Categoría: Historia Arqueología

  • La “Tregua Sagrada” hizo posible la continuidad de las Olimpiadas durante 1.170 años

    Las pruebas olímpicas antiguas tienen una evidente relación con diversas actividades guerreras y militares, pero las Olimpiadas sólo fueron posibles porque los diversos estados griegos, en permanente confrontación, acordaban una temporal tregua de paz.

    En el año 864 a.C. tres ciudades-estado griegas firmaron un acuerdo estableciendo una Tregua Sagrada para poder celebrar los Juegos Olímpicos en honor de Zeus de forma pacífica. Sin duda alguna esta tregua hizo posible la celebración de las Olimpiadas durante más de mil años. Todavía hoy, con motivo de las Olimpiadas modernas, se sigue reclamando una tregua similar, aunque sin mucho éxito.

    El origen de los juegos atléticos en honor de Zeus en Olimpia es antiquísimo. La tradición mítica adjudica la creación a Heracles o Hércules.

    Aunque la primera Olimpiada que se registró oficialmente y dio lugar al comienzo de una era o manera de fechar los acontecimientos, ocurrió en el año 776 a.C., un momento clave tuvo lugar en el año 864 a.C. en que se firmó un tratado entre Ífito por los Eleos, Licurgo por Esparta, y Cleóstenes por Pisa para aprobar la famosa Tregua Sagrada durante tres meses que impedía la guerra y que declaraba inviolable el territorio de Olimpia y garantizaba la seguridad de  los peregrinos y  atletas que acudían a competir  dos meses antes de que empezaran los juegos.

    Durante este período nadie podía violar el suelo de la Elide entrando armado en él. La Tregua Sagrada, que proclamaban heraldos por toda Grecia,  hizo posible la continuidad de los juegos con toda regularidad cada cuatro años.

    El texto del acuerdo que acordaba la tregua, que  decía: “Olimpia es un lugar sagrado; quien se atreva a pisar este suelo con soldados  armados, será considerado sacrílego”,  fue grabado en un disco de hierro, que Pausanias, el autor antiguo de una famosa guía de visita a Grecia que vivió en el siglo II de Cristo, asegura haber visto en Olimpia.

    La tregua fue prácticamente respetada siempre, aunque el gran historiador Tucídides nos cuenta cómo en un momento se prohibió la participación de los espartanos por haber atacado una fortaleza de la Elida durante la tregua; aunque los espartanos argumentaron que, cuando atacaron, la tregua no había sido proclamada todavía, fueron multados con dos minas por soldado, en total dos mil minas. Una mina tenía 100 dracmas; una dracma era el salario medio diario de un trabajador especializado.
    Esa violación de la tregua ocurrió en el año 420 a.C. Elis prohibió a Esparta  hacer sacrificios y participar en los juegos  alegando que había penetrado en territorio de la Élide durante la tregua sagrada que las ciudades estado debían respetar. Es probable que la prohibición durase hasta el año 400 a.C.

    Como se ve,  ni los juegos olímpicos, sagrados entonces y en honor de Zeus, ni los modernos de carácter  exclusivamente deportivo en apariencia,  estuvieron nunca al margen de la política del momento, pero la “tregua sagrada” fue generalmente respetada en la Antigüedad

    Ahora también, en los tiempos modernos, se pretendió desde un principio que los países garantizasen la paz durante la celebración y se suelen hacer llamamientos a la paz mundial con ocasión de los Juegos Olímpicos por parte del Secretario General de la ONU; evidentemente sin mucho éxito. Recordemos cómo en Berlín se celebraron los Juegos Olímpicos del año 1936, en la antesala de la terrible Segunda Guerra Mundial, que produjo unos 60 millones de muertos según los cálculos más admitidos. Nos puede servir también de ilustración el impresionante despliegue del ejército británico para asegurar la celebración pacífica de los Juegos Olímpicos de Londres en el año de 2012. Ahora la amenaza terrible era el terrorismo.

  • Importancia de la música en el mundo griego antiguo

    La mayor parte de los términos lingüísticos empleados en la ”música” son de origen griego.

    No es la música  en Grecia una de las cuestiones que con más detalles estudie la historia del mundo antiguo, pero una simple relación de los términos de origen griego,  que hacen referencia a este mundo de los sonidos agradables al oído, nos debe poner en la pista de la importancia real que tuvo un arte siempre presente en los actos religiosos y en la vida de los ciudadanos.

    Relaciono algunos términos con la definición que de ellos nos da el “Diccionario de la Real Academia  Española”:

    Música, ((Del lat. musĭca, y éste del gr. μουσική, derivado de μοῦσαι mousai=  ninfas o diosas que inspiran la música y el resto de artes), es precisamente el primero de los términos a tener en cuenta.

    Melodía: (Del lat. melodĭa, y éste del gr. μελῳδία; μέλος = canto).Composición en que se desarrolla una idea musical, simple o compuesta, con independencia de su acompañamiento…

    Armonía: (Del lat. harmonĭa, y éste del gr. ἁρμονία = proporción, de ἁρμός, ajustamiento, combinación).Unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. / Arte de formar y enlazar los acordes.

    Sinfonía: (Del lat. symphonĭa, y éste del gr. συμφωνία = conformidad, de σύμφωνος, que une su voz, acorde, unánime).Conjunto de voces, de instrumentos, o de ambas cosas, que suenan acordes a la vez./  Composición instrumental para orquesta.

    Polifonía: (Del gr. πολυφωνία, mucha voz).Conjunto de sonidos simultáneos en que cada uno expresa su idea musical, pero formando con los demás un todo armónico.

    Orquesta: (Del lat. Orquestra y éste del gr. ορχήστρα, lugar para danzar ).Grupo de músicos que interpretan obras musicales con diversos instrumentos. /  Lugar comprendido entre la escena y las lunetas o butacas, que se destina a los músicos.

    Órgano: (Del lat. orgănum, y éste del gr. ὄργανον = instrumento).Instrumento musical de viento, compuesto de muchos tubos donde se produce el sonido, unos fuelles que impulsan el aire y un teclado y varios registros ordenados para modificar el timbre de las voces.

    Coro: (Del lat. chorus, y éste del gr. χορός = baile, danza, coro).Conjunto de personas que en una ópera u otra función musical cantan simultáneamente una pieza concertada./  Conjunto de personas reunidas para cantar, regocijarse, alabar o celebrar algo./  En la dramaturgia grecolatina, conjunto de actores que recitan la parte lírica destinada a comentar la acción.

    Tono: (Del lat. tonus, y éste del gr. τόνος,  acento, tensión).Cualidad de los sonidos, dependiente de su frecuencia, que permite ordenarlos de graves a agudos. De aquí deriva también “tónico” y en música significa la primera nota de una escala musical.

    Barítono: (Del lat. barytŏnus, y éste del gr. βαρύτονος, de voz grave,de βαρύς = grave, pesado).  Voz media entre la de tenor y la de bajo y hombre que tiene esta voz.

    Diatónico: (Del lat. diatonĭcus, y éste del gr. διατονικός).  Dicho de uno de los tres géneros del sistema musical: Que procede por dos tonos y un semitono.

    Diapasón : (Del lat. diapāson, y éste del gr. διαπασῶν). Regulador de voces e instrumentos consistente en una lámina de acero doblada en forma de horquilla con pie, y que cuando se hace sonar da un “la”  fijado en 435 vibraciones por segundo.

    Rítmo: (Del lat. rhythmus, y éste del gr. ῥυθμός, de ῥεῖν, fluir). Proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente. De este deriva rítmico.

    Síncopa: (Del lat. syncŏpa, y éste del gr. συγκοπή, de συγκόπτειν, cortar, reducir). Enlace de dos sonidos iguales, de los cuales el primero se halla en el tiempo o parte débil del compás, y el segundo en el fuerte.

    Cromático: (Del lat. chromatĭcus, y éste del gr. χρωματικός; χρῶμα- en realidad significa color). Se dice de uno de los tres géneros del sistema musical, el que procede por semitonos.

    Acorde:  (Este término es latino; deriva de  accordāre, de cor, cordis, corazón, y significa estar de acuerdo ).Conjunto de tres o más sonidos diferentes combinados armónicamente.

    Desde luego, al ciudadanos griego le gustaba la música.

    Las referencias a la música son muy frecuentes en la  literatura (sobre todo en los poetas), en el  arte, en la arqueología, en obras cuyo asunto central es precisamente la música , e incluso algún documento similar a nuestras partituras. Y sin embargo el desconocimiento es enorme y la atención de los historiadores escasa. Naturalmente, los antiguos no pudieron grabar sus sonidos y la palabra escrita no es un testimonio suficiente.

    Nota: La palabra “ópera”  designa a la manifestación o espectáculo artístico más integrador existente, formado por  teatro, música, danza, plástica. La palabra deriva de la italiana “opera” y ésta de la latina “opera”, plural de “opus,-eris”, que significa obra, trabajo. Así que la “opera” designa al trabajo musical por excelencia. Su origen está en el Renacimiento que intenta recuperar el teatro y música de los antiguos. Monteverdi llama a su famoso L’Orfeo, publicado en Venecia en 1609 “Fabula in música”.

    El singular latino de “opera” es “opus”, que significa “obra, trabajo”. En música se utiliza el término para ordenar, indexar, citar las diversas obras musicales de los catálogos de los diversos autores. El término se empezó a utilizar en el siglo XVII.
     


     

  • Perseo y Andrómeda

    El mito de Perseo y Andrómeda es uno de los más conocidos y de más larga pervivencia; en realidad, vestido con otro ropaje, llega hasta nuestros días.

    En torno al héroe Perseo se articulan varios mitos y elementos, algunos muy antiguos que se remontan a la Prehistoria, a la época de los cazadores paleolíticos, y otros más recientes del Neolítico y de las primeras monarquías. Si su origen es muy antiguo, su pervivencia llega hasta nuestros días,  en algunos mitos como por ejemplo el famoso de “San Jorge  y el dragón”  y otros  germanos y sajones (Beowulf, Sigfrido…). En él se acumulan muchos de los elementos  frecuentes en mitos y cuentos populares de monstruos, princesas cautivas y héroes salvadores.

    Resumimos brevemente el mito primero, luego proponemos una lectura del mito rehecho fundamentalmente sobre la versión de Ovidio en su Metamorfosis y finalmente haré algunas anotaciones, que más que ofrecer una explicación del relato, lo que hacen es entreabrir las puertas a la complejidad polivalente que todo mito encierra.

    Resumen: se vaticina a un rey que será precisamente su descendiente quien acabe con su vida; para impedirlo encierra en una cámara a su hija, que a pesar de ello concibe  un hijo de un dios;  madre e hijo son arrojados a las aguas, pero sobreviven y son criados por su salvador en otro país; una vez adulto el héroe ha de cumplir un trabajo o empresa imposible para evitar el capricho deseo del rey del lugar que desea apoderarse de su madre; consigue con la ayuda de otros dioses cumplir la tarea; en el viaje de regreso libera a una doncella, hija del rey de Etiopía,  que un monstruo marino tiene encadenada y acaba  así con  la amenaza y desolación permanente que el  monstruo ocasiona al país de la doncella; en recompensa recibe la mano de la princesa; luego participando en unos juegos atléticos lanza el disco que golpea mortalmente a su abuelo, cumpliéndose así la ineludible profecía inicial.

    Relato mítico:

    Acrisio, rey de la poderosa ciudad de Argos, en la antigua Grecia, deseaba ardientemente tener descendencia y preguntó al oráculo, que  anuncia el futuro,  cómo podría tener hijos. Pero el dios del oráculo, el apuesto y resplandeciente Apolo, le respondió enigmático:

    Tu hija Dánae te dará un nieto, fuerte y valeroso, que será el causante de tu propia muerte.

    Asustado Acrisio construyó una cámara subterránea de bronce en la que encerró a su hija Dánae, pretendiendo  impedir el cumplimiento del terrible anuncio.

