la esperanza lo que puede alimentarlo. Y a ti la realidad te priva de la esperanza, No es una guardia lo que te aparta del anhelado abrazo, ni la vigilancia de un marido prevenido, ni la dureza de un padre, no es ella quien rehúsa entregarse a tus solicitaciones, y sin embargo no te será posible llegar a poseerla, ni podrías ser feliz aunque todo te fuera favorable, aunque en ello se esforzaran los dioses y los hombres. Incluso en este momento, de los anhelos que tengo formulados sólo hay una parte que no sea una realidad, y los dioses, propicios para mí, me han dado cuanto han podido; y lo que yo quiero lo quiere mi padre, lo quiere ella y también mi futuro suegro. Pero no lo quiere la naturaleza, más poderosa que todos ellos, y que es la única que me perjudica. Y he aquí que es inminente el ansiado momento, se aproxima el día de mis nupcias y Iante va a ser mía enseguida… y no la tendré: pasaré sed en medio de las aguas. Oh Juno que patrocinas a las novias y oh Himeneo, ¿para qué venís a esta ceremonia en la que no hay novio que tome esposa y en la que ambas somos novias?”

    Con estas palabras interrumpió su monólogo. Tampoco la otra joven se abrasa con más moderación, y reza, Himeneo, para que vengas con presteza. Lo que ella pide lo teme Teletusa, y unas veces aplaza la fecha, otras gana tiempo fingiéndose enferma, y con frecuencia pretexta presagios y visiones. Pero ya había agotado todas las posibilidades de invención, era inminente el aplazado momento de la solemnidad nupcial, y sólo un día faltaba. Entonces la madre quita a su hija de la cabeza, y a sí misma, la redecilla, y con cabellos sueltos y abrazando el altar dijo: “Isis, que habitas los campos paretonios y mareóticos, y también Faro y el Nilo distribuido en siete canales: socórrenos, te lo suplico, y líbranos de nuestro temor. A ti, diosa, te vi yo en otro tiempo, y vi estos símbolos tuyos, y todos los reconocí, el ruido de los sistros y el cortejo y las antorchas, y tomé buena nota de tus órdenes en mi alma que no las ha olvidado. Si ella ve la luz, si yo no he sufrido castigo, todo eso tú lo planeaste y a ti te lo debo; compadécete de las dos y préstame tu auxilio”. Las lágrimas siguieron a sus palabras. Pareció que la diosa movía su altar (y lo movió), y temblaron las puertas del templo, resplandecieron los cuernos que semejan la luna, y repiqueteó el sonoro sistro. Salió del templo la madre no sin inquietud todavía, pero sí confortada por el favorable presagio. Conforme camina la madre, va Ifis a su lado acompañándola con pasos mayores de lo que acostumbraba, y no subsiste la blancura de su rostro, y sus fuerzas van aumentando, y su misma fisonomía es más enérgica, y más corta la longitud de sus cabellos, ahora en desorden, y dispone de mayor robustez que la que tenía siendo mujer. ¡Porque tú, que hace un momento eras mujer, eres un muchacho! ¡Ofreced presentes a los templos y regocijaos con confianza exenta de temor! Ofrecen presentes a los templos y añaden una inscripción; la inscripción contenía una breve fórmula: “Siendo un muchacho ha entregado Ifis los dones que prometió cuando era mujer”. El siguiente día había iluminado con sus rayos el ancho mundo, cuando Venus y Juno y el Himeneo se reúnen para celebrar las antorchas de la unión nupcial, y el joven Ifis entra en posesión de su Iante. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. CSIC)

    Fama noui centum Cretaeas forsitan urbes
    Inplesset monstri, si non miracula nuper
    Iphide mutata Crete propiora tulisset.
    Proxima Gnosiaco nam quondam Phaestia regno
    Progenuit tellus ignotum nomine Ligdum,
    Ingenua de plebe uirum; nec census in illo
    Nobilitate sua maior, sed uita fidesque
    Inculpata fuit. grauidae qui coniugis aures
    Vocibus his monuit, cum iam prope partus adesset:
    "Quae uoueam, duo sunt: minimo ut releuere dolore,
    Vtque marem parias. onerosior altera sors est,
    Et uires fortuna negat: quod abominor, ergo,
    Edita forte tuo fuerit si femina partu,
    (Inuitus mando: pietas, ignosce) necetur."
    Dixerat, et lacrimis uultum lauere profusis
    Tam qui mandabat, quam cui mandata dabantur;
    Sed tamen usque suum uanis Telethusa maritum
    Sollicitat precibus, ne spem sibi ponat in arto;
    Certa sua est Ligdo sententia. iamque ferendo
    Vix erat illa grauem maturo pondere uentrem,
    Cum medio noctis spatio sub imagine somni
    Inachis ante torum pompa comitata sacrorum
    Aut stetit aut uisa est: inerant lunaria fronti
    Cornua cum spicis nitido flauentibus auro
    Et regale decus; cum qua latrator Anubis
    Sanctaque Bubastis uariusque coloribus Apis,
    Quique premit uocem digitoque silentia suadet;
    Sistraque erant, numquamque satis quaesitus Osiris
    Plenaque somniferis serpens peregrina uenenis.
    Tum uelut excussam somno et manifesta uidentem
    Sic adfata dea est: "pars o Telethusa mearum,
    Pone graues curas mandataque falle mariti;
    Nec dubita, cum te partu Lucina leuarit,
    Tollere, quidquid erit. dea sum auxiliaris opemque
    Exorata fero, nec te coluisse quereris
    Ingratum numen." monuit thalamoque recessit.
    Laeta toro surgit purasque ad sidera supplex
    Cressa manus tollens, rata sint sua uisa, precatur.
    Vt dolor increuit seque ipsum pondus in auras
    Expulit et nata est ignaro femina patre,
    Iussit ali mater puerum mentita; fidemque
    Res habuit, neque erat ficti nisi conscia nutrix.
    Vota pater soluit nomenque inponit auitum:
    Iphis auus fuerat, gauisa est nomine mater,
    Quod commune foret nec quemquam falleret illo.
    Inde incepta pia mendacia fraude latebant:
    Cultus erat pueri, facies, quam siue puellae
    Siue dares puero, fieret formosus uterque.
    Tertius interea decimo successerat annus,
    Cum pater, Iphi, tibi flauam despondit Ianthen,
    Inter Phaestiadas quae laudatissima formae
    Dote fuit uirgo, Dictaeo nata Teleste.
    Par aetas, par forma fuit, primasque magistris
    Accepere artes, elementa aetatis, ab isdem;
    Hinc amor ambarum tetigit rude pectus et aequum
    Vulnus utrique dedit, sed erat fiducia dispar:
    Coniugium pactaeque exspectat tempora taedae,
    Quamque uirum putat esse, uirum fore credit Ianthe;
    Iphis amat, qua posse frui desperat, et auget
    Hoc ipsum flammas ardetque in uirgine uirgo,
    Vixque tenens lacrimas "quis me manet exitus" inquit,
    "Cognita quam nulli, quam prodigiosa nouaeque
    Cura tenet Veneris? si di mihi parcere uellent,
    Parcere debuerant; si non, et perdere uellent,
    Naturale malum saltem et de more dedissent!
    Nec uaccam uaccae, nec equas amor urit equarum;
    Vrit oues aries, sequitur sua femina ceruum;
    Sic et aues coeunt, interque animalia cuncta
    Femina femineo correpta cupidine nulla est.
    Vellem nulla forem! ne non tamen omnia Crete
    Monstra ferat, taurum dilexit filia Solis,
    Femina nempe marem: meus est furiosior illo,
    Si uerum profitemur, amor; tamen illa secuta est
    Spem Veneris, tamen illa dolis et imagine uaccae
    Passa bouem est, et erat, qui deciperetur, adulter.
    Huc licet e toto sollertia confluat orbe,
    Ipse licet reuolet ceratis Daedalus alis,
    Quid faciet? num me puerum de uirgine doctis
    Artibus efficiet? num te mutabit, Ianthe?
    Quin animum firmas teque ipsa reconligis, Iphi,
    Consiliique inopes et stultos excutis ignes?
    Quid sis nata, uide, nisi te quoque decipis ipsam,
    Et pete, quod fas est, et ama, quod femina debes.
    Spes est, quae capiat, spes est, quae pascit amorem;
    Hanc tibi res adimit: non te custodia caro
    Arcet ab amplexu nec cauti cura mariti,
    Non patris asperitas, non se negat ipsa roganti;
    Nec tamen est potiunda tibi, nec, ut omnia fiant,
    Esse potes felix, ut dique hominesque laborent.
    Nunc quoque uotorum nulla est pars uana meorum,
    Dique mihi faciles, quidquid ualuere, dederunt,
    Quodque ego, uult genitor, uult ipsa socerque futurus;
    At non uult natura, potentior omnibus istis,
    Quae mihi sola nocet. uenit ecce optabile tempus,
    Luxque iugalis adest, et iam mea fiet Ianthe –
    Nec mihi continget: mediis sitiemus in undis.
    Pronuba quid Iuno, quid ad haec, Hymenaee, uenitis
    Sacra, quibus qui ducat abest, ubi nubimus ambae?"
    Pressit ab his uocem, nec lenius altera uirgo
    Aestuat, utque celer uenias, Hymenaee, precatur.
    Quod petit haec, Telethusa timens modo tempora differt,
    Nunc ficto languore moram trahit, omina saepe
    Visaque causatur; sed iam consumpserat omnem
    Materiam ficti, dilataque tempora taedae
    Institerant, unusque dies restabat: at illa
    Crinalem capiti uittam nataeque sibique
    Detrahit et passis aram complexa capillis
    "Isi, Paraetonium Mareoticaque arua Pharonque
    Quae colis et septem digestum in cornua Nilum,
    Fer, precor", inquit "opem nostroque medere timori!
    Te, dea, te quondam tuaque haec insignia uidi
    Cunctaque cognoui, sonitum comitesque facesque…
    Sistrorum memorique animo tua iussa notaui.
    Quod uidet haec lucem, quod non ego punior, ecce
    Consilium munusque tuum est: miserere duarum
    Auxilioque iuua." lacrimae sunt uerba secutae.
    Visa dea est mouisse suas (et mouerat) aras,
    Et templi tremuere fores imitataque lunam
    Cornua fulserunt crepuitque sonabile sistrum.
    Non secura quidem, fausto tamen omine laeta
    Mater abit templo, sequitur comes Iphis euntem,
    Quam solita est, maiore gradu; nec candor in ore
    Permanet, et uires augentur, et acrior ipse est
    Vultus et incomptis breuior mensura capillis,
    Plusque uigoris adest, habuit quam femina. nam quae
    Femina nuper eras, puer es. date munera templis,
    Nec timida gaudete fide! dant munera templis,
    Addunt et titulum, titulus breue carmen habebat:
    "Dona puer solvit quae fémina voverat Iphis."
    Postera lux radiis latum patefecerat orbem,
    Cum Venus et Iuno sociusque Hymenaeus ad ignes
    Conueniunt, potiturque sua puer Iphis Ianthe.

  • Ovidio en el Museo del Prado (Ovidio V)

    De los tres poetas latinos más famosos de la época de Augusto, Virgilio, Horacio y Ovidio, sin duda el más influyente de todos ellos en la cultura occidental ha sido Ovidio, aunque no sea el mejor valorado por la crítica literaria. La influencia de Ovidio se ha dejado sentir desde la propia Antigüedad, durante la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días en todas las artes, en las literarias por supuesto, pero también de manera especial en la pintura y hasta en la música. Este es un tema muy atendido por los estudiosos y al que quizás debiera por mi parte dedicar algún amplio comentario en algún momento. Algo de ello he dicho en alguno de los artículos que he publicado al hilo de la celebración del bimilenario de la muerte del poeta.

    Me referiré brevemente, sin embargo, a su influjo en la pintura del Museo del Prado de Madrid. Ovidio está presente en todos los museos importantes del mundo (Museo del Louvre o la  National Gallery (Londres) o la   Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo, etc. etc.) a través de su influjo en los pintores, sobre todo del Renacimiento y Barroco (Rubens, Velázquez, Tiziano…)  pero también contemporáneos, como Picasso.

    El influjo es sobre todo el de su libro de mitología Las Metamorfosis o transformación de unos seres en otros, generalmente humanos o dioses en animales, árboles o estrellas, verdadero tratado de mitografía.

    Me referiré de manera exclusiva y breve a su presencia en el Museo del Prado de Madrid. En realidad es absolutamente aconsejable a quien visite este importante museo, una de las “pinacotecas” más importantes del mundo, que lo hagan tras una lectura previa de la obra de Ovidio las Metamorfosis o de alguna de las guías y publicaciones que sobre el tema existen o de una visita a la página web del propio museo

    https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=metamorfosis&ordenarPor=pm:relevance

    Nota: la palabra “pinacoteca” nos ha llegado a través de la latina “pinacotheca", pero en realidad es de origen griego: πινακοθήκη, pinakotheke, palabra a su vez compuesta de πινακος, pinakos,  genitivo de πίναξ, pinax, que significa “cuadro” y θήκη, thêke,  “caja, armario, estantería) y por extensión colección de cosas y objetos en ellas depositadas.

    La consulta a este enlace en el momento de la publicación de este artículo ofrece la referencia inmediata de 158 obras, alguna de ellas de las más famosas de las que alberga el Museo. Bien es cierto que no todas ellas son deudoras exclusivamente de Ovidio, pero sí la enorme mayoría. Me limitaré presentar tan sólo tres con el correspondiente texto de Ovidio y a citar algunas de las restantes para animar al lector a que busque por sí mismo las correspondencias, experiencia que puede extender a cualquier otro museo, como al Museo del Louvre o la  National Gallery (Londres) o la   Alte Pinakothek de Munich o al Ermitage de San Petersburgo, etc. etc.

    El lector puede encontrar amplia información en numerosos libros y artículos publicados sobre ello, de manera general en la obra de  Amalia Fernández: Diosesy mitos. Una aproximación literaria a la pintura mitológica del Museo del Prado, Madrid, 1998); o en la de Rosa López Torrijos (Mitología e Historia en las obras maestras del Prado, Madrid, 1998) o de manera más concreta en  Mª. Cruz García Fuentes: Mitos de las Metamorfosis de Ovidio en la Iconografía del Museo del Prado, Madrid, Edit. C. E. R. S. A., 2013.

    Me limitaré a relacionar, como decía, a título de ejemplo, tres o cuatro grandes obras del Museo, del centenar y medio expuestas, con el correspondiente texto de las Metamorfosis de Ovidio. Espero que ello sea suficiente aliciente para que el lector localice y ambiente la visita al Museo con la lectura de Ovidio:

    El pintor Pedro Pablo Rubens (1577-1640) está ampliamente representado en el Museo del Prado con pinturas de tema mitológico, cuyo encargo recibió del rey Felipe IV para decorar la “Torre de la Parada”. La mayor parte de las escenas mitológicas de las pasiones de los dioses se inspiraron en la descripción que Ovido hace en las Metamorfosis.

    Sirvan como ejemplo: 

    Deucalión y Pirra. (1636 – 1637. Óleo sobre tabla, 26,4 x 41,7 cm.)

    En la mitología grecorromana existe también un diluvio con el que Júpiter castiga la maldad de la raza humana, que debe perecer. Sólo Deucalión, hijo de Prometeo, y su esposa Pirra se salvan del castigo en su arca, que quedó varada en el monte Parnaso, en el Peloponeso griego. Esta pareja dará origen a una nueva raza de hombres.

    Aunque el cuadro de Rubens se refiere sólo a la creación de los nuevos hombres, retomaré el relato desde la aparición de Deucalión en el poema de Ovidio.

    Ovidio nos relata el episodio del diluvio y la supervivencia de Deucalión y Pirra en Metamorfosis, I, 309-430:

    La incontenible avalancha del océano había cubierto ya las colinas, y olas inéditas golpeaban las cimas de los montes. La mayor parte de los mortales fue arrebatada por las olas; aquellos a quienes las olas perdonan perecen de inanición tras prolongado ayuno.
    La Fócide separa las campiñas aonias de las acgteas, gtierra feraz mientras era tierra, pero en aquel momento era una parte del mar, una dilatada llanura de aguas repentinas. Un elevado monte se yergue allí hacia los asgtros en dos cimas; se llama el “Parnaso “ y sus cumbres se levantan por encima de las nubes. Cuando a aquel paraje, único que las aguas no habían cubierto, arribó Deucalion, conducido, con la esposa que compartía su lecho, por una pequeña embarcación, ambos rindieron tributo de adoración a las ninfas coricidas, a las divinidades de la montaña y a la profética Temis que entonces se encargaba de los oráculos. No ha habido hombre más excelente ni más amante de la justicia que Deucalion, ni tampoco mujer alguna mas temerosa de los dioses que la suya. Cuando Júpiter vio que el mundo estaba cubierto de una líquida sabana formando un inmenso estanque, y que un solo varón quedaba de tantos miles y que una sola mujer quedaba de tantos miles, inocentes ambos, adoradores de la divinidad ambos, dispersó los nubarrones, hizo, valiéndose del aquílón, que las lluvias cesasen, y mostró al cielo la tierra y el empireo a la tierra. No persiste tampoco la cólera del mar, y el soberano del piélago abandona su arma de tres puntas, apacigua las aguas, llama al azul Tritón que se erguia sobre el abismo con los hombros cubiertos de su nativa púrpura, y le ordena que sople en su sonora concha y que haga retirarse, dando la oportuna señal, a las olas y a los ríos. Toma él entonces su hueca trompa, que en espiral va aumentando de tamaño conforme sube desde su voluta inferior, trompa que, cuando en mitad del ponto recibe el aéreo soplo, colma de su sonido las playas que se extienden bajo ambos soles. También entonces, tan pronto como tocó el rostro del dios, que chorreaba por su barba empapada, y emitió, al recibir el soplo, la señal de retirada conforme a lo ordenado, fue oida por todas las aguas de tierra y de mar, y a todas las aguas que la oyeron impuso su freno. Ya tiene ribera el mar, el cauce contiene toda su corriente, descienden los rios y se advierte que van sobresaliendo las colinas; aparece la tierra, se van ensanchando los parajes al decrecer las aguas, y tras el largo lapso enseñan las selvas sus copas ya desnudas y sostienen el fango que ha quedado entre las hojas.

    El mundo estaba restaurado; pero al verlo Deucalion vacío y al ver las tierras desoladas y sumidas en profundo silencio, habló asi a Pirra con lagrimas en los ojos: “Oh hermana, oh esposa, oh mujer única superviviente, que, unida a mi por la consanguinidad, por el lazo de hermandad de nuestros padres, y después por el matrimonio, ahora lo estas por los peligros mismos; de toda la tierra que contemplan el ocaso y el orto nosotros dos somos la única población; todo lo demás está en poder del ponto. Incluso ahora no tenemos todavia suficiente seguridad ni garantia para nuestra vida; aún los nubarrones aterrorizan mi alma. ¿Cual sería tu estado de animo ahora, infeliz, si hubieras sido arrancada a la muerte sin mi? ¿De qué modo hubieras podido soportar el miedo? ¿Quién proporcionaria consuelo a tu dolor? Porque yo mismo, creerne, si a ti te poseyera también el ponto, yo te seguiría, esposa, y también a mi me poseeria el ponto. |Ojalá pudiera yo restablecer la población del mundo con las facultades de mi padre y derramar vida en la tierra después de modelarla. Pero en nosotros dos está todo lo que queda de la estirpe mortal; asi lo han decidido los dioses, y subsistimos como ejemplares únicos de humanidad. Acabó de hablar y ambos lloraban. Acordaron dirigir sus plegarias a los poderes celestiales y pedir auxilio valiéndose del oráculo sagrado. Sin la menor tardanza acuden juntos a las aguas del Cefiso, que si aún no estaban limpidas, al menos atravesaban ya sus habituales parajes. De alli tomaron unas gotas con las que rociaron sus ropas y cabezas, tras de lo cual encaminan sus pasos al santuario de la diosa augusta, cuyos tejados verdeaban cubiertos de sucio musgo y cuyos altares estaban desprovistos de fuego. Cuando alcanzaron las gradas del templo se prosternaron ambos en tierra y besaron, llenos de temor, la fria piedra; y hablaron así: “Si las deidades se ablandan. desarmadas, por las preces de los justos, si se doblega la cólera de los dioses, di, Temis, por qué medios podria repararse la pérdida de nuestra raza, y, en tu extraordinaria clemencia, socorre a un mundo sumergido”. Conmovida la diosa dio esta respuesta: “Alejaos del templo, cubríos la cabeza, soltad los lazos que sujetan vuestras ropas, y arrojad a vuestra espalda los huesos de la gran madre." Mucho tiempo quedaron confusos, hasta que fue Pirra la primera que rompió el silencio con su voz, rehusando obedecer las órdenes de la diosa; con palabras trémulas le pide perdón y se espanta ante la idea de ultrajar las sombras de su madre arrojando sus huesos. Mientras, vuelven a meditar sobre las palabras oscuras, de insoluble maraña, del oráculo de la diosa, y les dan vueltas y mas vueltas. Hasta que el Prometida tranquiliza a la Epímétide con palabras reconfortantes diciéndole: “O me engaña mi inteligencia, o el oráculo es santo y no nos aconseja ningún crimen. La gran madre es la tierra; me parece que los huesos de que en él se habla son las piedras en el cuerpo de la tierra; éstas son las que se nos ordena arrojar a nuestras espaldas."

    Aunque esta interpretación de su esposo produjo impresión en la Titania“, sus esperanzas, sin embargo, vacilan todavia; hasta ese punto desconfían ambos de las órdenes divinas; pero ¿qué mal habra en probar? Se alejan, cubren sus cabezas, se desciñen las túnicas, y van tirando sobre sus huellas las piedras prescritas. Los pedruscos (¿quién lo creeria si no lo atestiguara la antigua tradición?) empezaron a despojarse de su dureza y de su rigidez, a ablandarse conforme pasaba el tiempo, y, una vez ablandados, a tomar forma. Después, cuando crecieron y adquirieron una naturaleza más suave, podía ya parecer aquello un algo de figura humana, aunque todavia no resultaba evidente, sino que era como una obra empezada en mármol, no bien terminada aún y semejante a las estatuas a medio hacer. Ahora bien, todo lo que en aquellas piedras habia de húmedo o tenía algún jugo o era de tierra se convirtio en carne para formar el cuerpo; lo que habia de solido y que no podia doblarse se transformó en huesos; lo que era vena permaneció con el mismo nombre; y asi en breve espacio, por voluntad de los dioses, los pedruscos lanzados por las manos del hombre cobraron aspecto de hombres, mientras la mujer fue recreada por las que la mujer arrojaba. Por eso somos una raza dura, que soporta penalidades, y exhibìmos pruebas de cuál es el principio de que nacimos.

    Los demas animales, con sus formas diversas, los produjo la tierra por sí misma, una vez que la humedad que aún conservaba se calentó con el ardor del sol, una vez que el cieno y las húmedas charcas se hincharon con el calor, y los gérmenes fecundos de la naturaleza, alimentados por un suelo vivificante, como en el seno de una madre, crecieron y tomaron con el tiempo alguna forma determinada. También de este modo, cuando el Nilo, el río de los siete desagües, abandona los campos empapados… y devuelve a su antiguo cauce su caudalosa corriente, y el limo fresco se calienta bajo el astro celeste, son muchisimos los animales que encuentran los labradores al levantar los terrones; de entre aquellos hay unos que estan apenas empezados puesto que estan naciendo en aquel momento, otros se ven a medio hacer aún y desprovistos de sus organos, y con frecuencia en un mismo cuerpo hay una parte que tiene ya vida, mientras otra es todavía tierra inerte. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Edit. CSIC.Madrid)

    Nota: por ser unos textos un tanto extensos, reproduciré los textos latinos al final del artículo.

    El rapto de Europa

    Según el relato mítico, Europa era hija del rey de Tiro Agenor; de ella se anamoró el dios Zeus, que ordenó a Hermes traer junto al río a las vacas del rey; Zeus se transformó en un toro blanco para ganarse la confianza de Europa, que se montó en sus lomos; en ese momento el toro arrancó veloz, se internó en el mar Mediterráneo y llegó a Creta. Allí el dios se mostró en su divinidad y sedujo a la joven.

    Es este uno de los mitos más representados desde época antigua, pues tenemos representaciones desde el siglo VI a.C.  Tiziano pinto entre 1559 y 1562 un oleo sobre este mito que se expone en el Museo del Prado. Pedro Pablo Rubens copió este cuadro en 1628-1629. Luego el mismo Rubens repitió otra vez el tema para la Torre de la Parada pero de forma muy distinta distinta (se conserva el boceto en el mismo museo) y a su vez poco después Jan Erasmus Quelinus pinto sobre este boceto el cuadro que también se conserva también en el Prado.

