Categoría: Mitologí­a

  • Los nombres de los meses son romanos

    Entre las muchas cosas que nos han legado los romanos no es la de menor importancia el calendario con el nombre de los meses, los días y las estaciones. Para comprender la lógica y coherencia de los nombres “september =septiembre; october =octubre; november= noviembre y december =diciembre”, que significan etimológicamente “séptimo, octavo, noveno y décimo” hemos de conocer que el primitivo año romano tenía diez meses y comenzaba en marzo.

    Se atribuye al mítico rey Rómulo la fundación  de Roma en el año 753 y la creación del primer calendario solar de 304 días al año. La misma tradición atribuye al rey Numa, que gobernó  del 715 al 673 a.C,  una reforma que probablemente corresponde a la realizada a mediados del s.V a.C.  y que fundamentalmente consistió en añadir dos meses más, con lo que se formaba un calendario de doce meses, que toman su nombre de dioses y de festividades religiosas:

    Ianuarius, (enero) dedicado a Jano, dios de las puertas y de los comienzos y también del comienzo del año en la luna creciente después del solsticio de invierno del 25 de diciembre.

    Februarius, (febrero) mes en el que se celebraban las fiestas de purificación llamadas “februa”, palabra etrusca que significa precisamente purificación.

    Martius (marzo), dedicado al dios de la guerra Marte. En este mes comenzaba el mandato de los cónsules y  las campañas militares.

    Aprilis (abril), palabra que algunos relacionan con aperire = abrir, para referirse al momento en que la naturaleza, en primavera, florece. Otros la consideran de origen etrusco tomada del griego y relacionada con  Aphro-dite o Afrodita, la diosa del amor.

    Maius (mayo) que toma el nombre de Maia, la diosa del crecimiento.

    Iunius (junio) en honor de la diosa Juno, esposa de Júpiter, diosa entre otras cosas del matrimonio.

    Quintilis  (quinto mes), cuando el año comenzaba en marzo,  luego llamado Iulius  (julio) en honor de Julio César tras su muerte violenta.

    Sextilis  (sexto mes), luego llamado Augustus  (agosto) en honor de Octavio Augusto todavía en vida.

    September  (séptimo mes; septiembre)

    October  (octavo mes; octubre)

    November  (noveno mes; noviembre)

    December  (décimo mes; diciembre)

    El año comenzaba en un principio en Marzo, lo que explica como hemos dicho, el nombre de los meses a partir de septiembre. En marzo comenzaba también el mandato de los cónsules y las campañas militares de los romanos por el Lacio y por Italia.

    Pero cuando las guerras han de librarse fuera de Italia, el comienzo de la campaña en marzo supone un grave inconveniente por el tiempo que tarda el ejército en trasladarse al punto de conflicto. Esto quedó en evidencia en las Guerras Celtíberas en Hispania. Dada la gran distancia el Senado traslado el comienzo del año consular del 153 a.C. al 1 de Enero para que el cónsul Quinto Fulvio Nobilior tuviera tiempo de acudir a Hispania, donde por cierto fue vencido  por las tribus celtiberas de belos, titos y arévacos en agosto de ese año.

    Julio César estuvo en Egipto con la famosa reina Cleopatra, de la que parece ser que tuvo a su hijo Cesarión. Allí conoció  el calendario solar y comprendió las ventajas de su implantación en Roma.
    A su muerte se dio su nombre, Iulius, a lo que en el calendario primitivo era Quintilis, el quinto mes. Luego se llamó Augustus al mes siguiente en honor y todavía en  vida de Octavio Augusto. A otros meses también se les dio el nombre de algún emperador, pero esta nominación no tuvo éxito perdurable en ningún otro caso.

    Todos los meses no tuvieron entonces  la misma duración, que va de los 28 o 29 de febrero a los 30 de noviembre, abril, junio, septiembre y a los 31 de enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre y diciembre.  Esta disparidad, debida en origen a festividades, tabúes  y supersticiones religiosas, la arrastramos hasta nuestros días.

    Como ocurre con  los días de la semana, los nombres de los meses han perdurado en las lenguas latinas y también se han impuesto en los países de lenguas sajonas y germanas. La intensa cristianización de las creencias y costumbres paganas no logró imponerse tampoco en la denominación de estos doce períodos en que se divide el año.

  • El fascinante origen de la palabra “fascinante”

    A veces nos sentimos “fascinados”, atraídos, impresionados, tocados (touché en francés) al enterarnos del origen de una palabra, como si al correr la cortina observáramos lo que había detrás o sepultado en el fondo del valle. Esa es la fuerza de la etimología de las palabras, cuyo conocimiento nos aporta una información básica sobre la que se asienta su significado ampliado posteriormente.

    Pues bien “fascinar”, según el Diccionario de la Real Academia Española, deriva del latín “fascinare” y tiene tres acepciones: 1.  Engañar, alucinar, ofuscar. / 2.  Atraer irresistiblemente. /  3. Hacer mal de ojo.

    Fascinare” en latín significa: causar o producir mal de ojo, maleficiar, encantar, hechizar. Para Plinio los “fascinantes” son los hechiceros. “Fascinatio” es la acción de fascinar, de hechizar, la fascinación, encantamiento, hechizo, encanto. Así lo emplea Catulo en sus Poesías 7,12:

    (tantos besos) que ni los curiosos puedan contar
    ni maleficiar con su mala lengua.

    (basia) quae nec pernumerare curiosi
    possint nec mala fascinare lingua.

    O Virgilio en su Égloga 3,103:

    No sé que ojo me maleficia mis tiernos corderos.

    Nescio quis teneros oculus  mihi fascinat agnos.

    Así que es fácil entender la primera acepción de nuestro diccionario, que no corresponde realmente con el significado latino, aunque sí deriva de él.

    Pues bien, “fascinare” es un verbo de acción formado a partir de la palabra “fascinum o fascinus” que significa “encanto, maleficio, hechizo”. El término latino se correspondería con el griego  βάσκανον “baskanon”, según Aulo Gelio  16, 12,4:

    Así Cloacio Vero lo llama “fascinum”,  como “bascanum” y “fascinare” es  como “bascinare”.

    (Cloatius Verus) Item fascinum appellatum quasi “bascanum” et “fascinare” esse quasi “bascinare

    βάσκανον “baskanon significa fascinador, hechicero, envidioso, fisgón, calumniador, malicioso.

    Pero también significa miembro viril, falo, aunque  los latinos tienen otro término (entre otros muchos de sentido figurado o metafórico de los que quizás en otra ocasión trataré) para designar al falo, pene o miembro viril: mentula, por lo que “fascinus” parece referirse más bien al miembro en erección.

    Así lo emplea Horacio en Epodos, 8, 15-20

    quid? quod libelli Stoici inter Sericos
    iacere puluillos amant,
    inlitterati num minus nerui rigent
    minusue languet fascinum?
    quod ut superbo prouoces ab inguine,
    ore adlaborandum est tibi.

    ¿Y qué? Porque a los libritos de los estoicos
    les guste descansar sobre cojines de seda,
    ¿acaso los músculos de los iletrados tienen menos vigor
    o su miembro es menos lánguido?
    Si lo quieres hacer salir desde mi orgullosa ingle,
    me lo tienes que trabajar con la boca.

    Porfirio en su “Ad Horatii epodon 8,18” explica por qué Horacio empleo este término:

    puso “fascinum” en lugar de parte viril porque se suele colocar la deformidad del miembro junto a las cosas que nos pueden fascinar”

    fascinum pro virili parte posuit, quoniam praefascinandis rebus haec membri deformitas apponi solet

    Arnobio, tras su conversión al Cristianismo ridiculiza a los dioses paganos y así utiliza el término “fascinus” con este mismo significado en su Adversus nationes libri VII, 4,7

    ¿Y existe también Tutunus, en cuyas descomunales partes pudendas y en su horrendo miembro queréis que cabalguen vuestras matronas y consideráis señal propicia?

    etiamne Tutunus, cuius inmanibus pudendis horrentique fascino uestras inequitare matronas et auspicabile ducitis » et optatis ?

