Categoría: Cultura

  • Los Juegos Olímpicos antiguos

    Entre las muchas cosas que les debemos a los griegos, no es la menos importante la creación de las competiciones deportivas. Los griegos celebraron durante más de mil años los Juegos Olímpico, desaparecieron hace más de mil seiscientos y los hemos recuperado hace apenas cien.

    Actualmente cada cuatro años se celebran en algún lugar del mundo los Juegos Olímpicos u Olimpiadas. Las ciudades más importantes o las emergentes con más futuro del planeta compiten por su organización. Ningún evento deportivo los iguala ni en interés deportivo ni en sana competitividad ni en espectacularidad y vistosidad ni en seguimiento por miles de millones de ciudadanos. Durante unas semanas todo gira en torno a la Olimpiada y los seres humanos parecen olvidar las rencillas y cultivar sus mejores cualidades.

    Como tantas otras cosas, los Juegos Olímpicos se los debemos también a los griegos y en consecuencia les debemos el deporte como contienda física pacífica que con el tiempo se desprendería de sus connotaciones religiosas.

    Como toda sociedad aristocrática y guerrera, sus jóvenes soldados o hacen la guerra o se entrenan para ella con ejercicios competitivos adecuados. Estas competiciones se celebran en momentos determinados en el marco de una festividad religiosa en honor de una determinada divinidad o en los funerales de algún caudillo o héroe guerrero y por lo tanto tienen un carácter sagrado.  Los juegos son la oportunidad para mantener vivo el espíritu heroico y caballeroso de los héroes homéricos, expresado con el término griego “areté”, cuando ya el vencedor no mata al vencido y se queda con sus pertenencias sino que se respeta al adversario que ha contendido noblemente. 

    Aunque los atletas compiten a título individual, las ciudades trasladan sus rivalidades nacionales a los juegos y se sienten orgullosas de ellos.

    Los Juegos Olímpicos se celebran en honor de Zeus en la ciudad de Olimpia, en la fértil cuenca del río Alfeo, en la Elide griega. Estas  competiciones atléticas en Olimpia son antiquísimas. La tradición y el mito adjudican a Herakles o Hércules su creación al organizar una carrera en agradecimiento a Zeus por la victoria que tuvo sobre el rey Augías. Hércules fijo la distancia en  600 de sus pies, lo que hacía  la longitud de un estadio (192.27 m.). Por eso hoy los “estadios” son las instalaciones deportivas en que se celebran competiciones. Algunos “estadios” son grandiosas y notables obras de arquitectura.

    En el año 864 a.C. se firmó un tratado entre Ifito por los Eleos, Licurgo por Esparta, y Cleóstenes por Pisa para aprobar la famosa Tregua Sagrada durante tres meses que impedía la guerra y que declaraba inviolable el territorio de Olimpia y garantizaba la seguridad de  los peregrinos y  atletas que acudían a competir  dos meses antes de que empezaran los juegos.

    Estos juegos en estas condiciones son un elemento esencial en el sentimiento de comunidad helénica entre polis  o ciudades-estado que tan asiduamente practicaron los enfrentamientos entre ellas

    En el año 776 a.C. se celebraron los primeros Juegos Olímpicos que se registraron oficialmente. Este hecho tuvo una enorme transcendencia, puesto que sirvió para iniciar una nueva era o cómputo del tiempo histórico a partir de ese momento (era de las Olimpiadas).

    La época de mayor esplendor se corresponde con los siglos V y IV, época clásica una vez superado el arcaísmo anterior, cuando a los regímenes monárquicos y aristocráticos sucede la creación de la democracia, cuyo máximo exponente es Atenas.

    Estos  Juegos Olímpicos (había otros en otras ciudades dedicados a otros dioses) eran la fiesta religiosa y la competición deportiva y cultural más importante de toda Grecia. La corona de olivo, premio a la victoria,  era el trofeo más codiciado por un griego, aunque cada ciudad subvenía económicamente a sus ciudadanos, considerados auténticos héroes, aunque lo realmente importante era obtener la fama.

    Se celebraron cada cuatro años sin interrupción desde el año 776 a. C. hasta el año 394 después de Cristo, en que el emperador romano cristiano Teodosio los prohibió por considerarlos un culto y rito pagano. El Cristianismo, que incorporó tantas cosas paganas a su credo y ritual, prefirió suprimir las Olimpiadas. En realidad en los últimos tiempos había desaparecido el primitivo espíritu olímpico y los Juegos habían decaído notablemente. En todo caso habían  pervivido 1170 años prácticamente sin ininterrupciones, aunque surge la duda de qué ocurrió entre las Olimpiadas 265 y 286 porque no se conservan las listas de vencedores de esta época . Hemos tardado más en recuperarlas en la época moderna, exactamente 1.500  años.
     

  • Pigmalión

    Pigmalión es un mito griego permanentemente reinterpretado

    Los numerosos mitos griegos narran la vida y milagros de sus dioses, de sus héroes, de sus gentes; explican el origen y significado de los fenómenos de la naturaleza, aunque de una forma no científica (aunque los griegos también iniciaron el pensamiento científico); profundizan en la vida de los hombres, su esencia, sus pasiones, sus costumbres. Los mitos, pues, transmiten mensajes identitarios a los miembros de la sociedad de cada momento.

    La mitología griega es además un inmenso campo abierto a la creatividad de los hombres. Por ello algunos de sus mitos han sido recreados una y otra vez desde la Antigüedad a lo largo del tiempo.

    Uno de los más sugerentes ha sido el mito de Pigmalión, rey de Chipre, sacerdote, escultor que se enamora de su propia obra, la escultura de la joven y bella Galatea. La imagen cobra vida por voluntad de la diosa Afrodita, la diosa del amor.

    Son muchos en la Historia los ejemplos en los que el autor se enamora de su obra, sea en el arte de la escultura o de la pintura.

    Quienes elucubran con el posible enamoramiento de Leonardo de Mona Lisa, la Gioconda, obra que mantuvo con él durante toda la vida, ¿no estarían más acertados si refiriesen el amor a su propia obra, a su pintura y no a una muchacha de carne y hueso a la vista del carácter del propio autor?. ¿Y qué decir de la especial consideración que  Miguel Angel dispensó a su Moisés, al que consideraba su mejor obra y  al que según la tradición, tal vez legendaria, golpeó con el martillo para que hablase porque era lo único que le faltaba?.