    Pedro Pablo Rubens. Rubens,  (Copia de Tiziano, Vecellio di Gregorio)

        

    El rapto de Europa . Boceto de Pedro Pablo Rubens 1636 – 1637. Óleo sobre tabla, 18,9 x 13,7 cm. y óleo de Jan Erasmjus Quelinus.

    Nos lo cuenta Ovidio en Metamorfosis II, 833-875:

    Una vez que el Atlantiada (Mercurio) impuso este castigo a sus palabras y alma sacrilega, abandona las tierras que han tomado de Palas su nombre, y agitando sus alas penetra en el cielo. Lo llama aparte su padre y, sin declarar que es el amor lo que le mueve, le dice: “Fiel ejecutor de mis ordenes, hijo, omite toda dilación y desciende en veloz carrera como acostumbras; encaminate a la tierra que mira a tu madre por la izquierda -«sus habitantes le dan el nombre de tierra de Sidón-, y haz que aquel rebaño real que ves pacer a lo lejos la hierba de la montaña se dirija a la playa”. Dijo, e inmediatamente los toros, echados de la montaña, se encaminan, conforme a lo ordenado, a la playa, en donde la hija de un gran rey solia distraerse acompañada por jóvenes de Tiro. No son muy compatibles ni habitan en un mismo domicilio la majestad y el amor; abandonando la gravedad de su cetro, el ilustre padre y soberano de los dioses, cuya diestra esta armada de los fuegos de tres puntas, que con una cabezada sacude el mundo, se viste la apariencia de un toro, muge mezclado a los novillos y va de un lado para otro espléndido, por la blanda hierba. Y en efecto, su color es el de la nieve que ni han pisado las plantas de un duro pie ni ha fundido el lluvioso Austro. En su cuello sobresalen los músculos, sobre los brazos le cae la papada; sus cuernos son pequeños, si, pero se podria asegurar que son obra de artesania y son más luminosos que una perla sin tacha. No hay en su testuz amenaza alguna ni inspira terror su mirada. Su semblante es de paz. Se maravilla la hija de Agénor de que sea tan hermoso, de que no amenace con ataque alguno; pero, con todo lo manso que era, al principio no se atreve a tocarlo. Después se acerca y le ofrece flores en la blanca boca. Se fregocija el enamorado y, en tanto llega el placer que espera, le da besos en las manos; y apenas, apenas puede ya aplazar lo demás. Tan pronto retoza y salta en la verde hierba, como apoya el costado de nieve en la rojiza arena; y habiéndole quitado el miedo poco a poco, ya le ofrece el pecho para que le dé golpecitos su mano de virgen, ya los cuernos para que en ellos le entrelace guirnaldas de frescas flores. Se at revió también la regia doncella, sin saber a quien montaba, a sentarse en la espalda del toro, y a partir de entonces el dios se va alejando insensiblemente de la tierra y de la parte seca de la playa, poniendo primero en el borde del agua las falsas plantgas de sus patas y progresando después hasta llevarse su botín a través de las líquidas llanuras del mar abierto. Ella está asustada, mira atrás a la playa que ha dejado al ser raptada, y con la mano derecha se agarra a los cuernos mientras apoya la otra en el lomo: sus ropas trémulas ondlan al soplo de la brisa.

    Orfeo y Eurídice

    El tema de la pareja mítica Orfeo y Eurídice es el del descenso al mundo inferior, al infierno, al mundo de los muertos, al mundo donde reinan Plutón y Prosérpina; en griego se llama a este descenso καταβᾴσεις, katabaseis,  o κάθοδοι, kathodoi, y se adjudican a Hércules, Ulises, Eneas, Teseo, Pirítoo y sobre todo a Orfeo, que acude en busca de su esposa, fallecida por el veneno de una serpiente,  y cuyo final no anticipo para no minorar el interés de la lectura del texto de Ovidio, que sin duda inspiró las numerosas representaciones pictóricas que del mito se hicieron.  Lo presento  en un cuadro también de Pedro Pablo Rubens

    Orfeo y Eurídice. 1636 – 1638. Óleo sobre lienzo, 196,5 x 247,5 cm.
    Pedro Pablo Rubens

    Virgilio nos relata también el mito en su obrita Culex y luego en sus famosas Geórgicas. Ovidio debía conocer esta versión virgiliana y es el  relato de Ovidio que encontramos al principio del Libro X de sus Metamorfosis, versos del 1 al 77. el que ahora transcribo:

    De allí se aleja el Himeneo, cubierto por azafranado manto, atravesando el cielo inmenso, yse dirigió a la región de los Cícones, y en vano lo llama la voz de Orfeo. Presente estuvo, sí, pero ni llevó allí palabras rituales ni rostro gozoso ni favorable presagio. Incluso la antorcha que sostenía no dejó de chisporrotear produciendo un humo que hacía brotar las lágrimas, y no logró, por más que se la movió, dar llama alguna. El resultado fue aún más grave que el augurio: pues la recién casada, durante un paseo en el que iba acompañada por un tropel de Náyades, sucumbió de la mordedura de una serpiente en un tobillo. La lloró mucho el artista rodopeo en los aires de arriba, tras de lo cual, para no dejar de probar también con las sombras, se atrevió a descender a la Estige por la puerta del Ténaro, y, atravesando multitudes ingrávidas y espectros que habían recibido sepultura, se presentó ante Perséfone y ante el soberano que gobierna el repulsivo reino de las sombras, y pulsando las cuerdas en acompañamiento a su canto dijo así: “Oh divinidades del mundo situado bajo tierra, al que venimos a caer cuantos somos engendradas mortales, si es licito y vosotros permitis que yo diga la verdad omitiendo los rodeos propios de una boca mentirosa, no he descendidoaquí para ver el oscuro Tártaro, ni para encadenar las tres gargantas, provistas de culebras en vez de vello, del monsgtruo Meduseo; el motivo de mi viaje es mi esposa, en la que una víbora, al ser pisada, introdujo su veneno, y le arrebat´´o sus años en crecimiento. Yo quise ser capaz de sopórtalo, y no negaré que le he intentado; el Amor ha vencido. Es un dios bien conocido en las regiones de arriba; yo no sé si también lo es aquí, pero sospecho que sí lo es también, y si la fama del antiguo rapta no ha mentido, también a vosotros os unió el Amor. Por estos lugares llenos de espanto, por este inmenso Caos y por el silencio de vasto territorio yo os lo pido: volved a tejer el prematuro destino de Eurídice. Todos los seres os somos debido, y tras breve demora, más tarde o más temprano, marchamos velozmente al mismo sitio. Aquí nos encaminamos todos, ésta es la última morada, y vosotros poseéis los más dilatados territorios habitados por la raza humana. También Euridice será de vuestra propiedad cuando en sazón haya cumplido los años que le corresponden; os pido su disfrute como un obsequio; y si los hados niegan esta concesión para mi esposa, yo tengo tomada mi firme resolución de no volver: gozad con la muerte de los dos”. lmentras él hablaba así y hacía vibrar las cuerdas acompañando a sus palabras, lo lloraban las almas sin sangre; Tántalo no trató de alcanzar el agua que se le escapaba, quedó paralizada la rueda de Ixíon, las aves no hicieron presa en el hígado, y tú, Sisifo, te sentaste en tu peña. Entonces se dice que por primera vez las mejillas de las Euménides, subyugadas por el canto, se humedecieron de lágrimas, y ni la regia consorte ni el que gobierna los abismos fueron capaces de decir que no al suplicante, y llaman a Eurídice. Se encontraba ella entre las sombras recién llegadas, y avanzó con paso lento por la herida. El rodopio Orfeo la recibió, al mismo tiempo que la condición de no volver atrás los ojos hasta que hubiera salido de los valles de Averno; en otro caso quedaría anulada la gracia.

    Emprenden la marcha a través de parajes de silenciosa quietud y siguiendo una senda ompinada, abrupta, oscura, preñada de negras tinieblas, y llegaron cerca del límite de la tierra de arriba. Allí, por temor a que ella desfalleciese, y ansioso de verla, volvió el enamorado los ojos, y en el acto ella cayó de nuevo al abismo. Y extendiendo ella los brazos y esforzándose por ser abrazada y por abrazar, no agarra la desventurada otra cosa que el aire que se le escapa, y al morir ya por segunda vez no profirió queja alguna de su esposo (¿pues de qué se iba a auejar sino de que la había amado?), y diciéndole un último adiós, que apenas pudieron percibir los oídos de Orfeo, descendió de nuevo al lugar de donde partiera. Con la doble muerte de su esposa quedó Orfeo no menos agturdido que el que vio asustado los tres cuellos del perro, de los cuales el central llevaba las cadenas; a aquel hombre no le abandonó el pánico antes que su anterior naturaleza, pues la piedra le invadi´po el cuerpo. O que Óleno, que se echó la culpa y quiso pasar por convito, o que tú, desdichada Letea, ensoberbecida de tu belleza, corazones ambos unidísimo en otro tiempo, hoy peñas que desansan sobre el húmedo Ida.

    Suplicó Orfeo, y en vano quiso volver a pasar; el barquero lo rechazó, y aun así durante siete días permaneció él sentado en la orilla, desaliñado y ayuno del don de Ceres; la angustia y la pena de su alma y las lágrimas fueron su alimento. Después de lamentarse llamando crueles a los dioses del Érebo, se retiró al elevado Ródope y al Hemo batido por los aquilones.

    Atalanta e Hipomenes

    Hipómenes y Atalanta 1618 – 1619. Óleo sobre lienzo, 206 x 297 cm.
    Reni, Guido, pintor barroco boloñes.

    Hace algún tiempo rehíce el relato de la famosa carrera de Atalanta e Hipomenes en este mismo blog adaptando directamente el texto de Ovidio. El mito narra la historia de Atalanta, la hija del rey de Arcadia, que se ofreció en matrimonio a quien fuera capaz de vencerla en la carrera; quienes fueran derrotados serían castigados con la muerte. El apuesto Hipomenes le ganó la carrera sirviéndose de la ayuda de la diosa Venus, que le sugirió una estratagema.

    Remito a la página https://www.antiquitatem.com/atalanta-mitologia-palacio-del-infantado  para obtener un comentario más amplio del relato, pero ofrezco no obstante el texto, ahora a la vista de uno de los cuadros del Prado, el correspondiente a Guido Reni.

    Quien desee una lectura completa del texto de Ovidio debe acudir a Metamorfosis, VIII, 281 y ss. para el episodio de Meleagro y la caza del jabalí de Calidón Metamorfosis X,560-704 para la carrera con Hipomenes.

    Cuando Atalanta nació, su padre, el rey de Arcadia, enfurecido porque sólo deseaba un hijo varón, la abandonó falto de toda piedad en lo alto de una montaña para que muriera de hambre o devorada por las feroces bestias. La diosa Artemisa, que casualmente cazaba en aquellos lugares, se apiadó de la niña indefensa y le envió una enorme osa que dócil la amamantó con su leche. Con el tiempo y adoptada como hija por la diosa, se convirtió en una certera cazadora y en la mujer más veloz del mundo y emulando a su patrona prometió que tampoco ella se casaría nunca.

    Cuando siendo una cazadora famosa recibió como trofeo la piel del jabalí que asolaba el reino de Calidón en cuya cacería ella participó, se reconcilió con su padre, que le insistía una y otra vez en la necesidad de contraer matrimonio y ofrecerle un heredero futuro para su trono.

    La esquiva Atalanta consultó el oráculo de los dioses sobre su esposo y escuchó estas confusas palabras:

    — Para nada necesitas un esposo, Atalanta; evita tener un marido. Y aún así no escaparás y ni estando viva te verás privada de ti misma.

    Asustada por estas palabras difíciles de entender procura vivir soltera en los bosques, lejos de sus muchos pretendientes, a los que quiere ahuyentar con una extraña propuesta:

    — Sólo me poseerá aquel de vosotros que me venza en veloz carrera, ese será mi esposo. En cambio el vencido habrá de morir en castigo a sus pretensiones. Esta es mi propuesta definitiva. 

    Es tal la hermosura de la veloz Atalanta que fueron muchos los jóvenes incautos que osaron competir con la mujer más veloz del mundo y perdieron gimiendo y llorando la carrera y con ella la vida inestimable. Por eso el joven Hipomenes, que tan sólo había oído hablar de la bella Atalanta, consideraba excesivo el riesgo que habría de correr para conseguirla como esposa. Pero tan pronto vio el espléndido cuerpo de la  joven muchacha  que había retirado el velo de su rostro, quedó prendado y seducido de inmediato.

    –Probaré yo también suerte; el premio merece correr el riesgo mortal. Los dioses ayudan a los valientes. -dice inflamado. Y loco de amor prosigue:

      — Bella Atalanta, has vencido fácilmente y sin esfuerzo a esos pobres muchachos, pero mídete conmigo, que soy hijo de Megareo. Si te venzo, no será una derrota deshonrosa para tí y si ganas tú la carrera, habrás vencido a Hipomenes, el biznieto de Neptuno, dios de las aguas.

    Atalanta levanta sus bellos ojos luminosos y lo mira con ternura.

        — ¿Por qué quieres insensato poner en peligro tu vida preciosa, tú todavía un niño? Eres hermoso y valiente, pues no te asusta la muerte. ¿Tanto me amas y deseas que estás dispuesto a morir…? Huye mientras puedas, hermoso joven; otras muchachas hermosas querrán casarse felices contigo.

    Y tal vez tocada por vez primera por el dulce sentimiento del amor,  la inexperta y arisca Atalanta suaviza su decisión implacable y piensa en lo íntimo de su corazón:

       — ¿Por qué ha de morir este infeliz inmerecidamente como premio a su amor? Ojalá desdichado no me hubieras visto nunca. Si la virginidad no fuera mi destino eterno, tú serías el único con quien yo compartiría mi lecho nupcial. Ojalá, loco, fueras más veloz que yo misma.

    Pero ya Hipomenes urge la carrera, no sin antes encomendarse a la diosa del amor y pedir su ayuda divina:

       — Tu, diosa, que has inspirado mi pasión ciega, ayuda a mi osadía.

    Acudió Venus a la llamada envuelta en una blanca nube, tan sólo visible para Hipomenes,  y le entregó tres manzanas amarillas, brillantes como el sol, que debería utilizar en la carrera de una determinada manera.

    Las trompetas dieron la señal de salida. Allá van los dos contendientes tan veloces que parecen  volar. Atalanta, rehusando pasar al muchacho, se sitúa a la par y contempla embelesada su rostro virginal. Arroja entonces Hipomenes una de las tres brillantes manzanas, que atrae de inmediato la mirada y el interés de Atalanta. Refrena pues su marcha y mientras recoge curiosa del suelo la fruta de oro, es adelantada por Hipomenes. Recupera veloz Atalanta el espacio perdido y de nuevo sobrepasa al joven con facilidad. Arroja el joven  una segunda fruta y una vez más se entretiene la muchacha, que pronto recupera también el tiempo perdido. Tan sólo queda el último tramo antes de la meta final. Ahora el joven lanza con fuerza la tercera manzana lejos del camino. Atalanta duda, pero confiada en sus veloces pies, acude a recoger a lo lejos el dorado fruto. Pero calculó mal su rapidez o tal vez el incipiente amor refrenó su marcha, que ahora resulta perdedora. Hipomenes ha alcanzado mientras tanto la meta final y con ello su ansiado premio merecido, el matrimonio con la joven virgen.

    Incomprensiblemente, el joven Hipomenes olvidó a Venus y no supo agradecer su ayuda. La diosa se sintió por ello despreciada y ofendida.

    Cierto día pasaban junto al templo de Cibeles, la Madre de los dioses, y decidieron descansar del largo camino. Se apoderó de Hipomenes un repentino e irrefrenable deseo de yacer con Atalanta, suscitado sin duda por la vengativa Venus. Allí mismo, en la cueva sagrada, a la vista de las divinas imágenes, profanan el  santuario con su obsceno amor.

    La Madre Cibeles castigó su lujuria con su divina severidad: unas largas y feroces melenas cubren sus humanos cuellos, las manos se transforman en garras, una larga cola surge de su espalda, elevan fieros su orgullosa cabeza de  león y  sus fauces emiten rugidos que amedrentan a los restantes animales. Compadecida luego la diosa, unce a la pareja de leones con fuertes correas de flexible cuero a su majestuoso carro, del que han de tirar incansables por toda la eternidad.

    Sirvan estos tres o cuatro ejemplos de cómo Ovidio puede facilitarnos la visita a Museos tales como el del Prado y facilitarnos la comprensión de decenas de  obras allí expuestas.

    Textos Latinos

    Deucalión y Pirra. Ovidio, Metamorfosis, I, 309-430:

    Obruerat tumulos inmensa licentia ponti,
    Pulsabantque noui montana cacumina fluctus.
    Maxima pars unda rapitur: quibus unda pepercit,
    Illos longa domant inopi ieiunia uictu.
    Separat Aonios Oetaeis Phocis ab aruis, 
    Terra ferax, dum terra fuit, sed tempore in illo
    Pars maris et latus subitarum campus aquarum;
    Mons ibi uerticibus petit arduus astra duobus,
    Nomine Parnasus, superantque cacumina nubes:
    Hic ubi Deucalion (nam cetera texerat aequor)
    Cum consorte tori parua rate uectus adhaesit,
    Corycidas nymphas et numina montis adorant
    Fatidicamque Themin, quae tunc oracla tenebat:
    Non illo melior quisquam nec amantior aequi
    Vir fuit aut illa metuentior ulla deorum.
    Iuppiter ut liquidis stagnare paludibus orbem
    Et superesse uirum de tot modo milibus unum
    Et superesse uidet de tot modo milibus unam,
    Innocuos ambo, cultores numinis ambo,
    Nubila disiecit nimbisque aquilone remotis
    Et caelo terras ostendit et aethera terris.
    Nec maris ira manet, positoque tricuspide telo
    Mulcet aquas rector pelagi supraque profundum
    Exstantem atque umeros innato murice tectum
    Caeruleum Tritona uocat conchaeque sonanti
    Inspirare iubet fluctusque et flumina signo
    Iam reuocare dato: caua bucina sumitur illi,
    Tortilis, in latum quae turbine crescit ab imo,
    Bucina, quae medio concepit ubi aera ponto,
    Litora uoce replet sub utroque iacentia Phoebo.
    Tunc quoque, ut ora dei madida rorantia barba
    Contigit et cecinit iussos inflata receptus,
    Omnibus audita est telluris et aequoris undis
    Et, quibus est undis audita, coercuit omnes.
    Iam mare litus habet, plenos capit alueus amnes,
    Flumina subsidunt collesque exire uidentur,
    Surgit humus, crescunt loca decrescentibus undis,
    Postque diem longam nudata cacumina siluae
    Ostendunt limumque tenent in fronde relictum.
    Redditus orbis erat; quem postquam uidit inanem
    Et desolatas agere alta silentia terras,
    Deucalion lacrimis ita Pyrrham adfatur obortis:
    "O soror, o coniunx, o femina sola superstes,
    Quam commune mihi genus et patruelis origo,
    Deinde torus iunxit, nunc ipsa pericula iungunt,
    Terrarum, quascumque uident occasus et ortus,
    Nos duo turba sumus: possedit cetera pontus.
    Haec quoque adhuc uitae non est fiducia nostrae
    Certa satis; terrent etiam nunc nubila mentem.
    Quis tibi, si sine me fatis erepta fuisses,
    Nunc animus, miseranda, foret? quo sola timorem
    Ferre modo posses? quo consolante doleres?
    Namque ego, crede mihi, si te quoque pontus haberet,
    Te sequerer, coniunx, et me quoque pontus haberet.
    O utinam possim populos reparare paternis
    Artibus atque animas formatae infundere terrae!
    Nunc genus in nobis restat mortale duobus
    (Sic uisum superis) hominumque exempla manemus."
    Dixerat, et flebant; placuit caeleste precari
    Numen et auxilium per sacras quaerere sortes.
    Nulla mora est: adeunt pariter Cephisidas undas,
    Vt nondum liquidas, sic iam uada nota secantes.
    Inde ubi libatos inrorauere liquores
    Vestibus et capiti, flectunt uestigia sanctae
    Ad delubra deae, quorum fastigia turpi
    Pallebant musco stabantque sine ignibus arae.
    Vt templi tetigere gradus, procumbit uterque
    Pronus humi gelidoque pauens dedit oscula saxo,
    Atque ita "si precibus" dixerunt "numina iustis
    Victa remollescunt, si flectitur ira deorum,
    Dic, Themi, qua generis damnum reparabile nostri
    Arte sit, et mersis fer opem, mitissima, rebus."
    Mota dea est sortemque dedit: "discedite templo
    Et uelate caput cinctasque resoluite uestes
    Ossaque post tergum magnae iactate parentis."
    Obstipuere diu, rumpitque silentia uoce
    Pyrrha prior iussisque deae parere recusat,
    Detque sibi ueniam, pauido rogat ore pauetque
    Laedere iactatis maternas ossibus umbras.
    Interea repetunt caecis obscura latebris
    Verba datae sortis secum inter seque uolutant.
    Inde Promethides placidis Epimethida dictis
    Mulcet et "aut fallax" ait "est sollertia nobis,
    Aut (pia sunt nullumque nefas oracula suadent)
    Magna parens terra est: lapides in corpore terrae
    Ossa reor dici; iacere hos post terga iubemur."
    Coniugis augurio quamquam Titania mota est,
    Spes tamen in dubio est: adeo caelestibus ambo
    Diffidunt monitis. sed quid temptare nocebit?
    Discedunt uelantque caput tunicasque recingunt
    Et iussos lapides sua post uestigia mittunt.
    Saxa (quis hoc credat, nisi sit pro teste uetustas?)
    Ponere duritiem coepere suumque rigorem
    Mollirique mora mollitaque ducere formam.
    Mox ubi creuerunt naturaque mitior illis
    Contigit, ut quaedam, sic non manifesta uideri
    Forma potest hominis, sed, uti de marmore coepta,
    Non exacta satis rudibusque simillima signis.
    Quae tamen ex illis aliquo pars umida suco
    Et terrena fuit, uersa est in corporis usum;
    Quod solidum est flectique nequit, mutatur in ossa;
    Quae modo uena fuit, sub eodem nomine mansit;
    Inque breui spatio superorum numine saxa
    Missa uiri manibus faciem traxere uirorum,
    Et de femineo reparata est femina iactu.
    Inde genus durum sumus experiensque laborum
    Et documenta damus, qua simus origine nati.
    Cetera diuersis tellus animalia formis
    Sponte sua peperit, postquam uetus umor ab igne
    Percaluit solis caenumque udaeque paludes
    Intumuere aestu fecundaque semina rerum
    Viuaci nutrita solo ceu matris in aluo
    Creuerunt faciemque aliquam cepere morando.
    Sic, ubi deseruit madidos septemfluus agros
    Nilus et antiquo sua flumina reddidit alueo
    Aetherioque recens exarsit sidere limus,
    Plurima cultores uersis animalia glaebis
    Inueniunt et in his quaedam modo coepta per ipsum
    Nascendi spatium, quaedam inperfecta suisque
    Trunca uident numeris, et eodem in corpore saepe
    Altera pars uiuit, rudis est pars altera tellus.

    ……

    Rapto de Europa. Ovidio, Metamorfosis II, 833-875:

    Has ubi uerborum poenas mentisque profanae
    Cepit Atlantiades, dictas a Pallade terras
    Linquit et ingreditur iactatis aethera pennis.
    Seuocat hinc genitor nec causam fassus amoris:
    "Fide minister" ait "iussorum, nate, meorum,
    Pelle moram solitoque celer delabere cursu
    Quaeque tuam matrem tellus a parte sinistra
    Suspicit (indigenae Sidonida nomine dicunt),
    Hanc pete, quodque procul montano gramine pasci
    Armentum regale uides, ad litora uerte".
    Dixit et expulsi iamdudum monte iuuenci
    Litora iussa petunt, ubi magni filia regis
    Ludere uirginibus Tyriis comitata solebat.
    Non bene conueniunt nec in una sede morantur
    Maiestas et amor; sceptri grauitate relicta,
    Ille pater rectorque deum, cui dextra trisulcis
    Ignibus armata est, qui nutu concutit orbem,
    Induitur faciem tauri mixtusque iuuencis
    Mugit et in teneris formosus obambulat herbis.
    Quippe color niuis est, quam nec uestigia duri
    Calcauere pedis nec soluit aquaticus Auster.
    Colla toris exstant, armis palearia pendent;
    Cornua parua quidem, sed quae contendere possis
    Facta manu puraque magis perlucida gemma.
    Nullae in fronte minae nec formidabile lumen;
    Pacem uultus habet. miratur Agenore nata
    Quod tam formosus, quod proelia nulla minetur;
    Sed quamuis mitem, metuit contingere primo.
    Mox adit et flores ad candida porrigit ora.
    Gaudet amans et, dum ueniat sperata uoluptas,
    Oscula dat manibus; uix iam, uix cetera differt.
    Et nunc alludit uiridique exsultat in herba
    Nunc latus in fuluis niueum deponit harenis;
    Paulatimque metu dempto, modo pectora praebet
    Virginea plaudenda manu, modo cornua sertis
    Impedienda nouis. ausa est quoque regia uirgo,
    Nescia quem premeret, tergo considere tauri,
    Cum deus a terra siccoque a litore sensim
    Falsa pedum primo uestigia ponit in undis,
    Inde abit ulterius mediique per aequora ponti
    Fert praedam. pauet haec litusque ablata relictum
    Respicit et dextra cornum tenet, altera dorso
    Imposita est; tremulae sinuantur flamine uestes.