    Pero de nada sirven las medidas y cautelas de los hombres que se oponen al designio de los dioses. Dánae fue fecundada por el propio Zeus o Júpiter, padre de los dioses, transformado en lluvia de oro y dio a luz un hermoso niño. La lluvia del metal que  compra los corazones y abre todas las puertas, penetró también por las rendijas de la cámara de bronce, aparentemente inaccesible, y el seductor dios todopoderoso, infiel una vez más a su esposa, la diosa Juno, procreó en la muchacha  argiva al héroe Perseo, pues tal categoría de héroe tienen los descendientes de dioses y mortales.

    Nacido en el secreto de la cámara subterránea, el niño creció sano y robusto durante algunos meses sin que su abuelo se percatase de su existencia. Un día, el niño juguetón profirió un grito que Acrisio oyó desconcertado. Pero pronto, sabedor de lo ocurrido y consciente del futuro peligro, no quiso admitir la intervención divina del seductor Zeus, encerró en un cofre de madera a su hija Dánae y a su nieto Perseo y los arrojó al mar. El cofre, zarandeado por las olas, fue a parar a la isla de Sérifos. El pescador Díctis, hermano de Polidectes, el rey de la isla,  acogió en su casa a los pobres náufragos. Dictis educó como a  un hijo a Perseo, que se convirtió en un hermoso adolescente de extraordinario valor.

    Mientras tanto el rey Polidectes se había enamorado ardientemente de la hermosa Dánae, pero el joven Perseo, protector de su madre, le impedía satisfacer su loca pasión. Cierto día el rey celebró un banquete e invitó a la mesa a sus nobles amigos y al propio Perseo. Preguntados por el rey sobre qué regalo pensaban ofrecerle los comensales, todos opinaron que el obsequio más adecuado para un rey era un caballo, pero el joven Perseo, ufano y atrevido, contestó fanfarrón:

    –  No es obsequio cualquiera un veloz y ágil caballo, pero yo traería a mi soberano  la cabeza de la mismísima  Gorgona si preciso fuera.

    Al día siguiente todos los nobles príncipes llevaron al rey el caballo prometido mientras el imprudente Perseo acudió con las manos vacías. Irritado Polidectes le ordenó que marchase inmediatamente en busca de la cabeza de la Gorgona y añadió

    De lo contrario, si vuelves sin la cabeza del terrible monstruo, me apoderaré de tu madre Dánae por la fuerza.

    La empresa era muy difícil, más bien imposible de realizar, incluso para un héroe como Perseo. Pero los dioses Hermes y Atenea, solícitos con el retoño de Zeus y por lo tanto hermano suyo de padre, acudieron en su ayuda y le indicaron la forma de conseguir su propósito.

    Por consejo de los dioses Perseo fue en busca de las tres Grayas (Enio, Pefredo y Dino)  hijas del dios marino Forcis que nacieron ya “viejas” y nunca fueron jóvenes y vivían en el país de la noche, donde nunca alumbra el sol . Tenían las Fórcides un solo ojo y un solo diente para las tres que utilizaban por turno, que Perseo les robó con habilidad y se negó a devolverles hasta que no le mostrasen el camino que le conduciría hasta el palacio de las “Ninfas”, poseedoras de objetos mágicos que le serían muy útiles  y que le revelarían el procedimiento para acabar con la terrible Gorgona.

    Recibió el héroe Perseo de las ninfas sus sandalias aladas y una alforja o zurrón, así como el casco de Hades que hacía invisible a quien lo llevaba protegiendo su cabeza. Hermes le proporcionó también una hoz de pedernal dura y cortante.

    Equipado de esta manera, acudió Perseo volando a la mansión de las tres Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa), junto al azulado Océano, en la costa atlántica de España. Eran éstas monstruos terribles de ojos brillantes, con serpientes rodeando su cabeza, con colmillos enormes similares a los de jabalí, con una lengua enorme  que salía de sus bocas y duras escamas de dragón protegiendo su cuello. Sus manos eran de bronce brillante y tenían alas de oro  que les permitían volar de un lado para otro. Su sola mirada convertía en piedra a quienes osaban mirarlas de frente. De las tres hermanas sólo Medusa era mortal.

    Parecía la empresa imposible si Perseo no hubiera contado con la ayuda divina. Se aproximó sigiloso siempre de espaldas y volando con sus aladas sandalias y las encontró profundamente dormidas y confiadas. Atenea acudió en ayuda del héroe y sostuvo en la posición adecuada su escudo de bruñido bronce en el que Perseo vio reflejado el rostro de Medusa como en un espejo, evitando así la mirada directa que le hubiera petrificado  y con certero tajo cercenó su cabeza con la cortante hoz de pedernal. De su cuello herido surgieron al instante Pegaso, el caballo alado, y el gigante Crisaor, “el de la espada de oro”, hijos ambos de la cópula con el dios Posidón cuando Gorgona era hermosa en un templo de Atenea. La profanación del templo sagrado fue  castigada con su terrible apariencia.

    Recogió veloz Perseo la cabeza de la Gorgona Medusa  y la introdujo en la alforja, evitando en todo momento cruzar su mirada con la del monstruo decapitado y emprendió el regreso, protegido por el casco de Hades que le hacía invisible para las dos hermanas que furiosas le buscaban.

    Emprendió Perseo rápidamente el largo camino de  vuelta, que le llevó primero al país donde reinaba Atlas, en el extremo Occidente, en donde se encontraba el huerto de las manzanas de oro, las manzanas de las Hespérides , las Occidentales. El gigante Atlas se enfrentó a  Perseo temiendo que  se llevase las manzanas de oro e intentó expulsarle. Perseo extrajo del saco la cabeza de Medusa que aun después de muerta conservaba su poder petrificador y vuelto de espaldas la muestra a Atlas, que al momento quedó convertido en la cordillera montañosa del Atlas, en el noroeste de Africa. Esta montaña sostiene desde entonces el cielo con sus astros.

    En su camino de vuelta,  mientras surcaba el denso aire, al pasar por la tórrida Etiopia, advertido por desgarradores gritos que pedían auxilio, divisó desde lo alto a una hermosa joven de rubia cabellera atada a una roca junto a la costa, expuesta a los peligros del profundo y violento mar. Sensible el héroe a los encantos de la bella joven, giró el rumbo de su viaje y se acercó con decisión, impelido por la pasión que surgía en su corazón.

    ¿Cuál es tu nombre, hermosa muchacha con el que tus padres y vecinos te reconocen entre todas? ¿Quién  ha atado con tanta crueldad y dureza tus frágiles brazos a esa roca desnuda y te expone a los peligros de los monstruos que habitan el profundo mar? ¿Qué motivo puede existir para castigo tan desmesurado, olvidando tu belleza y juventud? –

    preguntó ansioso Perseo y escuchó impaciente una voz quejumbrosa y apenada  que le decía:

    Soy Andrómeda, hija de Cefeo y Casiopea, reyes de este ardiente país que se llama Etiopia. Te ruego que no aumentes mi dolor y sufrimiento con tanta pregunta inútil. Sólo te diré que pago, por castigo de los dioses, una culpa que no es mia.

    Suspiró el cercano Cefeo, a quien, aun conservando su apostura real,  se le humedecieron los ojos de tristeza, abrazado a su hermosa esposa Casiopea, cuya extraordinaria belleza fue la causa de tantas desgracias.

    En efecto, la imprudente y vanidosa  reina Casiopea, orgullosa  de su belleza , se jactó de  superar en hermosura ella misma y su hija a todas las Nereidas, las cincuenta hijas de Nereo, nietas del Océano, todas bellísimas, que habitan en el fondo del mar y se divierten nadando entre las olas con sus cabellos al viento. Pretendió en su locura ser más hermosa que Tetis, la madre de Aquiles, o Anfitrite la esposa de Posidón o la gentil Galatea. Celosas las Nereidas , pidieron a Posidón, dios de los mares, que recorre los océanos agitando las aguas con su carro, que vengase tal insulto y tan orgullosa pretensión.

    Y el dios envió a un terrible monstruo marino, un cetáceo de enormes dimensiones:

    Ve, Cetáceo,  al país de Casiopea, devasta sus tierras, inunda su costa y  mata a sus gentes y su ganado.

    Así lo hizo el monstruo una y otra vez. El pueblo, asustado, pedía al rey que les salvara. Cefeo consultó el oráculo y éste le comunicó:

    Rey desgraciado, sólo hay una posible salvación. Debes ofrecer a tu hija Andrómeda en sacrificio como víctima propiciatoria. Deberá ser encadenada junto al mar y esperar la llegada del monstruo terrible para devorarla.

    Conocedor Perseo de lo sucedido e inflamado de amor su corazón, propuso a Cefeo:

    Desgraciado, yo libertaré a tu hija Andrómeda y la salvaré del monstruo que ya se divisa a lo lejos si me concedes que sea mi esposa.

    Accedió Cefeo de inmediato y Perseo se dispuso presto a la lucha. Apareció a lo lejos el monstruo Cetáceo, irguiendo su cabeza entre las olas y nadaba ya veloz hacia la costa. Se elevó Perseo ágilmente  con sus aladas sandalias para proyectarse sobre él y clavar una y otra vez su espada mortífera  en el lomo escamoso. La sangre tiño las aguas de rojo. Con rápido movimiento ascendente esquivo el ataque del fiero dragón y cayó de nuevo para hundir profundamente la espada en su corazón. Herido mortalmente, el monstruo Cetáceo se hundió para siempre en las profundidades marinas, quedando libres Andrómeda y su país de la anunciada destrucción.

    Cefeo, en cumplimiento de lo pactado, entregó  su hija al héroe Perseo. Pero la dulce Andrómeda estaba destinada con anterioridad a casarse con su tío Fineo, que no aceptó la boda y se enfrentó con furia al héroe. Perseo se defendió con valentía y ante el elevado número de enemigos que le atacaban extrajo de su saco la cabeza de la terrible Medusa e inmediatamente quedaron transformados en piedra quienes incautamente la miraron.

    Perseo se dirigió con su esposa Andrómeda a Sérifos, para encontrarse con Dánae, su madre. Polidectes, incapaz de reprimir sus deseos, quiso apoderarse por la fuerza finalmente de Dánae, que se vio obligada a refugiarse junto al altar inviolable. Perseo se vengó de Polidectes y sus amigos, a quienes la visión de Medusa convirtió también en estatuas de piedra.

    Entregó el reino de Sérifos a su padre adoptivo Dictis, devolvió las sandalias aladas a Hermes, y el saco y el casco de Hades que le hacía invisible, a las Ninfas. La diosa Atenea, que generalmente está armada de pies a cabeza, colocó por su parte la cabeza de Medusa en el centro de su égida o escudo, costumbre que por cierto han imitado desde entonces los valerosos soldados a fin de petrificar a quienes se enfrentan en la lucha.

    Marchó después Perseo junto con Andrómeda a Argos su patria para reencontrarse con su abuelo Acrisio, que temiendo el cumplimiento del oráculo que anunció su muerte a manos de su nieto había huido al país vecino de los pelasgos. Su rey había organizado unos juegos fúnebres en honor de su padre difunto.

    El joven héroe Perseo por su parte acudió para participar en los juegos buscando el honor de la victoria. Cuando llegó su turno tensó sus músculos, fuertes y flexibles, giró veloz sobre sí mismo y proyecto con fuerza el disco a lo lejos, con tan mala fortuna que golpeó a su abuelo Acrisio, sentado entre los espectadores de los juegos, provocándole su muerte y cumpliéndose así el indefectible oráculo al que nadie puede sustraerse.

    Rindió honores a su abuelo, pero no queriendo volver a Argos cambió su trono por el de Tirinto, donde reinaba su primo Megapentes. Perseo, que todavía vivió largos años en compañía de Andrómeda,  fundó y fortificó la ciudad de Micenas, cuyas murallas construyeron los Cíclopes con grandes piedras. Su primer hijo, Perse dio origen al pueblo de los Persas.

