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  • Todos y todas, los muchachos y las muchachas, κόρους τε ἅμα καὶ κόρας (kórous te áma kaì kóras), πάντ᾽ ἄνδρα καὶ γυναῖκα (pánt’ándra kaì gynaîka)

    Uno de los cambios más importantes que se ha originado en la sociedad moderna occidental y en buena medida en todo el mundo es el de la igualdad entre hombres y mujeres; igualdad legal total y real tan sólo en parte en el status o función social.

    Esta tendencia afortunadamente imparable se intenta reflejar en el lenguaje, en el que se procura evitar toda connotación sexista o machista. En ese intento hay quien utiliza simultáneamente el artículo y otros determinantes en sus formas masculina y femenina (el/la; los/las) o los propios sustantivos en sus formas masculina y femenina si es que las tuvieran (chicos/ chicas, hombres/ mujeres, ciudadanos/ciudadanas…).

    Sabemos que en el Mundo Antiguo la mujer juega un escaso papel social, recluida generalmente en el hogar doméstico, (o en una parte del hogar, en el gineceo  del latín gynaecēum, y este del griego γυναικεῖος y este de γυνή, gyné, que significa mujer) y limitada su función a la procreación y cuidado de los hijos y al gobierno de la casa. Pero esta idea general debe ser matizada y la realidad conocida con alguna precisión.

    Probablemente sorprenderán al lector moderno algunas de sus fórmulas lingüísticas no sexistas y muchas de las ideas que Platón expone en sus diálogos en los que diseña el sistema político de una nueva ciudad ideal, de una nueva polis. Lo hace fundamentalmente en sus diálogos La República  y Las Leyes.

    Entre esas ideas no serán las que menos asombro produzcan las referidas a la educación y la función que la mujer ha de desempeñar en la sociedad. Leamos algunas de las cosas que dice Platón en la traducción que para editorial Aguilar hizo Francisco de P. Samaranch:

         ATENIENSE: … He aquí una cosa que, de manera muy conveniente, podrían imitar tanto los jóvenes como las jóvenes (κόρους τε ἅμα καὶ κόρας)  honrando así el juego que encantará a la diosa, y preparándose así no sólo para las fiestas, sino también para la guerra. (Las Leyes, 796c)
                                              …………………….
         ATENIENSE: …. Por consiguiente, todo hombre y toda mujer (πάντ᾽ ἄνδρα καὶ γυναῖκα), a lo largo de toda su vida, deben acomodarse lo mejor posible a este papel, jugando a los juegos más bellos que pueda haber, pero con pensamientos totalmente distintos de los que tienen hoy en día.

    CLINIAS: ¿Qué quieres decir?                                                   (Las Leyes, 803c- 803d)

        …………


      Estas fórmulas no deben extrañarnos si lo que está proponiendo es una educación y una función iguales para los jóvenes y las jóvenes.  Por eso dice poco después:

    ATENIENSE: … Volviendo a nuestro tema, habíamos prescrito se construyeran gimnasios, así como también escuelas públicas, en tres lugares del centro de la ciudad y, asimismo, en las afueras de la ciudad otros tres gimnasios y campos de ejercicio para la equitación, para el tiro del arco y para otras clases de tiro a larga distancia, a fin de atender a la instrucción y adiestramiento de los jóvenes.
    Si nuestras prescripciones no fueron entonces suficientemente explícitas, aclarémoslas aquí dándoles forma de leyes. En todos estos edificios deberán residir, como maestros encargados de cada una de las disciplinas, extranjeros a quienes se haya convencido pagándoles bien; ellos enseñarán a sus discípulos todo aquello que sea útil para la guerra y todo lo que concierne a la música. Pero lo que no admitiremos es que este tal frecuente la escuela porque su padre lo quiera, mientras que aquel otro a quien no le obligan, se abandone y falte a ella; no, antes obligaremos a que se haga instruir todo el mundo y en la medida de lo posible, porque pertenecen a la ciudad más aún que a sus padres.
    La ley que yo quiero promulgar impondrá otro tanto a las mujeres, igual que a los varones, es decir, que las mujeres deberán formarse de la misma manera; y lo diré sin dejarme amilanar por la objeción  de que ni la equitación ni la gimnasia, que son decentes para los hombres, no son decentes para las mujeres; estaba antes persuadido de ello por haber oído algunos mitos antiguos, pero mucho más ahora que he sabido que en torno al Ponto hay miles y miles de mujeres, llamadas sauromátides, a las que se impone, con el mismo título que a los hombres,  y que practican igual que los hombres, la equitación, así como el tiro del arco y el ejercicio con las demás armas.
    A esto añado yo, manteniéndome dentro del mismo tema, el razonamiento que sigue: puesto que es posible una costumbre de este tipo, el que actualmente gobierna en nuestros países  posee una notable necedad al prohibir a los hombres y a las mujeres que practiquen, todos juntos, con todas sus fuerzas y animados de un mismo espíritu, los mismos ejercicios. De aquella forma, en efecto, todas las ciudades o casi todas, haciendo los mismos gastos y con las mismas dificultades, llega a ser no más que una media ciudad, en lugar de valer como dos ciudades; y sería realmente sorprendente que un legislador cometiera una falta como esta.
    CLINIAS: Eso parece; no obstante, en todo esto que nosotros estamos exponiendo hay muchas cosas que se oponen a las constituciones existentes en la actualidad.
    …..
    ATENIENSE: …. pero ahora habrá que buscar otra táctica para obstinarse en negar esta ley, y tales negativas no van a extinguir el vigor con que nosotros no cejaremos en nuestra exigencia de que en la medida de lo posible, para la educación como para todo lo demás, la mujer comparta los trabajos del hombre.
    (Las Leyes, 804c- 805d)

    Nótese cómo el argumento de que sólo los  necios, incluidos los gobernantes,  prescindirían de la mitad de la población y construir media ciudad en vez de dos ciudades es de absoluta actualidad.

    Quien sienta curiosidad por propuestas tan  antiguas y tan modernas  deberá leer los diálogos de Platón citados. En ellos los pasajes llamativos, similares al citado,  son numerosos.  Desgraciadamente Platón fracasó en esta cuestión a la hora de hacer realidad su propuesta de ciudad ideal en Sicilia y ello le produjo cierta amargura y buena dosis de realismo, como se refleja en Las Leyes y en su República .

    Profundizaré en otra ocasión en estas  propuestas  de Platón, a las que por cierto poco caso se hizo en la Edad Antigua , Media y hasta en ocasiones en la Contemporánea.
     

  • Resulta muy difícil desmentir los rumores

    Resulta muy difícil luchar contra los rumores, especialmente si son maledicentes. Así es hoy en día , pero también en la Antigüedad. Comentaremos un caso que por afectar a Julio César recogieron los historiadores y las crónicas antiguas.

    Julio César obtuvo el premio de cuatro triunfos militares por sus campañas en Europa, Asia y Africa. Los celebró de manera grandiosa en el intervalo de  12 días, del 21 de septiembre al 2 de octubre del año 46 a.C.. En el desfile triunfal, en el que el general recorre las calles de Roma ataviado como el dios Júpiter, sus soldados se permiten algunas licencias porque ese día la disciplina está un tanto relajada.
    César tenía fama de gran mujeriego y por eso sus legionarios le cantan en el desfile, según cuenta Suetonio en César, 51,1:

    Que no respetó tampoco los matrimonios  en las provincias, se testimonia en el dístico (dos versos) que a coro le cantan sus soldados por su triunfo en la Galia:

    “Ciudadanos, guardad vuestras esposas, traemos a un calvo adúltero.
    Te has jodido en la Galia el oro que aquí tomaste prestado”.

    Ne prouincialibus quidem matrimoniis abstinuisse uel hoc disticho apparet iactato aeque a militibus per Gallicum triumphum:
                   urbani, seruate uxores: moechum caluom adducimus.
                  aurum in Gallia effutuisti, hic sumpsisti mutuum.

    Pero sobre César existía otro rumor más antiguo.  En el año 80 a.C., siendo, pues, muy joven estuvo en la corte del rey Nicomedes en Bitinia. Se decía que sucumbió a los encantos o a la presión del rey, que impresionado por su belleza le invitó a sus habitaciones y participó en un banquete como su copero. El rumor se extendió rápidamente cuando volvió pocos días después a Bitinia, según él para exigir un dinero debido. En el contexto del mundo antiguo, sobre todo en Oriente, estas prácticas son perfectamente creíbles. En  Roma en cambio la homosexualidad pasiva estaba mal considerada.

