Categoría: Educación

  • Alfa privativa, ἀ-, -ἀν; a- , -an

    Alfa privativa, ἀ-, a- privativa es un prefijo de la lengua griega con origen en el Indoeuropeo, que expresa la negación del concepto significado por el término al que se adosa. Naturalmente pasó al Latin como α prīvātīvum y de aquí al resto de lenguas romances.

    El español es una lengua hablada hoy por más de 560 millones de personas, el mayor número de ellos, más de 120 millones en México. Es la segunda lengua más hablada por nativos detrás del chino mandarín.

    En sus tres cuartas partes, es decir, en un 75% aproximadamente,  se ha formado a partir de la lengua latina, de la lengua de los romanos, que la implantaron en su imperio, al menos en la parte occidental.

    Pero en la formación del español han intervenido e intervienen otros muchos componentes: las lenguas indígenas que eran el substrato sobre el que se implantó la nueva, el euskera, el germánico (que dejó escasos restos porque los visigodos ya hablaban latín cuando llegan a Hispania), el árabe (con presencia muy importante), el hebreo, el francés, el inglés, el italiano, lenguas de América, etc.etc.

    El griego también es una lengua muy importante en la conformación del español. En primer lugar porque muchas palabras de forma latina en realidad son originariamente palabras griegas. Recordemos cómo la cultura griega empapa toda la vida romana. Véase: https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard 

    En segundo lugar porque el griego, también el latín, se han mostrado y lo siguen siendo, muy productivos a la hora de crear palabras nuevas, sobre todo en el ámbito científico y culto.

    Todo esto son cosas elementales que todo el mundo conoce, como sin duda también conoce lo que voy a sintetizar a continuación.

    Quiero mostrar cómo un simple conocimiento del significado de las preposiciones y algunos preverbios (componente de una palabra que aparece a su inicio y matiza el significado) griegos más utilizadas nos permite conocer con facilidad, o nos ayuda a ello, el significado de tecnicismos y palabras cultas de significado aparentemente abstruso. Así que haré una pequeña relación, sin ánimo de ser exhaustivo, por supuesto, sino relacionando las más comunes y algunas técnicas que sirvan de ejemplo. 

    En este caso, poco a poco completaremos la serie, daré las que comienzan por a- ,  griego ἀ- a-, o –an, gr. ἀν-  (si el término al que se une comienza por vocal), la llamada alfa privativa (primera letra del alfabeto griego). No es propiamente, una preposición, pero tanto en griego y latín como en numerosas lenguas modernas sirve para negar o indicar la falta o privación del término al que viene apuesto.

    Relaciono solamente palabras griegas, no latinas, ni tampoco otras en cuya composición interviene la a-, pero no la alfa privativa. Tiempo habrá para otros listados.

    Abiogénesisἀ-(a-) (sin) βιο-(bio-) (vida)- γένεσις (genesis) (origen, principio o proceso de formación): Generación espontánea, a partir de la materia sin vida.

    abismo y abisal: ἄ-(a-) (sin) -βυθός (byzós) fondosin fondo; perteneciente al abismo; fauna que vive en las profundidades del mar.

    Abulia : ἀ-βουλία (a-boulia), de  βουλὴ (boule) (voluntad) y éste de βούλομαι (boulomai) (querer): sin voluntad; indolente, desinterés, sin interés.

    Acefalia y acéfaloἀ -κεφαλῇ (a-kefale) (cabeza), ἀ-κέφαλος (aképhalos): Sin cabeza

    Acinesiaἀκινησία (akinēsía); de κίνησις (kinesis), movimiento, y esta de κiνέο (kineo), moverse: inmovilidad, sin movimiento, parálisis.

    Acracia y ácrata: ἀκρατία (akratía ) (intemperancia), de ἀ-κράτος (a-kratos) (poder, autoridad)  Doctrina que propugna la supresión de toda autoridad; Perteneciente o relativo a la acracia. Partidario de la acracia. 

    Acromía y Acromático: χρῶμα, -ατος (croma,-atos) (color): sin color.

    Afasia: ἀφασία (aphasía), de ἀ- φημί (femi, phemi) (hablar): imposibilidad de hablar, pérdida del habla.

    Afonía, Afónico, áfono: ἀφωνία (aphōnía),de φωνή (phoné) (sonido). Falta de voz; sin voz.

    Agenesia: ἀγενησία (agenēsía), de α- γένος (a-genos) (origen, nacimiento, raza,formación): cualidad de increado, cualidad de ingénito; imposibilidad de engendrar.

    Agerasia: ἀγηρασία (agērasía), de α-γῆρας (a-geras)(vejez)Vejez exenta de los achaques propios de esta edad.

    Agnosis, agnóstico y agnosticismo : αγνῶσις  (agnôsis)de α-γνῶσις (conocimiento). αγνωμαζει (agnōstikós) de α-γνωστικός (relativo al conocimiento), de γιγνώσκω (ginnosko) (conocer). Incapacidad de reconocer los objetos por medio de los sentidos.  Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia. o de los sentidos.

    Alexia: ἀ- (a-)' y λέξις (léxis)('habla, dicción), de λέγω (lego) (decir, expresar,lerr): Imposibilidad de leer causada por una lesión del cerebro o comprender las ideas expresadas con palabras escritas.

    Amazona: Αμαζών (Amazṓn). Su etimología no es absolutamente clara, pero popularmente se le ha hecho derivar de α (a-) y μαζός (mazós) (pecho), porque se decía que estas guerreras se amputaban o quemaban el pecho derecho para disparar mejor el arco. Mas científicamente se ha propuesto que el nombre deriva del nombre de una tribu iraní llamada *ha-mazan, los guerreros".

    Marco Juniano Justino o Justino Frontino recoge la fantástica versión en sus  "Historiae Phillippicae ex Trogo Pompeio", Liber II, 4:

    Las jóvenes se ejercitaban en las armas, equitación y caza y quemaban el pecho derecho de las niñas para que no fueran un obstáculo para arrojar flechas;  y por eso se les llama Amazonas.

    "Virgines (…) armis, equis, venationibus exercebant, inustis infantum dexterioribus mammis, ne sagittarum iactus impediantur; unde dictae Amazones."

    Ambrosía: ἀμβροσία ambrosía,  de α- αν- ἄμ-βροτος ám brotos 'in-mortal', no humano, 'divino. Bebida constituida entre otras cosas por miel ´propia de los dioses porque confería a inmortalidad.

    Amenorreaἀ- a-, μήν, μηνός mḗn, mēnós ('mes) y -ρροια -rroia '-rroia', de ῥέω reo: correr, fluir. Ausencia de flujo menstrual.

    Analfabeto: ἀναλφάβητος analphábētos, de ἀν-ἄλφα  βέτα alfa, beta (primeras letras del alfabeto griego) :Que no sabe leer ni escribir.

    Analgesia, Analgésico: ἀναλγησία analgēsía, ἂν-ἄλγος an-algos, dolor. Falta o disminución de las sensaciones dolorosas; insensibilidad. 

    Anarquía, anarquismo, anarquista: ἀναρχία anarchía, de ἂν-, an-, ἄρχω, archo, mandar, ἀρχὴ, arché, origen,mando, poder: falta de gobierno, Doctrina que propugna la supresión del Estado y la eliminación de todo poder que constriña la libertad individual.

    Anemia: ἀναιμία anaimía, de ἂν-, an-,  αἷμα, aima, sangre: carencia de sangre

    Anerosia: ἂν-,an-, ἔρως, eros, amor: falta de amor.

    Anestesia y anestésico: ἀναισθησία anaisthēsía, ἀν-, an-, αἰσθήσεις, theseis, sensación, percepción, de αἰσθάνομαι, aisthanomai, percibir: insensibilidad, sin sensibilidad.

    Anhidro: ἄνυδρος ánydros, de ἀν-, an,  ὕδωρ, hidor, agua : que no tiene agua.

    Anhídrido: ἄνυδρος ánydros, de ἀν-, an,  ὕδωρ, hidor, agua, εἶδος, eidos, aspecto: cuerpo resultante de la combinación de oxígeno y un elemento no metálico que al reaccionar con el agua da un ácido.

    Anhidrosis ἀνίδρωσις anídrōsis, de ἀν-, an-, ἱδρόω, hidroo, sudar, de ἱδρώς, hidrós, sudor: sin sudor, disminución del sudor.

    Anhipniaἀν-, an,  ὕπνος, hipnos, sueño,:  falta de sueño.

    Anodinia y anodino: ἀνωδυνία anōdynía, ἀνώδυνος, anodinos, de ἀν- ὀδύνη, odyne, dolor; de ὀδυνἀω, odynao, causar dolor. Falta de dolor. 

    Anomalía: ἀνωμαλία anōmalía,  de  ἀν-ὁμαλὸς, omalós, igual.Desviación o discrepancia de una regla o de un uso, irregular, extraño.

    Anomia: ἀνομία anomía. de ἀ-νόμος, nomos, uso, costumbre, leyAusencia de ley.

    Anónimo: ἀνώνυμος anṓnymos, de ἀν-ὄνομα, ónoma: De nombre desconocido o que se oculta; sin nombre.

    Anopsia y anopia: ἀνοψίη anopsíē , de ἀν- (an-), ὄψις (opsis) vista: Ceguera,sin vista .

    Anorexia: ἀνορεξία anorexia, de  ἀν-ὄρεξίς, orexis, apetito, de ὀρέγω, orego, desear,tender: inapetencia, falta de apetito.

    Anuria: anuria, ἀν- οὖρον, ouron, orina, de ουρέω, oureo, orinarCesación total de la secreción urinaria.

    Aoristo: ἀόριστος aoristos, de a- ὁριστός, determinado, definido, de ὁρίζω, oridso, limitar, delimitar: indefinido.

    Apatía y apático: de ἀ-πάθος, pathos, pasión, sensación,: impasible de ánimo, sin pasiones, indolencia, falta de vigor o energía.

    Apátrida: ἄπατρις, -ιδος ápatris, -idos, ἀ-πατρίς, patris, patriaQue carece de nacionalidad.

    Apneade  ἄπνοια ápnoia, ἀ-πνοια, pnoia, respiración, de πνέω, pneo, respirar: Falta o suspensión de la respiración. Ahogo.

    Áptero: ἄπτερος ápteros, de ἄ-πτερὸν, pteron, ala, pluma Que carece de alas. Insecto ápteroDicho de un edificio, especialmente de un templo clásico: Que carece de columnas en sus fachadas laterales.

    Arritmia: ἀρρυθμία arrythmía, de ἀ-ῥυθμός, rythmos, ritmo, regularidad.: Irregularidad y desigualdad en las contracciones del corazón.

    Asepsia y aséptico: de  ἀ-σῆψίς sepsis, putrefacción, de σήπω, podrir, pudrirAusencia de materia séptica, estado libre de infección; conjunto de procedimientos científicos destinados a preservar de gérmenes infecciosos el organismo, aplicados principalmente a la esterilización del material quirúrgico.

    Asfixiaἀσφυξία asphyxía, de ἄσφυκτος ásphyktos, de σφύξις, pulsación, palpitación.: Suspensión o dificultad en la respiración.

    Asimetría y asimétrico: ἀσυμμετρία asymmetría, de ἀ-συν, sin, con, junto a, μέτρον, metron, medida: sin medida; falta de simetría.

    Asíndetonἀσύνδετον asýndeton; de ἀ-συν, sin, con, junto a,  δέω, deo, atar, συνδέω, unir: propiamente desligado; figura gramatical que consiste en suprimir las conjunciones. Sin conjunciones. Omisión de las conjunciones en un texto para dar viveza o energía a aquello que se expresa, como en la famosa frase de César “llegué, vi, vencí”, veni, vidi, vici.

    Nota: la famosa frase la refieren Plutarco en César, 50,3  y en Moralia, 206e  y Suetonio Vida de Julio César, 37

    Asintómatico: ἀ-σύμ-πτωμα sýmptōma, de ἀ- (sin)- σύν-, con, πίπτειν, caer, incidir,: sin  coincidencia:  Sin síntoma, es decir, sin manifestación reveladora de una enfermedad o sin señal o indicio de algo que está sucediendo o va a suceder.

    Asíntota: [γραμμή] ἀσύμπτωτος [grammḗ] asýmptōtos, de de ἀ- (sin)- σύν-, con, πίπτειν, piptein, o πίπτω, pipto, caer, incidir: [línea] que no coincide. En geometría.  Línea recta que, prolongada indefinidamente, se acerca de continuo a una curva, sin llegar nunca a encontrarla.

    Astatoἄστατον ástaton, , de α’- στα- de τι’θημι, poner, colocar: inestable: Elemento químico radiactivo, de número atómico. 85, obtenido artificialmente, de propiedades químicas similares a las del yodo y cuyos isótopos son inestables

    Astenia: ἀσθένεια asthéneia, de   ἀ-σθένος, fuerza,: sin fuerza, debilidad.

    Astigmatismo:   ἀ-στίγμα, -ατος stígma, -atos ,punto, pinta, e –ismo: Defecto de visión debido a una curvatura irregular de la superficie de la córnea y el cristalino.  En óptica,  defecto de un sistema óptico que reproduce un punto como una pequeña área difusa.

    Atanasia: ἀθανασία athanasía , de  ἀ-θάνατος , muerte,: sin muerte, inmortalidad. Nombre propio.

    Ataraxia: ἀταραξία ataraxia, de ἀ-ταράσσω, tarasso, agitar, turbarimperturbabilidad, serenidad.

    Ataxia: ἀταξία ataxía, de ἀ- ταξις , tasis, orden: En medicina, desorden, irregularidad, perturbación de las funciones del sistema nervioso; imposibilidad de regir ordenadamente los órganos locomotores.

    Ateísmo, ateode ἄ-θεος á-theos, θεὸς, theos, dios: negación de la existencia de cualquier dios.

    Atérmico: ἄ- θέρμη, thérmē, calor e ‒ico: sin calor, que no deja pasar el calor.

    Atípicoτύπος, de ἀ- τύπος, tipos, figura, modelo, imagen: Que por sus caracteres se aparta de los modelos representativos o de los tipos conocidos.

    átomo, atómico: ἄτομον átomon, de ἄ- τομος átomos, de τομὴ, tomé, corte : sin corfte, que no se puede cortar, indivisible.

    atonía, atonoἀτονία atonía, de τόνος, tonos, cuerda, tensión, acento, de  τείνειν , teínein, estirar, ceder : Falta de energía, vigor o fuerza. Atonía mental.  Falta de tono y de vigor, o debilidad de los tejidos orgánicos, particularmente de los contráctiles.

    Atrofia: ἀτροφία atrophía, τροφὴ, nutrición: desnutrición, falta de desarrollo de un órgano..

  • ¿La pintura ha de ser imitación de la naturaleza o creación del intelecto?

    El arte de la pintura fue muy importante en la Antigüedad, aunque de ella apenas si nos queda algún resto por la propia naturaleza del soporte en que se suele hacer.

    Nos quedan alguna pintura en algún muro de edificios, sobre todo en Pompeya aunque también en otros puntos aislados, alguna tabla excepcionalmente bien conservada en el clima cálido del desierto egipcio y poco más. Se conservan en cambio numerosos mosaicos que sin duda reproducen muchas pinturas o intentan imitarlas.

    Y nos quedan también numerosos textos que a este arte hacen referencia. Entre ellos, por ejemplo, un tratadito de Luciano de Samósata y sobre todo el libro XXXV de Plinio, que en su enciclopédica Historia Natural escribió de casi  todo.

    Pues bien en Hitoria Natural,  XXXV, cap. 36 (60). nos relata, aunque sucintamente, una anécdota muy conocida en la Antigüedad y reproducida hasta la saciedad a partir del Renacimiento, sobre el método para pintar a partir de un modelo natural.

    La anécdota la cuenta con más detalle y ambientada de otra manera Cicerón en una de sus obras menores sobre retórica, en su De inventione rhetorica, Sobre la invención retórica, II, 1, 1-4

    La anécdota ha tenido una especial importancia en toda la historia del arte posterior. Plantea la cuestión de la búsqueda de la belleza a partir de un modelo natural y el asunto enlaza con la doctrina platónica de las ideas generales, porque, cuando un pintor dibuja el rostro de un hombre o de una mujer o de cualquier otro ser,  ¿qué es lo que realmente plasma en el lienzo o en la tabla, el rostro que está viendo o la representación ideal que del rostro bello ha creado en su mente, es decir, la idea general?

    Leeremos estos dos textos y haré también tres referencias posteriores a la anécdota, una del humanista Leon Battista Alberti, otra del pintor  Rafael de Sanzio y otra de Francisco Pacheco (1564-1644) , el maestro y suegro de  Velázquez, que naturalmente no pudo sustraerse a su cita. 

    Cicerón (106a.C.-43a.C.) escribió su manual de retórica titulado De inventione, Sobre la invención retórica, siendo muy joven, hacia el año 86, con unos 20 años. Sólo conservamos dos de los cuatro libros iniciales de que debía constar. Como obra de juventud, el Cicerón orador maduro no estaba muy orgulloso de ella, según él mismo nos dice en su De oratore, , (Lib.I . 5)  y también Quintilian (Institutio Oratoria, III. 1, 20.)

    Pues bien nos dice Cicerón en “Sobre la invención retórica”, Libro II, 1,1-4:

    En cierta ocasión los habitantes de Crotona, que poseían toda clase de recursos y se contaban entre los más ricos de Italia, quisieron enriquecer con pinturas excepcionales el templo de Juno, por el cual sentían una veneración especial. Así pues, contrataron por una enorme suma de dinero a Zeuxis de Heraclea, que en ese momento pasaba por ser el mejor de todos los pintores. Éste pintó muchos cuadros, algunos de los cuales se han conservado hasta nuestros días por la veneración de que ese templo ha sido objeto y, para fijar en una imagen muda el modelo perfecto de belleza femenina, les dijo que quería reproducir la figura de Helena.

    Los crotoniatas, que habían oído decir a menudo que superaba a todos en la representación de la figura femenina, se entusiasmaron con la idea. Pensaron, en efecto, que si desplegabasu talento en el género en que era el mejor, les dejaría en aquel templo una obra maestra.

    No se vieron defraudadas sus esperanzas. En efecto, Zeuxis les preguntó inmediatamente cuáles eran las más bellas jóvenes que allí vivían. Condujeron al pintor directamente al gimnasio y le mostraron muchos jóvenes dotados de gran belleza. Pues efectivamente hubo un tiempo en que los crotoniatas superaron a todos por la fuerza y belleza de sus cuerpos y proporcionaron a su patria en las pruebas de atletismo las victorias más honrosas y las mayores distinciones. Y mientras Zeuxis admiraba extasiado la belleza de sus cuerpos, le dijeron: «En casa están las hermanas de estos jóvenes; por ellos puedes hacerte una idea de su belleza)).

    «Por favor)), les contestó, ((enviadme a las más bellas de esas muchachas mientras pinto lo que os he prometido, para que la verdadera belleza de estos modelos vivos pase a un cuadro mudo)).

    Entonces los ciudadanos de Crotona, tras una deliberación pública, reunieron a las jóvenes en un mismo lugar y permitieron al pintor elegir la que prefiriese.  Él, sin embargo, eligió cinco jóvenes cuyos nombres nos han transmitido muchos poetas porque les dio su aprobación quien, en lo referente a la belleza, tenía sin duda el juicio más seguro. En efecto, creía que no podría encontrar en un solo cuerpo todas las cualidades que buscaba para representar la belleza ideal: la naturaleza, como si temiera carecer de dones para conceder a otras personas si los otorgara todos a una, ofrece a cada una diferentes cualidades a la vez que le añade algún defecto.

    De manera parecida, cuando quise escribir un tratado de retórica no me propuse imitar un único modelo al cual debería seguir en todos los detalles, con sus cualidades y defectos, sino que, después de reunir todo lo escrito sobre la materia, cogí de cada autor los preceptos que me parecieron más apropiados, eligiendo así lo más sobresaliente de sus diferentes talentos.  (Traducción de Salvador Núñez. Edit. Gredos)

    Crotoniatae quondam, cum florerent omnibus copiis et in Italia cum primis beati numerarentur, templum Iunonis, quod religiosissime colebant, egregiis picturis locupletare voluerunt. itaque Heracleoten Zeuxin, qui tum longe ceteris excellere pictoribus existimabatur, magno pretio conductum adhibuerunt. is et ceteras conplures tabulas pinxit, quarum nonnulla pars usque ad nostram memoriam propter fani religionem remansit, et, ut excellentem muliebris formae pulchritudinem muta in se imago contineret, Helenae pingere simulacrum velle dixit; quod Crotoniatae, qui eum muliebri in corpore pingendo plurimum aliis praestare saepe accepissent, libenter audierunt. putaverunt enim, si, quo in genere plurimum posset, in eo magno opere elaborasset, egregium sibi opus illo in fano relicturum.

    neque tum eos illa opinio fefellit. nam Zeuxis ilico quaesivit ab iis, quasnam virgines formosas haberent. illi autem statim hominem deduxerunt in palaestram atque ei pueros ostenderunt multos, magna praeditos dignitate. etenim quodam tempore Crotoniatae multum omnibus corporum viribus et dignitatibus antisteterunt atque honestissimas ex gymnico certamine victorias domum cum laude maxima rettulerunt. cum puerorum igitur formas et corpora magno hic opere miraretur: ‘Horum,’ inquiunt illi, ‘sorores sunt apud nos virgines. quare, qua sint illae dignitate, potes ex his suspicari.’ ‘Praebete igitur mihi, quaeso,’ inquit, ‘ex istis virginibus formonsissimas, dum pingo id, quod pollicitus sum vobis, ut mutum in simulacrum ex animali exemplo veritas transferatur.’ tum Crotoniatae publico de con- silio virgines unum in locum conduxerunt et pictori quam vellet eligendi potestatem dederunt. ille autem quinque delegit; quarum nomina multi poetae memoriae prodiderunt, quod eius essent iudicio probatae, qui pulchritudinis habere verissimum iudicium de- buisset. neque enim putavit omnia, quae quaereret ad venustatem, uno se in corpore reperire posse ideo, quod nihil simplici in genere omnibus ex partibus perfectum natura expolivit. itaque, tamquam ceteris non sit habitura quod largiatur, si uni cuncta concesserit, aliud alii commodi aliquo adiuncto incommodo muneratur.

    [4] Quod quoniam nobis quoque voluntatis accidit, ut artem dicendi perscriberemus, non unum aliquod proposuimus exemplum, cuius omnes partes, quocumque essent in genere, exprimendae nobis necessarie vi- derentur; sed omnibus unum in locum coactis scriptoribus, quod quisque commodissime praecipere videbatur, excerpsimus et ex variis ingeniis excellentissima quaeque libavimus. ex iis enim, qui nomine et memoria digni sunt, nec nihil optime nec omnia prae- clarissime quisquam dicere nobis videbatur. quapropter stultitia visa est aut a bene inventis alicuius recedere, si quo in vitio eius offenderemur, aut ad vitia eius quoque accedere, cuius aliquo bene praecepto duceremur.

    Por lo demás, comprenderá fácilmente el lector cómo el asunto había de ser tema frecuente en la pintura a partir del Renacimiento y por supuesto en el barroco y neoclasicismo, tan amantes de los temas clásicos. Reproduzco también un par de ilustraciones sobre el contenido de los textos; la que viene a continuación  parece la representación de un moderno casting de selección de candidatas para una representación, como al pie de ella comento.

    Nota: la palabra inglesa "casting" con el significado de “reparto” en una película o comedia ha pasado al español como tal, “casting”, convirtiéndose en un anglicismo bien asentado.

    Obra deL pintor neoclásico François-André Vincent ( París, 1746-1816), “Zeuxis et les filles de Crotone”, “Zeuxis y las hijas de Crotona”  (3,23 m. x 4,15 m.), pintado en 1789. Museo del Louvre.

    En él cuadro, como si de un moderno “casting” se tratara, podemos apreciar la belleza de cada muchacha, la vergüenza de algunas por permanecer desnudas, el contento de las elegidas, los nervios de las que esperan, el enfado de las rechazadas… en fin, como si de un “casting” se tratara.

    Amplío un poco más el correspondiente texto de Plinio, en el que se refiere a una estatua de la diosa Juno, para incluir otra famosa anécdota referida a la rivalidad de Zeuxis y Parrasio,  a la que ya hice referencia en https://www.antiquitatem.com/zeuxis-parrasio-polignoto-pinturaantigua 

    En estas dos anécdotas se ejemplifica la discusión entre la teoría estética de la imitación exacta de la naturaleza hasta engañar al ojo, de donde viene el concepto de “trampantojo”, “trampa para el ojo”, y la de la imitación ideal, transcendiendo así la propia belleza de la naturaleza.

    Plinio, Naturalis Historia, XXXV, 36 (60)

    Ahora bien, en la Olimpiada 90 vivieron Aglaofon, Cefísoro, Erilo, Evenor, el padre y preceptor de Parrasio, el mayor pintor, del que hablaremos cuando lleguemos a sus años, todos ellos ya hombres ilustres, pero sin embargo no tales para que se deba detener esta exposición corriendo hacia las luminarias de est arte, entre las que el primero que brilló fue Apolodoro el Ateniense en la Olimpiada 93. Este fue el primero en decidir expresar las formas de las cosas y el primero en conseguir con todo derecho la gloria con sus pinceles. De él es el sacerdote orando y Ayax incendiado por el rayo, pinturas que hoy se ven en Pérgamo. Antes de él no se mostraba la pintura de ningún autor capaz de atraer los ojos.

    Por las puertas del arte abiertas por él entró Zeuxis de Heraclea en el cuarto año de la Olimpiada 95, y llevó el pincel, que ya se atrevía a algo más –de esto hablaremos luego- a la mayor gloria, aunque algunos lo sitúan falsamente en la Olimpiada 98, cuando necesariamente debieron vivir Demófilo de Himera y Nesea Tasio,  pues de uno de estos dos fue discípulo, aunque no se sabe de cuál. El antes citado Apolodoro escribió un poema contra él en el que dice que Zeuxis se llevó consigo el arte que les había robado a ellos.

    Adquirió tantas riquezas también, que por el deseo de ostentarlas  en Olimpia, mostró su nombre bordado con letras de oro en las piezas de su vestido. Luego decidió regalar sus obras, porque decía que no se podían vender por ningún precio suficientemente, y así a los Agrigentinos les dio una Alcmena y a Arquelao un dios Pan.  Hizo también una Penélope, en la que parece que había pintado la virtud en sí, y un atleta con el que hasta tal punto estaba contento  que escribió este  verso célebre por ello: “será más fácil que alguien me envidie a que me imite”. Su Júpiter en el trono rodeado de los dioses es también magnífico y Hércules niño estrangulando a las dos serpientes en presencia de su madre Alcmena y de Anfitrión.

    Sin embargo se le reprocha que era excesivamente exagerado con las cabezas y articulaciones, y por eso en otra ocasión puso tanta diligencia en hacer un cuadro para los Agrigentinos para que la dedicasen públicamente en el templo de Juno Lacinia, que examinó a sus jóvenes desnudas y eligió a cinco para poner en la pintura lo que de más bello hubiese en cada una.

    También hizo pinturas monocromas en blanco. Fueron contemporáneos suyos y sus seguidores Timantes, Andrócides, Eupompo y Parrasio.

    Se dice que éste participó en un concurso y que, mientras aquel presentó unas uvas pintadas con tanto éxisto que unos pájaros fueron volando al cuadro, él presentó una cortina pintada con tanta verosimilitud que Zeuxis, eufórico por el juicio de los pájaros, le pidió que retirase la cortina y mostrase la pintura y que reconocido su error, con toda modestia se le concediese la victoria, porque él había engañado a las aves pero Parrasio le había engañado a él que era un artista.

    Se cuenta también que después Zeuxis pintó a un niño llevando unas uvas a las que acudieron volando unos pájaros y que con la misma modestia se enfadó con su obra y dijo: he pintado mejor las uvas que el niño, pues si lo hubiera hecho perfecto, los pájaros le debería haber tenido miedo. Hizo también obras de arcilla, que solo dejó en Ambracia, cuando Fulvió Nobilior se llevó de allí las Musas a Roma. En Roma en los pórticos de Filipo queda de la mano de Zeuxis su Helena y en el templo de la Concordia un Marsias atado.

