Categoría: Historia Arqueología

  • La Biblioteca de Alejandría (4): Sabios, bibliógrafos y bibliotecarios

    Toda biblioteca ha de estar bien organizada con sus fondos bien catalogados. La de Alejandría parece que así estuvo y de alguna manera sentó las bases del arte de la biblioteconomía.

    Los rollos de papiro o los papiros enrollados se guardaban en armarios o estantes que precisamente se llaman   βιβλιοθήκαι , bibliothekai. Parece ser que los rollos o volúmenes estaban organizados y clasificados por géneros o materias (épica, lirica, tragedia, comedia, filosofía, medicina, retórica…) y dentro de ellos por orden alfabético de autores y de títulos. En el borde superior del rollo se colocaba una etiqueta con el “título” de la obra. (τίτλος en griego y titulus en latín significan precisamente y en primer lugar inscripción, rótulo, título,) o índice (index, de in– y dico, decir, anunciar, comunicar, señalar, significar, etc.)

    Calímaco de Cirene (310-240 a.C.) fue el segundo bibliotecario director oficial de la Biblioteca y se le considera el “padre de la bibliografía y de la biblioteconomía”, según esa costumbre popular de buscar padres para todo.

    Calímaco escribió una obra llamada PinakesCatálogo de los autores que brillaron en cada disciplina singularPinakes (griego Πίνακες) significa  "tablas") y en realidad es un catálogo de libros constituido a su vez por  más de 120 libros o rollos.  En ellos se encontraban clasificados todos los volúmenes de la Biblioteca. De cada autor se daba una pequeña biografía y la lista de sus obras con las palabras iniciales y referencia de su longitud, técnica clasificatoria de la que hay referencias en los archivos sumerios, hititas, asirios y babilonios. Pero no se utiliza un orden alfabético

    Nota: si la biblioteca es el lugar en donde se guardan y exhiben los libros, la pinacoteca, del latín pinacothēca, y este del griego πινακοθήκη y este de Πίνακες, tabla, será el lugar  en el que guardan y exhiben las tablas o pinturas.

    Es quien idea, pues, la clasificación por palabras clave y por autor. Obsérvese como todavía se sigue utilizando el mecanismo de usar las letras iniciales sea del autor o del título para clasificar una obra.

    En realidad Calímaco no pretende hacer un índice o catálogo de los libros existentes en la biblioteca, sino crear un instrumento que facilitase la labor de los estudiosos, dada la dificultad que entraña el tener que desenrollar un papiro para averiguar su autor o su contenido, ya que los papiros no tienen una portada o una página inicial con el nombre el autor o el título de la obra.

    Si aplicamos a “género literario” un significado amplio, podemos considerar que estaban clasificados por géneros literarios. Se establecieron seis secciones para la poesía y cinco para la prosa. Algunas de las categorías fueron autores épicos, trágicos, cómicos, historiadores, médicos, rétores, leyes, misceláneas; curiosamente faltan los filósofos.

    Así que Demetrio de Falera fue  probablemente el cerebro que diseñó la Biblioteca aplicando el método de la biblioteca de Aristóteles, aunque  no fue el primer director oficial.

    El primero  lo fue  Zenódoto de Efeso, al que se debe la invención de la crítica de textos por comparación de diversos manuscritos. En su afán de recopilar los libros existentes en su entorno, la Biblioteca pronto se encontró con numerosos ejemplares o copias de una obra que divergían entre sí o no coincidían exactamente o que contenían errores.  Zenódoto vió la necesidad de compararlos entre sí para determinar el texto inicial o el texto más aproximado y en consecuencia inventó la “crítica textual”,  trabajo al que los filólogos, en su afán de precisión y exactitud, dedican no pocos de sus infinitos esfuerzos. Con frecuencia incluso corrigen los textos en un afán de mejora y perfección de la obra; es decir al texto lo consideran perfectible o no un texto sagrado que no admite la más mínima modificación.

    Otro problema que exigió el estudio filológico es el hecho de atribuir a grandes autores numerosas obras que no eran de ellos; así se atribuían numerosos escritos de medicina a Hipócrates o libros de poemas que no eran la Ilíada o la Odisea a Homero.

    Zenódoto preparó ediciones críticas de Hesíodo, Píndaro y Homero.  Cada ciudad tenía su propia edición de Homero..Se calcula que Zenodoto pudo utilizar entre 20 y 30 ediciones de Homero (unas llevan la etiqueta “de las ciudades” y otras “del Museo”, haciendo referencia a su origen de alguna ciudad o a copias realizadas en el propio Museo.

    Este especialista en Homero consideró que la Ilíada y la Odisea eran las únicas obras de Homero y  es el responsable de la división de la Iliada y Odisea en 24 cantos, tantos como letras tiene el alfabeto griego, mayúsculas para la Iliada y minúsculas para la Odisea. Los alejandrinos se mostraron en general respetuosos con los textos y si tenían que hacer alguna rectificación lo hacían al margen en los llamados scholia  ( del lat. scholĭum, y este del gr. σχόλιον, comentario).

    También los alejandrinos dividieron la obra de Heródoto en nueve libros, dedicados a cada una de las  nueve musas.

    Diógenes Laercio nos cuenta, por ejemplo,  a propósito de Timón en el libro IX,113:

    Cuentan que Arato le preguntó cómo conseguir un texto fiable de los poemas de Homero; le respondió: ‘habrás de encontrar las copias antiguas, y no las que ya están corregidas’.

    Vitruvio nos cuenta en VII, pref.5-7 cómo Aristófanes de Bizancio, que conocía perfectamente la biblioteca, descubre a unos falsarios a propósito de un certamen poético convocado por el rey, en el que participó como juez. Como conocía perfectamente el orden de los libros, se levantó del jurado, fue a la estantería adecuada y regresó con los textos originales de unos libros que los participantes querían hacer pasar como propios.

    Véase https://www.antiquitatem.com/plagio-antiguo-biblioteca-de-alejandri

    Este trabajo filológico ha sido esencial desde que en el Renacimiento se intenta recuperar la cultura antigua. Aparecen, generalmente escondidos o perdidos  en las bibliotecas de los monasterios manuscritos de las obras latinas “supérstites”, supervivientes,  resultado de la copia de la copia de otra copia. Los errores de los copistas, que escriben de oído, muchas veces sin comprender lo que están transcribiendo, se acumulan y multiplican. Por eso es necesaria la crítica de esos textos, la “crítica textual”.  Por lo demás ese estudio genealógico del documento permite establecer el origen y el camino discurrido por el manuscrito, ahora ya en forma de códice o libro de hojas de piel de animal, más manejable que el antiguo volumen o rollo de papiro.

    A estos eximios bibliotecarios alejandrinos iniciales les sucedieron otros muchos eximios.  Así Apolonio de Rodas, autor de “El viaje de los Argonautas”,  luego el matemático Eratóstones de Cirene, que midió la circunferencia de la Tierra con un razonamiento trigonométrico impecable y con pequeño error de  precisión , Apolonio de Alejandría, Aristarco de Samotracia que fue el primero en afirmar que la Tierra gira alrededor del Sol, Aristófanes de Bizancio, que escribió un “léxico” de palabras antiguas o peculiares. Lexicon, (del gr. λεξικός,  y éste de .lexis, λέξις, palabra, voz,dicción) significa colección de palabras. Este mismo Aristófanes fue el primero en dividir la poesía en versos o kolon (del griego κῶλον kolon, = miembro),   en estrofas; hasta él se escribía de manera seguida como la prosa.

    Además de los scholia o comentarios marginales,  utilizaban la nota a pie de página y signos diversos de crítica textual, algunos se siguen utilizando, como una línea horizontal para marcar un verso sospechoso de espurio, el asterisco, en forma de estrella par indicar un versos repetido, etc.

    Los alejandrinos crearon, pues,  la filología como ciencia.

    Por la Biblioteca pasaron entre otros muchos sabios desde el siglo III a.C. al IV de nuestra era personas tan célebres, además de los directores citados,  como los matemáticos Euclides, Arquímedes, Teón de Alejandría; geógrafos e historiadores como Manetón, Diodoro de Sicilia y Estrabón, Teofrasto el botánico; filósofos como Dídimo, Filón de Alejandría y Plotino; poetas como Calímaco y Teócrito o Licofrón; retóricos como Ateneo,; astrónomos y geógrafos como Claudio Ptolomeo y Estrabón; médicos como Herófilo de Calcedonia, Erasístrato y Galeno. Es curioso que no se citen nombres de filósofos en cuanto tales.

    ¿Cómo no va a generar una verdadera atracción y admiración este elenco de tantos sabios? ¿Qué universidad o academia actual no se sentiría y aun explotaría orgullosa tal nómina?

    En verdad que en Alejandría estuvo el fundamento y base de la ciencia y cultura occidentales.
     

  • La Biblioteca de Alejandría (3): La biblioteca de Alejandría adquirió libros de manera harto curiosa

    La pretensión de los Ptolomeos fue recopilar los “libros de todos los pueblos de la tierra”, siguiendo tal vez los consejos de Demetrios de Falera. Ciertamente algunas de las anécdotas que se contaban en la Antigüedad revelan la pasión de los Ptolomeos por dotar a su biblioteca de Alejandría de los libros existentes en el mundo conocido. También traslucen las fuentes la rivalidad existente entre las dos grandes bibliotecas, la de Alejandría y la de Pérgamo.

    La  pretensión de los Ptolomeos fue recopilar los “libros de todos los pueblos de la tierra”, siguiendo tal vez los consejos de Demetrios de Falera.   Ciertamente algunas de las anécdotas que se contaban en la Antigüedad revelan la pasión de los Ptolomeos por dotar a su biblioteca de Alejandría de los libros existentes en el mundo conocido. También traslucen las fuentes la rivalidad existente entre las dos grandes bibliotecas, la de Alejandría y la de Pérgamo.

    El procedimiento más frecuente de adquisición sería sin duda la compra de originales o de copias. En otro artículo  ya hemos citado a Ateneo a propósito de la compra de la biblioteca de Aristóteles y Neleo. https://www.antiquitatem.com/biblioteca-de-alejandria-ptolomeo-serape

    Según una versión,  Ptolomeo II había comprado la biblioteca de Aristóles, que según otras fuentes  acabó en Roma. Naturalmente es imposible que la  biblioteca de Aristóteles estuviera en dos lugares al mismo tiempo, en Alejandría y en Roma, pero la discrepancia en el destino final de la biblioteca de Aristóteles lo que indica es el interés de los romanos por atestiguar su participación en la génesis de la cultura occidental, de la que la tradición aristotélica es parte esencial: Alejandría sigue siendo el centro cultural, pero el poder político ahora está en Roma.

    Además de la compra de originales, el método más frecuente, como decía sería la copia  de textos.
    En realidad, en su pretensión de coleccionar todos los libros del mundo, lo que intentan también es traducirlos al griego, porque no aprendieron todas las lenguas pero los Ptolomeos sí pretendían conocer a los pueblos que conquistaban (Alejandro conquistó un enorme imperio) como un instrumento más de dominio.  Así que naturalmente les interesaron los libros sagrados de otros pueblo (judíos, Zoroastro…, egipcios…)

    El médico Galeno, que vivió en el siglo II de Cristo, nos da alguna información curiosa sobre la adquisición de libros. Galeno nos comenta cómo, en el afán por conseguir los volúmenes,  se requisaban las obras que hubiera en  las naves que llegaban a Alejandría, se copiaban y se entregaban las copias a sus dueños, no los originales requisados.

    Nos lo cuenta en su obra “Hippocratis  Epidemiorum  et Galeni in illum commentarius I (Libro de Hipocrates  sobre las epidemias y comentario de Galeno sobre él, en el Tomo XVII, Libro II (239) (página 606) de la edición de  las obras completas en griego y en latín por C.G.Kühn, Lipsiae, 1828.  Aporto la versión en español y el texto latino, que es más asequible para más lectores que el texto griego:

    Dicen algunos que el mismo  rey de Egipto Tolomeo los trajo de Panfilia (Pérgamo) y que era tal su ambición por los libros, que ordenó que se le llevaran los libros de todos los nombres y que se copiaran en nuevos papiros y se entregasen los escritos a sus dueños, que se le llevasen los libros de las naves que arribaban y se colocasen en las estanterías los transportados en las naves y se les pusiese  el título “Libros de (procedentes) de barcos”.

    Nonnuli vero et ipsum ex Pamphylia asportasse et regem Aegypti Ptolemaeum ita libroum ambitionem fuisse, ut appellantium ómnium libros ad se deferre iuberet et hos in novas chartas scriberet daretque scriptos dominis, a quibus appulsis libri ad ipsum asportati essent et naves advectos libros in bibliothecis reponeret, essentque ipsis inscriptiones  “Libri ex navibus”.

    El caso más llamativo de este procedimiento abusivo fue sin duda cómo Atenas prestó las copias oficiales  de las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides contra la garantía de 15 talentos; la biblioteca entregó las copias de las copias, es decir, se quedó con los originales y perdió los talentos, que equivalían a 90.000 dracmas o  540.000 óbolos (un jornalero ganaba unos dos óbolos diarios).

    Nos lo cuenta el mismo Galeno en la misma obra una página después, en la 607 de la edición de Kühn:

    De hasta qué punto se interesaba en la compra de libros antiguos el famoso Ptolomeo no es pequeña prueba lo que dicen que hizo con los Atenienses. Recibió las obras de Sófocles, Eurípides y Esquilo para copiarlas simplemente y devolveros inmediatamente después íntegros contra la fianza de quince talentos de plata. Sin embargo, una vez que los copió magníficamente en el mejor papiro, se quedó con los que había recibido de los Atenienses, y les envió a ellos los que él había copiado, rogándoles que se quedasen con los quince talentos y recibiesen los  libros nuevos en lugar de los viejos que ellos habían entregado. Y así si no hubiese enviado también a los Atenienses los libros nuevos pero hubiese retenido los antiguos, nada podían hacer ellos, que en todo caso habían recibido la plata con esa condición, que ellos se quedarían con la plata si él se quedaba con los libros; y así recibieron los libros nuevos y se quedaron con la plata.