    Suetonio hace referencia a esto en varios pasajes de su vida de César, especialmente en el capítulo 49. Quizás resulte la cita un poco larga, pero es un buen exponente del cotilleo histórico que parece gustar a los contemporáneos del historiador:

    Nada excepto  su intimidad con Nicomedes manchó su reputación, con grave y permanente vergüenza y expuesto a la injuria de todos. Omito los conocidísmos versos de Licinio Calvo:
                        “Todo lo que Bitinia y el amante de Cesar tuvieron alguna vez”
    Paso por alto los discursos de Dolabela y de Curión, el padre, en los que Dolabela le llama
    “rival de la reina” , “sofá de la litera real” y Curión “prostíbulo de Nicomedes y lupanar de Bitinia”.
    Paso también por alto los edictos de Bíbulo, en los que presentó a su colega como “reina de Bitinia” y dice que “antes amaba a un rey pero ahora a un reino”. En ese mismo tiempo, como cuenta Marco Bruto, un tal Octavio, que podía decir lo que quisiera por su enfermedad mental, llamó  en una numerosa asambea a Pompeyo rey y a él mismo (César) le llamó reina. Pero C. Memio le reprocha que sirvió incluso como copero de Nicomedes, con otros jóvenes licenciosos en una gran banqueteen el que se sentaban también algunos negociadores de la ciudad (
    Roma) de los que da los nombres. Cicerón, por su parte, no se contentó con escribir en sus cartas que conducido  a la habitación real por unos guardias se acostó en un lecho de oro con una colcha de púrpura  y que fue despojado de la flor de la edad (
    virginidad) en Bitinia por un descendiente de Venus; un día que defendía (César) en el senado la causa de Nysa, la hija de Nicomedes y recordab los favores del rey para con él, le dijo (Cicerón): “te ruego que omitas esas cosas, porque es bien conocido lo que él te dio a ti y lo que tú le diste a él”. Finalmente durante el triunfo por las victorias en la Galia sus soldados, entre otras canciones, le cantaron jocosamente como hacen al acompañar su carro, esta canción tan conocida:

    César subyugó a las Galias; Nicomedes  a César.
    Aquí tenéis triunfando a César que sometió a las Galias,
    pero no triunfa Nicomedes, que sometió a César.

    Pudicitiae eius famam nihil quidem praeter Nicomedis contubernium laesit, graui tamen et perenni obprobrio et ad omnium conuicia exposito. omitto Calui Licini notissimos uersus:
                   Bithynia quicquid    et pedicator Caesaris umquam habuit.
    praetereo actiones Dolabellae et Curionis patris, in quibus eum Dolabella 'paelicem reginae, spondam interiorem regiae lecticae,' at Curio 'stabulum Nicomedis et Bithynicum fornicem' dicunt. missa etiam facio edicta Bibuli, quibus proscripsit collegam suum Bithynicam reginam, eique antea regem fuisse cordi, nunc esse regnum. quo tempore, ut Marcus Brutus refert, Octauius etiam quidam ualitudine mentis liberius dicax conuentu maximo, cum Pompeium regem appellasset, ipsum reginam salutauit. sed C. Memmius etiam ad cyathum + et ui + Nicomedi stetisse obicit, cum reliquis exoletis, pleno conuiuio, accubantibus nonnullis urbicis negotiatoribus, quorum refert nomina. Cicero uero non contentus in quibusdam epistulis scripsisse a satellitibus eum in cubiculum regium eductum in aureo lecto ueste purpurea decubuisse floremque aetatis a Venere orti in Bithynia contaminatum, quondam etiam in senatu defendenti ei Nysae causam, filiae Nicomedis, beneficiaque regis in se commemoranti: 'remoue,' inquit, 'istaec, oro te, quando notum est, et quid ille tibi et quid illi tute dederis.' Gallico denique triumpho milites eius inter cetera carmina, qualia currum prosequentes ioculariter canunt, etiam illud uulgatissimum pronuntiauerunt:
    Gallias Caesar subegit, Nicomedes Caesarem:
    ecce Caesar nunc triumphat qui subegit Gallias,
    Nicomedes non triumphat qui subegit Caesarem.

    El mismo Suetonio en Vida de Julio César, 52,3 continúa ahora citando otr vez a Curión, padre:

    Para que no cupiera a nadie la duda de que estaba cubierto de infamia de impudicia y adulterio, Curión padre, le llama en un discurso “marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos.

    at ne cui dubium omnino sit et impudicitiae et adulteriorum flagrasse infamia, Curio pater quadam eum oratione omnium mulierum uirum et omnium uirorum mulierem appellat.

    Parece que en alguna ocasión se tomó estos comentarios con cierto sentido del humor, si hemos de creer lo que el mismo Suetonio nos dice en el capítulo 22,2 cuando al jactarse de sus completas victorias en la Galia, le comentó un senador que eso no sería fácil para una mujer; César le respondió bromeando que :

    en Siria también reinó Semíramis y las Amazonas en otro tiempo habían dominado gran parte de Asia”.

    in Suria quoque regnasse Sameramin magnamque Asiae partem Amazonas tenuisse quondam.

    Pero en general estos comentarios referidos al asunto de Nicomedes molestaban  enormemente a César y lo sacaban de sus casillas y   cometió el “error” de negarlo jurando públicamente que no era cierto, ampliando con ello el bulo y haciendo el ridículo. Nos lo cuenta  Dion Casio en Historia Romana, 43, 20,4

    En cuanto a él, César no estaba enfadado por sus palabras sino encantado por la franqueza que utilizaban y que era una prueba de confianza de que no sirritaría excepto si las bromas se referían  a su relación con Nicomedes. En este asunto se mostraba muy irritado y dolorido y por ello trató de defenderse y negó el asunto públicamente bajo juramento y con ello no hizo sino aumentar el ridículo.

    Con su intento de explicación en realidad le dio más publicidad al asunto. Y así sigue hasta hoy. ¿O es que no nos sigue rondando la duda de que realmente el gran César, cuando no era tan grande , fuera realmente el amante del rey de Bitinia?

  • Decámetros y decímetros

    Tras la adquisición del concepto abstracto de número y sus representación gráfica, necesitaba el hombre crear un sistema de numeración que le permitiese trabajar cómodamente con grandes cantidades. Para ello necesitaba crear un sistema jerarquizado de varios órdenes o niveles, de tal manera que determinado número de unidades de un nivel se convirtiesen en unidad del nivel superior y así sucesivamente. Al criterio para organizar ese sistema se le llama “base”. Así entre nosotros diez unidades constituyen una decena y diez decenas una centena y diez centenas un millar.

    El sistema de numeración más extendido en el mundo es el de base 10, que acabamos de ejemplarizar, que se llama “decimal” de la palabra latina “decem” que significa “diez”. Pero existen y han existido otros, incluso entre nosotros. Reliquias de esos otros sistemas son por ejemplo  el contar por docenas en algunos casos (una docena de huevos…) que correspondería a un sistema de base 12 o duodecimal , de la palabra latina “duodecim” que significa “doce”; la expresión francesa con la que se designa 80, “quatre vingt” (cuatro veintes)  que delata el uso de base 20; la medición del tiempo:  60 segundos hacen un minuto y 60 minutos una hora que corresponde a un sistema en base 60 o sexagesimal, (de la palabra latina sexaginta, que significa “sesenta”.

    El sistema decimal se impone naturalmente porque diez son los dedos de las dos manos con las que el hombre acostumbra a contar. La mano es y sigue siendo la primera máquina de calcular. A pesar de ello los sistemas de pesos y medidas de muchos  países, y aun dentro de ellos, eran muy diversos aun siendo decimales, lo que dificultaba enormemente las relaciones, sobre todo económicas, entre ellos.

    Al final del  Siglo de las Luces , el siglo XVIII,  en la Revolución Francesa, se comienza a poner orden en tanta confusión. En primer lugar se trataba de encontrar una “unidad” que fuera aplicable a la medida de la longitud, del espacio, del volumen, de la capacidad  y del peso. Después de muchas discusiones se encontró una longitud a la que se llamó “metro” con la que se construyó un patrón  de platino e iridio a 0ºC.  Hoy se define esa distancia como la longitud del trayecto recorrido por la luz en el vacío durante 1/299.792.458 de segundo.

