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  • Los nombres de los meses son romanos

    Entre las muchas cosas que nos han legado los romanos no es la de menor importancia el calendario con el nombre de los meses, los días y las estaciones. Para comprender la lógica y coherencia de los nombres “september =septiembre; october =octubre; november= noviembre y december =diciembre”, que significan etimológicamente “séptimo, octavo, noveno y décimo” hemos de conocer que el primitivo año romano tenía diez meses y comenzaba en marzo.

    Se atribuye al mítico rey Rómulo la fundación  de Roma en el año 753 y la creación del primer calendario solar de 304 días al año. La misma tradición atribuye al rey Numa, que gobernó  del 715 al 673 a.C,  una reforma que probablemente corresponde a la realizada a mediados del s.V a.C.  y que fundamentalmente consistió en añadir dos meses más, con lo que se formaba un calendario de doce meses, que toman su nombre de dioses y de festividades religiosas:

    Ianuarius, (enero) dedicado a Jano, dios de las puertas y de los comienzos y también del comienzo del año en la luna creciente después del solsticio de invierno del 25 de diciembre.

    Februarius, (febrero) mes en el que se celebraban las fiestas de purificación llamadas “februa”, palabra etrusca que significa precisamente purificación.

    Martius (marzo), dedicado al dios de la guerra Marte. En este mes comenzaba el mandato de los cónsules y  las campañas militares.

    Aprilis (abril), palabra que algunos relacionan con aperire = abrir, para referirse al momento en que la naturaleza, en primavera, florece. Otros la consideran de origen etrusco tomada del griego y relacionada con  Aphro-dite o Afrodita, la diosa del amor.

    Maius (mayo) que toma el nombre de Maia, la diosa del crecimiento.

    Iunius (junio) en honor de la diosa Juno, esposa de Júpiter, diosa entre otras cosas del matrimonio.

    Quintilis  (quinto mes), cuando el año comenzaba en marzo,  luego llamado Iulius  (julio) en honor de Julio César tras su muerte violenta.

    Sextilis  (sexto mes), luego llamado Augustus  (agosto) en honor de Octavio Augusto todavía en vida.

    September  (séptimo mes; septiembre)

    October  (octavo mes; octubre)

    November  (noveno mes; noviembre)

    December  (décimo mes; diciembre)

    El año comenzaba en un principio en Marzo, lo que explica como hemos dicho, el nombre de los meses a partir de septiembre. En marzo comenzaba también el mandato de los cónsules y las campañas militares de los romanos por el Lacio y por Italia.

    Pero cuando las guerras han de librarse fuera de Italia, el comienzo de la campaña en marzo supone un grave inconveniente por el tiempo que tarda el ejército en trasladarse al punto de conflicto. Esto quedó en evidencia en las Guerras Celtíberas en Hispania. Dada la gran distancia el Senado traslado el comienzo del año consular del 153 a.C. al 1 de Enero para que el cónsul Quinto Fulvio Nobilior tuviera tiempo de acudir a Hispania, donde por cierto fue vencido  por las tribus celtiberas de belos, titos y arévacos en agosto de ese año.

    Julio César estuvo en Egipto con la famosa reina Cleopatra, de la que parece ser que tuvo a su hijo Cesarión. Allí conoció  el calendario solar y comprendió las ventajas de su implantación en Roma.
    A su muerte se dio su nombre, Iulius, a lo que en el calendario primitivo era Quintilis, el quinto mes. Luego se llamó Augustus al mes siguiente en honor y todavía en  vida de Octavio Augusto. A otros meses también se les dio el nombre de algún emperador, pero esta nominación no tuvo éxito perdurable en ningún otro caso.

    Todos los meses no tuvieron entonces  la misma duración, que va de los 28 o 29 de febrero a los 30 de noviembre, abril, junio, septiembre y a los 31 de enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre y diciembre.  Esta disparidad, debida en origen a festividades, tabúes  y supersticiones religiosas, la arrastramos hasta nuestros días.

    Como ocurre con  los días de la semana, los nombres de los meses han perdurado en las lenguas latinas y también se han impuesto en los países de lenguas sajonas y germanas. La intensa cristianización de las creencias y costumbres paganas no logró imponerse tampoco en la denominación de estos doce períodos en que se divide el año.

  • Si quieres amor, no hagas la guerra

    El amor y la guerra parecen incompatibles, al menos para las mujeres griegas

    ¡Qué duda cabe de que es más saludable  y beneficioso  hacer el amor que hacer  la guerra! Pero desgraciadamente  las guerras son muy frecuentes y tan antiguas como  el  hombre. Frente a la guerra sólo existe la paz, pero con demasiada frecuencia  se ha impuesto la acrítica y contundente opinión que encierra la sentencia latina “si vis pacem, para bellum = si quieres la paz,  prepara la guerra”.  Si alguien prepara la guerra, acabara declarándola a su adversario.

    En contra de la guerra se han celebrado a lo largo de la historia acuerdos, reuniones y congresos innumerables con escaso éxito. Sin duda los movimientos antibélicos más coherentes son las propuestas pacifistas, algunas muy antiguas. Posiblemente la más llamativa táctica pacifista es la llamada “huelga sexual” por la que las mujeres organizadas niegan todo contacto sexual a sus parejas masculinas, protagonistas y causantes de los enfrentamientos, machos guerreros a los que sirven de descanso.

    En los últimos tiempos hemos visto algunas huelgas de este tipo, que han obtenido indudables éxitos. Así en Liberia, en el año 2003 Leymah Gbowee consiguió que se hiciera la paz después de una guerra civil de más de 14 años; entre las medidas que ella y las mujeres de su asociación llevaron a cabo estaba la “huelga sexual”. En el año 2009 los medios de comunicación nos informaron de huelgas similares en Kenia o en Turquía, en este caso  para obligar a sus maridos a tomarse en serio el abastecimiento de agua. En Colombia en diversas ocasiones, las mujeres han intentado poner fin a la violencia de los hombres con este método pacífico. Incluso en la Bélgica europea del año 2011 la senadora socialista flamenca Marleen Temmeran propuso una huelga sexual para presionar a los hombres a formar Gobierno (la diversa Bélgica llevaba 241 días sin acuerdo de las fuerzas políticas).

    Pero también en esto los griegos fueron pioneros y nos marcaron el camino. En la Antigua Grecia tuvo lugar la larga Guerra del Peloponeso, que enfrentó durante casi 30 años a las dos ciudades o polis más poderosas, Atenas y Esparta, cada una con sus aliados. En el año 411 antes de Cristo llevaban ya veinte años de guerra y la destrucción y ruina eran generales. Aristófanes, cuyas comedias retratan y enjuician la sociedad de su tiempo, representó una obra contra esta guerra entre griegos, Lisístrata. El propio nombre significa “la que disuelve  el ejército” ( de λύω, lýō,,“disolver” y στρατός, stratós, “ejército).

    Las mujeres en Grecia pintan poco en la vida política y social, pero  Aristófanes nos pinta, con cómica exageración,  una especie de mundo al revés, en el que son las mujeres, más sensatas que los hombres, las que pueden  conseguir la paz y acabar con las luchas que enfrentan a sus maridos y amantes utilizando un arma pacífica que ellas tienen. La ateniense  Lisístrata propone a sus compañeras atenienses y lacedemonias declarar una “huelga sexual” por la que se nieguen a mantener relaciones sexuales con sus maridos y dejen de ocuparse de las tareas del hogar mientras continúe la guerra.

    Toda la obra está salpicada de referencias léxicas, juegos de palabras y metáforas sexuales de saludable comicidad. El plan de Lisístrata, que aceptan otras mujeres,  es bien simple:

    si permanecemos en nuestras casas bien empolvadas, vestidas con nuestras túnicas transparentes de Amorgos, y nos paseamos desnudas con el delta depilado, nuestros hombres se empalmarán y querrán cubrirnos, pero si nosotras no aceptamos y nos abstenemos, estoy segura de que firmarán la tregua rápidamente”. 

    A propuesta de Lisístrata, atenienses y lacedemonias hicieron un serio juramento ante una jarra de buen vino:

    LISÍSTRATA. Tocad  la copa todas, Lampito, y que una en  nombre de las demás repita exactamente lo que yo diga. Declarad esto conmigo  bajo juramento  y  mantenedlo con firmeza: «Ningún hombre, ni amante, ni marido»…
    CALONICA. «Ningún hombre, ni amante, ni marido»..
    LISÍSTRATA. …«se acercará a mí empalmado». Repítelo.
    CALONICA. … «se acercará a mí empalmado». ¡Ay, ay!, Lisístrata, se me doblan  las rodillas.
    LISÍSTRATA. « Pasaré el tiempo en mi casa sin mi toro»
    CALONICA «Pasaré el tiempo en mi casa sin mi toro»…
    LISÍSTRATA…. «con mi vestido color de azafrán,  bien arreglada»…
    CALONICA. … «con mi vestido color de azafrán,  bien arreglada»…
    LISÍSTRATA…. «para que mi marido se ponga caliente al rojo vivo»
    CALONICA. … «para que mi marido se ponga caliente al rojo vivo»…
    LISÍSTRATA…. «pero no le haré caso a mi marido de buena gana».
    CALONICA. … «pero no le haré caso a mi marido de buena gana».
    LISÍSTRATA. «Y  si me obliga a la fuerza en contra de mi voluntad»…
    CALONICA. «Y si me obliga a la fuerza en contra de mi voluntad»…
    LISÍSTRATA…. «cederé  de mala gana, pero no le acompañaré  en sus meneos».
    CALONICA. … «cederé de  mala gana, pero  no le acompañaré  en sus meneos».
    LISÍSTRATA. «No levantaré hacia el techo mis zapatillas persas».
    CALONICA. «No levantaré hacia el techo mis zapatillas persas».
    LISÍSTRATA. «Ni como una leona  me pondré a cuatro patas  encima del rallador de queso»
    .CALONICA «Ni como una leona  me pondré a cuatro patas  encima del rallador de queso».
    LISÍSTRATA. «Si mantengo con firmeza estas acciones, que beba yo de esta copa»…
    CALONICA. «Si mantengo con firmeza estas acciones, que beba yo de esta copa»..
    .LISÍSTRATA. «Pero si no las cumplo,  que esta copa se llene de agua ».
    CALONICA. «Pero si no las cumplo,  que esta copa se llene de agua».
    LISÍSTRATA. ¿Juráis  todas vosotras que estáis de acuerdo en esto conmigo?
    TODAS. Sí, por Zeus.

    Y así ocurrió, como Lisístrata había previsto (en la ficción del teatro tan sólo), no sin superar numerosas dificultades que la empresa planteaba incluso a las propias mujeres.