      ….

    Orfeo y Eurídice.   Ovidio, Metamorfosis, X, versos del 1 al 77.

    Inde per immensum croceo uelatus amictu
    Aethera digreditur Ciconumque Hymenaeus ad oras
    Tendit et Orphea nequiquam uoce uocatur.
    Adfuit ille quidem, sed nec sollemnia uerba
    Nec laetos uultus nec felix attulit omen;
    Fax quoque, quam tenuit, lacrimoso stridula fumo
    Vsque fuit nullosque inuenit motibus ignes.
    Exitus auspicio grauior. nam nupta per herbas
    Dum noua naiadum turba comitata uagatur,
    Occidit in talum serpentis dente recepto.
    Quam satis ad superas postquam Rhodopeius auras
    Defleuit uates, ne non temptaret et umbras,
    Ad Styga Taenaria est ausus descendere porta
    Perque leues populos simulacraque functa sepulcro
    Persephonen adiit inamoenaque regna tenentem
    Vmbrarum dominum pulsisque ad carmina neruis
    Sic ait: "o positi sub terra numina mundi,
    In quem reccidimus, quidquid mortale creamur,
    Si licet et falsi positis ambagibus oris
    Vera loqui sinitis, non huc, ut opaca uiderem
    Tartara, descendi, nec uti uillosa colubris
    Terna Medusaei uincirem guttura monstri;
    Causa uiae est coniunx, in quam calcata uenenum
    Vipera diffudit crescentesque abstulit annos.
    Posse pati uolui nec me temptasse negabo:
    Vicit Amor. supera deus hic bene notus in ora est;
    An sit et hic, dubito. sed et hic tamen auguror esse,
    Famaque si ueteris non est mentita rapinae,
    Vos quoque iunxit Amor. per ego haec loca plena timoris,
    Per Chaos hoc ingens uastique silentia regni,
    Eurydices, oro, properata retexite fata!
    Omnia debentur uobis paulumque morati
    Serius aut citius sedem properamus ad unam.
    Tendimus huc omnes, haec est domus ultima, uosque
    Humani generis longissima regna tenetis.
    Haec quoque, cum iustos matura peregerit annos,
    Iuris erit uestri: pro munere poscimus usum.
    Quod si fata negant ueniam pro coniuge, certum est
    Nolle redire mihi: leto gaudete duorum."
    Talia dicentem neruosque ad uerba mouentem
    Exsangues flebant animae: nec Tantalus undam
    Captauit refugam stupuitque Ixionis orbis,
    Nec carpsere iecur uolucres, urnisque uacarunt
    Belides, inque tuo sedisti, Sisyphe, saxo.
    Tunc primum lacrimis uictarum carmine fama est
    Eumenidum maduisse genas, nec regia coniunx
    Sustinet oranti nec, qui regit ima, negare
    Eurydicenque uocant. umbras erat illa recentes
    Inter et incessit passu de uulnere tardo.
    Hanc simul et legem Rhodopeius accipit Orpheus,
    Ne flectat retro sua lumina, donec Auernas
    Exierit ualles; aut irrita dona futura.
    Carpitur adcliuis per muta silentia trames,
    Arduus, obscurus, caligine densus opaca.
    Nec procul abfuerant telluris margine summae:
    Hic, ne deficeret, metuens auidusque uidendi
    Flexit amans oculos: et protinus illa relapsa est
    Bracchiaque intendens prendique et prendere certans
    Nil nisi cedentes infelix adripit auras.
    Iamque iterum moriens non est de coniuge quicquam
    Questa suo (quid enim nisi se quereretur amatam?)
    Supremumque "uale", quod iam uix auribus ille
    Acciperet, dixit reuolutaque rursus eodem est.
    Non aliter stupuit gemina nece coniugis Orpheus,
    Quam tria qui timidus, medio portante catenas,
    Colla canis uidit; quem non pauor ante reliquit,
    Quam natura prior, saxo per corpus oborto;
    Quique in se crimen traxit uoluitque uideri
    Olenos esse nocens, tuque, o confisa figurae,
    Infelix Lethaea, tuae, iunctissima quondam
    Pectora, nunc lapides, quos umida sustinet Ide.
    Orantem frustraque iterum transire uolentem
    Portitor arcuerat; septem tamen ille diebus
    Squalidus in ripa Cereris sine munere sedit:
    Cura dolorque animi lacrimaeque alimenta fuere.
    Esse deos Erebi crudeles questus in altam
    Se recipit Rhodopen pulsumque aquilonibus Haemum.

  • ¿Fue real el exilio de Ovidio o fue una mera ficción literaria? (Ovidio IV)

    ¿Fue real el exilio que alimenta parte de la poesía de Ovidio o fue tan sólo una ficción poética con la que el creativo poeta nos ha tenido engañados dos mil años?

    La cuestión puede parecer una exageración moderna, propia de estudiosos que buscan la notoriedad a cualquier precio. Pero no es así y merece la pena dedicarle algún tiempo a este tema que ya se planteó a principios del siglo XX, y al que desde entonces se han dedicado reflexiones y estudios serios.

    El año 8 de nuestra era Ovidio fue desterrado fulminantemente por Augusto a Tomis, la actual Constanza, en Rumanía, en las costas del Ponto Euxio, el Mar Negro. Escribió tres obras desde el exilio: sus famosos Tristia, (Tristezas, Poemas tristes), Epistulae ex Ponto (Cartas desde el Ponto o Ponticas) y una invectiva contra un enemigo suyo que le perjudica en Roma titulado Ibis. En ellas se encuentran algunos de los poemas más famosos del poeta. Véanse los artículos anteriores dedicados al poeta en este blog.

    La mera posibilidad de que el exilio que motiva estas obras sea una ficción produce al menos cierta inquietud y choque sentimental en quienes desde jóvenes sentimos la carga emocional de algunos de los poemas que el poeta escribió en el exilio.

    A principios del siglo XX, en 1923, J.J. Hartman cuestionó la realidad del exilio de Ovidio y afirmó que todas sus referencias al destierro en Tomis no fueron sino un ejercicio de imaginativa ficción humorística; que el “yo” del poema nada tiene que ver con el “yo” real del poeta. El tema fue debatido en las décadas siguientes con alguna insistencia, hasta que en el año 1985 A.D.Fitton Brown publicó un artículo en la revista Liverpool Classical Monthly, 10.2 (1985), 18-22 titulado “La irrealidad del exilio de Ovidio en Tomis (The unreality of Ovid's Tomitan exile), que obtuvo la consideración y atención de numerosos estudiosos. Luego periódicamente aparecen estudios y artículos posicionados en un sentido o en otro. En España, recientemente, en el año 2008, el profesor E. Berchez Castro hizo su tesis doctoral en la Universidad de Barcelona sobre el tema: Realidad y ficción del destierro de Ovidio en Tomis. Basada en ella ha publicado el libro “El destierro de Ovidio en Tomis: realidad y ficción.

    Los argumentos que  Fitton Brown y luego Berchez de forma más detallada y exhaustiva esgrimen para negar o al menos dudar seriamente de la realidad del exilio del poeta podemos agruparlos básicamente en seis o siete grupos:

    1. La información que tenemos sobre el exilio de Ovidio es básicamente la que el propio poeta nos da en sus poemas y está llena de lagunas, imprecisiones y contradicciones. Véase su autobiografía en el artículo https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-tristia-ponto-euxino y su descripción del exilio en https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-destierro-ponto-euxin

    Hasta el siglo IV no aparece ninguna mención a este exilio, a excepción de una de Plinio el Viejo, que resulta dudosa,  y otra de Estacio (vivió en 45-96).

    De la cita de Plinio lo único que puede deducirse con seguridad es que conocía la obra de Ovidio y que éste estuvo los últimos años en el Ponto, pero no hace ningún comentario más a ello.

    Plinio, Naturalis Historia 32, 152 (54)

    A la enumeración anterior añadiremos algunos animales citados por Ovidio, que no se encuentran en ningún otro escritos, y que son probablemente peculiares del Ponto, en donde comenzó su obra al final ya de su vida:  el buey de mar, el cercyrus, que vive entre las rocas …

    Naturalis Historia XXXII 152  (LIV)

    his adiciemus ab Ovidio posita animalia, quae apud neminem alium reperiuntur, sed fortassis in Ponto nascentia, ubi id volumen supremis suis temporibus inchoavit:  bovem, cercyrum in scopulis vivente…

    Estacio por su parte tan sólo escribió en Silvas I 2, 254-255:

    …cantad poemas dignos de esta fiesta nupcial. El propio Filitas, con el aplauso de su isla de Cos, y el viejo Calímaco y Propercio desde su gruta de umbría habrían rivalizado para ensalzar este día, y Nasón, aunque en Tomos, habría depuesto su tristeza, y Tibulo, ante su hogar encendido, se habría sentido rico. (Traducción de Francisco Torrent Rodríguez. Editorial Gredos.)

    date carmina festis
    digna toris, hunc ipse Coo plaudente Philetas
    Callimachusque senex Umbroque Propertius antro
    ambissent laudare diem, nec tristis in ipsis
    Naso Tomis divesque foco lucente Tibullus.

    Pero de ello no puede deducirse que hubiera sido realmente exiliado a Tomis.

    Especialmente llamativo resulta que ni Suetonio, que tantas cosas y cotilleos nos cuenta de Augusto, ni Tácito se refieran al asunto, cuando informan con detalle de los castigos de otros escritores de la misma época.

    Ya en el siglo IV lo mecionan Aurelio Víctor (c. 320 – c. 390) y San Jerónimo (340 –420) que en  su Chronicon 2033 nos informaba del año de su muerte, como vimos en el artículo anterior de esta serie sobre el bimilenario de Ovidio:

    El poeta Ovidio murió en el exilio y está sepultado junto a la ciudad de Tomis

    Ovidius poeta in exilio diem obiit et iuxta oppidum Tomos sepelitur

    y también brevemente en  Epitome de Caesaribus I, 24:

    Pues (Augusto) castigó con el exilio al poeta Ovidio, conocido también como Nasón, porque escribió tres libritos sobre el “arte de amar”.

     "Nam [Augustus] poetam Ovidium, qui et Naso, pro eo, quod tres libellos amatoriae artis conscripsit, exilio damnavit"

    Estas citas, evidentemente son muy tardías ya.

    2. Las causas de su exilio nos son desconocidas, a pesar de las numerosas referencia a ellas que el propio poeta hace y de los infinitos esfuerzos de los numerosísimos estudiosos hechos desde entonces. Comenté algo al respecto en el artículo anteriormente citado. También resulta desconocido e inexplicado el motivo por el que fue elegido tal destino: Tomis en el Ponto Euxino.

    En diversos pasajes achaca su condena a un “error” y a una "indiscreción". Por ejemplo de manera muy clara en Tristia II, 207 y ss.:

    Concedamos que me han perdido dos delitos: un poema y un error; sobre la culpabilidad del segundo de estos dos delitos es mejor que calle, pues yo no valgo tanto la pena como para reabrir tus heridas, César, y ya es más que demasiado que hayas sufrido una sola vez. Queda el otro delito, por el que se me acusa de haberme convertido con mi obsceno poema en maestro del impúdico adulterio. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    perdiderint cum me duo crimina, carmen et error,
    alterius facti culpa silenda mihi :
    nam non sum tanti, renovem ut tua vulnera, Caesar,
    quem nimio plus est indoluisse semel.
    altera pars superest, qua turpi carmine factus
    arguor obsceni doctor adulterii.

    Así ya en su época, como informa el mismo Ovidio, se le conoce como “maestro del impúdico adulterio”, y esto chocaba directamente con el programa de moralización de Augusto  y las  Leges Iuliae del 18 a.C. al 9 d.C. que pretendían la defensa de la familia y las tradiciones antiguas, castigando el adulterio con del exilio y multando a las que no tenían hijos. Se trata en concreto de la  lex Iulia de adulteriis coercendis, la lex Julia de maritandis ordinibus y la lex Papia Poppaea.

    Está claro que su error fue escribir el “Arte de amar” (Ars amandi), como ya deja bien claro en el poema que sirve de presentación a sus Tristia: I,1, 67-68 y luego en múltiples ocasiones:

    Mira mi título: esto no son lecciones de amor; aquella obra pagó ya el castigo que merecía.

    'inspice' dic 'titulum. non sum praeceptor amoris;
    quas meruit, poenas iam dedit illud opus'.

    Pero él se defiende afirmando la diferencia entre la literatura y la vida, que una cosa es escribir y otra distinta el mantener determinado comportamiento. En la elegía dirigida a un amigo orador, dice en Tristia I,9,55 y ss:

    Mejor hubiera sido que mi obra no hubiera brillado por su celebridad, y así como las graves disciplinas, elocuente amigo, te están dando provecho, así un arte diferente a ellas me ha perjudicado. Sin embargo mi vida te es conocida; tú sabes que las costumbres de su autor se apartaron de tales artes; y sabes que ese viejo poema fue compuesto en mi juventud y que tales poemas, aunque no son precisamente dignos de elogio, con todo no son sino bagatelas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at nostrum tenebris utinam latuisset in imis !
    expediit studio lumen abesse meo.
    utque tibi prosunt artes, facunde, severae,
    dissimiles illis sic nocuere mihi.
    vita tamen tibi nota mea est. scis artibus illis
    auctoris mores abstinuisse sui :
    scis vetus hoc iuveni lusum mihi carmen, et istos
    ut non laudandos, sic tamen esse iocos.

    Esta idea de que fue un error y no un delito la falta que él cometió, la repite al menos en otras seis o siete ocasiones además de la citada: Tristia I,1,51-52; II,109; III,1,7-8; III,14,5-6; III,7,29-30; IV,1,24;   IV,10, 99 y ss.; en Pónticas II,2,15-16; II,3,91-94; III,3,71-72

    Como tuvieron que defenderse  antes también Catulo con sus poemas y luego Marcial con algunos de sus epigramas,  y tantos otros escritores desde entonces,  Ovidio aclara las cosas en Tristia,  II, 345 y ss. :

    Este libertinaje es el que me ha hecho odioso ante ti por culpa de mi Arte, del que tú piensas que incita a las alcobas veladas. Pero ni bajo mi magisterio las esposas aprendieron a ser infieles, ni nadie puede enseñar lo que poco conoce. Yo he compuesto versos divertidos y poemas amorosos de manera que ninguna habladuría atentara contra mi reputación. Y no hay ni siquiera marido alguno entre el pueblo llano, cuya paternidad se ponga en duda por mi culpa. Créeme, mis costumbres son distintas de mi poesía (mi vida es honesta, mi Musa divertida) y gran parte de mis obras es falsa y fingida: se han permitido decir más de lo que su propio autor se propuso. Mi libro no es expresión de mi espíritu, sino la inocente intención de ofrecer muchos temas apropiados para deleitar los oídos. De lo contrario Accio sería cruel, Terencio un parásito y los que cantan fieros combates serían belicosos. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    haec tibi me invisum lascivia fecit, ob artes,
    quis ratus es vetitos sollicitare toros.
    sed neque me nuptae didicerunt furta magistro,
    quodque parum novit, nemo docere potest.
    sic ego delicias et mollia carmina feci,
    strinxerit ut nomen fabula nulla meum.
    nec quisquam est adeo media de plebe maritus,
    ut dubius vitio sit pater ille meo.
    crede mihi, distant mores a carmine nostro
    -vita verecunda est, Musa iocosa mea-
    magnaque pars mendax operum est et ficta meorum :
    plus sibi permisit compositore suo.
    nec liber indicium est animi, sed honesta voluntas
    plurima mulcendis auribus apta ferens.
    Accius esset atrox, conviva Terentius esset,
    essent pugnaces qui fera bella canunt.

    En este libro Tristia II, 237 y ss. le dice al emperador Augusto, ocupado en las importantes tareas de gobierno de un imperio tan grande, que él no es responsable del mal uso de sus poemas:

    ¿Me voy a sorprender, pues, de que abrumado por el peso de asuntos tan importantes, no hayas hojeado nunca mis bromas poéticas? Pero si por casualidad, cosa que yo preferiría,  hubieses tenido tiempo libre para hacerlo, no habrías leído nada delictivo en mi Arte. Confieso, en verdad, que no es una obra de apariencia seria ni digna de ser leída por un Príncipe tan grande, pero, sin embargo, no por ello es contraria a los dictámenes de las leyes ni pretende enseñar a las jóvenes romanas. Y para que no quepa duda acerca de para quién escribo yo estos libros, he aquí cuatro versos contenidos en uno de los tres libros*: “¡Lejos de aquí pequeñas cintas, distintivo del pudor, y tú largo volante que cubres la mitad de los pies!** No cantaré sino lo permitido por las leyes y los amores clandestinos autorizados y en mi poema no habrá ningún delito. ¿Acaso no alejé un tanto rigurosamente de este Arte a todas aquellas a las que por llevar estola y cinta está prohibido tocar? “Pero una dama honesta puede utilizar artes enseñadas a otras y tiene donde aprender, aunque no sea a ella a la que se enseñe”. Que no lea, pues, nada la matrona, ya que de cualquier poema puede salir mejor preparada para delinquir. Tome en sus manos la obra que tome, si es propensa al mal, sacará de ella instrucciones que orienten sus costumbres al vicio: que tome los Anales (nada hay más tosco que ellos), pues bien, leerá cómo Ilia*** llegó a ser madre; que toma el poema que comienza con “Madre de los Enéadas”, indagará cómo Venus Nutricia llega a ser la madre de los Enéadas****. Proseguiré más adelante, si se me permite exponerlo, con la demostración de que cualquier tipo de poesía puede ser perjudicial para los espíritus. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Y a fe que lo hace, repasando en muchos versos los episodios más escabrosos de la mitología grecolatina, ante los que puede palidecer los consejos de su Arte de amar.

    Notas:
    * Los versos parecen ser los de  Arte de Amar, I 31-34  y Remedios de Amor 285-86
    * * Las cintas son los lazos con los que se atan el cabello las mujeres romanas de condijo libre y el volante de púrpura lo llevan las matronas en la estola, que es su vestido característico. Nos está diciendo el poeta que su obra no es para muchachas romanas libres ni matronas, sino para esclavas y profesionales del amor.
    ***Ilia o Rea Silvia era una sacerdotisa vestal, por lo tanto con voto de castidad, que quedó embarazada del dios Marte y dio a luz a los gemelos romanos más famosos, Rómulo y Remo.
    ****La diosa Venus o Afrodita, esposa de Hefaistos o Vulcano, se enamoró del mortal Anquises, se le presentó como la hija de Otreo, rey de Frigia y de él nació Eneas.

    mirer in hoc igitur tantarum pondere rerum
    te numquam nostros evoluisse iocos ?
    at si, quod mallem, vacuum tibi forte fuisset,
    nullum legisses crimen in Arte mea.
    illa quidem fateor frontis non esse severae
    scripta, nec a tanto principe digna legi :
    non tamen idcirco legum contraria iussis
    sunt ea Romanas erudiuntque nurus.
    neve, quibus scribam, possis dubitare, libellos,
    quattuor hos versus e tribus unus habet :
    " este procul, vittae tenues, insigne pudoris,
    quaeque tegis medios instita longa pedes !
    nil nisi legitimum concessaque furta canemus,
    inque meo nullum carmine crimen erit."
    ecquid ab hac omnes rigide summovimus Arte,
    quas stola contingi vittaque sumpta vetat ?
    " at matrona potest alienis artibus uti,
    quodque trahat, quamvis non doceatur, habet."
    nil igitur matrona legat, quia carmine ab omni
    ad delinquendum doctior esse potest.
    quodcumque attigerit, siqua est studiosa sinistri,
    ad vitium mores instruet inde suos.
    sumpserit Annales -nihil est hirsutius illis-
    facta sit unde parens Ilia, nempe leget.
    sumpserit Aeneadum genetrix ubi prima, requiret,
    Aeneadum genetrix unde sit alma Venus,
    persequar inferius, modo si licet ordine ferri,
    posse nocere animis carminis omne genus.

    Es la idea que reitera también en Pónticas III, 3, 49 y ss. hablando imaginativamente con Eros que se le ha aparecido en sueños:

    Sabes, sin embargo, y lo puedes afirmar claramente jurándolo, que yo no he atentado nunca contra los matrimonios legítimos. Escribí esto para aquellas cuyos púdicos cabellos no ciñe la venda, ni el largo vestido cubre sus pies. Di, te lo ruego, ¿alguna vez aprendiste a seducir a las mujeres casadas y a hacer incierta la descendencia por medio de mis mandatos? ¿O acaso no fue apartada enérgicamente de estos librillos toda aquella a la que la ley prohíbe tener amantes secretos? ¿De qué me sirve esto, sin embargo, si se cree que compuse escritos de adulterio, delito prohibido por una ley severa? (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    scis tamen, et liquido iuratus dicere possis,
    non me legitimos sollicitasse toros.
    scripsimus haec illis, quarum nee vitta pudicos
    contingit crines nee stola longa pedes.
    die, precor, ecquando didicisti fallere nuptas,
    et facere incertum per mea iussa genus ?
    an sit ab his omnis rigide summota libellis,
    quam lex furtivos arcet habere viros ?
    quid tamen hoc prodest, vetiti si lege severa
    credor adulterii composuisse notas ?

    Insiste en la misma idea poco después, Tristia II, 303 y ss.

    Además, la primera página aleja las manos virtuosas de mi Arte, escrito solamente para cortesanas. Toda aquella que irrumpe en un lugar adonde el sacerdote no permite la entrada, inmediatamente se convierte en culpable de un delito del que el sacerdote queda absuelto.

    No es, por tanto, un delito hojear versos de tema amoroso, pues a las mujeres les está permitido leer muchas cosas que, sin embargo, han de evitar hacer. Con frecuencia una matrona de severa expresión ve mujeres desnudas y preparadas para todo tipo de experiencia amorosa; los ojos de las Vestales contemplan los cuerpos de las prostitutas*, sin que esto haya sido motivo de castigo para su jefe.

    Pero ¿por qué en nuestra poesía hay demasiado libertinaje o por qué mi libro incita a todos a amar? No es sino un error y (hay que reconocerlo) una falta manifiesta: me arrepiento de mi inspiración y de mi juicio. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Nota:* Porque asistían a las fiestas de Floralia entre el 28 de abril y el 3 de mayo en que las prostitutas  se exhibían desnudas según la obra también de Ovidio Fastos V, 159-378.

    et procul a scripta solis meretricibus Arte
    summovet ingenuas pagina prima manus.
    quaecumque erupit, qua non sinit ire sacerdos,
    protinus huic dempti criminis ipsa rea est.
    nec tamen est facinus versus evolvere mollis ;
    multa licet castae non facienda legant.
    saepe supercilii nudas matrona severi
    et veneris stantis ad genus omne videt.
    corpora Vestales oculi meretricia cernunt,
    nec domino poenae res ea causa fuit.
    at cur in nostra nimia est lascivia Musa,
    curve meus cuiquam suadet amare liber ?
    nil nisi peccatum manifestaque culpa fatenda est :
    paenitet ingenii iudiciique mei.

    Todo el libro II es en realidad una defensa de su poesía, que en absoluto pretende ser un estímulo para la inmoralidad de las matronas romanas, porque no va dirigida a ellas. Por otra parte sus presuntas inmoralidades no desentonan en el contexto  cultural, religioso y social grecorromano, en el contexto de su mitología, plagada de episodios escabrosos, y de su forma de vida.