    Incluso Fascinus es el nombre del dios protector venerado por las vírgenes Vestales contra el mal de ojo y la envida y así lo utiliza, por ejemplo, Plinio en Naturalis Historia, XXVIII, 7, pasaje en el que nos dice también que se colocaba debajo del carro del general vencedor para prevenirle de la “fascinación”.

    Quizás en otra ocasión trataré del falo como divinidad y de su culto.

    Pues bien, la pregunta obligada es ¿qué tendrá que ver el llamado miembro viril con la fascinación, los hechizos, el mal de ojo?

    Algo deben tener que ver no sólo lingüísticamente, porque una costumbre bien establecida entre los romanos es la de  colocar a los niños un pequeño colgante al cuello con un falo, o colgar tintinabula o campanillas en las puertas de las casas con falos,  o colocar  falos, grabados o esculpidos, en la entrada de las casas o en otros lugares, o adornar lámparas, lucernas y otros objetos. Ya vimos en otra ocasión como se figuraba a Hermes o Terminus, el mojón, con un pilar con cabeza del dios y con un falo o genitales bien señalados.

    El tema está amplísimamente documentado en los textos y en los numerosos restos arqueológicos. Por ejemplo, nos dice Varrón en su “De lingua latina” VII, 97:

    “O puede (derivar) de la costumbre de colgar en el cuello de los niños ciertos objetos obscenos para que no les suceda nada malo…

    “Potest vel ab eo quod pueris turpicula res in collo quaedam suspenditur, ne quid obsit…

    Es decir, se trata de un amuleto en forma de falo que se lleva para alejar el mal de ojo, el hechizo, el encantamiento. A esa función se le llama técnicamente “apotropaica”, (del griego ἀποτρέπω     apotrépō, "apartar", alejar), de ἀπό (apó, "lejos") y τρέπω (trépō, "girar"), palabra que significa precisamente “alejadora, apartadora”, en este caso de males y calamidades.

    Fascinum es pues el amuleto en forma de miembro viril que  los niños llevaban al cuello para evitar el mal de ojo. Hoy es relativamente frecuente encontrar personas con tal colgante en el cuello, en algunos casos por mero adorno pero en otros también por persistir una superstición milenaria. Del “mal de ojo” hablaré en otra ocasión, porque además del falo hay otros instrumentos y métodos apotropaicos, como por ejemplo escupir tres veces al suelo.

    Pero la cuestión realmente difícil es comprender por qué el falo y su representación tienen valor apotropaico y capacidad de impedir el mal de ojo.

    Tradicionalmente, en los escasos y timoratos estudios que la moral imperante permitía, se interpretaba que el falo era símbolo de la fertilidad y abundancia de bienes y por tanto lo opuesto al maleficio. También se interpretaba que evitaba el mal de ojo porque la visión del miembro viril, considerada obscena, obliga a apartar la mirada, por lo que el mal de ojo resultaba imposible si el ojo enfoca a otro lugar.

    Pero Pascal Quignard, autor francés contemporáneo, en su obra “El sexo y el espanto”, en la que hace una interpretación desinhibida de la  rígida sexualidad romana, opuesta a la alegre sexualidad griega, bucea en la psicología profunda de los hombres y ofrece una explicación al respecto más sugerente y profunda y también más difícil de comprender: el hombre es fruto de un acto generador en el que no estuvo presente y que le genera una enorme curiosidad y desasosiego; la visión del acto sexual o del fascinum (miembro viril erecto) paraliza al hombre, lo fascina, lo atrae y embruja, detiene su mirada; la visión de la representación directa de la cópula humana procura una emoción siempre extrema de la que nos defendemos con espanto …..

    Quignard relaciona el fascinum con los obscenos y picantes versos “fesceninos” que se cantaban en las bodas, cuya función sería similar a la ya descrita y con la “fascia” o venda que las mujeres romanas usaban como sujetador para sostener los senos; y lo relaciona también con “fasces” o haz de varas atadas con una correa roja (de donde por cierto deriva “fascismo”).

    El espanto que produce la visión del “fascinum” o de la cópula es lo que explica según Quignard que en las pinturas pompeyanas las mujeres mantengan  la mirada oblicua, lateral, evitando la visión directa de la escena incomprensible de la generación animal.

    Si la principal función es prevenir el “mal de ojo” en función de la “fascinación” que el “fascinum” provoca, conviene comentar que el mal de ojo consiste precisamente en “in-videre” (de in-, contra, videre, ver)”envidiar”, “lanzar la mirada contra”  alguien.

    Y en eso consiste precisamente la envidia o “invidia”, en acumular en el interior la maldad que a alguien se desea y expresarla por la puerta más evidente del alma, por la mirada, por los ojos. Obligar a alguien a apartar la vista es impedirle que nos “envidie” o nos mire mal.

    La psicología profunda nos ayuda también a entender mitos y ritos antiguos, incomprensibles ya para los propios antiguos que a veces buscan explicaciones racionales, y absolutamente oscuros para nosotros, aunque se sigan practicando.
     

  • Con las naves a cuestas

    Apolonio de Rodas nos legó el único poema épico griego que se conserva desde Homero hasta la época helenística, “El viaje de los Argonautas”. Han pasado cinco siglos y han cambiado muchas cosas. Si en Homero los dioses se mezclan con los héroes en sus luchas, ahora la empresa es de los hombres aunque los dioses, poderosos, influyen, ayudan pero no se mezclan. En realidad el poema parece más bien una novela y como tal conviene leerla.

    El poema narra el viaje épico y  fantástico de unos héroes griegos en busca del “vellocino de oro”. Un viaje de estas características permite al autor describir los escenarios, acciones y narraciones míticas que circulan entre los griegos como acerbo cultural popular, de manera tal vez similar a nuestros cuentos.

    El poema merece la pena ser leído por muchas razones, literarias unas, históricas o folklóricas otras. Transcribo un fragmento, que tal vez resulte algo extenso, sobre un episodio del viaje, casi ya al final, en el que los héroes, forzudos sin duda, se ven obligados a transportar su nave por tierra firme hasta encontrar de nuevo el mar que les lleve de regreso a casa. Utilizo la traducción que Carlos García Gual hizo hace algunos años del poema para la Editora Nacional:

    Apolonio, Argonautas, canto IV  (entre el 1350-1400).

    Peleo interpreta una señal de los dioses para proseguir el viaje con la nave:

    En seguida Peleo, gozoso, habló a sus compañeros reunidos:  ‘Ahora creo yo que el carro de Poseidón acaba de ser desuncido a manos de su querida esposa. Madre no veo otra a no ser que sea ésta, nuestra nave. Pues ella, transportándonos siempre en su vientre sin descanso, ha sufrido en duros trances. De modo que ahora la cargaremos en vilo con obstinado vigor y hombros infatigables, y la llevaremos hacia el interior de la arenosa tierra, por donde antes avanzó el caballo ligero de pies. Pues él no se sumergirá en la tierra, sino que tengo confianza en que sus huellas nos indicarán alguna salida al mar’

    Después de hablar así a todos les resultó agradable la ingeniosa solución.

