Autor: admin

  • Un chiste actual de hace 2.000 años

    Hace unos días, en una charla de café o de cervecería, y a propósito de una conversación informal sobre el parecido físico entre algunas personas, un buen amigo, que ha vivido muchos años en Hispanoamérica, contó un chiste localizado en Venezuela:

    Un acaudalado terrateniente visitaba a caballo su enorme finca. Se encontró con un humilde operario, con la vista baja. Levantó el obrero su cabeza y quedaron ambos, patrón y operario, sorprendidos por el extraordinario parecido físico entre ellos. Curioso,  preguntó el patrón:
    – ¿ha estado su madre alguna vez en Caracas?
    Le contestó el  obrero:
    – Mi  mamá nunca, pero mi papá ha estado muchas veces.

    Respondió con toda sencillez y picardía el obrero, dándole al patrón una adecuada dosis de su propia medicina a quien pretendía poner en entredicho la honra de su madre.

    Pues bien, este chiste de hoy sólo tiene, al menos, 2.100 años.  Este es uno de los chistes, facetiae,  graciosidades, ocurrencias, agudezas  apophtegmatha antiguas que más éxito han tenido y que han perdurado hasta nuestros días.

    véase.:  https://www.antiquitatem.com/apotegma-aforismo-axioma-dicta-aurea

    Macrobio nos  cuenta esta “facetia” referida al emperador Augusto en su libro Saturnales, II  4, 19-20:

    Normalmente, en el caso de Augusto, admiro más las chanzas que soportó que las que él mismo profirió, porque mayor timbre de gloria hay en la paciencia que en la elocuencia, sobre todo cada vez que sobrellevó con ánimo sereno hasta sarcasmos que rebasaban la simple broma. Se hizo célebre la chanza mordaz de un fulano de provincia. Este hombrfe, de un parecido sorprendente con el César, había venido a Roma y todas las miradas se habían vuelto hacia él. Augusto ordenó que fuera conducido a su presencia y, tras verlo, le preguntó lo siguiente: “Dime, joven, ¿estuvo alguna vez tu madre en Roma?”. Respondió que no,y sin contenerse, añadió: “Pero mi padre muchas veces”.

    Soleo in Augusto magis mirari quos pertulit iocos quam ipse quos protulit, qui maior est patientiae quam facundiae laus, maxime cum aequanimiter aliqua etiam iocis mordaciora pertulerit. 20 Cuiusdam provincialis iocus asper innotuit. Intraverat Romam simillimus Caesari et in se omnium ora converterat. Augustus perduci ad se hominem iussit, visumque hoc modo interrogavit: Dic mihi, adolescens, fuit aliquando mater tua Romae? Negavit ille, nec contentus adiecit: Sed pater meus saepe.

    Pero este chiste ya lo había contado antes el historiador del s. I a.C. Valerio Máximo en sus Hechos y dichos memorables IX  14,3:

    Aquel hombre, en cambio, que todo el mundo en Sicilia estaba de acuerdo en que era sumamente parecido al gobernador de la provincia, era de espíritu insolente. En efecto,como el procónsul le dijera que le asombraba que fuera tan parecido a él, dado que su padre nunca había venido a Sicilia, aquél replicó: “Pero el mío sí que fue a Roma”. Con esta broma vengó la castidad ultrajada de su madre arrojando, a su vez, la sospecha sobre la madre de aquel, con más audacia de la que convenía en alguien sometido a las varas y segures.

     Ille uero, quem in Sicilia prouinciae <rect>oris admodum similem fuisse constat, petulantis animi: pro consule enim dicente mirari se quapropter sui tam similis esset, cum pater suus in eam prouinciam numquam accessisset, "at meus" inquit "Romam accessit:" ioco namque lacessitam matris suae pudicitiam inuicem suspicione in matrem eius reiecta audacius quam uirgis et securibus subiecto conueniebat ultus est.

    Así que hemos de suponer que la historia corría por la Antigúedad, tal vez procedente de Oriente.  Se repitió una y otra vez en la Edad Media, en el Renacimiento siguiendo la versión de Macrobio, y aún después, llegando hasta nosotros y atravesando sin dificultad alguna el océano Atlántico, como hemos visto.

    La anécdota   la recoge de Macrobio en el siglo XII Juan de Salisbury en su  Policraticus. Petrarca recoge también las dos versiones, (la de Valerio Máximo y la de Macrobio)  en su Rerum memorandarum libri III (Los Cuatro Libros de las cosas dignas de ser recordadas), Lib. III, 3, 2

    Sobre la agudeza o las graciosidades. (Ejemplos) de fuera (de Roma)
    Un cierto joven
    Vino a Roma un joven extranjero, tan parecido en la forma de su cuerpo a Augusto, que todo el mundo quedaba sorprendido:  cuando Augusto se enteró de esto, viendo al joven que había llamado y reconociendo su imagen en el rostro de él, le hizo la siguiente pregunta: “Joven, ¿no ha estado tu madre alguna vez en Roma?  El joven se percató de lo pretendía y le dijo: “mi madre nunca, pero mi padre muchas veces”.  Rechazó con su agudeza la sospecha lanzada y motivó otra nueva. Esta historia se cuenta en los “Saturnalia”.  Ahora bien, Valerio Máximolo cuenta no de Augusto sino de un pretor anónimo y no de la madre, sino de los dos padres, y además recuerda dice que se le preguntó y respondió no en Roma sino en Sicilia, cuando un magistrado romano le preguntó a una persona de aquella provincia, muy parecido en la forma del cuerpo, diciéndole que estaba maravillado, de dónde venía tanta semejanza cuando su padre nunca había estado en Sicilia. Pero el joven le respondió: mi padre fue a Roma muchas veces.  ¿Cuál es  la versión más veraz y más fiel?  ¿Qué la fe, como se dice, quede en manos de cada autor!

    De dicacitate sive  facetiis, Externi
    Quidam iuvenis
    Iuvenis alienígena Romam venit, forma corporis tam similis Augusto, ut omnem populum spectaculi admiratione suspenderet: Augustus re audita, ad se iuvenem evocatum cernens, effigiemque suam in illius facie recognoscens, in hanc sententiam interrogavit: Fuit ne unquam o adoescens mater tua Romae?. Sensit ille quo pergeret. Et minime (inquit) mater, at pater meus saepe. Facete et illatam suspitionem repulit, et novam peperit: et haec quidem historia sic in Saturnalibus tradita est. Valerius autem Maximus: non Augusti, sed innominati praetoris,neque matris, sed duorum patrum mentionem facit, praeterea non Romae, sed in Sicilia interrogatum, responsumve commemorat. Percunctante enim magistratu  Romano quendam eius provinciae, sibi forma corporis simillimum, et mirari se dicente, unde haec tanta similitudo cum pater suus numquam in Sicilia fuisset. At ille respondit: Pater meus saepe Romam venit, quaenam sane verior, fideliorque narratio , fides (ut aiunt) apud autores maneat.

    En el siglo XV lo recoge la Mensa Philosophica. Mensa philosophica es una obra anónima publicada por primera vez en 1470, que fue un bestseller . El libro IV es una antología de 241 breves facetiae ofrecidas como tema de conversación para el  banquete. Es una mezcla de chistes antiguos y exempla (ejemplos). El mismo compilador reconoce la deuda con Macrobio y establece que la broma es necesaria para el relax de la mente y que los buenos chistes son necesarios para la mesa tanto como el buen vino.

    En la sección 5, De los emperadores, recoge la anécdota que estamos considerando:

    Vino a Roma cierto joven muy parecido a César  y cuando lo vio le pregunto: ¿estuvo tu madre alguna vez en Roma? El adolescente le respondió: “No, pero mi padre frecuentemente”.

    Intravit quídam Romam simillimus Cesari quem cum vidisset quaesivit a iuvene. Fuit ne mater tua quandoque Romae. Cui adolescens ille.Non sed pater frequenter.

    También lo recoge Johannes Pauli de Macrobio en  su colección de anécdotas que llama en alemán "Schimpf (Scherz) und Ernst"  (Bromas y veras) de inicios del XVI,

    Por supuesto lo recoge Erasmo de Rotterdam, sin reconocer ninguna fuente, en sus Apophthegmata (IV Augusto, 33):

    Tal como Augusto disfrutaba bromeando con chanzas amables a costa de otros, de igual modo soportó con suma paciencia que las lanzaran contra él o se las devolvieran, a veces harto pesadas. Un joven de provincia había venido a Roma, con un rostro tan maravillosamente parecido a Augusto, que atraía hacia sí la mirada de todo el pueblo. Oído esto, el César ordenó traerlo ante sí, y tras contemplarlo, le preguntó de este tenor: “Dime, joven, ¿estuvo alguna vez tu madre en Roma?” Respondió que no, y percatándose de la chanza, la devolvió, añadiendo: “Pero mi padre muchas veces”. Augusto bromeando proyectaba cierta sospecha hacia la madre del joven,  dando a entender que había sido deshonrada por él; pero  el joven desvió raudo la sospecha hacia la madre del César, o hacia su hermana. Pues el parecido lo mismo probaba que él era hijo del César, como que era su hermano o sobrino.

    Quemadmodum Augustus gaudebat iocis liberalibus in alios ludere, ita in se iactos aut retortos  interdum liberius, patientissime tulit.  Adolescens quídam provincialis Romam venerat,oris similitudine tam mirifice referens Augustum,  ut in se populi totius oculos converteret. Caesar hoc audito iussit ad se perduci, eumque contemplatus, hunc in modum percontatus est;  Dic mihi, adolescens, fuit ne aliquando mater tua Romae? Negavit ille, ac sentiens iocum retorsit, adiiciens; sed patermeus saepe. Augustus ludens suspicionem intendebat in matrem adolescentis, velut ab ipso stupratam: at adolescens protinus eam suspicionem retorsit in matrem Caesaris, aut in sororem. Nam oris similitude non magis arguebat, illum esse Caesaris filium quam fratrem aut nepotem

    En castellano son varios los autores de la época que lo recogen, como  el humanista y cronista de Carlos V Pedro Mexía (1497-15519) en su Silva de varia lección (1540), Parte 1, capítulo XLI:

    También le pasó a Octaviano César otra graciosa cosa con un mancebo que vino a Roma en el tiempo en que él imperaba en ella. Fue ésta: que vino a Roma un mancebo que parecía tanto al mismo Octaviano en el gesto, que a maravilla era mirado por todos; y siendo avisado de esto Octaviano, luego lo hizo traer ante sí, donde se notó y certificó más la grande similitud que había entre ellos. El emperador, como era de dulce conversación y se preciaba de decir algunas veces cosas agudas y graciosas, viendo que todos decían que le parecía mucho, le dijo al mancebo: “Dime, hermano, ¿vino tu madre alguna vez a Roma?” El mozo entendió la malicia y respondióle: “Mi madre, señor, nunca vino a Roma; pero mi padre vino muchas veces”, motejándole a él de lo que él había sido tocado.

    También Timoneda lo recoge con alguna ligera variación en su Sobremesa, Parte 2, cuento XLII:

    Fue avisado un rey que un mancebo  de su mesma estatura y edad le parescía en grandíssima manera. Deseoso el Rey de ver si era así, mandóle llamar, y conociendo ser verdad, preguntóle: “Dime, mancebo: ¿acuérdaste si por dicha tu madre por algún tiempo estuvo en esta mi casa?” Respondió: “Señor, mi madre no; pero mi padre sí”.

    El cuento, anécdota o chiste se encuentra, como es lógico en las colecciones de cuentos  y chistes clásicos de cualquier otro país. Así en Nouvelles récréations et joyeux devis  de Bonaventure des Périers (circa 1510-circa 1544);  en los Dreihundert gemeyner  Sprichwörter  (Trescientos refranes frecuentes)  de Johan Agrícola. Ludovico Domenichi, en su Historia varia, se lo aplica al papa Bonifacio VIII y a un peregrino.

    Así que el chiste se ha repetido durante todos los siglos desde el primero al vigésimo, como hace, por ejemplo Freud, que lo recuerda en su Jokes and their Relation to the Unconscious, que en la versión inglesa de James Strachev, Nueva York, 1963, pág. 68-69 dice:

    “Serenissimus” is touring the provinces. Seeing in the crowd a man who bears a close resemblance to himself, he inquires, “Was your mother at one time in service at the palace?” “No, your Highness”, was the reply, “but my father was”.

    "Su serenísma" estba de gira por las provincias. Al ver entre la multitud a un hombre que tenía  un gran parecido con él  mismo, le preguntó: "¿Estuvo  tu madre alguna vez en el servicio de  palacio?" "No, su Alteza", fue la respuesta, "pero mi padre sí estuvo".

    Nota: “Serenissimus” es un nombre convencional  para los personajes reales en los cuentos en Alemania.

    Incluso la historia también se conocía en la literatura oriental árabe o persa; podemos preguntarnos por ello si el origen no estará precisamente en Oriente. La referencia se encuentra en  el cuento muy similar que  Jonathan Scott  nos ofrece en la pág. 300 de su obra “Tales, anecdotes and letters translated from the Arabis and Persian”,(Cuentos, anécdotas y cartas traducidas del árabe y del persa) editado en 1800 en Londres.

    Las siguientes anécdotas son traducción de un manuscrito titulado UZZULLEAUT UBBEED ZAKKAUNEE, mencionado en la introducción.
    Habiendo oído un sultán que un hombre  de ingenio era reconocido como una persona muy parecida a él mismo, se mostró curioso por verlo y envió para que lo llevaran a la corte.  Una vez introducido a su presencia, le dijo: “Recuerdo bien a tu madre. Era una hermosa mujer que acostumbraba a atender  a los  harams (¿malos deseos, prohibidos, ?) del sultán  y a los miembros de la nobleza con sus riquezas y joyas, como una dullalla (¿vendedora?) sacando gran beneficio  de su honrosa  visita. El hombre ingenioso, comprendiendo la alusión del sultán, le contestó:  “No es así; mi madre era una mujer solitaria, que nunca dejó su casa, y nada sabía de comerciar; pero mi padre fue un extraordinario diseñador, que era llamado frecuentemente  a los jardines de palacio real y al noble harams, para diseñar, sembrar flores y plantar árboles.”  El sultán admiró su ingenio y le hizo uno de sus más íntimos cortesanos.

    THE FOLLOWING ANECDOTES ARE TRANSLATED FROM A MANUSCRIPT INTITLED  UZZULLEAUT UBBEED ZAKKAUNEE, MENTIONED IN THE ADVERTISEMENT
    A CERTAIN sultaun hearing that a man of wit was reckoned in person very like himself, was curious to see him, and sent for him to court. Upon his introduction, he said, “I remernber your mother well. She  was a handsome woman, and used to  attend the harams of the sultaun and
    nobility with rich goods and jewellery, as a dullalla,  reaping much profit from her honourable calling." The wit, understanding the sultaun's allusion, replied, " Not so; my mother was a secluded woman, who never left her house,   and knew nothing of trade; but my father was an eminent designer,  who was frequently called to  the gardens of the royal and noble  harams, to lay out, sow flowers, and plant trees." The sultaun admired his wit, and made him one of his intimate courtiers.

    Nota: dullalla  =  comerciante

    En resumen, un chiste con notable éxito temporal y geográfico.  Lo que no me aclaró el amigo, cuyo relato ha dado origen a este artículo, es si el terrateniente venezolano se tomó la respuesta del obrero con la misma deportividad que el emperador Augusto.
     

  • Biblioteca de Alejandría (y 6): La Biblia en griego de los Setenta

    En la populosa ciudad de Alejandría existió una comunidad hebrea muy numerosa. Los judíos formaban ya numerosos grupos en todo el mundo griego, hasta el punto de que muchos de ellos apenas si entendían el arameo o el hebreo.

    Los reyes grecomacedonios de Egipto, los Ptolomeos, que gobernaban desde Alejandría, mantuvieron buenas relaciones con la comunidad judía, muy influyente. Tuvieron mucha menos consideración con los egipcios autóctonos, que por cierto tampoco tenían buenas relaciones con los judíos.

    Como decía, eran muchos los judíos grecoparlantes que cada vez entendían menos el hebreo, lengua religiosa por excelencia de los judíos y el arameo que era lo que se hablaba en Judea. Esto obligó a que se fueran traduciendo los libros religiosos judíos al griego.

    Por otra parte es bien conocido el objetivo de la famosa biblioteca de Alejandría de coleccionar “todos” los libros de todas las lenguas existentes en el mundo. Así que al interés de los griegos por todos los libros del mundo, incluidos los hebreos, se unía el interés de los judíos por hacer  ver que sus leyes no eran incompatibles con el mundo helenístico.

    Estas dos circunstancias conformaron el ambiente adecuado para que un judío interesado creara siglo y medio o dos siglos después de la creación de Alejandría una versión fantástica de la traducción del Pentateuco al griego.

    Piénsese que el texto de un libro sagrado, transmitido de manera maravillosa por la divinidad, tiene un valor ritual en sí mismo y por lo tanto es reacio a ser traducido a cualquier otro idioma. Pues bien, en esta época aparece la famosa “Carta de Aristeas” que narra el proceso por el que se llevó a cabo esta traducción. Se trata de un documento muy probablemente del siglo II a.C., atribuido a un tal Aristeas, judío que se presenta como griego.

    El objetivo es sin duda enaltecer la importancia de la comunidad judía en el mundo griego y  explicar por qué fue necesario traducir los libros sagrados judíos al griego. El documento, falso evidentemente, tuvo notable fortuna en su trasmisión en el mundo antiguo y medieval.

    En síntesis nos cuenta cómo Ptolomeo II, por consejo de Demetrios de Falera, encarga a 72 hombres sabios,6 por cada una de las 12 tribus de Israel, ofrecido por el  Sumo Sacerdote de Jerusalén, Eleazar (en realidad parece empresa casi imposible encontrar 6 expertos por tribu para una traducción correcta al griego),   la primera traducción del Pentateuco al griego (probablemente existieron algunas traducciones anteriores de algunos textos judíos).  Los traductores fueron encerrados por parejas en 36 celdas aisladas. Emplearon exactamente 72 días y coincidieron absolutamente en los términos. Obsérvese cómo los 72 expertos se redondean y reducen a 70,cifra más acorde con la importancia del número 7 en la tradición semítica en general.

    Nota: sin duda la importancia del número siete está en relación con el ciclo lunar y sus fases de siete días cada una precisamente.

    Luego, esta traducción de los Setenta  (la Septuaginta) fue prontamente adoptad por los cristianos como propia.

