Categoría: Historia Arqueología

  • «Ubi bene, ibi patria». Tu patria está en donde te encuentras a gusto

    Son muy numerosos los textos clásicos en los que se exalta el patriotismo de los ciudadanos, tanto en Grecia, en donde se sentían muy superiores al resto del mundo, al que llaman “bárbaro” porque no hablan griego sino que balbucean, como en Roma, en donde se sabían también los dominadores del mundo.

    Son muy numerosas las máximas, sentencias, frases que condensan en pocas palabras ese amor a la patria o exaltan los heroicos servicios prestados por ciudadanos ejemplares.

    Citaré y comentaré algunas de estas máximas que exaltan el patriotismo.

    Cicerón, en la primera de sus famosas Catilinarias, discursos en contra de Catilina, que había intentado dar un golpe de estado y provocar una revolución, (una conjuración), pronuncia la frase en la que se presenta la patria como una “madre”, tópico y lugar común sempiterno que juega con los sentimientos más profundos de los hombres, que siempre son hijos de una madre:

    La patria es la madre común de todos

    Patria est communis omnium parens

    Pero será mejor leer el  párrafo entero que contextualice la frase, en el que Cicerón  invita a Catilina a que abandone la ciudad, lo que supondría una confesión de culpabilidad por su parte del intento de subvertir el orden republicano y de atentar contra su propia madre. 

    Cicerón,Catilinarias,1,7,17:

    Si tus padres te temieran y aborrecieran y por ningún medio pudieras aplacarlos, supongo que te retirarías a algún sitio, lejos de su vista;  pues bien, ahora la patria, madre común de todos nosotros, te aborrece y te teme y ya hace tiempo que no aguarda de ti sino intentos parricidas; ¿no respetarás su autoridad, ni te someterás a su juicio, ni temerás su poder? Ella trata contigo, Catilina, y aunque callada, te habla así en cierto modo:…

    si te parentes timerent atque odissent tui neque eos ratione ulla placare posses, ut opinor, ab eorum oculis aliquo concederes. nunc te patria, quae communis est parens omnium nostrum, odit ac metuit et iam diu nihil te iudicat nisi de parricidio suo cogitare: huius tu neque auctoritatem verebere nec iudicium sequere nec vim pertimesces? quae tecum, Catilina, sic agit et quodam modo tacita loquitur:

    Sigue el texto de Cicerón en el que  la patria, personificada como una madre preocupada, habla con su cruel hijo Catilina. Invito al lector a que lea este famoso discurso que comienza con las palabras mil veces citadas y con las que muchos alumnos percibieron por primera vez la fuerza de la oratoria:

    ¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?

    Quo usque tándem abutere, Catilina, patientia nostra?

    En otra obra suya el mismo Cicerón presenta el amor a la patria como la conjunción de todos los amores que un buen ciudadano tiene:

    Cicerón, Tratado de los deberes, De officiis, 1,17,57)

    Queridos son los padres, queridos los hijos, los parientes, los amigos; pero el amor a la patria contiene todos estos amores.

    Cari sunt parentes, cari liberi, pripinqui, familiares; sed omnes ómnium caritates patria una complexa est.

    Así que la patria debe estar por encima de todo, incluso de los hijos, según dice Séneca en su tragedia Las Troyanas,332: 

    Un rey debe anteponer la patria a sus hijos,

    Praeferre patriam liberis regem decet:

    También conviene leer el texto de Cicerón, ahora de cierta extensión, porque nos ilustra suficientemente sobre el concepto de “patria” de un nacionalista romano:

    De officiis, 1,17 (53-58)

    La sociedad humana ofrece diversos grados. Después de esta primera, que es la más extensa, hay la sociedad de todos aquellos que pertenecen a una misma nación y hablan una misma lengua, lo cual constituye un vínculo que liga muy estrechamente a los hombres, y una sociedad todavía más íntima y apretada es aquella que une a los habitantes de una misma ciudad. Muchas cosas son comunes a los ciudadanos: foro, templos, pórticos, calles, leyes, derechos, tribunales, sufragios, relaciones familiares, amistades, negocios, intereses. Y todavía es más estrecho el ligamen que une a los miembros de una misma familia. Así, pues, la sociedad humana, de su forma universal e inmensa, pasa por gradación a constituir un círculo muy restringido y limitado.

    Como la naturaleza ha dado a todos los animales el deseo de reproducirse, la sociedad primigenia es el matrimonio; los hijos estrechan aún más la unión matrimonial, y la relación con ellos constituye una segunda sociedad y también la unidad de la casa, donde todas las cosas son comunes a quienes la habitan. Es éste el primer principio de la sociedad y como el semillero de la república. Sigue la unión entre hermanos, entre primos hermanos y primos segundos, y cuando una sola casa no es suficientemente capaz para contener a todos ellos, éstos se disgregan formando nuevas casas, a modo de colonias. Siguen luego los matrimonios y las afinidades que aumentan el número de los parientes. En la propagación fecunda de la prole radica el origen de los Estados. La comunidad de sangre crea benevolencia y amor entre los hombres y es cosa admirable sentirse unidos por la comunidad de antepasados, por el cumplimiento de los mismos ritos sagrados, por la tenencia de sepulcros comunes.

    Pero de todas las formas de sociedad la más noble y sólida es la que se crea cuando hombres virtuosos y dotados de caracteres afines, se unen entre sí con profunda y sincera amistad. En efecto, esa honestidad de la que tanto hablamos posee la extraña virtud de que, si la advertimos en otros, nos hace amigos de aquellos en quienes mora. Y si es verdad que toda virtud nos atrae y nos hace amar a las personas en quienes creemos que reside, no lo es menos que la justicia y la liberalidad producen este efecto aún más interesante.

    Nada más idóneo para despertar este afecto y estrechar los corazones que la semejanza de costumbres en las personas de bien. De dos hombres que tienen los mismos gustos, las mismas inclinaciones, cada uno de ellos ama al otro como a sí mismo, y ocurre entonces lo que exige Pitágoras, como característica esencial de la verdadera amistad, a saber, que dos almas se fundan en una sola. Del recíproco cambio de buenos oficios también nace una unión íntima entre benefactores y beneficiados, siempre que haya correspondencia y gratitud.

    Pero cuando se ha recorrido con el pensamiento los grados  todos de las sociedades  humanas y las relaciones que entrañan, ninguno tan importante como la que vincula a cada uno de nosotros con la república. Sentimos amor por nuestros padres, nuestros hijos, nuestros parientes, pero sólo la patria compendia todos estos amores, y ¿qué hombre de bien dudaría en morir por ella si supiese que con su muerte había de servirla? Y esto es precisamente lo que hace tan execrable la barbarie de aquellos hombres que, con toda suerte de atentados, han desgarrado el seno de la patria y han trabajado por destruirla y aniquilarla.

    Si se quiere hacer una labor de comparación para determinar a quién debemos mayor obsequio y con quién estamos más obligados, es preciso situar en puesto preferente la patria y los padres, por los beneficios que les debemos; luego los hijos y toda la familia, los cuales tienen su mirada puesta en nosotros y nos estiman como su único amparo; después los parientes que están en buenas relaciones con nosotros y con los que tenemos suerte y destino comunes. Por esta razón, debemos principalmente a las personas enumeradas las ayudas necesarias para el sostén de la vida; pero la vida íntima, los consejos, los coloquios, las exhortaciones y consuelos e, incluso, en ocasiones, los reproches, tienen su máximo empleo y valor en la amistad, tanto más entrañable cuanto más fundada en la conformidad de caracteres. (Traducción de José Santa Cruz Teijeiro. Editora Nacional.1975)

    [53] 17. Gradus autem plures sunt societatis hominum. Ut enim ab illa infinita discedatur, propior est eiusdem gentis, nationis, linguae, qua maxime homines coniunguntur; interius etiam est eiusdem esse civitatis; multa enim sunt civibus inter se communia, forum, fana, porticus, viae, leges, iura: iudicia, suffragia, consuetudines praeterea et familiaritates multisque cum multis res rationesque contractae.
    Artior vero colligatio est societatis propinquorum; ab illa enim immensa societate humani generis in exiguum angustumque concluditur.

    [54] Nam cum sit hoc natura commune animantium, ut habeant libidinem procreandi, prima societas in ipso coniugio est, proxima in liberis, deinde una domus, communia omnia; id autem est principium urbis et quasi seminarium rei publicae. Sequuntur fratrum coniunctiones, post consobrinorum sobrinorumque, qui cum una domo iam capi non possint, in alias domos tamquam in colonias exeunt. Sequuntur conubia et affinitates, ex quibus etiam plures propinqui; quae propagatio et suboles origo est rerum publicarum. Sanguinis autem coniunctio et benivolentia devincit homines et caritate;
    [55] magnum est enim eadem habere monumenta maiorum, eisdem uti sacris, sepulcra habere communia.

    Sed omnium societatum nulla praestantior est, nulla firmior, quam cum viri boni moribus similes sunt familiaritate coniuncti; illud enim honestum quod saepe dicimus, etiam si in alio cernimus, tamen nos movet atque illi, in quo id inesse videtur, amicos facit.

    [56] Et quamquam omnis virtus nos ad se allicit facitque, ut eos diligamus, in quibus ipsa inesse videatur, tamen iustitia et liberalitas id maxime efficit. Nihil autem est amabilius nec copulatius quam morum similitudo bonorum; in quibus enim eadem studia sunt, eaedem voluntates, in iis fit ut aeque quisque altero delectetur ac se ipso, efficiturque id, quod Pythagoras vult in amicitia, ut unus fiat ex pluribus.

    Magna etiam illa communitas est, quae conficitur ex beneficiis ultro et citro datis acceptis, quae et mutua et grata dum sunt, inter quos ea sunt, firma devinciuntur societate.

    [57] Sed cum omnia ratione animoque lustraris, omnium societatum nulla est gravior, nulla carior quam ea, quae cum re publica est uni cuique nostrum. Cari sunt parentes, cari liberi, propinqui, familiars, sed omnes omnium caritates patria una complexa est, pro qua quis bonus dubitet mortem oppetere, si ei sit profuturus? Quo est detestabilior istorum immanitas, qui lacerarunt omni scelere patriam et in ea funditus delenda occupati et sunt et fuerunt.

    [58] Sed si contentio quaedam et comparatio fiat, quibus plurimum tribuendum sit officii, principes sint patria et parentes, quorum beneficiis maximis obligati sumus,proximi liberi totaque domus, quae spectat in nos solos neque aliud ullum potest habere perfugium, deinceps bene convenientes propinqui, quibuscum communis etiam fortuna plerumque est.

    Quam ob rem necessaria praesidia vitae debentur iis maxime, quos ante dixi, vita autem victusque communis, consilia, sermones, cohortationes, consolationes, interdum etiam obiurgationes in amicitiis vigent maxime, estque ea iucundissima amicitia, quam similitudo morum coniugavit.

    Todo  el texto anterior lo sintetiza el propio Cicerón en dos palabras que expresan dos sentimientos a los que normalmente recurren todos los nacionalismos en su De natura deorum 3,40, (94):

    Por la religión y la patria. (Por los altares y por los hogares),

    Pro aris et focis.

    Nos dice el párrafo completo, al final ya de la obra de Cicerón:

    ……
    Y tras decir esto, finalizó Cota. Lucilio, por su parte dijo: “Tú, Cota, te has lanzado, y con gran vehemencia, contra ese razonamiento de los estoicos acerca de la providencia de los dioses, razonamiento que ellos establecieron muy devota y sabiamente.  Pero ya que cae el véspero, nos concederás algún otro día para que podamos hacer frente a todo ello. Y es que tengo pendiente contigo una disputa en relación con los altares y los hogares, con los templos y los santuarios de los dioses, y en relación con los muros de la ciudad, los cuales, según decís vosotros, los pontífices, son sagrados, de modo que rodeáis la ciudad más cuidadosamente por medio de la religión que con las propias murallas. Sería para mí un delito dejar al margen estas cosas, al menos en tanto me quede el aliento. (Traducción de Angel Escobar. Editorial Gredos.1999)

    [94] Quae cum dixisset, Cotta finem. Lucilius autem “Vehementius” inquit “Cotta tu quidem invectus es in eam Stoicorum rationem quae de providentia deorum ab illis sanctissume et prudentissume constituta est. sed quoniam advesperascit, dabis nobis diem aliquem ut contra ista dicamus. est enim mihi tecum pro aris et focis certamen et pro deorum templis atque delubris proque urbis muris, quos vos pontifices sanctos esse dicitis diligentiusque urbem religione quam ipsis moenibus cingitis; quae deseri a me, dum quidem spirare potero, nefas iudico.”

    Los  textos anteriores de Cicerón no son  resultado de un pensamiento innovador, sino fruto de la observación y aplicación del sentido común elemental. Esta es sin duda una de las razones por las que los antiguos nos son tan cercanos o próximos. O bien ellos han modelado en parte nuestra forma de pensar y nuestra identidad o es que las cosas eran y son tal como ellos las presentan muy acordes con el sentido común o común sentir de los hombres.

    En el fragmento leído queda de manifiesto que ese sentido de la identidad es el que lleva a    afirmar  “quiero a mi patria no porque es grande sino porque es mía”,  lo que explica muchos de los comportamientos sociales y políticos de los hombres, en los que no es la razón la que se impone sino el sentido de identidad con el grupo.

    La idea la expresó magistralmente Séneca. En un contexto en el que habla del valor de la virtud por sí misma, independientemente de la acción en la que consista, dice  en Epistolas, 66,26:

    Ulises se apresura hacia el peñasco de su querida Itaca con el mismo ímpetu que Agamenón a los nobles muros de Micenas. Nadie ama a su patria porque es grande, sino porque es suya.

    Vlixes ad Ithacae suae saxa sic properat, quemadmodum Agamemnon ad Mycenarum nobiles muros. Nemo enim patriam quia magna est amat, sed quia sua

    En la larga cita anterior de Cicerón se exaltaba incluso la muerte en beneficio de la patria. Pero sin duda la máxima más citada y conocida al respecto es la famosa de Horacio en Odas, 3,2,13:

    Es dulce y honroso morir por la patria.

    Dulce et decorum est pro patria mori

    Como quiera que esta Oda , que canta y exalta la virtud, el valor  o condición del auténtico hombre, vir, (eso es lo que significa la palabra virtud, virtus), no es excesivamente larga, aun a riesgo de cansar a algún lector menos interesado, la reproduciré íntegra en latín y en la traducción que Javier Roca hizo para la Editorial Lumen en el año 1975:

    La estrecha pobreza
    aprenda a soportar el muchacho
    por la ruda milicia endurecido:
    jinete de lanza terrible,
    persiga a los partos feroces;
    y viva al aire libre, entre alarmas.
    Y al verle desde el muro enemigo
    la esposa del déspota guerrero
    y su hija crecida suspiren:
    no vaya el real prometido,
    inexperto en cuestiones de guerra,
    a provocar al hirsuto león,
    al que un rabia sangrienta
    arrastra entre matanzas

    Es dulce y hermoso morir por la patria.
    La muerte persigue al que huye; no perdona
    rodillas ni espalda cobarde
    de una juventud sin coraje.
    Valor desconoce la vergüenza
    de la derrota, se ilumina
    con honores sin mácula; no toma
    ni depone las hachas según sopla el viento
    de la ciudad.
    El valor abre el cielo
    al que no merecía la muerte;
    se abre un camino
    donde no lo hay y desprecia en su vuelo
    asambleas del vulgo y la húmeda tierra.
    Hay un premio que el silencio custodia
    para el fiel. ¡No! Prohibo
    que quien haya revelado los misterios
    sagrados de Ceres, se acoja
    bajo mi techo o que zarpe conmigo
    en una barca frágil. Muchas veces
    Júpiter ofendido unió al inocente
    con el pecador. Casi nunca
    la Pena renqueante olvidó al criminal,
    por más que éste tomara la delantera.

    Angustam amice pauperiem pati
    robustus acri militia puer
    condiscat et Parthos ferocis
    vexet eques metuendus hasta
    vitamque sub divo et trepidis agat
    in rebus. illum ex moenibus hosticis
    matrona bellantis tyranni
    prospiciens et adulta virgo
    suspiret “eheu, ne rudis agminum
    sponsus lacessat regius asperum
    tactu leonem, quem cruenta
    per medias rapit ira caedes.”
    dulce et decorum est pro patria mori:
    mors et fugacem persequitur virum
    nec parcit inbellis iuventae
    poplitibus timidoque tergo.
    Virtus, repulsae nescia sordidae,
    intaminatis fulget honoribus
    nec sumit aut ponit securis
    arbitrio popularis aurae.
    Virtus, recludens inmeritis mori
    caelum, negata temptat iter via
    coetusque volgaris et udam
    spernit humum fugiente penna.
    est et fideli tuta silentio
    merces: vetabo, qui Cereris sacrum
    volgarit arcanae, sub isdem
    sit trabibus fragilemque mecum
    solvat phaselon; saepe Diespiter
    neglectus incesto addidit integrum,
    raro antecedentem scelestum
    deseruit pede Poena claudo.

    Y el propio Cicerón otra vez, en una de las Filípicas o discursos que pronunció contra el triunviro Marco Antonio y que llamó “Filípicas” en un intento de evidente parangón con los discursos que Demóstenes pronunció contra Filipo de Macedonia, el padre de Alejandro, que se apoderó de Grecia.

    (Nota: muy caros le costaron a Cicerón estos discursos, pero eso es asunto para otra ocasión).

    Pues bien en Filipicas, 14,11, 31 dice Cicerón:

    Oh feliz muerte la de aquel que paga su deuda a la naturaleza en defensa de la patria.

    O forunata mors, quae natura debita, pro patria est potissimum reddita!

    La deuda con la naturaleza, que nos da la vida, es naturalmente la muerte, deuda que hasta el día de hoy nadie ha dejado de pagar.

    Ofreceré también un amplio texto, que nos ayuda a entender tal vez la mística guerrera y patriota de este discurso habido en el Senado el 21 de abril del año 43 a.C., en el que Cicerón se opone a levantar el “estado de excepción”  y reclama honores para los generales y legionarios que luchan contra Marco Antonio, enemigo de la República; la retórica de estas ocasiones sigue siendo hoy en día muy similar, como apreciará el atento lector:

    Cicerón, Filípica, XIV, 11 (31) y ss.

    ¡Ojalá me vengan a la cabeza muchos modos de honrar a estos. Dos ciertamente no pasaré por alto, que principalmente se me ocurren. Uno de ellos se refiere a la gloria sempiterna de estos valerosísimos ciudadanos; el otro a  mitigar la tristeza y luto de sus familias.

    Así pues me gustaría, padres conscriptos, que se construya el mayor  de los monumentos a los soldados de la legión de Marte y a los que cayeron luchando juntamente con ellos. Grandes e increíbles son los merecimientos de esta legión para con la República. Ella fue la primera que se apartó del latrocinio de Antonio; ella se apoderó de Alba; ella la que se puso a las órdenes de César; imitándola a ella, la cuarta legión ha conseguido una gloria similar por su valor. La cuarta, victoriosa, no echa en falta a ningún soldado. De la de Marte perecieron unos pocos en su victoria. Oh muerte afortunada, que siendo debida a la naturaleza, la habéis convertido especialmente en pago a favor de la patria.

    Creo que vosotros habéis nacido verdaderamente para la patria; que de vosotros es también propio el nombre de Marte, pues parece que un mismo dios ha creó esta ciudad para los pueblos y a vosotros para esta ciudad. La muerte en la huida es ignominiosa, en la victoria es gloriosa. El mismo Marte suele cobrarse  a los más fuertes del ejército. Así pues, aquellos impíos a quienes matasteis también pagarán en los infiernos las penas de su parricidio. Pero vosotros que exhalasteis el último aliento en la victoria, habéis conseguido el sitio y lugar de los piadosos.  Se nos ha concedido por la naturaleza una vida breve; pero el recuerdo de la vida bien devuelta es eterno. Pues si no fuese (el recuerdo) más largo que esta vida, ¿ quién sería tan loco que se afanara con los mayores esfuerzos y peligros por la mayor gloria y alabanza?

    Si la reputación no durase más que nuestra vida, ¿quién sería tan insensato que intentara adquirir fama y gloria a costa de tantos trabajos y peligros?  Así pues, vuestras preclaras acciones, soldados muy valientes mientras vivisteis, ahora también  soldados venerados, lo que hizo vuestro valor, podrán ser sepultados ni por el olvido de quienes ahora existen ni por el silencio de los han de venir, porque el senado y el pueblo Romano os han de levantar casi con sus propias manos un monumento inmortal.

    Muchas veces muchos ejércitos nuestros fueron brillantes y grandes en las guerras Púnicas, Gálicas, Itálicas, y sin embargo a ninguno se les tributo tal género de honor. ¡Ojalá podamos nosotros hacer mayores cosas, porque ciertamente hemos recibido de vosotros el mayor beneficio! Vosotros echasteis de la ciudad (Roma) a un Antonio furioso; vosotros le repelisteis cuando de nuevo intentó volver.

    Así pues se levantará un monumento de una obra magnífica, y las letras grabadas serán testigos eternos de vuestro divino valor. Nunca callarán sobre vosotros las palabras agradecidas de aquellos que o vean vuestra monumento u oigan hablar de él. Así, en vez de la condición mortal de la vida, habéis conseguido la inmortalidad.

    11 (31) Quorum de honore utinam mihi plura in mentem venirent! Duo certe non praeteribo, quae maxime occurrunt, quorum alterum pertinet ad virorum fortissimorum gloriam sempiternam, alterum ad leniendum maerorem et luctum proximorum.

    12. placet igitur mihi, patres conscripti, legionis Martiae militibus et eis qui una pugnantes occiderint monumentum fieri quam amplissimum. Magna atque incredibilia sunt in rem publicam huius merita legionis. haec se prima latrocinio abrupit Antoni; haec tenuit Albam; haec se ad Caesarem contulit; hanc imitata quarta legio parem virtutis gloriam consecuta est. quarta victrix desiderat neminem: ex Martia non nulli in ipsa victoria conciderunt. O fortunata mors quae naturae debita pro patria est potissimum reddita! [32] vos vero patriae natos iudico; quorum etiam nomen a Marte est, ut idem deus urbem hanc gentibus, vos huic urbi genuisse videatur. in fuga foeda mors est; in victoria gloriosa. etenim Mars ipse ex acie fortissimum quemque pignerari solet. illi igitur impii quos occidistis etiam ad inferos poenas parricidi luent; vos vero qui extremum spiritum in victoria effudistis piorum estis sedem et locum consecuti. brevis a natura vita nobis data est; at memoria bene redditae vitae sempiterna. quae si non esset longior quam haec vita, quis esset tam amens qui maximis laboribus et periculis ad summam laudem gloriamque contenderet? actum igitur praeclare vobiscum, [33] fortissimi, dum vixistis, nunc vero etiam sanctissimi milites, quod vestra virtus neque oblivione eorum qui nunc sunt nec reticentia posterorum sepulta esse poterit, cum vobis immortale monumentum suis paene manibus senatus populusque Romanus exstruxerit. multi saepe exercitus Punicis, Gallicis, Italicis bellis clari et magni fuerunt, nec tamen ullis tale genus honoris tributum est. atque utinam maiora possemus, quando quidem a vobis maxima accepimus! vos ab urbe furentem Antonium avertistis; vos redire molientem reppulistis. erit igitur exstructa moles opere magnifico incisaeque litterae, divinae virtutis testes sempiternae, numquamque de vobis eorum qui aut videbunt vestrum monumentum aut audient gratissimus sermo conticescet. ita pro mortali condicione vitae immortalitatem estis consecuti.

    Sin duda uno de los textos más conocidos de amor a la patria hasta dar la vida por ella es el famoso epitafio de los Espartanos que en las Termópilas,  al mando del rey Leónidas, que ya tenía sesenta años, contuvieron mientras vivieron al poderosísimo ejército persa. La película “300”, dirigida en el año 2007 por Zack Snyder, adaptación del comic del mismo nombre de Frank Miller y Lynn Varley, sin duda ha contribuido a dar a conocer entre un público variado la hazaña de Leónidas y sus compañeros.

    El famoso epitafio lo cita Cicerón en su obra Tusculanas,1,42,101:

    Extranjero, di en Esparta que nos has visto aquí sepultados, obedeciendo las sagradas leyes de la patria.

    Dic, hospes, Spartae, nos te hic vidisse iacentes/ dum sanctis patriae legibus obequimur.

    Cicerón ensalza a quienes afrontan la muerte con fortaleza de ánimo. En ese contexto trae a la memoria la acción de Leónidas y los espartanos, con dos frases lapidarias, que hasta hoy se repiten, una la del propio epitafio la otra la de la lucha a la sombra de los dardos persas:

    Tusculanas,1,42,101:

    Mas ¿para qué nombrar a generales y príncipes, cuando Catón escribe que muchas veces las legiones marcharon  alegres a aquel lugar de dónde sabían que no iban a volver? Con igual ánimo cayeron los lacedemonios en las Termópilas, para los cuales Simónides (escribió estos versos):

    Dí, huésped, a Esparta que tú aquí  nos has visto yacentes,
    Mientras cumplimos las santas leyes de la patria.

    ¿Y lo que su famoso general les dijo? Luchad con ánimo esforzado, Lacedemonios, tal vez hoy cenaremos en los infiernos. Esta fue la fortaleza de aquella gente, mientras regían las leyes de Licurgo. Cuando el enemigo Persa les dijo fanfarrón en una conversación: “no veréis el sol por la cantidad de dardos y flechas”, uno de ellos le contestó:”pues lucharemos a la sombra”.

    sed quid duces et principes nominem, cum legiones scribat Cato saepe alacris in eum locum profectas, unde redituras se non arbitrarentur? pari animo Lacedaemonii in Thermopylis occiderunt, in quos Simonides:

    Dic, hospes, Spartae nos te hic vidisse iacentis,
    Dum sanctis patriae legibus obsequimur.

    quid ille dux Leonidas dicit? “pergite animo forti, Lacedaemonii, hodie apud inferos fortasse cenabimus.” fuit haec gens fortis, dum Lycurgi leges vigebant. e quibus unus, cum Perses hostis in conloquio dixisset glorians: “solem prae iaculorum multitudine et sagittarum non videbitis”, “in umbra igitur” inquit “pugnabimus.”

    Me recuerda lo que, según Cicerón,  dice Catón a esos documentales sobre las dos últimas guerras mundiales en las que vemos marchar al frente a batallones de jóvenes  infelices con una sonrisa no sabemos si inconsciente o forzada. Así me imagino a las legiones romanas; a fin de cuentas la guerra no ha cambiado tanto más allá de la capacidad destructiva del armamento.

    Pero ya en la Antigüedad se  preguntaron, como hoy lo hacemos: ¿qué es la patria?. La palabra, evidentemente deriva de “pater, -tris”, padre; significa por tanto “tierra paterna”  y según la Academia designa a la tierra natal o adoptiva a la que se siente ligado el ser humanos por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. La patria es, pues, el lugar o país donde se ha nacido y por extensión la tierra que te adopta.

