Categoría: Mitologí­a

  • Los eclipses anuncian sucesos extraordinarios II)

    Ya hemos visto más en la prinmera parte de este largo artículo cómo creen algunos que los astros caen por efecto de alguna bruja. Pero también hay quien intenta una explicación más científica.

    Por ejemplo, concebidos los astros como seres vivos, se puede pensar que tienen enfermedades, se debilitan y hasta pueden morir. Así lo explica por ejemplo Lucrecio  (99-ca. 55 a.C.) en su poema De rerum natura V, vv. 751-770):

    Debes pensar igualmente que son diversas las causas que pueden explicar los eclipses del sol y los ocultamientos de la luna. Pues, ¿por qué la luna ha de ser capaz de interceptarnos la luz del sol, interponiendo su alta cabeza entre éste y la tierra, y oponiendo su oscuro disco a los ardientes rayos, y no puede hacer lo mismo y en el mismo momento un cuerpo distinto que se deslizara por el cielo, privado siempre de luz?

    Y el sol, ¿no podría en un momento dado perder, agotado, sus fuegos para crear de nuevo su lumbre, cuando entra en regiones de la atmósfera enemigas de las llamas, que extinguieran e hicieran perecer sus fuegos?

    Y ¿por qué la tierra ha de poder despojar a su vez de lumbre la luna y, estando ella encima, retener el sol sujeto, mientras la luna en su curso mensual se desliza entre los tajantes límites del cono de sombra, y no ha de poder otro cuerpo, en el mismo momento, oponerse a la luna o pasar por sobre el disco del sol interrumpiendo sus rayos y la difusión de su  luz? Y por otra parte, si es cierto que la luna brilla con su propio resplandor, ¿por qué no puede desfallecer en determinada parte del firmamento, mientras pasa por lugares hostiles a sus propias luces? (Traducción de Eduard Valentí Fiol, Editorial Bosch, 1976)

    Solis item quoque defectus lunaeque latebras
    pluribus e causis fieri tibi posse putandumst.
    nam cur luna queat terram secludere solis
    lumine et a terris altum caput obstruere ei,
    obiciens caecum radiis ardentibus orbem,
    tempore eodem aliut facere id non posse putetur
    corpus, quod cassum labatur lumine semper?
    solque suos etiam dimittere languidus ignis
    tempore cur certo nequeat recreareque lumen,
    cum loca praeteriit flammis infesta per auras,
    quae faciunt ignis interstingui atque perire?
    et cur terra queat lunam spoliare vicissim
    lumine et oppressum solem super ipsa tenere,
    menstrua dum rigidas coni perlabitur umbras,
    tempore eodem aliud nequeat succurrere lunae
    corpus vel supra solis perlabier orbem,
    quod radios inter rumpat lumenque profusum?
    et tamen ipsa suo si fulget luna nitore,
    cur nequeat certa mundi languescere parte,
    dum loca luminibus propriis inimica per exit?
    menstrua dum rigidas coni perlabitur umbras.

    Una idea parecida es la que Diógenes Laercio adjudica al filósofo Leucipo en Vida y opiniones de los Filósofos ilustres, IX, 33

    “…El Sol se eclipsa raras veces, la luna constantemente, por ser desiguales sus órbitas. Y así como hay nacimientos del mundo, hay también crecimientos y menguas y destrucciones, según cierta necesidad; pero en qué consiste ésta, no lo aclara”.

    Es curiosa la opinión de Manilio, poeta astronómico,  cuando afirma que los astros pierden su fuerza con ocasión de los eclipses, en sus Astronómica, IV, vv 841-852:

    La razón es clara porque, al sufrir eclipse la luna en algunos signos, privada de su hermano [Febo, el sol] y sumergida en las tinieblas de la noche, cuando la tierra, situada en medio, intercepta los rayos de Febo y Delia [la luna] no atrae la luz con la que brilla normalmente, también esos signos [zodiacales, vg. su eficacia] languidecen junto con su planeta [la luna] y, arqueándose al mismo tiempo y perdiendo su acostumbrado poder, lloran a Febe en sus exequias, como si estuviera en su funeral. La propia razón se pone de manifiesto en su nombre: los antiguos los llamaron signos “eclípticos”. Ahora bien, los signos sufren al mismo tiempo de dos en dos, y no los que son vecinos, sino los que brillan en lugares opuestos, al igual que la luna ve eclipsado su círculo solamente cuando no ve a Febo que corre en el signo opuesto. (Traducción de Francisco Calero y Mª José Echarte. Editorial Gredos)

    causa patet, quod, Luna quibus defecit in astris
    orba sui fratris noctisque immersa tenebris,
    cum medius Phoebi radios intercipit orbis
    nec trahit assuetum quo fulget Delia lumen,
    haec quoque signa suo pariter cum sidere languent             
    incurvata simul solitoque exempta vigori
    et velut elatam Phoeben in funere lugent.
    ipsa docet titulo se causa: ecliptica signa
    dixere antiqui. pariter sed bina laborant,
    nec vicina loco sed quae contraria fulgent,                
    sicut Luna suo tum tantum deficit orbe
    cum Phoebum adversis currentem non videt astris.

    Naturalmente, algunos encontraron la explicación científica, que nos ofrecen con toda claridad: los eclipses se deben a la interposición de la luna o de la tierra entre el sol y el astro que se eclipsa.  Esta es la teoría dominante en la antigüedad y por tanto son muchos los autores que la exponen. Citaremos algunos:

    Aristóteles se sirve de esta teoría para probar que los astros son esféricos, porque en la sombra que proyecta la tierra sobre la luna se aprecia esa forma; en su "Acerca del cielo",  De caelo, II,11, 291b24:

    Por otra parte los argumentos astronómicos dan una confirmación adicional; porqueninguna otra hipótesis explica la forma de disco creciente de los eclipses de sol. Por consiguiente, si uno de los astros cualquiera es esférico, es necesario evidentemente que los restantes astros lo sean.

    También.Gémino (s. I a.C.), en su Introducción a los Fenómenos (de Arato), en el capítulo X nos hbla de los eclipses de sol y en el XI de los de luna:

    Gémino, Introducción a los Fenómenos, X, XI:

    X
    Los eclipses de Sol tienen lugar por la interposición de la Luna. Pues al circular el Sol más alto y la Luna más baja, cuando el Sol y la Luna se hallan en el mismo grado, la Luna al pasar por debajo del Sol se interpone a los rayos del Sol que vienen en nuestra dirección. Por eso no hay que llamarlos propiamente eclipses, sino interposiciones. En efecto, nunca se eclipsa una sola parte del Sol;  se torna invisible para nosotros gracias a la interposición de la Luna.
    ….
    De que el Sol se eclipsa por interposición de la Luna, es la mayor prueba el hecho de que los eclipses no tienen lugar en otro día, sino en el 30 exclusivamente, cuando la Luna está en conjunción con el Sol,  y que desde entonces la magnitud de los eclipses está en razón de los lugares geográficos.
    ……….
    XI
    Los eclipses de Luna están provocados por la incidencia de la Luna en la sombra proyectada por la Tierra. Lo mismo que los restantes  cuerpos iluminados por el Sol proyectan sombras, así también la Tierra, iluminada por el Sol, proyecta una sombra. Además sucede que, a causa de la dimensión de la Tierra, la sombra es manifiesta y profunda.
    Cuando la Luna se halla diametralmente opuesta al Sol, entonces la sombra proyectada por la Tierra es también diametralmente opuesta al Sol; por lo cual la Luna, al circular a una distancia inferior que la sombra, incide, lógicamente, en la sombra proyectada por la Tierra. La parte de la Luna que incide en la sombra de la Tierra queda siempre privada de la luz del Sol a causa de la interposición de la Tierra; pues en este momento se encuentran en la misma recta el Sol, la Tierra, la sombra de la Tierra y la Luna. Por esta causa, los eclipses de Luna no tienen lugar en otro día, sino en el plenilunio; pues entonces la Luna está diametralmente opuesta al Sol.
    (Traducción de Esteban Calderón Dorda.Editorial Gredos).

    Higino , (64 a.C.-17 d.C.) hispano latino que según Luis Vives nació en Valencia*  y  que ha dado su nombre a uno de los cráteres lunares, también propone esta teoría en su De Astronomía, IV, 14, 3:

    * Nota: Luis  Vives no dice exactamente que naciera en Valencia sino que le llama "conterraneus", es decir, "paisano"; dada la precisión con la que Vives utiliza el latín se puede interpretar razonablemente que con "conterraneus" no se refiere tanto a "hispano" cuanto a "valenciano".

    También se puede comprender lo que sucede. Así como si alguien acerca su mano plana hacia sus ojos, cuanto más la acerca, tanto menos podrá ver y cuanto más lejos la aparte de él, tanto más se le podrán aparecer todas las cosas, del mismo modo cuando la luna llega a la posición del sol, entonces parece que está cerca de él y que obstruye sus rayos, de tal forma que no puede expulsar su luz. Sin embargo, cuando la luna está lejos de ese lugar, entonces el sol proyecta su luz, y así viene a dar en nuestros cuerpos.

    El eclipse de luna, pues, tiene lugar cuando la luna esta cerca por su dimensión y el sol se marcha por debajo de la tierra. De este modo, si trazaras una línea recta  por mitad de la tierra, podría tocar el sol bajo la tierra y la luna por encima de la tierra. Cuando esto ocurre así, necesariamente  los rayos del sol, por la magnitud de la tierra, son desviados, de tal modo que su luz, con la que luce la luna, no pueda llegar a ella, y así se cree que se produce el eclipse de luna.

    Quod evenire sic etiam potest intellegi. Ut si quis alicui manum planam ad oculos admoverit, quanto magis sic fecerit, hoc minus ille videre poterit; et quanto longius ab eo discesserit, hoc magis illi omnia poterunt apparere. Simili ratione cum luna ad solis locum pervenit, tunc proxima eius videtur esse et radios eius obturare, ut lumen eicere non possit. Cum autem luna ab eo loco discesserit, tunc sol lumen eicit, et ita ad corpora nostra adicit.

    Lunae autem eclipsis sic evenit, cum prope dimensione sit luna, cum abierit sol sub terram, dumtaxat hoc modo, ut per mediam terram si quid directum traieceris, contingere possit solem sub terra, lunam autem supra terram; quod cum ita evenit, necesse est solis radios propter magnitudinem terrae ita esse dimissos, ut lumen eius, quo luna lucet, non possit ad eam pervenire, et ita existimatur fieri eclipsis lunae.

    También Plinio el Viejo (62-113 d.C.), en su Historia natural, II, 7, 47 nos da esta explicación:

    Efectivamente, es cierto que el sol se eclipsa por la interposición de la luna, la luna por la intercalación de la tierra, y ambos eclipses son equivalentes, ya que con su respectiva interposición la luna quita a la tierra (y la tierra a la luna) los mismos rayos de sol; también, que al introducirse la luna, se originan inmediatamente las tinieblas, y a su vez, el tal astro se oscurece por la sombra de la tierra, asimismo, que la noche no es otra cosa que la sombra de la tierra, pues la forma de la sombra es similar a un cono o a una peonza con el pico hacia arriba, porque cae sobre la luna exclusivamente por su punta y no excede su altura, siendo así que ningún otro astro se oscurece del mismo modo y que una figura como ésa siempre termina en punta.

    Quippe manifestum est solem interuentu lunae occultari lunamque terrae obiectu ac uices reddi, eosdem solis radios luna interpositu suo auferente terrae terraque lunae. Hac subeunte repentinas obduci tenebras rursumque illius umbra sidus hebetari. Neque aliud esse noctem quam terrae umbram, figuram autem umbrae similem metae ac turbini inuerso, quando mucrone tantum ingruat neque lunae excedat altitudinem, quoniam nullum aliud sidus eodem modo obscuretur et talis figura semper mucrone deficiat.

    Los antiguos fueron conscientes del peligro que entrañaba observar directamente los eclipses de sol, que puede producir ceguera irreversible. Así Platón (ca. 427-347 a.C.) en su diálogo Fedón, 99d nos dice:

    SÓCRATES: ….¿Quieres que te exponga, Cebes, la segunda navegación que en busca de la causa he realizado?
    -Lo deseo extraordinariamente-respondió
    -Pues bien-dijo Sócrates-; después de esto, y una vez que me había cansado de investigar las cosas, creí que debía prevenirme de que no me ocurriera lo que les pasa a los que contemplan y examinan el sol durante un eclipse. En efecto, hay algunos que pierden la vista si no contemplan la imagen del astro en el agua o en algún otro objeto similar. Tal fue, más o menos, lo que yo pensé, y se apoderó de mí el temor de quedarme completamente ciego de alma si miraba a las cosas con los ojos y pretendía alcanzarlas con cada uno de los sentidos.
    (Traducción de Luis Gil).

    También Séneca nos recuerda cómo hemos de observar el eclipse de sol:

    Cuando queremos observar un eclipse de sol, colocamos recipientes que llenamos  de aceite o de pez, porque un líquido espeso se agita menos fácilmente y por lo tanto retiene  las imágenes que recibe, pues las imágenes no pueden reflejarse sino en un líquido inmóvil. Entonces solemos observar cómo la luna se opone al sol y cómo él se esconde tanto más cuanto es el cuerpo interpuesto, unas veces en parte si ocurre que se opone solamente en un lado y otras veces por completo; se llama eclipse total  aquel que hace aparecer las estrellas e intercepta la luz, y tiene lugar cuando los dos centros   se encuentran en la misma línea recta.

    [12,1] Quotiens defectionem solis uolumus deprehendere, ponimus pelues, quas aut oleo aut pice implemus, quia pinguis umor minus facile turbatur et ideo quas recipit imagines seruat; apparere autem imagines non possunt nisi in liquido et immoto. Tunc solemus notare, quemadmodum luna soli se opponat et illum tanto maiorem obiecto corpore abscondat, modo ex parte, si ita competit, ut in latus eius incurreret, modo totum; haec dicitur perfecta defectio, quae stellas quoque ostendit et intercipit lucem, tunc scilicet cum uterque orbis sub eodem libramento stetit.

    Dicen que Tales fue el primero en predecir un eclipse que habría tenido lugar en el año 585 a.C. pero lo había anunciado un año antes. Los astrónomos actuales consideran esta predicción imposible y la noticia como fruto de una visión un tanto hagiográfica de Tales.

    Nos lo cuenta Herodoto (ca. 639-ca. 547 a.C.) en el libro I de sus Historia, los reyes de Lidia y Media, aterrorizados por el mismo eclipse, firmaron un armisticio cuando ya sus ejércitos estaban listos para acometerse.Ambos monarcas interpretaron la oscuridad del sol como una señal del cielo para acabar con las hostilidades.

    Heródoto, Historias, I, 74

    De este principio, no queriendo despues Alyattes entregar los Escitas á pesar de las reclamaciones de Cyaxares, se originó entre Lydios y Medos una guerra que duró cinco años, en cuyo tiempo la victoria se declaró alternativamente por unos y otros. En las diferentes batallas que se dieron, hubo una nocturna en el año sexto de la guerra que ambas naciones proseguían con igual suceso, porque en medio de la batalla misma se les convirtió el dia repentinamente en noche; mutacion que Thales Milesio habia predicho á los Jonios, fijando el término de ella en aquel año mismo en que sucedió. Entónces Lydios y Medos, viendo el dia convertido en noche, no solo dejaron la batalla comenzada, sino que tanto los unos como los otros se apresuraron á poner fin á sus discordias con un tratado de paz. (Traducción de Bartolomé Pou [1727-1802])

    Fue esta cuestión de la predictibilidad una cuestión que sin duda apasionó a los antiguos.
    Al principio del artículo comentaba el hallazgo del famoso ciclo de “saros”, que los griegos tomaron de los babilonios,  y presentaba dos textos, de Plinio y Ptolomeo, para corroborar su conocimiento.
    Plinio se refería a Hiparco (ca.190-120 a.C.) como el astrónomo que comprendió estos ciclos. Estrabón en su Geografía,I,1, 13 dice de Hiparco:

    (12) Muchos han manifestado que el estudio de la geografía  requiere una gran variedad  de conocimientos;  Hiparco especialmente, en Crítica de la Geografía de Eratóstenes, hizo notar con toda razón "que nadie podrá adquirir el conocimiento de la ya sea como persona particular o como profesor erudito , sin un conocimiento preliminar de astronomía, y sin la práctica de las reglas del cálclo de los eclipses. Por ejemplo, ¿cómo se podrá  decir si la Alejandría de Egipto está más al norte o más al sur de Babilonia, y a qué distancia puede estar,  sin recurrir al método del clima (observar la latitud). Además, ¿cómo saber exactamente si tal país está más adelante hacia el oriente y tal otro hacia el occidente, si no es por la comparación de los eclipses de sol y de luna?  Así se explica Hiparco a este respecto.

    Cicerón (106-43 a.C.) también dice que los eclipses (de luna) eran previstos con antelación  estudiando los movimientos regulares de la Luna en De divinatione II, 17

    "¿Cómo se puede prever que  va a suceder algo que ni tiene causa alguna conocida ni se sabe por qué ha de ocurrir? Los eclipses del sol y también los de la luna se predijeron cen para muchos años por los hombres que persiguen los movimientos de los astros con las matemáticas, pues predicen cosas que la ley necesaria de la naturaleza tiene que ejecutar.

    A partir del movimiento siempre constante de la luna ven cuándo ella, desde la región frente al sol, entra en la sombra de la tierra, que es el cono de la noche, para que necesariamente se oscurezca; cuándo la misma luna por debajo y opuesta al sol oculta su luz a nuestros ojos, en qué signo y en que momento se encontrara cada una de las estrellas errantes (los planetas); también en qué día tendrán lugar el orto y el ocaso de cada signo (del zodiaco, cada constelación). Ves ahora qué razonamiento siguen aquellos que predicen estas cosas.

    [17] Qui potest provideri quicquam futurum esse, quod neque causam habet ullam neque notam, cur futurum sit? Solis defectiones itemque lunae praedicuntur in multos annos ab iis, qui siderum motus numeris persequuntur; ea praedicunt enim, quae naturae necessitas perfectura est. Vident ex constantissimo motu lunae, quando illa e regione solis facta incurrat in umbram terrae, quae est meta noctis, ut eam obscurari necesse sit, quandoque eadem luna subiecta atque opposita soli nostris oculis eius lumen obscuret, quo in signo quaeque errantium stellarum quoque tempore futura sit, qui exortus quoque die signi alicuius aut qui occasus futurus sit. Haec qui ante dicunt, quam rationem sequantur, vides.

    El famoso artilugio mecánico conocido como mecanismo de Anticitera, datado en el 87 a.C.,  del que hablaremos en otra ocasión, es una especie de calculadora a base de engranajes para prever la posición del Sol, de la Luna y de algunos planetas. Permitía calcular el ciclo de “saros”, del que hablaba al principio y por tanto ayudaba a prever la existencia de los eclipses.

    La determinación de estos ciclos como el de “saros”,  la observación milenaria de los movimientos, la creación de instrumentos para reproducir los movimientos de las estrellas, todo ello les proporcionó gran experiencia y les hizo caminar en la buena dirección ya desde Mesopotamia, sobre todo referido a los de luna; pero coinciden los expertos en afirmar que con los instrumentos de que disponían no podían fijar con anterioridad y con exactitud la aparición de un eclipse. Sólo muy recientemente se ha conseguido gran precisión al respecto.

    En todo caso, la astronomía (astrología) gozó de un enorme reconocimiento en la Antigüedad. Ciertamente, los intentos de explicación de los astros y sus movimientos, las elucubraciones teóricas y prácticas, que incorporan y desarrollan el conocimiento de la matemática y  geometría, suponen un verdadero esfuerzo científico.

    Plinio, a quien hemos citado varias veces, ensalza la ciencia y valentía de los hombres que intentan averiguar las causas de las cosas. En el pasaje citado anteriormente en el que se refiere a Sulpicio Galo antes de la batalla de Pidna, sigue comentando:

    Plinio, Historia Natural II, 9 (12) (54)

    “Hombres aquellos extraordinarios y sobrehumanos por haber comprendido la ley de tan importantes númenes y haber liberado por fin del miedo a la pobre mente humana que en los eclipses veía con temor crímenes o algún tipo de muerte de los astros (es notorio que en medio de este temor por el eclipse de sol sonaron las palabras sublimes de los vates Píndaro y Estesícoro) o bien el hombre mortal veía hechizos en el de la luna y por eso le ayudaba con un ruido desacompasado. Por este miedo, al desconocer la causa, Nicias, general de los atenienses, temiendo sacar la flota del puerto, perdió sus tropas.
    ¡Sed gloriosos por vuestra inteligencia, sabios que abarcáis el cielo y la naturaleza física, descubridores de la razón por la que os habéis impuesto a los hombres y a  los dioses!
    ¿Quién contemplando este espectáculo, así como los trances regulares de los astros (porque así se convino en llamarlos) no perdonaría que seamos mortales por una ley ineludible?

    viri ingentes supraque mortalia, tantorum numinum lege deprehensa et misera hominum mente iam soluta, in defectibus scelera aut mortem aliquam siderum pavente — quo in metu fuisse Stesichori et Pindari vatum sublimia ora palam est deliquio solis — aut in luna veneficia arguente mortalitate et ob id crepitu dissono auxiliante — quo pavore ignarus causae Nicias Atheniensium imperator veritus classem portu educere opes eorum adflixit —: macte ingenio este, caeli interpretes rerumque naturae capaces, argumenti repertores,

     quo deos hominesque vicistis! quis enim haec cernens et statos siderum (quoniam ita appellare placuit) labores non suae necessitati mortales genitos ignoscat?

    Nunc confessa de iisdem breviter atque capitulatim attingam ratione admodum necessariis locis strictimque reddita, nam neque instituti operis talis argumentatio est neque omnium rerum afferri posse causas minus mirum est quam constare in aliquis.

    Ovidio también valora también el extraordinario valor de quienes estudiaron las estrellas en Fastos, I, 297 y ss.:

    ¿Quién nos impide hablar también de las estrellas, cómo sale y se pone cada una? Esto es parte de mi promesa. ¡Felices las almas que fueron las primeras en ocuparse de conocer esats cosas y ascender a las mansiones de arriba! Se puede creer que aquellos sacaron la cabeza por encima tanto de los vicios como de los lugares humanos. Ni Venus ni el vino, el deber del foro o las fatigas de las campañas, quebraron sus pechos sublimes. No les tentaron ni la ambición ligera ni la gloria revestida de oropel ni el ansia de grandes riquezas. Acercaron a nuestros ojos las lejanas estrellas y sometieron el firmamento a su genio. Así es como se alcanza el cielo, sin necesidad de que el Olimpo se lleve al Osa y la cima del Pelio toque las más altas estrellas. Nosotros también, bajo la guía de ellos, mediremos el cielo y asignaremos sus días a cada astro errante. (Traducción de Bartolomé Segura Ramos, Edit. Gredos)

    Quis vetat et stellas, ut quaeque oriturque caditque,
    dicere? promissi pars fuit ista mei.
    felices animae, quibus haec cognoscere primis
    inque domus superas scandere cura fuit!
    credibile est illos pariter vitiisque locisque
    300 altius humanis exeruisse caput.
    non Venus et vinum sublimia pectora fregit
    officiumque fori militiaeve labor;
    nec levis ambitio perfusaque gloria fuco
    magnarumque fames sollicitavit opum.
    305 admovere oculis distantia sidera nostris
    aetheraque ingenio supposuere suo.
    sic petitur caelum: non ut ferat Ossan Olympus,
    summaque Peliacus sidera tangat apex.
    nos quoque sub ducibus caelum metabimur illis
    310 ponemusque suos ad vaga signa dies.

    En los textos clásicos hay numerosas referencias a eclipses realmente habidos. Según recojo del artículo “La explicación de los eclipses en la Antigüedad Grecolatina”, de los autores Roberto Casazza Alejandro Gangui de la Universidad de Buenos Aires que a su vez citan a Couderc, 1969: 128-134, se consideran históricos o descritos por fuentes históricas fiables a los siguientes:: eclipse del canon asirio (15 de junio del 763 a.C.); eclipse de Asurbanipal (27 de junio del 661 a.C.); eclipse de Arquíloco (6 de abril del 648 a.C.); eclipse de Tales (28 de mayo del 585 a.C. –hay densas discusiones sobre este eclipse–); eclipse de Píndaro (30 de abril del 463 a.C.); eclipse de Tucídides (3 de agosto del 431 a.C.); eclipse de Agatocles (15 de agosto del 310 a.C.); eclipse de Hiparco (20 de noviembre del 129 a.C.); eclipse de Flegón (24 de noviembre del 29 d.C.); eclipse de Plutarco (20 de marzo del 71 d.C.); eclipse de Teón (16 de junio del 364 d.C. –aquí también quedan dudas–). citado por Couderc, 1969: 128-134.

  • Los eclipses anuncian sucesos extraordinarios (I)

    El hombre lleva miles de años, desde que aparece sobre la tierra, observando el cielo, unas veces impresionado por los miles de puntos luminosos, en torno a los 1.500 a simple vista, que se mueven o permanecen quietos, y otras asustado por la influencia que puede tener sobre su propia vida.

    La bóveda celeste en sí misma es un dios  y esos puntos brillantes también son seres divinos. Así que cualquier señal que del cielo viene ha de ser observada, analizada, contrarrestada si su efecto es amenazador.

    Respecto de las estrellas, uno de los aspectos que más interesó a los antiguos fue la posición en cada momento de los astros; algunos de ellos, los planetas, se mueven, pero otros aparentemente permanecen fijos y anclados en el cielo. Precisamente la palabra “planeta”, πλανήτης, planetes en griego, significa “errante, que se mueve” .

    De la posición y aparición (orto) y desaparición o puesta (ocaso) de los astros en el firmamento dependen dos cuestiones fundamentales: una la determinación del calendario, la posibilidad de organizar y comprender los ciclos de la naturaleza; la otra está en relación con la creencia en la influencia que los astros tienen en la vida de los hombres, sobre todo la posición de los astros en el momento del nacimiento.

    Esta cuestión es lo que estudia desde hace de años la “astrología” y que por irracional que nos parezca, no ha dejado todavía de tener una gran presencia en la vida actual.

    Pues bien, para determinar la posición de los astros y sus apariciones y ciclos se realizaron durante miles de años pacientes observaciones. Los primeros fueron los mesopotámicos y los egipcios; de ellos aprendieron los griegos, que incorporaron estos conocimientos a su mitología y a su incipiente ciencia y los desarrollaron grandemente.

    Una de las señales que más impresionaron a los antiguos, y que nos sigue fascinando hoy, son los eclipses, en nuestra posición sobre todo los de sol, pero también los de luna.

    La palabra eclipse proviene del griego ἔκλειψις, ékleipsis, que  significa “desaparición, que falta”.
    Estrabón (ca. 63 a.C.-19 a 24 d.C.) en su Geografía, 1, 1, 12 define a los eclipses como συγκρίσεις ἡλίου καὶ σελήνης (syncríseis helíou kay selénes) , es decir, como combinaciones, composiciones o alineación del sol y la luna [con la tierra]. Esta precisa definición sigue siendo válida hoy.

    Según el Diccionario de la Real Academia Española, en astronomía un eclipse es la “Ocultación transitoria total o parcial de un astro por interposición de otro cuerpo celeste”.

    Los eclipses pueden ser de luna o de sol. Son especialmente llamativos y dramáticos los de sol, que pueden ser parciales, totales o anulares según la parte de sol que quede oscurecida por la interposición de la luna.

    Los eclipses de sol, sobre todo los totales, pueden producir temor e inquietud a las personas, incluso hoy día en que la explicación científica, hace mucho tiempo establecida, es conocida por todo el mundo. En este tipo, llega la noche en mitad del día y pueden verse algunas estrellas y aunque no duren mucho tiempo, alteran el comportamiento de los animales e impresionan notablemente a las personas.

    No puede extrañarnos, pues, el interés que los eclipses suscitaron en los antiguos.

    Los babilonios fueron observadores notables del firmamento y de ellos aprendieron egipcios y griegos. Fueron ya los babilonios los que se  percataron de que los astros volvían periódicamente a una misma posición y establecieron el llamado “ciclo de saros”, que naturalmente heredaron los griegos. Este ciclo es un periodo de 18 años, 10 u 11 días y 1/3 de día (es decir, 6.585ías), ,32 dtiempo que transcurre entre dos eclipses de sol o de luna con condiciones semejantes, cuando la Luna y la Tierra están de nuevo en la misma posición aproximada en sus órbitas: en la misma fase, en el mismo nodo y a la misma distancia.

    El nombre de “saros”(griego σάρος), lo utilizó por primera vez Edmond Halley en 1691 tomándolo de la enciclopedia o léxico bizantino del siglo XI “La Suda”, que dice: 

    El saros es una medida y un número entre los Caldeos. 120 saros hacen 2.222 años según el cálculo de los caldeos, ya que el saros hace 222 meses lunares, que son 18 años y 6 meses” .

    Los griegos a su vez parece que tomaron la palabra “saros” de la babilónica "sāru", que significaba al número 3.600.

