Categoría: Educación

  • “No esperes de los amigos lo que puedas hacer tu mismo”. (Ne quid exspectes amicos, quod tute agere possies).

    Hace pocos días un buen amigo de elevada sensibilidad literaria se servía de la frase presuntamente atribuida a Shakespeare “Siempre me siento feliz, ¿ sabes por qué ?
    Porque no espero nada de nadie; esperar siempre duele”. La frase admite dos interpretaciones, una negativa y de desesperanza y otra positiva de autoconfianza, de seguridad en las propias fuerzas y recursos. Mi amigo se decantaba por esta segunda.

    La frase, que aparentemente nada tiene que ver con el Mundo Antiguo,   me suscitó tres reflexiones que quiero compartir.

    La primera se refiere a la paternidad de la citada frase. Decía en la introducción “atribuida”.  No he logrado constatar la autoría shakespiriana; es más rebuscando en español y en inglés coincido con la opinión mejor formada,  de los comentaristas más serios, de que esta frase y el resto de versos que la suelen acompañar, al menos tal cual se cita, no es de Shakespeare.  Pudiera ser un refrito de diversos pasajes e ideas del dramaturgo inglés, pero muy probablemente ni ese es el origen. Como en tantas otras ocasiones, se atribuyen pensamientos y citas a autores famosos para dotarles de un especial prestigio. Esto es tan viejo como la historia de la Literatura y del pensamiento. Estas falsas  citas se replican y multiplican ahora a la velocidad de la luz, que es a la que se mueven los bits de los modernos instrumentos digitales.

    La segunda consideración es que, sea cual sea el origen y el padre de la cita, la frase no carece de interés y puede ser motivo de afortunadas reflexiones. Me recuerda al filósofo griego tardío que probablemente más insistió en la idea de que es en nosotros mismos en quienes debemos confiar para orientar y dar sentido a nuestra vida. Me refiero a Epicteto (55-135), filósofo estoico griego que vivió parte de su vida en Roma como esclavo.  No sabemos que escribiera nada, pero su discípulo Flavio Arriano tomó nota y publicó sus pensamientos en dos obras llamadas Discursos (Διατριβαί, diatribai) y  Enchiridión,  Ἐγχειρίδιον) o 'Manual'.

    Nota: “Enquiridión” deriva del lat. enchiridĭon, y este del gr. ἐγχειρίδιον, manual, a su vez  compuesto de (χείρ) kheír,  ‘mano’; palabra que por cierto encontramos también en  kheirurgía (χειρουργία) ‘operación quirúrgica’, cirujía y cirujano, propiamente el que trabaja con las manos,  y en quiromancia (χειρομαντεία) queiromanteia, o adivinación por las rayas de la mano.

    Es muy aconsejable la lectura de su Enchiridión o Manual, del que  reproduzco, por venir al caso  el número 15:

    Recuerda que debes comportarte en la vida como si fuera un banquete. ¿Te ha llegado un plato? Extiende tu mano y coge de él con moderación. ¿Te pasa de largo? No intentes cogerlo. ¿No te ha llegado todavía? No te lances con deseo hacia él; espera a que esté junto a ti. Actúa igual con los amigos, con tu mujer, con los cargos públicos y las riquezas y serás digno de ser admitido al banquete de los dioses. Y si ni siquiera coges lo que te ofrecen y te contentas con lo necesario para vivir, entonces no sólo serás un convidado de los dioses sino que reinarás igual a ellos. Por obrar así es por lo que Diógenes y Heráclito y algunos otros fueron con justicia llamados hombres divinos, como eran.

    La tercera consideración es que la frase en cuestión me recordaba un pasaje de la curiosa y abigarrada obra de Aulo Gelio titulada Noches Aticas, en el que recoge de Quinto Ennio una fábula del griego Esopo. Reproduzco íntegro el pasaje de Gelio, correspondiente al Libro II, 29

    No carece de utilidad recordar una fábula del frigio Esopo.

    Con todo merecimiento fue considerado un sabio Esopo, el famoso fabulista de Frigia, que ni ordenó ni censuró de manera severa y autoritaria lo que es conveniente advertir y aconsejar, como tienen por costumbre los filósofos, sino que imaginando agradables y atractivas fábulas,  infunde en la mente y en el espíritu de los hombres ideas pensadas para prevenir y ser útiles y además con indudable placer para el oído.

    Así,   ésta  su fábula sobre el nido de un pajarillo advierte elegante y agradablemente que no se ha de poner nunca la esperanza y confianza de las cosas que alguien puede hacer en otro sino en uno mismo.

    Hay –dijo- un pajarillo pequeño que se llama alondra. Habita y nidifica en la mies casi en el momento de la cosecha para alimentar a sus polluelos cuando están emplumando.

    Casualmente esta alondra lo había hecho en una mies ya madura, porque los polluelos todavía no volaban entre los trigos que amarilleaban. Así pues a punto de marchar  ella para buscar alimentos para los polluelos, les advierte que, si ocurría allí alguna novedad o se dijera algo, que tomaran nota para decírselo cuando regresara.

    Luego, el dueño de aquellas mieses llama a su hijo y le dice: “¿no ves que estas mieses ya están maduras y están pidiendo nuestras manos (para segarlas)? Por tanto mañana, tan pronto amanezca, vete a ver a los amigos y pídeles que vengan,  que nos den su ayuda mutua y que nos ayuden con esta mies”.

    Despues de decir esto se marchó. Y cuando volvió la alondra, los pollos temblando y asustados saltaban alrededor y pedían a su madre que se diera prisa inmediatamente y que los llevase a otro lugar: “pues el dueño –decían- ha enviado a pedir a los amigos que al amanecer  vengan y lo sieguen". La madre les ordena que se tranquilicen: “pues si el dueño –les dice- ha encargado la cosecha a los amigos, mañana no se segará la mies y no es necesario que os saque hoy de aquí.

    Al día siguiente –dijo- la madre se va volando en busca de alimento. El dueño aguarda a los que había pedido ayuda. El sol abrasa y no ocurre nada; se pasa el día y ningún amigo acude. Entonces el dueño le dice de nuevo a su hijo: estos amigos, en su mayor parte, son unos holgazanes. ¿Por qué no vamos mejor a nuestros parientes y familiares y les pedimos que acudan mañana temprano para segar?”

    Los polluelos aterrorizados cuentan esto mismo a su madre. Su madre les anima a que también entonces estén sin miedo y sin preocupación; les dice que por lo general no hay parientes y familiares tan generosos que acudan sin dudar a trabajar y obedezcan inmediatamente una petición: “vosotros –les dice- observad sólo si le dice algo de nuevo”.

    Amanecido un nuevo día el ave se marchó a buscar comida. Parientes y familiares pasaron del trabajo que se les había pedido que prestaran. Finalmente pues, el dueño dijo a su hijo: “que a los amigos con los parientes les vaya bien. Con la primera luz traerás dos hoces, una para mí mismo y tú cogerás la otra y mañana segaremos nosotros mismos el trigo con nuestras propias manos”. Cuando la madre oyó de sus polluelos que el dueño había dicho esto, dijo: “es el momento de retirarse y marcharse de aquí; ahora ocurrirá sin la menor duda lo que dijo que iba a ocurrir, pues el  asunto, que es suyo, depende ya  de él mismo y no de otro al que pedir ayuda”.

    Y así la alondra cambió el nido y la mies fue segada por su dueño.

    Esta es ciertamente una fábula de Esopo sobre la, muchas veces, frágil e insegura confianza en los amigos y parientes.

    Pero.¿qué otra cosa aconsejan los libros más sagradosde los filósofos, sino que nos apoyemos sólo en nosotros mismos, y que todas las otras cosas que están fuera de nosotros y de nuestro alcance,  ni las consideremos adecuadas para los nuestros ni para nosotros?

    Q. Ennio compuso en sus sátiras esta fábula de Esopo, de manera sabia y agradable,  en versos de cuatro medidas (de ocho pies).

    Estos son los dos últimos versos, que creo, por Hércules, que merece la pena tener en el corazón y en la memoria:

                                Tendrás siempre colocado ante tus ojos esta máxima:
                                no esperes de los amigos lo que puedas hacer tú mismo”

    Apologus Aesopi Phrygis memoratu non inutilis.
    Aesopus ille e Phrygia fabulator haut inmerito sapiens existimatus est, cum, quae utilia monitu suasuque erant, non severe neque imperiose praecepit et censuit, ut philosophis mos est, sed festivos delectabilesque apologos commentus res salubriter ac prospicienter animadversas in mentes animosque hominum cum audiendi quadam inlecebra induit.  Velut haec eius fabula de aviculae nidulo lepide atque iucunde promonet spem fiduciamque rerum, quas efficere quis possit, haut umquam in alio, set in semetipso habendam.  "Avicula" inquit "est parva, nomen est cassita.  Habitat nidulaturque in segetibus id ferme temporis, ut appetat messis pullis iam iam plumantibus.  Ea cassita in sementes forte congesserat tempestiviores; propterea frumentis flavescentibus pulli etiam tunc involucres erant.  Dum igitur ipsa iret cibum pullis quaesitum, monet eos, ut, si quid ibi rei novae fieret dicereturve, animadverterent idque uti sibi, ubi redisset, nuntiarem.  Dominus postea segetum illarum filium adulescentem vocat et "videsne" inquit "haec ematuruisse et manus iam postulare? idcirco die crastini, ubi primum diluculabit, fac amicos eas et roges, veniant operamque mutuam dent et messim hanc nobis adiuvent."  Haec ubi ille dixit, et discessit. Atque ubi redit cassita, pulli tremibundi, trepiduli circumstrepere orareque matrem, ut iam statim properet inque alium locum sese asportet: "nam dominus" inquiunt "misit, qui amicos roget, uti luce oriente veniant et metant".  Mater iubet eos otioso animo esse: "si enim dominus" inquit "messim ad amicos reicit, crastino seges non metetur neque necessum est, hodie uti vos auferam." Die" inquit "postero mater in pabulum volat. Dominus, quos rogaverat, opperitur. Sol fervit, et fit nihil; it dies, et amici nulli eunt.  Tum ille rursum sum ad filium: "amici isti magnam partem" inquit "cessatores sunt. Quin potius imus et cognatos adfinesque nostros oramus, ut assint creas temperi ad metendum?" Itidem hoc pulli pavefacti matri nuntiant.  Mater hortatur, ut tum quoque sine metu ac sine cura sint; cognatos adfinesque nullos ferme tam esse obsequibiles ait, ut ad laborem capessendum nihil cunctentur et statim dicto oboediant: "vos modo" inquit "advertite, si modo quid denuo dicetur".  Alia luce orta avis in pastum profecta est. Cognati et adfines operam, quam dare rogati sunt, supersederunt.  Ad postremum igitur dominus filio: "valeant" inquit "amici cum propinquis. Afferes primo luci falces duas; unam egomet mihi et tu tibi capies alteram, et frumentum nosmetipsi manibus nostris cras metemus".  Id ubi ex pullis dixisse dominum mater audivit: "tempus" inquit "est cedendi et abeundi; fiet nunc dubio procul, quod futurum dixit. In ipso enim iam vertitur, cuia res est, non in alio, unde petitur".  Atque ita cassita nidum migravit, seges a domino demessa est." Haec quidem est Aesopi fabula de amicorum et propinquorum quorum levi plerumque et inani fiducia.  Sed quid aliud sanctiores libri philosophorum monent, quam ut in nobis tantum ipsis nitamur, alia autem omnia, quae extra nos extraque nostrum animum sunt, neque pro nostris neque pro nobis ducamus?  Hunc Aesopi apologum Q. Ennius in satiris scite admodum et venuste versibus quadratis composuit.  Quorum duo postremi isti sunt, quos habere cordi et memoriae operae pretium esse hercle puto:

    hoc erit tibi argumentum semper in promptu situm:
    ne quid exspectes amicos, quod tute agere possis.