    A esta unidad se le llamó “metro” de la  palabra griega (  "μέτρον" , metron) que significa "medida"

    Esta unidad podía generar múltiplos y submúltiplos, a los que también había que poner nombres.  Los sabios franceses encontraron una solución salomónica: a los múltiplos se les pondría nombres griegos:  deca-, del griego  “ deka” (δέκα),  que significa diez, hecto-(del griego ἑκατόν “ekaton”) que significa cienkilo–  (del griego χίλια. “jilia”)que significa mil. A los submúltiplos se les pondría nombres latinos: deci– (del latin “decem” que significa diez, centi– (del latín centum) que significa cien-, milli– (del latín “mille” )que significa mil.
    .
    Aplicando esta terminología a las  medidas de longitud tenemos que: la unidad es el metro; múltiplos son el decámetro, el hectómetro, el kilómetro, submúltiplos son el decímetro, el centímetro, el milímetro.

    Como medida de capacidad tenemos el litro ; múltiplos el decálitro, el hectólitro, el kilolitro ; submúltiplos el decilitro, el centilitro, el mililitro.

    La palabra “litro” procede la de la francesa “litre” y ésta del latín medieval “litra”  y esta a su vez del griego λίτρα , “litra”, que significa  y de la que procede “libra”.

    Como medidas de peso tenemos la unidad, el gramo ( del griego γράμμα , “gramma” que significa letra y que pasa al latín con el significado de piedrecilla); múltiplos son el decagramo, el hectogramo, el kilogramo; submúltiplos son el decigramo, el centigramo, el miligramo.

    Una vez más Grecia y Roma, las raíces,  venían en nuestra ayuda.

    Por cierto, un prisma de un decímetro de base por  un decímetro de altura es un decímetro cúbico porque resulta de multiplicar 3 veces el decímetro  (largo X ancho X alto). La capacidad de agua que puede recoger ese prisma es de un litro y el peso de esa agua es un kilogramo. Se encontró así la relación y equivalencia entre las medidas de longitud, capacidad y peso y todas ellas sobre el sistema decimal. Al margen quedó la medida del tiempo, residuo antiquísimo como dijimos.

    Así que se ha impuesto casi por completo el sistema decimal, excepto las reliquias anteriormente comentadas, y en el mundo anglosajón, empeñados como siguen en contar en millas y yardas.

    Tanto en el caso de las reliquias como en el inglés se comprueba una vez más que en la sociedad humana no siempre se impone lo fríamente racional; hay usos y costumbres manifiestamente mejorables que impone la voluntad o inercia social.

    Pero las necesidades de la moderna computación han obligado a superar el tradicional sistema métrico decimal y así se ha creado el Sistema Internacional de Unidades o de Medidas con términos para múltiplos  tales como  yotta,  zetta, exa, peta, tera,  giga, mega, kilo, hecto, deca; y submúltiplos tales como  deci, centi, mili, micro, nano,  pico,  femto, atto,  zepto , yocto.

    Casi todos los nombres nuevos son también griegos y latinos con algunas adaptaciones, como yotta, zetta, peta (parecido a penta), giga, mega… micro, nano, micro, zepto, yocto; parece que se han colado algunos daneses como femto o attto.

  • Graecia capta (por los romanos)

    Los romanos entraron muy pronto en relación con la cultura griega: los últimos reyes romanos fueron etruscos, pueblo muy influido por la cultura oriental y helena; Sicilia y el sur de Italia fueron pronto colonizadas por los griegos (al sur de Italia se le llama precisamente la Magna Grecia, la Grecia Grande) v. artículo https://www.antiquitatem.com/paestum-templo-patrimonio-humanidad

    En su expansión por el Mediterráneo y por Oriente, acabadas las guerras con los cartagineses y ocupada Sicilia a mediados del siglo III a.C., los romanos declaran provincia romana a Grecia en el año  197 a.C. Pero en feliz expresión de Horacio Grecia fue vencida pero los griegos se apropiaron de Roma culturalmente:

    "la Grecia conquistada conquisto a su fiero  conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio." ( Epístolas II, 1, 156-157).

                "Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio."

    Y así fue en efecto: la cultura en general, la literatura, la oratoria, la historia, el arte, la religión, las costumbres, la educación…. todo fue influenciado y determinado por los griegos. Los romanos cultos eran bilingües, todo estudiante de familia noble y con recursos pasaba una etapa de su formación en Grecia, griegos eran los pedagogos de los niños romanos, los primeros historiadores y analistas sobre Roma lo hacen en griego y no en latín, etc.

    Bien lo reconoce Cicerón es sus Disputas Tusculanas, I,1,3 cuando dice….

    Grecia nos superaba en conocimiento y en todo género de letras; era fácil vencer en ello a quienes no contendían. Pues de acuerdo con los eruditos existió entre los griegos el más antiguo género de poetas, y así Homero y Hesíodo existieron antes de que fuera fundada Roma, Arquíloco durante el reinado de Rómulo, y nosotros recibimos la poética bastante más tarde. Casi 510 años después de la fundación de Roma, Livio (Andrónico),  que fue mayor de edad que Plauto y Nevio,representó una fábula, siendo cónsules C. Claudio, hijo del Ciego, y M.Tuditano, un año antes del nacimiento de Ennio.

    Doctrina Graecia nos et omni litterarum genere superabat; in quo erat facile vincere non repugnantes. nam cum apud Graecos antiquissimum e doctis genus sit poëtarum, siquidem Homerus fuit et Hesiodus ante Romam conditam, Archilochus regnante Romulo, serius poëticam nos accepimus. annis fere CCCCCX post Romam conditam Livius fabulam dedit C. Claudio, Caeci filio, M. Tuditano cos. anno ante natum Ennium. qui fuit maior natu quam Plautus et Naevius.

    Nota: Roma fue fundada en el 753 a.C.; Arquíloco vivió entre el 720 y el 676 a.C.;  Apio Claudio el Censor, llamado el Ciego vivió  entre 340 a. C.-273    ; Ennio escribió los Anales y vivió  del 239 al 169 a.C., Livio Andrónico llegó a Roma como prisionero en 272 a.C.  y tradujo la Odisea al latín. Plauto nació hacia el año 254…. Nevio vivió del 269 al 199.

    Es decir, cuando Roma es fundada, en 753 ya recitan los aedos griegos la Iliada y la Odisea; todos los autores clásicos griegos han muerto cuando Roma todavía está en su niñez como ciudad.

    Pero,  ¿fue todo tan simple y lineal? ¿desapareció lo romano bajo la cultura griega? Naturalmente, no. Como tantas veces en la Historia, lo autóctono se resiste a desaparecer y con frecuencia permanece en el sustrato bajo la capa innovadora. La religión romana mantiene sobre todo su carácter ritual, las artes en general adquieren un sentido práctico que no tenían en Grecia, la ciencia ayuda a la técnica y sobre todo el Derecho Romano, basado en el sentido común, mantiene su vigor y energía. Y las costumbres siguen siendo peculiarmente romanas.

    Hay un autor francés moderno, Pascal Quignard (1948),  que ha publicado un libro interesante  e inquietante “El sexo y el espanto”, un ensayo sobre el erotismo romano, fruto de sus estudios sobre Pompeya, Herculano sepultadas por el Vesubio y su fascinación    por las numerosas piezas arqueológicas de contenido erótico. 

    En su prólogo nos resume el contenido y el objeto de su obra: 

    “Cuando Augusto reorganiza el mundo romano bajo la forma del imperio, el erotismo jubiloso, antropomorfo y preciso de los griegos se transforma en melancolía espantada”.
    La palabra phallus no existe. Los romanos llamaban fascinus lo que los griegos llamaban phallos. En el mundo humano, como en el reino animal, fascinar obliga a aquel que ve a no apartar su mirada. Está inmovilizado en su lugar, sin voluntad, en el espanto.
    ¿Por qué,  durante tantos años, yo he escrito este libro?  Para afrontar ese misterio: es el placer el que es puritano.
    El goce arranca la visión de lo que el deseo solo había comenzado a desvelar.

                                                                                Pascal Quidnard      (Traducción de Silvio Mattoni)

    Luego en lo que él llama “Advertencia” nos dice:

    Cuando los bordes de la civilizaciones se tocan y se superponen se producen conmociones. Uno de esos sismos ocurrió en Occidente cuando el borde de la civilización griega tocó el borde de la civilización romana y el sistema de sus ritos, cuando la angustia erótica se convirtió en la fascinatio y cuando la risa erótica se convirtió en el sarcasmo del ludibrium.
                                           ……………………
    Trato de comprender algo incomprensible: el transporte del erotismo de los griegos a la Roma imperial. Esa mutación no ha sido pensada hasta ahora por una razón que ignoro y por un temor que entiendo. Durante los cincuenta y seis años del reinado de Augusto, que reacondicionó el mundo romano bajo la forma del imperio, tuvo lugar la metamorfosis del erotismo alegre y preciso de los griegos en melancolía espantada. Esa mutación tardó apenas una treintena de años en imponerse (del -18 antes de nuestra era al año 14 de nuestra era) y sin embargo todavía nos rodea y domina nuestras pasiones. El cristianismo sólo fue una con secuencia de esa metamorfosis retomando ese erotismo por así decir en la forma en que lo habían reformulado los funcionarios romanos que el principado de Octavius Augustus suscitó y que el Imperio durante los cuatro siglos siguientes fue llevado a multiplicar en la obsequiosidad.