    Por lo extraordinario de su nacimiento y por su gloriosas hazañas Perseo fue elevado al firmamento por la diosa Atenea y allí sigue aún, sosteniendo en su mano la cabeza monstruosa de Medusa, que petrifica a quien la mira, con su ojo, la estrella Algol,  parpadeante,  luciendo intermitentemente. Junto a él Atenea honró también a la dulce Andrómeda con un lugar entre las estrellas.

    Cetáceo, el monstruo marino, se encuentra también allí, esperando y  persiguiendo eternamente a Andromeda, a quien protege Perseo. 

    Posidón quiso también honrar a Cefeo y a su imprudente esposa Casiopea, a la vista de los mortales, que han de tomar buena cuenta de las consecuencias de los comportamientos inadecuados.

    Algunas notas explicativas o meramente sugerentes:

    Algunos de los elementos  se remontarían a la época de los cazadores paleolíticos  y la cultura del tótem, como el yelmo de Hades que hace invisible, como corresponde al reino de los muertos, al reino de las sombras;  ninfas que enseñan el camino, monstruos a la entrada del infierno, instrumentos mágicos, etc.

    Otros como el monstruo que asola las tierras y cosechas de Etiopía corresponderían a la época de la agricultura.

    A la época heroica de las familias guerreras corresponderían elementos tales como la princesa encerrada, el hijo criado a escondidas, la cuestión sucesoria, etc.

    Son elementos típicos de estos relatos  el asunto del  héroe que debe realizar una gran empresa o empresa difícil: frecuentemente el viaje a un lugar que desconoce (generalmente el viaje hacia el otro mundo); los  intermediarios que le ayudan con instrumentos mágicos para llevar a cabo su empresa (el yelmo de Hades dios del infierno que hace invisible, el saco, el escudo, la segur que le proporcionan las ninfas), la ayuda de alguien que  enseña el camino  (las Grayas), seres monstruosos (en este caso con un ojo y un diente y de aspecto feroz)  protegiendo e impidiendo el acceso al mundo de los muertos.

    Al asunto anterior se añade otro relato mítico en forma de  segunda parte, cuyo  asunto es la liberación de la princesa y el enamoramiento de la muchacha o hija del rey y el matrimonio con ella como premio, previa  liberación al país de las fauces del monstruo (marino en este caso y por tanto también conectado con el ultramundo). Este tema de la liberación de la princesa es de origen oriental; en Grecia no aparece hasta els.VI a.C.

    Generalmente el héroe al casarse ocupa del trono del padre de su esposa (el trono se transmite por línea materna); a veces como en este mito vuelve a hacerse cargo del trono de su patria con su nueva esposa. En todo caso se plantea así y se soluciona la sustitución del rey anciano que ha perdido sus poderes (mágicos).

    Que la muerte del rey se anuncie con un oráculo refleja una etapa posterior a aquella en la que la muerte del rey anciano era un hecho preestablecido, pero ahora cuando el poder pasa de padre a hijo, su muerte resulta antinatural…

    El tema del rapto por un monstruo  se halla en un principio estrechamente ligado a la caza como base económica fundamental, de la que nace este motivo: el raptor se lleva a la raptada. Aquí en cambio le es entregada. Las formas de esta entrega corresponden al rito de la presentación de las doncellas a los demonios del agua y a los dioses, con la finalidad de influir en la fertilización del país.

    El dragón, el monstruo marino, animales fabulosos y fantásticos  (dragón o serpiente, esfinge egipcia, centauros, etc.) representan  un fenómeno más reciente; estos animales fantásticos son producto de una cultura tardía e incluso urbana, cuando ya el hombre había empezado a perder su vinculación íntima y orgánica con los animales, aunque ya antes se pueden encontrar  formas embrionarias de animales compuestos.

    La serpiente, el dragón, aparece poco más o menos junto con los dioses antropomorfos. El antepasado totémico de tipo animal no es un dios en el sentido en que lo es el antropomorfo Zeus o el amorfo Espíritu Santo. La divinidad se desarrolla a partir del animal.

    Con la aparición de la agricultura y de las ciudades el variopinto mundo animal de origen totémico comienza a perder su realidad. Se verifica un proceso de antropomorfización. Las cosas van cambiando con el paso a la agricultura regular, a la cría de ganado y a la formación del Estado primitivo. Los dioses antropomorfos se crean en esta fase. Para el agricultor es importante que sus dioses rijan las aguas y sus dioses tienen aspecto humano.

    Los  animales van adquiriendo  cuerpo de  hombre; en algunos casos lo último en desaparecer es el morro del animal (Anubis con cabeza de lobo, Orus de halcón…). También  las almas de los difuntos se representan como pájaros con  cabeza humana.

    El proceso de antropomorfización está ya casi realizado en la figura de ciertos héroes como Hermes o Mercurio, que mantiene  unas pequeñas  alas en los pies  hasta que por último el animal se transforma en atributo del dios: así Zeus es representado con un águila.

    Los sacrificios humanos, muy antiguos,(tema relacionado con el del tributo de carne humana)  subsistieron incluso en época clásica griega y romana, aunque los sacrificados sean ahora  los prisioneros de guerra.

    Pero los sacrificios humanos entran  en conflicto con las formas de la agricultura  y con las formas de vida social que se han desarrollado y de relaciones familiares correspondientes a ellas. Chocan también  con las formas de la religión que ya ha comenzado a crear los dioses.

    Por otra parte, con la aparición de la propiedad de la tierra nace una nueva forma de relaciones familiares. El amor de los padres no admite el sacrificio de un hijo y para evitarlo  aparece el héroe forastero que libera a la doncella.  (Perseo, Andrómeda).

    La interpretación alegórica más elemental del episodio de  Zeus fertilizando a Danae consiste en identificar a Júpiter con la lluvia y  Dánae, encerrada en el subsuelo,  es la tierra fertilizada.  Los etnólogos Frazer y Sternberg demostraron hace tiempo  que las relaciones sexuales entre un ser humano y una divinidad servían para aumentar el rendimiento de la tierra.

    Con frecuencia se simboliza con este mito también el poder omnipotente del dinero, que abre las puertas más férreamente cerradas, haciendo del mito una lectura moralizante.

    Se han hecho lecturas del mito más complejas, como la psicológica, siguiendo a Jung, en la que el caballero lucharía consigo mismo para rescatar su lado inconsciente femenino.

     El dragón puede significar también el espacio de naturaleza salvaje y agreste frente al espacio civilizado de la ciudad. A veces el dragón es sometido y conducido como una animal doméstico e integrado en el orden urbano, como ocurre con  santa Marta, que con agua bendita dominó  al dragón Tarasca y lo condujo a la ciudad atado con su propio cinturón (nos lo cuenta Jacobo de la Vorágine en su Legenda aurea (Leyenda dorada).

    Por lo demás,  Andrómeda, conocida también como la doncella encadenada, fue una de las más antiguas constelaciones, que probablemente recibió el nombre en la región de Mesopotamia. Está rodeada al norte por Casiopea y Perseo; al este por Perseo, al sur por los Peces y el Triángulo y al oeste por Lacerta y Pegasus, como señal y guía para los marineros con sus blancos brazos extendidos en el firmamento.

    El ojo de la cabeza de Medusa es Algol, el demonio en árabe, que brilla intermitentemente al ser oscurecida por otra estrella próxima.

    Cetus, Cetáceo , es también en la antigua Mesopotamia el dragón cósmico Tiamat que se enfrenta al héroe.

    Cefeo, el rey, es también una de las más viejas constelaciones. Los chinos   lo ven como el famoso cochero  aproximadamente en el año 950 a.C. Los nómadas árabes lo ven como un pastor con su perro y ganado.

    Casiopea es conocida también como la “W”  o “M”  celestes. Otra versión cuenta que fue encadenada al trono por su vanidad y colocada hacia la estrella polar, aunque  a veces queda colgada al revés, en una posición poco digna como advertencia para todos.  Curiosamente los romanos la conocían como “la mujer del Carro” y los árabes como “mujer en el carro”. 

    Pegaso, el caballo alado, fue elevado por Atenea   como una constelación.  Pegaso interviene en varios mitos, en el de Perseo y sobre todo en el de Belerofonte. En el mito de Perseo o bien nace del cuello seccionado de Gorgona o de la tierra fecundada por la sangre de Gorgona al caer de la cabeza que Perseo transportaba en su alforja después de darle muerte.

    Respecto de Belerofonte, Atenea condujo al caballo por la brida hasta Belerofonte. Gracias a este caballo Belerofonte pudo matar a la Quimera (monstruo con parte de león y parte de cabra que despide llamas por la boca) y vencer a las Amazonas (pueblo de mujeres que descienden de Ares, dios de la guerra y de Harmonía; (α-μαζών, a-mazon = la que no tiene seno).

    Tras la muerte de Belerofonte, Pegaso volvió al Olimpo, la morada de los dioses. Cuando el concurso de canto que enfrentó a las hijas de Piero (Piérides) con las Musas, en el monte  Helicón, éste, contento, fue hinchándose hasta amenazar llegar al cielo. Por orden de Posidón Pegaso golpeó la montaña con uno de sus cascos para ordenarle que volviera a sus dimensiones ordinarias. El Helicón obedeció, pero en el lugar en que Pegaso le había dado el golpe brotó una fuente, Hipocrene, o Fuente del Caballo, que es la fuente de toda inspiración poética.

    Atlas es el gigante mítico, convertido en la cordillera del Atlas que sostiene el firmamento. Se le suele representar con su figura humano-divina, sosteniendo el cielo sobre sus hombros. Por eso llamamos “atlas” a los mapas celestes y por extensión a los terrestres y demás gráficos.

    El oráculo es la contestación que las pitonisas y sacerdotes  pronunciaban como dada por el dios Apolo a las consultas que  se le hacían.  Los oráculos son ineludibles, siempre se cumplen, pero frecuentemente el hombre trata de evitar su realización, en un intento humano irracional o absurdo, porque, como plantea Ruiz Elvira, o los oráculos son verídicos y entonces no se pueden evitar o no lo son y entonces no deben merecer crédito y no hay que hacer nada para evitarlos. Pero la irracionalidad de intentar evitarlos es muy humana, y el hombre desconfiando de la lógica se somete ciegamente al deseo y a la voluntad de que no ocurra lo anunciado como si la sola voluntad pudiese más que el destino, es decir a la esperanza que le hace actuar. (es decir, nos queda un importante componente irracional…)

    Como curiosidad citaremos también a las Perseidas o lluvia de estrellas Como cada año en agosto, llega la lluvia de meteoros denominada las Perseidas. En esta ocasión, el espectáculo parece asegurado. Las Perseidas tiene su origen en el cometa Swift-Tuttle cuya cola corta la órbita de la Tierra. Son los resto de la cola los que, al entrar en la atmósfera terrestre,  producen este interesante fenómeno. Las predicciones indican que se verán uno o dos meteoros por minuto en el máximo. Por supuesto, los fragmentos son de pequeño tamaño y masa, y no representan ningún peligro.

    Muchos elementos de este mito o mitos tienen sin duda su origen en Mesopotamia. Es evidente el parecido con la monstruosa Tiamat, con la que lucha Marduk.

    En la mitología griega hay otros seres también monstruosos, como Tifón, pero esta leyenda de Perseo y Andrómeda ha tenido una enorme presencia en todos los siglos y tiempos en el interés de los ciudadanos, en la literatura y en el arte.

    Así en época romana Flavio Josefo, Plinio, Estrabón, San Jerónimo localizan el salvamento de Andrómeda en Jaffa (Iope) en Palestina.

    Plinio nos dice que Marco Escauro en el año 58 a.C. trajo a Roma los huesos de la fiera que iba a devorar a Andrómeda y que su tamaño era de unos 13 metros, con costillas mayores que colmillos de elefantes y columna vertebral de 45 centímetros de grosor. No es difícil ver en estos huesos elementos fósiles de seres realmente existentes, como dinosaurios o elefantes antiguos, que alimentaban la credulidad o imaginación de los antiguos. Naturalmente, siguen apareciendo restos fósiles de reptiles gigantescos, como el del pliosaurio que medía quince metros y pesaba 45 toneladas.