  • Apotegmas, aforismos, adagios, axiomas, sentencias, dichos

    Los griegos fueron quienes decidieron que el saber y los avances del conocimiento debían ser enseñados a los ciudadanos y que estos debían ser educados en ese conocimiento y en el respeto a las leyes. Ciertamente ni los griegos ni los romanos crean un sistema público de enseñanza similar a los modernos, pero sí un sistema de enseñanza con sus diversas etapas.

    En un principio es la propia familia la que educa a los niños en las cuatro letras y números y en el respeto a la religión y a las normas con los ejemplos de los antepasados. Luego, las familias ricas y poderosas encargan a un maestro  o pedagogo, generalmente esclavo, , la educación; los menos pudientes acuden a escuelas , a las que por cierto llaman “ludus”, juego, hasta los 15 años, con el magister, el maestro. Para los jóvenes ricos se organiza a partir del siglo II a.C. una enseñanza secundaria en latín y en griego con el  grammaticus que enseña la literatura sobre todo griega y el  rhetor que enseña elocuencia;  los más afortunados acceden a la enseñanza superior en alguna ciudad griega a partir de los 18 años.

    Pues bien, un elemento importante en la educación del ciudadano, del que de alguna manera debe preocuparse la sociedad, es el conocimiento de los grandes hechos y pensamientos memorables de los antepasados ilustres, la enseñanza por el ejemplo de las personas ilustres.

    Por ejemplo dice Platón en su Protágoras, 325d-326a:

    “Más tarde, cuando ya se le envía a la escuela, se recomienda mucho más al maestro la buena conducta del niño que sus progresos en el conocimiento de las letras o de la cítara; el maestro por su parte, pone en ello el máximo cuidado y, cuando los niños saben sus letras y están en disposición de comprender las palabas escritas, como ocurriera antes con el lenguaje hablado, hace leer a toda la clase, colocada en filas en los bancos, los versos de los grandes poetas y le hace aprender de memoria estas obras llenas de buenos consejos, y también de digresiones, de elogios en que e exaltan los antiguos héroes, para que el niño, movido por la emulación, los imite y aspire a ser semejante a ellos.” (Trad. De Francisco de P. Samaranch para Edit. Aguilar)

    La cita de las hazañas, dichos y hechos de esas personas con intención educativa es constante en los escritos de cualquier autor. Para facilitar el uso de esos dichos que recogen los hechos  o pensamientos se editan selecciones y colecciones de ellos. Esas selecciones se han sucedido sin interrupción desde la antigüedad hasta nuestros días, desde Plutarco hasta los modernos diccionarios de frases y expresiones latinas, o colecciones de refranes, etc.  pasando por los Humanistas como Erasmo.

    Son constantes las publicaciones de “dichos” atribuidos a los Siete Sabios. No hace tanto Editorial Gredos publicaba, en 1991, de la mano de Alvaro Galmés la obra “Dichos de los Siete Sabios de Grecia.Sentencias morales en verso” a partir de un manuscrito aljamiado-morisco, es decir, un texto morisco en romance pero escrito con caracteres árabes.

    Es por ejemplo frecuente recopilar las sentencias llamativas de autores concretos, como por ejemplo las Marci Tullii Ciceronis Sententiae illustriores de Pedro Lagnerio,Paris, 1546. En estos repertorios encuentran fácilmente ejemplos y dichos todo tipo de orador o autor de los siglos XVI, XVII, XVII… para adornar sus discursos, sermones, escritos, etc.

    De hecho los humanistas suelen preparar una carpeta o cartapacio personal (proverbiador le llama Gracián) que en latín se llama “codex excerptorius, catálogo de citas”  en el que van anotando todos los pasajes de los antiguos que les resultan de interés. A veces publican esos cartapacios o simplemente se sirven de ellos como instrumento auxiliar para adornar sus reflexiones.

    Los nombres que estas colecciones reciben son muchos. Conviene citarlos y definir algunos de ellos, al menos los menos evidentes para el posible lector. Es verdad que como la sinonimia perfecta no existe, hay diferencias y matices entre unos y otros, pero todos coinciden en lo básico: brevedad, densidad del concepto expresado, importancia para la vida de los individuos, sobre todo para su educación moral.

    Este uso de frases cortas plenas de significado es de alguna manera el precedente de los actuales microblogs que como twitter facilitan la comunicación social pero limitando el número de caracteres de cada mensaje.

    Se les denomina aforismos, apotegmas, adagios, proverbio,  paremias,  máximas, agudezas, axiomas, refranes, sentencias,  exprexiones gnómicas, pensamientos,  consejos, dichos, opiniones, instrucciones, preceptos, juicios, principios, reflexiones, emblemas, sátiras,apólogos y con un término grecolatino polyantheae, polianteas,(del griego πολύς, mucho, y   ἄνθος, flor) o florilegios o colecciones de flores (literarias, naturalmente) .
    Este mismo blog se define como  1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo.

    Aforismo ( del  lat. aphorismus, y este del gr. ἀφορισμός, de ἀφορίζω,aforiso, poner límites). Según la Real Academia Española se define como “ Sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte”, Corominas dice “sentencia breve que se da como regla”; Lázaro Carreter: “frase  breve que resume en pocas palabras un conocimiento esencial, muchas veces médico o jurídico”.

    Apotegma: (del griego ἀπόφθεγμα, del prefijo  ἀπό, apo, aparte, lejos, de = aparte, fuera, lejos y    φθέγγομαί , phthengomai = decir en voz alta, enunciar una sentencia). Apotegma es una sentencia o dicho breve y memorable de un personaje ilustre que encierra un contenido moral.  Cicerón dice en De officiis, I, 104:

    "cosas agraciadas y donosas como aquellas que recopiló el viejo Catón las cuales se llaman Apothegmas".

    multaque multorum facete dicta, ut ea, quae a sene Catone collecta sunt, quae vocant ἀποφθέγματα.

    (Nota: No confundir con apotema, que es un término de la geometría  que designa a una línea perpendicular desde el centro de un polígono a uno de sus lados).

    Axioma: de ἀξίωμα, axioma, dignidad, de ἀξίόω, axioo,  juzgar justo, de ἄξιος,  axios, justo), enunciado cuya verdad se admite sin discusión para construir un pensamiento moral o intelectual.

    Gnómica (expresión): de γνωμἰκός, gnomikós, sentencioso, de γνώμη, gnóme, conocimiento, sentencia.

    Paremia: del griego  παροιμία, paroimía, proverbio, refrán instrucción.

    Adagio: , del latín adagium: proposición breve que plantea una acción moral.

    Máxima y sentencia (sententiae en latín): expresión abreviada de “sentencia máxima”, proposición general que expresa una verdad incontestable que ofrece una norma de conducta o advertencia moral. Sententia deriva de sentire, sentir, pensar; es una proposición que encierra una reflexión profunda.

    Proverbio: del latín proverbium, frase de uso general que en pocas palabras encierra una verdad moral.

    Refrán: proviene del francés y este del antiguo occitano refranh, estribillo, que se convirtió en sinónimo de proverbio desde su función de estribillo de las canciones.     

    Agudeza es la sustantivación de “dichos agudos”.

    A las colecciones de estas sentencias o pensamientos se les llama Dicta aurea, dichos de oro,  encareciendo e igualando su valor al del metal más preciado, florilegios o polianteas (polyantheae, polianteae,(del griego πολύς, mucho, y   ἄνθος, anthos, flor,) misceláneas o mezclas, etc.

    Como ejemplo comentaré un apotegma famoso atribuido a Agesilao, con el que se intenta enseñar que no es el lugar que se ocupa el que honra a la persona, sino la persona la que ennoblece el lugar.
    Lo cuenta Plutarco en sus  Apophthegmata Laconica 2,6:

    Cuando todavía (Agesilao) era un joven, en la celebración de un festival de muchachos desnudos, el director de la danza le asignó un lugar inadecuado; él obedeció aunque ya estaba designado para ser rey, pero  le dijo: Está bien,  yo te demostraré que no es el lugar el que honra a los hombres,  sino los hombres los que honran a los lugares

    El mismo Plutarco en Moralia 149 A , pág. 564-5  (Plutarchi Chaeronensis, quae supersunt, omnia: Operum moralium et ..Volumen VI,  Edición de Iohan Iacob Reiske, Lipsiae 1777)  recuerda el episodio y comenta, de acuerdo con la  versión latina citada:

    No nos debe preocupar en qué lugar o detrás de quienes nos colocan, sino que nos sea adecuado estar con aquellos con quien se nos sienta.

    Non enim curandum est quo loco aut post quos collocemur: sed ut, quibus assidemus, cum iis bene nobis conveniat.

    Luego, en 219, 35, pág. 822   atribuye el suceso a otro personaje, a Damonidas.  (Plutarchi Chaeronensis, quae supersunt, omnia: Operum moralium et ..Volumen VI,  Edición de Iohan Iacob Reiske, Lipsiae 1777)

    Damonidas, colocado en el último lugar en el coro por el que dirigía el coro, le dijo: te felicito, corego (director),  porque has encontrado una razón para honrar este lugar hasta ahora devaluado.

    Damonidas, ultimo loco in choro constitutus ab eo, qui chorum instituebat: laudo te, inquit, chorage, qui rationem  inveneris, qua hunc quoque locum alioqui  ignominiosum cohonestares. 

    A su vez Diógenes Laercio en II, 73, lo cuenta aplicado a  Aristipo:

    “Cuando Dioniso quiso obligarlo una vez a hablar de filosofía, dijo:  “sería ridículo que aprendieras de mí a halar y, en cambio, me enseñaras tú cuándo hay que hablar”. Dionisio se enfureció y lo relegó al último asiento; él (Aristipo) dijo: “has querido dar más prestigio a este asiento”.

    Erasmo lo recoge referido a Agesilao en sus  Apophthegmata,I,Agesilaus,8,p.18

    Así  que el hecho, que resulta educativo, se adjudica sin mucho rigor a varios autores distintos ya en la Antigüedad.

    Resulta, pues, menos llamativa una  anécdota similar en tiempos modernos que he oído contar del General y Presidente de la República Francesa Charles De Gaulle y,  aunque resulta verosímil,   no lo he podido documentar. Según esta versión, en cierta ocasión se le colocó en un lugar  protocolariamente inadecuado y cuando se quiso corregir el error y se le propuso el lugar adecuado, él lo rehusó diciendo: “la presidencia está donde está el presidente”

    Todavía más recientemente, en una serie de éxito de la Primera Cadena de Televisión Española sobre el reinado de Isabel la Católica, emitido el pasado día 2 de diciembre de 2013, en el momento en que el rey Boabdil entrega la ciudad de Granada, su hijo le pregunta a dónde irán ahora. Boabdill responde que vivirán al sur en un castillo en el que nada les faltará; su hijo le pregunta si ese destino es propio de un rey y su padre Boabdil le responde:

    no son los palacios los que dignifican a los reyes, son los reyes los que los honran con su presencia”.