    El tema de Pigmalión y Galatea ha sido recogido por numerosos pintores y escultores: Bronzino, Boucher, Gérôme, Goya, Edward Burne-JonesGirodet, Poussin, Daumier, Rodin y Falconet, …

    El teatro y la música también lo ha reinterpretado en muchas ocasiones: en los siglos XVIII y XIX hay no menos de media docena de operas, comedias musicales y ballets sobre el mito de Pigmalión.

    En época moderna la más famosa recreación fue la obra dramática de George Bernard Shaw llamada también “Pigmalión”, publicada en 1913. En ella un profesor de fonética transforma a una florista londinense de hablar vulgar y descuidada en una sofisticada dama de perfecta dicción.

    Sobre la obra de Bernard Shaw se hicieron varias películas: una en 1938 y la más famosa y de enorme éxito  My Fair Laydi en 1964 dirigida por George Cukor e interpretada porAudrey Hepburn y Rex Harrison, adaptación a su vez para el cine de un famoso musical del año 1956.

    Más recientemente (1990), la película Pretty Woman, dirigida por Garry Marxhall y protagonizada por Julia Robers y Richard Gere, también de gran éxito,  retoma el viejo mito. Ahora es un joven apuesto y rico  hombre de negocios  sin muchos escrúpulos el que contrata a una prostituta que cambiará radicalmente de vida cuando el joven la trata con el respeto debido como persona y le enseña a comportarse en sociedad; también el bróker sufre una profunda transformación en esa relación normalizada.

    Diversos críticos, especialmente algunos feministas, han remarcado el carácter machista del mito que resalta la superioridad masculina por el hecho de que sean precisamente hombres los artistas, los modeladores, y mujeres, en cambio ,  el producto, lo modelado.

    Al margen de la valoración e interés personal de cada cual, parece aconsejable enjuiciar y valorar cada obra literaria o artística en el contexto en el que se produce.

    Llegados a este punto, resulta oportuno conocer el mito de “Pigmalión” en sí mismo y por eso ofrezco una versión del mismo sobre la base de lo que el poeta latino Ovidio nos dice en su obra Metamorfosis, en el Libro X, versos 243-297.


    PIGMALION

    Pigmalión era un sabio y bondadoso rey de la isla de Chipre; era también  un sacerdote y un extraordinario escultor. Durante mucho tiempo buscó para esposa a la mujer más bella y perfecta de Grecia sin encontrarla en ningún lugar. Es más, asqueado por los vicios y la mala conducta de algunas mujeres que prostituían sin pudor la belleza de su cuerpo, decidió  vivir solo, sin compañera para su lecho, y dedicarse para siempre a esculpir bellas estatuas.

    Un día,  decidió esculpir con su extraordinario arte el cuerpo de una mujer de marfil blanco como la nieve a imagen y semejanza de la diosa Venus. Acabado el trabajo y encontrándolo más perfecto que si lo hubiera hecho la propia naturaleza, se enamoró de aquel  bello cuerpo  de mujer, a la que llamó Galatea.

    Parecía la estatua de marfil una joven de verdad viva a punto de levantarse y hablar dulces palabras. El corazón de Pigmalión se encendía más y más cada día de amor por Galatea, a la que acariciaba y besaba y estrechaba en sus brazos. Creía incluso en su desvarío que ella le devolvía los besos y respondía a sus frases enamoradas.

    — Querida Galatea: te traigo flores de mil colores y joyas para tus manos y este largo collar para tu cuello.

    le decía tiernamente. O solícito y cariñoso acostaba el bello cuerpo desnudo diciendo:

    Descansa, querida compañera mía en este lecho de púrpura y recuesta tu cabeza en estos cojines de blandas plumas.

    Mientras tanto había llegado el día de la fiesta de Venus, la patrona de Chipre. El sacerdote Pigmalión sacrificó en el altar de la diosa algunas jóvenes  terneras de blanca piel que llevaban la cabeza y los cuernos adornados con cintas de colores y láminas de oro y el incienso quemado esparcía su humo oloroso y dulzón por el templo. Con voz tímida susurró el rey, sacerdote y escultor, ante el altar:

    — ¡Oh dioses todopoderosos! Os suplico que mi esposa, si algún día la encuentro, sea semejante a mi mujer de marfil.

    Escuchó Venus, la diosa del amor que asistía a la fiesta, estas palabras con divina piedad.

    Cuando Pigmalión regresó a su casa acudió junto a la estatua  y le dio un cariñoso beso. Se quedó profundamente dormido y le pareció en sueños que el cuerpo de marfil no le devolvía el gélido frío del marfil inerte sino que estaba tibio. Acerca de nuevo su boca y toca su pecho con sus manos temblorosas. El marfil abandona su dureza, se reblandece y cede a la presión de los dedos. Despierta sobresaltado y temeroso e incrédulo y asombrado toca una y otra vez  el cuerpo silencioso y con sus caricias le infunde calor y vida. Ahora ya es un cuerpo vivo, sus músculos flexibles dan movimiento a sus miembros, la sangre recorre sus venas que tienen pulso y tiñe de color de rosa su rostro. Cuando Pigmalión besa por fin  la boca viva de Galatea, ella se ruboriza y mira con arrobo a su marido.

    Pigmalión se dirige respetuoso con palabras de agradecimiento a Venus y la diosa del amor  aparece de repente, espléndida y brillante y le contesta afable:

    Mereces la felicidad, Pigmalión, una felicidad a la que tú mismo has dado forma con tus actos. Aquí tienes a la reina y esposa que has buscado. Ámala para siempre, defiéndela del mal y comparte con ella tu felicidad".

    De esa forma Galatea se transformó en una mujer real y Pigmalión vio cumplido el deseo que con tanta  ilusión persiguió.

  • Pócimas o filtros de amor

    Contra todo pronóstico ha aparecido recientemente (finales de mayo de 2013) en los medios de comunicación españoles una noticia con tres palabras de sabor antiguo que parecen trasladarnos a otro mundo: pitonisa, conjuro, pócima.

    Ciertamente pitonisas, conjuros, pócimas de amor no parecen temas de nuestra época sino del pasado remoto. Y sin embargo los grandes diarios titulaban:

    El gran gol de la pitonisa panadera. La vidente cobró 165.000 euros al expresidente del Castellón por un conjuro amoroso”  o“Detienen a Laparra por asaltar la casa de una vidente que le vendió una pócima de amor falsa

    En resumen, la noticia se refería al hecho de que un tal Laparra, presidente de un club de futbol, había contratado los servicios de una “pitonisa”  (en otros tiempos dirían “bruja”), que le preparó una pócima para obtener el amor de Sandra, de la que estaba locamente enamorado. Pero la pócima resultó ineficaz y el enamorado reclamaba la astronómica cantidad pagada de 165.000 euros.