    Ptolomeo y Plinio se refieren a este ciclo, aunque no le llamen así. Plinio (23-79 d.C.) dedica todo el capítulo 10 del Libro II al análisis de la recurrencia de los eclipses de sol y de luna,  tomándolo de Hiparco:

    Plinio, Naturalis Historia, II, 10 (56-57) (En otras numeraciones coincide con II,17):

    Es cierto que los eclipses vuelven a sus mismos círculos a los doscientos veintidós  meses; el eclipse de sol sólo se produce con la luna nueva o primera (cuando la luna finaliza o comienza su curso, en el último cuarto de luna o en el primero) (que es lo que llaman la conjunción); en cambio, el de luna sólo en luna llena (plenilunio) y siempre más acá de donde ocurrió la última vez. Ahora bien, todos los años ocurren  los eclipses de ambos astros en días y horas fijos; y sin embargo no son visibles en todas partes cuando se producen por debajo de la tierra (hemisferio austral) ni por encima de ella (hemisferio boreal),  a veces por las nubes y más a menudo porque lo obstaculiza el globo  terráqueo a causa de la convexidad del universo.

    Hace doscientos años se averiguó, gracias a la sagacidad de Hiparco, que el eclipse de luna ocurría a veces a los cinco meses del anterior, y el de sol, en cambio, a los siete, que éste (el sol) se oculta dos veces en treinta días sobre las tierras (en nuestro lado de la tierra), pero que esto es visto por unos y  otros (todos no ven las dos ocultaciones) y lo que es especialmente maravilloso en este fenómeno maravilloso, como quiera que  ocurre que la luna se eclipsa por la sombra de la tierra, unas veces le cae por la parte del ocaso (occidental) y otras por la salida (oriental), y por alguna razón, aunque  en la salida del sol esa sombra oscurecedora debe estar por debajo de la tierra, sin embargo ya ha ocurrido una vez, que la luna se ha eclipsado en el ocaso, viéndose uno y otro astro por encima de la  tierra.

    En cuanto a los eclipses de los dos astros en quince días, esto se vio en nuestro tiempo siendo emperadores los dos Vespasianos, el padre y el hijo, siendo además cónsules, el padre por tercera vez.

    defectus ccxxiii mensibus redire in suos orbes certum est, solis defectus non nisi novissima primave fieri luna, quod vocant coitum, lunae autem non nisi plena, semperque citra quam proxime fuerint; omnibus autem annis fieri utriusque sideris defectus statis diebus horisque sub terra nec tamen, cum superne fiant, ubique cerni, aliquando propter nubila, saepius globo terrae obstante convexitatibus mundi.
    intra ducentos annos hipparchi sagacitate compertum est et lunae defectum aliquando quinto mense a priore fieri, solis vero septimo, eundem bis in xxx diebus super terras occultari, sed ab aliis hoc cerni, quaeque sunt in hoc miraculo maxime mira, cum conveniat umbra terrae lunam hebetari, nunc ab occasus parte hoc ei accidere, nunc ab exortus, quanam ratione, cum solis exortu umbra illa hebetatrix sub terra esse debeat, semel iam acciderit ut in occasu luna deficeret utroque super terram conspicuo sidere. nam ut xv diebus utrumque sidus quaereretur, et nostro aevo accidit imperatoribus vespasianis patre iii. filio consulibus.

    Algo parecido nos dice Ptolomeo, en su Almagesto, IV,2 en su versión latina:

    De periodicis lunae temporibus

    Los  antiguos consideraban pues que este tiempo era aproximadamente de 6585 días y un tercio de día, es decir, 8 horas, porque en ese tiempo ellos veían que se acababan aproximadamente 223 meses (lunares), o 239 revoluciones  de la anomalía, sin embargo 242 vueltas a la misma latitud, pero 241 revoluciones de longitud,  y además 10.40 grados en 18 revoluciones en  el dicho tiempo.

    Prisci ergo admodum tempus hoc esse putabant directum 6585 dies et tertiam unius diei partem utpote horas 8 in tanto enim tempore 223 menses proxime colligi videbant: Revolutiones aut inaequalitatis quidem 239. Latitudinis autem 242, longitudinis vero revolutiones 241 et ad haec gradus 10.40 quoque in 18 revoutionibus in praedicto tempore.

    En el mundo grecolatino la astronomía (actualmente definida como “Ciencia que trata de cuanto se refiere a los astros, y principalmente a las leyes de sus movimientos”) y la astrología (definida actualmente como “Estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres”.)  se confunden, son la misma ciencia. Así que se mezclan los mitos y creencias que vienen de la noche de los tiempos con lo que la razón y la ciencia va averiguando. Poco a poco la astronomía fue expresándose en lenguaje matemático y geométrico sin que por ello desapareciera la “astrología”.

    Este largo proceso, en lo que se refiere a los eclipses,  lo sintetizaré en unos pocos textos antiguos de los cientos interesantes que nos han quedado.

    Ya Homero en su Odisea, XX, versos 350 y ss. hace referencia a un eclipse, que lo presenta como una premonición del terrible final de los pretendientes de Penélope a manos de Odiseo en su palacio de Itaca:

    Y Teoclímeno, a un dios semejante, tomó la palabra:
    “¡Desgraciados! ¿Qué mal os aflige? Sumidos en noche
    vuestros rostros están, las cabezas, las mismas rodillas;
    el sollozo os abrasa, las caras se os cubren de llanto;
    las paredes chorrean de sangre, las vigas hermosas;
    el vestíbulo llenan y pueblan el patio fantasmas
    que a las sombras se lanzan del Érebo; el sol en el cielo
    se ha eclipsado, una niebla funesta recúbrelo todo.”

    (Traducción de José Manuel Pabón. Editorial Gredos)

    Que los eclipses son obra de los dioses ya nos lo recordó Arquíloco, poeta griego que vivió en el siglo VII a.C. Se refiere a un eclipse, probablemente el del año 648, como obra de Zeus. Nos dice en el fragmento 122 (West):

    Zeus y el Eclipse (fragmento 122 West)

    Nada es inesperado, nada puede ser declarado como imposible
    o maravilloso, desde que, Zeus, padre de los Olímpicos,
    hizo la noche a mediodía, manteniendo la espalda a la luz
    del sol radiante; y el temor cayó sobre la humanidad.
    A partir de ahora los hombres podrán creer todas las cosas, podrán esperar todas las cosas.  Ninguno de vosotros debería sorprenderse en el futuro, ni siquiera al ver
    que las bestias cambian su lugar con los delfines y van a pastar
    en las profundidades, teniendo  las olas resonantes del mar
    en más aprecio que la tierra, mientras que a los delfines les encantan las colinas boscosas.

    Los hombres no conocen las causas de los eclipses, que como alteración del orden natural del cielo les producen enorme temor. En algunas ocasiones creen que son causados por la propia acción mágica de los hombres

    Algunos autores, como Demócrito de Abdera (450a.C. – ca. 370 a.C.) piensa que el sol o la luna se hacen invisibles cuando descienden de sus órbitas. Los responsables de ese descendimiento son los magos o las brujas, según la creencia popular.

    Platón recoge la creencia, que pone en boca de Sócrates, en Gorgias, 513a:

    Piensa si eso es ventajoso para ti y para mí, para que no nos pase, divino Calicles, lo que les ocurre, según dicen, a las mujeres tesalias que tratan de hacer bajar la luna, o sea, que la conquista de ese poder en la ciudad vaya acompañada de la pérdida de las cosas más queridas.

    Según la creencia popular quedaban ciegas, sufrían quemaduras y quedaban con las piernas rotas por el esfuerzo.

    Aristófanes utiliza la creencia en Las nubes, v.  750 ss.:

    Estrepsíades: Ya he encontrado un modo de no pagar los intereses.
    Sócrates: Ponlo de manifiesto
    Estrepsíades:   Ponlo de manifiesto
    Sócrates:  Dime, si yo comprase una hechicera de Tesalia que hiciera bajar la luna de noche y la guardase con todo cuidado encerrada en una caja redonda, como si fuera un espejo…?
    Sócrates: ¿Y de qué te serviría eso? Te pregunto.
    Estrpsíades:  ¿De qué? Si la luna no volviese a salir en ningún sitio,  yo no tendría que pagar más intereses.
    Sócrates:  ¿Por qué? Dime.
    Estrepsíades: Porque los intereses se pagan cada més.

    Plinio también nos indica cómo los hombres creían que los eclipses eran fruto de la brujería y les producían un enorme temor, que intentaban alejar produciendo gran ruido. Lo dice en un texto en el que valora la gran obra de quienes liberaron a los hombres del temor a estos fenómenos. Nos lo cuenta en Naturalis Historia, II, 12 (54):

     … Fueron hombres de enorme grandeza por encima de los mortales,  quienes comprendieron la ley de tan grandes seres divinos, y libraron  ya al espíritu de los hombres,  que antes temían que  en los eclipses habría alguna desgracia o la muerte de los astros,  (sabido es que las sublimes bocas de los poetas Estesícoro y Píndaro estuvieron con este miedo en un eclipse de sol), y que pensaban que en el oscurecimiento de la luna había encantamientos  y por eso ayudaban con un ruido disonante.

    Con ese temor, desconocedor de las causas, Nicias, general de los atenienses, no se atrevió a sacar la escuadra del puerto e hizo un gran daño a sus intereses.

    viri ingentes supraque mortalia, tantorum numinum lege deprehensa et misera hominum mente iam soluta, in defectibus scelera aut mortem aliquam siderum pavente – quo in metu fuisse stesichori et pindari vatum sublimia ora palam est deliquio solis – aut in luna veneficia arguente mortalitate et ob id crepitu dissono auxiliante – quo pavore ignarus causae nicias atheniensium imperator veritus classem portu educere opes eorum adflixit

    También Tito Livio, al comentar el sitio por los romanos de la ciudad de Capua, ocupada por los cartagineses, y describir el ruido y griterío de la batalla en la que también interviene Anibal, dice en Ab Urbe condita libri), 26, 5, 9,:

    Comenzó la batalla no sólo con el acostumbrado griterío y alboroto;  sino que además al ruido de los caballos, los hombres y las armas se añadió el griterío que hioz la población no combatiente colocada en las murallas de Capua con sus objetos de bronce, como  suele hacer en el silencio de la noche en un eclipse de Luna, para distgraer también el ánimo de los combatientes.

     proelium non solito modo clamore ac tumultu est coeptum, sed ad alium virorum, equorum armorumque sonum disposita in muris Campanorum inbellis multitudo tantum cum aeris crepitu, qualis in defectu lunae silenti nocte cieri solet, edidit clamorem, ut averteret etiam pugnantium animos.

    Boecio (480-ca.526), todavía nos recuerda la práctica arraigada en el pueblo de golpear objetos de bronce para ahuyentar el maleficio del eclipse de sol, en su La consolación de la Filosofía, libro IV, M(etro)5, 7-12

    Cuando palidecen los cuernos de la luna llena
    invadida por los límites de la noche oscura,
    y  las estrellas que cubría con su cara luminosa, 
    cuando Febo descubre los astros eclipsados,
    la pública ignorancia  conmueve a las gentes
    que baten los aires con sus constantes golpes.

    palleant plenae cornua lunae
    infecta metis noctis opacae,
    quaeque fulgenti texerat ore,
    10 confusa Phoebe detegat astra:
    commouet gentes publicus error
    lassantque crebris pulsibus aera.

    Los textos que reflejan estos temores son numerosos. El historiador Tucídides (460-396) nos ofrece un texto interesante al comentar la magnitud de la Guerra del Peloponeso. Tucídides pone en relación los desastres de la guerra con las desgracias de todo tipo acaecidas entonces.

    Historia de la Guerra del Peloponeso, I, 23:

    De los hechos anteriores el más importante fue la guerra contra los medos, a pesar de que ésta se decidió rápidamente en dos batallas navales y dos terrestres. La duración de este guerra nuestra, por el contrario, ha ido mucho más allá, y hay ocurrido que en su transcurso se han producido en Grecia desastres sin parangón en un período igual. Nunca tantas ciudades fueron tomadas y asoladas, unas por los bárbaros y otras por los mismos griegos luchando unos contra otros (algunas hay incluso que cambiaron de habitantes al ser conquistadas); nunca tampoco había habido tantos destierros y tanta mortandad, bien en la misma guerra bien a causa de las luchas civiles. E historias que antes refería la tradición, pero que raramente encontraban una confirmación en la realidad, dejaron de resultar inverosímiles: historias acerca de terremotos, que afectaron a la vez a extensas regiones y que fueron muy violentos; eclipses de sol, que ocurrieron con mayor frecuencia de lo que se recordaba en tiempos pasados; y grandes sequías en algunas tierras y hambres como secuela, y, en fin, la calamidad que no menos daño causó y que destruyó a una parte de la población, la peste. Todos estos males cayeron sobre Grecia junto con esta guerra. (Traducción de Juan José Torres Esbarranch. Editorial Gredos. 1990)

    Nota: Tucídides en su Historia hace mención a dos eclipses de sol , en II, 28 y en IV,52,1);  Tambien se refiere a uno de luna en VII,50,4:

    Todo estaba por fin listo, y estaban a punto de marchar lejos navegando lejos, cuando tuvo lugar un eclipse de luna, que estaba entonces en su pleno desarrollo.  La mayoría de los atenienses, profundamente impresionado por este hecho, insisten ahora a sus generales para esperar; y Nicias, que era un tanto aficionado a la adivinación y a las prácticas de ese tipo, se negó desde ese momento incluso a tomar en consideración la cuestión de partida, hasta que esperaron los tres veces nueve días prescritos por los adivinos.

    Píndaro utiliza también la misma idea y creencia de que los eclipses acarrean grandes desgracias en su Pean 9, (Fragmento 52K Maehler, A1 Rutherford):

    Rayo de sol, vigía, ¿qué intentarás,
    oh madre de la vista, astro supremo,
    oculto en el día? ¿Por qué has vuelto inoperante
    para los varones la fuerza y el camino del saber,
    recorriendo un sendero oscurecido?
    ¿Conduces uno más nuevo que antes?
    Pero a ti, que conduces rápidos corceles, por
    Zeus
    te suplico, que conviertas
    en una prosperidad sin pena para Tebas,
    oh venerable, el prodigio común a todos.
    [ . . .]
    [ . . .]
    [ . . .] ¿de qué guerra traes el signo,
    o la consunción del fruto, o la fuerza increíble
    de una nevada, o la destructora sedición,
    o el vaciamiento del mar en la llanura,
    o el congelamiento del suelo, o un verano
    ventoso
    fluyendo con agua furiosa,
    o tras inundar la tierra instalarás
    una nueva generación de varones desde el
    principio?
    No temo nada que vaya a sufrir junto con todos.

    (faltan vv. 22–33 = ep.2–10, estr. B 1–3)
    (Tradución de Daniel Alejandro Torres)

    Algunos comentaristas aprecian precedentes de este peán en poemas egipcios al Sol.
    Séneca, en un largo y retórico canto del coro en su tragedia “Tiestes” poetiza sobre la situación de desorden cósmico y pánico que generan los eclipses:

    Ante el crimen de Atreo que ha matado a los hijos de Tiestes y se los ha ofrecido como alimento en un banquete terrible, el sol retrocede. El coro, estupefacto, teme que se venga abajo toda la estructura del mundo y vuelva todo al  antiguo caos.

    El coro al final de su Tiestes, v. 789-884:

    ¿A dónde, padre de las tierras y de los de aquí arriba,
    a cuyo nacimiento huye todo el ornato de la noche
    opaca: a dónde vas, torciendo tu camino
    y terminando el día en medio del Olimpo?
    ¿Por qué, Febo, nos robas tu semblante?
    de las llamas de Febo, no privará a la noche
    el mensajero de la tarde, Héspero;
    aún la curva hacia Hesperia de las ruedas
    no manda desatar unos caballos que ya han cumplido;
    aún no ha dado, al declinar el día hacia la noche,
    la tercera bocina su señal.
    Se extraña ante la hora de esta súbita cena el labrador,
    cuando los bueyes aún no están cansados.
    ¿Qué es lo que te ha apartado de tu curso celeste?
    ¿Qué causa ha desviado a tus caballos
    de su sendero fijo? ¿Acaso abriendo
    la cárcel de Plutón, los Gigantes vencidos
    intentan otra guerra? ¿Acaso Titio
    renueva con su herida viejas iras
    en su pecho agotado? ¿Es que Tifeo
    sus flancos ha librado echando a un lado el monte?
    ¿Acaso se construye entre los enemigos
    De Flegra un elevado camino y en Tesalia
    el Pelio es aplastado bajo el Osa de Tracia?
    Se han terminado los turnos regulares en el cielo:
    no habrá ocaso ni tampoco oriente.
    Estupefacta queda la madre Aurora,
    estando acostumbrada a encomendar las riendas
    al dios con el rocío de la luz primera,
    por haberse invertido las lindes de su reino:
    no sabe ella bañar los corceles cansados
    ni sumir en el ponto sus rines humeantes de sudor.
    Y el mismo sol, que es nuevo eneste inusitado alojamiento,
    ve a la Aurora al ponerse
    y manda levantarse a las tinieblas
    sin estar preparada aún la noche; no se alzan
    las estrellas, ni brilla con resplandor alguno el firmamento;
    no disipa la luna las densas sombras.
    Sea esto lo que sea, ¡ojalá se tratase de una noche!:
    tiemblan, tiemblan los pechos sacudidos
    por un gran miedo
    de que, en fatal ruina,
    todo se venga abajo y otra vez a los dioses
    y a los hombres oprima el caos deforme,
    y otra vez a las tierras y a los mares y al fuego
    y a las estrellas, que vagan adornando el firmamento,
    los confunda de nuevo la naturaleza.
    El guía de los astros, que con la aparición de su perenne antorcha
    va guiando los siglos, no indicará el verano
    ni el invierno; la luna, que sale al encuentro
    de las llamas de Febo, no privará a la noche
    de sus terrores, ni vencerá las riendas
    de su hemano corriendo por su curvo sendero
    en menos trecho. A una misma fosa
    irán a amontonarse una turba de dioses.
    Aquí el que, recorrido por sagradas estrellas,
    corta en oblicua órbita a las zonas,
    modificando la longitud del año con sus signos,
    caer verá a los astros mientras cae.
    Aquí el Carnero, que, sin ser apacible aún del todo
    la primavera, vuelve a confiar las velas
    al tibio Céfiro, se precipitará sobre las olas
    por las que transportó a al asustada Hele.
    Aquí el Toro, que en sus brillantes cuernos
    lleva a las Híades, arrastrará consigo a los Gemelos
    y a Cangrejo de brazos encorvados.
    El León de Hércules ardiendo entgre las llamas del estío,
    otra vez desde el cielo caerá.
    Caerá, sobre las tierras que un día dejó la Virgen
    y caerán los pesos de la exacta Balanza
    y arrastrarán consigo al punzante Escorpión.
    Y el anciano Quirón que en su arco hemonio
    sostiene sus saetas emplumadas
    perderá sus saetas, roto el arco.
    El glacial Capricornio, que vuelve a traer
    el perezoso invierno, caerá y destrozará tu urna
    cualquiera que tú seas. Contigo caerán
    las últimas estrellas del cielo, los Peces.
    Y los monstruos que nunca bañó el mar
    los tragará el abismo que lo sepulta todo;
    y la que, en medio de ellas, separa las dos Osas,
    la Sierpe escurridiza que parece un río;
    y, unida al gran Dragón, la menor, Cinosura,
    aterida de frío por el hielo;
    y el perezoso guardián de su carro,
    Artofilace, perderá el equilibrio y caerá.
    ¿Nosotros solos entre tanta gente hemos parecido
    merecedores de ser aplastados,
    al derrumbarse el eje de los cielos? ¿Viene sobre nosotros
    la última era? ¡Ah, con qué dura suerte
    hemos sido creados, bien hayamos perdido
    el sol en nuestra desventura, bien lo hayamos echado!
    Lejos las quejas; apártate temor:
    de vivir está ansioso el que no quiere
    morir cuando con él perece el universo.

    (Traducción de José Luis Moreno. Editorial Gredos. 1980)

    Chorus
    Quo terrarum superumque parem,
    cuius ad ortus noctis opacae
    decus omne fugit, quo vertis iter
    medioque diem perdis Olympo?
    cur, Phoebe, tuos rapis aspectus?
    nondum serae nuntius horae
    nocturna vocat lumina Vesper;
    nondum Hesperiae flexura rotae
    iubet emeritos solvere currus;
    nondum in noctem vergente die
    tertia misit bucina signum:
    stupet ad subitae tempora cenae
    nondum fessis bubus arator,
    quid te aetherio pepulit cursu?
     quae causa tuos
    limite certo deiecit equos?
    numquid aperto carcere Ditis
    victi temptant bella Gigantes?
    numquid Tityos pectore fesso
    renovat veteres saucius iras?
    num reiecto
    latus explicuit monte Typhoeus?
    numquid struitur via Phlegraeos
    alta per hostes et Thessalicum
    Thressa premitur Pelion Ossa?
    solitae mundi periere vices?
    nihil occasus, nihil ortus erit?
    stupet Eoos
    assueta deo tradere frenos
    genetrix primae roscida lucis
    perversa sui limina regni;
    nescit fessos
    tinguere currus nec fumantes
    sudore iubas mergere ponto.
    ipse insueto novus hospitio
    Sol Auroram videt occiduus,
    tenebrasque iubet surgere nondum
    nocte parata: non succedunt
    astra nec ullo micat igne polus,
    non Luna gravis digerit umbras.
    Sed quicquid id est, utinam nox sit!
    trepidant, trepidant
    pectora magno percussa metu:
    ne fatali cuncta ruina
    quassata labent iterumque, deos
    hominesque premat deforme chaos,
    iterum terras et mare cingens
    et vaga picti sidera mundi
    natura tegat.
    non aeternae facis exortu
    dux astrorum saecula ducens
    dabit aestatis brumaeque notas,
    non Phoebeis obvia flammis
    dement nocti Luna timores
    vincetque sui fratris habenas,
    curro brevius limite currens;
    ibit in unum
    congesta sinum turba deorum,
    hic qui sacris pervius astris
    secat obliquo tramite zonas
    flectens longos signifer annos,
    lapsa videbit sidera labens;
    hic qui nondum vere benigno
    reddit Zephyro- vela tepenti,
    Aries praeceps ibit in undas,
    per quas pavidam vexerat Hellen;
    hic qui nitido Taurus cornu
    praefert Hyadas, secum Geminos
    trahet et curvi bracchia Cancri;
    Leo flammiferis aestibus ardens
    iterum e caelo cadet Herculens,
    cadet in terras Virgo relictas
    iustaeqne cadent pondera Librae
    secumque trahent Scorpion acrem;
    et qui nervo tenet Haemonio
    pinnata senex spicula Chiron,
    rupto perdet spicula nervo;
    pigram referens hiemem gelidus
    cadet Aegoceros frangetque tuam,
    quisquis es, urnam; tecum excedent
    ultima caeli sidera Pisces,
    Plostraque numquam perfusa mari
    merget condens omnia gurges;
    et qui medias dividit Vrsas,
    fluminis instar lubricus Anguis
    magnoque minor iuncta Draconi
    frigida duro. Cynosura gelu,
    custosque sui tardus plaustri
    iam non stabilis ruet Arctophylax.
    Nos e tanto visi populo
    digni premeret quos everso
    cardine mundus?
    in nos aetas ultima venit?
    o nos dura sorte creatos,
    seu perdidimus solem miseri,
    sive expulimus!
    abeant questus, discedo, timor:
    vitae est avidus quisquis non vult
    mundo secum pereunte mori.

    Virgilio (70-19 a.C.), relaciona las señales del sol (Febo) con el asesinato de César y las guerras y desgracias que caerán sobre Roma en sus Geórgicas I, vv. 464-468:

    El (el Sol) también nos avisa muchas veces de que están a punto de suceder revueltas secretas y de que se están gestando engaños  y guerras ocultas. Él también, compadecido de Roma una vez eliminbado César, cubrió su brillante cabeza de obscura herrumbre, y los impíos siglos temieron una noche eterna.

    … Ille etiam caecos instare tumultus
    saepe monet fraudemque et operta tumescere bella;
    ille etiam exstincto miseratus Caesare Romam,
    cum caput obscura nitidum ferrugine texit
    impiaque aeternam timuerunt saecula noctem.

    Virgilio también, al final del Libro I de la Eneida, cuando Eneas ha sido llevado por Dido a palacio, nos presenta al poeta de la corte cantando a los astros y sus movimientos. Lo hace en los versos  736 y ss.

    Eneida, I, 736-750

    Dijo, y derramó sobre la mesa la libación consagrada,
    y ella la primera acercó la copa al borde de su boca.
    Luego se la dio a Bicias, invitándole;
    Este decidido se bebió la patera espumante,
    y se remojó en la copa de oro llena.

    Despues bebieron los otros jefes. Canta
    al son de su cítara de oro el criado Jopas, a quien el gran Atlas enseñó:
    Canta este a la luna errante ylos eclipses del Sol;
    el origen de donde vienen los hombres  y a las bestias,
    de dónde viene la lluvia y  los relámpagos,
    y a la estrella Arturo y a las Híades lluviosas y a las dos Osas.

    Y por qué el sol del invierno se da tanta prisa
    en hundirse en el Océano, o  qué retraso retiene a la noche tardía.
    Redoblan los tirios su aplauso, y les siguen luego los troyanos.

    Mientras tanto la desgraciada Dido arrastraba la noche
    con su larga conversación y bebía su gran amor,
    preguntándole  muchas cosas sobre Priamo, muchas sobre Héctor.

    Dixit, et in mensam laticum libavit honorem,
    primaque, libato, summo tenus attigit ore,
    tum Bitiae dedit increpitans; ille impiger hausit
    spumantem pateram, et pleno se proluit auro
    post alii proceres. Cithara crinitus Iopas
    personat aurata, docuit quem maximus Atlas.
    Hic canit errantem lunam solisque labores;
    unde hominum genus et pecudes; unde imber et ignes;
    Arcturum pluviasque Hyadas geminosque Triones;
    quid tantum Oceano properent se tinguere soles
    hiberni, vel quae tardis mora noctibus obstet.
    Ingeminant plausu Tyrii, Troesque sequuntur.
    Nec non et vario noctem sermone trahebat
    infelix Dido, longumque bibebat amorem,
    multa super Priamo rogitans, super Hectore multa;

    El mismo Virgilio repite casi literalmente las mismas ideas si bien en otro contexto, ahora cantando las excelencias del viejo romano agricultor y trabajador feliz de su campo; curiosamente se repiten aquí dos versos íntegros del texto anterior correspondiente a la Eneida,  en Geórgicas, II, v. 475 y ss.:

    En primer lugar que me acojan las Musas, dulces sobre todas las cosas, cuyas insignias sagradas llevo, herido por un grande amor, y me muestren las estrellas y los caminos del cielo, y los eclipses del sol y los desfallecimientos de la luna; y de dónde viene el temblor de las tierras, por qué fuerza se hinchan los profundos mares, rotos los obstáculos y de nuevo se asientan sobre sí mismos; y por qué el sol del invierno se da tanta prisa en hundirse en el Océano, o  qué retraso retiene a la noche tardía.

    Y si no pudiera tener acceso a estas partes de la naturaleza y la sangre helada en mi pecho lo impidiera, que al menos disfrute sin gloria de los campos y los arroyos que corren por los valles, de los ríos y los bosques.

    Me vero primum dulces ante omnia Musae,
    quarum sacra fero ingenti percussus amore,
    accipiant caelique vias et sidera monstrent,
    defectus solis varios lunaeque labores;
    unde tremor terris, qua vi maria alta tumescant
    480obicibus ruptis rursusque in se ipsa residant,
    quid tantum Oceano properent se tinguere soles
    hiberni, vel quae tardis mora noctibus obstet.
    Sin, has ne possim naturae accedere partis,
    frigidus obstiterit circum praecordia sanguis:
    485rura mihi et rigui placeant in vallibus amnes,
    flumina amem silvasque inglorius.

    Plutarco (50-120d.C.) ofrece un texto interesantísimo sobre el temor que infundían en el ejército los eclipses, en este caso de Luna. Nos lo cuenta en la biografía del general romano Paulo Emilio (229-160 a.C.) describiendo un eclipse que tuvo lugar el 21 de junio del 168 a.C. inmediatamente antes de la batalla de Pidna con la que los romanos consolidan su dominio en Macedonia:

    Plutarco, Vida de Paulo Emilio, XVII, 3 ss.: (1821, II, 160)

    Al hacerse de noche, y cuando después del rancho se iban a dormir y a descansar, la luna, que estaba en su lleno y bien descubierta, empezó de pronto a ennegrecerse, y desfalleciendo su luz, habiendo cambiado diferentes colores, desapareció. Los romanos, como es de ceremonia, la imploraban para que les volviese su luz, con el ruido de los bronces y alzando al cielo muchas luces con tizones y hachas; mas los macedonios a nada se movieron, sino que el terror y espanto se apoderó del campo, y entre muchos corrió secretamente la voz de que aquel prodigio significaba el eclipse de un rey.

    No era Emilio hombre enteramente nuevo y peregrino en las anomalías eclípticas, las cuales a tiempos determinados hacen entrar la luna en la sombra de la tierra y la ocultan, hasta que pasando de la sombra vuelve otra vez a resplandecer con el sol. Mas, sin embargo, como daba mucha parte en todo a la divinidad, y era inclinado a los sacrificios y a la adivinación, apenas vio a la luna recobrar su pureza, le sacrificó once novillos; y no  bien se hizo de día, cuando inmoló bueyes a Hércules, sin obtener buenos presagios, no parando entonces hasta veinte, pero al vigésimo primero se observaron prodigios que dijo adjudicaban la victoria a los que se defendiesen.  Hizo, pues, voto al mismo dios de otros cien bueyes y de juegos sagrados, mandando a los oficiales ordenar el ejército para la batalla; mas aguardó con todo a la inclinación y desvío del resplandor, para que el sol desde el Oriente no los deslumbrara en la pelea dándoles de cara; por lo que estuvo dando tiempo, sentado en su tienda, la que tenía abierta por la parte de la llanura y del campo de los enemigos. (Traducción de Ranz Romanillos)

    También aparece el relato con alguna variante en Livio XLIV, 37, 4 ss.

