Categoría: Cultura

  • Biblioteca de Alejandría (2) ¿Cuántos volúmenes tenía la Biblioteca de Alejandría?

    Sabemos que la Biblioteca de Alejandría tuvo pretensiones de almacenar todo el saber universal de la época, pero ¿cuántos volúmenes tuvo en realidad?

    Este sueño de almacenar todo el conocimiento del momento encandila cada cierto tiempo a los hombres, al menos a algunos soñadores. En Alejandría pretendían recopilar  “los libros de todos los pueblos de la tierra” y pudieron pensar que para ello necesitaban coleccionar 500.000 volúmenes.

    Las diversas fuentes, de épocas muy diversas, aunque bebiendo unas de otras, nos dan cifras muy dispares.

    Leemos en la Carta de Aristeas,9 y ss., obra del siglo III a.C. y  primer texto conservado en el que se cita la Biblioteca de Alejandría, famoso sobre todo porque comenta la traducción del Pentateuco al griego para esta Biblioteca:

    Encargado de la biblioteca del Rey, Demetrio de Faleras, recibió grandes sumas de dinero, para reunir, de ser ello posible, todos los libros del orbe; y realizando compras y transcripciones, llevó a feliz término en el menor plazo que pudo la encomienda real. Habiéndosele demandado, en mi presencia: «¿Cuántas decenas de millares de libros hay?», respondió: «Más de veinte, oh Rey; y me afano para completar en breve lo que falta para los quinientos mil. Por cierto, que se me ha anunciado además que las leyes de los judíos son dignas de transcripción y de hallarse en tu biblioteca». «¿Qué es lo que te impide —dijo el Rey— realizar esta tarea, puesto que se te ha provisto de todo lo necesario?». Demetrio dijo: «Se necesita una traducción: en Judea se sirven de sus propios caracteres;tienen, del mismo modo que los egipcios, tanto una escritura como una lengua propias. Corre la fama de que utilizan el siríaco;pero no es cierto, se trata de algo distinto». El Rey, después que hubo recibido noticia puntual de todo, ordenó se escribiera al sumo sacerdote de los judíos, a fin de llevar a buen término el proyecto. (Traducción y notas de Jaume Pòrtulas, única que yo conozco en castellano)

    Y lo mismo leemos en Flavio Josefo, Antiguedades judías, 12. 2

    Demetrio Falero, prefecto de la biblioteca real, intentaba, si era posible, recopilar todos los libros del orbe; compraba todo lo que oía que era especial  o cualquier  obra interesante, secundando así los deseos del rey, que demostraba un gran interés en coleccionar libros.
    Un día que Ptolomeo le preguntó cuántos volúmenes había reunido ya, le respondió que tenía cerca de doscientos mil y que pronto llegaría a los quinientos mil; añadió que había oído que entre los judíos había recopilaciones de sus leyes interesantes y dignas de la biblioteca real, pero que escritas  con los caracteres y en la lengua de este pueblo,  exigirían mucho esfuerzo para traducirlas al griego. Resulta que sus letras en principio se parecen a los caracteres sirios y los sonidos suenan semejantes, pero en realidad se trata de una lengua muy diferente. Sin embargo  no hay ninguna dificultad para que se haga la traducción de estos libros en la biblioteca porque el rey no carece de los recursos necesarios. Al rey le pareció que Demetrio le daba una buena idea para satisfacer  su deseo de recopilar el mayor numero posible de libros y a este efecto escribió al Sumo Sacerdote de los judíos.

    Quizás recogiendo las ideas de Demetrio, se pretendiera crear una biblioteca universal, aunque la mayoría de los libros fueran griegos, y que ésta ocupara  unos 500.000 volúmenes de todas las materias. En todo caso la cantidad real debió ser tan impresionante que  los antiguos han dado cifras fantásticas de muchos miles de volúmenes, aunque hemos de tener en cuenta que una obra tenía varios volúmenes o rollos de papiro; cada rollo puede equivaler a 60-70 páginas actuales y su longitud suele estar entre 6 y 10 metros, aunque pueden ser mucho mayores.

    Las  cifras hay que atenderlas con muchas reservas porque en principio parecen imposibles.  Ya hemos visto cómo en la citada carta de Aristeas, 9-10, se dice que ya en tiempos de Demetrios de Falera tenía 200.000 volúmenes; a principios del siglo II tendría 500.000 y según llegaría a tener 700.000 volúmenes, aunque hemos de tener en cuenta que una obra tenía varios volúmenes o rollos de papel.

    Dice Gelio en Noctes Atticae VII, 17,3:

    Después un gran  número de libros o fue fruto de las conquistas o encargada su copia por los reyes Ptolomeos en Egipto hasta casi los setecientos mil volúmenes

    Ingens postea numerus librorum in Aegypto ab Ptolemaeis regibus vel conquisitus vel confectus est ad milia ferme voluminum septingenta;

    Amiano también habla de 700.000 volúmenes. Pero en algunos manuscritos de Gelio se decía 70.000 y no 700.000  volúmenes. Curiosamente los 200.000 de los que se habla en la carta de Aristeas más los 500.000 del objetivo de Filadelfo suman los 700.000 de Gelio.

    Séneca dice que en Alejandría ardieron 40.000 libros, pero como veremos en otro momento, estos libros no eran realmente el fondo bibliográfico de la biblioteca.  Lo dice precisamente en un texto en el que critica la ostentación de ricos ciudadanos romanos que almacenan numerosos volúmenes que nunca leen para aparentar que son cultos. Este comportamiento no está alejado de algunos contemporáneos.. Lo dice en De tranquillitate animi, 9, 4:

    “¿Para qué sirven los libros y bibliotecas innumerables, de los que su dueño apenas si puede leer su título en toda su vida?  Esa cantidad cansa al que está aprendiendo, pero no le enseña y es mucho más interesante que te dediques a unos pocos autores y no que andes perdido entre muchos. En Alejandría ardieron  40.000 rollos. Alguno lo alaba como hermosísimo monumento de la opulencia de los reyes, como por ejemplo Livio, que dice que esto fue obra egregia de la elegancia y preocupación de los reyes. Pero ni aquello fue elegancia ni preocupación, sino  lujoso deseo de aprender, mejor, ni deseo de aprender, porque no se compraron para el estudio sino para el espectáculo, como para muchos ignorantes  también los libros de letras infantiles no son instrumentos para el estudio sino adornos para sus cenas. Adquiramos, pues, cuantos libros sean necesarios, pero no por el espectáculo.

    Quo innumerabiles libros et bibliothecas, quarum dominus uix tota uita indices perlegit? Onerat discentem turba, non instruit, multoque satius est paucis te auctoribus tradere quam errare per multos. 5 Quadraginta milia librorum Alexandriae arserunt. Pulcherrimum regiae opulentiae monumentum alius laudauerit, sicut et Liuius, qui elegantiae regum curaeque egregium id opus ait fuisse. Non fuit elegantia illud aut cura, sed studiosa luxuria, immo ne studiosa quidem, quoniam non in studium, sed in spectaculum comparauerant, sicut plerisque ignaris etiam puerilium litterarum libri non studiorum instrumenta, sed cenationum ornamenta sunt. Paretur itaque librorum quantum satis sit, nihil in apparatum.

    Orosio, que parece haber bebido en Tito Livio, al hablar de la guerra de Alejandría, dice que ardieron 40.000 libros, aunque algunos códices den 400.

    San Isidoro habla de apenas 70.000 rollos.

    El obispo Epifanio nos dice que la biblioteca del Serapeion, que llaman “hija”,  tendría 54.800 volúmenes,   en su obra “Pesos y medidas”  , en cap. 9, (52c): 

    Ya hay 54.800 libros, más o menos, pero hemos oído que hay una gran cantidad de todo  el mundo, entre ellos,  etíopes, indios, persas,  elamitas, babilonios,  asirios,  caldeos, y también  romanos,  fenicios,  sirios, y los romanos en Grecia "—- en ese momento no los llamaban romanos sino  latinos”

    Juan Tzetzes, erudito y escritor bizantino, que vivió aproximadamente entre los años 1110 y 1180, en su obra  Prolegómenos a Aristófanes dice que el Museo había recopilado 400.000 “libros mixtos” (symmigeis)  y 90.000 “no mixtos” (amygeis), resultando difícil interpretar que quiere decir con ”mixtos” y “no mixtos”; tal vez se refiera a rollos con una sola obra y rollos con varias.  Por otra parte Tsetzes se basa en la carta de Aristeas, y en todo caso, expresaría la idea recordada de que la biblioteca tenía un enorme número de rollos de papiro.

    Ibn-al Qifti  (vivió ca. 1172-1248) historiador árabe, autor de una Historia de los filósofos, habla también de 54.000 rollos.

    Parece que se están mezclando diversos aspectos: el mito de que la biblioteca pretendía almacenar copia de todos los libros del mundo y por tanto su objetivo de llegar a los 500.000 volúmenes, la enorme cantidad que realmente tenía, los que se quemaron en el famoso incendio con motivo de la guerra de Alejandría.

    Autores modernos han intentado calcular con más racionalidad los posibles volúmenes realmente existentes.

    Hipólito ESCOLAR SOBRINO, en su obra La Biblioteca de Alejandría, (Madrid: Gredos, 2001), p. 136-138, calcula que pudo tener unos 50.000 volúmenes o rollos que,  vendría a equivaler a unos 12.500 libros actuales.

    Hay otros cálculos incluso menos alegres. Así considerando que los 24 cantos de la Odisea de Homero necesitan 24 rollos de papiro y hoy caben en un volumen moderno y admitiendo que en Alejandría hubiera 500.000 rollos de papiros, tendríamos unos 20.000 libros modernos. Pero si tuviera 50.000 rollos, habría acogido algo más de 2.000 de los modernos, cifra insuficiente para la mítica valoración de la que goza.

    En todo caso, soñaron con recolectar todos los libros del mundo y traducirlos al griego, porque no sólo les animaba una intención meramente coleccionista, sino también de conocimiento de los hombres y culturas del mundo.  Pero, ¿acaso no es éste también el sueño de proyectos contemporáneos como “Google Books”,  por ejemplo?  ¿Acaso no pretenden otros proyectos grandiosos como Wikipedia construir la enciclopedia realmente universal?

  • La biblioteca es una creación griega

    Alejandría fue la capital espiritual y cultural del mundo desde el siglo IV a. C. hasta el siglo V o VI de nuestra era. Al amparo de la mayor biblioteca de la Antigüedad, que pretendió conservar todo el saber almacenado en los libros de manera sistemática con ejemplar sentido de la libertad intelectual, vivió y trabajó un colegio o comunidad de sabios y eruditos que desarrolló la física, la astronomía, la matemática, la geometría, la geografía, la ingeniería, la medicina, la filosofía, la literatura, la gramática, la retórica… Ellos fueron la base del saber occidental.

    La palabra “biblioteca” procede de la latina  bibliothēca, y esta de la griega βιβλιοθήκη, compuesta de βιβλίον ,biblíon, libro y θήκη théke, que significa “caja, depósito, receptáculo, armario…”.  βιβλίον  o βίβλος también significa corteza u hoja de papiro, soporte que se utilizaba para escribir sobre él, de donde procede el significado de “libro, escrito, documento, carta…”.

    Así que en realidad una “biblioteca” puede ser el local o edificio en el que se conservan los libros para su lectura; también puede significar la institución que adquiere y conserva esos libros o el conjunto de esos libros e incluso el mueble o estantería en el que se guardan, mueble que en español también se llama librería.

    La “biblioteca”  en el sentido o sentidos indicados es un invento griego y a ellos les debemos creación tan importante. Probablemente la biblioteca más famosa de la Historia es la “Biblioteca de Alejandría”, pero más importante que esta “institución” es el hallazgo del concepto de “biblioteca” en sí y su realización concreta.

    Es posible que existiera una biblioteca anterior en Babilonia, o la llamada “biblioteca de Nínive” creada por el rey asirio  Asurbanipal que reinó entre el  668 a.C. y 627 a.C., en griego llamado Sardanápalo,  como lugares o depósitos en los que se guardaban y conservaban miles de tablillas con anotaciones comerciales, religiosas, legales e incluso literarias.

    De Egipto son muy pocas las noticas, aunque  se habla de bibliotecas “sagradas” en los templos. Diodoro de Sicilia, en I,49  transcribe el relato que Hecateo hace de su visita a la tumba de Ramsés en su obra “Historias de Egipto” que no se ha conservado. Allí dice :

    A continuación estaba la  biblioteca sagrada, sobre la cual se hallaba escrito ‘Lugar de cuidado del alma’”.

    Esta enigmática frase en realidad parece no referirse exactamente a la biblioteca y los libros, contra la interpretación que frecuentemente se ha hecho de ella, sino al espacio en el que se supone que está el alma de Ramsés. Véase: https://www.antiquitatem.com/cuidado-del-alma–biblioteca-alejandria

    Pero la biblioteca como “almacenamiento del saber general” que se ha de transmitir a otras personas y, por tanto, como institución pública, o institución del Estado o de la monarquía, abierta a los ciudadanos, es una creación más de los griego. En realidad es un elemento más del hallazgo del propio concepto de “educación” o paideia” (griego παιδεία, "educación" o "formación", a su vez de παις, país, "niño") , del que en otra ocasión hablaré y que responde a la necesidad de transmitir a todos los niños y jóvenes el conocimiento que la sociedad ha ido acumulando. El conocimiento que se adquiere hay que conservarlo escribiéndolo en los libros y estos a su vez han de ser conservados en las bibliotecas y puestos a disposición de las personas para su educación.

    No es esta desde luego la creación menor de los griegos, cuya importancia sigue siendo de absoluta actualidad.

    Las fuentes antiguas nos proporcionan mucha información, pero siempre hay que acogerlas con muchas reservas y sentido crítico por su imprecisión, a veces por su lejanía de los hechos, por las contradicciones entre ellas y por su diverso concepto de la historia, pero a la postre es lo que tenemos. Así que las utilizaré con profusión, al menos como prueba de que lo expresado no es consecuencia de la mera especulación o imaginación.

    En Grecia son muy antiguas las colecciones de libros, primero de particulares, que en algunos casos se abren al público y luego las públicas.  Un fragmento (304 K) de Eupolis, autor de comedias del siglo V a.C., hace referencia a la venta de libros en el ágora de Atenas. Y Platón en la Apología o Defensa de Sócrates, 26e hace decir a Sócrates que los libros de Anaxágoras se pueden comprar en el ágora por un dracma:

    ¿Los consideras tan iletrados como para no saber que los libros del Clazomenio Anaxágoras están llenos de estas palabras?¿Y qué me dices de los jóvenes de Atenas? ¿Aprenden de mí aquellas cosas que pueden conocer adquiriendo un libro por un dracma, todo lo más, en el mercado de libros de la plaza?

