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  • Exposición de cadáveres

    El ser humano, a diferencia de otros animales, atiende a sus muertos y sus cadáveres. Esto está atestiguado desde el Paleolítico. Las formas y costumbres de los diversos pueblos con las que se refieren al hecho de la muerte y tratan los cadáveres son muchas y variadas. Sin duda estos ritos son fruto del desconcierto que produce la muerte en todos los seres vivos; se pretende la inmortalidad pero el hombre se encuentra con la descomposición del cuerpo. Es necesario, pues, realizar ritos para evitar el proceso de descomposición del cadáver… En expresión de Walter Burkert, el homo sapiens es un homo sepeliens (del latín sepelio,sepultar), un hombre que entierra a sus muertos.

    En nuestro entorno cultural estamos familiarizados con la inhumación (del latín in, en, y humus, tierra) o enterramiento y con la cremación (del lat. cremationem, quema) o incineración (del lat. in,en, y cinerem, ceniza, conversión en ceniza).  Por cierto que la cremación o incineración ha ido creciendo desde hace tan sólo unas pocas décadas en España.  En las antiguas Grecia y Roma coexistieron ambas formas; en Grecia la cremación comenzó a practicarse después de la época Micénica; entre los hititas, hurritas o en Troya VI existía ya  en el  II milenio a.C. 

    Pues bien, Heródoto, por ejemplo,  nos ofrece  una temprana reflexión sobre la variedad de ritos y costumbres según los pueblos, a propósito de una anécdota  referida a los persas, cuyo imperio estaba formado por pueblos diversos. Nos dice en su Historias, III, 38:

    En cierta ocasión hizo llamar Darío a unos griegos, sus vasallos, que cerca de sí tenía y habiendo comparecido  luego, les hace esta pregunta: ¿cuánto dinero querían por comerse a sus padres al acabar de morir? Respondiéronle luego que por todo el oro del mundo no lo harían. Llama inmediatamente después a unos indios titulados Calatias, entre los cuales es uso común comer el cadáver de sus propios padres: estaban allí presentes los griegos, a quienes un intérprete declaraba lo que se decía: venidos los indios, pregunta Darío cuánto querían por permitir que se quemaran los cadáveres de sus padres; y ellos le suplican a gritos que no dijera por los dioses tal blasfemia. ¡Tanta es la prevención a favor del uso y de la costumbre!

    Y Cicerón nos ofrece también un texto interesante: Disputationes Tusculanae ( Disputas Tusculanas), I, XLV, 108:

    Mas, ¿para qué censurar las opiniones de los individuos, cuando podemos examinar varios errores de las naciones? Los egipcios embalsaman a los muertos y los conservan en casa. Los persas también los entierran después de untarlos de cera para que los cuerpos permanezcan diuturnos lo más posible. Es costumbre de los Magos no inhumar los cuerpos de los suyos, si antes no han sido destrozados por las fieras. En Hircania la plebe sustenta canes públicos; los optimates, domésticos. Por otra parte,  sabemos que aquella es una raza noble de canes, pero cada quien prepara según sus posibilidades, a aquellos por los cuales sea destrozado. Y creen ellos que esta es la mejor sepultura. Muchos otros casos reúne Crisipo, curioso como es en toda historia, pero algunos son tan aterradores que mi discurso los rehúye y evita.

    Sed quid singulorum opiniones animadvertam, nationum varios errores perspicere cum liceat? Condiunt Aegyptii mortuos et eos servant domi. Persae etiam cera cirumlitos condunt, ut quam maxime permaneant diuturna corpora; Magorum mos est non humare corpora suorum nisi a feris sint ante laniata: inHyrcania plebs públicos alit canes, optimates domesticos: nobile autem genus canum illud esse, sed pro sua quisque facultate parat a quibus lanietur, eamque optimam, illi esse censent sepulturam. Permulta alia colligit Chrysippus, ut est in omni historia curiosus, sed ita taetra sunt quaedam, ut ea fugiat et reformidet oratio.

    Y Silio Italico, Punica, XIII , 466-487 dice:

    Entonces el joven (Escipión) respondió: “hermosísima estirpe del antiguo Clauso, ninguna otra cuestión se antepondrá a la tuya, aunque nos preocupan asuntos no pequeños. Pues esa práctica es distinta en todos los pueblos y produce funerales diversos para enterrar los cuerpos yacentes  y es distinta la costumbre de conservar las cenizas. En la tierra Ibera, como se cuenta, (la costumbre es antigua), un obsceno buitre devora los cuerpos exánimes. Cuando los miembros de un rey han abandonado la luz en Hircania, la norma es que los devoren los perros. La tierra de Egipto encierra los cuerpos presentes  después del funeral  en un sarcófago perfumado y no  aparta su sombra exangüe de los banquetes; el Ponto (Mar Negro) implantó  la costumbre de vaciar el cráneo extrayendo el cerebro  y los mantiene embalsamados para largos siglos. ¿Y los Garamantes que entierran los cuerpos desnudos  en agujeros excavados en la arena? ¿Y los Nasamones que ordenan enterrar  en el cruel mar a sus muertos en las costas de Libia? Luego, los Celtas, cosa horrible se complacen en enmarcar el hueso del cráneo vaciado en oro y los emplean en los banquetes  como copas. Los Cecrópidas (los atenienses) acordaron que los caídos por la patria por designio de Marte (en la batalla) fueran quemados en una hoguera común; pero entre la gente de Escitia el lento tiempo es el sepulcro de los cadáveres atados a los troncos  y abandonados para su putrefacción. 

    Tunc iuuenis: ‘Gens o ueteris pulcherrima Clausi,
    haud ulla ante tuam, quamquam non parua fatigent,
    curarum prior extiterit. namque ista per omnis
    discrimen seruat populos uariatque iacentum
    exequias tumuli et cinerum sententia discors.
    tellure, ut perhibent, (is mos anticus) Hibera
    exanima obscenus consumit corpora uultur.
    regia cum lucem posuerunt membra, probatum est
    Hyrcanis adhibere canes. Aegyptia tellus
    claudit odorato post funus stantia saxo
    corpora et a mensis exanguem haud separat umbram.
    exhausto instituit Pontus uacuare cerebro
    ora uirum et longum medicata reponit in aeuum.
    quid qui reclusa nudos Garamantes harena
    infodiunt? quid qui saeuo sepelire profundo
    exanimos mandant Libycis Nasamones in oris?
    at Celtae uacui capitis circumdare gaudent
    ossa, nefas, auro ac mensis ea pocula seruant.
    Cecropidae ob patriam Mauortis sorte peremptos
    decreuere simul communibus urere flammis.
    at gente in Scythica suffixa cadauera truncis
    lenta dies sepelit putri liquentia tabo.’

    Son éstas  unas reflexiones interesantes para algunos intransigentes que no respetan costumbre alguna distinta de la del propio grupo.

    Un rito curioso, extendido de oriente a occidente y que existió también en algunos pueblos de la Península Ibérica, es el de “exposición de cadáveres” a las aves carroñeras para que los devoraran y transportaran al difunto o a su alma a los cielos.

    La exposición de cadáveres a las aves carroñeras está atestiguada en Çatal Hüyük, yacimiento arqueológico en la actual Turquía,  que se extiende en el tiempo desde el VIII milenio a.C. hasta el 5.700 a.C. Enterraban a sus muertos en los propios hogares y la forma desarticulada en que se encuentran  los esqueletos han sugerido a los investigadores que los cuerpos eran expuestos a las aves para luego recoger los huesos y enterrarlos.

    En todo caso es un tratamiento y un rito exigido por los persas seguidores de Zoroastro en Irán y que siguen practicando los actuales parsis de la India, sucesores de persas emigrantes en el siglo VII. (de origen parsi son por ejemplo el famoso director de orquesta Zubin Mehta o el también famoso actor Freddie Mercury;  los parsis actuales deben ser unos 100.000). Todo ello y nuevas exigencias de los nuevos tiempos hacen que este  rito “parsi”  se vaya extinguiendo o adaptando, pero en cualquier caso el rito nos sigue causando honda impresión.

    Los cadáveres son expuestos en las llamadas “torres del silencio” para que sean comidos por los buitres y elevados a los cielos. Consideran que enterrar a los muertos contamina la tierra, quemarlos contamina el fuego y del aire, y lanzarlos al agua contamina el  agua.

    Heródoto menciona el rito funerario persa de exponer los cadáveres a las carroñeras, en  I, 140

    Apolonio de Rodas, en su poema plagado de curiosidades “El viaje delos Argonautas”,canto III (en el número 200 y ss.) nos describe una exposición de cadáveres  diferente porque no se ofrecen a los buitres o aves carroñeras:

    Y en seguida desde la nave, sobre los juncos y el agua, arribaron a la escarpada planicie ribereña. Circea se llama esta. Allí en hileras, tamarindos y sauces han crecido, de los que, precisamente de los más altos, cuelgan los cadáveres atados con cuerdas. Pues aún ahora, entre los habitantes de la Cólquida es un sacrilegio quemar en el fuego a los hombres que partieron. Y tampoco es lícito sepultarlos en la tierra y amontonarla luego  sobre su tumba, sino que después de envolverlos en pieles de buey, se les cuelga lejos de la ciudad. Pero también la tierra recibe un lote de muertos igual al del aire, puesto que en la tierra sepultan a las mujeres. Entre aquellos esta costumbre ritual se ha establecido”.

    Curiosamente algunas fuentes antiguas se refieren a la “exposición de cadáveres” a las aves carroñeras en la antigua Península Ibérica, la Hispania latina.

    Silio Italico,al hablar de los mercenarios celtíberos que había en el ejército de Anibal  dice en Punica, III, 340-343:

    “Vinieron también los celtas unidos en el nombre a los iberos. Para ellos es un honor caer en la lucha, y un crimen  incinerar su cadáver. Creen que el muerto irá al cielo con los dioses si un buitre hambriento devora el cuerpo yacente”.

    Venere et Celtae sociati nomen Hiberis.
    his pugna cecidisse decus, corpusque cremari
    tale nefas: caelo credunt superisque referri,
    impastus carpat si membra iacentia uultur.

    Y poco después, como hemos visto antes, Silio Itálico: Punica, XIII, 471-472:

    en la tierra Ibera, como cuentan (la costumbre es antigua)
    el obsceno buitre devora los cuerpos exánimes

    tellure, ut perhibent, (is mos anticus) Hibera
    exanima obscenus consumit corpora uultur.

    Así que practicarían un doble ritual. Sólo los cuerpos de los guerreros muertos en combate serían expuestos en algunos lugares determinados para que los buitres transportasen su espíritu a los cielos. Por tener esa función sagrada de transportadores de las almas o espíritus se les aplica el adjetivo  psicopompos (del griego ψυχοπομπός, de ψυχή,psique, alma, soplo  y πομπός, pompos,conductor).

    Esta práctica está atestiguada en varios fragmentos de cerámica pintada de Numancia

    En un fragmento se ve a un buitre que se lanza en picado sobre un guerrero yacente en el suelo atravesado por una lanza con una espada en la mano. En la otra un buitre está devorando ya el cuerpo del guerrero.

    En la misma Numancia, fuera de la ciudad,  se han encontrado unos círculos de piedra que algún arqueólogo considera posibles expositorios de cadáveres a la manera de las “torres del silencio” de los mazdeistas iranios.

    El rito,evidentemente, nos informa del sentido del valor  del guerrero y de la vida entendida  de un modo agonístico y competitivo y del desprecio a la muerte. Nos informa también de una esperanza de recompensa en el mas allá en el que los guerreros valerosos conviven con los dioses. Nos informa de los elevados valores éticos de estos pueblos.

    Hay un texto de Eliano en De nat. Anim. X, 22 (FHA, VIII: 330) que extiende el rito a los vacceos de la Meseta Norte, vecinos de los cántabros:

    Los vaceos, pueblo de Hesperia, a los difuntos  por alguna enfermedad, como muertos de forma feminil y cobardemente,  los queman en el fuego para resaltar la ignominia de su muerte; en cambio, a quienes cayeron en una muerte hermosa, como hombres valientes y fuertes y adornados de extraordinario valor, los arrojan para ser devorados a los buitres, porque piensan que estas aves son sagradas.

