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  • De “estentórea” voz

    Con frecuencia los nombres propios tienen la virtualidad de generar adjetivos que expresan una cualidad propia del carácter de la persona con ese nombre designada.

    Así por ejemplo hablamos de un "amor platónico", con un adjetivo derivado del nombre del famoso filósofo griego Platón,  para referirnos a un amor que se mueve más en el plano de las ideas que en el plano físico de la pura materia y corporeidad.

    Véase en este mismo blog el artículo referido a los términos “apolíneo” y “dionisiaco”  derivados respectivamente de Apolo y Dionisos https://www.antiquitatem.com/apolineo-dionisiaco-nietzsche-racional

    Modernamente un adjetivo que ha tenido notable fortuna ha sido “kafkiano” para calificar situaciones, especialmente administrativas, en las que, por absurdas, es evidente la falta de lógica.

    Estentóreo”  es un adjetivo que se aplica exclusivamente al sustantivo “voz” o sinónimos. La RAE lo define como  “Dicho de la voz o del acento: Muy fuerte, ruidoso o retumbante”  y el Diccionario de uso del Español de María Moliner lo define como “Se aplica a la voz, grito o sonido muy potente emitido por una persona o un animal”.

    Procede del latín  stentoreus, y este  del adjetivo griego Στεντόρειος y este de  Στέντωρ 'Estentor', personaje de la Ilíada conocido por su fuerte voz.  Los diccionarios latinos suelen definirlo como “lo perteneciente a Estentor o la voz muy ruidosa”.

    Ciertamente Estentor es un personaje de la Iliada. Dice de él Homero en  Iliada V 784-786:

    …  Hera, la diosa de níveos brazos ,gritó,
    tomando el aspecto del magnánimo Esténtor, que tenía voz de bronce,
    y gritaba tan fuerte como  cincuenta:…

    ἔνθα στᾶσ᾽ ἤϋσε θεὰ λευκώλενος Ἥρη
    Στέντορι εἰσαμένη μεγαλήτορι χαλκεοφώνωι,
    ὃς τόσον αὐδήσασχ᾽ ὅσον ἄλλοι πεντήκοντα·

    El término o la figura de Esténtor se convirtió en proverbial ya en época antigua. Aristóteles en su “Política” propone una ciudad de tamaño tal que los ciudadanos puedan conocerse personalmente entre sí, porque si la ciudad fuera muy numerosa sería muy difícil que alguien pudiera ser el jefe y dice en el Libro VII, 1326b:

    “pues, ¿quién podría ser general de una multitud tan grande? O ¿quién será su heraldo, como no sea un Estentor?”.

    τίς γὰρ στρατηγὸς ἔσται τοῦ λίαν ὑπερβάλλοντος πλήθους, ἢ τίς κῆρυξ μὴ Στεντόρειος;

    En latín, por ejemplo, a él se refiere Juvenal en su Satira XIII, v.112

    más  tú, pobre infeliz, puedes gritar a fin de superar a Stentor,                                                                          o mejor dicho tan alto como el  Marte de Homero,

    tu miser exclamas, ut Stentora uincere possis,
    uel potius quantum Gradiuus Homericus

    El nombre Stentor  parece proceder de la raíz indoeuropea * (s)ten- que significa gritar; en griego στένω,   steno , significa “gemir, lamentarse, suspirar, quejarse”.

    Nota bene (anota bien, toma buena nota): No se debe confundir  estentóreo con ostentóreo, palabra que no existe, y que resulta ser el resultado de la contaminación entre estentóreo y ostentoso, y que utilizan a veces personas poco cuidadosas y de cultura un tanto superficial.
     

  • El romano Régulo cumple su palabra heroicamente y lo paga con la muerte

    En la educación cívica de los antiguos romanos jugaba un importante papel el recuerdo y conocimiento de los hechos virtuosos de los antepasados, ejemplos a imitar por los jóvenes.


    Marco Atilio Régulo, aunque de origen plebeyo, fue cónsul dos veces; la segunda en el año 256 a.C, en el noveno año de la Primera Guerra Púnica entre romanos y cartagineses. De acuerdo con la tradición y sin evidencia histórica (muchos  historiadores, alguno  antiguo, lo ponen en duda o lo silencian ), se cuenta de él una ejemplarizante historia.

