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  • Cave canem

    La erupción del Vesubio en la tarde del 24 de Agosto del año 79 (esta fecha tan exacta está en discusión) destruyo la vivaz y jovial ciudad de Pompeya, cerca de Nápoles (Neapolis = la ciudad nueva) y paradójicamente conservó sus ruinas durante siglos, hasta el año 1748.

    La visita de la ciudad impresiona a millones de visitantes que tienen la oportunidad de pasear por una auténtica ciudad romana extraordinariamente bien conservada.

    Entre las muchas cosas que impresionan destaca la imagen realista de un perro, enterrado por las cenizas, que no pudo escapar porque estaba atado con una cadena en la entrada de la casa de su dueño, Marcus Veronius Primus. Fue encontrado el 20 de noviembre 1874. Podemos imaginar la lucha del pobre animal intentando escapar de las cenizas que poco a poco lo iban cubriendo. Probablemente murió antes asfixiado  por los gases del volcán o la falta de oxígeno. Su cuerpo, como el de otros hombres y seres orgánicos, al descomponerse  dejó su molde que rellenado de yeso nos ha dejado esta dramática figura.

    El perro es el primer animal domesticado por el hombre, el primero que convive con el hombre como atestiguan los yacimientos arqueológicos desde el Paleolítico. Por cierto, en esos yacimientos nunca aparecen huesos de perro que haya sido comido por el hombre.

    En todas las culturas de la Antigüedad está presente el perro., el fiel amigo del hombre, el único que reconoció a Odiseo, Ulises, cuando regresó a su palacio en Itaca.

    Los romanos tenían perros en sus casas. La imagen anterior lo evidencia, no menos que esta otra imagen en la que aparece un mosaico a la entrada (fauces en latín) con la figura de un perro y la inscripción cave canem (cuidado con el perro). El mosaico forma parte de la llamada “Casa del poeta trágico”, llamada así porque en ella hay un mosaico que representa una escena teatral.
     

    Hoy, casi dos mil años después, seguimos practicando la misma costumbre y son numerosas  las casas o chalets en los que figura en la puerta la misma inscripción admonitoria: cuidado con el perro.

    Por lo demás, el perro resultó tan buen guardián de la propiedad,  que en la mitología grecorromana lo hacen guardián de los Infiernos, del mundo inferior, del mundo de ultratumba. Es el famoso Canis Cerberus, Cancerbero,(de canis  = perro y cerberus, del griego Κέρβερος Kérberos =demonio del abismo), perro de tres cabezas  que impide la salida del Hades a quienes han finalizado  su vida terrena.

    La palabra “canis”  queda en castellano en los términos cultos o técnicos can, canino, cánido y canícula (período de máximo calor, relacionado con la aparición de  Sirio, una de las estrellas de la constelación de Canis Maior).

    Perro” en cambio es una palabra exclusivamente castellana de origen oscuro. Corominas piensa que es una onomatopeya   (nombre que imita el sonido propio de lo significado)  que reproduce el sonido o gruñido del perro perrr perrr con el que los pastores designaron a su fiel ayudante. 

    Canis sí ha pasado al  francés  chien,  al italiano cane, al gallego can y al portugués cão.

  • Aprender a contar no fue fácil

    El estudio de la lengua se enfrenta a veces a cuestiones de difícil explicación que se pierden en la noche de los tiempos.

    Con el término “cálculo”, (del latín “calculus, diminutivo de  calx,-cis  = guijarro, piedrecita; probablemente préstamo  del griego  χάλιξ =piedra de cal) nos referimos a las piedras que se forman en el riñón y en otros órganos del cuerpo como la vesícula y que deben ser extirpadas o eliminadas cuanto antes para evitar molestias o problemas mayores.

    Pero “cálculo” también se refiere a la acción aritmética de “calcular” o contar, precisamente porque los niños aprenden a contar con piedrecitas, sea amontonándolas o manejándolas en el ábaco.

    Así desde luego aprendían los niños romanos y griegos a contar, como denota el significado etimológico de “calculus, cálculo”  y también la palabra  griega   ψῆφος , pséphos ,  que significa piedra y número; la expresión ψήφους τιθέναι, pséphous tithénai,     significa "echar los guijarros, echar cuentas, hacer una cuentas ".

    El contar o calcular es uno de los más difíciles aprendizajes que realizan los seres humanos en su infancia. Los hombres tenemos ciertas dificultades para contar. En principio sólo somos capaces de identificar con un solo golpe de vista conjuntos de uno, dos, tres o cuatro objetos; a partir de cinco nos vemos obligados a contar para conocer el número.

    A contar se aprende primeramente con los dedos de la mano y también con piedrecitas como decíamos o con otros sistemas de características tan primitivas, como la cuerda con nudos en los que estos equivalen a la unidad.

    Curiosamente esta limitación de tan sólo identificar de manera inmediata hasta cuatro unidades tiene su reflejo en las lenguas y de manera evidente en el latín, la lengua de los romanos de la que deriva entre otras el castellano o español.

    Se refleja la limitación, por ejemplo, en el uso de las cifras o escritura de los números: los romanos representaban los números con letras y contra lo que piensan algunos se podían repetir hasta cuatro veces y no más (otro día comentaremos el modo de representar los números en latín y griego). Es decir, el  “4” lo representaban con  cuatro palotes o “ies” (“IIII”) precisamente porque se aprecian de un solo golpe de vista; pero para el “5” utilizaban la “V”.

    Se refleja también la limitación indicada en que los tres primeros números (unus, duo,tres; quattuor tuvo una evolución fonética especial), se declinan, es decir tienen diversas terminaciones o desinencias, que no existen ya a partir del 5.

