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  • Mamotreto

    Mamotreto es una palabra con la que designamos a un libro voluminoso, gordo, pesado y de poco valor. El origen de esta palabra es muy curioso. Procede del griego a través del latín.

    La Real Academia Española define “mamotreto” como “armatoste, libro o legajo muy abultado, principalmente irregular y deforme”. Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana (1611) lo define como “Libro grande en volumen y de materias frívolas y de poco fruto”. Equivale también, pues, a un libraco.

    Se considera que deriva del latín tardío “mammotrectus” y este de “mammothreptus”, que procede del griego tardío μαμμόθρεπτος.

    La palabra grecolatina significa literalmente “criado a la teta”, “que mama durante más tiempo del debido”, ”mamón”  sin la connotación que tiene en el lenguaje coloquial y vulgar, y también “criado por su abuela” (si se le deriva de μἀμμη, mamme, madre, abuela,  y θρεπτὁς, threptos, alimentado, criado, de τρέφειν, trefein, alimentar)  y tal vez mejor “criado por una nodriza”.

    En cualquier caso se refiere a un niño gordo, rollizo, grandullón, que lo es  tanto si mama en exceso y por largo tiempo como si es criado con excesiva atención como suelen hacer las abuelas y las nodrizas,

    Ahora bien, ¿cómo ha ocurrido que de designar a un niño gordinflón, esta palabra pase a referirse a un libraco, gordo también, pesado y con frecuencia de poco valor?

    Se cita y documenta la siguiente explicación. En el siglo XIV, un tal Giovanni Marchesini, fraile franciscano, dio este nombre a su manual de interpretación bíblica “Mammotrectus super Bibliam”, un glosario con unos 1300 términos para ayuda de los jóvenes frailes. Existe un manuscrito de 1375 y luego se imprimió muchas veces en los siglos XV y XVI.

    El término vendría a significar “alimento” o “nodriza” de la Biblia. El título vendría a su vez de un pasaje de San Agustín en su obra “Enarrationes in Psalmos”, In eumdem psalmum 30, Sermo 2, 12   [v 15.]:

    Si te fijas en el hombre y a él quieres imitar y depender de él, todavía quieres alimentarte de leche; y te conviertes en un mamotreto, como se dice de los niños que maman durante mucho tiempo, lo que no conviene…. Las nodrizas les hacen esto a los mamotretos, ponen algo amargo en sus pezones, para que los niños molestos con ello se aparten del pecho y se sienten a la mesa. Así pues diga: “Dije, en ti esperé, Señor,: Tú eres mi  Dios”

    Si attendis adhuc hominem, et cum quaeris imitari, et ex illo pendere, adhuc lacte vis nutriri; et fies mammothreptus, quales dicuntur pueri qui diu sugunt, quod non decet… Faciunt enim hoc nutrices mammothreptis, ut aliqua amara ponant in papillis suis, quibus offensi parvuli ab ubere resiliant, et ad mensam inhient. Ergo dicat; Ego autem in te speravi, Domine, dixi: Tu es Deus meus.

    Lo que nos quiere decir Giovanni Marchesini es que así como los niños necesitan de la leche de la madre, los jóvenes frailes necesitan del alimento elemental y primario de su manual o diccionario. El diccionario es como una nodriza o ama de cría.

    El mismo explica en el prólogo que de la misma forma que el pedagogo dirige los pasos de los párvulos, su obra puede llamarse “Mammotrectus”, Mamotreto:

    Y porque crea costumbre el proceder del pedagogo que dirige los pasos de los párvulos, podrá ser llamado Mamotreto

    et quod morem gerit talis decursus pedagogi qui  gressus dirigit parvulorum,  Mammotrectus poterit appellari”.

    Aunque este “mammotrectus” era más gordo que otros manuales que utilizaban los estudiantes, todavía el término no tenía la acepción de “libro voluminoso”  y pesado que luego adquirió en la jerga estudiantil.

    Pero un "libro gordo" no tiene por qué ser pesado ni aburrido. Sin duda miles de argentinos y españoles recordarán con simpatía y cariño la famosa enciclopedia y serie televisiva didáctica "El Libro Gordo de Petete". Incluso el citado libro de Marchesini que da origen a esta palabra debió ser de gran utilidad para muchas generaciones de frailes, a juzgar por las numerosas impresiones que tuvo.

  • Un lecho de rosas

    La realidad histórica y la fantasía popular han hecho de Síbaris una ciudad sumida en el lujo y el placer; sibarita es el adjetivo que designa a sus habitantes, pero el término pasó a referirse a las personas exquisitas de gustos refinados o a las entregadas al lujo y al placer.

    Los propios antiguos y luego algunos renacentistas ponían alguna reserva a las cosas que se contaban de los “sibaritas”, los habitantes de Síbaris; nosotros debemos ponerla también.

    Quizás para entender mejor lo que de ellos se decía, debamos interpretarlo como los “cuentos” que hoy narramos a los niños o incluso a los mayores. A ello nos ayudará sin duda relacionar una de las anécdotas de Síbaris con uno de los cuentos contemporáneos más famosos.

    Séneca el Joven (4 a.C. – 65) recoge en su diálogo De ira, II, 25,2 el cuento sin duda conocido y repetido mil veces en la Antigüedad de un sibarita realmente delicado:

    Mindyriden aiunt fuisse ex Sybaritarum civitate qui, cum vidisset fodientem et altius rastrum adlevantem, lassum se fieri questus vetuit illum opus in conspectu suo facere; idem habere se peius questus est, quod foliis rosae duplicatis incubuisset.

