Categoría: Cultura

  • Lugar de cuidado del alma: ψυχῆς ἰατρείον (psychés iatreíon)

    Las bibliotecas son “lugares de cuidado del alma”. Es esta una frase curiosa, plena de contenido, que nos agrada y que tiene su origen en el rótulo que presuntamente existía en la “biblioteca sagrada” del templo y tumba del faraón Ramsés. Pero tal vez lo que en realidad haya tras la famosa frase sea un malentendido histórico.

    Un historiador y filósofo griego, Hecateo de Abdera, del siglo IV a.C. visitó como tantos otros Egipto, ahora gobernado por faraones  grecomacedonios, precisamente por Ptolomeo Sóter. Visitó Tebas y el Valle de los Reyes y el Rameseum, templo y tumba de Ramsés. Su libro “Curiosidades Egipcias”, especie de guía turística del momento,  no se conserva , pero sí tenemos la transcripción que dos siglo y medio después hizo de él Diodoro Sículo, (Diodoro de Sicilia). Diodoro también visitó Egipto y Tebas.

    Curiosamente nos describe el Rameseum como si realmente lo visitara, pero en realidad y sorprendentemente está empleando la descripción que había hecho Hecateo. En todo caso, y aunque un poco larga, transcribo la parte del relato que nos interesa y que incluye el filólogo Luciano Cánfora en su interesante librito sobre la Biblioteca de Alejandría titulado  “La Biblioteca desaparecida” (Edit. Trea, Gijón, 1998):

    Los tres pasillos llevaban a una sala con columnas, construida con  forma de odeón, de sesenta metros de largo. Esta sala estaba llena de estatuas de madera, que representaban a dioses litigantes, con la mirada vuelta hacia los jueces. Los jueces estaban esculpidos a lo largo de una de las paredes, en número de treinta, y sin manos. En el centro, estaba el juez supremo con la verdad colgada al cuello y los ojos cerrados; a su lado, en el suelo, había un montón de rollos. Le explicaron que estas figuras, con sus actitudes, pretendían significar que los jueces no deben recibir regalos y que el juez supremo debe tener ojos sólo para la verdad.

    A continuación, se accedía a un peripato rodeado de habitaciones de todo tipo, historiadas con relieves que representaban la mayor variedad  posible de alimentos exquisitos. A lo largo del peripato se encontraban bajo relieves coloreados, en uno de los cuales figuraba el  rey a punto de ofrecer a la divinidad el oro y la plata que recaudaba anualmente de las minas de todo Egipto. Bajo este relieve estaba indicada la renta total, expresada en minas de plata: treinta y dos millones. A continuación estaba la biblioteca sagrada, sobre la cual se hallaba escrito: LUGAR DE CUIDADO DEL ALMA. Y continuaban las imágenes de todas las divinidades egipcias, a cada una de las cuales el rey ofrecía los dones apropiados, como si pretendiese demostrar a Osiris y a los dioses inferiores que había vivido de modo pío y justo, tanto  para con los hombres como para con los dioses.

    Había también una sala, construida de modo suntuoso, que tenía un  muro coincidente con la biblioteca. En esta sala había una mesa con veinte triclinios y las estatuas de Zeus, de Hera y también la del rey. Parece que aquí habría estado sepultado el cuerpo del rey. Le dijeron que esta sala tenía, a su alrededor, una serie considerable de vanos, en los cuales estaban espléndidamente  pintados todos los animales sagrados de Egipto. El que subiera a través de esos vanos, se encontraría ante la entrada de la tumba. Ésta se hallaba sobre el techo del edificio, en el cual se podía observar  un aro de oro de trescientos sesenta y cinco cúbitos de longitud y de un cúbito de altura. En este aro estaban descritos y dispuestos, uno por cada cúbito, todos los días del año: para cada día se señalaba el surgir y el caer de los astros y las señales que según los astrólogos egipcios se deducen de tales movimientos. Le dijeron que este friso lo había sustraído Cambises cuando se había apoderado de Egipto.

    Pues bien, a pesar de que los diversos arqueólogos, que han excavado la zona y el templo, han estado especialmente interesados en localizar la famosa biblioteca, ésta o resto alguno de ella nunca ha aparecido.  Sin duda porque la biblioteca, concebida como espacio único o sala grandiosa para la lectura y almacenamiento de libros nunca existió. La palabra griega  βιβλιοθήκη, (compuesta de βιβλίον ,biblíon, libro y θήκη théke,  “caja, depósito) bibliotheke,  en realidad designa  la estantería o armario para contener los libros, que con toda seguridad estaría adosada o encastrada en el muro de alguna de las salas que describe, de manera un tanto confusa Hecateo (da la impresión de que habla de oídas y no debido a una visión directa).

    Por otra parte, los libros sagrados, cuya existencia está también atestiguada en otros templos, no serían cientos de rollos o  volúmenes sino unos pocos.

    En el grandioso complejo descrito por Hecateo estaría el cuerpo de Ramsés, si es que no lo escondieron mejor en otro lugar a salvo de los saqueadores de tumbas, desgracia irreparable para un egipcio.  Ahora bien, el cuerpo o soma del faraón está animado por el Ka, espíritu o fuerza vital. De la misma manera que el cuerpo del difunto debe ser atendió, también lo ha de ser su Ka o espíritu.

    Y aquí es donde Cánfora desbarata  toda la interpretación tradicional de la famosa frase “este es el lugar de cuidado del alma”   ψυχῆς ἰατρείον,  psykhes iatreion, (de ( ψυχῆ, psyche, alma y ἰατρείον, médico, cuidado )    porque según el famoso helenista, la frase no se refiere a la sala-biblioteca que no existe, sino a la sala de atención al Ka.


    Reproduzco también sus palabras en el citado libro, pag. 164-165:

    «LUGAR DE CUIDADO DEL ALMA»
    El Ka es la «fuerza vital» o, si se quiere, «el alma» del soberano. Tal «fuerza.», concedida a él, a los dioses y a pocos mortales, tiene  -según la concepción religiosa egipcia- el cometido de mantener con vida al faraón después de la muerte (P. Kaplóny, sub voce Ka del Lexikon der Aegyptologie, 111, 1980, columna 276).

    En los mausoleos funerarios egipcios, por lo general, tiene reservado un local en estrecha conexión con el Sancta sanctorum. En el Rameseum, I el Ka tiene verosímilmente su sede en la sala de los triclinios.  Se deduce de la inscripción tan discutida   ψυχῆς ἰατρείον. . Si ἰατρείον    es «officina medici, locus ubi medicus artem suam exercet”  (Thesaurus Graecae Linguae) y  ψυχῆ  es traducción de Ka, hay que pensar que las palabras ψυχῆς ἰατρείον   definen la vivienda o, por mejor decir, “la oficina”, el lugar donde actúa el Ka.

    Si, por otra parte, en el Rameseum la pared-biblioteca es el punto  de entrada a la sala de los triclinios, la inscripción  ψυχῆς ἰατρείον  habrá que entenderla como designación, no ya de la estantería situada bajo ella. Sino de la sala a la cual se accede desde  allí: precisamente la sala de los triclinios; es la oficina del Ka del Rameseum. Es al alma (Ka) de Ramsés a la que se refiere, no al beneficio que el alma humana recibiría de las buenas lecturas, como han entendido modernamente los estudiosos, los cuales han imaginado que en el Rameseum habría una sala-biblioteca con tal inscripción sobre la puerta de entrada.

    En la sala del Ka «<maison de l'ame», como la definía Maspéro) hay también, por lo general, una estatua que representa al rey difunto. Este es exactamente el caso de la sala de los triclinios. No es casualidad que Diodoro, al nombrarla, manifieste: «parece que el rey estuviera sepultado aquí»

    Se desvanece así el origen ciertamente valioso, aunque erróneo, de una famosa frase que ha tenido notable éxito porque ciertamente los libros y las bibliotecas son el alimento necesario para el espíritu.

    Desde luego la precisión filológica de Cánfora no impide seguir empleando una máxima ciertamente agradable y sugerente para todos cuantos aman a los libros y libreros, a las bibliotecas y bibliotecarios o bibliotecarias, que suelen ser mayoría las mujeres en el oficio.

    Como prueba de la fuerza sugerente y evocadora de la frase, transcribo un pequeño fragmento del artículo que la escritora Rosa Montero publicó en El País, el 7 de Junio de 2011  en su Columna, que titula Gracias. En él modifica inteligentemente la frase original para darle el sentido que ella quiere expresar:

    En mitad de la Feria del Libro de Madrid, mientras firmo de caseta en caseta, no hago más que pensar en los libreros. En esas personas tan especiales que dedican su vida a algo que desde luego no va a hacerles millonarios, y que trabajan inacabables horas leyendo, cuidando, recomendando, enardeciendo la voluntad de sus parroquianos. El buen librero conoce a sus asiduos con finura de enamorado; ofrece las lecturas adecuadas, va creando generaciones de lectores, acompaña a los hijos de los clientes en su crecimiento literario. En muchas zonas la librería es el único centro de dinamización cultural, un papel que nadie les tiene en cuenta. Las librerías son nidos de sueños y los libreros son médicos del alma. Sin libreros predictores, solo leeríamos best sellers. Por todo esto, gracias. Muchas gracias.
     

  • Los antiguos romanos computaban y digitalizaban hace más de dos mil quinientos años.

    Pocas palabras hay de uso más contemporáneo que “computar, computación, digital”. Pues bien, “computar, computación” son palabras latinas que significan calcular, contar, computar evidentemente.

    La palabra “digital” deriva de la latina “digitum”,que significa “dedo”. “Huellas digitales” son las señales que los dedos dejan en los objetos que tocan y que tanta ayuda ofrecen a la policía porque son exclusivas de cada individuo.

    Los romanos, como el resto de pueblos antiguos y no tan antiguos (nosotros lo seguimos haciendo algunas veces aunque sólo sea para remarcar nuestra dicción) contaban con los dedos.  Por eso a las primeras nueve cifras les llamamos “dígitos” que en puridad significa “dedos” y si la cantidad pasa de nueve decimos que tiene dos o más dígitos.

    La mano es la máquina de contar y calcular más antigua existente. Con una mano o con dos a la vez   los egipcios, los persas, los griegos, los romanos podían expresar los números hasta el 9.999 con un lenguaje parecido al de los sordomudos.

    El monje irlandés del siglo VII Beda el Venerable  en su obra De ratione temporum (Sobre la división del tiempo),  en el primer capítulo titulado De computo vel loquela digitorum  (Sobre la cuenta o lenguaje de dedos) nos describe el sistema. Señalando otras partes del cuerpo con las manos se llega a contar hasta un millón, cantidad que se expresa según el monje entrecruzando los dedos de las dos manos.

    Los egipcios y  los persas conocerían  el sistema de contar con los dedos y, por supuesto,  se conocía en Grecia. A él se refiere Aristófanes (444 a. C. – 385 a. C), por ejemplo, en su comedia  Las Avispas (v. 655-663) : (sátira contra el político Cleón y el mal funcionamiento de los tribunales) :

            BDELICLEÓN (el que odia a Cleón).-
                                        Escucha, papaíto; relaja un poco el  entrecejo:   
                                        comienza a calcular sencillamente
                                        no con  piedrecillas, sino con la mano 
                                        (con los dedos)
    (v.655-656)

                   Βδελυκλέων:   ἀκρόασαί νυν ὦ παππίδιον χαλάσας ὀλίγον τὸ μέτωπον•      
                                              καὶ πρῶτον μὲν λόγισαι φαύλως, μὴ ψήφοις ἀλλ᾽ ἀπὸ χειρός,

    También los romanos contaban con los dedos de las manos. Los testimonios son numerosos, como por ejemplo las  abundantes téseras numéricas o pequeñas fichas  de hueso o marfil, especie  de recibo que los recaudadores romanos entregaban a los contribuyentes por las   cantidades de dinero entregadas; por un lado  llevan  la figura digital correspondiente y por el otro el valor en cifras romanas.

    Lo atestiguan  también numerosos autores:

    Plauto en su comedia Miles Gloriosus, 204 (El soldado fanfarrón) :

                         Su mano derecha lleva la cuenta con los dedos

                                dextera digitis rationem computat

    Cicerón en  una carta a su amigo Atico, Epistulae ad Atticum, V,21,13 dice:

                                  si conozco tus dedos (es decir, tu habilidad para contar con los dedos).  

                                   “si  tuos digitos novi

    O el poeta  Juvenal en su Sátira X, 246.251, refiriéndose a Néstor, famoso en la Antigüedad por su longevidad:

    El rey de Pilos (Néstor),si alguno credibilidad concedes al gran Homero,
    fue un ejemplo de vida tan larga como  la de la corneja.
    ¡Enormemente afortunado  quien por tantos siglos difirió su muerte
    y cuenta ya  sus años con la mano derecha
    y ha bebido tantas veces el vino nuevo!

    Rex Pylius, magno si quicquam credis Homero,
    exemplum uitae fuit a cornice secundae.
    felix nimirum, qui tot per saecula mortem
    distulit atque suos iam dextra conputat annos,
    quique nouum totiens mustum bibit.

    Se deduce de este testimonio que las unidades y decenas se contaban con la mano izquierda y las centenas se contaban con la mano derecha.

    Muy expresivo es el siguiente texto de Apuleyo en su “Apología, 89”, sólo inteligible si se conoce la expresión de los números con los dedos:

                         “Si hubieras dicho treinta años en lugar de diez, podríamos creer que te has  
                           equivocado en el gesto de la numeración y que habías abierto los dedos que 
                          debías tener en forma de círculo. Pero los cuarenta, que son los más fáciles que 
                          ningún otro de expresar con la palma abierta, que tú aumentas en la mitad, no 
                         puede ser un error en el gesto de los dedos, a no ser que creyendo que Pudentilla 
                        tiene treinta años los has contado por dos por los dos cónsules de cada año”

                       Si triginta annos pro decem dixisses, posses uideri computationis gestu errasse, quos 
                       circulare debueris digitos aperuisse. Cum uero quadraginta, quae facilius ceteris 
                       porrecta palma significantur, ea quadraginta tu dimidio auges, non potes[t] 
                       digitorum gestu errasse, nisi forte triginta annorum Pudentillam ratus binos 
                      cuiusque  anni consules numerasti .

