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  • Más que poetas, plagiarios caraduras

    El plagio y el robo de creaciones artísticas, intelectuales, etc. es muy antiguo y a veces difícil de detectar. Hoy sin duda es mucho mayor dada la enorme producción intelectual y la capacidad de los modernos instrumentos informáticos que han reducido el trabajo de la copia y plagio al “copia y pega” de los procesadores de textos. Claro que estos modernos instrumentos también son eficaces para detectar y localizar al plagiador.

    Así se descubren a veces plagios notables; en los últimos meses hemos asistido a la obligada renuncia de algunas personalidades políticas al descubrirse que las tesis doctorales con las que avalaban su formación no eran sino un simple robo del trabajo y el esfuerzo de otros.

    Tampoco son infrecuentes hoy día las polémicas generadas por algunas obras de autores famosos que recuerdan excesivamente a otras o la concesión de premios literarios sin excesivo rigor.

    Pues bien, Vitruvio nos cuenta el caso de un certamen poético en la famosa Biblioteca de Alejandría en la que un experto bibliotecario, Aristófanes de Bizancio, conocedor de los fondos de la biblioteca y su colocación en los estantes, descubre el plagio de un poeta desaprensivo que pretendía pasar como original lo que no era sino copia de una de las obras colocadas en su estantería. Esto sólo fue posible, además de por la extraordinaria mente de Aristófanes, también por la perfecta organización y ordenación de la Biblioteca de Alejandría.

    Para mejor comprensión del texto reproduciré íntegros tres párrafos del Prefacio del libro VII de su obra De Architectura.

    Vitruvio, VII, pref. 4-7

    Los reyes Atálicos (de la casa de Atalo), inducidos por el gran placer de la literatura, crearon en Pérgamo una excelente biblioteca para el disfrute de sus ciudadanos. Asimismo al mismo tiempo Ptolomeo animado del mismo celo infinito y deseo de placer se lanzó a llevar a cabo la misma empresa con no menor esfuerzo en Alejandría. Aunque lo hizo con la mayor diligencia, creyó que aquello no era suficiente si no se preocupaba de aumentar su obra sembrando la semilla de la propagación. Por eso creó unos concursos dedicados a las Musas y a Apolo, a semejanza de los juegos deportivos, y estableció unos premios y honores para los vencedores de las diversas obras escritas.
    Una vez, pues, organizados, llegado el momento de celebrarlos, había que elegir a los jueces literarios que juzgaran las obras. El rey había elegido ya a seis personas de la ciudad, pero no encontraba tan fácilmente a un séptimo que fuese adecuado. Se dirigió entonces a quienes estaban al frente de la biblioteca y les preguntó si conocían a alguien preparado para aquella función. Le dijeron entonces que había un tal Aristófanes que todos los días leía con gran afición y extraordinaria dedicación todos los libros según su orden. Así en la sesión del concurso, una vez que se habían reservado los asientos para los jueces, Aristófanes, convocado con los demás, se sentó en el lugar que le había sido asignado.
    Una vez se hubo comenzado en primer lugar con los poetas y recitaron sus escritos, el pueblo entero advertía a los jueces con su aplauso lo que debían aprobar. Y así cuando se les preguntó la opinión a cada uno,  seis coincidieron en dar el premio al que observaron que más había complacido a la multitud y el segundo al siguiente. Pero Aristófanes, cuando se le pidió su veredicto, ordenó que  fuera proclamado primero el que menos había agradado al pueblo.

    Como quiera que el rey y todos los demás manifestaran su indignación, se levantó y rogó que se le permitiera hablar.  Y así, se hizo silencio y declaró que solo uno de aquellos era poeta, los otros habían recitado poemas ajenos; que lo adecuado era que los jueces no dieran su aprobación a un robo sino a la obra original.  Mientras el  pueblo estaba admirado y el rey dubitativo,  confiado en su memoria  extrajo de determinadas estanterías un buen número de volúmenes  y comparándolos  con lo que habían recitado les obligó a los propios ladrones a confesar su plagio. Y así el rey ordenó que se les acusara de robo y los expulsó condenados con toda ignominia. En cambio a Aristófanes lo honró  con magníficos regalos y lo puso al frente de la biblioteca.

    Reges Attalici magnis philologiae dulcedinibus inducti cum egregiam bybliothecam Pergami ad communem delectationem instituissent, tunc item Ptolomaeus infinito zelo cupiditatisque incitatus studio non minoribus industriis ad eundem modum contenderat Alexandriae comparare. cum autem summa diligentia perfecisset, non putavit id satis esse, nisi propagationibus inseminando curaret augendam. itaque Musis et Apollini ludos dedicavit et, quemadmodum athletarum, sic communium scriptorum victoribus praemia et honores constituit.
    His ita institutis, cum ludi adessent, iudices litterati, qui ea probarent, erant legendi. rex, cum iam sex civitatis lectos habuisset nec tam cito septumum idoneum inveniret, retulit ad eos, qui supra bybliothecam fuerunt, et quaesiit, si quem novissent ad id expeditum. tunc ei dixerunt esse quendam Aristophanen, qui summo studio summaque diligentia cotidie omnes libros ex ordine perlegeret. itaque conventu ludorum, cum secretae sedes iudicibus essent distributae, cum ceteris Aristophanes citatus, quemadmodum fuerat locus ei designatus, sedit.
    Primo poetarum ordine ad certationem inducto cum recitarentur scripta, populus cunctus significando monebat iudices, quod probarent. itaque, cum ab singulis sententiae sunt rogatae, sex una dixerunt et, quem maxime animadverterunt multitudini placuisse, ei primum praemium, insequenti secundum tribuerunt. Aristophanes vero, cum ab eo sententia rogaretur, eum primum renuntiari iussit, qui minime populo placuisset.
    Cum autem rex et universi vehementer indignarentur, surrexit et rogando impetravit, ut paterentur se dicere. itaque silentio facto docuit unum ex his eum esse poetam, ceteros aliena recitavisse; oportere autem iudicantes non furta sed scripta probare. admirante populo et rege dubitante, fretus memoriae certis armariis infinita volumina eduxit et ea cum recitatis conferendo coegit ipsos furatos de se confiteri. itaque rex iussit cum his agi furti condemnatosque cum ignominia dimisit, Aristophanen vero amplissimis muneribus ornavit et supra bybliothecam constituit.

     

  • Las Médulas son la evidencia de la “ruina montium”

    Como comenta Plinio en su Naturalis Historia, libro 33, dedicado a los metales, existió en la Antigüedad una verdadera fiebre del oro. Véase https://www.antiquitatem.com/oro-en-la-antiguedad-mineria-romana

    A Hispania llegaron a principios del primer milenio antes de Cristo los fenicios, luego  cartagineses y los griegos atraídos precisamente por su riqueza minera. A partir del siglo III a.C, los romanos comienzan su extensión desde el Levante y la Bética hacia el interior, las dos mesetas y el noroeste atraídos por sus minas.

    Estrabón dedica el libro III de su Geografía a Iberia y nos dice en su capítulo 2,8 refiriéndose a la Turdetania (en otros pasajes se refiere al Noroeste peninsular):

    A tanta riqueza como tiene esta comarca se añade la abundancia de minerales. Ello constituye un motivo de admiración; pues si bien toda la tierra de los íberos está llena de ellos, no todas las regiones son a la vez tan fértiles y ricas, y con más razón las que tienen abundancia de minerales, ya que es raro se den ambas cosas a un tiempo, y raro es también que en una pequeña región se halle toda clase de metales. Pero la Turdetanía y las regiones comarcanas abundan de ambas cosas, y no hay palabra digna para alabar justamente esta virtud. Hasta ahora, ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierro nativos se han hallado en ninguna parte de la tierra tan abundantes y excelentes.

    La misma opinión nos transmite Plinio el Viejo en un fragmento del libro 33 de su Naturalis Historia, 33,25 (78) referido ahora al Noroeste de Hispania (Asturias, Galicia, Lusitania):

    dicen que  Asturias, Galicia y Lusitania proporcionaron en un año  veinte mil libras de peso. Así  Asturias es la que más produce. Esta fertilidad no ha durado tanto ni en ninguna parte ni durante tantos siglos.

    vicena milia pondo ad hunc modum annis singulis asturiam atque callaeciam et lusitaniam praestare quidam prodiderunt, ita ut plurimum Asturia gignat. neque in alia terrarum parte tot saeculis perseverat haec fertilitas.

    En el mismo pasaje que estábamos citando, Estrabón nos da noticia de los métodos de extracción del oro:

    El oro no se extrae únicamente de las minas, sino también por lavado. Los ríos y torrentes arrastran arenas auríferas. Otros muchos lugares desprovistos de agua las contienen también; el oro, empero, no se advierte en ellos, pero sí en los lugares regados, donde el placer (¡qué nombre tan apropiado!) de oro se ve relucir; cuando el lugar es seco, basta irrigarlo para que el placer reluzca; abriendo pozos, o por otros medios, se lava la arena y se obtiene el oro; actualmente son más numerosos los lavaderos de oro que las minas. Según los galátai, sus minas del monte Kémmenon (actuales montes Cevenes en el Ródano) y las que tiene al pie del Pyréne son más importantes; sin embargo, son más preciados los metales de allí. Dícese que a veces se encuentran entre los placeres del oro lo que llaman “palas”, pepitas de un “hemilitron”,(media libra) que se purifican con poco trabajo. Se dice también que al hendir las rocas suelen hallarse pepitas menores semejantes a ubres. Sometido el oro a una cocción y purificado por medio de cierta tierra aluminosa, se obtiene un residuo que es el “eléktron” (aleación de 4/5 de oro y 1/5 de plata). Éste, cuando va mezclado de plata y oro, se cuece de nuevo; la plata entonces se quema y queda el oro, pues siendo de naturaleza grasa, se puede licuar sin trabajo. En efecto, el oro se funde con facilidad mayor por medio de la paja, ya que su llama es más floja y se adapta mejor a su fin, fundiendo el metal fácilmente, Por el contrario, el carbón, con la vehemencia de su fuego, liquida el metal demasiado pronto, consumiéndolo. En los ríos, el oro se extrae y se lava allí cerca, en pilas o en pozos abiertos al efecto y a los que se lleva la arena para su lavado. Los hornos de la plata se hacen altos, con el fin de que los vapores pesados que desprende la masa mineral se volatilicen, ya que son gases densos y deletéreos. A algunas de las minas de cobre se las suele llamar áureas, pues se supone que de ellas se obtenía antes oro.