    Se refleja también en el nombre de los meses. El año romano inicialmente tenía diez meses; los cuatro primeros tenían nombre especial: martius, aprilis, maius, iunius; a los siguientes les llamaban con el numeral quintilis, sextilis, september, october,  november  y dicember. (quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno y décimo).

    Más curioso todavía es el reflejo en el nombre de las personas. Tan sólo los miembros masculinos de una familia tenían praenomen y nomen, que equivalen a nuestro nombre propio y apellido o nombre de la familia; las mujeres sólo llevan el nombre familiar de forma que todas las de la familia Julia se llaman “Iulia”.

    Pues bien, en una familia romana hay hijos que se llaman “Quinto”, como Quintus Horatius Flaccus, el famoso poeta; y “Sexto” como Sextus Iulius Frontinus, que escribió un tratado sobre las aguas y acueductos; y Septimius  como el emperador  de los años 193 a 211 Lucius Septimius Severus; y Octavio como Caius Octavius Turinus, llamado luego Octavio César Augusto,  y Décimo como el famoso poeta satírico Decimus Iunius Iuvenalis; alguno se llama hasta “Numeroso”, como    Numerius Iulius Caesar, senador de la familia Julia que vivió a caballo entre los siglos III y II a.C.

    Pero no hay hijos que se llamen “Primus, y realmente escasos los que se llamen Secundus, Tertius, Quartus; estos tienen su nombre propio; es a partir del siguiente cuando hay que contar y ya de paso se quedan con el número como nombre.

    Curioso, desde luego; parece como si en la lengua latina se hubiera fosilizado una limitación primitiva en el contar, por lo demás ampliamente superada hacía tiempo.
     

  • La covada

    Covada” es una palabra, derivada de la francesa “couvade”; “couver” significa “ incubar, empollar”. Con este término etnográfico se designa un rito de magia simpática o simple fórmula de reconocimiento del recién nacido practicada en algunos pueblos en el momento del nacimiento de un hijo que consiste en una especie de simulación del parto por parte del padre, que se acuesta en el lecho junto al recién nacido.

    Este rito o acto, por extraño e incomprensible que hoy nos parezca, está atestiguado con algunas ligeras variantes en la Antigüedad y modernamente en  Laponia, Melanesia(del griego μέλαν=negro y  νῆσος =isla; islas habitadas por negros) , Borneo, Malasia , Inglaterra, Francia, Brasil (Amazonas…),Alemania, etc.

    Por lo que respecta a la Antigüedad, el primer testimonio escrito del que tenemos noticia nos lo proporciona  Apolonio de Rodas en el siglo III a.C,  director de la Biblioteca de Alejandría, quien  en su obra “El viaje de los Argonautas”,  al referirse a los “tibarenos”, pueblo de la orilla oriental del Mar Negro “ricos en corderos”, nos dice en el libro o canto II, versos 1012 y ss.:   

    Allí cuando las mujeres dan a luz a sus hijos, son los maridos quienes gimen echados en la cama con la cabeza vendada. Ellas en cambio los cuidan a los hombre  con alimentos y les preparan los lavatorios del parto.

    En el siglo I.A.C. el historiador Diodoro Sículo (de Sicilia) nos comenta también  en su obra “Biblioteca Histórica”, Libro V, capítulo 14, cómo los maridos corsos

    "no tienen cuidado alguno de sus mujeres cuando están de parto, y cuando dan a luz es el marido quien se acuesta"

    y luego es el padre quien recibe las felicitaciones de los familiares y amigos mientras su  mujer se dedicaba a las tareas propias de su papel en la familia.

    Si estos testimonios son en sí interesantes, para los españoles tiene una especial importancia la información que nos ofrece el geógrafo griego, de época romana, contemporáneo de  Diodoro Sículo, Estrabón. Escribió hacia el año 20 de nuestra era una famosa obra, Geografía, en la que describe las regiones y pueblos del Imperio Romano desde Asia hasta las Islas Británicas. El libro III lo dedica a la península Ibérica  y sus pueblos y en  3.4.17 dice refiriéndose a las mujeres cántabras:

    …es cosa común entre ellos la valentía, no sólo en los hombres, sino también entre las mujeres. Estas cultivan la tierra; apenas han dado a luz, ceden el lecho a sus maridos y los cuidan. Con frecuencia paren en plena labor, y lavan al recién nacido inclinándose sobre la corriente de un arroyo, envolviéndolo luego.

    y añade, no sabemos si con admiración, o asombrado por la rudeza de estas mujeres, cómo continúan con su labor acostumbrada.

    Con frecuencia aseguran diversos autores que esta costumbre se ha conservado hasta tiempos recientes en algunas regiones de España, tales como Galicia, Asturias, Burgos, León, Huesca.  Estas afirmaciones referidas a España  han de ser sometidas a una profunda revisión y crítica seria por su falta de justificación suficiente.

    En cualquier caso debemos buscar un significado o sentido a esta costumbre existente en lugares y regiones tan dispares. Los etnólogos, historiadores, filósofos y psicólogos han ofrecido diversas explicaciones no exentas de interés.

    Tradicionalmente el texto de Estrabón se consideró como prueba de la existencia del matriarcado entre las poblaciones cántabras. La crítica moderna no lo valora así y considera que el texto, un tanto impreciso, revela la incomprensión por parte de Estrabón de unas costumbres tan diferentes  y lejanas de las civilizadas romanas y griegas y en todo caso es insuficiente para confirmar la existencia de una época de matriarcado.