    LXXXX autem olympiade fuere Aglaophon, Cephisodorus, Erillus, Euenor, pater Parrhasii et praeceptor maximi pictoris, de quo suis annis dicemus, omnes iam inlustres, non tamen in quibus haerere expositio debeat festinans ad lumina artis, in quibus primus refulsit Apollodorus Atheniensis LXXXXIII olympiade. hic primus species exprimere instituit primusque gloriam penicillo iure contulit. eius est sacerdos adorans et Aiax fulmine incensus, quae Pergami spectatur hodie. neque ante eum tabula ullius ostenditur, quae teneat oculos.
    Ab hoc artis fores apertas Zeuxis Heracleotes intravit olympiadis LXXXXV anno quarto, audentemque iam aliquid penicillum — de hoc enim adhuc loquamur — ad magnam gloriam perduxit, a quibusdam falso in LXXXVIIII olympiade positus, cum fuisse necesse est Demophilum Himeraeum et Nesea Thasium, quoniam utrius eorum discipulus fuerit ambigitur.
    in eum Apollodorus supra scriptus versum fecit, artem ipsis ablatam Zeuxim ferre secum. opes quoque tantas adquisivit, ut in ostentatione earum Olympiae aureis litteris in palliorum tesseris intextum nomen suum ostentaret. postea donare opera sua instituit, quod nullo pretio satis digno permutari posse diceret, sicuti Alcmenam Agragantinis, Pana Archelao.

    fecit et Penelopen, in qua pinxisse mores videtur, et athletam adeoque in illo sibi placuit, ut versum subscriberet celebrem ex eo, invisurum aliquem facilius quam imitaturum. magnificus est et Iuppiter eius in throno adstantibus diis et Hercules infans dracones II strangulans Alcmena matre coram pavente et Amphitryone.

    reprehenditur tamen ceu grandior in capitibus articulisque, alioqui tantus diligentia, ut Agragantinis facturus tabulam, quam in templo Iunonis Laciniae publice dicarent, inspexerit virgines eorum nudas et quinque elegerit, ut quod in quaque laudatissimum esset pictura redderet. pinxit et monochromata ex albo. aequales eius et aemuli fuere Timanthes, Androcydes, Eupompus, Parrhasius.

    descendisse hic in certamen cum Zeuxide traditur et, cum ille detulisset uvas pictas tanto successu, ut in scaenam aves advolarent, ipse detulisse linteum pictum ita veritate repraesentata, ut Zeuxis alitum iudicio tumens flagitaret tandem remoto linteo ostendi picturam atque intellecto errore concederet palmam ingenuo pudore, quoniam ipse volucres fefellisset, Parrhasius autem se artificem.

    fertur et postea Zeuxis pinxisse puerum uvas ferentem, ad quas cum advolassent aves, eadem ingenuitate processit iratus operi et dixit: uvas melius pinxi quam puerum, nam si et hoc consumassem, aves timere debuerant. fecit et figlina opera, quae sola in Ambracia relicta sunt, cum inde Musas Fulvius Nobilior Romam transferret. Zeuxidis manu Romae Helena est in Philippi porticibus, et in Concordiae delubro Marsyas religatus.

    Como decía más arriba, la anécdota, bien conocida desde la propia Antigüedad es recordada, por ejemplo, por el gran humanista Leon Battista Alberti (1404 – 1472), que se dedicó como buen humanista a todas las artes y conocimientos de las más variadas disciplinas y fue el primer teórico del arte. 

    Escribió el tratado De pictura, Sobre la pintura, primero en latín y luego él mismo lo tradujo  al italiano. Ofrezco también en español lo que dice en el libro III, capítulo 56 a propósito de la anécdota de Zeuxis y la cuestión de pintar imitando o no a la naturaleza.

    Pero para que el estudio no sea  inútil y vano, se debe huir de esa costumbre de algunos necios, que buscan la alabanza en la pintura con su sola imaginación, sin seguir modelo alguno natural de la cosa ante sus ojos o mente. Estos, pues, no aprenden a pintar correctamente sino que se acostumbran a los errores. Así se aparta de estos ignorantes  esa idea de belleza que incluso los muy expertos apenas alcanzan a ver. Zeuxis, el pintor más famoso y más sabio y más experto de todos, para pintar hacer una tabla que se iba a dedicar públicamente por los habitantes de Crotona en el templo de Lucina, no confiando temerariamente en su solo ingenio, como casi todos los pintores hacen en este tiempo nuestro, se decidió a pintarla, pero porque pensaba que todas las cosas que se requieren para la belleza no sólo no pueden encontrarse en el solo ingenio, sino que ni siquiera buscadas en la naturaleza pueden encontrarse en un solo cuerpo, eligió en consecuencia de toda la juventud de la ciudad a las cinco muchachas más llamativas por su belleza,  para trasladar a la pintura aquello de belleza femenina  más alabado que se encontrase en cada una. Prudentemente actúa ciertamente este (Zeuxis),  pues como sucede facilmente a los pintores que no tienen ningún modelo ejemplar para imitar, cuando en cambio se apoyan sólo en su imaginación para alcanzar la alabanza de su belleza, que con su trabajo no consiguen la belleza que deben o buscar encontrar, sino que caen en las malas  maneras de pintar, que luego incluso queriéndolo apenas pueden dejar.  En cambio quien esté acostumbrado a tomar todas las cosas de la propia naturaleza, ese hará su mano tan experta que siempre todo lo que intente parecerá sacado de la propia naturaleza. Y vemos cuánto se desea en las pinturas esto, pues si en el cuadro hay un rostro de algún hombre conocido, aunque haya algunos otros detalles de mayor perfección, sin embargo el rostro conocido atrae hacia él los ojos de todos los espectadores, pues tan gran atractivo y fuerza tiene lo que tomamos de la naturaleza. Tomemos siempre, pues, de la propia naturaleza lo que vayamos a pintar y luego elijamos siempre lo más hermoso y más a propósito de ella.

    III, 56. Ma per non perdere studio e fatica si vuole fuggire quella consuetudine d'alcuni sciocchi, i quali presuntuosi di suo ingegno, senza avere essemplo alcuno dalla natura quale con occhi o mente seguano, studiano da sé a sé acquistare lode di dipignere. Questi non imparano ipignere bene, ma assuefanno sé a' suoi errori. Fugge gl'ingegni non periti quella idea delle bellezze, quale i bene essercitatissimi appena discernono. Zeusis, prestantissimo e fra gli altri essercitatissimo pittore, per fare una tavola qual pubblico pose nel tempio di Lucina appresso de' Crotoniati, non fidandosi pazzamente, quanto oggi ciascuno pittore, del suo ingegno, ma perché pensava non potere in uno solo corpo trovare quante bellezze egli ricercava, perché dalla natura non erano ad uno solo date, pertanto di tutta la gioventù di quella terra elesse cinque fanciulle le più belle, per torre da queste qualunque bellezza lodata in una femmina. Savio pittore, se conobbe che ad i pittori, ove loro sia niuno essemplo della natura quale elli seguitino, ma pure vogliono con suoi ingegni giugnere le lode della bellezza, ivi facile loro avverrà che non quale cercano bellezza con tanta fática troveranno, ma certo piglieranno sue pratiche non buone, quali poi ben volendo mai potranno lassare. Ma chi da essa natura s'auserà prendere qualunque facci cosa, costui renderà sua mano sì essercitata che sempre qualunque cosa farà parrà tratta dal naturale. Qual cosa quanto sia dal pittore a ricercarla si può intendere, ove poi che in una storia sarà uno viso di qualche conosciuto e degno uomo, bene che ivi sieno altre figure di arte molto più che questa perfette e grate, pure quel viso conosciuto a sé imprima trarrà tutti gli occhi di chi la storia raguardi: tanto si vede in sé tiene forza ciò che sia ritratto dalla natura. Per questo sempre ciò che vorremo dipignere piglieremo dalla natura, e sempre torremo le cose più belle.

    56. Sed quo sit studium non futile et cassum, fugienda est illa consuetudo nonnullorum qui suopte ingenio ad picturae laudem contendunt, nullam naturalem faciem eius rei oculis aut mente coram sequentes. Hi enim non recte pingere discount sed erroribus assuefiunt. Fugit enim imperitos ea pulchritudinis idea quam peritissimi vix discernunt. Zeuxis, praestantissimus et omnium doctissimus et peritissimus pictor, facturus tabulam quam in tempio Lucinae apud Crotoniates publice dicaret, non suo confisus ingenio temere, ut fere omnes hac aetate pictores, ad pingendum accessit, sed quod putabat omnia quae ad venustatem quaereret, ea non modo proprio ingenio non posse, sed ne a natura quidem petita uno posse in corpore reperiri, idcirco ex omni eius urbis iuventute delegit virgines quinque forma praestantiores, ut quod in quaque esset formae muliebris laudatissimum, id in pictura referret. Prudenter is quidem, nam pictoribus nullo proposito exemplari quod imitentur, ubi ingenio tantum pulchritudinis laudes captare enituntur, facile evenit ut eo labore non quam debent aut quaerunt pulchritudinem assequantur, sed plane in malos, quos vel volentes vix possunt dimittere, pingendi usus dilabantur. Qui vero ab ipsa natura omnia suscipere consueverit, is manum ita exercitatam reddet ut semper quicquid conetur naturam ipsam sapiat.  Quae res in picturis quam sit optanda videmus, nam in historia si adsit facies cogniti alicuius hominis, tametsi aliae nonnullae praestantioris artificii emineant, cognitus tamen vultus omnium spectantium oculos ad se rapit, tantam in se, quod sit a natura sumptum, et gratiam et vim habet. Ergo semper quae picturi sumus, ea a natura sumamus, semperque ex his quaeque pulcherrima et dignissima deligamus.

    Poco después el gran Rafael (1483 –1520), conocido también como Rafael de Sanzio o Rafael de Urbino, dice en una carta a Baltasar Castiglione, que se siente admirado por la pintura “Triunfo de Galatea”: 

    IV. Carta a Castiglione

    Señor conde: …Sobre la Galatea, me consideraría un gran maestro si hiciera la mitad de las cosas tan grandes que Vuestra Señoría me escribe. Pero en sus palabras reconozco el amor que me tiene: y le digo que para pintar a una bella necesitaría muchas bellas, con esta condición, que vuestra señoría se encontrase conmigo para elegir lo mejor. Pero habiendo escasez de buenos jueces y de bellas damas,  yo me sirvo de cierta idea que me viene a la mente. Si ésta tiene en sí alguna excelencia de arte, yo no lo sé; bien me afano en que la tenga. A lo que mande vuestra Señoría. Desde Roma”.

    IV. Lettera al Castiglione

    Signor conte….Della Galatea mi terrei un gran maestro se vi fossero la metà delle tante cose che V.S. mi scrive. Ma nelle sue parole riconosco l´amore che mi porta: et le dico che per dipingere una bella mi bisogneria veder più belle, con questa conditione, che V.S. si trovasse meco a far scelta del meglio», Ma, essendo carestia e di buoni giudici e di belle donne, io mi servo di certa idea che mi viene nella mente. Se questa ha in sé alcuna eccellenza d'arte, io non so; ben m'affatico di averla. Vostra Signoria mi comandi. Di Roma. 

    Esta opinión de Rafael de Sanzio la conoce Francisco Pacheco, el maestro de Velázquez, que en el capítulo 12 del libro I de su  Arte de la pintura, dice en las pàg. 216-118 de la edición de 1866 de Imprenta de Manuel Galiano.

    Y cuando esto faltare , ó no se hallare con la belleza que conviene, ó por incomodidad de lugar ó de tiempo, viene admirablemente el valerse de las hermosas ideas que tiene adquiridas el valiente artífice. Como lo dió á entender Rafael de Urbino escribiendo al Conde Baltasar Castellón, que le encareció mucho la figura de la Galatea que había pintado al fresco. Diciendo de esta manera : Ma essendo carestia, e de buoni giudecij et de belle dome, io mi servo di certa iddea, che mi viene nellamente ; si questa ha in se alcuna escellenza d'arte, io non so : ben me affatico di haberla. Quiere decir : « Mas careciendo de buen juicio y de hermosas mujeres , yo me sirvo de cierta idea que se me ofrece á la imaginación ; si esta tiene alguna excelencia en el arte , no lo sé ; pero bien me fatigo para alcanzarla, de manera que la perfección consiste en pasar de las ideas á lo natural , y de lo natural á las ideas : buscando siempre lo mejor y más seguro y perfecto.

    De manera que la perfección consiste en pasar de las ideas a lo natural , y de lo natural a las ideas : buscando siempre lo mejor y más seguro y perfecto. Así lo hacía también su maestro del mismo Rafael, Leonardo de Vinci, varón de sutilísimo ingenio , atendiendo á seguir los antiguos ; el cual primero que se pusiese á inventar cualquier historia, investigaba todos los efectos propios y naturales de cualquier figura , conforme á su idea. Y hacia luego diversos rasguños, después se iba donde sabia que se juntaban personas de la suerte que las había de pintar y observaba el modo de sus semblantes y vestidos y movimientos del cuerpo ; y hallando cosa que le agradase , conforme á su intento, lo dibujaba en el libreto que siempre llevaba consigo (veremos adelante sus palabras conforme a este intento ) y de esta manera acababa sus obras maravillosamente.

    Esto es finalmente lo que conviene hacer en este último grado, con el ejemplo del antiguo Zéusis , que para la bellísima Helena que se le ofreció pintar al pueblo de Agrigento, eligió cinco hermosas doncellas , y de cada una de ellas fue escogiendo lo más perfecto para hacer una figura igualmente acabadísima, aventajando la arte á la misma naturaleza: pues pintó en un sugeto la hermosura que apenas se hallaba en muchos.

    En cuanto a las numerosas representaciones pictóricas de la anécdota, además de la presentada anteriormente, muestro otra anterior en el tiempo, que es una ilustración de un manuscrito del Roman de la Rose, editado hacia el año 1525 en Rouen,  conservado en New York, The Pierpont Morgan Library, MS M.0948, folio 159.

  • ¿El poeta nace o se hace? ¿La poesía, ¿don del cielo o trabajo de lima, “limae labor?

    La respuesta más ponderada a la pregunta de si el poeta nace o se hace afirmará que el poeta debe venir a este mundo provisto de unas especiales cualidades que el ejercicio diario y constante ha de desarrollar y consolidar. Probablemente así son las cosas pero el asunto admite alguna reflexión.

    En primer lugar la misma etimología de la palabra “poeta” nos puede ayudar a dilucidar el dilema. “Poeta”, del griego  ποιητής,  “poietés”,  es el creador, autor, fabricante, hacedor, poeta (hacedor de versos);  y, claro está,  no todo el mundo tiene capacidad creativa. Así que la poesía, desde su origen, está conectada con los dioses. La poesía es “un don de los dioses”.  El poeta es un ser “insanus” o loco, arrebatado  por el “furor poeticus”, por la “inspiración divina”.

    Recordemos asimismo cómo la palabra “carmen”  significa “poema, verso”, pero también “embrujo, canción, canto y encantamiento, profecía, predicción, embrujo, filtro mágico, fórmula religiosa, sentencia moral…”.

    También el poeta es llamado  “vate“ del latín “vates”, adivino, profeta, poeta inspirado por los dioses (por cierto, el Vaticano es la colina de los “vaticinios” o profecías según una etimología que no todos admiten, seamos precisos, pero que parece plausible).

    Así que el poeta es un ser tocado por la divinidad, que en su origen emitía “carmina”, poemas, versos, sentencias que son profecías y mensajes de los dioses. El poeta canta y produce encantamientos. Todo esto ya lo comenté hace algún tiempo en otro artículo; véase https://www.antiquitatem.com/aut-insanit-homo-aut-versus-facit-horaci

    Esta creencia se ha prolongado  a lo largo del tiempo y hasta nuestros días.  Recordemos a Cervantes y su referencia a la poesía como “la gracia que no quiso darme el cielo”.

    Yo, que siempre trabajo y me desvelo
    por parecer que tengo de poeta
    la gracia que no quiso darme el cielo […]

    (Viaje del Parnaso, vv. 25-27)

    Desde esta perspectiva es acertado afirmar que “el poeta nace”.

    Pero no todo el mundo opina igual  ya desde la Antigüedad. Así   Horacio no está de acuerdo  en su preceptiva literaria en forma de carta, Epistula ad Pisones 289-97,  con  Demócrito, que  exigía a los poetas cierta locura;  Horacio confía más en  el trabajo exigente del pulido y corrección, en la  “labor limae et mora”, en el trabajo y constancia de la lima:

    No sería el Lacio menos poderoso por su literatura
    como lo es por su valor y sus hazañas bélicas
    si los poetas no fueran tan impacientes
    y reacios a la labor de la lima.
    Vosotros, linaje de Pompilio, censurad un poema
    que no haya madurado con el tiempo
    y sufrido muchas tachaduras, hasta adquirir
    un pulimento perfecto; porque Demócrito cree
    que el talento natural es más afortunado que la pobre técnica
    y excluye del Helicón a los poetas sanos (que no están locos),
    una gran parte procura no cortarse las uñas
    ni la barba, busca los lugares apartados y
    no frecuenta los baños. Pues merecerá el nombre
    y la estimación de poeta el que nunca confió
    al barbero Licinio su cabeza, que no alcanzará a curar
    el eléboro de las tres Anticiras.

    Nota: El Helicón es un monte cercano al Parnaso dedicado al dios Apolo y a las Musas.
    Las tres Anticiras son tres ciudades griegas con este nombre en las que se supon que se criaba el eléboro, planta medicinal que se creía que curaba la locura.

    Nec virtute foret clarisve potentius armis,
    quam lingua Latium, si non offenderet unum
    quemque poetarum limae labor et mora. Vos, o
    Pompilius sanguis, Carmen reprehendite, quod non
    multa diez et multa litura coercuit atque
    praesectum decies non castigavit ad unguem.
    Ingenium misera quia fortunatius arte
    credit et excludit sanos Helicone poetas
    Democritus, bona pars non ungues ponere curat,
    non barbam, secreta petit loca, balnea vitat.
    Nanciscetur enim pretium nomenque poetae,
    si tribus Anticyris caput insanabile numquam
    tonsori Licinio commiserit.

    Algunos episodios y momentos de poetas  de época romana,  que lo fueron por la fuerza interna de su decisión, confirman la realidad de esta afirmación.

    En general ayer como hoy la tarea esta de la poesía gozaba de notable prestigio pero de escasa compensación económica. Son numerosos, ayer como hoy, los ejemplos de extraordinarios poetas incomprendidos por sus progenitores, que hubieran deseado para ellos empleos más lucrativos. Es el caso de Ovidio, de Marcial, etc.

    De Ovidio se cuenta una anécdota, apócrifa por cierto,  al respecto,  que resulta interesante. Hijo de una familia tradicional y terrateniente fue enviado a Roma con su hermano para estudiar retórica y convertirse en un buen abogado. Ovidio se mostró más interesado en la poesía que en el derecho. Su padre le recriminaba que se dedicara a una tarea que ya desde Homero, que murió en la pobreza, no producía ninguna ganancia.  Todo esto nos lo cuenta el propio Ovidio en su Tristia, IV, 10, 21-26  en la que nos proporciona unos cuantos detalles autobiográficos. 

    Reproduzco algunos versos y animo al lector a hacer una lectura completa.

    Muchas veces  me dijo mi padre: ¿por qué haces un esfuerzo inútil?
    El mismo Meónida (Homero) ninguna riqueza dejó.
    Quedaba yo afectado por estas palabras y olvidándome del Helicón
    intentaba escribir palabras libres de toda medida (en prosa),
    pero espontáneamente  me venía el poema con su adecuada medida,
    y todo lo que intentaba decir era verso

    Saepe pater dixit: “Studium quid inutile temptas?
    Maeonides nullas ipse reliquit opes”
    Motus eram dictis, totoque Helicone relicto
    Scribere conabar verba soluta modis.
    Sponte sua Carmen números veniebat ad aptos,
    Et quod temptabam dicere, versus erat.

    Pues bien, probablemente el verso  “quidquid temptabam dicere versus erat”  (todo lo que intentaba decir era verso)  es el que  dio origen a la anécdota apócrifa, aunque repetida hasta la saciedad  de manera poco exigente, que refiero a continuación. 

    Es una cita sin duda apócrifa (oculta, sin firma, que es lo que significa la palabra del griego  ἀπόκρυφος, ἀπό ,apó, lejos de, privado de, y κρυπτός , kryptos , oculto) que dice que a la reconvención paterna Ovidio respondió:

    Parce mihi, nunquam versificabo, pater!

    ¡Perdóname, padre!, nunca volveré a escribir versos

    Pero esta respuesta en sí misma era la negación de lo que afirmaba, porque resulta ser ella misma un verso.

    Confirma su carácter apócrifo de la anécdota alguna otra versión paralela, con alguna variación, facilitada precisamente por no encontrarse el citado verso entre los de Ovidio. Así

    Te juro, te juro, padre que nunca más compondré versos

    Iuro, iuro, pater numquam componere versus

    Iuro tibi pater numquam componere carmen

    Nunc tibi promitto nunquam componere uersus

    Horacio es también un buen ejemplo de la fuerza interna que con la que los dioses tocan a los poetas. Es verdad que su padre, un liberto que hizo alguna fortuna, se empeñó en que su hijo estudiara con los mejores profesores en Roma y luego en Grecia. Lo suyo, desde luego, eran las letras, aunque estando en Grecia participó en la batalla de Filippos en el ejército perdedor de Bruto, el republicano, uno de los asesinos de César. Vivió como pudo hasta que entró en el círculo del gran Mecenas y del propio Augusto, pero nunca dejó la poesía que le abrió la puerta de la inmortalidad.

    El texto anteriormente citado de la Epistula ad Pisones es clara expresión del trabajo que debe acompañar a toda inspiración.

    Otro ejemplo similar es el del  ingenioso, a veces ácido, a veces tierno, Marcial, que nació en Bilbilis junto a la actual Calatayud. Marcho a Roma, a la Urbe, para triunfar como poeta.  Harto de malvivir a la sombra de los poderosos,  volvió a su natal Bilbilis, acogido por una rica viuda.  Como detalle curioso diré que Plinio el Joven le proporcionó la ayuda necesaria para el viaje; ayuda que por eso recibe el nombre de viático, de "via", camino, carretera.  Pues bien, durante su estancia en Roma sus amigos le aconsejaron una y otra vez que se dedicara al “foro”, a los pleitos, que es lo que entonces como hoy dan dinero.

    El epigrama  que reproduzco dibuja perfectamente el duro ambiente romano en el que han de subsistir los poetas.

    Epigramas III, 38 a

    “—¿Qué motivo o qué confianza te trae a Roma, Sexto? ¿Qué esperas
    o qué vienes a buscar aquí? Dímelo.

    —Yo trataré causas, me respondes, con más elocuencia que el propio
    Cicerón, y no habrá quien me iguale en los tres foros.

    —Han intervenido en causas Atestino y Civis. A los dos los conocías.
    Pues bien, ninguno de los dos sacaba para pagar a la patrona.

    —Si por esa parte no hay salida, compondré poemas. Apenas los
    oigas, pensarás que son de Virgilio.

    —Estás loco. Todos esos que ves ahí con sus mantos heladores, son
    Ovidios y Virgilios.

    —Frecuentaré los atrios de las grandes casas.

    —Esto es solución para tres o cuatro. Todos los demás, una turba
    inmensa, se mueren de hambre.

    —¿Qué debo hacer? Dímelo, porque tengo decidido vivir en Roma.

    —Si eres bueno, será una casualidad que puedas vivir”.


    Quae te causa trahit vel quae fiducia Romam,
    Sexte? quid aut speras aut petis inde? refer.
    'Causas' inquis 'agam Cicerone disertior ipso
    Atque erit in triplici par mihi nemo foro.'
    Egit Atestinus causas et Civis—utrumque
    Noras—; sed neutri pensio tota fuit.
    'Si nihil hinc veniet, pangentur carmina nobis:
    Audieris, dices esse Maronis opus.'
    Insanis: omnes gelidis quicumque lacernis
    Sunt ibi, Nasones Vergiliosque vides.
    'Atria magna colam.' Vix tres aut quattuor ista
    Res aluit, pallet cetera turba fame.
    'Quid faciam? suade: nam certum est vivere Romae.'
    Si bonus es, casu vivere, Sexte, potes.

    Estos poetas y muchos otros son ejemplo de personas que sucumbieron  a la pasión interna que les consumía,  la poesía , y confirman la opinión de quien afirma que hay que nacer poeta para serlo pero también hay trabajar duro con la lima (labor limae et mora).

    Esta necesidad del trabajo constante de perfeccionamiento del texto poético nos lo confirma la vida del grandioso Virgilio.  Dedicó los últimos años de su vida a componer la Eneida,  el gran canto épico a la historia y grandeza del pueblo romano y  del emperador Augusto en cuya época vivió y que le protegió.

    Su método  consistía en dictar a su amanuense  y liberto Eros  por la mañana decenas de versos, que por la tarde dejaba reducidos a unas pocas unidades. Parece que tenía un guión en prosa más o menos definido de lo que sería la obra e iba completando los diversos libros según le venía la inspiración. Incluso dejaba versos incompletos para finalizar más tarde si el hemistiquio (medio verso) expresaba la idea completa.

    Nos lo cuenta Suetonio en la vida de Virgilio, una de las vidas de su De poetis, que a su vez forma parte de su De viris illustribus:

    Cuando estaba escribiendo las “Geórgicas”, se dice que acostumbraba todos los días a dictar por la mañana muchos versos inspirados y a lo largo del día, corrigiéndolos, los dejaba reducidos a muy pocos, diciendo no absurdamente que él “paría”  y daba forma al poema como la osa, lamiendo y lamiendo.  Decidió escribir  la Eneida resumida en doce libros primero en prosa y componerla en verso según le apetecía en cada caso sin guardar ningún orden establecido. Y para que la inspiración no le demorase, nos transmitió algunos versos imperfectos, algunos  los anunció con pocas palabras, que en  broma decía que colocaba como puntales  para sostener la obra, en tanto le llegaban las sólidas columnas.

    Cum "Georgica" scriberet, traditur cotidie meditatos mane plurimos versus dictare solitus ac per totum diem retractando ad paucissimos redigere, non absurde carmen se more ursae parere dicens et lambendo demum effingere. "Aeneida" prosa prius oratione formatam digestamque in XII libros particulatim componere instituit, prout liberet quidque, et nihil in ordinem arripiens. Ac ne quid impetum moraretur, quaedam inperfecta transmisit, alia levissimis verbis veluti fulsit, quae per iocum pro tibicinibus interponi aiebat ad sustinendum opus, donec solidae columnae advenirent.

    Aulo Gelio en XVII, 10  también recuerda la forma de producir sus versos

    Recuerdo que el filósofo Favorino, una vez que acudió durante el verano del año  a la villa de un amigo suyo en Anzio, y yo había venido de Roma para verlo, disertó poco más o menos  de la siguiente manera sobre los poetas Píndaro y Virgilio. Dijo que "los amigos y los íntimos de Publio Virgilio, en los  recuerdos  que la memoria nos ha dejado de su talento y su carácter, dicen que él solía declarar que paría los  de la forma y la manera de una osa, "
    Porque así como  la bestia da a luz a su cría sin figura y deforme, y luego lamiendo da figura y forma a lo que había parido, así los productos recientes de su mente también eran groseros en su figura e imperfectos,  pero después  trabajándolos y puliéndolos les daba las formas del rostro y de la expresión.

    Favorinum philosophum, cum in hospitis sui Antiatem villam aestu anni concessisset nosque ad eum videndum Roma venissemus, memini super Pindaro poeta et Vergilio in hunc ferme modum disserere:  “Amici,” inquit, “familiaresque P. Vergilii, in his quae de ingenio moribusque eius memoriae tradiderunt, dicere eum solitum ferunt parere se versus more atque ritu ursino. Namque
    ut illa bestia fetum ederet ineffigiatum informemque lambendoque id postea quod ita edidisset conformaret et fingeret, proinde ingenii quoque sui partus recentes rudi esse facie et inperfecta, sed deinceps tractando colendoque reddere iis se oris et vultus liniamenta
    .

    Nota: esta comparación con el lamer de la loba tuvo notable éxito y se utilizó naturalmente en nuestro Renacimiento y Barroco.

    En el añ 19 a.C. cuando ya la tenía acabada pero no definitivamente corregida, marchó a Atenas para revisarla. Allí se encontró con  Augusto, que le convenció para volver con él a Roma. Visitó Megara bajo un sol abrasador y cayó enfermo.  Apenas desembarcar en Brindis, murió el 21 de septiembre, a los 51 años.  Antes de morir, pidió las cajas con los manuscritos de la Eneida para quemarlos; con anterioridad ya lo había así dispuesto en su testamento y pedido a sus albaceas Vario y Tucca. Sin duda este deseo se debía a su pasión por la perfección.  Se dice que fue la intervención de Augusto la que impidió que se cumpliera el deseo del poeta y se salvara el poema para la posteridad que siempre lo ha tenido de modelo de poesía épica. A Virgilio no le parecía presentable; le faltaba la última mano.

