Categoría: Educación

  • Uno, dos,muchos

    La adquisición del concepto de número, de los términos para designarlos y de las cifras para representarlos es una de las tareas más difíciles para el hombre. Debió serlo para el hombre primitivo y lo es para el niño que ahora lo aprende en su infancia.

    Nos sorprendemos cuando los etnólogos nos informan de que pueblo actuales, a los que llamamos primitivos con notable injusticia desde nuestra perspectiva exclusivamente occidental, sólo tienen nombre propio para el “uno” y para el “dos”; a partir de ahí sólo hablan de “muchos”, de “multitud”. Nos parece extraño y una gran limitación que al menos no tengan nombre propio para los diez primeros, como nosotros.

    El estudio de la lengua ofrece a veces notables sorpresas.  Nuestra lengua, como el francés, italiano, rumano, portugués, catalán… deriva del latín, emparentado a su vez con otras muchas lenguas que llamamos indoeuropeas. Comparando unas con otras, las antiguas y las modernas, de alguna forma podemos reconstruir el tronco común, al que llamamos “indoeuropeo”. Con ese método nos podemos acercar un poco al IV o V milenio antes de Cristo.

    Pues bien, en las lenguas indoeuropeas que se extienden de Europa a Asia (y desde finales del siglo XV a América con el español, el inglés, el francés y el portugués sobre todo) los números mantienen una notable unidad y uniformidad. Su estudio nos depara algunas sorpresas.

    Se puede rastrear cómo en indoeuropeo el número "dos" (2) era también el límite máximo de la precisión y a partir de él todo era “multitud”.

    Diremos en primer lugar que las lenguas indoeuropeas son “flexivas”, es decir, las palabras tienen terminaciones diversas para expresar el número, el género y  la función gramatical. Pues bien, en griego y en latín (en éste residualmente) todavía las palabras tienen unas terminaciones para expresar el “singular”, otras para expresar que son dos los objetos a que se refieren, número que llamamos “dual” y otras para el “plural") cuando son más de dos. Esto nos sitúa ya más cerca de esos pueblos que sólo diferencian uno, dos, multitud.

    Esta extraordinaria percepción del “2” se explica sin duda por la presencia frecuente y relevante de objetos o seres emparejados: las dos manos, los dos brazos, los dos pies, las dos piernas, los dos ojos, las dos orejas… dos son las alas de los pájaros, dos las patas de las aves… La percepción más inmediata sería la del “1”, que nos remite a uno mismo.

    Muy llamativo es el estudio del nombre del número  “tres” (3). La raíz de la palabra en “indoeuropeo”, la lengua originaria reconstruida, es *tri", y sus derivados  *treyes, *tisores" (a los términos indoeuropeos se les antepone un asterisco (*) para diferenciarlos).

    Cualquier francoparlante observará inmediatamente la proximidad etimológica entre "trois" (3) y “très”  que significa “muy, mucho” indicando intensidad y  con “trop” que significa “demasiado, mucho”.

    En latín la palabra “trans”, que signfica “más allá” es de la misma raíz que “tres” (3); la palabra latina “ter”  signfica “tres veces”, pero también tiene un sentido general, por ejemplo en esta frase de Plauto:

    “Ter tanto peior ipsa est, quam illam tu esse vis  = es tantas veces peor  cuantas tú quieres que sea”.

    En Horacio leemos “ter quaterque” que si literalmente significa “tres y cuatro veces”, en realidad quiere decir “una y mil veces, muchísimas veces”.

    En inglés la palabra “three” significa “tres” (3); la de uso más raro  “thrice” significa “tres veces” y “varios”; “throng” , significa “multitud” y “llenar, atestar”; “through”  signfica “más allá, a través”.

    De la raíz indoeuropea derivan  la palabra usada en latín tardío o vulgar  “troppus” que significa “rebaño, banda”, de la que derivan el francés “trop” citado,  el italiano “troppo” , ”demasiado”, la francesa “troupe” y de ella la española “tropa” y “tropel” con evidente sentido de multitud, de grupo numeroso.

    Todo esto nos retrotrae a una etapa muy antigua de nuestra lengua en la que “tres” era sinónimo de “multitud, de pluralidad” y en consecuencia nos acerca a esos pueblos que llamamos primitivos y que no cuentan con nombre propio más allá del número tres.

    Nosotros hemos creado un sistema numeral más complejo  y perfecto, que sigue siendo en el fondo extraordinariamente limitado, como ya vislumbramos si lo comparamos con las modernas máquinas de computación.
     

  • Los Juegos Olímpicos antiguos

    Entre las muchas cosas que les debemos a los griegos, no es la menos importante la creación de las competiciones deportivas. Los griegos celebraron durante más de mil años los Juegos Olímpico, desaparecieron hace más de mil seiscientos y los hemos recuperado hace apenas cien.

    Actualmente cada cuatro años se celebran en algún lugar del mundo los Juegos Olímpicos u Olimpiadas. Las ciudades más importantes o las emergentes con más futuro del planeta compiten por su organización. Ningún evento deportivo los iguala ni en interés deportivo ni en sana competitividad ni en espectacularidad y vistosidad ni en seguimiento por miles de millones de ciudadanos. Durante unas semanas todo gira en torno a la Olimpiada y los seres humanos parecen olvidar las rencillas y cultivar sus mejores cualidades.

    Como tantas otras cosas, los Juegos Olímpicos se los debemos también a los griegos y en consecuencia les debemos el deporte como contienda física pacífica que con el tiempo se desprendería de sus connotaciones religiosas.