    A Estrabón le llamaba la atención la valentía y fortaleza de las mujeres cántabras y el hecho de que eran ellas quienes transmitían la herencia y casaban a sus hermanos, mientras era el hermano, el tío, en latín avunculus quien detentaba la autoridad frente a los hijos. No deja de ser curioso cómo en alguna medida se ha mantenido en la sociedad hasta tiempos modernos la importancia del papel que jugaba el tío.

    La interpretación hasta hace bien poco más admitida es la formulada por el  antropólogo suizo Johann Jackob Bachofen en1861. Relacionaba esa práctica con un presunto matriarcado existente en el Neolítico y el paso a un sistema patriarcal. El mito de las Amazonas y la covada eran para él las pruebas de la existencia anterior del matriarcado.

    La covada es un rito de aceptación de la paternidad y de legitimación del recién nacido. En el matriarcado sería la mujer, como cabeza de familiar, quien legitima y decide la aceptación de los hijos;  ahora con la covada  o simulación masculina del parto en cambio es esencial la aceptación por parte del padre, sin la cual el recién nacido no se incorpora a la familia. Se trata en resumen de un reconocimiento público y expreso de la paternidad, del papel que juega el padre y del nuevo ser como hijo suyo. (Recordemos cómo en la familia romana es el paterfamilias el que acepta formalmente al hijo recién nacido.)  Con estos ritos se estaría negando, pues, el matriarcado o como dice el propio Estrabón utilizando una exacta terminología, la ginecocracia (de γυνή (gyne),  mujer y κράτος  (kratos) poder: gobierno de las mujeres)  La teoría de Bachofen ha tenido un enorme éxito.

    Para algunos, pues,  el patriarcalismo habría sido introducido en pueblos  de cultura matriarcal, pero esta es una suposición o teoría difícil de admitir, sobre todo después de los estudios de Malinowski. .

    El antropólogo Malinowski  estudió las sociedades “matrilineales” de Nueva Guinea, en las que sólo se reconoce la descendencia materna, y comprobó cómo el poder en realidad quien lo detentaba ya era el hombre, si bien en la figura del tío materno o “avunculus” en latín.

    En un sentido absolutamente contrario a Freud, el psicoanalista Walter Georg Groddeck  considera  que la mujer no siente la “envidia del pene  masuclino”, sino que es el hombre el que se siente mujer incompleta y por tanto tiene la “envidia del útero ”; la covada no expresaría sino el deseo de parir.

    Curiosamente en medicina se describe el  síntoma del conocido como  "síndrome de covada", que se manifiesta en un estado en el padre de ansiedad empática hasta el nacimiento del hijo, que tal vez tenga que ver con las llamadas “neuronas de la empatía” y que explicarían su existencia en el pasado y en el presente.

    Una visión interesante es la de Genaro Chic; la covada lo que significaría es la consideración de la mujer como mera incubadora o nido del niño, frente a la posición generadora del padre; con ello queda absolutamente desacreditada la teoría de la existencia de un matriarcado en el que el poder lo detenta la mujer.

    Incluso modernamente hay quien relaciona con práctica tan antigua la costumbre moderna de que los padres acompañen a la madre en el momento del parto y alumbramiento y colaboren en el trance con su actitud positiva. La verdad es que parece muy otro el sentido de esta saludable práctica, cuando la realización de los partos  en impersonales hospitales y paritorios garantiza la seguridad médica, pero aleja un hecho tan transcendente de todo contexto familiar.

    Parece que este tema de la “covada” y sus derivaciones hacia el “matriarcado” no están suficientemente estudiados. En todo caso se pone una vez más de manifiesto la dificultad de interpretación del significado de los textos antiguos, hijos a fin de cuentas de su época y de un determinado contexto sociocultural.
     

  • La embriaguez engendra seres deformes

    El filósofo, político y escritor Henri-Benjamin Constant, francés nacido en Suiza (1767-1830) escribió en 1816 un famoso discurso o tratado titulado «Acerca de la libertad de los antiguos comparada a la de los modernos».

    Su tesis es que los antiguos (naturalmente los ciudadanos) tenían la libertad y obligación de participar en la vida política de la polis o estado pero en cambio su libertad en la vida privada quedaba muy limitada por las leyes. En el hombre moderno ocurre al contrario: las leyes protegen la libertad en la vida privada en la que apenas interviene el poder público pero dificulta su participación en la vida pública, dada sobre todo la amplitud y extensión de las sociedades modernas.

    Constant tuvo una importante influencia en los movimientos liberales de su época; merece la pena leer su discurso, a pesar de las matizaciones que hoy haríamos a sus afirmaciones.

    Pues bien, como es conocido, Platón pretende sobre todo en sus dos diálogos “La República o de la Justicia”  y “Las leyes o de la legislación”  diseñar una ciudad-estado ideal en la que los gobernantes sean los mejores ciudadanos, que el identifica con los filósofos. Sus leyes se proponen regular aspectos de la vida privada de los ciudadanos, tal como decía Constant, que hoy  sólo piden de las leyes y de los estados su protección frente a la injerencia  de otros o del propio estado.

    Ahora bien, algunas de las normas que Platón propone, fruto de su especulación filosófica más que de la experiencia, nos resultan hoy enormemente curiosas. Por ejemplo en Leyes 774a (libro VI) indica cómo los ciudadanos han de casarse éntre los 25 y los 35 años; poco después, en 735b nos dice que la edad de casarse entre las muchachas ha de ser entre los dieciséis y los veinte años y la de los muchachos entre los treinta y los treinta y cinco: así mismo indica  cómo han de ser sancionados con multas en proporción a su clase social quienes incumplan una norma de tanto interés para la supervivencia de la propia ciudad.