     La leyenda tiene su prolongación hagiográfica en la de San Jorge y el dragón, aunque son muchos los desconocedores del mito de Andrómeda y no identifican su origen y relación. Jacobo de la Vorágine en el siglo XIII nos ofrece en su  “Legenda Sanctorum” (Lecturas sobre santos)  que pasará a ser conocida como “Legenda aurea” (Leyenda dorada) la versión más exacta, que tuvo un enorme éxito en el ambiente caballeresco de la Edad Media. San Jorge es el paradigma del caballero medieval que lucha o defiende a una doncella.

    Su éxito y popularidad explica su importancia y presencia en todas las artes hasta el día de hoy, incluido naturalmente el cine.

  • Democracia es igualdad

    En la antigua Grecia, los Atenienses tenían cierto complejo de superioridad respecto de los restantes helenos o griegos. Se sentían orgullosos de su ciudad, de su Acrópolis (de ἄκρος, extremo, alto y πόλις, ciudad), = ciudad elevada, la ciudad alta, la ciudadela, la fortaleza en la que se encontraba el templo grandioso de su diosa Atenea, su epónima,la que le da nombre, la virgen (le llaman Παρθένος Ἀθηνᾶ, Atenea parthenos; parthenos significa “virgen”); sobre todo se sentían orgullosos de su “democracia” (de δῆμος , demos que significa «pueblo» y κράτος (krátos, que significa «poder o gobierno”).

    Después de la etapa antigua monárquica, que se refleja en la Iliada,  y de la aristocrática, también reflejada en Homero,  implantaron un sistema de gobierno en el que todos los ciudadanos (los que lo son) forman parte de la asamblea y tienen acceso por sorteo o por elección a los cargos políticos. Por radicar el poder en la asamblea del pueblo (demos) le llamaron democracia.

    Se trata de una democracia directa, porque son pocos los ciudadanos: apenas treinta mil ciudadanos tienen derecho a voto y de ellos suelen participar cinco o seis mil. La democracia griega fue la primera en la Historia y a los atenienses les corresponde el mérito de su creación. Pero la democracia ateniense tiene muchas limitaciones para ser perfecta. En otra ocasión lo comentaré con más profundidad.

    Curiosamente, los atenienses se sienten orgullosos de su democracia, pero la mayor parte de los textos conservador se manifiestan críticos y en contra y suelen mantener una postura más elitista y aristocrática. Así por ejemplo Platón, que defiende un gobierno o constitución oligárquico. Platón en realidad sería en terminología actual un conservador extremo, que no sólo no cuestiona la sociedad esclavista, sino que propone una constitución para la polis en la que hay tres clases de ciudadanos prácticamente impermeables entre sí, los gobernantes o filósofos, los guerreros y los tra bajadores.

    Uno de los problemas que suelen presentar algunos críticos antiguos es el de la insuficiente preparación técnica y cultural del pueblo para decidir sobre complejas cuestiones de gobierno y el de la facilidad con la que el “pueblo” se deja arrastras por “demagogos” desaprensivos.

    Esta cuestión se sigue planteando de manera similar en las democracias modernas por personas que no aceptan la igualdad radical de las personas. Bastaría reflexionar  sobre la disparidad de opiniones entre las personas teóricamente bien formadas intelectualmente para poder afirmar que poco deben tener que ver los “estudios superiores” con una determinada opción ideológica o política.

    Pues bien, la cuestión la plantea claramente Platón en su diálogo “Protágoras”  y la resuelve con el relato de un mito, técnica con la que aborda la explicación de cuestiones importantes. Yo me permito reproducir el planteamiento y solución de Platón utilizando la traducción española que Francisco de P. Samaranch hizo para la editorial Aguilar en la edición de las obas completas del filósofo griego. Tal vez así algún lector elitista y aristocrático entienda también por qué todas las personas han de ser iguales ante la ley (isonomía) e iguales para desempeñar cargos políticos (isegoría).ç

    El planteamiento de la cuestión y el relato del mito ocupa Protágoras, 319a –328c. Entre otros interlocutores dialogan  Sócrates y Protágoras. Sócrates afirma que la “política” o la “virtud de la política” no la puede enseñar un hombre a otro. Plantea Sócrates que cuando se reúne la “asamblea” de los atenienses escuchan a los técnicos en las diversas materias de las que se trata, pero en cambio cuando se trata de asuntos políticos:

    Si, en cambio, se trata de los intereses generales de la ciudad, vemos que se levantan indistintamente para tomar la palabra arquitectos, herreros, curtidores, comerciantes y marinos, ricos y pobres, nobles y gentes del vulgo, y nadie les echa en cara, como en el caso anterior, que se presen tan allí sin estudios previos, sin nunca haber tenido maestros, a dar algún consejo: prueba evidente de que nadie considera que esta sea materia de enseñanza.
           ……….
    los ciudadanos más sabios y mejores son incapaces de transmitir a otros la virtud que ellos mismos poseen.
          ………….

    Protágoras disiente, naturalmente:

    No te la negaré, Sócrates; pero ¿quéréis que os la presente yo, un viejo hablando a jóvenes, bajo la forma de un mito o en forma de un razonamiento explicativo?
    Muchos oyentes le dijeron que lo  hiciera como quisiera.

    Protágoras empleará un mito:

    -Pues bien-dijo–: me parece que un mito será más agradable.

    Era en aquel tiempo en que los dioses ya existían, pero en que no existían aún los linajes mortales. Cuando llegó el momento que había determinado el Destino para el nacimiento de estos, los dioses los modelaron en las entrañas de la tierra con una mezcla de tierra, fuego y las demás sustancias que se pueden combinar con el fuego y la tierra. En el momento de sacar los a la luz, los dioses mandaron a Prometeo y a Epimeteo que distribuyeran de manera conveniente entre ellos todas las cualidades que ellos tenían que poseer. Epimeteo rogó a Prometeo le dejara a él el cuidado de hacer por sí mismo la distribución: «Cuando esta esté lista-dijo–, tú inspeccionarás mi obra.» Concedido el permiso, él se puso manos a la tarea.

    En esta distribución, dio a los unos la fuerza, sin la rapidez; a los más débiles, les asignó la cualidad de la rapidez; a los unos les concedió armas, y a los que por naturaleza estaban inermes, inventó alguna otra cualidad que pudiera garantizar su salvación. A los que les daba un tamaño muy pequeño, les concedía la capacidad de huida volando o bien el vivir bajo tierra. A los que tenían un tamaño muy grande, los salvaba mediante el mismo tamaño. En una palabra: mantuvo un equilibrio entre todas las cualidades. Y en esta diversidad de inventos, se preocupaba él de que ninguna raza pudiera desaparecer.

    Luego de haber pertrechado a todos de manera suficiente contra las destrucciones mutuas, se ocupó de darles defensas contra las inclemencias que proceden de Zeus, revistiéndolos de pelos espesos y pieles gruesas, que sirvieran de abrigo contra el frío, así como también contra el calor, y, además, para cuando fueran a dormir, de cubiertas naturales y adecuadas a cada viviente. A los unos les calzó cascos o pezuñas; a los otros, de cueros duros y carentes de sangre. Luego se preocupó de dar a cada uno un alimento distinto: a los unos, las hierbas de la tierra; a los otros, los frutos de los árboles; a los otros, sus raíces; a algunos les asignó como alimento la carne de los otros. A esos les dio una posteridad poco numerosa, y a sus víctimas les tocó en herencia la  fecundidad, salvación de su especie.

    Ahora bien: Epimeteo, cuya sabiduría era imperfecta, había ya gastado, sin darse cuenta de ello, todas las facultades en favor de los animales, y le quedaba aún por proveer de las suyas a la especie humana, con la que, falto de recursos, no sabía qué hacer. Estando en este embrollo, llega Prometeo para inspeccionar el trabajo. Ve todas las demás razas armoniosamente equipadas para vivir, y al hombre, en cambio, desnudo, sin calzado, sin abrigos, sin armas. Y había llegado el día señalado por el Destino para que el hombre saliera de la tierra a la luz.

    Prometeo, ante esta dificultad, no sabiendo qué medio de salvación encontrar para el hombre, se decidió a robar la sabiduría artística de Hefesto y Atenea y, al mismo tiempo, el fuego -ya que sin el fuego era imposible que esta sabiduría fuera adquirida por  nadie o que prestara ningún servicio- y luego, hecho esto, hizo donación de ello al hombre.  

    De esta manera el hombre recibió en posesión las artes útiles a la vida, pero se le escapó  la política; esta, en efecto, se encontraba en  Zeus; ahora bien: Prometeo no tenía ya tiempo de entrar en la Acrópolis, la mansión de Zeus; además, a las puertas de la misma había centinelas muy temibles. Pero sí pudo entrar, sin ser visto, en el taller en que Hefesto y Atenea practicaban juntos las artes de su afición, de forma que habiendo robado a la vez las artes del fuego que corresponden a Hefesto y las demás artes que son patrimonio de Atenea, pudo darlas a los hombres. Por esta razón el hombre está en posesión de todos los recursos necesarios para la vida, y también por este motivo se dice que Prometeo fue luego acusado de robo.

    El hombre, al participar de las cualidades divinas, fue primeramente el único animal que honró a los dioses, y se dedicó a construir altares e imágenes de deidades: tuvo, además, el arte de emitir sonidos y palabras articuladas, inventó las habitaciones, los vestidos, el calzado, los medíos de abrigo y los alimentos que nacen de la tierra. Pertrechados de esta manera para la vida, los seres humanos vivieron primero dispersos, sin que existiera ninguna ciudad; así, pues, eran destruidos por los animales, que siempre y en todas partes eran más fuertes que ellos, y su ingenio, suficiente para alimentarlos, seguía siendo impotente para la guerra contra los anímales; la causa de esto estaba en que no poseían el arte de la política, del que el arte de la guerra es una parte. Buscaban, pues, la manera de reunirse y de fundar sus ciudades para defenderse. Pero, una vez reunidos, se herían mutuamente, por carecer del arte de la política, de forma que comenzaban de nuevo a dispersarse y a morir.

    Entonces Zeus, preocupado al ver que nuestra especie amenazaba con desaparecer, mandó a Hermes que trajera a los hombres el pudor y la justicia, para que en las ciudades hubiera armonía y lazos creadores de amistad.

    Hermes, pues, preguntó a Zeus de qué manera debía dar a los humanos el pudor y la justicia: «¿He de distribuirlas como las demás artes? Estas se hallan distribuidas de la siguiente forma: un solo médico es suficiente para muchos profanos, y lo mismo ocurre con los demás artesanos. ¿Es esta la manera en que he de implantar la justicia y el pudor entre los humanos o he de distribuirlos entre todos?» «Entre todos-dijo Zeus-, que cada uno tenga su parte en estas virtudes; ya que si solamente las tuvieran algunos, las ciudades no podrían subsistir, pues aquí no ocurre  como en las demás artes; además, establecerás, en mi nombre esta ley, a saber: que todo hombre incapaz de tener parte en la justicia y el pudor debe ser condenado a muerte, como una plaga de la ciudad”

    Por este motivo, Sócrates, los atenienses,  así como los demás pueblos, cuando se trata  de valorar el mérito en arquitectura o en cualquier otro oficio, solo a unos pocos hombres  les conceden el derecho de formular una opinión y no toleran, como bien dices, ningún consejo de parte de los que no pertenecen a esta minoría; y repito que esto es muy lógico; por el contrario, cuando se trata de aconsejarse sobre una cuestión de virtud política, consejo este que abarca todo el campo de la justicia y el pudor, es lógico que dejen hablar a cualquiera, por estar convencidos de que todos deben tener parte en dicha virtud a fin  de que sea posible la existencia de las ciudades.  Ahí tienes, Sócrates, la causa de este hecho.
      ………….
    Esto es lo que tenía que decir yo sobre  este punto, a saber: que si los atenienses admiten, en cuestiones de justicia, los consejos del primero que se presenta, se debe a la convicción de que todos los hombres tienen parte en la justicia.