    Aunque el rey estaba dispuesto a luchar sin dilación  aquel día, quedó también contento  con que sus hombres supieran que el retraso se debía al enemigo y él mismo llevó de vuelta las tropas al campamento.
    Una vez fortificado el campamento, Cayo Sulpicio Galo, tribuno militar de la segunda legión,  que había sido pretor el año anterior, con permiso del cónsul y convocados los soldados a una asamblea, les dijo que nadie considerara como un portento que en la próxima noche, la luna tuviese un eclipse desde la segunda hora hasta la cuarta hora de la noche, porque esto ocurría en intervalos fijos según el orden natural y por eso podía ser conocido con anterioridad y predecirse. 
    Así pues, del mismo modo que no se admiraban de que la salida y la puesta del Sol y de la Luna son seguros, o de que la luna brilla unas veces en toda su redondez, otras como si envejeciera en un pequeño cuerno, así no debían considerar como un prodigio que también se oscureciera cuando era tapada por la sombra de la tierra.
    Cuando a la hora indicada tuvo lugar el eclipse de luna en la noche a la que siguió el día anterior a las nonas de septiembre (del tres al cuatro de septiembre), la sabiduría de Galo les pareció casi divina a los soldados romanos.
    A los macedonios en cambio les pareció como un prodigio funesto que anunciaba la caída del reino y la desgracia de la gente, y su adivino no lo interpretó de otro modo. Hubo gritos y lamentos en el campamento de los Macedonios hasta que la Luna salío de nuevo con su propia luz.
    Había tantas ganas en los dos ejércitos de enfrentarse, que algunos de sus propios soldados acusaban no sólo al rey sino también al cónsul de haberse retirado sin combatir y así el rey tenía la inmediata justificación, no solo por eso, de que el enemigo fue el primero que rechazando abiertamente el combate, retiró las tropas al campamento; y además que había situado las enseñas en un lugar en el que la falange no podía avanzar porque hasta las pequeñas  irregularidades del terreno la hacían ineficaz.
    Y el cónsul en este asunto, parecía que había dejado escapar el día anterior la ocasión de luchar y que había dado al enemigo la oportunidad de marcharse durante la noche y ahora también parecía que perdía el tiempo con el pretexto de hacer un sacrificio, cuando al amanecer debía haber dado la señal de salir al campo de batalla dispuesto a luchar.
    Finalmente, una vez realizado el sacrificio de acuerdo con los ritos, convocó a consejo a la tercera hora; y allí, hablando y consultando cosas sin sentido les parecía a algunos que perdía el tiempo que debía emplear en llevar a cabo el asunto. Entonces el cónsul pronunció este discurso contra aquellas habladurías.

    rex quoque, cum sine detractatione paratus pugnare eo die fuisset, contentus eo, quod per hostem moram fuisse scirent, et ipse in castra copias reduxit. castris permunitis C. Sulpicius Gallus, tribunus militum secundae legionis, qui praetor superiore anno fuerat, consulis permissu ad contionem militibus vocatis pronuntiavit, nocte proxima, ne quis id pro portento acciperet, ab hora secunda usque ad quartam horam noctis lunam defecturam esse.  id quia naturali ordine statis temporibus fiat, et sciri ante et praedici posse.
    itaque quem ad modum, quia certi solis lunaeque et ortus et occasus sint, nunc pleno orbe, nunc senescentem exiguo cornu fulgere lunam non mirarentur, ita ne obscurari quidem, cum condatur umbra terrae, trahere in prodigium debere.
    nocte, quam pridie nonas Septembres insecuta est dies, edita hora luna cum defecisset, Romanis militibus Galli sapientia prope divina videri;

    Macedonas ut triste prodigium, occasum regni perniciemque gentis portendens, movit nec aliter vates. clamor ululatusque in castris Macedonum fuit, donec luna in suam lucem emersit.
    postero die—tantus utrique ardor exercitui ad concurrendum fuerat, ut et regem et consulem suorum quidam, quod sine proelio discessum esset, accusarent— regi prompta defensio erat, non eo solum, quod hostis prior aperte pugnam detractans in castra copias reduxisset, sed etiam quod eo loco signa constituisset, quo phalanx, quam inutilem vel mediocris iniquitas loci efficeret, promoveri non posset.
    consul ad id, quod pridie praetermisisse pugnandi occasionem videbatur et locum dedisse hosti, si nocte abire vellet, tunc quoque per speciem immolandi terere videbatur tempus, cum luce prima ad signum propositum pugnae exeundum in aciem fuisset.
    tertia demum hora sacrificio rite perpetrato ad consilium vocavit; atque ibi, quod rei gerendae tempus esset, loquendo et intempestive consultando videbatur quibusdam extrahere. adversus eos sermones talem consul orationem habuit.

    Al episodio hace también referencia Plinio en su Historia Natural II, 9 (12) (53)

    Y ciertamente el primero de los romanos que expuso al pueblo la teoría de los dos eclipses (de Sol y de Luna) fue Sulpicio Galo, que fue cónsul con M. Marcelo, pero entonces era tribuno militar, cuando liberado el ejército  de una derrota el día anterior a que el rey Perses fuera vencido por Paulo, fue llevado a la asamblea por el general para predecir un eclipse, y poco después también lo hizo en un libro que escribió.
    Sin embargo, entre los griegos el primero de todos que lo investigó fue Tales de Mileto en el cuarto año de la Olimpiada cuadragésima octava al predecir un eclipse de sol, que tuvo lugar siendo rey Alyates en el año 170 de la fundación de la ciudad.
    Después de ellos Hiparco anticipó para seiscientos años, el recorrido de los dos astros (el sol y la luna), los meses de los pueblos y los días y las horas y la posición de los lugares y la visión de cada pueblo, siendo testigo el  tiempo que no lo hizo de otro modo como si hubiera sido partícipe de los consejos de la propia naturaleza.

    Et rationem quidem defectus utriusque primus Romani generis in vulgum extulit Sulpicius Gallus, qui consul cum M. Marcello fuit, sed tum tribunus militum, sollicitudine exercitu liberato pridie quam Perses rex superatus a Paulo est in concionem ab imperatore productus ad praedicendam eclipsim, mox et composito volumine. apud Graecos autem investigavit primus omnium Thales Milesius Olympiadis XLVIII anno quarto praedicto solis defectu, qui Alyatte rege factus est urbis conditae anno CLXX. post eos utriusque sideris cursum in sexcentos annos praececinit Hipparchus, menses gentium diesque et horas ac situs locorum et visus populorum complexus, aevo teste haut alio modo quam consiliorum naturae particeps.

    Aparece también en Frontino, Estratagemas, I, 12; Zonaras, 9,23., Valerio Máximo , 8, 11,1

    Cicerón añade algún matiza interesante en De Repùblica I, 15, 23:

    Escipión: …Mucho quería yo a Galo, y sabía que mi padre Paulo le había apreciado y estimado sobremanera. Recuerdo que en mi juventud, siendo mi padre cónsul en Macedonia, encontrándonos acampados, invadió una noche a todas nuestras legiones terror religioso, porque la Luna, que se encontraba en todo su esplendor, se oscureció de repente. Entonces Galo, que era nuestro legado, un año antes de ser nombrado cónsul, no dudó en declarar a la mañana siguiente en el campamento que no se había realizado ningún prodigio, que aquel fenómeno estaba en el orden de la naturaleza y se repetía en periodos determinados, cuantas veces se encontrase situado el Sol de manera que su luz no pudiese iluminar la Luna.
    Tuberón: Mas, ¿cómo puedo hacer comprender eso a hombres tan rudos y se atrevió a hablar de tal manera a gentes tan ignorantes?
    Escipión: Hízolo, y con grande…

               (Según Mai,faltan aquí dos páginas al menos)
    (24)  … sin vana ostentación ni lenguaje indigno de varón grave; y no consiguió poco despòjando del temor y vanas supersticiones a aquellos hombres aterrados.

    [23] 15. … fuit, quod et ipse hominem diligebam et in primis patri meo Paulo probatum et carum fuisse cognoveram. Memini me admodum adulescentulo, cum pater in Macedonia consul esset et essemus in castris, perturbari exercitum nostrum religione et metu, quod serena nocte subito candens et plena luna defecisset. Tum ille, cum legatus noster esset anno fere ante, quam consul est declaratus, haud dubitavit postridie palam in castris docere nullum esse prodigium, idque et tum factum esse et certis temporibus esse semper futurum, cum sol ita locatus fuisset, ut lunam suo lumine non posset attingere. Ain tandem? inquit Tubero; docere hoc poterat ille homines paene agrestes et apud imperitos audebat haec dicere? S. Ille vero et magna quidem cum … …
    [24] neque insolens ostentatio neque oratio [p. 283] abhorrens a persona hominis gravissimi; rem enim magnam adsecutus est, quod hominibus perturbatis inanem religionem timoremque deiecerat.

    También Polibio recoge cómo los conocimientos astronómicos de Galo sirvieron a los romanos para vencer a Perseo de Macedonia en Pidna; en XXIX, 16 (6)

    Batalla de Pydna

    Tuvo lugar un  eclipse de Luna, la información corrió por todas partes  y muchos creyeron que significaba el eclipse de un rey. Y esta circunstancia levantó los ánimos de los romanos y deprimió los de los macedonios. Qué cierto es  el dicho de que "la guerra produce más de un miedo sin fundamento." . . .

    Tácito (55-120 d.C.), también cuenta la reacción mucho más tarde de los legionarios romanos ante un eclipse. Cuenta cómo Druso Julio César se sirvió del eclipse para aplacar una sublevación. Lo narra en sus Anales, I, 28:

    La casualidad suavizó aquella noche amenazadora y que estaba a punto de resolverse en un crimen. Pues la luna pareció que se apagaba en un cielo que de repente era claro.  Los soldados, ignorantes del motivo, lo interpretaron como un presagio del momento presente, relacionando el eclipse del astro con sus trabajos,  y  que las cosas les sucederían y se inclinarían favorablemente a sus intereses si volvía de nuevo el resplandor y luz de la diosa (la luna). Por eso hicieron ruido con el sonido de los bronces y con el conjunto de trompetas y cuernos militares. Según se hacía más brillante o más oscura se alegraban o se entristecían; y después de que algunas nubes que aparecerieron la ocultaron a la vista y se creyó que había desaparecido en las tinieblas, como suelen ser empujadas fácilemente a la superstición las mentes débiles, se anuncia un enorme sufrimiento para ellos y se lamentan de que sus crímenes les hubieran puesto en contra a los dioses.
    César, pensando que debía servirse de aquella circunstancia y que debía volver en acierto lo que la casualidad le había ofrecido, ordena rodear las tiendas; hace llamar al centurión Clemente y a los otros que cayeran bien al pueblo por su buen saber hacer. Todos estos se colocan con los vigilantes, con los puestos y con los defensores de las puertas, y unas veces les dan esperanza y otras les meten miedo. ¿Hasta cuando atacaremos al hijo del emperador? ¿Cuál será el final de estos combates? ¿Prestaremos juramenteo a Percenio y Vibuleno? ¿Pagarán Percenio y Vibuleno a los soldadeos el sueldo y las tierras que se han ganado? ¿o finalmente se apoderarán ellos del imperio del pueblo romano en vez de los Nerones y Drusos? ¿Por qué más bien, así como somos los ñultimos en la culpa, no somos los primeros en el arrepentimiento? Lo que se pide en común es lento de realizarse pero inmediatamente merecerás y recibirás el agradeciemiento particular. Afectados los ánimos por estas cosas y sospechando entre ellos, el novato se aparta del veterano y una legión se aparta de la otra. Entonces va volviendo poco a poco el deseo de obedecer, abandonas las puertas, llevan a su lugar las estandartes y enseñas amontonadas en un lugar al principio de la sublevación.

    Noctem minacem et in scelus erupturam fors lenivit: nam luna claro repente caelo visa languescere. id miles rationis ignarus omen praesentium accepit, suis laboribus defectionem sideris adsimulans, prospereque cessura qua pergerent si fulgor et claritudo deae redderetur. igitur aeris sono, tubarum cornuumque concentu strepere; prout splendidior obscuriorve laetari aut maerere; et postquam ortae nubes offecere visui creditumque conditam tenebris, ut sunt mobiles ad superstitionem perculsae semel mentes, sibi aeternum laborem portendi, sua facinora aversari deos lamentantur. utendum inclinatione ea Caesar et quae casus obtulerat in sapientiam vertenda ratus circumiri tentoria iubet; accitur centurio Clemens et si alii bonis artibus grati in vulgus. hi vigiliis, stationibus, custodiis portarum se inserunt, spem offerunt, metum intendunt. 'quo usque filium imperatoris obsidebimus? quis certaminum finis? Percennione et Vibuleno sacramentum dicturi sumus? Percennius et Vibulenus stipendia militibus, agros emeritis largientur? denique pro Neronibus et Drusis imperium populi Romani capessent? quin potius, ut novissimi in culpam, ita primi ad paenitentiam sumus? tarda sunt quae in commune expostulantur: privatam gratiam statim mereare, statim recipias.' commotis per haec mentibus et inter se suspectis, tironem a veterano, legionem a legione dissociant. tum redire paulatim amor obsequii: omittunt portas, signa unum in locum principio seditionis congregata suas in sedes referunt.

    De nuevo Plutarco narra un episodio parecido referido ahora a un eclipse que tuvo lugar muchos años antes en el año 357 a.C., ocasión en la que cuenta también otros prodigios,  en Vida de Dión, 24:

    Después de las libaciones y de las solemnes plegarias se eclipsó la luna, lo que ninguna maravilla causó a Dión, que sabía calcular los períodos de los eclipses y cuándo la sombra llega a oscurecer la luna, interponiéndose la tierra entre ésta y el sol; pero siendo conveniente dar aliento a los soldados que se habían sobresaltado, púsose en medio de ellos el adivino Miltas, diciéndoles que tuvieran buen ánimo y formaran las mejores esperanzas, porque aquel portento lo que significaba era el oscurecimiento de cosas que entonces brillaban, y que no habiendo cosa más brillante que la tiranía de Dionisio, apagarían su esplendor en el momento que llegaran a la Sicilia. Esto fue lo que Miltas anunció en público a todos; pero en cuanto a las abejas que se vieron formar enjambre en la popa de una de las naves de Dion, dijo reservadamente a los amigos que esto le hacía temer no fuera que, siendo desde luego brillantes sus sucesos, al cabo de haber florecido por un breve tiempo, se marchitasen. Dícese asimismo que a Dionisio le fueron enviadas muchas señales prodigiosas de parte de los dioses; porque un águila arrebató la lanza de uno de los soldados estipendiarios, y levantándola y llevándola a grande altura, la dejó caer al abismo. El mar que bate en la ciudadela ofreció un día agua dulce y potable, cosa que se hizo notoria a todos habiéndola gustado. Naciéronle unos lechoncillos que tenían todos sus miembros cabales, faltándoles sólo las orejas. Revelaban los adivinos que esto era indicio de rebelión y desobediencia, significando que los ciudadanos no se someterían ya a su tiranía, que la dulzura del agua del mar indicaba para los Siracusanos la mudanza de sus negocios de mal en bien, y, finalmente, que el águila es ministro de Zeus, la lanza insignia de autoridad y poder, y con lo ocurrido denunciaba desaparecimiento y ruina a la tiranía el mayor de los dioses. Así nos lo dejó escrito Teopompo. (Traducción de Antonio Ranz Romanillos)

  • El rapto de Hylas representado en un mosaico de Itálica muy peculiar

    En la mitología griega son muy frecuentes los casos en que dioses poderosos se enamoran de bellas mortales y procrean con ellas héroes, en su mitad inmortales y en su mitad mortales. También las diosas se enamoran a veces de hombres, que son mortales. Así por ejemplo Venus es la madre de Eneas, habido del mortal Anquises, de quien desciende la estirpe de los julios (Julio César, Augusto, etc.).

    Un episodio muchas veces utilizado en el arte y en la literatura antigua es el del rapto de Hylas por unas Ninfas, diosas de las aguas:

    Hylas es un miembro de la expedición de los Argonautas en busca del vellocino de oro; en determinado momento, en que han tocado tierra en el país de Cío para pasar la noche, sale a buscar agua para la cena; las Ninfas de las aguas del río, enamoradas del joven guerrero, lo raptan y sumergen en las aguas; sus compañeros, especialmente su amigo Hércules prendado de su hermosura, salen a buscarle, pero no lo encuentran; la nave sigue su rumbo, abandonando a Hércules en tierra que luego fue a pie a la Colquide; más tarde conocerán la verdad de lo sucedido, que Hylas, raptado por las Ninfas,  se había convertido en un ser divino.

    Este mito de las Ninfas, Ondinas, Náyades, Nereidas, danzando en el agua en la que viven o en las praderas cercanas, y que arrebatan a los mortales que tienen la desgracia de verlas, ha llegado incluso a nuestro tiempo en creencias o en el folclore,  como las Xanas asturianas.

    El mito aparece ya en la literatura griega del siglo V a.C. y se populariza en la época helenística. Son muy conocidas las versiones de Teócrito en el Idilio XIII y de Apolonio de Rodas en Las Argonáuticas. Curiosamente no aparece en las pinturas de los vasos griegos áticos o sicilianos.

    Reproduzco la versión de Teócrito y dejo para el final del artículo la versión, muy interesante, de Apolonio para aligerar el texto.

    Teócrito, Idiio XIII

    La divinidad, sea cual fuere, de quien nació tal hijo, no engendró a Amor para nosotros solos, Nicias, como pensábamos; no somos  los primeros a los que lo hermoso hermoso les parece, nosotros, que somos mortales, que el mañana no vemos. También el guerrero de corazón de bronce, el hijo de Anfitrión, el que afrontó al león terrible, se prendió de un doncel, del adorable Hilas, que lucía  su rizosa melena. Enseñábale, cual hace un padre con su querido hijo, todos los conocimientos que a él le habían servido para ser un héroe celebrado. Nunca lo dejaba, ni al llegar el mediodía, ni cuando la Aurora de albos corceles se remontaba a los dominios de Zeus, ni cuando los polluelos piando miraban al nido mientras su madre agitaba las alas en la ahumada percha, pendiente siempre de que el doncel acabara formado según su designio y de que por su propio esfuerzo se convirtiera en un verdadero hombre. Y así, cuando Jasón Esónida se disponía a navegar en busca del vellocino de oro e iban a acompañarle los paladines elegidos en todas las ciudades para prestar ayuda en la empresa, llegó también a la opulenta Yolco el hombre de los penosos trabajos (Heracles), el hijo de Alcmena, heroína de Midea, y con él se dirigió Hilas a Argo, la nave de fuertes bancos que no tocó las azules Rocas Chocadoras, sino que pasó entre ellas y corrió rumbo al profundo Fasis, cual águila al espacioso mar; por ello quedaron desde entonces fijos estos escollos.

    Cuando se levantan las Pléyades y en las alzadas pacen los jóvenes corderos, al declinar ya la primavera, aquel divino grupo de héroes escogidos se hizo a la mar, y a bordo de la cóncava Argo llegaron al Helesponto en tres días con el Viento del Sur. Tomaron puerto dentro de la Propóntide, donde los bueyes del país de Cío desgastan los arados abriendo anchos surcos. Desembarcaron en la playa y al atardecer pusiéronse por parejas a preparar la cena, y, aunque eran muchos, dispusieron un solo lecho, pues había una pradera que les ofrecía mucho servicio para sus yacijas. En ella cortaron agudo carex y altas juncias.

    El rubio Hilas fue con una vasija de bronce a buscar agua para la cena del propio Heracles y del intrépido Telamón, ya que estos dos amigos compartían siempre la misma mesa. Pronto advirtió una fuente en una hondonada, a cuyo alrededor abundaban los juncos, la obscura celidonia, el verde culantrillo, el florido apio y la reptante grama. En medio del agua danzaban las Ninfas en corro, las Ninfas que nunca duermen, deidades terribles para los campesinos: Éunica y Málide, de ojos de primavera. Fue el mancebo con prisa a hundir la grande jarra en la fontana, mas ellas lo asieron todas de la mano, que a todas el tierno corazón les rindió Amor con el deseo del muchacho argivo. Cayó él de golpe en el agua obscura, como cuando del cielo cae una encendida estrella de golpe al mar, y dice el marinero a sus iguales: “Largad velas, muchachos, que se levanta el viento”.

    Tenían las Ninfas al lloroso mancebo en su regazo y lo consolaban con palabras tiernas. El hijo de Anfitrion, acongojado, había salido en busca del doncel,con su arco, bien corvado a la manera escita, y su clava, que siempre le pendía de la diestra. “¡Hilas!”, gritó tres veces cuanto pudo con su fuerte garganta; tres veces el doncel le respondió, pero su voz salió tenue del agua, y, estando tan cerca, lejos parecía. Cuando un cervato bala por los montes, el león carnicero corre de su cubil en busca de la comida ya segura. Tal se agitaba Heracles, que añorab a al doncel, por breñas no pisadas, recorriendo gran trecho. ¡Cuitados los amantes! ¡Cuánto penó por montes y maleza! La empresa de Jasón no le importaba ya.

    Hallábase la nave tripulada por todos los presentes, los aparejos estaban izados, y los héroes en mitad de la noche, aprestaban las velas aguardando a Heracles; mas él iba enloquecido a donde sus pies lo condujeran, pues un dios cruel le desgarraba por dentro las entrañas. Así entre los bienaventurados se encuentra ahora el bellísimo Hilas.

    A Heracles, en cambio, reprochábanle los héroes haber abandonado la nave, pus que dejó a Argo, la nao de treinta bancos, y llegó a pie a la Cólquide y al inhóspito Fasis. (Traducción de Manuel García Teijeiro y Mª Teresa Molinos Tejada, Editorial Gredos, 1986)

    Son muy numerosos los textos y referencias antiguas a este mito; reproduciré alguno de ellos :
    Apolonio de Rodas nos lo cuenta en  Las Argonáuticas, I, 1171-1357: Lo reproduzco, como decía, al final de este artículo. Es un texto muy interesante que nos da una versión ligeramente diferente.

    Virgilio hace una rápida referencia en la Egloga VI, 40 y ss.:

    Refirióse luego a las piedras lanzadas por Pirro, al reino de Saturno, a las aves del Cáucaso y al robo de Prometeo. Cantó después en qué fuente dejaron los navegantes a Hylas, y cómo le llamaban a grandes gritos, sin que respondiesen por doquiera más que los ecos: “¡Hilas”, ¡Hilas”.

    Hinc lapides Pyrrhae iactos, Saturnia regna,
    Caucasiasque refert volucres, furtumque Promethei:
    his adiungit, Hylan nautae quo fonte relictum
    clamassent, ut litus “Hyla, Hyla!” omne sonaret.

    Ovidio tambén en su Ars amandi, II, 109

    Aunque seas como el Nereo cantado por el antiguo Homero,
    y tan encantador como Hylas, arrebatado por las Náyades criminales,
    para retener a tu amada y no extrañarte de quedar abandonado,
    añade las dotes de la inteligencia a las bondades de tu cuerpo.

    Sis licet antiquo Nireus adamatus Homero,
         Naïadumque tener crimine raptus Hylas,
    Ut dominam teneas, nec te mirere relictum,
         Ingenii dotes corporis adde bonis.

    Propercio, (inspirándose en Apolonio y Teócrito) escribe el siguiente poema, Elegías, I, 20:

    Esto te advierto, Galo, por mi fiel amistad (que no se pierda en tu animo distraído), a menudo la mala suerte le sale al paso al enamorado incauto: el cruel Ascanio podría decírselo a los Minias. Tú tienes un amor de no inferior belleza ni de nombre desigual al de Hylas, el hijo de Teodamante. A éste, bien vayas recorriendo los arroyos del bosque sombrío, ya moje tus pies la onda del Anio, ya recorras la costa de los Gigante, o en cualquier rincón por el movible cobijo del río, defiéndelo siempre del rapto codicioso de las ninfas (pues no esmenor el amor de las itálicas que el de las Adríadas). Que no tengas, Galo, que ir a los duros monte y a las frías peñas, y a los lagos nunca conocidos; lo cual, habiéndolo sufrido Hércules en su desventurado viaje por desconocidas riberas, tuvo que llorar ante el Ascanio indómito.

    Pues cuentan que antaño la nave Argo, salida del astillero de Pagasa, recorría el remoto rumbo de Fasis, y ya después de pasar las olas de la hija de Atamas, arribó a los escollos de los misios. Allí, el grupo de los héroes, cuando arribó a las serenas orillas, cubrió el risueño litoral de muelle ramaje. Pero el compañero del invencible mancebo avanzó más allá a buscar la rara agua de una fuente apartada. Dos jóvenes lo persiguieron, descendencia de Aquilón. Lo perseguía desde lo alto Zetes, lo perseguía desde lo alto Cálais, querían robarle sus besos extendiendo sus manos, y arrebatárselos desde arriba en alternativa huida. El, en vilo, busca refugio bajo su propio brazo y con una rama espanta las asechanzas que vuelan. Y ya se había retirado la estirpe de Orithya Pandónide, pero ¡ay dolor!, Hylas caminaba, caminaba hacia las Hamadríadas. Allí había una fuete en la ladera del monte Arganto, húmeda morada, grata a las niñas de Tinia, encima de la cual pendían, sin que se debieran a cuidado alguno, frescas manzanas de árboles abandonados; en torno, en el fresco prado, crecían lirios blancos entremezclados con adormideras purpúreas. E Hylas,ora cortándolas puerilmente con sus delicadas uñas, prefería la flor al deber que se había impuesto, ora echándose ignorante sobre las hermosas aguas, entretenía su descuido con tiernas imágenes. Al cabo se dispone a beber del río metiendo en él las manos y libando el agua recostado en su hombro derecho, por cuya blancura como arrobadas las doncellas Dríadas, dejaron asombradas sus acostumbradas danzas, y como resbalara, fácilmente lo arrastraron con el blando líquido: Hylas, al ser robado su cuerpo, dio un grito. A éste desde lejos Alcides repitió respuestas, mas sólo el aura le devolvió el nombre dese la lejana fuente.

    Aleccionado con estos ejemplos, Galo, guardarás tu amor, pues parece que has confiado el hermoso Hylas a las ninfas. (Traducción de Antonio Tovar y MaríaT.Belfiore Mártire. Ediciones Alma Mater. 1963)

    Hoc pro continuo te, Galle, monemus amore,
    quod tibi ne vacuo defluat ex animo:
    saepe imprudenti fortuna occurrit amanti:
    crudelis Minyis sic erat Ascanius.
    est tibi non infra specie, non nomine dispar,
    Theiodamanteo proximus ardor Hylae:
    huic tu, sive leges Umbrae rate flumina silvae,
    sive Aniena tuos tinxerit unda pedes,
    sive Gigantei spatiabere litoris ora,
    sive ubicumque vago fluminis hospitio,
    Nympharum semper cupidas defende rapinas
    (non minor Ausoniis est amor Adryasin);
    ne tibi sit duros montes et frigida saxa,
    Galle, neque expertos semper adire lacus.
    quae miser ignotis error perpessus in oris
    Herculis indomito fleverat Ascanio.
    namque ferunt olim Pagasae navalibus Argo
    egressam longe Phasidos isse viam,
    et iam praeteritis labentem Athamantidos undis
    Mysorum scopulis applicuisse ratem.
    hic manus heroum, placidis ut constitit oris,
    mollia composita litora fronde tegit.
    at comes invicti iuvenis processerat ultra
    raram sepositi quaerere fontis aquam.
    hunc duo sectati fratres, Aquilonia proles
    (nunc superat Zetes, nunc superat Calais),
    oscula suspensis instabant carpere plantis,
    oscula et alterna ferre supina fuga.
    ille sed extrema pendentes ludit in ala
    et volucris ramo summovet insidias.
    iam Pandioniae cessit genus Orithyiae:
    ah dolor! ibat Hylas, ibat Hamadryasin.
    hic erat Arganthi Pege sub vertice montis,
    grata domus Nymphis umida Thyniasin,
    quam supra nulli pendebant debita curae
    roscida desertis poma sub arboribus,
    et circum irriguo surgebant lilia prato
    candida purpureis mixta papaveribus.
    quae modo decerpens tenero pueriliter ungui
    proposito florem praetulit officio,
    et modo formosis incumbens nescius undis
    errorem blandis tardat imaginibus.
    tandem haurire parat demissis flumina palmis
    innixus dextro plena trahens umero.
    cuius ut accensae Dryades candore puellae
    miratae solitos destituere choros
    prolapsum et leviter facili traxere liquore,
    tum sonitum rapto corpore fecit Hylas.
    cui procul Alcides ter 'Hyla!' respondet: at illi
    nomen ab extremis montibus aura refert.
    his, o Galle, tuos monitus servabis amores,
    formosum ni vis perdere rursus Hylan.

    La version de Apolonio, que más abajo reproduciré, inspiró a varios poetas de la época Flavia. Así Valerio Flaco, III, 545-564;  Marcial VI, 68,9; VII,15,1-1; IX, 65,14. Estacio, Silvas,I, 5,22; III,4, 42-43.

    Valerio Flaco, Argonáuticas, III, 545-564:

    Así habló y levanta un ciervo veloz entre la maleza del bosque sin caminos
    y ofrece al muchacho su cabeza altiva con sus cuernos,
    que retardando su decisión de huir y deteniéndose largo tiempo,
    le solicita e invita a competir en igual carrera.