    A pesar de lo que dice Platón por boca de Sócrates, los libros serían más caros y sólo estarían al alcance de ciudadanos con recursos económicos suficientes.

    Aulo Gelio nos da numerosas informaciones sobre las primeras bibliotecas y sobre la de Alejandría siguiendo tal vez la obra perdida de Varrón De bibliothecis” (Sobre las bibliotecas), pero eso no quiere decir que respondan exactamente a la realdiad. Así admite sin más el relato sin duda fabuloso de una antiquísima biblioteca pública en Atenas debida a Pisístrato. Dice  en sus Noctes Atticae (Noches Áticas, VII, 17), :

    ¿Quién fue el primero de todos que ofreció al público la posibilidad de leer libros? ¿Cuál fue el número de libros públicos que hubo en Atenas antes del desastre con los persas?

    Se dice que el primero que en Atenas ofreció libros de las disciplinas liberales para leerlos públicamente fue el tirano Pisístrato.  Luego los mismos atenienses los aumentaron  con nueva afición y preocupación;  pero luego, Jerjes, cuando se apoderó de Atenas, incendiada la ciudad además de la acrópolis, robó toda aquella cantidad de libros y los transportó a Persia. Más adelante, después de muchos avatares, el rey Seleuco, al que se llamó Nicanor, se preocupó de que todos ellos fueran devueltos a Atenas.

    Pisístrato vivió entre 607-527 a.C.  En realidad Atenas no tuvo una biblioteca pública hasta Ptolomeo Filadelfo (285-246 a.C.) y su gran biblioteca pública fue la donada por Adriano (117-138 d.C), en un peripato de cien columnas.

    Quis omnium primus libros publice praebuerit legendos; quantusque numerus fuerit Athenis ante clades Persicas librorum in bibliothecis publicorum.
    Libros Athenis disciplinarum liberalium publice ad legendum praebendos primus posuisse dicitur Pisistratus tyrannus. Deinceps studiosius accuratiusque ipsi Athenienses auxerunt; sed omnem illam postea librorum copiam Xerxes, Athenarum potitus, urbe ipsa praeter arcem incensa, abstulit asportavitque in Persas. [2] Eos porro libros universos multis post tempestatibus Seleucus rex, qui Nicanor appellatus est, referendos Athenas curavit.

    Aulo Gelio, Noctes Atticae, 3, 17

    De cómo, según escritores dignos de fe, Platón compró tres libros del pitagórico Filolao. y Aristóteles algunas obras de Speusipo, en cantidades enormes e increíbles.

    Refieren los antiguos que Platón, a pesar de que solamente poseía caudal muy pequeño, compró en diez mil denarios los tres libros del pitagórico Filolao, asegurando algunos autores que esta cantidad se la dio su ,amigo Dion de Siracusa. También se refiere que Aristóteles, después de la muerte de Speusipo, pagó tres talentos antiguos por algunos libros compuestos por este filósofo; cantidad que, evaluada en nuestra moneda, hace setenta y dos mil sextercios. El satírico Timón, en su poema titulado Silos, en el que deja rienda suelta a su malignidad, apostrofa en estos injuriosos términos a Platón, que, como hemos dicho, era muy pobre, por haber comprado muy caro un tratado de filosofía pitagórica, sacando de él, con numerosos plagios, su famoso diálogo del Timeo. He aquí los versos de Timón:

    «y tú también, Platón, te has visto dominado por el deseo de instruirte, y has comprado por mucho dinero un librito con cuyo auxilio te has puesto a escribir tú mismo». (en griego en el original) (Traducción de Francisco Navarro y Calvo).

    Id quoque esse a gravissimis viris memoriae mandatum, quod tris libros Plato Philolai Pythagorici et Aristoteles pauculos Speusippi philosophi mercati sunt pretiis fidem non capientibus.
    Memoriae mandatum est Platonem philosophum tenui admodum pecunia familiari fuisse atque eum tamen tris Philolai Pythagorici libros decem milibus denarium mercatum.  Id ei pretium donasse quidam scripserunt amicum eius Dionem Syracosium.
    Aristotelem quoque traditum libros pauculos Speusippi philosophi post mortem eius emisse talentis Atticis tribus; ea summa fit nummi nostri sestertia duo et septuaginta milia.
    τίμων amarulentus librum maledicentissimum conscripsit, qui σίλλος inscribitur. In eo libro Platonem philosophum contumeliose appellat, quod inpenso pretio librum Pythagoricae disciplinae emisset exque eo Timaeum, nobilem illum dialogum, concinnasset. Versus super ea re τίμωνος hi sunt: 
    καὶ σύ, πλάτων, καὶ γάρ σε μαθητείης πόθος ἔσχεν,
    πολλῶν δ᾽ ἀργυρίων ὀλίγην ἠλλάξαο βίβλον,
    ῎ενθεν ἀπαρχόμενος τιμαιογραφεῖν ἐδιδάχθης.

    Se dice también que por el mismo tiempo Polícrates (570 a. C.-522 a. C.), tirano de Samos, fundaba una biblioteca.  Parece también que en los buenos tiempos de Atenas,  algunas personas privadas se afanaban por formar sus buenas bibliotecas. Las más importantes corresponden a tres personajes famosos: Euclides, Eurípides y Aristóteles.

    Estrabón nos dice en su Geografía, XIII,1, 55 que Aristóteles fue el primero que se dotó  para su conocimiento de una colección de libros  y que enseñó a los reyes egipcios la organización de una biblioteca. En un pasaje coherente, aparentemente basado en buenas fuentes,  y muy interesante,  nos cuenta las peripecias por las que pasó esta biblioteca de Aristóteles:

    Los filósofos socráticos Erasto, Corisco y Neleo, hijo de Corisoco, discípulo de Aristóteles y Teofrasto, eran nativos de Scepsis. Nelo fue el que continuó con la posesión de la biblioteca de Teofrasto, que contenía la de Aristóteles. Aristóteles le dio la biblioteca y le dejó la escuela a Teofrasto. Aristóteles fue la primera persona que conocemos que hizo una colección de libros y aconsejó a los reyes de Egipto para formar una biblioteca. Teofrasto dejó su biblioteca a Neleo, que la llevó a Scepsis, y la legó a algunas personas ignorantes que mantuvieron los libros encerrados, tirados en desorden. Cuando los habitantes de Scepsis se enteraron de que los reyes Atálicos, de los que dependía la ciudad, estaban buscando libros con gran interés, con los que intentaban dotar la biblioteca de Pégamo, los escondieron bajo tierra; luego, pero no antes de que hubieran sufrido el daño de las lombrices, los descendientes de Neleo vendieron los libros de Aristóteles y Teofrasto por una gran suma de dinero a Apelicón de Teos. Apelicón era más bien amante de los libros que filósofo;  cuando intentó restaurar las partes que habían sido comidas o corroídas por las lombrices, hizo muchas modificaciones en el texto original y las introdujo en las nuevas copias; más bien suplió las partes defectuosas erróneamente y publicó los libros llenos de errores. Esto fue una desgracia para los antiguos peripatéticos posteriores a Teofrasto, pues estando completamente desabastecidos de los libros de Aristóteles, excepto unos pocos solamente, y estos del tipo de los exotéricos, eran incapaces de filosofar de acuerdo con los principios del sistema, y se ocupaban simplemente  en organizar discusiones sobre lugares comunes. Sus sucesores, en cambio, desde el momento en que se publicaron estos libros, filosofaron y propagaron la doctrina de Aristóteles con más éxito que sus predecesores, pero se veían obligados a tratar muchos asuntos sólo como probables por la gran cantidad de errores contenidos en las copias.

    También Roma contribuyo a aumentar los errores; inmediatamente tras la muerte de Apelicón, Sila, que se apoderó de Atenas, se incautó de la biblioteca de Apelicón. Cuando fue llevada a Roma, Tiranion el gramático, que era un admirador de Aristóteles, se ganó al superintendente de la biblioteca y obtuvo su uso. Algunos vendedores de libros, sin embargo, emplearon malos copistas y despreciaron comparar las copias con el original. Esto sucedió también en el caso de otros libros que fueron copiados para su venta aquí y en Alejandría. 

    Nota: este Tiranión, prisionero de guerra liberado, fue amigo de Atico y de Cicerón. Preparó una edición de las obras de Aristóteles, pero también aparecieron otras menos cuidadas, como refleja el texto. La biblioteca de Sila, con los libros de Aristóteles, la heredó el megalómano Fausto Sila, general de Pompeyo; arruinado vendió todo, hasta la biblioteca y así desaparecieron para siempre los libros de Aristóteles.

    Nos dice Plutarco en Vida de Sila, 26,1-2

    Habiendo dado velas desde Éfeso con todas las naves, entró al tercer día en el Pireo; se inició entonces  en los misterios, y se apropió de la biblioteca de Apelicón de Teya, en la que se hallaban la mayor parte de los tratados  de Aristóteles y Teofrasto, poco conocidos entonces por el público. Dícese que una vez traída a Roma, Tiranión el Gramático corrigió muchas de las obras , y que habiendo alcanzado de él Andrónico de Rodas algunas copias, las publicó y creó las listas que ahora corren.

    Los más antiguos de los peripatéticos eran evidentemente personas formadas e instruidas, pero parece que no tuvieron la suerte de un contacto amplio y exacto con muchas de las obras de Aristóteles y de Teofrasto, porque las posesiones de Neleo de Escepsis, a quien Teofrasto dejó sus libros, cayeron en manos de hombres descuidados e iletrados.

    Muy probablemente la extraña afirmación de Estrabón de que Aristóteles ayudó a los reyes egipcios  a organizar una biblioteca se debe al hecho de que fuera su discípulo, Demetrio de Falera, el que exiliado en Alejandría desde Atenas, fuera el cerebro del proyecto ptolemaico del Museo y de la Biblioteca, como más abajó se verá. Indirectamente Aristóteles ayudó a los Ptolomeos de Alejandría a desarrollar su biblioteca mediante su discípulo. Así que la frase de Estrabón es sólo un aparente anacronismo.

    Diógenes Laercio (V, 52) nos informa también del regalo a Neleo 

    No me resisto a transcribir otra cita que confirma la mayor parte de las afirmaciones de Estrabón, pero le contradice en algo tan importante como a dónde fueron a parar los libros de Aristóteles, independientemente del valor histórico que pueda tener. Dice Ateneo, que vivió en el siglo II de Cristo, en época del emperador “filósofo”  Marco Aurelio, en su obra “El banquete de los eruditos”,I,3A-3B, al hacer el elogio del erudito Larensio, uno de los comensales participantes:

    Cuenta además que poseía tal cantidad de libros griegos antiguos que sobrepasaba a todos los que fueron admirados por sus colecciones: a Polícrates de Samos, a Pisístrato el que fue tirano de Atenas, a Euclides, también al ateniense Nicócrates de Chipre, e incluso a los reyes de Pérgamo, al poeta Eurípides, al filósofo Aristóteles , y al que conservó los libros de estos últimos, Neleo. A él dice que se los compró todos nuestro compatriota el rey Ptolomeo, apodado Filadelfo, y los trasladó, junto con los procedentes de Atenas y los traídos de Rodas, a la hermosa Alejandría.” (Traducción de Lucía Rodríguez-Noriega para Editorial Gredos).

    Pero como decía, sin duda  la biblioteca más famosa de la Historia sea la “Biblioteca de Alejandría”, fundada por  los Tolomeos, gobernantes por cierto ilustrados y cultos ellos mismos.

    Alejandría es una de las numerosas ciudades (al menos 19 desde Egipto hasta la India) fundadas por Alejandro Magno a las que puso su nombre. Esta lo fue en el año 331 a.C. en el delta del Nilo y llegó a tener cerca de un millón de habitantes, población sólo superada en la Antigüedad por Roma, por lo que fue la más importante de las fundadas por el macedonio. Estrabón nos dice que tiene la forma de una clámide, es decir, de rectángulo casi perfecto: Estrabón, XVII, 1, 8

    La figura del plano de la ciudad es la de una clámide o capote militar.

    εστι δὲ χλαμυδοειδὲς τὸ σχῆμα τοῦ ἐδάφους τῆς πόλεως

    Junto a los egipcios vivían grandes grupos de griegos y de judíos. Pronto se convirtió en el referente cultural del mundo antiguo. Su puerto, el más grande también de la Antigüedad,  abierto al Mediterráneo con su famoso Faro (una de las maravillas del mundo antiguo), el Museo, el templo de las Musas,  y la Biblioteca son los elementos que le han dado fama eterna a esta ciudad. La biblioteca fue un instrumento esencial al servicio del ecumenismo alejandrino en el proceso de helenización de todo el Mediterráneo .

    Que  Egipto fuera el país que monopolizaba la producción del papiro, soporte de la escritura, sin duda tuvo también su importancia a la hora de crear la biblioteca.

    A pesar de la enorme resonancia histórica que el Museo y la Biblioteca de Alejandría han tenido y tienen, las fuentes sobre ella son escasas tanto de los momentos fundacionales como posteriores anteriores a su desaparición, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de ellas son mera repetición de otras anteriores, reproduciendo los errores y causando gran confusión. La información arqueológica al respecto tampoco es relevante.

    La biblioteca la comenzaría según la tradición  Ptolomeo Soter hacia el año 295 a.C.  pero realmente quien la incrementó y reorganizó de manera  sistemática sería   Ptolomeo Filadelfo,  que nombró un bibliotecario fijo y la dotó de los medios necesarios para su buen funcionamiento. Sépase no obstante que la primera referencia escrita que cita a la Biblioteca es del siglo II, en la “Carta de Aristeas a Filócrates”  en la que un judío comenta la famosa y por lo demás ficticia traducción al griego del Pentateuco,  la Torá, conocida como “la de los setenta”, la “septuaginta”, cuya milagrosa confección comentaré en otra ocasión.  En realidad las fuentes sobre la Biblioteca son escasas y la mayor  parte de autores tardíos. Tampoco tenemos especiales datos aportados por la arqueología.

    El cerebro del proyecto debió ser Demetrio de Falera, que llegó exiliado de Atenas, en donde gobernó como tirano y había sido discípulo de Aristóteles por lo que tenía la idea aristotélica de un conocimiento universal, el funcionamiento del Peripato y la biblioteca de Aristóteles como modelo;  todo ello lo trasplantó a Alejandría y lo desarrolló a lo grande con la protección real de los Ptolomeos.  Sería, pues, el primer bibliotecario.

