Categoría: Lengua y Literatura

  • El “texto” como afortunada metáfora

    Pocos estudiantes, cargados en exceso con sus libros de «texto”, sospecharán que la palabra “texto” significa “tejido” y que lo que hacen con esa expresión es seguir utilizando una antigua metáfora.

    La palabra texto procede del latín textus que significa precisamente "tejido", "entramado". Se trata del participio de pasado del verbo “texo, texere” que significa tejer, tramar, entrelazar.

    Significa según la Real Academia Española   un “enunciado o conjunto coherente de enunciados orales o escritos” y un “pasaje citado de una obra escrita u oral”.

    Pues bien, un tejido es el resultado de la acción de urdir o entrelazar un hilo o filamento de lana u otra fibra para construir una estructura estable y sólida. De manera semejante urdir o entrelazar sonidos constituye “palabras” y urdir o entrelazar palabras en conjuntos coherentes constituye estructuras de significación. En ambos casos se trata de un proceso de  “construcción” a partir de determinados elementos.

    Por tanto “texto”  como discurso o enunciado oral o escrito es una metáfora basada, como todas las metáforas, en la relación de semejanza. Lo que ocurre es que en español y en otras lenguas está tan lejano su origen que la metáfora se ha lexicalizado, se ha convertido en nombre con sentido propio independiente de su origen.

    Es más, al existir el doblete “tejido”/"texto””, uno ha quedado para referirse  al entrelazado de filamentos y el otro al entrelazado de palabras, es decir,  un texto/tejido parlante.

    Es interesante observar cómo la lengua utiliza para crear muchas palabras  este procedimiento de crear una metáfora y luego lexicalizarla o convertirla en un nombre.

    Otra cuestión interesante es observar cómo el campo semántico del “tejido” ha sido muy productivo en la historia de las lenguas y culturas occidentales (también en otras sin duda), hasta el punto de que somos incapaces de concebir todo lo referente al texto oral o escrito de otra manera y con otros términos diferentes. Probablemente ello se debe a la importancia que el “tejer” ha tenido en la historia de la humanidad.

    La tarea del tejer y el invento del tejido es una de las mayores creaciones del ser humano. En su origen parece ser un trabajo especialmente femenino; así es desde luego en la antigüedad, en la que una de las tareas exclusivas de la mujer es “cardar la lana y tejer vestidos”. Recordemos el famoso epitafio de Claudia, que en su momento comentamos en este blog: https://www.antiquitatem.com/lanam-fecit-epitafio-matrona-romana .

    Pero los prejuicios machistas son al menos tan viejos como la propia Antigüedad. Veamos, por ejemplo, lo que dice Lucrecio a propósito del origen del tejer en su De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), V, 1354 y ss.

    Y la Naturaleza empujó a los hombres a preparar la lana
    antes que al género femenino, pues el género de los hombres
    aventaja con mucho en destreza y en general es más hábil,
    hasta que los esforzados labradores lo consideraron un desdoro
    y decidieron dejarlo en las manos de las mujeres
    para que los antes tejedores se sometieran también al duro trabajo
    y endurecieran sus miembros y sus manos en esta tarea tan dura.

    Et facere ante viros lanam natura coegit
    quam muliebre genus (nam longe praestat in arte
    et sollertius est multo genus omne virile),
    agricolae donec vitio vertere severi,
    ut muliebribus id manibus concedere vellent
    atque ipse partier durum sufferer laborem
    atque opere in duro durarent membra manusque.

    Hay quien con innecesaria imaginación ha visto en  los nidos de los pájaros el modelo que las mujeres siguieron para construir las cunas de sus hijos. Pero esto supone enfrentar directamente al hombre con la naturaleza como recién llegado y desconocer el larguísimo proceso evolutivo del homo sapiens.

    En cualquier caso, como decía, el campo semántico del “tejido” ha sido muy productivo a la hora de definir y nombrar conceptos, muchos de ellos referidos al campo de la propia expresión lingüística oral o escrita.

    El uso  de “texto” en el sentido metafórico expresado es muy antiguo. Esa antigüedad ya nos la hace sospechar la palabra griega “rapsoda” (de  ῥαψωδός; de ῥάπτειν, coser, zurcir, arreglar, urdir, componer, tramar, y ᾠδή, canto) que el Diccionario de la RAE define como “Recitador ambulante que en la Grecia antigua cantaba poemas homéricos u otras poesías épicas” y que los diccionarios de griego definen como zurcidor o ajustador de cantos épicos, recitador…”

    El primer texto griego escrito que tenemos en el que aparece  la palabra “texto” con este sentido es el poema atribuido a Simias de Rodas (s.III a.C.) titulado “Huevo”, que es uno de los curiosos  “tecnopaignía” o poemas visuales o caligrama, referenciado en Antología Palatina, XV, 27; en el verso 3 utiliza el término ἄτριον,  atrion, estructura. Aunque en realidad es más frecuente en otros autores griegos el término ὕφος , hýphos, de ὑφάὠ, hyfáo, tejer, urdir, tramar.    

    Luego Dioniso de Halicarnaso (siglo I antes y después de Cristo) se refiere a ello   en su obra   De compositione verborum, 23,3:

    Desde este punto de vista, el estilo se asemeja a las telas finamente tejidas, o dibujos en los que las luces se funden insensiblemente hacia las sombras.

    ἔοικέ τε κατὰ μέρος εὐητρίοις ὕφεσιν ἢ γραφαῖς συνεφθαρμένα τὰ φωτεινὰ τοῖς σκιεροῖς ἐχούσαις.

    Otro ejemplo es el uso que de texto hace Longino, en su obra “De lo sublime” 1,4:

    Además, la soltura en la invención y el orden y organización de la materia vemos que no sale a la luz en un solo lugar o dos, sino, con esfuerzo,  en el tejido (texto) (ὕφους) entero del discurso, y, en cambio, lo sublime , expresado en el momento oportuno en cualquier lugar, traspasa, a modo de un relámpago, todo el contenido y deja al descubierto al instante la entera fuerza del orador. (Traducción de Manuel PérezLópez paa Editorial Dykinson)

    El ejemplo en latín  más interesante es sin duda el que hace Quintiliano precisamente en su obra Institutiones Oratoriae, IX, 4,13

    Pues si hay cierta fuerza oculta en la música y en los ritmos, en el discurso es mucho más fuerte, y así como es importante para el sentido con qué palabras se expresa, lo mismo importa con qué composición se han de unir en el texto y se han de cerrar al final.

    Quod si numeris ac modis inest quaedam tacita vis, in oratione ea vehementissima, quantumque interest sensus idem quibus verbis efferatur, tantum verba eadem qua compositione vel in textu iungantur vel in fine cludantur.

    Y poco después IX, 4,17::

    Tal vez no hayan seguido el mismo estilo que Demóstenes o Platón, aunque estos mismos fueron entre sí muy distintos. Pues no debía corromperse en Lisias aquel entramado de expresión suave y liso con otros versos más ampulosos, porque hubiese perdido la gracia, que en él es lo más importante, de su colorido simple y nada afectado y también hubiese perdido la credibilidad.

    Genus fortasse sint secuti non idem quod Demosthenes aut Plato, quamquam et hi ipsi inter se dissimiles fuerunt. Nam neque illud in Lysia dicendi textum tenue atque rasum laetioribus numeris corrumpendum erat: perdidisset enim gratiam, quae in eo maxima est, simplicis atque inadfectati coloris, perdidisset fidem quoque.

    Cito también algunos pasajes de Amiano Marcelino en sus Historiae, 15,7,6:

    Durante la administración de Leoncio, un sacerdote de la religión Cristiana, Liberio, fue llevado por orden de Constantino ante el consejo como objetor a las órdenes del emperador y de muchos de sus jefes en un asunto que comentaré con un breve texto (en pocas palabras, brevemente)

    Hoc administrante Leontio Liberius Christianae legis antistes a Constantio ad comitatum mitti praeceptus est tamquam imperatoriis iussis et plurimorum sui consortium decretis obsistens in re, quam brevi textu percurram.

    15,8,1 Estas cosas ocurrían en Roma, como pone de manifiesto el texto anterior.

    Et haec quidem Romae, ut ostendit textus superior, agebantur.

    27,12,11 Conocido el curso de los acontecimientos, Sapor, enfurecido más allá de lo humano, reunidas mayores tropas, devastaba Armenia con un abierto pillaje.

    Hoc conperto textu gestorum Sapor ultra hominem efferatus, concitis maioribus copiis Armenias aperta praedatione vastabat.

    A partir de ahí el uso de “textus” en las diversas lenguas europeas acabó lexicalizado hasta la situación actual. Existe en español como texto, en francés texte, en  italiano testo, en inglés text, en alemán text.

    Pero esto ya pasó hace muchísimos siglos con la palabra latina “nihil , que significa “nada”,  y que también es una metáfora relacionada con el mundo del “tejer”, porque procede de  ne-hilum ; ni un hilo, nada. (Otro día comentaré algo tan interesante como la negación, que no es sino la destrucción de la realidad: rem natam;nada, res, rien, ninguno,  nobody, nothing, rien, niente, nessuno…)

    Como decía el campo semántico de tejido ha tenido enorme éxito lingüístico no sólo para generar significados referidos al propio lenguaje oral o escrito sino a otros sectores de la creatividad humana.
    Y sigue teniendo una gran fuerza creativa el tejer, el texto, a pesar de que ya las mujeres no tejen, el tejido no es una actividad doméstica, apenas un entretenimiento residual al menos en el mundo desarrollado.

    Sin ánimo de ser exhaustivo, citaré numerosos ejemplos de términos provenientes del mundo del quehacer textil aplicados metafóricamente al discurso oral o escrito o a otros aspectos de la vida. Me apoyaré fundamentalmente en el Diccionario de la Real Academia Española.

    Texto, que es el que ha dado origen al artículo.

    Compuesto suyo es pretexto, (del lat. praetextus), motivo o causa simulada o aparente que se alega para hacer algo o para excusarse de no haberlo ejecutado.

    También modernamente en relación con el mundo digital se ha acuñado el término hipertexto (de hiper, sobre,más  y texto) , texto que contiene elementos a partir de los cuales se puede acceder a otra información, es un más-texto o super-texto..

    Trama y tramar: Cuando se  tejía, la trama, la urdimbre (conjunto de hilos colocados en paralelo y a lo largo en el telar para pasar por ellos la trama y formar un tejido) o la lanzadera eran realidades bien conocidas. La palabra trama  en la obra textil designa el armazón fijo o base de hilos en la que se entrelaza la urdimbre. En el discurso o texto oral o escrito la “trama” es la estructura del relato sobre la que se urden los detalles. Tramar también puede significar preparar un plan, una intriga con cautela, como urdir.

    Urdir: (del lat. ordīri).  Preparar los hilos en la urdidera para pasarlos al telar./ Maquinar y disponer cautelosamente algo contra alguien, o para la consecución de algún designio.

    Hilo: (Del lat. filum).  Hebra larga y delgada de una materia textil / Continuación o serie del discurso.

    Hilo de la vida, la vida pende de un hilo,  hilo de la muerte, hilo argumental,  al hilo de…, coger el hilo, perder el hilo, retomar el hilo,  seguir el hilo,  tirar del hilo, por el hilo se saca el ovillo, cortar el hilo (del discurso), no hila (desvaría), manejar los hilos, no da puntada sin hilo, al filo (hilo) de…, mantener el hilo,  pender de un hilo

    Retahíla: (De recta e hila). Serie de muchas cosas que están, suceden o se mencionan por su orden. Es decir, un hilo recto, o una fila o hilada,  o una serie de objetos o de expresiones

    Hilar: Reducir a hilo el lino, cáñamo, lana, seda, algodón / Discurrir, trazar o inferir de otras; hilar fino.
    Dímelo hilando

    Hilvanar:  Unir con hilvanes lo que se ha de coser después / Dicho de una persona que habla o escribe: Enlazar o coordinar ideas, frases o palabras,  a veces con precipitación.