    Así pues, la concepción griega de lo erótico no se impuso en Roma, lo que prevaleció y se procuró mantener y restaurar fue la antigua moral de las matronas romanas. El lujo, el refinamiento, una sexualidad desinhibida en el fondo siempre fueron mal vistas en Roma.

    Esa moral y costumbres son las que reforzadas por el Cristianismo se impusieron en Occidente y todavía hoy nos falta cierta alegría de la vida que apreciamos en cambio en otras latitudes, generalmente al Oriente.

    Nota: independientemente del “espanto” que Quignard pueda provocar en algunas personas, su lectura, enormemente sugerente, muestra una vez más la importancia y vigencia del estudio de los clásicos en nuestro tiempo.

  • Con las naves a cuestas

    Apolonio de Rodas nos legó el único poema épico griego que se conserva desde Homero hasta la época helenística, “El viaje de los Argonautas”. Han pasado cinco siglos y han cambiado muchas cosas. Si en Homero los dioses se mezclan con los héroes en sus luchas, ahora la empresa es de los hombres aunque los dioses, poderosos, influyen, ayudan pero no se mezclan. En realidad el poema parece más bien una novela y como tal conviene leerla.

    El poema narra el viaje épico y  fantástico de unos héroes griegos en busca del “vellocino de oro”. Un viaje de estas características permite al autor describir los escenarios, acciones y narraciones míticas que circulan entre los griegos como acerbo cultural popular, de manera tal vez similar a nuestros cuentos.

    El poema merece la pena ser leído por muchas razones, literarias unas, históricas o folklóricas otras. Transcribo un fragmento, que tal vez resulte algo extenso, sobre un episodio del viaje, casi ya al final, en el que los héroes, forzudos sin duda, se ven obligados a transportar su nave por tierra firme hasta encontrar de nuevo el mar que les lleve de regreso a casa. Utilizo la traducción que Carlos García Gual hizo hace algunos años del poema para la Editora Nacional:

    Apolonio, Argonautas, canto IV  (entre el 1350-1400).

    Peleo interpreta una señal de los dioses para proseguir el viaje con la nave:

    En seguida Peleo, gozoso, habló a sus compañeros reunidos:  ‘Ahora creo yo que el carro de Poseidón acaba de ser desuncido a manos de su querida esposa. Madre no veo otra a no ser que sea ésta, nuestra nave. Pues ella, transportándonos siempre en su vientre sin descanso, ha sufrido en duros trances. De modo que ahora la cargaremos en vilo con obstinado vigor y hombros infatigables, y la llevaremos hacia el interior de la arenosa tierra, por donde antes avanzó el caballo ligero de pies. Pues él no se sumergirá en la tierra, sino que tengo confianza en que sus huellas nos indicarán alguna salida al mar’

    Después de hablar así a todos les resultó agradable la ingeniosa solución.

    Este es un relato de las Musas, yo canto como servidor de las Piérides, y he oído exactamente esta divina voz. ¿Con qué vigor, con qué valentía, vosotros, ¡oh nobilísimos hijos de reyes! Llevasteis por las desiertas costas de Libia la nave y toda la carga de la nave durante largo tiempo, acarreándola sobre los hombros para llevarla durante doce días y doce noches enteras!¡Quién diría la aflicción e infortunio con que ellos llevaron a término sus fatigas! ¡De cierto que eran de la sangre de los inmortales! ¡Qué trabajo realizaron obligados por la necesidad” ¡Cómo adelante, muy lejos la llevaron con ilusión, a las aguas de la laguna Tritónide, y al llegar allí la descargaron de sus potentes hombros!”

    Pues bien este episodio, aparentemente mítico, tiene al menos dos confirmaciones reales,  si no idénticas sí similares.

    En 1453 el sultán turco Metmet II conquista definitivamente Constantinopla, que resistía heroicamente desde hacía tiempo el empuje turco. Entre otras muchas defensas tales como varios cinturones de murallas defensivas, el espectacular “Cuerno de Oro” (uno de los lugares más hermosos de la Tierra) estaba cerrado por una férrea cadena que impedía el paso de los barcos. El Sultán Metmet II, obcecado con la empresa y dispuesto a todo, mandó construir un camino de tierra por detrás de  Pera  por el que transportó sus barcos al “Cuerno de Oro”. De nuevo los barcos navegaban por tierra firme. Ocurrió el 22 de abril  y aquel día Constantino  XI, el último emperador, comprendió la determinación del sultán turco y supo que muy pronto la capital romana del Imperio de Oriente sería turca. El día 29 de mayo terminaba el Imperio Romano de Oriente.

    Los turcos, habitantes ahora de la Cólquida, la patria de Medea, repetían de alguna manera la hazaña de los héroes que en la época mítica recorrieron aquellas tierras. Muy probablemente Metmet conocía la leyenda, la narración, el cuento de unos griegos, los Argonautas, que en la Antigüedad cargaron con los barcos a cuestas.

    La ciudad  entró en la Historia llamándose Byzas (de donde deriva Bizancio), luego la “Nova Roma” (Nueva Roma), pronto Constantinopla de Constantinus (nombre de emperador romano) y polis    palabra griega que significa “ciudad” hasta 1930, en que se le puso el nombre de Estambúl  (Istanbul en turco) que deriva de la frase eis tên Polin (εις τήν Πόλιν) que significa “en o hacia la ciudad”  (aunque en el lenguaje coloquial se le llamaba “islambol” que significa “ciudad del Islam” o “inmenso  Islam”).

    En 1492 Cristóbal Colón había descubierto, sin saberlo,  un nuevo continente, que luego, jugarretas del destino no se llamaría “Colombia o Columbia” sino América. Después se suceden las expediciones de españoles sobre todo para conocer los nuevos territorios. Vasco Núñez de Balboa, personaje interesante por varios aspectos, atraído , como todos, por el oro llega, al istmo que une  el norte con el sur de América; los nativos le informan que si lo único que le interesa es el oro, debe ir hacia el oeste, hacia un enorme mar en el que abunda el metal. Después de muchas penalidades por terrenos pantanosos y por montañas selváticas, el día 25 de septiembre de 1513 avista desde lo alto de una montaña el inmenso mar, al que llama “Mar del Sur” y del que toma posesión en nombre de su rey español. Luego  Fernando de Magallanes le llamó Océano Pacífico por la aparente tranquilidad de sus aguas y así ha quedado para la posteridad.

    Años más tarde, en 1516,  decide desde la costa atlántica preparar una expedición naval para conocer el “Mar del Sur” porque tenía autorización para hacerlo antes de 1518. Pensando que en la costa del Pacífico no podría encontrar los materiales  para construir sus barcos, los prepara en Acla, ciudad de la costa atlántica. Corta y talla la madera, prepara las anclas y todo el instrumental que dos bergantines requieren. Todo ello lo transporta a hombros y lomos de indios, naturalmente,  (con una pequeña participación de unos pocos negros y algunos españoles) por pantanos, selvas y montañas, hasta el río de las Balsas, actualmente el río Sabanas,  que va a dar al Pacífico.

    En la dura y penosa operación de transporte murieron muchos indios; Bartolomé de las Casas, que es quien nos cuenta estas cosas, dice que murieron más de 2.000 indígenas. Tal vez los dioses del Istmo, indignados por tanta ambición y tanta crueldad, enviaron unas tormentas tropicales de tal magnitud que destruyeron las naves construidas. El final de Balboa fue lamentable, fruto de la traición y la falsa acusación: detenido por Pizarro con el que se encontró en el camino de vuelta, fue condenado y ejecutado en enero de 1519. Ciertamente, su descubrimiento del “Mar del Sur, luego “Océano Pacífico” fue una gran hazaña, a pesar de las sombras que siempre se ciernen sobre toda obra humana.