    Que, por otra parte, según su forma de sentir, la justicia no es fruto ni de la naturaleza ni de la casualidad, antes bien se enseña, y que los que la poseen deben esto a su aplicación, es lo que voy a intentar probarte ahora.
    …………..

    Creo haberte demostrado suficientemente, Sócrates, que tus conciudadanos no yerran al escuchar, en punto a política, los consejos y opiniones de un herrero o de un curtidor; y en segundo lugar, que ellos estiman que la virtud puede enseñarse y transmitirse.

    …….
    Y concluye con la necesidad de que la sociedad forme al ciudadano  desde la infancia:

    Piensa, en efecto, en esto: ¿Hay alguna cosa en la que todos los ciudadanos deban necesariamente tener parte, para que sea posible la existencia de una ciudad o no? La solución del problema que tú planteas o está ahí o no está en ninguna parte.

    Si es verdad que existe este algo, y si esta cosa única no es el arte del carpintero, del fundidor o del alfarero, sino la justicia, la templanza, el conformarse con la ley divina y todo lo que, en una sola palabra, llamo la virtud característica del hombre; si hay en eso una cosa en la que todos deben tener parte, en la que todo el mundo debe encontrar modelo para sus acciones, sea lo que fuese por lo demás lo que uno aprenda o haga, sin nunca apartarse de él; y en caso de que alguien se mantuviera al margen de ello, si es conveniente instruirlo o castigarlo, sea niño, hombre o mujer, hasta que la corrección lo haya hecho mejor, o en caso contrario, si es preciso, cuando las correcciones y los consejos no consiguen nada, considerarlo como incurable y expulsarlo o hacerlo morir; si todo esto, digo, es verdad y si, siendo así las cosas, pese a todo, los hombres de bien se lo enseñan todo a sus hijos, con excepción de esto, ¡tú verás qué es lo que habrá que pensar de los hombres de bien! En la vida pública y en la vida privada saben ellos, como hemos demostrado, que la virtud se puede enseñar; solo que, sabiendo lo que se puede hacer con el estudio y los cuidados, no enseñan a sus hijos más que las cosas cuya ignorancia no lleva consigo ningún riesgo de muerte; en cambio, aquellas cosas que, a falta de una enseñanza y un cultivo de la virtud, pueden llegar a ser para sus hijos una causa de muerte o de destierro, las que pueden además traer consigo la confiscación de sus bienes y, por así decir, la destrucción total de sus linajes, ¡esas no se preocupan de enseñárselas ni consagran a ellas todos sus cuidados! ¿Se puede admitir eso, Sócrates?

    En la realidad, las lecciones y las exhortaciones se comienzan cuando la niñez y se continúan durante toda la vida.  Apenas el niño empieza a comprender el lenguaje, la nodriza, la madre, el pedagogo, el mismo padre, se esfuerzan sin tregua en hacerlo lo más perfecto posible; aprovechando todo lo que él hace o dice, le prodigan lecciones y explicaciones: esto es justo y esto injusto, esto es bello y esto es feo, esto es piadoso y esto impío; haz esto, no hagas aquello. Si el niño obedece por sí mismo, nada mejor; de lo contrario, se le endereza con amenazas y golpes, de la misma manera que se endereza un bastón retorcido y curvado.

    Más tarde, cuando ya se le envía a la escuela, se recomienda mucho más al maestro la buena conducta del niño que sus progresos en el conocimiento de las letras o de la citara; el maestro, por su parte, pone en ello el máximo cuidado y, cuando los niños saben sus letras y están en disposición de comprender las palabras escritas, como ocurriera antes.

    Luego cuando saben leer, aprenden los versos de los grandes poetas y los ejemplos de los antiguos héroes. Luego se entrenan para tener un  cuerpo sano y fuerte. Y finalmente:

    Cuando ya han abandonado la escuela, es entonces la ciudad la que a su vez los fuerza a aprender las leyes y a conformar a ellas su vida.

    ¿Es admisible que dos mil cuatrocientos años después siga habiendo quien cuestione el derecho de todos los hombres a participar en las decisiones que afectan al gobierno de la sociedad en la que viven?
     

  • ¿Son las columnas de Hércules el signo del dólar?

    Poco podía imaginar el mítico héroe Hércules (no llega a la categoría de dios) que sus famosas columnas que representan los dos montes que él colocó al abrir el estrecho que separa el océano Atlántico del mar Mediterráneo (Mare Nostrum = nuestro mar, para los romanos), una en África, otra en Europa, en realidad iban a estar, en efigie naturalmente, en los bolsillos y cuentas bancarias de millones de hombres repartidos por todo el mundo.

    Esto es así si admitimos el origen del signo del dólar, que proviene de la imagen de las columnas impresa en las monedas españolas llamadas  reales de a 8, pesos o columnarios como vulgarmente se les conocía (sobra la explicación de por qué el nombre)  acuñadas en América:

      

    VTRAQUE VNUM (sic), a ambos lados uno, rezaban en latín las monedas acuñadas entre 1732 y 1773 en España como en América por la Corona española que las gobernaba a ambas, por eso en la imagen de arriba la corona cubre ambos hemisferios. Y como tal percibían a España y América nuestros vecinos de lengua inglesa en las altas latitudes del hemisferio norte.

     El signo del peso y del dólar originariamente llevaba dos  barras, luego reducidas a una; las dos barras serían precisamente las columnas de Hércules y la S la banda que las enlazaba, en principio con la leyenda latina Non Plus Ultra  (no más allá),

    Parece que fue Fernando de Aragón quien instauró esté símbolo al  apoderarse de Gibraltar; una de las columnas estaba en Kalpe, Gibraltar y la otra, monte Abyla, en Ceuta  según unos y en Marruecos (en el Monte Musa según otros). El forzudo Hércules abría separado estos montes y abierto el estrecho para acudir al reino de Gerión y robarle los bueyes, décimo  trabajo que le encargó el rey Euristeo.

    La moneda española  real de a 8, fue  usada en América y en consecuencia  en el territorio que luego serían colonias británicas y entre ellas Estados Unidos o Cánadá, donde perduró. En realidad se conocía en todo el mundo, pudiéndose considerar como moneda mundial.

    La leyenda NON PLUS ULTRA (no más allá) hacía referencia  a la imposibilidad o temor que impedía navegar hacia el oeste más allá de las columnas internándose en el mare tenebrosum (mar de las tinieblas).

    Este temor se rompió cuando Colón descubrió América. Hubo que suprimir con todo derecho el NON de la leyenda citada y así se hizo en época de Carlos V: ahora si se podía ir más allá.

    Hoy las columnas de Hércules con la leyenda PLUS ULTRA forman parte del escudo oficial de España.

    No todos admiten esta teoría y la explican como evolución de la abreviatura hispana Ps  con la que se hace referencia a “pesos” o en la marca de la plata acuñada en Potosí, que superponía la P y la S, apareciendo un símbolo similar al actual.

    En el real de a 8 representado más arriba aparece en el cuadrante inferior derecho esta marca PTSI ($).

    E incluso los más nacionalistas norteamericanos creen que el signo es resultado de la fusión de la U y la S de United States.

    Curiosamente, nos gustaría poder afirmar la relación del signo del dólar con   representación gráfica de la moneda romana llamada sestercio,   (IIS, I•IS o HS) , pero nada nos permite establecer alguna relación. El sestercio valía precisamente dos ases y medio, que es lo que representan las letras (II y semis =mitad).

    Tampoco  tiene  consistencia alguna la teoría de algunos que relacionan el signo con la imagen del caduceo de Mercurio, un bastón con una serpiente en él enroscada. El motivo de la relación lo extraen del hecho de que Mercurio era el dios de los mercaderes (y también de los ladrones…), que suelen manejar dinero.

    Otro asunto es el origen de la palabra “dólar , parece que deriva de “Thaler” o “Taler”, moneda de plata alemana procedente del nombre de una ciudad llamada Joachimsthal, actualmente en la República Checa, cuya moneda se llamaba precisamente Joachimsthaler. Pero esto nada tiene que ver con el latín o Roma, así que dejamos el tema aquí.

    Lo cierto y verdad es que si poderoso fue Hércules en la Antigúedad, recordemos sus doce trabajos,  no menos poderoso, tal vez más, es hoy día el famoso dólar, sobre todo el de color verde americano, aunque son muchos los países que también lo tienen como divisa nacional. Poderoso caballero es don dinero, sobre todo en forma de dólar.
     

  • El último día de Pompeya

    La alegre ciudad de Pompeya se encontraba situada a los pies del monte y volcán Vesubio en una zona rica y fértil. Sus 20.000 habitantes no fueron conscientes del inmenso peligro que sobre ellos se cierne. (Curiosamente en latín no existe un término específico para designar a los volcanes; les denominan “mons sulfureus” o con alguna otra frase similar).

    El 24 de agosto del año 79, anunciado por algunos temblores de tierra, entra en erupción el volcán después de más de 1.500 años de inactividad. En apenas 20 horas Pompeya quedó arrasada y al menos 5.000 de sus habitantes murieron asfixiados por las cenizas y los gases tóxicos, dióxido de carbono sobre todo, que sobre ellos cayeron.

    Comenzó la erupción hacia la una de la tarde con un enorme rugido; una enorme columna de gas alcanzó rápidamente los quince kilómetros de altura y se hizo visible desde toda la bahía; como un enorme pino, oscureció la luz del sol. Durante horas interminables estuvieron cayendo millones de toneladas de piedra pómez, porosa y de poco peso que van cubriendo la ciudad. Muchas personas huyeron, pero otras permanecieron en sus casas y allí encontraron el fin de su vida.

    Durante la noche una enorme explosión lanzó el llamado “flujo piroclástico” (del griego πῦρ "fuego" y “κλαστός” "roto, trozo" o nube ardiente mezcla de gases y roca que se mueve a nivel del suelo y   que todo lo carboniza a su paso). No llegó a Pompeya, pero arrasó la vecina ciudad de Herculano y la sepultó bajo veinticinco metros de escombros.

    Sobre Pompeya sigue cayendo piedra pómez y cenizas y una enorme nube tóxica acaba con la vida de todos los seres que viven por  respiración.  Se calcula que el Vesubio lanzó más de 10.000 millones de toneladas de roca y piedra pómez.

    La ciudad quedó sellada por las cenizas como un enorme sarcófago. 1.500 años después se redescubrió la ciudad y los impresionantes hallazgos nos permiten reconstruir en gran medida la vida de esta ciudad. En otra ocasión hablaremos de ello, especialmente de las improntas o moldes que los cuerpos vivos, hombres y también animales, dejaron en los bloques de ceniza.

    Hoy reproduciremos el documento escrito que nos describe con notables detalles el fin de Pompeya. Al otro lado de la bahía, en Miseno, se encontraba Cayo Plinio  Segundo, conocido como Plinio el Viejo, almirante y naturalista apasionado. Dirigió la escuadra en misión de socorro hacia Pompeya. Los vientos le empujaron poco más abajo, hacia Estabia. Allí pasó la noche; a la mañana siguiente quiso averiguar con más detalle lo que estaba sucediendo. Los gases tóxicos le fulminaron y acabaron con su vida y curiosidad de científico.

    Su sobrino, llamado  Cayo Plinio Cecilio Segundo,  pero  conocido como Plinio el Joven,  que no le acompañó y se quedó en Miseno realizando sus ejercicios escolares, recogió poco después el relato de  quienes le acompañaron. Su relato y descripción pareció tan extraordinaria a sus contemporáneos y sucesores que no le creyeron, pero hoy sabemos que erupciones como la descrita son reales. Ocurren según los científicos cada dos mil años aproximadamente. ¿Ocurrirá de nuevo? Tal vez alguno de los lectores actuales pueda informar, pero la mayor parte ya no estaremos aquí.