       Quod autem Ptolommaeus ille ad antiquorum librorum comparationem ita sollicitus esset non parvum esse testimonium aiunt quod cum Atheniensibus fecit. Dato namque ipsis pignore quindecim talentorum argenti accepit Sophoclis, Euripidis et Aeschyli libros, ut solum scriberet, deinde statim salvos redderet. Ubi autem magnifice in chartis optimis paravit,quos ab Atheniensibus acceperat, retinuit; quos vero ipse paraverat, ad ipsos misit, rogans ut quindecim talenta tenerent, acciperentque novos pro veteribus quos dedissent libris. Atheniensibus itaque si quoque non novos libros misisset, antiquos vero retinuisset, nihil aliud faciendum erat istis, qui utique argentums ex tali conditione acceperant, ut hoc ipsi detinerent, si ille quoque libros detineret; proptereaque novos libros acceperunt et argentum  detinuerunt.

    La demanda de tantos libros aguzó el ingenio de algunos. Galeno comenta cómo algunos desaprensivos se aprovechan del interés de las bibliotecas de Pérgamo y Alejandría y de los precios que pagan para cometer algunos abusos y falsificaciones, algunas con gran habilidad en la mezcla de lo auténtico y lo espurio o  como por ejemplo mezclar varias obras en una para hacerla de mayor extensión. 

    Nos lo cuenta en su obra “Hioppocartis de natura hominis liber et Galeni in eum commentarius” (Comentario de Galeno al libro Sobre la naturaleza del hombre de Hipócrates), en el Tomo XV, Libro II (128) (página 109) de la edición de  las obras completas en griego y en latín por C.G.Kühn, Lipsiae, 1828.  Aporto la versión en español y el texto latino.

    En el  tiempo en que los reyes Atalo y Ptolomeo rivalizaban entre sí a porfía para comprarse libros,  se comenzó a falsificar los títulos y clasificación de los libros por parte de aquellos que obtenían dinero de los reyes por escritos de los autores más célebres ofrecidos por ellos. Así como dos libros, uno de ellos sobre la naturaleza del hombre y otro sobre la condición del alimento saludable, fueran pequeños, pensando alguien que por su pequeñez ninguno de los dos serían valorados en mucho, los fundieron los dos en uno solo.

    Quo enim tempore Attalus et Ptolemaeus reges certatim inter se de comparandis sibi libris contendebant: ab his qui ex oblatis celebriorum virorum scriptis pecuniam a regibus reportabant, coepere inscriptiones et digestiones librorum vitiari. Quum itaque uterque liber tum de natura hominis tum de salubri victus ratione parvus extiterit, arbitratus aliquis ob parvitatem neutrum ipsorum multi ducendum ambos in unum et eundem simul contulit.

    Es especialmente llamativa la adquisición por parte de la biblioteca de Pérgamo de una nueva Filípica de Demóstenes que la de Alejandría se encargó de demostrar que existía en sus estanterías pero como parte del libro séptimo de Anaxímenes de Lampsaco; a pesar de ello se siguió comentando  la pseudo-Filípica aunque advirtiendo que no era auténtica. Dídimo de Alejandría (;  Δίδυμος χαλκέντερος,  Didymos chalkenteros,  en latín Didymus Chalcenterus, que significa «Dídimo tripas de bronce», conocido también como Bibliolathas ,"Olvidalibros", h. 63 a.C.-10 d.C., llega a decir rizando el rizo, según indica Cánfora en su obra “La  biblioteca desaparecida”:

    algunos sostienen que el discurso no es auténtico porque se encuentra tal y como está en las Filípicas de Anaxímenes”.

    Ptolomeo II escribió también a otros colegas reyes pidiendo obras para su biblioteca. Incluso se tradujeron al griego obras de otras lenguas, persas, babilónicos, caldeos y egipcios, judíos. El ejemplo más relevante fue la traducción  del Pentateuco en la llamada versión de Los Setenta, como cuenta la famosa Carta de Aristeas, asunto al que dedicaremos otro articulillo.

    Se cuenta cómo Ptolomeo escribió una carta a todos sus colegas reyes y gobernantes de la tierra en la que les rogaba que le enviasen cualquier obra de cualquier autor. El siguiente texto de  Epifanio de Salamis o de Salamina (ca 310–20 – 403) , obispo….en su obra de De mensuris et ponderibus, 9 (Sobre las pesas y medidas)  Nos lo cuenta y también nos informa de la tarea enorme de la traducción al griego:

    Περί μέτρων και σταθμών
    Texto de Epianio: De mensuribus et ponderibus, 9

    Después del primer Ptolomeo, el segundo que reinó en Alejandría, el llamado Ptolomeo Filadelfo, era, como ya se ha dicho, un amante de la belleza y del conocimiento. Fundó una biblioteca en la propia ciudad de Alejandría,  en la parte  llamada el Bruchion, que es un barrio de la ciudad que todavía está arrasado en ruinas. Puso al frente de la biblioteca  a un tal Demetrio, de Faleras, con el encargo de que recopilara todos los libros existentes en cualquier parte del mundo. Escribió cartas y solicitó a todos los reyes y príncipes de la tierra que se tomasen la molestia de enviarle los que hubiera en su reino o principado. .. Me refiero a los libros escritos por los poetas y escritores en prosa y por los  oradores y los filósofos y los físicos y los profesores de medicina y por los historiadores y por cualquier otro autor. Y una vez que el trabajo hubo avanzado y se habían recogido libros de todas partes, un día el rey preguntó al hombre que había sido puesto al frente de la biblioteca ¿cuántos libros habían sido recogidos ya en la biblioteca? Le respondió al rey diciendo: “Ya hay aproximadamente 54.800 libros más o menos; pero hemos oído que hay una gran cantidad en el mundo, entre los cusitas, los indios, los persas, los elamitas, los babilonios, los asirios y los caldeos, y entre los romanos, los fenicios, los sirios, y los romanos de Grecia”— en aquel tiempo llamados no romanos sino latinos. “Además con éstos están en Jerusalén yJudea las divinas escrituras de los profetas, que hablan sobre dios y la creación del mundo y todas las demás doctrinas de valor general.  Por eso, si le parece bien a su majestad, oh rey, que enviemos por ellos también, escriba a los doctores de Jerusalén y ellos se los enviarán a su gracia (su graciosa majestad) para que los coloque esos libros en esta biblioteca”. Entonces el rey escribió la carta en estos términos:

    Nota:  Esta obra “De mensuris et ponderibus (Περί μέτρων και σταθμών), Sobre pesos y medidas,  que se escribió en Constantinopla el año 392, es en realidad una especie de “diccionario de la Biblia” que trata de las traducciones del Antiguo Testamento, de los pesos y medidas que aparecen en esos libros y de la geografía de Palestina. Se ha conservado entero en lengua siria y fragmentariamente en griego y armenio.

    Es evidente que los coleccionistas, movidos frecuentemente de un deseo compulsivo, no reparan  ni en gastos ni en medios, sobre todo si disponen de los recursos necesarios. Pero en fin, esta manía de coleccionar libros no es la peor de todas.

    Por otra parte, la pretensión ptolemaica de coleccionar todos los libros del mundo parecía empresa imposible para su época. ¿Lo es también hoy día, en la época de la globalización digital? ¿No es esta  pretensión mítica la que hoy persiguen proyectos como “google books”  o las enciclopedias electrónicas como “Wikipedia”?

  • Biblioteca de Alejandría (2) ¿Cuántos volúmenes tenía la Biblioteca de Alejandría?

    Sabemos que la Biblioteca de Alejandría tuvo pretensiones de almacenar todo el saber universal de la época, pero ¿cuántos volúmenes tuvo en realidad?

    Este sueño de almacenar todo el conocimiento del momento encandila cada cierto tiempo a los hombres, al menos a algunos soñadores. En Alejandría pretendían recopilar  “los libros de todos los pueblos de la tierra” y pudieron pensar que para ello necesitaban coleccionar 500.000 volúmenes.

    Las diversas fuentes, de épocas muy diversas, aunque bebiendo unas de otras, nos dan cifras muy dispares.

    Leemos en la Carta de Aristeas,9 y ss., obra del siglo III a.C. y  primer texto conservado en el que se cita la Biblioteca de Alejandría, famoso sobre todo porque comenta la traducción del Pentateuco al griego para esta Biblioteca:

    Encargado de la biblioteca del Rey, Demetrio de Faleras, recibió grandes sumas de dinero, para reunir, de ser ello posible, todos los libros del orbe; y realizando compras y transcripciones, llevó a feliz término en el menor plazo que pudo la encomienda real. Habiéndosele demandado, en mi presencia: «¿Cuántas decenas de millares de libros hay?», respondió: «Más de veinte, oh Rey; y me afano para completar en breve lo que falta para los quinientos mil. Por cierto, que se me ha anunciado además que las leyes de los judíos son dignas de transcripción y de hallarse en tu biblioteca». «¿Qué es lo que te impide —dijo el Rey— realizar esta tarea, puesto que se te ha provisto de todo lo necesario?». Demetrio dijo: «Se necesita una traducción: en Judea se sirven de sus propios caracteres;tienen, del mismo modo que los egipcios, tanto una escritura como una lengua propias. Corre la fama de que utilizan el siríaco;pero no es cierto, se trata de algo distinto». El Rey, después que hubo recibido noticia puntual de todo, ordenó se escribiera al sumo sacerdote de los judíos, a fin de llevar a buen término el proyecto. (Traducción y notas de Jaume Pòrtulas, única que yo conozco en castellano)

    Y lo mismo leemos en Flavio Josefo, Antiguedades judías, 12. 2

    Demetrio Falero, prefecto de la biblioteca real, intentaba, si era posible, recopilar todos los libros del orbe; compraba todo lo que oía que era especial  o cualquier  obra interesante, secundando así los deseos del rey, que demostraba un gran interés en coleccionar libros.
    Un día que Ptolomeo le preguntó cuántos volúmenes había reunido ya, le respondió que tenía cerca de doscientos mil y que pronto llegaría a los quinientos mil; añadió que había oído que entre los judíos había recopilaciones de sus leyes interesantes y dignas de la biblioteca real, pero que escritas  con los caracteres y en la lengua de este pueblo,  exigirían mucho esfuerzo para traducirlas al griego. Resulta que sus letras en principio se parecen a los caracteres sirios y los sonidos suenan semejantes, pero en realidad se trata de una lengua muy diferente. Sin embargo  no hay ninguna dificultad para que se haga la traducción de estos libros en la biblioteca porque el rey no carece de los recursos necesarios. Al rey le pareció que Demetrio le daba una buena idea para satisfacer  su deseo de recopilar el mayor numero posible de libros y a este efecto escribió al Sumo Sacerdote de los judíos.

    Quizás recogiendo las ideas de Demetrio, se pretendiera crear una biblioteca universal, aunque la mayoría de los libros fueran griegos, y que ésta ocupara  unos 500.000 volúmenes de todas las materias. En todo caso la cantidad real debió ser tan impresionante que  los antiguos han dado cifras fantásticas de muchos miles de volúmenes, aunque hemos de tener en cuenta que una obra tenía varios volúmenes o rollos de papiro; cada rollo puede equivaler a 60-70 páginas actuales y su longitud suele estar entre 6 y 10 metros, aunque pueden ser mucho mayores.

    Las  cifras hay que atenderlas con muchas reservas porque en principio parecen imposibles.  Ya hemos visto cómo en la citada carta de Aristeas, 9-10, se dice que ya en tiempos de Demetrios de Falera tenía 200.000 volúmenes; a principios del siglo II tendría 500.000 y según llegaría a tener 700.000 volúmenes, aunque hemos de tener en cuenta que una obra tenía varios volúmenes o rollos de papel.

    Dice Gelio en Noctes Atticae VII, 17,3:

    Después un gran  número de libros o fue fruto de las conquistas o encargada su copia por los reyes Ptolomeos en Egipto hasta casi los setecientos mil volúmenes

    Ingens postea numerus librorum in Aegypto ab Ptolemaeis regibus vel conquisitus vel confectus est ad milia ferme voluminum septingenta;

    Amiano también habla de 700.000 volúmenes. Pero en algunos manuscritos de Gelio se decía 70.000 y no 700.000  volúmenes. Curiosamente los 200.000 de los que se habla en la carta de Aristeas más los 500.000 del objetivo de Filadelfo suman los 700.000 de Gelio.

    Séneca dice que en Alejandría ardieron 40.000 libros, pero como veremos en otro momento, estos libros no eran realmente el fondo bibliográfico de la biblioteca.  Lo dice precisamente en un texto en el que critica la ostentación de ricos ciudadanos romanos que almacenan numerosos volúmenes que nunca leen para aparentar que son cultos. Este comportamiento no está alejado de algunos contemporáneos.. Lo dice en De tranquillitate animi, 9, 4:

    “¿Para qué sirven los libros y bibliotecas innumerables, de los que su dueño apenas si puede leer su título en toda su vida?  Esa cantidad cansa al que está aprendiendo, pero no le enseña y es mucho más interesante que te dediques a unos pocos autores y no que andes perdido entre muchos. En Alejandría ardieron  40.000 rollos. Alguno lo alaba como hermosísimo monumento de la opulencia de los reyes, como por ejemplo Livio, que dice que esto fue obra egregia de la elegancia y preocupación de los reyes. Pero ni aquello fue elegancia ni preocupación, sino  lujoso deseo de aprender, mejor, ni deseo de aprender, porque no se compraron para el estudio sino para el espectáculo, como para muchos ignorantes  también los libros de letras infantiles no son instrumentos para el estudio sino adornos para sus cenas. Adquiramos, pues, cuantos libros sean necesarios, pero no por el espectáculo.

    Quo innumerabiles libros et bibliothecas, quarum dominus uix tota uita indices perlegit? Onerat discentem turba, non instruit, multoque satius est paucis te auctoribus tradere quam errare per multos. 5 Quadraginta milia librorum Alexandriae arserunt. Pulcherrimum regiae opulentiae monumentum alius laudauerit, sicut et Liuius, qui elegantiae regum curaeque egregium id opus ait fuisse. Non fuit elegantia illud aut cura, sed studiosa luxuria, immo ne studiosa quidem, quoniam non in studium, sed in spectaculum comparauerant, sicut plerisque ignaris etiam puerilium litterarum libri non studiorum instrumenta, sed cenationum ornamenta sunt. Paretur itaque librorum quantum satis sit, nihil in apparatum.