    Este es un relato de las Musas, yo canto como servidor de las Piérides, y he oído exactamente esta divina voz. ¿Con qué vigor, con qué valentía, vosotros, ¡oh nobilísimos hijos de reyes! Llevasteis por las desiertas costas de Libia la nave y toda la carga de la nave durante largo tiempo, acarreándola sobre los hombros para llevarla durante doce días y doce noches enteras!¡Quién diría la aflicción e infortunio con que ellos llevaron a término sus fatigas! ¡De cierto que eran de la sangre de los inmortales! ¡Qué trabajo realizaron obligados por la necesidad” ¡Cómo adelante, muy lejos la llevaron con ilusión, a las aguas de la laguna Tritónide, y al llegar allí la descargaron de sus potentes hombros!”

    Pues bien este episodio, aparentemente mítico, tiene al menos dos confirmaciones reales,  si no idénticas sí similares.

    En 1453 el sultán turco Metmet II conquista definitivamente Constantinopla, que resistía heroicamente desde hacía tiempo el empuje turco. Entre otras muchas defensas tales como varios cinturones de murallas defensivas, el espectacular “Cuerno de Oro” (uno de los lugares más hermosos de la Tierra) estaba cerrado por una férrea cadena que impedía el paso de los barcos. El Sultán Metmet II, obcecado con la empresa y dispuesto a todo, mandó construir un camino de tierra por detrás de  Pera  por el que transportó sus barcos al “Cuerno de Oro”. De nuevo los barcos navegaban por tierra firme. Ocurrió el 22 de abril  y aquel día Constantino  XI, el último emperador, comprendió la determinación del sultán turco y supo que muy pronto la capital romana del Imperio de Oriente sería turca. El día 29 de mayo terminaba el Imperio Romano de Oriente.

    Los turcos, habitantes ahora de la Cólquida, la patria de Medea, repetían de alguna manera la hazaña de los héroes que en la época mítica recorrieron aquellas tierras. Muy probablemente Metmet conocía la leyenda, la narración, el cuento de unos griegos, los Argonautas, que en la Antigüedad cargaron con los barcos a cuestas.

    La ciudad  entró en la Historia llamándose Byzas (de donde deriva Bizancio), luego la “Nova Roma” (Nueva Roma), pronto Constantinopla de Constantinus (nombre de emperador romano) y polis    palabra griega que significa “ciudad” hasta 1930, en que se le puso el nombre de Estambúl  (Istanbul en turco) que deriva de la frase eis tên Polin (εις τήν Πόλιν) que significa “en o hacia la ciudad”  (aunque en el lenguaje coloquial se le llamaba “islambol” que significa “ciudad del Islam” o “inmenso  Islam”).

    En 1492 Cristóbal Colón había descubierto, sin saberlo,  un nuevo continente, que luego, jugarretas del destino no se llamaría “Colombia o Columbia” sino América. Después se suceden las expediciones de españoles sobre todo para conocer los nuevos territorios. Vasco Núñez de Balboa, personaje interesante por varios aspectos, atraído , como todos, por el oro llega, al istmo que une  el norte con el sur de América; los nativos le informan que si lo único que le interesa es el oro, debe ir hacia el oeste, hacia un enorme mar en el que abunda el metal. Después de muchas penalidades por terrenos pantanosos y por montañas selváticas, el día 25 de septiembre de 1513 avista desde lo alto de una montaña el inmenso mar, al que llama “Mar del Sur” y del que toma posesión en nombre de su rey español. Luego  Fernando de Magallanes le llamó Océano Pacífico por la aparente tranquilidad de sus aguas y así ha quedado para la posteridad.

    Años más tarde, en 1516,  decide desde la costa atlántica preparar una expedición naval para conocer el “Mar del Sur” porque tenía autorización para hacerlo antes de 1518. Pensando que en la costa del Pacífico no podría encontrar los materiales  para construir sus barcos, los prepara en Acla, ciudad de la costa atlántica. Corta y talla la madera, prepara las anclas y todo el instrumental que dos bergantines requieren. Todo ello lo transporta a hombros y lomos de indios, naturalmente,  (con una pequeña participación de unos pocos negros y algunos españoles) por pantanos, selvas y montañas, hasta el río de las Balsas, actualmente el río Sabanas,  que va a dar al Pacífico.

    En la dura y penosa operación de transporte murieron muchos indios; Bartolomé de las Casas, que es quien nos cuenta estas cosas, dice que murieron más de 2.000 indígenas. Tal vez los dioses del Istmo, indignados por tanta ambición y tanta crueldad, enviaron unas tormentas tropicales de tal magnitud que destruyeron las naves construidas. El final de Balboa fue lamentable, fruto de la traición y la falsa acusación: detenido por Pizarro con el que se encontró en el camino de vuelta, fue condenado y ejecutado en enero de 1519. Ciertamente, su descubrimiento del “Mar del Sur, luego “Océano Pacífico” fue una gran hazaña, a pesar de las sombras que siempre se ciernen sobre toda obra humana.

    No sé si Núñez de Balboa conocía el poema de Apolonio, pero podemos suponer que probablemente conocía algún detalle de la toma de Constantinopla por los turcos; a fin de cuentas había ocurrido sesenta y tres años antes de su expedición por el “Mar del Sur”.

    La propaganda españolista de la época de la dictadura del General Franco presenta el episodio como una hazaña propia de héroes míticos, sin reparar en lo que realmente costó. Dice, por ejemplo, un libro escolar de 1967, El Libro de España, Edit. Edelvives, Zaragoza 1967, pág. 47:

    el proyecto sólo podían concebirlo corazones españoles. La hazaña sale de los límites de lo humano

    En cualquier caso y para el asunto que nos interesa, ni la tierra firme ni la densa selva ni la empinada montaña fue un obstáculo para que el viento impulsara dos veleros bergantín.

    Transcribo también un fragmento  de la obra de  Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias , en el que nos narra estas cosas:

    cap. LXXIV: “…Entre tanto que Compañon iba y venía, comenzó Vasco Núñez a cortar, por su persona primero, madera para principiar los bergantines, y así lo hicieron los que estaban con él; donde labraron toda o la mayor parte de la madera de cuatro bergantines, para llevarla después así labrada al dicho río de la Balsa y allí formar los bergantines y por él sacarlos a la mar, como al cabo se hizo….
    Tornó luego Vasco Núñez a enviar a Compañon con ciertos españoles y 30 negros a la cumbre de las sierras, de donde ya las aguas a la mar del Sur vertían, para que hiciese una casa donde  descansasen los que habían de llevar a cuestas la madera labrada y las anclas y jarcias de los bergantines  y se tuviesen los bastimentos y comida y armas y lo demás para su defensa.