    Ya al comienzo de este libro II, verso 1 y ss. nos dice:

    ¿Qué puedo hacer yo con vosotros, libritos, afición funesta, yo que, ¡desgraciado de mí!, perecí víctima de mi propia inspiración? ¿Por qué vuelvo a las Musas poco ha condenadas, objeto de mi delito? ¿Acaso es poco haber merecido ya una vez el castigo? Mis poemas han hecho que mujeres y hombres quisieran conocerme por mi infausta estrella; mis poemas hicieron que el César condenara mi persona y mis costumbres a causa de Arte, cuya desaparición ha sido ya ordenada. Quítame esta pasión y suprimirás también los delitos de mi vida”. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Quid mihi vobiscum est, infelix cura, libelli,
    ingenio perii qui miser ipse meo ?
    cur modo damnatas repeto, mea crimina, Musas ?
    an semel est poenam commeruisse parum ?
    carmina fecerunt, ut me cognoscere vellet
    omine non fausto femina virque meo :
    carmina fecerunt, ut me moresque notaret
    iam demi iussa Caesar ab Arte mea.
    deme mihi studium, vitae quoque crimina demes ;

    Pero a pesar de los problemas que sus poemas le han ocasionado, la poesía es una pasión a la que no puede renunciar. Esa pasión es la que le hizo desoir los consejos de su padre. Véase el artículo de este mismo blog en el que cito el famoso verso “todo lo que decía me salía en verso” “quod temptabam dicere versus erat”: https://www.antiquitatem.com/poesia-don-del-cielo-carmen-vate-ovidio

    De manera expresiva y sentida nos explica por qué recurre a la poesía en su destierro. Dice en Tristes, IV, 1, 19 y s.:

    También a mí, que voy a los lugares del Ponto que se me han impuesto, me consuela la Musa: ella es la única compañera de destierro que me ha quedado; es la única que no teme las emboscadas, ni la espada del soldado síntico, ni el mar, ni los vientos, ni la barbarie. 
    …..
    Verdaderamente querría, ya que habrían de perjudicarme, no haber puesto mis manos en los misterios de las Piérides (las Musas) . Pero ahora, ¡qué puedo hacer? La fuerza misma de su culto me posee y, como un loco, amo la poesía que me ha herido.
    (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    me quoque Musa levat Ponti loca iussa petentem :
    sola comes nostrae perstitit ilia fugae ;
    sola nee insidias, Sinti nec  militis ensem,
    nec mare nec ventos barbariamque timet.
    …………….
    non equidem vellem, quoniam nocitura fuerunt,

    Pieridum sacris inposuisse manum.
    sed nunc quid faciam ? vis me tenet ipsa sacrorum,
    et carmen demens carmine laesus amo.

    ¿Pudo ser entonces la causa del destierro este libro, Ars Amandi, que además llevaba ya más de ocho años circulando por Roma? El mismo poeta se extraña de que el castigo le haya llegado tan tarde. Nos dice en Tristia. II, 539–546:

    Yo también, hace tiempo, cometí la falta de escribir un poema por el estilo: y un delito que no era nuevo paga un castigo inusitado; y sin embargo , yo había publicado esos versos cuando, sin haber dejado nunca de ser caballero, desfilaba tantas veces ante ti, siendo tú censor. De esta manera, los escritos de juventud que, por mi falta de prudencia, nunca pensé que me pudieran perjudicar, lo han hecho ahora en mi vejez. Tarde ha recaído el castigo sobre mi viejo librito y la pena está lejos del tiempo del delito que la mereció. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    La verdad es que el poeta no era tan joven: ya tenía 42 años.

    nos quoque iam pridem scripto peccavimus isto:
    supplicium patitur non nova culpa novum;
    carminaque edideram, cum te delicta notantem
    praeteriit totiens inreprehensus eques.
    ergo quae iuvenis mihi non nocitura putavi
    scripta parum prudens, nunc nocuere seni.
    sera redundavit veteris vindicta libelli,
    distat et a meriti tempore poena sui.

    No parece, pues, que la causa real fuera haber escrito el Ars Amandi, sino otra de más enjundia y gravedad,  como el mismo poeta refleja  cuando le hace decir al propio Eros, al que ha recurrido para justificar su poesía, en Epistulae ex Ponto, III, 3, 65 y ss.

    Esto me parecía haber dicho al niño alado y estas palabras son las que me pareció que él me respondió: “Por mis antorchas y por mis flechas, que son mis armas, por mi madre y por la vida del César, juro que nada que no estuviera permitido aprendí de ti, mi maestro, y que en tu Arte no existe nada delictivo. ¡Ojalá pudiera defender lo demás como esto! Sabes que hay otra cosa que te dañó más. Sea lo que fuere (pues ni el propio dolor se debe recordar, ni puedes decir que estés libre de culpa), aunque ocultes tu delito bajo la apariencia de error, la cólera del juez no fue más rigurosa de lo que tú merecías. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    haec ego visus eram puero dixisse volucri,
    hos visus nobis ille dedisse sonos :
    " per mea tela, faces, et per mea tela, sagittas,
    per inatrem iuro Caesareumque caput,
    nil nisi concessum nos te didicisse magistro,
    Artibus et nullum crimen inesse tuis.
    utque hoc, sic utinam defendere cetera possem !
    scis aliud, quod te laeserit, esse, magis.
    quicquid id est (neque enim debet dolor ipse referri,
    nee potes a culpa dicere abesse tua)
    tu licet erroris sub imagine crimen obumbres,
    non gravior merito iudicis ira fuit.

    Hubo algo más grave, una indiscreción que tuvo que ver directamente con Augusto, a la que hace referencia claramente en el libro II, 103 y ss.:

    ¿Por qué tuve yo que ver algo? ¿Por qué torné culpables mis ojos? ¿Por qué, ¡imprudente de mí! tuve yo conocimiento de aquel delito? Sin pretenderlo, Acteón contempló desnuda a Diana y, sin embargo, no por ello fue menos presa de sus propios perros; y es que a los ojos de los dioses, hasta el azar hay que expiarlo y un hecho casual no obtiene el perdón, si ha sido ofendida una divinidad. Aquel mismo día en que me perdió un mal error, cayó la ruina sobre mi casa, modesta ciertamente, pero sin tacha; (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Cur aliquid uidi? cur noxia lumina feci?
          Cur imprudenti cognita culpa mihi?
    Inscius Actaeon uidit sine ueste Dianam:
          Praeda fuit canibus non minus ille suis.
    Scilicet in superis etiam fortuna luenda est,
          Nec ueniam laeso numine casus habet.
    Illa nostra die, qua me malus abstulit error,
          Parua quidem periit, sed sine labe domus:

    La alusión al mito de Acteón, que vio desnuda a Diana o Artemis, la diosa virgen de la caza y fue transformado en ciervo  devorado por sus propios perros, desató las especulaciones e hizo pensar a varios autores que Ovidió vio algo que ofendió al emperador, tal a Livia, su esposa; o tal vez vio alguna ceremonia de los cultos a la Buena Diosa o Isis, vedados a los hombres.

    Insiste en el hecho culpable de haber visto algo que no debía en Tristia, III,5, 45 y ss.:

    Yo no atenté contra la vida del César, que era la cabeza del orbe, tratando de destruirlo todo; nada dije, ni mi lengua fue arrogante al hablar, ni se me escaparon palabras sacrílegas en los excesos del vino. Soy castigado porque mis ojos, inconscientemente, contemplaron un delito y mi culpa consiste en haber tenido ojos. No puedo, ciertamente rechazar todo reproche, pero buena parte de mi delito radica en un error. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Non mihi quaerenti pessumdare cuncta petitum
          Caesareum caput est, quod caput orbis erat:
    Non aliquid dixiue, elataue lingua loquendo est,
          Lapsaque sunt nimio uerba profana mero:
    Inscia quod crimen uiderunt lumina, plector,
          Peccatumque oculos est habuisse meum.
    Non equidem totam possum defendere culpam:
          Sed partem nostri criminis error habet.

    Y de nuevo en Tristia III,6, 27 y ss.:

    Sería prolijo y peligroso explicarte por qué azar mis ojos resultaron ser testigos de un delito funesto: mi mente rehúsa recordar aquel momento, como si de sus propias heridas se tratara, y el propio dolor se renueva con el recuerdo; y todo aquello que puede causarme tanta vergüenza conviene que permanezca oculto cubierto por una oscura noche. Nada diré, pues, sino que cometí una falta, pero que ningún beneficio busqué con ella, y que mi delito debe llamarse necedad, si quieres dar a mi acción su verdadero nombre. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Nec breue nec tutum, quo sint mea, dicere, casu
          Lumina funesti conscia facta mali:
    Mensque reformidat, ueluti sua uulnera, tempus
          Illud, et admonitu fit nouus ipse pudor:
    Sed quaecumque adeo possunt afferre pudorem,
          Illa tegi caeca condita nocte decet.
    Nil igitur referam nisi me peccasse, sed illo
          Praemia peccato nulla petita mihi,
    Stultitiamque meum crimen debere uocari,
          Nomina si facto reddere uera uelis.

    Visto y leído todo este relato, aparentemente tan detallado y tantas veces repetido, no parece sino un intento de dejarlo todo en la más absoluta nebulosa y ambigüedad, y en consecuencia  nos quedamos sin enterarnos realmente de la falta.

    Como ya comenté en el artículo anterior citado,  se han propuesto varias explicaciones o soluciones al enigma de qué es lo que Ovidio vio, cuál fue su indiscreción, que evidentemente tuvo que ver directamente con Augusto
    Se ha pensado que tal vez  Ovidio fuera conocedor o partícipe de algún escabroso episodio de la familia imperial, concretamente de su hija Julia habida de Escribonia, o su nieta, Julia también hija de la misma Escribonia y Agripa, o incluso que el propio Augusto hubiera cometido incesto con ellas (recordemos que en el mismo año que el poeta la Joven Julia fue desterrada a una remota isla probablemente por adulterio); o viera en algún momento desnuda a la esposa de Augusto, tal vez en el baño; o viera algo prohibido a los hombres en las fiestas en honor de Isis o de la Buena Diosa;  o que incluso tuviera algún affaire amoroso con la hija del emperador;  o fuera conocedor y partícipe de alguna reunión  de algún grupo poco partidario de Augusto, o participara en la conspiración de Fabio Máximo en favor de la sucesión de Agrippa Postumus,nieto de Augusto y de partidarios de Germánico y no de Tiberio en la sucesión en el contexto de las rivalidades entre los “Julios” y los “Claudios”. Esta última hipótesis la han planteado numerosos y reconocidos estudiosos.  Todo ello son hipótesis poco fundadas, que en cualquier caso no han sido confirmadas.

    Hay incluso una suposición un tanto disparatada que no merecería ser citada sino fuera obra de una persona experta y famosa en el estudio de la Historia  romana, Jerôme Carcopino (1881-1970), miembro de la Academia Francesa entre otros muchos títulos.

    Según la imaginativa propuesta de este autor, Ovidio pertenecería de forma activa a una especie de secta secreta neopitagórica que celebra reuniones donde utilizando  el poder mágico de los números conspiran o intentan perjudicar a Augusto; téngase en cuenta que Augusto también había prohibido determinadas prácticas adivinatorias.

    3. No casa bien su participación en un complot contra el emperador y las características de la condena. Como el propio Ovidio nos cuenta en varias ocasiones, no fue exiliado sino relegado o confinado (relegatus) sin confiscación de bienes ni pérdida de otros derechos; aunque sus obras fueron retiradas de las bibliotecas y su lectura fue prohibida, Ovidio no sufrió una “damnatio memoriae” o eliminación de cualquier referencia que mantuviera su recuerdo, porque sus obras nos han llegado casi en su totalidad; y todo esto también resulta un tanto contradictorio con la terquedad de Augusto y luego Tiberio en no concederle el perdón,  ni siquiera para acercar su destino a Italia o Roma:

    Tristia, II, 121 y ss.

    Se arruinó, pues, esta casa querida por las Musas, derrumbada bajo el peso de un solo delito, si bien no pequeño; pero ha caído de tal manera que podría levantarse, si la cólera del Cesar ofendido se calmara. Su clemencia en la asignación del castigo fue tan grande que resultó ser más suave de lo que yo me temía. La vida se me concedió y tu cólera se detuvo más acá de la muerte, ¡oh Príncipe que has usado tan parcamente de tu poder!  Además hay que añadir el hecho de que no me has privado de mi patrimonio, como si la vida fuera un regalo pequeño. No condenaste mis delitos con un decreto del Senado, ni mi exilio ha sido ordenado por un jurado especial; zahiriéndome con amargas palabras (eso es lo digno de u Príncipe) te has vengado, como conviene, de las ofensas cometidas contra ti. Además, el edicto, aunque riguroso y amenazador, sin embargo, ha sido suave en la designación del castigo, ya que soy declarado en él relegado y no desterrado, y contiene términos suaves para mi suerte. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Corruit haec igitur Musis accepta, sub uno
          Sed non exiguo crimine lapsa domus:
    Atque ea sic lapsa est, ut surgere, si modo laesi
          Ematuruerit Caesaris ira, queat.
    Cuius in euentu poenae clementia tanta est,
          Venerit ut nostro lenior illa metu.
    Vita data est, citraque necem tua constitit ira,
          O princeps parce uiribus use tuis!
    Insuper accedunt, te non adimente, paternae,
          Tamquam uita parum muneris esset, opes.
    Nec mea decreto damnasti facta senatus,
          Nec mea selecto iudice iussa fuga est.
    Tristibus inuectus uerbis (ita principe dignum)
          Vltus es offensas, ut decet, ipse tuas.
    Adde quod edictum, quamuis immite minaxque,
          Attamen in poenae nomine lene fuit:
    Quippe relegatus, non exul, dicor in illo,
          Priuaque fortunae sunt ibi uerba meae.

    La misma idea de que él no fue declarado exul, es decir, “desterrado” con pérdida de derechos, sino relegatus (relegado, expulsado del país manteniendo los derechos fundamentales)  la reitera y casi en los mismos términos en el Libro V, 2bis, 11 y ss.; evito por ello lo que sería una mera redundancia.

    Recordemos cómo al principio de Tristia II, en el verso 8, citado anteriormente nos informa de que sus obras han sido retiradas:

    Mis poemas hicieron que el César condenara mi persona y mis costumbres a causa de mi Arte, cuya desaparición ha sido ya ordenada.

    En Tristia III, 1, 65 y ss. expone el mismo hecho de la exclusión de sus libros de las bibliotecas públicas de Roma. Es el propio libro, que acude a Roma y ha llegado al templo de Apolo en el que se exponen los libros, el que habla y nos lo cuenta:

    Buscaba yo allí a mis hermanos, salvo aquellos, naturalmente, a los que su propio padre desearía no haber engendrado; mientras los buscaba en vano, el guardián encargado de aquel templo me ordenó salir de aquel lugar sagrado. Me dirijo a otros templos que están unidos a un teatro vecino: a estos también me está prohibida la entrada. La Libertad no me dejó tocar su atrio, que fue el primero en abrirse a doctos libros.
    La desventura de un autor desgraciado redunda en su producción y sus hijos sufrimos el mismo destierro que él soportó. Puede ser que un día el César, ablandado por el largo tiempo transcurrido, se vuelva menos severo para con nosotros y para con él. ¡Dioses, os lo suplico, y, sobre todo (pues no hay necesidad de implorar a todos), César, la más grande de las divinidades, atiende a mis deseos!
    (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    quaerebam fratres, exceptis scilicet illis,
    quos suus optaret non genuisse pater,
    quaerentem frustra custos e sedibus illis
    praepositus sancto iussit abire loco,
    altera templa peto, vicino iuncta theatro :
    haec quoque erant pedibus non adeunda meis.
    nec me, quae doctis patuerunt prima libellis,
    atria Libertas tangere passa sua est.
    in genus auctoris miseri fortuna redundat,
    et patimur nati, quam tulit ipse, fugam.
    forsitan et nobis olim minus asper et illi
    evictus longo tempore Caesar erit.
    di, precor, atque adeo neque enim mihi turba roganda est-
    Caesar, ades voto, maxime dive, meo !

    Y algo semejante en Epistulae ex Ponto, I,1,1 y ss.:

    Nasón, que ya no es un habitante recién llegado de la tierra de Tomos, te envía esta obra desde el litoral gético. Si dispones de tiempo, Bruto, recibe con hospitalidad estos librillos que llegan de tierra extranjera, y guárdalos en el sitio que sea. Ellos no se atreven a entrar en las bibliotecas públicas, por miedo a que su autor les haya cerrado este acceso. ¡Ay! ¡Cuántas veces dije: “En verdad que no enseñáis nada indecente; id, está abierto aquel lugar a los castos versos”! A pesar de todo no se acercan, sino que como tú mismo ves, estiman más seguro ocultarse bajo un techo particular. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Naso Tomitanae iam non novus incola terrae
    hoc tibi de Getico litore mittit opus,
    si vacat, hospitio peregrinos, Brute, libellos
    excipe, dumque aliquo, quolibet abde loco.
    publica non audent intra monimenta venire,
    ne suus hoc illis clauserit auctor iter.
    a ! quotiens dixi " certe nil turpe docetis :
    ite, patet castis versibus ille locus ! "
    non tamen accedunt, sed, ut aspicis ipse, latere
    sub Lare privato tutius esse putant.

    4.  Hay además toda una serie de datos que el poeta aporta que podemos considerar poco compatibles con la realidad, como pueden ser la última noche en Roma y su despedida, la descripción del viaje, el punto de partida, la tormenta en el mar, la ruta seguida. todo parece plagado de elementos retóricos y tópicos literarios (el de la tormenta especialmente significativo y de larga tradición en la poesía épica), y en consecuencia todo parece exagerado,  distorsionado, falso, difícilmente creíble para el lector.

    Del viaje prácticamente desconocemos todos los datos que podríamos considerar objetivos: no sabemos el punto exacto en el que embarcó: ¿Ostia, Brindís, otro puerto más al norte?; la ruta no parece la adecuada para un barco mercante romano; la duración parece excesivamente larga.

    5.  Los partidarios de la hipótesis de la no realidad del exilio encuentran muchos argumentos que podemos considerar objetivos en la descripción geográfica de Tomis y su ubicación, de su puerto, del paisaje árido, de su clima siempre invernal que lo hace según el poeta en un locus horribilis y que no coincide con lo que indican los modernos estudios paleoclimáticos,  del Istria o Danubio y sus aguas, de la errónea ubicación de la Estrella Polar que dice que está sobre la cabeza de sus habitantes y que situaría el lugar mucho más al norte. El lugar por otra parte venía siendo visitado desde muchos cientos de años antes por comerciantes griegos y luego por romanos.

    La descripción de lugar tan horrible la hace de manera especial en Tristia III, 10, poema dedicado precisamente a esta descripción, que todos los críticos consideran exagerado y tópico. Hasta el propio poeta debió percatarse de sus exageraciones cuando en los versos  35 y ss. nos advierte:

    Seguramente, apenas se me creerá, pero, cuando no hay recompensa alguna para el engaño, el que da testimonio debe encontrar crédito.

    vix equidem credar, sed, cum sint praemia falsi
    nulla, ratam debet testis habere fidem :

    Por lo demás los estudiosos han señalado cómo esta descripción es deudora absolutamente de la descripción que Virgilio hace de la Escitia y de su clima en Geórgicas, III, 349-366. Evitaré reproducir los textos para no alargar más todavía un artículo ya excesivo. Curiosamente el propio Ovidio hace una rápida referencia a Escitia helada al principio de su Metamorfosis I, 61 y ss.

    El Euro se retiró al país de la Aurora, a los reinos nabateos, a Persia y a las cimas bañadas por los rayos de ala mañana. El Occidente y las playas que se entibian por el sol poniente son vecinos del Zéfiro. El espantoso Bóreas ocupó la Escitia y los Siete Triones; la parte opuesta de la tierra se humedece con las constantes nubes que produce el lluvioso Austro.(Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater. CSIC)

    Eurus ad Auroram Nabataeaque regna recessit
    Persidaque et radiis iuga subdita matutinis;
    vesper et occiduo quae litora sole tepescunt,
    proxima sunt Zephyro: Scythiam septemque triones
    horrifer invasit Boreas: contraria tellus
    nubibus adsiduis pluviaque madescit ab Austro.

    Nota: El Bóreas es el gélido viento del norte y los Siete Triones (siete bueyes) es la constelación de la Osa Mayor o Carro.

    Según estos autores, como Beerchez, en la elección del destino, tan lejano, tan inhóspito, tan inexplicable, no busca el poeta sino aumentar el sentimiento de duelo en el lector.

    6.  Desconcierta también un tanto  la descripción de sus habitantes, exageradamente feroces y semisalvajes, la mala diferenciación de las diversas etnias, y sobre todo la afirmación de que hubiera nadie con quien hablar en latín o griego y hubiera de hacerlo tan sólo en gético o sármata, lenguas en las que nos dice que llegó a componer poemas. Sin duda habría allí algún comerciante griego o algún funcionario romano.

    En todo caso, si hemos de creer en la realidad del exilio, Ovidio estuvo dedicado plenamente a su pasión poética en ese ambiente tan adverso; allí escribió sus Tristia, Epistulae ex Ponto, Ibis, Nux, Halieutica y es posible que continuara con la redacción de los Fastos, que sólo había completado para los seis primeros meses del año. Todos estas obras fueron enviadas a Roma. Claro que el poeta nos presenta su tarea como una forma de olvidar y hacer soportable su desgracia. Nos lo dice en varios pasajes como Tristia IV 10, 111-132, o  en Tristia V, 7, 39 y ss. que reproduzco:

    Entretengo mi espíritu con el estudio y trato de olvidar mis sufrimientos y de engañar mis preocupaciones. ¿Qué puedo hacer mejor, solo en estas playas desiertas, o qué otro consuelo intentaré buscar a mis males? Si miro el lugar, es un país odioso y no puede haber en todo el mundo ningún otro más triste; si miro a sus hombres, apenas si son personas dignas de este nombre, y son más fieros y crueles que los lobos. No temen las leyes, sino que la justicia cede su lugar a la fuerza y el derecho yace vencido bajo la combativa espada. Evitan el duro frío con pieles y anchos calzones y sus horribles rostros van cubiertos por largas cabelleras. En unos pocos quedan restos de la lengua griega, pero incluso éstos se han convertido ya en bárbaros por el acento gético. No hay ni uno siquiera en este pueblo que por casualidad pueda decir algunas palabras usuales en latín.

    Yo mismo, famoso poeta romano (¡perdonadme, Musas!), me veo obligado a hablar la mayor parte de las cosas en la lengua de los sármatas. He aquí (me avergüenza, lo confieso) que, por el largo desuso, apenas si a mí me salen ya palabras latinas. Y no dudo de que incluso en este librito haya no pocas expresiones bárbaras: la culpa no es del hombre, sino del lugar. No obstante, para no perder el manejo de la lengua ausonia y para que mi boca no se quede muda en el habla patria, hablo conmigo mismo y repaso las palabras menos usadas y vuelvo a los distintivos funestos de mi afición poética. Así ocupo el espíritu y el tiempo, así me aparto y me alejo de la contemplación de mi desgracia. Busco en los versos el olvido de mis desdichas: si con mi afición consigo esta recompensa, será suficiente. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Detineo studiis animum falloque dolores,
          Experior curis et dare uerba meis.
    Quid potius faciam desertis solus in oris,
          Quamue malis aliam quaerere coner opem?
    Siue locum specto, locus est inamabilis, et quo
          Esse nihil toto tristius orbe potest,
    Siue homines, uix sunt homines hoc nomine digni,
          Quamque lupi, saeuae plus feritatis habent.
    Non metuunt leges, sed cedit uiribus aequum,
          Victaque pugnaci iura sub ense iacent.
    Pellibus et laxis arcent mala frigora bracis,
          Oraque sunt longis horrida tecta comis.
    In paucis remanent Graecae uestigia linguae,
          Haec quoque iam Getico barbara facta sono.
    Vnus in hoc nemo est populo, qui forte Latine
          Quaelibet e medio reddere uerba queat.
    Ille ego Romanus uates (ignoscite, Musae)
          Sarmatico cogor plurima more loqui.
    En pudet et fateor, iam desuetudine longa
          Vix subeunt ipsi uerba Latina mihi.
    Nec dubito quin sint et in hoc non pauca libello
          Barbara: non hominis culpa, sed ista loci.
    Ne tamen Ausoniae perdam commercia linguae,
          Et fiat patrio uox mea muta sono,
    Ipse loquor mecum desuetaque uerba retracto,
          Et studii repeto signa sinistra mei.
    Sic animum tempusque traho, sic meque reduco
          A contemplatu summoueoque mali.
    Carminibus quaero miserarum obliuia rerum:
          Praemia si studio consequar ista, sat est.

    No parece, pues, que el lugar  fuera tan “horribilis” como el poeta reiteradamente nos dibuja.

    7. A todas estas razones, los autores que cuestionan la realidad del exilio añaden otras importantes que deducen del estudio literario de los propios textos. Así la información sobre el Ponto la ha podido obtener de diversas fuentes literarias a su alcance. Como he comentado, es indudable la influencia de Virgilio y la descripción que de la Escitia y su clima en Geórgicas III, 349 y ss.

    Otras razones puramente literarias esgrimidas son la propia disposición y estructura de los Tristia I, como si fuera una pieza oratoria, las fórmulas y reiteraciones utilizadas.

    Se argumenta también que la elegía amorosa había llegado a su agotamiento tras las obras de Catulo, Propercio, Tibulo y el propio Ovidio, que utiliza ahora su capacidad para crear obras de ficción,  como había hecho en sus Heroidas o cartas imaginarias de heroínas míticas.