    Se dice que existió un tal Mindirides, de la ciudad de Síbaris, que en una ocasión, al ver a un operario cavando y levantando a lo alto la azada, se quejó de sentirse cansado y le prohibió hacer el trabajo a su vista; él mismo se quejó de sentirse muy mal porque había dormido en un lecho de rosas y uno  de los pétalos se había doblado.

    Sin duda es este el origen, o tal vez consecuencia, de la expresión “un lecho de rosas”.

    También Claudius Aelianus ( 175?-235?), profesor de retórica latino que se empeñó en publicar su obra en griego (se le llamó μελίγλωττος / melíglôttos =lengua de miel), y que  escribió una Ποικίλη ἱστορία, Varia Historia, Historias curiosas, recoge esta historieta o cuento sobre los sibaritas.
    Nos dice en sus Historias, en su versión latina Libro noveno, 24:

    Smindirides Sybarita adeo in luxuriam delitiemque prolapsus est; ut cum omnes Sybaritae delitiis vacarent, vitaque diffluerent, hic omnes longe post tergum relinqueret. Proinde quodam tempore in rosarum foliiss recumbens experegefactus dixit se postulas ex nimia lecti duritie inflactas habere.

    Esmindirides de Siracusa llevó tan lejos su exceso de comodidades que sobrepasó a todos sus conciuadadanos, que hacían de la búsqueda del placer y de las delicias de la vida, su única ocupación. Un día que se había acostado y dormido sobre unas hojas de rosas, se levantó, quejándose de que la dureza de su cama le había producido unas grandes llagas.

    Sin duda que la historia o cuento siguió corriendo en la Edad Media y aún después, en textos escritos o en la tradición oral.

    Este cuento sibarita tiene un evidente reflejo en el famoso cuento publicado por el famoso autor danés Hans Christian Andersen "La princesa del guisante", en el que una muchacha desconocida confirma su ascendencia real y su condición de princesa porque, acostada en un lecho de veinte colchones, no pudo conciliar el sueño por las molestias que le ocasionaba un guisante que bajo ellos se encontraba. ¡Hasta tal punto era delicada la princesita!

    Andersen dice que él había escuchado el cuento de niño y aprovechó luego el recuerdo. Su forma y su intención social es diferente del relato del sibarita Esmindírides, pero el fondo del asunto es el mismo y la relación, conocida u olvidada en Europa, es evidente.

    Entre cuentos similares se cita uno de  la colección de cuentos indios del siglo XI llamada el Kathásaritságara (El océano de ríos de leyendas): un joven se levanta dolorido de una cama de siete colchones porque bajo el primero o inferior  había un pelo que molestó su sueño.

    Alguna relación tiene también un cuento italiano en el que un pétalo de jazmín hirió en su caída la delicada piel de una sensible mujer italiana.

    Resulta por ello más curiosos que no se cite como precedente o similar la historia del sibarita Esmindírides.

    Podemos en cambio citar un fragmento de una conferencia de un personaje curioso, el español Pablo de Ballester, obispo ortodoxo en México, que murió en 1984 tiroteado por un general  que alegó trastornos mentales. Pablo de Ballester fue un catedrático de Griego Clásico en la Universidad Autónoma de México y director del lnstituto Cultural Helénico y famoso conferenciante.

    Dice Ballester en su libro Conferencias I, Fantástico Mundo Griego, editado en Publicaciones Cruz O. S.A.,  México,  1996, pág, 102:

    Cerca de aquellas latitudes estaba la maravillosa ciudad de Síbaris, la más refinada del mundo ¡pero así! ¡del mundo! ¡de todas las épocas!… Déjenme decir (prometo que es por última vez) lo que pasó en Síbaris una noche en que se oyó un grito, exhaló una mujer un alarido que despertó a todos los sibaritas. Dijeron:
    – ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
    – – Pues es la princesa que ha gritado
    – – Y ¿por qué habrá gritado la princesa?
    Acudieron todos a palacio. La princesa había gritado porque –como todos los sibaritas-dormía ella en un cochón de pétalos de rosa y un pétalo ¡estaba doblado! cuando ella se echó a dormir. Pues… por poco se quebranta el costado…Los sibaritas, qué civilización tan muelle, tan refinada ¿verdad? De resentir un pétalo de rosa doblado…

    Evidentemente Ballester realizó una lógica mixtura: la historieta de Esmindírides con el cuento de La princesa del guisante de Andersen.

  • El latín es uno pero las formas de hablarlo fueron varias

    El latín es una lengua que ha mantenido una notable unidad como lengua escrita a lo largo de 25 siglos. En muchos de ellos, en realidad en la mayor parte de ellos, tan sólo se mantuvo como lengua escrita.

    Pero del latín hablado, lengua oficial del vasto Imperio Romano, surgieron numerosas lenguas distintas, las llamadas lenguas romances, más de veinte, algunas desaparecidas o en trance de desaparecer ( italiano, siciliano, español o castellano, galaicoportugués, asturleones, francés, occitano, catalán, rumano,  sardo, romanche, etc.) que se explican como variaciones dialectales del latín debidas a la acción de los sustratos locales, de las propias diferencias en su pronunciación según los territorios y del aislamientos de los pueblos o grupos humanos.

    Pero también en la propia Roma e Italia y en cada uno de los territorios es distinto el latín de los letrados que el de los iletrados y es distinto en un momento o en otro de la historia. Por supuesto, su pronunciación varió a lo largo del tiempo y del espacio.Todas estas cuestiones son el objeto de varias disciplinas lingüísticas que analizan la cuestión.