    La fórmula de la pócima o “elixir” (término que también utilizan los diarios) consistía en lavarse con el agua en la que previamente habían estado sumergidas unas flores durante 40 días; después, debía recoger tierra de un cementerio y frotarse el cuerpo con ella.

    Las pócimas, filtros o elixires de amor existen desde la más remota Antigüedad. En la cultura griega y romana son omnipresentes en los relatos mitológicos y en la vida diaria de las personas. Recordemos a la “brujaMedea que atrae a Jasón o a la maga Circe que convierte con su barita a los hombres en cerdos y retiene a Ulises (Odiseo) en su palacio, por referirnos a los griegos.

    Entre los latinos son muy frecuentes las referencias de los poetas como Horacio, Ovidio, Catulo, Propercio, y en las novelas de Petronio y Apuleyo a los filtros amorosos con los que conseguir el amor de las muchachas. Recordemos a título de ejemplo las quejas de Cintia, que ha sufrido la infidelidad de su amado Propercio en Elegías, III,6,25-30:

    No me ha vencido esa malvada con sus gracias, sino  con yerbas: él es arrastrado por el giro del rombo con su cuerda. A él lo arrastran  los portentos de una rana de zarza hinchada   y los huesos ocultos  de culebras abiertas en canal  y plumas de “estrige” (1) encontradas  entre  las piras abandonadas y la faja de lana que rodea  la funesta hoguera.

    (Nota 1): ave nocturna como el búho que chupa la sangre a los niños como los vampiros en la creencia popular romana

    Non me moribus illa, sed herbis improba vicit:
    staminea rhombi ducitur ille rota.
    Illum turgentis ranae portentae rubetae
    et tecta exsectis anguibus ossa trahunt,
    et strigis inventae per busta iacentia plumae,
    cinctaque funesto lanea vitta rogo.

    Desde luego es esta una fórmula algo más complicada que la de la moderna “pitonisa”. Como lo es la que nos cuenta Plinio en su Historia Natural XXX,49, 141 (Libro dedicado al uso medicinal de productos animales):

    Un lagarto que ha muerto en la orina de un hombre, lo inhibe en el amor, pues los magos dicen que se encuentra entre los filtros amorosos. Inhiben también el estiércol de caracol y el de paloma bebido con aceite y vino. La parte derecha del pulmón de un buitre atado (al cuerpo)  con la piel de una gruya excita el amor, lo mismo que si ingieres con miel las yemas de cinco huevos de paloma mezcladas con el peso de un denario de grasa de cerdo, o gorriones o sus huevos con el alimento o el testículo derecho de un gallo atado (al cuerpo) con  la piel de un carnero.

    In urina virili enecata lacerta venerem eius, qui fecerit, inhibet; nam inter amatoria esse Magi dicunt. inhibent et cocleae, fimum columbinum cum oleo et vino potum. pulmonis vulturini dextrae partes venerem concitant viris adalligatae gruis pelle, item si lutea ex ovis quinis columbarum admixta adipis suilli denarii pondere ex melle sorbeantur, passeres in cibo vel ova eorum, gallinacei dexter testis arietina pelle adalligatus.

    En fin, si alguien tiene curiosidad por conocer un poco más de estos rituales mágicos puede leer el Epodo V de Horacio en el que nos describe una verdadera escena de magia negra en la que se mata lentamente a un niño para elaborar con sus vísceras un potente filtro amoroso.

    En todo caso no carece de interés constatar la pervivencia de estas prácticas mágicas que se pierden en la noche de los tiempos durante milenios.

    Como es también de gran interés el constatar que hoy como hace miles de años son mujeres precisamente quienes son las poseedoras de estas artes mágicas. Ellas son las que conocen las hierbas y sus efectos y preparan medicinas para las enfermedades y filtros. Curiosamente venenum (filtro de hierbas bueno o malo) y Venus (amor, acto amoroso, objeto de amor) tienen una misma raíz  común. En latín se les llama “sagae”, hechiceras. Al respecto dice Plinio en Naturalis Historia XXV,5, 10:

    sin embargo en la mayor parte de la gente está firmemente arraigada la idea de que esto se consigue con venenos y hierbas y que el conocimiento de este arte es exclusivo de las mujeres.

    durat tamen tradita persuasio in magna parte vulgi, veneficiis et herbis id cogi eamque unam feminarum scientiam praevalere.

    En todo caso, si este enamorado moderno hubiese leído a Ovidio se habría evitado algunos problemas. Apenas comenzado su librito “Remedia amoris” (Remedios del amor), en los versos 21-22 nos aconseja bien:

    El que está a punto de morir por un amor desdichado si no lo abandona,
    que lo abandone y así no será el culpable de ningún funeral.

    Qui, nisi desierit, misero periturus amore est,
    desinat: et nulli funeris auctor eris.

    Y si hubiera conocido el famoso Ars amandi del mismo Ovidio, habría leído  en el libro II, versos 99-102, cómo descalifica el valor de las pócimas y yerbas para conquistar a la mujer amada o deseada:

    Se engaña el  que recurre  a las artes de Hemonia (1
    y da  lo que brota de la tierna frente de un potrillo.
    Las hierbas de Medea no harán que el amor perviva,
    ni los conjuros marsos (2) mezclados con  sonidos mágicos.

    Nota 1. Hemonia es Tesalia, al norte de Grecia, debajo de Macedonia
    Nota 2: Los marsos son un pueblo del centro de Italia

    Fallitur, Haemonias si quis decurrit ad artes
    Datque, quod a teneri fronte revellit equi;
    Non facient ut vivat amor Medeides herbae
    Mixtaque cum magicis naenia Marsa sonis.

    Y si nada de esto le viniera bien, podría recurrir a otra fórmula o conjuro, pero esta vez para olvidar  un amor esquivo, como hace Scylla en Appendix Vergiliana, Ciris, 369-374

    Pero la nodriza, mezclando en un recipiente plano azufre
    narciso y casia, quema plantas aromáticas
    y envolviéndole tres por nueve veces (27)
    con una venda de tres colores distintos
    dice “muchacha, escupe tres veces en tu seno conmigo;
    escupe tres veces, muchacha; el dios se alegra con un número impar.