    Como toda sociedad aristocrática y guerrera, sus jóvenes soldados o hacen la guerra o se entrenan para ella con ejercicios competitivos adecuados. Estas competiciones se celebran en momentos determinados en el marco de una festividad religiosa en honor de una determinada divinidad o en los funerales de algún caudillo o héroe guerrero y por lo tanto tienen un carácter sagrado.  Los juegos son la oportunidad para mantener vivo el espíritu heroico y caballeroso de los héroes homéricos, expresado con el término griego “areté”, cuando ya el vencedor no mata al vencido y se queda con sus pertenencias sino que se respeta al adversario que ha contendido noblemente. 

    Aunque los atletas compiten a título individual, las ciudades trasladan sus rivalidades nacionales a los juegos y se sienten orgullosas de ellos.

    Los Juegos Olímpicos se celebran en honor de Zeus en la ciudad de Olimpia, en la fértil cuenca del río Alfeo, en la Elide griega. Estas  competiciones atléticas en Olimpia son antiquísimas. La tradición y el mito adjudican a Herakles o Hércules su creación al organizar una carrera en agradecimiento a Zeus por la victoria que tuvo sobre el rey Augías. Hércules fijo la distancia en  600 de sus pies, lo que hacía  la longitud de un estadio (192.27 m.). Por eso hoy los “estadios” son las instalaciones deportivas en que se celebran competiciones. Algunos “estadios” son grandiosas y notables obras de arquitectura.

    En el año 864 a.C. se firmó un tratado entre Ifito por los Eleos, Licurgo por Esparta, y Cleóstenes por Pisa para aprobar la famosa Tregua Sagrada durante tres meses que impedía la guerra y que declaraba inviolable el territorio de Olimpia y garantizaba la seguridad de  los peregrinos y  atletas que acudían a competir  dos meses antes de que empezaran los juegos.

    Estos juegos en estas condiciones son un elemento esencial en el sentimiento de comunidad helénica entre polis  o ciudades-estado que tan asiduamente practicaron los enfrentamientos entre ellas

    En el año 776 a.C. se celebraron los primeros Juegos Olímpicos que se registraron oficialmente. Este hecho tuvo una enorme transcendencia, puesto que sirvió para iniciar una nueva era o cómputo del tiempo histórico a partir de ese momento (era de las Olimpiadas).

    La época de mayor esplendor se corresponde con los siglos V y IV, época clásica una vez superado el arcaísmo anterior, cuando a los regímenes monárquicos y aristocráticos sucede la creación de la democracia, cuyo máximo exponente es Atenas.

    Estos  Juegos Olímpicos (había otros en otras ciudades dedicados a otros dioses) eran la fiesta religiosa y la competición deportiva y cultural más importante de toda Grecia. La corona de olivo, premio a la victoria,  era el trofeo más codiciado por un griego, aunque cada ciudad subvenía económicamente a sus ciudadanos, considerados auténticos héroes, aunque lo realmente importante era obtener la fama.

    Se celebraron cada cuatro años sin interrupción desde el año 776 a. C. hasta el año 394 después de Cristo, en que el emperador romano cristiano Teodosio los prohibió por considerarlos un culto y rito pagano. El Cristianismo, que incorporó tantas cosas paganas a su credo y ritual, prefirió suprimir las Olimpiadas. En realidad en los últimos tiempos había desaparecido el primitivo espíritu olímpico y los Juegos habían decaído notablemente. En todo caso habían  pervivido 1170 años prácticamente sin ininterrupciones, aunque surge la duda de qué ocurrió entre las Olimpiadas 265 y 286 porque no se conservan las listas de vencedores de esta época . Hemos tardado más en recuperarlas en la época moderna, exactamente 1.500  años.
     

  • Mamotreto

    Mamotreto es una palabra con la que designamos a un libro voluminoso, gordo, pesado y de poco valor. El origen de esta palabra es muy curioso. Procede del griego a través del latín.

    La Real Academia Española define “mamotreto” como “armatoste, libro o legajo muy abultado, principalmente irregular y deforme”. Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana (1611) lo define como “Libro grande en volumen y de materias frívolas y de poco fruto”. Equivale también, pues, a un libraco.

    Se considera que deriva del latín tardío “mammotrectus” y este de “mammothreptus”, que procede del griego tardío μαμμόθρεπτος.

    La palabra grecolatina significa literalmente “criado a la teta”, “que mama durante más tiempo del debido”, ”mamón”  sin la connotación que tiene en el lenguaje coloquial y vulgar, y también “criado por su abuela” (si se le deriva de μἀμμη, mamme, madre, abuela,  y θρεπτὁς, threptos, alimentado, criado, de τρέφειν, trefein, alimentar)  y tal vez mejor “criado por una nodriza”.

    En cualquier caso se refiere a un niño gordo, rollizo, grandullón, que lo es  tanto si mama en exceso y por largo tiempo como si es criado con excesiva atención como suelen hacer las abuelas y las nodrizas,

    Ahora bien, ¿cómo ha ocurrido que de designar a un niño gordinflón, esta palabra pase a referirse a un libraco, gordo también, pesado y con frecuencia de poco valor?

    Se cita y documenta la siguiente explicación. En el siglo XIV, un tal Giovanni Marchesini, fraile franciscano, dio este nombre a su manual de interpretación bíblica “Mammotrectus super Bibliam”, un glosario con unos 1300 términos para ayuda de los jóvenes frailes. Existe un manuscrito de 1375 y luego se imprimió muchas veces en los siglos XV y XVI.