    Enmarañar: Enredar, revolver algo/ Confundir, enredar un asunto haciendo más difícil. Curiosamente relacionado con la tela de la araña.

    Devanar: (del lat. depanāre, de panus, ovillo).  Ir dando vueltas sucesivas a un hilo, alrededor de un eje, carrete, etc.etc./  desenvolver la trama de un asunto.

    Devanar la madeja, devanarse los sesos (intentar hacer memoria)

    Desenvolver: Extender lo enrollado./  Descifrar, descubrir o aclarar algo que estaba oscuro o enredado.

    Cabo:  (del lat. caput, cabeza). Cada uno de los extremos de las cosas;  Extremo o parte pequeña que queda de algo. Cabo de hilo, de vela./  En algunos oficios, hilo o hebra.

    Tirar del cabo…, de cabo a rabo, atar cabos, dejar cabos sueltos

    Explicar: (Del lat. explicāre y este a su vez de ex y plicare= desenvolver, extender,desplegar).  Declarar, manifestar, dar a conocer lo que alguien piensa.  Declarar o exponer cualquier materia, doctrina o texto difícil, con palabras muy claras para hacerlos más perceptibles.  Enseñar en la cátedra.  Justificar, exculpar palabras o acciones, declarando que no hubo en ellas intención de agravio. Dar a conocer la causa o motivo de algo.

    Rollo:  (del lat. rotŭlus, cilindro). Materia que toma forma cilíndrica por rodar o dar vueltas./ Porción de tejido, papel, etc., que se tiene enrollada en forma cilíndrica/ Persona o cosa que resulta aburrida, pesada o fastidiosa./ Papiro u otro material laminado que, enrollado, constituía el libro en la Antigüedad.

    desarrollar, enrrollarse, vaya rollo

    Enrollar:  Prender con red.; Tender las redes o armarlas para cazar./ Enlazar, entretejer, enmarañar algo con otra cosa./  Meter discordia o cizaña.; Entretener, hacer perder el tiempo.

    Liar: . (Del lat. ligāre).  Atar y asegurar los fardos y cargas con lías./ Engañar a alguien, envolverlo en un compromiso,  frecuentemente con palabras.

    Enredo:. Complicación y maraña que resulta de trabarse entre sí desordenadamente los hilos u otras cosas flexibles; Engaño, mentira que ocasiona disturbios, disensiones y pleitos; Complicación difícil de salvar o remediar en algún suceso o lance de la vida./  Confusión de ideas, falta de claridad en ellas/En los poemas épico y dramático y en la novela, conjunto de los sucesos, enlazados unos con otros, que preceden a la catástrofe o al desenlace.

    Tela: (Del lat. tela). Obra hecha de muchos hilos, que, entrecruzados alternativa y regularmente en toda su longitud, forman como una lámina. Se usa especialmente hablando de la obra tejida en el telar./ Enredo, maraña o embuste./  Asunto o materia.

    Tienen mucha tela que cortar; Ya tienen tela para un buen rato./ dinero/ mucho

    Bordar: (Quizá del germano. *brŭzdan, influido  por borde1).  Adornar con bordaduras una tela u otra materia. Bordar un mantel. /y también bordar un discurso.

    bordar el discurso

    Hebra: (Del lat. fibra).  Porción de hilo, estambre, seda u otra materia hilada, que para coser algo suele meterse por el ojo de una aguja./ Hilo del discurso,

    pega la hebra

    Alfiler, (Del ant. alfilel, este del ár. hisp. alẖilál, y este del ár. clás. ẖilāl), clavo metálico muy fino.

    lo lleva todo con alfileres, tener la lengua afilada

    Nudo: (del lat. nudus, por nodus). Lazo que se estrecha y cierra de modo que con dificultad se pueda soltar por sí solo, y que cuanto más se tira de cualquiera de los dos cabos, más se aprieta./ En los árboles y plantas, parte del tronco por la cual salen las ramas, y en estas, parte por donde arrojan los vástagos. Tiene por lo regular forma redondeada./ En diversos géneros literarios, enlace o trabazón de los sucesos que preceden al desenlace.

    Se hace un nudo,

    Desenlazar: Desatar los lazos, desasir y soltar lo que está atado con ellos./  Resolver la trama de una obra dramática, narrativa o cinematográfica, hasta llegar a su final.

    El resumen o colofón de todo lo relatado se puede sintetizar en la frase “Trama, nudo y desenlace”, tres términos del mundo textil con los que explicamos la estructura o esqueleto de una novela, de una obra literaria.

    Desde otro punto de vista, el tejer y el destejer ha generado importantes mitos y leyendas desde la Antigüedad, la más conocida la de Penélope, pero también Ariadna, Filomela, las Parcas.

    Ariadna proporcionó a Teseo, del que se enamoró locamente,  el ovillo de hilo que estaba tejiendo con el que pudo salir del Laberinto de Creta después de haber acabado con el Minotauro. Huyó con Teseo de su propia patria, pero fue abandonada por éste.

    El mito de Filomela nos lo cuenta Ovidio en Metamorfosis, 6, 424 y ss.: En una visita que Filomela hace a su hermana, es violada por su cuñado Tereo, que le corta la lengua para que no pueda contar el crimen. Filomela teje el hecho en un tapiz. Enterada su hermana Procne, preparan una terrible venganza: matan al hijo de Tereo, lo cocinan y se lo sirven a su padre. Los dioses misericordiosos convierten a Procne en golondrina y a Filomela en ruiseñor para que puedan escapar de la ira de Tereo.

    Penélope es la esposa de Odiseo Ulises cuyo regreso espera fielmente. Entretiene a sus pretendientes tejiendo por el día y destejiendo por la noche un tapiz, porque se comprometió a aceptar a uno de los pretendientes cuando la obra estuviera finalizada.

    Las Parcas o Moiras son las diosas del destino de los hombres. Hesiodo les llama las “hilanderas del destino” que tejen con sus ruecas y husos. Cloto maneja la rueca, Láquesis gira el huso con el hilo, Átropos corta con sus tijeras el hilo cuando le place.

    De las Parcas dice Catulo  en su poema número 64 v. 310:

    Sus manos cumplían su tarea eterna como un rito

    Aeternumque manus carpebant rite laborem

    Y poco después, a partir del verso 327 repite hasta doce veces:

    Girad, husos, girad arrastrando los hilos (del destino)

    Currite ducentes subtegmina, currite, fusi
     

  • ¿Fue Pericles keynesiano?

    Los majestuosos edificios de la Acrópolis de Atenas, que tanta admiración han causado desde la propia Antigüedad hasta hoy, fueron construidos por atenienses en paro. El embellecimiento de Atenas se atribuye a Pericles y se citan a los grandes artistas como Ictinos, Calicrates, Fidias…

    Ciertamente  aquel grandioso programa de construcciones públicas se debió al genio político y estratégico de Pericles, pero pocos saben que fue posible porque Pericles decidió dar trabajo y ocupación a los ciudadanos atenienses que malvivían. Pericles decidió, en lo que hoy consideraríamos una política económica  "keynesiana", “socialdemócrata”, dinamizar la economía y repartir riqueza aumentando la obra pública.

    “…era muy justo que su opulencia se emplease en tales obras, que, después de hechas, le adquirieran una gloria eterna, y que dieran de comer a todos mientras se hacían, proporcionando toda especie de trabajo y una infinidad de ocupaciones,…”

    Pericles, aunque de origen aristocrático, lideró al partido demócrata, al partido del pueblo. Todo ello nos lo cuenta Plutarco al narrar su vida y como si de una crónica actual se tratase, nos enteramos de que el partido aristocrático de Cimón y Tucídides (no el historiador) acusa a Pericles de intentar ganarse la voluntad del pueblo con dádivas y regalos y en definitiva malgastando el dinero público.

    “…Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas…”

    ¡Qué moderno resulta todo esto, verdad! ¡Y qué inquietante que 2.400 años después se sigan criticando planes de mísero empleo en zonas especialmente desprotegidas con el mismo argumento: malgastar el dinero público para ganar voluntades!

    Y si Pericles no hubiera puesto en marcha su programa de lucha contra el paro, ¿existiría el Partenón,  grandioso “templo de la virgen”, que eso es lo que significa la palabra, derivada de la griega  Παρθένος, “parthenos”,  virgen,? ¿Y se hubiera construido el Odeón,  del griego Ωδείον y del latín odeum, ὠδεῖον ("odeión", lugar de canto) y este de ἀείδω ("aeido", cantar), de ᾠδή ("odé", oda, cancion), edificio para conciertos de música? ¿Y los Propileos o pórticos, de προπύλαια, de  προ “pro” y πύλιον “pylaion” — Προπυλαιον = “delante de la puerta”?  ¿Y existirían las famosas estatuas de Zeus, Venus, Atenea… mil veces copiadas y repicadas hasta llenar los museos de la culta Europa y los salones de los ricos aristócratas, ?

    Pero será mejor leer directa y extensamente el texto de Plutarco, tan actual y tan evidente que evita todo comentario, en la buena traducción que a principio del siglo XIC hizo Antonio Ranz Romanillos, nacido en Barcones (Soria) en 1759  y estudiante en Sigüenza, de interesante vida política, afrancesado y también redactor de la Constitución de Cadiz:

    Plutarco: Vida de Pericles,
    IX:
    …y otros muchos han escrito que bajo él (Pericles) fue por la primera vez seducida la plebe con repartimientos y con pagarle los espectáculos y darle jornal; con las cuales disposiciones se la acostumbró mal, y se hizo pródiga e indócil, de templada y laboriosa que antes era;…

    Con las dádivas, pues, para los teatros y para los juicios, y con otros premios y diversiones, corrompió a la muchedumbre, y se valió de su poder contra el Areópago, en el que no tenía parte…

    XII
    Lo que mayor placer y ornato produjo a Atenas, y más dinero dio que admirar a todos los demás hombres, fue el aparato de las obras públicas, siendo este sólo el que aún atestigua que la Grecia no usurpó la fama de su poder y opulencia antigua. Y, no obstante, esta disposición era, entre las de Pericles, de las que más murmuraban sus enemigos y la que más calumniaban en las juntas públicas, gritando que el pueblo perdía su crédito y era difamado, porque se traía de Delos a Atenas los caudales públicos de los griegos…

    … y puesto que la ciudad proveía abundantemente de lo necesario para la guerra, era muy justo que su opulencia se emplease en tales obras, que, después de hechas, le adquirieran una gloria eterna, y que dieran de comer a todos mientras se hacían, proporcionando toda especie de trabajo y una infinidad de ocupaciones, las cuales, despertando todas las artes, y poniendo en movimiento todas las manos, asalariaran, digámoslo así, toda la ciudad, que a un mismo tiempo se embellecería y se mantendría a sí misma.  Porque los de buena edad y robustos tomaban en los ejércitos del público erario lo que para pasarlo bien habían de menester, y respecto de la demás muchedumbre ruda y jornalera, no queriendo que dejasen de participar de aquellos fondos, ni que los percibiese descansada y ociosa, introdujo con ardor en el pueblo gran diferencia de trabajos y obras, que hubiesen de emplear muchas artes y consumir mucho tiempo, para que no menos que los que navegaban, o militaban, o estaban en guarnición, tuvieran motivo los que quedaban en casa de participar y recibir auxilio de los caudales públicos.  Porque siendo la materia prima piedra, bronce, marfil, oro, ébano, ciprés, trabajaban en ella y le daban forma los arquitectos, vaciadores, latoneros, canteros, tintoreros, orfebres, pulimentadores de marfil, pintores, bordadores y torneros; además en proveer de estas cosas y portearlas entendían los comerciantes y marineros en el mar, y en tierra, los carreteros, alquiladores, arrieros, cordeleros, lineros, tejedores, constructores de caminos y mineros; como cada arte, a la manera que cada general su ejército, tenía de la plebe su propia muchedumbre subordinada, viniendo a ser como el instrumento y cuerpo de su peculiar ministerio, a toda edad y naturaleza, para decirlo así, repartían y distribuían las ocupaciones, el bienestar y la abundancia.