    At nutrix patula componens sulpura testa
    narcissum casiamque herbas incendit olentis
    terque novena ligans triplici diversa colore
    fila «ter in gremium mecum» inquit «despue, virgo,
    despue ter, virgo: numero deus impare gaudet..

    Cualquiera de estas propuestas hubiera sido preferible a sufrir el engaño o timo de una fórmula descabellada con un fin descabellado por la que se pagan 165.000 euros.

    Podríamos acabar estas reflexiones con alguna consideración sobre la terminología empleada en las crónicas periodísticas. Hablan de una moderna “pitonisa” sin duda con el significado, que admite la Real Academia Española, de encantadora, hechicera, y que no es sino derivado de la función de la antigua Pitonisa o sacerdotisa del templo de Apolo en Delfos, al que acudían fieles de todo el mundo griego para preguntar al dios sobre su futuro o el de sus empresas y proyectos. Poco tiene que ver, pues, la pitonisa moderna de la noticia con la función de la antigua de intermediaria entre los mortales y Apolo.

    Le llaman también “vidente”, palabra que evidentemente se refiere a “quien ve”, aunque sean visiones sobrenaturales, y a quien “pretende adivinar el porvenir o esclarecer lo que está oculto” (curiosamente en numerosas ocasiones estos videntes del futuro o de lo sobrenatural son ciegos físicamente del mundo en el que viven; recordemos al famoso adivino Tiresias, ciego, personaje de la tragedia de Edipo, ).  Poco debía ver la moderna pitonisa,  que no adivinó ni previó la violenta reacción del crédulo cliente al que estafó 165.000 euros. Por tanto el uso de esta palabra en este contexto es absolutamente improcedente.

    Tampoco es una “pócima” , porque esta palabra procede del  griego  apó, ἀπό,  'lejos de' , 'a partir de' y  zé-ma ζέμα  'cocción', 'decocción' de hierbas y aquí tan sólo se habla de “flores sumergidas en el agua”..

    No es más adecuado el uso del término conjuro, porque aunque suponemos que junto al baño en agua de flores y untado con barro del cementerio, había alguna fórmula verbal mágica, nada se nos dice al respecto.

    Tampoco se ajusta exactamente a la situación el término “elixir”, según la Real Academia del lat. cient. elixir, este del ár. clás. al'iksīr, y este del gr. ξηρά, sustancias secas, porque no se trata de un licor o líquido medicinal para beber. Sólo podría admitirse como una generalización de su significado propio.

    Tampoco parece muy adecuado, en fin, hablar en la subentrada del titular como “pócima de amor falsa”, como si hubiera alguna “verdadera”.

    En fin, si curiosas son estas imprecisiones lingüísticas, lo realmente llamativo es que estas prácticas mágicas procedan de los albores de la humanidad y hayan atravesado todas las épocas históricas, desde la Antigüedad a la Edad Media, Moderna y Contemporánea, y que pervivan hoy en día bajo formas diversas,( a veces cubiertas con ropajes culturales como la famosa ópera de Donizetti  “L'elisir d'amore”):  creencias, ceremonias, horóscopos, nigromancia, echadoras de cartas, espacios televisivos de notable audiencia y, por supuesto, millares de páginas web absolutamente deleznables.

    ¿Tan débil e imperfecta e irracional es nuestra constitución humana?

  • Un lecho de rosas

    La realidad histórica y la fantasía popular han hecho de Síbaris una ciudad sumida en el lujo y el placer; sibarita es el adjetivo que designa a sus habitantes, pero el término pasó a referirse a las personas exquisitas de gustos refinados o a las entregadas al lujo y al placer.

    Los propios antiguos y luego algunos renacentistas ponían alguna reserva a las cosas que se contaban de los “sibaritas”, los habitantes de Síbaris; nosotros debemos ponerla también.

    Quizás para entender mejor lo que de ellos se decía, debamos interpretarlo como los “cuentos” que hoy narramos a los niños o incluso a los mayores. A ello nos ayudará sin duda relacionar una de las anécdotas de Síbaris con uno de los cuentos contemporáneos más famosos.

    Séneca el Joven (4 a.C. – 65) recoge en su diálogo De ira, II, 25,2 el cuento sin duda conocido y repetido mil veces en la Antigüedad de un sibarita realmente delicado:

    Mindyriden aiunt fuisse ex Sybaritarum civitate qui, cum vidisset fodientem et altius rastrum adlevantem, lassum se fieri questus vetuit illum opus in conspectu suo facere; idem habere se peius questus est, quod foliis rosae duplicatis incubuisset.

    Se dice que existió un tal Mindirides, de la ciudad de Síbaris, que en una ocasión, al ver a un operario cavando y levantando a lo alto la azada, se quejó de sentirse cansado y le prohibió hacer el trabajo a su vista; él mismo se quejó de sentirse muy mal porque había dormido en un lecho de rosas y uno  de los pétalos se había doblado.

    Sin duda es este el origen, o tal vez consecuencia, de la expresión “un lecho de rosas”.

    También Claudius Aelianus ( 175?-235?), profesor de retórica latino que se empeñó en publicar su obra en griego (se le llamó μελίγλωττος / melíglôttos =lengua de miel), y que  escribió una Ποικίλη ἱστορία, Varia Historia, Historias curiosas, recoge esta historieta o cuento sobre los sibaritas.
    Nos dice en sus Historias, en su versión latina Libro noveno, 24:

    Smindirides Sybarita adeo in luxuriam delitiemque prolapsus est; ut cum omnes Sybaritae delitiis vacarent, vitaque diffluerent, hic omnes longe post tergum relinqueret. Proinde quodam tempore in rosarum foliiss recumbens experegefactus dixit se postulas ex nimia lecti duritie inflactas habere.

    Esmindirides de Siracusa llevó tan lejos su exceso de comodidades que sobrepasó a todos sus conciuadadanos, que hacían de la búsqueda del placer y de las delicias de la vida, su única ocupación. Un día que se había acostado y dormido sobre unas hojas de rosas, se levantó, quejándose de que la dureza de su cama le había producido unas grandes llagas.

    Sin duda que la historia o cuento siguió corriendo en la Edad Media y aún después, en textos escritos o en la tradición oral.

    Este cuento sibarita tiene un evidente reflejo en el famoso cuento publicado por el famoso autor danés Hans Christian Andersen "La princesa del guisante", en el que una muchacha desconocida confirma su ascendencia real y su condición de princesa porque, acostada en un lecho de veinte colchones, no pudo conciliar el sueño por las molestias que le ocasionaba un guisante que bajo ellos se encontraba. ¡Hasta tal punto era delicada la princesita!