    El primero que nos lo cuenta o la primera y principal fuente es Plinio en su  Naturalis Historia VII 114:

    El Divino Augusto prohibió que fueran quemados los poemas de Virgilio  en contra del respeto  de su testamento y proporcionó así al poeta mayor fama que si hubiera aprobado su petición.

    Divus Augustus carmina Vergili cremari contra testamenti eius verecundiam vetuit maiusque ita vati testimonium contigit quam si ipse sua probavisset.

    También Donato en su Vida de Virgilio, XIV, 52 recoge el hecho:

    Cuando sintió que se agravaba su salud con su enfermedad pidió muchas veces y con gran fuerza que le llevasen las cajas (con los rollos) porque quería quemar la Eneida. Como  no se los llevaron ordenó en su testamento que fuera quemada como obra sin corregir e imperfecta.

    Tiberius Claudius Donatus, Vita Publii Virgilii Maronis, XIV, 52

    Quo ut gravari morbo se sentiret scrinia saepe et magna instantia petivit
    crematurus Aeneida. Quibus negatis testamento comburi iussit ut rem inemendatam imperfectamque.

    Hay que añadir Gellio XVII 10.7, que después de comentar que el mismo poeta decía que perfeccionaba sus versos como las osas dan forma a sus cachorros, nos informa:

    La propia realidad demuestra que fue un hombre de extraordinario buen gusto el que dijo esto con honestidad y verdad. Pues  las partes que dejó perfectas y pulidas,  a las que  su juicio y  aprobación habían aplicado su última la mano,   disfrutar de toda alabanza por su belleza poética; pero aquellas partes que se  pospusieron, con la intención de revisarlas más tarde, pero que  no pudo terminar porque le adelantó la muerte, no son de ninguna manera dignas de la fama y el agrado de los más elegantes de los poetas. Y así,  cuando abatido por la enfermedad  que la muerte estaba cerca, pidió y rogó y rogó insistentemente a  sus mejores amigos que quemaran la Eneida, que todavía no había “limado” suficientemente.

    Hoc virum iudicii subtilissimi ingenue atque vere dixisse, res,” inquit, "indicium facit.  Nam quae reliquit perfecta expolitaque quibusque inposuit census atque dilectus sui supremam manum,  omni poeticae venustatis laude florent; sed quae procrastinata sunt ab eo, ut post recenserentur, et absolvi, quoniam mors praeverterat, nequiverunt, nequaquam poetarum elegantissimi nomine atque iudicio digna sunt. Itaque cum morbo obpressus adventare mortem viderat, petivit oravitque a suis amicissimis inpense, ut Aeneida, quam nondum satis elimavisset, adolerent.

    También Macrobio en sus Saturnales I,24,6:

    ¿Quién a la hora de morir legó su poema al fuego, porque quería sustraer a la posteridad las carencias de su buena fama?

    Qui enim  moriens poema suum legavit igni, quid nisí famae suae vulnera posteritati subtrahenda curavit?,

    También  Suetonio en su Vida de Virgilio. Aunque redundante, ofrezco el texto de Suetonio, que recoge todo lo anteriormente dicho al final del artículo. Nada sabemos del citado por Suetonio Sulpicio el Cartaginés, relacionado también en Anthologia Latina 653

    Por lo demás la anécdota también está en las vidas de Virgilio, en la llamada Vita Serviana, 26-28 B

    «Aeneidem…scripsit…,sed nec emendavit nec edidit: unde eam moriens praeccpit
    incendí.”

    y en la Probiana se repite también,lo mismo que en Donato y Servio:

    La Eneida fue conservada gracias a Augusto, aunque él mismo (Virgilio) en su testamento la había ordenado que no se conservase nada que él no hubiera editado:

    Aeneis servata ab Augusto, quamvis ipse testamento damnaverit, ne quid eorum quod non edidisset extaret

    Esta realidad descrita confirma la necesidad de trabajar incansablemente para que aparezcan como fluidos los versos que no son sino fruto de un enorme esfuerzo y tensión emocional. Así que firmaré también la definición con la que comenzaba el artículo: el poeta nace y se hace con un esfuerzo permanente, con un constante “labor limae”. Con ello no hago sino seguir el sabio consejo de Horacio  preceptiva literaria “Epistula ad Pisones”, v. 408-411:

    Se pregunta si el mérito de un poema
    depende de la naturaleza o del arte.
    Yo ni creo en el estudio sin inspiración,
    ni veo qué aprovecha un genio sin educar;
    una cosa necesita del auxilio de la otra
    y son perfectamente compatibles.

    Natura fieret laudabile Carmen an arte,
    quaesitum est: ego nec studium sine divite vena,
    nec rude quid prosit video ingenium; alterius sic
    altera poscit opem res et coniurat amice.

    Y si esto es así, ¿cómo es posible que modernos vates publiquen un libro de poemas al año e incluso al semestre? Probablemente porque ni fueron tocados por la divinidad ni aplican la diaria lima necesaria;  tan sólo emborronan versos con  sonidos vacíos de significado, flatus vocis, decían los antiguos. Y a ellos también se les debe aplicar el consejo del tan citado Horacio en Epistula ad Pisones, 445-450:

    El varón bueno y prudente hará como Aristarco,
    Censurará los versos flojos, rechazará los incorrectos
    Y con la pluma al revés trazará una señal negra sobre los mal medidos,
    Recortará los adornos afectados, obligará a esclarecer lo oscuro,
    Atacará lo dicho ambiguamente, señalará lo que hay que cambiar. 
    (Traducción de Helena Valentí. Edit. Bosch)

    vir bonus et prudens versus reprehendet inertis,
    culpabit duros, incomptis adlinet atrum
    transverso calamo signum, ambitiosa recidet
    ornamenta, parum claris lucem dare coget,
    arguet ambigue dictum, mutanda notabit:
    fiet Aristarchus;

           ………………

    Suetonio, Vida de Virgilio, 35 y ss.

    A los 51 años de edad (en el año quincuagésimo segundo), dispuesto a dar la última
    mano a su Eneida, decidió marcharse  a Grecia y a Asia, y durante  tres años continuos no hacer ninguna otra cosa  que corregirla, para estar libre  el resto de su vida sólo para la filosofía. Pero ya en el viaje se encontró en Atenas con Augusto, que regresaba a Roma desde Oriente, y decidió no separarse de él e incluso volver juntamente,  y mientras  conoció la ciudad vecina de Megara   bajo un sol muy ardiente, contrajo una enfermedad, que se aumentó durante  la navegación ininterrumpida,  de tal forma que alcanzó Brindis bastante más grave. Allí murió a los pocos días, el 21 de septiembre, siendo cónsules Cneo Sentio y Quinto Lucrecio.  Sus huesos fueron trasladados a Nápoles, y enterrados en un sepulcro que está en la vía Puteolana, dentro del segundo miliario, en el que (hay escrito) este dístico que él hizo:

    Mantua me engendró, los calabrenses me raptaron, ahora me tiene
    Parténope; canté los pastos, los campos, a los generales.

    Nombró herederos, de  la mitad  a Valerio Próculo, hermano de diferente padre; de la cuarta parte a Augusto; de la duodécima parte, a Mecenas; de lo restante a Lucio Vario y
    a Plocio Tuca, quienes revisaron su Eneida después de su muerte por orden el César.  Sobre  este asunto, quedan estos versos de Sulpicio el cartaginés:

    Había ordenado Virgilio que fueran destruidos en las rápidas llamas
    estos poemas, que cantaban al general frigio.
    Tuca y Vario lo impiden; al mismo tiempo tú, César máximo,
    no lo permites y velas por la historia del Lacio.
    La desgraciada  Pérgamo cayó junto al fuego doble,
    Y Troya casi fue quemada en otra hoguera.

    Antes de abandonar Italia, había tratado con Vario, que si le pasaba algo, quemara la Eneida; pero éste  había negado enérgicamente  que así lo haría;  así pues, al final de su salud pidió con insistencia sus cajas de libros para quemarlos él mismo. Pero, como no se los llevó nadie, no dispuso nada especial sobre ella (la Eneida)   Por lo demás, legó sus escritos al mismo Vario y también a Tuca, con la condición de que no publicaran nada, que no hubiera sido publicado por él.  Sin embargo Vario la publicó  con autorización de Augusto, aunque ligeramente enmendada,  de modo que incluso  dejó  los versos incompletos tal como estaban. Muchos pronto intentaron  completarlos, pero no pudieron hacerlo por su dificultad, porque casi todos los hemistiquios, en su caso, tienen  absoluto y perfecto sentido, excepto aquel: “quem tibi iam Troia”.

    Anno aetatis quinquagesimo secundo inpositurus "Aeneidi" summam manum statuit in Graeciam et in Asiam secedere triennioque continuo nihil amplius quam emendare, ut reliqua vita tantum philosophiae vacaret. Sed cum ingressus iter Athenis occurrisset Augusto ab Oriente Romam revertenti destinaretque non absistere atque etiam una redire, dum Megara vicinum oppidum ferventissimo sole cognoscit, languorem nactus est eumque non intermissa navigatione auxit ita ut gravior aliquanto Brundisium appelleret, ubi diebus paucis obiit XI Kal. Octobr. Cn. Sentio Q. Lucretio conss. Ossa eius Neapolim translata sunt tumuloque condita qui est via Puteolana intra lapidem secundum, in quo distichon fecit tale:

    "Mantua me genuit, Calabri rapuere, tenet nunc
    Parthenope; cecini pascua rura duces. "

    Heredes fecit ex dimidia parte Valerium Proculum fratrem alio patre, ex quarta Augustum, ex duodecima Maecenatem, ex reliqua L. Varium et Plotium Tuccam, qui eius "Aeneida" post obitum iussu Caesaris emendaverunt. De qua re Sulpicii Carthaginiensis exstant huiusmodi versus:

    "Iusserat haec rapidis aboleri carmina flammis
    Vergilius, Phrygium quae cecinere ducem.
    Tucca vetat Variusque; simul tu, maxime Caesar,
    Non sinis et Latiae consulis historiae.
    Infelix gemino cecidit prope Pergamon igni,
    Et paene est alio Troia cremata rogo."

    Egerat cum Vario, priusquam Italia decederet, ut siquid sibi accidisset, "Aeneida" combureret; at is ita facturum se pernegarat; igitur in extrema valetudine assidue scrinia desideravit, crematurus ipse; verum nemine offerente nihil quidem nominatim de ea cavit. Ceterum eidem Vario ac simul Tuccae scripta sua sub ea condicione legavit, ne quid ederent, quod non a se editum esset. Edidit autem auctore Augusto Varius, sed summatim emendata, ut qui versus etiam inperfectos sicut erant reliquerit; quos multi mox supplere conati non perinde valuerunt ob difficultatem, quod omnia fere apud eum hemistichia absoluto perfectoque sunt sensu, praeter illud: "quem tibi iam Troia."

  • Demetrio el Cínico y su relación con los emperadores Calígula, Claudio, Nerón, Vespasiano, Tito y ¿Domiciano? (Intelectuales frente al poder IV)

    Uno de los muchos intelectuales que sufrió las iras del poder fue Demetrio de Corinto (ca.7/10 d.C. –ca.90), prestigioso intelectual y filósofo cínico griego que vivió una larga vida de 80 años en época imperial romana llena de sinsabores. De él se conservan muchas ideas citadas por numerosos autores y tuvo una notable influencia en muchos romanos, como Séneca.

    Vivió  a la manera de los cínicos, sin lujos, sin apego a las riquezas ni al  poder. Como otros griegos, marchó Roma, centro del poder, siendo joven en época del emperador Calígula. Fue amigo de Séneca y se ganó el respeto de los intelectuales romanos, cuyos cenáculos recorrió pronunciando con notable éxito sus conferencias.

    Parte de su vida, reflejada en unos cuantos textos, nos permitirán recrear el ambiente de tiranía y opresión al que se ven sometidos los pensadores, los filósofos, los intelectuales cuando se atreven a expresar libremente sus opiniones y criticar la acción de los poderosos. Este ambiente de terror fue especialmente opresivo en tiempos de Domiciano.

    Reproduzco una carta de Séneca a su amigo Lucilio en la que deja constancia del cariño y respeto que le tiene: 

    Séneca, Cartas a Lucilio LXII

    Mienten quienes quieren que parezca que la cantidad de los negocios es un obstáculo para el estudio de las artes liberales; simulan ocupaciones y las multiplican y ellos mismos se llenan de ocupaciones. Yo estoy libre, querido Lucilio, estoy libre y donde quiera que estoy, allí soy mi dueño. Pues no me entrego a las cosas, sino que me acomodo y no  persigo las causas para perder el tiempo. Y en cualquier lugar en el que me detengo, allí me dedico a mis pensamientos y doy vueltas en mi cabeza a algo saludable.

    Cuando me dedico a mis amigos, no me distraigo de mi mismo, ni me entretengo con aquellos con los que alguna circunstancia me reunió o alguna causa surgida de un asunto civil, sino que estoy solo con los mejores; a ellos entrego mi alma en cualquier lugar en el que vivieron y  en cualquier momento en el existieron.

    Traigo conmigo a Demetrio, el mejor de los hombres y abandonando a los purpurados, hablo con él que va semidesnudo y le admiro. ¿Cómo no lo voy a admirar? Veo que no le falta nada. Uno puede despreciar todas las cosas, pero nadie puede tener todas las cosas. El camino más corto para las riquezas pasa por el desprecio de las riquezas. Pues nuestro querido Demetrio vive así, no como el que desprecia todo, sino como el que permite que los demás las tengan. Cuidate.

    Mentiuntur, qui sibi obstare ad studia liberali turbam negotiorum videri volunt; simulant occupationes et augent et ipsi se occupant. Vaco, Lucili, vaco et ubicumque sum, ibi meus sum. Rebus enim me non trado, sed commodo, nec consector perdendi temporis causas. Et quocumque constiti loco, ibi cogitationes meas tracto et aliquid in animo salutare  converso.

    Cum me amicis dedi non tamen mihi abduco, nec cum illis moror, quibus me tempus aliquod congregavit aut causa ex officio nata civili, sed cum optimo quoque sum; ad illos, in quocumque loco, in quocumque saeculo fuerunt, animum meum mitto.

    Demetrium, virorum optimum, mecum circumfero et relictis conchyliatis cum illo seminudo loquor, illum admiror. Quidni admirer? Vidi nihil ei deesse. Contemnere aliquis omnia potest, omnia habere nemo potest. Brevissima ad divitias per contemptum divitiarum via est. Demetrius autem noster sic vivit, non tamquam contempserit omnia, sed tamquam aliis habenda permiserit. Vale.

    Filóstrato lo presenta  en Corinto (hacia el año 61) y como amigo de Apolonio de Tiana,  pero esta fuente no resulta muy fiable para algunos, aunque también Luciano de Samosata atestigua su estancia en Corinto en “Contra la ignorancia, 19”:

    Filóstrato, Vida de Apolonio, IV, 25

    En Corinto practicaba precisamente por aquella época la filosofía Demetrio, hombre que había abarcado toda la vitalidad de la doctrina cínica. De él hace luego mención Favorino en muchos de sus discursos, y no sin generosidad. Le ocurrió respecto a Apolonio lo que dicen que le ocurrió a Antístenes respecto a la sabiduría de Sócrates; lo seguía, deseoso de ser su discípulo y pendiente de sus discursos, e incluso a los más estimados de sus seguidores los dirigió en pos de Apolonio. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Fue desterrado por primera vez por Tigelino, el prefecto del pretorio de Nerón en el año 62  por sus irónicos comentarios y su actitud crítica con la monarquía, con ocasión de la inauguración de un grandioso gimnasio por el emperador.  Véase https://www.antiquitatem.com/neron-inaugura-un-gimnasio-demetrio-

    En la misma época fue también desterrado otro cínico llamado Isidoro, que también comentaré.

    En una ocasión el emperador Calígula (reinó del 37 al 41) quiso hacerle un regalo con una pequeña cantidad de dinero qué el filósofo rechazó orgulloso. Nos lo cuenta Séneca, Sobre los deberes VII,11,1-2:

    Así pues, cuando Cayo César iba a regalarle  doscientos (sestrcios), los rechazó riéndose, considerando que no era una cantidad digna, ni siquiera para ser ensalzado por no aceptarla. ¡Dioses y diosas, con qué  ánimo más mezquino quiso o honrarle o corromperle! Debe darse testimonio de este hombre extraordinario. Le oí decir una cosa grandiosa al considerar que era una locura de Cayo el que hubiese pensado que él podía  cambiarse por tan poco.  Dijo: “Si había decidido probarme, me debía  haber tentado con todo el imperio”.

    Itaque cum C. Caesar illi ducenta donaret, ridens reiecit ne dignam quidem summam iudicans, qua non accepta gloriaretur. Di deaeque, quam pusillo animo illum aut honorare voluit aut corrumpere ! Reddendum egregio viro testimonium est ; ingentem rem ab illo dici audivi, cum miraretur Gai dementiam, quod se putasset tanti posse mutari. " Si temptare," inquit, " me constituerat, toto illi fui experiendus imperio."

    Demetrio criticó las famosas Termas o gimnasio que  Nerón inauguró en el año 61 por antihigiénicas y por suponer un gasto despilfarrador. Cuando un año más tarde se derrumbaron por efecto de un rayo, las palabras de Demetrio se consideraron la causa del derrumbe y Demetrio fue enviado al exilio por Tigelino, el prefecto del pretorio (el jefe superior de policía y brazo ejecutor) de Nerón. Nos lo cuenta Filóstrato, Vida de Apolonio IV 42.

    Dado que Demetrio, que llegó después a Roma con la misma disposición de ánimo hacia él que he dicho en los capítulos acerca de Corinto, elogiaba a Apolonio, mientras que arremetía contra Nerón, ello provocó en este hombre sospechas de una conspiración, y daba la impresión de que aquel había inducido a Demetrio a eso mismo.

    Mucho más cuando se llevó a término por Nerón el gimnasio más admirable de los de allí, y estaban celebrando el día festivo en él el propio Nerón, el gran senado y el orden ecuestre de Roma, pero presentándose Demetrio en el propio gimnasio, pronunció un discurso contra los que se bañaban, diciendo que se debilitaban y se contaminaban. Así mismo, demostraba que tales cosas constituían un derroche excesivo.

    Lo libró de morir inmediatamente por ello el hecho de que Nerón cantó aquel día muy bien de voz (cantaba en una taberna construida junto al gimnasio, desnudo, con sólo un ceñidor, como los más desvergonzados de los mozos de taberna). Con todo, no se libró Demetrio del peligro por lo que dijo, pues Tigelino, que tenía la espada de Nerón, lo expulsó de Roma, por haber arruinado la casa de baños con lo que dijo. Asimismo, se puso en secreto tras las huellas de Apolonio,  para cuando también él dijera algo censurable e impurdente. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Es fácil imaginar la cara que se les pondría a toda la alta sociedad romana, con el emperador Nerón a la cabeza, escuchando al tábano cínico Demetrio (Socrátes, de quien aprendió muchas cosas Antístenes, creador de la escuela cínica, se consideraba a sí miso un tábano; mosca cojonera diríamos hoy en lenguaje más explícito) arruinarles el acto con dos críticas de peso: aquello es un despilfarro y además en los baños públicos lo único que puedes pillar es alguna enfermedad…

    Es también motivo de reflexión la actitud del “policía” Tigelino respecto de Apolonio: espiarlo en secreto para pillarlo in fraganti(delicto) y entonces…. castañazo.

    De nuevo Filóstrato nos da una extraña razón de por qué el emperador Nerón no condenó a muerte a Demetrio y otros sofistas. Nos lo dice en Vida de Apolonio VII 16:

    Emperador, los sofistas son una cosa que habla a la ligera, y su sabiduría, fanfarronadas. Y como no disfrutan de ninguna ventaja de laexistencia, anhelan la muerte, y no aguardan a que venga por sí misma, sino que se acarrean la muerte, provocando a quienes tienen espadas. Pienso que eso mismo es lo que pensaba Nerón, para no verse obligado por Demetrio a matarlo. Pues dado que se dio cuenta de que quería morir, no lo dispensó de la sentencia de muerte por compasión, sino por desprecio de matarlo. Y asimismo a Musonio, el etrusco, pese a su continua oposición a su poder,lo confinó en una isla llamada Giara. (en las Cícladas) (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Hay un relato también de Filóstrato que relaciona a Demetrio con Musonio Rufo, el maestro de Epicteto.  Con motivo de la conspiración de Pisón contra Nerón del año 65-66 Séneca fue obligado al suicidio abriéndose las venas junto a su esposa Pompeya Paulina y también su sobrino Lucano.  Por la misma razón fueron expulsados de Roma los filósofos, sobre todo los estoicos, y entre ellos Musonio Rufo, maestro de Epicteto. Filóstrato, fuente poco de fiar como ya dije según algunos autores, hace que los dos coincidan en Grecia: allí estaba Musonio condenado a excavar el Istmo de Corinto, como mil veces ha ocurrido con prisioneros y disidentes, condenados a trabajos forzados para la construcción de grandiosas y peligrosas obras públicas.

    La anécdota, a pesar de su curioso interés, no parece muy creíble a los historiadores, aunque no hay argumentos serios para dudarlo; en todo caso  leeremos el texto de Filóstrato, Vida de Apolonio V, 19:

    Una vez iniciado (Apolonio) en Atenas (en los misterios de Eleusis) –y lo inició el hierofante que él mismo le había vaticinado al anterior-, se encontró casualmente con Demetrio, el filósofo; pues después de lo del baño de Nerón y o que dijo acerca de él, Demetrio había residido en Atenas con tan noble valentía que ni durante el tiempo que Nerón los injurió, con motivo de los juegos, salió de Grecia. Aquél le dijo que también se había encontado a Musonio en el Istmo, aherrojado y forzado a participar en la excavación, y que lo había confortado como era natural, pero que el otro había tomado su azadón y lo había clavado violentamente en tierra y, tras erguirse, le había dicho:

    -¿Te aflige, Demetrio, que ande yo excavando el Istmo en beneficio de Grecia? Si me viras tocando la cítara, como a Nerón, ¿qué te ocurriría?.

    No obstante, dejemos las frases de Musonio –que hay más y más admirables- para que no parezca que me muestro arrogante con quien las pronunció sin calibrarlas. (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Esa conspiración también ocasionó la condena a Bárea Sorano y a Trasea Peto, patricio, estoico, de quien era maestro Demetrio, que le consoló en el momento y día en que llegaba la condena.

    Trasea es quien según Epicteto pronunció la frase:

    ¡Mejor sería ser matado hoy que desterrado mañana”.

    Epicteto recomienda aceptar las cosas como vienen con sabio estoicismo. Discursos I,1, 21

    …Qué hay que tener a mano en semejantes circunstancias? ¿Qué otra cosa sino saber qué es lo mío y qué no es lo mío, y qué me está permitido y qué no me está permitido? He de morir. ¿Acaso ha de ser gimiendo? Ser llevado a prisión. ¿Acaso ha de ser lamentándome? Ser exiliado. ¿Habrá quien me impida hacerlo riendo, de buen humor y tranquilo?  “Dime lo que no debes decir”. No lo diré, porque eso depende de mí. “Pues te encadenaré”. ¿Qué dices, hombre? ¿A mí?  Encadenarás mi pierna, pero mi albedrío ni el propio Zeus puede vencerlo. “Te meteré en la cárcel”. A mí cuerpecito, será. “Te decapitaré”. ¿Pero te he dicho yo que mi cuello sea el único imposible de cortar? Sobre eso convendría que reflexionaran los que filosofan; sobre eso habrían de escribir a diario; en eso tendrían que ejercitarse.

    Trásea acostumbraba a decir: “Prefiero verme hoy muerto que mañana en el exilio”.  ¿Y qué le respondió Rufo? “Si lo eliges por ser más penoso, ¡qué locura de elección! Si por ser más leve, ¡quién te ha dado a elegir? ¿No quieres ejercitarte en que te  baste con lo que te ha sido dado?” (Traducción de  Paloma Ortiz García. Editorial Gredos)

    Transcribo la información que nos da Tácito en sus Anales sobre la sentencia y muerte de Trásea, un episodio que no puede por menos que conmovernos todavía hoy:

    Tácito, Anales, XVI, 21

    Después de haber asesinado a tantos hombres insignes, Nerón deseó incluso acabar con la virtud misma, matando a Trásea Peto y a Barea Sorano, a los que odiaba desde hacía tiempo; en el caso de Trásea se añadía a los motivos el que se ausentó del Senado cuando se trataba el asunto de Agripina, como ya he contado antes, y el que había prestado poco interés en la asistencia a los juegos de la juventud; y esta ofensa le había calado más profundamente porque el mismo Trásea había cantado vestido como trágico en Padua, de donde era oriundo, en los “juegos césticos” , instituidos por el troyano Antenor. Y también porque en el día en  el que el pretor Antistio era condenado a muerte por unos versos injuriosos contra Nerón, aconsejó y obtuvo un castigo más suave; y porque cuando se decretaron honores de dioses a Popea estuvo ausente conscientemente y no había intervenido en el funeral. Todas estas cosas no permitía que cayeran en el olvido Capitón Cossutiano, mala persona de espíritu inclinado a toda maldad, especialmente contra Trásea, porque había sido condenado por su autoridad cuando acusan a Capitón de cohecho con la ayuda de los embajadores de Cilicia.

    Entonces fue enviado a Trásea, que estaba moviéndose en su huerto, el cuestor del cónsul cuando el día ya atardecía. Había organizado una concurrida reunión de hombres y mujeres ilustres, y sobre todo prestaba atención a Demetrio, maestro de la escuela cínica, con el que trataba de la naturaleza del alma y de la separación del espíritu y del cuerpo, como se podía deducir de la atención de su rostro y de lo que se les oía cuando hablaban más alto, hasta que llegó Domicio Ceciliano, uno de sus íntimos amigos, y le expuso lo que el senado había decidido. Entonces Trásea apremia a los presentes que están llorando y quejándose a que se marchen rápidamente para no mezclar su peligro con la suerte de él ya condenado. Y a Arria, que pretendía unirse al destino de su marido y seguir el ejemplo de su madre, le pide que conserve la vida y no prive a su hija común de su único amparo.
    Entonces salió al corredor y allí le encontró el cuestor, cerca de estar alegre, porque había conocido que su yerno Helvidio sólo había sido condenado a alejarse de Italia. Una vez recibido el decreto del senado, hizo pasar a la habitación a Helvidio y a Demetrio. Tensó las venas de sus dos brazos, y cuando la sangre ya brotaba, esparciéndola por el suelo, llamando al cuestor para que se acercara, dijo: “Mira joven, estamos haciendo una libación a Júpiter Liberador; y que los dioses te alejen todo presagio, aunque has nacido en unos tiempos en los que te conviene reforzar tu espíritu con ejemplos de constancia”;  luego, como la lentitud de la salida le producía más tormento, vueltos (los ojos) hacia Demetrio…

    Trucidatis tot insignibus viris ad postremum Nero virtutem ipsam excindere concupivit interfecto Thrasea Paeto et Barea Sorano, olim utrisque infensus et accedentibus causis in Thraseam, quod senatu egressus est cum de Agrippina referretur, ut memoravi, quodque Iuvenalium ludicro parum spectabilem operam praebuerat; eaque offensio altius penetrabat, quia idem Thrasea Patavi, unde ortus erat, ludis †cetastis† a Troiano Antenore institutis habitu tragico cecinerat. die quoque quo praetor Antistius ob probra in Neronem composita ad mortem damnabatur, mitiora censuit obtinuitque; et cum deum honores Poppaeae decernuntur sponte absens, funeri non interfuerat. quae oblitterari non sinebat Capito Cossutianus, praeter animum ad flagitia praecipitem iniquus Thraseae quod auctoritate eius concidisset, iuvantis Cilicum legatos dum Capitonem repetundarum interrogant.

    XVI, 34
    Tum ad Thraseam in hortis agentem quaestor consulis missus vesperascente iam die. inlustrium virorum feminarumque coetus frequentis egerat, maxime intentus Demetrio Cynicae institutionis doctori, cum quo, ut coniectare erat intentione vultus et auditis, si qua clarius proloquebantur, de natura animae et dissociatione spiritus corporisque inquirebat, donec advenit Domitius Caecilianus ex intimis amicis et ei quid senatus censuisset exposuit. igitur flentis queritantisque qui aderant facessere propere Thrasea neu pericula sua miscere cum sorte damnati hortatur, Arriamque temptantem mariti suprema et exemplum Arriae matris sequi monet retinere vitam filiaeque communi subsidium unicum non adimere.