    También Plinio nos describe  con más detalle  el método y las penosas condiciones de explotación. Dedica  el libro 33 de su Historia Naturales a los metales y en él nos da valiosa información.  Léase https://www.antiquitatem.com/oro-en-la-antiguedad-mineria-romana

    Dada la codicia y hambre de oro (sacra fames , hambre sagrada, le llama Virgilio y Plinio) de los romanos, es fácilmente comprensible la justificación que el historiador Floro nos da sobre la Guerra contra los cántabros de Augusto y la fundación de Asturica Augusta. Nos dice en el Epitome Rerum Romanorum , 2.33.12.60:

    “Ayudaba a esta decisión,( la de fundar la ciudad de Astúrica Augusta), la naturaleza de la región, rica en oro en todo su entorno  y  rica en malaquita , minio y abundante en  productos de otros colores. En consecuencia ordenó que se explotase el suelo. Así los astures comenzaron a conocer sus recursos y sus riquezas trabajando con esfuerzo  en las profundidades  mientras las buscaban para otros.”

    Favebat consilio natura regionis; circa enim omnis aurifera 2est et chrysocoliae 3miniique et aliorum colorum ferax. Itaque exerceri solum iussit. Sic Astures 4nitentes in profundo opes suas atque divitias, dum aliis quaerunt, nosse coeperunt.

    Así que el Noroeste de Hispania fue ampliamente prospectado y explotado por los romanos. De estas explotaciones mineras nos ha quedado una huella indeleble en el paisaje y en la retina de todo viajero que tiene la suerte de contemplarla: las Médulas, junto a Ponferrada, en la provincia de León, la mayor explotación minera romana de oro a cielo abierto… porque lo abrieron, abrieron el monte, como explicaré. 

    (Sobre el nombre no hay acuerdo: hay quien lo relaciona con el latino “metalla”, metales , y quien lo relaciona con el nombre de un monte mítico en los enfrentamientos entre cántabros y romanos, el Mons  Medulius. Si así fuera nos quedaría el problema de explicar el origen o significado de Medulius.)

    Nota bene: La actual ciudad de León recibe su nombre no del fiero animal de la sabana africana sino de la Legio Septima Gemina acampada precisamente ahí para protección y control de la zona del  Noroeste peninsular, de indudable interés estratégico, dada su riqueza minera y la presencia de lugareños siempre belicosos. (de legionem deriva León, La Legión)

    Es un paisaje arruinado de tal belleza y un testigo de la historia de tanta importancia que la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1997.

    Fotografía de Patrimonio Natural de Castilla y León

      Autor: Håkan Svensson (Xauxa)

    Algunos estudiosos, Antonio García Bellido, por ejemplo, han calculado que se removieron 500 millones de m³ y suponiendo un rendimiento de 3 gramos por tonelada (las explotaciones actuales de la zona dan de 1,8 a 2,8 gramos) durante 250 años de explotación darían la extraordinaria cifra de 1.635.000 kg. Recordemos que Plinio informaba que producían 20.000 libras al año en toda la zona.

    El precio, siempre oscilante, del oro a fecha 17 de julio de 2013 es de 31,39 euros en Londres. Aplicando este precio a lo extraído obtenemos la difícilmente inteligible cifra de 51.322.650.000 €.  Es este un ejercicio un tanto absurdo, ahistórico y acientífico, pero sirve para imaginar la importancia que estas minas tuvieron para atender la insaciable hambre de oro (sacra famis le llama Plinio) de Roma.

    En las Médulas trabajaron permanentemente de 10.000 a 20.000 personas, esclavos primero y luego manumitidos, en las terribles condiciones que nos describe Plinio (véase articulo sobre la fiebre del oro citado anteriormente). Curiosamente y contra la opinión general, en esta zona del Imperio los trabajadores de las minas son libres y no esclavos, a diferencia de otros lugares.

    Plinio nos comenta las diversas formas de extracción del oro;  así dice en Naturalis Historia XXXIII,22:

    No hay oro más perfecto, que el pulido por el propio río y por la fricción del agua. Otro modo consiste en extraerlo con excavación de pozos o buscándolo con la destrucción del monte. En segundo lugar se busca  por la excavación de los pozos para extraerlo, o  en lel desplome de los montes.

    nec ullum absolutius aurum est, ut cursu ipso attrituque perpolitum. alio modo puteorum scrobibus effoditur aut in ruina montium quaeritur;

    Así pues, el oro se extrae de las tierras de aluvión mediante el sistema llamado  “ruina montium” ,  “derrumbe o caída de los montes”, porque el monte se venía abajo literalmente, basándose en la fuerza del agua.

    La palabra “ruina” es el sustantivo de la misma raíz que el verbo  latino “ruo, ruere”, que significa precipitarse, derrumbarse, lanzarse, desplomarse.

    Nos lo describe perfectamente Plinio el Viejo en  Libro 33, 72 y 73: (33,25)

    El tercer método  supera al trabajo de los Gigantes; los montes son minados en   grandes espacios  mediante galerías hechas a la luz de las lámparas. Su duración es la misma que la de los turnos  y en muchos meses no se ve la luz del día. Este tipo de explotación se llama ”arrugias". De repente  se producen grietas y los derrumbes aplastan  a los trabajadores, de tal forma que parece menos arriesgado buscar perlas y caracoles  de púrpura en el  fondo del mar; ¡hasta tal punto   hemos hecho más peligrosa  a la tierra (que al mar)! Se dejan, pues,  numerosas bóvedas para sostener los montes.

    El obstáculo en uno y otro método son las rocas, que se fragmentan con fuego y vinagre. Pero como esto satura de vapor y humo las galerías, muchas veces las rompen con martillos rompedores de hierro de ciento cincuenta libras y las sacan sobre sus hombros día y noche en la oscuridad pasándolas de mano en mano. Los últimos ven la luz. Si la roca parece más ancha, se sigue el lado de la veta y se ahonda. Sin embargo el trabajo en la roca se considera un tanto fácil.

    Existe,  pues,  una tierra de cierto tipo de arcilla mezclada con guijarros, la llaman 'gangadia", casi irrompible. Se la ataca con cuñas de hierro y con los mismos mazos y piensan que nada es más duro, sino aquello que es más duro  que todas las cosas, la avidez de oro.

    Acabado el trabajo  se derriban los apeos de los arcos desde el último; se da la señal del  derrumbe y sólo la percibe el vigía colocado en la cima de ese monte. Este con sus voces y gestos da órdenes de que se avise a los trabajadores y él mismo igualmente baja volando. La montaña, resquebrajada, se derrumba por si misma a lo largo  con un estruendo que la mente humana no puede imaginar y con una explosión  increíble.

    Victoriosos contemplan el derrumbe de la Naturaleza.Y sin embargo todavía no hay oro ni sabían si lo había cuando cavaban.  Esperar lo que deseaban fue causa suficiente para tan grandes peligros y gastos.

    Pero queda otro trabajo igual o de mayor coste: llevar ríos de agua para lavar los escombros desde la cumbre de los montes muchas veces desde cien millas de distancia.
                      …..
    Con el método anterior se extrae la tierra con enorme trab ajo para que no colmate los pozos; con este sistema la arrastra el agua. El oro obtenido mediante la arrugia no se funde sino que ya al instante  es oro propio. Así pues se encuentran fuera de los pozos bloques que pasan de las diez libras; unos las llaman “palagas” y otros “palacurnas” y a lo que es grano lo llaman “baluce”; el ulex se seca y se quema y sus cenizas se lavan en un lecho de césped herboso, para que el oro deposite.

    tertia ratio opera vicerit gigantum. cuniculis per magna spatia actis cavantur montes lucernarum ad lumina; eadem mensura vigiliarum est, multisque mensibus non cernitur dies. arrugias id genus vocant. siduntque rimae subito et opprimunt operatos, ut iam minus temerarium videatur e profundo maris petere margaritas atque purpuras. tanto nocentiores fecimus terras! relinquuntur itaque fornices crebri montibus sustinendis. occursant in utroque genere silices; hos igne et aceto rumpunt, saepius vero, quoniam id cuniculos vapore et fumo strangulat, caedunt fractariis cl libras ferri habentibus egeruntque umeris noctibus ac diebus per tenebras proximis tradentes; lucem novissimi cernunt. si longior videtur silex, latus sequitur fossor ambitque. et tamen in silice facilior existimatur opera; est namque terra ex quodam argillae genere glarea mixta – gangadiam vocant – prope inexpugnabilis. cuneis eam ferreis adgrediuntur et isdem malleis nihilque durius putant, nisi quod inter omnia auri fames durissima est. peracto opere cervices fornicum ab ultimo caedunt. dat signum ruina, eamque solus intellegit in cacumine eius montis vigil. hic voce, nutu evocari iubet operas pariterque ipse devolat. mons fractus cadit ab sese longe fragore qui concipi humana mente non possit, aeque et flatu incredibili. spectant victores ruinam naturae. nec tamen adhuc aurum est nec sciere esse, cum foderent, tantaque ad pericula et inpendia satis causae fuit sperare quod cuperent. alius par labor ac vel maioris inpendii: flumina ad lavandam hanc ruinam iugis montium obiter duxere a centesimo plerumque lapide;
                                                  ……
    in priore genere quae exhauriuntur inmenso labore, ne occupent puteos, in hoc rigantur. aurum arrugia quaesitum non coquitur, sed statim suum est. inveniuntur ita massae, nec non in puteis, et denas excedentes libras; palagas, alii palacurnas, iidem quod minutum est balucem vocant. ulex siccatur, uritur, et cinis eius lavatur substrato caespite herboso, ut sidat aurum.

    En realidad lo que hacen es recoger el agua de los manantiales, de la lluvia y de la nieve  en grandes embalses, y conducirla por gravedad desde largas distancias con  un sistema de canales hasta  las minas. En los estratos estériles se excavan  a muchos  muchos metros de profundidad varias galerías que se superponen a las capas de conglomerado aurífero. Se abren  las compuertas de las presas y enormes cantidades de agua fluyen por  las galerías de diverso diámetro de luz, que están cerradas en sus extremos. La enorme presión acumulada hace estallar las rocas y las arrastra a varios kilómetros creando enormes áreas para el lavado. Este  proceso es claramente evidente en el aspecto de la zona  principal de Las Médulas. El sistema de canales y conducciones de agua alcanzaba al menos 100 Km.

