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  • Las fiestas Saturnales romanas y la Navidad

    La palabra “Navidad”, con la que designamos la fiesta del nacimiento de Jesús, deriva de la latina “nativitatem” que significa precisamente “nacimiento”

    En los primeros siglos del Cristianismo, el nacimiento de Jesús y su bautismo se celebró el día seis de Enero, día de la Epifanía (del griego επιφάνεια que significa: "manifestación, aparición" y todavía se sigue celebrando en esa fecha en oriente en la iglesia ortodoxa. En Occidente el día seis de enero celebramos la curiosa fiesta de los “reyes magos”, que según el evangelio de San Mateo acudieron a ofrecer sus regalos al niño Jesús recién nacido en Judea. En recuerdo e imitación de ello se regalan juguetes a los niños en algunos países como España.

    La primera referencia escrita a la Epifanía como fiesta cristiana aparece en el año 361 en Arriano Marcelino, XXI, 2,5,:

    Y con el fin de ocultar entretanto estas cosas (que había renunciado al cristianismo),  el día de la fiesta, que los cristianos celebran en el mes de enero y  llaman  la Epifanía , fue a la iglesia de ellos, y se marchó después de ofrecer solemnemente una oración a su deidad.

    En su versión latina:

    Et ut haec interim celarentur, feriarum die, quem celebrantes mense Ianuario Christiani Epiphania dictitant, progressus in eorum ecclesiam, sollemniter numine orato discessit.

    Epifanio de Salamina concreta que el nacimiento de Cristo fue el día 6 de Enero en Panarion, LI, 27, 4:

    la Epifanía del Señor, el 5 de enero, en la madrugada del 6 de enero y el undécimo del mes egipcio Tybi

    Por otra parte, el nacimiento del dios Mitra, el dios solar persa, se celebraba el día 25 de Diciembre, día del solsticio de invierno porque en ese día el sol comienza a aparecer antes, es decir, nace de nuevo dando lugar a un nuevo año solar.

    La palabra “solsticio” deriva de la latina solstitĭum,   solis statum (stare o sistere, pararse, detenerse) , por la aparente quietud o movimiento lento del sol al llegar a los trópicos. Hasta ese momento  el día o espacio de luz ha ido decreciendo pero a partir de ese momento el día crece y crece como un recién nacido.

    El Mitraísmo fue una religión muy extendida en todo el Imperio por las legiones romanas y como religión de salvación fue claramente competidora con el Cristianismo. Como en tantas otras ocasiones,  se cristianizó la fecha trasladando la celebración  del nacimiento de Jesús a la fecha del nacimiento de Mitra.

    En muchas culturas el nacimiento del nuevo año va asociado al nacimiento de un niño divino, al nacimiento de un dios solar.

    Por otra parte, el calendario romano,   fijaba las fechas de las numerosas festividades religiosas de los habitantes del Lacio  en honor de sus dioses. En diciembre se celebraban varias que  tienen su reflejo en el calendario actual precisamente en nuestra fiesta de la Navidad.

    En realidad, durante el Imperio se celebraban en diciembre tres fiestas que coincidían en algunos de los siete días en que se celebran: las Saturnalia, las Opalia y las Sigillaria.

    Las “sigillaria” se llaman así de sigilla, u  oscilla, pequeñas figuras de cerámica. Para esta fiesta  se montaban puestos comerciales a manera de mercadillo con figuras de cerámica que se regalaban a los niños como juguetes. Estas pequeñas imágenes de barro son el recuerdo de rituales antiquísimos de sacrificio en los que la víctima era sustituida por la figurilla de barro.

    En estas fiestas romanas encontramos, pues, elementos de nuestras actuales Navidades y Carnavales.

    A finales del mes de diciembre se celebraban sobretodo las “Saturnalia”, la fiesta de Saturno, dios al que atribuían la introducción de la agricultura y de la vida civilizada. Saturno es uno de los viejos dioses del Lacio y su culto y fiesta parece haber decaído y renacido en varias ocasiones a lo largo de la historia latina.

    En tiempos de Augusto se celebraba la fiesta durante tres días,  el 17, 18 y 19 de diciembre. Alguien, no sabemos quién, añadió un cuarto, luego Calígula añadió un quinto al que llamó Iuvenalis (de la juventud), que más tarde confirmó Claudio.

    Suetonio, Caligula, XVII:

    En el segundo (consulado)  distribuyó a los hombres vestidos de ciudad, a las mujeres y a los niños cintas rojas y teñidas de púrpura, y para prolongar para siempre la alegría pública, añadió un día a las fiestas Saturnales y lo llamó “día de la juventud”.

    posteriore epulo forensia insuper uiris, feminis ac pueris fascias purpurae ac conchylii distribuit. et ut laetitiam publicam in perpetuum quoque augeret, adiecit diem Saturnalibus appellauitque Iuuenalem.

    En algunos textos se habla hasta de siete días; por ejemplo Marcial, en uno de los epigramas, el 72, del libro XIV, que dedica íntegramente a los regalos que se hacían en el banquete de las fiestas y que por eso llama Apophoreta,que  significa “regalo para llevar”  (del griego ἀπό  apo- de, desde y φορεῖν, llevar),nos dice:

    Salchicha   

    Esta salchicha que  te llega a ti en la mitad del tiempo de la bruma (invierno), me había  llegado a mí antes de los siete días de Saturno.

    Botulus

    Qui venit botulus mediae tibi tempore brumae,
    Saturni septem venerat ante dies.

    Macrobio es un gramático latino que vivió a caballo entre los siglos IV y V de Cristo. Su obra más importante es precisamente las Saturnalia (Saturnales), en la que se celebra un banquete literario en el marco de las Saturnalias en la que varios senadores dialogan sobre varios temas históricos, mitológicos, antigüedades, gramática y sobre todo sobre Virgilio. El primer libro está dedicado a investigar el origen de las Saturnales precisamente. 

    Al finalizar el año, una vez que acaban las tareas agrícolas y se esperaba para la sementera del siguiente (Según Varrón, Saturno deriva de satur y este de sero,  que  significa sembrar), celebraban una especie de fiesta de la cosecha, de alegría incontenible y de relajación de las rígidas costumbres sociales. Durante estas fiestas se paralizaban los negocios, los escolares tenían vacaciones, los tribunales de justicia no funcionaban y no se podía castigar a los malhechores. Es especialmente interesante y curiosa la inversión del orden social que se establece entre los esclavos y el señor y que recuerda la mítica Edad de Oro en la que todo era abundancia, igualdad y armonía.

    En ese día los esclavos se dirigían a sus señores con toda libertad de expresión y participaban en un banquete vestidos como sus señores, que les servían en la mesa.  Vestían también  el pileus,un gorro de fieltro rojo que  se ponían los libertos como símbolo de la libertad. El pileus es pues el símbolo de la libertad general de estos días.

    (Nota: Probablemente el gorro frigio de los participantes en la Revolución Francesa,  tiene su origen en este píleo romano, que usan los esclavos durante las Saturnales).

    Así lo reflejan, entre numerosos textos, estos de Marcial y Horacio:

    Marcial, XI,6:

    A Roma
    Me permites, Roma, cubierta con el pileo, que juegue con versos poco serios en estos  días amables del viejo de la hoz ( Saturno),  en los que impera como rey el cubilete del juego; te has sonreído; luego  me lo permites y no me lo prohíbes.

    …..
    Unctis falciferi senis diebus,
    Regnator quibus imperat fritillus,
    Versu ludere non laborioso
    Permittis, puto, pilleata Roma.
    Risisti; licet ergo, non vetamur.

    Hor. Sat. II, 7,5;

    Davo:           Hace un rato  que te escucho, y  aunque esclavo deseo
                         decirte algunas cosas, pero tengo miedo.
    Horacio.:     ¿Eres Davo?
    Davo:           Así es. Davo, el esclavo
                         amigo de su señor y honrado
                          lo que es bastante
                          Esto es, que lo consideres vital.
    Horacio:      Venga, usa  de la libertad de diciembre
                          como lo quisieron así nuestros antepasados.
                          Habla.

    Iamdudum ausculto, et cupiens tibi dicere servus
    pauca, reformido. 'Davusne?' Ita. Davus, amicum
    mancipium domino, et frugi, quod sit satis ; hoc est,
    ut vitale putes. ' Age, libertate Decembri,
    quando ita majores voluerunt, utere : narra.'

    Los siguiente epigramas de Marcial recogen varias de las características llamativas de estas fiestas: vestido desenfadado, tocado con el pileus, juego de dados permitido, premios y regalos en el banquete, borrachera y francachela. Los ciudadanos se quitan la toga  y se ponen un vestido suelto llamado síntesis de andar por casa, se ponen el pileus, lo que nos recuerda los disfraces y máscaras de carnaval, y máscaras

    Marcial,  XIV,1;

    [Al lector, sobre las Saturnales]

    Mientras el caballero y el senador y señor se divierten vestidos de vaqueros*, y
    mientras ponerse el pileo** le queda bien a nuestro Júpiter,  y el esclavo de la casa  no teme que el edil le vea agitando el cubilete***, aunque vea tan cerca los estanques helados****.  recibe la suertes alternativa del rico y del pobre*****: que cada uno dé su premio a su invitado. “Son bagatelas y fruslerías  o incluso  algo de menos valor que eso si lo hubiera”. ¿Quién no lo conoce? ¿O quién niega cosas tan manifiestas? Pero, ¿qué voy a hacer más interesante, Saturno, en estos días húmedos******, que tu propio hijo te ha concedido en lugar del cielo?******* ¿Quieres que escriba sobre Tebas o Troya o a la malvada  Micenas?2973 —“Me dices, juega a las nueces”.
    —Pues yo no quiero perder mis nueces.

    Notas:
    * la síntesis era una prenda informal para andar por casa que es la habitual en las Saturnales
    ** Hasta el mismo Domiciano se ponía el pileo, símbolo de la libertad de estos días
    *** En estos días estaba permitido el juego, prohibido el resto.
    **** Una broma de estos días consistía en arrojar a alguien al lago, al pilón helado
    ***** alternaban los regalos del banquete valiosos con los ridículos
    ****** por las borracheras
    ******* Porque Júpiter destronó a Saturno

    Synthesibus dum gaudet eques dominusque senator
    Dumque decent nostrum pillea sumpta Iovem;
    Nec timet aedilem moto spectare fritillo,
    Cum videat gelidos tam prope verna lacus:
    Divitis alternas et pauperis accipe sortes:
    Praemia convivae dent sua quisque suo.
    'Sunt apinae tricaeque et si quid vilius istis.'
    Quis nescit? vel quis tam manifesta negat?
    Sed quid agam potius madidis, Saturne, diebus,
    Quos tibi pro caelo filius ipse dedit?
    Vis scribam Thebas Troiamve malasve Mycenas?
    'Lude,' inquis, 'nucibus'. Perdere nolo nuces.

     

    Las referencias de Marcial, que como dije dedicó un libro entero a los regalos de las Saturnales, el XIV, además de las citadas, son numerosas, todas llenas de ingenio y mordacidad. Si alguien tiene curiosidad las encontrará en 2,85/ 4.88/ 5.19/ 5.84/7.53/10.29/11.2/  11.15/12.81/14.182

    Suetonio, Vida de Augusto, 75

    Celebraba los días de fiesta y solemnes  con gran suntuosidad  y a veces sólo con simples  juegos. Para las Saturnales y cuando le apetecía en cualquier ocasión,  unas veces  distribuía regalos, vestidos, objetos de oro y  plata, otras veces monedas de todas las acuñaciones, incluso  antiguas del tiempo de los reyes y extranjeras, a veces simplemente una tela basta, esponjas, espátulas*, pinzas y otros objetos de este tipo, con etiquetas  oscuras y de doble sentido. Solía  también poner en venta, durante  la cena, lotes  de objetos de valor muy desigual y pinturas en madera vueltas del revés,  para frustrar o cumplir según la incierta casualidad las esperanzas  de los compradores. Del mismo modo organizaba subastas en cada una de las mesas  y cada uno  comunicaba sus ganancias y sus pérdidas.

    (Nota: rutabula tiene un doble significado con el que juega Augusto, porque significa también “miembro viril”.)

    Festos et sollemnes dies profusissime, nonnumquam tantum ioculariter celebrabat. Saturnalibus, et si quando alias libuisset, modo munera diuidebat, uestem et aurum et argentum, modo nummos omnis notae, etiam ueteres regios ac peregrinos, interdum nihil praeter cilicia et spongias et rutabula et forpices atque alia id genus titulis obscuris et ambiguis. solebat et inaequalissimarum rerum sortes et auersas tabularum picturas in conuiuio uenditare incertoque casu spem mercantium uel frustrari uel explere, ita ut per singulos lectos licitatio fieret et seu iactura seu lucrum communicaretur.

    Otras referencias  pertinentes las podemos encontrar en Seneca: Epistolas a Lucilio. 18;   Plinio: Epistolas. IV 9; Servius: Ad Virgili  Aeneidam, III, 407.; Tacito: Annales XIII, 15; Arriano: Dissertatines.Epictet. I, 25; Luciano de Samosata:  Saturnalia, 4

      Todas las clases sociales participaban de la fiesta y las calles se llenaban de gente que gritaba “Io Saturnalia”, “viva las Saturnales” y ofrecían sacrificios con la cabeza descubierta; los amigos se intercambiaban regalos; entre los más humildes el regalo más común son velas de cera (cerei), quefueron probablemente empleados como se emplean ahora los moccoli o moccoletti  en la última noche del carnaval italiano. El valor material podía ser escaso, pero su significado simbólico y religioso era evidentemente muy importante para la consolidación de la sociedad. Las velas o cirios simbolizan la luz que acabo con la oscuridad del Caos y anuncia una nueva luz o nuevo año.

    También Catulo hace referencia a los regalos y al día de fiesta en su poema  14:
    …..
    ¡Grandes  dioses,  qué  horrible y execrable 
    librito! Sin duda tú se lo enviaste
    a tu querido  Catulo para que muera
    a lo largo de este día,
    el dia de los Saturnales,
    el mejor de los días….

    Di magni, horribilem et sacrum libellum!
    Quem tu scilicet ad tuum Catullum
    Misti, continuo ut die periret,
    Saturnalibus, optimo dierum!