    Andersen dice que él había escuchado el cuento de niño y aprovechó luego el recuerdo. Su forma y su intención social es diferente del relato del sibarita Esmindírides, pero el fondo del asunto es el mismo y la relación, conocida u olvidada en Europa, es evidente.

    Entre cuentos similares se cita uno de  la colección de cuentos indios del siglo XI llamada el Kathásaritságara (El océano de ríos de leyendas): un joven se levanta dolorido de una cama de siete colchones porque bajo el primero o inferior  había un pelo que molestó su sueño.

    Alguna relación tiene también un cuento italiano en el que un pétalo de jazmín hirió en su caída la delicada piel de una sensible mujer italiana.

    Resulta por ello más curiosos que no se cite como precedente o similar la historia del sibarita Esmindírides.

    Podemos en cambio citar un fragmento de una conferencia de un personaje curioso, el español Pablo de Ballester, obispo ortodoxo en México, que murió en 1984 tiroteado por un general  que alegó trastornos mentales. Pablo de Ballester fue un catedrático de Griego Clásico en la Universidad Autónoma de México y director del lnstituto Cultural Helénico y famoso conferenciante.

    Dice Ballester en su libro Conferencias I, Fantástico Mundo Griego, editado en Publicaciones Cruz O. S.A.,  México,  1996, pág, 102:

    Cerca de aquellas latitudes estaba la maravillosa ciudad de Síbaris, la más refinada del mundo ¡pero así! ¡del mundo! ¡de todas las épocas!… Déjenme decir (prometo que es por última vez) lo que pasó en Síbaris una noche en que se oyó un grito, exhaló una mujer un alarido que despertó a todos los sibaritas. Dijeron:
    – ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
    – – Pues es la princesa que ha gritado
    – – Y ¿por qué habrá gritado la princesa?
    Acudieron todos a palacio. La princesa había gritado porque –como todos los sibaritas-dormía ella en un cochón de pétalos de rosa y un pétalo ¡estaba doblado! cuando ella se echó a dormir. Pues… por poco se quebranta el costado…Los sibaritas, qué civilización tan muelle, tan refinada ¿verdad? De resentir un pétalo de rosa doblado…

    Evidentemente Ballester realizó una lógica mixtura: la historieta de Esmindírides con el cuento de La princesa del guisante de Andersen.

  • Las profundas cuevas sobrecogen y atraen a los hombres devotos

    Algunos parajes naturales, sea por su belleza recóndita, por su silencio o por su profundidad que se hunde en las entrañas de la tierra, parecen emanar una fuerte atracción para los seres humanos. Entre estos parajes tienen una especial fuerza las cuevas. No en vano habitó en ellas el hombre durante la larga noche de su infancia como especie.

    No es infrecuente localizar cuevas o simas subterráneas en las que se ha realizado alguna práctica religiosa desde la más remota antigüedad: existen cuevas en la Península Ibérica en las que se acumulan restos votivos desde época ibérica, vasos cerámicos de ofrendas, y también restos medievales; algunas de estas cuevas incluso en época actual siguen concitando  reuniones  periódicas, anuales generalmente, de numerosos devotos o romeros para celebrar a la “virgen” o deidad del lugar.

    Muchos de ellos son santuarios en los que incluso hoy se busca la curación de una enfermedad, la eliminación de un dolor o la búsqueda genérica de la salud. Esto viene ocurriendo desde la remota Antigüedad y esto es así en todo el Mediterráneo, desde España a Grecia, desde Italia al norte de Africa.

    Con frecuencia junto a ofrendas en forma de vasos o  en forma de cáliz o copa, aparecen  exvotos ofrecidos por los fieles con formas de pies, manos, brazos, piernas, cabezas, torsos,… haciendo referencia a la parte dolorida cuya salud se implora. Suelen estar colgados en los muros del santuario.

    Exvoto es precisamente una  transcripción de la frase latina ex voto (por voto, por promesa),

    En las cuevas, lógicamente, se veneraban  especialmente divinidades subterráneas a las que se ofrecen sacrificios, dádivas, ofrendas.

    ¿Quién puede resistirse a relacionar, por ejemplo, la veneración en Soria al santo Saturio, en una mítica cueva junto al río Duero, el padre Duero, con el culto a Saturno, divinidad romana de las profundidades terrenales? Pues todavía hoy dos mil años después, son centenares, miles las  personas que visitan la cueva de San Saturio, cuya festividad se celebra en los primeros días de Octubre.

  • Nec nominetur (ni lo nombres)

    Hay asuntos, personas y situaciones de los que es mejor no hablar

    Conocido es el prestigio y marchamo de cultura que la utilización adecuada de una sintética frase latina confiere a una sentencia, a un pensamiento, a una afirmación. Son muchas las frases de este tipo que los muchos siglos de cultura latina han transmitido en Occidente, hasta el punto de que existen numerosos diccionarios o índices de frases latinas a los que recurrir para su comprensión o para encontrar  la adecuada a un determinado contexto.

    Nec nominetur  es una de estas frases latinas, aunque no de las más frecuentes. Literalmente significa “ni se nombre; ni se cite”. Su origen está en la Carta o epístola que San Pablo dirigió a los habitantes de Éfeso (Efesios, 5,3-4), ciudad griega en Asia Menor, actual Turquía, en donde leemos la frase completa:

    Pero la fornicación y toda inmundicia, ó la avaricia, ni se nombre entre vosotros, como conviene a los santos; ni palabras vergonzosas, ni necedades, ni payasadas, que no vienen al caso; sino antes bien acciones de gracias.

    En su versión latina (el judío San Pablo habla y escribe en Griego):

    “Fornicatio autem, et omnis immunditia, aut avaritia nec nominetur in vobis, sicut decet sanctos;  aut turpitudo, aut stultiloquium, aut scurrilitas, quæ ad rem non pertinet; sed magis gratiarum actio” 

    El sentido de la frase de San Pablo se refiere, pues, precisa y concretamente a la necesidad de que los  seguidores primitivos de Jesús se mantengan alejados de estos vicios y del uso de frases indecorosas o no adecuadas.

    Ahora bien, una vez extraído de ese contexto, el “nec nominetur” adquiere un valor más general,  o mejor, varios valores y significados que imponen y exigen desde el silencio material hasta la restricción mental o la repugnancia por hacer real algo que se rechaza, o el deseo de no querer enterarse de la realidad.