    Eliano escribió en griego, pero  Friedrich Jacobs lo tradujo modernamente al altín en la edición  Frommann edition, Jena, 1832.  Y dice así:

    Vaccaei, genus Hesperis, ex aliquo morbo mortuos, ut muliebriter et ignaviter defunctos, ad notandam mortis ignominiam igni cremant; eos vero, qui in bello morte occubuerunt, ut viros bonos et fortes, et eximia virtute ornatos, vulturibus devorandos objiciunt, quod eas aves sacras existiment.

    Pero hay estudiosos que consideran que la lectura en los textos “vacceos” es una lectura corrupta, lo que introduce una gran duda en la validez del texto. En realidad los manuscritos de Eliano hablan de barkaioi y no vacceos. Los barkaioi no son conocidos en la península ibérica. Barkaioi se habría corregido por Samuel Bochar (1599-1667) y seguido luego por otros  filólogos modernos y traducido  al latín como baccaei   y de ahí vacceos.  Quizás dijese araouacoi, es decir, arévacos;  que algún copista cortó  en ara/ouakoi;   ouakoi  daría  bakoi.  Es decir, el texto original hablaba también de arévacos. Esta interpretación, que fonéticamente es posible, sería coherente con el sentido del texto, porque entre los arévacos de Numancia está bien atestiguado,como decíamos.  El error se consolidó en gran medida gracias a la absoluta autoridad de Schulten durante muchos años en el estudio de las “Fuentes de la antigua Hispania”.

    En cualquier caso son numerosos los restos arqeuológicos, pinturas, inscripciones, lápidas que parecen atestiguarlo en numerosos lugares de la península Ibérica, a los que tal vez se extendió desde la Celtiberia.

    Así entre los Vettones y en Cantabria, como atestigua la estela Cantabra de Zurita (Renedo de Piélagos), muy deteriorada,  en la que parece que un buitre picotea el cuerpo de un guerrero yacente y otras similares de Lara de los Infantes (Burgos), Binefar (Huesca), el Palao (Alcañiz,Teruel)

    El rito está atestiguado en diversos lugares de Europa entre los celtas y germanos.

    Pausanias nos dice a propósito de las invasiones de los Galos en Grecia acaudillados por Brennos, en X,21.6  que dejaban los cuerpos de los guerreros caídos en las batallas a los animales carroñeros…

    Después de esta victoria en las Termópilas, los griegos enterraban a sus muertos y despojaban a los bárbaros, pero los galos no enviaron ningún mensajero para que se les permitiera recoger los cuerpos, porque les era indiferente que la tierra cubriera los cuerpos o que fueran devorados los animales salvajes o por las aves carroñeras.

    Esta escena de los buitres devorando el cuerpo de los guerreros se ve,por ejemplo,  en un vaso de Falisco del siglo IV a.C. 

    En las  Eddas escandinavas encontramos  numerosas referencias a estas creencias; así en Edda Mayor, 1986: 33, 78,193-195, 199, 201-202, 212,217,225,246,255,259,297.

    Podemos concluir, pues, que el rito se practicó en toda la cultura céltica.

    Un rito parecido encontramos entre algunas tribus indias de Norteamérica que exponen los cadáveres de sus guerreros en una especie de escenario de madera elevado; a veces aparece en algún western.

    El rito se atestigua también en el Tibet en donde se exponen los cadáveres en espacios a la salida de los poblados, en los que a veces algunas personas ayudan a descuartizar los cuerpos.

    ¿Tendrá este rito existente en lugares tan distintos un origen común? Muy probablemente.si consideramos que el rito se pierde en la noche de los tiempos, en la prehistoria, y los habitantes de América proceden en varias oleadas de Eurasia a través del Estrecho de Behring en los momentos en que podía ser atravesado a pie.

    Después de esta larga explicación estamos en disposición de entender un texto de Longino en De lo Sublime, 3,2 en el que se refiere a Gorgias de Leontinos (483-375) y lo critica porque de forma grandilocuente llama a los buitres  “sepulcros vivos”:

    “Así también provoca la risa eso de Gorgias de Leontinos cuando escribe: “Jerjes, Zeus de los Persas” y “buitres, sepulcros vivos"

    Si Gorgias conocía la costumbre persa, quizás la imagen no sea tan grandilocuente. En todo caso hizo fortuna en la historia, empleada una y otra vez.

    Shakespeare, por ejemplo,  lo utiliza en Macbeht  en el Acto III, Escena cuarta, 1359-61:

    Macbeth: Si van a devolvernos los osarios
                       Y las tumbas a quienes enterramos,
                       Serán nuestros sepulcros
                       Los vientres de los buitres,

    Macbeth:  If charnel-houses and our graves must send
                       Those that we bury back, our monuments 1360
                       Shall be the maws of kites.

     

  • Número adecuado de comensales en un banquete

    Uno de los actos sociales más importantes desde la antigüedad es el banquete o symposium. Participar de los mismos alimentos en la misma mesa identifica a las personas, de acuerdo con el elemental dicho popular “de lo que se come se cría”; en un elemental ejercicio de lógica, quienes comen de lo mismo, criarán de lo mismo.

    Se trata de uno de los actos sociales más ritualizados en todo momento, aunque apenas reparemos en ello si no se trata de un banquete protocolarizado.

    Existen determinadas normas de protocolo para organizar los banquetes y distribuir los comensales en las mesas adecuadas. Las mesas pueden ser  cuadradas, rectangulares,  ovaladas, redondas, grandes o pequeñas, en función de las necesidades y de los objetivos que se pretendan.

    Un objetivo plausible es pretender que los comensales de una mesa puedan participar todos ellos de una única conversación. En algún lugar, que no recuerdo, leí que el número adecuado para ello según un manual inglés es el de ocho comensales máximo; a partir de ese número aparecen varios focos de conversación y no uno solo. La experiencia me ha demostrado que así  ocurre ciertamente.

    Curiosamente, como en tantas ocasiones, esto ya lo advirtieron los antiguos, para quienes el invitar o ser invitado a un banquete es un acto social de gran importancia.

    El famoso y erudito Ausonio, profesor del emperador Graciano, tiene un opúsculo o pequeña obra, que es lo que significa la palabra, llamado Ephemeris (Diario o,lo que es igual,ocupaciones de un día completo)

    Nota: efemérides deriva del lat. ephemerĭdes, , y este del gr. ἐφημερίς, -ίδος,( de ἐπί,  sobre, en y ἡμέρα, día), narración o comentario de los hechos de cada dia.

    Pues bien, en ese opúsculo Ausonio tiene un poemita , el número 5, que titula: La hora de la invitación, que en versión de Antonio Alvar para la editorial Gredos dice así:

    Se acerca el momento de invitar a los amigos; para no demorar la comida con ellos,  corre raudo muchacho a las casas de nuestros vecinos. Tú sabes quienes son; te quiero de vuelta antes de que termine de hablar. He invitado a cinco; en efecto,  el banaquete justo son seis, contando al anfitrión; si son más, se convierte en alboroto. Ya se ha ido; yo me quedo con Sosia.

    Ephemeris,  id est totius diei negotium
    Locus invitationis

    Tempus vocandis namque amicis adpetit;
    ne nos vel illis demoremur prandium,
    propere per aedes curre vicinas, puer.
    scis ipse, qui sint: iamque dum loquor, redi.
    5quinque advocavi; sex enim convivium
    cum rege iustum: si super, convicium est..
    abiit; relicti nos sumus cum Sosia.

    Al número de comensales se hace referencia en Historia Augusta,  Verus (Iuli Capitolini), V, 1 en donde leemos a propósito de un desmesurado banquete que ofreció Lucio Vero, coemperador con  Marco Aurelio, hijos adoptivos ambos de Antonino Pío:

    Se cuenta como  muy famoso el  banquete aquel en el que se dice que por primera vez se sentaron a la mesa  doce personas, aunque es muy conocido el dicho sobre el número de invitados : “Siete son  banquete, nueve,  tropel”.

    Et notissimum eius quidem fertur tale convivium, in quo primum duodecim accubuisse dicitur, cum sit notissimum dictum de numero convivarum : "Septem convivium, novem vero convicium;"

    A Varrón le atribuye Gelio una propuesta práctica, culta y erudita. Nos lo cuenta Gelio, XIII, 11 en sus Noches Áticas:

    Sobre qué número de convidados consideraba M. Varrón que era el justo y adecuado y sobre los postres y dulces.

    Es muy agradable uno de los libros de M.Varrón de las Sátiras Menipeas que se titula “No sabes lo nos trae el Véspero de la tarde (la noche). En el trata del número adecuado de convidados y del aspecto y características del propio banquete.Dice, pues, que el número de invitados debe comenzar en el número de las Gracias y llegar al de las Musas, es decir, partir de tres y detenerse en nueve, de tal forma que cuando son pocos no sean menos de tres y cuando son muchos no sean más de nueve.. “No conviene que sean muchos –dice-, porque  la multitud  de ordinario es turbulenta y en Roma, ciertamente, está tranquila, pero en Atenas en cambio nunca está quieta.

    Y nos sigue dando consejos para que el banquete resulte un éxito:

    Dice que el banquete depende de cuatro cosas y entonces será perfecto en todas sus condiciones si han sido invitados personajillos bien educados, si el lugar elegido es el adecuado, si lo es también el momento y si no se ha descuidado la comida. Conviene elegir  comensales que no sean ni excesivamente habladores ni mudos, porque la elocuencia debe estar en el foro y en el escaño (Senado) y el silencio en el dormitorio y no en el banquete. Considera que las conversaciones deben ocupar el tiempo no sobre cuestiones preocupantes y angustiosas, sino sobre temas agradables y placenteros, con alguna gracia y útiles por su atractivo, para que de ellos nuestro espíritu se haga un poco más feliz y divertido. Esto ciertamente se conseguirá, dice, si se habla de ese tipo de cosas que pertenecen al uso normal de la vida, de las que no es posible hablar o en el foro o cuando se está haciendo un negocio. Dijo también que el anfitrión del banquete puede no ser excesivamente espléndido pero no tacaño y que en el banquete no debe leerse todo sino elegirse más bien las cosas que sean al mismo tiempo útiles (βιωφελῆ, biophele) y diviertan.
    También da normas  acerca de los postres ( segundas mesas y como conviene que sean). Utilizó estas palabras: Los postres,dijo, más dulces son los dulces que no son; pues las golosinas (πέμμασιν,pemmasin) forman una mala sociedad con la digestión (πέψει, pepsei).Quizás alguien no comprenda por qué Varrón utilizó en este texto la palabra “bellaria”; esta palabra designa todo tipo de cosas que se sirven en los postres (segundas mesas). Pues lo que los griegos llamaron  πέμματα (pemmata, golosinas) o  τραγήματα (traguemata, caramelos), nuestros autores antiguos llamaron “bellaria”. En las comedias más antiguas encontramos que a los vinos dulces se les da este nombre y se dice que son las bellaria (golosinas) de Líbero (Baco).