    Curiosamente este principio de la presurización del agua es el utilizado actualmente por las modernas máquinas de corte por chorro de agua, más precisas y versátiles que el corte por laser, plasma o descarga eléctrica para trabajar con todo tipo de material. La técnica ciertamente ha evolucionado pero el principio general es el utilizado por los especialistas romanos.

    En resumen y como se reconoce en la propia documentación de la Unesco, “La Zona Arqueológica de Las Médulas es así un magnífico ejemplo de proceso histórico en el que los elementos naturales y la intervención humana aparecen constantemente entrelazados”.

    Ciertamente, lo único que les faltó a los romanos fue el desarrollo de alguna de las técnicas modernas más sofisticadas, como la  lixiviación con cianuro o la fusión del arsénico aurífero, técnicas que modernas empresas extractivas emplean precisamente hoy en día en la misma zona del Noroeste hispano.  Pero estas explotaciones suelen contar con la oposición de los habitantes de la zona y de grupos de defensores del medio ambiente por las grave contaminación que suele llevar parejo el movimiento de millones de toneladas de escombros. Claro que en la Antigüedad los romanos establecieron todo una campamento y una legión, la Legio VII Gemina"  (la Legíon Septima Gemela) para controlar la zona. Por algo sería…

    Pero la fiebre del oro sigue siendo todavía muy alta y los obstáculos a su extracción suelen ser fácilmente superados, precisamente por el propio oro transformado en papel moneda o dinero digital, más moderno todavía.

  • La fiebre del oro en la Antigüedad

    Desde que los hombres descubrieron la utilidad de los metales, una de sus mayores preocupaciones ha sido localizar los yacimientos en los que se encuentra el oro, la plata, el hierro, el estaño, el cobre, el plomo…

    Una de las razones que explican el desarrollo y extensión imparable del Imperio Romano en las cuatro direcciones fue precisamente la detección de minas. Ese mismo motivo explica, por ejemplo, su extensión por la península Ibérica, rica en metales según relata Estrabón en el libro III de su Geografía dedicado a Hispania.

    Existió en la Antigüedad una auténtica fiebre del oro. Plinio dedica el libro XXXIII de su Naturalis  Historia a los metales y allí se refiere a esta fiebre que también se apoderó de los romanos.
    Nos dice Plinio que al principio había muy poco oro en Roma; los anillos eran de hierro y no de oro y no tenían ni brazaletes ni otros adornos de oro. A medida que fueron conquistando el mundo se fueron contaminando de ese afán por el lujo y por el metal que lo evidencia, el oro; su uso se fue generalizando: coronas, fíbulas,  brazaletes, las mujeres en todo el cuerpo, manos, brazos, pies, cintura… luego también los hombres y hasta algunos esclavos tenían anillos de oro.

    Pero, ¿por qué el oro? ¿Por qué esta fiebre, este deseo incontenible? Seguramente porque brilla y brilla porque no se oxida, porque es inalterable; y también es duro pero maleable.  Hoy además de en joyería se emplea  en numerosos aparatos como los teléfonos móviles, en las clavijas de sonido de alta fidelidad, en medicina, en la tecnología aerospacial y hasta en la comida de algunos excéntricos tan exigentes como los antiguos sibaritas.

    Plinio cree que el brillo  no es la razón de su valor, sino que no deja residuo en el fuego y que se puede estirar mucho y dividir en muchas láminas. Aunque reconoce también que:

    Además, no se oxida, ni hace cardenillo, no se altera la calidad o se reduce el peso. Es resistente a la acción de la sal y el vinagre, que doblegan todas las cosas, y finalmente ya se puede hilar y tejer como si fuera lana o sin lana”. (Naturalis Historia, 33, 20)

    super cetera non robigo ulla, non aerugo, non aliud ex ipso, quod consumat bonitatem minuatve pondus. iam contra salis et aceti sucos, domitores rerum, constantia superat omnia, superque netur ac texitur lanae modo vel sine lana

    Pero Plinio crítica esta ansia desmedida en el citado libro XXXIII, 3:

    ¡Ojalá fuese posible erradicar de nuestra vida para siempre esta maldita hambre de oro! Como han dicho los más celebres autores,  despreciado con todos los reproches por los mejores hombres, sólo fue descubierto para la ruina de la vida. ¡Cuanto más feliz el tiempo en el que las cosas mismas se intercambiaban entre sí, como ocurría en la época de Troya, si hemos de creer a Homero! Yo creo, en consecuencia, que el comercio se introdujo por las necesidades de la vida.

      utinamque posset e vita in totum abdicari [sacrum fame, ut celeberrimi auctores dixere] proscissum conviciis ab optimis quibusque et ad perniciem vitae repertum, quanto feliciore aevo, cum res ipsae permutabantur inter sese, sicut et Troianis temporibus factitatum Homero credi convenit! ita enim, ut opinor, commercia victus gratia invecta.

    Y para ello somos capaces de introducirnos en las profundidades de la tierra: (N.H. 33,1):


    Esas cosas (los metales, el oro) que  están escondidas y enterradas, que no se producen de repente, son las que nos empujan y nos llevan hasta los infiernos, de forma que nuestra mente, aplicada a lo inútil, evalúa cuál será el fin de la explotación después de todos los siglos y hasta dónde llegará nuestra codicia. ¡Qué inocente, qué feliz, incluso qué deliciosa sería la vida, si no deseásemos ninguna otra cosa sino lo que hay en la superficie de la tierra; en una palabra, nada si no  lo que se ofrece a nuestras manos! 

    illa nos peremunt, illa nos ad inferos agunt, quae occultavit atque demersit, illa, quae non nascuntur repente, ut mens ad inane evolans reputet, quae deinde futura sit finis omnibus saeculis exhauriendi eam, quo usque penetratura avaritia. quam innocens, quam beata, immo vero etiam delicata esset vita, si nihil aliunde quam supra terras concupisceret, breviterque, nisi quod secum est!

    Y luego arremete contra quien acuñó moneda de oro (N.H.33, 13):

    El segundo crimen contra la humanidad habría sido cometido por los que primero acuñaron monedas de oro, un crimen cuyo autor es desconocido. El Pueblo romano, antes de la derrota de Pirro,  no tenía moneda de plata.

    Proximum scelus fuit eius, qui primus ex auro denarium signavit, quod et ipsum latet auctore incerto. populus Romanus ne argento quidem signato ante Phyrrhum regem devictum usus est.

    Y poco después, Nat.Hist., 33,14:

    Pero el origen de la avaricia tuvo primeramente su origen en el dinero, en la usura indolente y el préstamo a interés; y rápidamente prendió con fuerte rabia no sólo ya la avaricia sino el hambre de oro, hasta tal punto que cuando Septimuleyo, amigo familiar de Cayo Graco, le llevó a Opimio su cabeza cortada a la que se le había puesto precio al peso, le echó plomo en la boca, añadiendo a su parricidio el fraude a la república. Y no se trata solo de un simple ciudadano, sino que infamado todo el nombre romano por su avaricia, el rey Mitrídates echó oro en la boca del general Aquilo al que había hecho prisionero. Esto es lo que genera el deseo de poseer.

    Sed a nummo prima origo avaritiae faenore excogitato quaestuosaque segnitia, nec paulatim: exarsit rabie quadam non iam avaritia, sed fames auri, utpote cum Septumuleius, C. Gracchi familiaris, auro rependendum caput eius abscisum ad Opimium tulerit plumboque in os addito parricidio suo rem p. etiam circumscripserit; nec iam Quiritium aliquis, sed universo nomine Romano infami rex Mithridates Aquilio duci capto aurum in os infudit. Haec parit habendi Cupido!

    Ya antes el poeta Virgilio había descrito de manera lapidaria y magistral las consecuencias de esta maldita sed de oro en Eneida, 3, 357:

    ¿A qué no obligas a los mortales corazones, maldita sed del oro?

    Quid non mortalia pectora cogis,
    auri sacra fames?

    De entonces a hoy no ha decaído un ápice el ansia y afán de oro.

    Plinio también nos da información sobre el sistema de explotación y penalidades del trabajo en la mina. En otro artículo hablaremos de la  ruina montium  de Las Médulas.

    Plinio nos da más información sobre los diversos yacimientos de oro, las diversas formas de explotación, las técnicas para su extracción y sobre sus usos. Podemos decir que emplearon técnicas muy avanzadas, algunas enormemente laboriosas. Quienes estén interesados en estos temas deben leer el libro 33 de la Naturalis Historia. Sólo les faltaron a los romanos algunas técnicas modernas como la lixiviación con cianuro o la fusión del arsénico aurífero, actualmente empleadas por compañías internacionales en el Noroeste español, precisamente en la misma área que los antiguos romanos prospectaron, evaluaron y explotaron con extraordinario resultado.

    Ahora bien, estas técnicas modernas suscitan con frecuencia y con toda razón el rechazo de la población por los perjuicios medioambientales que suelen llevar parejas producidos por millones de toneladas de escombros.

    Tampoco conocían los romanos que todo el oro del mundo tiene su origen en cataclismos cósmicos, en la colisión de estrellas de neutrones, como acaban de averiguar los actuales astrofísicos.

    En todo caso hoy como ayer la fiebre del oro sigue siendo muy alta y los numerosos obstáculos materiales y técnicos a su extracción o la oposición de grupos y ciudadanos preocupados por la conservación del medio ambiente son fácilmente superables, precisamente por el propio oro, convertido en papel moneda o en dinero digital, más moderno todavía y acorde con los tiempos.

  • Fósiles de dinosaurios en la Antigüedad

    En la Mitología grecolatina, como en casi todas, son frecuentes los seres monstruosos y los animales fantásticos. A veces estos monstruos son animales de grandes dimensiones, otras son resultado de la mezcla de varios diferentes e incluso en ocasiones de la mezcla de seres humanos y animales.

    Dragones, grifos, esfinges, centauros, monstruos marinos, pegasos, dioses de forma humana con cabeza de animal como en Egipto,…  pueblan todas las mitologías y cosmogonías del mundo y nos retrotraen a una etapa muy primitiva del ser humano: algunos a la época de los cazadores y otros también a la época neolítica.

    Algunas personas piensan que la creación de estos seres monstruosos se debe a la aparición en la propia Antigüedad de restos fósiles de dinosaurios y otros animales extinguidos en aquel entonces. Es un intento de explicación racionalista de los mitos. A esta teoría de explicación mitológica se le llama “evemerismo”, del nombre de su presunto creador Evemero de Mesene, en el siglo IV a.C., del que apenas se conservan algunos resúmenes  y citas.