    Leamos alguno de los fragmentos más significativos de este relato fantástico del que un somero análisis de las propias contradicciones y anacronismos revela su falsedad, asunto que no analizo en esta ocasión:

    [9] Encargado de la biblioteca del Rey, Demetrio de Fáleron, recibió grandes sumas de dinero, para reunir, de ser ello posible, todos los libros del orbe; y realizando compras y transcripciones, llevó a feliz término en el menor plazo que pudo la encomienda real. [10] Habiéndosele demandado, en mi presencia: «¿Cuántas decenas de millares de libros hay?», respondió: «Más de veinte, oh Rey; y me afano para completar en breve lo que falta para los quinientos mil. Por cierto, que se me ha anunciado además que las leyes de los judíos son dignas de transcripción y de hallarse en tu biblioteca». [11] «¿Qué es lo que te impide —dijo el Rey— realizar esta tarea, puesto que se te ha provisto de todo lo necesario?». Demetrio dijo: «Se necesita una traducción: en Judea se sirven de sus propios caracteres; tienen, del mismo modo que los egipcios, tanto una escritura como una lengua propias. Corre la fama de que utilizan el siríaco;(8) pero no es cierto, se trata de algo distinto». El Rey, después que hubo recibido noticia puntual de todo, ordenó se escribiera al sumo sacerdote de los judíos, a fin de llevar a buen término el proyecto.
    …..
    He aquí la copia del informe: [29] «Al gran Rey, de parte de Demetrio. Según tu encargo, oh Rey, con respecto a los libros que faltan para completar la biblioteca, de qué modo han de ser reunidos y de la conveniente restauración de los que fueron maltratados por azares de fortuna, tras ocuparme, y no a la ligera, de tales asuntos, vengo en someter a tu consideración el informe siguiente. [30] Faltan, junto con otros pocos, los libros de la Ley de los judíos. Se hallan escritos en letras y lengua  hebreas, traducidos  a descuido y no como conviene, al parecer de los competentes; pues no han gozado del cuidado real. [31] Preciso es que también éstos se hallen junto a ti, en una versión cuidada, por ser Ley henchida de sabiduría y muy pura, como que es divina. Por ello se han abstenido escritores, poetas y la pléyade de historiadores de hacer memoria de los antedichos libros y de los hombres que por ellos se han regido: porque su doctrina es augusta y sagrada, como sostiene Hecateo de Abdera. [32] Si te parece bien, oh Rey, se escribirá al sumo sacerdote de Jerusalén para que nos envíe hombres de vida irreprochable, Ancianos avanzados en años, expertos en la materia de sus leyes, seis por cada tribu, a fin de que, examinando el acuerdo de la mayoría y adoptando una interpretación precisa, constituyamos con evidencia una versión digna del argumento y de tus intenciones. Que seas feliz en todo».

    [35] «El Rey Ptolomeo al Sumo Sacerdote Eleazar, salud y alegría.
    ….
    Queriendo hacer algo grato a ellos, a todos los judíos del orbe y a sus descendientes, hemos decidido traducir vuestra Ley, de la lengua que llamáis hebraica, al griego, a fin de que se halle también en nuestra biblioteca, con los otros libros reales. [39] Obrarías magnánimamente y de un modo digno de nuestra solicitud si eliges hombres de vida irreprochable, Ancianos expertos en la Ley, capaces de traducirla, seis por cada tribu, de modo que se descubra el acuerdo de la mayoría, visto que la investigación versa sobre algo de altísima importancia. Pues pensamos que, cumplida esta tarea, nos reportará gran gloria.

    [41] A esta carta respondió dignamente Eleazar lo siguiente: «Eleazar, Sumo Sacerdote, saluda al Rey Ptolomeo, su amigo de corazón. Salud a ti, a la reina Arsínoe, tu hermana, y a vuestros hijos.
    ….
    [46] En presencia de todos escogimos hombres nobles, Ancianos, seis por cada tribu, a los que despachamos custodiando la Ley. Bien obrarás, oh Rey justo, tomando previsiones para que, una vez ejecutada la traducción de los libros, estos varones regresen a nosotros con seguridad. Salud».
    …..
    [121] Eleazar eligió a los mejores varones, y por su cultura excelentes, como nacidos de padres prestigiosos, en posesión no sólo de las letras judías; antes bien, se habían dedicado, asimismo, y no a la ligera, a la instrucción helénica;
    ….
    [301] Después de tres días, Demetrio los tomó consigo, y tras recorrer el dique de mar de siete estadios hasta la isla [de Faros], cruzó el puente y, avanzando hacia la parte norte, les congregó en una mansión bien dispuesta junto a la playa, de gran belleza, e inmersa en una paz profunda; y les exhortó a llevar a término la traducción, pues que estaban bien provistos de todo lo que precisaran. [302] Y la ejecutaron, poniéndose de acuerdo mediante confrontaciones entre ellos acerca de cada punto; el resultado quedaba fijado oportunamente por escrito, a cargo de Demetrio. [303] Hasta la hora nona se prolongaba la sesión; después se separaban para dedicarse a los cuidados del cuerpo, facilitándoseles con espléndida provisión cuanto pudieran desear.
    ……
    [307] Tal como lo he dicho, cada día, congregados en este lugar, que hacían tan deleitoso la calma y luminosidad, llevaban a cabo la tarea fijada. Y acaeció que la traducción fue completada en setenta y dos días, como si hubiese sucedido por una suerte de premeditación. [308] Cuando se llegó al cumplimiento, reunió Demetrio a la comunidad de los judíos  en aquel lugar donde la traducción había sido realizada, y se la leyó a todos, en presencia de los Traductores, que se granjearon una recepción magnífica también por parte del pueblo, como responsables de magníficos bienes. [309] Tal acogieron a Demetrio también, exhortándole a entregar a los rectores de su comunidad una copia de toda la Ley. [310] Después de leídos los rollos, en pie los sacerdotes y los Ancianos de los Traductores y los rectores del común proclamaron: «Puesto que ha sido traducida hermosamente y con piedad, y con exactitud plena, bien está que permanezca como ella es y que no se produzca la menor alteración». [311] Todos aclamaron tales dichos y les exhortaron a lanzar una maldición, según es usanza entre ellos, contra cualquiera que alterase, añadiendo, modificando o suprimiendo, el tenor de lo escrito; bien obraron, a fin de que fuera preservado incólume perpetuamente.
    [312] Comunicadas al Rey estas nuevas, se alegró grandemente; pues reputó que la intención que había tenido se había realizado a satisfacción. Una vez que todo le fue leído, admiró en extremo la sabiduría del legislador y preguntó a Demetrio: «¿Cómo es que, con una perfección semejante, acaeció que jamás ningún historiador o poeta hiciera de ella memoria?». [313] Aquél le dijo: «Porque la Ley es sagrada y de Dios procede; algunos que lo intentaron, heridos por la mano de Dios, renunciaron al intento». [314] Y le dijo haber oído contar a Teopompo  que cuando estaba a punto de insertar en sus Historias ciertos pasajes traducidos de la Ley de un modo asaz imprudente, sufrió una perturbación de la mente durante más de treinta días; en una tregua imploró a Dios que le revelara cuál era la causa de su infortunio. [315] Habiéndosele manifestado en sueños que el haber querido insensatamente comunicar las cosas divinas a los profanos, renunció a ello y recobró la salud. [316] «Y del propio Teodecto, el poeta trágico, he escuchado yo mismo que, en el punto de introducir algo de la Biblia  en un drama suyo, sus ojos sufrieron un glaucoma; como sospechase que por esta razón le sobrevino la desgracia, invocando a Dios se curó, al cabo de muchos días».

    Es muy interesante la versión del obispo Epifanio(circa 310-403), básicamente coincidente, con alguna aportación, que evito reproducir en su integridad. Quien tenga interés puede localizar el texto de Epifanio en la red, si bien en inglés; no conozco versión al castellano. Puede encontrarlo por ejemplo en http://www.tertullian.org/fathers/epiphanius_weights_03_text.htm#C2

    Epifanio de Salamis o de Salamina:  De mensuris et ponderibus, 9:

      …Y los primeros traductores  de 80 de las divinas Escrituras del hebreo al griego eran setenta y dos hombres en número , los que hicieron la primera traducción en los días de Ptolomeo Filadelfo . Ellos fueron escogidos de las doce tribus de Israel, seis hombres de cada tribu , como Aristeas ha transmitido en su work.81 Y sus nombres son los siguientes: 82 en primer lugar, de la tribu de Rubén, Josefo , Ezequías , Zacarías , Johanán , …
    Estos son los nombres , como ya hemos dicho, de las setenta y dos traductores .

    Y sigue con el relato…

    Tambén Flavio Josefo, el historiador judío que escribió en griego, cuya obra conservaron los romanos, también cuenta tan interesante cuestión en sus Antiguedades Judias, Lib. 12, 2, 1 ss:

    “Alejandro reinó durante doce años, y después de  él Ptolomeo Sóter durante  cuarenta. Después  subió  al trono de Egipto Filadelfo, que reinó durante treinta y nueve años; éste mandó  traducir la ley judía y liberó  de la esclavitud a ciento veinte mil  judíos.
    Demetrio de Faleras, director  de la biblioteca del rey, pretendía  reunir todos los libros del mundo si era posible, comprando todos los escritos que fueran famosos o fueran dignos de estudio o de interés; imitaba  en esto  al propio rey que era también muy aficionado a los libros.
    Un día le preguntó Ptolomeo cuántos miles de libros había reunido ya; le respondió que tenía ya cerca de doscientos mil, y  que dentro de poco llegaría a los quinientos mil. Añadió que se le había informado que  los judíos tenían  varios libros con sus leyes dignos de estudio y de la biblioteca regia; pero que  estaban  escritos con unas letras e idioma propios de ellos y que supondría un gran esfuerzo su traducción al griego”.

    Y sigue relatándonos el episodio de Aristeas, que evito al lector por estar básicamente narrado ya.

    Esta apología y encomio de la milagrosa y fantástica traducción  fue compartida por los primeros padres cristianos que la encontraron compatible con la tradición cristiana y es el asunto central cuando hablan de la Biblioteca de Alejandría y de los libros en general..

    Así además de los citados, Tertuliano en Apologético, 18,5:

    “El más erudito de los Ptolomeos, a quien llaman Filadelfo, expertísimo en todo tipo de literatura, creo que competía  con Pisístrato en la afición a las bibliotecas, entre otros  documentos históricos, cuya antigüedad o algún interés curioso  exigía su conservación,  por consejo de Demetrio de Falero,  el más considerado de los gramáticos de entonces,  al que había encargado la dirección (de la biblioteca), solicitó libros también a los judíos, que ellos solos tenían en sus propias y antiguas letras”.

    (y sigue comentando el párrafo de la Carta de Aristeas).

    [5] Ptolemaeorum eruditissimus, quem Philadelphum supernominant, et omnis litteraturae sagacissimus, cum studio bibliothecarum Pisistratum, opinor, aemularetur, inter cetera memoriarum, quibus aut vetustas aut curiositas aliqua ad famam patrocinabatur, ex suggestu Demetri<i> Phalerei, grammaticorum tunc probatissimi, cui praefecturam mandaverat, libros a Iudaeis quoque postulavit, proprias atque vernaculas litteras, quas soli habebant

    Pero San Jerónimo, que traduce directamente del hebreo que conoce,  es crítico con la versión de los LXX y así, por ejemplo, en la carta XXXIV (a Marcela) rechaza la traducción que los LXX hacen de "Pan de aflicción"  por l "Pan de los ídolos", así como otros casos.

    Naturalmente, la científica Filología choca con la intransigente permanencia de los “textos sagrados”, a fin de cuentas obra de hombres.

    Un resumen tardío de todo ello lo encontramos en San Isidoro en sus Etimologías, VI, 3 y 4:, capítulos titulados  De bibliothecisDe interpretibus respectivamente:

    Libro VI. Sobre las bibliotecas, 3, 5

    Luego Alejandro Magno y sus sucesores se aplicaron  con toda  su alma  en dotar a las bibliotecas de todos los libros. Sobre todo  Ptolomeo, de sobrenombre Filadelfo, el mejor conocedor de toda la literatura, tratando de emular a Pisístrato en su afición por las bibliotecas, dotó a su biblioteca no sólo de los escritos de los gentiles, sino también de las Sagradas Escrituras. Así pues, en su época se encontraban en Alejandría setenta mil libros.

    Lib. VI, cap. 3, 5: (De bibliothecis)
    Dehinc magnus Alexander, vel succesores eius instruendis ómnium librorum bibliothecis animam intenderunt, maxime Ptolomeus cognomento Philadelphus omnis litteraturae sagacissimus, cum studio bibliothecarum Pisistratum aemularetur, non solum gentium scripturas, sed etiam et divinas literas in bibliothecam suam contulit. Nam septuaginta milia librorum huius temproibus Alexandriae inventa sunt.

    Libro VI, cap. 4, 1-5  Sobre los intérpretes

    1. Este (Ptolomeo Filadelfo) pidió también al sagrado pontífice Eleazar las escrituras del Antiguo Testamento y se ocupó de que se tradujeran de la lengua hebrea a la griega por obra de setenta intérpretes, y las guardó en la biblioteca alejandrina.
    2. Pues bien, separados de uno en uno en celdas individuales, interpretaron por obra del Espíritu Santo todos los textos de tal manera que no se encontró en el cuaderno de ninguno de ellos algo que no estuviera en los otros o discrepara incluso en el orden de las palabras.
    3. Hubo también otros intérpretes que tradujeron de lalengua Hebrea a la griega las Sagradas Escrituras , como  Aquila, Símmaco y Teodoción; asi como también  existe aquella  traducción Vulgar (en lengua vulgar, en latín), cuyo autor no se conoce, y que por esto, se le llama Quinta Edición, sin nombre  de intérprete.
    4. Además, Orígenes, en un trabajo admirable, realizó una sexta y una séptima edición, que comparó  con las otras ediciones.
    5. También el presbítero Jerónimo, experto en las tres lenguas, tradujo del hebreo a la lengua latina  esas mismas Escrituras y las trasladó con gran perfección. Con todo merecimiento se antepone la  traducción de este intérprete a las demás, porque es no sólo la  más precisa  en las palabras, sino también la más clara en la comprensión de  las frases.

    Cap. 4 (De interpretibus).:

    1. Hic etiam ab Eleazaro sacro pontífice petens scripturas veteris testamenti, in Graecam vocem ex Hebraica lingua per septuaginta interpretes transferre curavit, quas in Alexandrina biblioteca habuit.
    2. Siquidem singuli in singulis cellis separati ita omnia per Spiritum sanctum interpretati sunt, ut nihil in alicuius eorum codice inventum esset, quod in ceteris vel in verborum ordine discreparet.
    3. Fuerunt et alii interpretes, qui ex Hebraica lingua in Graecam sacra eloquia transtulerunt, sicut Aquila, Symmachus et Theodotion, sicut etiam Vulgaris illa interpretation, cuius auctor non apparet et ob hoc sine nomine interpretis Quinta edition nuncupatur.
    4. Praeterea sextam et septimam editionem Origenes miro labore reperit, et cum caeteris editionibus comparavit.
    5.  Presbyter quoque Hieronymus trium linguarum peritus ex Hebraeo in Latinum eloquium easdem scrpturas convertit, eloquenterque transfudit. Cuis interpretati merito caeteris antgefertur. Nam est et verborum tenacior, et perspicuitate sententiae clarior.

    En todo caso no todos los judíos celebraron la traducción del Pentateuco al griego. Algunos  consideraron poco adecuado, cuando no sacrílego, compartir el mensaje sagrado de una lengua sagrada con todos cuantos gentiles o judíos hablasen griego.

    Filón de Alejandría (vivió aproximadamente del 15 a.C. al 50 d.C.),  cuenta cómo en su época se celebraba cada año en la isla de Faros una fiesta para conmemorar esta traducción. Pero no todos recordaban el hecho con la misma alegría; el Talmud lo recuerda como «día de ayuno y duelo, para expiar el pecado cometido al divulgar la Torah en la lengua de los Goyim (naciones extranjeras)»

    Y en la crónica  “Megillat Ta'anit”  escrita en arameo, podemos leer:

    “En el octavo (V), el siete de Tebet (diciembre-enero) se escribió la ley en griego en los días del rey Ptolomeo, y las tinieblas cayeron sobre el mundo durante tres días”.

    Así que no deja de ser curioso que los judíos rechacen la traducción y sean los cristianos posteriores los que la acojan sin reservas.

    Es evidente que la traducción expropiaba al Antiguo Testamento como propiedad exclusiva de los judíos a la vez que era la prueba evidente de la división de los judíos entre los que hablaban hebreo o arameo y los que sólo hablaban griego.

    Los santos padres y escritores cristianos Justino, Ireneo de Lión, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Julio el Africano, Eusebio, Hilario de Poitiers, Cirilo de Jerusalén, Ambrosio van preparando la leyenda que Epifanio, obispo de Salamina en Chipre  (310-403) construye por completo: la traducción es obra de la inspiración divina.

    Luego, cuando Roma es omnipresente y casi omnipotente, la biblia hubo de ser traducida al latín y así lo hace San Jerónimo con la llamada “La Vulgata”  porque el latín es la lengua del vulgo, del pueblo, frente al griego, lengua erudita.

    A su vez, de la Vulgata proceden otras muchas traducciones a lenguas europeas modernas, que tardaron en producirse por la razón antes aducida de la tendencia de los textos sagrados a su permanencia e inalterabilidad y a mantenerse como textos rituales que no han de estar al alcance de todos los mortales. Este es otro tema, pero recordemos el episodio referente a San Luis de León que sufrió persecución por traducir libros de la biblia o a Lutero, que la tradujo por primera vez al alemán para ponerla a disposición de los fieles y de paso reafirmar con un importante documento escrito la lengua alemana.
     

  • Biblioteca de Alejandría (5) ¿Desapareció la Biblioteca de Alejandría en un grandioso incendio?

    Según la tradición mil veces repetida, la famosa Biblioteca de Alejandría desapareció en un grandioso incendio. Parece ser este el trágico final al que tarde o temprano están condenadas todas las bibliotecas.

    Pero el asunto de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría ha generado gran controversia entre los autores modernos, que analizan las fuentes, en gran parte confusas.

    Desde luego no es ninguna operación gloriosa para nadie destruir una biblioteca; así que nadie lo reivindica. Pero probablemente la causa mayor fue la decadencia y desidia cultural que fue invadiendo el mundo antiguo desde el siglo V, aunque también las guerras y los enfrentamientos ideológicos entre cristianos y paganos.

    Son numerosos los textos que hacen referencia a la destrucción de la  Biblioteca, en general de cuestionable valor histórico  por la lejanía de los hechos que narran y por ser en ocasiones meras reproducciones y contaminaciones de unos y de otros; incluso algunos son contradictorios entre sí. En todo caso puede ser interesante reproducir algunos porque son expresión de la atención que al asunto se concedió en la propia antigüedad.

    Hay dos cuestiones previas que conviene dejar claras. En primer lugar no existe un edificio exento y grandioso como lugar en el que se coleccionan, almacenas y se leen los libros como las grandes bibliotecas actuales. La palabra “biblioteca” procede de la latina  bibliothēca, y esta de la griega βιβλιοθήκη, compuesta de βιβλίον ,biblíon, libro y θήκη théke, que significa “caja, depósito, receptáculo, armario…”.  βιβλίον  o βίβλος también significa corteza u hoja de papiro, soporte que se utilizaba para escribir sobre él, de donde procede el significado de “libro, escrito, documento, carta…”. Así que en realidad “biblioteca” designa a las estanterías o anaqueles en los que se colocan los volúmenes.

    En segundo lugar en Alejandría en realidad había dos bibliotecas, la conocida como “la biblioteca real” (propiedad real; el escritor hebreo Aristeas los llama “libros regios” o “libros del rey” (Carta de Aristeas, 38))  o gran biblioteca (  μεγάλη  βιβλιοθήκη , de μέγας, megas, grande), que formaba parte del complejo del palacio y del Museo, sin edificio propio, en el barrio del Bruqión (en realidad el palacio, que era una fortaleza,  ocupaba todo el barrio);   y la biblioteca anexa al  Serapeion , en el barrio de Rakhotis a la que algunas fuentes, como el obispo Epifanio, del siglo IV,  la llaman “hija” de la otra más grande.

    De acuerdo con los textos las bibliotecas de Alejandría sufrieron varios percances e incendios a lo largo de la historia.

    Probablemente el incendio más famoso y conocido es el que se produjo en el año 48 o 47 a.C., en la guerra de César con Ptolomeo XIII, en el que se quemaron un buen número de libros o volúmenes, sin que pueda afirmarse que sean libros de la Biblioteca que estaba en el Museum. Como el incendio se produjo en los almacenes de los muelles del puerto, se considera que se trataba de paquetes de libros o rollos preparados para la exportación, actividad muy importante en Alejandría.

