Categoría: Cultura

  • El mito de Atalanta e Hipomenes

    Atalanta es un personaje femenino de la mitología griega con ciertas singularidades que le hacen especialmente interesante. En realidad toda la mitología griega está incrustada en la cultura occidental.

    Son dos los mitos referidos a Atalanta que los narradores antiguos (la mitología es en gran parte obra de poetas) funden en uno porque en lo esencial no son contradictorios.

    Atalanta es hija de reyes, del arcadio Iaso en una versión o del beocio Esteneo en otra. En una es una vigorosa y diestra cazadora que, amada por Meleagro, participa en la cacería del jabalí de Calidón y acompaña o quiere acompañar como única mujer a los Argonautas en el viaje a la búsqueda del vellocino de oro; en la otra, invencible corredora casada con Hipomenes o Hipomedonte.

    Según el mito su padre deseaba un descendiente varón por lo que Atalanta fue abandonada en el monte, en donde la amamantó una osa hasta que fue recogida por unos cazadores. Criada pues en la salvaje naturaleza, es fiel seguidora de la diosa cazadora Diana tras decidir permanecer virgen después de recibir la respuesta del oráculo, siempre difícil de interpretar, a la pregunta de si debía casarse.

    Le dijo Apolo con su oráculo que no debía casarse, pero se casaría y “viva carecería de sí misma”; lo que parece una referencia a que sería transformada, metamorfoseada. Vuelta a casa, su padre le pide que se case y ella, que se sabe veloz, decide que sólo lo hará con quien le venza en la carrera, mientras que matará a los pretendientes que sean vencidos.

    Hipomenes, ayudado por la diosa Venus y utilizando el ardid de arrojar sucesivamente tres manzanas de oro que retrasan la marcha de Atalanta, consigue vencerla. Se casan, pues, Atalanta e Hipomenes pero desairan a la diosa Ceres o Cibeles por haber mantenido relaciones sexuales profanando su templo y por ello son transformados en los dos leones que tiran del carro; por cierto león y leona condenados a no aparearse entre sí, de acuerdo con la creencia también antigua de que los leones se aparean con los leopardos, pero no entre ellos mismos.

    Hasta aquí el resumen aproximado del mito prescindiendo de muchos detalles de interés. Al final de este artículo recrearé esta parte del mito sobre la base del relato de Ovidio en Metamorfosis.
    El mito se presta a numerosos comentarios, algunos de los cuales esbozaré rápidamente.

    De alguna manera, su convivencia en el monte con la osa nos retrotrae a la época de los hombres cazadores. El oso, presente en otros muchos mitos, es un animal en ocasiones totémicos de determinados grupos. Por otra parte la abstención de relaciones sexuales propicia la caza, por lo que las diosas de la caza son vírgenes,

    Frente a ella están los urbanitas Meleagro Hipomenes, en un caso el héroe guerrero que ha de realizar una gran empresa y en el otro el del príncipe enamorado que sólo alcanza a la princesa amada tras realizar alguna acción notable. Por medio queda el asunto de la sucesión masculina al trono que curiosamente se transmite por vía femenina y el voto de castidad o virginidad, incomprensiblemente justificado en un incomprensible oráculo, pero que como decía más arriba es propiciatorio de una caza favorable.

    Ya en la propia Antigüedad y luego en la Edad Media y posteriormente en el Humanismo y Renacimiento se han buscado explicaciones racionales a los mitos. El modelo más frecuentemente utilizado es el de la alegoría que suele acabar con una conclusión moralizante.

    Así se dice que el final de este mito corresponde al castigo de los dioses por la falta de respeto al lugar sagrado y por la falta de agradecimiento a los beneficios de los dioses.

    En ocasiones se ha interpretado también el triunfo de Hipomenes y derrota de Atalanta como el triunfo de la pasión carnal y la venalidad del temperamento femenino, siempre ambicioso, dispuesto a aceptar el valioso oro a cambio.

    A ello da pie modernamente la famosa pintura de Guido Reni, (Bolonia, 1575-1642). en la que los dos protagonistas aparecen desnudos con su mórbida y proporcionada apariencia.

    Con frecuencia se interpretó la superioridad de Atalanta como consecuencia de la cesión masculina antes las mujeres. Leemos por ejemplo en un grabado del XVII “Robora femineis s(a)epe virilia cedunt”, “Con frecuencia las fuerzas masculinas ceden ante las femeninas”.

    Más recientemente, se ha valorado por parte de personas o grupos feministas la singularidad de Atalanta, de vida propia independiente y al margen de las pretensiones masculinas de su padre. Pero también en sentido contrario se resalta su derrota final y la imposición del orden establecido, naturalmente masculino.

    El mito ha servido de motivo a diversos artistas, entre otros a Rómulo Cincinato (ca. 1540-1597), pintor florentino afincado en España al servicio de Felipe II, que también decoró diversas salas en el Palacio del Infantado de Guadalajara, entre ellas una con el motivo de la carrera de Atalanta e Hipomenes.

    El autor y cronista de Guadalajara Antonio Herrera Casado interpreta en un libro reciente la carrera de Atalanta como  la carrera veloz e inexorable del tiempo, en coherencia con la interpretación general que hace del palacio gótico-renacentista y de los diversos elementos decorativos y ornamentales, todos ellos conducentes a propagar y garantizar la fama de los Hurtado de Mendoza, Duques del Infantado entre otros títulos.

    Pero esta interpretación resulta novedosa y, si bien coherente con el esquema general del palacio, no está fundamentada en ningún otro dato que al menos yo conozca.

    Sin duda que todo el palacio y su decoración es un canto a la grandeza de los Mendoza, a su virtud, virtus, y cómo consecuencia grande ha de ser su fama, que las generaciones futuras han de recordar permanentemente y por lo tanto ha de superar o trascender al tiempo. 

    Pero todo esto no exige interpretar la carrera de Atalanta como la “carrera del tiempo”. En realidad los Mendoza, como toda persona o colectivo que busca la fama, en realidad lo que hace es exaltar sus virtudes, de acuerdo con la creencia antigua y también humanista  de que la fama no se busca, acompaña por sí sola a la virtud, que es lo que hay que practicar; quien busca la fama no la consigue y quien la desprecia la alcanza.

    Los pasajes antiguos al respecto son numerosos; así a título de ejemplo éste de Salustio referido a Catón en De coniuratione Catilinae, 54, 6:

    “…así cuanto menos buscaba la gloria, tanto más a él lo perseguía”

    “… ita quo minus petebat gloriam, eo magis illum sequebatur”.

    Gracián parece inspirarse directamente en el pasaje de Salustio, cuando dice en El Criticón, II,11:

    Y lo peor es que cuanto más lo piensan conseguir, entonces la alcanzan menos, perdiendo tal vez la vida y cuanto hay.”

    Así que el tema central de la decoración del palacio no es propagar la fama de los Mendoza sino exaltar sus virtudes, manifestadas sobre todo en sus muchas victorias en numerosas batallas.

    Se puede simplemente interpretar la carrera como el símbolo y resumen de la historia de los Mendoza, una carrera de obstáculos, que consiguen ganar con su energía, su astucia y la ayuda de los dioses. Pero claro está, una empresa de este tipo no está exenta de algunos pecados. Así que los Mendoza no serán elevados a la categoría de los dioses pero sí les acompañarán eternamente a su servicio.

    Es interesante conocer que en el plano que de las pinturas del palacio del Infantado hace el maestro de obras Acacio Orejón, al referirse al cuadro central de la sala de Atalanta escribe como guía “Pintura de Atalanta que corre con Hipomenes. Libo 10. Obidio, meatamorfosis/ libro 8 de atalanta y Meleagro”. Es decir, cita los dos pasajes en los que Ovidio recrea el episodio de la carrera con Hipomenes (libro X) y el de la cacería del jabalí de Calidón (libro VIII). Luego el Duque deseaba la pintura de Atalanta pero no sabe al principio qué episodio reflejar.

    La cuestión estriba, pues, en conocer primero por qué desea que se le represente a Atalanta y en segundo lugar por qué prefiere precisamente el episodio de la carrera y no el de la cacería.

    Bien, no dejan de tener cierto interés nuestras suposiciones, pero en el fondo quizás sean todas estas elucubraciones hasta cierto punto gratuitas, porque tal vez el Duque pide a Cincinato que represente el mito de Atalanta tan sólo porque su pariente Diego Hurtado de Mendoza, (1503- 1575), hijo del Conde de Tendilla, tiene entre sus poesías una que destaca, precisamente la “Fábula de Hipomenes y Atalanta”.  

    Ofrezco a continuación una recreación de la fábula basada en Ovidio. Quien desee una lectura completa del texto latino debe acudir a Metamorfosis, VIII, 281 y ss. para el episodio de Meleagro y la caza del jabalí de Calidón y  Metamorfosis X,560-704 para la carrera con Hipomenes.


    ATALANTA


    Cuando Atalanta nació, su padre, el rey de Arcadia, enfurecido porque sólo deseaba un hijo varón, la abandonó falto de toda piedad en lo alto de una montaña para que muriera de hambre o devorada por las feroces bestias. La diosa Artemisa, que casualmente cazaba en aquellos lugares, se apiadó de la niña indefensa y le envió una enorme osa que dócil la amamantó con su leche. Con el tiempo y adoptada como hija por la diosa, se convirtió en una certera cazadora y en la mujer más veloz del mundo y emulando a su patrona prometió que tampoco ella se casaría nunca.

    Cuando siendo una cazadora famosa recibió como trofeo la piel del jabalí que asolaba el reino de Calidón en cuya cacería ella participó, se reconcilió con su padre, que le insistía una y otra vez en la necesidad de contraer matrimonio y ofrecerle un heredero futuro para su trono.

    La esquiva Atalanta consultó el oráculo de los dioses sobre su esposo y escuchó estas confusas palabras:

    — Para nada necesitas un esposo, Atalanta; evita tener un marido. Y aún así no escaparás y ni estando viva te verás privada de ti misma.

    Asustada por estas palabras difíciles de entender procura vivir soltera en los bosques, lejos de sus muchos pretendientes, a los que quiere ahuyentar con una extraña propuesta:

    — Sólo me poseerá aquel de vosotros que me venza en veloz carrera, ese será mi esposo. En cambio el vencido habrá de morir en castigo a sus pretensiones. Esta es mi propuesta definitiva.  

    Es tal la hermosura de la veloz Atalanta que fueron muchos los jóvenes incautos que osaron competir con la mujer más veloz del mundo y perdieron gimiendo y llorando la carrera y con ella la vida inestimable.

    Por eso el joven Hipomenes, que tan sólo había oído hablar de la bella Atalanta, consideraba excesivo el riesgo que habría de correr para conseguirla como esposa. Pero tan pronto vio el espléndido cuerpo de la  joven muchacha  que había retirado el velo de su rostro, quedó prendado y seducido de inmediato.