    Pero citaré textualmente un párrafo que se refiere a la obligación que los ciudadanos tienen de engendrar hijos sanos para el bien de la sociedad.

    Conocida es la afición que los griegos concedía al banquete o convite, en el que corre abundantemente el vino. Pues bien, dice Platón en Leyes, 775b -775e. (libro VI):

          “ Beber hasta la embriaguez no es conveniente en ninguna parte ni ocasión, de no ser en las fiestas del dios que nos ha dado el vino, ni es cosa que carezca de peligros, sobre todo cuando se está pensando en bodas, durante las cuales es muy conveniente que el novio y la novia sean especialmente dueños de su razón al hacer un cambio tan notable en sus vidas, y para que así mismo el hijo sea engendrado siempre por personas que estén lo más posible en perfecto uso de sus facultades y su razón, pues resulta totalmente inseguro el saber qué noche o qué día se le va a concebir con ayuda de la divinidad. Por lo demás es también conveniente que la procreación no tenga lugar cuando los cuerpos están dominados por la embriaguez, pues el feto necesita del orden para formarse, la firmeza, la estabilidad, la tranquilidad. El hombre borracho sufre alteraciones de todas clases, por sentirse rabioso en cuerpo y alma; la embriaguez, pues, engendra en malas condiciones, de manera que corre el peligro de dar lugar a seres anormales, que no merezcan ninguna confianza, sin un carácter ni un cuerpo que estén rectamente dotados. Por todo ello es necesario que, a ser posible,  durante todo el año e incluso durante toda la vida, pero mucho más aún en aquel tiempo en que uno esté procreando, se procure muy de veras no hacer nada malsano voluntariamente, nada que tenga que ver con la violencia o la injusticia, pues todo ello penetra y se imprime en el alma del hijo e inevitablemente se dan entonces a luz seres degenerados y deficientes; y por encima de todo hay que abstenerse de tales faltas durante aquel día y aquella noche. Los comienzos, en efecto, son como una divinidad que arraiga en lo humano y salva todas las cosas, siempre y cuando sus devotosle tributen las honras que se le deben”  (Traducción de Francisco de P.Samaranch en Ed. Aguilar, Platón: Obras Completas, Madrid,1969).

    Este texto, estas ideas impresionaron en su momento a los antiguos, como nos impresionan también a nosotros, 2.400 años después y nos permiten imaginar también una vez más cómo sería hoy nuestra sociedad si el pensamiento antiguo no hubiera permanecido oculto en la larga noche medieval. En todo caso no dejan de ser estos consejos sobre la embriaguez y el consumo de alcohol muy adecuados para una juventud actual que consume en exceso a edades muy tempranas cantidades excesivas de alcohol y otras sustancias como método para conseguir cierto estado de pseudofelicidad.

  • Apolonio de Rodas, Giovanni Papini, Luis Buñuel

    ¿Se puede establecer alguna relación entre Apolonio de Rodas, el literato Giovanni Papini y el cineasta Buñuel? ¿Se inspiró Buñuel en Papini en una famosa secuencia de una famosa película suya? ¿Había leído Papini a Apolonio?

    Giovanni Papini (Florencia, 1881-1956),  escritor italiano, primero escéptico y luego católico a ultranza,  desacreditado por su filiación fascista, escribía en 1931 su libro “Gog”, una serie de 70 relatos filosóficosatíricos. Para muchos es su mejor obra. En uno de sus capítulos titulado “A.A. y W.C.”  nos cuenta cómo  sale de un restaurante asqueado por el espectáculo de las bocas masticando los alimentos, lo que considera animalesco y muestra de grosera insensibilidad. Nos dice en ese momento:

    Llegará un tiempo en que causará estupefacción nuestra costumbre de comer en compañía -¡al aire libre y en presencia de extraños-, … La necesidad de engullir fragmentos de plantas y de animales para no morir, es una de las peores humillaciones de nuestra vida, uno de los más torpes signos de nuestra subordinación a la tierra y a la muerte. ¡Y en vez de satisfacerla en secreto, la consideramos como una fiesta, hacemos de ella una ceremonia visible, la ofrecemos como espectáculo cotidiano, con la indiferencia de los brutos!

    En 1974 el cineasta aragonés e internacional Luis Buñuel rodó la película “El fantasma de la libertad” . En este film hay una escena famosa e inolvidable en la que los protagonistas representan abiertamente lo que generalmente hacemos en privado y en privado lo que generalmente hacemos en común: defecan en común en el salón y comen en privado en un habitáculo para ello. Lo normal se convierte en tabú y lo tabú se convierte en norma, invirtiendo y trastocando la realidad.

    ¿Se inspira Buñuel en Papini?  Probablemente sí; la película de Buñuel está formada también por una serie de secuencias sin conexión entre ellas, excepto por el tema central de la libertad expresado en el título.

    El asunto parecería absolutamente original, pero en esta empresa de justificar el lema de esta página web Nihil novum sub sole no puedo por menos de citar un pasaje del Libro II de El viaje de los Argonautas, de Apolonio de Rodas, (295 a.C.-215 a.C.), escritor helenístico,  bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría y educador de Ptolomeo III Evergetes.