    XIII
    Adelantábanse, pues, unas obras insignes en grandeza, e inimitables en su belleza y elegancia, contendiendo los artífices por excederse y aventajarse en el primor y maestría;  y con todo lo más admirable en ellas era la prontitud; porque cuando de cada una pensaban que apenas bastarían algunas edades y generaciones para que difícilmente se viese acabada, todas alcanzaron en el vigor de un solo gobierno su fin y perfección.

    Por lo mismo era mayor la admiración de que, siendo las obras de Pericles de durar largo tiempo, en tan breve se hubiesen concluido; porque cada una de ellas en la belleza al punto fue como antigua, y en la solidez, todavía es reciente y nueva:¡tanto brilla en ellas un cierto lustre que conserva su aspecto intacto por el tiempo, como si las tales obras tuviesen un aliento siempre floreciente y un espíritu exento de vejez. Todas las dirigía y de todas con Pericles era superintendente Fidias, sin embargo de que las ejecutaban los mejores arquitectos y artistas;  porque el Partenón, que era de cien pies, lo edificaron Calícrates e Ictino; el purificatorio de Eleusis empezó a construirlo Corebo…

    Los soportales (propíleos) del alcázar o ciudadela se hicieron en cinco años, siendo el arquitecto Mnesicleo
    ….
    Fidias hizo además la estatua de oro de la diosa, y en la base se lee la inscripción que le designa autor de ella.

    Nos cuenta también Plutarco cómo se propalaron todo tipo de calumnias y falsedades sobre Pericles y su familia, que en otro momento tal vez yo comente, y se lamenta de lo difícil que es encontrar la verdad. Nos dice en este mismo capítulo XIII al respecto:

    ¡Tan grande es el trabajo que le cuesta a la historia descubrir la verdad! Pues para los que vienen más tarde, el tiempo pasado se interpone, y roba el conocimiento de los hechos; y las relaciones contemporáneas de las vidas y acciones, o bien por envidia, o bien por lisonja y adulación, corrompen y desfiguran la verdad.

    Y continúa Plutarco al principio del capítulo XIV:

    Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas…

    Y así acabo yo esta larga cita referida a un dirigente ateniense  que vivió entre los años 495 a.C. y 429., es decir hace casi 2.500 años, en la primera democracia del mundo, de efímera existencia, es verdad, porque inmediatamente hubo de sufrir los ataques de la aristocracia y de los dictadores dueños de ejércitos; pero que estableció el objetivo y ejemplo a conseguir para muchos hombres  durante dos milenios, prácticamente hasta nuestros tiempos.  

    Pues bien, como Pericles no pudo conocer a Keynes, podemos preguntarnos si Keynes había leído a Plutarco y su vida de Pericles.  No conozco con suficiente detalle la biografía de Keynes, pero es muy probable que conociera este texto de Plutarco, dado que estudió en el colegio de Eton y luego en el King´s College de Cambridge a donde acudió para estudiar precisamente matemáticas y a los “clásicos”; en estos centros es esencial el conocimiento de los clásicos. Keynes además es un economista muy interesado por cuestiones filosóficas y su aportación en este campo, menos conocida, no deja de ser importante.

    Confirma esta lectura Gilles Dostaler, Professor of Economics,en las  Universidades de Quebec y  Montreal, que escribió la obra "Keynes and His Battles”. El capítulo 9, titulado “Art: Theoretician, Consumer and Patron of the Arts”,  lo dedica a algunas reflexiones filosóficas sobre la naturaleza de la belleza y ofrece  la visión de Pericles de una civilización en la que el arte es valorado por su propio bien y no como un instrumento.

    El famoso economista Stuart Mill, ciertamente ochenta años  anterior pero que influyó decisivamente en la concepción ética y moral de Keynes, comenzó a estudiar griego a los tres años y leyó a los griegos, entre ellos Plutarco, en griego.

    En todo caso, el texto es de un interés extraordinario, por su semejanza con los tiempos actuales, aunque sean grande también la diferencias: ahora no estamos construyendo ni partenones, ni odeones ni propíleos…
     

  • Más que poetas, plagiarios caraduras

    El plagio y el robo de creaciones artísticas, intelectuales, etc. es muy antiguo y a veces difícil de detectar. Hoy sin duda es mucho mayor dada la enorme producción intelectual y la capacidad de los modernos instrumentos informáticos que han reducido el trabajo de la copia y plagio al “copia y pega” de los procesadores de textos. Claro que estos modernos instrumentos también son eficaces para detectar y localizar al plagiador.

    Así se descubren a veces plagios notables; en los últimos meses hemos asistido a la obligada renuncia de algunas personalidades políticas al descubrirse que las tesis doctorales con las que avalaban su formación no eran sino un simple robo del trabajo y el esfuerzo de otros.

    Tampoco son infrecuentes hoy día las polémicas generadas por algunas obras de autores famosos que recuerdan excesivamente a otras o la concesión de premios literarios sin excesivo rigor.

    Pues bien, Vitruvio nos cuenta el caso de un certamen poético en la famosa Biblioteca de Alejandría en la que un experto bibliotecario, Aristófanes de Bizancio, conocedor de los fondos de la biblioteca y su colocación en los estantes, descubre el plagio de un poeta desaprensivo que pretendía pasar como original lo que no era sino copia de una de las obras colocadas en su estantería. Esto sólo fue posible, además de por la extraordinaria mente de Aristófanes, también por la perfecta organización y ordenación de la Biblioteca de Alejandría.

    Para mejor comprensión del texto reproduciré íntegros tres párrafos del Prefacio del libro VII de su obra De Architectura.

    Vitruvio, VII, pref. 4-7

    Los reyes Atálicos (de la casa de Atalo), inducidos por el gran placer de la literatura, crearon en Pérgamo una excelente biblioteca para el disfrute de sus ciudadanos. Asimismo al mismo tiempo Ptolomeo animado del mismo celo infinito y deseo de placer se lanzó a llevar a cabo la misma empresa con no menor esfuerzo en Alejandría. Aunque lo hizo con la mayor diligencia, creyó que aquello no era suficiente si no se preocupaba de aumentar su obra sembrando la semilla de la propagación. Por eso creó unos concursos dedicados a las Musas y a Apolo, a semejanza de los juegos deportivos, y estableció unos premios y honores para los vencedores de las diversas obras escritas.
    Una vez, pues, organizados, llegado el momento de celebrarlos, había que elegir a los jueces literarios que juzgaran las obras. El rey había elegido ya a seis personas de la ciudad, pero no encontraba tan fácilmente a un séptimo que fuese adecuado. Se dirigió entonces a quienes estaban al frente de la biblioteca y les preguntó si conocían a alguien preparado para aquella función. Le dijeron entonces que había un tal Aristófanes que todos los días leía con gran afición y extraordinaria dedicación todos los libros según su orden. Así en la sesión del concurso, una vez que se habían reservado los asientos para los jueces, Aristófanes, convocado con los demás, se sentó en el lugar que le había sido asignado.
    Una vez se hubo comenzado en primer lugar con los poetas y recitaron sus escritos, el pueblo entero advertía a los jueces con su aplauso lo que debían aprobar. Y así cuando se les preguntó la opinión a cada uno,  seis coincidieron en dar el premio al que observaron que más había complacido a la multitud y el segundo al siguiente. Pero Aristófanes, cuando se le pidió su veredicto, ordenó que  fuera proclamado primero el que menos había agradado al pueblo.

    Como quiera que el rey y todos los demás manifestaran su indignación, se levantó y rogó que se le permitiera hablar.  Y así, se hizo silencio y declaró que solo uno de aquellos era poeta, los otros habían recitado poemas ajenos; que lo adecuado era que los jueces no dieran su aprobación a un robo sino a la obra original.  Mientras el  pueblo estaba admirado y el rey dubitativo,  confiado en su memoria  extrajo de determinadas estanterías un buen número de volúmenes  y comparándolos  con lo que habían recitado les obligó a los propios ladrones a confesar su plagio. Y así el rey ordenó que se les acusara de robo y los expulsó condenados con toda ignominia. En cambio a Aristófanes lo honró  con magníficos regalos y lo puso al frente de la biblioteca.

    Reges Attalici magnis philologiae dulcedinibus inducti cum egregiam bybliothecam Pergami ad communem delectationem instituissent, tunc item Ptolomaeus infinito zelo cupiditatisque incitatus studio non minoribus industriis ad eundem modum contenderat Alexandriae comparare. cum autem summa diligentia perfecisset, non putavit id satis esse, nisi propagationibus inseminando curaret augendam. itaque Musis et Apollini ludos dedicavit et, quemadmodum athletarum, sic communium scriptorum victoribus praemia et honores constituit.
    His ita institutis, cum ludi adessent, iudices litterati, qui ea probarent, erant legendi. rex, cum iam sex civitatis lectos habuisset nec tam cito septumum idoneum inveniret, retulit ad eos, qui supra bybliothecam fuerunt, et quaesiit, si quem novissent ad id expeditum. tunc ei dixerunt esse quendam Aristophanen, qui summo studio summaque diligentia cotidie omnes libros ex ordine perlegeret. itaque conventu ludorum, cum secretae sedes iudicibus essent distributae, cum ceteris Aristophanes citatus, quemadmodum fuerat locus ei designatus, sedit.
    Primo poetarum ordine ad certationem inducto cum recitarentur scripta, populus cunctus significando monebat iudices, quod probarent. itaque, cum ab singulis sententiae sunt rogatae, sex una dixerunt et, quem maxime animadverterunt multitudini placuisse, ei primum praemium, insequenti secundum tribuerunt. Aristophanes vero, cum ab eo sententia rogaretur, eum primum renuntiari iussit, qui minime populo placuisset.
    Cum autem rex et universi vehementer indignarentur, surrexit et rogando impetravit, ut paterentur se dicere. itaque silentio facto docuit unum ex his eum esse poetam, ceteros aliena recitavisse; oportere autem iudicantes non furta sed scripta probare. admirante populo et rege dubitante, fretus memoriae certis armariis infinita volumina eduxit et ea cum recitatis conferendo coegit ipsos furatos de se confiteri. itaque rex iussit cum his agi furti condemnatosque cum ignominia dimisit, Aristophanen vero amplissimis muneribus ornavit et supra bybliothecam constituit.

     

  • Cayo Graco: sólo el interés mueve al orador político

    Aulo Gelio, en el libro XI, capítulo 9, de sus Noches Áticas, nos relata cómo el famoso orador griego Demóstenes se deja comprar por una buena cantidad de dinero para no pronunciar un discurso en contra del macedonio Harpalo. En el capítulo siguiente en el 10, nos da otra versión atribuida ahora a un discurso de Cayo Graco. Pero el interés de este texto va más allá de la diferente atribución, porque en él Graco nos descubre con toda crudeza cómo los oradores políticos y los abogados buscan sobre todo el lucro y el beneficio.

    Dice el texto:

    Que C. Graco en un discurso suyo atribuyó la historia anteriormente escrita al orador Demades y no a Demóstenes; se citan las palabras del propio C.Graco.

    Lo que en el capítulo anterior dijimos que había sido escrito por Critolao sobre Demóstenes, Cayo Graco  se lo atribuyó con estas palabras a Demades en el discurso contra la ley Aufeya:

    "Si vosotros, ciudadanos, quisierais usar de vuestra sabiduría y honradez, aunque lo buscaseis, encontraríais que ninguno de nosotros sale aquí si no es por un precio. Todos nosotros, que tomamos la palabra, algo buscamos y ninguno se presenta ante vosotros por ningún otro motivo que el de sacar algún beneficio. Yo mismo, que os estoy hablando para que aumentéis vuestra ganancia  para que podáis administrar más fácilmente vuestros bienes y la república, no he salido gratis, aunque no pido de vosotros dinero sino buena consideración y honor. 