    –Probaré yo también suerte; el premio merece correr el riesgo mortal. Los dioses ayudan a los valientes. -dice inflamado. Y loco de amor prosigue:

      — Bella Atalanta, has vencido fácilmente y sin esfuerzo a esos pobres muchachos, pero mídete conmigo, que soy hijo de Megareo. Si te venzo, no será una derrota deshonrosa para tí y si ganas tú la carrera, habrás vencido a Hipomenes, el biznieto de Neptuno, dios de las aguas.

    Atalanta levanta sus bellos ojos luminosos y lo mira con ternura.

        — ¿Por qué quieres insensato poner en peligro tu vida preciosa, tú todavía un niño? Eres hermoso y valiente, pues no te asusta la muerte. ¿Tanto me amas y deseas que estás dispuesto a morir…? Huye mientras puedas, hermoso joven; otras muchachas hermosas querrán casarse felices contigo.

    Y tal vez tocada por vez primera por el dulce sentimiento del amor,  la inexperta y arisca Atalanta suaviza su decisión implacable y piensa en lo íntimo de su corazón:

       — ¿Por qué ha de morir este infeliz inmerecidamente como premio a su amor? Ojalá desdichado no me hubieras visto nunca. Si la virginidad no fuera mi destino eterno, tú serías el único con quien yo compartiría mi lecho nupcial. Ojalá, loco, fueras más veloz que yo misma.

    Pero ya Hipomenes urge la carrera, no sin antes encomendarse a la diosa del amor y pedir su ayuda divina:

       — Tu, diosa, que has inspirado mi pasión ciega, ayuda a mi osadía.

    Acudió Venus a la llamada envuelta en una blanca nube, tan sólo visible para Hipomenes,  y le entregó tres manzanas amarillas, brillantes como el sol, que debería utilizar en la carrera de una determinada manera.

    Las trompetas dieron la señal de salida. Allá van los dos contendientes tan veloces que parecen  volar. Atalanta, rehusando pasar al muchacho, se sitúa a la par y contempla embelesada su rostro virginal. Arroja entonces Hipomenes una de las tres brillantes manzanas, que atrae de inmediato la mirada y el interés de Atalanta. Refrena pues su marcha y mientras recoge curiosa del suelo la fruta de oro, es adelantada por Hipomenes. Recupera veloz Atalanta el espacio perdido y de nuevo sobrepasa al joven con facilidad. Arroja el joven  una segunda fruta y una vez más se entretiene la muchacha, que pronto recupera también el tiempo perdido. Tan sólo queda el último tramo antes de la meta final. Ahora el joven lanza con fuerza la tercera manzana lejos del camino. Atalanta duda, pero confiada en sus veloces pies, acude a recoger a lo lejos el dorado fruto. Pero calculó mal su rapidez o tal vez el incipiente amor refrenó su marcha, que ahora resulta perdedora. Hipomenes ha alcanzado mientras tanto la meta final y con ello su ansiado premio merecido, el matrimonio con la joven virgen.

    Incomprensiblemente, el joven Hipomenes olvidó a Venus y no supo agradecer su ayuda. La diosa se sintió por ello despreciada y ofendida.

    Cierto día pasaban junto al templo de Cibeles, la Madre de los dioses, y decidieron descansar del largo camino. Se apoderó de Hipomenes un repentino e irrefrenable deseo de yacer con Atalanta, suscitado sin duda por la vengativa Venus. Allí mismo, en la cueva sagrada, a la vista de las divinas imágenes, profanan el  santuario con su obsceno amor.

    La Madre Cibeles castigó su lujuria con su divina severidad: unas largas y feroces melenas cubren sus humanos cuellos, las manos se transforman en garras, una larga cola surge de su espalda, elevan fieros su orgullosa cabeza de  león y  sus fauces emiten rugidos que amedrentan a los restantes animales. Compadecida luego la diosa, unce a la pareja de leones con fuertes correas de flexible cuero a su majestuoso carro, del que han de tirar incansables por toda la eternidad.
     

  • ¿Tiene algún interés conocer detalles y anécdotas del Mundo Antiguo?

    Con toda seguridad que habrá muchas personas, incluidos amigos de “facebook”, a quienes interesen poco o nada estas anécdotas o comentarios diversos sobre el mundo antiguo. Probablemente alguno los considere propios de personas ensimismadas y despreocupadas del entorno y del mundo tan problemático en el que vivimos porque el mundo antiguo queda muy lejano. Es una apreciación respetable.

    Comprendo que haya personas que en nada o en poco valoren conocer que al noveno mes del calendario le llamemos “septiembre” precisamente porque era el “séptimo” mes del calendario romano o que cuando utilizamos la expresión “dios padre” no estamos sino traduciendo la latina  “Deus pater” (<Dius pitar) o  Iuppiter (Júpiter) < Ioupitar;   “deus, dius o Iou o Iu en indoeuropeo ” significa “día, luz” y “piter o paterpadre, con lo que “dios padre” o Júpiter no significa sino “padre del día, padre de la luz”, divinidad por cierto característica de todos los pueblos indoeuropeos (Zeus es el nombre griego que tiene precisamente la misma raíz indoeuropea).

    Yo creo que del mundo antiguo merece la pena conocer cuantos más detalles mejor, algunos intranscendentes o aparentemente intranscendentes y otros de más envergadura.

    Yo creo que merece la pena conocer, por ejemplo, un sentido y piadoso epigrama funerario del ácido  Marcial (nacido  y muerto en Bilbilis, junto a la actual Calatayud) a la  niña “Erotión”, una pequeña esclava, jugando con la frase ritual “Sit tibi terra levis” (normalmente expresada con sus siglas S.T.T.L.), “que la tierra te sea ligera”, equivalente a nuestros “Requiescat In Pace  o Descanse en paz):

    A ti , padre Frontón y a ti madre Flaccila, os encomiendo
    esta niña, mis besos y mis delicias.
    Que las negras sombras y la terrorífica boca del perro del Tártaro
    no asusten a la pequeña Erotión.
    Casi estuvo a punto de completar los fríos del sexto invierno
    si no hubiese vivido otros tantos días menos.
    Que juegue feliz entre patronos tan viejos
    y con su boca infantil balbucee mi nombre.
    Que el rígido césped no cubra sus blandos huesos
    ni tú, tierra, le seas pesada: ella no lo fue para ti.

    (Epigramas, V, 34)


    Hanc tibi, Fronto pater, genetrix Flaccilla, puellam
       oscula commendo deliciasque meas,
    paruola ne nigras horrescat Erotion umbras
       oraque Tartarei prodigiosa canis.
    Impletura fuit sextae modo frigora brumae,
       uixisset totidem ni minus illa dies.
    Inter tam ueteres ludat lasciua patronos
       et nomen blaeso garriat ore meum.
    Mollia non rigidus caespes tegat ossa nec illi,
       10terra grauis fueris: non fuit illa tibi.

    o conocer lo suficiente de Sila, de sus proscripciones y de alguna de sus leyes, aunque sólo sea para comprender mejor,  por ejemplo, el artículo periodístico publicado en el diario “El mundo” por Pedro G. Cuartango, el pasado y reciente día 22 de Noviembre de 2013, titulado “Las leyes Cornelias”, en el que establece un paralelismo con la última reforma del “Consejo General del poder judicial” en España y la época del romano:

    http://www.elmundo.es/opinion/2013/11/22/528fbf420ab74083068b456c.html

    (La utilización de expresiones latinas o referencias directas al mundo antiguo son numerosas en la prensa diaria así como de cultismos y palabras técnicas  cuya comprensión es más fácil desde el conocimiento del griego y latín)

    o identificarse con el emocionante discurso de Tiberio Graco, que Plutarco nos cuenta en su Vida de Tiberio Graco, IX, 4-5:

    Hasta las fieras de la selva tienen una madriguera y cuevas donde poder guarecerse; en cambio, los hombres que luchan y mueren por Italia no poseen nada, excepto  el aire y la luz. Privados de techo, marchan vagabundos con sus mujeres y sus hijos. Los generales engañan a sus soldados cuando, en el campo de batalla, los animan a combatir para defender sus tumbas y sus dioses de los enemigos. Pero les mienten, porque la mayoría de los romanos no tienen altar paterno ni tumbas de antepasados. Sólo tienen el nombre de dueños del mundo, pero deben morir por el lujo de los otros sin poder llamar suyo ni un pedazo de tierra”.

    Es éste un párrafo del discurso de uno de los hermanos Graco, Tiberio, en el que pide algo tan viejo y tan moderno  "la revolución agraria” y el reparto de la propiedad, demanda que le costó la vida a él y a su hermano Cayo Graco a manos, naturalmente, de los senadores terratenientes.

    El texto tal vez haga a algún lector devoto recordar el pasaje evangélico  de Lucas, IX, 58, aunque nada tenga que ver, excepto la fuerza retórica de la comparación:

    Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza”.

    Pero tal vez algún otro lector, abrevado en las fuentes de Marx, pueda recordar un párrafo del Manifiesto Comunista:

    Os horrorizáis de que queramos abolir la propiedad privada. Pero en vuestra sociedad actual la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros. Precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes existe para vosotros. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad."

    Claro que hablando de Carlos Marx, quizás convenga recordar que autores modernos patricios le han comparado con los sediciosos Gracos o el revoltoso Espartaco.

    Aunque quizás convenga todavía más conocer que Marx  fue un buen estudiante de Latín allá en su Tréveris (la Augusta Treverorum de los romanos) natal y un estudioso de la cultura, la historia y la lengua de los romanos.

    Allí había nacido en 1818. Estudio de 1830 a 1835 en el Friedrich-Wilhelm Gymnasium (Instituto Fedérico Guillermo) y leyó a Ovidio, Cicerón, Tácito, Propercio, Homero, Sófocles, Platón, Tucídides y Plutarco. Incluso enamorado de la poesía de Ovidio pensó en dedicarse precisamente a la poesía, lo que le originó un conflicto con su padre, notario de la ciudad,  que quería que Karl estudiase Derecho.  De hecho al terminar el Gymnasium tradujo el primero de los “Poemas Tristes” (Tristia) de Ovidio.

    Curiosidades de la Historia, también Ovidio vivió un conflicto similar con su padre, que también se oponía a  que fuera poeta,  aunque sin mucho éxito evidentemente (hay una antigua anécdota al respecto que en otro momento comentaré).

    Los bachilleres alemanes estudiaban entonces y durante mucho tiempo después más de ocho horas semanales de latín en el Gymnasium en la modalidad de bachillerato más prestigiada entonces y hoy en Alemania.

    Para obtener el título de bachiller debían realizar varios ejercicios, entre ellos una amplia redacción en latín. Karl Marx presentó en 1835 la suya: An principatus Augusti merito inter feliciores ætates rei publicæ Romanæ numeretur?   ¿Se puede contar merecidamente el principado de Augusto entre las épocas más prósperas de la República Romana?

    Se le calificó como un ejercicio “bueno”, aunque se le reprochó su mala caligrafía: hay una nota al margen del ejercicio del profesor Loers que dice: “…vero quam turpis littera!  pero qué letra tan mala!