    En realidad Plinio el Joven nos ha legado dos cartas referidas a este suceso; en la primera narra la destrucción de Pompeya y la muerte de su tío; en la segunda nos cuenta su experiencia personal, cómo lo vivió él y su familia, también con peligro. Presentaré hoy la primera y tal vez en otra ocasión recogeré la segunda, también plena de interés.

    Plinio el Joven, Epist. 6, 16

    C. PLINIO a su querido Tácito, salud.

    Me pides que te describa la muerte de mi tío para poder transmitirla más verazmente a la posteridad. Te doy las gracias, pues veo que  su muerte tendrá una  gloria inmortal si es recordada por ti.

    Pues  aunque murió en la destrucción de unas tierras hermosísimas y vaya a vivir siempre como corresponde a los pueblos y ciudades de destino memorable, aunque él mismo ha escrito muchas y perdurables obras, sin embargo la inmortalidad de tus escritos aumentará  mucho su perpetuidad.
    Ciertamente considero dichosos a aquellos a quienes  se  les ha concedido como regalo  de los dioses o hacer cosas dignas de ser escritas o escribir cosas dignas de ser leídas, pero considero los más dichosos de todos a quienes  les han concedido las dos cosas. En el número de éstos estará mi tío, no sólo  por sus libros sino también por los tuyos. Por todo esto asumo con mucho gusto, incluso me exijo, lo que me encargas.

    Estaba en Miseno y personalmente gobernaba  con su mando la flota. El día 24 de agosto, casi a la hora séptima (las 13 horas) mi madre le indica que está apareciendo una nube de un tamaño y  forma inusuales.

    Él, después de disfrutar del sol y luego un baño frío, había tomado un bocado tumbado y estaba trabajando; pide sus sandalias, se sube a un lugar desde el que podía ser contemplado perfectamente  aquel fenómeno maravilloso. Estaba surgiendo una nube, sin que los que miraban desde lejos pudiesen saber desde qué monte, luego se supo que era el Vesubio, cuya semejanza y forma  no era otra que la de un árbol como el  pino.

    Pues extendiéndose de abajo arriba en forma de tronco, por decirlo así, de forma muy alargada, se dispersaba en algunas ramas, según creo, porque reavivada por un soplo reciente, al disminuir éste luego,  se disipaba a todo lo ancho, abandonada o más bien vencida por su peso; unas veces tenía un color blanco brillante, otras sucio y con manchas, como si hubiera llevado hasta el cielo tierra o ceniza.

    Como a persona erudita que era le pareció algo grande y digno de ser conocido más de cerca. Ordena que le preparen la libúrnica (nave de guerra pequeña); me ofrece la posibilidad de ir con él si me apetecía; le respondí que prefería estudiar, pues casualmente él mismo me había dado algo para que lo escribiera.

    Cuando estaba saliendo de casa cuando recibe un mensaje de Rectina, la esposa de Tasco, asustada por el peligro amenazante, pues su villa estaba situada debajo (del Vesubio), y no había otra huida  sino por barco: le rogaba que la rescatase de  peligro tan grande. Cambia él de plan y lo que había empezado con intención científica lo afronta con el mayor empeño.  Saca unas cuatrirremes (barco con cuatro filas de remos)  y se dispone a llevar su ayuda no sólo a Rectina sino a otros muchos, pues lo agradable de la playa la hacía  muy concurrida.

    Va  corriendo allí de donde otros huyen y mantiene derecho  el rumbo y derecho el timón hacia el peligro, hasta tal punto libre de temor que dicta y anota todos los movimientos y todas las formas de aquel desastre como las veía con sus ojos.

    Caía ya la ceniza en las naves, más caliente y más densa cuanto más cerca se aproximaban; incluso piedras pómez  negras y  quemadas y rotas por el fuego;  se produce ya un repentino  bajo fondo y la playa es inaccesible por el desplome del monte. Dudó poco si dar la vuelta hacia atrás, pero inmediatamente le dijo  al piloto, que le aconsejaba que lo hiciera así: «La fortuna ayuda a los valientes: dirígete a casa de Pomponiano».

    Estaba en  Estabia,  apartado del centro del golfo, pues el mar se metía poco a poco  en las costa curvada y  redondeadas. Allí, aunque todavía no se acercaba el  peligro, siendo sin embargo  previsible y más cercano si crecía la erupción, había llevado el equipamiento a las naves, seguro de poder huir si amainaba el viento contrario. Empujado entonces mi tío por este viento muy favorable, abraza, consuela y anima a (Pomponio) que estaba temblando y para disminuir el temor de él con su propia seguridad,  ordena que le lleven a tomar un baño;  una vez lavado, se recuesta y cena, o alegre o como si estuviera alegre (lo que es igualmente grande).

    Mientras tanto, desde el monte Vesubio resplandecían por muchos lugares anchísimas  llamas y altos fuegos, cuyo resplandor y claridad se acrecentaban en las tinieblas de la noche. El repetía, para remediar el miedo,  repetía  que lo que ardía eran los fuegos abandonados por los campesinos en su precipitación y las villas abandonadas por su soledad.

    Entonces se entregó al descanso y  descansó ciertamente con un profundísimo sueño, pues su respiración, que era un tanto  pesada y ruidosa por la dimensión de su cuerpo, era oída por los que se encontraban ante su puerta. Pero el patio desde el que se accedía a  la habitación, lleno ya de ceniza y piedra pómez mezclada se había levantado de tal modo que, si se alargaba  un poco más la estancia en la habitación, no habría salida. Una vez despertado, se levanta y acude  con  Pomponiano y con los demás que habían permanecido vigilantes.

    Deliberan en común si se quedan dentro de la casa o se van  al campo abierto. Pues los edificios se movían con los frecuentes e intensos temblores y parecía que como movidos de sus cimientos  iban y volvían de acá para allá.

    Aunque al aire libre de nuevo daba miedo la caída de piedras pómez ligeras y consumidas, la comparación de los peligros les hizo elegir esta opción; y en su caso (de mi tío) ciertamente, un cálculo venció a otro cálculo, y en el caso de los otros, un temor venció a otro temor. Se atan con vendas almohadas colocadas sobre sus cabezas: esto les sirvió de protección frente a lo  que les caía.

    En otras partes ya era de día, allí era la  noche más negra y cerrada de todas las noches, que sin embargo despejaban muchas antorchas y diversas hogueras .  Se decidió salir  hacia la playa y ver de cerca qué posibilidad permitía ya el mar, que  todavía permanecía  inaccesible y adverso.
    Allí echado sobre una tela extendida pidió una y otra vez agua fría y la bebió. Luego las llamas y el olor a azufre, anunciador de más llamas,  ponen en fuga a los demás, a él lo ponen en alerta.
    Apoyándose en dos pequeños esclavos se levantó e inmediatamente se cayó, como yo supongo,  por su respiración obstruida por el aire más denso de la nube, y por cerrársele el esófago, que él por naturaleza tenía débil y estrecho y frecuentemente con ardores.

    Cuando volvió la luz (era el tercer día, desde aquel  que había visto por última vez) su cuerpo se encontró intacto, sin lesiones y cubierto tal como se había vestido. El aspecto del cuerpo se parecía más al de a una persona que está descansando que a un difunto.

    Entre tanto en Miseno mi madre y yo… pero esto nada  importa a la historia, ni tú quisiste saber ninguna otra cosa que sobre su muerte. Así pues llego al final.

    Añadiré solamente que te he  contado todas las cosas en las que yo intervine y todas las que  escuché en aquel momento, cuando se recuerdan con todo detalle  las cosas verdaderas. Tú seleccionarás lo más importante; una cosa es escribir una carta y otra la historia, una cosa es escribir a un amigo y otra escribir para todos. Adios.


    C. PLINIVS, TACITO SVO S.
    Petis ut tibi auunculi mei exitum scribam, quo uerius tradere posteris possis. Gratias ago; nam uideo morti eius si.celebretur a te immortalem gloriam esse propositam.
    Quamuis enim pulcherrimarum clade terrarum, ut populi ut urbes memorabili casu, quasi semper uicturus occiderit, quamuis ipse plurima opera et mansura condiderit, multum tamen perpetuitati eius scriptorum tuorum aeternitas addet.
    Equidem beatos puto, quibus deorum munere datum est aut facere scribenda aut scribere legenda, beatissimos uero quibus utrumque. Horum in numero auunculus meus et suis libris et tuis erit. Quo libentius suscipio, deposco etiam quod iniungis.
    Erat Miseni classemque imperio praesens regebat. Nonum kal. Septembres hora fere septima mater mea indicat ei adparere nubem inusitata et magnitudine et specie.
    Vsus ille sole, mox frigida, gustauerat iacens studebatque; poscit soleas, ascendit locum ex quo maxime miraculum illud conspici poterat. Nubes incertum procul intuentibus ex quo monte (Vesuuium fuisse postea cognitum est) oriebatur, cuius similitudinem et formam non alia magis arbor quam pinus expresserit.
    Nam longissimo uelut trunco elata in altum quibusdam ramis diffundebatur, credo quia recenti spiritu euecta, dein senescente eo destituta aut etiam pondere suo uicta in latitudinem uanescebat, candida interdum, interdum sordida et maculosa prout terram cineremue sustulerat.
    Magnum propiusque noscendum ut eruditissimo uiro uisum. Iubet liburnicam aptari; mihi si uenire una uellem facit copiam; respondi studere me malle, et forte ipse quod scriberem dederat.
    Egrediebatur domo; accipit codicillos Rectinae Tasci imminenti periculo exterritae, nam uilla eius subiacebat, nec ulla nisi nauibus fuga: ut se tanto discrimini eriperet orabat.
    Vertit ille consilium et quod studioso animo incohauerat obit maximo. Deducit quadriremes, ascendit ipse non Rectinae modo sed multis, erat enim frequens amoenitas orae, laturus auxilium.
    Properat illuc unde alii fugiunt, rectumque cursum recta gubernacula in periculum tenet adeo solutus metu, ut omnes illius mali motus omnes figuras ut deprenderat oculis dictaret enotaretque.
    Iam nauibus cinis incidebat, quo propius accederent, calidior et densior; iam pumices etiam nigrique et ambusti et fracti igne lapides; iam uadum subitum ruinaque montis litora obstantia. Cunctatus paulum an retro flecteret, mox gubernatori ut ita faceret monenti 'Fortes' inquit 'fortuna iuuat: Pomponianum pete.'
    Stabiis erat diremptus sinu medio, nam sensim circumactis curuatisque litoribus mare infunditur; ibi quamquam nondum periculo adpropinquante, conspicuo tamen et cum cresceret proximo, sarcinas contulerat in naues, certus fugae si contrarius uentus resedisset. Quo tunc auunculus meus secundissimo inuectus, complectitur trepidantem consolatur hortatur, utque timorem eius sua securitate leniret, deferri in balineum iubet; lotus accubat, cenat, aut hilaris aut (quod aeque magnum) similis hilari.
    Interim e Vesuuio monte pluribus locis latissimae flammae altaque incendia relucebant, quorum fulgor et claritas tenebris noctis excitabatur. Ille agrestium trepidatione ignes relictos desertasque uillas per solitudinem ardere in remedium formidinis dictitabat. Tum se quieti dedit et quieuit uerissimo quidem somno; nam meatus animae, qui illi propter amplitudinem corporis grauior et sonantior erat, ab iis qui limini obuersabantur audiebatur.
    Sed area ex qua diaeta adibatur ita iam cinere mixtisque pumicibus oppleta surrexerat, ut si longior in cubiculo mora, exitus negaretur. Excitatus procedit, seque Pomponiano ceterisque qui peruigilauerant reddit.
    In commune consultant, intra tecta subsistant an in aperto uagentur. Nam crebris uastisque tremoribus tecta nutabant, et quasi emota sedibus suis nunc huc nunc illuc abire aut referri uidebantur.
    Sub dio rursus quamquam leuium exesorumque pumicum casus metuebatur, quod tamen periculorum collatio elegit; et apud illum quidem ratio rationem, apud alios timorem timor uicit. Ceruicalia capitibus imposita linteis constringunt; id munimentum aduersus incidentia fuit.
    Iam dies alibi, illic nox omnibus noctibus nigrior densiorque; quam tamen faces multae uariaque lumina soluebant. Placuit egredi in litus, et ex proximo adspicere, ecquid iam mare admitteret; quod adhuc uastum et aduersum permanebat.
    Ibi super abiectum linteum recubans semel atque iterum frigidam aquam poposcit hausitque. Deinde flammae flammarumque praenuntius odor sulpuris alios in fugam uertunt, excitant illum.
    Innitens seruolis duobus adsurrexit et statim concidit, ut ego colligo, crassiore caligine spiritu obstructo, clausoque stomacho qui illi natura inualidus et angustus et frequenter aestuans erat.
    Vbi dies redditus (is ab eo quem nouissime uiderat tertius), corpus inuentum integrum inlaesum opertumque ut fuerat indutus: habitus corporis quiescenti quam defuncto similior.
    Interim Miseni ego et mater sed nihil ad historiam, nec tu aliud quam de exitu eius scire uoluisti. Finem ergo faciam.
    Vnum adiciam, omnia me quibus interfueram quaeque statim, cum maxime uera memorantur, audieram, persecutum. Tu potissima excerpes; aliud est enim epistulam aliud historiam, aliud amico aliud omnibus scribere. Vale.