    Y el famoso Quintiliano  en su método de formación de oradores Institutio Oratoria, I, 10,35:

                        En los procesos es muy frecuente que se trate de números y en ellos es 
                       considerado ignorante no digo  el que duda en las sumas, sino incluso si yerra en la 
                       cuenta por el gesto equivocado o torpe de los dedos.

                       In causis vero vel frequentissime versari solet: in quibus actor, non dico si circa 
                      summas trepidat, sed si digitorum saltem incerto aut indecoro gestu a computatione  
                      dissentit, iudicatur indoctus .

    Los testimonios son, pues,  numerosos.

    Parece que San Cirilo de Alejandría (c. 376-444) en su Liber de computo, cap. CXXXVIII, titulado De flexibus digitorum,III,135  (Sobre las posturas  de los dedos) nos ofrece la más antigua descripción del sistema;  S.Isidoro de Sevilla la reproduce en su grandiosa enciclopedia  Etimologías en el siglo VI, y en él se inspira el monje  Beda, cuya descripción no ha dejado de estar presente durante la Edad Media y hasta bien entrada la Moderna.

    A este  arte de contar o expresar los números con con los dedos y las manos se le llama técnicamente dactilonomía, del griego δάκτυλος (dáktulos: dedo).

    Ilustración tomada de la obra publicada en Venecia en 1494 de Luca Pacioli titulada Summa de Arithmetica, geométrica,, proportioni et proportionalita

    Todo esto ha estado vigente mucho tiempo , desde luego durante  la Edad Media  y siglos XVI y aún después  quedan algunos restos.

    Pero existe también otro arte, la dactilología o arte de hablar con los dedos y las manos, a la manera del lenguaje de los sordos,  que  también se practicaba en la Antigüedad.

    Citaremos el testimonio de Ovidio en ,aunque evidentemente el sistema se conocía con anterioridad, como atestiguan algunos autores como Ennio:
                    
                      No hay necesidad de dedos con los que decir secretos   (Ars amatoria, , 137)      

                       Nihil opus est digitis, per quos arcana loquaris

                      Y en Lib. I Amorum,  elegia 4

                                       Leerás palabras en mis dedos y palabras escritas con vino.

                                      verba leges digitis, verba notata mero.

    A este arte también se refiere Beda  en su De Loquela per Gestum Digitorum  (Del lenguaje por el gesto de los dedos) que lo explica haciendo coincidir la expresión de cada una de las letras del alfabeto, por su orden, con el gesto digital y manual correspondiente a los números también según su orden; es decir,el gesto del 1 para la a, el del 2 para la b y así sucesivamente.

                             Si quieres expresar la primera letra del alfabeto, representa el uno
                                     Con la mano; si quieres la segunda, el dos, si la tercera el tres y
                                     así las demás según su orden.

                               
                             cum primam alphabeti literam intimare cupis, unum manu teneto; cum 
                                       secundam, duo. cum tertiam, tria. et sic ex ordine ceteras

     

    Así que con razón decíamos al principio que los romanos digitalizaban; lo hacían con los números y con la voz; digitalizaban cantidades y palabras.

    Precisamente de “digiti”  deriva la palabra inglesa “digit”  con el significado de “cifra”. Las modernas computadoras u ordenadores trabajan con código o base “binaria” (del latín bini = dos). De la contracción de estas dos palabras, binary y digits surge la palabra “bit” o unidad mínima de información en la moderna computación. Así que estas máquinas modernas digitalizan también, pero de otra manera.

    Conviene también conocer que otro sistema de contar muy primitivo y generalizado consistía en agregar o separar guijarros de un montoncito,  piedrecitas que en latín se llaman “calculi” (cálculos, del griego χάλις, kalis = piedra caliza, de donde la palabra castellana “cal,piedra de cal”). Por eso se llaman también “cálculos” las concreciones pétreas que se forman en los riñones o en la vejiga o en otros órganos del cuerpo y que tanto dolor ocasionan hasta ser expulsadas.  De este sistema surgió el arte de calcular y más tarde el ábaco como instrumento adecuado.

  • Los Reyes magos

    El nacimiento de Jesús se celebra en Occidente el día 25 de Diciembre. Durante mucho tiempo en toda la Cristiandad se celebró y aún actualmente en la Iglesia Ortodoxa se celebra ese nacimiento el día 6 de Enero. En la Iglesia Católica se celebra el día 6 el día de la “epifanía” o manifestación de Jesús. Según el evangelio de San Mateo, 2, 1-12, unos reyes magos vinieron de Oriente para ofrecer al niño Jesús recién nacido oro, incienso y mirra. De ahí procede la costumbre en algunos países, como en España, de hacer regalos la noche del 5 al 6 a los niños.

    Pero, ¿quiénes son los “magos”?  Magos, μάγοι en griego, es una palabra irania o persa con notable éxito entre los griegos. Durante mucho tiempo, la filología clásica despreció o desatendió las múltiples evidencias de la influencia oriental en el mundo griego intentando afirmar una pretendida peculiaridad helena. Como evidencia el sentido común y numerosas pruebas históricas y filológicas, ni los griegos eran un solo pueblo, ni entraron todos al mismo tiempo en la península  helena ni estuvieron aislados del resto de pueblos y culturas.

    Más bien las cosas ocurrieron al contrario. Por su mera  situación geográfica, en un punto de contacto entre oriente y occidente, entre el norte centroeuropeo y el sur egipcio y africano, lo que llamamos cultura griega tiene un importante componente de otras culturas, fundamentalmente mesopotámicas y orientales y egipcias, a pesar del desprecio de los clasicistas a la importancia e influjo de las culturas orientales persas o egipcias.

    La dependencia de los griegos de las culturas orientales pronto resultó evidente en astronomía, en algunos mitos sobre todo los cosmogónicos, en algunos cultos religiosos, pero también son evidentes algunas relaciones de los primeros poemas literarios (Homero, Hesiodo) con los poemas épicos sumerios como Giglamesh o Enki

    Luego, a partir del siglo VI y durante dos siglos, Persia ocupó al menos un tercio de los territorios griegos y la influencia, lógicamente, fue mutua.

    Una prueba  de la evidencia de esta relación es el término  magos, magus, mago, μάγοι que, como decía,  no es de origen griego sino iranio.

    En griego tiene el doble significado de charlatanes que embaucan con su “magia”, pero también el de sacerdotes con una peculiar función.

    Las creencias religiosas persa primitivas y otras propias del zoroastrismo conciben el mundo lleno de démones y espíritus.  Las almas de los difuntos, separadas del cuerpo, ascienden al cielo, o mejor, a los cielos, porque son varios. En ese viaje de ascenso  es muy importante la acción ritual y los sacrificios de los “magos”.

    Las ideas y creencias iranias ayudaron en Grecia a germinar ideas también de separación del cuerpo y del alma, de ascenso del alma a los cielos, de universo poblado por numerosos démones y espíritus.

    Ayudaron también a que se produjera el interés de los griegos jonios por explicar la naturaleza mediante la observación racional, lo que supuso el origen de la ciencia.

    La multiplicidad de démones o almas omnipresentes es una doctrina presocrática, especialmente presente en el pensamiento pitagórico. Diógenes Laercio (VIII, 32) nos dice que Alejandro Polihistor decía haber encontrado en los “Comentarios pitagóricos” , entre otras similares, estas ideas:

    “Todo el aire está lleno de almas; a éstas se las cree genios (démones) y héroes y ellas transmiten a los hombres los ensueños, los presagios y también las enfermedades; y no sólo a los hombres, también a las ovejas y otros animales; a ellas van dirigidas las purificaciones, las expiaciones, las adivinaciones, las invocaciones y cosas semejantes”.

    Es lo mismo que decía Tales cuando afirmaba que “todo está lleno de dioses, démones o almas” (A 22, 23 Diels-Kranz).

    Aristóteles dice de Demócrito en Sobre el alma 404a:

    De ahí que Demócrito afirme que el alma es un cierto tipo de fuego o elemento caliente; siendo infinitos en número las figuras y los átomos, concluye que los de figura esférica son fuego y alma y los compara con las  motas que hay en suspensión en el aire y que se dejan ver en los rayos de luz  a través de las rendijas; afirma que el conjunto originario formado por todos  los átomos constituye los elementos de la Naturaleza en su totalidad  (Leucipo piensa de manera semejante);
    …..
    Parece, por lo demás, que la doctrina procedente de los pitagóricos implica el  mismo razonamiento: efectivamente, algunos de ellos han afirmado que el  alma se identifica con las motas en suspensión en el aire, si bien otros han  afirmado que es aquello que mueve a éstas
    . (Trad. De Tomás Calvo Martínez, Ed.Gredos).

    Diógenes  Laercio en I, 6-9 nos describe la actividad de los “magos”:

    “… que los magos se ocupan del culto a los dioses, de los sacrificios y de las plegarias, y son los únicos a los que los dioses escuchan…. que ejercen la mántica y la adivinación, afirman que se les aparecen los dioses y que el aire está lleno de imágenes que como resultado de una exhalación se introducen en la visión de quienes tienen la vista aguda…. Y Aristóteles dice en el libro primero “De la filosofía” que son más antiguos que los egipcios, y que existen dos principios, un espíritu  bueno y un espíritu malo; el primero se llama Zeus y Oromasdes y el segundo Hades y Arimán.”

    Heródoto en un pasaje famoso (I, 131) dice que los los magoi  veneran  la bóveda celeste como divinidad suprema:

    suben a lo alto de las montañas y ofrecen sacrificios a Zeus, llamando con el nombre de Zeus a todo el círculo del cielo”.

    Demócrito, en un famoso fragmento, describe a “maestros de la palabra” que, tendiendo las manos al cielo, “llamaban al universo con el nombre de Zeus”. (Demócrito, B 30 Diels-Kranz).

    En resumen, podemos concluir que los magos y las doctrinas iranias  llegaron a formar parte de alguna manera del contexto filosófico presocrático. Los rituales y las especulaciones de los magos sobre las almas y los démones dejaron su rastro en los griegos del siglo V. Así que sin duda la palabra “mago” es la palabra irania de más éxito en griego y hemos de tener en cuenta que los griegos y los  persas mantuvieron un contacto físicogeográfico y cultural durante varios siglos.

    Como cuestión curiosa sobre los magos puedo comentar que ya desde hace mucho tiempo se consideró que el relato del evangelio de San Mateo  2,1-12

    Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,  diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.  Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.  Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
    “Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
    No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
    Porque de ti saldrá un guiador,
    Que apacentará a mi pueblo Israel.”
    Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;  y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

    es un calco o está  elaborado o influenciado por la visita que Tiridates, rey de Armenia, hizo a Roma para rendir homenaje a Nerón. Tiridates, coronado el año 66 en Armenia por Nerón , era un mago así como todos sus acompañantes y así le llamaron los romanos,  “mago”.

    Nerón, además de por la música y la poesía, se apasionó  de la magia, a la que tuvo que renunciar. 

    A la visita que le hizo Tiridates hace referencia  Plinio el Viejo, Historia Natural XXX, 16 s (VI):

    Los magos tenían algunos subterfugios, como por ejemplo que los dioses no favorecían ni se aparecían a los que tienen pecas. ¿Es esto tal vez un obstáculo en él (Nerón)? Nada faltaba a sus miembros. Por lo demás él podía elegir libremente los días (favorables) y elegir fácilmente el ganado que no tenía otro color sino el negro; incluso inmolar a hombres también le era muy grato. El mago Tiridates había venído (a Roma)  junto a él llevando en su persona el triunfo en Armenia y por tanto con una grave carga para las provincias.
    No había querido navegar porque (los magos) no consideran permitido escupir en el mar ni mancillar su naturaleza con ninguna otra de las necesidades (excrecencias) de los hombres. Había llevado consigo magos y le (a Nerón) iniciado en los banquetes mágicos* ; sin embargo, aunque le había dado un reino, no pudo recibir de él este arte (de la magia). Y por tanto quedó establecido que era algo detestable, inútil, vano, aunque tenía ciertas sombras de realidad; así que en consecuencia no era el arte de la magia sino el de los envenenamientos.

    Nota: * los alimentos podían ser puros o impuros

    sunt quaedam Magis perfugia, veluti lentiginem habentibus non obsequi numina aut cerni. an obstitit forte hoc in illo? nihil membris defuit. nam dies eligere certos liberum erat, pecudes vero, quibus non nisi ater colos esset, facile; nam homines immolare etiam gratissimum. Magus ad eum Tiridates venerat Armeniacum de se triumphum adferens et ideo provinciis gravis.
    navigare noluerat, quoniam expuere in maria aliisque mortalium necessitatibus violare naturam eam fas non putant. Magos secum adduxerat, magicis etiam cenis eum initiaverat; non tamen, cum regnum ei daret, hanc ab eo artem accipere valuit. proinde ita persuasum sit, intestabilem, inritam, inanem esse, habentem tamen quasdam veritatis umbras, sed in his veneficas artes pollere, non magicas.

    Y Tácito nos describe la sumisión de Tiridates, que decide ir a Roma en  Anales XV,29.