    Aristófanes no ha sido olvidado: en 2003  se creó el Lysístrata Proyect, a favor de la paz y se leyó simultáneamente en más de 40 países la famosa obra de Aristófanes. Una vez más el teatro más vivo y auténtico es el que sirve a la sociedad. 
     

  • Mare clausum (el mar está cerrado)

    Asistimos estos días de otoño al espectáculo inhumano de decenas, centenares de náufragos, generalmente subsaharianos, en las costas europeas del Mediterráneo. Atraídos por el bienestar europeo, estas personas se lanzan a un mar siempre peligroso para alcanzar la costa del presunto y geográficamente cercano paraíso.

    Pero el mar siempre es todavía más peligroso si se aborda en pequeñas barcas o en navíos viejos y destartalados. El Mediterráneo (el mar entre las tierras, el Mare Nostrum (Nuestro mar) de los romanos siempre fue escenario de naufragios (de navis, nave, y  fragium, fractuara,  a su vez de frango,fractum, ruptura, fractura), sobre todo en los meses de invierno. Entre el 12 de noviembre y el mes de marzo no se navegaba en la Antigüedad  para evitar las tormentas invernales; esto explica en parte por qué es  precisamente en las semanas previas a ests fechas en las que se producen los mayores desastres humanitarios, antes de que la travesía sea más difícil.

    Se decía  que el “mar está cerrado”, “mare clausum”. Ahora la expresión se emplea en lenguaje jurídico para indicar que un país cierra al tráfico general sus aguas jurisdiccionales, de manera similar a como se cierra el espacio aéreo para evitar que otros naveguen por él.

    Petronio en su Satiricón refleja en unos pocos versos la tragedia de un naufragio. Es cierto que lo hace en otro contexto menos vergonzoso que el actual de insolidaridad humana y en medio de algunas bromas y situaciones cómicas propias de su obra “satírica”,  pero lo sitúa en el mismo escenario geográfico de las costas de Sicilia o del sur de Italia. Disculpando la licencia de abstraer el texto de su contexto y manteniendo lo que de expresión del sentimiento de dolor ante una desgracia humana tiene, me permito presentar estas líneas  al lector para ayudarle a comprender el desvalimiento  absoluto de quien sufre un naufragio lejos de sus seres queridos.

    Naturalmente no refleja el texto  el dolor sobreañadido de intentar llegar a un país extranjero como tabla de salvación futura para él y su familia y encontrarse con el frío e inhumano rechazo, si  es que se alcanza la costa, o con la simple muerte en el intento sin alcanzarla.

    El “mare clausum”, “el mar cerrado” por las tormentas en la Antigüedad, está ahora cerrado para muchos desgraciados por la iniquidad de unas leyes inhumanas.  Pero estas son las leyes, hoy como ayer, de los países poderosos y de un sistema económico mundial que fundamenta el bienestar de unos en la explotación y abandono de otros. Una diferencia similar separaba al ciudadano romano (civis romanus), que gozaba de todos los derechos, del resto de los hombres del Imperio; pero de ello hablaré en otra ocasión.


    Petronio, Satiricón, 114,  1-4,/6-7,/12-13

    Mientras lanzamos  a la conversación estos temas  y otros semejantes,  el mar se encabritó y unos nubarrones llegados de todas partes sepultaron en tinieblas  el día. Acuden  los marineros corriendo  a sus puestos y recogen las velas ante la tormenta.  Pero ni un viento fijo levantaba las olas ni el timonel sabía hacia  dónde dirigir  el rumbo. Tan pronto el viento nos empujaba hacia Sicilia, como más frecuentemente el viento aquilón, que domina en la costas de Italia, zarandeaba acá y allá a la nave indefensa., y lo que todavía es más peligroso en todas las tormentas, unas tinieblas, tan repentinas y espesas, habían quitado la luz del día, de forma que el piloto ni tan siquiera veía la proa entera.
    ………
    Y  un golpe de viento lo arrojó al mar mientras vociferaba;  y cuando apareció de nuevo,  la tormenta  lo envolvió y se lo tragó  en un maldita torbellino. A Trifena, también a punto de…  (ahogarse), la agarraron  sus esclavos  fieles y,  metiéndola  en el bote con la mayor parte de su equipaje, la libraron de una muerte segurísima  .

    …………
    Aguanto  yo esta última atadura y como preparado  para  un lecho fúnebre aguardo la muerte que ya no me preocupa. Cumple mientras  tanto la tempestad los designios de  los hados y acaba con lo que queda  de la nave. No  quedaba ni un palo, ni una pieza del timón, ni una maroma o un  remo, sino que la madera marchaba al vaivén  de las olas como si estuviera sin labrar y sin trabajar. 

    115  6-10

    ………….
    Acabado por  fin este trabajo, entramos cabizbajos  en la cabaña de un pescador, y recuperados de alguna forma con los alimentos estropeados por el naufragio, pasamos una noche lamentable. Al día siguiente, mientras tomábamos la decisión de a qué  dirección dirigirnos,  veo de repente que  un cuerpo humano  era arrastrado hacia la orilla zarandeado en un pequeño remolino. Me detuve ante esto triste, y me puse, con los ojos llorosos, a valorar  con atención  la seguridad del mar.

    -A éste quizá -digo en voz alta- le espera en alguna parte de la tierra  su esposa a salvo; quizás  su hijo desconocedor de la tormenta, o su padre; en todo caso a alguien dejó  a quien al partir le dio un beso.

    Dum haec taliaque iactamus, inhorruit mare nubesque undique adductae obruere tenebris diem. Discurrunt nautae  ad officia trepidantes uelaque tempestati subducunt.  Sed nec certus fluctus uentus impulerat, nec quo destinaret cursum gubernator sciebat. Siciliam modo uentus dabat, saepissime Italici litoris aquilo possessor conuertebat huc illuc obnoxiam ratem, et quod omnibus procellis periculosius erat, tam spissae repente tenebrae lucem suppresserant, ut ne proram quidem  totam gubernator uideret.

    Et illum quidem uociferantem in mare uentus excussit, repetitumque infesta gurgite procella circumegit atque hausit. Tryphaenam autem prope iam… fidelissimi rapuerunt serui, scaphaeque impositam cum maxima sarcinarum parte abduxere certissimae morti

    ……
    Patior ego uinculum extremum, et ueluti lecto funebri  aptatus expecto mortem iam non molestam. Peragit interim tempestas mandata fatorum, omnesque reliquias nauis expugnat. Non arbor erat relicta, non gubernacula, non funis aut remus, sed quasi rudis atque infecta materies ibat cum fluctibus.
    ……………..

    115  6-10

    Hoc opere tandem elaborato casam piscatoriam subimus maerentes, cibisque naufragio curruptis utcumque curati tristissimam exegimus noctem. Postero die, cum poneremus consilium cui nos regioni crederemus, repente uideo corpus  humanum circumactum leui uortice ad litus deferri. Substiti ergo tristis coepique umentibus oculis maris fidem inspicere et: «Hunc forsitan», proclamo, «in aliqua parte terrarum secura expectat uxor, forsitan ignarus tempestatis filius, aut pater; utique reliquit aliquem, cui proficiscens osculum dedit.

  • El fascinante origen de la palabra “fascinante”

    A veces nos sentimos “fascinados”, atraídos, impresionados, tocados (touché en francés) al enterarnos del origen de una palabra, como si al correr la cortina observáramos lo que había detrás o sepultado en el fondo del valle. Esa es la fuerza de la etimología de las palabras, cuyo conocimiento nos aporta una información básica sobre la que se asienta su significado ampliado posteriormente.

    Pues bien “fascinar”, según el Diccionario de la Real Academia Española, deriva del latín “fascinare” y tiene tres acepciones: 1.  Engañar, alucinar, ofuscar. / 2.  Atraer irresistiblemente. /  3. Hacer mal de ojo.

    Fascinare” en latín significa: causar o producir mal de ojo, maleficiar, encantar, hechizar. Para Plinio los “fascinantes” son los hechiceros. “Fascinatio” es la acción de fascinar, de hechizar, la fascinación, encantamiento, hechizo, encanto. Así lo emplea Catulo en sus Poesías 7,12:

    (tantos besos) que ni los curiosos puedan contar
    ni maleficiar con su mala lengua.

    (basia) quae nec pernumerare curiosi
    possint nec mala fascinare lingua.

    O Virgilio en su Égloga 3,103:

    No sé que ojo me maleficia mis tiernos corderos.

    Nescio quis teneros oculus  mihi fascinat agnos.

    Así que es fácil entender la primera acepción de nuestro diccionario, que no corresponde realmente con el significado latino, aunque sí deriva de él.

    Pues bien, “fascinare” es un verbo de acción formado a partir de la palabra “fascinum o fascinus” que significa “encanto, maleficio, hechizo”. El término latino se correspondería con el griego  βάσκανον “baskanon”, según Aulo Gelio  16, 12,4:

    Así Cloacio Vero lo llama “fascinum”,  como “bascanum” y “fascinare” es  como “bascinare”.

    (Cloatius Verus) Item fascinum appellatum quasi “bascanum” et “fascinare” esse quasi “bascinare

    βάσκανον “baskanon significa fascinador, hechicero, envidioso, fisgón, calumniador, malicioso.

    Pero también significa miembro viril, falo, aunque  los latinos tienen otro término (entre otros muchos de sentido figurado o metafórico de los que quizás en otra ocasión trataré) para designar al falo, pene o miembro viril: mentula, por lo que “fascinus” parece referirse más bien al miembro en erección.

    Así lo emplea Horacio en Epodos, 8, 15-20

    quid? quod libelli Stoici inter Sericos
    iacere puluillos amant,
    inlitterati num minus nerui rigent
    minusue languet fascinum?
    quod ut superbo prouoces ab inguine,
    ore adlaborandum est tibi.

    ¿Y qué? Porque a los libritos de los estoicos
    les guste descansar sobre cojines de seda,
    ¿acaso los músculos de los iletrados tienen menos vigor
    o su miembro es menos lánguido?
    Si lo quieres hacer salir desde mi orgullosa ingle,
    me lo tienes que trabajar con la boca.

    Porfirio en su “Ad Horatii epodon 8,18” explica por qué Horacio empleo este término:

    puso “fascinum” en lugar de parte viril porque se suele colocar la deformidad del miembro junto a las cosas que nos pueden fascinar”

    fascinum pro virili parte posuit, quoniam praefascinandis rebus haec membri deformitas apponi solet

    Arnobio, tras su conversión al Cristianismo ridiculiza a los dioses paganos y así utiliza el término “fascinus” con este mismo significado en su Adversus nationes libri VII, 4,7

    ¿Y existe también Tutunus, en cuyas descomunales partes pudendas y en su horrendo miembro queréis que cabalguen vuestras matronas y consideráis señal propicia?

    etiamne Tutunus, cuius inmanibus pudendis horrentique fascino uestras inequitare matronas et auspicabile ducitis » et optatis ?