    Hylas lo cree (al alcance) e incendiado por el fuego de la cercana presa,
    lo persigue. Mientras Alcides observándole le anima con sus gritos;
    y ya uno y otro desaparecen de sus ojos,
    cuando el cuadrúpedo conduce lejos al joven que le persigue
    y le amenaza con los dardos en su mano cansada
    junto a al manantial de una límpida fuente
    y él mismo ligero huye sobre las aguas sin tocarlas.

    Perdió el muchacho de esta manera la esperanza
    y no porfía en perseguirle más allá; y como el sudor
    había empapado sus miembros y su agitado pecho,
    se echa ávido en las agradables aguas.
    Brillan las aguas con la luz que se proyecta
    como cuando Cintia se ve en el cielo
    o pasa la rueda brillante de Febo en mitad de su carrera:
    así un destello se difundió sobre las aguas.

    Nada le impresionan ni la sombra ni el cabello ni el sonido
    de la Ninfa que surge para besarle.
    Ella  le echa sus ávidas manos y arrastra al joven que pide,
    ay, demasiado tarde auxilio y pronuncia el nombre de su gran amigo;
    pues la propia fuerza de su peso le proyecta hacia abajo.

    sic ait et celerem frondosa per avia cervum
    suscitat ac iuveni sublimem cornibus offert.
    ille animos tardusque fugae longumque resistens
    sollicitat suadetque pari contendere cursu.
    credit Hylas praedaeque ferox ardore propinquae
    550insequitur; simul Alcides hortatibus urget
    prospiciens; iamque ex oculis aufertur uterque,
    cum puerum instantem quadripes fessaque minantem
    tela manu procul ad nitidi spiracula fontis
    ducit et intactas levis ipse superfugit undas.
    555hoc pueri spes lusa18 modo est, nec tendere certat
    amplius; utque artus et concita pectora sudor
    diluerat, gratos avidus procumbit ad amnes.19
    stagna vaga sic luce micant, ubi Cynthia caelo
    prospicit aut medii transit rota candida Phoebi:
    560tale iubar diffundit aquis; nil umbra comaeque
    turbavitque sonus surgentis ad oscula Nymphae.
    illa avidas iniecta manus heu sera cientem
    auxilia et magni referentem nomen amici
    detrahit; adiutae prono nam pondere vires.

    También hace referencia Marcial en varias ocasiones, por ejemplo en VI, 68

    A un niño ahogado en Bayas

    Llorad vuestro crimen, pero lloradlo por todo el Lucrino, Náyades, y que la misma Tetis sienta vuestros lamentos. Arrebatado entre las aguas de Bayas ha muerto el famoso niño Eutico, tu lado más dulce, Cástrico. Éste era el compañero y el dulce alivio de tus preocupaciones; éste  era tu amor y éste, el Alexis de nuestro poeta. Acaso te vio desnudo bajo las aguas cristalinas una ninfa lasciva y ha devuelto Hilas al Alcida? ¿O  la diosa desprecia ya al afeminado Hermafrodita deseosa del abrazo de un tierno varón? Sea ello lo que sea y cualquiera que sea la causa de este súbito rapto, ruego que tanto la tierra como el agua te sean suaves.

    Flete nefas vestrum, sed toto flete Lucrino,
    Naides, et luctus sentiat ipsa Thetis.
    Inter Baianas raptus puer occidit undas
    Eutychos ille, tuum, Castrice, dulce latus.
    5Hic tibi curarum socius blandumque levamen,
    Hic amor, hic nostri vatis Alexis erat.
    Numquid te vitreis nudum lasciva sub undis
    Vidit et Alcidae nympha remisit Hylan?
    An dea femineum iam neglegit Hermaphroditum
    10Amplexu teneri sollicitata viri?
    Quidquid id est, subitae, quaecumque est causa rapinae,
    Sit, precor, et tellus mitis et unda tibi.

    Marcial, VII,15

    Joven precavido

    ¿Quién es este joven que se aparte de las transparentes aguas del Yantis. ¿Huyó acaso Hilas de la Náyade, su deñora? ¡Qué bien!, que el Tirintio es venerado en ese bosque y que guarda tan cerca las aguas amorosas! Argino, puedes seguro guardar estas fuentes. Nada te harán las Ninfas. Pero ten cuidado, no te desee él mismo (el dios).

    Quis puer hic nitidis absistit Ianthidos undis?
    Effugit dominam Naida numquid Hylas?
    O bene, quod silva colitur Tirynthius ista
    Et quod amatrices tam prope servat aquas!
    Securus licet hos fontes, Argynne, ministres:
    Nil facient Nymphae: ne velit ipse, cave.

    Estacio también lo cuenta en sus Silvas I, 5,22;  y III,4, 42-43.

    Estacio, Silvas, I,5

    Venid, oh diosas glaucas, mostradme vuestros rostros transparentes, ornada vuestros cabellos cristalinos con tiernos racimos de hiedra; venid sin veste alguna, cual emergéis de las profundas fuentes y con vuestra presencia atormentáis a los amantes Sátiros. No pretendo atraeros a vosotras, las que con vuestra culpa enturbiasteis el brillo de las aguas: lejos de aquí Salmácide con su fuente engañosa; lejos las  linfas, secas por el llanto, de la hija de Cebrene abandonada; atrás la que raptó al alumno de Hércules. Venid vosotras, las ninfas que pobláis el Lacio y las siete colinas, las que el Tíber nutrís con caudal nuevo, y a las que regocijan las cascadas del Anio y el Agua virgen, que acogerá a los nadadores, y el Agua Marcia, que nos trae la frescura de las nieves marsas, cuyo caudal errante se acrecienta en un alto recinto y circula, sostenido sobre innúmeros arcos: vuestra es la obra que me propongo cantar y vuestra la moradas cuyas puertas abro con mis versos festivos.  (Traducción de Francisco Torrent Rodríguez. Editorial Gredos)

    ite. deae virides, liquidosque advertite vultus
    et vitreum teneris crimen redimite corymbis,
    veste nihil tectae, quales emergitis altis
    fontibus et visu Satyros torquetis amantes,
    Non vos, quae culpa decus infamastis aquarum,
    quae culpa decus infamastis aquarum. 3 4 [p. 60]
    20sollicitare iuvat: procul hinc et fonte doloso
    Salmacis et viduae Cebrenidos arida luctu
    flumina et Herculei praedatrix cedat alumni,
    vos mihi, quae Latium septenaque culmina, nymphae,
    incolitis Thybrimque novis attollitis undis,
    25quas praeceps Anien atque exceptura natatus
    Virgo iuvat Marsasque nives et frigora ducens
    Marcia, praecelsis quarum vaga molibus unda
    crescit et innumero pendens transmittitur arcu—:

    Estacio, Silvae III, 4, 40 ss.

    Ante ti cederá el hijo del Latmo y el del Sangario y a aquel a quien perdió la vana imagen de una fuente y su estéril amor. La Náyade azulada te habría preferido y asiéndose a tu urna te habría retenido con más fuerza. Tú, hijo mío, ante todos; tan solo es más hermoso aquel a quien serás ofrendado”. Tras estas palabras, lo alzó consigo por las auras ligeras y le ordenó sentarse en su biga de cisnes. (Traducción de Francisco Torrent Rodríguez. Editorial Gredos)

    …     cedet tibi Latmius ultro 
    Sangariusque puer quemque irrita fontis imago
    et sterilis consumpsit amor. te caerula Nais
    mallet et adprensa traxisset fortius urna.
    tu, puer, ante omnis; solus formosior ille,
    cui daberis.’ sic orsa leves secum ipsa per auras
    tollit olorinaque iubet considere biga.

    Aunque, como he dicho, este motivo de Hilas no aparece en las pinturas de los vasos griegos del Atica o de Sicilia, sí aparece en cambio profusamente en pinturas murales, en relieves escultóricos, relieves de estuco, en obras de orfebrería y sobre todo en mosaicos, que se han conservado mejor.  Todas estas representaciones están repartidas por varios sitios aparecen entre el comienzo del imperio y el siglo V, sumando no menos de cuarenta. Desde luego fue un motivo muy repetido en los mosaicos que adornaban las mansiones de los ricos de la época. Lo encontramos en Italia,  Africa, Hispania, la Galia.

    Hay más de quince  en el entorno de Pompeya y Herculano y Estabias, (en donde se dan especialmente las pinturas murales).   Aparecen mosaicos Saint Colombe en Francia, en Thina, Cartago, Constantina y Djemila en Argelia, en Volubilis en Marruecos, en varios puntos de Roma (Via Appia, Basílica de Iunius Bassus, Via Flaminia en la tumba de los Nasoni. Aparecen relieves escultóricos, monedas, etc.

    Que fue motivo de los cuadros de algunos pintores lo deducimos también de Petronio en su Satiricón, 83, en donde se describe una pintura del pintor griego Apeles con este motivo, aunque bien pudiera ser simplemente una creación literaria sin que hubiera existido una pintura de la que no sabemos nada más:

    Petronio, Satiricón, 83:

    Llegué a una galería de pintura muy notable por la variedad de los cuadros. Vi obras de la mano de Zeuxis, todavía no estropeadas por la antigüedad, y examiné no sin cierto escalofrío bocetos de Protógenes que competían en realismo con la propia naturaleza. Me extasié también ante la obra de Apeles que lleva en griego el nombre de ‘monocnemon” (quizás porque representaba una estatua apoyada en una sola pierna). Con tanta nitidez estaban rematadas las figuras según el natural que podía creerse que tenían también espíritu. En este lado un águila levantaba al cielo al garzón de Ida (Ganimedes), allá el honesto Hylas rechazaba a una Náyade desvergonzada. Condenaba Apolo sus manos criminales y decoraba su lira depuesta con una flor que acababa de abrirse. Entre los retratos de estos amantes, como si estuviese en soledad, dije en voz alta:
    – Así pues también el amor toca a los dioses. Júpiter en su cielo encontró a quien amar, y sin embargo cuando decidió pecar en la tierra a nadie hizo injuria. La ninfa que raptó a Hylas habría reprimido su arrebato si hubiera sospechado que Hércules llegaría a reclamar su propiedad. Apolo convirtió en una flor la sombra de su amado (el Jacinto), y todas las leyendas de la misma manera acabaron en caricias sin rivales. Yo, en cambio, acogí como amigo a un compañero de viaje más desalmado que Licurgo
    . (Traducción de Manuel C. Díaz y Díaz. Ediciones Alma Mater, 1969)

    In pinacothecam perveni vario genere tabularum mirabilem. Nam et Zeuxidos manus vidi nondum vetustatis iniuria victas, et Protogenis rudimenta cum ipsius naturae veritate certantia non sine quodam horrore tractavi. Jam vero Apellis quam Graeci mon(kthmon appellant, etiam adoravi. Tanta enim subtilitate extremitates imaginum erant ad similitudinem praecisae, ut crederes etiam animorum esse picturam. Hinc aquila ferebat caelo sublimis Idaeum, illinc candidus Hylas repellebat improbam Naida. Damnabat Apollo noxias manus lyramque resolutam modo nato flore honorabat. Inter quos etiam pictorum amantium vultus tanquam in solitudine exclamavi: "Ergo amor etiam deos tangit. Iuppiter in caelo suo non invenit quod diligeret, sed peccaturus in terris nemini tamen iniuriam fecit. Hylan Nympha praedata temperasset amori suo, si venturum ad interdictum Herculem credidisset. Apollo pueri umbram revocavit in florem, et omnes fabulae quoque sine aemulo habuerunt complexus. At ego in societatem recepi hospitem Lycurgo crudeliorem."

    Los mosaicos suelen decorar las estancias de acuerdo con lo que representan. Así es lógico que las musas o las gracias adornen espacios dedicados al deleite literario o artístico, que mosaicos con escenas de caza adornen grandes salones de ricos y ociosos latifundistas; que pinturas o mosaicos referidos al amor adornen espacios más íntimos, como los dormitorios.

    Del rapto de Hylas por las ninfas se han dado varias interpretaciones. La más evidente si no la única parece desde luego la del rapto amoroso; a Hylas lo arrebatan por amor, por pasión. Es más, en varias ocasiones aparece este tema junto a otros de cierta similitud: Artemisa y Acteo, Píramo y Tisbe, Amymone y Poseidón, Narciso, Ninfas y sátiros, Selene y Endymion, etc. Este fue un lugar común en la Antigüedad hasta el punto que los primeros apologistas y padres de la Iglesia, como diré más adelante, los critican y agrupan con frecuencia.  Claro que si aparece la escena en un sarcófago parece más lógico interpretarlo como el rapto por las divinidades de ultratumba, como el paso de la vida al mundo de los muertos.

    En su representación pictórica o musivaria hay numerosas variantes, pero también cierta unidad iconográfica y compositiva cuasi fosilizada: Hylas con el cántaro a orillas del rio o lago,  una rodilla totalmente doblada, apoyada sobre una roca, mientras que la otra pierna, estirada, está ya dentro del agua, anticipando el momento de la caída, las ninfas cogiéndole de los brazos, en otras ocasiones de las piernas o del torso.

                              
     

    En España han aparecido varios mosaicos representando el mito en Los Villares, cerca de la Bañeza en León, en Carranque y en Itálica. A este último dedicaré especialmente mi atención por sus especiales características.

    Mosaico de Hylas y las Ninfas. Quintana del Marco (Museo Arqueológico Provincial de León)

    Villa Romana de Carranque (Toledo)

    En Itálica el mito aparece como emblema central de un mosaico geométrico de gran dimensión. Se interpretó primero como el dios Neptuno o Nereo y luego García Bellido lo identificó definitivamente como el rapto de Hylas. En 1962 fue trasladado al Museo Arqueológico de Sevilla, en donde continúa.

    Aunque no está claro el plano de la casa en la que aparece, está desde luego en una zona de cierta intimidad porque no está abierta al peristilo, lejos de los salones de reuniones, en el centro de un mosaico grande geométrico de meandros formando esvásticas, tal vez en la zona de entrada a los dormitorios o cubicula. Esto avalaría su interpretación erótico-amorosa.

                          

    En este mosaico de Itálica el motivo iconográfico central es el rapto de Hylas. A la izquierda aparecen tres ninfas, que agarran al héroe, que aparece desnudo con chlamys, lanza y ánfora o cántaro para recoger el agua. A la derecha aparece la figura masculina de Heracles con el brazo  derecho levantado y con el manto y clava en la izquierda. Por la ambientación de fondo de penumbra y los tonos oscuros (el mito transcurre en un bosque al anochecer), el agua delicadamente sugerida, los árboles desprovistos de hojas y la disposición de los personajes, este mosaico parece ser la trasposición de un modelo pictórico que a su vez siga algún modelo helenístico. La composición es muy dramática: las tres Ninfas, Hylas a punto de desaparecer en el agua, al otro lado alarmado Heracles en el momento que se supone inmediatamente posterior a la sumersión de Hylas. A semejanza de algunas pinturas pompeyanas y a diferencia de la mayoría, la figura de Hylas aparece descentrada. Como en casi todos los mosaicos, se le representa con una rodilla doblada apoyada en una roca y la otra pierna ya sobre el agua. Los comentaristas suelen resaltar como el rasgo más excepcional  la aparición de Heracles, que no suele aparecer en ninguno, excepto en Iálica, porque se centran en el motivo esencial del mito:el rapto. Quizás la proximidad a las "columnas de Hércules" del estrecho motivó su aparición en este mosaico tan peculiar.

    Sin embargo hay un detalle excepcional que no se resalta. De manera general las Ninfas agarran a Hilas de los brazos, de las piernas e incluso del torso. En este mosaico excepcionalmente, una de las Ninfas le agarra precisamente de su miembro viril, lo que avala su interpretación erótico-festiva. 

    No conozco  otra representación similar. Si este fuera un caso único, habría que relacionarlo tal vez con el viejo y extraordinario sentido del humor que las tierras del sur de Hispania ya tenían desarrollado cuando todavía no se llamaban Andalucía sino Baetica.

    Por eso resulta más incomprensible la mojigatería del Museo Arqueológico de Sevilla que lo reproduce en una postal de recuerdo o merchanding, pero sólo de cintura para arriba. Pero poner algunas puertas o velos en Andalucía parece un sinsentido y una empresa imposible.

    El mito tiene un evidente sentido erótico y eso explica que con frecuencia y como ocurre en el caso de Itálica, estos mosaicos aparezcan lejos del peristilo central de las casas romanas y más bien en alguna área más escondida, con frecuencia en los accesos al cubiculum o dormitorio. Confirma este sentido erótico el hecho de que con frecuencia también aparezca asociado a otros mitos, tanto en los textos literarios como en las representaciones pictóricas o musivarias,  tales como el rapto de Ganímedes (“el más bello de los mortales” según Iliada, XX,231º 265  por Júpiter, Jacinto muerto aqccidentalmente por Apolo enamorado de él,  Acteón observando a Diana en el baño, Narciso reflejando su bello rostro en el agua, con un resultado similar al de Hilas,  …

    Algunos escritores cristianos ya observaron que Ganimedes, Jacinto e Hilas coincidían en el carácter homosexual que despertaron en los dioses (Hilas, aunque raptado por las Ninfas, era amado por Hércules). Así Clemente de Alejandría en Protrepticus II,33,5:

    Heracles es el hijo de Zeus, engendrado en esta larga noche. Y él es un verdadero hijo; así como largo y pesado fue el tiempo en el que llevó a cabo sus doce trabajos, sin embargo, en una sola noche sedujo a las cincuenta hijas de Testio, convirtiéndose a la vez en novio y adúltero de todas estas doncellas. No sin razón, entonces, los poetas le apodan “abandonado” y "autor de hechos malvados."  Sería una larga historia contar sus diversos  adulterios y su corrupción de los jóvenes. Vuestros dioses no se abstienen de muchachos. Uno [Heracles] amó a Hylas, otro [Apolo] a Jacinto, otro [Poseidon] a Crisipo, otro [Zeus] a Ganímedes.

    Estos son los dioses a los que han de adorar vuestras esposas! Ellas mismas deben orar por sus propios maridos para que ocurra, modelos similares de la virtud, – que ellos puedan ser como los dioses aspirando después igualmente a tan altos ideales! Permitid que  éstos sean a los que vuestros jóvenes aprendan a venerar,  para que puedan crecer hasta la edad adulta como un manifiesto ejemplo ante ellos  de fornicación!

    Pero tal vez son sólo los dioses masculinos los que  corren  indulgentes con impaciencia tras los placeres sexuales.

    También Firmicus Maternus en su  De errore profanarum religionum 12,2;

    A alguno le gusta el adulterio; mira a Júpiter y ahí  encuentra incentivos para su pasión. Aprueba, imita, y alaba el hecho de que su dios engañe en la figura de un cisne, rapte en la de un toro, se divierta en la de un sátiro, y como si  acostumbrara a ser generoso en sus fechorías  el hecho de que seduzca a una virgen real encerrada cayendo como  oro generoso. A otros les gustan los abrazos de los jóvenes muchachos: así, que mire a Ganímedes en el seno de Júpiter, que vea a  Hércules buscando a Hylas con impaciente, que aprende de Apolo arrebatado por el deseo de Jacinto,  otro que vea Crisipo  y otro a Pelope,  de modo que le este permitido decir por sus dioses lo que hoy se castiga severísimamente por las leyes romanas.

    Adulterio delectatur aliquis: Iovem respicit, et inde cupiditatis suae fomenta conquirit; Probat imitatur et laudat, quod deus sus in cygno fallit, in tauro rapit ludit in satyro, et ut liberalis in flagitiis esse consuescat, quod inclusam regiam virginem auro largiter fluente corruperit. Puerorum aliquis delectatur amplexibus: Ganymedem in sinu Iovis quaerat, Herculem videat Hylam impatiente amore quaerentem, Hyacinthi desiderio captum Apollinem discat, Chrysippum alius, alius  Pelopem videat, ut per deos suos sibi licere dicat quicquid hodie severissime Romanis legibus vindicatur.

    Y También Arnobius, Adversus Nationes,  IV,26,10.

    Así que no contentos con haber atribuido a los dioses amores con el  género femenino, ¿añadis que eran amados por ellos los de genero masculino? No sé quien ama a Hilas, otro está ocupado con Jacinto, aquel arde de deseo por Pélops, este otro suspira ardientemente por Crisipo, Catamito (Ganimedes) fue raptado para ser el favorito y copero, y Fabio, como si se llamara el pollo*  de Júpiter, se quema en sus partes muelles y queda marcado con el sello en su trasero.

    Quid quod non contenti feminei generis adtribuisse diis curas etiam sexus adiungitis adamatos ab his mares? Hylam nescio quis diligit, Hyacintho est alius occupatus, ille Pelopis desideriis flagrat, hic in Chrysippum suspirat ardentius, Catamitus rapitur deliciarum futurus et poculorum custos, et ut Iovis dicatur pullus, in partibus Fabius aduritur mollibus obsignaturque posticis..

    * Nota. Traduzco “pullus” por su significado más evidente, “pollo”, pero esto necesita una explicación. Con la palabra “pullus” designamos a la cría de cualquier animal e incluso el rejeton de una planta. Se refería, pues, también a nuestro “pollo” o cría de un ave, significado reducido con el que ha pasado generalmente al español (o al francés como “poulet”). No hay que descartar que su origen este en la palabra “puer”, que traducimos al español como “niño”, a través de la evolución puer > puerulus > puellulus > pullus; también hay que considerar que en griego existe la palabra   , que significa precisamente “pollo”. En todo caso se utiliza en el lenguaje erótico con un significado que nos explica el gramático latino Festo (285,3):

    “el niño que era amado obscenamente por alguien, era llamado el “pollo” de aquel por el que era amado. De donde Quinto Fabio, que tenía el apodo de “Ebúrneo” por su blancura, fue llamado el pollo de Júpiter, porque sus nalgas fueron golpeadas por un rayo.

    Todavía en español “pollo, pollita, pollito” se usan con el sentido de joven, tierno, cría… El Diccionario de la RAE da como una de sus acepciones “5. m. coloq. p. us. Hombre joven, aludido o invocado por persona de mayor edad.”

    Así que la palabra “pullus” podríamos traducirla, con una traducción explicativa como “el pollito, el pichoncito, el niño, el niñito, el amante, el cariño, las delicias, etc. Todo ello es bien significativo de las dificultades que encierra toda traducción y por qué con frecuencia son necesarias las notas explicativas, aún a riesgo de entorpecer el valor literario.

    Festus, 285, 3 (p. 244,ed.Müller): puer, qui obscene ab aliquo amabatur,eius a quo amatus esset pullus dicebatur. Unde Q.Fabius, cui Eburno cognomen erat proter candorem, quod eius natis fulmine icta erat, pullus Iovis appellatus est.


    Quizas puer, puerus,puerulus, pullus coincide con el griego polos.

    Y Luciano  de Samósata en Verdadera Histora II,17

    …Vi también a Sócrates, hijo de Sofronisco, charlando con Néstor y Palamedes; en torno suyo estaban Jacinto de Esparta, Narciso de Tespias, Hilas y otros jóvenes hermosos. A mi parecer tenía amores con Jacinto, pues era a él a quien más recientemente refutaba.

    Por lo demás el mito ha tenido y sigue teniendo un notable éxito hasta nuestros días. Sin duda los hombres bellos también ocupan la imaginación y los sueños de las mujeres.

    En este blog no suelo utilizar imágenes, sobre todo de manera abusiva; en esta ocasión reproduzco unas cuantas, quizás demasiadas, después del texto de Apolonio para demostrar  la fuerza y vigor que este mito (y la mitología grecolatina en general)  presenta hasta nuestros días.

    Apolonio de Rodas, Viaje de los Argonautas, I, 1200-1357:

    Entre tanto Hilas, con un cántaro de bronce, aparte del grupo buscaba el sagrado curso de una fuente, para sacar con prontitud agua para la cena, y prepararle pronto a su compañero todas las demás cosas a gusto cuando regresara.

    Pues le había educado con estas costumbres, desde que Heracles lo arrebató muy niño de la casa de su padre, el destructor Teodamante, al que mató entre los Dríopes, sin pidedad, combatiendo por un buey de labranza. En aquella ocasión Teodamante se hallaba abriendo con el arado los surcos del campo, cuando fue alcanzado por la desgracia. Porque Heracles lo mandó que le entrgara el buey del arado y no accedió. Buscaba sin duda un feroz pretexto de guerra para arrojar contra los Dríopes, que vivían sin cuidarse en nada de la justicia. Pero tales relatos me harían errar muy lejos de mi canto.

    De repente Hilas llegó a una fuente que los habitantes de los campos vecinos llaman Pegas (Fuentes). Los coros de las ninfas estaban sin duda allí, ya que era ocupación de tods ellas, las que habitaban en torno aquel amable promontorio, celebrar a Artemis una y otra vez con sus cantos nocturnos. Las que dominan las cumbres de los montes y las grutas, venían en ordenada procesión a través del bosque. Pero de la fuente, su hermosa morada, acababa de emerger una ninfa acuática. Le vio de cerca, a Hilas, enrojecido con su hermosura y sus delicados encantos, pues además le envolvía en su brillo la luna llena brillante en el aire sereno. La Cipria Afrodita turbó el corazón de la ninfa, y apenas pudo recobrarse de la perplejidad en su ánimo.  En el preciso momento en que él hundió el cántaro en la corriente, agachándose hacia un lado, mientras chasqueaba el agua con fuerza al penetrar contra el resonante bronce, entonces ella le echó de abajo arriba u brazo izquierdo al cuello, ansiosa de besar su boca suave, y con la mano derecha lo atrajo por el codo. Y lo hundió en medio de un remolino.

    Tan sólo entre sus compañeros uno pudo oír el grito de Hilas,, el héroe Polifemo Ilátida, que marchaba en avanzada por el camino, y que allí esperaba encontrar al paso al formidable Heracles a su regreso. Enseguida desenvainó aquel su gran espada y empezó a correr, temiendo que hubiera sido presa de fieras o que, como estaba solo, algunos le hubieran tendido una emboscada, y se lo llevaran como escogido botín. Llegó a grandes saltos cerca de la fuente Pegas, como una fiera salvaje a la que de lejos le alcanza el sonido de los corderos, y ardiendo de hambre se dirige hacia ellos, pero no consigue alcanzar el rebaño, pues ya antes los pastores lo han encerrado en los establos. Y ruge incontenible de dolor, hasta que se fatiga. Así entonces el Ilárida sollozó a grandes voces, y recorría dando gritos el terreno de alrededor, y lastimoso era su vocerío. Entonces encontró por el sendero a Heracles, cuando agitaba su desnuda espada en la mano, y a pesar de la tiniebla reconoció bien al que avanzaba de regreso a la nave, afligido en ánimo y jadeando.

    “Desgraciado, voy a ser el primero en decirte una pena terrible para ti. Pues Hilas no ha regresado salvo, después de marchar a la fuente, sino que acaso los piratas se lo llevan preso a o las fieras lo destrozan. Yo le he oído gritar”

    Así dijo. Al escucharle, a Heracles comenzó a brotarle abundante sudor de las sienes y la sangre le hervía negra en sus entrañas. Afligido tiró por tierra el remo, y corría por el sendero en la dirección que le llevaban precipitado sus pies. Como cuando un toro atormentado por un tábano se desboca, abandona pastos y praderas, y no se cuida de los pastores ni del rebaño, y unas veces corre sin descanso su carrera, y otras, deteniéndose y alzando su ancho cuello lanza un mugido, herido por el terrible aguijón. Del mismo modo él, enloquecido, unas veces movía sus rápidas rodillas sin parar, y otras en cambio abandonando su ardor gritaba con su enorme voz que penetraba a lo lejos.
    Entonces sobrevino sobre las más altas cumbres la estrella matutina, y con ella llegaron los vientos. Rápidamente ordenó Tifis embarcar y aprovechar el viento. Ellos subieron a la nave con presura, ansiosos, y tras recoger a bordo del barco las piedras de anclaje, tensaron los cables. Se hinchó la vela en su centro, y lejos de la costa surcaban alegres el mar frente al monte de Poseidón. En el momento en que desde el cielo resplandece la clara aurora, que regresa del oeste, y verdean los senderos y los prados brillan con l esplendor chispeantge del rocío, entonces se dieron cuenta de que sin saberlo, los habían dejado. Entre ellos se entablço una vilenta discusión, y un vocerío inmenso, sobre si iban a marcharse abandonando almejor de sus compañeros. El Esónida, abrumado por las dificultades,  no decía ni esto ni aquello, sino que permanecía sentado consumiendo su ánimo por dentro con la pesada desgracia. La cólera se apoderó de Telamón, y le habló así:

    “¡Quédate así tranquilo” Sin duda, que para ti mejor es dejar a Heracles. De ti ha salido este plan, a fin de que no te haga sombra la gloria de aquél a lo largo de Grecia, si los dioses nos conceden el viaje de regreso a la patria. ¿Pero qué ganancia obtengo de mis palabras? Porque también yo me iré lejos de los compañeros tuyos que han maquinado esta trampa.”

    Dijo. Y avanzó hacia Tifis el Hagníada, sus ojos le relucían como las chispas del fuego devorador. Sin duda hubiera vuelto atrás de nuevo a la tierra de los Misios, forzando la distancia y el soplo incesante del viento, si no hubieran detenido al Eácida los dos hijos del Tracio Bóreas con duras palabras. ¡Infelices” Sí que tuvieron más tarde un odioso castigo bajo las manos de Heracles, al que impidieron buscar. Pues al regresar de los juegos por la muerte de Pelias, en Tenos, rodeada por el mar, aquel los mató. Y amontonó la tierra en torno de ellos y dejó encima dos estelas, de las que una, prodeigio divino ala vista de los hombres, se bambolea bajo el soplo de Bóreas resonante. En fin, esto iba a cumplirse con el tiempo.