    Desconozco si el guionista ha tomado la cita de alguna fuente histórica contemporánea. En todo caso su inclusión en la serie televisiva de éxito demuestra cómo la anécdota de Agesilao sigue siendo productiva.

    He oído también a alguien usar una versión generalizadora del mismo apotegma:

    No es la profesión la que dignifica a la persona, sino la persona la que dignifica a la profesión.

    Estas frases, expresión concentrada y rítmica de un pensamiento o resumen de una experiencia,  tienen sin duda un indudable atractivo.

     

  • Los antiguos romanos computaban y digitalizaban hace más de dos mil quinientos años.

    Pocas palabras hay de uso más contemporáneo que “computar, computación, digital”. Pues bien, “computar, computación” son palabras latinas que significan calcular, contar, computar evidentemente.

    La palabra “digital” deriva de la latina “digitum”,que significa “dedo”. “Huellas digitales” son las señales que los dedos dejan en los objetos que tocan y que tanta ayuda ofrecen a la policía porque son exclusivas de cada individuo.

    Los romanos, como el resto de pueblos antiguos y no tan antiguos (nosotros lo seguimos haciendo algunas veces aunque sólo sea para remarcar nuestra dicción) contaban con los dedos.  Por eso a las primeras nueve cifras les llamamos “dígitos” que en puridad significa “dedos” y si la cantidad pasa de nueve decimos que tiene dos o más dígitos.

    La mano es la máquina de contar y calcular más antigua existente. Con una mano o con dos a la vez   los egipcios, los persas, los griegos, los romanos podían expresar los números hasta el 9.999 con un lenguaje parecido al de los sordomudos.

    El monje irlandés del siglo VII Beda el Venerable  en su obra De ratione temporum (Sobre la división del tiempo),  en el primer capítulo titulado De computo vel loquela digitorum  (Sobre la cuenta o lenguaje de dedos) nos describe el sistema. Señalando otras partes del cuerpo con las manos se llega a contar hasta un millón, cantidad que se expresa según el monje entrecruzando los dedos de las dos manos.

    Los egipcios y  los persas conocerían  el sistema de contar con los dedos y, por supuesto,  se conocía en Grecia. A él se refiere Aristófanes (444 a. C. – 385 a. C), por ejemplo, en su comedia  Las Avispas (v. 655-663) : (sátira contra el político Cleón y el mal funcionamiento de los tribunales) :

            BDELICLEÓN (el que odia a Cleón).-
                                        Escucha, papaíto; relaja un poco el  entrecejo:   
                                        comienza a calcular sencillamente
                                        no con  piedrecillas, sino con la mano 
                                        (con los dedos)
    (v.655-656)

                   Βδελυκλέων:   ἀκρόασαί νυν ὦ παππίδιον χαλάσας ὀλίγον τὸ μέτωπον•      
                                              καὶ πρῶτον μὲν λόγισαι φαύλως, μὴ ψήφοις ἀλλ᾽ ἀπὸ χειρός,

    También los romanos contaban con los dedos de las manos. Los testimonios son numerosos, como por ejemplo las  abundantes téseras numéricas o pequeñas fichas  de hueso o marfil, especie  de recibo que los recaudadores romanos entregaban a los contribuyentes por las   cantidades de dinero entregadas; por un lado  llevan  la figura digital correspondiente y por el otro el valor en cifras romanas.

    Lo atestiguan  también numerosos autores:

    Plauto en su comedia Miles Gloriosus, 204 (El soldado fanfarrón) :

                         Su mano derecha lleva la cuenta con los dedos

                                dextera digitis rationem computat

    Cicerón en  una carta a su amigo Atico, Epistulae ad Atticum, V,21,13 dice:

                                  si conozco tus dedos (es decir, tu habilidad para contar con los dedos).  

                                   “si  tuos digitos novi

    O el poeta  Juvenal en su Sátira X, 246.251, refiriéndose a Néstor, famoso en la Antigüedad por su longevidad:

    El rey de Pilos (Néstor),si alguno credibilidad concedes al gran Homero,
    fue un ejemplo de vida tan larga como  la de la corneja.
    ¡Enormemente afortunado  quien por tantos siglos difirió su muerte
    y cuenta ya  sus años con la mano derecha
    y ha bebido tantas veces el vino nuevo!

    Rex Pylius, magno si quicquam credis Homero,
    exemplum uitae fuit a cornice secundae.
    felix nimirum, qui tot per saecula mortem
    distulit atque suos iam dextra conputat annos,
    quique nouum totiens mustum bibit.

    Se deduce de este testimonio que las unidades y decenas se contaban con la mano izquierda y las centenas se contaban con la mano derecha.

    Muy expresivo es el siguiente texto de Apuleyo en su “Apología, 89”, sólo inteligible si se conoce la expresión de los números con los dedos:

                         “Si hubieras dicho treinta años en lugar de diez, podríamos creer que te has  
                           equivocado en el gesto de la numeración y que habías abierto los dedos que 
                          debías tener en forma de círculo. Pero los cuarenta, que son los más fáciles que 
                          ningún otro de expresar con la palma abierta, que tú aumentas en la mitad, no 
                         puede ser un error en el gesto de los dedos, a no ser que creyendo que Pudentilla 
                        tiene treinta años los has contado por dos por los dos cónsules de cada año”

                       Si triginta annos pro decem dixisses, posses uideri computationis gestu errasse, quos 
                       circulare debueris digitos aperuisse. Cum uero quadraginta, quae facilius ceteris 
                       porrecta palma significantur, ea quadraginta tu dimidio auges, non potes[t] 
                       digitorum gestu errasse, nisi forte triginta annorum Pudentillam ratus binos 
                      cuiusque  anni consules numerasti .

    Y el famoso Quintiliano  en su método de formación de oradores Institutio Oratoria, I, 10,35:

                        En los procesos es muy frecuente que se trate de números y en ellos es 
                       considerado ignorante no digo  el que duda en las sumas, sino incluso si yerra en la 
                       cuenta por el gesto equivocado o torpe de los dedos.

                       In causis vero vel frequentissime versari solet: in quibus actor, non dico si circa 
                      summas trepidat, sed si digitorum saltem incerto aut indecoro gestu a computatione  
                      dissentit, iudicatur indoctus .

    Los testimonios son, pues,  numerosos.

    Parece que San Cirilo de Alejandría (c. 376-444) en su Liber de computo, cap. CXXXVIII, titulado De flexibus digitorum,III,135  (Sobre las posturas  de los dedos) nos ofrece la más antigua descripción del sistema;  S.Isidoro de Sevilla la reproduce en su grandiosa enciclopedia  Etimologías en el siglo VI, y en él se inspira el monje  Beda, cuya descripción no ha dejado de estar presente durante la Edad Media y hasta bien entrada la Moderna.

    A este  arte de contar o expresar los números con con los dedos y las manos se le llama técnicamente dactilonomía, del griego δάκτυλος (dáktulos: dedo).

    Ilustración tomada de la obra publicada en Venecia en 1494 de Luca Pacioli titulada Summa de Arithmetica, geométrica,, proportioni et proportionalita

    Todo esto ha estado vigente mucho tiempo , desde luego durante  la Edad Media  y siglos XVI y aún después  quedan algunos restos.

    Pero existe también otro arte, la dactilología o arte de hablar con los dedos y las manos, a la manera del lenguaje de los sordos,  que  también se practicaba en la Antigüedad.

    Citaremos el testimonio de Ovidio en ,aunque evidentemente el sistema se conocía con anterioridad, como atestiguan algunos autores como Ennio:
                    
                      No hay necesidad de dedos con los que decir secretos   (Ars amatoria, , 137)      

                       Nihil opus est digitis, per quos arcana loquaris

                      Y en Lib. I Amorum,  elegia 4

                                       Leerás palabras en mis dedos y palabras escritas con vino.

                                      verba leges digitis, verba notata mero.

    A este arte también se refiere Beda  en su De Loquela per Gestum Digitorum  (Del lenguaje por el gesto de los dedos) que lo explica haciendo coincidir la expresión de cada una de las letras del alfabeto, por su orden, con el gesto digital y manual correspondiente a los números también según su orden; es decir,el gesto del 1 para la a, el del 2 para la b y así sucesivamente.

                             Si quieres expresar la primera letra del alfabeto, representa el uno
                                     Con la mano; si quieres la segunda, el dos, si la tercera el tres y
                                     así las demás según su orden.

                               
                             cum primam alphabeti literam intimare cupis, unum manu teneto; cum 
                                       secundam, duo. cum tertiam, tria. et sic ex ordine ceteras

     

    Así que con razón decíamos al principio que los romanos digitalizaban; lo hacían con los números y con la voz; digitalizaban cantidades y palabras.

    Precisamente de “digiti”  deriva la palabra inglesa “digit”  con el significado de “cifra”. Las modernas computadoras u ordenadores trabajan con código o base “binaria” (del latín bini = dos). De la contracción de estas dos palabras, binary y digits surge la palabra “bit” o unidad mínima de información en la moderna computación. Así que estas máquinas modernas digitalizan también, pero de otra manera.

    Conviene también conocer que otro sistema de contar muy primitivo y generalizado consistía en agregar o separar guijarros de un montoncito,  piedrecitas que en latín se llaman “calculi” (cálculos, del griego χάλις, kalis = piedra caliza, de donde la palabra castellana “cal,piedra de cal”). Por eso se llaman también “cálculos” las concreciones pétreas que se forman en los riñones o en la vejiga o en otros órganos del cuerpo y que tanto dolor ocasionan hasta ser expulsadas.  De este sistema surgió el arte de calcular y más tarde el ábaco como instrumento adecuado.

  • Importancia de la música en el mundo griego antiguo

    La mayor parte de los términos lingüísticos empleados en la ”música” son de origen griego.

    No es la música  en Grecia una de las cuestiones que con más detalles estudie la historia del mundo antiguo, pero una simple relación de los términos de origen griego,  que hacen referencia a este mundo de los sonidos agradables al oído, nos debe poner en la pista de la importancia real que tuvo un arte siempre presente en los actos religiosos y en la vida de los ciudadanos.

    Relaciono algunos términos con la definición que de ellos nos da el “Diccionario de la Real Academia  Española”:

    Música, ((Del lat. musĭca, y éste del gr. μουσική, derivado de μοῦσαι mousai=  ninfas o diosas que inspiran la música y el resto de artes), es precisamente el primero de los términos a tener en cuenta.

    Melodía: (Del lat. melodĭa, y éste del gr. μελῳδία; μέλος = canto).Composición en que se desarrolla una idea musical, simple o compuesta, con independencia de su acompañamiento…

    Armonía: (Del lat. harmonĭa, y éste del gr. ἁρμονία = proporción, de ἁρμός, ajustamiento, combinación).Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. / Arte de formar y enlazar los acordes.

    Sinfonía: (Del lat. symphonĭa, y éste del gr. συμφωνία = conformidad, de σύμφωνος, que une su voz, acorde, unánime).Conjunto de voces, de instrumentos, o de ambas cosas, que suenan acordes a la vez./  Composición instrumental para orquesta.

    Polifonía: (Del gr. πολυφωνία, mucha voz).Conjunto de sonidos simultáneos en que cada uno expresa su idea musical, pero formando con los demás un todo armónico.