    XVI, 35
    Tum progressus in porticum illic a quaestore reperitur, laetitiae propior, quia Helvidium generum suum Italia tantum arceri cognoverat. accepto dehinc senatus consulto Helvidium et Demetrium in cubiculum inducit; porrectisque utriusque brachii venis, postquam cruorem effudit, humum super spargens, propius vocato quaestore 'libamus' inquit 'Iovi liberatori. specta, iuvenis; et omen quidem dii prohibeant, ceterum in ea tempora natus es quibus firmare animum expediat constantibus exemplis.' post lentitudine exitus gravis cruciatus adferente, obversis in Demetrium …

    Y aquí terminan los "Anales"; seguramente la muerte de su autor le impidió continuar y faltan unas cuantas líneas en el códice, que nos liberan así de asistir al finar de tan dramático episodio.

    Pero no privaré a los lectores interesados de otro fragmento de la obra de Suetonio, en que nos muestra la crueldad con la que Nerón ordenaba los suicidios . Nos lo cuenta  Suetonio, cuya obra, en la que se recogen fundamentalmente anécdotas, hay que leerla con espíritu crítico, aun sabiendo que como secretario de Adriano tuvo a su disposición los archivos oficiales.

    Suetonio, Nerón 37

    … Peto Trasea fue acusado de tener un rostro demasiado triste, como el de un maestro de escuela. Concedía solamente algunas horas  a los que recibían orden de morir y para prevenir cualquier retraso les enviaba médicos encargados de “cuidarlos” al momento en caso de que vacilasen. Esta era su expresión favorita para referirse a abrirse las venas para provocar la muerte. Se pretende incluso que quiso echar, para que los despedazara y devorara, hombres vivos a un antropófago egipcio habituado a comer carne cruda y todo lo que se le presentase. Henchido de orgullo por tan brillantes “éxitos”, declaró que ningún emperador se había dado cuenta del poder que realmente tenía…

    (37.1)…Paeto Thraseae tristior et paedagogi uultus.
    (37.2) mori iussis non amplius quam horarum spatium dabat; ac ne quid morae interueniret, medicos admouebat qui cunctantes continuo curarent: ita enim uocabatur uenas mortis gratia incidere. creditur etiam polyphago cuidam Aegypti generis crudam carnem et quidquid daretur mandere assueto, concupisse uiuos homines laniandos absumendosque obicere.
    (37.3)elatus inflatusque tantis uelut successibus negauit “quemquam principum scisse quid sibi liceret”,

    Pero frente a estos dictadores poderosos, hombres libres como Demetrio les pueden decir, como cuenta Arriano,  en Epicteto, Discursos I 25,21-23:

    Y en cuanto a la última vestimenta, esto es, el cuerpecito, nadie puede hacerme nada más allá de ella. Por eso le respondió Demetrio a Nerón: “Con la muerte me amenazas tú a mí, y a ti la naturaleza”. (Traducción de  Paloma Ortiz García. Editorial Gredos)

    En el año 75, bajo el emperador Vespasiano,  fue expulsado por segunda vez, junto con otros filósofos, a las islas Cícladas.  Algunos piensan que la expulsión fue en el año 71 de acuerdo con Dión Casio 65 (66)13 y Suetonio, Vespasiano 13.

    Leamos el texto de Dión Casio, Historia de Roma 65 (66) 12 y ss.

     Helvidio Prisco, el yerno de Trasea, había sido educado en las doctrinas de los estoicos e imitaba al hablar la franqueza de Trasea, a veces inoportunamente.  Por aquel entonces era pretor, pero no prestaba la honra debida al emperador, sino que en vez de ello le insultaba e injuriaba constantemente.   Por ello, en una ocasión los tribunos lo arrestaron y lo entregaron a los lictores; entonces  Vespasiano se emocionó abrumado y salió  llorando del Senado, repitiendo únicamente estas palabras: "Mi sucesor será mi hijo o ninguno otro".

    Como quiera que había  ya muchos otros, entre los que se encontraba también Demetrio el Cínico, que actuaban según los principios estoicos y se aprovechaban del prestigio de la filosofía para enseñar públicamente muchas doctrinas inadecuadas para aquellos tiempos, e iban corrompiendo así a otros varios de sus oyentes, Muciano, llevado  más por la ira que por el amor a la filosofía, dijo muchas cosas contra ellos a Vespasiano y le  convenció  para que expulsara de la ciudad a todos los de aquella secta.

    Ocurría que Muciano quería ser honrado por todos por encima de cualquier otro y por eso le molestaba no sólo que alguien le ofendiera, sino también que no se le dieran muestras de respeto. Por eso, de la misma manera que no tenía límites para agradecer a quien le hacía algún favor por pequeño que fuera, también trataba con el odio más grande a quien se comportaba de otra manera.

    Muciano le hizo a Vespasiano un gran número críticas extrañas contra los estoicos, afirmando, por ejemplo, que estaban llenos de jactancia vacía, que alguno  de ellos se deja crecer la barba larga, que arqueaba las cejas, que llevaba un grueso manto marrón  echado hacia atrás sobre el hombro y que iba descalzo, que en seguida proclamaba que él poseía la sabiduría, la valentía y la justicia, y se daba grandes ínfulas, aunque como dice el refrán, “ni supiera las letras ni tampoco cómo nadar”. Que ellos desprecian a todos y al hombre de buena familia le llaman malcriado, al de baja cuna corto de mente, a una persona guapa viciosa, a una persona fea un simplón, al hombre rico avaro, y al pobre servil.

    Y Vespasiano expulsó inmediatamente de Roma a todos los filósofos, excepto a Musonio. A  Demetrio y Hostiliano  incluso los deportó  a las islas. Pero Hostiliano, aunque de ninguna manera desistió de su actitud  cuando se le comunicó  la sentencia de exilio,  más aún, como estaba conversando con otra persona, sencillamente  arremetió con más dureza contra de la monarquía,  sin embargo regresó pronto del exilio.  Por el contrario,  a Demetrio, que tampoco cedió incluso entonces, Vespasiano ordenó que le dieran este mensaje:  "Tú haces todo lo que puedes para obligarme a matarte, pero yo no mato  a un perro ladrador".

    También quedó evidentemente claro que Vespasiano odiaba Helvidio Prisco, no tanto por él mismo o por sus amigos, a los que había agraviado, sino porque era un agitador  que se ganó el favor de la plebe y acusaba y denunciaba  siempre la realeza mientras elogiaba a la   democracia. Actuando en consecuencia con estas opiniones, Helvidio reunió  un grupo de partidarios, como si la función de la filosofía fuera la de insultar a los gobernantes, agitando a la multitud para derrocar el orden establecido de las cosas y  llevar a cabo una revolución.

    Éste fue yerno de Trásea e intentó emular su conducta, pero se quedó muy lejos de comportarse así. Pues mientras Trásea, a pesar de vivir en la época de Nerón y en desacuerdo con él, ni dijo ni hizo nada insultante para él, excepto que se segó a compartir sus hechos, Helvidio en cambio mantenía el rencor contra Vespasiano y no lo abandonaba ni en privado ni en público. Así, con su conducta se estaba buscando la muerte y estaba a punto de llegar el tiempo de recibir su castigo por sus intromisiones.

    Es curioso cuán semejante me resulta esta actitud temerosa del poder frente a cualquier a los movimientos y comportamientos sociales de aquel momento, con los que personalmente viví (ya tengo alguna edad) en las postrimerías de la dictadura de Franco: barba larga, vestimenta distinta a la convencional, llevan zapatillas, se las dan de listos, se meten con todo el mundo, convencen con su charla a la gente, etc.

    Suetonio nos pinta a Vespasiano como comprensivo y benevolente, contrario a la aplicación de castigos excesivos. A propósito de Demetrio y Vespasiano dice en Suetonio, Vespasiano 13:

    Demetrio el Cínico, cuando se cruzó en el camino con él después de haber sido condenado (al exilio) , no se dignó ponerse en pie ni saludarle, atreviéndose incluso a murmurar no sé qué contra él; Vespasiano, en cambio, se contentó con llamarle “perro”.

    Demetrium Cynicum in itinere obuium sibi post damnationem ac neque assurgere neque salutare se dignantem, oblatrantem etiam nescio quid, satis habuit canem appellare.

    Su relación con Tito parece haber sido mejor. Filóstrato nos cuenta cómo Apolonio recomendó a Tito que se sirviera de las enseñanzas del maestro Demetrio; nos lo dice en su citada Vida de Apolonio, VI, 31

    En cuanto a mí, -dijo Tito-, hombre de Tiana, ¿qué me recomiendas respecto al imperio y la realeza?

    -Lo mismo de lo que tú mismo estás convencido –repuso-, pues al someterte a tu padre, evidente es que te asemejarás a él. Yo además te diría ahora un dicho de Arquita, pues es noble y digno de aprenderse. Arquitas era un varón tarentino, sabio en las doctrinas de Pitágoras. Y él, en un escrito sobre la educación de los hijos, dice:”que el padre sea para los hijos modelo de virtud, porque también los padres caminarán más rectamente hacia las virtudes, si los hijos pretenden asemejárseles”. Por mi parte, te encomendaré a mi compañero Demetrio, que te atenderá en cuanto quieras, enseñándote qué es menester que haga el buen gobernante.

    -¿Y cuál es, Apolonio –le preguntó-, la sabiduría de ese hombre?

    -La sinceridad –contestó- y el ser veraz y no amilanarse por nadie, pues ello es cosa del coraje perruno.

    Y como Tito oía con desagrado mentar al perro, Apolonio añadió:

    -Con todo, a Homero le pareció que Telémaco, cuando era joven necesitaba dos perros, y se los da al jovencito por compañeros en el ágora de los de Ítaca, aunque eran irracionales. A ti te acompañará un perro que ladrará en tu defensa frente a los demás, y frente a ti mismo, si cometieras un error.

    -Dame, pus –repuso, ese perro por compañero. Y le permitiré incluso morderme si se diera cuenta de que cometo alguna injusticia.

    -Se le escribirá una carta –dijo-, pues se halla filosofando en Roma.

    -Que se le escriba –contestó-. Y quisiera que también a ti te escribiera alguien intercediendo por mí, para que compartieras nuestro camino hacia Roma.
    Iré –prometió- cuando sea mejor para ambos.

    (Traducción de Alberto Bernabé Palares. Edit. Gredos)

    Poco después, en Vida de Apolonio VI 33 nos ofrece la carta:

    La carta de Demetrio fue la siguiente:

       Apolonio, el filósofo, a Demetrio, el perro. Saludos.
    Te encomiendo al emperador Tito como su maestro, para el comportamiento de la realeza. Tu procura no dejarme por mentiroso ante él, y sélo todo para él, salvo la ira. Adios.
    (Traducción de Gredos de Alberto Bernabé Palares-)

    En el año 75 Tito pretendía casarse con la princesa judía Berenice, relación que el pueblo no veía con buenos ojos; un tal Diógenes el Sofista y un tal Heras criticaron en el teatro los vicios de los emperadores y esto alimentaba el enfado regio y por ello fueron castigados, como nos cuenta Dión Casio, Historia de Roma LXV 15, 3-5:

    Berenice estaba en la cúspide de su poder y por ello  vino también a Roma con su hermano Agripa.   A este se le concedió el cargo de pretor, mientras ella vivía en el palacio  con Tito.  Ella esperaba casarse con él y  se comportaba en todos los aspectos como si ya fuese su esposa; pero cuando él advirtió que la situación disgustaba a los romanos, la hizo marcharse, porque  además de los muchos rumores  que había, se añadió el hecho de que ciertos sofistas de la escuela cínica se las arreglaron para entrar subrepticiamente en la ciudad. Y Diógenes fue el primero que se  presentó  en el teatro cuando estaba lleno de público y les lanzó muchas invectivas  a la pareja en un insolente discurso, y por ello fue azotado. Luego, detrás de él, entró Heras, y pensando que no tendría un castigo no más duro que el anterior, se lanzó a gritarles al modo cínico muchas críticas intempestivas,  y por ello le cortaron la cabeza. 

    Demetrio quizás vivió hasta la época de Domiciano, que creó un buen ambiente de terror. A Domiciano se le adjudican dos expulsiones de filósofos (filosofar resultó ser una actividad de alto riesgo) y también de astrólogos y “matemáticos”, término con el que quizás se refieran a profesores en general. La primera tuvo lugar en el año 89 y la segunda, más violenta, en el 93/95. Veamos lo que dice Dion Casio en Historia de Roma LXVII 13,1:

    (Domiciano) tuvo también una notable actuación como censor.  Y así expulsó a Cecilio Rufino del Senado porque bailaba representando pantomimas, y devolvió a Claudio Pacato a su amo, aunque había sido un centurión, porque se demostró que era un esclavo.  Pero no fueron iguales los hechos que voy ahora a contara y que realizó  como emperador.  Porque mató a Aruleno Rústico porque filosofaba   y llamó santo (equivalente a “augusto”, ἱερὸν,  en griego)  a Trasea, y mató a Herenio Seneción porque, después de haber sido cuestor, no se presentó para ninguna otra magistratura en su larga vida y porque había escrito una biografía de Helvidio Prisco.

    Muchos otros también murieron como consecuencia de esta misma acusación de filosofar y todos los demás filósofos de Roma fueron expulsados de nuevo.  Sin embargo un tal Juvencio Celso,  que fue uno de los principales  junto a otros en una conjura contra él (Domiciano), y que había sido acusado por esto, salvó su vida de una manera sorprendente:  estando a punto de ser condenado, pidió que se le dejase decirle algo en privado al emperador y postrándose a continuación ante él, le llamó  "mi dueño y mi dios”, palabras con las que otros ya le saludaban,  y le dijo:  "Yo no he hecho nada de  esta clase; pero si  me permites vivir me infiltraré en todo y no solo te traeré a muchas acusados, sino que además lo probaré".  Con esto quedó en libertad,  pero no acusó a nadie poniendo unas veces una excusa y otras veces otras, y vivió hasta que Domiciano murió.

    El siguiente texto de Filóstrato describe perfectamente el ambiente de  preocupación y terror en el que tantas  veces se han encontrado numerosos intelectuales, esperando la decisión del tirano y dudando de la conveniencia de huir lejos para quedar a salvo.

    Filóstrato, Vida de Apolonio VII 10-12

    …(Apolonio) una vez que desembarcó en Corinto y celebró, al filo de mediodía, en honor del Sol, los ritos que acostumbraba, partió hacia Sicilia e Italia al atardecer. Gracias a que encontró una brisa favorable y una corriente que lo llevaba sobre el mar, llegó a Dicearquía al quinto día.

    Allí se encontró con Demetrio, que pasaba por ser el más audaz de los filósofos, porque vivía no lejos de Roma. Conociendo su aversión por el tirano, le dijo, por iniciar la conversación:

    -Te he sorprendido sumido en el lujo y viviendo en lo más feliz de la próspera Italia, si es que realmente es próspera; allí donde se dice que Ulises, cuando convivía con Calipso, se olvidó del humo de Ítaca y de su casa.

    Y Demetrio lo abrazó y, tras expresarle sus buenos augurios, le dijo:

    -¡Dioses! ¿Qué le ocurrirá a la filosofía ahora que corre peligro de perder a un hombre como éste?

    -¿Qué peligro es el que corre? –repuso-

    -Sin duda ese por cuya previsión vienes. Pues si ignoro tus intenciones, es que tampoco me conozco a mí mismo. Pero no hablemos aquí, sino vayamos a donde la conversación sea privada, y que esté presente también Damis, al que yo, ¡por Hércules” considero el Yolao de tus trabajos.

    Les iba conduciendo Demetrio, mientras decía estas palabras, hacia la villa que fue de Cicerón en su vejez, que se encuentra cerca de la ciudad. Se sentaron bajo un plátano, mientras las cigarras cantaban con el acompañamiento de la brisa. Y Demetrio, alzando su vista hacia ellas, les dijo:

    -¡Felices de vosotras y verdaderamente sabias, porque os enseñaron las Musas un canto que aún no se ha visto sometido a procesos o acusaciones; os hicieron superiores a vuestro vientre y apartaron vuestra morada de la envidia humana, en esos árboles en los que, dichosas, cantáis vuestra felicidad y la de las Musas.

    Apolonio comprendió a qué se referían tales palabras, pero, censurándolas, como demasiado indolentes para su profesión, le dijo:

    -¿Acaso tenías el propósito de desarrollar un elogio de las cigarras, pero no lo expusiese abiertamente sino te escondite aquí, como si hubiera alguna ley que prohibiera elogiar en público a las cigarras?

    -No he dicho eso como un elogio –respondió-, sino por poner de manifiesto que, mientras que a ellas las dejan en paz sus salas de concierto, nosotros no disponemos de  permiso ni para murmurar, sino que la sabiduría constituye un cargo contra uno. La acusación de Ánito y Meleto dice: “Sócrates comete injusticia porque corrompe a los jóvenes y trata de introducir nuevos dioses”. Pero a nosotros se nos acusa en estos términos: “Comete injusticia Fulano por ser sabio, justo, conocedor de los dioses, conocedor de los hombres y extremadamente experto en leyes”. Y en la medida en que tú eres más sabio que nosotros, tanto más prolija será la acusación que van a inventarse contra ti, pues Domiciano se propone hacerte partícipe de los cargos por los que están desterrados Nerva y los suyos.

    -¿Y por qué están desterrados? –preguntó.

    – Por la más grave de las acusaciones –contestó-, según el parecer del acusador; pues afirma que son convictos del intento de tomar el poder que él detenta, y que tú instigaste a esos hombres descuartizando, creo, a un niño.

    -¿Acaso es porque el gobierno será derrocado por un eunuco? –preguntó Apolonio.

    -No es por eso por lo que nos vemos falsamente acusados –aclaró-, sino que dicen que sacrificaste a un niño con objeto de conocer el vaticinio que revelan las entrañas de los animales jóvenes. Se hace también constar en la acusación tu forma de vestir y de vivir, así como el hecho de que haya gente por la que eres objeto de culto. Eso efectivamente se lo oí decir a Telesino, un buen amigo, tanto para mí como para ti.

    -Hallazgo inesperado sería –dijo- si nos encontráramos con Telesino, pues seguramente te refieres al filósofo que alcanzó el rango consular en época de Nerón.

    -A él en efecto me refiero –contestó-, mas ¿de qué modo podrías entrar en contacto con él? Pues las tiranías son muy suspicaces respecto a todos los que gozan de prestigio, si llegan a mantener conversaciones con los inculpados en lo mismo que tú ahora. Además,  Telesino emigró con motivo del edicto que se ha proclamado ahora respecto a toda clase de filosofía, por  preferir ser desterrado como filósofo antes que quedarse como cónsul.

    -Que no se vea en peligro, pues –dijo-, ese hombre por culpa mía. Que bastante peligro corre por culpa de la filosofía.

    -Pero dime una cosa, Demetrio –prosiguió Apolonio-. ¿Qué te parece que debo decir o hacer para calmar mi propio miedo?

    -No bromees –contestó- ni digas que temes ahora peligros de los que ya eras consciente. Pues si consideraras eso peligroso, te habrías marchado, con tal de librarte de un discurso en tu propia defensa.

    -¿Te habrían escapado tú –preguntó- si corrieras el mismo peligro que yo?

    -No, ¡por Atenea! –repuso-, si hubiera alguien para juzgarme, pero sí con la perspectiva de que no va a haber siquiera proceso, y de que o no voy a ser oído si me defendiera, o voy a ser oído, pero me matarán precisamente por no haber cometido delito. Y tú estarías de acuerdo conmigo en no elegir una muerte tan escalofriante y propia de un esclavo, en lugar de una adecuada para un filósofo. Y es que a la filosofía le es adecuado, creo, o bien morir por  liberar una ciudad o por defender a los padres, hijos, hermanos y el resto de la familia, o combatiendo por los amigos, que para los hombres sabios son más estimables que el parentesco, o por los que han conquistado por amor. Pero morir por falsas razones sutilmente inventadas  y ofrecerle al tirano la posibilidad de parecer sabio es mucho más penoso que si uno, como cuentan de Ixión, sufriera tortura por el aire sobre una rueda. Para ti supongo que será el comienzo de tu proceso el propio hecho de venir aquí. Pues tú lo justificas por la sanidad de tu conciencia y porque no te habrías atrevido a emprender el camino hasta aquí si hubieras cometido algún delito; pero Domiciano no pensará que lo has hecho por eso, sino que, por poseer algún poder secreto, te has aventurado tan resueltamente. Pues el hecho de haber sido citado no hace aún diez días, según dicen, y que tú te hayas presentado a juicio sin haber oído aún que vas a ser juzgado, conferirá sentido a la acusación, pues parecerá que lo sabías de antemano, y la historia acerca del niño ganará crédito. Mira además no sea que eso de las Moiras y el destino, sobre lo que dicen que tú hablaste en Jonia, no se vuelva contra ti y que, por tramar el destino algo insólito, tú te veas obligado a ir a su encuentro sin darte cuenta de que es siempre más sabio precaverse. Y si no se te ha olvidado la época de Nerón, sabes lo que pasó conmigo y que no mostré un comportamiento indigno de un hombre libre ante la muerte. Pero aquello tenía ciertos atenuantes. Pues en el caso de Nerón, su cítara parecía desentonar con el comportamiento adecuado a la realeza, pero respecto a lo demás, no estaba desagradablemente afinada, pues muchas veces traía por su mediación algunas treguas y lo apartaba de los crímenes. A mí por lo menos no me mató, aunque había atraído su espada contra mí por tus discursos y los míos, esos que pronuncié contra el establecimiento de baños. La causa de que no muriera fue un mejoramiento de voz que le vino entonces y el haber logrado una melodía que a él le pareció espléndida. Pero ahora, ¿en honor de qué mejora de voz, en honor de qué cítara vamos a ofrecer un sacrificio? Pues todo es ajeno a la música y está lleno de cólera, y éste no podría ser fascinado ni por ti ni por otros. Aunque Píndaro al elogiar la lira dice que fascina incluso al ánimo de Ares y lo aparta de los bélicos quehaceres, y si bien ese ha establecido aquí una competición musical y corona en público a los vencedores, hay algunos de ellos a los que mandó matar y que intervinieron, como se dice, en una competición de flauta o de canto por última vez. También debes pensar en los hombres que te siguen, pues los harás parecer también a ellos, tanto si te muestras atrevido, como si pronuncias palabras con las que no vas a convencer. Tu salvación la tienes a mano, pues hay aquí muchas naves, como ves; unas partirán hacia Libia, otras hacia Egipto, otras hacia Fenicia y Chipre; otras directamente a Cerdeña y otras más allá de Cerdeña. Lo mejor para ti es embarcar en una y marcharte a cualquiera de esos lugares, pues las tiranías son menos crueles con los hombres notorios si se dan cuenta de que prefieren no vivir en la notoriedad.

    Ganado Damis por las razones de Demetrio, dijo:…..

    El texto siguiente describe la angustia de quien, sintiéndose perseguido, teme comprometer a otras personas con su mero contacto y relación. Cúantas veces se habrán producido situaciones similares, ante la inacción de los restantes ciudadanos.

    Sigamos leyendo a Filóstrato VII, 14-15:

    (Apolonio)… Ya sé cuán hábil eres, Demetrio, para sacar conclusión a tus argumentos, por lo cual me parece que vas a decirme algo así como: “No vayas entonces con ellos, sino con hombres con los que aún no hayas tenido relación y te será más cómodo huir, pues pasarás inadvertido con mayor facilidad entre quienes no te conocen. Examinemos en qué medida ese argumento es convincente. Mi opinión al respecto es la siguiente: yo creo que el sabio no hace nada en privado ni por sí, y que no puede concebir nada con una falta tan absoluta de testigos, que no esté al menos él consigo mismo, y, tanto si la inscripción pítica (conócete a ti mismo) es del propio Apolo, como si es de un hombre que se conocía sanamente a sí mismo y por ello lo convirtió en máxima para todos, me parece que el sabio que no se conoce a sí mismo y toma su propia conciencia como acompañante, ni podría asustarse por lo mismo que la gente, ni atreverse a algo que otros no emprenden sin vergüenza. Pues siendo esclavos de las tiranías, se han precipitado incluso a traicionar a sus mejores amigos, en beneficio de ellas, temerosos de lo que no es temible en absoluto, y sin temor de lo que es preciso temer.

    Pero la sabiduría no condesciende con eso…

    Así pues, que la consciencia me pondrá en evidencia, tanto si voy con quienes me conocen, como con quienes no me conocen, si llegara a ser el traidor para estos hombres, creo que lo he dejado claramente demostrado, y que la verdad se pone de manifiesto. Así que no me traicionaré tampoco a mí mismo, sino combatiré contra el tirano, diciendo lo del noble Homero

         Común es Eníalo (Marte es imparcial

    Damis afirma que se sintió tan impresionado por estas palabras, que recobró su celo y su audacia, y que Demetrio ya no dio por perdido a nuestro hombre, sino que tras elogiarlo y darle la razón en lo que había dicho, invocó a los dioses en su ayuda, por el riesgo que iba a correr y en ayuda de la propia filosofía, en cuya defensa demostraba esa valentía. Asimismo dice Damis que los iba a llevar a donde se encontraba alojado, pero que Apolonio, rehusando dijo:

    -Es ya tarde y es menester que a la hora de prender las lámparas me dirija al puerto de Roma, pues esa es la hora acostumbrada para esas naves, Compartiremos la comida cuando lo mío esté solucionado, pues ahora podría fraguarse alguna acusación contra ti por haber compartido tu comida con el enemigo del emperador; así que no vayas siquiera al puerto con nosotros, no sea que incluso el haber conversado conmigo te acarree la acusación de que ha sido para secretos complots.

    Consintió Demetrio y, tras darles un abrazo, los dejó, pero volviéndose para mirarlos y derramando llanto.

    Demetrio murió en torno al año 90. Tuvo una larga vida; sin duda supo sortear con habilidad y la ayuda de la diosa Fortuna los escollos.

  • Los intelectuales y el poder (I): Diógenes el Cínico frente a Alejandro el Grande

    Cuando los griegos, aplicando la razón, comenzaron a preguntarse ¿qué son?, ¿por qué existen?, ¿para qué sirven las cosas reales?, dieron comienzo a la Filosofía.

    Surgieron todo tipo de ideas y teorías sobre la naturaleza y sobre el propio hombre y diversas escuelas, que con frecuencia se identificaron por el lugar en que se reunían e impartían sus doctrinas sus maestros: Académicos porque Platón enseñaba en los terrenos que fueron de un tal Academos (véase https://www.antiquitatem.com/academia-de-platon-liceo-ateneo ),  Peripatéticos (περιπατητικοί), de περι ,peri, alrededor,  πατειν, patein, pasear, porque Aristóteles enseñaba paseando en un jardín junto al templo de Apolo Licio, es decir, en el Liceo; Estoicos Στωϊκός, stoikos, porque Zenón predicaba a los suyos en  la “poikíle stoa”, Ποικίλη Στοά, o Pórtico Pintado

    Hay unos filósofos, los cínicos, los perros, de κύων kyon: ‘perro’, que quizás también reciban su nombre del lugar donde enseñaba el primero de los fundadores, Antístenes, en el gimnasio llamado Cinosargos, de kyon-argos, perro ágil, aunque sin duda el nombre también les venía dado por las peculiaridades de sus ideas antisistema, que no llegaron a plasmarse en una teoría elaborada, sino que está constituida por máximas simples que definen la vida en sociedad de manera libre y sin prejuicios. Como los perros, los cínicos viven en sociedad, pero a su aire, sin participar de los convencionalismos sociales, con su vida acorde con la naturaleza animal, reacios a integrarse en el grupo, etc. ladrando a quien les molesta, agradecidos a quien les da, etc.

    Cuando a Diógenes de Sinope, el más famoso de los cínicos al que dedico este artículo, le preguntó Alejandro Magno por qué le llamaban “perro” “cínico”, Diógenes respondió, según nos cuenta otro Diógenes, ahora Laercio, en su obra “Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, VI, 60:

    Cuando una vez se presentó ante él Alejandro y dijo: ‘Yo soy Alejandro, el gran rey’, contestó: ‘Y yo Diógenes el Perro’. Preguntado por qué lo llamaban perro, respondió: ‘Porque meneo la cola ante los que dan, a los que no dan ladro y a los malvados los muerdo’.