    Pero del rugiente mar surgió a su vista Glauco, muy sabio intérprete del divino Nereo. Emergiendo su rizosa cabeza y el pecho hasta sus flancos, tendió su robusta mano  sobre el costado de la nave, y gritó a los agitados héroes:

    “¿Por qué, en contra de la voluntad del gran Zeus, persistis en conducir al fuerte Heracles a la ciudad de Eetes´Su destino es realizar en Argos con fatiga todos sus doce trabajos a órdenes del cruel Euristeo.  Y habitar como familiar de los Inmortales, cuando cumpla los pocos restantes. Así que no sintáis nostalgia de él. Del mismo modo a Polifemo le está destinado fundar,junto a los afluentes del Cíos, una famosa ciudad de los Misios y acabar su desitno en la tierra ilimitada de los Cálibes. Por otra parte a Hilas por amor una diosa ninfa le ha hecho su esposo, a él por cuya causa andan errantes y abandonados.”

    Dijo, y se sumergió bajo las incesantes ondas. A su alrededor el agua de oscuros reflejos cubrióse de espuma, agitada en remolinos, y el flujo del mar batió con chasquido la cóncava nave.
    Los héroes se llenaron de alegría. El Eácida Telamón avanzó entonces con apresuramiento hasta Jasón, le estrechó la mano en la suya, le abrazó y le dijo:

    “¿Esónida, no vayas por favor a enojarte conmigo, si me irrité en unos momentos de locura y la pena me forzó a dirigirte palabras de excesivo orgullo e insoportables! Demos, pues, a los vientos tal ofensa, y quedemos tan amigos como antes.”

    Le contestó luego el hijo de Esón, sensatamente:

    “Amigo mío, de verdad que me has ofendido con un grave insulto, al acusarme ante todos los presentes de causar el abandono de tan firme compañero. Pero no voy a guardar por más tiempo un amargo rencor contra ti, por mucho que me haya dolido. Porque no te enfureciste disputando por unas cabezas de ganado ni por piezas de botín, sino por un camarada, y confío que del mismo modo disputarías tú con otro a favor de mí, si algo semejante me ocurriese alguna vez.”

    Así habló, y puestos de acuerdo como antes ocuparon sus asientos.

    En cuanto a los dos que quedaron allí, el uno Polifemo Ilítida, iba a fundar entre los Misios una ciudad a la que puso nombre del río vecino, y Heracles de nuevo marchaba a realizar las pruebas impuestas  por Euristeo.

    Pero amenazó Heracles con devastar Misia, si sus habitantes no descubrían el destino de Hilas, estuviera vivo o muerto. Ellos ofrecieron rehenes por él, escogiendo a los mejores jóvenes de su pueblo y le ofrecieron juramentos de Cíos preguntan por Hilas, el hijo de Teodamante.  Y se cuidan de Traquis, puesto que allí dejó Heracles establecerse a los muchachos que le habían permitido llevarse como rehenes.

    Un viento que sopló con ímpetu llevó la nave durante todo el día y toda la noche. Pero al despuntar la aurora, sólo suave brisa corría. Los Argonautas avistaron un saliente de tierra, de anchuroso aspecto, que sobresalía en medio de una bahía, y arribaron bogando con sus remos a la salida del sol. (Traducción de Carlos García Gual. Editora Nacional. Madrid.1975)

    Pompeya VII, 4, 62. Museo Nazionale di Napoli    
    Pompeya VII, 4, 62. Museo Nazionale  di Napoli

    In the northern Greek city of Amphipolis

    Saint Colombe (Francia). Museo de Grenoble. 3rd. century

    Opus sectile. Basílica de Iunius Bassus en la colina del Esquilino

    Tor Bella Monaca. Museo Nazionale Romano

    Museo de Constantina

    Djemila (Argelia). Museo

    Hylas A Nymphis Raptus (Hylas Captured by the Nymphs), after Giulio Romano

    Bertel Thorvaldsen (1770-1844)-Hylas and the Water Nymphs-Thorvaldsens Museum

    Carl Ferdinand Sohn, 1805-1867- Der Raub Des Hylas

     

    Victorian Sculpture

    Duncan Grant (1885-1978)

    Hylas and the Nymphs- Karl Bryullov, 1827

    Según el anterior

    Hylas stolen by the Nymphs, from an antique painting by Santi Bartoli-Giovanni Battista Piranesi

    Henrietta Rae (1859–1928)

    Hylas And The Water Nymps. by David Neaves

    James Stenhouse

    Hylas and the Water Nymphs by Edouard Theophile Blanchard

    HYLAS RESCUED FROM THE RIVER BY THE NYMPHS' (31), by Joshua Cristall, (1767-1847) in the East Anteroom at Attingham Park

    by doomed-echo

    by RevolverWinds

    ECLECTICLANZ – Artwork

    Atley Loughridge as Dyrope and Justin Blanchard as Hylas in the Shakespeare Theatre Company’s production of Argonautika, written and directed by Mary Zimmerman. Photo by Carol Rosegg.

    Hylas and the Nymphs by KatiaST

    http://antidepresivo.net/wp-content/…ylasNymphs.jpg

  • Los dioses nunca han enviado reyes jóvenes a quienes quieren perjudicar

    Las frases, sentencias, proverbios, apotegmas fueron en la Antigüedad un instrumento eficaz para la educación moral y cívica de los ciudadanos. Así que son miles las sentencias latinas y griegas que se recogen en colecciones o diccionarios nunca completos. Además el mundo antiguo ofrece toneladas de material para construir y crear permanentemente sentencias atractivas en cada momento o para parafrasear o adaptar las propiamente antiguas.

    Véase: https://www.antiquitatem.com/apotegma-aforismo-axioma-dicta-aurea

    Existe también la posibilidad, con frecuencia aprovechada, de adjudicar determinado proverbio a determinado autor antiguo de prestigio y autoridad a sabiendas de que tal “sabio” nunca pronunció tal máxima. Esta es una mala práctica, aunque denota cultura y conocimiento del mundo clásico. Otra cosa es cuando alguien, con pretensiones culturales, cita una sentencia inexistente dando por supuesto que existió, es decir, ignorando que es apócrifa.

    Nota:  La Real Academia Española define el término como: 1. adj. Fabuloso, supuesto o fingido. La palabra apócrifo viene del vocablo ἀπόκρυφος , y este de   ἀποκρύπτω ("apokrypto", poner en lugar seguro, hacer desaparecer, esconder); de del griego ἀπό (apó = lejos de, privación) y κρυπτός (kryptos = oculto). Por lo tanto significa oculto, escondido, secreto . Se aplica también a un documento sin autor conocido o atribuido erróneamente a alguien.

    Entre los mortales, son muy dados al uso, a veces abuso, de la cita clásica los profesores, especialmente los de latín, griego, filosofía, historia, literatura; en el pasado lo fueron los curas en sus sermones, más que para afianzar e ilustrar la doctrina para “maravillar” al creyente; ad terrendos paisanos”,  decía Fray Gerundio de Campazas en latín macarrónico.

    También en el pasado utilizaron profusamente sentencias los “oradores profanos”, cuyo relevo han tomado, aunque a enorme distancia, los hoy llamado políticos, con resultados desiguales.

    Hace pocas fechas, una política, presidenta de un gobierno regional español  y con grandes responsabilidades nacionales quiso afianzar una invectiva contra los partidos adversarios, que recientemente han surgido en el panorama político español, con una cita clásica de las inexistentes.

    María Dolores de Cospedal dixit con aplomo: "Hay un dicho griego muy conocido que dice que cuando los dioses quieren castigar a los pueblos, les envían reyes jóvenes".

    Afirma que es un dicho muy conocido. Hasta donde yo sé, no aparece en ningún texto griego. Desconozco de dónde lo ha podido sacar. Ahora bien, si hubiera parafraseado o imitado alguna sentencia ya existente y hubiera eliminado la afirmación tajante de su exactitud  griega, hubiera quedado como una personalidad política  creativa y cultamente conocedora del mundo antiguo; así parece más bien ridícula.

    A lo sumo, la frase de Cospedal puede recordar ciertamente a algunas existentes, que comento.

    1. "Cuando los dioses quieren castigarnos, atienden nuestras plegarias".

    La frase no es griega sino inglesa. (When the gods wish to punish us, they listen to our prayers). La frase la dice Sir Robert Chiltern, el protagonista de "Un marido ideal" (An ideal husband), la obra de teatro que el gran escritor irlandés Oscar Wilde estrenó en 1899.

    La frase se pronuncia también en algún momento en la película “Memorias de Africa” (Out of Africa),  basada en el libro autobiográfico Memorias de África de la escritora danesa Isak Dinesen. Así que esta frase se ha hecho muy famosa difundida entre los amantes del séptimo arte.

    Tal vez se pueda conectar esta frase con la mitología antigua, pero no lo tengo averiguado. 
    Así hay quien dice que la leyenda cuenta  que Apolo había prometido a la sibila de Delfos el obsequio de cumplir su mayor deseo: no morir nunca; así que padeció los horrores de una senectud interminable, hasta que convertida en una suerte de grillo amojamado acabó como juguete de los niños.

    Puede también ilustrarnos del peligro de pedir a los dioses cosas descabelladas  o exageradas y fuera del alcance de los humanos, el conocido episodio de Midas, si bien es cierto que en este caso los dioses no quieren castigar al hombre sino agradecerle su buen comportamiento, pero el deseo del mortal fue excesivo. Midas, rey de Frigia,  impulsado por un irrefrenable deseo de riqueza, pide en su avaricia a los dioses que pueda convertir en oro todo lo que toque. El deseo le es concedido por Dioniso y convierte en el dorado metal todo lo que toca, incluso con su boca cuando pretende alimentarse. Tuvo que pedir de nuevo a los dioses que le liberaran del don concedido.

    Lo cuentan entre otros Ovidio en sus Metamorfosis XI, 85-193; Higinio en sus Fabulas, 191; Filóstrato el Viejo: Cuadros; I, 21: Midas (Μίδας).

    Así que la frase no es griega ni clásica pero suena a clásica porque parece ser consecuencia o tener relación con el objetivo antiguo moralizante de pretender frenar, entre otros males, la avaricia.

    2. «aquellos a los que aman los dioses mueren jóvenes.

    Algunos ven el origen de este  proverbio en la muerte prematura de Trofonio y Agamedes, dos personajes mitológicos fundadores del templo de Apolo en Delfos.

    En latín existe la frase “Quem dii diligunt,  adolescens moritur (A quien los dioses aman, muere joven), que es un verso de Plauto, de su comedia Bacchides (Las Gemelas). V. 816-817, que a su vez está tomado de la obra del autor de comedias griego Menandro,(murió en 292 a.C.),  “El doble engaño” ,

    Plautus, Bacchides, 816 y ss. (Acto cuarto. Escena séptima. Nicobulo y Crisalo)

    CRISALO:

    A quien los dioses aman,
    muere joven, cuando está sano, con pleno sentido y juicio.
    Si algún dios le ama, tiene que estar muerto
    a los diez años, a los veinte:
    camina como una molestia para la tierra,
    ya ni es consciente ni siente nada,
    vale tanto como un hongo podrido.

    Actus Quartus
    Scaena septima. Nicobulus-Chrysalus

    ….
    CHRYSALUS:

    … Quem di diligunt
    adulescens moritur, dum valet sentit sapit.
    hunc si ullus deus amaret, plus annis decem,
    plus iam viginti mortuom esse oportuit:
    terrai odium ambulat, iam nil sapit
    nec sentit, tantist quantist fungus putidus.

    La conclusión que Crisalo le transmite a Nicobulo es que él claramente no es un favorito de los dioses, porque él todavía no ha muerto…

    La obra del latino podría ser una mera traducción del griego, a juzgar por la literalidad de estos versos, que aparecen en  Estobeo, en su Florilegio, 120, 8.

    Menandro, (115 K.-Th):

    A quien los dioses aman muere joven

    ὂν θεοὶ φιλοῦσιν ἀποθνῄσκει νέος
    (on Theoi filusin anothnesskei neos)

    Hay alguna variante del tipo “A quienes los dioses aman se los llevan jóvenes” y otras más ramplonas del tipo “los dioses los prefieren jóvenes” sobre la que se han formado otras irrelevantes del tipo “los caballeros las prefieren rubias”, y vulgaridades por el estilo, etc.

    3.: “A quien los dioses quieren destruir, antes lo enloquecen”.

    Esta es la frase similar de más sabor clásico, sin que pueda decirse que aparece tal cual en ningún autor griego.

    En Homero, en Iliada IX, 492-93 encuentro alguna referencia que pudiera tener algún parecido:

      No, deja que el príncipe estúpido, al que Júpiter priva del sentido y de la justicia,
    corra a donde su extravío le conduzca.

    Frecuentemente se atribuye la frase a Eurípides, pero erróneamente, pues.

    En la tragedia Antígona, de Sófocles, versos 620-623 se dice algo similar:

    Sabiamente fue dada a conocer por alguien la famosa sentencia: lo malo llega a parecer bueno a aquel cuya mente conduce una divinidad hacia el infortunio. (Traducción de Assela Alamillo. Edit. Gredos. Sófocles: Tragedias)

    Un antiguo escoliasta de estos versos comenta:

    Cuando un dios planea  daño contra un hombre,  primero daña la mente del hombre que está conspirando en contra.

    όταν  ό δαίμων άνδρΐ πορσύνῃ κακά,
    τον νουν εβλαφε πρώτον ώ βουλεύεται.

    August Nauck  recoge este dístico como uno de los fragmentos de sus Fragmenta Tragicorum Graecorum (Leipzig.Teubner 1889), en concreto el 455 de los Adespota o anónimos y por tanto sin autor:

    El dístico se encuentra en los escolios a Sófocles, Antigone 620  y con omisión de las dos últimas palabras griegas en Atenágoras, Supplicatio pro Christianis, Cap. 26, párr.. 129.

    Licurgo de Atenas (396 a. C.–323 a. C) atribuye en su Oratio in Leocratem, sección 92, la siguiente frase a “algunos de los antiguos poetas”. El  tipo de verso sugiere que se trata de una tragedia.

    [92] El primer paso que los dioses toman en el caso de  hombres perversos es desquiciar su razón; y personalmente yo considero como  expresión de un oráculo los siguientes versos, compuestos por los poetas antiguos y transmitidos a la posteridad:

    Cuando los demonios airados  buscan el daño de un mortal,
    Primero lo privan de su cordura,
    Y hacen que su pensamiento se vuelva necio,
    De manera que no se percatan de sus errores.

    Nota: daimones, demonios, dioses menores que rigen el destino individual de cada persona)

    En relación con la adjudicación de la frase a Eurípides, podemos rastrear el origen del error.

    Atenágoras de Atenas, filósofo cristiano del siglo II, dice sin referirse para nada al poeta,  en su  Supplicatio pro Christianis, Cap. 26, párr.. 129:

           “Si el demonio prepara algún mal a los mortales,
             primero les priva de la razón”.

    "!Όταν ὁ δαίμων ἀνδρὶ πορσύνῃ κακά,
    τὸν νοῦν ἔβλαψε πρῶτον",

    Es decir, Atenágoras ha recogido el dístico del escoliasta de Sófocles con exclusión de las dos últimas palabras.

    De Atenágoras lo tomaron los filólogos clásicos ingleses James Duport, nacido en Cambridge en 1606, y Joshua Barnes que en 1694 preparó una edición de las obras de Eurípides para la Universidad de Cambridge. En el índice de esta edición incluye atribuye como fragmento de Eurípides la frase de Atenágoras que él crea como “Deus quos vult perdere, dementat prius”  resumiendo aproximadamente el pensamiento de Eurípides, que venía a decir que “cuando los dioses quieren ocasionar un mal a un hombre,  primero le quitan la voluntad y la razón o capacidad de deliberación”.

    Pero volviendo al latín de época antigua, podemos comprobar que esta frase y su  variante muy similar con el mismo significado en latín Quem deus vult perdere,  prius dementat. parecen  estar basadas en una sentencia de Publilio Syro (85 a. C. – 43 a. C ), Sententiae,612, que dice:

    Stultum facit Fortuna quem vult perdere

    La Fortuna hace necio a aquel a quien quiere destruir.

    Nota: de Publilio (85 a.C.-43 a.C.), sólo se conserva cuatro fragmentos, tres de un verso y uno de 16, y una colección de sus sentencias, Sententiae, ordenadas alfabéticamente. Se consideran auténticas unas 700.

    El proverbio traspasó el mundo clásico y así aparece también en el autor sánscrito del siglo V o posterior Bhartṛhari o Denavagari

    Tampoco los dioses aparecen revestidos con la armadura del guerrero para derribarlos con espada y lanza. A quienes quieren destruir primero los vuelven locos.

    Un aforismo también sánscrito expresa también esta idea:

    Cuando la muerte de una persona está cerca,
    su inteligencia se vuelve autodestructiva.

    Vinash kale viparit buddhi

    En la época actual y moderna son numerosos los usos y variantes de sentencias similares. Citemos a título de ejemplo:

    Tolstoi, Anna Karenina, libro IV, capítulo XVII, aunque con un ligero cambio:

    "Quos vult perdere Jupiter dementat prius”

    O Benjamin Franklin, en una carta  de 1768 a su impresor en Londres de su “On Civil War”. Concluye la carta con

    ¿Y no hay un hombre sabio y bueno que se pueda encontrar en Gran Bretaña, que puede proponer alguna medida conciliadora que pueda prevenir este terrible mal? – Me temo que no hay ninguno. Porqe “Quos Deus vult perdere, prius dementat”!

    "And is there not one wise and good man to be found in Britain, who can propose some conciliating measure that may prevent this terrible mischief? – I fear not one. For Quos Deus vult perdere, dementat prius!

    En fin, las citas clásicas, las auténticas utilizadas en la justa proporción, dan lustre y autoridad; las citas falsas a conciencia no son aconsejables pero pueden resultar un divertimento; las citas falsas por ignorancia sólo sirven para poner en evidencia la "idem", mejor, la "eadem".

  • El mito de las edades del hombre (2)

    Es un tópico o lugar común en muchas culturas que la vida del hombre sobre la Tierra comenzó en una época de felicidad y absoluta placidez, luego interrumpida por el amoral comportamiento del hombre, que desde entonces no ha cesado de ir a peor. Estas creaciones no son sólo literarias, sino que forman parte de las ideas del imaginario cultural general.

    Este es el conocido mito bíblico del “paraíso terrenal”, cuyo origen, como el de tantos otros, parece ser mesopotámico,  o el de la existencia de maravillosas “islas de los afortunados” o el mito del “buen salvaje” (que es el modelo para los filósofos cínicos y su propuesta de la autarquía o independencia absoluta), o los diversos proyectos de legislación y constituciones de las polis  o el sueño por la “utopía”. Véase  https://www.antiquitatem.com/ucronia-utopia-distopia-historia

    También en los primeros momentos de la literatura griega aparece pujante este mito. A él he dedicado el artículo anterior a propósito de una comparación con un texto del Quijote cervantino. Hesíodo es el primer autor griego que nos lo cuenta. Véase: https://www.antiquitatem.com/mito-de-las-edades-del-hombre-quijote

    Con frecuencia los antiguos conciben la historia como un ciclo de momentos sucesivos, sin duda impresionados por los ciclos astronómicos y la cíclica reproducción de los movimientos estelares. Esta es una idea bien representada por los estoicos, para quienes cada ciclo acaba con una gran conflagración.

    A cada etapa de ese movimiento que eternamente comienza y acaba le llaman “edad”, “aetas”. Piénsese que esta denominación ha tenido absoluto éxito: todavía seguimos dividiendo la Historia en “edades”.

    Más todavía, “el mito de las edades” ha sido transpuesto a la Historia de la Literatura; hablamos así de Edad de Oro o Siglo de Oro de la Literatura, por ejemplo Española; o de Edad de Plata de la Literatura, por ejemplo Latina. No reconozco la expresión “Edad de Bronce” referida a la Literatura, tal vez porque la Literatura o es de Oro, como mínimo de Plata, o no es Literatura. Pero ampliando el símil tal vez deberíamos referirnos a buena parte de la “Literatura” actual de bestseller de supermercado como “Edad de Barro” o mejor “de Lodo”, a la vista del nulo valor literario. Aunque debemos ser prudentes con las denominaciones, a fin de cuentas son varios los mitos, paganos y cristianos, que nos hacen a los hombres seres procedentes de humilde barro.

    Pues bien, en este contexto surgió el mito de las edades del hombre que nos narró, como decía,  el primero Hesíodo y otros muchos autores.

    Hesiodo, que no utiliza el término “edades” sino razas, distingue cinco razas. Muchos años después Arato de Solos (310-240 a.C.) diferencia tres razas también; Virgilio, Tibulo y Horacio en un pasaje hablan de dos; Horacio en otro lugar habla de cuatro.

    Arato de Solos (310-240) es autor del famoso poema didáctico astronómico “Fenómenos”, uno de los libros más difundidos y traducidos en la Antigüedad. En los versos  96-136 nos describe la constelación de la Virgen, que es la Justicia, que habitó entre los hombres en los tiempos honrosos y escapó al cielo a la vista de las maldades de los hombres. Este catasterismo (1) sobre la Justicia queda conectado con el mito de las razas o edades. Hesíodo no nos explicaba el origen de cada una de las “edades”; para Arato, que habla también de razas y no de edades y que sólo distingue tres: oro, plata y bronce,  el origen está en la propia maldad humana que es progresiva.

    (1) Nota: llamamos “catasteismo” a la conversión o la transformación,  de dioses, seres heroicos,  hechos mitológicos, e incluso principios éticos más tarde,  en astros, en cuerpos celestes del firmamento, en estrellas o conjuntos de estrellas. Se trata de un término técnico o culto griego, compuesto de la preposición kata, κατά (encima, abajo)  y el sustantivo  ἀστήρ, aster,  (estrella, astro).  El término se empleo como título de un librito atribuido al director de la Biblioteca de Alejandría, matemático, geógrafo, astrónomo, médico, filólogo, autor literario,  Eratóstenes,

    Arato, Fenómenos, 93-136

    La Virgen

    Bajo los pies del Boyero puedes observar a la Virgen, que sostiene en la mano una espiga floreciente. Tanto si ella es del linaje de Astreo, de quien dicen los antiguos que es el padre de los astros, como si lo es de algún otro, que siga tranquila su ruta. Pero entre los hombres circula otra versión: que antes vivía en la tierra y venía abiertamente a presencia de los hombres, y no desdeñaba la compañía de los antiguos, hombres o mujeres; antes bien, se sentaba mezclándose con ellos aunque era inmortal. Y la llamaban Justicia: pues congregando a los ancianos en una plaza o en una calle espaciosa, los exhortaba a votar leyes favorables al pueblo. Entonces los hombres todavía no sabían de la funesta discordia, ni de las censurables disputas, ni del tumulto del combate; vivían sencillamente; el peligroso mar quedaba a un lado, y las naves no iban lejos a buscar el sustento, sino que los bueyes, el arado y ella misma, la Justicia soberana de pueblos, suministraba todo abundantemente, ella, la dispensadora de bienes legítimos. Esto duró mientras la Tierra aún alimentaba la raza de oro. Mas con la de plata, poco y de mala gana se relacionaba, pues echaba de menos la manera de ser de los pueblos antiguos. Pero a pesar de ello, todavía estaba presente durante la edad de plata: al atardecer descendía de los montes rumorosos, solitaria, y no se comunicaba con nadie con palabras amables, sino que cuando había cubierto de hombres inmensas colinas, los increpaba entonces censurando su perversidad, y decía que ya no vendría más a la presencia de quienes la llamaran: “¡Cuán degenerada descendencia dejaron vuestros padres de la edad de oro! Pero vosotros engendraréis unos descendientes peores todavía. Entonces ocurrirá que habrá guerras y, de cierto, también muertes impías entre los hombres: el dolor caerá sobre sus faltas”.  Después de hablar así, se encaminaba de nuevo a las montañas y abandonaba a todas aquellas gentes que la seguían todavía con la mirada. Pero cuando aquellos murieron, nacieron éstos, la raza de bronce, hombres aún más perversos que los anteriores, los primeros que forjaron las espadas criminales propias de asaltantes de caminos, los primeros que comieron la carne de los bueyes de labor. Entonces la Justicia sintió aversión por el linaje de aquellos hombres y voló hacia el cielo; y a continuación habitó esta región donde de noche aparece todavía a los mortales como la Virgen, cerca del espléndido Boyero. (Traducción de Esteban Calderón Dorda. Edit. Gredos,1993)

    Cicerón tradujo el poema de Arato literalmente. Sólo se conservan fragmentos, unas dos terceras partes, de esa traducción. Además utilizó citas en varias de sus obras, como el ejemplo que  tenemos en  su Sobre la Naturaleza de los dioses (De natura deorum), en el Libro II, 159 (63), al referirse a los bueyes de labor traduce los versos de Arato 129 y ss. , que reproduzco:

    ¿Qué diré de los bueyes? La misma forma de sus lomos evidencia que no estuvieron destinados a acarrear pesos, mientras que sus cuellos fueron engendrados para el yugo y sus anchos y poderosos hombros para arrastrar el arado. Y empleándolos a ellos fue la tierra sometida a laboreo rompiendo sus terrones pero nunca se usó con ellos ninguna violencia, como dicen los poetas, por parte de los hombres de aquella Edad de Oro:

        “Pero de pronto nació la raza férrea,
        y se atrevió primero a fabricar la funesta espada
       y a gustar del buey atado y domeñado por su mano”

    Tan valioso se consideró el servicio que el hombre recibía de los bueyes que comer su carne se consideró un crimen.

    “ [159] quid de bubus loquar; quorum ipsa terga declarant non esse se ad onus accipiendum figurata, cervices autem natae ad iugum, tum vires umerorum et latitudines ad aratra †extrahenda. quibus cum terrae subigerentur fissione glebarum ab illo aureo genere, ut poetae loquuntur, vis nulla umquam adferebatur:

    ferrea tum vero proles exorta repentest
    ausaque funestum primast fabricarier ensem
    et gustare manu iunctum domitumque iuvencum:

    tanta putabatur utilitas percipi e bubus, ut eorum visceribus vesci scelus haberetur.

    Téngase en cuenta que  la comida de carne de buey era un delito:

    Cicerón, Germánico y luego Avieno tradujeron al latín la obra de Arato; esto nos da idea del gran éxito que esta obra tuvo en un mundo en el que los astros determinaban la vida de los hombres.

    Ovidio nos cuenta que hubo cuatro edades, en  Metamorfosis I,  70-163:

    Apenas había de este modo distribuido todas las cosas separándolas unas de otras por barreras fijas, cuando los astros, que durante largo tiempo habían estado soportando el agobio de la densa oscuridad, empezaron a resplandecer en toda la extensión del cielo. Y para que ninguna región estuviera desprovista de los seres vivos que le corresponden, los astros y las formas divinas ocuparon el suelo celeste, cayeron en suerte las aguas a los peces brillantes como lugar de habitación, la tierra recibió a las fieras, a las aves el movedizo aire.

    Aún se echaba de menos un ser viviente más noble, más dotado de espíritu sublime y que fuese capaz de ejercer dominio sobre los restantes. Así nació el hombre, ya fuera que el artífice de la naturaleza, como principio de un mundo mejor, lo creara de diversos gérmenes, ya que la tierra flamante y recién separada del éter cimero retuviese aún gérmenes del cielo su pariente; esa tierra que el vástago de Iápeto modeló, mezclándola con aguas de lluvia, hasta darle la figura de los dioses que todo lo gobiernan; y mientras los demás animales están naturalmente incinados mirando a la tierra, dio al hombre un rostro levantado disponiendo que mirase al cielo y que llevase el semblante erguido hacia las estrellas. Así la tierra que antes era un objeto tosco y sin forma, se transformó vistiéndose de figuras humanas antes desconocidas.

    La edad de oro fue la creada en primer lugar, edad que sin autoridad y sin ley, por propia iniciativa cultivaba la lealtad y el bien. No existían el castigo ni el temor, no se fijaban, grabadas en bronces, palabras amenazadoras, ni las muchedumbres suplicantes escrutaban temblando el rostro de sus jueces, sino que sin autoridades vivían seguros. Ningún pino, cortado para visitar un mundo extranjero, había descendido aún de sus montañas a las límpidas aguas, y no conocían los mortales otras playas que las suyas. Todavía no estaban las ciudades ceñidas por fosos escarpados; no había trompetas rectas ni trompas curvas de bronce, ni cascos, ni espadas; sin necesidad de soldados los pueblos pasaban la vida tranquilos y en medio de suave calma. También la misma tierra, a quien nada se exigía, sin que la tocase el azadón ni la despedazase reja alguna, por sí misma lo daba todo; y los hombres contentos con alimentos producidos sin que nadie los exigiera, cogían los frutos del madroño, las fresas de las montañas, las cerezas del cornejo, las moras que se apiñan en los duros zarzales, y las bellotas que habían caído del copudo árbol de Júpiter.
    Había una primavera eterna, y apacibles céfiros de tibia brisa acariciaban a flores nacidas sin simiente. Pero además de la tierra, sin labrar, producía cereales, y el campo, sin que se le hubiera dejado en barbecho, emblanquecía de espigas cuajadas de grano. Corrían también ríos de leche, ríos de néctar, y rubias mieles  goteaban de la encina verdeante.