    Incluso Fascinus es el nombre del dios protector venerado por las vírgenes Vestales contra el mal de ojo y la envida y así lo utiliza, por ejemplo, Plinio en Naturalis Historia, XXVIII, 7, pasaje en el que nos dice también que se colocaba debajo del carro del general vencedor para prevenirle de la “fascinación”.

    Quizás en otra ocasión trataré del falo como divinidad y de su culto.

    Pues bien, la pregunta obligada es ¿qué tendrá que ver el llamado miembro viril con la fascinación, los hechizos, el mal de ojo?

    Algo deben tener que ver no sólo lingüísticamente, porque una costumbre bien establecida entre los romanos es la de  colocar a los niños un pequeño colgante al cuello con un falo, o colgar tintinabula o campanillas en las puertas de las casas con falos,  o colocar  falos, grabados o esculpidos, en la entrada de las casas o en otros lugares, o adornar lámparas, lucernas y otros objetos. Ya vimos en otra ocasión como se figuraba a Hermes o Terminus, el mojón, con un pilar con cabeza del dios y con un falo o genitales bien señalados.

    El tema está amplísimamente documentado en los textos y en los numerosos restos arqueológicos. Por ejemplo, nos dice Varrón en su “De lingua latina” VII, 97:

    “O puede (derivar) de la costumbre de colgar en el cuello de los niños ciertos objetos obscenos para que no les suceda nada malo…

    “Potest vel ab eo quod pueris turpicula res in collo quaedam suspenditur, ne quid obsit…

    Es decir, se trata de un amuleto en forma de falo que se lleva para alejar el mal de ojo, el hechizo, el encantamiento. A esa función se le llama técnicamente “apotropaica”, (del griego ἀποτρέπω     apotrépō, "apartar", alejar), de ἀπό (apó, "lejos") y τρέπω (trépō, "girar"), palabra que significa precisamente “alejadora, apartadora”, en este caso de males y calamidades.

    Fascinum es pues el amuleto en forma de miembro viril que  los niños llevaban al cuello para evitar el mal de ojo. Hoy es relativamente frecuente encontrar personas con tal colgante en el cuello, en algunos casos por mero adorno pero en otros también por persistir una superstición milenaria. Del “mal de ojo” hablaré en otra ocasión, porque además del falo hay otros instrumentos y métodos apotropaicos, como por ejemplo escupir tres veces al suelo.

    Pero la cuestión realmente difícil es comprender por qué el falo y su representación tienen valor apotropaico y capacidad de impedir el mal de ojo.

    Tradicionalmente, en los escasos y timoratos estudios que la moral imperante permitía, se interpretaba que el falo era símbolo de la fertilidad y abundancia de bienes y por tanto lo opuesto al maleficio. También se interpretaba que evitaba el mal de ojo porque la visión del miembro viril, considerada obscena, obliga a apartar la mirada, por lo que el mal de ojo resultaba imposible si el ojo enfoca a otro lugar.

    Pero Pascal Quignard, autor francés contemporáneo, en su obra “El sexo y el espanto”, en la que hace una interpretación desinhibida de la  rígida sexualidad romana, opuesta a la alegre sexualidad griega, bucea en la psicología profunda de los hombres y ofrece una explicación al respecto más sugerente y profunda y también más difícil de comprender: el hombre es fruto de un acto generador en el que no estuvo presente y que le genera una enorme curiosidad y desasosiego; la visión del acto sexual o del fascinum (miembro viril erecto) paraliza al hombre, lo fascina, lo atrae y embruja, detiene su mirada; la visión de la representación directa de la cópula humana procura una emoción siempre extrema de la que nos defendemos con espanto …..

    Quignard relaciona el fascinum con los obscenos y picantes versos “fesceninos” que se cantaban en las bodas, cuya función sería similar a la ya descrita y con la “fascia” o venda que las mujeres romanas usaban como sujetador para sostener los senos; y lo relaciona también con “fasces” o haz de varas atadas con una correa roja (de donde por cierto deriva “fascismo”).

    El espanto que produce la visión del “fascinum” o de la cópula es lo que explica según Quignard que en las pinturas pompeyanas las mujeres mantengan  la mirada oblicua, lateral, evitando la visión directa de la escena incomprensible de la generación animal.

    Si la principal función es prevenir el “mal de ojo” en función de la “fascinación” que el “fascinum” provoca, conviene comentar que el mal de ojo consiste precisamente en “in-videre” (de in-, contra, videre, ver)”envidiar”, “lanzar la mirada contra”  alguien.

    Y en eso consiste precisamente la envidia o “invidia”, en acumular en el interior la maldad que a alguien se desea y expresarla por la puerta más evidente del alma, por la mirada, por los ojos. Obligar a alguien a apartar la vista es impedirle que nos “envidie” o nos mire mal.

    La psicología profunda nos ayuda también a entender mitos y ritos antiguos, incomprensibles ya para los propios antiguos que a veces buscan explicaciones racionales, y absolutamente oscuros para nosotros, aunque se sigan practicando.
     

  • Nos seguimos rigiendo por el calendario de Julio César

    El calendario es un instrumento necesario para organizar el tiempo en relación con las actividades agrícolas, con las obligaciones religiosas y con la vida social y civil.

    Nuestro calendario tiene actualmente doce meses y 365 días al año. Cualquier lector atento, no obstante, se habrá preguntado por qué al “duodécimo” mes se le llama “diciembre”, palabra que más bien significa “décimo”. Las preguntas se multiplican si observamos que al undécimo  se le llama “noviembre”, palabra relacionada con “novem = nueve”; al  décimo se le llama “octubre”, palabra relacionada con “octo= ocho”; al noveno se le llama “septiembre”, término relacionado evidentemente con “septem = siete”.

    Existe, pues, una falta de coincidencia entre el nombre de estos meses y el orden que ocupan en el calendario. Esta confusión aumenta si conocemos que el mes de agosto se llamó en su momento “sextilis = el sexto” y al mes de junio se le llamaba “quintilis =quinto”.

    La explicación estriba en que al principio de la historia de Roma el año comenzaba en el mes de marzo y el año tenía diez meses. A partir de esta premisa, los nombres de los meses romanos se correspondían con su orden.

    Pero la historia del calendario es realmente complicada e interesante. Esbozaremos algunos datos. A la hora de organizar el ciclo del tiempo el hombre tiene en cuenta el número de días en que la tierra tarda en dar una vuelta al sol. Son algo más de 365 días; 365,25 aproximadamente. Pero también tiene en cuenta las fases de la luna, que tan pronto la vemos llena de luz reflejada como en sus fases creciente o decreciente.

    Roma tuvo a lo largo de su historia dos calendarios lunares y uno solar, . Así que coexisten de alguna manera el calendario lunar y el solar. Como además los ciclos no se miden con precisión milimétrica, se van acumulando las inexactidudes y desvíos del ciclo anual , que llegan a ser enormes. Esto obligó a  reformar repetidas veces el calendario  para actualizarlo a la realidad astronómica.

    Según la historia mítica fue Rómulo, el fundador de Roma en el año 753 a.C., quien creó también el calendario, lunar en aquel momento. El año comenzaba en marzo, mes en el que comenzaban las tareas agrícolas y también las campañas militares. El año tenía 304 días en diez meses.

    Fue necesaria una reforma, que la tradición mítica atribuye al rey Numa, que gobernó del 715 al 673 a.C., pero que probablemente corresponde a mediados del siglo V a.C. En este momento se añadieron dos meses más, tiempo que con anterioridad no era relevante para formar el calendario. El año tenía 355 días en 12 meses lunares. El Pontífice Máximo añadía cada dos años un mes intercalar, cuya duración fijaba en 20 días, para recuperar el retraso con el llamado “año trópico” o  año sideral, el tiempo  que tarda el  planeta Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol.

    A pesar de ello y por diversas causas   seguía produciéndose un notable desfase.  En época de Julio César (100 a.C.-44 a.C.) la confusión entre determinadas celebraciones y el momento según el calendario vigente era enorme.

    César estuvo en Egipto con la famosa reina Cleopatra, de la que probablemente tuvo su hijo Cesarión. Allí conoció  el calendario solar y comprendió la utilidad que su uso podía tener. Según Suetonio,  le aconsejó el filósofo y astrónomo Sosígenes de Alejandría, que había fijado el año solar en 365 días y seis horas, es decir, con un pequeñísimo error de menos de un segundo al día. Es esta una exactitud que todavía hoy nos  asombra si consideramos los instrumentos científicos de los que entonces disponían.

    César hizo las adaptaciones necesarias e impuso en consecuencia el calendario solar de 365 días al año, intercalando un día más cada cuatro años. De la magnitud de la reforma nos da idea el hecho de que en el año 44 a.C. hubo de intercalar 90 días, con lo que ese año duró 455 días.

    Este calendario, llamado en buena lógica “juliano” es el que básicamente seguimos utilizando hoy en día y se ha impuesto en casi todo el mundo.

    El papa Gregorio XIII lo volvió a reformar  por razones litúrgicas en el año 1582, para que  la Pascua fuera celebrada  el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera, según había dictaminado el Concilio de Nicea del año 325. El desfase con el año trópico  había acumulado entonces 10 días aproximadamente. A esa reforma se la llama “gregriana”.

    Pero el desfase sigue existiendo porque el año trópico en realidad tiene una duración de 365,242189, o lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos, lo que equivale a 1 día aproximadamente cada 128 años. Así que seguirán siendo necesarias nuevas reformas.
    Quizás este artículo parezca ciertamente complejo. No es así en realidad en comparación con los numerosos detalles y precisiones a las que podrá llegar el lector interesado en profundizar en estas cuestiones.

  • Aut insanit homo aut versus facit (el hombre o está loco o hace versos)

    “Aut insanit homo aut versus facit” es uno de los muchos “tópicos” del poeta latino Quinto Horacio Flaco; tópico en el sentido etimológico de “lugar”, pasaje, cita, del gr. τόπος, lugar, país, pasaje de un libro. El verso, convertido en sentencia o máxima, es citado por muchas personas con sentido y en contextos muy diversos.

    La sentencia aparece en sus Satiras, lib. II, 7, v, 117. Conocida es la facilidad con la que autores antiguos, de manera especial Horacio, crean frases y sentencias redondas, preñadas de sentido, que pronto escapan del “texto”, ( tejido),  inicial y adquieren una larga vida autónoma.