    No sé si Núñez de Balboa conocía el poema de Apolonio, pero podemos suponer que probablemente conocía algún detalle de la toma de Constantinopla por los turcos; a fin de cuentas había ocurrido sesenta y tres años antes de su expedición por el “Mar del Sur”.

    La propaganda españolista de la época de la dictadura del General Franco presenta el episodio como una hazaña propia de héroes míticos, sin reparar en lo que realmente costó. Dice, por ejemplo, un libro escolar de 1967, El Libro de España, Edit. Edelvives, Zaragoza 1967, pág. 47:

    el proyecto sólo podían concebirlo corazones españoles. La hazaña sale de los límites de lo humano

    En cualquier caso y para el asunto que nos interesa, ni la tierra firme ni la densa selva ni la empinada montaña fue un obstáculo para que el viento impulsara dos veleros bergantín.

    Transcribo también un fragmento  de la obra de  Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias , en el que nos narra estas cosas:

    cap. LXXIV: “…Entre tanto que Compañon iba y venía, comenzó Vasco Núñez a cortar, por su persona primero, madera para principiar los bergantines, y así lo hicieron los que estaban con él; donde labraron toda o la mayor parte de la madera de cuatro bergantines, para llevarla después así labrada al dicho río de la Balsa y allí formar los bergantines y por él sacarlos a la mar, como al cabo se hizo….
    Tornó luego Vasco Núñez a enviar a Compañon con ciertos españoles y 30 negros a la cumbre de las sierras, de donde ya las aguas a la mar del Sur vertían, para que hiciese una casa donde  descansasen los que habían de llevar a cuestas la madera labrada y las anclas y jarcias de los bergantines  y se tuviesen los bastimentos y comida y armas y lo demás para su defensa.

    hasta  ponella en la casa, que habría sus 12 leguas de sierras y ríos, que ya se bajaban ya se subían, hasta llegar a la sierra muy alta donde se asentó aquella guarida. Esta madera se cargó sobre los indios que tenían por esclavos y los que iban a saltear cada día y su parte llevaron los negros que no eran sino obra de 30, y también cada uno de los españoles llevaba la que podía. Los trabajos que aquí llevando y subiendo esta madera, y clavazón y herramientas, y después las anclas y la jarcia y todos los demás aparejos necesarios a los bergantines, y después bajándola hasta el río, que por todos se padecieron, no pueden ser creídos, pero no se halló que negro ni español muriese dellos, más de los infelices indios no tuvieron número los que perecieron y concluyeron sus tristes días; yo vi firmado de su nombre del mismo Obispo, en una relación que hizo al Emperador en Barcelona el año de 519, cuando él de la tierra firme  vino,  como más largo adelante, placiendo a dios, será referido, que había muerto el Vasco Núñez, por hacer los bergantines, 500 indios, y el secretario del mismo Obispo me dijo que no quiso poner más número porque no pareciese cosa increíble, pero que la verdad era que llegaban o pasaban de 2.000; y según el trabajo era, cierto, cualquiera lo debe tener por posible y haber pasado con verdad así, porque llevar hombres desnudos en cueros 24 y 25 leguas de sierras altísimas, subidas y descendidas, a cuestas madera labrada para hacer cuatro navíos, y anclas de hierro de tres, cuatro y cinco y seis quintales y cables que son las maromas para las anclas, que pesaban otro tanto y muy poco menos, y otros mil aparejos cuasi tan pesados que los navíos requieren y todo esto sin comer sino un poco de grano de maíz aún no hecho pan, sino como lo comen las aves o las bestias, ¿qué hombres aunque tuvieran cuerpos en parte formados de materia de hierro lo pudieran sufrir sin morir?
    Cap. LXXV:
    … Comenzoles Dios a mostrar lo que en aquellas obras le servían, porque cuanto trabajaron en cortar la madera y aserralla en Acla y mar del Norte, y después en levalla los tristes indios a cuestas por tan aspérrimos e intolerables caminos, todo se les convirtió en vacío, por ser la madera de allí en tierra que estaba muy cerca de la mar salada, y así fue luego de gusanos comida, de donde sucedió serles necesario cortalla de nuevo en el río; habiendo pues cortado mucha della, y quizá también aserrádola, ya que querían poner en astillero, que es comenzar los bergantines, vinieron de súbito tan grandes avenidas que les llevó el río parte de la madera y parte soterró la lama y cieno, subiendo el agua dos estados encima….
    "

    En fin, a  los argonautas les movía el deseo de volver a casa, como a tantos comerciantes y marinos griegos de la Antigüedad. A  los españoles en América les empujó a lo increible el afán de oro, de conquista, de gloria. A los turcos el deseo de conquistar la capital, supuestamente rica,  de lo que había sido un enorme imperio y seguía siendo símbolo del occidente cristiano.

    Hay quien cree que  la fe mueve montañas; lo que está comprobado desde los antiguos griegos es que la voluntad humana hace navegar barcos por secos caminos de tierra.

  • ¿Qué significa Carpe diem?

    Es muy habitual escuchar la expresión Carpe Diem, pero ¿qué significa Carpe diem?. Significa “aprovecha la ocasión, goza del momento”.  En síntesis lo que viene a decir es: “no preguntes cuál será nuestro futuro; acepta lo que venga y como la vida es breve, disfruta ahora lo que puedas”.

    Una de las ventajas que tienen los poetas antiguos, en general los literatos, es que su obra no es tan extensa como la de algunos modernos. Así que si nos lo proponemos en poco tiempo podemos haber leído su poesía completa. A la exigencia de la perfección clásica, que sólo permite una producción muy depurada, hay que añadir el estrago del tiempo que nos ha hecho perder muchas creaciones extraordinarias.

    ¿Quién dijo la frase Carpe Diem?

    Uno de los poetas más notables por su madurez y su razonable epicureísmo es Horacio (Quinto Horacio Flaco, Quintus  Horatius Flaccus).

    Es autor, entre otras varias famosas, de la frase carpe diem, citada hasta la saciedad, usada y abusada constantemente desde la Antigüedad.
    Horacio la utiliza en su Oda número 11 del libro I. El poemita, sólo tiene ocho versos, está dedicado a una mujer, Leucónoe,  que algún autor interpreta como “la de mente lúcida”, a la que tal vez le hace una sutil insinuación amorosa.

    El poeta explica muy bien el significado de Carpe Diem en su Oda número 11, y aunque la poesía, y más la antigua, tiene ciertas dificultades de comprensión, ofreceré el texto en español y también en latín, por si alguien tiene la oportunidad de leerlo en su lengua original, que siempre es lo mejor, si se puede.

    No te preguntes (sería un sacrilegio saberlo) qué fin
    nos tienen preparado a ti y a mí los dioses, Leucónoe;
    ni consultes las tablas babilónicas *.
    Lo mejor será soportar  lo que venga.
    Tanto si Júpiter nos ha concedido todavía muchos inviernos
    como si éste que ahora azota las rocas porosas del mar Tirreno
    es el último de nuestra vida,  sé sabia, disfruta de tus  vinos
    y no tengas una larga esperanza.
    Mientras estamos hablando se está  escapando envidioso nuestro  tiempo.                                                Aprovecha el presente y confía lo mínimo en el porvenir

    (*el horóscopo….)

    Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi
    finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
    temptaris números. Vt melius quicquid erit pati!
    Seu plouris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
    quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
    Tyrrhenum, sapias, vina liques et spatio brevi
    spem longam reseces. Dum loquitur, fugerit invida
    aetas: carpe diem, quam mínimum crédula postero.

    Nota: poema inmemorial, tan válido hoy como ayer. Hablaremos con frecuencia de Horacio, el poeta tranquilo, el poeta de la madurez.

  • Alma mater

    Entre las muchas frases, sentencias, máximas latinas que perviven en el acerbo cultural de occidente hay algunas que han tenido especial fortuna. Una de ellas es sin duda “alma mater”.

    alma” es la forma femenina del adjetivo “almus,-a,-um”, derivado de la misma raíz que el verbo “alo” que significa alimentar, sostener, cuidar; así que “alma” significa nutricia, que da vida, fértil, y otros matices asociados a la palabra a la que califica, como favorable,  propicia, bienhechora.

    De la misma raíz es lógicamente “alimentum”, alimento, y también  “alumnus”, alimentado, criado y por tanto niño que se cría, y si se cría o educa intelectualmente será  alumno, discípulo

    En la antigua Roma este adjetivo se adjuntaba en la advocación a algunas diosas como la  Madre Cibeles o Céres o Venus.