  • Los nombres de los meses son romanos

    Entre las muchas cosas que nos han legado los romanos no es la de menor importancia el calendario con el nombre de los meses, los días y las estaciones. Para comprender la lógica y coherencia de los nombres “september =septiembre; october =octubre; november= noviembre y december =diciembre”, que significan etimológicamente “séptimo, octavo, noveno y décimo” hemos de conocer que el primitivo año romano tenía diez meses y comenzaba en marzo.

    Se atribuye al mítico rey Rómulo la fundación  de Roma en el año 753 y la creación del primer calendario solar de 304 días al año. La misma tradición atribuye al rey Numa, que gobernó  del 715 al 673 a.C,  una reforma que probablemente corresponde a la realizada a mediados del s.V a.C.  y que fundamentalmente consistió en añadir dos meses más, con lo que se formaba un calendario de doce meses, que toman su nombre de dioses y de festividades religiosas:

    Ianuarius, (enero) dedicado a Jano, dios de las puertas y de los comienzos y también del comienzo del año en la luna creciente después del solsticio de invierno del 25 de diciembre.

    Februarius, (febrero) mes en el que se celebraban las fiestas de purificación llamadas “februa”, palabra etrusca que significa precisamente purificación.

    Martius (marzo), dedicado al dios de la guerra Marte. En este mes comenzaba el mandato de los cónsules y  las campañas militares.

    Aprilis (abril), palabra que algunos relacionan con aperire = abrir, para referirse al momento en que la naturaleza, en primavera, florece. Otros la consideran de origen etrusco tomada del griego y relacionada con  Aphro-dite o Afrodita, la diosa del amor.

    Maius (mayo) que toma el nombre de Maia, la diosa del crecimiento.

    Iunius (junio) en honor de la diosa Juno, esposa de Júpiter, diosa entre otras cosas del matrimonio.

    Quintilis  (quinto mes), cuando el año comenzaba en marzo,  luego llamado Iulius  (julio) en honor de Julio César tras su muerte violenta.

    Sextilis  (sexto mes), luego llamado Augustus  (agosto) en honor de Octavio Augusto todavía en vida.

    September  (séptimo mes; septiembre)

    October  (octavo mes; octubre)

    November  (noveno mes; noviembre)

    December  (décimo mes; diciembre)

    El año comenzaba en un principio en Marzo, lo que explica como hemos dicho, el nombre de los meses a partir de septiembre. En marzo comenzaba también el mandato de los cónsules y las campañas militares de los romanos por el Lacio y por Italia.

    Pero cuando las guerras han de librarse fuera de Italia, el comienzo de la campaña en marzo supone un grave inconveniente por el tiempo que tarda el ejército en trasladarse al punto de conflicto. Esto quedó en evidencia en las Guerras Celtíberas en Hispania. Dada la gran distancia el Senado traslado el comienzo del año consular del 153 a.C. al 1 de Enero para que el cónsul Quinto Fulvio Nobilior tuviera tiempo de acudir a Hispania, donde por cierto fue vencido  por las tribus celtiberas de belos, titos y arévacos en agosto de ese año.

    Julio César estuvo en Egipto con la famosa reina Cleopatra, de la que parece ser que tuvo a su hijo Cesarión. Allí conoció  el calendario solar y comprendió las ventajas de su implantación en Roma.
    A su muerte se dio su nombre, Iulius, a lo que en el calendario primitivo era Quintilis, el quinto mes. Luego se llamó Augustus al mes siguiente en honor y todavía en  vida de Octavio Augusto. A otros meses también se les dio el nombre de algún emperador, pero esta nominación no tuvo éxito perdurable en ningún otro caso.

    Todos los meses no tuvieron entonces  la misma duración, que va de los 28 o 29 de febrero a los 30 de noviembre, abril, junio, septiembre y a los 31 de enero, marzo, mayo, julio, agosto, octubre y diciembre.  Esta disparidad, debida en origen a festividades, tabúes  y supersticiones religiosas, la arrastramos hasta nuestros días.

    Como ocurre con  los días de la semana, los nombres de los meses han perdurado en las lenguas latinas y también se han impuesto en los países de lenguas sajonas y germanas. La intensa cristianización de las creencias y costumbres paganas no logró imponerse tampoco en la denominación de estos doce períodos en que se divide el año.

  • Mare clausum (el mar está cerrado)

    Asistimos estos días de otoño al espectáculo inhumano de decenas, centenares de náufragos, generalmente subsaharianos, en las costas europeas del Mediterráneo. Atraídos por el bienestar europeo, estas personas se lanzan a un mar siempre peligroso para alcanzar la costa del presunto y geográficamente cercano paraíso.

    Pero el mar siempre es todavía más peligroso si se aborda en pequeñas barcas o en navíos viejos y destartalados. El Mediterráneo (el mar entre las tierras, el Mare Nostrum (Nuestro mar) de los romanos siempre fue escenario de naufragios (de navis, nave, y  fragium, fractuara,  a su vez de frango,fractum, ruptura, fractura), sobre todo en los meses de invierno. Entre el 12 de noviembre y el mes de marzo no se navegaba en la Antigüedad  para evitar las tormentas invernales; esto explica en parte por qué es  precisamente en las semanas previas a ests fechas en las que se producen los mayores desastres humanitarios, antes de que la travesía sea más difícil.

    Se decía  que el “mar está cerrado”, “mare clausum”. Ahora la expresión se emplea en lenguaje jurídico para indicar que un país cierra al tráfico general sus aguas jurisdiccionales, de manera similar a como se cierra el espacio aéreo para evitar que otros naveguen por él.

    Petronio en su Satiricón refleja en unos pocos versos la tragedia de un naufragio. Es cierto que lo hace en otro contexto menos vergonzoso que el actual de insolidaridad humana y en medio de algunas bromas y situaciones cómicas propias de su obra “satírica”,  pero lo sitúa en el mismo escenario geográfico de las costas de Sicilia o del sur de Italia. Disculpando la licencia de abstraer el texto de su contexto y manteniendo lo que de expresión del sentimiento de dolor ante una desgracia humana tiene, me permito presentar estas líneas  al lector para ayudarle a comprender el desvalimiento  absoluto de quien sufre un naufragio lejos de sus seres queridos.

    Naturalmente no refleja el texto  el dolor sobreañadido de intentar llegar a un país extranjero como tabla de salvación futura para él y su familia y encontrarse con el frío e inhumano rechazo, si  es que se alcanza la costa, o con la simple muerte en el intento sin alcanzarla.

    El “mare clausum”, “el mar cerrado” por las tormentas en la Antigüedad, está ahora cerrado para muchos desgraciados por la iniquidad de unas leyes inhumanas.  Pero estas son las leyes, hoy como ayer, de los países poderosos y de un sistema económico mundial que fundamenta el bienestar de unos en la explotación y abandono de otros. Una diferencia similar separaba al ciudadano romano (civis romanus), que gozaba de todos los derechos, del resto de los hombres del Imperio; pero de ello hablaré en otra ocasión.


    Petronio, Satiricón, 114,  1-4,/6-7,/12-13

    Mientras lanzamos  a la conversación estos temas  y otros semejantes,  el mar se encabritó y unos nubarrones llegados de todas partes sepultaron en tinieblas  el día. Acuden  los marineros corriendo  a sus puestos y recogen las velas ante la tormenta.  Pero ni un viento fijo levantaba las olas ni el timonel sabía hacia  dónde dirigir  el rumbo. Tan pronto el viento nos empujaba hacia Sicilia, como más frecuentemente el viento aquilón, que domina en la costas de Italia, zarandeaba acá y allá a la nave indefensa., y lo que todavía es más peligroso en todas las tormentas, unas tinieblas, tan repentinas y espesas, habían quitado la luz del día, de forma que el piloto ni tan siquiera veía la proa entera.
    ………
    Y  un golpe de viento lo arrojó al mar mientras vociferaba;  y cuando apareció de nuevo,  la tormenta  lo envolvió y se lo tragó  en un maldita torbellino. A Trifena, también a punto de…  (ahogarse), la agarraron  sus esclavos  fieles y,  metiéndola  en el bote con la mayor parte de su equipaje, la libraron de una muerte segurísima  .

    …………
    Aguanto  yo esta última atadura y como preparado  para  un lecho fúnebre aguardo la muerte que ya no me preocupa. Cumple mientras  tanto la tempestad los designios de  los hados y acaba con lo que queda  de la nave. No  quedaba ni un palo, ni una pieza del timón, ni una maroma o un  remo, sino que la madera marchaba al vaivén  de las olas como si estuviera sin labrar y sin trabajar. 

    115  6-10

    ………….
    Acabado por  fin este trabajo, entramos cabizbajos  en la cabaña de un pescador, y recuperados de alguna forma con los alimentos estropeados por el naufragio, pasamos una noche lamentable. Al día siguiente, mientras tomábamos la decisión de a qué  dirección dirigirnos,  veo de repente que  un cuerpo humano  era arrastrado hacia la orilla zarandeado en un pequeño remolino. Me detuve ante esto triste, y me puse, con los ojos llorosos, a valorar  con atención  la seguridad del mar.

    -A éste quizá -digo en voz alta- le espera en alguna parte de la tierra  su esposa a salvo; quizás  su hijo desconocedor de la tormenta, o su padre; en todo caso a alguien dejó  a quien al partir le dio un beso.

    Dum haec taliaque iactamus, inhorruit mare nubesque undique adductae obruere tenebris diem. Discurrunt nautae  ad officia trepidantes uelaque tempestati subducunt.  Sed nec certus fluctus uentus impulerat, nec quo destinaret cursum gubernator sciebat. Siciliam modo uentus dabat, saepissime Italici litoris aquilo possessor conuertebat huc illuc obnoxiam ratem, et quod omnibus procellis periculosius erat, tam spissae repente tenebrae lucem suppresserant, ut ne proram quidem  totam gubernator uideret.

    Et illum quidem uociferantem in mare uentus excussit, repetitumque infesta gurgite procella circumegit atque hausit. Tryphaenam autem prope iam… fidelissimi rapuerunt serui, scaphaeque impositam cum maxima sarcinarum parte abduxere certissimae morti

    ……
    Patior ego uinculum extremum, et ueluti lecto funebri  aptatus expecto mortem iam non molestam. Peragit interim tempestas mandata fatorum, omnesque reliquias nauis expugnat. Non arbor erat relicta, non gubernacula, non funis aut remus, sed quasi rudis atque infecta materies ibat cum fluctibus.
    ……………..