    Así que Marx resultaba un buen conocedor del mundo antiguo. No es el momento de profundizar algo en este ejercicio escolar de Marx, que a veces los devotos y ortodoxos marxistas han pretendido ocultar.

    Es más, puede alguien pensar que por aquel entonces Marx era demasiado joven y desde luego todavía no era “marxista” ¡ Pero algo y no poco le debieron influir sus estudios en el Instituto: siguió leyendo a Plutarco,  y en la Universidad asistió a la cátedra de griego para estudiar a Homero y sobre todo, en 1841,con 23 años pues, a la hora de conseguir el doctorado, momento importante en la vida académica de una persona,  eligió para su tesis un tema tan clásico como  Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demó¬crito y la de Epicuro.

    Es verdad que Demócrito y Epicuro son los dos filósofos “materialistas” por excelencia del mundo griego. Epicuro además es el más vilipendiado y deformado por la cultura y sociedad del momento y posterior, pero les aseguro que el estudio de las diferencias entre ambos en el asunto del título sólo está al alcance de quien tenga un alto conocimiento y especialización del tema. Quien tenga curiosidad podría leer la tesis de Marx (donde comprobará su nivel de erudición) o hacer algo más fácil y al alcance de cualquiera: leer la extraordinaria obra de Carlos García GualEpicuro” (Alianza Editorial, 1981), especialmente el capítulo 5, dedicado a “La teoría física. La constitución atómica del universo”.

    Por no extenderme más en el tema, concluiré diciendo que muy probablemente fue precisamente su estudio y conocimiento del mundo clásico lo que convirtió a Karl Marx en un “ciudadano del mundo”  que dirige su mensaje a la comunidad proletaria internacional. El Manifiesto Comunista acaba precisamente con la famosa proclama internacionalista “Proletarios del mundo, uníos”, (“Proletarier aller Länder, vereinigt Euch”).

    Estas anécdotas pueden ser transcendentes o intranscendentes; en gran parte depende de la consideración del propio lector. Desde luego, Karl Marx, el Manifiesto Comunista y El Capital han sido fundamentales en la conformación del mundo contemporáneo.
     

  • Los nombres de los meses son romanos

    Entre las muchas cosas que nos han legado los romanos no es la de menor importancia el calendario con el nombre de los meses, los días y las estaciones. Para comprender la lógica y coherencia de los nombres “september =septiembre; october =octubre; november= noviembre y december =diciembre”, que significan etimológicamente “séptimo, octavo, noveno y décimo” hemos de conocer que el primitivo año romano tenía diez meses y comenzaba en marzo.

    Se atribuye al mítico rey Rómulo la fundación  de Roma en el año 753 y la creación del primer calendario solar de 304 días al año. La misma tradición atribuye al rey Numa, que gobernó  del 715 al 673 a.C,  una reforma que probablemente corresponde a la realizada a mediados del s.V a.C.  y que fundamentalmente consistió en añadir dos meses más, con lo que se formaba un calendario de doce meses, que toman su nombre de dioses y de festividades religiosas:

    Ianuarius, (enero) dedicado a Jano, dios de las puertas y de los comienzos y también del comienzo del año en la luna creciente después del solsticio de invierno del 25 de diciembre.

    Februarius, (febrero) mes en el que se celebraban las fiestas de purificación llamadas “februa”, palabra etrusca que significa precisamente purificación.

    Martius (marzo), dedicado al dios de la guerra Marte. En este mes comenzaba el mandato de los cónsules y  las campañas militares.

    Aprilis (abril), palabra que algunos relacionan con aperire = abrir, para referirse al momento en que la naturaleza, en primavera, florece. Otros la consideran de origen etrusco tomada del griego y relacionada con  Aphro-dite o Afrodita, la diosa del amor.

    Maius (mayo) que toma el nombre de Maia, la diosa del crecimiento.

    Iunius (junio) en honor de la diosa Juno, esposa de Júpiter, diosa entre otras cosas del matrimonio.

    Quintilis  (quinto mes), cuando el año comenzaba en marzo,  luego llamado Iulius  (julio) en honor de Julio César tras su muerte violenta.

    Sextilis  (sexto mes), luego llamado Augustus  (agosto) en honor de Octavio Augusto todavía en vida.

    September  (séptimo mes; septiembre)

    October  (octavo mes; octubre)

    November  (noveno mes; noviembre)

    December  (décimo mes; diciembre)

    El año comenzaba en un principio en Marzo, lo que explica como hemos dicho, el nombre de los meses a partir de septiembre. En marzo comenzaba también el mandato de los cónsules y las campañas militares de los romanos por el Lacio y por Italia.

    Pero cuando las guerras han de librarse fuera de Italia, el comienzo de la campaña en marzo supone un grave inconveniente por el tiempo que tarda el ejército en trasladarse al punto de conflicto. Esto quedó en evidencia en las Guerras Celtíberas en Hispania. Dada la gran distancia el Senado traslado el comienzo del año consular del 153 a.C. al 1 de Enero para que el cónsul Quinto Fulvio Nobilior tuviera tiempo de acudir a Hispania, donde por cierto fue vencido  por las tribus celtiberas de belos, titos y arévacos en agosto de ese año.

    Julio César estuvo en Egipto con la famosa reina Cleopatra, de la que parece ser que tuvo a su hijo Cesarión. Allí conoció  el calendario solar y comprendió las ventajas de su implantación en Roma.
    A su muerte se dio su nombre, Iulius, a lo que en el calendario primitivo era Quintilis, el quinto mes. Luego se llamó Augustus al mes siguiente en honor y todavía en  vida de Octavio Augusto. A otros meses también se les dio el nombre de algún emperador, pero esta nominación no tuvo éxito perdurable en ningún otro caso.

    Todos los meses no tuvieron entonces  la misma duración, que va de los 28 o 29 de febrero a los 30 de noviembre, abril, junio, septiembre y a los 31 de enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre y diciembre.  Esta disparidad, debida en origen a festividades, tabúes  y supersticiones religiosas, la arrastramos hasta nuestros días.

    Como ocurre con  los días de la semana, los nombres de los meses han perdurado en las lenguas latinas y también se han impuesto en los países de lenguas sajonas y germanas. La intensa cristianización de las creencias y costumbres paganas no logró imponerse tampoco en la denominación de estos doce períodos en que se divide el año.

  • Si quieres amor, no hagas la guerra

    El amor y la guerra parecen incompatibles, al menos para las mujeres griegas

    ¡Qué duda cabe de que es más saludable  y beneficioso  hacer el amor que hacer  la guerra! Pero desgraciadamente  las guerras son muy frecuentes y tan antiguas como  el  hombre. Frente a la guerra sólo existe la paz, pero con demasiada frecuencia  se ha impuesto la acrítica y contundente opinión que encierra la sentencia latina “si vis pacem, para bellum = si quieres la paz,  prepara la guerra”.  Si alguien prepara la guerra, acabara declarándola a su adversario.

    En contra de la guerra se han celebrado a lo largo de la historia acuerdos, reuniones y congresos innumerables con escaso éxito. Sin duda los movimientos antibélicos más coherentes son las propuestas pacifistas, algunas muy antiguas. Posiblemente la más llamativa táctica pacifista es la llamada “huelga sexual” por la que las mujeres organizadas niegan todo contacto sexual a sus parejas masculinas, protagonistas y causantes de los enfrentamientos, machos guerreros a los que sirven de descanso.

    En los últimos tiempos hemos visto algunas huelgas de este tipo, que han obtenido indudables éxitos. Así en Liberia, en el año 2003 Leymah Gbowee consiguió que se hiciera la paz después de una guerra civil de más de 14 años; entre las medidas que ella y las mujeres de su asociación llevaron a cabo estaba la “huelga sexual”. En el año 2009 los medios de comunicación nos informaron de huelgas similares en Kenia o en Turquía, en este caso  para obligar a sus maridos a tomarse en serio el abastecimiento de agua. En Colombia en diversas ocasiones, las mujeres han intentado poner fin a la violencia de los hombres con este método pacífico. Incluso en la Bélgica europea del año 2011 la senadora socialista flamenca Marleen Temmeran propuso una huelga sexual para presionar a los hombres a formar Gobierno (la diversa Bélgica llevaba 241 días sin acuerdo de las fuerzas políticas).

    Pero también en esto los griegos fueron pioneros y nos marcaron el camino. En la Antigua Grecia tuvo lugar la larga Guerra del Peloponeso, que enfrentó durante casi 30 años a las dos ciudades o polis más poderosas, Atenas y Esparta, cada una con sus aliados. En el año 411 antes de Cristo llevaban ya veinte años de guerra y la destrucción y ruina eran generales. Aristófanes, cuyas comedias retratan y enjuician la sociedad de su tiempo, representó una obra contra esta guerra entre griegos, Lisístrata. El propio nombre significa “la que disuelve  el ejército” ( de λύω, lýō,,“disolver” y στρατός, stratós, “ejército).

    Las mujeres en Grecia pintan poco en la vida política y social, pero  Aristófanes nos pinta, con cómica exageración,  una especie de mundo al revés, en el que son las mujeres, más sensatas que los hombres, las que pueden  conseguir la paz y acabar con las luchas que enfrentan a sus maridos y amantes utilizando un arma pacífica que ellas tienen. La ateniense  Lisístrata propone a sus compañeras atenienses y lacedemonias declarar una “huelga sexual” por la que se nieguen a mantener relaciones sexuales con sus maridos y dejen de ocuparse de las tareas del hogar mientras continúe la guerra.

    Toda la obra está salpicada de referencias léxicas, juegos de palabras y metáforas sexuales de saludable comicidad. El plan de Lisístrata, que aceptan otras mujeres,  es bien simple:

    si permanecemos en nuestras casas bien empolvadas, vestidas con nuestras túnicas transparentes de Amorgos, y nos paseamos desnudas con el delta depilado, nuestros hombres se empalmarán y querrán cubrirnos, pero si nosotras no aceptamos y nos abstenemos, estoy segura de que firmarán la tregua rápidamente”. 