    Según Evémero los dioses no son sino personajes históricos, reyes de especial relevancia, engrandecidos por la tradición. Esta teoría tuvo cierto éxito entre algunos autores antiguos, especialmente entre los antiguos padres de la Iglesia, que la utilizaron para desacreditar los mitos antiguos pero que no aplicaron a los propios.

    Por muy atractivas que parezcan estas teorías de racionalización de los mitos, la realidad es que el ser humano es enormemente complejo y en su afán de explicar el mundo que le rodea recurre con su inteligencia, su imaginación, sus sueños e imaginaciones, su concepción unitaria del mundo a formas de explicación simbólica y mítica. Utiliza así experiencias físicas para expresar realidades de otro orden.

    En la Antigüedad ciertamente aparecen restos fósiles y estos hallazgos están documentados. No cabe duda que estos fósiles alimentaron a veces la imaginación de los antiguos y también ayudan a explicar,  justificar o reforzar la existencia de sus animales fantásticos.

    Hay un texto muy interesante de Plinio en el que se cuenta cómo el edil Marco Escauro, en el año 58 a.C.,  llevó a Roma y exhibió los restos fósiles de un monstruo aparecidos en Jope, la actual Jaffa, junto a Tel-Aviv. En Jope situaban tradicionalmente los antiguos el episodio del mito de Perseo y Andrómeda.  (véase en este mismo blog  https://www.antiquitatem.com/andromeda-perseo-medusa-danae-zeus). Allí sitúan también el episodio,  o dicen que afloraban de la roca restos de las cadenas de Andrómeda, Estrabón, XVI,2,28 (759); Mela, I,11/64; Plinio NH V, 13/69; Josefo, Bello Iudaico, III,9,3 (420); Pausanias, IV, 35,6; Jerónimo, Comm. Ad Ion., I,3    Casi todos ellos mencionan que sobre la roca de Jope afloraban restos de las cadenas de Andrómeda.

    Naturalmente se identificaron los restos traídos por Escauro con los del monstruo marino que había de devorar a Andrómeda.

    Nos dice Plinio, NH IX, 4/11:

    Siendo edil, Marco Escauro expuso en Roma, traídos desde Jope, los huesos del monstruo al que se decía que había sido expuesta Andrómeda. Tenían de longitud 40 pies (unos 13 metros), la altitud de sus costillas superaba a los elefantes de la India, su espina dorsal tenía pie y medio de grosor (unos 45 centímetros).

    Beluae, cui dicebatur expósita fuisse Andromeda ossa Romae apportata ex oppido Iudaeae Ioppe ostendit inter reliqua miracula in aedilitate sua M. Scaurus longitudine pedum XL, altitudine costarum Indicos elephantos excedente, spinae crrassitudine sesquipedali.

    Tal vez se tratara de un pliosaurio como el aparecido recientemente en el mar Ártico, de 15 metros de longitud y 45 toneladas de peso; o tal vez fuera alguna ballena o cetáceo antiguos.

    Hay también una famosa pintura en un vaso griego, una crátera de mediados del siglo VI ahora en el Museo de Bellas Artes de Boston, en el que Heracles se enfrenta al monstruo que Poseidón envió a atacar a Troya en la que reinaba Laomedonte, que debía sacrificar a su hija Hesíone, en un mito similar al de Andrómeda. La pintura representa  con toda evidencia también  un resto fósil, probablemente de un tipo de jirafa antigua.

               

    Alguien ha explicado la ubicación de los Cíclopes en Sicilia por la aparición allí de restos de elefante antiguo: el agujero central se habría interpretado como un ojo único en mitad de su frente.

    La folclorista Adrienne Mayor  parece haber comprobado que en los lugares en que se ubican los mitos griegos de luchas entre dioses, monstruos y hombres, se encuentran abundantes fósiles. Así pone como ejemplo la isla de Samos en donde se sitúan los combates de las amazonas y en donde  aparecen frecuentes fósiles; o relaciona la aparición  de fósiles de dinasaurios en los desiertos de Asia central con un texto de Heródoto: Historiae, 4,13,1 en el que se habla de los Grifos:

    Otra historia se cuenta sobre este tema igualmente entre griegos y bárbaros. Un tal Aristeas, natural de Proconeso, hijo de Caistrobio y poeta, decía que por consejo de Febo había ido hasta los Isedones, y que más allá habitaban los Arimaspos, hombres de un solo ojo en la cara, y más allá de estos están los Grifos, que guardan el oro del país y que todavía más allá habitaban , hasta las costas del mar, los hiperbóreos. Según él, todos estos pueblos, excepto los hiperbóreos, especialmente los Arimaspos, siempre estaban en guerra con sus vecinos.

    Pero todas estas elucubraciones, como los vistosos y exitosos documentales sobre estos asuntos, han de ser  observados con agudo sentido crítico y científico.

    En todo caso la aparición de estos restos impresionó a los antiguos y hay indicios que nos permiten suponer que  algunos antiguos más curiosos buscaron y coleccionaron estos restos.

    Así Suetonio, hace también un referencia a restos fósiles de grandes animales cuando al referirse a las “villas” de Augusto, nos dice en Vida de Augusto, 72, 3

    En cuanto a las suyas (sus villas) sin embargo, aunque modestas, las embelleció no tanto con el adorno de estatuas y de pinturas cuanto con paseos arbolados y con bosquecillos y con cosas curiosas por su antigüedad y rareza, como son los miembros supergrandes de animales y fieras enormes de Capri, que dicen que son huesos de los gigantes y armas de los héroes.

    sua uero quamuis modica non tam statuarum tabularumque pictarum ornatu quam xystis et nemoribus excoluit rebusque uetustate ac raritate notabilibus, qualia sunt Capreis immanium beluarum ferarumque membra praegrandia, quae dicuntur gigantum ossa, et arma heroum.

    Sin embargo todo esto no nos autoriza a pensar que esta es la explicación de la proliferación de estos monstruos mitológicos. La curiosidad, la creatividad y la imaginación humanas, ayudadas también por ensoñaciones y visiones oníricas fueron suficientes.

    En todo caso resulta curioso e interesante comprobar cómo hace dos mil años ya impresionaban los dinosaurios, que tanto interés generan en nuestros días.

  • Cayo Graco: sólo el interés mueve al orador político

    Aulo Gelio, en el libro XI, capítulo 9, de sus Noches Áticas, nos relata cómo el famoso orador griego Demóstenes se deja comprar por una buena cantidad de dinero para no pronunciar un discurso en contra del macedonio Harpalo. En el capítulo siguiente en el 10, nos da otra versión atribuida ahora a un discurso de Cayo Graco. Pero el interés de este texto va más allá de la diferente atribución, porque en él Graco nos descubre con toda crudeza cómo los oradores políticos y los abogados buscan sobre todo el lucro y el beneficio.

    Dice el texto:

    Que C. Graco en un discurso suyo atribuyó la historia anteriormente escrita al orador Demades y no a Demóstenes; se citan las palabras del propio C.Graco.

    Lo que en el capítulo anterior dijimos que había sido escrito por Critolao sobre Demóstenes, Cayo Graco  se lo atribuyó con estas palabras a Demades en el discurso contra la ley Aufeya:

    "Si vosotros, ciudadanos, quisierais usar de vuestra sabiduría y honradez, aunque lo buscaseis, encontraríais que ninguno de nosotros sale aquí si no es por un precio. Todos nosotros, que tomamos la palabra, algo buscamos y ninguno se presenta ante vosotros por ningún otro motivo que el de sacar algún beneficio. Yo mismo, que os estoy hablando para que aumentéis vuestra ganancia  para que podáis administrar más fácilmente vuestros bienes y la república, no he salido gratis, aunque no pido de vosotros dinero sino buena consideración y honor. 

    Quienes salen aquí  para disuadiros de que aprobéis esta ley, no buscan vuestro reconocimiento  sino el dinero de Nicomedes;  quienes os aconsejan que la aprobéis, éstos tampoco buscan de vosotros  el reconocimiento sino el precio y el premio de Mitrídates para su patrimonio familiar; y quienes desde el mismo lugar y orden social se callan, estos son los peores, pues reciben recompensas de todos y a todos engañan. Vosotros, si consideráis que se apartan de estas cosas, les prestáis buena consideración; así pues, los embajadores de los reyes, considerando que permanecen callados a favor de su causa, les ofrecen las mayores recompensas y dineros, como asimismo ocurrió en tierra griega,  en la ocasión en que un actor de tragedias  consideraba motivo de honra que se le hubiera entregado un talento por una sola obra de teatro, y se dice que Demades, el más elocuente de su ciudad, le respondió: “  ¿Te parece maravilloso que hayas recibido un talento por hablar? Yo, por estar callador, recibí diez talentos del rey”. Del mismo modo ahora esos individuos reciben  los mayores pagos por callar”.

    Quod C. Gracchus in oratione sua historiam supra scriptam Demadi rhetori, non Demostheni, adtribuit; verbaque ipsius C. Gracchi relata.
    Quod in capite superiore a Critolao scriptum esse diximus super Demosthene, id C. Gracchus in oratione, qua legem  Aufeiam dissuasit, in Demaden contulit verbis hisce:  "Nam vos, Quirites, si velitis sapientia atque virtute uti, etsi quaeritis, neminem nostrum invenietis sine pretio huc prodire. Omnes nos, qui verba facimus, aliquid petimus, neque ullius rei causa quisquam ad vos prodit, nisi ut aliquid auferat. Ego ipse, qui aput vos verba facio, uti vectigalia vestra augeatis, quo facilius vestra commoda et rempublicam administrare possitis, non gratis prodeo; verum peto a vobis non pecuniam, sed bonam existimationem atque honorem. Qui prodeunt dissuasuri, ne hanc legem accipiatis, petunt non honorem a vobis, verum a Nicomede pecuniam; qui suadent, ut accipiatis, hi quoque petunt non a vobis bonam existimationem, verum a Mithridate rei familiari suae pretium et praemium; qui autem ex eodem loco atque ordine tacent, hi vel acerrimi sunt; nam ab omnibus pretium accipiunt et omnis fallunt.  Vos, cum putatis eos ab his rebus remotos esse, inpertitis bonam existimationem;  legationes autem a regibus, cum putant eos sua causa reticere, sumptus atque pecunias maximas praebent, item uti in terra Graecia, quo in tempore tragoedus gloriae sibi ducebat talentum magnum ob unam fabulam datum esse, homo eloquentissimus civitatis suae Demades ei respondisse dicitur: "Mirum tibi videtur, si tu loquendo talentum quaesisti? ego, ut tacerem, decem talenta a rege accepi". Item nunc isti pretia maxima ob tacendum accipiunt".