    Nota: de manera general los textos citados de Diógenes Laearcio son los de la traducción de Luis Andrés Bredlow. Editorial Lucina.2010.

    Luego el rey le envió una escudilla llena de huesos, y según se nos dice en el Gnomologium Vaticanum (E Codice Vaticano Graeco 743),n.96: (También se cuenta en el Florilegio Monacense, 155 y en Eustacio a Homero,Odisea VI 148)

    El rey Alejandro en cierta ocasión llenó una bandeja de huesos y se la envió a Diógenes el Cínico. Y este, al recibirla dijo: “El alimento es cínico, pero el regalo no es regio”.

    Los cínicos han sido maltratados por la historia, ya desde la Antigüedad, sin duda porque son y representan el pensamiento antisistema, el pensamiento anarquista y libertario de la Antigüedad: ni dioses, ni gobernantes, ni leyes, ni sociedad, ni convencionalismos. Su estudio con algún detalle merece la pena ser abordado con más detenimiento.

    Ahora  en esta ocasión quiero comentar la especial relación que el citado Diógenes tuvo con la persona más poderosa del momento, Alejandro, llamado el Grande, Μέγας Αλέξανδρος o megas Alexandros, en griego. Esa larga y extraña relación produjo algunas de las anécdotas más conocidas en la Antigüedad y luego infinitamente repetidas.

    Diógenes era una especie de  anarquista, porque no admitía otro poder que el suyo propio  sobre sí mismo y era también un libertario porque la libertad era para él el mayor valor. Según Diógenes Laercio en su obra “Vida y opiniones de los filósofos ilustres”, en el libro VI, 69:

    Preguntado qué es lo más bello entre los hombres dijo: ‘la libertad de palabra’”

    Y el mismo en VI,71 remacha su ansia de libertad;

    decía llevar el mismo género de vida que Herácles, no prefiriendo nada a la libertad”.

    Diógenes, a la manera de los bufones que con frecuencia han acompañado y servido de contrapunto a personajes absolutistas y tiranos, se permite decirle al gran Alejandro lo que ningún otro mortal osaría decirle; y Alejandro se lo permite como no se lo permitió a ningún otro que osara contradecirle, (Calístenes, sobrino de Aristóteles, compañero macedonio de expedición tuvo peor trato).

    Y se lo permitía hasta el punto que según relata Diógenes Laercio en el libro VI, 32

    “Cuentan también que Alejandro dijo que si no hubiera sido Alejandro, habría querido ser Diógenes”

    Así que Diógenes representa la irreverencia, la insumisión, la impertinencia, la insolencia frente al poder. Alejandro es el poder, que para muchos teóricos viene de los dioses (en realidad todo poder es o pretende ser divino); más aún, el propio Alejandro es un dios o al menos un semidios ante el que sus súbditos han de arrodillarse esperando su beso de reconocimiento. Véase  https://www.antiquitatem.com/proskynesis-monarquia-herodoto-persas

    Relataré algunas anécdotas que remarcan su espíritu libre y dueño de sí mismo. 

    Diógenes Laercio, Libro VI, 45:

    A uno que juzgaba dichoso a Calístenes, ponderando el lujo que disfrutaba en la corte de Alejandro, le replicó: “A fe mía que es un desgraciado, almorzando y cenando cuando le parezca bien a Alejandro”.

    Curiosamente este íntimo de Alejandro, Calístenes, sobrino de su maestro Aristóteles, fue después enjaulado hasta morir acusado probablemente sin razón de un intento de sedición de los varios que hubo de sufrir el poderoso.

    Epicteto nos cuenta en sus Discursos III, 22,92 cómo Alejandro, aprovechando que Diógenes estaba medio dormido, citó el verso 24 del canto II de la Iliada, y Diógenes, en realidad medio dormido, se atrevió a completar los versos a Alejandro.

    Epicteto, Discursos III, 22,92:

    En otra ocasión le dijo en respuesta a Alejandro, que se encontraba junto a él cuando estaba dormido y citó dl verso de Homero (Iliada,II,24):
                 “No debe dormir toda la noche el varón que tiene las decisiones”
    él respondió, cuando estaba medio dormido
                “a quien están confiadas las huestes y a cuyo cargo hay tanto”

    (Traducción de Emilio Crespo Güemes.Edit. Gredos.)

    (Nota: salvando las distancias, las circunstancias y hasta el hecho en sí, me recuerda esta anécdota a otra ocurrida con el escritor Camilo José Cela, nombrado senador real para las Cortes Constituyentes del año 1978, tras la muerte del general dictador Franco, muerto en 1975. Permítaseme que no acuda al “Diario de Sesiones”, si es que allí quedó reflejada, y cite de memoria una anécdota bien conocida por los españoles de entonces. En una sesión de las sesiones de las Cortes, el senador  de designación real se quedó dormido y el también senador real sacerdote Xirinacs le llamó la atención, suponemos que amistosamente:

    Sr. Cela, está usted dormido.
    A lo que el aludido respondió:
    -Monseñor, no estoy dormido;  estoy durmiendo.
    -¿Es lomismo,no?
    –-¡Claro que no es lo mismo!, monseñor,  porque no es igual estar dormido que estar durmiendo, como tampoco es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.

    Y otra cita cargada de ironía del mismo Diógenes Laercio,  Libro VI,68:

    A Alejandro que se plantó delante de él y preguntó: “¿No me tienes miedo?”, le contesto: ¡Pero, ¿qué eres? ¿Un bien o un mal?. Y como aquel respondió: “Un bien”, dijo: “Entonces, ¿quién puede tenerle miedo al bien?”

    Pero la anécdota más conocida, que además sirvió para subrayar la importancia de Diógenes, es la del primer encuentro entre Diógenes y Alejandro, que trata una vez más el tópico del encuentro entre el rey y el sabio, entre el intelectual y el gobernante.

    Nos lo cuenta  Diógenes Laercio y también Cicerón y Plutarco cuyos textos reproduciré; y Arriano en su Anábasis de Alejandro, VII,2,1-2  y Valerio Máximo en Hechos y dichos memorables, IV.3. ext.4 y Juan Crisóstomo en Sobre san Bábilas  contra Juliano y los gentiles,8 y en Pseudo-Eudocia (esposa del emperador Teodosio II en el siglo V), Violarium,332,24-241,3).

    La anécdota en realidad era un lugar común en la Antigüedad.

    Diógenes Laercio,  Vidas y opiniones de los filósofos ilustres: VI,38:

    “Mientras tomaba el sol en el Craneo, se le acercó Alejandro y dijo: ‘Pídeme lo que quieras’. Y él dijo: ‘No me hagas sombra”.

    Nota : El Craneo era un Gimnasio de Corinto en el que  Diógenes impartía sus enseñanzas.

    Cicerón en Tusculanas, V,32 (92):

    En cambio Diógenes, más libremente, como Cínico, a Alejandro que le rogaba que dijera si necesitaba algo: ‘Justamente –dijo- apártate un poco del sol’. Por supuesto cuando tomaba el sol, se le había puesto delante. Y éste, en verdad, solía sostener cuánto al rey de los persas superaba en vida y fortuna: que a él nada le faltaba, que para aquel nada sería ,jamás, suficiente; que él no deseaba los placeres del rey con los cuales  éste nunca podría saciarse; que éste de ninguna manera podía conseguir los de él.

    At vero Diogenes liberius, ut Cynicus, Alexandro roganti ut diceret, si quid opus esset: ‘Nunc quidem paullulum, inquit, a sole. Officerat videlicet apricanti. Et hic quidem disputare solebat quanto regem Persarum vita fortunaque superaret: sibi nihil deesse, illi nihil satis umquam fore: se eius voluptates non desiderare, quibus numquam stiari ille posset, suas eum conseui nullo modo posse.

    Plutarco, en un texto interesante en el que resalta la actitud servil de muchos filósofos, es decir, los intelectuales del momento, frente a la de Diógenes, el insolente, el libertario, el dueño de su propia vida, nos dice en Vida de Alejandro, XIV:

    Congregados los griegos en el Istmo, decretaron marchar con Alejandro a la guerra contra Persia, nombrándole general; y como fuesen muchos los hombres de Estado y los filósofos que le visitaban y le daban el parabién, esperaba que haría otro tanto Diógenes el de Sinope, que residía en Corinto. Mas éste ninguna cuenta hizo de Alejandro, sino que pasaba tranquilamente su vida en el Craneo; y así hubo de pasar Alejandro a verle. Hallábase casualmente tendido al sol, y habiéndose incorporado un poco a la llegada de tantos personajes, fijó la vista en Alejandro.Saludóle éste, y preguntándole enseguida si se le ofrecía alguna cosa, ‘Muy poco –le respondió- que te quites del sol”.Dícese que Alejandro, con aquella especie de menosprecio, quedó tan admirado de semejante elevación y grandeza de ánimo, que cuando retirados de allí empezaron los que le acompañaban a reírse y burlarse, él les dijo: ‘Pues yo, a no ser Alejandro, de buena gana fuera Diógenes’  (Traducción de Antonio Ranz Romanillos).

    Podemos preguntarnos si la anécdota fue real. Probablemente, como otras muchas que de Diógenes se cuentan, no son reales sino inventadas. Resulta un tanto inverisímil que el encuentro, si se produjo, no hay base histórica para afirmarlo, se produjera en los términos que se relatan, pero en nada disminuye su capacidad para asentar la fama y definir las propuestas que para la vida social hacía el filósofo.

    Esta anécdota se convirtió en un topos, lugar común, en la literatura antigua, citado frecuentemente. Como dije más arriba es un ejemplo más del tema clásico del encuentro del rey y el sabio, del intelectual y el poderoso. De hecho en la vida de Alejandro se produce otro encuentro similar con los gimnosofistas (los sofistas desnudos, significa la palabra) hindúes, que tal como cuenta Plutarco en Alejandro, LXIV  son preguntados con diversas cuestiones porque tienen fama de ser muy agudos en sus respuestas. Responden ciertamente con agudeza y habilidad y diríamos en lenguaje castizo y coloquial actual que “pasan” del poderoso Alejandro porque nada necesitan de él.

    Alejandro se convirtió en un mito en la Antigüedad y así continuó siendo en la Edad Media y aún hoy día su nombre y sus hazañas tienen notable éxito. Recordemos en español por ejemplo el Libro de Aleixandre y como tal mito fue tratado.

    Tenemos una prueba de cómo se le adjudican algunas anécdotas en su relación con Diógenes analizando otro ejemplo que muchos libros y ahora centenares de artículos repiten en la red (www). Dicen que además del encuentro relatado hubo otro poco después:

    En otra ocasión Alejandro sorprendió a Diógenes observando un montón de huesos apilados. Alejandro le preguntó: ¿Qué estás buscando? . Le contestó Diógenes: “Busco los huesos de tu padre, pero no logro encontrarlos porque no veo la diferencia entre los huesos de tu padre y los de mi esclavo”.

    En la mayor parte de los casos la cita aparece sin fuente alguna, los más atrevidos incluso se la adjudican a Plutarco, pero esta anécdota no aparece, hasta donde yo he podido averiguar, en el mundo antiguo; es una cita mucho más tarde inventada y adjudicada al famoso Diógenes porque no desdice de otras que de él se cuentan.

    Tan sólo aparece algo parecido en Luciano de Samósata, en su diálogo Menippus, si bien situada la acción en el mundo de ultratumba.

    Aunque pueda suponer una larga digresión, ofrezco el texto de Luciano, siempre interesante y de actualidad, como todos los del satírico de Samósata; en este caso se sirve del símil de tanto éxito luego del “gran teatro del mundo”; recordemos el final de Augusto, cuando pregunta si ha interpretado bien la farsa de la vida?. Véase https://www.antiquitatem.com/muerte-de-augusto-la-farsa-de-la-vida

    Luciano de Samósats, Menippo,15 y ss.

    Pasando por medio de ellos, llegamos a la llanura Aquerusia, y encontramos allí a los semidioses y a las heroínas y a otros grupos de cadáveres clasificados por naciones y tribus, a unos ya añejos y enmohecidos y, como dice Homero, “inconscientes”, a otros aún frescos y compactos, en especial a los egipcios, debido a la larga conservación que les proporciona la momificación. No era fácil reconocer a cada uno; se parecen todos muchísimo unos a otros con sus huesos desnudos. Solamente y muy a duras penas los reconocíamos, tras haberlos mirado y requetemirado una y otra vez. Yacían allí hacinados unos sobre otros, confundidos,sin ninguna señal de identificación, y no conservando ninguna de las bellezas que tenían cuando estaban entre nosotros. Sin lugar a dudas entre tantos esqueletos que yacían en el mismo sitio, que lanzaban una mirada por igual terrible y hueca, que mostraban sus dientes descarnados, me resultaba imposible distinguir a Tersites del bello Nireo,o al mendigo Iro del rey de los feacios, o al cocinero Pirrias de Agamenón. Ninguna de los rasgos que los distinguían en vida prevalecían en ellos: antes bien, sus huesos eran parecidos, imposibles de distinguir, sin inscripción alguna, imposibles de ser reconocidos por nadie.

    A la vista de todo esto, la vida de los hombres se me antojó una larga procesión. El Destino organiza y dispone cada circunstancia, adjudicándoles a los miembros de la procesión atuendos diferentes y variados. A uno lo toma y, si es su sino, lo reviste con aspecto de rey colocándole una tiara sobre la cabeza, entregándole escuderos, corona su cabeza con la diadema; mientras a otro le pone atuendo de criado. A uno le hace ser guapo y lo adorna, y a otro ser feo y le proporciona un aspecto ridículo. Y, creo yo, conviene que el espectáculo resulte variado. Muchas veces, en medio de la procesión, cambia los atuendos de algunos sin dejar que lleguen al final del modo que primitivamente se les ordenó, sino que, dando un giro de ciento ochenta grados, a Creso, por ejemplo, le obligó a tomar el atuendo de criado y prisionero, y a Meandrio, que durante un tiempo formaba en la procesión con el grupo de los criados, le hizo ocupar el trono del tirano Policrates. Y, por cierto tiempo, les permite usar su atuendo.

    Cuando se ha acabado el tiempo de la procesión, entonces cada uno devuelve su atuendo y, despojándose de la vestimenta que acompañaba su cuerpo, se queda como estaba antes de nacer, sin diferenciarse del vecino. Algunos, por ignorancia, se molestan y se enfadan, cuando el Destino reclama el atavío, como si se vieran privados de algo propio, cuando no hacen sino devolver algo que se les prestó por un corto espacio de tiempo. Creo que en muchas ocasiones has visto sobre la tramoya del teatro a los actores que representan tragedias. Por exigencias del guión ahora son “Creontes”, después se convierten en “Príamos” o “Agamenones”. Y el uno, si le toca hacerlo así, primero tiene que representar con mucha solemnidad el papel de Cécrope o de Erecteo, y al poco rato, si se lo ordena el autor, viene a dar en un criado. Cuando la obra ha alcanzado ya su final, cada uno de ellos, despojándose del vestido con bordados de oro, quitándose la máscara y bajando de los zancos, va por ahí dando tumbos pobre y humilde, ya no Agamenón, el hijo de Atreo, ni Creonte, hijo de Meneceo, sino que se llama Polo, hijo de Canicies de Sunio o Sátiro, hijo de Teogitón, de Maratón. Así son las cosas de los hombres o, al menos, esa opinión me forjé al verlos entonces. (Traducción de José Luis Navarro González. Editorial Gredos.)

    Pues bien, la anécdota le sirvió más tarde a Dión Crisóstomo para recrear el encuentro, ironizar sobre el poder y los poderosos y exponer sus ideas sobre el origen divino del poder y la legitimación de su ejercicio. En un próximo artículo ofreceré este interesante texto.

    Bien, la tradición, avalada ahora por Diógenes Laercio quiso también constatar otro  encuentro, el encuentro final entre Alejandro y Diógenes: los dos murieron el mismo día del año 323 a.C., Alejandro a los 33 años en Babilonia, fruto de los excesos, la vida al límite de militar ambicioso y probablemente del paludismo de aquellas tierras; Diógenes murió en Corinto a los 86 años de vida mucho más acorde con la naturaleza animal del hombre. En realidad es imposible que murieran ambos en el mismo día del mismo año.

    Diógenes Laercio, VI, 76-79 (muerte de Diógenes de Sinope):

    Se dice que murió sobre los noventa años; acerca de su muerte se cuentan versiones discrepantes: unos afirman que comiendo un pulpo crudo enfermó de cólera, y que así murió, otros que por contener la respiración. Entre éstos está Cércidas de Megalópolis [o de  Creta] quien dice en los Meliambos:
          Ya no es el que el Sinopense,
           el del bastón y del manto
        doblado, viviendo del aire:
          no, que ascendió <…>;
       el diente en el labio hincado,
         el alma misma se cortó.
      De Zeus fuiste hijo de veras, [Diógenes]:
        can, pero can celeste.

    Otros dicen que, queriendo repartir un pulpo entre unos perros, recibió un mordisco en un tendón del pie y falleció. Sus discípulos, sin embargo, según dice Antístenes en las Sucesiones, conjeturaron lo de la contención del aliento. Pues el caso es que estaba viviendo en el Craneo, el gimnasio que está cerca de Corinto; y como de costumbre, llegaron los discípulos y lo hallaron envuelto en su manto, y no se figuraron, por cierto, que estuviera durmiendo, pues no era hombre soñoliento ni dormilón; así que, al alzar la capa,lo hallaron exánime, y supusieron que lo hiciera queriendo escurrirse de lo que de vida le quedaba.

    Se trabó entonces, según se cuenta, una disputa entre los discípulos acerca de quiénes habían de enterrarlo, y aun llegaron a las manos; pero al presentarse los padres y los notables de la ciudad, lo enterraron ellos cerca de la puerta que da al Istmo, y levantaron en su honor una columna, y sobre esta un perro de mármol de Paros. Luego también los ciudadanos lo honraron con una estatua de bronce, en la que inscribieron estas palabras:

       El bronce envejece andando el tiempo, pero tu fama
       toda la eternidad, Diógenes, no  borrará.
    Sólo tú del vivir que se basta a sí mismo lo gloria mostraste
       al hombre mortal, y a su vida   senda más fácil de andar.

    Hay también unos versos nuestros en metro proceleusmático:
    -Diógenes, ay, cuéntamelo, dime qué desgracia te mató.
    -Digo que la culpa fue de un perro que pegóme un mordiscón.

    Algunos cuentan que al morir llegó a ordenar que lo arrojasen insepulto, para que toda bestia tuviera parte de él, o que lo metieran en un hoyo y lo cubrieran con un poco de polvo (o según otros, que lo arrojaran al río Iliso), para que se hiciera útil a sus hermanos. Demetrio, en los Homónimos, dice que el mismo día murieron Alejandro en Babilonia y Diógenes en Corinto; y fue anciano hacia la Olimpiada centésima decimotercera.
    (Traducción de Luis Andrés Bredlow. Editorial Lucina.2010).

    Si como nos dice Laercio, murió por comer un pulpo crudo que su estómago no pudo digerir, murió víctima de su rechazo hasta el final de la vida civilizada y su deseo de vivir lo más natural y animalísticamente posible: ¿qué mayor rechazo puede haber de la civilización que renunciar al fuego civilizador que Prometeo robó a los dioses para los hombres, para que éstos entre otras cosas puediesen cocer los alimentos y no tener que comer sólo lo crudo como el resto de animales?

  • Intelectuales frente al poder (II)

    Los poderosos, detentadores de la fuerza y la violencia, generalmente han desconfiado de los pensadores, aunque se ven obligados a vivir con ellos. El tema del encuentro conflictivo del rey y el sabio es un tópico mundial. Véase https://www.antiquitatem.com/diogenes-alejandro-intelectual-politico. Platón imaginó una República en la que los gobernantes fueran los filósofos, los sabios, los intelectuales, constituidos en casta con una especial educación. El intento de Platón por hacer realidad su teoría en Sicilia con Dioniso el Viejo y luego con su hijo fue un completo fracaso. Probablemente el rey no puede convertirse en filósofo, porque se plantearía su propia condición de rey, ni el filósofo pueda ser rey, porque en el ejercicio del poder dejaría de ser filósofo. En consecuencia parece que están condenados a coexistir.

    La historia nos enseña cómo en ese encuentro entre la fuerza y la inteligencia, en el debate intelectual moralmente siempre vence la inteligencia, pero en la práctica siempre se impone la fuerza.

    Al sabio, al intelectual, le quedan, pues, tres opciones: plegarse servilmente al poder (lo hacen la mayoría), criticar abiertamente al poder (lo hacen unos pocos), alejarse prudentemente del poder (no me atrevo a aventurar una proporción, pero no serán pocos).

    Una cita de Estobeo refiriendo una anécdota de Antístenes el cínico describe perfectamente esta actitud. Estobeo nos dice que cuando se le preguntaba a Antístenes hasta qué punto había que implicarse en las cosas públicas o en los asuntos de la ciudad, respondía:

    Preguntado Antístenes cómo se debe acercar uno a la política, respondió: como al fuego, ni demasiado cerca para no quemarse ni demasiado lejos para no helarse.  (Estobeo. Florilegio,XLV,28).

    Estobeo es un autor griego que escribe en griego, pero su obra fue traducida al latín en el Humanismo. Así en la versión latina de Conrado Gesnero (1516-1565) , editado por Christoph Froschoverus, año 1544, en Suiza, dice  en el capítulo XLIII, en la página 313 (en la edición de Thomas Gaisford corresponde al Título XLV):

    Antisthenes interrogatus quomodo ad rempublicam accedendum sit, respondit: ut ad ignem, neque nimis prope ne uraris, neque longius ne frigeas.

    Parece, pues, que al filósofo le corresponde la actitud contestaría frente al poder, porque si deciden vivir a la sombra del poder, pronto abandonarán su espíritu crítico y libre. Esta es desde luego la actitud de los “cínicos”.

    Antístenes, el creador de la escuela y maestro de Diógenes,  escribió según Diógenes Laercio un libro sobre Aspasia, la mujer de Pericles y otro sobre Alcibiades, en los que sin duda les critica sus defectos.

    Nos lo confirma Ateneo, en su “Banquete de los eruditos”. Hablando del carácter maldiciente de los filósofos, dice de Antístenes, que critica la vida inmoral de Alcibíades,  en V, 220 C-D-E:

    Antístenes, en el segundo de sus Ciro, afirma, vituperando a Alcibíades, que era un criminal en lo que a las mujeres se refiere, y en las restantes facetas de su vida, pues asegura que se acostaba con su madre, con su hija y con su hermana, como los persas.

    Y poco después, en la misma cita, refiriéndose y criticando a  Pericles:

    …;  Aspasia, una calumnia contra Jantipo y Páralo, los hijos de Pericles. En efecto, sostiene que uno de ellos era favorito de Arquéstrato, el cual desempeñaba un oficio semejante al de las mujeres en los burdeles de mala muerte, y que el otro era íntimo y seguidor de Eufemo, que acostumbraba a burlarse vulgar y fríamente de quienes se encontraban con él.

    Y para confirmar este carácter maldiciente de los filósofos sigue diciendo Ateneo de Antístenes en el mismo texto:

    Además, vil y groseramente le cambió el nombre a Platón por el de Satón*, y con este título publicó un diálogo contra él. En efecto, a estos hombres ningún magistrado les parece honrado, ningún estratego sensato, ningún sofista digno de consideración, ningún poeta útil, ningún pueblo prudente, salvo Sócrates, ….

    * Nota: Para entender la vileza en el cambio de nombre a Platón es necesario conocer que el nombre griego Sáthon, con el que solían llamar las nodrizas a los niños, deriva de sáthe, uno de los términos para designar al miembro viril.
    (Traducción y nota de Lucía Rodrïguez-Noriega Guillén. Editorial Gredos)

    Así que ya el primero de los cínicos se mostró crítico con los poderosos de su época, y marcó el camino a seguir por el resto de los cínicos. Diógenes superó con creces al maestro en la acritud con la despreció a los poderosos.

    Antístenes prefería al verdugo que da muerte al malhechor que al tirano que mata inocentes. Asi en  Estobeo.Florilegio,M.49.47 (en un título que en latín se titula De uituperio tyrannidis ) .

    El  filósofo Antístenes prefería en piedad a los verdugos antes que a los tiranos; a una persona que le preguntó el motivo le respondió: porque el verdugo mata a hombres injustos, pero el tirano mata también a inocentes. ('Stoboe., tit. , XLIX, 47, Gaisf., p. 359.)

    En la version latina citada se corresponde con el Título XLVII y dice en la pág. 343 de la citada edición:

    Antithenes philosophus carnifices tyrannis in pietate praeferebat, cuius causam interroganti cuidam respondit: a carnifice quidem homines iniusti interimuntur; a tyranno autem etiam insontes.

    Antístenes, criticando duramente el ansia insaciable de riquezas dijo, según Stobeo, t. X, 12, Thomas Gaisford., p. 294 (Citado a su vez por Chappuis, Antisthenè, Edit. Pág, 98):

    Quien ama el dinero no puede ser una persona de bien, ni como rey ni en la vida privada.

    En la traducción latina de citada está en el Tit. VIII, y dice:

    Avarus nemo bonus, neque rex, neque liber esse potest

    Es la misma actitud que mantiene Diógenes, según cuenta Diógenes Laercio en VI, 43

    “Y cuenta Dionisio el Estoico que, tras la batalla de Queronea, fue conducido prisionero ante Filipo; y preguntándole éste quién era, dijo: ‘El explorador de tu insaciabilidad’; admirado de lo cual aquel le dejó libre.”

    Antístenes desprecia a quienes imponen su delirio a los demás y limitan la libertad de los individuos.

    Esta actitud  contestataria se puso de manifiesto en el relato citado de los encuentros entre Diógenes y Alejandro que ya comenté.

    Por cierto, que Alejandro tuvo por maestro a Aristóteles, llevaba consigo un ejemplar de la Iliada de Homero y respetó y no destruyó la casa de Píndaro en Tebas en reconocimiento de sus valores literarios, pero eso no le impidió actuar con enorme crueldad en muchas ocasiones.

    La diferente actitud de Diógenes y Platón ante los poderosos queda perfectamente dibujada en esta anécdota que cuenta Diógenes Laercio en VI,58:

    Algunos afirman que fue él también a quien Platón, viéndole lavar verduras, se le acercó y le dijo al oído: “Si sirvieras a Dioniso (de Siracusa) no estarías lavando verduras”; y élle respondió asimismo al oído: “Y tú, si lavaras verduras, no estarías sirviendo a Dioniso”

    Otra anécdota nos muestra cómo a Diógenes no le impresiona Alejandro y sus acciones, obras al fin y al cabo de un “misero” ser humano; nos lo cuenta Laercio en VI,44:

    “Cuando Alejandro mandó una vez a Antípatro una carta a Atenas por vía de un tal Atilio (palabra que significa “mísero”), Diógenes, que se hallaba presente dijo: “Mísera misiva de mísero a mísero, por vía de Mísero” (taducción de Luis Andrés Bredow.Edit.Lucina)

    De similar manera Diógenes rechazó la petición de que le visitara que le hizo Crátero, general de Alejandro Magno y uno de sus herederos a su muerte. Nos lo cuenta Laercio en VI,57:

    Cuando Crátero le pidió que lo visitara, dijo: Pues yo prefiero lamer sal en Atenas antes que disfrutar de la prodigiosa hospitalidad de Crátero”.

    Este mismo Diógenes, según cuenta el otro Diógenes, el Laercio, en VI,50,  cuando un tirano le preguntó cuál era el mejor bronce para construir una estatua respondió:

    ”Preguntándole un tirano cuál era el mejor bronce para las estatuas, dijo: aqul del que se hacen los Harmodio y los Aristogitón” .

    Nota: Harmodio y Aristogitón, muertos en el 514 a.C., fueron los que acabaron con el tirano Hiparco de Atenas y por eso se les conoce como los Tiranicidas. Fueron considerados como unos héroes y restauradores de la libertad. Por ello se les levantó una estatua construida por Antenor.

    Nota: Tiranicidio, del griego τύραννος / tyrannos, "tirano" y del latín –cido, de caedo,  "matar."