    XXIX. Tras esto el romano alaba al joven (Tiridates) por haber aceptado los consejos seguros y buenos dejando a un lado los precipitados. El (Tiridates), que  habló profusamente de la nobleza de su familia y con moderación de las restantes cuestiones, añadió: que iría, pues, a Roma y le llevaría al César un nuevo motivo de honor, un Arsácida suplicando cuando las cosas no les eran adversas a los Partos. Pareció oportuno entonces que Tiridates colocase las insignias reales junto a la estatua del César y que no las volviese a coger sino de manos de Nerón. Y así se acabó el diálogo con un beso.  Luego, pasado unos pocos días, formó con gran pompa por una  parte la caballería (de los partos) distribuida por turmas y con los estandartes de su nación, y formaron los escuadrones de las legiones con sus águilas resplandecientes y los estandartes y las imágenes de los dioses como si se tratara de un templo. En medio del tribunal estaba la silla curul y en ella la estatua de Nerón, hasta la que avanzó Tiridates y, después de sacrificar las víctimas según la costumbre,  se quitó la corona de la cabeza y la colocó a los pies de la imagen, con gran emoción en el ánimo de todos, emoción que aumentaba la derrota y cerco del ejército romano todavía clavada en sus ojos: pero ahora la suerte había cambiado: Tiridates iría como espectáculo para el pueblo poco menos que como cautivo…

    Exim Romanus laudat iuvenem omissis praecipitibus tuta et salutaria capessentem: ille de nobilitate generis multum praefatus, cetera temperanter adiungit: iturum quippe Romam laturumque novum Caesari decus, non adversis Parthorum rebus supplicem Arsaciden. tum placuit Tiridaten ponere apud effigiem Caesaris insigne regium nec nisi manu Neronis resumere; et conloquium osculo finitum. dein paucis diebus interiectis magna utrimque specie inde eques compositus per turmas et insignibus patriis, hinc agmina legionum stetere fulgentibus aquilis signisque et simulacris deum in modum templi: medio tribunal sedem curulem et sedes effigiem Neronis sustinebat. ad quam progressus Tiridates, caesis ex more victimis, sublatum capiti diadema imagini subiecit, magnis apud cunctos animorum motibus, quos augebat insita adhuc oculis exercituum Romanorum caedes aut obsidio: at nunc versos casus; iturum Tiridaten ostentui gentibus quanto minus quam captivum?

    Es posible que este episodio de la visita del rey mago Tiridates sirviese de modelo para la visita de los reyes magos al niño de Belén.
     

  • XENIA y APOPHORETA (regalos)

    Xenia y Apophoreta son los nombres de dos de los libros de Epigramas de Marco Valerio Marcial (40-104), en concreto de los libros XIII y XIV

    Marcial publicó aproximadamente 1.500 epigramas, composiciones breves, generalmente satíricas (no exclusivamente) en las que se encierra una agudeza mental. Xenia tiene 127 y  Apophoreta 223.

    XENIA  es una palabra griega que originariamente significa “hospitalidad” y también se refiere a los obsequios que se hacen a los extranjeros o visitantes, en primer lugar a los embajadores de otras ciudades. En el caso de Marcial se refiere a los regalos que se hacen en los banquetes y que los participantes  se llevan como recuerdo.

    Apophoreta significa “regalo para llevar”  (del griego ἀπό  apode, desde y φορεῖν, llevar) hace referencia  también a la costumbre de obsequiar a los comensales de los banquetes con regalos o detalles que podían llevarse como recuerdo con motivo de las fiestas Saturnales, que se celebraban en diciembre. Estas fiestas de gran importancia eran una mezcla de nuestros actuales Navidades y Carnaval. Este es el origen sin duda de la costumbre todavía vigente de intercambiar regalos en la cena de  Navidad.

    El origen griego de las palabras nos recuerda la importancia de la hospitalidad y el simposio o banquete en el Mundo Antiguo grecolatino y el intercambio de regalos como instrumento para fortalecer las relaciones sociales.

    A veces los regalos en estos banquetes se obtenían con una especie de lotería, extrayendo un billetito o etiquete que hacía referencia, con frecuencia en clave de adivinanza o de manera enigmática, al regalo que a cada comensal había tocado; son también, pues, un juego intelectual. “Apophoreta” serían también las etiquetas que acompañaban a esos regalos

    Petronio, en la famosa  Cena de Trimalción de su Satiricón, 56,7:  nos presenta un sorteo de este tipo:

    Apartaba ya a los filósofos del asunto cuando comenzaron a pasar  unas papeletas en una  urna . Un niño esclavo dedicado a ello cantaba los premios:

    “Plata asesina”:  Trajeron un jamón  sobre el  que había  unas vinagreras.
    "Almohada”: Trajeron un medallón para colgar del cuello.
    “Comer tarde  y afrenta” : se entregaron fiambres salados l y un palo con una manzana.
    “Puerros y melocotones”:    recibió un látigo y un cuchillo.
    “Gorriones y cazamoscas”:   uvas pasas y miel del Ática.
    “Traje de cena y traje de ceremonia”:  recibió un pastel y unas tablillas.
    “Canal y pedal”: se trajo una liebre y una zapatilla.
    “Murena y letra”:   un ratón atado a una rana y un manojo de acelgas.
    Nos reímos mucho tiempo. Y de este tipo hubo seiscientos juegos, que superaron mi memoria.

    Iam etiam philosophos de negotio deiciehat, cum pittacia in scypho circumferri  coeperunt, puerque super hoc positus officium apophoreta recitavit.
    "Argentum sceleratum": allata est perna, supra quam acetabula erant posita.
    "Cervical": offla collaris allata est.
    "Serisapia et contumelia": xerophagiae ex sale  datae sunt et contus cum malo.
    "Porri et persica": flagellum et cultrum accepit.
    "Passeres et muscarium": uvam passam et mel  Atticum.
    "Cenatoria et forensia": offlam et tabulas accepit.
    "Canale et pedale": lepus et solea est allata.
    "Muraena et littera": murem cum rana alligatum fascemque betae accepit.
    Diu risimus. Sexcenta huiusmodi fuerunt, quae iam exciderunt memoriae meae.

    Pues bien, Marcial escribió estos dos libros, semejantes entre sí pero también con algunas diferencias entre ellos, en dísticos elegiacos o poemitas de dos versos  (del gr.  δί- ,dos y στιχον, surco, verso, estrofa , pues, de dos versos, un hexámetro y un pentámetro).

    Aunque aparecen en las ediciones de Marcial al final de su obra, en realidad los fue escribiendo con anterioridad,  quizás como encargo de los patronos para acompañar los regalos de  banquetes  y sin duda sirvieron de modelo para los siguientes.  Con estos encargos se ganaría algún dinero u obtendría algún  recurso para llevar adelante su vida nada lujosa; el poeta pasó veinte años de subsistencia en la gran Roma. Se piensa que los publicó para las Saturnales del año 84-85.
    Sobre su valor literario como poesía de encargo, se han emitido juicios diversos, aunque son innegables la calidad y agudeza de muchos de ellos,  pero en todo caso ha de reconocerse su valor como testimonio histórico de la vida real del momento.

    Los  Xenia tratan de regalos de bienes perecederos (comida y bebida) y los Apophoreta de bienes no perecederos. En Xenia los epigramas se agrupan por tipos de alimentos:  los cincuenta primeros se refieren a vegetales (primero los básicos como habas, trigo, lentejas, harina, cebada…; luego hortalizas, frutos…); cincuenta para los segundos platos como carnes de ave,  cuadrúpedos como plato fuerte, pescados; veinticinco para las salsas, entre ellas el famoso “garum” (especie de salmuera o vinagreta muy apreciada en todo el Imperio) y  otros veinticinco dedicados a los vinos en lo que constituye una especie de “guía de vinos” del momento. De alguna manera el orden de los epigramas se corresponde con el orden o secuencia de presentación de los alimentos en el banquete. El último, el 127 alude a la costumbre de regalar coronas de flores a los comensales.

    En Apophoreta aparece una enorme variedad de objetos, agrupados en conjuntos: objetos de tocador, productos cosméticos y perfumes, iluminación, diversas pelotas, utensilios de cocina y menaje, vestidos como togas, capas…, ropas de cama, muebles como mesitas, estanterías, estuches, tableros de juegos, perfumes, vestidos como togas, capas… esculturas, cuadros, libros, animales y esclavos, algunos con evidente función sexual.  Curiosamente se alternan los correspondientes a regalos valiosos y regalos baratos como sin duda ocurriría en los banquetes.

    Pondré unos pocos  ejemplos de cada libro (el espacio de un artículo no ofrece otra posibilidad) para ayudar a tomar la decisión de leerlos en su totalidad.

    XENIA

    XIV Lechugas

    La lechuga que  solía cerrar las cenas de nuestros abuelos,
    dime, ¿por qué ahora ella abre nuestras comidas?

    Lactucae

    Cludere quae cenas lactuca solebat avorum,
    Dic mihi, cur nostras inchoat illa dapes?

    XVI Rábanos

    Estos rábanos que se alegran gozan con el frío invernal
    y que a ti te damos, en el cielo Suele comerlos Rómulo.

    Rapa

    Haec tibi brumali gaudentia frigore rapa
    Quae damus, in caelo Romulus esse solet.

    XVIII Puerros cortados

    Tallos de puerros tarentinos, que huelen
    que apestan, cuantas veces  los hayas comido, da los besos con la boca cerrada.

    Porri sectivi

    Fila Tarentini graviter redolentia porri
    Edisti quotiens, oscula clusa dato

    XXXIV Cebollas

    Como  tu mujer es vieja y tú tienes  el miembro muerto,
    de ninguna otra cosa puedes hartarte excepto de cebollas.

    Nota: La cebolla pasaba por ser afrodisíaca;

    Bulbi

    Cum sit anus coniunx et sint tibi mortua membra,
    Nil aliud bulbis quam satur esse potes.

    XXXV Longanizas

    Vengo de Lucania como hija  de una puerca del Piceno:
    de mí se les da a las blancas judías una sabrosa corona.

    Nota: La Lucania producía famosos embutidos, entre ellos la “longaniza” que lleva su nombre puesto que la palabra deriva de “lucanica” contaminada con una “n” tomada tal vez de la palabra “longa” dada la forma de la especialidad.

    Lucanicae

    Filia Picenae venio Lucanica porcae:
    Pultibus hinc niveis grata corona datur.

    APOPHORETA

    XIII Cajitas de madera

    Si  algo queda todavía en el fondo de mi cajita,
    será un regalo. —No hay nada. La propia cajita lo será.

    Loculi lignei

    Si quid adhuc superest in nostri faece locelli,
    Munus erit. Nihil est: ipse locellus erit.

    XXIV Aguja de oro

    Para que tus cabellos empapados no manchen tus espléndidas sedas,
    que una aguja fije y sujete tus cabellos ensortijados.

    Acus aurea

    Splendida ne madidi violent bombycina crines,
    Figat acus tortas sustineatque comas.

    XXXIX Lámpara de alcoba

    Lámpara conocedora de dulce  lecho,
    Haz lo que quieras; yo callaré.

    Lucerna cubicularis

    Dulcis conscia lectuli lucerna,
    Quidquid vis facias licet, tacebo.

     

    XLIX Pesas

    ¿Por qué  tus fuertes brazos se desprovechan con estúpidas pesas?
    Cavar la viña entrena mejor a los hombres.

    Halteres

    Quid pereunt stulto fortes haltere lacerti?
    Exercet melius vinea fossa viros.

    Nota. Halteres  (ἁλτῆρες) son unos objetos  de piedra o de metal que se utilizaron en los ejercicios  gimnásticos  de los griegos y romanos. Los suelen utilizar los saltadores portándolos en ambas manos, , pero también se utilizan con frecuencia simplemente para ejercitar el cuerpo, de  la misma manera que nuestras mancuernas o pesas. Precisamente de esta palabra griega deriva “halterofilia”, afición a los “halteres”, nombre del deporte consistente en levantar pesas o pesos.

    Como curiosidad, diré finalmente que los Xenia sirvieron de modelo a una obra conjunta  de Goethe y Schiller, llamada precisamente Xenien en alemán,  que escribieron contra los críticos  y la mediocridad del momento, por cierto sin mucho éxito.xenia

  • Las fiestas Saturnales romanas y la Navidad

    La palabra “Navidad”, con la que designamos la fiesta del nacimiento de Jesús, deriva de la latina “nativitatem” que significa precisamente “nacimiento”

    En los primeros siglos del Cristianismo, el nacimiento de Jesús y su bautismo se celebró el día seis de Enero, día de la Epifanía (del griego επιφάνεια que significa: "manifestación, aparición" y todavía se sigue celebrando en esa fecha en oriente en la iglesia ortodoxa. En Occidente el día seis de enero celebramos la curiosa fiesta de los “reyes magos”, que según el evangelio de San Mateo acudieron a ofrecer sus regalos al niño Jesús recién nacido en Judea. En recuerdo e imitación de ello se regalan juguetes a los niños en algunos países como España.

    La primera referencia escrita a la Epifanía como fiesta cristiana aparece en el año 361 en Arriano Marcelino, XXI, 2,5,:

    Y con el fin de ocultar entretanto estas cosas (que había renunciado al cristianismo),  el día de la fiesta, que los cristianos celebran en el mes de enero y  llaman  la Epifanía , fue a la iglesia de ellos, y se marchó después de ofrecer solemnemente una oración a su deidad.

    En su versión latina:

    Et ut haec interim celarentur, feriarum die, quem celebrantes mense Ianuario Christiani Epiphania dictitant, progressus in eorum ecclesiam, sollemniter numine orato discessit.

    Epifanio de Salamina concreta que el nacimiento de Cristo fue el día 6 de Enero en Panarion, LI, 27, 4:

    la Epifanía del Señor, el 5 de enero, en la madrugada del 6 de enero y el undécimo del mes egipcio Tybi

    Por otra parte, el nacimiento del dios Mitra, el dios solar persa, se celebraba el día 25 de Diciembre, día del solsticio de invierno porque en ese día el sol comienza a aparecer antes, es decir, nace de nuevo dando lugar a un nuevo año solar.

    La palabra “solsticio” deriva de la latina solstitĭum,   solis statum (stare o sistere, pararse, detenerse) , por la aparente quietud o movimiento lento del sol al llegar a los trópicos. Hasta ese momento  el día o espacio de luz ha ido decreciendo pero a partir de ese momento el día crece y crece como un recién nacido.