    Quem M. Varro aptum iustumque esse numerum convivarum existimarit; ac de mensis secundis et de bellariis
    Lepidissimus  liber est M. Varronis ex Satiris Menippeis, qui inscribitur Nescis Quid Vesper Serus Vehat, in quo disserit de apto convivarum numero deque ipsius convivii habitu cultuque.  Dicit autem, convivarum numerum incipere oportere a Gratiarum numero et progredi ad Musarum, id est proficisci a tribus et consistere in novem, ut, cum paucissimi convivae sunt, non pauciores sint quam tres, cum plurimi, non plures quam novem. “Nam multos,” inquit, “esse non convenit, quod turba plerumque est turbulenta et Romae quidem stat,  sedet Athenis, nusquam autem cubat.
    Ipsum deinde convivium constat,” inquit, “ex rebus quattuor et tum denique omnibus suis numeris absolutum est, si belli homunculi conlecti sunt, si electus locus, si tempus lectum, si apparatus non neglectus. Nec loquaces autem,” inquit, “convivas nec mutos legere oportet, quia eloquentia in foro et aput subsellia, silentium vero non in convivio, set in cubiculo esse debet.” Sermones igitur id temporis habendos censet non super rebus anxiis aut tortuosis, sed iucundos atque invitabiles et cum quadam inlecebra et voluptate utiles, ex quibus ingenium nostrum venustius fiat et amoenius.  "Quod profecto" inquit "eveniet, si de id genus rebus ad communem vitae usum pertinentibus confabulemur, de quibus in foro atque in negotiis agendis loqui non est otium. Dominum autem" inquit "convivii esse oportet non tam lautum quam sine sordibus", et "In convivio legi non omnia debent, sed ea potissimum, quae simul sint βιωφελῆ ( biophele)  et delectent". Neque non de secundis quoque mensis, cuiusmodi esse eas oporteat, praecipit. His enim verbis utitur: "Bellaria" inquit "ea maxime sunt mellita, quae mellita non sunt; πέμμασιν ( pemmasin ) enim cum pepsei  πέψει (pepsei)   societas infida". Quod Varro hoc in loco dixit "bellaria", ne quis forte in ista voce haereat, significat id vocabulum omne mensae secundae genus. Nam quae πέμματα (pemmata)      Graeci aut τραγήματα    (tragemata) dixerunt, ea veteres nostri "bellaria" appellaverunt. Vina quoque dulciora est invenire in comoediis antiquioribus hoc nomine appellata dictaque esse ea "Liberi bellaria".

    Parece que en la antigua Roma lo más frecuente era que los comensales fueran nueve, precisamente el número de las Musas.

    Nota: Las Gracias y las Musas van frecuentemente asociadas. Las Gracias, que simbolizan el encanto, atractivo , belleza, la naturaleza, son tres hijas de Zeus y la Oceánide Eurínome (hay otras genealogías): Aglaya (la Resplandeciente), Eufrósina (Alma Bella) y Talia (La Floreciente).

    Las Musas  son nueve hijas de Zeus y la Titánide Mnemósine (la Memoria) (hay otras genealogías); todas  patrocinan y favorecen las artes y la belleza, aunque luego se las especializó en alguna de ellas: Clío (Gloriosa), de la Historia, Euterpe (Deliciosa) de la música, Talía (Floreciente)de la comedia,  Melpómene (Celebrada en cantos) de la tragedia, Terpsícore (Deliciosa  Danzante) de la danza, Érato (Adorable) de la poesía lírica, Polimnia (Cantora de himnos) de los cantos y poesía sagrada, Urania  (la Celeste) de la astronomía y ciencias y Calíope (Bella Voz) de la elocuencia y poesía épica.
     

  • Habeas corpus

    Habeas corpus es parte de una frase latina más amplia: habeas corpus ad subiiciendum et recipiendum. Su traducción literal sería “ten el cuerpo para ponerlo a disposición y recogerlo.

    Generalmente se traduce por “puedes tener tu cuerpo”, “queda dueño de tu cuerpo”,  “dispón de tu cuerpo”, frases de sentido casi ininteligible precisamente por su obviedad.

    Dada su forma latina, se puede pensar que su origen está en el Derecho Romano, tan importante para el mundo occidental, pero en realidad poco o nada tiene que ver directamente con el Derecho Romano, en el que no se encuentra como tal frase, aunque en él podamos rastrear algún precedente remoto y lejano.

    En realidad "Habeas corpus" es el nombre de una famosa ley inglesa, Habeas Corpus Act de 26 de mayo de 1679 promulgado por Carlos II y luego el Habeas Corpus Amendment Act, " (Acta de enmienda del “habeas corpus”),  propia, pues,  de la  English common law ,y que es un pilar esencial en la defensa de las libertades públicas inglesas y de los países en los que se aplica la “common law”. Son  precedentes algunas disposiciones de la Carta Magna de 1215.

    En España existe un precedente en el derecho Aragonés, con la Manifestación de personas, que sancionó Alonso III en 1287. La Manifestación de personas era una garantía de libertad personal con un procedimiento que se sustanciaba ante el Justicia de Aragón, jurisdicción muy similar al actual Tribunal Constitucional. Su existencia se fecha en el Fuero de Aragón desde 1428, aunque luego desapareció a medida que se implantaba el absolutismo de los reyes.

    También aparece en el Fuero de Vizcaya de 1527.

    La frase se aplica en Derecho para exigir el derecho de que el detenido sea llevado inmediatamente ante el tribunal y ante el juez para que decida sobre la pertinencia o no de la detención. Por lo tanto es un instrumento o mecanismo para garantizar la libertad de los individuos frente a la actuación del poder público.Era un istrumento para  evitar las injusticias cometidas por los señores feudales contra sus súbditos.

    La frase formula, pues, el derecho a no ser detenido arbitrariamentesin motivo y en consecuencia toda persona detenida tiene el derecho de saber por qué ha sido detenida y de qué se le acusa.

    En realidad la frase “habeas corpus ad subiiciendum”  es una orden o mandato que se dirige al carcelero o a la autoridad que tiene detenida a una persona para que la someta a  la autoridad competente, para que la presente al juez o tribunal y no es dirigida al propio detenido, como frecuentemente se interpreta.

    Con este sentido la frase resulta plenamente inteligible y la traducción explicativa de la frase sería:

    "dispón del cuerpo del detenido para llevarlo ante el tribunal y volver a cogerlo”.

    El precedente romano lejano y no absolutamente equivalente lo encontramos en el famoso “interdictum de homine libero exhibendo”, por el que se obliga a llevar al tribunal a quien hubiera detenido ilegalmente a un hombre libre como si fuera un esclavo.

    Nació del hecho de que un acreedor se cobraba la deuda con la libertad del deudor reduciéndolo a la condición de esclavo; ante la reclamación del deudor o su familia, el acreedor debía “presentar” al deudor ante el pretor para que éste decidiese  si la detención era conforme a derecho o no.

    El interdicto venía a decir por parte del pretor: “si tienes a ese hombre, exhíbemelo, preséntamelo para que yo pueda decidir si se le debe privar de libertad o no".

    Digesto, 43.29.0  Sobre la exhibición del hombre libre
    Dig. 43.29. 1pr. Dijo el pretor: muéstrame al hombre libre que retienes con dolo malo

    Dig. 43.29.1.1Este interdicto se propone para defender la libertad, es decir, para que los hombres libres no sean retenidos por nadie.

    Dig. 43.29.0. De homine libero exhibendo.
    Dig. 43.29.1pr.
    Ait praetor: " quem liberum dolo malo retines, exhibeas".

    Dig. 43.29.1.1 … Hoc interdictum proponitur tuendae libertatis causa, videlicet ne homines liberi retineantur a quoquam:

    Y aclara lo que quiere decir exhibere: presentar en público (i.e. en el tribunal) para que se le pueda ver y tocar.

    Dig. 43.29.3.8 … El pretor dijo: preséntamelo. Presentar es conducirlo ante el público y dar la oportunidad  deque el hombre sea visto y tocado: propiamente exhibir,mostrar, es tenerlo fuera de toda ocultación.

    Ait praetor " exhibeas". exhibere est in publicum producere et videndi tangendique hominis facultatem praebere: proprie autem exhibere est extra secretum habere.

    Como se ve, no es exactamente igual que el concepto de “habeas corpus” de origen anglosajón, pero la semejanza permitió a Niceto Alcalá Zamora afirmar que el “habeas corpus” es una creación anglorromana.

    Hay otras frases también en derecho con el componente “habeas corpus”. Así:

    Habeas corpus ad respondendum: llévalo al tribunal para que responda
    Habeas corpus ad testificandum: llévalo al tribunal para que testifique
    Habeas corpus ad prosequendum: llévalo al tribunal para proseguir

     

  • Lugar de cuidado del alma: ψυχῆς ἰατρείον (psychés iatreíon)

    Las bibliotecas son “lugares de cuidado del alma”. Es esta una frase curiosa, plena de contenido, que nos agrada y que tiene su origen en el rótulo que presuntamente existía en la “biblioteca sagrada” del templo y tumba del faraón Ramsés. Pero tal vez lo que en realidad haya tras la famosa frase sea un malentendido histórico.

    Un historiador y filósofo griego, Hecateo de Abdera, del siglo IV a.C. visitó como tantos otros Egipto, ahora gobernado por faraones  grecomacedonios, precisamente por Ptolomeo Sóter. Visitó Tebas y el Valle de los Reyes y el Rameseum, templo y tumba de Ramsés. Su libro “Curiosidades Egipcias”, especie de guía turística del momento,  no se conserva , pero sí tenemos la transcripción que dos siglo y medio después hizo de él Diodoro Sículo, (Diodoro de Sicilia). Diodoro también visitó Egipto y Tebas.

    Curiosamente nos describe el Rameseum como si realmente lo visitara, pero en realidad y sorprendentemente está empleando la descripción que había hecho Hecateo. En todo caso, y aunque un poco larga, transcribo la parte del relato que nos interesa y que incluye el filólogo Luciano Cánfora en su interesante librito sobre la Biblioteca de Alejandría titulado  “La Biblioteca desaparecida” (Edit. Trea, Gijón, 1998):

    Los tres pasillos llevaban a una sala con columnas, construida con  forma de odeón, de sesenta metros de largo. Esta sala estaba llena de estatuas de madera, que representaban a dioses litigantes, con la mirada vuelta hacia los jueces. Los jueces estaban esculpidos a lo largo de una de las paredes, en número de treinta, y sin manos. En el centro, estaba el juez supremo con la verdad colgada al cuello y los ojos cerrados; a su lado, en el suelo, había un montón de rollos. Le explicaron que estas figuras, con sus actitudes, pretendían significar que los jueces no deben recibir regalos y que el juez supremo debe tener ojos sólo para la verdad.

    A continuación, se accedía a un peripato rodeado de habitaciones de todo tipo, historiadas con relieves que representaban la mayor variedad  posible de alimentos exquisitos. A lo largo del peripato se encontraban bajo relieves coloreados, en uno de los cuales figuraba el  rey a punto de ofrecer a la divinidad el oro y la plata que recaudaba anualmente de las minas de todo Egipto. Bajo este relieve estaba indicada la renta total, expresada en minas de plata: treinta y dos millones. A continuación estaba la biblioteca sagrada, sobre la cual se hallaba escrito: LUGAR DE CUIDADO DEL ALMA. Y continuaban las imágenes de todas las divinidades egipcias, a cada una de las cuales el rey ofrecía los dones apropiados, como si pretendiese demostrar a Osiris y a los dioses inferiores que había vivido de modo pío y justo, tanto  para con los hombres como para con los dioses.

    Había también una sala, construida de modo suntuoso, que tenía un  muro coincidente con la biblioteca. En esta sala había una mesa con veinte triclinios y las estatuas de Zeus, de Hera y también la del rey. Parece que aquí habría estado sepultado el cuerpo del rey. Le dijeron que esta sala tenía, a su alrededor, una serie considerable de vanos, en los cuales estaban espléndidamente  pintados todos los animales sagrados de Egipto. El que subiera a través de esos vanos, se encontraría ante la entrada de la tumba. Ésta se hallaba sobre el techo del edificio, en el cual se podía observar  un aro de oro de trescientos sesenta y cinco cúbitos de longitud y de un cúbito de altura. En este aro estaban descritos y dispuestos, uno por cada cúbito, todos los días del año: para cada día se señalaba el surgir y el caer de los astros y las señales que según los astrólogos egipcios se deducen de tales movimientos. Le dijeron que este friso lo había sustraído Cambises cuando se había apoderado de Egipto.

    Pues bien, a pesar de que los diversos arqueólogos, que han excavado la zona y el templo, han estado especialmente interesados en localizar la famosa biblioteca, ésta o resto alguno de ella nunca ha aparecido.  Sin duda porque la biblioteca, concebida como espacio único o sala grandiosa para la lectura y almacenamiento de libros nunca existió. La palabra griega  βιβλιοθήκη, (compuesta de βιβλίον ,biblíon, libro y θήκη théke,  “caja, depósito) bibliotheke,  en realidad designa  la estantería o armario para contener los libros, que con toda seguridad estaría adosada o encastrada en el muro de alguna de las salas que describe, de manera un tanto confusa Hecateo (da la impresión de que habla de oídas y no debido a una visión directa).