    Los hechos parece ser que ocurrieron así:  César quiso mediar en el conflicto entre los hermanos hijos de Ptolomeo Auletes, entre Cleopatra y PTolomeo XIII. Durante la celebración de un festín en palacio, el general Aquila y el tutor del rey Potino intentaron un atentado contra César que fue descubierto. Aquila consiguió escapar y preparar la insurrección de Alejandría, en la que César se sintió acorralado en el palacio. Fue entonces cuando los hombres de César quemaron las naves de Ptolomeo para romper el cerco por mar. De los barcos el incendio se propagó a los almacenes y de allí a parte de la ciudad. Acabada la guerra, que ganó César, colocó en el trono a Cleopatra y su otro hermano Ptolomeo xiv como su marido.

    Nos dice Plutarco (entre ca. 46 y el 120) en  Vida de Julio César, 49,6:

    Interceptaron después la escuadra y (César) tuvo que  superar este peligro provocando  un incendio,  que luego se propagó desde los almacenes  a la gran biblioteca y la consumió.

    Y Aulo Gelio, que nació hacia el año 130), el mismo que nos dice que tenía 700.000 (en algunos manuscritos leemos 70.000) volúmenes,  nos dice también que desaparecieron en un incendio con ocasión de la guerra de César, aunque ocurrió por accidente, cargándolo además a las tropas auxiliares:

    Gelio, Noct. Attic. VII, 17,3:

    pero todos ellos (los libros)  fueron quemados en la primera guerra Alejandrina por las tropas auxiliares, mientras se conquistaba la ciudad, no espontánea ni premeditadamente, sino casualmente.

    sed ea omnia bello priore Alexandrino, dum diripitur ea civitas, non sponte neque opera consulta, sed a militibus forte auxiliaris incensa sunt.

    Pero el poeta Lucano, que se entretiene un poco en describir el incendio como buen poeta, nos dice en su Bellum Civile (o Farsalia) , X, 486-505, que fue César quien ordenó incendiar las naves:

    Se atacan también con las naves las dependencias reales, por donde se proyecta en medio de las aguas la lujosa mansión con un soberbio dique. Pero en todas partes está César defendiendo: estos accesos los defiende con la espada, estos otros con el fuego, y siendo atacado lleva a cabo el trabajo de un atacante. ¡Tan grande es la firmeza de su mente! Ordena que se arrojen antorchas empapadas en viscosa pez a las velas de las naves amarradas juntas; y no era lento el fuego en las maromas de estopa ni en las tablas chorreando cera, y al mismo tiempo ardieron los bancos de los remeros y las altas maromas. Ya las naves semiquemadas se hunden en las aguas y ya flotan los enemigos y sus dardos. Pero el incendio no cayó solo en las naves, sino que los edificios al lado del mar acogieron el fuego con sus grandes llamaradas y los Notos (viento) favorecieron el desastre, y la llama,empujada por el torbellino se propagó por las casas con un movimiento no distinto del que acostumbra el sol a deslizarse en el surco celeste aun careciendo de materia pero ardiendo con el solo aire. Aquella desgracia apartó un poco del palacio cerrado a las gentes para (ir) en auxilio de la ciudad.

    nec non et ratibus temptatur regia, qua se
    protulit in medios audaci margine fluctus
    luxuriosa domus. sed adest defensor ubique
    Caesar et hos aditus gladiis, hos ignibus arcet,
    obsessusque gerit, tanta est constantia mentis,                  490
    expugnantis opus. piceo iubet unguine tinctas
    lampadas inmitti iunctis in uela carinis;
    nec piger ignis erat per stuppea uincula perque
    manantis cera tabulas, et tempore eodem
    transtraque nautarum summique arsere ceruchi.                  495
    iam prope semustae merguntur in aequora classes,
    iamque hostes et tela natant. nec puppibus ignis
    incubuit solis; sed quae uicina fuere
    tecta mari longis rapuere uaporibus ignem,
    et cladem fouere Noti, percussaque flamma                  500
    turbine non alio motu per tecta cucurrit
    quam solet aetherio lampas decurrere sulco
    materiaque carens atque ardens aere solo.
    illa lues paulum clausa reuocauit ab aula
    urbis in auxilium populos.

    Amiano Marcelino ( 325/330–después de 391) , Historias, XXII, 16, 12  también da la cifra de 700.000  volúmenes quemados en esta guerra:

    Se suman a estos los templos orgullosos de sus altos tejado, entre los que sobresale el Serapeo,  para el que no hay palabras adecuadas, magnífico con sus atrios de columnas, y con estatuas de retratos que casi respiran y que está hasta tal punto adornada por la cantidad de obras, que, después del Capitolio, con el que la venerable Roma se alza para la eternidad, nada más ambicioso se puede ver en el orbe de las tierras. En este estuvieron bibliotecas sin precio; la información que nos habla de los monumentos antiguos dice que en la guerra de Alejandría, mientras se conquistaba la ciudad por el dictador César, ardieron setecientos mil volúmenes, recopiladas por los reyes Ptolomeos con su vigilante atención.

    His accedunt altis sufflata fastigiis templa, inter quae eminet Serapeum, quod licet minuatur exilitate verborum, atriis tamen columnatis amplissimus, et spirantibus signorum figmentis, et reliqua operum multitudine ita est exornatum, ut post Capitolium, quo se venerabilis Roma in aeternum attollit, nihil orbis terrarum ambitiosius cernat.   In quo bybliothecae fuerunt inaestimabiles: et loquitur monumentorum veterum concinens fides, septingenta voluminum milia, Ptolomaeis regibus vigiliis intentis composita, bello Alexandrino, dum diripitur civitas, sub dictatore Caesare conflagrasse.

    Tanto Dion Casio como Orosio y Lucano, las fuentes más extensas, parece que  se basan en Tito Livio.

    Dión Casio (155 – después del 235) , Historia romana, XLII, 38, 2.

    Después de esto se produjeron muchas batallas entre las dos fuerzas, tanto de día como de noche, con el resultado de que fueron quemados los muelles y los almacenes de grano entre otros edificios, y también la biblioteca, de la que se dice que sus volúmenes eran los más numerosos y de gran calidad. Aquilas dominaba la parte continental, excepto lo que César tenía amurallado, y  el mar excepto el puerto.

    Este mismo Díon Casio también nos refiere en  LXXVIII,7  la loca amenaza de Caracalla de quemar el Museo para vengar a Alejandro Magno, al que según él había mandado envenenar Aristóteles. Caracalla era un loco entusiasta de Alejandro.

    Mostró un odio amargo hacia los filósofos llamados aristotélicos en todos los sentidos, incluso yendo tan lejos como para desear quemar sus libros; en concreto les suprimió en Alejandría los comedores comunes y todos los privilegios de que gozaban. El agravio contra ellos venía porque se suponía que Aristóteles había estado interesado en la muerte de Alejandro. Este fue su comportamiento en estos asuntos; incluso hizo más, se hizo con numerosos elefantes de manera que parecía que estaba imitando a Alejandro, o tal vez mejor, a Dionisos.

    Seneca (4-65), sin duda más ajustado en el número y todavía fantasioso sin duda,  nos dice en De tranquillitate animi, 9,9,4 y ss.

    En Alejandría ardieron cuarenta mil libros. Alguno alabó este monumento a la opulencia de los reyes, como T.Livio, que dijo que esta egregia obra fue fruto de la elegancia y preocupaión de los reyes.

    Quadraginta milia librorum Alexandriae arserunt ;  pulcherrimum regiae opulentiae monimentum alius laudaverit, sicut T. Livius, qui elegantiae regum curaeque egregium id opus ait fuisse.

    Obsérvese que Séneca aduce la fuente de Livio.

     Orosio (c.383-c.420), Historias contra los paganos, VI, 15, 31. dice cuatrocientos mil (cero más cero menos…)

    En la misma batalla se ordenó que se quemase la flota real, que casualmente estaba atracada. Las llamas, que alcanzaron también parte de la ciudad, quemaron cuatrocientos mil libros que casualmente estaban almacenados en un edificio cercano. En verdad que era un monumento especial fruto del celo e interés de nuestros antepasados que habían reunido tantas y tan grandes obras de mentes tan ilustres. Por ello, aunque todavía hoy queden en los templos, que también nosotros hemos  visto, los armarios de los libros, y se nos recuerde  que fueron vaciados en nuestro tiempo por nuestros hombres, lo que ciertamente es verdad, sin embargo se cree que con más acierto  se buscaron otros libros, que hubo quienes imitaron el antiguo interés por los estudios, y que hubo entonces otra biblioteca además de la de los cuatrocientos mil libros que por eso se escapó (de la destrucción)

    in ipso proelio regia classis forte subducta iubetur incendi. ea flamma cum partem quoque urbis inuasisset, quadringenta milia librorum proximis forte aedibus condita exussit, singulare profecto monumentum studii curaeque maiorum, qui tot tantaque inlustrium ingeniorum opera congesserant. unde quamlibet hodieque in templis extent, quae et nos uidimus, armaria librorum, quibus direptis exinanita ea a nostris hominibus nostris temporibus memorent – quod quidem uerum est -, tamen honestius creditur alios libros fuisse quaesitos, qui pristinas studiorum curas aemularentur, quam aliam ullam tunc fuisse bibliothecam, quae extra quadringenta milia librorum fuisse ac per hoc euasisse credatur.

    Es interesante que varios autores, que coinciden en dar la cifra de 40.000 volúmenes quemados, como Séneca, Orosio,  Lucano, parecen depender del texto de Livio que  se ha perdido, pero el contenido se conserva en  Floro: Epítome de Tito Livio, II, 13, 59:

    “Y en primer lugar alejó los proyectiles de los enemigos atacantes con el incendio de los edificios próximos y de los almacenes navales”.

    ac primum proximorum aedificorum atque navalium incendio infestorum hostium tela submovit”

    Así que a Livio se deberían los detalles de quema de los arsenales o almacenes del puerto, quema de rollos que eran mercancía en el puerto y estaban allí por casualidad; no eran, pues, libros del Museo; también sería de Livio la referencia a que el incendio apartó a los enemigos de palacio y permitió la defensa del pueblo que acudió (Lucano)

    Así que el incendio del año 48 a. C. por las tropas de Julio Cesar quizás no fue tan grave como reflejan algunas fuentes: se trataba de mercancías que por casualidad estaban en los almacenes del puerto destinadas sin duda al mercado exterior (algunos intérpretes modernos han interpretado que tal vez el destino fuera Roma, donde los ricos creaban sus aparatosas bibliotecas, como cuenta Séneca). Es la interpretación más coherente con los textos:

    Luego, más tarde, en el enfrentamiento entre Octavio y Marco Antonio se hizo correr el rumor interesado de que Marco Antonio intentó reparar el daño del incendio ocasionado por César, reglando a Cleopatra 200.000 volúmenes de la Biblioteca de Pérgamo;  en realidad es una calumnia, entre otras,  para desacreditar al ignorante Marco Antonio. Nos dice Plutarco en Vida de Antonio, LVIII:

    “…y Calvisio, amigo de César, añadió, como crímenes de Antonio en sus amores con Cleopatra, los siguientes: que había cedido y donado a ésta la biblioteca de Pérgamo, en la que había doscientos mil volúmenes simples;”

    porque poco después al comienzo del cap. LIX  el propio Plutarco nos dice:

    “Pero se cree que la mayor parte de estas inculpaciones habían sido inventadas por Calvisio”.

    En fin, no deja de ser curioso que César que se refiere a esta guerra en su  Guerra Civil, III, 111. no mencione el incendio de la Biblioteca o de cierta cantidad de libros, del que lógicamente no se sentiría muy orgulloso.

    Como decía al principio, parece que el fatídico final de toda biblioteca es un incendio, que a veces se intenta paliar con medidas de reconstrucción. Así, según Suetonio, también Domiciano colaboró en la reposición de obras de la Biblioteca de Alejandría:

    Suetonio (c.70-126), Domi. 20, 1

    Al principio de su mandato descuidó los estudios liberales, aunque con grandes gastos se preocupó de reparar las bibliotecas afectadas por el incendio, buscó por todas partes los ejemplares (perdidos) y envió a Alejandría a quienes los copiaran y corrigieran.

    Liberalia studia imperii initio neglexit, quanquam bibliothecas incendio absumptas impensissime reparare curasset, exemplaribus undique petitis missisque Alexandream qui describerent emendarentque.

    El golpe más duro a la Biblioteca pudo tener lugar en el siglo III, cuando   Aureliano, en el año 272 d.C. durante su guerra con Zenobia, la reina de Palmira, arrasó la ciudad y destruyó el Bruquión, en donde se encontraba la Biblioteca  . Amiano nos dice en XXII,16,15:

    Pero Alejandría,no poco a poco  como otras ciudades, sino desde el principio fue adornada con espaciosos bulevares. Pero destrozada muchas veces por peleas internas, finalmente, después de muchos años, siendo emperador Aureliano, drivadas las querellas intestinas en luchas mortales y destruidas sus murallas, perdió la mayor parte de su territorio, que se llamaba el Bruqión, el domicilio durante muchos años de las personas más importantes.

    Sed Alexandria ipsa non sensim, ut aliae urbes, sed inter initia prima aucta per spatiosos ambitus, internisque seditionibus diu aspere fatigata, ad ultimum multis post annis Aureliano imperium agente, civilibus iurgiis ad certamina interneciva prolapsis dirutisque moenibus amisit regionis maximam partem, quae Bruchion appellabatur, diuturnum praestantium hominum domicilium.

    En época de Diocleciano, en el año 296, la ciudad fue otra vez saqueada al reprimir una sublevación.
    Desde luego la Biblioteca alojada en el Serapeion debió sufrir un golpe definitivo en el año 391 cuando Teodosio ordena la destrucción de los templos pagano y el patriarca Teófilo los cierra en Alejandría y muchos sabios abandonan  la ciudad de la ciencia y la cultura. Desde la época de Teodosio la Biblioteca se iría degradando poco a poco y los libros desapareciendo.

    En el año 415  tiene lugar el asesinato por los cristianos de la hija de Teón, Hipatia, filósofa, musicóloga, matemática que estudió las curvas cónicas, astrónoma, en el marco de la decadencia del paganismo y de las luchas internas de grupos cristianos.

    El cristiano Orosio  visitó Alejandría precisamente el año 415 y recoge en su obra la destrucción de la biblioteca o de lo que de ella quedase por  los cristianos como más arriba hemos citado.

    Por ello, aunque todavía hoy queden en los templos, que también nosotros hemos  visto, los armarios de los libros, y se nos recuerde  que fueron vaciados en nuestro tiempo por nuestros hombres, lo que ciertamente es verdad, sin embargo se cree que con más acierto  se buscaron otros libros, que hubo quienes imitaron el antiguo interés por los estudios, y que hubo entonces otra biblioteca además de la de los cuatrocientos mil libros que por eso se escapó (de la destrucción)

    unde quamlibet hodieque in templis extent, quae et nos uidimus, armaria librorum, quibus direptis exinanita ea a nostris hominibus nostris temporibus memorent – quod quidem uerum est -, tamen honestius creditur alios libros fuisse quaesitos, qui pristinas studiorum curas aemularentur, quam aliam ullam tunc fuisse bibliothecam, quae extra quadringenta milia librorum fuisse ac per hoc euasisse credatur.

    Entre otras cosas, los libros habrían cambiado de forma, ahora pergaminos y no rollos de papiro copiados con muchos errores porque el griego se iba olvidando.

    El siglo IV desde luego fue un mal siglo para las bibliotecas, que fueron desapareciendo, algunas destruidas por guerras o incendios y otras simplemente cerradas por la desidia cultural que se va extendiendo.

    Amiano, varias veces citado,  ((325/330–after 391) (lo que se conserva de su obra se refiere a lo ocurrido entre los años 353 y 378), como nos recuerda Luciano Cánfora,  dice en XIV,6, 18:
                    
    (bibliotecas) cerradas como tumbas para toda la eternidad”

    Siendo esta la situación, las pocas casas antes famosas por el afán serio de los estudios, ahora están repletas de las bromas de una vergonzosa indolencia, resonando con el sonido de las canciones y con el tintineo aéreo de las flautas. Así en lugar del filósofo se busca al cantor y en lugar del orador al profesor de juegos, y con las bibliotecas cerradas para siempre como sepulcros, se fabrican grandes órganos hidráulicos y liras tan grandes como carros, y pesadas flautas e instrumentos para las pantomimas de los payasos.

    Quod cum ita sit, paucae domus studiorum seriis cultibus antea celebratae, nunc ludibriis ignaviae torpentis 1 exundant, vocabili sonu, perflabili tinnitu fidium resultantes. Denique pro philosopho cantor, et in locum oratoris doctor artium ludicrarum accitur, et bibliothecis sepulcrorum ritu in perpetuum clausis, organa fabricantur hydraulica, et lyrae ad speciem 2 carpentorum ingentes, tibiaeque et histrionici gestus instrumenta non levia.

    Así ocurrió en Alejandría, Pérgamo, Antioquía, Roma, Atenas, Bizancio.

    En época árabe la Biblioteca habría dejado de existir, pero los árabes conocieron muchas obras griegas, porque algunas de ellas fueron conocidas en el Occidente medieval a través de traducciones al árabe y luego del árabe al latín. En la España de entonces se hicieron algunas, en la famosa Escuela de Traductores de Toledo entre otros lugares.

    Sólo se conservó lo que se guardó en los monasterios y conventos…

    En todo caso  no deja de ser interesante y curioso el episodio y la frase atribuidos al califa Omar, que estaba en Constantinopla, que gobernó entre el 634 y 644, y contestó a la pregunta que le hizo Amr ibn al-As, conquistador de la ciudad de Alejandría en el año 642, sobre el destino de los libros de la Biblioteca.

    Se hace referencia  a este episodio en Eutiquio, Anales, II (pág. 316 de la edición de Pococke). El núcleo del diálogo está en el libro de Ibn al-Quifti “Ta’rikh al-Hukama (La Crónica de hombres sabios), del siglo XIII

    El conquistador preguntó al califa ante la cuestión que le planteó Juan Filopón, conocido como el "Infatigable", comentarista de Aristóteles, qué debía hacer con los libros de la biblioteca.  El episodio, ficticio sin duda, circuló ampliamente por oriente e incluso  ha perdurado  hasta tiempos recientes entre los coptos egipcios,  sin fundamento racional e histórico alguno .  El califa contestó:

    “Si la Biblioteca  no contiene más que lo que hay en el Corán, es inútil y debe ser quemada; si contiene algo más que el Corán, entonces es mala y también hay que quemarla”.

    Reproduzco la traducción al latín que en 1650 hace Pococke de la obra de Bar Hebraeus, también conocido como Abu’l Faraj, que escribió en Siriaco su Chronicum Syriacum,  en el siglo XIII.

    Por lo tanto, después de haber escrito una carta a Omar, le comunicó lo que había dicho  Juan, y se le trajo a él mismo una carta  de Omar, en la que (Omar) escribió: "En cuanto a  los libros de los que me has hecho  mención: si en ellos se contiene lo que está de acuerdo con el libro de Dios, en el libro de Dios está lo que es suficiente  sin ellos, pero si  en ellos está lo que repugna al libro de Dios, de ninguna manera nos es necesario y en consecuencia ordena que sea quitado de en medio. Por tanto, Amr ibn al-As ordenó que se repartieran por  los baños de Alejandría, y se quemaran para calentarlos;  así fueron consumidos durante el espacio de un semestre. Escucha lo que se hizo, y maravíllate.