    Orosio, que parece haber bebido en Tito Livio, al hablar de la guerra de Alejandría, dice que ardieron 40.000 libros, aunque algunos códices den 400.

    San Isidoro habla de apenas 70.000 rollos.

    El obispo Epifanio nos dice que la biblioteca del Serapeion, que llaman “hija”,  tendría 54.800 volúmenes,   en su obra “Pesos y medidas”  , en cap. 9, (52c): 

    Ya hay 54.800 libros, más o menos, pero hemos oído que hay una gran cantidad de todo  el mundo, entre ellos,  etíopes, indios, persas,  elamitas, babilonios,  asirios,  caldeos, y también  romanos,  fenicios,  sirios, y los romanos en Grecia "—- en ese momento no los llamaban romanos sino  latinos”

    Juan Tzetzes, erudito y escritor bizantino, que vivió aproximadamente entre los años 1110 y 1180, en su obra  Prolegómenos a Aristófanes dice que el Museo había recopilado 400.000 “libros mixtos” (symmigeis)  y 90.000 “no mixtos” (amygeis), resultando difícil interpretar que quiere decir con ”mixtos” y “no mixtos”; tal vez se refiera a rollos con una sola obra y rollos con varias.  Por otra parte Tsetzes se basa en la carta de Aristeas, y en todo caso, expresaría la idea recordada de que la biblioteca tenía un enorme número de rollos de papiro.

    Ibn-al Qifti  (vivió ca. 1172-1248) historiador árabe, autor de una Historia de los filósofos, habla también de 54.000 rollos.

    Parece que se están mezclando diversos aspectos: el mito de que la biblioteca pretendía almacenar copia de todos los libros del mundo y por tanto su objetivo de llegar a los 500.000 volúmenes, la enorme cantidad que realmente tenía, los que se quemaron en el famoso incendio con motivo de la guerra de Alejandría.

    Autores modernos han intentado calcular con más racionalidad los posibles volúmenes realmente existentes.

    Hipólito ESCOLAR SOBRINO, en su obra La Biblioteca de Alejandría, (Madrid: Gredos, 2001), p. 136-138, calcula que pudo tener unos 50.000 volúmenes o rollos que,  vendría a equivaler a unos 12.500 libros actuales.

    Hay otros cálculos incluso menos alegres. Así considerando que los 24 cantos de la Odisea de Homero necesitan 24 rollos de papiro y hoy caben en un volumen moderno y admitiendo que en Alejandría hubiera 500.000 rollos de papiros, tendríamos unos 20.000 libros modernos. Pero si tuviera 50.000 rollos, habría acogido algo más de 2.000 de los modernos, cifra insuficiente para la mítica valoración de la que goza.

    En todo caso, soñaron con recolectar todos los libros del mundo y traducirlos al griego, porque no sólo les animaba una intención meramente coleccionista, sino también de conocimiento de los hombres y culturas del mundo.  Pero, ¿acaso no es éste también el sueño de proyectos contemporáneos como “Google Books”,  por ejemplo?  ¿Acaso no pretenden otros proyectos grandiosos como Wikipedia construir la enciclopedia realmente universal?

  • La biblioteca es una creación griega

    Alejandría fue la capital espiritual y cultural del mundo desde el siglo IV a. C. hasta el siglo V o VI de nuestra era. Al amparo de la mayor biblioteca de la Antigüedad, que pretendió conservar todo el saber almacenado en los libros de manera sistemática con ejemplar sentido de la libertad intelectual, vivió y trabajó un colegio o comunidad de sabios y eruditos que desarrolló la física, la astronomía, la matemática, la geometría, la geografía, la ingeniería, la medicina, la filosofía, la literatura, la gramática, la retórica… Ellos fueron la base del saber occidental.

    La palabra “biblioteca” procede de la latina  bibliothēca, y esta de la griega βιβλιοθήκη, compuesta de βιβλίον ,biblíon, libro y θήκη théke, que significa “caja, depósito, receptáculo, armario…”.  βιβλίον  o βίβλος también significa corteza u hoja de papiro, soporte que se utilizaba para escribir sobre él, de donde procede el significado de “libro, escrito, documento, carta…”.

    Así que en realidad una “biblioteca” puede ser el local o edificio en el que se conservan los libros para su lectura; también puede significar la institución que adquiere y conserva esos libros o el conjunto de esos libros e incluso el mueble o estantería en el que se guardan, mueble que en español también se llama librería.

    La “biblioteca”  en el sentido o sentidos indicados es un invento griego y a ellos les debemos creación tan importante. Probablemente la biblioteca más famosa de la Historia es la “Biblioteca de Alejandría”, pero más importante que esta “institución” es el hallazgo del concepto de “biblioteca” en sí y su realización concreta.

    Es posible que existiera una biblioteca anterior en Babilonia, o la llamada “biblioteca de Nínive” creada por el rey asirio  Asurbanipal que reinó entre el  668 a.C. y 627 a.C., en griego llamado Sardanápalo,  como lugares o depósitos en los que se guardaban y conservaban miles de tablillas con anotaciones comerciales, religiosas, legales e incluso literarias.

    De Egipto son muy pocas las noticas, aunque  se habla de bibliotecas “sagradas” en los templos. Diodoro de Sicilia, en I,49  transcribe el relato que Hecateo hace de su visita a la tumba de Ramsés en su obra “Historias de Egipto” que no se ha conservado. Allí dice :

    A continuación estaba la  biblioteca sagrada, sobre la cual se hallaba escrito ‘Lugar de cuidado del alma’”.

    Esta enigmática frase en realidad parece no referirse exactamente a la biblioteca y los libros, contra la interpretación que frecuentemente se ha hecho de ella, sino al espacio en el que se supone que está el alma de Ramsés. Véase: https://www.antiquitatem.com/cuidado-del-alma–biblioteca-alejandria

    Pero la biblioteca como “almacenamiento del saber general” que se ha de transmitir a otras personas y, por tanto, como institución pública, o institución del Estado o de la monarquía, abierta a los ciudadanos, es una creación más de los griego. En realidad es un elemento más del hallazgo del propio concepto de “educación” o paideia” (griego παιδεία, "educación" o "formación", a su vez de παις, país, "niño") , del que en otra ocasión hablaré y que responde a la necesidad de transmitir a todos los niños y jóvenes el conocimiento que la sociedad ha ido acumulando. El conocimiento que se adquiere hay que conservarlo escribiéndolo en los libros y estos a su vez han de ser conservados en las bibliotecas y puestos a disposición de las personas para su educación.

    No es esta desde luego la creación menor de los griegos, cuya importancia sigue siendo de absoluta actualidad.

    Las fuentes antiguas nos proporcionan mucha información, pero siempre hay que acogerlas con muchas reservas y sentido crítico por su imprecisión, a veces por su lejanía de los hechos, por las contradicciones entre ellas y por su diverso concepto de la historia, pero a la postre es lo que tenemos. Así que las utilizaré con profusión, al menos como prueba de que lo expresado no es consecuencia de la mera especulación o imaginación.

    En Grecia son muy antiguas las colecciones de libros, primero de particulares, que en algunos casos se abren al público y luego las públicas.  Un fragmento (304 K) de Eupolis, autor de comedias del siglo V a.C., hace referencia a la venta de libros en el ágora de Atenas. Y Platón en la Apología o Defensa de Sócrates, 26e hace decir a Sócrates que los libros de Anaxágoras se pueden comprar en el ágora por un dracma:

    ¿Los consideras tan iletrados como para no saber que los libros del Clazomenio Anaxágoras están llenos de estas palabras?¿Y qué me dices de los jóvenes de Atenas? ¿Aprenden de mí aquellas cosas que pueden conocer adquiriendo un libro por un dracma, todo lo más, en el mercado de libros de la plaza?

    A pesar de lo que dice Platón por boca de Sócrates, los libros serían más caros y sólo estarían al alcance de ciudadanos con recursos económicos suficientes.

    Aulo Gelio nos da numerosas informaciones sobre las primeras bibliotecas y sobre la de Alejandría siguiendo tal vez la obra perdida de Varrón De bibliothecis” (Sobre las bibliotecas), pero eso no quiere decir que respondan exactamente a la realdiad. Así admite sin más el relato sin duda fabuloso de una antiquísima biblioteca pública en Atenas debida a Pisístrato. Dice  en sus Noctes Atticae (Noches Áticas, VII, 17), :

    ¿Quién fue el primero de todos que ofreció al público la posibilidad de leer libros? ¿Cuál fue el número de libros públicos que hubo en Atenas antes del desastre con los persas?

    Se dice que el primero que en Atenas ofreció libros de las disciplinas liberales para leerlos públicamente fue el tirano Pisístrato.  Luego los mismos atenienses los aumentaron  con nueva afición y preocupación;  pero luego, Jerjes, cuando se apoderó de Atenas, incendiada la ciudad además de la acrópolis, robó toda aquella cantidad de libros y los transportó a Persia. Más adelante, después de muchos avatares, el rey Seleuco, al que se llamó Nicanor, se preocupó de que todos ellos fueran devueltos a Atenas.

    Pisístrato vivió entre 607-527 a.C.  En realidad Atenas no tuvo una biblioteca pública hasta Ptolomeo Filadelfo (285-246 a.C.) y su gran biblioteca pública fue la donada por Adriano (117-138 d.C), en un peripato de cien columnas.

    Quis omnium primus libros publice praebuerit legendos; quantusque numerus fuerit Athenis ante clades Persicas librorum in bibliothecis publicorum.
    Libros Athenis disciplinarum liberalium publice ad legendum praebendos primus posuisse dicitur Pisistratus tyrannus. Deinceps studiosius accuratiusque ipsi Athenienses auxerunt; sed omnem illam postea librorum copiam Xerxes, Athenarum potitus, urbe ipsa praeter arcem incensa, abstulit asportavitque in Persas. [2] Eos porro libros universos multis post tempestatibus Seleucus rex, qui Nicanor appellatus est, referendos Athenas curavit.

    Aulo Gelio, Noctes Atticae, 3, 17

    De cómo, según escritores dignos de fe, Platón compró tres libros del pitagórico Filolao. y Aristóteles algunas obras de Speusipo, en cantidades enormes e increíbles.

    Refieren los antiguos que Platón, a pesar de que solamente poseía caudal muy pequeño, compró en diez mil denarios los tres libros del pitagórico Filolao, asegurando algunos autores que esta cantidad se la dio su ,amigo Dion de Siracusa. También se refiere que Aristóteles, después de la muerte de Speusipo, pagó tres talentos antiguos por algunos libros compuestos por este filósofo; cantidad que, evaluada en nuestra moneda, hace setenta y dos mil sextercios. El satírico Timón, en su poema titulado Silos, en el que deja rienda suelta a su malignidad, apostrofa en estos injuriosos términos a Platón, que, como hemos dicho, era muy pobre, por haber comprado muy caro un tratado de filosofía pitagórica, sacando de él, con numerosos plagios, su famoso diálogo del Timeo. He aquí los versos de Timón:

    «y tú también, Platón, te has visto dominado por el deseo de instruirte, y has comprado por mucho dinero un librito con cuyo auxilio te has puesto a escribir tú mismo». (en griego en el original) (Traducción de Francisco Navarro y Calvo).

    Id quoque esse a gravissimis viris memoriae mandatum, quod tris libros Plato Philolai Pythagorici et Aristoteles pauculos Speusippi philosophi mercati sunt pretiis fidem non capientibus.
    Memoriae mandatum est Platonem philosophum tenui admodum pecunia familiari fuisse atque eum tamen tris Philolai Pythagorici libros decem milibus denarium mercatum.  Id ei pretium donasse quidam scripserunt amicum eius Dionem Syracosium.
    Aristotelem quoque traditum libros pauculos Speusippi philosophi post mortem eius emisse talentis Atticis tribus; ea summa fit nummi nostri sestertia duo et septuaginta milia.
    τίμων amarulentus librum maledicentissimum conscripsit, qui σίλλος inscribitur. In eo libro Platonem philosophum contumeliose appellat, quod inpenso pretio librum Pythagoricae disciplinae emisset exque eo Timaeum, nobilem illum dialogum, concinnasset. Versus super ea re τίμωνος hi sunt: 
    καὶ σύ, πλάτων, καὶ γάρ σε μαθητείης πόθος ἔσχεν,
    πολλῶν δ᾽ ἀργυρίων ὀλίγην ἠλλάξαο βίβλον,
    ῎ενθεν ἀπαρχόμενος τιμαιογραφεῖν ἐδιδάχθης.

    Se dice también que por el mismo tiempo Polícrates (570 a. C.-522 a. C.), tirano de Samos, fundaba una biblioteca.  Parece también que en los buenos tiempos de Atenas,  algunas personas privadas se afanaban por formar sus buenas bibliotecas. Las más importantes corresponden a tres personajes famosos: Euclides, Eurípides y Aristóteles.

    Estrabón nos dice en su Geografía, XIII,1, 55 que Aristóteles fue el primero que se dotó  para su conocimiento de una colección de libros  y que enseñó a los reyes egipcios la organización de una biblioteca. En un pasaje coherente, aparentemente basado en buenas fuentes,  y muy interesante,  nos cuenta las peripecias por las que pasó esta biblioteca de Aristóteles:

    Los filósofos socráticos Erasto, Corisco y Neleo, hijo de Corisoco, discípulo de Aristóteles y Teofrasto, eran nativos de Scepsis. Nelo fue el que continuó con la posesión de la biblioteca de Teofrasto, que contenía la de Aristóteles. Aristóteles le dio la biblioteca y le dejó la escuela a Teofrasto. Aristóteles fue la primera persona que conocemos que hizo una colección de libros y aconsejó a los reyes de Egipto para formar una biblioteca. Teofrasto dejó su biblioteca a Neleo, que la llevó a Scepsis, y la legó a algunas personas ignorantes que mantuvieron los libros encerrados, tirados en desorden. Cuando los habitantes de Scepsis se enteraron de que los reyes Atálicos, de los que dependía la ciudad, estaban buscando libros con gran interés, con los que intentaban dotar la biblioteca de Pégamo, los escondieron bajo tierra; luego, pero no antes de que hubieran sufrido el daño de las lombrices, los descendientes de Neleo vendieron los libros de Aristóteles y Teofrasto por una gran suma de dinero a Apelicón de Teos. Apelicón era más bien amante de los libros que filósofo;  cuando intentó restaurar las partes que habían sido comidas o corroídas por las lombrices, hizo muchas modificaciones en el texto original y las introdujo en las nuevas copias; más bien suplió las partes defectuosas erróneamente y publicó los libros llenos de errores. Esto fue una desgracia para los antiguos peripatéticos posteriores a Teofrasto, pues estando completamente desabastecidos de los libros de Aristóteles, excepto unos pocos solamente, y estos del tipo de los exotéricos, eran incapaces de filosofar de acuerdo con los principios del sistema, y se ocupaban simplemente  en organizar discusiones sobre lugares comunes. Sus sucesores, en cambio, desde el momento en que se publicaron estos libros, filosofaron y propagaron la doctrina de Aristóteles con más éxito que sus predecesores, pero se veían obligados a tratar muchos asuntos sólo como probables por la gran cantidad de errores contenidos en las copias.