    hasta  ponella en la casa, que habría sus 12 leguas de sierras y ríos, que ya se bajaban ya se subían, hasta llegar a la sierra muy alta donde se asentó aquella guarida. Esta madera se cargó sobre los indios que tenían por esclavos y los que iban a saltear cada día y su parte llevaron los negros que no eran sino obra de 30, y también cada uno de los españoles llevaba la que podía. Los trabajos que aquí llevando y subiendo esta madera, y clavazón y herramientas, y después las anclas y la jarcia y todos los demás aparejos necesarios a los bergantines, y después bajándola hasta el río, que por todos se padecieron, no pueden ser creídos, pero no se halló que negro ni español muriese dellos, más de los infelices indios no tuvieron número los que perecieron y concluyeron sus tristes días; yo vi firmado de su nombre del mismo Obispo, en una relación que hizo al Emperador en Barcelona el año de 519, cuando él de la tierra firme  vino,  como más largo adelante, placiendo a dios, será referido, que había muerto el Vasco Núñez, por hacer los bergantines, 500 indios, y el secretario del mismo Obispo me dijo que no quiso poner más número porque no pareciese cosa increíble, pero que la verdad era que llegaban o pasaban de 2.000; y según el trabajo era, cierto, cualquiera lo debe tener por posible y haber pasado con verdad así, porque llevar hombres desnudos en cueros 24 y 25 leguas de sierras altísimas, subidas y descendidas, a cuestas madera labrada para hacer cuatro navíos, y anclas de hierro de tres, cuatro y cinco y seis quintales y cables que son las maromas para las anclas, que pesaban otro tanto y muy poco menos, y otros mil aparejos cuasi tan pesados que los navíos requieren y todo esto sin comer sino un poco de grano de maíz aún no hecho pan, sino como lo comen las aves o las bestias, ¿qué hombres aunque tuvieran cuerpos en parte formados de materia de hierro lo pudieran sufrir sin morir?
    Cap. LXXV:
    … Comenzoles Dios a mostrar lo que en aquellas obras le servían, porque cuanto trabajaron en cortar la madera y aserralla en Acla y mar del Norte, y después en levalla los tristes indios a cuestas por tan aspérrimos e intolerables caminos, todo se les convirtió en vacío, por ser la madera de allí en tierra que estaba muy cerca de la mar salada, y así fue luego de gusanos comida, de donde sucedió serles necesario cortalla de nuevo en el río; habiendo pues cortado mucha della, y quizá también aserrádola, ya que querían poner en astillero, que es comenzar los bergantines, vinieron de súbito tan grandes avenidas que les llevó el río parte de la madera y parte soterró la lama y cieno, subiendo el agua dos estados encima….
    "

    En fin, a  los argonautas les movía el deseo de volver a casa, como a tantos comerciantes y marinos griegos de la Antigüedad. A  los españoles en América les empujó a lo increible el afán de oro, de conquista, de gloria. A los turcos el deseo de conquistar la capital, supuestamente rica,  de lo que había sido un enorme imperio y seguía siendo símbolo del occidente cristiano.

    Hay quien cree que  la fe mueve montañas; lo que está comprobado desde los antiguos griegos es que la voluntad humana hace navegar barcos por secos caminos de tierra.

  • Terminus es el dios garante de la propiedad privada del campo

    Terminus es un dios romano que marca los límites de los campos y de las ciudades y que se encuentra también en la encrucijada de los caminos. Se le representa como un bloque de piedra rectangular en cuya cúspide suele figurar la cabeza de Hermes o Mercurio. A veces también se le representa con los genitales masculinos, dado su carácter apotropaico o alejador de maleficios. Por eso se le llama Hermes.

    Sobre esta divinidad hemos hablado recientemente.  Véase   https://www.antiquitatem.com/hermes-termino-mercurio-pairon-fastos

    En esa ocasión hacíamos referencia a su función de garante de la propiedad privada. Ello quedaba evidenciado en el pasaje de los Fasti, de Ovidio, en que nos describe las ceremonias y sacrificios con que era honrado con motivo de las fiestas Terminalia, que se celebraban el 23 de Febrero, al final del año romano primitivo, por los dueños de los dos campos limítrofes.

    Quiero ahora insistir en el carácter de garante de la propiedad privada que tiene Terminus, añadiendo al texto de Ovidio, que reproduzco de nuevo, otro de Tito Livio, en su libro de Historia Ab urbe condita (Desde la fundación de la ciudad –naturalmente Roma-),  Lib. I, cap. 55.

    Nos cuenta Livio como cuando Tarquinio quiso construir el templo de Júpiter en el monte Tarpeyo tuvo que desacralizar y echar de allí a los dioses ya existentes en la zona y así se lo permitieron los augurios; pero hubo una excepción: allí había el mojón, el hito, Terminus, señalizando el lugar, y los augurios no permitían moverlo a otro sitio. Por eso la solución fue que Terminus compartiera el templo con Júpiter. La anécdota puede parecer inocente, pero no es así. En realidad está consagrando la inviolabilidad de los límites marcados por Terminus.

    Ovidio nos dice claramente que el dios garantiza los límites y propiedad de cada uno de los campos a sus propietarios y cómo sin él el conflicto en el campo sería permanente.

    Tú marcas los límites de los pueblos y de las ciudades y de los grandes reinos: 

    sin ti todos los campo serían motivo de conflicto.

    Tú no tienes ambición alguna ni te corrompes por ningún oro, 

    tú conservas con tu buena fe los campos a ti confiados. …

    'tu populos urbesque et regna ingentia finis:
         omnis erit sine te litigiosus ager.               660
    nulla tibi ambitio est, nullo corrumperis auro,
         legitima servas credita rura fide.

        ……
    Recuérdese con cuanta frecuencia en el campo mover un mojón es causa de conflicto, cuando no de tragedia. En la Roma primitiva quien movía un mojón era considerado maldito y podía ser asesinado, luego la pena de muerte fue sustituida por una multa.

    Poco después continúa Ovidio:

    Término, después de esto no tienes una libre movilidad;

    permanece en el lugar en que has sido colocado.

    Así que  no cedas nada a tu vecino aunque te lo ruegue,

    para que no parezca que antepones un hombre cualquiera a Júpiter:

    y ya seas golpeado con la reja del arado o con el rastrillo,

    grita “este es tu campo, aquel el tuyo”

    Termine, post illud levitas tibi libera non est:
         qua positus fueris in statione, mane;
    nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
         ne videare hominem praeposuisse Iovi:
    et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
         clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'

    Estos versos de Ovidio, como los anteriores, son de una innegable emotividad y elegancia: Terminus  es el mojón, la piedra que demarca los límites, pero también un dios con el que se puede hablar; a los dos se dirige coloquialmente el poeta: “piedra, dios, no te dejes mover; si el campesino mientras laborea te empuja con la reja del arado (tal vez intencionadamente) o con el rastrillo, tú no te muevas y grítale ‘este es tu campo, aquel es de otro’ ”.

    Y le dice más:  “si no cediste ante Júpiter cómo vas a ceder ante un hombre cualquiera”. Y esto nos lo explica perfectamente el texto de Tito Livio que ofrezco a continuación:

    Para que toda la zona del templo de Júpiter que se iba a ocupar estuviera libre de otros cultos, decidió  (Tarquinio) desacralizar las capillas y los terrenos sagrados , algunos de los cuales habían sido ofrecidos antes por el rey Tacio en el momento culminante de la batalla contra Rómulo y luego habían sido consagrados e inaugurados (en el sentido de recibir los augurios o bendición divina). Dice la tradición que, al comienzo de la construcción de estas obras, los dioses dieron  señales divinas para advertir la grandeza de tan gran  imperio, pues mientras que las aves (los auspicios) admitían  la desacralización de todos los  santuarios, no fueron favorables en el templo de Terminus

    Et ut libera a ceteris religionibus area esset tota Iovis templique eius quod inaedificaretur, exaugurare fana sacellaque statuit quae aliquot ibi, a Tatio rege primum in ipso discrimine adversus Romulum pugnae vota, consecrata inaugurataque postea fuerant. Inter principia condendi huius operis movisse numen ad indicandam tanti imperii molem traditur deos; nam cum omnium sacellorum exaugurationes admitterent aues, in Termini fano non addixere.

    Ahora entendemos mejor los versos de Ovidio. Los templos y capillas de los otros dioses pudieron ser desacralizados y movidos a otro sitio; el de Terminus no.

    Livio acepta la consecuencia de lo que el presagio y la aparición parecen certificar y que la tradición nacionalista romana viene repitiendo: que los límites del imperio romano, de la ciudad de Roma, serán fijos y eternos. Pero hay una segunda lectura de enorme importancia: lo que el relato certifica es que los límites marcados por Terminus son absolutamente inviolables, incluso para Júpiter, el padre de los dioses; nada hay por encima del derecho de propiedad que Terminus garantiza.