    Horacio es el autor de sentencias (alguna ya la hemos comentado en este mismo blog)  tales como:
    –  “carpe diem” (Odas, lib. I, 11,8aprovecha el momento, https://www.antiquitatem.com/carpe-diem-horacio-oda-poesia-latina

    – "la Grecia conquistada conquisto a su fiero  conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio.". "Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio." ( Epístolas II, 1, 156-157).   https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard

    Dulce y honroso es morir por la patria "Dulce et decorum est pro patria mori."  (Odas, 3,2,13)

    Dorada moderación  en los versos  “Auream quisquis mediocritatem /diligit” ( Todo el que elige la dorada moderación…”(Odas, II,10,5-6)

    – y otras muchas…

    Una vez que la frase adquiere su autonomía,  son los hablantes que de ella se sirven, quienes la rellenan de contenido y la dotan de matices, que en ocasiones poco tienen que ver con su significado inicial. Este podría ser el caso a la vista del uso que de la frase hacen centenas y aun millares de personas.  Por  eso me voy  a permitir una pequeña exploración de la cuestión.

    Horacio es de las escasas personas, y menos aún literatos,  que con envidiable sentido del humor y con notable madurez, se presenta ante sus lectores con todos sus pequeños vicios y defectos, tal como es. Para ello aprovecha las fiestas anuales de las Saturnalia en las que en la sociedad romana se invertía el orden social establecido. Durante esos días los esclavos eran los señores y los señores soportaban las impertinencias de los esclavos, que incluso vestían con la ropa de su dueño. En esos días, sintiéndose libres, podían dirigirse a su “dominus” en  términos inadmisibles en otro momento. (el asunto es realmente interesante desde el punto de vista sociológico, etnológico y psicológico, aunque no sea este el momento).

    Pues bien, esto es lo que hace el esclavo Davus, el esclavo de Horacio,  con su señor,  al que entre otras lindezas le  llama  inconstante y caprichoso (si está en Roma quiere ir al campo, si está en el campo echa en falta Roma), servil con quien le invita, glotón,  borracho, dormilón, perezoso, esclavo de mujeres casadas de manera ilícita, esclavo de muchos otros más,  etc. (En el fondo lo que nos está diciendo Horacio por boca de su esclavo es que el único hombre verdaderamente libre es el sabio y no el tonto, el inconstante o el que depende de mil caprichos, algunos peligrosos), Pues bien, después de esta  larga retahíla, el poeta no soporta más tanto atrevimiento y le dice airado:

    Horacio¿Dónde tengo una piedra?
    Davo:       ¿Para qué la necesitas?
    Horacio¿Dónde están las flechas?
    Davo:       Este hombre o está rabiando o haciendo versos.
    HoracioSi no te largas de aquí a toda prisa, tú servirás de  noveno trabajador en mi finca 
                     Sabina.

    (Trabajar en el campo -en la granja de Sabina- era bastante más duro que servir en la casa del señor)

    Horatius:  unde mihi lapidem?                             
    Davus:   quorsum est opus?                                 
    Horatius: unde sagitas?
    Davus  aut insanit homo aut versus facit  /     
    Horatius: ocius hinc te ni rapis, accedes opera agro nona Sabino     

    Bien, el significado en su contexto parece claro y en principio limitado a un solo suceso. Pero es necesario conocer que Horacio ha jugado con un detalle contextual de gran importancia, también para el futuro de la frase. En realidad está relacionando la “insania” del poeta con la opinión común en la Antigüedad de que los poetas son arrebatados por cierto “furor poeticus”, por la “inspiración divina”,  por cierta locura que los señala y aparta del común de los mortales.

    El mismo Horacio no está de acuerdo  en su Epistula ad Pisones 295-97  con  Demócrito, que  exigía a los poetas cierta locura, mientras Horacio exige el trabajo exigente del pulido y corrección:

    Porque Demócrito cree que el talento natural
    es más afortunado que la pobre técnica
    y excluye del Helicón a los poetas sanos
    (que no están locos).

    (Nota: el Helicón es un monte cercano al Parnaso dedicado al dios Apolo y a las Musas)

    Ingenium misera quia fortunatius arte
    Credit et excludit sanos Helicone poetas
    Democritus,…

    Recordemos asimismo cómo la palabra “carmen”  significa “poema, verso”, pero también “embrujo, canción, canto y encantamiento, profecía, predicción, embrujo, filtro mágico, fórmula religiosa, sentencia moral…”.

    Asimismo “poeta”, del griego  del gr. ποιητής,  “poietés”,  es el creador, autor, fabricante, hacedor, poeta (hacedor de versos) también es llamado  “vate“ del latín “vates”, adivino, profeta, poeta inspirado por los dioses (por cierto, el Vaticano es la colina de los “vaticinios” o profecías según una etimología que no todos admiten, seamos precisos, pero que parece plausible).

    Esta característica del poeta como individuo especial en la colectividad tocado por los dioses ha transcurrido por la Edad Media, Moderna (recordemos a Cervantes y su referencia a la poesía como “la gracia que no quiso darme el cielo”),  y Contemporánea y de alguna manera ha llegado a nuestros días.

    Al poeta se le sigue viendo  como un “loco”  o insanus, no peligroso (a veces lo es o puede serlo), por cierto,  sino como persona afortunada por los dioses o la madre naturaleza, capaz de penetrar en las cosas o de sentir la realidad con más intensidad que el común de los mortales.

    Quizás en algunos casos alguien cargue de mayor contenido peyorativo el adjetivo “insanus”, loco, arrebatado, llevado tal vez de la envidia de alguien que está mejor dotado para percibir y expresar sus sentimientos.

    No entiendo muy bien la absoluta generalización del sentido de la frase, que aplicada con exactitud descalificaría a la enorme mayoría de seres humanos, que desde luego ni hacen versos ni tienen capacidad alguna para hacerlos aunque quisieran.

    Tal vez podríamos admitir cierta generalización en el sentido de que es una auténtica locura para la humanidad reducir la vida de las personas a una exclusiva preocupación por las cuestiones económicas. Quienes así viven están locos, no están sanos, que es lo que significa en sí el término in-(preverbio negativo) sanus.

    La alternativa a este estado de alienación humana, desde luego, es la poesía, al menos un poco de poesía, en el sentido de percibir y disfrutar de una vida plena de sentimientos, matices y experiencias. En esta tarea es esencial la educación de las personas, la educación integral y no la educación para la competitividad.

    Pero este desde luego no era el sentido que Horacio dio a su famoso verso, aunque nos venga bien utilizarlo y nos agrade ampliar su sentido.
     

  • Androcles y el león agradecido

    Androcles y el león es un famoso relato que ha encandilado el interés de numerosas personas desde la Antigüedad a nuestros días

    Se trata de la historia, cuento popular probablemente en su origen, de un esclavo, Androcles,  que huido de su señor, se encuentra con un león en el desierto; el león no le ataca, como podríamos esperar. Cuando Androcles se le acerca, el león le muestra su pata y  observa que tiene una espina clavada que le impide andar y le ha dejado muy debilitado. Androcles le saca la espina de la pata y sigue su camino. Muchos años después se encuentran Androcles y el león en Roma, ahora en el anfiteatro al que el esclavo es arrojado para ser devorado por las fieras. Cuando el león sale a la arena, contra todo pronóstico, no sólo no devora a Androcles sino que se le acerca dócil; es el león al que Androcles extrajo la espina y lo salvó de una muerte segura; ahora agradecido le corresponde salvándole la vida, pues el pueblo, informado de la historia exige la salvación de Androcles y del león.

    El cuento, relato, historia,  que algunos convierten en fábula y sin ninguna necesidad atribuyen a Esopo como tantas otras fábulas, se ha repetido hasta la saciedad como ejemplo de la virtud del agradecimiento, contraria a la ingratitud. Fedro, desde luego, no lo incluyó entre las fábulas de su traducción latina de Esopo.

    La historia nos la cuenta por primera vez en un texto escrito que conservemos Aulo Gelio (vivió en el siglo II d.C.), en sus Noctes Atticae, V, 14.  Según Aulo Gelio, la historia la pone en boca de un tal Apión, que dice que él vió personalmente el suceso.

    Muy probablemente el suceso fue una invención del tal Apión, aunque inspirado por la realidad de las “venationes” o cacerías que los romanos celebraban en el anfiteatro entre otros espectáculos sangrientos.

    Es este tema de las venationes un asunto al que en algunas ocasiones algunos escritores han dedicado su atención. Marcial, por supuesto, hace numerosas referencias precisamente en su Libro de los espectáculos.  (Liber spectaculorum)

    Probablemente el tal Apión observó en unos juegos reales cómo un león salvó la vida a uno de sus cuidadores, tal como nos cuenta Séneca en De beneficiis, 2,19.

    Vimos en el anfiteatro a un león que protegió del ataque de las fieras a uno de los cuidadores que reconoció porque en otro tiempo había sido su dueño.

    Leonem in amphitheatro spectauimus, qui unum e bestiariis agnitum, quum quondam eius fuisset magister, protexit ab impetu bestiarum.

    Y en ello se inspiró, recogiendo un cuento tradicional que ya circulaba por el antiguo Egipto.

    Claudio Eliano (ca. 175-ca 235), orador y profesor romano que escribía en griego, recoge la historia de Androcles en su De Natura Animalium, 7, 48; daré sólo el comienzo de su texto, en su versión latina, prácticamente idéntico al que luego reproduciré de Aulo Gelio:

    Habiéndose fugado de casa de un senador romano un esclavo que se llamaba Androcles porque había cometido un grave crimen (desconozco en realidad cuál fue) y habiendo llegado a Africa…

    Cum a senatore Romano servus, cui nomen Androcles erat, aufugisset, quia facinus quodpiam nefarium (id vero quale fuerit ignoro) admisisset, et in Africam venisset,… (Versión latina del texto griego de De Natura Animalium Claudii Aeliani  a Friderico Jacobs editi apud Fridericum Fromannum, Jenae, MDCCCXXXII)

    Luego este tema de “el león agradecido” se repitió durante la Edad Media, por ejemplo, Ademar de Chabannes lo relata en el siglo XI; Chrétien de Troyes escribe la novela Yvain el caballero del león en la que el caballero ayuda a un león y luego el león, que permanece a su lado, es un ejemplo de honor y amistad.

    Y aparece también en leyendas de la  vida de algunos santos como san Gerásimo, San jerónimo que también extrajo una espina de la pata de un león al que así domesticó, etc.

    En los siglos XV, XVI, XVII Aulo Gelio tuvo un gran éxito en Europa. En 1484 William Caxton tradujo al inglés un códice latino en el que se encontraba la fábula «Of the lyon &of the pastour». Montaigne (1533-1592)  también cuenta en sus Ensayos la historia del león y el Esclavo.