    Después de algunos éxitos militares, Régulo fue hecho prisionero por los cartagineses y lo mantuvieron cautivo hasta el año 250 a.C., en que le permiten acudir a Roma para negociar la paz o el intercambio de prisioneros, comprometiéndose a volver a Cartago caso de no conseguirlo.

    Cuando Régulo llega a Roma se comporta como un rígido hombre de honor:  se niega a entrar en la ciudad como esclavo que es, rechaza hablar al Senado porque su condición de esclavo le incapacita para ello, ni siquiera admite el beso de su fiel esposa puesto que el matrimonio es un derecho exclusivo de los ciudadanos libres y él ya no era ciudadano.

    Cuando por fin accede a dirigirse al Senado, lo hace precisamente para lo contrario de lo esperado:  les convence de la inconveniencia de pactar con el cartaginés y de llegar a acuerdo alguno con quien es un declarado enemigo. Como hombre de honor regresa a Cartago, en donde le espera una horrible muerte a manos de sus verdugos.

    Los cronistas y poetas latinos lo proponen como prototipo y ejemplo de ciudadano heroico, amante de su ciudad, para las generaciones futuras, quejándose del abandono actual de los antiguos principios y valores cívicos. Así lo hacen Livio. Gelio, Diodoro, Apiano, Dion Casio, Zonaras, Valerio Máximo, Aurelio Victor, Floro,  Cicerón, Horacio, Silio Italico, etc.

    Este tipo de anécdotas idealizadas son un elemento esencial en la educación del ciudadano romano. Es lo que los propios romanos llaman el “mos maiorum”, las costumbres y comportamiento de los antepasados, como faro e ideal para los jóvenes.

    Evidentemente las personas de edad eran más valoradas que ahora, cuando la experiencia acumulada puede llegar a ser un deméito.

  • Los días de la semana son paganos

    Aunque con un error probable de cuatro años en relación con la cronología oficial, Cristo nació en época del Emperador Augusto. En un principio el Cristianismo pasó desapercibido en Roma, confundido con el judaísmo y sus diversas sectas, pero luego tuvo un notable éxito de expansión hasta convertirse en religión oficial y acabar con la religión tradicional pagana.

     El Cristianismo, en realidad un sincretismo (del griego  συγκρητισμός = unión de varias doctrinas), recoge creencias, principios morales, ritos, iconografía de los diversos lugares del Imperio Romano en que se va implantando y los integra en un todo más o menos coherente. Sabido es, por ejemplo, cómo en todas partes, sobre las ruinas de los templos paganos se construyen las iglesias cristianas o lugares naturales como bosques, cuevas, montañas, de alto valor religioso continúan la tradición bajo el amparo de una imagen o símbolo cristiano.

    Por todo ello no deja de ser curioso el hecho de que de manera muy generalizada en todo occidente se mantengan los nombres “paganos” de los días de la semana, que llevaban el nombre de los astros que los antiguos conocían.

    Lunes es el día de la luna (dies lunae), martes el día del dios Marte (dies Martis), miércoles el día de Mercurio (Mercurii dies), jueves el de Júpiter (Dies Iovis), Viernes el día de Venus (dies Veneris). Tan sólo consiguieron modificar, y no en todas partes,  el Dies Saturni (día de Saturno), sustituido por el Sabbaht judío como Sábado y el Dies Solis, día del Sol, cambiado por Dies dominica o Dominicum, Domingo (día del Señor).

    Pero como decía, no en todas partes; en inglés mantienen todavía Saturday (día de Saturno) para el sábado y Sunday (día del Sol), para el domingo. Con el resto de días en inglés o con todos ellos en alemán tampoco tuvieron éxito en su tarea conversora, Montag es el día de la luna y Sontag es el día del sol.

    Todo este proceso resulta todavía más curioso si recordamos que en un principio los romanos no conocían la “semana”  (latín septimana) o unidad temporal de siete días como nosotros. Así lo demuestra su distribución del mes en tres períodos llamados Kalendas (el día 1 de cada mes), Nonas (el día 5 en unos meses y el 7 en otros) e Idus (el día 13 en unos meses y el 15 en otros).