    El Mitraísmo fue una religión muy extendida en todo el Imperio por las legiones romanas y como religión de salvación fue claramente competidora con el Cristianismo. Como en tantas otras ocasiones,  se cristianizó la fecha trasladando la celebración  del nacimiento de Jesús a la fecha del nacimiento de Mitra.

    En muchas culturas el nacimiento del nuevo año va asociado al nacimiento de un niño divino, al nacimiento de un dios solar.

    Por otra parte, el calendario romano,   fijaba las fechas de las numerosas festividades religiosas de los habitantes del Lacio  en honor de sus dioses. En diciembre se celebraban varias que  tienen su reflejo en el calendario actual precisamente en nuestra fiesta de la Navidad.

    En realidad, durante el Imperio se celebraban en diciembre tres fiestas que coincidían en algunos de los siete días en que se celebran: las Saturnalia, las Opalia y las Sigillaria.

    Las “sigillaria” se llaman así de sigilla, u  oscilla, pequeñas figuras de cerámica. Para esta fiesta  se montaban puestos comerciales a manera de mercadillo con figuras de cerámica que se regalaban a los niños como juguetes. Estas pequeñas imágenes de barro son el recuerdo de rituales antiquísimos de sacrificio en los que la víctima era sustituida por la figurilla de barro.

    En estas fiestas romanas encontramos, pues, elementos de nuestras actuales Navidades y Carnavales.

    A finales del mes de diciembre se celebraban sobretodo las “Saturnalia”, la fiesta de Saturno, dios al que atribuían la introducción de la agricultura y de la vida civilizada. Saturno es uno de los viejos dioses del Lacio y su culto y fiesta parece haber decaído y renacido en varias ocasiones a lo largo de la historia latina.

    En tiempos de Augusto se celebraba la fiesta durante tres días,  el 17, 18 y 19 de diciembre. Alguien, no sabemos quién, añadió un cuarto, luego Calígula añadió un quinto al que llamó Iuvenalis (de la juventud), que más tarde confirmó Claudio.

    Suetonio, Caligula, XVII:

    En el segundo (consulado)  distribuyó a los hombres vestidos de ciudad, a las mujeres y a los niños cintas rojas y teñidas de púrpura, y para prolongar para siempre la alegría pública, añadió un día a las fiestas Saturnales y lo llamó “día de la juventud”.

    posteriore epulo forensia insuper uiris, feminis ac pueris fascias purpurae ac conchylii distribuit. et ut laetitiam publicam in perpetuum quoque augeret, adiecit diem Saturnalibus appellauitque Iuuenalem.

    En algunos textos se habla hasta de siete días; por ejemplo Marcial, en uno de los epigramas, el 72, del libro XIV, que dedica íntegramente a los regalos que se hacían en el banquete de las fiestas y que por eso llama Apophoreta,que  significa “regalo para llevar”  (del griego ἀπό  apo- de, desde y φορεῖν, llevar),nos dice:

    Salchicha   

    Esta salchicha que  te llega a ti en la mitad del tiempo de la bruma (invierno), me había  llegado a mí antes de los siete días de Saturno.

    Botulus

    Qui venit botulus mediae tibi tempore brumae,
    Saturni septem venerat ante dies.

    Macrobio es un gramático latino que vivió a caballo entre los siglos IV y V de Cristo. Su obra más importante es precisamente las Saturnalia (Saturnales), en la que se celebra un banquete literario en el marco de las Saturnalias en la que varios senadores dialogan sobre varios temas históricos, mitológicos, antigüedades, gramática y sobre todo sobre Virgilio. El primer libro está dedicado a investigar el origen de las Saturnales precisamente. 

    Al finalizar el año, una vez que acaban las tareas agrícolas y se esperaba para la sementera del siguiente (Según Varrón, Saturno deriva de satur y este de sero,  que  significa sembrar), celebraban una especie de fiesta de la cosecha, de alegría incontenible y de relajación de las rígidas costumbres sociales. Durante estas fiestas se paralizaban los negocios, los escolares tenían vacaciones, los tribunales de justicia no funcionaban y no se podía castigar a los malhechores. Es especialmente interesante y curiosa la inversión del orden social que se establece entre los esclavos y el señor y que recuerda la mítica Edad de Oro en la que todo era abundancia, igualdad y armonía.

    En ese día los esclavos se dirigían a sus señores con toda libertad de expresión y participaban en un banquete vestidos como sus señores, que les servían en la mesa.  Vestían también  el pileus,un gorro de fieltro rojo que  se ponían los libertos como símbolo de la libertad. El pileus es pues el símbolo de la libertad general de estos días.

    (Nota: Probablemente el gorro frigio de los participantes en la Revolución Francesa,  tiene su origen en este píleo romano, que usan los esclavos durante las Saturnales).

    Así lo reflejan, entre numerosos textos, estos de Marcial y Horacio:

    Marcial, XI,6:

    A Roma
    Me permites, Roma, cubierta con el pileo, que juegue con versos poco serios en estos  días amables del viejo de la hoz ( Saturno),  en los que impera como rey el cubilete del juego; te has sonreído; luego  me lo permites y no me lo prohíbes.

    …..
    Unctis falciferi senis diebus,
    Regnator quibus imperat fritillus,
    Versu ludere non laborioso
    Permittis, puto, pilleata Roma.
    Risisti; licet ergo, non vetamur.

    Hor. Sat. II, 7,5;

    Davo:           Hace un rato  que te escucho, y  aunque esclavo deseo
                         decirte algunas cosas, pero tengo miedo.
    Horacio.:     ¿Eres Davo?
    Davo:           Así es. Davo, el esclavo
                         amigo de su señor y honrado
                          lo que es bastante
                          Esto es, que lo consideres vital.
    Horacio:      Venga, usa  de la libertad de diciembre
                          como lo quisieron así nuestros antepasados.
                          Habla.

    Iamdudum ausculto, et cupiens tibi dicere servus
    pauca, reformido. 'Davusne?' Ita. Davus, amicum
    mancipium domino, et frugi, quod sit satis ; hoc est,
    ut vitale putes. ' Age, libertate Decembri,
    quando ita majores voluerunt, utere : narra.'

    Los siguiente epigramas de Marcial recogen varias de las características llamativas de estas fiestas: vestido desenfadado, tocado con el pileus, juego de dados permitido, premios y regalos en el banquete, borrachera y francachela. Los ciudadanos se quitan la toga  y se ponen un vestido suelto llamado síntesis de andar por casa, se ponen el pileus, lo que nos recuerda los disfraces y máscaras de carnaval, y máscaras

    Marcial,  XIV,1;

    [Al lector, sobre las Saturnales]

    Mientras el caballero y el senador y señor se divierten vestidos de vaqueros*, y
    mientras ponerse el pileo** le queda bien a nuestro Júpiter,  y el esclavo de la casa  no teme que el edil le vea agitando el cubilete***, aunque vea tan cerca los estanques helados****.  recibe la suertes alternativa del rico y del pobre*****: que cada uno dé su premio a su invitado. “Son bagatelas y fruslerías  o incluso  algo de menos valor que eso si lo hubiera”. ¿Quién no lo conoce? ¿O quién niega cosas tan manifiestas? Pero, ¿qué voy a hacer más interesante, Saturno, en estos días húmedos******, que tu propio hijo te ha concedido en lugar del cielo?******* ¿Quieres que escriba sobre Tebas o Troya o a la malvada  Micenas?2973 —“Me dices, juega a las nueces”.
    —Pues yo no quiero perder mis nueces.

    Notas:
    * la síntesis era una prenda informal para andar por casa que es la habitual en las Saturnales
    ** Hasta el mismo Domiciano se ponía el pileo, símbolo de la libertad de estos días
    *** En estos días estaba permitido el juego, prohibido el resto.
    **** Una broma de estos días consistía en arrojar a alguien al lago, al pilón helado
    ***** alternaban los regalos del banquete valiosos con los ridículos
    ****** por las borracheras
    ******* Porque Júpiter destronó a Saturno

    Synthesibus dum gaudet eques dominusque senator
    Dumque decent nostrum pillea sumpta Iovem;
    Nec timet aedilem moto spectare fritillo,
    Cum videat gelidos tam prope verna lacus:
    Divitis alternas et pauperis accipe sortes:
    Praemia convivae dent sua quisque suo.
    'Sunt apinae tricaeque et si quid vilius istis.'
    Quis nescit? vel quis tam manifesta negat?
    Sed quid agam potius madidis, Saturne, diebus,
    Quos tibi pro caelo filius ipse dedit?
    Vis scribam Thebas Troiamve malasve Mycenas?
    'Lude,' inquis, 'nucibus'. Perdere nolo nuces.

     

    Las referencias de Marcial, que como dije dedicó un libro entero a los regalos de las Saturnales, el XIV, además de las citadas, son numerosas, todas llenas de ingenio y mordacidad. Si alguien tiene curiosidad las encontrará en 2,85/ 4.88/ 5.19/ 5.84/7.53/10.29/11.2/  11.15/12.81/14.182

    Suetonio, Vida de Augusto, 75

    Celebraba los días de fiesta y solemnes  con gran suntuosidad  y a veces sólo con simples  juegos. Para las Saturnales y cuando le apetecía en cualquier ocasión,  unas veces  distribuía regalos, vestidos, objetos de oro y  plata, otras veces monedas de todas las acuñaciones, incluso  antiguas del tiempo de los reyes y extranjeras, a veces simplemente una tela basta, esponjas, espátulas*, pinzas y otros objetos de este tipo, con etiquetas  oscuras y de doble sentido. Solía  también poner en venta, durante  la cena, lotes  de objetos de valor muy desigual y pinturas en madera vueltas del revés,  para frustrar o cumplir según la incierta casualidad las esperanzas  de los compradores. Del mismo modo organizaba subastas en cada una de las mesas  y cada uno  comunicaba sus ganancias y sus pérdidas.

    (Nota: rutabula tiene un doble significado con el que juega Augusto, porque significa también “miembro viril”.)

    Festos et sollemnes dies profusissime, nonnumquam tantum ioculariter celebrabat. Saturnalibus, et si quando alias libuisset, modo munera diuidebat, uestem et aurum et argentum, modo nummos omnis notae, etiam ueteres regios ac peregrinos, interdum nihil praeter cilicia et spongias et rutabula et forpices atque alia id genus titulis obscuris et ambiguis. solebat et inaequalissimarum rerum sortes et auersas tabularum picturas in conuiuio uenditare incertoque casu spem mercantium uel frustrari uel explere, ita ut per singulos lectos licitatio fieret et seu iactura seu lucrum communicaretur.

    Otras referencias  pertinentes las podemos encontrar en Seneca: Epistolas a Lucilio. 18;   Plinio: Epistolas. IV 9; Servius: Ad Virgili  Aeneidam, III, 407.; Tacito: Annales XIII, 15; Arriano: Dissertatines.Epictet. I, 25; Luciano de Samosata:  Saturnalia, 4

      Todas las clases sociales participaban de la fiesta y las calles se llenaban de gente que gritaba “Io Saturnalia”, “viva las Saturnales” y ofrecían sacrificios con la cabeza descubierta; los amigos se intercambiaban regalos; entre los más humildes el regalo más común son velas de cera (cerei), quefueron probablemente empleados como se emplean ahora los moccoli o moccoletti  en la última noche del carnaval italiano. El valor material podía ser escaso, pero su significado simbólico y religioso era evidentemente muy importante para la consolidación de la sociedad. Las velas o cirios simbolizan la luz que acabo con la oscuridad del Caos y anuncia una nueva luz o nuevo año.

    También Catulo hace referencia a los regalos y al día de fiesta en su poema  14:
    …..
    ¡Grandes  dioses,  qué  horrible y execrable 
    librito! Sin duda tú se lo enviaste
    a tu querido  Catulo para que muera
    a lo largo de este día,
    el dia de los Saturnales,
    el mejor de los días….

    Di magni, horribilem et sacrum libellum!
    Quem tu scilicet ad tuum Catullum
    Misti, continuo ut die periret,
    Saturnalibus, optimo dierum!

    En resumen, en Las Saturnales encontramos elementos de nuestros actuales Carnaval y Navidad cristiana: celebración del final del año viejo y comienzo de uno nuevo, regeneración en consecuencia del tiempo y de la vida,  fiesta burlesca, ambiente desenfrenado que recuerda el Caos original;  inversión del orden social en la familia invirtiendo los papeles del amo y los esclavos por un día para finalmente volver todo al orden establecido al acabar la fiesta , cuando el Caos es otra vez un Cosmos o espacio organizado,  el banquete o cena, el intercambio de regalos, la inversión de las costumbres propia del carnaval, la permisividad para celebrar juegos de cartas prohibidos durante mucho tiempo por costumbres más rígidas (nótese como por ejemplo, en Semana Santa, próxima a los carnavales, se permitía un día o se era más tolerante con el juego de cartas argumentando piadosamente que se hacía en recuerdo del reparto de la túnica de Jesús por los soldados que lo tenían detenido…), el mercadillo con figuras de cerámica para regalo de juguetes a los niños.

    Y en lo más profundo las fiestas cumplen la importante función social de reinaugurar permanentemente los ciclos naturales del tiempo y regenerar en coincidencia anual el orden social. Lo curioso es que hoy no vivimos con menos ardor e ilusión estos finales e inicios del ciclo anual, de la noche vieja y del día de año nuevo.

     

     

  • La “Tregua Sagrada” hizo posible la continuidad de las Olimpiadas durante 1.170 años

    Las pruebas olímpicas antiguas tienen una evidente relación con diversas actividades guerreras y militares, pero las Olimpiadas sólo fueron posibles porque los diversos estados griegos, en permanente confrontación, acordaban una temporal tregua de paz.

    En el año 864 a.C. tres ciudades-estado griegas firmaron un acuerdo estableciendo una Tregua Sagrada para poder celebrar los Juegos Olímpicos en honor de Zeus de forma pacífica. Sin duda alguna esta tregua hizo posible la celebración de las Olimpiadas durante más de mil años. Todavía hoy, con motivo de las Olimpiadas modernas, se sigue reclamando una tregua similar, aunque sin mucho éxito.