    El término vendría a significar “alimento” o “nodriza” de la Biblia. El título vendría a su vez de un pasaje de San Agustín en su obra “Enarrationes in Psalmos”, In eumdem psalmum 30, Sermo 2, 12   [v 15.]:

    Si te fijas en el hombre y a él quieres imitar y depender de él, todavía quieres alimentarte de leche; y te conviertes en un mamotreto, como se dice de los niños que maman durante mucho tiempo, lo que no conviene…. Las nodrizas les hacen esto a los mamotretos, ponen algo amargo en sus pezones, para que los niños molestos con ello se aparten del pecho y se sienten a la mesa. Así pues diga: “Dije, en ti esperé, Señor,: Tú eres mi  Dios”

    Si attendis adhuc hominem, et cum quaeris imitari, et ex illo pendere, adhuc lacte vis nutriri; et fies mammothreptus, quales dicuntur pueri qui diu sugunt, quod non decet… Faciunt enim hoc nutrices mammothreptis, ut aliqua amara ponant in papillis suis, quibus offensi parvuli ab ubere resiliant, et ad mensam inhient. Ergo dicat; Ego autem in te speravi, Domine, dixi: Tu es Deus meus.

    Lo que nos quiere decir Giovanni Marchesini es que así como los niños necesitan de la leche de la madre, los jóvenes frailes necesitan del alimento elemental y primario de su manual o diccionario. El diccionario es como una nodriza o ama de cría.

    El mismo explica en el prólogo que de la misma forma que el pedagogo dirige los pasos de los párvulos, su obra puede llamarse “Mammotrectus”, Mamotreto:

    Y porque crea costumbre el proceder del pedagogo que dirige los pasos de los párvulos, podrá ser llamado Mamotreto

    et quod morem gerit talis decursus pedagogi qui  gressus dirigit parvulorum,  Mammotrectus poterit appellari”.

    Aunque este “mammotrectus” era más gordo que otros manuales que utilizaban los estudiantes, todavía el término no tenía la acepción de “libro voluminoso”  y pesado que luego adquirió en la jerga estudiantil.

    Pero un "libro gordo" no tiene por qué ser pesado ni aburrido. Sin duda miles de argentinos y españoles recordarán con simpatía y cariño la famosa enciclopedia y serie televisiva didáctica "El Libro Gordo de Petete". Incluso el citado libro de Marchesini que da origen a esta palabra debió ser de gran utilidad para muchas generaciones de frailes, a juzgar por las numerosas impresiones que tuvo.

  • El primer testimonio de educación de un sordo

    Bien conocido es que el infanticidio y la exposición de niños son prácticas admitidas en Grecia y Roma bien sea por razones religiosas (discapacidad como castigo o consecuencia de la cólera de los dioses) o por razones de política y de tradición cultural.

    Las polis griegas y las sociedades antiguas necesitan hombres fuertes para un ejercicio frecuente de la actividad bélica. La sociedad excluye al inválido, al no-válido.

    Por otra parte siempre fue una preocupación de las ciudades griegas evitar el crecimiento excesivo de los ciudadanos para no repartir el territorio y mantener la relación entre riqueza de la ciudad y número de ciudadanos. Platón en sus Leyes, V,737e considera como número ideal de su ideal ciudad el de 5.040 ciudadanos. 

    En el pensamiento y cultura griegos  además tiene una gran importancia la belleza y perfección física.

    Todo ello explica que los propios legisladores como Licurgo, Platón o Aristóteles teoricen y dictaminen sobre la dimensión de las ciudades y sancionen en sus leyes o en sus propuestas de constituciones  prácticas  de eugenesia o búsqueda de la salud genética de las generaciones futuras.

    En este contexto los niños y niñas  nacidos con alguna malformación física eran sencillamente eliminados.

    Así Plutarco nos dice en su Licurgo, XVI 1-2:

    Un padre no era el dueño de la crianza  de su hijo. Una vez que había nacido lo llevaba a un lugar llamado Lesque, en el que se reunían en asamblea los más antiguos de cada tribu. Lo examinaban y si estaba  bien conformado, si manifestaba vigor, ordenaban que se le alimentase y le asignaban como herencia una de las nueve mil parcelas de tierra. Si era contrahecho o de débil constitución, ordenaban arrojarlo a un precipicio al pie del  monte Taigeto, que se llamaba Apothetes. Consideraban que estando destinado desde su nacimiento a no tener ni fuerza ni salud, no merecía la pena ni para él mismo ni para el estado dejarle con vida.”

    “Τὸ δὲ γεννηθὲν οὐκ ἦν κύριος ὁ γεννήσας τρέφειν, ἀλλ´ ἔφερε λαβὼν εἰς τόπον τινὰ λέσχην καλούμενον, ἐν ᾧ καθήμενοι τῶν φυλετῶν οἱ πρεσβύτατοι καταμαθόντες τὸ παιδάριον, εἰ μὲν εὐπαγὲς εἴη καὶ ῥωμαλέον, τρέφειν ἐκέλευον, κλῆρον αὐτῷ τῶν ἐνακισχιλίων προσνείμαντες· (2) εἰ δ´ ἀγεννὲς καὶ ἄμορφον, ἀπέπεμπον εἰς τὰς λεγομένας Ἀποθέτας, παρὰ Ταΰγετον βαραθρώδη τόπον, ὡς οὔτε αὐτῷ ζῆν ἄμεινον ὂν οὔτε τῇ πόλει τὸ μὴ καλῶς εὐθὺς ἐξ ἀρχῆς πρὸς εὐεξίαν καὶ ῥώμην πεφυκός.”

    Platón en su República V 460b-c se inspira en Esparta para recomendar el infanticidio.

    Aristóteles en su Política, libro VII, 1335b (16,15) dice:

    En cuanto a la exposición y crianza de los hijos, debe existir una ley que prohíba criar a ningún defectuoso

    Περὶ δὲ ἀποθέσεως καὶ [20] τροφῆς τῶν γιγνομένων ἔστω νόμος μηδὲν πεπηρωμένον τρέφειν,

    y  recomienda como mejor medida el aborto.