    La semana es en realidad una creación babilónica adoptada luego por los judíos. Se generalizó en Roma en época imperial y la impuso en el año 321 el Emperador Constantino. Naturalmente el día de descanso no era el sábado judío sino el “ Solis dies = día del Sol”, cristianizado en “Domenica Dies = Domingo o día del Señor”, como se dijo.

  • Las guerras celtíberas de Hispania obligaron a cambiar el calendario romano

    La historia del calendario romano y su perduración hasta nuestros días es muy compleja. Las guerras en Hispania, lejos de Roma, obligaron a cambiar el calendario.

    Recordemos cómo en un principio el calendario, muy relacionado con los trabajos agrícolas, era lunar, comenzaba en marzo y sólo tenía diez meses. En los Idus de este mes, el 15 de marzo pues, comenzaba el año consular y dado que los cónsules eran los generales en jefe, en esa fecha comenzaban  también las campañas militares.

    Aunque la tradición mítica la atribuye al rey Numa , hubo una importante reforma hacia mediados del siglo V a.C. y se añadieron dos meses más al calendario, constando ahora de 12.

    Cuando las campañas militares se realizaban en el entorno del Lacio o en Italia el comienzo a mediados de marzo tenía sentido, pero cuando la guerra se llevaba a cabo lejos de Roma,  los cónsules, cuyo mandato duraba un año, apenas si tenían tiempo para trasladarse al lugar de la confrontación y finalizar la guerra y estar de vuelta en casa antes del invierno.

    Esto resultó evidente con motivo de las Guerras Celtibéricas en Hispania. Por ello el Senado acordó en el año 154 a.C. que al año siguiente, el 153, el año consular comenzara el 1 de Enero. Así lo hizo el cónsul Quinto Fulvio Nobilior, que acudió a Segeda, cerca de  la actual Calatayud, para guerrear con sus habitantes, los belos, que habían fortificado la ciudad rompiendo los tratados firmados anteriormente. Por cierto que en esta campaña Nobilior, todo un poderoso cónsul romano, fue derrotado por belos, titos y arévacos.

    Como es bien sabido, la Historia de Roma es la historia de una guerra permanente en un punto u otro de su extenso Imperio. En contadas ocasiones se pudo declarar la “pax romana”, la “paz romana” o periodo sin guerra.

    Así que a partir del 153 a.C. el comienzo del año consular quedó establecido y asentado en el día 1 de Enero, día de las Kalendas de Enero (Kalendis Ianuariis).

    No deja de ser curioso el influjo insospechado que los de Segeda, pequeña población celtíbera del centro de la lejana Hispania, iban a tener en la fijación del calendario romano, el calendario hoy más extendido por el mundo aunque con algunas modificaciones a lo largo de la Historia..

  • La hora de la siesta

    El descanso o breve sueño después de comer es una costumbre muy extendida en España y cada vez más copiada en el extranjero

    Hoy en día cualquier persona lleva consigo un reloj o artilugio digital que marca la hora con precisión de segundos e incluso mayor. La puntualidad hoy requerida en la vida normal no es de horas, sino generalmente de minutos o segundos, que se hace coincidir con el paso exacto del sol por determinado meridiano.

    En el mundo antiguo en general y en el romano en particular las horas eran menos exactas. Digamos que las cosas ocurrían o “ante meridiem” (antes de mediodía) o “de meridie”  o "post meridiem) (después de mediodía), “mane” (por la mañana), “vespere” (por la tarde),  sin mucha más precisión.

    No debían estar los romanos muy interesados en la precisión porque cuando llevan de Sicilia el primer reloj de sol en el año 263 a.C. marcaba erróneamente las horas porque se había construido para una latitud distinta. Tardaron 99 años en corregir el error, cuando en el año 164 construyeron un reloj de sol adaptado a la latitud de Roma.

    La clepsidra o reloj de agua griego (horologium ex aqua) no se introdujo hasta finales de la República.

    En su momento  se dividía el día o espacio de luz desde el amanecer hasta el atardecer en doce horas y la noche o tiempo de oscuridad en cuatro vigilias.  Dependiendo de la estación del año, la duración de las horas o de las vigilias era más o menos larga y la precisión escasa.