    Pues bien, muchos antiguos tuvieron que alejarse del lugar en el que nacieron por diversas razones. El Mediterráneo fue un espacio o mar abierto por el que se movían barcos y ciudadanos de muchas ciudades. Algunos se asentaron en lugares lejanos; por ejemplo comerciantes, soldados que “sirvieron a la patria” lejos de su pueblo, ciudadanos aventureros u obligados por la necesidad a buscarse un lugar y modo de vida mejores, ciudadanos condenados u obligados al exilio… Es la misma realidad que no ha dejado de existir hasta nuestros días, en el que el movimiento y desplazamiento de personas es constante.

    Pues bien, estas personas cuestionaron ese concepto de patria, que en su primitiva acepción les condenaba a ser “apátridas”, es decir, “sin patria”. Al mismo tiempo, en ese contexto de mundo abierto a todo tipo de viajeros, algunos pensadores se percataron de la radical igualdad de todos los hombres. Dos ejemplos famosos son Diógenes el Cínico y Sócrates

    Según nos cuenta Diógenes Laercio en Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, en el libro VI, 38, a propósito del otro Diógenes, el de Sinope, el Cínico:

    … Solía decir que en él se habían reunido todas las maldiciones de la tragedia, ya que estaba:

           Sin patria, sin techo, lejos del hogar,
          Mendigo errante a la merced de la ocasión

    El término que utiliza es ἄπολις, a-polis, como a-patrida

    Ciertamente Diógenes se siente desarraigado de las circunstancias que rodean y dan identidad particular a los hombres: sin ciudad, sin casa propia, lejos del hogar…; así que no es de extrañar la respuesta que dio a la pregunta frecuente: ¿de dónde eres?

    Poco después, en el libro VI, 63:

    Preguntado de dónde era, dijo: “soy ciudadano del mundo”

    ἐρωτηθεὶς πόθεν εἴη, "κοσμοπολίτης," ἔφη
    (erotezeís pózen eie, “kosmopolítes” éfe)

    Si la respuesta es auténtica, el famoso término “cosmopolita”, ciudadano del mundo,  se habría utilizado ya por Diógenes.

    En uno de los textos  que más abajo cito, también el incorruptible Sócrates, al ser preguntado de qué país era, respondió que era “habitante del mundo”, “mundanum incolam”.

    Pero tal vez la frase más conocida y citada sea la de Terencio en su comedia  Heautontimorumenos: Actus I, Escaena I, v. 77):

    Soy hombre; nada de lo que es humano lo considero ajeno a mí"

    Homo sum, humani nihil a me alienum puto

    que se suele emplear para expresar el sentimiento de solidaridad.

    El nombre griego Heautontimorumenos significa "el que se atormenta a sí mismo" y se refiere al sentimiento de un padre, que se arrepiente de haber sido excesivamente severo con su hijo. Es la comedia típica de trama complicada con múltiples enredos en la que todo acaba bien al final, como es de obligado cumplimiento en este tipo de comedias.

    Doy una cita más larga para contextualizarlo y comprobar cómo poco tiene que ver el significado elemental y jocoso que le da Terencio con el sentido transcendente de que se ha cargado después. Se cita como expresión de la “humanitas” de Terencio

    Heautontimorumrnos, versos 75-86 (23-34)

    (Cremes se preocupa por el trabajo excesivo que Menedemo realiza en su campo…)

    MENEDEMO:
    Cremes, ¿Tanto tiempo libre te dejan tus propios asuntos para preocuparte de cuestiones que nada te incumben?
    CREMES:
    Hombre soy y nada de lo humano considero que me sea ajeno. Imagínate que te doy un consejo o que te hago una pregunta a fin de que, si es correcta tu actuación, obre como tú; y si no lo es, te haga desistir de ella.
    MENEDEMO:
    Lo tengo que hacer así. Tú hazlo como lo tengas que hacer.
    CREMES:
    ¿Qué hombre precisa darse tormento?
    MENEDEMO:
    Yo
    CREMES:
    No querría que tuvieras ninguna fatiga. Pero ¿cuál es ese mal? Te pregunto. ¿Por qué te has hecho digno de tan gran sufrimiento?
    MENEDEMO:
    (se echa a llorar) ¡Ay!
    CREMES:
    No llores y cuéntame qué te pasa, sea lo que sea. No te calles, no temas, confía en mí, te digo. Te ayudaré con mi consuelo, con mis consejos o con mi hacienda.

    (Traducción de Gonzalo Fontana Elbog. Editorial Gredos,

    Menaedemus.
    Chreme, tantumne est ab re tua oti tibi
    Aliena ut cures, eaque nihil quae ad te attinent?

    Chremes.
    Homo sum: humani nihil a me alienum puto.
    Vel me monere hoc, vel percontari puta.
    Rectum est? ego ut faciam: non est? te ut deterream.

    Menaedemus.
    Mihi sic est usus: tibi ut opus facto est, face.

    Chremes.
    An cuiquam est usus homini se ut cruciet?

    Menaedemus.
    Mihi.

    Chremes.
    Si quid laboris est, nollem: sed quid istuc mali est,
    Quaeso? quid de te tantum meruisti?

    Menaedemus.
    Eheu!

    Chremes.
    Ne lacrima: atque istuc quicquid est fac me ut sciam:
    Ne retice: ne verere: crede, inquam, mihi,
    Aut consolando, aut consilio, aut re iuvero.

    El verso en cuestión ha sido repetidamente citado ya desde la Antigüedad; así lo hizo  Cicerón en “Sobre los deberes, I,30”,(De Officiis, I,30),  en que comenta que es muy difícil preocuparnos por los problemas de los demás como si fueran nuestros.

    También Séneca, Episulaet. 95, 53, repite el verso que según él tenemos en el corazón y en la boca para reforzar su idea de que los hombres somos solidarios y estamos hechos de la misma materia.

    San Agustín, Epist. 155,4,14, , que cuenta además que el teatro estalló en aplausos cuando el actor la pronunció (ferunt etiam theatra tota, plena stultis indoctisque, aplausisse), pero la noticia no parece ser histórica; por otra parte la pretensión de universalidad de San Agustín nada tiene que ver con la intención de Terencio. Ofrezco el párrafo entgero de San Agustín para comprobar además cómo los santos padres de la Iglesia integran la tradición pagana en su doctrina cristiana

    Tratemos, pues, con todas nuestras fuerzas de que lleguen también a El aquellos a los que amamos como a nosotros mismos, si amando a Dios sabemos ya amarnos a nosotros mismos. Porque Cristo, es decir, la Verdad, dice que toda la ley y los profetas se condensan en dos preceptos: Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, y amar al prójimo como a nosotros mismos. En este lugar hemos de entender próximo o prójimo, no al allegado por los lazos de la sangre, sino por la comunidad de la razón en la que vivimos asociados todos los hombres. Si el dinero asocia a los hombres, ¿cuánto más los asocia esa razón de la naturaleza que es común, no por ley de negocio, sino por ley de nacimiento? El resplandor de la verdad no se oculta a los ingenios claros. Por eso el cómico pone en boca de un viejo estas palabras dirigidas a otro viejo:

    ¿Tan descansado estás de tus asuntos para preocuparte de los ajenos, que nada te atañen?

    Y el otro viejo responde:

    Hombre soy, y nada de lo humano deja de interesarme.

    Dicen que esa salida la aplaudió el teatro en pleno, aunque estaba atestado de necios e ignorantes. De tal modo la comunidad de las almas humanas toca el afecto natural de todos, que no se halló en el teatro un hombre que no se sintiera próximo o prójimo de todos.
    (Traducción: Lope Cilleruelo, OSA)

    4. 14. Ad illum ergo quanta opera possumus, etiam illi ut perveniant agamus, quos tamquam nosmetipsos diligimus, si nosmetipsos diligere, illum diligendo iam novimus. Christus namque, id est Veritas, dicit in his duobus praeceptis totam legem Prophetasque pendere, ut diligamus Deum ex toto corde, ex tota anima, ex tota mente, et diligamus proximos tamquam nosmetipsos 15. Proximus sane hoc loco, non sanguinis propinquitate, sed rationis societate pensandus est, in qua socii sunt omnes homines. Nam si pecuniae ratio socios facit, quanto magis ratio naturae, non negotiandi, sed nascendi lege communis! Hinc et ille comicus (sicut luculentis ingeniis non defit resplendentia veritatis), cum ab uno sene alteri seni dictum componeret:

    Tantumne ab re tua est otii tibi,
    Aliena ut cures ea, quae nihil ad te attinent?

    responsum ab altero reddidit:

    Homo sum, humani nil a me alienum puto.

    Cui sententiae ferunt etiam theatra tota, plena stultis indoctisque, applausisse. Ita quippe omnium affectum naturaliter attigit societas humanorum animorum, ut nullus ibi hominum nisi cuiuslibet hominis proximum se esse sentiret.

    Varrón en uno de los escasos fragmentos de su menipea Dolium escribió también:

    Varron, Saturarum  Menippearum reliquiae:  Dolium aut seria:

    El mundo es la gran casa del pequeño hombrecillo

    Mundus domus est máxima  homulli…

    indicando al mismo tiempo la igualdad de los hombres en su amplia casa y escasa entidad individual expresada con “homulli”, diminutivo de “homo”, hombre.

    Así que fueron encontrando respuestas más abiertas y adecuadas a las preguntas:  ¿cuál es mi patria? ¿dónde está la patria?, hasta llegar a la muy famosa y repetida:

    En donde se está bien, allí está la patria

    Ubi bene, ibi patria

    Es un dicho o sentencia latina, resultado de la abreviación del verso de la tragedia Teucro de Pacuvio que Cicerón cita en Cuestiones Tusculanas, 5,37,108.

    Patria est ubicumque est bene (La patria está en cualquier parte en la que se esté bien) parece ser una cita de un verso de Pacuvio, de su tragedia Teucro, en el que cuenta la historia de Teucro, hijo de Telamón y de Hesione, hermana de Priamo, que después de la caída de Troya quiso regresar a su patria Salamina, pero fue rechazado por Telamón porque no pudo evitar la muerte de su hermano Ayax. En busca de un lugar para establecerse llegó a Chipre y se alió con  el rey de Sidón.

    Luego la frase se encuentra en numerosos autores como Curcio, Ovidio, Aulo Gelio etc.

    Cicerón, en este pasaje de sus Cuestiones Tusculanas trata sobre la felicidad del sabio, que desdeña las cosas que aparentemente importantes. tienen escaso valor y necesita cosas bien modestas. Desdeñado el honor, el dinero, se plantea el castigo del exilio, frecuente en la Antigüedad. Pero el exilio apenas si se diferencia de la estancia permanente en el extranjero; se diferencia tan solo en que el exilio va acompañado de la ignominia del castigo. Cita entonces a Sócrates, que contesta como lo hace frecuentemente con una frase lapidaria y cita luego a numerosos personajes, griegos, que marcharon al extranjero y nunca volvieron a su patria.

    Será mejor leer directamente a Cicerón:

    Tusculanae, V, 37,108:

    “Por último para todas las casualidades, la explicación más fácil es la de aquellos que refieren todas las cosas que pasan en la vida al placer, de tal forma  que pueden vivir felizmente en cualquier lugar en el que el placer abunda. Y así puede adaptarse a toda explicación las palabras de Teucro:

    La patria está en cualquier parte en la que se está bien.

    Por cierto Sócrates, cuando se le pidió  que dijese de qué país era, dijo: “Del mundo”.  Pues se consideraba habitante y ciudadano del mundo entero. ¿Pues qué?  ¿No es verdad que Tito Albucio, aunque desterrado, filosofaba en Atenas con ánimo muy ecuánime ? Pero no le hubiese ocurrido aquello mismo si hubiese obedecido  las leyes de Epicuro absteniéndose de la vida pública
    Pues, ¿cómo puede considerarse más dichosos a Epicuro porque vivía en su patria, que a Metrodoro porque vivía en Atenas? ¿O Platón superaba a Jenócrates o Polemón a Arcesilao en que eran más dichosos ?

    Pero, ¿en cuánto ha de valorarse una ciudad de la que son expulsados los buenos y los sabios? Ciertamente, Damarato, padre de nuestro rey Tarquinio, porque no podía  soportar al tirano Cipselo, huyó de Corinto a Tarquinia y allí construyó estableció su fortuna y procreó a sus hijos. ¿Acaso antepuso estúpidamente la libertad del exilio a la esclavitud en su patria?

    [108] postremo ad omnis casus facillima ratio est eorum, qui ad voluptatem ea referunt quae secuntur in vita, ut, quocumque haec loco suppeditetur, ibi beate queant vivere. itaque ad omnem rationem Teucri vox accommodari potest:

    Patria est, ubicumque est bene.

    Socrates quidem cum rogaretur, cuiatem se esse diceret, “mundanum” inquit; totius enim mundi se incolam  et civem arbitrabatur. quid? T. Albucius nonne animo aequissimo Athenis exul philosophabatur? cui tamen illud ipsum non accidisset, si in re publica quiescens Epicuri legibus paruisset.

    [109] qui enim beatior Epicurus, quod in patria vivebat, quam, quod Athenis, Metrodorus? aut Plato Xenocratem vincebat aut Polemo Arcesilam, quo esset beatior? quanti vero ista civitas aestimanda est, ex qua boni sapientesque pelluntur? Damaratus quidem, Tarquinii nostri regis pater, tyrannum Cypselum quod ferre non poterat, fugit Tarquinios Corintho et ibi suas fortunas constituit ac liberos procreavit. num stulte anteposuit exilii libertatem domesticae servituti?

    Así que según la cita de Cicerón en la que se explica el origen de la frase “ubi bene, ibi est patria” que daba título a este artículo, también averiguamos que el incorruptible Sócrates ya se había presentado como habitante, como ciudadano del mundo, “mundanum incolam”.

    Por cierto, el término “mundanum”, que utiliza Cicerón es la traducción del griego kósmios, lo que coincide con la traducción del término griego kosmos por el latino mundum, asunto del que en otro momento hablaré.

    Citaré otras varias expresiones y sentencias latinas cuyo sentido es muy similar, ahora sin encuadrarlas en unas citas más amplias, que el curioso lector podrá fácilmente completar.

    Cualquier suelo puede ser su patria para un hombre (Estacio Thebais,8,320)
    Omne homini natale solum

    Cualquier suelo es la patria de un hombre fuerte, como el mar lo es para los peces. (Ovidio, Fasti,I,493)
    Omne solum forti patria est ut piscibus aequor:

    Ninguna tierra es un exilio, sino otra patria (Séneca, De Remediis Fortunae, 8,1)
    Nulla terra exsilium est, sed altera patria;

    No he nacido para un solo rincón; el mundo entero es mi patria. (Séneca, Epistolas 28,4)
    Non sum uni angulo natus, patria mea totus hic mundus est

    Aquí está mi casa, esta es mi patria. (Virgilio,Eneida, 7,122)
    Hic domus, haec patria est:

    Pero claro está, la visión de la patria, limitada al terruño en que se nace y vive, también tiene algún inconveniente. Recordemos la frase citada curiosamente por los cuatro evangelistas cristianos San Lucas, 4,24; San Matero 13,57, San Marcos 6,14; San Juan 4,44:

    Ningún profeta es bien recibido en su patria. (Nadie es profeta en su tierra).
    Nemo propheta acceptus est in patria sua.

    Nota: con estas citas se entenderá perfectamente por qué a estos evangelios se les llama sinópticos: porque muestran una perfecta coincidencia en el relato, que puede ser “visto junto”, en columnas paralelas.  El término «sinóptico» proviene de los raíces griegas συν (syn, «junto») y οψις (opsomai, «ver»).

    Incluso la patria puede ser muy injusta con sus hijos, como decía el epitafio que según Valerio Maximo,5,3,2, quería Escipión el Africano que se grabara en su tumba:

    Patria ingrata, ni siquiera tienes mis huesos

    Ingrata patria, ne ossa quidem mea habes.

    Valerio Máximo dedica a la ingratitud el capítulo 3 entero del libro V de su obra “Hechos y dichos memorables”. A propósito de Escipion dice en 3.2b:

    Cuando aún no se había apagado el dolor por lo ocurrido, se produjo un nuevo motivo de lamento: porque después de que el Africano el Viejo transformar en dueño de Cartago  a un pueblo romano debilitado y roto por las Guerras Púnicas, a un pueblo casi exánime y moribundo, los ciudadanos para compensar con injusticias esta heroica acción, lo relegaron a una aldea inmunda y a un pantano deshabitado.

    Pero el Africano no se marchó a la tumba sin contar la dureza de este exilio voluntario, ya que ordenó que sobre su sepulcro se escribiera: “¡Qué ingrata eres, patria, que no acoges ni mis huesos!”. ¿Hay algo más indigno que esta vicisitud, algo más justo que sus quejas, o más moderado que esta venganza suya? Se negó a recibir sus cenizas aquella tierra que, precisamente gracias a él, no había quedado reducida a cenizas.

    Ésta fue la única venganza con la que Escipión respondió a la ingratitud de Roma, pero su venganza resulta incluso más dolorosa, ¡por Hércules!, que la violenta actitud de Coriolano, quien atacó a la patria con las armas del terror, mientras que Escipión utilizó sólo la de la vergüenza, porque no quiso expresar queja alguna –tan furtes y sinceros eran sus buenos sentimientos- hasta que no le llegó la muerte. (Traducción de Santiago López Moreda, María Luisa Harto Trujillo y Joaquín Villalba Alvarez. Edit. Gredos. 2003)

    En estos casos más que una madre es una  madrastra de acuerdo con la segunda acepción del Diccionario de la Real Academia Española .

    Pues bien, banalizando el tono transcendente de la expresión “ubi bene, ibi patria”, traeremos a colación el dicho español, “ no se es de dónde se nace sino de donde se pace”.

    Es el mismo significado que el de este curioso souvenir o plato de adorno con la figura de un osito con esta frase:

    Home is where your honey is

    Tu hogar está donde está tu miel.

    Esto que llamo “banalización” del tema nos indica hasta qué punto es algo primario, cuasi fisiológico, el concepto de “patria”, por mucha demagogia con la que sea utilizado por los nacionalismos interesados.

    Quiero finalizar este larguísimo artículo con una referencia a los momentos actuales.

    Los movimientos del hombre por la tierra entera son tan viejos como el propio hombre. Por mil razones distintas y siguiendo tal vez en muchos su instinto de curiosidad, muchos hombres  no han permanecido siempre en el lugar en el que nacieron.

    Hoy en día las migraciones siguen siendo millonarias buscando siempre un mejor modo de vida, bene vivere, y probablemente nunca como hoy han encontrado los hombres tantas dificultades para moverse de un país a otro.

    Quiero hacer referencia al exilio profesional o estancia en el extranjero de tantos científicos y profesionales y estudiantes españoles obligados a realizar su trabajo de alta cualificación en el extranjero. Me obliga a ello mi estancia por unos días, en este caso voluntaria, junto a uno de estos exiliados, profesional altamente cualificado, en Munich, la ciudad que hace aproximadamente ochocientos años fundaron unos monjes benedictinos donde los Alpes Bávaros  se convierten en llanura.

    Por aquí (y por otras partes de Europa, incluso Grecia, Anatolia y norte de Italia) se movieron desde la Edad de Hierro, tribus de galos o celtas “boyos” que dieron el nombre a la región “bávara”. Julio César documenta su último movimiento desde el Danubio. Terminaron subsumidos e integrados en otros pueblos.

    Pues bien, a Munich, como a otras muchas ciudades alemanas, han llegado centenares de jóvenes españoles bien formados académicamente. La "generación española mejor formada" que una ministra neoliberal y conservadora calificó poco menos que de “aventureros”. ¡Qué ironía que una ministra impresentable, precisamente de trabajo, calificase esta desgracia nacional e intentase camuflarla como una  oportunidad para unos jóvenes a los que ella debía ofrecer mejor futuro! A esta salida masiva de jóvenes profesionales le llamó con un eufemismo que produce vergüenza, “movilidad exterior” para buscar oportunidades laborales y formativas.

    Que uno de estos jóvenes sea precisamente hijo mío no me permite ser indiferfente.

    Naturalmente que los científicos han de moverse en la aldea global, pero por intereses  científicos o personales, pero no de absoluta obligación para poder encontrar un trabajo acorde con su preparación porque no lo hay en su país, en su primera patria, que les formó.

    Tal vez la reflexión de los antiguos les ayude a soportar mejor la lejanía: ubi bene, ibi patria.

    Quizás les ayude también algo conocer la actitud de los sabios e intelectuales del Humanismo y del Renacimiento, que como  Ghiberti en Secondo comentario,cap. XV (Vasari,ed.Lemonier I,pagXXIX, dice:

    Sólo quien todo lo ha aprendido no es en ninguna parte un extraño; aunque se le prive de su fortuna, aunque se encuentre sin amigos, en cualquier ciudad donde resida y pueda aguardar sin miedo las vicisitudes del destino, será siempre un ciudadano”.

    Y Codro Urceo, desterrado, en la Vita que antecede a su Opera:

    Donde quiera que el sabio establezca su sede, allí encontrará su patria.

    Fue aquella una época de curiosidad y refinamiento intelectual, en la que se descubrieron  nuevos mundos y nuevos horizontes. Es esta una época de muchos fracasos y desilusiones en la que todo, absolutamente todo, queda reducido al beneficio económico de la minoría.

  • Hombres, mujeres, andróginos

    En estas fechas en torno al solsticio de verano, cuando los días son más largos y las noches más cortas, proliferan las celebraciones y manifestaciones del llamado “orgullo gay” en las que homosexuales, gays, lesbianas y transexuales exhiben la bandera arcoíris y afirman el derecho a tener una sexualidad diferente a la heterosexual, que hasta hace bien poco era la única canonizada y defendida por las leyes y costumbres, mientras las otras eran condenadas y perseguidas.

    Nota: homosexual  es una palabra compuesta de la griega  ὅμοιος, homoyos, que significa “igual” y la latina sexualis, de sexus, sexual, sexo. Por lo tanto se refiere a los amores entre personas del mismo y sexo. Nada tiene que ver su origen pues con la palabra latina “homo” que significa hombre. Al amor entre personas de género masculino se le suele llamar, más específicamente “gay”, término inglés que en principio significa “alegre”; al amor entre mujeres, como queda indicado, se le llama “sáfico” o “lésbico”, por ser Lesbos el nombvre de la isla griega en la que vivió la poetisa Safo, que cantó el amor entre mujeres.  Estos términos parece que comenzaron a emplearse en la Francia Ilustrada del siglo XVIII. Transexual se refiere a quienes han “transformado” su sexo inicial o aparente hacia aquel con el que realmente se identifican.

    Pues bien, cuántas lecciones podemos extraer de los antiguos griegos y romanos. Quienes tenemos alguna edad, hemos contemplado impotentes la persecución irrefrenada de quienes no seguían el comportamiento sexual dominante, impuesto por la religión y las normas sociales, aunque actuaban  tan sólo como su naturaleza les exigía.

    También hemos asistido en los últimos años a una actitud de la sociedad y sus normas mucho más abierta, aceptando simplemente lo que la naturaleza crea. Esta actitud, que se va plasmando en normas y leyes de comportamiento social, desgraciadamente no se ha generalizo ni en todos los países, (son numerosos los que persiguen con dureza incomprensible los comportamientos homosexuales), ni en todas las personas, que por razones religiosas o por inercia cultural manifiestan un rechazo inaceptable que no produce sino dolor y sufrimiento a muchas personas.

    Quizás pueda ayudarnos a mantener una actitud absolutamente abierta conocer la normalidad con la que los antiguos aceptaban lo que la naturaleza engendraba.

    Conocida es la presencia e importancia que el amor homosexual, sobre todo el masculino, tenía en la antigua Grecia.  En otro momento trataré de ello y de la llamada “pederastia”, que nada tiene que ver con la “corrupción o relación sexual con menores”, entonces prohibida y hoy duramente perseguida y castigada por las leyes con toda justicia.

    Reproduciré un mito que Platón crea o recrea en su diálogo El banquete, subtitulado "Sobre el amor", en el que analiza ¿qué es el amor?, y que en realidad se refiere casi en exclusiva al amor homosexual.

    Platón recurre, como en otras ocasiones,  a un mito para explicar la realidad existente: hay  hombres que buscan a otros hombres, mujeres a otras mujeres y hombres y mujeres que buscan su complemento en seres del otro sexo. Si las cosas son así, simplemente habrá que buscar alguna explicación:

    Platón, El Banquete o del Amor,188c y ss.

    Voy a intentar daros a conocer el poder del Amor, y queda a vuestro cargo enseñar a los demás lo que aprendáis de mí. Pero es preciso comenzar por decir cuál es la naturaleza del hombre, y las modificaciones que ha sufrido.

    »En otro tiempo la naturaleza humana era muy diferente de lo que es hoy. Primero había tres clases de hombres: los dos sexos que hoy existen, y uno tercero compuesto de estos dos, el cual ha desaparecido conservándose sólo el nombre. Este animal formaba una especie particular, y se llamaba andrógino, porque reunía el sexo masculino y el femenino; pero ya no existe y su nombre está en descrédito. En segundo lugar, todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías, unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción.

    Marchaban rectos como nosotros, y sin tener necesidad de volverse para tomar el camino que querían. Cuando deseaban caminar ligeros, se apoyaban sucesivamente sobre sus ocho miembros, y avanzaban con rapidez mediante un movimiento circular, como los que hacen la rueda con los pies al aire.

    La diferencia, que se encuentra entre estas tres especies de hombres, nace de la que hay entre sus principios. El sol produce el sexo masculino, la tierra el femenino, y la luna el compuesto de ambos, que participa de la tierra y del sol. De estos principios recibieron su forma y su manera de moverse, que es esférica. Los cuerpos eran robustos y vigorosos y de corazón animoso, y por esto concibieron la atrevida idea de escalar el cielo, y combatir con los dioses, como dice Homero de Efialtes y de Oto.

    Júpiter examinó con los dioses el partido que debía tomarse. El negocio no carecía de dificultad; los dioses no querían anonadar a los hombres, como en otro tiempo a los gigantes, fulminando contra ellos sus rayos, porque entonces desaparecerían el culto y los sacrificios que los hombres les ofrecían; pero, por otra parte, no podían sufrir semejante insolencia. En fin, después de largas reflexiones, Júpiter se expresó en estos términos:

    Creo haber encontrado un medio de conservar los hombres y hacerlos más circunspectos, y consiste en disminuir sus fuerzas. Los separaré en dos; así se harán débiles y tendremos otra ventaja, que será la de aumentar el número de los que nos sirvan; marcharán rectos sosteniéndose en dos piernas sólo, y si después de este castigo conservan su impía audacia y no quieren permanecer en reposo, los dividiré de nuevo, y se verán precisados a marchar sobre un solo pié, como los que bailan sobre odres en la fiesta de Caco.

    »Después de esta declaración, el dios hizo la separación que acababa de resolver, y la hizo lo mismo que cuando se cortan huevos para salarlos, o como cuando con un cabello se los divide en dos partes iguales. En seguida mandó a Apolo que curase las heridas y colocase el semblante y la mitad del cuello del lado donde se había hecho la separación, a fin de que la vista de este castigo los hiciese más modestos. Apolo puso el semblante del lado indicado, y reuniendo los cortes de la piel sobre lo que hoy se llama vientre, los cosió a manera de una bolsa que se cierra, no dejando más que una abertura en el centro, que se llama ombligo. En cuanto a los otros pliegues, que eran numerosos, los pulió, y arregló el pecho con un instrumento semejante a aquel de que se sirven los zapateros para suavizar la piel de los zapatos sobre la horma, y sólo dejó algunos pliegues sobre el vientre y el ombligo, como en recuerdo del antiguo castigo.