    Las diferencias en la pronunciación del latín son, pues,  tan antiguas como el latín mismo y de ello tenemos numerosas referencias desde la propia Antigüedad. Citaré dos o tres curiosidades, . una de ellas referida a Hispania, que nos ilustran el tema y nos sugieren algunas preguntas.

    El emperador Septimio Severo 146-211, nació en Leptis Magna, en el norte de Africa, cerca de Trípoli en la actual Libia. Hablaba el latín con un acento especial que le identificaba como africano y que no pudo abandonar en toda su vida, a pesar de que su latín, fruto del estudio con tutores y de la educación, era perfecto. En la Historia Augusta, Spartianus,  Vita Severii, 19, 7-10  leemos:

    Usaba éste de ropas tan sencillas que su túnica apenas si tenía algo de púrpura, de tal forma que cubría sus hombros con un manto de piel peluda. Fue muy parco en la comida,  aficionado a las legumbres de su patria, alguna vez  gustaba del vino , y con toda frecuencia no comía  carne. Como persona era  hermoso, esbelto, de larga barba, de pelo cano y rizado, de rostro venerable, de voz sonora, aunque sonando hasta su vejez con cierto tono africano. Después de su muerte, fue  muy querido,  una vez desaparecidos  ya la envidia o el miedo a su crueldad.

    Hic tam exiguis vestibus usus est ut vix et tunica eius aliquid purpurae haberet, cum hirta chlamyde umeros velaret. cibi parcissimus, leguminis patrii avidus, vini aliquando cupidus, carnis frequenter ignarus.  ipse decorus, ingens, promissa barba, cano capite et crispo, vultu reverendus, canorus voce, sed Afrum quiddam usque ad senectutem sonans.  ac multum post mortem amatus vel invidia deposita vel crudelitatis metu.

    Algo parecido le ocurria muchos siglos más tarde al emperador Carlos V de Alemania y I de España, que hablaba español no bien con un fuerte acento de los Países Bajos.

    Poco antes el mismo Espartiano había comentado otra anécdota que revela las dificultades de la generalización del latín en el norte de Africa. Nos dice en Historia Augusta, Vita Servii, 15,7: 

    Cuando una vez fue a visitarlo su hermana de Leptis, que  apenas  podía hablar latín, el emperador enrojeció de la mucha vergüenza; concedida a su hijo la toga laticlava y a ella misma muchos regalo, le ordenó volver a su patria con su hijo, que tras una vida breve murió. 

    cum soror sua Leptitana ad eum venisset vix Latine loquens, ac de illa multum imperator erubesceret, dato filio eius lato clavo atque ipsi multis muneribus redire mulierem in patriam praecepit, et quidem cum filio, qui brevi  vita defunctus est.

    La segunda anécdota nos afecta directamente a los españoles, antiguos hispanos, por cuanto se documenta cierta particularidad  en el deje o tono del latín de los hispanos, especialmente los de la Bética, la actual Andalucía.

    Ya Cicerón, en su discurso Pro Archia poeta, 26 (En defensa del poeta Arquias, 26)dice:

    Este (Metelo) hasta tal punto deseaba  que se escribiese de sus hechos que prestaba oídos incluso a poetas nacidos en Córdoba, a pesar de que sonaban con cierto acento seboso y extranjero.

    qui (Metellus) praesertim usque eo de suis rebus scribi cuperet, ut etiam Cordubae natis poetis, pingue quiddam sonantibus atque peregrinum, tamen auris suas dederet.

    Pero sobre todo es reveladora una cita referida al emperador Adriano  en la ya citada más arriba Historia Augusta, de Vita Hadriani, 3,1

    Adriano (76-138)  nació el 24 de enero probablemente  en Itálica, junto a la actual Sevilla,  como Trajano del que era sobrino, de una antigua familia de Italia afincada aquí. Otras fuentes dicen que nació en Roma. En todo caso su relación con Hispania y con Itálica es absoluta.

    Ocupó la cuestura  en el cuarto consulado de Trajano y el primero de Articuleyo; al pronunciar en el Senado durante su cuestura un discurso con un tono un tanto provincial  provocó una carcajada, así que puso todo su esfuerzo hasta alcanzar la mayor competencia y la fluidez de su latín.

    Quaesturam gessit Traiano quater et Articuleio consulibus, in qua cum orationem imperatoris in senatu agrestius pronuntians risus esset, usque ad summam peritiam et facundiam Latinis operam dedit.


    Parece, pues, que en la Bética de entonces como en la Andalucía de hoy existía una notable peculiaridad  en la pronunciación. Esta importante  cuestión nos plantea algunas preguntas: si estas peculiaridades se daban ya en el siglo I, ¿cómo se hablaba en la Bética (Andalucía) en el s.IV? ¿y en el VI y VII?; y teniendo en cuenta que los invasores musulmanes en el 711 y después fueron poco numerosos, ¿cómo se hablaba en Al-Andalus en los siglos VIII,IX,X,XI?

    Desde luego, la lengua de los andaluces no es en absoluto un “castellano” degradado, como a veces afirman incluso ilustres ignorantes.

  • Las profundas cuevas sobrecogen y atraen a los hombres devotos

    Algunos parajes naturales, sea por su belleza recóndita, por su silencio o por su profundidad que se hunde en las entrañas de la tierra, parecen emanar una fuerte atracción para los seres humanos. Entre estos parajes tienen una especial fuerza las cuevas. No en vano habitó en ellas el hombre durante la larga noche de su infancia como especie.