    El origen de los juegos atléticos en honor de Zeus en Olimpia es antiquísimo. La tradición mítica adjudica la creación a Heracles o Hércules.

    Aunque la primera Olimpiada que se registró oficialmente y dio lugar al comienzo de una era o manera de fechar los acontecimientos, ocurrió en el año 776 a.C., un momento clave tuvo lugar en el año 864 a.C. en que se firmó un tratado entre Ífito por los Eleos, Licurgo por Esparta, y Cleóstenes por Pisa para aprobar la famosa Tregua Sagrada durante tres meses que impedía la guerra y que declaraba inviolable el territorio de Olimpia y garantizaba la seguridad de  los peregrinos y  atletas que acudían a competir  dos meses antes de que empezaran los juegos.

    Durante este período nadie podía violar el suelo de la Elide entrando armado en él. La Tregua Sagrada, que proclamaban heraldos por toda Grecia,  hizo posible la continuidad de los juegos con toda regularidad cada cuatro años.

    El texto del acuerdo que acordaba la tregua, que  decía: “Olimpia es un lugar sagrado; quien se atreva a pisar este suelo con soldados  armados, será considerado sacrílego”,  fue grabado en un disco de hierro, que Pausanias, el autor antiguo de una famosa guía de visita a Grecia que vivió en el siglo II de Cristo, asegura haber visto en Olimpia.

    La tregua fue prácticamente respetada siempre, aunque el gran historiador Tucídides nos cuenta cómo en un momento se prohibió la participación de los espartanos por haber atacado una fortaleza de la Elida durante la tregua; aunque los espartanos argumentaron que, cuando atacaron, la tregua no había sido proclamada todavía, fueron multados con dos minas por soldado, en total dos mil minas. Una mina tenía 100 dracmas; una dracma era el salario medio diario de un trabajador especializado.
    Esa violación de la tregua ocurrió en el año 420 a.C. Elis prohibió a Esparta  hacer sacrificios y participar en los juegos  alegando que había penetrado en territorio de la Élide durante la tregua sagrada que las ciudades estado debían respetar. Es probable que la prohibición durase hasta el año 400 a.C.

    Como se ve,  ni los juegos olímpicos, sagrados entonces y en honor de Zeus, ni los modernos de carácter  exclusivamente deportivo en apariencia,  estuvieron nunca al margen de la política del momento, pero la “tregua sagrada” fue generalmente respetada en la Antigüedad

    Ahora también, en los tiempos modernos, se pretendió desde un principio que los países garantizasen la paz durante la celebración y se suelen hacer llamamientos a la paz mundial con ocasión de los Juegos Olímpicos por parte del Secretario General de la ONU; evidentemente sin mucho éxito. Recordemos cómo en Berlín se celebraron los Juegos Olímpicos del año 1936, en la antesala de la terrible Segunda Guerra Mundial, que produjo unos 60 millones de muertos según los cálculos más admitidos. Nos puede servir también de ilustración el impresionante despliegue del ejército británico para asegurar la celebración pacífica de los Juegos Olímpicos de Londres en el año de 2012. Ahora la amenaza terrible era el terrorismo.

  • Un Zeuxis moderno

    Recientemente ha celebrado el Museo Nacional del Prado una exposición de pintura titulada “Juan Fernández el Labrador. Naturalezas muertas”. Juan Fernández es un pintor del Siglo de Oro español, poco conocido, que pintó sobre todo “bodegones” . Sus obras más representativas son las pinturas de “racimos de uvas”.

    Esta especialización ha hecho recordar a los amantes de la pintura la famosa anécdota del enfrentamiento “artístico” de dos de los más famosos pintores del mundo antiguo, los griegos Zeuxis y Parrasio. Lo más adecuado es leer directamente a Plinio el Viejo, que es quien nos lo cuenta en  Historia Natural,35, 29 (o 35,36 en otras ediciones).

    Fueron contemporáneos suyos (de Zeuxis) y rivales Timanthes, Androcides, Eupompo y Parrasio. Se dice que este último concurrió a un certamen con Zeuxis, que pintó unos racimos de uvas con tal perfección que unas aves volaron hacia el dibujo; que él mismo pintó una cortina representada con tal veracidad que Zeuxis,  engolado con el juicio de los pájaros,  reclamó que se retirase la cortina y mostrase la pintura; comprendiendo su error, le concedió la victoria con ingenuo candor, porque él había engañado a los pájaros, pero Parrasio le había engañado a él que era un artista.

    Se dice que más tarde Zeuxis pintó a un niño llevando unas uvas a las que fueron volando unos pájaros y con la misma ingenuidad se mostró irritado con su obra y dijo: “he pintado mejor las uvas que al muchacho, pues si lo hubiese hecho a la perfección  los pájaros habrían tenido miedo de él.

    Aequales eius et aemuli fuere Timanthes, Androcydes, Eupompus, Parrhasius. Descendisse hic in certamen cum Zeuxide traditur et, cum ille detulisset uvas pictas tanto successu, ut in scaenam aves advolarent, ipse detulisse linteum pictum ita veritate repraesentata, ut Zeuxis alitum iudicio tumens flagitaret tandem remoto linteo ostendi picturam atque intellecto errore concederet palmam ingenuo pudore, quoniam ipse volucres fefellisset, Parrhasius autem se artificem.
    Fertur et postea Zeuxis pinxisse  puerum uvas ferentem, ad quas cum advolassent aves, eadem ingenuitate processit iratus operi et dixit: “uvas melius pinxi quam puerum, nam  si et hoc consummassem, aves timere debuerant.”

    La historia en principio parece poco creible y la segunda parte avala las dudas, pero eso no quiere decir que no podamos extraer alguna enseñanza de ella.

    En primer lugar nos informa de los gustos artísticos de los griegos en la transición entre el siglo V y el IV  a.C.

    La esencia del arte clásico es imitar, emular  la naturaleza ocultando el arte con que se había conseguido; ars est celare artem, el arte consiste en ocultar el arte, hasta el punto de que no parezca arte sino realidad; como Ovidio dice en su Metamorfosis X, 252 a propósito de la perfección de la escultura de Pigmalión:

    ars adeo latet arte sua, hasta tal punto se esconde el arte por obra del propio arte.

    Se busca sin duda la ilusión del más exacto realismo y de la más perfecta imitación de la naturaleza, hasta el punto de engañar al ojo humano, produciendo el  efecto de trompe l’oeil o trampantojo. Es lo que se intenta con la pintura de elementos arquitectónicos, ventanas, puertas, cortinas, estancias…Tal vez se deba a cierta influencia de los decorados de algunas obras de teatro.

    Curiosamente, ya entonces y hasta hoy en ese tipo de pintura de naturalezas muertas, el motivo pintado son alimentos u objetos relacionados con la comida.

    Nos informa también sobre el reconocimiento del estatus del pintor y de la pintura, reflejado en la importancia de los certámenes.

    No deja de ser también un curioso motivo de reflexión el hecho de que las pinturas de los grandes artistas antiguos como Zeuxis, Parraxio, Polignoto, fueron muy apreciadas y valoradas pero ninguna de ellas existe físicamente; las noticias que conservamos, como esta historia de la rivalidad entre Zeuxis y Parrasio que pone de manifiesto su calidad como artistas, la conocemos por un texto escrito de Plinio el Viejo. ¿Cuál sería nuestro  conocimiento de la Historia sin la palabra? Esta es la razón por la que en estos artículos utilizo tan pocas imágenes, confiando sobre todo en la fuerza evocadora de la palabra, en este caso escrita.

    Pero quizás sea esta una ocasión justificada para ofrecer una de las obras de Juan Fernández el Labrador existente en el Museo del Prado y comprobar visualmente por qué se le llamó el Zeuxis Moderno.

    Bodegón con cuatro racimos de uvas.
    Madrid, Museo Nacional del Prado.

  • Importancia de la música en el mundo griego antiguo

    La mayor parte de los términos lingüísticos empleados en la ”música” son de origen griego.

    No es la música  en Grecia una de las cuestiones que con más detalles estudie la historia del mundo antiguo, pero una simple relación de los términos de origen griego,  que hacen referencia a este mundo de los sonidos agradables al oído, nos debe poner en la pista de la importancia real que tuvo un arte siempre presente en los actos religiosos y en la vida de los ciudadanos.

    Relaciono algunos términos con la definición que de ellos nos da el “Diccionario de la Real Academia  Española”:

    Música, ((Del lat. musĭca, y éste del gr. μουσική, derivado de μοῦσαι mousai=  ninfas o diosas que inspiran la música y el resto de artes), es precisamente el primero de los términos a tener en cuenta.

    Melodía: (Del lat. melodĭa, y éste del gr. μελῳδία; μέλος = canto).Composición en que se desarrolla una idea musical, simple o compuesta, con independencia de su acompañamiento…

    Armonía: (Del lat. harmonĭa, y éste del gr. ἁρμονία = proporción, de ἁρμός, ajustamiento, combinación).Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. / Arte de formar y enlazar los acordes.

    Sinfonía: (Del lat. symphonĭa, y éste del gr. συμφωνία = conformidad, de σύμφωνος, que une su voz, acorde, unánime).Conjunto de voces, de instrumentos, o de ambas cosas, que suenan acordes a la vez./  Composición instrumental para orquesta.

    Polifonía: (Del gr. πολυφωνία, mucha voz).Conjunto de sonidos simultáneos en que cada uno expresa su idea musical, pero formando con los demás un todo armónico.

    Orquesta: (Del lat. Orquestra y éste del gr. ορχήστρα, lugar para danzar ).Grupo de músicos que interpretan obras musicales con diversos instrumentos. /  Lugar comprendido entre la escena y las lunetas o butacas, que se destina a los músicos.

    Órgano: (Del lat. orgănum, y éste del gr. ὄργανον = instrumento).Instrumento musical de viento, compuesto de muchos tubos donde se produce el sonido, unos fuelles que impulsan el aire y un teclado y varios registros ordenados para modificar el timbre de las voces.

    Coro: (Del lat. chorus, y éste del gr. χορός = baile, danza, coro).Conjunto de personas que en una ópera u otra función musical cantan simultáneamente una pieza concertada./  Conjunto de personas reunidas para cantar, regocijarse, alabar o celebrar algo./  En la dramaturgia grecolatina, conjunto de actores que recitan la parte lírica destinada a comentar la acción.

    Tono: (Del lat. tonus, y éste del gr. τόνος,  acento, tensión).Cualidad de los sonidos, dependiente de su frecuencia, que permite ordenarlos de graves a agudos. De aquí deriva también “tónico” y en música significa la primera nota de una escala musical.

    Barítono: (Del lat. barytŏnus, y éste del gr. βαρύτονος, de voz grave,de βαρύς = grave, pesado).  Voz media entre la de tenor y la de bajo y hombre que tiene esta voz.

    Diatónico: (Del lat. diatonĭcus, y éste del gr. διατονικός).  Dicho de uno de los tres géneros del sistema musical: Que procede por dos tonos y un semitono.

    Diapasón : (Del lat. diapāson, y éste del gr. διαπασῶν). Regulador de voces e instrumentos consistente en una lámina de acero doblada en forma de horquilla con pie, y que cuando se hace sonar da un “la”  fijado en 435 vibraciones por segundo.

    Rítmo: (Del lat. rhythmus, y éste del gr. ῥυθμός, de ῥεῖν, fluir). Proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente. De este deriva rítmico.

    Síncopa: (Del lat. syncŏpa, y éste del gr. συγκοπή, de συγκόπτειν, cortar, reducir). Enlace de dos sonidos iguales, de los cuales el primero se halla en el tiempo o parte débil del compás, y el segundo en el fuerte.

    Cromático: (Del lat. chromatĭcus, y éste del gr. χρωματικός; χρῶμα- en realidad significa color). Se dice de uno de los tres géneros del sistema musical, el que procede por semitonos.

    Acorde:  (Este término es latino; deriva de  accordāre, de cor, cordis, corazón, y significa estar de acuerdo ).Conjunto de tres o más sonidos diferentes combinados armónicamente.

    Desde luego, al ciudadanos griego le gustaba la música.

    Las referencias a la música son muy frecuentes en la  literatura (sobre todo en los poetas), en el  arte, en la arqueología, en obras cuyo asunto central es precisamente la música , e incluso algún documento similar a nuestras partituras. Y sin embargo el desconocimiento es enorme y la atención de los historiadores escasa. Naturalmente, los antiguos no pudieron grabar sus sonidos y la palabra escrita no es un testimonio suficiente.

    Nota: La palabra “ópera”  designa a la manifestación o espectáculo artístico más integrador existente, formado por  teatro, música, danza, plástica. La palabra deriva de la italiana “opera” y ésta de la latina “opera”, plural de “opus,-eris”, que significa obra, trabajo. Así que la “opera” designa al trabajo musical por excelencia. Su origen está en el Renacimiento que intenta recuperar el teatro y música de los antiguos. Monteverdi llama a su famoso L’Orfeo, publicado en Venecia en 1609 “Fabula in música”.

    El singular latino de “opera” es “opus”, que significa “obra, trabajo”. En música se utiliza el término para ordenar, indexar, citar las diversas obras musicales de los catálogos de los diversos autores. El término se empezó a utilizar en el siglo XVII.
     


     

  • Perseo y Andrómeda

    El mito de Perseo y Andrómeda es uno de los más conocidos y de más larga pervivencia; en realidad, vestido con otro ropaje, llega hasta nuestros días.

    En torno al héroe Perseo se articulan varios mitos y elementos, algunos muy antiguos que se remontan a la Prehistoria, a la época de los cazadores paleolíticos, y otros más recientes del Neolítico y de las primeras monarquías. Si su origen es muy antiguo, su pervivencia llega hasta nuestros días,  en algunos mitos como por ejemplo el famoso de “San Jorge  y el dragón”  y otros  germanos y sajones (Beowulf, Sigfrido…). En él se acumulan muchos de los elementos  frecuentes en mitos y cuentos populares de monstruos, princesas cautivas y héroes salvadores.