    También Roma contribuyo a aumentar los errores; inmediatamente tras la muerte de Apelicón, Sila, que se apoderó de Atenas, se incautó de la biblioteca de Apelicón. Cuando fue llevada a Roma, Tiranion el gramático, que era un admirador de Aristóteles, se ganó al superintendente de la biblioteca y obtuvo su uso. Algunos vendedores de libros, sin embargo, emplearon malos copistas y despreciaron comparar las copias con el original. Esto sucedió también en el caso de otros libros que fueron copiados para su venta aquí y en Alejandría. 

    Nota: este Tiranión, prisionero de guerra liberado, fue amigo de Atico y de Cicerón. Preparó una edición de las obras de Aristóteles, pero también aparecieron otras menos cuidadas, como refleja el texto. La biblioteca de Sila, con los libros de Aristóteles, la heredó el megalómano Fausto Sila, general de Pompeyo; arruinado vendió todo, hasta la biblioteca y así desaparecieron para siempre los libros de Aristóteles.

    Nos dice Plutarco en Vida de Sila, 26,1-2

    Habiendo dado velas desde Éfeso con todas las naves, entró al tercer día en el Pireo; se inició entonces  en los misterios, y se apropió de la biblioteca de Apelicón de Teya, en la que se hallaban la mayor parte de los tratados  de Aristóteles y Teofrasto, poco conocidos entonces por el público. Dícese que una vez traída a Roma, Tiranión el Gramático corrigió muchas de las obras , y que habiendo alcanzado de él Andrónico de Rodas algunas copias, las publicó y creó las listas que ahora corren.

    Los más antiguos de los peripatéticos eran evidentemente personas formadas e instruidas, pero parece que no tuvieron la suerte de un contacto amplio y exacto con muchas de las obras de Aristóteles y de Teofrasto, porque las posesiones de Neleo de Escepsis, a quien Teofrasto dejó sus libros, cayeron en manos de hombres descuidados e iletrados.

    Muy probablemente la extraña afirmación de Estrabón de que Aristóteles ayudó a los reyes egipcios  a organizar una biblioteca se debe al hecho de que fuera su discípulo, Demetrio de Falera, el que exiliado en Alejandría desde Atenas, fuera el cerebro del proyecto ptolemaico del Museo y de la Biblioteca, como más abajó se verá. Indirectamente Aristóteles ayudó a los Ptolomeos de Alejandría a desarrollar su biblioteca mediante su discípulo. Así que la frase de Estrabón es sólo un aparente anacronismo.

    Diógenes Laercio (V, 52) nos informa también del regalo a Neleo 

    No me resisto a transcribir otra cita que confirma la mayor parte de las afirmaciones de Estrabón, pero le contradice en algo tan importante como a dónde fueron a parar los libros de Aristóteles, independientemente del valor histórico que pueda tener. Dice Ateneo, que vivió en el siglo II de Cristo, en época del emperador “filósofo”  Marco Aurelio, en su obra “El banquete de los eruditos”,I,3A-3B, al hacer el elogio del erudito Larensio, uno de los comensales participantes:

    Cuenta además que poseía tal cantidad de libros griegos antiguos que sobrepasaba a todos los que fueron admirados por sus colecciones: a Polícrates de Samos, a Pisístrato el que fue tirano de Atenas, a Euclides, también al ateniense Nicócrates de Chipre, e incluso a los reyes de Pérgamo, al poeta Eurípides, al filósofo Aristóteles , y al que conservó los libros de estos últimos, Neleo. A él dice que se los compró todos nuestro compatriota el rey Ptolomeo, apodado Filadelfo, y los trasladó, junto con los procedentes de Atenas y los traídos de Rodas, a la hermosa Alejandría.” (Traducción de Lucía Rodríguez-Noriega para Editorial Gredos).

    Pero como decía, sin duda  la biblioteca más famosa de la Historia sea la “Biblioteca de Alejandría”, fundada por  los Tolomeos, gobernantes por cierto ilustrados y cultos ellos mismos.

    Alejandría es una de las numerosas ciudades (al menos 19 desde Egipto hasta la India) fundadas por Alejandro Magno a las que puso su nombre. Esta lo fue en el año 331 a.C. en el delta del Nilo y llegó a tener cerca de un millón de habitantes, población sólo superada en la Antigüedad por Roma, por lo que fue la más importante de las fundadas por el macedonio. Estrabón nos dice que tiene la forma de una clámide, es decir, de rectángulo casi perfecto: Estrabón, XVII, 1, 8

    La figura del plano de la ciudad es la de una clámide o capote militar.

    εστι δὲ χλαμυδοειδὲς τὸ σχῆμα τοῦ ἐδάφους τῆς πόλεως

    Junto a los egipcios vivían grandes grupos de griegos y de judíos. Pronto se convirtió en el referente cultural del mundo antiguo. Su puerto, el más grande también de la Antigüedad,  abierto al Mediterráneo con su famoso Faro (una de las maravillas del mundo antiguo), el Museo, el templo de las Musas,  y la Biblioteca son los elementos que le han dado fama eterna a esta ciudad. La biblioteca fue un instrumento esencial al servicio del ecumenismo alejandrino en el proceso de helenización de todo el Mediterráneo .

    Que  Egipto fuera el país que monopolizaba la producción del papiro, soporte de la escritura, sin duda tuvo también su importancia a la hora de crear la biblioteca.

    A pesar de la enorme resonancia histórica que el Museo y la Biblioteca de Alejandría han tenido y tienen, las fuentes sobre ella son escasas tanto de los momentos fundacionales como posteriores anteriores a su desaparición, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de ellas son mera repetición de otras anteriores, reproduciendo los errores y causando gran confusión. La información arqueológica al respecto tampoco es relevante.

    La biblioteca la comenzaría según la tradición  Ptolomeo Soter hacia el año 295 a.C.  pero realmente quien la incrementó y reorganizó de manera  sistemática sería   Ptolomeo Filadelfo,  que nombró un bibliotecario fijo y la dotó de los medios necesarios para su buen funcionamiento. Sépase no obstante que la primera referencia escrita que cita a la Biblioteca es del siglo II, en la “Carta de Aristeas a Filócrates”  en la que un judío comenta la famosa y por lo demás ficticia traducción al griego del Pentateuco,  la Torá, conocida como “la de los setenta”, la “septuaginta”, cuya milagrosa confección comentaré en otra ocasión.  En realidad las fuentes sobre la Biblioteca son escasas y la mayor  parte de autores tardíos. Tampoco tenemos especiales datos aportados por la arqueología.

    El cerebro del proyecto debió ser Demetrio de Falera, que llegó exiliado de Atenas, en donde gobernó como tirano y había sido discípulo de Aristóteles por lo que tenía la idea aristotélica de un conocimiento universal, el funcionamiento del Peripato y la biblioteca de Aristóteles como modelo;  todo ello lo trasplantó a Alejandría y lo desarrolló a lo grande con la protección real de los Ptolomeos.  Sería, pues, el primer bibliotecario.

    (Como curiosidad, diremos de este Demetrio que sus intrigas en la corte acabaron probablemente con este curioso personaje, que murió mordido por una serpiente que probablemente tal vez alguien colocó a su lado mientras dormía. Este sistema de morir por picadura de serpiente parece muy egipcio; desde luego le dio fama eterna Cleopatra, sea cierto o no el episodio de su muerte por mordedura de aspid. Nos lo cuenta Diógenes Laercio en  Libro V,78:

    Desde entonces (después de su detención)  pasó los días abatido; estando dormido le mordió una serpiente en la mano y así partió de esta vida”.

    Episodio que también recoge Cicerón en su Pro Rabidio Postumo, 23:

    Demetrio, que era llamado Falereo, procedente de la república de Atenas, que había gobernado perfectamente, noble y famoso por sus conocimientos, fue privado de la vida en este mismo reino de Egipto por un aspid que se le colocó junto a su cuerpo.

    Demetrium, qui Phalereus vocitatus est, et ex re publica Atheniensi, quam optime gesserat, et ex doctrina nobilem et clarum, in eodem isto Aegyptio regno aspide ad corpus admota vita esse privatum.

    En realidad había dos bibliotecas, la conocida como “la biblioteca real” (propiedad real; el escritor hebreo Aristeas los llama “libros regios” o “libros del rey” (Carta de Aristeas, 38)) :

    Queriendo hacer algo grato a ellos, a todos los judíos del orbe y a sus descendientes, hemos decidido traducir vuestra Ley, de la lengua que llamáis hebraica, al griego, a fin de que se halle también en nuestra biblioteca, con los otros libros reales.” (traducción de Jaume Pórtulas)

    o gran biblioteca (  μεγάλη  βιβλιοθήκη , de μέγας, megas, grande), que formaba parte del complejo del palacio y del Museo, sin edificio propio, en el barrio del Bruqión (en realidad el palacio, que era una fortaleza,  ocupaba todo el barrio)  y la biblioteca anexa al Serapeion , en el barrio de Rakhotis, que el obispo Epifanio, del siglo IV, llama   “hija” de la otra.

    Estrabón, que estuvo  en Alejandría en la segunda mitad del siglo I a.C., nos hace una descripción del Museo, aunque sin mencionar la Biblioteca como edificio exento en su Geografía, XVII,1, 8.

    “El Museo es una parte del palacio real. Está formado  por un pórtico para pasear, una exedra con asientos y una gran sala en la que los sabios que pertenecen al Museo, comen en común. Esta comunidad tiene en común la propiedad y tienen un sacerdote, que preside el Museo, que antes era nombrado por los reyes  y ahora por César (Augsuto)”.

    Estas dependencias se corresponderían con un peripatos  o espacio para pasear (del griego  περίπατος,  perépatos, paseo, de πέρι, peri , alrededor y πατεῖν, patein, caminar), que en realidad sería una avenida cubierta con cavidades para albergar las estanterías o “bibliotecas”  una exedra (del griego ἐξ ex-, de, fuera y έδρα, asiento) o espacio con asientos y un oikos (gr. οἶκος, casa, sala) o gran sala .

    Deducimos, pues, de la descripción de Estrabón, entre otros datos, que no había una sala de lectura y que los libros y volúmenes estarían en nichos en las paredes de las diversas dependencias y especialmente en el peripato, o pórtico cubierto en cuyos lados  estarían los huecos con las estanterías para los rollos  (βιβλιοθήκαι bibliothekai).

    Anexa al Serapeion (el templo de Serapis) o dentro del recinto, en el barrio llamado Rakhotis,  había otra biblioteca auxiliar u otra parte de la biblioteca fundada por Ptolomeo III. En ella había copias provenientes del Museo. El obispo Epifanio del siglo IV la llama, como decía más arriba,   a esta biblioteca “hija” de la otra  en su obra escrita en siriaco con muchas partes en griego “Pesos y Medidas”, cuyo título completo es “Tratado de San Epifanio, obispo de la ciudad de Constancia en Chipre, sobre las medidas, los pesos y los números y otras cosas que hay en las divinas Escrituras” y que en realidad es un comentario bíblico.  En el pasaje en el que narra con toda credulidad la traducción del Pentateuco al griego, la llamada de Los Setenta, dice en siriaco, en el capítulo  en 11 (53c):

    Y así las Escrituras, cuando habían sido pasadas  a la lengua griega, se colocaron en la primera biblioteca, que se había construido en el Bruchion, como ya he dicho. Y se levantó, además de esta biblioteca una  segunda en el Serapeum, llamada su hija. Y el periodo  entre  los diez Ptolomeos y la muerte de Cleopatra fue de doscientos cincuenta y nueve años.

    Y en griego con alguna variación:

    "Pero hubo más tarde también otra biblioteca en el Serapeum, más pequeño que la primera, que también fue llamado su hija, en la que se colocaron las traducciones de Aquila, Símaco, Teodoción, y el resto,  doscientos cincuenta años después."

    En ella los literatos y científicos podían proseguir sus estudios y se daban lecturas y conferencias. 
    En realidad  es, pues,  un centro internacional y cosmopolita del conocimiento de la época, en el que literatos y científicos proseguían sus estudios, daban sus conferencias, hacían sus lecturas. Por supuesto, era el centro mundial del mercado del libro, diríamos con terminología macroeconómica actual.

    El Museo de Alejandría sería en consecuencia una institución real creada a partir del modelo de la Academia de Platón y del Liceo de Aristóteles y del ideal comunitario pitagórico; de hecho el Museo lo preside un sacerdote como templo de las Musas (luego en época romana el Museo será una institución pública y el sacerdote del Museo será directamente nombrado por el emperador, como recuerda Estrabón). Recordemos que el Peripatos también tenía un Museion o templo de las Musas El Museo y la Biblioteca son lugares de encuentro de una comunidad de filósofos, científicos, estudiantes, venidos de todas partes, subvenida por el monarca y por tanto sin las preocupaciones de la subsistencia  material.  Allí acude la élite cultural del mundo para estudiar y vivir libres de preocupaciones. Algunas universidades inglesas modernas o la española Institución Libre de Enseñanza,  recuerdan a esta comunidad alejandrina. Es en resumidas cuentas, como dice Cánfora,

    una comunidad de sabios aislada del exterior, dotada con una biblioteca completa y un lugar de culto a las Musas”.