    Hecha esta división, cada mitad hacia esfuerzos para encontrar la otra mitad de que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con un ardor tal, que abrazadas perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Cuando la una de las dos mitades perecía, la que sobrevivía buscaba otra, a la que se unía de nuevo, ya fuese la mitad de una mujer entera, lo que ahora llamamos una mujer, ya fuese una mitad de hombre; y de esta manera la raza iba extinguiéndose.

    Júpiter, movido a compasión, imagina otro expediente: pone delante los órganos de la generación, por que antes estaban detrás, y se concebía y se derramaba el semen, no el uno en el otro, sino en tierra como las cigarras. Júpiter puso los órganos en la parte anterior y de esta manera la concepción se hace mediante la unión del varón y la hembra. entonces, si se verificaba la unión del hombre y la mujer, el fruto de la misma eran los hijos; y si el varón se unía al varón, la saciedad los separaba bien pronto y los restituía a sus trabajos y demás cuidados de la vida. De aquí procede el amor que tenemos naturalmente los unos a los otros; el nos recuerda nuestra naturaleza primitiva y hace esfuerzos para reunir las dos mitades y para restablecernos en nuestra antigua perfección. Cada uno de nosotros no es más que una mitad de hombre, que ha sido separada de su todo, como se divide una hoja en dos. Estas mitades buscan siempre sus mitades. Los hombres que provienen de la separación de estos seres compuestos, que se llaman andróginos, aman las mujeres; y la mayor parte de los adúlteros pertenecen a esta especie, así como también las mujeres que aman a los hombres y violan las leyes del himeneo. Pero a las mujeres, que provienen de la separación de las mujeres primitivas, no llaman la atención los hombres y se inclinan más a las mujeres; a esta especie pertenecen las tribactes. Del mismo modo los hombres, que provienen de la separación de los hombres primitivos, buscan el sexo masculino. Mientras son jóvenes aman a los hombres; se complacen en dormir con ellos  y estar en sus brazos; son los primeros entre los adolescentes y los adultos, como que son de una naturaleza mucho más varonil. Sin razón se les echa en cara que viven sin pudor, porque no es la falta de este lo que les hace obrar así, sino que dotados de alma fuerte, valor varonil y carácter viril, buscan sus semejantes; y lo prueba que con el tiempo son más aptos que los demás para servir al Estado. Hechos hombres a su vez aman los jóvenes, y si se casan y tienen familia, no es porque la naturaleza los incline a ello, sino porque la ley los obliga. Lo que prefieren es pasar la vida los unos con los otros en el celibato. El único objeto de los hombres de este carácter, amen o sean amados, es reunirse a quienes se les asemeja. Cuando el que ama a los jóvenes o a cualquier otro llega a encontrar su mitad, la simpatía, la amistad, el amor los une de una manera tan maravillosa, que no quieren en ningún concepto separarse ni por un momento. Estos mismos hombres, que pasan toda la vida juntos, no pueden decir lo que quieren el uno del otro, porque si encuentran tanto gusto en vivir de esta suerte, no es de creer que sea la causa de esto el placer de los sentidos. Evidentemente su alma desea otra cosa, que ella no puede expresar, pero que adivina y da a entender. Y si cuando están el uno en brazos del otro, Vulcano se apareciese con los instrumentos de su arte, y les dijese:

    '¡Oh hombres!, ¿qué es lo que os exigís recíprocamente?', y si viéndoles perplejos, continuase interpelándoles de esta manera: 'lo que queréis, ¿no es estar de tal manera unidos, que ni de día ni de noche estéis el uno sin el otro? Si es esto lo que deseáis, voy a fundiros y mezclaros de tal manera, que no seréis ya dos personas, sino una sola; y que mientras viváis, viváis una vida común como una sola persona, y que cuando hayáis muerto, en la muerte misma os reunáis de manera que no seáis dos personas sino una sola. Ved ahora si es esto lo que deseáis, y si esto  os puede hacer completamente felices.'

    Es bien seguro, que si Vulcano les dirigiera este discurso, ninguno de ellos negaría, ni respondería, que deseaba otra cosa, persuadido de que el dios acababa de expresar lo que en todos los momentos estaba en el fondo de su alma; esto es, el deseo de estar unido y confundido con el objeto amado, hasta no formar más que un solo ser con él. La causa de esto es que nuestra naturaleza primitiva era una, y que éramos un todo completo, y se da el nombre de amor al deseo y prosecución de este antiguo estado. Primitivamente, como he dicho, nosotros éramos uno; pero después en castigo de nuestra iniquidad nos separó Júpiter, como los arcadios lo fueron por los lacedemonios. Debemos procurar no cometer ninguna falta contra los dioses, por temor de exponernos a una segunda división, y no ser como las figuras presentadas de perfil en los bajorrelieves, que no tienen más que medio semblante, o como los dados cortados en dos. Es preciso que todos nos exhortemos mutuamente a honrar a los dioses, para evitar un nuevo castigo, y volver a nuestra unidad primitiva bajo los auspicios y la dirección del Amor. Que nadie se ponga en guerra con el Amor, porque ponerse en guerra con él es atraerse el odio de los dioses. Tratemos, pues, de merecer la benevolencia y el favor de este dios, y nos proporcionará la otra mitad de nosotros mismos, felicidad que alcanzan muy pocos.

    Que Eriximaco no critique estas últimas palabras, como si hicieran alusión a Pausanias y a Agaton, porque quizá estos son de este pequeño número, y pertenecen ambos a la naturaleza masculina. Sea lo que quiera, estoy seguro de que todos seremos  dichosos, hombres y mujeres, si, gracias al Amor, encontramos cada uno nuestra mitad, y si volvemos a la unidad de nuestra naturaleza primitiva. Ahora bien, si este antiguo estado era el mejor, necesariamente tiene que ser también mejor el que más se le aproxime en este mundo, que es el de poseer a la persona que se ama según se desea. Si debemos alabar al dios que nos procura esta felicidad, alabemos al Amor, que no sólo nos sirve mucho en esta vida, procurándonos lo que nos conviene, sino también porque nos da poderosos motivos para esperar, que si cumplimos fielmente con los deberes para con los dioses, nos restituirá él a nuestra primera naturaleza después de esta vida, curará nuestras debilidades y nos dará la felicidad en toda su pureza. He aquí, Eriximaco, mi discurso sobre el Amor. Difiere del tuyo, pero te conjuro a que no te burles, para que podamos oír los de los otros dos, porque aún no han hablado Agaton y Sócrates.»
    (Traducción de Patricio de Azcárate: Obras completas de Platón, tomo 5, Medina y Navarro, Madrid 1871)

    Nota:
    1. andrógino es una palabra compuesta de dos griegas andrós (hombre) y gyné (mujer), de donde deriva por ejemplo “ginecología”, según el Diccionario de la RAE "Parte de la medicina que trata de las enfermedades propias de la mujer".
    2. Parménides consideraba el Sol como el elemento masculino del universo, la Luna como el femenino y la Tierra como el resultado de la unión de ambos.

  • Unos discípulos muy crueles

    El poeta cristiano Prudencio escribió una serie de himnos en los que canta la muerte de numerosos mártires cristianos. Llamó a su obra “Peristephanon” o “Libro de las coronas”. Prudencio, conocedor de la retórica y literatura latina clásica, intenta integrar la tradición pagana con las ideas cristianas.

    En el poema número XI Prudencio canta el martirio de Hipólito, que sufrió una muerte similar a la del mítico Hipólito, despedazado por unos caballos. Nos dice Prudencio además que en su poema está describiendo la pintura que sobre la tumba de Hipólito representa su muerte. Es un ejemplo de écfrasis o descripción con palabras, verbalmente, de una obra visual, en este caso la pintura. Ver https://www.antiquitatem.com/hipolito-fedra-martirio-prudencio-seneca .

    Pues bien, en el poema número IX también Prudencio nos narra la muerte de otro mártir, Casiano de Imola, inspirada sin duda en otro suplicio de la época mítico-legendaria de Roma, la muerte del maestro de Falerias a manos de sus discípulos.

    Casiano es un maestro de escuela, especializado en taquigrafía, mártir que sufre una dolorosa muerte a manos también de sus propis discípulos, castigado por no aceptar dar culto a los dioses paganos. Al horror de la descripción del suplicio se une el sinsabor de que sean precisamente los jóvenes y tiernos alumnos los que paguen así los desvelos del maestro.

    Y como en el caso de Hipólito, también ahora nos dice describir la pintura que en la tumba representa la muerte del mártir, que curiosamente acaeció también un 13 de agosto, como la de Hipólito. Es, pues, otro ejemplo de écfrasis o ecfrasis.

    La descripción de la pintura no es menos truculenta y barroca en este caso que la del poema XI sobre Hipólito, respondiendo sin duda al modelo literario de la época y al deseo de conmover a un público devoto, pero fácilmente impresionable por el detallado y prolongado sufrimiento, que aquí se impone a la muerte gloriosa de todo mártir por razón de sus creencias. Curiosamente, Prudencio se entretiene con todo detalle, diríamos morboso, en la descripción del tormento, pero no comenta la actitud y de cómo lo sufre Casiano, de cuyas sensaciones nada nos dice.

    Más abajo ofrezco el texto íntegro del Poema IX de Prudencio.

    San Casiano, pues, sufre una pena fantasiosa, pero curiosamente relacionada con una tradición literaria pagana.  El historiador latino Tito Livio nos describe en su Ab urbe condita (Historia desde la fundación de la ciudad –Roma-) un episodio mítico legendario en el que sin duda se inspira Prudencio para recrear el martirio de Casiano.

    Nos cuenta Livio en 5, 27 cómo un maestro de escuela de unos niños faliscos, simulando que salían al campo fuera de las murallas, los llevó a los romanos, con los que peleaban, ofreciéndolos como instrumento para conseguir la rendición de los faliscos; los romanos de aquella época, hombres de honor, no aceptaron tal ofrecimiento sino que entregaron al maestro a los faliscos y a sus hijos para que fueran estos quienes le aplicaran el castigo merecido; los faliscos, impresionados por la virtud de los romanos, firmaron inmediatamente la rendición y la paz.

    Como decía, Prudencio se habría inspirado en este episodio legendario de Roma. Ahora bien, este episodio, si bien se pierde en la niebla de la leyenda de principios del siglo IV antes de Cristo, parece más verosímil y creíble que la reproducción de Prudencio del siglo IV-V después de Cristo. Ofrezco también más abajo el texto de Tito Livio.

    En cualquier caso la tradición mítica pagana sirvió de repertorio y modelo para modelar algunas historias de mártires cristianos.

    Martirio de San Casiano de Imola. Pintura de comienzos del siglo XVI realizada por Innocenzo Francucci

    Dice el poema de Prudencio en la traducción de M.José Bayo para  Editorial  Hernando. Año 1943:

    PASION DE SAN CASIANO, FORO CORNELIENSE

    Cornelio Sila construyó el foro y por eso, los italianos llaman a la ciudad por el mismo nombre del fundador. Al visitarte, oh Roma, grande entre todas, me nació aquí la esperanza del triunfo de Cristo.

    De rodillas daba vueltas al túmulo de Casiano que se exorna con sus restos. Mientras lloraba, meditando las heridas, agudos dolores y trabajos de mi vida y levantaba mi rostro al cielo, surgió, delante de mí, la imagen del mártir pintada en colores vivos.

    Tenía mil llagas, toda  su piel desgarrada y agujereada por diminutos picotazos todo su cuerpo. Alrededor multitud de niños de odioso aspecto clavaban en su cuerpo pequeños estilos, * como es costumbre escribir, en las tablillas de cera al dictado de las escuelas.

    Consultado el conservador de la sepultura, me dijo: “Lo que ves, viajero, no es cosa vana ni cuento de viejas. Refiere la pintura la historia que transmitida por libros nos comprueba la viva fe de aquel antiguo tiempo.

    Casiano dirigía las tareas infantiles y se sentaba en su cátedra como maestro de primeras letras, para enseñar a retener las palabras en breves notas y seguir con rasgos firmes las palabras que vuelan.

    Alguna vez sus duros castigos y su seria cara habían llenado de ira y miedo a la tropa infantil: siempre el maestro es amargo para el efebo y no hay disciplina que sea dulce para la infancia.

    La horrible tormenta opresora de la fe caía sobre el pueblo consagrado al Cristo. Fue apartado Casiano, el educador de la muchachada de alumnos, de sus clases porque habíase negado a rendir culto en los altares paganos.

    Buscaba el artífice de los tormentos alguno, que desconociera  este varón de alto espíritu rebelde; le informan: “dirige a una grey infantil a la que enseña a escribir al dictado”
    “Traédmelo, clama, traedme al prisionero para entregárselo a los niños mismos como verdugos; que se mofen de el, a su gusto, que le desgarren cuanto quieran y tiñan sus alegres manos de sangre del maestro.

    Será divertido juego, para los discípulos, entregarles a su serio profesor que demasiado tiempo los tuvo cohibidos” Las manos a la espalda y despojado del manto fue entregado Casiano al batallón de muchachos armados de agudos estiletes.

    Cada uno deja escapar con ansia, al cabo, la hiel a rienda suelta y el odio, que había ido almacenando en ira silenciosa. Lanzan y rompen, contra su cara,  pizarras frágiles y el puntero salta al chocar contra su frente.
    Chascan disparadas contra sus mejillas las tablillas de cera de la escritura y las páginas partidas y húmedas quedan rojas de sangre. Hacen otros vibrar en sus manos estiletes y punzones de hierro con cuya punta, trazando surcos, se escribe en la cera; de la cual, borrando los rasgos trazados, queda la rugosa plana de nuevo con la superficie brillante.
    Unos atraviesan al confesor de Cristo y otros, allí, le mutilan. Unos penetran en alguna víscera, otros le arrancan la piel.

    Doscientas manos pinchan, a la vez, su cuerpo y otras tantas gotas destilan simultáneamente sus heridas. En verdad que era peor verdugo el niño que perforaba su piel que el que penetraba hasta las vísceras íntimas; aquel, no propinándole golpe de muerte, conoce con su ligero herir el secreto de hacerse cruel; este, en cambio, cuanto más se adentra en las escondidas causas de la vida, en realidad proporciona más medicina, la de buscarle la muerte con ahínco.

    “Os lo ruego, sed fuertes, superad vuestros escasos años; ¡lo que falte a la edad suplidlo con refinamiento!”.

    En vano se esfuerzan en el intento débil: los tormentos crecen hasta fatigar al propio verdugo.

    “¿De qué te quejas? –dice uno-. Tú mismo nos entregaste el punzón y armaste de él nuestras manos. Ahora te devolvemos los muchos miles de señales que recibimos durante la enseñanza. No podrás irritarte de que escribamos. Nos enseñabas que nuestra mano derecha nunca debía tener quieto el estilo.

    ¡Pedimos tantas veces vacaciones negadas por ti, avaro maestro para nuestros trabajos!
    Nos divierte llenarte de punzadas unir surcos a surcos y encadenar las rayas dobladas.
    Anda, enmienda si quieres los renglones, si por acaso alguna mano los torció equivocándose; Ejerce tu autoridad; tienes derecho a castigar al discípulo que escriba más perezosamente”.

    Los niños se divertían así con el cuerpo de su maestro y aun se alargaba el ya largo tormento. Por fin compadeció el Cristo, desde cielo, de su luchador, suelta la armazón del pecho y libera al alma de congojoso trabajo, afloja los lazos que la atan a la tierra y deja escapar el misterio de la vida.

    De la más profunda fuente de las venas abandona la sangre, sus entrañas, por camino de par en par abierto; y el calor de la vida que bulle en ellas sale por los numerosos boquetes de su taladrado cuerpo.

    “Estas son, viajero, las cosas que ves pintadas a lo vivo; y la gloria de Casiano. Si tienes algún deseo justo, que te sea muy querido, si esperas algo con  ansiedad, si te arde algo por dentro, ¡exprésalo!

    Créeme, el mártir, en su prosperada vida, atiende todos los ruegos y nos devuelve conseguidos los  aprobables. Yo obedezco; abrazo el túmulo; vierto también lágrimas. Se caldea el altar de mi aliento y la piedra con mi pecho.

    Medito entonces en mis ansiedades secretas y murmuro lo que deseo: A mis espaldas abandoné mi patria bajo dudosa fortuna y vacilaba mi esperanza sobre el bien futuro.
    Me dirijo a la ciudad. He sido oído. Tengo buenas noticias. Voy a volver a mi patria. Delante llevaré siempre el nombre de Casiano.

    Nota: * estilete o punzón utilizado para escribir en las tablillas de cera, como el mismo poeta aclara.

    PASSIO SANCTI CASSIANI FOROCORNELIENSISI
    Sylla Forum statuit Cornelius; hoc Itali urbem
    uocant ab ipso conditoris nomine.
    Hic mihi, cum peterem te, rerum maxima Roma,
    spes est oborta prosperum Christum fore.
    Stratus humi tumulo aduoluebar, quem sacer ornat
    martyr dicato Cassianus corpore.
    Dum lacrimans mecum reputo mea uulnera et omnes
    uitae labores ac dolorum acumina,
    erexi ad caelum faciem, stetit obuia contra
    fucis colorum picta imago martyris
    plagas mille gerens, totos lacerata per artus,
    ruptam minutis praeferens punctis cutem.
    Innumeri circum pueri—miserabile uisu—
    confossa paruis membra ligebant stilis,
    unde pugillares soliti percurrere ceras
    scholare murmur adnotantes scripserant.
    Aedituus consultus ait: 'quod prospicis, hospes,
    non est inanis aut anilis fabula;
    historiam pictura refert, quae tradita libris
    ueram uetusti temporis monstrat fidem.
    Praefuerat studiis puerilibus et grege multo
    saeptus magister litterarum sederat,
    uerba notis breuibus conprendere cuncta peritus
    raptimque punctis dicta praepetibus sequi.
    Aspera nonnumquam praecepta et tristia uisa
    inpube uulgus mouerant ira et metu;
    doctor amarus enim discenti semper efybo
    nec dulcis ulli disciplina infantiae est.
    Ecce fidem quatiens tempestas saeua premebat
    plebem dicatam christianae gloriae.
    Extrahitur coetu e medio moderator alumni
    gregis, quod aris supplicare spreuerat.
    Poenarum artifici quaerenti, quod genus artis
    uir nosset alto tam rebellis spiritu,
    respondent: 'agmen tenerum ac puerile gubernat
    fictis notare uerba signis inbuens.'
    'Ducite', conclamat, 'captiuum ducite, et ultro
    donetur ipsis uerberator paruulis.
    Vt libet, inludant, lacerent inpune manusque
    tinguant magistri feriatas sanguine;
    ludum discipulis uolupe est ut praebeat ipse
    doctor seuerus, quos nimis coercuit.'
    Vincitur post terga manus spoliatus amictu,
    adest acutis agmen armatum stilis.
    Quantum quisque odii tacita conceperat ira,
    effundit ardens felle tandem libero.
    Coniciunt alii fragiles inque ora tabellas
    frangunt, relisa fronte lignum dissilit,
    buxa crepant cerata genis inpacta cruentis
    rubetquc ab ictu curta et umens pagina.
    Inde alii stimulos et acumina ferrea uibrant,
    qua parte aratis cera sulcis scribitur,
    et qua secti apices abolentur et aequoris hyrti
    rursus nitescens innouatur area.
    Hinc foditur Christi confessor et inde secatur,
    pars uiscus intrat molle, pars scindit cutem.
    Omnia membra manus pariter fixere ducente
    totidemque guttae uulnerum stillant simul.
    Major tortor erat, qui summa pupugerat infans,
    quam qui profuuda perforarat uiscera,
    ille leuis, quoniam percussor morte negata
    saeuire solis scit dolorum spiculis,
    hic, quanto interius uitalia condita pulsat.
    plus dat medellae, dum necem prope applicat.
    'Este, precor, fortes et uincite uiribus annos,
    quod defit aeuo, suppleat crudelitas!'
    Sed male conatus tener infirmusque laborat,
    tormenta crescunt, dum fatiscit carnifex.
    'Quid gemis?' exclamat quidam, 'tute ipse magister
    istud dedisti ferrum et armasti manus.
    Reddimus ecce tibi tam milia multa notarum,
    quam stando, flendo te docente excepimus.
    Non potes irasci, quod scribimus; ipse iubebas,
    numquam quietum dextera ut ferret stilum.
    Non petimus totiens te praeceptore negatas,
    auare doctor, iam scholarum ferias.
    Pangere puncta libet sulcisque intexere sulcos,
    flexas catenis inpedire uirgulas.
    Emendes licet inspectos longo ordine uersus,
    mendosa forte si quid errauit manus,
    exerce imperium, ius est tibi plectere culpam,
    si quis tuorum te notauit segnius.'
    Talia ludebant pueri per membra magistri
    nec longa fessum poena soluebat uirum.
    Tandem luctantis miseratus ab aethere Christus
    iubet resolui pectoris ligamina
    difficilesque moras animae ac retinacula uitae
    relaxat artas et latebras expedit.
    Sanguis ab interno uenarum fonte patentes
    uias secutus deserit praecordia
    totque foraminibus penetrati corporis exit
    fibrarum anhelans ille uitalis calor.
    'Haec sunt, quae liquidis expressa coloribus, hospes,
    miraris, ista est Cassiani gloria.
    Suggere, si quod habes iustum uel amabile uotum,
    spes si qua tibi est, si quid intus aestuas!
    Audit, crede, preces martyr prosperrimus omnes
    ratasque reddit, quas uidet probabiles.'
    Pareo: conplector tumulum, lacrimas quoque fundo,
    altar tepescit ore, saxum pectore.
    Tunc arcana mei percenseo cuncta laboris,
    tunc, quod petebarn, quod timebam, murmuro:
    et post terga domum dubia sub sorte relictam
    et spem futuri forte nutantem boni.
    Audior, 'urbem adeo, dextris successibus utor,
    domum reuertor, Cassianum praedico.

    Dice Titlo Livio, 5, 27

    Tenían los Faliscos la costumbre servirse de la misma persona como maestro y acompañante de sus hijos y al mismo tiempo encomendar al cuidado de una sola persona a muchos niños, lo que todavía hoy se sigue haciendo en Grecia. Como ocurre de ordinario, enseñaba a los hijos de las personas principales el que parecía sobresalir por su ciencia. Este hombre, en época de paz, se había acostumbrado a sacar a los niños fuera  de la ciudad para jugar y para hacer ejercicios. Como la costumbre no se había interrumpido en tiempos de guerra, llevándolos jugando y con engañosas palabras desde la puerta unas veces a distancia más corta y otras más larga, llevó el asunto más allá de lo acostumbrado y avanzando entre las posiciones de los enemigos, los condujo al campamento romano y al Pretorio ante Camilo. Allí añadió a su acción criminal unas palabras más criminales aún. Que él había entregado los Faliscos a los romanos en sus manos, cuando les entregaba a su poder aquellos niños cuyos padres eran allí los jefes de todas las cosas. Cuando Camilo oyó estas cosas le dijo: gran criminal no has venido ante alguien semejante a ti, ni pueblo ni general con un regalo criminal. No tenemos con los Faliscos ninguna unión que se haga con un pacto humano; pero tenemos ambos y tendremos  la unidad que produce la propia naturaleza; hay derechos propios de la guerra como los hay de la paz y hemos aprendido a llevar a cabo aquellos con no menos justicia que valentía. Disponemos de armas no contra esta edad que también se perdona cuando se conquistan las ciudades, sino contra los que están armados como nosotros mismos, y que ni ofendidos ni provocados por nosotros, atacaron el campamento romano junto a Veyes. Tú los has vencido a estos en maldad con un nuevo crimen como el que hay en ti. Yo los venceré con las artes romanas, con el esfuerzo el trabajo y las armas, como vencí a Veyes. Luego desnudo y con las manos atadas a la espalda lo entregó a los niños para que lo condujeran de vuelta a Faleria, y les dio unos bastones con los empujarle dándole golpes hasta la ciudad. En primer lugar acudió el pueblo a este espectáculo y después de convocado el senado por los magistrados sobre la nueva situación, se produjo tal cambio de parecer en sus ánimos que los poco antes enfurecidos por el odio y la ira preferían sufrir el final de Veyes antes que disfrutar de la paz de los de Capena, ahora pedían la paz con toda la ciudad. Se alaban en el foro y en la curia el honor romano y la justicia de su general; con el acuerdo de todos marchan legados a Camilo al campamento y desde allí con el permiso de Camilo al Senado de Roma para entregar Faleria. Introducidos en el Senado, hablaron de esta manera: “padres conscriptos, vencidos por vosotros  y por vuestro general  con una victoria que ni dios ni hombre alguno pueden ver negativamente,  nos entregamos a vosotros, pensando, y nada puede haber más hermoso para el vencedor, que es mejor vivir bajo vuestro mando que bajo nuestras leyes. Con ocasión  de esta guerra se han mostrado dos ejemplos muy saludables para el género humano: vosotros habéis preferido el honor en la guerra que una victoria al alcance de la mano; nosotros, movidos por vuestro honor os hemos dado de buen grado la victoria; estamos a vuestra disposición; enviad a quienes reciban nuestras armas, quienes reciban nuestros rehenes, quienes reciban nuestra ciudad con las puertas abiertas. Y no nos arrepentiremos ni vosotros de nuestra fidelidad ni nosotros de vuestro gobierno”. Se dieron las gracias a Camila por parte de los enemigos y por parte de sus ciudadanos. Se exigió a los Faliscos dinero para la paga de los soldados de aquel año para que el pueblo romano se viese libre de impuestos, y una vez concedida a paz, el ejército romano se volvió a Roma.

     mos erat Faliscis eodem magistro liberorum et comite uti, simulque plures pueri, quod hodie quoque in Graecia manet, unius curae demandabantur. principum liberos, sicut fere fit, qui scientia videbatur praecellere erudiebat.  is cum in pace instituisset pueros ante urbem lusus exercendique causa producere, nihil eo more per belli tempus intermisso, modo brevioribus modo longioribus spatiis trahendo eos a porta lusu sermonibusque variatis, longius solito ubi res dedit progressus inter stationes eos hostium castraque inde Romana in praetorium ad Camillum perduxit.  ibi scelesto facinori scelestiorem sermonem addit,  Falerios se in manus Romanis tradidisse, quando eos pueros quorum parentes capita ibi rerum sint in potestatem dediderit.  quae ubi Camillus audivit, “non ad similem” inquit “tui nec populum nec imperatorem scelestus ipse cum scelesto munere venisti.  nobis cum Faliscis  quae pacto fit humano societas non est: quam ingeneravit natura utrisque est eritque. sunt et belli sicut pacis iura, iusteque ea non minus quam fortiter didicimus gerere.  arma habemus non adversus eam aetatem cui etiam captis urbibus parcitur, sed adversus armatos et ipsos, qui nec laesi nec lacessiti a nobis castra Romana ad Veios oppugnarunt.  eos tu quantum in te fuit novo scelere vicisti: ego Romanis artibus, virtute opere armis, sicut Veios vincam.”  denudatum deinde eum manibus post tergum inligatis reducendum Falerios pueris tradidit, virgasque eis quibus proditorem agerent in urbem verberantes dedit.  ad quod spectaculum concursu populi primum facto, deinde a magistratibus de re nova vocato senatu tanta mutatio animis est iniecta ut qui modo efferati odio iraque Veientium exitum paene quam Capenatium pacem mallent, apud eos pacem universa posceret civitas.  fides Romana, iustitia imperatoris in foro et curia celebrantur; consensuque omnium legati ad Camillum in castra, atque inde permissu Camilli Romam ad senatum, qui dederent Falerios proficiscuntur.  introducti ad senatum ita locuti traduntur: “patres conscripti, victoria cui nec deus nec homo quisquam invideat victi a vobis et  imperatore vestro dedimus nos vobis, rati, quo nihil victori4 pulchrius est, melius nos sub imperio vestro quam legibus nostris victuros.  eventu huius belli duo salutaria exempla prodita humano generi sunt: vos fidem in bello quam praesentem victoriam maluistis; nos fide provocati victoriam ultro detulimus.  sub dicione vestra sumus; mittite qui arma, qui obsides, qui urbem patentibus portis accipiant.  nec vos fidei nostrae nec nos imperii vestri paenitebit.” Camillo et ab hostibus et a civibus gratiae actae. Faliscis in stipendium militum eius anni, ut populus Romanus tributo vacaret, pecunia imperata. pace data exercitus Romam reductus.