    (Como curiosidad, diremos de este Demetrio que sus intrigas en la corte acabaron probablemente con este curioso personaje, que murió mordido por una serpiente que probablemente tal vez alguien colocó a su lado mientras dormía. Este sistema de morir por picadura de serpiente parece muy egipcio; desde luego le dio fama eterna Cleopatra, sea cierto o no el episodio de su muerte por mordedura de aspid. Nos lo cuenta Diógenes Laercio en  Libro V,78:

    Desde entonces (después de su detención)  pasó los días abatido; estando dormido le mordió una serpiente en la mano y así partió de esta vida”.

    Episodio que también recoge Cicerón en su Pro Rabidio Postumo, 23:

    Demetrio, que era llamado Falereo, procedente de la república de Atenas, que había gobernado perfectamente, noble y famoso por sus conocimientos, fue privado de la vida en este mismo reino de Egipto por un aspid que se le colocó junto a su cuerpo.

    Demetrium, qui Phalereus vocitatus est, et ex re publica Atheniensi, quam optime gesserat, et ex doctrina nobilem et clarum, in eodem isto Aegyptio regno aspide ad corpus admota vita esse privatum.

    En realidad había dos bibliotecas, la conocida como “la biblioteca real” (propiedad real; el escritor hebreo Aristeas los llama “libros regios” o “libros del rey” (Carta de Aristeas, 38)) :

    Queriendo hacer algo grato a ellos, a todos los judíos del orbe y a sus descendientes, hemos decidido traducir vuestra Ley, de la lengua que llamáis hebraica, al griego, a fin de que se halle también en nuestra biblioteca, con los otros libros reales.” (traducción de Jaume Pórtulas)

    o gran biblioteca (  μεγάλη  βιβλιοθήκη , de μέγας, megas, grande), que formaba parte del complejo del palacio y del Museo, sin edificio propio, en el barrio del Bruqión (en realidad el palacio, que era una fortaleza,  ocupaba todo el barrio)  y la biblioteca anexa al Serapeion , en el barrio de Rakhotis, que el obispo Epifanio, del siglo IV, llama   “hija” de la otra.

    Estrabón, que estuvo  en Alejandría en la segunda mitad del siglo I a.C., nos hace una descripción del Museo, aunque sin mencionar la Biblioteca como edificio exento en su Geografía, XVII,1, 8.

    “El Museo es una parte del palacio real. Está formado  por un pórtico para pasear, una exedra con asientos y una gran sala en la que los sabios que pertenecen al Museo, comen en común. Esta comunidad tiene en común la propiedad y tienen un sacerdote, que preside el Museo, que antes era nombrado por los reyes  y ahora por César (Augsuto)”.

    Estas dependencias se corresponderían con un peripatos  o espacio para pasear (del griego  περίπατος,  perépatos, paseo, de πέρι, peri , alrededor y πατεῖν, patein, caminar), que en realidad sería una avenida cubierta con cavidades para albergar las estanterías o “bibliotecas”  una exedra (del griego ἐξ ex-, de, fuera y έδρα, asiento) o espacio con asientos y un oikos (gr. οἶκος, casa, sala) o gran sala .

    Deducimos, pues, de la descripción de Estrabón, entre otros datos, que no había una sala de lectura y que los libros y volúmenes estarían en nichos en las paredes de las diversas dependencias y especialmente en el peripato, o pórtico cubierto en cuyos lados  estarían los huecos con las estanterías para los rollos  (βιβλιοθήκαι bibliothekai).

    Anexa al Serapeion (el templo de Serapis) o dentro del recinto, en el barrio llamado Rakhotis,  había otra biblioteca auxiliar u otra parte de la biblioteca fundada por Ptolomeo III. En ella había copias provenientes del Museo. El obispo Epifanio del siglo IV la llama, como decía más arriba,   a esta biblioteca “hija” de la otra  en su obra escrita en siriaco con muchas partes en griego “Pesos y Medidas”, cuyo título completo es “Tratado de San Epifanio, obispo de la ciudad de Constancia en Chipre, sobre las medidas, los pesos y los números y otras cosas que hay en las divinas Escrituras” y que en realidad es un comentario bíblico.  En el pasaje en el que narra con toda credulidad la traducción del Pentateuco al griego, la llamada de Los Setenta, dice en siriaco, en el capítulo  en 11 (53c):

    Y así las Escrituras, cuando habían sido pasadas  a la lengua griega, se colocaron en la primera biblioteca, que se había construido en el Bruchion, como ya he dicho. Y se levantó, además de esta biblioteca una  segunda en el Serapeum, llamada su hija. Y el periodo  entre  los diez Ptolomeos y la muerte de Cleopatra fue de doscientos cincuenta y nueve años.

    Y en griego con alguna variación:

    "Pero hubo más tarde también otra biblioteca en el Serapeum, más pequeño que la primera, que también fue llamado su hija, en la que se colocaron las traducciones de Aquila, Símaco, Teodoción, y el resto,  doscientos cincuenta años después."

    En ella los literatos y científicos podían proseguir sus estudios y se daban lecturas y conferencias. 
    En realidad  es, pues,  un centro internacional y cosmopolita del conocimiento de la época, en el que literatos y científicos proseguían sus estudios, daban sus conferencias, hacían sus lecturas. Por supuesto, era el centro mundial del mercado del libro, diríamos con terminología macroeconómica actual.

    El Museo de Alejandría sería en consecuencia una institución real creada a partir del modelo de la Academia de Platón y del Liceo de Aristóteles y del ideal comunitario pitagórico; de hecho el Museo lo preside un sacerdote como templo de las Musas (luego en época romana el Museo será una institución pública y el sacerdote del Museo será directamente nombrado por el emperador, como recuerda Estrabón). Recordemos que el Peripatos también tenía un Museion o templo de las Musas El Museo y la Biblioteca son lugares de encuentro de una comunidad de filósofos, científicos, estudiantes, venidos de todas partes, subvenida por el monarca y por tanto sin las preocupaciones de la subsistencia  material.  Allí acude la élite cultural del mundo para estudiar y vivir libres de preocupaciones. Algunas universidades inglesas modernas o la española Institución Libre de Enseñanza,  recuerdan a esta comunidad alejandrina. Es en resumidas cuentas, como dice Cánfora,

    una comunidad de sabios aislada del exterior, dotada con una biblioteca completa y un lugar de culto a las Musas”.

    Como ocurre siempre, también hoy, entre los miembros de cualquier comunidad, incluida la científica, son frecuentes  las naturales rivalidades, celos y disputas entre sus miembros. El cínico y satírico Timon de Filunte, por ejemplo, nos presenta a los filósofos como pájaros que se pelean entre ellos:

           En el populoso Egipto, son alimentados muchos escritorzuelos  que  garrapatean papiros mientras disputan sin cesar en la jaula de las Musas”

    Y Ateneo, en su “Banquete de los eruditos” nos lo confirma, aunque  interpretando otro su sentido, cuando dice en I, 22D:

    El autor satírico Timón de Fliunte llama en alguna parte al Museo (de Alejandría) “jaula de pájaros”, burlándose de los sabios hospedados en él, porque, como los pájaros más preciosos, son alimentados en una pajarera.

    “Se apacientan en Egipto, rico en razas, muchos eruditos armados de cálamo, que mantienen peleas infinitas en la jaula de pájaros de las Musas” . (Trad. De Lucía Rodríguez-Noriega, Ed. Gredos).

    Y quien fuera director de la Biblioteca, el gran Calímaco, autor entre otras cosas de un catálogo de obras allí existentes, nos dice que entre los miembros del Museo se daba la “envidia” y no se refería a la mera envidia científica.

    Existieron otras Bibliotecas mantenidas por el Estado en Antioquía, Rodas, Esmirna y otras capitales helenísticas, pero hubo una que rivalizó con Alejandría, la Biblioteca de  Pérgamo. Allí el rey Eumenes II, amante de las ciencias y las letras creó una gran Biblioteca que se mantuvo a pesar de la prohibición que los Tolomeos hicieron de exportar papiro de Egipto.

    Esta prohibición con la que Alejandría pretendió jugar sucio obligó a Pérgamo a perfeccionar la técnica de origen oriental de preparar las pieles de los animales como soporte de escritura. Precisamente de Pérgamo proviene la palabra pergamino, como piel generalmente de ternera, que se utilizó para escribir; la piel del animal non nato (no nacido) se llama “de vítulo” y es la de mayor calidad. (Vitela, del diminutivo vitella , de vitula, es la piel de ternera para escribir).  Este soporté revolucionó la historia del libro, dándole la forma actual de cuaderno, más duradero y más manejable.     

    Pues bien, la Biblioteca de Pérgamo fue muy importante. Según una falsa afirmación,  Marco Antonio se la regaló a Cleopatra y llevó a Egipto doscientos mil volúmenes para reponer los perdidos con ocasión de la guerra con César. Nos lo dice Plutarco en Antonio, 58, 5, pero esta afirmación parece más bien ser fruto de la propaganda que se esgrime en Roma contra Marco Antonio :

    Y Calvisio, amigo de César, añadió como crímenes de Antonio a sus amores con Cleopatra los siguientes cargos: que le había entregado y regalado la biblioteca de Pérgamo en la que había doscientos mil volúmenes simples.

    A pesar de las lagunas de las fuentes históricas, a pesar de lo poco que en realidad conocemos con exactitud, los reflejos míticos de esta grandiosa institución llegan hasta nuestros días. En Octubre del año 2002 se inauguró la moderna biblioteca de Alejandría, Bibliotheca Alexandrina,  fruto de la colaboración de la Unesco con diversos países del mundo, cuya capacidad supera los veinte millones de libros; ya tiene más de doscientos mil, lo que no es un mal comienzo, pero Egipto y toda la zona del norte de Africa y próximo Oriente,  desgraciadamente sigue hoy siendo tan inestable como en la Antigüedad.

    Pero un reflejo todavía más poderoso podemos apreciarlo en la ilusión moderna de hacer posible el acceso de todos los hombres a todo el conocimiento acumulado por la humanidad en todas las lenguas.  ¿Acaso no es esta la pretensión de enciclopedias electrónicas como la popular Wikipedia o instrumentos en los que se pretende ofrecer todos los libros existentes en todas las lenguas?  ¿Será posible esta vez?

    En cualquier cas,  todos debemos apoyar este proyecto grandiosos, porque nuestra deuda con la Alejandría antigua y su Biblioteca es impagable.

  • ¿Fue Pericles keynesiano?

    Los majestuosos edificios de la Acrópolis de Atenas, que tanta admiración han causado desde la propia Antigüedad hasta hoy, fueron construidos por atenienses en paro. El embellecimiento de Atenas se atribuye a Pericles y se citan a los grandes artistas como Ictinos, Calicrates, Fidias…

    Ciertamente  aquel grandioso programa de construcciones públicas se debió al genio político y estratégico de Pericles, pero pocos saben que fue posible porque Pericles decidió dar trabajo y ocupación a los ciudadanos atenienses que malvivían. Pericles decidió, en lo que hoy consideraríamos una política económica  "keynesiana", “socialdemócrata”, dinamizar la economía y repartir riqueza aumentando la obra pública.

    “…era muy justo que su opulencia se emplease en tales obras, que, después de hechas, le adquirieran una gloria eterna, y que dieran de comer a todos mientras se hacían, proporcionando toda especie de trabajo y una infinidad de ocupaciones,…”

    Pericles, aunque de origen aristocrático, lideró al partido demócrata, al partido del pueblo. Todo ello nos lo cuenta Plutarco al narrar su vida y como si de una crónica actual se tratase, nos enteramos de que el partido aristocrático de Cimón y Tucídides (no el historiador) acusa a Pericles de intentar ganarse la voluntad del pueblo con dádivas y regalos y en definitiva malgastando el dinero público.

    “…Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas…”

    ¡Qué moderno resulta todo esto, verdad! ¡Y qué inquietante que 2.400 años después se sigan criticando planes de mísero empleo en zonas especialmente desprotegidas con el mismo argumento: malgastar el dinero público para ganar voluntades!

    Y si Pericles no hubiera puesto en marcha su programa de lucha contra el paro, ¿existiría el Partenón,  grandioso “templo de la virgen”, que eso es lo que significa la palabra, derivada de la griega  Παρθένος, “parthenos”,  virgen,? ¿Y se hubiera construido el Odeón,  del griego Ωδείον y del latín odeum, ὠδεῖον ("odeión", lugar de canto) y este de ἀείδω ("aeido", cantar), de ᾠδή ("odé", oda, cancion), edificio para conciertos de música? ¿Y los Propileos o pórticos, de προπύλαια, de  προ “pro” y πύλιον “pylaion” — Προπυλαιον = “delante de la puerta”?  ¿Y existirían las famosas estatuas de Zeus, Venus, Atenea… mil veces copiadas y repicadas hasta llenar los museos de la culta Europa y los salones de los ricos aristócratas, ?

    Pero será mejor leer directa y extensamente el texto de Plutarco, tan actual y tan evidente que evita todo comentario, en la buena traducción que a principio del siglo XIC hizo Antonio Ranz Romanillos, nacido en Barcones (Soria) en 1759  y estudiante en Sigüenza, de interesante vida política, afrancesado y también redactor de la Constitución de Cadiz:

    Plutarco: Vida de Pericles,
    IX:
    …y otros muchos han escrito que bajo él (Pericles) fue por la primera vez seducida la plebe con repartimientos y con pagarle los espectáculos y darle jornal; con las cuales disposiciones se la acostumbró mal, y se hizo pródiga e indócil, de templada y laboriosa que antes era;…

    Con las dádivas, pues, para los teatros y para los juicios, y con otros premios y diversiones, corrompió a la muchedumbre, y se valió de su poder contra el Areópago, en el que no tenía parte…

    XII
    Lo que mayor placer y ornato produjo a Atenas, y más dinero dio que admirar a todos los demás hombres, fue el aparato de las obras públicas, siendo este sólo el que aún atestigua que la Grecia no usurpó la fama de su poder y opulencia antigua. Y, no obstante, esta disposición era, entre las de Pericles, de las que más murmuraban sus enemigos y la que más calumniaban en las juntas públicas, gritando que el pueblo perdía su crédito y era difamado, porque se traía de Delos a Atenas los caudales públicos de los griegos…

    … y puesto que la ciudad proveía abundantemente de lo necesario para la guerra, era muy justo que su opulencia se emplease en tales obras, que, después de hechas, le adquirieran una gloria eterna, y que dieran de comer a todos mientras se hacían, proporcionando toda especie de trabajo y una infinidad de ocupaciones, las cuales, despertando todas las artes, y poniendo en movimiento todas las manos, asalariaran, digámoslo así, toda la ciudad, que a un mismo tiempo se embellecería y se mantendría a sí misma.  Porque los de buena edad y robustos tomaban en los ejércitos del público erario lo que para pasarlo bien habían de menester, y respecto de la demás muchedumbre ruda y jornalera, no queriendo que dejasen de participar de aquellos fondos, ni que los percibiese descansada y ociosa, introdujo con ardor en el pueblo gran diferencia de trabajos y obras, que hubiesen de emplear muchas artes y consumir mucho tiempo, para que no menos que los que navegaban, o militaban, o estaban en guarnición, tuvieran motivo los que quedaban en casa de participar y recibir auxilio de los caudales públicos.  Porque siendo la materia prima piedra, bronce, marfil, oro, ébano, ciprés, trabajaban en ella y le daban forma los arquitectos, vaciadores, latoneros, canteros, tintoreros, orfebres, pulimentadores de marfil, pintores, bordadores y torneros; además en proveer de estas cosas y portearlas entendían los comerciantes y marineros en el mar, y en tierra, los carreteros, alquiladores, arrieros, cordeleros, lineros, tejedores, constructores de caminos y mineros; como cada arte, a la manera que cada general su ejército, tenía de la plebe su propia muchedumbre subordinada, viniendo a ser como el instrumento y cuerpo de su peculiar ministerio, a toda edad y naturaleza, para decirlo así, repartían y distribuían las ocupaciones, el bienestar y la abundancia.