    Por otra parte, los libros sagrados, cuya existencia está también atestiguada en otros templos, no serían cientos de rollos o  volúmenes sino unos pocos.

    En el grandioso complejo descrito por Hecateo estaría el cuerpo de Ramsés, si es que no lo escondieron mejor en otro lugar a salvo de los saqueadores de tumbas, desgracia irreparable para un egipcio.  Ahora bien, el cuerpo o soma del faraón está animado por el Ka, espíritu o fuerza vital. De la misma manera que el cuerpo del difunto debe ser atendió, también lo ha de ser su Ka o espíritu.

    Y aquí es donde Cánfora desbarata  toda la interpretación tradicional de la famosa frase “este es el lugar de cuidado del alma”   ψυχῆς ἰατρείον,  psykhes iatreion, (de ( ψυχῆ, psyche, alma y ἰατρείον, médico, cuidado )    porque según el famoso helenista, la frase no se refiere a la sala-biblioteca que no existe, sino a la sala de atención al Ka.


    Reproduzco también sus palabras en el citado libro, pag. 164-165:

    «LUGAR DE CUIDADO DEL ALMA»
    El Ka es la «fuerza vital» o, si se quiere, «el alma» del soberano. Tal «fuerza.», concedida a él, a los dioses y a pocos mortales, tiene  -según la concepción religiosa egipcia- el cometido de mantener con vida al faraón después de la muerte (P. Kaplóny, sub voce Ka del Lexikon der Aegyptologie, 111, 1980, columna 276).

    En los mausoleos funerarios egipcios, por lo general, tiene reservado un local en estrecha conexión con el Sancta sanctorum. En el Rameseum, I el Ka tiene verosímilmente su sede en la sala de los triclinios.  Se deduce de la inscripción tan discutida   ψυχῆς ἰατρείον. . Si ἰατρείον    es «officina medici, locus ubi medicus artem suam exercet”  (Thesaurus Graecae Linguae) y  ψυχῆ  es traducción de Ka, hay que pensar que las palabras ψυχῆς ἰατρείον   definen la vivienda o, por mejor decir, “la oficina”, el lugar donde actúa el Ka.

    Si, por otra parte, en el Rameseum la pared-biblioteca es el punto  de entrada a la sala de los triclinios, la inscripción  ψυχῆς ἰατρείον  habrá que entenderla como designación, no ya de la estantería situada bajo ella. Sino de la sala a la cual se accede desde  allí: precisamente la sala de los triclinios; es la oficina del Ka del Rameseum. Es al alma (Ka) de Ramsés a la que se refiere, no al beneficio que el alma humana recibiría de las buenas lecturas, como han entendido modernamente los estudiosos, los cuales han imaginado que en el Rameseum habría una sala-biblioteca con tal inscripción sobre la puerta de entrada.

    En la sala del Ka «<maison de l'ame», como la definía Maspéro) hay también, por lo general, una estatua que representa al rey difunto. Este es exactamente el caso de la sala de los triclinios. No es casualidad que Diodoro, al nombrarla, manifieste: «parece que el rey estuviera sepultado aquí»

    Se desvanece así el origen ciertamente valioso, aunque erróneo, de una famosa frase que ha tenido notable éxito porque ciertamente los libros y las bibliotecas son el alimento necesario para el espíritu.

    Desde luego la precisión filológica de Cánfora no impide seguir empleando una máxima ciertamente agradable y sugerente para todos cuantos aman a los libros y libreros, a las bibliotecas y bibliotecarios o bibliotecarias, que suelen ser mayoría las mujeres en el oficio.

    Como prueba de la fuerza sugerente y evocadora de la frase, transcribo un pequeño fragmento del artículo que la escritora Rosa Montero publicó en El País, el 7 de Junio de 2011  en su Columna, que titula Gracias. En él modifica inteligentemente la frase original para darle el sentido que ella quiere expresar:

    En mitad de la Feria del Libro de Madrid, mientras firmo de caseta en caseta, no hago más que pensar en los libreros. En esas personas tan especiales que dedican su vida a algo que desde luego no va a hacerles millonarios, y que trabajan inacabables horas leyendo, cuidando, recomendando, enardeciendo la voluntad de sus parroquianos. El buen librero conoce a sus asiduos con finura de enamorado; ofrece las lecturas adecuadas, va creando generaciones de lectores, acompaña a los hijos de los clientes en su crecimiento literario. En muchas zonas la librería es el único centro de dinamización cultural, un papel que nadie les tiene en cuenta. Las librerías son nidos de sueños y los libreros son médicos del alma. Sin libreros predictores, solo leeríamos best sellers. Por todo esto, gracias. Muchas gracias.
     

  • No es oro todo lo que reluce: lapis specularis

    La península Ibérica fue rica en minerales en la Antigüedad.Desde muy antiguo los minerales fueron prospectados, encontrados y explotados por fenicios, griegos, cartagineses y romanos.

    La fama al respecto de Hispania se resume en la conocida cita de Estrabón refiriéndose a la Turdetania (el sur de la Península, actual Andalucía fundamentalmente): en el libro III de su Geografía, 2,8:

    A la riqueza tan grande de esta comarca se suma la abundancia de minerales. Ello es motivo de admiración; pues si bien  la tierra toda de los íberos está llena de ellos, no todas las regiones son  tan fértiles y tan ricas a la vez, y sobre todo  las  abundantes en  minerales, porque raramente  se dan ambas cosas a la vez, y es raro también que  se den  toda clase de metales en una región pequeña. Pero la Turdetanía y las regiones vecinas abundan en las dos   cosas, y no hay palabras  suficientes  para valorar  justamente esta riqueza. Hasta ahora, ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierro nativos se han encontrado  en ningún lugar  de la tierra tan abundantes y ni de tanta calidad..

    No sólo era buscada la plata reluciente  de Cartagena o el oro brillante del Noroeste.  Hay un mineral no metálico aparentemente menos noble pero muy importante que los romanos explotaron con fruición, la selenita, un yeso transparente al que llamaron “lapis sepecularis” (piedra especular), espejuelo.

    Su configuración laminar permitía su exfoliación en láminas de diversos espesor, cortadas a la medida, que servían para cubrir ventanas o vanos en los muros permitiendo pasar la luz y protegiendo de las inclemencias del tiempo. Es decir, el lapis specularis servía como el cristal o vidrio, que poco a poco se iría imponiendo en los edificios.

    El autor latino que más referencias da al respecto es el naturalista y científico Plinio el Viejo, autor de una especie de enciclopedia de la Naturaleza de entonces llamada Naturalis Historia (Historia Natural)

    Este Plinio es un mártir de la ciencia porque, con ocasión de la erupción del Vesubio que destruyó Pompeya, Herculano y otros puntos cercanos en el año 79, en su afán de conocer mejor el fenómeno, no sólo no huyó en la escuadra que él precisamente mandaba, sino que se acercó a la costa, en donde le encontraron muerto en la mañana siguiente asfixiado por los gases letales del volcán.

    Dice Plinio al respecto: III,30

    Casi toda  Hispania es abundante  en metales de plomo, hierro, cobre, plata y oro; la Citerior es rica en espejuelo ( lapis specularis), la Bética en cinabrio. Hay también canteras de mármol” (Plinio el Viejo: Naturalis Historia, Libro  III,30).

    metallis plumbi, ferri, aeris, argenti, auri tota ferme Hispania scatet, citerior et specularis lapidis, Baetica et minio. sunt et marmorum lapidicinae

    Y refiriéndose al lapis specularis en XXXVI, 162:

    Alguna vez se encuentra también piedra negra, pero la maravillosa propiedad de la blanca, a pesar de su conocida blandura, es que resiste el sol y el frío.

    invenitur et niger aliquando, sed candido natura mira, cum sit mollitia nota, perpetiendi soles rigoresque,

    Para medir la importancia de este material que deja pasar la luz, piénsese en  el afán constructivo y urbanístico que caracteriza  a la cultura romana y que fue imponiendo allá en donde sus legiones alcanzaron a dominar.

    Pues bien, las minas o canteras de este yeso más importantes del Imperio Romano en cantidad y en calidad se encontraban en la Hispania Citerior, en un círculo en torno a cien mil pasos de la ciudad de Segóbriga, como nos dice explícitamente Plinio el Viejo en su famosa obra Naturalis Historia, XXXVI, 160

    "Estas (las piedras de las que habla) se pueden cortar ; pero la piedra especular, pues también esta recibe el nombre de piedra, se separa en  láminas tan finas como se desee por su naturaleza  mucho más manejable. En otro tiempo  sólo la Hispania Citerior la proporcionaba, y no en toda la provincia, sino  en un espacio  de cien mil pasos alrededor de la ciudad de Segóbriga. Ahora  la proporcionan  también Chipre, Capadocia y Sicilia y hace poco se ha encontrado en África, pero todas han de posponerse  a la de Hispania; Capadocia las produce  muy grandes, pero  oscuras."

    Et hi quidem sectiles sunt, specularis vero, quoniam et hic lapidis nomen optinet, faciliore multo natura finditur in quamlibeat tenues crustas. Hispania hunc tantum citerior olim dabat, nec tota, sed intra centum millia passuum circa Segobrigam urbem, iam et Cypros et Capadocia et Sicilia et nuper inventum Africa, postferendos tamen omnes Hispaniae, Cappadocia amplissimos magnitudine, sed obscuros."

    Segóbriga se encuentra junto a la actual Saelices, en la provincia de Cuenca. Por cierto que el nombre de la ciudad Segobriga es un término celta que  viene a significar “ciudad” (briga; relaciónese con burg, elemento constitutivo de cientos de nombres de lugares, ciudades y pueblos en Europa) y victoria (Sieg,Seg…; relaciónese con el sustantivo actual alemán Der Sieg  = la victoria).

    Los 100.000 pasos que determina Plinio equivalen a unos 150 kilómetros y ciertamente en ese radio son numerosos los lugares que en la provincia de Cuenca eran ricos en lapis specularis tales  como Osa de la Vega, Torrejoncillo del Rey, Torralba, Huete, … como confirma la arqueología, que localiza en la zona 25 yacimientos en 15 municipios, sin que esta cifra esté cerrada.

    Se empezaron a utilizar como si fuera vidrio en el s.I, al final de la República y sobre todo de forma sistemática en el Imperio, a partir de Augusto.

    Se extraía de pozos profundos de hasta 30 metros y galerías, porque se encuentra bajo tierra. Nos dice Plinio: XXXVI, 161

    En Hispania se extrae de pozos a gran profundidad, y muchas veces se encuentra bajo tierra incrustada en la roca y se  extrae o se corta, pero la mayor parte por su naturaleza fósil se encuentra suelta en sí a modo de fragmentos, nunca mayores en longitud de cinco pies.

    puteis in Hispania effoditur e profunda altitudine, nec non et saxo inclusus sub terra invenitur extrahiturque aut exciditur, sed maiore ex parte fossili natura, absolutus in se caementi modo, numquam adhuc quinque pedum longitudine amplior

    Este material se extraía de la mina, pues,  en bloques de hasta 1,5 metros de espesor, se recortaba en piezas estandarizadas y se terminaba de preparar en láminas adaptadas a la ventana o vano en el lugar de colocación. Las laminas se encastraban o incrustaban en un bastidor de madera o metal a la manera de nuestras vidrieras.

    Existieron otro tipo de piedra con alguna característica similar, por ejemplo la que llaman lapis penghites, material más duro veteado que se produce en Capadocia, pero lejos de las cualidades de transparencia del lapis specularis (Plinio, Nat. Hist. XXXVI, 163). Tal vez con ese nombre se estén refiriendo a algún tipo de ónix o de alabastro, translúcido pero no transparente.