    Así Virgilio, en el comienzo de su gran poema dedicado a la  vida en el campo, las Geórgicas, apenas comenzado con la referencia a su protector Mecenas, a partir del verso 5 se dirige a los astros y los dioses, entre ellos a la diosa de la agricultura Ceres (piénsese en el nombre cereales para referirse a los granos de trigos y otros similares, garantizados por el favor de la diosa):

    O vosotras, brillantísimas luminarias del mundo,
    que dirigís el año que se desliza desde el cielo,
    Oh Liber   y tú nutricia Ceres, si por vuestro poder divino
    la tierra ha cambiado la bellota Caonia por la generosa  espiga


    ….. Vos , o clarissima mundi
    Lumina, labentem caelo quae ducitis annum,
    Liber et alma Ceres, vestro si numine tellus
    Chaoniam pingui glandem mutavit arista,


    Y así  también Ovidio comienza su Libro IV de los Fastos refiriéndose a Venus como nutricia con los versos:

    “Madre nutricia de los dos Amores, ayúdame”.
    Volvió ella su rostro al Poeta.
    “Qué tienes que ver conmigo?”, dijo. “Mayores asuntos, ciertamente cantabas”.
    “Acaso  tienes alguna  antigua herida en tu blando pecho?”
    “Tú conoces, o Diosa,  mi herida”, respondí. Se rió y al punto
    el Ether se  serenó  en  aquella parte
    .

    'Alma, fave', dixi 'geminorum mater Amorum';
         ad vatem voltus rettulit illa suos;
    'quid tibi' ait 'mecum? certe maiora canebas.
         num vetus in molli pectore volnus habes?'
    'scis, dea', respondi 'de volnere.' risit, et aether              
         protinus ex illa parte serenus erat.

    Y el mismo Ovidio en el libro XV, 843 y ss.  de su Metamorfosis también se refiere a Venus como nutricia en el pasaje en el que la diosa recoge en el Senado el alma del asesinado César y la eleva a los cielos:

    Apenas había dicho estas cosas, cuando en mitad de la sede  del senado
    se detuvo  la bienhechora Venus para nadie visible ,
    y cogió de entre los miembros de César capturó su alma presente
    no permitiendo  que se disolviese  en el aire
    y la introdujo entre los astros celetes.

    Vix ea fatus erat, medi cum sede senatus
    constitit alma Venus nulli cernenda suique
    Caesaris eripuit membris nec in aera solvi              
    passa recentem animam caelestibus intulit astris
    .

    Y también el mismo Ovidio en el mismo libro IV de los Fastos anteriormente citado, ahora en los versos Fasti IV, 317 ss., al describir la llegada de la diosa Madre Cibeles al puerto de Ostia, junto a Roma, en el año 204 a.C. le llama también “alma”:

    E hincada la rodilla, clava su rostro en la imagen
    de la diosa y con el cabello desparramado emite estos sonidos:
    Protectora y madre fecunda de dioses, recibe
    bajo  ciertacondición los ruegos de quien te suplica:
    Se niega  que soy casta: si tu me condenas, confesaré que lo he
    merecido: lavaré  mi pena con la muerte, vencida por una diosa como juez.

    summissoque genu voltus in imagine divae
    figit, et hos edit crine iacente sonos:
    "supplicis, alma, tuae, genetrix fecunda deorum,
    accipe sub certa condicione preces.
    casta negor: si tu damnas, meruisse fatebor;
    morte luam poenas iudice victa dea;

    Horacio se lo aplica a las Musas, a las Camenas: almae Musae (alimentadoras y fomentadoras de las artes y las ciencias) en Libro III,  Oda IV por ejemplo, v. 42 

    Vosotras,  bienhechoras,
    no sólo dais el dulce consuelo sino que gozáis de haberlo dado.

    vos lene consilium et datis et dato
    gaudetis, almae. …

    Luego los cristianos se lo adjudicaron lógicamente a la Virgen María. Como detalle curioso diré que  en el año 2009 el propio Vaticano ha editado un CD titulado “Alma Mater”, dedicado a la Virgen María con los cantos religiosos del papa Benedicto XVI.

    Pero desde la Edad Media la expresión “alma mater ” se aplica de manera especial a la Universidad, a la Universitas Studiorum, verdadera madre nutricia de las mentes y de los espíritus de los estudiantes que se movían por Europa: Bolonia (fundada ya en 1088) , París, Salamanca, Coimbra, Oxford…

    Universitas, universidad”,  significa comunidad, corporación, conjunto, colectivo. Universitas Magistrorum et Scholarium es, pues,  la comunidad de maestros y alumnos o como se dice en Las Siete Partidas, o Libro de las Leyes publicado en época de Alfonso X el Sabio (1252-1284):  el “Ayuntamiento de maestros et de escolares que es fecho en algún logar con voluntat et con entendimiento de aprender los saberes” (Partid. II, título XXXI, ley 1)

    Es lógico, pues, que aparezca, aunque sea en la última estrofa, del famoso himno universitario, generalizado en todo el mundo, Gaudeamus igitur, cuya letra tal vez sea del siglo XIII:

    Alma Mater floreat
    quae nos educavit,
    caros et conmilitones
    dissitas in regiones
    sparsos congregavit.

    Florezca la Madre Nutricia (Universidad)
    que nos ha educado,
    y ha reunido a nuestros queridos compañeros
    dispersos por las lejanas regiones.

    Si la universidad es “alma mater” es lógico llamar alumnos, a los jóvenes o no tan jóvenes que en ella se nutren del saber. Más arriba se ha explicado el significado de “alumno”.

    Matricula” significa en latín lista, católogo, registro; es el diminutivo de “matrix” (relacionada con mater) que significa hembra que cría, nodriza, madre, origen.  Así que matricularse  no significará otra cosa que formalizar la relación con la “mater”, con la “madre nutricia” mediante la inscripción burocrática correspondiente en la lista o registro de alumnos.

    Nótese también que existe la expresión “alma parens”.  La emplea por ejemplo Virgilio en el libro II, v. 588  de la Eneida, refiriéndose a Venus

    Eso decía yo  y me dejaba llevar por  mi mente enloquecida,]
    cuando se me presentó visible,  nunca ante mis ojos tan luminosa,
    y brillo en la noche con  una luz pura brilló
    mi benefactora  madre, confesándose  diosa, tal y con la grandeza que  la ven
    los que habitan en el cielo,

    Talia iactabam, et furiata mente ferebar:
    cum mihi se, non ante oculis tam clara, videndam
    obtulit et pura per noctem in luce refulsit
    alma parens, confessa deam, qualisque videri
    caelicolis et quanta solet,

    Y más adelante en el Libro X, v. 215, ahora refiriéndose a Cibeles:

    Y ya el día había  caído del cielo y la nutricia  Febe
    recorría el centro del Olimpo con su carro nocturno.
    Eneas (pues la preocupación no da reposo a sus miembros),
    sentado, gobierna el timón y controla  las velas.
    Y he aquí que  en  mitad del espacio , le sale al encuentro
    el coro de sus compañera:  las Ninfas, a quienes la benefactora Cibeles
    les había ordenado tener el poder divino del mar y convertirse 
    de  naves en ninfas,   nadaban a la par  y surcaban las olas,
    cuantas   proas de bronce antes  se erguían en la playa.

    Iamque dies caelo concesserat almaque curru
    noctivago Phoebe medium pulsabat Olympum:
    Aeneas (neque enim membris dat cura quietem)
    ipse sedens clavumque regit velisque ministrat.
    Atque illi medio in spatio chorus ecce suarum
    occurrit comitum: nymphae, quas alma Cybebe
    numen habere maris nymphasque e navibus esse
    iusserat, innabant pariter fluctusque secabant,
    quot prius aeratae steterant ad litora prorae.

    Y en el mismo Libro X, v. 251 ss.

    Entonces suplica brevemente mirando a lo alto  del cielo:
    « Madre de los dioses, nutricia  Idaea, que amas a Díndimo
    y las ciudades que tienen  torres y los  leones uncidos bajo el doble yugo:
    tú para sé mi  ahora mi  guía en la lucha y favorece mi correcto  augurio
    y ayuda  a los frigios, diosa, con pie favorable.»
    Tan sólo  dijo esto.

    Tum breviter super adspectans convexa precatur:
    “Alma parens Idaea deum, cui Dindyma cordi
    turrigeraeque urbis biiugique ad frena leones,
    tu mihi nunc pugnae príncipes, tu rite propinques
    augurium Phrygibusque adsis pede, diva, secundo.
    Tantum effatus.