    Este Demades es un orador, contemporáneo de Demóstenes, que se muestra favorable a los macedonios Filipo y luego Alejandro, su hijo y su política de expansión por Grecia.  Véase el artículo …. En el que se cuenta la misma anécdota, si bien aplicada a Demóstenes. https://www.antiquitatem.com/corrupcion-politica-demostenes-filipicas

    Una consideración sobre la Ley Aufeia a la que se refiere el discurso de Graco expone bien a las claras cuál es el ambiente general de corrupción en la adjudicación de servicios públicos en el momento en el que Roma se está extendiendo por todo el Mediterráneo de forma imparable.

    Los filólogos como H. Hill consideran que el término “Aufeia” es un término corrupto y que en realidad se refiere a la Lex Aquilia, que debe su nombre a Manio Aquilio, cónsul en el año 129 a.C.  Pero lo pertinente de la cita es que este Aquilio fue procónsul de Asia y en calidad de tal adjudicó la recaudación de los impuestos de las provincias de Asia; en concreto adjudicó  al rey del Ponto Mitrídates V los impuestos del reino de la Gran Frigia, según se decía, a cambio de un fuerte soborno. Se le acusó ante el tribunal “de repetundis”.  La “Lex de pecuniis repetundis”, “ley de reclamación de dineros indebidamente percibidos”, actuaba contra las concusiones (exacción arbitraria hecha por un funcionario público en provecho propio) y  cohechos (delito de sobornar a un juez o a un funcionario o de  aceptación del soborno). 

    Aquilio fue absuelto con gran escándalo. Como consecuencia, el tribuno Cayo Sempronio Graco, que buscaba recursos para sus reformas agrarias, promulgó la “Lex Sempronia de provincia Asia”  para que los recursos de Asia fueran subastados y arrendados a los “publicanos” en la propia Roma y por los censores, como garantía contra los abusos de los gobernadores.

    En fin, esto de la adjudicación de “obras públicas” a quien paga una buena comisión parece un asunto extraído de la prensa de hoy mismo; lo de la absolución del corrupto también.

    Como detalle curioso diremos que la palabra “concusión”  deriva del verbo latino “concutere” que significa sacudir, mover, golpear; parece estar tomada de la práctica de “sacudir o mover el árbol para recoger los frutos que caen”  y en verdad que parece adecuado el origen porque eso es lo que hacían generalmente los gobernadores y funcionarios romanos de las provincias, agitarlas y golpearlas hasta recoger de ellas todo el fruto.

    Ya el propio nombre de “provincia” es suficientemente expresivo: “territorio para vencer”, dominar y expoliar, aplicando implacablemente el significado de otra expresiva frase latina: “vae victis” “¡ay de los vencidos!”, frase cuyo interesante origen comentaremos en otro momento.
     

  • Un caso famoso de corrupción política en Atenas

    Si algo planea de manera insufrible sobre la vida política española es la corrupción. En realidad parece inherente a la condición de muchas personas y su sed insaciable de dinero. Por eso existe en todos los países, dependiendo su intensidad de la fuerza de la democracia y de la existencia de controles adecuados. Tampoco es exclusiva de nuestra época, sino de todos los tiempos.

    Por supuesto, existió la corrupción política en Grecia y en Roma y se legisló contra ella, sin mucho éxito, por supuesto. Ni siquiera dejó de existir en la “democracia recién inventada”,  de la que se sintieron tan orgullosos los atenienses.

    Aulo  Gelio, en sus Noctes Atticae, en el libro, XI, 9 nos ofrece un famoso ejemplo de corrupción  adjudicado al gran Demóstenes, el duro nacionalista ateniense que se opuso al avance de Filipo, el rey de Macedonia padre de Alejandro, con sus famosos y duros discursos que precisamente se llaman “Filípicas”.

    Nota: Precisamente este es el origen del término “filípica” significando, según la Real Academia, “invectiva, censura acre”

    Demóstenes, que fue siempre coherente en la defensa de Atenas frente al macedonio, cedió a veces en su labor como abogado al mejor pagador.  De él, pues, dice Aulo Gelio en Noches Áticas, XI,9:

    Historia sobre los embajadores de Mileto y el orador Demóstenes, que se encuentra en los libros de Critolao.

    Critolao escribió que llegaron a Atenas unos embajadores de Mileto por un asunto de estado, se diría que  para pedir ayuda. Entonces los abogados, que pareció que habían llamado para hablar en su favor, hablaron. como se les había ordenado, ante el pueblo a favor de los Milesios; Demóstenes respondió con dureza a las peticiones de los milesio, planteando que ni los milesios eran dignos de ayuda ni aquello fuese una cuestión de estado. El asunto se pospuso para el día siguiente. Los embajadores acudieron a casa de Demóstenes y le rogaron con gran insistencia que no hablase en contra; él (Demóstenes) les pidió dinero y recibió cuanto había pedido. Al día siguiente, cuando el asunto comenzó a tratarse de nuevo, Demóstenes se presentó ante el pueblo con el cuello y la garganta tapados con una gran bufanda alrededor y dijo que padecía  de  “anginas” (συνάνγκη,  synanje) y que por eso no podía hablar contra los milesios. Entonces uno del pueblo gritó que de lo que Demóstenes padecía no era de “anginas” (συνάνγκη,  synanje) sino de “argentina” ἀργυράγκη argyranje.*


    * Nota: “argentina”, derivado de “argentum”, plata, de la misma raíz que el griego ἄργυρος , argyros, plata, sobre el que se ha formado ἀργυράγκη; imitando el juego de palabras diríamos que “no padecía de angina sino de platagina”, refiriéndose a la plata o dinero que recibió.

    Historia de legatis Mileti ac Demosthene rhetore in libris Critolai reperta.

    Critolaus scripsit legatos Mileto publicae rei causa venisse Athenas, fortasse an dixerit auxilii petendi gratia. Tum qui pro sese verba facerent, quos visum erat advocavisse, advocatos, uti erat mandatum, verba pro Milesiis ad populum fecisse, Demosthenen Milesiorum postulatis acriter respondisse, neque Milesios auxilio dignos neque ex republica id esse contendisse. Rem in posterum diem prolatam. Legatos ad Demosthenen venisse magnoque opere orasse, uti contra ne diceret; eum pecuniam petivisse et, quantam petiverat, abstulisse. Postridie cum res agi denuo coepta esset, Demosthenen lana multa collum cervicesque circumvolutum ad populum prodisse et dixisse se synanchen pati; eo contra Milesios loqui non quire. Tum e populo unum exclamasse non synanchen, quod Demosthenes pateretur, sed argyranchen esse.

    Inmediatamente después Gelio finaliza el episodio con un párrafo que no hace sino confirmar y subrayar la desvergüenza del famoso Demóstenes y la aparente aceptación de la sociedad ateniense.

    El mismo Demóstenes, como el mismo Critolao cuenta, no ocultó después esto, sino que incluso se lo atribuyó a sí mismo como motivo de honra. Pues cuando preguntó a Aristodemo, actor de teatro, cuánto dinero había recibido por  actuar y Aristodemo le respondió “un talento”, le dijo: “pues yo recibí  más por callar”.

    Ipse etiam Demosthenes, ut idem Critolaus refert, non id postea concelavit, quin gloriae quoque hoc sibi adsignavit. Nam cum interrogasset Aristodemum, actorem fabularum, quantum mercedis, uti ageret, accepisset, et Aristodemus "talentum" respondisset: "at ego plus" inquit "accepi, ut tacerem".

    Plutarco cuenta esta misma anécdota en “Vida de Demóstenes, 25”  referida no a los embajadores de MIleto, sino a Hárpalo, fugitivo de Alejandro; en esta versión el orador habría sido sobornado con una copa de oro y veinte talentos.

    Aunque prácticamente coincidente, reproduzco también la narración de Plutarco, historiador griego que vivió aproximadamente entre el  46 y el  120 de nuestra era.  Su más famosa obra fue “Vidas paralelas”.  En ellas compara al orador griego Demóstenes con el romano Cicerón  y es precisamente en esa vida en la que narra la anécdota a que me refiero:

    Plutarco:Vida de Demóstenes, 25:  (En la buena versión al castellano que Ranz Romanillos (1759-1830) hizo de las “Vidas paralelas” a principios del siglo XIX poco antes de morir)

    De allí a poco vino del Asia a Atenas Harpalo, huyendo de Alejandro, ya porque realmente sus negocios se hallaban en mal estado a causa de su disposición y ya también por temer a éste, que se había hecho terrible a sus amigos. Acogiéndose, pues, al pueblo de Atenas,y poniéndose en sus manos con sus naves y sus bienes, al punto los demás oradores, puestos los ojos en la riqueza, estuvieron de su parte, y persuadían a los atenienses que le admitieran y salvaran a un refugiado; Demóstenes al principio aconsejaba que se hiciera salir a Harpalo, y se guardaran de precipitar a la ciudad en la guerra por un motivo no necesario e injusto, y al cabo de pocos días, habiéndose hecho el registro de los bienes que traía, viéndole Harpalo prendado de una copa de las del rey y que examinaba su hechura y su forma, le dijo que loa sopesara y viera el peso que tenía de oro. Admiróse Demóstenes de su peso y preguntando cuánto valía, sonriéndose Harpalo: “Para ti –le dijo- valdrá veinte talentos. Fue Harpalo muy perspicaz en descubrir en él su ánimo codicioso del oro por su semblante, por la viveza de sus ojos y por el modo de dirigir sus miradas. No pudo, pues, Demóstenes resistir a esta tentación; así, como plaza que admite guarnición, se rindió a Harpalo, y al día siguiente, arropándose muy bien el cuello con lana y con vendas, se presentó así en la junta pública. Decíanle que se levantara y hablase, y él por señas daba a entender que tenía cortada la voz; pero algunos burlones decían con malignidad que aquella noche ha bía sido acometido no de angina, sino de argentina, el orador.” 