    La propia piedra y sus desechos tuvieron también otros usos,  como piedra ornamental y decorativa para revestir paredes y cubrir suelos por el reflejo que producía; nos dice por ejemplo una vez más  Plinio: Nat. Hist. 36, 162:

    Se le encontró también el uso distinto en virutas y escamas de adornar el Circo Máximo en los Juegos Circenses para que fuera de una blancura agradable.

    invenere et alium usum in ramentis squamaque, Circum maximum ludis Circensibus sternendi ut sit in commendatione candor.

    Conocida es la pasión de los romanos por las carreras de caballos y carros que se celebraban en el circo, en donde competían equipos identificados por el color de su uniforme y divisa. Las pasiones que las carreras originan sólo son comparables las que levanta modernamente el fútbol, deporte o espectáculo con el que sociológicamente tiene muchas semejanzas, a las que en otro momento me referiré.

    Como nos dice el propio Plinio, el mejor yeso es el procedente del lapis specularis, por lo que su desecho servía como yeso de fragua para fabricar  estucos,  molduras, vaciados, enyesados de pareces, pavimentos, bóvedas, techos, etc. XXXVI, 182:

    El major de todos sin embargo se hace de piedra especular y de la que tiene tales escamas.

    omnium autem optimum fieri compertum est e lapide speculari squamamve talem habente.

    Sin entrar en detalles al respecto podemos pensar y reflexionar en la complejidad de cualquier explotación minera de estas dimensiones en el mundo antiguo: prospección del terreno, realización de catas, determinación de la mina que pasa a ser “ager publicus” o terreno del Estado; sistema de explotación, generalmente por concesión o arrendamiento contra el pago de una cantidad, realización de los trabajos técnicos de apertura de pozos  generalmente cuadrado de 2 x 2 mts. y hasta 30  metros de profundidad, y galerías horizontales o en rampa, extracción del material con los instrumentos adecuados (picos, martillos,punteros, tenazas, cinceles, sierras, et.), aireación y ventilación, utilización de cuerdas, cestos y serones de esparto, cestos impermeabilizados para extracción del agua, lámparas y lucernas generalmente de aceite (el combustible duraba unas cinco horas), traslado  a la superficie, preparación en la boca de la mina.

    Una vez preparado el material se transportaba con carros, tirados por bueyes más que por caballerías, hasta Carthago Nova, el puerto más importante en el Levante, por la vía principal que precisamente se llamaba “via spartaria” (vía o camino del esparto) desde Ercavica (junto a la actual Cañaveruelas,, cercana a Opta, la actual Huete),  a Segóbriga y a Cartagena a través de Cuenca, Albacete y Murcia.

    Naturalmente, la importante red viaria romana es la infraestructura que explica en parte y es efecto al mismo tiempo de la eficacia extractiva de los romanos. Numerosos miliarios o hitos (semejantes a nuestras actuales señales kilométricas) conmemorativos de época altoimperial  (primera parte del Imperio) aparecidos en la vía nos dan idea de su importancia.

    Desde Carthago Nova se exporta a otras partes del Imperio, sobre todo a Roma, Massalia (Marsella), El Pireo (Atenas), Antioquía, Leptis Magna y Karthago (en Túnez), Alejandría

    Es probable que al tratarse de minas afectas al fiscus o caja imperial, colaborae en las cuestiones técnicas y organizativas el propio ejército, como ocurría en las explotaciones auríferas del Noroeste peninsular. 

    Aunque las minas de Segobriga son las más importante, se explotaron también otras en Almeria, zona por lo demás rica en otros minerales y metales como cobre, plata, plomo o mármoles que se explotaban  desde el siglo II a.C.

    La evolución en la fabricación del vidrio y su aplicación creciente  acabó con esta minería del lapis specularis, cuyas ruinas y restos arqueológicos hoy podemos visitar.

  • Los antiguos romanos computaban y digitalizaban hace más de dos mil quinientos años.

    Pocas palabras hay de uso más contemporáneo que “computar, computación, digital”. Pues bien, “computar, computación” son palabras latinas que significan calcular, contar, computar evidentemente.

    La palabra “digital” deriva de la latina “digitum”,que significa “dedo”. “Huellas digitales” son las señales que los dedos dejan en los objetos que tocan y que tanta ayuda ofrecen a la policía porque son exclusivas de cada individuo.

    Los romanos, como el resto de pueblos antiguos y no tan antiguos (nosotros lo seguimos haciendo algunas veces aunque sólo sea para remarcar nuestra dicción) contaban con los dedos.  Por eso a las primeras nueve cifras les llamamos “dígitos” que en puridad significa “dedos” y si la cantidad pasa de nueve decimos que tiene dos o más dígitos.

    La mano es la máquina de contar y calcular más antigua existente. Con una mano o con dos a la vez   los egipcios, los persas, los griegos, los romanos podían expresar los números hasta el 9.999 con un lenguaje parecido al de los sordomudos.

    El monje irlandés del siglo VII Beda el Venerable  en su obra De ratione temporum (Sobre la división del tiempo),  en el primer capítulo titulado De computo vel loquela digitorum  (Sobre la cuenta o lenguaje de dedos) nos describe el sistema. Señalando otras partes del cuerpo con las manos se llega a contar hasta un millón, cantidad que se expresa según el monje entrecruzando los dedos de las dos manos.

    Los egipcios y  los persas conocerían  el sistema de contar con los dedos y, por supuesto,  se conocía en Grecia. A él se refiere Aristófanes (444 a. C. – 385 a. C), por ejemplo, en su comedia  Las Avispas (v. 655-663) : (sátira contra el político Cleón y el mal funcionamiento de los tribunales) :

            BDELICLEÓN (el que odia a Cleón).-
                                        Escucha, papaíto; relaja un poco el  entrecejo:   
                                        comienza a calcular sencillamente
                                        no con  piedrecillas, sino con la mano 
                                        (con los dedos)
    (v.655-656)

                   Βδελυκλέων:   ἀκρόασαί νυν ὦ παππίδιον χαλάσας ὀλίγον τὸ μέτωπον•      
                                              καὶ πρῶτον μὲν λόγισαι φαύλως, μὴ ψήφοις ἀλλ᾽ ἀπὸ χειρός,

    También los romanos contaban con los dedos de las manos. Los testimonios son numerosos, como por ejemplo las  abundantes téseras numéricas o pequeñas fichas  de hueso o marfil, especie  de recibo que los recaudadores romanos entregaban a los contribuyentes por las   cantidades de dinero entregadas; por un lado  llevan  la figura digital correspondiente y por el otro el valor en cifras romanas.

    Lo atestiguan  también numerosos autores:

    Plauto en su comedia Miles Gloriosus, 204 (El soldado fanfarrón) :

                         Su mano derecha lleva la cuenta con los dedos

                                dextera digitis rationem computat

    Cicerón en  una carta a su amigo Atico, Epistulae ad Atticum, V,21,13 dice:

                                  si conozco tus dedos (es decir, tu habilidad para contar con los dedos).  

                                   “si  tuos digitos novi

    O el poeta  Juvenal en su Sátira X, 246.251, refiriéndose a Néstor, famoso en la Antigüedad por su longevidad:

    El rey de Pilos (Néstor),si alguno credibilidad concedes al gran Homero,
    fue un ejemplo de vida tan larga como  la de la corneja.
    ¡Enormemente afortunado  quien por tantos siglos difirió su muerte
    y cuenta ya  sus años con la mano derecha
    y ha bebido tantas veces el vino nuevo!

    Rex Pylius, magno si quicquam credis Homero,
    exemplum uitae fuit a cornice secundae.
    felix nimirum, qui tot per saecula mortem
    distulit atque suos iam dextra conputat annos,
    quique nouum totiens mustum bibit.

    Se deduce de este testimonio que las unidades y decenas se contaban con la mano izquierda y las centenas se contaban con la mano derecha.

    Muy expresivo es el siguiente texto de Apuleyo en su “Apología, 89”, sólo inteligible si se conoce la expresión de los números con los dedos:

                         “Si hubieras dicho treinta años en lugar de diez, podríamos creer que te has  
                           equivocado en el gesto de la numeración y que habías abierto los dedos que 
                          debías tener en forma de círculo. Pero los cuarenta, que son los más fáciles que 
                          ningún otro de expresar con la palma abierta, que tú aumentas en la mitad, no 
                         puede ser un error en el gesto de los dedos, a no ser que creyendo que Pudentilla 
                        tiene treinta años los has contado por dos por los dos cónsules de cada año”

                       Si triginta annos pro decem dixisses, posses uideri computationis gestu errasse, quos 
                       circulare debueris digitos aperuisse. Cum uero quadraginta, quae facilius ceteris 
                       porrecta palma significantur, ea quadraginta tu dimidio auges, non potes[t] 
                       digitorum gestu errasse, nisi forte triginta annorum Pudentillam ratus binos 
                      cuiusque  anni consules numerasti .

    Y el famoso Quintiliano  en su método de formación de oradores Institutio Oratoria, I, 10,35:

                        En los procesos es muy frecuente que se trate de números y en ellos es 
                       considerado ignorante no digo  el que duda en las sumas, sino incluso si yerra en la 
                       cuenta por el gesto equivocado o torpe de los dedos.

                       In causis vero vel frequentissime versari solet: in quibus actor, non dico si circa 
                      summas trepidat, sed si digitorum saltem incerto aut indecoro gestu a computatione  
                      dissentit, iudicatur indoctus .

    Los testimonios son, pues,  numerosos.

    Parece que San Cirilo de Alejandría (c. 376-444) en su Liber de computo, cap. CXXXVIII, titulado De flexibus digitorum,III,135  (Sobre las posturas  de los dedos) nos ofrece la más antigua descripción del sistema;  S.Isidoro de Sevilla la reproduce en su grandiosa enciclopedia  Etimologías en el siglo VI, y en él se inspira el monje  Beda, cuya descripción no ha dejado de estar presente durante la Edad Media y hasta bien entrada la Moderna.

    A este  arte de contar o expresar los números con con los dedos y las manos se le llama técnicamente dactilonomía, del griego δάκτυλος (dáktulos: dedo).

    Ilustración tomada de la obra publicada en Venecia en 1494 de Luca Pacioli titulada Summa de Arithmetica, geométrica,, proportioni et proportionalita

    Todo esto ha estado vigente mucho tiempo , desde luego durante  la Edad Media  y siglos XVI y aún después  quedan algunos restos.

    Pero existe también otro arte, la dactilología o arte de hablar con los dedos y las manos, a la manera del lenguaje de los sordos,  que  también se practicaba en la Antigüedad.

    Citaremos el testimonio de Ovidio en ,aunque evidentemente el sistema se conocía con anterioridad, como atestiguan algunos autores como Ennio:
                    
                      No hay necesidad de dedos con los que decir secretos   (Ars amatoria, , 137)      

                       Nihil opus est digitis, per quos arcana loquaris

                      Y en Lib. I Amorum,  elegia 4

                                       Leerás palabras en mis dedos y palabras escritas con vino.

                                      verba leges digitis, verba notata mero.

    A este arte también se refiere Beda  en su De Loquela per Gestum Digitorum  (Del lenguaje por el gesto de los dedos) que lo explica haciendo coincidir la expresión de cada una de las letras del alfabeto, por su orden, con el gesto digital y manual correspondiente a los números también según su orden; es decir,el gesto del 1 para la a, el del 2 para la b y así sucesivamente.

                             Si quieres expresar la primera letra del alfabeto, representa el uno
                                     Con la mano; si quieres la segunda, el dos, si la tercera el tres y
                                     así las demás según su orden.

                               
                             cum primam alphabeti literam intimare cupis, unum manu teneto; cum 
                                       secundam, duo. cum tertiam, tria. et sic ex ordine ceteras

     

    Así que con razón decíamos al principio que los romanos digitalizaban; lo hacían con los números y con la voz; digitalizaban cantidades y palabras.

    Precisamente de “digiti”  deriva la palabra inglesa “digit”  con el significado de “cifra”. Las modernas computadoras u ordenadores trabajan con código o base “binaria” (del latín bini = dos). De la contracción de estas dos palabras, binary y digits surge la palabra “bit” o unidad mínima de información en la moderna computación. Así que estas máquinas modernas digitalizan también, pero de otra manera.