  • Los astrónomos fueron los científicos mejor valorados en la Antigüedad

    Los astrónomos, junto con los médicos, fueron sin duda los científicos mejor valorados de la Antigüedad. En buena medida se confunden con los “astrólogos” y los “curanderos”, dos actividades conectadas con la religión y la vida de los templos.

    En el mundo grecolatino la astronomía (actualmente definida como “Ciencia que trata de cuanto se refiere a los astros, y principalmente a las leyes de sus movimientos”) y la astrología (definida actualmente como “Estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres”.)  se confunden, son la misma ciencia. Así que se mezclan los mitos y creencias que vienen de la noche de los tiempos con lo que la razón y la ciencia va averiguando. Pero poco a poco la astronomía fue expresándose en lenguaje matemático y geométrico sin que por ello desapareciera la “astrología”.

    Hoy también estos profesionales científicos son muy bien valorados. ¿Quién no se siente impresionado por las imaginativas teorías, imposibles de comprender para quienes somos legos en estas cuestiones, del big-bang o las bellísimas imágenes recibidas en ondas originadas a miles de años-luz?

    Pero poco a poco la ciencia se fue independizando del mito y la religión. En el caso de la astronomía se fue convirtiendo en astronomía matemática y física y astronomía geométrica, capaz de comprender y prever los movimientos de los astros. De  esta manera los científicos liberaban o intentaban liberar a los hombres del temor a los dioses, provocado por los fenómenos de la naturaleza.

    Liberar a los hombres del miedo que les infundían los fenómenos naturales que no conocían fue el objetivo esencial de los epicúreos, a quienes ya desde la propia Antigüedad se les presento injusta e interesadamente como “hedonistas” ávidos de placeres, cuando de lo único de lo que fueron ávidos fue de “razón” y “sentido común”.

    Dice Lucrecio en su magno tratado de “ciencias” en verso “De rerum natura”, “Sobre la naturaleza de los dioses”, elogiando la gran figura del maestro Epicuro al principio de su obra:

    Lucrecio, De rerum Natura,I, 62-79:

    Cuando la vida humana yacía a la vista de todos torpemente postrada en tierra, abrumada bajo el peso de la religión, cuya cabeza asomaba en las regiones celestes amenazando con una horrible mueca caer sobre los mortales, un griego osó el primero elevar hacia ella sus perecederos ojos y rebelarse contra ella. No le detuvieron ni las fábulas de los dioses, ni los rayos, ni el cielo con su amenazante bramido, sino que aún más excitaron el ardor en su ánimo y su deseo de ser el primero en forzar los apretados cerrojos que guarnecen las puertas de la Naturaleza. Su vigoroso espíritu triunfó y avanzó lejos, más allá del llamado recinto del mundo, y recorrió el Todo infinito con su mente y su ánimo. De allí nos trae, botín de su victoria, el conocimiento de lo que puede nacer y de lo que no puede, las leyes, en fin, que a cada cosa delimitan su poder, y sus mojones profundamente hincados. Con lo que la religión, a su vez sometida, yace a nuestros pies; a nosotros la victoria nos exalta hasta el cielo. Traducción de Eduardo Valentí Fiol, Edit. Bosch. 1976)

    Humana ante oculos foede cum vita iaceret
    in terris oppressa gravi sub religione,
    quae caput a caeli regionibus ostendebat
    65horribili super aspectu mortalibus instans,
    primum Graius homo mortalis tollere contra
    est oculos ausus primusque obsistere contra;
    quem neque fama deum nec fulmina nec minitanti
    murmure compressit caelum, sed eo magis acrem
    70inritat animi virtutem, effringere ut arta
    naturae primus portarum claustra cupiret.
    ergo vivida vis animi pervicit et extra
    processit longe flammantia moenia mundi
    atque omne immensum peragravit mente animoque,
    75unde refert nobis victor quid possit oriri,
    quid nequeat, finita potestas denique cuique
    qua nam sit ratione atque alte terminus haerens.
    quare religio pedibus subiecta vicissim
    opteritur, nos exaequat victoria caelo.

    ………
    Y poco después, afirmando con rotundidad que la ciencia es la salvación,  idea que por lo demás repite en numerosas ocasiones, en los versos: 146-148:

    Este terror, pues, y estas tinieblas del espíritu, necesario es que las disipen, no los rayos del sol ni los lúcidos dardos del día, sino la contemplación de la Naturaleza y de la ciencia. (Traducción de Eduardo Valentí Fiol, Edit. Bosch. 1976)

    hunc igitur terrorem animi tenebrasque necessest
    non radii solis neque lucida tela diei
    discutiant, sed naturae species ratioque.

    Un buen exponente de este largo camino hacia la ciencia es el astrónomo Gémino con su “Introducción a los fenómenos”. De él sabemos muy pocas cosas, como que vivió a c aballo entre los siglos I antes y después de Cristo.  La astronomía durante siglos fue una rama de la filosofía. Gémino habla de física porque físico es todo aquel que se ocupa de la naturaleza (phýsis), pero en el s.I a.C. la astronomía se va especializando y emancipando convirtiéndose en “astronomía matemática”, apoyándose en la matemática y la geometría y  avanzando hacia una ciencia positiva. Gémino es un profesional de la astronomía que busca el rigor demostrativo de la matemática y que por lo tanto desprecia la realización de pronósticos meteorológicos  basándose en el orto y ocaso de los astros.

    Otro alto exponente  es Ptolomeo, autor entre otras obras del llamado “Almagesto”, palabra que no es sino la transcripción árabe del título original griego  Megisté Syntxis, (La gran coordinación), referida a la comprensión de los movimientos y órbitas de los astros.

    Pues bien, otro científico que podríamos llamar “generalista” y “divulgador”, Plinio el Viejo, que escribió una grandiosa enciclopedia, compendio del saber científico de su tiempo y a la que leída con atención no le falta espíritu crítico auténticamente científico, emite un hermoso juicio sobre el valor científico de los astrónomos en su Historia Natural, II, 12 (54):

    “Hombres aquellos extraordinarios y sobrehumanos por haber comprendido la ley de tan importantes númenes y haber liberado por fin del miedo a la pobre mente humana que en los eclipses veía con temor crímenes o algún tipo de muerte de los astros (es notorio que en medio de este temor por el eclipse de sol sonaron las palabras sublimes de los vates Píndaro y Estesícoro) o bien el hombre mortal veía hechizos en el de la luna y por eso le ayudaba con un ruido desacompasado. Por este miedo, al desconocer la causa, Nicias, general de los atenienses, temiendo sacar la flota del puerto, perdió sus tropas.

    ¡Sed gloriosos por vuestra inteligencia, sabios que abarcáis el cielo y la naturaleza física, descubridores de la razón por la que os habéis impuesto a los hombres y a  los dioses!

    ¿Quién contemplando este espectáculo, así como los trances regulares de los astros (porque así se convino en llamarlos) no perdonaría que seamos mortales por una ley ineludible?

    viri ingentes supraque mortalia, tantorum numinum lege deprehensa et misera hominum mente iam soluta, in defectibus scelera aut mortem aliquam siderum pavente — quo in metu fuisse Stesichori et Pindari vatum sublimia ora palam est deliquio solis — aut in luna veneficia arguente mortalitate et ob id crepitu dissono auxiliante — quo pavore ignarus causae Nicias Atheniensium imperator veritus classem portu educere opes eorum adflixit —: macte ingenio este, caeli interpretes rerumque naturae capaces, argumenti repertores,
    quo deos hominesque vicistis! quis enim haec cernens et statos siderum (quoniam ita appellare placuit) labores non suae necessitati mortales genitos ignoscat?
    Nunc confessa de iisdem breviter atque capitulatim attingam ratione admodum necessariis locis strictimque reddita, nam neque instituti operis talis argumentatio est neque omnium rerum afferri posse causas minus mirum est quam constare in aliquis.

    Ovidio  valora también el extraordinario valor de quienes estudiaron las estrellas en Fastos, I, 297 y ss.:

    ¿Quién nos impide hablar también de las estrellas, cómo sale y se pone cada una? Esto es parte de mi promesa. ¡Felices las almas que fueron las primeras en ocuparse de conocer estas cosas y ascender a las mansiones de arriba! Se puede creer que aquellos sacaron la cabeza por encima tanto de los vicios como de los lugares humanos. Ni Venus ni el vino, el deber del foro o las fatigas de las campañas, quebraron sus pechos sublimes. No les tentaron ni la ambición ligera ni la gloria revestida de oropel ni el ansia de grandes riquezas. Acercaron a nuestros ojos las lejanas estrellas y sometieron el firmamento a su genio. Así es como se alcanza el cielo, sin necesidad de que el Olimpo se lleve al Osa y la cima del Pelio toque las más altas estrellas. Nosotros también, bajo la guía de ellos, mediremos el cielo y asignaremos sus días a cada astro errante. (Traducción de Bartolomé Segura Ramos, Edit. Gredos)

    Quis vetat et stellas, ut quaeque oriturque caditque,
    dicere? promissi pars fuit ista mei.
    felices animae, quibus haec cognoscere primis
    inque domus superas scandere cura fuit!
    credibile est illos pariter vitiisque locisque
    altius humanis exeruisse caput.
    non Venus et vinum sublimia pectora fregit
    officiumque fori militiaeve labor;
    nec levis ambitio perfusaque gloria fuco
    magnarumque fames sollicitavit opum.
    admovere oculis distantia sidera nostris
    aetheraque ingenio supposuere suo.
    sic petitur caelum: non ut ferat Ossan Olympus,
    summaque Peliacus sidera tangat apex.
    nos quoque sub ducibus caelum metabimur illis
    ponemusque suos ad vaga signa dies.

    Los intentos de explicación de los astros y sus movimientos, las elucubraciones teóricas y prácticas, que incorporan y desarrollan el conocimiento de la matemática y  geometría, suponen en verdad un verdadero esfuerzo científico en el inicio del camino que ha conducido al grandioso conocimiento actual, que tantas cosas sin embargo aún desconoce pero desea comprender.

    Con la foto de fondo conseguida por el Hubble, y que Stephen Hawking tiene en la portada de su página de Facebook, concluiremos con Manilio:

    Photo credit: ESA/Hubble Rosette nebula

    ...siempre habrá motivo de debate para la inteligencia de los hombres y siempre permanecerá la oscuridad sobre lo que está oculto y muy por encima del hombre y del dios. (Manilio, Astronomia, I, 145…)

    semper erit genus in pugna, dubiumque manebit
    quod latet et tantum supra est hominemque deumque;

  • Los eclipses anuncian sucesos extraordinarios II)

    Ya hemos visto más en la prinmera parte de este largo artículo cómo creen algunos que los astros caen por efecto de alguna bruja. Pero también hay quien intenta una explicación más científica.

    Por ejemplo, concebidos los astros como seres vivos, se puede pensar que tienen enfermedades, se debilitan y hasta pueden morir. Así lo explica por ejemplo Lucrecio  (99-ca. 55 a.C.) en su poema De rerum natura V, vv. 751-770):

    Debes pensar igualmente que son diversas las causas que pueden explicar los eclipses del sol y los ocultamientos de la luna. Pues, ¿por qué la luna ha de ser capaz de interceptarnos la luz del sol, interponiendo su alta cabeza entre éste y la tierra, y oponiendo su oscuro disco a los ardientes rayos, y no puede hacer lo mismo y en el mismo momento un cuerpo distinto que se deslizara por el cielo, privado siempre de luz?

    Y el sol, ¿no podría en un momento dado perder, agotado, sus fuegos para crear de nuevo su lumbre, cuando entra en regiones de la atmósfera enemigas de las llamas, que extinguieran e hicieran perecer sus fuegos?

    Y ¿por qué la tierra ha de poder despojar a su vez de lumbre la luna y, estando ella encima, retener el sol sujeto, mientras la luna en su curso mensual se desliza entre los tajantes límites del cono de sombra, y no ha de poder otro cuerpo, en el mismo momento, oponerse a la luna o pasar por sobre el disco del sol interrumpiendo sus rayos y la difusión de su  luz? Y por otra parte, si es cierto que la luna brilla con su propio resplandor, ¿por qué no puede desfallecer en determinada parte del firmamento, mientras pasa por lugares hostiles a sus propias luces? (Traducción de Eduard Valentí Fiol, Editorial Bosch, 1976)

    Solis item quoque defectus lunaeque latebras
    pluribus e causis fieri tibi posse putandumst.
    nam cur luna queat terram secludere solis
    lumine et a terris altum caput obstruere ei,
    obiciens caecum radiis ardentibus orbem,
    tempore eodem aliut facere id non posse putetur
    corpus, quod cassum labatur lumine semper?
    solque suos etiam dimittere languidus ignis
    tempore cur certo nequeat recreareque lumen,
    cum loca praeteriit flammis infesta per auras,
    quae faciunt ignis interstingui atque perire?
    et cur terra queat lunam spoliare vicissim
    lumine et oppressum solem super ipsa tenere,
    menstrua dum rigidas coni perlabitur umbras,
    tempore eodem aliud nequeat succurrere lunae
    corpus vel supra solis perlabier orbem,
    quod radios inter rumpat lumenque profusum?
    et tamen ipsa suo si fulget luna nitore,
    cur nequeat certa mundi languescere parte,
    dum loca luminibus propriis inimica per exit?
    menstrua dum rigidas coni perlabitur umbras.

    Una idea parecida es la que Diógenes Laercio adjudica al filósofo Leucipo en Vida y opiniones de los Filósofos ilustres, IX, 33

    “…El Sol se eclipsa raras veces, la luna constantemente, por ser desiguales sus órbitas. Y así como hay nacimientos del mundo, hay también crecimientos y menguas y destrucciones, según cierta necesidad; pero en qué consiste ésta, no lo aclara”.

    Es curiosa la opinión de Manilio, poeta astronómico,  cuando afirma que los astros pierden su fuerza con ocasión de los eclipses, en sus Astronómica, IV, vv 841-852:

    La razón es clara porque, al sufrir eclipse la luna en algunos signos, privada de su hermano [Febo, el sol] y sumergida en las tinieblas de la noche, cuando la tierra, situada en medio, intercepta los rayos de Febo y Delia [la luna] no atrae la luz con la que brilla normalmente, también esos signos [zodiacales, vg. su eficacia] languidecen junto con su planeta [la luna] y, arqueándose al mismo tiempo y perdiendo su acostumbrado poder, lloran a Febe en sus exequias, como si estuviera en su funeral. La propia razón se pone de manifiesto en su nombre: los antiguos los llamaron signos “eclípticos”. Ahora bien, los signos sufren al mismo tiempo de dos en dos, y no los que son vecinos, sino los que brillan en lugares opuestos, al igual que la luna ve eclipsado su círculo solamente cuando no ve a Febo que corre en el signo opuesto. (Traducción de Francisco Calero y Mª José Echarte. Editorial Gredos)

    causa patet, quod, Luna quibus defecit in astris
    orba sui fratris noctisque immersa tenebris,
    cum medius Phoebi radios intercipit orbis
    nec trahit assuetum quo fulget Delia lumen,
    haec quoque signa suo pariter cum sidere languent             
    incurvata simul solitoque exempta vigori
    et velut elatam Phoeben in funere lugent.
    ipsa docet titulo se causa: ecliptica signa
    dixere antiqui. pariter sed bina laborant,
    nec vicina loco sed quae contraria fulgent,                
    sicut Luna suo tum tantum deficit orbe
    cum Phoebum adversis currentem non videt astris.

    Naturalmente, algunos encontraron la explicación científica, que nos ofrecen con toda claridad: los eclipses se deben a la interposición de la luna o de la tierra entre el sol y el astro que se eclipsa.  Esta es la teoría dominante en la antigüedad y por tanto son muchos los autores que la exponen. Citaremos algunos:

    Aristóteles se sirve de esta teoría para probar que los astros son esféricos, porque en la sombra que proyecta la tierra sobre la luna se aprecia esa forma; en su "Acerca del cielo",  De caelo, II,11, 291b24:

    Por otra parte los argumentos astronómicos dan una confirmación adicional; porqueninguna otra hipótesis explica la forma de disco creciente de los eclipses de sol. Por consiguiente, si uno de los astros cualquiera es esférico, es necesario evidentemente que los restantes astros lo sean.

    También.Gémino (s. I a.C.), en su Introducción a los Fenómenos (de Arato), en el capítulo X nos hbla de los eclipses de sol y en el XI de los de luna:

    Gémino, Introducción a los Fenómenos, X, XI:

    X
    Los eclipses de Sol tienen lugar por la interposición de la Luna. Pues al circular el Sol más alto y la Luna más baja, cuando el Sol y la Luna se hallan en el mismo grado, la Luna al pasar por debajo del Sol se interpone a los rayos del Sol que vienen en nuestra dirección. Por eso no hay que llamarlos propiamente eclipses, sino interposiciones. En efecto, nunca se eclipsa una sola parte del Sol;  se torna invisible para nosotros gracias a la interposición de la Luna.
    ….
    De que el Sol se eclipsa por interposición de la Luna, es la mayor prueba el hecho de que los eclipses no tienen lugar en otro día, sino en el 30 exclusivamente, cuando la Luna está en conjunción con el Sol,  y que desde entonces la magnitud de los eclipses está en razón de los lugares geográficos.
    ……….
    XI
    Los eclipses de Luna están provocados por la incidencia de la Luna en la sombra proyectada por la Tierra. Lo mismo que los restantes  cuerpos iluminados por el Sol proyectan sombras, así también la Tierra, iluminada por el Sol, proyecta una sombra. Además sucede que, a causa de la dimensión de la Tierra, la sombra es manifiesta y profunda.
    Cuando la Luna se halla diametralmente opuesta al Sol, entonces la sombra proyectada por la Tierra es también diametralmente opuesta al Sol; por lo cual la Luna, al circular a una distancia inferior que la sombra, incide, lógicamente, en la sombra proyectada por la Tierra. La parte de la Luna que incide en la sombra de la Tierra queda siempre privada de la luz del Sol a causa de la interposición de la Tierra; pues en este momento se encuentran en la misma recta el Sol, la Tierra, la sombra de la Tierra y la Luna. Por esta causa, los eclipses de Luna no tienen lugar en otro día, sino en el plenilunio; pues entonces la Luna está diametralmente opuesta al Sol.
    (Traducción de Esteban Calderón Dorda.Editorial Gredos).

    Higino , (64 a.C.-17 d.C.) hispano latino que según Luis Vives nació en Valencia*  y  que ha dado su nombre a uno de los cráteres lunares, también propone esta teoría en su De Astronomía, IV, 14, 3:

    * Nota: Luis  Vives no dice exactamente que naciera en Valencia sino que le llama "conterraneus", es decir, "paisano"; dada la precisión con la que Vives utiliza el latín se puede interpretar razonablemente que con "conterraneus" no se refiere tanto a "hispano" cuanto a "valenciano".

    También se puede comprender lo que sucede. Así como si alguien acerca su mano plana hacia sus ojos, cuanto más la acerca, tanto menos podrá ver y cuanto más lejos la aparte de él, tanto más se le podrán aparecer todas las cosas, del mismo modo cuando la luna llega a la posición del sol, entonces parece que está cerca de él y que obstruye sus rayos, de tal forma que no puede expulsar su luz. Sin embargo, cuando la luna está lejos de ese lugar, entonces el sol proyecta su luz, y así viene a dar en nuestros cuerpos.

    El eclipse de luna, pues, tiene lugar cuando la luna esta cerca por su dimensión y el sol se marcha por debajo de la tierra. De este modo, si trazaras una línea recta  por mitad de la tierra, podría tocar el sol bajo la tierra y la luna por encima de la tierra. Cuando esto ocurre así, necesariamente  los rayos del sol, por la magnitud de la tierra, son desviados, de tal modo que su luz, con la que luce la luna, no pueda llegar a ella, y así se cree que se produce el eclipse de luna.

    Quod evenire sic etiam potest intellegi. Ut si quis alicui manum planam ad oculos admoverit, quanto magis sic fecerit, hoc minus ille videre poterit; et quanto longius ab eo discesserit, hoc magis illi omnia poterunt apparere. Simili ratione cum luna ad solis locum pervenit, tunc proxima eius videtur esse et radios eius obturare, ut lumen eicere non possit. Cum autem luna ab eo loco discesserit, tunc sol lumen eicit, et ita ad corpora nostra adicit.

    Lunae autem eclipsis sic evenit, cum prope dimensione sit luna, cum abierit sol sub terram, dumtaxat hoc modo, ut per mediam terram si quid directum traieceris, contingere possit solem sub terra, lunam autem supra terram; quod cum ita evenit, necesse est solis radios propter magnitudinem terrae ita esse dimissos, ut lumen eius, quo luna lucet, non possit ad eam pervenire, et ita existimatur fieri eclipsis lunae.

    También Plinio el Viejo (62-113 d.C.), en su Historia natural, II, 7, 47 nos da esta explicación:

    Efectivamente, es cierto que el sol se eclipsa por la interposición de la luna, la luna por la intercalación de la tierra, y ambos eclipses son equivalentes, ya que con su respectiva interposición la luna quita a la tierra (y la tierra a la luna) los mismos rayos de sol; también, que al introducirse la luna, se originan inmediatamente las tinieblas, y a su vez, el tal astro se oscurece por la sombra de la tierra, asimismo, que la noche no es otra cosa que la sombra de la tierra, pues la forma de la sombra es similar a un cono o a una peonza con el pico hacia arriba, porque cae sobre la luna exclusivamente por su punta y no excede su altura, siendo así que ningún otro astro se oscurece del mismo modo y que una figura como ésa siempre termina en punta.

    Quippe manifestum est solem interuentu lunae occultari lunamque terrae obiectu ac uices reddi, eosdem solis radios luna interpositu suo auferente terrae terraque lunae. Hac subeunte repentinas obduci tenebras rursumque illius umbra sidus hebetari. Neque aliud esse noctem quam terrae umbram, figuram autem umbrae similem metae ac turbini inuerso, quando mucrone tantum ingruat neque lunae excedat altitudinem, quoniam nullum aliud sidus eodem modo obscuretur et talis figura semper mucrone deficiat.

    Los antiguos fueron conscientes del peligro que entrañaba observar directamente los eclipses de sol, que puede producir ceguera irreversible. Así Platón (ca. 427-347 a.C.) en su diálogo Fedón, 99d nos dice:

    SÓCRATES: ….¿Quieres que te exponga, Cebes, la segunda navegación que en busca de la causa he realizado?
    -Lo deseo extraordinariamente-respondió
    -Pues bien-dijo Sócrates-; después de esto, y una vez que me había cansado de investigar las cosas, creí que debía prevenirme de que no me ocurriera lo que les pasa a los que contemplan y examinan el sol durante un eclipse. En efecto, hay algunos que pierden la vista si no contemplan la imagen del astro en el agua o en algún otro objeto similar. Tal fue, más o menos, lo que yo pensé, y se apoderó de mí el temor de quedarme completamente ciego de alma si miraba a las cosas con los ojos y pretendía alcanzarlas con cada uno de los sentidos.
    (Traducción de Luis Gil).

    También Séneca nos recuerda cómo hemos de observar el eclipse de sol:

    Cuando queremos observar un eclipse de sol, colocamos recipientes que llenamos  de aceite o de pez, porque un líquido espeso se agita menos fácilmente y por lo tanto retiene  las imágenes que recibe, pues las imágenes no pueden reflejarse sino en un líquido inmóvil. Entonces solemos observar cómo la luna se opone al sol y cómo él se esconde tanto más cuanto es el cuerpo interpuesto, unas veces en parte si ocurre que se opone solamente en un lado y otras veces por completo; se llama eclipse total  aquel que hace aparecer las estrellas e intercepta la luz, y tiene lugar cuando los dos centros   se encuentran en la misma línea recta.

    [12,1] Quotiens defectionem solis uolumus deprehendere, ponimus pelues, quas aut oleo aut pice implemus, quia pinguis umor minus facile turbatur et ideo quas recipit imagines seruat; apparere autem imagines non possunt nisi in liquido et immoto. Tunc solemus notare, quemadmodum luna soli se opponat et illum tanto maiorem obiecto corpore abscondat, modo ex parte, si ita competit, ut in latus eius incurreret, modo totum; haec dicitur perfecta defectio, quae stellas quoque ostendit et intercipit lucem, tunc scilicet cum uterque orbis sub eodem libramento stetit.

    Dicen que Tales fue el primero en predecir un eclipse que habría tenido lugar en el año 585 a.C. pero lo había anunciado un año antes. Los astrónomos actuales consideran esta predicción imposible y la noticia como fruto de una visión un tanto hagiográfica de Tales.

    Nos lo cuenta Herodoto (ca. 639-ca. 547 a.C.) en el libro I de sus Historia, los reyes de Lidia y Media, aterrorizados por el mismo eclipse, firmaron un armisticio cuando ya sus ejércitos estaban listos para acometerse.Ambos monarcas interpretaron la oscuridad del sol como una señal del cielo para acabar con las hostilidades.