    Como ocurre siempre, también hoy, entre los miembros de cualquier comunidad, incluida la científica, son frecuentes  las naturales rivalidades, celos y disputas entre sus miembros. El cínico y satírico Timon de Filunte, por ejemplo, nos presenta a los filósofos como pájaros que se pelean entre ellos:

           En el populoso Egipto, son alimentados muchos escritorzuelos  que  garrapatean papiros mientras disputan sin cesar en la jaula de las Musas”

    Y Ateneo, en su “Banquete de los eruditos” nos lo confirma, aunque  interpretando otro su sentido, cuando dice en I, 22D:

    El autor satírico Timón de Fliunte llama en alguna parte al Museo (de Alejandría) “jaula de pájaros”, burlándose de los sabios hospedados en él, porque, como los pájaros más preciosos, son alimentados en una pajarera.

    “Se apacientan en Egipto, rico en razas, muchos eruditos armados de cálamo, que mantienen peleas infinitas en la jaula de pájaros de las Musas” . (Trad. De Lucía Rodríguez-Noriega, Ed. Gredos).

    Y quien fuera director de la Biblioteca, el gran Calímaco, autor entre otras cosas de un catálogo de obras allí existentes, nos dice que entre los miembros del Museo se daba la “envidia” y no se refería a la mera envidia científica.

    Existieron otras Bibliotecas mantenidas por el Estado en Antioquía, Rodas, Esmirna y otras capitales helenísticas, pero hubo una que rivalizó con Alejandría, la Biblioteca de  Pérgamo. Allí el rey Eumenes II, amante de las ciencias y las letras creó una gran Biblioteca que se mantuvo a pesar de la prohibición que los Tolomeos hicieron de exportar papiro de Egipto.

    Esta prohibición con la que Alejandría pretendió jugar sucio obligó a Pérgamo a perfeccionar la técnica de origen oriental de preparar las pieles de los animales como soporte de escritura. Precisamente de Pérgamo proviene la palabra pergamino, como piel generalmente de ternera, que se utilizó para escribir; la piel del animal non nato (no nacido) se llama “de vítulo” y es la de mayor calidad. (Vitela, del diminutivo vitella , de vitula, es la piel de ternera para escribir).  Este soporté revolucionó la historia del libro, dándole la forma actual de cuaderno, más duradero y más manejable.     

    Pues bien, la Biblioteca de Pérgamo fue muy importante. Según una falsa afirmación,  Marco Antonio se la regaló a Cleopatra y llevó a Egipto doscientos mil volúmenes para reponer los perdidos con ocasión de la guerra con César. Nos lo dice Plutarco en Antonio, 58, 5, pero esta afirmación parece más bien ser fruto de la propaganda que se esgrime en Roma contra Marco Antonio :

    Y Calvisio, amigo de César, añadió como crímenes de Antonio a sus amores con Cleopatra los siguientes cargos: que le había entregado y regalado la biblioteca de Pérgamo en la que había doscientos mil volúmenes simples.

    A pesar de las lagunas de las fuentes históricas, a pesar de lo poco que en realidad conocemos con exactitud, los reflejos míticos de esta grandiosa institución llegan hasta nuestros días. En Octubre del año 2002 se inauguró la moderna biblioteca de Alejandría, Bibliotheca Alexandrina,  fruto de la colaboración de la Unesco con diversos países del mundo, cuya capacidad supera los veinte millones de libros; ya tiene más de doscientos mil, lo que no es un mal comienzo, pero Egipto y toda la zona del norte de Africa y próximo Oriente,  desgraciadamente sigue hoy siendo tan inestable como en la Antigüedad.

    Pero un reflejo todavía más poderoso podemos apreciarlo en la ilusión moderna de hacer posible el acceso de todos los hombres a todo el conocimiento acumulado por la humanidad en todas las lenguas.  ¿Acaso no es esta la pretensión de enciclopedias electrónicas como la popular Wikipedia o instrumentos en los que se pretende ofrecer todos los libros existentes en todas las lenguas?  ¿Será posible esta vez?

    En cualquier cas,  todos debemos apoyar este proyecto grandiosos, porque nuestra deuda con la Alejandría antigua y su Biblioteca es impagable.

  • Las cuentas del Gran Publio Cornelio Escipión Africano el Mayor

    Conocida y frecuente es la expresión “las cuentas del Gran Capitán” para referirnos a una falta de justificación o justificación exageradamente ridícula de unos cuantiosos gastos.

    Se basa la frase en la anécdota apócrifa, tal vez real, tal vez  posible y probablemente falsa, que le sucedió a Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán)  cuando tras la campaña de Nápoles que puso Italia prácticamente a disposición del rey de Aragón, Fernando el Católico le pidió cuentas de los enormes gastos ocasionados. Pronto corrieron coplas y versos que glosaban  la actitud orgullosa del noble, según algunos tan acorde con el carácter español. El verso sin duda más conocido, de una larga retahíla de explicaciones irónicas o chulescas es:

    en picos, palas y azadones, cien millones…

    Pues bien, en la guerra parece que lo importante es ganarla, sin reparar en gastos. Hay en el mundo antiguo una anécdota referida al gran Escipión el Africano, vencedor de Anibal, no exactamente coincidente pero sí con alguna semejanza.

    Nos lo cuenta Aulo Gelio en sus Noctes Atticae, lib. IV, 18,7:

    Existe también otra anécdota célebre de Escipión. Unos Petilios, tribunos de la plebve, predispuestos, según dicen, y azuzados contra él por M.Porcio Catón, rival de Escipión, solicitaban insistentemente en el Senada que rindiera cuentas del dinero de Antioquía y del botín conquistado en aquella guerra, pues en tal expedición había sido legado de L. Cornelio Escipión el Asiático, hermano suyo y general en jefe. Entonces Escipión se levantó y, sandando de entre los pliegues de lo toga un libro, dijo que en él estaban registradas las cuentas de todo el dinero y de todo el botín; que los había traído para que se leyera públicamente y fuera depositado en el erario público. Y añadió_ “Pero ya no lo haré, no voy a infligirme una afrenta a mí mismo”. Y al punto despedazó el libro con sus propias manos, molesto porque se le pedían cuentas del dinero del botín a quien se le debía agradecer la obtención de la salvación del gobierno y del Estado.

    Item aliud est factum eius praeclarum. Petilii quidam tribuni plebis a M., ut aiunt, Catone, inimico Scipionis, comparati in eum atque inmissi, desiderabant in senatu instantissime ut pecuniae Antiochinae praedaeque in eo bello captae rationem redderet; [8] fuerat enim L. Scipioni Asiatico, fratri suo, imperatori in ea provincia legatus. [9] Ibi Scipio exsurgit et, prolato e sinu togae libro, rationes in eo scriptas esse dixit omnis pecuniae omnisque praedae; [10] illatum, ut palam recitaretur et ad aerarium deferretur. [11] “Sed enim id iam non faciam,” inquit, “nec me ipse afficiam contumelia,” [12] eumque librum statim coram discidit suis manibus et concerpsit, aegre passus quod cui salus imperii ac reipublicae accepta ferri deberet rationem pecuniae praedatae posceretur.

    Ya antes, este Escipión ya dio muestras de su respeto por las cuentas claras. Allá por el año 204 a.C. fue acompañado a Africa por Catón el Viejo, Catón el Censor. La suntuosidad y chulería del Escipión casaba mal con la frugalidad y rigidez del censor. Catón  le pidió cuentas y Escipión le contestó según Plutarco: Vida de Catón el Viejo, 3:

    «Escipión le contestó (…) que no necesitaba un cuestor tan severo, porque de lo que había de dar cuenta a la ciudad era de sus acciones y no del dinero».

    Catón volvió a Roma y propicio una acción en el Senado para que enviara una legación que investigara los gastos de Escipión. La “comisión investigadora”  no encontró pruebas del derroche del general Escipión, que ganó batallas.

    Dice el texto de Plutarco en la traducción al castellano que  Ranz Romanillos hizo a principios del siglo XIX:

    Hubo también otro motivo, y fue que yendo de cuestor con Escipión a la guerra de África, como advirtiese que éste usaba de su acostumbrada profusión y permitía que en el ejército se gastara sin medida, le habló francamente, diciéndole que lo de menos era el gasto, y el mal principalmente estaba en que estragase la antigua frugalidad del soldado, acostumbrándole para en adelante al regalo y a los deleites; y como Escipión le contestase que no necesitaba un cuestor tan severo, cuando ponía toda la atención en desempeñar cumplidamente su deber con respecto a la guerra, porque de lo que había de dar cuenta a la ciudad era de sus acciones y no del dinero, se retiró de Sicilia. Hablaba frecuentemente en el Senado con Fabio de la inmensa cantidad de dinero que gastaba Escipión, y desacreditaba en los circos y en los teatros su porte fastuoso, como si hubiera ido a celebrar fiestas y no a mandar un ejército; tanto, que obligó a que se enviaran cerca de éste tribunos de la plebe para que le hicieran venir a Roma, si estas acusaciones eran ciertas. Mas Escipión, habiendo hecho ver que la victoria estaba en los preparativos de la guerra, y convencido a los tribunos de que si usaba de humanidad y condescendencia, en los gastos esto en nada perjudicaba a la diligencia y a las demás grandes prendas militares, partió de Sicilia para la guerra”.

    Ratio et numeri  cedant armis, “que las cuentas (claras) cedan ante las armas”, parece ser el comportamiento ayer y hoy, a juzgar por la oscuridad y falta de transparencia con la que suelen ocurrir las “hazañas bélicas”.  Este famoso Escipión vivió hace tan sólo 2.220 años.
     

  • ¿Fue Pericles keynesiano?

    Los majestuosos edificios de la Acrópolis de Atenas, que tanta admiración han causado desde la propia Antigüedad hasta hoy, fueron construidos por atenienses en paro. El embellecimiento de Atenas se atribuye a Pericles y se citan a los grandes artistas como Ictinos, Calicrates, Fidias…

    Ciertamente  aquel grandioso programa de construcciones públicas se debió al genio político y estratégico de Pericles, pero pocos saben que fue posible porque Pericles decidió dar trabajo y ocupación a los ciudadanos atenienses que malvivían. Pericles decidió, en lo que hoy consideraríamos una política económica  "keynesiana", “socialdemócrata”, dinamizar la economía y repartir riqueza aumentando la obra pública.

    “…era muy justo que su opulencia se emplease en tales obras, que, después de hechas, le adquirieran una gloria eterna, y que dieran de comer a todos mientras se hacían, proporcionando toda especie de trabajo y una infinidad de ocupaciones,…”

    Pericles, aunque de origen aristocrático, lideró al partido demócrata, al partido del pueblo. Todo ello nos lo cuenta Plutarco al narrar su vida y como si de una crónica actual se tratase, nos enteramos de que el partido aristocrático de Cimón y Tucídides (no el historiador) acusa a Pericles de intentar ganarse la voluntad del pueblo con dádivas y regalos y en definitiva malgastando el dinero público.

    “…Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas…”

    ¡Qué moderno resulta todo esto, verdad! ¡Y qué inquietante que 2.400 años después se sigan criticando planes de mísero empleo en zonas especialmente desprotegidas con el mismo argumento: malgastar el dinero público para ganar voluntades!

    Y si Pericles no hubiera puesto en marcha su programa de lucha contra el paro, ¿existiría el Partenón,  grandioso “templo de la virgen”, que eso es lo que significa la palabra, derivada de la griega  Παρθένος, “parthenos”,  virgen,? ¿Y se hubiera construido el Odeón,  del griego Ωδείον y del latín odeum, ὠδεῖον ("odeión", lugar de canto) y este de ἀείδω ("aeido", cantar), de ᾠδή ("odé", oda, cancion), edificio para conciertos de música? ¿Y los Propileos o pórticos, de προπύλαια, de  προ “pro” y πύλιον “pylaion” — Προπυλαιον = “delante de la puerta”?  ¿Y existirían las famosas estatuas de Zeus, Venus, Atenea… mil veces copiadas y repicadas hasta llenar los museos de la culta Europa y los salones de los ricos aristócratas, ?

    Pero será mejor leer directa y extensamente el texto de Plutarco, tan actual y tan evidente que evita todo comentario, en la buena traducción que a principio del siglo XIC hizo Antonio Ranz Romanillos, nacido en Barcones (Soria) en 1759  y estudiante en Sigüenza, de interesante vida política, afrancesado y también redactor de la Constitución de Cadiz:

    Plutarco: Vida de Pericles,
    IX:
    …y otros muchos han escrito que bajo él (Pericles) fue por la primera vez seducida la plebe con repartimientos y con pagarle los espectáculos y darle jornal; con las cuales disposiciones se la acostumbró mal, y se hizo pródiga e indócil, de templada y laboriosa que antes era;…

    Con las dádivas, pues, para los teatros y para los juicios, y con otros premios y diversiones, corrompió a la muchedumbre, y se valió de su poder contra el Areópago, en el que no tenía parte…

    XII
    Lo que mayor placer y ornato produjo a Atenas, y más dinero dio que admirar a todos los demás hombres, fue el aparato de las obras públicas, siendo este sólo el que aún atestigua que la Grecia no usurpó la fama de su poder y opulencia antigua. Y, no obstante, esta disposición era, entre las de Pericles, de las que más murmuraban sus enemigos y la que más calumniaban en las juntas públicas, gritando que el pueblo perdía su crédito y era difamado, porque se traía de Delos a Atenas los caudales públicos de los griegos…

    … y puesto que la ciudad proveía abundantemente de lo necesario para la guerra, era muy justo que su opulencia se emplease en tales obras, que, después de hechas, le adquirieran una gloria eterna, y que dieran de comer a todos mientras se hacían, proporcionando toda especie de trabajo y una infinidad de ocupaciones, las cuales, despertando todas las artes, y poniendo en movimiento todas las manos, asalariaran, digámoslo así, toda la ciudad, que a un mismo tiempo se embellecería y se mantendría a sí misma.  Porque los de buena edad y robustos tomaban en los ejércitos del público erario lo que para pasarlo bien habían de menester, y respecto de la demás muchedumbre ruda y jornalera, no queriendo que dejasen de participar de aquellos fondos, ni que los percibiese descansada y ociosa, introdujo con ardor en el pueblo gran diferencia de trabajos y obras, que hubiesen de emplear muchas artes y consumir mucho tiempo, para que no menos que los que navegaban, o militaban, o estaban en guarnición, tuvieran motivo los que quedaban en casa de participar y recibir auxilio de los caudales públicos.  Porque siendo la materia prima piedra, bronce, marfil, oro, ébano, ciprés, trabajaban en ella y le daban forma los arquitectos, vaciadores, latoneros, canteros, tintoreros, orfebres, pulimentadores de marfil, pintores, bordadores y torneros; además en proveer de estas cosas y portearlas entendían los comerciantes y marineros en el mar, y en tierra, los carreteros, alquiladores, arrieros, cordeleros, lineros, tejedores, constructores de caminos y mineros; como cada arte, a la manera que cada general su ejército, tenía de la plebe su propia muchedumbre subordinada, viniendo a ser como el instrumento y cuerpo de su peculiar ministerio, a toda edad y naturaleza, para decirlo así, repartían y distribuían las ocupaciones, el bienestar y la abundancia.