    En Roma la legislación y la costumbre conceden al paterfamilias el derecho de vida y muerte sobre sus hijos, que puede reconocerlos o no cuando nacen; así que la suerte de quienes nacen con un defecto físico no es mejor que en Grecia. Los niños con malformaciones  o son arrojados al Tiber o  expuestos junto a la columna Lactaria.

    Aristóteles en su Historia de los animales, libro IV,9,15-16 (537a) se refiere al fenómeno de la voz:

    Cada uno de los cuadrúpedos vivíparos tienen una voz diferente de los demás, pero ninguno es capaz de articular un lenguaje; este es un privilegio reservado sólo al hombre. Cuando el animal tiene una lengua articulada, tiene también una voz, pero puede tener voz sin tener nunca lenguaje ni articulación. Los que son sordos de nacimiento son también siempre mudos; sin embargo tienen una voz, pero no se puede articular. “

    Hipócrates considera más bien que una malformación en realidad es fruto de una enfermedad, pero esta opinión en nada modificó la cruel costumbre de eliminar a los minusválidos.

    Lucrecio, en su De rerum natura,L. V, 1052-55 dice:

    No es fácil ni enseñar ni aconsejar de manera alguna a los sordos lo que es necesario hacer”.

    Nec ratione docere ulla suadereque surdis, quid sit opus facto, facilest:

    A la vista de estos testimonios es fácil suponer el rechazo social que una minusvalía producía en el mundo antiguo. Por eso  no es de extrañar que ya en la propia  Antigüedad resultara ciertamente llamativo un texto de Plinio el Viejo  en el que se da cuenta de la educación de un muchacho sordo como pintor.

    Es el primer caso de educación de un discapacitado del que tenemos constancia histórica y el primer sordo del que conocemos su nombre: Quintus Pedius. Era hijo del senador y orador romano Quintus Pedius Publicola, Su abuelo paterno fue el cónsul Quintus Pedius y su abuela paterna Valeria, pariente, tal vez hermana, del senador y orador también Marco Valerio Messala Corvino. Su abuelo y el emperador Augusto eran primos por parte de madre. Así que este muchacho era de muy buena familia.
    Messala aconsejó y Augusto autorizó su educación como pintor; desgraciadamente murió joven. Esto es lo que nos  dice Plinio, Historia Natural  35, 7,  21:

    …. No debemos olvidar el célebre consejo sobre pintura de los principales personajes, a propósito de  Quinto Pedio, nieto de Quinto Pedio, consular, recompensado con el triunfo, nombrado coheredero por el dictador Cesar con Augusto, que había nacido mudo (sordo) por naturaleza. El orador Messala, de cuya familia era la abuela del niño, aconsejó que se le enseñara pintura, cosa que también aprobó el divino Augusto. Habiendo hecho grandes progresos  en ese arte, murió siendo niño.”

    … et principum virorum non omittendum de pictura celebre consilium, cum Q. Pedius, nepos Q. Pedii consularis triumphalisque et a Caesare dictatore coheredis Augusto dati, natura mutus esset. in eo Messala orator, ex cuius familia pueri avia fuerat, picturam docendum censuit, idque etiam divus Augustus comprobavit; puer magni profectus in ea arte obiit”.

    Luego  tuvieron que pasar muchos siglos hasta la aceptación social de las medidas de reinserción de las personas con discapacidad. En la historia de la educación y enseñanza de sordos ha jugado un papel muy importante España, considerada la cuna de la enseñanza de sordomudos gracias a la labor del benedictino. Pedro Ponce de León, (1513?-1584) nacido en Sahagún (León), que partió de las propuestas de Girolamo Cardano (nacido en 1501) que pensó que los signos con las manos podían ayudar a los sordos a comunicarse. El lenguaje y la numeración con signos eran conocidos desde la Antigüedad, pero no aplicados a la comunicación de los sordos.

    Desgraciadamente todavía son numerosos los lugares del planeta en los que se todavía es muy insuficiente la atención a estas personas y las razones o sinrazones vienen a ser las mismas que en la Antigüedad.
     

  • Claudia lanam fecit (Claudia cardó su lana)

    Sin duda uno de los primeros logros de los hombres fue la confección de vestidos para protegerse del clima a veces cálido a veces frío. En los yacimientos más antiguos aparecen agujas de hueso con un agujero y ojal en un extremo por el que introducir una fibra, una tira de piel, un hilo más adelante. La fabricación del hilo, de pelo animal o de lana o de fibra vegetal, no por temprana es menos de valorar. Fue una gran empresa.

    Al menos en el mundo griego y romano, del que nosotros tratamos, fue una ocupación y responsabilidad femenina en consonancia con el papel social que desempeña la mujer.

    Naturalmente que el rol social de la mujer griega o romana (hay importantes diferencias entre ellas) hoy no es aceptable en nuestra sociedad, aunque justo es reconocer que ha comenzado a cambiar hace muy pocos años y de  ninguna manera ese cambio está acabado, porque si en los países occidentales y en otros muchos se ha conseguido una igualdad legal, en absoluto existe una igualdad real.

    En cualquier caso, los hechos de cada sociedad han de ser analizados y valorados en su contexto y no son correctos juicios anacrónicos (del gr. ἀνα = hacia arriba,contra  y χρόνος = tiempo). Vaya esta advertencia para mejor entender y valorar el siguiente epitafio (del griego ἐπὶ = sobre y τάφος = tumba)  anónimo de una matrona llamada Claudia, de mitad del siglo II antes de Cristo, que sintetiza el ideal de matrona romana de los primeros tiempos de la República Romana.