    Scriptis ergo ad Omarum literis, notum ei fecit, quid dixisset Johannes, perlataeque sunt ad ipsum ab Omaro literae, in quibus scripsit,  “Quod ad libros quorum mentionem fecisti: si in illis contineatur, quod cum libro Dei conveniat, in libro Dei [est] quod sufficiat absque illo; quod si in illis fuerit quod libro Dei repugnet, neutiquam est eo [nobis] opus, jube igitur e medio tolli.”    Jussit ergo Amrus Ebno’lAs dispergi eos per balnea Alexandriae, atque illis calefaciendis comburi;  ita spatio semestri consumpti sunt. Audi quid factum fuerit et mirare.

    Lo curiosos es que esta frase no es sino una copia de lo dicho dos siglos y medio antes por San Agustín en su obra “Sobre la doctrina cristiana, Libro II, cap. XLII,63:

    Comparación de la Sagrada Escritura con los libros profanos

     Así como es mucho menor la riqueza del oro, de la plata y de los vestidos que el pueblo de Israel sacó de Egipto, en comparación de los bienes que después consiguió en Jerusalén, lo que de un modo especial se manifestó en el reinado de Salomón, así también es mucho menor toda la ciencia recogida de los libros paganos, aunque sea útil, si se compara con la ciencia de las Escrituras divinas. Porque todo lo que el hombre hubiese aprendido fuera de ellas, si es nocivo, en ellas se condena; si útil, en ellas se encuentra. Y si cada uno encuentra allí cuanto de útil aprendió en otra parte, con mucha más abundancia encontrará allí lo que de ningún modo se aprende en otro lugar, sino únicamente en la admirable sublimidad y sencillez de las divinas Escrituras. No siendo ya un obstáculo los signos desconocidos para el lector dotado de esta instrucción, manso y humilde de corazón, sometido con suavidad al yugo de Cristo y cargado con peso ligero, fundado y afianzado y formado en la caridad, a quien no puede ya hinchar la ciencia, acérquese a considerar y discutir los signos ambiguos que en las Escrituras se hallan, sobre los cuales me propongo hablar en el libro tercero lo que Dios se digne concederme. (Traducción: Balbino Martín Pérez, OSA)

    Sacrae Scripturae cum profana scientia comparatio.
    42. 63. Quantum autem minor est auri, argenti vestisque copia, quam de Aegypto secum ille populus abs tulit, in comparatione divitiarum quas postea Hierosolymae consecutus est, quae maxime in Salomone rege ostenduntur 72, tanta fit cuncta scientia quae quidem est utilis, collecta de libris Gentium, si divinarum Scripturarum scientiae comparetur. Nam quidquid homo extra didicerit, si noxium est ibi damnatur, si utile est, ibi invenitur. Et cum ibi quisque invenerit omnia quae utiliter alibi didicit, multo abundantius ibi inveniet ea quae nusquam omnino alibi, sed in illarum tantummodo Scripturarum mirabili altitudine et mirabili humilitate discuntur. Hac igitur instructione praeditum cum signa incognita lectorem non impedierint, mitem et humilem corde, subiugatum leniter Christo et oneratum sarcina levi, fundatum et radicatum et aedificatum in caritate quem scientia inflare non possit, accedat ad ambigua signa in Scripturis consideranda et discutienda, de quibus iam tertio volumine dicere aggrediar, quod Dominus donare dignabitur.

    Pero lo realmente curioso y llamativo es que más de milenio y medio después de San Agustín y poco menos del Califa, haya personas, y no son pocas, que sigan considerando los libros religiosos sagrados como enciclopedias científicas con el mismo razonamiento: todo está en la Biblia, en el Corán o en la Torá o en cualquier otro libro dictado por la divinidad; y lo que en ellos no está es falso y rechazable y su autor o poseedor es merecedor de los mayores castigos en la tierra y en el más allá…

    Desde luego las guerras y la intransigencia y fanatismo son los mayores enemigos de los libros. A veces el fuego es el instrumento más eficaz en su destrucción y desde luego existe una especie de tradición tópica de que el fin de las bibliotecas es siempre el fuego. En la historia de la cristianización de Europa no han faltado episodios de la quema de libros.

    El papel (no sé si el papiro también aunque estará en ese parámetro) arde a una temperatura no excesivamente elevada, a 451 grados Fahrenheit o  233 grados  centígrados. “Fahrenheit 451”  es precisamente el título de una novela del estadounidense Ray Bradbury y de una famosa película de François Truffaut del año 1966.

    La destrucción de la Biblioteca de Alejandría por el fuego o los fuegos sucesivos es el más llamativo símbolo de la destrucción de la cultura, las artes y las ciencias por el fanatismo, casi siempre religioso,  que con demasiada frecuencia se apodera de los hombres. 

    Así si en la historia de la cristianización de Europa no han faltado episodios de la quema de libros, los recientes episodios de la destrucción de la biblioteca de Sarajevo, la destrucción de restos arqueológicos e históricos en Afganistán, en Irak, en Siria, en Mali… no hacen sino alimentar desgraciadamente la tradición.

  • La Biblioteca de Alejandría (4): Sabios, bibliógrafos y bibliotecarios

    Toda biblioteca ha de estar bien organizada con sus fondos bien catalogados. La de Alejandría parece que así estuvo y de alguna manera sentó las bases del arte de la biblioteconomía.

    Los rollos de papiro o los papiros enrollados se guardaban en armarios o estantes que precisamente se llaman   βιβλιοθήκαι , bibliothekai. Parece ser que los rollos o volúmenes estaban organizados y clasificados por géneros o materias (épica, lirica, tragedia, comedia, filosofía, medicina, retórica…) y dentro de ellos por orden alfabético de autores y de títulos. En el borde superior del rollo se colocaba una etiqueta con el “título” de la obra. (τίτλος en griego y titulus en latín significan precisamente y en primer lugar inscripción, rótulo, título,) o índice (index, de in– y dico, decir, anunciar, comunicar, señalar, significar, etc.)

    Calímaco de Cirene (310-240 a.C.) fue el segundo bibliotecario director oficial de la Biblioteca y se le considera el “padre de la bibliografía y de la biblioteconomía”, según esa costumbre popular de buscar padres para todo.

    Calímaco escribió una obra llamada PinakesCatálogo de los autores que brillaron en cada disciplina singularPinakes (griego Πίνακες) significa  "tablas") y en realidad es un catálogo de libros constituido a su vez por  más de 120 libros o rollos.  En ellos se encontraban clasificados todos los volúmenes de la Biblioteca. De cada autor se daba una pequeña biografía y la lista de sus obras con las palabras iniciales y referencia de su longitud, técnica clasificatoria de la que hay referencias en los archivos sumerios, hititas, asirios y babilonios. Pero no se utiliza un orden alfabético

    Nota: si la biblioteca es el lugar en donde se guardan y exhiben los libros, la pinacoteca, del latín pinacothēca, y este del griego πινακοθήκη y este de Πίνακες, tabla, será el lugar  en el que guardan y exhiben las tablas o pinturas.

    Es quien idea, pues, la clasificación por palabras clave y por autor. Obsérvese como todavía se sigue utilizando el mecanismo de usar las letras iniciales sea del autor o del título para clasificar una obra.

    En realidad Calímaco no pretende hacer un índice o catálogo de los libros existentes en la biblioteca, sino crear un instrumento que facilitase la labor de los estudiosos, dada la dificultad que entraña el tener que desenrollar un papiro para averiguar su autor o su contenido, ya que los papiros no tienen una portada o una página inicial con el nombre el autor o el título de la obra.

    Si aplicamos a “género literario” un significado amplio, podemos considerar que estaban clasificados por géneros literarios. Se establecieron seis secciones para la poesía y cinco para la prosa. Algunas de las categorías fueron autores épicos, trágicos, cómicos, historiadores, médicos, rétores, leyes, misceláneas; curiosamente faltan los filósofos.

    Así que Demetrio de Falera fue  probablemente el cerebro que diseñó la Biblioteca aplicando el método de la biblioteca de Aristóteles, aunque  no fue el primer director oficial.

    El primero  lo fue  Zenódoto de Efeso, al que se debe la invención de la crítica de textos por comparación de diversos manuscritos. En su afán de recopilar los libros existentes en su entorno, la Biblioteca pronto se encontró con numerosos ejemplares o copias de una obra que divergían entre sí o no coincidían exactamente o que contenían errores.  Zenódoto vió la necesidad de compararlos entre sí para determinar el texto inicial o el texto más aproximado y en consecuencia inventó la “crítica textual”,  trabajo al que los filólogos, en su afán de precisión y exactitud, dedican no pocos de sus infinitos esfuerzos. Con frecuencia incluso corrigen los textos en un afán de mejora y perfección de la obra; es decir al texto lo consideran perfectible o no un texto sagrado que no admite la más mínima modificación.

    Otro problema que exigió el estudio filológico es el hecho de atribuir a grandes autores numerosas obras que no eran de ellos; así se atribuían numerosos escritos de medicina a Hipócrates o libros de poemas que no eran la Ilíada o la Odisea a Homero.

    Zenódoto preparó ediciones críticas de Hesíodo, Píndaro y Homero.  Cada ciudad tenía su propia edición de Homero..Se calcula que Zenodoto pudo utilizar entre 20 y 30 ediciones de Homero (unas llevan la etiqueta “de las ciudades” y otras “del Museo”, haciendo referencia a su origen de alguna ciudad o a copias realizadas en el propio Museo.

    Este especialista en Homero consideró que la Ilíada y la Odisea eran las únicas obras de Homero y  es el responsable de la división de la Iliada y Odisea en 24 cantos, tantos como letras tiene el alfabeto griego, mayúsculas para la Iliada y minúsculas para la Odisea. Los alejandrinos se mostraron en general respetuosos con los textos y si tenían que hacer alguna rectificación lo hacían al margen en los llamados scholia  ( del lat. scholĭum, y este del gr. σχόλιον, comentario).

    También los alejandrinos dividieron la obra de Heródoto en nueve libros, dedicados a cada una de las  nueve musas.

    Diógenes Laercio nos cuenta, por ejemplo,  a propósito de Timón en el libro IX,113:

    Cuentan que Arato le preguntó cómo conseguir un texto fiable de los poemas de Homero; le respondió: ‘habrás de encontrar las copias antiguas, y no las que ya están corregidas’.

    Vitruvio nos cuenta en VII, pref.5-7 cómo Aristófanes de Bizancio, que conocía perfectamente la biblioteca, descubre a unos falsarios a propósito de un certamen poético convocado por el rey, en el que participó como juez. Como conocía perfectamente el orden de los libros, se levantó del jurado, fue a la estantería adecuada y regresó con los textos originales de unos libros que los participantes querían hacer pasar como propios.

    Véase https://www.antiquitatem.com/plagio-antiguo-biblioteca-de-alejandri

    Este trabajo filológico ha sido esencial desde que en el Renacimiento se intenta recuperar la cultura antigua. Aparecen, generalmente escondidos o perdidos  en las bibliotecas de los monasterios manuscritos de las obras latinas “supérstites”, supervivientes,  resultado de la copia de la copia de otra copia. Los errores de los copistas, que escriben de oído, muchas veces sin comprender lo que están transcribiendo, se acumulan y multiplican. Por eso es necesaria la crítica de esos textos, la “crítica textual”.  Por lo demás ese estudio genealógico del documento permite establecer el origen y el camino discurrido por el manuscrito, ahora ya en forma de códice o libro de hojas de piel de animal, más manejable que el antiguo volumen o rollo de papiro.

    A estos eximios bibliotecarios alejandrinos iniciales les sucedieron otros muchos eximios.  Así Apolonio de Rodas, autor de “El viaje de los Argonautas”,  luego el matemático Eratóstones de Cirene, que midió la circunferencia de la Tierra con un razonamiento trigonométrico impecable y con pequeño error de  precisión , Apolonio de Alejandría, Aristarco de Samotracia que fue el primero en afirmar que la Tierra gira alrededor del Sol, Aristófanes de Bizancio, que escribió un “léxico” de palabras antiguas o peculiares. Lexicon, (del gr. λεξικός,  y éste de .lexis, λέξις, palabra, voz,dicción) significa colección de palabras. Este mismo Aristófanes fue el primero en dividir la poesía en versos o kolon (del griego κῶλον kolon, = miembro),   en estrofas; hasta él se escribía de manera seguida como la prosa.

    Además de los scholia o comentarios marginales,  utilizaban la nota a pie de página y signos diversos de crítica textual, algunos se siguen utilizando, como una línea horizontal para marcar un verso sospechoso de espurio, el asterisco, en forma de estrella par indicar un versos repetido, etc.

    Los alejandrinos crearon, pues,  la filología como ciencia.

    Por la Biblioteca pasaron entre otros muchos sabios desde el siglo III a.C. al IV de nuestra era personas tan célebres, además de los directores citados,  como los matemáticos Euclides, Arquímedes, Teón de Alejandría; geógrafos e historiadores como Manetón, Diodoro de Sicilia y Estrabón, Teofrasto el botánico; filósofos como Dídimo, Filón de Alejandría y Plotino; poetas como Calímaco y Teócrito o Licofrón; retóricos como Ateneo,; astrónomos y geógrafos como Claudio Ptolomeo y Estrabón; médicos como Herófilo de Calcedonia, Erasístrato y Galeno. Es curioso que no se citen nombres de filósofos en cuanto tales.

    ¿Cómo no va a generar una verdadera atracción y admiración este elenco de tantos sabios? ¿Qué universidad o academia actual no se sentiría y aun explotaría orgullosa tal nómina?

    En verdad que en Alejandría estuvo el fundamento y base de la ciencia y cultura occidentales.
     

  • La Biblioteca de Alejandría (3): La biblioteca de Alejandría adquirió libros de manera harto curiosa

    La pretensión de los Ptolomeos fue recopilar los “libros de todos los pueblos de la tierra”, siguiendo tal vez los consejos de Demetrios de Falera. Ciertamente algunas de las anécdotas que se contaban en la Antigüedad revelan la pasión de los Ptolomeos por dotar a su biblioteca de Alejandría de los libros existentes en el mundo conocido. También traslucen las fuentes la rivalidad existente entre las dos grandes bibliotecas, la de Alejandría y la de Pérgamo.

    La  pretensión de los Ptolomeos fue recopilar los “libros de todos los pueblos de la tierra”, siguiendo tal vez los consejos de Demetrios de Falera.   Ciertamente algunas de las anécdotas que se contaban en la Antigüedad revelan la pasión de los Ptolomeos por dotar a su biblioteca de Alejandría de los libros existentes en el mundo conocido. También traslucen las fuentes la rivalidad existente entre las dos grandes bibliotecas, la de Alejandría y la de Pérgamo.

    El procedimiento más frecuente de adquisición sería sin duda la compra de originales o de copias. En otro artículo  ya hemos citado a Ateneo a propósito de la compra de la biblioteca de Aristóteles y Neleo. https://www.antiquitatem.com/biblioteca-de-alejandria-ptolomeo-serape

    Según una versión,  Ptolomeo II había comprado la biblioteca de Aristóles, que según otras fuentes  acabó en Roma. Naturalmente es imposible que la  biblioteca de Aristóteles estuviera en dos lugares al mismo tiempo, en Alejandría y en Roma, pero la discrepancia en el destino final de la biblioteca de Aristóteles lo que indica es el interés de los romanos por atestiguar su participación en la génesis de la cultura occidental, de la que la tradición aristotélica es parte esencial: Alejandría sigue siendo el centro cultural, pero el poder político ahora está en Roma.

    Además de la compra de originales, el método más frecuente, como decía sería la copia  de textos.
    En realidad, en su pretensión de coleccionar todos los libros del mundo, lo que intentan también es traducirlos al griego, porque no aprendieron todas las lenguas pero los Ptolomeos sí pretendían conocer a los pueblos que conquistaban (Alejandro conquistó un enorme imperio) como un instrumento más de dominio.  Así que naturalmente les interesaron los libros sagrados de otros pueblo (judíos, Zoroastro…, egipcios…)

    El médico Galeno, que vivió en el siglo II de Cristo, nos da alguna información curiosa sobre la adquisición de libros. Galeno nos comenta cómo, en el afán por conseguir los volúmenes,  se requisaban las obras que hubiera en  las naves que llegaban a Alejandría, se copiaban y se entregaban las copias a sus dueños, no los originales requisados.

    Nos lo cuenta en su obra “Hippocratis  Epidemiorum  et Galeni in illum commentarius I (Libro de Hipocrates  sobre las epidemias y comentario de Galeno sobre él, en el Tomo XVII, Libro II (239) (página 606) de la edición de  las obras completas en griego y en latín por C.G.Kühn, Lipsiae, 1828.  Aporto la versión en español y el texto latino, que es más asequible para más lectores que el texto griego:

    Dicen algunos que el mismo  rey de Egipto Tolomeo los trajo de Panfilia (Pérgamo) y que era tal su ambición por los libros, que ordenó que se le llevaran los libros de todos los nombres y que se copiaran en nuevos papiros y se entregasen los escritos a sus dueños, que se le llevasen los libros de las naves que arribaban y se colocasen en las estanterías los transportados en las naves y se les pusiese  el título “Libros de (procedentes) de barcos”.

    Nonnuli vero et ipsum ex Pamphylia asportasse et regem Aegypti Ptolemaeum ita libroum ambitionem fuisse, ut appellantium ómnium libros ad se deferre iuberet et hos in novas chartas scriberet daretque scriptos dominis, a quibus appulsis libri ad ipsum asportati essent et naves advectos libros in bibliothecis reponeret, essentque ipsis inscriptiones  “Libri ex navibus”.

    El caso más llamativo de este procedimiento abusivo fue sin duda cómo Atenas prestó las copias oficiales  de las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides contra la garantía de 15 talentos; la biblioteca entregó las copias de las copias, es decir, se quedó con los originales y perdió los talentos, que equivalían a 90.000 dracmas o  540.000 óbolos (un jornalero ganaba unos dos óbolos diarios).

    Nos lo cuenta el mismo Galeno en la misma obra una página después, en la 607 de la edición de Kühn:

    De hasta qué punto se interesaba en la compra de libros antiguos el famoso Ptolomeo no es pequeña prueba lo que dicen que hizo con los Atenienses. Recibió las obras de Sófocles, Eurípides y Esquilo para copiarlas simplemente y devolveros inmediatamente después íntegros contra la fianza de quince talentos de plata. Sin embargo, una vez que los copió magníficamente en el mejor papiro, se quedó con los que había recibido de los Atenienses, y les envió a ellos los que él había copiado, rogándoles que se quedasen con los quince talentos y recibiesen los  libros nuevos en lugar de los viejos que ellos habían entregado. Y así si no hubiese enviado también a los Atenienses los libros nuevos pero hubiese retenido los antiguos, nada podían hacer ellos, que en todo caso habían recibido la plata con esa condición, que ellos se quedarían con la plata si él se quedaba con los libros; y así recibieron los libros nuevos y se quedaron con la plata.

       Quod autem Ptolommaeus ille ad antiquorum librorum comparationem ita sollicitus esset non parvum esse testimonium aiunt quod cum Atheniensibus fecit. Dato namque ipsis pignore quindecim talentorum argenti accepit Sophoclis, Euripidis et Aeschyli libros, ut solum scriberet, deinde statim salvos redderet. Ubi autem magnifice in chartis optimis paravit,quos ab Atheniensibus acceperat, retinuit; quos vero ipse paraverat, ad ipsos misit, rogans ut quindecim talenta tenerent, acciperentque novos pro veteribus quos dedissent libris. Atheniensibus itaque si quoque non novos libros misisset, antiquos vero retinuisset, nihil aliud faciendum erat istis, qui utique argentums ex tali conditione acceperant, ut hoc ipsi detinerent, si ille quoque libros detineret; proptereaque novos libros acceperunt et argentum  detinuerunt.