    XIII
    Adelantábanse, pues, unas obras insignes en grandeza, e inimitables en su belleza y elegancia, contendiendo los artífices por excederse y aventajarse en el primor y maestría;  y con todo lo más admirable en ellas era la prontitud; porque cuando de cada una pensaban que apenas bastarían algunas edades y generaciones para que difícilmente se viese acabada, todas alcanzaron en el vigor de un solo gobierno su fin y perfección.

    Por lo mismo era mayor la admiración de que, siendo las obras de Pericles de durar largo tiempo, en tan breve se hubiesen concluido; porque cada una de ellas en la belleza al punto fue como antigua, y en la solidez, todavía es reciente y nueva:¡tanto brilla en ellas un cierto lustre que conserva su aspecto intacto por el tiempo, como si las tales obras tuviesen un aliento siempre floreciente y un espíritu exento de vejez. Todas las dirigía y de todas con Pericles era superintendente Fidias, sin embargo de que las ejecutaban los mejores arquitectos y artistas;  porque el Partenón, que era de cien pies, lo edificaron Calícrates e Ictino; el purificatorio de Eleusis empezó a construirlo Corebo…

    Los soportales (propíleos) del alcázar o ciudadela se hicieron en cinco años, siendo el arquitecto Mnesicleo
    ….
    Fidias hizo además la estatua de oro de la diosa, y en la base se lee la inscripción que le designa autor de ella.

    Nos cuenta también Plutarco cómo se propalaron todo tipo de calumnias y falsedades sobre Pericles y su familia, que en otro momento tal vez yo comente, y se lamenta de lo difícil que es encontrar la verdad. Nos dice en este mismo capítulo XIII al respecto:

    ¡Tan grande es el trabajo que le cuesta a la historia descubrir la verdad! Pues para los que vienen más tarde, el tiempo pasado se interpone, y roba el conocimiento de los hechos; y las relaciones contemporáneas de las vidas y acciones, o bien por envidia, o bien por lisonja y adulación, corrompen y desfiguran la verdad.

    Y continúa Plutarco al principio del capítulo XIV:

    Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas…

    Y así acabo yo esta larga cita referida a un dirigente ateniense  que vivió entre los años 495 a.C. y 429., es decir hace casi 2.500 años, en la primera democracia del mundo, de efímera existencia, es verdad, porque inmediatamente hubo de sufrir los ataques de la aristocracia y de los dictadores dueños de ejércitos; pero que estableció el objetivo y ejemplo a conseguir para muchos hombres  durante dos milenios, prácticamente hasta nuestros tiempos.  

    Pues bien, como Pericles no pudo conocer a Keynes, podemos preguntarnos si Keynes había leído a Plutarco y su vida de Pericles.  No conozco con suficiente detalle la biografía de Keynes, pero es muy probable que conociera este texto de Plutarco, dado que estudió en el colegio de Eton y luego en el King´s College de Cambridge a donde acudió para estudiar precisamente matemáticas y a los “clásicos”; en estos centros es esencial el conocimiento de los clásicos. Keynes además es un economista muy interesado por cuestiones filosóficas y su aportación en este campo, menos conocida, no deja de ser importante.

    Confirma esta lectura Gilles Dostaler, Professor of Economics,en las  Universidades de Quebec y  Montreal, que escribió la obra "Keynes and His Battles”. El capítulo 9, titulado “Art: Theoretician, Consumer and Patron of the Arts”,  lo dedica a algunas reflexiones filosóficas sobre la naturaleza de la belleza y ofrece  la visión de Pericles de una civilización en la que el arte es valorado por su propio bien y no como un instrumento.

    El famoso economista Stuart Mill, ciertamente ochenta años  anterior pero que influyó decisivamente en la concepción ética y moral de Keynes, comenzó a estudiar griego a los tres años y leyó a los griegos, entre ellos Plutarco, en griego.

    En todo caso, el texto es de un interés extraordinario, por su semejanza con los tiempos actuales, aunque sean grande también la diferencias: ahora no estamos construyendo ni partenones, ni odeones ni propíleos…
     

  • Más que poetas, plagiarios caraduras

    El plagio y el robo de creaciones artísticas, intelectuales, etc. es muy antiguo y a veces difícil de detectar. Hoy sin duda es mucho mayor dada la enorme producción intelectual y la capacidad de los modernos instrumentos informáticos que han reducido el trabajo de la copia y plagio al “copia y pega” de los procesadores de textos. Claro que estos modernos instrumentos también son eficaces para detectar y localizar al plagiador.

    Así se descubren a veces plagios notables; en los últimos meses hemos asistido a la obligada renuncia de algunas personalidades políticas al descubrirse que las tesis doctorales con las que avalaban su formación no eran sino un simple robo del trabajo y el esfuerzo de otros.

    Tampoco son infrecuentes hoy día las polémicas generadas por algunas obras de autores famosos que recuerdan excesivamente a otras o la concesión de premios literarios sin excesivo rigor.

    Pues bien, Vitruvio nos cuenta el caso de un certamen poético en la famosa Biblioteca de Alejandría en la que un experto bibliotecario, Aristófanes de Bizancio, conocedor de los fondos de la biblioteca y su colocación en los estantes, descubre el plagio de un poeta desaprensivo que pretendía pasar como original lo que no era sino copia de una de las obras colocadas en su estantería. Esto sólo fue posible, además de por la extraordinaria mente de Aristófanes, también por la perfecta organización y ordenación de la Biblioteca de Alejandría.

    Para mejor comprensión del texto reproduciré íntegros tres párrafos del Prefacio del libro VII de su obra De Architectura.

    Vitruvio, VII, pref. 4-7

    Los reyes Atálicos (de la casa de Atalo), inducidos por el gran placer de la literatura, crearon en Pérgamo una excelente biblioteca para el disfrute de sus ciudadanos. Asimismo al mismo tiempo Ptolomeo animado del mismo celo infinito y deseo de placer se lanzó a llevar a cabo la misma empresa con no menor esfuerzo en Alejandría. Aunque lo hizo con la mayor diligencia, creyó que aquello no era suficiente si no se preocupaba de aumentar su obra sembrando la semilla de la propagación. Por eso creó unos concursos dedicados a las Musas y a Apolo, a semejanza de los juegos deportivos, y estableció unos premios y honores para los vencedores de las diversas obras escritas.
    Una vez, pues, organizados, llegado el momento de celebrarlos, había que elegir a los jueces literarios que juzgaran las obras. El rey había elegido ya a seis personas de la ciudad, pero no encontraba tan fácilmente a un séptimo que fuese adecuado. Se dirigió entonces a quienes estaban al frente de la biblioteca y les preguntó si conocían a alguien preparado para aquella función. Le dijeron entonces que había un tal Aristófanes que todos los días leía con gran afición y extraordinaria dedicación todos los libros según su orden. Así en la sesión del concurso, una vez que se habían reservado los asientos para los jueces, Aristófanes, convocado con los demás, se sentó en el lugar que le había sido asignado.
    Una vez se hubo comenzado en primer lugar con los poetas y recitaron sus escritos, el pueblo entero advertía a los jueces con su aplauso lo que debían aprobar. Y así cuando se les preguntó la opinión a cada uno,  seis coincidieron en dar el premio al que observaron que más había complacido a la multitud y el segundo al siguiente. Pero Aristófanes, cuando se le pidió su veredicto, ordenó que  fuera proclamado primero el que menos había agradado al pueblo.

    Como quiera que el rey y todos los demás manifestaran su indignación, se levantó y rogó que se le permitiera hablar.  Y así, se hizo silencio y declaró que solo uno de aquellos era poeta, los otros habían recitado poemas ajenos; que lo adecuado era que los jueces no dieran su aprobación a un robo sino a la obra original.  Mientras el  pueblo estaba admirado y el rey dubitativo,  confiado en su memoria  extrajo de determinadas estanterías un buen número de volúmenes  y comparándolos  con lo que habían recitado les obligó a los propios ladrones a confesar su plagio. Y así el rey ordenó que se les acusara de robo y los expulsó condenados con toda ignominia. En cambio a Aristófanes lo honró  con magníficos regalos y lo puso al frente de la biblioteca.

    Reges Attalici magnis philologiae dulcedinibus inducti cum egregiam bybliothecam Pergami ad communem delectationem instituissent, tunc item Ptolomaeus infinito zelo cupiditatisque incitatus studio non minoribus industriis ad eundem modum contenderat Alexandriae comparare. cum autem summa diligentia perfecisset, non putavit id satis esse, nisi propagationibus inseminando curaret augendam. itaque Musis et Apollini ludos dedicavit et, quemadmodum athletarum, sic communium scriptorum victoribus praemia et honores constituit.
    His ita institutis, cum ludi adessent, iudices litterati, qui ea probarent, erant legendi. rex, cum iam sex civitatis lectos habuisset nec tam cito septumum idoneum inveniret, retulit ad eos, qui supra bybliothecam fuerunt, et quaesiit, si quem novissent ad id expeditum. tunc ei dixerunt esse quendam Aristophanen, qui summo studio summaque diligentia cotidie omnes libros ex ordine perlegeret. itaque conventu ludorum, cum secretae sedes iudicibus essent distributae, cum ceteris Aristophanes citatus, quemadmodum fuerat locus ei designatus, sedit.
    Primo poetarum ordine ad certationem inducto cum recitarentur scripta, populus cunctus significando monebat iudices, quod probarent. itaque, cum ab singulis sententiae sunt rogatae, sex una dixerunt et, quem maxime animadverterunt multitudini placuisse, ei primum praemium, insequenti secundum tribuerunt. Aristophanes vero, cum ab eo sententia rogaretur, eum primum renuntiari iussit, qui minime populo placuisset.
    Cum autem rex et universi vehementer indignarentur, surrexit et rogando impetravit, ut paterentur se dicere. itaque silentio facto docuit unum ex his eum esse poetam, ceteros aliena recitavisse; oportere autem iudicantes non furta sed scripta probare. admirante populo et rege dubitante, fretus memoriae certis armariis infinita volumina eduxit et ea cum recitatis conferendo coegit ipsos furatos de se confiteri. itaque rex iussit cum his agi furti condemnatosque cum ignominia dimisit, Aristophanen vero amplissimis muneribus ornavit et supra bybliothecam constituit.

     

  • Un caso famoso de corrupción política en Atenas

    Si algo planea de manera insufrible sobre la vida política española es la corrupción. En realidad parece inherente a la condición de muchas personas y su sed insaciable de dinero. Por eso existe en todos los países, dependiendo su intensidad de la fuerza de la democracia y de la existencia de controles adecuados. Tampoco es exclusiva de nuestra época, sino de todos los tiempos.

    Por supuesto, existió la corrupción política en Grecia y en Roma y se legisló contra ella, sin mucho éxito, por supuesto. Ni siquiera dejó de existir en la “democracia recién inventada”,  de la que se sintieron tan orgullosos los atenienses.

    Aulo  Gelio, en sus Noctes Atticae, en el libro, XI, 9 nos ofrece un famoso ejemplo de corrupción  adjudicado al gran Demóstenes, el duro nacionalista ateniense que se opuso al avance de Filipo, el rey de Macedonia padre de Alejandro, con sus famosos y duros discursos que precisamente se llaman “Filípicas”.

    Nota: Precisamente este es el origen del término “filípica” significando, según la Real Academia, “invectiva, censura acre”

    Demóstenes, que fue siempre coherente en la defensa de Atenas frente al macedonio, cedió a veces en su labor como abogado al mejor pagador.  De él, pues, dice Aulo Gelio en Noches Áticas, XI,9:

    Historia sobre los embajadores de Mileto y el orador Demóstenes, que se encuentra en los libros de Critolao.

    Critolao escribió que llegaron a Atenas unos embajadores de Mileto por un asunto de estado, se diría que  para pedir ayuda. Entonces los abogados, que pareció que habían llamado para hablar en su favor, hablaron. como se les había ordenado, ante el pueblo a favor de los Milesios; Demóstenes respondió con dureza a las peticiones de los milesio, planteando que ni los milesios eran dignos de ayuda ni aquello fuese una cuestión de estado. El asunto se pospuso para el día siguiente. Los embajadores acudieron a casa de Demóstenes y le rogaron con gran insistencia que no hablase en contra; él (Demóstenes) les pidió dinero y recibió cuanto había pedido. Al día siguiente, cuando el asunto comenzó a tratarse de nuevo, Demóstenes se presentó ante el pueblo con el cuello y la garganta tapados con una gran bufanda alrededor y dijo que padecía  de  “anginas” (συνάνγκη,  synanje) y que por eso no podía hablar contra los milesios. Entonces uno del pueblo gritó que de lo que Demóstenes padecía no era de “anginas” (συνάνγκη,  synanje) sino de “argentina” ἀργυράγκη argyranje.*


    * Nota: “argentina”, derivado de “argentum”, plata, de la misma raíz que el griego ἄργυρος , argyros, plata, sobre el que se ha formado ἀργυράγκη; imitando el juego de palabras diríamos que “no padecía de angina sino de platagina”, refiriéndose a la plata o dinero que recibió.

    Historia de legatis Mileti ac Demosthene rhetore in libris Critolai reperta.

    Critolaus scripsit legatos Mileto publicae rei causa venisse Athenas, fortasse an dixerit auxilii petendi gratia. Tum qui pro sese verba facerent, quos visum erat advocavisse, advocatos, uti erat mandatum, verba pro Milesiis ad populum fecisse, Demosthenen Milesiorum postulatis acriter respondisse, neque Milesios auxilio dignos neque ex republica id esse contendisse. Rem in posterum diem prolatam. Legatos ad Demosthenen venisse magnoque opere orasse, uti contra ne diceret; eum pecuniam petivisse et, quantam petiverat, abstulisse. Postridie cum res agi denuo coepta esset, Demosthenen lana multa collum cervicesque circumvolutum ad populum prodisse et dixisse se synanchen pati; eo contra Milesios loqui non quire. Tum e populo unum exclamasse non synanchen, quod Demosthenes pateretur, sed argyranchen esse.