    Heródoto, Historias, I, 74

    De este principio, no queriendo despues Alyattes entregar los Escitas á pesar de las reclamaciones de Cyaxares, se originó entre Lydios y Medos una guerra que duró cinco años, en cuyo tiempo la victoria se declaró alternativamente por unos y otros. En las diferentes batallas que se dieron, hubo una nocturna en el año sexto de la guerra que ambas naciones proseguían con igual suceso, porque en medio de la batalla misma se les convirtió el dia repentinamente en noche; mutacion que Thales Milesio habia predicho á los Jonios, fijando el término de ella en aquel año mismo en que sucedió. Entónces Lydios y Medos, viendo el dia convertido en noche, no solo dejaron la batalla comenzada, sino que tanto los unos como los otros se apresuraron á poner fin á sus discordias con un tratado de paz. (Traducción de Bartolomé Pou [1727-1802])

    Fue esta cuestión de la predictibilidad una cuestión que sin duda apasionó a los antiguos.
    Al principio del artículo comentaba el hallazgo del famoso ciclo de “saros”, que los griegos tomaron de los babilonios,  y presentaba dos textos, de Plinio y Ptolomeo, para corroborar su conocimiento.
    Plinio se refería a Hiparco (ca.190-120 a.C.) como el astrónomo que comprendió estos ciclos. Estrabón en su Geografía,I,1, 13 dice de Hiparco:

    (12) Muchos han manifestado que el estudio de la geografía  requiere una gran variedad  de conocimientos;  Hiparco especialmente, en Crítica de la Geografía de Eratóstenes, hizo notar con toda razón "que nadie podrá adquirir el conocimiento de la ya sea como persona particular o como profesor erudito , sin un conocimiento preliminar de astronomía, y sin la práctica de las reglas del cálclo de los eclipses. Por ejemplo, ¿cómo se podrá  decir si la Alejandría de Egipto está más al norte o más al sur de Babilonia, y a qué distancia puede estar,  sin recurrir al método del clima (observar la latitud). Además, ¿cómo saber exactamente si tal país está más adelante hacia el oriente y tal otro hacia el occidente, si no es por la comparación de los eclipses de sol y de luna?  Así se explica Hiparco a este respecto.

    Cicerón (106-43 a.C.) también dice que los eclipses (de luna) eran previstos con antelación  estudiando los movimientos regulares de la Luna en De divinatione II, 17

    "¿Cómo se puede prever que  va a suceder algo que ni tiene causa alguna conocida ni se sabe por qué ha de ocurrir? Los eclipses del sol y también los de la luna se predijeron cen para muchos años por los hombres que persiguen los movimientos de los astros con las matemáticas, pues predicen cosas que la ley necesaria de la naturaleza tiene que ejecutar.

    A partir del movimiento siempre constante de la luna ven cuándo ella, desde la región frente al sol, entra en la sombra de la tierra, que es el cono de la noche, para que necesariamente se oscurezca; cuándo la misma luna por debajo y opuesta al sol oculta su luz a nuestros ojos, en qué signo y en que momento se encontrara cada una de las estrellas errantes (los planetas); también en qué día tendrán lugar el orto y el ocaso de cada signo (del zodiaco, cada constelación). Ves ahora qué razonamiento siguen aquellos que predicen estas cosas.

    [17] Qui potest provideri quicquam futurum esse, quod neque causam habet ullam neque notam, cur futurum sit? Solis defectiones itemque lunae praedicuntur in multos annos ab iis, qui siderum motus numeris persequuntur; ea praedicunt enim, quae naturae necessitas perfectura est. Vident ex constantissimo motu lunae, quando illa e regione solis facta incurrat in umbram terrae, quae est meta noctis, ut eam obscurari necesse sit, quandoque eadem luna subiecta atque opposita soli nostris oculis eius lumen obscuret, quo in signo quaeque errantium stellarum quoque tempore futura sit, qui exortus quoque die signi alicuius aut qui occasus futurus sit. Haec qui ante dicunt, quam rationem sequantur, vides.

    El famoso artilugio mecánico conocido como mecanismo de Anticitera, datado en el 87 a.C.,  del que hablaremos en otra ocasión, es una especie de calculadora a base de engranajes para prever la posición del Sol, de la Luna y de algunos planetas. Permitía calcular el ciclo de “saros”, del que hablaba al principio y por tanto ayudaba a prever la existencia de los eclipses.

    La determinación de estos ciclos como el de “saros”,  la observación milenaria de los movimientos, la creación de instrumentos para reproducir los movimientos de las estrellas, todo ello les proporcionó gran experiencia y les hizo caminar en la buena dirección ya desde Mesopotamia, sobre todo referido a los de luna; pero coinciden los expertos en afirmar que con los instrumentos de que disponían no podían fijar con anterioridad y con exactitud la aparición de un eclipse. Sólo muy recientemente se ha conseguido gran precisión al respecto.

    En todo caso, la astronomía (astrología) gozó de un enorme reconocimiento en la Antigüedad. Ciertamente, los intentos de explicación de los astros y sus movimientos, las elucubraciones teóricas y prácticas, que incorporan y desarrollan el conocimiento de la matemática y  geometría, suponen un verdadero esfuerzo científico.

    Plinio, a quien hemos citado varias veces, ensalza la ciencia y valentía de los hombres que intentan averiguar las causas de las cosas. En el pasaje citado anteriormente en el que se refiere a Sulpicio Galo antes de la batalla de Pidna, sigue comentando:

    Plinio, Historia Natural II, 9 (12) (54)

    “Hombres aquellos extraordinarios y sobrehumanos por haber comprendido la ley de tan importantes númenes y haber liberado por fin del miedo a la pobre mente humana que en los eclipses veía con temor crímenes o algún tipo de muerte de los astros (es notorio que en medio de este temor por el eclipse de sol sonaron las palabras sublimes de los vates Píndaro y Estesícoro) o bien el hombre mortal veía hechizos en el de la luna y por eso le ayudaba con un ruido desacompasado. Por este miedo, al desconocer la causa, Nicias, general de los atenienses, temiendo sacar la flota del puerto, perdió sus tropas.
    ¡Sed gloriosos por vuestra inteligencia, sabios que abarcáis el cielo y la naturaleza física, descubridores de la razón por la que os habéis impuesto a los hombres y a  los dioses!
    ¿Quién contemplando este espectáculo, así como los trances regulares de los astros (porque así se convino en llamarlos) no perdonaría que seamos mortales por una ley ineludible?

    viri ingentes supraque mortalia, tantorum numinum lege deprehensa et misera hominum mente iam soluta, in defectibus scelera aut mortem aliquam siderum pavente — quo in metu fuisse Stesichori et Pindari vatum sublimia ora palam est deliquio solis — aut in luna veneficia arguente mortalitate et ob id crepitu dissono auxiliante — quo pavore ignarus causae Nicias Atheniensium imperator veritus classem portu educere opes eorum adflixit —: macte ingenio este, caeli interpretes rerumque naturae capaces, argumenti repertores,

     quo deos hominesque vicistis! quis enim haec cernens et statos siderum (quoniam ita appellare placuit) labores non suae necessitati mortales genitos ignoscat?

    Nunc confessa de iisdem breviter atque capitulatim attingam ratione admodum necessariis locis strictimque reddita, nam neque instituti operis talis argumentatio est neque omnium rerum afferri posse causas minus mirum est quam constare in aliquis.

    Ovidio también valora también el extraordinario valor de quienes estudiaron las estrellas en Fastos, I, 297 y ss.:

    ¿Quién nos impide hablar también de las estrellas, cómo sale y se pone cada una? Esto es parte de mi promesa. ¡Felices las almas que fueron las primeras en ocuparse de conocer esats cosas y ascender a las mansiones de arriba! Se puede creer que aquellos sacaron la cabeza por encima tanto de los vicios como de los lugares humanos. Ni Venus ni el vino, el deber del foro o las fatigas de las campañas, quebraron sus pechos sublimes. No les tentaron ni la ambición ligera ni la gloria revestida de oropel ni el ansia de grandes riquezas. Acercaron a nuestros ojos las lejanas estrellas y sometieron el firmamento a su genio. Así es como se alcanza el cielo, sin necesidad de que el Olimpo se lleve al Osa y la cima del Pelio toque las más altas estrellas. Nosotros también, bajo la guía de ellos, mediremos el cielo y asignaremos sus días a cada astro errante. (Traducción de Bartolomé Segura Ramos, Edit. Gredos)

    Quis vetat et stellas, ut quaeque oriturque caditque,
    dicere? promissi pars fuit ista mei.
    felices animae, quibus haec cognoscere primis
    inque domus superas scandere cura fuit!
    credibile est illos pariter vitiisque locisque
    300 altius humanis exeruisse caput.
    non Venus et vinum sublimia pectora fregit
    officiumque fori militiaeve labor;
    nec levis ambitio perfusaque gloria fuco
    magnarumque fames sollicitavit opum.
    305 admovere oculis distantia sidera nostris
    aetheraque ingenio supposuere suo.
    sic petitur caelum: non ut ferat Ossan Olympus,
    summaque Peliacus sidera tangat apex.
    nos quoque sub ducibus caelum metabimur illis
    310 ponemusque suos ad vaga signa dies.

    En los textos clásicos hay numerosas referencias a eclipses realmente habidos. Según recojo del artículo “La explicación de los eclipses en la Antigüedad Grecolatina”, de los autores Roberto Casazza Alejandro Gangui de la Universidad de Buenos Aires que a su vez citan a Couderc, 1969: 128-134, se consideran históricos o descritos por fuentes históricas fiables a los siguientes:: eclipse del canon asirio (15 de junio del 763 a.C.); eclipse de Asurbanipal (27 de junio del 661 a.C.); eclipse de Arquíloco (6 de abril del 648 a.C.); eclipse de Tales (28 de mayo del 585 a.C. –hay densas discusiones sobre este eclipse–); eclipse de Píndaro (30 de abril del 463 a.C.); eclipse de Tucídides (3 de agosto del 431 a.C.); eclipse de Agatocles (15 de agosto del 310 a.C.); eclipse de Hiparco (20 de noviembre del 129 a.C.); eclipse de Flegón (24 de noviembre del 29 d.C.); eclipse de Plutarco (20 de marzo del 71 d.C.); eclipse de Teón (16 de junio del 364 d.C. –aquí también quedan dudas–). citado por Couderc, 1969: 128-134.

  • Los eclipses anuncian sucesos extraordinarios (I)

    El hombre lleva miles de años, desde que aparece sobre la tierra, observando el cielo, unas veces impresionado por los miles de puntos luminosos, en torno a los 1.500 a simple vista, que se mueven o permanecen quietos, y otras asustado por la influencia que puede tener sobre su propia vida.

    La bóveda celeste en sí misma es un dios  y esos puntos brillantes también son seres divinos. Así que cualquier señal que del cielo viene ha de ser observada, analizada, contrarrestada si su efecto es amenazador.

    Respecto de las estrellas, uno de los aspectos que más interesó a los antiguos fue la posición en cada momento de los astros; algunos de ellos, los planetas, se mueven, pero otros aparentemente permanecen fijos y anclados en el cielo. Precisamente la palabra “planeta”, πλανήτης, planetes en griego, significa “errante, que se mueve” .

    De la posición y aparición (orto) y desaparición o puesta (ocaso) de los astros en el firmamento dependen dos cuestiones fundamentales: una la determinación del calendario, la posibilidad de organizar y comprender los ciclos de la naturaleza; la otra está en relación con la creencia en la influencia que los astros tienen en la vida de los hombres, sobre todo la posición de los astros en el momento del nacimiento.

    Esta cuestión es lo que estudia desde hace de años la “astrología” y que por irracional que nos parezca, no ha dejado todavía de tener una gran presencia en la vida actual.

    Pues bien, para determinar la posición de los astros y sus apariciones y ciclos se realizaron durante miles de años pacientes observaciones. Los primeros fueron los mesopotámicos y los egipcios; de ellos aprendieron los griegos, que incorporaron estos conocimientos a su mitología y a su incipiente ciencia y los desarrollaron grandemente.

    Una de las señales que más impresionaron a los antiguos, y que nos sigue fascinando hoy, son los eclipses, en nuestra posición sobre todo los de sol, pero también los de luna.

    La palabra eclipse proviene del griego ἔκλειψις, ékleipsis, que  significa “desaparición, que falta”.
    Estrabón (ca. 63 a.C.-19 a 24 d.C.) en su Geografía, 1, 1, 12 define a los eclipses como συγκρίσεις ἡλίου καὶ σελήνης (syncríseis helíou kay selénes) , es decir, como combinaciones, composiciones o alineación del sol y la luna [con la tierra]. Esta precisa definición sigue siendo válida hoy.

    Según el Diccionario de la Real Academia Española, en astronomía un eclipse es la “Ocultación transitoria total o parcial de un astro por interposición de otro cuerpo celeste”.

    Los eclipses pueden ser de luna o de sol. Son especialmente llamativos y dramáticos los de sol, que pueden ser parciales, totales o anulares según la parte de sol que quede oscurecida por la interposición de la luna.

    Los eclipses de sol, sobre todo los totales, pueden producir temor e inquietud a las personas, incluso hoy día en que la explicación científica, hace mucho tiempo establecida, es conocida por todo el mundo. En este tipo, llega la noche en mitad del día y pueden verse algunas estrellas y aunque no duren mucho tiempo, alteran el comportamiento de los animales e impresionan notablemente a las personas.

    No puede extrañarnos, pues, el interés que los eclipses suscitaron en los antiguos.

    Los babilonios fueron observadores notables del firmamento y de ellos aprendieron egipcios y griegos. Fueron ya los babilonios los que se  percataron de que los astros volvían periódicamente a una misma posición y establecieron el llamado “ciclo de saros”, que naturalmente heredaron los griegos. Este ciclo es un periodo de 18 años, 10 u 11 días y 1/3 de día (es decir, 6.585ías), ,32 dtiempo que transcurre entre dos eclipses de sol o de luna con condiciones semejantes, cuando la Luna y la Tierra están de nuevo en la misma posición aproximada en sus órbitas: en la misma fase, en el mismo nodo y a la misma distancia.

    El nombre de “saros”(griego σάρος), lo utilizó por primera vez Edmond Halley en 1691 tomándolo de la enciclopedia o léxico bizantino del siglo XI “La Suda”, que dice: 

    El saros es una medida y un número entre los Caldeos. 120 saros hacen 2.222 años según el cálculo de los caldeos, ya que el saros hace 222 meses lunares, que son 18 años y 6 meses” .

    Los griegos a su vez parece que tomaron la palabra “saros” de la babilónica "sāru", que significaba al número 3.600.

    Ptolomeo y Plinio se refieren a este ciclo, aunque no le llamen así. Plinio (23-79 d.C.) dedica todo el capítulo 10 del Libro II al análisis de la recurrencia de los eclipses de sol y de luna,  tomándolo de Hiparco:

    Plinio, Naturalis Historia, II, 10 (56-57) (En otras numeraciones coincide con II,17):

    Es cierto que los eclipses vuelven a sus mismos círculos a los doscientos veintidós  meses; el eclipse de sol sólo se produce con la luna nueva o primera (cuando la luna finaliza o comienza su curso, en el último cuarto de luna o en el primero) (que es lo que llaman la conjunción); en cambio, el de luna sólo en luna llena (plenilunio) y siempre más acá de donde ocurrió la última vez. Ahora bien, todos los años ocurren  los eclipses de ambos astros en días y horas fijos; y sin embargo no son visibles en todas partes cuando se producen por debajo de la tierra (hemisferio austral) ni por encima de ella (hemisferio boreal),  a veces por las nubes y más a menudo porque lo obstaculiza el globo  terráqueo a causa de la convexidad del universo.

    Hace doscientos años se averiguó, gracias a la sagacidad de Hiparco, que el eclipse de luna ocurría a veces a los cinco meses del anterior, y el de sol, en cambio, a los siete, que éste (el sol) se oculta dos veces en treinta días sobre las tierras (en nuestro lado de la tierra), pero que esto es visto por unos y  otros (todos no ven las dos ocultaciones) y lo que es especialmente maravilloso en este fenómeno maravilloso, como quiera que  ocurre que la luna se eclipsa por la sombra de la tierra, unas veces le cae por la parte del ocaso (occidental) y otras por la salida (oriental), y por alguna razón, aunque  en la salida del sol esa sombra oscurecedora debe estar por debajo de la tierra, sin embargo ya ha ocurrido una vez, que la luna se ha eclipsado en el ocaso, viéndose uno y otro astro por encima de la  tierra.

    En cuanto a los eclipses de los dos astros en quince días, esto se vio en nuestro tiempo siendo emperadores los dos Vespasianos, el padre y el hijo, siendo además cónsules, el padre por tercera vez.

    defectus ccxxiii mensibus redire in suos orbes certum est, solis defectus non nisi novissima primave fieri luna, quod vocant coitum, lunae autem non nisi plena, semperque citra quam proxime fuerint; omnibus autem annis fieri utriusque sideris defectus statis diebus horisque sub terra nec tamen, cum superne fiant, ubique cerni, aliquando propter nubila, saepius globo terrae obstante convexitatibus mundi.
    intra ducentos annos hipparchi sagacitate compertum est et lunae defectum aliquando quinto mense a priore fieri, solis vero septimo, eundem bis in xxx diebus super terras occultari, sed ab aliis hoc cerni, quaeque sunt in hoc miraculo maxime mira, cum conveniat umbra terrae lunam hebetari, nunc ab occasus parte hoc ei accidere, nunc ab exortus, quanam ratione, cum solis exortu umbra illa hebetatrix sub terra esse debeat, semel iam acciderit ut in occasu luna deficeret utroque super terram conspicuo sidere. nam ut xv diebus utrumque sidus quaereretur, et nostro aevo accidit imperatoribus vespasianis patre iii. filio consulibus.

    Algo parecido nos dice Ptolomeo, en su Almagesto, IV,2 en su versión latina:

    De periodicis lunae temporibus

    Los  antiguos consideraban pues que este tiempo era aproximadamente de 6585 días y un tercio de día, es decir, 8 horas, porque en ese tiempo ellos veían que se acababan aproximadamente 223 meses (lunares), o 239 revoluciones  de la anomalía, sin embargo 242 vueltas a la misma latitud, pero 241 revoluciones de longitud,  y además 10.40 grados en 18 revoluciones en  el dicho tiempo.

    Prisci ergo admodum tempus hoc esse putabant directum 6585 dies et tertiam unius diei partem utpote horas 8 in tanto enim tempore 223 menses proxime colligi videbant: Revolutiones aut inaequalitatis quidem 239. Latitudinis autem 242, longitudinis vero revolutiones 241 et ad haec gradus 10.40 quoque in 18 revoutionibus in praedicto tempore.

    En el mundo grecolatino la astronomía (actualmente definida como “Ciencia que trata de cuanto se refiere a los astros, y principalmente a las leyes de sus movimientos”) y la astrología (definida actualmente como “Estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres”.)  se confunden, son la misma ciencia. Así que se mezclan los mitos y creencias que vienen de la noche de los tiempos con lo que la razón y la ciencia va averiguando. Poco a poco la astronomía fue expresándose en lenguaje matemático y geométrico sin que por ello desapareciera la “astrología”.

    Este largo proceso, en lo que se refiere a los eclipses,  lo sintetizaré en unos pocos textos antiguos de los cientos interesantes que nos han quedado.

    Ya Homero en su Odisea, XX, versos 350 y ss. hace referencia a un eclipse, que lo presenta como una premonición del terrible final de los pretendientes de Penélope a manos de Odiseo en su palacio de Itaca:

    Y Teoclímeno, a un dios semejante, tomó la palabra:
    “¡Desgraciados! ¿Qué mal os aflige? Sumidos en noche
    vuestros rostros están, las cabezas, las mismas rodillas;
    el sollozo os abrasa, las caras se os cubren de llanto;
    las paredes chorrean de sangre, las vigas hermosas;
    el vestíbulo llenan y pueblan el patio fantasmas
    que a las sombras se lanzan del Érebo; el sol en el cielo
    se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo.”

    (Traducción de José Manuel Pabón. Editorial Gredos)

    Que los eclipses son obra de los dioses ya nos lo recordó Arquíloco, poeta griego que vivió en el siglo VII a.C. Se refiere a un eclipse, probablemente el del año 648, como obra de Zeus. Nos dice en el fragmento 122 (West):

    Zeus y el Eclipse (fragmento 122 West)

    Nada es inesperado, nada puede ser declarado como imposible
    o maravilloso, desde que, Zeus, padre de los Olímpicos,
    hizo la noche a mediodía, manteniendo la espalda a la luz
    del sol radiante; y el temor cayó sobre la humanidad.
    A partir de ahora los hombres podrán creer todas las cosas, podrán esperar todas las cosas.  Ninguno de vosotros debería sorprenderse en el futuro, ni siquiera al ver
    que las bestias cambian su lugar con los delfines y van a pastar
    en las profundidades, teniendo  las olas resonantes del mar
    en más aprecio que la tierra, mientras que a los delfines les encantan las colinas boscosas.

    Los hombres no conocen las causas de los eclipses, que como alteración del orden natural del cielo les producen enorme temor. En algunas ocasiones creen que son causados por la propia acción mágica de los hombres

    Algunos autores, como Demócrito de Abdera (450a.C. – ca. 370 a.C.) piensa que el sol o la luna se hacen invisibles cuando descienden de sus órbitas. Los responsables de ese descendimiento son los magos o las brujas, según la creencia popular.

    Platón recoge la creencia, que pone en boca de Sócrates, en Gorgias, 513a:

    Piensa si eso es ventajoso para ti y para mí, para que no nos pase, divino Calicles, lo que les ocurre, según dicen, a las mujeres tesalias que tratan de hacer bajar la luna, o sea, que la conquista de ese poder en la ciudad vaya acompañada de la pérdida de las cosas más queridas.

    Según la creencia popular quedaban ciegas, sufrían quemaduras y quedaban con las piernas rotas por el esfuerzo.

    Aristófanes utiliza la creencia en Las nubes, v.  750 ss.:

    Estrepsíades: Ya he encontrado un modo de no pagar los intereses.
    Sócrates: Ponlo de manifiesto
    Estrepsíades:   Ponlo de manifiesto
    Sócrates:  Dime, si yo comprase una hechicera de Tesalia que hiciera bajar la luna de noche y la guardase con todo cuidado encerrada en una caja redonda, como si fuera un espejo…?
    Sócrates: ¿Y de qué te serviría eso? Te pregunto.
    Estrpsíades:  ¿De qué? Si la luna no volviese a salir en ningún sitio,  yo no tendría que pagar más intereses.
    Sócrates:  ¿Por qué? Dime.
    Estrepsíades: Porque los intereses se pagan cada més.

    Plinio también nos indica cómo los hombres creían que los eclipses eran fruto de la brujería y les producían un enorme temor, que intentaban alejar produciendo gran ruido. Lo dice en un texto en el que valora la gran obra de quienes liberaron a los hombres del temor a estos fenómenos. Nos lo cuenta en Naturalis Historia, II, 12 (54):

     … Fueron hombres de enorme grandeza por encima de los mortales,  quienes comprendieron la ley de tan grandes seres divinos, y libraron  ya al espíritu de los hombres,  que antes temían que  en los eclipses habría alguna desgracia o la muerte de los astros,  (sabido es que las sublimes bocas de los poetas Estesícoro y Píndaro estuvieron con este miedo en un eclipse de sol), y que pensaban que en el oscurecimiento de la luna había encantamientos  y por eso ayudaban con un ruido disonante.

    Con ese temor, desconocedor de las causas, Nicias, general de los atenienses, no se atrevió a sacar la escuadra del puerto e hizo un gran daño a sus intereses.

    viri ingentes supraque mortalia, tantorum numinum lege deprehensa et misera hominum mente iam soluta, in defectibus scelera aut mortem aliquam siderum pavente – quo in metu fuisse stesichori et pindari vatum sublimia ora palam est deliquio solis – aut in luna veneficia arguente mortalitate et ob id crepitu dissono auxiliante – quo pavore ignarus causae nicias atheniensium imperator veritus classem portu educere opes eorum adflixit

    También Tito Livio, al comentar el sitio por los romanos de la ciudad de Capua, ocupada por los cartagineses, y describir el ruido y griterío de la batalla en la que también interviene Anibal, dice en Ab Urbe condita libri), 26, 5, 9,:

    Comenzó la batalla no sólo con el acostumbrado griterío y alboroto;  sino que además al ruido de los caballos, los hombres y las armas se añadió el griterío que hioz la población no combatiente colocada en las murallas de Capua con sus objetos de bronce, como  suele hacer en el silencio de la noche en un eclipse de Luna, para distgraer también el ánimo de los combatientes.

     proelium non solito modo clamore ac tumultu est coeptum, sed ad alium virorum, equorum armorumque sonum disposita in muris Campanorum inbellis multitudo tantum cum aeris crepitu, qualis in defectu lunae silenti nocte cieri solet, edidit clamorem, ut averteret etiam pugnantium animos.

    Boecio (480-ca.526), todavía nos recuerda la práctica arraigada en el pueblo de golpear objetos de bronce para ahuyentar el maleficio del eclipse de sol, en su La consolación de la Filosofía, libro IV, M(etro)5, 7-12

    Cuando palidecen los cuernos de la luna llena
    invadida por los límites de la noche oscura,
    y  las estrellas que cubría con su cara luminosa, 
    cuando Febo descubre los astros eclipsados,
    la pública ignorancia  conmueve a las gentes
    que baten los aires con sus constantes golpes.

    palleant plenae cornua lunae
    infecta metis noctis opacae,
    quaeque fulgenti texerat ore,
    10 confusa Phoebe detegat astra:
    commouet gentes publicus error
    lassantque crebris pulsibus aera.

    Los textos que reflejan estos temores son numerosos. El historiador Tucídides (460-396) nos ofrece un texto interesante al comentar la magnitud de la Guerra del Peloponeso. Tucídides pone en relación los desastres de la guerra con las desgracias de todo tipo acaecidas entonces.

    Historia de la Guerra del Peloponeso, I, 23:

    De los hechos anteriores el más importante fue la guerra contra los medos, a pesar de que ésta se decidió rápidamente en dos batallas navales y dos terrestres. La duración de este guerra nuestra, por el contrario, ha ido mucho más allá, y hay ocurrido que en su transcurso se han producido en Grecia desastres sin parangón en un período igual. Nunca tantas ciudades fueron tomadas y asoladas, unas por los bárbaros y otras por los mismos griegos luchando unos contra otros (algunas hay incluso que cambiaron de habitantes al ser conquistadas); nunca tampoco había habido tantos destierros y tanta mortandad, bien en la misma guerra bien a causa de las luchas civiles. E historias que antes refería la tradición, pero que raramente encontraban una confirmación en la realidad, dejaron de resultar inverosímiles: historias acerca de terremotos, que afectaron a la vez a extensas regiones y que fueron muy violentos; eclipses de sol, que ocurrieron con mayor frecuencia de lo que se recordaba en tiempos pasados; y grandes sequías en algunas tierras y hambres como secuela, y, en fin, la calamidad que no menos daño causó y que destruyó a una parte de la población, la peste. Todos estos males cayeron sobre Grecia junto con esta guerra. (Traducción de Juan José Torres Esbarranch. Editorial Gredos. 1990)

    Nota: Tucídides en su Historia hace mención a dos eclipses de sol , en II, 28 y en IV,52,1);  Tambien se refiere a uno de luna en VII,50,4:

    Todo estaba por fin listo, y estaban a punto de marchar lejos navegando lejos, cuando tuvo lugar un eclipse de luna, que estaba entonces en su pleno desarrollo.  La mayoría de los atenienses, profundamente impresionado por este hecho, insisten ahora a sus generales para esperar; y Nicias, que era un tanto aficionado a la adivinación y a las prácticas de ese tipo, se negó desde ese momento incluso a tomar en consideración la cuestión de partida, hasta que esperaron los tres veces nueve días prescritos por los adivinos.