    A las horas se les denominaba con el adjetivo latino ordinal. Así se hablaba de prima hora, secunda hora, tertia hora…

    Precisamente la sexta hora marcaba el mediodía, momento en el que algunos afortunados echaban una cabezadita o dormían un rato. Entre estos afortunados se encontraba el emperador Augusto, como nos cuenta Suetonio en su Vida de los Doce Césares,  II, 78:

      “Después de la comida del mediodía, vestido y calzado como estaba, con los pies tapados, descansaba un poco cubriéndose los ojos con la mano.
                
      “Post cibum meridianum, ita ut vestitus calciatusque erat, retectis pedibus paulisper conquiescebat opposita ad oculos manu”                   

    De esta expresión “sexta hora”  deriva la palabra española “siesta”, que el “Diccionario de la Real Academia Española” define como “Sueño que se toma después de comer”, costumbre muy extendida en España y cada vez más copiada en el extranjero, hasta el punto de que la palabra “siesta” ha sido asumida por los ingleses, que la utilizan con precisión en vez de su “the nap”.
     

  • Vinos con denominación de origen.

    El trigo, el vino y el aceite son tres productos característicos de las culturas mediterráneas desde el Neolítico.

    El trigo, el vino y el aceite son productos siempre presentes, esenciales para la alimentación de las personas y  esenciales también en numerosos ritos religiosos y en diversos momentos de la vida social, entre ellos de manera especial el banquete.

    Podemos decir que en el Mundo Antiguo existe toda una cultura del vino, en muchos aspectos similar a los tiempos actuales. Así entonces como hoy había vinos de reconocido prestigio y otros menos apreciados o comunes.

    Entonces como hoy  recibían el nombre de su lugar de origen o procedencia.  Así los “rioja” o “ribera” o “borgoña” o “burdeos” de entonces  eran el “Cécubo”, el “Caleno”, el “Falerno” o el “Formiano”, oriundos de  Cécubo, Cales, Falerno o Formias respectivamente.

    Estos datos los compendia perfectamente, por ejemplo, el poeta Horacio en una oda (Odas 1,20) en la que, queriendo agasajar a su protector y acaudalado Mecenas,  acostumbrado a vinos excelentes y de elevado precio,  le invita a un “sabino” común, aunque sea de la cosecha del año en el que el patrono del poeta superó una grave enfermedad y Horacio lo cosechó y ahora se lo ofrece para recordar aquella feliz fecha.

                            Beberás conmigo un “sabino” común en sencillos vasos
                            …………
                          Ya beberás luego un “cécubo” y el que sale de la uva estrujada
                          en una prensa calena;  mis copas no las llenan ni vides Falernas
                          ni de las colinas de Formias.

                         Vile potabis modicis Sabinum
                         cantharis
    ….
                         ……….
                        Caecubum et prelo domitam Caleno
                         tu bibes uvam: mea nec Falernae
                         temperant vites neque Formiani
                         pocula colles.

    Evidentemente, esos vinos no estaban al alcance del bolsillo del poeta. En raras ocasiones formaron  pareja la poesía y una buena situación económica, entonces como ahora.
     

  • Los griegos y romanos no tuvieron un profeta que les dictara sus dogmas

    La religión griega y romana no tiene profetas, no tiene libros dogmáticos, no tiene una clase sacerdotal jerarquizada.

    Casi todas las religiones tienen un libro sagrado, un dogma y una doctrina generalmente transmitida por un profeta o enviado de Dios. El Cristianismo con su Biblia y Jesucristo, el Judaísmo con sus libros sagrados y sus profetas y el Islamismo con su Corán y Mahoma son conocidas precisamente como “las religiones del libro”. En esos casos las palabras del libro son palabra de Dios y por lo tanto su contenido son dogmas que no se pueden cuestionar.

    En la Grecia Antigua o Roma no existe un profeta o un teólogo similar que haya comunicado una doctrina, unos dogmas o unas normas de conducta religiosa y por lo tanto la religión es un campo en el que se puede actuar con mucha más libertad. No existen libros sagrados similares a la Biblia o al Corán; a lo sumo existen unos libros de profecías, llamados “Libros Sibilinos” que los romanos, muy supersticiosos, consultan ante cualquier circunstancia de especial importancia para la República, para el Estado. 