    En fin, el propio Gelio, en Noches Áticas, XI, 10, nos da otra versión ligeramente diferente:  en esta ocasión es C. Graco el que atribuye la anécdota al orador Demades y no a Demóstenes. Pero este texto, que tiene un interés añadido para comprender el tema de la corrupción política en la Antigüedad, lo comentaré en un nuevo artículo.
     

  • Los ladrones de lo público

    La insufrible corrupción que parece dominar toda la vida pública está a punto de arruinar la confianza de los ciudadanos en la política. Tal vez alguno piense que este es un mal de los tiempos modernos y limitado a algunas sociedades en las que la democracia es más débil. Nada más lejos de la verdad histórica.

    Son muchos los ejemplos de corrupción de la Antigüedad y muchas las leyes que intentan controlarla. Algunos ciudadanos pueden pensar que en vano.

    Aulo Gelio, en su famosa obra “Noches Aticas”, libro XI, 18 hace unas consideraciones sobre los primitivos legisladores y el rigor con el que combaten el robo. En el parágrafo 18 de este capítulo de este libro dice algo que no puede sino crearnos una enorme desazón porque parecen palabras recién leidas en el periódico de hoy:

    “Sin embargo, M. Porcio Catón, en el discurso que escribió sobre “El reparto del botín a los soldados”, se queja con palabras enérgicas  y brillantes de la impunidad y licencia para la malversación de los fondos públicos.  Transcribo estas palabras porque nos impresionaron mucho. Dijo:

    “Los ladrones de robos  privados pasan la vida  en la cárcel y con cadenas; los ladrones de lo público, entre el oro y la púrpura”.

    Sed enim M. Cato in oratione, quam de Praeda militibus dividenda scripsit, vehementibus et inlustribus verbis de inpunitate peculatu atque licentia conqueritur. Ea verba, quoniam nobis inpense placuerant, adscripsimus: "Fures" inquit "privatorum furtorum in nervo atque in compedibus aetatem agunt, fures publici in auro atque in purpura".

    Han pasado 2.200 años desde que Catón pronunció la frase.Así eran  las cosas ayer como son hoy, aunque a decir verdad, en la actualidad la perversión es aún mayor,  porque la rapiña y robo de lo privado también queda impune en muchas ocasiones si  el ladrón, de guante blanco por supuesto, es poderoso.  ¿O no es privado el dinero que especuladores sin escrúpulos, promotores inmobiliarios sin escrúpulos, banqueros y  gestores de cajas de ahorro sin escrúpulos, han birlado a miles de particulares indefensos con bancarrotas, productos tóxicos, preferentes y productos bancarios incomprensibles?

    Todo esto no hace sino sumarse al robo de lo público y corrupción.

    Todo ello no hace sino alimentar  la decepción y la tristeza y alejar a los ciudadanos de la política. Pero la política, la buena política, la política democrática  no puede claudicar y darse por vencida,  porque en realidad es el único instrumento para hacer cara a tanto desmán.

  • “No esperes de los amigos lo que puedas hacer tu mismo”. (Ne quid exspectes amicos, quod tute agere possies).

    Hace pocos días un buen amigo de elevada sensibilidad literaria se servía de la frase presuntamente atribuida a Shakespeare “Siempre me siento feliz, ¿ sabes por qué ?
    Porque no espero nada de nadie; esperar siempre duele”. La frase admite dos interpretaciones, una negativa y de desesperanza y otra positiva de autoconfianza, de seguridad en las propias fuerzas y recursos. Mi amigo se decantaba por esta segunda.

    La frase, que aparentemente nada tiene que ver con el Mundo Antiguo,   me suscitó tres reflexiones que quiero compartir.

    La primera se refiere a la paternidad de la citada frase. Decía en la introducción “atribuida”.  No he logrado constatar la autoría shakespiriana; es más rebuscando en español y en inglés coincido con la opinión mejor formada,  de los comentaristas más serios, de que esta frase y el resto de versos que la suelen acompañar, al menos tal cual se cita, no es de Shakespeare.  Pudiera ser un refrito de diversos pasajes e ideas del dramaturgo inglés, pero muy probablemente ni ese es el origen. Como en tantas otras ocasiones, se atribuyen pensamientos y citas a autores famosos para dotarles de un especial prestigio. Esto es tan viejo como la historia de la Literatura y del pensamiento. Estas falsas  citas se replican y multiplican ahora a la velocidad de la luz, que es a la que se mueven los bits de los modernos instrumentos digitales.

    La segunda consideración es que, sea cual sea el origen y el padre de la cita, la frase no carece de interés y puede ser motivo de afortunadas reflexiones. Me recuerda al filósofo griego tardío que probablemente más insistió en la idea de que es en nosotros mismos en quienes debemos confiar para orientar y dar sentido a nuestra vida. Me refiero a Epicteto (55-135), filósofo estoico griego que vivió parte de su vida en Roma como esclavo.  No sabemos que escribiera nada, pero su discípulo Flavio Arriano tomó nota y publicó sus pensamientos en dos obras llamadas Discursos (Διατριβαί, diatribai) y  Enchiridión,  Ἐγχειρίδιον) o 'Manual'.

    Nota: “Enquiridión” deriva del lat. enchiridĭon, y este del gr. ἐγχειρίδιον, manual, a su vez  compuesto de (χείρ) kheír,  ‘mano’; palabra que por cierto encontramos también en  kheirurgía (χειρουργία) ‘operación quirúrgica’, cirujía y cirujano, propiamente el que trabaja con las manos,  y en quiromancia (χειρομαντεία) queiromanteia, o adivinación por las rayas de la mano.

    Es muy aconsejable la lectura de su Enchiridión o Manual, del que  reproduzco, por venir al caso  el número 15:

    Recuerda que debes comportarte en la vida como si fuera un banquete. ¿Te ha llegado un plato? Extiende tu mano y coge de él con moderación. ¿Te pasa de largo? No intentes cogerlo. ¿No te ha llegado todavía? No te lances con deseo hacia él; espera a que esté junto a ti. Actúa igual con los amigos, con tu mujer, con los cargos públicos y las riquezas y serás digno de ser admitido al banquete de los dioses. Y si ni siquiera coges lo que te ofrecen y te contentas con lo necesario para vivir, entonces no sólo serás un convidado de los dioses sino que reinarás igual a ellos. Por obrar así es por lo que Diógenes y Heráclito y algunos otros fueron con justicia llamados hombres divinos, como eran.

    La tercera consideración es que la frase en cuestión me recordaba un pasaje de la curiosa y abigarrada obra de Aulo Gelio titulada Noches Aticas, en el que recoge de Quinto Ennio una fábula del griego Esopo. Reproduzco íntegro el pasaje de Gelio, correspondiente al Libro II, 29

    No carece de utilidad recordar una fábula del frigio Esopo.

    Con todo merecimiento fue considerado un sabio Esopo, el famoso fabulista de Frigia, que ni ordenó ni censuró de manera severa y autoritaria lo que es conveniente advertir y aconsejar, como tienen por costumbre los filósofos, sino que imaginando agradables y atractivas fábulas,  infunde en la mente y en el espíritu de los hombres ideas pensadas para prevenir y ser útiles y además con indudable placer para el oído.

    Así,   ésta  su fábula sobre el nido de un pajarillo advierte elegante y agradablemente que no se ha de poner nunca la esperanza y confianza de las cosas que alguien puede hacer en otro sino en uno mismo.

    Hay –dijo- un pajarillo pequeño que se llama alondra. Habita y nidifica en la mies casi en el momento de la cosecha para alimentar a sus polluelos cuando están emplumando.

    Casualmente esta alondra lo había hecho en una mies ya madura, porque los polluelos todavía no volaban entre los trigos que amarilleaban. Así pues a punto de marchar  ella para buscar alimentos para los polluelos, les advierte que, si ocurría allí alguna novedad o se dijera algo, que tomaran nota para decírselo cuando regresara.

    Luego, el dueño de aquellas mieses llama a su hijo y le dice: “¿no ves que estas mieses ya están maduras y están pidiendo nuestras manos (para segarlas)? Por tanto mañana, tan pronto amanezca, vete a ver a los amigos y pídeles que vengan,  que nos den su ayuda mutua y que nos ayuden con esta mies”.

    Despues de decir esto se marchó. Y cuando volvió la alondra, los pollos temblando y asustados saltaban alrededor y pedían a su madre que se diera prisa inmediatamente y que los llevase a otro lugar: “pues el dueño –decían- ha enviado a pedir a los amigos que al amanecer  vengan y lo sieguen". La madre les ordena que se tranquilicen: “pues si el dueño –les dice- ha encargado la cosecha a los amigos, mañana no se segará la mies y no es necesario que os saque hoy de aquí.

    Al día siguiente –dijo- la madre se va volando en busca de alimento. El dueño aguarda a los que había pedido ayuda. El sol abrasa y no ocurre nada; se pasa el día y ningún amigo acude. Entonces el dueño le dice de nuevo a su hijo: estos amigos, en su mayor parte, son unos holgazanes. ¿Por qué no vamos mejor a nuestros parientes y familiares y les pedimos que acudan mañana temprano para segar?”

    Los polluelos aterrorizados cuentan esto mismo a su madre. Su madre les anima a que también entonces estén sin miedo y sin preocupación; les dice que por lo general no hay parientes y familiares tan generosos que acudan sin dudar a trabajar y obedezcan inmediatamente una petición: “vosotros –les dice- observad sólo si le dice algo de nuevo”.

    Amanecido un nuevo día el ave se marchó a buscar comida. Parientes y familiares pasaron del trabajo que se les había pedido que prestaran. Finalmente pues, el dueño dijo a su hijo: “que a los amigos con los parientes les vaya bien. Con la primera luz traerás dos hoces, una para mí mismo y tú cogerás la otra y mañana segaremos nosotros mismos el trigo con nuestras propias manos”. Cuando la madre oyó de sus polluelos que el dueño había dicho esto, dijo: “es el momento de retirarse y marcharse de aquí; ahora ocurrirá sin la menor duda lo que dijo que iba a ocurrir, pues el  asunto, que es suyo, depende ya  de él mismo y no de otro al que pedir ayuda”.

    Y así la alondra cambió el nido y la mies fue segada por su dueño.

    Esta es ciertamente una fábula de Esopo sobre la, muchas veces, frágil e insegura confianza en los amigos y parientes.

    Pero.¿qué otra cosa aconsejan los libros más sagradosde los filósofos, sino que nos apoyemos sólo en nosotros mismos, y que todas las otras cosas que están fuera de nosotros y de nuestro alcance,  ni las consideremos adecuadas para los nuestros ni para nosotros?