    Una vez que, después de haber sido Saturno precipitado al Tártaro tenebroso, el mundo estuvo sometido a Júpiter, llegó la generación de plata, peor que el oro, pero más valiosa que el rubicundo bronce. Júpiter empequeñeció la duración de la primavera antigua, haciendo que el año transcurriese, dividido en cuatro tramos, a través de invierno, veranos, otoños inseguros y fugaces primaveras. Entonces por vez primera el aire, encendido por tórridos calores, se puso candente, y quedó colgante el hielo producido por los vientos. Entonces por vez primera penetraron los hombres bajo techado; sus casas fueron las cuevas, los espesos matorrales y las ramas entrelazadas con corteza de troncos. Entonces por primera vez fueron las semillas de Ceres enterradas en largos surcos y gimieron los novillos bajo la opresión del yugo.

    Tras esta apareció en tercer lugar la generación de bronce, más cruel de carácter y más inclinada a las armas salvajes, pero no por eso criminal. La última es de duro hierro; de repente irrumpió toda clase de perversidades en una edad de más vil metal; huyeron la honradez, la verdad, la buena fe, y en su lugar vinieron los engaños, las maquinaciones, las asechanzas, la violencia y la criminal pasión de poseer. Desplegaban las velas a los vientos, sin que el navegante los conociese aún apenas, y los maderos que por largo tiempo se habían erguido en las altas montañas saltaron en las olas desconocidas, y el precavido agrimensor señaló con largas líneas las divisiones de una tierra que antes era común como los rayos del sol y como los aires. Y no sólo se exigían a la tierra opulenta cosechas y alimentos que ella debía dar, sino que se penetró en las entrañas de la tierra y se excavaron los tesoros, estímulo de la depravación, que ella había escondido llevándolos junto a las sombras de la Estige. Y ya había aparecido el hierro dañino y el oro más dañino que el hierro; apareció la guerra que combate valiéndose de ambos y con mano sangrienta blande las armas que tintinean. Se vive de la rapiña; ni un huésped puede tener seguridad de su huésped, ni un suegro de su yerno; incluso entre hermanos es rara la avenencia. El marido maquina la ruina de su esposa, y ésta la de su esposo. Madrastras horribles preparan los lívidos venenos del acónito; el hijo averigua antes de tiempo la edad de su padre.

    La piedad yace derrotada, y la Virgen Astrea ha abandonado, última de las divinidades al hacerlo, esta tierra empapada en sangre. Y para que el cielo sublime no estuviese más libre de angustia que la tierra, dicen que los Gigantes aspiraron a poseer el reino celestial y que amontonaron las montañas levantándolas hasta los elevados astros. Entonces el padre todopoderoso lanzó su rayo, resquebrajó el Olimpo e hizo que el Pelio se desplomase rodando desde el Osa que lo sostenía. Mientras aquellos cuerpos feroces yacían aplastados por su propia mole, dicen que la Tierra, regada y empapada de la abundante sangre de sus hijos, dio vida a aquel líquido caliente y, para evitar que no subsistiera vestigio alguno de su estirpe, lo convirtió en figuras humanas. Pero también aquella raza despreció a los dioses y fue violenta y avidísima de crueles carnicerías; bien se reconocía que de sangre habían nacido. (Traducción de Antonio Ruiz de Elvira. Colección Alma Mater.CSIC.Madrid)

    Vix ita limitibus dissaepserat omnia certis,
    cum, quae pressa diu massa latuere sub illa,
    sidera coeperunt toto effervescere caelo.
    Neu regio foret ulla suis animalibus orba,
    astra tenent caeleste solum formaeque deorum,
    cesserunt nitidis habitandae piscibus undae,
    terra feras cepit, volucres agitabilis aer.

    Sanctius his animal mentisque capacius altae
    deerat adhuc et quod dominari in cetera posset.
    Natus homo est, sive hunc divino semine fecit
    ille opifex rerum, mundi melioris origo,
    sive recens tellus seductaque nuper ab alto
    aethere cognati retinebat semina caeli;
    quam satus Iapeto mixtam pluvialibus undis
    finxit in effigiem moderantum cuncta deorum.
    Pronaque cum spectent animalia cetera terram,
    os homini sublime dedit, caelumque videre
    iussit et erectos ad sidera tollere vultus.
    Sic, modo quae fuerat rudis et sine imagine, tellus
    induit ignotas hominum conversa figuras.

    Aurea prima sata est aetas, quae vindice nullo,
    sponte sua, sine lege fidem rectumque colebat.
    Poena metusque aberant, nec verba minantia fixo
    aere legebantur, nec supplex turba timebat
    iudicis ora sui, sed erant sine vindice tuti.
    Nondum caesa suis, peregrinum ut viseret orbem,
    montibus in liquidas pinus descenderat undas,
    nullaque mortales praeter sua litora norant.
    Nondum praecipites cingebant oppida fossae;
    non tuba directi, non aeris cornua flexi,
    non galeae, non ensis erat: sine militis usu
    mollia securae peragebant otia gentes.
    ipsa quoque inmunis rastroque intacta nec ullis
    saucia vomeribus per se dabat omnia tellus;
    contentique cibis nullo cogente creatis
    arbuteos fetus montanaque fraga legebant
    cornaque et in duris haerentia mora rubetis
    et quae deciderant patula Iovis arbore glandes.

    Ver erat aeternum, placidique tepentibus auris
    mulcebant zephyri natos sine semine flores.
    Mox etiam fruges tellus inarata ferebat,
    nec renovatus ager gravidis canebat aristis;
    flumina iam lactis, iam flumina nectaris ibant,
    flavaque de viridi stillabant ilice mella.
    Postquam, Saturno tenebrosa in Tartara misso,
    sub Iove mundus erat, subiit argentea proles,
    auro deterior, fulvo pretiosior aere.
    Iuppiter antiqui contraxit tempora veris
    perque hiemes aestusque et inaequalis autumnos
    et breve ver spatiis exegit quattuor annum.
    Tum primum siccis aer fervoribus ustus
    canduit, et ventis glacies adstricta pependit.
    Tum primum subiere domus (domus antra fuerunt
    et densi frutices et vinctae cortice virgae).

    Semina tum primum longis Cerealia sulcis
    obruta sunt, pressique iugo gemuere iuvenci.
    Tertia post illam successit aenea proles,
    saevior ingeniis et ad horrida promptior arma,
    non scelerata tamen. De duro est ultima ferro.
    Protinus inrupit venae peioris in aevum
    omne nefas: fugere pudor verumque fidesque;
    In quorum subiere locum fraudesque dolique
    insidiaeque et vis et amor sceleratus habendi.
    Vela dabat ventis (nec adhuc bene noverat illos)
    navita; quaeque diu steterant in montibus altis,
    fluctibus ignotis insultavere carinae,
    communemque prius ceu lumina solis et auras
    cautus humum longo signavit limite mensor.

    Nec tantum segetes alimentaque debita dives
    poscebatur humus, sed itum est in viscera terrae:
    quasque recondiderat Stygiisque admoverat umbris,
    effodiuntur opes, inritamenta malorum.
    Iamque nocens ferrum ferroque nocentius aurum
    prodierat: prodit bellum, quod pugnat utroque,
    sanguineaque manu crepitantia concutit arma.
    Vivitur ex rapto: non hospes ab hospite tutus,
    non socer a genero; fratrum quoque gratia rara est.
    Inminet exitio vir coniugis, illa mariti;
    lurida terribiles miscent aconita novercae;
    filius ante diem patrios inquirit in annos.
    Victa iacet pietas, et virgo caede madentis,
    ultima caelestum terras Astraea reliquit.

    Neve foret terris securior arduus aether,
    adfectasse ferunt regnum caeleste Gigantas
    altaque congestos struxisse ad sidera montes.
    Tum pater omnipotens misso perfregit Olympum
    fulmine et excussit subiectae Pelion Ossae.
    Obruta mole sua cum corpora dira iacerent,
    perfusam multo natorum sanguine Terram
    inmaduisse ferunt calidumque animasse cruorem,
    et, ne nulla suae stirpis monimenta manerent,
    in faciem vertisse hominum. Sed et illa propago
    contemptrix superum saevaeque avidissima caedis
    et violenta fuit: scires e sanguine natos.

     Virgilio se refiere extensamente al mito de las “edades” en cuatro o cuatro o cinco ocasiones. De manera especial lo hace en la famosa IV Egloga, en la que canta un feliz y próximo tiempo. Dedicaré un artículo a esta égloga de la que ahora doy tan sólo cuatro versos en los que se refiere expresamente a las edades del hombre:

    A POLIÓN 

    Ya llega la última edad de la profecía de Cumas;
    Una gran sucesión de siglos nace desde el principio.
    Ya regresa la Virgen, ya regresa el reinado de Saturno;
    Ya desciende del alto cielo una nueva estirpe.

    Tú, casta Lucina, sé favorable con el niño que acaba de nacer,
    con el que acabará primero la la raza de hierro
    y surgirá por todo el mundo la de oro:
    pues ya reina tu Apolo.

    Ultima Cumaei venit iam carminis aetas;
    magnus ab integro saeclorum nascitur ordo:
    iam redit et Virgo, redeunt Saturnia regna;
    iam nova progenies caelo demittitur alto.
    Tu modo nascenti puero, quo ferrea primum
    desinet ac toto surget gens aurea mundo,
    casta fave Lucina: tuus iam regnat Apollo.

    Nota: Esta égloga fue escrita poco antes del nacimiento de Cristo por lo que los cristianos posteriores le dieron un significado de profecía cristiana. Así por ejemplo la consideraron Lactancio y San Agustín. Pero lo cierto es que casi con toda seguridad está dedicada al hijo recién nacido de Polión, cónsul aquel año.

    Virgilio, se refiere también en Geórgicas I, 125-145

    Antes de Júpiter ningún colono había sometido los campos;
    Ni siquiera era lícito marcar el campo o ponerle límites.
    Se lo repartían en común y la propia tierra aportaba
    todo generosa sin que nadie lo pidiera.
    Pero él (Júpiter) dio su veneno malo a las negras serpientes
    y ordenó a los lobos que se dedicaran a la rapiña
    y al mar que se removiera,
    y sacudió de los árboles los panales de miel y retiró el fuego,
    y detuvo los vinos que corrían ampliamente por los ríos,
    para que el ejercicio creara en su desarrollo las artes diversas
    poco a poco y sacase el fruto del trigo de los surcos
    y extrajera  el fuego escondido en las vetas del pedernal.

    Entonces por primera vez los ríos sintieron los troncos huecos;
    entonces el navegante numeró y dio nombre a las estrellas:
    las Pléyades, las Hiades y Arctos (la Osa) la brillante hija de Licaón.
    Entonces se aprendió a cazar a los animales con lazos y engañarles
    con la liga y rodear los grandes bosques con los perros;
    otros golpean ya el ancho río con su profunda red
    y otros arrastran su húmeda red por el fondo del mar.

    Entonces descubrió la dureza del hierro y la hoja de la ronca sierra,
    cuando por primera vez rompían la dura madera con cuñas,
    entonces, cuando inventaron las artes diversas.
    El duro trabajo vence todas las dificultades
    y también la urgente necesidad en los momentos difíciles.
    Ceres fue la primera que enseñó a los mortales
    a remover la tierra con el hierro, cuando ya faltaban
    las bellotas y los arbustos del bosque sagrado
    y Dodona negaba el alimento.

    Ante Iovem nulli subigebant arva coloni;
    ne signare quidem aut partiri limite campum
    fas erat: in medium quaerebant ipsaque tellus
    omnia liberius nullo poscente ferebat.
    Ille malum virus serpentibus addidit atris
    praedarique lupos iussit pontumque moveri,
    mellaque decussit foliis ignemque removit
    et passim rivis currentia vina repressit,
    ut varias usus meditando extunderet artis
    paulatim et sulcis frumenti quaereret herbam.
    Ut silicis venis abstrusum excuderet ignem.
    Tunc alnos primum fluvii sensere cavatas;
    navita tum stellis numeros et nomina fecit,
    Pleiadas, Hyadas, claramque Lycaonis Arcton;
    tum laqueis captare feras et fallere visco
    inventum et magnos canibus circumdare saltus;
    atque alius latum funda iam verberat amnem
    alta petens, pelagoque alius trahit humida lina;
    tum ferri rigor atque argutae lamina serrae,—
    nam primi cuneis scindebant fissile lignum
    tum variae venere artes. Labor omnia vicit
    inprobus et duris urgens in rebus egestas.
    Prima Ceres ferro mortalis vertere terram
    instituit, cum iam glandes atque arbuta sacrae
    deficerent silvae et victum Dodona negaret.

    Y también en los versos finales del libro II de las Geórgicas:

    Geórgicas, II 532 y ss.:

    Esta vida llevaron en otro tiempo los antiguos Sabinos;
    esta llevaron Remo y su hermano, así ciertamente creció Etruria
    y así se hizo Roma, la más hermosa de todas las cosa,
    la única que rodea sus siete colinas con su muralla.

    Antes también del gobierno del rey Dicteo
    y antes de que una raza impía se alimentase de los bueyes sacrificados,
    el áureo Saturno llevaba esta vida en la tierra;
    todavía no se habían oído resonar las trompetas
    ni el ruido crepitante de las espadas forjadas en los duros yunques.
    Pero nosotros hacemos en nuestro espacio una enorme carrera
    y ya es tiempo de soltar nuestro caballo, cuyo  cuello humea de sudor.

    Hanc olim veteres vitam coluere Sabini,
    hanc Remus et frater, sic fortis Etruria crevit
    scilicet et rerum facta est pulcherrima Roma,
    535septemque una sibi muro circumdedit arces.
    Ante etiam sceptrum Dictaei regis et ante
    inpia quam caesis gens est epulata iuvencis,
    aureus hanc vitam in terris Saturnus agebat;
    necdum etiam audierant inflari classica, necdum
    540inpositos duris crepitare incudibus enses.
    Sed nos inmensum spatiis confecimus aequor,
    et iam tempus equum fumantia solvere colla.

    Nota: en Virgilio el trabajo no es un castigo de Jupiter, sino la fuente de la civilización.

    Horacio al final de su Epodo XVI habla de tres edades, omitiendo la de plata:

    Epodos, XVI, 57 y ss.

    Aquí no ha llegado la nave de pino queremos argos
    movieron ni en ella la impúdica Cólquide:
    hacia acá no torcieron sus vergas jamás los marinos sidonios
    ni la compañía paciente de Ulises.
    Júpiter este lugar reservado dejó a las personas piadosas
    al hacer del siglo de oro, adulterándolo
    con hierro y con bronce, edad triste a la cual yo soy vate que auguro
    que podrán los hombres píos escapar.

    (Traducción de Manuel Fernández Galiano, Edit. Cátedra)

    non huc Argoo cntendit rémige pinus,
    neque impudica Cochis intulit pedem;
    non huc Sidonii torserunt cornua nautae
    laboriosa nec cohors Vlixei:
    Iuppiter illa piae secrevit litora genti,
    ut inquinavit aere tempus aureum;
    aere, dehinc ferro duravit saecula, quórum
    piis secunda vate me datur fuga.

    Horacio en otro pasaje se refiere a la degeneración progresiva de las generaciones humanas (nuestros abuelos, nuestros padres, nosotros y nuestros hijos, cada generación peor que la anterior) en Carmina, III, 6, 45 y ss.:

    … ¿Por qué no cambian
    estos penosos tiempos? Los paternos,
    peores ya que los de nuestro abuelo,
    malos nos parieron y autores
    de descendientes aún mas viciosos.

    damnosa quid non imminuit dies?
    aetas parentum peior avis tulit
    nos nequiores, mox daturos
    progeniem vitiosiorem.

    El poeta latino Albio Tibulo (50-19 a. C.) reduce las edades a dos: la Edad de Saturno, en que el amor era libre, y la de Júpiter con la violencia, la propiedad privada y el robo

    Tibulo (50 a. C. – 19 a. C) .Elegías, I,3,35-66

    ¡Qué bien vivían (los hombres) en el reinado de Saturno,
    antes de que la tierra se hiciera un espacio abierto con largos caminos!
    Cuando las naves de pino todavía despreciaban las cerúleas olas
    y no ofrecían a los vientos sus velas desplegadas.
    Ni el errante marinero buscando su ganancia por tierras extrañas
    había cargado su barco de mercancías extranjeras.
    En aquel tiempo el fuerte toro no soportó el yugo
    ni el caballo mordía el freno con su boca domada.
    Ninguna casa tenía puertas, ni había piedra alguna
    clavada en los campos, que marcase las fincas con lindes seguros.
    Las propias encinas daban miel y las ovejas ofrecían
    voluntariamente sin temor sus ubres llenas de leche.
    Ni había ejército, ni ira ni guerras, ni un cruel herrero
    había inventado la espada con su arte cruel.
    Ahora, bajo el dominio de Júpiter, siempre muerte y heridas.
    Ahora el mar y otros mil modos repentinos de morir.
    Perdóname, padre, porque no me asustan temeroso
    los perjurios ni palabras impías contra los santos dioses.
    Por lo que si ya he completado los años de mi destino,
    permíteme que coloque sobre mis huesos una lápida con estas palabras:
    “Aquí yace Tibulo, consumido por una muerte cruel,
    mientras seguía a Mesala por tierra y por mar”.
    Pero a mí, porque siempre he sido dócil al tierno Amor,
    la misma Venus me conducirá a los Campos Elíseos.
    Allí reinan las danzas y los coros, y marchando de un sitio a otro,
    las aves hacen sonar su dulce canto de su frágil garganta.
    La tierra sin cultivar produce el cinamomo y por todo el campo
    florece la tierra generosa con sus rosas olorosas.
    Y el grupo de jóvenes se alegra mezclado con las tiernas muchachas
    y el Amor libra continuamente sus batallas.
    Allí está el amante al que le ha sorprendido la muerte ávida
    y lleva una corona de mirto sobre sus cabellos.
    Pero queda escondida en la noche profunda la estancia criminal,
    a cuyo alrededor resuenan los negros ríos.
    Y se enfurece  Tisifone enlazada por salvajes serpientes en lugar de cabellos,
    y la turba impía huya por aquí y por allá.
    Luego, en la puerta , el negro Cerbero, con su garganta de serpientes,
    silba y vigila ante las puertas de bronce. 

    Quam bene Saturno vivebant rege, priusquam
    Tellus in longas est patefacta vias!
    Nondum caeruleas pinus contempserat undas,
    Effusum ventis praebueratque sinum,
    Nec vagus ignotis repetens conpendia terris
    Presserat externa navita merce ratem.
    Illo non validus subiit iuga tempore taurus,
    Non domito frenos ore momordit equus,
    Non domus ulla fores habuit, non fixus in agris,
    Qui regeret certis finibus arva, lapis.
    Ipsae mella dabant quercus, ultroque ferebant
    Obvia securis ubera lactis oves.
    Non acies, non ira fuit, non bella, nec ensem
    Inmiti saevus duxerat arte faber.
    Nunc Iove sub domino caedes et vulnera semper,
    Nunc mare, nunc leti mille repente viae.
    Parce, pater. timidum non me periuria terrent,
    Non dicta in sanctos inpia verba deos.
    Quodsi fatales iam nunc explevimus annos,
    Fac lapis inscriptis stet super ossa notis:
    ‘Hic iacet inmiti consumptus morte Tibullus,
    Messallam terra dum sequiturque mari.’
    Sed me, quod facilis tenero sum semper Amori,
    Ipsa Venus campos ducet in Elysios.
    Hic choreae cantusque vigent, passimque vagantes
    Dulce sonant tenui gutture carmen aves,
    Fert casiam non culta seges, totosque per agros
    Floret odoratis terra benigna rosis;
    Ac iuvenum series teneris inmixta puellis
    Ludit, et adsidue proelia miscet Amor.
    Illic est, cuicumque rapax mors venit amanti,
    Et gerit insigni myrtea serta coma.
    At scelerata iacet sedes in nocte profunda
    Abdita, quam circum flumina nigra sonant:
    Tisiphoneque inpexa feros pro crinibus angues
    Saevit, et huc illuc inpia turba fugit.
    tum niger in porta serpentum Cerberus ore
    stridet et aeratas excubat ante fores.

    Juvenal,  para quien bajo Saturno se vivía de manera sencilla, en Sátira, VI, 1-20

    Yo creo que en el reinado de Saturno, el pudor permanecía en la tierra, en donde fue mucho tiempo vista, cuando la fría cueva ofrecía un pobre cobijo y un fuego y un hogar y encerraba con su sombra común a los ganados y a sus dueños, cuando la rústica esposa extendía el rústico lecho de hojas y paja y pieles de sus fieras vecinas, de manera nada semejante a ti, Cintia, a ti, cuyos reluciente ojos ha enturbiado la muerte de un pajarillo, pero ofreciendo sus pechos a mamar a niños ya grandes y con frecuencia más desaliñada que su marido eructando bellotas.

    Porque entonces cuando el mundo era nuevo y el cielo reciente vivían de otro modo los hombres que, nacidos de una encina abierta o formados de barro, no tenían padre alguno.

    Tal vez en el reinado de Júpiter sobreviviesen muchos o al menos algún vestigio del antiguo pudor, pero cuando a Júpiter todavía no le había crecido la barba, cuando los griegos todavía no habán aprendido a jurar por la cabeza de otro, cuando nadie temía al ladrón de sus coles o de sus manzanas y vivía en un jardín abierto.

    Después poco a poco Astrea se fue retirando hacia el cielo con este (el pudor) como su compañero, e igualmente huyeron las dos hermanas.

    Antiguo y arraigada  es, Póstumo, la práctica de sacudir el lecho ajeno y despreciar el Genio (espíritu) del sagrado diván. Pronto la edad de hierro trajo todos los restantes crímenes, pero los siglos de plata vieron los primeros adulterios.

    Nota: Juvenal, el poeta satírico de la saeva indignatio, del cruel despecho, no se resiste a desmitificar el mito cuando en el inicio de esta Sátira contrapone el ambiente de primitiva felicidad y naturalidad a  “la madre amamantando desgreñada y al marido eructando bellotas”

    Credo Pudicitiam Saturno rege moratam
    in terris uisamque diu, cum frigida paruas
    praeberet spelunca domos ignemque laremque
    et pecus et dominos communi clauderet umbra,
    siluestrem montana torum cum sterneret uxor              
    frondibus et culmo uicinarumque ferarum
    pellibus, haut similis tibi, Cynthia, nec tibi, cuius
    turbauit nitidos extinctus passer ocellos,
    sed potanda ferens infantibus ubera magnis
    et saepe horridior glandem ructante marito.              
    quippe aliter tunc orbe nouo caeloque recenti
    uiuebant homines, qui rupto robore nati
    compositiue luto nullos habuere parentes.
    multa Pudicitiae ueteris uestigia forsan
    aut aliqua exstiterint et sub Ioue, sed Ioue nondum              
    barbato, nondum Graecis iurare paratis
    per caput alterius, cum furem nemo timeret
    caulibus ac pomis et aperto uiueret horto.
    paulatim deinde ad superos Astraea recessit
    hac comite, atque duae pariter fugere sorores.              
    anticum et uetus est alienum, Postume, lectum
    concutere atque sacri genium contemnere fulcri.
    omne aliud crimen mox ferrea protulit aetas:
    uiderunt primos argentea saecula moechos.

  • El mito de las edades o razas del hombre.

    El mito antiguo de las razas o edades del hombre, con una primera de oro que va degenerando hasta el duro y fiero hierro a medida que empeora el comportamiento moral del hombre, existe en muchas literaturas. Mil veces contado en la Antigüedad y desde la Antigüedad, era suficientemente conocido por Cervantes en quien influyó de manera importante: a fin de cuentas el “Caballero de la Triste figura” lo que pretende es crear un mundo mejor, tal vez como el que existió en la “edad de oro”, a juzgar por la presencia que esta ilusión tiene en El Quijote.

    Hay autores  que en consecuencia consideran El Quijote como expresión de una Utopía más, al estilo de las de los filósofos o historiadores. No es así ciertamente, pero desde luego se trasluce en el fondo un deseo de corregir los problemas de este mundo para crear un mundo mejor, libre de injusticias, representado perfectamente por Don Quijote y por el propio Sancho, que se va contaminando y se hace partícipe del fin perseguido por el caballero andante.

    Reproduzco la versión más completa que Cervantes da en el Quijote y luego el relato de Hesiodo, que es el primero de los antiguos que conservamos. En otro artículo distinto recogeré otras varias versiones antiguas para que el lector tenga una mejor idea de la importancia de este mito en la creatividad literaria ya desde la antigüedad. Sea todo ello un pequeño homenaje a la pervivencia de los mitos antiguos en la obra de Cervantes.

    Don Quijote de la Mancha, I, 11
    ….
    No entendían los cabreros aquella jerigonza de escuderos y de caballeros andantes, y no hacían otra cosa que comer y callar, y mirar a sus huéspedes, que, con mucho donaire y gana, embaulaban tasajo como el puño. Acabado el servicio de carne, tendieron sobre las zaleas gran cantidad de bellotas avellanadas, y juntamente pusieron un medio queso, más duro que si fuera hecho de argamasa. No estaba, en esto, ocioso el cuerno, porque andaba a la redonda tan a menudo (ya lleno, ya vacío, como arcaduz de noria) que con facilidad vació un zaque de dos que estaban de manifiesto. Después que don Quijote hubo bien satisfecho su estómago, tomó un puño de bellotas en la mano, y, mirándolas atentamente, soltó la voz a semejantes razones:
    –Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario, para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían. Entonces sí que andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en otero, en trenza y en cabello, sin más vestidos de aquellos que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra; y no eran sus adornos de los que ahora se usan, a quien la púrpura de Tiro y la por tantos modos martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas verdes de lampazos y yedra entretejidas, con lo que quizá iban tan pomposas y compuestas como van agora nuestras cortesanas con las raras y peregrinas invenciones que la curiosidad ociosa les ha mostrado. Entonces se decoraban los conceptos amorosos del alma simple y sencillamente, del mesmo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar, ni quién fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera, sola y señora, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento le menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y propria voluntad. Y agora, en estos nuestros detestables siglos, no está segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto como el de Creta; porque allí, por los resquicios o por el aire, con el celo de la maldita solicitud, se les entra la amorosa pestilencia y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos. Desta orden soy yo, hermanos cabreros, a quien agradezco el gasaje y buen acogimiento que hacéis a mí y a mi escudero; que, aunque por ley natural están todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes, todavía, por saber que sin saber vosotros esta obligación me acogistes y regalastes, es razón que, con la voluntad a mí posible, os agradezca la vuestra.

    Toda esta larga arenga –que se pudiera muy bien escusar– dijo nuestro caballero porque las bellotas que le dieron le trujeron a la memoria la edad dorada y antojósele hacer aquel inútil razonamiento a los cabreros, que, sin respondelle palabra, embobados y suspensos, le estuvieron escuchando. Sancho, asimesmo, callaba y comía bellotas, y visitaba muy a menudo el segundo zaque, que, porque se enfriase el vino, le tenían colgado de un alcornoque.

    El mito en la Antigüedad:

    Hesíodo (vivió en torno al año 700 a.C.) es el primer autor griego que narra este mito en su “Trabajos y días”, v. 106-201:

    Si quieres, ahora, con todo detalle te contaré otro relato y tú grábate en tu mente  cómo dioses y hombres han llegado a ser del mismo origen.

    En un primer momento los inmortales que habitaban las moradas olímpicas crearon una raza áurea de hombres mortales. Éstos existían en época de Crono, cuando él reinaba sobre el Cielo, y vivían como dioses con un corazón sin preocupaciones, sin trabajo y  miseria, ni siquiera la terrible vejez estaba presente, sino que siempre del mismo aspecto en pies y manos se regocijaban en los banquetes lejos de todo mal, y morían encadenados por un sueño; tenían toda clase de bienes y la tierra de ricas entrañas espontáneamente producía mucho y abundante fruto; ellos tranquilos y contentos compartían sus trabajos con muchos deleites.

    Después que la tierra sepultó esta raza, ellos, por decisión del gran Zeus, son démones, favorables, terrenales, guardianes de hombres mortales [ellos vigilan las sentencias y las funestas acciones, yendo y viniendo por todas las partes en la tierra, envueltos en bruma], dispensadores de riqueza, pues también obtuvieron este don real.

    A continuación, una segunda raza mucho peor, de plata, crearon los que habitan las moradas olímpicas, en nada semejante a la de oro en cuanto a naturaleza e inteligencia; pues durante cien años el niño crecía junto a la prudente madre, retozando de manera muy infantil en su casa,  y cuando les había alcanzado la pubertad y le llegaba la edad de la juventud, vivían durante muy poco tiempo, con sufrimientos por falta de experiencia, pues no podían apartar unos de otros la temeraria hybris, ni querían rendir culto a los Inmortales ni sacrificar sobre los sagrados altares de los Bienaventurados, como es norma para los hombres, según sus costumbres. A éstos, después, Zeus Crónida, irritado, los hizo desaparecer porque no honraban a los bienaventurados dioses que habitan el Olimpo.

    Luego, después que la tierra sepultó a esta raza, éstos, subterráneos, se llaman bienaventurados mortales, inferiores; a pesar de todo, también a éstos acompaña el honor.

    El padre Zeus creó otra raza de hombres mortales, de bronce, en nada semejante a la de plata, nacida de los fresnos , terrible y vigorosa; a éstos les preocupaban las funestas acciones de Ares y los actos de violencia; no se alimentaban de pan, pues tenían valeroso corazón de acero. [¡Rudos!, gran fuerza y terribles manos nacían de sus hombros sobre robustos miembros.]