    Quienes salen aquí  para disuadiros de que aprobéis esta ley, no buscan vuestro reconocimiento  sino el dinero de Nicomedes;  quienes os aconsejan que la aprobéis, éstos tampoco buscan de vosotros  el reconocimiento sino el precio y el premio de Mitrídates para su patrimonio familiar; y quienes desde el mismo lugar y orden social se callan, estos son los peores, pues reciben recompensas de todos y a todos engañan. Vosotros, si consideráis que se apartan de estas cosas, les prestáis buena consideración; así pues, los embajadores de los reyes, considerando que permanecen callados a favor de su causa, les ofrecen las mayores recompensas y dineros, como asimismo ocurrió en tierra griega,  en la ocasión en que un actor de tragedias  consideraba motivo de honra que se le hubiera entregado un talento por una sola obra de teatro, y se dice que Demades, el más elocuente de su ciudad, le respondió: “  ¿Te parece maravilloso que hayas recibido un talento por hablar? Yo, por estar callador, recibí diez talentos del rey”. Del mismo modo ahora esos individuos reciben  los mayores pagos por callar”.

    Quod C. Gracchus in oratione sua historiam supra scriptam Demadi rhetori, non Demostheni, adtribuit; verbaque ipsius C. Gracchi relata.
    Quod in capite superiore a Critolao scriptum esse diximus super Demosthene, id C. Gracchus in oratione, qua legem  Aufeiam dissuasit, in Demaden contulit verbis hisce:  "Nam vos, Quirites, si velitis sapientia atque virtute uti, etsi quaeritis, neminem nostrum invenietis sine pretio huc prodire. Omnes nos, qui verba facimus, aliquid petimus, neque ullius rei causa quisquam ad vos prodit, nisi ut aliquid auferat. Ego ipse, qui aput vos verba facio, uti vectigalia vestra augeatis, quo facilius vestra commoda et rempublicam administrare possitis, non gratis prodeo; verum peto a vobis non pecuniam, sed bonam existimationem atque honorem. Qui prodeunt dissuasuri, ne hanc legem accipiatis, petunt non honorem a vobis, verum a Nicomede pecuniam; qui suadent, ut accipiatis, hi quoque petunt non a vobis bonam existimationem, verum a Mithridate rei familiari suae pretium et praemium; qui autem ex eodem loco atque ordine tacent, hi vel acerrimi sunt; nam ab omnibus pretium accipiunt et omnis fallunt.  Vos, cum putatis eos ab his rebus remotos esse, inpertitis bonam existimationem;  legationes autem a regibus, cum putant eos sua causa reticere, sumptus atque pecunias maximas praebent, item uti in terra Graecia, quo in tempore tragoedus gloriae sibi ducebat talentum magnum ob unam fabulam datum esse, homo eloquentissimus civitatis suae Demades ei respondisse dicitur: "Mirum tibi videtur, si tu loquendo talentum quaesisti? ego, ut tacerem, decem talenta a rege accepi". Item nunc isti pretia maxima ob tacendum accipiunt".

    Este Demades es un orador, contemporáneo de Demóstenes, que se muestra favorable a los macedonios Filipo y luego Alejandro, su hijo y su política de expansión por Grecia.  Véase el artículo …. En el que se cuenta la misma anécdota, si bien aplicada a Demóstenes. https://www.antiquitatem.com/corrupcion-politica-demostenes-filipicas

    Una consideración sobre la Ley Aufeia a la que se refiere el discurso de Graco expone bien a las claras cuál es el ambiente general de corrupción en la adjudicación de servicios públicos en el momento en el que Roma se está extendiendo por todo el Mediterráneo de forma imparable.

    Los filólogos como H. Hill consideran que el término “Aufeia” es un término corrupto y que en realidad se refiere a la Lex Aquilia, que debe su nombre a Manio Aquilio, cónsul en el año 129 a.C.  Pero lo pertinente de la cita es que este Aquilio fue procónsul de Asia y en calidad de tal adjudicó la recaudación de los impuestos de las provincias de Asia; en concreto adjudicó  al rey del Ponto Mitrídates V los impuestos del reino de la Gran Frigia, según se decía, a cambio de un fuerte soborno. Se le acusó ante el tribunal “de repetundis”.  La “Lex de pecuniis repetundis”, “ley de reclamación de dineros indebidamente percibidos”, actuaba contra las concusiones (exacción arbitraria hecha por un funcionario público en provecho propio) y  cohechos (delito de sobornar a un juez o a un funcionario o de  aceptación del soborno). 

    Aquilio fue absuelto con gran escándalo. Como consecuencia, el tribuno Cayo Sempronio Graco, que buscaba recursos para sus reformas agrarias, promulgó la “Lex Sempronia de provincia Asia”  para que los recursos de Asia fueran subastados y arrendados a los “publicanos” en la propia Roma y por los censores, como garantía contra los abusos de los gobernadores.

    En fin, esto de la adjudicación de “obras públicas” a quien paga una buena comisión parece un asunto extraído de la prensa de hoy mismo; lo de la absolución del corrupto también.

    Como detalle curioso diremos que la palabra “concusión”  deriva del verbo latino “concutere” que significa sacudir, mover, golpear; parece estar tomada de la práctica de “sacudir o mover el árbol para recoger los frutos que caen”  y en verdad que parece adecuado el origen porque eso es lo que hacían generalmente los gobernadores y funcionarios romanos de las provincias, agitarlas y golpearlas hasta recoger de ellas todo el fruto.

    Ya el propio nombre de “provincia” es suficientemente expresivo: “territorio para vencer”, dominar y expoliar, aplicando implacablemente el significado de otra expresiva frase latina: “vae victis” “¡ay de los vencidos!”, frase cuyo interesante origen comentaremos en otro momento.
     

  • Un caso famoso de corrupción política en Atenas

    Si algo planea de manera insufrible sobre la vida política española es la corrupción. En realidad parece inherente a la condición de muchas personas y su sed insaciable de dinero. Por eso existe en todos los países, dependiendo su intensidad de la fuerza de la democracia y de la existencia de controles adecuados. Tampoco es exclusiva de nuestra época, sino de todos los tiempos.

    Por supuesto, existió la corrupción política en Grecia y en Roma y se legisló contra ella, sin mucho éxito, por supuesto. Ni siquiera dejó de existir en la “democracia recién inventada”,  de la que se sintieron tan orgullosos los atenienses.

    Aulo  Gelio, en sus Noctes Atticae, en el libro, XI, 9 nos ofrece un famoso ejemplo de corrupción  adjudicado al gran Demóstenes, el duro nacionalista ateniense que se opuso al avance de Filipo, el rey de Macedonia padre de Alejandro, con sus famosos y duros discursos que precisamente se llaman “Filípicas”.

    Nota: Precisamente este es el origen del término “filípica” significando, según la Real Academia, “invectiva, censura acre”

    Demóstenes, que fue siempre coherente en la defensa de Atenas frente al macedonio, cedió a veces en su labor como abogado al mejor pagador.  De él, pues, dice Aulo Gelio en Noches Áticas, XI,9:

    Historia sobre los embajadores de Mileto y el orador Demóstenes, que se encuentra en los libros de Critolao.

    Critolao escribió que llegaron a Atenas unos embajadores de Mileto por un asunto de estado, se diría que  para pedir ayuda. Entonces los abogados, que pareció que habían llamado para hablar en su favor, hablaron. como se les había ordenado, ante el pueblo a favor de los Milesios; Demóstenes respondió con dureza a las peticiones de los milesio, planteando que ni los milesios eran dignos de ayuda ni aquello fuese una cuestión de estado. El asunto se pospuso para el día siguiente. Los embajadores acudieron a casa de Demóstenes y le rogaron con gran insistencia que no hablase en contra; él (Demóstenes) les pidió dinero y recibió cuanto había pedido. Al día siguiente, cuando el asunto comenzó a tratarse de nuevo, Demóstenes se presentó ante el pueblo con el cuello y la garganta tapados con una gran bufanda alrededor y dijo que padecía  de  “anginas” (συνάνγκη,  synanje) y que por eso no podía hablar contra los milesios. Entonces uno del pueblo gritó que de lo que Demóstenes padecía no era de “anginas” (συνάνγκη,  synanje) sino de “argentina” ἀργυράγκη argyranje.*


    * Nota: “argentina”, derivado de “argentum”, plata, de la misma raíz que el griego ἄργυρος , argyros, plata, sobre el que se ha formado ἀργυράγκη; imitando el juego de palabras diríamos que “no padecía de angina sino de platagina”, refiriéndose a la plata o dinero que recibió.

    Historia de legatis Mileti ac Demosthene rhetore in libris Critolai reperta.

    Critolaus scripsit legatos Mileto publicae rei causa venisse Athenas, fortasse an dixerit auxilii petendi gratia. Tum qui pro sese verba facerent, quos visum erat advocavisse, advocatos, uti erat mandatum, verba pro Milesiis ad populum fecisse, Demosthenen Milesiorum postulatis acriter respondisse, neque Milesios auxilio dignos neque ex republica id esse contendisse. Rem in posterum diem prolatam. Legatos ad Demosthenen venisse magnoque opere orasse, uti contra ne diceret; eum pecuniam petivisse et, quantam petiverat, abstulisse. Postridie cum res agi denuo coepta esset, Demosthenen lana multa collum cervicesque circumvolutum ad populum prodisse et dixisse se synanchen pati; eo contra Milesios loqui non quire. Tum e populo unum exclamasse non synanchen, quod Demosthenes pateretur, sed argyranchen esse.

    Inmediatamente después Gelio finaliza el episodio con un párrafo que no hace sino confirmar y subrayar la desvergüenza del famoso Demóstenes y la aparente aceptación de la sociedad ateniense.

    El mismo Demóstenes, como el mismo Critolao cuenta, no ocultó después esto, sino que incluso se lo atribuyó a sí mismo como motivo de honra. Pues cuando preguntó a Aristodemo, actor de teatro, cuánto dinero había recibido por  actuar y Aristodemo le respondió “un talento”, le dijo: “pues yo recibí  más por callar”.

    Ipse etiam Demosthenes, ut idem Critolaus refert, non id postea concelavit, quin gloriae quoque hoc sibi adsignavit. Nam cum interrogasset Aristodemum, actorem fabularum, quantum mercedis, uti ageret, accepisset, et Aristodemus "talentum" respondisset: "at ego plus" inquit "accepi, ut tacerem".

    Plutarco cuenta esta misma anécdota en “Vida de Demóstenes, 25”  referida no a los embajadores de MIleto, sino a Hárpalo, fugitivo de Alejandro; en esta versión el orador habría sido sobornado con una copa de oro y veinte talentos.

    Aunque prácticamente coincidente, reproduzco también la narración de Plutarco, historiador griego que vivió aproximadamente entre el  46 y el  120 de nuestra era.  Su más famosa obra fue “Vidas paralelas”.  En ellas compara al orador griego Demóstenes con el romano Cicerón  y es precisamente en esa vida en la que narra la anécdota a que me refiero:

    Plutarco:Vida de Demóstenes, 25:  (En la buena versión al castellano que Ranz Romanillos (1759-1830) hizo de las “Vidas paralelas” a principios del siglo XIX poco antes de morir)

    De allí a poco vino del Asia a Atenas Harpalo, huyendo de Alejandro, ya porque realmente sus negocios se hallaban en mal estado a causa de su disposición y ya también por temer a éste, que se había hecho terrible a sus amigos. Acogiéndose, pues, al pueblo de Atenas,y poniéndose en sus manos con sus naves y sus bienes, al punto los demás oradores, puestos los ojos en la riqueza, estuvieron de su parte, y persuadían a los atenienses que le admitieran y salvaran a un refugiado; Demóstenes al principio aconsejaba que se hiciera salir a Harpalo, y se guardaran de precipitar a la ciudad en la guerra por un motivo no necesario e injusto, y al cabo de pocos días, habiéndose hecho el registro de los bienes que traía, viéndole Harpalo prendado de una copa de las del rey y que examinaba su hechura y su forma, le dijo que loa sopesara y viera el peso que tenía de oro. Admiróse Demóstenes de su peso y preguntando cuánto valía, sonriéndose Harpalo: “Para ti –le dijo- valdrá veinte talentos. Fue Harpalo muy perspicaz en descubrir en él su ánimo codicioso del oro por su semblante, por la viveza de sus ojos y por el modo de dirigir sus miradas. No pudo, pues, Demóstenes resistir a esta tentación; así, como plaza que admite guarnición, se rindió a Harpalo, y al día siguiente, arropándose muy bien el cuello con lana y con vendas, se presentó así en la junta pública. Decíanle que se levantara y hablase, y él por señas daba a entender que tenía cortada la voz; pero algunos burlones decían con malignidad que aquella noche ha bía sido acometido no de angina, sino de argentina, el orador.” 