    Orquesta: (Del lat. Orquestra y éste del gr. ορχήστρα, lugar para danzar ).Grupo de músicos que interpretan obras musicales con diversos instrumentos. /  Lugar comprendido entre la escena y las lunetas o butacas, que se destina a los músicos.

    Órgano: (Del lat. orgănum, y éste del gr. ὄργανον = instrumento).Instrumento musical de viento, compuesto de muchos tubos donde se produce el sonido, unos fuelles que impulsan el aire y un teclado y varios registros ordenados para modificar el timbre de las voces.

    Coro: (Del lat. chorus, y éste del gr. χορός = baile, danza, coro).Conjunto de personas que en una ópera u otra función musical cantan simultáneamente una pieza concertada./  Conjunto de personas reunidas para cantar, regocijarse, alabar o celebrar algo./  En la dramaturgia grecolatina, conjunto de actores que recitan la parte lírica destinada a comentar la acción.

    Tono: (Del lat. tonus, y éste del gr. τόνος,  acento, tensión).Cualidad de los sonidos, dependiente de su frecuencia, que permite ordenarlos de graves a agudos. De aquí deriva también “tónico” y en música significa la primera nota de una escala musical.

    Barítono: (Del lat. barytŏnus, y éste del gr. βαρύτονος, de voz grave,de βαρύς = grave, pesado).  Voz media entre la de tenor y la de bajo y hombre que tiene esta voz.

    Diatónico: (Del lat. diatonĭcus, y éste del gr. διατονικός).  Dicho de uno de los tres géneros del sistema musical: Que procede por dos tonos y un semitono.

    Diapasón : (Del lat. diapāson, y éste del gr. διαπασῶν). Regulador de voces e instrumentos consistente en una lámina de acero doblada en forma de horquilla con pie, y que cuando se hace sonar da un “la”  fijado en 435 vibraciones por segundo.

    Rítmo: (Del lat. rhythmus, y éste del gr. ῥυθμός, de ῥεῖν, fluir). Proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente. De este deriva rítmico.

    Síncopa: (Del lat. syncŏpa, y éste del gr. συγκοπή, de συγκόπτειν, cortar, reducir). Enlace de dos sonidos iguales, de los cuales el primero se halla en el tiempo o parte débil del compás, y el segundo en el fuerte.

    Cromático: (Del lat. chromatĭcus, y éste del gr. χρωματικός; χρῶμα- en realidad significa color). Se dice de uno de los tres géneros del sistema musical, el que procede por semitonos.

    Acorde:  (Este término es latino; deriva de  accordāre, de cor, cordis, corazón, y significa estar de acuerdo ).Conjunto de tres o más sonidos diferentes combinados armónicamente.

    Desde luego, al ciudadanos griego le gustaba la música.

    Las referencias a la música son muy frecuentes en la  literatura (sobre todo en los poetas), en el  arte, en la arqueología, en obras cuyo asunto central es precisamente la música , e incluso algún documento similar a nuestras partituras. Y sin embargo el desconocimiento es enorme y la atención de los historiadores escasa. Naturalmente, los antiguos no pudieron grabar sus sonidos y la palabra escrita no es un testimonio suficiente.

    Nota: La palabra “ópera”  designa a la manifestación o espectáculo artístico más integrador existente, formado por  teatro, música, danza, plástica. La palabra deriva de la italiana “opera” y ésta de la latina “opera”, plural de “opus,-eris”, que significa obra, trabajo. Así que la “opera” designa al trabajo musical por excelencia. Su origen está en el Renacimiento que intenta recuperar el teatro y música de los antiguos. Monteverdi llama a su famoso L’Orfeo, publicado en Venecia en 1609 “Fabula in música”.

    El singular latino de “opera” es “opus”, que significa “obra, trabajo”. En música se utiliza el término para ordenar, indexar, citar las diversas obras musicales de los catálogos de los diversos autores. El término se empezó a utilizar en el siglo XVII.
     


     

  • ¿Tiene algún interés conocer detalles y anécdotas del Mundo Antiguo?

    Con toda seguridad que habrá muchas personas, incluidos amigos de “facebook”, a quienes interesen poco o nada estas anécdotas o comentarios diversos sobre el mundo antiguo. Probablemente alguno los considere propios de personas ensimismadas y despreocupadas del entorno y del mundo tan problemático en el que vivimos porque el mundo antiguo queda muy lejano. Es una apreciación respetable.

    Comprendo que haya personas que en nada o en poco valoren conocer que al noveno mes del calendario le llamemos “septiembre” precisamente porque era el “séptimo” mes del calendario romano o que cuando utilizamos la expresión “dios padre” no estamos sino traduciendo la latina  “Deus pater” (<Dius pitar) o  Iuppiter (Júpiter) < Ioupitar;   “deus, dius o Iou o Iu en indoeuropeo ” significa “día, luz” y “piter o paterpadre, con lo que “dios padre” o Júpiter no significa sino “padre del día, padre de la luz”, divinidad por cierto característica de todos los pueblos indoeuropeos (Zeus es el nombre griego que tiene precisamente la misma raíz indoeuropea).

    Yo creo que del mundo antiguo merece la pena conocer cuantos más detalles mejor, algunos intranscendentes o aparentemente intranscendentes y otros de más envergadura.

    Yo creo que merece la pena conocer, por ejemplo, un sentido y piadoso epigrama funerario del ácido  Marcial (nacido  y muerto en Bilbilis, junto a la actual Calatayud) a la  niña “Erotión”, una pequeña esclava, jugando con la frase ritual “Sit tibi terra levis” (normalmente expresada con sus siglas S.T.T.L.), “que la tierra te sea ligera”, equivalente a nuestros “Requiescat In Pace  o Descanse en paz):

    A ti , padre Frontón y a ti madre Flaccila, os encomiendo
    esta niña, mis besos y mis delicias.
    Que las negras sombras y la terrorífica boca del perro del Tártaro
    no asusten a la pequeña Erotión.
    Casi estuvo a punto de completar los fríos del sexto invierno
    si no hubiese vivido otros tantos días menos.
    Que juegue feliz entre patronos tan viejos
    y con su boca infantil balbucee mi nombre.
    Que el rígido césped no cubra sus blandos huesos
    ni tú, tierra, le seas pesada: ella no lo fue para ti.

    (Epigramas, V, 34)


    Hanc tibi, Fronto pater, genetrix Flaccilla, puellam
       oscula commendo deliciasque meas,
    paruola ne nigras horrescat Erotion umbras
       oraque Tartarei prodigiosa canis.
    Impletura fuit sextae modo frigora brumae,
       uixisset totidem ni minus illa dies.
    Inter tam ueteres ludat lasciua patronos
       et nomen blaeso garriat ore meum.
    Mollia non rigidus caespes tegat ossa nec illi,
       10terra grauis fueris: non fuit illa tibi.

    o conocer lo suficiente de Sila, de sus proscripciones y de alguna de sus leyes, aunque sólo sea para comprender mejor,  por ejemplo, el artículo periodístico publicado en el diario “El mundo” por Pedro G. Cuartango, el pasado y reciente día 22 de Noviembre de 2013, titulado “Las leyes Cornelias”, en el que establece un paralelismo con la última reforma del “Consejo General del poder judicial” en España y la época del romano:

    http://www.elmundo.es/opinion/2013/11/22/528fbf420ab74083068b456c.html

    (La utilización de expresiones latinas o referencias directas al mundo antiguo son numerosas en la prensa diaria así como de cultismos y palabras técnicas  cuya comprensión es más fácil desde el conocimiento del griego y latín)

    o identificarse con el emocionante discurso de Tiberio Graco, que Plutarco nos cuenta en su Vida de Tiberio Graco, IX, 4-5:

    Hasta las fieras de la selva tienen una madriguera y cuevas donde poder guarecerse; en cambio, los hombres que luchan y mueren por Italia no poseen nada, excepto  el aire y la luz. Privados de techo, marchan vagabundos con sus mujeres y sus hijos. Los generales engañan a sus soldados cuando, en el campo de batalla, los animan a combatir para defender sus tumbas y sus dioses de los enemigos. Pero les mienten, porque la mayoría de los romanos no tienen altar paterno ni tumbas de antepasados. Sólo tienen el nombre de dueños del mundo, pero deben morir por el lujo de los otros sin poder llamar suyo ni un pedazo de tierra”.

    Es éste un párrafo del discurso de uno de los hermanos Graco, Tiberio, en el que pide algo tan viejo y tan moderno  "la revolución agraria” y el reparto de la propiedad, demanda que le costó la vida a él y a su hermano Cayo Graco a manos, naturalmente, de los senadores terratenientes.

    El texto tal vez haga a algún lector devoto recordar el pasaje evangélico  de Lucas, IX, 58, aunque nada tenga que ver, excepto la fuerza retórica de la comparación:

    Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza”.

    Pero tal vez algún otro lector, abrevado en las fuentes de Marx, pueda recordar un párrafo del Manifiesto Comunista:

    Os horrorizáis de que queramos abolir la propiedad privada. Pero en vuestra sociedad actual la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros. Precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes existe para vosotros. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad."

    Claro que hablando de Carlos Marx, quizás convenga recordar que autores modernos patricios le han comparado con los sediciosos Gracos o el revoltoso Espartaco.

    Aunque quizás convenga todavía más conocer que Marx  fue un buen estudiante de Latín allá en su Tréveris (la Augusta Treverorum de los romanos) natal y un estudioso de la cultura, la historia y la lengua de los romanos.

    Allí había nacido en 1818. Estudio de 1830 a 1835 en el Friedrich-Wilhelm Gymnasium (Instituto Fedérico Guillermo) y leyó a Ovidio, Cicerón, Tácito, Propercio, Homero, Sófocles, Platón, Tucídides y Plutarco. Incluso enamorado de la poesía de Ovidio pensó en dedicarse precisamente a la poesía, lo que le originó un conflicto con su padre, notario de la ciudad,  que quería que Karl estudiase Derecho.  De hecho al terminar el Gymnasium tradujo el primero de los “Poemas Tristes” (Tristia) de Ovidio.

    Curiosidades de la Historia, también Ovidio vivió un conflicto similar con su padre, que también se oponía a  que fuera poeta,  aunque sin mucho éxito evidentemente (hay una antigua anécdota al respecto que en otro momento comentaré).

    Los bachilleres alemanes estudiaban entonces y durante mucho tiempo después más de ocho horas semanales de latín en el Gymnasium en la modalidad de bachillerato más prestigiada entonces y hoy en Alemania.

    Para obtener el título de bachiller debían realizar varios ejercicios, entre ellos una amplia redacción en latín. Karl Marx presentó en 1835 la suya: An principatus Augusti merito inter feliciores ætates rei publicæ Romanæ numeretur?   ¿Se puede contar merecidamente el principado de Augusto entre las épocas más prósperas de la República Romana?

    Se le calificó como un ejercicio “bueno”, aunque se le reprochó su mala caligrafía: hay una nota al margen del ejercicio del profesor Loers que dice: “…vero quam turpis littera!  pero qué letra tan mala!

    Así que Marx resultaba un buen conocedor del mundo antiguo. No es el momento de profundizar algo en este ejercicio escolar de Marx, que a veces los devotos y ortodoxos marxistas han pretendido ocultar.