              Forastero, poco es lo que quiero decirte; detente y lee con atención:
              Aquí está el sepulcro no pulcro de una pulcra mujer
              (
    esta es la tumba no hermosa de una hermosa mujer)
              Sus padres le dieron el nombre de Claudia.
              Amó a su marido con todo su corazón.
              Crió dos hijos. A uno lo deja sobre la tierra;
              al otro lo colocó ya bajo tierra.
              De conversación graciosa y de paso elegante.
              Guardó su casa. Hizo su lana. He dicho. Vete.


              HOSPES, QUOD DICO PAVLLVM EST, ASTA AC PELLEGE.
              HEIC EST SEPVLCRVM HAV PVLCRUM PVLCRAI FEMINAE
              NOMEN PARENTES NOMINARVNT CLAVDIAM.
              SVOM MAREITVM CORDE DEILEXIT SOVO.
              GNATOS DVOS CREAVIT. HORVM. HORVM ALTERVM
              IN TERRA LINQVIT, ALIVM SVB TERRA LOCAT.
              SERMONE LEPIDO, TVM AVTEM INCESSV COMMODO.
              DOMVM SERVAVIT. LANAM FECIT. DIXI. ABEI.
                     ( Carmina Latina Epigraphica, -CLE- 52)

    Nota: Léase también en latín, aunque no se entienda completamente; es la única forma de apreciar no sólo el ritmo, sino también los recursos fonéticos de que se sirve el autor. He utilizado sólo letras mayúsculas para acercarnos un poco más al texto original de la lápida; esta misma razón explica el uso de la V  como consonante y también como nuestra vocal U. Léase siempre como “U”.

    Pues bien, en este epitafio se recogen y alaban de forma tópica las principales virtudes que han de adornar a las matronas romanas: es hermosa, amorosa, buena madre que cría hijos, de conversación agradable y elegante. La última línea es el compendio de este ideal de matrona: guardó su casa, lo que podemos interpretar como una referencia a su honestidad, e hizo su propia lana.

    La expresión “lanam fecit” y la idea en ella encerrada es una herencia más del mundo griego,  en el que el trabajo de la lana está asociado a la virtud femenina desde la Ilíada y Odisea de Homero. Recordemos el trabajo de la  bella y casta  Penélope, destejiendo por la noche lo que tejía durante el día, esperando el regreso de su esposo Ulises y eludiendo a los numerosos pretendientes que la asediaban a ella y a su palacio.

    Por otra parte el trabajo de cardar la lana y tejer los vestidos es un tópico de la epigrafía funeraria y de la literatura latina en su intención de contraponer la relajación de las costumbres del momento a la moral antigua.

    El mismo objetivo pretenden narraciones tales como la muerte de Lucrecia al ser deshonrada por el rey Tácito tal como nos lo cuenta Tito Livio en su obra Ab urbe condita, I, 57, o la historia de Régulo, prisionero de los cartagineses que muere valerosamente, recogida por numerosos autores.

    Este epitafio recoge ese tópico existente en la sociedad y ayuda a consolidarlo. Pero esto no quiere decir que realmente las matronas del siglo I cardaran su lana o confeccionaran sus vestidos de manera exclusiva o preferente. Es más bien expresión de su laboriosidad y contención frente al lujo y gasto excesivo, vicios extendidos en la sociedad a la par que las conquistas aportaban a Roma enormes riquezas y recursos.

    En todo caso, podemos apreciar en este breve epitafio la enorme capacidad de síntesis y la fuerza expresiva de la lengua latina. Por ello es una lengua lapidaria (del latín lapis, piedra), apta para toda clase de inscripciones y no sólo funerarias.
     

  • Nada se seca más rápido que una lágrima (Lacrima nihil citius arescit)

    Esta frase latina, antes griega, ha tenido notable éxito a juzgar por la frecuencia con que es utilizada o citada. Su sentido inmediato parece referirse a la rapidez con la que olvidamos los dolores o frustraciones, sean de cuerpo o de espíritu; hecho que parece negar la evidencia en contrario de muchas situaciones.

    La frase parece tener su origen en Grecia, sin que podamos afirmar que sea una afirmación popular o  sea la creación de un pensador o de un poeta. Se atribuye a Apolonio y se suele concretar que se trata de Apolonio de Rodas, aunque al menos hay otro Apolonio candidato.

    La frase se cita en la obra anónima, atribuida a Cicerón, “Rethoridca ad Herennium, 2,31-50: “commiserationem brevem esse oportet; nihil enim lacrima citius arescit”,(conviene que la conmiseración sea breve, pues nada se seca más rápido que una lágrima) y también en las obras del mismo  Cicerón “Partitiones oratoriae, 17, 57"  y en “De inventione, 1,109”, en que se  la  adjudica al “retórico Apolonio” sin más especificaciones.

    También Quintiliano en sus  Institutiones Oratoriae, 6.1.27 dice “ numquam tamen debet esse longa miseratio, nec sine causa dictum est nihil facilius quam lacrimas inarescere”(la condolencia nunca debe ser larga, pues no sin motivo se dice que nada se seca antes que una lágrima). Y Quinto Curtio, 5,5,11 insiste “ ignorant quam celeriter lacrimae inarescant” (no saben cuán rápidamente se secan las lágrimas.

    La frase quizás llegó a ser de dominio general y popular, pero las citas de los retóricos latinos nos hacen sospechar que quizás su sentido fuera menos general y transcendente. Tal vez su contexto sea el de la enseñanza de la oratoria y con esta máxima  el maestro pretenda frenar los excesos de pasión y sentimiento que algunos discípulos ponen en los epílogos de sus discursos. Un exceso de pasión puede hacer que el oyente o el espectador se desconecte o desenganche del orador, porque  la frase completa de Cicerón en realidad decía:  “nada se seca más rápido que las lagrimas, sobre todo cuando se derraman por los males de otros” (Lacrima nihil citius arescit, praesertim in alienis malis).