    No es infrecuente localizar cuevas o simas subterráneas en las que se ha realizado alguna práctica religiosa desde la más remota antigüedad: existen cuevas en la Península Ibérica en las que se acumulan restos votivos desde época ibérica, vasos cerámicos de ofrendas, y también restos medievales; algunas de estas cuevas incluso en época actual siguen concitando  reuniones  periódicas, anuales generalmente, de numerosos devotos o romeros para celebrar a la “virgen” o deidad del lugar.

    Muchos de ellos son santuarios en los que incluso hoy se busca la curación de una enfermedad, la eliminación de un dolor o la búsqueda genérica de la salud. Esto viene ocurriendo desde la remota Antigüedad y esto es así en todo el Mediterráneo, desde España a Grecia, desde Italia al norte de Africa.

    Con frecuencia junto a ofrendas en forma de vasos o  en forma de cáliz o copa, aparecen  exvotos ofrecidos por los fieles con formas de pies, manos, brazos, piernas, cabezas, torsos,… haciendo referencia a la parte dolorida cuya salud se implora. Suelen estar colgados en los muros del santuario.

    Exvoto es precisamente una  transcripción de la frase latina ex voto (por voto, por promesa),

    En las cuevas, lógicamente, se veneraban  especialmente divinidades subterráneas a las que se ofrecen sacrificios, dádivas, ofrendas.

    ¿Quién puede resistirse a relacionar, por ejemplo, la veneración en Soria al santo Saturio, en una mítica cueva junto al río Duero, el padre Duero, con el culto a Saturno, divinidad romana de las profundidades terrenales? Pues todavía hoy dos mil años después, son centenares, miles las  personas que visitan la cueva de San Saturio, cuya festividad se celebra en los primeros días de Octubre.

  • Nec nominetur (ni lo nombres)

    Hay asuntos, personas y situaciones de los que es mejor no hablar

    Conocido es el prestigio y marchamo de cultura que la utilización adecuada de una sintética frase latina confiere a una sentencia, a un pensamiento, a una afirmación. Son muchas las frases de este tipo que los muchos siglos de cultura latina han transmitido en Occidente, hasta el punto de que existen numerosos diccionarios o índices de frases latinas a los que recurrir para su comprensión o para encontrar  la adecuada a un determinado contexto.

    Nec nominetur  es una de estas frases latinas, aunque no de las más frecuentes. Literalmente significa “ni se nombre; ni se cite”. Su origen está en la Carta o epístola que San Pablo dirigió a los habitantes de Éfeso (Efesios, 5,3-4), ciudad griega en Asia Menor, actual Turquía, en donde leemos la frase completa:

    Pero la fornicación y toda inmundicia, ó la avaricia, ni se nombre entre vosotros, como conviene a los santos; ni palabras vergonzosas, ni necedades, ni payasadas, que no vienen al caso; sino antes bien acciones de gracias.

    En su versión latina (el judío San Pablo habla y escribe en Griego):

    “Fornicatio autem, et omnis immunditia, aut avaritia nec nominetur in vobis, sicut decet sanctos;  aut turpitudo, aut stultiloquium, aut scurrilitas, quæ ad rem non pertinet; sed magis gratiarum actio” 

    El sentido de la frase de San Pablo se refiere, pues, precisa y concretamente a la necesidad de que los  seguidores primitivos de Jesús se mantengan alejados de estos vicios y del uso de frases indecorosas o no adecuadas.

    Ahora bien, una vez extraído de ese contexto, el “nec nominetur” adquiere un valor más general,  o mejor, varios valores y significados que imponen y exigen desde el silencio material hasta la restricción mental o la repugnancia por hacer real algo que se rechaza, o el deseo de no querer enterarse de la realidad.

    Sus matices significativos  pueden ir, pues,  desde el conspirativo  “ni se cite entre ustedes” hasta el suasorio o aconsejante   “ni lo menciones”, “ni me lo nombre”  o el más imperativo  y castizo “mejor no meneallo”. 

    En todo caso es el silencio el que parece negar o intentar negar la realidad de lo que por otra parte todos conocen, porque requisito previo a la circunstancial  “nominación” es el conocimiento del asunto.

      La frase, de significado muy concreto en el texto de San Pablo,  se va enriqueciendo, pues,  en sus matices según los contextos en que se utiliza, coincidentes todos ellos en el rechazo a reconocer (volver a conocer) lo que ya se conoce.

  • El primer testimonio de educación de un sordo

    Bien conocido es que el infanticidio y la exposición de niños son prácticas admitidas en Grecia y Roma bien sea por razones religiosas (discapacidad como castigo o consecuencia de la cólera de los dioses) o por razones de política y de tradición cultural.

    Las polis griegas y las sociedades antiguas necesitan hombres fuertes para un ejercicio frecuente de la actividad bélica. La sociedad excluye al inválido, al no-válido.

    Por otra parte siempre fue una preocupación de las ciudades griegas evitar el crecimiento excesivo de los ciudadanos para no repartir el territorio y mantener la relación entre riqueza de la ciudad y número de ciudadanos. Platón en sus Leyes, V,737e considera como número ideal de su ideal ciudad el de 5.040 ciudadanos. 

    En el pensamiento y cultura griegos  además tiene una gran importancia la belleza y perfección física.

    Todo ello explica que los propios legisladores como Licurgo, Platón o Aristóteles teoricen y dictaminen sobre la dimensión de las ciudades y sancionen en sus leyes o en sus propuestas de constituciones  prácticas  de eugenesia o búsqueda de la salud genética de las generaciones futuras.

    En este contexto los niños y niñas  nacidos con alguna malformación física eran sencillamente eliminados.