    La demanda de tantos libros aguzó el ingenio de algunos. Galeno comenta cómo algunos desaprensivos se aprovechan del interés de las bibliotecas de Pérgamo y Alejandría y de los precios que pagan para cometer algunos abusos y falsificaciones, algunas con gran habilidad en la mezcla de lo auténtico y lo espurio o  como por ejemplo mezclar varias obras en una para hacerla de mayor extensión. 

    Nos lo cuenta en su obra “Hioppocartis de natura hominis liber et Galeni in eum commentarius” (Comentario de Galeno al libro Sobre la naturaleza del hombre de Hipócrates), en el Tomo XV, Libro II (128) (página 109) de la edición de  las obras completas en griego y en latín por C.G.Kühn, Lipsiae, 1828.  Aporto la versión en español y el texto latino.

    En el  tiempo en que los reyes Atalo y Ptolomeo rivalizaban entre sí a porfía para comprarse libros,  se comenzó a falsificar los títulos y clasificación de los libros por parte de aquellos que obtenían dinero de los reyes por escritos de los autores más célebres ofrecidos por ellos. Así como dos libros, uno de ellos sobre la naturaleza del hombre y otro sobre la condición del alimento saludable, fueran pequeños, pensando alguien que por su pequeñez ninguno de los dos serían valorados en mucho, los fundieron los dos en uno solo.

    Quo enim tempore Attalus et Ptolemaeus reges certatim inter se de comparandis sibi libris contendebant: ab his qui ex oblatis celebriorum virorum scriptis pecuniam a regibus reportabant, coepere inscriptiones et digestiones librorum vitiari. Quum itaque uterque liber tum de natura hominis tum de salubri victus ratione parvus extiterit, arbitratus aliquis ob parvitatem neutrum ipsorum multi ducendum ambos in unum et eundem simul contulit.

    Es especialmente llamativa la adquisición por parte de la biblioteca de Pérgamo de una nueva Filípica de Demóstenes que la de Alejandría se encargó de demostrar que existía en sus estanterías pero como parte del libro séptimo de Anaxímenes de Lampsaco; a pesar de ello se siguió comentando  la pseudo-Filípica aunque advirtiendo que no era auténtica. Dídimo de Alejandría (;  Δίδυμος χαλκέντερος,  Didymos chalkenteros,  en latín Didymus Chalcenterus, que significa «Dídimo tripas de bronce», conocido también como Bibliolathas ,"Olvidalibros", h. 63 a.C.-10 d.C., llega a decir rizando el rizo, según indica Cánfora en su obra “La  biblioteca desaparecida”:

    algunos sostienen que el discurso no es auténtico porque se encuentra tal y como está en las Filípicas de Anaxímenes”.

    Ptolomeo II escribió también a otros colegas reyes pidiendo obras para su biblioteca. Incluso se tradujeron al griego obras de otras lenguas, persas, babilónicos, caldeos y egipcios, judíos. El ejemplo más relevante fue la traducción  del Pentateuco en la llamada versión de Los Setenta, como cuenta la famosa Carta de Aristeas, asunto al que dedicaremos otro articulillo.

    Se cuenta cómo Ptolomeo escribió una carta a todos sus colegas reyes y gobernantes de la tierra en la que les rogaba que le enviasen cualquier obra de cualquier autor. El siguiente texto de  Epifanio de Salamis o de Salamina (ca 310–20 – 403) , obispo….en su obra de De mensuris et ponderibus, 9 (Sobre las pesas y medidas)  Nos lo cuenta y también nos informa de la tarea enorme de la traducción al griego:

    Περί μέτρων και σταθμών
    Texto de Epianio: De mensuribus et ponderibus, 9

    Después del primer Ptolomeo, el segundo que reinó en Alejandría, el llamado Ptolomeo Filadelfo, era, como ya se ha dicho, un amante de la belleza y del conocimiento. Fundó una biblioteca en la propia ciudad de Alejandría,  en la parte  llamada el Bruchion, que es un barrio de la ciudad que todavía está arrasado en ruinas. Puso al frente de la biblioteca  a un tal Demetrio, de Faleras, con el encargo de que recopilara todos los libros existentes en cualquier parte del mundo. Escribió cartas y solicitó a todos los reyes y príncipes de la tierra que se tomasen la molestia de enviarle los que hubiera en su reino o principado. .. Me refiero a los libros escritos por los poetas y escritores en prosa y por los  oradores y los filósofos y los físicos y los profesores de medicina y por los historiadores y por cualquier otro autor. Y una vez que el trabajo hubo avanzado y se habían recogido libros de todas partes, un día el rey preguntó al hombre que había sido puesto al frente de la biblioteca ¿cuántos libros habían sido recogidos ya en la biblioteca? Le respondió al rey diciendo: “Ya hay aproximadamente 54.800 libros más o menos; pero hemos oído que hay una gran cantidad en el mundo, entre los cusitas, los indios, los persas, los elamitas, los babilonios, los asirios y los caldeos, y entre los romanos, los fenicios, los sirios, y los romanos de Grecia”— en aquel tiempo llamados no romanos sino latinos. “Además con éstos están en Jerusalén yJudea las divinas escrituras de los profetas, que hablan sobre dios y la creación del mundo y todas las demás doctrinas de valor general.  Por eso, si le parece bien a su majestad, oh rey, que enviemos por ellos también, escriba a los doctores de Jerusalén y ellos se los enviarán a su gracia (su graciosa majestad) para que los coloque esos libros en esta biblioteca”. Entonces el rey escribió la carta en estos términos:

    Nota:  Esta obra “De mensuris et ponderibus (Περί μέτρων και σταθμών), Sobre pesos y medidas,  que se escribió en Constantinopla el año 392, es en realidad una especie de “diccionario de la Biblia” que trata de las traducciones del Antiguo Testamento, de los pesos y medidas que aparecen en esos libros y de la geografía de Palestina. Se ha conservado entero en lengua siria y fragmentariamente en griego y armenio.

    Es evidente que los coleccionistas, movidos frecuentemente de un deseo compulsivo, no reparan  ni en gastos ni en medios, sobre todo si disponen de los recursos necesarios. Pero en fin, esta manía de coleccionar libros no es la peor de todas.

    Por otra parte, la pretensión ptolemaica de coleccionar todos los libros del mundo parecía empresa imposible para su época. ¿Lo es también hoy día, en la época de la globalización digital? ¿No es esta  pretensión mítica la que hoy persiguen proyectos como “google books”  o las enciclopedias electrónicas como “Wikipedia”?

  • Biblioteca de Alejandría (2) ¿Cuántos volúmenes tenía la Biblioteca de Alejandría?

    Sabemos que la Biblioteca de Alejandría tuvo pretensiones de almacenar todo el saber universal de la época, pero ¿cuántos volúmenes tuvo en realidad?

    Este sueño de almacenar todo el conocimiento del momento encandila cada cierto tiempo a los hombres, al menos a algunos soñadores. En Alejandría pretendían recopilar  “los libros de todos los pueblos de la tierra” y pudieron pensar que para ello necesitaban coleccionar 500.000 volúmenes.

    Las diversas fuentes, de épocas muy diversas, aunque bebiendo unas de otras, nos dan cifras muy dispares.

    Leemos en la Carta de Aristeas,9 y ss., obra del siglo III a.C. y  primer texto conservado en el que se cita la Biblioteca de Alejandría, famoso sobre todo porque comenta la traducción del Pentateuco al griego para esta Biblioteca:

    Encargado de la biblioteca del Rey, Demetrio de Faleras, recibió grandes sumas de dinero, para reunir, de ser ello posible, todos los libros del orbe; y realizando compras y transcripciones, llevó a feliz término en el menor plazo que pudo la encomienda real. Habiéndosele demandado, en mi presencia: «¿Cuántas decenas de millares de libros hay?», respondió: «Más de veinte, oh Rey; y me afano para completar en breve lo que falta para los quinientos mil. Por cierto, que se me ha anunciado además que las leyes de los judíos son dignas de transcripción y de hallarse en tu biblioteca». «¿Qué es lo que te impide —dijo el Rey— realizar esta tarea, puesto que se te ha provisto de todo lo necesario?». Demetrio dijo: «Se necesita una traducción: en Judea se sirven de sus propios caracteres;tienen, del mismo modo que los egipcios, tanto una escritura como una lengua propias. Corre la fama de que utilizan el siríaco;pero no es cierto, se trata de algo distinto». El Rey, después que hubo recibido noticia puntual de todo, ordenó se escribiera al sumo sacerdote de los judíos, a fin de llevar a buen término el proyecto. (Traducción y notas de Jaume Pòrtulas, única que yo conozco en castellano)

    Y lo mismo leemos en Flavio Josefo, Antiguedades judías, 12. 2

    Demetrio Falero, prefecto de la biblioteca real, intentaba, si era posible, recopilar todos los libros del orbe; compraba todo lo que oía que era especial  o cualquier  obra interesante, secundando así los deseos del rey, que demostraba un gran interés en coleccionar libros.
    Un día que Ptolomeo le preguntó cuántos volúmenes había reunido ya, le respondió que tenía cerca de doscientos mil y que pronto llegaría a los quinientos mil; añadió que había oído que entre los judíos había recopilaciones de sus leyes interesantes y dignas de la biblioteca real, pero que escritas  con los caracteres y en la lengua de este pueblo,  exigirían mucho esfuerzo para traducirlas al griego. Resulta que sus letras en principio se parecen a los caracteres sirios y los sonidos suenan semejantes, pero en realidad se trata de una lengua muy diferente. Sin embargo  no hay ninguna dificultad para que se haga la traducción de estos libros en la biblioteca porque el rey no carece de los recursos necesarios. Al rey le pareció que Demetrio le daba una buena idea para satisfacer  su deseo de recopilar el mayor numero posible de libros y a este efecto escribió al Sumo Sacerdote de los judíos.

    Quizás recogiendo las ideas de Demetrio, se pretendiera crear una biblioteca universal, aunque la mayoría de los libros fueran griegos, y que ésta ocupara  unos 500.000 volúmenes de todas las materias. En todo caso la cantidad real debió ser tan impresionante que  los antiguos han dado cifras fantásticas de muchos miles de volúmenes, aunque hemos de tener en cuenta que una obra tenía varios volúmenes o rollos de papiro; cada rollo puede equivaler a 60-70 páginas actuales y su longitud suele estar entre 6 y 10 metros, aunque pueden ser mucho mayores.

    Las  cifras hay que atenderlas con muchas reservas porque en principio parecen imposibles.  Ya hemos visto cómo en la citada carta de Aristeas, 9-10, se dice que ya en tiempos de Demetrios de Falera tenía 200.000 volúmenes; a principios del siglo II tendría 500.000 y según llegaría a tener 700.000 volúmenes, aunque hemos de tener en cuenta que una obra tenía varios volúmenes o rollos de papel.

    Dice Gelio en Noctes Atticae VII, 17,3:

    Después un gran  número de libros o fue fruto de las conquistas o encargada su copia por los reyes Ptolomeos en Egipto hasta casi los setecientos mil volúmenes

    Ingens postea numerus librorum in Aegypto ab Ptolemaeis regibus vel conquisitus vel confectus est ad milia ferme voluminum septingenta;

    Amiano también habla de 700.000 volúmenes. Pero en algunos manuscritos de Gelio se decía 70.000 y no 700.000  volúmenes. Curiosamente los 200.000 de los que se habla en la carta de Aristeas más los 500.000 del objetivo de Filadelfo suman los 700.000 de Gelio.

    Séneca dice que en Alejandría ardieron 40.000 libros, pero como veremos en otro momento, estos libros no eran realmente el fondo bibliográfico de la biblioteca.  Lo dice precisamente en un texto en el que critica la ostentación de ricos ciudadanos romanos que almacenan numerosos volúmenes que nunca leen para aparentar que son cultos. Este comportamiento no está alejado de algunos contemporáneos.. Lo dice en De tranquillitate animi, 9, 4:

    “¿Para qué sirven los libros y bibliotecas innumerables, de los que su dueño apenas si puede leer su título en toda su vida?  Esa cantidad cansa al que está aprendiendo, pero no le enseña y es mucho más interesante que te dediques a unos pocos autores y no que andes perdido entre muchos. En Alejandría ardieron  40.000 rollos. Alguno lo alaba como hermosísimo monumento de la opulencia de los reyes, como por ejemplo Livio, que dice que esto fue obra egregia de la elegancia y preocupación de los reyes. Pero ni aquello fue elegancia ni preocupación, sino  lujoso deseo de aprender, mejor, ni deseo de aprender, porque no se compraron para el estudio sino para el espectáculo, como para muchos ignorantes  también los libros de letras infantiles no son instrumentos para el estudio sino adornos para sus cenas. Adquiramos, pues, cuantos libros sean necesarios, pero no por el espectáculo.

    Quo innumerabiles libros et bibliothecas, quarum dominus uix tota uita indices perlegit? Onerat discentem turba, non instruit, multoque satius est paucis te auctoribus tradere quam errare per multos. 5 Quadraginta milia librorum Alexandriae arserunt. Pulcherrimum regiae opulentiae monumentum alius laudauerit, sicut et Liuius, qui elegantiae regum curaeque egregium id opus ait fuisse. Non fuit elegantia illud aut cura, sed studiosa luxuria, immo ne studiosa quidem, quoniam non in studium, sed in spectaculum comparauerant, sicut plerisque ignaris etiam puerilium litterarum libri non studiorum instrumenta, sed cenationum ornamenta sunt. Paretur itaque librorum quantum satis sit, nihil in apparatum.

    Orosio, que parece haber bebido en Tito Livio, al hablar de la guerra de Alejandría, dice que ardieron 40.000 libros, aunque algunos códices den 400.

    San Isidoro habla de apenas 70.000 rollos.

    El obispo Epifanio nos dice que la biblioteca del Serapeion, que llaman “hija”,  tendría 54.800 volúmenes,   en su obra “Pesos y medidas”  , en cap. 9, (52c): 

    Ya hay 54.800 libros, más o menos, pero hemos oído que hay una gran cantidad de todo  el mundo, entre ellos,  etíopes, indios, persas,  elamitas, babilonios,  asirios,  caldeos, y también  romanos,  fenicios,  sirios, y los romanos en Grecia "—- en ese momento no los llamaban romanos sino  latinos”

    Juan Tzetzes, erudito y escritor bizantino, que vivió aproximadamente entre los años 1110 y 1180, en su obra  Prolegómenos a Aristófanes dice que el Museo había recopilado 400.000 “libros mixtos” (symmigeis)  y 90.000 “no mixtos” (amygeis), resultando difícil interpretar que quiere decir con ”mixtos” y “no mixtos”; tal vez se refiera a rollos con una sola obra y rollos con varias.  Por otra parte Tsetzes se basa en la carta de Aristeas, y en todo caso, expresaría la idea recordada de que la biblioteca tenía un enorme número de rollos de papiro.

    Ibn-al Qifti  (vivió ca. 1172-1248) historiador árabe, autor de una Historia de los filósofos, habla también de 54.000 rollos.

    Parece que se están mezclando diversos aspectos: el mito de que la biblioteca pretendía almacenar copia de todos los libros del mundo y por tanto su objetivo de llegar a los 500.000 volúmenes, la enorme cantidad que realmente tenía, los que se quemaron en el famoso incendio con motivo de la guerra de Alejandría.

    Autores modernos han intentado calcular con más racionalidad los posibles volúmenes realmente existentes.

    Hipólito ESCOLAR SOBRINO, en su obra La Biblioteca de Alejandría, (Madrid: Gredos, 2001), p. 136-138, calcula que pudo tener unos 50.000 volúmenes o rollos que,  vendría a equivaler a unos 12.500 libros actuales.

    Hay otros cálculos incluso menos alegres. Así considerando que los 24 cantos de la Odisea de Homero necesitan 24 rollos de papiro y hoy caben en un volumen moderno y admitiendo que en Alejandría hubiera 500.000 rollos de papiros, tendríamos unos 20.000 libros modernos. Pero si tuviera 50.000 rollos, habría acogido algo más de 2.000 de los modernos, cifra insuficiente para la mítica valoración de la que goza.

    En todo caso, soñaron con recolectar todos los libros del mundo y traducirlos al griego, porque no sólo les animaba una intención meramente coleccionista, sino también de conocimiento de los hombres y culturas del mundo.  Pero, ¿acaso no es éste también el sueño de proyectos contemporáneos como “Google Books”,  por ejemplo?  ¿Acaso no pretenden otros proyectos grandiosos como Wikipedia construir la enciclopedia realmente universal?

  • La biblioteca es una creación griega

    Alejandría fue la capital espiritual y cultural del mundo desde el siglo IV a. C. hasta el siglo V o VI de nuestra era. Al amparo de la mayor biblioteca de la Antigüedad, que pretendió conservar todo el saber almacenado en los libros de manera sistemática con ejemplar sentido de la libertad intelectual, vivió y trabajó un colegio o comunidad de sabios y eruditos que desarrolló la física, la astronomía, la matemática, la geometría, la geografía, la ingeniería, la medicina, la filosofía, la literatura, la gramática, la retórica… Ellos fueron la base del saber occidental.

    La palabra “biblioteca” procede de la latina  bibliothēca, y esta de la griega βιβλιοθήκη, compuesta de βιβλίον ,biblíon, libro y θήκη théke, que significa “caja, depósito, receptáculo, armario…”.  βιβλίον  o βίβλος también significa corteza u hoja de papiro, soporte que se utilizaba para escribir sobre él, de donde procede el significado de “libro, escrito, documento, carta…”.

    Así que en realidad una “biblioteca” puede ser el local o edificio en el que se conservan los libros para su lectura; también puede significar la institución que adquiere y conserva esos libros o el conjunto de esos libros e incluso el mueble o estantería en el que se guardan, mueble que en español también se llama librería.

    La “biblioteca”  en el sentido o sentidos indicados es un invento griego y a ellos les debemos creación tan importante. Probablemente la biblioteca más famosa de la Historia es la “Biblioteca de Alejandría”, pero más importante que esta “institución” es el hallazgo del concepto de “biblioteca” en sí y su realización concreta.

    Es posible que existiera una biblioteca anterior en Babilonia, o la llamada “biblioteca de Nínive” creada por el rey asirio  Asurbanipal que reinó entre el  668 a.C. y 627 a.C., en griego llamado Sardanápalo,  como lugares o depósitos en los que se guardaban y conservaban miles de tablillas con anotaciones comerciales, religiosas, legales e incluso literarias.

    De Egipto son muy pocas las noticas, aunque  se habla de bibliotecas “sagradas” en los templos. Diodoro de Sicilia, en I,49  transcribe el relato que Hecateo hace de su visita a la tumba de Ramsés en su obra “Historias de Egipto” que no se ha conservado. Allí dice :

    A continuación estaba la  biblioteca sagrada, sobre la cual se hallaba escrito ‘Lugar de cuidado del alma’”.

    Esta enigmática frase en realidad parece no referirse exactamente a la biblioteca y los libros, contra la interpretación que frecuentemente se ha hecho de ella, sino al espacio en el que se supone que está el alma de Ramsés. Véase: https://www.antiquitatem.com/cuidado-del-alma–biblioteca-alejandria

    Pero la biblioteca como “almacenamiento del saber general” que se ha de transmitir a otras personas y, por tanto, como institución pública, o institución del Estado o de la monarquía, abierta a los ciudadanos, es una creación más de los griego. En realidad es un elemento más del hallazgo del propio concepto de “educación” o paideia” (griego παιδεία, "educación" o "formación", a su vez de παις, país, "niño") , del que en otra ocasión hablaré y que responde a la necesidad de transmitir a todos los niños y jóvenes el conocimiento que la sociedad ha ido acumulando. El conocimiento que se adquiere hay que conservarlo escribiéndolo en los libros y estos a su vez han de ser conservados en las bibliotecas y puestos a disposición de las personas para su educación.