    En resumen, en Las Saturnales encontramos elementos de nuestros actuales Carnaval y Navidad cristiana: celebración del final del año viejo y comienzo de uno nuevo, regeneración en consecuencia del tiempo y de la vida,  fiesta burlesca, ambiente desenfrenado que recuerda el Caos original;  inversión del orden social en la familia invirtiendo los papeles del amo y los esclavos por un día para finalmente volver todo al orden establecido al acabar la fiesta , cuando el Caos es otra vez un Cosmos o espacio organizado,  el banquete o cena, el intercambio de regalos, la inversión de las costumbres propia del carnaval, la permisividad para celebrar juegos de cartas prohibidos durante mucho tiempo por costumbres más rígidas (nótese como por ejemplo, en Semana Santa, próxima a los carnavales, se permitía un día o se era más tolerante con el juego de cartas argumentando piadosamente que se hacía en recuerdo del reparto de la túnica de Jesús por los soldados que lo tenían detenido…), el mercadillo con figuras de cerámica para regalo de juguetes a los niños.

    Y en lo más profundo las fiestas cumplen la importante función social de reinaugurar permanentemente los ciclos naturales del tiempo y regenerar en coincidencia anual el orden social. Lo curioso es que hoy no vivimos con menos ardor e ilusión estos finales e inicios del ciclo anual, de la noche vieja y del día de año nuevo.

     

     

  • La “Tregua Sagrada” hizo posible la continuidad de las Olimpiadas durante 1.170 años

    Las pruebas olímpicas antiguas tienen una evidente relación con diversas actividades guerreras y militares, pero las Olimpiadas sólo fueron posibles porque los diversos estados griegos, en permanente confrontación, acordaban una temporal tregua de paz.

    En el año 864 a.C. tres ciudades-estado griegas firmaron un acuerdo estableciendo una Tregua Sagrada para poder celebrar los Juegos Olímpicos en honor de Zeus de forma pacífica. Sin duda alguna esta tregua hizo posible la celebración de las Olimpiadas durante más de mil años. Todavía hoy, con motivo de las Olimpiadas modernas, se sigue reclamando una tregua similar, aunque sin mucho éxito.

    El origen de los juegos atléticos en honor de Zeus en Olimpia es antiquísimo. La tradición mítica adjudica la creación a Heracles o Hércules.

    Aunque la primera Olimpiada que se registró oficialmente y dio lugar al comienzo de una era o manera de fechar los acontecimientos, ocurrió en el año 776 a.C., un momento clave tuvo lugar en el año 864 a.C. en que se firmó un tratado entre Ífito por los Eleos, Licurgo por Esparta, y Cleóstenes por Pisa para aprobar la famosa Tregua Sagrada durante tres meses que impedía la guerra y que declaraba inviolable el territorio de Olimpia y garantizaba la seguridad de  los peregrinos y  atletas que acudían a competir  dos meses antes de que empezaran los juegos.

    Durante este período nadie podía violar el suelo de la Elide entrando armado en él. La Tregua Sagrada, que proclamaban heraldos por toda Grecia,  hizo posible la continuidad de los juegos con toda regularidad cada cuatro años.

    El texto del acuerdo que acordaba la tregua, que  decía: “Olimpia es un lugar sagrado; quien se atreva a pisar este suelo con soldados  armados, será considerado sacrílego”,  fue grabado en un disco de hierro, que Pausanias, el autor antiguo de una famosa guía de visita a Grecia que vivió en el siglo II de Cristo, asegura haber visto en Olimpia.

    La tregua fue prácticamente respetada siempre, aunque el gran historiador Tucídides nos cuenta cómo en un momento se prohibió la participación de los espartanos por haber atacado una fortaleza de la Elida durante la tregua; aunque los espartanos argumentaron que, cuando atacaron, la tregua no había sido proclamada todavía, fueron multados con dos minas por soldado, en total dos mil minas. Una mina tenía 100 dracmas; una dracma era el salario medio diario de un trabajador especializado.
    Esa violación de la tregua ocurrió en el año 420 a.C. Elis prohibió a Esparta  hacer sacrificios y participar en los juegos  alegando que había penetrado en territorio de la Élide durante la tregua sagrada que las ciudades estado debían respetar. Es probable que la prohibición durase hasta el año 400 a.C.

    Como se ve,  ni los juegos olímpicos, sagrados entonces y en honor de Zeus, ni los modernos de carácter  exclusivamente deportivo en apariencia,  estuvieron nunca al margen de la política del momento, pero la “tregua sagrada” fue generalmente respetada en la Antigüedad

    Ahora también, en los tiempos modernos, se pretendió desde un principio que los países garantizasen la paz durante la celebración y se suelen hacer llamamientos a la paz mundial con ocasión de los Juegos Olímpicos por parte del Secretario General de la ONU; evidentemente sin mucho éxito. Recordemos cómo en Berlín se celebraron los Juegos Olímpicos del año 1936, en la antesala de la terrible Segunda Guerra Mundial, que produjo unos 60 millones de muertos según los cálculos más admitidos. Nos puede servir también de ilustración el impresionante despliegue del ejército británico para asegurar la celebración pacífica de los Juegos Olímpicos de Londres en el año de 2012. Ahora la amenaza terrible era el terrorismo.

  • Un Zeuxis moderno

    Recientemente ha celebrado el Museo Nacional del Prado una exposición de pintura titulada “Juan Fernández el Labrador. Naturalezas muertas”. Juan Fernández es un pintor del Siglo de Oro español, poco conocido, que pintó sobre todo “bodegones” . Sus obras más representativas son las pinturas de “racimos de uvas”.

    Esta especialización ha hecho recordar a los amantes de la pintura la famosa anécdota del enfrentamiento “artístico” de dos de los más famosos pintores del mundo antiguo, los griegos Zeuxis y Parrasio. Lo más adecuado es leer directamente a Plinio el Viejo, que es quien nos lo cuenta en  Historia Natural,35, 29 (o 35,36 en otras ediciones).

    Fueron contemporáneos suyos (de Zeuxis) y rivales Timanthes, Androcides, Eupompo y Parrasio. Se dice que este último concurrió a un certamen con Zeuxis, que pintó unos racimos de uvas con tal perfección que unas aves volaron hacia el dibujo; que él mismo pintó una cortina representada con tal veracidad que Zeuxis,  engolado con el juicio de los pájaros,  reclamó que se retirase la cortina y mostrase la pintura; comprendiendo su error, le concedió la victoria con ingenuo candor, porque él había engañado a los pájaros, pero Parrasio le había engañado a él que era un artista.

    Se dice que más tarde Zeuxis pintó a un niño llevando unas uvas a las que fueron volando unos pájaros y con la misma ingenuidad se mostró irritado con su obra y dijo: “he pintado mejor las uvas que al muchacho, pues si lo hubiese hecho a la perfección  los pájaros habrían tenido miedo de él.

    Aequales eius et aemuli fuere Timanthes, Androcydes, Eupompus, Parrhasius. Descendisse hic in certamen cum Zeuxide traditur et, cum ille detulisset uvas pictas tanto successu, ut in scaenam aves advolarent, ipse detulisse linteum pictum ita veritate repraesentata, ut Zeuxis alitum iudicio tumens flagitaret tandem remoto linteo ostendi picturam atque intellecto errore concederet palmam ingenuo pudore, quoniam ipse volucres fefellisset, Parrhasius autem se artificem.
    Fertur et postea Zeuxis pinxisse  puerum uvas ferentem, ad quas cum advolassent aves, eadem ingenuitate processit iratus operi et dixit: “uvas melius pinxi quam puerum, nam  si et hoc consummassem, aves timere debuerant.”

    La historia en principio parece poco creible y la segunda parte avala las dudas, pero eso no quiere decir que no podamos extraer alguna enseñanza de ella.

    En primer lugar nos informa de los gustos artísticos de los griegos en la transición entre el siglo V y el IV  a.C.

    La esencia del arte clásico es imitar, emular  la naturaleza ocultando el arte con que se había conseguido; ars est celare artem, el arte consiste en ocultar el arte, hasta el punto de que no parezca arte sino realidad; como Ovidio dice en su Metamorfosis X, 252 a propósito de la perfección de la escultura de Pigmalión:

    ars adeo latet arte sua, hasta tal punto se esconde el arte por obra del propio arte.

    Se busca sin duda la ilusión del más exacto realismo y de la más perfecta imitación de la naturaleza, hasta el punto de engañar al ojo humano, produciendo el  efecto de trompe l’oeil o trampantojo. Es lo que se intenta con la pintura de elementos arquitectónicos, ventanas, puertas, cortinas, estancias…Tal vez se deba a cierta influencia de los decorados de algunas obras de teatro.

    Curiosamente, ya entonces y hasta hoy en ese tipo de pintura de naturalezas muertas, el motivo pintado son alimentos u objetos relacionados con la comida.

    Nos informa también sobre el reconocimiento del estatus del pintor y de la pintura, reflejado en la importancia de los certámenes.

    No deja de ser también un curioso motivo de reflexión el hecho de que las pinturas de los grandes artistas antiguos como Zeuxis, Parraxio, Polignoto, fueron muy apreciadas y valoradas pero ninguna de ellas existe físicamente; las noticias que conservamos, como esta historia de la rivalidad entre Zeuxis y Parrasio que pone de manifiesto su calidad como artistas, la conocemos por un texto escrito de Plinio el Viejo. ¿Cuál sería nuestro  conocimiento de la Historia sin la palabra? Esta es la razón por la que en estos artículos utilizo tan pocas imágenes, confiando sobre todo en la fuerza evocadora de la palabra, en este caso escrita.

    Pero quizás sea esta una ocasión justificada para ofrecer una de las obras de Juan Fernández el Labrador existente en el Museo del Prado y comprobar visualmente por qué se le llamó el Zeuxis Moderno.

    Bodegón con cuatro racimos de uvas.
    Madrid, Museo Nacional del Prado.

  • Importancia de la música en el mundo griego antiguo

    La mayor parte de los términos lingüísticos empleados en la ”música” son de origen griego.

    No es la música  en Grecia una de las cuestiones que con más detalles estudie la historia del mundo antiguo, pero una simple relación de los términos de origen griego,  que hacen referencia a este mundo de los sonidos agradables al oído, nos debe poner en la pista de la importancia real que tuvo un arte siempre presente en los actos religiosos y en la vida de los ciudadanos.

    Relaciono algunos términos con la definición que de ellos nos da el “Diccionario de la Real Academia  Española”:

    Música, ((Del lat. musĭca, y éste del gr. μουσική, derivado de μοῦσαι mousai=  ninfas o diosas que inspiran la música y el resto de artes), es precisamente el primero de los términos a tener en cuenta.

    Melodía: (Del lat. melodĭa, y éste del gr. μελῳδία; μέλος = canto).Composición en que se desarrolla una idea musical, simple o compuesta, con independencia de su acompañamiento…

    Armonía: (Del lat. harmonĭa, y éste del gr. ἁρμονία = proporción, de ἁρμός, ajustamiento, combinación).Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. / Arte de formar y enlazar los acordes.

    Sinfonía: (Del lat. symphonĭa, y éste del gr. συμφωνία = conformidad, de σύμφωνος, que une su voz, acorde, unánime).Conjunto de voces, de instrumentos, o de ambas cosas, que suenan acordes a la vez./  Composición instrumental para orquesta.

    Polifonía: (Del gr. πολυφωνία, mucha voz).Conjunto de sonidos simultáneos en que cada uno expresa su idea musical, pero formando con los demás un todo armónico.

    Orquesta: (Del lat. Orquestra y éste del gr. ορχήστρα, lugar para danzar ).Grupo de músicos que interpretan obras musicales con diversos instrumentos. /  Lugar comprendido entre la escena y las lunetas o butacas, que se destina a los músicos.

    Órgano: (Del lat. orgănum, y éste del gr. ὄργανον = instrumento).Instrumento musical de viento, compuesto de muchos tubos donde se produce el sonido, unos fuelles que impulsan el aire y un teclado y varios registros ordenados para modificar el timbre de las voces.

    Coro: (Del lat. chorus, y éste del gr. χορός = baile, danza, coro).Conjunto de personas que en una ópera u otra función musical cantan simultáneamente una pieza concertada./  Conjunto de personas reunidas para cantar, regocijarse, alabar o celebrar algo./  En la dramaturgia grecolatina, conjunto de actores que recitan la parte lírica destinada a comentar la acción.

    Tono: (Del lat. tonus, y éste del gr. τόνος,  acento, tensión).Cualidad de los sonidos, dependiente de su frecuencia, que permite ordenarlos de graves a agudos. De aquí deriva también “tónico” y en música significa la primera nota de una escala musical.

    Barítono: (Del lat. barytŏnus, y éste del gr. βαρύτονος, de voz grave,de βαρύς = grave, pesado).  Voz media entre la de tenor y la de bajo y hombre que tiene esta voz.

    Diatónico: (Del lat. diatonĭcus, y éste del gr. διατονικός).  Dicho de uno de los tres géneros del sistema musical: Que procede por dos tonos y un semitono.

    Diapasón : (Del lat. diapāson, y éste del gr. διαπασῶν). Regulador de voces e instrumentos consistente en una lámina de acero doblada en forma de horquilla con pie, y que cuando se hace sonar da un “la”  fijado en 435 vibraciones por segundo.

    Rítmo: (Del lat. rhythmus, y éste del gr. ῥυθμός, de ῥεῖν, fluir). Proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente. De este deriva rítmico.

    Síncopa: (Del lat. syncŏpa, y éste del gr. συγκοπή, de συγκόπτειν, cortar, reducir). Enlace de dos sonidos iguales, de los cuales el primero se halla en el tiempo o parte débil del compás, y el segundo en el fuerte.

    Cromático: (Del lat. chromatĭcus, y éste del gr. χρωματικός; χρῶμα- en realidad significa color). Se dice de uno de los tres géneros del sistema musical, el que procede por semitonos.

    Acorde:  (Este término es latino; deriva de  accordāre, de cor, cordis, corazón, y significa estar de acuerdo ).Conjunto de tres o más sonidos diferentes combinados armónicamente.

    Desde luego, al ciudadanos griego le gustaba la música.

    Las referencias a la música son muy frecuentes en la  literatura (sobre todo en los poetas), en el  arte, en la arqueología, en obras cuyo asunto central es precisamente la música , e incluso algún documento similar a nuestras partituras. Y sin embargo el desconocimiento es enorme y la atención de los historiadores escasa. Naturalmente, los antiguos no pudieron grabar sus sonidos y la palabra escrita no es un testimonio suficiente.

    Nota: La palabra “ópera”  designa a la manifestación o espectáculo artístico más integrador existente, formado por  teatro, música, danza, plástica. La palabra deriva de la italiana “opera” y ésta de la latina “opera”, plural de “opus,-eris”, que significa obra, trabajo. Así que la “opera” designa al trabajo musical por excelencia. Su origen está en el Renacimiento que intenta recuperar el teatro y música de los antiguos. Monteverdi llama a su famoso L’Orfeo, publicado en Venecia en 1609 “Fabula in música”.