    Broncíneas eran sus armas, broncíneas sus casas y con bronce trabajaban, pues no existía el negro hierro. Sometidos por sus propias manos descendieron a la enmohecida morada del horrible Hades en el anonimato, pues, aunque eran brillantes, también les sorprendió la negra muerte y dejaron la brillante luz del sol.

    Después que la tierra sepultó esta raza, de nuevo Zeus Crónida, sobre la fecunda tierra, creó una cuarta,más justa y mejor, raza divina de héroes que se llaman semidioses, primera especie en la tierra sin límites. A éstos la malvada guerra y el terrible combate los aniquilaron, a unos luchando junto a Tebas, de siete puertas, en la tierra Cadmea, por causa de los hijos de Edipo; a otros conduciéndoles en naves sobre el abismo del mar hacia Troya, por causa de Helena de hermosa cabellerea. [Allí realmente la muerte envolvió a unos;] a otros el padre Zeus, proporcionándoles vida y costumbres lejos de los hombres, los estableció en los confines de la tierra. Éstos, con un corazón sin preocupaciones, viven en las ilsas de los bienaventurados, junto al profundo Océano, héroes felices; para ellos la tierra rica en sus entrañas produce fruto dulce como la miel que florece tres veces al año. [Lejos de los Inmortales entre éstos reina Crono.]

    Pues el propio] padre de hombres y [dioses] lo libró y ahora siempre entre éstos tiene el honor como conviene. Y Zeus a su vez otra raza colocó de hombres mortales cuantos ahora existen sobre la tierra rica en frutos].

    Y después no hubiera querido yo estar entre los hombres de la quinta raza, sino que hubiera querido morir antes o nacer después. Pues ahora existe una raza de hierro; ni de día, ni de noche cesarán de estar agobiados por la fatiga y la miseria; y los dioses les darán artduas preocupaciones. Continuamente se mezclan bienes con males.

    Zeus destruirá también esta raza de hombres mortales, cuando al nacer resulten encanecidos. El padre no será semejante a los hijos, ni los hijos al padre; el huésped noserá grato al que da hospitalidad, ni el compañero al compañero, ni el hermano al hermano, como antes.
    Despreciarán a los padres tan pronto como llegue a la vejez; los censurarán hablándoles con duras palabras, faltos de entrañas, desconocedores del temor de los dioses; no podrán dar el alimento debido a los padres que envejecen éstos [para quienes la fuerza es justicia; uno ejercerá el pillaje sobre la ciudad del otro; no habrá consideración del que es fiel al juramento, no del justo ni del bueno; estimarán más al malhechor; la violencia y la justicia estarán en las manos; no habrá respeto; el malvado dañará al hombre bueno increpándole con palabras de franqueza y jurará un juramento.

    La destructora envidia de mirada siniestra, que se alegra del mal ajeno, seguirá a todos los hombres malvados.

    Entonces hacia el Olimpo desde la ancha tierra, cubriendo su suave piel con blancos vestidos, se dirigirán Aidós y Némesis, en medio de la multitud de los inmortales, tras abandonar a los hombres; sólo penosos dolores quedarán para los mortales; no habrá remedio para el mal.
    (Taducción de Adelaida Martín Sánchez y María Ángeles Martín Sanchez. Alianza Editorial, Madrid, 1986)

  • Una fiesta del fuego muy antigua: las Fallas

    La palabra “falla” deriva, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua , de la latina “facula”, que significa “antorcha”. Las Fallas son sin duda las fiestas más importantes de todo el Levante español, que giran esencialmente en torno al fuego destructivo y purificador y se celebran entre el 15 y el 19 de Marzo, festividad de San José.

    Como fenómeno de tanta importancia social, las Fallas hab sido evidentemente estudiadas desde distintos puntos de vista: antropológico, sociológico, cultural, histórico…

    Sin duda estas fiestas sirven, como todas, para cohesionar a toda una sociedad, que ahora resulta  ya muy compleja. Son fiestas de neto carácter general y democrático, frente a otras varias de carácter más aristocrático. En este sentido suelen contraponerse a las celebraciones más aristocráticas del Corpus.

    Estas fiestas tienen un indudable  valor ético y formativo al centrar la atención y la reflexión de los ciudadanos en acontecimientos de la vida social inmediata que son enjuiciados moralmente, puestos en solfa, criticados y condenados con un lenguaje artístico irónico.

    Es posible que en sus características actuales o similares estas fiestas no se remonten más allá del siglo XVIII, sin que sean suficientes las explicaciones que generalmente se dan (creación del gremio de carpinteros, etc.), pero no cabe duda de que sus raíces se hunden en una tradición antigua milenaria.

    Se relacionan a todas luces con numerosos cultos y ritos del fuego que se ejecutan para finalizar una etapa o año viejo e inaugurar un año nuevo. Se inscriben, pues, en los ritos solares y en los ritos de fertilidad y regeneración de la vida, sobre todo la vegetal, que precisamente se celebran con motivo de la llegada de los equinoccios y solsticios que marcan el inicio de las estaciones del año.

    Generalmente consisten en encender hogueras y antorchas en torno a las cuales se danza, sobre las que se salta y cuya luz y fuego se puede trasladar a los hogares, los campos o los establos. En muchos casos se queman peleles de paja o monigotes, sustitutos probablemente de antiquísimos ritos en los que se quemaban a verdaderos hombres o mujeres, encarnación del mal en sus diversas formas.

    James Frazer, en su famosa obra “La rama dorada” dedica muchas páginas a estos ritos del fuego, presentes desde la Prehistoria, especialmente en toda Europa.

    Los estudiosos hacen fundamentalmente dos interpretaciones. Una línea interpretativa nos dice que son ritos para revitalizar la luz y energía del sol que todos los años languidece y se recupera y de la que depende la vida de la naturaleza vegetal y animal. La otra nos dice que el fuego tiene una gran fuerza purificadora, catárquica, por lo que se utiliza como instrumento para acabar con los diversos males que amenazan al hombre y a la sociedad.

    Estas dos interpretaciones pueden coexistir y considerarse útiles para interpretar el sentido de  las “Fallas”, que se celebran cuando ya el invierno va declinando, en el entorno de la primavera en que florece la naturaleza.

    En la segunda mitad de marzo la naturaleza ya va despertando en el Levante. Este hecho afianza sin duda la relación originaria de estas fiestas con los antiguos ritos del fuego. Este sentido resulta hoy sin duda poco evidente para la mayoría de las personas que las celebran con absoluto frenesí. Es más evidente, en cambio, la interpretación de que son ritos de purificación que condenan y nos hacen olvidar todo lo que de malo nos ha sucedido en el año que ha finalizado desde la anterior celebración.

    Todo esto ha sido, sin duda estudiado y analizado por expertos, como decía, y no me siento suficientemente autorizado para insistir en ello. Quiero simplemente aportar un texto de Luciano de Samósata, de uno de sus diálogos, en concreto el titulado “Sobre la diosa siria”.

    Luciano es precisamente un sirio, de Samósata, ciudad situada en la margen derecha del río Eufrates,  que vivió en los años 125-181, por tanto en época romana, pero que escribe en griego. La lectura de este escritor y funcionario entre cínico y epicúreo, que no deja títere con cabeza, es muy recomendable, porque entre otras cosas nos ofrece una visión de la realidad y complejidad del mundo antiguo que raramente aporta el estudio académico de la Antigüedad. En este sentido no encuentro una explicación suficiente para el desconocimiento que generalmente se tiene hoy de él y de su obra.

    Pues bien, en el citado “diálogo”, (en realidad en este caso es un monólogo o más bien un artículo descriptivo), “Sobre la diosa Siria”, describe la existencia en su tierra, y en concreto en Hierópolis, de diversos cultos y templos a diversos dioses y diosas. El más importante en su opinión es el templo de Atargatis Hera, en el que hay también numerosas estatuas, entre ellas una pareja de la diosa, la del Zeus sirio o Melkart.

    Hierópolis significa “la Ciudad  Sagrada”, está situada al norte de Alepo, a unos 90 kilómetros; en siriaco se llamaba Madog y es la actual Manbi; se le conoció  también como Hierópolis Bambice, o Hierópolis Eufratensis

    Entre las diversas ceremonias y ritos que describe hay una que nos ayuda a comprender este carácter de festividad de fertilidad y renovación de la vida, de fiesta de primavera, con la que se pueden emparentar las Fallas. Dice así:

    Sobre la diosa siria, 49:

    Celebran la más importante de todas las fiestas que yo conozco al principio de la primavera y la llaman unos fiesta del fuego y otros de la antorcha. Hacen un sacrificio de la manera siguiente: cortan grandes árboles y los ponen en el patio, hacen llevar a continuación cabras, ovejas y otras reses vivas y las cuelgan de los árboles; añaden aves, vestidos y joyas de oro y plata y, una vez que lo tienen todo completo, ponen las imágenes de los dioses en torno a los árboles, prenden fuego y todo arde. A estas fiestas acuden muchas gentes procedentes de Siria y de los países circunvecinos y todos llevan sus propios objetos sagrados y todos tienen distintivos hechos a semejanza de estos.

    No excesivamente lejos de donde nació Luciano, está Tarso, la ciudad de la que era San Pablo, en la antigua Cilicia, en la llamada Asia Menor, en el cruce de importantes rutas por las que penetran todas las mercancías y todas las ideas.

    En ella se conservaba un rito muy antiguo, que nos ayuda a comprender el significado de estos ritos del fuego. En esta ciudad había dos dioses importantes: uno el joven Sandan o Sandon, que se identificó por los griegos con Heracles o Hércules y otro muy antiguo llamado Ball-Tarz (Señor de Tarso), que se identificó con Zeus. Los dos estaban relacionados con la fecundidad de la tierra y sus frutos y sus ritmos estacionales, pero resultaba un dios más cercano y popular Sandan.

    Todos los años se celebraba en su honor en la plaza una gran fiesta con cánticos y danzas  Se construía una gran pira en la que se colocaba la estatua del dios que era quemada con toda solemnidad. La ceremonia, al principio de carácter fúnebre, era seguida inmediatamente con la celebración desenfrenada y exultante de la resurrección del dios; así al dolor profundo de los fieles seguía una alegría exultante.

    Se representaba así la naturaleza vegetativa que moría bajo los rayos abrasadores del sol para resucita a una vida nueva. Esta es la idea que subyace a todos los cultos mistéricos orientales, que sin duda conocía el judío-griego Pablo de Tarso y en el que sin duda influyó a la hora de integrar el naciente cristianismo en las corrientes religiosas del momento, con notable éxito, por cierto, puesto que se impuso a la religión pagana a partir del siglo IV.

    Es vedad que sobre este dios tenemos muy poca información; algunos autores cuestionan incluso que conozcamos con total seguridad que este dios, que muere en la pira funeraria, renazca luego, pero su similitud con otros del entorno geográfico avalan esta interpretación.

    En algunas  monedas antiguas de Tarso se representa en el anverso a la diosa de la suerte Tyche y en el reverso la pira sobre la que arde el dios Sandan.
     

    Cultos similares a dioses que mueren  y resucitan inmediatamente son los de Atis en Frigia, Adonis en Siria, Osiris en Egipto, Tamuz en Babilonia y otros  análogos en otras partes, todos con el mismo significado. Esto apoya una interpretación similar para el dios Sandan. Cristo es tambén un dios muerto y resucitado.

    Dión Crisóstomo (40-120 aproximadamente) (“boca de oro” significa la palabra “Crisóstomo”) hace una irónica referencia a esta fiesta  y a la pira en la que el dios es quemado en su “Pimer discurso társico” o  “Tarsica prior XXXIII, 47:

    ¿Qué deberíais pensar si, como es razonable esperar (y como los hombres informan) que los héroes o deidades fundadores deban visitar con frecuencia las ciudades que han fundado, invisibles para todos, (incluidos los asistentes a los ritos sacrificiales y en ciertos otros festivales públicos), si, yo os lo pregunto, el propio fundador, Heracles, debe visitaros (atraído, permitidnos que os lo diga, por una pira funeraria como la que construís con especial suntuosidad en su honor),  pensáis que él estaría especialmente contento de escuchar tales sonidos? ¿No partiría inmediatamente para Tracia o para Libia, para honrar con su presencia a los descendientes de Busiris o de Diomedes cuando le hacen sacrificios? ¿Pues qué? ¿No creéis que hasta el propio Perseo pasaría realmente de largo en su vuelo sobre su propia ciudad?

    En estos ritos de fertilidad la vida se renueva y de las viejas cenizas, o mejor, de las cenizas de lo viejo, surge la nueva vida, como el Ave Fénix, el mito muy extendido y conocido que simboliza  exactamente lo mismo, aunque ahora su significado se haya generalizado y banalizado a toda acción o realidad que renace de una situación de muerte o postración. El Fénix, que se autoinmola en la hoguera cada quinientos años para renacer de nuevo, es en definitiva el símbolo de la inmortalidad.

    Naturalmente que estos antiquísimos rituales agrarios del fuego han sufrido grandes modificaciones y se ha perdido ese simbolismo profundo de renovación y sucesión de los ciclos de la naturaleza en beneficio de una purificación catárquica en la que el fuego acaba con los males del año. Más aún, en nuestro tiempo adquieren especialmente relevancia las críticas  referidas a la vida política de la sociedad; ahora predomina la crítica popular, social, política, moral, en detrimento de cuestionamientos filosóficos más profundos.

    Pero si se puede, se debe profundizar en el origen de las cosas . El origen de las fallas, como fiesta del fuego, es desde luego muy antiguo.    

  • Ciclópeo, colosal, hercúleo, gigantesco, titánico, faraónico, monstruoso, enorme, obra magna, obra de romanos

    El hombre antes de “sapiens” fue “faber”, “hombre que hace (al principio toscos instrumentos de piedra), que construye, que produce, que fabrica…”. Así que llevamos sobre la tierra muchos miles de años haciendo obras, generalmente de proporciones adecuadas a las fuerzas y limitada capacidad del hombre.

    Pero de vez en cuando el hombre ejecuta obras que se salen de lo común, de lo normal, de lo habitual. Para calificarlas disponemos de algunos adjetivos poco expresivos, generalmente expresando un concepto negativo, o mejor, negando uno positivo (descomunal, extraordinario, enorme…) y de otros cuantos con más fuerza calificativa y semántica (ciclópeo, colosal, hercúleo, titánico…).

    Curiosamente estos últimos derivan del nombre de algunos seres mitológicos antiguos de los que reciben precisamente su riqueza expresiva. Así que una vez más podemos concluir que es mucho, en todos los aspectos, lo que debemos a los griegos y sus creaciones culturales. Si decimos “extraordinario” queremos decir que se sale de lo ordinario; si decimos “ciclópeo” decimos mucho más.

    Así hablamos de “obra ciclópea” para referirnos por ejemplo a murallas de algunas ciudades o poblados antiguos, como las de Micenas o Tirinto o Tarragona en España,  construidas conr bloques de piedra enormes que parecen imposibles de ser manejados por hombres normales.

    El adjetivo  deriva de “cíclope”, del griego  Κύκλωπες Kýklopes, de κύκλος kyklos, ‘rueda’, ‘círculo’ y ὤψ ops, ‘ojo’. Los Cíclopes son seres mitológicos gigantescos y brutos con un solo ojo en la frente. Los de la primera generación eran hijos de Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra).

    El más conocido es el de segunda generación llamado Polifemo, Πολύφημος Polyphêmos, ‘de muchas palabras’, hijo de Poseidón y la ninfa Toosa. Es muy conocido el episodio narrado en la Odisea en el que los griegos que habían entrado en su cueva han de valerse de un ardid para escapar de la voracidad antropófaga del monstruo; el Cíclope Polifemo era capaz de levantar y arrojar enormes piedras a los griegos que huían en su barco, pero con poco tino por haber perdido la visión de su único ojo. Nos lo cuenta Homero en Odisea, IX. A lo largo de muchos versos; en los número 536 y ss. dice:

    Así habló rogando y le escuchó el dios de cabellera cerúlea. Después cogió el Ciclope un peñasco mayor que el de antes, y lo lanzó  volteándolo  con fuerza inmensa, y lo arrojó contra  nuestro barco de azulada proa, y  faltó poco para darnos  en la punta del gobernalle. Se agitó el mar por la caída del peñasco, y las olas, empujando la nave  hacia adelante, la hicieron llegar a tierra firme.    

    Los propios antiguos ya utilizaron la palabra ciclópeo con este significado. Así por ejemplo Virgilio en  Eneida I, v. 201

    Vosotros también habéis visto de cerca el furor de Escila
    y sus escollos ensordecedores y conocéis también las rocas ciclópeas:
    reunid vuestro valor y deponed el triste temor;
    quizás algún día os producirá placer recordar estas cosas.

    Vos et Scyllaeam rabiem penitusque sonantis
    accestis scopulos, vos et Cyclopea saxa
    experti: revocate animos, maestumque timorem
    mittite: forsan et haec olim meminisse iuvabit.

    No en vano el geógrafo Estrabón y Pausanias, autor de la primera guía de viajes de la que tenemos noticias, recogen la opinión extendida de las murallas de grandes piedras eran obra de los Cíclopes.

    Estrabón, VIII, 6,11:

    Parece que Tirinto sirvió de base de operaciones al rey Proteo y que fue fortificada por las propias manos de los Cíclopes.

    También Plinio en Historia Natural, VII, 56 (195) nos dice:

    Cinira, hijo de Agriopas inventó el azulejo y descubrió las minas de cobre, las dos cosas en la isla de Chipre; inventó también las tenazas, el martillo, la palanca y el yunque: Dánao trajo los pozos de Egipto  a la parte de Grecia que antes se llamaba Argos Dipsion (la Seca). Cadmo las canteras de piedra en Tebas o, según Teofrasto en Fenicia. Trason las murallas; según Aristóteles, los Cíclopes las torres, pero según Teofrasto los Tirintios.

    tegulas invenit Cinyra, Agriopae filius, et metalla aeris, utrumque in insula Cypro, item forcipem, martulum, vectem, incudem; puteos Danaus ex Aegypto advectus in Graeciam qua vocabatur Argos Dipsion; lapicidinas Cadmus Thebis aut, ut Theophrastus, in Phoenice; Thrason muros; turres, ut Aristoteles, Cyclopes, Tirynthii, ut Theophrastus;

    Pausanias, en varios pasajes, entre otros en Descripción de Grecia, II, 25,8

    (Tirinto) Se dice que  las murallas, que es lo único que queda de las ruinas, son obra de  los Cíclopes y  están construidas de piedras que son tan grandes que un par de mulas no pueden mover ni un milímetro ni las más pequeñas. A lo largo de ellas se meten pequeñas piedras  entre las grandes, de forma que no queda ningún hueco y los grandes bloques quedan firmemente unidos. 

    Colosal es otro adjetivo sinónimo para calificar a estas obras extraordinarias derivado del sustantivo griego κολοσσός (kolossos),  con el que los helenos designaban a las estatuas grandes. El coloso por antonomasia es el Coloso de Rodas, dedicado a Helios, el Sol, construida en el año 292 a.C.  y destruida en 226 a.C. por un terremoto. Tan famosa en la Antigüedad como para ser considerada una de las Siete Maravillas, aparece en numerosísimos textos antiguos. Plinio,  por ejemplo, nos da información de ella en Historia Natural, lib. 34, 18,(41):

    Pero el más admirado de todos fue el Coloso del Sol, en Rodas, que había hecho Cares el Lindio, alumno del Lisipo  mencionado antes. Esta estatua medía 70 codos de altura. Después de 66 años un terremoto la derribó, pero incluso yacente es digna de admirar. Pocos pueden abrazar su dedo  pulgar, sus dedos son mayores  que la mayoría de las estatuas. En sus miembros fracturados se abren grandes cavernas. En el interior se ven rocas de grandes dimensiones, con cuyo peso lo habían estabilizado al levantarlo. Dicen que lo hicieron en doce años y costó 300 talentos, que se consiguieron del equipamiento  de guerra del rey Demetrio abandonado por la larga duración del  asedio de Rodas.

    Nota: Se mantuvo en el lugar donde fue derribada durante casi 900 años, hasta el año 653 d. C, cuando Moavia, califa de los sarracenos, tras la captura de Rodas, vendió los materiales; se dice que se requirieron novecientos camellos para retirar los restos.

    Ante omnes autem in admiratione fuit Solis colossus Rhodi, quem fecerat Chares Lindius, Lysippi supra dicti discipulus. LXX cubitorum altitudinis fuit hoc simulacrum, post LXVI annum terrae motu prostratum, sed iacens quoque miraculo est. pauci pollicem eius amplectuntur, maiores sunt digiti quam pleraeque statuae. Vasti specus hiant defractis membris; spectantur intus magnae molis saxa, quorum pondere stabiliverat eum constituens. Duodecim annis tradunt effectum CCC talentis, quae contigerant ex apparatu regis Demetrii relicto morae taedio obsessa Rhodo.

    Hubo numerosas estatuas gigantescas y por lo tanto muchos “colosos”. Una de estas estatuas colosales era la que representaba a Nerón, situada en su Domus aurea, casa de oro,  cerca del anfiteatro Flavio, al que llamaban por eso Amphiteatrum Colosseum o Colossei, el anfiteatro del Coliseo. De ahí que Coloseo pasó a designar al propio anfiteatro, edificio que como saben era dedicado a celebrar luchas de gladiadores, con otros gladiadores o con animales salvajes. Todavía hoy el esqueleto en pie de este colosal edificio asombra al turista que visita Roma y que bien podría haberse llamado así por las enormes dimensiones que tiene con capacidad para 40.000 espectadores, que además pueden desalojarlo en pocos minutos por los numerosos, estratégicos y bien diseñados “vomitoria” o accesos a las gradas.

    La estatua de Nerón se convirtió en estatua del Sol después de la destrucción de la Domus aurea y finalmente fue retirada en tiempos del emperador Adriano para construir el Templo de Venus y Roma, necesitándose para ello 24 elefantes, como nos cuenta Espartiano en la Historia Augusta.

    HISTORIA AUGUSTA. DE VITA HADRIANI AELII SPARTIANI XIX, 12 ss.

    Se trasladó también el coloso que estaba colocado por el arquitecto Decriano de aquel lugar en el que ahora está el templo de la Ciudad, con su enorme dimensión, de tal forma que necesitó para la operación veinticuatro elefantes. Y como quiera que esta estatua, que primero tenía el rostro de Nerón, al que estaba dedicada, se consagró al Sol, se le encargó hacer otra dedicada a la Luna al arquitecto Apolodoro.

    Transtulit et colossum stantem atque suspensum per Decrianum architectum de eo loco, in quo nunc templum Urbis est, ingenti molimine, ita ut operi etiam elephantos viginti quattuor exhiberet. 13 Et cum hoc simulacrum post Neronis vultum, cui antea dicatum fuerat, Soli consecrasset, aliud tale Apollodoro architecto auctore facere Lunae molitus est.

    Curiosamente de coliseo deriva la palabra coso, que en España y países influenciados por su cultura designa a las circulares plazas de toros, en que se celebran sus corridas, herencia moderna sin duda de las antiguas luchas de hombres con animales salvajes que se celebraron en el Anfiteatro Coliseo.

    Hercúleo,-a es otra palabra apropiada a las dimensiones y grandiosidad de estas obras. Hércules, en griego  Ἡρακλῆς, Hēraklḗs, Heracles, hijo de Zeus y de la mortal Alcmena, es el más célebre de los héroes griegos, de extraordinaria fuerza. Hubo de realizar 12 difíciles trabajos.  Ya de pequeño dio pruebas de su fortaleza: poco después de nacer Hera le envió dos serpientes mientras dormía para matarlo, pero las estranguló con sus solas manos.

    Luego de adulto muy fuerte debía de ser para separar Europa de Africa y colocar las famosas columnas. El décimo trabajo consistía en robar los bueyes o vacas del pastor Gerión, monstruo de tres cuerpos que vivía en Occidente, en la actual Cádiz,  y transportarlos vivos a Micenas. Al llegar al final del mar Mediterráneo encontró el camino del mar cerrado, por lo que abrió el estrecho de Gibraltar para comunicar los dos mares y colocó las columnas, una en Gibraltar y la otra en el monte Hacho de Ceuta (otras  versiones proponen otra localización africana).

    Más allá de esas columnas los navegantes fenicios, griegos y romanos no se atrevían a navegar por el “mare ignotum” o “mare tenebrosum”. Por eso se acompañan de la inscripción “non plus ultra”,  “no más allá”, como seria advertencia, leyenda superada cuando a finales del siglo XV Colón y los españoles descubren América. Carlos V eliminó el “non” de la leyenda convirtiéndola en el lema     “plus ultra”, “más allá”.

    El geógrafo  Pomponio Mela, que nació curiosamente en Tingentera, identificada con Iulia Traducta, y con las modernas Algeciras o Tarifa, y por lo tanto de la zona del Estrecho,  escribió al respecto en su Chorographia, I, 23:

    Más allá hay un monte muy alto, y frente a él, en Hispania hay otro que alcanza su atura: a éste le llaman Abila, a aquel Calpe y a los dos las Columnas de Hércules. La tradición nos cuenta la fábula de su nombre: el mismo Hércules separó los dos montes unidos en otro tiempo por una cordillera continua, y así el Océano, cerrado antes por la mole de los montes tuvo entrada a las tierras que ahora inunda. Aquí ahora el mar se desparrama más anchamente y cae  con gran fuerza a lo ancho sobre las tierras que han retrocedido. Por lo demás la región es pobre, y sin suerte de tener algo importante está habitada por pequeños pueblos; produce pequeños ríos, más valiosa por su suelo que por sus hombres y oscura por el poco  valor de sus gentes. 

    Deinde est mons praealtus, ei quem ex adverso Hispania adtollit obiectus: hunc Abilam, illum Calpen vocant, Columnas Herculis utrumque. Addit fama nominis fabulam, Herculem ipsum iunctos olim perpetuo iugo diremisse colles, atque ita exclusum antea mole montium oceanum ad quae nunc inundat admissum. Hic iam mare latius funditur, submotasque vastius terras magno impetu inflectit. ceterum regio ignobilis et vix quicquam inlustre sortita parvis oppidis habitatur, parva flumina emittit, solo quam viris melior et segnitia gentis obscura.

    Entre otros muchos textos, por ejemplo Estrabáon,3,5,2, Plinio en su Historia Naturalis, 3,1 (4), y Séneca, en  su tragedia Hércules Furioso pasa revista a sus trabajos y entre ellos al episodio de las vacas de Gerión. Reproduzco Hercules furens, versos  232-238:

    Entre los remotos rebaños del pueblo hesperio, fue matado el pastor de tres cuerpos de la costa tartesia; y el botín fue traído desde los confines de Occidente;  y el ganado, conocido por el  Océano pastó luego en el Citereón (monte del interior de Grecia) .

    Cuando se le mandó que penetrara en las regiones del sol estival y en los requemados reinos que abrasa el mediodía, separó los dos montes a uno y otro lado, y rota esta barrera abrió un ancho camino para que se precipitara el Océano.

    inter remotos gentis Hesperiae greges
    pastor triformis litoris Tartesii
    peremptus, acta est praeda ab occasu ultimo;
    notum Cithaeron pavit Oceano pecus.
    penetrare iussus solis aestivi plagas
    et adusta medius regna quae torret dies
    utrimque montes solvit ac rupto obice
    latam ruenti fecit Oceano viam.

    Titánico también califica adecuadamente a estas obras de esfuerzos excepcionales, por lo infrecuentes. Los Titanes son primitivos dioses dela mitología griega, hijos de Urano y Gea, anteriores a los dioses olímpicos. En la Titanomaquia o Guerra de los Titanes fueron vencidos por Zeus y los olímpicos y encerrados en el Tártaro. Hesiodo nos narra la terrible batalla en su Teogonía, de la que reproduzco un pequeño fragmento.

    Hesiodo, Teogonía, 674 y ss.

    Ellos, entonces, en cruel batalla, se enfrentaron a los Titanes con enormes piedras en sus robustas manos. Los Titanes, desde el otro lado, fortificaban sus filas con prontitud; ambos mostraban a la vez el poder de sus manos y de su violencia. Terrible resonó el inmenso mar; la tierra produjo un gran estruendo; el ancho cielo agitándose se lamentó; el inmenso Olimpo desde su base vibró por el ímpetu de los inmortales; llegó al umbroso Tártaro el pesado ruido de pies y el profundo griterío del inmenso tumulto y de los fuertes disparos. ¡De ese modo lanzaban funestos dardos unos contra otros!; la voz de unos y otros exhortándose llegó al estrellado Cielo, y ellos confluyeron con un gran alalá. (Traducción de Adelaida Martín Sánchez y María Angeles Martín Sánchez. Alianza Editorial, 2005)

    Gigantesco,-a refleja a la perfección una obra muy grande. Los  Γίγαντες (gigantes) son seres de gran tamaño, como los cíclopes, nacidos de  Gea, la Tierra y la sangre de Urano, el Cielo, como relata Hesiodo en su Teogonía, 183 y ss.: 

    (Cuando Crono mutila a su padre Urano) …Estos verdaderamente no en vano escaaron de su mano, pues cuantas gotas de sangre desprendieron, todas las recogió Gea y, transcurrido el tiempo, dio a luz a las poderosas Erinias, a los grandes Gigantes, resplandecientes con el brillo de sus armas, con largas lanzas en sus manos, y a las Ninfas que llaman Melias en la inmensa tierra.