    Así Plutarco nos dice en su Licurgo, XVI 1-2:

    Un padre no era el dueño de la crianza  de su hijo. Una vez que había nacido lo llevaba a un lugar llamado Lesque, en el que se reunían en asamblea los más antiguos de cada tribu. Lo examinaban y si estaba  bien conformado, si manifestaba vigor, ordenaban que se le alimentase y le asignaban como herencia una de las nueve mil parcelas de tierra. Si era contrahecho o de débil constitución, ordenaban arrojarlo a un precipicio al pie del  monte Taigeto, que se llamaba Apothetes. Consideraban que estando destinado desde su nacimiento a no tener ni fuerza ni salud, no merecía la pena ni para él mismo ni para el estado dejarle con vida.”

    “Τὸ δὲ γεννηθὲν οὐκ ἦν κύριος ὁ γεννήσας τρέφειν, ἀλλ´ ἔφερε λαβὼν εἰς τόπον τινὰ λέσχην καλούμενον, ἐν ᾧ καθήμενοι τῶν φυλετῶν οἱ πρεσβύτατοι καταμαθόντες τὸ παιδάριον, εἰ μὲν εὐπαγὲς εἴη καὶ ῥωμαλέον, τρέφειν ἐκέλευον, κλῆρον αὐτῷ τῶν ἐνακισχιλίων προσνείμαντες· (2) εἰ δ´ ἀγεννὲς καὶ ἄμορφον, ἀπέπεμπον εἰς τὰς λεγομένας Ἀποθέτας, παρὰ Ταΰγετον βαραθρώδη τόπον, ὡς οὔτε αὐτῷ ζῆν ἄμεινον ὂν οὔτε τῇ πόλει τὸ μὴ καλῶς εὐθὺς ἐξ ἀρχῆς πρὸς εὐεξίαν καὶ ῥώμην πεφυκός.”

    Platón en su República V 460b-c se inspira en Esparta para recomendar el infanticidio.

    Aristóteles en su Política, libro VII, 1335b (16,15) dice:

    En cuanto a la exposición y crianza de los hijos, debe existir una ley que prohíba criar a ningún defectuoso

    Περὶ δὲ ἀποθέσεως καὶ [20] τροφῆς τῶν γιγνομένων ἔστω νόμος μηδὲν πεπηρωμένον τρέφειν,

    y  recomienda como mejor medida el aborto.

    En Roma la legislación y la costumbre conceden al paterfamilias el derecho de vida y muerte sobre sus hijos, que puede reconocerlos o no cuando nacen; así que la suerte de quienes nacen con un defecto físico no es mejor que en Grecia. Los niños con malformaciones  o son arrojados al Tiber o  expuestos junto a la columna Lactaria.

    Aristóteles en su Historia de los animales, libro IV,9,15-16 (537a) se refiere al fenómeno de la voz:

    Cada uno de los cuadrúpedos vivíparos tienen una voz diferente de los demás, pero ninguno es capaz de articular un lenguaje; este es un privilegio reservado sólo al hombre. Cuando el animal tiene una lengua articulada, tiene también una voz, pero puede tener voz sin tener nunca lenguaje ni articulación. Los que son sordos de nacimiento son también siempre mudos; sin embargo tienen una voz, pero no se puede articular. “

    Hipócrates considera más bien que una malformación en realidad es fruto de una enfermedad, pero esta opinión en nada modificó la cruel costumbre de eliminar a los minusválidos.

    Lucrecio, en su De rerum natura,L. V, 1052-55 dice:

    No es fácil ni enseñar ni aconsejar de manera alguna a los sordos lo que es necesario hacer”.

    Nec ratione docere ulla suadereque surdis, quid sit opus facto, facilest:

    A la vista de estos testimonios es fácil suponer el rechazo social que una minusvalía producía en el mundo antiguo. Por eso  no es de extrañar que ya en la propia  Antigüedad resultara ciertamente llamativo un texto de Plinio el Viejo  en el que se da cuenta de la educación de un muchacho sordo como pintor.

    Es el primer caso de educación de un discapacitado del que tenemos constancia histórica y el primer sordo del que conocemos su nombre: Quintus Pedius. Era hijo del senador y orador romano Quintus Pedius Publicola, Su abuelo paterno fue el cónsul Quintus Pedius y su abuela paterna Valeria, pariente, tal vez hermana, del senador y orador también Marco Valerio Messala Corvino. Su abuelo y el emperador Augusto eran primos por parte de madre. Así que este muchacho era de muy buena familia.
    Messala aconsejó y Augusto autorizó su educación como pintor; desgraciadamente murió joven. Esto es lo que nos  dice Plinio, Historia Natural  35, 7,  21:

    …. No debemos olvidar el célebre consejo sobre pintura de los principales personajes, a propósito de  Quinto Pedio, nieto de Quinto Pedio, consular, recompensado con el triunfo, nombrado coheredero por el dictador Cesar con Augusto, que había nacido mudo (sordo) por naturaleza. El orador Messala, de cuya familia era la abuela del niño, aconsejó que se le enseñara pintura, cosa que también aprobó el divino Augusto. Habiendo hecho grandes progresos  en ese arte, murió siendo niño.”

    … et principum virorum non omittendum de pictura celebre consilium, cum Q. Pedius, nepos Q. Pedii consularis triumphalisque et a Caesare dictatore coheredis Augusto dati, natura mutus esset. in eo Messala orator, ex cuius familia pueri avia fuerat, picturam docendum censuit, idque etiam divus Augustus comprobavit; puer magni profectus in ea arte obiit”.