    A propuesta de Lisístrata, atenienses y lacedemonias hicieron un serio juramento ante una jarra de buen vino:

    LISÍSTRATA. Tocad  la copa todas, Lampito, y que una en  nombre de las demás repita exactamente lo que yo diga. Declarad esto conmigo  bajo juramento  y  mantenedlo con firmeza: «Ningún hombre, ni amante, ni marido»…
    CALONICA. «Ningún hombre, ni amante, ni marido»..
    LISÍSTRATA. …«se acercará a mí empalmado». Repítelo.
    CALONICA. … «se acercará a mí empalmado». ¡Ay, ay!, Lisístrata, se me doblan  las rodillas.
    LISÍSTRATA. « Pasaré el tiempo en mi casa sin mi toro»
    CALONICA «Pasaré el tiempo en mi casa sin mi toro»…
    LISÍSTRATA…. «con mi vestido color de azafrán,  bien arreglada»…
    CALONICA. … «con mi vestido color de azafrán,  bien arreglada»…
    LISÍSTRATA…. «para que mi marido se ponga caliente al rojo vivo»
    CALONICA. … «para que mi marido se ponga caliente al rojo vivo»…
    LISÍSTRATA…. «pero no le haré caso a mi marido de buena gana».
    CALONICA. … «pero no le haré caso a mi marido de buena gana».
    LISÍSTRATA. «Y  si me obliga a la fuerza en contra de mi voluntad»…
    CALONICA. «Y si me obliga a la fuerza en contra de mi voluntad»…
    LISÍSTRATA…. «cederé  de mala gana, pero no le acompañaré  en sus meneos».
    CALONICA. … «cederé de  mala gana, pero  no le acompañaré  en sus meneos».
    LISÍSTRATA. «No levantaré hacia el techo mis zapatillas persas».
    CALONICA. «No levantaré hacia el techo mis zapatillas persas».
    LISÍSTRATA. «Ni como una leona  me pondré a cuatro patas  encima del rallador de queso»
    .CALONICA «Ni como una leona  me pondré a cuatro patas  encima del rallador de queso».
    LISÍSTRATA. «Si mantengo con firmeza estas acciones, que beba yo de esta copa»…
    CALONICA. «Si mantengo con firmeza estas acciones, que beba yo de esta copa»..
    .LISÍSTRATA. «Pero si no las cumplo,  que esta copa se llene de agua ».
    CALONICA. «Pero si no las cumplo,  que esta copa se llene de agua».
    LISÍSTRATA. ¿Juráis  todas vosotras que estáis de acuerdo en esto conmigo?
    TODAS. Sí, por Zeus.

    Y así ocurrió, como Lisístrata había previsto (en la ficción del teatro tan sólo), no sin superar numerosas dificultades que la empresa planteaba incluso a las propias mujeres.

    Aristófanes no ha sido olvidado: en 2003  se creó el Lysístrata Proyect, a favor de la paz y se leyó simultáneamente en más de 40 países la famosa obra de Aristófanes. Una vez más el teatro más vivo y auténtico es el que sirve a la sociedad. 
     

  • El fascinante origen de la palabra “fascinante”

    A veces nos sentimos “fascinados”, atraídos, impresionados, tocados (touché en francés) al enterarnos del origen de una palabra, como si al correr la cortina observáramos lo que había detrás o sepultado en el fondo del valle. Esa es la fuerza de la etimología de las palabras, cuyo conocimiento nos aporta una información básica sobre la que se asienta su significado ampliado posteriormente.

    Pues bien “fascinar”, según el Diccionario de la Real Academia Española, deriva del latín “fascinare” y tiene tres acepciones: 1.  Engañar, alucinar, ofuscar. / 2.  Atraer irresistiblemente. /  3. Hacer mal de ojo.

    Fascinare” en latín significa: causar o producir mal de ojo, maleficiar, encantar, hechizar. Para Plinio los “fascinantes” son los hechiceros. “Fascinatio” es la acción de fascinar, de hechizar, la fascinación, encantamiento, hechizo, encanto. Así lo emplea Catulo en sus Poesías 7,12:

    (tantos besos) que ni los curiosos puedan contar
    ni maleficiar con su mala lengua.

    (basia) quae nec pernumerare curiosi
    possint nec mala fascinare lingua.

    O Virgilio en su Égloga 3,103:

    No sé que ojo me maleficia mis tiernos corderos.

    Nescio quis teneros oculus  mihi fascinat agnos.

    Así que es fácil entender la primera acepción de nuestro diccionario, que no corresponde realmente con el significado latino, aunque sí deriva de él.

    Pues bien, “fascinare” es un verbo de acción formado a partir de la palabra “fascinum o fascinus” que significa “encanto, maleficio, hechizo”. El término latino se correspondería con el griego  βάσκανον “baskanon”, según Aulo Gelio  16, 12,4:

    Así Cloacio Vero lo llama “fascinum”,  como “bascanum” y “fascinare” es  como “bascinare”.

    (Cloatius Verus) Item fascinum appellatum quasi “bascanum” et “fascinare” esse quasi “bascinare

    βάσκανον “baskanon significa fascinador, hechicero, envidioso, fisgón, calumniador, malicioso.

    Pero también significa miembro viril, falo, aunque  los latinos tienen otro término (entre otros muchos de sentido figurado o metafórico de los que quizás en otra ocasión trataré) para designar al falo, pene o miembro viril: mentula, por lo que “fascinus” parece referirse más bien al miembro en erección.

    Así lo emplea Horacio en Epodos, 8, 15-20

    quid? quod libelli Stoici inter Sericos
    iacere puluillos amant,
    inlitterati num minus nerui rigent
    minusue languet fascinum?
    quod ut superbo prouoces ab inguine,
    ore adlaborandum est tibi.

    ¿Y qué? Porque a los libritos de los estoicos
    les guste descansar sobre cojines de seda,
    ¿acaso los músculos de los iletrados tienen menos vigor
    o su miembro es menos lánguido?
    Si lo quieres hacer salir desde mi orgullosa ingle,
    me lo tienes que trabajar con la boca.

    Porfirio en su “Ad Horatii epodon 8,18” explica por qué Horacio empleo este término:

    puso “fascinum” en lugar de parte viril porque se suele colocar la deformidad del miembro junto a las cosas que nos pueden fascinar”

    fascinum pro virili parte posuit, quoniam praefascinandis rebus haec membri deformitas apponi solet

    Arnobio, tras su conversión al Cristianismo ridiculiza a los dioses paganos y así utiliza el término “fascinus” con este mismo significado en su Adversus nationes libri VII, 4,7

    ¿Y existe también Tutunus, en cuyas descomunales partes pudendas y en su horrendo miembro queréis que cabalguen vuestras matronas y consideráis señal propicia?

    etiamne Tutunus, cuius inmanibus pudendis horrentique fascino uestras inequitare matronas et auspicabile ducitis » et optatis ?

    Incluso Fascinus es el nombre del dios protector venerado por las vírgenes Vestales contra el mal de ojo y la envida y así lo utiliza, por ejemplo, Plinio en Naturalis Historia, XXVIII, 7, pasaje en el que nos dice también que se colocaba debajo del carro del general vencedor para prevenirle de la “fascinación”.

    Quizás en otra ocasión trataré del falo como divinidad y de su culto.

    Pues bien, la pregunta obligada es ¿qué tendrá que ver el llamado miembro viril con la fascinación, los hechizos, el mal de ojo?

    Algo deben tener que ver no sólo lingüísticamente, porque una costumbre bien establecida entre los romanos es la de  colocar a los niños un pequeño colgante al cuello con un falo, o colgar tintinabula o campanillas en las puertas de las casas con falos,  o colocar  falos, grabados o esculpidos, en la entrada de las casas o en otros lugares, o adornar lámparas, lucernas y otros objetos. Ya vimos en otra ocasión como se figuraba a Hermes o Terminus, el mojón, con un pilar con cabeza del dios y con un falo o genitales bien señalados.

    El tema está amplísimamente documentado en los textos y en los numerosos restos arqueológicos. Por ejemplo, nos dice Varrón en su “De lingua latina” VII, 97:

    “O puede (derivar) de la costumbre de colgar en el cuello de los niños ciertos objetos obscenos para que no les suceda nada malo…

    “Potest vel ab eo quod pueris turpicula res in collo quaedam suspenditur, ne quid obsit…

    Es decir, se trata de un amuleto en forma de falo que se lleva para alejar el mal de ojo, el hechizo, el encantamiento. A esa función se le llama técnicamente “apotropaica”, (del griego ἀποτρέπω     apotrépō, "apartar", alejar), de ἀπό (apó, "lejos") y τρέπω (trépō, "girar"), palabra que significa precisamente “alejadora, apartadora”, en este caso de males y calamidades.

    Fascinum es pues el amuleto en forma de miembro viril que  los niños llevaban al cuello para evitar el mal de ojo. Hoy es relativamente frecuente encontrar personas con tal colgante en el cuello, en algunos casos por mero adorno pero en otros también por persistir una superstición milenaria. Del “mal de ojo” hablaré en otra ocasión, porque además del falo hay otros instrumentos y métodos apotropaicos, como por ejemplo escupir tres veces al suelo.

    Pero la cuestión realmente difícil es comprender por qué el falo y su representación tienen valor apotropaico y capacidad de impedir el mal de ojo.

    Tradicionalmente, en los escasos y timoratos estudios que la moral imperante permitía, se interpretaba que el falo era símbolo de la fertilidad y abundancia de bienes y por tanto lo opuesto al maleficio. También se interpretaba que evitaba el mal de ojo porque la visión del miembro viril, considerada obscena, obliga a apartar la mirada, por lo que el mal de ojo resultaba imposible si el ojo enfoca a otro lugar.

    Pero Pascal Quignard, autor francés contemporáneo, en su obra “El sexo y el espanto”, en la que hace una interpretación desinhibida de la  rígida sexualidad romana, opuesta a la alegre sexualidad griega, bucea en la psicología profunda de los hombres y ofrece una explicación al respecto más sugerente y profunda y también más difícil de comprender: el hombre es fruto de un acto generador en el que no estuvo presente y que le genera una enorme curiosidad y desasosiego; la visión del acto sexual o del fascinum (miembro viril erecto) paraliza al hombre, lo fascina, lo atrae y embruja, detiene su mirada; la visión de la representación directa de la cópula humana procura una emoción siempre extrema de la que nos defendemos con espanto …..

    Quignard relaciona el fascinum con los obscenos y picantes versos “fesceninos” que se cantaban en las bodas, cuya función sería similar a la ya descrita y con la “fascia” o venda que las mujeres romanas usaban como sujetador para sostener los senos; y lo relaciona también con “fasces” o haz de varas atadas con una correa roja (de donde por cierto deriva “fascismo”).

    El espanto que produce la visión del “fascinum” o de la cópula es lo que explica según Quignard que en las pinturas pompeyanas las mujeres mantengan  la mirada oblicua, lateral, evitando la visión directa de la escena incomprensible de la generación animal.

    Si la principal función es prevenir el “mal de ojo” en función de la “fascinación” que el “fascinum” provoca, conviene comentar que el mal de ojo consiste precisamente en “in-videre” (de in-, contra, videre, ver)”envidiar”, “lanzar la mirada contra”  alguien.

    Y en eso consiste precisamente la envidia o “invidia”, en acumular en el interior la maldad que a alguien se desea y expresarla por la puerta más evidente del alma, por la mirada, por los ojos. Obligar a alguien a apartar la vista es impedirle que nos “envidie” o nos mire mal.

    La psicología profunda nos ayuda también a entender mitos y ritos antiguos, incomprensibles ya para los propios antiguos que a veces buscan explicaciones racionales, y absolutamente oscuros para nosotros, aunque se sigan practicando.
     

  • Nos seguimos rigiendo por el calendario de Julio César

    El calendario es un instrumento necesario para organizar el tiempo en relación con las actividades agrícolas, con las obligaciones religiosas y con la vida social y civil.