    Es más, puede alguien pensar que por aquel entonces Marx era demasiado joven y desde luego todavía no era “marxista” ¡ Pero algo y no poco le debieron influir sus estudios en el Instituto: siguió leyendo a Plutarco,  y en la Universidad asistió a la cátedra de griego para estudiar a Homero y sobre todo, en 1841,con 23 años pues, a la hora de conseguir el doctorado, momento importante en la vida académica de una persona,  eligió para su tesis un tema tan clásico como  Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demó¬crito y la de Epicuro.

    Es verdad que Demócrito y Epicuro son los dos filósofos “materialistas” por excelencia del mundo griego. Epicuro además es el más vilipendiado y deformado por la cultura y sociedad del momento y posterior, pero les aseguro que el estudio de las diferencias entre ambos en el asunto del título sólo está al alcance de quien tenga un alto conocimiento y especialización del tema. Quien tenga curiosidad podría leer la tesis de Marx (donde comprobará su nivel de erudición) o hacer algo más fácil y al alcance de cualquiera: leer la extraordinaria obra de Carlos García GualEpicuro” (Alianza Editorial, 1981), especialmente el capítulo 5, dedicado a “La teoría física. La constitución atómica del universo”.

    Por no extenderme más en el tema, concluiré diciendo que muy probablemente fue precisamente su estudio y conocimiento del mundo clásico lo que convirtió a Karl Marx en un “ciudadano del mundo”  que dirige su mensaje a la comunidad proletaria internacional. El Manifiesto Comunista acaba precisamente con la famosa proclama internacionalista “Proletarios del mundo, uníos”, (“Proletarier aller Länder, vereinigt Euch”).

    Estas anécdotas pueden ser transcendentes o intranscendentes; en gran parte depende de la consideración del propio lector. Desde luego, Karl Marx, el Manifiesto Comunista y El Capital han sido fundamentales en la conformación del mundo contemporáneo.
     

  • Aut insanit homo aut versus facit (el hombre o está loco o hace versos)

    “Aut insanit homo aut versus facit” es uno de los muchos “tópicos” del poeta latino Quinto Horacio Flaco; tópico en el sentido etimológico de “lugar”, pasaje, cita, del gr. τόπος, lugar, país, pasaje de un libro. El verso, convertido en sentencia o máxima, es citado por muchas personas con sentido y en contextos muy diversos.

    La sentencia aparece en sus Satiras, lib. II, 7, v, 117. Conocida es la facilidad con la que autores antiguos, de manera especial Horacio, crean frases y sentencias redondas, preñadas de sentido, que pronto escapan del “texto”, ( tejido),  inicial y adquieren una larga vida autónoma.

    Horacio es el autor de sentencias (alguna ya la hemos comentado en este mismo blog)  tales como:
    –  “carpe diem” (Odas, lib. I, 11,8aprovecha el momento, https://www.antiquitatem.com/carpe-diem-horacio-oda-poesia-latina

    – "la Grecia conquistada conquisto a su fiero  conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio.". "Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio." ( Epístolas II, 1, 156-157).   https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard

    Dulce y honroso es morir por la patria "Dulce et decorum est pro patria mori."  (Odas, 3,2,13)

    Dorada moderación  en los versos  “Auream quisquis mediocritatem /diligit” ( Todo el que elige la dorada moderación…”(Odas, II,10,5-6)

    – y otras muchas…

    Una vez que la frase adquiere su autonomía,  son los hablantes que de ella se sirven, quienes la rellenan de contenido y la dotan de matices, que en ocasiones poco tienen que ver con su significado inicial. Este podría ser el caso a la vista del uso que de la frase hacen centenas y aun millares de personas.  Por  eso me voy  a permitir una pequeña exploración de la cuestión.

    Horacio es de las escasas personas, y menos aún literatos,  que con envidiable sentido del humor y con notable madurez, se presenta ante sus lectores con todos sus pequeños vicios y defectos, tal como es. Para ello aprovecha las fiestas anuales de las Saturnalia en las que en la sociedad romana se invertía el orden social establecido. Durante esos días los esclavos eran los señores y los señores soportaban las impertinencias de los esclavos, que incluso vestían con la ropa de su dueño. En esos días, sintiéndose libres, podían dirigirse a su “dominus” en  términos inadmisibles en otro momento. (el asunto es realmente interesante desde el punto de vista sociológico, etnológico y psicológico, aunque no sea este el momento).

    Pues bien, esto es lo que hace el esclavo Davus, el esclavo de Horacio,  con su señor,  al que entre otras lindezas le  llama  inconstante y caprichoso (si está en Roma quiere ir al campo, si está en el campo echa en falta Roma), servil con quien le invita, glotón,  borracho, dormilón, perezoso, esclavo de mujeres casadas de manera ilícita, esclavo de muchos otros más,  etc. (En el fondo lo que nos está diciendo Horacio por boca de su esclavo es que el único hombre verdaderamente libre es el sabio y no el tonto, el inconstante o el que depende de mil caprichos, algunos peligrosos), Pues bien, después de esta  larga retahíla, el poeta no soporta más tanto atrevimiento y le dice airado:

    Horacio¿Dónde tengo una piedra?
    Davo:       ¿Para qué la necesitas?
    Horacio¿Dónde están las flechas?
    Davo:       Este hombre o está rabiando o haciendo versos.
    HoracioSi no te largas de aquí a toda prisa, tú servirás de  noveno trabajador en mi finca 
                     Sabina.

    (Trabajar en el campo -en la granja de Sabina- era bastante más duro que servir en la casa del señor)

    Horatius:  unde mihi lapidem?                             
    Davus:   quorsum est opus?                                 
    Horatius: unde sagitas?
    Davus  aut insanit homo aut versus facit  /     
    Horatius: ocius hinc te ni rapis, accedes opera agro nona Sabino     

    Bien, el significado en su contexto parece claro y en principio limitado a un solo suceso. Pero es necesario conocer que Horacio ha jugado con un detalle contextual de gran importancia, también para el futuro de la frase. En realidad está relacionando la “insania” del poeta con la opinión común en la Antigüedad de que los poetas son arrebatados por cierto “furor poeticus”, por la “inspiración divina”,  por cierta locura que los señala y aparta del común de los mortales.

    El mismo Horacio no está de acuerdo  en su Epistula ad Pisones 295-97  con  Demócrito, que  exigía a los poetas cierta locura, mientras Horacio exige el trabajo exigente del pulido y corrección:

    Porque Demócrito cree que el talento natural
    es más afortunado que la pobre técnica
    y excluye del Helicón a los poetas sanos
    (que no están locos).

    (Nota: el Helicón es un monte cercano al Parnaso dedicado al dios Apolo y a las Musas)

    Ingenium misera quia fortunatius arte
    Credit et excludit sanos Helicone poetas
    Democritus,…

    Recordemos asimismo cómo la palabra “carmen”  significa “poema, verso”, pero también “embrujo, canción, canto y encantamiento, profecía, predicción, embrujo, filtro mágico, fórmula religiosa, sentencia moral…”.

    Asimismo “poeta”, del griego  del gr. ποιητής,  “poietés”,  es el creador, autor, fabricante, hacedor, poeta (hacedor de versos) también es llamado  “vate“ del latín “vates”, adivino, profeta, poeta inspirado por los dioses (por cierto, el Vaticano es la colina de los “vaticinios” o profecías según una etimología que no todos admiten, seamos precisos, pero que parece plausible).

    Esta característica del poeta como individuo especial en la colectividad tocado por los dioses ha transcurrido por la Edad Media, Moderna (recordemos a Cervantes y su referencia a la poesía como “la gracia que no quiso darme el cielo”),  y Contemporánea y de alguna manera ha llegado a nuestros días.

    Al poeta se le sigue viendo  como un “loco”  o insanus, no peligroso (a veces lo es o puede serlo), por cierto,  sino como persona afortunada por los dioses o la madre naturaleza, capaz de penetrar en las cosas o de sentir la realidad con más intensidad que el común de los mortales.

    Quizás en algunos casos alguien cargue de mayor contenido peyorativo el adjetivo “insanus”, loco, arrebatado, llevado tal vez de la envidia de alguien que está mejor dotado para percibir y expresar sus sentimientos.

    No entiendo muy bien la absoluta generalización del sentido de la frase, que aplicada con exactitud descalificaría a la enorme mayoría de seres humanos, que desde luego ni hacen versos ni tienen capacidad alguna para hacerlos aunque quisieran.

    Tal vez podríamos admitir cierta generalización en el sentido de que es una auténtica locura para la humanidad reducir la vida de las personas a una exclusiva preocupación por las cuestiones económicas. Quienes así viven están locos, no están sanos, que es lo que significa en sí el término in-(preverbio negativo) sanus.

    La alternativa a este estado de alienación humana, desde luego, es la poesía, al menos un poco de poesía, en el sentido de percibir y disfrutar de una vida plena de sentimientos, matices y experiencias. En esta tarea es esencial la educación de las personas, la educación integral y no la educación para la competitividad.

    Pero este desde luego no era el sentido que Horacio dio a su famoso verso, aunque nos venga bien utilizarlo y nos agrade ampliar su sentido.
     

  • Androcles y el león agradecido

    Androcles y el león es un famoso relato que ha encandilado el interés de numerosas personas desde la Antigüedad a nuestros días

    Se trata de la historia, cuento popular probablemente en su origen, de un esclavo, Androcles,  que huido de su señor, se encuentra con un león en el desierto; el león no le ataca, como podríamos esperar. Cuando Androcles se le acerca, el león le muestra su pata y  observa que tiene una espina clavada que le impide andar y le ha dejado muy debilitado. Androcles le saca la espina de la pata y sigue su camino. Muchos años después se encuentran Androcles y el león en Roma, ahora en el anfiteatro al que el esclavo es arrojado para ser devorado por las fieras. Cuando el león sale a la arena, contra todo pronóstico, no sólo no devora a Androcles sino que se le acerca dócil; es el león al que Androcles extrajo la espina y lo salvó de una muerte segura; ahora agradecido le corresponde salvándole la vida, pues el pueblo, informado de la historia exige la salvación de Androcles y del león.

    El cuento, relato, historia,  que algunos convierten en fábula y sin ninguna necesidad atribuyen a Esopo como tantas otras fábulas, se ha repetido hasta la saciedad como ejemplo de la virtud del agradecimiento, contraria a la ingratitud. Fedro, desde luego, no lo incluyó entre las fábulas de su traducción latina de Esopo.

    La historia nos la cuenta por primera vez en un texto escrito que conservemos Aulo Gelio (vivió en el siglo II d.C.), en sus Noctes Atticae, V, 14.  Según Aulo Gelio, la historia la pone en boca de un tal Apión, que dice que él vió personalmente el suceso.

    Muy probablemente el suceso fue una invención del tal Apión, aunque inspirado por la realidad de las “venationes” o cacerías que los romanos celebraban en el anfiteatro entre otros espectáculos sangrientos.

    Es este tema de las venationes un asunto al que en algunas ocasiones algunos escritores han dedicado su atención. Marcial, por supuesto, hace numerosas referencias precisamente en su Libro de los espectáculos.  (Liber spectaculorum)

    Probablemente el tal Apión observó en unos juegos reales cómo un león salvó la vida a uno de sus cuidadores, tal como nos cuenta Séneca en De beneficiis, 2,19.

    Vimos en el anfiteatro a un león que protegió del ataque de las fieras a uno de los cuidadores que reconoció porque en otro tiempo había sido su dueño.

    Leonem in amphitheatro spectauimus, qui unum e bestiariis agnitum, quum quondam eius fuisset magister, protexit ab impetu bestiarum.