    En el poema, la única obra de poesía épica griega que conservamos desde Homero hasta la época helenística, se narra el viaje mítico de Jasón y otros héroes griegos  a la Cólquida en el Mar Negro  en busca del “vellocino de oro” (piel de un carnero). Entre los muchos territorios y países que recorren, arriban a uno de interés para esta ocación:

    Luego, después de estos, pasaron de largo ente el sagrado monte y la tierra en que, por las montañas, habitan los Mosinecos. Extraña ley y costumbre tienen estos. Todo lo que entre los demás está permitido hacer al aire libre en medio de la población o en el ágora, todo eso lo realizan dentro de sus casas. En cambio todo lo que hacemos en nuestras habitaciones privadas, eso lo hacen de puertas afuera sin vergüenza ninguna, en medio de las calles. Ni siquiera es privado el contacto sexual, sino que como cerdos en el campo, sin cuidarse ni un poco de los presentes, se unen por tierra con las mujeres en trato sexual común” (Viaje de los Argonautas, II, 1015- 1025 (Traducción de Carlos García Gual en la edición para Editora Nacional, Madrid 1975).

    ¿Habían leído Papini y Buñuel a Apolonio de Rodas? Probablemente sí lo leyeron. En cualquier caso, las fuentes griegas nunca dejarán de sorprendernos.

  • Vista de Linceo

    La frase española “vista de lince” se aplica a una persona de vista especialmente aguda o de entendimiento especialmente sagaz y perspicaz, es decir, una persona astuta.

    Podríamos pensar que el origen de la frase está en los característicos ojos de este animal de la familia de los félidos y por tanto emparentado con los gatos. Tiene el “lince” unos ojos  brillantes  que aparentan tener una gran penetración o capacidad visual.

    Y sin embargo ese no es propiamente el origen de la frase, aunque alguna relación hay.

    En la mitología griega hay varios personajes que se llaman “Linceo”, en griego Λυγκεὺς (Lynkeus) .  Uno de ellos es hijo de Afareo, rey de Mesenia y hermano de Idas. Los dos hermanos forman parte de la famosa expedición de los Argonautas que al mando de Jasón va en busca del “vellocino de oro”.
    Linceo es famoso por su extraordinaria vista. De él dice precisamente Apolonio de Rodas, autor del poema épico “El viaje de los Argonautas”, en el libro I,151-155:

    Venían desde Arena los Afaretíadas Linceo y el orgulloso Idas, orgullosos los dos de su gran fortaleza.  Linceo sobresalía sobre todo por su agudísima vista, si es verdad la noticia que decía que el héroe podía ver con toda facilidad incluso debajo de la tierra.

    Y para confirmar la afirmación de Apolonio dice el Pseudo Apolodoro en su Biblioteca mitológica III,10,3 :

    Afareo y Arene, hija de Oebalus, tuvieron como hijos a  Lynceus,  Idas y Piso, pero en opinión de muchos, se decía que  Idas era hijo de Poseidón.  Lynceus destacó por la  agudeza de su vista, hasta el punto de  que podía  ver las cosas bajo tierra.

    Así que la frase española lo que en realidad debía decir es “tiene la vista de Linceo” , pero Linceo es un personaje mitológico poco conocido y el lince  en cambio es un hermoso animal depredador de la familia de los felinos y emparentado con los gatos. Habitan sobre todo en las regiones boreales, si bien existe una especie en España, el lince ibérico, Lynx pardinus,    aunque en peligro de extinción con unos pocos centenares de ejemplares. Hay un importante programa medioambiental que trata de garantizar la supervivencia de este animal. Olvidado o poco conocido el personaje y mítico argonauta y presente en el conocimiento el animal, es fácil entender cómo se produjo la suplantación porque una de dos: o al lince se le llama así por tener vista de Linceo o a Linceo por tener vista de lince.

    Porque en todo caso, hay que conocer que la palabra española “lince” proviene del latín lynx y ésta a su vez de la griega λὺγξ. “Lince” y “Linceo” son evidentemente dos palabras de la misma raíz. Así que quien de verdad tenía vista de lince era Linceo.

    La raíz indoeuropea *leuk está atestiguada en numerosas lenguas y significa “brillo”. En latín, por ejemplo, “luceo”, aclarar, esclarecer y “lux” “luz”. Así que probablemente se llamó lince a este animal por la brillantez de sus ojos.

    Algunos lingüistas relacionan el nombre lynx λὺγξ con el verbo λεύσσω, verbo arcaico utilizado sólo en el lenguaje épico que significa “dirigir la mirada hacia, ver”.  Es posible este parentesco, que aclararía el origen de estos términos.

    En cualquier caso lo justo sería hablar de “vista de Linceo”, pero ¿quién es capaz a estas alturas de corregir el uso y costumbre lingüística de decir “vista de lince”?

    Nos contentaremos al menos con aconsejar la lectura de la obra de Apolonio de RodasEl viaje de los Argonautas”,  el único poema épico después de Homero hasta la época helenística. Entre otros valores de la obra, nos ayuda a entender cómo de la épica surgió la novela, el género literario hoy de más aceptación.
     

  • Los maestros griegos estudiaron con maestros egipcios

    La cultura “clásica” griega es el resultado de ricas y diversas influencias históricas

    Nuestra cultura occidental se siente muy orgullosa de sus raíces clásicas, de sus raíces grecolatinas y de hecho aunque existan aportaciones de otras culturas, en su mayor parte somos antiguos griegos y romanos con más de dos mil quinientos años de historia.

    Pero, ¿dónde están a su vez las raíces de la cultura clásica? Hoy la Filología Clásica es mucho  más libre que hace medio siglo para determinar esos orígenes. En gran medida, al buscar las raíces clásicas, la Filología estuvo mediatizada por razones ideológicas del momento, incluso racistas, y buscaba unas raíces pura y exclusivamente arias que la arqueología  y las propias fuentes antiguas desmentían permanentemente. Eran momentos en los que el acientífico e ideológico concepto de raza impregnaba parte del pensamiento y de la ciencia europea. La pretensión de una supuesta “pureza racial” produjo enormes males a la Humanidad.