    El singular latino de “opera” es “opus”, que significa “obra, trabajo”. En música se utiliza el término para ordenar, indexar, citar las diversas obras musicales de los catálogos de los diversos autores. El término se empezó a utilizar en el siglo XVII.
     


     

  • Perseo y Andrómeda

    El mito de Perseo y Andrómeda es uno de los más conocidos y de más larga pervivencia; en realidad, vestido con otro ropaje, llega hasta nuestros días.

    En torno al héroe Perseo se articulan varios mitos y elementos, algunos muy antiguos que se remontan a la Prehistoria, a la época de los cazadores paleolíticos, y otros más recientes del Neolítico y de las primeras monarquías. Si su origen es muy antiguo, su pervivencia llega hasta nuestros días,  en algunos mitos como por ejemplo el famoso de “San Jorge  y el dragón”  y otros  germanos y sajones (Beowulf, Sigfrido…). En él se acumulan muchos de los elementos  frecuentes en mitos y cuentos populares de monstruos, princesas cautivas y héroes salvadores.

    Resumimos brevemente el mito primero, luego proponemos una lectura del mito rehecho fundamentalmente sobre la versión de Ovidio en su Metamorfosis y finalmente haré algunas anotaciones, que más que ofrecer una explicación del relato, lo que hacen es entreabrir las puertas a la complejidad polivalente que todo mito encierra.

    Resumen: se vaticina a un rey que será precisamente su descendiente quien acabe con su vida; para impedirlo encierra en una cámara a su hija, que a pesar de ello concibe  un hijo de un dios;  madre e hijo son arrojados a las aguas, pero sobreviven y son criados por su salvador en otro país; una vez adulto el héroe ha de cumplir un trabajo o empresa imposible para evitar el capricho deseo del rey del lugar que desea apoderarse de su madre; consigue con la ayuda de otros dioses cumplir la tarea; en el viaje de regreso libera a una doncella, hija del rey de Etiopía,  que un monstruo marino tiene encadenada y acaba  así con  la amenaza y desolación permanente que el  monstruo ocasiona al país de la doncella; en recompensa recibe la mano de la princesa; luego participando en unos juegos atléticos lanza el disco que golpea mortalmente a su abuelo, cumpliéndose así la ineludible profecía inicial.

    Relato mítico:

    Acrisio, rey de la poderosa ciudad de Argos, en la antigua Grecia, deseaba ardientemente tener descendencia y preguntó al oráculo, que  anuncia el futuro,  cómo podría tener hijos. Pero el dios del oráculo, el apuesto y resplandeciente Apolo, le respondió enigmático:

    Tu hija Dánae te dará un nieto, fuerte y valeroso, que será el causante de tu propia muerte.

    Asustado Acrisio construyó una cámara subterránea de bronce en la que encerró a su hija Dánae, pretendiendo  impedir el cumplimiento del terrible anuncio.

    Pero de nada sirven las medidas y cautelas de los hombres que se oponen al designio de los dioses. Dánae fue fecundada por el propio Zeus o Júpiter, padre de los dioses, transformado en lluvia de oro y dio a luz un hermoso niño. La lluvia del metal que  compra los corazones y abre todas las puertas, penetró también por las rendijas de la cámara de bronce, aparentemente inaccesible, y el seductor dios todopoderoso, infiel una vez más a su esposa, la diosa Juno, procreó en la muchacha  argiva al héroe Perseo, pues tal categoría de héroe tienen los descendientes de dioses y mortales.

    Nacido en el secreto de la cámara subterránea, el niño creció sano y robusto durante algunos meses sin que su abuelo se percatase de su existencia. Un día, el niño juguetón profirió un grito que Acrisio oyó desconcertado. Pero pronto, sabedor de lo ocurrido y consciente del futuro peligro, no quiso admitir la intervención divina del seductor Zeus, encerró en un cofre de madera a su hija Dánae y a su nieto Perseo y los arrojó al mar. El cofre, zarandeado por las olas, fue a parar a la isla de Sérifos. El pescador Díctis, hermano de Polidectes, el rey de la isla,  acogió en su casa a los pobres náufragos. Dictis educó como a  un hijo a Perseo, que se convirtió en un hermoso adolescente de extraordinario valor.

    Mientras tanto el rey Polidectes se había enamorado ardientemente de la hermosa Dánae, pero el joven Perseo, protector de su madre, le impedía satisfacer su loca pasión. Cierto día el rey celebró un banquete e invitó a la mesa a sus nobles amigos y al propio Perseo. Preguntados por el rey sobre qué regalo pensaban ofrecerle los comensales, todos opinaron que el obsequio más adecuado para un rey era un caballo, pero el joven Perseo, ufano y atrevido, contestó fanfarrón:

    –  No es obsequio cualquiera un veloz y ágil caballo, pero yo traería a mi soberano  la cabeza de la mismísima  Gorgona si preciso fuera.

    Al día siguiente todos los nobles príncipes llevaron al rey el caballo prometido mientras el imprudente Perseo acudió con las manos vacías. Irritado Polidectes le ordenó que marchase inmediatamente en busca de la cabeza de la Gorgona y añadió

    De lo contrario, si vuelves sin la cabeza del terrible monstruo, me apoderaré de tu madre Dánae por la fuerza.

    La empresa era muy difícil, más bien imposible de realizar, incluso para un héroe como Perseo. Pero los dioses Hermes y Atenea, solícitos con el retoño de Zeus y por lo tanto hermano suyo de padre, acudieron en su ayuda y le indicaron la forma de conseguir su propósito.

    Por consejo de los dioses Perseo fue en busca de las tres Grayas (Enio, Pefredo y Dino)  hijas del dios marino Forcis que nacieron ya “viejas” y nunca fueron jóvenes y vivían en el país de la noche, donde nunca alumbra el sol . Tenían las Fórcides un solo ojo y un solo diente para las tres que utilizaban por turno, que Perseo les robó con habilidad y se negó a devolverles hasta que no le mostrasen el camino que le conduciría hasta el palacio de las “Ninfas”, poseedoras de objetos mágicos que le serían muy útiles  y que le revelarían el procedimiento para acabar con la terrible Gorgona.

    Recibió el héroe Perseo de las ninfas sus sandalias aladas y una alforja o zurrón, así como el casco de Hades que hacía invisible a quien lo llevaba protegiendo su cabeza. Hermes le proporcionó también una hoz de pedernal dura y cortante.

    Equipado de esta manera, acudió Perseo volando a la mansión de las tres Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa), junto al azulado Océano, en la costa atlántica de España. Eran éstas monstruos terribles de ojos brillantes, con serpientes rodeando su cabeza, con colmillos enormes similares a los de jabalí, con una lengua enorme  que salía de sus bocas y duras escamas de dragón protegiendo su cuello. Sus manos eran de bronce brillante y tenían alas de oro  que les permitían volar de un lado para otro. Su sola mirada convertía en piedra a quienes osaban mirarlas de frente. De las tres hermanas sólo Medusa era mortal.

    Parecía la empresa imposible si Perseo no hubiera contado con la ayuda divina. Se aproximó sigiloso siempre de espaldas y volando con sus aladas sandalias y las encontró profundamente dormidas y confiadas. Atenea acudió en ayuda del héroe y sostuvo en la posición adecuada su escudo de bruñido bronce en el que Perseo vio reflejado el rostro de Medusa como en un espejo, evitando así la mirada directa que le hubiera petrificado  y con certero tajo cercenó su cabeza con la cortante hoz de pedernal. De su cuello herido surgieron al instante Pegaso, el caballo alado, y el gigante Crisaor, “el de la espada de oro”, hijos ambos de la cópula con el dios Posidón cuando Gorgona era hermosa en un templo de Atenea. La profanación del templo sagrado fue  castigada con su terrible apariencia.

    Recogió veloz Perseo la cabeza de la Gorgona Medusa  y la introdujo en la alforja, evitando en todo momento cruzar su mirada con la del monstruo decapitado y emprendió el regreso, protegido por el casco de Hades que le hacía invisible para las dos hermanas que furiosas le buscaban.

    Emprendió Perseo rápidamente el largo camino de  vuelta, que le llevó primero al país donde reinaba Atlas, en el extremo Occidente, en donde se encontraba el huerto de las manzanas de oro, las manzanas de las Hespérides , las Occidentales. El gigante Atlas se enfrentó a  Perseo temiendo que  se llevase las manzanas de oro e intentó expulsarle. Perseo extrajo del saco la cabeza de Medusa que aun después de muerta conservaba su poder petrificador y vuelto de espaldas la muestra a Atlas, que al momento quedó convertido en la cordillera montañosa del Atlas, en el noroeste de Africa. Esta montaña sostiene desde entonces el cielo con sus astros.

    En su camino de vuelta,  mientras surcaba el denso aire, al pasar por la tórrida Etiopia, advertido por desgarradores gritos que pedían auxilio, divisó desde lo alto a una hermosa joven de rubia cabellera atada a una roca junto a la costa, expuesta a los peligros del profundo y violento mar. Sensible el héroe a los encantos de la bella joven, giró el rumbo de su viaje y se acercó con decisión, impelido por la pasión que surgía en su corazón.

    ¿Cuál es tu nombre, hermosa muchacha con el que tus padres y vecinos te reconocen entre todas? ¿Quién  ha atado con tanta crueldad y dureza tus frágiles brazos a esa roca desnuda y te expone a los peligros de los monstruos que habitan el profundo mar? ¿Qué motivo puede existir para castigo tan desmesurado, olvidando tu belleza y juventud? –

    preguntó ansioso Perseo y escuchó impaciente una voz quejumbrosa y apenada  que le decía:

    Soy Andrómeda, hija de Cefeo y Casiopea, reyes de este ardiente país que se llama Etiopia. Te ruego que no aumentes mi dolor y sufrimiento con tanta pregunta inútil. Sólo te diré que pago, por castigo de los dioses, una culpa que no es mia.

    Suspiró el cercano Cefeo, a quien, aun conservando su apostura real,  se le humedecieron los ojos de tristeza, abrazado a su hermosa esposa Casiopea, cuya extraordinaria belleza fue la causa de tantas desgracias.

    En efecto, la imprudente y vanidosa  reina Casiopea, orgullosa  de su belleza , se jactó de  superar en hermosura ella misma y su hija a todas las Nereidas, las cincuenta hijas de Nereo, nietas del Océano, todas bellísimas, que habitan en el fondo del mar y se divierten nadando entre las olas con sus cabellos al viento. Pretendió en su locura ser más hermosa que Tetis, la madre de Aquiles, o Anfitrite la esposa de Posidón o la gentil Galatea. Celosas las Nereidas , pidieron a Posidón, dios de los mares, que recorre los océanos agitando las aguas con su carro, que vengase tal insulto y tan orgullosa pretensión.

    Y el dios envió a un terrible monstruo marino, un cetáceo de enormes dimensiones:

    Ve, Cetáceo,  al país de Casiopea, devasta sus tierras, inunda su costa y  mata a sus gentes y su ganado.

    Así lo hizo el monstruo una y otra vez. El pueblo, asustado, pedía al rey que les salvara. Cefeo consultó el oráculo y éste le comunicó:

    Rey desgraciado, sólo hay una posible salvación. Debes ofrecer a tu hija Andrómeda en sacrificio como víctima propiciatoria. Deberá ser encadenada junto al mar y esperar la llegada del monstruo terrible para devorarla.

    Conocedor Perseo de lo sucedido e inflamado de amor su corazón, propuso a Cefeo:

    Desgraciado, yo libertaré a tu hija Andrómeda y la salvaré del monstruo que ya se divisa a lo lejos si me concedes que sea mi esposa.

    Accedió Cefeo de inmediato y Perseo se dispuso presto a la lucha. Apareció a lo lejos el monstruo Cetáceo, irguiendo su cabeza entre las olas y nadaba ya veloz hacia la costa. Se elevó Perseo ágilmente  con sus aladas sandalias para proyectarse sobre él y clavar una y otra vez su espada mortífera  en el lomo escamoso. La sangre tiño las aguas de rojo. Con rápido movimiento ascendente esquivo el ataque del fiero dragón y cayó de nuevo para hundir profundamente la espada en su corazón. Herido mortalmente, el monstruo Cetáceo se hundió para siempre en las profundidades marinas, quedando libres Andrómeda y su país de la anunciada destrucción.

    Cefeo, en cumplimiento de lo pactado, entregó  su hija al héroe Perseo. Pero la dulce Andrómeda estaba destinada con anterioridad a casarse con su tío Fineo, que no aceptó la boda y se enfrentó con furia al héroe. Perseo se defendió con valentía y ante el elevado número de enemigos que le atacaban extrajo de su saco la cabeza de la terrible Medusa e inmediatamente quedaron transformados en piedra quienes incautamente la miraron.

    Perseo se dirigió con su esposa Andrómeda a Sérifos, para encontrarse con Dánae, su madre. Polidectes, incapaz de reprimir sus deseos, quiso apoderarse por la fuerza finalmente de Dánae, que se vio obligada a refugiarse junto al altar inviolable. Perseo se vengó de Polidectes y sus amigos, a quienes la visión de Medusa convirtió también en estatuas de piedra.

    Entregó el reino de Sérifos a su padre adoptivo Dictis, devolvió las sandalias aladas a Hermes, y el saco y el casco de Hades que le hacía invisible, a las Ninfas. La diosa Atenea, que generalmente está armada de pies a cabeza, colocó por su parte la cabeza de Medusa en el centro de su égida o escudo, costumbre que por cierto han imitado desde entonces los valerosos soldados a fin de petrificar a quienes se enfrentan en la lucha.

    Marchó después Perseo junto con Andrómeda a Argos su patria para reencontrarse con su abuelo Acrisio, que temiendo el cumplimiento del oráculo que anunció su muerte a manos de su nieto había huido al país vecino de los pelasgos. Su rey había organizado unos juegos fúnebres en honor de su padre difunto.

    El joven héroe Perseo por su parte acudió para participar en los juegos buscando el honor de la victoria. Cuando llegó su turno tensó sus músculos, fuertes y flexibles, giró veloz sobre sí mismo y proyecto con fuerza el disco a lo lejos, con tan mala fortuna que golpeó a su abuelo Acrisio, sentado entre los espectadores de los juegos, provocándole su muerte y cumpliéndose así el indefectible oráculo al que nadie puede sustraerse.

    Rindió honores a su abuelo, pero no queriendo volver a Argos cambió su trono por el de Tirinto, donde reinaba su primo Megapentes. Perseo, que todavía vivió largos años en compañía de Andrómeda,  fundó y fortificó la ciudad de Micenas, cuyas murallas construyeron los Cíclopes con grandes piedras. Su primer hijo, Perse dio origen al pueblo de los Persas.