    También Diógenes le decía a gritos al tirano Dioniso de Siracusa, destituido y reducido a la condición de simple ciudadanos:

    “¡Cómo llevas una vida indigna de ti! No deberías vivir aquí, con nosotros, libremente y con toda seguridad, sino que convendría que estés encerrado allá con los tiranos como tu padre y que llevaras esa vida hasta la vejez”. (Plutarco,Moralia,783.D)

    Hay una anécdota más de Diógenes que parece anticipar uno de nuestros males actuales. Cuenta la anécdota que un día  vio en las calles de Atenas a un ladrón que había robado un jarrón de propiedad del tesoro y lo llevaban detenido  dos guardias. Diógenes dijo, en Diógenes Laercio, Vida de Diógenes, VI, 45:

    “Viendo una vez a los guardianes de un templo llevándose preso a uno de los administradores que había robado una copa, dijo: “Los grandes ladrones se llevan al pequeño”

    Los dos guardias son, naturalmente, los representantes del poder institucionalizado. La justicia no sólo no era ni es igual para todos, sino que la persecución del pequeño delincuente parece encubrir la permisividad con los grandes delitos económicos. Con demasiada abundancia estamos asistiendo a la impunidad de quienes hunden grandes empresas bancarias que han de ser rescatadas con dinero de todos o dilapidan el dinero público.

    Cuando en otra ocasión le preguntaron a Diógenes cuáles eran los animales más feroces, respondió,según Antonio y Maximo. De lucri cupiditate,226:

    “En las montañas los osos y los leones; en las ciudades los funcionarios y los sicofantas”

    Diogenes interrogatus, quaenam essent ferae pessimae, dixit: In montibus ursi et leones,in civitatibus vero publicani et sycophantae

    Nota: losSicofantas son los delatores.

    Laercio lo cuenta de manera incomprensible por incompleto en VI,51. Conviene saberlo para comprender alguna de las dificultades que tiene la transmisión de los textos antiguos:

    Preguntado cuál es el más dañino de los animales, dijo: “De los salvajes el delator; de los domésticos, el adulador”

    También otros cínicos, como Crates, uno de los más famosos discípulos del “Perro”, como dice Laercio (VI, 85), que por cierto formó pareja con una de las pocas mujeres griegas de las que conocemos su nombre y hechos, Hiparquia, filósofa también cínica locamente enamorada de él, también desprecia el enorme poder de Alejandro que tantas ciudades destruyó y construyó. Nos cuenta Diógenes Laercio en VI, 93:

    A Alejandro, quien le preguntó si quería que se reconstruyera su ciudad natal (Tebas), le contestó: “¿Para qué? Acaso luego otro Alejandro la volverá a destruir”.

    La tarea del filósofo es la de la resistencia, la insurrección,la rebelión, la insumisión.
    En el  artículo anterior comentaba, como decía, la actitud irrespetuosa y contestaría del filósofo cínico Diógenes de Sinope. Los fiolósofos “perros”,  los cínicos, son en la Antigüedad el prototipo de pensador antisistema, anarcoide y libertario y por tanto muy críticos con el poder.

    Diógenes es el más famoso representante de esta línea de pensamiento o escuela que no llega a plasmar sus ideas en obras sistemáticas de pensamiento, si bien es cierto que son muy pocos los restos que nos quedan de lo que escribieron.

    Pues bien, además de Diógenes hay otros muchos ejemplos de intelectuales que critican al poderoso y con ello al poder, sufriendo las duras consecuencias del castigo real. La mayor parte de ellos fueron cínicos pero también fueron  estoicos.

    La actitud de los cínicos es de enfrentamiento directo “y a voces” con los poderosos y con los ciudadanos. Los estoicos son más prudentes.

    Puede reflejar esta actitud un fragmento de la Carta 103 de Séneca a Lucilio en la que le aconseja que desconfíe de los hombres, porque pueden hacer mucho mal a otros hombres, y que se refugie en la filosofía; pero que no ejerza la filosofía con altanería:

    Séneca, Cartas a Lucilio, 103, 4:

    ……. Pero refúgiate tanto como puedas en la filosofía: en su seno hallarás protección y en ese santuario estarás seguro, por lo menos más seguro. No tropiezan unos con otros sino cuando siguen la misma vía. Pero no uses la filosofía con jactancia: para muchos fue causa de peligro el hecho de haberla conducido por caminos de altanería y arrogancia: es menester que te cures de los vicios sin retar a los demás hombres. No menosprecies las costumbres públicas, ni procedas de tal modo que parezcas condenar todo lo que no sea ella misma. La sabiduría puede andar sin pompa y sin malevolencia. Consérvate bueno.

    Quantum potes autem, in philosophiam recede: illa te sinu 1 suo proteget, in huius sacrario eris aut tutus aut tutior. Non arietant inter se nisi in eadem ambulantes via. 2 Ipsam autem philosophiam non debebis iactare; multis fuit periculi causa insolenter tractata et contumaciter.
    [5] Tibi vitia detrahat, non aliis exprobret. Non abhorreat a publicis moribus nec hoc agat, ut quicquid non facit, damnare videatur. Licet sapere sine pompa, sine invidia. VALE.

    Y sin embargo una de las funciones sociales de la filosofía es la de ser crítica con el poder y el poderoso.  Quizás no con la pasión con la que se expresaba Crates  pero tampoco con la pasividad que hace que hoy la filosofía no solo no sea una norma de vida y conducta, sino que la ha reducido a pura teoría y estudio libresco.

    Decía Crates, en Diógenes Laercio, VI, 92:

    “Decía que hay que filosofar hasta el punto de que los generales nos parezcan ser arrieros de acémilas”.

    Esta actitud crítica de los filósofos antiguos frente al poder nos sugiere plantear el papel hoy de la filosofía…

    Pero, ¿juega hoy algún papel la filosofía en la sociedad? ¿No hace demasiado tiempo que quedó confinada en la escuela, reducida al estudio de los libros de filosofía sin relación alguna con la vida de la calle? Como dijo Nietzsche en Conversaciones intempestivas,3a,2  (Schopenhauer como educador):

    “La única crítica posible de una filosofía, la que demuestra algo, la que consiste en ver si se puede vivir con arreglo a dicha filosofía, jamás ha sido enseñada en las universidades, que se contentan con hacer una crítica de palabras con palabras,”

    Nietzsche, Unzeitgemäße Betrachtungen (Schopenhauer als Erzieher)

    Die einzige Kritik einer Philosophie, die möglich ist und die auch etwas beweist, nämlich zu versuchen, ob man nach ihr leben könne, ist nie auf Universitäten gelehrt worden: sondern immer die Kritik der Worte über Worte.

    Más aún, podemos incluso preguntarnos: ¿Tienen sentido hoy en nuestra sociedad “filósofos cínicos”?  ¿No son tan necesarios ahora como hace 2000 años los intelectuales o "filósofos" críticos con el poder, ahora globalizado y en manos de unos pocos?

  • Por una alimentación sana y equilibrada

    Aproximadamente 800 millones de personas en el mundo tienen una alimentación insuficiente, es decir, una de cada nueve pasa hambre. Unos pocos millones, sobre todo en Europa y Norteamérica, viven en la abundancia y de ellos los más ricos disfrutan de una alimentación de lujo y despilfarro que no es sino un gran escándalo. Aquí algunos cocineros gozan de enorme fama y consideración, los restaurantes son calificados y distinguidos no sólo por la calidad de sus alimentos sino por la novedad de los platos ofrecidos. Guías especializadas los califican y distinguen con símbolos ya famosos, estrellas, tenedores, etc. Algo parecido ocurrió en la opulenta Roma (https://www.antiquitatem.com/annona-panem-circenses-apicio-satiricon) , en la que coexisten miles de individuos hambrientos con unos cuantos glotones y golosos sin límite. De ellos sin duda el más famoso es un tal Marco Gavio Apicio, que vivió en el siglo I y fue autor de un famoso libro de cocina titulado De re coquinaria, “Libro de cocina”, del que algún día comentaré algo.

    El filósofo estoico y moralista Séneca (4 a. C.–65 d. C) crítica en una carta a su amigo Lucilio el escandaloso gasto que algunos ciudadanos hacen en sus comilonas y la sofisticación de una cocina que transforma los alimentos hasta hacerlos irreconocibles.

    Se me asemeja este tratamiento de los alimentos a los afamados platos actuales de cocina deconstruida o desestructurada en los que las cosas son lo que no parecen.

    Critica también Séneca la combinación de platos y alimentos de sabores encontrados y contrapuestos en llamativa mezcolanza y complejidad que no pueden sino causar enfermedades cada día más raras y complejas.

    Se me asemeja esto también a las continuas informaciones y planes dietéticos, contradictorios unos con otros, con que se nos asaetea todos los días empresas ávidas de ganancias: un día se ensalzan las cualidades de un determinado alimento para ser denostado algún tiempo después; algunos son directamente demonizados y prohibidos, aunque el hombre los haya consumido desde sus orígenes.

    Es llamativa a este respecto la reciente recomendación de no consumir o limitar la ingesta de carne preparada por el hombre. Es curioso que exista también un movimiento reivindicativo de lo que llaman la “dieta paleolítica”, consistente en comer carne cruda, rechazando así uno de los mayores inventos del hombre, el fuego, y desconociendo que nuestros antepasados paleolíticos la carne que durante mucho tiempo ingirieron fue la de carroña o animales muertos, que no cazados.

    En fin, que una vez más compruebo que lo que parecía muy moderno no deja de ser tan  viejo, al menos, como el mundo grecorromano.

    Sépase por lo demás que el asunto de la “alimentación” es incidental en la carta, con la que pretende demostrar a su amigo la insuficiencia de la filosofía teórica. Así que aconsejo, para quien lo desee, una lectura completa de la carta 95.

    Séneca, Cartas Morales a Lucilio,  95, 14 y ss.
    ….
    Indudablemente, la sabiduría antigua fue, como decía, ruda, especialmente en su nacimiento, no menos que las demás artes, el refinamiento de las cuales ha ido creciendo con el tiempo. Pero tampoco había necesidad de remedios muy sutiles. Aún la maldad no había llegado tan arriba ni se había propagado tan lejos: a unos vicios simples podían oponerse unos remedios simples. Hoy día precisan unos remedios más poderosos cuanto más poderosos son los males que nos atacan.

    La medicina era antiguamente la ciencia de unas cuantas hierbas apropiadas para restañar los flujos de sangre o a cicatrizar las heridas. Después ha llegado poco a poco a esta variedad tan grande de remedios. Y no es de extrañar que tuviese menos trabajo en organismos robustos y enteros, alimentados con manjares sencillos, no maleados aquellos aún por el arte y la sensualidad. Pero desde que, en lugar de satisfacer el hambre, no se busca sino excitarla, y se inventan mil condimentos para aguzar el apetito, aquello que era un alimento para los necesitados tornóse un peso para los saciados. De aquí provino la palidez, y aquel temblor de los nervios embebidos de vino y las delgadeces de la indigestión más deplorables que las del hambre. De aquí aquel caminar incierto, siempre vacilante, tal como el de la propia embriaguez.De aquí aquella agua que se pone bajo la piel, y el vientre hinchado por haberse acostumbrado a contener más de lo que podía; de aquí aquel derrame cetrino de la hiel y el rostro descolorido, y la consunción de los cuerpos que se pudren por dentro, y los dedos retorcidos con las articulaciones yertas, y los músculos insensibles y distendidos y perezosos, o bien trémulos en una agitación continua. ¿Qué diré de los vahídos, de los dolores de ojos, del roer de los dolores de un cerebro inflamado y de las úlceras internas de los conductos por donde se exonera el organismo, y aun de las innumerables clases de fiebres, que ya nos atacan impetuosamente, ya nos penetran como un veneno lento, ya se llegan a nosotros con escalofríos y gran temblor de miembros? ¿Por qué recordar otras incontables enfermedades, suplicios de la vida desordenada?

    Libres andaban de estos males aquellos que aun no se habían entregado a las delicias, que eran dueños y servidores de sí mismos, que endurecían sus cuerpos con el trabajo y la verdadera resistencia por medio de la carrera fatigosa, o de la caza, o de las labores agrícolas, y después injerían alimentos que sólo podían ser agradables a gente hambrienta. Por esto no necesitaban tanta provisión de médicos, aparatos y cajas. Las enfermedades eran simples como sus causas: la muchedumbre de enfermedades ha sido producida por la muchedumbre de manjares. Mira cuántas cosas mezcla, para hacerlas pasar por la garganta, aquella furia devastadora de mares y tierras. Cosas tan diversas no puede ser, que una vez engullidas, no se combatan unas a otras y se digieran mal a causa de tantas tendencias diversas. No es, pues de extrañar que de manjares tan desavenidos nazcan enfermedades tan caprichosas y variadas, y que elementos tan diversos, encerrados en un mismo lugar, sean rechazados hacia afuera. De aquí viene que nuestras dolencias sean tan variadas como nuestro vivir. 

    El príncipe de los médicos (Hipócrates) y fundador de la medicina dijo que las mujeres no están sujetas a la caída del cabello ni a dolores de pies,  a pesar de todo les cae el cabello y sufren de gota. No ha cambiado la naturaleza de las mujeres, sino que ha sido vencida, ya que al haber igualado el libertinaje de los hombres han adquirido también las dolencias de éstos. No trasnochan menos que ellos, ni beben menos; los desafían ne las luchas atléticas y en la embriaguez; como ellos, vomitan lo que han ingerido a disgusto del estómago, y arrojan tanto vino como han bebido, y como ellos mascan nieve para solaz del febricitante estómago. En lujuria no ceden en nada a los hombres; destinadas por la Naturaleza a un papel pasivo -¡los dioses y las diosas las exterminen!- han inventado un perversísimo sistema de impudicia para entrar en los hombres. ¿Qué tiene, pues, de extraño que el mayor de los médicos y el mejor de los conocedores de la Naturaleza sea encontrado en falsedad, ya que son tantas las mujeres atacadas de gota y de calvicie? Han perdido con los vicios los beneficios de su sexo, y por haberse desvinculado de su condición de mujeres han sido condenadas a las enfermedades de los hombres.

    Los médicos antiguos no sabían prescribir la frecuencia de las comidas, ni sostener un pulso desfalleciente con vino; no sabían extraer sangre, ni atemperar con  baños y sudaciones una enfermedad crónica; no sabían por medio de ligaduras de piernas y brazos desviar a las extremidades un mal secreto residente en el centro del organismo. No precisaba buscar muchas suertes de auxilios; pero ahora, ¡cuán lejos han llegado los azotes de la salud! Así se pagan los réditos de los placeres, anhelados sin ninguna medida ni respeto. No te extrañe que las enfermedades sean innumerables: cuenta los cocineros. Ya no se habla de estudios y los que profesan artes liberales, abandonados por todos, se sientan en unas escuelas desiertas. En las aulas de retóricos y filósofos no campea más que la soledad, pero ¡cuánta concurrencia en las cocinas, cuánta juventud se aglomera cabe los hornillos de los disipadores!  Paso por alto aquellos grupos de muchachos infelices que, terminados los banquetes, son aguardados en las cámara para mayores ignominias. Paso por alto aquellos grupos de adolescentes clasificados por naciones y colores, en forma que los de cada fila tengan el mismo brillo, la misma cantidad de vello, el mismo color de cabello, y que no se mezclen los de cabellera rizada con los que la tengan lisa. Paso por alto la turba de pasteleros, de mocitos que a una señal dada circulan para servir la cena.

    ¡Oh dioses, cuántos hombres hace trabajar un solo vientre! ¿Qué? ¿Crees que no trabajan ocultamente aquellas setas, venenos voluptuosos aunque no maten de golpe? Y esta nieve en pleno estío, ¿no crees que procura obstrucciones al hígado? Esas ostras, carne muy indigesta, engordadas con limo, ¿no imaginas que pueden contagiarnos algo de su pesadez fangosa? Y esa salsa de la sociedad, preciosa podredumbre de pescados malos (garum), ¿no crees que quema las entrañas con su salmuera ácida? Estos guisos purulentos que pasan inmediatamente del fuego a la boca, ¿crees que se apagan sin lesionar las entrañas? ¡Qué eructos tan impuros y pestilentes, qué asco de uno mismo en las exhalaciones de un pasado hartazgo! Piensa que lo que se ha comido no se digiere, se pudre.

    Recuerdo que un tiempo atrás se habló de un plato famoso en el cual había sido reunido todo lo que retiene un día entero en la mesa a nuestros golosos, por un comilón que parecía anhelante de su propia ruina: conchas de Venus, espóndilos, ostras con los bordes recortados de manera que sólo quedaba lo que se tenía que comer: erizos de mar señalaban la división entre ellas, y encima de todo un techo de salmones cortados y sin espina. Cansaba comer plato por plato: los sabores habían sido reunidos en uno solo. Se hace ya a la mesa aquello que se realiza en el vientre del hombre saciado: ¡aun quiero ver servir manjares mascados! ¿Es mucho menos sacar las conchas y los huesos,  encargando al cocinero el trabajo de los dientes? Es demasiado molesto gustar de los manjares uno por uno: es menester servirlos juntos convertidos en un solo sabor. ¿Por qué tengo que extender el brazo para una sola cosa? Vengan muchas a la vez, que se unan y se combinen las cualidades de muchos manjares. Sepan, pues, aquellos que andaban diciendo que la mesa era un medio de ostentación y de gloria, que aquí ya no se presentan los guisos, sino que es menester adivinarlos. Los manjares que se servían por separado vengan todos a la vez aderezados con la misma salsa; no es posible distinguir nada: ostras, erizos de mar, espóndilos, barbos, se sirven mezclados y cocidos a la vez. La comida no es más confusa que si la hubieses vomitado. Tan mezcladas como estos manjares son poco sencillas las enfermedades que de ellos resultan, enfermedades no descomponibles, complejas, multiformes, contra las cuales la medicina ha comenzado también a armarse de toda suerte de remedios y observaciones.

    Lo mismo te digo de la filosofía. Hubo un tiempo en que fue más simple: cuando eran más simples los pecados de los hombres se curaban con remedios más ligeros, pero contra este desastre de las costumbres  es menester intentar todos los esfuerzos. ¡Y ojalá que sea como fuere, este azote pueda ser dominado!…

    Por si fueran insuficientes las críticas al despilfarro realizadas, poco después añade un elemento más que nos recuerda también el precio desorbitado que actualmente se paga por un buen pescado, por un atún rojo por ejemplo en Japon, o el primer salmón de un río asturiano, por el que compiten los restaurantes afamados de la zona.

    Dice Séneca en la misma carta, párrafos 41 y ss.:

    ¿Qué hay más escandaloso que un festín opulento que consume el censo de un cabalalero? ¿Qué tan digno de la nota del censor si, como dicen esos derrochadores, esto tiene que ser concedido a él mismo y a su condición? Sea como fuere, ha habido cenas de ceremonia que han costado trescientos mil sestercios a personas frugalísimas.

    Una misma cosa, si es otorgada a la gula, es vergonzosa; si al honor, queda libre de censura, pues ya no es lujo, sino un dispendio para la solemnidad pública. Tiberio César hizo llevar a vender al mercado un barbo de enorme tamaña -¿por qué no añadir el peso para excitar la gula de algunos?; dicen que pesaba cuatro libras y media-, diciendo: “Amigos, o yo me engaño mucho, o este barbo será comprado por Apicio o P. Octavio”. Su conjetura resultó mejor de lo que aguardaba. Se abre la subasta, vence Octavio y se lleva para los suyos la inmensa gloria de haber comprado por cinco mil sestercios un pescado que César había vendido y que Apicio no había podido comprar. Vergonzoso fue para Octavio dispendio semejante, pero no para aquel que lo hubiese comprado para enviarlo a Tiberio, por más que yo también le censuraría por haber admirado una cosa de la cual creyó digno al César.
    (Traducción de JaimeBofill y Ferro. Editorial Iberia. Barcelona. 1965)

    Fuit sine dubio, ut dicitis, vetus illa sapientia cum maxime nascens rudis non minus quam ceterae artes, quarum in processu subtilitas crevit. Sed ne opus quidem adhuc erat remediis diligentibus. Nondum in tantum nequitia surrexerat nec tam late se sparserat. Poterant vi tus simplicibus obstare remedia simplicia; nunc necesse est tanto operosiora esse munimenta, quanto vehementiora sunt, quibus petimur.
    Medicina quondam paucarum fuit scientia herbarum, quibus sisteretur fluens sanguis, vulnera coirent; paulatim deinde in hanc pervenit tam multiplicem varietatem. Nec est mirum tunc illam minus negotii habuisse firmis adhuc solidisque corporibus et facili cibo nec per artem voluptatemque corrupto, qui postquam coepit non ad tollendam, sed ad inritandam famem quaeri et inventae sunt mille conditurae, quibus aviditas excitaretur, quae desiderantibus ali menta erant, onera sunt plenis.
    Inde pallor et nervorum vino madentium tremor et miserabilior ex cruditatibus quam ex fame macies. Inde incerti  labantium  pedes et semper qualis in ipsa ebrietate titubatio. Inde in totam cutem umor admissus distentusque venter, dum male adsuescit plus capere quam poterat. Inde suffusio luridae bilis et decolor vultus tabesque in se putrescentium et retorridi digiti articulis obrigescentibus nervorumque sine sensu iacentium torpor aut palpitatio  sine intermissione vibrantium.
    Quid capitis vertigines dicam ? Quid oculorum auriumque tormenta et cerebri exaestuantis verminationes et omnia, per quae exoneramur, internis ulceribus adfecta ? Innumerabilia praeterea febrium genera, aliarum impetu saevientium, aliarum tenui peste repentium, aliarum eum horrore et multa membrorum quassatione venientium ?
    Quid alios referam innumerabiles morbos, supplicia luxuriae ?
    Immunes erant ab istis malis, qui nondum se deliciis solverant, qui sibi imperabant, sibi ministrabant. Corpora opere ac vero labore durabant aut cursu defatigati aut venatu aut tellure  versanda.  excipiebat illos cibus, qui nisi esurientibus placere non posset. Itaque nihil opus erat tam magna medicorum supellectile nec tot ferramentis atque pyxidibus. Simplex erat ex causa simplici valitudo; multos morbos multa fericula fecerunt.
    Vide, quantum rerum per unam gulam transiturarum permisceat luxuria, terrarum marisque vastatrix. necesse est itaque inter se tam diversa dissideant et hausta male  male digerantur aliis alio nitentibus. Nec mirum, quod inconstans variusque ex discordi cibo morbus est et illa ex contrariis naturae partibus in eundem compulsa redundant. Inde tam multo  aegrotamus genere quam vivimus.
    Maximus ille medicorum et huius scientiae conditor feminis nec capillos defluere dixit nec pedes laborare; atqui et capillis destituuntur et pedibus aegrae sunt. Non mutata feminarum natura, sed victa est; nam cum virorum licentiam aequaverint, corporum quoque virilium incommoda aequarunt.
    Non minus pervigilant, non minus potant, et oleo et mero viros provocant; aeque invitis ingesta visceribus per os reddunt et vinum omne vomitu remetiuntur; aeque nivem rodunt, solacium stomachi aestuantis. Libidine vero ne maribus quidem cedunt, pati natae, di illas deaeque male perdant! Adeo perversum commentae genus inpudicitiae viros ineunt. Quid ergo mirandum est maximum medicorum ac naturae peritissimum in mendacio prendi, cum tot feminae podagricae calvaeque sint ? Beneficium sexus sui vitiis perdiderunt et, quia feminam exuerant, damnatae sunt morbis virilibus.
    Antiqui medici nesciebant dare cibum saepius et  vino fulcire venas cadentes, nesciebant sanguinem mittere et diutinam aegrotationem balneo sudoribusque laxare, nesciebant crurum vinculo brachiorumque latentem vim et in medio sedentem ad extrema revocare. Non erat necesse circumspicere multa auxiliorum genera, eum essent periculorum paucissima.
    Nunc vero quam longe processerunt mala valitudinis ! Has usuras voluptatium pendimus ultra modum fasque concupitarum. Innumerabiles esse morbos non miraberis: cocos numera. Cessat omne studium et liberalia professi sine ulla frequentia desertis angulis praesident. In rhetorum ac philosophorum scholis solitudo est; at quam celebres culinae sunt, quanta circa nepotum focos iuventus premitur !
    Transeo puerorum infelicium greges, quos post transacta convivia aliae cubiculi contumeliae exspectant. Transeo agmina exoletorum per nationes coloresque discripta, ut eadem omnibus levitas sit, eadem primae mensura lanuginis, eadem species capillorum, ne quis, cui rectior est coma, crispulis misceatur. Transeo pistorum turbam, transeo ministratorum, per quos signo dato ad inferendam cenam discurritur. Di boni, quantum hominum unus venter exercet! Quid ? Tu illos boletos, voluntarium venenum, nihil occulti operis iudicas facere, etiam si praesentanei non fuerunt ?
    Quid ? Tu illam aestivam nivem non putas callum iocineribus obducere ?  Quid ? Illa ostrea, inertissimam carnem caeno saginatam, nihil existimas limosae gravitatis inferre ? Quid ? Illud sociorum garum, pretiosam malorum piscium saniem, non credis urere salsa tabe praecordia ? Quid ? Illa purulenta et quae tantum non ex ipso igne in os transferuntur, iudicas sine noxa in ipsis visceribus extingui ? Quam foedi itaque pestilentesque ructus sunt, quantum fastidium sui exhalantibus crapulam veterem ! Scias putrescere sumpta, non concoqui.
    Memini fuisse quondam in sermone nobilem patinam, in quam quicquid apud lautos solet diem ducere, properans in damnum suum popina congesserat; veneriae spondylique et ostrea eatenus circumcisa, qua eduntur, intervenientibus distinguebantur echinis. Totam dissecti structique  sine ullis ossibus mulli constraverant.
    Piget esse iam singula; coguntur in unum sapores. In cena fit, quod fieri debebat  in ventre. Expecto iam, ut manducata ponantur. Quantulo autem hoc minus est, festas excerpere atque ossa et dentium opera cocum fungi ? " Gravest luxuriari per singula; omnia semel et in eundem saporem versa ponantur. Quare ego ad unam rem manum porrigam ? Plura veniant simul,  multorum ferculorum ornamenta coeant et cohaereant.
    Sciant protinus hi, qui iactationem ex istis peti et gloriam aiebant, non ostendi ista, sed conscientiae dari. Pariter sint, quae disponi solent, uno iure perfusa. Nihil intersit: ostrea, echini, spondyli, mulli perturbati concoctique ponantur." Non esset confusior vomentium cibus.
    Quomodo ista perplexa sunt, sic ex istis non singulares morbi nascuntur, sed inexplicabiles, diversi, multiformes, adversus quos et medicina armare se coepit multis generibus, multis observationibus.
    Idem tibi de philosophia dico. Fuit aliquando simplicior inter minora peccantes et levi quoque cura remediabiles; adversus tantam morum eversionem omnia conanda sunt. Et utinam sic denique lues ista vindicetur !

    ……
    Párr.. 41 y ss.

    Quid est cena sumptuosa flagitiosius et equestrem censum consumente ? Quid tam dignum censoria nota, si quis, ut isti ganeones loquuntur, sibi hoc et genio suo praestet ? Et deciens  tamen sestertio aditiales cenae frugalissimis viris constiterunt. Eadem res, si gulae datur, turpis est; si honori, reprensionem effugit. Non enim luxuria, sed inpensa sollemnis est.
    Mullum ingentis formae—quare autem non pondus adicio et aliquorum gulam inrito ? quattuor pondo et selibram fuisse aiebant—Tiberius Caesar missum sibi cum in macellum deferri et veniri iussisset: " amici," inquit, " omnia me fallunt, nisi istum mullum aut Apicius emerit aut P. Octavius." Ultra spem illi coniectura processit: liciti sunt, vicit Octavius et ingentem consecutus est inter suos gloriam, cum quinque sestertiis emisset piscem, quem Caesar vendiderat, ne Apicius quidem emerat. Numerare tantum Octavio fuit turpe, non illi,  qui emerat, ut Tiberio mitteret, quamquam illum quoque reprenderim; admiratus est rem, qua putavit Caesarem dignum.

  • Ecfrasis, Écfrasis, Ékfrasis. Ut pictura poesis (Horacio): La poesía es como la pintura

    “Ecfrasis” es una palabra griega: ἔκφρασιϛ,( ek y phrasis, ‘fuera’ y ‘hablar’) ,(procedente a su vez del verbo ἐκφράζο, ekphraso, de ek,fuera, y phraso, explicar con signos y palabras) que significa, pues, “exposición en detalle, explicación, descripción desde fuera o desde el principio o hasta el final”, hacer inteligible, descubir, destapar, hacer ver….