    Resumimos brevemente el mito primero, luego proponemos una lectura del mito rehecho fundamentalmente sobre la versión de Ovidio en su Metamorfosis y finalmente haré algunas anotaciones, que más que ofrecer una explicación del relato, lo que hacen es entreabrir las puertas a la complejidad polivalente que todo mito encierra.

    Resumen: se vaticina a un rey que será precisamente su descendiente quien acabe con su vida; para impedirlo encierra en una cámara a su hija, que a pesar de ello concibe  un hijo de un dios;  madre e hijo son arrojados a las aguas, pero sobreviven y son criados por su salvador en otro país; una vez adulto el héroe ha de cumplir un trabajo o empresa imposible para evitar el capricho deseo del rey del lugar que desea apoderarse de su madre; consigue con la ayuda de otros dioses cumplir la tarea; en el viaje de regreso libera a una doncella, hija del rey de Etiopía,  que un monstruo marino tiene encadenada y acaba  así con  la amenaza y desolación permanente que el  monstruo ocasiona al país de la doncella; en recompensa recibe la mano de la princesa; luego participando en unos juegos atléticos lanza el disco que golpea mortalmente a su abuelo, cumpliéndose así la ineludible profecía inicial.

    Relato mítico:

    Acrisio, rey de la poderosa ciudad de Argos, en la antigua Grecia, deseaba ardientemente tener descendencia y preguntó al oráculo, que  anuncia el futuro,  cómo podría tener hijos. Pero el dios del oráculo, el apuesto y resplandeciente Apolo, le respondió enigmático:

    Tu hija Dánae te dará un nieto, fuerte y valeroso, que será el causante de tu propia muerte.

    Asustado Acrisio construyó una cámara subterránea de bronce en la que encerró a su hija Dánae, pretendiendo  impedir el cumplimiento del terrible anuncio.

    Pero de nada sirven las medidas y cautelas de los hombres que se oponen al designio de los dioses. Dánae fue fecundada por el propio Zeus o Júpiter, padre de los dioses, transformado en lluvia de oro y dio a luz un hermoso niño. La lluvia del metal que  compra los corazones y abre todas las puertas, penetró también por las rendijas de la cámara de bronce, aparentemente inaccesible, y el seductor dios todopoderoso, infiel una vez más a su esposa, la diosa Juno, procreó en la muchacha  argiva al héroe Perseo, pues tal categoría de héroe tienen los descendientes de dioses y mortales.

    Nacido en el secreto de la cámara subterránea, el niño creció sano y robusto durante algunos meses sin que su abuelo se percatase de su existencia. Un día, el niño juguetón profirió un grito que Acrisio oyó desconcertado. Pero pronto, sabedor de lo ocurrido y consciente del futuro peligro, no quiso admitir la intervención divina del seductor Zeus, encerró en un cofre de madera a su hija Dánae y a su nieto Perseo y los arrojó al mar. El cofre, zarandeado por las olas, fue a parar a la isla de Sérifos. El pescador Díctis, hermano de Polidectes, el rey de la isla,  acogió en su casa a los pobres náufragos. Dictis educó como a  un hijo a Perseo, que se convirtió en un hermoso adolescente de extraordinario valor.

    Mientras tanto el rey Polidectes se había enamorado ardientemente de la hermosa Dánae, pero el joven Perseo, protector de su madre, le impedía satisfacer su loca pasión. Cierto día el rey celebró un banquete e invitó a la mesa a sus nobles amigos y al propio Perseo. Preguntados por el rey sobre qué regalo pensaban ofrecerle los comensales, todos opinaron que el obsequio más adecuado para un rey era un caballo, pero el joven Perseo, ufano y atrevido, contestó fanfarrón:

    –  No es obsequio cualquiera un veloz y ágil caballo, pero yo traería a mi soberano  la cabeza de la mismísima  Gorgona si preciso fuera.

    Al día siguiente todos los nobles príncipes llevaron al rey el caballo prometido mientras el imprudente Perseo acudió con las manos vacías. Irritado Polidectes le ordenó que marchase inmediatamente en busca de la cabeza de la Gorgona y añadió

    De lo contrario, si vuelves sin la cabeza del terrible monstruo, me apoderaré de tu madre Dánae por la fuerza.

    La empresa era muy difícil, más bien imposible de realizar, incluso para un héroe como Perseo. Pero los dioses Hermes y Atenea, solícitos con el retoño de Zeus y por lo tanto hermano suyo de padre, acudieron en su ayuda y le indicaron la forma de conseguir su propósito.

    Por consejo de los dioses Perseo fue en busca de las tres Grayas (Enio, Pefredo y Dino)  hijas del dios marino Forcis que nacieron ya “viejas” y nunca fueron jóvenes y vivían en el país de la noche, donde nunca alumbra el sol . Tenían las Fórcides un solo ojo y un solo diente para las tres que utilizaban por turno, que Perseo les robó con habilidad y se negó a devolverles hasta que no le mostrasen el camino que le conduciría hasta el palacio de las “Ninfas”, poseedoras de objetos mágicos que le serían muy útiles  y que le revelarían el procedimiento para acabar con la terrible Gorgona.

    Recibió el héroe Perseo de las ninfas sus sandalias aladas y una alforja o zurrón, así como el casco de Hades que hacía invisible a quien lo llevaba protegiendo su cabeza. Hermes le proporcionó también una hoz de pedernal dura y cortante.

    Equipado de esta manera, acudió Perseo volando a la mansión de las tres Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa), junto al azulado Océano, en la costa atlántica de España. Eran éstas monstruos terribles de ojos brillantes, con serpientes rodeando su cabeza, con colmillos enormes similares a los de jabalí, con una lengua enorme  que salía de sus bocas y duras escamas de dragón protegiendo su cuello. Sus manos eran de bronce brillante y tenían alas de oro  que les permitían volar de un lado para otro. Su sola mirada convertía en piedra a quienes osaban mirarlas de frente. De las tres hermanas sólo Medusa era mortal.

    Parecía la empresa imposible si Perseo no hubiera contado con la ayuda divina. Se aproximó sigiloso siempre de espaldas y volando con sus aladas sandalias y las encontró profundamente dormidas y confiadas. Atenea acudió en ayuda del héroe y sostuvo en la posición adecuada su escudo de bruñido bronce en el que Perseo vio reflejado el rostro de Medusa como en un espejo, evitando así la mirada directa que le hubiera petrificado  y con certero tajo cercenó su cabeza con la cortante hoz de pedernal. De su cuello herido surgieron al instante Pegaso, el caballo alado, y el gigante Crisaor, “el de la espada de oro”, hijos ambos de la cópula con el dios Posidón cuando Gorgona era hermosa en un templo de Atenea. La profanación del templo sagrado fue  castigada con su terrible apariencia.

    Recogió veloz Perseo la cabeza de la Gorgona Medusa  y la introdujo en la alforja, evitando en todo momento cruzar su mirada con la del monstruo decapitado y emprendió el regreso, protegido por el casco de Hades que le hacía invisible para las dos hermanas que furiosas le buscaban.

    Emprendió Perseo rápidamente el largo camino de  vuelta, que le llevó primero al país donde reinaba Atlas, en el extremo Occidente, en donde se encontraba el huerto de las manzanas de oro, las manzanas de las Hespérides , las Occidentales. El gigante Atlas se enfrentó a  Perseo temiendo que  se llevase las manzanas de oro e intentó expulsarle. Perseo extrajo del saco la cabeza de Medusa que aun después de muerta conservaba su poder petrificador y vuelto de espaldas la muestra a Atlas, que al momento quedó convertido en la cordillera montañosa del Atlas, en el noroeste de Africa. Esta montaña sostiene desde entonces el cielo con sus astros.

    En su camino de vuelta,  mientras surcaba el denso aire, al pasar por la tórrida Etiopia, advertido por desgarradores gritos que pedían auxilio, divisó desde lo alto a una hermosa joven de rubia cabellera atada a una roca junto a la costa, expuesta a los peligros del profundo y violento mar. Sensible el héroe a los encantos de la bella joven, giró el rumbo de su viaje y se acercó con decisión, impelido por la pasión que surgía en su corazón.

    ¿Cuál es tu nombre, hermosa muchacha con el que tus padres y vecinos te reconocen entre todas? ¿Quién  ha atado con tanta crueldad y dureza tus frágiles brazos a esa roca desnuda y te expone a los peligros de los monstruos que habitan el profundo mar? ¿Qué motivo puede existir para castigo tan desmesurado, olvidando tu belleza y juventud? –

    preguntó ansioso Perseo y escuchó impaciente una voz quejumbrosa y apenada  que le decía:

    Soy Andrómeda, hija de Cefeo y Casiopea, reyes de este ardiente país que se llama Etiopia. Te ruego que no aumentes mi dolor y sufrimiento con tanta pregunta inútil. Sólo te diré que pago, por castigo de los dioses, una culpa que no es mia.

    Suspiró el cercano Cefeo, a quien, aun conservando su apostura real,  se le humedecieron los ojos de tristeza, abrazado a su hermosa esposa Casiopea, cuya extraordinaria belleza fue la causa de tantas desgracias.

    En efecto, la imprudente y vanidosa  reina Casiopea, orgullosa  de su belleza , se jactó de  superar en hermosura ella misma y su hija a todas las Nereidas, las cincuenta hijas de Nereo, nietas del Océano, todas bellísimas, que habitan en el fondo del mar y se divierten nadando entre las olas con sus cabellos al viento. Pretendió en su locura ser más hermosa que Tetis, la madre de Aquiles, o Anfitrite la esposa de Posidón o la gentil Galatea. Celosas las Nereidas , pidieron a Posidón, dios de los mares, que recorre los océanos agitando las aguas con su carro, que vengase tal insulto y tan orgullosa pretensión.

    Y el dios envió a un terrible monstruo marino, un cetáceo de enormes dimensiones:

    Ve, Cetáceo,  al país de Casiopea, devasta sus tierras, inunda su costa y  mata a sus gentes y su ganado.

    Así lo hizo el monstruo una y otra vez. El pueblo, asustado, pedía al rey que les salvara. Cefeo consultó el oráculo y éste le comunicó:

    Rey desgraciado, sólo hay una posible salvación. Debes ofrecer a tu hija Andrómeda en sacrificio como víctima propiciatoria. Deberá ser encadenada junto al mar y esperar la llegada del monstruo terrible para devorarla.

    Conocedor Perseo de lo sucedido e inflamado de amor su corazón, propuso a Cefeo:

    Desgraciado, yo libertaré a tu hija Andrómeda y la salvaré del monstruo que ya se divisa a lo lejos si me concedes que sea mi esposa.

    Accedió Cefeo de inmediato y Perseo se dispuso presto a la lucha. Apareció a lo lejos el monstruo Cetáceo, irguiendo su cabeza entre las olas y nadaba ya veloz hacia la costa. Se elevó Perseo ágilmente  con sus aladas sandalias para proyectarse sobre él y clavar una y otra vez su espada mortífera  en el lomo escamoso. La sangre tiño las aguas de rojo. Con rápido movimiento ascendente esquivo el ataque del fiero dragón y cayó de nuevo para hundir profundamente la espada en su corazón. Herido mortalmente, el monstruo Cetáceo se hundió para siempre en las profundidades marinas, quedando libres Andrómeda y su país de la anunciada destrucción.

    Cefeo, en cumplimiento de lo pactado, entregó  su hija al héroe Perseo. Pero la dulce Andrómeda estaba destinada con anterioridad a casarse con su tío Fineo, que no aceptó la boda y se enfrentó con furia al héroe. Perseo se defendió con valentía y ante el elevado número de enemigos que le atacaban extrajo de su saco la cabeza de la terrible Medusa e inmediatamente quedaron transformados en piedra quienes incautamente la miraron.

    Perseo se dirigió con su esposa Andrómeda a Sérifos, para encontrarse con Dánae, su madre. Polidectes, incapaz de reprimir sus deseos, quiso apoderarse por la fuerza finalmente de Dánae, que se vio obligada a refugiarse junto al altar inviolable. Perseo se vengó de Polidectes y sus amigos, a quienes la visión de Medusa convirtió también en estatuas de piedra.

    Entregó el reino de Sérifos a su padre adoptivo Dictis, devolvió las sandalias aladas a Hermes, y el saco y el casco de Hades que le hacía invisible, a las Ninfas. La diosa Atenea, que generalmente está armada de pies a cabeza, colocó por su parte la cabeza de Medusa en el centro de su égida o escudo, costumbre que por cierto han imitado desde entonces los valerosos soldados a fin de petrificar a quienes se enfrentan en la lucha.

    Marchó después Perseo junto con Andrómeda a Argos su patria para reencontrarse con su abuelo Acrisio, que temiendo el cumplimiento del oráculo que anunció su muerte a manos de su nieto había huido al país vecino de los pelasgos. Su rey había organizado unos juegos fúnebres en honor de su padre difunto.

    El joven héroe Perseo por su parte acudió para participar en los juegos buscando el honor de la victoria. Cuando llegó su turno tensó sus músculos, fuertes y flexibles, giró veloz sobre sí mismo y proyecto con fuerza el disco a lo lejos, con tan mala fortuna que golpeó a su abuelo Acrisio, sentado entre los espectadores de los juegos, provocándole su muerte y cumpliéndose así el indefectible oráculo al que nadie puede sustraerse.

    Rindió honores a su abuelo, pero no queriendo volver a Argos cambió su trono por el de Tirinto, donde reinaba su primo Megapentes. Perseo, que todavía vivió largos años en compañía de Andrómeda,  fundó y fortificó la ciudad de Micenas, cuyas murallas construyeron los Cíclopes con grandes piedras. Su primer hijo, Perse dio origen al pueblo de los Persas.