    En esa labor creativa encuentra también que son muchas las posibilidades literarias que le ofrecen los recursos retóricos que tan bien maneja, como las oposiciones presente/pasado, amigos/soledad, civilización y seguridad romanas/barbarie, etc. Con todo ello crea una nueva poesía muy atractiva, la poesía del exilio, en la que a veces se mezcla y confunde la ficción con la realidad y que inspiró y sirvió de modelo después hasta nuestros días.

    De todo ello deducen estos autores que no existió el exilio de Ovidio o al menos no está probado que existiera. Pero un estudio también crítico de todas estas razones nos obligarían a concluir que tampoco son definitivas ni contundentes y todas pueden ser negadas desde la perspectiva de la verdad histórica del exilio. También podemos preguntarnos ¿por qué si el exilio no fue real, nadie lo hizo ver, nadie lo denunció, nadie anotó que fue una ficción?

    Para ser más exactos, todos excepto el argumento que podemos llamar ex silentio, es decir, el hecho realmente llamativo de que ni los poetas de su época y posteriores hasta el siglo IV ni los historiadores, especialmente Suetonio y Tácito hagan referencia a este exilio y castigo cuando en cambio sí reflejan las condenas a otros varios autores. Es probablemente éste el argumento con más fuerza a favor de la posible no realidad del exilio.

    En todo caso la duda sembrada es difícil de olvidar y una nueva lectura de estos poemas desde la perspectiva de su irrealidad es muy sugerente e inquietante. La amplia selección de textos ofrecidos es sin duda suficiente para dejar abierta la cuestión.

    Podemos anotar como curiosidad que el exilio de Ovidio ha sido alguna vez novelado en época moderna. A veces esta es una buena forma de acercarse a la realidad de la historia. Citaré tan sólo tres:

    Dios ha nacido en el exilio (1960),( Dieu est né en exil, Fayard, Paris, 1960).de Vintila Horia, que recibió el premio Goncourt en 1960 y también provocó la polémica y reacción de la izquierda cultural capitaneada por Sartre.

    Al austriaco Christoph Ransmayr  le debemos El último mundo (1989). Y a Pablo Montoy:  Lejos de Roma (2008; reeditada en 2016)

    En todo caso y para acabar este artículo reproduciré lo que se considera fue el epitafio que el propio poeta dejó escrito para sí mismo y encargó a su mujer en Tristia, III, 3, 73-76; tal vez sea una broma más, fruto de su poderosa imaginación, pero ello no ha de impedirnos, viajeros por sus obras dos mil años después, que esté donde esté, deseemos que “descanse tranquilamente en paz”.

                    Yo que yazgo aquí, soy Nasón,
                    poeta que canté los tiernos amores y morí por mi propio ingenio.
                   A ti, quien seas, que pasas por aquí, a ti que has amado también,
                   que no te sea molesto decir: que los huesos de Nasón descansen en paz.

                    HIC EGO QUI IACEO TENERORVM LVSOR AMORUM
                    INGENIO PERII NASO POETA MEO
                    AT TIBI QVI TRANSIS NE SIT GRAVE QVISQVIS AMASTI
                    DICERE NASONIS MOLLITER OSSA CVBENT

  • Ovidio entre los bárbaros del Ponto Euxino. (Ovidio III)

    El año 8 de nuestra era el alegre y mundano poeta latino Ovidio se encontraba en la isla de Elba en compañía de su amigo Máximo cuyo nombre completo era Marco Aurelio Cota Máximo, hijo de Marco Valerio Mesala Corvino, el protector de algunos literatos. Allí Ovidio recibió del emperador Augusto como un mazazo una carta con la acusación de graves crímenes y la orden de comparecer rápidamente en Roma, en donde recibió la condena fulminante de destierro a las fronteras del Imperio.

    Antes de finalizar el año debía salir de Roma y de Italia  a las costas del Ponto Euxino, a  la ciudad de Tomis o Tomos, actual Constanza en Rumanía, en la frontera de los Getas y Sármatas. Un soldado le acompañó sólo en el viaje de ida. Había nacido el 20 de febrero del año 43 a.C., al siguiente del asesinato de Julio César; tenía, pues, 52 años.  Allí murió  9 años después, en el 17, triste y melancólico porque nunca consiguió el perdón de Augusto ni tampoco de Tiberio para regresar a Roma o salir al menos de aquel destino tan inhóspito.

    En una carta a su amigo Cota Máximo, años después, recogida en Pónticas, II, 3,83-90, nos recuerda el día en que recibió la infausta noticia:

    La Etalia Elba fue la última que me vio contigo y recibió las lágrimas que caían de mis tristes mejillas, cuando tú me preguntaste si era cierta la noticia que había extendido la perversa Fama de mi culpa; yo permanecía indeciso entre confesarlo o negarlo, revelando el temor signos de miedo y, como la nieve que derrite el austro lluvioso, una lágrima brotaba y caía por mis mejillas estupefactas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    ultima me tecum vidit maestisque cadentes
    excepit lacrimas Aethalis Ilva  genis :
    cum tibi quaerenti, num verus nuntius esset,
    attulerat culpae quem mala fama meae,
    inter confessum dubie dubieque negantem
    haerebam, pavidas dante timore notas,
    exemploque nivis, quam mollit aquaticus Auster,
    gutta per attonitas ibat oborta genas.

    Como ya dije en un artículo anterior, no conocemos con precisión el día exacto de su muerte, que debió ser en invierno,  y el año lo sabemos por la información que San Jerónimo incluye en su libro de las Crónicas de Eusebio, en Chronicon 2033, que  lo hace corresponder con el  año 18 de Cristo, con la Olimpiada 199, con el 4 del reinado de Herodes y con el 4 también de Tiberio. Curiosamente en ese mismo año murió también Tito Livio, pero en su patria Patavium, la Padua de hoy. En consecuencia se cumplen ahora 2.000 años, dos milenios, de su muerte. 

    Dice Jerónimo en Chronicon 2033:

    El poeta Ovidio murió en el exilio y está enterrado junto a la ciudad de Tomis

    Ovidius poeta in exsilio perit, et juxta oppidum Tomos sepelitur”

    Allí escribió Ovidio uno de los poemas más famosos de la literatura latina: aquel en el que recuerda su último día en Roma, que ha sido además motivo de estudio y ejercicio para todo estudiante de latín durante siglos; me refiero a la Elegía 3 del libro I de sus Tristia, que reproduciré completa al final del artículo,  porque no es excesivamente larga, tan sólo 102 versos, para ser exactos.

    Ovidio no se dedicó al foro o la retórica, como su padre pretendía, sino a la poesía para la que estaba especialmente dotado. En Roma llevaba la vida propia de los miembros de una sociedad adinerada, despreocupada y dispuesta a vivir en el ocio y diversión permanente.

    En consonancia con este tipo de vida, escribió primero poemas o elegías amorosas o más bien eróticas, puesto que se refieren al amor físico y carnal y no al idealizado y romántico. Amores, El Arte de amar (Ars amandi o Ars Amatoria), Remedios Amorosos (Remedia amoris)  y Cosméticos para el rostro femenino (Medicamina faciei feminae) son las obras de esta época y de esta temática. Luego abordará otros temas de más enjundia como Las Metamorfosis, su obra principal, y Los Fastos, obra no exenta de ironía. De todo ello he hablado brevemente en el artículo anterior: https://www.antiquitatem.com/ovidio-bimilenario-tristia-ponto-euxino

    Pues bien, las obras de contenido erótico-amoroso impactaron sin duda en la sociedad romana y chocaron con la política imperial de moralización de la vida pública y del matrimonio que Augusto pretendía desarrollar, de acuerdo con el mos maiorum o costumbres de los antepasados. Estos libros le granjearon pronto la fama de “inmoralidad”, que ya no le ha abandonado hasta nuestros días. A ello contribuyó decisivamente el juicio severo del Cristianismo que se iba imponiendo como religión del Imperio.

    Pero, ¿fue realmente Ovidio un  “inmoral”? Una y otra vez nos dice que su vida fue intachable.

    Pero entonces,  ¿qué delito había cometido para sufrir el duro castigo? El mismo poeta nos da algunas pistas en sus propias obras y desde la antigüedad hasta nuestros días se sigue hurgando en los textos para encontrar la causa, que en realidad desconocemos. En realidad la información más valiosa es la que él mismo poeta aporta en sus Tristes (Tristezas) y en sus Pónticas (Cartas desde el Ponto, Epistulae ex Ponto) y es en ellas donde se ha buscado una y otra vez.

    En estas obras repite hasta la saciedad y monotonía tres ideas: la descripción de su penosa situación, entre numerosos peligros y falto de toda comodidad para producir en sus familiares y amigos la sensación de absoluto abandono; la confesión de que fue culpable, pero tan solo de un error y estupidez que no de un delito o comportamiento malintencionado; y la alabanza de la majestad y benevolencia del emperador y de su familia para esperar el perdón.

    El mismo poeta es consciente y conoce la crítica que se le hace por repetir una y otra vez lo mismo: su petición de perdón al emperador. Así en Pónticas III,9, 39-45 dice:

    Me dices, Bruto, que no sé quién critica mis poemas porque hay en estos librillos siempre el mismo pensamiento, que no pido otra cosa, sino poder disfrutar de una tierra más cercana, y que no hablo sino de que estoy rodeado por numerosos enemigos. ¡Oh, cómo entre tantos defectos  se me reprende tan solo uno! Si sólo esta falta comete mi Musa, está bien. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Quod sit in his eadem sententia, Brute, libellis,
          Carmina nescio quem carpere nostra refers:
    Nil nisi me terra fruar ut propiore rogare,
          Et quam sim denso cinctus ab hoste loqui.
    O, quam de multis uitium reprehenditur unum!
    Hoc peccat solum si mea Musa, bene est.

    En varias ocasiones nos describe su penosa situación en el destierro. Es suficientemente expresiva la referencia que hace en Tristia V,7,1-24, elegía que algunas ediciones titulan precisamente “Ovidio entre los bárbaros”. Dice allí en una carta de fecha incierta y dirigida también a un destinatario no conocido por nosotros:

    La carta que lees te llega desde la tierra en que el ancho Histro desemboca en las aguas del mar. Si a ti te ha tocado en suerte una vida con buena salud, permanece favorable aún una parte de mi fortuna. A saber, tú me preguntas, como siempre, queridísimo amigo, cómo lo paso, si bien eso lo puedes saber, aunque yo no te lo diga. Soy desgraciado (éste es el resumen de mis males) y lo será todo el que viva tras haber ofendido al César.

    ¿Deseas saber cómo es la gente de esta región de Tomos y en medio de qué costumbres vivo? Aunque esta región es una mezcla de griegos y getas, está dominada por los mal pacificados getas. Un número bastante elevado de sármatas y getas va y viene a caballo por los caminos. No hay ninguno entre ellos que no lleve carcaj, arco y flechas impregnadas de veneno amarillento de serpiente. Su voz es fiera, el rostro salvaje, fiel imagen de Marte; ninguna mano ha cortado su cabello ni su barba; su diestra no es tarda en herir clavando el cuchillo, que todo bárbaro lleva pegado al costado.

    En medio de tales gentes, ¡ay!, vive ahora, amigo mío, tu poeta, olvidado de sus poemas de tema amoroso; a estas gentes es a las que ve y a éstas a las que oye. ¡Ojalá viva, pero que no vaya a morir entre ellos, sino que al menos su sombra se aleje de estos odiosos lugares! (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Quam legis, ex ilia tibi venit epistula terra,
    latus ubi aequoreis additur Hister aquis.
    si tibi contingit cum dulci vita salute,
    candida fortunae pars manet una meae,
    scilicet, ut semper, quid agam, carissime, quaeris,
    quamvis hoc vel me scire tacente potes.
    sum miser; haec brevisest nostrorum summa malorum,
    quisquis et offenso Caesare vivit ? erit.
    turba Tomitanae quae sit regionis et inter
    quos habitem mores, discere cura tibi est ?
    mixta sit haec quamvis inter Graecosque Getasque,
    a male pacatis plus trahit ora Getis.
    Sarmaticae maior Geticaeque frequentia gentis
    per medias in equis itque reditque vias.
    in quibus est nemo, qui non coryton et arcum
    telaque vipereo lurida felle gerat.
    vox fera, trux vultus, verissima Martis imago,
    non coma, non ulla barba resecta manu,
    dextera non segnis fixo dare vulnera cultro,
    quem iunctum lateri barbarus omnis habet.
    vivit in his heu nunc, lusorum oblitus amorum,
    hos videt, hos vates audit, amice, tuus :
    atque utinam vivat non et moriatur in illis,
    absit ab invisis et tamen umbra locis.

    Y luego en Pónticas I, 3, 57-60 completa la descripción de la lamentable situación, aunque ciertamente parece estar exagerando la realidad porque las costas del Mar Negro son hoy día un destino veraniego apetecible por muchas personas de los países limítrofes:

    Pero pensaba que, privado de la tierra donde nací, me había correspondido en suerte, al menos, vivir en un lugar humano: sin embargo, yazgo abandonado en las arenas del extremo del mundo, donde la tierra está cubierta de perpetuas nieves. Aquí el campo no produce frutos, ni dulces racimos de uvas; no verdean sauces en sus riberas, ni encinas en sus montañas. Ni el mar merece más alabanzas que la tierra: sus aguas, privadas de sol, están siempre hinchadas por el furor de los vientos. Adondequiera que mires, se extienden llanuras sin cultivar y vastos labrantíos que nadie reclama. Se presenta el terrible enemigo por la derecha y por la izquierda, y por el miedo a su cercanía aterra a uno y otro lado: una parte habrá de sentir las lanzas bistonias y la otra las flechas lanzadas por la mano de los sármatas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at, puto, qua genitus fueram, tellure carenti
    in tamen humano contigit esse loco,
    orbis in extremi iaceo desertus harenis,
    fert ubi perpetuas obruta terra nives.
    non ager hic pomum, non dulces educat uvas, 
    non salices ripa, robora monte virent.
    neve fretum laudes terra magis, aequora semper
    ventorum rabie solibus orba tument.
    quocumque aspicies,  campi cultore carentes
    vastaque, quae nemo vindicat, arva iacent.
    hostis adest dextra laevaque a parte timendus,
    vicinoque metu terret utrumque latus.
    altera Bistonias pars est sensura sarisas,
    altera Sarmatica spicula missa manu.

    En diversos pasajes achaca su condena a un “error” y a una indiscreción. Por ejemplo en Tristia II, 207 y ss.:

    Concedamos que me han perdido dos delitos: un poema y un error; sobre la culpabilidad del segundo de estos dos delitos es mejor que calle, pues yo no valgo tanto la pena como para reabrir tus heridas, César, y ya es más que demasiado que hayas sufrido una sola vez. Queda el otro delito, por el que se me acusa de haberme convertido con mi obsceno poema en maestro del impúdico adulterio. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    perdiderint cum me duo crimina, carmen et error,
    alterius facti culpa silenda mihi :
    nam non sum tanti, renovem ut tua vulnera, Caesar,
    quem nimio plus est indoluisse semel.
    altera pars superest, qua turpi carmine factus
    arguor obsceni doctor adulterii.

    Así ya en su época, como informa el mismo Ovidio, se le conoce como “maestro del impúdico adulterio”, y esto chocaba directamente con el programa de moralización de Augusto  y las  Leges Iuliae que pretendían la defensa de la familia y las tradiciones antiguas, castigando el adulterio con del exilio y multando a las que no tenían hijos.  Pero él se defiende afirmando la diferencia entre la literatura y la vida, que una cosa es escribir y otra distinta el mantener determinado comportamiento. En la elegía dirigida a un amigo orador, dice en Tristia I,9,55 y ss:

    Mejor hubiera sido que mi obra no hubiera brillado por su celebridad, y así como las graves disciplinas, elocuente amigo, te están dando provecho, así un arte diferente a ellas me ha perjudicado. Sin embargo mi vida te es conocida; tú sabes que las costumbres de su autor se apartaron de tales artes; y sabes que ese viejo poema fue compuesto en mi juventud y que tales poemas, aunque no son precisamente dignos de elogio, con todo no son sino bagatelas. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    at nostrum tenebris utinam latuisset in imis !
    expediit studio lumen abesse meo.
    utque tibi prosunt artes, facunde, severae,
    dissimiles illis sic nocuere mihi.
    vita tamen tibi nota mea est. scis artibus illis
    auctoris mores abstinuisse sui :
    scis vetus hoc iuveni lusum mihi carmen, et istos
    ut non laudandos, sic tamen esse iocos.

    ¿Pudo ser entonces la causa del destierro este libro, Ars Amandi, que además llevaba ya más de ocho años circulando por Roma?

    Más bien parece una excusa añadida a otro motivo de más enjundia, a la indiscreción a la que poco después, en el mismo libro II, 103 y ss. hace referencia:

    ¿Por qué tuve yo que ver algo? ¿Por qué torné culpables mis ojos? ¿Por qué, ¡imprudente de mí! tuve yo conocimiento de aquel delito? Sin pretenderlo, Acteón contempló desnuda a Diana y, sin embargo, no por ello fue menos presa de sus propios perros; y es que a los ojos de los dioses, hasta el azar hay que expiarlo y un hecho casual no obtiene el perdón, si ha sido ofendida una divinidad. Aquel mismo día en que me perdió un mal error, cayó la ruina sobre mi casa, modesta ciertamente, pero sin tacha; (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Cur aliquid uidi? cur noxia lumina feci?
          Cur imprudenti cognita culpa mihi?
    Inscius Actaeon uidit sine ueste Dianam:
          Praeda fuit canibus non minus ille suis.
    Scilicet in superis etiam fortuna luenda est,
          Nec ueniam laeso numine casus habet.
    Illa nostra die, qua me malus abstulit error,
          Parua quidem periit, sed sine labe domus:

    La alusión al mito de Acteón, que vio desnuda a Diana o Artemis, la diosa virgen de la caza y fue transformado en ciervo  devorado por sus propios perros, desató las especulaciones e hizo pensar a varios autores que Ovidió vio algo que ofendió al emperador, tal a Livia, su esposa; o tal vez vio alguna ceremonia de los cultos a la Buena Diosa o Isis, vedados a los hombres. Se han propuesto, pues, varias explicaciones o soluciones al enigma de qué es lo que Ovidio vio, cuál fue su indiscreción. Se ha pensado que tal vez  Ovidio fuera conocedor o partícipe de algún escabroso episodio de la familia imperial, concretamente de su hija, o su nieta, o del propio emperador; o viera en algún momento desnuda a la esposa de Augusto; o que incluso tuviera algún affaire amoroso con la hija del emperador; o fuera conocedor y partícipe de alguna reunión  de algún grupo poco partidario de Augusto, o de partidarios de Germánico y no de Tiberio en la sucesión en el contexto de las rivalidades entre los “Julios” y los “Claudios”. Todo ello son hipótesis poco fundadas, que en cualquier caso no han sido confirmadas.

    Hay incluso una suposición un tanto disparatada que no merecería ser citada sino fuera obra de una persona experta y famosa en el estudio de la historia  romana, Jerôme Carcopino (1881-1970), miembro de la Academia Francesa entre otros muchos títulos.

    Según la imaginativa propuesta de este autor, Ovidio pertenecería de forma activa a una especie de secta secreta neopitagórica que celebra reuniones donde utilizando  el poder mágico de los números conspiran o intentan perjudicar a Augusto.

    No quiero profundizar más en esta cuestión, porque dejo para otro artículo próximo el análisis de las posibles causas y de una propuesta realmente la llamativa aparecida a principios del siglo XX y que ha resurgido más recientemente con cierta fuerza: me refiero a la posible inexistencia del exilio tan famoso, que no habría sido sino una ficción más de un poeta creativo que tantas cosas ficcionó o imaginó, como las Heroidas o cartas de mujeres mitológicas a sus amantes.

    En diversos pasajes insiste en el hecho culpable de haber visto algo que no debió ver, pero nunca lo aclara y nos quedamos sin saberlo a pesar de los esfuerzos que los estudiosos han realizado desde entonces hasta hoy.

    El propio poeta también nos explica las condiciones legales de su condena, en Tristia, II, 121 y ss.

    Se arruinó, pues, esta casa querida por las Musas, derrumbada bajo el peso de un solo delito, si bien no pequeño; pero ha caído de tal manera que podría levantarse, si la cólera del Cesar ofendido se calmara. Su clemencia en la asignación del castigo fue tan grande que resultó ser más suave de lo que yo me temía. La vida se me concedió y tu cólera se detuvo más acá de la muerte, ¡oh Príncipe que has usado tan parcamente de tu poder!  Además hay que añadir el hecho de que no me has privado de mi patrimonio, como si la vida fuera un regalo pequeño. No condenaste mis delitos con un decreto del Senado, ni mi exilio ha sido ordenado por un jurado especial; zahiriéndome con amargas palabras (eso es lo digno de u Príncipe) te has vengado, como conviene, de las ofensas cometidas contra ti. Además, el edicto, aunque riguroso y amenazador, sin embargo, ha sido suave en la designación del castigo, ya que soy declarado en él relegado y no desterrado, y contiene términos suaves para mi suerte. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos).

    Corruit haec igitur Musis accepta, sub uno
          Sed non exiguo crimine lapsa domus:
    Atque ea sic lapsa est, ut surgere, si modo laesi
          Ematuruerit Caesaris ira, queat.
    Cuius in euentu poenae clementia tanta est,
          Venerit ut nostro lenior illa metu.
    Vita data est, citraque necem tua constitit ira,
          O princeps parce uiribus use tuis!
    Insuper accedunt, te non adimente, paternae,
          Tamquam uita parum muneris esset, opes.
    Nec mea decreto damnasti facta senatus,
          Nec mea selecto iudice iussa fuga est.
    Tristibus inuectus uerbis (ita principe dignum)
          Vltus es offensas, ut decet, ipse tuas.
    Adde quod edictum, quamuis immite minaxque,
          Attamen in poenae nomine lene fuit:
    Quippe relegatus, non exul, dicor in illo,
          Priuaque fortunae sunt ibi uerba meae.

    La misma idea de que él no fue declarado "exul", es decir, “desterrado” con pérdida de derechos, sino "relegatus" (relegado, expulsado del país manteniendo los derechos fundamentales)  la reitera y casi en los mismos términos en el Libro V, 2bis, 11 y ss.; evito por ello lo que sería una mera redundancia. Así que el poeta, sin proceso alguno, no fue en realidad exiliado sino confinado en Tomis, sin confiscación de bienes ni pérdida de ningún otro derecho.

    Como decía más arriba, camino del exilio y en el propio destierro siguió escribiendo poemas y encontrando en ello el  único consuelo. En aquella aldea, lejos de Roma, de clima duro e inhóspito, habitada por Getas y Sármatas, que hablan una lengua ininteligible para un romano o griego, escribió Ovidio sus famosos poemas “Tristes”, “Tristezas”  “Tristia” en latín; sus Cartas desde el Ponto o Pónticas (Ex Ponto) dirigidas a su mujer y amigos en Roma y también a algún enemigo, y en ellas algunos de los versos más emocionantes de la literatura latina.  Allí también escribió una dura invectiva, Ibis, contra un individuo que perjudicaba su situación en el exilio.

    Algunos críticos literarios, excesivamente crueles, consideran estas obras como un mero ejercicio de retórica vacía y servil petición de clemencia. Pero son absolutamente injustos, porque entre estas elegías se encuentra uno de los poemas más hermosos y emocionantes de la poesía latina, que no pueden empañar algunos recursos literarios y retóricos más fríos y formales.

    Me refiero en concreto al poema tercero del primer libro de sus “Tristia”,  en el que nos recuerda su última noche en su casa de Roma y su partida para el exilio. Hay otros muchos pasajes en el que muestra un sentido amor y agradecimiento a su esposa, que ha quedado en Roma, para no sufrir las penalidades de una tierra hostil y cuidar de la casa familiar; o el consuelo que le proporciona la poesía, que ha de declamar en solitario al viento para no olvidar el latín, su lengua, porque allí nadie lo habla. Incluso aprendió la lengua de aquellos bárbaros y en ella compuso algún poema. O el pequeño consuelo que le proporciona el hecho de que sus padres hayan muerto y no hayan visto la desgracia de su hijo.

    Los pasajes y momentos de interés son muchos.  Voy a reproducir, cumpliendo el objetivo de este blog, la citada tercera elegía completa,  en la que recuerda la última noche que pasó en Roma y el momento triste de la partida. Esta elegía  ha hecho emocionarse a miles de estudiantes de latín que hubieron de traducirla y comentarla como ejercicio escolar. Parafraseando al poeta, diré yo también, que “cuando recuerdo aquellos años en los que hube de traducir este poema, todavía siento la emoción de aquel momento”. Ojalá que esta elegía anime al lector a una lectura más amplia de las obras de Ovidio

    Tristia I, 3

    Cuando me viene al recuerdo la funesta imagen de aquella noche, en la que transcurrieron mis últimos momentos en Roma, cuando recuerdo la noche en la que abandoné a tantos seres queridos, todavía ahora se me escurren las lágrimas de los. ojos.