    XIII
    Adelantábanse, pues, unas obras insignes en grandeza, e inimitables en su belleza y elegancia, contendiendo los artífices por excederse y aventajarse en el primor y maestría;  y con todo lo más admirable en ellas era la prontitud; porque cuando de cada una pensaban que apenas bastarían algunas edades y generaciones para que difícilmente se viese acabada, todas alcanzaron en el vigor de un solo gobierno su fin y perfección.

    Por lo mismo era mayor la admiración de que, siendo las obras de Pericles de durar largo tiempo, en tan breve se hubiesen concluido; porque cada una de ellas en la belleza al punto fue como antigua, y en la solidez, todavía es reciente y nueva:¡tanto brilla en ellas un cierto lustre que conserva su aspecto intacto por el tiempo, como si las tales obras tuviesen un aliento siempre floreciente y un espíritu exento de vejez. Todas las dirigía y de todas con Pericles era superintendente Fidias, sin embargo de que las ejecutaban los mejores arquitectos y artistas;  porque el Partenón, que era de cien pies, lo edificaron Calícrates e Ictino; el purificatorio de Eleusis empezó a construirlo Corebo…

    Los soportales (propíleos) del alcázar o ciudadela se hicieron en cinco años, siendo el arquitecto Mnesicleo
    ….
    Fidias hizo además la estatua de oro de la diosa, y en la base se lee la inscripción que le designa autor de ella.

    Nos cuenta también Plutarco cómo se propalaron todo tipo de calumnias y falsedades sobre Pericles y su familia, que en otro momento tal vez yo comente, y se lamenta de lo difícil que es encontrar la verdad. Nos dice en este mismo capítulo XIII al respecto:

    ¡Tan grande es el trabajo que le cuesta a la historia descubrir la verdad! Pues para los que vienen más tarde, el tiempo pasado se interpone, y roba el conocimiento de los hechos; y las relaciones contemporáneas de las vidas y acciones, o bien por envidia, o bien por lisonja y adulación, corrompen y desfiguran la verdad.

    Y continúa Plutarco al principio del capítulo XIV:

    Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas…

    Y así acabo yo esta larga cita referida a un dirigente ateniense  que vivió entre los años 495 a.C. y 429., es decir hace casi 2.500 años, en la primera democracia del mundo, de efímera existencia, es verdad, porque inmediatamente hubo de sufrir los ataques de la aristocracia y de los dictadores dueños de ejércitos; pero que estableció el objetivo y ejemplo a conseguir para muchos hombres  durante dos milenios, prácticamente hasta nuestros tiempos.  

    Pues bien, como Pericles no pudo conocer a Keynes, podemos preguntarnos si Keynes había leído a Plutarco y su vida de Pericles.  No conozco con suficiente detalle la biografía de Keynes, pero es muy probable que conociera este texto de Plutarco, dado que estudió en el colegio de Eton y luego en el King´s College de Cambridge a donde acudió para estudiar precisamente matemáticas y a los “clásicos”; en estos centros es esencial el conocimiento de los clásicos. Keynes además es un economista muy interesado por cuestiones filosóficas y su aportación en este campo, menos conocida, no deja de ser importante.

    Confirma esta lectura Gilles Dostaler, Professor of Economics,en las  Universidades de Quebec y  Montreal, que escribió la obra "Keynes and His Battles”. El capítulo 9, titulado “Art: Theoretician, Consumer and Patron of the Arts”,  lo dedica a algunas reflexiones filosóficas sobre la naturaleza de la belleza y ofrece  la visión de Pericles de una civilización en la que el arte es valorado por su propio bien y no como un instrumento.

    El famoso economista Stuart Mill, ciertamente ochenta años  anterior pero que influyó decisivamente en la concepción ética y moral de Keynes, comenzó a estudiar griego a los tres años y leyó a los griegos, entre ellos Plutarco, en griego.

    En todo caso, el texto es de un interés extraordinario, por su semejanza con los tiempos actuales, aunque sean grande también la diferencias: ahora no estamos construyendo ni partenones, ni odeones ni propíleos…
     

  • Las Médulas son la evidencia de la “ruina montium”

    Como comenta Plinio en su Naturalis Historia, libro 33, dedicado a los metales, existió en la Antigüedad una verdadera fiebre del oro. Véase https://www.antiquitatem.com/oro-en-la-antiguedad-mineria-romana

    A Hispania llegaron a principios del primer milenio antes de Cristo los fenicios, luego  cartagineses y los griegos atraídos precisamente por su riqueza minera. A partir del siglo III a.C, los romanos comienzan su extensión desde el Levante y la Bética hacia el interior, las dos mesetas y el noroeste atraídos por sus minas.

    Estrabón dedica el libro III de su Geografía a Iberia y nos dice en su capítulo 2,8 refiriéndose a la Turdetania (en otros pasajes se refiere al Noroeste peninsular):

    A tanta riqueza como tiene esta comarca se añade la abundancia de minerales. Ello constituye un motivo de admiración; pues si bien toda la tierra de los íberos está llena de ellos, no todas las regiones son a la vez tan fértiles y ricas, y con más razón las que tienen abundancia de minerales, ya que es raro se den ambas cosas a un tiempo, y raro es también que en una pequeña región se halle toda clase de metales. Pero la Turdetanía y las regiones comarcanas abundan de ambas cosas, y no hay palabra digna para alabar justamente esta virtud. Hasta ahora, ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierro nativos se han hallado en ninguna parte de la tierra tan abundantes y excelentes.

    La misma opinión nos transmite Plinio el Viejo en un fragmento del libro 33 de su Naturalis Historia, 33,25 (78) referido ahora al Noroeste de Hispania (Asturias, Galicia, Lusitania):

    dicen que  Asturias, Galicia y Lusitania proporcionaron en un año  veinte mil libras de peso. Así  Asturias es la que más produce. Esta fertilidad no ha durado tanto ni en ninguna parte ni durante tantos siglos.

    vicena milia pondo ad hunc modum annis singulis asturiam atque callaeciam et lusitaniam praestare quidam prodiderunt, ita ut plurimum Asturia gignat. neque in alia terrarum parte tot saeculis perseverat haec fertilitas.

    En el mismo pasaje que estábamos citando, Estrabón nos da noticia de los métodos de extracción del oro:

    El oro no se extrae únicamente de las minas, sino también por lavado. Los ríos y torrentes arrastran arenas auríferas. Otros muchos lugares desprovistos de agua las contienen también; el oro, empero, no se advierte en ellos, pero sí en los lugares regados, donde el placer (¡qué nombre tan apropiado!) de oro se ve relucir; cuando el lugar es seco, basta irrigarlo para que el placer reluzca; abriendo pozos, o por otros medios, se lava la arena y se obtiene el oro; actualmente son más numerosos los lavaderos de oro que las minas. Según los galátai, sus minas del monte Kémmenon (actuales montes Cevenes en el Ródano) y las que tiene al pie del Pyréne son más importantes; sin embargo, son más preciados los metales de allí. Dícese que a veces se encuentran entre los placeres del oro lo que llaman “palas”, pepitas de un “hemilitron”,(media libra) que se purifican con poco trabajo. Se dice también que al hendir las rocas suelen hallarse pepitas menores semejantes a ubres. Sometido el oro a una cocción y purificado por medio de cierta tierra aluminosa, se obtiene un residuo que es el “eléktron” (aleación de 4/5 de oro y 1/5 de plata). Éste, cuando va mezclado de plata y oro, se cuece de nuevo; la plata entonces se quema y queda el oro, pues siendo de naturaleza grasa, se puede licuar sin trabajo. En efecto, el oro se funde con facilidad mayor por medio de la paja, ya que su llama es más floja y se adapta mejor a su fin, fundiendo el metal fácilmente, Por el contrario, el carbón, con la vehemencia de su fuego, liquida el metal demasiado pronto, consumiéndolo. En los ríos, el oro se extrae y se lava allí cerca, en pilas o en pozos abiertos al efecto y a los que se lleva la arena para su lavado. Los hornos de la plata se hacen altos, con el fin de que los vapores pesados que desprende la masa mineral se volatilicen, ya que son gases densos y deletéreos. A algunas de las minas de cobre se las suele llamar áureas, pues se supone que de ellas se obtenía antes oro.

    También Plinio nos describe  con más detalle  el método y las penosas condiciones de explotación. Dedica  el libro 33 de su Historia Naturales a los metales y en él nos da valiosa información.  Léase https://www.antiquitatem.com/oro-en-la-antiguedad-mineria-romana

    Dada la codicia y hambre de oro (sacra fames , hambre sagrada, le llama Virgilio y Plinio) de los romanos, es fácilmente comprensible la justificación que el historiador Floro nos da sobre la Guerra contra los cántabros de Augusto y la fundación de Asturica Augusta. Nos dice en el Epitome Rerum Romanorum , 2.33.12.60:

    “Ayudaba a esta decisión,( la de fundar la ciudad de Astúrica Augusta), la naturaleza de la región, rica en oro en todo su entorno  y  rica en malaquita , minio y abundante en  productos de otros colores. En consecuencia ordenó que se explotase el suelo. Así los astures comenzaron a conocer sus recursos y sus riquezas trabajando con esfuerzo  en las profundidades  mientras las buscaban para otros.”

    Favebat consilio natura regionis; circa enim omnis aurifera 2est et chrysocoliae 3miniique et aliorum colorum ferax. Itaque exerceri solum iussit. Sic Astures 4nitentes in profundo opes suas atque divitias, dum aliis quaerunt, nosse coeperunt.

    Así que el Noroeste de Hispania fue ampliamente prospectado y explotado por los romanos. De estas explotaciones mineras nos ha quedado una huella indeleble en el paisaje y en la retina de todo viajero que tiene la suerte de contemplarla: las Médulas, junto a Ponferrada, en la provincia de León, la mayor explotación minera romana de oro a cielo abierto… porque lo abrieron, abrieron el monte, como explicaré. 

    (Sobre el nombre no hay acuerdo: hay quien lo relaciona con el latino “metalla”, metales , y quien lo relaciona con el nombre de un monte mítico en los enfrentamientos entre cántabros y romanos, el Mons  Medulius. Si así fuera nos quedaría el problema de explicar el origen o significado de Medulius.)

    Nota bene: La actual ciudad de León recibe su nombre no del fiero animal de la sabana africana sino de la Legio Septima Gemina acampada precisamente ahí para protección y control de la zona del  Noroeste peninsular, de indudable interés estratégico, dada su riqueza minera y la presencia de lugareños siempre belicosos. (de legionem deriva León, La Legión)

    Es un paisaje arruinado de tal belleza y un testigo de la historia de tanta importancia que la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1997.

    Fotografía de Patrimonio Natural de Castilla y León

      Autor: Håkan Svensson (Xauxa)

    Algunos estudiosos, Antonio García Bellido, por ejemplo, han calculado que se removieron 500 millones de m³ y suponiendo un rendimiento de 3 gramos por tonelada (las explotaciones actuales de la zona dan de 1,8 a 2,8 gramos) durante 250 años de explotación darían la extraordinaria cifra de 1.635.000 kg. Recordemos que Plinio informaba que producían 20.000 libras al año en toda la zona.

    El precio, siempre oscilante, del oro a fecha 17 de julio de 2013 es de 31,39 euros en Londres. Aplicando este precio a lo extraído obtenemos la difícilmente inteligible cifra de 51.322.650.000 €.  Es este un ejercicio un tanto absurdo, ahistórico y acientífico, pero sirve para imaginar la importancia que estas minas tuvieron para atender la insaciable hambre de oro (sacra famis le llama Plinio) de Roma.

    En las Médulas trabajaron permanentemente de 10.000 a 20.000 personas, esclavos primero y luego manumitidos, en las terribles condiciones que nos describe Plinio (véase articulo sobre la fiebre del oro citado anteriormente). Curiosamente y contra la opinión general, en esta zona del Imperio los trabajadores de las minas son libres y no esclavos, a diferencia de otros lugares.

    Plinio nos comenta las diversas formas de extracción del oro;  así dice en Naturalis Historia XXXIII,22:

    No hay oro más perfecto, que el pulido por el propio río y por la fricción del agua. Otro modo consiste en extraerlo con excavación de pozos o buscándolo con la destrucción del monte. En segundo lugar se busca  por la excavación de los pozos para extraerlo, o  en lel desplome de los montes.

    nec ullum absolutius aurum est, ut cursu ipso attrituque perpolitum. alio modo puteorum scrobibus effoditur aut in ruina montium quaeritur;

    Así pues, el oro se extrae de las tierras de aluvión mediante el sistema llamado  “ruina montium” ,  “derrumbe o caída de los montes”, porque el monte se venía abajo literalmente, basándose en la fuerza del agua.

    La palabra “ruina” es el sustantivo de la misma raíz que el verbo  latino “ruo, ruere”, que significa precipitarse, derrumbarse, lanzarse, desplomarse.

    Nos lo describe perfectamente Plinio el Viejo en  Libro 33, 72 y 73: (33,25)

    El tercer método  supera al trabajo de los Gigantes; los montes son minados en   grandes espacios  mediante galerías hechas a la luz de las lámparas. Su duración es la misma que la de los turnos  y en muchos meses no se ve la luz del día. Este tipo de explotación se llama ”arrugias". De repente  se producen grietas y los derrumbes aplastan  a los trabajadores, de tal forma que parece menos arriesgado buscar perlas y caracoles  de púrpura en el  fondo del mar; ¡hasta tal punto   hemos hecho más peligrosa  a la tierra (que al mar)! Se dejan, pues,  numerosas bóvedas para sostener los montes.