    Sus matices significativos  pueden ir, pues,  desde el conspirativo  “ni se cite entre ustedes” hasta el suasorio o aconsejante   “ni lo menciones”, “ni me lo nombre”  o el más imperativo  y castizo “mejor no meneallo”. 

    En todo caso es el silencio el que parece negar o intentar negar la realidad de lo que por otra parte todos conocen, porque requisito previo a la circunstancial  “nominación” es el conocimiento del asunto.

      La frase, de significado muy concreto en el texto de San Pablo,  se va enriqueciendo, pues,  en sus matices según los contextos en que se utiliza, coincidentes todos ellos en el rechazo a reconocer (volver a conocer) lo que ya se conoce.

  • ¿Qué significa “año bisiesto”?

    El conocimiento del calendario romano es realmente difícil, como en otros artículos hemos podido comprobar. Su importante función religiosa, su carácter primitivo lunar, su duración primero de diez meses y luego de doce, la influencia de los pueblos vecinos como los etruscos, obligaron a los romanos a varias reformas en las que curiosamente se mantenían elementos arcaicos.

    Especialmente complejo, como también  se ha visto en otro artículo, es el sistema que tienen de denominación de los días del mes. Conviene recordar ahora el artículo ya publicado y titulado Kalendas, Idus, Nonas: una rara forma de nombrar los días del mes   https://www.antiquitatem.com/idus-marzc-alendario-kalendas-nonas .

    Recordemos brevemente que se divide el mes en tres partes y se fijan los hitos o momentos que marcan esa división: las kalendas que denominan al día 1 de cada mes; las nonas que denominan al día 5 de los meses de enero, febrero, abril, junio, agosto, septiembre, noviembre y diciembre y al día 7 de los meses de marzo, mayo, julio y octubre; y los idus que señalan el día 13 de los meses cuyas nonas caen el 5 y el día 15 de aquellos cuyas nonas caen el 7. Precisamente Caius Iulius Caesar, Julio César, fue asesinado en los Idus de Marzo, es decir, el día 15 de marzo del año 44 antes de Cristo. El resto de días se denominan contando los que faltan hasta el hito siguiente contabilizando el punto de partida y el punto de llegada.

    Recordemos también como en el calendario reformado por Julio César, de carácter solar, el año tiene 12 meses de duración variable, y un total de 365 días. Para corregir el desfase con el año trópico o año solar se añade un día cada cuatro años.

    Pues bien, ese día se añadía en el mes de febrero, detrás del día 24 precisamente porque en ese momento terminaban las fiestas llamadas “Terminalia” con las que se celebraba el fin de año (recordemos que en un principio el año comenzaba en marzo).

    En la denominación de los días del mes romano el día 24 era “el  sexto día antes de las calendas de marzo”, en latín “ante diem VI (sextum) Kalendas Martias”.  Al día ahora añadido cada cuatro años se le llama  “ante diem bis VI (sextum)  Kalendas Martias”, es decir, el “día dos veces sexto antes del día uno de marzo”. De esta denominación “bis sextum” deriva la palabra “bisiesto”.

    Interesante pero complicado sin duda. Como ocurre con muchas palabras, las seguimos utilizando con un significado concreto, aun habiendo perdido la referencia original que les dio sentido y significado, reduciéndolas a una mera etiqueta denominativa.

  • La covada

    Covada” es una palabra, derivada de la francesa “couvade”; “couver” significa “ incubar, empollar”. Con este término etnográfico se designa un rito de magia simpática o simple fórmula de reconocimiento del recién nacido practicada en algunos pueblos en el momento del nacimiento de un hijo que consiste en una especie de simulación del parto por parte del padre, que se acuesta en el lecho junto al recién nacido.

    Este rito o acto, por extraño e incomprensible que hoy nos parezca, está atestiguado con algunas ligeras variantes en la Antigüedad y modernamente en  Laponia, Melanesia(del griego μέλαν=negro y  νῆσος =isla; islas habitadas por negros) , Borneo, Malasia , Inglaterra, Francia, Brasil (Amazonas…),Alemania, etc.

    Por lo que respecta a la Antigüedad, el primer testimonio escrito del que tenemos noticia nos lo proporciona  Apolonio de Rodas en el siglo III a.C,  director de la Biblioteca de Alejandría, quien  en su obra “El viaje de los Argonautas”,  al referirse a los “tibarenos”, pueblo de la orilla oriental del Mar Negro “ricos en corderos”, nos dice en el libro o canto II, versos 1012 y ss.:   

    Allí cuando las mujeres dan a luz a sus hijos, son los maridos quienes gimen echados en la cama con la cabeza vendada. Ellas en cambio los cuidan a los hombre  con alimentos y les preparan los lavatorios del parto.

    En el siglo I.A.C. el historiador Diodoro Sículo (de Sicilia) nos comenta también  en su obra “Biblioteca Histórica”, Libro V, capítulo 14, cómo los maridos corsos

    "no tienen cuidado alguno de sus mujeres cuando están de parto, y cuando dan a luz es el marido quien se acuesta"

    y luego es el padre quien recibe las felicitaciones de los familiares y amigos mientras su  mujer se dedicaba a las tareas propias de su papel en la familia.

    Si estos testimonios son en sí interesantes, para los españoles tiene una especial importancia la información que nos ofrece el geógrafo griego, de época romana, contemporáneo de  Diodoro Sículo, Estrabón. Escribió hacia el año 20 de nuestra era una famosa obra, Geografía, en la que describe las regiones y pueblos del Imperio Romano desde Asia hasta las Islas Británicas. El libro III lo dedica a la península Ibérica  y sus pueblos y en  3.4.17 dice refiriéndose a las mujeres cántabras:

    …es cosa común entre ellos la valentía, no sólo en los hombres, sino también entre las mujeres. Estas cultivan la tierra; apenas han dado a luz, ceden el lecho a sus maridos y los cuidan. Con frecuencia paren en plena labor, y lavan al recién nacido inclinándose sobre la corriente de un arroyo, envolviéndolo luego.

    y añade, no sabemos si con admiración, o asombrado por la rudeza de estas mujeres, cómo continúan con su labor acostumbrada.

    Con frecuencia aseguran diversos autores que esta costumbre se ha conservado hasta tiempos recientes en algunas regiones de España, tales como Galicia, Asturias, Burgos, León, Huesca.  Estas afirmaciones referidas a España  han de ser sometidas a una profunda revisión y crítica seria por su falta de justificación suficiente.