    Por lo extraordinario de su nacimiento y por su gloriosas hazañas Perseo fue elevado al firmamento por la diosa Atenea y allí sigue aún, sosteniendo en su mano la cabeza monstruosa de Medusa, que petrifica a quien la mira, con su ojo, la estrella Algol,  parpadeante,  luciendo intermitentemente. Junto a él Atenea honró también a la dulce Andrómeda con un lugar entre las estrellas.

    Cetáceo, el monstruo marino, se encuentra también allí, esperando y  persiguiendo eternamente a Andromeda, a quien protege Perseo. 

    Posidón quiso también honrar a Cefeo y a su imprudente esposa Casiopea, a la vista de los mortales, que han de tomar buena cuenta de las consecuencias de los comportamientos inadecuados.

    Algunas notas explicativas o meramente sugerentes:

    Algunos de los elementos  se remontarían a la época de los cazadores paleolíticos  y la cultura del tótem, como el yelmo de Hades que hace invisible, como corresponde al reino de los muertos, al reino de las sombras;  ninfas que enseñan el camino, monstruos a la entrada del infierno, instrumentos mágicos, etc.

    Otros como el monstruo que asola las tierras y cosechas de Etiopía corresponderían a la época de la agricultura.

    A la época heroica de las familias guerreras corresponderían elementos tales como la princesa encerrada, el hijo criado a escondidas, la cuestión sucesoria, etc.

    Son elementos típicos de estos relatos  el asunto del  héroe que debe realizar una gran empresa o empresa difícil: frecuentemente el viaje a un lugar que desconoce (generalmente el viaje hacia el otro mundo); los  intermediarios que le ayudan con instrumentos mágicos para llevar a cabo su empresa (el yelmo de Hades dios del infierno que hace invisible, el saco, el escudo, la segur que le proporcionan las ninfas), la ayuda de alguien que  enseña el camino  (las Grayas), seres monstruosos (en este caso con un ojo y un diente y de aspecto feroz)  protegiendo e impidiendo el acceso al mundo de los muertos.

    Al asunto anterior se añade otro relato mítico en forma de  segunda parte, cuyo  asunto es la liberación de la princesa y el enamoramiento de la muchacha o hija del rey y el matrimonio con ella como premio, previa  liberación al país de las fauces del monstruo (marino en este caso y por tanto también conectado con el ultramundo). Este tema de la liberación de la princesa es de origen oriental; en Grecia no aparece hasta els.VI a.C.

    Generalmente el héroe al casarse ocupa del trono del padre de su esposa (el trono se transmite por línea materna); a veces como en este mito vuelve a hacerse cargo del trono de su patria con su nueva esposa. En todo caso se plantea así y se soluciona la sustitución del rey anciano que ha perdido sus poderes (mágicos).

    Que la muerte del rey se anuncie con un oráculo refleja una etapa posterior a aquella en la que la muerte del rey anciano era un hecho preestablecido, pero ahora cuando el poder pasa de padre a hijo, su muerte resulta antinatural…

    El tema del rapto por un monstruo  se halla en un principio estrechamente ligado a la caza como base económica fundamental, de la que nace este motivo: el raptor se lleva a la raptada. Aquí en cambio le es entregada. Las formas de esta entrega corresponden al rito de la presentación de las doncellas a los demonios del agua y a los dioses, con la finalidad de influir en la fertilización del país.

    El dragón, el monstruo marino, animales fabulosos y fantásticos  (dragón o serpiente, esfinge egipcia, centauros, etc.) representan  un fenómeno más reciente; estos animales fantásticos son producto de una cultura tardía e incluso urbana, cuando ya el hombre había empezado a perder su vinculación íntima y orgánica con los animales, aunque ya antes se pueden encontrar  formas embrionarias de animales compuestos.

    La serpiente, el dragón, aparece poco más o menos junto con los dioses antropomorfos. El antepasado totémico de tipo animal no es un dios en el sentido en que lo es el antropomorfo Zeus o el amorfo Espíritu Santo. La divinidad se desarrolla a partir del animal.

    Con la aparición de la agricultura y de las ciudades el variopinto mundo animal de origen totémico comienza a perder su realidad. Se verifica un proceso de antropomorfización. Las cosas van cambiando con el paso a la agricultura regular, a la cría de ganado y a la formación del Estado primitivo. Los dioses antropomorfos se crean en esta fase. Para el agricultor es importante que sus dioses rijan las aguas y sus dioses tienen aspecto humano.

    Los  animales van adquiriendo  cuerpo de  hombre; en algunos casos lo último en desaparecer es el morro del animal (Anubis con cabeza de lobo, Orus de halcón…). También  las almas de los difuntos se representan como pájaros con  cabeza humana.

    El proceso de antropomorfización está ya casi realizado en la figura de ciertos héroes como Hermes o Mercurio, que mantiene  unas pequeñas  alas en los pies  hasta que por último el animal se transforma en atributo del dios: así Zeus es representado con un águila.

    Los sacrificios humanos, muy antiguos,(tema relacionado con el del tributo de carne humana)  subsistieron incluso en época clásica griega y romana, aunque los sacrificados sean ahora  los prisioneros de guerra.

    Pero los sacrificios humanos entran  en conflicto con las formas de la agricultura  y con las formas de vida social que se han desarrollado y de relaciones familiares correspondientes a ellas. Chocan también  con las formas de la religión que ya ha comenzado a crear los dioses.

    Por otra parte, con la aparición de la propiedad de la tierra nace una nueva forma de relaciones familiares. El amor de los padres no admite el sacrificio de un hijo y para evitarlo  aparece el héroe forastero que libera a la doncella.  (Perseo, Andrómeda).

    La interpretación alegórica más elemental del episodio de  Zeus fertilizando a Danae consiste en identificar a Júpiter con la lluvia y  Dánae, encerrada en el subsuelo,  es la tierra fertilizada.  Los etnólogos Frazer y Sternberg demostraron hace tiempo  que las relaciones sexuales entre un ser humano y una divinidad servían para aumentar el rendimiento de la tierra.

    Con frecuencia se simboliza con este mito también el poder omnipotente del dinero, que abre las puertas más férreamente cerradas, haciendo del mito una lectura moralizante.

    Se han hecho lecturas del mito más complejas, como la psicológica, siguiendo a Jung, en la que el caballero lucharía consigo mismo para rescatar su lado inconsciente femenino.

     El dragón puede significar también el espacio de naturaleza salvaje y agreste frente al espacio civilizado de la ciudad. A veces el dragón es sometido y conducido como una animal doméstico e integrado en el orden urbano, como ocurre con  santa Marta, que con agua bendita dominó  al dragón Tarasca y lo condujo a la ciudad atado con su propio cinturón (nos lo cuenta Jacobo de la Vorágine en su Legenda aurea (Leyenda dorada).

    Por lo demás,  Andrómeda, conocida también como la doncella encadenada, fue una de las más antiguas constelaciones, que probablemente recibió el nombre en la región de Mesopotamia. Está rodeada al norte por Casiopea y Perseo; al este por Perseo, al sur por los Peces y el Triángulo y al oeste por Lacerta y Pegasus, como señal y guía para los marineros con sus blancos brazos extendidos en el firmamento.

    El ojo de la cabeza de Medusa es Algol, el demonio en árabe, que brilla intermitentemente al ser oscurecida por otra estrella próxima.

    Cetus, Cetáceo , es también en la antigua Mesopotamia el dragón cósmico Tiamat que se enfrenta al héroe.

    Cefeo, el rey, es también una de las más viejas constelaciones. Los chinos   lo ven como el famoso cochero  aproximadamente en el año 950 a.C. Los nómadas árabes lo ven como un pastor con su perro y ganado.

    Casiopea es conocida también como la “W”  o “M”  celestes. Otra versión cuenta que fue encadenada al trono por su vanidad y colocada hacia la estrella polar, aunque  a veces queda colgada al revés, en una posición poco digna como advertencia para todos.  Curiosamente los romanos la conocían como “la mujer del Carro” y los árabes como “mujer en el carro”. 

    Pegaso, el caballo alado, fue elevado por Atenea   como una constelación.  Pegaso interviene en varios mitos, en el de Perseo y sobre todo en el de Belerofonte. En el mito de Perseo o bien nace del cuello seccionado de Gorgona o de la tierra fecundada por la sangre de Gorgona al caer de la cabeza que Perseo transportaba en su alforja después de darle muerte.

    Respecto de Belerofonte, Atenea condujo al caballo por la brida hasta Belerofonte. Gracias a este caballo Belerofonte pudo matar a la Quimera (monstruo con parte de león y parte de cabra que despide llamas por la boca) y vencer a las Amazonas (pueblo de mujeres que descienden de Ares, dios de la guerra y de Harmonía; (α-μαζών, a-mazon = la que no tiene seno).

    Tras la muerte de Belerofonte, Pegaso volvió al Olimpo, la morada de los dioses. Cuando el concurso de canto que enfrentó a las hijas de Piero (Piérides) con las Musas, en el monte  Helicón, éste, contento, fue hinchándose hasta amenazar llegar al cielo. Por orden de Posidón Pegaso golpeó la montaña con uno de sus cascos para ordenarle que volviera a sus dimensiones ordinarias. El Helicón obedeció, pero en el lugar en que Pegaso le había dado el golpe brotó una fuente, Hipocrene, o Fuente del Caballo, que es la fuente de toda inspiración poética.

    Atlas es el gigante mítico, convertido en la cordillera del Atlas que sostiene el firmamento. Se le suele representar con su figura humano-divina, sosteniendo el cielo sobre sus hombros. Por eso llamamos “atlas” a los mapas celestes y por extensión a los terrestres y demás gráficos.

    El oráculo es la contestación que las pitonisas y sacerdotes  pronunciaban como dada por el dios Apolo a las consultas que  se le hacían.  Los oráculos son ineludibles, siempre se cumplen, pero frecuentemente el hombre trata de evitar su realización, en un intento humano irracional o absurdo, porque, como plantea Ruiz Elvira, o los oráculos son verídicos y entonces no se pueden evitar o no lo son y entonces no deben merecer crédito y no hay que hacer nada para evitarlos. Pero la irracionalidad de intentar evitarlos es muy humana, y el hombre desconfiando de la lógica se somete ciegamente al deseo y a la voluntad de que no ocurra lo anunciado como si la sola voluntad pudiese más que el destino, es decir a la esperanza que le hace actuar. (es decir, nos queda un importante componente irracional…)

    Como curiosidad citaremos también a las Perseidas o lluvia de estrellas Como cada año en agosto, llega la lluvia de meteoros denominada las Perseidas. En esta ocasión, el espectáculo parece asegurado. Las Perseidas tiene su origen en el cometa Swift-Tuttle cuya cola corta la órbita de la Tierra. Son los resto de la cola los que, al entrar en la atmósfera terrestre,  producen este interesante fenómeno. Las predicciones indican que se verán uno o dos meteoros por minuto en el máximo. Por supuesto, los fragmentos son de pequeño tamaño y masa, y no representan ningún peligro.

    Muchos elementos de este mito o mitos tienen sin duda su origen en Mesopotamia. Es evidente el parecido con la monstruosa Tiamat, con la que lucha Marduk.

    En la mitología griega hay otros seres también monstruosos, como Tifón, pero esta leyenda de Perseo y Andrómeda ha tenido una enorme presencia en todos los siglos y tiempos en el interés de los ciudadanos, en la literatura y en el arte.

    Así en época romana Flavio Josefo, Plinio, Estrabón, San Jerónimo localizan el salvamento de Andrómeda en Jaffa (Iope) en Palestina.

    Plinio nos dice que Marco Escauro en el año 58 a.C. trajo a Roma los huesos de la fiera que iba a devorar a Andrómeda y que su tamaño era de unos 13 metros, con costillas mayores que colmillos de elefantes y columna vertebral de 45 centímetros de grosor. No es difícil ver en estos huesos elementos fósiles de seres realmente existentes, como dinosaurios o elefantes antiguos, que alimentaban la credulidad o imaginación de los antiguos. Naturalmente, siguen apareciendo restos fósiles de reptiles gigantescos, como el del pliosaurio que medía quince metros y pesaba 45 toneladas.

     La leyenda tiene su prolongación hagiográfica en la de San Jorge y el dragón, aunque son muchos los desconocedores del mito de Andrómeda y no identifican su origen y relación. Jacobo de la Vorágine en el siglo XIII nos ofrece en su  “Legenda Sanctorum” (Lecturas sobre santos)  que pasará a ser conocida como “Legenda aurea” (Leyenda dorada) la versión más exacta, que tuvo un enorme éxito en el ambiente caballeresco de la Edad Media. San Jorge es el paradigma del caballero medieval que lucha o defiende a una doncella.

    Su éxito y popularidad explica su importancia y presencia en todas las artes hasta el día de hoy, incluido naturalmente el cine.

  • Democracia es igualdad

    En la antigua Grecia, los Atenienses tenían cierto complejo de superioridad respecto de los restantes helenos o griegos. Se sentían orgullosos de su ciudad, de su Acrópolis (de ἄκρος, extremo, alto y πόλις, ciudad), = ciudad elevada, la ciudad alta, la ciudadela, la fortaleza en la que se encontraba el templo grandioso de su diosa Atenea, su epónima,la que le da nombre, la virgen (le llaman Παρθένος Ἀθηνᾶ, Atenea parthenos; parthenos significa “virgen”); sobre todo se sentían orgullosos de su “democracia” (de δῆμος , demos que significa «pueblo» y κράτος (krátos, que significa «poder o gobierno”).

    Después de la etapa antigua monárquica, que se refleja en la Iliada,  y de la aristocrática, también reflejada en Homero,  implantaron un sistema de gobierno en el que todos los ciudadanos (los que lo son) forman parte de la asamblea y tienen acceso por sorteo o por elección a los cargos políticos. Por radicar el poder en la asamblea del pueblo (demos) le llamaron democracia.

    Se trata de una democracia directa, porque son pocos los ciudadanos: apenas treinta mil ciudadanos tienen derecho a voto y de ellos suelen participar cinco o seis mil. La democracia griega fue la primera en la Historia y a los atenienses les corresponde el mérito de su creación. Pero la democracia ateniense tiene muchas limitaciones para ser perfecta. En otra ocasión lo comentaré con más profundidad.