    La cita atravesó la Edad Media; lo utiliza, por ejemplo, Pedro Abelardo en su “Etica. Conócete a ti mismo” y la Edad Moderna:  como curiosidad diremos que en la Edición de 1539 en Colonia del “Ad Herennium”,  Gybertus Longolius reconstruye la frase original griega como  “oύδέν  θάσσον ξηραίνεσθαι δακρύου” (oúden zâsson  xeraíneszai dakrúou).

    Y llega a la Edad Contemporánea, en que, por ejemplo,  decenas de blogs la utilizan con uno y otro sentido.

    El General De Gaulle, por ejemplo, parece conocerla, puesto que la parafrasea:  a propósito de la independencia de Argelia después de la larga ocupación francesa y la dura guerra, le comentó un general en tono crítico “Tanta sangre derramada…”, a lo que el gran De Gaulle dicen que le contestó: “nada se seca más rápido que la sangre”. No es verdad; antes se secan las lágrimas, pero no deja de ser curioso que De Gaulle conociera la frase de Apolonio o de Cicerón. No creo que muchos generales  o políticos de oficio actuales tengan a los clásicos grecolatinos como lecturas aunque sean esporádicas, pero todo es posible y siempre hay honrosas excepciones.

  • Aprender a contar no fue fácil

    El estudio de la lengua se enfrenta a veces a cuestiones de difícil explicación que se pierden en la noche de los tiempos.

    Con el término “cálculo”, (del latín “calculus, diminutivo de  calx,-cis  = guijarro, piedrecita; probablemente préstamo  del griego  χάλιξ =piedra de cal) nos referimos a las piedras que se forman en el riñón y en otros órganos del cuerpo como la vesícula y que deben ser extirpadas o eliminadas cuanto antes para evitar molestias o problemas mayores.

    Pero “cálculo” también se refiere a la acción aritmética de “calcular” o contar, precisamente porque los niños aprenden a contar con piedrecitas, sea amontonándolas o manejándolas en el ábaco.

    Así desde luego aprendían los niños romanos y griegos a contar, como denota el significado etimológico de “calculus, cálculo”  y también la palabra  griega   ψῆφος , pséphos ,  que significa piedra y número; la expresión ψήφους τιθέναι, pséphous tithénai,     significa "echar los guijarros, echar cuentas, hacer una cuentas ".

    El contar o calcular es uno de los más difíciles aprendizajes que realizan los seres humanos en su infancia. Los hombres tenemos ciertas dificultades para contar. En principio sólo somos capaces de identificar con un solo golpe de vista conjuntos de uno, dos, tres o cuatro objetos; a partir de cinco nos vemos obligados a contar para conocer el número.

    A contar se aprende primeramente con los dedos de la mano y también con piedrecitas como decíamos o con otros sistemas de características tan primitivas, como la cuerda con nudos en los que estos equivalen a la unidad.

    Curiosamente esta limitación de tan sólo identificar de manera inmediata hasta cuatro unidades tiene su reflejo en las lenguas y de manera evidente en el latín, la lengua de los romanos de la que deriva entre otras el castellano o español.

    Se refleja la limitación, por ejemplo, en el uso de las cifras o escritura de los números: los romanos representaban los números con letras y contra lo que piensan algunos se podían repetir hasta cuatro veces y no más (otro día comentaremos el modo de representar los números en latín y griego). Es decir, el  “4” lo representaban con  cuatro palotes o “ies” (“IIII”) precisamente porque se aprecian de un solo golpe de vista; pero para el “5” utilizaban la “V”.

    Se refleja también la limitación indicada en que los tres primeros números (unus, duo,tres; quattuor tuvo una evolución fonética especial), se declinan, es decir tienen diversas terminaciones o desinencias, que no existen ya a partir del 5.

    Se refleja también en el nombre de los meses. El año romano inicialmente tenía diez meses; los cuatro primeros tenían nombre especial: martius, aprilis, maius, iunius; a los siguientes les llamaban con el numeral quintilis, sextilis, september, october,  november  y dicember. (quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno y décimo).

    Más curioso todavía es el reflejo en el nombre de las personas. Tan sólo los miembros masculinos de una familia tenían praenomen y nomen, que equivalen a nuestro nombre propio y apellido o nombre de la familia; las mujeres sólo llevan el nombre familiar de forma que todas las de la familia Julia se llaman “Iulia”.

    Pues bien, en una familia romana hay hijos que se llaman “Quinto”, como Quintus Horatius Flaccus, el famoso poeta; y “Sexto” como Sextus Iulius Frontinus, que escribió un tratado sobre las aguas y acueductos; y Septimius  como el emperador  de los años 193 a 211 Lucius Septimius Severus; y Octavio como Caius Octavius Turinus, llamado luego Octavio César Augusto,  y Décimo como el famoso poeta satírico Decimus Iunius Iuvenalis; alguno se llama hasta “Numeroso”, como    Numerius Iulius Caesar, senador de la familia Julia que vivió a caballo entre los siglos III y II a.C.

    Pero no hay hijos que se llamen “Primus, y realmente escasos los que se llamen Secundus, Tertius, Quartus; estos tienen su nombre propio; es a partir del siguiente cuando hay que contar y ya de paso se quedan con el número como nombre.

    Curioso, desde luego; parece como si en la lengua latina se hubiera fosilizado una limitación primitiva en el contar, por lo demás ampliamente superada hacía tiempo.
     

  • La embriaguez engendra seres deformes

    El filósofo, político y escritor Henri-Benjamin Constant, francés nacido en Suiza (1767-1830) escribió en 1816 un famoso discurso o tratado titulado «Acerca de la libertad de los antiguos comparada a la de los modernos».