    Tampoco existe un grupo o casta sacerdotal que monopolice la relación con la divinidad, aunque algunas familias puedan tener una relación especial con alguna divinidad concreta.

    Fueron Homero hacia el siglo VIII a.C. al citar a los dioses en sus Ilíada y Odisea y luego Hesiodo en su Teogonía  (origen de los dioses) también hacia la mitad del mismo siglo los que fijaron por primera vez muchas de las características diferenciales de los dioses griegos, sus nombres (Zeus, Poseidon, Afrodita, Apolo, etc.), sus figuras, sus habilidades y artes. 

    Conviene distinguir los dioses a los que dan culto los griegos en sus templos y en sus ciudades de los dioses de la mitología, creación en gran parte de los poetas aprovechando precisamente el amplio margen que deja una religión sin profetas y sin dogmas.

    E incluso debemos diferenciarlos de “los dioses de los filósofos”, fruto de la reflexión sobre la religión que produce todo tipo de pensamiento ante el hecho religioso, desde el ateísmo hasta el animismo o el deísmo…

  • Apolíneo y dionisiaco

    Apolíneo y dionisiaco son dos términos cultos que definen realidades opuestas

    Apolíneo es un adjetivo que aplicamos a una persona, a un varón,  que posee perfección corporal y también  al individuo tranquilo y sereno, según define la Real Academia Española.  En  contraposición  dionisiaca es una persona impulsiva, instintiva, orgiástica.

    Con un significado filosófico y cultural más especializado, diremos que son dos términos acuñados por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), inspirados en la mitología griega y utilizados por él para exponer su personal concepción estética y referirse a dos actitudes opuestas ante la vida.

    Apolíneo (derivado de Apolo, dios griego de la razón, de la inteligencia y de la luz) se refiere a lo que de luminoso, racional, equilibrado, contenido, sometido a norma e individual tienen los hechos culturales humanos. 

    Dionisiaco (derivado de Dionisos, dios griego de la Naturaleza, de la vida y del vino) se refiere a lo instintivo e irracional, a la afirmación del deseo de vivir sin restricciones, a lo que de colectivo hay en los hechos culturales humanos.

  • Tiranía, lo contrario a libertad

    La tiranía niega la libertad,a veces incluso en nombre de la propia libertad.

    Pocas palabras tienen un significado más peyorativo que los  términos “tiranía y tirano” . La palabra deriva del latín tyrannus, y este del gr. τύραννος.  La Real Academia   Española lo define como:

    “  persona que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad” ; y también: “ persona que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y también simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario”.

    Pero estos son significados actuales que no coinciden  exactamente con el significado de la primitiva palabra griega. En la larga historia de Grecia hubo un momento en que las primitivas estructuras monárquicas van desapareciendo a tenor de los cambios sociales y económicos de las ciudades. En esa evolución la creación más notable fue la “democracia” o gobierno del pueblo, término que proviene de los griegos δῆμος, (demos = pueblo)  y κράτος (krátos = poder). La Atenas del siglo V antes de Cristo es el mejor modelo de “democracia” antigua.

    En ocasiones, cuando la antigua realeza va desapareciendo,  surge entre las propias familias aristocráticas un individuo que se hace con el poder personal y favorece las modificaciones sociales que se están produciendo, dando la libertad al pueblo.

    Pero también en las luchas de las clases populares con las aristocráticas fueron frecuentes, a partir del siglo VI, revueltas en las que un individuo, con frecuencia apoyado en el pueblo o en el ejército, se adueñaba del poder y establecía un régimen de gobierno personal y absoluto. Muchos de estos “tiranos” fueron queridos por los ciudadanos por su buena política en beneficio de las clases populares y no exclusivamente de las aristocráticas.

    Tucídides es sin duda el historiador antiguo más moderno por su sentido crítico y su compromiso con la narración de la verdad comprobada, con la objetividad.  A propósito de la tiranía, nos dice que antes hubo la realeza y que la tiranía es fruto del desarrollo del poder y riqueza de las ciudades griegas al dominar los mares y crear numerosas colonias (I, 13,1). Pero indica que los tiranos sólo se preocupan de su situación personal, de su economía y de su persona (I, 17).