    El obstáculo en uno y otro método son las rocas, que se fragmentan con fuego y vinagre. Pero como esto satura de vapor y humo las galerías, muchas veces las rompen con martillos rompedores de hierro de ciento cincuenta libras y las sacan sobre sus hombros día y noche en la oscuridad pasándolas de mano en mano. Los últimos ven la luz. Si la roca parece más ancha, se sigue el lado de la veta y se ahonda. Sin embargo el trabajo en la roca se considera un tanto fácil.

    Existe,  pues,  una tierra de cierto tipo de arcilla mezclada con guijarros, la llaman 'gangadia", casi irrompible. Se la ataca con cuñas de hierro y con los mismos mazos y piensan que nada es más duro, sino aquello que es más duro  que todas las cosas, la avidez de oro.

    Acabado el trabajo  se derriban los apeos de los arcos desde el último; se da la señal del  derrumbe y sólo la percibe el vigía colocado en la cima de ese monte. Este con sus voces y gestos da órdenes de que se avise a los trabajadores y él mismo igualmente baja volando. La montaña, resquebrajada, se derrumba por si misma a lo largo  con un estruendo que la mente humana no puede imaginar y con una explosión  increíble.

    Victoriosos contemplan el derrumbe de la Naturaleza.Y sin embargo todavía no hay oro ni sabían si lo había cuando cavaban.  Esperar lo que deseaban fue causa suficiente para tan grandes peligros y gastos.

    Pero queda otro trabajo igual o de mayor coste: llevar ríos de agua para lavar los escombros desde la cumbre de los montes muchas veces desde cien millas de distancia.
                      …..
    Con el método anterior se extrae la tierra con enorme trab ajo para que no colmate los pozos; con este sistema la arrastra el agua. El oro obtenido mediante la arrugia no se funde sino que ya al instante  es oro propio. Así pues se encuentran fuera de los pozos bloques que pasan de las diez libras; unos las llaman “palagas” y otros “palacurnas” y a lo que es grano lo llaman “baluce”; el ulex se seca y se quema y sus cenizas se lavan en un lecho de césped herboso, para que el oro deposite.

    tertia ratio opera vicerit gigantum. cuniculis per magna spatia actis cavantur montes lucernarum ad lumina; eadem mensura vigiliarum est, multisque mensibus non cernitur dies. arrugias id genus vocant. siduntque rimae subito et opprimunt operatos, ut iam minus temerarium videatur e profundo maris petere margaritas atque purpuras. tanto nocentiores fecimus terras! relinquuntur itaque fornices crebri montibus sustinendis. occursant in utroque genere silices; hos igne et aceto rumpunt, saepius vero, quoniam id cuniculos vapore et fumo strangulat, caedunt fractariis cl libras ferri habentibus egeruntque umeris noctibus ac diebus per tenebras proximis tradentes; lucem novissimi cernunt. si longior videtur silex, latus sequitur fossor ambitque. et tamen in silice facilior existimatur opera; est namque terra ex quodam argillae genere glarea mixta – gangadiam vocant – prope inexpugnabilis. cuneis eam ferreis adgrediuntur et isdem malleis nihilque durius putant, nisi quod inter omnia auri fames durissima est. peracto opere cervices fornicum ab ultimo caedunt. dat signum ruina, eamque solus intellegit in cacumine eius montis vigil. hic voce, nutu evocari iubet operas pariterque ipse devolat. mons fractus cadit ab sese longe fragore qui concipi humana mente non possit, aeque et flatu incredibili. spectant victores ruinam naturae. nec tamen adhuc aurum est nec sciere esse, cum foderent, tantaque ad pericula et inpendia satis causae fuit sperare quod cuperent. alius par labor ac vel maioris inpendii: flumina ad lavandam hanc ruinam iugis montium obiter duxere a centesimo plerumque lapide;
                                                  ……
    in priore genere quae exhauriuntur inmenso labore, ne occupent puteos, in hoc rigantur. aurum arrugia quaesitum non coquitur, sed statim suum est. inveniuntur ita massae, nec non in puteis, et denas excedentes libras; palagas, alii palacurnas, iidem quod minutum est balucem vocant. ulex siccatur, uritur, et cinis eius lavatur substrato caespite herboso, ut sidat aurum.

    En realidad lo que hacen es recoger el agua de los manantiales, de la lluvia y de la nieve  en grandes embalses, y conducirla por gravedad desde largas distancias con  un sistema de canales hasta  las minas. En los estratos estériles se excavan  a muchos  muchos metros de profundidad varias galerías que se superponen a las capas de conglomerado aurífero. Se abren  las compuertas de las presas y enormes cantidades de agua fluyen por  las galerías de diverso diámetro de luz, que están cerradas en sus extremos. La enorme presión acumulada hace estallar las rocas y las arrastra a varios kilómetros creando enormes áreas para el lavado. Este  proceso es claramente evidente en el aspecto de la zona  principal de Las Médulas. El sistema de canales y conducciones de agua alcanzaba al menos 100 Km.

    Curiosamente este principio de la presurización del agua es el utilizado actualmente por las modernas máquinas de corte por chorro de agua, más precisas y versátiles que el corte por laser, plasma o descarga eléctrica para trabajar con todo tipo de material. La técnica ciertamente ha evolucionado pero el principio general es el utilizado por los especialistas romanos.

    En resumen y como se reconoce en la propia documentación de la Unesco, “La Zona Arqueológica de Las Médulas es así un magnífico ejemplo de proceso histórico en el que los elementos naturales y la intervención humana aparecen constantemente entrelazados”.

    Ciertamente, lo único que les faltó a los romanos fue el desarrollo de alguna de las técnicas modernas más sofisticadas, como la  lixiviación con cianuro o la fusión del arsénico aurífero, técnicas que modernas empresas extractivas emplean precisamente hoy en día en la misma zona del Noroeste hispano.  Pero estas explotaciones suelen contar con la oposición de los habitantes de la zona y de grupos de defensores del medio ambiente por las grave contaminación que suele llevar parejo el movimiento de millones de toneladas de escombros. Claro que en la Antigüedad los romanos establecieron todo una campamento y una legión, la Legio VII Gemina"  (la Legíon Septima Gemela) para controlar la zona. Por algo sería…

    Pero la fiebre del oro sigue siendo todavía muy alta y los obstáculos a su extracción suelen ser fácilmente superados, precisamente por el propio oro transformado en papel moneda o dinero digital, más moderno todavía.

  • La fiebre del oro en la Antigüedad

    Desde que los hombres descubrieron la utilidad de los metales, una de sus mayores preocupaciones ha sido localizar los yacimientos en los que se encuentra el oro, la plata, el hierro, el estaño, el cobre, el plomo…

    Una de las razones que explican el desarrollo y extensión imparable del Imperio Romano en las cuatro direcciones fue precisamente la detección de minas. Ese mismo motivo explica, por ejemplo, su extensión por la península Ibérica, rica en metales según relata Estrabón en el libro III de su Geografía dedicado a Hispania.

    Existió en la Antigüedad una auténtica fiebre del oro. Plinio dedica el libro XXXIII de su Naturalis  Historia a los metales y allí se refiere a esta fiebre que también se apoderó de los romanos.
    Nos dice Plinio que al principio había muy poco oro en Roma; los anillos eran de hierro y no de oro y no tenían ni brazaletes ni otros adornos de oro. A medida que fueron conquistando el mundo se fueron contaminando de ese afán por el lujo y por el metal que lo evidencia, el oro; su uso se fue generalizando: coronas, fíbulas,  brazaletes, las mujeres en todo el cuerpo, manos, brazos, pies, cintura… luego también los hombres y hasta algunos esclavos tenían anillos de oro.

    Pero, ¿por qué el oro? ¿Por qué esta fiebre, este deseo incontenible? Seguramente porque brilla y brilla porque no se oxida, porque es inalterable; y también es duro pero maleable.  Hoy además de en joyería se emplea  en numerosos aparatos como los teléfonos móviles, en las clavijas de sonido de alta fidelidad, en medicina, en la tecnología aerospacial y hasta en la comida de algunos excéntricos tan exigentes como los antiguos sibaritas.

    Plinio cree que el brillo  no es la razón de su valor, sino que no deja residuo en el fuego y que se puede estirar mucho y dividir en muchas láminas. Aunque reconoce también que:

    Además, no se oxida, ni hace cardenillo, no se altera la calidad o se reduce el peso. Es resistente a la acción de la sal y el vinagre, que doblegan todas las cosas, y finalmente ya se puede hilar y tejer como si fuera lana o sin lana”. (Naturalis Historia, 33, 20)

    super cetera non robigo ulla, non aerugo, non aliud ex ipso, quod consumat bonitatem minuatve pondus. iam contra salis et aceti sucos, domitores rerum, constantia superat omnia, superque netur ac texitur lanae modo vel sine lana

    Pero Plinio crítica esta ansia desmedida en el citado libro XXXIII, 3:

    ¡Ojalá fuese posible erradicar de nuestra vida para siempre esta maldita hambre de oro! Como han dicho los más celebres autores,  despreciado con todos los reproches por los mejores hombres, sólo fue descubierto para la ruina de la vida. ¡Cuanto más feliz el tiempo en el que las cosas mismas se intercambiaban entre sí, como ocurría en la época de Troya, si hemos de creer a Homero! Yo creo, en consecuencia, que el comercio se introdujo por las necesidades de la vida.

      utinamque posset e vita in totum abdicari [sacrum fame, ut celeberrimi auctores dixere] proscissum conviciis ab optimis quibusque et ad perniciem vitae repertum, quanto feliciore aevo, cum res ipsae permutabantur inter sese, sicut et Troianis temporibus factitatum Homero credi convenit! ita enim, ut opinor, commercia victus gratia invecta.

    Y para ello somos capaces de introducirnos en las profundidades de la tierra: (N.H. 33,1):


    Esas cosas (los metales, el oro) que  están escondidas y enterradas, que no se producen de repente, son las que nos empujan y nos llevan hasta los infiernos, de forma que nuestra mente, aplicada a lo inútil, evalúa cuál será el fin de la explotación después de todos los siglos y hasta dónde llegará nuestra codicia. ¡Qué inocente, qué feliz, incluso qué deliciosa sería la vida, si no deseásemos ninguna otra cosa sino lo que hay en la superficie de la tierra; en una palabra, nada si no  lo que se ofrece a nuestras manos! 

    illa nos peremunt, illa nos ad inferos agunt, quae occultavit atque demersit, illa, quae non nascuntur repente, ut mens ad inane evolans reputet, quae deinde futura sit finis omnibus saeculis exhauriendi eam, quo usque penetratura avaritia. quam innocens, quam beata, immo vero etiam delicata esset vita, si nihil aliunde quam supra terras concupisceret, breviterque, nisi quod secum est!

    Y luego arremete contra quien acuñó moneda de oro (N.H.33, 13):

    El segundo crimen contra la humanidad habría sido cometido por los que primero acuñaron monedas de oro, un crimen cuyo autor es desconocido. El Pueblo romano, antes de la derrota de Pirro,  no tenía moneda de plata.

    Proximum scelus fuit eius, qui primus ex auro denarium signavit, quod et ipsum latet auctore incerto. populus Romanus ne argento quidem signato ante Phyrrhum regem devictum usus est.

    Y poco después, Nat.Hist., 33,14:

    Pero el origen de la avaricia tuvo primeramente su origen en el dinero, en la usura indolente y el préstamo a interés; y rápidamente prendió con fuerte rabia no sólo ya la avaricia sino el hambre de oro, hasta tal punto que cuando Septimuleyo, amigo familiar de Cayo Graco, le llevó a Opimio su cabeza cortada a la que se le había puesto precio al peso, le echó plomo en la boca, añadiendo a su parricidio el fraude a la república. Y no se trata solo de un simple ciudadano, sino que infamado todo el nombre romano por su avaricia, el rey Mitrídates echó oro en la boca del general Aquilo al que había hecho prisionero. Esto es lo que genera el deseo de poseer.

    Sed a nummo prima origo avaritiae faenore excogitato quaestuosaque segnitia, nec paulatim: exarsit rabie quadam non iam avaritia, sed fames auri, utpote cum Septumuleius, C. Gracchi familiaris, auro rependendum caput eius abscisum ad Opimium tulerit plumboque in os addito parricidio suo rem p. etiam circumscripserit; nec iam Quiritium aliquis, sed universo nomine Romano infami rex Mithridates Aquilio duci capto aurum in os infudit. Haec parit habendi Cupido!

    Ya antes el poeta Virgilio había descrito de manera lapidaria y magistral las consecuencias de esta maldita sed de oro en Eneida, 3, 357:

    ¿A qué no obligas a los mortales corazones, maldita sed del oro?

    Quid non mortalia pectora cogis,
    auri sacra fames?

    De entonces a hoy no ha decaído un ápice el ansia y afán de oro.

    Plinio también nos da información sobre el sistema de explotación y penalidades del trabajo en la mina. En otro artículo hablaremos de la  ruina montium  de Las Médulas.

    Plinio nos da más información sobre los diversos yacimientos de oro, las diversas formas de explotación, las técnicas para su extracción y sobre sus usos. Podemos decir que emplearon técnicas muy avanzadas, algunas enormemente laboriosas. Quienes estén interesados en estos temas deben leer el libro 33 de la Naturalis Historia. Sólo les faltaron a los romanos algunas técnicas modernas como la lixiviación con cianuro o la fusión del arsénico aurífero, actualmente empleadas por compañías internacionales en el Noroeste español, precisamente en la misma área que los antiguos romanos prospectaron, evaluaron y explotaron con extraordinario resultado.

    Ahora bien, estas técnicas modernas suscitan con frecuencia y con toda razón el rechazo de la población por los perjuicios medioambientales que suelen llevar parejas producidos por millones de toneladas de escombros.

    Tampoco conocían los romanos que todo el oro del mundo tiene su origen en cataclismos cósmicos, en la colisión de estrellas de neutrones, como acaban de averiguar los actuales astrofísicos.

    En todo caso hoy como ayer la fiebre del oro sigue siendo muy alta y los numerosos obstáculos materiales y técnicos a su extracción o la oposición de grupos y ciudadanos preocupados por la conservación del medio ambiente son fácilmente superables, precisamente por el propio oro, convertido en papel moneda o en dinero digital, más moderno todavía y acorde con los tiempos.