    Pero de acuerdo con las propias fuentes antiguas, grandes maestros del pensamiento, de la religión y de la ciencia griegos visitaron y estudiaron con maestros egipcios: así Heródoto, Pitágoras, Platón… Y estas estancias tuvieron en las obras respectivas de estos autores absoluta transcendencia. Egipto, cuyos grandiosos vestigios nos siguen sorprendiendo hoy día,  tuvo un enorme atractivo para los griegos. Platón en varios momentos alaba y valora admirado la cultura y sociedad egipcia.

    Sirvan como ejemplo dos  referencias de Platón, una en su diálogo Timeo, 21e  y ss. en el que Critias nos da noticias del diálogo entre el sabio Solón, “el más sabio de los siete sabios”,  en expresión del mismo Critias, y los sacerdotes egipcios, en el que estos le informan a Solón, del antiguo origen de Atenas y de su relación con la ciudad egipcia de Sais.

    Hay en Egipto –dijo Solón- en el Delta, hacia cuyo extremo final el curso del río se divide, un cierto nomo llamado Saítico, cuya principal ciudad es Sais. De allí era el rey Amasis. Los naturales de esta ciudad creen que la fundó una diosa:en lengua egipcia su nombre es Neith, pero en griego, según ellos dicen, es Atenea. Esas gentes son muy amigas de los atenienses y afirman ser de alguna manera parientes suyos. (21e)
    …..
    Numerosas y grandes fueron vuestras hazañas y las de vuestra ciudad: aquí están escritas y causan admiración.”(24d)  (Traducción de Francisco de P.Samaranch en la edición de las obras completas de Platón en Editorial Aguilar, 1969)

    y sigue Solón contando la amplia información que los sacerdotes egipcios le proporcionan sobre la antigua Atenas y que él desconocía.

    También Platón en su diálogo Las leyes, 656d, presenta a Egipto como modelo para educar musicalmente a los jóvenes griegos:

          “Desde hace mucho tiempo  tengo entendido que han aprendido ellos (los egipcios) esta verdad que nosotros estamos formulando ahora: la juventud de las ciudades ha de ejercitarse en las bellas figuras y en las bellas melodías; en consecuencia ellos fijaron el carácter y la naturaleza de estas, y luego expusieron los modelos de las mismas en los templos… “ (Traducción  de P.Samaranch).

    No es, pues, de extrañar el elevado concepto que Herótodo, Solón, Platón tenían de Egipto con cuya cultura y pasado se hermanan (en este caso la ciudad de Atenas con la egipcia Sais, en el Delta) o en él buscan sus orígenes.

    Las investigaciones modernas confirman plenamente lo que los propios antiguos nos decían.
    Naturalmente también son esenciales las aportaciones del Medio Oriente y del Norte, dada la estratégica ubicación de Grecia entre el este y el oeste, entre el norte y el sur.  El Oriente Próximo ha sido durante milenios el crisol en el que se han fundido y mezclado las corrientes culturales de Oriente, del Mediterráneo, del norte euroasiático y de Africa.

    En la conformación de la cultura griega clásica han sido esenciales, pues,  el sustrato mediterráneo, la originalidad indoeuropea, las tradiciones mesopotámica y egipcia.

    Como suele ocurrir en todas las sociedades, la cultura es el resultado de múltiples influencias, es resultado del sincretismo, síntesis y fusión de formas diversas. Si esto ha sido siempre así a lo largo de la Historia, resulta absolutamente evidente en nuestra época de globalización en la que además las personas se mueven con gran facilidad por todo el planeta.

  • El hombre es la medida de todas las cosas

    Los filósofos griegos se preocuparon de explicar la naturaleza de las cosas y también se preocuparon de explicar al propio hombre.

    Esta es la fase más famosa del filósofo sofista y retórico  griego Protágoras, nacido en Abdera, en Tracia,  (485 a. C.-411 a. C. aproximadamente).

    En esta frase culmina  el proceso de racionalización filosófica que se produjo en la Grecia clásica. Aunque sea una visión excesivamente resumida y tópica, conviene recordar cómo de una primera etapa mítico-religiosa en la que el centro del pensamiento pivota en la relación con los dioses como explicación de las cosas, se pasa a la etapa filosófica de explicación  de la naturaleza física y de sus fenómenos y finalmente a la etapa antropocéntrica o de preocupación por el propio hombre.

    Esta frase es la expresión del cambio de interés en el racionalismo griego: ahora, sin abandonar la curiosidad por los fenómenos naturales,  el centro es el hombre y toda su complejidad. Es lo que sintetiza la frase  “Homo omnium rerum mensura est” («El hombre es la medida de todas las cosas».
    En realidad Diógenes Laercio nos dice que la frase en griego, naturalmente, fue: “πάντων χρημάτων μέτρον ἔστὶν ἄνθρωπος, τῶν δὲ μὲν οντῶν ὡς ἔστιν, τῶν δὲ οὐκ ὄντων ὠς οὐκ ἔστιν” = “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son.”.

    El sentido exacto de la frase es motivo de discusión, como no podía ser de otra manera tratándose de filósofos: ¿se refiere al hombre como individuo, lo que plantearía un relativismo absoluto, o como género colectivo?;  ¿ con  “todas las cosas” se refiere también a la esencia de las inmateriales  o tan sólo a las que implican una valoración por parte del hombre?

    Ya en la propia Antigüedad hubo voces críticas con este principio, disconformes con el relativismo que introduce en el análisis de las cosas. Platón, por ejemplo, se refiere críticamente en varios de sus Diálogos a Protágoras y su frase; así en Cratillo 386a o en el Teeteto  152a o en Las Leyes 716c, en donde dice:

               “Ahora bien, según nosotros, la divinidad ha de ser la medida de todas las cosas 
                 y en el mayor grado posible; mucho más que el hombre, como suele decirse por ahí
    .”