    En cualquier caso debemos buscar un significado o sentido a esta costumbre existente en lugares y regiones tan dispares. Los etnólogos, historiadores, filósofos y psicólogos han ofrecido diversas explicaciones no exentas de interés.

    Tradicionalmente el texto de Estrabón se consideró como prueba de la existencia del matriarcado entre las poblaciones cántabras. La crítica moderna no lo valora así y considera que el texto, un tanto impreciso, revela la incomprensión por parte de Estrabón de unas costumbres tan diferentes  y lejanas de las civilizadas romanas y griegas y en todo caso es insuficiente para confirmar la existencia de una época de matriarcado.

    A Estrabón le llamaba la atención la valentía y fortaleza de las mujeres cántabras y el hecho de que eran ellas quienes transmitían la herencia y casaban a sus hermanos, mientras era el hermano, el tío, en latín avunculus quien detentaba la autoridad frente a los hijos. No deja de ser curioso cómo en alguna medida se ha mantenido en la sociedad hasta tiempos modernos la importancia del papel que jugaba el tío.

    La interpretación hasta hace bien poco más admitida es la formulada por el  antropólogo suizo Johann Jackob Bachofen en1861. Relacionaba esa práctica con un presunto matriarcado existente en el Neolítico y el paso a un sistema patriarcal. El mito de las Amazonas y la covada eran para él las pruebas de la existencia anterior del matriarcado.

    La covada es un rito de aceptación de la paternidad y de legitimación del recién nacido. En el matriarcado sería la mujer, como cabeza de familiar, quien legitima y decide la aceptación de los hijos;  ahora con la covada  o simulación masculina del parto en cambio es esencial la aceptación por parte del padre, sin la cual el recién nacido no se incorpora a la familia. Se trata en resumen de un reconocimiento público y expreso de la paternidad, del papel que juega el padre y del nuevo ser como hijo suyo. (Recordemos cómo en la familia romana es el paterfamilias el que acepta formalmente al hijo recién nacido.)  Con estos ritos se estaría negando, pues, el matriarcado o como dice el propio Estrabón utilizando una exacta terminología, la ginecocracia (de γυνή (gyne),  mujer y κράτος  (kratos) poder: gobierno de las mujeres)  La teoría de Bachofen ha tenido un enorme éxito.

    Para algunos, pues,  el patriarcalismo habría sido introducido en pueblos  de cultura matriarcal, pero esta es una suposición o teoría difícil de admitir, sobre todo después de los estudios de Malinowski. .

    El antropólogo Malinowski  estudió las sociedades “matrilineales” de Nueva Guinea, en las que sólo se reconoce la descendencia materna, y comprobó cómo el poder en realidad quien lo detentaba ya era el hombre, si bien en la figura del tío materno o “avunculus” en latín.

    En un sentido absolutamente contrario a Freud, el psicoanalista Walter Georg Groddeck  considera  que la mujer no siente la “envidia del pene  masuclino”, sino que es el hombre el que se siente mujer incompleta y por tanto tiene la “envidia del útero ”; la covada no expresaría sino el deseo de parir.

    Curiosamente en medicina se describe el  síntoma del conocido como  "síndrome de covada", que se manifiesta en un estado en el padre de ansiedad empática hasta el nacimiento del hijo, que tal vez tenga que ver con las llamadas “neuronas de la empatía” y que explicarían su existencia en el pasado y en el presente.

    Una visión interesante es la de Genaro Chic; la covada lo que significaría es la consideración de la mujer como mera incubadora o nido del niño, frente a la posición generadora del padre; con ello queda absolutamente desacreditada la teoría de la existencia de un matriarcado en el que el poder lo detenta la mujer.

    Incluso modernamente hay quien relaciona con práctica tan antigua la costumbre moderna de que los padres acompañen a la madre en el momento del parto y alumbramiento y colaboren en el trance con su actitud positiva. La verdad es que parece muy otro el sentido de esta saludable práctica, cuando la realización de los partos  en impersonales hospitales y paritorios garantiza la seguridad médica, pero aleja un hecho tan transcendente de todo contexto familiar.

    Parece que este tema de la “covada” y sus derivaciones hacia el “matriarcado” no están suficientemente estudiados. En todo caso se pone una vez más de manifiesto la dificultad de interpretación del significado de los textos antiguos, hijos a fin de cuentas de su época y de un determinado contexto sociocultural.
     

  • La embriaguez engendra seres deformes

    El filósofo, político y escritor Henri-Benjamin Constant, francés nacido en Suiza (1767-1830) escribió en 1816 un famoso discurso o tratado titulado «Acerca de la libertad de los antiguos comparada a la de los modernos».

    Su tesis es que los antiguos (naturalmente los ciudadanos) tenían la libertad y obligación de participar en la vida política de la polis o estado pero en cambio su libertad en la vida privada quedaba muy limitada por las leyes. En el hombre moderno ocurre al contrario: las leyes protegen la libertad en la vida privada en la que apenas interviene el poder público pero dificulta su participación en la vida pública, dada sobre todo la amplitud y extensión de las sociedades modernas.

    Constant tuvo una importante influencia en los movimientos liberales de su época; merece la pena leer su discurso, a pesar de las matizaciones que hoy haríamos a sus afirmaciones.

    Pues bien, como es conocido, Platón pretende sobre todo en sus dos diálogos “La República o de la Justicia”  y “Las leyes o de la legislación”  diseñar una ciudad-estado ideal en la que los gobernantes sean los mejores ciudadanos, que el identifica con los filósofos. Sus leyes se proponen regular aspectos de la vida privada de los ciudadanos, tal como decía Constant, que hoy  sólo piden de las leyes y de los estados su protección frente a la injerencia  de otros o del propio estado.

    Ahora bien, algunas de las normas que Platón propone, fruto de su especulación filosófica más que de la experiencia, nos resultan hoy enormemente curiosas. Por ejemplo en Leyes 774a (libro VI) indica cómo los ciudadanos han de casarse éntre los 25 y los 35 años; poco después, en 735b nos dice que la edad de casarse entre las muchachas ha de ser entre los dieciséis y los veinte años y la de los muchachos entre los treinta y los treinta y cinco: así mismo indica  cómo han de ser sancionados con multas en proporción a su clase social quienes incumplan una norma de tanto interés para la supervivencia de la propia ciudad.