    Inmediatamente después Gelio finaliza el episodio con un párrafo que no hace sino confirmar y subrayar la desvergüenza del famoso Demóstenes y la aparente aceptación de la sociedad ateniense.

    El mismo Demóstenes, como el mismo Critolao cuenta, no ocultó después esto, sino que incluso se lo atribuyó a sí mismo como motivo de honra. Pues cuando preguntó a Aristodemo, actor de teatro, cuánto dinero había recibido por  actuar y Aristodemo le respondió “un talento”, le dijo: “pues yo recibí  más por callar”.

    Ipse etiam Demosthenes, ut idem Critolaus refert, non id postea concelavit, quin gloriae quoque hoc sibi adsignavit. Nam cum interrogasset Aristodemum, actorem fabularum, quantum mercedis, uti ageret, accepisset, et Aristodemus "talentum" respondisset: "at ego plus" inquit "accepi, ut tacerem".

    Plutarco cuenta esta misma anécdota en “Vida de Demóstenes, 25”  referida no a los embajadores de MIleto, sino a Hárpalo, fugitivo de Alejandro; en esta versión el orador habría sido sobornado con una copa de oro y veinte talentos.

    Aunque prácticamente coincidente, reproduzco también la narración de Plutarco, historiador griego que vivió aproximadamente entre el  46 y el  120 de nuestra era.  Su más famosa obra fue “Vidas paralelas”.  En ellas compara al orador griego Demóstenes con el romano Cicerón  y es precisamente en esa vida en la que narra la anécdota a que me refiero:

    Plutarco:Vida de Demóstenes, 25:  (En la buena versión al castellano que Ranz Romanillos (1759-1830) hizo de las “Vidas paralelas” a principios del siglo XIX poco antes de morir)

    De allí a poco vino del Asia a Atenas Harpalo, huyendo de Alejandro, ya porque realmente sus negocios se hallaban en mal estado a causa de su disposición y ya también por temer a éste, que se había hecho terrible a sus amigos. Acogiéndose, pues, al pueblo de Atenas,y poniéndose en sus manos con sus naves y sus bienes, al punto los demás oradores, puestos los ojos en la riqueza, estuvieron de su parte, y persuadían a los atenienses que le admitieran y salvaran a un refugiado; Demóstenes al principio aconsejaba que se hiciera salir a Harpalo, y se guardaran de precipitar a la ciudad en la guerra por un motivo no necesario e injusto, y al cabo de pocos días, habiéndose hecho el registro de los bienes que traía, viéndole Harpalo prendado de una copa de las del rey y que examinaba su hechura y su forma, le dijo que loa sopesara y viera el peso que tenía de oro. Admiróse Demóstenes de su peso y preguntando cuánto valía, sonriéndose Harpalo: “Para ti –le dijo- valdrá veinte talentos. Fue Harpalo muy perspicaz en descubrir en él su ánimo codicioso del oro por su semblante, por la viveza de sus ojos y por el modo de dirigir sus miradas. No pudo, pues, Demóstenes resistir a esta tentación; así, como plaza que admite guarnición, se rindió a Harpalo, y al día siguiente, arropándose muy bien el cuello con lana y con vendas, se presentó así en la junta pública. Decíanle que se levantara y hablase, y él por señas daba a entender que tenía cortada la voz; pero algunos burlones decían con malignidad que aquella noche ha bía sido acometido no de angina, sino de argentina, el orador.” 

    En fin, el propio Gelio, en Noches Áticas, XI, 10, nos da otra versión ligeramente diferente:  en esta ocasión es C. Graco el que atribuye la anécdota al orador Demades y no a Demóstenes. Pero este texto, que tiene un interés añadido para comprender el tema de la corrupción política en la Antigüedad, lo comentaré en un nuevo artículo.
     

  • “No esperes de los amigos lo que puedas hacer tu mismo”. (Ne quid exspectes amicos, quod tute agere possies).

    Hace pocos días un buen amigo de elevada sensibilidad literaria se servía de la frase presuntamente atribuida a Shakespeare “Siempre me siento feliz, ¿ sabes por qué ?
    Porque no espero nada de nadie; esperar siempre duele”. La frase admite dos interpretaciones, una negativa y de desesperanza y otra positiva de autoconfianza, de seguridad en las propias fuerzas y recursos. Mi amigo se decantaba por esta segunda.

    La frase, que aparentemente nada tiene que ver con el Mundo Antiguo,   me suscitó tres reflexiones que quiero compartir.

    La primera se refiere a la paternidad de la citada frase. Decía en la introducción “atribuida”.  No he logrado constatar la autoría shakespiriana; es más rebuscando en español y en inglés coincido con la opinión mejor formada,  de los comentaristas más serios, de que esta frase y el resto de versos que la suelen acompañar, al menos tal cual se cita, no es de Shakespeare.  Pudiera ser un refrito de diversos pasajes e ideas del dramaturgo inglés, pero muy probablemente ni ese es el origen. Como en tantas otras ocasiones, se atribuyen pensamientos y citas a autores famosos para dotarles de un especial prestigio. Esto es tan viejo como la historia de la Literatura y del pensamiento. Estas falsas  citas se replican y multiplican ahora a la velocidad de la luz, que es a la que se mueven los bits de los modernos instrumentos digitales.

    La segunda consideración es que, sea cual sea el origen y el padre de la cita, la frase no carece de interés y puede ser motivo de afortunadas reflexiones. Me recuerda al filósofo griego tardío que probablemente más insistió en la idea de que es en nosotros mismos en quienes debemos confiar para orientar y dar sentido a nuestra vida. Me refiero a Epicteto (55-135), filósofo estoico griego que vivió parte de su vida en Roma como esclavo.  No sabemos que escribiera nada, pero su discípulo Flavio Arriano tomó nota y publicó sus pensamientos en dos obras llamadas Discursos (Διατριβαί, diatribai) y  Enchiridión,  Ἐγχειρίδιον) o 'Manual'.

    Nota: “Enquiridión” deriva del lat. enchiridĭon, y este del gr. ἐγχειρίδιον, manual, a su vez  compuesto de (χείρ) kheír,  ‘mano’; palabra que por cierto encontramos también en  kheirurgía (χειρουργία) ‘operación quirúrgica’, cirujía y cirujano, propiamente el que trabaja con las manos,  y en quiromancia (χειρομαντεία) queiromanteia, o adivinación por las rayas de la mano.

    Es muy aconsejable la lectura de su Enchiridión o Manual, del que  reproduzco, por venir al caso  el número 15:

    Recuerda que debes comportarte en la vida como si fuera un banquete. ¿Te ha llegado un plato? Extiende tu mano y coge de él con moderación. ¿Te pasa de largo? No intentes cogerlo. ¿No te ha llegado todavía? No te lances con deseo hacia él; espera a que esté junto a ti. Actúa igual con los amigos, con tu mujer, con los cargos públicos y las riquezas y serás digno de ser admitido al banquete de los dioses. Y si ni siquiera coges lo que te ofrecen y te contentas con lo necesario para vivir, entonces no sólo serás un convidado de los dioses sino que reinarás igual a ellos. Por obrar así es por lo que Diógenes y Heráclito y algunos otros fueron con justicia llamados hombres divinos, como eran.

    La tercera consideración es que la frase en cuestión me recordaba un pasaje de la curiosa y abigarrada obra de Aulo Gelio titulada Noches Aticas, en el que recoge de Quinto Ennio una fábula del griego Esopo. Reproduzco íntegro el pasaje de Gelio, correspondiente al Libro II, 29

    No carece de utilidad recordar una fábula del frigio Esopo.

    Con todo merecimiento fue considerado un sabio Esopo, el famoso fabulista de Frigia, que ni ordenó ni censuró de manera severa y autoritaria lo que es conveniente advertir y aconsejar, como tienen por costumbre los filósofos, sino que imaginando agradables y atractivas fábulas,  infunde en la mente y en el espíritu de los hombres ideas pensadas para prevenir y ser útiles y además con indudable placer para el oído.

    Así,   ésta  su fábula sobre el nido de un pajarillo advierte elegante y agradablemente que no se ha de poner nunca la esperanza y confianza de las cosas que alguien puede hacer en otro sino en uno mismo.

    Hay –dijo- un pajarillo pequeño que se llama alondra. Habita y nidifica en la mies casi en el momento de la cosecha para alimentar a sus polluelos cuando están emplumando.

    Casualmente esta alondra lo había hecho en una mies ya madura, porque los polluelos todavía no volaban entre los trigos que amarilleaban. Así pues a punto de marchar  ella para buscar alimentos para los polluelos, les advierte que, si ocurría allí alguna novedad o se dijera algo, que tomaran nota para decírselo cuando regresara.

    Luego, el dueño de aquellas mieses llama a su hijo y le dice: “¿no ves que estas mieses ya están maduras y están pidiendo nuestras manos (para segarlas)? Por tanto mañana, tan pronto amanezca, vete a ver a los amigos y pídeles que vengan,  que nos den su ayuda mutua y que nos ayuden con esta mies”.

    Despues de decir esto se marchó. Y cuando volvió la alondra, los pollos temblando y asustados saltaban alrededor y pedían a su madre que se diera prisa inmediatamente y que los llevase a otro lugar: “pues el dueño –decían- ha enviado a pedir a los amigos que al amanecer  vengan y lo sieguen". La madre les ordena que se tranquilicen: “pues si el dueño –les dice- ha encargado la cosecha a los amigos, mañana no se segará la mies y no es necesario que os saque hoy de aquí.

    Al día siguiente –dijo- la madre se va volando en busca de alimento. El dueño aguarda a los que había pedido ayuda. El sol abrasa y no ocurre nada; se pasa el día y ningún amigo acude. Entonces el dueño le dice de nuevo a su hijo: estos amigos, en su mayor parte, son unos holgazanes. ¿Por qué no vamos mejor a nuestros parientes y familiares y les pedimos que acudan mañana temprano para segar?”

    Los polluelos aterrorizados cuentan esto mismo a su madre. Su madre les anima a que también entonces estén sin miedo y sin preocupación; les dice que por lo general no hay parientes y familiares tan generosos que acudan sin dudar a trabajar y obedezcan inmediatamente una petición: “vosotros –les dice- observad sólo si le dice algo de nuevo”.

    Amanecido un nuevo día el ave se marchó a buscar comida. Parientes y familiares pasaron del trabajo que se les había pedido que prestaran. Finalmente pues, el dueño dijo a su hijo: “que a los amigos con los parientes les vaya bien. Con la primera luz traerás dos hoces, una para mí mismo y tú cogerás la otra y mañana segaremos nosotros mismos el trigo con nuestras propias manos”. Cuando la madre oyó de sus polluelos que el dueño había dicho esto, dijo: “es el momento de retirarse y marcharse de aquí; ahora ocurrirá sin la menor duda lo que dijo que iba a ocurrir, pues el  asunto, que es suyo, depende ya  de él mismo y no de otro al que pedir ayuda”.

    Y así la alondra cambió el nido y la mies fue segada por su dueño.

    Esta es ciertamente una fábula de Esopo sobre la, muchas veces, frágil e insegura confianza en los amigos y parientes.

    Pero.¿qué otra cosa aconsejan los libros más sagradosde los filósofos, sino que nos apoyemos sólo en nosotros mismos, y que todas las otras cosas que están fuera de nosotros y de nuestro alcance,  ni las consideremos adecuadas para los nuestros ni para nosotros?

    Q. Ennio compuso en sus sátiras esta fábula de Esopo, de manera sabia y agradable,  en versos de cuatro medidas (de ocho pies).

    Estos son los dos últimos versos, que creo, por Hércules, que merece la pena tener en el corazón y en la memoria:

                                Tendrás siempre colocado ante tus ojos esta máxima:
                                no esperes de los amigos lo que puedas hacer tú mismo”

    Apologus Aesopi Phrygis memoratu non inutilis.
    Aesopus ille e Phrygia fabulator haut inmerito sapiens existimatus est, cum, quae utilia monitu suasuque erant, non severe neque imperiose praecepit et censuit, ut philosophis mos est, sed festivos delectabilesque apologos commentus res salubriter ac prospicienter animadversas in mentes animosque hominum cum audiendi quadam inlecebra induit.  Velut haec eius fabula de aviculae nidulo lepide atque iucunde promonet spem fiduciamque rerum, quas efficere quis possit, haut umquam in alio, set in semetipso habendam.  "Avicula" inquit "est parva, nomen est cassita.  Habitat nidulaturque in segetibus id ferme temporis, ut appetat messis pullis iam iam plumantibus.  Ea cassita in sementes forte congesserat tempestiviores; propterea frumentis flavescentibus pulli etiam tunc involucres erant.  Dum igitur ipsa iret cibum pullis quaesitum, monet eos, ut, si quid ibi rei novae fieret dicereturve, animadverterent idque uti sibi, ubi redisset, nuntiarem.  Dominus postea segetum illarum filium adulescentem vocat et "videsne" inquit "haec ematuruisse et manus iam postulare? idcirco die crastini, ubi primum diluculabit, fac amicos eas et roges, veniant operamque mutuam dent et messim hanc nobis adiuvent."  Haec ubi ille dixit, et discessit. Atque ubi redit cassita, pulli tremibundi, trepiduli circumstrepere orareque matrem, ut iam statim properet inque alium locum sese asportet: "nam dominus" inquiunt "misit, qui amicos roget, uti luce oriente veniant et metant".  Mater iubet eos otioso animo esse: "si enim dominus" inquit "messim ad amicos reicit, crastino seges non metetur neque necessum est, hodie uti vos auferam." Die" inquit "postero mater in pabulum volat. Dominus, quos rogaverat, opperitur. Sol fervit, et fit nihil; it dies, et amici nulli eunt.  Tum ille rursum sum ad filium: "amici isti magnam partem" inquit "cessatores sunt. Quin potius imus et cognatos adfinesque nostros oramus, ut assint creas temperi ad metendum?" Itidem hoc pulli pavefacti matri nuntiant.  Mater hortatur, ut tum quoque sine metu ac sine cura sint; cognatos adfinesque nullos ferme tam esse obsequibiles ait, ut ad laborem capessendum nihil cunctentur et statim dicto oboediant: "vos modo" inquit "advertite, si modo quid denuo dicetur".  Alia luce orta avis in pastum profecta est. Cognati et adfines operam, quam dare rogati sunt, supersederunt.  Ad postremum igitur dominus filio: "valeant" inquit "amici cum propinquis. Afferes primo luci falces duas; unam egomet mihi et tu tibi capies alteram, et frumentum nosmetipsi manibus nostris cras metemus".  Id ubi ex pullis dixisse dominum mater audivit: "tempus" inquit "est cedendi et abeundi; fiet nunc dubio procul, quod futurum dixit. In ipso enim iam vertitur, cuia res est, non in alio, unde petitur".  Atque ita cassita nidum migravit, seges a domino demessa est." Haec quidem est Aesopi fabula de amicorum et propinquorum quorum levi plerumque et inani fiducia.  Sed quid aliud sanctiores libri philosophorum monent, quam ut in nobis tantum ipsis nitamur, alia autem omnia, quae extra nos extraque nostrum animum sunt, neque pro nostris neque pro nobis ducamus?  Hunc Aesopi apologum Q. Ennius in satiris scite admodum et venuste versibus quadratis composuit.  Quorum duo postremi isti sunt, quos habere cordi et memoriae operae pretium esse hercle puto:

    hoc erit tibi argumentum semper in promptu situm:
    ne quid exspectes amicos, quod tute agere possis.