  • Fósiles de dinosaurios en la Antigüedad

    En la Mitología grecolatina, como en casi todas, son frecuentes los seres monstruosos y los animales fantásticos. A veces estos monstruos son animales de grandes dimensiones, otras son resultado de la mezcla de varios diferentes e incluso en ocasiones de la mezcla de seres humanos y animales.

    Dragones, grifos, esfinges, centauros, monstruos marinos, pegasos, dioses de forma humana con cabeza de animal como en Egipto,…  pueblan todas las mitologías y cosmogonías del mundo y nos retrotraen a una etapa muy primitiva del ser humano: algunos a la época de los cazadores y otros también a la época neolítica.

    Algunas personas piensan que la creación de estos seres monstruosos se debe a la aparición en la propia Antigüedad de restos fósiles de dinosaurios y otros animales extinguidos en aquel entonces. Es un intento de explicación racionalista de los mitos. A esta teoría de explicación mitológica se le llama “evemerismo”, del nombre de su presunto creador Evemero de Mesene, en el siglo IV a.C., del que apenas se conservan algunos resúmenes  y citas.

    Según Evémero los dioses no son sino personajes históricos, reyes de especial relevancia, engrandecidos por la tradición. Esta teoría tuvo cierto éxito entre algunos autores antiguos, especialmente entre los antiguos padres de la Iglesia, que la utilizaron para desacreditar los mitos antiguos pero que no aplicaron a los propios.

    Por muy atractivas que parezcan estas teorías de racionalización de los mitos, la realidad es que el ser humano es enormemente complejo y en su afán de explicar el mundo que le rodea recurre con su inteligencia, su imaginación, sus sueños e imaginaciones, su concepción unitaria del mundo a formas de explicación simbólica y mítica. Utiliza así experiencias físicas para expresar realidades de otro orden.

    En la Antigüedad ciertamente aparecen restos fósiles y estos hallazgos están documentados. No cabe duda que estos fósiles alimentaron a veces la imaginación de los antiguos y también ayudan a explicar,  justificar o reforzar la existencia de sus animales fantásticos.

    Hay un texto muy interesante de Plinio en el que se cuenta cómo el edil Marco Escauro, en el año 58 a.C.,  llevó a Roma y exhibió los restos fósiles de un monstruo aparecidos en Jope, la actual Jaffa, junto a Tel-Aviv. En Jope situaban tradicionalmente los antiguos el episodio del mito de Perseo y Andrómeda.  (véase en este mismo blog  https://www.antiquitatem.com/andromeda-perseo-medusa-danae-zeus). Allí sitúan también el episodio,  o dicen que afloraban de la roca restos de las cadenas de Andrómeda, Estrabón, XVI,2,28 (759); Mela, I,11/64; Plinio NH V, 13/69; Josefo, Bello Iudaico, III,9,3 (420); Pausanias, IV, 35,6; Jerónimo, Comm. Ad Ion., I,3    Casi todos ellos mencionan que sobre la roca de Jope afloraban restos de las cadenas de Andrómeda.

    Naturalmente se identificaron los restos traídos por Escauro con los del monstruo marino que había de devorar a Andrómeda.

    Nos dice Plinio, NH IX, 4/11:

    Siendo edil, Marco Escauro expuso en Roma, traídos desde Jope, los huesos del monstruo al que se decía que había sido expuesta Andrómeda. Tenían de longitud 40 pies (unos 13 metros), la altitud de sus costillas superaba a los elefantes de la India, su espina dorsal tenía pie y medio de grosor (unos 45 centímetros).

    Beluae, cui dicebatur expósita fuisse Andromeda ossa Romae apportata ex oppido Iudaeae Ioppe ostendit inter reliqua miracula in aedilitate sua M. Scaurus longitudine pedum XL, altitudine costarum Indicos elephantos excedente, spinae crrassitudine sesquipedali.

    Tal vez se tratara de un pliosaurio como el aparecido recientemente en el mar Ártico, de 15 metros de longitud y 45 toneladas de peso; o tal vez fuera alguna ballena o cetáceo antiguos.

    Hay también una famosa pintura en un vaso griego, una crátera de mediados del siglo VI ahora en el Museo de Bellas Artes de Boston, en el que Heracles se enfrenta al monstruo que Poseidón envió a atacar a Troya en la que reinaba Laomedonte, que debía sacrificar a su hija Hesíone, en un mito similar al de Andrómeda. La pintura representa  con toda evidencia también  un resto fósil, probablemente de un tipo de jirafa antigua.

               

    Alguien ha explicado la ubicación de los Cíclopes en Sicilia por la aparición allí de restos de elefante antiguo: el agujero central se habría interpretado como un ojo único en mitad de su frente.

    La folclorista Adrienne Mayor  parece haber comprobado que en los lugares en que se ubican los mitos griegos de luchas entre dioses, monstruos y hombres, se encuentran abundantes fósiles. Así pone como ejemplo la isla de Samos en donde se sitúan los combates de las amazonas y en donde  aparecen frecuentes fósiles; o relaciona la aparición  de fósiles de dinasaurios en los desiertos de Asia central con un texto de Heródoto: Historiae, 4,13,1 en el que se habla de los Grifos:

    Otra historia se cuenta sobre este tema igualmente entre griegos y bárbaros. Un tal Aristeas, natural de Proconeso, hijo de Caistrobio y poeta, decía que por consejo de Febo había ido hasta los Isedones, y que más allá habitaban los Arimaspos, hombres de un solo ojo en la cara, y más allá de estos están los Grifos, que guardan el oro del país y que todavía más allá habitaban , hasta las costas del mar, los hiperbóreos. Según él, todos estos pueblos, excepto los hiperbóreos, especialmente los Arimaspos, siempre estaban en guerra con sus vecinos.

    Pero todas estas elucubraciones, como los vistosos y exitosos documentales sobre estos asuntos, han de ser  observados con agudo sentido crítico y científico.

    En todo caso la aparición de estos restos impresionó a los antiguos y hay indicios que nos permiten suponer que  algunos antiguos más curiosos buscaron y coleccionaron estos restos.

    Así Suetonio, hace también un referencia a restos fósiles de grandes animales cuando al referirse a las “villas” de Augusto, nos dice en Vida de Augusto, 72, 3

    En cuanto a las suyas (sus villas) sin embargo, aunque modestas, las embelleció no tanto con el adorno de estatuas y de pinturas cuanto con paseos arbolados y con bosquecillos y con cosas curiosas por su antigüedad y rareza, como son los miembros supergrandes de animales y fieras enormes de Capri, que dicen que son huesos de los gigantes y armas de los héroes.

    sua uero quamuis modica non tam statuarum tabularumque pictarum ornatu quam xystis et nemoribus excoluit rebusque uetustate ac raritate notabilibus, qualia sunt Capreis immanium beluarum ferarumque membra praegrandia, quae dicuntur gigantum ossa, et arma heroum.

    Sin embargo todo esto no nos autoriza a pensar que esta es la explicación de la proliferación de estos monstruos mitológicos. La curiosidad, la creatividad y la imaginación humanas, ayudadas también por ensoñaciones y visiones oníricas fueron suficientes.

    En todo caso resulta curioso e interesante comprobar cómo hace dos mil años ya impresionaban los dinosaurios, que tanto interés generan en nuestros días.

  • Cayo Graco: sólo el interés mueve al orador político

    Aulo Gelio, en el libro XI, capítulo 9, de sus Noches Áticas, nos relata cómo el famoso orador griego Demóstenes se deja comprar por una buena cantidad de dinero para no pronunciar un discurso en contra del macedonio Harpalo. En el capítulo siguiente en el 10, nos da otra versión atribuida ahora a un discurso de Cayo Graco. Pero el interés de este texto va más allá de la diferente atribución, porque en él Graco nos descubre con toda crudeza cómo los oradores políticos y los abogados buscan sobre todo el lucro y el beneficio.

    Dice el texto:

    Que C. Graco en un discurso suyo atribuyó la historia anteriormente escrita al orador Demades y no a Demóstenes; se citan las palabras del propio C.Graco.

    Lo que en el capítulo anterior dijimos que había sido escrito por Critolao sobre Demóstenes, Cayo Graco  se lo atribuyó con estas palabras a Demades en el discurso contra la ley Aufeya:

    "Si vosotros, ciudadanos, quisierais usar de vuestra sabiduría y honradez, aunque lo buscaseis, encontraríais que ninguno de nosotros sale aquí si no es por un precio. Todos nosotros, que tomamos la palabra, algo buscamos y ninguno se presenta ante vosotros por ningún otro motivo que el de sacar algún beneficio. Yo mismo, que os estoy hablando para que aumentéis vuestra ganancia  para que podáis administrar más fácilmente vuestros bienes y la república, no he salido gratis, aunque no pido de vosotros dinero sino buena consideración y honor. 

    Quienes salen aquí  para disuadiros de que aprobéis esta ley, no buscan vuestro reconocimiento  sino el dinero de Nicomedes;  quienes os aconsejan que la aprobéis, éstos tampoco buscan de vosotros  el reconocimiento sino el precio y el premio de Mitrídates para su patrimonio familiar; y quienes desde el mismo lugar y orden social se callan, estos son los peores, pues reciben recompensas de todos y a todos engañan. Vosotros, si consideráis que se apartan de estas cosas, les prestáis buena consideración; así pues, los embajadores de los reyes, considerando que permanecen callados a favor de su causa, les ofrecen las mayores recompensas y dineros, como asimismo ocurrió en tierra griega,  en la ocasión en que un actor de tragedias  consideraba motivo de honra que se le hubiera entregado un talento por una sola obra de teatro, y se dice que Demades, el más elocuente de su ciudad, le respondió: “  ¿Te parece maravilloso que hayas recibido un talento por hablar? Yo, por estar callador, recibí diez talentos del rey”. Del mismo modo ahora esos individuos reciben  los mayores pagos por callar”.

    Quod C. Gracchus in oratione sua historiam supra scriptam Demadi rhetori, non Demostheni, adtribuit; verbaque ipsius C. Gracchi relata.
    Quod in capite superiore a Critolao scriptum esse diximus super Demosthene, id C. Gracchus in oratione, qua legem  Aufeiam dissuasit, in Demaden contulit verbis hisce:  "Nam vos, Quirites, si velitis sapientia atque virtute uti, etsi quaeritis, neminem nostrum invenietis sine pretio huc prodire. Omnes nos, qui verba facimus, aliquid petimus, neque ullius rei causa quisquam ad vos prodit, nisi ut aliquid auferat. Ego ipse, qui aput vos verba facio, uti vectigalia vestra augeatis, quo facilius vestra commoda et rempublicam administrare possitis, non gratis prodeo; verum peto a vobis non pecuniam, sed bonam existimationem atque honorem. Qui prodeunt dissuasuri, ne hanc legem accipiatis, petunt non honorem a vobis, verum a Nicomede pecuniam; qui suadent, ut accipiatis, hi quoque petunt non a vobis bonam existimationem, verum a Mithridate rei familiari suae pretium et praemium; qui autem ex eodem loco atque ordine tacent, hi vel acerrimi sunt; nam ab omnibus pretium accipiunt et omnis fallunt.  Vos, cum putatis eos ab his rebus remotos esse, inpertitis bonam existimationem;  legationes autem a regibus, cum putant eos sua causa reticere, sumptus atque pecunias maximas praebent, item uti in terra Graecia, quo in tempore tragoedus gloriae sibi ducebat talentum magnum ob unam fabulam datum esse, homo eloquentissimus civitatis suae Demades ei respondisse dicitur: "Mirum tibi videtur, si tu loquendo talentum quaesisti? ego, ut tacerem, decem talenta a rege accepi". Item nunc isti pretia maxima ob tacendum accipiunt".

    Este Demades es un orador, contemporáneo de Demóstenes, que se muestra favorable a los macedonios Filipo y luego Alejandro, su hijo y su política de expansión por Grecia.  Véase el artículo …. En el que se cuenta la misma anécdota, si bien aplicada a Demóstenes. https://www.antiquitatem.com/corrupcion-politica-demostenes-filipicas

    Una consideración sobre la Ley Aufeia a la que se refiere el discurso de Graco expone bien a las claras cuál es el ambiente general de corrupción en la adjudicación de servicios públicos en el momento en el que Roma se está extendiendo por todo el Mediterráneo de forma imparable.

    Los filólogos como H. Hill consideran que el término “Aufeia” es un término corrupto y que en realidad se refiere a la Lex Aquilia, que debe su nombre a Manio Aquilio, cónsul en el año 129 a.C.  Pero lo pertinente de la cita es que este Aquilio fue procónsul de Asia y en calidad de tal adjudicó la recaudación de los impuestos de las provincias de Asia; en concreto adjudicó  al rey del Ponto Mitrídates V los impuestos del reino de la Gran Frigia, según se decía, a cambio de un fuerte soborno. Se le acusó ante el tribunal “de repetundis”.  La “Lex de pecuniis repetundis”, “ley de reclamación de dineros indebidamente percibidos”, actuaba contra las concusiones (exacción arbitraria hecha por un funcionario público en provecho propio) y  cohechos (delito de sobornar a un juez o a un funcionario o de  aceptación del soborno). 

    Aquilio fue absuelto con gran escándalo. Como consecuencia, el tribuno Cayo Sempronio Graco, que buscaba recursos para sus reformas agrarias, promulgó la “Lex Sempronia de provincia Asia”  para que los recursos de Asia fueran subastados y arrendados a los “publicanos” en la propia Roma y por los censores, como garantía contra los abusos de los gobernadores.

    En fin, esto de la adjudicación de “obras públicas” a quien paga una buena comisión parece un asunto extraído de la prensa de hoy mismo; lo de la absolución del corrupto también.

    Como detalle curioso diremos que la palabra “concusión”  deriva del verbo latino “concutere” que significa sacudir, mover, golpear; parece estar tomada de la práctica de “sacudir o mover el árbol para recoger los frutos que caen”  y en verdad que parece adecuado el origen porque eso es lo que hacían generalmente los gobernadores y funcionarios romanos de las provincias, agitarlas y golpearlas hasta recoger de ellas todo el fruto.

    Ya el propio nombre de “provincia” es suficientemente expresivo: “territorio para vencer”, dominar y expoliar, aplicando implacablemente el significado de otra expresiva frase latina: “vae victis” “¡ay de los vencidos!”, frase cuyo interesante origen comentaremos en otro momento.