    Luego  tuvieron que pasar muchos siglos hasta la aceptación social de las medidas de reinserción de las personas con discapacidad. En la historia de la educación y enseñanza de sordos ha jugado un papel muy importante España, considerada la cuna de la enseñanza de sordomudos gracias a la labor del benedictino. Pedro Ponce de León, (1513?-1584) nacido en Sahagún (León), que partió de las propuestas de Girolamo Cardano (nacido en 1501) que pensó que los signos con las manos podían ayudar a los sordos a comunicarse. El lenguaje y la numeración con signos eran conocidos desde la Antigüedad, pero no aplicados a la comunicación de los sordos.

    Desgraciadamente todavía son numerosos los lugares del planeta en los que se todavía es muy insuficiente la atención a estas personas y las razones o sinrazones vienen a ser las mismas que en la Antigüedad.
     

  • Claudia lanam fecit (Claudia cardó su lana)

    Sin duda uno de los primeros logros de los hombres fue la confección de vestidos para protegerse del clima a veces cálido a veces frío. En los yacimientos más antiguos aparecen agujas de hueso con un agujero y ojal en un extremo por el que introducir una fibra, una tira de piel, un hilo más adelante. La fabricación del hilo, de pelo animal o de lana o de fibra vegetal, no por temprana es menos de valorar. Fue una gran empresa.

    Al menos en el mundo griego y romano, del que nosotros tratamos, fue una ocupación y responsabilidad femenina en consonancia con el papel social que desempeña la mujer.

    Naturalmente que el rol social de la mujer griega o romana (hay importantes diferencias entre ellas) hoy no es aceptable en nuestra sociedad, aunque justo es reconocer que ha comenzado a cambiar hace muy pocos años y de  ninguna manera ese cambio está acabado, porque si en los países occidentales y en otros muchos se ha conseguido una igualdad legal, en absoluto existe una igualdad real.

    En cualquier caso, los hechos de cada sociedad han de ser analizados y valorados en su contexto y no son correctos juicios anacrónicos (del gr. ἀνα = hacia arriba,contra  y χρόνος = tiempo). Vaya esta advertencia para mejor entender y valorar el siguiente epitafio (del griego ἐπὶ = sobre y τάφος = tumba)  anónimo de una matrona llamada Claudia, de mitad del siglo II antes de Cristo, que sintetiza el ideal de matrona romana de los primeros tiempos de la República Romana.

              Forastero, poco es lo que quiero decirte; detente y lee con atención:
              Aquí está el sepulcro no pulcro de una pulcra mujer
              (
    esta es la tumba no hermosa de una hermosa mujer)
              Sus padres le dieron el nombre de Claudia.
              Amó a su marido con todo su corazón.
              Crió dos hijos. A uno lo deja sobre la tierra;
              al otro lo colocó ya bajo tierra.
              De conversación graciosa y de paso elegante.
              Guardó su casa. Hizo su lana. He dicho. Vete.


              HOSPES, QUOD DICO PAVLLVM EST, ASTA AC PELLEGE.
              HEIC EST SEPVLCRVM HAV PVLCRUM PVLCRAI FEMINAE
              NOMEN PARENTES NOMINARVNT CLAVDIAM.
              SVOM MAREITVM CORDE DEILEXIT SOVO.
              GNATOS DVOS CREAVIT. HORVM. HORVM ALTERVM
              IN TERRA LINQVIT, ALIVM SVB TERRA LOCAT.
              SERMONE LEPIDO, TVM AVTEM INCESSV COMMODO.
              DOMVM SERVAVIT. LANAM FECIT. DIXI. ABEI.
                     ( Carmina Latina Epigraphica, -CLE- 52)

    Nota: Léase también en latín, aunque no se entienda completamente; es la única forma de apreciar no sólo el ritmo, sino también los recursos fonéticos de que se sirve el autor. He utilizado sólo letras mayúsculas para acercarnos un poco más al texto original de la lápida; esta misma razón explica el uso de la V  como consonante y también como nuestra vocal U. Léase siempre como “U”.

    Pues bien, en este epitafio se recogen y alaban de forma tópica las principales virtudes que han de adornar a las matronas romanas: es hermosa, amorosa, buena madre que cría hijos, de conversación agradable y elegante. La última línea es el compendio de este ideal de matrona: guardó su casa, lo que podemos interpretar como una referencia a su honestidad, e hizo su propia lana.

    La expresión “lanam fecit” y la idea en ella encerrada es una herencia más del mundo griego,  en el que el trabajo de la lana está asociado a la virtud femenina desde la Ilíada y Odisea de Homero. Recordemos el trabajo de la  bella y casta  Penélope, destejiendo por la noche lo que tejía durante el día, esperando el regreso de su esposo Ulises y eludiendo a los numerosos pretendientes que la asediaban a ella y a su palacio.

    Por otra parte el trabajo de cardar la lana y tejer los vestidos es un tópico de la epigrafía funeraria y de la literatura latina en su intención de contraponer la relajación de las costumbres del momento a la moral antigua.

    El mismo objetivo pretenden narraciones tales como la muerte de Lucrecia al ser deshonrada por el rey Tácito tal como nos lo cuenta Tito Livio en su obra Ab urbe condita, I, 57, o la historia de Régulo, prisionero de los cartagineses que muere valerosamente, recogida por numerosos autores.

    Este epitafio recoge ese tópico existente en la sociedad y ayuda a consolidarlo. Pero esto no quiere decir que realmente las matronas del siglo I cardaran su lana o confeccionaran sus vestidos de manera exclusiva o preferente. Es más bien expresión de su laboriosidad y contención frente al lujo y gasto excesivo, vicios extendidos en la sociedad a la par que las conquistas aportaban a Roma enormes riquezas y recursos.