    Es un ejemplo clarificador del sentido práctico de los romanos, que afecta a toda su creación cultural, incluso la religión. Hé aquí, una creencia, un mito, un rito, con un sentido práctico y eficaz en la vida social: garantizar el derecho de propiedad del agricultor romano y evitar los conflictos.

    Ofrezco el capítulo de la obra de Livio completo, para una mejor contextualización de todos estos comentarios. Ab urbe condita, I, 55


    1.55] Después de la toma de Gabii, Tarquinio hizo la paz con la tribu de los  ecuos y renovó el tratado con los etruscos. Luego volvió su atención a los asuntos urbanos. De ellos el primero era el de dejar el templo de Júpiter en el monte Tarpeyo como recuerdo de su reinado y de su nombre;  de los dos reyes Tarquinios,  el padre lo había prometido, el hijo lo llevó a cabo. Para que toda la zona del templo de Júpiter que se iba a ocupar estuviera libre de otros cultos, decidió desacralizar las capillas y los terrenos sagrados , algunos de los cuales habían sido ofrecidos antes por el rey Tacio en el momento culminante de la batalla contra Rómulo y luego habían sido consagrados e inaugurados (en el sentido de recibir los augurios o bendición divina). Dice la tradición que, al comienzo de la construcción de estas obras, los dioses dieron  señales divinas para advertir la grandeza de tan gran  imperio, pues mientras que las aves (los auspicios) admitían  la desacralización de todos los  santuarios, no fueron favorables en el templo de Terminus . Esta señal sagrada y este augurio, que la sede de Terminus no fuera movida y que sólo el de los dioses no fuera removido de sus límites sagrados, presagiaba que todos los límites (del imperio romano) serían firmes y estables. Recibido este augurio de perpetuidad, siguió otro prodigio que anunciaba la grandeza del imperio: se dice que se apareció a los que estaban abriendo los cimientos del templo una cabeza humana con el rostro completo. Esta aparición presagiaba sin duda alguna que aquella sería la cumbre  y la cabeza de todas las cosas del imperio: así lo proclamaron todos los adivinos que había en la ciudad y los que habían sido llamados de Etruria para consultar este asunto.

    Gabiis receptis Tarquinius pacem cum Aequorum gente fecit, foedus cum Tuscis renovavit. Inde ad negotia urbana animum convertit; quorum erat primum ut Iovis templum in monte Tarpeio monumentum regni sui nominisque relinqueret: Tarquinios reges ambos patrem vovisse, filium perfecisse. Et ut libera a ceteris religionibus area esset tota Iovis templique eius quod inaedificaretur,exaugurare fana sacellaque statuit quae aliquot ibi, a Tatio rege primum in ipso discrimine adversus Romulum pugnae vota, consecrata inaugurataque postea fuerant.  Inter principia condendi huius operis movisse numen ad indicandam tanti imperii molem traditur deos; nam cum omnium sacellorum exaugurationes admitterent aues, in Termini fano non addixere; idque omen auguriumque ita acceptum est non motam Termini sedem unumque eum deorum non euocatum sacratis sibi finibus firma stabiliaque cuncta portendere.Hoc perpetuitatis auspicio accepto, secutum aliud magnitudinem imperii portendens prodigium est: caput humanum integra facie aperientibus fundamenta templi dicitur apparuisse. Quae visa species haud per ambages arcem eam imperii caputque rerum fore portendebat; idque ita cecinere uates quique in urbe erant quosque ad eam rem consultandam ex Etruria acciuerant.

    Texto de Ovidio, Fastos, 2, 639 y ss..

    Una vez que ha pasado la noche,  se celebra con el honor acostumbrado al dios que separa con su marca los campos de labor. O Termino, tanto si  eres una piedra  como si eres  un tronco enterrado en el campo, tú tienes poder divino desde los días antiguos. A ti te coronan  los dos dueños en los dos lados; a ti te traen  dos guirnaldas y la ofrenda de dos tortas.  Para ti se ha construido un altar: a él la rústica labradora en persona trae en un  roto  tiesto de barro  el fuego recogido del caliente hogar.   El anciano corta leña, y con habilidad  amontona los trozos cortados, y se esfuerza por  colocar  las ramas en la tierra sólida: entonces aviva las primeras llamas con corteza seca;  el muchacho queda de pie y sostiene en sus manos unas grandes canastas.  Luego cuando arroja tres veces los frutos de la tierra en medio del fuego, la pequeña hija  extiende sus manos con los panales cortados. Otros sostienen los vasos de vino: uno a uno se arrojan  en sacrificio a las llamas. El grupo, vestido de blanco, se queda mirando y guarda silencio. Término, en sus dos lados, es rociado con la sangre de un cordero sacrificado y no se queja cuando se le ofrece una cerda todavía lactante. Acuden los sencillos vecinos y celebran un banquete y cantan tus alabanzas, santo Término. Tú marcas los límites de los pueblos y de las ciudades y de los grandes reinos:  sin ti todos los campo serían motivo de conflicto. Tú no tienes ambición alguna ni te corrompes por ningún oro,  tú conservas con tu buena fe los campos a ti confiados.  Si en otro tiempo hubieses marcado tú la tierra de Tirea (en Laconia) no hubieran sido enviados a la muerte trescientos cuerpos ni   Otríades hubiera sido elegido por una lluvia de armas.  ¡O cuánta sangre entregó a su patria! ¿Y qué pasó cuando se construía el nuevo Capitolio? ¿Acaso todo el grupo de dioses no cedió ante Júpiter y te entregó el lugar? Término, como recuerdan los antiguos,  que se encontraba en el espacio sagrado , allí se quedó y comparte el templo con el gran Júpiter. Incluso ahora , el techo del templo tiene un pequeño agujero para que nada pueda verse por encima de él excepto las estrellas. Término, después de esto no tienes una libre movilidad; permanece en el lugar en que has sido colocado. Y no cedas nada a tu vecino aunque te lo ruegue, para que no parezca que antepones un hombre cualquiera a Júpiter: y ya seas golpeado con la reja del arado o con el rastrillo, grita “este es tu campo, aquel el tuyo”. Hay un camino que lleva a la gente a los campos Laurentinos, reinos buscados en otro tiempo por el jefe Dardanio (Eneas): el sexto mojón, Término, desde la ciudad ve cómo se te hacen sacrificios con las entrañas de un lanudo cordero.  Otros pueblos tienen una tierra marcada con unos límites fijos:  pero el espacio de la ciudad de Roma es el mismo orbe del mundo.