    Píndaro utiliza también la misma idea y creencia de que los eclipses acarrean grandes desgracias en su Pean 9, (Fragmento 52K Maehler, A1 Rutherford):

    Rayo de sol, vigía, ¿qué intentarás,
    oh madre de la vista, astro supremo,
    oculto en el día? ¿Por qué has vuelto inoperante
    para los varones la fuerza y el camino del saber,
    recorriendo un sendero oscurecido?
    ¿Conduces uno más nuevo que antes?
    Pero a ti, que conduces rápidos corceles, por
    Zeus
    te suplico, que conviertas
    en una prosperidad sin pena para Tebas,
    oh venerable, el prodigio común a todos.
    [ . . .]
    [ . . .]
    [ . . .] ¿de qué guerra traes el signo,
    o la consunción del fruto, o la fuerza increíble
    de una nevada, o la destructora sedición,
    o el vaciamiento del mar en la llanura,
    o el congelamiento del suelo, o un verano
    ventoso
    fluyendo con agua furiosa,
    o tras inundar la tierra instalarás
    una nueva generación de varones desde el
    principio?
    No temo nada que vaya a sufrir junto con todos.

    (faltan vv. 22–33 = ep.2–10, estr. B 1–3)
    (Tradución de Daniel Alejandro Torres)

    Algunos comentaristas aprecian precedentes de este peán en poemas egipcios al Sol.
    Séneca, en un largo y retórico canto del coro en su tragedia “Tiestes” poetiza sobre la situación de desorden cósmico y pánico que generan los eclipses:

    Ante el crimen de Atreo que ha matado a los hijos de Tiestes y se los ha ofrecido como alimento en un banquete terrible, el sol retrocede. El coro, estupefacto, teme que se venga abajo toda la estructura del mundo y vuelva todo al  antiguo caos.

    El coro al final de su Tiestes, v. 789-884:

    ¿A dónde, padre de las tierras y de los de aquí arriba,
    a cuyo nacimiento huye todo el ornato de la noche
    opaca: a dónde vas, torciendo tu camino
    y terminando el día en medio del Olimpo?
    ¿Por qué, Febo, nos robas tu semblante?
    de las llamas de Febo, no privará a la noche
    el mensajero de la tarde, Héspero;
    aún la curva hacia Hesperia de las ruedas
    no manda desatar unos caballos que ya han cumplido;
    aún no ha dado, al declinar el día hacia la noche,
    la tercera bocina su señal.
    Se extraña ante la hora de esta súbita cena el labrador,
    cuando los bueyes aún no están cansados.
    ¿Qué es lo que te ha apartado de tu curso celeste?
    ¿Qué causa ha desviado a tus caballos
    de su sendero fijo? ¿Acaso abriendo
    la cárcel de Plutón, los Gigantes vencidos
    intentan otra guerra? ¿Acaso Titio
    renueva con su herida viejas iras
    en su pecho agotado? ¿Es que Tifeo
    sus flancos ha librado echando a un lado el monte?
    ¿Acaso se construye entre los enemigos
    De Flegra un elevado camino y en Tesalia
    el Pelio es aplastado bajo el Osa de Tracia?
    Se han terminado los turnos regulares en el cielo:
    no habrá ocaso ni tampoco oriente.
    Estupefacta queda la madre Aurora,
    estando acostumbrada a encomendar las riendas
    al dios con el rocío de la luz primera,
    por haberse invertido las lindes de su reino:
    no sabe ella bañar los corceles cansados
    ni sumir en el ponto sus rines humeantes de sudor.
    Y el mismo sol, que es nuevo eneste inusitado alojamiento,
    ve a la Aurora al ponerse
    y manda levantarse a las tinieblas
    sin estar preparada aún la noche; no se alzan
    las estrellas, ni brilla con resplandor alguno el firmamento;
    no disipa la luna las densas sombras.
    Sea esto lo que sea, ¡ojalá se tratase de una noche!:
    tiemblan, tiemblan los pechos sacudidos
    por un gran miedo
    de que, en fatal ruina,
    todo se venga abajo y otra vez a los dioses
    y a los hombres oprima el caos deforme,
    y otra vez a las tierras y a los mares y al fuego
    y a las estrellas, que vagan adornando el firmamento,
    los confunda de nuevo la naturaleza.
    El guía de los astros, que con la aparición de su perenne antorcha
    va guiando los siglos, no indicará el verano
    ni el invierno; la luna, que sale al encuentro
    de las llamas de Febo, no privará a la noche
    de sus terrores, ni vencerá las riendas
    de su hemano corriendo por su curvo sendero
    en menos trecho. A una misma fosa
    irán a amontonarse una turba de dioses.
    Aquí el que, recorrido por sagradas estrellas,
    corta en oblicua órbita a las zonas,
    modificando la longitud del año con sus signos,
    caer verá a los astros mientras cae.
    Aquí el Carnero, que, sin ser apacible aún del todo
    la primavera, vuelve a confiar las velas
    al tibio Céfiro, se precipitará sobre las olas
    por las que transportó a al asustada Hele.
    Aquí el Toro, que en sus brillantes cuernos
    lleva a las Híades, arrastrará consigo a los Gemelos
    y a Cangrejo de brazos encorvados.
    El León de Hércules ardiendo entgre las llamas del estío,
    otra vez desde el cielo caerá.
    Caerá, sobre las tierras que un día dejó la Virgen
    y caerán los pesos de la exacta Balanza
    y arrastrarán consigo al punzante Escorpión.
    Y el anciano Quirón que en su arco hemonio
    sostiene sus saetas emplumadas
    perderá sus saetas, roto el arco.
    El glacial Capricornio, que vuelve a traer
    el perezoso invierno, caerá y destrozará tu urna
    cualquiera que tú seas. Contigo caerán
    las últimas estrellas del cielo, los Peces.
    Y los monstruos que nunca bañó el mar
    los tragará el abismo que lo sepulta todo;
    y la que, en medio de ellas, separa las dos Osas,
    la Sierpe escurridiza que parece un río;
    y, unida al gran Dragón, la menor, Cinosura,
    aterida de frío por el hielo;
    y el perezoso guardián de su carro,
    Artofilace, perderá el equilibrio y caerá.
    ¿Nosotros solos entre tanta gente hemos parecido
    merecedores de ser aplastados,
    al derrumbarse el eje de los cielos? ¿Viene sobre nosotros
    la última era? ¡Ah, con qué dura suerte
    hemos sido creados, bien hayamos perdido
    el sol en nuestra desventura, bien lo hayamos echado!
    Lejos las quejas; apártate temor:
    de vivir está ansioso el que no quiere
    morir cuando con él perece el universo.

    (Traducción de José Luis Moreno. Editorial Gredos. 1980)

    Chorus
    Quo terrarum superumque parem,
    cuius ad ortus noctis opacae
    decus omne fugit, quo vertis iter
    medioque diem perdis Olympo?
    cur, Phoebe, tuos rapis aspectus?
    nondum serae nuntius horae
    nocturna vocat lumina Vesper;
    nondum Hesperiae flexura rotae
    iubet emeritos solvere currus;
    nondum in noctem vergente die
    tertia misit bucina signum:
    stupet ad subitae tempora cenae
    nondum fessis bubus arator,
    quid te aetherio pepulit cursu?
     quae causa tuos
    limite certo deiecit equos?
    numquid aperto carcere Ditis
    victi temptant bella Gigantes?
    numquid Tityos pectore fesso
    renovat veteres saucius iras?
    num reiecto
    latus explicuit monte Typhoeus?
    numquid struitur via Phlegraeos
    alta per hostes et Thessalicum
    Thressa premitur Pelion Ossa?
    solitae mundi periere vices?
    nihil occasus, nihil ortus erit?
    stupet Eoos
    assueta deo tradere frenos
    genetrix primae roscida lucis
    perversa sui limina regni;
    nescit fessos
    tinguere currus nec fumantes
    sudore iubas mergere ponto.
    ipse insueto novus hospitio
    Sol Auroram videt occiduus,
    tenebrasque iubet surgere nondum
    nocte parata: non succedunt
    astra nec ullo micat igne polus,
    non Luna gravis digerit umbras.
    Sed quicquid id est, utinam nox sit!
    trepidant, trepidant
    pectora magno percussa metu:
    ne fatali cuncta ruina
    quassata labent iterumque, deos
    hominesque premat deforme chaos,
    iterum terras et mare cingens
    et vaga picti sidera mundi
    natura tegat.
    non aeternae facis exortu
    dux astrorum saecula ducens
    dabit aestatis brumaeque notas,
    non Phoebeis obvia flammis
    dement nocti Luna timores
    vincetque sui fratris habenas,
    curro brevius limite currens;
    ibit in unum
    congesta sinum turba deorum,
    hic qui sacris pervius astris
    secat obliquo tramite zonas
    flectens longos signifer annos,
    lapsa videbit sidera labens;
    hic qui nondum vere benigno
    reddit Zephyro- vela tepenti,
    Aries praeceps ibit in undas,
    per quas pavidam vexerat Hellen;
    hic qui nitido Taurus cornu
    praefert Hyadas, secum Geminos
    trahet et curvi bracchia Cancri;
    Leo flammiferis aestibus ardens
    iterum e caelo cadet Herculens,
    cadet in terras Virgo relictas
    iustaeqne cadent pondera Librae
    secumque trahent Scorpion acrem;
    et qui nervo tenet Haemonio
    pinnata senex spicula Chiron,
    rupto perdet spicula nervo;
    pigram referens hiemem gelidus
    cadet Aegoceros frangetque tuam,
    quisquis es, urnam; tecum excedent
    ultima caeli sidera Pisces,
    Plostraque numquam perfusa mari
    merget condens omnia gurges;
    et qui medias dividit Vrsas,
    fluminis instar lubricus Anguis
    magnoque minor iuncta Draconi
    frigida duro. Cynosura gelu,
    custosque sui tardus plaustri
    iam non stabilis ruet Arctophylax.
    Nos e tanto visi populo
    digni premeret quos everso
    cardine mundus?
    in nos aetas ultima venit?
    o nos dura sorte creatos,
    seu perdidimus solem miseri,
    sive expulimus!
    abeant questus, discedo, timor:
    vitae est avidus quisquis non vult
    mundo secum pereunte mori.

    Virgilio (70-19 a.C.), relaciona las señales del sol (Febo) con el asesinato de César y las guerras y desgracias que caerán sobre Roma en sus Geórgicas I, vv. 464-468:

    El (el Sol) también nos avisa muchas veces de que están a punto de suceder revueltas secretas y de que se están gestando engaños  y guerras ocultas. Él también, compadecido de Roma una vez eliminbado César, cubrió su brillante cabeza de obscura herrumbre, y los impíos siglos temieron una noche eterna.

    … Ille etiam caecos instare tumultus
    saepe monet fraudemque et operta tumescere bella;
    ille etiam exstincto miseratus Caesare Romam,
    cum caput obscura nitidum ferrugine texit
    impiaque aeternam timuerunt saecula noctem.

    Virgilio también, al final del Libro I de la Eneida, cuando Eneas ha sido llevado por Dido a palacio, nos presenta al poeta de la corte cantando a los astros y sus movimientos. Lo hace en los versos  736 y ss.

    Eneida, I, 736-750

    Dijo, y derramó sobre la mesa la libación consagrada,
    y ella la primera acercó la copa al borde de su boca.
    Luego se la dio a Bicias, invitándole;
    Este decidido se bebió la patera espumante,
    y se remojó en la copa de oro llena.

    Despues bebieron los otros jefes. Canta
    al son de su cítara de oro el criado Jopas, a quien el gran Atlas enseñó:
    Canta este a la luna errante ylos eclipses del Sol;
    el origen de donde vienen los hombres  y a las bestias,
    de dónde viene la lluvia y  los relámpagos,
    y a la estrella Arturo y a las Híades lluviosas y a las dos Osas.

    Y por qué el sol del invierno se da tanta prisa
    en hundirse en el Océano, o  qué retraso retiene a la noche tardía.
    Redoblan los tirios su aplauso, y les siguen luego los troyanos.

    Mientras tanto la desgraciada Dido arrastraba la noche
    con su larga conversación y bebía su gran amor,
    preguntándole  muchas cosas sobre Priamo, muchas sobre Héctor.

    Dixit, et in mensam laticum libavit honorem,
    primaque, libato, summo tenus attigit ore,
    tum Bitiae dedit increpitans; ille impiger hausit
    spumantem pateram, et pleno se proluit auro
    post alii proceres. Cithara crinitus Iopas
    personat aurata, docuit quem maximus Atlas.
    Hic canit errantem lunam solisque labores;
    unde hominum genus et pecudes; unde imber et ignes;
    Arcturum pluviasque Hyadas geminosque Triones;
    quid tantum Oceano properent se tinguere soles
    hiberni, vel quae tardis mora noctibus obstet.
    Ingeminant plausu Tyrii, Troesque sequuntur.
    Nec non et vario noctem sermone trahebat
    infelix Dido, longumque bibebat amorem,
    multa super Priamo rogitans, super Hectore multa;

    El mismo Virgilio repite casi literalmente las mismas ideas si bien en otro contexto, ahora cantando las excelencias del viejo romano agricultor y trabajador feliz de su campo; curiosamente se repiten aquí dos versos íntegros del texto anterior correspondiente a la Eneida,  en Geórgicas, II, v. 475 y ss.:

    En primer lugar que me acojan las Musas, dulces sobre todas las cosas, cuyas insignias sagradas llevo, herido por un grande amor, y me muestren las estrellas y los caminos del cielo, y los eclipses del sol y los desfallecimientos de la luna; y de dónde viene el temblor de las tierras, por qué fuerza se hinchan los profundos mares, rotos los obstáculos y de nuevo se asientan sobre sí mismos; y por qué el sol del invierno se da tanta prisa en hundirse en el Océano, o  qué retraso retiene a la noche tardía.

    Y si no pudiera tener acceso a estas partes de la naturaleza y la sangre helada en mi pecho lo impidiera, que al menos disfrute sin gloria de los campos y los arroyos que corren por los valles, de los ríos y los bosques.

    Me vero primum dulces ante omnia Musae,
    quarum sacra fero ingenti percussus amore,
    accipiant caelique vias et sidera monstrent,
    defectus solis varios lunaeque labores;
    unde tremor terris, qua vi maria alta tumescant
    480obicibus ruptis rursusque in se ipsa residant,
    quid tantum Oceano properent se tinguere soles
    hiberni, vel quae tardis mora noctibus obstet.
    Sin, has ne possim naturae accedere partis,
    frigidus obstiterit circum praecordia sanguis:
    485rura mihi et rigui placeant in vallibus amnes,
    flumina amem silvasque inglorius.

    Plutarco (50-120d.C.) ofrece un texto interesantísimo sobre el temor que infundían en el ejército los eclipses, en este caso de Luna. Nos lo cuenta en la biografía del general romano Paulo Emilio (229-160 a.C.) describiendo un eclipse que tuvo lugar el 21 de junio del 168 a.C. inmediatamente antes de la batalla de Pidna con la que los romanos consolidan su dominio en Macedonia:

    Plutarco, Vida de Paulo Emilio, XVII, 3 ss.: (1821, II, 160)

    Al hacerse de noche, y cuando después del rancho se iban a dormir y a descansar, la luna, que estaba en su lleno y bien descubierta, empezó de pronto a ennegrecerse, y desfalleciendo su luz, habiendo cambiado diferentes colores, desapareció. Los romanos, como es de ceremonia, la imploraban para que les volviese su luz, con el ruido de los bronces y alzando al cielo muchas luces con tizones y hachas; mas los macedonios a nada se movieron, sino que el terror y espanto se apoderó del campo, y entre muchos corrió secretamente la voz de que aquel prodigio significaba el eclipse de un rey.

    No era Emilio hombre enteramente nuevo y peregrino en las anomalías eclípticas, las cuales a tiempos determinados hacen entrar la luna en la sombra de la tierra y la ocultan, hasta que pasando de la sombra vuelve otra vez a resplandecer con el sol. Mas, sin embargo, como daba mucha parte en todo a la divinidad, y era inclinado a los sacrificios y a la adivinación, apenas vio a la luna recobrar su pureza, le sacrificó once novillos; y no  bien se hizo de día, cuando inmoló bueyes a Hércules, sin obtener buenos presagios, no parando entonces hasta veinte, pero al vigésimo primero se observaron prodigios que dijo adjudicaban la victoria a los que se defendiesen.  Hizo, pues, voto al mismo dios de otros cien bueyes y de juegos sagrados, mandando a los oficiales ordenar el ejército para la batalla; mas aguardó con todo a la inclinación y desvío del resplandor, para que el sol desde el Oriente no los deslumbrara en la pelea dándoles de cara; por lo que estuvo dando tiempo, sentado en su tienda, la que tenía abierta por la parte de la llanura y del campo de los enemigos. (Traducción de Ranz Romanillos)

    También aparece el relato con alguna variante en Livio XLIV, 37, 4 ss.

    Aunque el rey estaba dispuesto a luchar sin dilación  aquel día, quedó también contento  con que sus hombres supieran que el retraso se debía al enemigo y él mismo llevó de vuelta las tropas al campamento.
    Una vez fortificado el campamento, Cayo Sulpicio Galo, tribuno militar de la segunda legión,  que había sido pretor el año anterior, con permiso del cónsul y convocados los soldados a una asamblea, les dijo que nadie considerara como un portento que en la próxima noche, la luna tuviese un eclipse desde la segunda hora hasta la cuarta hora de la noche, porque esto ocurría en intervalos fijos según el orden natural y por eso podía ser conocido con anterioridad y predecirse. 
    Así pues, del mismo modo que no se admiraban de que la salida y la puesta del Sol y de la Luna son seguros, o de que la luna brilla unas veces en toda su redondez, otras como si envejeciera en un pequeño cuerno, así no debían considerar como un prodigio que también se oscureciera cuando era tapada por la sombra de la tierra.
    Cuando a la hora indicada tuvo lugar el eclipse de luna en la noche a la que siguió el día anterior a las nonas de septiembre (del tres al cuatro de septiembre), la sabiduría de Galo les pareció casi divina a los soldados romanos.
    A los macedonios en cambio les pareció como un prodigio funesto que anunciaba la caída del reino y la desgracia de la gente, y su adivino no lo interpretó de otro modo. Hubo gritos y lamentos en el campamento de los Macedonios hasta que la Luna salío de nuevo con su propia luz.
    Había tantas ganas en los dos ejércitos de enfrentarse, que algunos de sus propios soldados acusaban no sólo al rey sino también al cónsul de haberse retirado sin combatir y así el rey tenía la inmediata justificación, no solo por eso, de que el enemigo fue el primero que rechazando abiertamente el combate, retiró las tropas al campamento; y además que había situado las enseñas en un lugar en el que la falange no podía avanzar porque hasta las pequeñas  irregularidades del terreno la hacían ineficaz.
    Y el cónsul en este asunto, parecía que había dejado escapar el día anterior la ocasión de luchar y que había dado al enemigo la oportunidad de marcharse durante la noche y ahora también parecía que perdía el tiempo con el pretexto de hacer un sacrificio, cuando al amanecer debía haber dado la señal de salir al campo de batalla dispuesto a luchar.
    Finalmente, una vez realizado el sacrificio de acuerdo con los ritos, convocó a consejo a la tercera hora; y allí, hablando y consultando cosas sin sentido les parecía a algunos que perdía el tiempo que debía emplear en llevar a cabo el asunto. Entonces el cónsul pronunció este discurso contra aquellas habladurías.

    rex quoque, cum sine detractatione paratus pugnare eo die fuisset, contentus eo, quod per hostem moram fuisse scirent, et ipse in castra copias reduxit. castris permunitis C. Sulpicius Gallus, tribunus militum secundae legionis, qui praetor superiore anno fuerat, consulis permissu ad contionem militibus vocatis pronuntiavit, nocte proxima, ne quis id pro portento acciperet, ab hora secunda usque ad quartam horam noctis lunam defecturam esse.  id quia naturali ordine statis temporibus fiat, et sciri ante et praedici posse.
    itaque quem ad modum, quia certi solis lunaeque et ortus et occasus sint, nunc pleno orbe, nunc senescentem exiguo cornu fulgere lunam non mirarentur, ita ne obscurari quidem, cum condatur umbra terrae, trahere in prodigium debere.
    nocte, quam pridie nonas Septembres insecuta est dies, edita hora luna cum defecisset, Romanis militibus Galli sapientia prope divina videri;

    Macedonas ut triste prodigium, occasum regni perniciemque gentis portendens, movit nec aliter vates. clamor ululatusque in castris Macedonum fuit, donec luna in suam lucem emersit.
    postero die—tantus utrique ardor exercitui ad concurrendum fuerat, ut et regem et consulem suorum quidam, quod sine proelio discessum esset, accusarent— regi prompta defensio erat, non eo solum, quod hostis prior aperte pugnam detractans in castra copias reduxisset, sed etiam quod eo loco signa constituisset, quo phalanx, quam inutilem vel mediocris iniquitas loci efficeret, promoveri non posset.
    consul ad id, quod pridie praetermisisse pugnandi occasionem videbatur et locum dedisse hosti, si nocte abire vellet, tunc quoque per speciem immolandi terere videbatur tempus, cum luce prima ad signum propositum pugnae exeundum in aciem fuisset.
    tertia demum hora sacrificio rite perpetrato ad consilium vocavit; atque ibi, quod rei gerendae tempus esset, loquendo et intempestive consultando videbatur quibusdam extrahere. adversus eos sermones talem consul orationem habuit.

    Al episodio hace también referencia Plinio en su Historia Natural II, 9 (12) (53)

    Y ciertamente el primero de los romanos que expuso al pueblo la teoría de los dos eclipses (de Sol y de Luna) fue Sulpicio Galo, que fue cónsul con M. Marcelo, pero entonces era tribuno militar, cuando liberado el ejército  de una derrota el día anterior a que el rey Perses fuera vencido por Paulo, fue llevado a la asamblea por el general para predecir un eclipse, y poco después también lo hizo en un libro que escribió.
    Sin embargo, entre los griegos el primero de todos que lo investigó fue Tales de Mileto en el cuarto año de la Olimpiada cuadragésima octava al predecir un eclipse de sol, que tuvo lugar siendo rey Alyates en el año 170 de la fundación de la ciudad.
    Después de ellos Hiparco anticipó para seiscientos años, el recorrido de los dos astros (el sol y la luna), los meses de los pueblos y los días y las horas y la posición de los lugares y la visión de cada pueblo, siendo testigo el  tiempo que no lo hizo de otro modo como si hubiera sido partícipe de los consejos de la propia naturaleza.

    Et rationem quidem defectus utriusque primus Romani generis in vulgum extulit Sulpicius Gallus, qui consul cum M. Marcello fuit, sed tum tribunus militum, sollicitudine exercitu liberato pridie quam Perses rex superatus a Paulo est in concionem ab imperatore productus ad praedicendam eclipsim, mox et composito volumine. apud Graecos autem investigavit primus omnium Thales Milesius Olympiadis XLVIII anno quarto praedicto solis defectu, qui Alyatte rege factus est urbis conditae anno CLXX. post eos utriusque sideris cursum in sexcentos annos praececinit Hipparchus, menses gentium diesque et horas ac situs locorum et visus populorum complexus, aevo teste haut alio modo quam consiliorum naturae particeps.

    Aparece también en Frontino, Estratagemas, I, 12; Zonaras, 9,23., Valerio Máximo , 8, 11,1

    Cicerón añade algún matiza interesante en De Repùblica I, 15, 23:

    Escipión: …Mucho quería yo a Galo, y sabía que mi padre Paulo le había apreciado y estimado sobremanera. Recuerdo que en mi juventud, siendo mi padre cónsul en Macedonia, encontrándonos acampados, invadió una noche a todas nuestras legiones terror religioso, porque la Luna, que se encontraba en todo su esplendor, se oscureció de repente. Entonces Galo, que era nuestro legado, un año antes de ser nombrado cónsul, no dudó en declarar a la mañana siguiente en el campamento que no se había realizado ningún prodigio, que aquel fenómeno estaba en el orden de la naturaleza y se repetía en periodos determinados, cuantas veces se encontrase situado el Sol de manera que su luz no pudiese iluminar la Luna.
    Tuberón: Mas, ¿cómo puedo hacer comprender eso a hombres tan rudos y se atrevió a hablar de tal manera a gentes tan ignorantes?
    Escipión: Hízolo, y con grande…

               (Según Mai,faltan aquí dos páginas al menos)
    (24)  … sin vana ostentación ni lenguaje indigno de varón grave; y no consiguió poco despòjando del temor y vanas supersticiones a aquellos hombres aterrados.

    [23] 15. … fuit, quod et ipse hominem diligebam et in primis patri meo Paulo probatum et carum fuisse cognoveram. Memini me admodum adulescentulo, cum pater in Macedonia consul esset et essemus in castris, perturbari exercitum nostrum religione et metu, quod serena nocte subito candens et plena luna defecisset. Tum ille, cum legatus noster esset anno fere ante, quam consul est declaratus, haud dubitavit postridie palam in castris docere nullum esse prodigium, idque et tum factum esse et certis temporibus esse semper futurum, cum sol ita locatus fuisset, ut lunam suo lumine non posset attingere. Ain tandem? inquit Tubero; docere hoc poterat ille homines paene agrestes et apud imperitos audebat haec dicere? S. Ille vero et magna quidem cum … …
    [24] neque insolens ostentatio neque oratio [p. 283] abhorrens a persona hominis gravissimi; rem enim magnam adsecutus est, quod hominibus perturbatis inanem religionem timoremque deiecerat.

    También Polibio recoge cómo los conocimientos astronómicos de Galo sirvieron a los romanos para vencer a Perseo de Macedonia en Pidna; en XXIX, 16 (6)

    Batalla de Pydna

    Tuvo lugar un  eclipse de Luna, la información corrió por todas partes  y muchos creyeron que significaba el eclipse de un rey. Y esta circunstancia levantó los ánimos de los romanos y deprimió los de los macedonios. Qué cierto es  el dicho de que "la guerra produce más de un miedo sin fundamento." . . .