    No es esta desde luego la creación menor de los griegos, cuya importancia sigue siendo de absoluta actualidad.

    Las fuentes antiguas nos proporcionan mucha información, pero siempre hay que acogerlas con muchas reservas y sentido crítico por su imprecisión, a veces por su lejanía de los hechos, por las contradicciones entre ellas y por su diverso concepto de la historia, pero a la postre es lo que tenemos. Así que las utilizaré con profusión, al menos como prueba de que lo expresado no es consecuencia de la mera especulación o imaginación.

    En Grecia son muy antiguas las colecciones de libros, primero de particulares, que en algunos casos se abren al público y luego las públicas.  Un fragmento (304 K) de Eupolis, autor de comedias del siglo V a.C., hace referencia a la venta de libros en el ágora de Atenas. Y Platón en la Apología o Defensa de Sócrates, 26e hace decir a Sócrates que los libros de Anaxágoras se pueden comprar en el ágora por un dracma:

    ¿Los consideras tan iletrados como para no saber que los libros del Clazomenio Anaxágoras están llenos de estas palabras?¿Y qué me dices de los jóvenes de Atenas? ¿Aprenden de mí aquellas cosas que pueden conocer adquiriendo un libro por un dracma, todo lo más, en el mercado de libros de la plaza?

    A pesar de lo que dice Platón por boca de Sócrates, los libros serían más caros y sólo estarían al alcance de ciudadanos con recursos económicos suficientes.

    Aulo Gelio nos da numerosas informaciones sobre las primeras bibliotecas y sobre la de Alejandría siguiendo tal vez la obra perdida de Varrón De bibliothecis” (Sobre las bibliotecas), pero eso no quiere decir que respondan exactamente a la realdiad. Así admite sin más el relato sin duda fabuloso de una antiquísima biblioteca pública en Atenas debida a Pisístrato. Dice  en sus Noctes Atticae (Noches Áticas, VII, 17), :

    ¿Quién fue el primero de todos que ofreció al público la posibilidad de leer libros? ¿Cuál fue el número de libros públicos que hubo en Atenas antes del desastre con los persas?

    Se dice que el primero que en Atenas ofreció libros de las disciplinas liberales para leerlos públicamente fue el tirano Pisístrato.  Luego los mismos atenienses los aumentaron  con nueva afición y preocupación;  pero luego, Jerjes, cuando se apoderó de Atenas, incendiada la ciudad además de la acrópolis, robó toda aquella cantidad de libros y los transportó a Persia. Más adelante, después de muchos avatares, el rey Seleuco, al que se llamó Nicanor, se preocupó de que todos ellos fueran devueltos a Atenas.

    Pisístrato vivió entre 607-527 a.C.  En realidad Atenas no tuvo una biblioteca pública hasta Ptolomeo Filadelfo (285-246 a.C.) y su gran biblioteca pública fue la donada por Adriano (117-138 d.C), en un peripato de cien columnas.

    Quis omnium primus libros publice praebuerit legendos; quantusque numerus fuerit Athenis ante clades Persicas librorum in bibliothecis publicorum.
    Libros Athenis disciplinarum liberalium publice ad legendum praebendos primus posuisse dicitur Pisistratus tyrannus. Deinceps studiosius accuratiusque ipsi Athenienses auxerunt; sed omnem illam postea librorum copiam Xerxes, Athenarum potitus, urbe ipsa praeter arcem incensa, abstulit asportavitque in Persas. [2] Eos porro libros universos multis post tempestatibus Seleucus rex, qui Nicanor appellatus est, referendos Athenas curavit.

    Aulo Gelio, Noctes Atticae, 3, 17

    De cómo, según escritores dignos de fe, Platón compró tres libros del pitagórico Filolao. y Aristóteles algunas obras de Speusipo, en cantidades enormes e increíbles.

    Refieren los antiguos que Platón, a pesar de que solamente poseía caudal muy pequeño, compró en diez mil denarios los tres libros del pitagórico Filolao, asegurando algunos autores que esta cantidad se la dio su ,amigo Dion de Siracusa. También se refiere que Aristóteles, después de la muerte de Speusipo, pagó tres talentos antiguos por algunos libros compuestos por este filósofo; cantidad que, evaluada en nuestra moneda, hace setenta y dos mil sextercios. El satírico Timón, en su poema titulado Silos, en el que deja rienda suelta a su malignidad, apostrofa en estos injuriosos términos a Platón, que, como hemos dicho, era muy pobre, por haber comprado muy caro un tratado de filosofía pitagórica, sacando de él, con numerosos plagios, su famoso diálogo del Timeo. He aquí los versos de Timón:

    «y tú también, Platón, te has visto dominado por el deseo de instruirte, y has comprado por mucho dinero un librito con cuyo auxilio te has puesto a escribir tú mismo». (en griego en el original) (Traducción de Francisco Navarro y Calvo).

    Id quoque esse a gravissimis viris memoriae mandatum, quod tris libros Plato Philolai Pythagorici et Aristoteles pauculos Speusippi philosophi mercati sunt pretiis fidem non capientibus.
    Memoriae mandatum est Platonem philosophum tenui admodum pecunia familiari fuisse atque eum tamen tris Philolai Pythagorici libros decem milibus denarium mercatum.  Id ei pretium donasse quidam scripserunt amicum eius Dionem Syracosium.
    Aristotelem quoque traditum libros pauculos Speusippi philosophi post mortem eius emisse talentis Atticis tribus; ea summa fit nummi nostri sestertia duo et septuaginta milia.
    τίμων amarulentus librum maledicentissimum conscripsit, qui σίλλος inscribitur. In eo libro Platonem philosophum contumeliose appellat, quod inpenso pretio librum Pythagoricae disciplinae emisset exque eo Timaeum, nobilem illum dialogum, concinnasset. Versus super ea re τίμωνος hi sunt: 
    καὶ σύ, πλάτων, καὶ γάρ σε μαθητείης πόθος ἔσχεν,
    πολλῶν δ᾽ ἀργυρίων ὀλίγην ἠλλάξαο βίβλον,
    ῎ενθεν ἀπαρχόμενος τιμαιογραφεῖν ἐδιδάχθης.

    Se dice también que por el mismo tiempo Polícrates (570 a. C.-522 a. C.), tirano de Samos, fundaba una biblioteca.  Parece también que en los buenos tiempos de Atenas,  algunas personas privadas se afanaban por formar sus buenas bibliotecas. Las más importantes corresponden a tres personajes famosos: Euclides, Eurípides y Aristóteles.

    Estrabón nos dice en su Geografía, XIII,1, 55 que Aristóteles fue el primero que se dotó  para su conocimiento de una colección de libros  y que enseñó a los reyes egipcios la organización de una biblioteca. En un pasaje coherente, aparentemente basado en buenas fuentes,  y muy interesante,  nos cuenta las peripecias por las que pasó esta biblioteca de Aristóteles:

    Los filósofos socráticos Erasto, Corisco y Neleo, hijo de Corisoco, discípulo de Aristóteles y Teofrasto, eran nativos de Scepsis. Nelo fue el que continuó con la posesión de la biblioteca de Teofrasto, que contenía la de Aristóteles. Aristóteles le dio la biblioteca y le dejó la escuela a Teofrasto. Aristóteles fue la primera persona que conocemos que hizo una colección de libros y aconsejó a los reyes de Egipto para formar una biblioteca. Teofrasto dejó su biblioteca a Neleo, que la llevó a Scepsis, y la legó a algunas personas ignorantes que mantuvieron los libros encerrados, tirados en desorden. Cuando los habitantes de Scepsis se enteraron de que los reyes Atálicos, de los que dependía la ciudad, estaban buscando libros con gran interés, con los que intentaban dotar la biblioteca de Pégamo, los escondieron bajo tierra; luego, pero no antes de que hubieran sufrido el daño de las lombrices, los descendientes de Neleo vendieron los libros de Aristóteles y Teofrasto por una gran suma de dinero a Apelicón de Teos. Apelicón era más bien amante de los libros que filósofo;  cuando intentó restaurar las partes que habían sido comidas o corroídas por las lombrices, hizo muchas modificaciones en el texto original y las introdujo en las nuevas copias; más bien suplió las partes defectuosas erróneamente y publicó los libros llenos de errores. Esto fue una desgracia para los antiguos peripatéticos posteriores a Teofrasto, pues estando completamente desabastecidos de los libros de Aristóteles, excepto unos pocos solamente, y estos del tipo de los exotéricos, eran incapaces de filosofar de acuerdo con los principios del sistema, y se ocupaban simplemente  en organizar discusiones sobre lugares comunes. Sus sucesores, en cambio, desde el momento en que se publicaron estos libros, filosofaron y propagaron la doctrina de Aristóteles con más éxito que sus predecesores, pero se veían obligados a tratar muchos asuntos sólo como probables por la gran cantidad de errores contenidos en las copias.

    También Roma contribuyo a aumentar los errores; inmediatamente tras la muerte de Apelicón, Sila, que se apoderó de Atenas, se incautó de la biblioteca de Apelicón. Cuando fue llevada a Roma, Tiranion el gramático, que era un admirador de Aristóteles, se ganó al superintendente de la biblioteca y obtuvo su uso. Algunos vendedores de libros, sin embargo, emplearon malos copistas y despreciaron comparar las copias con el original. Esto sucedió también en el caso de otros libros que fueron copiados para su venta aquí y en Alejandría. 

    Nota: este Tiranión, prisionero de guerra liberado, fue amigo de Atico y de Cicerón. Preparó una edición de las obras de Aristóteles, pero también aparecieron otras menos cuidadas, como refleja el texto. La biblioteca de Sila, con los libros de Aristóteles, la heredó el megalómano Fausto Sila, general de Pompeyo; arruinado vendió todo, hasta la biblioteca y así desaparecieron para siempre los libros de Aristóteles.

    Nos dice Plutarco en Vida de Sila, 26,1-2

    Habiendo dado velas desde Éfeso con todas las naves, entró al tercer día en el Pireo; se inició entonces  en los misterios, y se apropió de la biblioteca de Apelicón de Teya, en la que se hallaban la mayor parte de los tratados  de Aristóteles y Teofrasto, poco conocidos entonces por el público. Dícese que una vez traída a Roma, Tiranión el Gramático corrigió muchas de las obras , y que habiendo alcanzado de él Andrónico de Rodas algunas copias, las publicó y creó las listas que ahora corren.

    Los más antiguos de los peripatéticos eran evidentemente personas formadas e instruidas, pero parece que no tuvieron la suerte de un contacto amplio y exacto con muchas de las obras de Aristóteles y de Teofrasto, porque las posesiones de Neleo de Escepsis, a quien Teofrasto dejó sus libros, cayeron en manos de hombres descuidados e iletrados.

    Muy probablemente la extraña afirmación de Estrabón de que Aristóteles ayudó a los reyes egipcios  a organizar una biblioteca se debe al hecho de que fuera su discípulo, Demetrio de Falera, el que exiliado en Alejandría desde Atenas, fuera el cerebro del proyecto ptolemaico del Museo y de la Biblioteca, como más abajó se verá. Indirectamente Aristóteles ayudó a los Ptolomeos de Alejandría a desarrollar su biblioteca mediante su discípulo. Así que la frase de Estrabón es sólo un aparente anacronismo.

    Diógenes Laercio (V, 52) nos informa también del regalo a Neleo 

    No me resisto a transcribir otra cita que confirma la mayor parte de las afirmaciones de Estrabón, pero le contradice en algo tan importante como a dónde fueron a parar los libros de Aristóteles, independientemente del valor histórico que pueda tener. Dice Ateneo, que vivió en el siglo II de Cristo, en época del emperador “filósofo”  Marco Aurelio, en su obra “El banquete de los eruditos”,I,3A-3B, al hacer el elogio del erudito Larensio, uno de los comensales participantes:

    Cuenta además que poseía tal cantidad de libros griegos antiguos que sobrepasaba a todos los que fueron admirados por sus colecciones: a Polícrates de Samos, a Pisístrato el que fue tirano de Atenas, a Euclides, también al ateniense Nicócrates de Chipre, e incluso a los reyes de Pérgamo, al poeta Eurípides, al filósofo Aristóteles , y al que conservó los libros de estos últimos, Neleo. A él dice que se los compró todos nuestro compatriota el rey Ptolomeo, apodado Filadelfo, y los trasladó, junto con los procedentes de Atenas y los traídos de Rodas, a la hermosa Alejandría.” (Traducción de Lucía Rodríguez-Noriega para Editorial Gredos).

    Pero como decía, sin duda  la biblioteca más famosa de la Historia sea la “Biblioteca de Alejandría”, fundada por  los Tolomeos, gobernantes por cierto ilustrados y cultos ellos mismos.

    Alejandría es una de las numerosas ciudades (al menos 19 desde Egipto hasta la India) fundadas por Alejandro Magno a las que puso su nombre. Esta lo fue en el año 331 a.C. en el delta del Nilo y llegó a tener cerca de un millón de habitantes, población sólo superada en la Antigüedad por Roma, por lo que fue la más importante de las fundadas por el macedonio. Estrabón nos dice que tiene la forma de una clámide, es decir, de rectángulo casi perfecto: Estrabón, XVII, 1, 8

    La figura del plano de la ciudad es la de una clámide o capote militar.

    εστι δὲ χλαμυδοειδὲς τὸ σχῆμα τοῦ ἐδάφους τῆς πόλεως

    Junto a los egipcios vivían grandes grupos de griegos y de judíos. Pronto se convirtió en el referente cultural del mundo antiguo. Su puerto, el más grande también de la Antigüedad,  abierto al Mediterráneo con su famoso Faro (una de las maravillas del mundo antiguo), el Museo, el templo de las Musas,  y la Biblioteca son los elementos que le han dado fama eterna a esta ciudad. La biblioteca fue un instrumento esencial al servicio del ecumenismo alejandrino en el proceso de helenización de todo el Mediterráneo .

    Que  Egipto fuera el país que monopolizaba la producción del papiro, soporte de la escritura, sin duda tuvo también su importancia a la hora de crear la biblioteca.

    A pesar de la enorme resonancia histórica que el Museo y la Biblioteca de Alejandría han tenido y tienen, las fuentes sobre ella son escasas tanto de los momentos fundacionales como posteriores anteriores a su desaparición, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de ellas son mera repetición de otras anteriores, reproduciendo los errores y causando gran confusión. La información arqueológica al respecto tampoco es relevante.

    La biblioteca la comenzaría según la tradición  Ptolomeo Soter hacia el año 295 a.C.  pero realmente quien la incrementó y reorganizó de manera  sistemática sería   Ptolomeo Filadelfo,  que nombró un bibliotecario fijo y la dotó de los medios necesarios para su buen funcionamiento. Sépase no obstante que la primera referencia escrita que cita a la Biblioteca es del siglo II, en la “Carta de Aristeas a Filócrates”  en la que un judío comenta la famosa y por lo demás ficticia traducción al griego del Pentateuco,  la Torá, conocida como “la de los setenta”, la “septuaginta”, cuya milagrosa confección comentaré en otra ocasión.  En realidad las fuentes sobre la Biblioteca son escasas y la mayor  parte de autores tardíos. Tampoco tenemos especiales datos aportados por la arqueología.

    El cerebro del proyecto debió ser Demetrio de Falera, que llegó exiliado de Atenas, en donde gobernó como tirano y había sido discípulo de Aristóteles por lo que tenía la idea aristotélica de un conocimiento universal, el funcionamiento del Peripato y la biblioteca de Aristóteles como modelo;  todo ello lo trasplantó a Alejandría y lo desarrolló a lo grande con la protección real de los Ptolomeos.  Sería, pues, el primer bibliotecario.

    (Como curiosidad, diremos de este Demetrio que sus intrigas en la corte acabaron probablemente con este curioso personaje, que murió mordido por una serpiente que probablemente tal vez alguien colocó a su lado mientras dormía. Este sistema de morir por picadura de serpiente parece muy egipcio; desde luego le dio fama eterna Cleopatra, sea cierto o no el episodio de su muerte por mordedura de aspid. Nos lo cuenta Diógenes Laercio en  Libro V,78:

    Desde entonces (después de su detención)  pasó los días abatido; estando dormido le mordió una serpiente en la mano y así partió de esta vida”.

    Episodio que también recoge Cicerón en su Pro Rabidio Postumo, 23:

    Demetrio, que era llamado Falereo, procedente de la república de Atenas, que había gobernado perfectamente, noble y famoso por sus conocimientos, fue privado de la vida en este mismo reino de Egipto por un aspid que se le colocó junto a su cuerpo.

    Demetrium, qui Phalereus vocitatus est, et ex re publica Atheniensi, quam optime gesserat, et ex doctrina nobilem et clarum, in eodem isto Aegyptio regno aspide ad corpus admota vita esse privatum.

    En realidad había dos bibliotecas, la conocida como “la biblioteca real” (propiedad real; el escritor hebreo Aristeas los llama “libros regios” o “libros del rey” (Carta de Aristeas, 38)) :

    Queriendo hacer algo grato a ellos, a todos los judíos del orbe y a sus descendientes, hemos decidido traducir vuestra Ley, de la lengua que llamáis hebraica, al griego, a fin de que se halle también en nuestra biblioteca, con los otros libros reales.” (traducción de Jaume Pórtulas)

    o gran biblioteca (  μεγάλη  βιβλιοθήκη , de μέγας, megas, grande), que formaba parte del complejo del palacio y del Museo, sin edificio propio, en el barrio del Bruqión (en realidad el palacio, que era una fortaleza,  ocupaba todo el barrio)  y la biblioteca anexa al Serapeion , en el barrio de Rakhotis, que el obispo Epifanio, del siglo IV, llama   “hija” de la otra.

    Estrabón, que estuvo  en Alejandría en la segunda mitad del siglo I a.C., nos hace una descripción del Museo, aunque sin mencionar la Biblioteca como edificio exento en su Geografía, XVII,1, 8.

    “El Museo es una parte del palacio real. Está formado  por un pórtico para pasear, una exedra con asientos y una gran sala en la que los sabios que pertenecen al Museo, comen en común. Esta comunidad tiene en común la propiedad y tienen un sacerdote, que preside el Museo, que antes era nombrado por los reyes  y ahora por César (Augsuto)”.

    Estas dependencias se corresponderían con un peripatos  o espacio para pasear (del griego  περίπατος,  perépatos, paseo, de πέρι, peri , alrededor y πατεῖν, patein, caminar), que en realidad sería una avenida cubierta con cavidades para albergar las estanterías o “bibliotecas”  una exedra (del griego ἐξ ex-, de, fuera y έδρα, asiento) o espacio con asientos y un oikos (gr. οἶκος, casa, sala) o gran sala .

    Deducimos, pues, de la descripción de Estrabón, entre otros datos, que no había una sala de lectura y que los libros y volúmenes estarían en nichos en las paredes de las diversas dependencias y especialmente en el peripato, o pórtico cubierto en cuyos lados  estarían los huecos con las estanterías para los rollos  (βιβλιοθήκαι bibliothekai).

    Anexa al Serapeion (el templo de Serapis) o dentro del recinto, en el barrio llamado Rakhotis,  había otra biblioteca auxiliar u otra parte de la biblioteca fundada por Ptolomeo III. En ella había copias provenientes del Museo. El obispo Epifanio del siglo IV la llama, como decía más arriba,   a esta biblioteca “hija” de la otra  en su obra escrita en siriaco con muchas partes en griego “Pesos y Medidas”, cuyo título completo es “Tratado de San Epifanio, obispo de la ciudad de Constancia en Chipre, sobre las medidas, los pesos y los números y otras cosas que hay en las divinas Escrituras” y que en realidad es un comentario bíblico.  En el pasaje en el que narra con toda credulidad la traducción del Pentateuco al griego, la llamada de Los Setenta, dice en siriaco, en el capítulo  en 11 (53c):

    Y así las Escrituras, cuando habían sido pasadas  a la lengua griega, se colocaron en la primera biblioteca, que se había construido en el Bruchion, como ya he dicho. Y se levantó, además de esta biblioteca una  segunda en el Serapeum, llamada su hija. Y el periodo  entre  los diez Ptolomeos y la muerte de Cleopatra fue de doscientos cincuenta y nueve años.