    ὁ δὴ θεὸς ἡμῖν πάντων χρημάτων μέτρον ἂν εἴη μάλιστα, καὶ πολὺ μᾶλλον ἤ πού τις, ὥς φασιν, ἄνθρωπος:

     Ya que somos hombres, reflexionemos cada uno de nosotros y carguemos de valor y significado personal una frase de tanto éxito histórico.

    Verdaderamente en el origen de toda nuestra cultura están los griegos.

  • Un cuerpo sin nombre (sine nomine corpus)

    Uno de los pasajes de más intensidad poética de la Eneida es aquel en el que Virgilio (70-19 a.C.) nos narra en el Libro II la muerte y fin de Príamo, el anciano rey de Troya

    A su vez en ese pasaje son especialmente emotivos los versos 554 a 558, que causan a la vez  una sentimental y racional impresión:

    Este fue el fin  del destino de Príamo, esta fue la salida
    que le toco en suerte: ver Troya incendiada y Pérgamo arrasada,
    él en otros tiempos rey poderoso de tantos pueblos y tierras de Asia.
    Yace ahora tendido en la playa un enorme tronco
    y la cabeza arrancada de los hombros y  un cuerpo sin nombre.

    haec finis Priami fatorum, hic exitus illum
    sorte tulit Troiam incensam et prolapsa uidentem
    Pergama, tot quondam populis terrisque superbum
    regnatorem Asiae. iacet ingens litore truncus,
    auulsumque umeris caput et sine nomine corpus.

    ¿Qué es un cuerpo sin cabeza sino un tronco sin nombre, un cuerpo amorfo, sin identidad?

    Pues bien, la realidad con frecuencia supera a la ficción. Virgilio nació en octubre del año 70 a.C. y la batalla de Farsalia tuvo lugar en agosto del año 48 a.C.;  por tanto casi tenía  22 años de edad.  Virgilio vivió la Guerra Civil entre César y Pompeyo y con toda seguridad conoció la crónica de la batalla de Farsalia y el triste final de Cnaeus Pompeius Magnus, es decir de Cneo Pompeyo el Grande.

    Pompeyo era miembro de una de las familias itálicas  más importantes; fue tres veces cónsul y fue un gran general al que se le encargaron grandes acciones bélicas en beneficio de Roma: obtuvo tres veces el premio del triunfo, sólo concedido a quien había vencido en una gran contienda,  por sus victorias en Africa, sus victorias en Hispania contra Sertorio y luego contra los restos del ejército de Espartaco y el tercero por su victoria sobre los piratas y en Asia.

    La ceremonia del triunfo, de grandiosa vistosidad, consistía en un desfile militar del general con sus tropas y el botín conseguido por las calles de Roma, desde el Campo de Marte hasta  el Capitolio; el general vestido como el dios Júpiter ascendía en su carro hasta el templo de Júpiter Optimo y Máximo (Iuppiter Optimus Maximus).

    El triunfo era la mayor recompensa para un general romano, al que se reconocía como “imperator”. Imaginemos, pues, a Pompeyo triunfando tres veces por las calles de Roma.

    Pues bien, César y Pompeyo mantuvieron relaciones familiares (estuvo casado con Julia, hija de César, que murió muy joven de parto), cierta amistad y una relación política equilibrada  que les llevó a repartirse el poder con Craso, enormemente rico, y formar el famoso triunvirato, o gobierno de los tres hombres (tri = tres y vir =hombre).

    Craso murió derrotado en Carras, en la actual Turquía, en el año 53 a.C. y la relación entre César y Pompeyo no sólo se fue enfriando sino que a la larga resultaba imposible de mantener dada la ambición y personalidad de ambos. Surgió, pues, la guerra civil en la que legiones y aliados romanos se enfrentaban a otras legiones y aliados romanos. La batalla de Farsalia del año 48 fue decisiva. César, con un ejército menor pero bien entrenado, venció al Gran Pompeyo, a Pompeius Magnus, con un ejército mucho mayor.

    Tras la derrota, Pompeyo se comportó como no correspondía y se esperaba de un general romano. Abandonó a sus soldado y huyó a Egipto buscando la ayuda del rey Tolomeo, todavía niño. Llegó a Alejandría, capital del Egipto Tolemaico; le recibieron cordialmente y le pidieron que se presentara ante el rey;  se acercó al barco en el que venía Pompeyo  una barquichuela en la que entre otros se encontraban el prefecto real  Aquilas y Lucio Septimio que había sido centurión de Pompeyo en la guerra de los piratas; Pompeyo subió a la barquichuela y allí lo apuñalaron y mataron estos dos personajes, delante de su propia esposa,  la víspera del día en que hubiera cumplido 59 años.

    Cortaron y conservaron la cabeza del gran general para entregársela a César; el cuerpo desnudo lo dejaron abandonado en la playa.

    Dice Plutarco (46-120?) en su Pompeyo,80.1

    Pero  cortaron la cabeza de Pompeyo,  arrojaron el resto de su cuerpo desnudo de la barca, y lo dejaron abandonado para los que ansiaban  tan lamentable espectáculo.

    τοῦ δὲ Πομπηΐου τὴν μὲν κεφαλὴν ἀποτέμνουσι, τὸ δὲ ἄλλο σῶμα γυμνὸν ἐκβαλόντες ἀπὸ τῆς ἁλιάδος τοῖς δεομένοις τοιούτου θεάματος ἀπέλιπον.