    Nuestro calendario tiene actualmente doce meses y 365 días al año. Cualquier lector atento, no obstante, se habrá preguntado por qué al “duodécimo” mes se le llama “diciembre”, palabra que más bien significa “décimo”. Las preguntas se multiplican si observamos que al undécimo  se le llama “noviembre”, palabra relacionada con “novem = nueve”; al  décimo se le llama “octubre”, palabra relacionada con “octo= ocho”; al noveno se le llama “septiembre”, término relacionado evidentemente con “septem = siete”.

    Existe, pues, una falta de coincidencia entre el nombre de estos meses y el orden que ocupan en el calendario. Esta confusión aumenta si conocemos que el mes de agosto se llamó en su momento “sextilis = el sexto” y al mes de junio se le llamaba “quintilis =quinto”.

    La explicación estriba en que al principio de la historia de Roma el año comenzaba en el mes de marzo y el año tenía diez meses. A partir de esta premisa, los nombres de los meses romanos se correspondían con su orden.

    Pero la historia del calendario es realmente complicada e interesante. Esbozaremos algunos datos. A la hora de organizar el ciclo del tiempo el hombre tiene en cuenta el número de días en que la tierra tarda en dar una vuelta al sol. Son algo más de 365 días; 365,25 aproximadamente. Pero también tiene en cuenta las fases de la luna, que tan pronto la vemos llena de luz reflejada como en sus fases creciente o decreciente.

    Roma tuvo a lo largo de su historia dos calendarios lunares y uno solar, . Así que coexisten de alguna manera el calendario lunar y el solar. Como además los ciclos no se miden con precisión milimétrica, se van acumulando las inexactidudes y desvíos del ciclo anual , que llegan a ser enormes. Esto obligó a  reformar repetidas veces el calendario  para actualizarlo a la realidad astronómica.

    Según la historia mítica fue Rómulo, el fundador de Roma en el año 753 a.C., quien creó también el calendario, lunar en aquel momento. El año comenzaba en marzo, mes en el que comenzaban las tareas agrícolas y también las campañas militares. El año tenía 304 días en diez meses.

    Fue necesaria una reforma, que la tradición mítica atribuye al rey Numa, que gobernó del 715 al 673 a.C., pero que probablemente corresponde a mediados del siglo V a.C. En este momento se añadieron dos meses más, tiempo que con anterioridad no era relevante para formar el calendario. El año tenía 355 días en 12 meses lunares. El Pontífice Máximo añadía cada dos años un mes intercalar, cuya duración fijaba en 20 días, para recuperar el retraso con el llamado “año trópico” o  año sideral, el tiempo  que tarda el  planeta Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol.

    A pesar de ello y por diversas causas   seguía produciéndose un notable desfase.  En época de Julio César (100 a.C.-44 a.C.) la confusión entre determinadas celebraciones y el momento según el calendario vigente era enorme.

    César estuvo en Egipto con la famosa reina Cleopatra, de la que probablemente tuvo su hijo Cesarión. Allí conoció  el calendario solar y comprendió la utilidad que su uso podía tener. Según Suetonio,  le aconsejó el filósofo y astrónomo Sosígenes de Alejandría, que había fijado el año solar en 365 días y seis horas, es decir, con un pequeñísimo error de menos de un segundo al día. Es esta una exactitud que todavía hoy nos  asombra si consideramos los instrumentos científicos de los que entonces disponían.

    César hizo las adaptaciones necesarias e impuso en consecuencia el calendario solar de 365 días al año, intercalando un día más cada cuatro años. De la magnitud de la reforma nos da idea el hecho de que en el año 44 a.C. hubo de intercalar 90 días, con lo que ese año duró 455 días.

    Este calendario, llamado en buena lógica “juliano” es el que básicamente seguimos utilizando hoy en día y se ha impuesto en casi todo el mundo.

    El papa Gregorio XIII lo volvió a reformar  por razones litúrgicas en el año 1582, para que  la Pascua fuera celebrada  el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera, según había dictaminado el Concilio de Nicea del año 325. El desfase con el año trópico  había acumulado entonces 10 días aproximadamente. A esa reforma se la llama “gregriana”.

    Pero el desfase sigue existiendo porque el año trópico en realidad tiene una duración de 365,242189, o lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos, lo que equivale a 1 día aproximadamente cada 128 años. Así que seguirán siendo necesarias nuevas reformas.
    Quizás este artículo parezca ciertamente complejo. No es así en realidad en comparación con los numerosos detalles y precisiones a las que podrá llegar el lector interesado en profundizar en estas cuestiones.

  • Aut insanit homo aut versus facit (el hombre o está loco o hace versos)

    “Aut insanit homo aut versus facit” es uno de los muchos “tópicos” del poeta latino Quinto Horacio Flaco; tópico en el sentido etimológico de “lugar”, pasaje, cita, del gr. τόπος, lugar, país, pasaje de un libro. El verso, convertido en sentencia o máxima, es citado por muchas personas con sentido y en contextos muy diversos.

    La sentencia aparece en sus Satiras, lib. II, 7, v, 117. Conocida es la facilidad con la que autores antiguos, de manera especial Horacio, crean frases y sentencias redondas, preñadas de sentido, que pronto escapan del “texto”, ( tejido),  inicial y adquieren una larga vida autónoma.

    Horacio es el autor de sentencias (alguna ya la hemos comentado en este mismo blog)  tales como:
    –  “carpe diem” (Odas, lib. I, 11,8aprovecha el momento, https://www.antiquitatem.com/carpe-diem-horacio-oda-poesia-latina

    – "la Grecia conquistada conquisto a su fiero  conquistador e introdujo las artes en el agreste Lacio.". "Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit in agresti Latio." ( Epístolas II, 1, 156-157).   https://www.antiquitatem.com/graecia-capta-cultura-griega-quignard

    Dulce y honroso es morir por la patria "Dulce et decorum est pro patria mori."  (Odas, 3,2,13)

    Dorada moderación  en los versos  “Auream quisquis mediocritatem /diligit” ( Todo el que elige la dorada moderación…”(Odas, II,10,5-6)

    – y otras muchas…

    Una vez que la frase adquiere su autonomía,  son los hablantes que de ella se sirven, quienes la rellenan de contenido y la dotan de matices, que en ocasiones poco tienen que ver con su significado inicial. Este podría ser el caso a la vista del uso que de la frase hacen centenas y aun millares de personas.  Por  eso me voy  a permitir una pequeña exploración de la cuestión.

    Horacio es de las escasas personas, y menos aún literatos,  que con envidiable sentido del humor y con notable madurez, se presenta ante sus lectores con todos sus pequeños vicios y defectos, tal como es. Para ello aprovecha las fiestas anuales de las Saturnalia en las que en la sociedad romana se invertía el orden social establecido. Durante esos días los esclavos eran los señores y los señores soportaban las impertinencias de los esclavos, que incluso vestían con la ropa de su dueño. En esos días, sintiéndose libres, podían dirigirse a su “dominus” en  términos inadmisibles en otro momento. (el asunto es realmente interesante desde el punto de vista sociológico, etnológico y psicológico, aunque no sea este el momento).

    Pues bien, esto es lo que hace el esclavo Davus, el esclavo de Horacio,  con su señor,  al que entre otras lindezas le  llama  inconstante y caprichoso (si está en Roma quiere ir al campo, si está en el campo echa en falta Roma), servil con quien le invita, glotón,  borracho, dormilón, perezoso, esclavo de mujeres casadas de manera ilícita, esclavo de muchos otros más,  etc. (En el fondo lo que nos está diciendo Horacio por boca de su esclavo es que el único hombre verdaderamente libre es el sabio y no el tonto, el inconstante o el que depende de mil caprichos, algunos peligrosos), Pues bien, después de esta  larga retahíla, el poeta no soporta más tanto atrevimiento y le dice airado:

    Horacio¿Dónde tengo una piedra?
    Davo:       ¿Para qué la necesitas?
    Horacio¿Dónde están las flechas?
    Davo:       Este hombre o está rabiando o haciendo versos.
    HoracioSi no te largas de aquí a toda prisa, tú servirás de  noveno trabajador en mi finca 
                     Sabina.

    (Trabajar en el campo -en la granja de Sabina- era bastante más duro que servir en la casa del señor)

    Horatius:  unde mihi lapidem?                             
    Davus:   quorsum est opus?                                 
    Horatius: unde sagitas?
    Davus  aut insanit homo aut versus facit  /     
    Horatius: ocius hinc te ni rapis, accedes opera agro nona Sabino     

    Bien, el significado en su contexto parece claro y en principio limitado a un solo suceso. Pero es necesario conocer que Horacio ha jugado con un detalle contextual de gran importancia, también para el futuro de la frase. En realidad está relacionando la “insania” del poeta con la opinión común en la Antigüedad de que los poetas son arrebatados por cierto “furor poeticus”, por la “inspiración divina”,  por cierta locura que los señala y aparta del común de los mortales.

    El mismo Horacio no está de acuerdo  en su Epistula ad Pisones 295-97  con  Demócrito, que  exigía a los poetas cierta locura, mientras Horacio exige el trabajo exigente del pulido y corrección:

    Porque Demócrito cree que el talento natural
    es más afortunado que la pobre técnica
    y excluye del Helicón a los poetas sanos
    (que no están locos).

    (Nota: el Helicón es un monte cercano al Parnaso dedicado al dios Apolo y a las Musas)

    Ingenium misera quia fortunatius arte
    Credit et excludit sanos Helicone poetas
    Democritus,…

    Recordemos asimismo cómo la palabra “carmen”  significa “poema, verso”, pero también “embrujo, canción, canto y encantamiento, profecía, predicción, embrujo, filtro mágico, fórmula religiosa, sentencia moral…”.

    Asimismo “poeta”, del griego  del gr. ποιητής,  “poietés”,  es el creador, autor, fabricante, hacedor, poeta (hacedor de versos) también es llamado  “vate“ del latín “vates”, adivino, profeta, poeta inspirado por los dioses (por cierto, el Vaticano es la colina de los “vaticinios” o profecías según una etimología que no todos admiten, seamos precisos, pero que parece plausible).

    Esta característica del poeta como individuo especial en la colectividad tocado por los dioses ha transcurrido por la Edad Media, Moderna (recordemos a Cervantes y su referencia a la poesía como “la gracia que no quiso darme el cielo”),  y Contemporánea y de alguna manera ha llegado a nuestros días.

    Al poeta se le sigue viendo  como un “loco”  o insanus, no peligroso (a veces lo es o puede serlo), por cierto,  sino como persona afortunada por los dioses o la madre naturaleza, capaz de penetrar en las cosas o de sentir la realidad con más intensidad que el común de los mortales.

    Quizás en algunos casos alguien cargue de mayor contenido peyorativo el adjetivo “insanus”, loco, arrebatado, llevado tal vez de la envidia de alguien que está mejor dotado para percibir y expresar sus sentimientos.

    No entiendo muy bien la absoluta generalización del sentido de la frase, que aplicada con exactitud descalificaría a la enorme mayoría de seres humanos, que desde luego ni hacen versos ni tienen capacidad alguna para hacerlos aunque quisieran.