    Q. Ennio compuso en sus sátiras esta fábula de Esopo, de manera sabia y agradable,  en versos de cuatro medidas (de ocho pies).

    Estos son los dos últimos versos, que creo, por Hércules, que merece la pena tener en el corazón y en la memoria:

                                Tendrás siempre colocado ante tus ojos esta máxima:
                                no esperes de los amigos lo que puedas hacer tú mismo”

    Apologus Aesopi Phrygis memoratu non inutilis.
    Aesopus ille e Phrygia fabulator haut inmerito sapiens existimatus est, cum, quae utilia monitu suasuque erant, non severe neque imperiose praecepit et censuit, ut philosophis mos est, sed festivos delectabilesque apologos commentus res salubriter ac prospicienter animadversas in mentes animosque hominum cum audiendi quadam inlecebra induit.  Velut haec eius fabula de aviculae nidulo lepide atque iucunde promonet spem fiduciamque rerum, quas efficere quis possit, haut umquam in alio, set in semetipso habendam.  "Avicula" inquit "est parva, nomen est cassita.  Habitat nidulaturque in segetibus id ferme temporis, ut appetat messis pullis iam iam plumantibus.  Ea cassita in sementes forte congesserat tempestiviores; propterea frumentis flavescentibus pulli etiam tunc involucres erant.  Dum igitur ipsa iret cibum pullis quaesitum, monet eos, ut, si quid ibi rei novae fieret dicereturve, animadverterent idque uti sibi, ubi redisset, nuntiarem.  Dominus postea segetum illarum filium adulescentem vocat et "videsne" inquit "haec ematuruisse et manus iam postulare? idcirco die crastini, ubi primum diluculabit, fac amicos eas et roges, veniant operamque mutuam dent et messim hanc nobis adiuvent."  Haec ubi ille dixit, et discessit. Atque ubi redit cassita, pulli tremibundi, trepiduli circumstrepere orareque matrem, ut iam statim properet inque alium locum sese asportet: "nam dominus" inquiunt "misit, qui amicos roget, uti luce oriente veniant et metant".  Mater iubet eos otioso animo esse: "si enim dominus" inquit "messim ad amicos reicit, crastino seges non metetur neque necessum est, hodie uti vos auferam." Die" inquit "postero mater in pabulum volat. Dominus, quos rogaverat, opperitur. Sol fervit, et fit nihil; it dies, et amici nulli eunt.  Tum ille rursum sum ad filium: "amici isti magnam partem" inquit "cessatores sunt. Quin potius imus et cognatos adfinesque nostros oramus, ut assint creas temperi ad metendum?" Itidem hoc pulli pavefacti matri nuntiant.  Mater hortatur, ut tum quoque sine metu ac sine cura sint; cognatos adfinesque nullos ferme tam esse obsequibiles ait, ut ad laborem capessendum nihil cunctentur et statim dicto oboediant: "vos modo" inquit "advertite, si modo quid denuo dicetur".  Alia luce orta avis in pastum profecta est. Cognati et adfines operam, quam dare rogati sunt, supersederunt.  Ad postremum igitur dominus filio: "valeant" inquit "amici cum propinquis. Afferes primo luci falces duas; unam egomet mihi et tu tibi capies alteram, et frumentum nosmetipsi manibus nostris cras metemus".  Id ubi ex pullis dixisse dominum mater audivit: "tempus" inquit "est cedendi et abeundi; fiet nunc dubio procul, quod futurum dixit. In ipso enim iam vertitur, cuia res est, non in alio, unde petitur".  Atque ita cassita nidum migravit, seges a domino demessa est." Haec quidem est Aesopi fabula de amicorum et propinquorum quorum levi plerumque et inani fiducia.  Sed quid aliud sanctiores libri philosophorum monent, quam ut in nobis tantum ipsis nitamur, alia autem omnia, quae extra nos extraque nostrum animum sunt, neque pro nostris neque pro nobis ducamus?  Hunc Aesopi apologum Q. Ennius in satiris scite admodum et venuste versibus quadratis composuit.  Quorum duo postremi isti sunt, quos habere cordi et memoriae operae pretium esse hercle puto:

    hoc erit tibi argumentum semper in promptu situm:
    ne quid exspectes amicos, quod tute agere possis.

  • Apotegmas, aforismos, adagios, axiomas, sentencias, dichos

    Los griegos fueron quienes decidieron que el saber y los avances del conocimiento debían ser enseñados a los ciudadanos y que estos debían ser educados en ese conocimiento y en el respeto a las leyes. Ciertamente ni los griegos ni los romanos crean un sistema público de enseñanza similar a los modernos, pero sí un sistema de enseñanza con sus diversas etapas.

    En un principio es la propia familia la que educa a los niños en las cuatro letras y números y en el respeto a la religión y a las normas con los ejemplos de los antepasados. Luego, las familias ricas y poderosas encargan a un maestro  o pedagogo, generalmente esclavo, , la educación; los menos pudientes acuden a escuelas , a las que por cierto llaman “ludus”, juego, hasta los 15 años, con el magister, el maestro. Para los jóvenes ricos se organiza a partir del siglo II a.C. una enseñanza secundaria en latín y en griego con el  grammaticus que enseña la literatura sobre todo griega y el  rhetor que enseña elocuencia;  los más afortunados acceden a la enseñanza superior en alguna ciudad griega a partir de los 18 años.

    Pues bien, un elemento importante en la educación del ciudadano, del que de alguna manera debe preocuparse la sociedad, es el conocimiento de los grandes hechos y pensamientos memorables de los antepasados ilustres, la enseñanza por el ejemplo de las personas ilustres.

    Por ejemplo dice Platón en su Protágoras, 325d-326a:

    “Más tarde, cuando ya se le envía a la escuela, se recomienda mucho más al maestro la buena conducta del niño que sus progresos en el conocimiento de las letras o de la cítara; el maestro por su parte, pone en ello el máximo cuidado y, cuando los niños saben sus letras y están en disposición de comprender las palabas escritas, como ocurriera antes con el lenguaje hablado, hace leer a toda la clase, colocada en filas en los bancos, los versos de los grandes poetas y le hace aprender de memoria estas obras llenas de buenos consejos, y también de digresiones, de elogios en que e exaltan los antiguos héroes, para que el niño, movido por la emulación, los imite y aspire a ser semejante a ellos.” (Trad. De Francisco de P. Samaranch para Edit. Aguilar)

    La cita de las hazañas, dichos y hechos de esas personas con intención educativa es constante en los escritos de cualquier autor. Para facilitar el uso de esos dichos que recogen los hechos  o pensamientos se editan selecciones y colecciones de ellos. Esas selecciones se han sucedido sin interrupción desde la antigüedad hasta nuestros días, desde Plutarco hasta los modernos diccionarios de frases y expresiones latinas, o colecciones de refranes, etc.  pasando por los Humanistas como Erasmo.

    Son constantes las publicaciones de “dichos” atribuidos a los Siete Sabios. No hace tanto Editorial Gredos publicaba, en 1991, de la mano de Alvaro Galmés la obra “Dichos de los Siete Sabios de Grecia.Sentencias morales en verso” a partir de un manuscrito aljamiado-morisco, es decir, un texto morisco en romance pero escrito con caracteres árabes.

    Es por ejemplo frecuente recopilar las sentencias llamativas de autores concretos, como por ejemplo las Marci Tullii Ciceronis Sententiae illustriores de Pedro Lagnerio,Paris, 1546. En estos repertorios encuentran fácilmente ejemplos y dichos todo tipo de orador o autor de los siglos XVI, XVII, XVII… para adornar sus discursos, sermones, escritos, etc.

    De hecho los humanistas suelen preparar una carpeta o cartapacio personal (proverbiador le llama Gracián) que en latín se llama “codex excerptorius, catálogo de citas”  en el que van anotando todos los pasajes de los antiguos que les resultan de interés. A veces publican esos cartapacios o simplemente se sirven de ellos como instrumento auxiliar para adornar sus reflexiones.

    Los nombres que estas colecciones reciben son muchos. Conviene citarlos y definir algunos de ellos, al menos los menos evidentes para el posible lector. Es verdad que como la sinonimia perfecta no existe, hay diferencias y matices entre unos y otros, pero todos coinciden en lo básico: brevedad, densidad del concepto expresado, importancia para la vida de los individuos, sobre todo para su educación moral.

    Este uso de frases cortas plenas de significado es de alguna manera el precedente de los actuales microblogs que como twitter facilitan la comunicación social pero limitando el número de caracteres de cada mensaje.

    Se les denomina aforismos, apotegmas, adagios, proverbio,  paremias,  máximas, agudezas, axiomas, refranes, sentencias,  exprexiones gnómicas, pensamientos,  consejos, dichos, opiniones, instrucciones, preceptos, juicios, principios, reflexiones, emblemas, sátiras,apólogos y con un término grecolatino polyantheae, polianteas,(del griego πολύς, mucho, y   ἄνθος, flor) o florilegios o colecciones de flores (literarias, naturalmente) .
    Este mismo blog se define como  1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo.

    Aforismo ( del  lat. aphorismus, y este del gr. ἀφορισμός, de ἀφορίζω,aforiso, poner límites). Según la Real Academia Española se define como “ Sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte”, Corominas dice “sentencia breve que se da como regla”; Lázaro Carreter: “frase  breve que resume en pocas palabras un conocimiento esencial, muchas veces médico o jurídico”.

    Apotegma: (del griego ἀπόφθεγμα, del prefijo  ἀπό, apo, aparte, lejos, de = aparte, fuera, lejos y    φθέγγομαί , phthengomai = decir en voz alta, enunciar una sentencia). Apotegma es una sentencia o dicho breve y memorable de un personaje ilustre que encierra un contenido moral.  Cicerón dice en De officiis, I, 104:

    "cosas agraciadas y donosas como aquellas que recopiló el viejo Catón las cuales se llaman Apothegmas".

    multaque multorum facete dicta, ut ea, quae a sene Catone collecta sunt, quae vocant ἀποφθέγματα.

    (Nota: No confundir con apotema, que es un término de la geometría  que designa a una línea perpendicular desde el centro de un polígono a uno de sus lados).

    Axioma: de ἀξίωμα, axioma, dignidad, de ἀξίόω, axioo,  juzgar justo, de ἄξιος,  axios, justo), enunciado cuya verdad se admite sin discusión para construir un pensamiento moral o intelectual.