    Su tesis es que los antiguos (naturalmente los ciudadanos) tenían la libertad y obligación de participar en la vida política de la polis o estado pero en cambio su libertad en la vida privada quedaba muy limitada por las leyes. En el hombre moderno ocurre al contrario: las leyes protegen la libertad en la vida privada en la que apenas interviene el poder público pero dificulta su participación en la vida pública, dada sobre todo la amplitud y extensión de las sociedades modernas.

    Constant tuvo una importante influencia en los movimientos liberales de su época; merece la pena leer su discurso, a pesar de las matizaciones que hoy haríamos a sus afirmaciones.

    Pues bien, como es conocido, Platón pretende sobre todo en sus dos diálogos “La República o de la Justicia”  y “Las leyes o de la legislación”  diseñar una ciudad-estado ideal en la que los gobernantes sean los mejores ciudadanos, que el identifica con los filósofos. Sus leyes se proponen regular aspectos de la vida privada de los ciudadanos, tal como decía Constant, que hoy  sólo piden de las leyes y de los estados su protección frente a la injerencia  de otros o del propio estado.

    Ahora bien, algunas de las normas que Platón propone, fruto de su especulación filosófica más que de la experiencia, nos resultan hoy enormemente curiosas. Por ejemplo en Leyes 774a (libro VI) indica cómo los ciudadanos han de casarse éntre los 25 y los 35 años; poco después, en 735b nos dice que la edad de casarse entre las muchachas ha de ser entre los dieciséis y los veinte años y la de los muchachos entre los treinta y los treinta y cinco: así mismo indica  cómo han de ser sancionados con multas en proporción a su clase social quienes incumplan una norma de tanto interés para la supervivencia de la propia ciudad.

    Pero citaré textualmente un párrafo que se refiere a la obligación que los ciudadanos tienen de engendrar hijos sanos para el bien de la sociedad.

    Conocida es la afición que los griegos concedía al banquete o convite, en el que corre abundantemente el vino. Pues bien, dice Platón en Leyes, 775b -775e. (libro VI):

          “ Beber hasta la embriaguez no es conveniente en ninguna parte ni ocasión, de no ser en las fiestas del dios que nos ha dado el vino, ni es cosa que carezca de peligros, sobre todo cuando se está pensando en bodas, durante las cuales es muy conveniente que el novio y la novia sean especialmente dueños de su razón al hacer un cambio tan notable en sus vidas, y para que así mismo el hijo sea engendrado siempre por personas que estén lo más posible en perfecto uso de sus facultades y su razón, pues resulta totalmente inseguro el saber qué noche o qué día se le va a concebir con ayuda de la divinidad. Por lo demás es también conveniente que la procreación no tenga lugar cuando los cuerpos están dominados por la embriaguez, pues el feto necesita del orden para formarse, la firmeza, la estabilidad, la tranquilidad. El hombre borracho sufre alteraciones de todas clases, por sentirse rabioso en cuerpo y alma; la embriaguez, pues, engendra en malas condiciones, de manera que corre el peligro de dar lugar a seres anormales, que no merezcan ninguna confianza, sin un carácter ni un cuerpo que estén rectamente dotados. Por todo ello es necesario que, a ser posible,  durante todo el año e incluso durante toda la vida, pero mucho más aún en aquel tiempo en que uno esté procreando, se procure muy de veras no hacer nada malsano voluntariamente, nada que tenga que ver con la violencia o la injusticia, pues todo ello penetra y se imprime en el alma del hijo e inevitablemente se dan entonces a luz seres degenerados y deficientes; y por encima de todo hay que abstenerse de tales faltas durante aquel día y aquella noche. Los comienzos, en efecto, son como una divinidad que arraiga en lo humano y salva todas las cosas, siempre y cuando sus devotosle tributen las honras que se le deben”  (Traducción de Francisco de P.Samaranch en Ed. Aguilar, Platón: Obras Completas, Madrid,1969).

    Este texto, estas ideas impresionaron en su momento a los antiguos, como nos impresionan también a nosotros, 2.400 años después y nos permiten imaginar también una vez más cómo sería hoy nuestra sociedad si el pensamiento antiguo no hubiera permanecido oculto en la larga noche medieval. En todo caso no dejan de ser estos consejos sobre la embriaguez y el consumo de alcohol muy adecuados para una juventud actual que consume en exceso a edades muy tempranas cantidades excesivas de alcohol y otras sustancias como método para conseguir cierto estado de pseudofelicidad.

  • Los maestros griegos estudiaron con maestros egipcios

    La cultura “clásica” griega es el resultado de ricas y diversas influencias históricas

    Nuestra cultura occidental se siente muy orgullosa de sus raíces clásicas, de sus raíces grecolatinas y de hecho aunque existan aportaciones de otras culturas, en su mayor parte somos antiguos griegos y romanos con más de dos mil quinientos años de historia.

    Pero, ¿dónde están a su vez las raíces de la cultura clásica? Hoy la Filología Clásica es mucho  más libre que hace medio siglo para determinar esos orígenes. En gran medida, al buscar las raíces clásicas, la Filología estuvo mediatizada por razones ideológicas del momento, incluso racistas, y buscaba unas raíces pura y exclusivamente arias que la arqueología  y las propias fuentes antiguas desmentían permanentemente. Eran momentos en los que el acientífico e ideológico concepto de raza impregnaba parte del pensamiento y de la ciencia europea. La pretensión de una supuesta “pureza racial” produjo enormes males a la Humanidad.