    Tal vez podríamos admitir cierta generalización en el sentido de que es una auténtica locura para la humanidad reducir la vida de las personas a una exclusiva preocupación por las cuestiones económicas. Quienes así viven están locos, no están sanos, que es lo que significa en sí el término in-(preverbio negativo) sanus.

    La alternativa a este estado de alienación humana, desde luego, es la poesía, al menos un poco de poesía, en el sentido de percibir y disfrutar de una vida plena de sentimientos, matices y experiencias. En esta tarea es esencial la educación de las personas, la educación integral y no la educación para la competitividad.

    Pero este desde luego no era el sentido que Horacio dio a su famoso verso, aunque nos venga bien utilizarlo y nos agrade ampliar su sentido.
     

  • Androcles y el león agradecido

    Androcles y el león es un famoso relato que ha encandilado el interés de numerosas personas desde la Antigüedad a nuestros días

    Se trata de la historia, cuento popular probablemente en su origen, de un esclavo, Androcles,  que huido de su señor, se encuentra con un león en el desierto; el león no le ataca, como podríamos esperar. Cuando Androcles se le acerca, el león le muestra su pata y  observa que tiene una espina clavada que le impide andar y le ha dejado muy debilitado. Androcles le saca la espina de la pata y sigue su camino. Muchos años después se encuentran Androcles y el león en Roma, ahora en el anfiteatro al que el esclavo es arrojado para ser devorado por las fieras. Cuando el león sale a la arena, contra todo pronóstico, no sólo no devora a Androcles sino que se le acerca dócil; es el león al que Androcles extrajo la espina y lo salvó de una muerte segura; ahora agradecido le corresponde salvándole la vida, pues el pueblo, informado de la historia exige la salvación de Androcles y del león.

    El cuento, relato, historia,  que algunos convierten en fábula y sin ninguna necesidad atribuyen a Esopo como tantas otras fábulas, se ha repetido hasta la saciedad como ejemplo de la virtud del agradecimiento, contraria a la ingratitud. Fedro, desde luego, no lo incluyó entre las fábulas de su traducción latina de Esopo.

    La historia nos la cuenta por primera vez en un texto escrito que conservemos Aulo Gelio (vivió en el siglo II d.C.), en sus Noctes Atticae, V, 14.  Según Aulo Gelio, la historia la pone en boca de un tal Apión, que dice que él vió personalmente el suceso.

    Muy probablemente el suceso fue una invención del tal Apión, aunque inspirado por la realidad de las “venationes” o cacerías que los romanos celebraban en el anfiteatro entre otros espectáculos sangrientos.

    Es este tema de las venationes un asunto al que en algunas ocasiones algunos escritores han dedicado su atención. Marcial, por supuesto, hace numerosas referencias precisamente en su Libro de los espectáculos.  (Liber spectaculorum)

    Probablemente el tal Apión observó en unos juegos reales cómo un león salvó la vida a uno de sus cuidadores, tal como nos cuenta Séneca en De beneficiis, 2,19.

    Vimos en el anfiteatro a un león que protegió del ataque de las fieras a uno de los cuidadores que reconoció porque en otro tiempo había sido su dueño.

    Leonem in amphitheatro spectauimus, qui unum e bestiariis agnitum, quum quondam eius fuisset magister, protexit ab impetu bestiarum.

    Y en ello se inspiró, recogiendo un cuento tradicional que ya circulaba por el antiguo Egipto.

    Claudio Eliano (ca. 175-ca 235), orador y profesor romano que escribía en griego, recoge la historia de Androcles en su De Natura Animalium, 7, 48; daré sólo el comienzo de su texto, en su versión latina, prácticamente idéntico al que luego reproduciré de Aulo Gelio:

    Habiéndose fugado de casa de un senador romano un esclavo que se llamaba Androcles porque había cometido un grave crimen (desconozco en realidad cuál fue) y habiendo llegado a Africa…

    Cum a senatore Romano servus, cui nomen Androcles erat, aufugisset, quia facinus quodpiam nefarium (id vero quale fuerit ignoro) admisisset, et in Africam venisset,… (Versión latina del texto griego de De Natura Animalium Claudii Aeliani  a Friderico Jacobs editi apud Fridericum Fromannum, Jenae, MDCCCXXXII)

    Luego este tema de “el león agradecido” se repitió durante la Edad Media, por ejemplo, Ademar de Chabannes lo relata en el siglo XI; Chrétien de Troyes escribe la novela Yvain el caballero del león en la que el caballero ayuda a un león y luego el león, que permanece a su lado, es un ejemplo de honor y amistad.

    Y aparece también en leyendas de la  vida de algunos santos como san Gerásimo, San jerónimo que también extrajo una espina de la pata de un león al que así domesticó, etc.

    En los siglos XV, XVI, XVII Aulo Gelio tuvo un gran éxito en Europa. En 1484 William Caxton tradujo al inglés un códice latino en el que se encontraba la fábula «Of the lyon &of the pastour». Montaigne (1533-1592)  también cuenta en sus Ensayos la historia del león y el Esclavo.

    Un episodio muy similar cuenta Díaz de Guzman en sus crónicas referido a Isabel de Guevara (año de 1556), personaje femenino presente en la creación de Buenos Aires.  Isabel, desesperada por el hambre, salió del fuerte de Buenos Aires y se refugió en la cueva de una leona a la que ayudó a parir. La capturaron los indígenas y uno la hizo su esposa. Recuperada luego por los españoles, la condenaron a ser atada a un árbol y servir de comida a las fieras como escarmiento, pero la leona la protegió y los soldados la perdonaron.

    Incluso un reflejo del episodio podríamos apreciar en el Capítulo XVII de la Segunda parte del Quijote, en la aventura de los leones, a los que les abrieron la jaula pero no atacaron.

    Más evidentemente  Francisco de Quevedo en su obra   “Virtud militante (contra  las cuatro pestes del mundo: envidia, ingratitud, soberbia y avaricia”, para criticar la ingratitud  recurre al tópico medieval del  león eternamente agradecido por haber sido liberado de una espina, a la fábula de Androcles y el león, atribuida como decía a Esopo. Dice Quevedo:

    Fierísimo es el león, y el sacarle una espina de un pie pagó liberalísimo
    con dar la vida al que se la sacó.

    Modernamente es famosa una obra de teatro de Bernard Shaw titulada precisamente así, Androcles y el león,  en la que el autor inglés en realidad trata de manera peculiar y humorística sobre los orígenes del cristianismo y las persecuciones de los cristianos, todo ello con poco rigor histórico. En su comedia Androcles es un cristiano conducido al Coliseo.

    En el año 1952 se hizo una famosa película en EEUU precisamente basada en la obra de Bernard Show, dirigida por Chester Erskin.

    Aulo Gelio y sus Noctes Atticae, miscelánea de infinitos temas intranscendentes y fútiles, ha generado gran atractivo entre numerosos escritores contemporáneos, como el poeta argentino Arturo Capdevilla (1889-1967) que tiene un famoso poema titulado precisamente “Aulo Gelio”, Borges, Cortázar o Bioy Casares.

    Curiosamente, el escritor siciliano de una peculiar novela policiaca ambientada en la isla, Andrea Camilleri, ambienta un episodio de su héroe Montalbano en esta historia de Androcles y el León en un episodio que titula “Lo que contó Aulo Gelio” en su libro “Un mes con Montalbano” como homenaje a Vázquez Montalbán.

    Yo mismo leí la historia de niño probablemente en algún libros de historias edificantes; naturalmente Androcles era un cristiano arrojado a las fieras.

    Aunque el relato de Gelio, Noctes Atticae, V,14 es un tanto largo, lo transcribo entero para que el lector tenga un conocimiento directo de la fuente:


    Historia que refiere el sabio Apión, llamado Plistonices, acerca del reconocimiento en Roma entre un león y un esclavo con quien la fiera había vivido en otro tiempo.

    Apión, llamado Plistonices, era escritor muy erudito y notable, especialmente por la extensión y variedad de sus conocimientos acerca de la antigüedad griega. Adquirió mucha reputación por un compendio en que refiere todo lo maravilloso que ofrece el Egipto en sus monumentos o en las tradiciones de sus habitantes. En los pasajes de esta obra en que refiere lo que ha leído u oído decir, tal vez se le puede censurar que se deja llevar de la facundia y exageración por el deseo de producir efecto, porque este autor gusta mucho de ostentar su ciencia. Pero lo que quiero citar de él es lo que dice en el libro quinto de su compendio sobre Egipto, y que no es de lo que ha leído u oído, sino que asegura haberlo presenciado él mismo en Roma.

    «Un día – dice – había llevado al pueblo romano al circo el espectáculo de una cacería en que habían de combatirse considerable número de animales. Encontrándome en Roma a la sazón, quise presenciarla, y vi soltar en la arena gran número de animales salvajes de fuerza y dimensiones prodigiosas y extraordinaria ferocidad. Admirábase especialmente una manada de leones enormes, entre los que descollaba uno, cuya monstruosa corpulencia, rápidos saltos, terribles rugidos, abultada musculatura y flotantes melenas, asombraban a los espectadores y atraían todas las miradas. Introdújose a los desgraciados que habían de pelear con las fieras, encontrándose entre ellos un esclavo llamado Androclo, que había estado al servicio del procónsul. En cuanto el león vió a aquel hombre, paróse, como asombrado por su presencia, dirigióse en seguida dulcemente a él, y se le acercó poco a poco, mirándole como si le conociese.  Llegado junto a él, se frota con su cuerpo, agitando la cola con aspecto sumiso y cariñoso, como perro que acaricia a su amo, y lame los pies y las manos del desgraciado, a quien el terror había privado de sentimiento. Pero viéndose Androclo acariciado por el terrible animal, cobra ánimos, abre los ojos,  y se atreve, al fin, a mirar al león. Entonces, como si los dos se reconocieran, fué de ver al hombre y al  león mostrarse recíprocamente profundo regocijo. Ante tan extraño y conmovedor espectáculo, dice el escritor, todo el público rompió en aplausos; y habiendo mandado el César que le llevasen en seguida a Androclo, le preguntó en qué consistía que aquella fiera le había perdonado a él solo. El esclavo refirió entonces la aventura más extraña y maravillosa. «Era yo .:.– dijo – esclavo del procónsul que gobernaba la provincia de Africa; los golpes y malos tratamientos que me prodigaba diariamente, sin razón alguna, me obligaron a huir, y para escapar más fácilmente a las persecuciones de mi amo, a quien obedecía toda la comarca, busqué refugio inaccesible entre las arenas y los desiertos, decidido a darme la muerte de cualquier manera si llegaba a carecer de alimento. Caminaba bajo los abrasadores rayos del sol de Mediodía, cuando encontré en mi camino una caverna aislada y  profunda, en la que entré y me oculté. Apenas había entrado, cuando vi un león que tomaba el mismo camino. El animal tenía una pata ensangrentada y andaba con dificultad, quejándose y gimiendo como si padeciese violentos dolores. Aterróme al pronto su presencia; pero en cuanto entró el león en la caverna, que, como vi en el acto, era su ordinaria guarida, y me vió ocultándome en el fondo, acercóse con aspecto,", dulce y sumiso, levantó la pata, presentándomela, y parecía que me demandaba socorro. Cogíla con la mano, le arranqué una espina muy gruesa que se había clavado, apreté para que saliese la carne corrompida, y cada vez más tranquilo, atendiendo cuidadosamente a la operación, conseguí purificar y secar por completo la herida. Entonces el león, al que había aliviado y librado de sus sufrimientos, se acostó y se durmió, dejándome la pata entre las manos. Desde aquel día vivimos juntos, habitando durante tres años la misma caverna y compartiendo los mismos alimentos. Cuando regresaba de sus cacerías, traíame los mejores trozos de las presas que había cogido, y como carecía de fuego, los asaba yo al sol a la hora de mediodía. Sin embargo, habiéndome cansado de aquel género de vida, un día, mientras el león estaba cazando, me alejé de la caverna. Después de tres días de marcha, encontróme un grupo de soldados, que se apoderaron de mí; traído a Roma, comparecí ante mi amo, que en el acto dictó mi sentencia de muerte, condenándome a ser entregado a las fieras. Veo que el león fué cogido también después de nuestra separación, y ahora, alegre al encontrar a su bienhechor, me muestra su agradecimiento.» Tal fué, según Apión, el relato de Androclo. En seguida se escribió su aventura en una tablilla, que se hizo circular entre los espectadores, concediéndose perdón al esclavo, a petición de todos, y además quiso el pueblo que se le regalase el león. Más adelante le vi, dice el autor, teniendo atado al león con una endeble correa, paseando por todas las calles de la ciudad; dábanle dinero, arrojaban flores al león, y por todas partes exclamaban: «Ved al león que dió hospitalidad a un hombre; ved al hombre que curó al león».  (Traducción de Francisco Navarro y Calvo)