    Un episodio muy similar cuenta Díaz de Guzman en sus crónicas referido a Isabel de Guevara (año de 1556), personaje femenino presente en la creación de Buenos Aires.  Isabel, desesperada por el hambre, salió del fuerte de Buenos Aires y se refugió en la cueva de una leona a la que ayudó a parir. La capturaron los indígenas y uno la hizo su esposa. Recuperada luego por los españoles, la condenaron a ser atada a un árbol y servir de comida a las fieras como escarmiento, pero la leona la protegió y los soldados la perdonaron.

    Incluso un reflejo del episodio podríamos apreciar en el Capítulo XVII de la Segunda parte del Quijote, en la aventura de los leones, a los que les abrieron la jaula pero no atacaron.

    Más evidentemente  Francisco de Quevedo en su obra   “Virtud militante (contra  las cuatro pestes del mundo: envidia, ingratitud, soberbia y avaricia”, para criticar la ingratitud  recurre al tópico medieval del  león eternamente agradecido por haber sido liberado de una espina, a la fábula de Androcles y el león, atribuida como decía a Esopo. Dice Quevedo:

    Fierísimo es el león, y el sacarle una espina de un pie pagó liberalísimo
    con dar la vida al que se la sacó.

    Modernamente es famosa una obra de teatro de Bernard Shaw titulada precisamente así, Androcles y el león,  en la que el autor inglés en realidad trata de manera peculiar y humorística sobre los orígenes del cristianismo y las persecuciones de los cristianos, todo ello con poco rigor histórico. En su comedia Androcles es un cristiano conducido al Coliseo.

    En el año 1952 se hizo una famosa película en EEUU precisamente basada en la obra de Bernard Show, dirigida por Chester Erskin.

    Aulo Gelio y sus Noctes Atticae, miscelánea de infinitos temas intranscendentes y fútiles, ha generado gran atractivo entre numerosos escritores contemporáneos, como el poeta argentino Arturo Capdevilla (1889-1967) que tiene un famoso poema titulado precisamente “Aulo Gelio”, Borges, Cortázar o Bioy Casares.

    Curiosamente, el escritor siciliano de una peculiar novela policiaca ambientada en la isla, Andrea Camilleri, ambienta un episodio de su héroe Montalbano en esta historia de Androcles y el León en un episodio que titula “Lo que contó Aulo Gelio” en su libro “Un mes con Montalbano” como homenaje a Vázquez Montalbán.

    Yo mismo leí la historia de niño probablemente en algún libros de historias edificantes; naturalmente Androcles era un cristiano arrojado a las fieras.

    Aunque el relato de Gelio, Noctes Atticae, V,14 es un tanto largo, lo transcribo entero para que el lector tenga un conocimiento directo de la fuente:


    Historia que refiere el sabio Apión, llamado Plistonices, acerca del reconocimiento en Roma entre un león y un esclavo con quien la fiera había vivido en otro tiempo.

    Apión, llamado Plistonices, era escritor muy erudito y notable, especialmente por la extensión y variedad de sus conocimientos acerca de la antigüedad griega. Adquirió mucha reputación por un compendio en que refiere todo lo maravilloso que ofrece el Egipto en sus monumentos o en las tradiciones de sus habitantes. En los pasajes de esta obra en que refiere lo que ha leído u oído decir, tal vez se le puede censurar que se deja llevar de la facundia y exageración por el deseo de producir efecto, porque este autor gusta mucho de ostentar su ciencia. Pero lo que quiero citar de él es lo que dice en el libro quinto de su compendio sobre Egipto, y que no es de lo que ha leído u oído, sino que asegura haberlo presenciado él mismo en Roma.

    «Un día – dice – había llevado al pueblo romano al circo el espectáculo de una cacería en que habían de combatirse considerable número de animales. Encontrándome en Roma a la sazón, quise presenciarla, y vi soltar en la arena gran número de animales salvajes de fuerza y dimensiones prodigiosas y extraordinaria ferocidad. Admirábase especialmente una manada de leones enormes, entre los que descollaba uno, cuya monstruosa corpulencia, rápidos saltos, terribles rugidos, abultada musculatura y flotantes melenas, asombraban a los espectadores y atraían todas las miradas. Introdújose a los desgraciados que habían de pelear con las fieras, encontrándose entre ellos un esclavo llamado Androclo, que había estado al servicio del procónsul. En cuanto el león vió a aquel hombre, paróse, como asombrado por su presencia, dirigióse en seguida dulcemente a él, y se le acercó poco a poco, mirándole como si le conociese.  Llegado junto a él, se frota con su cuerpo, agitando la cola con aspecto sumiso y cariñoso, como perro que acaricia a su amo, y lame los pies y las manos del desgraciado, a quien el terror había privado de sentimiento. Pero viéndose Androclo acariciado por el terrible animal, cobra ánimos, abre los ojos,  y se atreve, al fin, a mirar al león. Entonces, como si los dos se reconocieran, fué de ver al hombre y al  león mostrarse recíprocamente profundo regocijo. Ante tan extraño y conmovedor espectáculo, dice el escritor, todo el público rompió en aplausos; y habiendo mandado el César que le llevasen en seguida a Androclo, le preguntó en qué consistía que aquella fiera le había perdonado a él solo. El esclavo refirió entonces la aventura más extraña y maravillosa. «Era yo .:.– dijo – esclavo del procónsul que gobernaba la provincia de Africa; los golpes y malos tratamientos que me prodigaba diariamente, sin razón alguna, me obligaron a huir, y para escapar más fácilmente a las persecuciones de mi amo, a quien obedecía toda la comarca, busqué refugio inaccesible entre las arenas y los desiertos, decidido a darme la muerte de cualquier manera si llegaba a carecer de alimento. Caminaba bajo los abrasadores rayos del sol de Mediodía, cuando encontré en mi camino una caverna aislada y  profunda, en la que entré y me oculté. Apenas había entrado, cuando vi un león que tomaba el mismo camino. El animal tenía una pata ensangrentada y andaba con dificultad, quejándose y gimiendo como si padeciese violentos dolores. Aterróme al pronto su presencia; pero en cuanto entró el león en la caverna, que, como vi en el acto, era su ordinaria guarida, y me vió ocultándome en el fondo, acercóse con aspecto,", dulce y sumiso, levantó la pata, presentándomela, y parecía que me demandaba socorro. Cogíla con la mano, le arranqué una espina muy gruesa que se había clavado, apreté para que saliese la carne corrompida, y cada vez más tranquilo, atendiendo cuidadosamente a la operación, conseguí purificar y secar por completo la herida. Entonces el león, al que había aliviado y librado de sus sufrimientos, se acostó y se durmió, dejándome la pata entre las manos. Desde aquel día vivimos juntos, habitando durante tres años la misma caverna y compartiendo los mismos alimentos. Cuando regresaba de sus cacerías, traíame los mejores trozos de las presas que había cogido, y como carecía de fuego, los asaba yo al sol a la hora de mediodía. Sin embargo, habiéndome cansado de aquel género de vida, un día, mientras el león estaba cazando, me alejé de la caverna. Después de tres días de marcha, encontróme un grupo de soldados, que se apoderaron de mí; traído a Roma, comparecí ante mi amo, que en el acto dictó mi sentencia de muerte, condenándome a ser entregado a las fieras. Veo que el león fué cogido también después de nuestra separación, y ahora, alegre al encontrar a su bienhechor, me muestra su agradecimiento.» Tal fué, según Apión, el relato de Androclo. En seguida se escribió su aventura en una tablilla, que se hizo circular entre los espectadores, concediéndose perdón al esclavo, a petición de todos, y además quiso el pueblo que se le regalase el león. Más adelante le vi, dice el autor, teniendo atado al león con una endeble correa, paseando por todas las calles de la ciudad; dábanle dinero, arrojaban flores al león, y por todas partes exclamaban: «Ved al león que dió hospitalidad a un hombre; ved al hombre que curó al león».  (Traducción de Francisco Navarro y Calvo)

    Quod Apion, doctus homo, qui Plistonices appellatus est, vidisse se Romae scripsit recognitionem inter sese mutuam ex vetere notitia hominis et leonis …

    APION, qui Plistonices appellatus est, litteris homo multis praeditus rerumque Graecarum plurima atque varia scientia fuit. Eius libri non incelebres feruntur, quibus omnium ferme quae mirifica in Aegypto visuntur audiunturque historia comprehenditur. Sed in his quae vel audisse vel legisse sese dicit, fortassean vitio studioque ostentationis sit loquacior—est enim sane quam in praedicandis doctrinis sui venditator—hoc autem,  quod in libro Aegyptiacorum quinto scripsit, neque audisse neque legisse, sed ipsum sese in urbe Roma vidisse oculis suis confirmat.
    “In Circo Maximo,” inquit, “venationis amplissimae pugna populo dabatur. Eius rei, Romae cum forte essem, spectator,” inquit, “fui. Multae ibi saevientes ferae, magnitudines bestiarum excellentes omniumque invisitata aut forma erat aut ferocia. Sed praeter alia omnia leonum,” inquit, “  immanitas admirationi fuit praeterque omnis ceteros unus.  Is unus leo corporis impetu et vastitudine terrificoque fremitu et sonoro, toris comisque cervicum fluctuantibus, animos oculosque omnium in sese converterat. Introductus erat inter compluris ceteros ad pugnam bestiarum datos servus viri consularis; ei servo Androclus nomen fuit. Hunc ille leo ubi vidit procul, repente,” inquit, “quasi admirans stetit ac deinde sensim atque placide, tamquam noscitabundus, ad hominem accedit. tum caudam more atque ritu adulantium canum clementer et blande movet hominisque se corpori adiungit cruraque eius et manus, prope iam exanimati metu, lingua leniter demulcet. Homo Androclus inter illa tam atrocis ferae blandimenta amissum animum recuperat, paulatim oculos ad contuendum leonem refert. Tum quasi mutua recognitione facta laetos,” inquit, “et gratulabundos videres hominem et leonem.”
    Ea re prorsus tam admirabili maximos populi clamores excitatos dicit, accersitumque a C. Caesare Androclum quaesitamque causam cur illi atrocissimus leo uni parsisset. Ibi Androclus rem mirificam narrat atque admirandam. “Cum provinciam,” inquit, “Africam proconsulari imperio meus dominus obtineret, ego ibi iniquis eius et cotidianis verberibus ad fugam sum coactus et, ut mihi a domino, terrae illius praeside, tutiores latebrae forent, in camporum et arenarum solitudines concessi ac, si defuisset cibus, consilium fuit mortem aliquo pacto quaerere. Tum sole medio,” inquit, “rabido et flagranti specum quandam nanctus remotam latebrosamque, in eam me penetro et recondo. Neque multo post ad eandem specum venit hic leo, debili uno et cruento pede, gemitus edens et murmura, dolorem cruciatumque vulneris commiserantia.” Atque illic primo quidem conspectu advenientis leonis territum sibi et pavefactum animum dixit. “Sed postquam introgressus,” inquit, “leo, uti re ipsa apparuit, in habitaculum illud suum, videt me procul delitescentem, mitis et mansues accessit et sublatum pedem ostendere mihi et porgere quasi opis petendae gratia visus est. Ibi,” inquit, “ego stirpem ingentem, vestigio pedis eius haerentem, revelli conceptamque saniem volnere intimo expressi accuratiusque sine magna iam formidine siccavi penitus atque detersi cruorem. Illa tunc mea opera et medella levatus, pede in manibus meis posito, recubuit et quievit atque ex eo  die triennium totum ego et leo in eadem specu eodemque et victu viximus.  Nam, quas venabatur feras, membra opimiora ad specum mihi subgerebat, quae ego, ignis copiam non habens, meridiano sole torrens edebam. Sed ubi me,” inquit, “vitae illius ”  ferinae iam pertaesum est, leone in venatum profecto, reliqui specum et viam ferme tridui permensus a militibus visus adprehensusque sum et ad dominum ex Africa Romam deductus. Is me statim rei capitalis damnandum dandumque ad bestias curavit.  Intellego autem,” inquit, “hunc quoque leonem, me tunc separato captum, gratiam mihi nunc beneficii et medicinae referre.”
    Haec Apion dixisse Androclum tradit, eaque omnia scripta circumlataque tabula populo declarata, atque ideo cunctis petentibus dimissum Androclum et poena solutum leonemque ei suffragiis populi donatum. “Postea,” inquit, “videbamus Androclum et leonem, loro tenui revinctum, urbe tota circum tabernas ire, donari aere Androclum, floribus spargi leonem, omnes ubique obvios dicere: ' Hic est leo hospes hominis, hic est homo medicus leonis.'”