    115  6-10

    Hoc opere tandem elaborato casam piscatoriam subimus maerentes, cibisque naufragio curruptis utcumque curati tristissimam exegimus noctem. Postero die, cum poneremus consilium cui nos regioni crederemus, repente uideo corpus  humanum circumactum leui uortice ad litus deferri. Substiti ergo tristis coepique umentibus oculis maris fidem inspicere et: «Hunc forsitan», proclamo, «in aliqua parte terrarum secura expectat uxor, forsitan ignarus tempestatis filius, aut pater; utique reliquit aliquem, cui proficiscens osculum dedit.

  • Nos seguimos rigiendo por el calendario de Julio César

    El calendario es un instrumento necesario para organizar el tiempo en relación con las actividades agrícolas, con las obligaciones religiosas y con la vida social y civil.

    Nuestro calendario tiene actualmente doce meses y 365 días al año. Cualquier lector atento, no obstante, se habrá preguntado por qué al “duodécimo” mes se le llama “diciembre”, palabra que más bien significa “décimo”. Las preguntas se multiplican si observamos que al undécimo  se le llama “noviembre”, palabra relacionada con “novem = nueve”; al  décimo se le llama “octubre”, palabra relacionada con “octo= ocho”; al noveno se le llama “septiembre”, término relacionado evidentemente con “septem = siete”.

    Existe, pues, una falta de coincidencia entre el nombre de estos meses y el orden que ocupan en el calendario. Esta confusión aumenta si conocemos que el mes de agosto se llamó en su momento “sextilis = el sexto” y al mes de junio se le llamaba “quintilis =quinto”.

    La explicación estriba en que al principio de la historia de Roma el año comenzaba en el mes de marzo y el año tenía diez meses. A partir de esta premisa, los nombres de los meses romanos se correspondían con su orden.

    Pero la historia del calendario es realmente complicada e interesante. Esbozaremos algunos datos. A la hora de organizar el ciclo del tiempo el hombre tiene en cuenta el número de días en que la tierra tarda en dar una vuelta al sol. Son algo más de 365 días; 365,25 aproximadamente. Pero también tiene en cuenta las fases de la luna, que tan pronto la vemos llena de luz reflejada como en sus fases creciente o decreciente.

    Roma tuvo a lo largo de su historia dos calendarios lunares y uno solar, . Así que coexisten de alguna manera el calendario lunar y el solar. Como además los ciclos no se miden con precisión milimétrica, se van acumulando las inexactidudes y desvíos del ciclo anual , que llegan a ser enormes. Esto obligó a  reformar repetidas veces el calendario  para actualizarlo a la realidad astronómica.

    Según la historia mítica fue Rómulo, el fundador de Roma en el año 753 a.C., quien creó también el calendario, lunar en aquel momento. El año comenzaba en marzo, mes en el que comenzaban las tareas agrícolas y también las campañas militares. El año tenía 304 días en diez meses.

    Fue necesaria una reforma, que la tradición mítica atribuye al rey Numa, que gobernó del 715 al 673 a.C., pero que probablemente corresponde a mediados del siglo V a.C. En este momento se añadieron dos meses más, tiempo que con anterioridad no era relevante para formar el calendario. El año tenía 355 días en 12 meses lunares. El Pontífice Máximo añadía cada dos años un mes intercalar, cuya duración fijaba en 20 días, para recuperar el retraso con el llamado “año trópico” o  año sideral, el tiempo  que tarda el  planeta Tierra en dar una vuelta completa alrededor del Sol.

    A pesar de ello y por diversas causas   seguía produciéndose un notable desfase.  En época de Julio César (100 a.C.-44 a.C.) la confusión entre determinadas celebraciones y el momento según el calendario vigente era enorme.

    César estuvo en Egipto con la famosa reina Cleopatra, de la que probablemente tuvo su hijo Cesarión. Allí conoció  el calendario solar y comprendió la utilidad que su uso podía tener. Según Suetonio,  le aconsejó el filósofo y astrónomo Sosígenes de Alejandría, que había fijado el año solar en 365 días y seis horas, es decir, con un pequeñísimo error de menos de un segundo al día. Es esta una exactitud que todavía hoy nos  asombra si consideramos los instrumentos científicos de los que entonces disponían.

    César hizo las adaptaciones necesarias e impuso en consecuencia el calendario solar de 365 días al año, intercalando un día más cada cuatro años. De la magnitud de la reforma nos da idea el hecho de que en el año 44 a.C. hubo de intercalar 90 días, con lo que ese año duró 455 días.

    Este calendario, llamado en buena lógica “juliano” es el que básicamente seguimos utilizando hoy en día y se ha impuesto en casi todo el mundo.

    El papa Gregorio XIII lo volvió a reformar  por razones litúrgicas en el año 1582, para que  la Pascua fuera celebrada  el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera, según había dictaminado el Concilio de Nicea del año 325. El desfase con el año trópico  había acumulado entonces 10 días aproximadamente. A esa reforma se la llama “gregriana”.

    Pero el desfase sigue existiendo porque el año trópico en realidad tiene una duración de 365,242189, o lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos, lo que equivale a 1 día aproximadamente cada 128 años. Así que seguirán siendo necesarias nuevas reformas.
    Quizás este artículo parezca ciertamente complejo. No es así en realidad en comparación con los numerosos detalles y precisiones a las que podrá llegar el lector interesado en profundizar en estas cuestiones.

  • El buey como patrón monetario

    En algún momento de la evolución de los homínidos debió surgir el intercambio de productos o trueque. Este sistema tan simple y directo puede servir incluso hoy en día para operaciones excepcionales, pero desde luego resultaría muy engorroso para el desarrollo de una economía con amplios intercambios comerciales. Era necesario encontrar un sistema de valoración en función de un patrón o unidad. Es decir, era necesario inventar el dinero y la moneda y esto ocurrió en la Edad del Bronce, en el II milenio a.C.

    Entre pueblos ganaderos, como los indoeuropeos griegos o latinos, el primer patrón o unidad de trueque fue sin duda el ganado, el buey, que era también el animal valioso como ofrenda para los sacrificios y quizás por ello se convirtió en referencia para el intercambio. Así ocurría entre los griegos de la época heroica, como refleja Homero en Iliada, VI, 234-236:

                    Entonces Zeus Crónida hizo perder el juicio a Glauco,
                     que con el Tidida Diomedes intercambió las armas,
                    oro por bronce, unas que valían cien bueyes por otras de nueve.

                   ἔνθ᾽ αὖτε Γλαύκωι Κρονίδης φρένας ἐξέλετο Ζεύς,
                   ὃς πρὸς Τυδεΐδην Διομήδεα τεύχε᾽ ἄμειβε
                   χρύσεα χαλκείων, ἑκατόμβοι᾽ ἐννεαβοίων.

    Lo recoge Plinio en Historia Natural, 33, (3) 7

    Dice (Homero) que unos compraron algunas cosas con las pieles de los
    bueyes y otros con hierro y con los cautivos; por esto, aunque el mismo
    era  ya un admirador del oro, hizo la valoración de las cosas en ganado,
    de tal manera que dice que Glauco cambió sus armas de oro de 100 bueyes
    por las armas de Diomedes de nueve bueyes. Consta que de acuerdo
    con esta práctica  en Roma las multas de las leyes antiguas también
    se pagaban  con ganado.

    alios coriis boum, alios ferro captivisque res emptitasse tradit. quare, quamquam ipse iam mirator auri, pecore aestimationes rerum ita fecit, ut C boum arma aurea permutasse Glaucum diceret cum Diomedis armis VIIII boum. ex qua consuetudine multa legum antiquarum pecore constat etiam Romae.

    O en Iliada,XXIII, 705

     El Pelida al momento depositó el tercer grupo de premios
    para la ruda lucha, tras haberlos exhibido ante los dánaos:
    para el vencedor un gran trípode para poner al fuego,
    que en el precio de doce bueyes valoraban los aqueos entre sí:
    y para el vencido puso en el centro una mujer
    diestra en muchas labores, a quien tasaban en cuatro bueyes.

                          

                                 Πηλεΐδης δ᾽ αἶψ᾽ ἄλλα κατὰ τρίτα θῆκεν ἄεθλα
                                 δεικνύμενος Δαναοῖσι παλαισμοσύνης ἀλεγεινῆς,
                                τῶι μὲν νικήσαντι μέγαν τρίποδ᾽ ἐμπυριβήτην,
                                τὸν δὲ δυωδεκάβοιον ἐνὶ σφίσι τῖον Ἀχαιοί·
                                ἀνδρὶ δὲ νικηθέντι γυναῖκ᾽ ἐς μέσσον ἔθηκε,
                                 πολλὰ δ᾽ ἐπίστατο ἔργα, τίον δέ ἑ τεσσαράβοιον.

    (Todavía hoy en algunos pueblos de Oriente y de Africa el precio de la novia se establece en cabezas de ganado, sean vacas, camellos o cualquier otro…)

    La moneda de cambio, tal como hoy la usamos, apareció probablemente en Lidia o en la Grecia asiática en el siglo VII a.C.

    Entre los latinos las reminiscencias de su relación con el ganado  son evidentes. La palabra “pecus, -oris”  significa ganado, rebaño; de pecus deriva pecunia que en principio significa riqueza, fortuna, porque según Festo entonces en el ganado consistía la riqueza; significa  también moneda, dinero sin que sea necesaria explicación ulterior. 

    Curiosamente las primeras monedas en cobre o metal, notable avance en ese momento, eran simples lingotes de metal muy pesados (el de la ilustración medía 24 x 18 cm), a veces con la forma  de una piel de buey , llamados “aes rude  = as bruto, sin acuñar” y luego, tal vez en el siglo V a.C.  acuñado con la figura impresa de un buey o toro (aes signatum). A veces aparece impresa la figura de un carnero o de un cerdo.

    Más tarde  fueron muy frecuentes las monedas en cuyo reverso seguía apareciendo  la figura del buey o toro.

    De pecunia deriva pecuniario, del latín pecuniarius y que significa “perteneciente o relativo al dinero efectivo” según la Real Academia Española.

    Deriva también peculio, de  peculium, que significa, también según la RAE, “Hacienda o caudal que el padre o señor permitía al hijo o siervo para su uso y comercio y luego por extensión  dinero que particularmente tiene cada uno, sea o no hijo de familia”. Su origen está naturalmente en la parte del rebaño que el señor permitía que el esclavo o cuidador del ganado cogiese para su sustento.

    Capital deriva de capitalis y este de caput, capitis, cabeza, que en este contexto económico se refiere, naturalmente, a cabeza de ganado; así que acumular capital quiere decir acumular cabezas de ganado, es decir, dinero.

    capitalis” en latín clásico hace referencia también a las penas o crímenes mortales; con sentido económico encontramos el término latino clásico capitarium, que hace referencia a lo principal de una deuda, de una renta.

    De la palabra  capitalis deriva también caudal  (antes cabdal) que significa, entre otras cosas, “Hacienda, bienes de cualquier especie, y más comúnmente dinero” según el diccionario de la RAE .  Así se usa en la expresión “caja de caudales”.

    La palabra moneda tiene un curioso origen. En la Roma republicana se acuñaba el dinero en una dependencia junto al templo de Juno Moneta. Moneta era uno de los múltiples determinativos  con los que se referían a la diosa Juno, la Hera de los griegos. Moneta significa “la avisadora, la protectora, la que nos cuida, la que nos advierte, la que nos aconseja”.

    El término dinero deriva de denarius,(derivado del  también latin “deni” que significa diez) moneda romana de plata, imitación de las monedas griegas, que se comenzó a acuñar hacia el 269 a.C.  que equivalía a diez monedas de bronce llamadas as, . 

    De “denarius” deriva “dinar”, nombre de la unidad monetaria en numerosos países árabes.

    Al estudio y arte de coleccionar monedas se le llama numismática, palabra que deriva de la latina numisma o nomisma , transcripción latina de  la griega νόμισμα, que significa precisamente “moneda”, relacionada con  νόμος   que significa uso, costumbre, ley.
    Relacionado con este mundillo de la moneda está la palabra ceca, lugar, institución, taller en el que se acuñan las monedas, procede del árabe “dar al-sikka”  ( casa de moneda). 
    En otra ocasión  comentaremos los sistemas monetarios romano y griego.