    Quod Apion, doctus homo, qui Plistonices appellatus est, vidisse se Romae scripsit recognitionem inter sese mutuam ex vetere notitia hominis et leonis …

    APION, qui Plistonices appellatus est, litteris homo multis praeditus rerumque Graecarum plurima atque varia scientia fuit. Eius libri non incelebres feruntur, quibus omnium ferme quae mirifica in Aegypto visuntur audiunturque historia comprehenditur. Sed in his quae vel audisse vel legisse sese dicit, fortassean vitio studioque ostentationis sit loquacior—est enim sane quam in praedicandis doctrinis sui venditator—hoc autem,  quod in libro Aegyptiacorum quinto scripsit, neque audisse neque legisse, sed ipsum sese in urbe Roma vidisse oculis suis confirmat.
    “In Circo Maximo,” inquit, “venationis amplissimae pugna populo dabatur. Eius rei, Romae cum forte essem, spectator,” inquit, “fui. Multae ibi saevientes ferae, magnitudines bestiarum excellentes omniumque invisitata aut forma erat aut ferocia. Sed praeter alia omnia leonum,” inquit, “  immanitas admirationi fuit praeterque omnis ceteros unus.  Is unus leo corporis impetu et vastitudine terrificoque fremitu et sonoro, toris comisque cervicum fluctuantibus, animos oculosque omnium in sese converterat. Introductus erat inter compluris ceteros ad pugnam bestiarum datos servus viri consularis; ei servo Androclus nomen fuit. Hunc ille leo ubi vidit procul, repente,” inquit, “quasi admirans stetit ac deinde sensim atque placide, tamquam noscitabundus, ad hominem accedit. tum caudam more atque ritu adulantium canum clementer et blande movet hominisque se corpori adiungit cruraque eius et manus, prope iam exanimati metu, lingua leniter demulcet. Homo Androclus inter illa tam atrocis ferae blandimenta amissum animum recuperat, paulatim oculos ad contuendum leonem refert. Tum quasi mutua recognitione facta laetos,” inquit, “et gratulabundos videres hominem et leonem.”
    Ea re prorsus tam admirabili maximos populi clamores excitatos dicit, accersitumque a C. Caesare Androclum quaesitamque causam cur illi atrocissimus leo uni parsisset. Ibi Androclus rem mirificam narrat atque admirandam. “Cum provinciam,” inquit, “Africam proconsulari imperio meus dominus obtineret, ego ibi iniquis eius et cotidianis verberibus ad fugam sum coactus et, ut mihi a domino, terrae illius praeside, tutiores latebrae forent, in camporum et arenarum solitudines concessi ac, si defuisset cibus, consilium fuit mortem aliquo pacto quaerere. Tum sole medio,” inquit, “rabido et flagranti specum quandam nanctus remotam latebrosamque, in eam me penetro et recondo. Neque multo post ad eandem specum venit hic leo, debili uno et cruento pede, gemitus edens et murmura, dolorem cruciatumque vulneris commiserantia.” Atque illic primo quidem conspectu advenientis leonis territum sibi et pavefactum animum dixit. “Sed postquam introgressus,” inquit, “leo, uti re ipsa apparuit, in habitaculum illud suum, videt me procul delitescentem, mitis et mansues accessit et sublatum pedem ostendere mihi et porgere quasi opis petendae gratia visus est. Ibi,” inquit, “ego stirpem ingentem, vestigio pedis eius haerentem, revelli conceptamque saniem volnere intimo expressi accuratiusque sine magna iam formidine siccavi penitus atque detersi cruorem. Illa tunc mea opera et medella levatus, pede in manibus meis posito, recubuit et quievit atque ex eo  die triennium totum ego et leo in eadem specu eodemque et victu viximus.  Nam, quas venabatur feras, membra opimiora ad specum mihi subgerebat, quae ego, ignis copiam non habens, meridiano sole torrens edebam. Sed ubi me,” inquit, “vitae illius ”  ferinae iam pertaesum est, leone in venatum profecto, reliqui specum et viam ferme tridui permensus a militibus visus adprehensusque sum et ad dominum ex Africa Romam deductus. Is me statim rei capitalis damnandum dandumque ad bestias curavit.  Intellego autem,” inquit, “hunc quoque leonem, me tunc separato captum, gratiam mihi nunc beneficii et medicinae referre.”
    Haec Apion dixisse Androclum tradit, eaque omnia scripta circumlataque tabula populo declarata, atque ideo cunctis petentibus dimissum Androclum et poena solutum leonemque ei suffragiis populi donatum. “Postea,” inquit, “videbamus Androclum et leonem, loro tenui revinctum, urbe tota circum tabernas ire, donari aere Androclum, floribus spargi leonem, omnes ubique obvios dicere: ' Hic est leo hospes hominis, hic est homo medicus leonis.'”

  • El buey como patrón monetario

    En algún momento de la evolución de los homínidos debió surgir el intercambio de productos o trueque. Este sistema tan simple y directo puede servir incluso hoy en día para operaciones excepcionales, pero desde luego resultaría muy engorroso para el desarrollo de una economía con amplios intercambios comerciales. Era necesario encontrar un sistema de valoración en función de un patrón o unidad. Es decir, era necesario inventar el dinero y la moneda y esto ocurrió en la Edad del Bronce, en el II milenio a.C.

    Entre pueblos ganaderos, como los indoeuropeos griegos o latinos, el primer patrón o unidad de trueque fue sin duda el ganado, el buey, que era también el animal valioso como ofrenda para los sacrificios y quizás por ello se convirtió en referencia para el intercambio. Así ocurría entre los griegos de la época heroica, como refleja Homero en Iliada, VI, 234-236:

                    Entonces Zeus Crónida hizo perder el juicio a Glauco,
                     que con el Tidida Diomedes intercambió las armas,
                    oro por bronce, unas que valían cien bueyes por otras de nueve.

                   ἔνθ᾽ αὖτε Γλαύκωι Κρονίδης φρένας ἐξέλετο Ζεύς,
                   ὃς πρὸς Τυδεΐδην Διομήδεα τεύχε᾽ ἄμειβε
                   χρύσεα χαλκείων, ἑκατόμβοι᾽ ἐννεαβοίων.

    Lo recoge Plinio en Historia Natural, 33, (3) 7

    Dice (Homero) que unos compraron algunas cosas con las pieles de los
    bueyes y otros con hierro y con los cautivos; por esto, aunque el mismo
    era  ya un admirador del oro, hizo la valoración de las cosas en ganado,
    de tal manera que dice que Glauco cambió sus armas de oro de 100 bueyes
    por las armas de Diomedes de nueve bueyes. Consta que de acuerdo
    con esta práctica  en Roma las multas de las leyes antiguas también
    se pagaban  con ganado.

    alios coriis boum, alios ferro captivisque res emptitasse tradit. quare, quamquam ipse iam mirator auri, pecore aestimationes rerum ita fecit, ut C boum arma aurea permutasse Glaucum diceret cum Diomedis armis VIIII boum. ex qua consuetudine multa legum antiquarum pecore constat etiam Romae.

    O en Iliada,XXIII, 705

     El Pelida al momento depositó el tercer grupo de premios
    para la ruda lucha, tras haberlos exhibido ante los dánaos:
    para el vencedor un gran trípode para poner al fuego,
    que en el precio de doce bueyes valoraban los aqueos entre sí:
    y para el vencido puso en el centro una mujer
    diestra en muchas labores, a quien tasaban en cuatro bueyes.

                          

                                 Πηλεΐδης δ᾽ αἶψ᾽ ἄλλα κατὰ τρίτα θῆκεν ἄεθλα
                                 δεικνύμενος Δαναοῖσι παλαισμοσύνης ἀλεγεινῆς,
                                τῶι μὲν νικήσαντι μέγαν τρίποδ᾽ ἐμπυριβήτην,
                                τὸν δὲ δυωδεκάβοιον ἐνὶ σφίσι τῖον Ἀχαιοί·
                                ἀνδρὶ δὲ νικηθέντι γυναῖκ᾽ ἐς μέσσον ἔθηκε,
                                 πολλὰ δ᾽ ἐπίστατο ἔργα, τίον δέ ἑ τεσσαράβοιον.

    (Todavía hoy en algunos pueblos de Oriente y de Africa el precio de la novia se establece en cabezas de ganado, sean vacas, camellos o cualquier otro…)

    La moneda de cambio, tal como hoy la usamos, apareció probablemente en Lidia o en la Grecia asiática en el siglo VII a.C.

    Entre los latinos las reminiscencias de su relación con el ganado  son evidentes. La palabra “pecus, -oris”  significa ganado, rebaño; de pecus deriva pecunia que en principio significa riqueza, fortuna, porque según Festo entonces en el ganado consistía la riqueza; significa  también moneda, dinero sin que sea necesaria explicación ulterior. 

    Curiosamente las primeras monedas en cobre o metal, notable avance en ese momento, eran simples lingotes de metal muy pesados (el de la ilustración medía 24 x 18 cm), a veces con la forma  de una piel de buey , llamados “aes rude  = as bruto, sin acuñar” y luego, tal vez en el siglo V a.C.  acuñado con la figura impresa de un buey o toro (aes signatum). A veces aparece impresa la figura de un carnero o de un cerdo.

    Más tarde  fueron muy frecuentes las monedas en cuyo reverso seguía apareciendo  la figura del buey o toro.