  • El buey como patrón monetario

    En algún momento de la evolución de los homínidos debió surgir el intercambio de productos o trueque. Este sistema tan simple y directo puede servir incluso hoy en día para operaciones excepcionales, pero desde luego resultaría muy engorroso para el desarrollo de una economía con amplios intercambios comerciales. Era necesario encontrar un sistema de valoración en función de un patrón o unidad. Es decir, era necesario inventar el dinero y la moneda y esto ocurrió en la Edad del Bronce, en el II milenio a.C.

    Entre pueblos ganaderos, como los indoeuropeos griegos o latinos, el primer patrón o unidad de trueque fue sin duda el ganado, el buey, que era también el animal valioso como ofrenda para los sacrificios y quizás por ello se convirtió en referencia para el intercambio. Así ocurría entre los griegos de la época heroica, como refleja Homero en Iliada, VI, 234-236:

                    Entonces Zeus Crónida hizo perder el juicio a Glauco,
                     que con el Tidida Diomedes intercambió las armas,
                    oro por bronce, unas que valían cien bueyes por otras de nueve.

                   ἔνθ᾽ αὖτε Γλαύκωι Κρονίδης φρένας ἐξέλετο Ζεύς,
                   ὃς πρὸς Τυδεΐδην Διομήδεα τεύχε᾽ ἄμειβε
                   χρύσεα χαλκείων, ἑκατόμβοι᾽ ἐννεαβοίων.

    Lo recoge Plinio en Historia Natural, 33, (3) 7

    Dice (Homero) que unos compraron algunas cosas con las pieles de los
    bueyes y otros con hierro y con los cautivos; por esto, aunque el mismo
    era  ya un admirador del oro, hizo la valoración de las cosas en ganado,
    de tal manera que dice que Glauco cambió sus armas de oro de 100 bueyes
    por las armas de Diomedes de nueve bueyes. Consta que de acuerdo
    con esta práctica  en Roma las multas de las leyes antiguas también
    se pagaban  con ganado.

    alios coriis boum, alios ferro captivisque res emptitasse tradit. quare, quamquam ipse iam mirator auri, pecore aestimationes rerum ita fecit, ut C boum arma aurea permutasse Glaucum diceret cum Diomedis armis VIIII boum. ex qua consuetudine multa legum antiquarum pecore constat etiam Romae.

    O en Iliada,XXIII, 705

     El Pelida al momento depositó el tercer grupo de premios
    para la ruda lucha, tras haberlos exhibido ante los dánaos:
    para el vencedor un gran trípode para poner al fuego,
    que en el precio de doce bueyes valoraban los aqueos entre sí:
    y para el vencido puso en el centro una mujer
    diestra en muchas labores, a quien tasaban en cuatro bueyes.

                          

                                 Πηλεΐδης δ᾽ αἶψ᾽ ἄλλα κατὰ τρίτα θῆκεν ἄεθλα
                                 δεικνύμενος Δαναοῖσι παλαισμοσύνης ἀλεγεινῆς,
                                τῶι μὲν νικήσαντι μέγαν τρίποδ᾽ ἐμπυριβήτην,
                                τὸν δὲ δυωδεκάβοιον ἐνὶ σφίσι τῖον Ἀχαιοί·
                                ἀνδρὶ δὲ νικηθέντι γυναῖκ᾽ ἐς μέσσον ἔθηκε,
                                 πολλὰ δ᾽ ἐπίστατο ἔργα, τίον δέ ἑ τεσσαράβοιον.

    (Todavía hoy en algunos pueblos de Oriente y de Africa el precio de la novia se establece en cabezas de ganado, sean vacas, camellos o cualquier otro…)

    La moneda de cambio, tal como hoy la usamos, apareció probablemente en Lidia o en la Grecia asiática en el siglo VII a.C.

    Entre los latinos las reminiscencias de su relación con el ganado  son evidentes. La palabra “pecus, -oris”  significa ganado, rebaño; de pecus deriva pecunia que en principio significa riqueza, fortuna, porque según Festo entonces en el ganado consistía la riqueza; significa  también moneda, dinero sin que sea necesaria explicación ulterior. 

    Curiosamente las primeras monedas en cobre o metal, notable avance en ese momento, eran simples lingotes de metal muy pesados (el de la ilustración medía 24 x 18 cm), a veces con la forma  de una piel de buey , llamados “aes rude  = as bruto, sin acuñar” y luego, tal vez en el siglo V a.C.  acuñado con la figura impresa de un buey o toro (aes signatum). A veces aparece impresa la figura de un carnero o de un cerdo.

    Más tarde  fueron muy frecuentes las monedas en cuyo reverso seguía apareciendo  la figura del buey o toro.

    De pecunia deriva pecuniario, del latín pecuniarius y que significa “perteneciente o relativo al dinero efectivo” según la Real Academia Española.

    Deriva también peculio, de  peculium, que significa, también según la RAE, “Hacienda o caudal que el padre o señor permitía al hijo o siervo para su uso y comercio y luego por extensión  dinero que particularmente tiene cada uno, sea o no hijo de familia”. Su origen está naturalmente en la parte del rebaño que el señor permitía que el esclavo o cuidador del ganado cogiese para su sustento.

    Capital deriva de capitalis y este de caput, capitis, cabeza, que en este contexto económico se refiere, naturalmente, a cabeza de ganado; así que acumular capital quiere decir acumular cabezas de ganado, es decir, dinero.

    capitalis” en latín clásico hace referencia también a las penas o crímenes mortales; con sentido económico encontramos el término latino clásico capitarium, que hace referencia a lo principal de una deuda, de una renta.

    De la palabra  capitalis deriva también caudal  (antes cabdal) que significa, entre otras cosas, “Hacienda, bienes de cualquier especie, y más comúnmente dinero” según el diccionario de la RAE .  Así se usa en la expresión “caja de caudales”.

    La palabra moneda tiene un curioso origen. En la Roma republicana se acuñaba el dinero en una dependencia junto al templo de Juno Moneta. Moneta era uno de los múltiples determinativos  con los que se referían a la diosa Juno, la Hera de los griegos. Moneta significa “la avisadora, la protectora, la que nos cuida, la que nos advierte, la que nos aconseja”.

    El término dinero deriva de denarius,(derivado del  también latin “deni” que significa diez) moneda romana de plata, imitación de las monedas griegas, que se comenzó a acuñar hacia el 269 a.C.  que equivalía a diez monedas de bronce llamadas as, . 

    De “denarius” deriva “dinar”, nombre de la unidad monetaria en numerosos países árabes.

    Al estudio y arte de coleccionar monedas se le llama numismática, palabra que deriva de la latina numisma o nomisma , transcripción latina de  la griega νόμισμα, que significa precisamente “moneda”, relacionada con  νόμος   que significa uso, costumbre, ley.
    Relacionado con este mundillo de la moneda está la palabra ceca, lugar, institución, taller en el que se acuñan las monedas, procede del árabe “dar al-sikka”  ( casa de moneda). 
    En otra ocasión  comentaremos los sistemas monetarios romano y griego.

  • Beati hispani quibus vivere est bibere. Lucky the Spaniards, for whom living is drinking

    «Lucky the Spaniards, for whom living is drinking» – A reference to the Spanish pronunciation of the Latin, in which «v» (“vivere”) was pronounced as «b» (“bibere”).

    This is a funny Latin saying that has had remarkable success. It bases its strength or comical "vis" in the fact that the words "vivere" and "bibere" sound exactly the same because in the Spanish pronunciation of the Latin there is no different sound for [b] and [v].

    You have to know that in classical Latin the "v" sounded like "u", that is, as the English / w /, and the "b" sometimes as plosive labial / b / and others as fricative voiced bilabial / v /, for which at that time the indicated confusion was impossible to happen.

    Related to this, although different, is the phonetic evolution by which, on one hand, the   / b / (plosive voiced labial) became fricative in intervocalic position and, on the other hand, the semivowel / w / (that was the sound of the V or u) also becomes fricative.

    These phonetic changes took place as early as the first century AD. This coincidence of / b / and / v / is called “betacismus” and it is common in the language of Oc (French Occitan), in Castilian, Basque, largely Catalan and Galician and Northern Portuguese; and it also happened in former Greek.

    As a result of all this the orthographic confusion on the use of "b" and "v" has been very common since Antiquity, being specially accentuated since the Visigoth Hispania times and throughout the Middle Age, but then the etymology set the current writing.