    Yen Libro XI, v.557

    “A ti  que habitas los bosques,  benigna virgen Latonia,
    yo, su padre, te  consagro esta sierva; sosteniendo  ella por primera vez las armas,
    suplicante,  escapa del enemigo por los aires.

    “Alma, tibi hanc, nemorum cultrix, Latonia virgo,
    ipse pater famulam voveo; tua prima per auras
    tela tenens supplex hostem fugit.

    Debe saberse que la palabra latina “parens” (relacionada con “pario”, dar a luz, parir, producir, criar) designa tanto al padre como a la madre. Lo que es un error inadmisible, que denota una gran ignorancia, es construir la frase “alma pater”, porque “pater” solo se refiere al “padre”, masculino, y “alma” es una forma femenina, nutricia.

    Naturalmente, también es un error notable confundir el adjetivo latino “alma”, nutricia, con el sustantivo español “alma”, espíritu, término que deriva de “anima”. Por cierto, todos los “animales”, como su nombre indica tienen “alma” o espíritu.

  • Tres veces tres

    En general los romanos son muy supersticiosos y muy ritualistas. Su concepción del mundo, que podríamos llamar en cierto sentido animista porque creen que todo está impregnado de una fuerza divina que justifica su desarrollo y virtualidad, les empuja a estar pendientes permanentemente de los signos que manifiestan la voluntad de los dioses o anuncian el futuro. Y esto obliga a su vez a celebrar constantemente ritos y ceremonias que descubren ese futuro o evidencian la voluntad de los dioses y espíritus para poder propiciar su favor o detener su ira. Por ello no emprenden ninguna acción sin consultar esos signos.

    Esta idea la expresa coherentemente Plinio el Joven al comienzo de su Panegírico de Trajano 1,1:

    Correcta y sabiamente, senadores, instituyeron nuestros antepasados que  las acciones y  los discursos comenzaran con preces, porque para ninguna cosa  pueden los hombres recibir los auspicios  legalmente, para nada prudentemente, sin la ayuda, sin el consejo y sin la gloria de los dioses inmortales.

    Bene ac sapienter, patres conscripcti, maiores  instituerunt ut rerum agendarum ita dicendi a precationibus capere, quod nihil rite, nihil providenter homines sine deorum inmortalium ope, consilio, honore auspicarentur.

    Los propios romanos se consideran a sí mismos el pueblo más religioso de todos, como dice el propio Cicerón en su De Natura Deorum (Sobre la naturaleza de los dioses) 2.8

    Y si queremos comparar nuestras cosas con las de los extranjeros, veremos que en los otros aspectos somos iguales o incluso inferiores, pero en la religión, es decir, en el culto de los dioses somos muy superiores.

    et si conferre volumus nostra cum externis, ceteris rebús aut pares aut etiam inferiores reperiemur, religione id est cultu deorum multo superiores.

    Si por religioso entendemos “practicante de ritos” hemos de compartir la afirmación de Cicerón.

    Sobre los ritos romanos hablaré en otra ocasión más extensamente, pero conviene conocer ahora un ejemplo resumido para  valorar su importancia en la religión romana. Se trata del ritual que el paterfamilias (el padre y jefe de la familia romana)  ha de realizar en las fiestas  de los difuntos llamadas Lemuria, rito del que en su época se ha perdido toda comprensión pero que se sigue practicando “religiosamente” como hicieron sus antepasados, nunca mejor aplicado este adverbio,  y que el poeta Ovidio nos relata en sus Fasti, 5, 419-492:

    A media noche se levanta el padre (paterfamilias), marcha con los pies descalzos y chasca el pulgar con los otros dedos para ahuyentar a los fantasmas; se lava tres veces las manos en una fuente; introduce en su boca habas negras que luego tira detrás de sí diciendo nueve veces ‘yo tiro estas habas; con ellas me rescato a mi y a los míos’ sin volverse hacia atrás; toca otra vez el agua, hace sonar un objeto de bronce y pide a la sombra (del difunto) que salga de su casa diciéndole  nueve veces ‘Manes de mis padres, salid’. Así se queda tranquilo.

    (Reparemos entre otras cosas en las veces que repite las cosas, tres o nueve).

    Julio César, que entre las muchas funciones y títulos que detentó, figuraba también el de Pontifex Maximus (Máximo Pontífice), es decir, una de las autoridades religiosas de mayor rango, no fue especialmente devoto ni respetuoso con los hados y los augurios cuando suponían un obstáculo en sus proyectos:  ni escuchó al adivino ciego (es curios que en muchas ocasiones ciegos físicos tengan una gran clarividencia de futuro) que le advirtió que se cuidase de los Idus de Marzo ni atendió al sueño premonitorio de su esposa Calpurnia el día que fue asesinado.

    Pero eso no significa que no fuera tan supersticioso como sus conciudadanos. Plinio nos cuenta en HN 28,4(21) cómo pronunciaba una fórmula mágica siempre que montaba en un carro de combate a raíz de un percance que tuvo en una ocasión:

    Se dice que el dictador César,  después de haber tenido un percance con su vehículo, siempre, antes de sentarse, lo que ahora sabemos que hacen muchos, solía buscar su seguridad repitiendo tres veces un conjuro.

    Caesarem dictatorem post unum ancipitem vehiculi casum ferunt semper, ut primum consedisset, id quod plerosque nunc facere scimus, carmine ter repetito securitatem itinerum aucupari solitum. Plin. Naturalis Historia, Lib. 28, 4 (21).

    No siempre debió ser eficaz el conjuro porque  Dion Casio nos cuenta cómo al celebrar su primer triunfo, de los cuatro que obtuvo, el correspondiente a sus victorias en las Galias, se rompió el eje del carro y tuvo que esperar la llegada de otro de repuesto. Fue un mal augurio, una mala señal que César procuró corregir subiendo de rodillas la escalinata del Templo de Júpiter a dónde el general victorioso finalizaba su desfile. Nos lo cuenta así Dion Casio, Historia de Roma 43, 21, 1-2

    El primer día de triunfo tuvo un mal presagio: se rompió el eje del carro triunfal justamente enfrente del Templo de la Fortuna construido por Lúculo, por lo que tuvo que completar el resto del trayecto en otro. Luego  subió las escaleras del Capitolio de rodillas, sin prestar atención al carro que había sido consagrado a Júpiter en su honor ni a la imagen del mundo habitado que había bajo sus pies ni a la inscripción que había en  ella; pero más tarde hizo borrar de la inscripción el término "semidiós".

    Tal vez alguien piense que estas prácticas rituales y supersticiosas eran exclusivas de las religiones antiguas, pero a poco que reflexione notará cómo el número tres sigue estando presente en nuestras costumbres y ritos actuales.

    Probablemente el valor mágico, místico, del tres le viene conferido por representar la unión de los contrarios: frente al uno y su opuesto el dos, el tres resulta ser la síntesis.

    Sabida también es la importancia del “tres”  en las culturas indoeuropeas, en las que las sociedades se estructuran en tres estamentos o partes: sacerdotes, guerreros, artesanos y que tiene su reflejo histórico en todas las culturas desde Europa a la India.

    Reflejo de ello es también la agrupación de las divinidades en triadas o grupos de tres dioses: Júpiter, Juno, Minerva en Roma;  Brahma, Vishnu, Shiva en la India.

    ¿Habrá alguna relación entre esta costumbre religiosa de las triadas y la aceptación de la Trinidad cristiana?

    Pero volviendo al rito, ¿no repiten también muchas personas actuales tres veces algunas oraciones o fórmulas como el “Ave María” o la señal de la cruz? ¿no bendice el papa o el sacerdote tres veces a sus fieles? ¿Acaso no sería  igual de eficaz una sentida oración que su repetición hasta tres  veces?

    Y qué decir del número nueve que servía de pauta al paterfamilias en la ceremonia de las Lemuria?  Nueve es tres veces tres. Seguimos recordando a nuestros difuntos de manera muy especial a los nueve días con una novena por no referirnos a las que frecuentemente se celebran en honor de nuestros santos o vírgenes de diversa advocación.

    Podemos recordar en este momento lo ya comentado en este mismo blog en  https://www.antiquitatem.com/pocima-de-amor-elixir-pitonisa-conjurohablando del conjuro para evitar un amor esquivo:

    Pero la nodriza, mezclando en un recipiente plano azufre
    narciso y casia, quema plantas aromáticas
    y envolviéndole tres por nueve veces (27)
    con una venda de tres colores distintos
    dice “muchacha, escupe tres veces en tu seno conmigo;
    escupe tres veces, muchacha; el dios se alegra con un número impar.