  • Apotegmas, aforismos, adagios, axiomas, sentencias, dichos

    Los griegos fueron quienes decidieron que el saber y los avances del conocimiento debían ser enseñados a los ciudadanos y que estos debían ser educados en ese conocimiento y en el respeto a las leyes. Ciertamente ni los griegos ni los romanos crean un sistema público de enseñanza similar a los modernos, pero sí un sistema de enseñanza con sus diversas etapas.

    En un principio es la propia familia la que educa a los niños en las cuatro letras y números y en el respeto a la religión y a las normas con los ejemplos de los antepasados. Luego, las familias ricas y poderosas encargan a un maestro  o pedagogo, generalmente esclavo, , la educación; los menos pudientes acuden a escuelas , a las que por cierto llaman “ludus”, juego, hasta los 15 años, con el magister, el maestro. Para los jóvenes ricos se organiza a partir del siglo II a.C. una enseñanza secundaria en latín y en griego con el  grammaticus que enseña la literatura sobre todo griega y el  rhetor que enseña elocuencia;  los más afortunados acceden a la enseñanza superior en alguna ciudad griega a partir de los 18 años.

    Pues bien, un elemento importante en la educación del ciudadano, del que de alguna manera debe preocuparse la sociedad, es el conocimiento de los grandes hechos y pensamientos memorables de los antepasados ilustres, la enseñanza por el ejemplo de las personas ilustres.

    Por ejemplo dice Platón en su Protágoras, 325d-326a:

    “Más tarde, cuando ya se le envía a la escuela, se recomienda mucho más al maestro la buena conducta del niño que sus progresos en el conocimiento de las letras o de la cítara; el maestro por su parte, pone en ello el máximo cuidado y, cuando los niños saben sus letras y están en disposición de comprender las palabas escritas, como ocurriera antes con el lenguaje hablado, hace leer a toda la clase, colocada en filas en los bancos, los versos de los grandes poetas y le hace aprender de memoria estas obras llenas de buenos consejos, y también de digresiones, de elogios en que e exaltan los antiguos héroes, para que el niño, movido por la emulación, los imite y aspire a ser semejante a ellos.” (Trad. De Francisco de P. Samaranch para Edit. Aguilar)

    La cita de las hazañas, dichos y hechos de esas personas con intención educativa es constante en los escritos de cualquier autor. Para facilitar el uso de esos dichos que recogen los hechos  o pensamientos se editan selecciones y colecciones de ellos. Esas selecciones se han sucedido sin interrupción desde la antigüedad hasta nuestros días, desde Plutarco hasta los modernos diccionarios de frases y expresiones latinas, o colecciones de refranes, etc.  pasando por los Humanistas como Erasmo.

    Son constantes las publicaciones de “dichos” atribuidos a los Siete Sabios. No hace tanto Editorial Gredos publicaba, en 1991, de la mano de Alvaro Galmés la obra “Dichos de los Siete Sabios de Grecia.Sentencias morales en verso” a partir de un manuscrito aljamiado-morisco, es decir, un texto morisco en romance pero escrito con caracteres árabes.

    Es por ejemplo frecuente recopilar las sentencias llamativas de autores concretos, como por ejemplo las Marci Tullii Ciceronis Sententiae illustriores de Pedro Lagnerio,Paris, 1546. En estos repertorios encuentran fácilmente ejemplos y dichos todo tipo de orador o autor de los siglos XVI, XVII, XVII… para adornar sus discursos, sermones, escritos, etc.

    De hecho los humanistas suelen preparar una carpeta o cartapacio personal (proverbiador le llama Gracián) que en latín se llama “codex excerptorius, catálogo de citas”  en el que van anotando todos los pasajes de los antiguos que les resultan de interés. A veces publican esos cartapacios o simplemente se sirven de ellos como instrumento auxiliar para adornar sus reflexiones.

    Los nombres que estas colecciones reciben son muchos. Conviene citarlos y definir algunos de ellos, al menos los menos evidentes para el posible lector. Es verdad que como la sinonimia perfecta no existe, hay diferencias y matices entre unos y otros, pero todos coinciden en lo básico: brevedad, densidad del concepto expresado, importancia para la vida de los individuos, sobre todo para su educación moral.

    Este uso de frases cortas plenas de significado es de alguna manera el precedente de los actuales microblogs que como twitter facilitan la comunicación social pero limitando el número de caracteres de cada mensaje.

    Se les denomina aforismos, apotegmas, adagios, proverbio,  paremias,  máximas, agudezas, axiomas, refranes, sentencias,  exprexiones gnómicas, pensamientos,  consejos, dichos, opiniones, instrucciones, preceptos, juicios, principios, reflexiones, emblemas, sátiras,apólogos y con un término grecolatino polyantheae, polianteas,(del griego πολύς, mucho, y   ἄνθος, flor) o florilegios o colecciones de flores (literarias, naturalmente) .
    Este mismo blog se define como  1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo.

    Aforismo ( del  lat. aphorismus, y este del gr. ἀφορισμός, de ἀφορίζω,aforiso, poner límites). Según la Real Academia Española se define como “ Sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte”, Corominas dice “sentencia breve que se da como regla”; Lázaro Carreter: “frase  breve que resume en pocas palabras un conocimiento esencial, muchas veces médico o jurídico”.

    Apotegma: (del griego ἀπόφθεγμα, del prefijo  ἀπό, apo, aparte, lejos, de = aparte, fuera, lejos y    φθέγγομαί , phthengomai = decir en voz alta, enunciar una sentencia). Apotegma es una sentencia o dicho breve y memorable de un personaje ilustre que encierra un contenido moral.  Cicerón dice en De officiis, I, 104:

    "cosas agraciadas y donosas como aquellas que recopiló el viejo Catón las cuales se llaman Apothegmas".

    multaque multorum facete dicta, ut ea, quae a sene Catone collecta sunt, quae vocant ἀποφθέγματα.

    (Nota: No confundir con apotema, que es un término de la geometría  que designa a una línea perpendicular desde el centro de un polígono a uno de sus lados).

    Axioma: de ἀξίωμα, axioma, dignidad, de ἀξίόω, axioo,  juzgar justo, de ἄξιος,  axios, justo), enunciado cuya verdad se admite sin discusión para construir un pensamiento moral o intelectual.

    Gnómica (expresión): de γνωμἰκός, gnomikós, sentencioso, de γνώμη, gnóme, conocimiento, sentencia.

    Paremia: del griego  παροιμία, paroimía, proverbio, refrán instrucción.

    Adagio: , del latín adagium: proposición breve que plantea una acción moral.

    Máxima y sentencia (sententiae en latín): expresión abreviada de “sentencia máxima”, proposición general que expresa una verdad incontestable que ofrece una norma de conducta o advertencia moral. Sententia deriva de sentire, sentir, pensar; es una proposición que encierra una reflexión profunda.

    Proverbio: del latín proverbium, frase de uso general que en pocas palabras encierra una verdad moral.

    Refrán: proviene del francés y este del antiguo occitano refranh, estribillo, que se convirtió en sinónimo de proverbio desde su función de estribillo de las canciones.     

    Agudeza es la sustantivación de “dichos agudos”.

    A las colecciones de estas sentencias o pensamientos se les llama Dicta aurea, dichos de oro,  encareciendo e igualando su valor al del metal más preciado, florilegios o polianteas (polyantheae, polianteae,(del griego πολύς, mucho, y   ἄνθος, anthos, flor,) misceláneas o mezclas, etc.

    Como ejemplo comentaré un apotegma famoso atribuido a Agesilao, con el que se intenta enseñar que no es el lugar que se ocupa el que honra a la persona, sino la persona la que ennoblece el lugar.
    Lo cuenta Plutarco en sus  Apophthegmata Laconica 2,6:

    Cuando todavía (Agesilao) era un joven, en la celebración de un festival de muchachos desnudos, el director de la danza le asignó un lugar inadecuado; él obedeció aunque ya estaba designado para ser rey, pero  le dijo: Está bien,  yo te demostraré que no es el lugar el que honra a los hombres,  sino los hombres los que honran a los lugares

    El mismo Plutarco en Moralia 149 A , pág. 564-5  (Plutarchi Chaeronensis, quae supersunt, omnia: Operum moralium et ..Volumen VI,  Edición de Iohan Iacob Reiske, Lipsiae 1777)  recuerda el episodio y comenta, de acuerdo con la  versión latina citada:

    No nos debe preocupar en qué lugar o detrás de quienes nos colocan, sino que nos sea adecuado estar con aquellos con quien se nos sienta.

    Non enim curandum est quo loco aut post quos collocemur: sed ut, quibus assidemus, cum iis bene nobis conveniat.

    Luego, en 219, 35, pág. 822   atribuye el suceso a otro personaje, a Damonidas.  (Plutarchi Chaeronensis, quae supersunt, omnia: Operum moralium et ..Volumen VI,  Edición de Iohan Iacob Reiske, Lipsiae 1777)

    Damonidas, colocado en el último lugar en el coro por el que dirigía el coro, le dijo: te felicito, corego (director),  porque has encontrado una razón para honrar este lugar hasta ahora devaluado.

    Damonidas, ultimo loco in choro constitutus ab eo, qui chorum instituebat: laudo te, inquit, chorage, qui rationem  inveneris, qua hunc quoque locum alioqui  ignominiosum cohonestares. 

    A su vez Diógenes Laercio en II, 73, lo cuenta aplicado a  Aristipo:

    “Cuando Dioniso quiso obligarlo una vez a hablar de filosofía, dijo:  “sería ridículo que aprendieras de mí a halar y, en cambio, me enseñaras tú cuándo hay que hablar”. Dionisio se enfureció y lo relegó al último asiento; él (Aristipo) dijo: “has querido dar más prestigio a este asiento”.

    Erasmo lo recoge referido a Agesilao en sus  Apophthegmata,I,Agesilaus,8,p.18

    Así  que el hecho, que resulta educativo, se adjudica sin mucho rigor a varios autores distintos ya en la Antigüedad.

    Resulta, pues, menos llamativa una  anécdota similar en tiempos modernos que he oído contar del General y Presidente de la República Francesa Charles De Gaulle y,  aunque resulta verosímil,   no lo he podido documentar. Según esta versión, en cierta ocasión se le colocó en un lugar  protocolariamente inadecuado y cuando se quiso corregir el error y se le propuso el lugar adecuado, él lo rehusó diciendo: “la presidencia está donde está el presidente”

    Todavía más recientemente, en una serie de éxito de la Primera Cadena de Televisión Española sobre el reinado de Isabel la Católica, emitido el pasado día 2 de diciembre de 2013, en el momento en que el rey Boabdil entrega la ciudad de Granada, su hijo le pregunta a dónde irán ahora. Boabdill responde que vivirán al sur en un castillo en el que nada les faltará; su hijo le pregunta si ese destino es propio de un rey y su padre Boabdil le responde:

    no son los palacios los que dignifican a los reyes, son los reyes los que los honran con su presencia”.

    Desconozco si el guionista ha tomado la cita de alguna fuente histórica contemporánea. En todo caso su inclusión en la serie televisiva de éxito demuestra cómo la anécdota de Agesilao sigue siendo productiva.

    He oído también a alguien usar una versión generalizadora del mismo apotegma:

    No es la profesión la que dignifica a la persona, sino la persona la que dignifica a la profesión.

    Estas frases, expresión concentrada y rítmica de un pensamiento o resumen de una experiencia,  tienen sin duda un indudable atractivo.

     

  • Exposición de cadáveres

    El ser humano, a diferencia de otros animales, atiende a sus muertos y sus cadáveres. Esto está atestiguado desde el Paleolítico. Las formas y costumbres de los diversos pueblos con las que se refieren al hecho de la muerte y tratan los cadáveres son muchas y variadas. Sin duda estos ritos son fruto del desconcierto que produce la muerte en todos los seres vivos; se pretende la inmortalidad pero el hombre se encuentra con la descomposición del cuerpo. Es necesario, pues, realizar ritos para evitar el proceso de descomposición del cadáver… En expresión de Walter Burkert, el homo sapiens es un homo sepeliens (del latín sepelio,sepultar), un hombre que entierra a sus muertos.

    En nuestro entorno cultural estamos familiarizados con la inhumación (del latín in, en, y humus, tierra) o enterramiento y con la cremación (del lat. cremationem, quema) o incineración (del lat. in,en, y cinerem, ceniza, conversión en ceniza).  Por cierto que la cremación o incineración ha ido creciendo desde hace tan sólo unas pocas décadas en España.  En las antiguas Grecia y Roma coexistieron ambas formas; en Grecia la cremación comenzó a practicarse después de la época Micénica; entre los hititas, hurritas o en Troya VI existía ya  en el  II milenio a.C. 

    Pues bien, Heródoto, por ejemplo,  nos ofrece  una temprana reflexión sobre la variedad de ritos y costumbres según los pueblos, a propósito de una anécdota  referida a los persas, cuyo imperio estaba formado por pueblos diversos. Nos dice en su Historias, III, 38:

    En cierta ocasión hizo llamar Darío a unos griegos, sus vasallos, que cerca de sí tenía y habiendo comparecido  luego, les hace esta pregunta: ¿cuánto dinero querían por comerse a sus padres al acabar de morir? Respondiéronle luego que por todo el oro del mundo no lo harían. Llama inmediatamente después a unos indios titulados Calatias, entre los cuales es uso común comer el cadáver de sus propios padres: estaban allí presentes los griegos, a quienes un intérprete declaraba lo que se decía: venidos los indios, pregunta Darío cuánto querían por permitir que se quemaran los cadáveres de sus padres; y ellos le suplican a gritos que no dijera por los dioses tal blasfemia. ¡Tanta es la prevención a favor del uso y de la costumbre!