    Curiosamente, los atenienses se sienten orgullosos de su democracia, pero la mayor parte de los textos conservador se manifiestan críticos y en contra y suelen mantener una postura más elitista y aristocrática. Así por ejemplo Platón, que defiende un gobierno o constitución oligárquico. Platón en realidad sería en terminología actual un conservador extremo, que no sólo no cuestiona la sociedad esclavista, sino que propone una constitución para la polis en la que hay tres clases de ciudadanos prácticamente impermeables entre sí, los gobernantes o filósofos, los guerreros y los tra bajadores.

    Uno de los problemas que suelen presentar algunos críticos antiguos es el de la insuficiente preparación técnica y cultural del pueblo para decidir sobre complejas cuestiones de gobierno y el de la facilidad con la que el “pueblo” se deja arrastras por “demagogos” desaprensivos.

    Esta cuestión se sigue planteando de manera similar en las democracias modernas por personas que no aceptan la igualdad radical de las personas. Bastaría reflexionar  sobre la disparidad de opiniones entre las personas teóricamente bien formadas intelectualmente para poder afirmar que poco deben tener que ver los “estudios superiores” con una determinada opción ideológica o política.

    Pues bien, la cuestión la plantea claramente Platón en su diálogo “Protágoras”  y la resuelve con el relato de un mito, técnica con la que aborda la explicación de cuestiones importantes. Yo me permito reproducir el planteamiento y solución de Platón utilizando la traducción española que Francisco de P. Samaranch hizo para la editorial Aguilar en la edición de las obas completas del filósofo griego. Tal vez así algún lector elitista y aristocrático entienda también por qué todas las personas han de ser iguales ante la ley (isonomía) e iguales para desempeñar cargos políticos (isegoría).ç

    El planteamiento de la cuestión y el relato del mito ocupa Protágoras, 319a –328c. Entre otros interlocutores dialogan  Sócrates y Protágoras. Sócrates afirma que la “política” o la “virtud de la política” no la puede enseñar un hombre a otro. Plantea Sócrates que cuando se reúne la “asamblea” de los atenienses escuchan a los técnicos en las diversas materias de las que se trata, pero en cambio cuando se trata de asuntos políticos:

    Si, en cambio, se trata de los intereses generales de la ciudad, vemos que se levantan indistintamente para tomar la palabra arquitectos, herreros, curtidores, comerciantes y marinos, ricos y pobres, nobles y gentes del vulgo, y nadie les echa en cara, como en el caso anterior, que se presen tan allí sin estudios previos, sin nunca haber tenido maestros, a dar algún consejo: prueba evidente de que nadie considera que esta sea materia de enseñanza.
           ……….
    los ciudadanos más sabios y mejores son incapaces de transmitir a otros la virtud que ellos mismos poseen.
          ………….

    Protágoras disiente, naturalmente:

    No te la negaré, Sócrates; pero ¿quéréis que os la presente yo, un viejo hablando a jóvenes, bajo la forma de un mito o en forma de un razonamiento explicativo?
    Muchos oyentes le dijeron que lo  hiciera como quisiera.

    Protágoras empleará un mito:

    -Pues bien-dijo–: me parece que un mito será más agradable.

    Era en aquel tiempo en que los dioses ya existían, pero en que no existían aún los linajes mortales. Cuando llegó el momento que había determinado el Destino para el nacimiento de estos, los dioses los modelaron en las entrañas de la tierra con una mezcla de tierra, fuego y las demás sustancias que se pueden combinar con el fuego y la tierra. En el momento de sacar los a la luz, los dioses mandaron a Prometeo y a Epimeteo que distribuyeran de manera conveniente entre ellos todas las cualidades que ellos tenían que poseer. Epimeteo rogó a Prometeo le dejara a él el cuidado de hacer por sí mismo la distribución: «Cuando esta esté lista-dijo–, tú inspeccionarás mi obra.» Concedido el permiso, él se puso manos a la tarea.

    En esta distribución, dio a los unos la fuerza, sin la rapidez; a los más débiles, les asignó la cualidad de la rapidez; a los unos les concedió armas, y a los que por naturaleza estaban inermes, inventó alguna otra cualidad que pudiera garantizar su salvación. A los que les daba un tamaño muy pequeño, les concedía la capacidad de huida volando o bien el vivir bajo tierra. A los que tenían un tamaño muy grande, los salvaba mediante el mismo tamaño. En una palabra: mantuvo un equilibrio entre todas las cualidades. Y en esta diversidad de inventos, se preocupaba él de que ninguna raza pudiera desaparecer.

    Luego de haber pertrechado a todos de manera suficiente contra las destrucciones mutuas, se ocupó de darles defensas contra las inclemencias que proceden de Zeus, revistiéndolos de pelos espesos y pieles gruesas, que sirvieran de abrigo contra el frío, así como también contra el calor, y, además, para cuando fueran a dormir, de cubiertas naturales y adecuadas a cada viviente. A los unos les calzó cascos o pezuñas; a los otros, de cueros duros y carentes de sangre. Luego se preocupó de dar a cada uno un alimento distinto: a los unos, las hierbas de la tierra; a los otros, los frutos de los árboles; a los otros, sus raíces; a algunos les asignó como alimento la carne de los otros. A esos les dio una posteridad poco numerosa, y a sus víctimas les tocó en herencia la  fecundidad, salvación de su especie.

    Ahora bien: Epimeteo, cuya sabiduría era imperfecta, había ya gastado, sin darse cuenta de ello, todas las facultades en favor de los animales, y le quedaba aún por proveer de las suyas a la especie humana, con la que, falto de recursos, no sabía qué hacer. Estando en este embrollo, llega Prometeo para inspeccionar el trabajo. Ve todas las demás razas armoniosamente equipadas para vivir, y al hombre, en cambio, desnudo, sin calzado, sin abrigos, sin armas. Y había llegado el día señalado por el Destino para que el hombre saliera de la tierra a la luz.

    Prometeo, ante esta dificultad, no sabiendo qué medio de salvación encontrar para el hombre, se decidió a robar la sabiduría artística de Hefesto y Atenea y, al mismo tiempo, el fuego -ya que sin el fuego era imposible que esta sabiduría fuera adquirida por  nadie o que prestara ningún servicio- y luego, hecho esto, hizo donación de ello al hombre.  

    De esta manera el hombre recibió en posesión las artes útiles a la vida, pero se le escapó  la política; esta, en efecto, se encontraba en  Zeus; ahora bien: Prometeo no tenía ya tiempo de entrar en la Acrópolis, la mansión de Zeus; además, a las puertas de la misma había centinelas muy temibles. Pero sí pudo entrar, sin ser visto, en el taller en que Hefesto y Atenea practicaban juntos las artes de su afición, de forma que habiendo robado a la vez las artes del fuego que corresponden a Hefesto y las demás artes que son patrimonio de Atenea, pudo darlas a los hombres. Por esta razón el hombre está en posesión de todos los recursos necesarios para la vida, y también por este motivo se dice que Prometeo fue luego acusado de robo.

    El hombre, al participar de las cualidades divinas, fue primeramente el único animal que honró a los dioses, y se dedicó a construir altares e imágenes de deidades: tuvo, además, el arte de emitir sonidos y palabras articuladas, inventó las habitaciones, los vestidos, el calzado, los medíos de abrigo y los alimentos que nacen de la tierra. Pertrechados de esta manera para la vida, los seres humanos vivieron primero dispersos, sin que existiera ninguna ciudad; así, pues, eran destruidos por los animales, que siempre y en todas partes eran más fuertes que ellos, y su ingenio, suficiente para alimentarlos, seguía siendo impotente para la guerra contra los anímales; la causa de esto estaba en que no poseían el arte de la política, del que el arte de la guerra es una parte. Buscaban, pues, la manera de reunirse y de fundar sus ciudades para defenderse. Pero, una vez reunidos, se herían mutuamente, por carecer del arte de la política, de forma que comenzaban de nuevo a dispersarse y a morir.

    Entonces Zeus, preocupado al ver que nuestra especie amenazaba con desaparecer, mandó a Hermes que trajera a los hombres el pudor y la justicia, para que en las ciudades hubiera armonía y lazos creadores de amistad.

    Hermes, pues, preguntó a Zeus de qué manera debía dar a los humanos el pudor y la justicia: «¿He de distribuirlas como las demás artes? Estas se hallan distribuidas de la siguiente forma: un solo médico es suficiente para muchos profanos, y lo mismo ocurre con los demás artesanos. ¿Es esta la manera en que he de implantar la justicia y el pudor entre los humanos o he de distribuirlos entre todos?» «Entre todos-dijo Zeus-, que cada uno tenga su parte en estas virtudes; ya que si solamente las tuvieran algunos, las ciudades no podrían subsistir, pues aquí no ocurre  como en las demás artes; además, establecerás, en mi nombre esta ley, a saber: que todo hombre incapaz de tener parte en la justicia y el pudor debe ser condenado a muerte, como una plaga de la ciudad”

    Por este motivo, Sócrates, los atenienses,  así como los demás pueblos, cuando se trata  de valorar el mérito en arquitectura o en cualquier otro oficio, solo a unos pocos hombres  les conceden el derecho de formular una opinión y no toleran, como bien dices, ningún consejo de parte de los que no pertenecen a esta minoría; y repito que esto es muy lógico; por el contrario, cuando se trata de aconsejarse sobre una cuestión de virtud política, consejo este que abarca todo el campo de la justicia y el pudor, es lógico que dejen hablar a cualquiera, por estar convencidos de que todos deben tener parte en dicha virtud a fin  de que sea posible la existencia de las ciudades.  Ahí tienes, Sócrates, la causa de este hecho.
      ………….
    Esto es lo que tenía que decir yo sobre  este punto, a saber: que si los atenienses admiten, en cuestiones de justicia, los consejos del primero que se presenta, se debe a la convicción de que todos los hombres tienen parte en la justicia.

    Que, por otra parte, según su forma de sentir, la justicia no es fruto ni de la naturaleza ni de la casualidad, antes bien se enseña, y que los que la poseen deben esto a su aplicación, es lo que voy a intentar probarte ahora.
    …………..

    Creo haberte demostrado suficientemente, Sócrates, que tus conciudadanos no yerran al escuchar, en punto a política, los consejos y opiniones de un herrero o de un curtidor; y en segundo lugar, que ellos estiman que la virtud puede enseñarse y transmitirse.

    …….
    Y concluye con la necesidad de que la sociedad forme al ciudadano  desde la infancia:

    Piensa, en efecto, en esto: ¿Hay alguna cosa en la que todos los ciudadanos deban necesariamente tener parte, para que sea posible la existencia de una ciudad o no? La solución del problema que tú planteas o está ahí o no está en ninguna parte.

    Si es verdad que existe este algo, y si esta cosa única no es el arte del carpintero, del fundidor o del alfarero, sino la justicia, la templanza, el conformarse con la ley divina y todo lo que, en una sola palabra, llamo la virtud característica del hombre; si hay en eso una cosa en la que todos deben tener parte, en la que todo el mundo debe encontrar modelo para sus acciones, sea lo que fuese por lo demás lo que uno aprenda o haga, sin nunca apartarse de él; y en caso de que alguien se mantuviera al margen de ello, si es conveniente instruirlo o castigarlo, sea niño, hombre o mujer, hasta que la corrección lo haya hecho mejor, o en caso contrario, si es preciso, cuando las correcciones y los consejos no consiguen nada, considerarlo como incurable y expulsarlo o hacerlo morir; si todo esto, digo, es verdad y si, siendo así las cosas, pese a todo, los hombres de bien se lo enseñan todo a sus hijos, con excepción de esto, ¡tú verás qué es lo que habrá que pensar de los hombres de bien! En la vida pública y en la vida privada saben ellos, como hemos demostrado, que la virtud se puede enseñar; solo que, sabiendo lo que se puede hacer con el estudio y los cuidados, no enseñan a sus hijos más que las cosas cuya ignorancia no lleva consigo ningún riesgo de muerte; en cambio, aquellas cosas que, a falta de una enseñanza y un cultivo de la virtud, pueden llegar a ser para sus hijos una causa de muerte o de destierro, las que pueden además traer consigo la confiscación de sus bienes y, por así decir, la destrucción total de sus linajes, ¡esas no se preocupan de enseñárselas ni consagran a ellas todos sus cuidados! ¿Se puede admitir eso, Sócrates?

    En la realidad, las lecciones y las exhortaciones se comienzan cuando la niñez y se continúan durante toda la vida.  Apenas el niño empieza a comprender el lenguaje, la nodriza, la madre, el pedagogo, el mismo padre, se esfuerzan sin tregua en hacerlo lo más perfecto posible; aprovechando todo lo que él hace o dice, le prodigan lecciones y explicaciones: esto es justo y esto injusto, esto es bello y esto es feo, esto es piadoso y esto impío; haz esto, no hagas aquello. Si el niño obedece por sí mismo, nada mejor; de lo contrario, se le endereza con amenazas y golpes, de la misma manera que se endereza un bastón retorcido y curvado.

    Más tarde, cuando ya se le envía a la escuela, se recomienda mucho más al maestro la buena conducta del niño que sus progresos en el conocimiento de las letras o de la citara; el maestro, por su parte, pone en ello el máximo cuidado y, cuando los niños saben sus letras y están en disposición de comprender las palabras escritas, como ocurriera antes.

    Luego cuando saben leer, aprenden los versos de los grandes poetas y los ejemplos de los antiguos héroes. Luego se entrenan para tener un  cuerpo sano y fuerte. Y finalmente:

    Cuando ya han abandonado la escuela, es entonces la ciudad la que a su vez los fuerza a aprender las leyes y a conformar a ellas su vida.

    ¿Es admisible que dos mil cuatrocientos años después siga habiendo quien cuestione el derecho de todos los hombres a participar en las decisiones que afectan al gobierno de la sociedad en la que viven?
     

  • El mito de Atalanta e Hipomenes

    Atalanta es un personaje femenino de la mitología griega con ciertas singularidades que le hacen especialmente interesante. En realidad toda la mitología griega está incrustada en la cultura occidental.

    Son dos los mitos referidos a Atalanta que los narradores antiguos (la mitología es en gran parte obra de poetas) funden en uno porque en lo esencial no son contradictorios.

    Atalanta es hija de reyes, del arcadio Iaso en una versión o del beocio Esteneo en otra. En una es una vigorosa y diestra cazadora que, amada por Meleagro, participa en la cacería del jabalí de Calidón y acompaña o quiere acompañar como única mujer a los Argonautas en el viaje a la búsqueda del vellocino de oro; en la otra, invencible corredora casada con Hipomenes o Hipomedonte.

    Según el mito su padre deseaba un descendiente varón por lo que Atalanta fue abandonada en el monte, en donde la amamantó una osa hasta que fue recogida por unos cazadores. Criada pues en la salvaje naturaleza, es fiel seguidora de la diosa cazadora Diana tras decidir permanecer virgen después de recibir la respuesta del oráculo, siempre difícil de interpretar, a la pregunta de si debía casarse.