    "At nutrix patula componens sulpura testa
    narcissum casiamque herbas incendit olentis
    terque novena ligans triplici diversa colore
    fila «ter in gremium mecum» inquit «despue, virgo,
    despue ter, virgo: numero deus impare gaudet.»:

    Y todo ello es más chocante en una cultura en la que la base decimal de contar está absolutamente impuesta y generalizada, pero que para algunas cosas utiliza contabilidades más antiguas: triduos, semanas, novenas, docenas…

    Finalmente, quien haya visitado algún famoso santuario de los numerosos que hay no sólo en Iberia  sino en Europa y allende el mar océano y haya visto las filas de devotos caminantes de rodillas, no extrañarán la forma en que César intentó conjurar sus malos augurios. Todavía hoy, algunos fieles y devotos marchan de rodillas de vez en cuando en las procesiones para expiar una falta o para conseguir un beneficio de la divinidad. Es la realización del principio “do ut des” (te doy para que me des; te doy, en este caso un esfuerzo, para que me des lo que te pido) que es un elemento central de la religión romana y que  pervive actualmente en la religiosidad de muchas personas.

    Los romanos no entendían ya el sentido de muchos ritos antiguos, aunque sí creían en su eficacia mágica. ¿Acaso entendemos nosotros por fin los nuestros, que no son sino la pervivencia de los suyos? Ciertamente no los entendemos, pero no por ello  dejamos de practicarlos.
     

  • “Símbolo” y “diabolo” (diablo) son dos palabras relacionadas entre sí.

    Es difícil que el hombre actual establezca la relación entre “símbolo” y “diablo”, pero esa relación existe.

    σύμβολον, symbolonsímbolo,  significa según el diccionario contrato, tratado de comercio, marca, distintivo, señal, signo, contraseña, emblema, símbolo, insignia, presagio, auspicio, convención, tratado. Se relaciona con συμβάλλω, symballo,  echar, reunir, juntar, contratar, lanzar, comparar, interpretar, convenir…; συν- o  συμ-, sin– es una preposición y  preverbio griego que significa “con” y por tanto implica una idea de conjunto, de colectividad, de reunión.

    Símbolo hace relación a una práctica de protección de la hospitalidad  o de realización de contratos y acuerdos consistente en romper una pieza de cerámica, metal y otro materia de tal manera que cada una de las dos partes, el viajero y el hospedador, el vendedor y el comprador, se quedaban con una de ellas; en una futura ocasión la reunión de las dos mitades  en una sola pieza era la prueba de la antigua hospitalidad establecida o convenio realizado. Luego, en el mundo del derecho, el símbolo era un tipo de contrato entre personas privadas con determinadas garantías jurídicas.

    διάβολος, diabolos, diablo significa calumniador, detractor. Se relaciona con δια-βάλλω , dia-ballo, lanzar, desavenir, indisponer, acusar, calumniar, denigrar, engañar… διά, dia , es precisamente una preposición o adverbio que significa separadamente, en partes, a través de.. , es decir, lo contrario de sin

    El término está relacionado con διὰβολή, diabolé, que significa desavenencia, desacuerdo, querella, acusación falsa, calumnia.

    En realidad la palabra diabolé originariamente se refería a la postura que en los procesos judiciales, en los tribunales, mantenía quien ponía en duda la afirmación de la otra parte, al que se le llama diabolos, διάβολος . Desde este sentido méramente retórico paso a significar “calumniador” y  diabolécalumnia”.  En el contexto cristiano el diablo era el que introducía división y distanciamiento con la verdad de Dios y por tanto era el enemigo de Dios.

    Así que etimológicamente “símbolo” es lo contrario de “diablo”, si los “símbolos” unen, los “diablos” separan.

    Demonio (del lat. daemonĭum, y este del gr. δαιμόνιον, daimonion) merece un tratamiento aparte que en su momento llevaré a cabo.

  • ¿Qué es más importante, la utilitaria oratoria o la espiritual poesía?

    Ayer como hoy la palabra, las letras, son una noble ocupación del hombre, pero en algunos casos esa ocupación produce pingües beneficios y recompensas y en otros ni siquiera permite una vida sencilla libre de preocupaciones materiales.

    Cornelio Tácito (circa 55-120) fue  senador, cónsul y gobernador romano, pero sobre todo fue un historiador famoso que nos contó en dos obras (Historias, Anales) la Historia de Roma desde Augusto hasta Domiciano. Pero escribió también tres obras menores, una sobre Germania, otra con la biografía de su suegro Julio Agrícola y otra tercera titulada “Diálogo sobre  los oradores”  “Dialogus de oratoribus” en la que trata de la decadencia de la oratoria en su tiempo.

    En esta tercera, en un diálogo simulado entre el poeta Curiacio Materno y el orador Marco Apro, discuten sobre qué arte ha de tener la primacía, cuál ha de ser más importante, la poesía o la oratoria. 

    El trabajo del orador es defender o acusar ante los tribunales a un ciudadano, a una ciudad o una provincia que requiere sus servicios, por los que ha de recibir buenos y pingües emolumentos, amén de una gran fama y consideración social. La oratoria, concebida como arma, se afana por el lucro.

    El poeta, empeñado en su soledad y tranquilidad de espíritu, en expresar sus sentimientos o en cantar en versos musicales las acciones notables de los hombres, apenas si puede aspirar a una lectura entre el círculo de sus amigos y a una difícil y costosa edición de su obra. Aunque pueda aspirar al apoyo y protección de algún poderoso, el poeta no gana mucho dinero ni vive en la opulencia.

    Que cada cual  valore estas dos actividades como considere adecuado, como ocurría en la Antigüedad. Pero en esta obra y en este diálogo Tácito nos recuerda un hecho memorable que le ocurrió al gran poeta nacional latino Virgilio, el autor de la Eneida dedicada a la familia del emperador Augusto, de las Eglogas, de las Geórgicas.

    Dice Tácito por boca de Materno en Diálogo sobre los oradores, I, 13

    Y no temería comparar ciertamente la suerte de los poetas y su feliz camaradería con la inquieta y agitada vida de los oradores. Aunque a ellos sus confrontaciones y peligros los conduzcan al consulado, prefiero el retiro, tranquilo y seguro, de Virgilio, en el que sin embargo no estuvo falto del  favor del divino Augusto ni del reconocimiento entre las gentes de Roma. Prueba de ello son las cartas de Augusto; testigo el mismo pueblo, que al escuchar  en el teatro unos versos de Virgilio se levantó todo él  y le  honró a Virgilio presente por casualidad como espectador como si fuera  Augusto.”

    Ac ne fortunam quidem vatum et illud felix contubernium comparare timuerim cum inquieta et anxia oratorum vita. licet illos certamina et pericula sua ad consulatus evexerint, malo securum et quietum Virgilii secessum, in quo tamen neque apud divum Augustum gratia caruit neque apud populum Romanum notitia. Testes Augusti epistulae, testis ipse populus, qui auditis in theatro Virgilii versibus surrexit universus et forte praesentem spectantemque Virgilium veneratus est sic quasi Augustum.

    Claro, se trataba del público de una obra de teatro, no del asistente a las carreras de caballos o a los combates de gladiadores.  Bien, el escenario no parece haber cambiado mucho en estos dos mil años transcurridos hasta el día de hoy. Y sin embargo sigue habiendo, afortunadamente, poetas.

    Nota: las citadas cartas de Augusto, como tantos otros textos antiguos, no se han conservado.

    Por lo demás, el propio Virgilio nos describe su securum et quietum secessum (retiro seguro y tranquilo) en su obra sobre la vida en el campo Georgicas, II, 485 y ss.

    ¡Que me alegren los campos y los arroyos plenos de agua  en los valles!.
    Aunque sea sin gloria, que pueda disfrutar de los ríos y los bosques.
    O  campos y rio Esperquio y monte  Taigeto recorrido en las Bacanales por
    las vírgenes de Laconia.  O, ¿ quien me retuviera en los frescos valles del Hemo
    y me cubriera con la inmensa sombra de sus árboles?

    Rura mihi et rigui placeant in vallibus amnes;
    Flumina amem, sylvasque inglorius. O ubi campi,
    Sperchiusque, et virginibus bacchata Lacænis
    Taygeta! O quis me gelidis sub montibus Hæmi
    Sistat, et ingenti ramorum protegat umbrâ?

    Nota: en realidad Virgilio pudo disfrutar de una paraje similar: tenía una villa cerca de Nápoles en la que pudo escribir sus Geórgicas y parte de su Eneida