    Ya se acercaba el día en que el César me había ordenado que abandonara los confines de Ausonia. Yo no tuve ni el tiempo ni la tranquilidad suficiente para hacer los preparativos: mis facultades se habían entorpecido debido a la larga espera. No me había ocupado ni de los esclavos ni de escoger compañeros de viaje, ni me había cuidado del vestido o existencias apropiadas para un desterrado.
    Me quedé pasmado de la misma manera que aquel que, herido por el rayo de Júpiter, sigue con vida, aunque ni él mismo tiene conciencia de su propia vida.

    Pero cuando el propio dolor hubo disipado la nube que envolvía mi espíritu y empezó a despertarse por fin mi sensibilidad, a punto ya de salir hablo por última vez a mis afligidos amigos de los que, entre los muchos que había tenido, sólo quedaba uno que otro. Mi amante esposa, llorando ella misma más amargamente que yo, me abrazaba mientras yo también lloraba, hasta el punto de que una verdadera lluvia de lágrimas caía sin cesar sobre sus mejillas que no lo merecían. Mi hija se hallaba ausente, lejos, en las costas africanas, y no pudo saber nada de mi aciago destino. Adondequiera que dirigieras la mirada no se oían sino gemidos de dolor, y el interior de la casa ofrecía el aspecto de un funeral ruidoso. Mujeres y hombres y hasta los siervos lloran por mi muerte y en el interior no hay rincón que no esté arrasado por las lágrimas. Si está permitido emplear grandes ejemplos en los pequeños sucesos, ése era el aspecto de Troya cuando fue tomada.

    Ya se iban acallando las voces de los hombres y de los perros, y la Luna, en lo alto del cielo, conducía sus caballos nocturnos. Mirándola con los ojos hacia arriba y contemplando a su luz el Capitolio, que en vano estaba cercano a mi casa, digo: «Divinidades que habitáis estas moradas vecinas, templos que mis ojos no contemplarán ya nunca más, dioses que he de abandonar, a los que honra la elevada ciudad de Quirino, ¡recibid mi adiós para siempre! Y aunque tomo tarde el escudo, después de caer herido, descargad al menos mi huida del peso del odio; y al divino varón decidle qué error me sedujo, no vaya a pensar que hay maldad donde sólo hay una equivocación; que el autor de mi castigo sienta vuestra misma convicción; una vez aplacado este dios, yo podría dejar de ser desgraciado».

    Con esta súplica me dirigí yo a los dioses; mi mujer con muchas más, aunque sus palabras quedaban entrecortadas por los sollozos. Ella incluso, postrada de hinojos ante los Lares, con el pelo desgreñado, besó con su boca  temblorosa el fuego ya apagado, y a los Penates, que
    teníamos enfrente, dirigió muchas palabras que habrían de resultar inútiles en favor de su llorado esposo. 

    Ya la noche que tocaba a su fin impedía todo retraso y la constelación de la Osa Parrasia había dado la vuelta sobre su eje. ¿Qué debía yo hacer? El dulce amor a la patria me retenía; pero aquella era la última noche antes del exilio que se me había decretado. ¡Ah! ¡Cuántas veces,
    al ver que alguno se apresuraba a hacer los preparativos, dije: «¿Por qué te das tanta prisa? Piensa en el lugar hacia donde te apresuras a marchar y en el que abandonas». ¡Ah! ¡Cuántas veces fingí haber fijado de antemano, como más indicada, una hora para mi marcha! Por tres veces llegué a pisar el umbral y por tres veces se me hizo volver, y hasta mi propio pie, indulgente con mi ánimo, era reacio a marchar. Muchas veces, después de haberme despedido, comencé a hablar de nuevo largo rato y, como si estuviera marchándome, di los últimos besos. Muchas veces hice las mismas recomendaciones y me engañé a mí mismo, volviéndome a mirar una y otra con mis propios ojos las prendas de mi amor. Por último, digo: <<¿Por qué me apresuro? Es a la Escitia adonde se me envía y Roma la que he de abandonar: una y otra son un justo motivo para mi tardanza. Estando aún con vida se me niega para siempre a mi esposa que vive aún, mi casa y el dulce afecto de sus fieles miembros, así como los amigos a los que quise con amor fraternal, ¡oh vosotros, corazones que habéis estado unidos a mí con una fidelidad como la de Teseo! Mientras me esté permitido, os abrazaré; tal vez, no me sea posible hacerlo nunca más; el tiempo que se me concede debo considerarlo como gracia». Sin retraso alguno ya, no termino ni de hablar, abrazando a todos los que me son más queridos.

    Mientras hablo y lloramos todos, había aparecido brillando en lo alto del cielo Lucífero, estrella funesta para mi. Me separo como si abandonara mis propios miembros, y una parte de mi cuerpo parecía que era arrancada de la otra. Así fue el dolor de Metio cuando unos caballos
    lanzados en sentido contrario fueron los vengadores de su traición. Entonces estalla el clamor y los gemidos de los míos y las manos de aquellos desgraciados se golpean los pechos desnudos. Entonces mi esposa, aferrándose a mis hombros mientras ya partía, mezcló con mis lágrimas estas tristes palabras: «Tú no puedes serme arrancado; juntos nos iremos de aquí, juntos», dijo; «te seguiré y así seré la esposa desterrada de un desterrado. También a mí se me ha impuesto la marcha y a mí también me recibe el confín del mundo; yo seré una ligera carga para tu nave de prófugo. A ti ha sido la cólera del César la que te ha ordenado abandonar tu patria, a mí el amor conyugal: este amor será mi César». Tales cosas eran las que intentaba ella conseguir, como lo habia intentado ya antes, y a duras penas cedió ante el interés de su permanencia en Roma.

    Salgo, o más bien aquello era ser llevado al sepulcro sin haber muerto, escuálido, con el pelo desgreñado sobre mi intonso rostro. Ella, enloquecida por el dolor (según se me ha dicho), perdidos los sentidos, cayó desvanecida en medio de la casa. Cuando volvió en sí, con los cabellos afeados por el sucio polvo, y levantó sus miembros del frío suelo, dicen que prorrumpió en lamentos por ella misma, por los Penates abandonados, y que invocó repetidas veces el nombre del esposo que se le había arrebatado, y que se lamentó como si hubiese visto colocados sobre la pira los cadáveres de su hija y su marido juntos; que deseó morir, y muriendo perder sus sentidos, pero que no murió por consideración hacia mí. ¡Que viva! Que viva y, puesto que así lo han querido los hados, me sostenga continuamente con su ayuda en mi ausencia. (Traducción de José González Vázquez. Editorial Gredos)

    Cum subit illius tristissima noctis imago,
          Qua mihi supremum tempus in urbe fuit,
    Cum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui,
          Labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.
    Iam prope lux aderat, qua me discedere Caesar
          Finibus extremae iusserat Ausoniae.
    Nec spatium nec mens fuerat satis apta parandi:
          Torquerant longa pectora nostra mora.
    Non mihi seruorum, comites non cura legendi,
          Non aptae profugo uestis opisue fuit.
    Non aliter stupui, quam qui Iouis ignibus ictus
          Viuit et est uitae nescius ipse suae.
    Vt tamen hanc animi nubem dolor ipse remouit,
          Et tandem sensus conualuere mei,
    Alloquor extremum maestos abiturus amicos,
          Qui modo de multis unus et alter erat.
    Vxor amans flentem flens acrius ipsa tenebat,
          Imbre per indignas usque cadente genas.
    Nata procul Libycis aberat diuersa sub oris,
          Nec poterat fati certior esse mei.
    Quocumque aspiceres, luctus gemitusque sonabant,
          Formaque non taciti funeris intus erat.
    Femina uirque meo, pueri quoque funere maerent,
          Inque domo lacrimas angulus omnis habet.
    Si licet exemplis in paruis grandibus uti,
          Haec facies Troiae, cum caperetur, erat.
    Iamque quiescebant uoces hominumque canumque,
          Lunaque nocturnos alta regebat equos.
    Hanc ego suspiciens et ad hanc Capitolia cernens,
          Quae nostro frustra iuncta fuere Lari,
    "Numina uicinis habitantia sedibus," inquam,
          "Iamque oculis numquam templa uidenda meis,
    Dique relinquendi, quos urbs habet alta Quirini,
          Este salutati tempus in omne mihi.
    Et quamquam sero clipeum post uulnera sumo,
          Attamen hanc odiis exonerate fugam,
    Caelestique uiro, quis me deceperit error,
          Dicite, pro culpa ne scelus esse putet.
    Vt quod uos scitis, poenae quoque sentiat auctor,
         Placato possum non miser esse deo."
    Hac prece adoraui superos ego: pluribus uxor,
          Singultu medios impediente sonos.
    Illa etiam ante lares passis astrata capillis
          Contigit exstinctos ore tremente focos,
    Multaque in aduersos effudit uerba Penates
          Pro deplorato non ualitura uiro.
    Iamque morae spatium nox praecipitata negabat,
          Versaque ab axe suo Parrhasis Arctos erat.
    Quid facerem? blando patriae retinebar amore:
          Vltima sed iussae nox erat illa fugae.
    A! quotiens aliquo dixi properante "quid urges?
          Vel quo festinas ire, uel unde, uide."
    A! quotiens certam me sum mentitus habere
          Horam, propositae quae foret apta uiae.
    Ter limen tetigi, ter sum reuocatus, et ipse
          Indulgens animo pes mihi tardus erat.
    Saepe "uale" dicto rursus sum multa locutus,
          Et quasi discedens oscula summa dedi.
    Saepe eadem mandata dedi meque ipse fefelli,
          Respiciens oculis pignora cara meis.
    Denique "quid propero? Scythia est, quo mittimur," inquam
          "Roma relinquenda est. utraque iusta mora est.
    Vxor in aeternum uiuo mihi uiua negatur,
          Et domus et fidae dulcia membra domus,
    Quosque ego dilexi fraterno more sodales,
          O mihi Thesea pectora iuncta fide!
    Dum licet, amplectar: numquam fortasse licebit
          Amplius. in lucro est quae datur hora mihi."
    Nec mora, sermonis uerba imperfecta relinquo.
          Complectens animo proxima quaeque meo.
    Dum loquor et flemus, caelo nitidissimus alto,
          Stella grauis nobis, Lucifer ortus erat.
    Diuidor haud aliter, quam si mea membra relinquam,
          Et pars abrumpi corpore uisa suo est.
    Sic doluit Mettus tunc cum in contraria uersos
          Vltores habuit proditionis equos.
    Tum uero exoritur clamor gemitusque meorum,
          Et feriunt maestae pectora nuda manus.
    Tum uero coniunx umeris abeuntis inhaerens
          Miscuit haec lacrimis tristia uerba meis:
    "Non potes auelli. simul hinc, simul ibimus:" inquit,
          "Te sequar et coniunx exulis exul ero.
    Et mihi facta uia est, et me capit ultima tellus:
          Accedam profugae sarcina parua rati.
    Te iubet e patria discedere Caesaris ira,
          Me pietas. pietas haec mihi Caesar erit."
    Talia temptabat, sicut temptauerat ante,
          Vixque dedit uictas utilitate manus.
    Egredior, siue illud erat sine funere ferri,
          Squalidus immissis hirta per ora comis.
    Illa dolore amens tenebris narratur obortis
          Semianimis media procubuisse domo:
    Vtque resurrexit foedatis puluere turpi
          Crinibus et gelida membra leuauit humo,
    Se modo, desertos modo complorasse Penates.
          Nomen et erepti saepe uocasse uiri,
    Nec gemuisse minus, quam si nataeque uirique
          Vidisset structos corpus habere rogos,
    Et uoluisse mori, moriendo ponere sensus,
          Respectuque tamen non periisse mei.
    Viuat, et absentem, quoniam sic fata tulerunt.
          Viuat ut auxilio subleuet usque suo.

  • Ovidio, autobiografía

    El poeta latino Publio Ovidio Nasón murió en el exilio, desesperado y enfermo, en el año 17 de nuestra era en Tomis, la actual Constanza, en Rumania, junto al mar Negro, entonces llamado Mar Euxino (mar favorable) aunque de ninguna manera era nada bueno. Había nacido el 20 de marzo del año 43 a.C., al año siguiente al asesinato de Julio César, en la ciudad de Sulmona, en el centro de Italia, al este de Roma y a unos 130 kilómetros de ella, de una vieja y rica familia; tenía, pues, 60 años cuando murió, muchos menos que su padre que murió a los 90.

    El poeta Ovidio murió en el exilio y está enterrado junto a la ciudad de Tomis

    Como corresponde a la vida de un exiliado olvidado, no conocemos con precisión el día exacto de su muerte, que probablemente ocurrió en el invierno. Han transcurrido desde el día en que marchó al Hades  2.000 años según la información que San Jerónimo incluye en su libro de las Crónicas de Eusebio en Chronicon 2033, que lo hace corresponder con el  año 18 de Cristo, con la Olimpiada 199, con el 4 del reinado de Herodes y con el 4 también de Tiberio. Curiosamente en ese mismo año murió también el historiador Tito Livio, pero en su patria Patavium, la Padua de hoy. Dice Jerónimo en Chronicon 2033:

    Ovidius poeta in exsilio perit, et juxta oppidum Tomos sepelitur”

    según la edición utilizada en http://www.documentacatholicaomnia.eu/04z/z_0347-0420__Hieronymus__Chronicun__MLT.pdf.html

    y con una pequeña variación en la edición de https://web.archive.org/web/20091113053637/http:/www.tertullian.org/fathers/jerome_chronicle_06_latin_part2.htm

    «Ovidius poeta in exilio diem obiit et iuxta oppidum Tomos sepelitur»

    Junto con Virgilio y Horacio son los tres grandes poetas de la época de Augusto, que  triunfaron al amparo de grandes protectores como Cayo Clinio Mecenas, cuyo nombre ha pasado a denominar a todo protector de las artes, y Marco Valerio Mesala Corvino, amigo de la familia de Ovidio y protector suyo especialmente.

    Los tres, aun siendo distintos, son figuras máximas de la poesía clásica y  han tenido una importancia decisiva en la configuración de la cultura occidental. Tal vez  el más leído, imitado e influyente en todas las artes y no sólo en la literatura, es Ovidio, aunque sea éste el menos valorado literariamente.

    Ovidio fue poco valorado literariamente

    Sin duda con excesivo rigor y juzgándole con criterios de gusto moderno J. Bayet  en su famosa Littérature Latine dice de él:

    al leer sus poemas de seguido, resultan monótonos”,

    a lire ses poemes de suite, on les trouve monotones” .

    Paladini y Castorina en su Storia della letteratura latina:

    “Ovidio, en definitiva, aparece como un gran versificador pero un poeta mediocre, si exceptuamos algunas elegías de “Amores” y de los “Tristia” y algunas partes de las “Metamorfosis”.

    (Ovidio, in definitiva, appare un gran verseggiatore e un mediocre poeta, ove si eccettuino alcune elegie degli «Amores» e dei «Tristia», più qualche parte delle «Metamorfosi»).

    Con criterios menos severos han de valorarse positivamente su facilidad para versificar y la abundancia de recursos formales, su creatividad, el conocimiento exhaustivo que el poeta muestra de la mitología, de  la tradición literaria y sus tópicos, su espíritu lúdico, irónico y juguetón, su sincero sentimiento personal en algunos de sus poemas.

    Algunos datos biográficos recogidos en sus obras

    Pues bien, de Ovidio tenemos datos biográficos dispersos en sus obras y sobre todo una “autobiografía”, que sin ser completa y exhaustiva, sí nos ofrece numerosos datos de interés que el poeta quiere transcribir durante  su exilio, al final de su vida. Más abajo la reproduciré íntegramente.

    Tenemos de Ovidio también dos importantes anécdotas: una feliz, cual es la facilidad  con la que componía versos, sobre la que escribí en su momento un artículo en este mismo blog, poesía don del cielo.

    La otra es algo más que una anécdota: en el año 8 de nuestra era el emperador Augusto, irritado no sabemos exactamente por qué, desterró sin remisión al poeta y le obligó a abandonar la ciudad, la Urbe, Roma, para siempre; acompañado de un soldado emprendió el viaje antes de finalizar el año hacia Tomis, en el Ponto Euxino, en el confín del Imperio, en la frontera con pueblos bárbaros; y allí murió triste.

    Se han dedicado infinitos esfuerzos durante siglos a encontrar la causa concreta de la decisión cruel de un dictador, que por otra parte parece que tenía hasta buen sentido del humor. En otro artículo trataré esta cuestión un poco más extensamente. Será suficiente en esta ocasión con decir que desde el exilio envió a Roma, a su esposa y a sus amigos –alguna también a sus enemigos-, numerosas cartas que conservamos bajo el título de Pónticas o Ex Ponto, y escribió cinco libros de elegías, algunas realmente emocionantes, a los que la tradición terminó por poner el nombre de “Tristia” (Tristezas, cosas tristes, poemas tristes, como prefiera interpretar el lector). Es precisamente en el libro IV en donde se incluye la citada autobiografía que más abajo reproduciré en español y en latín.

    Pero antes quiero relacionar sus obras y hacer una pequeña referencia a su importancia en la cultura de occidente.

    La primera,  Amores (conjunto de 50 poemas, escritos en  “dístico elegiaco” o estrofa de dos versos (δίστιχον , di-stichon, =dos líneas, filas), un hexámetro y un pentámetro, la escribió y recito a los 18 años. Canta los amores imaginados, que no reales, con su querida Corina y son un reflejo de la vida social y amorosa de los romanos y romanas en la época de Augusto.

    Arte de amar (Ars amandi o Ars amatoria), se propone en los dos primeros libros enseñar a los hombres a conquistar a las mujeres amadas y en el tercero a enseñar a las mujeres cómo conseguir a su amado. Pensaríamos hoy que fue un intento de buscar la igualdad de los dos sexos, al menos en los lances amatorios. Diríamos hoy que es una especie de “manual para ligar”. Es también un retrato de la sociedad romana. Parece ser que esta obra sirvió a Augusto como pretexto para condenar al poeta al exilio, a pesar de que estuvo circulando antes varios años, siete u ocho, por Roma.

    Remedia amoris pretende justamente lo contrario de Ars amandi, es decir, liberar y sanar a los enfermos de amor. Tal vez lo escribió para contentar a quienes se sintieron especialmente molestos con el atrevimiento del anterior.

    Cosméticos para el rostro femenino (Medicamina faciei feminae) es una pequeña rareza del que apenas se conservan 100 versos, dedicada a ofrecer recetas y remedios para conservar el buen tono, también espiritual, de las mujeres enamoradas. Parece como si Ovidio sospechase ya la extraordinaria importancia que con el paso del tiempo tendría la industria de la cosmética.

    Estas obras son las que le dieron  la injusta fama de poeta y hombre disoluto y si bien es verdad que cuando habla de “amor” no se refiere al platónico y romántico, sino al físico y carnal, su tono jocoso, desenvuelto, no justifican el juicio moral que el cristianismo, que luego se impuso, ha dictado de él como poeta “obsceno”, a pesar de que su influjo en la Edad Media y en el Renacimiento cristianos” fue enorme.

    Las Heroidas son una colección de 21 cartas de amor de mujeres protagonistas de la mitología que el poeta hace salir de su boca, estilete o cálamo.   Ovidio se autoproclama inventor de este curioso género literario, del que naturalmente, existía algún precedente, como la carta de Aretusa a su marido Licotas, que Propercio ofrece en su Elegía IV,6.  Como curiosidad comentaré que una de las cartas es de la poetisa Safo, único personaje no mitológico; y tres son contestaciones de los hombres amados. Son muchos los críticos a los que les resultan monótonas, a pesar del esfuerzo de imaginación que hace el poeta.

    Medea es una tragedia que no se conserva, muy valorada por el propio Ovidio y por autores antiguos como Quintiliano o Tácito. La trágica historia de esta mujer, sacerdotisa, maga, locamente enamorada de Jasón, que una vez abandonada es capaz de dar muerte al fruto habido de ese amor, impresionó a Eurípides, Séneca y a infinitos autores desde entonces.

    Se han perdido también una Gigantomaquia o poema épico sobre la lucha de los gigantes y una traducción abreviada de los Fenómenos de Aratonos de Arato, que también había traducido Cicerón y luego Germánico., que también había traducido Cicerón y luego Germánico.

    Las metamorfosis es sin duda su gran creación

    Las metamorfosis (Metamorphoseis,del griego μεταμόρφωσις, ‘transformación‘), es sin duda su gran creación y una de las obras maestras de la literatura latina, cuya lectura puede fascinar al lector. Versifica en 11.991 hexámetros las  transformaciones en estrellas, plantas, animales de 250 mitos grecolatinos que siguen cierto orden cronológico desde la creación del mundo hasta Augusto. Abandona en esta obra la elegía amorosa y sus características y mezcla características de la épica otras líricas, bucólicas o trágicas. En este libro, convertido en manual de mitología, se inspiraron pintores como Velázquez, Tiziano o Rubens y se siguen inspirando artistas actuales.

    Los Fastos, una de sus grandes obras que dejó incompleta

    Los Fastos se debieron escribir antes del destierro, aunque se publicaron hacia el año 12. En los seis libros que escribió se comentan día a día las fiestas y mitos romanos de los seis primeros meses, teniendo previsto completar el año. La palabra latina “fasti” en plural designa a listas de eventos religiosos o de personas basadas en el orden cronológico del calendario. El gramático del siglo II Paulo Festo, 78.4-5 L nos los define cuando dice:

    se llaman libros de Fastos a aquellos en los que se hace una descripción de todo el año. Los días fastos son pues los días festivos”

    Fastorum libri appellantur, in quibus totius anni fit descriptio; fasti enim dies festi sunt

    Se publicó esta primera parte en el año 8, año del exilio y no se sintió luego con fuerzas o facilidad suficiente para completar la obra, que es de un interés histórico y documental excepcional. Desde el punto de vista literario intenta en algún sentido emular la Eneida de Virgilio y servir a la mayor gloria y honra del emperador Augusto, de quien en todo caso ni consiguió el perdón ni el permiso para salir de Tomis, como tampoco lo consiguió luego de Tiberio.

    Obras de Ovidio mientras vivía en el destierro

    A su época en el destierro corresponden los tres libros que comento a continuación:

    Ibis es una invectiva o poema elegiaco de 644 versos, escrito durante el exilio, en el que sirviéndose de historias míticas maldice y ataca a un individuo que le está perjudicando y haciendo daño al que le desea los terribles castigos de los mitos.

    A los poemas Tristes (Tristia) y Cartas del Ponto o Pónticas (Epistulae ex Ponto) ya he hecho referencia al comienzo del artículo.  Son obras constituidas por cartas a sus familiares y amigos en las que pide que intercedan ante el emperador para conseguir el perdón y describe también su vida entre los escitas, entre los sármatas y getas, pueblo nómada relacionado con los dacios y tracios.

    Tristes (Tristia), el nombre es suficientemente expresivo, son cinco libros que giran en torno a la tristeza que le produjo el destierro y a la petición insistente al emperador de que le perdone. Algunos de los pasajes, como el de la última noche en Roma, son los más conocidos y valorados del poeta.

    Las Cartas desde el Ponto son epístolas a su mujer y amigos en Roma, en las que se repiten los temas de los Tristia y la petición de clemencia. La forma poética de estas cartas y su propio contenido es lo que le mantiene vivo en una tierra hostil y peligrosa, de dura naturaleza en la que carece de todas las comodidades que el amó, incluida persona alguna con la que hablar en latín o griego.

    Se conservan también unas cuantas obras  que fueron atribuidas a Ovidio y que hoy se consideran espurias: La Consolación de Livia (Consolatio ad Liviam) , Sobre la pesca (Halieutica) , La Nuez, El Sueño.

    No puedo sino aconsejar la lectura de esta inmensa producción que desde hace dos milenios viene interesando e influyendo en toda la cultura occidental. Influyó en autores latinos que le siguieron como Séneca, Lucano, Estacio… aunque pesó sobre él el juicio moral de sus obras eróticas y para los cristianos es el poeta pagano por excelencia. La Edad Media, ya desde época carolingia veneró a Ovidio, sobre todo las Metamorfosis y sus libros eróticos, hasta el punto de que al siglo XII se le llamó “Aetas Ovidiana”; en esta época los poetas lo consideran el gran maestro del amor al que imitar, como el Chrétien de Troyes de hacia 1160; pero también se sirven de Ovidio para manifestar el rechazo a la sexualidad, la reprobatio amoris, a partir de su Remedia amoris.

    Resultó, pues, indispensable en la Edad Media y en el Renacimiento, si bien convenía no solo expurgarlo de algunos elementos sino incluso encontrar en él referencias bien claras a la religión cristiana,  y para ello se crea a principios del siglo XIV el famoso L’Ovide moralisé, adaptación cristianizada en francés de las Metamorfosis nada menos que en 72.000 versos octosílabos.

    Boccaccio, Dante, Tasso, Cervantes, Lope de Vega, CalderónCamoens fueron atraídos por las obras de Ovidio, que no han dejado de seguir presentes hasta nuestros días.