    Los Gigantes también lucharon con los dioses. Nos lo cuenta, entre otros muchos, Apolodoro en su Biblioteca I 6,1:

    Gea, irritada por lo acontecido a los Titanes, genera con Urano a los Gigantes, insuperables por la magnitud de sus cuerpos e invencibles por su potencia física, presentaban espantosa apariencia, de su cabeza y mentón pendía espesa pelambrera y tenían por pies escamas de dragón. Nacieron según dicen unos en Flegra, pero según otros en Palene.
    ….
    Pero los dioses estaban en posesión de un vaticinio según el cual ningún Gigante podría perecer a manos de los dioses, mientras que si un mortal luchaba en su bando moriría. Zeus por medio de Atenea llamó en su ayuda a Heracles.

    Faraónico podríamos incluir en esta serie de adjetivos, significando también obra enorme o descomunal, derivado naturalmente de las grandes pirámides y otras enormes esculturas y templos construidos en el Egipto antiguo.

    Y por supuesto y con toda justicia la expresión “obra de romanos”, porque algunos puentes, vías y murallas sobre todo de época romana nos asombran por sus dimensiones o dificultad.  

    Mastodóntico, que añade   al sustantivo correspondiente la magnitud propia de los grandes elefantes antiguos, de los que de vez en cuando aparecen restos llamativos.

    Frente a estos adjetivos, que acumulan en su significado los detalles de su mito o historia, disponemos de una serie muy numerosa de términos menos significativos; quizás sea tan numerosa la serie por el significado general y abstracto y el escaso valor semántico que encierran. Muchos de ellos expresan un mero concepto negativo o la negación de un concepto.

    extraordinario: Fuera del orden o regla natural o común.

    enorme: fuera de norma

    Desmedido: fuera de medida

    Descomunal. fuera de lo común

    Inmenso: sin medida

    Más contenido tienen por ejemplo

    Magna opera: magnus,-a significa grande; opera obra; por lo tanto “gran obra

    Ingente: palabra latina que significa “muy grande”, relacionado tal vez con la misma raíz del griego “gigas”, gigante. El latino “ingens” cayó en desuso y curiosamente lo hemos recuperado como cultismo.

    Magnífico y magnífica obra: compuesto de “magnus”, grande, y “facere”, hacer”: que produce grandeza

    Monumental:  propio de un monumento y por tanto digno de ser recordado

    Monstruoso: relacionado con el anterior, significando que avisa, que advierte de algo dada su excepcionalidad.

    Fenomenal, de significado semejante al anterior; proviene del griego φαινομένον, phainomenon, fenómeno,de φαινεῖν, fainein,  = brillar, hacer brillar, aparecer; mostrar, hacer ver,  que literalmente significa ''lo que se muestra''  y fenomenal lo que por sus características tiene y se merece gran visibilidad.

    Maravilloso expresa algo semejante. Maravilla deriva del latín mirabilia, cosas admirables o dignas de ser admiradas o sorprendentes, del verbo mirari, admirar. De la misma raíz es “milagro”,miraculum en latín.

    Formidable: del latín formido, miedo, temor: con cierta relación con los anteriores: que produce temor, aunque ahora haya perdido absolutamente sus connotaciones negativas

    Imponente: relacionado con los anteriores: que pone asombro o temor

    Excelente y excelso:  significa “sobresaliente”; de ex y celsus, elevado, superior, de una raíz indoeuropea, cel, que significa culmen, altura.

    En fin, no hemos agotado el listado pero estos términos pueden ser suficientes. De alguna manera, como sinónimos nunca perfectos, todos coinciden en el carácter sobrehumano de las acciones a las que califican. Ciertamente los personajes mitológicos de los que derivan no son hombres, son dioses o como mínimo héroes (mitad hombres –mitad dioses).

    En fin, los mitos griegos y todo lo con ellos relacionado está absolutamente integrado en nuestro acervo cultural y por tanto lingüístico, aunque no seamos conscientes al emplearlos.

  • Animales que son dioses: un ejemplo de fanatismo religioso

    Los griegos y romanos están familiarizados en su mitología con la coexistencia de los animales con los dioses. Más aún, concibieron a sus dioses como hombres, lo que de paso permitió concebir a algunos hombres como dioses.

    O más probablemente el proceso fuera a la inversa: cuando algunos hombres se hicieron muy poderosos a partir de la acumulación de riqueza del neolítico (con la agricultura y la cría de animales), concibieron a sus dioses como hombres. En todo caso parece como si en una etapa muy primitiva, correspondiente sin duda a la época de los hombres cazadores, en que existe una vinculación íntima y orgánica con los animales, los animales fueran divinos. Así lo muestra la importancia del tótem en toda civilización.

    En Grecia y Roma quedan algunos restos, aunque de una etapa posterior, en que aparecen animales compuestos: seres mitad hombre mitad animal, generalmente con características divinas, centauros, grifos, esfinges, etc.; culto y ritos dedicados a alguno de ellos como Licaón, el hombre lobo; animales asociados a los dioses como el águila a Júpiter o la paloma a Venus; importancia de algunos animales, como la loba que alimenta a Rómulo y Remo.

    Parece como si estos animales se fueran poco a poco antropomorfizando, van adquiriendo cuerpo de hombre y la divinidad se realiza a partir del animal: primero animales completos, luego mitad hombre mitad animal, luego una parte como  la cabeza de lobo del dios egipcio Anubis, o de halcón de Orus,  luego incluso una  parte de animal menos significativa, como las alas de los pies de Mercurio y finalmente el animal como representación de la divinidad, como el águila de Júpiter.

    Los animales son un elemento esencial en todas las religiones, incluso hoy en día, y en el fondo lo que están indicando es la radical igualdad de todos los seres vivos sobre la tierra; si a Rómulo y Remo los amamantó una loba, a Buda lo engendró un elefante; en el hinduismo la vaca es sagrada; recordemos el papel importante de la paloma en el Cristianismo como “Espíritu Santo”.

    Bien, pese a todo ello los griegos, y desde luego los romanos, no podían entender el culto, reverencia y respeto que los egipcios tenían para con sus animales, desde el escarabajo al halcón, el perro, el cocodrilo o el gato, animal que aparece embalsamado después de muerto como los cuerpos de los hombres. Sin duda les llamaba la atención cómo el egipcio se inclinaba reverente ante el paso de un gato, felino por lo demás desconocido durante mucho tiempo en Roma y de ninguna manera doméstico.

    Diodoro Sículo (de Sicilia quiere decir el nombre) nos cuenta un episodio en el que este desconocimiento de las costumbres egipcias le costó muy caro a un romano, a un ciudadano romano, incluso cuando ser ciudadano romano implicaba disfrutar de un estatuto de derechos único en aquel mundo.

    Nos relata Diodoro, Biblioteca Histórica (Estantería de Historia sería la traducción literal) I, 83,8-9  un caso en el que él mismo fue testigo:

    En cuanto a la consagración de los animales en Egipto , esta práctica les parece naturalmente a muchos extraordinaria  y digna de estudio.  Los egipcios veneran de manera especial y no sólo durante su vida sino también después de su muerte a ciertos animales; así a los gatos,  perros e insectos como las  avispas , y también a los halcones y a los pájaros que llaman  " ibis ", así como a los lobos y a los cocodrilos y a muchos otros animales de este tipo. Comentaremos luego los motivos de tal adoración, después de hablar brevemente  sobre los propios animales .

    En primer lugar, a de cada tipo de animal para el que se ha acordado su culto,  se le ha  consagrado una parte de  tierra que resulta suficiente  para su cuidado y sustento;  por otra parte, los egipcios hacen votos a algunos dioses en nombre de sus hijos, que se han librado  de una enfermedad; en este caso  se afeitan el cabello y entregan a los cuidadores de los animales mencionados el dinero que vale su peso (de los cabellos) en plata u oro.

    Cortan carne para los halcones y los llaman con un fuerte grito dirigido hacia ellos, hasta que la cogen al vuelo, mientras que a los gatos y a las avispas desmenuzan el pan en leche y los llaman con un cloqueo de la lengua cuando se lo ponen enfrente o incluso les cortan pescado del río Nilo y los alimentan con su carne;  y de la misma manera se les proporciona a los otros tipos de animales la comida adecuada.

    Y en cuanto a los distintos cuidados que estos animales requieren, los egipcios no sólo no tratan de evitarlos o sienten vergüenza de ser vistos por la multitud cuando los atienden, sino que al contrario, en la creencia de que participan en los ritos más importantes del culto divino, se sienten importantes  y revestidos de sus insignias especiales, dan vueltas por la ciudad y por el campo. Y como se puede ver desde lejos el cuidado con que atienden a estos animales, todos cuantos se encuentran con ellos se postran ante ellos y les rinden honores.

    Cuando uno de estos animales muere, lo envuelven en fina tela de lino luego , llorando y golpeándose el pecho , lo llevan a ser embalsamado;  y después de haber sido tratado con aceite de cedro y especias que tienen la cualidad de impartir un olor agradable y de preservar el cuerpo por  largo tiempo, lo depositan fuera en una tumba consagrada.

    Y el que mata intencionadamente a uno de estos  animales es condenado a muerte , a menos que sea un gato o un ibis lo que ha matado; porque si mata a uno de ellos, sea intencionalmente o no  es condenado a muerte;  incluso la gente normal se lanza  multitudinariamente sobre él y se comporta con el infractor con la mayor crueldad, incluso a veces se comportan así sin esperar al juicio.

    Y por el temor a este castigo, si alguien divisa a uno de estos animales que yace muerto, se mantiene a una gran distancia y grita con lamentos y quejas que él lo ha encontrado ya muerto.

    Tan profundamente está  implantada en el corazón de la gente común esta visión supersticiosa de estos   animales y tan inalterables son las emociones mantenidas  por todos los hombres en  lo que respecta al honor debido a ellos, que una vez, en el tiempo  en que su rey Ptolomeo todavía no había recibido  de los romanos el título de “amigo”  y el pueblo agasajaba y cortejaba con todo celo el favor de la embajada de Italia que visitaba Egipto, y en su temor, procuraban  no dar ningún motivo de queja ni para la guerra, cuando un romano mató un gato y la multitud se lanzó en masa a su casa, ni los oficiales enviados por el rey  para suplicar por el hombre ni el temor de Roma que todo el pueblo sentía fueron suficientes para salvarlo del castigo, incluso a pesar de que su acto había sido un accidente.

    Y este incidente lo cuento no porque lo oí, sino que lo  vi con mis propios ojos, con ocasión de la visita que hice a Egipto.

    Naturalmente huelga todo comentario.

  • “La asamblea de los dioses” de Luciano de Samósata, un ejemplo antiguo de ironía, humor y libertad de expresión

    ¿Tiene límites el derecho a la libertad de expresión? La gran mayoría de las personas defienden el derecho genérico a la libertad de expresión, pero no todo el mundo lo entiende de la misma manera. Hay un campo especialmente confuso en el que el acuerdo parece imposible; es el campo de las creencias religiosas.

    En mi libre opinión, debe defenderse de manera absoluta la tolerancia y el respeto a  todas las personas no violentas, sean cuales sean sus creencias. Pero, ¿se deben respetar las creencias e ideas en abstracto que chocan con las ideas y creencias propias?

    Si por respeto se entiende la tolerancia, por supuesto que se debe ser tolerante absolutamente; si por respeto se entiende la imposibilidad o la prohibición de expresar las propias ideas porque su manifestación puede ofender a quienes tienen ideas distintas, no se deben respetar, porque los derechos y deberes, aun distintos, han de ser recíprocos. Si una persona tiene derecho a expresar su creencia en que su dios es el único y verdadero (Jahvé, Jesús, Alá), quien no lo cree así tiene también el mismo derecho a expresar lo contrario. 

    Esto, que parece evidente en abstracto, encuentra muchas dificultades en la práctica, porque todas las religiones elevan a la categoría de dogmas esenciales y por tanto incuestionables lo que en el fondo no son sino mitos, como bien enseña la Historia.

    Incluso para los más tolerantes  es difícil establecer en estas cuestiones el límite o las líneas rojas que, por ejemplo, han de respetar el humor y la ironía sobre estos temas y no deben traspasarse.

    Alguien podría pensar que estos problemas son exclusivos del mundo actual; nada más lejos de la realidad. Reproduzco uno de los diálogos de Luciano de Samósata en el que ridiculiza con su acostumbrada ironía las creencias de su tiempo, que nosotros luego conocimos como “paganismo” según la terminología del cristianismo triunfante.

    Este texto hoy resulta absolutamente inocuo; han pasado mil ochocientos años y se refieren a una religión que desapareció y que resulta chocante con el racionalismo y positivismo que hoy impregna en gran medida casi toda la cultura actual. Pero cuando Luciano escribe, en el siglo II de Cristo, los dioses a los que ridiculiza tienen templos a ellos dedicados, hay sacerdotes que dirigen su culto y reciben sacrificios de miles de víctimas de fieles cuyos sentimientos tienen tantos derechos como los de los creyentes actuales y que tal vez no se sintieran muy contentos con los comentarios de Luciano.

    Este tema de la religión en todas sus variedades y el de los filósofos y sus múltiples escuelas son dos de los temas preferidos de la sátira de Luciano de Samósata, cuya lectura completa es muy recomendable.

    Luciano tiene una famoso diálogo, el llamado “Diálogos de los dioses”, en el que presenta veinticinco conversaciones entre dioses en las que ridiculiza los aspectos más chocantes de su mitología.  No es éste el que reproduzco sino el titulado “La asamblea de los dioses”. Concibe el diálogo como una reunión de los dioses presidida por Zeus, a la manera de un tribunal que adopta acuerdos o decretos.

    En este diálogo, el más crítico sin duda en este tema, critica a los dioses extranjeros que se han ido asentando en el espacio griego y romano así como la deificación de ideas abstractas tales como la Virtud, la Naturaleza, el Destino, el Azar. Los interlocutores son Zeus, el padre de los dioses, Hermes, que convoca la asamblea y Momo, que es el dios de la sátira y representa la voz de  la censura.

    Recordemos el ambiente de proliferación de cultos y de extensión en Roma y en el resto del Imperio Romano de religiones mistéricas orientales y de cultos egipcios, todos coincidentes en el mensaje de salvación eterna en el más allá incluso para los más pobres y desamparados de este mundo. Es una época en el que el ambiente religioso y cultural favorece todo sincretismo. Véase  https://www.antiquitatem.com/mitraismo-cristianismo-solsticio 

    Pero este diálogo refleja un ambiente y entorno de respeto de “la libertad de expresión” que quizás hoy nos ayude a relativizar las cosas y enfocar cuestiones tan susceptibles de enervar el pensamiento de los creyentes actuales con un poco más de calma y tranquilidad de la que suele imperar.

    Lo reproduzco íntegro, ya que  no es de excesiva extensión, en la versión de  Juan Botella Zaragoza,  publicada Gredos, 1990; editorial en la que el lector podrá encontrar la edición íntegra de los diálogos de Luciano, propósito que se me antoja muy recomendable, como decía.

    Texto:

    ZEUS:  No andéis murmurando, dioses, ni sigáis cuchicheando entre vosotros, reuniéndoos por las esquinas, a causa de vuestra indignación porque muchas personas indignas participan de nuestros banquetes. En cambio, puesto que se ha autorizado una asamblea para tratar estos temas, que cada uno diga públicamente su opinión y presente sus cargos. Y tú, Hermes, haz la proclamación pública requerida por la ley.

    HERMES: Escucha, calla. ¿Quién de los dioses numerarios a los que se les permite hablar desea hacerlo? El debate será sobre residentes y extranjeros.

    MOMO: Yo, Momo,Zeus, si me das permiso para hablar.

    ZEUS: La propia proclamación ya te lo permite, de modo que no necesitarás mi permiso.

    MOMO: Pues bien, yo afirmo que es intolerable lo que hacen algunos de nosotros, que no se conforman con haberse convertido ellos mismos de seres humanos en dioses sino que encima, si no consiguen que se reconozca a sus servidores y criados con los mismos derechos que a nosotros, creen que no han hecho nada importante ni valiente. Y yo te pido, Zeus, que me permitas hablar con franqueza, ya que no podría hacerlo de otra manera, sino que todos saben que yo soy muy independiente de lengua y no podría pasar por alto nada que no esté bien. Y lo critico todo y digo públicamente lo que me parece, sin miedo a nadie y sin ocultar mi opinión por vergüenza. Por ello muchos me consideran molesto y de temperamento maledicente y me llaman acusador público. Sin embargo, puesto que la ley lo permite y así ha sido proclamado, aparte de que tú también, Zeus, me das permiso para hablar con libertad, hablaré sin reservas.
    Afirmo, en efecto, que muchos, no contentos con participar personalmente en nuestras asambleas y banquetes en igualdad de derechos, a pesar de ser mortales a medias, encima nos traen al cielo a sus propios criados y colegas y los inscriben fraudulentamente, de modo que ahora participan en igualdad de derechos de nuestros repartos de carne y de los sacrificios, pero no nos pagan siquiera el impuesto de residentes.

    ZEUS: No hables en términos enigmáticos, Momo, sino con claridad y explícitamente, añadiendo incluso el nombre, puesto que ya has lanzado tu discurso al medio y muchos están comparando y acomodando tus observaciones a unos y otros. Tú que confiesas ser  sincero no debes tener miedo a decir nada.

    MOMO: Estupendo, Zeus, ya que me incitas a la franqueza. De este modo te comportas regiamente y con magnanimidad, de modo que voy a decir incluso nombres. En efecto, este incomparable Dionisio, que es medio humano y ni siquiera es griego por parte de madre, sino hijo de la hija de un comerciante siriofenicio llamado Cadmo, tan pronto como se vio honrado con la inmortalidad, no voy a hablar de su aspecto personal, ni de su mitra, ni de su borrachera, ni de sus andares, pues estoy seguro de que todos conocéis su naturaleza amanerada y afeminada, medio loco, apestando a tinto desde la madrugada,  pero nos ha metido a todo el clan, comparece al frente de su coro y ha convertido en dioses a Pan, a Sileno y a los Sátiros, la mayoría de ellos campesinos y cabreros, saltarines y con figuras extrañas. Uno tiene cuernos, con la mitad inferior de aspecto de cabra, provisto de larga barba, apenas distinto de un macho cabrío. Otro es calvo, viejo, chato de nariz, montado generalmente en un asno, lidio él, los Sátiros con las orejas puntiagudas, también ellos calvos, cornudos, como suelen tener los cuernos los cabritos recién nacidos, y algunos son frigios. Todos tienen rabo. ¿Ya veis qué clase de dioses nos ha fabricado el muy noble?
    ¿Y luego nos extrañamos de que los hombres nos desprecien, cuando ven dioses tan ridículos y portentosos? Porque omito decir que también trajo dos mujeres, una enamorada de él, Ariadna, cuya corona incluyó en el coro de las estrellas, y la otra la hija del granjero Icario. Y lo más ridículo de todo, dioses, es que el perro de Erígone también se lo trajo, para que la niña no sufriera si no podía tener en el cielo aquel perrito suyo predilecto. ¿No os parece esto una insolencia, un insulto de borracho y una burla? Pero dejad que os hable también de otros.

    ZEUS: No digas nada, Momo, ni de Asclepio ni de Heracles, que ya estoy viendo a dónde te dejas llevar en tu discurso. Porque uno de ellos es médico y cura a la gente de sus enfermedades  y es “equivalente a muchos hombres”, mientras Heracles, que es hijo mío, compró la inmortalidad pagándola con muchos trabajos, de modo que no los denuncies.

    MOMO: Me callaré por ti, Zeus, aun pudiendo decir muchas cosas. Aunque no sea otra cosa, todavía tienen las señales del fuego. Si pudiera emplear también la franqueza hablando de ti, también podría decir mucho.

    ZEUS: Pues conmigo tienes la máxima licencia. ¿Es que vas a acusarme de extranjería también a mí?

    MOMO: En Creta no sólo puede oírse esto de ti sino que dicen también otra cosa y muestran tu sepultura. En lo que a mí se refiere, ni me dejo convencer por ellos ni de los aqueos de Egio, que afirman que eres un niño cambiado por otro. En cambio voy a decir lo que me parece más digno de censura.

    Porque fuiste tú, Zeus, quien originó tales infracciones y fuiste la causa de que se bastardeara nuestro cuerpo político cuando ligaste con las mortales y bajaste a visitarlas cada vez en una forma distinta, hasta el punto de que nosotros temíamos que alguien te cogiera y te sacrificara cuando eras un toro o que algún orífice te trabajara cuando eras oro y te nos convirtieras de Zeus en collar, brazalete o pendiente. Lo cierto es que nos has llenado el cielo de estos semidioses. No podría hablar de otra manera. Y resulta muy ridículo cuando alguien oye de repente que Heracles ha sido declarado dios, y que Euristeo, que estuvo dándole órdenes, ha muerto, y que cerca del templo de Heracles, que era su criado, está la tumba de Euristeo su amo. A su vez, en Tebas Dioniso es un dios, pero sus primos Penteo, Acteón y Learco son los más desgraciados de todos los seres humanos.

    Porque desde que tú, Zeus, por primera vez abriste las puertas a estos y te dedicaste a las mujeres mortales, todos te han imitado, y no sólo los machos, sino, lo que es más vergonzoso, también las diosas hembras. Porque, ¿quién no conoce a Anquises, a Titono, a Endimión y a Yasión y al resto de ellos? De modo que creo que voy a pasar por alto estas incidencias, porque resultaría demasiado largo censurarlas.

    ZEUS: No hables de Ganímedes, Momo, porque me enfadaré si molestas al muchacho metiéndote con su familia.

    MOMO: ¿Entonces tampoco voy a poder hablar del águila, puesto que también ella está en el cielo, posada sobre el cetro real y casi anidando sobre tu cabeza, pasando por ser un dios? ¿Pasaré también de ella por gracia de Ganímedes?

    Pero en todo caso, ¿de dónde se han inmiscuido entre nosotros Atis, Coribas, Sabacio o el famoso Mitra, el medo, el del caftán y la tiara, que ni siquiera habla griego y no se le entiende cuando ofrece un brindis? Por eso, los escita, al ver esta situación, y los getas entre ellos, nos mandan a paseo y también ellos conceden la inmortalidad y votan dioses a los que desean, de la misma manera que Zamolxis, siendo esclavo fue inscrito en la lista fraudulentamente, sin que pueda saberse cómo pasó desapercibido.

    Aunque todo esto son cosas sin importancia, dioses. Pero tú, cara de perro, egipcio vestido de lino, ¿quién eres, buen hombre, o cómo pretendes ser un dios con tus ladridos? ¿O con qué pretensión es adorado este toro moteado de Menfis, da oráculos y tiene profetas? Porque me da vergüenza hablar de los ibis, los monos y otras criaturas mucho más ridículas que se nos han metido no sé cómo en el cielo procedentes de Egipto. ¿Cómo podéis aguantar, dioses, el ver que se les rinde culto tanto o más que a vosotros? O tú, Zeus, ¿cómo lo llevas cuando te ponen cuernos de carnero?

    ZEUS: Todo lo que estás diciendo de los egipcios es verdaderamente vergonzoso. Sin embargo, Momo, la mayor parte de esas cosas son simbólicas y no debe burlarse demasiado de ellas uno que no está iniciado en los misterios.

    MOMO: ¡Pues sí que necesitamos nosotros muchos misterios, Zeus, para saber que los dioses son dioses y las cabezas de perro, cabezas de perro!

    ZEUS: Te digo que dejes de hablar de los egipcios. En otra ocasión podemos hablar de ellos con más tiempo. Dedícate a hablar de los otros.

    MOMO: Trofonio y (lo que más se me atraganta) Anfíloco, que era hijo de un hombre maldito y parricida, profetiza el muy pillo en Cilicia, mintiendo por lo general y timando con su charlatanería a la gente por dos óbolos. Precisamente por eso tú ya no tienes fama, Apolo, sino que ya cada piedra y cada altar emite oráculos, con tal de que se empape de aceite, tenga coronas y disponga de un charlatán, de los que hay una gran abundancia. Ya hasta la estatua de Polidamante el atleta cura las fiebres en Olimpia, la estatua de Teágenes hace lo mismo en Taso; le ofrecen sacrificios a Héctor en Ilión y a Protesilao en la orilla de enfrente, en el Quersoneso. Desde que somos tantos, han crecido el perjurio y el sacrilegio y en general nos desprecian, y hacen bien.

    Ya basta con lo dicho sobre los bastardos y los registrados fraudulentamente. Pero yo he oído también muchos nombres extraños de seres que ni existen entre nosotros ni pueden mantenerse como realidades, Zeus, y yo me carcajeo de ellos. Porque, ¿dónde está la célebre Virtud, la Naturaleza, el Destino y el Azar, nombres sin consistencia y carentes de realidad,  imaginados por hombres bobalicones, los filósofos. Y, sin embargo, a pesar de ser nombres improvisados, de tal manera han persuadido a los ignorantes, que nadie está ya dispuesto a ofrecernos sacrificios a nosotros, convencidos de que aunque ofrezcan mil hecatombes la fortuna hará lo que ya está decidido por el destino y lo que desde el principio ha sido hilado a cada uno por las Parcas. Me gustaría preguntarte, Zeus, si tú viste en alguna parte la virtud, la fortuna o el destino. Yo ya sé que tú has oído hablar siempre de ellos en las discusiones de los filósofos, a menos que estés tan sordo que no seas capaz de oírlos vociferando.

    Aunque tengo todavía muchas cosas que decir, voy a poner fin a mi discurso, porque estoy viendo que a muchos les molestan mis palabras y están silbando, sobre todo los afectados por mi libertad de expresión. Para terminar, pues, si me lo permites, voy a leer un proyecto de decreto que ya tengo redactado.

    ZEUS: Léelo, pues en realidad no todas tus acusaciones eran absurdas y hay que parar muchas de ellas para que no crezcan demasiado.

    MOMO: “¡Que sea para bien! Decreto: En una asamblea regular celebrada el día siete del mes en curso, bajo la presidencia de Zeus, dirigiendo la mesa Posidón, con Apolo al frente y actuando de secretario Momo, hijo de la noche, el Sueño presentó la siguiente propuesta:

    ‘Puesto que muchos extraños, no sólo griegos sino también bárbaros, que no son dignos en absoluto de participar de nuestro sistema político), inscritos fraudulentamente no sé cómo y pasando por dioses han llenado el cielo, hasta el punto de que está repleto el banquete de una turba tumultuaria de gentes de múltiples lengua que son pura morralla, considerando que escasean la ambrosía y el néctar, hasta el punto de que una copita cuesta ya una mina por la gran afluencia de bebedores; considerando que llegan en su patanería a expulsar a los dioses antiguos y verdaderos y reclaman la preferencia para sí mismos, en contra de todas las tradiciones y pretenden ser honrados con prioridad en la tierra. Por todo ello:

    ‘Resuelvan el Consejo y el pueblo convocar una asamblea en el Olimpo para el solsticio de invierno y elegir siete dioses numerarios como árbitros, tres del antiguo Consejo del tiempo de Crono, cuatro elegidos de los doce, Zeus entre ellos; que estos árbitros actúen como magistrados después de prestar el juramento tradicional invocando a la Estigia, que Hermes convoque mediante proclama pública a cuantos pretenden formar parte de nuestra asamblea y que éstos se presenten con testigos bajo juramento y certificados de nacimiento. Que a continuación comparezcan de uno en uno y los árbitros después de la oportuna investigación los declaren dioses o los envíen a las tumbas y sepulturas de sus antepasados. Y si alguno de ellos resulta convicto de haber sido reprobado una vez por los jueces y haber regresado al cielo, éste sea lanzado al Tártaro.

    ‘Resuelva también que cada uno realice sus propias labores y ni Atenea se dedique a curar ni Asclepio emita oráculos ni Apolo lleve a cabo él solo tantas actividades, sino que debe elegir una sola y ser adivino, cantante o médico.

    ‘Hay que advertir a los filósofos para que no modelen palabras hueras ni parloteen de lo que no saben. Y cuantos se consideraron dignos de templos o de sacrificios, hay que derribar sus estatuas y poner en su lugar las de Zeus, Hera, Apolo o alguno de los otros, mientras la ciudad debe levantarles un túmulo sepulcral y poner sobre él una estela en vez de un altar. Y si alguno desatiende el pregón y no está dispuesto a presentarse a los árbitros, se le debe condenar en rebeldía.”

    ZEUS: Este decreto vuestro es muy justo, Momo. El que esté de acuerdo, que levante la mano; o más bien, que se cumpla, porque sé que serán más los que voten en contra. Y ahora podéis iros. Cuando Hermes haga la proclamación, presentaos trayendo cada uno sus señas de identificación inequívocas y los certificados claros, con el nombre del padre y de la madre, por qué y cómo se convirtió en dios, y la tribu y sus cofrades, porque quienquiera que sea el que no traiga los papeles, no les importará a los árbitros en absoluto el que tenga un gran templo en la tierra o si los hombres lo consideran un dios.

    Nota: hay quien considera este diálogo de Luciano como una gran metáfora en la que en realidad lo que se critica es la situación política del momento, coincidente con el gobierno del emperador Marco Aurelio y la situación de aquellos años en Atenas.   Es posible que la situación política del momento animase a Luciano a escribir el diálogo, pero eso en nada invalida la crítica los dioses. Claro que el segundo campo, o el primero en el fondo,  en el que la crítica y el derecho de expresión tiene más limitaciones es el de la crítica política y social  al  poder establecido.  Los dictadores de todos los tiempos suelen ser poco comprensivos y permisivos con los inteligentes humoristas que reflejan agudamente su tiranía.