    Y en ello se inspiró, recogiendo un cuento tradicional que ya circulaba por el antiguo Egipto.

    Claudio Eliano (ca. 175-ca 235), orador y profesor romano que escribía en griego, recoge la historia de Androcles en su De Natura Animalium, 7, 48; daré sólo el comienzo de su texto, en su versión latina, prácticamente idéntico al que luego reproduciré de Aulo Gelio:

    Habiéndose fugado de casa de un senador romano un esclavo que se llamaba Androcles porque había cometido un grave crimen (desconozco en realidad cuál fue) y habiendo llegado a Africa…

    Cum a senatore Romano servus, cui nomen Androcles erat, aufugisset, quia facinus quodpiam nefarium (id vero quale fuerit ignoro) admisisset, et in Africam venisset,… (Versión latina del texto griego de De Natura Animalium Claudii Aeliani  a Friderico Jacobs editi apud Fridericum Fromannum, Jenae, MDCCCXXXII)

    Luego este tema de “el león agradecido” se repitió durante la Edad Media, por ejemplo, Ademar de Chabannes lo relata en el siglo XI; Chrétien de Troyes escribe la novela Yvain el caballero del león en la que el caballero ayuda a un león y luego el león, que permanece a su lado, es un ejemplo de honor y amistad.

    Y aparece también en leyendas de la  vida de algunos santos como san Gerásimo, San jerónimo que también extrajo una espina de la pata de un león al que así domesticó, etc.

    En los siglos XV, XVI, XVII Aulo Gelio tuvo un gran éxito en Europa. En 1484 William Caxton tradujo al inglés un códice latino en el que se encontraba la fábula «Of the lyon &of the pastour». Montaigne (1533-1592)  también cuenta en sus Ensayos la historia del león y el Esclavo.

    Un episodio muy similar cuenta Díaz de Guzman en sus crónicas referido a Isabel de Guevara (año de 1556), personaje femenino presente en la creación de Buenos Aires.  Isabel, desesperada por el hambre, salió del fuerte de Buenos Aires y se refugió en la cueva de una leona a la que ayudó a parir. La capturaron los indígenas y uno la hizo su esposa. Recuperada luego por los españoles, la condenaron a ser atada a un árbol y servir de comida a las fieras como escarmiento, pero la leona la protegió y los soldados la perdonaron.

    Incluso un reflejo del episodio podríamos apreciar en el Capítulo XVII de la Segunda parte del Quijote, en la aventura de los leones, a los que les abrieron la jaula pero no atacaron.

    Más evidentemente  Francisco de Quevedo en su obra   “Virtud militante (contra  las cuatro pestes del mundo: envidia, ingratitud, soberbia y avaricia”, para criticar la ingratitud  recurre al tópico medieval del  león eternamente agradecido por haber sido liberado de una espina, a la fábula de Androcles y el león, atribuida como decía a Esopo. Dice Quevedo:

    Fierísimo es el león, y el sacarle una espina de un pie pagó liberalísimo
    con dar la vida al que se la sacó.

    Modernamente es famosa una obra de teatro de Bernard Shaw titulada precisamente así, Androcles y el león,  en la que el autor inglés en realidad trata de manera peculiar y humorística sobre los orígenes del cristianismo y las persecuciones de los cristianos, todo ello con poco rigor histórico. En su comedia Androcles es un cristiano conducido al Coliseo.

    En el año 1952 se hizo una famosa película en EEUU precisamente basada en la obra de Bernard Show, dirigida por Chester Erskin.

    Aulo Gelio y sus Noctes Atticae, miscelánea de infinitos temas intranscendentes y fútiles, ha generado gran atractivo entre numerosos escritores contemporáneos, como el poeta argentino Arturo Capdevilla (1889-1967) que tiene un famoso poema titulado precisamente “Aulo Gelio”, Borges, Cortázar o Bioy Casares.

    Curiosamente, el escritor siciliano de una peculiar novela policiaca ambientada en la isla, Andrea Camilleri, ambienta un episodio de su héroe Montalbano en esta historia de Androcles y el León en un episodio que titula “Lo que contó Aulo Gelio” en su libro “Un mes con Montalbano” como homenaje a Vázquez Montalbán.

    Yo mismo leí la historia de niño probablemente en algún libros de historias edificantes; naturalmente Androcles era un cristiano arrojado a las fieras.

    Aunque el relato de Gelio, Noctes Atticae, V,14 es un tanto largo, lo transcribo entero para que el lector tenga un conocimiento directo de la fuente:


    Historia que refiere el sabio Apión, llamado Plistonices, acerca del reconocimiento en Roma entre un león y un esclavo con quien la fiera había vivido en otro tiempo.

    Apión, llamado Plistonices, era escritor muy erudito y notable, especialmente por la extensión y variedad de sus conocimientos acerca de la antigüedad griega. Adquirió mucha reputación por un compendio en que refiere todo lo maravilloso que ofrece el Egipto en sus monumentos o en las tradiciones de sus habitantes. En los pasajes de esta obra en que refiere lo que ha leído u oído decir, tal vez se le puede censurar que se deja llevar de la facundia y exageración por el deseo de producir efecto, porque este autor gusta mucho de ostentar su ciencia. Pero lo que quiero citar de él es lo que dice en el libro quinto de su compendio sobre Egipto, y que no es de lo que ha leído u oído, sino que asegura haberlo presenciado él mismo en Roma.

    «Un día – dice – había llevado al pueblo romano al circo el espectáculo de una cacería en que habían de combatirse considerable número de animales. Encontrándome en Roma a la sazón, quise presenciarla, y vi soltar en la arena gran número de animales salvajes de fuerza y dimensiones prodigiosas y extraordinaria ferocidad. Admirábase especialmente una manada de leones enormes, entre los que descollaba uno, cuya monstruosa corpulencia, rápidos saltos, terribles rugidos, abultada musculatura y flotantes melenas, asombraban a los espectadores y atraían todas las miradas. Introdújose a los desgraciados que habían de pelear con las fieras, encontrándose entre ellos un esclavo llamado Androclo, que había estado al servicio del procónsul. En cuanto el león vió a aquel hombre, paróse, como asombrado por su presencia, dirigióse en seguida dulcemente a él, y se le acercó poco a poco, mirándole como si le conociese.  Llegado junto a él, se frota con su cuerpo, agitando la cola con aspecto sumiso y cariñoso, como perro que acaricia a su amo, y lame los pies y las manos del desgraciado, a quien el terror había privado de sentimiento. Pero viéndose Androclo acariciado por el terrible animal, cobra ánimos, abre los ojos,  y se atreve, al fin, a mirar al león. Entonces, como si los dos se reconocieran, fué de ver al hombre y al  león mostrarse recíprocamente profundo regocijo. Ante tan extraño y conmovedor espectáculo, dice el escritor, todo el público rompió en aplausos; y habiendo mandado el César que le llevasen en seguida a Androclo, le preguntó en qué consistía que aquella fiera le había perdonado a él solo. El esclavo refirió entonces la aventura más extraña y maravillosa. «Era yo .:.– dijo – esclavo del procónsul que gobernaba la provincia de Africa; los golpes y malos tratamientos que me prodigaba diariamente, sin razón alguna, me obligaron a huir, y para escapar más fácilmente a las persecuciones de mi amo, a quien obedecía toda la comarca, busqué refugio inaccesible entre las arenas y los desiertos, decidido a darme la muerte de cualquier manera si llegaba a carecer de alimento. Caminaba bajo los abrasadores rayos del sol de Mediodía, cuando encontré en mi camino una caverna aislada y  profunda, en la que entré y me oculté. Apenas había entrado, cuando vi un león que tomaba el mismo camino. El animal tenía una pata ensangrentada y andaba con dificultad, quejándose y gimiendo como si padeciese violentos dolores. Aterróme al pronto su presencia; pero en cuanto entró el león en la caverna, que, como vi en el acto, era su ordinaria guarida, y me vió ocultándome en el fondo, acercóse con aspecto,", dulce y sumiso, levantó la pata, presentándomela, y parecía que me demandaba socorro. Cogíla con la mano, le arranqué una espina muy gruesa que se había clavado, apreté para que saliese la carne corrompida, y cada vez más tranquilo, atendiendo cuidadosamente a la operación, conseguí purificar y secar por completo la herida. Entonces el león, al que había aliviado y librado de sus sufrimientos, se acostó y se durmió, dejándome la pata entre las manos. Desde aquel día vivimos juntos, habitando durante tres años la misma caverna y compartiendo los mismos alimentos. Cuando regresaba de sus cacerías, traíame los mejores trozos de las presas que había cogido, y como carecía de fuego, los asaba yo al sol a la hora de mediodía. Sin embargo, habiéndome cansado de aquel género de vida, un día, mientras el león estaba cazando, me alejé de la caverna. Después de tres días de marcha, encontróme un grupo de soldados, que se apoderaron de mí; traído a Roma, comparecí ante mi amo, que en el acto dictó mi sentencia de muerte, condenándome a ser entregado a las fieras. Veo que el león fué cogido también después de nuestra separación, y ahora, alegre al encontrar a su bienhechor, me muestra su agradecimiento.» Tal fué, según Apión, el relato de Androclo. En seguida se escribió su aventura en una tablilla, que se hizo circular entre los espectadores, concediéndose perdón al esclavo, a petición de todos, y además quiso el pueblo que se le regalase el león. Más adelante le vi, dice el autor, teniendo atado al león con una endeble correa, paseando por todas las calles de la ciudad; dábanle dinero, arrojaban flores al león, y por todas partes exclamaban: «Ved al león que dió hospitalidad a un hombre; ved al hombre que curó al león».  (Traducción de Francisco Navarro y Calvo)

    Quod Apion, doctus homo, qui Plistonices appellatus est, vidisse se Romae scripsit recognitionem inter sese mutuam ex vetere notitia hominis et leonis …