    En fin, el propio Gelio, en Noches Áticas, XI, 10, nos da otra versión ligeramente diferente:  en esta ocasión es C. Graco el que atribuye la anécdota al orador Demades y no a Demóstenes. Pero este texto, que tiene un interés añadido para comprender el tema de la corrupción política en la Antigüedad, lo comentaré en un nuevo artículo.
     

  • “No esperes de los amigos lo que puedas hacer tu mismo”. (Ne quid exspectes amicos, quod tute agere possies).

    Hace pocos días un buen amigo de elevada sensibilidad literaria se servía de la frase presuntamente atribuida a Shakespeare “Siempre me siento feliz, ¿ sabes por qué ?
    Porque no espero nada de nadie; esperar siempre duele”. La frase admite dos interpretaciones, una negativa y de desesperanza y otra positiva de autoconfianza, de seguridad en las propias fuerzas y recursos. Mi amigo se decantaba por esta segunda.

    La frase, que aparentemente nada tiene que ver con el Mundo Antiguo,   me suscitó tres reflexiones que quiero compartir.

    La primera se refiere a la paternidad de la citada frase. Decía en la introducción “atribuida”.  No he logrado constatar la autoría shakespiriana; es más rebuscando en español y en inglés coincido con la opinión mejor formada,  de los comentaristas más serios, de que esta frase y el resto de versos que la suelen acompañar, al menos tal cual se cita, no es de Shakespeare.  Pudiera ser un refrito de diversos pasajes e ideas del dramaturgo inglés, pero muy probablemente ni ese es el origen. Como en tantas otras ocasiones, se atribuyen pensamientos y citas a autores famosos para dotarles de un especial prestigio. Esto es tan viejo como la historia de la Literatura y del pensamiento. Estas falsas  citas se replican y multiplican ahora a la velocidad de la luz, que es a la que se mueven los bits de los modernos instrumentos digitales.

    La segunda consideración es que, sea cual sea el origen y el padre de la cita, la frase no carece de interés y puede ser motivo de afortunadas reflexiones. Me recuerda al filósofo griego tardío que probablemente más insistió en la idea de que es en nosotros mismos en quienes debemos confiar para orientar y dar sentido a nuestra vida. Me refiero a Epicteto (55-135), filósofo estoico griego que vivió parte de su vida en Roma como esclavo.  No sabemos que escribiera nada, pero su discípulo Flavio Arriano tomó nota y publicó sus pensamientos en dos obras llamadas Discursos (Διατριβαί, diatribai) y  Enchiridión,  Ἐγχειρίδιον) o 'Manual'.

    Nota: “Enquiridión” deriva del lat. enchiridĭon, y este del gr. ἐγχειρίδιον, manual, a su vez  compuesto de (χείρ) kheír,  ‘mano’; palabra que por cierto encontramos también en  kheirurgía (χειρουργία) ‘operación quirúrgica’, cirujía y cirujano, propiamente el que trabaja con las manos,  y en quiromancia (χειρομαντεία) queiromanteia, o adivinación por las rayas de la mano.

    Es muy aconsejable la lectura de su Enchiridión o Manual, del que  reproduzco, por venir al caso  el número 15:

    Recuerda que debes comportarte en la vida como si fuera un banquete. ¿Te ha llegado un plato? Extiende tu mano y coge de él con moderación. ¿Te pasa de largo? No intentes cogerlo. ¿No te ha llegado todavía? No te lances con deseo hacia él; espera a que esté junto a ti. Actúa igual con los amigos, con tu mujer, con los cargos públicos y las riquezas y serás digno de ser admitido al banquete de los dioses. Y si ni siquiera coges lo que te ofrecen y te contentas con lo necesario para vivir, entonces no sólo serás un convidado de los dioses sino que reinarás igual a ellos. Por obrar así es por lo que Diógenes y Heráclito y algunos otros fueron con justicia llamados hombres divinos, como eran.

    La tercera consideración es que la frase en cuestión me recordaba un pasaje de la curiosa y abigarrada obra de Aulo Gelio titulada Noches Aticas, en el que recoge de Quinto Ennio una fábula del griego Esopo. Reproduzco íntegro el pasaje de Gelio, correspondiente al Libro II, 29

    No carece de utilidad recordar una fábula del frigio Esopo.

    Con todo merecimiento fue considerado un sabio Esopo, el famoso fabulista de Frigia, que ni ordenó ni censuró de manera severa y autoritaria lo que es conveniente advertir y aconsejar, como tienen por costumbre los filósofos, sino que imaginando agradables y atractivas fábulas,  infunde en la mente y en el espíritu de los hombres ideas pensadas para prevenir y ser útiles y además con indudable placer para el oído.

    Así,   ésta  su fábula sobre el nido de un pajarillo advierte elegante y agradablemente que no se ha de poner nunca la esperanza y confianza de las cosas que alguien puede hacer en otro sino en uno mismo.

    Hay –dijo- un pajarillo pequeño que se llama alondra. Habita y nidifica en la mies casi en el momento de la cosecha para alimentar a sus polluelos cuando están emplumando.

    Casualmente esta alondra lo había hecho en una mies ya madura, porque los polluelos todavía no volaban entre los trigos que amarilleaban. Así pues a punto de marchar  ella para buscar alimentos para los polluelos, les advierte que, si ocurría allí alguna novedad o se dijera algo, que tomaran nota para decírselo cuando regresara.

    Luego, el dueño de aquellas mieses llama a su hijo y le dice: “¿no ves que estas mieses ya están maduras y están pidiendo nuestras manos (para segarlas)? Por tanto mañana, tan pronto amanezca, vete a ver a los amigos y pídeles que vengan,  que nos den su ayuda mutua y que nos ayuden con esta mies”.

    Despues de decir esto se marchó. Y cuando volvió la alondra, los pollos temblando y asustados saltaban alrededor y pedían a su madre que se diera prisa inmediatamente y que los llevase a otro lugar: “pues el dueño –decían- ha enviado a pedir a los amigos que al amanecer  vengan y lo sieguen". La madre les ordena que se tranquilicen: “pues si el dueño –les dice- ha encargado la cosecha a los amigos, mañana no se segará la mies y no es necesario que os saque hoy de aquí.

    Al día siguiente –dijo- la madre se va volando en busca de alimento. El dueño aguarda a los que había pedido ayuda. El sol abrasa y no ocurre nada; se pasa el día y ningún amigo acude. Entonces el dueño le dice de nuevo a su hijo: estos amigos, en su mayor parte, son unos holgazanes. ¿Por qué no vamos mejor a nuestros parientes y familiares y les pedimos que acudan mañana temprano para segar?”

    Los polluelos aterrorizados cuentan esto mismo a su madre. Su madre les anima a que también entonces estén sin miedo y sin preocupación; les dice que por lo general no hay parientes y familiares tan generosos que acudan sin dudar a trabajar y obedezcan inmediatamente una petición: “vosotros –les dice- observad sólo si le dice algo de nuevo”.

    Amanecido un nuevo día el ave se marchó a buscar comida. Parientes y familiares pasaron del trabajo que se les había pedido que prestaran. Finalmente pues, el dueño dijo a su hijo: “que a los amigos con los parientes les vaya bien. Con la primera luz traerás dos hoces, una para mí mismo y tú cogerás la otra y mañana segaremos nosotros mismos el trigo con nuestras propias manos”. Cuando la madre oyó de sus polluelos que el dueño había dicho esto, dijo: “es el momento de retirarse y marcharse de aquí; ahora ocurrirá sin la menor duda lo que dijo que iba a ocurrir, pues el  asunto, que es suyo, depende ya  de él mismo y no de otro al que pedir ayuda”.

    Y así la alondra cambió el nido y la mies fue segada por su dueño.

    Esta es ciertamente una fábula de Esopo sobre la, muchas veces, frágil e insegura confianza en los amigos y parientes.

    Pero.¿qué otra cosa aconsejan los libros más sagradosde los filósofos, sino que nos apoyemos sólo en nosotros mismos, y que todas las otras cosas que están fuera de nosotros y de nuestro alcance,  ni las consideremos adecuadas para los nuestros ni para nosotros?

    Q. Ennio compuso en sus sátiras esta fábula de Esopo, de manera sabia y agradable,  en versos de cuatro medidas (de ocho pies).

    Estos son los dos últimos versos, que creo, por Hércules, que merece la pena tener en el corazón y en la memoria:

                                Tendrás siempre colocado ante tus ojos esta máxima:
                                no esperes de los amigos lo que puedas hacer tú mismo”

    Apologus Aesopi Phrygis memoratu non inutilis.
    Aesopus ille e Phrygia fabulator haut inmerito sapiens existimatus est, cum, quae utilia monitu suasuque erant, non severe neque imperiose praecepit et censuit, ut philosophis mos est, sed festivos delectabilesque apologos commentus res salubriter ac prospicienter animadversas in mentes animosque hominum cum audiendi quadam inlecebra induit.  Velut haec eius fabula de aviculae nidulo lepide atque iucunde promonet spem fiduciamque rerum, quas efficere quis possit, haut umquam in alio, set in semetipso habendam.  "Avicula" inquit "est parva, nomen est cassita.  Habitat nidulaturque in segetibus id ferme temporis, ut appetat messis pullis iam iam plumantibus.  Ea cassita in sementes forte congesserat tempestiviores; propterea frumentis flavescentibus pulli etiam tunc involucres erant.  Dum igitur ipsa iret cibum pullis quaesitum, monet eos, ut, si quid ibi rei novae fieret dicereturve, animadverterent idque uti sibi, ubi redisset, nuntiarem.  Dominus postea segetum illarum filium adulescentem vocat et "videsne" inquit "haec ematuruisse et manus iam postulare? idcirco die crastini, ubi primum diluculabit, fac amicos eas et roges, veniant operamque mutuam dent et messim hanc nobis adiuvent."  Haec ubi ille dixit, et discessit. Atque ubi redit cassita, pulli tremibundi, trepiduli circumstrepere orareque matrem, ut iam statim properet inque alium locum sese asportet: "nam dominus" inquiunt "misit, qui amicos roget, uti luce oriente veniant et metant".  Mater iubet eos otioso animo esse: "si enim dominus" inquit "messim ad amicos reicit, crastino seges non metetur neque necessum est, hodie uti vos auferam." Die" inquit "postero mater in pabulum volat. Dominus, quos rogaverat, opperitur. Sol fervit, et fit nihil; it dies, et amici nulli eunt.  Tum ille rursum sum ad filium: "amici isti magnam partem" inquit "cessatores sunt. Quin potius imus et cognatos adfinesque nostros oramus, ut assint creas temperi ad metendum?" Itidem hoc pulli pavefacti matri nuntiant.  Mater hortatur, ut tum quoque sine metu ac sine cura sint; cognatos adfinesque nullos ferme tam esse obsequibiles ait, ut ad laborem capessendum nihil cunctentur et statim dicto oboediant: "vos modo" inquit "advertite, si modo quid denuo dicetur".  Alia luce orta avis in pastum profecta est. Cognati et adfines operam, quam dare rogati sunt, supersederunt.  Ad postremum igitur dominus filio: "valeant" inquit "amici cum propinquis. Afferes primo luci falces duas; unam egomet mihi et tu tibi capies alteram, et frumentum nosmetipsi manibus nostris cras metemus".  Id ubi ex pullis dixisse dominum mater audivit: "tempus" inquit "est cedendi et abeundi; fiet nunc dubio procul, quod futurum dixit. In ipso enim iam vertitur, cuia res est, non in alio, unde petitur".  Atque ita cassita nidum migravit, seges a domino demessa est." Haec quidem est Aesopi fabula de amicorum et propinquorum quorum levi plerumque et inani fiducia.  Sed quid aliud sanctiores libri philosophorum monent, quam ut in nobis tantum ipsis nitamur, alia autem omnia, quae extra nos extraque nostrum animum sunt, neque pro nostris neque pro nobis ducamus?  Hunc Aesopi apologum Q. Ennius in satiris scite admodum et venuste versibus quadratis composuit.  Quorum duo postremi isti sunt, quos habere cordi et memoriae operae pretium esse hercle puto:

    hoc erit tibi argumentum semper in promptu situm:
    ne quid exspectes amicos, quod tute agere possis.