    Tal vez el propio poeta previó la importancia de su obra y su perenne influencia cuando nos dice al final de las Metamorfosis, en en libro XV,  871-879 :

    Ya he dado fin a una obra que no podrán aniquilar ni la cólera de Júpiter ni el fuego ni el hierro ni wl tiepo devorador. Que ese día  que no tiene derecho a otra cosa más que a mi cuerpo acabe cuando quiera con el transcurso de mi vida incierta ; pero en la mejor parte de mí yo viajaré inmortal por encima de los astros de las alturas, y mi nombre será indestructible, y por donde se extiende el poder de Roma sobre la tierra subyugada, la gente me leerá de viva voz, y gracias a la fama, si algo de verídico tienen los presentimientos de los poetas, viviré por todos los siglos. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Edit. Alma Mater. 1994)

    Iamque opus exegi, quod nec Iovis ira nec ignis
    nec poterit ferrum nec edax abolere vetustas.
    Cum volet, illa dies, quae nil nisi corporis huius
    ius habet, incerti spatium mihi finiat aevi :
    parte tamen meliore mei super alta perennis
    astra ferar, nomenque erit indelebile nosgtrum,
    quaque patet domitis Romana potentia terris.
    Ore legar populi perque omnia saecula fama,
    siquid habent veri vatum presagia, vivam

    La tristeza fue protagonista en sus escritos en el exilio

    Por lo demás la tristeza y melancolía de sus escritos desde Tomis han inspirado a otros muchos autores que también han sufrido el exilio, como Cesare Pavese (1908-1950) con su Tierra de exilio (Terra d’esilio, 1936) desde su residencia de Brancaleone, en la Calabria a donde fue confinado por actividades antifascistas,   y Ossip Mandelstam (1891-1938), deportado por Stalin al Gulag, muerto en Vladivostock, que escribió precisamente una obra titulada precisamente “Tristia” en 1922.

    Su autobiografía en la Elegía 10 del libro IV de los Tristia

    La Elegía 10 del libro IV de los Tristia es una autobiografía que en poco más de 130 versos hace un recorrido desde su infancia a su vejez. Es, desde luego, la mejor fuente de datos para conocer la vida del poeta. Es esta una obra muy peculiar de Ovidio, en dísticos elegiacos (un hexámetro más un pentámetro), similar en su estructura a una pieza retórica, escrita desde el exilio, casi al final de su vida,  de la que no hay precedentes en la historia de la Literatura Latina.

    En la primera parte hace una descripción de su familia : sus padres, su hermano, sus esposas, su hija, su hijastra, sus parientes, sus amigos literatos, su actividad políticoadministrativa o « cursus honorum » que pronto abandonó. Luego, hasta el final, se refiere una y otra vez al « error » cometido que le supuso el destierro y su estancia en Tomis.

    El exceso de elementos retóricos, propio del estilo de Ovidio, que a veces le hacen un tanto oscuro, su monotonia y su tono general de poeta mundano preocupado tan solo por una vida cómoda y muelle, le han hecho acreedor con frecuencia de críticas negativas, como dije al principio de este artículo ; pero también tiene poemas de un profundo sentimiento y lirismo, como la Elegía tercera del libro I de las Tristes, que comentaré en un artículo posterior.

    TRISTES, IV, 10

    ¡Entérate, posteridad, si quieres saber quién he sido yo, el famoso poeta cantor de tiernos amores que estás leyendo! Tengo por patria Sulmona, abundante en frescas aguas, que dista de Roma noventa millas. Aquí nací yo y, para que no dejes de saber cuándo, el año en que fatalmente cayeron ambos cónsules.

    Si ello significa algo, tengo una larga ascendencia de antepasados de mi clase, no he Llegado a caballero por ningún don reciente de fortuna. Pero no he sido el primogénito:me engendraron cuando ya mi hermano había nacido, cosa que había sucedido doce meses antes. El mismo Lucero presidió el nacimiento de ambos: un mismo día había celebración, con dos tartas de aniversario. Es uno de los cinco días de las fiestas de Minerva armada: el primero de los que
    suelen ensangrentarse con la lucha. Empezó nuestra educación aún niños y, por iniciativa de mi padre, asistimos en la ciudad a las clases de hombres distinguidos en las artes liberales. Mi hermano se inclinaba a la oratoria desde temprana edad: había nacido para las duras lides del foro parlanchero. En cambio a mí, ya desde niño, me gustaban los divinos sacrificios y la Musa me arrastraba furtivamente a sus tareas. Con frecuencia me decía mi padre: <<¿Por qué emprendes una afición inútil? Ni siquiera el mismo Homero dejó fortuna»

    Aquellas razones me conmovían y, abandonando por completo el Helicón, intentaba escribir palabras carentes de ritmo. Por su propia iniciativa acudía el poema en patrones métricos y cuanto intentaba decir resultaba verso.

    Entre tanto, una vez los años se fueron deslizando con paso quedo, mi hermano y yo tomamos la toga que nos iba a dar mayor libertad: la púrpura en ancha franja nos ciñó los hombros y persistió en nosotros igual inclinación que anteriormente.

    Ya mi hermano había duplicado la decena de años cuando murió y empecé a echar en falta una parte de mí mismo.

    Ejercí los primeros cargos políticos de juventud y un tiempo fui uno de los triunviros. Me faltaba el senado: yo dejé estrecha la dimensión de mi franja; aquello era una carga superior a mis fuerzas. No tuve ni un cuerpo endurecido ni un espíritu dispuesto a la competitividad. Yo era un desertor de la inquieta ambición y las hermanas Aonias me aconsejaban sus ocios retirados, que mi talante siempre amó. Trate a los poetas de aquella época y cultivé su amistad; y cualquiera de los que tenía ante mí me hacía pensar que estaban allí los dioses.

    Con frecuencia Emilio Macer, algo mayor que yo, me leía de sus aves, de la serpiente dañina, de la hierba benéfica; con frecuencia solía Propercio recitarme sus fuegos, por derecho de amistad, en la que estábamos unidos. Póntico, que destacaba en la poesía épica, y Baso, en la yámbica, fueron miembros amables de mi círculo. Y también el armonioso Horacio cautivó nuestros oídos cuando recitaba sus refinados poemas acompañado de la lira Ausonia. A Virgilio tan sólo lo vi; y el destino avariento no concedió tiempo a mi amistad con Tibulo, que fue tu sucesor, Galo, como Propercio lo fue de Virgilio. Yo mismo he sido el cuarto del grupo, en orden cronológico. Y, al igual que yo honraba a los mayores, los más jóvenes lo hacían conmigo: no tardó en darse a conocer mi Talía.

    Cuando empecé a leer en público mis poemas juveniles me había rasurado la barba tan sólo dos veces, o una sola quizá. Me había inspirado la que sería cantada por toda la Ciudad y que llamé con el nombre ficticio de Corinna. Desde luego he escrito mucho, pero aquello que he juzgado mediocre lo he entregado yo mismo al fuego para que lo corrija. Incluso en el momento de partir al destierro queme alguna cosa, que pudo haber gustado, sólo por enojo contra mi propia inclinación y mis poemas.

    Mi corazón era tierno y no era precisamente inexpugnable ante los dardos de Cupido: lo movía la más liviana pasión. Con todo, aun estando aquí y pudiendo encenderme a la menor chispa, no corrió ningún chisme a cuenta de mi nombre.

    Siendo casi un chiquillo me dieron una esposa que no fue ni adecuada ni útil y que estuvo poco tiempo casada conmigo. A ésta sucedió una mujer que, aunque irreprochable, no iba a ser la definitiva en mi lecho. La última, que permaneció conmigo hasta los años tardíos, soportó el ser la mujer de un desterrado.

    Mi hija, en su primera juventud fecunda, me hizo abuelo dos veces, pero no con el mismo marido. Ya entonces mi padre había cerrado el ciclo de su vida, después de completar nueve lustros con otros nueve. No lloré ni más ni menos de lo que hubiera llorado él de haber desaparecido yo. Rendí pronto los últimos honores a mi madre. ¡Felices ambos y enterrados a tiempo, porque murieron antes de llegar al día de mi condena! ¡Feliz yo también, porque me llega la desgracia cuando ellos no están vivos y no han tenido que sufrir por mí.  Sin embargo, si algo queda dc los muertos aparte del nombre, y, si una sombra venturosa escapa de la pira; si os llegase mi fama, oh sombras paternas, y mis delitos se hallan ante los tribunales Estigios, sabed, os lo ruego,  – y no puedo engañaros a vosotros que se ha ordenado mi destierro por un error, no por un crimen.

    Con ello basta a los Manes: vuelvo con vosotros, corazones que anheláis saber los hechos de mi vida. Despedidos mis mejores años, ya me habían llegado las canas y se habían mezclado con mi antiguo color de cabello; y, después de mi nacimiento coronado por ramas de olivo de Pisa, se había premiado diez veces al jinete vencedor cuando el enojo de un príncipe ofendido me ordenó marchar a Tomi, situada en la margen izquierda del mar Euxino. La causa de mi caída es ya demasiado conocida: no tengo que dar razón de ella con mis propias palabras. ¿Para qué recordar la iniquidad de unos amigos y a unos esclavos insidiosos? Mucho tuve que soportar, no más leve que el mismo destierro.

    Mi espíritu se resistió a sucumbir frente a la desgracia y aguantó invencible, gracias a sus propios esfuerzos; y, olvidándome de mí mismo y de la vida de ocio que había llevado, armé a la ventura mi mano inexperta. Y, por tierra y por mar, he soportado tantos avatares como estrellas hay entre el nadir y el cenit. Por fin, tras dar muchos tumbos, alcancé las costas cercanas al pueblo de los arqueros Sármatas y de los Getas. En tal lugar yo, aun oyendo enderredor el estrépito cercano de las armas, aligero como puedo mis destinos por medio de la poesía; porque, aun no habiendo nadie que le preste oídos, sin embargo, así empleo y voy engañando el tiempo.

    Así pues, si sigo viviendo y hago frente a penosos sufrimientos y no se adueña de mí la desidia de las nimiedades diarias, a ti te lo agradezco, Musa: pues tú me proporcionas tus consuelos, tú el alivio a mis temores, tú la medicina de mis males. Tú eres mi jefe y compañera, tú me sacas del Histro y me proporcionas un lugar en medio del Helicón; tú me has dado, cosa inusual en vida, un nombre famoso, lo cual suele otorgar la fama después de las exéquias. Ni siquiera la Envidia, que empequeñece cuanto tiene ante sí, ha mordido con su diente malévolo ninguna de mis obras. Pues, aun habiéndonos traído nuestra época grandes poetas, la fama no se ha puesto de mal talante con mi ingenio y, aunque yo pongo a muchos por encima de mí, no se me considera inferior a ellos y por todo el mundo soy muy leído.

    Así pues, si algo hay de verdad en los vaticinios, cuando muera no seré totalmente tuyo, tierra.

    Bien si he recibido esta fama por tu fervor o bien si la alcancé con mi calidad poética, intachable lector, en justicia te doy las gracias.”
    (Traducción de José Ignacio Ciruelo, Edit.Bosch. 1979)

    Tristia, IV, 10
    Ille ego qui fuerim, tenerorum lusor amorum,
    quem legis, ut noris, accipe posteritas.
    Sulmo mihi patria est, gelidis uberrimus undis,
    milia qui novies distat ab urbe decem.
    editus hic ego sum, nec non, ut tempora noris,
    cum cecidit fato consul uterque pari
    si quid id est, usque a proavis  vetus ordinis heres
    non modo fortunae munere factus eques,
    nec stirps prima fui; genito sum fratre creatus,
    qui tribus ante quater mensibus ortus erat.
    Lucifer amborum natalibus affuit idem:
    una celebrata est per duo liba dies;
    haec est armiferae  festis de quinque Minervae,
    quae fieri pugna prima cruenta solet.
    protinus excolimur teneri curaque parentis
    imus ad insignes urbis ab arte viros.
    frater ad eloquium viridi tendebat ab aevo,
    fortia verbosi natus ad arma fori,
    at mihi iam puero caelestia sacra placebant,
    inque suum furtim Musa trahebat opus.
    saepe pater dixit ‘studium quid inutile temptas :
    Maeonides nullas ipse reliquit opes.’
    motus eram dictis, totoque Helicone relicto
    scribere temptabam  verba soluta modis.
    sponte sua carmen numeros veniebat ad aptos,
    et quod temptabam scribere  versus erat.
    interea tacito passu labentibus annis
    liberior fratri sumpta mihique toga est,
    induiturque umeris  cum lato purpura clavo,
    et studium nobis, quod fuit ante, manet.
    iamque decem vitae frater geminaverat annos,
    cum perit, et coepi parte carere mei.
    cepimus et tenerae primos aetatis honores,
    eque  viris quondam pars tribus una fui.
    curia restabat . clavi mensura coacta est,
    maius erat nostris viribus illud onus.
    nec patiens corpus, nec mens fuit apta labori,
    sollicitaeque fugax ambitionis eram,
    et petere Aoniae suadebant tuta sorores
    otia, iudicio semper amata meo.
    temporis illius colui fovique poëtas,
    quotque aderant vates, rebar adesse deos.
    saepe suas volucres legit mihi grandior aevo,
    quaeque nocet  serpens, quae iuvat  herba. Macer.
    saepe suos solitus recitare Propertius ignes,
    iure sodalicii, quo  mihi iunctus erat.
    Ponticus heroo, Bassus quoque clarus iambis
    dulcia convictus membra fuere mei.
    et tenuit nostras numerosus Horatius aures;
    dum ferit Ausonia carmina culta lyra.
    Vergilium vidi tantum : nec avara Tibullo
    tempus amicitiae fata dedere meae.
    successor fuit hic tibi, Galle, Propertius illi;
    quartus ab his sene temporis ipse fui.
    utque ego maiores, sic me coluere minores,
    notaque non tarde facta Thalia mea est.
    carmina cum primum populo iuvenalia legi,
    barba resecta mihi bisve semelve fuit.
    moverat ingenium totam cantata per urbem
    nomine non vero dicta Corinna mihi.
    multa quidem scripsi, sed, quae vitiosa putavi,
    emendaturis ignibus ipse dedi.
    tunc quoque, cum fugerem, quaedam placitura cremavi,
    iratus studio carminibusque meis.
    molle Cupidineis nec inexpugnabile telis
    cor mihi, quodque levis causa moveret, erat.
    cum tamen hic essem minimoque accenderer igni,
    nomine sub nostro fabula nulla fuit.
    paene mihi puero nec digna nec utilis uxor
    est data, quae tempus per breve nupta fuit.
    illi successit, quamvis sine crimine coniunx,
    non tamen in nostro firma futura toro.
    ultima, quae mecum seros permansit in annos;
    sustinuit coniunx exulis esse viri.
    filia me mea bis prima fecunda iuventa,
    sed non ex uno coniuge, fecit avum.
    et iam complerat genitor sua fata novemque
    addiderat lustris altera lustra novem.
    non aliter flevi, quam me fleturus ademptum
    ille fuit. Matri  proxima busta tuli.
    felices ambo tempestiveque sepulti,
    ante diem poenae quod periere
    meae! me quoque felicem, quod non viventibus illis
    sum miser, et de me quod doluere nihil!
    si tamen extinctis aliquid nisi nomina restat,
    et gracilis structas effugit umbra rogos,
    fama, parentales, si vos mea contigit, umbrae,
    et sunt in Stygio crimina nostra foro,
    scite, precor, causam (nec vos mihi fallere fas est)
    errorem iussae, non scelus, esse fugae.
    Manibus hoc satis est: ad vos, studiosa, revertor,
    pectora, quae vitae quaeritis acta meae.
    iam mihi canities pulsis melioribus annis
    venerat, antiquas miscueratque comas,
    postque meos ortus Pisaea vinctus oliva
    abstulerat deciens praemia victor eques,
    cum maris Euxini positos ad laeva Tomitas
    quaerere me laesi principis ira iubet.
    causa meae cunctis nimium quoque nota ruinae
    indicio non est testificanda meo.
    quid referam comitumque nefas famulosque nocentes?
    Ipsa  multa tuli non leviora fuga.
    indignata malis mens est succumbere seque
    praestitit invictam viribus usa suis;
    oblitusque mei ductaeque per otia vitae
    insolita cepi temporis arma manu;
    totque tuli terra casus pelagoque quot inter
    occultum stellae conspicuumque polum.
    tacta mihi tandem longis erroribus acto
    iuncta pharetratis Sarmatis ora Getis.
    hic ego, finitimis quamvis circumsoner armis,
    tristia, quo possum, carmine fata levo.
    quod quamvis nemo est, cuius referatur ad aures,
    sic tamen absumo decipioque diem.
    ergo quod vivo duosque laboribus obsto,
    nec me sollicitae taedia lucis habent,
    gratia. Musa, tibi: nam tu solacia praebes,
    tu curae requies, tu medicina venis.
    tu dux et comes es, tu nos abducis ab Histro,
    in medioque mihi das Helicone locum;
    tu mihi, quod rarum est, vivo sublime dedisti
    nomen, ab exequiis quod dare fama solet,
    nec, qui detractat praesentia, Livor iniquo
    ullum de nostris dente momordit opus.
    nam tulerint magnos cum saecula nostra poetas,
    non fuit ingenio fama maligna meo,
    cumque ego praeponam multos mihi, non minor illis
    dicor et in toto plurimus orbe legor.
    si quid habent igitur vatum praesagia veri,
    protinus ut moriar, non ero, terra, tuus.
    sive favore tuli, sive hanc ego carmine famam,
    iure tibi grates, candide lector, ago.

  • La poesía es medicina del alma.( Ovidio I)

    El día 21 de marzo de cada año se celebra el Día mundial de la poesía”. Es un día para cantar las excelencias del quehacer poético. En este blog son numerosas las ocasiones en que de poesía he hablado.

    Recordaré tan sólo un par de ártículos:https://www.antiquitatem.com/poesia-don-del-cielo-carmen-vate-ovidio

    https://www.antiquitatem.com/aut-insanit-homo-aut-versus-facit-horaci

    Pues bien, este año 2017 se conmemora el bimilenario de la muerte del poeta latino Ovidio en su destierro de Tomis, en las costas del Ponto Euxino, luego el Mar Negro. Allí fue expulsado por un severo emperador Augusto, disgustado con el poeta.

    Como detalle curioso diré también que Ovidio había nacido un 20 de marzo del año 43 a.C., el año anterior al asesinato de Julio César, la víspera del día que mucho después, en 1999, fijo la UNESCO para celebrar a los poetas del mundo y su capacidad creativa.

    Una y otra vez nos dice Ovidio en sus poemas, que escribió en el destierro, en sus Tristezas (Tristia) y Cartas desde el Ponto (Ponticas o Ex Ponto), que una de las causas de su condena fue haber escrito un librito de poesías eróticas, su célebre Arte de Amar (Ars Amandi). La otra causa, sin duda más grave, fue cierta indiscreción o visión de algo prohibido que no aclara.

    En aquel destierro entre pueblos bárbaros semisalvajes en donde carece de todas las comodidades de su vida de Roma, sólo le queda el consuelo de la poesía, como él mismo confiesa. Así que si la poesía fue la causa de su ruina, también fue su consuelo en los momentos difíciles. Como dice el refrán popular: “quien canta sus males espanta”, recogido también por Cervantes en su Quijote, I, 22.

    El cual era un mozo de hasta edad de veinte y cuatro años, y dijo que era natural de Piedrahíta. Lo mesmo preguntó don Quijote al segundo, el cual no respondió palabra, según iba de triste y malencónico; mas respondió por él el primero, y dijo:
    –éste, señor, va por canario; digo, por músico y cantor.
    –Sí, señor –respondió el galeote–, que no hay peor cosa que cantar en el ansia.
    –Antes, he yo oído decir –dijo don Quijote– que quien canta sus males espanta.
    –Acá es al revés –dijo el galeote–, que quien canta una vez llora toda la vida.
    –No lo entiendo –dijo don Quijote.
    Mas una de las guardas le dijo:
    –Señor caballero, cantar en el ansia se dice, entre esta gente non santa, confesar en el tormento.

    Esta idea la reitera Ovidio una y otra vez en sus poemas, pero tiene uno especialmente centrado en esta cuestión, la elegía primera del libro IV de sus Tristia o Tristezas.

    Como gran parte de la poesía de Ovidio, resulta un tanto retórica, plagada además de referencias a la mitología grecolatina, que puede hacer su lectura un tanto difícil y pesada para los tiempos modernos. Pero me parece una buena manera de conmemorar este año 2017 el Día Mundial de la poesía celebrando también el “bimilenario” de la muerte de Ovidio.

    Transcribo, pues, íntegra la elegía Tristia, IV, 1 que titulan las ediciones “El poeta entre los getas” (pueblo semibárbaro del Ponto Euxino), con las suficientes notas para aclarar el sentido aun a riesgo de destrozar el poema; todo ello según la traducción de José González Vázquez para Editorial Gredos, 2001.:

    EL POETA ENTRE LOS GETAS

    Si algunas imperfecciones hubiera, como las habrá, en mis libritos, excúsalas, lector, en atención a sus circunstancias. Estaba exiliado y busqué el descanso, no la fama, a fin de que mi mente no estuviese tan absorta en sus desgracias. Esta es la razón por la que también canta el condenado a cavar sujeto con grillos, cuando suaviza con una rústica melodía su penoso trabajo. Canta también, apoyándose en la limosa arena y con el cuerpo inclinado hacia adelante, aquel que arrastra contra corriente la lenta balsa; y aquel que lleva y trae al pecho los flexibles remos, a la vez que los demás remeros, bate el agua con el impulso rítmico de sus brazos. Cuando el pastor fatigado se apoya sobre el bastón o se sienta sobre la roca, deleita a sus ovejas con el canto de la flauta. El quehacer de la esclava que canta a la vez que hila la tarea encomendada, se engaña y olvida. Se dice que, entristecido Aquiles al serle arrebatada la joven de Lirneso, alivió sus cuitas con la lira hemonia(1).  Orfeo, mientras atraía con su canto a las selvas y las duras rocas, estaba afligido por haber perdido dos veces a su esposa(2). 

    También a mí, que voy a los lugares del Ponto que se me han impuesto, me consuela la Musa: ella es la única compañera de destierro que me ha quedado; es la única que no teme las emboscadas, ni la espada del soldado síntico(3) , ni el mar, ni los vientos, ni la barbarie. Sabe también, en el momento en que se produjo mi ruina, qué error me engañó y que en mi actuación hubo culpa pero no delito; seguramente por esto mismo hoy me es favorable, porque en otro tiempo me fue nociva, cuando fue acusada conmigo de un delito común.

    Verdaderamente querría, ya que habrían de perjudicarme, no haber puesto mis manos en los misterios de las Piérides(4).  Pero ahora, ¿qué puedo hacer? La fuerza misma de su culto me posee y, como un loco, amo la poesía que me ha herido. Así el desconocido loto, saboreado por el paladar duliquio, fue con su sabor al mismo tiempo agradable y nocivo(5). El amante casi siempre siente lo que le hace daño y, sin embargo, se apega a ello y persigue el objeto de su falta. A mí también mis libritos, aunque me han hecho daño, me deleitan, y amo el arma que me causó las heridas. Acaso esta afición puede parecer locura, pero esta locura tiene una cierta utilidad: evita que mi mente esté siempre ocupada en la contemplación de sus desgracias y le hace olvidar su suerte actual. Y así como la bacante herida no siente su dolor, mientras se halla delirante tras haber prorrumpido en alaridos con ritmos ideos(6), del mismo modo cuando mi pecho arde, excitado por el verde tirso, mi espíritu se halla muy por encima de las desgracias humanas. No siente éste ni el exilio, ni las costas del Ponto escítico, ni la cólera de los dioses; y como si bebiera copas de la soporífera Lete(7), así se aleja de mí el sentido de la adversidad. Con justicia venero, pues, a las diosas que alivian mis males, que han venido solicitas desde el Helicón(8) como compañeras de mi destierro, y que se han dignado, en parte por mar y en parte por tierra, seguir mis huellas en nave o a pie. Ruego que éstas, al menos, me sean propicias, ya que la restante muchedumbre de los dioses está de parte del gran César, y me colman de tantas desgracias como arenas tiene la playa, peces el mar y huevos el pez.

    Antes podrías contar las flores en primavera, las espigas en verano, los frutos en otoño y los copos de nieve en invierno9, que los males que yo sufro zarandeado por el mundo entero, mientras me dirijo, ¡desdichado de mí!, a los siniestros litorales del Ponto Euxino. Ni se vaya a pensar que, desde que llegué, se ha hecho más llevadera mi mala fortuna: también hasta aquí ha seguido el destino mi camino; aquí también conozco los hilos de mi natalicio, hilos hechos para mí de negro vellón. Y sin referirme a los riesgos y peligros que corre mi vida, reales en verdad, pero más difíciles de creer, ¡que desgracia es vivir entre los besos y los getas(10) para aquel que siempre estuvo en boca del pueblo! ¡Qué desgracia es proteger su vida con una puerta y una muralla y apenas hallarse defendido por las fuerzas del lugar!