    APION, qui Plistonices appellatus est, litteris homo multis praeditus rerumque Graecarum plurima atque varia scientia fuit. Eius libri non incelebres feruntur, quibus omnium ferme quae mirifica in Aegypto visuntur audiunturque historia comprehenditur. Sed in his quae vel audisse vel legisse sese dicit, fortassean vitio studioque ostentationis sit loquacior—est enim sane quam in praedicandis doctrinis sui venditator—hoc autem,  quod in libro Aegyptiacorum quinto scripsit, neque audisse neque legisse, sed ipsum sese in urbe Roma vidisse oculis suis confirmat.
    “In Circo Maximo,” inquit, “venationis amplissimae pugna populo dabatur. Eius rei, Romae cum forte essem, spectator,” inquit, “fui. Multae ibi saevientes ferae, magnitudines bestiarum excellentes omniumque invisitata aut forma erat aut ferocia. Sed praeter alia omnia leonum,” inquit, “  immanitas admirationi fuit praeterque omnis ceteros unus.  Is unus leo corporis impetu et vastitudine terrificoque fremitu et sonoro, toris comisque cervicum fluctuantibus, animos oculosque omnium in sese converterat. Introductus erat inter compluris ceteros ad pugnam bestiarum datos servus viri consularis; ei servo Androclus nomen fuit. Hunc ille leo ubi vidit procul, repente,” inquit, “quasi admirans stetit ac deinde sensim atque placide, tamquam noscitabundus, ad hominem accedit. tum caudam more atque ritu adulantium canum clementer et blande movet hominisque se corpori adiungit cruraque eius et manus, prope iam exanimati metu, lingua leniter demulcet. Homo Androclus inter illa tam atrocis ferae blandimenta amissum animum recuperat, paulatim oculos ad contuendum leonem refert. Tum quasi mutua recognitione facta laetos,” inquit, “et gratulabundos videres hominem et leonem.”
    Ea re prorsus tam admirabili maximos populi clamores excitatos dicit, accersitumque a C. Caesare Androclum quaesitamque causam cur illi atrocissimus leo uni parsisset. Ibi Androclus rem mirificam narrat atque admirandam. “Cum provinciam,” inquit, “Africam proconsulari imperio meus dominus obtineret, ego ibi iniquis eius et cotidianis verberibus ad fugam sum coactus et, ut mihi a domino, terrae illius praeside, tutiores latebrae forent, in camporum et arenarum solitudines concessi ac, si defuisset cibus, consilium fuit mortem aliquo pacto quaerere. Tum sole medio,” inquit, “rabido et flagranti specum quandam nanctus remotam latebrosamque, in eam me penetro et recondo. Neque multo post ad eandem specum venit hic leo, debili uno et cruento pede, gemitus edens et murmura, dolorem cruciatumque vulneris commiserantia.” Atque illic primo quidem conspectu advenientis leonis territum sibi et pavefactum animum dixit. “Sed postquam introgressus,” inquit, “leo, uti re ipsa apparuit, in habitaculum illud suum, videt me procul delitescentem, mitis et mansues accessit et sublatum pedem ostendere mihi et porgere quasi opis petendae gratia visus est. Ibi,” inquit, “ego stirpem ingentem, vestigio pedis eius haerentem, revelli conceptamque saniem volnere intimo expressi accuratiusque sine magna iam formidine siccavi penitus atque detersi cruorem. Illa tunc mea opera et medella levatus, pede in manibus meis posito, recubuit et quievit atque ex eo  die triennium totum ego et leo in eadem specu eodemque et victu viximus.  Nam, quas venabatur feras, membra opimiora ad specum mihi subgerebat, quae ego, ignis copiam non habens, meridiano sole torrens edebam. Sed ubi me,” inquit, “vitae illius ”  ferinae iam pertaesum est, leone in venatum profecto, reliqui specum et viam ferme tridui permensus a militibus visus adprehensusque sum et ad dominum ex Africa Romam deductus. Is me statim rei capitalis damnandum dandumque ad bestias curavit.  Intellego autem,” inquit, “hunc quoque leonem, me tunc separato captum, gratiam mihi nunc beneficii et medicinae referre.”
    Haec Apion dixisse Androclum tradit, eaque omnia scripta circumlataque tabula populo declarata, atque ideo cunctis petentibus dimissum Androclum et poena solutum leonemque ei suffragiis populi donatum. “Postea,” inquit, “videbamus Androclum et leonem, loro tenui revinctum, urbe tota circum tabernas ire, donari aere Androclum, floribus spargi leonem, omnes ubique obvios dicere: ' Hic est leo hospes hominis, hic est homo medicus leonis.'”

  • Todos y todas, los muchachos y las muchachas, κόρους τε ἅμα καὶ κόρας (kórous te áma kaì kóras), πάντ᾽ ἄνδρα καὶ γυναῖκα (pánt’ándra kaì gynaîka)

    Uno de los cambios más importantes que se ha originado en la sociedad moderna occidental y en buena medida en todo el mundo es el de la igualdad entre hombres y mujeres; igualdad legal total y real tan sólo en parte en el status o función social.

    Esta tendencia afortunadamente imparable se intenta reflejar en el lenguaje, en el que se procura evitar toda connotación sexista o machista. En ese intento hay quien utiliza simultáneamente el artículo y otros determinantes en sus formas masculina y femenina (el/la; los/las) o los propios sustantivos en sus formas masculina y femenina si es que las tuvieran (chicos/ chicas, hombres/ mujeres, ciudadanos/ciudadanas…).

    Sabemos que en el Mundo Antiguo la mujer juega un escaso papel social, recluida generalmente en el hogar doméstico, (o en una parte del hogar, en el gineceo  del latín gynaecēum, y este del griego γυναικεῖος y este de γυνή, gyné, que significa mujer) y limitada su función a la procreación y cuidado de los hijos y al gobierno de la casa. Pero esta idea general debe ser matizada y la realidad conocida con alguna precisión.

    Probablemente sorprenderán al lector moderno algunas de sus fórmulas lingüísticas no sexistas y muchas de las ideas que Platón expone en sus diálogos en los que diseña el sistema político de una nueva ciudad ideal, de una nueva polis. Lo hace fundamentalmente en sus diálogos La República  y Las Leyes.

    Entre esas ideas no serán las que menos asombro produzcan las referidas a la educación y la función que la mujer ha de desempeñar en la sociedad. Leamos algunas de las cosas que dice Platón en la traducción que para editorial Aguilar hizo Francisco de P. Samaranch:

         ATENIENSE: … He aquí una cosa que, de manera muy conveniente, podrían imitar tanto los jóvenes como las jóvenes (κόρους τε ἅμα καὶ κόρας)  honrando así el juego que encantará a la diosa, y preparándose así no sólo para las fiestas, sino también para la guerra. (Las Leyes, 796c)
                                              …………………….
         ATENIENSE: …. Por consiguiente, todo hombre y toda mujer (πάντ᾽ ἄνδρα καὶ γυναῖκα), a lo largo de toda su vida, deben acomodarse lo mejor posible a este papel, jugando a los juegos más bellos que pueda haber, pero con pensamientos totalmente distintos de los que tienen hoy en día.

    CLINIAS: ¿Qué quieres decir?                                                   (Las Leyes, 803c- 803d)

        …………


      Estas fórmulas no deben extrañarnos si lo que está proponiendo es una educación y una función iguales para los jóvenes y las jóvenes.  Por eso dice poco después:

    ATENIENSE: … Volviendo a nuestro tema, habíamos prescrito se construyeran gimnasios, así como también escuelas públicas, en tres lugares del centro de la ciudad y, asimismo, en las afueras de la ciudad otros tres gimnasios y campos de ejercicio para la equitación, para el tiro del arco y para otras clases de tiro a larga distancia, a fin de atender a la instrucción y adiestramiento de los jóvenes.
    Si nuestras prescripciones no fueron entonces suficientemente explícitas, aclarémoslas aquí dándoles forma de leyes. En todos estos edificios deberán residir, como maestros encargados de cada una de las disciplinas, extranjeros a quienes se haya convencido pagándoles bien; ellos enseñarán a sus discípulos todo aquello que sea útil para la guerra y todo lo que concierne a la música. Pero lo que no admitiremos es que este tal frecuente la escuela porque su padre lo quiera, mientras que aquel otro a quien no le obligan, se abandone y falte a ella; no, antes obligaremos a que se haga instruir todo el mundo y en la medida de lo posible, porque pertenecen a la ciudad más aún que a sus padres.
    La ley que yo quiero promulgar impondrá otro tanto a las mujeres, igual que a los varones, es decir, que las mujeres deberán formarse de la misma manera; y lo diré sin dejarme amilanar por la objeción  de que ni la equitación ni la gimnasia, que son decentes para los hombres, no son decentes para las mujeres; estaba antes persuadido de ello por haber oído algunos mitos antiguos, pero mucho más ahora que he sabido que en torno al Ponto hay miles y miles de mujeres, llamadas sauromátides, a las que se impone, con el mismo título que a los hombres,  y que practican igual que los hombres, la equitación, así como el tiro del arco y el ejercicio con las demás armas.
    A esto añado yo, manteniéndome dentro del mismo tema, el razonamiento que sigue: puesto que es posible una costumbre de este tipo, el que actualmente gobierna en nuestros países  posee una notable necedad al prohibir a los hombres y a las mujeres que practiquen, todos juntos, con todas sus fuerzas y animados de un mismo espíritu, los mismos ejercicios. De aquella forma, en efecto, todas las ciudades o casi todas, haciendo los mismos gastos y con las mismas dificultades, llega a ser no más que una media ciudad, en lugar de valer como dos ciudades; y sería realmente sorprendente que un legislador cometiera una falta como esta.
    CLINIAS: Eso parece; no obstante, en todo esto que nosotros estamos exponiendo hay muchas cosas que se oponen a las constituciones existentes en la actualidad.
    …..
    ATENIENSE: …. pero ahora habrá que buscar otra táctica para obstinarse en negar esta ley, y tales negativas no van a extinguir el vigor con que nosotros no cejaremos en nuestra exigencia de que en la medida de lo posible, para la educación como para todo lo demás, la mujer comparta los trabajos del hombre.
    (Las Leyes, 804c- 805d)

    Nótese cómo el argumento de que sólo los  necios, incluidos los gobernantes,  prescindirían de la mitad de la población y construir media ciudad en vez de dos ciudades es de absoluta actualidad.

    Quien sienta curiosidad por propuestas tan  antiguas y tan modernas  deberá leer los diálogos de Platón citados. En ellos los pasajes llamativos, similares al citado,  son numerosos.  Desgraciadamente Platón fracasó en esta cuestión a la hora de hacer realidad su propuesta de ciudad ideal en Sicilia y ello le produjo cierta amargura y buena dosis de realismo, como se refleja en Las Leyes y en su República .

    Profundizaré en otra ocasión en estas  propuestas  de Platón, a las que por cierto poco caso se hizo en la Edad Antigua , Media y hasta en ocasiones en la Contemporánea.
     

  • Graecia capta (por los romanos)

    Los romanos entraron muy pronto en relación con la cultura griega: los últimos reyes romanos fueron etruscos, pueblo muy influido por la cultura oriental y helena; Sicilia y el sur de Italia fueron pronto colonizadas por los griegos (al sur de Italia se le llama precisamente la Magna Grecia, la Grecia Grande) v. artículo https://www.antiquitatem.com/paestum-templo-patrimonio-humanidad

    En su expansión por el Mediterráneo y por Oriente, acabadas las guerras con los cartagineses y ocupada Sicilia a mediados del siglo III a.C., los romanos declaran provincia romana a Grecia en el año  197 a.C. Pero en feliz expresión de Horacio Grecia fue vencida pero los griegos se apropiaron de Roma culturalmente:

    "la Grecia conquistada conquisto a su fiero  conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio." ( Epístolas II, 1, 156-157).

                "Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio."

    Y así fue en efecto: la cultura en general, la literatura, la oratoria, la historia, el arte, la religión, las costumbres, la educación…. todo fue influenciado y determinado por los griegos. Los romanos cultos eran bilingües, todo estudiante de familia noble y con recursos pasaba una etapa de su formación en Grecia, griegos eran los pedagogos de los niños romanos, los primeros historiadores y analistas sobre Roma lo hacen en griego y no en latín, etc.

    Bien lo reconoce Cicerón es sus Disputas Tusculanas, I,1,3 cuando dice….

    Grecia nos superaba en conocimiento y en todo género de letras; era fácil vencer en ello a quienes no contendían. Pues de acuerdo con los eruditos existió entre los griegos el más antiguo género de poetas, y así Homero y Hesíodo existieron antes de que fuera fundada Roma, Arquíloco durante el reinado de Rómulo, y nosotros recibimos la poética bastante más tarde. Casi 510 años después de la fundación de Roma, Livio (Andrónico),  que fue mayor de edad que Plauto y Nevio,representó una fábula, siendo cónsules C. Claudio, hijo del Ciego, y M.Tuditano, un año antes del nacimiento de Ennio.