  • Apotegmas, aforismos, adagios, axiomas, sentencias, dichos

    Los griegos fueron quienes decidieron que el saber y los avances del conocimiento debían ser enseñados a los ciudadanos y que estos debían ser educados en ese conocimiento y en el respeto a las leyes. Ciertamente ni los griegos ni los romanos crean un sistema público de enseñanza similar a los modernos, pero sí un sistema de enseñanza con sus diversas etapas.

    En un principio es la propia familia la que educa a los niños en las cuatro letras y números y en el respeto a la religión y a las normas con los ejemplos de los antepasados. Luego, las familias ricas y poderosas encargan a un maestro  o pedagogo, generalmente esclavo, , la educación; los menos pudientes acuden a escuelas , a las que por cierto llaman “ludus”, juego, hasta los 15 años, con el magister, el maestro. Para los jóvenes ricos se organiza a partir del siglo II a.C. una enseñanza secundaria en latín y en griego con el  grammaticus que enseña la literatura sobre todo griega y el  rhetor que enseña elocuencia;  los más afortunados acceden a la enseñanza superior en alguna ciudad griega a partir de los 18 años.

    Pues bien, un elemento importante en la educación del ciudadano, del que de alguna manera debe preocuparse la sociedad, es el conocimiento de los grandes hechos y pensamientos memorables de los antepasados ilustres, la enseñanza por el ejemplo de las personas ilustres.

    Por ejemplo dice Platón en su Protágoras, 325d-326a:

    “Más tarde, cuando ya se le envía a la escuela, se recomienda mucho más al maestro la buena conducta del niño que sus progresos en el conocimiento de las letras o de la cítara; el maestro por su parte, pone en ello el máximo cuidado y, cuando los niños saben sus letras y están en disposición de comprender las palabas escritas, como ocurriera antes con el lenguaje hablado, hace leer a toda la clase, colocada en filas en los bancos, los versos de los grandes poetas y le hace aprender de memoria estas obras llenas de buenos consejos, y también de digresiones, de elogios en que e exaltan los antiguos héroes, para que el niño, movido por la emulación, los imite y aspire a ser semejante a ellos.” (Trad. De Francisco de P. Samaranch para Edit. Aguilar)

    La cita de las hazañas, dichos y hechos de esas personas con intención educativa es constante en los escritos de cualquier autor. Para facilitar el uso de esos dichos que recogen los hechos  o pensamientos se editan selecciones y colecciones de ellos. Esas selecciones se han sucedido sin interrupción desde la antigüedad hasta nuestros días, desde Plutarco hasta los modernos diccionarios de frases y expresiones latinas, o colecciones de refranes, etc.  pasando por los Humanistas como Erasmo.

    Son constantes las publicaciones de “dichos” atribuidos a los Siete Sabios. No hace tanto Editorial Gredos publicaba, en 1991, de la mano de Alvaro Galmés la obra “Dichos de los Siete Sabios de Grecia.Sentencias morales en verso” a partir de un manuscrito aljamiado-morisco, es decir, un texto morisco en romance pero escrito con caracteres árabes.

    Es por ejemplo frecuente recopilar las sentencias llamativas de autores concretos, como por ejemplo las Marci Tullii Ciceronis Sententiae illustriores de Pedro Lagnerio,Paris, 1546. En estos repertorios encuentran fácilmente ejemplos y dichos todo tipo de orador o autor de los siglos XVI, XVII, XVII… para adornar sus discursos, sermones, escritos, etc.

    De hecho los humanistas suelen preparar una carpeta o cartapacio personal (proverbiador le llama Gracián) que en latín se llama “codex excerptorius, catálogo de citas”  en el que van anotando todos los pasajes de los antiguos que les resultan de interés. A veces publican esos cartapacios o simplemente se sirven de ellos como instrumento auxiliar para adornar sus reflexiones.

    Los nombres que estas colecciones reciben son muchos. Conviene citarlos y definir algunos de ellos, al menos los menos evidentes para el posible lector. Es verdad que como la sinonimia perfecta no existe, hay diferencias y matices entre unos y otros, pero todos coinciden en lo básico: brevedad, densidad del concepto expresado, importancia para la vida de los individuos, sobre todo para su educación moral.

    Este uso de frases cortas plenas de significado es de alguna manera el precedente de los actuales microblogs que como twitter facilitan la comunicación social pero limitando el número de caracteres de cada mensaje.

    Se les denomina aforismos, apotegmas, adagios, proverbio,  paremias,  máximas, agudezas, axiomas, refranes, sentencias,  exprexiones gnómicas, pensamientos,  consejos, dichos, opiniones, instrucciones, preceptos, juicios, principios, reflexiones, emblemas, sátiras,apólogos y con un término grecolatino polyantheae, polianteas,(del griego πολύς, mucho, y   ἄνθος, flor) o florilegios o colecciones de flores (literarias, naturalmente) .
    Este mismo blog se define como  1001 hechos, dichos, curiosidades y anécdotas del mundo antiguo.

    Aforismo ( del  lat. aphorismus, y este del gr. ἀφορισμός, de ἀφορίζω,aforiso, poner límites). Según la Real Academia Española se define como “ Sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte”, Corominas dice “sentencia breve que se da como regla”; Lázaro Carreter: “frase  breve que resume en pocas palabras un conocimiento esencial, muchas veces médico o jurídico”.

    Apotegma: (del griego ἀπόφθεγμα, del prefijo  ἀπό, apo, aparte, lejos, de = aparte, fuera, lejos y    φθέγγομαί , phthengomai = decir en voz alta, enunciar una sentencia). Apotegma es una sentencia o dicho breve y memorable de un personaje ilustre que encierra un contenido moral.  Cicerón dice en De officiis, I, 104:

    "cosas agraciadas y donosas como aquellas que recopiló el viejo Catón las cuales se llaman Apothegmas".

    multaque multorum facete dicta, ut ea, quae a sene Catone collecta sunt, quae vocant ἀποφθέγματα.

    (Nota: No confundir con apotema, que es un término de la geometría  que designa a una línea perpendicular desde el centro de un polígono a uno de sus lados).

    Axioma: de ἀξίωμα, axioma, dignidad, de ἀξίόω, axioo,  juzgar justo, de ἄξιος,  axios, justo), enunciado cuya verdad se admite sin discusión para construir un pensamiento moral o intelectual.

    Gnómica (expresión): de γνωμἰκός, gnomikós, sentencioso, de γνώμη, gnóme, conocimiento, sentencia.

    Paremia: del griego  παροιμία, paroimía, proverbio, refrán instrucción.

    Adagio: , del latín adagium: proposición breve que plantea una acción moral.

    Máxima y sentencia (sententiae en latín): expresión abreviada de “sentencia máxima”, proposición general que expresa una verdad incontestable que ofrece una norma de conducta o advertencia moral. Sententia deriva de sentire, sentir, pensar; es una proposición que encierra una reflexión profunda.

    Proverbio: del latín proverbium, frase de uso general que en pocas palabras encierra una verdad moral.

    Refrán: proviene del francés y este del antiguo occitano refranh, estribillo, que se convirtió en sinónimo de proverbio desde su función de estribillo de las canciones.     

    Agudeza es la sustantivación de “dichos agudos”.

    A las colecciones de estas sentencias o pensamientos se les llama Dicta aurea, dichos de oro,  encareciendo e igualando su valor al del metal más preciado, florilegios o polianteas (polyantheae, polianteae,(del griego πολύς, mucho, y   ἄνθος, anthos, flor,) misceláneas o mezclas, etc.

    Como ejemplo comentaré un apotegma famoso atribuido a Agesilao, con el que se intenta enseñar que no es el lugar que se ocupa el que honra a la persona, sino la persona la que ennoblece el lugar.
    Lo cuenta Plutarco en sus  Apophthegmata Laconica 2,6:

    Cuando todavía (Agesilao) era un joven, en la celebración de un festival de muchachos desnudos, el director de la danza le asignó un lugar inadecuado; él obedeció aunque ya estaba designado para ser rey, pero  le dijo: Está bien,  yo te demostraré que no es el lugar el que honra a los hombres,  sino los hombres los que honran a los lugares

    El mismo Plutarco en Moralia 149 A , pág. 564-5  (Plutarchi Chaeronensis, quae supersunt, omnia: Operum moralium et ..Volumen VI,  Edición de Iohan Iacob Reiske, Lipsiae 1777)  recuerda el episodio y comenta, de acuerdo con la  versión latina citada:

    No nos debe preocupar en qué lugar o detrás de quienes nos colocan, sino que nos sea adecuado estar con aquellos con quien se nos sienta.

    Non enim curandum est quo loco aut post quos collocemur: sed ut, quibus assidemus, cum iis bene nobis conveniat.

    Luego, en 219, 35, pág. 822   atribuye el suceso a otro personaje, a Damonidas.  (Plutarchi Chaeronensis, quae supersunt, omnia: Operum moralium et ..Volumen VI,  Edición de Iohan Iacob Reiske, Lipsiae 1777)

    Damonidas, colocado en el último lugar en el coro por el que dirigía el coro, le dijo: te felicito, corego (director),  porque has encontrado una razón para honrar este lugar hasta ahora devaluado.

    Damonidas, ultimo loco in choro constitutus ab eo, qui chorum instituebat: laudo te, inquit, chorage, qui rationem  inveneris, qua hunc quoque locum alioqui  ignominiosum cohonestares. 

    A su vez Diógenes Laercio en II, 73, lo cuenta aplicado a  Aristipo:

    “Cuando Dioniso quiso obligarlo una vez a hablar de filosofía, dijo:  “sería ridículo que aprendieras de mí a halar y, en cambio, me enseñaras tú cuándo hay que hablar”. Dionisio se enfureció y lo relegó al último asiento; él (Aristipo) dijo: “has querido dar más prestigio a este asiento”.

    Erasmo lo recoge referido a Agesilao en sus  Apophthegmata,I,Agesilaus,8,p.18

    Así  que el hecho, que resulta educativo, se adjudica sin mucho rigor a varios autores distintos ya en la Antigüedad.

    Resulta, pues, menos llamativa una  anécdota similar en tiempos modernos que he oído contar del General y Presidente de la República Francesa Charles De Gaulle y,  aunque resulta verosímil,   no lo he podido documentar. Según esta versión, en cierta ocasión se le colocó en un lugar  protocolariamente inadecuado y cuando se quiso corregir el error y se le propuso el lugar adecuado, él lo rehusó diciendo: “la presidencia está donde está el presidente”

    Todavía más recientemente, en una serie de éxito de la Primera Cadena de Televisión Española sobre el reinado de Isabel la Católica, emitido el pasado día 2 de diciembre de 2013, en el momento en que el rey Boabdil entrega la ciudad de Granada, su hijo le pregunta a dónde irán ahora. Boabdill responde que vivirán al sur en un castillo en el que nada les faltará; su hijo le pregunta si ese destino es propio de un rey y su padre Boabdil le responde:

    no son los palacios los que dignifican a los reyes, son los reyes los que los honran con su presencia”.