    Le dijo Apolo con su oráculo que no debía casarse, pero se casaría y “viva carecería de sí misma”; lo que parece una referencia a que sería transformada, metamorfoseada. Vuelta a casa, su padre le pide que se case y ella, que se sabe veloz, decide que sólo lo hará con quien le venza en la carrera, mientras que matará a los pretendientes que sean vencidos.

    Hipomenes, ayudado por la diosa Venus y utilizando el ardid de arrojar sucesivamente tres manzanas de oro que retrasan la marcha de Atalanta, consigue vencerla. Se casan, pues, Atalanta e Hipomenes pero desairan a la diosa Ceres o Cibeles por haber mantenido relaciones sexuales profanando su templo y por ello son transformados en los dos leones que tiran del carro; por cierto león y leona condenados a no aparearse entre sí, de acuerdo con la creencia también antigua de que los leones se aparean con los leopardos, pero no entre ellos mismos.

    Hasta aquí el resumen aproximado del mito prescindiendo de muchos detalles de interés. Al final de este artículo recrearé esta parte del mito sobre la base del relato de Ovidio en Metamorfosis.
    El mito se presta a numerosos comentarios, algunos de los cuales esbozaré rápidamente.

    De alguna manera, su convivencia en el monte con la osa nos retrotrae a la época de los hombres cazadores. El oso, presente en otros muchos mitos, es un animal en ocasiones totémicos de determinados grupos. Por otra parte la abstención de relaciones sexuales propicia la caza, por lo que las diosas de la caza son vírgenes,

    Frente a ella están los urbanitas Meleagro Hipomenes, en un caso el héroe guerrero que ha de realizar una gran empresa y en el otro el del príncipe enamorado que sólo alcanza a la princesa amada tras realizar alguna acción notable. Por medio queda el asunto de la sucesión masculina al trono que curiosamente se transmite por vía femenina y el voto de castidad o virginidad, incomprensiblemente justificado en un incomprensible oráculo, pero que como decía más arriba es propiciatorio de una caza favorable.

    Ya en la propia Antigüedad y luego en la Edad Media y posteriormente en el Humanismo y Renacimiento se han buscado explicaciones racionales a los mitos. El modelo más frecuentemente utilizado es el de la alegoría que suele acabar con una conclusión moralizante.

    Así se dice que el final de este mito corresponde al castigo de los dioses por la falta de respeto al lugar sagrado y por la falta de agradecimiento a los beneficios de los dioses.

    En ocasiones se ha interpretado también el triunfo de Hipomenes y derrota de Atalanta como el triunfo de la pasión carnal y la venalidad del temperamento femenino, siempre ambicioso, dispuesto a aceptar el valioso oro a cambio.

    A ello da pie modernamente la famosa pintura de Guido Reni, (Bolonia, 1575-1642). en la que los dos protagonistas aparecen desnudos con su mórbida y proporcionada apariencia.

    Con frecuencia se interpretó la superioridad de Atalanta como consecuencia de la cesión masculina antes las mujeres. Leemos por ejemplo en un grabado del XVII “Robora femineis s(a)epe virilia cedunt”, “Con frecuencia las fuerzas masculinas ceden ante las femeninas”.

    Más recientemente, se ha valorado por parte de personas o grupos feministas la singularidad de Atalanta, de vida propia independiente y al margen de las pretensiones masculinas de su padre. Pero también en sentido contrario se resalta su derrota final y la imposición del orden establecido, naturalmente masculino.

    El mito ha servido de motivo a diversos artistas, entre otros a Rómulo Cincinato (ca. 1540-1597), pintor florentino afincado en España al servicio de Felipe II, que también decoró diversas salas en el Palacio del Infantado de Guadalajara, entre ellas una con el motivo de la carrera de Atalanta e Hipomenes.

    El autor y cronista de Guadalajara Antonio Herrera Casado interpreta en un libro reciente la carrera de Atalanta como  la carrera veloz e inexorable del tiempo, en coherencia con la interpretación general que hace del palacio gótico-renacentista y de los diversos elementos decorativos y ornamentales, todos ellos conducentes a propagar y garantizar la fama de los Hurtado de Mendoza, Duques del Infantado entre otros títulos.

    Pero esta interpretación resulta novedosa y, si bien coherente con el esquema general del palacio, no está fundamentada en ningún otro dato que al menos yo conozca.

    Sin duda que todo el palacio y su decoración es un canto a la grandeza de los Mendoza, a su virtud, virtus, y cómo consecuencia grande ha de ser su fama, que las generaciones futuras han de recordar permanentemente y por lo tanto ha de superar o trascender al tiempo. 

    Pero todo esto no exige interpretar la carrera de Atalanta como la “carrera del tiempo”. En realidad los Mendoza, como toda persona o colectivo que busca la fama, en realidad lo que hace es exaltar sus virtudes, de acuerdo con la creencia antigua y también humanista  de que la fama no se busca, acompaña por sí sola a la virtud, que es lo que hay que practicar; quien busca la fama no la consigue y quien la desprecia la alcanza.

    Los pasajes antiguos al respecto son numerosos; así a título de ejemplo éste de Salustio referido a Catón en De coniuratione Catilinae, 54, 6:

    “…así cuanto menos buscaba la gloria, tanto más a él lo perseguía”

    “… ita quo minus petebat gloriam, eo magis illum sequebatur”.

    Gracián parece inspirarse directamente en el pasaje de Salustio, cuando dice en El Criticón, II,11:

    Y lo peor es que cuanto más lo piensan conseguir, entonces la alcanzan menos, perdiendo tal vez la vida y cuanto hay.”

    Así que el tema central de la decoración del palacio no es propagar la fama de los Mendoza sino exaltar sus virtudes, manifestadas sobre todo en sus muchas victorias en numerosas batallas.

    Se puede simplemente interpretar la carrera como el símbolo y resumen de la historia de los Mendoza, una carrera de obstáculos, que consiguen ganar con su energía, su astucia y la ayuda de los dioses. Pero claro está, una empresa de este tipo no está exenta de algunos pecados. Así que los Mendoza no serán elevados a la categoría de los dioses pero sí les acompañarán eternamente a su servicio.

    Es interesante conocer que en el plano que de las pinturas del palacio del Infantado hace el maestro de obras Acacio Orejón, al referirse al cuadro central de la sala de Atalanta escribe como guía “Pintura de Atalanta que corre con Hipomenes. Libo 10. Obidio, meatamorfosis/ libro 8 de atalanta y Meleagro”. Es decir, cita los dos pasajes en los que Ovidio recrea el episodio de la carrera con Hipomenes (libro X) y el de la cacería del jabalí de Calidón (libro VIII). Luego el Duque deseaba la pintura de Atalanta pero no sabe al principio qué episodio reflejar.

    La cuestión estriba, pues, en conocer primero por qué desea que se le represente a Atalanta y en segundo lugar por qué prefiere precisamente el episodio de la carrera y no el de la cacería.

    Bien, no dejan de tener cierto interés nuestras suposiciones, pero en el fondo quizás sean todas estas elucubraciones hasta cierto punto gratuitas, porque tal vez el Duque pide a Cincinato que represente el mito de Atalanta tan sólo porque su pariente Diego Hurtado de Mendoza, (1503- 1575), hijo del Conde de Tendilla, tiene entre sus poesías una que destaca, precisamente la “Fábula de Hipomenes y Atalanta”.  

    Ofrezco a continuación una recreación de la fábula basada en Ovidio. Quien desee una lectura completa del texto latino debe acudir a Metamorfosis, VIII, 281 y ss. para el episodio de Meleagro y la caza del jabalí de Calidón y  Metamorfosis X,560-704 para la carrera con Hipomenes.


    ATALANTA


    Cuando Atalanta nació, su padre, el rey de Arcadia, enfurecido porque sólo deseaba un hijo varón, la abandonó falto de toda piedad en lo alto de una montaña para que muriera de hambre o devorada por las feroces bestias. La diosa Artemisa, que casualmente cazaba en aquellos lugares, se apiadó de la niña indefensa y le envió una enorme osa que dócil la amamantó con su leche. Con el tiempo y adoptada como hija por la diosa, se convirtió en una certera cazadora y en la mujer más veloz del mundo y emulando a su patrona prometió que tampoco ella se casaría nunca.

    Cuando siendo una cazadora famosa recibió como trofeo la piel del jabalí que asolaba el reino de Calidón en cuya cacería ella participó, se reconcilió con su padre, que le insistía una y otra vez en la necesidad de contraer matrimonio y ofrecerle un heredero futuro para su trono.

    La esquiva Atalanta consultó el oráculo de los dioses sobre su esposo y escuchó estas confusas palabras:

    — Para nada necesitas un esposo, Atalanta; evita tener un marido. Y aún así no escaparás y ni estando viva te verás privada de ti misma.

    Asustada por estas palabras difíciles de entender procura vivir soltera en los bosques, lejos de sus muchos pretendientes, a los que quiere ahuyentar con una extraña propuesta:

    — Sólo me poseerá aquel de vosotros que me venza en veloz carrera, ese será mi esposo. En cambio el vencido habrá de morir en castigo a sus pretensiones. Esta es mi propuesta definitiva.  

    Es tal la hermosura de la veloz Atalanta que fueron muchos los jóvenes incautos que osaron competir con la mujer más veloz del mundo y perdieron gimiendo y llorando la carrera y con ella la vida inestimable.

    Por eso el joven Hipomenes, que tan sólo había oído hablar de la bella Atalanta, consideraba excesivo el riesgo que habría de correr para conseguirla como esposa. Pero tan pronto vio el espléndido cuerpo de la  joven muchacha  que había retirado el velo de su rostro, quedó prendado y seducido de inmediato.

    –Probaré yo también suerte; el premio merece correr el riesgo mortal. Los dioses ayudan a los valientes. -dice inflamado. Y loco de amor prosigue:

      — Bella Atalanta, has vencido fácilmente y sin esfuerzo a esos pobres muchachos, pero mídete conmigo, que soy hijo de Megareo. Si te venzo, no será una derrota deshonrosa para tí y si ganas tú la carrera, habrás vencido a Hipomenes, el biznieto de Neptuno, dios de las aguas.

    Atalanta levanta sus bellos ojos luminosos y lo mira con ternura.

        — ¿Por qué quieres insensato poner en peligro tu vida preciosa, tú todavía un niño? Eres hermoso y valiente, pues no te asusta la muerte. ¿Tanto me amas y deseas que estás dispuesto a morir…? Huye mientras puedas, hermoso joven; otras muchachas hermosas querrán casarse felices contigo.

    Y tal vez tocada por vez primera por el dulce sentimiento del amor,  la inexperta y arisca Atalanta suaviza su decisión implacable y piensa en lo íntimo de su corazón:

       — ¿Por qué ha de morir este infeliz inmerecidamente como premio a su amor? Ojalá desdichado no me hubieras visto nunca. Si la virginidad no fuera mi destino eterno, tú serías el único con quien yo compartiría mi lecho nupcial. Ojalá, loco, fueras más veloz que yo misma.

    Pero ya Hipomenes urge la carrera, no sin antes encomendarse a la diosa del amor y pedir su ayuda divina:

       — Tu, diosa, que has inspirado mi pasión ciega, ayuda a mi osadía.

    Acudió Venus a la llamada envuelta en una blanca nube, tan sólo visible para Hipomenes,  y le entregó tres manzanas amarillas, brillantes como el sol, que debería utilizar en la carrera de una determinada manera.

    Las trompetas dieron la señal de salida. Allá van los dos contendientes tan veloces que parecen  volar. Atalanta, rehusando pasar al muchacho, se sitúa a la par y contempla embelesada su rostro virginal. Arroja entonces Hipomenes una de las tres brillantes manzanas, que atrae de inmediato la mirada y el interés de Atalanta. Refrena pues su marcha y mientras recoge curiosa del suelo la fruta de oro, es adelantada por Hipomenes. Recupera veloz Atalanta el espacio perdido y de nuevo sobrepasa al joven con facilidad. Arroja el joven  una segunda fruta y una vez más se entretiene la muchacha, que pronto recupera también el tiempo perdido. Tan sólo queda el último tramo antes de la meta final. Ahora el joven lanza con fuerza la tercera manzana lejos del camino. Atalanta duda, pero confiada en sus veloces pies, acude a recoger a lo lejos el dorado fruto. Pero calculó mal su rapidez o tal vez el incipiente amor refrenó su marcha, que ahora resulta perdedora. Hipomenes ha alcanzado mientras tanto la meta final y con ello su ansiado premio merecido, el matrimonio con la joven virgen.

    Incomprensiblemente, el joven Hipomenes olvidó a Venus y no supo agradecer su ayuda. La diosa se sintió por ello despreciada y ofendida.

    Cierto día pasaban junto al templo de Cibeles, la Madre de los dioses, y decidieron descansar del largo camino. Se apoderó de Hipomenes un repentino e irrefrenable deseo de yacer con Atalanta, suscitado sin duda por la vengativa Venus. Allí mismo, en la cueva sagrada, a la vista de las divinas imágenes, profanan el  santuario con su obsceno amor.

    La Madre Cibeles castigó su lujuria con su divina severidad: unas largas y feroces melenas cubren sus humanos cuellos, las manos se transforman en garras, una larga cola surge de su espalda, elevan fieros su orgullosa cabeza de  león y  sus fauces emiten rugidos que amedrentan a los restantes animales. Compadecida luego la diosa, unce a la pareja de leones con fuertes correas de flexible cuero a su majestuoso carro, del que han de tirar incansables por toda la eternidad.
     

  • ¿Tiene algún interés conocer detalles y anécdotas del Mundo Antiguo?

    Con toda seguridad que habrá muchas personas, incluidos amigos de “facebook”, a quienes interesen poco o nada estas anécdotas o comentarios diversos sobre el mundo antiguo. Probablemente alguno los considere propios de personas ensimismadas y despreocupadas del entorno y del mundo tan problemático en el que vivimos porque el mundo antiguo queda muy lejano. Es una apreciación respetable.

    Comprendo que haya personas que en nada o en poco valoren conocer que al noveno mes del calendario le llamemos “septiembre” precisamente porque era el “séptimo” mes del calendario romano o que cuando utilizamos la expresión “dios padre” no estamos sino traduciendo la latina  “Deus pater” (<Dius pitar) o  Iuppiter (Júpiter) < Ioupitar;   “deus, dius o Iou o Iu en indoeuropeo ” significa “día, luz” y “piter o paterpadre, con lo que “dios padre” o Júpiter no significa sino “padre del día, padre de la luz”, divinidad por cierto característica de todos los pueblos indoeuropeos (Zeus es el nombre griego que tiene precisamente la misma raíz indoeuropea).