    Nox ubi transierit, solito celebretur honore
         separat indicio qui deus arva suo.
    Termine, sive lapis sive es defossus in agro
         stipes, ab antiquis tu quoque numen habes.
    te duo diversa domini de parte coronant,
         binaque serta tibi binaque liba ferunt.
    ara fit: huc ignem curto fert rustica testo               645
         sumptum de tepidis ipsa colona focis.
    ligna senex minuit concisaque construit arte,
         et solida ramos figere pugnat humo;
    tum sicco primas inritat cortice flammas;
         stat puer et manibus lata canistra tenet.               650
    inde ubi ter fruges medios immisit in ignes,
         porrigit incisos filia parva favos.
    vina tenent alii: libantur singula flammis;
         spectant, et linguis candida turba favet.
    spargitur et caeso communis Terminus agno,               655
         nec queritur lactans cum sibi porca datur.
    conveniunt celebrantque dapes vicinia simplex
         et cantant laudes, Termine sancte, tuas:
    'tu populos urbesque et regna ingentia finis:
         omnis erit sine te litigiosus ager.               660
    nulla tibi ambitio est, nullo corrumperis auro,
         legitima servas credita rura fide.
    si tu signasses olim Thyreatida terram,
         corpora non leto missa trecenta forent,
    nec foret Othryades congestis lectus in armis.               665
         o quantum patriae sanguinis ille dedit!
    quid, nova cum fierent Capitolia? nempe deorum
         cuncta Iovi cessit turba locumque dedit;
    Terminus, ut veteres memorant, inventus in aede
         restitit et magno cum Iove templa tenet.               670
    nunc quoque, se supra ne quid nisi sidera cernat,
         exiguum templi tecta foramen habent.
    Termine, post illud levitas tibi libera non est:
         qua positus fueris in statione, mane;
    nec tu vicino quicquam concede roganti,               675
         ne videare hominem praeposuisse Iovi:
    et seu vomeribus seu tu pulsabere rastris,
         clamato "tuus est hic ager, ille tuus".'
    est via quae populum Laurentes ducit in agros,
         quondam Dardanio regna petita duci:               680
    illa lanigeri pecoris tibi, Termine, fibris
         sacra videt fieri sextus ab Urbe lapis.
    gentibus est aliis tellus data limite certo:
         Romanae spatium est Urbis et orbis idem.

     

  • Pigmalión

    Pigmalión es un mito griego permanentemente reinterpretado

    Los numerosos mitos griegos narran la vida y milagros de sus dioses, de sus héroes, de sus gentes; explican el origen y significado de los fenómenos de la naturaleza, aunque de una forma no científica (aunque los griegos también iniciaron el pensamiento científico); profundizan en la vida de los hombres, su esencia, sus pasiones, sus costumbres. Los mitos, pues, transmiten mensajes identitarios a los miembros de la sociedad de cada momento.

    La mitología griega es además un inmenso campo abierto a la creatividad de los hombres. Por ello algunos de sus mitos han sido recreados una y otra vez desde la Antigüedad a lo largo del tiempo.

    Uno de los más sugerentes ha sido el mito de Pigmalión, rey de Chipre, sacerdote, escultor que se enamora de su propia obra, la escultura de la joven y bella Galatea. La imagen cobra vida por voluntad de la diosa Afrodita, la diosa del amor.

    Son muchos en la Historia los ejemplos en los que el autor se enamora de su obra, sea en el arte de la escultura o de la pintura.

    Quienes elucubran con el posible enamoramiento de Leonardo de Mona Lisa, la Gioconda, obra que mantuvo con él durante toda la vida, ¿no estarían más acertados si refiriesen el amor a su propia obra, a su pintura y no a una muchacha de carne y hueso a la vista del carácter del propio autor?. ¿Y qué decir de la especial consideración que  Miguel Angel dispensó a su Moisés, al que consideraba su mejor obra y  al que según la tradición, tal vez legendaria, golpeó con el martillo para que hablase porque era lo único que le faltaba?.

    El tema de Pigmalión y Galatea ha sido recogido por numerosos pintores y escultores: Bronzino, Boucher, Gérôme, Goya, Edward Burne-JonesGirodet, Poussin, Daumier, Rodin y Falconet, …

    El teatro y la música también lo ha reinterpretado en muchas ocasiones: en los siglos XVIII y XIX hay no menos de media docena de operas, comedias musicales y ballets sobre el mito de Pigmalión.

    En época moderna la más famosa recreación fue la obra dramática de George Bernard Shaw llamada también “Pigmalión”, publicada en 1913. En ella un profesor de fonética transforma a una florista londinense de hablar vulgar y descuidada en una sofisticada dama de perfecta dicción.

    Sobre la obra de Bernard Shaw se hicieron varias películas: una en 1938 y la más famosa y de enorme éxito  My Fair Laydi en 1964 dirigida por George Cukor e interpretada porAudrey Hepburn y Rex Harrison, adaptación a su vez para el cine de un famoso musical del año 1956.

    Más recientemente (1990), la película Pretty Woman, dirigida por Garry Marxhall y protagonizada por Julia Robers y Richard Gere, también de gran éxito,  retoma el viejo mito. Ahora es un joven apuesto y rico  hombre de negocios  sin muchos escrúpulos el que contrata a una prostituta que cambiará radicalmente de vida cuando el joven la trata con el respeto debido como persona y le enseña a comportarse en sociedad; también el bróker sufre una profunda transformación en esa relación normalizada.

    Diversos críticos, especialmente algunos feministas, han remarcado el carácter machista del mito que resalta la superioridad masculina por el hecho de que sean precisamente hombres los artistas, los modeladores, y mujeres, en cambio ,  el producto, lo modelado.

    Al margen de la valoración e interés personal de cada cual, parece aconsejable enjuiciar y valorar cada obra literaria o artística en el contexto en el que se produce.

    Llegados a este punto, resulta oportuno conocer el mito de “Pigmalión” en sí mismo y por eso ofrezco una versión del mismo sobre la base de lo que el poeta latino Ovidio nos dice en su obra Metamorfosis, en el Libro X, versos 243-297.


    PIGMALION

    Pigmalión era un sabio y bondadoso rey de la isla de Chipre; era también  un sacerdote y un extraordinario escultor. Durante mucho tiempo buscó para esposa a la mujer más bella y perfecta de Grecia sin encontrarla en ningún lugar. Es más, asqueado por los vicios y la mala conducta de algunas mujeres que prostituían sin pudor la belleza de su cuerpo, decidió  vivir solo, sin compañera para su lecho, y dedicarse para siempre a esculpir bellas estatuas.

    Un día,  decidió esculpir con su extraordinario arte el cuerpo de una mujer de marfil blanco como la nieve a imagen y semejanza de la diosa Venus. Acabado el trabajo y encontrándolo más perfecto que si lo hubiera hecho la propia naturaleza, se enamoró de aquel  bello cuerpo  de mujer, a la que llamó Galatea.

    Parecía la estatua de marfil una joven de verdad viva a punto de levantarse y hablar dulces palabras. El corazón de Pigmalión se encendía más y más cada día de amor por Galatea, a la que acariciaba y besaba y estrechaba en sus brazos. Creía incluso en su desvarío que ella le devolvía los besos y respondía a sus frases enamoradas.

    — Querida Galatea: te traigo flores de mil colores y joyas para tus manos y este largo collar para tu cuello.

    le decía tiernamente. O solícito y cariñoso acostaba el bello cuerpo desnudo diciendo:

    Descansa, querida compañera mía en este lecho de púrpura y recuesta tu cabeza en estos cojines de blandas plumas.

    Mientras tanto había llegado el día de la fiesta de Venus, la patrona de Chipre. El sacerdote Pigmalión sacrificó en el altar de la diosa algunas jóvenes  terneras de blanca piel que llevaban la cabeza y los cuernos adornados con cintas de colores y láminas de oro y el incienso quemado esparcía su humo oloroso y dulzón por el templo. Con voz tímida susurró el rey, sacerdote y escultor, ante el altar:

    — ¡Oh dioses todopoderosos! Os suplico que mi esposa, si algún día la encuentro, sea semejante a mi mujer de marfil.

    Escuchó Venus, la diosa del amor que asistía a la fiesta, estas palabras con divina piedad.

    Cuando Pigmalión regresó a su casa acudió junto a la estatua  y le dio un cariñoso beso. Se quedó profundamente dormido y le pareció en sueños que el cuerpo de marfil no le devolvía el gélido frío del marfil inerte sino que estaba tibio. Acerca de nuevo su boca y toca su pecho con sus manos temblorosas. El marfil abandona su dureza, se reblandece y cede a la presión de los dedos. Despierta sobresaltado y temeroso e incrédulo y asombrado toca una y otra vez  el cuerpo silencioso y con sus caricias le infunde calor y vida. Ahora ya es un cuerpo vivo, sus músculos flexibles dan movimiento a sus miembros, la sangre recorre sus venas que tienen pulso y tiñe de color de rosa su rostro. Cuando Pigmalión besa por fin  la boca viva de Galatea, ella se ruboriza y mira con arrobo a su marido.