    Y en griego con alguna variación:

    "Pero hubo más tarde también otra biblioteca en el Serapeum, más pequeño que la primera, que también fue llamado su hija, en la que se colocaron las traducciones de Aquila, Símaco, Teodoción, y el resto,  doscientos cincuenta años después."

    En ella los literatos y científicos podían proseguir sus estudios y se daban lecturas y conferencias. 
    En realidad  es, pues,  un centro internacional y cosmopolita del conocimiento de la época, en el que literatos y científicos proseguían sus estudios, daban sus conferencias, hacían sus lecturas. Por supuesto, era el centro mundial del mercado del libro, diríamos con terminología macroeconómica actual.

    El Museo de Alejandría sería en consecuencia una institución real creada a partir del modelo de la Academia de Platón y del Liceo de Aristóteles y del ideal comunitario pitagórico; de hecho el Museo lo preside un sacerdote como templo de las Musas (luego en época romana el Museo será una institución pública y el sacerdote del Museo será directamente nombrado por el emperador, como recuerda Estrabón). Recordemos que el Peripatos también tenía un Museion o templo de las Musas El Museo y la Biblioteca son lugares de encuentro de una comunidad de filósofos, científicos, estudiantes, venidos de todas partes, subvenida por el monarca y por tanto sin las preocupaciones de la subsistencia  material.  Allí acude la élite cultural del mundo para estudiar y vivir libres de preocupaciones. Algunas universidades inglesas modernas o la española Institución Libre de Enseñanza,  recuerdan a esta comunidad alejandrina. Es en resumidas cuentas, como dice Cánfora,

    una comunidad de sabios aislada del exterior, dotada con una biblioteca completa y un lugar de culto a las Musas”.

    Como ocurre siempre, también hoy, entre los miembros de cualquier comunidad, incluida la científica, son frecuentes  las naturales rivalidades, celos y disputas entre sus miembros. El cínico y satírico Timon de Filunte, por ejemplo, nos presenta a los filósofos como pájaros que se pelean entre ellos:

           En el populoso Egipto, son alimentados muchos escritorzuelos  que  garrapatean papiros mientras disputan sin cesar en la jaula de las Musas”

    Y Ateneo, en su “Banquete de los eruditos” nos lo confirma, aunque  interpretando otro su sentido, cuando dice en I, 22D:

    El autor satírico Timón de Fliunte llama en alguna parte al Museo (de Alejandría) “jaula de pájaros”, burlándose de los sabios hospedados en él, porque, como los pájaros más preciosos, son alimentados en una pajarera.

    “Se apacientan en Egipto, rico en razas, muchos eruditos armados de cálamo, que mantienen peleas infinitas en la jaula de pájaros de las Musas” . (Trad. De Lucía Rodríguez-Noriega, Ed. Gredos).

    Y quien fuera director de la Biblioteca, el gran Calímaco, autor entre otras cosas de un catálogo de obras allí existentes, nos dice que entre los miembros del Museo se daba la “envidia” y no se refería a la mera envidia científica.

    Existieron otras Bibliotecas mantenidas por el Estado en Antioquía, Rodas, Esmirna y otras capitales helenísticas, pero hubo una que rivalizó con Alejandría, la Biblioteca de  Pérgamo. Allí el rey Eumenes II, amante de las ciencias y las letras creó una gran Biblioteca que se mantuvo a pesar de la prohibición que los Tolomeos hicieron de exportar papiro de Egipto.

    Esta prohibición con la que Alejandría pretendió jugar sucio obligó a Pérgamo a perfeccionar la técnica de origen oriental de preparar las pieles de los animales como soporte de escritura. Precisamente de Pérgamo proviene la palabra pergamino, como piel generalmente de ternera, que se utilizó para escribir; la piel del animal non nato (no nacido) se llama “de vítulo” y es la de mayor calidad. (Vitela, del diminutivo vitella , de vitula, es la piel de ternera para escribir).  Este soporté revolucionó la historia del libro, dándole la forma actual de cuaderno, más duradero y más manejable.     

    Pues bien, la Biblioteca de Pérgamo fue muy importante. Según una falsa afirmación,  Marco Antonio se la regaló a Cleopatra y llevó a Egipto doscientos mil volúmenes para reponer los perdidos con ocasión de la guerra con César. Nos lo dice Plutarco en Antonio, 58, 5, pero esta afirmación parece más bien ser fruto de la propaganda que se esgrime en Roma contra Marco Antonio :

    Y Calvisio, amigo de César, añadió como crímenes de Antonio a sus amores con Cleopatra los siguientes cargos: que le había entregado y regalado la biblioteca de Pérgamo en la que había doscientos mil volúmenes simples.

    A pesar de las lagunas de las fuentes históricas, a pesar de lo poco que en realidad conocemos con exactitud, los reflejos míticos de esta grandiosa institución llegan hasta nuestros días. En Octubre del año 2002 se inauguró la moderna biblioteca de Alejandría, Bibliotheca Alexandrina,  fruto de la colaboración de la Unesco con diversos países del mundo, cuya capacidad supera los veinte millones de libros; ya tiene más de doscientos mil, lo que no es un mal comienzo, pero Egipto y toda la zona del norte de Africa y próximo Oriente,  desgraciadamente sigue hoy siendo tan inestable como en la Antigüedad.

    Pero un reflejo todavía más poderoso podemos apreciarlo en la ilusión moderna de hacer posible el acceso de todos los hombres a todo el conocimiento acumulado por la humanidad en todas las lenguas.  ¿Acaso no es esta la pretensión de enciclopedias electrónicas como la popular Wikipedia o instrumentos en los que se pretende ofrecer todos los libros existentes en todas las lenguas?  ¿Será posible esta vez?

    En cualquier cas,  todos debemos apoyar este proyecto grandiosos, porque nuestra deuda con la Alejandría antigua y su Biblioteca es impagable.

  • Las cuentas del Gran Publio Cornelio Escipión Africano el Mayor

    Conocida y frecuente es la expresión “las cuentas del Gran Capitán” para referirnos a una falta de justificación o justificación exageradamente ridícula de unos cuantiosos gastos.

    Se basa la frase en la anécdota apócrifa, tal vez real, tal vez  posible y probablemente falsa, que le sucedió a Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán)  cuando tras la campaña de Nápoles que puso Italia prácticamente a disposición del rey de Aragón, Fernando el Católico le pidió cuentas de los enormes gastos ocasionados. Pronto corrieron coplas y versos que glosaban  la actitud orgullosa del noble, según algunos tan acorde con el carácter español. El verso sin duda más conocido, de una larga retahíla de explicaciones irónicas o chulescas es:

    en picos, palas y azadones, cien millones…

    Pues bien, en la guerra parece que lo importante es ganarla, sin reparar en gastos. Hay en el mundo antiguo una anécdota referida al gran Escipión el Africano, vencedor de Anibal, no exactamente coincidente pero sí con alguna semejanza.

    Nos lo cuenta Aulo Gelio en sus Noctes Atticae, lib. IV, 18,7:

    Existe también otra anécdota célebre de Escipión. Unos Petilios, tribunos de la plebve, predispuestos, según dicen, y azuzados contra él por M.Porcio Catón, rival de Escipión, solicitaban insistentemente en el Senada que rindiera cuentas del dinero de Antioquía y del botín conquistado en aquella guerra, pues en tal expedición había sido legado de L. Cornelio Escipión el Asiático, hermano suyo y general en jefe. Entonces Escipión se levantó y, sandando de entre los pliegues de lo toga un libro, dijo que en él estaban registradas las cuentas de todo el dinero y de todo el botín; que los había traído para que se leyera públicamente y fuera depositado en el erario público. Y añadió_ “Pero ya no lo haré, no voy a infligirme una afrenta a mí mismo”. Y al punto despedazó el libro con sus propias manos, molesto porque se le pedían cuentas del dinero del botín a quien se le debía agradecer la obtención de la salvación del gobierno y del Estado.

    Item aliud est factum eius praeclarum. Petilii quidam tribuni plebis a M., ut aiunt, Catone, inimico Scipionis, comparati in eum atque inmissi, desiderabant in senatu instantissime ut pecuniae Antiochinae praedaeque in eo bello captae rationem redderet; [8] fuerat enim L. Scipioni Asiatico, fratri suo, imperatori in ea provincia legatus. [9] Ibi Scipio exsurgit et, prolato e sinu togae libro, rationes in eo scriptas esse dixit omnis pecuniae omnisque praedae; [10] illatum, ut palam recitaretur et ad aerarium deferretur. [11] “Sed enim id iam non faciam,” inquit, “nec me ipse afficiam contumelia,” [12] eumque librum statim coram discidit suis manibus et concerpsit, aegre passus quod cui salus imperii ac reipublicae accepta ferri deberet rationem pecuniae praedatae posceretur.

    Ya antes, este Escipión ya dio muestras de su respeto por las cuentas claras. Allá por el año 204 a.C. fue acompañado a Africa por Catón el Viejo, Catón el Censor. La suntuosidad y chulería del Escipión casaba mal con la frugalidad y rigidez del censor. Catón  le pidió cuentas y Escipión le contestó según Plutarco: Vida de Catón el Viejo, 3:

    «Escipión le contestó (…) que no necesitaba un cuestor tan severo, porque de lo que había de dar cuenta a la ciudad era de sus acciones y no del dinero».

    Catón volvió a Roma y propicio una acción en el Senado para que enviara una legación que investigara los gastos de Escipión. La “comisión investigadora”  no encontró pruebas del derroche del general Escipión, que ganó batallas.

    Dice el texto de Plutarco en la traducción al castellano que  Ranz Romanillos hizo a principios del siglo XIX:

    Hubo también otro motivo, y fue que yendo de cuestor con Escipión a la guerra de África, como advirtiese que éste usaba de su acostumbrada profusión y permitía que en el ejército se gastara sin medida, le habló francamente, diciéndole que lo de menos era el gasto, y el mal principalmente estaba en que estragase la antigua frugalidad del soldado, acostumbrándole para en adelante al regalo y a los deleites; y como Escipión le contestase que no necesitaba un cuestor tan severo, cuando ponía toda la atención en desempeñar cumplidamente su deber con respecto a la guerra, porque de lo que había de dar cuenta a la ciudad era de sus acciones y no del dinero, se retiró de Sicilia. Hablaba frecuentemente en el Senado con Fabio de la inmensa cantidad de dinero que gastaba Escipión, y desacreditaba en los circos y en los teatros su porte fastuoso, como si hubiera ido a celebrar fiestas y no a mandar un ejército; tanto, que obligó a que se enviaran cerca de éste tribunos de la plebe para que le hicieran venir a Roma, si estas acusaciones eran ciertas. Mas Escipión, habiendo hecho ver que la victoria estaba en los preparativos de la guerra, y convencido a los tribunos de que si usaba de humanidad y condescendencia, en los gastos esto en nada perjudicaba a la diligencia y a las demás grandes prendas militares, partió de Sicilia para la guerra”.

    Ratio et numeri  cedant armis, “que las cuentas (claras) cedan ante las armas”, parece ser el comportamiento ayer y hoy, a juzgar por la oscuridad y falta de transparencia con la que suelen ocurrir las “hazañas bélicas”.  Este famoso Escipión vivió hace tan sólo 2.220 años.
     

  • El “texto” como afortunada metáfora

    Pocos estudiantes, cargados en exceso con sus libros de «texto”, sospecharán que la palabra “texto” significa “tejido” y que lo que hacen con esa expresión es seguir utilizando una antigua metáfora.

    La palabra texto procede del latín textus que significa precisamente "tejido", "entramado". Se trata del participio de pasado del verbo “texo, texere” que significa tejer, tramar, entrelazar.

    Significa según la Real Academia Española   un “enunciado o conjunto coherente de enunciados orales o escritos” y un “pasaje citado de una obra escrita u oral”.

    Pues bien, un tejido es el resultado de la acción de urdir o entrelazar un hilo o filamento de lana u otra fibra para construir una estructura estable y sólida. De manera semejante urdir o entrelazar sonidos constituye “palabras” y urdir o entrelazar palabras en conjuntos coherentes constituye estructuras de significación. En ambos casos se trata de un proceso de  “construcción” a partir de determinados elementos.

    Por tanto “texto”  como discurso o enunciado oral o escrito es una metáfora basada, como todas las metáforas, en la relación de semejanza. Lo que ocurre es que en español y en otras lenguas está tan lejano su origen que la metáfora se ha lexicalizado, se ha convertido en nombre con sentido propio independiente de su origen.

    Es más, al existir el doblete “tejido”/"texto””, uno ha quedado para referirse  al entrelazado de filamentos y el otro al entrelazado de palabras, es decir,  un texto/tejido parlante.

    Es interesante observar cómo la lengua utiliza para crear muchas palabras  este procedimiento de crear una metáfora y luego lexicalizarla o convertirla en un nombre.

    Otra cuestión interesante es observar cómo el campo semántico del “tejido” ha sido muy productivo en la historia de las lenguas y culturas occidentales (también en otras sin duda), hasta el punto de que somos incapaces de concebir todo lo referente al texto oral o escrito de otra manera y con otros términos diferentes. Probablemente ello se debe a la importancia que el “tejer” ha tenido en la historia de la humanidad.

    La tarea del tejer y el invento del tejido es una de las mayores creaciones del ser humano. En su origen parece ser un trabajo especialmente femenino; así es desde luego en la antigüedad, en la que una de las tareas exclusivas de la mujer es “cardar la lana y tejer vestidos”. Recordemos el famoso epitafio de Claudia, que en su momento comentamos en este blog: https://www.antiquitatem.com/lanam-fecit-epitafio-matrona-romana .

    Pero los prejuicios machistas son al menos tan viejos como la propia Antigüedad. Veamos, por ejemplo, lo que dice Lucrecio a propósito del origen del tejer en su De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), V, 1354 y ss.

    Y la Naturaleza empujó a los hombres a preparar la lana
    antes que al género femenino, pues el género de los hombres
    aventaja con mucho en destreza y en general es más hábil,
    hasta que los esforzados labradores lo consideraron un desdoro
    y decidieron dejarlo en las manos de las mujeres
    para que los antes tejedores se sometieran también al duro trabajo
    y endurecieran sus miembros y sus manos en esta tarea tan dura.

    Et facere ante viros lanam natura coegit
    quam muliebre genus (nam longe praestat in arte
    et sollertius est multo genus omne virile),
    agricolae donec vitio vertere severi,
    ut muliebribus id manibus concedere vellent
    atque ipse partier durum sufferer laborem
    atque opere in duro durarent membra manusque.

    Hay quien con innecesaria imaginación ha visto en  los nidos de los pájaros el modelo que las mujeres siguieron para construir las cunas de sus hijos. Pero esto supone enfrentar directamente al hombre con la naturaleza como recién llegado y desconocer el larguísimo proceso evolutivo del homo sapiens.

    En cualquier caso, como decía, el campo semántico del “tejido” ha sido muy productivo a la hora de definir y nombrar conceptos, muchos de ellos referidos al campo de la propia expresión lingüística oral o escrita.

    El uso  de “texto” en el sentido metafórico expresado es muy antiguo. Esa antigüedad ya nos la hace sospechar la palabra griega “rapsoda” (de  ῥαψωδός; de ῥάπτειν, coser, zurcir, arreglar, urdir, componer, tramar, y ᾠδή, canto) que el Diccionario de la RAE define como “Recitador ambulante que en la Grecia antigua cantaba poemas homéricos u otras poesías épicas” y que los diccionarios de griego definen como zurcidor o ajustador de cantos épicos, recitador…”

    El primer texto griego escrito que tenemos en el que aparece  la palabra “texto” con este sentido es el poema atribuido a Simias de Rodas (s.III a.C.) titulado “Huevo”, que es uno de los curiosos  “tecnopaignía” o poemas visuales o caligrama, referenciado en Antología Palatina, XV, 27; en el verso 3 utiliza el término ἄτριον,  atrion, estructura. Aunque en realidad es más frecuente en otros autores griegos el término ὕφος , hýphos, de ὑφάὠ, hyfáo, tejer, urdir, tramar.    

    Luego Dioniso de Halicarnaso (siglo I antes y después de Cristo) se refiere a ello   en su obra   De compositione verborum, 23,3:

    Desde este punto de vista, el estilo se asemeja a las telas finamente tejidas, o dibujos en los que las luces se funden insensiblemente hacia las sombras.

    ἔοικέ τε κατὰ μέρος εὐητρίοις ὕφεσιν ἢ γραφαῖς συνεφθαρμένα τὰ φωτεινὰ τοῖς σκιεροῖς ἐχούσαις.

    Otro ejemplo es el uso que de texto hace Longino, en su obra “De lo sublime” 1,4:

    Además, la soltura en la invención y el orden y organización de la materia vemos que no sale a la luz en un solo lugar o dos, sino, con esfuerzo,  en el tejido (texto) (ὕφους) entero del discurso, y, en cambio, lo sublime , expresado en el momento oportuno en cualquier lugar, traspasa, a modo de un relámpago, todo el contenido y deja al descubierto al instante la entera fuerza del orador. (Traducción de Manuel PérezLópez paa Editorial Dykinson)

    El ejemplo en latín  más interesante es sin duda el que hace Quintiliano precisamente en su obra Institutiones Oratoriae, IX, 4,13

    Pues si hay cierta fuerza oculta en la música y en los ritmos, en el discurso es mucho más fuerte, y así como es importante para el sentido con qué palabras se expresa, lo mismo importa con qué composición se han de unir en el texto y se han de cerrar al final.

    Quod si numeris ac modis inest quaedam tacita vis, in oratione ea vehementissima, quantumque interest sensus idem quibus verbis efferatur, tantum verba eadem qua compositione vel in textu iungantur vel in fine cludantur.

    Y poco después IX, 4,17::

    Tal vez no hayan seguido el mismo estilo que Demóstenes o Platón, aunque estos mismos fueron entre sí muy distintos. Pues no debía corromperse en Lisias aquel entramado de expresión suave y liso con otros versos más ampulosos, porque hubiese perdido la gracia, que en él es lo más importante, de su colorido simple y nada afectado y también hubiese perdido la credibilidad.

    Genus fortasse sint secuti non idem quod Demosthenes aut Plato, quamquam et hi ipsi inter se dissimiles fuerunt. Nam neque illud in Lysia dicendi textum tenue atque rasum laetioribus numeris corrumpendum erat: perdidisset enim gratiam, quae in eo maxima est, simplicis atque inadfectati coloris, perdidisset fidem quoque.

    Cito también algunos pasajes de Amiano Marcelino en sus Historiae, 15,7,6:

    Durante la administración de Leoncio, un sacerdote de la religión Cristiana, Liberio, fue llevado por orden de Constantino ante el consejo como objetor a las órdenes del emperador y de muchos de sus jefes en un asunto que comentaré con un breve texto (en pocas palabras, brevemente)

    Hoc administrante Leontio Liberius Christianae legis antistes a Constantio ad comitatum mitti praeceptus est tamquam imperatoriis iussis et plurimorum sui consortium decretis obsistens in re, quam brevi textu percurram.

    15,8,1 Estas cosas ocurrían en Roma, como pone de manifiesto el texto anterior.

    Et haec quidem Romae, ut ostendit textus superior, agebantur.