    Como todo poder absoluto y unipersonal, la tiranía tiende y facilita todo tipo de excesos; es fácil entender, pues,  la evolución del significado del término que se va cargando de valores negativos hasta el  actual absolutamente peyorativo .

    En este sentido es sinónimo o de significado muy próximo a otros términos actuales tales como dictador (en su origen magistratura romana con poderes excepcionales), déspota (palabra griega también que significa amo, dueño, señor y cuyo significado peyorativo es relativamente reciente),  sátrapa (jefe de una provincia del imperio persa) (véase  https://www.antiquitatem.com/satrapa-persia-missi-dominici ) , totalitario, autoritario, etc.

    Desgraciadamente los ejemplos de tiranías y dictaduras son infinitos a lo largo de la Historia de los hombres, incluido el momento actual, en que sin duda el principal bien y derecho fundamental del hombre, después de la vida, es la libertad.

    Tampoco es imposible ni absolutamente raro que en nombre de la “libertad” se establezcan crueles tiranías; es más, todos los tiranos se presentan como libertadores y todavía hoy a veces gozan del apoyo de grandes grupos de “tiranizados”.

  • Día Mundial del Libro 2013. El «Quijote» en latín.

    El Dia 23 de Abril se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor según declaración de la UNESCO.

    Como dice el  propio oganismo  “El 23 de abril es una fecha simbólica para el mundo de la literatura. En ese día, en 1616, murió Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el poeta Garcilaso de la Vega, El Inca. El 23 de abril es también la fecha de nacimiento de otros prominentes autores, como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo”. 

    La Sra. Irina Bokova, Directora General del la UNESCO, dice con motivo de la celebración del año 2013: 

    «Este día brinda la ocasión  de reflexionar juntos sobre la mejor manera de difundir la cultura escrita y de permitir que todas las personas, hombres, mujeres y niños, accedan a ella, mediante el aprendizaje de la lectura y el apoyo al oficio de la edición, las librerías, las bibliotecas y las escuelas. Los libros son nuestros aliados para difundir la educación, la ciencia, la cultura y la información en todo el mundo.»

    El origen de esta celebración se encuentra en Cataluña (España),  donde es tradición regalar una rosa y un libro el 23 de abril, fecha que coincide con Sant Jordi (San Jorge).

    El lema para este año 2013 es Leer para vivir. Cada cual puede rellenar de contenido esta frase a su gusto. Personalmente la parafrasearé diciendo que “sin leer no se vive, al menos plenamente”.

    Pues bien, una tradición ya en España en algunas instituciones públicas y privadas es proceder en estos días a una lectura continua de la obra  “El  ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. No es desde luego una mala iniciativa.

    El Quijote se imprimió por primera vez el 16 de Enero de 1605. Desde entonces se ha editado infinitas veces en castellano y se ha  traducido a más de 50 lenguas; es uno de los libros más traducidos del mundo.

    También ha sido traducido al Latín, y esto nos permite, incluirlo en este blog dedicado al mundo clásico “grecolatino”. Lo ha sido al menos en dos ocasiones.

    Una de ellas se debe a Antonio Peral , nacido el 14 de abril de 1922 en Elche, políglota y experto en lenguas semíticas; murió en el año 2.000, con la satisfacción de haber hecho realidad su capricho de publicar su    Historia domini Quixoti a Manica , una buena y correcta traducción del Quijote al latín.

    La otra es realmente más curiosa. Es la traducción en latín macarrónico de Ignacio Calvo, sacerdote nacido en Horche (Guadalajara), que en su época de seminarista fue castigado a traducir durante el verano el “Quijote” al latín. Cuando presentó la traducción del primer capítulo recibió la bendición de su profesor con la frase  "Sufficit, Calve, jam habes garbanzum aseguratum “. En fin, Calvo continuó la traducción, que es un resumen de la obra de Cervantes. Se publicó en 1922 y recientemente, en 1999, ha sido reeditado por Editorial Aache de Guadalajara.