    De pecunia deriva pecuniario, del latín pecuniarius y que significa “perteneciente o relativo al dinero efectivo” según la Real Academia Española.

    Deriva también peculio, de  peculium, que significa, también según la RAE, “Hacienda o caudal que el padre o señor permitía al hijo o siervo para su uso y comercio y luego por extensión  dinero que particularmente tiene cada uno, sea o no hijo de familia”. Su origen está naturalmente en la parte del rebaño que el señor permitía que el esclavo o cuidador del ganado cogiese para su sustento.

    Capital deriva de capitalis y este de caput, capitis, cabeza, que en este contexto económico se refiere, naturalmente, a cabeza de ganado; así que acumular capital quiere decir acumular cabezas de ganado, es decir, dinero.

    capitalis” en latín clásico hace referencia también a las penas o crímenes mortales; con sentido económico encontramos el término latino clásico capitarium, que hace referencia a lo principal de una deuda, de una renta.

    De la palabra  capitalis deriva también caudal  (antes cabdal) que significa, entre otras cosas, “Hacienda, bienes de cualquier especie, y más comúnmente dinero” según el diccionario de la RAE .  Así se usa en la expresión “caja de caudales”.

    La palabra moneda tiene un curioso origen. En la Roma republicana se acuñaba el dinero en una dependencia junto al templo de Juno Moneta. Moneta era uno de los múltiples determinativos  con los que se referían a la diosa Juno, la Hera de los griegos. Moneta significa “la avisadora, la protectora, la que nos cuida, la que nos advierte, la que nos aconseja”.

    El término dinero deriva de denarius,(derivado del  también latin “deni” que significa diez) moneda romana de plata, imitación de las monedas griegas, que se comenzó a acuñar hacia el 269 a.C.  que equivalía a diez monedas de bronce llamadas as, . 

    De “denarius” deriva “dinar”, nombre de la unidad monetaria en numerosos países árabes.

    Al estudio y arte de coleccionar monedas se le llama numismática, palabra que deriva de la latina numisma o nomisma , transcripción latina de  la griega νόμισμα, que significa precisamente “moneda”, relacionada con  νόμος   que significa uso, costumbre, ley.
    Relacionado con este mundillo de la moneda está la palabra ceca, lugar, institución, taller en el que se acuñan las monedas, procede del árabe “dar al-sikka”  ( casa de moneda). 
    En otra ocasión  comentaremos los sistemas monetarios romano y griego.

  • ¿Qué es un epigrama?

    La palabra epigrama procede de la latina epigramma, y esta de la griega ἐπίγραμμα (de ἐπί = sobre y γραμμα =, escritura, letra), que significa “inscripción”. Su etimología hace referencia a las inscripciones sepulcrales o votivas en piedra u otro material, naturalmente breves.

    Luego este tipo de poemas fue tratando otros asuntos y designó a un poema corto, generalmente de tema erótico-amoroso, una especie de grabación ficticia. En el siglo I d.C. la temática es muy variada,  sobre todo satírica y de crítica social.

    En este tipo de poesía  sobresale el poeta hispano de Biblbilis (junto a la actual Calatayud) Marco Valerio Marcial (40-104). Escribió más de 1.500 epigramas, la mayoría en dísticos elegiacos (del gr. δί-, dos y στιχον, surco, verso), estrofa , pues, de dos versos, un hexámetro y un pentámetro.

    Son muy conocidos los de temática  erótica, a veces obscenos, pero en realidad trató todos los temas y aspectos de la vida y costumbres de la sociedad romana, siendo su obra un documento de gran valor para conocer diversos aspectos de la sociedad y cultura de la Roma del siglo I.

    Digamos que sus temas pueden ser dulces como la miel (mel); satíricos y amargos como la hiel (fel), ácidos como el vinagre (acetum), graciosos e ingeniosos como la sal (sal). Son estas comparaciones que desde la Antigüedad se vienen utilizando para definir estos poemitas y su temática.

    Así pues, el epigrama es un poemita que ha de tener como  características, señaladas ya por los propios poetas antiguos como el propio Marcial,  brevedad, suavidad y dulzura, agudeza, ingeniosidad e ingenio, burla, acidez  y mordacidad


    El mismo Marcial nos lo explica  en  Lib. 7, 25:

    Si siempre escribes sólo epigramas dulzones
    y  más blancos que la piel blanqueada con albayalde,
    si no hay en ellos ni una pizca de sal ni una gota de amarga hiel,
    loco, ¿quieres encima que alguien los lea?
    Ni nos agrada comer un alimento sin algo de vinagre,
    ni es agradable un rostro al que le falta un risueño hoyuelo.
    Dale al niño manzanas enmeladas e insípidos higos,
    a mí dáme  higos de Chios, que saben picantes
    ”.

    Dulcia cum tantum scribas  epigrammata semper
    et cerussata candidiora cute,
    nullaque mica salis nec amari fellis in illis
    gutta sit, o demens, vis tamen illa legi!
    Nec cibus ipse iuvat morsu fraudatus aceti,
    Nec grata est facies, cui gelasinus abest.
    Infanti melimela dato fatuasque mariscas:
    nam mihi, quae novit pungere, Chia sapit
    ."

    Pues bien, Juan de Iriarte y Cisneros (Tenerife 1702- Madrid 1771) fue un importante latinista, helenista, bibliógrafo y poeta con una ingente obra. Su género preferido fue el epigrama y tradujo muchos de los de Marcial en verso, así como de otros autores modernos. El mismo escribió numerosos epigramas en latín y teorizó sobre las características de estos poemas.

    Este importante personaje define perfectamente lo que es un epigrama en un conocido poemita,  epigrama también, naturalmente:

    A la Abeja semejante,
    Para que cause placer,
    El Epigrama ha de ser:
    Pequeño, dulce y punzante.

    Estas comparaciones para definir al epigrama ya se utilizaban en tiempos de Marcial. Este epigrama, en el que define las características esenciales de este género literario (pequeño, dulce y punzante) es muy conocido por el público lector; más conocido por los lectores de alguna edad que por los más jóvenes de la actualidad, que apenas si memorizan algún texto literario.

    Lo que pocos conocen, antes como ahora, es su versión latina del propio autor (Iriarte), el  número CCLXVI , que titula   Epigrammatis dotes y que dice:

                                              Sese ostendat Apem, si vult Epigramma placere:
                                               Insit ei brevitas, mel, et acumen Apis.

    cuya traducción más literal es del tenor siguiente:

                 Si el epigrama quiere agradar, se ha de manifestar como una abeja;
                 En él ha de encerrarse brevedad, miel y el aguijón de la abeja.

    La misma definición hace Martínez de la Rosa (1787-1862), poeta, dramaturgo y político liberal, poco posterior, en su Poética, canto IV

    Mas el festivo ingenio deba sólo
    al sutil epigrama su agudeza:
    un leve pensamiento,
    una voz, un equívoco le basta
    para lucir su gracia y su viveza;
    y cual rápida abeja, vuela, hiere,
    clava el aguijón y al punto muere

    En realidad, son éstas  definiciones tradicionales, que exigen como “virtudes” (término más frecuente que el “dotes” utilizado por Iriarte) del epigrama, sobre todo brevedad y agudeza, a las que algunos añaden la suavidad o dulzura, que es lo característico de la miel.

    Pondremos unos pocos  ejemplos, extraídos del millar y medio que escribió Marcial, como muestra para que el lector se anime a realizar una lectura completa de su obra.

       Lib. VIII, 14

    Para que tus pálidos frutales de Cilicia no teman al invierno
    y un viento fuerte no muerda tus tiernos arbolillos,
    unas cristaleras, opuestas a los vientos invernales del sur,
    dejan pasar el sol límpido  y la luz pura.
    Y en cambio a mí me das una choza, con una ventana que ni  cierra por completo,
    en la que no querría estar ni el mismo Boreas
    .(1)
    ¡Y así, cruel, condenas a vivir a un viejo amigo!
    Estaría mejor tratado como huésped de tus árboles.

          (1) Viento del norte, frío

    Pallida ne Cilicum timeant pomaria brumam
    mordeat et tenerum fortior aura nemus,
    Hibernis obiecta notis specularia puros
    admittunt soles et sine faece diem.
    At mihi cella datur, non tota clusa fenestra,
    in qua nec Boreas ipse manere velit.
    Sic habitare iubes veterem crudelis amicum.
    Arboris ergo tuae tutior hospes ero.


                   ————————
    Lib. V, 9

    Estaba  enfermo y rápido viniste a mí, Símaco, (1)
    acompañado de cien discípulos.
    Me palparon cien manos heladas por el cierzo.
    No tenía fiebre, Símaco, pero ahora la tengo.

        (1) Evidentemente, Símaco era médico.

    Languebam: sed tu comitatus protinus ad me
    venisti centum, Symmache, discipulis.
    Centum me tetigere manus aquilone gelatae:
    Non habui febrem, Symmache, nunc habeo.

                                         ————————–
    Lib. III, 87

    Se rumorea, Quíone, que nunca has sido follada
    y que nada hay más puro que tu coño.
    Sin embargo te bañas sin taparte la parte que debes.
    Si tanto pudor tienes, ponte  el bikini en la cara.

    Narrat te, Chione, rumor numquam esse fututam
    atque nihil cunno purius esse tuo.
    Tecta tamen non hac, qua debes, parte lavaris:
    Si pudor est, transfer subligar in faciem.

                                   ————————-
    Lib. III, 89

    Come lechugas y come tiernas malvas,
    pues tienes, Febo, la cara del que caga duro.

    Utere lactucis et mollibus utere malvis:
    nam faciem durum, Phoebe, cacantis habes.

                                    ————————
    Lib. I, 38

    Ese librito que recitas es mío, Fidentino,
    pero cuando lo recitas tan mal comienza a ser tuyo
    .

    Quem recitas meus est, o Fidentine, libellus:
    Sed male cum recitas, incipit esse tuus
    .

                                 —————————
    Lib. I, 28

    El que crea que Acerra apesta a vino de ayer
    se equivoca; Acerra siempre bebe hasta el alba.

    Hesterno fetere mero qui credit Acerram,
    Fallitur: in lucem semper Acerra bibit.

                          ……………………………..

    Lib. I, 29 

    Se rumorea, Fidentino, que recitas al público
    mis versos como si fueran tuyos.
    Si quieres que se diga que son míos, te enviaré gratis mis poemas,
    Si quieres que se diga que son tuyos, cómprame esto:  que no sean míos.

    Fama refert nostros te, Fidentine, libellos
    Non aliter populo quam recitare tuos.
    Si mea vis dici, gratis tibi carmina mittam:
    Si dici tua vis, hoc eme, ne mea sint.

                            ……………………….

    Lib. II, 87

    Dices que las bellas muchachas arden de amor por ti,
    Sexto, tú que tienes la cara del que nada bajo el agua.

    Dicis amore tui bellas ardere puellas,
    Qui faciem sub aqua, Sexte, natantis habes
    .

    Y así hasta 1.500…