    Desconozco si el guionista ha tomado la cita de alguna fuente histórica contemporánea. En todo caso su inclusión en la serie televisiva de éxito demuestra cómo la anécdota de Agesilao sigue siendo productiva.

    He oído también a alguien usar una versión generalizadora del mismo apotegma:

    No es la profesión la que dignifica a la persona, sino la persona la que dignifica a la profesión.

    Estas frases, expresión concentrada y rítmica de un pensamiento o resumen de una experiencia,  tienen sin duda un indudable atractivo.

     

  • Habeas corpus

    Habeas corpus es parte de una frase latina más amplia: habeas corpus ad subiiciendum et recipiendum. Su traducción literal sería “ten el cuerpo para ponerlo a disposición y recogerlo.

    Generalmente se traduce por “puedes tener tu cuerpo”, “queda dueño de tu cuerpo”,  “dispón de tu cuerpo”, frases de sentido casi ininteligible precisamente por su obviedad.

    Dada su forma latina, se puede pensar que su origen está en el Derecho Romano, tan importante para el mundo occidental, pero en realidad poco o nada tiene que ver directamente con el Derecho Romano, en el que no se encuentra como tal frase, aunque en él podamos rastrear algún precedente remoto y lejano.

    En realidad "Habeas corpus" es el nombre de una famosa ley inglesa, Habeas Corpus Act de 26 de mayo de 1679 promulgado por Carlos II y luego el Habeas Corpus Amendment Act, " (Acta de enmienda del “habeas corpus”),  propia, pues,  de la  English common law ,y que es un pilar esencial en la defensa de las libertades públicas inglesas y de los países en los que se aplica la “common law”. Son  precedentes algunas disposiciones de la Carta Magna de 1215.

    En España existe un precedente en el derecho Aragonés, con la Manifestación de personas, que sancionó Alonso III en 1287. La Manifestación de personas era una garantía de libertad personal con un procedimiento que se sustanciaba ante el Justicia de Aragón, jurisdicción muy similar al actual Tribunal Constitucional. Su existencia se fecha en el Fuero de Aragón desde 1428, aunque luego desapareció a medida que se implantaba el absolutismo de los reyes.

    También aparece en el Fuero de Vizcaya de 1527.

    La frase se aplica en Derecho para exigir el derecho de que el detenido sea llevado inmediatamente ante el tribunal y ante el juez para que decida sobre la pertinencia o no de la detención. Por lo tanto es un instrumento o mecanismo para garantizar la libertad de los individuos frente a la actuación del poder público.Era un istrumento para  evitar las injusticias cometidas por los señores feudales contra sus súbditos.

    La frase formula, pues, el derecho a no ser detenido arbitrariamentesin motivo y en consecuencia toda persona detenida tiene el derecho de saber por qué ha sido detenida y de qué se le acusa.

    En realidad la frase “habeas corpus ad subiiciendum”  es una orden o mandato que se dirige al carcelero o a la autoridad que tiene detenida a una persona para que la someta a  la autoridad competente, para que la presente al juez o tribunal y no es dirigida al propio detenido, como frecuentemente se interpreta.

    Con este sentido la frase resulta plenamente inteligible y la traducción explicativa de la frase sería:

    "dispón del cuerpo del detenido para llevarlo ante el tribunal y volver a cogerlo”.

    El precedente romano lejano y no absolutamente equivalente lo encontramos en el famoso “interdictum de homine libero exhibendo”, por el que se obliga a llevar al tribunal a quien hubiera detenido ilegalmente a un hombre libre como si fuera un esclavo.

    Nació del hecho de que un acreedor se cobraba la deuda con la libertad del deudor reduciéndolo a la condición de esclavo; ante la reclamación del deudor o su familia, el acreedor debía “presentar” al deudor ante el pretor para que éste decidiese  si la detención era conforme a derecho o no.

    El interdicto venía a decir por parte del pretor: “si tienes a ese hombre, exhíbemelo, preséntamelo para que yo pueda decidir si se le debe privar de libertad o no".

    Digesto, 43.29.0  Sobre la exhibición del hombre libre
    Dig. 43.29. 1pr. Dijo el pretor: muéstrame al hombre libre que retienes con dolo malo

    Dig. 43.29.1.1Este interdicto se propone para defender la libertad, es decir, para que los hombres libres no sean retenidos por nadie.

    Dig. 43.29.0. De homine libero exhibendo.
    Dig. 43.29.1pr.
    Ait praetor: " quem liberum dolo malo retines, exhibeas".

    Dig. 43.29.1.1 … Hoc interdictum proponitur tuendae libertatis causa, videlicet ne homines liberi retineantur a quoquam:

    Y aclara lo que quiere decir exhibere: presentar en público (i.e. en el tribunal) para que se le pueda ver y tocar.

    Dig. 43.29.3.8 … El pretor dijo: preséntamelo. Presentar es conducirlo ante el público y dar la oportunidad  deque el hombre sea visto y tocado: propiamente exhibir,mostrar, es tenerlo fuera de toda ocultación.

    Ait praetor " exhibeas". exhibere est in publicum producere et videndi tangendique hominis facultatem praebere: proprie autem exhibere est extra secretum habere.

    Como se ve, no es exactamente igual que el concepto de “habeas corpus” de origen anglosajón, pero la semejanza permitió a Niceto Alcalá Zamora afirmar que el “habeas corpus” es una creación anglorromana.

    Hay otras frases también en derecho con el componente “habeas corpus”. Así:

    Habeas corpus ad respondendum: llévalo al tribunal para que responda
    Habeas corpus ad testificandum: llévalo al tribunal para que testifique
    Habeas corpus ad prosequendum: llévalo al tribunal para proseguir

     

  • Lugar de cuidado del alma: ψυχῆς ἰατρείον (psychés iatreíon)

    Las bibliotecas son “lugares de cuidado del alma”. Es esta una frase curiosa, plena de contenido, que nos agrada y que tiene su origen en el rótulo que presuntamente existía en la “biblioteca sagrada” del templo y tumba del faraón Ramsés. Pero tal vez lo que en realidad haya tras la famosa frase sea un malentendido histórico.

    Un historiador y filósofo griego, Hecateo de Abdera, del siglo IV a.C. visitó como tantos otros Egipto, ahora gobernado por faraones  grecomacedonios, precisamente por Ptolomeo Sóter. Visitó Tebas y el Valle de los Reyes y el Rameseum, templo y tumba de Ramsés. Su libro “Curiosidades Egipcias”, especie de guía turística del momento,  no se conserva , pero sí tenemos la transcripción que dos siglo y medio después hizo de él Diodoro Sículo, (Diodoro de Sicilia). Diodoro también visitó Egipto y Tebas.

    Curiosamente nos describe el Rameseum como si realmente lo visitara, pero en realidad y sorprendentemente está empleando la descripción que había hecho Hecateo. En todo caso, y aunque un poco larga, transcribo la parte del relato que nos interesa y que incluye el filólogo Luciano Cánfora en su interesante librito sobre la Biblioteca de Alejandría titulado  “La Biblioteca desaparecida” (Edit. Trea, Gijón, 1998):

    Los tres pasillos llevaban a una sala con columnas, construida con  forma de odeón, de sesenta metros de largo. Esta sala estaba llena de estatuas de madera, que representaban a dioses litigantes, con la mirada vuelta hacia los jueces. Los jueces estaban esculpidos a lo largo de una de las paredes, en número de treinta, y sin manos. En el centro, estaba el juez supremo con la verdad colgada al cuello y los ojos cerrados; a su lado, en el suelo, había un montón de rollos. Le explicaron que estas figuras, con sus actitudes, pretendían significar que los jueces no deben recibir regalos y que el juez supremo debe tener ojos sólo para la verdad.

    A continuación, se accedía a un peripato rodeado de habitaciones de todo tipo, historiadas con relieves que representaban la mayor variedad  posible de alimentos exquisitos. A lo largo del peripato se encontraban bajo relieves coloreados, en uno de los cuales figuraba el  rey a punto de ofrecer a la divinidad el oro y la plata que recaudaba anualmente de las minas de todo Egipto. Bajo este relieve estaba indicada la renta total, expresada en minas de plata: treinta y dos millones. A continuación estaba la biblioteca sagrada, sobre la cual se hallaba escrito: LUGAR DE CUIDADO DEL ALMA. Y continuaban las imágenes de todas las divinidades egipcias, a cada una de las cuales el rey ofrecía los dones apropiados, como si pretendiese demostrar a Osiris y a los dioses inferiores que había vivido de modo pío y justo, tanto  para con los hombres como para con los dioses.

    Había también una sala, construida de modo suntuoso, que tenía un  muro coincidente con la biblioteca. En esta sala había una mesa con veinte triclinios y las estatuas de Zeus, de Hera y también la del rey. Parece que aquí habría estado sepultado el cuerpo del rey. Le dijeron que esta sala tenía, a su alrededor, una serie considerable de vanos, en los cuales estaban espléndidamente  pintados todos los animales sagrados de Egipto. El que subiera a través de esos vanos, se encontraría ante la entrada de la tumba. Ésta se hallaba sobre el techo del edificio, en el cual se podía observar  un aro de oro de trescientos sesenta y cinco cúbitos de longitud y de un cúbito de altura. En este aro estaban descritos y dispuestos, uno por cada cúbito, todos los días del año: para cada día se señalaba el surgir y el caer de los astros y las señales que según los astrólogos egipcios se deducen de tales movimientos. Le dijeron que este friso lo había sustraído Cambises cuando se había apoderado de Egipto.

    Pues bien, a pesar de que los diversos arqueólogos, que han excavado la zona y el templo, han estado especialmente interesados en localizar la famosa biblioteca, ésta o resto alguno de ella nunca ha aparecido.  Sin duda porque la biblioteca, concebida como espacio único o sala grandiosa para la lectura y almacenamiento de libros nunca existió. La palabra griega  βιβλιοθήκη, (compuesta de βιβλίον ,biblíon, libro y θήκη théke,  “caja, depósito) bibliotheke,  en realidad designa  la estantería o armario para contener los libros, que con toda seguridad estaría adosada o encastrada en el muro de alguna de las salas que describe, de manera un tanto confusa Hecateo (da la impresión de que habla de oídas y no debido a una visión directa).

    Por otra parte, los libros sagrados, cuya existencia está también atestiguada en otros templos, no serían cientos de rollos o  volúmenes sino unos pocos.

    En el grandioso complejo descrito por Hecateo estaría el cuerpo de Ramsés, si es que no lo escondieron mejor en otro lugar a salvo de los saqueadores de tumbas, desgracia irreparable para un egipcio.  Ahora bien, el cuerpo o soma del faraón está animado por el Ka, espíritu o fuerza vital. De la misma manera que el cuerpo del difunto debe ser atendió, también lo ha de ser su Ka o espíritu.

    Y aquí es donde Cánfora desbarata  toda la interpretación tradicional de la famosa frase “este es el lugar de cuidado del alma”   ψυχῆς ἰατρείον,  psykhes iatreion, (de ( ψυχῆ, psyche, alma y ἰατρείον, médico, cuidado )    porque según el famoso helenista, la frase no se refiere a la sala-biblioteca que no existe, sino a la sala de atención al Ka.


    Reproduzco también sus palabras en el citado libro, pag. 164-165:

    «LUGAR DE CUIDADO DEL ALMA»
    El Ka es la «fuerza vital» o, si se quiere, «el alma» del soberano. Tal «fuerza.», concedida a él, a los dioses y a pocos mortales, tiene  -según la concepción religiosa egipcia- el cometido de mantener con vida al faraón después de la muerte (P. Kaplóny, sub voce Ka del Lexikon der Aegyptologie, 111, 1980, columna 276).