    Conviene también conocer que otro sistema de contar muy primitivo y generalizado consistía en agregar o separar guijarros de un montoncito,  piedrecitas que en latín se llaman “calculi” (cálculos, del griego χάλις, kalis = piedra caliza, de donde la palabra castellana “cal,piedra de cal”). Por eso se llaman también “cálculos” las concreciones pétreas que se forman en los riñones o en la vejiga o en otros órganos del cuerpo y que tanto dolor ocasionan hasta ser expulsadas.  De este sistema surgió el arte de calcular y más tarde el ábaco como instrumento adecuado.

  • ¿Conocieron los romanos las fuentes del Nilo?

    La curiosidad innata del hombre le ha impulsado a innumerables empresas. El deseo de conocer el mundo en el que habita le ha empujado una y otra vez a realizar viajes y exploraciones de los lugares más inaccesibles.

    Ciertamente, la carrera por la exploración del planeta  eclosiona después del descubrimiento de América por Colón a finales del siglo XV. A principios del siglo XX casi no quedaba ningún rincón por descubrir y una vez conocida la Tierra, comienza la exploración del espacio. La curiosidad, el deseo de conocer  sigue siendo la fuerza impulsora  imparable.

    Al hombre antiguo le frenó en buena medida su temor al mar insondable, desconocido, tenebroso,  el miedo  a alta mar. ( “altus,-a,-um” significa en latín “alto” y también “profundo”, que es la acepción que habremos de aplicar cuando hablamos de “alta mar”).

    Pero esto no nos debe engañar. Los antiguos, fenicios, griegos, romanos y el resto de pueblos marineros recorrieron todo el Mar Mediterráneo, salieron al Atlántico y al Indico. ¿Qué otra cosa es la “Odisea” sino el relato de los difíciles viajes de los griegos por el Mediterráneo?. Son varios los viajes de exploración notables en época antigua de que tenemos noticias.

    Uno de los asuntos que más intrigó al Mundo Antiguo, a los faraones, a los griegos, a los romanos fue el descubrimiento de las llamadas “fuentes del Nilo”.  Son numerosos los textos antiguos que hacen referencia a las desconocidas fuentes del Nilo y a sus fertilizadoras crecidas estivales.  Heródoto, que también vivió en Egipto,  es el autor de la famosa frase “(Egipto) es un don del Nilo ; δῶρον τοῦ ποταμοῦ (Historias, II, 5,1” y   en numerosas ocasiones se refiere al río y sus crecidas en el citado Libro II.

    Lucano, Ovidio, PetronioMarcial se refieren también en numerosos pasajes a este tópico antiguo . Por ejemplo, Horacio, cantando exageradamente el poder de Augusto,  recurre al lugar común y dice en Odas,IV,14, 45-46

    a ti te (obedece) el Nilo, que oculta el origen de sus fuentes

    te, fontium qui celat origines
    Nilusque…venerantur…

    En varias ocasiones se intentó explorar el curso del rió. La más importante, al menos la mejor documentada, tuvo lugar en época del emperador Nerón . En ella tiene su parte la intervención del filósofo y naturalista Lucio Anneo Séneca, hispano de Corduba, que pasó parte de su juventud en Egipto, por razones de salud. Le atrajo sin duda, como buen naturalista,  el asunto del origen del río Nilo, de las “fuentes del río Nilo”,  de la cabecera,  “caput Nili” como  entonces se decía.

    Séneca años después fue maestro y preceptor del emperador Nerón (vivió del año 37 al 68). Nerón ha pasado a la Historia, merecidamente, como un monstruo, pero ni siempre lo fue ni todo lo hizo mal. Sin duda  Séneca le hizo interesarse por  el asunto de las “fuentes del Nilo”, y preparó una expedición al mando de dos centuriones en torno al  año 60 . Séneca recoge en el Libro VI de sus “Cuestiones Naturales”  el  relato o informe de los centuriones, que reproduzco a continuación en castellano y en latín:

    ¿No sabes que entre las opiniones con las que se explica la inundación estival  del Nilo hay una que dice que surge  de la tierra misma y aumenta su caudal debido  no a las aguas del cielo, sino a las del subsuelo? He oído contar  a dos centuriones, que Nerón César, apasionado por todas las cosas valiosas  y especialmente por la verdad, había enviado  a investigar la cabecera  del Nilo,  que recorrieron un largo camino y que ayudados  por el Rey de  Etiopía y recomendados a los reyes vecinos  avanzaron  más allá.

    Luego, me dijeron, “ llegamos  a unos  pantanos inmensos, cuya salida ni los habitantes del lugar habían conocido ni nadie podía esperar conocerla:  tan mezcladas están las hierbas con el agua que ni a pie ni en barco se pueden pasar, porque la laguna, llena de fango y de hierbas, no soporta sino una  barca pequeña y capaz de una sola persona. Ahí, me dijo, vimos dos peñascos, de los que caía un río de enorme caudal”.

    Tanto si es   éste el nacimiento o un afluente del Nilo, tanto si nace entonces o reaparece en la tierra después de un recorrido anterior, ¿no crees que esta agua, sea la que sea, procede de un gran lago de esas tierras? Es necesario, pues, que las tierras retengan  el agua desparramada por muchos lugares encerrada en uno  solo  , para que puedan brotar con tanta fuerza.

    Nescis autem inter opiniones, quibus enarratur Nili aestiua inundatio, et hanc esse, a terra illum erumpere et augeri non supernis aquis sed ex intimo redditis? Ego quidem centuriones duos, quos Nero Caesar, ut aliarum uirtutum ita ueritatis in primis amantissimus, ad inuestigandum caput Nili miserat, audiui narrantes longum illos iter peregisse, cum a rege Aethiopiae instructi auxilio commendatique proximis regibus penetrassent ad ulteriorem.
    Inde, ut quidam aiebant, peruenimus ad immensas paludes, quarum exitum nec incolae nouerant nec sperare quisquam potest: ita implicatae aquis herbae sunt et aquae nec pediti eluctabiles nec nauigio, quod nisi paruum et unius capax limosa et obsita palus non fert. Ibi, inquit, uidimus duas petras, ex quibus ingens uis fluminis excidebat.
    Sed siue caput illa siue accessio est Nili, siue tunc nascitur siue in terras ex priore recepta cursu redit, nonne tu credis illam, quicquid est, ex magno terrarum lacu ascendere? Habeant enim oportet pluribus locis sparsum umorem et in uno coactum, ut eructare tanto impetu possint.

                                                                                   (Séneca, Quaestiones Naturales, VI,8,3-5)

    De este relato podemos deducir que los centuriones remontaron el Nilo Blanco y que llegaron a la zona del Sudán, llamada “Sudd” que significa “barrera”. Es una zona pantanosa también en nuestros días, que ocupa miles de  kilómetros cuadrados y por tanto infranqueable en el mundo antiguo.

    Hay todavía un hecho más intrigante. El geógrafo, astrónomo y matemático Claudio  Ptolomeo de Alejandría (vivió aproximadamente del año 100 al 170), escribió una Geografía con detalladas descripciones. No se han conservado los mapas confeccionados por él, pero con las detalladas indicaciones del manuscrito aparecido hacia el año 1300 los cartógrafos han reproducido sus mapas. Curiosamente en el aparecen los dos brazos del Nilo y su origen en unos grandes lagos. Ptolomeo había recogido una información del cartógrafo Marinos de Tiro que recogía la historia de un comerciante griego, Diógenes, que  desde la costa africana del mar Rojo  viajó hacia el año 100 hasta la región de los grandes lagos Victoria y Alberto, de los que surge el Nilo. Los “Montes de la Luna” de los que habla serían el Ruwenzori .

    Se habría anticipado en 1700 años al famoso viaje de Richard Burton, Speke y Stanley.  La noticia la recogió Ptolomeo, la tradujeron los árabes. En la Edad Media se creía que el Nilo nacía de unos lagos generados por las nieves de los  “Montes de la Luna” y así se refleja en la cartografía desde el siglo XIV en que apareció la Geografía de Ptolomeo.

    En el siglo XVII el jesuita l español Pedro Páez (1564-1622),que intentaba crear una misión jesuítica  en una zona de enormes dificultades encontró las fuentes del Nilo Azul. Pero esto se olvidó.

    En el siglo XIX los exploradores ingleses citados , después de varias exploraciones y muchas discusiones, reencontraron las “fuentes” de Diógenes y han pasado a la Historia como sus “descubridores”. Su obra en cambio no se ha olvidado, al menos hasta ahora.
     

  • Catulo y su inspiración en Safo

    Cayo Valerio Catulo fue un poeta nacido en Verona en el año 84 antes de Cristo, de una rica familia amiga de Julio César. Marchó joven a Roma, como tantos otros, con la intención de hacer carrera política, pero a lo que se dedicó fue a la poesía.

    Se enamoró perdidamente de una noble romana  alegre y casquivana, Clodia, que jugó a capricho con el joven poeta. Catulo murió joven, a los treinta años. Con frecuencia la muerte llama temprana a los poetas, sobre todo a los enamorados. Por cierto que Verona debe ser buen país para los amores; allí vivieron y murieron de amor Romeo y Julieta.

    Número 51 de las poesías de Catulo

    Entre otros muchos poemas en  los que sin duda refleja su reacción física y sus sentimientos personales, Catulo escribió este famoso que a continuación trascribo, que tiene el número 51 de sus poesías.

    Casi igual a los dioses me parece,
    o superior aún, si ello es posible,
    quien frente a ti sentado te ve y oye
    reír alegre.
    Miserable yo, Lesbia, que, apocado,
    pierdo el sentido sólo con mirarte
    y se queda la voz en mi garganta
    estrangulada.
    Se me traba la lengua, un fuego corre
    por mis venas, me zumban los oídos,
    y un doble manto sobre mis dos ojos
    tiende la noche.
    La molicie, Catulo, te es funesta;
    la molicie te excita y te transporta.
    La molicie, que, antes que a ti, ha perdido
    urbes y reyes.

    (Traducción de José María Alonso Gamo)

    Ille mi par esse deovidetur
    ille, si fas est, superare divos,
    qui sedens adversus identidem te
    spectat et audit
    dulce ridentem, misero quod omnis
    eripit sensus mihi: nam simul te,
    Lesbia, aspexi, nihil est super mi
    vocis in ore,
    lingua sed torpet, tenuis sub artus
    flamma demanat, sonitu suopte
    tintinant aures, gemina teguntur
    lumina nocte.
    otium, Catulle, tibi molestum est,
    otio exultas nimiumque gestis:
    otium et reges prius et beatas
    perdidt urbes.

    El número 51 de Catulo está directamente inspirado en De lo Sublime de Safo

    El poema, para el simple lector, parece simplemente expresar sus reacciones físicas y psicológicas ante la presencia de la amada. Pero resulta que el poema está directamente inspirado, casi es una traducción, en el poema  de Safo reproducido por Longino en De lo Sublime, 10,2:

    Me parece igual a los dioses
    aquel hombre que enfrente de ti
    se sienta y de cerca tu dulce voz
    escucha
    y tu dulce reír. Eso, lo juro,
    el corazón en mi pecho con fuerza golpea,
    pues nada más que te miro, al instante, de voz
    nada me queda.
    Que la lengua se me quiebra, y un sutil
    fuego en seguida me recorre por debajo la piel.
    Con mis ojos no veo nada, y los oídos
    me zumban,
    y me recorre un frío sudor, y un temblor
    hace presa de mí toda, y más pálida que la hierba
    estoy. Y estar muerta por poco
    me parece…
    Pero todo se debe soportar…

    (Traducción de Manuel Pérez López, en “De lo sublime”; Edit. Dykinson)

    Φάινεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
    ἔμμεν ὤνερ ὄττις ἐνάντιός τοι
    ἰσδάνει καὶ πλασίον ἆδυ φωνεί-
    σασ ὐπακούει

    καὶ γελαίσας ἰμέροεν. τὸ δὴ ᾽μάν
    καρδίαν ἐν στήθεσιν ἐπτόαισεν,
    ὢς γὰρ εὔιδον βροχέωσ σε, φώνας
    οὖδεν ἔτ᾽ εἴκει,

    ἀλλὰ κὰμ μὲν γλῳσσα ϝέαγε, λέπτον
    δ᾽ αὔτικα χρῷ πῦρ ὐπαδεδρόμακεν,
    ὀππάτεσσι δ᾽ οὖδεν ορημμ᾽, ἐπιρρόμ-
    βεισι δ᾽ ἄκουαι.