    Pigmalión se dirige respetuoso con palabras de agradecimiento a Venus y la diosa del amor  aparece de repente, espléndida y brillante y le contesta afable:

    Mereces la felicidad, Pigmalión, una felicidad a la que tú mismo has dado forma con tus actos. Aquí tienes a la reina y esposa que has buscado. Ámala para siempre, defiéndela del mal y comparte con ella tu felicidad".

    De esa forma Galatea se transformó en una mujer real y Pigmalión vio cumplido el deseo que con tanta  ilusión persiguió.

  • Las profundas cuevas sobrecogen y atraen a los hombres devotos

    Algunos parajes naturales, sea por su belleza recóndita, por su silencio o por su profundidad que se hunde en las entrañas de la tierra, parecen emanar una fuerte atracción para los seres humanos. Entre estos parajes tienen una especial fuerza las cuevas. No en vano habitó en ellas el hombre durante la larga noche de su infancia como especie.

    No es infrecuente localizar cuevas o simas subterráneas en las que se ha realizado alguna práctica religiosa desde la más remota antigüedad: existen cuevas en la Península Ibérica en las que se acumulan restos votivos desde época ibérica, vasos cerámicos de ofrendas, y también restos medievales; algunas de estas cuevas incluso en época actual siguen concitando  reuniones  periódicas, anuales generalmente, de numerosos devotos o romeros para celebrar a la “virgen” o deidad del lugar.

    Muchos de ellos son santuarios en los que incluso hoy se busca la curación de una enfermedad, la eliminación de un dolor o la búsqueda genérica de la salud. Esto viene ocurriendo desde la remota Antigüedad y esto es así en todo el Mediterráneo, desde España a Grecia, desde Italia al norte de Africa.

    Con frecuencia junto a ofrendas en forma de vasos o  en forma de cáliz o copa, aparecen  exvotos ofrecidos por los fieles con formas de pies, manos, brazos, piernas, cabezas, torsos,… haciendo referencia a la parte dolorida cuya salud se implora. Suelen estar colgados en los muros del santuario.

    Exvoto es precisamente una  transcripción de la frase latina ex voto (por voto, por promesa),

    En las cuevas, lógicamente, se veneraban  especialmente divinidades subterráneas a las que se ofrecen sacrificios, dádivas, ofrendas.

    ¿Quién puede resistirse a relacionar, por ejemplo, la veneración en Soria al santo Saturio, en una mítica cueva junto al río Duero, el padre Duero, con el culto a Saturno, divinidad romana de las profundidades terrenales? Pues todavía hoy dos mil años después, son centenares, miles las  personas que visitan la cueva de San Saturio, cuya festividad se celebra en los primeros días de Octubre.

  • Apolonio de Rodas, Giovanni Papini, Luis Buñuel

    ¿Se puede establecer alguna relación entre Apolonio de Rodas, el literato Giovanni Papini y el cineasta Buñuel? ¿Se inspiró Buñuel en Papini en una famosa secuencia de una famosa película suya? ¿Había leído Papini a Apolonio?

    Giovanni Papini (Florencia, 1881-1956),  escritor italiano, primero escéptico y luego católico a ultranza,  desacreditado por su filiación fascista, escribía en 1931 su libro “Gog”, una serie de 70 relatos filosóficosatíricos. Para muchos es su mejor obra. En uno de sus capítulos titulado “A.A. y W.C.”  nos cuenta cómo  sale de un restaurante asqueado por el espectáculo de las bocas masticando los alimentos, lo que considera animalesco y muestra de grosera insensibilidad. Nos dice en ese momento:

    Llegará un tiempo en que causará estupefacción nuestra costumbre de comer en compañía -¡al aire libre y en presencia de extraños-, … La necesidad de engullir fragmentos de plantas y de animales para no morir, es una de las peores humillaciones de nuestra vida, uno de los más torpes signos de nuestra subordinación a la tierra y a la muerte. ¡Y en vez de satisfacerla en secreto, la consideramos como una fiesta, hacemos de ella una ceremonia visible, la ofrecemos como espectáculo cotidiano, con la indiferencia de los brutos!

    En 1974 el cineasta aragonés e internacional Luis Buñuel rodó la película “El fantasma de la libertad” . En este film hay una escena famosa e inolvidable en la que los protagonistas representan abiertamente lo que generalmente hacemos en privado y en privado lo que generalmente hacemos en común: defecan en común en el salón y comen en privado en un habitáculo para ello. Lo normal se convierte en tabú y lo tabú se convierte en norma, invirtiendo y trastocando la realidad.

    ¿Se inspira Buñuel en Papini?  Probablemente sí; la película de Buñuel está formada también por una serie de secuencias sin conexión entre ellas, excepto por el tema central de la libertad expresado en el título.

    El asunto parecería absolutamente original, pero en esta empresa de justificar el lema de esta página web Nihil novum sub sole no puedo por menos de citar un pasaje del Libro II de El viaje de los Argonautas, de Apolonio de Rodas, (295 a.C.-215 a.C.), escritor helenístico,  bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría y educador de Ptolomeo III Evergetes.

    En el poema, la única obra de poesía épica griega que conservamos desde Homero hasta la época helenística, se narra el viaje mítico de Jasón y otros héroes griegos  a la Cólquida en el Mar Negro  en busca del “vellocino de oro” (piel de un carnero). Entre los muchos territorios y países que recorren, arriban a uno de interés para esta ocación:

    Luego, después de estos, pasaron de largo ente el sagrado monte y la tierra en que, por las montañas, habitan los Mosinecos. Extraña ley y costumbre tienen estos. Todo lo que entre los demás está permitido hacer al aire libre en medio de la población o en el ágora, todo eso lo realizan dentro de sus casas. En cambio todo lo que hacemos en nuestras habitaciones privadas, eso lo hacen de puertas afuera sin vergüenza ninguna, en medio de las calles. Ni siquiera es privado el contacto sexual, sino que como cerdos en el campo, sin cuidarse ni un poco de los presentes, se unen por tierra con las mujeres en trato sexual común” (Viaje de los Argonautas, II, 1015- 1025 (Traducción de Carlos García Gual en la edición para Editora Nacional, Madrid 1975).

    ¿Habían leído Papini y Buñuel a Apolonio de Rodas? Probablemente sí lo leyeron. En cualquier caso, las fuentes griegas nunca dejarán de sorprendernos.

  • Vista de Linceo

    La frase española “vista de lince” se aplica a una persona de vista especialmente aguda o de entendimiento especialmente sagaz y perspicaz, es decir, una persona astuta.

    Podríamos pensar que el origen de la frase está en los característicos ojos de este animal de la familia de los félidos y por tanto emparentado con los gatos. Tiene el “lince” unos ojos  brillantes  que aparentan tener una gran penetración o capacidad visual.

    Y sin embargo ese no es propiamente el origen de la frase, aunque alguna relación hay.

    En la mitología griega hay varios personajes que se llaman “Linceo”, en griego Λυγκεὺς (Lynkeus) .  Uno de ellos es hijo de Afareo, rey de Mesenia y hermano de Idas. Los dos hermanos forman parte de la famosa expedición de los Argonautas que al mando de Jasón va en busca del “vellocino de oro”.
    Linceo es famoso por su extraordinaria vista. De él dice precisamente Apolonio de Rodas, autor del poema épico “El viaje de los Argonautas”, en el libro I,151-155:

    Venían desde Arena los Afaretíadas Linceo y el orgulloso Idas, orgullosos los dos de su gran fortaleza.  Linceo sobresalía sobre todo por su agudísima vista, si es verdad la noticia que decía que el héroe podía ver con toda facilidad incluso debajo de la tierra.