    So in Visigoth manuscripts is usual the graphic confusion between “vivere” and “bibere”. In the Emilian Glosses, considered the oldest document in Castilian or Spanish (because it does not seem to deserve this title the oldest texts of “Valpuesta” Monastery, in Alaba, in the Basque Country) we read (“sanos et salbos”) ("healthy and saved") (from Latin salvus) or alquandas beces (in Spanish algunas veces) (from Latin vicis= shifts, times, sometimes) or salbatore and serbitjio in the famous gloss number 89. We could cite Berceo or Verceo and his "plain language"="En qual suele el pueblo fablar a su becino” /en el cual suele el pueblo hablar a su vecino/ (“in which people vse to talk to their neighbours”) and many other documents.

    In modern times the “betacismus” is one of the main features of the Castilian and Gascon or Basque, although the etymology has established the original orthography, as we said.

    On the success of the expression or saying we´re talking about we must also take into account the idea, moreover, unscientific, that Spaniards (Spanish people) drink a lot or that many of them are drinkers who drink more than other nearby people. It is not uncommon to read or hear news where, with a critical but well-meaning point of view or with an idiot satisfaction of believing as if we are setting a record somehow, it is stated that Spain is the EU country in which there are more pubs.

    This expression (beati hispani quibus vivere est bibere), as it has been transcribed, is anonymous or at least the father of this saying hasn´t been found.

    The phrase, as it has been transcribed, is anonymous or at least has not been noted its father,  but its meaning or relate acuity involving relationship of to live with to drink wine is very old. Serve as evidence the fact that Atenaeus, Greek grammarian, rhetorician and erudite , who lived in the second century of Christ, under the emperor Marcus Aurelius, in his book " The Deipnosophistae, or Banquet of the learned,  22F" quotes a passage from playwright Antiphanes , who lived between 408 and 334 BC, which reads:

    To live, tell me,
    What is it? I say it is to drink.

    Τὸ δὲ ζῆν, εἰπέ μοι,
    τί ἐστι; τὸ πίνειν φήμ´ ἐγώ.

    There have been some people who (without any evidence) have attributed the poet Martial (Marcus Valerius Martialis) (40-104), who was born in Bilbilis, near the current Calatayud, in the province of Zaragoza, the following couplet:
        
    Haud temere  antiquas mutat Vasconia voces
    Cui nihil est  aliud vivere quam bibere

    Without fear the Basque Country changes the old voices
    for whom there´s no difference between vivere
    (living) and bibere (drinking)

    The Hispanic origin of the Latin poet seemed, therefore, enough to attribute him a verse which is neither his nor seems suitable with the satirical intentions of this author. Otherwise, this would not be reason enough, because also the Lusitanian (Portuguese) people suit it to their homeland and say about themselves:

    beati  Lusitani quibus vivere est bibere.
    or
    beati sunt Lusitani apud quos vivere est bibere

    Lucky  are the Portuguese for whom vivere (to live) is bibere (to drink)

    And something similar is said about the Gascons, or Basques, from both sides of the Pyrenees, who refers the impulsive Julius Caesar Scaliger to and in whose reference is surely the closest source of the happy expression, as we will see later.

    The fact that the Latin, although it was written the same everywhere, it wasn´t spoken the same in northern Africa, in Hispania, in Asia or in Germania is well attested since ancient times, but we have no evidence that the identity of sound between b and v in Hispania and in the south of France was so old. The sentence or expression “beati hispani quibus vivere est bibere” seems to reflect, then, the medieval and Renaissance pronunciation.

    Anyway, puns between "vivere" and "bibere" were already made since Antiquity, but this does not mean they were pronounced the same. An example is what Flavius  Vopiscus (one of the historians of the Augusta History, in the third century) says about Gallus Quintus Bonosus, who proclaimed himself emperor in 281 and was born in Hispania curiously, although his father was from Britain and his mother from Gaul,

    Bonosus was born in Hispania (he was of Hispanic house), Briton source and
    Gaul mother, as he said, son of a professor of rhetoric… he was general
    of the Rhaetian borderline, and he drank more than any other man. Aurelian used to say about him: he was not born to live, but to drink.

    “Bonosus domo Hispaniensi fuit, origine Britannus, Galla tamen matre, ut 
    ipse dicebat, rhetoris filius, … dux limitis  Raetici fuit, bibit quantum  
    hominum  nemo.  de hoc Aurelianus saepe dicebat, "Non ut vivat natus est, 
    sed ut bibat
    ,"   (Historiae Augustae, Flavius Vopiscus, Firmus Saturninus 
    Proculus et  Bonosus,  14, 1… y 3..)

    Moreover, and regardless of phonetic issues, there is also some semantic relatedness between the "life" and the "wine",  invigorating drink of the same colour that the blood which gives us life, which could make it easier the pun. Notice that it´s not strange to this the use of wine in religious rites since the most ancient times.

    But since when there is confusion in the sounds so that the sound "v" [w] is confused with the sound [b]? In the Iberian Peninsula, amomg the Gascons or Basques, the phenomena seems to soar at least to the Carolingian period. 

    Of the difficulties that the diverse pronunciation of the Latin throughout the Roman Empire generated, and not just by the Hispanic confusion we're dealing with, (on another occasion we´ll discuss this issue) we can have an idea by the fact that the great humanist Erasmus of Rotterdam (1466-1536) devoted a treatise to this issue in 1528, the treatise of “De Recta latini graecique sermonis pronuntiatione”(About the right Latin skill to pronounce speeches) in which he says what follows with regard to this matter:

    «Hic peccant et eruditi, vulgus autem, et qui vulgatam pronuntiationem non dedidicerunt, interdum pro b pronuntiant v consonans, et contra, ut vivit pro bibit, et bibit pro vivit. Id peculiare dicitur cuidam Hispaniarum regioni» .

    Here make mistakes scholars too and not only the vulgar people, who also did not scorn the vulgar pronunciation and pronounce as "b" the consonant "v" and, conversely, when they say-"vivit" instead of "bibit" and "bibit "instead of" vivit". This peculiarity is given in a certain region of Spain

    Felix natio, ubi est vivere bibere: this is attributed to Erasmus, but I have to check.

    It is possibly Scaliger (1484-1558), an impulsive natural classical scholar from Rocca di Riva, at Lake Garda (Italy), faced with Erasmus, whom despised as Latin scholar, who lived in France, (he lived and died in Gascony) who is the father of the expression we´re dealing with "Beati hispani quibus vivere est bibere".

    This humanistic was called Giulio Cesare Scaligero or della Scala in Italian; in Latin, Julius Caesar Scaliger; Julio César Escalígero in Spanish; in France he called himself Jules Cesar de l'Escale of Bordonis.

    This saying, as such, is not among the works of Scaliger, but he personally refers to his own burlesque consideration on the indifference with which the Gascons pronounce the "b" and the "v". He says in his work “De causis linguae latinae libri XIII "(Lyon, 1540; Geneva, 1580, reprinted in 1597), Chapter X, entitled Consonantium potestates: (p. 17 in the edition of 1540 and pages 21-22 in the edition of 1597):

    This is also a usual bad habit of the Basques, because they pronounce the "B"
    just as we say that the Greeks do. And so we made a joke about them (the Basques) in an epigram stating that for them vivere
    (living) is bibere (drinking).

    Vasconibus quoque hoc est vitium peculiare, ut eo modo pronuncient  B quo et
    Graecos dicimus. Itaque lusimus in eos (Vascones) epigrammate ut eorum
    vivere bibere sit

    This epigram, which Scaliger himself refers to, is the same which was attributed to Marcial, but with little changes: non by haud, mutas by mutat

    Non temere antiquas mutas, Vasconia, voces,
    Cui nihil est aliud vivere quam bibere

    And indeed, in his important study of poetry “Poetices Libri Septem "(Geneva, 1561; Leyden, 1581; Heidelberg, 1607), we find the following couplet…

    Non temere antiquas mutat Vasconia voces
    Cui nihil est aliud vivere quam bibere

    It is in the Book III, p.170 Apud Ioannem Crispinum Edition of 1561 and on page 432 of the second edition, Apud Petrum Santandreanum, 1581.

    Indirectly he refers to the phonetic confusion we have already mentioned before, but not explicitly, because what he says exactly is:

    Verum ut res aliae ex aliis suboriuntur, hilariora fiunt omnia ubi litterae 
    syllabaeve mutantur, quemadmodum nos…

    Now, as some things have their origin in others, all are made
    funny if you change the letters or syllables as-I did-…  

    and then comes the couplet quoted.

    So it is not itself in the work of Scaliger the exact sentence "Beati hispani..." or "Beati populi…”. Most likely a disciple, colleague or reader of Scaliger, later created from his couplet the general expression:

    Beati populi quibus vivere est bibere"

    or the more specific one and limited to Hispania

    "Beati Hispani quibus vivere est bibere"

    then repeated endlessly and attributed without any evidence to that Julius Caesar Scaliger. But anyway it is attributed to him frequently. Thus in the “Menagiana”, Gilles Menage (1613-1692). In it we find a reference to certain “Recueil des poesies” by Scligere. Fifty or sixty years later the abbot Moreri in his great Dictionnaire historique, Volume V, Paris 1759, in the article on Gascogne says:

    "Les habitants prononcent l'V (sic) comme le B, et le B comme l'V, et c'est par cette raison that Scaliger, parlant des Gascons, a dit plaisamment "Felices populi quibus bibere est  vivere".

    And Abbot Pierre Adam d'Origny, in his Dictionnaire des origines, Article Gascogne, presents the expression or saying under its brief version which is more usual (Paris 1777,

    "L'habitude qu'il (ancient Basques) avaient apporté d'Espagne de confondre V et le B a fait dire a Scaliger: Felices populi quibus bibere est vivere").

    Even Victor Hugo, taking his stay in Behobia says:

    "… I am in the country where people pronounce B instead of V; to
    what the drunkard Scaliger made jokes: Felices populi- he exclaimed-
    quibus vivere est bibere”.

    There are also many quotes of the sentence in which its paternity is attributed to Julius Caesar, as is, the famous Gaius Julius Caesar in an absolutely unjustified way. It wouldn´t have been a bad parenting nor one of little authority, but I´m afraid that such a big mistake  is only due  to the childish confusion of the humanist Julius Caesar Scaliger with the dictator Julius Caesar, Roman Empire origin, who are separated only by sixteen centuries.

    Otherwise there are numerous versions of this sentence, which basically say the same thing:

    Beati Hispani quibus vivere est bibere
    Beati Hispani quibus vivere bibere est               
    Beati Hispani quibus bibere vivere est          
    Beati Hispani, dum bibere dicunt vivere  
    Or beati hispani, dum vivere dicunt bibere 

    There are also many variants or versions replacing "beati" with "felices". Thus:

    Felix natio, ubi vivere est bibere”, (which some attribute to Erasmus, that probably comes from a sentence of Lipsius that we will discuss little below)

    Or “felix Iberia, ubi vivere bibere est” (that is the concretion to Spain of the Latin sentence above)
    "Faelices populi quibus vivere bibere est" (sentence that Manuel de Larramendi (1690-1766), priest and pioneer of Basque nationalism, attributed to Scaliger in his trilingual Dictionary of Castilian, Basque and Latin, 1745).