    Doctrina Graecia nos et omni litterarum genere superabat; in quo erat facile vincere non repugnantes. nam cum apud Graecos antiquissimum e doctis genus sit poëtarum, siquidem Homerus fuit et Hesiodus ante Romam conditam, Archilochus regnante Romulo, serius poëticam nos accepimus. annis fere CCCCCX post Romam conditam Livius fabulam dedit C. Claudio, Caeci filio, M. Tuditano cos. anno ante natum Ennium. qui fuit maior natu quam Plautus et Naevius.

    Nota: Roma fue fundada en el 753 a.C.; Arquíloco vivió entre el 720 y el 676 a.C.;  Apio Claudio el Censor, llamado el Ciego vivió  entre 340 a. C.-273    ; Ennio escribió los Anales y vivió  del 239 al 169 a.C., Livio Andrónico llegó a Roma como prisionero en 272 a.C.  y tradujo la Odisea al latín. Plauto nació hacia el año 254…. Nevio vivió del 269 al 199.

    Es decir, cuando Roma es fundada, en 753 ya recitan los aedos griegos la Iliada y la Odisea; todos los autores clásicos griegos han muerto cuando Roma todavía está en su niñez como ciudad.

    Pero,  ¿fue todo tan simple y lineal? ¿desapareció lo romano bajo la cultura griega? Naturalmente, no. Como tantas veces en la Historia, lo autóctono se resiste a desaparecer y con frecuencia permanece en el sustrato bajo la capa innovadora. La religión romana mantiene sobre todo su carácter ritual, las artes en general adquieren un sentido práctico que no tenían en Grecia, la ciencia ayuda a la técnica y sobre todo el Derecho Romano, basado en el sentido común, mantiene su vigor y energía. Y las costumbres siguen siendo peculiarmente romanas.

    Hay un autor francés moderno, Pascal Quignard (1948),  que ha publicado un libro interesante  e inquietante “El sexo y el espanto”, un ensayo sobre el erotismo romano, fruto de sus estudios sobre Pompeya, Herculano sepultadas por el Vesubio y su fascinación    por las numerosas piezas arqueológicas de contenido erótico. 

    En su prólogo nos resume el contenido y el objeto de su obra: 

    “Cuando Augusto reorganiza el mundo romano bajo la forma del imperio, el erotismo jubiloso, antropomorfo y preciso de los griegos se transforma en melancolía espantada”.
    La palabra phallus no existe. Los romanos llamaban fascinus lo que los griegos llamaban phallos. En el mundo humano, como en el reino animal, fascinar obliga a aquel que ve a no apartar su mirada. Está inmovilizado en su lugar, sin voluntad, en el espanto.
    ¿Por qué,  durante tantos años, yo he escrito este libro?  Para afrontar ese misterio: es el placer el que es puritano.
    El goce arranca la visión de lo que el deseo solo había comenzado a desvelar.

                                                                                Pascal Quidnard      (Traducción de Silvio Mattoni)

    Luego en lo que él llama “Advertencia” nos dice:

    Cuando los bordes de la civilizaciones se tocan y se superponen se producen conmociones. Uno de esos sismos ocurrió en Occidente cuando el borde de la civilización griega tocó el borde de la civilización romana y el sistema de sus ritos, cuando la angustia erótica se convirtió en la fascinatio y cuando la risa erótica se convirtió en el sarcasmo del ludibrium.
                                           ……………………
    Trato de comprender algo incomprensible: el transporte del erotismo de los griegos a la Roma imperial. Esa mutación no ha sido pensada hasta ahora por una razón que ignoro y por un temor que entiendo. Durante los cincuenta y seis años del reinado de Augusto, que reacondicionó el mundo romano bajo la forma del imperio, tuvo lugar la metamorfosis del erotismo alegre y preciso de los griegos en melancolía espantada. Esa mutación tardó apenas una treintena de años en imponerse (del -18 antes de nuestra era al año 14 de nuestra era) y sin embargo todavía nos rodea y domina nuestras pasiones. El cristianismo sólo fue una con secuencia de esa metamorfosis retomando ese erotismo por así decir en la forma en que lo habían reformulado los funcionarios romanos que el principado de Octavius Augustus suscitó y que el Imperio durante los cuatro siglos siguientes fue llevado a multiplicar en la obsequiosidad.

    Así pues, la concepción griega de lo erótico no se impuso en Roma, lo que prevaleció y se procuró mantener y restaurar fue la antigua moral de las matronas romanas. El lujo, el refinamiento, una sexualidad desinhibida en el fondo siempre fueron mal vistas en Roma.

    Esa moral y costumbres son las que reforzadas por el Cristianismo se impusieron en Occidente y todavía hoy nos falta cierta alegría de la vida que apreciamos en cambio en otras latitudes, generalmente al Oriente.

    Nota: independientemente del “espanto” que Quignard pueda provocar en algunas personas, su lectura, enormemente sugerente, muestra una vez más la importancia y vigencia del estudio de los clásicos en nuestro tiempo.

  • ENCICLOPEDIA

    ‘παῖς,παιδός’, país.paidós, «niño», es una palabra griega que tiene numerosos términos emparentados con la misma familia léxica; estos términos han pasado al latín y de él a las lenguas romances; también ha producido numerosos términos científicos modernos. Son algunos: paideia, pedagogía y pedagogo, pediatría y pediatra, pederastia y pederasta, enciclopedia.

    En latín tenemos el sustantivo “puer” y otros con él relacionados también en español, puella, pueritia, pueril, puerilidad, puerperio. Aunque no lo parezca, la raíz de puer está emparentada con la de 'παῖς,παιδός', país, paidós.

    Analizaremos con algún detalle el término “enciclopedia”. Se trata de una palabra con una etimología realmente curiosa; procede  del griego  ἐν κύκλος παιδεία, (ἐν en,en,  κύκλος, kyklos, círculo y παιδεία,paideia,instrucción) “instrucción en círculo” o "círculo de todas las artes y doctrinas (conocimientos". Tal vez hace referencia a la costumbre de colocar a los niños en círculo para recibir la instrucción o educación. De este significado primero deriva su acepción actual de conjunto de todas las ciencias o de muchas ciencias o de muchos conocimientos.

    Sobre la frase griega se crea en latín medieval el término encyclopaedia  que viene a significar ‘curso de educación general’.

    El término o el concepto es antiguo. Sirva como muestra el siguiente texto de Plinio el Viejo que llama a su magna obra Naturalis Historia, “enciclopedia” y ciertamente es un extenso compendio de todo lo considerado “saber científico” en la Antigüedad. Plinio comenta las dificultades de su obra y nos confiesa en  Naturalis Histori Praefatio 14:

    Por lo demás el itinerario no es un camino trillado para los autores ni por el que mi ánimo se afane por peregrinar. No hay nadie entre nosotros que haya intentado lo mismo ni nadie entre los griegos que haya tratado él solo todas las cosas. La mayor parte buscamos el placer en los estudios; las cosas tratadas por otros se consideran de excesiva sutileza y son empujadas a las oscuras tinieblas de las cosas. Ante todo han de ser tratadas  las cosas que los griegos llaman de la enciclopedia (τῆς ἐγκυκλίου παιδείας tes enkikliou paideias) y sin embargo son o unas cosas  desconocidas o inciertas para los ingeniosos  u otras en cambio son expuestos por tantísimos que producen hastío.

    Praeterea iter est non trita auctoribus via nec qua peregrinari animus expetat. nemo apud nos qui idem temptaverit, nemo apud Graecos, qui unus omnia ea tractaverit. magna pars studiorum amoenitates quaerimus; quae vero tractata ab aliis dicuntur inmensae subtilitatis, obscuris rerum tenebris premuntur. ante omnia attingenda quae Graeci  τῆς ἐγκυκλίου παιδείας vocant, et tamen ignota aut incerta ingeniis facta; alia vero ita multis prodita, ut in fastidium sint adducta.

    El afán por reunir todo el conocimiento humano del momento es muy antiguo. Por ejemplo puede considerarse enciclopédica la obra de Aristóteles o la del romano Varrón, probablemente el más prolífico autor latino (se le adjudican centenares de obras), del que en cambio sólo se conserva   completa su  Rerum rusticarum libri III (Sobre las cosas del campo), incompleta  De lingua latina y fragmentos de algunas restantes.  Tan prolífico y enciclopédico debió ser que San Agustin dice de él en De Civitate Dei, 6, 2, 178:

    "El hombre más docto en todos los sentidos fue Varrón, que leyó tan gran cantidad  de libros que nos admira que le quedara  tiempo para escribir; y escribió tan gran cantidad que apenas podemos creer que alguien pudiera leerlos” .

    Vir doctissimus undecumque Varro, qui tam multa legit, ut aliquid ei scribere uacuisse miremur; tam multa scripsit, quam multa uix quemquam legere potuisse credamus.

    Aunque él mismo reconoce en su De Re Rustica, II , 1,2:

    nemo enim omnia potest scireNadie puede saberlo todo.

    También podemos considerar una “enciclopedia” la Naturalis Historia de Plinio el Viejo, verdadero compendio de todo el conocimiento entonces considerado científico o de interés para el entendimiento del mundo en que vivimos.

    Enciclopedia podemos considerar también los Veinte Libros de las Etimologías ( Etymologiarum Libri Viginti) , de Isidoro de Sevilla (hacia   556-636).

    Pero la “enciclopedia” por excelencia hasta ahora ha sido  la Enciclopedia Francesa de Diderot y D’Alembert , L'Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, publicada entre 1751 y 1766 y los suplementos de 1777, síntesis de los conocimientos de la época y símbolo de la Ilustración.

    Hoy en día, en la era digital, la “enciclopedia” por antonomasia (del lat. antonomasĭa, y este del gr. ἀντονομασία, nombrar de manera diferente, locucíón adverbial que significa que el nombre le corresponde por ser el ejemplar más característico) es la Wikipedia, palabra construida con la hawaiana wikiwiki, que significa propiamente rápido, informal, y la clásica –pedia, suficientemente comentada más arriba.

    Wikipedia designa a una página web elaborada colectivamente con pretensiones de enciclopedismo universal: los contenidos de esta página, enciclopedia electrónica libre y políglota, son accesibles para cualquier “internauta, (de “internet o red interna y latín  nauta, navegante). Todo internauta además no sólo tiene acceso a la página sino la capacidad de modificar su contenido. Su creador  y quien le puso el nombre es Larry Sanger. Hoy contiene  más de 37 millones de artículos en más de 284  idiomas.

    Esta es desde luego una gran creación de la sociedad actual, lo que no es óbice para recomendar extremar los cuidados en la aceptación de la información ofrecida de esta manera porque con frecuencia carece de los necesarios controles y elementos de contraste que validen el conocimiento y los datos ofrecidos.

    Una de las normas de este blog o página web https://www.antiquitatem.com/  es precisamente ofrecer de manera general las fuentes y el texto de las fuentes latinas o griegas. A algún lector puede parecerle un tanto pesado y ralentizante, pero téngase en cuenta que no sólo es un ofrecimiento para los lectores que pueden leer las lenguas clásicas, sino también una garantía para el resto de que la fuente existe y es real. Con excesiva frecuencia, muchos textos no son contrastados con las fuentes originales y por ello pueden producirse grandes errores.