    Pero de acuerdo con las propias fuentes antiguas, grandes maestros del pensamiento, de la religión y de la ciencia griegos visitaron y estudiaron con maestros egipcios: así Heródoto, Pitágoras, Platón… Y estas estancias tuvieron en las obras respectivas de estos autores absoluta transcendencia. Egipto, cuyos grandiosos vestigios nos siguen sorprendiendo hoy día,  tuvo un enorme atractivo para los griegos. Platón en varios momentos alaba y valora admirado la cultura y sociedad egipcia.

    Sirvan como ejemplo dos  referencias de Platón, una en su diálogo Timeo, 21e  y ss. en el que Critias nos da noticias del diálogo entre el sabio Solón, “el más sabio de los siete sabios”,  en expresión del mismo Critias, y los sacerdotes egipcios, en el que estos le informan a Solón, del antiguo origen de Atenas y de su relación con la ciudad egipcia de Sais.

    Hay en Egipto –dijo Solón- en el Delta, hacia cuyo extremo final el curso del río se divide, un cierto nomo llamado Saítico, cuya principal ciudad es Sais. De allí era el rey Amasis. Los naturales de esta ciudad creen que la fundó una diosa:en lengua egipcia su nombre es Neith, pero en griego, según ellos dicen, es Atenea. Esas gentes son muy amigas de los atenienses y afirman ser de alguna manera parientes suyos. (21e)
    …..
    Numerosas y grandes fueron vuestras hazañas y las de vuestra ciudad: aquí están escritas y causan admiración.”(24d)  (Traducción de Francisco de P.Samaranch en la edición de las obras completas de Platón en Editorial Aguilar, 1969)

    y sigue Solón contando la amplia información que los sacerdotes egipcios le proporcionan sobre la antigua Atenas y que él desconocía.

    También Platón en su diálogo Las leyes, 656d, presenta a Egipto como modelo para educar musicalmente a los jóvenes griegos:

          “Desde hace mucho tiempo  tengo entendido que han aprendido ellos (los egipcios) esta verdad que nosotros estamos formulando ahora: la juventud de las ciudades ha de ejercitarse en las bellas figuras y en las bellas melodías; en consecuencia ellos fijaron el carácter y la naturaleza de estas, y luego expusieron los modelos de las mismas en los templos… “ (Traducción  de P.Samaranch).

    No es, pues, de extrañar el elevado concepto que Herótodo, Solón, Platón tenían de Egipto con cuya cultura y pasado se hermanan (en este caso la ciudad de Atenas con la egipcia Sais, en el Delta) o en él buscan sus orígenes.

    Las investigaciones modernas confirman plenamente lo que los propios antiguos nos decían.
    Naturalmente también son esenciales las aportaciones del Medio Oriente y del Norte, dada la estratégica ubicación de Grecia entre el este y el oeste, entre el norte y el sur.  El Oriente Próximo ha sido durante milenios el crisol en el que se han fundido y mezclado las corrientes culturales de Oriente, del Mediterráneo, del norte euroasiático y de Africa.

    En la conformación de la cultura griega clásica han sido esenciales, pues,  el sustrato mediterráneo, la originalidad indoeuropea, las tradiciones mesopotámica y egipcia.

    Como suele ocurrir en todas las sociedades, la cultura es el resultado de múltiples influencias, es resultado del sincretismo, síntesis y fusión de formas diversas. Si esto ha sido siempre así a lo largo de la Historia, resulta absolutamente evidente en nuestra época de globalización en la que además las personas se mueven con gran facilidad por todo el planeta.

  • El romano Régulo cumple su palabra heroicamente y lo paga con la muerte

    En la educación cívica de los antiguos romanos jugaba un importante papel el recuerdo y conocimiento de los hechos virtuosos de los antepasados, ejemplos a imitar por los jóvenes.


    Marco Atilio Régulo, aunque de origen plebeyo, fue cónsul dos veces; la segunda en el año 256 a.C, en el noveno año de la Primera Guerra Púnica entre romanos y cartagineses. De acuerdo con la tradición y sin evidencia histórica (muchos  historiadores, alguno  antiguo, lo ponen en duda o lo silencian ), se cuenta de él una ejemplarizante historia.

    Después de algunos éxitos militares, Régulo fue hecho prisionero por los cartagineses y lo mantuvieron cautivo hasta el año 250 a.C., en que le permiten acudir a Roma para negociar la paz o el intercambio de prisioneros, comprometiéndose a volver a Cartago caso de no conseguirlo.

    Cuando Régulo llega a Roma se comporta como un rígido hombre de honor:  se niega a entrar en la ciudad como esclavo que es, rechaza hablar al Senado porque su condición de esclavo le incapacita para ello, ni siquiera admite el beso de su fiel esposa puesto que el matrimonio es un derecho exclusivo de los ciudadanos libres y él ya no era ciudadano.

    Cuando por fin accede a dirigirse al Senado, lo hace precisamente para lo contrario de lo esperado:  les convence de la inconveniencia de pactar con el cartaginés y de llegar a acuerdo alguno con quien es un declarado enemigo. Como hombre de honor regresa a Cartago, en donde le espera una horrible muerte a manos de sus verdugos.

    Los cronistas y poetas latinos lo proponen como prototipo y ejemplo de ciudadano heroico, amante de su ciudad, para las generaciones futuras, quejándose del abandono actual de los antiguos principios y valores cívicos. Así lo hacen Livio. Gelio, Diodoro, Apiano, Dion Casio, Zonaras, Valerio Máximo, Aurelio Victor, Floro,  Cicerón, Horacio, Silio Italico, etc.

    Este tipo de anécdotas idealizadas son un elemento esencial en la educación del ciudadano romano. Es lo que los propios romanos llaman el “mos maiorum”, las costumbres y comportamiento de los antepasados, como faro e ideal para los jóvenes.

    Evidentemente las personas de edad eran más valoradas que ahora, cuando la experiencia acumulada puede llegar a ser un deméito.