    Por lo extraordinario de su nacimiento y por su gloriosas hazañas Perseo fue elevado al firmamento por la diosa Atenea y allí sigue aún, sosteniendo en su mano la cabeza monstruosa de Medusa, que petrifica a quien la mira, con su ojo, la estrella Algol,  parpadeante,  luciendo intermitentemente. Junto a él Atenea honró también a la dulce Andrómeda con un lugar entre las estrellas.

    Cetáceo, el monstruo marino, se encuentra también allí, esperando y  persiguiendo eternamente a Andromeda, a quien protege Perseo. 

    Posidón quiso también honrar a Cefeo y a su imprudente esposa Casiopea, a la vista de los mortales, que han de tomar buena cuenta de las consecuencias de los comportamientos inadecuados.

    Algunas notas explicativas o meramente sugerentes:

    Algunos de los elementos  se remontarían a la época de los cazadores paleolíticos  y la cultura del tótem, como el yelmo de Hades que hace invisible, como corresponde al reino de los muertos, al reino de las sombras;  ninfas que enseñan el camino, monstruos a la entrada del infierno, instrumentos mágicos, etc.

    Otros como el monstruo que asola las tierras y cosechas de Etiopía corresponderían a la época de la agricultura.

    A la época heroica de las familias guerreras corresponderían elementos tales como la princesa encerrada, el hijo criado a escondidas, la cuestión sucesoria, etc.

    Son elementos típicos de estos relatos  el asunto del  héroe que debe realizar una gran empresa o empresa difícil: frecuentemente el viaje a un lugar que desconoce (generalmente el viaje hacia el otro mundo); los  intermediarios que le ayudan con instrumentos mágicos para llevar a cabo su empresa (el yelmo de Hades dios del infierno que hace invisible, el saco, el escudo, la segur que le proporcionan las ninfas), la ayuda de alguien que  enseña el camino  (las Grayas), seres monstruosos (en este caso con un ojo y un diente y de aspecto feroz)  protegiendo e impidiendo el acceso al mundo de los muertos.

    Al asunto anterior se añade otro relato mítico en forma de  segunda parte, cuyo  asunto es la liberación de la princesa y el enamoramiento de la muchacha o hija del rey y el matrimonio con ella como premio, previa  liberación al país de las fauces del monstruo (marino en este caso y por tanto también conectado con el ultramundo). Este tema de la liberación de la princesa es de origen oriental; en Grecia no aparece hasta els.VI a.C.

    Generalmente el héroe al casarse ocupa del trono del padre de su esposa (el trono se transmite por línea materna); a veces como en este mito vuelve a hacerse cargo del trono de su patria con su nueva esposa. En todo caso se plantea así y se soluciona la sustitución del rey anciano que ha perdido sus poderes (mágicos).

    Que la muerte del rey se anuncie con un oráculo refleja una etapa posterior a aquella en la que la muerte del rey anciano era un hecho preestablecido, pero ahora cuando el poder pasa de padre a hijo, su muerte resulta antinatural…

    El tema del rapto por un monstruo  se halla en un principio estrechamente ligado a la caza como base económica fundamental, de la que nace este motivo: el raptor se lleva a la raptada. Aquí en cambio le es entregada. Las formas de esta entrega corresponden al rito de la presentación de las doncellas a los demonios del agua y a los dioses, con la finalidad de influir en la fertilización del país.

    El dragón, el monstruo marino, animales fabulosos y fantásticos  (dragón o serpiente, esfinge egipcia, centauros, etc.) representan  un fenómeno más reciente; estos animales fantásticos son producto de una cultura tardía e incluso urbana, cuando ya el hombre había empezado a perder su vinculación íntima y orgánica con los animales, aunque ya antes se pueden encontrar  formas embrionarias de animales compuestos.

    La serpiente, el dragón, aparece poco más o menos junto con los dioses antropomorfos. El antepasado totémico de tipo animal no es un dios en el sentido en que lo es el antropomorfo Zeus o el amorfo Espíritu Santo. La divinidad se desarrolla a partir del animal.

    Con la aparición de la agricultura y de las ciudades el variopinto mundo animal de origen totémico comienza a perder su realidad. Se verifica un proceso de antropomorfización. Las cosas van cambiando con el paso a la agricultura regular, a la cría de ganado y a la formación del Estado primitivo. Los dioses antropomorfos se crean en esta fase. Para el agricultor es importante que sus dioses rijan las aguas y sus dioses tienen aspecto humano.

    Los  animales van adquiriendo  cuerpo de  hombre; en algunos casos lo último en desaparecer es el morro del animal (Anubis con cabeza de lobo, Orus de halcón…). También  las almas de los difuntos se representan como pájaros con  cabeza humana.

    El proceso de antropomorfización está ya casi realizado en la figura de ciertos héroes como Hermes o Mercurio, que mantiene  unas pequeñas  alas en los pies  hasta que por último el animal se transforma en atributo del dios: así Zeus es representado con un águila.

    Los sacrificios humanos, muy antiguos,(tema relacionado con el del tributo de carne humana)  subsistieron incluso en época clásica griega y romana, aunque los sacrificados sean ahora  los prisioneros de guerra.

    Pero los sacrificios humanos entran  en conflicto con las formas de la agricultura  y con las formas de vida social que se han desarrollado y de relaciones familiares correspondientes a ellas. Chocan también  con las formas de la religión que ya ha comenzado a crear los dioses.

    Por otra parte, con la aparición de la propiedad de la tierra nace una nueva forma de relaciones familiares. El amor de los padres no admite el sacrificio de un hijo y para evitarlo  aparece el héroe forastero que libera a la doncella.  (Perseo, Andrómeda).

    La interpretación alegórica más elemental del episodio de  Zeus fertilizando a Danae consiste en identificar a Júpiter con la lluvia y  Dánae, encerrada en el subsuelo,  es la tierra fertilizada.  Los etnólogos Frazer y Sternberg demostraron hace tiempo  que las relaciones sexuales entre un ser humano y una divinidad servían para aumentar el rendimiento de la tierra.

    Con frecuencia se simboliza con este mito también el poder omnipotente del dinero, que abre las puertas más férreamente cerradas, haciendo del mito una lectura moralizante.

    Se han hecho lecturas del mito más complejas, como la psicológica, siguiendo a Jung, en la que el caballero lucharía consigo mismo para rescatar su lado inconsciente femenino.

     El dragón puede significar también el espacio de naturaleza salvaje y agreste frente al espacio civilizado de la ciudad. A veces el dragón es sometido y conducido como una animal doméstico e integrado en el orden urbano, como ocurre con  santa Marta, que con agua bendita dominó  al dragón Tarasca y lo condujo a la ciudad atado con su propio cinturón (nos lo cuenta Jacobo de la Vorágine en su Legenda aurea (Leyenda dorada).

    Por lo demás,  Andrómeda, conocida también como la doncella encadenada, fue una de las más antiguas constelaciones, que probablemente recibió el nombre en la región de Mesopotamia. Está rodeada al norte por Casiopea y Perseo; al este por Perseo, al sur por los Peces y el Triángulo y al oeste por Lacerta y Pegasus, como señal y guía para los marineros con sus blancos brazos extendidos en el firmamento.

    El ojo de la cabeza de Medusa es Algol, el demonio en árabe, que brilla intermitentemente al ser oscurecida por otra estrella próxima.

    Cetus, Cetáceo , es también en la antigua Mesopotamia el dragón cósmico Tiamat que se enfrenta al héroe.

    Cefeo, el rey, es también una de las más viejas constelaciones. Los chinos   lo ven como el famoso cochero  aproximadamente en el año 950 a.C. Los nómadas árabes lo ven como un pastor con su perro y ganado.

    Casiopea es conocida también como la “W”  o “M”  celestes. Otra versión cuenta que fue encadenada al trono por su vanidad y colocada hacia la estrella polar, aunque  a veces queda colgada al revés, en una posición poco digna como advertencia para todos.  Curiosamente los romanos la conocían como “la mujer del Carro” y los árabes como “mujer en el carro”. 

    Pegaso, el caballo alado, fue elevado por Atenea   como una constelación.  Pegaso interviene en varios mitos, en el de Perseo y sobre todo en el de Belerofonte. En el mito de Perseo o bien nace del cuello seccionado de Gorgona o de la tierra fecundada por la sangre de Gorgona al caer de la cabeza que Perseo transportaba en su alforja después de darle muerte.

    Respecto de Belerofonte, Atenea condujo al caballo por la brida hasta Belerofonte. Gracias a este caballo Belerofonte pudo matar a la Quimera (monstruo con parte de león y parte de cabra que despide llamas por la boca) y vencer a las Amazonas (pueblo de mujeres que descienden de Ares, dios de la guerra y de Harmonía; (α-μαζών, a-mazon = la que no tiene seno).

    Tras la muerte de Belerofonte, Pegaso volvió al Olimpo, la morada de los dioses. Cuando el concurso de canto que enfrentó a las hijas de Piero (Piérides) con las Musas, en el monte  Helicón, éste, contento, fue hinchándose hasta amenazar llegar al cielo. Por orden de Posidón Pegaso golpeó la montaña con uno de sus cascos para ordenarle que volviera a sus dimensiones ordinarias. El Helicón obedeció, pero en el lugar en que Pegaso le había dado el golpe brotó una fuente, Hipocrene, o Fuente del Caballo, que es la fuente de toda inspiración poética.

    Atlas es el gigante mítico, convertido en la cordillera del Atlas que sostiene el firmamento. Se le suele representar con su figura humano-divina, sosteniendo el cielo sobre sus hombros. Por eso llamamos “atlas” a los mapas celestes y por extensión a los terrestres y demás gráficos.

    El oráculo es la contestación que las pitonisas y sacerdotes  pronunciaban como dada por el dios Apolo a las consultas que  se le hacían.  Los oráculos son ineludibles, siempre se cumplen, pero frecuentemente el hombre trata de evitar su realización, en un intento humano irracional o absurdo, porque, como plantea Ruiz Elvira, o los oráculos son verídicos y entonces no se pueden evitar o no lo son y entonces no deben merecer crédito y no hay que hacer nada para evitarlos. Pero la irracionalidad de intentar evitarlos es muy humana, y el hombre desconfiando de la lógica se somete ciegamente al deseo y a la voluntad de que no ocurra lo anunciado como si la sola voluntad pudiese más que el destino, es decir a la esperanza que le hace actuar. (es decir, nos queda un importante componente irracional…)

    Como curiosidad citaremos también a las Perseidas o lluvia de estrellas Como cada año en agosto, llega la lluvia de meteoros denominada las Perseidas. En esta ocasión, el espectáculo parece asegurado. Las Perseidas tiene su origen en el cometa Swift-Tuttle cuya cola corta la órbita de la Tierra. Son los resto de la cola los que, al entrar en la atmósfera terrestre,  producen este interesante fenómeno. Las predicciones indican que se verán uno o dos meteoros por minuto en el máximo. Por supuesto, los fragmentos son de pequeño tamaño y masa, y no representan ningún peligro.

    Muchos elementos de este mito o mitos tienen sin duda su origen en Mesopotamia. Es evidente el parecido con la monstruosa Tiamat, con la que lucha Marduk.

    En la mitología griega hay otros seres también monstruosos, como Tifón, pero esta leyenda de Perseo y Andrómeda ha tenido una enorme presencia en todos los siglos y tiempos en el interés de los ciudadanos, en la literatura y en el arte.

    Así en época romana Flavio Josefo, Plinio, Estrabón, San Jerónimo localizan el salvamento de Andrómeda en Jaffa (Iope) en Palestina.

    Plinio nos dice que Marco Escauro en el año 58 a.C. trajo a Roma los huesos de la fiera que iba a devorar a Andrómeda y que su tamaño era de unos 13 metros, con costillas mayores que colmillos de elefantes y columna vertebral de 45 centímetros de grosor. No es difícil ver en estos huesos elementos fósiles de seres realmente existentes, como dinosaurios o elefantes antiguos, que alimentaban la credulidad o imaginación de los antiguos. Naturalmente, siguen apareciendo restos fósiles de reptiles gigantescos, como el del pliosaurio que medía quince metros y pesaba 45 toneladas.

     La leyenda tiene su prolongación hagiográfica en la de San Jorge y el dragón, aunque son muchos los desconocedores del mito de Andrómeda y no identifican su origen y relación. Jacobo de la Vorágine en el siglo XIII nos ofrece en su  “Legenda Sanctorum” (Lecturas sobre santos)  que pasará a ser conocida como “Legenda aurea” (Leyenda dorada) la versión más exacta, que tuvo un enorme éxito en el ambiente caballeresco de la Edad Media. San Jorge es el paradigma del caballero medieval que lucha o defiende a una doncella.

    Su éxito y popularidad explica su importancia y presencia en todas las artes hasta el día de hoy, incluido naturalmente el cine.

  • Democracia es igualdad

    En la antigua Grecia, los Atenienses tenían cierto complejo de superioridad respecto de los restantes helenos o griegos. Se sentían orgullosos de su ciudad, de su Acrópolis (de ἄκρος, extremo, alto y πόλις, ciudad), = ciudad elevada, la ciudad alta, la ciudadela, la fortaleza en la que se encontraba el templo grandioso de su diosa Atenea, su epónima,la que le da nombre, la virgen (le llaman Παρθένος Ἀθηνᾶ, Atenea parthenos; parthenos significa “virgen”); sobre todo se sentían orgullosos de su “democracia” (de δῆμος , demos que significa «pueblo» y κράτος (krátos, que significa «poder o gobierno”).

    Después de la etapa antigua monárquica, que se refleja en la Iliada,  y de la aristocrática, también reflejada en Homero,  implantaron un sistema de gobierno en el que todos los ciudadanos (los que lo son) forman parte de la asamblea y tienen acceso por sorteo o por elección a los cargos políticos. Por radicar el poder en la asamblea del pueblo (demos) le llamaron democracia.

    Se trata de una democracia directa, porque son pocos los ciudadanos: apenas treinta mil ciudadanos tienen derecho a voto y de ellos suelen participar cinco o seis mil. La democracia griega fue la primera en la Historia y a los atenienses les corresponde el mérito de su creación. Pero la democracia ateniense tiene muchas limitaciones para ser perfecta. En otra ocasión lo comentaré con más profundidad.