    En los mausoleos funerarios egipcios, por lo general, tiene reservado un local en estrecha conexión con el Sancta sanctorum. En el Rameseum, I el Ka tiene verosímilmente su sede en la sala de los triclinios.  Se deduce de la inscripción tan discutida   ψυχῆς ἰατρείον. . Si ἰατρείον    es «officina medici, locus ubi medicus artem suam exercet”  (Thesaurus Graecae Linguae) y  ψυχῆ  es traducción de Ka, hay que pensar que las palabras ψυχῆς ἰατρείον   definen la vivienda o, por mejor decir, “la oficina”, el lugar donde actúa el Ka.

    Si, por otra parte, en el Rameseum la pared-biblioteca es el punto  de entrada a la sala de los triclinios, la inscripción  ψυχῆς ἰατρείον  habrá que entenderla como designación, no ya de la estantería situada bajo ella. Sino de la sala a la cual se accede desde  allí: precisamente la sala de los triclinios; es la oficina del Ka del Rameseum. Es al alma (Ka) de Ramsés a la que se refiere, no al beneficio que el alma humana recibiría de las buenas lecturas, como han entendido modernamente los estudiosos, los cuales han imaginado que en el Rameseum habría una sala-biblioteca con tal inscripción sobre la puerta de entrada.

    En la sala del Ka «<maison de l'ame», como la definía Maspéro) hay también, por lo general, una estatua que representa al rey difunto. Este es exactamente el caso de la sala de los triclinios. No es casualidad que Diodoro, al nombrarla, manifieste: «parece que el rey estuviera sepultado aquí»

    Se desvanece así el origen ciertamente valioso, aunque erróneo, de una famosa frase que ha tenido notable éxito porque ciertamente los libros y las bibliotecas son el alimento necesario para el espíritu.

    Desde luego la precisión filológica de Cánfora no impide seguir empleando una máxima ciertamente agradable y sugerente para todos cuantos aman a los libros y libreros, a las bibliotecas y bibliotecarios o bibliotecarias, que suelen ser mayoría las mujeres en el oficio.

    Como prueba de la fuerza sugerente y evocadora de la frase, transcribo un pequeño fragmento del artículo que la escritora Rosa Montero publicó en El País, el 7 de Junio de 2011  en su Columna, que titula Gracias. En él modifica inteligentemente la frase original para darle el sentido que ella quiere expresar:

    En mitad de la Feria del Libro de Madrid, mientras firmo de caseta en caseta, no hago más que pensar en los libreros. En esas personas tan especiales que dedican su vida a algo que desde luego no va a hacerles millonarios, y que trabajan inacabables horas leyendo, cuidando, recomendando, enardeciendo la voluntad de sus parroquianos. El buen librero conoce a sus asiduos con finura de enamorado; ofrece las lecturas adecuadas, va creando generaciones de lectores, acompaña a los hijos de los clientes en su crecimiento literario. En muchas zonas la librería es el único centro de dinamización cultural, un papel que nadie les tiene en cuenta. Las librerías son nidos de sueños y los libreros son médicos del alma. Sin libreros predictores, solo leeríamos best sellers. Por todo esto, gracias. Muchas gracias.
     

  • Los antiguos romanos computaban y digitalizaban hace más de dos mil quinientos años.

    Pocas palabras hay de uso más contemporáneo que “computar, computación, digital”. Pues bien, “computar, computación” son palabras latinas que significan calcular, contar, computar evidentemente.

    La palabra “digital” deriva de la latina “digitum”,que significa “dedo”. “Huellas digitales” son las señales que los dedos dejan en los objetos que tocan y que tanta ayuda ofrecen a la policía porque son exclusivas de cada individuo.

    Los romanos, como el resto de pueblos antiguos y no tan antiguos (nosotros lo seguimos haciendo algunas veces aunque sólo sea para remarcar nuestra dicción) contaban con los dedos.  Por eso a las primeras nueve cifras les llamamos “dígitos” que en puridad significa “dedos” y si la cantidad pasa de nueve decimos que tiene dos o más dígitos.

    La mano es la máquina de contar y calcular más antigua existente. Con una mano o con dos a la vez   los egipcios, los persas, los griegos, los romanos podían expresar los números hasta el 9.999 con un lenguaje parecido al de los sordomudos.

    El monje irlandés del siglo VII Beda el Venerable  en su obra De ratione temporum (Sobre la división del tiempo),  en el primer capítulo titulado De computo vel loquela digitorum  (Sobre la cuenta o lenguaje de dedos) nos describe el sistema. Señalando otras partes del cuerpo con las manos se llega a contar hasta un millón, cantidad que se expresa según el monje entrecruzando los dedos de las dos manos.

    Los egipcios y  los persas conocerían  el sistema de contar con los dedos y, por supuesto,  se conocía en Grecia. A él se refiere Aristófanes (444 a. C. – 385 a. C), por ejemplo, en su comedia  Las Avispas (v. 655-663) : (sátira contra el político Cleón y el mal funcionamiento de los tribunales) :

            BDELICLEÓN (el que odia a Cleón).-
                                        Escucha, papaíto; relaja un poco el  entrecejo:   
                                        comienza a calcular sencillamente
                                        no con  piedrecillas, sino con la mano 
                                        (con los dedos)
    (v.655-656)

                   Βδελυκλέων:   ἀκρόασαί νυν ὦ παππίδιον χαλάσας ὀλίγον τὸ μέτωπον•      
                                              καὶ πρῶτον μὲν λόγισαι φαύλως, μὴ ψήφοις ἀλλ᾽ ἀπὸ χειρός,

    También los romanos contaban con los dedos de las manos. Los testimonios son numerosos, como por ejemplo las  abundantes téseras numéricas o pequeñas fichas  de hueso o marfil, especie  de recibo que los recaudadores romanos entregaban a los contribuyentes por las   cantidades de dinero entregadas; por un lado  llevan  la figura digital correspondiente y por el otro el valor en cifras romanas.

    Lo atestiguan  también numerosos autores:

    Plauto en su comedia Miles Gloriosus, 204 (El soldado fanfarrón) :

                         Su mano derecha lleva la cuenta con los dedos

                                dextera digitis rationem computat

    Cicerón en  una carta a su amigo Atico, Epistulae ad Atticum, V,21,13 dice:

                                  si conozco tus dedos (es decir, tu habilidad para contar con los dedos).  

                                   “si  tuos digitos novi

    O el poeta  Juvenal en su Sátira X, 246.251, refiriéndose a Néstor, famoso en la Antigüedad por su longevidad:

    El rey de Pilos (Néstor),si alguno credibilidad concedes al gran Homero,
    fue un ejemplo de vida tan larga como  la de la corneja.
    ¡Enormemente afortunado  quien por tantos siglos difirió su muerte
    y cuenta ya  sus años con la mano derecha
    y ha bebido tantas veces el vino nuevo!

    Rex Pylius, magno si quicquam credis Homero,
    exemplum uitae fuit a cornice secundae.
    felix nimirum, qui tot per saecula mortem
    distulit atque suos iam dextra conputat annos,
    quique nouum totiens mustum bibit.

    Se deduce de este testimonio que las unidades y decenas se contaban con la mano izquierda y las centenas se contaban con la mano derecha.

    Muy expresivo es el siguiente texto de Apuleyo en su “Apología, 89”, sólo inteligible si se conoce la expresión de los números con los dedos:

                         “Si hubieras dicho treinta años en lugar de diez, podríamos creer que te has  
                           equivocado en el gesto de la numeración y que habías abierto los dedos que 
                          debías tener en forma de círculo. Pero los cuarenta, que son los más fáciles que 
                          ningún otro de expresar con la palma abierta, que tú aumentas en la mitad, no 
                         puede ser un error en el gesto de los dedos, a no ser que creyendo que Pudentilla 
                        tiene treinta años los has contado por dos por los dos cónsules de cada año”

                       Si triginta annos pro decem dixisses, posses uideri computationis gestu errasse, quos 
                       circulare debueris digitos aperuisse. Cum uero quadraginta, quae facilius ceteris 
                       porrecta palma significantur, ea quadraginta tu dimidio auges, non potes[t] 
                       digitorum gestu errasse, nisi forte triginta annorum Pudentillam ratus binos 
                      cuiusque  anni consules numerasti .

    Y el famoso Quintiliano  en su método de formación de oradores Institutio Oratoria, I, 10,35:

                        En los procesos es muy frecuente que se trate de números y en ellos es 
                       considerado ignorante no digo  el que duda en las sumas, sino incluso si yerra en la 
                       cuenta por el gesto equivocado o torpe de los dedos.

                       In causis vero vel frequentissime versari solet: in quibus actor, non dico si circa 
                      summas trepidat, sed si digitorum saltem incerto aut indecoro gestu a computatione  
                      dissentit, iudicatur indoctus .

    Los testimonios son, pues,  numerosos.

    Parece que San Cirilo de Alejandría (c. 376-444) en su Liber de computo, cap. CXXXVIII, titulado De flexibus digitorum,III,135  (Sobre las posturas  de los dedos) nos ofrece la más antigua descripción del sistema;  S.Isidoro de Sevilla la reproduce en su grandiosa enciclopedia  Etimologías en el siglo VI, y en él se inspira el monje  Beda, cuya descripción no ha dejado de estar presente durante la Edad Media y hasta bien entrada la Moderna.

    A este  arte de contar o expresar los números con con los dedos y las manos se le llama técnicamente dactilonomía, del griego δάκτυλος (dáktulos: dedo).

    Ilustración tomada de la obra publicada en Venecia en 1494 de Luca Pacioli titulada Summa de Arithmetica, geométrica,, proportioni et proportionalita

    Todo esto ha estado vigente mucho tiempo , desde luego durante  la Edad Media  y siglos XVI y aún después  quedan algunos restos.

    Pero existe también otro arte, la dactilología o arte de hablar con los dedos y las manos, a la manera del lenguaje de los sordos,  que  también se practicaba en la Antigüedad.

    Citaremos el testimonio de Ovidio en ,aunque evidentemente el sistema se conocía con anterioridad, como atestiguan algunos autores como Ennio:
                    
                      No hay necesidad de dedos con los que decir secretos   (Ars amatoria, , 137)      

                       Nihil opus est digitis, per quos arcana loquaris

                      Y en Lib. I Amorum,  elegia 4

                                       Leerás palabras en mis dedos y palabras escritas con vino.

                                      verba leges digitis, verba notata mero.

    A este arte también se refiere Beda  en su De Loquela per Gestum Digitorum  (Del lenguaje por el gesto de los dedos) que lo explica haciendo coincidir la expresión de cada una de las letras del alfabeto, por su orden, con el gesto digital y manual correspondiente a los números también según su orden; es decir,el gesto del 1 para la a, el del 2 para la b y así sucesivamente.

                             Si quieres expresar la primera letra del alfabeto, representa el uno
                                     Con la mano; si quieres la segunda, el dos, si la tercera el tres y
                                     así las demás según su orden.

                               
                             cum primam alphabeti literam intimare cupis, unum manu teneto; cum 
                                       secundam, duo. cum tertiam, tria. et sic ex ordine ceteras

     

    Así que con razón decíamos al principio que los romanos digitalizaban; lo hacían con los números y con la voz; digitalizaban cantidades y palabras.

    Precisamente de “digiti”  deriva la palabra inglesa “digit”  con el significado de “cifra”. Las modernas computadoras u ordenadores trabajan con código o base “binaria” (del latín bini = dos). De la contracción de estas dos palabras, binary y digits surge la palabra “bit” o unidad mínima de información en la moderna computación. Así que estas máquinas modernas digitalizan también, pero de otra manera.

    Conviene también conocer que otro sistema de contar muy primitivo y generalizado consistía en agregar o separar guijarros de un montoncito,  piedrecitas que en latín se llaman “calculi” (cálculos, del griego χάλις, kalis = piedra caliza, de donde la palabra castellana “cal,piedra de cal”). Por eso se llaman también “cálculos” las concreciones pétreas que se forman en los riñones o en la vejiga o en otros órganos del cuerpo y que tanto dolor ocasionan hasta ser expulsadas.  De este sistema surgió el arte de calcular y más tarde el ábaco como instrumento adecuado.