    Tácito (55-120 d.C.), también cuenta la reacción mucho más tarde de los legionarios romanos ante un eclipse. Cuenta cómo Druso Julio César se sirvió del eclipse para aplacar una sublevación. Lo narra en sus Anales, I, 28:

    La casualidad suavizó aquella noche amenazadora y que estaba a punto de resolverse en un crimen. Pues la luna pareció que se apagaba en un cielo que de repente era claro.  Los soldados, ignorantes del motivo, lo interpretaron como un presagio del momento presente, relacionando el eclipse del astro con sus trabajos,  y  que las cosas les sucederían y se inclinarían favorablemente a sus intereses si volvía de nuevo el resplandor y luz de la diosa (la luna). Por eso hicieron ruido con el sonido de los bronces y con el conjunto de trompetas y cuernos militares. Según se hacía más brillante o más oscura se alegraban o se entristecían; y después de que algunas nubes que aparecerieron la ocultaron a la vista y se creyó que había desaparecido en las tinieblas, como suelen ser empujadas fácilemente a la superstición las mentes débiles, se anuncia un enorme sufrimiento para ellos y se lamentan de que sus crímenes les hubieran puesto en contra a los dioses.
    César, pensando que debía servirse de aquella circunstancia y que debía volver en acierto lo que la casualidad le había ofrecido, ordena rodear las tiendas; hace llamar al centurión Clemente y a los otros que cayeran bien al pueblo por su buen saber hacer. Todos estos se colocan con los vigilantes, con los puestos y con los defensores de las puertas, y unas veces les dan esperanza y otras les meten miedo. ¿Hasta cuando atacaremos al hijo del emperador? ¿Cuál será el final de estos combates? ¿Prestaremos juramenteo a Percenio y Vibuleno? ¿Pagarán Percenio y Vibuleno a los soldadeos el sueldo y las tierras que se han ganado? ¿o finalmente se apoderarán ellos del imperio del pueblo romano en vez de los Nerones y Drusos? ¿Por qué más bien, así como somos los ñultimos en la culpa, no somos los primeros en el arrepentimiento? Lo que se pide en común es lento de realizarse pero inmediatamente merecerás y recibirás el agradeciemiento particular. Afectados los ánimos por estas cosas y sospechando entre ellos, el novato se aparta del veterano y una legión se aparta de la otra. Entonces va volviendo poco a poco el deseo de obedecer, abandonas las puertas, llevan a su lugar las estandartes y enseñas amontonadas en un lugar al principio de la sublevación.

    Noctem minacem et in scelus erupturam fors lenivit: nam luna claro repente caelo visa languescere. id miles rationis ignarus omen praesentium accepit, suis laboribus defectionem sideris adsimulans, prospereque cessura qua pergerent si fulgor et claritudo deae redderetur. igitur aeris sono, tubarum cornuumque concentu strepere; prout splendidior obscuriorve laetari aut maerere; et postquam ortae nubes offecere visui creditumque conditam tenebris, ut sunt mobiles ad superstitionem perculsae semel mentes, sibi aeternum laborem portendi, sua facinora aversari deos lamentantur. utendum inclinatione ea Caesar et quae casus obtulerat in sapientiam vertenda ratus circumiri tentoria iubet; accitur centurio Clemens et si alii bonis artibus grati in vulgus. hi vigiliis, stationibus, custodiis portarum se inserunt, spem offerunt, metum intendunt. 'quo usque filium imperatoris obsidebimus? quis certaminum finis? Percennione et Vibuleno sacramentum dicturi sumus? Percennius et Vibulenus stipendia militibus, agros emeritis largientur? denique pro Neronibus et Drusis imperium populi Romani capessent? quin potius, ut novissimi in culpam, ita primi ad paenitentiam sumus? tarda sunt quae in commune expostulantur: privatam gratiam statim mereare, statim recipias.' commotis per haec mentibus et inter se suspectis, tironem a veterano, legionem a legione dissociant. tum redire paulatim amor obsequii: omittunt portas, signa unum in locum principio seditionis congregata suas in sedes referunt.

    De nuevo Plutarco narra un episodio parecido referido ahora a un eclipse que tuvo lugar muchos años antes en el año 357 a.C., ocasión en la que cuenta también otros prodigios,  en Vida de Dión, 24:

    Después de las libaciones y de las solemnes plegarias se eclipsó la luna, lo que ninguna maravilla causó a Dión, que sabía calcular los períodos de los eclipses y cuándo la sombra llega a oscurecer la luna, interponiéndose la tierra entre ésta y el sol; pero siendo conveniente dar aliento a los soldados que se habían sobresaltado, púsose en medio de ellos el adivino Miltas, diciéndoles que tuvieran buen ánimo y formaran las mejores esperanzas, porque aquel portento lo que significaba era el oscurecimiento de cosas que entonces brillaban, y que no habiendo cosa más brillante que la tiranía de Dionisio, apagarían su esplendor en el momento que llegaran a la Sicilia. Esto fue lo que Miltas anunció en público a todos; pero en cuanto a las abejas que se vieron formar enjambre en la popa de una de las naves de Dion, dijo reservadamente a los amigos que esto le hacía temer no fuera que, siendo desde luego brillantes sus sucesos, al cabo de haber florecido por un breve tiempo, se marchitasen. Dícese asimismo que a Dionisio le fueron enviadas muchas señales prodigiosas de parte de los dioses; porque un águila arrebató la lanza de uno de los soldados estipendiarios, y levantándola y llevándola a grande altura, la dejó caer al abismo. El mar que bate en la ciudadela ofreció un día agua dulce y potable, cosa que se hizo notoria a todos habiéndola gustado. Naciéronle unos lechoncillos que tenían todos sus miembros cabales, faltándoles sólo las orejas. Revelaban los adivinos que esto era indicio de rebelión y desobediencia, significando que los ciudadanos no se someterían ya a su tiranía, que la dulzura del agua del mar indicaba para los Siracusanos la mudanza de sus negocios de mal en bien, y, finalmente, que el águila es ministro de Zeus, la lanza insignia de autoridad y poder, y con lo ocurrido denunciaba desaparecimiento y ruina a la tiranía el mayor de los dioses. Así nos lo dejó escrito Teopompo. (Traducción de Antonio Ranz Romanillos)

  • “La experiencia, madre de las ciencias” (El Quijote I 21)/ “Magister dixit”. “Roma locuta, causa finita”

    Como es lógico, la experiencia se adquiere con la práctica y ésta necesita del tiempo; por lo tanto la experiencia es propia de personas de cierta edad. Es justamente la repetición de la acción y el recuerdo de lo hecho y de la forma en que se hizo lo que proporciona “el saber” al hombre. A ello han de añadirse la necesidad de cohesión del grupo social frente a una vida y subsistencia difícil. Todo ello explica en gran parte el respeto y consideración a la “autoridad” de los mayores.

    Lejos de mi intención el minusvalorar la participación de la juventud en la vida social, incluidos los puestos y lugares de responsabilidad directiva. En el contexto actual, sobre todo el político, una actitud tal, además de incomprendida, sería suicida.

    Lejos de mí también la propuesta de cualquier gerontocracia o gobierno de los mayores (γέρων, γεροντος, geron, gerontos, anciano). Pero hoy día, en que tantos principios han caído, uno de los que lo han hecho más estrepitosamente ha sido el llamado “principio de autoridad”, por el que hasta ahora se reconocían valores tales como la experiencia, el conocimiento acumulado, la adecuada y proporcionada reacción ante situaciones inesperadas, etc.

    La “auctoritas”, la “autoridad” es la cualidad que en el mundo antiguo, y también en el actual, fundamenta y da fuerza y prestigio a numerosos actos, entre otros a muchos actos jurídicos. La auctoritas es la cualidad del auctor, y el auctor (del verbo aucto y este de augeo, aumentar, favorecer…) es el que da su aprobación, su apoyo al acto de otra persona, porque ese auctor goza del prestigio.

    En el primitivo mundo romano el prestigio venía dado por el asentimiento de los dioses, porque tenía  el “augurio” o aprobación divina. En virtud de ese poder  el padre da su auctoritas al matrimonio de la hija, o los comicios la dan a algunos pactos firmados, o el sacerdote fija el espacio de lo sagrado, o el juez fija lo legítimo.

    Es fácil comprender cómo de este significado se generalizó y pasó a referirse a la “autoridad moral” o confianza que inspira y produce una persona sobre las otras.

    Es verdad que en la Antigüedad y prácticamente hasta ayer, el poder, incluido el formal, lo acapararon y monopolizaron los padres, los mayores. Esa era la sociedad patriarcal, que  excluía a los jóvenes y también a las mujeres.

    Generalmente en las primitivas culturas tribales el “consejo de ancianos” es una institución esencial. Esa institución se transformó y adaptó, dando lugar a instituciones que mantenían y conservaban algunas de las principales características. Así  la asamblea de ancianos de Esparta, llamada precisamente “gerousia”  (del griego γερουσία,de γέρων, γεροντος, geron,gerontos, anciano), formada por treinta miembros, 28 ancianos elegidos no menores de sesenta años (edad entonces muy elevada) y los dos reyes existentes. Era un tribunal supremo judicial y un consejo militar.

    En Roma la institución más poderosa, que realmente gobernaba aunque no detentaba ningún poder ejecutivo, es el “senado”, o asamblea de ancianos, senes, los mayores, nuestros “seniors”. 

    En todas las culturas han sido similares el papel y el poder de los “mayores”. Y en todas se ha producido la llamada “cuestión o lucha generacional”. En ninguna como en la nuestra se ha producido tal devaluación de la “senectud” que expulsa del mundo laboral a maduros profesionales bien experimentados de 50 años o a brillantes mentes universitarias de unos pocos más, con suerte 65, muchas veces en el mejor momento de producción intelectual. Digo sesenta y cinco años, porque es la fecha obligatoria en que se produce la “muerte” administrativa.

    Desde luego contrasta esta triste realidad con el respeto reverencial y mítico en el que eran educados los niños y jóvenes romanos, de lo que puede ser expresión el texto de Juvenal, un ácido satírico romano que vivió entre los años 60 y 128 de nuestra era, que aparece en su Sátira XIII, 53-59, cuando se refiere a la primera edad de los hombres:

    La maldad fue algo sorprendente en aquel siglo, en que creían que era un  sacrilegio grande que debía ser expiado con la muerte, el que un joven no se levantara ante un viejo, o un niño ante una persona ya con barba, aunque en su propia casa viera más  bayas y  un montón de bellotas. ¡Tan venerable era adelantar a uno en cuatro años y hasta tal punto la primera barba se equiparaba a la sagrada vejez.

    Nota: En aquella primitiva y feliz época sin maldad los hombres se alimentaban naturalmente de las bayas o fresas silvestres y de las bellotas que recogían. Por otra parte conviene saber que la niñez duraba aproximadamente hasta los catorce años, cuando aparecía la primera pelusa de la barba y empezaba la adolescencia que duraba hasta los treinta y la juventud hasta los cuarenta o cuarenta y cinco.

    inprobitas illo fuit admirabilis aeuo,
    credebant quo grande nefas et morte piandum
    si iuuenis uetulo non adsurrexerat et si              
    barbato cuicumque puer, licet ipse uideret
    plura domi fraga et maiores glandis aceruos;
    tam uenerabile erat praecedere quattuor annis
    primaque par adeo sacrae lanugo senectae.

    En fin reconozco que estos temas son muy propicios para la polémica, que no rehúyo, por supuesto. Como sé que poco influjo tendrá el texto de Aristóteles que a continuación reproduzco; texto nada confuso ni preñado de genialidad; tan sólo expresión de un mínimo sentido común.

    Aristóteles (384-322 a.C.) fue discípulo de Platón y profesor de Alejandro Magno. Fue el creador del primer gran sistema filosófico, precisamente del que más ha influido en la cultura occidental durante más de dos mil años. En ese sistema estudia el mundo físico (Física), el ser las causas de las cosas (Metafísica) y al propio hombre y su comportamiento (Etica).  Su obra más importante sobre el comportamiento del hombre es la llamada Etica Nicomáquea (Etica para Nicómaco, que era su hijo).

    Como dice Aristóteles, todo ser, toda acción tiende al “bien” y el bien consiste en la “virtud” que no es sino el desarrollo pleno de las potencialidades que cada ser tiene. El joven tiene enormes potencialidades, entre otras cosas porque no ha dispuesto todavía del tiempo necesario para desarrollarlas. Así que no debe extrañarnos el enorme deseo también que muchos “senes” tienen de recuperar su juventud. Los mitos  que ilustran este deseo de “eterna juventud” también son umerosos  y generales en todas las culturas. Los comentaré en otra ocasión.

    Bien, aún a riesgo de ser “incorrecto” citaré, pues, un fragmento de la obra de Aristóteles, de su Ética Nicomáquea, 1095a:

    Por otra parte, cada uno juzga bien aquello que conoce, y de estas cosas es un buen juez; pues, en cada materia juzga bien el instruido en ella y, de una manera absoluta, el instruido en todo. Así, cuando se trata de la política, el joven no es un discípulo apropiado, ya que no tiene experiencia de las acciones de la vida, y los razonamientos parten de ellas y versan sobre ellas; además, siendo dócil a sus pasiones, aprenderá en vano y sin provecho,  puesto que el fin de la política no es el conocimiento, sino la acción. Y poco importa si es joven en edad o de carácter juvenil; pues el defecto no radica en el tiempo, sino en vivir y procurar todas las cosas de acuerdo con la pasión. Para tales personas el conocimiento resulta inútil, como para los incontinentes; en cambio para los que orientan sus afanes y acciones según la razón, el saber acerca de estas cosas será muy provechoso. (Traducción de Julio Pallí Bonet. Para Editorial Gredos).

    Bien, el argumento de Aristóteles y su generalización no son aceptables, por supuesto. También es muy distinta la percepción que hoy se tiene de la brecha generacional entre jóvenes y mayores con la que se tenía en la antigüedad.

    El argumento nos dice que el joven no tiene un conocimiento de la Ética porque su adquisición requiere experiencia que no tiene; pero va más allá y dice que aunque obtuviera ese conocimiento tampoco le serviría, porque los jóvenes se dejan llevar de las pasiones y de los apetitos. 

    Cualquier experiencia es un hecho subjetivo y por tanto toda generalización en este asunto no puede sino producir grandes errores. Por otra parte la intensidad de las experiencias y el desarrollo de la personalidad de cada individuo también son personales y diferentes en cada uno. Pero es también evidente que la experiencia, y por tanto la repetición de las acciones, es absolutamente necesaria para adquirir el conocimiento y las destrezas para tomar decisiones adecuadas en cuestiones políticas. Es posible que la duración de los tiempos generacionales hoy se hayan acortado enormemente y haya jóvenes cuya “maduración” se produzca en muy poco tiempo porque la experiencia o su condición personal es especial.

    En todo caso el aprendizaje es una adquisición que la persona ha de realizar con los instrumentos que naturalmente tiene, es decir, con su propia razón y esto no puede ser sustituido por ninguna autoridad externa ni por la confianza que genera otro individuo.

    Parece ser que entre los miembros del convento filosófico pitagórico era tal la autoridad y respeto por el fundador, por Pitágoras, que a cualquier cuestión que se les planteara recurrían al “ipse dixit”, “él mismo (Pitágoras) lo dijo así”. La frase es el equivalente del “magister dixit”, “el maestro lo dijo”. 

    Similar es también la frase con la que se hace valer la fuerza de la autoridad eclesiástica: “Roma locuta, causa finita”, “lo ha dicho Roma, se acabó la discusión”. Claro que tratándose de dogmas y milagros quizás no haya otra vía de asegurar la creencia, despreciando a la razón y la lógica, que sin pudor ninguno se afirma que es “lo que de más divino” tiene el hombre.

    Es interesante el siguiente texto de Cicerón, de su obra “Sobre la Naturaleza de los dioses”. En el libro primero expone y rechaza la opinión  de los epicúreos, defensores a ultranza de la fuerza de la razón, en el asunto de la existencia, naturaleza  y atención de los dioses.

    Cicerón,  De natura deorum, I, 5 (10):

    No obstante, los que quieren conocer mi opinión personal sobre las diversas cuestiones manifiestan un grado de curiosidad que va más allá de lo necesario; pues en la discusión, hay que buscar no tanto el peso de la autoridad como la fuerza de la argumentación. Más aún, la mayor parte de las veces la autoridad de los que hacen profesión de enseñar es un estorbo para los que quieren aprender; dejan en efecto, de emplear su propio juicio y admiten como seguro lo  que ven juzgado ya por el maestro a quien dan su aprobación. Y, por lo demás, no suelo yo aprobar eso que tradicionalmente vemos atribuido a los pitagóricos, los cuales, cuando se les pregunta por las razones de cualquier proposición que ellos formulen en la discusión, se dice que suelen responder “Él mismo lo dijo así” (Ipse dixit)y que ese “él mismo” era Pitágoras: podía tanto una opinión ya prejuzgada, que la autoridad  tenía valor aun sin estar apoyada por la razón.

    Qui autem requirunt quid quaque de re ipsi sentiamus, curiosius id faciunt quam necesse est; non enim tam auctoritatis in disputando quam rationis momenta quaerenda sunt. quin etiam obest plerumque iis qui discere volunt auctoritas eorum qui se docere profitentur; desinunt enim suum iudicium adhibere, id habent ratum quod ab eo quem probant iudicatum vident. nec vero probare soleo id quod de Pythagoreis accepimus, quos ferunt, si quid adfirmarent in disputando, cum ex iis quaereretur quare ita esset, respondere solitos “ipse dixit”; ipse autem erat Pythagoras: tantum opinio praeiudicata poterat, ut etiam sine ratione valeret auctoritas.

    La frase “magister dixit” la emplearon con profusión los escolásticos durante la Edad Media para hacer valer la opinión de Aristóteles, a la manera como hacían los pitagóricos, según el texto de Cicerón.

    Roma locuta est”, “Roma locuta, causa finita”  o la frase completa “Roma locuta est, causa finita est”  se cita como un argumento que utiliza el Vaticano para fijar  la infalibilidad del papa, que por cierto no se estableció hasta el Concilio Vaticano I de 1870, siendo cuestionado entonces y hoy por notables teólogos,  como actualmente Hans Küng, a quien se le prohibió seguir enseñando teología católica .
      
    La frase no aparece como tal, con esta forma,  sino que es una síntesis del pensamiento de San Agustín (354-430). La afirmación más parecida es la que aparece en Sermo CXXXI,10. A propósito de la cuestión del Pelagianismo, en un sermón predicado en Cartago el 23 de septiembre del año 417, San Agustín considera que  ese asunto no debe ser reabierto.

    Hermanos míos, compadeceos conmigo. Cuando encontréis a tales (personas) no los ocultéis, no haya en vosotros una perversa misericordia: cuando los encontréis ante vosotros, no los ocultéis. Discutid con los que hablan en contra (de la gracia), y traed ante nosotros a los que se resistan.). Dos concilios ya han enviado sus informes a la Sede Apostólica y sus respuestas ya han llegado de ella. El caso está finalizado; ojalá acabe alguna vez el error. Así pues avisamos para que se den cuenta, enseñamos para que nos informen, rezamos para que cambien.  Convertidos al Señor…

    Fratres mei, compatimini mecum. Ubi tales inveneritis, occultare nolite, non sit in vobis perversa misericordia: prorsus ubi tales inveneritis, occultare nolite. Redarguite contradicentes, et resistentes ad nos perducite. Iam enim de hac causa duo concilia missa sunt ad Sedem Apostolicam: inde etiam rescripta venerunt. Causa finita est: utinam aliquando finiatur error! Ergo ut advertant monemus, ut instruantur docemus, ut mutentur oremus. Conversi ad Dominum…

    Bien, la razón ha de imponerse en cada caso, pero también esa misma razón exige  no arrumbar y retirar a un rincón inútil a personas mayores con una experiencia acreditada y con una capacidad de decisión insuperable. A fin de cuentas diremos como D. Quijote a Sancho en I, 20:

    Paréceme,  Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todo son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: “Donde una puerta se cierra, otra se abre”.

    La misma idea repite Cervantes en Quijote, II, 67.
     

  • Academia de Platón (2): el barrio de Academos.

    Conviene hacer alguna precisión acerca de los “jardines de Academos”, que dieron nombre a la famosa escuela creada por Platón. En primer lugar la Academia no es un edificio, como alguien puede pensar, sino una zona o barrio de Atenas, fuera de las murallas, a 1,5 kilómetros aproximadamente, que recibe el nombre de Academia, Ἀκαδημία, o Hekademeia (Ἑκαδήμεια), del nombre del héroe local Academos o Hekademos, como dice Diógenes Laercio, (Vida de los filósofos ilustres, 3,7 ss.).

    La Academia  se encontraba en las afueras de Atenas, a 1,5 kms. al norte; se accedía por la puerta de Dypilom por un camino en el que había numerosas tumbas de hombres ilustres, como nos dice  Pausanias en su famosa guía del mundo griego "Descripción de Grecia", en 1, 29:

     Fuera de la ciudad en los demos o barrios, y en los caminos, hay  templos dedicados a dioses y numerosos monumentos erigidos en honor de los héroes y grandes hombres de Atenas. Fuera ya de la ciudad y cerca de la las murallas se encuentra la primera Academia, que antes fue un terreno particular, y hoy es un gimnasio. Al entrar se ve un  espacio dedicado a Artemisa, con  xoanas (esculturas votivas de madera) de Ariste y Caliste adornadas que llevan esta inscripción: A la muy buena y hermosa diosa. Creo que estos son los atributos de Artemisa, según podemos juzgar por los poemas de Safo, aunque  varios autores que han tratado este tema dan otra explicación, pero yo no trataré  más de ello. Dioniso Eleuterio (Dioniso Liber) también tiene un templo no muy grande, a donde cada año llevan la estatua del dios  en unas fechas determinadas. Esto por lo que se refiere a los dioses.

     En cuanto a las tumbas, la primera es la de Trasíbulo hijo de Lico, que con toda justicia ocupa el primer lugar, porque de todos los atenienses nadie hizo tanto por  la república, prestó sin duda el mejor servicio y por ello es el más digno de memoria; el buen ciudadano Trasibulo vino con ocasión de la tiranía de los treinta tiranos , desde Tebas con sesenta hombres, a los que se fueron uniendo los atenienses, hasta llegar a un acuerdo y conseguir la paz para la ciudad de Atenas, terminando con las guerras internas: esta es la primera tumba, luego vienen la de Pericles, la de Cabrias y la de Formión.

    El sitio fue un lugar de culto muy antiguo, quizás desde la Edad del Bronce, como lo atestigua su relación con los semidioses los Dioscuros, el bosque de olivos existente dedicado a Atenea, y a otros dioses.

    Fue un espacio consagrado, como decía, a varios dioses:  a Atenea, que tenía allí un altar al lado de los de Hefesto y Prometeo, Hermes, Hércules, las Musas y Eros.

    Pausanias I, 30,2

    [2] En la Academia hay un altar de Prometeo desde el  que un día determinado al año todavía es costumbre ir corriendo hasta la ciudad con antorchas encendidas. El ganador  debe mantener su antorcha encendida; si al que va el primero se le apaga  la llama, pasa al segundo lugar, el segundo al tercero, y así sucesivamente.  ¿Qué ocurre  si se apagan todas las antorchas?;  nadie gana y el premio se guarda para otra ocasión. Luego se ve el altar de las Musas, el de Hermes, otro dentro dedicado a Atenea, y otro a Hércules. También te mostraran un olivo que se dice que es el segundo que apareció en el Ática.

    El terreno perteneció en su momento a Hiparco, hijo de Pisístato, que lo rodeó de un muro y creo un gimnasio; fue embellecido y mejorado por Cimón que llevó el agua  desviando el cercano río Cefiso y plantó árboles y creó un estadio para carreras, como nos cuenta Plutarco, Cimon 13,8

    Él fue el primero en embellecer la ciudad con los elegantes lugares   llamados 'liberales' (para  entretenimiento), que luego fueron tan  excesivamente,  mediante la plantación en  la plaza del mercado de plátanos, y convirtiendo la Academia de un lugar sin agua y árido en un bosque bien regado,  dotado de soleadas pistas para carreras y de  paseos sombreados.

    Los espartanos, dueños de Atenas después de la guerra del Peloponeso, respetaron la Academia en recuerdo de la ayuda ofrecida por Academos a sus héroes Castor y Polux, según Plutarco, Teseo, 32,3

    Entonces Academo, que no se sabe cómo sabía que estaba oculta en Afidnas, se lo reveló a ellos. Por esta razón lo tuvieron los Tindáridas durante toda su vida en alta y después en las muchas ocasiones que los Lacedemonios invadieron el Ática  y devastaron todo el país, siempre respetaron a la Academia por consideración a Academo;

    Platón, buscando sin duda los paseos con sombra de la Academia, compro unos terrenos  para “filosofar”  allí con sus discípulos y sus amigos. Plutarco. De exsilio 10:

    La Academia, cerca de Atenas, que fue comprado por tres mil dracmas, fue el lugar donde Platón, Jenócrates, y Polemón habitaron; allí tuvieron  sus escuelas, y allí vivieron durante toda la vida, excepto un día al año, en que Jenócrates marchaba a la ciudad con motivo de las  bacanales y de la representación de las nuevas tragedias, “gracia a la fiesta”, como dicen. Teócrito de Chios reprochó a Aristóteles, que se acostumbró a la  vida en la corte con Filipo y Alejandro, que eligiera vivir en la desembocadura del Borborus en lugar de en la Academia. Hay un río junto a  Pella, que los macedonios llaman con  ese nombre (Borborus).

    Platón hizo levantar en el recinto de la Academia un pequeño templo a las Musas, llamado Mouseion,en el que Espeusipo colocó las estatuas de las Gracias. (Diogenes Laercio, IV  1,3,8/ y  III, 5 y 20).

    Un persa de nombre Mitrídates encargó hacer  una estatua de Platón al escultor Silanion, la llevó  al tempo y la dedicó a las Musas. (Diogenes Laercio III, 20)

    Después de la muerte de Platón, esta estatua quedó colocada en el centro de su escuela y el gran filósofo fue enterrado en las proximidades de la Academia, según nos cuenta Pausanias, I, XXX,3:

      No lejos de la Academia está la tumba de Platón…

    También se nos da una curiosa noticia en una carta de Servio a Cicerón  de la prohibición de hacer los funerales dentro de la ciudad con motivo de la muerte de su colega Marco Marcelo que había recibido dos heridas, durante su estancia en Atenas y cómo lo incineraron en la Academia, lo que de paso prueba que no es un edificio sino un espacio, terreno o barrio de Atenas:

    Cicerón, Epistulae ad Familiares, IV,12,3:

    Nunca pude conseguir de los Atenienses que le diesen un lugar para sepultura dentro de la ciudad, porque decía que se lo impedía su religión y que nunca antes se lo habían concedido a nadie. Pero que lo más que podían concederme era permitirme que lo enterrara en el gimnasio en el que yo quisiera.  Yo elegí un lugar en el más noble gimnasio del orbe de la tierra y allí lo hice quemar. Luego me ocupé de que los mismos Atenienses  mandasen hacerle allí una sepultura de mármol. De esta manera en vida y en muerte hice por él lo que era mi obligación como compañero de consulado , y por su parentesco. Que sigas bien. En Atenas. Víspera de las Calendas de Junio. (31 de Mayo)

    ab Atheniensibus, locum sepulturae intra urbem ut darent, impetrare non potui, quod religione se impediri dicerent, neque tamen id antea cuiquam concesserant. quod proximum fuit, uti in quo vellemus gymnasio eum sepeliremus, nobis permiserunt. nos in nobilissimo orbi terrarum gymnasio Academiae locum delegimus ibique eum combussimus posteaque curavimus, ut eidem Athenienses in eodem loco monumentum ei marmoreum faciendum locarent. ita, quae nostra officia fuerunt pro collegio et pro propinquitate, et vivo et mortuo omnia ei praestitimus. vale. D. pr. K. Iun. Athenis.