    En todo caso, podemos apreciar en este breve epitafio la enorme capacidad de síntesis y la fuerza expresiva de la lengua latina. Por ello es una lengua lapidaria (del latín lapis, piedra), apta para toda clase de inscripciones y no sólo funerarias.
     

  • Nada se seca más rápido que una lágrima (Lacrima nihil citius arescit)

    Esta frase latina, antes griega, ha tenido notable éxito a juzgar por la frecuencia con que es utilizada o citada. Su sentido inmediato parece referirse a la rapidez con la que olvidamos los dolores o frustraciones, sean de cuerpo o de espíritu; hecho que parece negar la evidencia en contrario de muchas situaciones.

    La frase parece tener su origen en Grecia, sin que podamos afirmar que sea una afirmación popular o  sea la creación de un pensador o de un poeta. Se atribuye a Apolonio y se suele concretar que se trata de Apolonio de Rodas, aunque al menos hay otro Apolonio candidato.

    La frase se cita en la obra anónima, atribuida a Cicerón, “Rethoridca ad Herennium, 2,31-50: “commiserationem brevem esse oportet; nihil enim lacrima citius arescit”,(conviene que la conmiseración sea breve, pues nada se seca más rápido que una lágrima) y también en las obras del mismo  Cicerón “Partitiones oratoriae, 17, 57"  y en “De inventione, 1,109”, en que se  la  adjudica al “retórico Apolonio” sin más especificaciones.

    También Quintiliano en sus  Institutiones Oratoriae, 6.1.27 dice “ numquam tamen debet esse longa miseratio, nec sine causa dictum est nihil facilius quam lacrimas inarescere”(la condolencia nunca debe ser larga, pues no sin motivo se dice que nada se seca antes que una lágrima). Y Quinto Curtio, 5,5,11 insiste “ ignorant quam celeriter lacrimae inarescant” (no saben cuán rápidamente se secan las lágrimas.

    La frase quizás llegó a ser de dominio general y popular, pero las citas de los retóricos latinos nos hacen sospechar que quizás su sentido fuera menos general y transcendente. Tal vez su contexto sea el de la enseñanza de la oratoria y con esta máxima  el maestro pretenda frenar los excesos de pasión y sentimiento que algunos discípulos ponen en los epílogos de sus discursos. Un exceso de pasión puede hacer que el oyente o el espectador se desconecte o desenganche del orador, porque  la frase completa de Cicerón en realidad decía:  “nada se seca más rápido que las lagrimas, sobre todo cuando se derraman por los males de otros” (Lacrima nihil citius arescit, praesertim in alienis malis).

    La cita atravesó la Edad Media; lo utiliza, por ejemplo, Pedro Abelardo en su “Etica. Conócete a ti mismo” y la Edad Moderna:  como curiosidad diremos que en la Edición de 1539 en Colonia del “Ad Herennium”,  Gybertus Longolius reconstruye la frase original griega como  “oύδέν  θάσσον ξηραίνεσθαι δακρύου” (oúden zâsson  xeraíneszai dakrúou).

    Y llega a la Edad Contemporánea, en que, por ejemplo,  decenas de blogs la utilizan con uno y otro sentido.

    El General De Gaulle, por ejemplo, parece conocerla, puesto que la parafrasea:  a propósito de la independencia de Argelia después de la larga ocupación francesa y la dura guerra, le comentó un general en tono crítico “Tanta sangre derramada…”, a lo que el gran De Gaulle dicen que le contestó: “nada se seca más rápido que la sangre”. No es verdad; antes se secan las lágrimas, pero no deja de ser curioso que De Gaulle conociera la frase de Apolonio o de Cicerón. No creo que muchos generales  o políticos de oficio actuales tengan a los clásicos grecolatinos como lecturas aunque sean esporádicas, pero todo es posible y siempre hay honrosas excepciones.

  • Hiposandalias o suelas para caballos (hiposoleae)

    “hiposolea” es un término técnico utilizado en arqueología o Historia Antigua para denominar a las “sandalias”, suelas o protecciones que los antiguos griegos y romanos colocaban a los équidos, caballos o mulas, en sus pezuñas o patas.

    El término está formado a partir de la palabra griega ἱππὁς, que significa “caballo” y la latina “”solea”, que significa “sandalia”.

    solea”  a su vez deriva de “solum”, suelo, y en general parte inferior de algo. De este término deriva el español “suela”, parte del calzado que está en contacto con el “suelo”.  Así dice Varron en  De re rustica, 1, 47:

    “pues el suelo (pie)  del hombre es la ruina de la hierba y el fundamento de un camino

    “Solum enim hominis exitium herbae et semitae fundamentum”.

    Diversos textos y algunas pruebas arqueológicas y artísticas revelan la existencia de unas protecciones para las pezuñas o pies de los équidos. Las había de metal, generalmente hierro, y también de esparto, cuero, mimbre  o junco. Quedaban sujetas con unas cintas o cuerdas a las patas, por lo que su colocación o supresión debía resultar fácil, como se deduce de un texto de Suetonio,Vida de Vespasiano, 23,2  en que cuenta cómo  un mulero se detiene en pleno viaje a calzar las mulas de la yunta imperial; la operación de herrado exigiría más tiempo y medios técnicos suficientes:

    En cierto viaje, sospechando que el mulero había descabalgadomás que para  calzar las mulas para dar tiempo y ocasión a un litigante de que se le acercara, le preguntó  cuánto le había proporcionado la operación del calzado  y le reclamó una parte del beneficio.

    Mulionem in itinere quodam suspicatus ad calciandas mulas desiluisse, ut adeunti litigatori spatium moramque praeberet, interrogavit quanti calciasset, et pactus est lucri partem.