    Es decir, se hacía realidad la imagen  salvaje de lo que poéticamente diría después Virgilio:

          iacet ingens litore truncus,
    auulsumque umeris caput et sine nomine corpus.

    Quien en tantas ocasiones había salvado a Roma, quien en tres ocasiones, como un dios subió la cuesta de la colina capitolina celebrando el triunfo, la mayor recompensa para los vencedores, yace ahora abandonado en la playa.

    Al día siguiente unos soldados  recogieron el tronco “sine capite, sine nomine”   y le dieron piadosa sepultura. Esta muerte, que nos parece de una enorme crueldad , no desmerece por otra parte de la violencia brutal y gratuita que con frecuencia  empleó  Pompeyo, a quien Valerio Máximo, escritor de la época de Tiberio (14-37) describe en sus  “Facta et dicta memorabilia, 6,2.8 (Hechos y dichos memorables) como “adulescentulus carnifex” (el jovencito carnicero).

    ¿Tendría  Virgilio esta imagen inquietante en su retina cuando narró el final de Príamo, anciano y venerable rey de Troya?

    Veleyo Patérculo (19 a.C.-31 d.C.) en Historia Romana 2.53.3 narra el final contraponiendo su gloriosa carrera militar a su triste muerte, lo  que resultaría ya un tópico entre los historiadores:

    Este fue, después de tres consulados y otros tantos triunfos y de ser el dueño del orbe de las tierras,  el final de un hombre santísimo e importantísimo, elevado hasta donde no se puede alcanzar, a los 58 años de edad, la víspera de su cumpleaños; hasta tal punto le abandonó la fortuna que a quien no le faltaron tierras para la victoria le faltaba ahora para la sepultura.

    Hic post tres consulatus et totidem triumphos domitumque terrarum orbem sanctissimi atque praestantissimi viri in id evecti, super quod ascendi non potest, duodesexagesimum annum agentis pridie natalem ipsius vitae fuit exitus, in tantum in illo viro a se discordante fortuna, ut cui modo ad victoriam terra defuerat, deesset ad sepulturam.

    Apiano (95?-165?), en su Historia Romana, en la parte correspondiente a las Guerras Civiles, BC 2 ,12, 85-86 nos narra también este triste final con palabras parecidas.

    La esposa de Pompeyo y sus amigos, que lo veían desde la distancia gritaron y levantando sus manos al cielo, invocaban a los dioses vengadores de la confianza violada. Luego se hicieron a toda prisa a la mar lejos como si de un país enemigo se tratase. Los esclavos de Potino cortaron la cabeza de Pompeyo y la guardaron para César, esperando recibir una buena recompensa,  pero les aplicó un digno castigo por su nefando crimen.  Los restos de su cuerpo fueron enterrados  por alguien en la orilla, y un pequeño monumento fue levantado sobre ellos, en el que alguien grabó esta inscripción:
    “Qué tumba tan lamentable es esta  aquí para quien dispuso de tantos templos”

    Dion Casio nos cuenta en su Historia Romana LXIX. 11, como años más tarde el emperador Adriano, que  en el año 122 marchaba de Judea a Egipto, visitó la tumba, ya en ruinas, de Pompeyo y recitó el verso que también cita Apiano:

    ¡Qué tumba tan lamentable hay aquí para quien tuvo templos en abundancia!

    y ordenó su reparación.

  • “Libertad o muerte”. Espartaco

    A lo largo de la Historia, la esclavitud de unos seres humanos por otros ha sido una realidad omnipresente. Los esclavos procedían sobre todo de las guerras, tan frecuentes.

    En el mundo romano sobre todo los esclavos fueron una importante fuente de energía porque los esclavos eran quienes realizaban los trabajos físicos. Pero la libertad es la condición necesaria para una auténtica vida humana y por ello en todo esclavo se encerraba un deseo de libertad y de rechazo de la esclavitud.

    En la Historia son muchos los episodios y los hombres que lucharon por  su libertad. En realidad toda la Historia de los hombres, de la Humanidad, podría resumirse en la Historia de la lucha por la libertad. La libertad es el bien más preciado del hombre.

    Espartaco fue uno de los más famosos hombres que lucharon por la libertad. Fue un esclavo romano de origen tracio, luego gladiador, que vivió en el siglo I a.C. Acaudilló una rebelión de esclavos contra sus señores. Era un gladiador mirmilón (que combatía tan sólo con espada y casco). Huyó de la escuela de gladiadores de Capua y lideró una lucha de miles de esclavos (según fuentes antiguas llegaron a unirse 70.000) del año 73 al 71 a.C. para recuperar su libertad y tuvo en jaque a las legiones romanas, a dos cónsules, a dos pretores, a un procónsul…a los que venció en varias ocasiones hasta que murió asesinado en Lucania, región del sur de Italia,  en el año 71 a.C.

    La documentación sobre Espartaco es escasa y nos resulta imposible conocer muchos detalles. Incluso desconocemos su propia opinión sobre la “esclavitud” y no podemos caer en el error de interpretar la revuelta  al margen del propio siglo I a.C. en que vivió, como hace por ejemplo la interpretación marxista de su figura.

    El recuerdo de su revuelta se mantuvo vivo en la sociedad romana durante mucho tiempo. En tiempos más modernos se convirtió en todo un símbolo y evocar a Espartaco es evocar los deseos de libertad del hombre.

    Su lema “libertad o muerte”, repetido infinitas veces por tantas personas de comportamiento heroico, refleja en dos palabras el deseo irrefrenable de todo individuo por ser auténticamente hombre, dueño y señor de sí mismo.