    El término designa en la Antigüedad a una figura retórica. Por ejemplo, Hermógenes de Tarso  (h. 160 – h. 225) la define en  su Ecphrasis Progymnasmata como la  «descripción extendida, detallada, vívida, que permitía presentar el objeto ante los ojos». 

    En el mundo antiguo el vocablo écfrasis  se refería a cualquier descripción vívida, llena de energeia, de energía, de fuerza,   de obras de arte, objetos, paisajes y personas que los pone con palabras ante los ojos del oyente o lector.

    Con el tiempo este sentido general se fue limitando a la representación verbal de un objeto plástico, generalmente una pintura o escultura, que sería lo más frecuente en los ejercicios retóricos.

    Fue precisamente Filóstrato Lemnio el que ayudo  a fijar este sentido más restringido en su obra Imagines I,1:

    “Quien desdeña la pintura, delinque contra la verdad, delinque también contra toda esa sabiduría que debemos a los poetas -ya que poetas y pintores contribuyen por igual a nuestro conocimiento de las gestas y del aspecto de los héroes- y desdeña la proporción, gracias a cuyo ejercicio el arte participa de la razón”. (Trad. de Francesca Mestre, Madrid, Gredos, 1996.)

    Este es el sentido que se ha impuesto modernamente. Asi  Umberto Eco (2003: 110):

    «cuando un texto verbal describe una obra de arte visual, la tradición clásica habla de écfrasis». 

    O Leo Spitzer : “la descripción poética de una obra de arte pictórica o escultórica” (1962, 72); 

    o James Heffernan: “la representación verbal de una representación visual” (1993, 3), 

    o Claus Clüver“la representación verbal de un texto real o ficticio compuesto en un sistema sígnico no verbal” (1994, 26). 

    Es, pues, una descripción detallada, desde el principio, que es lo que significa la palabra “de- scribere: escribir de, desde el principio; y es también una re-presentación o segunda presentación en cuanto representa a otro objeto, la pintura, que es también representación primera del objeto.

    Nota: progymnasmata  (de pro y gymnasmata)  designa a los ejercicios previos que hacían  los alumnos de retórica para saber utilizar los topoi, loci o lugares comunes  en los discursos.

    En tanto en cuanto se trata de una descripción vívida, animada, emotiva coincide con el significado de  hipotiposis, (del griego: úποτúπωσις, esbozo, bosquejo, colocar un bosquejo ante los ojos de alguien),  o narración especialmente emotiva para excitar la imaginación del público oyente

    Hay quien matiza más, en el sentido de que en la hipotiposis se parte de un texto y se va hacia la imagen y en la ecfrasis, al contrario, se parte de la imagen y se va hacia el texto. En realidad, las matizaciones son varias, porque no hay una definición exacta de los términos. Curiosamente el Diccionario de la Real Academia Española  no recoge el término écfrasis y en cambio sí recoge el de hipotiposis, que define así:

    (Del gr. ὑποτύπωσις). 1. f. Ret. Descripción viva y eficaz de alguien o algo por medio del lenguaje.

    Nota: El retrato es la descripción del aspecto físico y de las características espirituales de una persona; la prosopografía o prosopopeya  es el retrato del físico mientras que la etopeya lo es del aspecto interior.Topografía es la descripción del terreno.. Otros términos más especializados como pragmatografía o topofesía exceden el interés de este artículo.

    La teorización sobre la ecfrasis se enmarca en la amplísima teorización sobre la relación de las artes entre sí y de manera especial de la pintura y la literatura, análogas y complementarias: las artes plásticas se inscriben en el espacio estáticamente y las artes verbales se desarrollan en el tiempo: la pintura intenta romper el estatismo, la poesía busca la materialidad del espacio.

    Se atribuye a Simónides de Ceos  (c. 556 a.C.- c. 468 a.C.)  el haber planteado esta relación entre arte y literatura de acuerdo con la frase “la pintura es poesía muda y la poesía pintura
    verbal
    ”, que tanto éxito tuvo después.

    Así  en la ecfrasis la expresión literaria, que es capaza de expresar el movimiento y el tiempo, imita la quietud de la pintura; la pintura por su parte en muchas ocasiones aspira, siendo estática,  a expresar el movimiento y el tiempo.

    ¿Vale más una imagen que mil palabras? Tal vez en algunos casos, pero las palabras pueden hacer  ver, excitando la imaginación y utilizando las metáforas. A su vez se puede dar voz a la imagen.

    Hoy la discusión se amplía a la relación de lo verbal y lo visual en el nuevo contexto digital porque los productos video textuales admiten una enorme variedad de formatos..

    A estos tema ya se refirió Platón cuando trata de lo bello y la mímesis o imitación. La mímesis es representación, interpretación y recreación.

    A propósito de la imitación dice Aristóteles en su Poética, 1448 b,

    “…los seres humanos son sumamente imitativos y realizan sus primeros aprendizajes mediante la imitación…” (traducción de Salvador Mas, Madrid, Biblioteca Nueva, 2002,).

    En este sentido y en relación con la mimesis, la écfrasis es representación, pero también interpretación y recreación, porque naturalmente, el poeta nos ofrece su visión e interpretacón de la obra visual. Incluso el poeta puede crear el objeto visual, inexistente antes de su descripción, como ocurre con la descripción del escudo de Aquiles, que más abajo reproduzco,

    Dice Platón. relacionando la poesía con la pintura en República, libro X, 601a:

    Diremos también, creo yo, que el poeta no sabemás que imitar, pero de una manera tal, que emplea colores de cada una de las artes, con los nombres y expresiones adecuados, hasta el punto de que aquellos otros que fían de las palabras estiman en mucho su disertación… (Traducción de José Antonio Míguez, para Edit. Aguilar. 1969)

    Y Aristóteles en  su Poética, 1460b :

    “Puesto que el poeta es un imitador como el pintor o cualquier otro que haga imágines, por fuerza ha de imitar siempre de una de estas tres maneras: o como era o es, o según se habla de ello y la opinión que se tiene, o como debe ser (Traducción de Paloma Ortiz García. Edit.Dykinson. Madrid 2011)
        
    La frase que resume sentenciosamente la cuestión es la famosa de Horacio “ut pictura poesis” , “La poesía es como la pintura ”,  en su Epistula ad Pisones, v.  361

    Precisamente comenzaba esta obra sobre preceptiva literaria, Epistula ad Pisones, recurriendo a la comparación de la poesía con la pintura:  (v. 1-10)

    Si a una cabeza humana un pintor quisiera unir un cuello de caballo y, juntando miembros de toda especie adornarlos con plumas de distintos colores, de manera que una mujer hermosa de medio cuerpo arriba terminara en un pez horriblemente disforme, invitados a contemplar tal figura, ¿contendríais la risa, amigos? Creed, pues, Pisones, que muy semejante a este cuadro resultaría un libro cuyas inconsistentes imágines, cual pesadillas de enfermo, fueran construidas de modo que ni el pie ni la cabeza se fundieran en una sola forma. Los pintores, igual que los poetas, han tenido siempre el derecho de atreverse a todo. (, traducción de Helena Valentí, Barcelona, Bosch, 1961)

    Humano capiti cervicem pictor equinam
    iungere si velit et varias inducere plumas,
    undique collatis membris, ut turpiter atrum
    desinat in piscem mulier Formosa superne:
    spectatum admissi risum teneatis, amici?
    Credite, Pisones, isti tabulae fore librum
    persimilem, cuis, velut aegri somnia, vanae
    fingentur species, ut nec pes nec caput uni
    reddatur formae. Pictoribus atque poetis
    quidlibet audendi simper fuit aequa potestas.

    La ecfrasis o descripción vívida y detallada una obra, precisamente interrelaciona las dos artes y sirve de enlace  entre lo verbal y lo visual.

    Ovidio es el poeta que con gran frecuencia y detalle describe cuadros pictóricos y ha generado a su vez obras pictóricas a lo largo de todos los tiempos. Plagados están los museos de pinturas que recrean alguno de los mitos o personajes mitológicos descritos por Ovidio.

    Ovidio por cierto, en este contexto de relación entre lo textual y lo visual y el arte y la imitación, mímesis y reproducción de la realidad había dicho en Metamorfosis, Libro III, 155 y ss.   “La naturaleza con su ingenio había imitado al arte”,

    Había un valle cuajado de pinos y de puntiagudos cipreses, conocido por Gargafia, consagrado a Diana, la de corto vestido, y en cuyo más apartado rincón hay una gruta, rodeada de selva y en la que nada es obra del arte;  la naturaleza con sus propias habilidades había imitado al arte;  y así, con piedra pómez viva y con ligeras tobas había trazado un arco natural. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Alma Mater.CSIC.Madrid)

    Vallis erat piceis et acuta densa cupressu,
    nomine Gargaphie, succintae sacra Dianae,
    cuius in extremo est antrum nemorale recessu
    arte laboratum nulla; simulaverat artem
    ingenio natura suo; nam pumice vivo
    et levibus tofis nativum duxerat arcum.

    Siglos más tarde Oscar Wilde remachó la afirmación :

    " La vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida ",“Life imitates art far more than arts imitates life” en The Decay of Lying.

    Los ejemplos en autores de toda lengua, son numerosísimos. Probablemente el más famoso de la Antigüedad es la famosa descripción que en el canto XVIII de la Iliada se hace del escudo de Aquiles fabricado por Hefesto.  Su influencia ha sido enorme en toda la poesía, especialmente en la épica. A pesar de su dimensión, reproduzco más abajo el fragmento.

    Ofreceré algunos otros  ejemplos de los numerosísimos existentes.

    Así la visión de una pintura que un tal Zoilo tiene en el comedor de su casa en Tréveris es lo que origina el famoso poema en 103 hexámetros de Ausonio (310-395) titulado “Cupido torturado(Cupidus cruciatus) en el que se describe cómo unas mujeres están crucificando a Cupido, el dios del amor.

    El poema, con el que Ausonio envía un saludo a su hijo Gregorio, comienza  así:

    ¿Has visto alguna vez una nube pintada en la pared? La has visto indudablemente y te acuerdas bien. Lo cierto es que en Tréveris, en el comedor de Zoilo, está pintada esta escena: unas mujeres enamoradas están clavando en una cruz a Cupido, y no son precisamente de nuestros días, que cometen sus faltas de buen grado, sino aquellas famosas heroínas, que se perdonan a sí mismas y castigan al dios. A algunas de ellas las cuenta nuestro Marón entre los Campos de lágrimas. Yo he contemplado con admiración este cuadro, tanto por su calidad como por su tema. Después el sentimiento  de admiración se me convirtió en necio deseo de componer un poema…(Ausonio, Cupido crucificado 1, 1-7)

    En umquam vidisti tabulam 1 pictam in pariete? vidisti utique et meministi. Treveris quippe in triclinio Zoili fucata est pictura haec: Cupidinem cruci adfigunt mulieres amatrices, non istae de nostro saeculo, quae sponte peccant, sed illae heroicae, quae sibi ignoscunt et plectunt deum. quarum partem in lugentibus campis Maro noster enumerat. hanc ego imaginem specie et argumento miratus sum. Deinde mirandi stuporem transtuli ad ineptiam poetandi.
    Sigue a continuación la descripción del cuadro.

    El poeta cristiano Prudencio , (348 d. C. – c. 410), de Calahorra, utiliza esta figura en varios de sus poemas en los que canta las muertes de algunos mártires. Reproduzco también dos textos correspondientes a los poemas IX sobre Casiano y XI sobre Hipólito. En ambos casos narra el suplicio describiendo las pinturas que ilustran las tumbas de los mártires. Ya hice referencia a ellos en otros artículos de este blog. Véase: 

    https://www.antiquitatem.com/martires-cristianismo-paganismo-casiano-

    https://www.antiquitatem.com/hipolito-fedra-martirio-prudencio-seneca

     Prudencio,IX, sobre el martirio de Casiano, v. 7-20:

    Mientras lloraba, meditando las heridas, agudos dolores y trabajos de mi vida y levantaba mi rostro al cielo, surgió, delante de mí, la imagen del mártir pintada en colores vivos.

    Tenía mil llagas, toda  su piel desgarrada y agujereada por diminutos picotazos todo su cuerpo. Alrededor multitud de niños de odioso aspecto clavaban en su cuerpo pequeños estilos, * como es costumbre escribir, en las tablillas de cera al dictado de las escuelas.

    Consultado el conservador de la sepultura, me dijo: “Lo que ves, viajero, no es cosa vana ni cuento de viejas. Refiere la pintura la historia que transmitida por libros nos comprueba la viva fe de aquel antiguo tiempo.
    ….

    dum lacrimans mecum reputo mea vulnera et omnes
    vitae labores ac dolorum acumina,
    erexi ad caelum faciem, stetit obvia contra
    fucis colorum picta imago martyris
    plagas mille gerens, totos lacerata per artus,
    ruptam minutis praeferens punctis cutem,
    innumeri circum pueri, miserabile visu,
    confossa parvis membra figebant stilis,
    unde pugillares soliti percurrere ceras
    scholare murmur adnotantes scripserant.
    aedituus consultus ait: ‘quod prospicis, hospes,
    non est inanis aut anilis fabula;
    historiam pictura refert, quae tradita libris
    veram vetusti temporis monstrat fidem.

    Y al final del poema, versos  93-94 resume:

    “Estas son,viajero, las cosas que ves pintadas a lo vivo; y la gloria de Casiano.

    haec sunt, quae liquidis expressa coloribus, hospes, 
    miraris, ista est Cassiani gloria,

    Pasaje del poema XI  de Prudencio sobre Hipólito, versos 123-152:

    Una  pared pintada al fresco ofrece la representación del crimen,
    En la que la pintura multicolor ha dibujado todo el crimen;
    La figura pintada sobre la tumba aumenta su fuerza del contraste de las sombras,
    Dibujando los miembros ensangrentados del hombre que había sido arrastrado.
    Yo he visto, buen padre, las crestas de las rocas cubiertas de rocío
    y manchas de púrpura dejadas en los abrojos.
    Una mano experta en representar los verdes espinos imitándolos
    había dibujado la roja sangre con minio.
    Se podía ver, con las articulaciones destrozadas, sin orden alguno,
    Cómo los miembros estaban desparramados por  el variado terreno.
    Había añadido a los amigos que le seguían con su paso y con sus lágrimas,
    por donde la desviada senda mostraba el camino destrozado.
    Marchaban sobrecogidos por la tristeza con los ojos abiertos
    y llenaban los pliegues de sus vestidos con sus vísceras desgarradas.
    Aquel abraza su nívea cabeza
    y la protégé venerable en su suave pecho.
    Este recoge los hombros  y las manos arrancadas y los brazos y los codos
    las rodillas y los fragmentos desnudos de las piernas.
    Con pequeños paños se secan también las arenas empapadas
    Y ni siquiera una gota de rocío queda  en el polvo sucio.
    Si alguna gota de sangre queda en las espinas
    Con la reciente aspersión,  toda ella se recoge empapada en una esponja.
    Ya el denso bosque nada retiene del sagrado cuerpo
    Ni le priva de unas completas exequias.
    Hecho el recuento de las partes, cuando se recogió el numero
    que había sido el del cuerpo intacto,
    y limpios los lugares escabrosos  con su vegetadicón y
    con sus peñascos revisados que  no tenían ningún trozo más de todo el hombre,
    se busca un lugar para erigir la tumba, se abandona las bocas (del Tiber, ostia),
    Roma es un buen lugar para guardar las santas cenizas.

    Exemplar sceleris paries habet illitus, in quo
    multicolor fucus digerit omne nefas ;
    picta super tumulum species liquidis uiget umbris,
    effigians tracti membra cruenta uiri.
    Rorantes saxorum apices uidi, optime papa,
    purpureasque notas uepribus impositas.
    Docta manus uirides imitando effingere dumos
    luserat et minio russeolam saniem.
    Cernere erat, ruptis compagibus, ordine nullo,
    membra per incertos sparsa iacere situs.
    Addiderat caros gressu lacrimisque sequentes,
    deuia quo fractum semita monstrat iter.
    Mærore adtoniti atque oculis rimantibus ibant
    implebantque sinus uisceribus laceris.
    Ille caput niueum complectitur ac reuerendam
    canitiem molli confouet in gremio ;
    hic humeros truncasque manus et brachia et ulnas
    et genua et crurum fragmina nuda legit.
    Palliolis etiam bibulæ siccantur harenæ,
    ne quis in infecto puluere ros maneat.
    Si quis et in sudibus recalenti aspergine sanguis
    insidet, hunc omnem spongia pressa rapit.
    Nec iam densa sacro quidquam de corpore silua
    obtinet aut plenis fraudat ab exsequiis.
    Cumque recensitis constaret partibus ille
    corporis integri qui fuerat numerus,
    nec purgata aliquid deberent auia, toto
    ex homine extersis frondibus et scopulis,
    metando eligitur tumulo locus, ostia linquunt,
    Roma placet, sanctos quæ teneat cineres.

    Iliada, canto XVIII, v. 478 y ss.

    Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas tenía el escudo, y en la superior grabó el dios muchas artísticas figuras, con sabia inteligencia.

    Allí puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; allí las estrellas que el cielo coronan, las Pléyades, las Híades, el robusto Orión y la Osa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira a Orión y es la única que deja de bañarse en el Océano.

    Allí representó también dos ciudades de hombres dotados de palabra. En la una se celebraban bodas y festines: las novias salían de sus habitaciones y eran acompañadas por la ciudad a la luz de antorchas encendidas, oíanse repetidos cantos de himeneo, jóvenes danzantes formaban ruedos, dentro de los cuales sonaban flautas y cítaras, y las matronas admiraban el espectáculo desde los vestíbulos de las casas. — Los hombres estaban reunidos en el foro, pues se había suscitado una contienda entre dos varones acerca de la multa que debía pagarse por un homicidio: el uno declarando ante el pueblo, afirmaba que ya la tenía satisfecha; el otro, negaba haberla recibido, y ambos deseaban terminar el pleito presentando testigos. El pueblo se hallaba dividido en dos bandos que aplaudían sucesivamente a cada litigante; los heraldos aquietaban a la muchedumbre, y los ancianos, sentados sobre pulimentadas piedras en sagrado círculo, tenían en las manos los cetros de los heraldos, de voz potente, y levantándose uno tras otro publicaban el juicio que habían formado. En el centro estaban los dos talentos de oro que debían darse al que mejor demostrara la justicia de su causa.

    La otra ciudad aparecía cercada por dos ejércitos cuyos individuos, revestidos de lucientes armaduras, no estaban acordes; los del primero deseaban arruinar la plaza y los otros querían dividir en dos partes cuantas riquezas encerraba la hermosa población. Pero los ciudadanos aún no se rendían, y preparaban secretamente una emboscada. Mujeres, niños y ancianos, subidos en la muralla, la defendían. Los sitiados marchaban, llevando al frente a Ares y a Palas Atenea, ambos de oro y con áureas vestiduras, hermosos, grandes, armados y distinguidos, como dioses; pues los hombres eran de estatura menor. Luego, en el lugar escogido para la emboscada, que era a orillas de un río y cerca de un abrevadero que utilizaba todo el ganado, sentábanse, cubiertos de reluciente bronce, y ponían dos centinelas avanzados para que les avisaran la llegada de las ovejas y de los bueyes de retorcidos cuernos. Pronto se presentaban los rebaños con dos pastores que se recreaban tocando la zampoña, sin presentir la asechanza. Cuando los emboscados los veían venir, corrían a su encuentro, se apoderaban de los rebaños de bueyes y de los magníficos hatos de blancas ovejas y mataban a los guardianes. Los sitiadores, que se hallaban reunidos en junta, oían el vocerío que se alzaba en torno de los bueyes, y montando ágiles corceles, acudían presurosos. Pronto se trababa a orillas del río una batalla, en la cual heríanse unos a otros con broncíneas lanzas. Allí se agitaban la Discordia, el Tumulto y la funesta Parca, que a un tiempo cogía a un guerrero con vida aún, pero recientemente herido, dejaba ileso a otro y arrastraba, asiéndole de los pies, por el campo de la batalla a un tercero que la muerte recibiera; y el ropaje que cubría su espalda estaba teñido de sangre humana. Movíanse todos como hombres vivos, peleaban y retiraban los muertos.

    Representó también una blanda tierra noval, un campo fértil y vasto que se labraba por tercera vez: acá y allá muchos labradores guiaban las yuntas, y al llegar al confín del campo, un hombre les salía al encuentro y les daba una copa de dulce vino; y ellos volvían atrás, abriendo nuevos surcos, y deseaban llegar al otro extremo del noval profundo. Y la tierra que dejaban a su espalda negreaba y parecía labrada, siendo toda de oro; lo cual constituía una singular maravilla.

    Grabó asimismo un campo de crecidas mieses que los jóvenes segaban con hoces afiladas: muchos manojos caían al suelo a lo largo del surco, y con ellos formaban gavillas los atadores. Tres eran éstos y unos rapaces cogían los manojos y se los llevaban abrazados. En medio, de pie en un surco, estaba el rey sin desplegar los labios, con el corazón alegre y el cetro en la mano. Debajo de una encina, los heraldos preparaban para el banquete un corpulento buey que habían matado. Y las mujeres aparejaban la comida de los trabajadores haciendo abundantes puches de blanca harina.

    También entalló una hermosa viña de oro cuyas cepas, cargadas de negros racimos, estaban sostenidas por rodrigones de plata. Rodeábanla un foso de negruzco acero y un seto de estaño, y conducía a ella un solo camino por donde pasaban los acarreadores ocupados en la vendimia. Doncellas y mancebos pensando en cosas tiernas, llevaban el dulce fruto en cestos de mimbre; un muchacho tañía suavemente la armoniosa cítara y entonaba con tenue voz el hermoso canto de Lino, y todos le acompañaban cantando profiriendo voces de júbilo y golpeando con los pies el suelo.

    Representó luego un rebaño de vacas de erguida cornamenta: los animales eran de oro y estaño y salían del establo mugiendo, para pastar a orillas de un sonoro río junto a un flexible cañaveral. Cuatro pastores de oro guiaban a las vacas y nueve canes de pies ligeros los seguían. Entre las primeras vacas, dos terribles leones habían sujetado y conducían a un toro que daba fuertes mugidos. Perceguíanlos mancebos y perros. Pero los leones lograban desgarrar la piel del animal y tragaban los intestinos y la negra sangre; mientras los pastores intentaban, aunque inútilmente, estorbarlo, y azuzaban a los ágiles canes: éstos se apartaban de los leones sin morderlos, ladraban desde cerca: rehuían el encuentro de las fieras.

    Hizo también el ilustre Cojo de ambos pies un gran prado en hermoso valle, donde pacían las cándidas ovejas, con establos, chozas techadas y apriscos.

    El ilustre Cojo de ambos pies puso luego una danza como la que Dédalo concertó en la vasta Cnoso en obsequio de Ariadna, la de lindas trenzas. Mancebos y doncellas hermosas, cogidos de las manos, se divertían bailando: éstas llevaban vestidos de sutil lino y bonitas guirnaldas, y aquéllos, túnicas bien tejidas y algo lustrosas, como frotadas con aceite, y sables de oro suspendidos de argénteos tahalíes. Unas veces, moviendo los diestros pies, daban vueltas a la redonda con la misma facilidad con que el alfarero aplica su mano al torno y lo prueba para ver si corre, y en otras ocasiones se colocaban por hileras y bailaban separadamente. Gentío inmenso rodeaba el baile, y se holgaba en contemplarlo. Un divino aedo cantaba, acompañándose con la cítara; y en cuanto se oía el preludio, dos saltadores hacían cabriolas en medio de la muchedumbre.

    En la orla del sólido escudo representó la poderosa corriente del río Océano.
    Después que construyó el grande y fuerte escudo, hizo para Aquileo una coraza más reluciente que el resplandor del fuego; un sólido casco, hermoso, labrado, de áurea cimera, que a sus sienes se adaptara, y unas grebas de dúctil estaño.

    Cuando el ilustre Cojo de ambos pies hubo fabricado las armas, entrególas a la madre de Aquileo. Y Tetis saltó, como un gavilán, desde el nevado Olimpo, llevando la reluciente armadura que Hefesto había construido.
    Traducción de Luis Segalá y Estalella – 1910

  • Mundus/ cosmos: la creación de un nuevo lenguaje científico en Latín

    La fundación legendaria y mítica de Roma se fecha en el año 753 a.C.; para entonces los griegos ya recitaban los dos grandes poemas épicos de Occidente, la Ilíada y la Odisea. Ciento cincuenta años después de la muerte de Alejandro Magno los romanos conquistan Grecia y la declaran provincia romana. Entre las aportraciones culturales de Grecia a los romanos destaca la Filososfía. Pero el latín carece de la terminología científica suficiente.

    Ya sabemos de acuerdo con el feliz verso de Horacio que a la postre fue Grecia la que dominó a los romanos con su cultura y civilización, que a fin de cuentas es la nuestra:

    Horacio, Epistolas II,1,156-157:

    La Grecia conquistada conquistó a su fiero conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio.

    Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio.

    Véase: https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard

    Pues bien, en ese proceso de aculturación, los romanos se encontraron con una enorme carencia a la hora de traducir e integrar en el latín la terminología científica y especializada que los griegos habían acuñado. El latín no disponía de términos técnicos adecuados a la invasión de nuevos conocimientos.

    Los autores latinos respondieron al problema de las dos maneras posibles: intentando traducir y buscar el término latino equivalente o simplemente transcribiendo el término griego al latín adaptando su grafía. Así que los numerosísimo términos griegos existentes en las lenguas romances o derivadas del latín no proceden directamente del griego sino a través de su forma latina.

    De este problema fueron muy conscientes los autores latinos. Así Lucrecio escribe un grandioso tratado de ciencias, de física, química, ciencias naturales en verso, en un poema de 7415 hexámetros.

    Lo titula “Sobre la naturaleza de las cosas”, “De rerum natura”, y en él expone las teorías de Epicuro, del que nos han quedado escasos textos. Es precisamente Lucrecio la principal fuente para conocer el pensamiento de Epicuro, que por cierto poco tiene que ver con la caricatura que ya desde la propia Antigüedad se hizo de él.

    Pues bien, nos dice Lucrecio, consciente de la dificultad lingüística de la empresa y planteando perfectamente la cuestión, en los versos del libro I, 136-145:

    Es difícil, no se me oculta, ilustrar en versos latinos los oscuros descubrimientos de los griegos, máxime porque en muchos casos hay que echar mano de nuevos vocablos, por la pobreza de la lengua y la novedad de los temas; pero, con todo, tus merecimientos y el esperado deleite de tu dulce amistad me animan a soportar cualquier fatiga y me inducen a pasar en vela las noches serenas, buscando con qué palabras y versos podría inundar por fin tu mente de una brillante luz, con la que puedas escudriñar hasta el fondo las cosas más ocultas. (Traducción de Eduardo Valentí Fiol, Edit. Bosch, 1976)

    Nec me animi fallit Graiorum obscura reperta
    difficile inlustrare Latinis versibus esse,
    multa novis verbis praesertim cum sit agendum
    propter egestatem linguae et rerum novitatem;
    sed tua me virtus tamen et sperata voluptas
    suavis amicitiae quemvis efferre laborem
    suadet et inducit noctes vigilare serenas
    quaerentem dictis quibus et quo carmine demum
    clara tuae possim praepandere lumina menti,
    res quibus occultas penitus convisere possis.

    Quizás algún amable lector se pregunte con curiosidad por qué escribió este tratado de ciencia en versos hexámetros. La respuesta está en parte en relación con lo comentado anteriormente. El asunto de la naturaleza de las cosas se merecer un tratamiento adecuado, grandioso, cargado de prestigio y tono elevado. En ese momento no existe todavía una prosa científica lo suficientemente desarrollada; así que se recurre a lo ya prestigiado, el verso épico, el hexámetro, aunque ahora aplicado a una obra cuyo objetivo es eminentemente didáctico.

    También Cicerón es consciente de la importancia de la empresa de traducir los textos griegos al latín en su “Sobre la naturaleza de los dioses”, I,4,7-8:

    Si por otra parte, alguien pregunta qué motivo ha podido impulsarme tan tarde a dejar por escrito tales preceptos, no hay nada que me sea más fácil de explicar que esto. Yo estaba, en efecto, languideciendo en un retiro ocioso, y la situación de los asuntos públicos era tal que una forma autocrática de gobierno se había hecho ya inevitable. En estas circunstancias pensé en primer lugar que explicar la filosofía a mis compatriotas era en aquellos momentos para mí un deber en beneficio de la propia república, considerando que había de contribuir grandemente al honor y a la gloria de la ciudad el poseer, redactadas también en lengua latina, pensamientos tan importantes y tan luminosos.