    ἀ δέ μ᾽ ίδρως κακχέεται, τρόμος δὲ
    παῖσαν ἄγρει χλωροτέρα δὲ ποίας
    ἔμμι, τεθνάκην δ᾽ ὀλίγω ᾽πιδεύης
    φαίνομαι ἄλλα•

    ἀλλὰ πᾶν τόλματον, ἐπεὶ +καὶ πένητα

    Safo

    Safo es la más famosa poetisa de la Antigüedad. Nació en Lesbos y vivió aproximadamente entre los años 650 y 610 antes de Cristo. Es la más importante poetisa lírica arcaica;  figura entre los poetas líricos que el canon antiguo fijó y consagró para siempre. Su amor a las muchachas, que canta en sus poemas, ha dado nombre a los amores homosexuales femeninos, a los que llamamos sáficos o lésbicos. Lógicamente este es el origen del término “lesbianismo”.

    Pues bien, el poema en cuestión era muy conocido en Roma. Así que la simple interpretación inicial se complica un tanto.  ¿Por qué Catulo recurre al poema de Safo para expresar su amor a Lesbia, nombre bajo el que se oculta una mujer real, Clodia? ¿Tiene algo que ver el nombre de la amada Lesbia con Lesbos, la patria de Safo?  ¿es posible trasponer los sentimientos amorosos femeninos a los masculinos, haciendo verdad el dicho popular de “qué importa el sexo si el amor es puro”? ¿los versos de Catulo son una mera traducción de la poetisa, una mera inspiración o una creación original del poeta? .

    A este respecto, conviene tener presente cómo el objetivo de un autor literario antiguo es emular y si es posible superar al maestro. Pero claro está, una vez que el poeta o el literato hace pública su obra y la entrega al conocimiento y disfrute del lector, que la asume y recrea como propia, ¿a propiedad espiritual ¿de quién es, del autor material o del lector identificado?.  Por supuesto, los antiguos no tenían el concepto moderno de propiedad intelectual.

    Pero en fin, dejemos estas cuestiones tan prosaicas y volvamos a leer el poema en ambas versiones. Disfrutemos con ellas y comprobemos que son coincidentes, pero sólo en parte.

  • Los Reyes magos

    El nacimiento de Jesús se celebra en Occidente el día 25 de Diciembre. Durante mucho tiempo en toda la Cristiandad se celebró y aún actualmente en la Iglesia Ortodoxa se celebra ese nacimiento el día 6 de Enero. En la Iglesia Católica se celebra el día 6 el día de la “epifanía” o manifestación de Jesús. Según el evangelio de San Mateo, 2, 1-12, unos reyes magos vinieron de Oriente para ofrecer al niño Jesús recién nacido oro, incienso y mirra. De ahí procede la costumbre en algunos países, como en España, de hacer regalos la noche del 5 al 6 a los niños.

    Pero, ¿quiénes son los “magos”?  Magos, μάγοι en griego, es una palabra irania o persa con notable éxito entre los griegos. Durante mucho tiempo, la filología clásica despreció o desatendió las múltiples evidencias de la influencia oriental en el mundo griego intentando afirmar una pretendida peculiaridad helena. Como evidencia el sentido común y numerosas pruebas históricas y filológicas, ni los griegos eran un solo pueblo, ni entraron todos al mismo tiempo en la península  helena ni estuvieron aislados del resto de pueblos y culturas.

    Más bien las cosas ocurrieron al contrario. Por su mera  situación geográfica, en un punto de contacto entre oriente y occidente, entre el norte centroeuropeo y el sur egipcio y africano, lo que llamamos cultura griega tiene un importante componente de otras culturas, fundamentalmente mesopotámicas y orientales y egipcias, a pesar del desprecio de los clasicistas a la importancia e influjo de las culturas orientales persas o egipcias.

    La dependencia de los griegos de las culturas orientales pronto resultó evidente en astronomía, en algunos mitos sobre todo los cosmogónicos, en algunos cultos religiosos, pero también son evidentes algunas relaciones de los primeros poemas literarios (Homero, Hesiodo) con los poemas épicos sumerios como Giglamesh o Enki

    Luego, a partir del siglo VI y durante dos siglos, Persia ocupó al menos un tercio de los territorios griegos y la influencia, lógicamente, fue mutua.

    Una prueba  de la evidencia de esta relación es el término  magos, magus, mago, μάγοι que, como decía,  no es de origen griego sino iranio.

    En griego tiene el doble significado de charlatanes que embaucan con su “magia”, pero también el de sacerdotes con una peculiar función.

    Las creencias religiosas persa primitivas y otras propias del zoroastrismo conciben el mundo lleno de démones y espíritus.  Las almas de los difuntos, separadas del cuerpo, ascienden al cielo, o mejor, a los cielos, porque son varios. En ese viaje de ascenso  es muy importante la acción ritual y los sacrificios de los “magos”.

    Las ideas y creencias iranias ayudaron en Grecia a germinar ideas también de separación del cuerpo y del alma, de ascenso del alma a los cielos, de universo poblado por numerosos démones y espíritus.

    Ayudaron también a que se produjera el interés de los griegos jonios por explicar la naturaleza mediante la observación racional, lo que supuso el origen de la ciencia.

    La multiplicidad de démones o almas omnipresentes es una doctrina presocrática, especialmente presente en el pensamiento pitagórico. Diógenes Laercio (VIII, 32) nos dice que Alejandro Polihistor decía haber encontrado en los “Comentarios pitagóricos” , entre otras similares, estas ideas:

    “Todo el aire está lleno de almas; a éstas se las cree genios (démones) y héroes y ellas transmiten a los hombres los ensueños, los presagios y también las enfermedades; y no sólo a los hombres, también a las ovejas y otros animales; a ellas van dirigidas las purificaciones, las expiaciones, las adivinaciones, las invocaciones y cosas semejantes”.

    Es lo mismo que decía Tales cuando afirmaba que “todo está lleno de dioses, démones o almas” (A 22, 23 Diels-Kranz).

    Aristóteles dice de Demócrito en Sobre el alma 404a:

    De ahí que Demócrito afirme que el alma es un cierto tipo de fuego o elemento caliente; siendo infinitos en número las figuras y los átomos, concluye que los de figura esférica son fuego y alma y los compara con las  motas que hay en suspensión en el aire y que se dejan ver en los rayos de luz  a través de las rendijas; afirma que el conjunto originario formado por todos  los átomos constituye los elementos de la Naturaleza en su totalidad  (Leucipo piensa de manera semejante);
    …..
    Parece, por lo demás, que la doctrina procedente de los pitagóricos implica el  mismo razonamiento: efectivamente, algunos de ellos han afirmado que el  alma se identifica con las motas en suspensión en el aire, si bien otros han  afirmado que es aquello que mueve a éstas
    . (Trad. De Tomás Calvo Martínez, Ed.Gredos).

    Diógenes  Laercio en I, 6-9 nos describe la actividad de los “magos”:

    “… que los magos se ocupan del culto a los dioses, de los sacrificios y de las plegarias, y son los únicos a los que los dioses escuchan…. que ejercen la mántica y la adivinación, afirman que se les aparecen los dioses y que el aire está lleno de imágenes que como resultado de una exhalación se introducen en la visión de quienes tienen la vista aguda…. Y Aristóteles dice en el libro primero “De la filosofía” que son más antiguos que los egipcios, y que existen dos principios, un espíritu  bueno y un espíritu malo; el primero se llama Zeus y Oromasdes y el segundo Hades y Arimán.”

    Heródoto en un pasaje famoso (I, 131) dice que los los magoi  veneran  la bóveda celeste como divinidad suprema:

    suben a lo alto de las montañas y ofrecen sacrificios a Zeus, llamando con el nombre de Zeus a todo el círculo del cielo”.

    Demócrito, en un famoso fragmento, describe a “maestros de la palabra” que, tendiendo las manos al cielo, “llamaban al universo con el nombre de Zeus”. (Demócrito, B 30 Diels-Kranz).

    En resumen, podemos concluir que los magos y las doctrinas iranias  llegaron a formar parte de alguna manera del contexto filosófico presocrático. Los rituales y las especulaciones de los magos sobre las almas y los démones dejaron su rastro en los griegos del siglo V. Así que sin duda la palabra “mago” es la palabra irania de más éxito en griego y hemos de tener en cuenta que los griegos y los  persas mantuvieron un contacto físicogeográfico y cultural durante varios siglos.

    Como cuestión curiosa sobre los magos puedo comentar que ya desde hace mucho tiempo se consideró que el relato del evangelio de San Mateo  2,1-12

    Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,  diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.  Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.  Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
    “Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
    No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
    Porque de ti saldrá un guiador,
    Que apacentará a mi pueblo Israel.”
    Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;  y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

    es un calco o está  elaborado o influenciado por la visita que Tiridates, rey de Armenia, hizo a Roma para rendir homenaje a Nerón. Tiridates, coronado el año 66 en Armenia por Nerón , era un mago así como todos sus acompañantes y así le llamaron los romanos,  “mago”.

    Nerón, además de por la música y la poesía, se apasionó  de la magia, a la que tuvo que renunciar. 

    A la visita que le hizo Tiridates hace referencia  Plinio el Viejo, Historia Natural XXX, 16 s (VI):

    Los magos tenían algunos subterfugios, como por ejemplo que los dioses no favorecían ni se aparecían a los que tienen pecas. ¿Es esto tal vez un obstáculo en él (Nerón)? Nada faltaba a sus miembros. Por lo demás él podía elegir libremente los días (favorables) y elegir fácilmente el ganado que no tenía otro color sino el negro; incluso inmolar a hombres también le era muy grato. El mago Tiridates había venído (a Roma)  junto a él llevando en su persona el triunfo en Armenia y por tanto con una grave carga para las provincias.
    No había querido navegar porque (los magos) no consideran permitido escupir en el mar ni mancillar su naturaleza con ninguna otra de las necesidades (excrecencias) de los hombres. Había llevado consigo magos y le (a Nerón) iniciado en los banquetes mágicos* ; sin embargo, aunque le había dado un reino, no pudo recibir de él este arte (de la magia). Y por tanto quedó establecido que era algo detestable, inútil, vano, aunque tenía ciertas sombras de realidad; así que en consecuencia no era el arte de la magia sino el de los envenenamientos.

    Nota: * los alimentos podían ser puros o impuros

    sunt quaedam Magis perfugia, veluti lentiginem habentibus non obsequi numina aut cerni. an obstitit forte hoc in illo? nihil membris defuit. nam dies eligere certos liberum erat, pecudes vero, quibus non nisi ater colos esset, facile; nam homines immolare etiam gratissimum. Magus ad eum Tiridates venerat Armeniacum de se triumphum adferens et ideo provinciis gravis.
    navigare noluerat, quoniam expuere in maria aliisque mortalium necessitatibus violare naturam eam fas non putant. Magos secum adduxerat, magicis etiam cenis eum initiaverat; non tamen, cum regnum ei daret, hanc ab eo artem accipere valuit. proinde ita persuasum sit, intestabilem, inritam, inanem esse, habentem tamen quasdam veritatis umbras, sed in his veneficas artes pollere, non magicas.

    Y Tácito nos describe la sumisión de Tiridates, que decide ir a Roma en  Anales XV,29.