    Gnómica (expresión): de γνωμἰκός, gnomikós, sentencioso, de γνώμη, gnóme, conocimiento, sentencia.

    Paremia: del griego  παροιμία, paroimía, proverbio, refrán instrucción.

    Adagio: , del latín adagium: proposición breve que plantea una acción moral.

    Máxima y sentencia (sententiae en latín): expresión abreviada de “sentencia máxima”, proposición general que expresa una verdad incontestable que ofrece una norma de conducta o advertencia moral. Sententia deriva de sentire, sentir, pensar; es una proposición que encierra una reflexión profunda.

    Proverbio: del latín proverbium, frase de uso general que en pocas palabras encierra una verdad moral.

    Refrán: proviene del francés y este del antiguo occitano refranh, estribillo, que se convirtió en sinónimo de proverbio desde su función de estribillo de las canciones.     

    Agudeza es la sustantivación de “dichos agudos”.

    A las colecciones de estas sentencias o pensamientos se les llama Dicta aurea, dichos de oro,  encareciendo e igualando su valor al del metal más preciado, florilegios o polianteas (polyantheae, polianteae,(del griego πολύς, mucho, y   ἄνθος, anthos, flor,) misceláneas o mezclas, etc.

    Como ejemplo comentaré un apotegma famoso atribuido a Agesilao, con el que se intenta enseñar que no es el lugar que se ocupa el que honra a la persona, sino la persona la que ennoblece el lugar.
    Lo cuenta Plutarco en sus  Apophthegmata Laconica 2,6:

    Cuando todavía (Agesilao) era un joven, en la celebración de un festival de muchachos desnudos, el director de la danza le asignó un lugar inadecuado; él obedeció aunque ya estaba designado para ser rey, pero  le dijo: Está bien,  yo te demostraré que no es el lugar el que honra a los hombres,  sino los hombres los que honran a los lugares

    El mismo Plutarco en Moralia 149 A , pág. 564-5  (Plutarchi Chaeronensis, quae supersunt, omnia: Operum moralium et ..Volumen VI,  Edición de Iohan Iacob Reiske, Lipsiae 1777)  recuerda el episodio y comenta, de acuerdo con la  versión latina citada:

    No nos debe preocupar en qué lugar o detrás de quienes nos colocan, sino que nos sea adecuado estar con aquellos con quien se nos sienta.

    Non enim curandum est quo loco aut post quos collocemur: sed ut, quibus assidemus, cum iis bene nobis conveniat.

    Luego, en 219, 35, pág. 822   atribuye el suceso a otro personaje, a Damonidas.  (Plutarchi Chaeronensis, quae supersunt, omnia: Operum moralium et ..Volumen VI,  Edición de Iohan Iacob Reiske, Lipsiae 1777)

    Damonidas, colocado en el último lugar en el coro por el que dirigía el coro, le dijo: te felicito, corego (director),  porque has encontrado una razón para honrar este lugar hasta ahora devaluado.

    Damonidas, ultimo loco in choro constitutus ab eo, qui chorum instituebat: laudo te, inquit, chorage, qui rationem  inveneris, qua hunc quoque locum alioqui  ignominiosum cohonestares. 

    A su vez Diógenes Laercio en II, 73, lo cuenta aplicado a  Aristipo:

    “Cuando Dioniso quiso obligarlo una vez a hablar de filosofía, dijo:  “sería ridículo que aprendieras de mí a halar y, en cambio, me enseñaras tú cuándo hay que hablar”. Dionisio se enfureció y lo relegó al último asiento; él (Aristipo) dijo: “has querido dar más prestigio a este asiento”.

    Erasmo lo recoge referido a Agesilao en sus  Apophthegmata,I,Agesilaus,8,p.18

    Así  que el hecho, que resulta educativo, se adjudica sin mucho rigor a varios autores distintos ya en la Antigüedad.

    Resulta, pues, menos llamativa una  anécdota similar en tiempos modernos que he oído contar del General y Presidente de la República Francesa Charles De Gaulle y,  aunque resulta verosímil,   no lo he podido documentar. Según esta versión, en cierta ocasión se le colocó en un lugar  protocolariamente inadecuado y cuando se quiso corregir el error y se le propuso el lugar adecuado, él lo rehusó diciendo: “la presidencia está donde está el presidente”

    Todavía más recientemente, en una serie de éxito de la Primera Cadena de Televisión Española sobre el reinado de Isabel la Católica, emitido el pasado día 2 de diciembre de 2013, en el momento en que el rey Boabdil entrega la ciudad de Granada, su hijo le pregunta a dónde irán ahora. Boabdill responde que vivirán al sur en un castillo en el que nada les faltará; su hijo le pregunta si ese destino es propio de un rey y su padre Boabdil le responde:

    no son los palacios los que dignifican a los reyes, son los reyes los que los honran con su presencia”.

    Desconozco si el guionista ha tomado la cita de alguna fuente histórica contemporánea. En todo caso su inclusión en la serie televisiva de éxito demuestra cómo la anécdota de Agesilao sigue siendo productiva.

    He oído también a alguien usar una versión generalizadora del mismo apotegma:

    No es la profesión la que dignifica a la persona, sino la persona la que dignifica a la profesión.

    Estas frases, expresión concentrada y rítmica de un pensamiento o resumen de una experiencia,  tienen sin duda un indudable atractivo.

     

  • Delta

    Delta es el nombre de la cuarta letra del alfabeto griego (Δ, δ), equivalente a la latina, y, por tanto, también a nuestra “D,d”. Procede del alfabeto fenicio, en que se llama “ daleth”, “puerta”

    Por su forma triangular, llamamos también “delta”  a la desembocadura de algunos ríos, en los que la precipitación de los sedimentos transportados por diversos brazos forman un terreno precisamente de forma triangular. En la Antigüedad el delta más famoso es el del río Nilo, del que Heródoto  (vivió entre el 484-425) habla repetidas veces, por ejemplo  en su libro II, considerándolo  un producto de aluvión.

    Heródoto es el autor de la famosa frase “(Egipto) es un don del Nilo ; δῶρον τοῦ ποταμοῦ (Historias, II, 5,1”

    Los gégografos antiguos como Pomponio Mela o Estrabón se refieren a esta desembocadura como “La Delta”. Luego el nombre se ha generalizado  como término técnico en geografía fluvial.

    Delta es también el moderno instrumento en forma de ala triangular (ala delta) que permite  a algunas personas intrépidas hacer realidad el viejo deseo humano de volar como Dédalo. Las características de los materiales, ligeros y resistentes, permiten a estas personas ascender a grandes alturas,  desplazarse a lugares lejanos aprovechando las corrientes de aire, sustentarse durante horas en el aire y aterrizar con la necesaria delicadeza para evitar (no siempre) los accidentes.

    Deltoides” se llama al músculo  del hombro del hombre precisamente por su forma semejante a la letra griega.

    En matemáticas  la letra  δ es utilizada  para indicar el cambio de  una función con respecto a una de las variables que describen dicha función. También δ es utilizada comúnmente en Física para representar la función Delta de Dirac.

    La Δ  mayúscula representa el operador Laplaciano introducido por Laplace en sus estudios de ecuaciones diferenciales en derivadas parciales.

    Tanto en mayúsculas con en minúscula, la letra delta Δ, δ juega un papel importante en la descripción de importantes teorías Físicas como las ecuaciones del electromagnetismo de Maxwell, la ecuación de ondas de la mecánica cuántica o en la teoría de la gravitación de Einstein.

    La letra delta minuscula δ se utiliza en Astronomia para indicar la posicion, junto con la letra alfa α, de los astros en el cielo. Dos angulos son necesarios ( la ascension recta y la declinacion) para definir la posicion de las estrellas y otros objectos en el cielo. La ascension recta se denota por alfa y la declinacion por delta (ambas minusculas).

    Delta es también el nombre eufemístico con el que los griegos  se referían ya al sexo femenino, al triángulo púbico, que en la adolescencia se cubre de vello. Más adelante se utilizó el nombre “mons Veneris  =  monte de Venus”  y “mons pubis = monte del pubis” para designar en anatomía la misma parte del cuerpo femenino.

    Por ejemplo, en la Comedia de Aristófanes Lisístrata, 151” la convincente esposa griega dice:

    Mucho más, por los dioses,
    si nos quedásemos dentro de casa sentadas, bien empolvadas
    desnudas con nuestros velos de Amorgos,
    con el delta depilado,
    a nuestros maridos se les pondría dura
    y querrían follar.
    Pero si nosotras no nos acercásemos
    y nos mantuviésemos alejadas,
    harían sacrificios por la paz inmediatamente.
    Bien lo sé.
    "

    Πολύ γε νὴ τὼ θεώ.
    Εἰ γὰρ καθῄμεθ᾿ ἔνδον ἐντετριμμέναι,
    Κὰν τοῖς χιτωνίοισι τοῖς᾿Αμοργίονις
     γυμναὶ παρίοιμεν δέλτα παρατετιλμέναι,
    στύοιντο δ᾿ἄνδρες κἀπιθυμοῖεν σπλεκοῦν,
    ἡμεῖς δὲ μὴ προσιείμεθ᾿, ἀλλ᾿ ἀπεχοίμεθα,
    σπονδὰς ποήσαιντ᾿ ἂν ταχέως, εὖ οἶδ᾿ ὅτι.

    Recordemos que en esta comedia, las esposas griegas, hartas de tanta guerra que ocupa a sus maridos, se han declarado en “huelga sexual” para forzarles a firmar la paz. Véase: https://www.antiquitatem.com/lisistrata-aristofanes-amor-guerra

    Sabido es como en relación con los  “montes” hay dos tendencias o actuaciones: una más conservadora y ecológica que consiste en dejar el bosque  a su libre y natural desarrollo y otra más intervencionista y cultural, dijéramos, de retocar y enmendar la plana a la propia naturaleza. Para quien piense que la moda o costumbre que ha tomado fuerza en la actualidad de depilar el monte es algo nuevo y extraordinario, le aconsejo que observe las numerosas representaciones que aparecen en las vasijas griegas o relea la cita anterior de Lisístrata.

    Tal vez mezclando las dos denominaciones  de “Delta” y “Monte de Venus”  la escritora Anais Nin escribió una famosa obra  pornográfica (del griego πόρνη ,pórnē, «prostituta» y γράφειν, gráphein, «grabar, escribir, ilustrar) que tituló “El Delta de Venus”.