    Nota: macarrónico  se dice de un latín incorrecto, burlesco y humorístico en el que se mezclan y confunden términos y estructuras latinas correctas con otras incorrectas y con términos de otras lenguas romances, como el español, latinizadas en su forma. El término aparece en los escrupulosos latinistas humanistas para referirse a un tipo de poemas burlescos que aparecen en el norte de Italia. Los autores formarían un grupo de juerguistas  y vividores “comedores de macaroni”; por ello se les llamó y caricaturizó como macaronei   y a su poesía “macarrónica”. Se atribuye el primer poema de este tipo a Tifi Odassi (circa 1450-1492), poeta del que a su muerte se publicó en 1490 el poema Maccharonea o Carmen Macaronicum. En otra cuestión abordaremos la cuestión con más detalle.

    Reproducimos en primer lugar un pequeño fragmento de la versión en latín macarrónico, luego en un latín correcto y finalmente en la lengua de Cervantes, según la edición de Francisco Rico para el Instituto Cervantes, para que el lector pueda comparar:

     

    CAPITULUM PRIMERUM

    In isto capítulo tratatur de qua casta pajarorum erat dóminus Quijotus et de cosis in quibus matabat tempus.


    In uno lugare manchego, pro cujus nómine non volo calentare cascos, vivebat facit paucum tempus quidam fidalgus de his qui habent lanzam in astillerum, adargam antiquam, rocinum flacum et perrum galgum, qui currebat sicut ánima quae llevatur a diábolo. Manducatoria sua consistebat in unam ollam cum pizca más ex vaca quam ex carnero, et in  unum ágilis-mógilis qui llamabatur salpiconem, qui erat cena ordinaria, exceptis diebus de viernes quae cambiabatur in lentéjibus et diebus dominguis in quibus talis homo chupabatur unum palominum. In isto consumebat tertiam partem suae haciendae, et restum consumebatur in trajis decorosis sicut sayus de velarte, calzae de velludo, pantufli et alia vestimenta que non veniut ad cassum.

    Talis fidalgus non vivebat descalzum, id est solum: nam habebat in domo sua unam amam quae tenebat encimam annos quadraginta, unam sobrinam quae nesciebat quod pasatur ab hembris quae perveniunt ad vigésimum, et unum mozum campi, qui tan prontum ensillabat caballum et tan prontum agarrabat podaderam. Quidam dicunt quod apellidábatur Quijada aut Quesada, álteri opinant quod llamabatur otram cosam, sed quod sacatur in limpio, est quod suum verum apellidum erat Quijano: sed hoc non importat tria caracolia ad nostrum relatum, quia quod interest est dícere veritatem pelatam et escuetam.
                                                        =========                    


    Capitulum 1. Ubi agitur de conditione et indole illustris fidalgi domini Quixoti a Manica

    In quodam loco Manicae regionis, cuis nominis solo memenisse, nuper vivebat quidam fidalgus ex eis de quibus fertur eos habere lanceam in repositorio, scutum antiquum, equum macrum canemque venaticum cursorem. Etiam erat ei olla potius ex carne bovina quam ovina, pluries in coena condimentum coquebatur, sabbato autem angores et afflictiones ut dicitur, die Veneris pulmentum de lentibus, dominico die vero ad haec omnia addebatur quaedam columba quibus et hoc modo tres partes boaroum eius consumebantur. Quod ei supererat serviebat ad vestes emendas tamquam femoralia ex serico praetexto pro diebus festivis cum tibialibus eiusdem generis, tamen per hebdomadam induebat vestem praestantem.

    Domi autem erat ei hera domus plus quam quadraginta annos nata et neptis, quae viginti annos nondum adimpleverat, et etiam famulus agri, qui eodem modo cingebat sellam equo vel utebatur forfice ad arbores putandas. Aetas huius fidalgi erat circa quinquagita annos. Complexio eius erat fortis, sed  macillentus corpore et gracilis vultu, promptus ad surgendum mane ex lecto atque aliquando fruebatur venatione. Dicebatur nomen eius esse Quixada sive Quesada, in quo est aliqua diversitas apud auctores qui hoc tractant, quamvis per veras oiniones eorum reperiatur eum Quexanam fuisse. Tamen hoc non est prorsus tam magni momenti ad nostram fabulan: satis est nobis ut narratio omnem veritatem ostendat.

      (Historia domini Quixoti a Manica .  Michael A Cervantes Saavedra ; versio latina ab Antonio  
         Peral Torres)

                                                                =============


    Capítulo primero. Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha

    En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino.

    Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba «Quijana». Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.