    Curiosamente, los atenienses se sienten orgullosos de su democracia, pero la mayor parte de los textos conservador se manifiestan críticos y en contra y suelen mantener una postura más elitista y aristocrática. Así por ejemplo Platón, que defiende un gobierno o constitución oligárquico. Platón en realidad sería en terminología actual un conservador extremo, que no sólo no cuestiona la sociedad esclavista, sino que propone una constitución para la polis en la que hay tres clases de ciudadanos prácticamente impermeables entre sí, los gobernantes o filósofos, los guerreros y los tra bajadores.

    Uno de los problemas que suelen presentar algunos críticos antiguos es el de la insuficiente preparación técnica y cultural del pueblo para decidir sobre complejas cuestiones de gobierno y el de la facilidad con la que el “pueblo” se deja arrastras por “demagogos” desaprensivos.

    Esta cuestión se sigue planteando de manera similar en las democracias modernas por personas que no aceptan la igualdad radical de las personas. Bastaría reflexionar  sobre la disparidad de opiniones entre las personas teóricamente bien formadas intelectualmente para poder afirmar que poco deben tener que ver los “estudios superiores” con una determinada opción ideológica o política.

    Pues bien, la cuestión la plantea claramente Platón en su diálogo “Protágoras”  y la resuelve con el relato de un mito, técnica con la que aborda la explicación de cuestiones importantes. Yo me permito reproducir el planteamiento y solución de Platón utilizando la traducción española que Francisco de P. Samaranch hizo para la editorial Aguilar en la edición de las obas completas del filósofo griego. Tal vez así algún lector elitista y aristocrático entienda también por qué todas las personas han de ser iguales ante la ley (isonomía) e iguales para desempeñar cargos políticos (isegoría).ç

    El planteamiento de la cuestión y el relato del mito ocupa Protágoras, 319a –328c. Entre otros interlocutores dialogan  Sócrates y Protágoras. Sócrates afirma que la “política” o la “virtud de la política” no la puede enseñar un hombre a otro. Plantea Sócrates que cuando se reúne la “asamblea” de los atenienses escuchan a los técnicos en las diversas materias de las que se trata, pero en cambio cuando se trata de asuntos políticos:

    Si, en cambio, se trata de los intereses generales de la ciudad, vemos que se levantan indistintamente para tomar la palabra arquitectos, herreros, curtidores, comerciantes y marinos, ricos y pobres, nobles y gentes del vulgo, y nadie les echa en cara, como en el caso anterior, que se presen tan allí sin estudios previos, sin nunca haber tenido maestros, a dar algún consejo: prueba evidente de que nadie considera que esta sea materia de enseñanza.
           ……….
    los ciudadanos más sabios y mejores son incapaces de transmitir a otros la virtud que ellos mismos poseen.
          ………….

    Protágoras disiente, naturalmente:

    No te la negaré, Sócrates; pero ¿quéréis que os la presente yo, un viejo hablando a jóvenes, bajo la forma de un mito o en forma de un razonamiento explicativo?
    Muchos oyentes le dijeron que lo  hiciera como quisiera.

    Protágoras empleará un mito:

    -Pues bien-dijo–: me parece que un mito será más agradable.

    Era en aquel tiempo en que los dioses ya existían, pero en que no existían aún los linajes mortales. Cuando llegó el momento que había determinado el Destino para el nacimiento de estos, los dioses los modelaron en las entrañas de la tierra con una mezcla de tierra, fuego y las demás sustancias que se pueden combinar con el fuego y la tierra. En el momento de sacar los a la luz, los dioses mandaron a Prometeo y a Epimeteo que distribuyeran de manera conveniente entre ellos todas las cualidades que ellos tenían que poseer. Epimeteo rogó a Prometeo le dejara a él el cuidado de hacer por sí mismo la distribución: «Cuando esta esté lista-dijo–, tú inspeccionarás mi obra.» Concedido el permiso, él se puso manos a la tarea.

    En esta distribución, dio a los unos la fuerza, sin la rapidez; a los más débiles, les asignó la cualidad de la rapidez; a los unos les concedió armas, y a los que por naturaleza estaban inermes, inventó alguna otra cualidad que pudiera garantizar su salvación. A los que les daba un tamaño muy pequeño, les concedía la capacidad de huida volando o bien el vivir bajo tierra. A los que tenían un tamaño muy grande, los salvaba mediante el mismo tamaño. En una palabra: mantuvo un equilibrio entre todas las cualidades. Y en esta diversidad de inventos, se preocupaba él de que ninguna raza pudiera desaparecer.

    Luego de haber pertrechado a todos de manera suficiente contra las destrucciones mutuas, se ocupó de darles defensas contra las inclemencias que proceden de Zeus, revistiéndolos de pelos espesos y pieles gruesas, que sirvieran de abrigo contra el frío, así como también contra el calor, y, además, para cuando fueran a dormir, de cubiertas naturales y adecuadas a cada viviente. A los unos les calzó cascos o pezuñas; a los otros, de cueros duros y carentes de sangre. Luego se preocupó de dar a cada uno un alimento distinto: a los unos, las hierbas de la tierra; a los otros, los frutos de los árboles; a los otros, sus raíces; a algunos les asignó como alimento la carne de los otros. A esos les dio una posteridad poco numerosa, y a sus víctimas les tocó en herencia la  fecundidad, salvación de su especie.

    Ahora bien: Epimeteo, cuya sabiduría era imperfecta, había ya gastado, sin darse cuenta de ello, todas las facultades en favor de los animales, y le quedaba aún por proveer de las suyas a la especie humana, con la que, falto de recursos, no sabía qué hacer. Estando en este embrollo, llega Prometeo para inspeccionar el trabajo. Ve todas las demás razas armoniosamente equipadas para vivir, y al hombre, en cambio, desnudo, sin calzado, sin abrigos, sin armas. Y había llegado el día señalado por el Destino para que el hombre saliera de la tierra a la luz.

    Prometeo, ante esta dificultad, no sabiendo qué medio de salvación encontrar para el hombre, se decidió a robar la sabiduría artística de Hefesto y Atenea y, al mismo tiempo, el fuego -ya que sin el fuego era imposible que esta sabiduría fuera adquirida por  nadie o que prestara ningún servicio- y luego, hecho esto, hizo donación de ello al hombre.  

    De esta manera el hombre recibió en posesión las artes útiles a la vida, pero se le escapó  la política; esta, en efecto, se encontraba en  Zeus; ahora bien: Prometeo no tenía ya tiempo de entrar en la Acrópolis, la mansión de Zeus; además, a las puertas de la misma había centinelas muy temibles. Pero sí pudo entrar, sin ser visto, en el taller en que Hefesto y Atenea practicaban juntos las artes de su afición, de forma que habiendo robado a la vez las artes del fuego que corresponden a Hefesto y las demás artes que son patrimonio de Atenea, pudo darlas a los hombres. Por esta razón el hombre está en posesión de todos los recursos necesarios para la vida, y también por este motivo se dice que Prometeo fue luego acusado de robo.

    El hombre, al participar de las cualidades divinas, fue primeramente el único animal que honró a los dioses, y se dedicó a construir altares e imágenes de deidades: tuvo, además, el arte de emitir sonidos y palabras articuladas, inventó las habitaciones, los vestidos, el calzado, los medíos de abrigo y los alimentos que nacen de la tierra. Pertrechados de esta manera para la vida, los seres humanos vivieron primero dispersos, sin que existiera ninguna ciudad; así, pues, eran destruidos por los animales, que siempre y en todas partes eran más fuertes que ellos, y su ingenio, suficiente para alimentarlos, seguía siendo impotente para la guerra contra los anímales; la causa de esto estaba en que no poseían el arte de la política, del que el arte de la guerra es una parte. Buscaban, pues, la manera de reunirse y de fundar sus ciudades para defenderse. Pero, una vez reunidos, se herían mutuamente, por carecer del arte de la política, de forma que comenzaban de nuevo a dispersarse y a morir.

    Entonces Zeus, preocupado al ver que nuestra especie amenazaba con desaparecer, mandó a Hermes que trajera a los hombres el pudor y la justicia, para que en las ciudades hubiera armonía y lazos creadores de amistad.

    Hermes, pues, preguntó a Zeus de qué manera debía dar a los humanos el pudor y la justicia: «¿He de distribuirlas como las demás artes? Estas se hallan distribuidas de la siguiente forma: un solo médico es suficiente para muchos profanos, y lo mismo ocurre con los demás artesanos. ¿Es esta la manera en que he de implantar la justicia y el pudor entre los humanos o he de distribuirlos entre todos?» «Entre todos-dijo Zeus-, que cada uno tenga su parte en estas virtudes; ya que si solamente las tuvieran algunos, las ciudades no podrían subsistir, pues aquí no ocurre  como en las demás artes; además, establecerás, en mi nombre esta ley, a saber: que todo hombre incapaz de tener parte en la justicia y el pudor debe ser condenado a muerte, como una plaga de la ciudad”

    Por este motivo, Sócrates, los atenienses,  así como los demás pueblos, cuando se trata  de valorar el mérito en arquitectura o en cualquier otro oficio, solo a unos pocos hombres  les conceden el derecho de formular una opinión y no toleran, como bien dices, ningún consejo de parte de los que no pertenecen a esta minoría; y repito que esto es muy lógico; por el contrario, cuando se trata de aconsejarse sobre una cuestión de virtud política, consejo este que abarca todo el campo de la justicia y el pudor, es lógico que dejen hablar a cualquiera, por estar convencidos de que todos deben tener parte en dicha virtud a fin  de que sea posible la existencia de las ciudades.  Ahí tienes, Sócrates, la causa de este hecho.
      ………….
    Esto es lo que tenía que decir yo sobre  este punto, a saber: que si los atenienses admiten, en cuestiones de justicia, los consejos del primero que se presenta, se debe a la convicción de que todos los hombres tienen parte en la justicia.

    Que, por otra parte, según su forma de sentir, la justicia no es fruto ni de la naturaleza ni de la casualidad, antes bien se enseña, y que los que la poseen deben esto a su aplicación, es lo que voy a intentar probarte ahora.
    …………..

    Creo haberte demostrado suficientemente, Sócrates, que tus conciudadanos no yerran al escuchar, en punto a política, los consejos y opiniones de un herrero o de un curtidor; y en segundo lugar, que ellos estiman que la virtud puede enseñarse y transmitirse.

    …….
    Y concluye con la necesidad de que la sociedad forme al ciudadano  desde la infancia:

    Piensa, en efecto, en esto: ¿Hay alguna cosa en la que todos los ciudadanos deban necesariamente tener parte, para que sea posible la existencia de una ciudad o no? La solución del problema que tú planteas o está ahí o no está en ninguna parte.

    Si es verdad que existe este algo, y si esta cosa única no es el arte del carpintero, del fundidor o del alfarero, sino la justicia, la templanza, el conformarse con la ley divina y todo lo que, en una sola palabra, llamo la virtud característica del hombre; si hay en eso una cosa en la que todos deben tener parte, en la que todo el mundo debe encontrar modelo para sus acciones, sea lo que fuese por lo demás lo que uno aprenda o haga, sin nunca apartarse de él; y en caso de que alguien se mantuviera al margen de ello, si es conveniente instruirlo o castigarlo, sea niño, hombre o mujer, hasta que la corrección lo haya hecho mejor, o en caso contrario, si es preciso, cuando las correcciones y los consejos no consiguen nada, considerarlo como incurable y expulsarlo o hacerlo morir; si todo esto, digo, es verdad y si, siendo así las cosas, pese a todo, los hombres de bien se lo enseñan todo a sus hijos, con excepción de esto, ¡tú verás qué es lo que habrá que pensar de los hombres de bien! En la vida pública y en la vida privada saben ellos, como hemos demostrado, que la virtud se puede enseñar; solo que, sabiendo lo que se puede hacer con el estudio y los cuidados, no enseñan a sus hijos más que las cosas cuya ignorancia no lleva consigo ningún riesgo de muerte; en cambio, aquellas cosas que, a falta de una enseñanza y un cultivo de la virtud, pueden llegar a ser para sus hijos una causa de muerte o de destierro, las que pueden además traer consigo la confiscación de sus bienes y, por así decir, la destrucción total de sus linajes, ¡esas no se preocupan de enseñárselas ni consagran a ellas todos sus cuidados! ¿Se puede admitir eso, Sócrates?

    En la realidad, las lecciones y las exhortaciones se comienzan cuando la niñez y se continúan durante toda la vida.  Apenas el niño empieza a comprender el lenguaje, la nodriza, la madre, el pedagogo, el mismo padre, se esfuerzan sin tregua en hacerlo lo más perfecto posible; aprovechando todo lo que él hace o dice, le prodigan lecciones y explicaciones: esto es justo y esto injusto, esto es bello y esto es feo, esto es piadoso y esto impío; haz esto, no hagas aquello. Si el niño obedece por sí mismo, nada mejor; de lo contrario, se le endereza con amenazas y golpes, de la misma manera que se endereza un bastón retorcido y curvado.

    Más tarde, cuando ya se le envía a la escuela, se recomienda mucho más al maestro la buena conducta del niño que sus progresos en el conocimiento de las letras o de la citara; el maestro, por su parte, pone en ello el máximo cuidado y, cuando los niños saben sus letras y están en disposición de comprender las palabras escritas, como ocurriera antes.

    Luego cuando saben leer, aprenden los versos de los grandes poetas y los ejemplos de los antiguos héroes. Luego se entrenan para tener un  cuerpo sano y fuerte. Y finalmente:

    Cuando ya han abandonado la escuela, es entonces la ciudad la que a su vez los fuerza a aprender las leyes y a conformar a ellas su vida.

    ¿Es admisible que dos mil cuatrocientos años después siga habiendo quien cuestione el derecho de todos los hombres a participar en las decisiones que afectan al gobierno de la sociedad en la que viven?