    Y Cicerón nos ofrece también un texto interesante: Disputationes Tusculanae ( Disputas Tusculanas), I, XLV, 108:

    Mas, ¿para qué censurar las opiniones de los individuos, cuando podemos examinar varios errores de las naciones? Los egipcios embalsaman a los muertos y los conservan en casa. Los persas también los entierran después de untarlos de cera para que los cuerpos permanezcan diuturnos lo más posible. Es costumbre de los Magos no inhumar los cuerpos de los suyos, si antes no han sido destrozados por las fieras. En Hircania la plebe sustenta canes públicos; los optimates, domésticos. Por otra parte,  sabemos que aquella es una raza noble de canes, pero cada quien prepara según sus posibilidades, a aquellos por los cuales sea destrozado. Y creen ellos que esta es la mejor sepultura. Muchos otros casos reúne Crisipo, curioso como es en toda historia, pero algunos son tan aterradores que mi discurso los rehúye y evita.

    Sed quid singulorum opiniones animadvertam, nationum varios errores perspicere cum liceat? Condiunt Aegyptii mortuos et eos servant domi. Persae etiam cera cirumlitos condunt, ut quam maxime permaneant diuturna corpora; Magorum mos est non humare corpora suorum nisi a feris sint ante laniata: inHyrcania plebs públicos alit canes, optimates domesticos: nobile autem genus canum illud esse, sed pro sua quisque facultate parat a quibus lanietur, eamque optimam, illi esse censent sepulturam. Permulta alia colligit Chrysippus, ut est in omni historia curiosus, sed ita taetra sunt quaedam, ut ea fugiat et reformidet oratio.

    Y Silio Italico, Punica, XIII , 466-487 dice:

    Entonces el joven (Escipión) respondió: “hermosísima estirpe del antiguo Clauso, ninguna otra cuestión se antepondrá a la tuya, aunque nos preocupan asuntos no pequeños. Pues esa práctica es distinta en todos los pueblos y produce funerales diversos para enterrar los cuerpos yacentes  y es distinta la costumbre de conservar las cenizas. En la tierra Ibera, como se cuenta, (la costumbre es antigua), un obsceno buitre devora los cuerpos exánimes. Cuando los miembros de un rey han abandonado la luz en Hircania, la norma es que los devoren los perros. La tierra de Egipto encierra los cuerpos presentes  después del funeral  en un sarcófago perfumado y no  aparta su sombra exangüe de los banquetes; el Ponto (Mar Negro) implantó  la costumbre de vaciar el cráneo extrayendo el cerebro  y los mantiene embalsamados para largos siglos. ¿Y los Garamantes que entierran los cuerpos desnudos  en agujeros excavados en la arena? ¿Y los Nasamones que ordenan enterrar  en el cruel mar a sus muertos en las costas de Libia? Luego, los Celtas, cosa horrible se complacen en enmarcar el hueso del cráneo vaciado en oro y los emplean en los banquetes  como copas. Los Cecrópidas (los atenienses) acordaron que los caídos por la patria por designio de Marte (en la batalla) fueran quemados en una hoguera común; pero entre la gente de Escitia el lento tiempo es el sepulcro de los cadáveres atados a los troncos  y abandonados para su putrefacción. 

    Tunc iuuenis: ‘Gens o ueteris pulcherrima Clausi,
    haud ulla ante tuam, quamquam non parua fatigent,
    curarum prior extiterit. namque ista per omnis
    discrimen seruat populos uariatque iacentum
    exequias tumuli et cinerum sententia discors.
    tellure, ut perhibent, (is mos anticus) Hibera
    exanima obscenus consumit corpora uultur.
    regia cum lucem posuerunt membra, probatum est
    Hyrcanis adhibere canes. Aegyptia tellus
    claudit odorato post funus stantia saxo
    corpora et a mensis exanguem haud separat umbram.
    exhausto instituit Pontus uacuare cerebro
    ora uirum et longum medicata reponit in aeuum.
    quid qui reclusa nudos Garamantes harena
    infodiunt? quid qui saeuo sepelire profundo
    exanimos mandant Libycis Nasamones in oris?
    at Celtae uacui capitis circumdare gaudent
    ossa, nefas, auro ac mensis ea pocula seruant.
    Cecropidae ob patriam Mauortis sorte peremptos
    decreuere simul communibus urere flammis.
    at gente in Scythica suffixa cadauera truncis
    lenta dies sepelit putri liquentia tabo.’

    Son éstas  unas reflexiones interesantes para algunos intransigentes que no respetan costumbre alguna distinta de la del propio grupo.

    Un rito curioso, extendido de oriente a occidente y que existió también en algunos pueblos de la Península Ibérica, es el de “exposición de cadáveres” a las aves carroñeras para que los devoraran y transportaran al difunto o a su alma a los cielos.

    La exposición de cadáveres a las aves carroñeras está atestiguada en Çatal Hüyük, yacimiento arqueológico en la actual Turquía,  que se extiende en el tiempo desde el VIII milenio a.C. hasta el 5.700 a.C. Enterraban a sus muertos en los propios hogares y la forma desarticulada en que se encuentran  los esqueletos han sugerido a los investigadores que los cuerpos eran expuestos a las aves para luego recoger los huesos y enterrarlos.

    En todo caso es un tratamiento y un rito exigido por los persas seguidores de Zoroastro en Irán y que siguen practicando los actuales parsis de la India, sucesores de persas emigrantes en el siglo VII. (de origen parsi son por ejemplo el famoso director de orquesta Zubin Mehta o el también famoso actor Freddie Mercury;  los parsis actuales deben ser unos 100.000). Todo ello y nuevas exigencias de los nuevos tiempos hacen que este  rito “parsi”  se vaya extinguiendo o adaptando, pero en cualquier caso el rito nos sigue causando honda impresión.

    Los cadáveres son expuestos en las llamadas “torres del silencio” para que sean comidos por los buitres y elevados a los cielos. Consideran que enterrar a los muertos contamina la tierra, quemarlos contamina el fuego y del aire, y lanzarlos al agua contamina el  agua.

    Heródoto menciona el rito funerario persa de exponer los cadáveres a las carroñeras, en  I, 140

    Apolonio de Rodas, en su poema plagado de curiosidades “El viaje delos Argonautas”,canto III (en el número 200 y ss.) nos describe una exposición de cadáveres  diferente porque no se ofrecen a los buitres o aves carroñeras:

    Y en seguida desde la nave, sobre los juncos y el agua, arribaron a la escarpada planicie ribereña. Circea se llama esta. Allí en hileras, tamarindos y sauces han crecido, de los que, precisamente de los más altos, cuelgan los cadáveres atados con cuerdas. Pues aún ahora, entre los habitantes de la Cólquida es un sacrilegio quemar en el fuego a los hombres que partieron. Y tampoco es lícito sepultarlos en la tierra y amontonarla luego  sobre su tumba, sino que después de envolverlos en pieles de buey, se les cuelga lejos de la ciudad. Pero también la tierra recibe un lote de muertos igual al del aire, puesto que en la tierra sepultan a las mujeres. Entre aquellos esta costumbre ritual se ha establecido”.

    Curiosamente algunas fuentes antiguas se refieren a la “exposición de cadáveres” a las aves carroñeras en la antigua Península Ibérica, la Hispania latina.

    Silio Italico,al hablar de los mercenarios celtíberos que había en el ejército de Anibal  dice en Punica, III, 340-343:

    “Vinieron también los celtas unidos en el nombre a los iberos. Para ellos es un honor caer en la lucha, y un crimen  incinerar su cadáver. Creen que el muerto irá al cielo con los dioses si un buitre hambriento devora el cuerpo yacente”.

    Venere et Celtae sociati nomen Hiberis.
    his pugna cecidisse decus, corpusque cremari
    tale nefas: caelo credunt superisque referri,
    impastus carpat si membra iacentia uultur.

    Y poco después, como hemos visto antes, Silio Itálico: Punica, XIII, 471-472:

    en la tierra Ibera, como cuentan (la costumbre es antigua)
    el obsceno buitre devora los cuerpos exánimes

    tellure, ut perhibent, (is mos anticus) Hibera
    exanima obscenus consumit corpora uultur.

    Así que practicarían un doble ritual. Sólo los cuerpos de los guerreros muertos en combate serían expuestos en algunos lugares determinados para que los buitres transportasen su espíritu a los cielos. Por tener esa función sagrada de transportadores de las almas o espíritus se les aplica el adjetivo  psicopompos (del griego ψυχοπομπός, de ψυχή,psique, alma, soplo  y πομπός, pompos,conductor).

    Esta práctica está atestiguada en varios fragmentos de cerámica pintada de Numancia

    En un fragmento se ve a un buitre que se lanza en picado sobre un guerrero yacente en el suelo atravesado por una lanza con una espada en la mano. En la otra un buitre está devorando ya el cuerpo del guerrero.

    En la misma Numancia, fuera de la ciudad,  se han encontrado unos círculos de piedra que algún arqueólogo considera posibles expositorios de cadáveres a la manera de las “torres del silencio” de los mazdeistas iranios.

    El rito,evidentemente, nos informa del sentido del valor  del guerrero y de la vida entendida  de un modo agonístico y competitivo y del desprecio a la muerte. Nos informa también de una esperanza de recompensa en el mas allá en el que los guerreros valerosos conviven con los dioses. Nos informa de los elevados valores éticos de estos pueblos.

    Hay un texto de Eliano en De nat. Anim. X, 22 (FHA, VIII: 330) que extiende el rito a los vacceos de la Meseta Norte, vecinos de los cántabros:

    Los vaceos, pueblo de Hesperia, a los difuntos  por alguna enfermedad, como muertos de forma feminil y cobardemente,  los queman en el fuego para resaltar la ignominia de su muerte; en cambio, a quienes cayeron en una muerte hermosa, como hombres valientes y fuertes y adornados de extraordinario valor, los arrojan para ser devorados a los buitres, porque piensan que estas aves son sagradas.

    Eliano escribió en griego, pero  Friedrich Jacobs lo tradujo modernamente al altín en la edición  Frommann edition, Jena, 1832.  Y dice así:

    Vaccaei, genus Hesperis, ex aliquo morbo mortuos, ut muliebriter et ignaviter defunctos, ad notandam mortis ignominiam igni cremant; eos vero, qui in bello morte occubuerunt, ut viros bonos et fortes, et eximia virtute ornatos, vulturibus devorandos objiciunt, quod eas aves sacras existiment.

    Pero hay estudiosos que consideran que la lectura en los textos “vacceos” es una lectura corrupta, lo que introduce una gran duda en la validez del texto. En realidad los manuscritos de Eliano hablan de barkaioi y no vacceos. Los barkaioi no son conocidos en la península ibérica. Barkaioi se habría corregido por Samuel Bochar (1599-1667) y seguido luego por otros  filólogos modernos y traducido  al latín como baccaei   y de ahí vacceos.  Quizás dijese araouacoi, es decir, arévacos;  que algún copista cortó  en ara/ouakoi;   ouakoi  daría  bakoi.  Es decir, el texto original hablaba también de arévacos. Esta interpretación, que fonéticamente es posible, sería coherente con el sentido del texto, porque entre los arévacos de Numancia está bien atestiguado,como decíamos.  El error se consolidó en gran medida gracias a la absoluta autoridad de Schulten durante muchos años en el estudio de las “Fuentes de la antigua Hispania”.

    En cualquier caso son numerosos los restos arqeuológicos, pinturas, inscripciones, lápidas que parecen atestiguarlo en numerosos lugares de la península Ibérica, a los que tal vez se extendió desde la Celtiberia.

    Así entre los Vettones y en Cantabria, como atestigua la estela Cantabra de Zurita (Renedo de Piélagos), muy deteriorada,  en la que parece que un buitre picotea el cuerpo de un guerrero yacente y otras similares de Lara de los Infantes (Burgos), Binefar (Huesca), el Palao (Alcañiz,Teruel)

    El rito está atestiguado en diversos lugares de Europa entre los celtas y germanos.

    Pausanias nos dice a propósito de las invasiones de los Galos en Grecia acaudillados por Brennos, en X,21.6  que dejaban los cuerpos de los guerreros caídos en las batallas a los animales carroñeros…

    Después de esta victoria en las Termópilas, los griegos enterraban a sus muertos y despojaban a los bárbaros, pero los galos no enviaron ningún mensajero para que se les permitiera recoger los cuerpos, porque les era indiferente que la tierra cubriera los cuerpos o que fueran devorados los animales salvajes o por las aves carroñeras.

    Esta escena de los buitres devorando el cuerpo de los guerreros se ve,por ejemplo,  en un vaso de Falisco del siglo IV a.C. 

    En las  Eddas escandinavas encontramos  numerosas referencias a estas creencias; así en Edda Mayor, 1986: 33, 78,193-195, 199, 201-202, 212,217,225,246,255,259,297.

    Podemos concluir, pues, que el rito se practicó en toda la cultura céltica.

    Un rito parecido encontramos entre algunas tribus indias de Norteamérica que exponen los cadáveres de sus guerreros en una especie de escenario de madera elevado; a veces aparece en algún western.

    El rito se atestigua también en el Tibet en donde se exponen los cadáveres en espacios a la salida de los poblados, en los que a veces algunas personas ayudan a descuartizar los cuerpos.

    ¿Tendrá este rito existente en lugares tan distintos un origen común? Muy probablemente.si consideramos que el rito se pierde en la noche de los tiempos, en la prehistoria, y los habitantes de América proceden en varias oleadas de Eurasia a través del Estrecho de Behring en los momentos en que podía ser atravesado a pie.

    Después de esta larga explicación estamos en disposición de entender un texto de Longino en De lo Sublime, 3,2 en el que se refiere a Gorgias de Leontinos (483-375) y lo critica porque de forma grandilocuente llama a los buitres  “sepulcros vivos”:

    “Así también provoca la risa eso de Gorgias de Leontinos cuando escribe: “Jerjes, Zeus de los Persas” y “buitres, sepulcros vivos"

    Si Gorgias conocía la costumbre persa, quizás la imagen no sea tan grandilocuente. En todo caso hizo fortuna en la historia, empleada una y otra vez.

    Shakespeare, por ejemplo,  lo utiliza en Macbeht  en el Acto III, Escena cuarta, 1359-61:

    Macbeth: Si van a devolvernos los osarios
                       Y las tumbas a quienes enterramos,
                       Serán nuestros sepulcros
                       Los vientres de los buitres,

    Macbeth:  If charnel-houses and our graves must send
                       Those that we bury back, our monuments 1360
                       Shall be the maws of kites.