    27,12,11 Conocido el curso de los acontecimientos, Sapor, enfurecido más allá de lo humano, reunidas mayores tropas, devastaba Armenia con un abierto pillaje.

    Hoc conperto textu gestorum Sapor ultra hominem efferatus, concitis maioribus copiis Armenias aperta praedatione vastabat.

    A partir de ahí el uso de “textus” en las diversas lenguas europeas acabó lexicalizado hasta la situación actual. Existe en español como texto, en francés texte, en  italiano testo, en inglés text, en alemán text.

    Pero esto ya pasó hace muchísimos siglos con la palabra latina “nihil , que significa “nada”,  y que también es una metáfora relacionada con el mundo del “tejer”, porque procede de  ne-hilum ; ni un hilo, nada. (Otro día comentaré algo tan interesante como la negación, que no es sino la destrucción de la realidad: rem natam;nada, res, rien, ninguno,  nobody, nothing, rien, niente, nessuno…)

    Como decía el campo semántico de tejido ha tenido enorme éxito lingüístico no sólo para generar significados referidos al propio lenguaje oral o escrito sino a otros sectores de la creatividad humana.
    Y sigue teniendo una gran fuerza creativa el tejer, el texto, a pesar de que ya las mujeres no tejen, el tejido no es una actividad doméstica, apenas un entretenimiento residual al menos en el mundo desarrollado.

    Sin ánimo de ser exhaustivo, citaré numerosos ejemplos de términos provenientes del mundo del quehacer textil aplicados metafóricamente al discurso oral o escrito o a otros aspectos de la vida. Me apoyaré fundamentalmente en el Diccionario de la Real Academia Española.

    Texto, que es el que ha dado origen al artículo.

    Compuesto suyo es pretexto, (del lat. praetextus), motivo o causa simulada o aparente que se alega para hacer algo o para excusarse de no haberlo ejecutado.

    También modernamente en relación con el mundo digital se ha acuñado el término hipertexto (de hiper, sobre,más  y texto) , texto que contiene elementos a partir de los cuales se puede acceder a otra información, es un más-texto o super-texto..

    Trama y tramar: Cuando se  tejía, la trama, la urdimbre (conjunto de hilos colocados en paralelo y a lo largo en el telar para pasar por ellos la trama y formar un tejido) o la lanzadera eran realidades bien conocidas. La palabra trama  en la obra textil designa el armazón fijo o base de hilos en la que se entrelaza la urdimbre. En el discurso o texto oral o escrito la “trama” es la estructura del relato sobre la que se urden los detalles. Tramar también puede significar preparar un plan, una intriga con cautela, como urdir.

    Urdir: (del lat. ordīri).  Preparar los hilos en la urdidera para pasarlos al telar./ Maquinar y disponer cautelosamente algo contra alguien, o para la consecución de algún designio.

    Hilo: (Del lat. filum).  Hebra larga y delgada de una materia textil / Continuación o serie del discurso.

    Hilo de la vida, la vida pende de un hilo,  hilo de la muerte, hilo argumental,  al hilo de…, coger el hilo, perder el hilo, retomar el hilo,  seguir el hilo,  tirar del hilo, por el hilo se saca el ovillo, cortar el hilo (del discurso), no hila (desvaría), manejar los hilos, no da puntada sin hilo, al filo (hilo) de…, mantener el hilo,  pender de un hilo

    Retahíla: (De recta e hila). Serie de muchas cosas que están, suceden o se mencionan por su orden. Es decir, un hilo recto, o una fila o hilada,  o una serie de objetos o de expresiones

    Hilar: Reducir a hilo el lino, cáñamo, lana, seda, algodón / Discurrir, trazar o inferir de otras; hilar fino.
    Dímelo hilando

    Hilvanar:  Unir con hilvanes lo que se ha de coser después / Dicho de una persona que habla o escribe: Enlazar o coordinar ideas, frases o palabras,  a veces con precipitación.

    Enmarañar: Enredar, revolver algo/ Confundir, enredar un asunto haciendo más difícil. Curiosamente relacionado con la tela de la araña.

    Devanar: (del lat. depanāre, de panus, ovillo).  Ir dando vueltas sucesivas a un hilo, alrededor de un eje, carrete, etc.etc./  desenvolver la trama de un asunto.

    Devanar la madeja, devanarse los sesos (intentar hacer memoria)

    Desenvolver: Extender lo enrollado./  Descifrar, descubrir o aclarar algo que estaba oscuro o enredado.

    Cabo:  (del lat. caput, cabeza). Cada uno de los extremos de las cosas;  Extremo o parte pequeña que queda de algo. Cabo de hilo, de vela./  En algunos oficios, hilo o hebra.

    Tirar del cabo…, de cabo a rabo, atar cabos, dejar cabos sueltos

    Explicar: (Del lat. explicāre y este a su vez de ex y plicare= desenvolver, extender,desplegar).  Declarar, manifestar, dar a conocer lo que alguien piensa.  Declarar o exponer cualquier materia, doctrina o texto difícil, con palabras muy claras para hacerlos más perceptibles.  Enseñar en la cátedra.  Justificar, exculpar palabras o acciones, declarando que no hubo en ellas intención de agravio. Dar a conocer la causa o motivo de algo.

    Rollo:  (del lat. rotŭlus, cilindro). Materia que toma forma cilíndrica por rodar o dar vueltas./ Porción de tejido, papel, etc., que se tiene enrollada en forma cilíndrica/ Persona o cosa que resulta aburrida, pesada o fastidiosa./ Papiro u otro material laminado que, enrollado, constituía el libro en la Antigüedad.

    desarrollar, enrrollarse, vaya rollo

    Enrollar:  Prender con red.; Tender las redes o armarlas para cazar./ Enlazar, entretejer, enmarañar algo con otra cosa./  Meter discordia o cizaña.; Entretener, hacer perder el tiempo.

    Liar: . (Del lat. ligāre).  Atar y asegurar los fardos y cargas con lías./ Engañar a alguien, envolverlo en un compromiso,  frecuentemente con palabras.

    Enredo:. Complicación y maraña que resulta de trabarse entre sí desordenadamente los hilos u otras cosas flexibles; Engaño, mentira que ocasiona disturbios, disensiones y pleitos; Complicación difícil de salvar o remediar en algún suceso o lance de la vida./  Confusión de ideas, falta de claridad en ellas/En los poemas épico y dramático y en la novela, conjunto de los sucesos, enlazados unos con otros, que preceden a la catástrofe o al desenlace.

    Tela: (Del lat. tela). Obra hecha de muchos hilos, que, entrecruzados alternativa y regularmente en toda su longitud, forman como una lámina. Se usa especialmente hablando de la obra tejida en el telar./ Enredo, maraña o embuste./  Asunto o materia.

    Tienen mucha tela que cortar; Ya tienen tela para un buen rato./ dinero/ mucho

    Bordar: (Quizá del germano. *brŭzdan, influido  por borde1).  Adornar con bordaduras una tela u otra materia. Bordar un mantel. /y también bordar un discurso.

    bordar el discurso

    Hebra: (Del lat. fibra).  Porción de hilo, estambre, seda u otra materia hilada, que para coser algo suele meterse por el ojo de una aguja./ Hilo del discurso,

    pega la hebra

    Alfiler, (Del ant. alfilel, este del ár. hisp. alẖilál, y este del ár. clás. ẖilāl), clavo metálico muy fino.

    lo lleva todo con alfileres, tener la lengua afilada

    Nudo: (del lat. nudus, por nodus). Lazo que se estrecha y cierra de modo que con dificultad se pueda soltar por sí solo, y que cuanto más se tira de cualquiera de los dos cabos, más se aprieta./ En los árboles y plantas, parte del tronco por la cual salen las ramas, y en estas, parte por donde arrojan los vástagos. Tiene por lo regular forma redondeada./ En diversos géneros literarios, enlace o trabazón de los sucesos que preceden al desenlace.

    Se hace un nudo,

    Desenlazar: Desatar los lazos, desasir y soltar lo que está atado con ellos./  Resolver la trama de una obra dramática, narrativa o cinematográfica, hasta llegar a su final.

    El resumen o colofón de todo lo relatado se puede sintetizar en la frase “Trama, nudo y desenlace”, tres términos del mundo textil con los que explicamos la estructura o esqueleto de una novela, de una obra literaria.

    Desde otro punto de vista, el tejer y el destejer ha generado importantes mitos y leyendas desde la Antigüedad, la más conocida la de Penélope, pero también Ariadna, Filomela, las Parcas.

    Ariadna proporcionó a Teseo, del que se enamoró locamente,  el ovillo de hilo que estaba tejiendo con el que pudo salir del Laberinto de Creta después de haber acabado con el Minotauro. Huyó con Teseo de su propia patria, pero fue abandonada por éste.

    El mito de Filomela nos lo cuenta Ovidio en Metamorfosis, 6, 424 y ss.: En una visita que Filomela hace a su hermana, es violada por su cuñado Tereo, que le corta la lengua para que no pueda contar el crimen. Filomela teje el hecho en un tapiz. Enterada su hermana Procne, preparan una terrible venganza: matan al hijo de Tereo, lo cocinan y se lo sirven a su padre. Los dioses misericordiosos convierten a Procne en golondrina y a Filomela en ruiseñor para que puedan escapar de la ira de Tereo.

    Penélope es la esposa de Odiseo Ulises cuyo regreso espera fielmente. Entretiene a sus pretendientes tejiendo por el día y destejiendo por la noche un tapiz, porque se comprometió a aceptar a uno de los pretendientes cuando la obra estuviera finalizada.

    Las Parcas o Moiras son las diosas del destino de los hombres. Hesiodo les llama las “hilanderas del destino” que tejen con sus ruecas y husos. Cloto maneja la rueca, Láquesis gira el huso con el hilo, Átropos corta con sus tijeras el hilo cuando le place.

    De las Parcas dice Catulo  en su poema número 64 v. 310:

    Sus manos cumplían su tarea eterna como un rito

    Aeternumque manus carpebant rite laborem

    Y poco después, a partir del verso 327 repite hasta doce veces:

    Girad, husos, girad arrastrando los hilos (del destino)

    Currite ducentes subtegmina, currite, fusi
     

  • ¿Fue Pericles keynesiano?

    Los majestuosos edificios de la Acrópolis de Atenas, que tanta admiración han causado desde la propia Antigüedad hasta hoy, fueron construidos por atenienses en paro. El embellecimiento de Atenas se atribuye a Pericles y se citan a los grandes artistas como Ictinos, Calicrates, Fidias…

    Ciertamente  aquel grandioso programa de construcciones públicas se debió al genio político y estratégico de Pericles, pero pocos saben que fue posible porque Pericles decidió dar trabajo y ocupación a los ciudadanos atenienses que malvivían. Pericles decidió, en lo que hoy consideraríamos una política económica  "keynesiana", “socialdemócrata”, dinamizar la economía y repartir riqueza aumentando la obra pública.

    “…era muy justo que su opulencia se emplease en tales obras, que, después de hechas, le adquirieran una gloria eterna, y que dieran de comer a todos mientras se hacían, proporcionando toda especie de trabajo y una infinidad de ocupaciones,…”

    Pericles, aunque de origen aristocrático, lideró al partido demócrata, al partido del pueblo. Todo ello nos lo cuenta Plutarco al narrar su vida y como si de una crónica actual se tratase, nos enteramos de que el partido aristocrático de Cimón y Tucídides (no el historiador) acusa a Pericles de intentar ganarse la voluntad del pueblo con dádivas y regalos y en definitiva malgastando el dinero público.

    “…Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas…”

    ¡Qué moderno resulta todo esto, verdad! ¡Y qué inquietante que 2.400 años después se sigan criticando planes de mísero empleo en zonas especialmente desprotegidas con el mismo argumento: malgastar el dinero público para ganar voluntades!

    Y si Pericles no hubiera puesto en marcha su programa de lucha contra el paro, ¿existiría el Partenón,  grandioso “templo de la virgen”, que eso es lo que significa la palabra, derivada de la griega  Παρθένος, “parthenos”,  virgen,? ¿Y se hubiera construido el Odeón,  del griego Ωδείον y del latín odeum, ὠδεῖον ("odeión", lugar de canto) y este de ἀείδω ("aeido", cantar), de ᾠδή ("odé", oda, cancion), edificio para conciertos de música? ¿Y los Propileos o pórticos, de προπύλαια, de  προ “pro” y πύλιον “pylaion” — Προπυλαιον = “delante de la puerta”?  ¿Y existirían las famosas estatuas de Zeus, Venus, Atenea… mil veces copiadas y repicadas hasta llenar los museos de la culta Europa y los salones de los ricos aristócratas, ?

    Pero será mejor leer directa y extensamente el texto de Plutarco, tan actual y tan evidente que evita todo comentario, en la buena traducción que a principio del siglo XIC hizo Antonio Ranz Romanillos, nacido en Barcones (Soria) en 1759  y estudiante en Sigüenza, de interesante vida política, afrancesado y también redactor de la Constitución de Cadiz:

    Plutarco: Vida de Pericles,
    IX:
    …y otros muchos han escrito que bajo él (Pericles) fue por la primera vez seducida la plebe con repartimientos y con pagarle los espectáculos y darle jornal; con las cuales disposiciones se la acostumbró mal, y se hizo pródiga e indócil, de templada y laboriosa que antes era;…

    Con las dádivas, pues, para los teatros y para los juicios, y con otros premios y diversiones, corrompió a la muchedumbre, y se valió de su poder contra el Areópago, en el que no tenía parte…

    XII
    Lo que mayor placer y ornato produjo a Atenas, y más dinero dio que admirar a todos los demás hombres, fue el aparato de las obras públicas, siendo este sólo el que aún atestigua que la Grecia no usurpó la fama de su poder y opulencia antigua. Y, no obstante, esta disposición era, entre las de Pericles, de las que más murmuraban sus enemigos y la que más calumniaban en las juntas públicas, gritando que el pueblo perdía su crédito y era difamado, porque se traía de Delos a Atenas los caudales públicos de los griegos…

    … y puesto que la ciudad proveía abundantemente de lo necesario para la guerra, era muy justo que su opulencia se emplease en tales obras, que, después de hechas, le adquirieran una gloria eterna, y que dieran de comer a todos mientras se hacían, proporcionando toda especie de trabajo y una infinidad de ocupaciones, las cuales, despertando todas las artes, y poniendo en movimiento todas las manos, asalariaran, digámoslo así, toda la ciudad, que a un mismo tiempo se embellecería y se mantendría a sí misma.  Porque los de buena edad y robustos tomaban en los ejércitos del público erario lo que para pasarlo bien habían de menester, y respecto de la demás muchedumbre ruda y jornalera, no queriendo que dejasen de participar de aquellos fondos, ni que los percibiese descansada y ociosa, introdujo con ardor en el pueblo gran diferencia de trabajos y obras, que hubiesen de emplear muchas artes y consumir mucho tiempo, para que no menos que los que navegaban, o militaban, o estaban en guarnición, tuvieran motivo los que quedaban en casa de participar y recibir auxilio de los caudales públicos.  Porque siendo la materia prima piedra, bronce, marfil, oro, ébano, ciprés, trabajaban en ella y le daban forma los arquitectos, vaciadores, latoneros, canteros, tintoreros, orfebres, pulimentadores de marfil, pintores, bordadores y torneros; además en proveer de estas cosas y portearlas entendían los comerciantes y marineros en el mar, y en tierra, los carreteros, alquiladores, arrieros, cordeleros, lineros, tejedores, constructores de caminos y mineros; como cada arte, a la manera que cada general su ejército, tenía de la plebe su propia muchedumbre subordinada, viniendo a ser como el instrumento y cuerpo de su peculiar ministerio, a toda edad y naturaleza, para decirlo así, repartían y distribuían las ocupaciones, el bienestar y la abundancia.

    XIII
    Adelantábanse, pues, unas obras insignes en grandeza, e inimitables en su belleza y elegancia, contendiendo los artífices por excederse y aventajarse en el primor y maestría;  y con todo lo más admirable en ellas era la prontitud; porque cuando de cada una pensaban que apenas bastarían algunas edades y generaciones para que difícilmente se viese acabada, todas alcanzaron en el vigor de un solo gobierno su fin y perfección.

    Por lo mismo era mayor la admiración de que, siendo las obras de Pericles de durar largo tiempo, en tan breve se hubiesen concluido; porque cada una de ellas en la belleza al punto fue como antigua, y en la solidez, todavía es reciente y nueva:¡tanto brilla en ellas un cierto lustre que conserva su aspecto intacto por el tiempo, como si las tales obras tuviesen un aliento siempre floreciente y un espíritu exento de vejez. Todas las dirigía y de todas con Pericles era superintendente Fidias, sin embargo de que las ejecutaban los mejores arquitectos y artistas;  porque el Partenón, que era de cien pies, lo edificaron Calícrates e Ictino; el purificatorio de Eleusis empezó a construirlo Corebo…

    Los soportales (propíleos) del alcázar o ciudadela se hicieron en cinco años, siendo el arquitecto Mnesicleo
    ….
    Fidias hizo además la estatua de oro de la diosa, y en la base se lee la inscripción que le designa autor de ella.

    Nos cuenta también Plutarco cómo se propalaron todo tipo de calumnias y falsedades sobre Pericles y su familia, que en otro momento tal vez yo comente, y se lamenta de lo difícil que es encontrar la verdad. Nos dice en este mismo capítulo XIII al respecto:

    ¡Tan grande es el trabajo que le cuesta a la historia descubrir la verdad! Pues para los que vienen más tarde, el tiempo pasado se interpone, y roba el conocimiento de los hechos; y las relaciones contemporáneas de las vidas y acciones, o bien por envidia, o bien por lisonja y adulación, corrompen y desfiguran la verdad.

    Y continúa Plutarco al principio del capítulo XIV:

    Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas…

    Y así acabo yo esta larga cita referida a un dirigente ateniense  que vivió entre los años 495 a.C. y 429., es decir hace casi 2.500 años, en la primera democracia del mundo, de efímera existencia, es verdad, porque inmediatamente hubo de sufrir los ataques de la aristocracia y de los dictadores dueños de ejércitos; pero que estableció el objetivo y ejemplo a conseguir para muchos hombres  durante dos milenios, prácticamente hasta nuestros tiempos.  

    Pues bien, como Pericles no pudo conocer a Keynes, podemos preguntarnos si Keynes había leído a Plutarco y su vida de Pericles.  No conozco con suficiente detalle la biografía de Keynes, pero es muy probable que conociera este texto de Plutarco, dado que estudió en el colegio de Eton y luego en el King´s College de Cambridge a donde acudió para estudiar precisamente matemáticas y a los “clásicos”; en estos centros es esencial el conocimiento de los clásicos. Keynes además es un economista muy interesado por cuestiones filosóficas y su aportación en este campo, menos conocida, no deja de ser importante.

    Confirma esta lectura Gilles Dostaler, Professor of Economics,en las  Universidades de Quebec y  Montreal, que escribió la obra "Keynes and His Battles”. El capítulo 9, titulado “Art: Theoretician, Consumer and Patron of the Arts”,  lo dedica a algunas reflexiones filosóficas sobre la naturaleza de la belleza y ofrece  la visión de Pericles de una civilización en la que el arte es valorado por su propio bien y no como un instrumento.

    El famoso economista Stuart Mill, ciertamente ochenta años  anterior pero que influyó decisivamente en la concepción ética y moral de Keynes, comenzó a estudiar griego a los tres años y leyó a los griegos, entre ellos Plutarco, en griego.

    En todo caso, el texto es de un interés extraordinario, por su semejanza con los tiempos actuales, aunque sean grande también la diferencias: ahora no estamos construyendo ni partenones, ni odeones ni propíleos…