    The only reference or quote in reverse, defending the sobriety of the Spanish people, belongs to another humanist Justus Lipsius (1547-1606), also concerned about the pronunciation of the Latin, who in his work Dialogi de recta pronuntiatione Latinae Lingvae, Caput XII, (on the page. 35, 1599 Edition, Antverpiae, Ex officina Plantiniana, Apud Ioannem Moretum) refers to the confusion of "b" and "v" and says:

    To the Hispanics and also to the Basques, who soften and distort   to the V digamma, sober men who do not like Bibere (Drinking) but Vivere (Living)

    «Et Hispanos itemque Vascones, qui emolliunt et ad V digamma 
      Torquent,  homines sobrii et quibus non placet Bibere sed Vivere
    »

    In no way should we reject easily that it is precisely Justus Lipsius (1547-1606) and not Scaliger who is at the origin of the sentence or saying that is the reason for this article and which it´s based on. He was born in Brabant, in the Spanish Netherlands, and therefore it doesn´t seem baseless or idle to us to claim his role in the matter.

    Of the success of the joke, having its origin in Lipsius, Scaliger or coming from the ancient times and having it been adapted by each location to their reality, as seems more likely, also gives us an idea the following quote from Don Quixote, Part Two, Chapter . XIIII, 27 (a possible translation into English could be, more or less, the next one):

    But even if they fill with silk cocoons, know, sir, that I am not going to fight: leave it to our masters, they will see, but meanwhile let´s we drink, and live instead, cause the time itself is careful enough to take away our lives, so we don´t need to walk looking for other reasons to help it so that they finish before the time they reach their end and fall as they become mature.

    In summary, the conceptual connection between living and drinking is very old, the connection between the Latin terms "vivere" and "bibere" so is, the phrase "beati hispani quibus vivere est  bibere" is creation of Renaissance Humanism.

  • ¿Qué es un epigrama?

    La palabra epigrama procede de la latina epigramma, y esta de la griega ἐπίγραμμα (de ἐπί = sobre y γραμμα =, escritura, letra), que significa “inscripción”. Su etimología hace referencia a las inscripciones sepulcrales o votivas en piedra u otro material, naturalmente breves.

    Luego este tipo de poemas fue tratando otros asuntos y designó a un poema corto, generalmente de tema erótico-amoroso, una especie de grabación ficticia. En el siglo I d.C. la temática es muy variada,  sobre todo satírica y de crítica social.

    En este tipo de poesía  sobresale el poeta hispano de Biblbilis (junto a la actual Calatayud) Marco Valerio Marcial (40-104). Escribió más de 1.500 epigramas, la mayoría en dísticos elegiacos (del gr. δί-, dos y στιχον, surco, verso), estrofa , pues, de dos versos, un hexámetro y un pentámetro.

    Son muy conocidos los de temática  erótica, a veces obscenos, pero en realidad trató todos los temas y aspectos de la vida y costumbres de la sociedad romana, siendo su obra un documento de gran valor para conocer diversos aspectos de la sociedad y cultura de la Roma del siglo I.

    Digamos que sus temas pueden ser dulces como la miel (mel); satíricos y amargos como la hiel (fel), ácidos como el vinagre (acetum), graciosos e ingeniosos como la sal (sal). Son estas comparaciones que desde la Antigüedad se vienen utilizando para definir estos poemitas y su temática.

    Así pues, el epigrama es un poemita que ha de tener como  características, señaladas ya por los propios poetas antiguos como el propio Marcial,  brevedad, suavidad y dulzura, agudeza, ingeniosidad e ingenio, burla, acidez  y mordacidad


    El mismo Marcial nos lo explica  en  Lib. 7, 25:

    Si siempre escribes sólo epigramas dulzones
    y  más blancos que la piel blanqueada con albayalde,
    si no hay en ellos ni una pizca de sal ni una gota de amarga hiel,
    loco, ¿quieres encima que alguien los lea?
    Ni nos agrada comer un alimento sin algo de vinagre,
    ni es agradable un rostro al que le falta un risueño hoyuelo.
    Dale al niño manzanas enmeladas e insípidos higos,
    a mí dáme  higos de Chios, que saben picantes
    ”.

    Dulcia cum tantum scribas  epigrammata semper
    et cerussata candidiora cute,
    nullaque mica salis nec amari fellis in illis
    gutta sit, o demens, vis tamen illa legi!
    Nec cibus ipse iuvat morsu fraudatus aceti,
    Nec grata est facies, cui gelasinus abest.
    Infanti melimela dato fatuasque mariscas:
    nam mihi, quae novit pungere, Chia sapit
    ."

    Pues bien, Juan de Iriarte y Cisneros (Tenerife 1702- Madrid 1771) fue un importante latinista, helenista, bibliógrafo y poeta con una ingente obra. Su género preferido fue el epigrama y tradujo muchos de los de Marcial en verso, así como de otros autores modernos. El mismo escribió numerosos epigramas en latín y teorizó sobre las características de estos poemas.

    Este importante personaje define perfectamente lo que es un epigrama en un conocido poemita,  epigrama también, naturalmente:

    A la Abeja semejante,
    Para que cause placer,
    El Epigrama ha de ser:
    Pequeño, dulce y punzante.

    Estas comparaciones para definir al epigrama ya se utilizaban en tiempos de Marcial. Este epigrama, en el que define las características esenciales de este género literario (pequeño, dulce y punzante) es muy conocido por el público lector; más conocido por los lectores de alguna edad que por los más jóvenes de la actualidad, que apenas si memorizan algún texto literario.

    Lo que pocos conocen, antes como ahora, es su versión latina del propio autor (Iriarte), el  número CCLXVI , que titula   Epigrammatis dotes y que dice:

                                              Sese ostendat Apem, si vult Epigramma placere:
                                               Insit ei brevitas, mel, et acumen Apis.

    cuya traducción más literal es del tenor siguiente:

                 Si el epigrama quiere agradar, se ha de manifestar como una abeja;
                 En él ha de encerrarse brevedad, miel y el aguijón de la abeja.

    La misma definición hace Martínez de la Rosa (1787-1862), poeta, dramaturgo y político liberal, poco posterior, en su Poética, canto IV

    Mas el festivo ingenio deba sólo
    al sutil epigrama su agudeza:
    un leve pensamiento,
    una voz, un equívoco le basta
    para lucir su gracia y su viveza;
    y cual rápida abeja, vuela, hiere,
    clava el aguijón y al punto muere

    En realidad, son éstas  definiciones tradicionales, que exigen como “virtudes” (término más frecuente que el “dotes” utilizado por Iriarte) del epigrama, sobre todo brevedad y agudeza, a las que algunos añaden la suavidad o dulzura, que es lo característico de la miel.

    Pondremos unos pocos  ejemplos, extraídos del millar y medio que escribió Marcial, como muestra para que el lector se anime a realizar una lectura completa de su obra.

       Lib. VIII, 14

    Para que tus pálidos frutales de Cilicia no teman al invierno
    y un viento fuerte no muerda tus tiernos arbolillos,
    unas cristaleras, opuestas a los vientos invernales del sur,
    dejan pasar el sol límpido  y la luz pura.
    Y en cambio a mí me das una choza, con una ventana que ni  cierra por completo,
    en la que no querría estar ni el mismo Boreas
    .(1)
    ¡Y así, cruel, condenas a vivir a un viejo amigo!
    Estaría mejor tratado como huésped de tus árboles.

          (1) Viento del norte, frío

    Pallida ne Cilicum timeant pomaria brumam
    mordeat et tenerum fortior aura nemus,
    Hibernis obiecta notis specularia puros
    admittunt soles et sine faece diem.
    At mihi cella datur, non tota clusa fenestra,
    in qua nec Boreas ipse manere velit.
    Sic habitare iubes veterem crudelis amicum.
    Arboris ergo tuae tutior hospes ero.


                   ————————
    Lib. V, 9

    Estaba  enfermo y rápido viniste a mí, Símaco, (1)
    acompañado de cien discípulos.
    Me palparon cien manos heladas por el cierzo.
    No tenía fiebre, Símaco, pero ahora la tengo.

        (1) Evidentemente, Símaco era médico.

    Languebam: sed tu comitatus protinus ad me
    venisti centum, Symmache, discipulis.
    Centum me tetigere manus aquilone gelatae:
    Non habui febrem, Symmache, nunc habeo.

                                         ————————–
    Lib. III, 87

    Se rumorea, Quíone, que nunca has sido follada
    y que nada hay más puro que tu coño.
    Sin embargo te bañas sin taparte la parte que debes.
    Si tanto pudor tienes, ponte  el bikini en la cara.

    Narrat te, Chione, rumor numquam esse fututam
    atque nihil cunno purius esse tuo.
    Tecta tamen non hac, qua debes, parte lavaris:
    Si pudor est, transfer subligar in faciem.

                                   ————————-
    Lib. III, 89

    Come lechugas y come tiernas malvas,
    pues tienes, Febo, la cara del que caga duro.

    Utere lactucis et mollibus utere malvis:
    nam faciem durum, Phoebe, cacantis habes.

                                    ————————
    Lib. I, 38

    Ese librito que recitas es mío, Fidentino,
    pero cuando lo recitas tan mal comienza a ser tuyo
    .

    Quem recitas meus est, o Fidentine, libellus:
    Sed male cum recitas, incipit esse tuus
    .

                                 —————————
    Lib. I, 28

    El que crea que Acerra apesta a vino de ayer
    se equivoca; Acerra siempre bebe hasta el alba.

    Hesterno fetere mero qui credit Acerram,
    Fallitur: in lucem semper Acerra bibit.

                          ……………………………..

    Lib. I, 29 

    Se rumorea, Fidentino, que recitas al público
    mis versos como si fueran tuyos.
    Si quieres que se diga que son míos, te enviaré gratis mis poemas,
    Si quieres que se diga que son tuyos, cómprame esto:  que no sean míos.

    Fama refert nostros te, Fidentine, libellos
    Non aliter populo quam recitare tuos.
    Si mea vis dici, gratis tibi carmina mittam:
    Si dici tua vis, hoc eme, ne mea sint.

                            ……………………….

    Lib. II, 87

    Dices que las bellas muchachas arden de amor por ti,
    Sexto, tú que tienes la cara del que nada bajo el agua.

    Dicis amore tui bellas ardere puellas,
    Qui faciem sub aqua, Sexte, natantis habes
    .

    Y así hasta 1.500…