    Los pies de los caballos y mulos debían ser protegidos de los abrasivos suelos de piedra o en caso de alguna enfermedad de la pezuña. Es posible que las sandalias para caballos favorecieran también la fuerza de tracción de los cuadrúpedos. Se utilizaban por ello con animales de carga más que en la caballería militar. En todo caso hay que considerar la importancia que el cuidado de los cascos de los équidos debía tener para los pueblos antiguos y la transcendencia que tuvo la adopción de la herradura para ello.

    Cito dos textos que nos hablan de estas “hiposoleas”  y de la extravagancia del emperador Nerón y de sus esposa Popea. Dice Plinio, Naturalis Historia, XXXIII,49, 140

    … en nuestra propia época Popea, la esposa del emperador   Nerón, ordenó también que sus mulas favoritas fueran calzadas con unas sandalias de oro

    nostraque aetate Poppaea coniunx Neronis principis soleas delicatioribus iumentis suis ex auro quoque induere iussit.

    Y Suetonio, Nerón, 30, 3:

    Se dice que nunca viajó con menos de mil carruajes, con las mulas con sandalias de plata y muleros vestidos con lana de Canosa y con una multitud de mazacos (pueblo de jinetes de Mauritania) y acompañantes adornados con brazaletes y collares.

    Numquam minus mille carrucis fecisse iter traditur, soleis mularum argentéis, canusinatis mulionibus, armillata phalerataque Mazacum turba atque cursorum.

    Pero las hiposoleas o sandalias para caballos no son exactamente herraduras, que son también unas protecciones de metal adaptadas a los cascos de los caballos pero sujetas con clavos. Durante algún tiempo se pensó que las sandalias fueron el antecedente de la herradura, de la que ni las fuentes clásicas ni los testimonios arqueológicos dan noticia hasta llegados al siglo IX de C.

    Ahora bien, resulta que son numerosos los hallazgos de “herraduras” en diversos contextos celtas y también en algún romano. Surge, pues, la cuestión no resuelta de si existían herraduras en época romana; cuestión todavía no bien resuelta.

    Aunque algunas excavaciones, sobre todo antiguas, ofrecen pocas garantías científicas, parece innegable la aparición de herraduras en yacimientos celtas en el centro de Europa y en las Islas Británicas y en Hispania en la Celtiberia, sobre todo en las provincias de Soria y Guadalajara.

    Los romanos entraron pronto en contacto con estos pueblos. ¿Conocieron las herraduras? ¿por qué no las aceptaron para proteger a sus animales?

    En todo caso no es posible aceptar la transición natural de la “solea”, sandalia, a la herradura, sino la coexistencia en contextos culturales distintos. Sería precisamente al  final del Imperio romano cuando se va imponiendo el uso de herradura, que exige una buena técnica y unos buenos operarios, hasta imponerse definitivamente en la Edad Media. Sin duda nuevas excavaciones y estudios más cuidadosos nos darán información valiosa al respecto.

  • ¿Qué significa “año bisiesto”?

    El conocimiento del calendario romano es realmente difícil, como en otros artículos hemos podido comprobar. Su importante función religiosa, su carácter primitivo lunar, su duración primero de diez meses y luego de doce, la influencia de los pueblos vecinos como los etruscos, obligaron a los romanos a varias reformas en las que curiosamente se mantenían elementos arcaicos.

    Especialmente complejo, como también  se ha visto en otro artículo, es el sistema que tienen de denominación de los días del mes. Conviene recordar ahora el artículo ya publicado y titulado Kalendas, Idus, Nonas: una rara forma de nombrar los días del mes   https://www.antiquitatem.com/idus-marzc-alendario-kalendas-nonas .

    Recordemos brevemente que se divide el mes en tres partes y se fijan los hitos o momentos que marcan esa división: las kalendas que denominan al día 1 de cada mes; las nonas que denominan al día 5 de los meses de enero, febrero, abril, junio, agosto, septiembre, noviembre y diciembre y al día 7 de los meses de marzo, mayo, julio y octubre; y los idus que señalan el día 13 de los meses cuyas nonas caen el 5 y el día 15 de aquellos cuyas nonas caen el 7. Precisamente Caius Iulius Caesar, Julio César, fue asesinado en los Idus de Marzo, es decir, el día 15 de marzo del año 44 antes de Cristo. El resto de días se denominan contando los que faltan hasta el hito siguiente contabilizando el punto de partida y el punto de llegada.

    Recordemos también como en el calendario reformado por Julio César, de carácter solar, el año tiene 12 meses de duración variable, y un total de 365 días. Para corregir el desfase con el año trópico o año solar se añade un día cada cuatro años.

    Pues bien, ese día se añadía en el mes de febrero, detrás del día 24 precisamente porque en ese momento terminaban las fiestas llamadas “Terminalia” con las que se celebraba el fin de año (recordemos que en un principio el año comenzaba en marzo).

    En la denominación de los días del mes romano el día 24 era “el  sexto día antes de las calendas de marzo”, en latín “ante diem VI (sextum) Kalendas Martias”.  Al día ahora añadido cada cuatro años se le llama  “ante diem bis VI (sextum)  Kalendas Martias”, es decir, el “día dos veces sexto antes del día uno de marzo”. De esta denominación “bis sextum” deriva la palabra “bisiesto”.

    Interesante pero complicado sin duda. Como ocurre con muchas palabras, las seguimos utilizando con un significado concreto, aun habiendo perdido la referencia original que les dio sentido y significado, reduciéndolas a una mera etiqueta denominativa.