    Yo creo que del mundo antiguo merece la pena conocer cuantos más detalles mejor, algunos intranscendentes o aparentemente intranscendentes y otros de más envergadura.

    Yo creo que merece la pena conocer, por ejemplo, un sentido y piadoso epigrama funerario del ácido  Marcial (nacido  y muerto en Bilbilis, junto a la actual Calatayud) a la  niña “Erotión”, una pequeña esclava, jugando con la frase ritual “Sit tibi terra levis” (normalmente expresada con sus siglas S.T.T.L.), “que la tierra te sea ligera”, equivalente a nuestros “Requiescat In Pace  o Descanse en paz):

    A ti , padre Frontón y a ti madre Flaccila, os encomiendo
    esta niña, mis besos y mis delicias.
    Que las negras sombras y la terrorífica boca del perro del Tártaro
    no asusten a la pequeña Erotión.
    Casi estuvo a punto de completar los fríos del sexto invierno
    si no hubiese vivido otros tantos días menos.
    Que juegue feliz entre patronos tan viejos
    y con su boca infantil balbucee mi nombre.
    Que el rígido césped no cubra sus blandos huesos
    ni tú, tierra, le seas pesada: ella no lo fue para ti.

    (Epigramas, V, 34)


    Hanc tibi, Fronto pater, genetrix Flaccilla, puellam
       oscula commendo deliciasque meas,
    paruola ne nigras horrescat Erotion umbras
       oraque Tartarei prodigiosa canis.
    Impletura fuit sextae modo frigora brumae,
       uixisset totidem ni minus illa dies.
    Inter tam ueteres ludat lasciua patronos
       et nomen blaeso garriat ore meum.
    Mollia non rigidus caespes tegat ossa nec illi,
       10terra grauis fueris: non fuit illa tibi.

    o conocer lo suficiente de Sila, de sus proscripciones y de alguna de sus leyes, aunque sólo sea para comprender mejor,  por ejemplo, el artículo periodístico publicado en el diario “El mundo” por Pedro G. Cuartango, el pasado y reciente día 22 de Noviembre de 2013, titulado “Las leyes Cornelias”, en el que establece un paralelismo con la última reforma del “Consejo General del poder judicial” en España y la época del romano:

    http://www.elmundo.es/opinion/2013/11/22/528fbf420ab74083068b456c.html

    (La utilización de expresiones latinas o referencias directas al mundo antiguo son numerosas en la prensa diaria así como de cultismos y palabras técnicas  cuya comprensión es más fácil desde el conocimiento del griego y latín)

    o identificarse con el emocionante discurso de Tiberio Graco, que Plutarco nos cuenta en su Vida de Tiberio Graco, IX, 4-5:

    Hasta las fieras de la selva tienen una madriguera y cuevas donde poder guarecerse; en cambio, los hombres que luchan y mueren por Italia no poseen nada, excepto  el aire y la luz. Privados de techo, marchan vagabundos con sus mujeres y sus hijos. Los generales engañan a sus soldados cuando, en el campo de batalla, los animan a combatir para defender sus tumbas y sus dioses de los enemigos. Pero les mienten, porque la mayoría de los romanos no tienen altar paterno ni tumbas de antepasados. Sólo tienen el nombre de dueños del mundo, pero deben morir por el lujo de los otros sin poder llamar suyo ni un pedazo de tierra”.

    Es éste un párrafo del discurso de uno de los hermanos Graco, Tiberio, en el que pide algo tan viejo y tan moderno  "la revolución agraria” y el reparto de la propiedad, demanda que le costó la vida a él y a su hermano Cayo Graco a manos, naturalmente, de los senadores terratenientes.

    El texto tal vez haga a algún lector devoto recordar el pasaje evangélico  de Lucas, IX, 58, aunque nada tenga que ver, excepto la fuerza retórica de la comparación:

    Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza”.

    Pero tal vez algún otro lector, abrevado en las fuentes de Marx, pueda recordar un párrafo del Manifiesto Comunista:

    Os horrorizáis de que queramos abolir la propiedad privada. Pero en vuestra sociedad actual la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros. Precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes existe para vosotros. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad."

    Claro que hablando de Carlos Marx, quizás convenga recordar que autores modernos patricios le han comparado con los sediciosos Gracos o el revoltoso Espartaco.

    Aunque quizás convenga todavía más conocer que Marx  fue un buen estudiante de Latín allá en su Tréveris (la Augusta Treverorum de los romanos) natal y un estudioso de la cultura, la historia y la lengua de los romanos.

    Allí había nacido en 1818. Estudio de 1830 a 1835 en el Friedrich-Wilhelm Gymnasium (Instituto Fedérico Guillermo) y leyó a Ovidio, Cicerón, Tácito, Propercio, Homero, Sófocles, Platón, Tucídides y Plutarco. Incluso enamorado de la poesía de Ovidio pensó en dedicarse precisamente a la poesía, lo que le originó un conflicto con su padre, notario de la ciudad,  que quería que Karl estudiase Derecho.  De hecho al terminar el Gymnasium tradujo el primero de los “Poemas Tristes” (Tristia) de Ovidio.

    Curiosidades de la Historia, también Ovidio vivió un conflicto similar con su padre, que también se oponía a  que fuera poeta,  aunque sin mucho éxito evidentemente (hay una antigua anécdota al respecto que en otro momento comentaré).

    Los bachilleres alemanes estudiaban entonces y durante mucho tiempo después más de ocho horas semanales de latín en el Gymnasium en la modalidad de bachillerato más prestigiada entonces y hoy en Alemania.

    Para obtener el título de bachiller debían realizar varios ejercicios, entre ellos una amplia redacción en latín. Karl Marx presentó en 1835 la suya: An principatus Augusti merito inter feliciores ætates rei publicæ Romanæ numeretur?   ¿Se puede contar merecidamente el principado de Augusto entre las épocas más prósperas de la República Romana?

    Se le calificó como un ejercicio “bueno”, aunque se le reprochó su mala caligrafía: hay una nota al margen del ejercicio del profesor Loers que dice: “…vero quam turpis littera!  pero qué letra tan mala!

    Así que Marx resultaba un buen conocedor del mundo antiguo. No es el momento de profundizar algo en este ejercicio escolar de Marx, que a veces los devotos y ortodoxos marxistas han pretendido ocultar.

    Es más, puede alguien pensar que por aquel entonces Marx era demasiado joven y desde luego todavía no era “marxista” ¡ Pero algo y no poco le debieron influir sus estudios en el Instituto: siguió leyendo a Plutarco,  y en la Universidad asistió a la cátedra de griego para estudiar a Homero y sobre todo, en 1841,con 23 años pues, a la hora de conseguir el doctorado, momento importante en la vida académica de una persona,  eligió para su tesis un tema tan clásico como  Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demó¬crito y la de Epicuro.

    Es verdad que Demócrito y Epicuro son los dos filósofos “materialistas” por excelencia del mundo griego. Epicuro además es el más vilipendiado y deformado por la cultura y sociedad del momento y posterior, pero les aseguro que el estudio de las diferencias entre ambos en el asunto del título sólo está al alcance de quien tenga un alto conocimiento y especialización del tema. Quien tenga curiosidad podría leer la tesis de Marx (donde comprobará su nivel de erudición) o hacer algo más fácil y al alcance de cualquiera: leer la extraordinaria obra de Carlos García GualEpicuro” (Alianza Editorial, 1981), especialmente el capítulo 5, dedicado a “La teoría física. La constitución atómica del universo”.

    Por no extenderme más en el tema, concluiré diciendo que muy probablemente fue precisamente su estudio y conocimiento del mundo clásico lo que convirtió a Karl Marx en un “ciudadano del mundo”  que dirige su mensaje a la comunidad proletaria internacional. El Manifiesto Comunista acaba precisamente con la famosa proclama internacionalista “Proletarios del mundo, uníos”, (“Proletarier aller Länder, vereinigt Euch”).

    Estas anécdotas pueden ser transcendentes o intranscendentes; en gran parte depende de la consideración del propio lector. Desde luego, Karl Marx, el Manifiesto Comunista y El Capital han sido fundamentales en la conformación del mundo contemporáneo.
     

  • ¿Son las columnas de Hércules el signo del dólar?

    Poco podía imaginar el mítico héroe Hércules (no llega a la categoría de dios) que sus famosas columnas que representan los dos montes que él colocó al abrir el estrecho que separa el océano Atlántico del mar Mediterráneo (Mare Nostrum = nuestro mar, para los romanos), una en África, otra en Europa, en realidad iban a estar, en efigie naturalmente, en los bolsillos y cuentas bancarias de millones de hombres repartidos por todo el mundo.

    Esto es así si admitimos el origen del signo del dólar, que proviene de la imagen de las columnas impresa en las monedas españolas llamadas  reales de a 8, pesos o columnarios como vulgarmente se les conocía (sobra la explicación de por qué el nombre)  acuñadas en América:

      

    VTRAQUE VNUM (sic), a ambos lados uno, rezaban en latín las monedas acuñadas entre 1732 y 1773 en España como en América por la Corona española que las gobernaba a ambas, por eso en la imagen de arriba la corona cubre ambos hemisferios. Y como tal percibían a España y América nuestros vecinos de lengua inglesa en las altas latitudes del hemisferio norte.

     El signo del peso y del dólar originariamente llevaba dos  barras, luego reducidas a una; las dos barras serían precisamente las columnas de Hércules y la S la banda que las enlazaba, en principio con la leyenda latina Non Plus Ultra  (no más allá),

    Parece que fue Fernando de Aragón quien instauró esté símbolo al  apoderarse de Gibraltar; una de las columnas estaba en Kalpe, Gibraltar y la otra, monte Abyla, en Ceuta  según unos y en Marruecos (en el Monte Musa según otros). El forzudo Hércules abría separado estos montes y abierto el estrecho para acudir al reino de Gerión y robarle los bueyes, décimo  trabajo que le encargó el rey Euristeo.

    La moneda española  real de a 8, fue  usada en América y en consecuencia  en el territorio que luego serían colonias británicas y entre ellas Estados Unidos o Cánadá, donde perduró. En realidad se conocía en todo el mundo, pudiéndose considerar como moneda mundial.

    La leyenda NON PLUS ULTRA (no más allá) hacía referencia  a la imposibilidad o temor que impedía navegar hacia el oeste más allá de las columnas internándose en el mare tenebrosum (mar de las tinieblas).

    Este temor se rompió cuando Colón descubrió América. Hubo que suprimir con todo derecho el NON de la leyenda citada y así se hizo en época de Carlos V: ahora si se podía ir más allá.

    Hoy las columnas de Hércules con la leyenda PLUS ULTRA forman parte del escudo oficial de España.

    No todos admiten esta teoría y la explican como evolución de la abreviatura hispana Ps  con la que se hace referencia a “pesos” o en la marca de la plata acuñada en Potosí, que superponía la P y la S, apareciendo un símbolo similar al actual.

    En el real de a 8 representado más arriba aparece en el cuadrante inferior derecho esta marca PTSI ($).

    E incluso los más nacionalistas norteamericanos creen que el signo es resultado de la fusión de la U y la S de United States.

    Curiosamente, nos gustaría poder afirmar la relación del signo del dólar con   representación gráfica de la moneda romana llamada sestercio,   (IIS, I•IS o HS) , pero nada nos permite establecer alguna relación. El sestercio valía precisamente dos ases y medio, que es lo que representan las letras (II y semis =mitad).

    Tampoco  tiene  consistencia alguna la teoría de algunos que relacionan el signo con la imagen del caduceo de Mercurio, un bastón con una serpiente en él enroscada. El motivo de la relación lo extraen del hecho de que Mercurio era el dios de los mercaderes (y también de los ladrones…), que suelen manejar dinero.

    Otro asunto es el origen de la palabra “dólar , parece que deriva de “Thaler” o “Taler”, moneda de plata alemana procedente del nombre de una ciudad llamada Joachimsthal, actualmente en la República Checa, cuya moneda se llamaba precisamente Joachimsthaler. Pero esto nada tiene que ver con el latín o Roma, así que dejamos el tema aquí.

    Lo cierto y verdad es que si poderoso fue Hércules en la Antigúedad, recordemos sus doce trabajos,  no menos poderoso, tal vez más, es hoy día el famoso dólar, sobre todo el de color verde americano, aunque son muchos los países que también lo tienen como divisa nacional. Poderoso caballero es don dinero, sobre todo en forma de dólar.
     

  • El último día de Pompeya

    La alegre ciudad de Pompeya se encontraba situada a los pies del monte y volcán Vesubio en una zona rica y fértil. Sus 20.000 habitantes no fueron conscientes del inmenso peligro que sobre ellos se cierne. (Curiosamente en latín no existe un término específico para designar a los volcanes; les denominan “mons sulfureus” o con alguna otra frase similar).

    El 24 de agosto del año 79, anunciado por algunos temblores de tierra, entra en erupción el volcán después de más de 1.500 años de inactividad. En apenas 20 horas Pompeya quedó arrasada y al menos 5.000 de sus habitantes murieron asfixiados por las cenizas y los gases tóxicos, dióxido de carbono sobre todo, que sobre ellos cayeron.

    Comenzó la erupción hacia la una de la tarde con un enorme rugido; una enorme columna de gas alcanzó rápidamente los quince kilómetros de altura y se hizo visible desde toda la bahía; como un enorme pino, oscureció la luz del sol. Durante horas interminables estuvieron cayendo millones de toneladas de piedra pómez, porosa y de poco peso que van cubriendo la ciudad. Muchas personas huyeron, pero otras permanecieron en sus casas y allí encontraron el fin de su vida.

    Durante la noche una enorme explosión lanzó el llamado “flujo piroclástico” (del griego πῦρ "fuego" y “κλαστός” "roto, trozo" o nube ardiente mezcla de gases y roca que se mueve a nivel del suelo y   que todo lo carboniza a su paso). No llegó a Pompeya, pero arrasó la vecina ciudad de Herculano y la sepultó bajo veinticinco metros de escombros.

    Sobre Pompeya sigue cayendo piedra pómez y cenizas y una enorme nube tóxica acaba con la vida de todos los seres que viven por  respiración.  Se calcula que el Vesubio lanzó más de 10.000 millones de toneladas de roca y piedra pómez.

    La ciudad quedó sellada por las cenizas como un enorme sarcófago. 1.500 años después se redescubrió la ciudad y los impresionantes hallazgos nos permiten reconstruir en gran medida la vida de esta ciudad. En otra ocasión hablaremos de ello, especialmente de las improntas o moldes que los cuerpos vivos, hombres y también animales, dejaron en los bloques de ceniza.