    La Academia recibió un golpe mortal cuando en el año 86 a.C.  el general romano Sila conquistó y destruyó Atenas. El director de la Academia, Filón de Larissa, se marchó de Atenas al año siguiente y murió sin dejar sucesor, lo que supuso la muerte de la institución. Pero Sila no respetó ni la Academia ni el Liceo.  Nos lo cuenta Plutarco, Sila, 12,1-3

    Sila recobró muy pronto las demás ciudades, enviando a ellas heraldos y atrayéndolas; pero a Atenas, obligada a estar de parte del rey por el tirano Aristión, tuvo que marchar con grandes fuerzas, y, rodeando el Pireo, le puso cerco, asestando contra ella toda especie de máquinas y empleando diferentes medios de combatir. Y si hubiera aguantado un poco de tiempo, se le habría venido a la mano tomar sin riesgo la ciudad de arriba, apurada ya del hambre hasta el último punto, por falta de los más precisos alimentos; pero, teniendo puesta la vista en Roma, y temiendo las novedades allí intentadas, apresuró la guerra, a costa de grandes peligros, de muchos combates y de inapreciables gastos, pues, sobre todos los demás preparativos, el aparato sólo de las máquinas constaba de diez mil pares de mulas, prontas todos los días para este servicio. Faltóle la madera, quebrantándose muchas de las piezas por su propio peso, y siendo frecuentemente incendiadas otras por los enemigos, y acudió por fin a los bosques sagrados, despojando la Academia, que todos los alrededores de Atenas era el más poblado de árboles, y el Liceo. (Traducción de Sanz Romanillos)

    También Apiano en su Historia de Roma XII,5,30 (Guerra de Mitridates):

    Sila taló el bosque de la Academia [para construir allí sus máquinas enormes. Derribó las largas murallas y  utilizó las piedras, madera y tierra para la construcción de terraplenes.

    Cuando Antioco retornó a Atenas en el año 88 a.C. restauró la enseñanza, pero ya no en la Academia. Cicerón nos presenta a Antioco enseñando en un gimnasio que se llamaba el Ptolomeo.

    El mismo Cicerón nos describe una emocionada visita a la Academia una tarde en que “está desierta a esas horas del día”.

    Cicero, De Finibus, 5, 1

    Después de haber escuchado, Bruto, a Antioco como acostumbraba en compañía de Marco Pisón, en el gimnasio que llaman “el Ptolomeo”, y junto con nosotros mi hermano Quinto y Tito Pomponio y Lucio Cicerón, primo hermano mío por parentesco, pero hermano en el afecto, decidimos entre nosotros dar un paseo después de mediodía en la Academia, sobre todo porque a esa hora este lugar está vacío de toda gente. Así pues fuimos todos a casa de Pisón puntualmente y desde allí hicimos los seis estadios desde el Dípilo (una de las puertas de la ciudad) hablando de varias cosas. Cuando llegamos a los terrenos de la Academia, tan famosos no sin motivo, la soledad era precisamente la que deseábamos.

    LIBER QUINTUS
    1. Cum audissem1 Antiochum, Brute, ut solebam,2 cum M. Pisone in eo gymnasio, quod Ptolomaeum vocatur, [p. 156] unaque nobiscum Q. frater et T. Pomponius Luciusque Cicero, frater noster cognatione patruelis, amore germanus, constituimus inter nos ut ambulationem postmeridianam conficeremus in Academia, maxime quod is locus ab omni turba id temporis vacuus esset. itaque ad tempus ad Pisonem omnes. inde sermone vario sex illa a Dipylo stadia confecimus. cum autem venissemus in Academiae non sine causa nobilitata spatia, solitudo erat ea, quam volueramus.

    La propiedad de Platón con su escuela  estaría fuera del recinto amurallado de la Academia, en algún lugar entre el gimnasio actualmente visible y la  colina al noreste llamada  Hippios Kolonos. Desgraciadamente no queda nada de la Academia de Platón y ni siquiera hay acuerdo entre los arqueólogos sobre su concreto emplazamiento, a pesar de los esfuerzos realizados y a pesar de lo que digan las actuales guías turísticas de Atenas.

    El nombre de Academia fue luego lado, en memoria de Platón y sus discípulos a otros lugares consagrados al estudio de las letras y de la filosofía. Así Ciceró llamaba a un campo que poseía cerca de Puteoli (Puzzole); :Plinio, XXXI,6 (3)

    …es digno de recordarse que, según se va desde el lago Averno hacia Puteoli, la villa está situada en la orilla del mar, famosa por por su pórtico y su bosque , a la que Marco Cicerón llamaba la Academia, a semejanza de la de Atenas, allí compuso los libros de este mismo nombre, y en ella edificó algunos edificios para sí mismo como si no se hubieran hecho en todo el orbe de la tierra. 

    dignum memoratu, villa est ab Averno lacu Puteolos tendentibus inposita litori, celebrata porticu ac nemore, quam vocabat M. Cicero Academian ab exemplo Athenarum, ibi compositis voluminibus eiusdem nominis, in qua et monumenta sibi instauraverat, ceu vero non et in toto terrarum orbe fecisset.

    También Cicerón en  Cartas a Ático, Ad Atticum I,4,3,11

    Mucho me agrada lo que me escribes de Hermathena: es el adorno más a propósito para mi “Academia”, porque Hermes (en el original en griego)  es el adorno obligado de todos los gimnasios, y Minerva es especialmente insigne  de este gimnasio mío. Querría por este motivo, como me escribes, que me adornes este lugar con cuantas más cosas mejor.Todavía no he visto las estatuas que ya me has enviado. Están en Formiano, adonde pensaba marchar ahora. Las llevaré todas ellas a Túsculo.  Embelleceré Cayeta si alguna vez comienzo a nadar en la abundancia. Conserva tus libros, y  no desesperes de que pueda hacer que sean míos. Si lo consigo esto, supero a Craso en riquezas y desprecio las tierras y praderas de todo el mundo.

    1.4.3 quod ad me de Hermathena scribis, per mihi gratum est. est ornamentum Academiae proprium meae, quod et Hermes commune omnium et Minerva singulare est insigne eius gymnasi. qua re velim, ut scribis, ceteris quoque rebus quam plurimis eum locum ornes. quae mihi antea signa misisti, ea nondum vidi; in Formiano sunt, quo ego nunc proficisci cogitabam. illa omnia in Tusculanum deportabo. Caietam, si quando abundare coepero, ornabo. libros tuos conserva et noli desperare eos meos facere posse. quod si adsequor, supero Crassum divitiis atque omnium vicos et prata contemno.

    Cuando Cicerón perdió la oportunidad de continuar su vida política con más de sesenta años ya y coincidiendo además con la muerte de su querida hija al dar a luz, se dedicó a la filosofía y a la reflexión. Escribió entonces su obra De finibus, de la que anteriormente he dado un pequeño fragmento y también las que llamó “Cuestiones Tusculanas”Cicerón tenía una villa o finca en Tusculum, en los Montes Albanos, a unos 25 kilómetros de Roma. Allí se retiraba de vez en cuando Cicerón con algunos amigos dedicando el tiempo a la reflexión y diversión intelectual. En una ocasión de estas, en la que se retiró con cinco amigos,  es en la que sitúa su obra “Cuestiones Tusculanae”, llamadas así precisamente por el lugar en que se generaron. Según nos dice, las mañanas las pasaban en declamaciones y ejercicios de retórica y por las tardes se retiraban a una galería que llamaba la Academia, en recuerdo de la de Atenas. La reflexión en esta ocasión versó sobre la muerte y su temor, el dolor, las adversidades de la vida, la moderación de las pasiones y el valor de la virtud para ser felices.

    Ciceron, Tusculanae Quaestiones, 2,III (9)

    Y así siempre me agradó la costumbre de los peripatéticos y de la Academia de disertar acerca de todas las cosas en sus sentidos contrarios,  no sólo porque de otro modo no pueda encontrarse lo que en cualquier cosa es verosímil, sino también porque es éste el mejor ejercicio para hablar. De este sistema se sirvió el primero Aristóteles y después todos los que lo siguieron. Por otra parte, según mi memoria, Filón, a quien con frecuencia he escuchado, determinó presentar los preceptos de los retóricos en un tiempo, y los de los filósofos en otro.

    Empujados por nuestros amigos a seguir esta costumbre, consumimos en ello el tiempo de que disponíamos en Túsculo. Y así, habiéndonos dedicado antes del mediodía a la dicción, como habíamos hecho el día de antes, después del mediodía bajamos a la Academia; la disputa que tuvimos en ella, la exponemos no como narradores, sino casi con las mismas palabras como se hizo y se disputó.

    Itaque mihi semper Peripateticorum Academiaeque consuetudo de omnibus rebus in contrarias partis disserendi non ob eam causam solum placuit, quod aliter non posset, quid in quaque re veri simile esset, inveniri, sed etiam quod esset ea maxuma dicendi exercitatio. qua princeps usus est Aristoteles, deinde eum qui secuti sunt. nostra autem memoria Philo, quem nos frequenter audivimus, instituit alio tempore rhetorum praecepta tradere, alio philosophorum: ad quam nos consuetudinem a familiaribus nostris adducti in Tusculano, quod datum est temporis nobis, in eo consumpsimus. itaque cum ante meridiem dictioni operam dedissemus, sicut pridie feceramus, post meridiem in Academiam descendimus. in qua disputationem habitam non quasi narrantes exponimus, sed eisdem fere verbis, ut actum disputatumque est.

    Elemperador Adriano que había hecho reproducir en su suntuosa villa de Tibur algunos de los más bellos edificios de Grecia, hizo levantar también unos edificios y plantó unos jardines a imitación de la Academia de Atenas.Spartiano, Adriano, 26,5:

    Edificó de forma maravillosa su villa de Tibur, de tal forma que en ella puso los nombres más célebres de las provincias y de los lugares, llamándoles por ejemplo Liceo, Academia, Pritaneo, Canopo, Poecile, Tempe y para que no faltara nada, hasta hizo un “infierno”.

    Tiburtinam Villam mire exaedificavit, ita ut in ea et provinciarum et locorum celeberrima nomina inscriberet, velut Lyceum, Academian, Prytaneum, Canopum, Poicilen, Tempe vocaret. et, ut nihil praetermitteret, etiam inferos finxit.

    Es más,  el término adquirió pronto el significado genérico de “establecimiento docente” y el de “prestigiosa sociedad científica, literaria o artística” . En relación con el primer significado, hablamos de “disciplinas académicas” para referirnos a las diversas materias que se estudian o  cursan en esos centros, en especial en la Universidad; “expediente académico” es el documento que recoge los estudios realizados y las competencias adquiridas por los estudiantes. En relación con el segundo significado,  las  artes y las ciencias son las simbólicamente amparadas por las Musas: literatura, pintura, escultura, dibujo, música, etc..

    Sinónimos de “academia” , aunque con alguna pequeña matización, son “ateneo” e “instituto”,   La palabra “ateneo” deriva, evidentemente de Atenea, diosa griega de las artes,  de la inteligencia  o sabiduría, aunque también de la “guerra”.

    El Liceo es (del gr.) el centro o institución de enseñanza creado por Aristóteleses. Recibe su nombre del templo de Apolo Licio (el Λύκειον, likeion), en cuyas cercanías estaba construido. A la escuela filosófica y al método de educación de Aristóteles también se le llama “peripatético” (del griego peri alrededor y patos pórtico o patio) porque acostumbraba a impartir sus lecciones paseando por el pórtico. Con el tiempo también Liceo adquirió el significado genérico de institución o centro de enseñanza de las ciencias o de las artes.

  • La Academia de Platón (1): “No entre nadie que no sepa geometría”

    La tradición dice que esta frase estaba grabada a la entrada de la Academia de Platón.

    Esta tradición  es  transmitida por varios comentaristas de Aristóteles, como Elias en su “Comentario a las Categorías, XVIII, 118, 18-19):

    “En la Academia de Platón, delante del templo de las Musas estaba escrito: ‘No entre nadie que no conozca la geometria"

    καὶ διὰ Πλατὁνα ἐπιγράψαντα πρὸ τοῦ μουσείου  ἀγεωμέτρητος  μέδεις εἰσίτω,  (“kai diá Platóna epigrápsanta prò tou mouseíou ageométretos médeis eisíto”)

    y Juan FilóponoComentario sobre el alma, XV,117,27, con una pequeña variación:

    “no entre el que no sepa geometría”,

    ageometretos me eisito” ἀγεωμέτρητος μὴ εἰσίτω

    Diógenes Laercio en IV, 10 cuenta una anécdota que muestra la importancia de la geometría en la enseñanza platónica:

    “Jenócrates quería estudiar con él sin saber ni música ni geometría ni astronomía, y Platón le dijo: “Vete, pues no tienes los asideros de la filosofía”.

    Pero ¿qué fue la Academia de Platón? El nombre, que procede del latín Academia y éste del griego  Akademeia, Ἀκαδημία, define a la institución, escuela, centro de enseñanza o corporación filosófico-política fundada por Platón en las afueras de la ciudad de Atenas, cerca de las murallas, que recibe el nombre del lugar en el que fue construida, un espacio en el que había un santuario dedicado al mítico héroe ático Academo, (de escasa importancia en la mitología griega que reveló a los Dióscuros el lugar en que se escondía Helena). Así que etimológicamente significa “el jardín o terreno de Academos”.

    Aunque las noticias son escasas, debemos suponer que este centro seguiría el programa educativo que Platón expone en su diálogo la “República”. En él tienen un peso específico las matemáticas y la geometría, como decía al principio de este artículo.  También es fundamental la música, en el sentido de “artes”  inspiradas por las Musas.

    Pero el objetivo esencial de la Academia era el de  preparar hombres para el servicio del Estado. De ella salieron numerosos estadistas, educados mediante el método dialéctico,  por el que los alumnos iban descubriendo la verdad en convivencia con los otros miembros de la institución. Junto a la actividad filosófica desarrolló también una intensa reflexión científica sobre matemáticas, música, astronomía, división y clasificación. Su pedagogía se basaba en lecciones y diálogos. Produjo también gran cantidad de comentarios sobre Platón y Aristóteles que nos han aportado valiosas informaciones.

    La Academia es, pues, una de las más antiguas instituciones de educación superior, que debió ser fundada hacia el año 387 a.C. Continuó activa a la muerte de Platón (347 a.C.), cuando se hizo cargo su sobrino Espeusipo, a pesar de que sin duda había otros filósofos de mayor importancia.

    No deja de ser curioso que quien exigía elegir a los mejores para el gobierno de la ciudad no siguiera el mismo principio para dirigir su institución, en un claro ejemplo de nepotismo. Entre esos mejores estaba precisamente Aristóteles, quien creó su escuela que se conoce como el Liceo y de la que hablaremos en otra ocasión.

    Nota:  se llama nepotismo a la concesión de nombramientos y empleos públicos a parientes miembros de la propia familia. Deriva de la palabra latina nepos,-tis que significa nieto, sobrino.

    La Academia recibió un golpe mortal cuando en el año 86 a.C.  el general romano Sila conquistó y destruyó Atenas. El director de la Academia, Filón de Larissa, se marchó de Atenas al año siguiente y murió sin dejar sucesor, lo que supuso la muerte de la institución.

    Siglos después, en el V de Cristo, los neoplatónicos resucitaron la Academia, pero sin el esplendor y futuro de la primera. Pervivió no obstante hasta el año 529, en que Justiniano la clausuró por motivos religiosos, más que filosóficos, porque el neoplatonismo siguió influyendo en época bizantina. A partir de este momento la institución se fue acabando por inanición. Así que la Academia vino a durar más de novecientos años.

    Respecto de la clausura por Justiniano parece que no hubo una supresión formal, sino que fue una consecuencia de su legislación para suprimir el paganismo.

    Una  de las principales medidas  para evitar la expansión del paganismo  fue la prohibición de que los maestros y filósofos paganos pudieran enseñar, fijando duros castigos para quienes infringieran estas leyes. 

    Durante el consulado de Decio, el emperador envió una orden a Atenas que imponía que nadie podía enseñar filosofía o interpretar la ley. Esta orden se pone en relación con la ley del Código de Justiniano, I,tit. XI,10, que entre otras cosas dice:

    Prohibimos que sea enseñada cualquier doctrina por aquellos que se afanan con el esfuerzo de los paganos impíos, de tal manera que ni siquiera parezcan que instruyen a quienes por alguna desgracia acuden a ellos, pero que en realidad corrompen el espíritu de los que han de ser enseñados; además que no reciban nada de la ayuda pública,  ni tengan autorización para reclamar ningún derecho para ellos ni de la ley divina ni de los decretos y pragmáticas sanciones.


    Omnem autem doctrinam ab  iis, qui impiorum paganorum furore laborant, doceri prohibemus, ut ne hoc modo simulent, se  eos, qui misera sorte ad ipsos veniant, erudire, sed revera ánimos erudiendorum corrumpant,  neque magis aliquid annonae ex publico percipiant, non habentes licentiam, ne ex divinis  quidem rescriptis vel pragmaticis sanctionibus eiusmodi ius sibi vindicandi (1.11.10) . 

    La ley, pues, parece que no cierra formalmente la Academia, pero obliga a sus profesores a bautizarse o a exiliarse. Esta situación y las penurias económicas acabarían por arruinarla. Pero no hay absoluto acuerdo entre los historiadores al respecto.
     

  • Una fiesta del fuego muy antigua: las Fallas

    La palabra “falla” deriva, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua , de la latina “facula”, que significa “antorcha”. Las Fallas son sin duda las fiestas más importantes de todo el Levante español, que giran esencialmente en torno al fuego destructivo y purificador y se celebran entre el 15 y el 19 de Marzo, festividad de San José.

    Como fenómeno de tanta importancia social, las Fallas hab sido evidentemente estudiadas desde distintos puntos de vista: antropológico, sociológico, cultural, histórico…

    Sin duda estas fiestas sirven, como todas, para cohesionar a toda una sociedad, que ahora resulta  ya muy compleja. Son fiestas de neto carácter general y democrático, frente a otras varias de carácter más aristocrático. En este sentido suelen contraponerse a las celebraciones más aristocráticas del Corpus.

    Estas fiestas tienen un indudable  valor ético y formativo al centrar la atención y la reflexión de los ciudadanos en acontecimientos de la vida social inmediata que son enjuiciados moralmente, puestos en solfa, criticados y condenados con un lenguaje artístico irónico.

    Es posible que en sus características actuales o similares estas fiestas no se remonten más allá del siglo XVIII, sin que sean suficientes las explicaciones que generalmente se dan (creación del gremio de carpinteros, etc.), pero no cabe duda de que sus raíces se hunden en una tradición antigua milenaria.

    Se relacionan a todas luces con numerosos cultos y ritos del fuego que se ejecutan para finalizar una etapa o año viejo e inaugurar un año nuevo. Se inscriben, pues, en los ritos solares y en los ritos de fertilidad y regeneración de la vida, sobre todo la vegetal, que precisamente se celebran con motivo de la llegada de los equinoccios y solsticios que marcan el inicio de las estaciones del año.

    Generalmente consisten en encender hogueras y antorchas en torno a las cuales se danza, sobre las que se salta y cuya luz y fuego se puede trasladar a los hogares, los campos o los establos. En muchos casos se queman peleles de paja o monigotes, sustitutos probablemente de antiquísimos ritos en los que se quemaban a verdaderos hombres o mujeres, encarnación del mal en sus diversas formas.

    James Frazer, en su famosa obra “La rama dorada” dedica muchas páginas a estos ritos del fuego, presentes desde la Prehistoria, especialmente en toda Europa.

    Los estudiosos hacen fundamentalmente dos interpretaciones. Una línea interpretativa nos dice que son ritos para revitalizar la luz y energía del sol que todos los años languidece y se recupera y de la que depende la vida de la naturaleza vegetal y animal. La otra nos dice que el fuego tiene una gran fuerza purificadora, catárquica, por lo que se utiliza como instrumento para acabar con los diversos males que amenazan al hombre y a la sociedad.

    Estas dos interpretaciones pueden coexistir y considerarse útiles para interpretar el sentido de  las “Fallas”, que se celebran cuando ya el invierno va declinando, en el entorno de la primavera en que florece la naturaleza.

    En la segunda mitad de marzo la naturaleza ya va despertando en el Levante. Este hecho afianza sin duda la relación originaria de estas fiestas con los antiguos ritos del fuego. Este sentido resulta hoy sin duda poco evidente para la mayoría de las personas que las celebran con absoluto frenesí. Es más evidente, en cambio, la interpretación de que son ritos de purificación que condenan y nos hacen olvidar todo lo que de malo nos ha sucedido en el año que ha finalizado desde la anterior celebración.

    Todo esto ha sido, sin duda estudiado y analizado por expertos, como decía, y no me siento suficientemente autorizado para insistir en ello. Quiero simplemente aportar un texto de Luciano de Samósata, de uno de sus diálogos, en concreto el titulado “Sobre la diosa siria”.

    Luciano es precisamente un sirio, de Samósata, ciudad situada en la margen derecha del río Eufrates,  que vivió en los años 125-181, por tanto en época romana, pero que escribe en griego. La lectura de este escritor y funcionario entre cínico y epicúreo, que no deja títere con cabeza, es muy recomendable, porque entre otras cosas nos ofrece una visión de la realidad y complejidad del mundo antiguo que raramente aporta el estudio académico de la Antigüedad. En este sentido no encuentro una explicación suficiente para el desconocimiento que generalmente se tiene hoy de él y de su obra.

    Pues bien, en el citado “diálogo”, (en realidad en este caso es un monólogo o más bien un artículo descriptivo), “Sobre la diosa Siria”, describe la existencia en su tierra, y en concreto en Hierópolis, de diversos cultos y templos a diversos dioses y diosas. El más importante en su opinión es el templo de Atargatis Hera, en el que hay también numerosas estatuas, entre ellas una pareja de la diosa, la del Zeus sirio o Melkart.

    Hierópolis significa “la Ciudad  Sagrada”, está situada al norte de Alepo, a unos 90 kilómetros; en siriaco se llamaba Madog y es la actual Manbi; se le conoció  también como Hierópolis Bambice, o Hierópolis Eufratensis

    Entre las diversas ceremonias y ritos que describe hay una que nos ayuda a comprender este carácter de festividad de fertilidad y renovación de la vida, de fiesta de primavera, con la que se pueden emparentar las Fallas. Dice así:

    Sobre la diosa siria, 49:

    Celebran la más importante de todas las fiestas que yo conozco al principio de la primavera y la llaman unos fiesta del fuego y otros de la antorcha. Hacen un sacrificio de la manera siguiente: cortan grandes árboles y los ponen en el patio, hacen llevar a continuación cabras, ovejas y otras reses vivas y las cuelgan de los árboles; añaden aves, vestidos y joyas de oro y plata y, una vez que lo tienen todo completo, ponen las imágenes de los dioses en torno a los árboles, prenden fuego y todo arde. A estas fiestas acuden muchas gentes procedentes de Siria y de los países circunvecinos y todos llevan sus propios objetos sagrados y todos tienen distintivos hechos a semejanza de estos.

    No excesivamente lejos de donde nació Luciano, está Tarso, la ciudad de la que era San Pablo, en la antigua Cilicia, en la llamada Asia Menor, en el cruce de importantes rutas por las que penetran todas las mercancías y todas las ideas.

    En ella se conservaba un rito muy antiguo, que nos ayuda a comprender el significado de estos ritos del fuego. En esta ciudad había dos dioses importantes: uno el joven Sandan o Sandon, que se identificó por los griegos con Heracles o Hércules y otro muy antiguo llamado Ball-Tarz (Señor de Tarso), que se identificó con Zeus. Los dos estaban relacionados con la fecundidad de la tierra y sus frutos y sus ritmos estacionales, pero resultaba un dios más cercano y popular Sandan.

    Todos los años se celebraba en su honor en la plaza una gran fiesta con cánticos y danzas  Se construía una gran pira en la que se colocaba la estatua del dios que era quemada con toda solemnidad. La ceremonia, al principio de carácter fúnebre, era seguida inmediatamente con la celebración desenfrenada y exultante de la resurrección del dios; así al dolor profundo de los fieles seguía una alegría exultante.

    Se representaba así la naturaleza vegetativa que moría bajo los rayos abrasadores del sol para resucita a una vida nueva. Esta es la idea que subyace a todos los cultos mistéricos orientales, que sin duda conocía el judío-griego Pablo de Tarso y en el que sin duda influyó a la hora de integrar el naciente cristianismo en las corrientes religiosas del momento, con notable éxito, por cierto, puesto que se impuso a la religión pagana a partir del siglo IV.

    Es vedad que sobre este dios tenemos muy poca información; algunos autores cuestionan incluso que conozcamos con total seguridad que este dios, que muere en la pira funeraria, renazca luego, pero su similitud con otros del entorno geográfico avalan esta interpretación.

    En algunas  monedas antiguas de Tarso se representa en el anverso a la diosa de la suerte Tyche y en el reverso la pira sobre la que arde el dios Sandan.
     

    Cultos similares a dioses que mueren  y resucitan inmediatamente son los de Atis en Frigia, Adonis en Siria, Osiris en Egipto, Tamuz en Babilonia y otros  análogos en otras partes, todos con el mismo significado. Esto apoya una interpretación similar para el dios Sandan. Cristo es tambén un dios muerto y resucitado.

    Dión Crisóstomo (40-120 aproximadamente) (“boca de oro” significa la palabra “Crisóstomo”) hace una irónica referencia a esta fiesta  y a la pira en la que el dios es quemado en su “Pimer discurso társico” o  “Tarsica prior XXXIII, 47:

    ¿Qué deberíais pensar si, como es razonable esperar (y como los hombres informan) que los héroes o deidades fundadores deban visitar con frecuencia las ciudades que han fundado, invisibles para todos, (incluidos los asistentes a los ritos sacrificiales y en ciertos otros festivales públicos), si, yo os lo pregunto, el propio fundador, Heracles, debe visitaros (atraído, permitidnos que os lo diga, por una pira funeraria como la que construís con especial suntuosidad en su honor),  pensáis que él estaría especialmente contento de escuchar tales sonidos? ¿No partiría inmediatamente para Tracia o para Libia, para honrar con su presencia a los descendientes de Busiris o de Diomedes cuando le hacen sacrificios? ¿Pues qué? ¿No creéis que hasta el propio Perseo pasaría realmente de largo en su vuelo sobre su propia ciudad?

    En estos ritos de fertilidad la vida se renueva y de las viejas cenizas, o mejor, de las cenizas de lo viejo, surge la nueva vida, como el Ave Fénix, el mito muy extendido y conocido que simboliza  exactamente lo mismo, aunque ahora su significado se haya generalizado y banalizado a toda acción o realidad que renace de una situación de muerte o postración. El Fénix, que se autoinmola en la hoguera cada quinientos años para renacer de nuevo, es en definitiva el símbolo de la inmortalidad.

    Naturalmente que estos antiquísimos rituales agrarios del fuego han sufrido grandes modificaciones y se ha perdido ese simbolismo profundo de renovación y sucesión de los ciclos de la naturaleza en beneficio de una purificación catárquica en la que el fuego acaba con los males del año. Más aún, en nuestro tiempo adquieren especialmente relevancia las críticas  referidas a la vida política de la sociedad; ahora predomina la crítica popular, social, política, moral, en detrimento de cuestionamientos filosóficos más profundos.

    Pero si se puede, se debe profundizar en el origen de las cosas . El origen de las fallas, como fiesta del fuego, es desde luego muy antiguo.