    Joven hui  de los duros combates de la milicia y no he manejado armas con mi mano sino para jugar; ahora, ya anciano, tengo la espada en el costado, el escudo en la mano izquierda y el yelmo sobre mis blancos cabellos. Pues tan pronto como el centinela da la señal de alarma desde lo alto de su atalaya, tomamos inmediatamente las armas con mano temblorosa. El enemigo, armado con arcos y flechas envenenadas, ronda las murallas con ademán terrible sobre su jadeante caballo; y así como el lobo raptor lleva arrastrando por sembrados y bosques a la oveja que no se refugió en el redil, de la misma manera el bárbaro enemigo captura a aquel que encuentra en el campo por no haberse puesto aún al abrigo de las puertas: o es llevado prisionero encadenado por el cuello, o muere de una flecha envenenada.

    Aquí es donde yo, nuevo habitante de este inquieto lugar de residencia, me escondo: ¡ay, curso demasiado lento de mi destino! Y, sin embargo, la Musa, que me visita en medio de tantas desgracias, me ayuda a volver a los versos y a su antiguo culto. Pero ni hay nadie a quien recite mis poemas ni quien entienda con sus oídos palabras latinas. Yo mismo (pues ¿qué otra cosa puedo hacer?) escribo y leo para mí, y mis escritos están a salvo de la crítica. Sin embargo, me dije a menudo: «¿Para quién trabaja ahora este afán? ¿Es que van a leer mis escritos los sármatas o los getas?›› Muchas veces lloré también al escribir y las letras se humedecieron con mi llanto; mi corazón siente sus antiguas heridas como nuevas y sobre mi seno resbala una lluvia de afligidas lágrimas. Cuando por mi cambio de suerte recuerdo quién soy y quién fui y pienso a dónde y de dónde me ha llevado el azar, con frecuencia mi mano, arrebata por la locura y airada con sus aficiones y consigo misma, echó mis poemas al fuego con la intención de quemarlos. Y así, puesto que de los muchos versos que había no quedan más que unos pocos, cuando leas éstos, quienquiera que seas, hazlo con benevolencia. Tú también, Roma, prohibida para mí, admite como bueno este poema, que no es mejor de lo que lo son las circunstancias en que vivo. (Traducción de José González Vázquez para Editorial Gredos, 2001).:

    Notas:
    1.  Briseida era hija de Brises, sacerdote de la ciudad de Lirneso. Esclava y botín de Aquiles, le fue arrebatada por Agamenón; Aquiles, enfadado, abandonó la lucha ante el sitio de Troya. Se llama “hemonia” a la lira porque Hemonia era una provincia de Tracia y fue el regalo de Hermes al tracio Orfeo.

    2. Orfeo es el músico y cantor por excelencia, que con su lira y cítara atraía a las fieras y las plantas y rocas se inclinaban a su paso. Bajó a los infiernos en busca de su amada Eurídice, muerta por la picadura de una serpiente cuando huía del acoso de Aristeo. Hades y  Perséfone acceden a entregarle su esposa con la condición de que Orfeo vaya delante en su salida del infierno y no vuelva la vista para verla hasta la llegada a la tierra; pero Orfeo duda de si su esposa le sigue y se vuelve para verla. En ese momento Eurídice muere de nuevo, vuelve al Infierno y Orfeo ya no puede recuperarla.

    3. Los “sintos” son unos habitantes de Macedonia y por extensión designa también a los tracios.

    4. Las Musas.

    5. Alusión al episodio de la Odisea IX, 82 y ss. en que Ulises u Odiseo y sus compañeros se detienen en el país de los lotófagos, o comedores de loto, planta que hace olvidar. Duiliquio era una isla vecina a Itaca y por eso se le llama así a Ulises y sus compañeros.

    6. Por la relación del monte frigio Ida con los ritos del culto a Cibeles.

    7. El Lete o Leteo (de donde deriva “letal”) es un río de los Infiernos, cuyas aguas hacían olvidar a los muertos su vida anterior.

    8. Es el monte sagrado en el que viven las Musas.

    9. Son ejemplos de “adynata” o hechos imposibles (del griego…bbbbbb). Son recursos retóricos a los que tan aficionado es el poeta.

    10. Dos de los pueblos bárbaros del Ponto.

    Tristia, IV 1

    Siqua meis fuerint, ut erunt, vitiosa libellis,
    excusata suo tempore, lector, habe.
    exul eram, requiesque mihi, non fama petita est,
    mens intenta suis ne foret usque malis.
    hoc est cur cantet vinctus quoque compede fossor,
    indocili numero cum grave mollit opus.
    cantat et innitens limosae pronus harenae,
    adverso tardam qui trahit amne ratem;
    quique refert pariter lentos ad pectora remos,
    in numerum pulsa brachia pulsat aqua.
    fessus ubi incubuit baculo saxove resedit
    pastor, harundineo carmine mulcet oves.
    cantantis pariter, pariter data pensa trahentis,
    fallitur ancillae decipiturque labor.
    fertur et abducta Lyrneside tristis Achilles
    Haemonia curas attenuasse lyra.
    cum traheret silvas Orpheus et dura canendo
    saxa, bis amissa coniuge maestus erat.
    me quoque Musa levat Ponti loca iussa petentem.
    sola comes nostrae perstitit illa fugae;
    sola nec insidias, Sinti nec 2 militis ensem,
    nec mare nec ventos barbariamque timet.
    scit quoque, cum perii, quis me deceperit error,
    et culpam in facto, non scelus, esse meo,
    scilicet hoc ipso nunc aequa, quod obfuit ante,
    cum mecum iuncti criminis acta rea est.
    non equidem vellem, quoniam nocitura fuerunt,
    Pieridum sacris inposuisse manum,
    sed nunc quid faciam? vis me tenet ipsa sacrorum,
    et carmen demens carmine laesus amo.
    sic nova Dulichio lotos gustata palato
    illo, quo nocuit, grata sapore fuit.
    sentit amans sua damna fere, tamen haeret in illis,
    materiam culpae persequiturque suae.
    nos quoque delectant, quamvis nocuere, libelli,
    quodque mihi telum vulnera fecit, amo.
    forsitan hoc studium possit furor esse videri,
    sed quiddam furor hic utilitatis habet,
    semper in obtutu mentem vetat esse malorum,
    praesentis casus inmemoremque facit,
    utque suum Bacche non sentit saucia vulnus,
    dum stupet Idaeis exululata modis,
    sic ubi mota calent viridi mea pectora thyrso,
    altior humano spiritus ille malo est.
    ille nec exilium, Scythici nec litora ponti,
    ille nec iratos sentit habere deos.
    utque soporiferae biberem si pocula Lethes,
    temporis adversi sic mihi sensus abest. 
    iure deas igitur veneror mala nostra levantes,
    50sollicitae  comites ex Helicone fugae,
    et partim pelago partim vestigia terra
    vel rate dignatas vel pede nostra sequi,
    sint, precor, haec saltem faciles mihi! namque deorum
    cetera cum magno Caesare turba facit,
    meque tot adversis cumulant, quot litus harenas,
    quotque fretum pisces, ovaque piscis habet,
    vere prius flores, aestu numerabis aristas,
    poma per autumnum frigoribusque nives,
    quam mala, quae toto patior iactatus in orbe,
    dum miser Euxini litora laeva peto.
    nec tamen, ut veni, levior fortuna malorum est :
    huc quoque sunt nostras fata secuta vias.
    hic quoque cognosco natalis stamina nostri,
    stamina de nigro vellere facta mihi.
    utque neque insidias capitisque pericula narrem,
    vera quidem, veri  sed graviora fide,
    vivere quam miserum est inter Bessosque Getasque
    illum, qui populi semper in ore ruit .
    quam miserum est, porta vitam muroque tueri,
    vixque sui tutum viribus esse loci!
    aspera militiae iuvenis certamina fugi,
    nec nisi lusura movimus arma manu;
    nunc senior gladioque latus scutoque sinistram,
    canitiem galeae subicioque meam.
    nam dedit e specula custos ubi signa tumultus,
    induimus trepida protinus arma manu.
    hostis, habens arcus imbutaque tela venenis, 
    saevus anhelanti moenia lustrat equo,
    utque rapax pecudem, quae se non texit ovili,
    per sata, per silvas fertque trahitque lupus,
    sic, siquem nondum portarum saepe  receptum
    barbarus in campis repperit hostis, habet:
    aut sequitur captus coniectaque vincula collo
    accipit, aut telo virus habente perit.
    hic ego sollicitae lateo novus incola sedis .
    heu nimium fati tempora longa  mei!
    et tamen ad numeros antiquaque sacra reverti
    sustinet in tantis hospita Musa malis,
    sed neque cui recitem quisquam est mea carmina, nec qui
    auribus accipiat verba Latina suis.
    ipse mihi—quid enim faciam?—scriboque legoque,
    tutaque iudicio littera nostra suo est.
    saepe tamen dixi cui nunc haec cura laborat?
    an mea Sauromatae scripta Getaeque legent?
    saepe etiam lacrimae me sunt scribente profusae,
    umidaque est fletu littera facta meo,
    corque vetusta meum, tamquam nova, vulnera novit,
    inque sinum maestae labitur imber aquae,
    cum vice mutata, qui sim fuerimque, recordor,
    et, tulerit quo me casus et unde, subit,
    saepe manus demens, studiis irata sibique,
    misit in arsuros carmina nostra focos,
    atque ita 10 de multis quoniam non multa supersunt,
    cum venia facito, quisquis es, ista legas.
    tu quoque non melius, quam sunt mea tempora, carmen,
    interdicta mihi, consule. Roma, boni.

  • Baños, vino, sexo machacan el cuerpo, pero…. (Balnea vina Venus corrumpunt corpora, sed…)

    Según el esquema moralista de los historiadores y educadores romanos, los antiguos habitantes de Roma eran agricultores y ganaderos austeros, que luego se aficionaron a los placeres y se corrompieron influidos por el lujo griego y asiático después de las Guerras Púnicas y de la conquista de Grecia y de Oriente.

    Entre los diversos placeres a los que se acostumbraron destacan sin duda los baños, la buena mesa y el amor, es decir los placeres de la carne. De ellos en alguna medida, la palabra “baños” o “termas” es casi un sinónimo de “cultura romana”, porque no hay ciudad o conjunto urbano o privado de alguna importancia que no conste de unos buenos baños abastecidos por espectaculares acueductos.

    Son numerosos los textos literarios que cantan estos tres placeres tan humanos, para ensalzarlos o para criticar su práctica y abuso amoral, porque es muy distinto de las “mores” o costumbres antiguas. Pero el tópico de “baños, vino y Venus, (es decir, amor o sexo o mujeres en un frecuente lenguaje machista hoy inaceptable y duramente criticado), al que a veces se añade “la comida”,  se extendió por todas las clases sociales hasta convertirse en dicho popular, en una versión popular del famoso “carpe diem” de Horacio. Véase: https://www.antiquitatem.com/carpe-diem-horacio-oda-poesia-latina

    En el caso del “placer de la bebida”, vina, recordemos la famosa frase “felices hispani quibus vivere est bibere”, a la que ya dediqué un artículo. Véase: https://www.antiquitatem.com/felices-hispani-quibus-vivere-est-bibere

    Es muy conocido y citado  un dístico de un epitafio aparecido en Roma, referenciado en el Corpus Inscriptionum Latinarum (CIL) con el número 15258, o en Carmina Latina Epigraphica (CLE) con el número 1499, o en Inscriptiones Latinae Selectae (ILS) 8157 = CLE 1499 que sintetiza perfectamente esta propuesta “hedonista”. 

    Nota. Hedonismo, del griego ἡδονισμός (hedonismos), de ἡδονή (hedone),  placer,  y el sufijo  -ισμός (-ismos) cualidad, doctrina, sistema.

    Se trata de un ejemplo de lo que algunas antologías y preceptivas literarias llaman  “verso serpentino”, en el que el fin del verso o dístico es lo mismo que el principio, como la serpiente que se muerde la cola, como por ejemplo éste de Juvenal, 14, 139:

    El deseo de dinero aumenta cuanto aumenta el propio dinero

    Crescit amor nummi quantum ipsa pecunia crevit.

    Algunos también hablan en estas composiciones de “quiasmo” o composición en “X”, del griego χιασμός (chiasmos), del nombre griego de la letra χ, X, que se pronuncia “ji, qui, chi”.

    La inscripción citada corresponde a una lápida funeraria o epitafio del siglo primero aparecida en Roma que una tal Merope dedica a su compañero Tiberius Claudius Secundus, que vivió la nada despreciable cantidad de 52 años, con el siguiente dístico bien simpático:

    Los baños, los vinos, Venus (el amor, el sexo,) machacan nuestros cuerpos,
    Pero la vida nos la dan los baños, los vinos, el amor.

    “balnea vina Venus corrumpunt corpora nostra
    Sed vitam faciunt b(alnea) v(ina) V(enus)

    El epitafio completo dice:

    Vivió LII (52) años.
    A los dioses Manes
    de Tiberio Claudio Segundo.
    Aquí tiene consigo todas las cosas.
    Los baños, los vinos, el sexo
    machacan nuestros cuerpos,
    pero la vida nos la proporcionan
    los baños, los vinos, el sexo.
    Para su querido compañero
    la hizo Merope, liberta de César,
    y para ella, y para sus familiares y los descendientes de ellos.

    V(ixit) an(nos) LII
    d(is) M(anibus)
    Ti(beri) Claudi Secundi
    hic secum habet omnia
    balnea vina Venus
    corrumpunt corpora
    nostra se<d=T> vitam faciunt
    b(alnea) v(ina) V(enus)
    karo contubernal(i)
    fec(it) Merope Caes(aris)
    et sibi et suis p(osterisque) e(orum)

    Fotografía del texto tal como aparecer en el Corpus Inscriptionum Latinarum.

    Sin duda es una máxima bien popular en el mundo antiguo. Así por ejemplo aparece también en una inscripción bilingüe de Gallipoli, actual Turquía, en  una cuchara con el mismo hexámetro:  Carmina Latina Epigraphica (CLE) 1923; (CIL III 12274c); (en la edición de  Carmina Latina Epigraphica, post editam collectionem Buechelerianam in lucem prolata. Conlegit Einar Engstrom, 1912  pag.42, núm. 148 ):

    Los baños, los vinos, el sexo hacen que los hados se apresuren

    balnea vina Venus faciunt properantia fata.

    Otro epitafio del siglo III d.C., de Ostia, incluye también el dístico con alguna variación que expresa la autosatisfacción y complacencia o tal vez jactancia de quien ha tenido una buena vida. Piénsese que el hecho de que frecuentemente sea el difunto, en primera persona, el que se dirige a los todavía vivos, le añade cierto matiz sarcástico cuando no de humor negro.

    El epitafio es el correspondiente al CIL XIV, 914 (o CLE 01318)

    A los dioses Manes de Cayo Domicio Primo. En esta tumba estoy yo, el conocido y famoso Primo. He vivido a base de Lucrinias (ostras de Lucrino); en muchas ocasiones he bebido vino de Falerno.  Baños,  vino y  sexo han envejecido conmigo durante años. Si he conseguido esto, que ahora me sea la tierra ligera. Y mientras tanto,  que el Fenix (Ave Fenix) me guarde junto a los Manes en el altar, mientras espera renacer junto a mí.  Este lugar para el enterramiento de C. Domicio Primo fue dado por los tres Messios, Hermeros, Pia y Pío.

    D(is) M(anibus)
    C(aius) Domiti Primi
    hoc ego su(m) in tumulo Primus notissi
    mus ille vixi Lucrinis pota<v=B>i saepe Fa
    lernum baln<e=I>a vina Venus mecum
    senuere per annos hec(!) ego si potui
    sit mihi terra lebis(!) et tamen ad Ma
    nes foenix(!) me serbat(!) in ara qui me
    cum properat se reparare sibi
    l(ocus) d(atus) funeri C(ai) Domiti Primi a tribus Messis Hermerote Pia et Pio

     

    Transcripción y fotografía del texto en el CIL

    Nota: J.M. Stowasser, sugiere con buen criterio enmendar la lectura de algunas palabras para mejor comprensión del epitafio:  "illex" por "ille", "tenuere" por "senuere", "seposui" por "si posui", y  "arca" por "ara", en  "Über ein paar anapästische lateinische Inschriften," in Dreißigster Jahresbericht über das k. k. Franz Joseph-Gymnasium in Wien, Schuljahr 1903/1904 (Wien: Selbstverlag des Gymnasiums, 1904),

    L. Robert cita en “Aphrodisias,”, Hellenica 13 (1965): 189) otro texto con un sentmiento similar: en griego.

    Al que viaja (al Hades) le son muy queridas las flores; ni el baño, ni la bebida, ni la comida, ni el sexo, te lo puedes llevar abajo (al Hades).

    El hecho de que esta máxima aparezca en epitafios le confiere un valor añadido, porque podemos interpretarlo como la afirmación objetiva de un buen vividor o epicúreo, no exenta de humor negro.

    Estas últimas inscripciones añaden a los placeres de bañarse, beber y disfrutar del amor, el de comer, de alguna manera implícito en el de “beber”. Son también numerosos los ejemplos en los que se resalta el placer de comer y en general la invitación a la buena vida. Todo ello viene sin duda prolongado y acrecentado durante la Edad Media y después por la rigidez del Cristianismo, que intenta imponer el ayuno y abstinencia. La respuesta popular, escéptica, epicúrea o mejor hedonistas, es “comamos y bebamos, que mañana moriremos”. Pero esto exige un artículo propio, que en algún momento haré, porque los ejemplos de inscripciones a ello referidas son numerosos.

    En realidad esta maxima y las similares tienen su origen en el epigrama griego anónimo de la Anthologia Palatina, 10,112: (colección de poemas griegos, generalmente breves, desde la época clásica a la bizantina):

    El vino y los baños y la práctica sexual hacen más rápido el camino al Hades.

    Nota: la palabra “antología” deriva de las griegas ἄνθος 'flor' y λέγω 'seleccionar', por lo que significa “selección de flores”, exactamente que la latina “florilegium”, española “florilegio”.  ramillete).

    Como decía, la máxima sigue vigente en la Edad Media y hasta nuestros días. Curiosamente, parece que desde la Edad Media ha disminuido si no desaparecido la afición a los baños y sin duda a la higiene en general; placer que no parece recuperarse hasta tiempos bien contemporáneos con la proliferación de SPAs. Véase https://www.antiquitatem.com/spa-salutem-per-aquam-termas  Pero si desaparece la referencia a los baños, suelen estar presentes numerosas variaciones, que en muchos casos manifiestan una clara condena y una propuesta moralizante. Citaré tan solo un ejemplo en español de un compendio del siglo XVIII:

    FLORILEGIUM LATINUM, SÍVE HORTUS PROVERBIORUM, Phrasium, et Syntaxeosque Chrysolitus amoenissimus. NON MODO LATINITATIS PERFECTAE Intelligentiae candidatis perutile, & accommodátum , verum etiam quám maxime necessarium.
    PER D. JOANNEM DE LAMA, QUARTA IMPRESSION. Con las Licencias necesarias .
    En Madrid : En la Imprenta de Miguel Escribano.  Año de 1769.

    Dentro del apartado ELEGANTIAE, SIVE CATONIANA carmina memoria perpetuo tenenda, que comienza en la página 320, hay una serie a partir de la página 329 titulada In peccatorem (para el pecador). Pues bien, en la pág. 330 dedica unos cuantos dísticos a los pecados del amor y del vino; entre otros:

    Balnea , vina , Venus virtütis vera venena:
    Ut virtus vigeat : vadite , vina Venus.

    Los baños, el vino, Venus (el sexo) son los verdaderos venenos de la virtud.
    Para que la virtud este fuerte, huid vino y Venus

    Balnea , vina , Venus , corrumpunt corpora nostra:
    corpora noftra sanant balnea , vina , Venus.

    El baño, el vino, Venus, corrompen nuestros cuerpos:
    Pero nuestros cuerpos los sanan el baño, el vino, Venus

    Pero eliminado el componente del baño o de la higiene por agua, la conjunción vina y Venus, vino y amor (vino y mujeres en su versión más popular y más machista) se ha mantenido potente hasta nuestros días,  desde la frecuencia con que aparecen en numerosas óperas, hasta su uso en canciones populares menos artísticas.

    Citaré tan sólo tres ejemplos, entre ellos el famoso brindis de la Traviata:

    Alfredo
    Bebamos alegremente de este vaso
    Resplandeciente de belleza
    Y que la hora efímera
    Se embriague de deleite
    Bebamos con el dulce estremecimiento
    Que el amor despierta
    Puesto que estos bellos ojos
    Nos atraviesan el corazón
    Bebamos porque el vino
    Avivará los besos del amor

    Coro
    Ah! Bebamos porque el vino
    Avivará los besos del amor.

    Violeta
    Yo quiero, yo quiero compartir
    Mi alegría con todos vosotros
    Todo en la vida es locura salvo el placer.
    Alegrémonos, el amor es rápido y fugitivo
    Es una flor que nace y muere
    Y del cual no siempre se puede disfrutar.
    Alegrémonos pues
    Una voz encantadora, ferviente nos invita.

    Coro
    Disfrutemos.  El vino y los cantos
    Y las risas embellecen la noche
    Y que el nuevo día nos devolverá al paraíso
    .
    Violeta
    La vida solo es placer.
    Alfredo
    Para aquellos que no conocen el amor.
    Violeta
    No hablemos de quien lo ignora.
    Alfredo
    Es mi destino
    Coro
    Disfrutemos El vino, el vino
    Y los cantos y las risas embellecen la noche.
    Y que, y que el nuevo día
    Nos devolverá  al paraíso, ah! Ah!
    -nos devolverá al paraíso
    Ah! Nos devolverá al paraíso, ah!ah!!ah nos devolverá al paraíso

    Alfredo
    Libiamo, libiamo ne’lieti calici
    Che la belleza inflora.
    E la fuggevol, fuggevol ora
    S’inebri a voluttà.
    Libiami ne’dolce fremiti
    Che suscita l’amore,
    Poiché quell’occhio
    Al core omnipotente va.
    Libiamo,amore,
    Amor fra i calici
    Piu caldi baci avrá.
    Coro
    Ah! Libiam,amor,
    Fra’calici
    Piu caldi baci avrà.
    Violetta
    Tra voi, tra voi
    Saprò dividere
    Il tempo mio giocondo;
    Tutto è follia, follia nel mondo
    Ciò che non è piacer
    Godiam, fugace e rapido è il Gaudio dell’amore,
    È un flor che nasce e muore,
    Ne più si può goder
    Godiamo, c’invita.
    C’invit un férvido accento lusinghier.
    Coro
    Godamo, la tazza,
    La tazza e il cantico,
    La notte abella e il riso;
    In questo, in questo paradiso
    ne scopra il nuovo di.
    Violetta
    La vita è nel tripudio
    Alfredo
    Quando non s’ami ancora
    Violetta
    Nol dite a chil’ignora.
    Alfredo
    È il mio destin così…
    Tutti
    Godiamo, la tazza,
    La tazza e il cantico,
    La notte abbella e il riso;
    In questo, in questo
    Paradiso ne scopra il nuovo di.

    También citaré el brindis de la Zarzuela-Opera española de Arrieta llamada ”Marina”, del que recojo tan solo algunas estrofas:

    CORO (masculino)
    Hasta el borde las copas llenemos,
    A gozar, a beber, a beber;
    Su espumoso licor apuremos,
    Que en su fondo se encuentra el placer


    CORO
    A beber, a beber, a apurar
    La copa del licor,
    Que el vino hará aumentar
    Los goces del amor.

    Haré también referencia, como contraste,  al muy machista, insufrible, y casposo pasodoble de Manolo Escobar, de notable éxito en nuestro país en su momento, titulado “Mujeres y vino”, cuyo estribillo, afín con el contenido del artículo, me permito reproducir (me resulta imposible citar el resto de la letra de este pasodoble, incluso para rechazarla por absurda y de infame calidad literaria.):

    Nota: “infame” es palabra derivada del griego φημί, femi,decir, hablar; que por tanto significa etimológicamente “indecible, impronunciable, indigno de ser dicho”, y es que los sentimientos nobles, como el patriotismo, deben ser proclamados, pero de la manera adecuada y en el contexto adecuado, porque si no su dignidad queda menoscabada.

    Viva el vino y las mujeres
    y las rosas que calienta nuestro sol.
    Viva el vino y las mujeres,
    que por algo son regalo del Señor.
    Y vivan
    los cuatro puntos
    cardinales de mi patria.
    Que vivan los cuatro juntos,
    que forman nuestra bandera
    y el escudo de mi España.

    ¡Vaya mezcla!