    XXIX. Tras esto el romano alaba al joven (Tiridates) por haber aceptado los consejos seguros y buenos dejando a un lado los precipitados. El (Tiridates), que  habló profusamente de la nobleza de su familia y con moderación de las restantes cuestiones, añadió: que iría, pues, a Roma y le llevaría al César un nuevo motivo de honor, un Arsácida suplicando cuando las cosas no les eran adversas a los Partos. Pareció oportuno entonces que Tiridates colocase las insignias reales junto a la estatua del César y que no las volviese a coger sino de manos de Nerón. Y así se acabó el diálogo con un beso.  Luego, pasado unos pocos días, formó con gran pompa por una  parte la caballería (de los partos) distribuida por turmas y con los estandartes de su nación, y formaron los escuadrones de las legiones con sus águilas resplandecientes y los estandartes y las imágenes de los dioses como si se tratara de un templo. En medio del tribunal estaba la silla curul y en ella la estatua de Nerón, hasta la que avanzó Tiridates y, después de sacrificar las víctimas según la costumbre,  se quitó la corona de la cabeza y la colocó a los pies de la imagen, con gran emoción en el ánimo de todos, emoción que aumentaba la derrota y cerco del ejército romano todavía clavada en sus ojos: pero ahora la suerte había cambiado: Tiridates iría como espectáculo para el pueblo poco menos que como cautivo…

    Exim Romanus laudat iuvenem omissis praecipitibus tuta et salutaria capessentem: ille de nobilitate generis multum praefatus, cetera temperanter adiungit: iturum quippe Romam laturumque novum Caesari decus, non adversis Parthorum rebus supplicem Arsaciden. tum placuit Tiridaten ponere apud effigiem Caesaris insigne regium nec nisi manu Neronis resumere; et conloquium osculo finitum. dein paucis diebus interiectis magna utrimque specie inde eques compositus per turmas et insignibus patriis, hinc agmina legionum stetere fulgentibus aquilis signisque et simulacris deum in modum templi: medio tribunal sedem curulem et sedes effigiem Neronis sustinebat. ad quam progressus Tiridates, caesis ex more victimis, sublatum capiti diadema imagini subiecit, magnis apud cunctos animorum motibus, quos augebat insita adhuc oculis exercituum Romanorum caedes aut obsidio: at nunc versos casus; iturum Tiridaten ostentui gentibus quanto minus quam captivum?

    Es posible que este episodio de la visita del rey mago Tiridates sirviese de modelo para la visita de los reyes magos al niño de Belén.
     

  • XENIA y APOPHORETA (regalos)

    Xenia y Apophoreta son los nombres de dos de los libros de Epigramas de Marco Valerio Marcial (40-104), en concreto de los libros XIII y XIV

    Marcial publicó aproximadamente 1.500 epigramas, composiciones breves, generalmente satíricas (no exclusivamente) en las que se encierra una agudeza mental. Xenia tiene 127 y  Apophoreta 223.

    XENIA  es una palabra griega que originariamente significa “hospitalidad” y también se refiere a los obsequios que se hacen a los extranjeros o visitantes, en primer lugar a los embajadores de otras ciudades. En el caso de Marcial se refiere a los regalos que se hacen en los banquetes y que los participantes  se llevan como recuerdo.

    Apophoreta significa “regalo para llevar”  (del griego ἀπό  apode, desde y φορεῖν, llevar) hace referencia  también a la costumbre de obsequiar a los comensales de los banquetes con regalos o detalles que podían llevarse como recuerdo con motivo de las fiestas Saturnales, que se celebraban en diciembre. Estas fiestas de gran importancia eran una mezcla de nuestros actuales Navidades y Carnaval. Este es el origen sin duda de la costumbre todavía vigente de intercambiar regalos en la cena de  Navidad.

    El origen griego de las palabras nos recuerda la importancia de la hospitalidad y el simposio o banquete en el Mundo Antiguo grecolatino y el intercambio de regalos como instrumento para fortalecer las relaciones sociales.

    A veces los regalos en estos banquetes se obtenían con una especie de lotería, extrayendo un billetito o etiquete que hacía referencia, con frecuencia en clave de adivinanza o de manera enigmática, al regalo que a cada comensal había tocado; son también, pues, un juego intelectual. “Apophoreta” serían también las etiquetas que acompañaban a esos regalos

    Petronio, en la famosa  Cena de Trimalción de su Satiricón, 56,7:  nos presenta un sorteo de este tipo:

    Apartaba ya a los filósofos del asunto cuando comenzaron a pasar  unas papeletas en una  urna . Un niño esclavo dedicado a ello cantaba los premios:

    “Plata asesina”:  Trajeron un jamón  sobre el  que había  unas vinagreras.
    "Almohada”: Trajeron un medallón para colgar del cuello.
    “Comer tarde  y afrenta” : se entregaron fiambres salados l y un palo con una manzana.
    “Puerros y melocotones”:    recibió un látigo y un cuchillo.
    “Gorriones y cazamoscas”:   uvas pasas y miel del Ática.
    “Traje de cena y traje de ceremonia”:  recibió un pastel y unas tablillas.
    “Canal y pedal”: se trajo una liebre y una zapatilla.
    “Murena y letra”:   un ratón atado a una rana y un manojo de acelgas.
    Nos reímos mucho tiempo. Y de este tipo hubo seiscientos juegos, que superaron mi memoria.

    Iam etiam philosophos de negotio deiciehat, cum pittacia in scypho circumferri  coeperunt, puerque super hoc positus officium apophoreta recitavit.
    "Argentum sceleratum": allata est perna, supra quam acetabula erant posita.
    "Cervical": offla collaris allata est.
    "Serisapia et contumelia": xerophagiae ex sale  datae sunt et contus cum malo.
    "Porri et persica": flagellum et cultrum accepit.
    "Passeres et muscarium": uvam passam et mel  Atticum.
    "Cenatoria et forensia": offlam et tabulas accepit.
    "Canale et pedale": lepus et solea est allata.
    "Muraena et littera": murem cum rana alligatum fascemque betae accepit.
    Diu risimus. Sexcenta huiusmodi fuerunt, quae iam exciderunt memoriae meae.

    Pues bien, Marcial escribió estos dos libros, semejantes entre sí pero también con algunas diferencias entre ellos, en dísticos elegiacos o poemitas de dos versos  (del gr.  δί- ,dos y στιχον, surco, verso, estrofa , pues, de dos versos, un hexámetro y un pentámetro).

    Aunque aparecen en las ediciones de Marcial al final de su obra, en realidad los fue escribiendo con anterioridad,  quizás como encargo de los patronos para acompañar los regalos de  banquetes  y sin duda sirvieron de modelo para los siguientes.  Con estos encargos se ganaría algún dinero u obtendría algún  recurso para llevar adelante su vida nada lujosa; el poeta pasó veinte años de subsistencia en la gran Roma. Se piensa que los publicó para las Saturnales del año 84-85.
    Sobre su valor literario como poesía de encargo, se han emitido juicios diversos, aunque son innegables la calidad y agudeza de muchos de ellos,  pero en todo caso ha de reconocerse su valor como testimonio histórico de la vida real del momento.

    Los  Xenia tratan de regalos de bienes perecederos (comida y bebida) y los Apophoreta de bienes no perecederos. En Xenia los epigramas se agrupan por tipos de alimentos:  los cincuenta primeros se refieren a vegetales (primero los básicos como habas, trigo, lentejas, harina, cebada…; luego hortalizas, frutos…); cincuenta para los segundos platos como carnes de ave,  cuadrúpedos como plato fuerte, pescados; veinticinco para las salsas, entre ellas el famoso “garum” (especie de salmuera o vinagreta muy apreciada en todo el Imperio) y  otros veinticinco dedicados a los vinos en lo que constituye una especie de “guía de vinos” del momento. De alguna manera el orden de los epigramas se corresponde con el orden o secuencia de presentación de los alimentos en el banquete. El último, el 127 alude a la costumbre de regalar coronas de flores a los comensales.

    En Apophoreta aparece una enorme variedad de objetos, agrupados en conjuntos: objetos de tocador, productos cosméticos y perfumes, iluminación, diversas pelotas, utensilios de cocina y menaje, vestidos como togas, capas…, ropas de cama, muebles como mesitas, estanterías, estuches, tableros de juegos, perfumes, vestidos como togas, capas… esculturas, cuadros, libros, animales y esclavos, algunos con evidente función sexual.  Curiosamente se alternan los correspondientes a regalos valiosos y regalos baratos como sin duda ocurriría en los banquetes.

    Pondré unos pocos  ejemplos de cada libro (el espacio de un artículo no ofrece otra posibilidad) para ayudar a tomar la decisión de leerlos en su totalidad.

    XENIA

    XIV Lechugas

    La lechuga que  solía cerrar las cenas de nuestros abuelos,
    dime, ¿por qué ahora ella abre nuestras comidas?

    Lactucae

    Cludere quae cenas lactuca solebat avorum,
    Dic mihi, cur nostras inchoat illa dapes?

    XVI Rábanos

    Estos rábanos que se alegran gozan con el frío invernal
    y que a ti te damos, en el cielo Suele comerlos Rómulo.

    Rapa

    Haec tibi brumali gaudentia frigore rapa
    Quae damus, in caelo Romulus esse solet.

    XVIII Puerros cortados

    Tallos de puerros tarentinos, que huelen
    que apestan, cuantas veces  los hayas comido, da los besos con la boca cerrada.

    Porri sectivi

    Fila Tarentini graviter redolentia porri
    Edisti quotiens, oscula clusa dato

    XXXIV Cebollas

    Como  tu mujer es vieja y tú tienes  el miembro muerto,
    de ninguna otra cosa puedes hartarte excepto de cebollas.

    Nota: La cebolla pasaba por ser afrodisíaca;

    Bulbi

    Cum sit anus coniunx et sint tibi mortua membra,
    Nil aliud bulbis quam satur esse potes.

    XXXV Longanizas

    Vengo de Lucania como hija  de una puerca del Piceno:
    de mí se les da a las blancas judías una sabrosa corona.

    Nota: La Lucania producía famosos embutidos, entre ellos la “longaniza” que lleva su nombre puesto que la palabra deriva de “lucanica” contaminada con una “n” tomada tal vez de la palabra “longa” dada la forma de la especialidad.

    Lucanicae

    Filia Picenae venio Lucanica porcae:
    Pultibus hinc niveis grata corona datur.

    APOPHORETA

    XIII Cajitas de madera

    Si  algo queda todavía en el fondo de mi cajita,
    será un regalo. —No hay nada. La propia cajita lo será.

    Loculi lignei

    Si quid adhuc superest in nostri faece locelli,
    Munus erit. Nihil est: ipse locellus erit.

    XXIV Aguja de oro

    Para que tus cabellos empapados no manchen tus espléndidas sedas,
    que una aguja fije y sujete tus cabellos ensortijados.

    Acus aurea

    Splendida ne madidi violent bombycina crines,
    Figat acus tortas sustineatque comas.

    XXXIX Lámpara de alcoba

    Lámpara conocedora de dulce  lecho,
    Haz lo que quieras; yo callaré.

    Lucerna cubicularis

    Dulcis conscia lectuli lucerna,
    Quidquid vis facias licet, tacebo.

     

    XLIX Pesas

    ¿Por qué  tus fuertes brazos se desprovechan con estúpidas pesas?
    Cavar la viña entrena mejor a los hombres.

    Halteres

    Quid pereunt stulto fortes haltere lacerti?
    Exercet melius vinea fossa viros.

    Nota. Halteres  (ἁλτῆρες) son unos objetos  de piedra o de metal que se utilizaron en los ejercicios  gimnásticos  de los griegos y romanos. Los suelen utilizar los saltadores portándolos en ambas manos, , pero también se utilizan con frecuencia simplemente para ejercitar el cuerpo, de  la misma manera que nuestras mancuernas o pesas. Precisamente de esta palabra griega deriva “halterofilia”, afición a los “halteres”, nombre del deporte consistente en levantar pesas o pesos.

    Como curiosidad, diré finalmente que los Xenia sirvieron de modelo a una obra conjunta  de Goethe y Schiller, llamada precisamente Xenien en alemán,  que escribieron contra los críticos  y la mediocridad del momento, por cierto sin mucho éxito.xenia