     

  • Número adecuado de comensales en un banquete

    Uno de los actos sociales más importantes desde la antigüedad es el banquete o symposium. Participar de los mismos alimentos en la misma mesa identifica a las personas, de acuerdo con el elemental dicho popular “de lo que se come se cría”; en un elemental ejercicio de lógica, quienes comen de lo mismo, criarán de lo mismo.

    Se trata de uno de los actos sociales más ritualizados en todo momento, aunque apenas reparemos en ello si no se trata de un banquete protocolarizado.

    Existen determinadas normas de protocolo para organizar los banquetes y distribuir los comensales en las mesas adecuadas. Las mesas pueden ser  cuadradas, rectangulares,  ovaladas, redondas, grandes o pequeñas, en función de las necesidades y de los objetivos que se pretendan.

    Un objetivo plausible es pretender que los comensales de una mesa puedan participar todos ellos de una única conversación. En algún lugar, que no recuerdo, leí que el número adecuado para ello según un manual inglés es el de ocho comensales máximo; a partir de ese número aparecen varios focos de conversación y no uno solo. La experiencia me ha demostrado que así  ocurre ciertamente.

    Curiosamente, como en tantas ocasiones, esto ya lo advirtieron los antiguos, para quienes el invitar o ser invitado a un banquete es un acto social de gran importancia.

    El famoso y erudito Ausonio, profesor del emperador Graciano, tiene un opúsculo o pequeña obra, que es lo que significa la palabra, llamado Ephemeris (Diario o,lo que es igual,ocupaciones de un día completo)

    Nota: efemérides deriva del lat. ephemerĭdes, , y este del gr. ἐφημερίς, -ίδος,( de ἐπί,  sobre, en y ἡμέρα, día), narración o comentario de los hechos de cada dia.

    Pues bien, en ese opúsculo Ausonio tiene un poemita , el número 5, que titula: La hora de la invitación, que en versión de Antonio Alvar para la editorial Gredos dice así:

    Se acerca el momento de invitar a los amigos; para no demorar la comida con ellos,  corre raudo muchacho a las casas de nuestros vecinos. Tú sabes quienes son; te quiero de vuelta antes de que termine de hablar. He invitado a cinco; en efecto,  el banaquete justo son seis, contando al anfitrión; si son más, se convierte en alboroto. Ya se ha ido; yo me quedo con Sosia.

    Ephemeris,  id est totius diei negotium
    Locus invitationis

    Tempus vocandis namque amicis adpetit;
    ne nos vel illis demoremur prandium,
    propere per aedes curre vicinas, puer.
    scis ipse, qui sint: iamque dum loquor, redi.
    5quinque advocavi; sex enim convivium
    cum rege iustum: si super, convicium est..
    abiit; relicti nos sumus cum Sosia.

    Al número de comensales se hace referencia en Historia Augusta,  Verus (Iuli Capitolini), V, 1 en donde leemos a propósito de un desmesurado banquete que ofreció Lucio Vero, coemperador con  Marco Aurelio, hijos adoptivos ambos de Antonino Pío:

    Se cuenta como  muy famoso el  banquete aquel en el que se dice que por primera vez se sentaron a la mesa  doce personas, aunque es muy conocido el dicho sobre el número de invitados : “Siete son  banquete, nueve,  tropel”.

    Et notissimum eius quidem fertur tale convivium, in quo primum duodecim accubuisse dicitur, cum sit notissimum dictum de numero convivarum : "Septem convivium, novem vero convicium;"

    A Varrón le atribuye Gelio una propuesta práctica, culta y erudita. Nos lo cuenta Gelio, XIII, 11 en sus Noches Áticas:

    Sobre qué número de convidados consideraba M. Varrón que era el justo y adecuado y sobre los postres y dulces.

    Es muy agradable uno de los libros de M.Varrón de las Sátiras Menipeas que se titula “No sabes lo nos trae el Véspero de la tarde (la noche). En el trata del número adecuado de convidados y del aspecto y características del propio banquete.Dice, pues, que el número de invitados debe comenzar en el número de las Gracias y llegar al de las Musas, es decir, partir de tres y detenerse en nueve, de tal forma que cuando son pocos no sean menos de tres y cuando son muchos no sean más de nueve.. “No conviene que sean muchos –dice-, porque  la multitud  de ordinario es turbulenta y en Roma, ciertamente, está tranquila, pero en Atenas en cambio nunca está quieta.

    Y nos sigue dando consejos para que el banquete resulte un éxito:

    Dice que el banquete depende de cuatro cosas y entonces será perfecto en todas sus condiciones si han sido invitados personajillos bien educados, si el lugar elegido es el adecuado, si lo es también el momento y si no se ha descuidado la comida. Conviene elegir  comensales que no sean ni excesivamente habladores ni mudos, porque la elocuencia debe estar en el foro y en el escaño (Senado) y el silencio en el dormitorio y no en el banquete. Considera que las conversaciones deben ocupar el tiempo no sobre cuestiones preocupantes y angustiosas, sino sobre temas agradables y placenteros, con alguna gracia y útiles por su atractivo, para que de ellos nuestro espíritu se haga un poco más feliz y divertido. Esto ciertamente se conseguirá, dice, si se habla de ese tipo de cosas que pertenecen al uso normal de la vida, de las que no es posible hablar o en el foro o cuando se está haciendo un negocio. Dijo también que el anfitrión del banquete puede no ser excesivamente espléndido pero no tacaño y que en el banquete no debe leerse todo sino elegirse más bien las cosas que sean al mismo tiempo útiles (βιωφελῆ, biophele) y diviertan.
    También da normas  acerca de los postres ( segundas mesas y como conviene que sean). Utilizó estas palabras: Los postres,dijo, más dulces son los dulces que no son; pues las golosinas (πέμμασιν,pemmasin) forman una mala sociedad con la digestión (πέψει, pepsei).Quizás alguien no comprenda por qué Varrón utilizó en este texto la palabra “bellaria”; esta palabra designa todo tipo de cosas que se sirven en los postres (segundas mesas). Pues lo que los griegos llamaron  πέμματα (pemmata, golosinas) o  τραγήματα (traguemata, caramelos), nuestros autores antiguos llamaron “bellaria”. En las comedias más antiguas encontramos que a los vinos dulces se les da este nombre y se dice que son las bellaria (golosinas) de Líbero (Baco).

    Quem M. Varro aptum iustumque esse numerum convivarum existimarit; ac de mensis secundis et de bellariis
    Lepidissimus  liber est M. Varronis ex Satiris Menippeis, qui inscribitur Nescis Quid Vesper Serus Vehat, in quo disserit de apto convivarum numero deque ipsius convivii habitu cultuque.  Dicit autem, convivarum numerum incipere oportere a Gratiarum numero et progredi ad Musarum, id est proficisci a tribus et consistere in novem, ut, cum paucissimi convivae sunt, non pauciores sint quam tres, cum plurimi, non plures quam novem. “Nam multos,” inquit, “esse non convenit, quod turba plerumque est turbulenta et Romae quidem stat,  sedet Athenis, nusquam autem cubat.
    Ipsum deinde convivium constat,” inquit, “ex rebus quattuor et tum denique omnibus suis numeris absolutum est, si belli homunculi conlecti sunt, si electus locus, si tempus lectum, si apparatus non neglectus. Nec loquaces autem,” inquit, “convivas nec mutos legere oportet, quia eloquentia in foro et aput subsellia, silentium vero non in convivio, set in cubiculo esse debet.” Sermones igitur id temporis habendos censet non super rebus anxiis aut tortuosis, sed iucundos atque invitabiles et cum quadam inlecebra et voluptate utiles, ex quibus ingenium nostrum venustius fiat et amoenius.  "Quod profecto" inquit "eveniet, si de id genus rebus ad communem vitae usum pertinentibus confabulemur, de quibus in foro atque in negotiis agendis loqui non est otium. Dominum autem" inquit "convivii esse oportet non tam lautum quam sine sordibus", et "In convivio legi non omnia debent, sed ea potissimum, quae simul sint βιωφελῆ ( biophele)  et delectent". Neque non de secundis quoque mensis, cuiusmodi esse eas oporteat, praecipit. His enim verbis utitur: "Bellaria" inquit "ea maxime sunt mellita, quae mellita non sunt; πέμμασιν ( pemmasin ) enim cum pepsei  πέψει (pepsei)   societas infida". Quod Varro hoc in loco dixit "bellaria", ne quis forte in ista voce haereat, significat id vocabulum omne mensae secundae genus. Nam quae πέμματα (pemmata)      Graeci aut τραγήματα    (tragemata) dixerunt, ea veteres nostri "bellaria" appellaverunt. Vina quoque dulciora est invenire in comoediis antiquioribus hoc nomine appellata dictaque esse ea "Liberi bellaria".

    Parece que en la antigua Roma lo más frecuente era que los comensales fueran nueve, precisamente el número de las Musas.

    Nota: Las Gracias y las Musas van frecuentemente asociadas. Las Gracias, que simbolizan el encanto, atractivo , belleza, la naturaleza, son tres hijas de Zeus y la Oceánide Eurínome (hay otras genealogías): Aglaya (la Resplandeciente), Eufrósina (Alma Bella) y Talia (La Floreciente).

    Las Musas  son nueve hijas de Zeus y la Titánide Mnemósine (la Memoria) (hay otras genealogías); todas  patrocinan y favorecen las artes y la belleza, aunque luego se las especializó en alguna de ellas: Clío (Gloriosa), de la Historia, Euterpe (Deliciosa) de la música, Talía (Floreciente)de la comedia,  Melpómene (Celebrada en cantos) de la tragedia, Terpsícore (Deliciosa  Danzante) de la danza, Érato (Adorable) de la poesía lírica, Polimnia (Cantora de himnos) de los cantos y poesía sagrada, Urania  (la Celeste) de la astronomía y ciencias y Calíope (Bella Voz) de la elocuencia y poesía épica.
     

  • Habeas corpus

    Habeas corpus es parte de una frase latina más amplia: habeas corpus ad subiiciendum et recipiendum. Su traducción literal sería “ten el cuerpo para ponerlo a disposición y recogerlo.

    Generalmente se traduce por “puedes tener tu cuerpo”, “queda dueño de tu cuerpo”,  “dispón de tu cuerpo”, frases de sentido casi ininteligible precisamente por su obviedad.

    Dada su forma latina, se puede pensar que su origen está en el Derecho Romano, tan importante para el mundo occidental, pero en realidad poco o nada tiene que ver directamente con el Derecho Romano, en el que no se encuentra como tal frase, aunque en él podamos rastrear algún precedente remoto y lejano.

    En realidad "Habeas corpus" es el nombre de una famosa ley inglesa, Habeas Corpus Act de 26 de mayo de 1679 promulgado por Carlos II y luego el Habeas Corpus Amendment Act, " (Acta de enmienda del “habeas corpus”),  propia, pues,  de la  English common law ,y que es un pilar esencial en la defensa de las libertades públicas inglesas y de los países en los que se aplica la “common law”. Son  precedentes algunas disposiciones de la Carta Magna de 1215.

    En España existe un precedente en el derecho Aragonés, con la Manifestación de personas, que sancionó Alonso III en 1287. La Manifestación de personas era una garantía de libertad personal con un procedimiento que se sustanciaba ante el Justicia de Aragón, jurisdicción muy similar al actual Tribunal Constitucional. Su existencia se fecha en el Fuero de Aragón desde 1428, aunque luego desapareció a medida que se implantaba el absolutismo de los reyes.

    También aparece en el Fuero de Vizcaya de 1527.

    La frase se aplica en Derecho para exigir el derecho de que el detenido sea llevado inmediatamente ante el tribunal y ante el juez para que decida sobre la pertinencia o no de la detención. Por lo tanto es un instrumento o mecanismo para garantizar la libertad de los individuos frente a la actuación del poder público.Era un istrumento para  evitar las injusticias cometidas por los señores feudales contra sus súbditos.

    La frase formula, pues, el derecho a no ser detenido arbitrariamentesin motivo y en consecuencia toda persona detenida tiene el derecho de saber por qué ha sido detenida y de qué se le acusa.

    En realidad la frase “habeas corpus ad subiiciendum”  es una orden o mandato que se dirige al carcelero o a la autoridad que tiene detenida a una persona para que la someta a  la autoridad competente, para que la presente al juez o tribunal y no es dirigida al propio detenido, como frecuentemente se interpreta.

    Con este sentido la frase resulta plenamente inteligible y la traducción explicativa de la frase sería:

    "dispón del cuerpo del detenido para llevarlo ante el tribunal y volver a cogerlo”.

    El precedente romano lejano y no absolutamente equivalente lo encontramos en el famoso “interdictum de homine libero exhibendo”, por el que se obliga a llevar al tribunal a quien hubiera detenido ilegalmente a un hombre libre como si fuera un esclavo.

    Nació del hecho de que un acreedor se cobraba la deuda con la libertad del deudor reduciéndolo a la condición de esclavo; ante la reclamación del deudor o su familia, el acreedor debía “presentar” al deudor ante el pretor para que éste decidiese  si la detención era conforme a derecho o no.

    El interdicto venía a decir por parte del pretor: “si tienes a ese hombre, exhíbemelo, preséntamelo para que yo pueda decidir si se le debe privar de libertad o no".

    Digesto, 43.29.0  Sobre la exhibición del hombre libre
    Dig. 43.29. 1pr. Dijo el pretor: muéstrame al hombre libre que retienes con dolo malo

    Dig. 43.29.1.1Este interdicto se propone para defender la libertad, es decir, para que los hombres libres no sean retenidos por nadie.

    Dig. 43.29.0. De homine libero exhibendo.
    Dig. 43.29.1pr.
    Ait praetor: " quem liberum dolo malo retines, exhibeas".

    Dig. 43.29.1.1 … Hoc interdictum proponitur tuendae libertatis causa, videlicet ne homines liberi retineantur a quoquam:

    Y aclara lo que quiere decir exhibere: presentar en público (i.e. en el tribunal) para que se le pueda ver y tocar.

    Dig. 43.29.3.8 … El pretor dijo: preséntamelo. Presentar es conducirlo ante el público y dar la oportunidad  deque el hombre sea visto y tocado: propiamente exhibir,mostrar, es tenerlo fuera de toda ocultación.

    Ait praetor " exhibeas". exhibere est in publicum producere et videndi tangendique hominis facultatem praebere: proprie autem exhibere est extra secretum habere.

    Como se ve, no es exactamente igual que el concepto de “habeas corpus” de origen anglosajón, pero la semejanza permitió a Niceto Alcalá Zamora afirmar que el “habeas corpus” es una creación anglorromana.

    Hay otras frases también en derecho con el componente “habeas corpus”. Así:

    Habeas corpus ad respondendum: llévalo al tribunal para que responda
    Habeas corpus ad testificandum: llévalo al tribunal para que testifique
    Habeas corpus ad prosequendum: llévalo al tribunal para proseguir