    Y para confirmar la afirmación de Apolonio dice el Pseudo Apolodoro en su Biblioteca mitológica III,10,3 :

    Afareo y Arene, hija de Oebalus, tuvieron como hijos a  Lynceus,  Idas y Piso, pero en opinión de muchos, se decía que  Idas era hijo de Poseidón.  Lynceus destacó por la  agudeza de su vista, hasta el punto de  que podía  ver las cosas bajo tierra.

    Así que la frase española lo que en realidad debía decir es “tiene la vista de Linceo” , pero Linceo es un personaje mitológico poco conocido y el lince  en cambio es un hermoso animal depredador de la familia de los felinos y emparentado con los gatos. Habitan sobre todo en las regiones boreales, si bien existe una especie en España, el lince ibérico, Lynx pardinus,    aunque en peligro de extinción con unos pocos centenares de ejemplares. Hay un importante programa medioambiental que trata de garantizar la supervivencia de este animal. Olvidado o poco conocido el personaje y mítico argonauta y presente en el conocimiento el animal, es fácil entender cómo se produjo la suplantación porque una de dos: o al lince se le llama así por tener vista de Linceo o a Linceo por tener vista de lince.

    Porque en todo caso, hay que conocer que la palabra española “lince” proviene del latín lynx y ésta a su vez de la griega λὺγξ. “Lince” y “Linceo” son evidentemente dos palabras de la misma raíz. Así que quien de verdad tenía vista de lince era Linceo.

    La raíz indoeuropea *leuk está atestiguada en numerosas lenguas y significa “brillo”. En latín, por ejemplo, “luceo”, aclarar, esclarecer y “lux” “luz”. Así que probablemente se llamó lince a este animal por la brillantez de sus ojos.

    Algunos lingüistas relacionan el nombre lynx λὺγξ con el verbo λεύσσω, verbo arcaico utilizado sólo en el lenguaje épico que significa “dirigir la mirada hacia, ver”.  Es posible este parentesco, que aclararía el origen de estos términos.

    En cualquier caso lo justo sería hablar de “vista de Linceo”, pero ¿quién es capaz a estas alturas de corregir el uso y costumbre lingüística de decir “vista de lince”?

    Nos contentaremos al menos con aconsejar la lectura de la obra de Apolonio de RodasEl viaje de los Argonautas”,  el único poema épico después de Homero hasta la época helenística. Entre otros valores de la obra, nos ayuda a entender cómo de la épica surgió la novela, el género literario hoy de más aceptación.
     

  • Los días de la semana son paganos

    Aunque con un error probable de cuatro años en relación con la cronología oficial, Cristo nació en época del Emperador Augusto. En un principio el Cristianismo pasó desapercibido en Roma, confundido con el judaísmo y sus diversas sectas, pero luego tuvo un notable éxito de expansión hasta convertirse en religión oficial y acabar con la religión tradicional pagana.

     El Cristianismo, en realidad un sincretismo (del griego  συγκρητισμός = unión de varias doctrinas), recoge creencias, principios morales, ritos, iconografía de los diversos lugares del Imperio Romano en que se va implantando y los integra en un todo más o menos coherente. Sabido es, por ejemplo, cómo en todas partes, sobre las ruinas de los templos paganos se construyen las iglesias cristianas o lugares naturales como bosques, cuevas, montañas, de alto valor religioso continúan la tradición bajo el amparo de una imagen o símbolo cristiano.

    Por todo ello no deja de ser curioso el hecho de que de manera muy generalizada en todo occidente se mantengan los nombres “paganos” de los días de la semana, que llevaban el nombre de los astros que los antiguos conocían.

    Lunes es el día de la luna (dies lunae), martes el día del dios Marte (dies Martis), miércoles el día de Mercurio (Mercurii dies), jueves el de Júpiter (Dies Iovis), Viernes el día de Venus (dies Veneris). Tan sólo consiguieron modificar, y no en todas partes,  el Dies Saturni (día de Saturno), sustituido por el Sabbaht judío como Sábado y el Dies Solis, día del Sol, cambiado por Dies dominica o Dominicum, Domingo (día del Señor).

    Pero como decía, no en todas partes; en inglés mantienen todavía Saturday (día de Saturno) para el sábado y Sunday (día del Sol), para el domingo. Con el resto de días en inglés o con todos ellos en alemán tampoco tuvieron éxito en su tarea conversora, Montag es el día de la luna y Sontag es el día del sol.

    Todo este proceso resulta todavía más curioso si recordamos que en un principio los romanos no conocían la “semana”  (latín septimana) o unidad temporal de siete días como nosotros. Así lo demuestra su distribución del mes en tres períodos llamados Kalendas (el día 1 de cada mes), Nonas (el día 5 en unos meses y el 7 en otros) e Idus (el día 13 en unos meses y el 15 en otros).

    La semana es en realidad una creación babilónica adoptada luego por los judíos. Se generalizó en Roma en época imperial y la impuso en el año 321 el Emperador Constantino. Naturalmente el día de descanso no era el sábado judío sino el “ Solis dies = día del Sol”, cristianizado en “Domenica Dies = Domingo o día del Señor”, como se dijo.

  • Los griegos y romanos no tuvieron un profeta que les dictara sus dogmas

    La religión griega y romana no tiene profetas, no tiene libros dogmáticos, no tiene una clase sacerdotal jerarquizada.

    Casi todas las religiones tienen un libro sagrado, un dogma y una doctrina generalmente transmitida por un profeta o enviado de Dios. El Cristianismo con su Biblia y Jesucristo, el Judaísmo con sus libros sagrados y sus profetas y el Islamismo con su Corán y Mahoma son conocidas precisamente como “las religiones del libro”. En esos casos las palabras del libro son palabra de Dios y por lo tanto su contenido son dogmas que no se pueden cuestionar.

    En la Grecia Antigua o Roma no existe un profeta o un teólogo similar que haya comunicado una doctrina, unos dogmas o unas normas de conducta religiosa y por lo tanto la religión es un campo en el que se puede actuar con mucha más libertad. No existen libros sagrados similares a la Biblia o al Corán; a lo sumo existen unos libros de profecías, llamados “Libros Sibilinos” que los romanos, muy supersticiosos, consultan ante cualquier circunstancia de especial importancia para la República, para el Estado. 

    Tampoco existe un grupo o casta sacerdotal que monopolice la relación con la divinidad, aunque algunas familias puedan tener una relación especial con alguna divinidad concreta.

    Fueron Homero hacia el siglo VIII a.C. al citar a los dioses en sus Ilíada y Odisea y luego Hesiodo en su Teogonía  (origen de los dioses) también hacia la mitad del mismo siglo los que fijaron por primera vez muchas de las características diferenciales de los dioses griegos, sus nombres (Zeus, Poseidon, Afrodita, Apolo, etc.), sus figuras, sus habilidades y artes. 

    Conviene distinguir los dioses a los que dan culto los griegos en sus templos y en sus ciudades de los dioses de la mitología, creación en gran parte de los poetas aprovechando precisamente el amplio margen que deja una religión sin profetas y sin dogmas.

    E incluso debemos diferenciarlos de “los dioses de los filósofos”, fruto de la reflexión sobre la religión que produce todo tipo de pensamiento ante el hecho religioso, desde el ateísmo hasta el animismo o el deísmo…