    Hoy reproduciremos el documento escrito que nos describe con notables detalles el fin de Pompeya. Al otro lado de la bahía, en Miseno, se encontraba Cayo Plinio  Segundo, conocido como Plinio el Viejo, almirante y naturalista apasionado. Dirigió la escuadra en misión de socorro hacia Pompeya. Los vientos le empujaron poco más abajo, hacia Estabia. Allí pasó la noche; a la mañana siguiente quiso averiguar con más detalle lo que estaba sucediendo. Los gases tóxicos le fulminaron y acabaron con su vida y curiosidad de científico.

    Su sobrino, llamado  Cayo Plinio Cecilio Segundo,  pero  conocido como Plinio el Joven,  que no le acompañó y se quedó en Miseno realizando sus ejercicios escolares, recogió poco después el relato de  quienes le acompañaron. Su relato y descripción pareció tan extraordinaria a sus contemporáneos y sucesores que no le creyeron, pero hoy sabemos que erupciones como la descrita son reales. Ocurren según los científicos cada dos mil años aproximadamente. ¿Ocurrirá de nuevo? Tal vez alguno de los lectores actuales pueda informar, pero la mayor parte ya no estaremos aquí.

    En realidad Plinio el Joven nos ha legado dos cartas referidas a este suceso; en la primera narra la destrucción de Pompeya y la muerte de su tío; en la segunda nos cuenta su experiencia personal, cómo lo vivió él y su familia, también con peligro. Presentaré hoy la primera y tal vez en otra ocasión recogeré la segunda, también plena de interés.

    Plinio el Joven, Epist. 6, 16

    C. PLINIO a su querido Tácito, salud.

    Me pides que te describa la muerte de mi tío para poder transmitirla más verazmente a la posteridad. Te doy las gracias, pues veo que  su muerte tendrá una  gloria inmortal si es recordada por ti.

    Pues  aunque murió en la destrucción de unas tierras hermosísimas y vaya a vivir siempre como corresponde a los pueblos y ciudades de destino memorable, aunque él mismo ha escrito muchas y perdurables obras, sin embargo la inmortalidad de tus escritos aumentará  mucho su perpetuidad.
    Ciertamente considero dichosos a aquellos a quienes  se  les ha concedido como regalo  de los dioses o hacer cosas dignas de ser escritas o escribir cosas dignas de ser leídas, pero considero los más dichosos de todos a quienes  les han concedido las dos cosas. En el número de éstos estará mi tío, no sólo  por sus libros sino también por los tuyos. Por todo esto asumo con mucho gusto, incluso me exijo, lo que me encargas.

    Estaba en Miseno y personalmente gobernaba  con su mando la flota. El día 24 de agosto, casi a la hora séptima (las 13 horas) mi madre le indica que está apareciendo una nube de un tamaño y  forma inusuales.

    Él, después de disfrutar del sol y luego un baño frío, había tomado un bocado tumbado y estaba trabajando; pide sus sandalias, se sube a un lugar desde el que podía ser contemplado perfectamente  aquel fenómeno maravilloso. Estaba surgiendo una nube, sin que los que miraban desde lejos pudiesen saber desde qué monte, luego se supo que era el Vesubio, cuya semejanza y forma  no era otra que la de un árbol como el  pino.

    Pues extendiéndose de abajo arriba en forma de tronco, por decirlo así, de forma muy alargada, se dispersaba en algunas ramas, según creo, porque reavivada por un soplo reciente, al disminuir éste luego,  se disipaba a todo lo ancho, abandonada o más bien vencida por su peso; unas veces tenía un color blanco brillante, otras sucio y con manchas, como si hubiera llevado hasta el cielo tierra o ceniza.

    Como a persona erudita que era le pareció algo grande y digno de ser conocido más de cerca. Ordena que le preparen la libúrnica (nave de guerra pequeña); me ofrece la posibilidad de ir con él si me apetecía; le respondí que prefería estudiar, pues casualmente él mismo me había dado algo para que lo escribiera.

    Cuando estaba saliendo de casa cuando recibe un mensaje de Rectina, la esposa de Tasco, asustada por el peligro amenazante, pues su villa estaba situada debajo (del Vesubio), y no había otra huida  sino por barco: le rogaba que la rescatase de  peligro tan grande. Cambia él de plan y lo que había empezado con intención científica lo afronta con el mayor empeño.  Saca unas cuatrirremes (barco con cuatro filas de remos)  y se dispone a llevar su ayuda no sólo a Rectina sino a otros muchos, pues lo agradable de la playa la hacía  muy concurrida.

    Va  corriendo allí de donde otros huyen y mantiene derecho  el rumbo y derecho el timón hacia el peligro, hasta tal punto libre de temor que dicta y anota todos los movimientos y todas las formas de aquel desastre como las veía con sus ojos.

    Caía ya la ceniza en las naves, más caliente y más densa cuanto más cerca se aproximaban; incluso piedras pómez  negras y  quemadas y rotas por el fuego;  se produce ya un repentino  bajo fondo y la playa es inaccesible por el desplome del monte. Dudó poco si dar la vuelta hacia atrás, pero inmediatamente le dijo  al piloto, que le aconsejaba que lo hiciera así: «La fortuna ayuda a los valientes: dirígete a casa de Pomponiano».

    Estaba en  Estabia,  apartado del centro del golfo, pues el mar se metía poco a poco  en las costa curvada y  redondeadas. Allí, aunque todavía no se acercaba el  peligro, siendo sin embargo  previsible y más cercano si crecía la erupción, había llevado el equipamiento a las naves, seguro de poder huir si amainaba el viento contrario. Empujado entonces mi tío por este viento muy favorable, abraza, consuela y anima a (Pomponio) que estaba temblando y para disminuir el temor de él con su propia seguridad,  ordena que le lleven a tomar un baño;  una vez lavado, se recuesta y cena, o alegre o como si estuviera alegre (lo que es igualmente grande).

    Mientras tanto, desde el monte Vesubio resplandecían por muchos lugares anchísimas  llamas y altos fuegos, cuyo resplandor y claridad se acrecentaban en las tinieblas de la noche. El repetía, para remediar el miedo,  repetía  que lo que ardía eran los fuegos abandonados por los campesinos en su precipitación y las villas abandonadas por su soledad.

    Entonces se entregó al descanso y  descansó ciertamente con un profundísimo sueño, pues su respiración, que era un tanto  pesada y ruidosa por la dimensión de su cuerpo, era oída por los que se encontraban ante su puerta. Pero el patio desde el que se accedía a  la habitación, lleno ya de ceniza y piedra pómez mezclada se había levantado de tal modo que, si se alargaba  un poco más la estancia en la habitación, no habría salida. Una vez despertado, se levanta y acude  con  Pomponiano y con los demás que habían permanecido vigilantes.

    Deliberan en común si se quedan dentro de la casa o se van  al campo abierto. Pues los edificios se movían con los frecuentes e intensos temblores y parecía que como movidos de sus cimientos  iban y volvían de acá para allá.

    Aunque al aire libre de nuevo daba miedo la caída de piedras pómez ligeras y consumidas, la comparación de los peligros les hizo elegir esta opción; y en su caso (de mi tío) ciertamente, un cálculo venció a otro cálculo, y en el caso de los otros, un temor venció a otro temor. Se atan con vendas almohadas colocadas sobre sus cabezas: esto les sirvió de protección frente a lo  que les caía.

    En otras partes ya era de día, allí era la  noche más negra y cerrada de todas las noches, que sin embargo despejaban muchas antorchas y diversas hogueras .  Se decidió salir  hacia la playa y ver de cerca qué posibilidad permitía ya el mar, que  todavía permanecía  inaccesible y adverso.
    Allí echado sobre una tela extendida pidió una y otra vez agua fría y la bebió. Luego las llamas y el olor a azufre, anunciador de más llamas,  ponen en fuga a los demás, a él lo ponen en alerta.
    Apoyándose en dos pequeños esclavos se levantó e inmediatamente se cayó, como yo supongo,  por su respiración obstruida por el aire más denso de la nube, y por cerrársele el esófago, que él por naturaleza tenía débil y estrecho y frecuentemente con ardores.

    Cuando volvió la luz (era el tercer día, desde aquel  que había visto por última vez) su cuerpo se encontró intacto, sin lesiones y cubierto tal como se había vestido. El aspecto del cuerpo se parecía más al de a una persona que está descansando que a un difunto.

    Entre tanto en Miseno mi madre y yo… pero esto nada  importa a la historia, ni tú quisiste saber ninguna otra cosa que sobre su muerte. Así pues llego al final.

    Añadiré solamente que te he  contado todas las cosas en las que yo intervine y todas las que  escuché en aquel momento, cuando se recuerdan con todo detalle  las cosas verdaderas. Tú seleccionarás lo más importante; una cosa es escribir una carta y otra la historia, una cosa es escribir a un amigo y otra escribir para todos. Adios.


    C. PLINIVS, TACITO SVO S.
    Petis ut tibi auunculi mei exitum scribam, quo uerius tradere posteris possis. Gratias ago; nam uideo morti eius si.celebretur a te immortalem gloriam esse propositam.
    Quamuis enim pulcherrimarum clade terrarum, ut populi ut urbes memorabili casu, quasi semper uicturus occiderit, quamuis ipse plurima opera et mansura condiderit, multum tamen perpetuitati eius scriptorum tuorum aeternitas addet.
    Equidem beatos puto, quibus deorum munere datum est aut facere scribenda aut scribere legenda, beatissimos uero quibus utrumque. Horum in numero auunculus meus et suis libris et tuis erit. Quo libentius suscipio, deposco etiam quod iniungis.
    Erat Miseni classemque imperio praesens regebat. Nonum kal. Septembres hora fere septima mater mea indicat ei adparere nubem inusitata et magnitudine et specie.
    Vsus ille sole, mox frigida, gustauerat iacens studebatque; poscit soleas, ascendit locum ex quo maxime miraculum illud conspici poterat. Nubes incertum procul intuentibus ex quo monte (Vesuuium fuisse postea cognitum est) oriebatur, cuius similitudinem et formam non alia magis arbor quam pinus expresserit.
    Nam longissimo uelut trunco elata in altum quibusdam ramis diffundebatur, credo quia recenti spiritu euecta, dein senescente eo destituta aut etiam pondere suo uicta in latitudinem uanescebat, candida interdum, interdum sordida et maculosa prout terram cineremue sustulerat.
    Magnum propiusque noscendum ut eruditissimo uiro uisum. Iubet liburnicam aptari; mihi si uenire una uellem facit copiam; respondi studere me malle, et forte ipse quod scriberem dederat.
    Egrediebatur domo; accipit codicillos Rectinae Tasci imminenti periculo exterritae, nam uilla eius subiacebat, nec ulla nisi nauibus fuga: ut se tanto discrimini eriperet orabat.
    Vertit ille consilium et quod studioso animo incohauerat obit maximo. Deducit quadriremes, ascendit ipse non Rectinae modo sed multis, erat enim frequens amoenitas orae, laturus auxilium.
    Properat illuc unde alii fugiunt, rectumque cursum recta gubernacula in periculum tenet adeo solutus metu, ut omnes illius mali motus omnes figuras ut deprenderat oculis dictaret enotaretque.
    Iam nauibus cinis incidebat, quo propius accederent, calidior et densior; iam pumices etiam nigrique et ambusti et fracti igne lapides; iam uadum subitum ruinaque montis litora obstantia. Cunctatus paulum an retro flecteret, mox gubernatori ut ita faceret monenti 'Fortes' inquit 'fortuna iuuat: Pomponianum pete.'
    Stabiis erat diremptus sinu medio, nam sensim circumactis curuatisque litoribus mare infunditur; ibi quamquam nondum periculo adpropinquante, conspicuo tamen et cum cresceret proximo, sarcinas contulerat in naues, certus fugae si contrarius uentus resedisset. Quo tunc auunculus meus secundissimo inuectus, complectitur trepidantem consolatur hortatur, utque timorem eius sua securitate leniret, deferri in balineum iubet; lotus accubat, cenat, aut hilaris aut (quod aeque magnum) similis hilari.
    Interim e Vesuuio monte pluribus locis latissimae flammae altaque incendia relucebant, quorum fulgor et claritas tenebris noctis excitabatur. Ille agrestium trepidatione ignes relictos desertasque uillas per solitudinem ardere in remedium formidinis dictitabat. Tum se quieti dedit et quieuit uerissimo quidem somno; nam meatus animae, qui illi propter amplitudinem corporis grauior et sonantior erat, ab iis qui limini obuersabantur audiebatur.
    Sed area ex qua diaeta adibatur ita iam cinere mixtisque pumicibus oppleta surrexerat, ut si longior in cubiculo mora, exitus negaretur. Excitatus procedit, seque Pomponiano ceterisque qui peruigilauerant reddit.
    In commune consultant, intra tecta subsistant an in aperto uagentur. Nam crebris uastisque tremoribus tecta nutabant, et quasi emota sedibus suis nunc huc nunc illuc abire aut referri uidebantur.
    Sub dio rursus quamquam leuium exesorumque pumicum casus metuebatur, quod tamen periculorum collatio elegit; et apud illum quidem ratio rationem, apud alios timorem timor uicit. Ceruicalia capitibus imposita linteis constringunt; id munimentum aduersus incidentia fuit.
    Iam dies alibi, illic nox omnibus noctibus nigrior densiorque; quam tamen faces multae uariaque lumina soluebant. Placuit egredi in litus, et ex proximo adspicere, ecquid iam mare admitteret; quod adhuc uastum et aduersum permanebat.
    Ibi super abiectum linteum recubans semel atque iterum frigidam aquam poposcit hausitque. Deinde flammae flammarumque praenuntius odor sulpuris alios in fugam uertunt, excitant illum.
    Innitens seruolis duobus adsurrexit et statim concidit, ut ego colligo, crassiore caligine spiritu obstructo, clausoque stomacho qui illi natura inualidus et angustus et frequenter aestuans erat.
    Vbi dies redditus (is ab eo quem nouissime uiderat tertius), corpus inuentum integrum inlaesum opertumque ut fuerat indutus: habitus corporis quiescenti quam defuncto similior.
    Interim Miseni ego et mater sed nihil ad historiam, nec tu aliud quam de exitu eius scire uoluisti. Finem ergo faciam.
    Vnum adiciam, omnia me quibus interfueram quaeque statim, cum maxime uera memorantur, audieram, persecutum. Tu potissima excerpes; aliud est enim epistulam aliud historiam, aliud amico aliud omnibus scribere. Vale.