    Pero citaré textualmente un párrafo que se refiere a la obligación que los ciudadanos tienen de engendrar hijos sanos para el bien de la sociedad.

    Conocida es la afición que los griegos concedía al banquete o convite, en el que corre abundantemente el vino. Pues bien, dice Platón en Leyes, 775b -775e. (libro VI):

          “ Beber hasta la embriaguez no es conveniente en ninguna parte ni ocasión, de no ser en las fiestas del dios que nos ha dado el vino, ni es cosa que carezca de peligros, sobre todo cuando se está pensando en bodas, durante las cuales es muy conveniente que el novio y la novia sean especialmente dueños de su razón al hacer un cambio tan notable en sus vidas, y para que así mismo el hijo sea engendrado siempre por personas que estén lo más posible en perfecto uso de sus facultades y su razón, pues resulta totalmente inseguro el saber qué noche o qué día se le va a concebir con ayuda de la divinidad. Por lo demás es también conveniente que la procreación no tenga lugar cuando los cuerpos están dominados por la embriaguez, pues el feto necesita del orden para formarse, la firmeza, la estabilidad, la tranquilidad. El hombre borracho sufre alteraciones de todas clases, por sentirse rabioso en cuerpo y alma; la embriaguez, pues, engendra en malas condiciones, de manera que corre el peligro de dar lugar a seres anormales, que no merezcan ninguna confianza, sin un carácter ni un cuerpo que estén rectamente dotados. Por todo ello es necesario que, a ser posible,  durante todo el año e incluso durante toda la vida, pero mucho más aún en aquel tiempo en que uno esté procreando, se procure muy de veras no hacer nada malsano voluntariamente, nada que tenga que ver con la violencia o la injusticia, pues todo ello penetra y se imprime en el alma del hijo e inevitablemente se dan entonces a luz seres degenerados y deficientes; y por encima de todo hay que abstenerse de tales faltas durante aquel día y aquella noche. Los comienzos, en efecto, son como una divinidad que arraiga en lo humano y salva todas las cosas, siempre y cuando sus devotosle tributen las honras que se le deben”  (Traducción de Francisco de P.Samaranch en Ed. Aguilar, Platón: Obras Completas, Madrid,1969).

    Este texto, estas ideas impresionaron en su momento a los antiguos, como nos impresionan también a nosotros, 2.400 años después y nos permiten imaginar también una vez más cómo sería hoy nuestra sociedad si el pensamiento antiguo no hubiera permanecido oculto en la larga noche medieval. En todo caso no dejan de ser estos consejos sobre la embriaguez y el consumo de alcohol muy adecuados para una juventud actual que consume en exceso a edades muy tempranas cantidades excesivas de alcohol y otras sustancias como método para conseguir cierto estado de pseudofelicidad.

  • Apolonio de Rodas, Giovanni Papini, Luis Buñuel

    ¿Se puede establecer alguna relación entre Apolonio de Rodas, el literato Giovanni Papini y el cineasta Buñuel? ¿Se inspiró Buñuel en Papini en una famosa secuencia de una famosa película suya? ¿Había leído Papini a Apolonio?

    Giovanni Papini (Florencia, 1881-1956),  escritor italiano, primero escéptico y luego católico a ultranza,  desacreditado por su filiación fascista, escribía en 1931 su libro “Gog”, una serie de 70 relatos filosóficosatíricos. Para muchos es su mejor obra. En uno de sus capítulos titulado “A.A. y W.C.”  nos cuenta cómo  sale de un restaurante asqueado por el espectáculo de las bocas masticando los alimentos, lo que considera animalesco y muestra de grosera insensibilidad. Nos dice en ese momento:

    Llegará un tiempo en que causará estupefacción nuestra costumbre de comer en compañía -¡al aire libre y en presencia de extraños-, … La necesidad de engullir fragmentos de plantas y de animales para no morir, es una de las peores humillaciones de nuestra vida, uno de los más torpes signos de nuestra subordinación a la tierra y a la muerte. ¡Y en vez de satisfacerla en secreto, la consideramos como una fiesta, hacemos de ella una ceremonia visible, la ofrecemos como espectáculo cotidiano, con la indiferencia de los brutos!

    En 1974 el cineasta aragonés e internacional Luis Buñuel rodó la película “El fantasma de la libertad” . En este film hay una escena famosa e inolvidable en la que los protagonistas representan abiertamente lo que generalmente hacemos en privado y en privado lo que generalmente hacemos en común: defecan en común en el salón y comen en privado en un habitáculo para ello. Lo normal se convierte en tabú y lo tabú se convierte en norma, invirtiendo y trastocando la realidad.

    ¿Se inspira Buñuel en Papini?  Probablemente sí; la película de Buñuel está formada también por una serie de secuencias sin conexión entre ellas, excepto por el tema central de la libertad expresado en el título.

    El asunto parecería absolutamente original, pero en esta empresa de justificar el lema de esta página web Nihil novum sub sole no puedo por menos de citar un pasaje del Libro II de El viaje de los Argonautas, de Apolonio de Rodas, (295 a.C.-215 a.C.), escritor helenístico,  bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría y educador de Ptolomeo III Evergetes.

    En el poema, la única obra de poesía épica griega que conservamos desde Homero hasta la época helenística, se narra el viaje mítico de Jasón y otros héroes griegos  a la Cólquida en el Mar Negro  en busca del “vellocino de oro” (piel de un carnero). Entre los muchos territorios y países que recorren, arriban a uno de interés para esta ocación:

    Luego, después de estos, pasaron de largo ente el sagrado monte y la tierra en que, por las montañas, habitan los Mosinecos. Extraña ley y costumbre tienen estos. Todo lo que entre los demás está permitido hacer al aire libre en medio de la población o en el ágora, todo eso lo realizan dentro de sus casas. En cambio todo lo que hacemos en nuestras habitaciones privadas, eso lo hacen de puertas afuera sin vergüenza ninguna, en medio de las calles. Ni siquiera es privado el contacto sexual, sino que como cerdos en el campo, sin cuidarse ni un poco de los presentes, se unen por tierra con las mujeres en trato sexual común” (Viaje de los Argonautas, II, 1015- 1025 (Traducción de Carlos García Gual en la edición para Editora Nacional, Madrid 1975).

    ¿Habían leído Papini y Buñuel a Apolonio de Rodas? Probablemente sí lo leyeron. En cualquier caso, las fuentes griegas nunca dejarán de sorprendernos.