    Y me arrepiento tanto menos de mi empresa cuanto que puedo ver claramente cuán grande es el número de mis lectores que se han sentido estimulados no solamente al estudio sino también a escribir ellos mismos por su cuenta. Gran número, en efecto, de gentes muy conocedoras de las enseñanzas griegas eran incapaces de compartir sus conocimientos con sus conciudadanos, porque desconfiaban de la posibilidad de expresar en latín las enseñanzas que habían recibido de los griegos; y ciertamente en la cuestión de la expresión o el vocabulario creo que hemos hecho tales progresos que ni aun en riqueza de vocabulario nos superan los griegos. (Traduccion de Francisco de P. Samaranch. Ed. Aguilar)

    Sin autem quis requirit quae causa nos inpulerit ut haec tam sero litteris mandaremus, nihil est quod expedire tam facile possimus. Nam cum otio langueremus et is esset rei publicae status ut eam unius consilio atque cura gubernari necesse esset, primum ipsius rei publicae causa philosophiam nostris hominibus explicandam putavi, magni existimans interesse ad decus et ad laudem civitatis res tam gravis tamque praeclaras Latinis etiam litteris contineri.

    Eoque me minus instituti mei paenitet, quod facile sentio quam multorum non modo discendi sed etiam scribendi studia commoverim. complures enim Graecis institutionibus eruditi ea quae didicerant cum civibus suis communicare non poterant, quod illa quae a Graecis accepissent Latine dici posse diffiderent; quo in genere tantum profecisse videmur, ut a Graecis ne verborum quidem copia vinceremur.

    El mismo Cicerón se queja amargamente también de sus compatriotas que desprecian las obras en latín aunque sean una traducción directa del griego en “Del supremo bien y del supremo mal”, De finibus bonorum et malorum, I,2,4

    “Más difícil es responder satisfactoriamente a los que afectan despreciar las obras escritas en Latín. Lo que me admira en estos, sobre todo, es por qué no les agrada la lengua materna en materias de altísima importancia, siendo así que leen con agrado obras de teatro latinas traducidas literalmente de otras griegas. Y ¿quién es tan enemigo del nombre romano, por así decirlo, que desprecie o rechace la Medea de Ennio o la Antíope de Pacuvio, con el pretexto de que le encantan estas piezas si son las de Eurípides, pero le hastían escritas en latín? (Traducción de Victor José Herrero Llorente. Edit. Gredos. 1987)

    Iis igitur est difficilius satis facere, qui se Latina scripta dicunt contemnere. in quibus hoc primum est in quo admirer, cur in gravissimis rebus non delectet eos sermo patrius, cum idem fabellas Latinas ad verbum e Graecis expressas non inviti legant. quis enim tam inimicus paene nomini Romano est, qui Ennii Medeam aut Antiopam Pacuvii spernat aut reiciat, quod se isdem Euripidis fabulis delectari dicat, Latinas litteras oderit?….

    Sigue Cicerón contraponiendo las dos lenguas en este pasaje durante un largo texto y de nuevo en esta misma obra (De finibus bonorum et malorum) en II,4,12  y III,2 4

    Quiero ahora concretar y ejemplizar este asunto con el término “kosmos” "cosmos", que traducen en latín por “mundus”.

    Kosmos, κόσμος ,  en griego significa orden, lo arreglado, lo hermoso, limpio; el término latino “mundus” no es sino su traducción que significa lo mismo. Quien no haya caído en ello que reflexione sobre el significado de “in-mundo”, que es la negación del concepto anterior, es decir, “lo sucio, desordenado, feo” o en "mondar", del latín mundare que significa "limpiar".

    Por extensión cosmos y mundo se refieren al orden grandioso del universo y por lo tanto significan universo, cielo luminoso, cosmos y mundo, conjunto de cuerpos celestes.

    Más aún, cuando Cicerón ha de traducir κόσμιος , kosmios, lo regular, bien ordenado, moderado, lo hace por “mundanus”, por ejemplo en Tusculanae, 5,3,108.

    También Plinio comienza su libro II, que precisamente dedica a la astronomía con el término “mundum

    Libro II, 1.

    El mundo y todo aquello que con otra denominación se convino en llamar cielo, en cuyo seno transcurren todas las cosas, hay que creer que es igual a la divinidad, eterno, inconmensurable y que no ha sido engendrado ni jamás va a perecer. Indagar más allá de él no tiene interés para el hombre ni cabe en las conjeturas de la mente humana. (Traducción Ana María Moure Casas. Edit. Gredos,1995)

    Liber II, 1

    Mundum et hoc quodcumque nomine alio caelum appellare libuit, cuius circumflexu degunt cuncta, numen esse credi par est, aeternum, inmensum, neque genitum neque interiturum umquam. huius extera indagare nec interest hominum nec capit humanae coniectura mentis.

    Luego, un poco más abajo, en el mismo libro nos explica con toda claridad por qué al universo se le llama “mundus” en latín:

    Plinio, Lib. II,(4) 8

    Yo desde luego me dejo guiar también por el consenso de los pueblos, pues los griegos lo designaron “cosmos” κόσμον,  con la palabra de la belleza, como también nosotros lo llamamos mundo por su perfecta y absoluta hermosura. Y al cielo le hemos puesto tal nombre por razón de que, sin ninguna duda, ha sido cincelado, como interpreta Marco Varrón. Lo corrobora el orden de las cosas, una vez descrito el círculo que se denomina zodiacal con los signos de doce seres vivos, y, por añadidura, la correspondencia del curso del sol a través de ellos a lo largo de tantos siglos. (Traducción Ana María Moure Casas. Edit. Gredos,1995)

    equidem et consensu gentium moveor; nam quem  κόσμοn Graeci nomine ornamenti appellavere eum et nos a perfecta absolutaque elegantia mundum. caelum quidem haud dubie caelati argumento diximus, ut interpretatur M. Varro. 9 adiuvat rerum ordo discripto circulo qui signifer vocatur in duodecim animalium effigies et per illas solis cursus congruens tot saeculis ratio.

    Pero Plinio parece citar de memoria a Varrón al establecer la relación entre caelum (cielo) y caelare (cincelar). Varrón está citando a su maestro Elio Estilón, que es quien establecer la relación, que el propio Varrón no comparte.

    En realidad dice Varrón en su “De lingua Latina” V, 18

    Elio escribe que el cielo (caelum) se denomina así porque está cincelado (caelatum); o por antífrasis, porque está oculto (celatum), lo que en realidad está patente. Pero no: se trata de un error, porque precisamente los últimos vocablos son los que derivan de caelum mejor que caelum de celare (ocultar) o caelare (cincelar). Pero no es menos probable que, de ambas etimologías, la que lo hace derivar de celare pudo haberse expresado a partir de que, en efecto, la  bóveda celeste se halla oculta (celatur) durante el día, mientras que durante la noche no lo está (non celatur)

    Caelum dictum scribir Aelius, quod est caelatum, aut contrario nomine,celatum quod apertum est; non, male: quod postriora multo potius a caelo quam caelum a celando vel caelando. Sed non minus illud alterum de celando ab eo potuit dici, quod interdiu celatur, quam quod noctu non celatur.

    Más adelante S. Isidoro vuelve a repetir estas explicaciones en sus Etimologías, XIII,4:

    El cielo (caelum) se denomina así porque es como un vaso cincelado (caelatum) en el que, como adornos, están impresos los brillos de las estrellas, pues se dice que un vaso está cincelado cuando resplandece con labores primorosas. Distinguió Dios al cielo y lo llenó de radiantes luces, como son el sol y el disco refulgente de la luna; adornólo además con los luminosos signos de los resplandecientes astros. [No obstante según algunos, el nombre viene de “ocultar” (caelare) lo más elevado] (Traducción de José Oroz y Manuel-A Marcos. BAC,20049.

    Caelum vocatum eo quod, tamquam caelatum vas, inpressa lumna habeat stellarum veluti signa. Nam caelatum dicitur vas quod signis eminentioribus refulget. Distinxit enim eum Deus claris luminibus, et inplevit; sole scilicet et lunae orbe fulgenti et astrorum micantium splendentibus signis adornavit. [Alias autem a superiora calenado].

    Naturalmente la científica filología moderna no acepta estas etimologías simplonas de “cielo”, más bien propias de la imaginación popular elemental. Tampoco acepta otra ya antigua, que hace derivar “caelum” del griego κοῖλον , (koilon) ´´cóncavo´´,´´hueco´´, ´´vacío´´,  que permite transcribirlo a veces, tardíamente,  como “coelum”  porque la bóveda celeste parece una concavidad inmensa. También a veces se escribe “celum” según “celare”.

    Pero la filología no encuentra el origen del término latino. Se ha pensado también en que deriva del verbo “caedo”, “cortar”, significando el espacio que corta o delimita el augur para observar las señales de los dioses.  Todo ello son meras hipótesis un tanto descabelladas. A lo sumo se sospecha la existencia de un primitivo término indoeuropeo *kaid-slo-, de una raiz que significaría “brillante, claro” que deja rastrearse en Germánico y Báltico.

    El término mundus es muy utilizado por Lucrecio, sobre todo en el libro V, casi siempre con el sentido extenso de “universo”, incluyendo el cielo y la tierra. Cicerón también lo utiliza con el mismo sentido. Otras veces los autores romanos lo utilizan como “tierra” o como “cielo”. La reducción del significado de “mundo” a   “mundo terrestre, tierra, habitante de la tierra se produjo a partir de la época imperial.

    Luego incluso sufrió una restricción más en el lenguaje de la Iglesia, contraponiéndose “el mundo” al “cielo”, pasando a ser junto con “el demonio” y “la carne” como objeto de la incontinencia sexual uno de los tres enemigos del alma.

    Estas polivalencias han pasado a las lenguas romances, siendo el contexto el que ha de aclarar el significado concreto.

    En todo caso universum en realidad es la forma neutra del adjetivo universus-a-um, que significa “todo”; etimológicamente compuesto de unus y versus, vuelto hacia un solo punto, uno. Con el término “universos” traduce Cicerón la palabra griega τὸ ὅλον, to holon, que significa todo, entero, completo y por lo tanto universo viene a significar “el todo, conjunto de todas las cosas”.

    Pues bien, volviendo a la cuestión inicial, la traducción de cosmos por mundus, si de cosmos deriva cosmético,-a,  κοσμητικός ,como producto de belleza o arte de aplicar productos para la belleza del cuerpo, especialmente de la cara ocultando lo que de feo pueda tener, conviene saber que también en latín se llama “mundus” a los objetos o estuches de tocador de las muchachas y señoras sin que neguemos la posibilidad de que pueda existir un tocador de señores.

    Terminaré este largo artículo diciendo que “mundo” pronto dejó de percibirse como término técnico o científico para referirse al cosmos o conjunto de todas las cosas perfectamente ordenado. Esa percepción y origen etimológico resulta hoy mucho menos evidente. Desde luego nadie identificaría en este momento la “cosmología” con la “mundología”, por ejemplo.

  • El atractivo de los lugares con historia

    ¿Por qué nos emocionan los lugares en los que vivieron los grandes hombres o los grandes artistas?

    Hay una fuerte y extraña ligazón entre las personas y los lugares en los que pasan su vida. Es más, esos lugares tienen un fuerte atractivo y generan fuertes deseos de conocerlos y visitarlos por parte de quienes admiran a las personas.

    ¿Qué turista en Verona  no visita emocionado la casa de Romeo Julieta, aunque le quepa la duda o la evidencia de que aquello no es sino un mero reclamo para el visitante? ¿No se organizan fervientes recorridos por el Dublín del Ulises de Joyce? ¿Acaso no imaginamos sonrientes la figura del Arcipreste revoloteando picarón entre las muchachas que acuden a la celebración de su Festival en Hita? ¿No acudimos curiosos a los lugares cervantinos, de manera especial a su casa en Alcalá? ¿Y no acudiremos dentro de poco serios y silenciosos a la cripta del convento de las Trinitarias de Madrid, en donde parece que se han encontrado los restos de nuestro más ilustre escritor? ¿Y qué decir de Stradford of Avon en Inglaterra, patria del inmortal Shakespeare? ¿Y del aula de Antonio Machado y los paseos junto al Duero en Soria o su tumba en Collioure (Francia), o de la cátedra de Fray Luis de León en Salamanca?

    Si siempre esto ha sido así, ¿qué no ocurrirá ahora, cuando abundantes e inquietas masas de turista acuden a cualquier sitio con cualquier reclamo?

    Pues bien, tenemos un documento realmente interesante en el que Cicerón y algunos amigos visitan con emoción algunos de los rincones de Atenas en los que enseñaron y vivieron los más ilustres y famosos hombres de la culta Grecia.

    Cicerón, junto con Bruto, Pisón, su hermano Quinto, Tito Pomponio, y su primo Lucio están en Atenas y deciden dar un paseo por la Academia, a mediodía por ser la hora en la que el lugar, ya muy decaído, está más solitario:

    Cicero, De Finibus, 5, 1-8 (Sobre los fines

    Después de haber escuchado, Bruto, a Antioco como acostumbraba en compañía de Marco Pisón, en el gimnasio que llaman “el Ptolomeo”, y junto con nosotros mi hermano Quinto y Tito Pomponio y Lucio Cicerón, primo hermano mío por parentesco pero hermano en el afecto, decidimos entre nosotros dar un paseo después de mediodía en la Academia, sobre todo porque a esa hora este lugar está vacío de toda gente. Así pues fuimos todos a casa de Pisón puntualmente y desde allí hicimos los seis estadios desde el Dípilo (una de las puertas de la ciudad) hablando de varias cosas. Cuando llegamos a los terrenos de la Academia, tan famosos no sin motivo, la soledad era precisamente la que deseábamos.

    Entonces dijo Pisón:  ¿Diré que se nos ha concedido por  la naturaleza o más bien por algún error  esto,  que cuando vemos estos lugares,  en los que sabemos que vivieron mucho tiempo hombres dignos de recuerdo, nos emocionamos más que si escucháramos alguna vez las acciones de ellos mismos o si leyéramos algún escrito suyo? Como yo mismo ahora estoy emocionado. Pues me viene a la mente el recuerdo de Platón, que sabemos que fue el primero que estableció la costumbre de enseñar disputando aquí. Incluso esos jardincillos cercanos no sólo me traen su recuerdo, sino que incluso me parece que me lo ponen delante de mi vista. Aquí estuvo Espeusipo, aquí estuvo Jenócrates, aquí estuvo Polemón escuchándoles, cuyo asiento fue ese mismo que estamos viendo. Y digo que también cuando veía nuestra Curia, no la nueva que me parece que es más pequeña aunque ahora es más grande, solía pensar en Escipión, en Catón, en Lelio y sobre todo en mi abuelo. Tan grande es la fuerza para hacernos recordar que hay en estos lugares que no sin motivo se ha basado en ellos el entrenamiento  de la memoria.

    Dijo entonces  Quinto: «Es absolutamente , Pisón, como tú dices. Ciertamente hace un momento cuando venía hacía aquí me atraía a mí mismo hacia él ese famoso lugar de Colono, en el que el inquilino Sófocles deambulaba ante mis ojos, a quien tú sabes cuánto admiro y cuánto me deleito con él.  Ciertamente  me ha trasladado al antiguo recuerdo de Edipo, que llegaba a este lugar y con aquellos versos suavísimos preguntaba qué lugar era éste, una cierta imagen suya,sin duda vana, pero me ha emocionado.

    Dijo entonces Pomponio: “Pues yo estoy muchas veces con Fedro, a quien vosotros soléis atacar como entregado a Epicuro, y a quien quiero especialmente, como sabéis en los jardines de Epicuro, por los que hace un momento pasábamos, y aunque me acuerdo de los vivos según el consejo del viejo proverbio, no puedo sin embargo, aunque quisiera, olvidarme de Epicuro, cuyo retrato tienen nuestros amigos no sólo en los cuadros sino también en las copas y en los anillos.

    Entonces dije yo: «Nuestro amigo Pomponio ciertamente parece bromear, y quizá con todo su derecho. Pues de tal modo se ha  aposentado en Atenas que casi es ya uno de los atenienses, y me parece que este será también su sobrenombre. Yo, Pisón estoy de acuerdo contigo en que a esto llegamos en la realidad, a pensar con más agudeza y más atención en los hombres famosos por la curiosidad de los lugares (que habitaron). Pues tú sabes que, en cierta ocasión, fui a Metaponto  contigo , y no acudí a casa de mi huésped antes de ver aquel mismo lugar y sede en la que Pitágoras paso su vida. Y todavía en este momento, aunque en cualquier lugar de Atenas hay muchas huellas de hombres famosos en sus propios lugares, sin embargo yo me emociono con aquella famosa exedra, pues no hace mucho fue de Carnéades, a quien me parece que estoy viendo –pues su retrato es conocido- . Me parece como si aquella su voz fuera echada de menos por el propio asiento privado de la enorme grandeza de su ingenio.

    Entonces dijo Pisón: «Puesto que todos hemos dicho algo, ¿qué dice nuestro querido Lucio? ¿No visita con gusto el lugar en el que solían disputar entre sí Demóstenes y Esquines? Pues cada uno es atraído sobre todo por su propia afición.

    Y éste, ruborizándose, dijo: «No me preguntes eso a mí, que incluso he bajado hasta el Fa-
    lérico,  al lugar en el que dicen que Demóstenes solía declamar frente a las olas, para acostumbrarse a dominar con su voz el bramido del mar. Hace también un momento me he desviado del camino un poco a la derecha para acercarme al sepulcro de Pericles. Pero esto en esta ciudad ciertamente es infinito: por cualquier parte por  donde vayamos, allí encontramos la huella de alguna historia.

    Entonces dijo Pisón: Pues bien, Cicerón, esas aficiones, si se dirigen a imitar a esos grandes hombres, son propias de personas inteligentes; si en cambio solo pretenden conocer los restos de un antiguo recuerdo, son propias de personas curiosas. Por eso todos te pedimos a ti, como ya haces como espero, que también quieras imitar a estos a los que quieres conocer.

    Contesto yo entonces: aunque ciertamente este Pisón ya hace, como ves, lo que recomiendas, sin embargo me es grato tu consejo.

    Entonces dijo él muy amistosamente, como era su costumbre: Dirijamos todos nosotros todos los esfuerzos  a la juventud de este, sobre todo para que dedique algo de su interés también a la filosofía, o para que te imite a ti, a quien ama, o para que pueda hacer con más elegancia eso mismo que desea. Y dijo también, ¿Pero Lucio, tienes que ser animado por nosotros o también te inclinas a ello espontáneamente? A mí me parece que atiendes con toda atención a Antioco, a cuyas lecciones acudes.

    Entonces él tímidamente, o más bien con modestia, respondió: « lo hago, ciertamente; pero ¿habéis oído hace poco hablar sobre Carnéades? Me atrae con pasión hacía allá,  pero Antioco me llama de nuevo hacia él y además no hay nadie más al que escuchar.

    Entonces le dijo Pisón:  aunque esto quizás no pueda salir bien, estando este presente –se refería a mí-,  sin embargo intentaré atraerte desde esta Academia Nueva a aquella Antigua, en la que, como oías decir a Antioco, no sólo se cuentan aquellos que se llaman Académicos, Espeusipo, Jenócrates, Polemón, Crantor y otros, sino también los antiguos Peripatéticos, de los cuales el principal es Aristóteles, al que,  exceptuado Platón, creo que con toda justicia le llamaría el principal de los filósofos. Dirígete, pues, a ellos, te lo ruego. Pues no sólo de sus escritos y consejos se puede extraer toda la doctrina de las ciencias liberales, toda la historia, toda la elegancia de la oratoria, sino que es tan grande la riqueza de sus obras que nadie sin este instrumento puede acceder con la suficiente elegancia a ninguna cosa importante. De ellos han salido oradores, de ellos generales y los cargos principales de la República. Y refiriéndome a profesionales menores, de esta especie de taller de todas las artes han salido matemáticos, poetas, músicos, y hasta médicos.

    Y yo le contesté: Sabes, Pisón, que pienso lo mismo, pero has hecho una mención oportunamente. Pues mi querido Cicerón desea escuchar  cuál es la opinión de esa Academia vieja que recordabas y de los  Peripatéticos sobre la finalidad de los bienes. Pensamos que tú puedes explicarlo con toda facilidad, porque también tuviste contigo durante muchos años al napolitano Estáseas y vemos que durante muchos meses ya averiguas estas mismas cosas de Antioco.

    Pero él, riéndose, dijo:  «Bueno, bueno; muy agudamente has querido, pues, que yo fuera el principio de nuestra discusión: se lo expondré a este joven, si algo puedo casualmente. Pues la soledad me concede lo que nunca hubiera imaginado, aunque un dios lo anunciara, que yo iba a disertar en la Academia como un filósofo.

    Pero mientras atiendo a este joven, no querría resultaros pesado a vosotros.

    ¿A mí, le dije, que te lo he pedido esto mismo?

    Entonces, al decir Quinto y Pomponio que ellos querían lo mismo, comenzó a hablar Pisón. Te ruego, Bruto, que atiendas a su discurso para ver si recoge suficientemente la opinión de Antioco, que considero que tu apruebas sobre todo porque has escuchado con frecuencia a su hermano Aristo.

    Concluyamos, como decía Pisón,  en que las visitas a estos lugares tan cargados de ciencia, arte y sabiduría no se deban hacer  solamente por una mera curiosidad turística  sino al deseo de imitación de las personas, y que  al menos sirvan para que algo de los autores quede en nuestro interior y nos afecte.

    Cicero, De Finibus, 5, 1-8

    Cum audissem Antiochum, Brute, ut solebam, cum M. Pisone in eo gymnasio, quod Ptolomaeum vocatur,  unaque nobiscum Q. frater et T. Pomponius Luciusque Cicero, frater noster cognatione patruelis, amore germanus, constituimus inter nos ut ambulationem postmeridianam conficeremus in Academia, maxime quod is locus ab omni turba id temporis vacuus esset. itaque ad tempus ad Pisonem omnes. inde sermone vario sex illa a Dipylo stadia confecimus. cum autem venissemus in Academiae non sine causa nobilitata spatia, solitudo erat ea, quam volueramus.  tum Piso: Naturane nobis hoc, inquit, datum dicam an errore quodam, ut, cum ea loca videamus, in quibus memoria dignos viros acceperimus multum esse versatos, magis moveamur, quam si quando eorum ipsorum aut facta audiamus aut scriptum aliquod legamus? velut ego nunc moveor. venit enim mihi Platonis in mentem, quem accepimus primum hic disputare solitum; cuius etiam illi hortuli propinqui non memoriam solum mihi afferunt, sed ipsum videntur in conspectu meo ponere. hic Speusippus, hic Xenocrates, hic eius auditor Polemo, cuius illa ipsa sessio fuit, quam videmus. Equidem etiam curiam nostram—Hostiliam dico, non hanc novam, quae minor mihi esse videtur, posteaquam est maior—solebam intuens Scipionem, Catonem, Laelium, nostrum vero in primis avum cogitare; tanta vis admonitionis inest in locis; ut non sine causa ex iis memoriae ducta sit disciplina.

    Tum Quintus: Est plane, Piso, ut dicis, inquit. nam me ipsum huc modo venientem convertebat ad sese Coloneus ille locus, cuius incola Sophocles ob oculos versabatur, quem scis quam admirer quamque eo delecter. me quidem ad altiorem memoriam Oedipodis huc venientis et illo mollissimo carmine quaenam essent ipsa haec loca requirentis species quaedam commovit, inaniter scilicet, sed commovit tamen.

    Tum Pomponius: At ego, quem vos ut deditum Epicuro insectari soletis, sum multum equidem cum Phaedro, quem unice diligo, ut scitis, in Epicuri hortis, quos modo praeteribamus,  sed veteris proverbii admonitu vivorum memini, nec tamen Epicuri licet oblivisci, si cupiam, cuius imaginem non modo in tabulis nostri familiares, sed etiam in poculis et in anulis habent.
    Hic ego: Pomponius quidem, inquam, noster iocari videtur, et fortasse suo iure. ita enim se Athenis collocavit, ut sit paene unus ex Atticis, ut id etiam cognomen videatur habiturus. Ego autem tibi, Piso, assentior usu hoc venire, ut acrius aliquanto et attentius de claris viris locorum admonitu cogitemus. scis enim me quodam tempore Metapontum venisse tecum neque ad hospitem ante devertisse, quam Pythagorae ipsum illum locum, ubi vitam ediderat, sedemque viderim. hoc autem tempore, etsi multa in omni parte Athenarum sunt in ipsis locis indicia summorum virorum, tamen ego illa moveor exhedra. modo enim fuit Carneadis, quem videre videor—est enim nota imago—, a sedeque ipsa tanta ingenii magnitudine orbata desiderari illam vocem puto.

    Tum Piso: Quoniam igitur aliquid omnes, quid Lucius noster? inquit. an eum locum libenter invisit, ubi Demosthenes et Aeschines inter se decertare soliti sunt? suo enim quisque studio maxime ducitur.

    Et ille, cum erubuisset: Noli, inquit, ex me quaerere, qui in Phalericum etiam descenderim, quo in loco ad fluctum aiunt declamare solitum Demosthenem, ut  fremitum assuesceret voce vincere. modo etiam paulum ad dexteram de via declinavi, ut ad Pericli sepulcrum accederem. quamquam id quidem infinitum est in hac urbe; quacumque enim ingredimur, in aliqua historia vestigium ponimus.

    Tum Piso: Atqui, Cicero, inquit, ista studia, si ad imitandos summos viros spectant, ingeniosorum sunt; sin tantum modo ad indicia veteris memoriae cognoscenda, curiosorum. te autem hortamur omnes, currentem quidem, ut spero, ut eos, quos novisse vis, imitari etiam velis.

    Hic ego: Etsi facit hic quidem, inquam, Piso, ut vides, ea, quae praecipis, tamen mihi grata hortatio tua est.

    Tum ille amicissime, ut solebat: Nos vero, inquit, omnes omnia ad huius adolescentiam conferamus, in primisque ut aliquid suorum studiorum philosophiae quoque impertiat, vel ut te imitetur, quem amat, vel ut illud ipsum, quod studet, facere possit ornatius. sed utrum hortandus es nobis, Luci, inquit, an etiam tua sponte propensus es? mihi quidem Antiochum, quem audis, satis belle videris attendere.

    Tum ille timide vel potius verecunde: Facio, inquit, equidem, sed audistine modo de Carneade? rapior illuc, revocat autem Antiochus, nec est praeterea, quem audiamus.

    Tum Piso: Etsi hoc, inquit, fortasse non poterit sic abire, cum hic assit—me autem dicebat—, tamen audebo te ab hac Academia nova ad veterem illam vocare, in qua, ut dicere Antiochum audiebas, non ii soli numerantur, qui Academici vocantur, Speusippus, Xenocrates, Polemo, Crantor ceterique, sed etiam Peripatetici  veteres, quorum princeps Aristoteles, quem excepto Platone haud scio an recte dixerim principem philosophorum. ad eos igitur converte te, quaeso. ex eorum enim scriptis et institutis cum omnis doctrina liberalis, omnis historia, omnis sermo elegans sumi potest, tum varietas est tanta artium, ut nemo sine eo instrumento ad ullam rem illustriorem satis ornatus possit accedere. ab his oratores, ab his imperatores ac rerum publicarum principes extiterunt. ut ad minora veniam, mathematici, poetae, musici, medici denique ex hac tamquam omnium artificum officina profecti sunt.

    Atque ego: Scis me, inquam, istud idem sentire, Piso, sed a te oportune facta mentio est. studet enim meus audire Cicero quaenam sit istius veteris, quam commemoras, Academiae de finibus bonorum Peripateticorumque sententia. censemus autem facillime te id explanare posse, quod et Staseam Neapolitanum multos annos habueris apud te et complures iam menses Athenis haec ipsa te ex Antiocho videamus exquirere.

    Et ille ridens: Age, age, inquit,—satis enim scite me nostri sermonis principium esse voluisti—exponamus adolescenti, si quae forte possumus. dat enim id nobis solitudo, quod si qui deus diceret, numquam putarem me in Academia tamquam philosophum disputaturum. sed ne, dum huic obsequor, vobis molestus sim.

    Mihi, inquam, qui te id ipsum rogavi?

    Tum, Quintus et Pomponius cum idem se velle dixissent, Piso exorsus est. cuius oratio attende, quaeso, Brute, satisne videatur Antiochi complexa esse sententiam, quam tibi, qui fratrem eius Aristum frequenter audieris, maxime probatam existimo.